Dos Grandes Artistas

Biografía de San Agustín Filosofía Para la Teologia Cristiana

Biografía de San Agustín
Padre de la Iglesia Cristiana

San Agustín (354-430), teólogo cristiano, el más grande de los padres de la Iglesia y uno de los más eminentes doctores de la Iglesia occidental. Elaboró un método sistemático de filosofía para la teología cristiana. Enseñó retórica en Cartago, Roma y Milán antes de bautizarse en el 387. Sus discusiones sobre el conocimiento de la verdad y la existencia de Dios parten de la Biblia y los antiguos filósofos griegos. Defensor enérgico del cristianismo, san Agustín elaboró la mayoría de sus doctrinas resolviendo conflictos teológicos con el donatismo y el pelagianismo, dos movimientos heréticos cristianos.
san agustin
San Agustín (354-430), teólogo cristiano, el más grande de los padres de la Iglesi.

SAN AGUSTÍN (354 – 430): Aurelio Agustín nació en Tagaste (Numidia) el 13 de noviembre de 354. No hay que exagerar su africanismo para explicar convenientemente su apasionamiento y su fogosidad verbal. El mundo púnico, al tiempo de su nacimiento y formación primera, estaba completamente romanizado y Agustín fue entonces —y lo sigue siendo hoy — un occidental neto, en el sentido convencional que a este calificativo se atribuye. Su personalidad constituye algo irrepetible, único, que sólo puede explicarse, si es que puede, desde dentro de sí misma.

La auténtica semblanza de su espíritu ha sufrido grave deformación, aunque ello suene a paradoja, gracias a su perenne actualidad. Aparte el saber teológico y filosófico, Agustín ha proporcionado el bisturí para calar la entraña del hombre eterno y la lámpara para iluminar sus problemas de siempre. Y hoy tendemos en exceso a encarnar hombre y problemas en encarnadura contemporánea que, a las veces, no le cae demasiado bien.

No se suele parar mientes, en cambio, en el hecho de que el valor de la psicología agustiniana y la razón excelsa de su profundidad estriba en ajustarse de modo cabal a su tiempo. Entre otras cosas, Agustín fue — y pretendió serlo — un maestro del vivir; las cuestiones a que se volvió le hacían sangrar; fue apóstol tanto como pensador y su pensamiento se nutrió esencialmente de ese ir resolviendo los problemas cotidianos de sus ovejas y de la Iglesia católica, a la que sirvió (recalquemos esta expresión) como pastor «a fortiori».

consagracion de san agustin

Consagración episcopal de San Agustín. Pintura de Jaume Huguet. Museo de Arte de Cataluña. Barcelona. — La figura más admirable de la pintura catalana del siglo XV es Jaume Huguet, hijo del también pintor Pere, natural éste de Valls. Se ignora con exactitud la fecha en que nació Jaume. Pero en 1455 ya era pintor maduro y bien cotizado en bolsa monacal y diocesana. A su favor, muchos valores: el juego excelente de las luces y los colores, y la disposición magistral de las escenografías para cada acto, para cada retrato, para cada función “de conjunto”. Jaume Huguet abrió taller propio en Barcelona y tuvo muchos y buenos discípulos, algunos de los cuales colaboraron con él y aun se hicieron confundir —en sus obras— con el maestro. Una de las mejores, y últimas obras de Huguet, es esta Consagración episcopal de San Agustín. A pesar de su exceso en los elementos puramente decorativos —oros, brocados, paños, relieves— es seductora en su evidente monumentalidad; y algunas cabezas, de dibujo perfecto y de gran carácter, recuerdan las creaciones del lusitano Ñuño Gongalves.

Por ello escojo, entre la abundante iconografía que el arte nos ha servido, la imagen más modesta y también más próxima: aquel fresco lateranense del siglo VI que nos presenta a un asceta consumido por su propio espíritu, enjuto y cuellilargo, algo calvo, ceñido por túnica algo más austera que la ciceroniana, quizá menos que la que en realidad le cubriera, que, con mano larga y afilada nos muestra, abierto de par en par, el gran libro de la Sabiduría divina.

Su mundo es un mundo tormentoso. El Imperio se ha acogido, como a un clavo ardiendo, a la Iglesia de Roma. Ha perdido, por el contrario, el dominio efectivo sobre el sutil Oriente y se ve acosado por el bárbaro, cada vez con más insistencia.

Es un universo cuya universalidad va a cambiar de signo precisamente por haberse aferrado al de la Cruz. La Iglesia, salvo en lo que ella misma se ha «constantinizado», es la única fuerza creadora que en él pervive; por eso, como un sarampión de espiritualidad, le brotan a diario las herejías. La santidad de los inteligentes sabe, empero, sacrificar su propio impulso a la unidad necesaria, puesto que Dios es uno.

En lo temporal ha llegado la hora de la reflexión, de buscar en el pasado la coherencia necesaria entre los hechos para preparar, a su vez, el futuro: señal irremediable de decadencia; los sabios del tiempo —filósofos de la Historia— transformarán la decadencia en crisis. Y de la crisis —y de la mano de Agustín, santo y sabio — brotará Europa.

Pero también es difícil su contorno particular. El padre de Agustín, Patricio, es un burgués de los estratos bajos, cargado de responsabilidad pública y ligero de medios económicos. Acaso es un hombre vulgar, honrado. El hijo le reprochará, ásperamente, sus frecuentes violaciones de la fidelidad conyugal. Pero, ciertamente, se ha sacrificado por dar al hijo una formación literaria, apta para «triunfar»; no ha llegado a conseguirlo y sólo mediante la ayuda de un amigo generoso, Romaniano, esos estudios pueden proseguir hasta los diecinueve años del mozo.

La madre, Mónica, ya es sabido, es una Santa con mayúscula. Su santidad, tan difícil de entender en muchos aspectos para nuestra mentalidad, queda al abrigo de toda duda, en la entrega al marido (de quien consiguió el bautismo «in articulo mortis») y al hijo, sobre todo a éste. Quien atribuyó a las lágrimas de la madre — ya sus oraciones — una gran parte de su enderezamiento a Dios.

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Retablo de San Agustín (detalle) de Jaume Huguet. Museo de Arte de Cataluña. Barcelona. — Entre las pinturas más admirables de Jaume Huguet están: Retablo de San Antonio Abad —que estuvo en Barcelona y quedó destruido durante la revolución de 1909—; Retablo de los revendedores, para la barcelonesa capilla de la iglesia del Pino; Retablo de los Santos Abdóny Senén, en la iglesia de Santa María, de Tarrasa;y este grandioso Retablo de la Consagración episcopal de San Agustín. A mi juicio, lo más sorprendente de los pintores del medievalismo gótico, dentro y fuera de Cataluña, fue su capacidad asombrosa de auténticos directores de escena. Saben perfilar los fondos, bambalinas y bastidores; saben colocar a los actores en armonía con los objetos; saben combinar los colores sin hacerles perder su exquisitez de miniaturas para antifonarios y códices. Cada uno de los retablos de Jaume Huguet nos parece como si acabara de alzarse el telón de boca para iniciarse la representación.

En un medio familiar así, se comprende bien que un joven desordenado y ardiente no pudiera entregarse nunca a la vida sin remordimiento. Su fruición, por ello, no sería nunca gozosa. Aunque conviene, desde ahora, colocar ese «desorden» en su debido lugar.

Primeramente, porque Agustín fue siempre un gran estudioso y un buen estudiante. Y en el centro de su inquietud estaba, por encima de toda otra cosa, el saber; sus mismos extravíos lo revelan. A sus diecisiete años, comienza una larga relación íntima con una mujer cuyo nombre no ha llegado a conocerse y que, de inmediato, le entrega un hijo, Adeodato (regalado por Dios: nombre significativo).

Le es absolutamente fiel y su recuerdo constituye una amarga espina que no logrará arrancarse jamás. Dados los valores sociales en uso, es posible aventurar que, si no casó con ella, fue debido a su baja extracción. No cabe duda de que Agustín sintió la lanzada de la carne, como la de la vanidad; pero tampoco, de que no vivió ni para una ni para otra.

Desde esa primera juventud descubrió que la esencia de la vida consistía en un deseo de amor y de ser amado (Confesiones, II, 2). Y el desorden, acaso, en entregarse sin la suficiente discriminación, a los mil rostros con que el amor se aparece. De estas entregas le quedaba la amargura de no haber topado con el verdadero, porque, como diría él mismo, en anhelo que hoy es patrimonio de la Humanidad: «nos creaste para Ti, Señor, e inquieto está nuestro corazón hasta que no descansa en Ti».

Intuitivamente por lo menos, se percató Agustín de que en el amor se hallaba la clave del conocimiento. Tras su conversión supo ya que Amor, Fe y Conocimiento no se encierran en un círculo intelectual sin salida, sino que se implican y se enriquecen mutuamente, hasta llegar al Sumo Bien.

Mientras llegaba el momento cumbre de desagarrarse ante la gran Evidencia, Agustín estudió. Es sabido que los historiadores atribuyen a la lectura del Hortensio, de Cicerón, el despertar intelectual de Agustín. Mas su inteligencia despertó, con toda seguridad, con el primer vagido. La retórica del enrevesado tribuno le impidió, de momento, tomar contacto fecundo con la sencillez de que la verdad se reviste. Y no es, acaso, erróneo pensar que el pasaje de San Pablo que volvió su alma del revés, al condenar «las comilonas y embriagueces», venía a condenar, en lo hondo de su espíritu, esa embriaguez de palabras que oscurecía la preciosa luz del día.

En Tagaste, al principio, luego en Madauira, por fin en Cartago, Agustín, que jamás tuvo contacto directo con la filosofía griega, por desconocer esa lengua, asimiló el pensamiento romano, a través de comentaristas y glosadores de segunda o tercera mano. Sus ojos quedaron deslumhrados, en un primer momento, por el oropel, que le empujó, literalmente, hacia el maniqueísmo.

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San Agustín enseñando en su cátedra. Siglo XV. Escuela de los Sansereninos. Pinacoteca Vaticana. Roma. — Deliciosa pintura. Seductor argumento: San Agustín, investido de toda su seriedad doctrinal y docente, preside, como si dijéramos vulgarmente, una clase nocturna para adultos. En esta obra de arte no sabemos qué admirar más: si el cuchicheo y ciertos gestos distraídos de algunos de los alumnos, ya más que creciditos; si la soberana tranquilidad del prelado de Hipona; si la finura y la gracia de la composición de la escena. Sumadas estas admiraciones en la mente del contemplador, queda en su memoria la perdurable visión de la más pura y sencilla escenificación y fórmula de la decisiva enseñanza; aun la de temas tan impresionantes como el de la gracia o el libre albedrío. (Porque el hecho de que algunos alumnos estén papando moscas, es excepción de todos los tiempos.)

Aquella extraña religión, sincrética de Cristo y Zoroastro, sin ningún rigor lógico ni humano, daba explicación sustancial al mal del mundo en un tono brillante y, sobre todo, misterioso, que forzosamente había de hacer más mella en el joven deslumhrado, que la escueta relación bíblica, en la que un Dios todopoderoso y extrañamente cruel sembraba, sin razón aparente, bien y mal a troche y moche. Sin contar con que, dando al mal un cuerpo y una fisonomía concreta, aliviaba grandemente el peso de los remordimientos por una existencia demasiado libre.

A los veinte años, Agustín, fiel a su vocación, comienza su carrera de profesor: unos pocos meses en su ciudad natal y casi diez años en Cartago. Fue, indiscutiblemente, un maestro excelente, de esos que, ganada la confianza de sus discípulos, los arrastran en pos de sí adonde quiera que se dirijan.

Y, en efecto, arrastró a muchos hacia el maniqueísmo, de donde luego hubo de rescatarlos con trabajo y pena y, desde luego, con gloria. Porque ya en esta época andaba muy tibio en el maniqueísmo. Su contacto con Fausto de Milevo, gloria de la secta (hacia el 383), le persuadió de la vaciedad absoluta del dualismo básico de Bien y Mal. Su intelecto se había empachado ya de esoterismo y fórmulas mágicas; la poesía auténtica debía descansar en la verdad sin mácula.

Pasó, a fines de 383, a Roma, lo que suponía un paso de gigante en su carrera. Y más aún, la obtención, al año siguiente, de la cátedra — dotada con fondos municipales — de retórica, en Milán, residencia del emperador y cabeza del Imperio de Occidente. Mónica le había empujado hacia allí, por su parte, no sólo para cortar de raíz sus relaciones con la concubina, sino para sumergirle en la influencia benéfica de San Ambrosio, obispo de Milán.

Hay que suponer que, efectivamente, esta influencia se ejerció con fruto. Pero no de la manera directa y personal que suele creerse. Agustín, al oír al obispo, comprendió que la religión católica no era un simple credo, propio para almas de pocos vuelos. Ambrosio y sus amigos le convencieron que con su fe podía erigirse nada menos que toda una ciencia. Pero el profesor númida tuvo pocas ocasiones de acercarse al hombre eminente; su timidez (envés hondo de su orgullo) impidió toda intimidad.

Por lo demás, su espíritu estaba ya maduro para dar el gran paso. No eran ya razones doctrinales ni de principio su obstáculo; se trataba de la gran cuestión de renunciar de lleno a su triunfo en el mundo, a sus aspiraciones intelectuales (que empezaban a apreciarse con asombro en su derredor), puesto que rechazaba todo término medio.

Y sin embargo, dio el paso, aceptando sus inabarcables consecuencias. Tenía treinta y dos años. Fra Angélico, desde el Museo de Cherburgo, nos sigue contando la escena. Pasea con Alipio, su gran amigo, por un jardín recoleto, melancólico y sombrío; se adelanta unos pasos, buscando al dueño de una vocecita misteriosa que le ha susurrado en correcto latín: Tolle, lege. Pero no encuentra sino una luz misteriosa que le hace caer de rodillas y cubrir su rostro con ambas manos. Porque Agustín ya sabe lo que es aquello; y probablemente sabe de antemano lo que va a encontrar en el libro con que primero tope: «Revistámonos de Nuestro Señor Jesucristo y no tratemos de dar satisfacción a los deseos de la carne» (Romanos, XIII, 13).

Agustín termina su curso de Retórica. Se embebe más aún en el neoplatonismo de Plotino y Porfirio, que llegan a través de las versiones latinas de Mario Victorino, otro africano, y que suponen para la Iglesia de entonces lo que en el siglo XIII significaría el redescubrimiento de Aristóteles. Mas, apenas se inician las vacaciones, se retira a Cassiciacum y se prepara a recibir el Bautismo y a organizar una vida de plena dedicación a Dios, en régimen monacal. Allí redacta sus Diálogos, que conservan de Cicerón únicamente la forma expresiva. Son alegatos contra los maniqueos, pertrechados en Platón y en los ambrosianos.

Recibió, por fin, el Bautismo, con su hijo Adeodato y su fiel Alipio. Cuando se disponía a embarcar hacia África, en el puerto de Ostia, finalizó la dura tarea terrena de Mónica, bien lograda por cierto.

En Tagaste, rotas todas las ligaduras del pasado, organizó una especie de monacato intelectual, en cuyo centro estaba la exigencia de su hallada vocación de escritor al servicio de Dios. Pero Dios le exigió, a su vez, un nuevo sacrificio. En 391 y por aclamación popular, fue nombrado obispo coadjutor de Valerio, anciano pastor de Hipona. Y a la muerte de éste, en 396, recae sobre su ideal de filósofo de Cristo, el peso de toda una diócesis, la predicación incesante, el consejo, la sentencia imparcial.

La Iglesia le llama para combatir nuevas herejías. Agustín accede por amor de Quien le ha elegido. Pero no renuncia a su obra, persuadido como está de que ella constituirá su gran servicio. Va madurando con lentitud y firmeza; su hilo conductor, la progresión de su espíritu, permite brotes prodigiosos, como lo son los Sermones, las Epístolas, o las Enarraciones sobre los Salmos, cuyo origen es, en la mayoría de los casos, circunstancial, pero que llevan a la ocasión toda la profundidad del espíritu que los concibe.

Al propio tiempo, en disputa con los nuevos herejes, donatistas y pelagianos, se va depurando el arsenal de su apologética y precisando los grandes temas de su meditación: Gracia y predestinación ; pecado original y mal; el alma humana.

Conviene detenerse un momento en estos temas, en su sentido profundo dentro de Agustín y en el que luego les ha cabido en la tradición agustiniana.

En disputa con los maniqueos, Agustín ha llegado a percatarse de que el mal no es una substancia. Es, por así decirlo, un vacío de bien. Algo que debía estar repleto de bien y aún no lo ha conseguido. En cambio, cuanto existe es bueno, como creado por Dios. Así se conciba la noción de un Dios suma bondad con la efectiva existencia del mal en el mundo; mal que proviene del pecado, libremente aceptado por el hombre, incluso en su faceta de pecado original.

Por su parte, Pelagio, monje británico de una rectitud moral a toda prueba, había desembocado, acaso cegado por esta misma ascesis que él había logrado para sí, en una negación de la Gracia santificante y redentora. El libre albedrío del hombre, don divino, desde luego, puede por sí mismo conseguir la plena imitación de Cristo.

Agustín se ve obligado a aquilatar la esencia de esa Gracia y a dilucidar su papel esencial en la Redención. ¿Caerá en una defensa de la predestinación a ultranza? Los jansenistas, los pascalianos, que se proclaman seguidores suyos, así lo han creído. Sin embargo, en Agustín juega la baza esencial el amor divino, siempre hallado por el hombre que lo busca.

En la inmensidad radical de ese Amor, ha de hallarse la solución a ese gravísimo interrogante. La fe es, pues, operante. Y, desde luego, racional. Crede ut intelligas, esto es, sin duda, básico; pero a la vez intellige ut credas, puesto que la chispa de adhesión inicial engendrará un nuevo conocimiento y éste un nuevo pasmo ante el misterio inaccesible (y aquí es patente la discrepancia con el «embrutecimiento» pascaliano). La existencia humana se teje en la fe, el conocimiento y el amor. Y en ese tejer continuo, resplandeciente de obras, debe reposar — si es admisible este reposo paradójico — la esperanza definitiva.

Agustín se ve compelido, en esta tremenda disputa, a averiguar lo que, en realidad, es el alma humana. Su problema divino absorbe todo. El Alma y Dios. ¿Nada más? «¿Os parece poco?» Ya estaba dicho en las Confesiones. Nada importa al hombre sino encontrar al Dios que lo hizo y descansar en El. Y Cristo lo había anticipado: quien quisiera salvar su vida la perderá. Así pues, el drama de la redención contempla a las almas.

El mundo es, primordialmente, un obstáculo. De aquí que el «desprecio del mundo» haya querido encontrar un patrono de excepción en el Doctor africano. Y, sin duda, con acierto. Pero no podemos desligarnos aquí tampoco de la circunstancia personal agustiniana, pues para él — ya lo vimos — fue efectivamente el mundo el gran obstáculo, en sus problemas pequeños y en sus grandes lazos. Mas, no cabe duda, lo amó profundamente. Y, evidentemente, comprendió su belleza y comprendió — menos que San Pablo— los «poemas de Dios». Todos, empero, se absorbieron en el alma, perseguidora y perseguida por su Creador.

La encarnación de estas poderosas cuestiones en un hombre concreto, palpitante y nostálgico, es el nervio de las Confesiones. Y éste es el sentido de su humanismo. Su ir al fondo de la cuestión ha servido para apoyar tesis meramente psicológicas. Su escalpelo de las pasiones, del olvido, de la memoria, están ahí al servicio de todos los investigadores, cualquiera que sea su punto de partida y el momento o plano en que decidan detenerse. Su razón profunda es la de la profundidad divina del alma humana, cifra de la creación.

Las Confesiones (397-399) con las Retractaciones (427) son la carne viva de toda la filosofía y teología agustiniana. Allí está su porqué y su para qué. Todo en Agustín es hombre, porque todo es alma. Y no hay sino alma, porque la suya — y las de todos los hombres — busca a su Creador para descansar.

De su época de episcopado, época inquieta, con poco ocio intelectual (Concilios de Cartago — 409 y 419 —; de Milevio — 416 —) quedan, como condensaciones formidables de su actividad alucinante, tratados dogmáticos (De Trinitate, terminada en 419); comentarios a libros sagrados (Los seis dedicados al Génesis — 398 a 414 —; los 124 sobre el Evangelio y Primera Epístola de San Juan —415 y 416—). Queda, sobre todo, un empeño único, de gestación laboriosa, distinto a todos los demás por su origen — otra vez, puramente circunstancial —, por los motivos que fueron preñando su desarrollo.

Y sobre todo por su destino, ya que fue esta empresa la que desligó al pensamiento agustiniano de su creador histórico y lo convirtió en patrimonio de ese agustinismo que tantas veces ha olvidado lo que fue el hombre: los veintidós libros de la Ciudad de Dios, escritos desde 412 a 427, de los que puede decirse, ante todo y sobre todo, que son la raíz nutricia de Europa.

En 412, se puso Agustín a la tarea de demostrar que la invasión de Roma por las hordas de Alarico no había sido venganza de los dioses postergados al Crucificado hebreo. Un análisis a fondo de los hechos venía a comprobar que la «paz romana», poseída de su invulnerabilidad, era, por el contrario, sumamente corruptible y que únicamente por su aceptación del Cristianismo, pudo subsistir tanto tiempo desde que se iniciara la efectiva decadencia. Sólo subsistirá, concluye Agustín, la ciudad fundada en el amor de Dios hasta el desprecio de sí misma.

Por tanto, es preciso que la ciudad que «peregrina» hacia Dios, en el tiempo, funde en El su constitución. Y que su príncipe sea como el gestor de un quehacer temporal, pero trascendente. La ciudad de Dios peregrina en unidad hacia Jerusalén, huyendo de Babel («confusión», frente a unidad).

Es fácil advertir estos rasgos en la construcción política de Carlo-mágno y del Sacro Romano Imperio. Y fácil rastrear en todo el patrimonio espiritual occidental esta base profunda del Cristianismo, convertido en motor y aglutinante histórico, precisamente por su significado ultrahistórico. El germen de toda Utopía — espécimen espiritual puramente europeo — está en esa noción de superar, por un ideal, la sujeción a espacio y tiempo.

Así, el llamado «agustinismo político» (Arquilliére) implanta a la vez, en la conciencia occidental, una preocupación primordial por el contacto entre presente y futuro.

En 427, cuando Agustín da cima a la visión increíble de la felicidad de los justos, sus fuerzas humanas tocan también sus últimas reservas. Debe resignar en Heraclio, su coadjutor, gran parte de las funciones pastorales. Cinco días a la semana podrá dedicarse a su obra escrita, sin otra tarea ni responsabilidad…

El camino queda despejado y claro. Agustín entra por él con toda abnegación y sin reserva. Pero sería erróneo suponer que su conversión es fulminante; que su paso de la noche a la luz se hace en un instante. Muy al contrario, la nueva luz encontrada ilumina, más a lo crudo, la magnitud de las cadenas del hombre. La última, la más pesada, la constituye el propio mundo que le rodea, en suma, la soberbia de la vida. Habrá que despojarse de ella sin dejar siquiera un rescoldo en el alma…

En 28 de agosto de 430 (día que la Iglesia le consagra) fallece. Unos meses antes los vándalos han llegado hasta su Numidia natal. El arrianismo que traen consigo se ha ahorrado un eximio debelador.

Ver: Obra Teológica de San Agustín

Fuente Consultada:
Enciclopedia Temática Familiar Grandes Figuras de la Humanidad – San Agustín- Ediciones Cadyc

Biografia de Francisco Javier Santo Jesuita Misionero Español

Biografía del Santo Francisco Javier

San Francisco Javier (1506-1552), religioso jesuita y misionero español, llamado el Apóstol de las Indias. La figura de San Francisco Javier está considerada por los historiadores como una de las más interesantes y sugestivas de todas las épocas. Es cierto. La vida del santo andariego, desde que inició su gran aventura en plena juventud, resulta apasionante por la extraordinaria fe y el gran espíritu que presidieron todos sus actos.

Nació el 7 de abril de 1506 cerca de Pamplona (Navarra) y estudió en la Universidad de París, donde conoció, en 1529, al asceta español Ignacio de Loyola, al que se unió en 1534 para fundar la Compañía de Jesús. En 1537, año en que se ordenó sacerdote, se convirtió en primer secretario de la Compañía.

Como miembro de la Compañía de Jesús, empleó las lenguas y las costumbres nativas en su labor evangelizadora. Predicó en la India a partir de 1542 y, posteriormente, se trasladó a las islas Molucas, Ceilán y Malaca. Durante su estancia en Japón (1549-51) fundó diversas comunidades. Murió camino de China. Es el patrono de las misiones. Escribió Epístolas.

Francisco Javier

“Español auténtico, navarro de recio temple, jesuíta de la primera hornada, hombre esforzado y tenaz, apóstol de Oriente, vagabundo de todos los caminos, trotamundos infatigable, excepcional evangelizados fecundísimo misionero, titán de hazañas inigualables, aventurero de sublimes ideales, caballero andante de heroicas acciones, voluntad indomable, espíritu activo y arriesgado, hombre impetuoso y apasionado, inteligencia profunda, clara y muy viva, defensor acérrimo de los desamparados, alma de una generosidad ilimitada, ejemplar capitán de milicias espirituales, incansable predicador de la verdad en regiones lejanas e inhóspitas, tesonero luchador, sacerdote de corazón alegre, juvenil y humilde, carácter fuerte como la roca, penitente duro y áspero, místico soñador, y amigo de todos los peligros. Éste fue San Francisco Javier. Un Santo, como dicen muchos, muy a la española.”

Fuente: Celebridades Biblioteca Hispania Ilustrada Editorial Ramón Sopena

El 25 de octubre de 1619, el papa Pablo V beatificó a Francisco Javier. Y el 12 de marzo de 1622, el papa Gregorio XV le elevó a los altares, al mismo tiempo que a San Ignacio de Loyola, el maestro del apóstol, y a otros santos.

castillo donde nació francisco javier

Vista aérea del castillo de Javier, lugar de nacimiento de san Francisco Javier, situado en el extremo oriental de la Comunidad Foral de Navarra, próximo al límite con Aragón. El castillo de Javier, uno de los más pequeños y modestos de los muchos que esmaltaban la superficie de la España de entonces, considerado como un diminuto y casi insignificante guardián del paso hacia los Pirineos, superó en mucho la fama de sus otros hermanos mayores.

Escalera interior del castillo

Escalera interior del castillo en donde vivió Francisco Javier

PASAJES DE SU VIDA Y OBRA:
Francisco Javier comienza sus estudios en la Universidad de París:

En el mes de septiembre de 1525, Francisco de Jassu y de Azpilcueta, llamado Francisco Javier, cruzó la frontera de los Pirineos a lomos de su caballo, camino de la capital francesa. Con aquella marcha daba su adiós definitivo al castillo de Javier y a todos los suyos, pues nunca más volvió a verles. La buena doña María de Azpilcueta murió cuatro años después de la marcha del joven Francisco, y con esta muerte, el estudiante se sintió todavía más desligado de los suyos de lo mucho que ya lo estaba.

A pesar de que el viaje desde Navarra a París debió ser interesante, Francisco no dejó escrita ninguna referencia sobre él. Con ánimo bien dispuesto y ansioso de saber, dejó atrás su patria a la que siempre tuvo muy presente en su corazón, para mirar de frente el nuevo camino que se le abría. Con aquel adiós a Javier se cierra el capítulo más oscuro, menos conocido, de la vida de Francisco.

Francisco Javier inicia una relación con Ignacio de Loyola:

El día 2 de mayo de 1528 llega a la misma Universidad de París un español de treinta seis años, rubio, cojo que había hecho un largo camino desde la ciudad de Barcelona, ese español era Iñigo de Loyola, nombre que mas tarde cambiaría por Ignacio. Desde el mismo momento que conoció a Francisco notó las aptitudes de este como ayudante en sus planes religiosos, pero Francisco no tenía oídos para sus proyectos.

Ciertamente, Francisco no gastaba ningún miramiento con su compatriota, pero éste sabía callar y esperar. Ignacio nunca se enfadaba ni se molestaba, ni siquiera se entristecía por la actitud de Francisco. Estaba seguro de que algún día el incrédulo acabaría por creer, de que algún día se uniría a su causa, y de que juntos harían grandes cosas. Por eso no desmayaba ni cejaba en su empeño, e ignorando las burlas y sarcasmos del compañero, proseguía la tarea de atraérselo. Se dice, aunque no se tiene prueba de ello, que Iñigo disparaba una y otra vez en los oídos de Francisco: «¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si pierde su alma?.» Y se dice también que al cabo ésta fue la máxima que presidió la obra de Francisco Javier.

Francisco Javier es Convertido a Jesuita:

Después de cinco largo años de reuniones, debates y cuestionamientos, Loyola logra convencer a Francisco. Poco después de haber pronunciado el triple voto (castidad, pobreza y peregrinación) , Francisco Javier se dispuso a realizar los «Ejercicios Espirituales». Se retiró a un lugar de las afueras de París, que sólo Ignacio conocía, y allí permaneció aislado del mundo durante cuarenta días, dedicado a las más severas penitencias y a las más profundas meditaciones. Aquellos días en su solitario retiro, solo interrumpido por las consoladoras visitas de Ignacio, fueron días de una lucha agotadora, gigantesca, digna del alma vehemente y apasionada que albergaba el cuerpo de tan gran español. Tan duros llegaron a ser sus martirios, tratando de castigar sus pasadas vanidades como atleta, que sus compañeros temieron que se le tuviera que amputar por lo menos uno de los brazos, pero no fue así.

Cristo en el castillo de Francisco Javier

Santo Cristo de Javier que se encuentra en el castillo. Es del siglo XIII y según la tradición sudó sangre el día de la muerte de Francisco

EL PEREGRINAJE DE SU CADAVER: En un ataúd de madera recubierto de cal, fue enterrado el cuerpo de Francisco Javier y sepultado al otro lado de la isla, frente al mar, en tierra de gentiles. Y allí quedó en su tumba solitaria, marcada sólo por unas piedras que el buen Antonio puso para que el mundo supiese dónde descansaba el cuerpo frágil y fatigado del jesuíta.

Pasado el invierno, a mediados de febrero de 1553, el Santa Cruz se dispuso para regresar a Malaca. Ninguno de sus tripulantes había pensado ni remotamente llevarse el cuerpo del misionero. Pero el chino Antonio, devoto hasta el fin, insistió una y otra vez cerca del capitán, Y consiguió que el ataúd fuese desenterrado de la playa y trasladado al barco, el cual atracó en el puerto de Malaca el 22 de marzo.

El recibimiento dispensado a los restos mortales del apóstol fue conmovedor y unánime. Una inmensa multitud le acompañó hasta la iglesia de Nuestra Señora del Carmen, donde tantas veces había resonado su voz. Se celebraron solemnes oficios por su alma, y se dio cristiana sepultura a su cuerpo, revestido de ropas sacerdotales, en una fosa cavada en la roca, detrás del altar mayor. Sin ataúd, en contacto directo con la tierra, sólo el rostro protegido por un lienzo blanco.

El 15 de agosto de 1553, cinco meses después de ser sepultado en Malaca, en esa fiesta de la Asunción que tan significativa fue en su vida, el fiel amigo del apóstol, Diego Pereira, y el heroico padre Juan de Beira se llegaron secretamente, por la noche, hasta la tumba de Francisco Javier.

Ayudados por unos hombres leales y a la luz de una linterna, desenterraron el cuerpo querido y comprobaron que estaba intacto, como dormido, con los colores de la vida en su rostro. Los dos amigos, llevando a extremos su devoción por el muerto, decidieron que la tierra pobre de Malaca no era digna de albergar en su seno aquel cuerpo bendito. Tenían que trasladarlo a Goa.

Rellenaron la tumba vacía. Y con el mayor sigilo y todas las precauciones, llevaron el cuerpo del misionero a casa de Pereira, donde lo encerraron en un féretro forrado de rica seda y cubierto de brocado.

El 11 de diciembre, cuando el apóstol ya llevaba más de un año muerto, el féretro con su cuerpo fue embarcado en un viejo barco que se dirigía a la India. Ni después de muerto pudo el eterno viajero librarse de las azarosas navegaciones y las más extrañas aventuras. Porque la travesía desde Malaca hasta Goa, con escala en Cochín, no fue precisamente tranquila. Y porque el hecho de robar su cuerpo de la tumba, guardarlo meses en una casa y embarcarlo hacia otro destino, todo en el mayor secreto, tampoco es una aventura corriente.

Goa recibió al apóstol muerto con una explosión de fervor y amor indescriptibles. El recuerdo del infatigable y andariego misionero sacudió el alma entera de la población, desde el virrey hasta el más pobre de los ciudadanos, y todos los pechos se llenaron de sollozos y los ojos de lágrimas.

Era la medianoche del 15 de marzo, Jueves Santo, cuando llegó a la playa, y era el amanecer del Viernes Santo cuando la multitud le dio su devota bienvenida, con un fondo de campanas al vuelo. Fueron cuatro días de incesante desfile ante el cuerpo incorrupto expuesto a los fieles.

Fueron cuatro días de respetuosa veneración y de escenas conmovedoras. Luego el cuerpo fue encerrado en una urna dispuesta por los jesuítas y sepultado en la iglesia de San Pablo, junto al altar, al lado del Evangelio. Pero tampoco allí el descanso terreno iba a llegarle, aunque él sí disfrutaba ya enteramente del descanso eterno y glorioso.

Sus reliquias fueron trasladadas de uno a otro lugar, en una peregrinación parecida a la que fue su vida. Era preciso examinarlas una y cien veces, para esclarecer los motivos de su incorruptibilidad. Por último, el cuerpo reposó tranquilo en la capilla donde actualmente se venera.

El 25 de octubre de 1619, el papa Pablo V beatificó a Francisco Javier. Y el 12 de marzo de 1622, el papa Gregorio XV le elevó a los altares, al mismo tiempo que a San Ignacio de Loyola, el maestro del apóstol, y a otros santos.

Por último, el papa Benedicto XIV proclamó al gran santo español, navarro de pro, patrón de la India y de todo el Este, y más tarde fue nombrado Santo Patrono de todas las misiones de la Iglesia católica.

Actualmente San Francisco Javier es venerado por todo el mundo, sin distinción de razas ni color ni religión. Él fue amigo de todos los gentiles, fue su apóstol, y todos los gentiles le tienen por un amigo aunque no se hayan decidido a abrazar la fe que él predicó con tanta ilusión Y no digamos de los cristianos, para los que San Francisco Javier es uno de los amigos más queridos, más sinceros, más propios. Es un símbolo, un ejemplo, un mito, una hermosa leyenda, una estrella.

 

Biografía de Monet Claude Pintor Impresionista Vida y Obra

Vida y Obra de Monet Claude Pintor Impresionista

Un frío día del otoño de 1840 nacía en París el segundo hijo de Adolphe y Louise-Justine Monet. Un día, el 14 de noviembre, que pasaría a la historia: Claude Oscar,  sería considerado el padre de un estilo artístico que legó algunos de los cuadros más bellos de la historia: el impresionismo. Parisino, sí, pero educado en la ciudad portuaria de Le Havre, adonde su familia se trasladó cuando Claude tenía 5 años. Allí, a la orilla del mar, se impregnaría del paisaje marino, de la brumosa luz del norte que tanta influencia tendrá sobre su obra.

Claude Oscar Monet  (1840-1926), pintor impresionista francés que llevó a su máxima expresión el estudio de los estados transitorios de la luz natural y se convirtió  más tarde en uno de los líderes del movimiento “Impresionista”

Nació en París el 14 de noviembre de 1840, su familia se trasladó a Le Havre en 1845 y creció sintiendo un gran amor por el mar y su ambiente. Esta fascinación quedó demostrada en muchos de los paisajes marinos que” pintó durante su vida.

Estudió dibujo en su adolescencia y pintó marinas al aire libre con Eugène Louis Boudin. Qunice años tenía este joven y ya era conocido como caricaturista en Le Havre. Allí le hacían encargos por los que recibía 20 francos.

Hacia 1859 había decidido firmemente comenzar su carrera de artista y para ello pasaba largas temporadas en París, en donde solicitó una beca de estudios en la Escuela de Bellas Artes de París. A los 18 años, sin saber que su solicitud de beca había sido rechazada, el joven ya era habitué en el ambierte artístico parisino, donde conoció a quien sería su gran amigo: el periodista y político Georges Clemenceau.

En 1861 fue llamado a realizar el servicio militar y asignado al cuerpo de caballería en Argelia, de donde regresó antes de tiempo, enfermo de fiebre tifoidea. Aunque breve, la experiencia africana fue importante: “Las impresiones de color que recibí allí —dirá luego— no iba a asimilarlas hasta más tarde, pero el germen de mi búsqueda ya existía”.

Nuevamente en París, Monet ingresó en el atelier de Charles Gleyre, donde conoció a Pierre-Auguste Renoir, Frédéric Bazille y Alfred Sisley Éstos fueron tiempos de gran apremio económico para el artista, pues su padre redujo y luego suprimió el apoyo.

Claude Oscar Monet Pintor Impresionista

MONET CLAUDE OSCAR(1840-1926)- Claude Monet, quien fue más tarde uno de los líderes del movimiento “Impresionista”, nació en París el 14 de Noviembre de 1840. En 1859 Monet visitó París, donde trabajó en la Academia Suiza. Allí conoció a Camille Pissarro y se unió a la nueva ola de artistas que trataban de liberarse de las actitudes tradicionales en la pintura.En la década de 1860 se le asoció con el pintor pre-impresionista Édouard Manet y con otros pintores franceses que más tarde formarían la escuela impresionista: Camille Pissarro, Pierre Auguste Renoir y Alfred Sisley.

Después, en 1863, estuvo una vez más en París donde conoció a Renoir, Sisley, Cezanne, Whistler y Manet. En 1870, visitó Inglaterra donde hizo estudios más amplios de la luz al aire libre. Por esta época tenía una esposa y un hijo y su talento había sido reconocido, aunque en 1874, en la primera gran exhibición “Impresionista” de París, su obra fue atacada.

Fue uno de sus cuadros, llamado Impresión, que le dio a la Prensa una denominación convenientemente despreciativa para todo el movimiento. Más adelante Monet pintó una serie de impresiones del valle de río Sena, por las cuales es famoso, y continuó con la idea de estudiar un objeto particular bajo diferentes luces y ángulos.

Entre estas series están las de Los Álamos, Mañanas en el Sena y La Catedral de Rouen. Su interés en el arte Japonés le condujo a diseñar su propio jardín de aguas en Giverny, con un puente japonés. Este jardín fue el motivo de su trabajo en sus últimos años, y pese a su deficiente visión continuó haciendo estudios con él hasta su muerte, ocurrida el 5 de Diciembre de 1926.

CRONOLOGÍA POR ETAPAS DE SU VIDA:

1840-1858: Aunque nace en París, pasa su infancia en Le Havre. Allí destaca como caricaturista, y en el medio artístico de la ciudad conoce a Boudin, un paisajista que será su primer mentor.

1841-1843 Se populariza el uso de pintura al óleo envasada en tubos de estaño, lo que revoluciona las técnicas pictóricas y favorece a los paisajistas que trabajan al aire libre.

1858-1870: París: Decidido a hacer carrera como actor, se traslada a París donde, en la academia Suisse, coincide con los pintores que integrarán el movimiento impresionista. Conoce los primeros éxitos como pintor en los Salones de 1865 y 1866.

1870 Monet se casa con Camille La guerra franco-prusiana les obliga a refugiarse en Londres.

1871-1878: Argenteuil. Instalado en Argenteuil, se convierte en elgran aglutinador de los impresionistas, quienes realizan su primera exposición en 1874. Tiene su primer hijo con Camille Doncieux. Conoce a Alice Hoscliedé.

1874 Inauguración de la Opera Garnier, uno de los edificios más destacados del Plan Haussmann, que moderniza París poniendo fin a su trazado medieval.

1879-1880: Nace su segundo hijo y, poco después, muere su primera esposa. Monet vive con sus doshijos. Alice Hoschedé y los seis hijos de ésta. Su situación económica es, como siempre, apurada, pero sigue trabajando con absoluta pasión y la crítica empieza a reconocerle como el representante más destacado del movimiento impresionista.

1881-1882: Poissy: Esta población no le inspira tanto como lo hicieran sus residencias anteriores. Realiza numerosas expediciones de pintura para inmortalizar los paisajes de Dieppe.Varengeville, Pourvilleylos acantilados de la isla de Saint-Martín, además de sus cuadros de l’Etretat.

1882 El médico alemán Robert Koch descubre el bacilo de la tuberculosis. Al año siguiente descubriría el del cólera.

1883-1891: En Giverny establecerá su hogar definitivo, dando rienda suelta a sus dos pasiones: la pintura y la horticultura. El reconocimiento artístico viene acompañado de la bonanza económica.

1892-1898: Ruán: La década de los años noventa inaugura una nueva etapa dentro de su pintura, que da paso a las series. De éstas, una de las más famosas es la que dedica a la catedral de Ruán, que le consagra como pintor ante las nuevasgeneraciones.

1892 La muerte el año anterior de Ernest Hoschedé facilita que Monet y Alice regularicen su situación el 16 de julio.

1899-1926: Jardín de Agua.En sus últimos años trabaja con ahínco en la serie de las Ninfeas, que donará al Estado francés en 1922 ante la Insistencia de Clemenceau.

Monet participó en la revolución de la pintura de paisaje, practicada en lo sucesivo al aire libre mediante una ejecución rápida y en contacto directo con la naturaleza para preservar la espontaneidad del gesto, la fidelidad al motivo y la autenticidad de las impresiones transcriptas sobre el lienzo. Sus obras encuadradas, si no compuestas, y a menudo retocadas en el taller, no dejaban de expresar fenómenos atmosféricos transitorios y evanescentes. En efecto, además de los temas tomados de la vida moderna (cafés, diversiones, trenes), Monet se dedicó principalmente a pintar las aguas (mar y ríos), la nieve, el cielo y el aire, “lo que se encuentra entre el motivo y yo”, a saber, el efecto producido por la luz y la atmósfera.

SOBRE EL MOVIMIENTO IMPRESIONISTA:

Durante el último cuarto del sigloXIX, el realismo de Courbet, después de vivificar todos los géneros sobrevivió renovándose con la denominación muy acertada de “impresionismo”. El realista quería captar la realidad, el impresionista se conforma con anotar la impresión que recibe.

Atento a la apariencia, naturalmente tendía a considerar ante todo la luz, que es el elemento primordial en este dominio. El objeto   solo   es   una   pantalla  que   recibe   diversas luces; su color interesa menos que el de los rayos.

Los “impresionistas”, que salieron del taller donde Courbet pintaba aún objetos sólidos modelados por luces directas y sombras negras, captaron al  aire libre el cambiante desorden de los rayos solares, los múltiples reflejos que se mezclan, e incluso las “impresiones” de deslumbramiento y de irisación, todas las fantasías del dominio óptico que dependen tanto de las reacciones imprevisibles de nuestro órgano visual como de una realidad objetiva. Esa búsqueda de efectos, hasta entonces dejados de lado por considerarse que ocultaban la verdad de las cosas, ha llevado a  una  transformación  fundamental  de  la técnica de la pintura.

El arte pictórico eliminó deliberadamente lo esencial  de  lo  que  constituía  su ley desde el Renacimiento: el color local, la pincelada subordinada al modelado, la continuidad de los tonos y su sumisión al dibujo, el sacrificio de la forma   escultórica   al   juego   de   la  policromía.   Eí beneficio de esta conmoción fue la revelación de una naturaleza mucho más colorida, más tornasolada que ese universo usual que ha perdido la frescura debido a hábitos seculares.

Claude Monet nos ha mostrado que las viejas piedras de una catedral desgastada por el tiempo brillan bajo la luz como un torrente de pedrerías. El impresionismo renovó también nuestra visión de las actitudes de la vida. Degas no dejó de revelar aspectos de humanidad en los cuales no habían reparado las miradas. Es indiscutible que estos descubrimientos, amargos o divertidos y a veces indiscretos, han enriquecido nuestros juicios con matices irónicos.

obra de monet Impresion sol naciente

Impresión, Sol Naciente, una de las obras mas famosas de Monet

Cuadro mítico  del movimiento, quizás el más popular de la historia de la pintura: en 1874, Impresión, sol naciente hace su entrada en la historia. El público lo descubre en la primera exposición colectiva del Grupo de Batignolles. Existe constancia de la reacción que provocó en la prensa de la época. Leroy, de Le Charivari, titula su artículo «La Exposición de los impresionistas», y elige este lienzo como blanco preferido.

Para él «el papel pintado en estado embrionario estarnas acabado que esta marina». Por el contrario, Philippe Burty da las gracias a Monet «por captar impresiones tan fugaces». Armand Silvestre, otro amigo de los pintores, se aproxima a la visión de Monet, Pissarro y Sisley para explicar: «Sólo persigue un efecto de impresión, la búsqueda de la expresión se la deja a los apasionados de la línea.» Se comenta además la similitud de este lienzo con una acuarela.

En la actualidad se comprenden con más precisión las intenciones de este cuadro que el artista ejecuta en el hotel de l’Amirauté en Le Havre. El lienzo plasma el instante más fugitivo, cuando el sol emerge de la bruma.

El lienzo restituye exactamente el sentimiento de lo efímero ligado a una hora incierta de la mañana en que los humos contaminan el color de las nubes, y los mástiles se tifien con los colores del agua.

ALGUNOS PASAJES DE SU VIDA:

Con 26 años, luego de pintar otra de su grandes obras, llamada “Mujeres en el Jardín“, regresa a Honfleur y durante el invierno 1866-1867 crea sus primeros paisajes nevados con diferentes versiones de La carretera de la granja Saint-Simeón.

Obra de Monet Mujeres en el Jardín

En primavera, llega una decepción: el Salón rechaza sus obras, ya que el jurado considera su técnica demasiado brutal. Monet se dedica entonces, como Renoir, a pintar vistas de París, temas que deberían de venderse en aquel año de exposición universal.

Al mismo tiempo, viaja a menudo entre la capital, donde Camille está esperando un hijo, y Sainte-Adresse, donde su familia, que no quiere ni oír hablar de su relación sentimental, le brinda apoyo económico. «Tengo una veintena de lienzos que progresan a buen ritmo, unas marinas impresionantes, figuras, jardines, en fin, de todo», dice a Bazille el 25 de julio de 1867. Precisamente, Bazille será el padrino de su primer hijo, Jean, que nace el 8 de agosto; la madrina es la compañera de Pissarro.

El cuadro Barcos zarpando de los muelles de Le Havre destaca en el Salón de 1868, donde es admitido gracias al apoyo de Daubigny Zola subraya la modernidad y la originalidad del pintor en un artículo premonitorio: «No me preocupo por él; domará a las multitudes en cuanto se lo proponga.» Poco después, Monet pasa algún tiempo en una aldea a orillas del Sena, Glotón.

Obra de Monet Barcos Zarpando del Muelle de Havre

Barcos zarpando de los muelles de Le Havre fue comprado en la Exposición  Marítima Internacional por un familiar de Saint-Simeón, Louis-Joachim Gaudibert, yerno de un rico notario de Le Havre. Este primer mecenas del pintor le encarga unos cuantos retratos -Monet hace uno, magistral, de su mujer: La señora Gaudibert y le asigna una renta que le permite instalarse con Camille y Jean en Étretat.

Aquí pinta uno de los cuadros que anuncian mejor la inminente evolución de su estilo: Bennecourt, nombre de la aldea que se ve en la orilla opuesta del río, en la cual Daubigny atraca a menudo su barcaza taller, acompañado de Coroty Guillemet.

Viaje por Francia: Monet se instaló primero en lle-de-France (Bougival, Argenteuil, Vétheuil, Poissy), y luego en Giverny; también residió frecuentemente en el extranjero (Gran Bretaña, Países Bajos e Italia) y recorrió Francia de Norte a Sur, pintando el campo (serie de Almiareó, el valle de la Creuse), los puertos (Le Havre y Honfleur), la costa en Normandía (Etretat y Varengeville), en Bretaña (Belle-lle), en el Sur (Antibes) y, por último, los lugares destacados (la catedral de Rúan).

Siempre en busca de las transformaciones de un lugar por la luminosidad, las estaciones y el paso del tiempo, esbozó de este modo en su obra una imagen caleidoscópica del paisaje francés, y terminó incluso por encarnar la pintura francesa a los ojos de los extranjeros, en particular de los estadounidenses, que pronto se convirtieron en apasionados coleccionistas de sus telas asegurándole, así, renombre internacional.

Atento al paisaje: A lo largo de su vida, Monet visitó muchos pequeños poblados, fascinado por los paisajes y las vistas que capturaba para sus cuadros. De los pueblos portuarios tomó la esencia de los movimientos del agua, y de los rurales, las imágenes cotidianas del campo. Su residencia final, a la que dedicó años de cuidado y estudio, fue fijada en Giverny. En la primavera, numerosos turistas la visitan para apreciar las flores del estanque, aquellas que Monet Inmortalizó.

Ver Mapa Arriba: Los Caminos del Artista

6:Londres (1870 y 1888): Claude Monet y su mujer Camilie buscaron asilo en la capital británica durante la guerra franco-prusiana.

5-Étretat(1868): Gracias a una renta que recibe de su mecenas Gaudibert, Monet se instala junto a Camilie y su pequeño hijo Jean en este pequeño poblado de playas y acantilados.

1-París: En esta ciudad, donde nació y vivió durante largos períodos, Monet conoció la gloria como pintor en las exposiciones impresionistas.

9-Giverny (1883-1926): En esta pequeña comunidad rural, Monet estableció su residencia definitiva. Allí construyó su célebre jardín y vivió hasta su muerte, en 1926.

7-Argenteuil (1871-1878): En esta ciudad, situada a orillas del Sena y a pocos kilómetros de París, Monet realiza algunas de sus obras más características.

2-Le Havre (1845-1857): En esta ciudad portuaria pasó su infancia e ingresó en el medio artístico como caricaturista.

4-Honfleur (1863-1865): Esta pequeña ciudad fue retratada más de una vez por Monet, quién se mostró muy interesado por las vistas del puerto en la desembocadura del Sena.

8-Ruán (1892-1894): En esos años visita tres veces la capital de la Alta Normandía, donde se consagra a estudiar su catedral; así comienza una nueva etapa en su pintura, que tendrá gran aceptación en los ambientes artísticos parisinos.

1-Argelia (1861-1862): Se dirige a esta colonia francesa para realizar el servicio militar, y regresa antes de tiempo a causa de la fiebre tifoidea.

Con 31 años,  ya instalado en Argenteuil en 1871,Monet hizo de su casa un centro artístico de gran vitalidad. Allí perfeccionó su estudio de la relación entre la luz y las aguas, y comenzó a trabajar a bordo de su pequeño barco-taller, con el que se acercaba a las aguas del Sena para obtener vistas tan novedosas como originales.

Por esa época, Monet participó en la constitución de una sociedad de pintores, escultores y grabadores que se pronunciaron en contra de los dictámenes de los Salones y decidieron organizar una exposición independiente. Fue allí donde su famoso cuadro: Impresión, sol naciente, pasaría a la historia del arte por haber dado nombre a uno de los movimientos más importantes de la pintura occidental.

obra de monet

Almuerzo Campestre
Claude Monet, 1865-1866 (Fragmento central de la composición) Oleo sobre tela, 192 x 217 cm Colección particular Del motivo al taller. En esta obra, fragmento central de una composición inconclusa, el artista unió sesiones de pose al aire libre con el trabajo de composición y de ampliación en el taller. El espacio y la atmósfera resultaron de los efectos de luminosidad en el follaje, en los vestidos y en el mantel blanco que acompasaron la composición. La vida familiar. Monet pintó aquí un homenaje y, a la vez, un reto a Manet, y se orientó hacia la representación de la vida moderna: imagen de las distracciones, decorado natural, vestimenta contemporánea y simplicidad de la escena (actitudes y accesorios).

RSGATAS EN ARGENTEUIL Claude Monet, hacia 1872
Oleo sobre tela, 48 x 75 cm Museo de Órsay, París
Una precisión topográfica. Este boceto, realizado sin duda enteramente en el lugar, revela la atenta observación del artista, al Igual que las variaciones de intensidad y de cualidad luminosas según las zonas y la naturaleza de los objetos. La realidad y su reflejo, a través de una composición en espejo, coexisten en el plano del lienzo, fundidos en una misma gama cromática (azul-blanco, verde-rojo). La pincelada fragmentada disolvió con sus espaciamientos el contorno de los objetos.

Autorretrato

Alamos a orillas del Epte
Claude Monet, 1891
Oleo sobre tela, 80 x 92 cm Colección particular
El sentido del espacio. Monet
construyó un espacio cadencioso y ágil mediante un juego de líneas (verticales y curvas) donde los planos se escalonan y donde la mirada se pierde en el encogimiento de los árboles y sus límites confusos.
El trabajo en serie. Este lienzo pintado probablemente desde una embarcación, pertenece a una serie de veinticuatro variaciones sobre el tema de los árboles, de sus reflejos en el agua y de la transparencia del aire.

NENUFARES AZULES
Claude Monet, 1916
Oleo sobre tela, 200 x 200 cm Museo de Orsay, París
Inmersión en el color. Monet desplegó un conjunto de contrastes cromáticos: colores fríos interrumpidos por destellos de blanco, rosado y amarillo. La luz brota de la sombra con gran intensidad. Las pinceladas libres y largas se amoldan a las formas y tejen a superficie. Sin un horizonte, a mirada se pierde en la extensión del estanque de nenúfares que Monet creó en Giverny: un jardín que el pintor diseñó inspirado en el paisajismo japonés. El espacio autónomo en lo sucesivo, se concreta con trazos verticales y horizontales, y con juegos cromáticos que sugieren efectos de superficie y de profundidad.

Fuentes Consultadas:
Historia Visual del Arte Edit. Larousse La Nación Entrada: Impresionismo-Monet
Grandes Pinturas de la Historia Cuadernillo “Mujeres en el Jardín” MONET Editorial Clarín
Grandes Maestros de la Pintura MONET  Editorial SOL S.R.L.
Historia de la Pintura Louis Houticq Editorial Universitaria de Buenos Aires
Pintores Célebres Biblioteca Fundamental Editorial Ariel Entrada: Monet Claude Oscar

Florencia en el Renacimiento Política de Lorenzo Medicis

Historia de Florencia en el Renacimiento
Lorenzo de Médicis y Maquiavelo

A partir de 1300 se observan en Europa ciertas tendencias generales que marcan un nuevo giro, un interés reavivado por las tradiciones de la antigüedad clásica y un nuevo espíritu de humanismo en el manejo de los asuntos.

Florencia, ciudad-estado
El sistema feudal, que había sustituido al gobierno centralizado del Imperio Romano, empezó a perder terreno con el apogeo de las ciudades, donde existía una clase independiente de ciudadanos mercaderes y gremios de artesanos que estaba creando una nueva civilización.

El nuevo poder basado en la industria urbana estaba en cierto modo desplazando a los señores feudales del pasado. Italia, en su etapa de luchas entre el imperio y el papado, carecía de un gobierno central. Por ello, presenció el nacimiento de gran número de ciudades-estado, desde las insignificantes hasta las que alcanzaron importancia internacional. Entre estas últimas, Florencia fue una de las más destacadas.

Durante mucho tiempo Florencia ocupa un lugar preeminente en la historia europea, especialmente desde mediados del siglo XII hasta principios del XVI. Se vio envuelta en la lucha entre el papa y el emperador desde el siglo XI. Fue en ella donde las facciones rivales recibieron los nombres de güelfos y gibelinos a principios del siglo XII, aunque en esencia estos nombres familiares indicaban simplemente las fuentes de las que ambos partidos buscaban apoyo para sus propios intereses.

mapa de italia en el renacimiento

Hubo largas y complicadas luchas entre los dos partidos, y las alineaciones de las ciudades-estado y los grandes poderes cambiaban una y otra vez. Mientras tanto, Florencia obtuvo un gobierno republicano que sufrió muchos cambios, pero que se estructuraba básicamente en dos consejos, un organismo integrado por representantes de los gremios que cambiaba cada dos meses, un capitán, un magistrado imperial y un ministro de justicia. En la práctica, esta organización no era tan democrática como parece.

Los derechos políticos no llegaban de hecho a los estamentos más bajos, ni a los habitantes de las ciudades o distritos dependientes. En el siglo XIV Florencia se había convertido en un centro comercial poderoso, famoso por sus actividades bancadas internacionales y su industria textil, primero con la lana y posteriormente con la seda y el brocado. Sus conexiones con Oriente la ayudaron a prolongar su influencia cuando el Mediterráneo dejó de tenerimportancia económica.

En su política exterior, Florencia estaba en general enfrentada al imperio y por ello inició unas relaciones más estrechas con Francia, que durante mucho tiempo había apoyado a los papas contra  la  Alemania  imperial.

Lorenzo el Magnífico
En el siglo XV, la ciudad quedó bajo el control de la poderosa familia de banqueros de los Médicis, que ejerció un poder prácticamente absoluto. El más famoso fue Lorenzo (1449-92), que gobernó desde 1478 hasta su muerte. Su abuelo Cosme se había mantenido en el poder por medio de gobiernos provisionales de cinco años que elegían a todos los funcionarios y obedecían sus instrucciones. Lorenzo siguió el mismo sistema.

Lorenzo era el típico gobernante del Renacimiento: inteligente, versátil, enérgico, seguro de sí mismo, escéptico en materias religiosas y con la única idea de perseguir el interés del estado allí donde lo veía. Era entendido en las artes literarias y consciente de la evolución artística y científica de su tiempo; astuto y de múltiples recursos como hombre de estado, tan versado en la diplomacia como en la guerra, juzgaba a los hombres con sutileza y estaba decidido a consolidar la posición de su familia.

Por encima de todo, desarrolló una política que dio a Florencia un papel importante en el equilibrio del poder europeo. Lorenzo era una de esas figuras que trascienden a la pura vida humana que rigió los destinos de Europa durante el Alto Renacimiento. Por algo se le llamó «el Magnífico».

Cuando, a los veinte años de edad, tuvo que asumir la carga de la vida política, Lorenzo estaba algo reacio a renunciar a su libre existencia de amigo de los artistas y eruditos. Sin embargo, era demasiado listo para tratar de eludir su responsabilidad. Como él decía, «se puede malvivir siendo hombre rico en Florencia si no se tiene poder en el gobierno».

Su poder llegó a ser virtual-mente absoluto cuando, en 1480, sustituyó el consejo quinquenal por uno permanente integrado por sus propios hombres. Ello significaba el fin de las libertades democráticas del pasado, sustituidas por un despotismo firme, a veces benevolente.

Aunque Lorenzo no conocía freno en la persecución de los intereses de estado y se interfería en las vidas privadas de los ciudadanos cuando le parecía, durante su reinado se mantuvo el orden más que nunca. Ello favoreció enormemente la expansión de los negocios y la industria, así corno el estudio y las artes.

En realidad, en materia de status civil, los florentinos habían avanzado más que nadie hacia aquella igualdad pregonada por la Ilustración tres siglos más tarde, que se convertiría en el grito de batalla de la Revolución Francesa. Al principio, Lorenzo se enfrentó con el Papa Sixto IV y fue derrotado en guerra. Fue capaz de cerrar en parte esta brecha porque’ la amenaza de una invasión extranjera, por parte de Turquía o de Francia, hacía esencial la colaboración. En adelante se mantuvo en términos amistosos con Roma, asegurándose el capelo cardenalicio para su hijo menor, Giovanni, que más tarde sería el Papa León X.

En cuanto a Francia, su política era hipócrita. Se vio forzado a mantener relaciones cordiales, porque de ello dependía la prosperidad del comercio florentino en aquel país. Pero al mismo tiempo estaba decidido a no dejar entrar a los invasores. En 1494, dos años después de su muerte, se iniciaron una serie de incursiones francesas que debilitaron grandemente a Italia y acabaron dejando gran parte de la misma bajo la influencia de los Habsburgo españoles  durante  dos  siglos.

Cosme Médicis había estimulado la creación de una academia platónica en Florencia bajo la dirección de Ficino, el gran erudito y traductor de Platón. Lorenzo apoyó decisivamente la academia y fue amigo y mecenas de los eruditos, entre ellos de Poliziano y Pico della Mirándola. Florencia se convirtió en refugio de muchos eruditos griegos que habían huido tras la caída de Constantinopla, en 1453. Todas las grandes figuras artísticas de la época encontraron apoyo presto e inteligente en Lorenzo. Entre ellas se encontraban el arquitecto Alberti (1404-72) y los pintores Botticelli (1444-1510), Leonardo da Vinci (1452-1519) y Miguel Ángel (1475-1564).

obra: la primavera de botticelli

Para nosotros, la Primavera de Botticelli tiene una belleza serena y armoniosa, pero para Lorenzo Pierfrancesco, el joven patrono que la encargó, significaba mucho más. Venus, con sus guirnaldas de flores, simboliza la Humanitas, el ideal de todo el ser humano basado en las enseñanzas de la antigüedad.

Al mismo tiempo, la universidad de Florencia se convirtió en centro de un renovado espíritu de estudio clásico. El humanismo de este período no sólo inauguró el estudio de la filología clásica crítica, sino que también fomentó la producción de libros y la creación de bibliotecas, que promocionaron el aprendizaje en general.

Aunque el poder e influencia de la Iglesia seguía siendo importante, se formó una nueva actitud que estaba más acorde con el enfoque del pasado clásico. Puede decirse que la política nunca había estado realmente motivada por otra cosa que no fuera el interés, quizás en ocasiones bajo una delgada capa de aspecto cristiano.

Al llegar el Renacimiento, una fuerte tendencia secular invadió la propia Iglesia, que a su vez provocó el movimiento de reforma del siglo XV. Mientras tanto, Florencia produjo una notable figura de brillo momentáneo, peculiarmente fuera de su tiempo, en parte un místico medieval y en parte un profeta de reforma: el fraile dominico Savonarola (1452-1498).

vista de florencia en el renacimiento

Savonarola ejerció un considerable poder político en Florencia durante un tiempo, aprovechándose de la oportunidad para predicar el establecimiento de un estado cristiano ideal. Pronto se volvieron las tornas y fue torturado y quemado con otros dos dominicos  en  la  plaza  pública.

Este asceta osado e intransigente se oponía al racionalismo escéptico de la época y al lujo terrenal de la cultura contemporánea. Condenó, en particular, la tradicional magnificencia de la corte papal. Savonarola fue llamado al lecho de muerte de Lorenzo. Según la leyenda, el fraile negó al tirano la absolución porque Lorenzo no quiso restaurar la libertad democrática de la ciudad.

La actitud de Savonarola hacia Roma se hizo claramente hostil cuando fue elegido, en 1492, el Papa Borgia Alejandro VI. Alejandro no era ni más ni menos que un producto típico del Renacimiento: frío, realista, práctico, libre de fanatismos y que no se arredraba ante nada. Lo que más le molestaba de Savonarola no era su celo reformador, sino el hecho de que el fraile estaba a favor de los franceses.

En 1494, Carlos VIII había invadido Italia. La familia Médicis había sido expulsada de Florencia y la ciudad se salvó de los invasores en gran parte debido a la influencia de Savonarola. El Papa, ayudado por el emperador, España y Vene-cia, obligó a Carlos a volver a Francia y acto seguido se volvió contra Florencia, donde Savonarola había logrado una influencia política decisiva.

Sin embargo, la exageración puritana de los sermones del fraile no estaba a la altura de la época. En el carnaval de 1497 había organizado una «quema de vanidades» en la que fueron destruidos gran cantidad de libros y otros objetos por su indecencia y frivolidad. La reacción se produjo y finalmente el Papa consiguió que Savonarola fuera llevado a juicio y condenado por hereje.

Se le arrancó una confesión mediante torturas, como era costumbre, aunque posteriormente se retractó de cuanto había dicho. Con otros dos frailes fue ahorcado y quemado delante del Ayuntamiento, en 1498. Lodo el asunto era, en realidad, una cuestión política; sirvió para aplacar a Roma y también para afirmar la independencia de Florencia, puesto que la demanda de extradición del fraile por parte del Papa Alejandro fue denegada.

personajes del renacimiento

Lorenzo el Magnífico, el déspota benigno, gobernó Florencia de 1478 a 1492 e hizo de ella una fuerza digna de tenerse en cuenta en  los  asuntos europeos. El fanático fraile Savonarola denunció la corrupción de la Iglesia y el Estado en vehementes sermones que provocaron la ira del Papa.

Maquiavelo
La situación política era ahora muy inestable. Luis XII de Francia obtuvo la licencia papal para casarse con la esposa de su difunto hermano, a fin de recuperar el poder sobre Inglaterra. Por otra parte, se comprometió a apoyar a César Borgia en sus ambiciones territoriales sobre la Italia central. En 1501 la presión francesa salvó a Florencia de las amenazas de César.

En 1502 los florentinos eligieron a Piero Soderini como ministro de justicia vitalicio para proporcionar al estado cierta estabilidad. Al año siguiente, Alejandro Borgia murió de fiebres y, antes de que César Borgia se recuperara de la misma enfermedad, sus conquistas habían pasado a manos del nuevo Papa, Julio II. César murió en España en 1507.

Desde 1498 Florencia contaba entre sus diplomáticos con Nicolás Maquiavelo (1469-1527), un astuto observador y negociador, versado en los clásicos latinos y hombre de gran visión política. En 1506 propuso un nuevo sistema para una milicia nacional, para sustituir a las turbas mercenarias y sus capitanes. En la guerra contra Francia en 1510, Florencia permaneció neutral. Los franceses, aunque vencieron en Rávena, tuvieron que volver a Francia dejando a Florencia abandonada a su suerte. Su milicia no era enemigo para los aliados españoles del Papa. En 1512 los Médicis fueron restaurados en Florencia.

Maquiavelo, considerado erróneamente como sospechoso de complicidad contra los Médicis, fue obligado a abandonar su puesto en 1513. Su fama se debe a sus escritos políticos. Familiarizado con muchas cortes de Italia y del extranjero, conocía a los hombres que estaban en el poder y captaba algunos de los problemas prácticos de la política. Su tratado más importante, El príncipe, no le sirvió, como él esperaba, para recuperar el favor de los Médicis, pero sí le hizo mun-dialmente famoso.

En su libro, el autor señala los métodos que un gobernante debe adoptar a fin de establecerse y afincarse. Lo que necesita es el poder, ejercido sin ningún miramiento. Para lograr el éxito el gobernante no debe pararse ante la violencia.

El fin justifica los medios y, aunque es bueno estimular la creencia en la moralidad con fines disciplinarios, el gobernante no necesita atenerse a esas creencias, aunque puede acatarlas externamente si ello sirve a sus propósitos. En gran medida, el gobernante descrito por Maquiavelo había estado personificado por César Borgia.

Lo que el autor esperaba era un príncipe que lograra en Italia la unidad nacional que estaba surgiendo con la monarquía absoluta de Francia. Para él era totalmente evidente la necesidad de un hombreque ejerciera el poder con decisión y sin escrúpulos, para unificar las numerosas ciudades-estado de Italia enzarzadas en contiendas. Pero su opinión no fue compartida por la mayoría, que le acusó de hombre inmoral y sin escrúpulos.

Estas  aspiraciones nacionales fueron incitadas por el lado más oscuro del Renacimiento italiano. A pesar de los grandes logros de ese período y de la magnificencia de las familias rectoras, la totalidad del país había entrado en su decadencia política. El resultado fue una especie de indiferencia moral, que estimulaba la práctica desaprensiva de la política, haciendo casi una virtud del mal que surgía de las condiciones prevalecientes.

¿Cuál fue la causa de esta decadencia? Maquiavelo había expresado repetidas veces su opinión sobre el particular. Se creía por lo general en aquel tiempo que la culpa era en gran parte del papado. En la lucha entre el emperador y el papa no se logró ninguna solución política decisiva.

En cierto sentido, el imperio había perdido la batalla política en Italia; el papado no tuvo la suficiente fuerza para proporcionarle dirección política, pero sí para solicitar ayuda extranjera, provocando de este modo una interminable serie de incursiones de ejércitos extranjeros, con los consiguientes horrores y depredaciones en el campo. Mientras tanto, el papa se comportaba como cualquier otro gobernante italiano, impidiendo una auténtica unificación política.

La obra de Maquiavelo no es tanto una teoría política como un examen de cómo crecen y decaen los diversos tipos de estado, y cómo debe proceder un gobernante para asegurarse el mantenimiento duradero del poder. De hecho, trata del aspecto de la vida política más cercano a su propia experiencia, es decir, la diplomacia. Desde el punto de vista de la práctica política, la acusación de inmoralidad que a veces se le ha formulado, tanto por sus ofendidos contemporáneos como por generaciones posteriores, no está enteramente justificada. Más que recomendar ciertas prácticas, lo que hace es señalar métodos para lograr ciertos fines; métodos, es cierto, que rozan, cuando no se enfrentan abiertamente, a la moral tradicional.

En cierto sentido, Maquiavelo llega más lejos que las críticas del poder papal por parte de los clérigos. No sólo se oponía al papado tal como estaba entonces, sino también al ideal que representaba. A este respecto, es un auténtico representante del Renacimiento. Lo que admiraba eran las virtudes morales, no de la ética cristiana, sino de la antigua república romana en su período de apogeo.

Está claro que las lecciones prácticas de la política maquiavélica han tenido, en su totalidad o en parte, una aplicación universal, particularmente en los regímenes totalitarios o dictatoriales. Sin embargo, la postura maquiavélica es unilateral, pues descuida la influencia positiva de otros factores de los que también depende el poder. Escritores humanistas como Tomás Moro presentan una concepción más amplia, justa y equitativa de la práctica política.

Fuente Consultada:
La LLave del Saber Tomo II – La Evolución Social – Ediciones Cisplatina S.A.

Vision Medieval del Universo Las Esferas Celestes y el Hombre

Cosmología Medieval del Universo
Las Esferas Celestes

Tenemos en nuestra mano una bola de marfil labrado. Es obra de un artesano chino y tiene taladrado un diseño por el que podemos ver en su interior otra bola más pequeña y dentro de ésta, otra. Hay diez bolas en total y sólo la menor es sólida. Estamos sosteniendo lo que un hombre medieval consideraría como la verdadera representación del Universo; nuestra mano simboliza  el poder de  Dios.

10 bolas de marfil representan el universo medieval

La idea básica de esta concepción del Universo era ya muy antigua hace mil años. Parte de los escritos de Aristóteles, ampliados y extendidos por Ptolomeo, un griego del siglo II de la era cristiana. Los detalles ulteriores se tomaron de otros pensadores a través de los siglos, especialmente por lo que se refiere a las propiedades e influencias de los diversos planetas.

La característica de nuestro mundo que más había atraído al brillante intelecto especulativo de Aristóteles era su constante cambio, frente a la aparente inmutabilidad del resto del Universo. Al carecer de telescopio o cámara fotográfica para ayudarse en sus observaciones, las estrellas le parecían eternas e inalterables. Por ello, consideró que el Universo estaba dividido en dos partes: naturaleza (fisis) y cielo (uranos).

El primero terminaba antes de empezar el segundo, en la órbita de la Luna, donde el aire de la naturaleza dejaba paso a una atmósfera más pura e inalterable a la que llamó éter.

Edad Media Venus

Venus era un planeta afortunado que ejercía una influencia beneficiosa sobre la Tierra. En su pabellón, el poeta inglés Chaucer vio «instrumentos de cuerda y cantos, fiestas y danzas … y toda la circunstancia del amor».

Los cuatro elementos
¿De qué se creó el mundo en un principio ? La respuesta es los cuatro Contrarios: caliente, frío, mojado y seco. Toda vida y toda materia procede de diversas formas de equilibrio o desequilibrio entre éstos, pues para el pensador medieval toda materia tiende hacia el lugar que le corresponde y donde podría estar en reposo.

Ello quedó claramente expresado por Macrobio, filósofo que vivió a principios del siglo V. Los Contrarios —decía— se combinan para formar cuatro elementos, que constituyen la materia. Lo caliente y lo seco se unieron para formar el fuego; lo caliente y lo mojado constituyen el aire; lo frío y lo seco, la tierra; lo frío y lo mojado, el agua.

Mientras pudieron moverse libremente, la gravedad, o pesadez, de la tierra y el agua les hicieron buscar el centro de la Tierra, mientras que la levedad, o ligereza, del fuego y el aire, los elevaron.

El elemento más ligero, el fuego puro (y, por tanto, invisible), formó una esfera por debajo de la órbita de la Luna y es a ella a la que las llamas, que eran impuras (y, por tanto, visibles), aspiraban al elevarse. El aire, que tenía un cierto grado de peso, estaba debajo y el agua, que es lo suficientemente gruesa como para poder tocarse, más abajo todavía, mientras que los restos más pesados de la materia creada se hundían en el punto más bajo de todos, unidos al frío eterno, para formar la Tierra.

La Tierra, que el hombre medieval culto sabía que era redonda, constituía el punto más bajo de todo el Universo. Estaba colocada en el centro sólo para que los demás cuerpos celestes tuvieran un punto alrededor del cual girar.

Éstos eran las esferas, sin peso, huecas, transparentes y lo suficientemente fuertes como para soportar el peso de un planeta, que estaba fijado a cada una de ellas. El cuerpo más cercano a la Tierra era la Luna; más allá, por orden de distancia creciente, Mercurio, Venus, el Sol, Marte, Júpiter y Saturno.

La octava esfera era la de las «estrellas fijas», siempre en la misma posición con relación a los planetas, llamada stellatum. Más allá estaba la Esfera Cristalina y a continuación el Primum Mobile o Primer Móvil, una esfera que no contenía ningún planeta y que, por tanto, no podía ser trazada por el ojo humano. Se creía que era la responsable del movimiento de las otras esferas.

Para el poeta italiano Dante y toda la cristiandad medieval, más allá del Primer Móvil brillaba el Empíreo, «ese Cielo que es pura luz, luz intelectual, lleno de amor», la morada de Dios, el Primer Motor y la única Existencia verdadera.

Por tanto, el poder de Dios causaba la rotación del Primer Móvil, que giraba de este a oeste, completando su órbita cada veinticuatro horas. Sin embargo, las esferas más bajas estaban ligadas al «gran año», una revolución de oeste a este que tardaría 36.000 años en completarse. De hecho, su movimiento real era hacia el oeste, al ser empujadas hacia atrás en el camino que trataban de tomar por impulso del Primer Móvil, que las atraía.

Se sabía que la Tierra es pequeña e insignificante entre los cuerpos creados. El Universo era enorme, pero podía ser comprendido; dentro de él, el hombre era lo más bajo, pero conocía sus límites.

Edad Media, la alquimia

El intento de convertir los metales inferiores en oro era una importante ocupación medieval. Estos alquimistas contemplan el resultado   de  su  fracaso.

Las predicciones astrológicas
Estas esferas afectaban en gran medida a los habitantes de la Tierra. Gobernaban las plantas y los minerales, los temperamentos y los sucesos históricos a través de las influencias que transmitían, que la «ciencia» de la astrología se encargaba de interpretar.

Dicha ciencia, basada en la regularidad de los movimientos celestes, afirmaba que, partiendo del conocimiento del Universo, podían predecirse los acontecimientos relacionados con el hombre. Tales creencias fueron condenadas por la Iglesia, pero, a pesar de ello, tenían numerosos partidarios. En la Edad Media estaban extendidas y subsistieron en el Renacimiento.

Saturno ejercía una influencia siniestra sobre la Tierra. Producía el plomo, el carácter melancólico en el hombre y los acontecimientos desastrosos en la historia. Era el más terrible de los planetas, y por ello recibía el nombre de Infortuna Major o el Mayor Infortunio.

El metal de Júpiter era el brillante estaño; traía la paz y la prosperidad e inspiraba en el hombre una disposición alegre, noble y equilibrada. Era el mejor de los planetas y se le llamaba la Mayor Fortuna.

Marte era otro planeta desgraciado. Se le denominaba Infortunio Menor. Su metal era el hierro y su temperamento belicoso.

Por el contrario, el Sol era un planeta afortunado. Confería a los hombres la sabiduría y la liberalidad y gobernaba los sucesos felices. Su metal era el oro, en torno al cual surgió la ciencia de la alquimia. Se creía que, si llegaba a producirse un oro en forma apta para beber, el «oro potable», sería el elixir de la inmortalidad.

Venus o Afrodita también era afortunada: la Fortuna Menor. Su metal era el cobre o cyprium, el metal chipriota, y Afrodita era una diosa especialmente consagrada a Chipre. Concedía la belleza, el amor y los sucesos dichosos.

Mercurio era el planeta de la rapidez, la actividad y la inteligencia. Dotaba a todas las profesiones de entusiasmo y habilidad, incluyendo el propio aprendizaje, y su metal era naturalmente el mercurio. También gobernaba la estudiada prosa retórica de los filósofos.

La Luna marcaba la frontera entre la antigua división de Aristóteles en aire y éter, entre el mundo mortal y el inmortal. Por encima de la Luna todo era incorruptible y necesario; por debajo, corruptible, mudable y contingente ante la actuación del «azar» y el destino. Encima estaba el reino de la gracia; debajo, el de la naturaleza.

En los reinos situados por encima de la Luna no  existía el «azar» ni,  consecuentemente, el cambio. El metal lunar era la plata y su carácter la inconstancia, la afición a la vida errante y la tendencia a los accesos de locura (de los lunáticos).

Los habitantes de las esferas etéreas
Todo el universo celestial fue creado por Dios y las esferas mantenían su círculo eterno para demostrar su aspiración de amor por Él. Esta capacidad de amor sugiere algo sensible y, efectivamente, se creía que cada esfera estaba animada por una Inteligencia, una criatura movida por «amor intelectual» hacia su Creador. Regocijándose en la gloria de Dios, lanzaban sus planetas alrededor del cielo en una gran danza.

Las Inteligencias eran sólo una pequeña parte de los moradores de la esfera etérea: también había nueve órdenes de ángeles. Estaban divididos en tres jerarquías de tres órdenes cada una. El primero y más cercano a Dios era el orden de los Serafines, que descollaban en inteligencia, y de los Querubines y Tronos, que se abrasaban en el ardor del amor.

El Querube era el terrible poder de la caritas pura, el amor libre de debilidades o imperfecciones humanas. Los ángeles de la segunda jerarquía se ocupaban de gobernar la naturaleza: las Dominaciones formulaban sus leyes, obedeciendo la voluntad de Dios; las Virtudes, cuyo nombre latino significa más bien «eficacias» o «eficiencias», las ponían en acción y las Potestades preservaban de la desgracia a todo el proceso.

Sólo la tercera jerarquía, la más baja, se preocupaba por los asuntos de los simples seres humanos. Los Principados vigilaban los negocios de las naciones. Los Arcángeles y Ángeles, los dos últimos órdenes, cuidaban de los seres humanos individualmente considerados y, como consecuencia, son los que han sido recordados por más largo tiempo.

El hombre, ser racional
¿Y el hombre? Era animal como las bestias, pero racional como los espíritus.

Era el espejo del mundo, «que comprende, como los ángeles, que vive, como los árboles, que  existe,  como  las  piedras»,  como  dijo san Gregorio Magno. El alma del hombre procede directamente de Dios y tiende a volver a Él. Por tanto, todas las esperanzas del hombre son una manifestación de la ley general de gravedad y levedad.

El alma tiene tres partes y las tres se encuentran en el hombre. La más baja, el alma vegetativa, es la facultad que gobierna los procesos vitales: nutrición, crecimiento, digestión, cicatrización de las heridas y también generación. Ésta es la única alma de las plantas.

Los animales tienen también un alma sensitiva (su significado actual es más bien sensorial) con cinco sentidos, que son la vista, oído, etc., y cinco juicios: el sentido común, que convierte la mera sensación en consciencia localizada; la imaginación, o facultad que presenta ante la mente lo que no tiene delante, en el sentido de que un «hombre imaginativo» considera todas las posibilidades prácticas; la fantasía, que estaba más próxima a lo que ahora llamaríamos imaginación ; la memoria, y la estimación, que ahora llamaríamos instinto.

Sólo el hombre poseía además un alma racional, compuesta de dos facultades: el intellectus (intelecto) y la ratio (razón). La primera era el don más alto;  se ocupaba de las causas originariasde las cosas, de investigar y aprehender la verdad. Era una versión brumosa de la inteligencia pura de los ángeles. La ratio realizaba la tarea más pesada de establecer relaciones de causalidad, pasando de la premisa a la consecuencia.

El alma tripartita del hombre era paralela a la organización global del cosmos y de la sociedad. Todas las partes quedaban resueltas en esa armonía que era la aspiración y el deseo del pensamiento medieval. En el cosmos, Dios, por medio de sus órdenes de ángeles, gobernaba al hombre; en la sociedad, el rey, por mediación de sus caballeros, gobernaba al pueblo, y en e! hombre, el alma racional (razón), por medio del alma sensitiva (emoción), ejercía el gobierno sobre el alma vegetativa (apetito).

Los cuatro temperamentos

En cuerpo y alma, el hombre era un microcosmos. Lo mismo que los cuatro Contrarios primarios del mundo se combinaron para producir los elementos, así también en el hombre dieron lugar a cuatro fluidos o humores.

Caliente más seco producía el humor colérico (bilis amarilla); caliente más mojado, el sanguíneo (sangre); frío más seco, el melancólico (bilis negra), y frío más mojado, el flemático.

Un hombre de salud perfecta tenía los cuatro humores mezclados exactamente en la proporción correcta, pero esto era muy raro. Normalmente predominaba uno. La mezcla daba al hombre su «complexión» o «temperamento». Un mal carácter significaba una mala mezcla que salía al exterior, y un hombre bueno, cuando estaba irritado, podía sufrir un cambio de complexión y perder la calma.

El   hombre  de   complexión  colérica  erauna persona muy tensa, que se dejaba llevar fácilmente por cualquier camino, excitable y vindicativo. Se creía que los sueños eran un modo de determinar la complexión de un hombre. El colérico tendería a soñar con cosas brillantes y peligrosas: fuego, relámpagos, espadas.

personalidad segun los cuatro humores

Uno de los cuatro humores dominaba a cada hombre, dándole su especial «complexión» o «temperamento». 1. El hombre de complexión sanguínea tenía las mejillas sonrosadas y era equilibrado. 2. El hombre flemático era lento y pálido. 3. El hombre colérico era muy tenso. 4. El hombre melancólico era delgado y se obsesionaba por las dificultades. Estas ideas subsistieron hasta el siglo   XVIII.

El humor dominante del hombre sanguíneo era la sangre, el más noble, amigo de la naturaleza y la vida. Sería corpulento, de mejillas sonrosadas, ligeramente mordaz, con facilidad para dormir y soñar con caballos, flores rojas, mujeres rubias: un gran contraste con el hombre flemático, grueso, lento y pálido, con sus sueños de peces. La complexión melancólica era la más «neurótica» en el sentido moderno: individuos delgados, nerviosos, que padecen insomnio  y  pesadillas.

Ni que decir tiene que los humores eran pura materia y, por tanto, no podían verse afectados por el alma, que es completamente inmaterial. Para salvar el abismo, se pensó en unas exhalaciones llamadas «espíritus» (en sentido químico) que surgían de lo mejor de la sangre. Si no brotaban, el individuo se sentía abatido. Los espíritus vitales del hombre le unían a su alma vegetativa; los espíritus animales, a su alma sensitiva, y los espíritus intelectuales, a su alma racional. Cuando éstos últimos se desordenaban, se volvía loco.

Tal era el hombre medieval en su atestado y ordenado universo. Su concepción total parece tan ajena a la era científica que la reacción inmediata puede ser la risa o el desdén. No cabe duda de que los hombres de la Edad Media eran crédulos; les resultaba difícil admitir que el contenido de los preciosos libros podía no ser cierto y atribuían una indebida autoridad a sus fuentes. Pero lo que hicieron fue construir, a partir de la información recibida, una síntesis comprensiva de todo el Universo. A ello aspiraban Dante en su Divina Comedia y Santo Tomás en su Summa Theologica.

La necesidad de explicar los misterios del Universo es la clave del pensamiento de la Edad Media, pues engendraba un sentido de confianza mezclado con humildad al definir la situación exacta del hombre en la Creación.

Fuente Consultada:
La LLave del Saber Tomo II – La Evolución Social – Ediciones Cisplatina S.A.

El Renacimiento Literario en Europa Obras y Representantes

PRINCIPALES EXPONENTES DE LA LITERATURA EUROPEA EN EL RENACIMIENTO

El Renacimiento literario tuvo lugar en Europa a través de varias etapas diferentes. Italia proporcionó, sin duda, los grandes modelos que, antes o después, harían suyos los escritores españoles, franceses, portugueses y hasta los de regiones más apartadas, corro Inglaterra, Alemania o los países nórdicos.

Aunque a menudo se señala como fecha de iniciación del Renacimiento la caída de la ciudad de Constantinopla en poder de los turcos (año 1453), debemos considerar como solamente didácticos esos hitos trascendentales que, sin negar su importancia histórica, pueden hacer de los procesos culturales  compartimientos estancos.

En verdad, lo que llamamos Renacimiento se generó lenta y oscuramente a través de una larga época pre-rrenaeentista, durante la cual el antiguo poder vital del paganismo contrastaba con el espíritu religioso predominante en la Edad Media. Por obra de la confrontación de dos orbes espirituales, se fue gestando en Europa un clima de admirada  imitación por la obra de escritores antiguos como Homero, Catulo, Safo, Horacio...

Esos textos comenzaban a irradiar los fulgores del espíritu grecolatino a través de traducciones que, como turbador tesoro, circulaban entre algunos hombres de letras. Pero debe aclararse que el conocimiento y el disfrute de la obra de estos clásicos en el mundo intelectual europeo, si bien estimuló el estudio y la investigación eruditos e inspiró la creación de obras sin duda importantes, no llegó en ningún caso a superar los reverenciados modelos. No surgieron, pues, otro Píndaro, ni un Sófocles, ni un Virgilio.

ERASMO DE rotterdamPara comenzar con los mas destacados representantes de etapa, citaremos a un ser de una avasallante personalidad humanística llamado Erasmo de Rotterdam, quien fuera una figura predominante del siglo XVI en los Países Bajos. Justamente Erasmo (imagen)  había traducido en los Países Bajos las tragedias de Eurípides “Hécuba” e “Ifigenia en Aulide”. Y, de alguna manera directa o indirecta, los “Adagios” escritos por el humanista holandés dejan traslucir la influencia de Séneca y Plotino.

Además, en Lovaina se editaron las obras de Catón y Suetonio; en Amberes, las de Cicerón y Tito Livio. Es decir, que desde los Países Bajos se proyectó la luz del mundo antiguo a través del pensamiento de Flavio Josefa y Jenofonte. En cambio, hubo una marcada influencia literaria de Italia sobre Portugal, directamente o a través de España, cuyo Siglo de Oro debe ser estudiado por separado.

Entre los escritores portugueses del siglo XV, se destacaron Duarte Brito, el infante Pedro –que estuvo en relación con Juan de Mena y el Marqués de Santillana– y el prosista Fernán Lopes, muerto en 1451; entre los del siglo XVI: Sa de Miranda, Gil Vicente, Antonio Ferreira y Luis de Camoens, autor de comedias, rimas, sonetos y del poema “Los Lusiadas”, dedicado a la gloria de Vasco de Gama y de su pueblo.

Algunas  de las principales figuras que tuvo en Italia, Francia e Inglaterra, durante los siglos XV y XVI:

Italia: Precursores (siglo XIV): Dante, Petrarca y Boccaccio. Siglo XV: M. Ficino. Pico de la Mirándola, Lorenzo de Médicis, A. Poliziano, L. Pulci, Mateo Boyardo, J. Sannazzaro, León B. Alberti, J. Savonarola y Leonardo da Vinci. Siglo XVI: Maquiavelo, Ariosto y T. Tasso, Castiglione, Miguel Ángel Buonarroti, B. Cellini y Pietro Aretino.

dante bocaccio y petrarca

Francia. Siglo XV: C. Marot, P. de Ronsard y el grupo de la Pléyade, dentro del cual se distinguió Joaquín du Bellay. Siglo XVI: Rabelais y Montajgne. Inglaterra: Precursor (siglo XIV): Geoffrey Chaucer. SigloXV: Thomas More y el “new learning”. Siglo XVI: Conde Surrey, T. Wyatt, Edmundo Spencer y otros poetas del reinado isabelino, F. Sidney, los dramaturgos John Lyly, Christopher Marlow y William Shakespeare, fallecido en el siglo XVII.

Precursores lejanos, pero directos, de la literatura renacentista en Italia fueron Dante, Petrarca y Boccaccio, admiradores de la prosa de Cicerón o Tito Livio y del verso galano de Virgilio. Después de estos tres escritores del siglo XIV y antes de llegar a los que, en el siglo XVI, correspondieron a su grandeza (Maquiavelo, Ariosto y Tasso) corresponde mencionaralos humanistas italianos del siglo XV, llamados así por cultivar las letras “humanas” y no las “divinas” o ascéticas.

Descubrieron la belleza terrenal y cantaron a los placeres condenados por el misticismo y la religión. Tuvieron puestos sus ojos en la Antigüedad grecolatina y fundaron, en la ciudad de Florencia, una Academia Platónica, movimiento que tuvo por abanderados a Marsilio Ficino y Juan Pico de la Mirándola.

Los tres poetas más destacados del Renacimiento literario toscano fueron Lorenzo de Medicis (apodado El Magnífico), Ángel Poliziano y Luis Pulci, autor, éste último, de un poema heroico-burleseo “11 Morgante maggiore”, cuyo protagonista, gigantesco escudero del caballero Rolando, es un anticipo del Sancho cervantino. Casi contemporáneamente, fue escrito el poema “Orlando innamorato”, de Mateo Boyardo y, poco después, la famosa novela pastoril “Arcadia”, de Jacob o Sannazzaro, inspirada en el “Ameto” de Boccaccio, una de las primeras muestras del género.

A esta misma época pertenecen los trabajos del humanista León B. Alberti, polígrafo, matemático, arquitecto y pintor, quien contribuyó al desarrollo de la lengua italiana con sus numerosas obras, entre las cuales merecen recordarse el tratado “Dall’amore” y “Cena di familia”.

También los del fraile dominico Jerónimo Savonarola, quien, después de la caída de los Médicis, gobernó a Florencia durante cuatro años, acerca de lo cual versa una de sus narraciones. Finalmente, Leonardo da Vinci, genio universal, quien en materia literaria legó a la posteridad sus famosos “Manuscritos” y su “Tratado sobre la Pintura”.

maquiaveloYa en el siglo XVI, Nicolás Maquiavelo (1469-1527) se destacó como historiador, novelista, poeta y autor teatral, actividades que cultivó a partir de los 35 años de edad, ya retirado de los importantes cargos públicos que tuvo que desempeñar con anterioridad.

Escribió “El arte de la guerra”, “El príncipe” (serie de consejos sobre el arte de gobernar), la “Historia de Florencia”, el “Discurso sobre la primera época de Tito Livio” y la farsa “La Mandragora”.

Ludovico Ariosto (1474-1533), a quien se señala como el segundo gran poeta de Italia (después de Dante), presentó en su “Orlando furioso” una faz burlesca del tema heroico, paralelo al “Orlando enamorado” de Boyardo. Escribió también sátiras y comedias.

Torcuata Tasso (1544-1595), poeta que obedeció al influjo de la Contrarreforma católica, ofreció, en su poema “Jerusalén liberada”, la historia de la Cruzada emprendida por Godofredo de Bouillon, el que liberó, en 1099, la ciudad de Jerusalén y el Santo Sepulcro. Más tarde escribió “Jerusalén conquistada”, segunda parte que, por fría y retórica, resultó menos feliz. También compuso el drama pastoril “Aminta”, en un prólogo y cinco actos.

Otras obras de esta época fueron, en Italia: “II Cortegiano”, de Baltazar Castiglione, espejo de ideas y costumbres; los sonetos de Miguel Ángel Buonarroti, inspirados en el amor ideal que sentía por la poetisa Vittoria Colonna, las “Memorias” de Benvenuto Cellini, el gran orfebre y escultor y las comedias y tragedias de Pietro Aretino, bastante inmorales.

En cuanto al Renacimiento francés, éste surgió como consecuencia de lo aprendido en Italia por Luis XII y Francisco I, en sus guerras de conquista. La lírica francesa del siglo XV tuvo por abanderados a Clément Marot, poeta de la corte de Francisco I y a Pierre Ronsard, quien, juntamente con J. du Bellay y otros poetas, formó el grupo de la “Pleiade”, que tendría como modelo a las literaturas griega y latina y cuyo ideal sería la purificación del idioma francés.

Protegido por tres reyes –Enrique II, Carlos IX y Enrique III- Ronsard fue celebrado, en su época, como autor de odas, sonetos y de un poema épico que dejó inconcluso: “La Franciade”. La prosa francesa durante el siglo XVI tuvo representantes como el cuentista Francisco Rabelais (satírico, mordaz y proclive a la obscenidad) y filósofos y moralistas como Miguel de Montaigne.

tomas moroEl Renacimiento propiamente dicho se produjo en las Islas Británicas, durante el reinado de Enrique VIII (1509-1547), vinculado con la corriente humanística que tuvo al holandés Erasmo y a Tomás Moro por adelantados. Éste último escribió “Utopía”, obra en la que describe una República ideal, fruto de sus desdichadas experiencias políticas.

Cultivaron la imitación de ejemplos italianos el conde de Surrey, llamado “El Petrarca inglés” y sir Tilomas Wyatt, quienes introdujeron el soneto en Inglaterra. Luego, durante el reinado de Isabel, el Renacimiento cobró mayor fuerza y se tradujeron los libros de Homero, Plutarco, Virgilio y Tito Livio.

La “era isabelina” tuvo un gran poeta, Edmundo Spenser, quien imitó a Chaucer y a los integrantes de la Pléyade francesa. Entre los dramaturgos ingleses del siglo XVI se destacaron dos: John Lyly y Christopher Mariowe.

Este conjunto culmina con la figura de William Shakespeare (1564-1616), nacido y muerto en Stratford-on-Avon. De sus numerosas tragedias y comedias muchas son, por su tema y su estilo, de neto corte renacentista (“Romeo y Julieta“, “Julio César”, “Antonio y Cleopatra”. etc.), mientras otras fueron una anticipación de obras que sobresalieron en los siglos posteriores.

Fuente Consultada:
Enciclopedia Ciencia Joven Fasc. N°32 El Renacimiento Literario en Europa Edit. Cuántica

Arte Gótico y Románico en la Edad Media Resumen Descriptivo

BREVE DESCRIPCIÓN DEL ARTE GÓTICO Y ROMÁNICO MEDIEVAL

Con su nombre, el estilo “románico” pretendió subrayar que era una continuación del que fue propio de la Roma republicana e imperial. Nació a principios de la Edad Media y se extendió, principalmente, por los países latinos. De construcción sólida, pesada y compacta, estuvo basado en algunos principios clásicos, a los cuales agregó otros, diferentes. Mantuvo, por ejemplo, casi intacta la planta de las tradicionales basílicas romanas, pero transformó sus muros, haciéndolos más consistentes. Reemplazó los techos de madera por bóvedas y cúpulas, hechas con piedras y ladrillos porosos.

Los ingleses lo llamaron “normandos“, porque fueron los normandos quienes, desde el norte de Francia, lo introdujeron en Gran Bretaña. En lacatedral de Durham, en Inglaterra, se aplicaron, para abovedar, procedimientos similares a los empleados en Normandía, copiados, a su vez, de otras construcciones francesas, italianas y españolas. Así, los lombardos, usaban vigas transversales y rellenaban los intersticios de las bóvedas con materiales más livianos.

El estilo lombardo se aligeró, en el Piamonte y en Liguria, por influencia de lamodalidad francesa. En Venecia, se relacionó con Oriente, como puede verse en la iglesia de San Juan de Rialto o en la catedral de Mu-rano. En Florencia, Pisa, Lucca, etc., se evitó la bóveda y se dejó de lado la técnica ciclópea.

En Roma y en el Lacio, al igual que en Umbría, se reemplazó la solidez de la primera etapa con una tendencia menos pesada. Los adornos -que los bizantinos habían descartado del templo- reaparecieron y proliferaron los candelabros, las pilas bautismales ricamente labradas, las pinturas, las esculturas, los trabajos de orfebrería, las miniaturas y las piezas de madera tallada.

arte romanico edad media

Catedral de Durham (Inglaterra), comenzada en 1093.

arte romanico edad medio

Castillo de Rochester (Inglaterra). Comenzado en el s. XI, sólo subsiste el torreón. Es uno de los más bellos ejemplos de arquitectura románica.

edad media arquitectura gotica

Nave central de la Catedral de Maguncia.

arquitectura edad media

Monasterio de Sania María en Ripoll (España). Construido en 888, fue restaurado 1.000 años después, en 1888.

ARTE GÓTICO MEDIEVAL: A fines del siglo XII y comienzos del XIII nació en el norte de Francia un arte nuevo que los germanos llamaron, posteriormente, gótico, palabra derivada de “Gott”, que significa Dios, ya que las agujas en que terminaban sus torres parecían apuntar hacia el cielo.

El gótico, en sus comienzos, tomó en cuenta algunos de los principios del estilo románico. Pero aportó un cambio fundamental: hizo que las vigas de las bóvedas se apoyasen sobre pilares, en lugar de hacerlo sobre los muros. Las paredes dejaron de ser imprescindibles, reemplazándoselas, entre pilar y pilar, por coloridos vitrales.

Como se carecía de vigas de hierro, las estructuras tuvieron que hacerse de piedra, lo que obligó a realizar minuciosos cálculos para lograr una resistencia adecuada. Esa red de sutiles vigas, en el interior de la bóveda, recibió el nombre de “tracería”. Se abandonó el arco redondo, de medio punto, característico del románico y se lo reemplazó por dos segmentos de arco destinados a encontrarse en un punto dado, que podía variar de ubicación según que el arco apuntado fuese más chato o más puntiagudo, originando la ojiva.

Después, en lugar de los contrafuertes con que se solían reforzar los pilares para que aguantasen, lateralmente, la presión de las piedras de la bóveda, se recurrió a los llamados “arbotantes” (arcos que sirvieron para contrarrestar el empuje de los principales), los cuales completaron el andamiaje de la bóveda gótica.

La tracería, por dentro, y los arbotantes, por hiera, apoyados sobre pilares, aliviaron la estructura de los edificios, sin perjudicar la solidez del conjunto. Los múltiples adornos, como las trabajadas esculturas de los pórticos del crucero, en las catedrales góticas de Chartres o de Estrasburgo, y las estatuas —como, por ejemplo, las de los fundadores en la catedral de Naumburgo, cuya nobleza y vigor son notables-combinaban su serena riqueza con el prodigioso juego de los vitrales multicolores, con la minuciosa ilustración de los libros manuscritos y con la pintura “al fresco” en las paredes.

Finas piezas labradas -en metal o en marfil-, como una estatuilla en plata de la Virgen, realizada en 1339 por el orfebre francés Jean de Evreux (que puede verse en el Museo del Louvre), completaban el estilizado conjunto.

La pintura “al fresco” recibió este nombre porque se decoraban las paredes de ese modo, es decir cuando el estuco aún estaba húmedo. Así lo hizo, por ejemplo, sobre los muros de la capilla dell’Arena, en Padua, el famoso pintor florentino Giotto di Bondone, que vivió entre los años 1266 y 1337 o sea en plena culminación de la Edad Media.

Para quitarle rigidez a las figuras, se les imprimió una forma ondulada, a la manera de una S. Hay trabajos imbuidos de una soltura y de una espontaneidad naturales que, a veces, mediante el agregado de un simple toque, invaden el campo de lo anímico y de lo temperamental. Esa naturalidad se reflejó en los pliegues de una túnica, en la tersura o en las arrugas de la piel, en la delicadeza de un gesto.

Por eso el estilo gótico -cuya importancia, durante la parte final de la Edad Media, fue equivalente a la del románico durante la primera- lo superó en grandeza, convirtiéndose en el modelo más acabado de la magnificencia medieval. La fuerza y la sugestión del estilo gótico, que sella e identifica toda una época y le da carácter no solamente en el campo del arte sino, también, en el de la historia, irradia más allá del foco nordeuropeo de su nacimiento y, adaptándose a los antecedentes y tradiciones de otras lejanas tierras, llega a los confines del mundo medieval. Tal expansión se plasma, por ejemplo, en Suecia: la catedral de Upsala lo representa con acusadas líneas no exentas de fervor.

Y en los Países Bajos la catedral de Utrech lo patentiza hacia fines del año 1300. Pero no iba a quedar circunscripto solamente a estos ámbitos. Por influencia de las Cruzadas penetró en Medio Oriente y en Siria reaparecen sus testimonios, concretados arquitectónicamente en fortalezas como la de Krak de los Caballeros y en varias iglesias latinas. También en la isla de Chipre este influjo se hace nítido, como para probar su universalidad y la vigencia de su mensaje. Y así, la catedral de Nicosia y la de San Nicolás, en el peñón de Famagusta, recogen en plena área mediterránea el impulso que, en sus comienzos, fue de indudable concepción septentrional.

 

Catedral de Chartres

Interior de la Catedral de Chartres

Catedral de Well en Inglaterra

Fuente Consultada:
Enciclopedia Ciencia Joven Tomo II Edit. Cuántica

Biografía de Brunelleschi Arquitecto de la Catedral de Florencia

VIDA Y OBRA DE FELIPE BRUNELLESCHI, ARTISTA DEL RENACIMIENTO

Filippo Brunelleschi (1377-1446), nació en Florencia (Italia) en  1377, fue un gran artista italiano, y se lo considera uno de los maestros fundamentales de la transición hacia el renacimiento. Sus aportaciones, como la recuperación de los motivos clásicos y la capacidad para trasladar a sus obras las leyes matemáticas de la proporción y la perspectiva, le convirtieron en el primer arquitecto de la edad moderna.

Recibió una formación de escultor como numerosos arquitectos del Renacimiento (Miguel Ángel, Sansovino). Formó parte del gremio de los orfebres y participó en 1404 en el concurso para la nueva puerta del baptisterio de Florencia. Ese mismo año, el artista alcanzó la fama con el encargo de la construcción del duomo que corona la catedral. La altura del edificio, la amplitud de la cúpula, su peso, hicieron de esta empresa una hazaña, un proyecto arquitectónico que sólo un ingeniero podía enfrentar.

Felipe Brunelleschi

FLORENCIA EN EL SIGLO XV: A comienzos del siglo XV, Florencia salió de una dolorosa crisis política y bancaria. Su resistencia a los ataques exteriores fue estratégica, pero también cultural y artística. La ciudad buscaba imponerse como el centro de un mundo nuevo, tomando como referencia el modelo de la Antigüedad.

Las corporaciones florentinas, que reunían un número creciente de artistas, convocaron numerosos concursos para responder a importantes encargos públicos y privados, con lo que dieron inicio a un nuevo tipo de mecenazgo. El carácter “comercial” del contrato que ligaba el encargo al artesano-artista tuvo gran éxito en la historia de las artes.

En los concursos, los artistas más dotados se destacaban. Y entre ellos se produjo una fuerte competencia. Tal es el caso de la iglesia de Orsanmichele: llamaron a los mejores escultores (Donatello, Lorenzo Ghiberti, Nanni di Banco) para decorar una serie de hornacinas (nichos) originales y ostentosas en el exterior del edificio. Pero los concursos más famosos fueron los de la cúpula de Santa María del Fiore y el de las puertas del baptisterio.

Corría el año 1401. En Florencia, ciudad que estaba alcanzando la cumbre de su desarrollo económico, la vida artística bullía intensamente. Una de las consecuencias de esa efervescencia artística fue el concurso abierto para la segunda puerta del Bautisterio, en el que participaron los más grandes escultores de la época. Entre ellos se presentó un joven, Felipe Brunelleschi, que interpretó el tema propuesto: “El sacrificio de Isaac”, representándolo en una placa de marco mixtilíneo con una violencia dramática, un vigor de formas y un preciso sentido del espacio completamente nuevos e inesperados en la escultura florentina.

La placa sorprendió mucho a los jueces: en efecto; se trataba del primer paso hacia la revolución artística que poco después desencadenaría el mismo Brunelleschi, junto con Donatello y Masaccio, en la capital toscana. Sin embargo, el concurso fue ganado por Lorenzo Ghiberti, cuyo gusto, con tendencias aún góticas y sensible a las elegancias estilísticas de Andrés Pisano, era más fácilmente comprensible para los florentinos de su tiempo.

Sacrificio de Isaac

El sacrificio dc Isaac Lorenzo Ghiberti, 1401-1402 Museo del Bagello, Florencia
De la simplicidad a la tensión dramática. El abandono del estilo gótico (es decir, “bárbaro”) a partir del siglo xv condujo a los artistas a buscar en la Antigüedad para renovar su lenguaje plástico. No obstante, el dominio de la perspectiva fue considerado el verdadero progreso. Una obra innovadora. Ghiberti organizó su composición en torno de la diagonal formada por el saliente rocoso, dividiendo el espacio terrestre que concentra la dimensión anecdótica (los dos sirvientes, el asno y la lagartija) y el espacio donde se desarrolla la acción divina, cuyos protagonistas son Abraham, Isaac y el ángel. Con este relieve de gran fluidez, que evidencia un dominio del arte del bronce (el relieve fue fundido en una sola pieza), el joven Ghiberti creó una fórmula Innovadora, verdadero manifiesto de los nuevos tiempos, legitimado por el jurado.

El SACRIFICIO DE ISAAC Felipe Bruneileschi, 1401-1402 Museo del Bargello, Florencia La maestría de la técnica. Por el contrario, Bruneileschi inscribió la escena en un triángulo. En la base se encuentran los dos sirvientes encorvados. En lo alto, Abraham, con el cuerpo y los brazos estirados, sostiene firmemente la cabeza de Isaac en su mano, mientras que un soplo divino levanta su toga. A la Izquierda aparece un ángel. Este sujeta el brazo de  Abraham y le muestra el carnero para el sacrificio. El juego de manos y el intercambio de miradas confieren a esta enérgica escena toda su tensión. Sin embargo, la técnica empleada por Bruneileschi fue menos innovadora que la de Ghlberti, ya que las piezas fundidas en forma separada fueron posteriormente montadas sobre la plancha de bronce. La fineza del pulido de los más mínimos detalles revela, no obstante, un gran dominio de la técnica del bajorrelieve.

Felipe Brunelleschi había expresado claramente sus ideas reformistas con la placa presentada en el famoso concurso de 1401. Desgraciadamente han desaparecido los testimonios de los estudios que siguieron a dicha placa en el campo de la escultura, y también los de sus primeras pinturas. Pero no hay duda que estaban destinados a confirmar, como las dos tablillas en que representó en perspectiva el Bautisterio y el Palacio de la Señoría, los nuevos principios en que se fundaba su lenguaje artístico.

Y fue luego en el campo de la arquitectura, con la Cúpula de Santa María de la Flor (o Fiore), con el Hospital de los Inocentes, con la Basílica de San Lorenzo, donde dio la medida plena de su genio creador.

En abierto contraste con las delicadezas rítmicas del gótico, a la sazón consideradas ya como germánicas y “bárbaras”, concibió un arte que fuera una manifestación nacional, o, mejor aún, un exponente de la latinidad. Por otra parte, corresponde a Brunelleschi el mérito de haber inventado la perspectiva científica; es decir, de haber organizado sobre sólidas bases matemáticas la representación, en un plano bidimensional, de los elementos tridimensionales de un edificio. Se trataba de crear un orden, fijando relaciones y proporciones claras y armónicas entre los diferentes órganos de la construcción, agrupándolos en una unidad de espacio de modo tal que todas las líneas esenciales del edificio parecieran confluir naturalmente hacia un único punto de fuga.

El límpido y racional equilibrio propio de las primeras construcciones de Brunelleschi, no es sino el reflejo de la claridad intelectual de sus concepciones arquitectónicas. Fiel a dichas concepciones, Brunelleschi prosiguió su actividad proyectando la Sacristía Vieja de San Lorenzo y la Capilla de los Pazzi, una obra maestra absoluta del arte, en la que la serena geometrización, especialmente en el interior del edificio, determina un ritmo maravilloso. La Iglesia del Espíritu Santo, en la que perfecciona el plano de San Lorenzo,  fue la última  de  sus  grandes  obras.

La construcción de Santa María del Fiore
Después de la demolición de Santa Reparata, en 1296, Arnolfo di Cambio emprendió ios trabajos de la nueva catedral, Santa Maria del Fiore, concebida para ser la más bella de la Toscana. La elección de una larga nave con cúpula octogonal fue adoptada definitivamente en 1357, pero la construcción de la cúpula planteó rápidamente problemas técnicos y quedó pendiente.

En 1418 se realizó un concurso, seguido por otro en 1420. Brunelleschi y Ghiberti fueron premiados en abril de 1420 y nombrados “expertos de la cúpula” con el contramaestre Battista de Antonio. En 1436, la construcción de la linterna fue también motivo de un concurso. El jurado escogió el modelo de Brunelleschi, destacando la calidad de su iluminación, su ligereza y su resistencia a las intemperies.

Cupula Catedral de Florencia

León Battista Alberti escribió a propósito de esta monumental empresa arquitectónica que debía ser el símbolo del esplendor de Florencia en el Renacimiento: “¿Qué arquitecto antes de ti, Filippo [Brunelleschi], osó construir un conjunto de tales dimensiones, erigido hacia el cielo y tan grande como para poder cubrir con su sombra a todos los toscanos y ejecutarlo sin cimbra ni envigado? Tu habilidad es tan grande […] que parece increíble para los contemporáneos como ignorada por los antiguos”.

Obras del Arquitecto  Brunelleschi

La maestría de la arquitectónica. Brunelleschi, inspirándose en técnicas de la Antigüedad, consiguió hacer la cúpula más ligera: creó un doble cascarón (interno y externo) con una vía de circulación entremedio, eliminando así los contrafuertes exteriores y ofreciendo una lectura simple de los volúmenes. Un zuncho de madera fue colocado sobre el borde del tambor, en el cual se levantaron una estructura de ladrillos “en espina de pez” y tres niveles de largas piedras, unidas entre sí por cadenas de hierro. En la cima, la linterna cumple la función de clave de bóveda de la cúpula: su peso asegura la estabilidad del conjunto del sistema estructural.

FELIPE: BRUNEL-LESCHI (1377-1446): Nave central de la Basílica de San Lorenzo.Florencia. La suprema claridad lineal de los perfiles de piedra y la maravillosa concepción perspectiva de la Basílica de San Lorenzo, revelan el talento de Felipe Brunelleschi, que entre 1421 y 1428 se dedicó a la reconstrucción del hermoso  edificio.

FELIPE BRUNELLESCHI   (1377- 1446): Palacio Fitti. Florencia.
Entre las varias construcciones civiles atribuidas a Felipe Brunelleschi, se puede contar con cierto fundamento e! Palacio Pitti, a pesar de los substanciales agregados  posteriores.

FELIPE BRUNELLESCHI (1377- 1446):Hospital de los Inocente Florencia (1419-1424)

La influencia de Brunelleschi fue enorme entre sus contemporáneos y sus sucesores inmediatos, como Michelozzo, Donatello o el propio Ghiberti, e incluso ha llegado hasta el siglo XX, dado que los críticos modernos le han destacado como el primer arquitecto racionalista. En su tiempo ya fue considerado como una de las figuras más decisivas del renacimiento italiano, el gran genio que reformó el arte medieval y definió el nuevo orden interno y el lenguaje arquitectónico. Murió en Florencia en 1446.

Fuentes Consulatadas:
ARTERAMA  Fasc. N°53 Editorial CODEX Enciclopedia de las Artes
Enciclopedia Electrónica ENCARTA
Historia Visual del Arte Edit. Larousse

 

Bramante Donato Vida y Obra del Arquitecto Italiano

BIOGRAFÍA Y OBRAS DEL ARTISTA BRAMANTE DONATO

Donato Bramante (1444-1514), arquitecto y pintor italiano, el más influyente junto a Rafael del alto renacimiento, desarrollado en Roma como nuevo estilo clásico a principios del siglo XVI. Nació el año 1444 en Monte Andruvaldo, cerca de Urbino, y su nombre auténtico era Donato di Pascussio d’Antonio.

Al principio se formó como pintor, y de su obra más temprana se conservan los frescos de la fachada del Palacio del Podestá en Bérgamo, realizados en el año 1477. Bramante está considerado uno de los grandes genios artísticos del alto renacimiento italiano. Consiguió fundir con éxito los ideales de la antigüedad clásica y los de la cristiandad.

Bramante Donato

En el ambiente cerrado y autónomo de Lombardía (Italia) , las novedades del Renacimiento se abren camino lentamente pero, afines del siglo XV, se afirman con las actividades de Donato Bramante y del genial Leonardo de Vinci. Donato Bramante, es el artista que mas contribuye a la plena afirmación del arte del Renacimiento en tierra lombarda. Nacido en 1444, en Monte Asdrualdo (Urbino), había absorbido las enseñanzas de los artistas que actuaban en la corte de los Montefeltro.

El estudio de los clásicos y de la obra de Alberti, a quien conoció en Rímini y Mantua, completó su cultura. Así preparado compareció de improviso en el ambiente lombardo, incidiendo profundamente en la evolución del arte local. Durante buena parte del siglo XV, la Lombardía había permanecido ajena a la renovación artística y había mantenido, especialmente en pintura y en escultura, el espíritu y las formas de la tradición gótica internacional, en la particular variante ya elaborada durante el siglo XIV.

La edificación de la Catedral de Milán, que se extendió durante todo el siglo XV y aún más adelante, junto con los prolongados y complejos trabajos que demandó la Cartuja de Pavía, iniciada en estilo gótico y reformada gradualmente de acuerdo con formas más típicas del siglo XV, absorbieron durante mucho tiempo el interés artístico de toda la región lombarda, contribuyendo a conservar un gusto retardatario que las continuas relaciones con el Norte alimentaban sin descanso.

Hacia 1480 aparece en este ambiente Donato Bramante, que inicia su actividad en el campo de la pintura ejecutando los frescos de la fachada del Palacio del Podestá, en Bérgamo, y del Palacio Panigarola, en Milán, donde se reveló como un seguidor de Melozzo de Forlí. De 1482 es su primera obra arquitectónica: la Iglesia milanesa de San Sátiro y el bautisterio anexo.

Partiendo de elementos de tradición románico-lombarda -la planta octogonal del bautisterio, la superposición de la tribuna sobre la arquería del piso bajo- o de esquemas del tipo de los creados por Alberti, consigue, en el interior, un solemne equilibrio espacial gracias a la armoniosa y coherente correspondencia entre los arcos de medio punto y la cúpula hemisférica, apoyada sobre ágiles pechinas.

También los relieves de estuco, que en San Sátiro sugieren la existencia de un coro simulado detrás del altar, se halla en función de este equilibrio espacial. Otro importante testimonio del período milanés de Bramante es el conjunto del ábside de Santa María de las Gracias, iglesia en cuyo exterior el equilibrio de los volúmenes es turbado por el adorno de terracotas lombardas, pero en cuyo interior asistimos al triunfo de una concepción espacial unitaria, como lo demuestra su amplia cúpula hemisférica, superpuesta a las sólidas estructuras del templo. La actividad de Bramante proseguirá en Milán, pero sólo alcanzará su cumbre en el siglo XVI, durante su estada en Roma, que fue tan fecunda.

Con la caída del duque Ludovico Sforza en 1499, Bramante huyó a Roma, donde trabajó casi en exclusiva a las órdenes del ambicioso papa Julio II.

DONATO BRAMANTE (1444-1514): Iglesia de Santa María, anexa a San Sátiro – Milán  (1482).
La perspectiva ilusoria del falso ábside (obtenida con un audacísimo escorzo y realzada por los relieves de estuco) confiere a la parte trasera de la Iglesia de San Sátiro un efecto espacial que se hace necesario como recurso de ensanchamiento irreal por la amplitud del crucero y el ímpetu de las bóvedas de cañón.

DONATO BRAMANTE (1444-1514): Cúpu la de Santa María de las Gracias (1492) y abajo Bautisterio de San Sátiro (1482)  – Milán. Nacido en las cercanías de Urbino y formado por el ejemplo de Luciano Laurana y de Piero della Francesca, Donato Bramante lleva a Milán (adonde llega alrededor de 1480) una concepción arquitectónica de límpida y rigurosa racionalidad, renovando así profundamente los esquemas y las fórmulas de la arquitectura lombarda   tradicional.

DONATO  BRAMANTE   (1444-1514):   Cristo   atado   a  la  columna  –  Pinacoteca  del Brera.  Milán.
La actividad de Bramante como pintor, ya iniciada en los años que pasó en Urbino, donde posiblemente decoró en parte el Pequeño Estudio del Duque Federico de Montefeltro, señala notablemente la influencia de Melozzo de Forlí. De todas maneras, entre los pocos legados de Bramante como pintor, resalta esta sugestiva imagen, en la cual puso mano también el Bramantino.

 SOBRE LA AMPLIACIÓN DE LA BASÍLICA DE SAN PEDRO:

La edificación de la basílica de San Pedro respondió la política de prestigio emprendida por Julio II, que aspiraba a reforzar el poder pontificio y a afirmar el predominio espiritual y temporal del Vaticano asegurándole un rol destacado entre los diferentes Estados de Italia.

basilica de san pedro

Cuando en 1452 el papa Nicolás V decidió ampliar la basílica de Constantino, construida en el siglo IV sobre la supuesta tumba de San Pedro, no imaginó la gigantesca obra que resultaría ni la concentración de talentos que en ella participarían. El sólo pensaba añadir un nuevo ábside detrás de la basílica existente. Pero la obra de San Pedro en Roma se desarrolló realmente durante el pontificado de Julio II (1503-1513). Con su impulso, el arquitecto Bramante emprendió una obra mucho más ambiciosa, que lamentablemente quedó inconclusa.

Hizo destruir los vestigios que quedaban, adoptó una planta de cruz griega y formuló el proyecto de una cúpula imponente sobre monumentales pilastras, según el modelo del Panteón Romano. Aunque los sucesores de Julio II, León X (1513-1521) y Clemente VII (1523-1534), mostraron una menor capacidad política, actuaron como avezados mecenas. Rafael sucedió durante estos pontificados a Bramante, muerto en 1514.

En su búsqueda de una iglesia ideal, Rafael se alejó del plano inicial y optó por uno en cruz latina. Necesitó, pues, construir una nave central y naves laterales. Murió en 1520, después de haber terminado la nave transversal sur.

plano basilica de san pedro en roma

Plano Basílica de San Pedro En Roma

Las diferentes etapas de la construcción. Este plano permite conocer las múltiples etapas de una construcción en que la coherencia arquitectónica se sostiene a pesar de los cambios y las vacilaciones de los numerosos arquitectos que participaron. El plano original de Bramante constituye la base de un diseño que fue enriqueciéndose con el tiempo. Los últimos aportes de Bemini llevaron la longitud de la nave central a 187 metros y su superficie, a 15.160 metros cuadrados. Se puede observar que los sucesivos proyectos conservaron los cuatro pilares centrales de Bramante, lo que facilitó la circulación durante las ceremonias religiosas.

Obra de Bramante Donato Bramante

Una de las primeras obras romanas maduras de Bramante es el templete del convento de San Pietro in Montorio (1502), un pequeño templo circular cubierto por una cúpula semiesférica, quizá inspirado en el desaparecido templo de la Sibila, en Tívoli. Esta pequeña obra maestra está rodeada por una columnata de orden toscano

Cuadro de Obras de Bramante

Murió en Roma el 11 de marzo de 1514.

 

Historia de la Orden del Cister Bernardo de Claraval

Historia de la Fundación de la Orden del Cister

La orden del clster es unaorden monástica católica reformada, cuyo origen se remonta a la fundación de la Abadía de Cister por Roberto de Molesmesen 1098. Debe su considerable desarrollo a Bernardo de Claraval. su influencia y su prestigio personal hicieron que se convirtiera en el cistercíense Más Importante del Siglo XII, aún no siendo el fundador sigue siendo todavía hoy el maestro espiritual de la Orden.El Císter proporcionó numerosos santos a la Iglesia, comenzando por  san Roberto de Molesme, san Esteban Harding, y san Bernardo de Clairvaux (o de Claraval).

Todo empezó en el ano 1098, cuando un grupo de 21 monjes benedictinos, con su abad Roberto al frente, salieron del Monasterio de Molesme, movidos por el Espíritu Santo, en busca de un lugar solitario, Citeaux (Cister), donde poder buscar a Dios con mayor autenticidad y sencillez, llevando una vida en pobreza y soledad, y proveyéndose de lo necesario con su propio trabajo. Su norma de vida seña el Evangelio y la Regla de San Benito en toda su pureza.

El 21 de marzo fue la fecha elegida para establecerse en el Nuevo Monasterio. Los comienzos no fueron fáciles; la pobreza material y la escasez de vocaciones se prolongarían varios años. Pero esto no arredró el ánimo de los monjes, que trabajaron por convertir aquel lugar inhóspito en un vergel.

El santo fervor de los hermanos hizo que Odón, el duque de Borgoña, les favoreciera abundantemente, contribuyendo a lo construcción del Monasterio y entregándoles tierras y ganados para su sustento. Cister fue elevado al rango de Abadía, bajo el patrocinio del Obispo de Chalons, titular de aquella diócesis (en la actualidad Dijon).

primer monasterio de cister

Este monasterio situado al sur de Navarra, a 34 kilómetros de Tudela, es el primer monasterio que la
Orden del Císter construyó en la Península Ibérica.

HISTORIA DE SU FUNDACIÓN: En Lombardía, se inició a un movimiento que exigía un retorno a la pobreza y abstinencia de la Iglesia primitiva.En el siglo XI, el obispo Pedro Damián estimuló esta acción, y creó, a su vez, comunidades de clérigos, en las cuales la vida monástica se desplegó en una asombrosa austeridad.

De todas partes surgieron tendencias extremistas que, superando la experiencia de Cluny, buscaban otras vías de salvación. Así procedieron los que, influidos por la lectura de los Padres del desierto, llegaron a preconizar una vida solitaria.

En 1084, un monje llamado Bruno fundó la orden de los cartujos, partiendo de un monasterio organizado por él cerca de Grenoble: la Gran Cartuja. Después, ante los desórdenes internos que se produjeron en el monasterio, varios monjes, bajo la dirección del abad Roberto de Molesme, quien ya había cuestionado y alejado de la Orden de Cluny , decidieron abandonarlo en 1098.

Encontraron el sitio adecuado en la árida región borgoñona de Citeaux, (traducida al español como Císter) donde levantaron una capilla y un modesto cenobio. Los primeros tiempos no fueron fáciles, debido a lo inhóspito del lugar. Aparte de las privaciones inherentes a la vida monacal, su ignota ubicación no atraía nuevos monjes para aumentar su número o emprender nuevas fundaciones. La falta de agua obligó a Roberto a trasladarse a un emplazamiento cercano que pertenecía a la diócesis de Dijon, ciudad capital del ducado de Borgoña. Tanto el obispo como el duque Eudes de Borgoña prestaron ayuda a aquellos monjes tan virtuosos, contribuyendo a la erección del monasterio y entregándoles tierras y ganado para su subsistencia.

Esta orden fundada en 1098 por Roberto de Molesme, la comunidad cisterciense vivirá en una austeridad voluntaria y total, sin ningún regalo en el vestido o en la comida.

Estos monjes vestidos de blanco, que dormían en una sala común y comían juntos en un refectorio, se consagraron a la oración y al trabajo de los campos, pero, a diferencia de los de Cluny, no percibían ninguna renta de sus tierras. Los monjes estaban divididos en dos categorías: los más instruidos y aquéllos cuyo origen social era elevado, llegaban a ser monjes de coro y no estaban obligados más que a los ejercicios espirituales, a diferencia de los «conversos», vestidos con hábitos pardos, a quienes su pobreza de procedencia conducía a trabajar los campos, y, por ello, se convertían en la mano de obra de los padres blancos.

El papa Urbano II concedió a la nueva Orden el estatuto de Privilegio Romano, al tiempo que exigía a Roberto que reasumiera su antiguo puesto en Molesme, a pedido de los monjes que habían permanecido en esa abadía. Su sucesor fue el hasta entonces prior del Císter, un monje llamado Alberico, que gobernó con acierto la congregación consolidando su prestigio y sus bienes.

Otro destacado abad de esa época fue Esteban Harding, resultó un gran promotor del Císter, que bajo su guía experimentó una notable expansión. Fue autor del Exordio Parvo y de la «Carta de Caridad», escritos que fijaron definitivamente las normas de vida de la Orden, su organización interna y, en definitiva, su Regla. Bajo la conducción de Esteban Harding (posteriormente canonizado) se fundaron las primeras cuatro nuevas abadías, conocidas como «las cuatro hijas del Císter».

En 1112 se presentó en Citeaux un grupo de treinta laicos encabezados por un joven llamado Bernardo, que pidieron ingresar como monjes. Esteban aceptó ese ruego y tres años después envió a Bernardo a fundar una nueva abadía en Clairvaux (Claraval). Esta congregación fue una inesperada y brillante estrella en la aún escasa constelación del Císter.

El Císter alcanzó renombre en toda Europa, gracias al ingreso de este joven noble de excepcional valor, seguido de sus compañeros: San Bernardo. En 1115, San Bernardo fundó cerca de Troyes su propia abadía: la de Claraval. Excelente polemista, San Bernardo representó, en el siglo XII, un papel muy importante en las famosas discusiones entre teólogos, en las cuales fue el adversario de Abelardo; después representó, igualmente, un gran papel en la segunda cruzada.

Su comunidad interna llegó a reunir 700 monjes, más otros miles en los 160 monasterios que dependían de ella. El polifacético Bernardo de Clairvaux obtuvo un particular poder dentro de la Iglesia, que le permitió tanto inspirar la fundación de la Orden del Temple como intervenir con autoridad en los conflictos del Vaticano.

Cuando murió, en 1153, la orden cisterciense estaba ya sólidamente implantada y tenía a su cabeza una direción colectiva: el Capítulo General, que reunía todos los años a los abades de las diferen tes casas. Durante casi dos siglos, las abadías aparecieron como puertos donde se refugiaba lo más noble y elevado del hombre medieval: el trabajo, la cultura y la fe.

Fuente Consultada:
HISTORAMA Tomo III La Sociedad Feudal La Gran Aventura del Hombre Edit. CODEX
Más Allá de los Pilares de la Tierra  Ken Follett Edit. Hermética Robinbook

Historia de la Orden de Cluny Fundación y Reformas

FUNDADOR DE LA ORDEN DE CLUNY: PROPÓSITO ESPIRITUAL

Monasterio de Cluny, abadía benedictina situada en la región de Borgoña, Francia, que desempeñó un papel importante en la renovación monástica francesa y europea durante los siglos X y XI. Desde un punto de vista arquitectónico, la iglesia de Cluny fue el mayor templo románico de la edad media

ANTECEDENTES: En el paisaje de la Baja Edad Media, los monasterios y conventos eran una imagen habitual, día a día la cantidad de abadías se agrandaban muy pronto, gracias a las numerosas donaciones. Se levantaban generalmente en lo alto de un peñón, en lo profundo de un bosque, o en otros sitios aislados del mundo para favorecer el recogimiento y la oración. En teoría, las órdenes religiosas y sus monasterios representaban la opción más pura y radical de quienes se sentían predestinados para servir pacíficamente a Dios, con la mayor pureza y devoción. Para que lo representara cerca de los poderes laicos, el abad nombraba a un procurador. Paralelamente a esas actividades, las abadías no tardaron en convertirse en centros culturales de primer orden, de donde salieron, como en Bizancio, múltiples obras de arte, flor y nata de la cultura medieval.

Por otro lado en la práctica eran muchos los que, sin gran vocación religiosa, elegían el monacato como manera de escapar de la inseguridad, la violencia y la miseria que impregnaban el Medievo.

Eso llevó a un paulatino relajamiento de los votos de castidad y obediencia que obligaban a los monjes; mientras los abades y priores se saltaban las reglas de pobreza y humildad acumulando riquezas y convirtiéndose en verdaderos señores feudales. Se produjo entonces un efecto contrario porque la nobleza comenzó a colocar a sus miembros al frente de los monasterios importantes, para obtener más tierras y poderío. La enco nada querella de las investiduras alcanzó así a las ordenes religiosas, que llegaron a sufrir un gran desprestigio ante la po blación.

En aquel siglo de barbarie, donde todas las conquistas de la civilización estaban en peligro de desaparecer para siempre, es admirable el paciente trabajo de aquellos monjes copistas que habían consagrado toda su vida a transmitir a los siglos venideros las obras maestras de los tiempos pasados. En el siglo X, en la región de Macón, surgió una abadía cuyo renombre iba a extenderse rápidamente por toda Europa. Un nuevo período se abrió para los monasterios: el de la organización de órdenes jerarquizadas.

LA NUEVA ABADÍA DE CLUNY
Fundada en el año 910 por un gran señor, Guillermo, duque de Aquitania, la abadía apareció como la ciudadela de la ortodoxia benedictina, frente a la degeneración que siguió al enriquecimiento de los otros monasterios. El abad Bernon decidió, pues,   introducir  la   Regla de San Benito, tal como había sido interpretada en el siglo IX por el abad aquitano Benito de Aniano. Este último, en una capitular fechada en el año 817, había impuesto a los monasterios el retorno a una vida más estricta, que implicaba, entre otras cosas, la reducción de los estudios y el incremento de los oficios litúrgicos. Los monjes, vestidos, de negro, repartían la jornada entre la oración y el trabajo manual.

abadia de cluny

Quince años después, el segundo abad de Cluny, san Odón, encaró una reforma sustancial con el fin de recuperar las virtudes evangélicas. Centró la vida monacal en el Oficio Divino (Opus Dei), aumentó el tiempo dedicado a la oración, fomentó el canto gregoriano en las ceremonias litúrgicas e hizo cumplir severamente las normas de clausura y de silencio.

Consiguió para su nueva Orden la calidad de prelatura independiente, es decir, que en lo religioso obedecía directamente al papa, y en lo terrenal sólo al emperador. En su apogeo la Orden de Cluny llegó a poseer mas de mil casas regulares en toda Europa, dirigidas desde la poderosa abadía fundadora.

guillermo de aquitania

En el año 893, la villa de Cluny, en la Borgoña francesa, fue adjudicada por Carlomagno al duque Guillermo de Aquitania. Éste la donó a la Orden de San Benito en 910, para que se levantara allí una abadía en honor de san Pedro y san Pablo.

Los monjes hacían voto de castidad, y se habían comprometido a vivir pobremente, renunciando a toda posesión personal. Desde entonces, se sucedieron, al frente de la abadía, abades de gran valor, tales como Odón, Aymard, Maíeul. Rápidamente, las donaciones afluyeron a la abadía. Poco a poco, los monjes sufrieron la terrible atracción del siglo; al vivir en la opulencia, abandonaron el trabajo de la tierra a colonos, para no consagrarse más que a la oración litúrgica «Opus Dei». Directamente dependiente de Roma, para evitar toda ingerencia laica, la abadía recibió el privilegio de la exención, lo cual la sustraía de la intervención del episcopado.

Al final del siglo X, varias congregaciones religiosas recurrieron a los abades de Cluny, para que reorganizasen sus monasterios según las reglas cluniacenses. De esta forma, se creó una orden cluniacense constituida por una serie de congregaciones, sometidas todas ellas a la autoridad única y total del abad de Cluny. A finales del siglo XI, varios cientos de casas difundieron la extraordinaria celebridad de la que llegó a ser la más poderosa institución de la Iglesia católica. Este formidable desarrollo, que correspondía a un deseo de renovación espiritual, condujo, finalmente, a una lenta corrupción de las costumbres cluniacenses.

La obra de Cluny destacó por su acción a favor de la paz, el fomento de las peregrinaciones y la hospitalidad, la dedicación a la enseñanza en las escuelas cluniasensis y la protección e impulso de las artes. Pero lamentablemente a esta última inclinación debió tanto su esplendor como su decadencia.

Comprometida en la culminación de la arquitectura religiosa románica, encaró sucesivamente tres reformas de la gran abadía, cada cual más ambiciosa en dimensiones y en esplendor que la anterior. En la última versión, la iglesia presentaba cinco naves con doble crucero y un ábside con un am plio coro y una giróla de capillas radiales, coronada por una im ponente bóveda de cañón ojival.

Las dos poderosas torres latera les y la suntuosa decoración expresaban una mundana admiración por la belleza y un pecaminoso deseo de ostentación Por lo menos esa era la opinión de Roberto, abad cluniacense de Molesme, cuya pía indignación lo llevó a desvincularse de su descarriada casa central.

Por otro lado en la Edad Media, la riqueza era una fuerza corruptora que ningún obstáculo podía detener, si no era el apasionado deseo de pureza que animaba a numerosos cristianos, por lo que Cluny sufrió los ataques de los fieles, indignados por la vida fácil y cómoda de los cluniacenses. Desde entonces, fue una forma de monarquía aristocrática, integrada en el medio feudal, la que reinó en el edificio coronado por cuatro campanarios. Aparecieron nuevas corrientes rigoristas que llegarían a superar,  necesariamente, la Gregoriana.

Entre los numerosos religiosos cluniacenses que fueron canonizados, se cuentan el abad san Odón y el ex monje san Gregorio VII, el gran pontífice de la Edad Media. También fue abad de Cluny san Pedro el Venerable, que casi se pierde la canonización por haber respaldado al monje intelectual y polémico Pedro Abelardo.

Fuente Consultada:
HISTORAMA Tomo III La Sociedad Feudal La Gran Aventura del Hombre Edit. CODEX
Más Allá de los Pilares de la Tierra  Ken Follett Edit. Hermética Robinbook

Organización de la Iglesia y la Invasión de los Bárbaros Edad Media

LAS INVASIONES BÁRBARAS Y LA IGLESIA EN LA EDAD MEDIA

La Iglesia en la Edad Media, teniendo en cuenta las experiencias del pasado, llegó a asegurarse el monopolio de las actividades intelectuales, artísticas y educativas. La Reforma de Cluny purificó la vida monástica, pero la Iglesia secular estaba afectada por grandes vicios y los clérigos se hallaban demasiado íntimamente mezclados con el mundo y amenazados por su corrupción. El Papa Gregorio VII, en su deseo de reforma, chocó con el imperialismo dominador de Enrique IV de Alemania.

Después de la invasión de los bárbaros, la civilización occidental parecía haber retrocedido varios siglos; las estructuras de la sociedad fueron desmanteladas, las reglas elementales de la justicia romana desaparecieron, arrastradas por las hordas bárbaras, que se esforzaron en imponer sus propias concepciones por medio del Wehrgeld o precio de sangre.

En ese ambiente de degradación, de saqueo y de matanzas, la Iglesia apareció como el último baluarte de la civilización. Desde el siglo VII, el cristianismo, implantado ya en numerosas ciudades, penetró en los medios rurales, llevado por las antiguas clases dominantes, que buscaban lugares tranquilos y apacibles. Poco a poco, surgieron y se multiplicaron en el campo los lugares dedicados al culto, dirigidos por los nuevos terratenientes; los oratorios, y las capillas   bautismales   se   convirtieron   rápidamente en los centros de las comunidades cristianas: las parroquias.

La Iglesia, sin embargo, en ese contexto de violencias y de rudeza, no se limitó a una simple reorganización, sino que pasó a la ofensiva contra el paganismo renaciente y contra todas las supersticiones que se habían desarrollado entre los pueblos incultos y aterrorizados. Los reyes cristianos no escatimaron su ayuda a esta obra, que muy pronto se identificó con una tarea de reconstrucción del Estado.

Fue ésta la época de las grandes giras pastorales de los obispos contemporáneos del rey Dagoberto: San Eloy, San Omer, San Sulpicio. Prelados y misioneros partieron a evangelizar el norte de la Galia, y la cruz fue plantada de nuevo a lo largo del Mosa y del Escalda. En el siglo IX, la iglesia medieval francesa alcanzó su madurez. Tres concilios nacionales se celebraron entre los años 742 y 744, en el curso de los cuales San Bonifacio dio a la Iglesia franca su verdadera fisonomía.

La Iglesia se vio obligada a asumir, poco a poco, las tareas que los príncipes no estaban en condiciones de llevar a cabo; así, se hizo cargo de la instrucción pública, del cuidado de los enfermos, de la justicia y, en algunas ocasiones, incluso, de la paz.

Estas nuevas funciones hicieron de la Iglesia una fuerza real y confirmaron su creciente autoridad; pero, desde ese momento, un inmenso peligro surgió para el clero: el de su integración pura y simple en la sociedad   feudal.

La Iglesia, para realizar su misión, tenía necesidad de un mínimo de riquezas. Ciertamente, las donaciones y las limosnas se multiplicaban; numerosos eran los señores que, a la hora de la muerte, intentaban redimir las fechorías de una vida guerrera y apasionada, ofrendando a los monasterios vastas extensiones de su propiedad. Sin embargo, la Iglesia no podía vivir de estos recursos solamente.

El comercio y la moneda estaban poco desarrollados en la época feudal, la tierra era aún la única fuente de riquezas, la sola garantía de seguridad, el único medio de cambio. En estas condiciones, el clero no dudó en adquirir múltiples propiedades. Para estar más cerca de sus fieles, el clero secular se instaló entre ellos. Las comunidades religiosas se alejaron de los hombres, y, a menudo, ocuparon tierras abandonadas, dedicándose con entusiasmo a roturarlas, en una época en la que roturar se había convertido en una imperiosa necesidad de supervivencia para una población en pleno crecimiento.

Desde el siglo IX, todas las propiedades de los obispados y de las abadías fueron sustraídas a la ingerencia de los príncipes y de los condes. El dignatario eclesiástico se convirtió, para los hombres libres establecidos en su tierra, en el único representante del rey. En general, la propiedad se benefició de la inmunidad de las cargas fiscales.

Los señores del castillo no tuvieron ya ningún derecho sobre las tierras y los hombres de la Iglesia. De esta forma, las propiedades eclesiásticas se convirtieron en verdaderos enclaves independientes. Pero, en la práctica, esta independencia fue puesta en tela de juicio, debido a las nuevas funciones del clero. Según las estructuras feudales, el prelado propietario de fincas rústicas llegó a ser, en sus relaciones con la población que vivía en sus tierras y las trabajaba, un verdadero señor, animado frecuentemente por la sola preocupación de la ganancia y del beneficio.

Estas tentaciones fueron tanto mayores cuanto que se dieron en gente cuya selección y reclutamiento no obedecieron siempre a piadosas referencias. Y éste es el segundo aspecto de tal integración de la Iglesia en la economía feudal. A menudo, los señores laicos, fundadores de iglesias o donadores de bienes, se otorgaron una gran cantidad de privilegios sobre sus obras. Valiéndose del «patronato», pronto llegaron a designar ellos mismos, entre su propia clientela, a los titulares de los cargos eclesiásticos de la diócesis.

EL MONACATO: LAS TAREAS DE LOS MONJES
Para escapar a las tentaciones inherentes a la vida social, numerosos cristianos abandonaron el siglo, dejaron aquella sociedad en pleno derrumbamiento, para ir a refugiarse en solitarios lugares de retiro, propicios a la meditación y a la plegaria. El monacato no fue un fenómeno particular de la Europa’Occidental; fue, sobre todo, su desarrollo el que ofreció condiciones específicas. Llegadas de Egipto en el siglo V, las primeras comunidades se instalaron, hacia el año 418, en el sur de Francia.

Desde entonces, después de la fundación de los monasterios de Lérins y de San Víctor de Marsella, apareció toda una serie de comunidades que practicaban el ascetismo  más riguroso, unido a una nueva concepción de la penitencia y de la salvación. Así en el año 615, se fundaron los monasterio de Luxeuil, de Saint Gall, de Bobbio. Entre tanto, en el año 525, un italiano , Benito de  Nursia, decidió pro-movervun estilo de vida menos riguroso en sus monasterios,   para   transformarlos   en refugios más accesibles a los cristianos.

Fue entonces cuando se desarrolló un verdadero y vasto movimiento monacal, que aplicó por todas partes la regla de San Benito. Los centros benedictinos, al seguir esa regla, se convirtieron en remansos de paz, pero también en auténticos instrumentos de evangelización.

Fueron monjes benedictinos,   dirigidos   por   Agustín,   losque marcharon a convertir a los anglosajones. En Canterbury se instaló el primer monasterio benedictino situado fuera de Italia. En esos monasterios, la vida era bastante ruda y, esencialmente, estaba consagrada a la oración colectiva; los monjes organizados en verdaderas milicias, se habían comprometido solemnemente por escrito a llevar una vida parecida a la del soldado-campesino, bajo la férula absoluta del abad, jefe de la comunidad.

Además de dedicarse a la oración, los monjes se ocupaban en trabajos manuales, destinados a asegurarles la existencia. No queriendo depender en absoluto de la sociedad, por miedo a contaminarse, San Benito había impuesto el laboreo de los campos. Esta vida, tranquila y austera, atrajo a un gran número de señores y de campesinos, deseosos de asegurar la salvación de su alma. (seguir leyendo sobre Los Monasterios de San Benito de Nursia)

Fuente Consultada:
HISTORAMA Tomo III La Sociedad Feudal La Gran Aventura del Hombre Edit. CODEX
Más Allá de los Pilares de la Tierra  Ken Follett Edit. Hermética Robinbook

Concepto del Maniqueísmo Origen y Vida del Profeta Mani

VIDA DEL PROFETA MANI – ORIGEN Y CONCEPTO DEL MANIQUEÍSMO

Fundado por Maní hacia el final del siglo III , el maniqueísmo aparece como un sincretismo en el que se han mezclado los más diversos elementos. Puede ser considerado como una especie de herejía cristiana a la que se han añadido muchos elementos extraños, o como una religión distinta a la que, de manera bastante artificial, se han unido aportaciones cristianas.

Mani se presenta como discípulo de Cristo y utiliza abundantemente los libros del Antiguo y del Nuevo Testamento. La influencia religiosa de Mani se ha prolongado durante unos mil años en una extensa zona, a partir de los confines del mundo persa y semítico, que la civilización grecorromana había alcanzado, pero sin llegar a influir profundamente.

Mani nació hacia los años 215-216. Desde su infancia fue incorporado a la secta de los mogh-tasilas o baptistas, a la que pertenecía su padre, que profesaba una doctrina dualista: dos personajes están subordinados a Dios—Cristo y el diablo—, los dos salidos de Dios y puestos por éste ante los tiempos futuros y el siglo presente. En toda la creación se encuentra la oposición del bien y del mal, de los dos sexos, de la derecha y de la izquierda, del agua y del fuego. El agua es el medio de salvación y el fuego, de condenación.

profeta Mani

Profeta Maní

El agua del bautismo libra del fuego del infierno. Los bautizados han de llevar una vida santa, renunciar al matrimonio y abstenerse de alimentos de origen animal. La verdad religiosa está contenida en la Ley y el Evangelio, cuyo sentido, que se ha perdido, puede encontrarse a través de los libros de Elkasai.

Durante cuarenta años Mani llevó una vida errante de predicador y escribió cartas, sermones y tratados. Parece que predicó en las regiones cercanas al Eufrates y que envió a dos de sus discípulos a Egipto y a la Escitia. En pocos años la secta hizo grandes progresos. Diocleciano publicó un rescripto severísimo contra los mani-queos en el que se establecía, entre otras, la pena capital. El movimiento se expansionó por Mesopotamia, Siria, Palestina y Egipto.

En África surgieron numerosas comunidades. También en Italia hubo importantes núcleos. Una gran expansión se realizó por Oriente: Irán. De Samarkanda a la India. Mogolia fue el centro de otra notable irradiación. La época de retroceso empieza al final del siglo X. La desaparición definitiva llegó muy pronto.

El sistema maniqueo se apoya en un dualismo. Hay desde toda la eternidad dos principios opuestos, el bien y el mal, la luz y las tinieblas. Las tinieblas primitivas tocan la luz y la limitan. El príncipe de las tinieblas es la antítesis viviente del rey de la luz. No es un segundo dios, sino su rival. Su verdadero nombre es la materia, pero el pueblo le llama diablo. La lucha entre los dos mundos es inevitable.

Nuestro mundo, mezcla de tinieblas y de luz, está continuamente en guerra hasta la separación definitiva de esos dos elementos. El hombre que es como un microcosmos que reúne las propiedades de todo lo que existe, posee dos almas, de las que una es buena y la otra mala. Hecho de espíritu y materia, participando a la vez de Dios y del diablo, el primer hombre debía lograr esta separación de los elementos de luz que llevaba en sí. Sin embargo, después de su caída se hizo incapaz de realizar ese trabajo.

La misión de Jesús en su Encarnación estaba encaminada a liberar la luz que se encontraba cautiva en el hombre pecador. Jesús no es propiamente el hijo de Dios. Es como el arquetipo de la humanidad. En él sólo hay luz. Es el que en diversas ocasiones ha comunicado luz a los hombres: Adán, Abraham, Buda, Zoroastro, el Mesías, San Pablo, Mani.

La moral se resume en la doctrina de los tres sellos. El sello sobre la boca lleva a evitar todo lo que puede mancharla: los pecados de la lengua y los alimentos impuros (los que no sean vegetales). El sello de la mano niega el derecho a matar, sean hombres, animales o plantas. El sello del pecho se refiere a la prohibición del matrimonio y de todas las relaciones sexuales.

El maniqueo ha de hacer lo posible por evitar la propagación de la vida. Como la práctica rigurosa de los tres sellos era imposible en la vida corriente, los maniqueos distinguían dos grupos: los auditores, que podían vivir como los demás hombres, aunque con ciertas limitaciones, y los elegidos, que estaban obligados a una práctica estricta de las prescripciones de la doctrina.

En la vida de ultratumba, mientras los elegidos entrarán inmediatamente en el paraíso, los auditores deberán quedarse en este mundo, pasar de un cuerpo a otro hasta llegar al de un elegido. Los pecadores van a un fuego eterno. La separación definitiva, no obstante, de buenos y malos, exige el transcurso de mucho tiempo para que los elementos de luz que han caído en este mundo puedan separarse otra vez de la materia. Un inmenso incendio se producirá en el último día.

Tomando como modelo la organización que Jesucristo dio a su Iglesia, el maniqueísmo tiene doce maestros que obedecen a un jefe único. Por debajo de éstos hay setenta y dos jefes u obispos, que son los que ordenan a los presbíteros y diáconos. Admiten dos sacramentos: el bautismo y la eucaristía. La fiesta más importante, la Berna, conmemoración de la muerte de Mani, se celebra alrededor de la fecha de la Pascua cristiana.

Fuente Consultada:
FACTA Enciclopedia Sistemática Tomo IV Entrada: Maniqueísmo

Biografía de Camus Albert Su Obra Literaria Premio Nobel

RESUMEN DE LA VIDA Y OBRA LITERARIA DE ALBERTO CAMUS

Albert Camus (1913-1960), novelista, ensayista y dramaturgo francés, considerado uno de los escritores más importantes posteriores a 1945.  El escritor francés del siglo XX, Albert Camus, sometió a examen lo que él consideró la absurdidad de la condición humana y la trágica incapacidad de los seres humanos a la hora de comprender y trascender su situación. A lo largo de su obra, Camus describe un mundo aparentemente irracional en el que los seres luchan infructuosamente por encontrar significado y razón a sus vidas.

Así, en El extranjero (1942), el protagonista mata a un hombre sin ninguna razón aparente y acepta sin más su condena. Por el contrario, los personajes de La peste (1947) luchan con valentía contra el absurdo.

Pertenece al gruyo de escritores franceses que nunca cayeron en el olvido. A partir de aquel día de enero de 1960 en que un accidente automovilístico transformó su vida en un trágico destino, el escritor oriundo de Argelia conquistó y ara siempre a sus lectores.

Camus Albert Escritor

Su obra, caracterizada por un estilo vigoroso y conciso, refleja la philosophie de l’absurde, la sensación de alienación y desencanto junto a la afirmación de las cualidades positivas de la dignidad y la fraternidad humana.

Albert Camus nació en Mondovi (Argelia) el 07 de noviembre de 1913. Es el segundo hijo de Lucien Camus, peón y Catalina Sintes, una joven dama de origen español que no sabe escribir y que apenas habla. Lucien Camus murió en la batalla del Marne durante la Primera Guerra Mundial. El joven Albert no conoció a su padre. Su madre entonces se instaló en los barrios pobres de Argel, Belcourt.

El joven Camus, ya en la escuela y con la ayuda de uno de sus profesores, el Sr. Germain, Albert Camus ganó una beca para continuar sus estudios en la Escuela Bugeaud de Argel. Descubrió las alegrías de fútbol y se convirtió en el arquero de la escuela. Amó la filosofía a través de su maestro Jean Grenier.

Camus Albert

Camus con su equipo de fútbol

Obtuvo su bachillerato en 1932 y comenzó a estudiar filosofía. Ese año publicó sus primeros artículos en una revista estudiantil. Se casó en 1934, con Simone Hié y desempeñará diversos trabajos ocasionales para financiar sus estudios y mantener a la pareja. En 1935, se unió al Partido Comunista, partido que abandonó en 1937.

Su vida estuvo marcada por los grandes conflictos del siglo XX: la Segunda Guerra mundial, durante la cual participó en la resistencia contra el nazismo; la guerra de Argelia por su independencia, que hirió profundamente los últimos años de su existencia, y sobre todo la Primera Guerra mundial, en la cual su padre murió de la heridas recibidas en la batalla del Marne.

En 1936, cuando se graduó en filosofía en Estudios de Posgrado, fundó el Teéatre du Travail y escribe con tres amigos en Revolución en Asturias (una insurrección obrera) , una pieza que será luego prohibida.

En 1938, se convirtió en un periodista del  Alger-Républicain donde es particularmente responsable de informar los juicios políticos argelinos. Al poco tiempo Alger-Républicain cesa su publicación y Albert Camus se traslada a París, para trabajar como secretario de redacción de Paris-Soir. Se divorcia de Simone Hie, y se casa con Francine Faure.

En 1942 participó activamente en un movimiento de resistencia y publicó artículos en un periódico llamado Combat que se convertirá en símbolo de la liberación. Ese mismo año publicó en El Extranjero y el Mito de Sísifo por Gallimard. Ambos libros penetran en los jóvenes lectores y elevan a  Albert Camus a la prominencia, cuando grandes personalidades de la época, como Jean-Paul Sartre   (a quien conoce en 1944) dirá: “la conjunción admirable de una persona , una acción y de una obra”

En 1945, es la creación de Calígula, que revelará Gérard Philippe. Dos años más tarde, publicó La Peste, que fue un gran éxito. Es ese año dejó el diario Combat.

En 1951, la publicación de El Hombre Rebelde, donde expresa su reflexión sonbre la rebelión, le valió la ira de tanto surrealistas y de existencialistas. André Breton estaba furioso con  Camus en Lautréamont y Rimbaud. Los existencialistas se molestan con la publicación de un artículo muy crítico en Modern Times, una revista cuyo director es nada menos que Jean-Paul Sartre. Esta controversia hará que en el próximo año termine definitivamente la relación entre Camus y Sartre.

Albert Camus  sufre un gran dolor por la situación de la independencia de Argelia. Toma posición en el L´Express, a través de varios artículos donde muestra que vive este drama nacional como una verdadera “desgracia personal.” Incluso en Argel intentará un llamamiento a la reconciliación, pero fue en vano.

Desde 1954 hasta 1962, el Frente de Liberación Nacional de Argelia (FLN), dirigido por figuras como Mohamed Budiaf (1919-1992) y Ahmed Ben Bella (1918-), libró una dura batalla para expulsar a los europeos de su país, que convivían en una proporción de uno a nueve con los argelinos, con una clara distinción económica y social entre unos y otros. (Ver: Independencia de Argelia)

En 1956 trabaja como periodista el periódico L´Express. Publica La Caída; que se considera  fundamental de la literatura francesa de la postguerra y clásico del existencialismo, publicada en 1956, un año antes de obtener el Nobel de Literatura.

Albert Camus ganó el Premio Nobel en octubre de 1957 y fue entregado por el Rey Gustavo VI, fue otorgado…: “Por su importante producción literaria, la cual con una clara y seria perspectiva ilumina los problemas de la conciencia humana en nuestro tiempo”.

Tenía entonces 44 años y es el noveno francés para conseguirlo. Dedicó su discurso por su parte a Louis Germain, profesor de que le permitió continuar sus estudios. Él es felicitado por sus compañeros, entre ellos Roger Martin du Gard, Francois Mauriac, William Faulkner.

El 4 de enero de 1960, murió en un accidente de coche, tenía previsto viajar a París en tren, pero Michel Gallimard le pidió que tomara su coche. Cerca de Sens, por razones no determinadas, el conductor perdió el control del vehículo. Albert Camus murió en el acto. Se encuentra en el coche el manuscrito inacabado del Primer Hombre. En uno de sus bolsillos, también estaba el billete de tren en el que pensaba viajar.

Sintesis: Estudió filosofía en la Universidad de Argel; sin completar su formación académica, se dedicó al teatro y a la actividad dramática. Posteriormente, con ocasión de la Segunda Guerra Mundial, trabajó con la resistencia y fundó en compañía de unos amigos el periódico clandestino “Combat”.

En su amplia producción literaria destacan las obras dramáticas: “Le Malentendu” (1944); “Caligula” (1945); “L’état de siége” (1948); “Les justes” (1949); entre otras. Entre sus relatos y novelas: “L’Etranger” (1942); “La Peste” (1947); “La Chute” (1956); “L’éxiletleroyaume” (1957); entre otras. Y en sus ensayos: “L’envers et l’endroit” (1937); “Noces” (1938); “Le Mythe de Sisyphe” (1942); “Lettres á un ami allemand” (1945); “L’Homme Révolté” (1951).

El extranjero: Su primera novela, El extranjero, aportó a Albert Camus una inmensa notoriedad, más allá de su publicación por Gallimard en 1942: actualmente sigue siendo el libro de bolsillo más vendido en Francia. Marcó el inicio del ciclo de lo absurdo en la obra del novelista. Tras la muerte de su madre, que acogió con indiferencia, el personaje principal, Meursault, es invitado por un amigo a pasar el día en la playa, cerca de Argel. En ese lugar participa en una pelea y asesina a un árabe «sin saber porqué». Condenado a muerte, Meursault espera la ejecución con calma, aparentemente indiferente a la vida, sin pasión ni entusiasmo. La incapacidad para entender el sentido de la existencia acarrea en él una resignación frente a los acontecimientos que le ocurren. El extranjero se distingue por su denuncia de lo absurdo del mundo al igual que por su estilo muy depurado, como lo demuestra la primera frase de la novela, una de las más famosas de la literatura contemporánea: «Hoy mamá ha muerto. O tal vez ayer, no sé».

CRONOLOGÍA DE SU VIDA

1913 Nacimiento deAlbert Camus en Mondovi (Argelia), el 7 de noviembre.

1914 Muerte del padre de Camus, Luden, herido  durante la batalla del Marne.

1932 Primeros artículos de Camus en la revista Sud.

1934 Se casa con Simona Hié y se encarga de la crítica de arte en el Alger républicain.

1935-1937 Es miembro del Partido comunista.

1936 Funda el Théátre du Travail y al año  siguiente el Théátre de l’equipe. 

1939 Publicación de Bodas. 

1940 Camus trabaja en París como secretario   de redacción del Paris -Soir.

1942 El extranjero y El mito de Sisifo son publicados por Gallimard. Camus  participa en la resistencia.

1945 En Combat, donde es el redactor jefe, Camus publica una investigación sobre la miseria en Argelia. Sublevación de Sétif.

1947 Publicación de La peste, que obtiene  un éxito inmediato.

1949 Puesta en escena de  Los justos en el Théátre Hébertot.

1952 Ruptura con Sartre debido al Hombre rebelde.

1954 Inicio de la guerra de Argelia.

1955 Camus trabaja como periodista en L’Express.  

1956 Publica Llamada a la tregua civil.

1957 Camus recibe el premio Nobel de literatura.

1960 Muerte de Camus en un accidente automovilístico, el 4 de enero.

Fuente Consultada:
Hicieron Historia Tomo II Biografía, entrada Albert Camus

Gremios y Cofradías en la Edad Media Organizacion Laboral

ORGANIZACIÓN LABORAL EN LA EDAD MEDIA

GREMIOS O CORPORACIONES MEDIEVALES: En el siglo XII ya está instalado el artesano con su pequeño taller en un burgo. En los últimos tiempos ha progresado notablemente. Desarrolla una gran actividad. Cada vez fabrica mayor cantidad y más variedad de objetos: armas, ropas, sombreros , arcones, calzados, carretones, féretros, etc. Cuenta ahora con la seguridad de poder vender toda su producción. Los mercaderes ambulantes van de castillo en castillo, de ciudad en ciudad.

En las ciudades, los comerciantes organizan ferias, y en estas ferias compran los señores y los campesinos, que ahora utilizan la moneda para adquirir las mercaderías. El trueque o intercambio de productos ha sido reemplazado por este sistema, que se incorporará ahora definitivamente al mundo del comercio.

Además de un comercio regional, cuentan con la gran demanda de un comercio internacional entre los puertos de Oriente y los puertos del Mediterráneo Occidental (Italia, Sicilia, Francia, Provenza, Aragón, Mallorca).

Por lo tanto, la fabricación debe aumentar. Aunque el taller no se amplía, pues sólo siguen trabajando en él cinco o seis artesanos, la técnica mejora con los nuevos telares a pedal que se incorporan, y además, con la aplicación de los molinos de agua, cuyas fuerzas se utilizan tanto para moler el trigo como para golpear el paño en el batán. Son famosos los paños flamencos, que luego los florentinos perfeccionan con un mejor teñido y más delicada presentación. La industria del cuero, del hierro, la fabricación de armas y de navios enriquece a la burguesía.

Vendedor de Pescado en la Edad Media

COMERCIANTES Y ARTESANOS SE ORGANIZAN
El comerciante, que vive de la exportación y de la importación, está dispuesto ahora a emprender un viaje, y prepara su caravana.   A partir de este momento comienzan todas las dificultades, que luego se acrecentarán. Si la ruta que siue es terrestre, no faltarán robos y ataques hasta de los mismo señores feudales; si la ruta es mar´tima , se sabe que los piratas estarán en acecho.   No se puede viajar solo, sino en unipo; no se debe enviar un solo barco, sino tratar de organizar una flotilla.   Hay que con seguir guardias para cuidar las caravanas.

Hansa, Guilda, Liga, Hermandad: Por eso los mercaderes empiezan a asociarse en forma permanente. Estas asociaciones se llamaron Guildas en Inglaterra. En Alemania aparece con esta misma intención la Liga hansiática Hansa (Federación de ciudades libres).

En Italia se organizará la Liga Lombarda, y en España la Hermandad de las Marismas (1296), que agrupa a las ciudades marítimas. Cualquier mercader podía ingresar al principio en estas asociaciones, pero después las cosas se complicaron. En ellas se vigiló la competencia, se organizaron las ferias, se exigió una determinada nacionalidad para sus miembros, y además mediante estas ligas las ciudades se protegieron. Tenían sus milicias y hasta una armada.

Corporaciones o Gremios: Las asociaciones de artesanos aparecieron más tardiamente que las de mercaderes. Cada corporación corresponde a un oficio determinado y demuestra en sus severos reglamentos la modalidad de la época:  el ordenamiento jerárquico, rígido.   Para abrir un taller se necesitaba que la corporación lo aprobara. Los precios y los salarios eran fijos.

En el escalón más bajo estaban:

♦     Los aprendices (discipuli), los que debían aprender a trabajar, de 10 a 12 anos de edad. Vivían con su maestro y debían servirlo en el taller y en el hogar durante tres años.

♦    Los compañeros (famuli), es decir los obreros que trabajaban con el maestro dos o tres años.

♦    Los maestros (magistri), los dueños del taller. Sólo cuando se llegaba a ser maestro se podía abrir un taller.
Al que no pertenecía a la corporación, no le estaba permitido ejercer en esa rama de la artesanía.

Las corporaciones o gremios eran también centros de ayuda mutua; ayudaban al enfermo, a la viuda, al huérfano. Así, el estatuto del gremio de los sastres de Londres fijaba una pensión que se le debía pagar a cualquiera de sus miembros, impedido de trabajar.

Cofradías: En España existían las Cofradías, asociaciones profesionales con fines benéficos, de acentuado carácter religioso, vinculadas con un santo al que tomaban como protector.

Las cofradías de mareantes (marineros, pescadores, etc.), fueron las más antiguas. En el sur de España, en Sevilla especialmente, los pilotos, navieros y contramaestres se unieron en la Cofradía de Nuestra Señora del Buen Aire. Junto a las cofradías aparecen los gremios, las verdaderas corporaciones profesionales, menos importantes allí que en Francia e Italia, naciones de fuerte artesanía.

En España, país esencialmente ganadero, fue importante el Concejo la  Corporación de la Mesta   (1273), asociación de pastores y propietarios que llegó a ejercer un verdadero control del comercio ganadero.

Boticario en la Edad Media

DISTINTAS CATEGORÍAS DE BURGUESES
A la ciudad medieval la dirigen magistrados y un consejo municipal o ayuntamiento. Los ciudadanos más ricos y poderosos piensan que a ellos solos les corresponde gobernar la ciudad. Esta oligarquía o patriciado urbano se considera muy superior y bastante próximo a la nobleza.

A veces, también poseía tierras como la nobleza, pero se diferenciaba de ella por la riqueza monetaria que había adquirido con la actividad industrial o comercial de sus antepasados. Este patriciado urbano no se dedicaba ahorn a ningún trabajo; sólo colocaba sus capitales en empresas que otros atendían. Por debajo de ellos en la escala social, estaban los mercaderes, los fuertes empresarios y los navieros con barcos de su propiedad y mercaderías acumuladas, dispuestos a llegar hasta China para conseguir el máximo beneficio de sus fuerzos y su audacia.

Luego venían los pañeros, drogueros, cirujanos, notarios y los artistas importantes, como los maestros de obras de las catedrales. Todo ellos miraban con desprecio a los artesanos o gente de oficios (menestrales): carpinteros, herreros, sastres, zapateros, pequeños comerciantes, y a su vez, no consideraban por encima del resto de los habitantes de la ciudad. Todos los burgueses, a pesar de las diferentes categorías sociales estable cidas, se sienten hijos de su propio esfuerzo y no creen que dentro de la vida urbana deban existir vallas sociales infranqueables.

AMPLIACIÓN DEL TEMA…
CORPORACIONES: Durante mucho tiempo, cada artesano pudo trabajar libremente, pero, poco a poco, las profesiones se’ fueron organizando en corporaciones. Se comenzaba siendo aprendiz: los muchachos aprendían el oficio en la tienda u obrador del patrón; vivían con él y eran utilizados para todas las tareas,   incluidos   los   trabajos   domésticos que les imponía la mujer del patrón. No estaban remunerados; su trabajo servía para pagar, además del alojamiento y la comida, la formación profesional. Después, el aprendiz se convertía en obrero u oficial.

Para hacerse maestro y tener derecho a abrir un taller e instalarse por su cuenta, tenía que realizar una «obra maestra», que le ocupaba largos meses y que le exigía el empleo de materias primas costosas.

El acceso a la maestría era, pues, difícil, sobre todo en algunos oficios, porque, para evitar la competencia y limitar su número, se tendía a cobrar derechos de entrada, y, además, los encargados de juzgar las «obras maestras» se mostraban cada vez más severos. Lo más sencillo, por supuesto, era ser hijo o yerno de un maestro; en este caso, las barreras se alzaban.

Esto dio lugar a una herencia de los oficios paralela a la de los feudos, que permitió mantener en la sociedad una rigidez que se consideraba necesaria para la buena marcha del mundo. Desde luego, estos exámenes estaban justificados, a veces: así, hoy podemos admitir que el oficio de barrer: fuera objeto de una reglamentación precisa, pues los miembros de esta profesión actuaban también como cirujanos.

Para hacer frente al egoísmo de los maestros, los obreros se asociaban, a veces, en gremios. Estas organizaciones permitían discutir con más eficacia las condiciones de los salarios, representando el papel de los sindicatos contemporáneos. Sin embargo, las corporaciones, dirigidas por los maestros, consiguieron generalmente quebrantar estas asociaciones disidentes, a las que calificaban de asambleas facciosas.

Los maestros, pues, no admitían la lucha de clases en el seno de su profesión. Estimaban que las corporaciones velaban por el bien de todos y que había que continuar unidos para oponerse a las clases dominantes de la aristocracia.

De hecho, las corporaciones desempeñaron en Italia, y particularmente en Flandes y en París, un papel revolucionario, que prefiguraba el del Tercer Estado en la revolución de 1789. Así, en el siglo xiv, Esteban Marcel se apoyó en los carniceros para oponerse al poder real; por su parte, Jacobo van Artevelde recibió en Gante el apoyo de las corporaciones.

LAS COFRADÍAS
En el curso de esa Edad de la Fe que fue la Edad Media, era normal que las corporaciones, organizaciones económicas, se relacionaran con lo religioso. Gada corporación formaba normalmente una cofradía; cada cofradía rendía culto a un santo particular (a Eloy los orfebres, a Crispín los zapateros, a José los carpinteros) y edificaba una capilla en la que se reunía.

Además, las cofradías organizaban procesiones y fiestas, obligaban a sus miembros a asistir a las exequias de los cofrades muertos y, sobre todo, era un organismo de asistencia mutua, encargado de ayudar a los compañeros pobres, enfermos o ancianos. Algunas cofradías llegaron a crear centros hospitalarios. Tanto los aprendices como los oficiales y los maestros estaban, pues, unidos por un conjunto de lazos económicos, jurídicos, políticos, religiosos y sentimentales que los hacían solidarios y los protegían, pero que impedían las innovaciones.

Nuestra mentalidad moderna encuentra normal la competencia: que quien descubra un truco técnico, que quien dé pruebas de inventiva, consiguiendo fabricar a menos precio, quite la clientela a un competidor, nos parece justificado. La Edad Media, en cambio, consideraba esto desleal y deshonesto. Se condenaba el progreso, que podía arrebatar el pan de la boca de los cofrades.

Las corporaciones, al reglamentar los precios y las técnicas de fabricación, conseguían la seguridad de sus miembros, pero paralizaban los progresos técnicos. Por esto la Revolución Francesa, que suprimió las corporaciones en nombre de la libertad individual, favoreció el progreso técnico, pero, al mismo tiempo,el aplastamiento de los misérrimos proletarios del siglo XIX.

LA CORTE DE LOS MILAGROS
Sin embargo, existía la miseria en las ciudades: el vagabundeo, la mendicidad y el bandidaje hacían estragos tanto en la ciudad como en el campo. Las guerras, los disturbios y las epidemias hacían crecer el número de los desheredados de la sociedad. La mendicidad era para algunos un género de vida normal, que la moral cristiana no reprobaba. Guillebert de Metz llegó a jactarse de los ochenta mil mendigos que, según él, probaban el esplendor de París.

Como ocurría siempre en la Edad Media, la cifra era exagerada. Los verdaderos pobres podían quejarse de la competencia que les hacían los «caimanes» o falsos mendigos, que sabían remedar admirablemente innobles enfermedades y que se disfrazaban para presentar a la compasión pública heridas sangrientas, aplicándose una mezcla de harina, pintura y sangre. Algunos, con moras y bermellón, hacían apiadarse a los transeúntes, echando sangre por la boca y por la nariz. Muchos niños eran raptados, mutilados y puestos a mendigar. La «Corte de los Milagros» bordeaba la callejuela laboriosa.

Vendedores de falsas reliquias, monederos falsos, tramposos, malhechores, intentaban escapar a la justicia mostrando una tonsura y afirmando  que  sólo podían  ser  juzgados  por las autoridades eclesiásticas. Todos ellos hacían de las ciudades lugares peligrosos. Para poner fin a los manejos del hampa, fueron promulgadas diversas ordenanzas; sin embargo, su repetición periódica prueba que eran ineficaces.

Como la Mafia contemporánea, los maleantes formaban una corporación con sus reglamentos interiores y su jerarquía de aprendices, oficiales y maestros; la «obra maestra» consistía en cortar la bolsa de una mujer arrodillada en una iglesia, o asaltar sin ruido a un burgués. Sólo les faltaba el santo patrono.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IV La Gran Aventura del Hombre

Historia Oton I Emperador del Sacro Imperio Romano Vida

OTON EL GRANDE, EMPERADOR

El 2 de febrero de 962 después de Jesucristo, en la Basílica de San Pedro, de Roma, se repetía la misma ceremonia con la cual, en el año 800, Carlomagno había sido reconocido emperador del Sacro Imperio Romano: el papa Juan XII colocaba la corona imperial sobre la cabeza de Otón I, rey de los germanos. En esa forma, después de casi dos siglos, resurgía el Sacro Imperio Romano. Y como se lo debía a un soberano alemán, fue llamado Sacro Imperio Romano Germánico.

Otón I, llamado El Grande, fue rey de Germania (936-973) y emperador del Sacro Imperio Romano Germánico (962-973). En el ejercicio del primero de sus citados títulos, su reino se vio consolidado y fortalecido. Obtuvo el dominio del norte de la actual Italia al contraer matrimonio con la reina viuda de Lombardía, Adelaida, a la que había ayudado a derrotar al usurpador Berengario II. Coronado emperador del Sacro Imperio por el papa Juan XII, pretendió la subordinación de la Iglesia a la autoridad imperial.

 

Emperdor Oton I

LUCHA CONTRA LOS FEUDATARIOS
El mismo día de su coronación como rey de Alemania (año 936) Otón I quiso mostrarse magnífico con los feudatarios que intervinieron en la ceremonia: asignó a cada uno de ellos importantes cargos de corte (chambelán, comandante de caballería, etc.).

Con dicho acto, el joven soberano quiso demostrar que deseaba vivir en armonía con todos los nobles de su reino. Pero, aquélla tuvo breve duración: poco después, los feudatarios más poderosos (los duques de Bohemia, de Franconia, de Suabia) se rebelaron con la intención de constituir en sus territorios reinos independientes.
Sin embargo, no tardaron en comprender que tenían que habérselas con un soberano enérgico, dispuesto a hacer reconocer a toda costa sus derechos de rey.

Efectivamente, Otón I enfrentó a los feudatarios rebeldes y, después de dos años de guerra, logró derrotarlos y someterlos a su autoridad. Y como se dio cuenta de que tarde o temprano los feudatarios volverían a rebelarse, Otón I les quitó el dominio de muchas tierras y las concedió en feudo a hombres de la Iglesia (especialmente obispos, que tuvieron el título de condes).

Una vez que hubo consolidado su poder en Alemania, Otón pudo considerarse el soberano más poderoso de Europa, y tratar de alcanzar la meta a que aspiraba desde hacía años: hacer resurgir el gran imperio fundado por Carlomagno y destruido por sus sucesores. El programa no era ciertamente fácil: para reconstituir la unidad del Imperio Carolingio había que someter a los reinos de Francia y de Italia, que hacía tiempo se habían independizado.

VICTORIA SOBRE LOS HÚNGAROS
Cuando todo parecía ir perfectamente, Otón recibió una tremenda noticia: hordas de húngaros, procedentes de las regiones danubianas, habían invadido Alemania. Dejando el trono de Italia a Berenguer II, que ie había hecho acto de sumisión y promesa de fidelidad, Otón regresó a Alemania para enfrentar a los invasores.
En una sangrienta batalla, librada en las cercanías de Augusta, Otón I logró exterminar al ejército enemigo. Merced a esta victoria, los húngaros fueron expulsados para siempre a sus tierras de origen.

OTÓN I EN ITALIA
Mientras Otón meditaba planes para poner en ejecución su gran programa, he ahí que la fortuna le salió al encuentro ines– eradamente. Adelaida, viuda de Lotario, rey de Italia, le pidió que se dirigiera a ese país para ayudarle a recuperar el reino, que le había usurpado Berenguer II, marqués de Ivrea.

Para liberarse de Berenguer, también los feudatarios italianos se sintieron inclinados a reconocer la autoridad del rey extranjero.

A Otón I no podía presentársele una ocasión más favorable para poner pie en la península italiana. En septiembre de 951 llegó a Italia, donde no encontró ninguna resistencia. Berenguer, despavorido, se había refugiado en Ivrea. Adelaida, que esperaba ser repuesta en el trono de Italia, fue pedida como esposa por Otón I. Así, este soberano obtuvo lo que deseaba: Italia podía considerarse uno de sus reinos.

REY DE ITALIA Y EMPERADOR
Mientras tanto, Berenguer II no sólo había actuado como si fuera un rey independiente, sino que también trató de conquistar los territorios de la Iglesia. Entonces, el papa Juan XII, para defenderse de la amenaza de Berenguer, decidió pedir ayuda a Otón I.

Y he aquí que en el invierno de 962, Otón I llegó nuevamente a Italia. Los príncipes y prelados italianos se reunieron en Milán, declararon a Berenguer derrocado y ofrecieron el reino a Otón I. Poco después, en Pavía, el soberano alemán fue coronado rey de Italia. Alemania e Italia, unidas, podían formar un imperio. Otón I pensó, entonces, que había llegado el momento de ceñir la corona imperial. “Si, con la ayuda de Dios, Roma me ve entre sus murallas —escribió al Papa— yo levantaré con toda mi potencia a la Iglesia Romana y a Ti, que eres su Jefe”.

Una declaración de esta naturaleza no pudo dejar insensible a Juan XII. Otón I fue coronado emperador, y al papa Juan XII le pareció que en ese momento resurgía en Europa el Sacro Imperio Romano.

LA IGLESIA AL SERVICIO DEL IMPERIO
En cuanto logró su coronación, Otón I se apresuró a dar a conocer sus verdaderas intenciones. Mediante un edicto estableció que el derecho de nombrar a ios pontífices correspondía solamente al emperador. Si en el tiempo de Carlomagno, el imperio había estado al servicio de la Iglesia, ahora, con Otón I, la Iglesia se encontraría sujeta al imperio. No obstante, Otón I no había finalizado sus planes de conquista. Ahora aspiraba a la posesión de Italia meridional, aún en manos de los bizantinos. . Pero, en 973, cuando se preparaba para llevar a cabo la conquista, murió a la edad de 61 años, después de 37 de reinado.

Fuente Consultada:
Enciclopedia Ilustrada del Estudiante Tomo IV – Oton I Emperador

Cronología de los Pintores de la Historia Grandes Artistas

LÍNEA DE TIEMPO DE LOS ARTISTAS MAS DESTACADOS DE LA HISTORIA

El propósito de esta lista es colocar las fechas de nacimiento y muerte de los artistas y una mención de sucesos en otras esferas.

1255 Alrededor de esta época nació Duccio.
1266 Nacimiento de Giotto.
1318 Muerte de Duccio.
1337 Muerte de Giotto.
1348 LA PLAGA DE LA MUERTE NEGRA.
1366 Nacimiento de Van Eyck.
1387 Nacimiento de  Fra Angélico,
1397 Nacimiento de Uccello.
1400 Nacimiento de Jacobo Bellini.
1401  Nacimiento de Masaccio.
1410 Alrededor de esta época nació Piero del la Francesca.
1415 BATALLA DE AGINCOURT.
1429  Nacimiento de Gentile.Bellini. Muerte de Masaccio.
1430 Nacimiento de Giovanhi Bellini.
1431  JUANA DE ARCO ES QUEMADA EN UNA PIRA. Nacimiento de Mantegna
1435 Nacimiento de Verrochio.
1441 Muerte de Van Eyck.
1444 Nacimiento de Botticelli.
1449  Nacimiento de Ghirlandaio.
1450 Nacimiento de Hieronymus Bosch. 1452 Nacimiento de Leonardo da Vinci.
1455 COMIENZO DE LA GUERRA DE LAS ROSAS. Muerte de   Fra  Angélico.
1470 Muerte de Jacobo Bellini.
1471  Nacimiento de Dürer.
1473 -1481 SE ERIGE LA CAPILLA SIXTINA.
1475 Nacimiento de Miguel Ángel. Muerte de Uccello.
1476 CAXTON COMIENZA A IMPRIMIR EN INGLATERRA Nacimiento de Giorgione.
1483 Nacimiento de Rafael.
1487  Nacimiento del Tiziano en alguna época de los siguientes trece años.
1488 Muerte de Verrocchio.
1492 COLON DESCUBRE AMERICA.
1492 Muerte de Piero delta Franceses.
1494  Nacimiento de Corregió. Muerte de Ghirlandaio.
1495 Nacimiento de Holbein.
1506 Muerte de Mantegna.
1507  Muerte de Gentile Bellini.
1510 Muerte de Botticelli.  Muerte de Giorgione.
1516 Muerte de Hieronymus Bosch. Muerte de Giovanni Bellini.
1518 Nacimiento de Tintoretto.
1519 Muerte de Leonardo da Vinci.
1520 Muerte de Rafael.
1521  LUTERO ANTE LA DIETA DE WORMS.
1528 Muerte de Dürer.  Nacimiento de Veronese.
1534 Muerte de Corregió.
1538 SUPRESIÓN DE LOS MONASTERIOS.
1541 Nacimiento de El Greco.
1543 Muerte de Holbein.
1553 MARÍA I, REINA DE INGLATERRA.
1564  NACIMIENTO DE SHAKESPEARE. Muerte de Miguel Ángel.
1565 Nacimiento de Brueghel.
1573 Nacimiento de Caravaggio.
1576  Muerte de Tiziano.
1577  Nacimiento de Rubens.
1581 Frans Hals nace alrededor de esta época.
1588 DERROTA DE LA ARMADA ESPAÑOLA. Muerte de Veronese.
1594 Nacimiento de Poussin. Muerte de Tintoretto.
1599 Nacimiento de Van Dyck y Velazquez.
1603 MUERTE DE LA REINA ISABEL I.
1606 Nacimiento de Rembrandt.
1610 Nacimiento de Teniers (El joven). Muerte de Caravaggio.
1614 Muerte de El Greco.
1616 MUERTE DE SHAKESPEARE.
1617  Nacimiento de Murillo.
1618 COMIENZA LA GUERRA DE LOS TREINTA AÑOS.
1620 LOS PADRES PEREGRINOS, A BORDO DEL “MAYFLOWER”, LLEGAN A NUEVA INGLATERRA.
1625 CARLOS I, REY DE INGLATERRA. Muerte de Brueghel.
1629 Nacimiento de Hooch.
1632 Nacimiento de Vermeer.
1640 Muerte de Rubens.
1641  Muerte de Van Dyck.
1649 CARLOS  I  ES DECAPITADO.
1658 MUERTE DE OLIVER CROMWELL.
1660 Muerte de Velazquez.
1665  LA GRAN PLAGA DE LONDRES. Muerte de Frans Hals.
1666  EL GRAN INCENDIO DE LONDRES.
1669 Muerte de Rembrandt.
1675 Muerte de Vermeer.
1682 Muerte de Murillo.
1684 Nacimiento de Watteau.  Muerte de Hooch.
1690 Muerte de Teniers (El joven).
1697 Nacimiento de Hogarth  y Canaletto.
1702 ANA, REINA DE GRAN BRETAÑA.
1721 Muerte de Wateau.
1723 Nacimiento de Reynolds.
1727 Nacimiento de Gainsborough.
1732 Nacimiento de Fragonard.
1746 Nacimiento de Goya.
1748 Nacimiento de David.
1764 Muerte de Hogarth.
1768 Muerte de Canaletto.
1775 Nacimiento de Turner.
1776 DECLARACIÓN DE LA INDEPENDENCIA NORTEAMERICANA, Nacimiento de Constable.
1781 Nacimiento de Ingres.
1788 Muerte de Gainsborough.
1789 COMIENZA LA REVOLUCIÓN FRANCESA.
1792 Muerte de Reynolds.
1796 Nacimiento de Corot.
1798 Nacimiento de Delacroix.
1804 NAPOLEÓN HECHO  EMPERADOR.
1806 Muerte de Fragonard.
1812 Nacimiento de Rousseau.
1815.NAPOLEON ESCAPA Y FINALMENTE ES DERROTADO.
1819,Nacimiento de Coubert.
1825 Muerte de David.
1827 Nacimiento de Holman Hunt.
1828 Nacimiento de Rossetti. Muerte de Goya.
1829 Nacimiento de Millais.
1832 Nacimiento de Manet.
1833 Nacimiento de Burne Jones.
1834 Nacimiento de William Morris, Whistler y Degas.
1837 ASCENSIÓN DE LA REINA VICTORIA DE INGLATERRA AL TRONO. Muerte de Constable.
1839  Nacimiento de Cezanne.
1840 Nacimiento de Monet.
1841  Nacimiento de Renoir.
1848 Nacimiento de Gauguin.
1851 SE ABRE  LA PRIMERA GRAN  EXPOSICIÓN DE LONDRES. Muerte de Turner.
1853 Nacimiento de Van Gogh.
1860 Nacimiento de Sickert.
1861  ABRAHAM  LINCOLN, PRESIDENTE DE  LOS ESTADOS UNIDOS DE AMERICA.
1863 Muerte de Delacroix.
1864 Nacimiento de Toulouse Lautrec.
1865  FIN DE  LA GUERRA CIVIL DE   LOS  ESTADOS UNIDOS DE AMERICA.  LINCOLN  ES ASESINADO
1866.Nacimiento de Kandinsky.
1867 Nacimiento de Bonnard. Mueren Ingres y Rousseau.
1869 Nacimiento de Matisse.
1872 Nacimiento de Mondrian.
1874 LANZAMIENTO DEL MOVIMIENTO”IMPRESIONISTA”.
1875 Muerte de Corot.
1877 Muerte de Coubert.
1878 Nacimiento de John Augustus.
1879 Nacimiento de Paul Klee.
1881  Nacimiento de Picasso.
1882 Nacimiento de Braque.  Muerte de Rossetti.
1883,Muerte de Manet.
1884 Nacimiento de Modigliani.
1890 Muerte de Van Gogh.
1896 Mueren Millains y William Morris.
1898 Muerte de Bu rne-Jones.
1901 MUERTE DE LA  REINA VICTORIA.
Muerte de Toulouse Lautrec.
1903 Mueren Gauguin  y Whistler.
1906 Muerte de Cezanne.
1907- 1909 COMIENZO DEL MOVIMIENTO CUBISTA.
1910 MUERTE DEL REY EDUARDO VII. Muerte de Holman Hunt.
1914 SE DECLARA LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL.
1917  LA REVOLUCIÓN RUSA. Muerte de Degas
1918 TERMINA LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL.
1919 Muerte de Renoir.
1920 Muerte de Modigliani.
1926 Muerte de Monet.
1839 DECLARACIÓN DE LASEGUNDA GUERRA MUNDIAL.
1940 Muerte de Paul Klee.
1942 Muerte de Sickert.
1944 Mueren Kandinsky y Mondrian.
1945 TERMINA LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL
1947 Muerte de Bonnard.
1953 CORONACIÓN DE LA REINA ISABEL II.
1954 Muerte de Matisse.
1961 Muerte de John Augustus
1963 Muerte de Braque.

Biografia de Mozart,Van Gogh,Picasso,Cervantes,Dante Alighieri

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Miguel Ángel Van Gogh Pablo Picasso

 Los hombres hacen su historia y construyen civilizaciones. Desde hace millares de años, y a partir del momento en que los primates comenzaron a utilizar las manos, los ojos y el cerebro racionalmente, diferenciándose de los otros animales, millones de hombres pasaron por la superficie de la Tierra.

La mayoría de ellos, limitada por sus condiciones personales y sociales, no dejó rastros en la Historia. Otros, en cambio, políticos, científicos, filósofos, religiosos y artistas lucharon, innovaron y modificaron el mundo y la realidad que los rodeaba y, al proceder así, hicieron Historia.

Esos personajes se proyectaron más allá de su mera condición de individuos, para conquistar un puesto destacado en la transformación del destino colectivo de la humanidad. Algunos de ellos desempeñaron un papel más trascendente que otros. Pero todos, indistintamente, con el aporte que brindaron de acuerdo con sus posibilidades, forjaron las bases del gran edificio de la civilización contemporánea.

¿Por qué Mozart, Bach, Beethoven, Shakeaspeare, Miguel Ángel, y otros tantos personajes históricos se hicieron famosos?. ¿Lo fueron gracias a su talento o también debido a las circunstancias históricas que les tocó vivir? ¿Fueron más  afortunados que los demás o tuvieron más sensibilidad e intuición que sus contemporáneos?. Leer sus biografías, significa sobre todo conocer la vida y la obra de los grandes hombres de la historia.

Aquí solo presentamos algunas de las vidas de los individuos que, en mayor medida, han contribuido a hacer la Historia en el Arte. Estos protagonistas son también los protagonistas de nuestra memoria colectiva, aquellos a quienes se recuerda (con independencia de que la importancia real que tuvieran en su época fuera quizá menor que la que tuvieron otros, a quienes hemos preferido olvidar).

La literatura, las artes y la música tienen ahí también su influencia, así como la toponimia e incluso las canciones infantiles, perdurando hasta nosotros nombres y figuras que quizá de otro modo se habrían perdido con el paso del tiempo.

La celebridad ha sido, por tanto, un criterio de inclusión de algunos personajes en esta página, en atención al lector que pudiera interrogarse por esos nombres conocidos. Y es que, en definitiva, es la curiosidad del lector el elemento que dará a este post su sentido último, al guiar la lectura de un personaje a otro.

Agregamos otro gran personaje, que merece estar en esta lista y es importante que leas sobre su vida, se trata de Leonardo Da Vinci, haz clic para llegar a su biografía.