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Biografia de Gutenberg Impresión de la Biblia Caracteres Moviles

Biografía de Gutenberg – Impresión de la Biblia

Johannes Gutenberg (hacia 1398 – 3 de febrero de 1468) fue un herrero alemán,
inventor de la imprenta de tipos móviles en Europa (hacia 1450).
Su primer y mejor trabajo fue la Biblia de 42 líneas.

gutenberg, inventor de la imprenta

“La imprenta es un ejército de veintiséis soldados de plomo con el que se puede conquistar el mundo”

La invención de la imprenta es el último eslabón de una larga cadena de descubrimientos. Comienza con el papel, fabricado por los chinos primero con los desechos de seda o con corteza de los morales, que apareció en el mundo occidental en el s. XII, ya mejorado con la utilización del cáñamo.

La xilografía, también de origen chino, llega a Europa en el s. XIV y permite la impresión en tela o papel a partir dé los relieves tallados sobre madera. Los progresos de la metalurgia preparan el último descubrimiento.

El orfebre maguntino Johannes Gutenberg es el primero en fabricar líneas con caracteres metálicos. A partir de entonces se abren talleres de imprenta en toda Europa.

Los primeros maestros fundidores, como Elzevier en La Haya o Aldo Manuzio en Venecia, construyen sus propios caracteres: los pioneros de la imprenta, en la encrucijada entre el arte, el pensamiento y la técnica, son, a su manera, unos auténticos humanistas.

Son ellos los que favorecen la difusión de los autores antiguos, que interesan a un público cultivado, cada vez más numeroso en los a. XV y XVI. El desarrollo de la imprenta coincide, efectivamente, con la creación de muchas escuelas y universidades.

La prensa de Gutenberg amplió las posibilidades de las técnicas de impresión mediante grabados de madera en uso al permitir imprimir varios materiales de forma rápida. Gutenberg, era un obrero metalúrgico de Maguncia, produjo su primer libro impreso, la llamada Biblia de Gutenberg, en 1454.

Dedicó tres años a imprimir 180 ejemplares de esta Biblia en latín, el mismo tiempo que hasta la fecha habían dedicado los amanuenses a producir una única versión manuscrita. En la Feria del Libro de Frankfurt de 1455, una de las ferias del sector más antiguas del mundo, Gutenberg vendió sus ejemplares producidos en serie y obtuvo pingües beneficios. Sin embargo, siempre fue un hombre de negocios pobre y, cuando la muerte le sorprendió en 1468, se hallaba casi en la ruina, pues la imprenta estaba en manos de su antiguo socio, Johann Fust.

El invento de Gutenberg no solo contribuyó a la difusión de la teología, sino que propició la proliferación de las publicaciones científicas y con ello echó a rodar la revolución científica que acontecería en los siglos venideros.

PROVOCÓ UN ENORME
CAMBIO CULTURAL
LA IMPRENTA ES LA BASE DE LA
LIBERTAD DE EXPRESIÓN
MANTIENE SU VIGENCIA EN PLENA ERA ELECTRÓNICA

 ¿Cuándo y dónde comenzó Johannes Gutenberg a concebir su imprenta? Aunque las noticias sobre su vida son escasas, la documentación que se conserva dice que la historia de su invento comienza en la ciudad de Estrasburgo (actual Francia). Gutenberg se habría establecido allí en 1434, procedente de Maguncia (Alemania), su ciudad natal. En Estrasburgo, Gutenberg formó un taller de orfebrería junto con otros socios.

Además de las técnicas propias de su oficio -el tallado de gemas y la manufactura de lentes y espejos-, el inventor dedicaba parte de su tiempo a explorar técnicas de impresión, a las que calificaba como “Nuevo Arte”. Llevado por su interés, Gutenberg no dudó en tomar cien gulden (moneda de los Países Bajos) de la caja de caudales del taller para continuar, en el mayor de los secretos, con sus experimentos.

Cuando sus socios en el negocio de orfebrería, los hermanos Georg y Klaus Dritzehn, conocieron el hurto, interpusieron una demanda judicial contra Gutenberg por el uso indebido de los fondos. Es probable que los Dritzehn aportaran como pruebas algunos materiales impresos creados por Gutenberg en horas de trabajo.

Se sabe que el juez anotó que Gutenberg “había comprado plomo para fabricar piezas que se separaban y se fundían”.

En el documento judicial también se citaba la existencia de un “artilugio para prensar”. Las pruebas fueron concluyentes: Gutenberg perdió el pleito y tuvo que abandonar Estrasburgo.

Mucho antes de que Gutenberg iniciara sus experimentos tipográficos, los hombres de las primeras civilizaciones ya se interesaron en fijar las letras y los signos de sus primitivos alfabetos en soportes adecuados que facilitaran la lectura.

Uno de los primeros pictogramas de que se tienen noticia data del año 3.500 a.C y es una tablilla de piedra caliza grabada que fue hallada en el país de Kush (actual Sudán). Más tarde los sumerios desarrollaron ideogramas -símbolos que representaban ideas- en un número cercano a los 2.000, que grababan con sellos sobre tablillas de barro cocido. Más tarde, los egipcios primero, y luego los romanos, perfeccionaron la técnica de esculpido sobre piedras, arcillas y mármoles con la creación de los primeros tipos de letra. No faltaron quienes vieron en estos intentos los precedentes de la moderna tipografía.

En la Europa medieval, los primeros grabados de madera realizados aparecieron después de las Cruzadas (1200). Se usaban para imprimir naipes. calendarios v estampas.

LOS PRIMEROS EN USAR LA TINTA, LOS MOLDES Y EL PAPEL FUERON LOS CHINOS Pero, sin duda, el precedente inmediato a la imprenta de Gutenberg hay que buscarlo en China. Se sabe que mucho antes de que la imprenta llegara a Occidente los chinos ya disponían de los tres elementos básicos para poder imprimir un texto: el papel, tintas y colorantes, y los moldes de los signos o imágenes que debían fijarse sobre la superficie que serviría para la lectura.

¿Cómo se fabrica el papel? El pergamino, debido a su poca flexibilidad y finura, no se puede utilizar en la imprenta, lo que hace indispensable el papel. Los italianos de Fabriano aportan las mejoras necesarias, utilizando para la pasta pedazos de lino y de cáñamo. Las nuevas colas de origen animal dan al papel la tersura necesaria.

Desde Fabriano, estas técnicas se extienden por toda Europa, beneficiándose de la abundancia de trapos, debida al uso generalizado de la lencería. ¿Quiénes son los precursores de Gutenberg? La novedad de la imprenta reside en la noción de «composición», o sea, en la utilización de caracteres móviles. Ahora bien, la idea hacía tiempo que estaba en el aire. Los chinos ya habían construido matrices en madera.

En Europa, el holandés Laurens Janszoon, llamado Coster, lo intentó entre 1423 y 1437, pero la madera no es un material lo suficientemente dúctil y los progresos vendrán con el uso del metal, gracias al trabajo de acuñadores y orfebres. Aunque Gutenberg es el primero en realizarlos, no hay que olvidar la importancia de Schóffer, colaborador suyo, ni la de Procopio Waldoffel, que en la misma época realizaba en Aviñón las mismas investigaciones.

La invención de la imprenta no es obra de Gutenberg. Pero suyo es el mérito del descubrimiento de lo tipografía, que permite la impresión de un conjunto de caracteres móviles en relieve. Un obrero coloca las motrices de manera que formen líneas; después Otro entinto los caracteres y pone uno hoja de papel. La tinta esté hecha de negro de humo, de trementina y de aceite de nuez o de lino.

A pesar de la indignación de los copistas parisienses, la universidad de París llama a los colaboradores de Gutenberg: la primera prensa Se instalo en la Sorbona en el alto 1470. Pero los libros cuestan curas; una Biblia en latín, 10 ducados (6.000 pesos de ahora),, y los textos de Virgilio, 2 ducados (1.200 pesos).

¿Cuáles son los primeros caracteres? El diseño de los caracteres de las primeras imprentas imita la escritura manual de la época, que el Renacimiento llama con cierto desprecio escritura gótica: el tipo utilizado en Renania, la redonda italiana y la cursiva. El gótico dejará pronto de utilizarse en Francia y en Italia, ocupando su lugar nuevos tipos. Entre éstos, los más célebres son el romano, llamado así porque fue grabado por primera vez en el monasterio de Subiaco, cerca de Roma, y el itálico, los caracteres inclinados impuestos por Aldo Manuzio.

¿Existía el libro antes de la imprenta? Si bien el invento de Gutenberg extendió rápidamente el número de lectores, éste era ya considerable. La lectura fue más bien causa que consecuencia del descubrimiento. La demanda de libros baratos aumentó desde el s. XIII, paralelamente al desarrollo de la vida universitaria. Algunas librerías tienen verdaderos talleres de producción con que aprestan el pergamino, otros que copian el  texto y los que se encargan de las ilustraciones. A comienzos del s. XV, un librero de París pudo ofrecer 300 ejemplares manuscritos a la Facultad de Arte.

¿Cuáles son las tiradas de la época? La imprenta, al abaratar el precio de los libros, permite una importante labor de difusión. En el s. XV, las tiradas medias son de 500 ejemplares; en el s. XVI, de 3000. La producción a finales del XV se sitúa entre 15 y 20 millones de libros; para el conjunto del siglo siguiente se estima entre 150 y 200 millones.

¿Qué debe el Renacimiento a la imprenta? El retomo a los antiguos valores tiene un eco favorable entre los impresores. En Venecia. la imprenta Aldine publica, de 1495 a 1515. 27 ediciones de autores griegos. En Francia, sólo en 1530, aparecen textos de 40 autores griegos de los que 32 se publican en. lengua original

¿Cuándo aparece la prensa? Las “noticias”  existen mucho antes que la imprenta. Se trata de hojas manuscritas, probablemente de origen italiano y a menudo relacionadas con el gran comercio. Los bancos, para facilitar sus operaciones, hacen circular boletines de filial en filial, los avisi. Marino Sanudo sistematiza esta práctica imprimiendo en Venecia, a finales del XV, sus famosos diarii.

En Alemania, con ocasión de las grandes ferias hanseáticas, se publican las Messenrelationen, que informan a los mercaderes sobre todo lo que puede afectar a su negocio. La imprenta posibilita también en el s. XVI una floración de folletos que narran acontecimientos tales como la subida de un rey al trono o el paso de un cometa. La invención de las matrices de impresión de tipos móviles fue vital para el progreso cultural e intelectual de Europa, ya que puso la literatura de la época al alcance de un público mayor y permitió la difusión de distintas versiones de la Biblia.

¿Hay una literatura polular? El primer libro impreso es la célebre Biblia a «42 líneas» de Gutenberg, y la religión y los autores antiguos alimentan las primeras tiradas. Pronto aparecen, junto a vidas de santos, almanaques y narraciones de caballerías, más o menos inspiradas en la Chanson de Roíand o en el ciclo del rey Arturo. Los gustos de los lectores provocan la aparición de un género nuevo. la obra de actualidad, los relatos de guerra o de viajes maravillosos, que el público se rifa. Para los que no saben leer, los narradores locales se inspiran en toda una literatura de buhonería llena de princesas prisioneras y de valientes caballeros.

¿Qué es la tafia dulce? Nuevos métodos de impresión logran una más amplia difusión de las obras de arte, Transformando las relaciones entre artistas y público. Ya en el s. XIV se podían imprimir dibujos gracias a los relieves tallados en la madera. El xv ve aparecer, en Italia, el grabado en talla dulce. La técnica consiste en grabar un dibujo con un buril sobre una placa de cobre, consiguiendo, gracias a las entalladuras más o menos profundas, reproducir las tonalidades de una pintura. Más adelante, con Durero como pionero, el aguafuerte reemplaza el trabajo del buril por el del ácido, que ataca a las partes de la placa que no están protegidas con un barniz.

CURIOSIDADES:
POR SIEMPRE SOLTERO A Johannes Gutenberg lo persiguió el infortunio. En 1449, harto de los problemas judiciales por su proyecto de imprenta de tipos móviles y traicionado por sus socios, se fue de Estrasburgo y regresó a Maguncia. Allí no tuvo mejor suerte: fue acusado de faltar a una promesa de matrimonio. Gutenberg perdió el juicio sobre ese asunto, y nunca se casó.

UN FIEL PROTECTOR Al final de su vida, Gutenberg quedó parcialmente ciego. El elector Adolph von Nassau, que apreciaba la prodigiosa difusión e importancia de su invento, lo protegió y le proporcionó los medios necesarios para subsistir.

IRONÍA DEL DESTINO El nombre de Gutenberg no sólo fue empleado por Me Luhan para definir una “Galaxia” basada en los medios de comunicación: ahora se usa para el Proyecto que pondrá, a disposición de todo el mundo, miles de libros digitales en Internet (www.promonet.pg). Bautizar al proyecto con el nombre del inventor puede ser considerado paradojal pero, también, como un homenaje.

LA VENTA DE LIBROS No se conoce con exactitud la fecha en que comenzó la venta de los primeros documentos tipográficos. Una opinión generalizada apunta al llamado Calendario astronómico, cuya fecha de edición es 1498.También se conservan dos bulas papales caracterizadas con los cánones tipográficos y compositivos empleados por Gutenberg. Su publicación fue establecida entre 1452 y 1455. En cuanto a los tirajes de la época, se sabe que la impresión de 300 ejemplares era bastante para el siglo XV.

LA BIBLIA, EN INTERNET La Biblia de Gutenberg, o Biblia de 42 líneas, puede consultarse en la Red gracias a una iniciativa de la Biblioteca Británica que, desde 1829, guarda dos copias completas y un importante fragmento de otro de los pocos ejemplares que quedan en el mundo. En marzo de 2000, técnicos y expertos de la universidad japonesa de Keio y de la compañía NTT digitalizaron las páginas de este incunable. De esta manera, se garantiza que los valiosos originales no se deterioren y, además, que estén al alcance de todos. Más información-,www.prodigi.bl.uk/gutenbg

PRIMEROS BEST SELLERS

Tapa de primeros librosTratándose del período anterior a la invención de la imprenta, para tener una idea aproximada de la difusión de una obra hay que averiguar el número de manuscritos de la misma que se han conservado y hacer conjeturas sobre los que debieron de existir; así, por ejemplo, sabemos que las Etimologías de San Isidoro fue uno de los libros más divulgados de la Edad Media porque de él se conservan más de mil manuscritos, lo cual permite suponer que existirían más de diez mil.

A partir de la época de Gutenberg, basta conocer el número de ediciones y la tirada de cada una de ellas para tener una noción mucho más exacta de los ejemplares de un libro determinado que llegaron a circular; pero no siempre estos datos son tan fáciles de averiguar, ni son tan reveladores como podría suponerse a simple vista: de una parte, porque a menudo se ignoran las cifras de tirada, y de otra, porque en determinados casos estas cifras no reflejan el entusiasmo de muchos lectores por una obra, sino la necesidad de ésta debido a su carácter de libro de consulta o de texto escolar para algunos sectores especializados de público. Portada de una edición de 7 780 del Elogio de la locura, de Erasmo de Rotterdam.

Sería, pues, abusivo considerar como best seller las citadas Etimologías para la Edad Media o, en los primeros años de la imprenta, ciertos manuales como las gramáticas latinas, de las que un impresor de Colonia llegó a publicar veinte ediciones en sólo cuatro años.

En la segunda mitad del siglo XV, la tirada de un libro solía ser de unos doscientos ejemplares como término medio, y el veneciano Aldo Manuzio fue el primero en hacer ediciones mayores con regularidad, aproximadamente del orden del millar de ejemplares. Estas cifras fueron aumentando progresivamente.

En el siglo XIX se consideraba como un gran best seller el libro que tenía una venta de unos cincuenta mil ejemplares en un año, y hoy día los best seller de alcance universal sobrepasan holgadamente el millón de ejemplares anuales vendidos.

El primer best seller de la historia de la imprenta fue un libro de devoción, la Imitación de Cristo, atribuido a Tomás de Kempis; la edición príncipe de esta obra está fechada en 1473, dos años después de la muerte de su autor, y antes de terminar el siglo XV se habían hecho de ella noventa y nueve ediciones.

A comienzos del siglo XVI es Erasmo de Rotterdam quien bate todos los récords de edición: sus Adagio, conocen treinta y cuatro ediciones de mil ejemplares cada una entre 1500 y 1520, y los Coloquios familiares, veinticinco ediciones entre 1518 y 1522. El Elogio de la locura supera aún estas cifras, enormes para la época.

A medida que avanza el siglo XVI hay otras obras que gozan de una inmensa popularidad entre el público lector y que van desplazando a los libros de Erasmo; entre las obras propiamente literarias o de imaginación, cabe citar al modelo de todos los libros de caballerías, el Amadís de Gaula, con más de treinta ediciones españolas en el curso del siglo, y el poema de Ludovico Ariosto Orlando furioso, que en los diez años siguientes a su versión final (1532) fue objeto nada menos que de treinta y seis reimpresiones.

primeros librosPero, sin duda alguna, los libros que tuvieron más difusión en esta época no fueron novelas ni poemas, sino obras de carácter estrictamente religioso, y en este género Lutero se convirtió en el autor más vendido de su siglo.

Ya en 1517 sus 95 tesis aseguraron la prosperidad de la pequeña imprenta que Hans Lufft poseía en Wittenberg, y sus obras posteriores tuvieron un éxito sin precedentes: del Sermón sobre las indulgencias se hicieron treinta ediciones y, en 1520, de su exhortación a la nobleza cristiana sólo en cinco días se vendieron cuatro mil ejemplares.

Pero el gran best seller de Lutero fue su traducción de la Biblia; del Nuevo Testamento se sabe que se vendieron cinco mil ejemplares en pocas semanas, y en los dos años siguientes se hicieron ochenta ediciones más, la inmensa mayoría de ellas piratas.

Portada del Amadís de Caula, una de las novelas de caballerías más
difundidas en el siglo XVI en Europa, en una edición veneciana de 1533.

El Antiguo Testamento tuvo también mucho éxito, pero no se conocen las cifras de ventas. En conjunto, de toda la versión luterana de la Biblia, solamente en vida del reformador se hicieron cuatrocientas treinta ediciones.

Primeras Armas de Fuego Uso de la Polvora Mosquete Pistolas Usos

El origen de las armas de fuego es oscuro, parece que los chinos en el siglo XI ya conocían la polvora (salitre, azufre y carbón)  pero su uso no era bélico. Los árabes la introdujeron en Occidente en le siglo XIII, y el erudito Roger Bacón habla de ella en el año 1249. Los primeros cañones eran muy rudimentarios y muchas veces fallaban y eran mas peligrosos para los que los usaban que para los enemigos.

El invento más importante es el del arcabuz de mecha que apareció rápidamente en ese mismo siglo y se convirtió en la principal arma de fuego de la infantería durante los doscientos cincuenta años siguientes. Introducida en Japón y en Oriente hacia el año 1600. este arma se emplea todavía en nuestro tiempo en ciertas regiones retrasadas. El arcabuz (del alemánHakenbüchse. o arcabuz de garfio—el sentido de garfio no está muy claro) se componía de un cañón de hierro montado sobre una culata que se apoyaba en el pecho.

Aplicado a una llave, el gatillo caía sobre la cazoleta y el oído, que contenían la pólvora de cebo, por la acción del resorte. El estrépito y la nube de humo sulfurosa que se producían cuando se inflamaba la carga era suficiente para convencer a cualquiera del carácter diabólico de este invento.

Aun cuando los soldados dilapidaban su dinero para proveerse de talismanes que les protegieran de sus destrozos, el arcabuz no era un arma de precisión. Un observador avisado dice que “no mataban a nadie, porque los arcabuceros se contentaban con hacer ruido y disparar al azar”. Además, la mecha incandescente, que medía 9 pies de largo, se estropeaba con la lluvia y servía de punto de referencia al enemigo. Su peso y el hecho de que el polvorín podía humedecerse o desprenderse, planteaban verdaderos problemas. A pesar de todo, el arcabuz representaba un avance considerable sobre el cañón de mano tan poco manejable.

En el siglo XVI, fue perfeccionado con una línea de mira y una mecha más corta. En la larga lucha esporádica que enfrentó a Carlos V con los turcos durante la primera mitad del siglo XVI, los infantes españoles iban armados de picas y de arcabuces, a pesar de que las tropas de choque de los turcos, los jenízaros, eran igualmente unos arcabuceros de excepción.

Con una larga tradición en su haber, los españoles eran maestros en la utilización de la artillería masiva. Cañones y arcabuces tuvieron una gran importancia en la batalla de Lepanto, en 1571, que dio al traste con todas las ambiciones de los turcos.

MOSQUETE: Pero ya mucho antes de esta batalla, los españoles habían inventado un arcabuz de un nuevo tipo,el mosquete. Era un pequeño cañón de mano y de mecha, con un calibre de 2.54 cm. Debido a su peso, para dispararlo debía apoyarse sobre una horquilla y cargarle requería tres buenos minutos.

El mosquetero de esta época, cargado con una impedimenta de saquitos de pólvora, de cartucheras, de cuatro pies de mecha, tenía que hacer muchos preparativos antes de disparar. Aun cuando muy pronto se redujeron las dimensiones del mosquete, fue utilizado hasta finales del siglo XVIII en formaciones bastante similares; la primera fila hacía fuego al oírse la voz de mando y después se retiraba a un segundo plano para cargar de nuevo, mientras que la fila siguiente se adelantaba. Unidades especiales de piqueros protegían a los mosqueteros y se encargaban de dar el último asalto en la batalla.

La llave de rueda, inspirada, se dice, en un dibujo de Leonardo de Vinci, apareció en Nuremberg en 1520. Funcionaba como un eslabón’ una rueda movida por un resorte arrancaba chispas de un sílex; estas chispas encendían la pólvora de la cazoleta: actuaba con mayor rapidez que la mecha y resultaba menos embarazosa.

Pero el mecanismo era complejo y costoso y de hecho nunca mereció una gran aceptación como arma militar. Como compensación, estaba al alcance de quienes no podían adquirir otras armas más caras que eran verdaderas obras de arte. Carlos V, que gustaba mucho del fusil, hizo grandes esfuerzos por introducir el arte de su fabricación en Alemania y en España.

Demasiado complicada para convertirse en arma de guerra, la llave de rueda probó que tenía grandes posibilidades como fusil manejable con una sola mano y en 1540 se convirtió en lo que se llamaría pistola.

Hacia finales del siglo, la pistola, que medía al menos un pie de largo, era el armamento típico de los jinetes europeos, que semejantes a los reiter alemanes, equipados con una coraza, un casco y altas botas de cuero, comenzaban a sustituir a los suizos y a los lasquenetes.

De hecho, el papel de la caballería, incapaz de resistir al arcabuz y al mosquete, había ido eclipsándose hasta la aparición de la pistola.

Durante las guerras de religión francesas, después de 1562, la caballería recuperó su posición, y los hugonotes la empleaban en sus columnas armadas de pistola y de espada, mientras que los jinetes católicos, hombres de caballo profesionales, practicaban la difícil caracola y cada fila disparaba por turno, para después retirarse a cargar de nuevo las armas.

Estas guerras, agotadora y larga secuela de ignominiosas matanzas, duraron hasta el edicto de Nantes, en 1598. Los hugonotes, faltos de artillería y de piqueros para proteger a los tiradores mientras volvían a cargar —lo que entonces tenía mucha importancia— recurrieron a tácticas sutiles, improvisando fortificaciones, utilizando pesados mosquetes en filas cerradas, casi como en batería y colocando en las alas y entre la caballería a grupos de arcabuceros con el fin de romper las formaciones de caballería enemigas.

La misma historia se repitió durante la sublevación de los Países Bajos contra el dominio español (1568-1609), cuando los holandeses abrieron sus diques para inundar al enemigo, realizaron furtivos ataques en patines sobre los canales helados y fortificaban sus ciudades de forma tan eficaz que resistieron durante años. Su jefe, el joven Mauricio de Nassau, hijo de Guillermo el Taciturno, organizó el primer ejército holandés regular, al que exigía un largo entrenamiento y una disciplina severa y al que pagaba con regularidad.

Las compañías eran pequeñas y ágiles, provistas por partes iguales de picas y de mosquetes; los piqueros se mantenían a tres pies de distancia. Los diversos cambios debidos a la aparición de las armas de fuego alcanzaron su apogeo en la guerra de los Treinta Años (1618-1648), religiosa, para contaminar a toda Europa.

El soldado tipo era un mercenario de baja calidad, tan irregularmente empleado como pagado, que no tenía ni moral ni disciplina y sembraba el terror entre la población civil. Desde el tiempo de los vikingos no se había vuelto a ver un cúmulo tal de violencias. Sólo el ejército de Gustavo Adolfo de Suecia. allá por los años 1630, fue una excepción a esta regla. Era el primer ejército realmente nacional, con su uniforme amarillo y azul; tenía sus propias tropas permanentes, estaba bien entrenado y sus avances eran mérito exclusivamente suyo.

El principal acierto de Gustavo Adolfo radicó en la inteligente forma en que dispuso las armas, artillería, piqueros, mosqueteros y caballería, especialmente en la batalla decisiva de Breitenfeld. Se le deben también muchas innovaciones: los cartuchos preparados (en una camisa de papel) para sus mosqueteros, la munición pronta (en cajas de madera) para los cañones.

Los mosqueteros eran dragones a caballo ligeramente armados, que atacaban a pistola y después desmontaban para combatir a espada, maniobra militar copiada de los holandeses. Trató de aligerar el cañón, creando y después desechando una pieza de campaña recubierta de cuero que pesaba sólo 90 libras, equipando a cada regimiento de una pieza de cuatro, montada sobre ruedas, que lanzaba balas dobles.

Las guerras civiles de Inglaterra (1642-1649) no pueden ser comparadas con las del continente ni por su ferocidad ni por su técnica. Protegida por la flota, Inglaterra había postergado el desarrollo del arte militar. Las nuevas armas eran el fusil de cañón atornillado (que se abría para introducir la pólvora y la bala) y la llave de piedra. Hacia 1750, como probable resultado de las guerras, Inglaterra había conquistado un puesto preponderante en la fabricación de armas.

La llave de piedra, aparecida hacia 1630, quedaría incorporada a las armas de fuego hasta finales del siglo XIX. Presentaba la enorme ventaja de tener la cazoleta cubierta, con lo que la pólvora se conservaba siempre seca. La caída del sílex empujaba la tapa mientras producía la chispa que inflamaba el cebo.

Aunque resulta extraño, el fusil de batería “a la chenapan“, inventado un siglo antes, tuvo muy poco empleo militar. El fusil de batería “a la miquelete”, en el que la varilla sustentadora del gatillo formaba parte de la batería, fue empleado con éxito por los españoles, pero, por diversas razones, la llave de piedra no sustituyó a la llave de mecha en los ejércitos continentales hasta 1680 aproximadamente.

En Inglaterra, el mosquete de piedra “Brown Bess” fue oficialmente adoptado en 1690. Desde entonces se impuso el mecanismo de piedra, que demostró ser particularmente práctico para las pistolas. Cuando en 1660 terminaron las guerras de Inglaterra, Europa, por reacción contra el sangriento desorden de la época anterior, conoció un período de relativa calma.

Emerich de Vattel pudo escribir entonces: “Hoy es el ejército regular el que hace la guerra, y el pueblo, los campesinos y los ciudadanos no toman parte en ella y generalmente no tienen nada que temer de la espada enemiga.”

Las preocupaciones eran puramente políticas, la maniobra era preferida a la destrucción, ya que el soldado era un profesional disciplinado cuya vida no se podía arriesgar inútilmente. Louvois, ministro de la Guerra cíe Luis XIV, introdujo la formación en línea. Entrenadas por el famoso Jean Martinet, las tropas avanzaban en líneas de tres, al ritmo de ochenta pasos al minuto, todos los fusiles encañonados en un ángulo preciso y disparando un fuego de pelotón en cuanto se daba la orden. Una sola salva perfecta, como la de Wolfe, en Quebec, podía decidir el resultado de una acción. La pica había desaparecido y la reemplazó hacia 1700 la bayoneta de mango, mientras que el fusil de piedra seguía siendo el arma que respondía a todas las necesidades. Había nacido la infantería moderna.

La labor del gran ingeniero militar francés Sébastian Lepreste, conde de Vauban, ilustra el arte de la guerra en esta época. Construyó treinta y tres fuertes, ideó las paralelas, los caballeros y el tiro de rebote. Luis XIV y su corte solían instalarse en una colina cercana para seguir las últimas operaciones de Vauban.

Otro maestro en el arte de la guerra fue Federico de Prusia, cuyas tropas, reclutadas y no mercenarias, eran sometidas a una disciplina tan rigurosa que temían más a sus oficiales que al enemigo. El fue quien introdujo la artillería montada, una de las mayores innovaciones tácticas de aquel tiempo y utilizó eficazmente el mortero de campaña.

La batalla de Fontenoy (1745) llevó al lado de Federico a uno de los soldados y tratadistas militares más competentes de aquellos tiempos, Mauricio de Sajonia. Característico de aquellos tiempos era también la popularidad de los duelos, que generalmente se celebraban a pistola de piedra del mismo tipo, armas ligeras y seguras cuyo cañón octogonal medía 25 cm.

Durante la revolución americana reaparecieron ciertas pasiones ideológicas y métodos poco ortodoxos que caracterizaron el final de la época napoleónica. También es cierto que en Valley Forge, el barón von Steuben introdujo la disciplina en el ejército americano.

El mosquete de cañón liso era el arma de los dos bandos. Un regimiento inglés de quinientos “redcoats“, armado con Brown Bess, podía hacer salvas de ciento cincuenta disparos cada quince segundos lo que siempre producía un gran impacto en los americanos.

Por otra parte, los “redcoats” se encontraban con frecuencia ante situaciones en que la técnica del “riego” no servía gran cosa, por ejemplo cuando se enfrentaban en terreno accidentado con los americanos fronterizos que disparaban sus ráfagas mortíferas emboscados tras cada árbol o cada cerro al estilo de los indios.

He aquí la descripción que pudo hacerse de los carabineros de Daniel Morgan: “Salvajes y analfabetos, semejantes a pumas… calzados de botas grasientas de piel de gamo y vestidos con camisas de caza y gorros de piel.” A pesar de todo, fueron ellos quienes detuvieron a los ingleses en Freeman’s Farm en 1777.

Su famoso long-rifle Kentucky (la rotación imprimida a la bala por el rayado del cañón garantizaba la seguridad del tiro hasta 140 m.) procedía de la carabina más pesada, empleada durante mucho tiempo por los inmigrantes alemanes, que la habían introducido mucho antes en América, para la caza y el tiro al blanco. Ligera y graciosa, tenía una caja delgada, un ánima estrecha (calibre 40-45) y un cañón afilado de 5 pies de largo. A pesar del éxito de esta arma, no fue utilizada militarmente durante mucho tiempo.

Historia del Reloj Primer Reloj a Pendulo Tipos y Evolución

Historia del Reloj – El Reloj a Péndulo
Tipos y Evolución

El Sol es el supremo regulador del tiempo y permite al hombre ordenar el ritmo de los años, de los días y de las horas. Si desapareciera, toda nuestra existencia se vería trastornada y viviríamos como perdidos en medio de una noche sin fin.

En el tercer milenio antes de Jesucristo los chinos empleaban ya el reloj solar. También los egipcios en África y los incas en América conocían su uso. Sin embargo, generalmente se atribuye el invento del primer reloj solar de cierta exactitud. al filósofo jonio Anaximandro (siglo VI a. de J. C.), a pesar de que los griegos, según afirmaciones de Heródoto, conocían ya ese instrumento originario de Caldea.

El primero que apareció en Roma (en el año 291) fue colocado delante del templo de Quirino. Vitruvio, arquitecto romano, en su famoso libro De Architectura (año 88 a. de J. C.), describe la mayoría de los relojes solares conocidos en esa época. Diese el nombre de gnomónica a la ciencia que trata y enseña el arte de hacer relojes solares. Éstos consisten esencialmente en una superficie sobre la cual la sombra proyectada por una escuadra metálica, llamada gnomón (en griego: indicador), marca las horas sobre las líneas allí trazadas.

Fue arquitecto de Julio César durante su juventud, y al retirarse del servicio entró en la arquitectura civil, siendo de este periodo su única obra conocida, la basílica de Fanum (en Italia). Es el autor del tratado sobre arquitectura más antiguo que se conserva y el único de la Antigüedad clásica, De Architectura, en 10 libros (probablemente escrito entre los años 23 y 27 a.d.C).

Inspirada en teóricos helenísticos, la obra trata sobre órdenes, materiales, técnicas decorativas, construcción, tipos de edificios, hidráulica, mecánica y gnomónica (Libro IX). Vitruvio describió por primera vez la rueda hidráulica. La rueda de Vitruvio era vertical y el agua la empujaba por abajo; unos engranajes tenían la finalidad de cambiar la dirección del giro y aumentar la velocidad de las muelas; se calcula que con la energía producida por una de estas ruedas se podían moler 150 Kg. de trigo por hora, mientras que dos esclavos solo molían 7 kg (Wikipedia) (Imagen Arriba: RELOJ DE SOL).

La clepsidra, reloj de agua, era un instrumento mucho más perfecto, puesto que su funcionamiento no dependía del sol. Consistía en un vaso, en cuya extremidad inferior se encontraba un tubo angosto por donde goteaba el agua que caía en otro vaso. Sobre este recipiente, una escala graduada, al llenarse, indicaba las horas transcurridas.

Los sacerdotes egipcios la usaban en sus observaciones astronómicas; los griegos y los romanos, en los tribunales. En Atenas, por ejemplo, las audiencias judiciales se dividían, vaciando doce clepsidras, en tres períodos iguales: el primero se destinaba a la acusación, el segundo a la defensa, el tercero era empleado por los jueces para dictaminar. Cicerón hablaba de las “horas legítimas” que se le debían como honorarios por sus alegatos.

El físico griego Herón el Antiguo (siglo II de nuestra era) utilizaba una clepsidra bastante exacta que le permitía contar las pulsaciones de los enfermos. Ctesidio, matemático egipcio al servicio de Alejandro, concluyó hacia el año 130 antes de Jesucristo el primer reloj hidráulico. El agua al caer hacía girar unas ruedas dentadas cuyo movimiento se transmitía a una pequeña estatua que llevaba una varita en la mano. La estatuilla se levantaba paulatinamente junto a una columna en la que estaban marcadas las horas que indicaba con su varita.

Hacia la segunda mitad del siglo VIII el italiano Pacífico, arcediano de Verona, construyó un pequeño reloj accionado por contrapesas que fue ofrecido luego a Pipino el Breve por el papa Pablo I. A principios del siglo siguiente, Carlomagno recibió del Califa Harún al-Raschid un reloj que Eginhardo describía así: “En el momento de cumplirse cada hora, una cantidad igual de pequeñas bolitas de bronce caía sobre un timbre colocado debajo, haciéndolo vibrar con su caída. También poseía una docena de caballeros que, al marcar las doce horas, se asomaban por igual cantidad de ventanas.”

Carlos V poseía un reloj de arena, es decir una especie de clepsidra en la que la arena reemplazaba al agua, y que además permitía encender en su capilla un cirio que indicaba cada hora del día. Sabemos que, desde un siglo antes, los instrumentos para medir el tiempo habían alcanzado cierta perfección.

Dante, el gran poeta florentino, lo demuestra en unos versos (escritos entre 1315 y 1318) donde describe un despertador conventual de 10 cm. por 15 cm., diciendo que estaba formado por el motor (una pesa), la coronaria (compuesta de ruedas), el escape (rueda dentada), el compensador (un balancín).

El primer reloj público de Milán fue ubicado sobre la torre de San Eustorgio, en 1309. Al final del siglo XIV, París poseía por lo menos dos: el del Palacio, y el del Castillo de Vincennes.

En 1462, Bartolomé Manfredi habla del primer “reloj para llevar consigo”. Sin embargo, la verdadera industria de relojes de bolsillo estaba todavía muy lejana.

En sus viajes, Luis XI llevaba un baúl en el cual había un reloj que daba las horas. Se conserva aún un pequeño reloj para dama, tan gracioso como los modernos que perteneció a María Estuardo (1542-1587). En 1595, el duque de Este recibió como regalo un reloj de carillón, el primero mencionado por la historia.

Más tarde, Catalina la Grande poseyó uno que tenía la forma y dimensiones de un huevo y tocaba una corta melodía de órgano. Hacia el 1600, Galileo Galilei (1564-1642), al descubrir la ley del péndulo, señaló una gran fecha en la historia de la relojería. Cuéntase que el gran sabio era aún muy joven cuando observó asombrado, en la catedral de Pisa, la uniformidad de las oscilaciones de una lámpara que se mecía suavemente y fue el origen de su descubrimiento, pero no lo aplicó a los relojes. (ver Leyes del Péndulo)

En 1672 Jean Richer, haciendo observaciones astronómicas, llevó un reloj de péndulo de Paris a Cayena (América) y comprobó que atrasaba 2,5 minutos / día Ello era consecuencia de las diferencias del valor de “g”.

Fue Christian Huyghens quien, el 16 de junio de 1657, presentó el primer péndulo a los Estados Generales de Holanda. Más tarde reguló la fuerza motriz, para volverla constante y facilitar la posibilidad de darle cuerda. Aplicó luego un resorte espiral al balancín, lo que representó una verdadera revolución en el arte de la relojería.

El descubrimiento del movimiento isocrónico de las oscilaciones pendulares se hace en 1583. Galileo, en sus últimos años de experimentación, alrededor de 1641, proyectó un reloj de péndulo, que fue terminado por sus continuadores. El diseño original fue conocido por el físico holandés Juan Cristiano Huygens y descubrió que el péndulo debe describir un arco y no un círculo. La cicloide la señaló entre dos segmentos que delimitan su trayectoria para lograr el perfecto período. Y en 1675 él mismo creó el resorte en espiral regulador, mecanismo muy simple para hacer funcionar los relojes de bolsillo. La forma en espiral ha perdurado hasta la actualidad.

Hacia el 1670 apareció un invento de William Clement, relojero londinense, que se inspiró en los estudios de Robert Hook (biólogo, astrónomo…) Es un dispositivo que en la forma se asemeja al ancla (o áncora) de un buque.

El vaivén del péndulo, mece el áncora de tal manera que traba y después destraba cada uno de los dientes de la rueda de escape, lo que a su vez permite que la rueda gire un ángulo preciso, a diferencia del escape de paleta utilizado en los primeros relojes de péndulo, el escape de áncora deja que el péndulo recorra un arco determinado, más pequeño. (péndulo)

En 1675 Huygens se anotó otro hallazgo muy importante, el volante con muelle en espiral. Es un regulador. El volante es un disco finamente equilibrado, que gira primero en un sentido y después en el otro, repitiendo el ciclo una y otra vez, impulsado por el muelle que tiene en el centro. Tiene una rueda de escape que mantiene (muelle) también el ritmo, se adaptó la de áncora. La imprecisión de los relojes con este mecanismo era sólo de un minuto diario. (ver figura aquí abajo)

Un siglo después, el inglés John Harrison construyó el primer cronómetro, y Jorge Graham inventó una pieza capaz de regular la marcha de la máquina: el escape. El escape con cilindro permitió la supresión de la rueda, con espiral. Eso disminuyó el espesor del instrumento y permitió la fabricación de relojes chatos. Harrison dedicó casi toda su vida a perfeccionar un cronómetro para la navegación que resolviera el problema de la determinación de la longitud. Llegó a la conclusión de que un reloj de gran precisión (o cronómetro), puesto en hora en el meridiano de Greenwich, podría llevarse a bordo del barco y su indicación comparada con la hora local, determinada astronómicamente, daría la longitud en la que se halla el barco en cualquier lugar.

Como la Tierra gira 360° en 24 horas o, lo que es lo mismo, 15° por hora, la diferencia en horas multiplicada por 15 sería la longitud en la que se halla la embarcación medida en grados. El cronómetro de Harrison ‘Número Cuatro’ ganó tardíamente el premio (en 1773), mucho después de que realizara, en 1761, una prueba de cinco meses en el mar que fue un rotundo éxito. Este experimento se realizó en el Atlántico, en una travesía desde Inglaterra hasta Jamaica, ida y vuelta. Se comprobó que el reloj de Harrison retrasaba cinco segundos de tiempo, lo que se corresponde con un error de longitud de sólo 1,25 minutos de arco.

En 1680, los relojeros suizos perfeccionaron el escape a áncora. La electricidad encontró rápidamente aplicación y el reloj eléctrico, en su forma más conocida, está constituido por un regulador central de precisión que, cada minuto, cierra un circuito eléctrico (del que dependen todos los relojes colocados en los diferentes puntos de un mismo edificio o de una ciudad), haciendo progresar un diente de la rueda.

El reloj eléctrico de mesa es un pequeño motor sincrónico que marcha al compás de las oscilaciones de la corriente alternada y mueve las agujas. El cronómetro atómico puede, por su precisión, considerarse perfecto. El error máximo previsto es de un segundo por cada doscientos años. El movimiento perpetuo de los átomos, que encierran las moléculas de los gases de amoníaco, regula el movimiento de sus agujas con ritmo uniforme, a pesar del tiempo y de los cambios de presión y temperatura.

RELOJ ELÉCTRICO: La construcción de relojes eléctricos se inició a mediados del s. XIX. Inicialmente se recurrió a distintos sistemas que levantaban las pesas cuando éstas llegaban al final de su recorrido o tensaban el muelle espiral. Finalmente se consiguió mantener directamente las oscilaciones del órgano regulador (péndulo, volante, diapasón metálico) con ayuda del magnetismo y electromagnetismo. En este último caso, el oscilador se convierte también en órgano motor y mueve el sistema de ruedas engranadas que gobierna las saetas. El oscilador establece la conmutación de la corriente necesaria para el mantenimiento de las oscilaciones y la corta en el momento oportuno. La energía es facilitada por unas pilas o unos acumuladores en forma de corriente continua. Existen relojes equipados con motores sincrónicos que funcionan con la corriente alterna de la red (50 Hz).También pueden emplearse corrientes eléctricas para mantener varios relojes secundarios sincronizados con el péndulo de un reloj principal.

Los relojes electrónicos incorporan en uno o varios de sus componentes elementos electrónicos. En 1952, Marius Lavet introdujo un transistor en los sistemas con oscilaciones mantenidas, para sustituir por una conmutación electrónica los dispositivos con contactos eléctricos, que se deterioran por efecto de la chispa de la extracorriente de la ruptura debida a la inductancia de la bobina.

RELOJ A CUARZO: El reloj de cuarzo aparece en sus primeras manifestaciones en 1920; pero recién en 1929, el relojero norteamericano Warren Alvin Marrison creó un reloj que funcionaba con un resonador de cuarzo. Los relojes de cuarzo fueron desarrollados por Lip pero la comercialización la realizó a partir de 1969 la firma Seiko. En 1988 la empresa Seiko suprime la pila en los relojes de cuarzo y es reemplazada por una dínamo pequeñita que produce la energía que el reloj consume.  Estos relojes utilizan un anillo de cuarzo conectado a un circuito eléctrico, al que se le hace oscilar a 100.000 Hz (hercios, o ciclos por segundo). Esta oscilación de alta frecuencia se convierte en una corriente alterna, se reduce a una frecuencia más adecuada para la medida del tiempo y se emplea para alimentar el motor de un reloj síncrono. El error máximo de los relojes de cuarzo más precisos es de 1 segundo en 10 años.

El campo de la relojería eléctrica es hoy vastísimo, pues muchas más ramificaciones y aplicaciones que la relojería clásica. Los relojes marcadores de fichas para el personal, los relojes de exterior. Existen relojes eléctricos de pulsera, en los que la pila se ha miniaturizado; hay otro tipo de reloj electrónico sin escape ni volante, que utiliza la frecuencia de un diapasón vibrador como regulador.

relojes antiguos de arte

CRONOLOGÍA:

SlGLO X — Se le atribuye la invención del reloj de pesas a Gerbert d’Aurillac, el papa Silvestre.
1410 — Se atribuye a Brunelleschi la invención del primer reloj que sustituye las pesas por un resorte y por lo tanto es transportable.
1524 — Peter Henlein crea el primer reloj de bolsillo, aunque al principio sólo tenían una manecilla, la de las horas.
1657 — Christian Huyguens fabrica el primer reloj de péndulo.
1675 — Christian Huyguens fabrica el primer reloj con un resorte oscilante que sustituye al péndulo.
1838 — La marca suiza Patek Philippe fabrica relojes de bolsillo.
1868 — La marca suiza Patek Philippe fabrica el primer reloj de pulsera.
1888 — Cartier fabrica relojes de pulsera para damas con diamantes y la correa de oro.
1914 — Eterna fabrica en 1914 el primer reloj de pulsera con alarma.
1923 — John Hardwood inventa el primer reloj automático de pulsera, al que no hay que dar cuerda.
1925 — Patek Philippe inventa el primer reloj de pulsera con calendario perpetuo.
1927 — Rolex Oyster produce el primer reloj sumergible.
1930 — Tssot fabrica el primer reloj antimagnético.
1933 — Ingersoll fabrica para Disney el primer reloj hecho exclusivamente para niños.
1957 — Hamilton produce el primer reloj eléctrico.
1961 — Primer reloj en el espacio, un Poljot Shturmanskíe en la muñeca del ruso Yuri Gagarin.
1962 — Primer reloj digital con un dial de 24 horas para evitar confusiones entre AM y PM, el Breitling Navitimer Cosmonaute, que llevará por primera vez el astronauta americano Scott Carpenter.
1966 — Girard-Perregaux fabrica los primeros relojes de cuarzo de alta frecuencia.
1969 — Neil Amstrong aluniza con un Omega Speedmaster en la muñeca. Ese año, Longines produce el primer reloj de pulsera de cuarzo.
1972 — Longines lanza el primer reloj de pulsera con pantalla digital LCD de cuatro dígitos. El primero con seis dígitos será el Seiko 06LC.
1987 — Tissot lanza el primer reloj con pantalla analógica y digital.
1994-1995 — Valen Poliakov, el hombre que ha permanecido más tiempo en el espacio, un total de 438 días, lleva un reloj Poljot 3133.

Fuente Consultada: PIONEROS, Inventos y Descubrimientos claves de la historia – Teo Gómez.

La Polvora – Historia de la Polvora – Descubrimiento de la Polvora

HISTORIA DE LOS  EXPLOSIVOS, TIPOS Y DIVERSOS USOS

Explosivos: Son compuestos o mezclas de compuestos químicos que arden o se descomponen rápidamente generando grandes cantidades de gas y calor, y los consiguientes efectos de presión repentinos. En tiempos de paz los explosivos se utilizan principalmente para voladuras en minería y en cantería, aunque también se emplean en fuegos artificiales, en aparatos de señalización y para hacer remaches y moldear metales. Los explosivos se utilizan también como propulsores para proyectiles y cohetes, como cargas explosivas para la demolición, y para hacer bombas y minas.

El primer explosivo conocido fue la pólvora, llamada también “polvo negro”. Se empezó a utilizar hacia el siglo XIII y fue el único explosivo conocido durante siglos. Los nitratos de celulosa y la nitroglicerina, ambos descubiertos en 1846, fueron los primeros explosivos modernos. Desde entonces, nitratos, compuestos de nitrógeno, fulminatos y azidas han sido los principales compuestos explosivos utilizados por separado o mezclados con combustibles y otros agentes. El trióxido de xenón, que fue el primer óxido explosivo, se desarrolló en 1962.

La Pólvora:

La pólvora, es un polvo explosivo utilizado en balística, en particular pólvora negra, una mezcla explosiva de un 75% de nitrato potásico, un 15% de carbón y un 10% de azufre aproximadamente. La pólvora fue el primer explosivo conocido; su fórmula aparece ya en el siglo XIII, en los escritos del monje inglés Roger Bacon, aunque parece haber sido descubierta por los chinos, que la utilizaron con anterioridad en la fabricación de fuegos artificiales.

historia de la polvora

Es probable que la pólvora se introdujera en Europa procedente del Oriente Próximo. Berthold Schwarz, un monje alemán, a comienzos del siglo XIV, puede haber sido el primero en utilizar la pólvora para impulsar un proyectil. Sean cuales sean los datos precisos y las identidades de sus descubridores y primeros usuarios, lo cierto es que la pólvora se fabricaba en Inglaterra en 1334 y que en 1340 Alemania contaba con instalaciones para su fabricación.

El primer intento de utilización de la pólvora para minar los muros de las fortificaciones se llevó a cabo durante el sitio de Pisa en 1403. En la segunda mitad del siglo XVI, la fabricación de pólvora en la mayoría de los países era un monopolio del Estado, que reglamentó su uso a comienzos del siglo XVII. Fue el único explosivo conocido hasta el descubrimiento del denominado oro fulminante, un poderoso explosivo utilizado por primera vez en 1628 durante las contiendas bélicas que se desarrollaron en el continente europeo.

UN POCO DE HISTORIA
Por Raquel Cubero

Aunque su función primigenia era la de servir de vía para la introducción en Europa de sedas y telas orientales, muchos otros objetos y materiales acabaron por llegar a occidente a través de ella. Entre ellos se encontraba uno que cambiaría el curso de la historia: la pólvora.

La pólvora, el primer explosivo conocido, fue descubierta por casualidad en China en torno al siglo IX. Su hallazgo parece ser fruto de las investigaciones de algún alquimista que, en su búsqueda del elixir de la eterna juventud, dio por accidente con la fórmula del explosivo. De hecho las primeras referencias a la pólvora las encontramos en textos herméticos advirtiendo de los peligros de mezclar determinadas sustancias.

En el siglo X ya se utilizaba con propósitos militares en forma de cohetes y bombas explosivas lanzadas desde catapultas. Se sabe que ya en el año 1126 se utilizaban cañones hechos de tubos de bambú para lanzar proyectiles al enemigo. Más tarde esos tubos serían sustituidos por otros de metal más resistente; el más antiguo del que se tiene noticia data de1290.

Desde China el uso militar de la pólvora pasó a Japón y a Europa. Se sabe que fue usado por los mongoles contra los húngaros en 1241 y que Roger Bacon hace una mención en 1248. Hasta ese momento Europa sólo había contado con un producto inflamable llamado “fuego griego” que sin embargo no podría competir con la efectividad del recién llegado invento.

Durante el siglo XIV el uso de cañones se generalizó tanto en China como en Europa, pero el problema seguía residiendo en crear tubos de metal capaces de contener las tremendas explosiones que se producían en su interior. Este problema pudo haber conducido a la falsa afirmación de que los chinos sólo utilizaron la pólvora para hacer fuegos artificiales, lo que no es en absoluto cierto ya que está documentado que hicieron uso de ella con propósitos bélicos en numerosas ocasiones. Así por ejemplo el grosor y la solidez de las murallas de Beijing deja bien a las claras que se diseñaron para resistir el ataque de la artillería enemiga y la dinastía Ming cambió la ubicación de la antigua capital Nanjing por el hecho de que las colinas de alrededor eran una localización demasiado tentadora para que el adversario ubicara sus cañones.

Cuenta la leyenda que la fórmula pudo llegar a Europa en 1324 de la mano de un monje peregrino. La receta consistía en la mezcla de carbón, azufre y salitre que el religioso comunicó al abad de un monasterio donde pernoctó. A la mañana siguiente el monje que se encontraba en la puerta al ver salir al huésped, pudo comprobar con horror que debajo de los ropajes monacales le asomaba un rabo peludo: era el mismísimo diablo que el terrible invento venía a perturbar para siempre y a sembrar el caos la sociedad de la época.

La pólvora se extendió con rapidez por toda Europa y jugó un papel fundamental en el equilibrio de poder que se establecería a partir de entonces, ya que eran muy pocos los personajes que contaban con dinero y capacidad suficiente para fabricar armas.

Entre los siglos XV al XVII se asistiría a un amplio desarrollo de la tecnología relacionada con al pólvora. Los avances en el campo de la metalurgia hicieron posible la elaboración de armas de pequeños tamaño y mosquetes. Resulta curioso que todavía en el siglo XV, Enrique VIII de Inglaterra manifestara que “las armas de fuego nunca suplantarían al arco largo de la infantería inglesa”.

Incluso tiempo después, cuando las armas se habían generalizado en todos los ejércitos, muchos seguían considerando su uso como una vileza impropia de verdaderos caballeros. A partir de la segunda mitad del siglo XVI la fabricación de la pólvora en casi todos los países, estaba ya en manos del Estado y su uso sería reglamentado poco después.

En 1886 Paul Vielle inventó un tipo de pólvora sin humo hecho con nitrocelulosa gelatinizada mezclada con éter y alcohol. Esta mezcla se pasaba por unos rodillos para formar finas hojas que después se cortaban con una guillotina al tamaño deseado. El ejército francés fue el primero en usar este nuevo tipo de explosivo, que no formaba humo y era mucho más potente que el anterior, y otros países europeos no tardaron es seguir su ejemplo. Muchas otras innovaciones se sucedieron en el campo de los materiales explosivos hasta llegar a la actualidad, pero sin duda la aparición de la pólvora en occidente en la Edad Media fue el acontecimiento más significativo.

OTROS EXPLOSIVOS DE FINES DEL SIGLO XX:

De todas las fuerzas que la Humanidad ha podido dominar, ninguna tan utilizable como el fuego. Pero no sólo en la acepción más conocida le la palabra, sino también en aquellos innumerables casos semejantes a lo que : turre cuando se presenta el fenómeno por la combinación del oxígeno con otras sustancias. Al morir un árbol, el oxígeno del aire se combina lentamente con la materia orgánica de que se forma el tronco; es una combustión que dura años. Si un trozo de hierro se expone al aire, el oxígeno también ataca al metal; la combinación entonces puede durar unas semanas o meses. 

Los químicos han dado el nombre de «oxidación» a esta clase de cambios o reacciones químicas que resultan de la tendencia del oxígeno a combinarse con otras substancias. Los pocos ejemplos antes citados muestran que la oxidación es el cambio o reacción química más importante. Ahora vamos a hablar de las oxidaciones rápidas que tienen lugar al disparar los cañones.

Casi todas las substancias que arden pueden servir para preparar los explosivos, con tal de que el oxígeno se combine con ellas muy rápidamente. El carbón apilado se oxida muy lentamente y se conserva siempre a una temperatura baja; serían precisos millares de años para consumir todo el montón; pero si se calienta, el oxígeno le ataca con más rapidez y da un fuego brillante que produce a su vez calor.

Forzando el aire, o mejor, oxígeno puro, de suerte que se introduzca en la masa, desprenderá una llama blanca deslumbrante, aumentando la temperatura. Todavía no se produce explosión, porque el oxígeno tarda aún bastante tiempo en combinarse con el carbón. Pero si pulverizamos éste muy finamente, mezclándole con la cantidad de aire que convenga, explotará con violencia al quemarse, pues cada partícula de carbón estará rodeada de oxígeno y puede combinarse con extrema rapidez. Muchos de los terribles accidentes en las minas son debidos a esta clase de explosiones.

No todas las mezclas de gases y sólidos se prestan para poder almacenarse y transportar convenientemente, y, por tanto, satisfacer las condiciones precisas en la industria de explosivos y suministros militares. Si agregamos al polvo muy fino de carbón de piedra, o mejor, vegetal, salitre, que es una substancia que contiene tres mil veces tanto oxígeno como el mismo volumen de aire, tenemos los ingredientes necesarios para preparar un explosivo comercial, en el que el oxígeno y la materia inflamable se presentan en estado sólido y pueden además mezclarse muy íntimamente. Cada partícula de carbón vegetal dispone del oxígeno encerrado en el salitre; así que los dos se combinan con rapidez explosiva. Estas dos substancias son los componentes de la pólvora negra ordinaria.

Dos factores combinados influyen en la fuerza desarrollada en una explosión. El primero es que el sólido explosivo, ocupando un pequeño espacio, pueda transformarse al oxidarse en un gran volumen de gases. Así, por ejemplo, tres decímetros cúbicos de nitroglicerina, pesando 45 kilogramos, se convierte en una fracción de segundo en gases que al enfriar a la temperatura ordinaria ocupan unos 30 metros cúbicos.

Más importante aún es que en la explosión se desarrolle gran cantidad de calor, el cual dilata extraordinariamente los gases. Probablemente, los producidos en la explosión de los 45 kilogramos de nitroglicerina a la temperatura que predomina al generarse ocuparían cerca de 300 metros cúbicos. En el momento de formarse los gases la presión se acerca a 14.000 ó 21.000 kilogramos por centímetro cuadrado, y mil veces mayor que la presión a que trabaja una caldera ordinaria de vapor.

Esta producción de grandes cantidades de gases a altas temperaturas y enormes presiones es la causa de los efectos de la explosión. El recipiente o barreno que contenga el explosivo queda destrozado instantáneamente; la roca y cuanto encuentren en su camino los gases dilatados saltará como paja arrastrada por el viento. La onda de aire formada al salir los gases se extiende en todas direcciones, destrozando vidrieras y muchas veces sólidas casas de piedra situadas a distancia.

Tal es la explicación de cómo se produce la mayor fuerza de los tiempos modernos. La lámpara de petróleo arde fija y lentamente a causa del poco aire que entra en ella. Si este último se mezcla con el petróleo, rápidamente se produce una explosión, que puede aprovecharse para hacer volar a un aeroplano a la velocidad de 270 kilómetros por hora. El automóvil no es más que una máquina en la que se utilizan una serie de explosiones para hacer mover las ruedas. La fuerza de los motores modernos de gas procede de las explosiones de éste con el aire.

En todos los casos el oxígeno de la atmósfera se mezcla íntimamente con el petróleo o el gas, antes de que se verifique la reacción provocada por el calor. Así, en vez de efectuarse una combustión lenta, tiene lugar un rápido proceso, por el que se produce una súbita y violenta expansión de gases. Estos empujan el émbolo, que recorre un cilindro, movimiento que se transforma de manera conveniente en otro que pueda hacer girar las ruedas del automóvil o la hélice de un aeroplano. En otras palabras, los mecanismos de muchas fábricas y talleres se mueven debido a la utilización de esta terrible arma de que tanto hemos oído hablar en su aplicación más sensacional en relación con la guerra.

Como dijimos antes la pólvora fue inventada por los árabes en el siglo XIII  e introducida en la cristiandad por Roger Bacon hacia 1270 y cincuenta años antes Bertoldo Schwartz de Freiberg la había dado a conocer, su uso industrial como explosivo fue despreciado durante siglos. Elarte de la construcción de caminos, la edificación en general y la explotación de minas estaban apenas tan adelantadas en la época Shakespeare como en la de Virgilio. Parece se empleó la pólvora por primera vez en minería hacia 1613, en raya época Martín Weigel, un minero de Freiberg, comenzó a arrancar mineral por la explosión de barrenos.

Hasta hace unos cincuenta años la pólvora era el explosivo más enérgico que podía emplearse sin peligro. En las artes, durante la paz, así como .en la guerra, una mezcla de carbón vegetal y salitre, a la que se añadía cierta cantidad de azufre, producían los gases con que los hombres se mataban o perforaban los túneles. La pólvora negra tipo, adoptada por los Estados Unido; para su ejército hasta la guerra con España, contenía 75 por 100 de salitre, 15 por 100 de carbón vegetal y 10 por 10c de azufre. Sin embargo, una serie de explosivos mucho más enérgicos habían sido ya descubiertos por los químicos modernos.

En 1832, Braconnot transformó el almidón, tratándole por el ácido nítrico, en un terrible explosivo; seis años después, Pelouse y Dumas prepare el algodón-pólvora y papel-pólvora, mirificando también estas materias. En 1846, el italiano Ascanio Sobrero trató la glicerina por el ácido nítrico y produjo la nitroglicerina, que adquirió trágica notoriedad con el nombre de «aceite explosivo», pues era un compuesto muy delicado que explotaba al menor choque.

Como era líquido, se filtraba a través de las hendeduras de la roca cuando se echaba en un barreno; requeríase un gran cuidado al colocarlo y producir la explosión por una sencilla espoleta. Fueron tan frecuentes los accidentes, que se prohibió su empleo en algunos países; y la voladura de un barco cargado con gran cantidad de este explosivo, en dirección a Chile, causó tal sensación, que se creyó necesario impedir radicalmente su empleo en todos los países civilizados del mundo.

Pero el químico sueco Alfredo Nobel resolvió el problema de los explosivos enérgicos en 1866. Mezcló la nitroglicerina con ciertas clases de tierras porosas y produjo una especie de serrín, que llamó «dinamita». Dos veces más enérgica que la pólvora y mucho más segura, la dinamita revolucionó la ciencia de los explosivos. Hizo posible la ejecución de las grandes obras de ingeniería en nuestros tiempos y dio lugar al desarrollo de la industria minera en el mundo desde 1870.

Evidentemente, la invención de la dinamita marca una época en la historia de la civilización. Permitió al hombre cambiar la faz de la Tierra. Por ella pudo extender por todos los continentes las redes de ferrocarriles; removió las. montañas a su paso; perforó kilómetros y kilómetros, atravesando el duro corazón de su planeta; unió océanos, haciendo volar las rocas-y la tierra que los separaban, y, finalmente, apartó el arado 3^ la maquinaria agrícola de vapor para trabajar la tierra y preparar los cultivos con dinamita.

Un sabio se corta un dedo y esto da lugar al invento de un formidable explosivo

En condiciones normales, la dinamita puede soportar golpes, lanzarse a distancia y aun sufrir los efectos de cualquier arma de fuego, sin explotar. De la misma manera, una considerable cantidad de algodón-pólvora puede arder tranquilamente, y un torpedo lleno con este explosivo, húmedo y comprimido no reventará, aunque penetre en su masa una granada y la queme. Aun la nitroglicerina arderá como el petróleo en pequeñas cantidades, y, finalmente, una vela de nitroglicerina puede alumbrar sin peligro.

Muchas personas, poco habituadas al manejo de los explosivos modernos, creen que las granadas y compuestos explosivos son peligrosos. En realidad, la parte delicada e insegura es el fulminante, generalmente preparado disolviendo mercurio en ácido nítrico y añadiendo alcohol a la solución. Este es el agente que produce la explosión, y cuando está unido a un explosivo enérgico es cuando se puede decir que nos acecha la muerte.

La dificultad e inconveniente de la dinamita, desde el punto de vista moderno, es su pequeño rendimiento como explosivo. Su seguridad resulta precisamente de que una cuarta parte de sus componentes son materias absorbentes que no engendran gases. Formadas de residuos de diatocoisas—una planta marina microscópica de vaina muy dura—, este material es inactivo y reduce la fuerza explosiva de la dinamita.

Reconociendo esto, Nobel trató de encontrar, durante muchos años, otra substancia activa para su nitroglicerina, que al mismo tiempo que absorbiese el aceite explosivo formase una especie de pasta química. Una mañana, al hacer sus ensayos, se cortó en un dedo. Envió a un ayudante para que le trajese un poco de colodión y proteger su herida. Recubierta la cortadura, iba a tirar el resto del frasco cuando se le ocurrió mezclarlo con la nitroglicerina.

El colodión se prepara disolviendo el algodón-pólvora en éter, y la solución se utiliza como emplasto, barniz y materiales para la fotografía. Cuando se combina con alcanfor, el algodón-pólvora, disuelto, se convierte en celuloide. Para fabricar esta clase de algodón-pólvora comercial sólo se emplea ácido nítrico moderadamente concentrado; es por veces muy inflamable; pero el alcanfor le hace inexplosible y puede ser trabajado con pesados martillos y laminadores sin el menor peligro.

Suprimiendo el alcanfor, Nobel obtuvo una mezcla de algodón-pólvora y nitroglicerina, la cual resultó aún más segura y con notable mayor energía explosiva. El accidente de cortarse en un dedo hizo que el inventor ensayase con el algodón-pólvora, considerado como el más peligroso y menos útil de los compuestos explosivos. El algodón-pólvora contiene demasiado poco oxígeno para la combustión. La consecuencia es que cuando hace explosión engendra gases venenosos; así, no era utilizable para fines industriales. La nitroglicerina, por otro lado, contiene un exceso de oxígeno; de manera que al mezclar Nobel los dos explosivos en ciertas proporciones, el elemento que necesitaba uno lo suministró el otro, que lo tenía en exceso.

El nuevo explosivo resultó una mitad más enérgico que la dinamita, y se ha utilizado en grandes cantidades para la perforación de montañas como los Alpes, donde la roca es tan dura, que con dificultad se hubiera podido llevar a cabo la obra sin él. La gelatina explosiva es una de las fuerzas más violentas de que disponen los hombres. En su forma pura, sólo se puede emplear en roca muy dura. Nobel encontró pronto la manera de modificar su terrible acción, añadiendo salitre y serrín a la mezcla de algodón-pólvora y nitroglicerina. Con el tiempo, en aquella época, los explosivos gelatinosos fueron reemplazando a la dinamita.

Fue preciso pasasen muchos años antes de poder llegar a conocer la manera de aplicar los explosivos modernos a las necesidades de la guerra, y reemplazar la pólvora por los preparados mucho más enérgicos en la artillería. Aun después de conseguir pulverizar la nitroglicerina por medio de substancias reductoras de su fuerza explosiva, no pudo emplearse para los disparos de los cañones. Se verificaba tan rápidamente la formación de gases, que las piezas reventaban en lugar de salir el proyectil por la boca.

Fuente Consultada:
Colección Moderna de Conocimientos Universales – Tomo II W.M. Jackson, Inc.

Historia de la Imprenta Evolución, Difusión y Cronología

Historia de la Imprenta Evolución y Difusión

Introducción: La imprenta es cualquier medio mecánico de reproducción de textos en serie mediante el empleo de tipos móviles. Es diferente a la xilografía, grabado en madera sobre una sola plancha. Ambos son inventos chinos, aunque estos no llegaron a extraer a la imprenta todo el rendimiento que era capaz de ofrecer.

De cualquier modo, y dada la incomunicación existente entre Oriente y Occidente, puede considerarse que su re-invención en el siglo XV es su verdadero punto de partida, ya que será entonces cuando alcance las dimensiones que de ello cabía esperar.

Precedentes:

Muchos países se atribuyen para sí la gloria de la invención de la imprenta. Los holandeses mantienen que su inventor fue Coster, en la ciudad de Haarlem, mientras los franceses aseguraron durante años que la imprenta era un invento de los orfebres de Estrasburgo.

En realidad, hacía tiempo que se conocía en Europa la prensa y las aleaciones de los metales necesarios para la fabricación de los tipos móviles: pero fue necesario el genio creativo de quien supo combinar diferentes ideas para ofrecer un producto nuevo para que el descubrimiento echara a andar.

También debe considerarse como precedente inmediato de la imprenta el libro xilografiado, realizado generalmente a partir de dibujos que se podían colorear posteriormente. Las obras xilografiadas llegaron a alcanzar una relativa popularidad a finales de la Edad Media, especialmente para barajas, juegos y algunos libros de fábulas, así como para la famosa Biblia pauperum o Biblia de los pobres, realizada a base de dibujos y de gran difusión entre las clases populares.

historia de la imprenta

Johann Gutenberg.

Fuese quien fuese el descubridor, parece estar reconocido en la actualidad de forma prácticamente universal que fue Gutenberg el primer impresor, al menos, el primer impresor conocido. Ello no excluye que con anterioridad se hubieran llevado a cabo experimentos en este campo: en efecto, todo parece indicar que así fue y probablemente, Gutenberg supo aprovecharse de estas experiencias en las que también participó activamente.

Pertenecía Gutenberg a la familia de los Gensfleisch -Gutenberg era un apodo-, famosos orfebres de Maguncia. Apenas se sabe nada de su vida, y las noticias que han llegado hasta nosotros no son directas, sino que proceden de los múltiples procesos en los que se vio envuelto y que a veces nos permiten reconstruir sus pasos o suponer ciertos hechos con bastantes probabilidades de acertar. Por estos indicios se sabe que estuvo desterrado en Estrasburgo, donde entró en contacto con orfebres con los cuales mantuvo una serie de extrañas relaciones que parecían ir encaminadas hacia la experimentación de algún descubrimiento pero que terminaron en pleito.

gutenberg, inventor de la primera imprenta

De vuelta a Maguncia monta su taller con ayuda del banquero Johann Fust y en 1450 aproximadamente publica su primera obra, la llamada Biblia de las 42 líneas o de Mazarino, por haberse encontrado el primer ejemplar en la biblioteca de este cardenal. La Biblia se compone de dos volúmenes y las páginas tienen cuarenta y dos líneas -de ahí su nombre- y dos columnas y están escritas con letra gótica. Se tiran 150 ejemplares en papel y 50 en pergamino: se conservan unos 46 o 47 -los autores no se ponen de acuerdo en este punto. Es la única obra que se considera completamente suya sin duda, aunque no lleva marca de imprenta, firma ni fecha o lugar de publicación.

Poco tiempo después Fust plantea un proceso contra Gutemberg a causa de las deudas de este, y en pago a sus créditos consigue quedarse con los talleres. Asociado con Schoeffer, antiguo copista, dibujante y grabador de iniciales de Gutenberg, y ambos publican en 1457 una colección de Salmos conocida con el nombre de Salterio de Maguncia, primer libro con fecha de impresión, nombre de los realizadores y hasta marca de imprenta -los escudos con las iniciales de sus impresores colgando de una rama de árbol. La asociación entre Fust y Schoeffer continúa hasta 1470 año en que muere Futs; Schoeffer siguió publicando hasta 1502-3.

Por su parte Gutenberg vuelve a rehacerse y montar un nuevo taller en el que publica la Biblia de las 36 líneas, obra que tampoco lleva nombre de realizador y sobre la cual no existe unanimidad en considerarla obra suya. De cualquier modo, la Biblia de las 36 líneas es sensiblemente de inferior calidad que la de la Biblia de las 42 líneas. Según parece, Gutenberg aún se vio envuelto en nuevos procesos por motivos económicos y terminó sus días en pobreza protegido por el arzobispo de Maguncia. (Más Sobre Gutenberg)

Condiciones de la aparición de la imprenta

Si un invento como el de la imprenta apareció en esta época y no en otra anterior no se debió en absoluto a una casualidad, sino a una serie de circunstancias que favorecieron e hicieron posible su descubrimiento. Estas circunstancias fueron:

a) Aumento de la demanda del libro gracias a una mayor alfabetización de la población, al papel de las universidades y centros de estudios, a las inquietudes religiosas de la época y a la curiosidad e interés por la investigación del hombre renacentista.

b) Incremento del poder adquisitivo de los europeos, que se beneficiaban de las nuevas rutas comerciales abiertas y en plena expansión. La imprenta también se beneficiaría de las rutas comerciales europeas para su difusión por todo el continente.

c) Avances en los conocimientos sobre metales y sus aleaciones, que permitieron encontrar las fórmulas adecuadas para la fabricación de punzones y matrices, así como las tintas capaces de imprimir sin engrasar el papel o traspasarlo.

d) Aparición de la industria del papel, que comienza a vencer al pergamino desde 1350. El pergamino era muy grueso para poder ser utilizado con facilidad por las prensas y no era lo suficientemente plano para que la impresión se hiciera bien. Por otra parte, al multiplicarse vertiginosamente el número de libros se habría llegado en poco tiempo a la extinción de las especies que abastecían el mercado de pergaminos.

e) Cambio en la mentalidad del hombre, en el concepto de ciencia, que se hace más amplio y experimental y en los métodos de trabajo que ahora permiten el ensayo y la experimentación en busca de nuevas metas.

Los Incunables: caraterísticas de los libros impresos

Se llaman incunables (del latín incunabulum, cuna) los impresos en caracteres móviles desde los orígenes del arte tipográfico hasta 1500 inclusive. El término latino, aplicado a una categoría de libros, fue empleado por primera vez por el librero holandés Cornelio van Beughem en el repertorio que tituló Incunabula typographiae (Amsterdam, 1688). La toma de esta fecha como punto divisorio no deja de ser arbitraria, ya que los libros impresos de los primeros años del siglo XVI no dejan de presentar las mismas características que los incunables y porque la imprenta no apareció ni se desarrolló al mismo tiempo en todos los países.

Las características más señaladas de los incunables son:

a) Imitación de los manuscritos. Los primeros libros impresos trataron de parecerse todo lo posible a los manuscritos, ya que esta era la forma de libro a que el hombre del siglo XV estaba acostumbrado. Así, utilizan la letra gótica, abreviaturas -aunque nada las hacía necesarias-, los incipts, etc. Las iniciales se dejaban en blanco con el fin de que fueran realizadas más tarde por especialistas: no es difícil encontrar incunables donde las iniciales no se llegaron a poner nunca. También carecían de portada: la primera es la del Calendario de Regiomontano, en 1470, aunque algunos autores mantienen que al primera portada data de 1500.

b) Se impone la letra romana, de la mano de los humanistas italianos, más legible y fácil de entender. Poco a poco se van abandonando las abreviaturas.

c) Las primeras ilustraciones se hacen xilografiadas. El primer libro con ilustraciones xilografiadas es una colección de fábulas de Albert Pfister (Bamberg, 1461).

d) La lengua mayoritariamente utilizada es el latín (45%), seguida del italiano, alemán, francés, inglés y español.

e) Los temas son religiosos en el 45% de los casos. Le siguen los temas de literatura (30%), clásica, medieval y contemporánea y el resto se reparte entre diversas materias.

A final de siglo se habían impreso unos 10.000 títulos, lo cual indica la velocidad con que la imprenta se extendió por Europa.

Difusión de la imprenta

En la difusión de la imprenta se aliaron dos factores ajenos por completo a ella: las guerras civiles en Alemania y el auge experimentado por las rutas comerciales europeas, verdaderos caminos de intercambio de bienes materiales y culturales.

En 1460 estallan las revueltas civiles en Maguncia. El arzobispo es depuesto por el Papa por desobediencia y es enviado Adolfo de Nassau a tomar la ciudad. La mayoría de los impresores se ven obligados a huir y los talleres se disuelven. Los primeros tipógrafos se instalan en otras ciudades alemanas (Colonia, Spira, etc). Otros, por el contrario, viajan al extranjero, sobre todo siguiendo la ruta transalpina que los lleva a Francia y a la próspera Italia.

Entre estos se encuentran los tipógrafos Schweynheim y Pannartz, que en 1464 se instalan en el monasterio de Subiaco, donde era abad el español Juan de Torquemada, el cual les anima a montar allí sus talleres: será el primero que se instalará fuera de Alemania. El primer libro impreso parece ser que fue un Donato, del cual no quedan rastros ni ejemplares, cosa lógica si se tiene en cuenta que era un libro de texto para el aprendizaje de la gramática latina. Después el De oratione de Cicerón, sin fecha, un Lactancio fechado en 1465, y algunos más, ninguno de ellos firmado.

Desde allí los dos tipógrafos marchan a Roma, donde instalan su taller y publican nuevas obras, de temas religiosos o de autores clásicos, bajo la protección del Papa Sixto IV. Cuando llegaron a Roma ya se encontraba instalado allí el taller de un compatriota suyo, Ulrico Han, el cual publicó, entre otras obras las Meditationes de Torquemada (Turrecremata), primer libro donde aparece el retrato del autor vivo.

Por la misma época se instala en Venecia Juan de Spira, el cual publicó las Epistolas familiares de Cicerón y la Historia natural de Plinio. A su muerte le sucedió su hermano al frente del taller y se encargó de publicar, entre otras obras, la primera edición del Cancionero de Petrarca y la Divina Comedia. También en Venecia se instaló el impresor Ratdolt, famoso por sus iniciales y orlas grabadas en madera de sabor renacentista y por haber sido el primero en publicar un libro con portada: el Calendario de Regiomontano, en 1470.

En Francia la imprenta se inició tarde y comenzó en París y Lyon, donde inmediatamente encontró una excelente acogida: a finales de siglo había en esta última ciudad 160 talleres tipográficos. En Inglaterra fue aún más tardío: entró en 1477 de la mano de Caxton, mercader en textiles, quien instaló el primer taller en Westminster.

Poco a poco la imprenta se fue instalando en todos los rincones de Europa, aunque su expansión fue irregular: el último país al que llegó fue Grecia, donde lo hizo hace poco menos de un siglo, debido a la dominación turca, cuyo idioma no comenzó a escribirse en caracteres latinos hasta la revolución de Kemal Ataturk. Al resto del mundo la imprenta llegó de manos de los colonizadores europeos y los países árabes fueron lentos en adoptarla debido a la dificultades que presentaba su alfabeto para ser reproducido tipográficamente. En estos países se prefirió utilizar la xilografía o incluso la litografía a la imprenta hasta épocas muy tardías.

Trabajo de: Rosario López de Prado.

ALGO MÁS…

La investigación histórica, en su avance sin pausa, ha profundizado en algunos puntos que aparecen algo difusos en los orígenes de la imprenta. Nos fijaremos solamente en dos de ellos que consideramos principales: en la personalidad de Gutenberg y en su actividad tipográfica, y en la introducción de la imprenta en España.

Es cierto que los intentos de escritura artificial, como se llamaba entonces, fueron varios y que tenemos documentados otros ensayos de esta naturaleza por los mismos años en que Gutenberg hacía sus experimentos en Estrasburgo o Maguncia. También es cierto que las técnicas de la tipografía no eran absolutamente nuevas, pues los punzones para abrir matrices eran semejantes a los usados para grabar letras en las medallas; la tinta grasa tipográfica, distinta de la usada en los libros xilográficos, no era una novedad profunda cuando ya se fabricaban barnices para la pintura, y la prensa empleada por los impresores era adaptación de la que usaban para el aceite y el vino. Pero Gutenberg resolvió un problema importantísimo que sin duda exigió de él largos y dispendiosos ensayos, como fue el invento de las matrices metálicas, y Gutenberg fue el primero en fabricar libros tipográficos. En favor de esta afirmación hay sólidas pruebas documentales y una tradición casi coetánea de Gutenberg.

Vamos a recordar y a precisar algunas fechas de la vida de Gutenberg. Éste residió en Estrasburgo desde 1434 hasta 1444. Nos faltan datos de su vida entre 1444 y 1448. En octubre de este año se le encuentra otra vez en Maguncia, en donde murió a principios de 1468. Recordemos también que Gutenberg abandonó esta ciudad por motivos políticos y que de profesión era orfebre.

En Estrasburgo constituyó una sociedad con Andrés Dritzehn, Hans Riffe y Andrés Heilmann. La muerte de Dritzehn ocasionó un pleito, pues Gutenberg se opuso a que entraran en la sociedad los hermanos del difunto, Jorge y Klaus, y a reembolsarles 500 florines que éstos reclamaban. Se conocen las actas del pleito, que se sustanció en 1439, en las cuales consta que la sociedad se dedicaba a la fabricación de espejos y al pulimento de piedras finas para la feria de Aquisgrán. El proceso habla de un arte nuevo para el cual la Sociedad había comprado plomo y utilizaba una prensa, piezas (Stücke) “que se separaban o se fundían”, formas de plomo y cosas relativas a la acción de prensar. Las declaraciones de algunos testigos dejan pensar que Gutenberg practicaba estos ensayos en el mayor secreto y que al ser descubierto por sus socios tuvo que dárselos a conocer.

Sabiendo como sabemos que Gutenberg imprimió en Maguncia entre 1450 y 1455 y que con anterioridad no se tiene noticia de ningún otro tipógrafo, no cabe duda de que el arte que se practicaba en Estrasburgo antes de 1439, con piezas que se separaban, formas de plomo y prensa, era el de la tipografía.

La actividad de Gutenberg a su regreso a Maguncia la conocemos por otro proceso que fue sentenciado en 6 de noviembre de 1455, por el cual sabemos que un rico burgués de Maguncia, Johann Fust, prestó a Gutenberg, en 1450, la considerable cantidad de 800 florines para fabricar algunos instrumentos, y que él mismo, en 1452, le prestó otros 800 florines para comprar pergamino, papel y tinta para la obra de los libros. Esta vez Gutenberg perdió el pleito. Su socio le acusaba de no haber cumplido las cláusulas de los contratos y Gutenberg fue condenado a devolver el dinero no gastado y a satisfacer los intereses. Siguen unos años oscuros en la vida de Gutenberg, pues no se sabe a ciencia cierta qué hizo después de la quiebra.

En 1465 fue ennoblecido por el arzobispo-elector de Maguncia, Adolfo II de Nassau, y en 26 de febrero de 1468, el arzobispo hizo entrega al síndico de Maguncia, Conrad Humery, de los útiles para imprimir que Gutenberg había dejando antes de morir, lo cual demuestra que este siguió imprimiendo después de los contratiempos pasados.

CRONOLOGÍA EN EUROPA:

h. 1440 En Estrasburgo, Gutenberg empieza a hacer experimentos sobre el arte de imprimir.
h. 1445 Gutenberg vuelve a Maguncia.
1450 Gutenberg empieza a explotar comercialmente su invento.
1452 Gutenberg empieza a imprimir la “Biblia de Maguncia”.
1455 El material de Gutenberg pasa a ser propiedad de su socio capitalista )ohann Fust y del yerno de éste, Peter Schóffer.
1460 Gutenberg abandona definitivamente sus actividades como impresor. Se imprime ya en Estrasburgo.
1461 La imprenta, en Bamberg.
1462 Saqueo de Maguncia por el conde de Nassau. Algunos impresores emprenden el camino del destierro. Entre ellos se cuenta Schoeffer, que se establece en Francfort.
1466 La imprenta, en Colonia.
1467 En Roma.
1468 Muerte de Gutenberg. La imprenta, en Augsburgo y Basilea.
1469 En Venecia.
1470 En París, Utrecht y Ñapóles.
1471 En Milán y Florencia.
1472 Imprenta en Aguilafuente (Segovia).
1473 La imprenta, en Lyon, Budapest, Barcelona (?) y Zaragoza (?).
1474 En Valencia, Brujas y Cracovia.
1475 En Breslau y Lübeck.
1476 En Rostock y Westminster.
1477 En Sevilla.
1478 En Ginebra, Palermo y Mesina. 1480 En Londres.

Historia de la Primera Maquina de Escribir Teclado QWERTY

Historia de la Primera Máquina de Escribir
Teclado QWERTY

Primera máquina con teclas de palanca independientes: A Javier Progin, de Marsella, se debe la invención de la primera maquina de escribir en la cual aparecen teclas de palanca. Se la llamó máquina tipográfica y fue objeto de una patente en Francia en el año 1833. Esta máquina era muy primitiva y antiestética. Las palancas de las teclas se colocaban alrededor de una placa circular y con ellas se hacían girar los brazos de los martillos donde iban colocados los tipos, haciéndolos bajar o subir. Estos tomaban la tinta de una almohadilla o tampón dejando la impresión sobre el papel, fijo en la máquina. El conjunto de todas las palancas se movía sobre el papel al imprimirse cada letra.

Además de imprimir letras, esta máquina se dice fue empleada para escribir signos musicales y hacer matrices tipográficas .Datos de la oficina británica de patentes demuestran que en 1840 Alexander Bain y Thomas Wright utilizaron una máquina para imprimir los telegramas, y estos mismos son reconocidos como los inventores del sistema de imprimir empleado con este objeto. El aparato de Bain no dio resultado corno máquina de escribir.

Entre 1840 y 1850 se inventaron muchas máquinas de escribir en Inglaterra pero como muchos de los primeros intentos, se idearon para producir letras grabadas de la escritura de los ciegos o, más especialmente, con objeto de escribir los telegramas, y como tales métodos de transmisión telegráfica se abandonaron, estos inventos dejaron de interesar. Estas máquinas se fundaban en algunos de los principios de las modernas de escribir, pero ninguna pasó del período de experimentación.

En Estados Unidos de América, sin embargo, Charles E . Thurber, de Worcester, en Massachusetts, inventó y patentó en 1843 – 1845 una máquina que ejecutaba el trabajo como las actuales. Consistía en una rueda de tipos, operada por una serie de palancas con tipos, montadas alrededor de un gran círculo. Era grande y pesada, pero fue la primera en que se dispuso el carro móvil que lleva toda máquina moderna. También era lenta, aunque con ella se podía escribir bastante bien, y su modelo original está expuesto en el Museo de la Sociedad de Anticuarios de Worceseter .

Quizás el inventor que interesó mas hacia esta época fue Alfred E. Beach , editor del Scientific American, pues desde 1847 a 1856 hizo considerables esfuerzos y ensayos para producir una máquina práctica de escribir. Su primitiva máquina no tenía importancia, pero los artículos que aparecieron en la revista Scientific American incitaron y auxiliaron considerablemente a los que posteriormente se ocuparon del asunto.

La principal novedad de la máquina de Beach era que las barras porta-tipos convergían en un centro común, y esta disposición se ha adoptado en muchas de las máquinas inventadas desde aquella época. Tenía otras características excelentes, tales como los espacios marginales y entre líneas, dispositivo para el avance del papel y el timbre de aviso al terminarse la línea, todo lo cual representaba una marcada mejora sobre las máquinas anteriores.

Siguió a Beach S. W. Francis, un rico médico de Nueva York, que obtuvo patente por una máquina de escribir en la que se aplicaba un movimiento semejante al de las teclas de un piano para mover las barras de tipos colocadas en círculo, alrededor de un centro común. Así, al principio de Beach, de emplear una caja circular, alojamiento de las barras de tipos, Francis añadió el mecanismo del piano. La máquina era complicada y ocupaba bastante espacio y, aunque capaz de escribir bien, era demasiado costosa para aventurarse en su construcción comercial. Por tanto, nunca se puso en el mercado y de ella se construyó un solo modelo.

En 1843, Peter Foucault , un joven ciego, del Instituto de Ciegos de París, ideó una máquina que tuvo gran éxito para imprimir letras en relieve. Esta máquina de escribir atrajo extraordinariamente la atención y fue premiada con medalla de oro en la Exposición Internacional de Londres de 1851 . Se construyeron y utilizaron por largo tiempo estas máquinas en varias instituciones de ciegos en diferentes partes de Europa. Pero, sin embargo, no llegaron a ser de uso general.

El crecimiento de los negocios en el siglo XIX demandó con urgencia una máquina eficaz:

De tiempo en tiempo, fueron concediéndose numerosas patentes, representando otras tantas tentativas para producir una máquina que fuese aceptable; pero ninguna de éstas ofreció notable progreso antes de 1867. Además, una máquina de escribir no se hubiera considerado de verdadero valor en el mundo de los negocios en aquella época en que la importancia de los mismos no requería tal auxilio. Pero cuando el brusco avance del progreso se inició a fines del siglo XIX , fue preciso cambiar radicalmente los métodos financieros; todos los hombres

La primera máquina de escribir con “escritura visible” de talento trabajaron hacia el mismo fin, y la máquina de escribir, práctica y apta para cumplir los fines a que estaba llamada, no tardó en aparecer.

El primero que consiguió este resultado, haciendo la máquina de escribir indispensable en las casas de comercio, fue Charles Latham Sholes, de Milwaukee, quien, en 1868, sacó patentes sobre modelos que sirvieron para construir las primeras máquinas de escribir que se utilizaron en las oficinas. Asociado con Sholes, que era un impresor y editor, trabajaba Samuel W. Soule, que, de la misma profesión que el primero e inventor, se dedicaba además a la agricultura; a éstos se asoció también Charles Glidden, que por aquel tiempo se ocupaba en otra clase de invenciones. Sholes y Soule trataban de construir juntos una máquina numeradora para marcar hojas de libros en blanco, etc. Los tres se reunían diariamente en el mismo taller mecánico de Milwaukee , donde efectuaban sus ensayos y cada uno se interesaba por las invenciones de sus compañeros.

Se dice que Glidden hizo la siguiente observación: ¿Por qué no hacer una máquina que escriba letras y palabras, en lugar de números solamente ? .Esta fue la iniciativa lanzada sin saber, por aquel tiempo, que ya se había estudiado la cuestión anteriormente. La idea no produjo sus frutos inmediatamente; pero teniendo en cuenta los sucesivos incidentes , esta casual observación fue el origen de la máquina de escribir Remington. No mucho después de esto, Glidden descubrió, casi por casualidad, que había sido inventada una máquina por John Pratt, de Centre, Alabama, ideada para hacer precisamente lo que él había sugerido. Estaba sugestionado por el beneficio que la máquina de escribir podía reportar a la Humanidad, así como la fortuna que habría de proporcionar al inventor. Llamó la atención de Sholes sobre la cuestión, rogándole que pensase en ella. Sholes prometió cooperar en el proyecto, y como Glidden fue el primero que sugirió la idea, le invitaron a tomar parte en la empresa y, finalmente, Soule se unió a ellos. Se estudiaron muchos dispositivos y se hicieron numerosas experiencias, dando por resultado la construcción de un tosco modelo, complemento de los trabajos de Soule, que ideó los tipos movibles dispuestos en círculo y otros detalles de menor importancia. Sholes contribuyó con el sistema de espaciar de modo conveniente letras y palabras.

Estas máquinas se presentaron al mercado bajo la dirección de sus inventores, pero Soule y Glidden se separaron de la empresa. Al principio, la máquina sólo escribía en mayúsculas y, aunque trabajaba rápidamente y con exactitud, pronto se vio que estaba lejos de ser perfecta. Se escribieron muchas cartas con ella, y una de éstas llegó a manos de James Densmore, un rico propietario de petróleos y hierros en Meadville, Pennsylvania. Reconociendo el gran valor de esta máquina, adquirió la cuarta parte de participación en el invento, pagando todos los gastos hechos, incluso los que se hicieron en ensayos hasta aquella fecha. Hizo este negocio sin haber visto la máquina, basándose sólo en el hecho de que escribía legiblemente y más rápida que la pluma. Después de verla, meses más tarde, consideró como muy desacertada la manera de construirla, pero buenos los principios en que se fundaba e inmediatamente se propuso perfeccionarla.

Se hicieron numerosos modelos, que se abandonaron después y, desanimados Soule y Glidden, abandonaron definitivamente la empresa, y si no hubiera sido por el constante estímulo de Mr. Densmore, Shole hubiera hecho lo mismo. Después que la máquina hubo sido perfeccionada a tal punto que los propietarios creyeron llegado el momento de someter sus méritos al público, decidieron asegurarse antes con la opinión de reconocidos y expertos mecánicos, para que pudieran informar respecto a posibles perfeccionamientos y detalles de fabricación.

Con este objeto se eligió a George W. N. Yost, y después de aconsejar pequeños cambios, que fueron realizados, les recomendó a F.. Remington e Hijo, de Ilion, Nueva York, como indudablemente la mejor preparada de las fábricas para hacer tan delicado y exacto trabajo corno era preciso, debiendo ser las piezas intercambiables. Esta firma había sido encargada de la fabricación de municiones durante la guerra civil y estaba bien equipada con maquinaria y personal práctico; y después de hacer varios cambios y mejoras, construyó un millar de máquinas de escribir. Asimismo, compró los derechos de patente de dicha máquina, que se tituló “Remington”. Todos estos trabajos preliminares se llevaron a efecto en el año 1873, y el primer modelo de máquina «Remington» apareció al año siguiente.

Fuente Consultada: Los Viejos Tiempos (un paseo por la historia)

Invencion de la brujula Inventos Chinos Iman Terrestre Cronologia

Invención de la brújula Inventos Chinos

Invencion de la brujula Inventos ChinosHISTORIA DE LOS GRANDES INVENTOS DE LA HISTORIA: La brújula es instrumento que indica el rumbo, empleado por marinos, pilotos, cazadores, excursionistas y viajeros para orientarse. Hay dos tipos fundamentales de brújula: la brújula magnética, que en versiones primitivas se utilizaban ya en el siglo XIII, y el girocompás o brújula giroscópica, un dispositivo desarrollado a comienzos del siglo XX.

En la brújula magnética el rumbo se determina a partir de una o varias agujas magnetizadas que señalan al polo norte magnético bajo la influencia del campo magnético terrestre.

El girocompás, que no resulta afectado por el magnetismo terrestre, consiste en un giróscopo cuyo rotor gira alrededor de un eje confinado al plano horizontal de forma que dicho eje se alinea con la línea Norte-Sur paralela al eje de rotación terrestre, con lo que indica el norte verdadero.

brujula indicando al norte

Según antiquísimos manuscritos chinos, el emperador Hwang Ti mandó construir, hace más de 4.500 años, una carroza, con un dispositivo que la orientaba siempre hacia el norte. Con tal guia venció a sus enemigos, pues encaminó a su ejército en línea recta hacia el objetivo a pesar de la intensa niebla reinante.¿Leyenda? ¿Realidad? … Lo cierto es que cuando los viajeros Marco Polo e Ibn Batuta hicieron sus expediciones se encontraron con que los navegantes que cubrían el trayecto entre India y China utilizaban “una extraña piedra magnética capaz de señaiar permanentemente el rumbo”. Los marinos habían tomado este invento de ciertas piedras utilizadas para el culto por los sacerdotes del Imperio del Medio.

El origen de la brújula

Poco se sabe sobre el origen de la brújula, aunque los chinos afirman que ellos la habían inventado más de 2.500 años antes de Cristo. Y es probable que se haya usado en los países del Asia Oriental hacia el tercer siglo de la era cristiana. Y hay quienes opinan que un milenio más tarde, Marco Polo la introdujo en Europa.

Los chinos usaban un trocito de caña conteniendo una aguja magnética que se hacía flotar sobre el agua, y así indicaba el norte magnético. Pero en ciertas oportunidades no servía, pues necesitaba estar en aguas calmas, por lo que fue perfeccionada por los italianos.

El fenómeno del magnetismo se conocía; se sabía desde hacía mucho tiempo que un elemento fino de hierro magnetizado señalaba hacia el norte, hay diversas teorías sobre quién inventó la brújula. Ya en el siglo XII existían brújulas rudimentarias. En 1269, Pietro Peregrino de Maricourt, alquimista de la zona de Picardía, describió y dibujó en un documento, una brújula con aguja fija (todavía sin la rosa de los vientos). Los árabes se sintieron muy atraídos por este invento; la utilizaron inmediatamente, y la hicieron conocer en todo Oriente.

campo magnetico terrestre

Aqui se puede observar ambos polos de la Tierra. Como se observa el polo magnético, está desplazado respecto del polo geográfico.La aguja de la brújula apunta siempre al polo magnético norte.

La brújula (de “buxula”, cajita hecha de boj o boxus) es un instrumento magnético que aparece descripto en La Divina Comedia de Dante, de la siguiente manera: “Los navegantes tienen una brújula que en el medio tiene enclavada con un perno, una ruedecilla de papel liviano que gira en torno de dicho perno; dicha ruedecilla tiene muchas puntas y una de ellas tiene pintada una estrella traspasada por una punta de aguja; cuando los navegantes desean ver dónde está la tramontana, marcan dicha punta con el imán.”

Otros historiadores señalan que la primera brújula de navegación práctica fue inventada por un armero de Positano (Italia), Flavio Gioja, entre los siglos XIV y XV. Él fue quien la perfeccionó suspendiendo la aguja sobre una púa de forma similar a la que actualmente conserva. Y la encerró en una cajita con tapa de vidrio. Más tarde apareció la “rosa de los vientos”, un disco con marcas de divisiones de grados y subdivisiones, que señalaba 32 direcciones celestes, y que fue la brújula marina que se utilizó hasta fines del siglo XIX.

Posteriormente se logró un nuevo avance, cuando el físico inglés Sir William Thomson (Lord Kevin) logró independizar a este instrumento, del movimiento del barco durante tempestades, y anuló los efectos de las construcciones del barco sobre la brújula magnética. Utilizó ocho hilos delgados de acero sujetos en la rosa de los vientos, en lugar de una aguja pesada. Y era llenada con aceite para disminuir las oscilaciones.

En los comienzos del siglo XX aparece la brújula giroscópica o también llamada girocompás. Consiste en un giróscopo, cuyo rotor gira alrededor de un eje horizontal paralelo al eje de rotación de la tierra. Se le han agregado dispositivos que corrigen la desviación, la velocidad y el rumbo; y en los transatlánticos y buques suele estar conectado eléctricamente, a un piloto automático. Este girocompás señala el norte verdadero, mientras que la brújula magnética, justamente, señalaba el norte magnético.

En el siglo VI a.C., se descubrió (por un pastor según cuenta la leyenda) que cierta clase de mineral atraía al hierro. Como fue hallado cerca de la ciudad de Magnesia, en Asia Menor, se llamó piedra de Magnesia, y el fenómeno se denominó magnetismo. Éste fue estudiado por primera vez por Tales de Mileto. Más adelante se descubrió que si un fragmento de hierro o acero se frotaba con el mineral magnético (imán), quedaba magnetizado (imantado). El término español de imán procede de una palabra latina que significa “piedra dura”.

También se descubrió que si se permitía a una aguja magnética girar libremente, siempre señalaría la dirección norte sur. Se ignora cómo se produjo el descubrimiento, pero los chinos fueron los primeros en percatarse de esa propiedad. Así se refiere en libros chinos que datan del siglo II. Los chiinos nunca se sirvieron del imán para establecer el rumbo en la navegación. Los Árabes pudieron aprender de ellos aquel fenómeno, y tal vez algunos cruzados lo aprendieron a su vez de los Árabes llegando así a Europa.

En 1180, el sabio ingles Alexander Neckam (1157-1217) fue el primer europeo que hizo referencia a esa capacidad del magnetismo para señalar la dirección. Con el tiempo la aguja magnética se colocó sobre una tarjeta marcada con varias direcciones, la aguja aguja se podía mover libremente en torno de la tarjeta. Al dispositivo se le dio el nombre de Brújula, palabra que deriva de otra latina que significa caja. En la terminología marinera a la brújula se la llama compás (que proviene de una palabra francesa que significa girar).

AMPLIACIÓN:
Dos son las brújulas más comunes: la marina y la de agrimensor.

La primera, llamada compás magnético o simplemente compás, consta de una caja llamada bitácora, dentro de la cual se coloca un disco graduado. Esta graduación no es otra cosa que la rosa de los vientos o rosa náutica, que lleva” impresa la marca de los cuatro puntos cardinales, norte, sur, este y oeste, y los 28 rumbos o direcciones más corrientes.

En el punto de la rosa de los vientos que indica el norte se coloca una aguja imantada y se deja que toda esta superficie gire libremente dentro de la bitácora. El disco se halla montado entre los anillos, los cuales, por estar en suspensión cardánica le hacen mantener la horizontalidad a pesar de los rolidos y cabeceos del barco. Los marinos suelen usar también una brújula portátil cuyo disco transparente flota en aceite, concentrado en una caja circular, también transparente. Esto permite colocar la brújula en una carta náutica, facilitándose la estimación del rumbo.

La brújula de agrimensor, geodésica o topográfica, tiene el limbo (o disco) graduado de 0 a 90 grados y la aguja señaladora independiente de éste. Esta brújula se debe fijar al terreno por medio de un trípode que se clava en el suelo. Luego debe ponérsela a nivel, mediante un sistema de burbujas de agua y tornillos de nivelación. Una vez cumplidas estas labores, el operario puede iniciar su trabajo. Para ello pone su ojo en una mira de precisión que tiene anexada la brújula y que coincide

Con el cero del limbo. Una vez que ha fijado en la distancia el punto que deseaba tabular, fija la aguja imantada mediante un tornillo especial y luego, con comodidad (ya que la aguja no puede moverse más) toma la medida exacta del ángulo formado entre el norte, el punto de observación y el objeto observado. De esta forma se pueden lograr mapas de los territorios observados.

Como el compás magnético empleado en los barcos experimenta perturbaciones por la enorme cantidad de acero que entra en la construcción de los mismos y la carga metálica que transportan, que modifica considerablemente las líneas del campo magnético terrestre y origina con ello la desviación anormal de la aguja del compás, se dispone, a distancia conveniente de la rosa de los vientos, unos dispositivos llamados compensadores, consistentes en imanes y masas de hierro que producen acciones equivalentes, pero opuestas a las que perturban la aguja del compás o brújula.

También se emplean en la mayoría de los barcos, para evitar los inconvenientes mencionados, instrumentos denominados g¡-rocompases. Éstos, que consisten en esencia en giroscopios de bastante peso, que giran con rápido movimiento de rotación, unas 20.000 vueltas por minuto, accionados por un motor eléctrico, apuntan siempre hacia el norte verdadero.

Los aviones, por su parte, emplean los dispositivos llamados radiocompases que están constituidos por una antena, un aparato receptor y un indicador. Por medio de él, los pilotos determinan su dirección, ya que la antena es rotativa y se orienta hacia los aparatos transmisores de radio cuyas posiciones son conocidas. Existen, además, radiocompases de antena fija, que se utilizan para vuelos prefijados hacia un transmisor de radio determinado.

CRONOLOGÍA:

SIGLO IV a.C. – Primera documentación sobre el magnetismo  en un libro chino, el Libro del Señor del valle del diablo.

1040 Primera mención en China de una aguja imantada colocada sobre un vaso de agua para encontrar una dirección.

1117 Primera mención en China del uso de una aguja imantada en la navegación, sólo si el mar está en calma.

Siglo XII La aguja imantada llega a Europa y el sabio inglés Alexander Neckam hace una descripción de sus propiedades.

SIGLO XIII En Europa se descubre la manera de colocar la aguja imantada dentro de una caja para usarla en seco sin importar las condiciones meteorológicas. Primera mención de la brújula en el mundo musulmán. Es probable que llegara por la Ruta de la Seda.

I965 Entra en servicio el primer sistema de navegación basado en satélites, organizado por los departamentos de Defensa y de Transporte americanos junto con la NASA.

1978 Se lanza el primer satélite destinado a una cobertura total de la Tierra mediante GPS.

1992 Se lanza la unidad de mando 50th Space Wing que deberá gestionar todo el sistema GPS desde el espacio.

1994 Se completa la colocación en órbita media de los 24 satélites destinados a la cobertura completa del GPS.

1983 Se declara operativo el sistema GPS para uso civil tras el derribo de un avión coreano por violar el espacio aéreo soviético.

2005  — Se lanza el primer satélite de la última generación GPS. El satélite más moderno al escribir estas líneas se lanzó en noviembre de 2006.

Boy Scout Historia del Origen del Movimiento Scouts Sus Origenes

Boy Scout: Historia del Movimiento Scouts

 El general Robert Stepbenson Smith BadenPowel

El general Robert Stepbenson Smith BadenPowell (imagen izq.), comandante de una división de caballería, a fines del siglo XIX y comienzos del XX, fue uno de los más brillantes oficiales que la reina Victoria envió a luchar contra aquellos magníficos. guerrilleros que fueron. los “boers” de De Wet y de Botha, y que decididamente enfrentaron a los ingleses durante la conquista de la región de Transvaal y de Orange.

La idea de los scouts inicia en el sitio a Mafeking, en África del sur, durante la Guerra de los Bóer (1899 – 1902), donde Baden-Powell servía como el oficial en jefe. Baden-Powell defendió el pueblo de los Boers holandeses (conocidos después como Afrikaners), quienes superaban a sus tropas en proporción de 8 a 1. El formó el “Cuerpo de Cadetes de Mafeking” para servir de soporte a sus tropas. El cuerpo consistía completamente en chicos voluntarios. Baden-Powell entrenó a los jóvenes en labores principalmente estratégicas más que bélicas, realizando labores como centinelas, rastreadores, ordenanzas y mensajeros en forma impecable, ayudando en la increíble defensa del pueblo durante varios meses.

Y fue durante la fatigosa campaña sudafricana, que el valeroso general de caballería tuvo ocasión de mostrar los óptimos resultados que se pueden obtener, cuando al dirigirse a los jóvenes se apela a su instintiva generosidad y se demuestra tener absoluta fe en ellos, especialmente en su lealtad.

Apenas terminó la guerra contra los “boers”, Baden-Powell retornó a su patria, Inglaterra, donde luego de recibir muchos honores, renunció a la vida militar y fundó, pocos años después, en 1907, un campo experimental en la isla de Brownsea.

El núcleo de jóvenes que participaban en aquel campo constituyó él grupo inicial de la organización. que debían integrar, en poco tiempo, varios millones de jóvenes dispersos por todo el mundo. El mismo Eduardo VII, flamante .rey de Inglaterra, había aconsejado al fiel oficial a interrumpir la carrera militar y dedicarse totalmente a la organización de los “boy scouts”, es decir de los “muchachos exploradores”, para quienes el mismo Baden-Powell había dictado un reglamento en su libro Scouting for boys (Scoutismo para muchachos).

La ley scout:

El Scout ama a Dios y vive plenamente su fe.

El Scout es leal y digno de toda confianza.

El Scout es generoso, cortés y solidario.

El Scout respetuoso y hermano de todos.

El Scout defiende y valora la familia.

El Scout ama y defiende la vida y la naturaleza.

El Scout sabe obedecer, elige y actúa con responsabilidad.

El Scout es optimista, aún en las dificultades.

El Scout es económico, trabajador y respetuoso del bien ajeno.

El Scout es puro y lleva una vida sana.

boy scout

Las normas contenidas en aquel libro, que forma parte de una obra más voluminosa intitulada Charlas de viva que, enseñan a los muchachos las reglas elementales para vivir alegre y gallardamente, en contacto con sus compañeros, formando “un carácter recto y honesto, un cuerpo sano y una conciencia siempre despierta”. Mientras los precedentes métodos de educación tenían, cual más cual menos, una forma de coacción; esta vez surgía un sistema con una base de voluntariedad por la educación, capaz de atraer a los jóvenes fuera de cualquier escuela, habituándolos a no tener en consideración un interés egoísta.

Todo “boy scout” es diestro en el arte de hacer nudos, de cualquier clase que fueren. La tendencia a hacer travesuras, instintiva en todo muchacho, está orientada por las normas del “boy scout” hacia un fin de bien. Baden-Powell invita a los muchachos al gran fuego por él creado con estas palabras: “La aventura os espera en vuestra puerta, muchachos: no la dejéis escapar.”

Esta innovación educativa encontró el favor de una gran cantidad de educadores, de pedagogos, de hombres políticos, y el cuerpo de “boy scouts” se convirtió pronto en una realidad efectiva con ramificaciones en Francia, Italia, Estados Unidos y otros países.

En todas las naciones las manifestaciones de agrupaciones de este tipo se sucedieron de manera tal, que en poco tiempo los. “lobitos” (es decir, los niños de 8 a 12 años), los “exploradores” (los de 12 a 16 años) y los “pioneros” o rovers” (los de 17 a 21 años), se esparcieron por todos los caminos del mundo, instalando campamentos bajo la supervisión de instructores especializados que adiestraban y ayudaban a poner en práctica la “ley del explorador” que se compone de los siguientes diez artículos: 1°, el explorador considera un honor inspirar fe; 2°, es leal con la patria, con sus padres, con sus jefes y. con sus superiores en general; 3°, está siempre pronto a servir al prójimo; 4°, es amigo de todos y hermano de cada explorador; 5°, es cortés y caballero; 6°, es bondadoso con los animales; 7°, obedece inmediatamente las órdenes de sus padres y de sus superiores; , sonríe y canta aún en medio de las dificultades; 9°, es trabajador y económico; 10°, es puro de pensamientos, de palabras y de acciones.

Es fácil deducir que, debido al completo respeto que se tiene por el decálogo, los exploradores formen un grupo homogéneo de jóvenes, habituados a afrontar cualquier situación y a comportarse con valor en cualquier momento por grave que fuere, y se comprende entonces el fervor que, siguiendo el ejemplo de su fundador Baden-Powell, ha armado y anima a todos aquellos que forman parte de esta hermosa realidad en el mundo entero.

El desarrollo de esta organización ha sido maravilloso. Hoy en día, toda Europa, América y el Oriente cuentan con filiales importantísimas de este interesante movimiento juvenil, y el total de los “boy scouts” en todo el mundo llega a más de quince millones, quienes en el momento de inscribirse pronuncian el siguiente juramento: “Prometo por mi honor hacer todo cuanto esté a mi alcance:
1°, para cumplir mi deber para con Dios y con la patria;
2°, para ayudar a los demás en cualquier circunstancia; y
3° para observar fielmente la ley del explorador.

En el año 1957 se celebró el centenario del nacimiento del general Baden-Powell.

LA BIOLOGIA: Historia de la Evolucion de la Biologia Resumen

HISTORIA Y EVOLUCIÓN DE LA BIOLOGÍA

Puede llamarse al siglo XX el de la biología celular y molecular, pues la unidad de vida descubierta por RobertHooke, fue conocida en su intimidad a través del ultramicroscopio. Así pudieron determinarse las estructuras y funciones de los cloroplastos, mitocondrias, ribosomas y el aparato de Golgi, entre otros organoides.

Watson y Crick lograron desentrañar la constitución de la molécula de ADN -ácido desoxirribonucleico- lo que les valió ser galardonados con el Premio Nobel. La importancia trascendental de esta investigación estriba en que en el ADN se halla inscripto el código genético que te transmite de padres a hijos. La conquista más sobresaliente es haber logrado la fecundación extracorpórea.

HISTORIA DE LA BIOLOGÍA: La ciencia (del latín scientia, «conocimiento») es el conocimiento que deriva de la experiencia humana directamente verificable; es decir, que se basa en la observación directa de la naturaleza que nos circunda: su dominio se limitará, por tanto, a todo lo que puede ser observado directa o indirectamente.

Por lo demás, todas las observaciones científicas deben ser repetibles, esto es, ningún acontecimiento puede considerarse válido si no puede reproducirse en laboratorio, y deben estar sujetas a experimentación. Por consiguiente, una teoría científica sólo puede valorarse mediante una verificación experimental.

La metodología científica correcta impone necesariamente las etapas antes descritas, y de ahí que teorías fascinantes como la homeopatía, pese a que estén difundidas y seguidas por médicos de distintos países, todavía no puedan ser aceptadas por la comunidad científica, por falta de pruebas experimentales que las avalen.

Homeopatía
El término homeopatía, que deriva del griego amos, «mismo», y patos, «enfermedad», indica una medicina alternativa a la reconocida por la comunidad científica. Interviene en la curación de la enfermedad mediante las mismas sustancias que provocan la patología, pero en concentraciones infinitesimales, esto es, diluidas millones de veces, con objeto de eliminar en la solución final ingerida por el paciente toda traza química de la sustancia inicial.

Los campos especializados de la ciencia
Las ciencias naturales se ocupan de los fenómenos de la naturaleza y pueden ser equiparadas a las ciencias físicas, de las cuales la física estudia las propiedades de la materia y de la energía, y la química se interesa por las conformaciones y las transformaciones de la materia.

Forman parte de las ciencias naturales la geología, que investiga la estructura de la Tierra; la mineralogía, que estudia las sustancias de las que está compuesta la corteza terrestre; la geografía física, que comprende el estudio de las características superficiales de nuestro planeta; la meteorología, que se ocupa del clima, y la biología (del griego bios, «vida»), que es la ciencia de los seres vivos.

A la biología pertenecen la botánica, que estudia las plantas; la zoología, es decir, la ciencia de los animales, y la microbiología, que es el estudio de las bacterias, de los virus y de los protozoos.

El significativo aumento de los conocimientos que ha tenido lugar en el ámbito de la biología durante los últimos cien años ha hecho indispensable la subdivisión de esta ciencia en campos cada vez más especializados, y actualmente los grandes progresos tecnológicos proporcionan los instrumentos necesarios para observar cada vez más minuciosamente y con mayor precisión los mecanismos de la regulación celular, que hoy constituyen el tema más estudiado por la mayoría de los biólogos. Las principales disciplinas de la biología son las siguientes:

1. Morfología: (del griego morphe, «forma», y lagos, «discurso»): el estudio de la forma y de la estructura de las plantas, los animales y los microorganismos.

2. Anatomía: el estudio de los aparatos y de los órganos de los animales.

3. Taxonomía (del griego taxis, «orden», y nomos, «ley»): el método de clasificación de las plantas y de los animales.

4. Histología (del griego kistos, «tejido»): el estudio de la estructura de los tejidos.

5. Citología (del griego kytos, «cavidad»): el estudio de las estructuras y de las funciones en el interior de la célula.

6. Fisiología (del griego physis, «natura»): el estudio de los mecanismos y de las funciones vitales de los animales.

7. Embriología (del griego embryon, «embrión»): el estudio acerca del desarrollo de un nuevo individuo en el interior de un huevo o del útero materno.

8. Bioquímica (del griego bios, «vida»): el estudio de las sustancias que se encuentran en los seres vivos y de su transformación durante el curso de la vida.

9. Parasitología (del griego para, «cerca», y sitos, «alimento»): el estudio de los animales que no son capaces de tener autonomía y viven de otros animales.

10. Etología (del griego ethos, «costumbre»): el estudio del comportamiento animal.

11. Ecología (del griego oiskos, «casa»): el estudio de las relaciones entre los animales o las plantas y el medio que los circunda.

12. Genética (del griego génesis, «origen»): el estudio de la herencia y de la variedad de los caracteres. Según los aspectos que investiga la genética, ésta se subdivide a su vez en otros sectores:

a) Citogenética: el estudio de la estructura y de las funciones de los cromosomas y de la herencia de las células.

b) Genética de los microorganismos: el estudio de la herencia de los organismos unicelulares y de sus mecanismos de regulación celular. Estos últimos se consideran como modelos muy importantes para el estudio de la regulación de las células que viven en el interior de animales más complejos, como el hombre.

c) Genética molecular: el estudio de la estructura química de los genes y de los mecanismos a través de los que los propios genes regulan la actividad celular.

Cuando Robert Hooke, el naturalista inglés que, en el siglo XVII descubriera la célula a través de un rudimentario microscopio de su invención, constituido por una combinación de lentes de poco aumento, no se había podido imaginar los hallazgos que, posteriormente, mediante el perfeccionamiento del microscopio biológico y de la invención del electrónico, se concretarla en el siglo XX en esa unidad de vida.

Hooke, en aquella histórica oportunidad, cometió el error, explicable en esa época, de observar una célula muerta del Quercus Súber —corcho—, cuyo protoplasma, o sea la parte viva, había desaparecido. De ahí que, a esa mínima expresión vital, le diera el término de célula, proveniente del griego: oikos, hueco o del latín: celia: celda o celdilla a semejanza con las estructuras de los panales elaborados por las abejas.


Teorías sobre el origen de la vida
Una de las bases fundamentales de la biología es el origen de la vida sobre la Tierra. Las numerosas hipótesis formuladas como respuesta pueden resumirse en cuatro teorías principales: creacionismo, generación espontánea, teoría de la panspermia y teoría naturalista.

El creacionismo: Todavía a mediados del siglo pasado era una opinión generalizada que la vida en la Tierra había sido creada por una fuerza sobrenatural, después de un acto creativo único o bien a intervalos sucesivos.

Además, esta teoría sostenía que cada una de las distintas especies se había originado separadamente de las otras y que no había experimentado modificación alguna en el transcurso de las generaciones sucesivas (inmovilismo de las especies). Dado que no pueden someterse a una verificación experimental, los fundamentos del creacionismo están excluidos del campo de aplicación de la ciencia y actualmente son ignorados por la mayor parte de la comunidad científica.

¿CÓMO EVOLUCIONÓ EL CONCEPTO DE EVOLUCIÓN?
A lo largo de la historia, varios fueron los científicos que postularon diversas teorías sobre los mecanismos que impulsan el proceso de evolución.

En este proyecto de trabajo les proponemos que realicen una tarea de investigación de las ideas principales que gestaron cada una de las tendencias.

Los primeros registros que se tienen del concepto de evolución datan del siglo XVII. En esa época existían “dos bandos” que sostenían dos posturas distintas: la postura fijista y la postura creacionista. A fines del siglo XVIII y principios del siglo XIX, el zoólogo y anatomista francés Georges-Léopold Cuvier comenzó el estudio de los fósiles, por lo que se lo considera el padre de la paleontología.

Este científico propuso una nueva teoría para el origen de las especies: teoría de los cataclismos. En la misma época, el francés Jean-Baptiste Fierre Antoine de Monet, caballero de Lamark, propuso la denominada teoría de los caracteres adquiridos.

 Un poco más tarde, surgió en Londres “el padre” de la evolución: Charles Darwin, quien propuso en su libro El origen de las especies mediante selección natural una teoría de la evolución que todavía no ha perdido su vigencia; es más, los nuevos conocimientos de biología molecular la reafirman. A mediados del siglo XX, surgió una nueva escuela: el neodarwinismo.

Los neodarwinistas -entre los que se halla el famoso genetista Theodosius Dobzhansky- sostienen las ideas de Darwin, pero agregan un factor más: la genética. Este grupo de científicos propuso una nueva teoría, conocida como teoría sintética de la evolución. Recientemente, el paleontólogo Stephen Jay Could postuló la teoría de la entidad para explicar la aparición del Homo sapiens.

El paleontólogo Stephen J. Gould (1941-2002) propone una nueva concepción de la evolución humana, que ha recibido un gran apoyo de la comunidad científica, basada sobre la reconstrucción de nuestro árbol evolutivo según diferencias genéticas. Según esta teoría, conocida como teoría de la entidad, Homo sapiens (género y especie al cual pertenecemos los seres humanos) surgió como una población pequeña -una entidad definida-, que se escindió de un linaje de antepasados africanos.

En su libro La vida maravillosa, Gould sostiene: “somos una entidad improbable y frágil, afortunadamente próspera después de vanos comienzos como una pequeña población en África, y no el previsible resultado final de una tendencia global”.

La evolución de los homínidos no fue una evolución en “línea recta” hasta llegar al hombre actual. Anteriormente, se creía que el hombre había surgido como producto de la variabilidad genética y de diversos mecanismos de selección a partir del primer antropomorfo que caminó. Hoy se sabe que no es así.

Actualmente se sostiene la teoría de que existió un tronco ancestral común, pero que éste se diversificó en muchas ramas; la mayoría de esta ramas se extinguieron y no tuvieron ninguna relación con el hombre, excepto la que probablemente originó a Homo sapiens, la de los australopitecinos.

En el caso de que el Homo sapiens hubiera fracasado y sucumbido a una extinción temprana, otra población con inteligencia superior la habría reemplazado. Actualmente, la comunidad de científicos, a pesar de contar con datos moleculares y no sólo paleontológicos, es muy cauta porque las pruebas que muestran conexiones evolutivas o eslabones perdidos son prácticamente inexistentes.

HITOS MAS DESTACADOS EN LA HISTORIA DE LA BIOLOGÍA

En el amplio campo de las ciencias biológicas, el siglo XX ha sido extraordinariamente pródigo en descubrimientos. Estos hallazgos han sido posibles, por la contribución que le han prestado la física y la química y dentro de la primera, especialmente la electrónica.

Ya no es posible ignorar muchos aspectos que se desconocían sobre la composición íntima de la célula una centuria antes, así como también las características de los microorganismos, muchos de ellos patógenos, cuya identificación y sus estructuras, han permitido un mejor conocimiento de las enfermedades, sobre todo su etiología, su patología y como consecuencia, un adecuado tratamiento más acorde con la naturaleza de las dolencias.

Pero la audacia de los hombres de ciencia, que unen a su extraordinaria cuota de sacrificio, una buena dosis de imaginación, entusiasmo y por qué no decirlo, de romanticismo y desinterés, ha llegado a tales extremos que, en el último cuarto de siglo, concretó una de las aventuras más inimaginables:

La creación de la vida humana “in vitro”. La fecundación de un óvulo y un espermatozoide humanos en un simple recipiente, representa la conquista más espectacular de la biología contemporánea. Este maravilloso proceso, en un laboratorio, fuera del claustro materno, revela una de las concepciones encaminadas a desentrañar los misterios de la vida.

El científico ha concretado la creación de un ser humano a su antojo, en el momento que lo desea, cuando la naturaleza, en su fisiología normal, se halla impedida de hacerlo. Si bien ello puede quebrar la filosofía humanista y los principios de la biología y también concepciones morales y religiosas, lo que ha desatado crudas y ríspidas polémicas; lo cierto, lo realizado, es que el siglo XX va a culminar con la revolucionaria técnica de la fecundación extracorpórea.

El anuncio, que a través de todos los medios de difusión conmovió al mundo y más a los científicos ortodoxos, marca un hito de trascendencia en la historia de las ciencias, por la afiebrada proeza de haberse conseguido que una gameta femenina acepte a una gameta masculina y desarrolle una célula huevo del que surgió un nuevo ser humano.

También dentro del núcleo logrose descubrir que, los cromosomas están constituidos por el ADN —ácido desoxirri-bonucleico—. James D. Watson y Francis Crick, lograron desentrañar la constitución íntima de esta molécula, lo que les valió ser galardonados con el Premio Nobel. El hallazgo de estos dos científicos ha sido extraordinario, pues determinaron que en esa molécula se hallan inscriptos todos los caracteres genéticos que se trasmiten de padres a hijos.

Revelaron que el ADN está formado por una base nitrogenada púrica, que se enfrenta con otra pirimídica, unidas por un hidrógeno lábil. Hallaron que, esta base nitrogenada forma con la desoxirribosa, que es un azúcar, un nucleósido y con el grupo fosfato, un nucleótido y numerosos nucleótidos integran una cadena de polinucléotidos y dos cadenas de polinucleótidos, el ADN.

De acuerdo a como se disponen las bases nitrogenadas que son cuatro, quedará constituido el código genético o mensaje genético que es típico para cada individuo. Juntamente con el ARN —ácido ribonucleico— constituyen la base de la genética. El ADN esta constituido así como por tres millones de nucleótidos. La magia del sistema ADN permite que una célula pueda reproducirse con exactitud, fabricar las sustancias apropiadas en las cantidades adecuadas y en el momento debido.

Uno de los descubrimientos más importantes de este siglo es haber comprobado que varias enfermedades tienen su origen en trastornos ocurridos en los genes. Porque se ha calculado que, una muerte de cada cinco en la infancia, es provocada por algún desorden genético, en algunos de los genes. Y una de las más serias dolencias es el mongolismo o mogolismo. Ello se debe a un cromosoma alterado.

La osadía del hombre de ciencia ha llegado a tal punto, que ha logrado crear genes y producir mutaciones, modificando la constitución genética. Los progresos de la biología, acompañados de los adelantos en la electrónica, han hecho posible, por un lado, determinar el sexo del hijo mientras se halla en el claustro materno, mediante el análisis microscópico de las células del líquido amniótico y observar a la criatura a través de una pantalla muy semejante a la de la televisión.

La identificación de los virus, su estructura y su clasificación es otro de los avances sorprendentes alcanzados a través de la ultramicroseopía, con la colaboración de la microquímica. Estas entidades, muchas de ellas patógenas, marcan ya un límite entre la vida y la no vida, pues se hallan constituidas simplemente por ADN o ARN enij«eltos en una cápsula proteica.

Las investigaciones revelaron que, cuando invaden las células y encuentran ana ecología apropiada, especialmente las enzimas específicas, se multiplican de a miles y luego se diseminan por las células vecinas. Se ha podido determinar que, algunas formas de cáncer, como la leucemia, que ataca a la sangre, es producida por un virus. Por técnicas semejantes se han descubierto los bacteriófagos, que representan una de las manifestaciones interesantes del equilibrio biológico. Los bacteriófagos son inofensivos para el ser humano, pero en cambio destruyen ciertas bacterias, algunas productoras de serias dolencias.

En el siglo XX  —y no sabemos lo que nos deparará en el apasionante terreno de la biología las dos décadas que faltan para su extinción—, el hombre de ciencia ha penetrado en la misma intimidad de la célula. Ha logrado sintetizar algunas proteínas, modificar la constitución genética experimentalmente, ha plasmado la primera fecundación humana en el gabinete. Estos y otros progresos están ocasionando una revolución imprevisible en lo que se refiere a sus consecuencias futuras.

El profesor Etienne Wolf, director de biología experimental de Francia, refiriéndose al desarrollo del estado fetal fuera de la madre afirmaba que, en los próximos años se aguarda estimular así las cualidades físicas e intelectuales de un niño antes del nacimiento, reparar sus malformaciones congénitas, inmunizar a los lactantes contra la infección por medio de la vacunación prematura y hasta desarrollar la tolerancia de los tejidos extraños, de modo que puedan aceptar injertos durante la vida cuando los necesitasen.

Pero, lo grave de este siglo es que, mientras los apabullantes descubrimientos científicos se han empinado en un diagrama de coordenadas, la ética, y la moral de los seres humanos se han mantenido horizontalmente y hasta a veces, han descendido. Entonces, habría que preguntarse: ¿De qué valen las conquistas científicas, tanta lucha y sacrificios? Las respuestas las hallaremos en la veintena de años que restan aún para completar el siglo en que vivimos. Ojalá sean menos turbulentos que los anteriores.

Fuente Consultada:
Ciencias Naturales y Tecnología 3 Barderi-Cuniglio-Granieri-Grau-Morales
LA RAZÓN 75 AÑOS – 1905-1980 Historia Viva – La Biología

Historia de la Primera Moto a Vapor Triciclos a Vapor

Historia de la Primera Moto a Vapor

Podría pensarse que el vapor es una fuente de energía poco adecuada para una motocicleta; sin embargo, la Idea de la moto de vapor nació hace más de 150 años, cuando en 1818 parece que fue presentada en París, en los jardines de Luxemburgo.

La máquina, denominada «Vélocipédraisiavaporianna», había sido inventada en Alemania y constaba de un bastidor con rueda anterior sin volante y una caldera de vapor bajo la rueda trasera. Pasando de la leyenda a la historia, podemos decir que la primera motocicleta de vapor cuya existencia puede demostrarse con certeza, apareció 50 años más tarde, en 1868, en Estados Unidos, aunque se dice que un año antes Ernest Michaux, el francés que introdujo los pedales en la bicicleta, había equipado una de sus máquinas con un pequeño motor de vapor.

El modelo de 1868 lo construyó un tal W.W. Austin de Winthrop (Massachusetts), y era un dos cilindros, con un cilindro a la izquierda y otro a la derecha de la rueda motriz trasera. Las bielas accionaban directamente la rueda, y la caldera estaba ubicada entre la rueda delantera y la trasera, apareciendo su chimenea justo detrás del sillín. El inventor aseguraba que había recorrido con el vehículo unas 2 200 millas, equivalentes a 3 500 Km.

Muy pronto aparecieron otros dos vehículos de vapor: en diciembre de 1868, el francés Perreaux patentó un motociclo de vapor con caldera que quemaba petróleo, mientras que el americano Sylvester H.. Roper de Roxbury (Massachusetts) construía un velocípedo de vapor que se conserva en la «Smithsonian Institution» de Washington.

Era bastante parecido al de Austin y es posible que los dos inventores trabajasen juntos, aunque sólo Roper fuera el que prosiguió en la empresa. Hasta su muerte, acaecida en 1896, Roper construyó diez vehículos, velocípedos u triciclos, accionados por vapor que exhibía por ferias y circos, proclamando que podían superar cualquier colina y ganar en velocidad a cualquier caballo.

Volviendo a Francia, en 1870 los hermanos Chapuis construyeron un monocilíndrico accionado por vapor, cuyas características eran: motor montado entre las ruedas, caldera multitubular y transmisión por correa.

Hasta entonces el motociclo de vapor sólo se había usado en experimentos aislados, pero entonces apareció un inventor con ideas mucho más ambiciosas que sus predecesores: Lucius D. Copeland, de Phoenix (Arizona). Este empezó por construir en 1881 un pequeño motor auxiliar de vapor para su biciclo de ruedas altas.

Según sus intenciones iniciales sólo iba a tratarse de un motor que aliviase parcialmente el cansancio del ciclista, pero en seguida se convirtió en un auténtico motociclo, al construir una máquina con rueda alta trasera motriz y rueda pequeña delantera maniobrable.

Llevaba un pequeño motor de vapor instalado bajo el manillar en posición invertida y movía la rueda trasera mediante una transmisión de correa; la caldera iba montada sobre el propio bastidor delante del motor y era también reducida. La velocidad máxima que alcanzaba el vehículo era de unas 12 millas por hora, es decir 20 km/h.

Copeland emprendió un viaje por Estados Unidos para exhibir su máquina y buscar quien le financiara la producción en serie. Al cabo de tres años consiguió su propósito y construyó una máquina interesante con numerosos automatismos, entre ellos el control del nivel de agua, control de la llama bajo la caldera, directamente accionada por la presión existente en la misma, la interrupción de la alimentación del vapor al cilindro al accionar la palanca del freno.

La sociedad constituida por Copeland y sus financieros, la Northrop Manufacturing Company, fabricó distintos modelos de tres ruedas, tipo sidecar, y funcionó con cierto discreto éxito durante algunos años.

Uno de sus modelos de 1890, un tres ruedas, arrancaba con motor en frío al cabo de cinco minutos, alcanzaba una velocidad de 16 km/h y recorría 50 kilómetros con pleno de agua y combustible.

A pesar de estas prestaciones, no despreciables para la época, y del esfuerzo publicitario, Copeland no logró introducirse en el mercado ciclista como esperaba, y tuvo que convencerse que era imposible hacerlo con una máquina que costaba 500 dólares, cantidad que constituía una fortuna a finales del siglo pasado. Sus esfuerzos, no obstante, representan una de las piedras angulares del imperio motorista americano.

triciclo con caldera debajo asiento

El sorprendente triciclo realizado en 1883 por Isaac Davis: el conductor debía permanecer encaramado en el asiento colocado encima de la caldera. Bajo estas líneas: otro triciclo, más tradicional y más cómodo, realizado en 1888 por León Serpollet.

Volviendo a Europa, señalemos que en 1889 dos alemanes, Hildebrand y Wolfmüller, construyeron un prototipo de biciclo de vapor, aunque en seguida lo abandonaron para construir un motor de petróleo. Sin embargo, parece que su máquina de vapor participó con éxito en una carrera de más de 80 km en 1894.

También en Francia, por las mismas fechas, hubo algunos intentos: en 1892 un tal Millet construyó una extraña máquina de vapor que llevaba un motor radial de cinco cilindros colocado en la rueda motriz. Pero también en este país se abandonó la idea del vapor en aras del petróleo.

En Inglaterra, patria de la locomotora de vapor, no podían faltar los inventores que se dedicaran a motorizar los biciclos con vapor, tales como Beeney, Parkyns, Bateman. Aparte de tener que superar las inevitables dificultades técnicas, tenían que afrontar también el ostracismo de las autoridades locales que por motivos de seguridad no permitían la circulación pública de tales monstruos.

Dos ingenieros de Brighton, que habían construido una moto de vapor en 1 890, se vieron obligados a enviarla a Francia, con-fiándola a un corredor ciclista, para estudiar las prestaciones y probar eventualmente de lanzarla allí. La moto sólo pudo regresar a Inglaterra seis años más tarde tras la «liberalización» de las calles inglesas en 1896.

triciclo a vapor

El vehículo de 1868 del francés Perreaux, con motor de vapor accionado
por una caldera que quemaba petróleo.

En los albores de nuestro siglo tuvieron lugar otros experimentos en Europa, por obra del francés Espujols y en Estados Unidos, al parecer, por parte de los célebres inventores del aeroplano, los hermanos Orville y Wilbur Wright.

A pesar de la invención del motor de gasolina, que apareció por aquellos mismos años y que pronto demostró su superioridad respecto al de vapor, los locos del vapor no abandonaban la empresa. Los ingleses Henry Pearson y Percy Cox de Shortlands (Kent), gracias a su experiencia en el campo del automóvil movido por vapor, empezaron en 1910 a realizar experimentos en el terreno motociclista y en 1912 ya habían iniciado una producción en serie, aunque al poco tiempo confesasen haber producido «poquísimos» motociclos de vapor.

El motor era un monocilindro patentado, cuyas válvulas en forma de hongo estaban accionadas por levas insertas en el árbol motor; la caldera producía vapor a más de 400 °C y generaba una potencia de 6,5 CV. La moto se vendía a 48 libras esterlinas, y quizá se tratase de una máquina demasiado bien manufacturada para ser de serie; se mantuvo en el mercado tan sólo un par de años.

Cuadro pintado en 1828 por Alken, «Vista de Whitechapel Road, 1830».

Cuadro pintado en 1828 por Alken, «Vista de Whitechapel Road, 1830». Evidentemente el autor no debía estar a favor de la difusión de la motorización por vapor: ¿poco amante del progreso o un defensor del patrimonio ecológico a ultranza?

La revista Motor Cycling que probó para sus lectores una de estas máquinas, expuso literalmente que «cuando el motor giraba se sentía que su potencia era irresistible». La velocidad máxima alcanzada en la prueba fue casi de 75 km/h. También se elogiaban las óptimas cualidades para subir pendientes debido a la notable elasticidad del motor de vapor que genera potencia (y par) a cualquier número de revoluciones por bajo que fuese.

En 1914 Pearson y Cox cedieron sus derechos a una sociedad de Croydon, la Steam Cycle and Motor Company, pero al estallar la primera guerra mundial se interrumpieron los planes de producción. En el Museo de la Ciencia de Londres subsiste un ejemplar de la moto de Pearson y Cox, en la que se ha practicado un corte transversal para mostrar el interior del motor y la caldera. En la práctica es uno de los pocos modelos de moto accionada por vapor producida en serie, por limitada que fuese.

Los apasionados continuaron construyendo motociclos de vapor: hacia 1917 un tal William Taylor hizo un motociclo con motor monocilín-drico de doble efecto. Alcanzaba una velocidad de unos 40 Km./h, pero tenía el defecto de que cuando se frenaba con cierta fuerza, la presión del vapor aumentaba peligrosamente.

Se llevaron a cabo otros experimentos; uno de ellos realizado por el inglés Thomas Hindle, que en 1918 publicó en una revista técnica un artículo sobre una motocicleta de vapor construida por él con motor bicilíndrico de simple efecto y distribución variable de la válvula mediante levas cónicas correderas.

El experimentador más irreductible de motociclos de vapor fue sin duda James W. Sadler de Glasgow, que inició sus trabajos en 1926 con una caldera tubular y un motor bicilíndrico que trabajaba a una presión de vapor de unos 50 Kg./cm2. La máquina resultó fatal para un escocés que era el que las fabricaba, pues durante las pruebas, Mr. Sadler, se puso cuatro pares de pantalones que se incendiaron en cuanto subió a la moto, aparte de que tuvo que pagar daños y perjuicios a algunos curiosos que perdieron las cejas por fugas de vapor mientras contemplaban desde muy cerca la prueba.

Sadler comprendió en seguida que la máquina no estaba llamada al éxito y se puso a trabajar en un sidecar, también accionado por vapor, utilizando una caldera de automóvil de vapor de Stanley y un motor de otro auto de vapor. Pero ninguna compañía de seguros quiso suscribir una póliza de seguro del vehículo en caso de explosión y también este proyecto se abandonó.

El último intento del indomable escocés fue la construcción de otro sidecar con una caldera de casi 40 cm. de diámetro y 60 de altura; el motor iba encima de la rueda trasera y parece que tampoco este modelo obtuvo el éxito esperado.

Con el transcurso de los años los nostálgicos del vapor fueron disminuyendo, a pesar de lo cual, hasta el final de la segunda guerra mundial se dieron todavía un par de experimentos antes de que cayera definitivamente el telón sobre la moto de vapor.

Fuente Consultada: Revista 2Ruedas Colección Tomo N°10 Gran Enciclopedia de la Moto

Historia de la Bicicleta Record de Velocidad en Moto Primeros Autos en Argentina Cronología del Transporte

 

Historia de la Bicicleta Origen de la Bicicleta Celerifero Biciclos

Historia de la Bicicleta-Origen

primera bicicleta

Es un vehículo rápido, cómodo y económico. Quien se proponga viajar sobre una de ellas, puede hacerlo sin haber recibido un aprendizaje previo: todo es cuestión de montar y de mantener el equilibrio para evitar la caída. Si bien se conoció en China desde muy antiguo, en Europa y América se difundió extraordinariamente a partir del siglo pasado.

Representa el medio de transporte más popular. Nuestros abuelos, la llamaron pomposamente “caballo de acero”. Para los niños constituye un juguete maravilloso, mientras que a los trabajadores les facilita a menudo su traslado.

Su estructura es una obra maestra de lógica y simplicidad. Un cuadro de metal sirve para unificar la acción de las dos ruedas; la delantera es directriz y va montada en una horquilla que el ciclista puede hacer oscilar a derecha y a izquierda sirviéndose del manillar, mientras que la de atrás es motriz.

Una concepción tan sencilla no debe hacernos pensar que la bicicleta alcanzó de pronto la perfección gracias a la intuición de algún genio de la inventiva. Por el contrario, su metamorfosis ha sido muy lenta, En Francia, en 1790, aparece el celerífero, al cual podríamos considerar como el antepasado de la bicicleta.

bicicleta maderaLo inventó Sivrac. Sin embargo, algunos afirman que un siglo antes se conocía su uso. Se sostiene que un profesor de la Sorbona, llamado Ozanam, habría sido quien aplicó el principio de la bicicleta, en 1693, y logró construir una máquina rudimentaria.

El celerífero de 1790 tenía dos ruedas, una detrás de la otra. Estaban unidas por medio de una viga sobre la cual se montaba como a caballo. Para avanzar con suficiente rapidez, el ciclista tenía que utilizar sus piernas y sus pies como aparatos de propulsión.

En aquella época la novedad fue considerada como un juguete. ¿Quién podía pensar que la idea de un medio de locomoción puramente mecánico, montado por un jinete, no era una quimera? Nadie, excepto los investigadores, a quienes se suele tildar injustamente de extravagantes. Veinte años más tarde, un agrimensor alemán intentó perfeccionar la máquina de Sivrac.

bicicleta 1816Ajustó dos medas a un caballete de madera provisto de un gorrón (extremo rebajado de una madera o eje, que entra en un hueco de otro), puso una especie de manillar y agregó un asiento. Carlos Federico Drais (1785-1851), que así se llamaba el agrimensor alemán, fue visto por las calles de Mannheim montado sobre su nueva máquina, la draisiana, a la cual hacía correr con fuertes enviones dados alternativamente por cada pie. Pero tampoco, ladraisiana fue tomada en serio. Los peatones se desternillaban de risa al ver semejante cabalgadura.

Esto no desanimó a Drais; decidió, por el contrario, realizar algo que llamara la atención: fue de Karlsruhehasta Estrasburgo montado en su máquina, y empleó sólo 4 horas para recorrer el trayecto, en lugar de las 15 ó 16 que hubiera necesitado para hacerlo á pie. Si bien esta proeza le permitió vencer la indiferencia del público, no fue suficiente para extender el uso del nuevo vehículo, y su inventor murió en la miseria, en el .año 1851.

‘Sin embargo, cuando la noticia de su hazaña llegó a Francia y a Inglaterra, los jóvenes elegantes comenzaron a hacerse ver sobre estos “caballos de juguete” o “caballos-dandy”, que sólo estaban al alcance de las gentes adineradas.bicicleta 1839

Al francés Michaux o al alemán Fischer de Schweinfurt se atribuye haber perfeccionado la máquina en 1855. Se introdujo una novedad que consistía en un doble pedal dispuesto sobre la rueda delantera, lo que permitía convertir la propulsión por medio de los pies, en un movimiento continuo impulsado por los pedales.

El vehículo, conocido bajo el nombre de velocípedo, adquiría mayor velocidad gracias al diámetro de la rueda anterior, más grande que el de la posterior. Michaux, que según se cree era herrero, fue el primero que aplicó los pedales a la rueda delantera de una bicicleta construida en acero.

En el año 1866, Michaux, hijo, construyó una draisiana perfeccionada, con ruedas totalmente metálicas. Algunos sostienen que fue el sacerdote franciscano Rogelio Bacon, dedicado a la física y a la mecánica, quien, en el siglo XIII, empleó por primera vez los pedales para imprimir movimiento a la máquina. Aunque eran, muy pesadas, estas máquinas comenzaron a gozar de cierta popularidad.

El inconveniente del. peso se acentuaba aún más en el campo, donde los caminos carecían de pavimentación. En los años que siguieron se buscó aumentar cada vez más la velocidad de estos aparatos;, para conseguirlo, los mecánicos agrandaron la rueda delantera, que era la principal, y redujeron paulatinamente la rueda trasera. Luego se logró otro importante  avance que consistió en revestir con un anillo de caucho la llanta hueca de las ruedas; con ello, el vehículo se tomó más liviano.

Estos aparatos de locomoción, llamados biciclós; que hoy nos resultarían grótescos, exigían que sus conductores poseyeran habilidad de acróbatas sobre todo para encaramarse en el asiento o descender de él. Además la posición del hombre hacía más inestable el equilibrio del biciclo, ya que él conductor, encaramado a tanta altura (hasta 1,50m.), podía caer de cabeza al menor choque.

El francés Sargent pensó que podría equilibrar más regularmente esta curiosa máquina y construyó las dos. ruedas iguales; pero al inglés Starley , se le atribuye el méritbicicleta antigua rueda alta 1873o de haberla hecho más veloz, más liviana y menos’’ embarazosa, fijando los pedales el el centro y sobre un cuadro rígido.

La transmisión del movimiento a la rueda trasera se obtuvo utilizando la cadena inventada por el suizo Renold, que se había establecido en Inglaterra. Así apareció, en 1886, una máquina aún imperfecta, pero más práctica que estaba provista de una gran rueda emplazada por encima de los pedales y de otra mas pequeña, sobre la rueda trasera.

Estas dos ruedas dentadas, corona y piñón, de diámetro diferente tenían por misión multiplicar, con ayuda de la cadena transmisora del movimiento, el número de vueltas y, por consiguiente, la energía ejercida sobre los pedales.

Dijimos que la bicicleta ideada por Starley era muy práctica, pero resultaba todavía demasiado pesada y el conductor se fatigaba bastante, tanto por el frotamiento de los ejes como por las fuertes vibraciones producidas al rodar, sobre todo si el terreno no era liso. Estos inconvenientes sólo pudieron ser subsanados con la ulterior adaptación de los cojinetes de bolas (rulemanes).

La creación de los neumáticos fue obra de un joven llamado Dunlop, hijo de un veterinario inglés. Gran entusiasta del ciclismo, Dunlop trató de eliminar las sacudidas producidas por el vehículo e ideó un sistema que consistía en rodear las ruedas con pequeñas almohadillas llenas de aire. Al cabo de muchos experimentos llegó a obtener un tubo de caucho, delgado y flexible, que podía llenarse de aire comprimido y colocarse alrededor de las ruedas. Con ayuda de su padre, en 1890 fabricó los primeros neumáticos.

El aire era impulsado al interior por medio de una bomba, y una pequeña válvula impedía su escape. Para evitar que se perforara fácilmente, la cámara de aire fue protegida luego con un revestimiento de tela y caucho. Al mismo tiempo, la industria mecánica de precisión producía los primeros cojinetes de bolas, que fueron aplicados muy pronto a las bicicletas.

En Italia, estos aparatos de locomoción aparecieron más tarde que en otros países. La “novedad” fue presentada en la Exposición de Milán en 1881 y tuvo buena acogida. Cuatro años después, en la misma ciudad se establecía la primera fábrica, la Bianchi, que hasta hoy mantiene el prestigio de Italia en este terreno.

bicicleta de carrera dibujo

Todas las fábricas importantes que trabajan para la industria de la bicicleta son a la vez importadoras y exportadoras, pues generalmente firmas establecidas en diferentes países realizan en serie las numerosas partes que la componen.

De esta manera, la fabricación de tubos de acero en frío está confiada, en gran parte, a la Waldless, mientras que las fábricas de Villar Perosa (cerca de Turín) y las fábricas suecas proveen al mundo entero de cojinetes de bolas.

De las piezas de acero que forman el manubrio y las horquillas se ocupan casas especializadas, como la Solingen alemana; mientras que las cadenas se importan a menudo de Inglaterra o de Norteamérica. Estados Unidos exporta en gran cantidad asientos o sillines. De esta manera, los establecimientos que fabrican bicicletas, de marca tienen su tarea muy facultada. Los tubos se cortan por medio de sierras circulares y luego se unen entre sí mediante remaches (proporcionados también por firmas especializadas), que se sueldan eléctricamente o con soldadura autógena. El manillar y los cuadros de las bicicletas para mujer se curvan por medio de máquinas plegadoras.

Por consiguiente, el trabajo final se reduce al montaje, a la pintura y barnizado y a los ensayos, operaciones que se ejecutan en otras tantas secciones especiales. Se han sucedido sin interrupción toda clase de perfeccionamientos en lo que atañe a la bicicleta y a cada una de sus partes.

La rueda libre marcó ya un progreso considerable, pero hubo otros: cuadros cada vez más livianos y, no obstante, cada vez más sólidos; frenos más seguros, dinamos y señales eléctricas, cambios de velocidades… Algunas bicicletas están provistas de un motorcito de gasolina para aliviar el esfuerzo del ciclista, en especial cuando debe subir una cuesta.

partes de la bicicleta

La bicicleta ocupa un lugar muy importante en las manifestaciones deportivas. Resulta considerable el número de sociedades que se han unido a la U. C. I. (Unión Ciclista Internacional), la cual organiza las actividades y aumenta, año tras año, las pruebas en rutas y en pistas. Competencias como la vuelta de Francia, la de España, el “Giro de Italia”, y, desde hace algunos años, la de la República Argentina, constituyen ‘acontecimientos que provocan el entusiasmo de la muchedumbre.

Pero, al pero al mismo tiempo cada provincia, y cada gran ciudad organiza sus pruebas regionales. No olvidaremos citar la vuelta de los “Seis días”, espectáculo al que se dignan asistir quienes frecuentan los medios más elegantes. En las carreras a la americana participan equipos d dos corredores que se relevan.

En Italia se cuenta una bicicleta por cada siete habitantes; en Holanda, tanto hombres como niños van a trabajo en bicicleta y, a ciertas horas, los caminos s animan con el andar abigarrado de los ciclistas. Copenhague, capital de Dinamarca, está considerada como la ciudad de las bicicletas, porque ellas constituyen el medio de transporte más popular y difundido. En nuestros días, la simple bicicleta conoce transformaciones, sobre todo con el empleo del motor: motocicletas, bicicletas a motor, motonetas, son tan numerosas que se han convertido en medios de locomoción al alcance de todos. Sin embargo, no destronarán jamás a la bicicleta común, ya que no responden rigurosamente a las mismas necesidades y no ofrecen a los aficionados deportistas satisfacciones equivalentes.

bicicleta especialTambién se han ideado bicicletas para niños muy pequeños, equipadas con rueditas auxiliares que facilitan el logro del equilibrio. A comienzos de nuestro siglo la bicicleta fue empleada por el ejército. Desde 1908 se había estudiado en Italia un tipo especial resistente, liviano, fácilmente manejable y destinado al servicio de correo.

El cuadro rígido fue reemplazado por otro cuya parte anterior podía plegarse sobre la posterior, convirtiéndose así en un objeto fácilmente transportable. Para evitar en cierta medida el grave inconveniente de las pinchaduras, se adoptaron neumáticos tubulares o semimacizos; la disminución de elasticidad que esto traía aparejado se remedié con unos dispositivos de resortes ajustados al cuadro.

El peso completo de esas bicicletas era de 30 Kg., y alcanzaban una velocidad media de aproximadamente 29 Km. por hora. Recordemos que, en la guerra de 1914 a 1918, los ciclistas representaron un importante papel, sobre todo como agentes de enlace.

Ejemplo de una bicicleta del siglo XXI:

bicicleta moderna

Cuadro full carbón monocasco realizado con la exclusiva GoKa Carbon technology en la que se han utilizado fibras de carbono de alto módulo 40HM. La construcción del cuadro con tija integrada aporta a la estructura una rigidez excepcional en todo tipo de situaciones, una reducción de peso y una mejora aerodinámica, para proporcionar un comportamiento digno de la alta competición.

La curvatura del tubo horizontal, imprime un fuerte carácter a la bicicleta otorgándole una personalidad arrolladora con, una estética cuidada al milímetro que crea tendencia. La utilización de la tecnología F9 System, tecnología que mejora la transmisión de la potencia y el máximo control, optimiza el confort y la comodidad en el pedaleo, da como resultado estas estudiadas formas, para procurar una absorción de vibraciones excelente. 

El aprovechamiento de todos los medios técnicos más novedosos disponibles junto con el máximo nivel de conocimiento produce como resultado una bicicleta de última generación.  El peso del cuadro es de tan sólo 950 grs., en talla S. Con el cabezal de la tija incluido el peso resultante es de unos asombrosos 1.100 grs.

bicicleta principio siglo XX

Bicicleta de paseo de principio siglo XX

CRONOLOGÍA DE LA BICICLETA:

SlGLO XV — Leonardo da Vinci diseña la primera bicicleta de la historia. Tenía las ruedas iguales, un asiento y pedales. La tracción se dirigía mediante una polea a la rueda trasera, pero carecía de dirección y la rueda delantera no podía moverse, así que no era práctica y se quedó en un esquema en los papeles del genio italiano.

1790 — El francés Comte De Sivrac añade dos ruedas a un bastidor de madera que sólo puede impulsarse hacia delante con los pies en el suelo. Esta máquina se llama celerífero.

1817 — El alemán Karl Draisvon Sauerbronn añade la dirección, dejando suelta la rueda delantera, y presenta su Invento en París. Recibe el nombre de draisiana o draisina.

1839 — El escocés Kirkpatrick Mac Millan inventa los pedales, que están unidos con palancas a los ejes de la rueda trasera.

1842 — El herrero francés Pierre Michaux añade los pedales a la rueda delantera.

1861 — Pierre Michaux y su hijo Ernest fabrican la primera bicicleta moderna con un cuadro de hierro, pedales y la rueda delantera más grande.

1868 — Se celebra la primera carrera documentada del mundo, en el parque de St. Claude, en París, ganada por el Inglés James Moore,

1875 — Se inventan los radios y toda la bicicleta se construye de hierro, con una rueda delantera enorme. Se conoce como araña.

1885 — El suizo Renold inventa la cadena, los pedales se ponen en el centro y la tracción se desvía a la rueda trasera. En esta época, adquieren forma los platos dentados, con el delantero más grande que el trasero.

1887 — El inglés Thomas Stevens se convierte en la primera persona en dar la vuelta al mundo en bicicleta. Sale de San Francisco el 22 de abril de 1884 y después de atravesar Eurasia (vía Alemania, Hungría, Constantinopla, Irán, Afganistán, India y China) y alcanzar Japón, vuelve a San Francisco en enero de 1887.

1890 — Las ruedas se igualan. Dunlop inventa los neumáticos, incorporando un tubo delgado dentro de la goma, y las bicis adquieren su aspecto moderno.

draisiana

En 1816 Niepce inventó el celerífero, abuelo de la bicicleta, el cual tenía ambas ruedas fijas. La draisiana fue inventada por el barón alemán Carlos von Drais. Se la ponía en movimiento empujando alternadamente con los pies en el suelo. Estaba provista de una rueda anterior movible, que podía ser dirigida mediante el manubrio. El inventor perdió toda su fortuna en esta singular empresa.

bicicleta antigua

Este velocípedo, perfeccionado por Ernesto Michaux a mediados del siglo XIX, se ponía en movimiento mediante pedales que impulsaban directamente la rueda mayor. Se lo denominó “La telaraña”.

bicicleta años 70

El escocés K. Mac Millan, en 1840 perfeccionó la bicicleta dándole su forma actual. En las bicicletas I modernas la rueda trasera es la motriz; una cadena transmite el impulso de los pedales. No cabe duda de que este vehículo representa hoy día uno de los medios de transporte terrestre más populares, por lo menos en la mayoría de los centros de población de mediana importancia. La bicicleta que aparece ilustrada es del tipo de carrera que más se ha divulgado. Por una parte constituye el tipo clásico para las competencias deportivas, tan en boga en casi todos los países, y por otra parte se la utiliza con ponderables ventajas para el traslado de la gente de modestos recursos, por ser el más económico de los vehículos.

Fuente Consultada:

Lo Se Todo Tomo III
Wikipedia
Enciclopedia Estudiantil Tomo IV CODEX

Primera Moto a Vapor Record de Velocidad en Moto Cronología del Transporte Primeros Autos en Argentina

BiografÍa de Bessemer Convertidor de Acero Inventor Proceso Bessemer

Biografía de Bessemer-Convertidor de Acero

Bessemer, Sir Henry (1813-1898)  Inventor británico, nacido en Charlton, Hertfordshire, y autodidacta, en gran medida. Fue un inventor prolífico, pero se le conoce sobre todo por sus innovaciones en la siderurgia que elevaron enormemente la producción anual de acero en Inglaterra, consiguiendo un acero de gran calidad, disponible a un costo muy reducido.

Bessemer Henry

Su lema: “La idea para un negocio se debe concentrar en un único negocio en
el que un hombre se embarque totalmente.”

Se lo recuerda por:
NUEVA INGENIERÍA: El convertidor de Bessemer permitió la la obtención de acero barato y, con él, la construcción de obras de ingeniería asombrosas para la época.

FRAUDE: A los 20 años, Bessemer diseñó un procedimiento que evitaba las falsificaciones de los sellos impresos en los documentos oficiales que fue adoptado por la Casa del Timbre.

OTROS INVENTOS: Patentó más de 117 inventos: entre ellos, un dispositivo para la obtención de caracteres tipográficos, un nuevo tipo de proyectil, frenos para ferrocarriles, máquinas para la industria del vidrio.

POLVO DE ORO: Diseñó una máquina para la fabrica-. ción de polvo de bronce destinado al revestimiento de superficies con efectos de oro, que invadió el mercado y fue empleado en toda Inglaterra para la decoración.

INTENTO FALLIDO: Anunció los detalles del método. Los industriales siderúrgicos invirtieron fortunas en altos hornos para manufacturar acero por el nuevo sistema, pero el producto resultó de ínfima calidad y Bessemer perdió prestigio y credibilidad.

ÉXITO ROTUNDO: Volvió a los experimentos para perfeccionar su método. Como ya no creían en él, instaló sus propias acerías en Sheffield, Inglaterra. Importó mineral sin fósforo de Suecia y vendió acero de alta calidad a un costo muy inferior al de sus competidores.

Henry Bessemer había inventado un tipo nuevo de proyectil que, al girar en vuelo, daba a las piezas de artillería un alcance mayor y una precisión hasta entonces desconocida. Acero fundidoNapoleón III, nuevo emperador de Francia, mostró interés en el invento y se ofreció para financiar nuevos experimentos.

Bessemer (que era inglés, aunque hijo de francés) accedió, pero advirtió que el nuevo proyectil requeriría cañones de un material mejor que el hierro fundido que por entonces se conocía: un cañón de hierro fundido estallaría bajo la gran presión explosiva que hacía falta para disparar el nuevo proyectil.

Bessemer no sabía nada de la manufactura del hierro, pero decidió aprenderlo. Así fue como en 1854 terminó una era y comenzó otra nueva. Henry Bessemer, que había nacido en Inglaterra el 19 de enero de 1813, contaba ya en su haber con una serie de inventos; pero al lado de la empresa que estaba a punto de atacar eran simples bagatelas.

Durante más de dos mil años, el hombre había utilizado el hierro como el metal común más duro y resistente que conocía. Se obtenía calentando mineral de hierro con coque y caliza. El producto resultante contenía gran cantidad de carbono (del coque) y recibía el nombre de «hierro fundido» o «fundición». Era barato y duro, pero también quebradizo; bastaba un golpe fuerte para partirlo.

El carbono era posible eliminarlo del hierro fundido a base de mezclarlo con más mineral de hierro. El oxígeno del mineral se combinaba con el carbono del hierro fundido y formaba monóxido de carbono gaseoso, que se desprendía en burbujas y ardía. Atrás quedaba el hierro casi puro, procedente del mineral y del hierro fundido: es lo que se llamaba «hierro forjado» o «hierro pudelado». Esta forma del hierro era resistente y aguantaba golpes fuertes sin partirse. Pero era bastante blando y además caro.

En 1850 la producción de acero en Bretaña era aproximadamente 50.000 toneladas. De este total, el 85% se produjo en Sheffield. Por 1880, la producción de acero con el sistema Bessemer estaba sobre un millón de toneladas de una producción de acero total país  aproximada  de 1.300.000 toneladas.

Sin embargo, había otra forma de hierro que estaba a mitad de camino entre el arrabio y el hierro forjado: el acero. El acero podía hacerse más fuerte que el arrabio y más duro que el hierro forjado, combinando así las virtudes de ambos.

Antes de Bessemer, había que convertir primero el arrabio en hierro forjado y añadir después los ingredientes precisos para conseguir el acero. Si el hierro forjado era ya caro, el acero lo era el doble. Metal bastante escaso, se utilizaba principalmente para fabricar espadas.

La tarea que se propuso Bessemer fue la de eliminar el carbono del arrabio a precios moderados. Pensó que el modo más barato y fácil de añadir oxígeno al hierro fundido para quemar el carbono era utilizar un chorro de aire en lugar de añadir mineral de hierro. Pero el aire ¿no enfriaría el hierro fundido y lo solidificaría?

Bessemer empezó a experimentar y no tardó en demostrar que el chorro de aire cumplía su propósito. El aire quemaba el carbono y la mayor parte de las demás impurezas, y el calor de la combustión aumentaba la temperatura del hierro. Controlando el chorro de aire, Bessemer consiguió fabricar acero a un coste bastante inferior al de los anteriores métodos.

En 1856 anunció los detalles del método. Los industriales siderúrgicos estaban entusiasmados e invirtieron fortunas en «hornos altos» para manufacturar acero por el nuevo sistema. Imaginaos su horror cuando descubrieron que el producto era de ínfima calidad; Bessemer, acusado de haberles tomado el pelo, volvió a los experimentos.

Resultó que en este método no se podía utilizar mineral que contuviera fósforo; el fósforo quedaba en el producto final y hacía que el hierro fuese quebradizo. Y había dado la casualidad de que Bessemer utilizara mineral de hierro libre de fósforo en sus experimentos.

Anunció este hallazgo, pero los industriales no prestaban ya oídos: estaban hasta la coronilla de los hornos de Bessemer. Así que éste pidió dinero prestado e instaló sus propias acerías en Sheffield, Inglaterra, en 1860. Importó mineral sin fósforo de Suecia y comenzó a vender acero de alta calidad a 100 dólares menos la tonelada que ninguno de sus competidores. Aquello acabó con toda reticencia.

Hacia 1870 se hallaron métodos de resolver el problema del fósforo, lo cual permitió aprovechar los vastísimos recursos norteamericanos de mineral de hierro. Bessemer fue ennoblecido en 1879 y murió en Londres, rico y famoso, en 1898.

El acero barato permitió construir obras de ingeniería que hasta entonces no se habían podido ni soñar. Las vigas de acero se podían utilizar ahora como esqueletos para sostener cualquier cosa imaginable. Los ferrocarriles comenzaron a recorrer continentes enteros sobre carriles de acero y grandes navíos de acero empezaron a surcar los océanos. Los puentes colgantes salvaban ríos, los rascacielos iniciaron su escalada a las alturas, los tractores eran ahora más fuertes, y no tardaron en aparecer los automóviles con bastidores de acero. Y en el mundo de la guerra empezaron a tronar cañones más potentes que ponían a prueba nuevos blindajes, más resistentes.

Murió así la Edad del Hierro y comenzó la del Acero. Hoy día el aluminio, el vidrio y el plástico han impuesto su ley allí donde la ligereza importa más que la resistencia. Pero cuando lo que interesa es este factor, seguimos viviendo en la Edad del Acero.

Horno Bessemer

Horno Bessemer Preparando el Vaciado de una Carga

AMPLIACIÓN SOBRE EL PROCESO DE BESSEMER:
El Método Bessemer para Fabricar Acero:
En la producción del acero se emplea la mayor parte del arrabio que sale de los altos hornos.

El año de 1856 es posiblemente el más importante en la historia del acero. Anteriormente se hacía acero por cementación y al crisol. En ambos métodos había que colocar las barras de hierro cubiertas con carbón vegetal en polvo, dentro de recipientes herméticos llamados crisoles. Estos eran introducidos en un horno de ladrillos que generaba una temperatura elevada, la cual quemaba las impurezas del metal. Además, el calor hacía que el hierro absorbiera el carbono del carbón vegetal, convirtiéndose así en acero.

Como quiera que la producción de acero por estos métodos era lenta y costosa, se hicieron muchos intentos de mejorarlos. A mediados del siglo XIX el inglés Enrique Bessemer y el norteamericano Guillermo Kelly descubrieron que era posible quemar las impurezas del arrabio inyectando aire a presión a través del metal derretido. Ambos obtuvieron patentes del método: Bessemer en 1856 y Kelly en 1857. Este -.iltimo no pudo proseguir con sus investigaciones por falta de dinero; pero Bessemer, que contaba con los medios necesarios, logró hacerlo. Construyó un horno que se conoce con el nombre de convertidor Bessemer, y obtuvo la patente en 1856.

Dicho convertidor consiste en un recipiente incunable, en forma de pera, hecho de planchas de acero, y revestido por dentro con arcilla y ladrillos refractarios. Está provisto de doble fondo, y tiene dos compartimientos. El inferior es una cámara de aire conectada a un soplador. En el fondo del recipiente superior hay numerosas perforaciones.

Para cargar el convertidor, se lo inclina, v luego se vierte el arrabio derretido por la abertura que se halla en la parte superior. A continuación, se suelta el aire, el cual pasa a través de la masa de hierro derretido. Sólo cuando la corriente de aire alcanza su máxima intensidad, se vuelve a poner el convertidor en posición vertical. De otro modo, el metal derretido taparía los agujeros del fondo, evitando que el aire entrara en el horno.

Cuando éste se encuentra en pleno funcionamiento, lanza al aire chispas brillantes, un denso humo de color pardo, y llamas de color rojo oscuro. Después de algunos minutos, las llamas crecen y se tornan más brillantes, lo cual indica que se está quemando el carbono. Al cabo de unos 15 minutos, las llamas desaparecen con rapidez, y todas las impurezas quedan eliminadas.

Luego, se vuelve a inclinar el convertidor y se cierra el paso del aire. Esta acción debe efectuarse en el momento preciso. Si se procede prematuramente, quedan algunas impurezas en el metal, y si, por el contrario, se retarda la operación, se quema el metal, quedando inutilizado. A continuación se añaden los elementos necesarios, tales como carbono y manganeso, y se obtiene así el producto final.

Si bien el convertidor Bessemer ha tenido gran éxito, presenta la grave desventaja de que únicamente da buen resultado con mineral de alto grado, de un bajo contenido de fósforo. Por esta razón, en la actualidad sólo es empleado para fabricar una pequeña parte de la producción total de acero.

Fuente:
Momento Estelares de la Ciencia – Isaac Asimov
Enciclopedia Barsa de Consulta Fácil
Microsoft ® Encarta ® 2000

William Beebe conquista el oceano Atlántico Se sumerge en la Profundiad del Oceano

William Beebe Conquista el Oceano Atlántico

El Everest Los Himalayas El Kilimanjaro Mar de los Sargazos

William Beebe conquista el oceano Atlantic

 Bebee Se Sumerge En El Océano:

Una tarde, a principios de este siglo, el joven zoólogo William Beebe discutía posibilidades y recursos para el buceo a gran profundidad con su buen amigo el presidente Theodore Roosevelt.  Aunque ambos sentían viva curiosidad por saber qué misteriosos seres vivían bajo la delgada capa de agua explorada hasta entonces por el hombre, no sabían qué hacer ante el eterno problema de la presión.

Sabían que el peso de las capas de agua, sin más, bastaba para hacer que un buzo no protegido perdiera el conocimiento a los 60 metros.  En el caso de que descendiera mucho más, sería triturado por la presión.  Antes de concluir la discusión, Beebe esbozó un cilindro como forma ideal de cámara de buceo, en tanto que Roosevelt dibujó una esfera.  En 1930, el propio Beebe demostró lo atinado de la teoría del presidente.

Para entonces, hacía ya diez años que Roosevelt había muerto, y Beebe era director del departamento de investigaciones tropicales de la Zoological Society de Nueva York.  A los 51 años era alto y algo calvo, vigoroso, un hombre inteligente y agudo en quien se combinaba la pasión científica con un temperamento poético.

Su autor favorito era Lewis Carroll, con quien compartía la fascinación ante los animales extraños y exóticos.  Provisto de escafandra, había realizado centenares de inmersiones oceánicas, en busca de seres marinos.  Pero, según su compañero de inmersión, Beebe no tenía “talento para las máquinas”, lo cual dificultaba su búsqueda de una cámara eficaz para la exploración submarina.

Su falta de éxito no se debíó a carencia de proposiciones.  Año tras año, Beebe había recibido tantos planes -impracticables todos-, que empezaba a sospechar que la mitad de la gente desocupada de los Estados Unidos se dedicaba a diseñar tanques de buceo.  Por fin, en 1928, entró en su oficina un joven ingeniero con inventiva, Otis Barton, y desplegó un plano sobre la mesa.  “Mi idea es muy sencilla”, dijo Barton, “sólo una esfera hueca de acero colgada de un cable.”

El dibujo le recordó algo a Beebe.  Sabía que la presición se distribuía más uniformemente por la superficie de una esfera.  La simplicidad de aquella esfera era engañosa; a medida que Barton iba explicando las sutilezas de ingeniería que sustentaban el plan, Beebe se iba convenciendo de que allí estaba, por fin, el receptáculo ideal.

La bola de acero tendría un diámetro de 1.40 m, y un peso muerto de dos toneladas y media.  En sus paredes de más de 3 centímetros de espesor habría tres ventanas redondas de 20 cm, hechas de cuarzo fundido, una de las sustancias más resistentes y transparentes conocidas.

Del otro lado de las ventanas estaría la puerta, una tapa de acero sujeta con pernos y tan pesada que tendría que ser puesta y quitada con poleas.  Un cable de acero irretorcible, de un kilómetro de largo y casi dos centímetros y medio de grueso, que no se rompería con menos de 29 toneladas de tensión, bajaría y subiría la bola, y la comunicación con el mundo exterior sería por un tubo de hule compacto que alojaría alambres para luz eléctrica y teléfono.

No bien tuvo la aprobación de Beebe, Barton, que disponía de fortuna personal, hizo un contrato con una compañía hidráulica de Nueva Jersey para que realizara la construcción a expensas suyas.  Quedaba el problema del nombre.  Después de cuidadosa consideración, Beebe optó por “batisfera”, formado por dos palabras griegas, y que venía a significar “esfera de las profundidades”.

En la primavera de 1930, Beebe estaba en condiciones de emprender la primera exploración humana del interior desconocido del océano.  Decidió sumergirse en un lugar a unos 15 kilómetros al sur de la islilla Nonsuch, una de las Bermudas, donde había establecido previamente una estación completa de investigación oceanográfica.

A principios de junio, la gran embarcación portadora de la batisfera fue remolcada mar adentro.  Con Beebe iba Barton, que lo acompañaría en la inmersión, y un equipo de más de 26 auxiliares.

La montaña submarina que asoma en las Bermudas descendía rápidamente bajo la barcaza.  Cuando la profundidad llegó a un par de kilómetros, Beebe dio la señal de detenerse y se dio comienzo a algunos ensayos previos.  Todo el mundo comprendía bien el riesgo a que se expondrían los buzos.

La batisfera no tenía ningún dispositivo de seguridad.  Como no flotaba, le era imposible volver automáticamente a la superficie.  Si se rompía el delgado cable, se iría al fondo sin esperanza de rescate. (Más tarde, la esposa de Beebe se preguntaba por qué la esfera y el cable no se habrían encerrado, por si acaso, en una red de acero.  La respuesta es sencilla: al parecer, a nadie se le había ocurrido.)

El 6 de junio amaneció tranquilo y despejado, tiempo perfecto para el primer descenso de la batisfera con sus ocupantes.  Alrededor del mediodía, Beebe y Barton se deslizaron por la puerta de 35 centímetros, sufriendo magulladuras con los pernos, y se hicieron un ovillo en el frío suelo de la cámara de observación.

Beebe iba al lado de las ventanas (sólo dos llevaban cuarzo; la tercera estaba tapada con una placa de acero); Barton se agazapó junto a la puerta, donde pudiera ver los instrumentos.  Los dos buzos llevaban audífonos telefónicos, que les dejaban las manos libres.  La zoóloga Gloria Hollister anotaría sus observaciones transmitidas telefónicamente desde las profundidades.  Le enviarían información cada cinco segundos, para que los de la superficie supieran que seguían a salvo.

A pesar de todo el equipo hacinado en la batisfera -tanques de oxígeno, productos químicos, luces, interruptores, sistemas de comunicación y herramientas-, los buzos anunciaron que tenían “espacio de sobra”.

Satisfecho, Beebe dio la señal de que empezara el cierre, y la tapa de casi 200 kilos fue aplicada a los pernos.  Para evitar cualquier falla en las roscas, cada tuerca fue afianzada con llaves y martillos. Dentro de la batisfera el ruido era tan tremendo que Beebe temió que se rajaran las ventanas de cuarzo.

Pero resistieron, y los martillazos cesaron.  Barton probó el reflector y ajustó las válvulas para que saliera oxígeno de los tanques a razón de dos litros por minuto.  Un ventilador eléctrico hacía circular el aire; bandejas de cal eliminaban el dióxido de carbono exhalado, y otras, con cloruro de calcio, absorbían el exceso de humedad.

A la una en punto chirriaron las poleas; la batisfera se columpió sobre la borda y descendió junto al costado de la embarcación hacia el mar.  Beebe, confundido por la transparencia inusitada de las ventanas de cuarzo, sintió que la esfera se balanceaba demasiado cerca de la nave.  “Gloria pregunta por qilé el director maldice así”, preguntó una voz por el alambre.  Beebe replicó que lo que dijera sería poco, pues el costado del barco estaba apenas a un metro.  Fue tranquilizado en seguida: había cinco metros de distancia.

La batisfera chocó con el agua, pero sus ocupantes apenas lo sintieron.  La espuma se arremolinó en los cristales y todo se puso verde.  Se veía el casco de la barcaza.  Beebe lo describió como “un escollo pasajero y fluctuante, con banderines agitados de algas, largas esponjas tubulares, pellas de ascidias negras como el azabache y placas delgadísimas de conchas con agudas espinas”.

La quilla se perdió de vista rápidamente por encima de él.  A 15 m de profundidad, Beebe comentó que nunca había bajado más con escafandra.  A los 30 m, mientras se alejaban sin cesar de los rayos solares, la luz verde que iluminaba el mar empezó a menguar.

A los 90 metros, Barton dio un repentino grito de alarma.  Había sentido algo mojado.  Beebe dirigió su luz hacia la puerta y vio que se filtraba agua.  Ya había medio litro en el suelo.  Beebe no se inmutó y dio orden de que los bajaran más aprisa.  Sabía que la mayor presión del agua ajustaría la puerta contra la batisfera.  El agua dejó de penetrar.

Estaban a más de 150 metros.  La batisfera descendía ahora por regiones totalmente inexploradas del mar.  A los 200 metros, Beebe, deslumbrado por la belleza circundante, pidió una detención transitoria.  Se le ocurrió que hasta entonces sólo cadáveres humanos habían llegado a aquellas profundidades.

La luz se había vuelto de “un azul translúcido indefinible … que parecía materialmente entrarnos por los ojos”.  Por primera vez en el descenso de la batisfera, el haz del fanal eléctrico fue visible, “pálido rayo de luz amarilla, muy amarilla”.

A medida que continuaba el descenso, se oscurecía el resplandor azul.  A 240 metros, “cierto aviso mental” le dijo a Beebe que no debían descender más aquella vez.  Sin vacilación, dio orden de que los izaran a la barcaza.  “El ascenso a la superficie y la salida al aire dio la impresión de un vuelo hacia un techo duro; hasta me agaché esperando el choque, pero todo se redujo a un remolino de espuma y burbujas, y el resto fue cielo.”

Uno por uno, fueron soltados los diez pernos, y los buzos se desplomaron sobre la cubierta, tiesos y doloridos.  Habían pasado encerrados en la batisfera exactamente una hora.  Beebe, enteramente absorto, había estado sentado sobre una llave de tuercas todo el tiempo, y durante varios días llevó la marca en el trasero.

Cuatro días después, la vía de agua de la puerta había sido tapada con albayalde y los buzos emprendieron el segundo descenso.  Pero a los 75 metros la comunicación telefónica se suspendió súbitamente, aterradoramente. “Ninguno de los dos nos habíamos dado antes cuenta cabal de nuestra posición en el espacio.  Nos habíamos convertido en verdadero plancton.” La batisfera fue subida a toda prisa y se aplazó el descenso para llevar a cabo reparaciones.

A las 10 de la mañana del 11 de junio, los buzos volvieron a ser sumergidos en las aguas del sur de la isla Nonsuch.  Esta vez Beebe se proponía hacer un estudio serio de los seres que apenas había entrevisto a causa de la emoción del primer descenso.

La batisfera llevaba atadas las banderas del Club de Exploradores y del Departamento de Investigaciones Tropicales de Beebe; debajo de las ventanillas de observación colgaba tentadoramente un calamar descompuesto envuelto en paño fino, rodeado de anzuelos luminosos cebados.

Mientras descendía la batisfera, Beebe realizaba un estudio científico de los colores cambiantes del mar.  Empezó por desaparecer la luz roja y anaranjada a 45 metros, luego la amarilla a 90 metros. Hacia los 105 metros, aproximadamente, la mitad del espectro era azulvioleta, una cuarta parte verde, y el resto un resplandor pálido incoloro.  A 135 metros sólo se veía en el espectroscopio el violeta y una fracción del verde.  Cuando llegaron a los 240 metros, no quedaba más que una estrecha línea de blanco grisáceo pálido.

Entonces, mucho más allá del alcance de los rayos solares, Beebe empezó a experimentar con su poderoso fanal, Pero el intenso haz le molestó: casi todo el tiempo prefirió observar los animales que nadaban detrás de la ventana aprovechando el resplandor de su propia luminiscencia.

Con su extraordinaria facultad de observación y un conocimiento aparentemente instintivo de toda la vida marina, aprendió en seguida a buscar detrás de los puntos brillantes de los seres marinos tratando de determinar las tenues formas circundantes.

A cualquier profundidad se podía observar el constante ajetreo del plancton microscópico y los copépodos, los organismos más abundantes en el mar.  La mayoría de los peces vistos entre los 60 y los 90 metros eran de la familia de los carángidos, como pámpanos y peces piloto.

A tales profundidades vivían también delicados y sinuosos sifonóforos, enjambres de medusas y nubes de caracoles con conchas sutiles como telarañas.  A los 120 metros pasaron resplandecientes peces linterna y anguilas bronceadas, seguidos a los 165 metros por la fantasmagórico larva de una anguila, “pálida cinta transparente, anunciada por un par de ojos iridiscentes”.

Cincuenta metros más abajo, Beebe vio una medusa que “con el estómago lleno de una masa luminosa de alimento” rebotaba en la ventana.  Era difícil creer que seres de aspecto tan frágil soportaran una presión suficiente para triturar a un hombre.  Beche fue el primer ser humano que vio vivos un cardumen de ciertos pece cillos plateados, con luces chispeantes en los costados.

Los buzos dejaron atrás su anterior límite de 240 metros y siguieron hasta los 360, donde el fanal descubrió la forma serpentina de un pez dragón de cola dorada,con aletas transparentes.  Beche sabía que este animal tiene al menos 300 órganos luminosos, pero desgraciadamente no se notaban, a causa de la luz del fanal.

A 435 metros, la presión total sobre la batisfera era de casi 3400 toneladas, pero aun así Beche sentía un peligroso impulso de abrir la portezuela y salir a nadar. Escribió:

“Los anzuelos cebados se agitaban de aquí para allá, y el borde de una de las banderas se movía perezosamente.  Tuve que hacer un enorme esfuerzo y refrenarme, recordando que la menor fractura del cristal o falla del metal significaría una muerte instantánea.  No había la menor posibilidad de ahogarse, pues las primeras gotas se habrían clavado en la carne y los huesos como balas.”

Mientras los dos exploradores se mecían en la negrura abisal, se sentían tan aislados como átomos flotantes en el espacio exterior.  Aunque Beche no percibió esta vez ningún “aviso mental”, mandó que los izaran.  Cuarenta y tres minutos más tarde, después de cerca de dos horas de inmersión, los dos hombres ya estaban en la cubierta, con “el recuerdo de escenas de vida en un mundo tan extraño como el de Marte”.

Pasaron dos años antes de que Beche y Barton tuvieran oportunidad de realizar otra inmersión.  La batisfera casi no había cambiado, salvo por la adición de otra ventana de cuarzo en la tercera abertura. En vista de que los observadores se proponían descender más que nunca, la esfera fue sumergida, vacía, a casi 1000 metros.  Fue una precaución muy oportuna, pues la nueva ventana no cerraba herméticamente.

Cuando reapareció la batisfera, venía llena de agua de las profundidades y su presión interior era tal que el perno central de la puerta, al empezar a ser aflojado, saltó de las manos de Beche y cruzó la cubierta como un proyectil, seguido de un estruendoso chorro de agua.  Hizo un impacto de 2.5 cm de profundidad en la cabria de acero, situada a 10 metros.  “Si hubiera estado en medio, me decapita”, observó Beebe.

El cuarzo fue sustituido por la placa de acero, y a la una y cuarto del 22 de septiembre de 1932 volvieron a agazaparse como ya sabían.  Esta vez se puso afuera una langosta viva a modo de cebo.  El equipo fue soltando cable despacio, de manera que Beebe y Barton casi no sentían el descenso.

Luego de hora y media de contemplación absorta del panorama que se iba oscureciendo, oyeron por los audífonos sonar las sirenas del remolcador, indicando que alcanzaban la profundidad máxima que habían alcanzado en 1930.  Poco después, la señorita Hollister recordó a Beebe que durante los siguientes 30 minutos todo lo que dijera sería transmitido al mundo por la NBC.  Fascinado a la vista de dos anguilas bronceadas, no tardó en olvidar la advertencia y siguió recitando los nombres zoológicos de las especies que reconocía, incomprensibles para la mayor parte de los oyentes.

Hacia los 500 metros, el mar era impenetrablemente negro, salvo por “un enjambre de peces linterna brillantemente iluminados con luces verde pálido”.  Quince metros más abajo, la oscuridad dentro de la batisfera parecía casi tangible.  Beebe había alcanzado uno de los principales propósitos de su expedición:

“Llegar más abajo del límite de la luz humanamente visible.  Estaba más allá del alcance de la luz solar por lo que se refiere al ojo humano, y a partir de allí no había habido día ninoche, invierno ni verano desde hacía dos mil millones de años.”

Beebe llevaba abajo dos horas y media y sus descripciones se hacían cada vez más inarticuladas.  Casi todos los animales que pasaban por las ventanas jamás habían sido vistos, así que no tenían nombres.  Reconoció, sin embargo, un monstruo que se abalanzó contra el cuarzo enseñando largos colmillos y luciendo escamas hexagonales.  Era el pez víbora, de agudos dientes, que mide unos 25 centímetros y engulle presas tan grandes como él.

De pronto, a los 594 metros, la barcaza empezó a zarandearse en mar picado y a dar tirones al cable.  Beebe fue lanzado contra la ventana y se partió el labio y la frente, y Barton dio de cabeza contra la puerta.  Pero Beebe no se decidía a interrumpir el descenso.  Por fin, a los 677 metros, Beebe y Barton decidieron volver a la superficie.

También el ascenso reservaba sorpresas.  A 640 metros se cayó al suelo una bandeja de cloruro de calcio y distrajo a Barton.  Beebe, como de costumbre, no dejó de observar, según señaló Barton disgustado.  “Un dragón de mar de casi dos metros pasó ante la ventana y volvió un momento después con su pareja.

Hasta entonces los científicos dudaban de la presencia de peces tan grandes a profundidades medias.  Era el único gran dragón jamás visto, y casi me lo pierdo.” Beebe llamó a este importante descubrimiento Bathysphaera intacta (“pez batis’fera intangible”).

A 580 metros, pasó nadando una hembra de balderraya de medio metro, “con boca y dientes enormes” y un tentáculo en lo alto de la cabeza.  Beebe sabía que aquel pez, como otros muchos que veía, no había experimentado ninguna transformación en centenares de millones de años.  Mientras la batisfera seguía subiendo despacio,

Beebe meditaba acerca de la inmutabilidad del mar, en contraste con la tierra siempre cambiante.

A las cuatro de la tarde, la batisfera llegó a la superficie, y los que la subían advirtieron con sorpresa que la langosta, dada por muerta desde hacía mucho, seguía retorciéndose indignada.  El resistente crustáceo había soportado toneladas de presión marina.

Pasaron otros dos años.  En 1934 la National Geographic Society ofreció patrocinar otra expedición.  La batisfera, exhibida en el Hall of Science de Chicago, fue sometida a una renovación a fondo.  Se le pusieron ventanas nuevas, tanques de oxígeno, ventilador, bandejas de productos químicos y audífonos.  Al acabar, poco quedaba del viejo casco, a no ser la esfera azul oscura.

A las 9:41 de la mañana del 1 1 de agosto, la batisfera entró en el agua a diez kilómetros al sudeste de la isla Nonsuch y en seguida se perdió de vista.  Dentro, Beebe y Barton contemplaban los ya familiares ejércitos de sifonóforos, peces de cola amarilla y pámpanos con franjas azules.

A los 240 metros aparecieron quetognatos y cardúmenes de copépodos, ávidamente perseguidos por voraces peces con la boca abierta.  El espectro azul volvió a pasar al gris, y a 460 metros Beebe vio un nuevo pez, de mas de medio metro, con aletas como “velas fantasmales”.  Con su sagacidad imaginativa, lo llamó “velapálida”.

La sirena del remolcador anunció una nueva marca al llegar la batisfera a 700 metros.  Pero la inmersión continuó.  A 760 metros, dur{tnte media hora de descan so, Beebe vio en el haz del fanal “un extraño cuarteto” de peces que llamó arcoiris abisales.  Medían diez centímetros y nadaban en formación cerrada, casi verticales.  Tenían mandíbulas y cabezas carmesí, cuerpos de opulento azul y colas amarillas.  Beebe señaló el despilfarro que representaba la exhibición de tan vivos colores en la negrura eterna de las profundidades.

Después de una prolongada sesión fotográfica, los exploradores se sintieron cansados y pidieron que los subieran a la superficie.  El momento fue oportuno, ya que a 580 metros apareció un extrardinario pez en forma de hoja.  Tenía el cuerpo plano y pardo tachonado de hileras de luces amarillas y moradas.  Beebe lo llamó “pez constelación de cinco líneas” y lo tuvo por “una de las cosas más encantadoras” que había visto.

La inmersión final y más profunda de Beebe y Barton juntos en la batisfera fue cuatro días después, la mañana del 15 de agosto de 1934.  Bajar sólo para superar marcas no tenía sentido para Beebe.  Su única ambición era descubrir nuevas especies y observar comportamientos insólitos. A 510 metros, éstos no faltaron: “Vi un animal de varios centímetros de largo precipitarse contra la ventana, volverse y estallar.

A la luz del destello, tan intenso que me iluminó la cara y el borde de la ventana, vi el gran camarón rojo y el líquido ígneo que derramó … Es bien sabido que distintos camarones de las grandes profundidades se defienden así … Es la versión abisal de la cortina de protección de tinta del pulpo en la superficie.”

A 745 metros, el explorador se sorprendió al ver una masa confusa de unos 6 metros pasando tranquilamente al final del haz del reflector.  Beebe supuso que debía de ser un miembro pequeiío de la familia de las ballenas, capaces de “una adaptación química en la sangre que les permite descender más de kilómetro y medio y volver a subir sin padecer por el cambio de presiones”.

Barton, que no vio la ballena, no tardó en hacer un descubrimiento por su cuenta: el primer Stylophthalmus vivo, “uno de los más notables peces de las profundidades”.  Tiene los ojos alojados en la punta de pedúnculos periscópicos que miden casi la tercera parte del cuerpo.

A las 11:12 a.m. la batisfera se detuvo al fin a 923 m. Beebe y Barton estaban a casi un kilómetro de profundidad, marca que tardó 15 años en ser superada, por el propio Barton.  Beebe, pensativo en el interior de su esfera, sentía a través de la absoluta negrura circundante la pureza de las aguas y adivinaba una analogía entre los cuerpos luminiscentes de las profundidades del mar, y los planetas, soles y estrellas en el espacio.