Ecologia Matemática

Problemas Ecologicos del Mundo Clasificación

Problemas Ecológicos del Mundo

La red de relaciones alimentarias y energéticas que vincula de manera indisoluble a productores, consumidores y descomponedores en un ecosistema , se reproduce con otros protagonistas en los distintos ecosistemas distribuidos por la superficie del globo.

Problemas Ecologicos del Mundo ClasificaciónEn la base de este delicado equilibrio se encuentran los distintos tipos de relaciones que a lo largo de los siglos establecieron entre sí plantas y animales. Sin embargo, ese equilibrio natural puede romperse debido a factores externos de distinto orden que, incluso incidiendo en un único nivel de la cadena alimentaria, pueden provocar alteraciones graves y persistentes.

Una inesperada variación de las condiciones climáticas puede provocar la desaparición de la vegetación; o bien, la introducción de nuevas especies animales o vegetales llevada a cabo por el hombre puede provocar la excesiva proliferación de unas especies o la desaparición de otras.

El jacinto de agua, introducido en África por la belleza de sus flores, llegó a reproducirse con tal rapidez que infestó canales y ríos provocando su obstrucción y la consiguiente imposibilidad de la navegación y el aprovechamiento de sus aguas. La intervención indiscriminada del hombre ha sido en extremo dañina, por cuanto ha llegado incluso hasta el exterminio de especies animales a las que equivocadamente consideró competidoras.

La nutria, considerada por los pescadores una temible adversaria porque se alimentaba de peces, fue prácticamente exterminada. Más tarde el hombre se dio cuenta del efecto de reequilibrio que dicho predador ejercía sobre las poblaciones de peces.

En este caso la eliminación de una especie determinada repercutió indirectamente sobre otros seres vivos. Por lo tanto, es peligroso alterar los delicados equilibrios naturales, y toda intervención del hombre en la naturaleza debe ser extremadamente prudente. Hay un gran número de sustancias nocivas que una vez introducidas en la cadena alimentaria no pueden ser destruidas o reutilizadas dentro de los ecosistemas, y se acumulan en los seres vivos contaminando todos los organismos. Uno de los casos más notables es el de la contaminación producida por DDT, un potente insecticida que los organismos no pueden eliminar. (Ver DDT)

Ahora veremos los problemas ecológicos del mundo, que se pueden agrupar en diez categorías:

1. La del ozono, Parte del problema se resolverá con la prohibición del uso de los aerosoles y de otros artefactos elaborados con sustancias clorofluorocarbonadas. Su incidencia es tan grave que se está incrementando el cáncer de piel.

2. El efecto invernadero o aumento de la temperatura en la atmósfera terrestre como consecuencia del exagerado incremento de los procesos de combustión. Tempestades, lluvias torrenciales y granizadas son las primeras consecuencias del desequilibrio. Se corregiría limitando las emisiones industriales y evolucionando hacia vehículos movidos por energía alternativa.

3. La lluvia acida, que destruye la vida. El problema se resuelve produciendo gasolina sin plomo, combustible menos peligroso.

4. La deforestación. Su solución está en la regulación de la tala de bosques y en la recuperación de los ya talados. Esto último se debe hacer con especies nativas. De continuar el actual estado de cosas, hacia el año 2000 la mitad de los bosques del planeta habrá desaparecido.

5. Las inundaciones, desequilibrio causado por el efecto invernadero y la destrucción vegetal. Una parte de la solución está en la canalización de los cauces fluviales y en la recuperación vegetal de las cuencas hidrográficas.

6. Los residuos industriales y las aguas negras, que acaban con la vida acuática y hacen del agua un foco de enfermedades y malos olores. Las fábricas deben contar con plantas depuradoras para reducir al mínimo los efectos nocivos.

7. La extinción de la biodiversidad, como consecuencia de la caza inclemente con distintos fines. La solución se encuentra en una legislación que sancione penalmente a los causantes del problema. No más abrigos de pieles, no más animales exóticos lejos de su habitat.

8. La contaminación en todas sus formas y manifestaciones. La del aire, la del ruido, la de las basuras y la visual en las grandes ciudades. Las personas debemos desarrollar una actitud de respeto hacia el paisaje y todos sus elementos.

9. La erosión. Su solución se encuentra en la reforestación y en la conservación de la vegetación. No más madera como combustible, no más destrucción de las zonas de reserva.

10. La superpoblación y el hacinamiento en grandes ciudades. El ser humano debe tomar conciencia de que los recursos del planeta no son ilimitados: desarrollo sostenible: tómalo que quieras pero déjale a tus nietos”. En consecuencia, está obligado a procrearse de manera responsable y a entender que su modelo de desarrollo no es el más conveniente.

Animales en Extincion Peligro de Extincion de Animales del Planeta

ANIMALES EN PELIGRO DE EXTINCIÓN

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La fauna silvestre es un claro ejemplo de la estrecha relación entre cada uno de los componentes de un ecosistema, ya que la eliminación de cualquier especie acaba provocando el desequilibrio de los ecosistemas y la destrucción de fuentes de investigación científica. Por eso es necesario cuidar y respetar nuestro planeta y a todos sus habitantes. A continuación presentamos un resumen de algunas de las especies animales en muy serio retroceso numérico:

EXTINCIÓN DE LAS AVES:

*Extinción del Águila Calzada o Barreada (Spizaetus ornatus)

Es una especie de las selvas tropicales. Nidifica en los árboles altos y necesita grandes territorios por lo que va desapareciendo debido a los

 desmontes. Se alimenta de vertebrados que captura con sus poderosas garras.

*Extinción del Águila Monera (Morphnus guianensis)

Muy similar a su pariente la harpía pero, de menor tamaño. Su alimentación consiste en aves y mamíferos arborícolas que viven en el estrato superior. Como todas las rapaces de gran tamaño necesita grandes extensiones lo que es cada vez más escaso. Esto lo ha llevado a figurar en el Libro Rojo Internacional de las especies en vías de extinción.

*Extinción del  Águila Viuda o Patera (Spizastur melanoleucus)

Algunos observadores señalan a esta rapaz como la predadora del raro pato serrucho (mergus octosetaceus) dicen que su presencia es infalible en las correderas donde andan dichos patos, de donde se lanza sobre ellos. La destrucción de su hábitat y el ser utilizados como blancos por desalmados cazadores, han colocado a esta especie en peligro.

 *Extinción del  Chorao (Amazona pretei)

Loro de cabeza amarilla, con cara y hombros de color rojo, es muy raro en la actualidad por lo tanto que figura en el Libro Rojo Internacional. En la República Argentina sólo es conocido en la provincia de Misiones. En primavera nidifica en árboles huecos con más de 10 m de altura, y son persegudos como mascota. Se desplazan en grandes ban a as para comer frutos, los que escasean cada vez más. Además, su decadencia parecen estar ligada a la desaparición de los bosques de pino Paraná (Araucaria angustifolia) que le servían de alimento.

*Extinción del Guacamayo Rojo (Ara chloroptera)

Fue uno de ¡os grandes loros que durante el siglo pasado habitó las selvas misioneras, hoy sólo se lo encuentra en grandes selvas de Sudamérica. Esta especie figura en el Libro Rolo Internacional.

*Extinción del Harpía (Harpía harpya)

La mayor de las aves rapaces de Sudamérica y con raras citas en la Argentina. Como todas las rapaces necesitan grandes extensiones como territorio, el cual es cada vez más escaso. Por ser una especie rara también figura en el Libro Rojo Internacional de especies en peligro.

*Extinción del Macuco (Tinamus soitarios)

En la República Argentina sólo habita en la selva misionera. Es un ave del tamaño de un pollo de color gris azulado, muy perseguido por los cazadores por su exquisita carne, algunos imitan su silbido para atraerlo. Al atardecer suelen silbar en busca de sus compañeros para juntarse en el dormidero, debido a la destrucción de su hábitat es cada vez más difícil verlo.

*Extinción del Maracana Cara Afeitada (Ara maracana)

Habita en selvas abiertas de América del Sur. Es una especie muy rara. Figura en la lista del Libro Rojo Internacional de las especies en vías de extinción.

*Extinción del Papo Rosa o Loro Pecho Vinoso (Amazona Vinacea)

Esta especie se consideró extinguida en la República Argentina (prov. de Misiones) pues desde hace varias décadas no se tenían datos sobre ella. Recién en 1984 fue redescubierta por los especialistas. Son muy pocos los sitios que aún albergan a esta especie, Misiones es la única provincia argentina que la refugia. Por lo tanto está atravesando un muy serio retroceso numérico. Son muy perseguidos por los pobladores pues son muy buenos habladores.

*Extinción del Pato Serrucho (Mergus octosetaceus)

Patilla de ríos y arroyos de aguas rápidas y cristalinas del Norte de la provincia argentina de Misiones, Sur de Brasil y Este del Paraguay. Es un gran zambullidor, captura peces, insectos y moluscos. Nidifico en árboles vecinos a ¡os arroyos. Este raro y curioso patil lo de pico fino y aserrado ha debido enfrentar, además de la alteración de su hábitat, una encarnizada persecución para proveer de ejemplares embalsamados a los museos del mundo entero. Está citado en el Libro Rojo Internacional de especies en vías de extinción.

*Extinción del  Yacutinga o Pava de Monte (Aburría ¡acutinga)

Vive en la selva misionera (Rep. Argentina, prov. de Misiones), en el SE de Brasil y en el E de Paraguay, principalmente en márgenes de arroyos y ríos. Come frutos, semillas y granos. Es muy perseguido por su rica carne, además es una de las aves más grandes y bonitas. Esta especie figura como amenazada a nivel internacional por lo-que figura en el Libro Rojo.

EXTINCIÓN DE LOS MAMÍFEROS

*Extinción del Aguará Guazú o Lobo de Crin (Chrysosyon brachyurus)

Su nombre en guaraní significa “zorro grande”, h abita en sabanas con palmares y montes húmedos en isletas. Es un animal solitario, tímido y cauteloso. Se alimenta de pequeños mamíferos y aves, aunque no desprecia a los vegetales. Se estima que en la República Argentina hay entre 1.000 y 1.500 individuos de esta especie, muchos en la prov. de Santa Fe. Lo más grave para su supervivencia es el avance de la ron era agropecuaria, otro de los factores que lo amenaza es la caza para aprovechar su piel.

 *Extinción del Caraya o Aullador Rojo (Alouata guariba)

También conocido como guariba. Su dieta consiste en hojas y frutos silvestres. Habita en la República Argentina desde 1954, exclusivamente en la provincia de Misiones. Se encuentra en las hojas del Libro Rojo Internacional, por la destrucción de la selva y la fiebre amarilla que azotó los años 1965 y 1966.

*Extinción del  Ciervo de los Pantanos (Blastocerus dichotomus)

Ese1 mayor ciervo sudamericano que puede llegar a un peso de 100 kg. Habita en pastizales inundables del NE de Argentina llegando hasta el delta del Paraná. Perseguido como fuente de proteínas y trofeo de caza por lo que es hoy sumamente escaso.

*Extinción del Comadreja de Agua o Cuica (Chwonectes mininus)

Este curioso mamífero acuático, conocido también con el nombre de lobito overo es un marsupial que se ha adaptado a la perfección al agua desarrollando membranas natatorias en sus patas. Su alimentación consiste en peces y crustáceos. Es exclusivo de la provincia de Misiones (Rep. Argentina), donde se lo considera un animal raro.

*Extinción del Comadreja Lanosa (Caluromys Ianatus)

Este raro marsupial de pelaje lanoso y largo, habita en las zonas selváticas muy altas, sus costumbres son marcadamente arborícolas y nocturnas. Esto ha dificultado su hallazgo, ocurrido recientemente en el año 1970 por el naturalista Juan Foerster.

*Extinción del Gato Moro (Felis yaguaroundi)

Conocido también con el nombre de yaguarundí. La coloración del yaguarundí es muy oscura por lo que siempre se lo confunde con el hurón mayor (Eira barbara). Los principales motivos de la desaparición de estos gatos se deben al desmonte y la persecución con trampas y cepos por los colonos por temor a que lleguen donde se encuentran sus aves de corral, y el interés por la piel. Todo esto ha determinado que figure en el Libro Rojo Internacional.

*Extinción del Gato Onza (Felis pardalis)

Es una especie de las selvas neotropicales. Captura aves y mamíferos. Como casi todos los félidos son muy perseguidos por el valor de la piel, lo que hace que su población sea cada vez más escasa. En la provincia de Misiones (Rep. Argentina) tiene una amplia distribución.

*Extinción del  Lobito de río (Lontra Ion gicaudis)

Vive en arroyos y ríos de América del Sur. Se alimenta de peces y crustáceos, ha sufrido una intensa persecución a raíz de su a preciado cuero. Sin ninguna duda la alteración de los arroyos y el desmonte son factores de su gran disminución y rareza.

*Extinción del  Lobo Gargantilla (Pteronura brasiliensis)

Esta nutria que puede alcanzar los 2 m de longitud está considerada como una especie vulnerable a raíz de la caza comercial furtiva, pues su piel era muy requerida por las peleterías. Les gusta andar de día en grupo, forman cuevas entre raíces. Su dieta consiste en peces, tortugas, crustáceos. El nombre de lobo gargantilla proviene de las manchas amarillas que presenta en la parte central del cuello. Se encuentra incluido en el Libro Rojo Internacional.

*Extinción del  Oso Hormiguero o Tamandua (Myrmecophaga tridactyla)

El oso hormiguero de cola ancha muchas veces es confundido con el osito melero (Tetradactyla chapadensis) que es mucho más chico, arborícola y de cola prensil. El oso hormiguero es uno de los mamíferos más curiosos de América. Es solitario y silencioso. Puede llegar a emitir mugidos o roncar, si está nervioso. Habita en los pastizales y bosques. Tiene hábitos nocturnos aunque también es posible verlo de día. En Argentina todavía se lo puede encontrar en zonas aisladas, es lento y su única defensa son sus poderosas garras con lo cual abraza a su enemigo, hasta destrozarla. Es de alimentación muy especializada y se pasa la mayor parte de su tiempo en encontrar y devorar hormigas. Cuando encuentra un hormiguero hunde su cabeza en ella y con su larga lengua empieza a alimentarse

Recorre territorios de 900 a 1.000 ha en busca de hormigas y termitas, su principal alimento. Posee un olfato 40 veces superior al humano, es el arma que utiliza para localizar las colonias de insectos. Las hembras tienen una única cría, después de una gestación de 190 días y el bebé es transportado en el lomo de la madre durante más de un año. El gran deterioro de su hábitat natural y la caza sistemático lo han llevado a engrosar las hojas del Libro Rojo Internacional.

*Extinción del  Perro Vinagre o Zorro Pitoco (Speothos venaticus)

Animal cánido rechoncho y de orejas y cola corta, suele andar en parejas o pequeños grupos cerca de ríos o arroyos. Se alimenta de pequeños roedores.

*Extinción del  Tatu Carreta (Priodontes gigantus)

Con un peso de más de 60 kilos, es el mayor armadillo viviente, poderoso y rápido cavador. Su dieta incluye hormigas, termitas y carroña. Habita el Este de Sudamérica. Figura en el Libro Rojo Internacional debido a su peligrosa situación.

*Extinción del  Tatu Cementerio o Rabo Molle (Cabassus tatouay)

Es uno de los armadillos más grandes después del tatú carreta (Priodontes giganteus). Su carne, según los pobladores, es incomible. A diferencia de otros tatúes, éste presenta su cola sin escamas. Su alimentación consiste en gusanos, lombrices y carroña. Se lo encuentra muy poco, por lo que se lo considera una especie rara.

*Extinción del  Venado de las Pampas (Ozoteceros bezoarticus)

Era el venado que ocupaba en el pasado el centro y norte de la República Argentina. Hoy sólo subsisten pequeñas poblaciones aisladas en Buenos Aires, San Luis y Corrientes, también se conocen en Brasil, Uruguay, Bolivia y Paraguay. Su persecución como fuente de alimentación lo llevaron a engrosar la lista de animales que figuran en el Libro Rojo Internacional.

*Extinción del  Yaguareté o Tigre (Leo onca)

Es un símbolo viviente. Es el predador más grande dentro de su hábitat. Se localiza cerca de arroyos y esteros, en bosques tupidos. En una época habitaba varias provincias argentinas, hoy predomina en Misiones, Santa Fe —entre otras—. Puede nadar, correr, trepar. Es un gran depredador de varios mamíferos, buen caminador y cazador. Entre su alimentación, que es muy variada, se encuentran el tapir, pecarí, oso melero, coatí, venado, yacaré, tortugas, ranas y cangrejos. El territorio de los machos comprende 40 a 50 km. Lamentablemente el valor de su piel y la mala fama de bravo lo ha llevado a estar entre los animales que más amenazados se encuentran.

*Extinción del  Zorro

Mide unos 75 cm de longitud (la cola incluida, que mide 33 cm). Pesa unos 3 kg. El color es gris claro, patas, cola y flancos un tanto más claros. Sienta su hábitat en los lugares descampados, con pajonales. La astucia, ya legendaria, se pone de relieve al ser perseguido, o por sus artimañas para conseguir alimentos. Sus hábitos son nocturnos y vive en los pajonales o como usurpador de cuevas ajenas (de peludos, mulitas, vizcachas). Este carnívoro puede resultar destructivo sólo en apariencia, ya que con su sola presencia contribuye al mantenimiento 5Je1 equilibrio ecológico. Sólo construye su cueva en momentos en que la hembra tendrá cría. Estas registran época de parición en el mes de noviembre, la camada oscilo entre tres y cinco crías. Son perseguidas por el hombre, por su apreciada piel.

EXTINCIÓN DE LOS REPTILES

*Extinción del  Boa de las Vizcacheras

Es una serpiente de gran tallo a  la que se conoce también con los nombres de boa constrictora, ampalagua o lampalagua. Pasa el tiempo enroscado en las ramas de los árboles y es capaz de permanecer días enteros en la misma posición y en pleno reposo. Mide entre 2.30 y 3 m. de largo. Tiene un diámetro máximo de entre 10 y 15 cm. y pesa de 8 a 15 kg. El color es variable, siendo los más frecuentes el castaño claro y el gris oscuro, con grandes manchas claras, con borde blanco o rosado. La zona ventral es blanca amarillenta con manchas amarronadas. Carecen de veneno y su arma más poderosa es el movimiento constrictor con el cual destrozan el esqueleto de sus víctimas.

*Extinción del  Tortuga Terrestre o Tortuga Común

El caparazón mide entre 15 y 30 cm. de largo y entre 10 y 15 cm. de ancho. La coloración es ocre amarillento, con franjas marrones en la unión de las patas. Cabeza, cuello, patas y cola están recubiertas de escamas oscuras. La boca es grande. Carece de dientes. En los bardes tiene un arco que le permite morder. Su peso puede alcanzar los 3 kg. Los ojos pequeños le proporcionan gran información. La audición y el olfato no están muy desarrollados. Como todos los reptiles, la tortuga carece de mecanismos internos de regulación de temperatura corporal; por ello busca zonas templadas para asentarse. Hacia finales del verano la hembra pone entre 3 y 6 huevos. En la primavera siguiente nacen las crías. Durante los meses de bajas temperaturas se refugio entre troncos o piedras, semienterrándose, para comenzar su sueño invernal. Es muy perseguida porque se la comercializo como mascota.

*Extinción del  Yacaré Overo o Ñato (Caimán Iatirostris)

Es propio de ríos, arroyos y esteros subtropicales. Suele refugiarse en ambientes acuáticos de abundante vegetación. Le gusta tomar sol para regular su temperatura. Se alimenta principalmente de animales acuáticos. Prefiere la caza nocturna de sapos, víboras y peces. El valor de su cuero lo ha convertido en una especie perseguido. Según experiencias es posible su cría en cautiverio, lo que sería indispensable para sacarlo del Libro Rojo Internacional. La caza comercial fue la causa de la drástica disminución.

Biomas del Mundo Característica de La Taiga La Pradera y Bosque Tropical Lluvioso

Características de los Biomas del Mundo
Tundra La Taiga La Pradera y Bosque Tropical Lluvioso

Bisontes… canguros. . . cebras. Estos mamíferos son completamente distintos en muchos sentidos, pero sin embargo ocupan nichos similares en la naturaleza. Y sus entornos son notablemente parecidos. Las praderas herbáceas de América del Norte son iguales a los prados de África, Asia y Australia. La vida vegetal de una pradera se asemeja a la de otra.

Estos hechos son útiles para los ecólogos a medida que tratan de comprender la urdimbre y la trama de la naturaleza. Los descubrimientos que realizan acerca de una pradera de Montana pueden aplicarse también al mismo tipo de ecosistema del continente africano. Este método de estudio de la naturaleza se denomina enfoque de los biomas. Un bioma es un importante ecosistema terrestre, una gran extensión de tierra que tiene un tipo distintivo de vida vegetal. Puede incluir ecosistemas de muchas clases, pero todo el área se distingue por un tipo particular de vida vegetal, como la pradera, la selva lluviosa o cualquier otro que caracteriza el bioma.

La ubicación de los biomas sobre la superficie de la Tierra está determinada principalmente por el clima, en especial por la precipitación pluvial y la temperatura. Y el clima depende de muchos factores que incluyen la latitud (la distancia del ecuador), las corrientes oceánicas, la topografía, y los vientos prevalecientes. El mapa  siguiente muestra los principales biomas de nuestro planeta.

Ver: Características de la Tundra

Si bien el mapa señala límites bien definidos entre los biomas, éstos no empiezan ni terminan en forma abrupta. Se mezclan en los bordes, a veces siguiendo extensiones de muchos kilómetros de largo. Esta zona de transición entre dos biomas o dos ecosistemas se llama ecotono. Hay ecotonos en todo el entorno que nos rodea: el borde de una laguna, la orilla de un arroyo, o la linde entre un bosque y una pradera. En los ecotonos hay comúnmente gran variedad de formas de vida porque los animales que allí habitan aprovechan lo mejor de ambos ecosistemas, los cuales les  proporcionan alimento, y refugio, además de la satisfacción de otras necesidades.

Dentro de los límites de los biomas encontramos áreas cuya flora difiere mucho de la del resto del bioma. Esto suele depender del factor topográfico. El clima en lo alto de una montaña es más frío que el que reina en la tierra circundante; por lo tanto, las plantas que hallamos habitualmente en un bioma situado en regiones más septentrionales pueden crecer en la montaña.
Aun cuando el término “bioma” puede resultar nuevo para muchos, la gente piensa a menudo en función de estos importantes ecosistemas. Las palabras “desierto” o “pradera” evocan imágenes de estas regiones, con su flora y fauna características. En las páginas siguientes describiremos algunos de los principales biomas que existen en la Tierra.

TUNDRA significa en ruso ‘llanura pantanosa”. Es una vasta extensión de tierra desprovista de vegetación arbórea y salpicada de lagos, lagunas y pantanos. Cubre una superficie de casi 2.025.000 hectáreas y circunda el polo, el “tejado del mundo”, extendiéndose hacia el sur desde los mares polares árticos para terminar donde se encuentra con los bosques septentrionales, cubiertos de árboles de hoja perenne. Si bien la tundra parece una tierra rica en agua, especialmente durante su breve estación estival, es una especie de desierto ártico.

La precipitación anual es pequeña y el agua se congela; por lo tanto, durante los nueve a diez meses de invierno es una zona inaccesible para los seres vivientes.

Sólo la capa superior del suelo se deshiela en el verano. Debajo de ella la tierra se halla permanentemente congelada, Llegando a veces a una profundidad de muchos centímetros debajo de la superficie y recibe el nombre de permahelada. Una densa alfombra de pastos, juncos, musgos, líquenes, sauces enanos y abedules cubre el suelo de la tundra. Las plantas de la tundra cumplen su ciclo de crecimiento y floración durante el breve período de verano. Al mismo tiempo, bandadas de patos, gansos y otras aves que anidan en las regiones boreales crían allí a sus polluelos y migran luego hacia el sur a medida que se aproxima el largo y oscuro invierno ártico.

Algunos mamíferos y aves viven todo el año en la tundra ártica: los osos polares, el carnero almizclero, las liebres del ártico, los zorros azules, los lagópodos y la lechuza blanca. El caribú y el reno viajan hacia el sur en el invierno para buscar refugio en los bosques. (El caribú de América del Norte ocupa el mismo nicho que el reno de Siberia y de Europa septentrional.)

En muchos lugares de la Tierra, incluso en el ecuador, encontraremos en la cima de las montañas un medio similar a la tundra ártica, pero más seco. Es la tundra alpina que se extiende por encima del límite de la vegetación selvática sobre las altas montañas. En las cumbres montañosas el clima es muy semejante al del Ártico, aunque no existe la capa de permahelada y la estación de crecimiento suele ser más larga. La tundra alpina está cubierta a menudo por una alfombra de pequeñas plantas con flores, pero las cumbres más frías sólo tienen principalmente musgos y líquenes, casi como el bioma próximo al tejado del mundo”.

Los seres humanos afectaron en muy pequeña medida a la tundra ártica, aunque los esquimales, los indios y los lapones forman parte de ese bioma desde hace millares de años. En la actualidad, el creciente desarrollo demográfico y su demanda de recursos amenazan con introducir grandes cambios. El descubrimiento de petróleo en el norte de Alaska planteó muchos problemas y, entre ellos, el más importante era cómo podría funcionar la industria petrolífera sin dañar los ecosistemas de la tundra. Los ecólogos no tenían respuestas rápidas porque es muy poco lo que se sabe acerca de la tundra. Advirtieron, sin embargo, que el derramamiento de grandes cantidades de petróleo podría conducir a un verdadero desastre. A causa de la capa de permahelada, el petróleo podría permanecer sobre la superficie del suelo y no habría drenaje o escurrimiento. Los desechos de toda clase se descomponen muy lentamente en el Ártico debido a las bajas temperaturas. Si el hombre no trata a la tundra con sumo cuidado le infligirá profundas heridas y serán necesarios muchos años para cicatrizarlas.

La TAIGA, o bosque septentrional de coníferas, está compuesta casi enteramente por pinos y abetos. Se extiende al sur de la tundra y cubre una vasta zona a través de América del Norte, Asia y Europa. Los bosques de la taiga llegan hacia el sur hasta cadenas montañosas como los Montes Rocallosos y los Apalaches.

Puesto que la taiga está más próxima al ecuador que la tundra, recibe más energía del Sol. Las nevadas son más grandes y la nieve aísla el suelo, impidiendo la formación de la permahelada en la mayoría de las áreas. Las hojas aciculares de las coníferas tienen un tegumento ceroso que las protege del frío y reduce la evaporación de agua. La luz solar que se filtra a través del perenne follaje de los árboles es muy escasa, y por lo tanto en el suelo del bosque crecen pocas plantas.

Aunque la mayor parte de la taiga está cubierta por coníferas, hay también otros árboles, como el abedul, el sauce y el álamo temblón, que constituyen el alimento favorito de los antes y los castores. Las coníferas son el principal hábitat de la ardilla rojiza, la marta y pájaros que se alimentan de semillas, como el verderón y el piquituerto. Los inviernos en la taiga son largos y fríos, pero la cubierta de nieve aisladora y el alimento y el abrigo que proporciona la vegetación arbórea, permiten que sobreviva allí una variedad de animales mucho mayor que en la tundra septentrional.

El clima de la taiga impidió el asentamiento de grandes conglomerados humanos. Hasta ahora el hombre ha utilizado la taiga principalmente como fuente de madera y de pulpa de papel. Los exploradores buscan petróleo y riquezas minerales bajo la superficie de la taiga. La demanda de todos estos recursos impulsará el crecimiento demográfico de la región.

El BOSQUE TEMPLADO  cubre la mayor parte de la región oriental de Estados Unidos, Gran Bretaña, Asia oriental y casi toda Europa central. La estación de crecimiento es cálida y larga, y la precipitación pluvial asciende a mil milímetros, distribuidos uniformemente a lo largo del año. En este bioma la fauna y la flora son más ricas y variadas que en la taiga y la tundra.

La mayoría de los árboles son caducifolios, y sus hojas caen en el otoño. Los más comunes son el roble, el arce, la haya, el olmo, el abedul y el fresno. Los rayos del sol atraviesan las altas copas de los árboles —el dosel— en cantidad suficiente, lo que permite el desarrollo de otra capa de árboles llamada subestrato, así como el de abundantes arbustos, helechos y flores silvestres. Muchas de las flores silvestres crecen y florecen en primavera, antes que broten las hojas de los altos árboles y el espeso follaje reduzca la luz solar que llega hasta el suelo.

Puesto que hay una gran variedad y abundancia de productores vegetales, existen también muchos consumidores animales. Los insectos viven en todas las capas del bosque. y diferentes clases de pájaros insectívoros encuentran su alimento en diferentes capas o partes del bosque.

Los horneros buscan su alimento en el suelo del bosque; las oropéndolas bucean en las altas copas de los árboles; el pájaro carpintero explora bajo- la corteza de los árboles. Los bosques también albergan a reptiles, anfibios y mamíferos como el ciervo. el zorro, las ardillas y los murciélagos.

El clima del bosque templado caducifolio atrae a los seres humanos, y el hombre dejó su impronta en este bioma. Vastas extensiones se despejaron para la agricultura y la construcción de ciudades, carreteras e industrias. Chicago, Boston, Filadelfia y Nueva York se levantan donde antes existían grandes bosques caducifolios.

Los bosques que quedan han cambiado en muchos sentidos, incluidos algunos de los cuales probablemente ni siquiera tenemos conocimiento. La contaminación atmosférica destruye o afecta a algunas especies de árboles.

Un hongo asiático, introducido accidentalmente por el hombre, exterminó al castaño norteamericano, que cubría una parte un importante del bosque caducifolio de la región oriental de América del Norte. El hombre eliminó a los lobos y los gatos monteses que vivían en los bosques caducifolios. Con la desaparición de estos grandes carnívoros, sus presas, especialmente los ciervos, se multiplicaron tan rápidamente que a veces agotan sus propias reservas alimentarias y mueren de hambre.

Algunos animales de la selva se beneficiaron con los cambios introducidos por el hombre. El ciervo, la marmota, el conejo común y varias especies de pájaros medran en un medio que es una mezcla de bosque y de tierra más abierta. El petirrojo norteamericano, que solía vivir cerca de la linde de los claros del bosque, se multiplicó considerablemente y extendió los límites de su hábitat gracias a los cambios introducidos por el hombre en el bioma del bosque caducifolio.

El BOSQUE TROPICAL LLUVIOSO es increíblemente rico en cuanto a la vida animal y vegetal. Cubre “astas áreas de tierras bajas cerca del ecuador, en la cuenca amazónica América Central, África Central y Occidental y la región de Malaca —Nueva Guinea—. Llueve allí casi todos los días y la precipitación pluvial asciende por lo menos a dos mil milímetros anuales. Abunda la energía solar y hay pocas variaciones de temperatura del día a la noche, o de un mes a otro.

Este clima cálido y húmedo produce gran abundancia y variedad de plantas, incluidos millares de especies de enormes árboles de hojas perennes. Los árboles sirven de sostén a muchas enredaderas trepadoras y a una variedad de epífitas que se adhieren a los árboles pero que, a diferencia de las enredaderas, no echan raíces en el suelo. (Entre los árboles y las epífitas hay una relación de comensalismo.) Las epifitas absorben el agua de lluvia por medio de raíces especiales que cuelgan en el aire o de las cavidades que forman las hojas de algunas especies. Las epífitas tropicales incluyen las orquídeas, los helechos, los pimenteros, las bromeliáceas (parientes del ananá) y hasta los cactos.
Las condiciones climáticas de los trópicos, con elevadas temperaturas y permanente humedad, son ideales para los desintegradores; las hojas que caen en los suelos del bosque se descomponen muy rápidamente. En realidad, cuando atravesamos el bosque tropical lluvioso podemos caminar sobre un terreno desnudo. El interior del bosque lluvioso suele estar descubierto y descampado, aunque oscuro. No es la selva enmarañada que muchos imaginan. Sólo a lo largo de los caminos, de los ríos y junto a la tierra limpia y despejada —es decir, los lugares que la gente ve con más frecuencia— la luz solar llega en cantidad suficiente para producir una espesa “jungla” de vegetación.

En la mayoría de los biomas de los bosques, la vida es especialmente abundante en el suelo; en el bosque lluvioso la copa de los árboles es el lugar más animado y lleno de vida. Además de los pájaros e insectos, hay muchas clases de mamíferos arborícolas, como los monos, los murciélagos frugívoros, los perezosos, y lemúridos como el maqui. También abundan ranas arbóreas, serpientes arbóreas y lagartos arbóreos. Además de miles de especies de insectos, viven allí otros invertebrados (animales sin columna vertebral), como los ciempiés, escorpiones, caracoles, gusanos y arañas, que anidan entre las hojas o se esconden bajo la corteza floja de los árboles. Un entomólogo halló veinte mil clases distintas de insectos en quince kilómetros cuadrados de uno de los bosques tropicales lluviosos de Panamá; en toda Francia sólo hay, en cambio, varios centenares de especies de insectos.

En los estudios acerca del bosque tropical lluvioso, los científicos se hallan todavía, en buena medida, en la etapa de clasificación, tratando de identificar la flora y la fauna que vive en esa región. Puesto que los complejos ecosistemas del bosque lluvioso se conocen de manera muy deficiente, no es extraño que los cambios introducidos allí por el hombre hayan tenido a veces resultados desastrosos. Cuando se talan los árboles y se despeja la tierra para la siembra de cultivos, el suelo pierde rápidamente su fertilidad. En losbosques lluviosos, casi todos los minerales están estrechamente ligados a la vida de los animales y plantas. La cantidad de minerales que hay en el suelo es muy pequeña. Cuando se desmontan los árboles para despejar el terreno, el agua de lluvia pronto arrastra estas vitales sustancias introduciéndolas más profundamente en el suelo, fuera del alcance de las raíces de los cultivos sembrados por el hombre.

Si bien el hombre ha logrado plantar con buenos resultados café, caucho, caña de azúcar, cacao y otros cultivos en lugares que en otro tiempo estaban cubiertos por frondosos bosques lluviosos, muchos otros esfuerzos agrícolas terminaron con la ruina y el abandono de los suelos. Si el bosque lluvioso es destruido en una gran extensión, no vuelve a crecer, sino que es reemplazado por una llanura o pradera parecida a la jungla, con grupos de árboles aislados (sábana). El rápido crecimiento demográfico que se observa actualmente en los países tropicales significa que la gente procederá cada vez con más intensidad al desmonte de los bosques lluviosos, antes de comprender cómo “funciona” este complejo bioma.

En la PRADERA la precipitación anual de agua de lluvia varía entre 250 y 750 milímetros. Este bioma cubre una tercera parte de la superficie de Estados Unidos y grandes extensiones de todos los continentes.

En América del Norte las praderas orientales se llaman planicies y las occidentales llanuras. Las praderas se denominan pampas en América del Sur, estepas en la Unión Soviética y veld en África meridional. En las praderas de América del Norte las plantas tienden a hacerse más cortas a medida que nos trasladamos de este a oeste.

En realidad, las praderas reciben a menudo (cuando se viaja de este a oeste) el nombre de planicie de pastos altos, planicie mixta, y planicie de pastos cortos. La cantidad de agua de lluvia caída determina las  especies de plantas que crecen en las praderas, y la precipitación anual disminuye de este a oeste a través del territorio medio de Estados Unidos.

Las praderas naturales proporcionan sustento a muchos grandes mamíferos que pastan como el bisonte, los antílopes y los canguros. Como en la pradera hay pocos lugares que sirvan de escondite, algunos mamíferos son veloces corredores, mientras que otros, incluidos los topos y las ardillas se refugian en las galerías subterráneas que cavan en el suelo.

Abundan las langostas y otros insectos, así como pájaros que se alimentan de insectos, ratones u otros animales herbívoros.En una época, casi el 40 por ciento de la superficie de la Tierra estaba cubierta de praderas naturales. Ahora gran parte de este bioma se ha convertido en tierra de labranza o en erial.

El uso —y el abuso— de la pradera supera probablemente al que sufrió cualquier otro bioma. Las praderas mas húmedas son excelentes para el cultivo del maíz y del trigo; las más secas sirven de alimento a los ganados lanar y vacuno. El excesivo empleo de muchos miles de hectáreas como campos de pastoreo terminó por agotar el suelo que ya no sirve para sustentar la vida animal o vegetal; estas praderas se han transformado en desiertos creados por el hombre.

Los DESIERTOS cubren el 14% de la superficie de la Tierra y existen en todos los continentes. Sólo caen allí por año 250 mm. De agua de lluvia o menos, y gran parte se evapora rápidamente a causa de las elevadas temperaturas , los fuertes y frecuente  vientos y los días brillantes y sin nubes. Sin embargo, los climas desérticos presentan grandes variaciones. Los desiertos más septentrionales suelen ser muy fríos en invierno, con ocasionales nevadas. El desierto de Sahara, en el norte de África, es el más grande y el más caluroso del mundo: el de Gobi, en Mongolia, el más frío.

Cuando la gente piensa en los desiertos imagina áridas dunas arenosas, pero uno puede recorrer centenares de kilómetros a través de los desiertos de América del Norte sin ver una sola duna. La mayoría de los desiertos son tierras cubiertas de arbustos o matorrales, separados por grandes espacios desnudos. En algunas especies, la distancia entre los arbustos parece causada por sustancias tóxicas arrojadas por las raíces o las hojas de las plantas. Estas toxinas exterminan a las jóvenes plantitas que podrían empezar a desarrollarse cerca de los arbustos. Esto tiende a mantener espaciadas las plantas y reduce la pugna por el agua entre cada una de ellas.

Como sucede en todos los biomas, el desierto se caracteriza por albergar plantas y animales que están especialmente adaptados para la vida en ese medio. Muchas de las plantas desérticas tienen pequeñas hojas o carecen por completo de ellas, lo cual les ayuda a conservar el agua. Los cactos almacenan el agua y se hinchan durante la estación de las lluvias, pero se van encogiendo a medida que pasan los meses secos. y consumen la mayor parte del agua almacenada. Algunas plantas evitan el problema de las reservas de agua. Durante la breve estación lluviosa brotan, crecen y florecen. Durante unos días el desierto se convierte en una verdadera y colorida alfombra de flores. Después las plantas mueren.

Sus semillas tienen tegumentos resistentes que las protegen hasta la siguiente precipitación pluvial. Al igual que las plantas. los animales del desierto son resistentes a la sequía o la evitan. La mayoría de los mamíferos que viven en zonas desérticas beben poca agua o no beben en absoluto. Obtienen de los alimentos el agua necesaria y permanecen en galerías subterráneas o a la sombra durante las horas más calurosas del día. Algunos caen incluso en un profundo estado letárgico llamado estivación, durante los meses mas secos del año.

En comparación con las praderas y los bosques caducifolios, el hombre no introdujo grandes cambios en los desiertos. Sin embargo, se recurre cada vez con mayor frecuencia a ellos en procura de tierras de labranza y de solares para vivir. Los suelos del desierto suelen ser fértiles y producen cosechas abundantes si están bien irrigados. Con el fin de obtener el agua indispensable para el riego el hombre extrae a veces el precioso líquido de reservas que estuvieron almacenadas durante siglos bajo el suelo desértico. Cuando el agua “explotada” se agota, los colonos deben abandonar sus granjas a menos que encuentren otras fuentes de aprovisionamiento. El agua de riego produce a menudo un aumento de las sales del suelo, lo cual impide el crecimiento de los cultivos. Los vestigios semidestruidos de antiguos poblados y de sistemas de riego que encontramos ocasionalmente en los desiertos deberían ponernos sobre aviso: nos advierten que estas tierras secas no continuarán dando frutos permanentemente a menos que aprendamos a conocerlas mejor y que seamos muy cautos al introducir cambios en ellas.

Los Ecosistemas en la Ecologia Modos de Vida Ecológicos

Los Ecosistemas en la Ecología
Modos de Vida Ecológicos

Ecología y EcosistemasModos de Vida Biomas del Mundo Biodiversidad
Mentiras Ecológicas –  Extinción de Animales Recursos Energéticos
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Coloque un frasco con agua en el antepecho de una ventana, ponga en su interior unos cuantos renacuajos y algunas plantas acuáticas y tendrá un ecosistema, una unidad reconocible de naturaleza con partes vivientes y no vivientes. Se trata, por supuesto, de un ecosistema increíblemente simple, comparado con un ecosistema como la gran selva lluviosa del Amazonas.

Cualquier ecosistema está compuesto por dos partes: una no viviente (el medio físico) y una viviente (la comunidad biológica). El no viviente incluye habitualmente la energía solar, la temperatura, el agua, los gases del aire, el viento, los suelos y las rocas que se extienden debajo de la superficie, además de la topografía, o configuración del terreno. Las partes no vivientes del ecosistema determinan los tipos de vida que pueden existir en su seno y también influyen unos sobre otros.

  conceptos de ecologia

 La mayor parte de la precipitación pluvial cae sobre el lado que mira hacia el mar,
dejando muy poca humedad para las tierras que se extienden más allá de las montañas.

Los desiertos, por ejemplo, se producen cuando la precipitación pluvial llega sólo a doscientos cincuenta milímetros o menos por año. Esta falta de lluvia se debe a veces al factor topográfico. A lo largo de la costa occidental de América del Norte, por ejemplo, los vientos que soplan desde el Océano Pacífico llevan el vapor de agua tierra adentro.

El aire se ve obligado a elevarse al chocar con las cadenas montañosas costeras. A medida que se eleva se enfría y el vapor de agua del aire cae en forma de lluvia o de nieve sobre el flanco de las montañas que mira hacia el mar. En consecuencia, la precipitación pluvial es escasa sobre el otro flanco. Este fenómeno recibe el nombre de efecto de interceptación de la lluvia.

En las Montañas de las Cascadas, en el Estado de Washington la precipitación anual puede llegar a dos mil quinientos milímetros. Más allá de las Cascadas, en el valle del río Columbia, las lluvias anuales sólo ascienden a doscientos veintidós milímetros. Por lo tanto, la topografía tiene una enorme influencia sobre la cantidad de agua de lluvia que cae sobre la tierra. Esto afecta, a su vez, a la vida animal y vegetal. Las laderas occidentales de las Cascadas, que tienen abundante agua de lluvia, están cubiertas por tupidos bosques. Del otro lado de la cadena montañosa, donde la precipitación pluvial es escasa, sólo crecen pastos amacollados artemisia y otras plantas desérticas.

Las partes orgánicas del ecosistema suelen afectar a las partes inorgánicas. Cuando el agua de lluvia cae sobre un bosque, las ramas y las hojas de los árboles amortiguan la fuerza de las gotas. Las capas de hojas muertas que se acumulan en el suelo del bosque absorben el agua, impidiendo que las gotas erosionen el terreno. El agua de escurrimiento es escasa. Por consiguiente, los árboles contribuyen  la conservación del suelo, del cual dependen para su subsistencia. En realidad, los árboles constituyen un aporte ‘adicional para. los suelos puesto que las hojas que caen terminan por des componerse, pasando a formar parte del mismo suelo.

Los suelos son el mejor ejemplo de la influencia recíproca de las partes orgánicas e inorgánicas de un ecosistema. El suelo está compuesto principalmente por granos de minerales, como sílice y arcilla, que quedan en libertad a medida que las rocas se descomponen lentamente. Los espacios entre las partículas minerales se llenan de aire o de agua. Las raíces penetran en el suelo, produciendo en éste cambios físicos (aflojamiento de las partículas compactas) y químicos (extracción de minerales). Las lombrices de tierra y otros animales introducen más profundamente en el suelo los restos de vegetales Y animales. Millares de organismos viven en un puñado de tierra. La mayoría de ellos son demasiado pequeños para ser observados a simple vista, pero todos afectan al suelo al sustraer minerales y depositar en él sus desechos y organismos muertos. Los suelos tienen especial interés para los ecólogos porque la existencia de casi todos los organismos terrestres, incluidos los seres humanos, depende considerablemente de ellos.

Cuando los ecólogos estudian los ecosistemas suelen recurrir a la ciencia de la meteorología en busca de información. La precipitación pluvial anual se produce en su mayor par te en una sola estación, o se distribuye uniformemente a lo largo del año?
¿Cuáles son las variaciones de temperatura entre el día y la noche, y en el transcurso del año? Es importante responder a estos interrogantes porque el clima de una región tiene enorme influencia sobre la vida animal y vegetal. Si queremos aprender algo más acerca de las partes vivientes de un ecosistema podríamos visitar una pequeña laguna. Para llegar a ella probablemente tendremos que atravesar un campo, abrirnos paso en medio del follaje de un bosque o cruzar un arroyo que nace o desemboca en la laguna. La laguna es afectada, evidentemente, por otros ecosistemas, y a su vez influye sobre ellos.

El ecosistema de una laguna suele contener todos los elementos no vivientes antes mencionados. El Sol proporciona la energía necesaria para la vida. El clima determina la cantidad de agua de lluvia que cae en la región, la duración de la estación de crecimiento de las plantas y si el hielo cubrirá o no su superficie en los meses de invierno. Estos factores pueden ejercer gran influencia sobre la vida de los organismos que habitan en la laguna. Los suelos y rocas subyacentes afectan la química del agua, la que a su vez permite determinar qué espacies animales y vegetales vivirán en ella. Y la vida de la laguna influye sobre el entorno no viviente: cuan do los animales y plantas mueren se depositan en el fondo y allí se descomponen, convirtiéndose en detritos que se acumulan y contribuyen a restar profundidad a dicha laguna.

Los organismos vivientes del ecosistema de una laguna (y de cualquier otro ecosistema) pueden dividirse en tres grupos:

Los PRODUCTORES son plantas verdes que absorben la energía radiante del Sol y la transforman en energía alimentaria. También toman del medio sustancias como anhídrido carbónico, agua, oxígeno, nitrógeno y azufre, y las convierten en materia vegetal que es utilizada por otros organismos como alimento. En realidad, sería más adecuado llamarlos transformadores y no productores. Sea como fuere, todas las formas de vida del ecosistema de la laguna dependen de las plantas verdes, y lo mismo ocurre en los bosques, las praderas, la tundra y los océanos.
En las lagunas podemos ver espadañas que crecen a orillas del agua; más lejos aparecen los nenúfares, y las lentejas de agua cubren a veces la superficie formando una verdadera alfombra, pero las plantas productoras realmente importantes son invisibles. Minúsculas plantitas denominadas Jito-plancton, que flotan en el agua, constituyen comúnmente una fuente alimentaria mucho más importante que las gran des plantas visibles a simple vista. A veces el fitoplancton es tan abundante que confiere al lago o a la laguna un color verde uniforme.

Los CONSUMIDORES son animales que dependen de las plantas verdes para su alimentación. Algunos se alimentan directamente de plantas; otros, de animales que se alimentan de plantas. Los organismos que se alimentan de plantas incluyen diminutos animales llamados zoo plancton cuyo sustento es el fitoplancton, y animales de mayor tamaño, como renacuajos, insectos y caracoles, que se alimentan de vegetales de mayores dimensiones. Estos organismos herbívoros os obtienen su energía directamente de las plantas verdes. Los otros consumidores son carnívoros (es decir, que se alimentan comúnmente de animales herbívoros) u omnívoros (que se alimentan tanto de vegetales como de animales). Los carnívoros del ecosistema de una laguna comprenden peces, garzas e insectos como los gigantescos escarabajos de agua. El mapache y el hombre son omnívoros.

Los DESINTEGRADORES constituyen el tercer grupo importante de organismos. Utilizan para su alimento la materia proveniente de plantas y animales muertos. Des componen esta materia de la que obtienen la energía necesaria para su subsistencia,» y liberan minerales y otros nutrimentos que vuelven al medio. La mayoría de los desintegra dores son plantas simples, como hongos y bacterias. Estos organismos microscópicos se encuentran en toda la extensión de la laguna, pero son especialmente abundantes en el fondo, (donde se depositan los restos de vegetales y animales muertos. En tierra, los desintegradores predominan en o cerca de la superficie del suelo.

Los desintegradores son, por así decirlo, los porteros de la naturaleza. Sin ellos, todo lo que muere permanecería en el lugar donde ha caído. Materias primas como el carbón, el los loro y el nitrógeno seguirían ligados a los restos inertes y no podrían ser aprovechados incorporándose a un nuevo ciclo de vida. Los desintegradores liberan estas sustancias vitales que pasan al aire, al agua o al suelo, y de ese modo permiten su reiterada utilización.

La visita a una laguna enseña otra importante lección ecológica y es que ni siquiera podemos ver a los fitoplancton  productores y a los hongos y bacterias desintegradores. Tanto en la laguna como en otros ecosistemas, algunos de los organismos y de los procesos más importantes están ocultos a nuestra vista. Se debe tener bien presentes los tres grupos principales de organismos vivientes de los ecosistemas: productores, consumidores y desintegradores.

Cualquiera que sea el ecosistema que uno observe, siempre encontrará señales de estos tres grupos. Incluso en los terrenos baldíos de la ciudad hay malezas (productores) que sirven de alimento a insectos (consumidores), mientras que los hongos y bacterias trabajan invisibles entre los desperdicios y las hojas muertas que cubren el suelo.

En un ecosistema es dable observar que ciertas clases de organismos cumplen una tarea específica, a la que los ecólogos denominan nicho ecológico. No hay dos tipos (especies) de plantas o animales de una comunidad que puedan compartir exactamente el mismo nicho durante mucho tiempo. Cuando esto ocurre, compiten entre sí y a la larga una de las especies termina por desaparecer. El bisonte fue el principal animal que pastaba en las llanuras norteamericanas. Ese era su nicho. Ahora ese nicho está ocupado en algunas regiones por ganado vacuno y en otras por ganado lanar.

En las planicies africanas viven varios tipos de mamíferos que pastan. En un primer momento se podría creer que todos tienen el mismo nicho, pero no es así. Las jirafas se alimentan de las hojas de los árboles, los rinocerontes de matorrales y los ñúes de pastos.

Incluso entre los animales que comen pastos, cada especie tiene un nicho diferente. La avena roja es el principal alimento de tres especies de animales que pastan: el ñú, el topi y la cebra.

Pero los ñúes prefieren las hojitas nuevas y cortas de la avena; las cebras comen el pasto cuando está muy crecido, pero lo rechazan si las hojas están secas, mientras que los topis se alimentan exclusivamente de hojas secas.

Cada especie tiene un nicho distinto y de este modo cada una puede sobrevivir dentro del mismo ecosistema. (imagen: ñùes)

Los seres vivientes de un ecosistema influyen unos sobre otros de muchas maneras. Los consumidores que matan a otros animales para procurarse el sustento se llaman depredadores. El término depredador suele evocar imágenes de leones y lobos, pero también son depredadores los petirrojos, las ranas y los seres humanos. Estos últimos son, dicho sea al pasar, los más grandes depredadores que el mundo ha conocido. Algunos depredadores carnívoros, corno los leones, dependen enteramente de los animales que matan, mientras que otros, como los zorros y el hombre, también ingieren alimentos de origen vegetal.

Algunas personas consideran que los depredadores son “malos”. Claro está que a veces los depredadores atacan y devoran a los animales de granja, en cuyo caso es preciso tomar ciertas medidas de control. Sin embargo, con demasiada frecuencia la gente trata de exterminar a poblaciones ente as de depredadores con la idea equivocada de que hacen un bien.

Muchos creen que los animales depredadores gozan de una vida fácil a expensas de sus indefensas víctimas, pero los estudios sobre los depredadores y sus presas demuestran que eso no es cierto. Después de observar los hábitos y el comportamiento de los tigres de la India (imagen), el doctor George Schaller escribió:

“El conjunto de medios de defensa aparentemente invencibles con que cuenta el tigre —sus aguzados sentidos, su gran velocidad (que sólo despliega durante cortas distancias), su fortaleza, su gran tamaño y sus formidables garras y dientes— dieron a muchos naturalistas la impresión de que el tigre puede matar a voluntad. . . Mi experiencia indica precisamente lo contrario: el tigre tiene que trabajar duramente para conseguir su alimento… Calculo que por cada presa salvaje que consigue matar, el tigre realiza de veinte a treinta tentativas infructuosas”.

Otro biólogo efectuó las mismas observaciones con los lobos. Después de estudiar a los lobos norteamericanos durante doce años, el doctor L. David Mech llegó a la conclusión de que estos depredadores fracasan frecuentemente en su intento de matar a las presas que eligen como víctimas y que, por otra parte, tienden a eliminar a animales jóvenes viejos, enfermos, débiles o heridos.

El doctor Mech escribió: “Como sucede con la mayoría de los depredadores, el lobo es un oportunista. . . El depredador se apodera de lo que puede atrapar. Si el lobo pudiera capturar piezas sanas y escogidas, ciertamente lo haría. Pero no siempre puede hacerlo. Lo que sucede es que todas las especies de presa del lobo están perfectamente equipadas con magníficos sistemas de detección, defensa y huida. Mientras estos sistemas funcionan adecuadamente, el animal de presa suele estar a salvo del ataque del lobo”.

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La Ecologia Conceptos Basicos de Ecologia Que es?

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QUE ES LA ECOLOGÍA?

Nadie sabe con certeza cuándo se acuñó la palabra ecología, pero el biólogo alemán Ernst Haeckel fue el primero en definirla en el año 1869. La ecología es el estudio de las relaciones entre los seres vivientes y su entorno. El término deriva de dos palabras griegas, oikos (que significa “casa” o “lugar para vivir”) y logos (que significa “estudio”). Por lo tanto, la ecología estudia las “casas”, o entornos, de los organismos vivos, es decir, todo su medio, incluidos el clima, el suelo y otros animales y vegetales.

Si bien la ecología es una ciencia nueva, los seres humanos estudiaron ecología y aplicaron sus conocimientos ecológicos desde la más remota antigüedad. Los pueblos prehistóricos debían saber algo de la ecología del trigo y del maíz para que pudieran cultivarlos y obtener buenas cosechas.

Teofrasto, antiguo botánico griego, suele ser llamado el “primer ecólogo verdadero” porque fue el primero que escribió acerca de las plantas en función de su hábitat, es decir, del lugar donde viven, como el bosque o el pantano. Los indios de las planicies norteamericanas sabían mucho de la ecología del bisonte, del cual depende su existencia.

Hoy día utilizamos a menudo conocimientos ecológicos sin siquiera saberlo; por ejemplo, cuando queremos tener una extensión de tierra cubierta de césped en un lugar sombrío plantamos semillas de una clase de césped que crece bien a la sombra.

Sin embargo, la mayoría de la gente no piensa en términos ecológicos.

Cuando vemos un pájaro o una flor silvestre, lo primero que preguntamos es: “Qué clase de pájaro o de flor es?” Casi todo el mundo se contenta con conocer los nombres de algunos de los organismos vivientes que encuentra en la naturaleza que lo rodea. Quizás usted sea el tipo de persona que se interesa por indagar algo más y pregunta: “Qué hace?” Acaso quiera conocer el papel del organismo en su medio, y cómo afecta a otros organismos y es afectado, a su vez, por ellos. Los ecólogos se interesan por los mismos problemas.

Aunque el hombre utiliza conocimientos ecológicos desde hace miles de años, la ecología es una de las ciencias más nuevas. Durante muchos siglos, los científicos centraron sus esfuerzos en establecer la nomenclatura de los animales y vegetales que descubrían y en describir los especimenes muertos que coleccionaban. Gradualmente, a medida que resultaba más fácil responder al interrogante “Qué es?”, empezaron a estudiar los efectos del medio sobre los organismos vivos.

Durante el siglo XIX, por ejemplo, los hombres de ciencia investigaron los efectos de la duración del día sobre la migración de las aves y la influencia de la humedad sobre el desarrollo de los insectos. Se publicaron centenares de libros acerca del comportamiento animal y de la distribución de los animales y vegetales sobre la superficie del planeta.

Empero, el interés se centraba en los organismos individuales. Sin embargo, en las postrimerías del siglo XIX y comienzos del siglo XX los científicos empezaron a estudiar ecología puede ayudarnos a aprender las “reglas de la naturaleza” de las que depende nuestra supervivencia.

Los seres recurren cada vez más a la ecología y a los ecólogos en busca de consejo e información acerca de la manera de convivir junto a la naturaleza, sin destruir nuestro vivificante entorno. Pero muchas veces no hay respuestas o éstas sólo son parciales.

La ecología es una ciencia nueva y los ecólogos saben muy poco acerca de la mayoría de las partes de nuestro planeta especialmente los trópicos y los océanos. Algunos de los principios ecológicos aceptados durante muchos años ahora son cuestionados y sufren profundos cambios.

Uno de los ejemplos más conocidos es la clásica historia de la manada de ciervos de Kaibab que podemos encontrar en casi todos los textos de ecología. Según cuenta la historia, en 1907 vivían cerca de 4000 ciervos en la Meseta de Kaibab, en el Estado de Arizona.

Los habitantes de la región exterminaron a la mayoría de los lobos, pumas y coyotes que devoraban a los ciervos. La manada de ciervos aumentó enormemente, y hacia 1924 ascendía a 1 00.000 animales. Los ciervos destruyeron o causaron daños a la mayor parte de sus reservas alimentarias y en dos inviernos sucesivos más de la mitad de ellos murieron de hambre. Su número disminuyó aun más en los años siguientes, hasta estabilizarse finalmente en unas 10.000 cabezas.

La historia de la manada de ciervos de Kaibab se citaba frecuentemente como un buen ejemplo de lo que sucede cuando se eliminan los controles naturales sobre el número de ejemplares de ciervos vivos. Sin embargo, en 1970 un zoólogo neozelandés llamado Graeme Caughley publicó en la revista Ecology un articulo en el que cuestionaba los hechos y las conclusiones del caso de Kaibad.

Conceptos de Ecología

En lugar de aceptar lo que leyó en los libros, Caughley investigó los informes originales de los observadores de Kaibab y llegó a la conclusión de que las estimaciones acerca del número de ciervos eran inconsistentes y poco confiables. La cantidad de ciervos disminuyó efectivamente en algún momento del lapso de 1924 a 1930, y la declinación fue precedida probablemente por un período en que se registró un aumento del número de animales. “Cualquier conclusión adicional es especulativa”, escribió el doctor Caughley.

Señaló, además, que el incremento del número de ciervos, cualquiera que haya sido, coincidía con una gran disminución de las cabezas de ganado vacuno y lanar autorizadas a pastar en la Meseta de Kaibab. A causa de la menor cantidad de cabezas de ganado, había más alimento para los ciervos. Este factor, por sí solo, puede haber producido un incremento del número de ciervos. No hay ninguna prueba de que el aumento se haya debido a la reducción del número de lobos, pumas y coyotes.

Nunca se conocerán los hechos reales del caso de la Meseta de Kaibab, y por ello es preciso desecharlo como un ejemplo aparentemente adecuado de una idea ecológica. En la ciencia rápidamente cambiante de la ecología muchas otras ideas fueron refutadas y revisadas. Sin embargo, hay algunos descubrimientos acerca del modo de “funcionamiento” de la naturaleza que probablemente no cambiarán mucho con el tiempo. Al conocer algunas ideas básicas de este funcionamiento se empezará a comprender que los seres humanos, junto con todo el resto de la naturaleza, se hallan unidos por los hilos de una compleja pero fascinante telaraña. La ecología estudia precisamente ese admirable tejido.

AMPLIACIÓN DEL TEMA:

A veces, una especie animal o vegetal depende tanto del ambiente en el que vive que no podría existir fuera de ese lugar.Por ejemplo, los koalas australianos únicamente comen hojas de una especie de eucalipto rojo que se encuentra en algunas partes de ese continente. Como no comen otra cosa y los eucaliptos rojos crecen nada más que en Australia, los koalas no pueden vivir sino allí. Así, la naturaleza es como una gran cadena , formada por muchísimos eslabones.

Y si uno de esos eslabones se rompe, es el equilibrio en el que viven las distintas especies el que se está rompiendo. -Por ejemplo, con el avance de la agricultura algunas aves llegaron a convertirse en una plaga en muchas partes del mundo. Fue el caso, hace unos quince años, de los gorriones en Marruecos y es el caso de las palomas en Inglaterra o en la provincia de Córdoba, en la Argentina.

En este último lugar había monte y pastizales, que eran el medio natural en el que vivían estas aves. Pero, al talarse gran parte del monte y desaparecer los pastizales para poder cultivar, las palomas quedaron viviendo en lugares muy reducidos y con el nuevo alimento —los granos— a poca distancia, juntándose en bandadas para ir en su busca.

Lamentablemente, la acción del hombre, que provoca que el equilibrio se rompa, trae consecuencias gravísimas. Eso ocurrió hace algunos años en Brasil, cuando se pensó que la inmensa selva amazónica podría utilizarse como zona de cultivo. Se talaron miles y miles de árboles, uno tras otro. Hasta que pudieron realizarse las primeras pruebas.

Sin embargo, el experimento no resultó, porque el suelo —bajo la primera capa de desechos orgánicos formada por las hojas en descomposición— no era fértil. Y además de no poder cultivar, el hombre comprobó otra cosa: había destruido un sector importante de una gran reserva natural que hace las veces de “pulmón” del continente, ya que los árboles liberan oxígeno. Y se produjeron cambios climáticos en otras zonas del sur de América porque una parte de la selva amazónica ya no existía. Así ocurre que el hombre, a veces, por tratar de obtener un beneficio económico, destruye la naturaleza y termina destruyéndose a sí mismo.

La contaminación: el agua y el aire en peligro
Hay otros casos en que la falta de responsabilidad de los seres humanos es todavía mayor: eso ocurre, por ejemplo, cuando se utiliza un río para arrojar residuos industriales o sustancias químicas, porque se contaminan las aguas. Entonces, los peces que viven en ese río mueren. Y es mayor el trabajo que tienen que hacer las bacterias para poder descomponer la inmensa cantidad de peces muertos por intoxicación.

Eso hace que la población de bacterias aumente y consuma el oxígeno del agua. Por fin, estas bacterias también terminan por morir. Entonces les toca el turno a otras bacterias, que no necesitan oxígeno y se comen a las anteriores, pero que son, al mismo tiempo, causantes de muchas enfermedades. También el aire se contamina con el humo que arrojan las chimeneas de las fábricas o los caños de escape de los vehículos.

Sin embargo, en la actualidad, una ciencia —la ecología— ha empezado a despertar el interés de muchas personas y, afortunadamente, cada vez son más las que comprenden que el desequilibrio de un ecosistema puede tener consecuencias a veces irremediables y que contribuir al equilibrio es f una manera de ayudar a que la vida sobre la Tierra siga siendo posible.

CONCEPTOS BÁSICOS DE LA ECOLOGÍA:
COMPONENTES BIÓTICOS:

Es el conjunto de seres vivos (animales y vegetales) que viven en un lugar común, formando parte de un ecosistema. Cuando un conjunto de estos seres vivos influye sobre otro (ya sean animales o plantas) se dice que han intervenido componentes bióticos (biótico viene del griego bios: vida). Por ejemplo, una determinada clase de maleza que creciera arrasando y haciendo desaparecer otro tipo de vegetación, o aves que exterminaran a cierta clase de peces.

Pero también los componentes bióticos pueden actuar sobre el suelo. Un ejemplo lo constituyen los organismos que carcomen las rocas y forman el suelo.  (A las componentes bióticos se los llama también BIOCENOSIS o COMUNIDAD BIOLÓGICA.)

Abiótico es una palabra que proviene del griego (a es una partícula negativa y faíos significa vida). Por lo tanto, son componentes abióticos aquéllos que “no tienen vida”; en otras palabras, son los factores físicos que influyen sobre los seres vivos. Son componentes abióticos la temperatura, los vientos, la humedad, el calor, el fuego, la presión atmosférica y las precipitaciones. Si los componentes abióticos cambian, los organismos pueden adaptarse, emigrar o morir.

La ecología es la ciencia que estudia las relaciones que existen entre los seres vivos, vegetales y animales y el medio o ambiente (suelo, temperatura, lluvias, presión, humedad, etc.) en el que éstos se desarrollan. La ecología forma parte de las Ciencias Biológicas. Ecología proviene de la palabra griega OlKOS, que quiere decir casa. Significaría pues, la cosa de la naturaleza.

ECOSISTEMA: Es el conjunto formado por la biocenosis y los factores abióticos que actúan sobre ella. Un bosque, un lago, son ejemplos. Los organismos encuentran en el ecosistema, del que forman parte, todos los elementos necesarios para cumplir su ciclo biológico (nacimiento, desarrollo, reproducción y muerte). En los ecosistemas hay una estrecha relación entre todos sus componentes: los animales dependen de las plantas o de otros animales, las plantas del suelo y ambos de los factores físicos.

POBLACIÓN: El conjunto de animales o vegetales de la misma especie que se desarrolla en un lugar determinado recibe el nombre de población. A veces también se habla de población cuando los individuos considerados pertenecen al mismo grupo zoológico (por ejemplo, los mamíferos de determinada región).

COMUNIDAD: Una comunidad biótica (también llamada BIOCENOSIS) es el conjunto de seres vivos (animales y vegetales) que conviven en un lugar interrelacionándose. En el desierto, por ejemplo, la comunidad de vida o biocenosis está formada por animales y plantas que resisten sequías extremas. En una laguna, en cambio, la comunidad biótica está formada por plantas acuáticas, peces, algas, caracoles, etc.

AMBIENTE: Es el conjunto de los componentes bióticos (seres vivos, vegetales o animales) y de los componentes abióticos (luz, aire, temperatura, humedad, etc.) potencialmente capaces de influir sobre un organismo. Es decir que el ambiente es todo lo que nos rodea.

BIOTOPO: Es el lugar/espacio o territorio donde vive se desarrolla y se interrelaciona una comunidad de vida.
Puede ser tan grande como el océano o tan pequeño como una gota de agua, todo depende del organismo para quien el océano o la gota de agua constituya su biotopo. Por ejemplo, el Biotopo de una ballena es el océano, y una gota de agua puede ser el biotopo de algas y bacterias.

HABITAT: Es el lugar o espacio donde vive/ se desarrolla, se reproduce y muere naturalmente un ser vivo. Podríamos decir que el habitat es su casa. Puede ser tan grande como el desierto del Sahara o tan pequeño como el intestino de un mamífero; todo depende del individuo para quien el desierto o el intestino sean su habitat. En un mismo habitat pueden vivir más de un animal o planta. Son ejemplos de habitat una laguna, un bosque, el mar, la corteza de un árbol, una roca, la sangre o la piel de los animales o del hombre, etc.

POBLACIÓN DOMINANTE: Las poblaciones dominantes son aquellas especies con mayor número de individuos. Por ejemplo, en un bosque de “roble-nogal” son las especies de roble y de nogal las dominantes. En un lago, puede ser la trucha la especie dominante, aunque existan otros peces, y esto es porque tiene la población con mayor número de individuos.

IDEAS FUNDAMENTALES
Biosfera Grupo de comunidades autosuficientes, interactuantes e independientes, que incluyen el ambiente físico.
Ecosistema Ecosistemas de la Tierra interactuando con el ambiente físico.
Comunidad  Poblaciones de diferentes especies que ocupan un área particular.
Población Un grupo de individuos de una especie de organismos que se cruzan entre sí y están en un mismo lugar.
Factores bióticos Los factores que interactúan en un ecosistema son los bióticos, es decir, los seres vivos, y los abióticos —agua, Sol, suelo, viento, sustancias químicas, entre otras.
Factores abióticos Un ambiente físico está determinado por el tiempo atmosférico y el clima. Estos dos se ven en términos de lluvia, Sol, viento y nubosidad.

Los Problemas Ecológicos del Mundo

Fuente Consultada: Introducción a la Ecología Ciencia de la Vida

Concepto de Ecologia Social Medio Ambiente, Objetivos

CONCEPTO DE ECOLOGIA SOCIAL

Ecología y EcosistemasModos de Vida Biomas del Mundo Biodiversidad
Mentiras Ecológicas –  Extinción de Animales Recursos Energéticos
Desastres Naturales –  Ecología Matemática Ecología Social

La sociedad establecida hace frente hoy a una descomposición no sólo de sus valores e instituciones, sino también de su medio ambiente natural. Este no es un problema exclusivo de nuestra época: las desecadas tierras del Cercano Oriente, las áreas donde tuvieron su origen la agricultura y el urbanismo, son una evidencia de lo antiguo del saqueo humano. Pero estos ejemplos empalidecen ante la destrucción masiva del medio ambiente que viene aconteciendo desde los la Segunda Guerra Mundial. Los daños ocasionados al entorno natural por la sociedad contemporánea afectan al planeta íntegro.

La explotación y polución de la tierra ha dañado tanto la integridad de la atmósfera, el clima, los recursos hídricos, el suelo, la flora y la fauna de regiones específicas, como también los ciclos naturales básicos de los cuales depende toda la vida sobre el planeta.

No obstante, la capacidad de destrucción del hombre contemporáneo es una quijotesca evidencia de su capacidad para la reconstrucción. Los poderosísimos agentes tecnológicos que hemos desencadenado contra el entorno natural incluyen muchos de los factores esenciales que serán imprescindibles para su rehabilitación.

De lo que principalmente carecemos es de la consciencia y sensibilidad que nos ayudarían a alcanzar tan deseable finalidad; una consciencia y una sensibilidad mucho más totalizadoras y profundas de lo que habitualmente estos dos términos definen.

Nuestras definiciones deberían incluir no sólo la habilidad para razonar lógicamente y responder emocionalmente de un modo humanístico; sino que, además, deberían implicar una capacidad de darse cuenta del parentesco existente entre todas las cosas y una predisposición imaginativa ante lo posible.

Esa consciencia y esa sensibilidad nuevas no podrán ser sólo poéticas; deberán ser científicas también. Por cierto, hay un nivel en el que nuestra consciencia no debe ser ni poética ni científica, sino una trascendencia de ambas cualidades en pos de una relación nueva entre la teoría y la práctica, una habilidad para combinar la fantasía con la razón, la imaginación con la lógica, lo visionario con lo técnico. No podemos deshacernos de nuestro legado científico sin retornar a una tecnología rudimentaria con sus grilletes de inseguridad material, fatiga y renunciación.

Por lo mismo, tampoco podemos permitirnos caer en una visión mecanística, colectivista y de tecnología deshumanizante, con sus grilletes de alineación y brutal negación de las potencialidades de la Humanidad. La poesía y la imaginación deben estar integradas con la ciencia y la tecnología, pues hemos evolucionado más allá de una inocencia que sólo puede nutrirse de mitos y sueños.

¿Hay una disciplina científica que deje espacio para la indisciplina de la fantasía, de la imaginación, de la habilidad? ¿Podría tal disciplina englobar los problemas creados por la crisis social y ambiental de nuestra época? ¿Podría integrar la crítica con la reconstrucción, la teoría con la práctica, la visión con la técnica?

En vista de las enormes dislocaciones con las que hoy nos confrontamos, nuestra época genera la necesidad de un cuerpo de conocimientos -tanto científicos como sociales- más comprehensivo y visionario, para resolver nuestros problemas. Sin renunciar a los beneficios de las teorías científicas y sociales precedentes, estamos obligados a desarrollar un análisis crítico más maduro de nuestra relación con el mundo natural.

Debemos hallar las bases para un aproximación más reconstructiva a los graves problemas que nacen de las aparentes “contradicciones” entre naturaleza y sociedad. No podemos permitirnos seguir cautivos de la tendencia habitual dentro de las ciencias tradicionales, que diseccionan los fenómenos para examinar sus fragmentos. Debemos combinarlos, relacionarlos y verlos en su totalidad así como en su especialidad.

En respuesta a esas necesidades hemos formulado una disciplina específica para nuestra época: la ecología social. El mejor conocido término “ecología” fue acuñado por Erns Haeckel en el siglo pasado para definir la investigación de las interrelaciones entre animales, plantas y su entorno inorgánico. Desde los días de Haeckel el término se ha ido expandiendo hasta incluir ecologías de ciudades, de la salud y de la mente.

Esta proliferación de una palabra en áreas tan dispares pueden aparecer particularmente deseable en una época que busca fervientemente algún tipo de coherencia espiritual y unidad de percepción. Pero también puede demostrar ser extremadamente traicionera.

Al igual que otras palabras recientes como “holismo” o “descentralización”, el término “ecología” corre peligro de quedar suspendido en el aire, sin raíces, ni contexto, ni textura. A menudo es utilizado como una metáfora, como un tentador reclamo que pierda la lógica, potencialmente estimulante, de sus premisas.

Así es como la radical verdad de estas palabras puede ser fácilmente neutralizada. “Holismo” se evapora en un suspiro místico, una expresión retórica del compañerismo y comunitarismo ecologista que acaba siendo utilizada hasta en salutaciones como “holísticamente suyo”. Lo que alguna vez fue una seria postura filosófica hoy se ve reducido a kitsch ambientalista.

Con “descentralización” se dan a entender comúnmente opciones logísticas al gigantismo, pero no la escala humana que haría posible una democracia íntima y directa. “Ecología” lo pasa peor aún. Demasiado a menudo se torna una metáfora, como la palabra “dialéctica”, para cualquier clase de integración o desarrollo. Quizá más alarmante aún, ese término ha identificado en los últimos años a una muy cruda forma de ingeniería natural que bien podría denominarse “ambientalismo”.

Soy consciente de que muchos individuos orientados hacia el ecologismo utilizan indistintamente “ecología” y “ambientalismo”. Aquí yo desearía establecer una distinción semánticamente conveniente. Por “ambientalismo” propongo designar una perspectiva mecanística e instrumental que ve la naturaleza como un hábitat pasivo, compuesto de “objetos” tales como los animales, las plantas, y los minerales, que deben suministrarse del modo más aprovechable para el uso humano.

Según mi utilización del término, el “ambientalismo” tiende a reducir la naturaleza a un depósito de “recursos naturales” o “materias primas”. Dentro de tal contexto muy poco puede extraerse del vocabulario ambientalista que se fundamente en una naturaleza social. Las ciudades devienen “recursos urbanos” y sus habitantes “recursos humanos”. Si la palabra “recursos” afloran tan frecuentemente en las discusiones ambientalistas sobre la naturaleza, ciudades o individuos, hay un factor mucho más importante que el mero uso del término, que está en cuestión.

El ambientalismo, según yo utilizo esta palabra, tiende a considerar el proyecto ecologista para lograr una relación armónica entre la humanidad y la naturaleza, más con una tregua que como un equilibrio permanente. La armonía de los ambientalistas se centra en el desarrollo de nuevas técnicas para saquear el entorno natural con la menor alteración posible del hábitat humano.

Los ambientalistas no cuestionan la más básica premisa de la sociedad contemporánea; que la humanidad debe dominar la naturaleza; más bien, trata de favorecer tan noción mediante el desarrollo de técnicas que reduzcan los riesgos ocasionados por irreflexiva expoliación del medio ambiente.

Para distinguir ecología del ambientalismo y de otras definiciones abstractas y, a menudo, confusionistas, debo regresar a su origen y explorar su importancia directa sobre la sociedad.

Dicho simplemente, la ecología trata del equilibrio dinámico dentro de la naturaleza, de la interdependencia entre lo viviente y lo inanimado. Puesto que la naturaleza incluye también a los seres humanos, la ciencia debe comprender el papel de la humanidad dentro del mundo natural; específicamente el carácter, la forma y la estructura de las relaciones humanas respecto a las demás especies y a los substratos inorgánicos del entorno biológico.

Desde un punto de vista crítico, la ecología presenta de un modo amplio el enorme desequilibrio resultante de la división entre humanidad y mundo natural, el homo sapiens, se ha desarrollado lenta y laboriosamente desde ese mundo natural hacia un mundo social propio. Puesto que ambos mundos interactúan recíprocamente mediante fases evolutivas sumamente complejas, se ha vuelto tan importante hablar de una ecología social como hablar de una ecología natural.

Permítaseme recalcar que el error al estudiar esas fases de la evolución humana -que han producido una larga sucesión de jerarquías, clases, ciudades y, finalmente, estados- se origina al ignorar el concepto de “ecología social”. Desafortunadamente, esta disciplina ha sido bloqueada por acólitos autoproclamados que continuamente intentan confundir todas las fases de desarrollo natural y humano en una “unicidad” (no totalidad), universal, una monótona “noche en la que todas las vacas son negras”, para aplicar una de las cáusticas frases de Hegel, a un jarabe ampliamente aceptado que se disfraza con la verbocidad ecologista.

Por lo menos, nuestro común uso del término “especie” para referirnos a la riqueza de vida que nos rodea, debería alertarnos sobre el hecho de la especificad, y de la particularidad; la rica abundancia de seres y cosas diferenciadas que constituyen el motivo básico de la ecología natural. El explorar esas diferencias, el examinar las fases que colaboraron para su existencia, con el largo desarrollo humano de la animalidad a la sociedad -un desarrollo latente, con tantos problemas como posibilidades- implicaría hacer de la ecología social una de las disciplinas más aptas para reforzar nuestra crítica del actual orden social.

Pero la ecología social no sólo aporta una crítica de la brecha entre humanidad y naturaleza; también afirma la necesidad de subsanarla. Más aún, afirma la necesidad de trascenderla radicalmente.

Como señalara E. A. Gutkind: “La meta de la ecología social es la totalidad y no la mera suma de innumerables detalles tomados al azar e interpretados subjetiva e insuficientemente”.

La ciencia se ocupa de las relaciones sociales y naturales en las comunidades o “ecosistemas”. Al concebirlos holísticamente, es decir, en los términos de su interdependencia mutua, la ecología social busca descubrir las formas y modelos de interrelación que permiten comprender una comunidad, ya sea natural o social.

El holismo, en este caso, es resultado de un esfuerzo consciente para discernir cómo se ordenan las particularidades de una comunidad, cómo su geometría (según lo plantearían los antiguos griegos) hace que el todo sea más que la suma de sus partes. Por ello, la totalidad a la que Gutkind hace referencia no debe confundirse con una unicidad espectral que torna a la disolución cósmica en un nirvana sin estructura alguna; la totalidad es una estructura ricamente articulada que posee una historia y una lógica internas propias.

Lo hasta aquí expresado basta para señalar que la totalidad no es una pálida e indiferenciada universalidad que supone la reducción de un fenómeno a lo que tiene de común con alguno otra cosa. Ni tampoco es una energía celestial, omnipresente, que reemplace las vastas diferencias materiales que constituyen el reino animal y el ámbito social. Por lo contrario, la totalidad comprende las diversas estructuras, articulaciones y mediaciones que le otorgan al todo una rica variedad de formas y le incorporan cualidades únicas a aquello que una mentalidad estrictamente analítica reduciría habitualmente a detalles “innumerables” y “casuales”‘.

Términos como “totalidad”, “integridad” y aún “comunidad” poseen matices peligrosos para una generación que ha conocido tantas ideologías totalitarias. Tales palabras evocan imágenes de una “totalidad” lograda mediante la homogeneización, la estandarización y la coordinación represiva de los seres humanos. Estos temores se ven reforzados por una totalidad que parece estipular una finalidad anexo rabie al curso de la historia humana -lo que implicaría un concepto teológico estrecho, sobrehumano de “ley social” que niega la capan dad de la voluntad humana y la elección individual para dar la forma al curso de los acontecimientos sociales.

En realidad, tan totalitario concepto de “totalidad” se opone radicalmente al que hacen referencia los ecologistas. Después de haber comprendido su elevada consciencia de la forma y la estructura, llegamos ahora a un principio fundamental de la ecología; la totalidad ecológica no significa una homogeneidad inmutable, sino más bien todo lo contrario: una dinámica unidad de diversidades. En el reino natural el equilibrio y la armonía se logran mediante una siempre cambiante diferenciación, mediante una diversidad siempre en expansión. La sensibilidad ecológica, en efecto, es una función no de simplicidad y homogeneidad, sino de complejidad y variedad. La capacidad de un ecosistema para mantener su integridad no depende de la uniformidad del medio ambiente, sino de su diversidad.

Pretender que la ciencia gobierne el vasto nexo vital de interrelaciones orgánicas e inorgánicas en todos sus detalles, es algo peor que arrogancia; es pura estupidez. Si la unidad en la diversidad constituye uno de los principios cardinales de la ecología, la riqueza de bioelementos existentes en un sólo acre de terreno nos conduce a otro de los principios ecológicos básicos: la necesidad de permitir un alto grado de espontaneidad natural. La apremiante sentencia: “Respetad la naturaleza” tiene implicaciones concretas.

Por ello, deberíamos conceder una buena dosis de libertad de acción para la espontaneidad natural de las variadas fuerzas biológicas que dan lugar a una situación ecológica diversificada. Trabajar con la naturaleza implica, en gran medida, que debemos alentar la diversidad biótica que emerge del desarrollo espontáneo de los fenómenos naturales. No quiero decir con esto que debamos abandonarnos a una mítica naturaleza que esté más allá de la comprensión e intervención humanas y que demande nuestra temerosa subordinación. Tal vez la conclusión más obvia que podamos extraer de estos principios ecológicos sea la delicada observación de Charles Elton: “El futuro planeta tiene que ser administrado, pero tal administración no debería asemejarse a una partida de ajedrez sino más bien a timonear una embarcación”. Lo que la ecología, tanto natural como social, puede pretender enseñarnos es el modo de hallar el curso y descubrir la dirección de la comente.

Lo que distingue esencialmente a la perspectiva ecológica como un proceso liberador es su desafiante propuesta ante las convencionales nociones de jerarquía. Los ecologistas no son demasiado conscientes de que su ciencia provee sólidos fundamentos filosóficos a una visión no-jerárquica de la realidad. Como muchos estudiosos de las ciencias naturales, se resisten a la generalizaciones filosóficas por considerarlas ajenas a sus investigaciones y conclusiones; prejuicio éste cuyo origen puede rastrearse en la tradición empírica anglo-americana.

Si reconocemos que cada ecosistema puede contemplarse como una trama alimentaria, podremos imaginarlo como un nexo circular de relaciones planta/animal (más que una estratificada pirámide con el ser humano en la cima) que incluye una gama variadísima de criaturas, desde microorganismos hasta grandes mamíferos. Cada especie, sea una bacteria o un ciervo, es parte de una red de enlace interdependiente de todo el resto, por más indirecto que sea el vínculo. Un predador es, en esta trama también una presa, cuando quizá el “más bajo” de los organismos le ponga enfermo o colabore a consumirlo después de su muerte.

La rapacidad no es el único vínculo que hay entre las distintas especies. Hoy existe una resplandeciente literatura que nos revela hasta qué punto el mutualismo simbiótico es uno de los grandes factores que protegen la estabilidad ecológica y la evolución orgánica.

No debemos caer en la simple y directa comparación de plantas, animales y seres humanos ni entre los ecosistemas de plantas, animales y seres humanos con las comunidades humanas. Ninguno de ellos es completamente congruente con los demás. No es en lo particular de la diferenciación que las comunidades de plantas y animales están ecológicamente unidas con las comunidades humanas, sino más bien en su lógica de diferenciación. Totalidad es, de hecho, integridad. La estabilidad dinámica del todo deriva de un visible nivel de integridad tanto en las comunidades humanas como en los ecosistemas en su cénit. Lo que vincula a estos modos de totalidad e integridad -por muy diferentes que sean en sus especificidades y en sus cualidades- es la lógica del desarrollo en sí misma. Un bosque en plenitud es un todo integrado, como resultado del mismo proceso de unificación, la misma dialéctica que hace de una determinada forma social un todo integrado.

El énfasis sobre las biorregiones como marcos de referencia para determinadas comunidades humanas, provee un nuevo elemento en favor de la necesidad de readaptar las técnicas y formas de trabajo según los requerimientos y las posibilidades de cada área ecológica.

Dentro de este contexto de ideas tan complejo, debemos tratar de trasladar el carácter no-jerárquico de los ecosistemas naturales a la sociedad. Un importante aporte de la ecología social es su negación de la jerarquía como principio estabilizador u “ordenador” tanto en el reino natural como en la sociedad. Esta asociación del orden como tal con la jerarquía es quebrada sin por ello afectar la asociación de naturaleza y sociedad. El hecho de que las jerarquías existen en la sociedad actual no significa que ello deba permanecer así. El que la jerarquización amenace la existencia de la vida social de hoy indica, por cierto, que tal cosa no pueda mantenerse como hecho social, así como tampoco puede hacerlo cuando amenaza la integridad de la naturaleza orgánica.

El mismísimo término “democracia” como la apoteosis de la libertad social, ha sido suficientemente desnaturalizado hasta lograr, según Benjamín Barber. “El gradual desplazamiento de la participación por la representación. Donde la democracia, en su forma clásica, significó el gobierno por el pueblo mismo, aparece hoy (mediante el ardid de la representación) como el gobierno de una élite sancionado por el pueblo. Élites rivales compiten para obtener el apoyo de un público cuya soberanía popular se ve reducida al patético derecho a participar en la elección del tirano que habrá de gobernarlo.

Más significativo aún, el concepto de una esfera pública, de cuerpo político, ha sido literalmente desmaterializado por una aparente heterogeneidad -más precisamente, una atomización que va desde lo institucional hasta lo personal- que ha reemplazado la coherencia política por el caos. El desplazamiento de la virtud pública por los derechos personales ha provocado la subversión no sólo de un principio ético unificador que alguna vez le otorgó sustancia a la noción de público, sino también de la condición de persona que le otorgaba sustancia a la noción de derecho.

En términos concretos: ¿Qué atormentadores temas propone la ecología social a nuestro tiempo y al futuro? Al restituir una vinculación más avanzada con lo natural, ¿será factible lograr un nuevo equilibrio entre humanidad y naturaleza mediante una sensitiva adecuación de nuestras prácticas agriculturales, nuestras áreas urbanas y nuestras tecnologías a los requerimientos naturales de una región y de los ecosistemas que la componen? ¿Podemos esperar lograr una drástica descentralización de la agricultura que haga posible el cultivar la tierra como si fuese un jardín, equilibrado por la diversidad de su fauna y flora? ¿Requerirán tales cambios la deseen tralización de nuestras ciudades en comunidades a escala moderada, generando una nueva y armónica relación entre aldea y campo? ¿Que tecnología se requerirá para lograr estas metas, evitando el incrementó de la polución del planeta? ¿Qué instituciones se precisarán para crear una nueva esfera pública, qué relaciones sociales serán necesarias para dar origen a una nueva sensibilidad ecológica, qué formas de trabajo para volver creativa y gozosa la práctica humana.

qué tamaño y población tendrán las comunidades a escala humana para ser controlables por todos? ¿Qué tipo de poesía? Cuestiones concretas: ecológicas, sociales, políticas, de comportamiento; se nos abalanzan como un torrente que hasta hace muy poco fue refrenado por las ideologías y los hábitos de pensamiento tradicionales.

Que no nos quede ninguna duda al respecto: las respuestas que encontremos a tales cuestiones tendrán una relación directa con la habilidad humana para sobrevivir en el planeta. Las tendencias de nuestro tiempo están visiblemente dirigidas contra la diversidad ecológica; de hecho, apuntan hacia una brutal simplificación de la biosfera integra. Las complejas cadenas alimentarias vienen siendo despiadadamente socavadas por la aplicación de técnicas industriales en la agricultura, con el resultado, en muchos lugares, de ver los suelos transformados en esponjas absorbentes de fertilizantes químicos.

El monocultivo sobre enormes superficies de tierra está borrando la variedad natural, agrícola y aún fisiográfica. Inmensos cinturones urbanos están usurpando implacablemente la campiña, sustituyendo la fauna y flora por hormigón, metales y vidrio y envolviendo a vastas regiones en una nube de polucionantes atmosféricos. En este masivo mundo urbano, la experiencia humana se torna cruda y elemental, sujeta a toscos estímulos y a una crasa manipulación burocrática. Una división nacional del trabajo está reemplazando la variedad regional y local, reduciendo continentes enteros a inmensas fábricas humeantes y convirtiendo las ciudades en ostentosos supermercados.

La sociedad moderna está poniendo en peligro la complejidad biótica lograda por la evolución orgánica. El gran movimiento vital, desde lo más simple hasta las más complejas formas y relaciones, está siendo revertido en dirección a un medioambiente que será capaz de soportar sólo formas simples de vida. De continuar este retroceso de la evolución biológica al socavarse las tramas alimentarias de las que depende la humanidad, estará en peligro la supervivencia misma de la especie humana. Si continúa la reversión del proceso evolucionado, hay buenas razones para creer que las precondiciones necesarias para la exisetncia de formas complejas de vida serán destruidas irreparablemente y que el planeta será incapaz de mantenernos como una especie viable.

En esta confluencia de crisis sociales y ecológicas no podemos permitirnos carecer de imaginación; no podemos seguir ignorando al pensamiento utópico. Las crisis son demasiado serias y las posibilidades demasiado arrebatadoras como para ser resueltas mediante los modos habituales de pensamiento, aparte de ser éstos los origina-dores de dichas crisis. Años atrás, los estudiantes franceses durante los alzamientos de mayo y junio de 1986 expresaron magníficamente este agudo contraste de opciones en su slogan: Seamos realistas, hagamos lo imposible.

A esta demanda, la generación que se confrontará en el próximo siglo tendrá que agregarle este mandato más solemne: “Si no hacemos lo imposible debemos afrontar lo inconcebible”.

Fuente Consultada:
HECHOS, sucesos que estremecieron al siglo Tomo N° 36 Terrorismo Ecológico
La Enciclopedia del Estudiante Tomo 14 Ecología
Introducción a la Ecología Ciencia de la Vida
Biología II Ecología y Evolución Bocalandro-Frid-Socolovsky

MacArthur en la Ecologia Investigación de las Currucas

LA ECOLOGIA Y LAS CURRUCAS, LAS INVESTIGACIONES DE MacARTHUR

Ecología y EcosistemasModos de Vida Biomas del Mundo Biodiversidad
Mentiras Ecológicas –  Extinción de Animales Recursos Energéticos
Desastres Naturales –  Ecología MatemáticaEcología Social

En raras ocasiones, algunas personas pueden establecer la diferencia entre la ignorancia y el conocimiento. Así sucedió con Isaac Newton, en el siglo XVII, y con Albert Einstein, en el siglo XX, quienes marcaron un antes y un después en la Física moderna.

En el campo de la Biología, por ejemplo, la teoría enunciada por Charles Darwin y Alfred Wallace acerca  de la evolución por la selección natural produjo una verdadera revolución en el mundo científico que perdura hasta la actualidad, y trascendió a otras esferas del conocimiento.

Haciendo un paralelismo, puede decirse, con justa razón, que la labor de Robert MacArthur (1930-1972) también señalo un antes y un después en la Ecología.

Cuando este investigador comenzó a desarrollar sus teorías, allá por la década del ‘50, la Ecología era todavía una ciencia muy descriptiva, con una capacidad escasa o nula para lograr una generalización de los fenómenos y los procesos observados en la naturaleza, y menos aún para poder predecir los fenómenos que se podría esperar encontrar en un futuro.

Pero en tan sólo dos décadas, la Ecología logró convertirse, de la mano de Robert MacArthur, en una ciencia estructurada, sobre la base de teorías contundentes y de predicciones que podían ponerse a prueba.

Quizá, la genialidad del aporte de MacArthur a la Ecología pueda ser explicada en parte por su especial formación, tanto en los aspectos académicos y formales como en los de la educación informal.

En primer lugar, fue muy estimulado por sus padres para desarrollar una vida al aire libre, y así fue como pudo entrar en contacto, durante su infancia y su adolescencia, con las aves y los mamíferos de los bosques de Ontario, en Canadá, y de Vermont, en los Estados Unidos. MacArthur presentó su tesis doctoral en la Universidad de Yale, que versaba sobre cinco especies de pájaros, llamados currucas (género Dendroica), de los bosques de Vermont.

Estas tenían nichos ecológicos muy semejantes, ya que se alimentaban de las mismas presas y, además, sus horarios de actividad eran muy similares.

Curruca

Todo esto hacía sospechar que, en este caso, no se estaría cumpliendo el principio de exclusión competitiva. ¿Cómo era posible que coexistieran en un mismo hábitat especies tan parecidas sin que ocurriera, en ningún momento, que la competitivamente dominante eliminara a las restantes?

Fue MacArthur, gracias a su agudo poder de observación, quien advirtió que cada especie de curruca se alimentaba de las mismas presas y a las mismas horas pero en zonas ligeramente distintas del mismo árbol, ya que algunas preferían las ramas un poco más finas, y otras, las ramas mas gruesas situadas en la base.

Este hecho les permitía coexistir y, a la vez, permanecer separadas: el principio de exclusión seguía, por lo tanto, cumpliéndose. Desde entonces, las especies de Dendroica figuran en la bibliografía especializada como las “currucas de MacArthur”.

Durante el transcurso de sus estudios universitarios, Robert MacArthur sumó, a su profundo conocimiento como naturalista, un sólido conocimiento de la Matemática, lo cual le permitió desarrollar muchos modelos matemáticos que revolucionaron no sólo el estudio de los nichos ecológicos sino también otros temas, como la diversidad, las curvas de rango-abundancia, las relaciones depredador-presa o huésped-parásito y la biogeografía.

Una de las anécdotas sobre su vida cuenta que, estando a bordo de un transatlántico rumbo a Europa, MacArthur se dedicó a analizar las especies de aves que se posaban a distintas horas y advirtió cómo disminuía el número de especies que llegaban al barco a medida que éste se alejaba de la costa MacArthur pensó que esta situación bien podía asemejarse a lo que ocurre con la diferencia de especies entre las islas cercanas a los continentes y las alejadas de éstos, y a partir de ello desarrollé un modelo que luego fue confirmado en muchas observaciones posteriores sobre saltadores y colonizadores de islas.

Quienes lo conocieron, nunca dejaron de lamentar su temprana muerte provocada por una enfermedad terminal. Muchos también se imaginan cuánto más podría haber seguido avanzando la Ecología con su inspiración. A pesar de ello, Robert MacArthur dejó tras su corta vida una gran cantidad de discípulos brillantes que, afortunadamente, continúan su fecunda actividad científica.

Fuente Consultada: El Derrumbe del Humanismo Daniel Muchnik y Alejandro Garvie