El Cristianismo

Arquitectura Árabe o Islamica Arco Herradura, Arabescos, Alminares Resumen

Arquitectura Árabe o Islámica
Arco Herradura, Arabescos, Alminares

El arte musulmán nació del contacto con otras culturas. Sin embargo, la religión restringió la exteriorización de la forma artística en la construcción de mezquitas y palacios. En cambio, fue mayor la riqueza de la decoración y de los motivos ornamentales. La cerámica, el estuco, los frisos y los arabescos abundan en las paredes y en los arcos de herradura con motivos en madera, cobre o bronce.

En el momento en que los árabes, espoleados por su reciente fe en Mahoma, se lanzaron a la conquista del mundo, sólo eran nómadas sin el menor pasado cultural. Todo lo referente al arte les era extraño y el primer contacto lo tuvieron en los países conquistados, de tradiciones artísticas y culturales bien establecidas; a saber, Siria, Egipto y Mesopotamia.

Los musulmanes tuvieron el enorme mérito de no ignorar este capital y mucho menos de destruirlo. Por el contrario, lo aceptaron y adaptaron a sus necesidades personales y estéticas. Esta mezcla, esta fusión de valores artísticos extranjeros y conceptos propios, es una de las más importantes características del arte musulmán cuyo florecimiento duró tres siglos. La influencia de la religión en la estética es una segunda característica de este arte.

Por tal motivo, dado que el Islam veía con malos ojos la representación de seres vivos, la escultura y la pintura no existen prácticamente, pero como los califas y altos dignatarios eran protectores naturales de las artes, sus palacios y casas estuvieron ricamente decorados. Esto explica que en todos los países musulmanes se encuentren, a pesar de todo, frescos murales y frisos con numerosos personajes.

Sin embargo, todo esto repercute en el arte decorativo. Pero fue un arte decorativo que no conquistó las mezquitas, en las que, no obstante, la creación artística se manifestaba con mayor fuerza. Puede decirse, pues, que la escultura, así como la pintura, tuvieron sólo un papel secundario en todas las manifestaciones y creaciones artísticas del Islam.

Por el contrario, los motivos decorativos son mucho más importantes y ricos, hasta el punto que constituyen la característica esencial de la arquitectura. Con frecuencia las formas estructurales se ven sofocadas por exuberantes motivos decorativos, tanto en el interior como en el exterior de las construcciones. Asimismo, el artista usa como temas, puertas, hornacinas y arcos. Así, los arcos de herradura se han extendido a través de todo el Islam.

arcos herradura de la arquitectura arabe

Santa María la Blanca, en Toledo, que fue primero una sinagoga y después una iglesia católica, es un testimonio de la influencia e importancia del   estilo   árabe   en   España

El carácter ornamental llevado al máximo en la arquitectura musulmana impidió que fuera monumental. Este abuso de técnicas decorativas se debe al hecho de que los artistas musulmanes copiaron de otros pueblos los medios de exprésión artística.

Los asirios y los persas les transmitieron el arte de la loza y la cerámica, pero hay que reconocer el valor de sus trabajos en yeso, que les permitía dar a una pared desnuda la finura ; riqueza de un tapiz.

El estuco, mezcla de cal muerta, polvo de mármol y agua, les permitió realizar magníficos frisos que rodeaban arcos o dividían las paredes en varios paneles.

El arabesco es una de estas magníficas decoraciones murales. Se compone de figuras geométricas y líneas íntimamente mezcladas (ajaracas y almocárabes, atauriques), hojas estilizadas o motivos de escritura en árabe arcaico, particularmente destinado a este efecto.

En Córdoba, Granada y Sevilla, donde abundan las obras maestras de la arquitectura musulmana, encontramos otra forma de decoración de complicada poligonía, en «estalactita», es decir, que cae del techo. Asimismo se hizo empleo intensivo de mosaicos esmaltados.

Las mezquitas de España y Sicilia están adornadas con notables cinceladuras en madera y marfil. En otros países musulmanes predominó, sobre todo, la cerámica, tanto para el revestimiento del suelo como para la decoración de objetos de uso. El trabajo del cobre y el bronce, así como la perfección alcanzada en el arte del vidrio, completan la muy variada gama del arte ornamental musulmán.

Esta profusión y riqueza de motivos decorativos, ¿pueden considerarse una compensación o reacción contra la sobriedad del moblaje y la ausencia de cualquier otra ornamentación en las mezquitas? Cualquiera que sea el tipo al que pertenezca la mezquita, el único mobiliario está constituido por el mimbar, pulpito desde el cual el játib pronuncia la plática del viernes.

Este pulpito está situado en una especie de hornacina llamada mihrab, practicada en medio de la pared posterior de la mezquita y que señala la dirección de La Meca. La entrada al santuario está delimitada por un pequeño patio rectangular en medio del cual se alza la fuente que sirve para las abluciones rituales. Por el contrario, no hay bancos, sillas ni cuadros. Cada mezquita está coronada por un alminar. Los entendidos pueden reconocer el estilo arquitectónico de la mezquita observando su alminar…

Desde esas torres, siempre distintas, pero siempre esbeltas, donde mayormente se evidencia la diversidad y evolución del estilo árabe, e incluso sus influencias, el almuédano convocaba o convoca a los fieles a la oración.

alminar en la arquitectura árabe

Alminar árabe:El Corán es el libro sagrado de los musulmanes. Contiene los preceptos y dogmas que muchos musulmanes saben de memoria. «Los cinco pilares del islam» tiene especial importancia; junto con la fe en Alá, la oración, la caridad, el ayuno y la peregrinación a La Meca, forma el centro de las preocupaciones espirituales de los discípulos de Mahoma

Fuente Consultada:Enciclopedia Juvenil – Tomo I Credsa AZETA – Historia del Arte Árabe

Biografia de Francisco Javier Santo Jesuita Misionero Español

Biografía del Santo Francisco Javier

San Francisco Javier (1506-1552), religioso jesuita y misionero español, llamado el Apóstol de las Indias. La figura de San Francisco Javier está considerada por los historiadores como una de las más interesantes y sugestivas de todas las épocas. Es cierto. La vida del santo andariego, desde que inició su gran aventura en plena juventud, resulta apasionante por la extraordinaria fe y el gran espíritu que presidieron todos sus actos.

Nació el 7 de abril de 1506 cerca de Pamplona (Navarra) y estudió en la Universidad de París, donde conoció, en 1529, al asceta español Ignacio de Loyola, al que se unió en 1534 para fundar la Compañía de Jesús. En 1537, año en que se ordenó sacerdote, se convirtió en primer secretario de la Compañía.

Como miembro de la Compañía de Jesús, empleó las lenguas y las costumbres nativas en su labor evangelizadora. Predicó en la India a partir de 1542 y, posteriormente, se trasladó a las islas Molucas, Ceilán y Malaca. Durante su estancia en Japón (1549-51) fundó diversas comunidades. Murió camino de China. Es el patrono de las misiones. Escribió Epístolas.

Francisco Javier

“Español auténtico, navarro de recio temple, jesuíta de la primera hornada, hombre esforzado y tenaz, apóstol de Oriente, vagabundo de todos los caminos, trotamundos infatigable, excepcional evangelizados fecundísimo misionero, titán de hazañas inigualables, aventurero de sublimes ideales, caballero andante de heroicas acciones, voluntad indomable, espíritu activo y arriesgado, hombre impetuoso y apasionado, inteligencia profunda, clara y muy viva, defensor acérrimo de los desamparados, alma de una generosidad ilimitada, ejemplar capitán de milicias espirituales, incansable predicador de la verdad en regiones lejanas e inhóspitas, tesonero luchador, sacerdote de corazón alegre, juvenil y humilde, carácter fuerte como la roca, penitente duro y áspero, místico soñador, y amigo de todos los peligros. Éste fue San Francisco Javier. Un Santo, como dicen muchos, muy a la española.”

Fuente: Celebridades Biblioteca Hispania Ilustrada Editorial Ramón Sopena

El 25 de octubre de 1619, el papa Pablo V beatificó a Francisco Javier. Y el 12 de marzo de 1622, el papa Gregorio XV le elevó a los altares, al mismo tiempo que a San Ignacio de Loyola, el maestro del apóstol, y a otros santos.

castillo donde nació francisco javier

Vista aérea del castillo de Javier, lugar de nacimiento de san Francisco Javier, situado en el extremo oriental de la Comunidad Foral de Navarra, próximo al límite con Aragón. El castillo de Javier, uno de los más pequeños y modestos de los muchos que esmaltaban la superficie de la España de entonces, considerado como un diminuto y casi insignificante guardián del paso hacia los Pirineos, superó en mucho la fama de sus otros hermanos mayores.

Escalera interior del castillo

Escalera interior del castillo en donde vivió Francisco Javier

PASAJES DE SU VIDA Y OBRA:
Francisco Javier comienza sus estudios en la Universidad de París:

En el mes de septiembre de 1525, Francisco de Jassu y de Azpilcueta, llamado Francisco Javier, cruzó la frontera de los Pirineos a lomos de su caballo, camino de la capital francesa. Con aquella marcha daba su adiós definitivo al castillo de Javier y a todos los suyos, pues nunca más volvió a verles. La buena doña María de Azpilcueta murió cuatro años después de la marcha del joven Francisco, y con esta muerte, el estudiante se sintió todavía más desligado de los suyos de lo mucho que ya lo estaba.

A pesar de que el viaje desde Navarra a París debió ser interesante, Francisco no dejó escrita ninguna referencia sobre él. Con ánimo bien dispuesto y ansioso de saber, dejó atrás su patria a la que siempre tuvo muy presente en su corazón, para mirar de frente el nuevo camino que se le abría. Con aquel adiós a Javier se cierra el capítulo más oscuro, menos conocido, de la vida de Francisco.

Francisco Javier inicia una relación con Ignacio de Loyola:

El día 2 de mayo de 1528 llega a la misma Universidad de París un español de treinta seis años, rubio, cojo que había hecho un largo camino desde la ciudad de Barcelona, ese español era Iñigo de Loyola, nombre que mas tarde cambiaría por Ignacio. Desde el mismo momento que conoció a Francisco notó las aptitudes de este como ayudante en sus planes religiosos, pero Francisco no tenía oídos para sus proyectos.

Ciertamente, Francisco no gastaba ningún miramiento con su compatriota, pero éste sabía callar y esperar. Ignacio nunca se enfadaba ni se molestaba, ni siquiera se entristecía por la actitud de Francisco. Estaba seguro de que algún día el incrédulo acabaría por creer, de que algún día se uniría a su causa, y de que juntos harían grandes cosas. Por eso no desmayaba ni cejaba en su empeño, e ignorando las burlas y sarcasmos del compañero, proseguía la tarea de atraérselo. Se dice, aunque no se tiene prueba de ello, que Iñigo disparaba una y otra vez en los oídos de Francisco: «¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si pierde su alma?.» Y se dice también que al cabo ésta fue la máxima que presidió la obra de Francisco Javier.

Francisco Javier es Convertido a Jesuita:

Después de cinco largo años de reuniones, debates y cuestionamientos, Loyola logra convencer a Francisco. Poco después de haber pronunciado el triple voto (castidad, pobreza y peregrinación) , Francisco Javier se dispuso a realizar los «Ejercicios Espirituales». Se retiró a un lugar de las afueras de París, que sólo Ignacio conocía, y allí permaneció aislado del mundo durante cuarenta días, dedicado a las más severas penitencias y a las más profundas meditaciones. Aquellos días en su solitario retiro, solo interrumpido por las consoladoras visitas de Ignacio, fueron días de una lucha agotadora, gigantesca, digna del alma vehemente y apasionada que albergaba el cuerpo de tan gran español. Tan duros llegaron a ser sus martirios, tratando de castigar sus pasadas vanidades como atleta, que sus compañeros temieron que se le tuviera que amputar por lo menos uno de los brazos, pero no fue así.

Cristo en el castillo de Francisco Javier

Santo Cristo de Javier que se encuentra en el castillo. Es del siglo XIII y según la tradición sudó sangre el día de la muerte de Francisco

EL PEREGRINAJE DE SU CADAVER: En un ataúd de madera recubierto de cal, fue enterrado el cuerpo de Francisco Javier y sepultado al otro lado de la isla, frente al mar, en tierra de gentiles. Y allí quedó en su tumba solitaria, marcada sólo por unas piedras que el buen Antonio puso para que el mundo supiese dónde descansaba el cuerpo frágil y fatigado del jesuíta.

Pasado el invierno, a mediados de febrero de 1553, el Santa Cruz se dispuso para regresar a Malaca. Ninguno de sus tripulantes había pensado ni remotamente llevarse el cuerpo del misionero. Pero el chino Antonio, devoto hasta el fin, insistió una y otra vez cerca del capitán, Y consiguió que el ataúd fuese desenterrado de la playa y trasladado al barco, el cual atracó en el puerto de Malaca el 22 de marzo.

El recibimiento dispensado a los restos mortales del apóstol fue conmovedor y unánime. Una inmensa multitud le acompañó hasta la iglesia de Nuestra Señora del Carmen, donde tantas veces había resonado su voz. Se celebraron solemnes oficios por su alma, y se dio cristiana sepultura a su cuerpo, revestido de ropas sacerdotales, en una fosa cavada en la roca, detrás del altar mayor. Sin ataúd, en contacto directo con la tierra, sólo el rostro protegido por un lienzo blanco.

El 15 de agosto de 1553, cinco meses después de ser sepultado en Malaca, en esa fiesta de la Asunción que tan significativa fue en su vida, el fiel amigo del apóstol, Diego Pereira, y el heroico padre Juan de Beira se llegaron secretamente, por la noche, hasta la tumba de Francisco Javier.

Ayudados por unos hombres leales y a la luz de una linterna, desenterraron el cuerpo querido y comprobaron que estaba intacto, como dormido, con los colores de la vida en su rostro. Los dos amigos, llevando a extremos su devoción por el muerto, decidieron que la tierra pobre de Malaca no era digna de albergar en su seno aquel cuerpo bendito. Tenían que trasladarlo a Goa.

Rellenaron la tumba vacía. Y con el mayor sigilo y todas las precauciones, llevaron el cuerpo del misionero a casa de Pereira, donde lo encerraron en un féretro forrado de rica seda y cubierto de brocado.

El 11 de diciembre, cuando el apóstol ya llevaba más de un año muerto, el féretro con su cuerpo fue embarcado en un viejo barco que se dirigía a la India. Ni después de muerto pudo el eterno viajero librarse de las azarosas navegaciones y las más extrañas aventuras. Porque la travesía desde Malaca hasta Goa, con escala en Cochín, no fue precisamente tranquila. Y porque el hecho de robar su cuerpo de la tumba, guardarlo meses en una casa y embarcarlo hacia otro destino, todo en el mayor secreto, tampoco es una aventura corriente.

Goa recibió al apóstol muerto con una explosión de fervor y amor indescriptibles. El recuerdo del infatigable y andariego misionero sacudió el alma entera de la población, desde el virrey hasta el más pobre de los ciudadanos, y todos los pechos se llenaron de sollozos y los ojos de lágrimas.

Era la medianoche del 15 de marzo, Jueves Santo, cuando llegó a la playa, y era el amanecer del Viernes Santo cuando la multitud le dio su devota bienvenida, con un fondo de campanas al vuelo. Fueron cuatro días de incesante desfile ante el cuerpo incorrupto expuesto a los fieles.

Fueron cuatro días de respetuosa veneración y de escenas conmovedoras. Luego el cuerpo fue encerrado en una urna dispuesta por los jesuítas y sepultado en la iglesia de San Pablo, junto al altar, al lado del Evangelio. Pero tampoco allí el descanso terreno iba a llegarle, aunque él sí disfrutaba ya enteramente del descanso eterno y glorioso.

Sus reliquias fueron trasladadas de uno a otro lugar, en una peregrinación parecida a la que fue su vida. Era preciso examinarlas una y cien veces, para esclarecer los motivos de su incorruptibilidad. Por último, el cuerpo reposó tranquilo en la capilla donde actualmente se venera.

El 25 de octubre de 1619, el papa Pablo V beatificó a Francisco Javier. Y el 12 de marzo de 1622, el papa Gregorio XV le elevó a los altares, al mismo tiempo que a San Ignacio de Loyola, el maestro del apóstol, y a otros santos.

Por último, el papa Benedicto XIV proclamó al gran santo español, navarro de pro, patrón de la India y de todo el Este, y más tarde fue nombrado Santo Patrono de todas las misiones de la Iglesia católica.

Actualmente San Francisco Javier es venerado por todo el mundo, sin distinción de razas ni color ni religión. Él fue amigo de todos los gentiles, fue su apóstol, y todos los gentiles le tienen por un amigo aunque no se hayan decidido a abrazar la fe que él predicó con tanta ilusión Y no digamos de los cristianos, para los que San Francisco Javier es uno de los amigos más queridos, más sinceros, más propios. Es un símbolo, un ejemplo, un mito, una hermosa leyenda, una estrella.

 

Las Hordas Mongoles Vida , Costumbres y Conquistas

VIDA Y COSTUMBRES DE LAS HORDAS MONGOLES

Los mongoles han representado un importante papel en la historia de Asia. Son nómadas, y su vida está hecha, por tanto, de continuos desplazamientos forzados por la necesidad de encontrar la hierba necesaria para la alimentación de sus grandes rebaños de corderos y cabras. Estos animales les proporcionan carne, leche, mantequilla y queso. Como animales de carga, los mongoles utilizan el camello y un caballo de pequeña estatura, pero de gran resistencia.

los mongolesLa extensión de la estepa, y su pobreza, los obligan a desplazarse de estación en estación. Desde este punto de vista se les puede comparar con los lapones y otras poblaciones de Eurasia septentrional.

Viven en tiendas en forma de quesera, que levantan formando un enrejado de sólidas tablas, y cubriéndolo después con mantas de lana burda. Estos campamentos de tiendas deben considerarse pueblos ambulantes.

Ningún extranjero podría decir con exactitud dónde se encuentran esas aglomeraciones. Sólo los mongoles saben en qué lugar se hallan sus vecinos. Nadie debe aventurarse solo por esas inmensas extensiones, pues quien lo hiciera correría el riesgo de no encontrar un alma viviente, ya que los mongoles  vagan   a  la   aventura.

La vida de este pueblo ha estado siempre envuelta en el misterio. El extranjero se siente poseído de una inexplicable inseguridad, de una continua amenaza… Los actuales mongoles no difieren mucho en usos y costumbres de aquellos antepasados suyos que surcaban las estepas hace centenares de años. Su pasado se pierde en la noche de los tiempos. Su fuerza era legendaria.

Uno de esos mongoles, Temudjin, a fines del siglo XII, reunió las tribus nómadas turco-mongolas. Eran grandes jinetes, de cráneo redondo, pómulos salientes, ojos rasgados, piel amarilla, cabello lacio y negro y piernas arqueadas. Temudjin sometió a cierto número de tribus y durante una primera asamblea solemne celebrada en 1206, se otorgó a sí mismo el título de Djingiz Khan o Gengis Kan, es decir, el más poderoso de todos los jefes, o también, el emperador inflexible. Conquistó la ciudad, de Karakorum e instaló en ella su residencia.

viajes de los mongoles

Caravanas  Mongoles

Hasta entonces no había visto nunca una ciudad y no sabía leer ni escribir, pero su ejército de 100.000 hombres le permitió franquear la Gran Muralla de China, tomar la capital Yen-King, que se convertiría en Pekín, al norte de China y conquistar Corea. Yen-King fue saqueada e incendiada.

Cuando estalló una rebelión en el Lurquestán, Gengis Kan conquistó el país, incluida Samarcanda, una de las ciudades comerciales más importantes de la época, y exterminó sin piedad a la población, que había cometido la audacia de rebelarse.

Mientras sus lugartenientes realizaban incursiones por Rusia meridional, Gengis Kan marchó sobre el Irán y llegó hasta el Dniéper. Su imperio fue el mayor que conoció el mundo hasta entonces. Admitía todas las religiones, pero hacía que reinaran, por el terror, la autoridad y el orden.

Murió en 1227 durante los preparativos de una nueva campaña. En vida repartió este imperio entre sus cuatro hijos, pero esto no impidió que Ogotai fuera designado Gran Kan, a pesar de que no era el primogénito.

Lo primero que hizo Ogotai fue lanzarse al ataque de la China meridional, luego de Rusia meridional y, por último, de Occidente. Veinticinco mil jinetes arrasaron Vladimir, Moscú y Kiev, derrotaron a los caballeros de la Orden Teutónica’ y asolaron Hungría, para llegar finalmente a la costa adriática.

Ogotai murió en 1241, y los jefes mongoles se retiraron a Rusia meridional donde fundaron el reino de la Horda de Oro con Serai como capital. Serai estaba situada en un afluente del Volga. Desde 1240 hasta 1450, Rusia vivió bajo el dominio mongol. El kan permitió que subsistieran los principados rusos, pero les designó jefes e instaló guarniciones en las ciudades a fin de mantener el orden.

Kublai, el sucesor de Ogotai, conquistó toda China. Fue el fundador de la dinastía Yan y se adaptó fácilmente a la civilización ya muy evolucionada de sus nuevos subditos. Los soberanos de Annam y Birmania tuvieron que reconocer, asimismo, su soberanía. En cambio, la flota que envió para conquistar el Japón sufrió una decisiva derrota. Marco Polo dijo con razón que este kan era el hombre más poderoso desde Adán.

Trasladó su capital de Karakorum a Pekín, y éste fue, sin duda, su mayor error político, pues se rompió la unidad del imperio mongol.

En Rusia el reino de la Horda de Oro se vino abajo, en 1502. En el siglo XIX se encontraron los vestigios de Karakorum. Seis siglos antes, esta ciudad había poseído una docena de templos, dos mezquitas y una iglesia cristiana nestoriana.

No se puede hablar de cultura mongol. Una figurilla del siglo vn, el jinete azul de Astrana, hallada al norte del Turquestán, testimonia un esplendoroso pasado y recuerda a los grandes jefes mongoles. Éstos tuvieron el mérito de poner a Europa en contacto con la civilización china, que en aquel momento mostraba un indudable adelanto sobre la cultura occidental.

Por este motivo no se puede achacar al azar el hecho de que el desarrollo de la técnica, que aceleró el fin de la Edad Media, se produjera inmediatamente después de las conquistas mongolas. El compás, la pólvora y el papel se deben, en efecto, al ingenio chino.

Fuente Consultada:
Enciclopedia Juvenil Tomo I AZeta – Editorial Credsa

Organización de la Iglesia y la Invasión de los Bárbaros Edad Media

LAS INVASIONES BÁRBARAS Y LA IGLESIA EN LA EDAD MEDIA

La Iglesia en la Edad Media, teniendo en cuenta las experiencias del pasado, llegó a asegurarse el monopolio de las actividades intelectuales, artísticas y educativas. La Reforma de Cluny purificó la vida monástica, pero la Iglesia secular estaba afectada por grandes vicios y los clérigos se hallaban demasiado íntimamente mezclados con el mundo y amenazados por su corrupción. El Papa Gregorio VII, en su deseo de reforma, chocó con el imperialismo dominador de Enrique IV de Alemania.

Después de la invasión de los bárbaros, la civilización occidental parecía haber retrocedido varios siglos; las estructuras de la sociedad fueron desmanteladas, las reglas elementales de la justicia romana desaparecieron, arrastradas por las hordas bárbaras, que se esforzaron en imponer sus propias concepciones por medio del Wehrgeld o precio de sangre.

En ese ambiente de degradación, de saqueo y de matanzas, la Iglesia apareció como el último baluarte de la civilización. Desde el siglo VII, el cristianismo, implantado ya en numerosas ciudades, penetró en los medios rurales, llevado por las antiguas clases dominantes, que buscaban lugares tranquilos y apacibles. Poco a poco, surgieron y se multiplicaron en el campo los lugares dedicados al culto, dirigidos por los nuevos terratenientes; los oratorios, y las capillas   bautismales   se   convirtieron   rápidamente en los centros de las comunidades cristianas: las parroquias.

La Iglesia, sin embargo, en ese contexto de violencias y de rudeza, no se limitó a una simple reorganización, sino que pasó a la ofensiva contra el paganismo renaciente y contra todas las supersticiones que se habían desarrollado entre los pueblos incultos y aterrorizados. Los reyes cristianos no escatimaron su ayuda a esta obra, que muy pronto se identificó con una tarea de reconstrucción del Estado.

Fue ésta la época de las grandes giras pastorales de los obispos contemporáneos del rey Dagoberto: San Eloy, San Omer, San Sulpicio. Prelados y misioneros partieron a evangelizar el norte de la Galia, y la cruz fue plantada de nuevo a lo largo del Mosa y del Escalda. En el siglo IX, la iglesia medieval francesa alcanzó su madurez. Tres concilios nacionales se celebraron entre los años 742 y 744, en el curso de los cuales San Bonifacio dio a la Iglesia franca su verdadera fisonomía.

La Iglesia se vio obligada a asumir, poco a poco, las tareas que los príncipes no estaban en condiciones de llevar a cabo; así, se hizo cargo de la instrucción pública, del cuidado de los enfermos, de la justicia y, en algunas ocasiones, incluso, de la paz.

Estas nuevas funciones hicieron de la Iglesia una fuerza real y confirmaron su creciente autoridad; pero, desde ese momento, un inmenso peligro surgió para el clero: el de su integración pura y simple en la sociedad   feudal.

La Iglesia, para realizar su misión, tenía necesidad de un mínimo de riquezas. Ciertamente, las donaciones y las limosnas se multiplicaban; numerosos eran los señores que, a la hora de la muerte, intentaban redimir las fechorías de una vida guerrera y apasionada, ofrendando a los monasterios vastas extensiones de su propiedad. Sin embargo, la Iglesia no podía vivir de estos recursos solamente.

El comercio y la moneda estaban poco desarrollados en la época feudal, la tierra era aún la única fuente de riquezas, la sola garantía de seguridad, el único medio de cambio. En estas condiciones, el clero no dudó en adquirir múltiples propiedades. Para estar más cerca de sus fieles, el clero secular se instaló entre ellos. Las comunidades religiosas se alejaron de los hombres, y, a menudo, ocuparon tierras abandonadas, dedicándose con entusiasmo a roturarlas, en una época en la que roturar se había convertido en una imperiosa necesidad de supervivencia para una población en pleno crecimiento.

Desde el siglo IX, todas las propiedades de los obispados y de las abadías fueron sustraídas a la ingerencia de los príncipes y de los condes. El dignatario eclesiástico se convirtió, para los hombres libres establecidos en su tierra, en el único representante del rey. En general, la propiedad se benefició de la inmunidad de las cargas fiscales.

Los señores del castillo no tuvieron ya ningún derecho sobre las tierras y los hombres de la Iglesia. De esta forma, las propiedades eclesiásticas se convirtieron en verdaderos enclaves independientes. Pero, en la práctica, esta independencia fue puesta en tela de juicio, debido a las nuevas funciones del clero. Según las estructuras feudales, el prelado propietario de fincas rústicas llegó a ser, en sus relaciones con la población que vivía en sus tierras y las trabajaba, un verdadero señor, animado frecuentemente por la sola preocupación de la ganancia y del beneficio.

Estas tentaciones fueron tanto mayores cuanto que se dieron en gente cuya selección y reclutamiento no obedecieron siempre a piadosas referencias. Y éste es el segundo aspecto de tal integración de la Iglesia en la economía feudal. A menudo, los señores laicos, fundadores de iglesias o donadores de bienes, se otorgaron una gran cantidad de privilegios sobre sus obras. Valiéndose del «patronato», pronto llegaron a designar ellos mismos, entre su propia clientela, a los titulares de los cargos eclesiásticos de la diócesis.

EL MONACATO: LAS TAREAS DE LOS MONJES
Para escapar a las tentaciones inherentes a la vida social, numerosos cristianos abandonaron el siglo, dejaron aquella sociedad en pleno derrumbamiento, para ir a refugiarse en solitarios lugares de retiro, propicios a la meditación y a la plegaria. El monacato no fue un fenómeno particular de la Europa’Occidental; fue, sobre todo, su desarrollo el que ofreció condiciones específicas. Llegadas de Egipto en el siglo V, las primeras comunidades se instalaron, hacia el año 418, en el sur de Francia.

Desde entonces, después de la fundación de los monasterios de Lérins y de San Víctor de Marsella, apareció toda una serie de comunidades que practicaban el ascetismo  más riguroso, unido a una nueva concepción de la penitencia y de la salvación. Así en el año 615, se fundaron los monasterio de Luxeuil, de Saint Gall, de Bobbio. Entre tanto, en el año 525, un italiano , Benito de  Nursia, decidió pro-movervun estilo de vida menos riguroso en sus monasterios,   para   transformarlos   en refugios más accesibles a los cristianos.

Fue entonces cuando se desarrolló un verdadero y vasto movimiento monacal, que aplicó por todas partes la regla de San Benito. Los centros benedictinos, al seguir esa regla, se convirtieron en remansos de paz, pero también en auténticos instrumentos de evangelización.

Fueron monjes benedictinos,   dirigidos   por   Agustín,   losque marcharon a convertir a los anglosajones. En Canterbury se instaló el primer monasterio benedictino situado fuera de Italia. En esos monasterios, la vida era bastante ruda y, esencialmente, estaba consagrada a la oración colectiva; los monjes organizados en verdaderas milicias, se habían comprometido solemnemente por escrito a llevar una vida parecida a la del soldado-campesino, bajo la férula absoluta del abad, jefe de la comunidad.

Además de dedicarse a la oración, los monjes se ocupaban en trabajos manuales, destinados a asegurarles la existencia. No queriendo depender en absoluto de la sociedad, por miedo a contaminarse, San Benito había impuesto el laboreo de los campos. Esta vida, tranquila y austera, atrajo a un gran número de señores y de campesinos, deseosos de asegurar la salvación de su alma. (seguir leyendo sobre Los Monasterios de San Benito de Nursia)

Fuente Consultada:
HISTORAMA Tomo III La Sociedad Feudal La Gran Aventura del Hombre Edit. CODEX
Más Allá de los Pilares de la Tierra  Ken Follett Edit. Hermética Robinbook

Primeros Pueblos Que Habitaron en Japón Cultura Jomon

LOS ORÍGENES DEL JAPÓN – CULTURA JOMON

¿De dónde provienen los japoneses? Numerosas controversias no han resuelto todavía el problema; los primeros ocupantes parecen ser los ainu, de raza blanca, progresivamente rechazados hacia el norte de Hondo y a la isla de Hokkaido donde actualmente no viven más que en algunas reservas. Después vendrían los pueblos altaicos por Manchuria y Corea, y los malayo-polinesios por el sur.

Los filólogos, a quienes la lengua japonesa plantea arduos problemas, han distinguido, efectivamente, en esta lengua elementos altaicos y austronesios. En cuanto a los arqueólogos, no han hecho más que volver a colocar el mundo de los sabios ante nuevos problemas, sin que ninguno de los elementos descubiertos por ellos pueda iluminar a sus colegas antropólogos. Pero la hipótesis que supone al Japón colonizado primeramente por elementos de los que descenderían los ainu y que fueron después rechazados hacia el norte por pueblos procedentes del sur de China, continúa teniendo numerosos defensores.

El Japón tuvo una industria neolítica llamada Jomon, fruto de una civilización de cazadores seminómadas que no conocían la agricultura y que está caracterizada por una alfarería decorada con improntas de fibra o de valvas, con una orla en forma de corazón y motivos con aletas de peces.

Esta alfarería evolucionó, en el Jomon medio, bajo nuevas influencias que llegaban por la cadena de islas de la Indochina septentrional. En su época reciente, el Jomon señaló grandes progresos técnicos: el barro de la cerámica es más fino y está mejor cocido, la industria lítica es testimonio de innovaciones y los parajes de asentamiento humano se multiplicaron, atestiguando una vida colectiva intensa. Esta cultura neolítica se esparció sobre toda la superficie del Japón. En una fase final de esta cultura aparece el empleo de una panoplia completa de armas de madera (lanzas, arcos, flechas).

cultuta jomon japon antiguo

La primera civilización importante fue la de los Jomon (en japonés, “huella de cuerdas”, c. 10000-300 a.C.). Se caracteriza por la fabricación de figuritas de arcilla llamadas dogu y vasijas decoradas con motivos que recuerdan a una cuerda, lo que dio origen a su nombre. Era una cultura de cazadores y agricultores que vivían en pequeñas comunidades en casas de madera o de paja, construidas en hoyos poco profundos para aprovechar el calor del suelo.

Hacia esta época, se introdujo el caballo en el Japón, acompañando, sin duda, a nuevos grupos étnicos invasores. La cultura Yayoi, que, según unos, no fue más que la prolongación del Jomon pero de civilización agrícola sedentaria, y, según otros, una cultura diferente aportada por conquistadores, sucedió a la era Jomon. Esta larga evolución neolítica terminó con el empleo del bronce en ciertas comarcas, mientras que en el norte del Japón la civilización de la piedra se prolongó hasta los alrededores del siglo X de nuestra- era. La historia política del Japón es la de la mayor parte de los países de Oriente y se resume en la metamorfosis de un pueblo fraccionado en múltiples comunidades, cada una de ellas ferozmente celosa de su independencia, en una nación fuerte y poderosa.

Para esto, el Japón siguió, en el plano interior, las mismas etapas que llevaron a la formación del Imperio chino o el de los Maurya en la India. En el plano exterior, el Japón practicó, hasta el siglo xix de nuestra era, una política particular de repliegue sobre sí mismo, pero no de un aislamiento negativo como se ha escrito demasiado frecuentemente: el Japón acogió en todos los tiempos las influencias extranjeras. Las asimiló y mezcló con su propio espíritu y sacó una síntesis que fue siempre específicamente nipona. Pero cuando una influencia nefasta trataba de subyugar al Japón, los japoneses la rechazaban sin escrúpulos.

LOS PRIMEROS EMPERADORES:
El clan del Yamato

Los jefes de clan ostentaban los poderes políticos y religiosos, y dominaban, además de sus familias muy extendidas a causa de la poligamia, las corporaciones de artesanos, pescadores, agricultores, tejedores, obreros especializados en trabajos en laca. El culto shinto unía los hombres a todos los elementos de la naturaleza: sol, tempestades, ríos, árboles, etc., poblados de espíritus vagos e influyentes, los Kami. Muy cerca ya de la era cristiana, treinta clanes de cada cien mantenían relaciones con los emperadores chinos de la dinastía Han que les concedieron el título de príncipes.

Los emigrados chinos y coreanos ayudaron al desarrollo económico y cultural. En la pequeña planicie de Yamato, al sur del actual Kioto, iba a prosperar la clase de la cual saldría la familia imperial. Su origen divino está rodeado de leyendas, cuidadosamente conservadas para mantener el prestigio de la dinastía. En los cielos del Sol Naciente, en el seno de un Panteón muy bien equipado, Izanagi, «el Hombre que Invita», e Izanami, «la Mujer que Invita», se unieron, y de sus amores nacieron las islas del Japón y el mar por el cual se diseminaron estas islas. He aquí que Izanami da a luz nuevamente: en un centelleo de llamas, aparece el Dios del Fuego; este parto aterrador arrebata la vida a la madre. Su esposo, abrumado de tristeza, vaga en busca del cadáver de su bienamada. Por encantamiento, lo descubre bajo la forma de un montón inmundo de materias putrefactas.

Horrorizado, Izanagi se precipita en un torrente y se purifica bajo una cascada de agua clara. Su cuerpo entero se transforma súbitamente; de sus miembros nacen multitud de dioses, de su ojo izquierdo surge el Sol, del derecho la Luna, y de su nariz, la tempestad, el tifón. Amaterasu, diosa del sol, hija de la pareja divina Izanagi e Izanami, envió a su nieto Jimmu Tenno a la isla de Kiushu; después de haber cruzado el mar interior, desembarcó en la llanura del Yamato y fundó, hacia el año 660 a. de J. C, el Imperio japonés.

En realidad, los historiadores desmienten la tradición y sitúan los comienzos de la expansión del clan de Yamato a principio de la era cristiana; los cuatro primeros siglos permanecen, además, en la oscuridad. Los sucesores de Jimmu, Suinin, Seimu y Chue, ayudados por otras familias más o menos ligadas a su dinastía, acometieron la empresa de rechazar a los ainus hacia el norte, y a los Kumaso, tribu de filiación indochina, hacia el sureste. De esta forma, el dominio de los Tenno pudo extenderse hasta convertirse en el más importante y más poderoso del Japón. Sus relaciones con Corea y China le aseguraron el apoyo de estos dos países, al tiempo que favorecían el comercio que enriqueció a los emperadores nipones.

La familia imperial, cuyos miembros estaban considerados como «seres superiores», de origen divino, consiguió imponer a los otros clanes su autoridad espiritual. Hacia el siglo ni, las buenas relaciones con el reino Shiragi de Corea (Costa Este) se envenenaron, y los Tenno de Yamato, aliados a los Kudara, hermanos y rivales de los Shiragi, se empeñaron en una guerra de tres siglos, que terminó con la derrota de los coreanos orientales. Poco antes de terminar las hostilidades, Keite Tenno, preconizando la unidad nacional frente a los peligros coreanos consiguió extender su poder político sobre todas las islas niponas.

Inmediatamente después de la victoria, los coreanos vencidos enviaron al archipiélago monjes budistas encargados de hacer negociaciones; en esta ocasión, propagaron las enseñanzas de Buda, que iban a transformar profundamente la cultura y la historia japonesas.

El Periodo Heian
Con la llegada de la dinastía Heian en 794 y un periodo de una paz y una prosperidad relativas, la cultura japonesa pudo al ñn florecer al margen de las influencias chinas. La corte imperial se trasladó a una nueva capital llamada Heiankyo, la «Ciudad de la Paz», que sería conocida posteriormente como Kioto.

En ella, los japoneses desarrollaron su caligrafía y sus propios e intricados rituales, por lo general centrados en las damas cortesanas. Hasta el año 1192, el Imperio Japonés mantuvo la estabilidad, sobre todo gracias a la influencia de la familia Fujiwara, una dinastía de asesores imperiales que lograron conservar su influencia en el trono entablando lazos matrimoniales con la línea imperial. Asegurándose de ser los padres de las consortes imperiales y los abuelos de los futuros emperadores, pudieron manipular la política de la corte.

El gobierno por debajo del emperador estaba organizado según el patrón chino, con un Consejo de Estado regido por los clanes más poderosos de Japón, el cual se ocupaba de los asuntos cotidianos. Estos clanes solían enzarzarse en disputas entre sí y, poco a poco, dos de ellos se perfilaron como dominantes: los Taira y los Minamoto. En el ocaso del Periodo Heian, ambos rivalizaban por el control del imperio. El estallido de la guerra civil marcó el fin del Primer Imperio Japonés.

Los sogunes
Cuando Minamoto no Yoritomo derrotó al clan de los Taira en 1185, se hizo con el trono con ayuda de su imponente fuerza militar integrada por guerreros samurai, soldados profesionales que en un principio fueron campesinos pero que finalmente acabaron formando una casta propia.

Al establecer una dictadura militar, Yoritomo se autoproclamó sogún. Un sogún era en esencia un cacique militar que gobernaba en nombre del emperador, si bien en realidad los emperadores eran poco más que figuras decorativas y durante este periodo fueron los sogunes quienes realmente dirigieron Japón. El emperador vivía de las rentas que generaban sus propias propiedades y recibía el respaldo de los, sogunes siempre que a cambio este les ofreciera el suyo. En caso contrario, era depuesto. Bajo el gobierno de los sogunes, las provincias de Japón recuperaron parte de su independencia y sus gobernantes, los daimios, ejercieron derechos feudales sobre sus súbditos y rindieron honores a los propios sogunes.

Los distintos sogunados establecieron alianzas de poder con clanes diferentes y vincularon su suerte a la de estos. Así, el primer sogunado, los Kamakura, perdió el poder en 1335 cuando cayó el clan Hojo. El gobierno de los sogunes se mantuvo como principal estructura política de Japón hasta mediados del siglo XIX, si bien con el tiempo los sogunes dejaron
de ser caciques feudales para devenir príncipes herederos y ejercer de virreyes.

Fuente Consultada
HISTORAMA La Gran Aventura del Hombre Tomo III Los Orígenes de Japón
Atlas de la Historia Universal Desde los orígenes de la humanidad hasta nuestros días

Vida de los Campesinos en China Antigua El Trabajo Agrícola

VIDA EN LAS ALDEAS CHINAS: TRABAJO, COMIDA Y MATRIMONIO

Las masas campesinas chinas, que en di versas ocasiones se rebelaron contra el poder imperial y que de esta, forma elevaron, a veces, a uno de los suyos a ocupar las más altas funciones, no conocieron casi nunca la prosperidad. La miseria era, por contrario, su habitual modo de vivir.

Al comienzo de la historia china, el mundo  agrícola estaba organizado de una forma comunitaria, es decir, que ninguna tierra pertenecía a los que la trabajaban, ni a ningún terrateniente, sino al mismo Estado, y el emperador no era más que un administrador de esta riqueza. Pero muy pronto los emperadores comenzaron a donar propiedades a ciertos generales y funcionarios, en pago a los servicios prestados al trono. Estos recibían, al mismo tiempo que la tierra, a todos los campesinos que la trabajaban.

vida de los campesinos en china antigua

Las varias revoluciones campesinas consiguieron que el emperador distribuyera las tierras de los feudales a los mismos campesinos, pero otras tantas veces los terratenientes conseguían, al cabo de algunos años, recuperar sus bienes. Y si bien en la época de los Tang, cada campesino que alcanzaba la edad adulta debía, según la ley, recibir una parcela de tierra, la oposición de los señores feudales y la carencia de terrenos, impedían que este sistema funcionara. Los grandes propietarios aumentaban aún más sus dominios y, bajo los Tang, el conjunto de las tierras cultivables estaba en posesión de algunas familias que no representaban más de un cuatro o cinco por ciento de la población.

Los campesinos no eran más que siervos. Muy frecuentemente, los propietarios introducían en sus dominios, como mano de obra, a los emigrados que huían del hambre de tal o cual provincia. Estos, dichosos de encontrar una escudilla de arroz, costaban menos que los obreros agrícolas locales, que estaban intervenidos por el Estado y se hallaban sometidos a prestaciones imperiales, así como al reclutamiento militar.

Los campesinos carecían de ganado mayor, y casi todos los trabajos agrícolas se hacían por medio de los brazos del hombre. Las aldeas estaban situadas en las alturas, dominando los campos de labor y a resguardo de las inundaciones. Cerca de las casas, se extendían los huertos y los vergeles cargados de moreras (para la producción de la seda), así como una era apisonada: éste era el dominio de las mujeres. Los hombres trabajaban en los campos, en los arrozales y, por la noche, no volvían a las aldeas; pequeñas cabanas les albergaban durante toda la temporada del laboreo, del picado y repicado del arroz. Los niños iban, de vez en cuando, a llevarles los víveres.

Todas las mujeres del pueblo trabajaban en los huertos, o en los vergeles, o en el tejido de las piezas de seda, principal moneda de intercambio. Una o dos matronas se ocupaban, día y noche, de los niños. Así, las mujeres y los hombres formaban dos comunidades, separadas la mayor parte del tiempo, y este hecho llegó a ser el principio de la separación de sexos en las aldeas. El hombre tenía que escoger esposa en otro pueblo, porque el matrimonio servía, más que para fundar un hogar, para acercar a familias diferentes.

Las jóvenes casaderas dejaban a sus padres y a sus pueblos, e iban a la localidad de su esposo, aportando su dote. Toda una serie de prohibiciones, de «tabús», se les imponían a las jóvenes parejas, y sus relaciones conyugales requerían precauciones infinitas.
La mujer estaba protegida por la divinidad estelar de la Tejedora, y el hombre, por la del Boyero. Entre ellas, la Vía Láctea extendía una barrera sagrada que no podía ser franqueada más que dos veces al año.

Fuente Consultada:
HISTORAMA La Gran Aventura del Hombre Tomo III

Concepto del Maniqueísmo Origen y Vida del Profeta Mani

VIDA DEL PROFETA MANI – ORIGEN Y CONCEPTO DEL MANIQUEÍSMO

Fundado por Maní hacia el final del siglo III , el maniqueísmo aparece como un sincretismo en el que se han mezclado los más diversos elementos. Puede ser considerado como una especie de herejía cristiana a la que se han añadido muchos elementos extraños, o como una religión distinta a la que, de manera bastante artificial, se han unido aportaciones cristianas.

Mani se presenta como discípulo de Cristo y utiliza abundantemente los libros del Antiguo y del Nuevo Testamento. La influencia religiosa de Mani se ha prolongado durante unos mil años en una extensa zona, a partir de los confines del mundo persa y semítico, que la civilización grecorromana había alcanzado, pero sin llegar a influir profundamente.

Mani nació hacia los años 215-216. Desde su infancia fue incorporado a la secta de los mogh-tasilas o baptistas, a la que pertenecía su padre, que profesaba una doctrina dualista: dos personajes están subordinados a Dios—Cristo y el diablo—, los dos salidos de Dios y puestos por éste ante los tiempos futuros y el siglo presente. En toda la creación se encuentra la oposición del bien y del mal, de los dos sexos, de la derecha y de la izquierda, del agua y del fuego. El agua es el medio de salvación y el fuego, de condenación.

profeta Mani

Profeta Maní

El agua del bautismo libra del fuego del infierno. Los bautizados han de llevar una vida santa, renunciar al matrimonio y abstenerse de alimentos de origen animal. La verdad religiosa está contenida en la Ley y el Evangelio, cuyo sentido, que se ha perdido, puede encontrarse a través de los libros de Elkasai.

Durante cuarenta años Mani llevó una vida errante de predicador y escribió cartas, sermones y tratados. Parece que predicó en las regiones cercanas al Eufrates y que envió a dos de sus discípulos a Egipto y a la Escitia. En pocos años la secta hizo grandes progresos. Diocleciano publicó un rescripto severísimo contra los mani-queos en el que se establecía, entre otras, la pena capital. El movimiento se expansionó por Mesopotamia, Siria, Palestina y Egipto.

En África surgieron numerosas comunidades. También en Italia hubo importantes núcleos. Una gran expansión se realizó por Oriente: Irán. De Samarkanda a la India. Mogolia fue el centro de otra notable irradiación. La época de retroceso empieza al final del siglo X. La desaparición definitiva llegó muy pronto.

El sistema maniqueo se apoya en un dualismo. Hay desde toda la eternidad dos principios opuestos, el bien y el mal, la luz y las tinieblas. Las tinieblas primitivas tocan la luz y la limitan. El príncipe de las tinieblas es la antítesis viviente del rey de la luz. No es un segundo dios, sino su rival. Su verdadero nombre es la materia, pero el pueblo le llama diablo. La lucha entre los dos mundos es inevitable.

Nuestro mundo, mezcla de tinieblas y de luz, está continuamente en guerra hasta la separación definitiva de esos dos elementos. El hombre que es como un microcosmos que reúne las propiedades de todo lo que existe, posee dos almas, de las que una es buena y la otra mala. Hecho de espíritu y materia, participando a la vez de Dios y del diablo, el primer hombre debía lograr esta separación de los elementos de luz que llevaba en sí. Sin embargo, después de su caída se hizo incapaz de realizar ese trabajo.

La misión de Jesús en su Encarnación estaba encaminada a liberar la luz que se encontraba cautiva en el hombre pecador. Jesús no es propiamente el hijo de Dios. Es como el arquetipo de la humanidad. En él sólo hay luz. Es el que en diversas ocasiones ha comunicado luz a los hombres: Adán, Abraham, Buda, Zoroastro, el Mesías, San Pablo, Mani.

La moral se resume en la doctrina de los tres sellos. El sello sobre la boca lleva a evitar todo lo que puede mancharla: los pecados de la lengua y los alimentos impuros (los que no sean vegetales). El sello de la mano niega el derecho a matar, sean hombres, animales o plantas. El sello del pecho se refiere a la prohibición del matrimonio y de todas las relaciones sexuales.

El maniqueo ha de hacer lo posible por evitar la propagación de la vida. Como la práctica rigurosa de los tres sellos era imposible en la vida corriente, los maniqueos distinguían dos grupos: los auditores, que podían vivir como los demás hombres, aunque con ciertas limitaciones, y los elegidos, que estaban obligados a una práctica estricta de las prescripciones de la doctrina.

En la vida de ultratumba, mientras los elegidos entrarán inmediatamente en el paraíso, los auditores deberán quedarse en este mundo, pasar de un cuerpo a otro hasta llegar al de un elegido. Los pecadores van a un fuego eterno. La separación definitiva, no obstante, de buenos y malos, exige el transcurso de mucho tiempo para que los elementos de luz que han caído en este mundo puedan separarse otra vez de la materia. Un inmenso incendio se producirá en el último día.

Tomando como modelo la organización que Jesucristo dio a su Iglesia, el maniqueísmo tiene doce maestros que obedecen a un jefe único. Por debajo de éstos hay setenta y dos jefes u obispos, que son los que ordenan a los presbíteros y diáconos. Admiten dos sacramentos: el bautismo y la eucaristía. La fiesta más importante, la Berna, conmemoración de la muerte de Mani, se celebra alrededor de la fecha de la Pascua cristiana.

Fuente Consultada:
FACTA Enciclopedia Sistemática Tomo IV Entrada: Maniqueísmo

La Revolución Islámica Ayatolá Jomeini Derroca al Sha Palhevi

RESUMEN CAUSAS DESTITUCIÓN GOBIERNO DE REZA PALHEVI EN IRÁN

Se conoce como Revolución Islámica de Irán al proceso dirigido por el líder relgioso, el ayatolá Ruhollah Jomeini por el cual fue derrocado definitivamente el sha (rey) Reza Pahlevi, quien respondía a intereses norteamericanos y además había generado la famosa Revolución Blanca, poniendo en práctica una serie de reformas políticas, sociales y económicas que se oponían a las costumbres y doctrinas religiosas del pueblo iraní , cuestionando a la vez el poder y autoridad de los los dirigentes religiosos.

La oposición a este régimen autocrático, abarcaba todos los sectores de la sociedad, que no aceptaban la corrupción y el insaciable enriquecimiento de la familia real, quienes reclamaban un gobierno mas democrático, justo y con una repartición de la riqueza mas equitativa. Las grandes ganancias de la explotación petrolera, obtenidas del suelo iraní iban a las arcas de las grandes compañías y de la familia Palhevi, poco volvía al pueblo.

En febrero de 1979, estalló la revolución, apoyada sobre las enseñanzas islámicas chiitas acabó con la monarquía laica del sha, se proclamó la República Islámica de Irán, y se rechazó toda influencia occidental.

Ayatholá Jomeini

Ayatholá Jomeini

En 1979, el Ayatollah Jomeini lideró una revolución islámica y derrocó al Sha. Jomeini en la década de 1970, era un hombre desconocido, pero contaba con ciertas aptitudes de las que carecían otros dirigentes. En primer lugar, parecía no tener miedo alguno: había sido el único religioso que se atrevió a criticar abiertamente la ‘Revolución Blanca’ del Sha ya en 1963. Fue el profundo sentimiento antioccidental y antiimperialista que reinaba en las naciones árabes desde los tiempos de la descolonización (fines de la Segunda Guerra Mundial, y comienzos de la década de los 50), y el sistema fuertemente represivo del Sha, el que posibilitó el triunfo de Jomeini y facilitó el establecimiento de una república fundada en el estricto cumplimiento de las doctrinas religiosas islámicas.
A partir del triunfo de la revolución islámica, Irán quedó convertido en el referente de la protesta antioccidental y antinorteamericana en el Medio Oriente.

La revolución islámica de Irán fue un hito en la historia del siglo XX. Para el historiador británico Eric Hobsbawn la peculiaridad de esta revuelta reside en su ideología, traspasada por un discurso religioso y antimoderno, que contradecía las características laicas e “izquierdistas” de las revoluciones que, desde 1789, se habían dado en la edad contemporánea.

La revolución, liderada por el carismático ayatolá Jomeini, liquidó el régimen déspota, pro occidental y corrupto del sha Mohamed Reza Pahlevi e instauró un sistema basado en los preceptos de la ley islámica (sharia) y articulado políticamente en una Constitución que sancionaba el concepto de vélayat-é faqih (soberanía del doctor de la ley o jurisconsulto islámico sobre el Parlamento).

ANTECEDENTES DE LA REVOLUCIÓN IRANÍ: En 1951, el popular primer ministro iraní Mohamad Mossadeg planeó la nacionalización de la Compañía Petrolera Anglo-Iraní. EE UU instó al sah de Irán a destituir a Mossadeg, lo cual dio lugar a que la población retirase su apoyo al sah, a quien se tenía por un títere de los americanos. La revuelta popular obligó al sah a exiliarse para evitar una posible revolución. Finalmente, EE UU logró restaurar al sah en el poder, pero, a los ojos de su pueblo, este había quedado contaminado por su asociación con los norteamericanos.

 

Sha Reza Palhevi Irán

Sha Reza Palhevi

Los enfrentamientos contra el régimen del Sha fueron muchos y durante varios años, pero uno de los mas cruentos fue en 1978 cuando los soldados abren fuego contra la población que se manifestaba en las calles de Teherán. Había mas de 20.000 personas y miles de ellas resultaron heridas o muertas. Al poco tiempo y como reacción a esta dura represión , los manifestantes comenzaron a quemar negocios, bancos, kioskos de bebidas alcohólicas y todo lo que tuvieran un símbolo occidental, provocando una tensión social que iría en aumento hasta la revolución de 1979.

En respuesta a esta insatisfacción popular, el sah empleó la represión para evitar otra insurrección. En los dos decenios siguientes, Irán se embarcó en un periodo fructífero de industrialización y militarización; en la década de 1970, el excesivo gasto en defensa había dado lugar a un déficit presupuestario y una crisis económica. Entre tanto, la sociedad iraní se había transformado: había surgido una reducida élite occidentalizada.

La rápida industrialización dio lugar a un elevado aumento de la inmigración hacia las ciudades y generó pobreza y desempleo. Las leyes de censura del sah impedían expresar a través de los medios de comunicación o concentraciones públicas el descontento social, y las mezquitas se convirtieron en el único reducto donde era posible hablar con libertad. En ellas, los detractores del sah entraron en contacto con las ideas de los clérigos chutas y, en particular, con las del ayatolá Jomeini, quien propugnaba la revolución para crear una república islámica y poner fin al laicismo y la occidentalización de su país.

En las postrimerías de 1978, la prensa oficial publicó un artículo criticando a Jomeini que desencadenó protestas civiles generalizadas. El ejército se negó a abrir fuego contra los manifestantes y cambió de bando. Desde el exilio, Jomeini defendió una república islámica, y el sah, al carecer del respaldo del ejército, huyó.

El martes 16 de enero de 1979, el sha, enfermo, abandonó el país. Jomeini ponía fin al reinado de los Pahlavi, pero la monarquía no estaba abolida. Apoyándose en el ejército, el quinto del mundo, el primer ministro iraní Shapur Bajtiar se opuso al retorno del imán. Ante el aumento de los peligros, el primer ministro cedió en su momento.

El 1 de febrero de 1979, Jomeini hizo una entrada triunfal en Teherán, donde lo recibieron más de cuatro millones de personas. Sobrevinieron violentos incidentes entre el 9 y el 12 de febrero, declarando el fin de la monarquía y el derrumbamiento de las últimas fuerzas que la sostenían.

La monarquía fue oficialmente abolida por el referéndum del 30 de marzo que proclamó la instauración de la República islámica. Pronto surgió en el seno de los elementos religiosos una división entre moderados y conservadores, y fueron estos últimos los que, con el apoyo de los «guardianes de la revolución», controláron los comités islamicos e instauraron un orden moral que rige a toda la sociedad iraní.

Inmediatamente después, el nuevo régimen se dispuso a disociarse de Occidente; los partidarios de Jomeini irrumpieron en la embajada de EE UU en Teherán en noviembre de 1979 y precipitaron la crisis de los rehenes que le costó al presidente Cárter las elecciones presidenciales de 1980 y que no concluyó hasta enero de 1981.

Para entonces, el sah había fallecido (en el Cairo) y el nuevo presidente de EE UU, Reagan, había prometido descongelar los activos iraníes. La revolución aún estaba consolidándose cuando Iraq instigó una guerra contra Irán en 1980.

La Revolución Islámica que en 1979 desplazó del poder de Irán al Sha Rezah Pahlevi, modificó el panorama político de la región. El Ayatollah Jomeini instaló un régimen fundamentalista e intolerante que fusiló en pocos meses a decenas de miles de opositores.

LOS DOCE DÍAS QUE ESTREMECIERON A IRÁN
Jueves 1° de febrero de 1979, el avión de Jomeini aterriza en el aeropuerto de Teherán. Comenzaba entonces el primero de los doce días que verían la caída de la monarquía. El 5 de febrero, Jomeini nombró a Bazargan primer ministro islámico, en oposición al primer ministro imperial Shapur Bajtiar. Demócrata y reformista, Bazargan tranquilizó a Occidente, pero inquietaba a los radicales iraníes. El 8 de febrero, el pueblo salió a la calle respondiendo al llamado del imán al grito de «¡Muera Bajtiar!».

Los manifestantes vestían una cinta blanca en la cabeza para significar que estaban prontos a morir como mártires. En la víspera del 10 de febrero, hallados culpables de mirar por televisión la película sobre el regreso de Jomeini, los homafars (técnicos de la fuerza aérea) fueron «corregidos» por los guardias imperiales que dieron así, involuntariamente, la señal de la sublevación. Al día siguiente se concentraron 100.000 personas en Teherán para una marcha política. El ejército abrió entonces fuego sobre la multitud.

La muchedumbre se dispersó por las calles de Teherán y la insurrección se expandió. La capital se erizó de barricadas y se decretó el toque de queda. En dos días cayeron cuarteles, edificios administrativos, palacios imperiales, uno tras otros. El 12 de febrero se ponía fin a la monarquía de 2.500 años de antigüedad.

INTERESANTE TESTIMONIO DE JOMEINI SOBRE SU VISIÓN DEL GOBIERNO AMERICANO

En Irán no hay un sentimiento antinorteamericano, sino contra el gobierno estadounidense. En los eslóganes y denuncias, cuando hablamos de Norteamérica nos referimos al gobierno de Estados Unidos, no al pueblo estadounidense. He recibido informes sobre la propaganda antiiraní orquestada por la Administración de Estados Unidos. Los sionistas en especial están haciendo todo lo posible por envenenar a la opinión pública contra Irán. Tal como se ha informado, como resultado de ello en Estados Unidos puede haber sentimientos negativos contra Irán.

Pero si los hechos van más allá de la pantalla sionista-imperialista, si a través de los medios de comunicación logramos exponer a la ciudadanía norteamericana la verdad, entonces es muy probable que los norteamericanos cambien de criterio sobre nosotros y respondan amigablemente a nuestra actitud amistosa. Pero no abrigamos ilusiones de que el gobierno de Estados Unidos vaya a cambiar su actitud hostil.

El gobierno estadounidense ha perdido gran parte de sus intereses en Irán. Y, lo que todavía es peor, su Administración también ha perdido su prestigio político en otros países. Hemos pedido a gritos justicia, hemos pedido que se resuelvan nuestros motivos de queja. El gobierno de Estados Unidos puso al sah en el trono; es decir, lo pusieron los aliados [en 1941] tras destituir a su padre, Reza Jan, que era un títere de los británicos. En consecuencia el gobierno de Estados Unidos lo ayudó a mantenerse en el poder frente a la oposición de nuestro pueblo. El sah despilfarró nuestros recursos, nuestra dignidad nacional, nuestros activos naturales, el talento de nuestra juventud y todo lo que teníamos. Evidentemente, los iraníes no pueden tener buena opinión del gobierno de Estados Unidos.

Y nuestro pueblo ha descubierto recientemente que la Administración norteamericana ha convertido lo que llama su embajada en una base de espionaje y conspiración contra Irán. Los espías actuaban aquí con la excusa de ser personal diplomático. Y ahora que nuestro pueblo es consciente de este hecho, considera que la Administración estadounidense es su enemigo número uno.

Desde nuestro punto de vista no puede culparse al pueblo norteamericano del comportamiento de su gobierno en Irán. Los norteamericanos tendrán que reconocer el hecho de que su Administración ha sido injusta no sólo con nosotros, sino también con ellos mismos. A través de su lacayo, el sah, nos ha privado de todo, lo cual ha puesto en peligro el honor de la ciudadanía estadounidense. Debido al comportamiento del gobierno de Estados Unidos, actualmente los pueblos de Oriente están desarrollando un punto de vista negativo sobre la nación norteamericana.

Los norteamericanos han de tener este hecho en consideración. Que Qimmy) Cárter siga siendo presidente es un peligro para Norteamérica. Plantea una amenaza al honor nacional de Estados Unidos. Si el gobierno estadounidense -por medio de la intervención militar, del bloqueo económico, de tácticas bravuconas y recursos similares- logra privarnos de justicia, la crisis nunca podrá resolverse, seguirá siempre presente en la mente de nuestro pueblo.

El pueblo norteamericano no debe permitir a Cárter que siga este comportamiento, porque de ser así los iraníes irán sospechando que el pueblo norteamericano comparte la voluntad negativa de Cárter contra Irán. Y entonces entre ambos pueblos se establecerá la enemistad.

Otra opción es que el gobierno de Estados Unidos reconozca las fechorías que ha cometido en Irán. Que no son pocas. Una de ellas es haber permitido la entrada de un asesino en Estados Unidos. Y, lo que aún es peor, que el gobierno norteamericano imponga a un asesino como gobernante de Irán. Cuando Cárter llegó a la presidencia prosiguió la política de sus predecesores; es decir, intentó perpetuar el gobierno criminal del sah y el saqueo de Irán. Cuando nuestra nación se levantó contra la tiranía de los Pahlevi, Cárter hizo todo lo posible por mantenerla. No lo consiguió.

El odio al sah de nuestro pueblo era demasiado evidente para que Cárter no lo notara. Con todo, en flagrante desacuerdo con los sentimientos de la nación iraní, Cárter ofreció al sah derrocado refugio en Estados Unidos. Creo que ni siquiera el pueblo norteamericano se creyó la afirmación de Cárter de que permitía la entrada del sah por motivos humanitarios.

Las consideraciones humanitarias no entran para nada en el pensamiento del gobierno norteamericano. Washington está dispuesto alo que sea, incluso amatar a 200.000 personas en un ataque nuclear, para obtener algún provecho. Es impensable que esos funcionarios dieran una visa de entrada al sah por motivos humanitarios. En cierto modo han secuestrado al tirano derrocado para asegurarse de que no divulgue sus secretos.

Si se lo permitimos, todos los hechos que el gobierno de Estados Unidos quiere ocultar saldrán a la luz. Y entonces el mundo entero sabrá quién ha ayudado al sah a cometer sus crímenes. Y desde luego, el pueblo norteamericano dejará de votar a su presidente una vez que descubra qué ha hecho. Desde nuestro punto de vista, todo lo que interesa a Cárter es secundario para la Gasa Blanca, y con tal de alcanzar su objetivo está dispuesto a hacer lo que sea, incluso a sacrificar el honor de su país.

No podemos creer que los reclamos del gobierno estadounidense obedezcan a motivos humanitarios. ¿Acaso sólo el sah es un ser humano? ¿No son seres humanos los 35 millones de iraníes? ¿No eran seres humanos los vietnamitas? ¿No vemos claramente los crímenes que con la aprobación de Cárter están cometiéndose actualmente en el sur de Líbano? Para nosotros [la resolución de la crisis] supone la extradición a Irán del sah derrocado y la adopción de medidas para compensar a Irán por los daños causados por su tiranía.

Desde luego, hay daños que son irreparables. Por ejemplo, en la lucha contra el sah hemos tenido unas cien mil bajas. Y aunque el trabajo y el talento humano derrochados para la obtención de sus dañinos objetivos no pueden compensarse, esperamos la repatriación de los bienes saqueados a Irán. El punto principal que cabe tener en cuenta es que nos hallamos en una nueva era. Irán ya no es hoy lo que era bajo el sah. Ha ocurrido un milagro.

Bajo el régimen anterior un solo policía podía obligar a todos los comerciantes de un gran bazar a enarbolar banderas para celebrar el cumpleaños del sah. Ese mismo pueblo se levanta con las manos desnudas contra los tanques y la artillería. Incluso ahora se envuelven en sudarios y acuden aquí [a Qom] para manifestarse dispuestos al martirio.

No se puede zarandear a un país que ha experimentado tal transformación. Transformación que el señor Cárter aún no ha comprendido. Cree que puede volver a imponer un dictador a un país. Pero ha de entender que los iraníes nunca permitirán tales actos. Cárter se tiene que despertar. Y los norteamericanos han de desalojar a Cárter con su voto. Deben elegir a un presidente adecuado. Si se convence a los iraníes de que el gobierno de Estados Unidos no pretende engañarlos, habrá unas relaciones normales con Estados Unidos; el tipo de relaciones que mantenemos con otros países.

Fuente Consultadas:
Revista TIME Historia del Siglo XX El Mundo Islámico – La Revolución Islámica en Irán

Historia de Japón en el Siglo XIX Transformación Industrial Militar

SIGLO XIX: JAPÓN SE OCCIDENTALIZA Y DESARROLLA SU INDUSTRIA

Luego de la victoriosa guerra contra China,  Japón acordó dar prioridad a las transformaciones, a la occidentalización del país. El  emperador trató, ante todo, de congraciarse con las potencias occidentales. Para ello, se esforzó en poner fin a los atentados contra los extranjeros y se preocupó de que los culpables fuesen ejecutados. Después comenzaron las reformas.

La tarea primordial era la de hacer desaparecer el feudalismo, principal obstáculo para la indispensable transformación económica. Los grandes señores feudales, los daimios, se dejaron convencer de la necesidad de abandonar sus privilegios feudales y de fundirse con la nobleza cortesana.

En 1868 sube al trono imperial Mutsuhito (1868-1912), que llamó a su reinado Meiji. Desde el poder se impone la occidentalización del todo el país, aboliendo el régimen feudal de los samurais y shogunes anterior

En compensación, pasaban a ser gobernadores de sus provincias y funcionarios imperiales. De igual modo, los caballeros, los samurais, y los templos fueron despojados, a cambio de pensiones. El abandono del feudalismo implicaba, desde luego, pesadas cargas para el Estado.

Por eso, gracias al empréstito conseguido en Londres, el gobierno propuso a los samurais la recuperación de sus pensiones, mediante la inversión inmediata de un capital. Los intereses pagados a Londres ofrecían el peligro de ser elevados también, pero se esperaba, con razón, que la masa de capitales puesta en manos de los daimios sería invertida en la economía, y que, de ese modo, en forma de impuestos, el Estado aumentaría sus recursos.

Envite audaz, pero operación grandiosa. No se puede menos de admirar aquella revolución pacífica, única, sin duda, en la historia del mundo. La economía agraria fue la primera en beneficiarse de la nueva organización. Los campesinos se convirtieron en propietarios de la tierra.

Al trabajar por su cuenta, aumentaron su rendimiento. Es verdad que los más débiles no pudieron resistir: muchos tuvieron que vender, y los últimos hijos de las familias ya no encontraron tierras. Estos desheredados tuvieron que refugiarse en las ciudades, ofreciendo así la mano de obra necesaria al desarrollo industrial: de este modo, se realizó, no sin miserias ni dificultades, el traslado de mano de obra, condición indispensable para toda revolución industrial.

Al principio, fue el Estado el que se encargó de la creación de la infraestructura. Por otra parte, sólo el Estado podía disponer de las enormes sumas de dinero necesarias para la realización de unas empresas cuya rentabilidad inmediata era más que dudosa.

Minas para la explortación de metales, grandes industrias, ferrocarriles, formación de obreros calificados, creación de una marina mercante: el Estado se ocupó de todo. Al mismo tiempo, la justicia, la administración, la enseñanza e incluso las costumbres se iban occidentalizando.

En 1871, se reorganizó el ejército nacional, llamado a sustituir a las tropas de clanes. A pesar de la oposición de los samurais, ofendidos al ver que el pueblo, al que ellos habían despreciado, podría combatir también, se estableció el servicio militar obligatorio para todos, si bien inculcando a los reclutas los principios morales que habían constituido el valor de los guerreros feudales y que ahora iban a mostrar su extraordinaria eficacia, pues los soldados japoneses pronto se convirtieron en el símbolo de la obediencia total y de la entrega hasta la muerte.

Estas características fueron puestas de manifiesto en la segunda guerra mundial, por los kamikazes, los voluntarios de la muerte. Un gran esfuerzo, indispensable para aquel pueblo insular, fue el dedicado a la marina, bajo la dirección de oficiales ingleses y de ingenieros franceses. Mientras tanto, para unificar al pueblo, desgarrado, sin duda, por la disolución de los lazos feudales tradicionales, se dio nuevo vigor a la religión nacional, el shintoísmo, con lo que el culto al emperador divinizado y el culto a los antepasados se convertían en el profundo elemento uni-ficador de la nación.

En 1889, en fin, seguro de la solidez de su obra, el emperador promulgó una Constitución, evidentemente inspirada en la Constitución prusiana, que otorgaba al emperador amplios poderes.

Continua: El Imperialismo Japonés

PARA SABER MAS…

En enero de 1860 zarpó de Yedo el Kanrin-Maru, un velero con motor a vapor, de cien caballos de potencia, que sólo había sido utilizado para maniobrar en puerto. Su tripulación fue la primera en cruzar a vela el Pacífico (ya que al cabo de cinco semanas atracó en San Francisco), y en pilotar un barco a través de semejante distancia. Ese logro extraordinario tuvo lugar apenas siete años después de que los japoneses vieran por primera vez un barco de vapor.

Posteriormente, un joven miembro de la tripulación escribió: «Creo que, sin excesivo orgullo, podemos jactarnos ante el mundo de tanto valor y pericia… A pesar de sus conquistas, Pedro el Grande de Rusia, que estudió náutica en Holanda, no pudo igualar la hazaña de los japoneses.»

El orgullo patriótico de aquel joven era fiel reflejo del de la mayoría de sus compatriotas. Entre los japoneses cultos existía el apasionado deseo de que su país no sufriera el mismo destino que chinos e indios, cuya inferioridad ante los «demonios extranjeros del mar» los obligó a soportar las injerencias de europeos y norteamericanos en sus asuntos internos. La travesía de la que tanto se enorgullecía aquel joven no sólo demostraba la disposición de los japoneses a tomar prestados conocimientos y tecnología, sino la rapidez con que sus compatriotas supieron aprovecharlos.

Japón cambió deprisa a lo largo de las décadas siguientes. Sus líderes comprendieron que no podían tomar prestada tecnología occidental y adaptarla a la sociedad japonesa sin introducir cambios en sus propias costumbres. El primer paso hacia la creación del estado nacional fue la abolición del viejo sistema semifeudal por el cual los clanes gobernaban grandes zonas del país en nombre del emperador. Luego adoptaron muchas instituciones de gobierno europeas. (Fuente Consultada:Historia Universal Ilustrada Tomo II John M. Roberts)

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IX La Gran Aventura del Hombre

La Ciudad de Dios en Ginebra de Calvino Reformador

LOS COMIENZOS DE CAL VINO
Nació en Noyon, Picardía, el 10 de julio de 1509, y era hijo de un hombre de negocios, que lo destinó siendo un niño a la Iglesia. ¡A los doce años disfrutaba ya de un beneficio eclesiástico! El clero de la ciudad lo miraba con benevolencia por lo bien dotado. Así, marcho a París a preparar una carrera que se le anunciaba muy brillante. Durante algunas semanas fue compañero de Ignacio de Loyola en el colegio de Montaigu.

Calvino, reformador religioso

En 1531, hallándose en la Universidad de Bourges, favorable a la Reforma, estableció conocimiento y recibió la influencia de un humanista luterano, el alemán Melchor Wolmar. Pero éste no consiguió apartar a Calvino de la Iglesia romana. Poco después murió su padre, Gerardo Chauvin, al cual, por hallarse enemistado con el capítulo de la catedral por una cuestión de sucesión, le fue negada la sepultura cristiana. Pero esta lamentable intransigencia tampoco precipitó la conversión del joven teólogo. De regreso a París, estudió letras y publicó su primera obra, un comentario sobre el De Clementia, de Séneca.

Simpatizaba con las ideas erasmistas y frecuentaba los medios favorables a la Reforma, que se habían desarrollado bajo la influencia del gran humanista Lefévre d’Etaples. Poco a poco, se acercó a las doctrinas de Lutero y de Zwinglio y, en 1534, rompió con la Iglesia romana y renunció a sus beneficios. El mismo año, las persecuciones lo alejaron del país y se refugió en Basilea.

LA INSTITUCIÓN CRISTIANA
En 1536, en Basilea, publicó la Institución cristiana, dedicada a Francisco I. En ella demostraba que los reformados se atenían al Evangelio puro, y hacían de las Escrituras la única fuente de la teología. Como Lutero o Zwinglio, afirmaba que sólo la fe del creyente y no las obras lo podían salvar. Pero, a diferencia de Lutero, apenas se interesó por la liturgia y las formas del culto, y, a diferencia de Zwinglio y otros reformados que conservaban cierto misticismo, su formación de humanista y de jurista lo alejaba del cristianismo medieval. La religión era, ante todo, la regla moral de los creyentes, que les imponía devolver a Dios lo que le pertenecía.

El hombre es débil, privado de libre albedrío y arrastrado al pecado, «todo suciedad y pestilencia». Sólo el sacrificio de Cristo lo puede salvar. La fe es un don de la Gracia Divina; no todos la reciben y no hay predestinación más que para un pequeño número de elegidos. Dios destina a unos a la vida eterna y a los demás a la condenación, «por su juicio oculto e incomprensible».

Como no sabemos quiénes son los elegidos, debemos trabajar por la salvación de todos. Cal vino no admitía más que dos sacramentos: el Bautismo y la Comunión simbólica; el culto se reducía a la oración, el sermón y el canto de los salmos. No debía haber ornamentos ni altar, ni crucifijo en los templos, servidos por pastores o ministros recluíados entre ellos, pero sometidos a las asambleas de fieles y a las autoridades.

PRIMERA ESTANCIA EN GINEBRA
Tanto como a su obra teológica, Calvino se entregó a la organización de su iglesia reformada. A pesar del inconveniente de su mala salud, no vacilaba en emprender peligrosos viajes, buscando lugares de asilo para los proscritos, y predicando. En julio de 1536, se dirige a Ginebra, donde su amigo Guillermo Farel lo retiene.

Este se había entregado con toda su alma a las nuevas ideas, pero faltaba en Ginebra un jefe capaz de organizar el nuevo protestantismo. De simple «lector» de las Escrituras, Calvino no tardó en imponerse; en 1537 sometió a la votación de los distintos consejos de la ciudad los artículos sobre el régimen de la Iglesia evangélica, la cual no debía ser una simple asamblea de eclesiásticos, sino una comunidad viviente y consciente, imagen perfecta del reino de Dios. El derecho de excomunión se convirtió en uno de los atributos asenciales de toda iglesia.

Una requisitoria tan firme no podía dejar de excitar los celos del poder civil, y Calvino y Farel entraron en conflicto con los magistrados, que los desterraron. Calvino se trasladó a Basilea y, después, a Estrasburgo, donde se casó con la viuda de un anabaptista belga, Idelette de Bure. En la ciudad se encontraban 1.500 refugiados franceses; Calvino los organizó y creó para ellos una liturgia francesa, perfeccionando su teología y participando en las asambleas de Francfort, Worms y Ratisbona. Pero en 1541 los ginebrinos volvieron a llamar a los que habían proscrito. Calvino se estableció en la ciudad donde residiría durante veintitrés años, hasta su muerte, intentando transformar Ginebra en un vasto convento laico.

LA CIUDAD DE DIOS
En efecto, desde 1541, hizo adoptar a la ciudad una serie de ordenanzas que servirían como modelo de experiencias políticas y sociales para las futuras comunidades calvinistas. Los ginebrinos deberían vestirse sin lujo, evitarían los bailes, moderarían su lenguaje, expurgando los estantes de su biblioteca de toda obra frivola, asistirían a numerosos oficios, aplicándose a mantener sus espíritus libres de todo lazo carnal, y vivirían en estado de oración silenciosa. En su deseo de modelar la vida de todos, Calvino chocó con la vieja burguesía.

Una verdadera «Fronda», dirigida por la familia del capitán general de la ciudad, Aimé Perrin, provocó disturbios y una dura represión. El arresto del español Miguel Servet, médico notable (había descubierto la circulación pulmonar de la sangre), fue el punto culminante de esta agitación. Servet había atacado a la Trinidad. Fue capturado durante un sermón del reformador, y quemado vivo en 1553. La facción de Perrin, comprometida en su favor, perdió definitivamente el poder.

Calvino había llegado al fin que se había propuesto. El Consistorio era el Consejo director de la Iglesia, formado por los simples fieles agrupados en torno a los pastores. En 1559, la creación de la Academia, última gran realización de Calvino, reunió a los mejores profesores de la época, encargados de la enseñanza de más de 1.200 estudiantes, futuros misioneros de la nueva religión.

Cuando, en 1564, murió Calvino, su Iglesia influía en Francia, Escocia y los Países Bajos. Mientras Lutero había sometido su Iglesia a los príncipes (el luteranismo contribuyó a forjar el carácter alemán de sumisión al Estado), el calvinismo formaba comunidades libres de tendencias independientes y democráticas, rebeldes a la autoridad, provocando una viva hostilidad de los soberanos, principalmente en Francia, donde la Reforma iba a provocar sangrientas guerras civiles.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo V La Gran Aventura del Hombre

Primeros Conocimientos en Europa de Oriente o China

Luego de un largo y penoso viaje hacia oriente y despúes de haber sufrido los horrores del desierto, los Polo llegaron, al fin, a la primera ciudad china de su viaje: Su Cheu. Los venecianos permanecieron luego un año en Ku Chué, realizando excursiones por el centro de Asia, a Erzina y Karakorum. El viaje siguió, por último, hacia el este, y el Gran Khan les envió una escolta de honor. Kublai los recibió en persona, en su residencia de Shang Tu, al nordeste de Pekín (1275).

Los hermanos Polo dejan Venecia llevando consigo a Marco—Miniatura del «Libro de las Maravillas»—París, Biblioteca Nacional.

Marco Polo, que durante el viaje había aprendido las lenguas habladas en el Imperio mongol, supo impresionar, seria y favorablemente, al emperador, que hizo de él su amigo y su auxiliar, empleándole en calidad de administrador y diplomático, mientras su padre y su tío trataban de múltiples asuntos comerciales. Así comenzó una estancia que debía prolongarse hasta 1292.

Kublai Khan

Marco Polo, como administrador de Kublai y rodeado del respeto que le valía la amistad del Gran Khan, recorrió China en dos itinerarios. Gracias a los relatos que Marco Polo hizo en «El Libro de las Maravillas», por primera vez Europa poseía una descripción  sintética de  las  regiones de Oriente.

Pese a los errores de apreciación que llenan su relato, la narración de las aventuras vividas por el veneciano, la descripción de lugares y gentes que visitó y encontró, renovaron los puntos de vista humanos y científicos que Europa poseía de Oriente; así, Occidente escuchaba por vez primera el nombre de Cipango (Japón).

Marco Polo llega a Oriente

Marco Polo (15 de septiembre de 1254 – 8 de enero de 1324) fue un mercader y explorador veneciano que, junto con su padre y su tío, estuvo entre los primeros occidentales que viajaron por la ruta de la seda a China. Se dice que introdujo la pólvora en Europa, aunque la primera vez que se utilizó en Occidente acaeció en la batalla de Niebla (Huelva) en 1262.

El Imperio mongol de China, que visitó Marco Polo, estaba entonces en su apogeo y no pudo menos que maravillar al joven italiano, que fue sorprendido por la inmensidad del país y la diferencia que ofrecían las provincias del norte y las del sur con sus grandes ciudades superpobladas.

Como buen mercader veneciano y buen administrador, Marco Polo fue atraído, sobre todo por lo que representaba la economía le China; se extrañó de la sucesión de pueblos y el número de ciudades importante. Pekín tenía seis millas de lado, no corr prendidos sus 12 arrabales, y su población desafiaba toda evaluación: Nankín, Shinng Kiong Fu y Hang-Cheu, con sus millones de habitantes, así como más de dos mi grandes ciudades, entre ellas los inertes Je Fu Cheu y de Hong Chué (Quinsay) «Venecia china».

La formación del Imperio mongol permitió el restablecimiento de las relaciones directas entre Europa y el Extremo Oriente. Pekín, la nueva capital mongola, atrajo de inmediato a los mercaderes de la India y del Golfo Pérsico, y en seguida a unos audaces venecianos, los Polo. Pekín, antigua ciudad de los Kin y ciudad mongola—Miniatura del «Libro de las Maravillas»—París, Biblioteca Nacional.

Hong Chué era en efecto, una ciudad construida sobre una lagua y estaba recorrida por centenares de canales que pasaban, según Marco Polo, bajo 12.000 puentes. Las calles estabam adoquinadas con piedra y ladrillo, no servicio de guardias urbanos asegurara le orden día y noche. La ciudad recibía muchos extranjeros que se dedicaran al comercio y a la navegación. El puerto de Hang-Cheu contaba con casi 18.000 boques, entre los cuales, algunos, los graades correos del Mar de China, aforaban 500 toneladas y eran maniobrados por 20C a veces, 300 hombres de tripulación.

EL ORO, LA SEDA, EL CARBÓN
El Estado sacaba gran provecho de esta actividad comercial, porque sólo los derechos de aduana de la ciudad de Hang Cheu se elevaban anualmente a 14.700 sacos de oro y representaban la novena parte de los ingresos de toda la China del Sur.

La circulación de una moneda fiduciaria, fabricada con delgadas hojas de pasta de madera de morera, y, a veces, para billetes de gran valor, con seda, siempre garantizada con la firma y el sello de los oficiales de moneda, extrañó a Marco Polo, que vio la ventaja de este sistema para el Tesoro Imperial: «El Emperador puede hacer cada año tal cantidad de monedas, sin que le cueste nada, que iguale a todos los tesoros del mundo»… Parece, sin embargo, que Marco Polo no tenía conciencia del desastre a que podían conducir tales excesos.

En los campos, Marco Polo se interesó por todas las actividades agrícolas y anotó la riqueza de las explotaciones, las terrazas de cultivos que se escalonan sobre las pendientes más abruptas de las montañas y la abundancia de productos de la tierra.

El viajero veneciano nos enseña igualmente que Kublai Khan, recogiendo la tradición de los grandes emperadores chinos, hacía adquirir y almacenar el sobrante de las cosechas, que, en caso de penuria, era redistribuido a los hambrientos.

Marco Polo visitó igualmente sederías e hilaturas, pero lo que le extraño más aún fue el empleo que los chinos hacían del carbón: «Una especie de piedra negra que se extrae de los flancos de las montañas de Catay (China del Norte) y que quema como el carbón de madera, e incluso mejor que él, porque si se le enciende por la tarde, se le encuentra aún con juego a la mañana siguiente».

Pero ya el poderío de Kublai declinaba, y los favores de que rodeaba a la persona de Marco Polo despertaban celos contra el veneciano y sus dos parientes, los cuales aprovecharon una expedición destinada a acompañar a una princesa mongola, prometida en matrimonio, a la Corte de Per-sia, para embarcarse con ella (1292).

La escuadra siguió la ruta tradicional, llevando a los tres latinos al reino de Shampa, a Sumatra, a las islas Nicobar, a Ceilán, a Malabar, para alcanzar el puerto de Ormuz y llegar, por tierra, a Trebisonda, sobre el Mar Negro. Llegado a Venecia en 1295, Marco Polo debía caer en manos de los genoveses, al año siguiente. En el curso de sus dos años de cautiverio, pudo redactar su fabuloso viaje.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IV La Gran Aventura del Hombre

Historia de los Longobardos Origen Religion Costumbres

Germanos es una palabra celta cuyo significado es: “hombres que lanzan el grito de guerra” y fue utilizada por los romanos para designar a todas las poblaciones que tenían su residencia en la margen derecha del Rin, y, en general, al este de ese río. Los germanos habitaban en la Europa Central: a lo largo de la ribera derecha del Rin, y en ambas riberas de los ríos Elba, Oder, Danubio y Vístula.

A partir del siglo II de nuestra era, algunos pueblos germánicos (también llamados “bárbaros” por los romanos, que denominaban así a todo lo que no era romano) comenzaron a hacer irrupciones a través de las fronteras del imperio.

Hacia el fin del siglo VI, casi todos los pueblos germánicos no sólo habían entrado en contacto con la civilización romana, sino que, en muchas invasiones, habían evidenciado tener una aplastante superioridad militar sobre el decadente y debilitado imperio de los romanos. Por otra parte, el prolongado contacto con muchas instituciones romanas les había inducido a adoptarlas, y llegaron así a adquirir un grado de civilización bastante elevado.

Uno de los pocos pueblos que todavía conservaba las instituciones tradicionales de las tribus germánicas de allende el Rin, en razón del poquísimo contacto tenido con las poblaciones sometidas a la autoridad imperial, era el de los llamados longobardos.

Vesrtidos del Pueblo Longobardo

Soldado

POR QUÉ SE LLAMABAN  LONGOBARDOS
El origen de los longobardos es un tanto oscuro; sin embargo, en la actualidad se considera como su más probable lugar de origen la península escandinava. De haber sido así, los estudiosos estiman probable que su migración hacia el continente se haya verificado hacia el siglo I antes de Cristo.

Primeramente habrían poblado la parte inferior del curso del Elba, donde instalaron moradas permanentes, hasta que, en el siglo VI, consiguieron penetrar hacia el centro de Europa, y exactamente en la región occidental de la llanura húngara.

Parece ser que antiguamente las gentes de este pueblo eran llamadas vinilos (nombre derivado de la palabra escandinava vina, combatir), que significa “guerreros”, y que sólo cuando se instalaron definitivamente en el territorio de la Alemania actual cambiaron su nombre por el de longobardos.

Y como en Escandinavia se llamaba “longobardiz” (guerreros que atraviesan el mar) a todos los soldados mercenarios que dejaban su patria para ir en busca de una fortuna mejor, se presume que los “vinilos” tomaron para sí tal nombre cuando abandonaron para siempre su tierra.

Otros creen que los longobardos comenzaron a ser llamados así porque usaban barba larga (“langbarte”), y no faltan los que afirman que el origen del nombre reside en que combatían usando una larga lanza, la cual, en lengua alemana, es llamada “hallbard”   (alabarda).

SUS CREENCIAS Y COSTUMBRES
El dios supremo de los pueblos germanos era Odín, símbolo de la tempestad. Se lo representaba con vestiduras de guerrero, con un yelmo de oro en la cabeza y la terrible alabarda en la mano.

Odín era, sobre todo, el dios de los guerreros; tomaba parte en la batalla, daba la victoria a quien quería y decidía quién debía morir en el combate.

Los longobardos creían que los guerreros muertos con honor en el combate eran conducidos por el mismo Odín al Walhalle (la morada de los muertos), una especie de paraíso en el cual los héroes habrían de gozar de una gloria eterna.

Y en razón de hallarse convencidos de ser el pueblo más belicoso de entre las tribus germánicas, los longobardos se consideraban los predilectos de Odín.

Sustentaban la creencia de que Odín, para hacerlos invencibles durante las batallas, enviaba en su ayuda a los cinocéfalos (del griego “kinos”, perro y “kefalé”, cabeza; o sea, hombres con cabeza de perro), los cuales, con su terrible aspecto, esparcían el terror entre las filas adversarias.

Los longobardos habitaban cabañas de madera con techo de paja, detrás de las cuales solía haber una parcela rodeada por un seto vivo o un vallado. Los utensilios de uso diario se limitaban a lo estrictamente necesario: un molino portátil para moler el grano, algunas ollas de cobre o de barro, cuernos de buey indistintamente usados para conservar el aceite o para beber, y algunas pieles sobre las cuales dormían. Los más bravos guerreros colgaban, de las paredes de sus cabanas, cráneos de enemigos muertos por ellos.

El año 568, guiados por su joven rey Albuino, abandonaron la llanura húngara y se dirigieron hacia la península italiana: sumaban tal vez 250.000 personas, entre hombres, mujeres y niños. La parte que ocuparon tomó el nombre de Longobardia (tal como Andalucía lo tomó de otros invasores bárbaros, los vándalos, que la llamaron “Vandalucía”). De aquel nombre deriva el actual de Lombardía, dado a una extensa región septentrional de la península italiana.

Las tropas de este pueblo conquistador no se hallaban totalmente integradas por los longobardos, sino que formaban parte de las mismas el pueblo de los gépidós (a cuyo rey había matado Albuino algunos años atrás), así como también numerosos aventureros sármatas, búlgaros, bávaros y sajones, atraídos todos ellos por las perspectivas de combate y pillaje.

El ejército cruzó la cordillera alpina por el paso de Predil (hacia el norte de Venecia) y avanzó rápidamente por la llanura del Po, siempre en marcha hacia el sur. Tras algunos combates, de los cuales salió victorioso, ocupó la región de Venecia (donde fundó el ducado de Friule), tomó Milán en setiembre de 569, y toda la cuenca del Po, la Emilia y Toscana (570), el ducado de Benevento y la ciudad de Pavía, donde constituyó la capital de su nuevo reino.

Este reino habría de durar hasta 774, fecha en que fue conquistado por Carlomagno e incorporado al imperio de Occidente. Los territorios conquistados fueron divididos en 36 ducados, cuyos poseedores elegían al nuevo rey, pues no existía un régimen de sucesión hereditaria. A la muerte de Albuino (572) los duques implantaron un gobierno colectivo, pero al año siguiente volvieron al régimen monárquico, designando como soberano a Clefis, quien apenas logró gobernar algo más de un año.

Bajo relieve Siglo VI Representa a Odín

LA CONVERSIÓN AL CRISTIANISMO
Rústicos, inciviles, y sólo interesados por el saqueo, los longobardos no manifestaron interés por aceptar ninguna de las limitaciones que las leyes romanas imponían a los pueblos extranjeros, y, naturalmente, no apreciaron instituciones que, como la esclavitud, eran fundamentales dentro de la vida romana. Durante el primer período de su invasión, igualmente, se manifestaron irrespetuosos hacia el cristianismo y su jerarquía, habiendo sido señalados como enemigos encarnizados de la fe cristiana.

En su obra de saqueo, entonces, no hallaron motivo alguno para excluir las iglesias, de cuyos bienes se apropiaron sin escrúpulos de conciencia, ni vacilaron tampoco, cuando lo consideraron conveniente, en asesinar a los sacerdotes y dignatarios eclesiásticos de todas las categorías. Cuando arrasaban una ciudad, las iglesias sufrían la misma suerte de los restantes edificios que en ella había.

Gregorio Magno

Pero, a comienzos del siglo vn, se produjo un acontecimiento de importancia que cambió por completo su modo de vivir. En 591, la reina Teodolinda (viuda de Autario, rey de los longobardos) contrajo nuevas nupcias con el rey longobardo Agilulfo, y, desde entonces, con ayuda del papa Gregorio Magno, se consagró a la tarea de lograr que su pueblo se convirtiese al cristianismo.

Su obra fue coronada por el éxito: hacia el fin del siglo VII, casi todos los longobardos habían abrazado la religión de Cristo. Y de este modo se volvieron menos feroces y comenzaron a apreciar los valores de la civilización romana, europea y occidental.

Los longobardos hicieron construir muchos edificios en Italia: la basílica de San Pedro en Cielo de Oro, de Pavía, y la catedral de Monza, se hallan entre los más famosos. Este último fue levantado en 602 por la reina Teodolinda. Además de los sepulcros de esta reina y de su esposo Agilulfo, en la catedral de Monza se custodian muchos tesoros de los reyes longobardos. Uno de los más famosos es la “corona de hierro”, así llamada porque en su parte interior lleva un aro de ese metal, confeccionado, según lá leyenda, con el hierro de uno de los clavos de la cruz de Cristo. Esta corona fue usada para la ceremonia de coronación de varios soberanos, el último de los cuales fue Napoleón.

LAS LEYES DE ROTARIO: Asi como otros pueblos que no han alcanzado un cierto grado de civilización, los longobardos consideraban la venganza como una forma natural de la justicia. Cuando un longobardo era asesinado, todos sus parientes tenían el derecho de vengarlo matando al asesino o a su familia. Ésta y otras sanguinarias disposiciones fueron abandonadas cuando se convirtieron al cristianismo, adoptando, en este orden, las prácticas que son comunes a todos los pueblos cristianos.

Un rey que se preocupó por hacer más humanas las leyes que regulaban la vida de su pueblo fue Rotario. Éste, en 643, promulgó en lengua latina un edicto según el cual la venganza fue sustituida por el “guidrigildo” o sea la compensación monetaria por el daño causado. He aquí algunas de sus leyes.

“Si alguno provocara tumulto en la iglesia pagará una multa de 40 sueldos en beneficio del venerable lugar. Y los 40 sueldos de dicha multa serán depositados sobre el sagrado altar donde la ofensa hubiese sido cometida.

Si alguno hubiera apaleado a otro hasta el punto de romperle los huesos, por cada hueso quebrantado pagará la suma de 12 sueldos. Si un hombre hubiera matado a otro pagará a los deudos una indemnización compensatoria de la pérdida ocasionada. Si alguno hubiera cortado la mano a otro, pagará la mitad del precio que sería fijado para el caso de haberío muerto.”

Cuando en 774 los francos arrollaron a los longobardos en la península italiana, éstos constituían ya un pueblo civilizado que fue poco a poco fundiéndose con el resto de la población peninsular.

Fuente Consultada:
Enciclopedia Ilustrada del Estudiante Tomo IV  – Historia de los Longobardos –

Tribuno Tiberio Graco Guerra de Yugurta Los Hermanos Gracos Proyecto

roma antigua

LECCIÓN X
LOS GRACOS (134-100)

  1.   Primera guerra de los esclavos. Se había aumentado de una manera extraordinaria el número de esclavos, procedentes de los prisioneros que se hacían en las guerras extranjeras, de la piratería, y hasta de los mismos plebeyos, que por su pobreza venían  a caer en tan miserable estado; y que por la desaparición de los colonos y pequeños propietarios libres, todas las faenas agrícolas vinieron a ser desempeñadas por los esclavos.

El trato que estos desgraciados recibían de sus señores no podía ser más cruel e inhumano: mal alimentados, albergados en hediondos calabozos, arrastrando pesadas cadenas, y aplicándoles los más terribles castigos por las faltas más insignificantes; el sufrimiento y la paciencia llegaron a acabarse, y se levantaron contra sus dominadores en Sicilia.

La mayor fertilidad de aquella isla, que continuaba siendo el principal granero de Roma, había aglomerado allí de tal manera los esclavos, que se contaban diez por cada  hombre libre. Allí fue donde Euno, esclavo sirio, se puso al frente de sus compañeros, tomó el título de rey Antíoco, y pasaron a cuchillo a sus amos, reuniendo en poco tiempo un ejército de 70.000 hombres, que se aumentó después con los esclavos sublevados en Agrigento por el siciliano Cleon, hombre enérgico y activo, que hizo causa común con Euno.

Durante cuatro años los pretores mandados por Roma fueron derrotados por Euno, que se apoderó de Enna, Tauromenium y otras plazas, preparándose a pasar a Italia, donde los esclavos comenzaban a agitarse. Por fin el cónsul Pison les obliga a levantar el sitio de Mesina, se apodera de Tauromenium, quitando la vida a cuantos prisioneros caen en su poder; y venciéndolos cerca de Enna, donde perecieron 20.000 esclavos, y muerto poco después su jefe Euno, la guerra quedó concluida.

  1. Tiberio Graco: su tribunado. La decadencia de la sociedad amenazaba destruir el poder romano, si no se ponía pronto y eficaz remedio: los que lo habían intentado, faltos de valor, cedieron en su empeño para evitar los graves peligros que había que arrostrar al realizarlo. En estas circunstancias aparecen los Gracos.

Tiberio y Cayo Graco eran hijos de Sempronio Graco, que se había distinguido en las guerras de España, y de Cornelia hija de Escipión el Africano. Muerto Sempronio, la virtuosa Cornelia dedicó toda su atención y sus cuidados a proporcionar a sus hijos la mas esmerada educación, consiguiendo hacer de sus dos joyas, como les llamaba, hombres instruidos, elocuentes, y virtuosos republicanos.

Tiberio Graco:

Tiberio, el mayor, que se había señalado por su valor en el sitio de Numancia, y que en sus campañas había observado la miseria de los pueblos y la ruina de la agricultura en poder de los esclavos, se propuso remediar los males de su patria, y con este fin solicitar el nombramiento de tribuno.

  1. Proyectos de Tiberio Graco: su muerte. Tiberio, ayudado del consejo de los ciudadanos más prudentes de la República, propuso el restablecimiento de la ley agraria de Licinio Estolon, como único medio de reparar los males de la patria; pero para hacerla aceptable por los nobles, que se habían apoderado del ager publicus, cuya propiedad era del Estado, se acordó que a cada ciudadano se le dejarían 500 yugadas de tierra, además de su patrimonio, y 250 a cada uno de los hijos; debiendo abandonar todo lo restante, cuyo importe les abonaría el Estado, para repartirlo en pequeños lotes de 30 yugadas entre los ciudadanos pobres y aliados italianos.

A pesar de las moderadas pretensiones de esta ley, los  nobles que por ella perdían parte de su influencia y de su fortuna, se oponían tenazmente, consiguiendo que el otro tribuno, Octavio, interpusiera su veto en el momento de la votación. Indignado Tiberio, propuso una ley por la cual los nobles habían de abandonar todas las tierras usurpadas al Estado. La oposición de la nobleza fue entonces mayor, y Octavio interpuso nuevamente su veto. En esta situación Tiberio acude al pueblo, y, sin respetar la inviolabilidad de su cargo, consigue que sea depuesto su colega, votándose la ley, y nombrándose una comisión encargada de hacerla cumplir.

Con estas medidas, Tiberio se había enajenado las simpatías de toda la nobleza, cuya hostilidad hacia el tribuno aumentó por haber mandado éste distribuir al pueblo los bienes de Atalo rey de Pérgamo, legados a Roma. Para completar su obra, Tiberio pretende ser reelegido en el cargo de tribuno; pero los nobles, dirigidos por Escipión Nasica, promueven en el momento de la elección un gran alboroto, en el cual pierden la vida Tiberio y 300 de sus parciales.

  1. Cayo Graco su primer tribunado. A la muerte de Tiberio, el senado y la nobleza persiguen cruelmente a todos sus partidarios. Hostigado así el partido popular, presenta el tribuno Carbon algunas leyes contrarias a los intereses de la nobleza, pero fueron combatidas por Escipión Emiliano, que se atrajo por esta causa y por haber aprobado en público la muerte de Tiberio, la enemistad popular: poco después el destructor de Cartago fue asesinado en su propio lecho, sin que se supiera por quién.

Mientras estas luchas se sostienen en Roma, el senado había conseguido alejar a Cayo Graco, nombrándole cuestor de Cerdeña; pero éste, abandonando su cargo, volvió a Roma, y a pesar del senado, y de la influencia de toda la nobleza, fue elegido tribuno, recibiéndole el pueblo con el mayor entusiasmo.

Cayo Graco, estaba animado de las mismas ideas, y acariciaba los mismos proyectos de su hermano. Así es que el primer acto de su magistratura fue poner en vigor la ley agraria, y promulgar otras varias, todas en favor de los pobres, y en menoscabo del prestigio del senado y de la nobleza tales fueron, la venta del trigo a bajo precio, la reparación de los caminos y la construcción de otros nuevos, el establecimiento de colonias, el equipo de las tropas a cargo del Estado, y el aumento del impuesto sobre los objetos de lujo. Por otra parte, propuso la concesión del derecho de ciudad a los latinos, y del derecho itálico a todos los aliados de Italia; pero su mayor triunfo consistió en privar a los senadores del poder judicial, que pasó al orden de los caballeros.

Todas estas medidas, así como su honradez y severidad de costumbres, y la moralidad que procuró introducir en la administración de la república, le conquistaron el entusiasmo del pueblo y el apoyo del ejército y de los caballeros, sin que el senado ni la nobleza se atreviesen a poner obstáculos a tanta popularidad. Así es que, terminando su primer tribunado, fue reelegido por el pueblo.

  1. Segundo tribunado de Cayo Graco: su muerte. La actividad, la inteligencia y la energía no le abandonaron en el segundo año de su tribunado, promulgando nuevas leyes en favor de los caballeros, limitando la influencia de los cónsules en las provincias y confiriendo el derecho de ciudad a los Latinos aliados. No pudiendo luchar de frente con el célebre tribuno, el senado se valió de su colega Livio Druso, que de acuerdo con la nobleza, y con el fin de minar el crédito de su rival, propuso leyes mas favorables al pueblo que las de Cayo, aumentando el número de colonias, rebajando mas todavía el precio del trigo, y dispensando a los pobres del pago del canon por las tierras que aprovechaban del Estado. Con estas medidas el prestigio de Graco se fue debilitando ante la multitud inconstante, que ya encontraba poco beneficiosas sus leyes.

Para recobrar su popularidad, Gayo Greco aceptó el encargo del senado de marchar a Cartago, para organizar allí una colonia; pero cuando a los 70 días volvió a Roma, pudo comprender cuánto le había perjudicado aquella ausencia, que había servido a los nobles para destruir toda su influencia, viéndose rechazado por el pueblo cuando solicitó por tercera vez el tribunado.

El senado revistió al cónsul Opimio de poderes ilimitados, el cual propuso la anulación de todas las reformas de Cayo y oponiéndose éste con sus partidarios, el cónsul los derrotó en el monte Aventino, pereciendo hasta 3.000 y el mismo Cayo Graco a manos de los aristócratas, que persiguieron de una manera implacable a todos los amigos del tribuno.

Con la muerte de Gayo Graco, todas sus reformas quedaron anuladas; la democracia quedó al parecer ahogada en sangre, y Roma entregada a los oligarcas.

  1. Resultados del tribunado de los Gracos. A pesar de los esfuerzos del senado, para abolir cuanto habían hecho los Gracos, aquellas reformas en cuanto tenían de justas y necesarias, sobrevivieron a sus autores, y dieron inmensos resultados.

Así, todos los esfuerzos de la reacción no fueron bastantes, para arrancar a los caballeros el poder judicial que se les había concedido, no consiguiendo otra cosa que indisponerlos con la nobleza y con el senado. Las leyes agrarias que habían hecho conocer al pueblo el mecho de salir de la miseria, al ser abolidas, produjeron en esta clase una animosidad profunda contra los nobles, que bien pronto había de dar sus frutos en las guerras civiles de Mario y Sila. Por último, los italianos llamados por los Gracos al derecho de ciudad, no cesarán en sus exigencias, pacificas ó a  mano armada, hasta ver cumplidos sus deseos.

De manera, que casi todos los grandes acontecimientos políticos del último siglo de la República, tienen su raíz y fundamento en las reformas planteadas por los Gracos.

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  1. Juicio sobre el tribunado de los Gracos. La revolución de los Gracos es quizá el hecho mas importante de la historia de la República romana, no tanto por lo que significa en si misma, y en sus inmediatas consecuencias, como por lo que representa en los destinos de Roma.

Las pretensiones de los Gracos se reducían a mejorar las condiciones de los plebeyos pobres, y a extender el derecho de ciudad a los italianos. En cuanto a lo primero, nada era mas justo que sacar de la miseria a los que habían derramado su sangre en las continuas conquistas de Roma, y que venían siendo victimas de la tiranía y de la avaricia de los nobles. El mal era tan grande que, antes de los Gracos, todos los personajes honrados é imparciales lo habían comprendido, aunque les faltara el valor para corregirlo, quizá por el temor de las complicaciones a que había de dar lugar una reforma semejante. Los Gracos, mas atrevidos y mas patriotas, acometieron esta empresa colosal, no llevados de la esperanza de medro personal, sino con las mas puras y rectas intenciones, movidos exclusivamente por el bien del pueblo y la salud de la República. Los oligarcas oponiéndose tenazmente a las reformas, y procurando destruirlas tan luego como fueron sacrificados sus autores, agravaron esta llaga social por el encono que estas medidas produjeron en los plebeyos, é hicieron necesarias las luchas sangrientas que tuvieron lugar en el siglo siguiente.

En cuanto a la extensión del derecho de ciudad a los italianos, los Gracos tenían igualmente de su parte la justicia y la conveniencia de Roma. La justicia por cuanto Roma los había igualado a sus ciudadanos en todo lo que constituía una carga, un servicio, ó un deber, hasta el punto de que la mayoría en los ejércitos que habían llevado a cabo tantas conquistas, eran italianos; y es justo que los que son iguales en los deberes y sacrificios, lo sean también en las ventajas y en los derechos. La intransigencia y el orgullo del senado hicieron estériles en este punto los esfuerzos de los Gracos, costando después ríos de sangre lo que entonces pacíficamente se hubiera podido practicar.

Así se comprende que la extensión del derecho de ciudad a los italianos, era conveniente para Roma. La misión de ésta era asociar todos los pueblos a su propio destino. Esa fusión que tarda seis siglos en realizarse dentro de Roma, por los esfuerzos de los reyes primero, y por la lucha de los plebeyos contra los patricios después, comienza desde los Gracos a extenderse fuera de la gran ciudad, y se comunicará con el tiempo, gracias a César y a la amplitud de ideas del Imperio, a todos los pueblos que vendrán a formar así un solo cuerpo, cuya cabeza será Roma.

Lo anterior dicho  justifica a los Gracos y sus reformas; y si bien es cierto que debe censurarse la fuerza y la violencia de que se valieron para emprenderlas, no es menos cierto que a ello fueron provocados por la obstinada resistencia de los oligarcas.

  1. Guerra de Yugurta. Después de la destrucción de Cartago, Masinisa reinó en Numidia, protegido siempre por los romanos. A su muerte, le sucedieron sus hijos Micipsa, Gulusa y Mastanabal, pero por muerte de los dos últimos, quedó Micipsa como único rey, y adoptó a Yugurta, hijo de Mastanabal, que se había distinguido en las guerras de los romanos en España. Micipsa dejó dos hijos, Hiempsal y Aderbal, dividiendo su reino entre éstos y su sobrino, por iguales partes.

Descontentos los hijos de Micipsa por la parte asignada a Yugurta, y aspirando éste a reinar solo, la guerra estalló entre ellos, penetrando Yugurta en el territorio de Hiempsal, que fue asesinado por su mandato. Aderbal que implora la protección de los romanos, ve sin embargo invadido su país por Yugurta, y sitiado en su capital Cirta, tuvo que rendirse, perdiendo también la vida por orden de su primo, a pesar de la presencia de los comisarios romanos vendidos al oro del africano.

Guerra de Yugurta

Indignada Roma con los crímenes de Yugurta, le declara la guerra, enviando contra él un ejército a las órdenes de Calpurnio Bestia, que se dejó sobornar y concertó la paz con el africano, que llamado a Roma para justificarse, encontró medio de ganar a los principales personajes a fuerza de dinero; pero el asesinato de otro de sus primos, hijo de Gulusa, le obligó a salir de Roma, exclamando; ciudad venal, tú te venderías si encontraras comprador.

  1. Derrota y muerte de Yugurta. Después de la derrota de Aulo Postumio, que tuvo que pasar bajo el yugo él y su ejército, y firmar un nuevo tratado de paz, Roma cansada de tanta inmoralidad en sus generales, y de los crímenes de Iugurta, mandó contra él al incorruptible Metelo, que en poco tiempo se apoderó de varias plazas, y venció en varios encuentros al enemigo, obligándole a pedir la paz. Metelo con animo de apoderarse de su persona, le exige que se presente él mismo en su campamento, y conocida la estratagema por Yugurta, se renueva la guerra; pero el general romano, después de varias victorias, tuvo que entregar el mando a Mario, su lugarteniente, que había obtenido en Roma el consulado.

Al frente de un ejército de proletarios y de la gente más perdida del pueblo, Mario se presentó en África, apoderándose de varias plazas y derrotando al mismo Yugurta, unido con su suegro Bocco rey de Mauritania, que lo entrega a Sila, cuestor de Mario. Yugurta fue conducido como prisionero a Roma, y encerrado en la prisión Mamertina, donde se dejó morir de hambre. Numidia fue dividida por los romanos, dando la parte accidental a Bocco, y colocando en el pequeño Estado de la oriental a Goda hermano de Yugurta.

  1. Juicio sobre la guerra de Yugurta. Nada prueba mejor el rebajamiento y la inmoralidad de Roma a  fines del siglo II, que la guerra de Yugurta. Aquellos generales, aquellos cónsules, y hasta aquel senado, se dejan sobornar por el oro del rey de Numidia, posponiendo los intereses, el honor y la dignidad de Roma a su sed de riquezas. Pueblos que de tal manera pierden el sentido moral, no son dignos de gobernar el mundo; ó han de desaparecer, ó vendrán indefectiblemente a parar a la tiranía. Afortunadamente esto último es lo que sucede en Roma, que ensaya el poder personal con Mario, Sila y César, para concluir en el despotismo del Imperio.

La guerra yugurtina casi concluida por el aristócrata Metelo, pero que tuvo la fortuna de terminarla Mario, que era el ídolo del pueblo, contribuyó a enconar mas y mas los odios de los dos partidos, atribuyéndose ambos la gloria del triunfo. De todas maneras es indudable que Mario consiguió en ella asentar la base de su futura dominación.

Por otra parte, la costumbre introducida por primera vez en esta guerra, de reclutar el ejército entre los hombres sin propiedad y sin derechos, que por consiguiente no tenían lazo alguno que los uniera al Estado, trajo funestos resultados a la República; pues los ejércitos así constituidos, esperándolo todo de su general, se unían estrechamente a él, dispuestos a secundarle en todas sus empresas. Así comienzan a formarse  los partidos, cuyas sangrientas luchas abreviaron los días de la República.

  1. Conquista de  Galia Narbonense. Marsella, antigua aliada de Roma, había extendido su comercio por todo el Mediterráneo occidental, cuando se vio libre de la competencia cartaginesa, después de las guerras púnicas.

Tanta prosperidad la hizo pensar en la dominación da los pueblos del interior de Galia; pero careciendo de ejércitos de tierra para combatirlos, tuvo que apelar a Roma, que mandó en seguida sus legiones, logrando en poco tiempo apoderarse de los territorios entre el Var y el Ródano (Provenza), aumentando los dominios de Marsella, y estableciéndose los romanos en los puntos mas importantes.

Pasando después el Ródano, se apoderaron de Narbona, haciéndola capital de todo aquel país, que con el nombre de Galia Narbonense, fue la primera y única provincia que por algún tiempo poseyeron los romanos en Galia Transalpina.

  1. Invasión de los Cimbrios y Teutones. Los Cimbros, procedentes del Jutland (Quersoneso Címbrico), y los Teutones, de Germania, huyendo tal vez de las inundaciones del Báltico en las tierras bajas de la Dinamarca y Prusia actual, se dirigieron en número de 300.000 a las regiones meridionales, devastando cuanto encuentran a su paso, llegando hasta Nórica y Panonia, donde derrotaron un ejército romano.

Corriéndose después estos bárbaros a Helvecia (Suiza) y a l Galia, vencen cerca de Aix (Aquax Sextice) al cónsul Silano, y poco después sufren la misma suerte las armas romanas en Agen y en Orange: los bárbaros en vez de penetrar en Italia se dirigen a los Pirineos, inundando la parte septentrional de la península española.

En tanto Roma, terminada la guerra de Yugurta, y siendo entonces Mario el general de mas prestigio, le confía el mando del ejército de Galia. Mario, aprovechando la ausencia de los bárbaros, se ocupa en restablecer la disciplina, y habituar a sus tropas a los más rudos trabajos.

Cuando al cabo de tres años, los bárbaros volvieron a Galia y a Bélgica, obligados por la falta de subsistencias, se dividen para penetrar en Italia, los Teutones por Liguria, y los Cimbros por Helvecia y el Tirol. Mario derrota a los primeros en la sangrienta batalla de Aix, y pasando a Italia para oponerse a los segundos, los destruye por completo en Vercelli.

  1. Segunda guerra de los esclavos. Mientras combatía Mario a los bárbaros, se insurreccionaron por segunda vez los esclavos de Sicilia.

En los 30 años que habían transcurrido desde la muerte de Euno, la situación de los esclavos en aquella isla no había mejorado. Su número creció de día en día, a pesar de las órdenes del senado para que se diese la libertad a todos los que ilegalmente hubieran sido reducidos a la esclavitud: los tratamientos de los amos eran cada vez más duros é insoportables.

Y esto dio lugar a una sublevación, dirigida por un italiano, Salvio, que tomó el nombre de Trifon, y por Atenion, de origen griego. Después de haber derrotado a tres generales romanos, fueron vencidos y muertos por el cónsul Manio Aquilio, colega de Mario. En esta insurrección y en la de Euno, perdieron la vida un millón de esclavos.

RESUMEN  DE LA LECCIÓN X.

  1. El número extraordinario de esclavos en Sicilia, y el trato cruel de los amos, provocaron una sublevación dirigida por Euno que durante cuatro años derrotó a cuatro pretores mandados por Roma, siendo al fin vencido por el cónsul Pison cerca de Enna.
  2. Tiberio y Cayo Graco eran hijos de Sempronio y de Cornelia, y nietos por ésta, de Escipión el Africano. Para remediar los males de la sociedad romana, Tiberio, el mayor de ellos, pidió y obtuvo el nombramiento de tribuno.
  3. Tiberio propuso el restablecimiento de la Ley Agraria, como medio de dar a los pobres una pequeña propiedad; pero el otro tribuno interpuso su veto, y Tiberio consigue que sea depuesto y votada la ley; pero con motivo de una nueva elección, los nobles promueven un tumulto, en que pierden la vida Tiberio y 300 de los suyos.
  4. Cayo Graco fue elegido tribuno a pesar del senado y de la nobleza: puso en vigor la ley agraria, y otras igualmente favorables al pueblo; propuso la concesión del derecho de ciudad  a los latinos, y del derecho itálico a todos los italianos. y privó al senado del poder oficial, que pasó a los caballeros.
  5. En su segundo tribunado continuó favoreciendo a los pobres y no a  los caballeros. Su colega Livio Druso, de acuerdo con la nobleza, propuso leyes aun mas favorables al pueblo que las de Cayo, cuyo prestigio disminuyó hasta el punto de no ser reelegido tribuno, anulando sus leyes el cónsul Opimio, que además lo derrotó en el Aventino, pereciendo Cayo Graco y 3.000 de sus partidarios.
  6. A pesar de la muerte de los Gracos, sus reformas subsistieron en lo que tenían de justas y los esfuerzos de los oligarcas para abolirlas, no consiguieron mas que ahondar el odio y la animosidad del pueblo y de los caballeros contra la nobleza, y de los italianos contra Roma.
  7. La pretensión de los Gracos de mejorar la situación de los pobres era justísima, como ya lo hablan comprendido antes otros personajes; y por no realizarse entonces pacíficamente, se originaron después sangrientas luchas. En cuanto a la extensión del derecho de ciudad a los italianos, era conveniente para Roma, por cuanto contribuía al cumplimiento de su misión de asociar los pueblos.
  8. Micipsa dividió al morir su reino de Numidia entre sus hijos Hiempsal y Aberdal, y su sobrino Yugurta. Este vence y manda quitar la vida a sus primos; soborna a los generales romanos mandados contra el, y llamado a. justificarse a Roma. Encontró con el oro el medio de aplacar a los senadores.
  9. Metelo fue incorruptible al oro de Yugurta: lo vence en varios encuentros; sustituyéndole Mario en el mando del ejército, quien derrotó a Yugurta, siendo esto entregado por su suegro Bocco a Sila, y llevado a Roma, donde se dejó morir de hambre.
  10. Los acontecimientos de la guerra de Yugurta prueban el rebajamiento y la inmoralidad de Roma, que estaba destinada a pasar por el poder personal de Mario y Sila, para terminar en el despotismo del Imperio. Esta guerra, por sus resultados, enconó mas los odios de la nobleza y el pueblo; y el reclutamiento de les proletarios para el ejército dio origen a  los partidos y a las guerras civiles del siglo siguiente.
  11. Auxiliando Roma a Marsella en sus guerras con los pueblos del interior de Galia, se hizo dueña de Narbonense, primera provincia que poseyeron los romanos en Galia Transalpina.
  12. Los Cimbrios y Teutones, procedentes de Dinamarca y de Germania, derrotaron varios ejércitos romanos, y pasaron hasta Espada. A su regreso consiguió Mario vencer a los Teutones en Aix, y a los Cimbros en Verceil.
  13. Sublevados por segunda vez los esclavos en Sicilia a las órdenes de Sabio, derrotaron a tres generales romanos, pero fueron destruidos por Manio Aquilio, colega de Mario.

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Segundo Triunvirato Romano Caida de la Republica El Imperio

roma antigua

LECCIÓN XIV: SEGUNDO TRIUNVIRATO.

  1. Estado de Roma a la muerte de César. — Los crímenes son siempre inútiles, y el asesinato de César en nombre de la libertad, no produjo el resultado que se proponían los conjurados, porque el restablecimiento de la República era imposible, en las condiciones en que se encontraban tanto los patricios como los plebeyos. Así es que el pueblo, lejos de aplaudir la muerte de César, pedía a gritos el castigo de los culpables; y el senado, participando de la consternación general, abandonó también a los asesinos; y éstos que no tenían nada dispuesto para sustituir el gobierno de César, viéndose además rechazados por la opinión general, se refugiaron en el Capitolio.

  En tanto el cónsul Marco Antonio, con los partidarios de César, y entre ellos Lépido, general de la caballería, se apoderan del gobierno; y aunque el senado intenta reconciliar a los dos partidos, la irritación y el odio del pueblo llegó a su colmo, cuando Antonio desde la tribuna leyó el testamento de César, y mas todavía cuando hizo el elogio del dictador con motivo de sus funerales. Los asesinos no creyéndose seguros en vista de la exasperación del pueblo, tuvieron que salir de Roma.

 Antonio, dueño de la ciudad, se hizo dar por el senado una guardia de 6,000 hombres, y decidió a que se amnistiara a Bruto y Casio, los cuales tomaron posesión de los gobiernos de Galia, Cisalpina y de Macedonia respectivamente, para los cuales eran nombrados en el testamento de César.

  1. Octavio en Roma. Guerra de Módena. — César en su testamento nombraba por heredero a su sobrino Octavio, hijo de su hermana Julia, joven entonces de 18 años y que se hallaba completando su educación en Grecia. Al saber la muerte del dictador, Octavio se presenta en Roma, consiguiendo en poco tiempo atraerse el afecto del pueblo y del ejército, y aun de la mayor parte de la nobleza.

  Antonio consiguió que el senado le confiriese el gobierno de Cisalpina, y marchó con un ejército a desposeer a Bruto de aquella provincia, pero su conducta anterior le había enajenado todas las voluntades en Roma, hasta de los mismos partidarios de César; y el senado cediendo a la elocuencia de Ciceron, que en sus célebres Filípicas puso de manifiesto los proyectos ambiciosos de Antonio, declaró a éste enemigo de la patria, encargándose de combatirlo el joven Octavio, con los cónsules Hircio y Pansa.

  Alcanzado Antonio, que estaba sitiando a Bruto en Módena, fue derrotado por Octavio, perdiendo los dos cónsules la vida en la batalla; con cuyo motivo le fue conferido el consulado al vencedor, a pesar de sus pocos años.

En tanto Antonio por medio de una hábil retirada había salvado los restos de su ejército, y Lépido encargado de combatirle, se había unido con él. En esta situación el senado confía a Octavio el mando de las tropas contra Antonio y Lépido; pero en lugar de combatirlos, tuvo con ellos una conferencia en Bolonia, que dió por resultado la formación del segundo triunvirato.

  1. Segundo Triunvirato: proscripciones. — Los triunviros se repartieron las provincias como cosa propia; pero aspirando cada uno de ellos, por lo menos Octavio y Antonio, a la dominación exclusiva en la República, y mutuamente recelosos, dejaron Italia pro indivisa, adjudicándose Octavio Sicilia, Cerdeña y África, Antonio las dos Galias, y Lépido Narbonense y España; conviniéndose además en que este último quedaría en Roma, mientras los dos primeros irían a combatir contra los asesinos de César que eran dueños del Oriente.

  Antes de emprender esta guerra, los triunviros, para deshacerse de sus enemigos, y proporcionarse dinero para pagar al ejército, comenzaron aquellas terribles proscripciones mil veces más crueles e inhumanas que las de Mario y Sila, conviniéndose en inmolar cada uno a sus enemigos, sin que los otros dos pudieran evitarlo.

Así fueron sacrificados, Cicerón por Antonio, y un tío de éste, un hermano de Lépido, y uno de los tutores de Octavio. En las listas de la proscripción figuraban los ciudadanos mas ricos, y entre ellos 300 senadores y 2,000 caballeros.

  Los triunviros pusieron a precio las cabezas de los proscritos, otorgando grandes premios a los asesinos.

  Hartos de sangre y de riquezas, y ahuyentados de Italia los republicanos, los triunviros se proponen hacer la guerra a Bruto y Casio.

 emperador octavio  emperador
Lépido Octavio Marco Antonio
  1. Batalla de Filipos. — Los conjurados consiguieron reunir en Oriente un ejército de 400,000 hombres. Casio consiguió apoderarse de Siria, y Asia Menor; y Bruto se hizo dueño de Tracia, Macedonia y Grecia; uniéndoseles además los restos del ejército de Pompeyo, derrotado en Farsalia. Por otra parte, una escuadra poderosa, aumentada con la de Sexto Pompeyo que dominaba en Sicilia, les aseguraba el dominio del mar.

  Los triunviros desembarcaron en Grecia, y después de ligeras escaramuzas, favorables a los conjurados, los dos ejércitos pasaron a Macedonia, obligando Antonio a sus enemigos a aceptar la batalla en los campos de Filipos. Los dos ejércitos contaban casi iguales fuerzas; el primer combate fue rudo y sangriento, y Casio creyéndose vencido, se dió la muerte; y reanudada la batalla en el mismo lugar veinte días después, fue derrotado el ejército de Bruto, que se quitó también la vida, atravesándose con su espada. Así concluyeron los últimos defensores de la República.

  Los triunviros libres de enemigos en el continente, se repartieron de nuevo las provincias, tocando el Occidente a Octavio, y el Oriente a M. Antonio. Lépido, que en esta primera división no tuvo participación alguna, recibió más adelante el África.

  1. Guerra de Persa; tratado de Brindis. — Para recompensar al ejército victorioso en Filipos, Antonio se dirige al Oriente a fin de exigir en aquellas provincias crecidas contribuciones, y Octavio en Italia se apoderó de los bienes comunes, robó los templos y las ciudades, y despojó de sus tierras a un gran número de particulares. A consecuencia de estos hechos vandálicos, Virgilio comenzó a darse a conocer en Roma.

  Con estas medidas nació el descontento en Roma y en Italia contra Octavio, a la vez que el ejército puso más de una vez en peligro su vida. Aprovechándose del disgusto general Lucio Antonio, hermano del triunviro, y Fulvia su mujer, y madre de Claudia, repudiada por Octavio, le declaran la guerra, y se apoderan de Roma, de donde fueron arrojados por Agripa, yendo a encerrarse en la ciudad de Perusa, que tuvo que rendirse por hambre, señalándose entonces Octavio por sus crueldades, mandando degollar trescientos caballeros y senadores sobre el altar de César.

  Mientras estos acontecimientos se realizaban en Italia, M. Antonio se entregaba a la vida muelle y a los placeres en Egipto donde reinaba la célebre Cleopatra. Pero cuando conoció el resultado de la guerra de Perusa, y supo que Octavio se había hecho dueño de las provincias de Occidente, se embarco para Italia, haciendo a la vez alianza con el hijo de Pompeyo que continuaba dominando en Sicilia. Al desembarcar en Brindis, negándose las legiones a pelear, Antonio y Octavio hicieron un nuevo tratado, encargándose el primero de gobernar el Oriente y de hacer la guerra a los Partos, Octavio del Occidente y de combatir a Sexto Pompeyo, y a Lépido se le dió el África. Como garantía de la paz entre los triunviros, Antonio, por haber fallecido su mujer Fulvia, se casó con la bella y virtuosa Octavia, hija de Octavio.

  1. Guerra con Sexto Pompeyo. — El hijo de Pompeyo, dueño de Sicilia de donde Roma se surtía de trigo, era un constante peligro y un enemigo temible para los triunviros. Estos, después del tratado de Brindis, establecieron un concierto con Sexto, por el cual éste permitiría surtir de grano Italia, dejándole en cambio la posesión de Sicilia, Córcega y Cerdeña.

Después de lo cual Antonio se encaminó al Oriente para hacer la guerra a los Partos, y Octavio fue a someter algunos pueblos galos que se habían sublevado.

  El tratado celebrado entre los triunviros y Sexto Pompeyo no podía ser duradero, aspirando Octavio a vencer a su enemigo, para poder combatir más ventajosamente contra Antonio, y proponiéndose el hijo de Pompeyo extender su dominación a toda la República. Más para empeñar la guerra con este enemigo, necesitaba Octavio una poderosa escuadra, que consiguió reunir con las naves mandadas construir por el célebre Agripa, y con las que le proporcionaron Antonio y Lépido.

Cuando todo lo tuvo dispuesto, le declaró la guerra; y aunque los primeros encuentros fueron favorables a Sexto, últimamente fue deshecha su escuadra merced a los talentos y al valor de Agripa, en la batalla de Nauloc, al N. de Sicilia, huyendo Pompeyo al Asia, donde le mandó matar el prefecto de Siria.

  Poco después Octavio despojó a Lépido de su gobierno de África, y de la dignidad de triunviro, quedando así único dueño del Occidente.

  1. Marco Antonio en Oriente: guerra contra los Partos. — Aunque la reina de Egipto había sido acusada de prestar su apoyo a Bruto y Casio, Antonio en lugar de castigarla, prendado de su belleza como ya antes lo estuvo César, se olvidó a su lado de su mujer, la virtuosa Octavia , y cedió a la seductora Cleopatra las provincias romanas vecinas del Egipto.

  Entre tanto sus lugartenientes alcanzaron algunas victorias contra los Partos; y Antonio queriendo recoger la gloria de aquellas guerras, se propone llevar sus armas al corazón de Partia, haciendo antes alianza con el rey de Armenia pero sufrió una gran derrota, y tuvo que emprender una desastrosa retirada, que bien puede compararse con la de los 10,000, pues en el espacio de cien leguas por países desconocidos y enemigos, y en veinte y siete días, libró diez y ocho batallas, llegando al cabo de este tiempo a Siria con los pocos restos del ejército que pudo salvar.

Sin embargo, celebró en Alejandría con una pompa inusitada sus imaginarios triunfos sobre los Partos: y repudió a Octavia, casándose con Cleopatra.

  1. Ruptura entre Octavio y Antonio. Batalla de Actium. — La conducta de Antonio en Egipto, y sus desastres en la guerra contra los Partos, causaron profunda indignación en Roma; y la irritación contra el triunviro llegó a su colmo, cuando se supo que había repudiado a Octavia para casarse con Cleopatra. En vista de lo cual, los comicios privaron a Antonio de la potestad triunviral, encargando a Octavio de dirigir la guerra contra Cleopatra.

  Se hicieron grandes preparativos por una y otra parte para esta guerra; pero eran mayores los elementos con que contaba Antonio. Cleopatra que le acompañaba con las naves egipcias, lo decidió a dar la batalla en el mar, cuando era casi segura su victoria, si hubiera combatido en tierra. Encontráronse las dos escuadras casi de iguales fuerzas en el promontorio de Actium, a la entrada del golfo de Ambracia.

Pero al comenzar la acción, Cleopatra se huyó con sus naves. Antonio la siguió también, abandonando su ejército de tierra, que tuvo que entregarse a Octavio.

  1. Muerte de Antonio y de Cleopatra. — Los fugitivos llegaron al Egipto, entregándose Antonio a la vida mas desenfrenada. Octavio, después de contener en Italia una sublevación militar, se dirige al Egipto; y Cleopatra pensando seducirle, como antes lo hiciera con César y Antonio, procuró desembarazarse de éste, haciéndole decir que se había quitado la vida.

  El desdichado Antonio; ciego por su pasión, no quiso sobrevivir a su amada, y se quitó la vida atravesándose con su espada.

  Cleopatra no consiguió su objeto: Octavio no quiso verla, y estaba dispuesto a llevarla cargada de cadenas a Roma: pero ella se libró de esta ignominia, dándose la muerte con un áspid.

De esta manera el Egipto, concluida en Cleopatra la dinastía, de los Lagidas, fue declarado provincia romana por Octavio, encargando su gobierno a un prefecto.

  1. Fin de la República. — Con la muerte de Antonio quedó Octavio libre de enemigos, y único dueño de la República. El antiguo régimen, la antigua Roma, quedó aniquilada por César en los campos de Farsalia, comenzando entonces su agonía, que viene a terminar en los llanos de Filipos, y en la batalla naval de Actium.

  La aspiración de los Gracos, de Mario y Sila, de Pompeyo y César: la marcadísima tendencia de política romana en los últimos tiempos de la República, a constituir un poder único, fuerte y enérgico, que pueda hacer entrar en orden los moribundos elementos de la sociedad romana, se realiza en Octavio, que por encima del senado, de los tribunos y de los comicios, inaugura el poder personal que Roma necesitaba, y sin el cual hubiera perecido. Octavio pone fin a la República, y da nacimiento al Imperio.

  1. Causas de la caída de la República. — Varias veces hemos dicho que Roma tenía la misión de establecer la unidad material en el mundo antiguo, como antecedente necesario para la unidad moral que había de realizar el cristianismo. Para conseguir este resultado, Roma necesitó ante todo una fuerte y poderosa constitución, en cuya obra se ocupó la República en los primeros siglos, contribuyendo a ella por igual patricios y plebeyos, el senado y el pueblo.

  Fuerte Roma dentro de sí misma, pudo comenzar la conquista y sumisión de todos los pueblos, tomando parte en ella los dos órdenes, el senado que manda y dirige, y el pueblo que obedece y ejecuta. Pero si hasta aquí el senado había sido fiel representante de los destinos de Roma, contribuyendo a la constitución romana, y afianzando las conquistas; cuando llegó la hora de comunicar a Italia los derechos de ciudadanía, el senado se opuso tenazmente a esta concesión, que cercenaba sus privilegios y sus riquezas; originándose de aquí la guerra social y las guerras civiles.

Como esa concesión era Justa, y como justa necesaria, y el senado, dada su organización aristocrática y privilegiada, no podía prestarse a ella; comenzó entonces su decadencia, que aunada con la corrupción y la inmoralidad, patente desde la guerra de Iugurta, trajeron aquella corporación, antes asamblea de reyes, a su completa desorganización y a su ruina. Perdido su prestigio, se constituye en rémora para la marcha de Roma, que era la de la civilización; y debía desaparecer, abandonando la dirección a otro poder más en armonía con las nuevas necesidades

  Por otra parte, la plebe después de igualarse en derechos con los patricios, había perdido también sus antiguas virtudes y su patriotismo. Abandonando la vida de la ciudad para hacer la vida de los campamentos, durante el largo periodo de las conquistas, se unió estrechamente con sus generales, que la conducían a la victoria, y de los cuales todo lo podía esperar, olvidándose cada día más de Roma, y de los asuntos y poderes de la gran ciudad.

De este modo comenzó a elevarse el poder militar enfrente del poder civil; el prestigio que perdía el senado, lo recogían los generales. Así es que desde Mario y Sila el poder de Roma no está en la ciudad, sino en los campamentos: la lucha de patricios y plebeyos está ahora representada en las sangrientas guerras civiles entre los partidos y sus generales.

  Desde entonces la cuestión toma otro carácter: se trata en ella si ha de vencer el espíritu estrecho que representa el senado, negándose a comunicar a los otros pueblos su derecho quiritario, cuya bandera levantan Sila, Pompeyo y los asesinos de César; o si habrá de triunfar la política expansiva de Mario, César y Octavio, representantes de la democracia en Roma, y de los intereses de los italianos, como preparación a una extensión mayor en el porvenir de los derechos a todos los pueblos.

  Y vencieron estos últimos porque su causa estaba conforme con el destino de Roma, que era el de la civilización. Y desapareció la República del senado y de los aristócratas, que en sus últimos tiempos condujo a Roma al borde de su ruina, porque era incompatible con las nuevas ideas y las nuevas exigencias de la gran ciudad, y porque le era imposible realizar sus nuevos destinos. Y le sucedió el despotismo del Imperio, como único y necesario remedio contra los excesos de la oligarquía, y como institución más conforme con la nueva vida y el porvenir de Roma.

  Por otra parte, perdida la fuerza de la constitución romana, desorganizados los elementos que le habían dado vida en sus primeros tiempos, el senado, con toda corporación, y más las aristocráticas, era impotente para gobernar un Estado, cuyos limites se extendían desde el Eúfrates al Atlántico se necesitaba para ello una grande y enérgica unidad en el poder, la concentración de todas las fuerzas en un solo hombre, como lo realizó el Imperio.

  1. Cultura romana en tiempo de La República. —Cada pueblo tiene una misión especial que desenvolver en la historia de la humanidad; y Roma no estaba llamada a influir en el mundo por el arte y la literatura; que ya antes que ella Grecia había producido los más acabados modelos. Así es que en los primeros siglos de la República, Roma ocupada en constituirse y después en conquistar, se cuidó bien poco de la cultura del espíritu, hasta la época de la conquista de Italia meridional y de Grecia.

  Ya hemos manifestado en otra parte la profunda impresión que produjo en Roma el conocimiento de la cultura y civilización helénica, y el afán con que los Escipiones, y otros principales personajes, procuraron apropiarse el saber de los griegos, especialmente en aquellas materias que más relación tenían con la manera de ser y el carácter romano; sin que fueran bastantes a contener esta afición las severas censuras de Catón, que terminó pagando tributo a lo mismo que había condenado, aprendiendo el griego en su vejez.

  Despertada así la afición a la literatura, y teniendo delante los modelos acabados de Grecia, los romanos no pudieron hacer otra cosa que imitarlos, como puede observarse en Plauto, poeta cómico, que se distingue por las agudezas y los chistes vulgares, por el plan, la exposición más adecuada, es imitador de la comedia nueva griega en Terencio, tomó por modelo en sus comedias a Menandro, y es más culto y artístico que Plauto. Además de estos poetas, cultivaron el género dramático, Livio Andrónico, griego de Tarento, Cneo Nevio, Q. Ennio, M. Pacuno, y S. Attio, aunque de sus obras sólo han llegado a nosotros algunos fragmentos. En el género épico florecieron los mismos Cneo Nevio, y Q. Ennio.

  La primera historia se escribía en forma de Anales; más adelante M. Porcio Caton escribió sobre los orígenes de Roma, cuya obra por desgracia no ha llegado hasta nosotros. Polibio, llevado en rehenes como otros griegos a Roma, escribió una historia universal, de la que se conservan cinco libros. En los últimos tiempos de la República la historia alcanzó un vuelo extraordinario con César, G. Nepote y Salustio, como veremos más adelante. En el último siglo de la República floreció el poeta Lucrecio Caro, autor del poema didáctico titulado De rerum natura.

  A la vez que la literatura, penetró en Roma la filosofía griega, especialmente la escuela estoica, que por su sentido práctico, se acomodaba mejor al carácter romano y la oratoria fue muy cultivada, distinguiéndose los Gracos, Craso, M. Antonio y César.

  En las otras ciencias y en las bellas artes, los romanos durante la República no hicieron otra cosa que apropiarse los conocimientos de los griegos; sólo la arquitectura produjo en aquel tiempo gran número de marcada utilidad.

  Pero merece especial mención entre los romanos la ciencia del derecho. Roma, nacida para dominar, cultivó con particular esmero los ramos del saber que más directamente se relacionaban con la especialidad de su carácter; entre los cuales ninguno alcanzó la importancia que el derecho, sin duda porque de él se valieron como arma poderosa de dominio, primero los patricios contra los plebeyos, y después Roma con los italianos y con los demás pueblos.

Ya hemos visto cómo llegó a redactarse el código de las Doce Tablas, primera ley escrita entre los romanos pero como el conocimiento del derecho encerraba un interés vital dada la organización de Roma, bien pronto se fundaron escuelas para su enseñanza, siendo la primera la de Coruncano, y se distinguieron gran número de jurisconsultos, entre los que merecen citarse Mucio Escévola, Trebacio Testa. Q. Tuberon y otros.

  1. Agricultura, industria y comercio. — Pasados aquellos primeros tiempos en que cada ciudadano cultivaba por sí mismo su pequeña heredad, con la miseria del pueblo agobiado de deudas, el aumento de la esclavitud a consecuencia de las conquistas, y la aglomeración de grandes propiedades en poder de los ricos, la agricultura decayó notablemente en toda Italia, encargándose los trabajos a los esclavos, y convirtiendo hasta las tierras mas fértiles en campos de pastos, donde pudieran apacentar a poca costa los ganados.

Así es que, a pesar de la escasa población de Italia, este país tan fértil en todos tiempos, no producía entonces, ni con mucho lo que necesitaba para el consumo, convirtiéndose Roma en tributaria de Sicilia y de África primero, y de Egipto después, de cuyos países sacaba el primer artículo de la subsistencia los cereales, Y en vano fue que Catón escribiera un trabajo de agricultura, y en vano que por las leyes agrarias se pidiera el restablecimiento de las pequeñas propiedades; la política llevaba a los romanos por otros caminos, y cada día fue mayor la decadencia de la agricultura.

  La industria bien escasa en los primeros tiempos de la república, porque eran entonces sencilla la vida y limitadas las necesidades, tomó un vuelo extraordinario cuando, por la conquista de Grecia y del Oriente, penetraron en Roma el lujo y el refinamiento de la civilización. Pero también en este movimiento permanecieron pasivos los romanos, que se hacían traer los objetos fabricados de aquellos países: pues en Roma en aquel tiempo los ricos eran bastante poderosos para sufragar aquellos gastos, y los pobres en todo pensaban, menos en trabajar.

  El comercio adquirió un desarrollo inmenso, como hasta entonces no se había conocido. La reunión bajo un solo gobierno de todo los pueblos del Mediterráneo, (Mare nostrum); la seguridad que por esta razón alcanzaron las comunicaciones, sobre todo desde las guerras de Pompeyo contra los piratas; las necesidades que crearon tantas conquistas, y el desarrollo del lujo y el aumento de los goces y comodidades; todo contribuyó a que eso multiplicaran de un modo extraordinario las relaciones comerciales. Pero tampoco fueron los romanos los sostenedores de aquella actividad mercantil; Marsella en Occidente, y las ciudades de Grecia en el Oriente, desempeñaron entonces el papel de Fenicia y Cartago en tiempos anteriores.

RESUMEN DE LA LECCIÓN XIV.

 —1.  La muerte de César produjo una consternación general en Roma, y los asesinos rechazados por la opinión, se refugiaron en el Capitolio, y huyeron de Roma, cuando M. Antonio leyó el testamento de César, e hizo su elogio durante sus funerales; pero fueron amnistiados, y Bruto quedó gobernando Cisalpina, y Casio Macedonia, mientras Antonio era dueño de Roma.

—2. Octavio, nombrado heredero por César, se atrajo en poco tiempo el afecto del pueblo y del ejército. Encargado por el Senado de combatir a Antonio que se había apoderado de Cisalpina, consiguió derrotarlo en Módena, y fue nombrado cónsul. Antonio salva los restos de su ejército; Lépido que había de combatirlo, se une con él; y Octavio que marcha contra ambos, en lugar de perseguirlos, celebra con ellos una conferencia, que dió por resultado la formación del segundo triunvirato.

—3. Los triunviros se repartieron las provincias de Occidente, mientras los asesinos de César dominaban en Oriente; y antes de dirigirse contra éstos, se deshicieron de sus enemigos en Roma, por medio de las proscripciones, pereciendo en ellas Cicerón y otros muchos personajes.

—4. Los triunviros marcharon contra los conjurados, y en la doble batallada Filipos fueron éstos vencidos y se quitaron la vida Casio y Bruto. Los triunviros se repartieron nuevamente las provincias, tocando a Octavio el Occidente, a Antonio el Oriente, y a Lépido se le dio después el África.

— 5. Para recompensar al ejército, ordenó Octavio un despojo casi general en Italia; y aprovechándose los partidarios do Antonio de estas circunstancias, le declaran la guerra; pero fueron arrojados de Roma por Agripa, obligados a rendirse por hambre en Perusa. En esto regresa Antonio de Egipto; pero negándole las tropas a combatir, se celebró un nuevo tratado en Brindis entre los triunviros, repartiéndose nuevamente, y de la misma manera que antes, las provincias.

—6. Cneo Pompeyo dominaba en Sicilia; y Octavio, para combatirlo, consiguió reunir una poderosa escuadra, que a las órdenes de Agripa derrotó en Nauloc la de Cneo, que huyó al Asia donde fue muerto poco después. Octavio despojó además a Lépido del África; y quedó único dueño del Occidente.

7. Antonio, prendado de la reina de Egipto, le cedió varias provincias. Haciendo la guerra a los Partos, fue por éstos derrotado, emprendiendo una peligrosísima retirada, en la que perdió la mayor parte de su ejército. De vuelta en Egipto, repudió a su mujer Octavia, hija de Octavio, y se casó con Cleopatra.

—8. Por la conducta de Antonio en Egipto, los comicios lo privaron de la dignidad triunviral, y encargaron a Octavio la guerra contra Cleopatra. En la batalla naval de Actium, se huyeron Cleopatra y Antonio, su ejército y parte de su escuadra se entregaron a Octavio.

—9. Llegados a Egipto, Cleopatra hizo decir a Antonio que se había suicidado, y éste se quitó la vida atravesándose con su espada. La reina de Egipto, no pudiendo seducir a Octavio, que había marchado en persecución de los fugitivos, se dio la muerte con un áspid. El Egipto fue declarado provincia  romana.

—1O. En la batalla naval de Actium concluyó la república romana, quedando Octavio único dueño de los destinos de Roma, realizándose de esta manera la tendencia marcada de la política romana desde tiempo de los Gracos.

—11. En los primeros siglos de la República, Roma adquirió una fuerte y poderosa constitución con la cual pudo extender sus conquistas por el Mediterráneo pero después el Senado, negándose a conceder la ciudadanía a los italianos, era una rémora para la marcha de la civilización, y tuvo que ceder el gobierno al imperio. A la vez se iba encumbrando el poder militar desde los tiempos de Mario y Sila; naciendo las luchas entre la política estrecha del Senado, y las tendencias expansivas de la democracia, triunfando ésta última con César y Octavio. Por otra parte, el Senado por su propia naturaleza, era impotente para gobernar un Estado que se extendía desde el Eúfrates al Atlántico.

 —12. La literatura romana fue en aquel tiempo una imitación de la griega, como puede observarse en los poetas cómicos Plauto y Terencio. En la historia se distinguió el griego Polibio: y en la poesía didáctica Lucrecio que escribió el poema De rerum saturo. En filosofía los romanos aceptaron la escuela estoica; y en la oratoria brillaron los Gracos, Craso y César. De las bellas artes, sólo cultivaron la arquitectura; pero adquirió grande importancia el estudio del Derecho, fundando la primera escuela para su enseñanza Coruncano, y distinguiéndose como jurisconsultos Escévola, Trebacio Testa y Tuberon.

—13. Con las grandes propiedades de los ricos, la miseria de los pobres y el aumento de la esclavitud, decayó considerablemente la agricultura, dedicando a pastos hasta las tierras más fértiles. La industria escasa al principio, creció en gran manera por el lujo y la corrupción de costumbres: pero estaba en poder de los griegos y de los orientales. El comercio se extendió de un modo considerable por la unión de tantos pueblos bajo un solo gobierno y por la seguridad de las comunicaciones; siendo Marsella y las ciudades de Grecia, las que sostenían el movimiento mercantil en aquel tiempo.

Formación del Primer y Segundo Triunvirato en Roma Antigua

Segunda Guerra Punica Causas Consecuencias Batallas Cartago Roma

roma antigua

LECCIÓN VIII
SEGUNDA GUERRA PÚNICA.
 

  1. Los cartagineses en España, Amílcar y Asdrúbal. La pérdida de Sicilia, Córcega y Cerdeña, había sido fatal para el comercio y el poder marítimo de Cartago. Por aquel tiempo, y a consecuencia de las victorias de Amílcar, el partido popular capitaneado por los Barcas, adquirió gran preponderancia sobre la aristocracia acaudillada por Hannon.

Contando con la confianza de la democracia, que era partidaria de la guerra, y deseando resarcir a Cartago de las pérdidas sufridas en las guerras anteriores, y colocarla en disposición de combatir con Boina y recuperar lo perdido, Amílcar se dirige a España desembarcando en Cádiz; y después de varias campañas contra los naturales, logró apoderarse de la mayor parte de la península, poniendo por límites de su dominación los ríos Duero y Ebro, y aun mas allá de este último, fundó en lugar ventajoso la ciudad de Barcino (Barcelona), muriendo poco después en un combate con los españoles.

Sucediole su yerno Asdrúbal que, mas dado a las artes de la paz, fundó a Cartago Nova (Cartagena), procuró mejorar la administración, y aumentó considerablemente las riquezas de los cartagineses. Los progresos de la dominación cartaginesa en España alarmaron al senado romano, que consiguió imponer un tratado a Cartago, por el cual ésta se comprometía a no pasar en sus conquistas al otro lado del Ebro, y respetar además los pueblos de origen griego y aliados de Roma, entre los cuales estaba Sagunto. Asdrúbal murió asesinado por un esclavo, sucediéndolo Aníbal hijo de Amílcar.

  1. Segunda guerra púnica: sus causas. La causa fundamental de las guerras púnicas fue la ambición de Roma y Cartago, y que dado el carácter de las dos repúblicas, la guerra no podía terminar sino cuando una de ellas sucumbiera .Esta causa general, lejos de desaparecer se había aumentado por la primera guerra, cuyos resultados multiplicaron la ambición de Roma, y enconaron más el odio de Cartago, que a toda costa deseaba recuperar su antiguo prestigio.

Este odio parecía haberse concentrado en los Barcas, de tal manera que Amílcar al conquistar España sólo pensaba en la guerra futura contra Roma y a fin de que este proyecto no fracasara por su muerte, le hizo jurar a su hijo Aníbal, cuando todavía era niño, odio eterno a los romanos.

Con estos antecedentes, y con la preponderancia de los cartagineses en España, y los recelos de Roma, la guerra era inminente, presentándose muy luego el motivo que la hizo estallar, que fue la toma de Sagunto por Aníbal.

  1. Aníbal: sus campañas en España: sitio y tema de Sagunto. A la edad de 25 años Aníbal sucedió a su cuñado Asdrúbal. A pesar de sus pocos años habíase distinguido por su audacia y su valor; mostrándose siempre infatigable en el trabajo, intrépido en el peligro, capaz de concebir los mas vastos planes, y enérgico y rápido en su ejecución.

Resuelto a llevar la guerra a Italia, antes quiso asegurar la dominación de Cartago, en España; y a este fin se dirigió contra los pueblos del centro de la península, alcanzando completa victoria sobre los Ólcades, los Carpetanos y los Vetones que habían tratado de sacudir la dominación cartaginesa. Y tomando pretexto de una querella entre los Turboletas sus aliados, y las Saguntinos que no eran de Roma, puso sitio á Sagunto, que después de una heroica resistencia, en la que perecen todos sus habitantes, fue tomada y destruida por Aníbal, a pesar de las protestas tardías é ineficaces de los romanos.

Destruida Sagunto, Roma mandó una embajada para pedir satisfacción a Cartago, que ésta se negó a dar, entonces el embajador O. Fabio, recogiendo su toga, les dijo ¨ Aquí os traigo la paz y la guerra para que elijáis ¨. ¨ Podéis vos elegir ¨, contestaron los senadores cartagineses. ¨ Sea así, yo os declaro la guerra, fue la respuesta del embajador, que se volvió a Roma, comenzando ésta los preparativos para la campaña.

  1. Expedición de Aníbal a Italia. Contra el parecer del senado cartaginés, Aníbal se decidió llevar la guerra a Italia; y dejando el gobierno de España a su hermano Asdrúbal, partió de Cartago Nova con un ejército de 60.000 hombres, dirigiéndose por la costa del Mediterráneo hasta los Pirineos; atravesó Galia, y derrotando las tribus que intentan estorbarle el paso del Ródano, llegó al pié los Alpes.

Después de vencer las mil dificultades que ofrece la naturaleza en aquellas montañas, y derrotar a los montañeses, llegado a la cumbre de la cordillera, Aníbal muestra a sus soldados las fértiles llanuras que riega el Po, y aunque sufriendo mas peligros en la bajada que había tenido a la subida, a los quince días se encuentra en el territorio de Italia, en Galia Cisalpina; si bien su ejército después de tantas penalidades, quedó reducido a 26.000 hombres, número bien escaso teniendo en cuenta que Roma, con quien iba a combatir, podía poner sobre las armas 800.000.¨ Sea así, yo os declaro la guerra, fue la respuesta del embajador, que se volvió a Roma, comenzando ésta los preparativos para la campaña.

  1. Batallas del Tesino, Trebia, Trasimeno y Canas. Mientras Aníbal se dirigía a Italia, los romanos, suponiéndole en España, mandan a esa península con un poderoso ejército, al cónsul Publio Cornelio Escipion, que, sabiendo en la travesía la expedición de Aníbal, desembarcó en Marsella para estorbarle el paso del Ródano, que el cartaginés había atravesado días antes; por lo que, enviando a su hermano Cneo Escipion con parte del ejército y de la escuadra para hacer la guerra a los enemigos en España, él regresó desde Marsella a Italia con ánimo de salir al encuentro de Aníbal cuando bajara de los Alpes.

El pequeño ejército de Aníbal, aumentado con los auxilios de los galos de Cisalpina, encuentra a los romanos en las orillas del Tesino, afluente por la izquierda del Po, sufriendo éstos una completa derrota, salvándose con dificultad Escipion, que a pesar de haber sido herido en la batalla, repasó el Po con los restos de su ejercito. Como resultado de la batalla del Tesino se declararon por Aníbal los galos de Traspadana, mal avenidos con el yugo romano.

En persecución de los romanos, Aníbal pasó el Po, alcanzándoles en las orillas del Trebia junto a Placencia. No habiendo todavía curado de sus heridas, Escipion cedió el mando del ejército a su colega Sempronio, que pierde en la batalla 30.000 hombres. Los galos hasta ahora remisos en declararse por Aníbal, le aclaman libertador de Italia, incorporándose a su ejército, que de esta manera se elevó a 90.000 hombres.

El general cartaginés pasó los Apeninos, penetrando en Etruria come libertador. Al atravesar los terrenos pantanosos del Arno con agua hasta la cintura, pereció gran número de soldados, y el mismo Aníbal perdió un ojo; pero poco después alcanzó una completa victoria junto al lago Trasimeno haciendo una horrible carnicería en el ejército romano mandado por el cónsul Flaminio.

Después de ésta batalla, Aníbal en vez de dirigirse a Roma, repasó los Apeninos, penetrando en el Piceno, donde se vio constantemente molestado por las estratagemas del cónsul Q. Fabio Cunclator (el Contemporizador). Con este motivo el cartaginés se corrió a Apulia, llegando hasta Canas: Roma en tanto, cansada de la lentitud y escaso resultado de las operaciones de Fabio, levantó un ejército de 90.000 hombres, que puso a las órdenes de los cónsules Paulo Emilio y M. Terencio Varron. Este último, a pesar de las prudentes observaciones de su colega, presentó la batalla junto al rió Aufido cerca de Canas, sufriendo tal derrota que mas de 70.000 hombres, la mayor parte ciudadanos romanos, quedaron en el campo, contándose entre ellos 80 senadores, 21 tribunos militares, y el cónsul Paulo Emilio.

  1. Guerra de los romanos en Sicilia toma de Siracusa. Las consecuencias de la batalla de Canas fueron desastrosas para Roma. Toda Italia meridional pasó al dominio de Aníbal, y con  Galia Cisalpina que ya le obedecía desde las batallas del Tesino y del Trebia, quedó reducido el poder de Roma a Italia central. Por otra parte, el Cartaginés hacia alianza con Filipo de Macedonia, que ofrece auxiliarle con 200 naves; y por su iniciativa se sublevan Córcega, Cerdeña y Sicilia. Jamás se había visto Roma en un trance semejante; a cada momento podía esperar ver el enemigo a sus puertas.

Sin embargo Roma no desmayó; la actividad y el patriotismo de todos, pusieron en pocos días la ciudad en disposición de resistir un sitio; levantando al mismo tiempo un ejército que a las órdenes de Marcelo y Fabio, persiguió al general cartaginés, que se vio obligado a levantar el sitio de Nápoles, siendo batido su lugarteniente Hannon en Nola por Marcelo.

El senado se propuso en primer término recobrar  Sicilia y castigar a Siracusa que se había unido con Aníbal; y Marcelo fue encargado de esta empresa. Pasando a Sicilia, puso sitio a Siracusa, que se resistió tres años, gracias a las máquinas inventadas por el célebre geómetra Arquímedes, con las cuales los sitiados rechazaban ventajosamente los ataques de los sitiadores; pero al cabo de este tiempo Marcelo se apoderó por sorpresa de la ciudad, mientras los siracusanos celebraban una gran fiesta; pereciendo Arquímedes, a quien un soldado atravesó con su espada sin conocerlo ; pues Marcelo había dado orden a sus tropas de respetar la vida del célebre matemático. La toma de Siracusa dio por resultado la sumisión de toda  Sicilia, que fue declarada provincia romana.

Al mismo tiempo, Filipo de Macedonia, antes de haber podido llevar a Italia el auxilio prometido a Aníbal, vio su escuadra derrotada cerca de Apolonia por los romanos, que alentaron además a los pueblos de la Grecia para sublevarse contra la autoridad de Filipo.

  1. La guerra en Italia: batalla del Metauro. Mientras los romanos combatían en Sicilia y Macedonia, continuaba la guerra en Italia entre Aníbal y los ejércitos romanos. Estos consiguieron apoderarse de la Campania y pusieron sitio a Capua, siendo inútiles todos los recursos que puso en juego el cartaginés para obligar a los romanos a levantar el sitió de su ciudad predilecta. Como medio supremo Aníbal se dirigió a Roma para obligarla a llamar a los sitiadores de Capua pero el senado se preparó a la defensa con sus fuerzas propias y las que pudo recuperar de otras partes, sin llamar a las que sitiaban la ciudad campania, que por fin fue tomada por hambre, y cruelmente tratada por los romanos.

Entre tanto Aníbal, que veía mermarse continuamente su ejército, había pedido auxilios a Cartago y a su hermano Asdrúbal que combatía en España contra los generales romanos. Cartago, dominada por la facción enemiga de los Barcas, se hizo sorda a las peticiones de Aníbal; pero Asdrúbal equipó un ejército de españoles y africanos, y dejando a sus generales la prosecución de la guerra en la península, se puso en marcha para Italia, siguiendo el mismo camino que años antes llevara Aníbal. Llegado a Placencia, que estaba en poder de los enemigos, se detuvo a sitiarla, perdiendo un tiempo precioso.

Roma en tanto, advertida de los proyectos de Asdrúbal, levantó dos ejércitos que a las órdenes de los cónsules Levio y Neron, salieron a estorbar la unión de los dos hermanos. Asdrúbal, alcanzado por Levio en las orillas del Metauro, en  Umbria, perdió la vida en la batalla, y su ejército quedó completamente destruido. Los romanos anunciaron esta derrota a los cartagineses, cortando la cabeza de Asdrúbal, y arrojándola al campamento de Aníbal.

El héroe cartaginés, viéndose abandonado en país enemigo, pudo pensar con razón que la estrella de Cartago se eclipsaba. Sin embargo, apelando a todos los recursos de su poderoso genio, todavía se mantuvo por espacio de cinco años en la Italia meridional, sin que todo el poder de Roma fuera bastante para vencerlo, ni menos para obligarlo a abandonar la península.

  1. Los romanos en España. Cuando Aníbal emprendió su expedición A Italia, Roma envió a España para hacer la guerra a los cartagineses a los hermanos Publio y Cneo Escipión. Publio regresó desde Marsella a Italia para oponerse a Aníbal a la bajada de los Alpes y Cneo, con el título de procónsul, llegó a España, comenzando las hostilidades contra Asdrúbal hermano de Aníbal, y apoderándose de buena parte de la península.

Al año siguiente, Publio Escipión después de haber sido derrotado por Aníbal en la batalla del Tesino, vino también a España, y uniendo sus fuerzas a las de su hermano, derrotaron a los cartigeneses en varios encuentros. Mas, separados imprudentemente para combatir a la vez a los celtiberos y a los cartigeneses, perdieron las acciones respectivas en que tomaron parte, muriendo ambos en la pelea.

Para sustituir a los Escipiones, Roma nombró a Publio Cornelio Escipión, hijo de Publio y sobrino de Cneo, que a la sazón no contaba mas de 24 años. Vino en efecto a España, pero no pudo evitar que Asdrúbal se dirigiera a Italia con su ejército para socorrer a Aníbal.

Sin embargo, por su valor, por la habilidad de su política y la dulzura de su carácter, venció a los cartagineses, en varios encuentros, se apoderó de los territorios que ocupaban, tomándoles además la ciudad de Cartago Nova y obligándoles a abandonar a España.

  1. Escipión en África: batalla de Zama: fin de la segunda guerra púnica. Nombrado cónsul por sus victorias contra los cartagineses en España, Escipion propuso al senado llevar la guerra al África, con el propósito de que Cartago llamase en su socorro a Aníbal, que se encontraba en el Abruzo, de donde no habían podido desalojarlo los romanos. El senado, a instancias de Fabio Máximo se negó a su pretensión, pero le concedió permiso para alistar voluntarios en Italia y en Sicilia, reuniendo por este medio en muy poco tiempo hasta 30.000 hombres, con los cuales pasó al África.

Salió al encuentro de Escipión el general cartaginés Asdrúbal con un poderoso ejército, ayudado por la caballería de Syfax rey de Numidia, que amigo antes de los romanos, se unió ahora con los cartagineses a instancias de su mujer Sofonisba, hija de Asdrúbal. Escipión consiguió incendiar el campamento de Asdrúbal y el de Syfax, y derrotó las tropas que pudieron escapar de la catástrofe. El númida Masinisa, aliado de Roma, se apoderó de Cirta capital de los Estados de Syfax, cayendo en su poder Sofonisba, que se envenenó para no ser esclava de los romanos.

Escipión se apoderó de Túnez, casi a las puertas de Cartago que, como el romano había previsto, tuvo que llamar apresuradamente a Aníbal. Este abandonó con honda pena el territorio de Italia, teatro de sus victorias. Con un poderoso ejército se dirige en busca de Escipión; poco antes de combatir, tuvo una conferencia con el general romano para hacer la paz .Esta fue imposible por las exageradas exigencias de Escipión, y fue necesario dar la batalla; y a pesar del genio de Aníbal y del valor de sus tropas, fueron los cartagineses completamente derrotados por Escipión en Zama.

Cartago vencida tuvo que aceptar las duras condiciones que le impuso el vencedor, que fueron renunciar a su dominación en España, Sicilia y las otras islas del Mediterráneo; entregar a Roma su escuadra, pagar una fuerte indemnización, comprometiéndose a no emprender guerra alguna sin el consentimiento de Roma.

Así concluyó la segunda guerra púnica, quedando Cartago atada de pies y manos en poder de Roma. Escipion, que fue llamado el Africano, adquirió en elLa una gloria imperecedera.

  1. Últimos años de Aníbal. Después de la batalla de Zama, y de la paz con Roma, el partido democrático de Cartago dirigido por Aníbal, consiguió sobreponerse a la aristocracia, emprendiendo radicales reformas en el gobierno, en la administración y en el ejército, para devolver a su país la unidad y la fuerza que había perdido.

Quizá soñaba Aníbal por estos medios tomar algún día la revancha de Roma. Pera estos proyectos se desvanecieron por la envidia del partido aristocrático, cuyo jefe, Hannon, denunció a Aníbal a los romanos; por lo cual el senado exigió que se lo entregasen, teniendo que huir a la corte de Antisco, rey de Siria, para librarse de sus enemigos.

Aníbal en Oriente no desistió de sus propósitos de destruir la República romana; pero sus grandiosos planes no podían tener acogida entre aquellos pueblos corrompidos, y Antioco derrotado en Magnesia por los romanos, prometió a éstos entregarles al general cartaginés, que tuvo que huir, acogiéndose a la corte de Prusias, rey de Bitinia.

El odio romano le persiguió basta su último refugio; y no pudiendo conseguir por medio alguno que el rey se lo entregase, el general Flaminio concertó a unos asesinos, que se encargaron de quitarle la vida; Aníbal, por no caer en sus manos, tomó un veneno que puso fin a su existencia.

  1. Juicio de Aníbal. Historiadores antiguos y modernos afirman de consuno que Aníbal es uno de los primeros genios que ha tenido la humanidad, y que figura dignamente al lado de Alejandro y César; y ciertamente que si atendemos a sus dotes militares, quizá los excede a todos ; pues Alejandro y Cesar, dirigiendo ejércitos de ciudadanos animados por el santo fuego del patriotismo, combaten contra pueblos esclavos y corrompidos, ó mas atrasados en civilización; mientras que Aníbal cuenta sólo con un ejército de mercenarios, sin fe ni entusiasmo por la causa que defienden, y tiene que combatir contra los ejércitos mas aguerridos y disciplinados de la antigüedad.

Para juzgar a Aníbal como hombre, nos falta; datos imparciales, pues todo lo que sobre él nos refieren los historiadores, se debe a los escritores romanos, sus enemigos. Estos le acusan de crueldad y de perfidia; y sin embargo fue menos cruel que los romanos y no faltó ni una sola vez a la fe prometida.

Aníbal, defendiendo una causa tan justa como la independencia de su patria, estaba animado por un odio perfectamente explicable contra la opresora de Cartago; y sin embargo, hace una guerra franca y leal a los romanos. Roma, por el contrario, le persigue desterrado y fugitivo, con un odio implacable, y no descansa sino cuando por los medios mas reprobados consigue deshacerse de su rival.

  1. Escipión. Para juzgar a Escipion con acierto, no se le debe comparar con Aníbal, porque son genios y caracteres distintos. Si Aníbal brilla quizá como ninguno por sus dotes militares, Escipion sobresale por su bondad y por sus sentimientos humanos, que le colocan por encima de todos los hombres de su tiempo y que honrarían a muchos generales modernos; y estas cualidades son tanto mas de notar cuanto que el carácter de Roma fue por el contrario la severidad y la dureza.

Estas condiciones de Escipion se manifestaron en la conquista de España, singularmente en la toma de Cartago Nova, dando libertad a los prisioneros; en su conducta con el rey de Numidia y      con Cartago, aun después de la batalla de Zama.

Escipion, como Marcelo, y alguno otro de su tiempo, debían  su humanidad de sentimientos y la dulzura de  su carácter, a la cultura griega, que por entonces comenzaba a penetrar en Roma.

  1. Consecuencias de las guerras púnicas. Las guerras púnicas no han concluido todavía; después de la segunda vendrá la tercera y última. Pero la importancia histórica de aquel hecho, termina en esta segunda guerra; porque en ella se resuelve de una manera decisiva la cuestión que en ellas se ventilaba, cine era la preponderancia de Roma ó de Cartago. La república africana, después de la batalla de Zama y de la muerte de Aníbal, ha dejado de ser un obstáculo para la marcha de Roma. Por esta razón debemos examinar aquí las consecuencias de aquellas guerras.

Las guerras púnicas son el hecho más importante y trascendental de la historia de la república romana. Antes de estas guerras, Roma encerrada en la  península Italiana, no pudo pensar siquiera en la conquista del mundo; pero vencida Cartago, esta idea no sólo es acariciada por Roma, sino que su realización se presenta fácil y hacedera.

El Oriente corrompido y en decadencia, y el Occidente bárbaro y dividido, constituyen ahora el objeto de la ambición de Roma, que con menos sacrificios de lo que le han costado las guerras púnicas, y en poco tiempo extenderá su dominación desde el Eúfrates al Atlántico. Así la consecuencia mas importante de aquellas guerras consiste en el carácter universal que toma desde entonces la historia de Roma.

  1. Juicio sobre Cartago y Roma. Ahora, si querernos investigar la razón del triunfo de Roma sobre Cartago, y el por qué la república cartaginesa con mas elementos y mas poder que Roma, es sin embargo vencida por ésta, encontraremos que a través de los mil vaivenes de la política y de los accidentes sin cuento que llevan consigo las guerras y conquistas, la causa de la civilización, a la corta ó a la larga, triunfa siempre de la barbarie.

Cartago, ciudad comerciante, había concluido su misión de relacionar los pueblos del Mediterráneo occidental, y desde entonces desaparecieron en ella todas las virtudes y se multiplicaron los defectos y los vicios que son inseparables del espíritu mercantil la sed del oro, aprovechando hasta los medios mas reprobados para conseguirlo ; la crueldad y la tiranía con los otros pueblos; y en el interior la corrupción y los vicios, cortejo casi obligado de las riquezas; tal es el estado en que se encontraba Cartago al comenzar las guerras púnicas. Cuando el comercio se convierte en explotación del pobre por el rico, y del pueblo vencido por el vencedor, en lugar de unir los pueblos los divide; por eso Cartago, que era ya un obstáculo a la civilización, desapareció de la historia, sin que la humanidad tenga por que sentir su desaparición.

Cuando Cartago decae, Roma se levanta; y con su genio aristocrático y su espíritu conquistador; con su exaltación del honor y su acendrado patriotismo; con su constancia en las adversidades y su fe entusiasta en la grandeza de sus destinos; con, su carácter dominador y su política de asimilación de los vencidos Roma tiene condiciones bastantes y virtudes suficientes para recoger la bandera de la civilización, y dirigir por nuevos derroteros a la humanidad en prosecución de su destino.

  1. Amílcar, desembarcando en Cádiz, extendió la dominación cartaginesa hasta el Duero y el Ebro, y murió combatiendo con los españoles. Asdrúbal, su yerno, fundó a Cartago Nova y mejoró la administración, celebrando un tratado con los romanos, por el cual quedaba Ebro como limite de las conquistas cartaginesas.
  2. Las causas de la segunda guerra púnica, son las mismas de la primera, ahora aumentadas por la creciente ambición de Roma, y por el mayor odio de Cartago, deseosa de recuperar su antiguo prestigio.
  3. Aníbal, que sucedió a su cuñado Asdrúbal, derrotó a los Olcades, Carpetanos y Vetones, y sitió y destruyó la ciudad de Sagunto, aijada de los romanos; y negándose Cartago a dar por esto hecho satisfacción a Roma, se declaró la guerra entre ambos pueblos.
  4. Partiendo de Cartagena, se dirigió Aníbal por la Costa del Mediterráneo, atravesó los Pirineos y el Ródano y llegó al pié de los Alpes; el paso de esta cordillera le costó sacrificios y penalidades sin cuento, por los obstáculos de la naturaleza y la hostilidad de los montañeses, reduciéndose su ejército a 23.900 hombres.
  5. Publio Cornelio Escipion, viniendo a España a combatir a los cartagineses, sabiendo en el camino la expedición de Aníbal, y no pudiendo estorbarle el paso del Ródano, regresó desde Marsella a  Italia para salirle al encuentro a la bajada de los Alpes, siendo derrotado en las orillas del Tesino, y poco después su colega Sempronio en el Trebia. Pasando Aníbal a Etruria venció al cónsul Flaminio en el lago Trasimeno; y mas adelante desbarató en Canas el ejército de P. Emilio y Terencio Varron.
  6. Estas batallas redujeron el poder de Roma a la Italia central. Marcelo, encargado de reducir Sicilia, tomó a Siracusa después de tres años de sitio, muriendo con este motivo el célebre Arquímedes. Al mismo tiempo la escuadra romana derrotó la de Macedonia, cerca de Apolonia.
  7. Entre tanto los romanos se apoderan de la Campania, y después de largo sitio tomaron a Capua, sin que Aníbal pudiera evitarlo. Asdrúbal con un ejército pasó de España a Italia para socorrer a su hermano; pero alcanzado por los romanos junto al Metauro, fue su ejército destruido y él mismo perdió la vida. Aníbal, sin embargo, se mantuvo todavía cinco años en la Italia meridional.
  8. Cneo Escipión y su hermano Publio vencieron en varios encuentros a los cartagineses en España; pero habiendo separado sus fuerzas, fueron derrotados y perdieron la vida. Nombrado para sustituirles Publio Cornelio Escipión, hijo de Publio, venció a los cartagineses y les tomó a Cartagena, obligándoles a repasar al África.
  9. Nombrado cónsul Escipion, al frente de 30.000 voluntarios de Italia y Sicilia, pasó al África y derrotó a Asdrúbal y se apoderó de Túnez. Cartago llamó entonces a Aníbal, que tuvo igual suerte en la batalla de Zama. Hecha la paz, Cartago renunció a sus posesiones de España y del  Mediterráneo, entregó su escuadra, pagó una fuerte indemnización, comprometiéndose a no emprender guerra alguna sin el consentimiento de Roma.
  10. Aníbal en Cartago se hizo sospechoso a los romanos; y para no caer en poder de sus enemigos, huyó a la corte de Antioco, rey de Siria, de donde tuvo también  que fugarse , acogiéndose a  Prusias, rey de Bitinia; perseguido en todas artes por el odio romano, tomó un veneno que puso fin a su existencia.
  11. Como genio militar Aníbal tal vez es superior a Alejandro y a César, por la naturaleza de los ejércitos de que dispone, y por las condiciones del enemigo a quien tenía que combatir: los historiadores romanos le acusan injustamente de crueldad y de perfidia: hizo siempre una guerra franca a Roma, y ésta le persiguió en su  destierro da una manera implacable é indigna.
  12. Escipion se distingue por su carácter bondadoso y humanitario, como puede notares en la conquista de España, y en su conducta con el rey le Numidia y con Cartago.
  13. Las guerras púnicas son el hecho mas importante de la historia de la República: vencida Cartago, en poco tiempo Roma extendió su poder desde el Eúfrates al Atlántico, y su historia toma un carácter universal.
  14. Roma triunfa sobre Cartago, porque representa la causa de la civilización. Cartago había terminado su misión, y cayó en  la corrupción y en los vicios, que acompañan al comercio: Roma tiene virtudes suficientes para continuar la marcha de la civilización.

Romulo primer gobernante de Roma Leyenda Romana Fundacion Roma

PRIMER PERÍODO DE ROMA (754-510)— LOS REYES.

  1.  1. Reinado de Rómulo: robo de las Sabinas: guerras con los pueblos vecinos: muerte de Rómulo. Según la tradición, después de la muerte (de Remo, quedó Rómulo único jefe de Roma, que por entonces no era mas que una reunión de pobres cabañas. Dícese que para aumentar la población, Rómulo ofreció asilo a los vagabundos y gente de mal vivir de las naciones vecinas, prometiéndoles su protección; y que no teniendo mujeres, Rómulo invitó a una fiesta a los sabinos y a los pueblos comarcanos, y en medio del espectáculo los romanos se apoderaron de las esposas y de las hijas de sus vecinos, originándose de este hecho criminal una guerra entre los sabinos y los romanos.

El rey sabino Tacio se dirigió contra los romanos, que sorprendidos, aceptaron la batalla dentro de los muros de su ciudad; y cuando los soldados de Rómulo se pronuncian en derrota, intervienen las sabinas, separando a los combatientes, y consiguiendo el restablecimiento de la paz, con la condición de que los sabinos ocuparían la roca Tarpeya, nombrarían de su seno cien senadores, y su rey Tacio compartiría el trono con Rómulo.

Cinco años después muere Tacio asesinado, quedando otra vez Rómulo como único rey. Para ocupar la turbulenta población de Roma, dirige sus armas contra los pueblos comarcanos, y aumentó tanto su poder, que dejó de consultar al Senado; por lo que la nobleza le quitó la vida durante la confusión producida por una gran tempestad, que estalló mientras se celebraba la asamblea del pueblo. Los senadores, sin embargo, extendieron la voz de que había sido arrebatado al Olimpo, y que se le debía adorar con el nombre de Quirino.

A Rómulo se le atribuían las mas antiguas instituciones sociales de Roma.

  1. Numa Pompilio: instituciones religiosas: A la muerte de Rómulo los senadores intentaron suprimir la monarquía, turnando ellos en el poder; pero los desórdenes que con este motivo se originaron, hicieron necesario elegir un nuevo rey, ocupando el trono el sabino Numa Pompilio, hombre sabio y virtuoso, poco dado a las guerras y conquistas, que dotó Roma de instituciones religiosas, favoreció la agricultura y las ocupaciones pacíficas, contribuyendo eficazmente a modificar la rudeza de las costumbres salvajes de los romanos.

La tradición atribuyó a Numa la creación de los sacerdotes Salios, guardadores del escudo del dios Marte; de los Flámines que cuidaban del culto, de los Augures y de las Vestales. Construyó el templo de Vesta y el de Jano, que estuvo cerrado durante su reinado, porque la paz no se alteró en su tiempo.

Numa corrigió el calendario de Rómulo, añadiendo los meses de Enero y Febrero a los días fastos y nefastos: introdujo el culto de los dioses Lares, guardadores de la familia, y del dios Término, custodio de las propiedades. Para dar mas prestigio a estas instituciones, decía habérselas comunicado la ninfa Egeria.

  1. Tulo Hostilio: los Horacios y Los Curiacios: su misión de Albalonga. Después del pacifico reinado de Numa, ocupó el trono el latino Tulo Hostilio, en cuyo tiempo los romanos vuelven a sus costumbres guerreras.

La lucha se entabló principalmente con los albanos, por las mutuas y casi constantes querellas entre los habitantes de ambas ciudades: para poner fin a esta guerra se concertó el combate de los tres hermanos Horacios, romanos, con los tres Curiacios, albanos; muriendo en la pelea estos últimos, y quedando vencedor uno solo de los Horacios.

Como  consecuencia, Albalonga fue destruida, su territorio incorporado al romano, y los habitantes trasladados a Roma, donde ocuparon con los etruscos el monte Celio, siendo algunos admitidos a la ciudadanía, y aun al Senado: atribuyéndose también a este rey la construcción de la Curia Hostilia ó palacio donde se reunían los senadores.

  1. Anco Marcio: A la muerte de Tulo Hostilio, sucediole Anco Marcio, sabino, prudente, sabio y religioso como su abuelo Numa, pero a la vez guerrero como su antecesor.

En sus guerras con los pueblos comarcanos, derrotó a los sabinos y a los etruscos, sometiendo varios pueblos del Lacio, cuyos habitantes vinieron a establecerse en Roma, en el monte Aventino. Construyó la prisión Mamertina, abierta en la roca debajo del Forum; comenzó la explotación de las salinas de la costa; la construcción del primer puente de madera (sublicio) sobre el Tíber, para poner a Roma en comunicación  con Etruria.

A este rey se debe también la fundación de Ostia en la desembocadura del Tíber, sirviendo desde entonces de puerto a Roma.

Anco Marcio fundó la institución de los Feciales, destinados a evitar las guerras con otros pueblos, pidiendo una satisfacción pacífica de las ofensas recibidas; y autorizados para declararla, valiéndose de lanza quiris que arrojaban al campo enemigo, si a los 30 días no obtenían la debida satisfacción.

  1. Dinastía etrusca: Tarquino el antiguo: Después de los tres reyes sabinos, suceden otros tres etruscos hasta la conclusión de la monarquía.

Tarquino, de origen griego, pero establecido en Etruria donde había adquirido grandes riquezas, pasó a Roma, atrayéndose el favor popular por su generosidad y por su ilustración; adquiriendo por estos medios tal prestigio, que de tutor de los hijos de Anco Marcio, a la muerte de éste, fue elevado al trono.

El reinado de Tarquino constituye el periodo más brillante de la monarquía romana. Este rey introdujo en Roma las artes y la civilización etrusca; construyo las murallas, la Cloaca Máxima, el Forum romano, el Circo Máximo, y puso los cimientos del famoso templo de Júpiter en el Capitolio, donde se habían de reunir las divinidades de las tres razas de las que se componía Roma, y donde mas adelante fueron acogidos los dioses de todos los pueblos. Tantas y tan magnificas construcciones hicieron de Roma una gran población, cuando antes de Tarquino no eran otra cosa que un conjunto de miserables habitaciones.

No se olvidó Tarquino de extender la dominación de Roma por los pueblos comarcanos. Derrotó sucesivamente a los sabinos y a los latinos, y obligó a los etruscos, después de una larga guerra, a reconocer la supremacía de Roma.

Tarquino se propuso realizar la fusión de los tres pueblos, Ramnes, Lúceres y Ticios, que habían contribuido a la formación de Roma y elevó a 300 el número de senadores.

Los hijos de Anco Marcio, a quienes Tarquino había suplantado para subir al trono, instigados tal vez por los sabinos, consiguieron que dos asesinos le quitaran la vida; a pesar de lo cual no lograron sucederle.

  1. Servio Tulio: Aunque de origen humilde, Servio Tulio, que en vida de Tarquino llegó a ser su yerno, fue elevado al trono después de su muerte por los votos del Senado y de la plebe. Venció a los latinos sublevados contra Roma; y dedicó toda su actividad al establecimiento de sabias instituciones para completar la fusión de todos los romanos y la grandeza de Roma.

Servio Tulio reorganizó el gobierno, basándolo en la propiedad, creando así la aristocracia de la riqueza: introdujo reformas ventajosas para los pobres y plebeyos, tanto en la repartición de los impuestos como en la administración de la justicia.

A este rey se atribuye la creación de las feriales latinas en honor de Júpiter; la conclusión de las murallas de Roma, la introducción de la escritura, y la modificación del valor de la moneda y de las pesas y medidas.

Amado de los plebeyos y de los pobres, pero aborrecido por los patricios, éstos concitaron contra él a su propio yerno, Tarquino, que lo hizo asesinar, pasando las ruedas del carro de su hija sobre el cadáver ensangrentado de su padre, en la calle que desde entonces lleva el nombre de Via Scellerata (funesta).

  1. Tarquino el Soberbio: conclusión de la monarquía: Muerto Servio Tulio fue elevado al trono su yerno y asesino Tarquino, que se propuso gobernar prescindiendo del pueblo y del senado, a los que debía la corona.

La tiranía, de su gobierno le hizo odioso tanto a los patricios, como a los plebeyos; pero consiguió hacerse respetar por todos, extendiendo su dominación hasta el país de los volscos, apoderándose de su capital Suessa Pomelia y de la ciudad de Gabies en el país de los latinos, por medio de la traición de su hijo Sexto, que fingiendo haber caído en desgracia de su padre, se acogió a esta población, donde le confiaron la defensa de uno de los puntos mas importantes, después de lo cual quitó la vida a los jefes de la ciudad y la entregó a las tropas romanas. Durante estos acontecimientos Tarquino recogió un inmenso botín que empleó en la continuación del Capitolio.

Creciendo el descontento de los patricios y de los plebeyos por las crueldades de Tarquino, y hallándose éste sitiando la ciudad de Ardea, capital de los Rútulos, cerca de la costa, estalló el odio de los romanos con motivo del ultraje inferido por Sexto a la bella y virtuosa Lucrecia, mujer del patricio Tarquino Colatino. Los romanos indignados juran exterminar toda la familia del tirano; y cuando Tarquino, al tener noticia de estos acontecimientos, vuelve precipitadamente a Roma, se le cierran las puertas de la ciudad, y tiene que refugiarse en Etruria. Los romanos entre tanto declaran abolida para siempre la monarquía.

  1. Constitución social de Roma durante la monarquía: La constitución romana tiene su origen y  fundamento en los primeros tiempos de la monarquía quizá en los mismos tiempos de Rómulo.

Desde los primeros tiempos, aparece la sociedad romana dividida en tres clases, los patricios, los  plebeyos y los esclavos. Los patricios eran los representantes de las antiguas familias latinas, sabinas y etruscas, que habían contribuido a la fundación de la ciudad, pero dominando siempre el elemento sabino. Estos eran los únicos ciudadanos de pleno derecho, correspondiéndoles el poder y los honores, la mayor parte de las tierras y del botín que se tornaban a los enemigos.

La plebe romana procedía de las familias latinas, obligadas a domiciliarse en Roma por la destrucción de sus ciudades, durante la conquista del Lacio en tiempo de los reyes los plebeyos ocuparon en Roma los montes Palatino, Celio y principalmente el Aventino; se les concedieron desde el principio los derechos civiles, pero no los políticos, y sólo recibían una porción insignificante de las tierras conquistadas. Los esclavos en Roma procedían de los prisioneros que durante las guerras se hacían de los enemigos, y no tenían derecho alguno.

Además de estas tres clases de personas, existían en Roma los clientes, protegidos por algún ciudadano padre de familia (patrono), ó por el jefe del Estado: procedían generalmente de los extranjeros domiciliados en Roma, y aun de esclavos que recibían de su señor la libertad; pero sus derechos eran muy limitados. Por último, los caballeros, que después constituyeron un orden intermedio entre los patricios y plebeyos, y que tanta influencia alcanzaron en los destinos de la República, no tuvieron importancia política en tiempo de los reyes; pues aunque se tomaban indistintamente de los patricios y los plebeyos, no tuvieron entonces participación alguna en el gobierno del Estado.

  1. Constitución política: Durante la monarquía los poderes estaban distribuidos entre el rey, el senado y el pueblo.

La monarquía era en Roma electiva; y los derechos de los reyes muy limitados. Puede decirse que les correspondía el poder ejecutivo y gubernativo, disponiendo del mando del ejército, de la administración de justicia, cuando se trataba de los grandes crímenes; y eran por otra parte los soberanos sacrificadores, auxiliados en estas funciones por los sacerdotes.

Al lado de los reyes existía el Senado, que en un principio no fue mas que un cuerpo consultivo sin autoridad alguna; y se componía de 300 senadores, 100 por cada tribu, elegidos por los monarcas entre los patricios de su mayor confianza, resultando así un cuerpo eminentemente aristocrático.

Pero la verdadera soberanía residía en el pueblo y en sus asambleas solemnes, ó comicios, compuestos de todos los ciudadanos, tanto patricios como plebeyos; pues les correspondía la elección de monarca, la sanción de las leyes, la declaración de la guerra y de la paz.

  1. Reformas de Servio Tulio: La primitiva constitución de  Roma en armonía con los reducidos límites de su dominación, resultó defectuosa cuando por las conquistas de los pueblos del Lacios se aumentó considerablemente la población y se alteraron Las relaciones que entre las clases existían. Se hizo, pues, necesaria una modificación de la constitución, que la llevó a cabo Servio Tulio.

servio tulioServio Tulio comenzó sus reformas, formando un censo ó inscripción de todas los habitantes de la ciudad sin distinción de tribus, ni de clases, señalando a cada uno la fortuna ó la riqueza que poseía; sirviéndole esta especie de estadística de la propiedad para repartir equitativamente los tributos según el haber de cada uno, y para la distribución del poder entre los ciudadanos.

Con arreglo a su fortuna, todos los ciudadanos fueron repartidos en seis clases, divididas a su vez en 192 centurias, comprendiendo en cada una tantos ciudadanos como fueron necesarios para que la suma de los tributos fuese igual en todas ellas; resultando por esta razón que los ricos formaban gran número de centurias, mientras que era necesario reunir en una sola un número muy considerable de familias pobres.

La primera clase comprendía los ciudadanos que tenían una fortuna de 100,000 ó más ases, dividiéndose en 98 centurias. Las demás clases habían de poseer, 75,000 ases la segunda, 50,000 la tercera, 15,000 la cuarta, y mas de 11,000 la quinta; comprendiéndose en la sexta y última los que poseían menos de esta suma, y los que no tenían ninguna propiedad.

Dividida así la población, Servio Tulio sustituyó en los Comicios el voto individual, con el voto por centurias, creando de este modo los Comicios Centuriados, en los cuales tenia toda la influencia la aristocracia de la riqueza, que por mucho tiempo no se distinguió de la nobleza de nacimiento. De esta manera, los primitivos Comicios Curiados fueron muy luego reemplazados por los Centuriados, que llegaron a entender en la elección de los reyes, en la votación de las leyes, en los asuntos de la paz y de la guerra, y en las causas criminales de grande importancia.

Además la legislación de Servio Tulio, basándose en el censo, imponía a cada clase de ciudadanos el número de centurias con que había de contribuir para la formación de un ejército respetable, la mitad compuesta de hombres mayores de 40 años, para la defensa de la ciudad, señores; y la otra mitad de 17 a 45 que eran los juniores, y que constituían los ejércitos encargados de la conquista.

Con estas reformas que ligeramente acabamos de apuntar, consiguió Servio Tulio fundir en una unidad fuerte y poderosa los elementos diversos que hasta entonces habían predominado en Roma; organizando al mismo tiempo las fuerzas militares, destinadas a vencer primero en Italia y después en todas partes.

  1. La legislación en tiempo de los reyes: patria potestad: Los reyes presentaban las leyes a los Comicios, y éstos tenían el derecho de aceptarlas ó rechazarlas; pero es lo cierto que apenas quedan indicaciones de las leyes de esta manera formuladas en tiempo de la monarquía. Los romanos en aquellos primeros tiempos, como todos los pueblos en iguales condiciones, más que por leyes escritas, debieron regirse por costumbres.

Entre estas costumbres dejaron más profunda huella en la organización de la sociedad romana y en la legislación, las que se referían a la familia. En ella el poder del padre se extiende sobre la mujer, los hijos y los nietos, con todo lo que son y poseen: y ese poder es absoluto, pudiendo venderlos, y quitarles la vida, considerándolos como una cosa, res.

Sin embargo, este poder no es tan absoluto en lo que se refiere a la mujer, pues que bajo cierto aspecto existía la igualdad entre los esposos, y aun era considerada corno la dueña en los asuntos interiores de la casa.

  1. Religión, culto y sacerdotes: La religión y el culto de los romanos, era como la sociedad, procedente de diferentes pueblos, especialmente de los griegos y de los etruscos; desde los tiempos de Numa puede asegurarse que se había ya completado el sistema religioso y las formas del culto.

Como los griegos, personificaron los romanos las acciones y las aptitudes humanas, a la vez que los fenómenos de la naturaleza: pero aquella religión completamente exterior y sensible, no tenia doctrinas, ni enseñanza moral, y era por tanto incapaz para mejorar a los hombres.

Los dioses principales fueron: Marte, dios de la guerra; Saturno, de los campos; Término, de los límites; Vesta, del fuego; y además la Fe, la Salud, la Juventud, la Concordia, etc.

En Roma se generalizó el culto de los genios protectores de la ciudad, de la casa, de la habitación; y aun cada familia tenia sus dioses Lares y sus Penates, cuidadores del hogar doméstico.

Con las conquistas aumentó extraordinariamente el número de los dioses, adoptando los de los pueblos vencidos, que venían a formar parte del Olimpo romano, aunque colocados en un lugar secundario.

Los sacerdotes no constituían una casta, ni tenían el carácter de representantes de la divinidad; eran sólo los encargados del culto. Su número se extendió considerablemente a medida que se fueron admitiendo en Roma los dioses de los países conquistados. Distinguíanse los Flámines, conservadores del fuego sagrado, que pertenecían a la clase patricia; los Salios, encargados de custodiar el escudo de Marte, caído del cielo, y que celebraban a este dios con cantos y danzas; los Arvales, que en el mes de Mayo impetraban la protección de la diosa fecunda (Dea Dia) para las sementeras; las Vestales ó sacerdotisas de Vesta; y los Feciales, personajes sagrados a quienes competían la declaración de guerra. Además existían los cuatro Pontífices, presididos por el Pontífice Máximo, que cuidaban de la celebración de las fiestas y de las ceremonias del culto, y señalaban los días hábiles para la administración de justicia (días fastos y nefastos).

En la religión romana tenia una parte muy principal la adivinación, de que estaban encargados los Augures y los Arúspices ; los primeros conocían los misterios del porvenir examinando el vuelo, el canto y el apetito de las aves, y los fenómenos celestes; y los Arúspices observaban las entrañas de las victimas y las circunstancias exteriores de los sacrificios. Estas instituciones tuvieron grande influencia en los destinos de Roma, porque no se acometía ninguna empresa importante, ni se emprendía nunca la guerra, sin consultar antes a los Augures y Arúspices.

  1. La literatura y las artes en tiempo de los Reyes: La lengua latina pertenece al tronco de los idiomas indo-germánicos, y es hermana, no hija de la griega, como por mucho tiempo se ha creido.

De la época de los Reyes sólo se han conservado algunos restos de cantos religiosos y satíricos; como el canto de los Salios en honor a Marte, que  tal vez era común a los Arvales; y los cantos de alabanza y de burla, llamados de los Satura; y tal vez las fesceninas y las atelanas.

Las artes acusan en aquel tiempo el mismo atraso que la literatura. Sólo nos han quedado algunas obras de arquitectura, como el muro de Servio Tulio, las Cloacas, etc., en las cuales puede observarse la semejanza con las construcciones de los griegos primitivos, y la influencia de la arquitectura etrusca.

  1. Agricultura, industria y comercio: La vida de los primeros romanos se repartía entre la guerra y las ocupaciones agrícolas cada ciudadano cultivaba su propiedad, ayudado de sus hijos y de sus esclavos.

Entre las instituciones más antiguas, atribuidas generalmente a Numa, se cuentan los siete oficios siguientes los tocadores de flauta, los plateros, trabajadores en cobre, los carpinteros, bataneros, tintoreros, alfareros y zapateros.

El comercio en Roma, como en casi todos los pueblos antiguos, fue reputado corno ocupación indigna de los ciudadanos honrados; dejándolo por esta razón en manos de los esclavos y de la clase pobre del pueblo. Pero a medida que aumentaron el poder de Roma y las necesidades de los romanos, el comercio se desarrolló considerablemente con los pueblos comarcanos, especialmente con la Etruria, con las colonias griegas y con la Sicilia.

  1. Juicio sobre la época de los Reyes: Ya hemos dicho que Roma, nacida de las circunstancias, y debiendo su origen a un contrato, carece de infancia, y no tuvo que pasar por ese periodo de organización, que en los demás pueblos se llama época heroica. Roma al nacer tiene las condiciones de un pueblo adulto, así es que al día siguiente de su nacimiento tiene ya formado su carácter, y cuenta con los medios é instituciones para realizar su misión, emprendiendo resueltamente desde luego el camino que en la vida de la humanidad le corresponde recorrer.

Roma habla nacido para extender por todo el mundo su dominación, y necesitaba para esto ser un Estado fuerte é inquebrantable por su organización. Debía constituirse enérgicamente en el interior, para poder imponer a los otros pueblos esa misma constitución, única y necesaria base de los grandes Estados; y estos dos fines los persiguen los reyes con una constancia admirable desde Rómulo hasta Tarquino. Así es que al concluir la monarquía estaba ya constituido todo cuanto hay de fundamental en la vida é historia de Roma.

La organización de Roma, efecto de las condiciones de su nacimiento, es desde el principio casi republicana, puesto que los ciudadanos tienen todos mas ó menos participación en el gobierno. Por esta razón la monarquía, que en los otros pueblos nace fuerte y poderosa, absorbiendo todos los derechos, como natural consecuencia de los gobiernos patriarcales, aparece en Roma con los caracteres opuestos, limitada por el pueblo y en cierto modo accidental; no es ni siquiera hereditaria; teniendo su origen en el pueblo, debe existir únicamente para el bien del pueblo: por esa razón cuando, olvidando su origen, se hace tiránica con Tarquino, el pueblo la suprime con un pretexto cualquiera, sin luchas ni violencias, y se pasa sin ella, sin que esto afecte en nada a la organización romana, que continúa siendo la misma con los Cónsules que había sido con los Reyes.

Sin embargo, la monarquía cooperó fielmente en general a los fines de Roma, contribuyendo unos reyes a la organización del Estado, y conquistando su dominación sobre los pueblos del Lacio. De este modo la República encuentra ya perfectamente trazado el camino de la historia romana.

Los Reyes, por otra, se muestran en general mas inclinados a los intereses de la clase plebeya, y opuestos a los de los patricios, inaugurando la larga lucha de los dos órdenes, que tantos accidentes han de presentar durante la República.

RESUMEN DE LA LECCIÓN III

  1. Rómulo, único jefe de Roma, después de la muerte de Remo ofreció asilo en su ciudad a la gente vagabunda, y en una fiesta los romanos se apoderaron de las mujeres y las hijas de los Sabinos, originándose de aquí una guerra entre los dos pueblos, que terminó por la intervención de las mismas sabinas. Rómulo murió asesinado por la nobleza.
  2. Sucediole el sabino Numa Pompilio, que dotó a Roma de instituciones religiosas y favoreció las ocupaciones pacíficas; se le atribuye la creación del cuerpo de los sacerdotes Salios, de los Flámines, de los Augures y de las Vestales, la construcción de los templos de Vesta y de Jano: corrigió el calendario, etc., manifestando que estas instituciones se las había comunicado la ninfa Egeria.
  3. En tiempo de Tulo Hostilio, el combate de los Horarios con los Curiaceos, terminó la guerra entre Roma y Albalonga, siendo esta ciudad destruida y sus habitantes trasladados a Roma.
  4. Anco Marcio triunfó de los pueblos vecinos, incorporando los habitantes a Roma: construyó la prisión Mamertina y el puerto de Ostia, y fundó la institución de los Feciales.
  5. Comienzan los reyes etruscos con Tarquino el Antiguo, de origen griego, que construyó la Cloaca Máxima, el Forum, el Circo Máximo, y comenzó la construcción del Capitolio; venció a los sabinos, latinos y etruscos: elevó a 300 el número de senadores; y fue asesinado por los hijos de Anco Marcio.
  6. Servio Tulio venció a los latinos, y por medio de sabias instituciones reorganizó el gobierno y la sociedad; introdujo en Roma la escritura y modificó el valor do la moneda; su propio yerno Tarquino lo hizo asesinar en la Via Scellerata.
  7. Tarquino el Soberbio se hizo odiar por los  patricios y plebeyos debido a su  crueldad: se apoderó de la capital de los Volscos y de Gabies y por el ultraje de su hijo Sexto a Lucrecia, fueron expulsados los Tarquinos y abolida la monarquía.
  8. La sociedad romana comprendía tres clases de personas: los patricios poseían todos los derechos y la mayor parte de las riquezas; los plebeyos tenían derechos civiles, pero no políticos; y los esclavos, que carecían de todo derecho. Existían además los Clientes y los Caballeros, con escasos derechos y casi ninguna influencia en la gobernación del Estado.
  9. La monarquía era electiva, y los derechos de los reyes estaban muy limitados; el Senado, que se componía de 300 senadores, era sólo un cuerpo consultivo y aristocrático; y el pueblo, que era en verdad el soberano, se reunía en los comicios para tratar todos los asuntos importantes.
  10. Servio Tulio comenzó sus reformas por el censo, dividiendo los ciudadanos en seis clases con arreglo a su fortuna: creó los Comicios Centuriados, en sustitución de los Curiados, y señaló a cada Centuria su contingente para la formación del ejército.
  11. Apenas quedan leyes de la época de la Monarquía, pues aquella sociedad debió regirse principalmente por la costumbre. El padre tenía todos los derechos sobre los descendientes y sobre la mujer, si bien ésta conserva cierto prestigio en los asuntos interiores de la casa.
  12. La religión era completamente exterior, sin doctrinas ni enseñanza moral: el número de los dioses, al principio muy reducido, se aumentó considerablemente con las conquistas. Los principales colegios de Sacerdotes eran los Flámines, los Salíos, los Arvales, las Vestales y los Feciales; y además los Pontífices. De la adivinación estaban encargados los Augures y los Arúspices.
  13. La literatura de esta época sólo presenta algunos restos de cantos religiosos y Satíricos; y de las artes sólo han llegado hasta nosotros algunos monumentos de arquitectura, como Las Cloacas.
  14. Aparte de la guerra, la principal ocupación de los romanos fue la agricultura: la industria alcanzó bastante desarrollo y el comercio, aunque menospreciado, se extendió considerablemente con los  pueblos comarcanos.
  15. Desde su origen Roma se halla constituida con un carácter propio y con las instituciones adecuadas para llenar su misión. Los Reyes dieron a Roma su constitución fuerte é inquebrantable, y extendieron sus conquistas por el Lacio, que oran las dos tendencias de la vide romana. La organización de Roma era casi republicana, y por esa razón la supresión de la monarquía se llevó a cabo sin trastornos ni violencias, y de una manera casi natural. Los Reyes siguieron una política favorable a la clase plebeya.

Reformas de Diocleciano Tetrarquía Organización del imperio por Diocleciano

roma antigua

LECCIÓN XIX:  TETRARQUÍA – ORGANIZACIÓN DE LA MONARQUÍA IMPERIAL.
DESDE DIOCLECIANO HASTA JOVIANO
(285-364).

La guerra civil, la inestabilidad de la sucesión imperial, la simultaneidad y persistencia de las invasiones bárbaras, la amplitud del territorio imperial, el desorden fiscal, la escasez de alimentos, la inflación, así como la decadencia cultural y religiosa impulsaron a Diocleciano a adoptar una política reformista que, aprovechando la experiencia de sus predecesores, basó en la descentralización y el fortalecimiento de la burocracia y del ejército.

Siguiendo la iniciativa absolutista de Aureliano, adoptó el título de Júpiter y nombró a su general y amigo Maximiano cesar y Hércules, y le confió el gobierno de Occidente, con sede en Milán. Cuando formó la tetrarquía, en 296, Diocleciano equiparó a Maximiano con el rango de augusto. Las sucesivas divisiones del poder no entrañaron, aunque sí anunciaron, la ruptura de la unidad del Imperio, afirmada como patrimonium indivisum.

  1.   Organización del imperio por Diocleciano.— Aunque de un origen humilde, nacido en Dalmacia, Diocleciano, dotado de grandes talentos militares, se había elevado a los primeros puestos por su propio mérito; y proclamado emperador a la muerte de Numeriano y de Carino, manifestó en el trono sus grandes dotes de hombre político y de gobierno.

  Los males que aquejaban al imperio tenían muy diverso origen. La escasa importancia del poder imperial, cuyas atribuciones no estaban bien determinadas; el desorden y la tiranía de la administración provincial; y las exigencias crecientes cada día de los pueblos bárbaros en las fronteras. Estas tres causas podían estimarse como las principales y más influyentes en la decadencia de Roma, y Diocleciano se propuso remediarlas, empleando con este fin su poderosa iniciativa y su incansable actividad.

  Diarquía. En primer lugar rodeó su persona del fausto y de la pompa de los monarcas orientales; y tomó como asociado a Maximiano, con el título de Augusto, distribuyéndose entre ambos las provincias, reservándose Diocleciano el Oriente, y eligiendo para su residencia la ciudad de Nicomedia; y quedándose en Occidente Maximiano, que se estableció en Milán.

Ambos se rodearon de una corte numerosa, teniendo a sus órdenes las legiones correspondientes para contener a los bárbaros. Entre tanto, Roma fue abandonada; el senado y las magistraturas romanas perdieron por esta causa la escasa importancia que aun conservaban; y fue abolida la guardia pretoriana.

  1.   Guerras en Oriente y Occidente. — La división del imperio tenía por objeto facilitar la guerra contra los pueblos que habitaban en las fronteras; con cuyo fin se eligieron por capitales las dos ciudades mejor situadas, Nicomedia y Milán.

  En la primera guerra Maximiano sometió y castigó duramente a los paisanos de la Galia (Bagodas) que agobiados por la miseria se habían sublevado contra los romanos. Tuvo que hacer la paz con Carausio, que se había declarado emperador independiente en la Bretaña; y derrotó a los  Francos en las orillas del Rhin, reparando las fortalezas entre este río y el Danubio. En el Oriente, Diocleciano venció a los Persas y Sarracenos; también a los Godos y Sármatas en las orillas del Danubio.

   La Tetrarquía. — No bastando la actividad de los dos Augustos para contener las frecuentes irrupciones de tantos pueblos que por diferentes puntos atacaban el imperio, Diocleciano creyó necesario dar participación en el gobierno a dos nuevos auxiliares, con el nombre de Césares, que venían a desempeñar las funciones de lugartenientes de los dos emperadores, a quienes habían de suceder.

Fueron nombrados Galeno, César de Diocleciano, y Constancio Cloro de Maximiano, repartiéndose las provincias entre los cuatro de la manera siguiente: Diocleciano se encargó del Asia y el Egipto, y dejó a Galeno Grecia, Tracia, Mesia, Panonia, etc., estableciéndose en Sirmium: Maximiano se reservó la Italia y el África, y encomendó a Constancio Cloro la España, las Galias y la Bretaña, eligiendo por capital a Tréveris (Augusta Treverorum).

El tránsito de Diodeciano hacia la tetrarquía fue obligado por las circunstancias, más que por una decisión intencionada. Su deseo de garantizar una sucesión sin incidentes y fortalecer la defensa de las fronteras lo llevaron, primero, a nombrar augusto a Maximiano y compartir la administración del Imperio con él. Pero la presión invasora y los problemas internos requerían una mayor descentralización. Entonces, hizo emperadores a Galerio y Constancio Cloro; les dio el título de cesar y los convirtió en herederos. A los veinte años de gobierno, Maximiano y él mismo abdicaron, cediendo a sus sucesores el título de augusto. Ellos debían nombrar nuevos cesares. Pero el sistema se quebró debido a las ambiciones de los hijos de Maximiano y Constancio Cloro, que se autonombraron emperadores.

  1. Reformas administrativas de Diocleciano. — La Tetrarquía, o división del imperio en cuatro gobiernos, se relacionaba con la administración de las provincias, que Diocleciano se propuso reformar. En primer lugar igualó a Italia con las provincias, despojándola del privilegio que siempre había tenido de no pagar tributos. Disminuyó la autoridad de los prefectos, y de los gobernadores, dividiendo las grandes provincias, y estableciendo los vicarios o subprefectos.

  Diocleciano llevó los beneficios de su gobierno a las letras y al derecho, ordenando las primeras codificaciones que se conocen en la historia con el nombre de Gregorio y hermógenes. Favoreció la industria y el comercio; y procuró con singular esmero los adelantos de la agricultura, mejorando la condición de los colonos.

  1.   Nuevas guerras en Oriente y Occidente. — Los dos Augustos y los dos Césares, comenzaron la guerra con los pueblos limítrofes a sus respectivos gobiernos. En Oriente Diocleciano venció a Achileo que se había apoderado del Egipto; y Galerio fue encargado de la guerra con los Persas, que al mando de Narsés, habían invadido Armenia, aliada de Roma: y aunque en una primera expedición estuvo en peligro de perder su ejército en los desiertos de la Persia, consiguió después vencer a Narsés, que tuvo que pedir la paz, cediendo la Mesopotamia y quedando el Tigris como limite del imperio. La paz de Nisibis se celebró con gran solemnidad en Roma.

  Entre tanto, en Occidente Maximiano derrotó en África al usurpador Juliano; y Constancio Cloro venció a los bárbaros en las orillas del Rhin persiguiéndolos hasta el Weser; pasó a Bretaña y concluyó con el gobierno independiente de Carausio.

  1. Abdicación de Diocleciano y Maximiano. — Cansado de los negocios, debilitado por las enfermedades, insensible a los goces y hastiado de las ilusiones del mando, Diocleciano resolvió abdicar el imperio, cediendo además a las vivas instancias de Galerio; y puesto de acuerdo con su colega Maximiano, en un mismo día abandonaron ambos el trono, sucediéndoles los dos Césares, Galerio y Constancio Cloro.

  Diocleciano se retiró a su pueblo natal de Salona en Dalmacia, donde pasó los últimos años de su vida, dedicado exclusivamente al cultivo de sus jardines.

  Galerio y Constancio Cloro nombraron Césares a Maximino Daia y a Severo. Constantino, hijo de Constancio, permaneció algún tiempo al lado de Galerio que, envidioso de sus relevantes condiciones, le hubiera quitado la vida a no temer una sublevación en el ejército, entusiasta del hijo de Constancio. Este llamó a su hijo a Bretaña, donde se encontraba; muriendo poco después en Evoracum (York) dejando por sucesor a Constantino, que fue nombrado Augusto por las legiones.

  1. Juicio sobre el reinado de Diocleciano. — No se puede negar la grandeza del reinado de Diocleciano. Cuando el mundo romano se hundía bajo el inmenso desorden de la anarquía militar, Diocleciano, dotado de grande energía y de mayor actividad, consiguió evitar por el pronto su ruina, y comunicar nuevos alientos a aquel cuerpo moribundo, merced a lo cual pudo prolongar todavía cerca de dos siglos su existencia.

  Pero Diocleciano, que no era un talento de primer orden, a pesar de sus grandes dotes, no podía conocer, y no conoció las causas principales de la decadencia del imperio; así es que sus disposiciones contribuyeron unas a mejorar grandemente la situación de la sociedad, mientras que otras produjeron el efecto enteramente contrario.

Diocleciano consiguió dar unidad y moralizar un tanto la administración provincial; realizó con valor la igualdad en los impuestos; concluyó con el despotismo de los pretorianos, y favoreció la agricultura, la industria y el comercio. Pero no acertó a rodear la monarquía de las instituciones políticas que le eran necesarias contentándose con encumbrar la persona del monarca, revistiéndola de la pompa y del fausto oriental; pero dejando la institución tan expuesta como estaba antes a los vaivenes de la política y a la fuerza ciega de los acontecimientos.

  La diarquía, y después la tetrarquía, si bien es cierto que eran el único medio de contener las irrupciones de los bárbaros, sembraron también el germen de división en el imperio, que dará sus frutos más adelante en tiempo de Teodosio. Y esta división por una parte, y por otra el abandono de Roma, concluyeron con la fuerte unidad, característica de la política romana, que siempre había estado representada en la gran ciudad como cabeza del mundo.

  Por último, aunque compelido por Galerio, Diocleciano cometió la torpeza y la inhumanidad de ordenar la última y más cruel persecución contra los cristianos.

  1. Seis emperadores a la vez. — A la muerte de Constancio Cloro, según el orden establecido por Diocleciano, quedó ocupando el primer lugar de la Tetrarquía el otro Augusto, Galerio, quien se dio por colega a Severo que era ya César; mientras que Constantino el hijo de Constancio, a pesar de haber sido proclamado Augusto por las legiones de Bretaña, tuvo que resignarse a desempeñar el papel de César.

  Por otra parte, el disgusto general en Italia contra Galerio, por la exacción de los tributos que ordenaba la ley de Diocleciano, y el descontento de los romanos por haber perdido su ciudad la preeminencia de capital del imperio, dio por resultado una sublevación general en Roma, en la que fue proclamado emperador Majencio, hijo de Maximiano, quien volvió a tomar el titulo de Augusto que antes había tenido como colega de Diocleciano. Severo, el Augusto nombrado por Galerio, desde Milan se dirige contra Majencio y Maximiano, pero no pudiendo penetrar en Roma, abandonado por sus tropas, y perseguido por Maximiano, tuvo que encerrarse en Rayana, y tomada la ciudad, fue condenado a muerte.

  Galerio intentó vengar la muerte de su colega, pero mal recibido en Italia, hizo la paz con Majencio y Maximiano, reconociéndolos como soberanos, y nombró Augusto a Licinio en sustitución de Severo. De esta manera se elevó a seis el número de Augustos, que fueron, Maximiano y Majencio en Italia y África, Constantino en las Galias, Galerio y Licinio en Iliria, y Maximino Daia en Oriente.

  1. Guerras entre los Augustos. — Semejante división no podía subsistir, porque todos los Augustos aspiraban a la dominación única en el Imperio. Las luchas comenzaron entre Majencio y su padre Maximiano: vencido este último, se refugió al lado de su yerno Constantino, en busca de su apoyo para recuperar el trono. Constantino se negó a esta pretensión, y el ambicioso anciano conspira contra él; descubiertas sus maquinaciones, tuvo que huir de Tréveris, y perseguido por su yerno, se quitó la vida en Marsella. Poco después acaba Galerio sus días, publicando antes de morir el edicto de tolerancia en favor de los cristianos.

  Vencedor de Maximiano, Constantino pasa a Italia, donde su cuñado Majencio se había hecho odioso por sus crueldades; y entablada la guerra entre ellos, Constantino sustituye la antigua bandera romana por el Lábaro con la cruz y el nombre de Jesucristo, en recuerdo de un sueño, en el cual se le apareció un anciano manifestándole una cruz con esta inscripción, In hoc signo vinces. Constantino derrota en Turin, en Verona y en el Puente Milvio, a Majencio, que murió ahogado en el Tíber; siendo recibido con trasportes de alegría en Roma, donde consiguió restablecer el orden, y atraerse los ánimos del pueblo y del senado, y procuró alejar las legiones mandándolas a pelear contra los bárbaros de Germania.

  Licinio, dueño del Oriente, había establecido alianza con Constantino, casándose con su hermana Constancia; y derrota en Andrinópolis a su César, Maximino Daia, que se suicidó poco después.

  De los seis Emperadores sólo restaban Constantino en Occidente, y Licinio en Oriente. Reunidos ambos en Milan, publicaron el edicto de tolerancia religiosa para todos los cultos, poniendo fin de esta manera a las persecuciones contra los cristianos. Pero aspirando ambos a dominar en todo el imperio, la guerra no se hizo esperar. Licinio fraguó una conspiración contra su cuñado, y descubierta por éste, se entabló la lucha, en la que Licinio después de haber sido derrotado, pidió y obtuvo la paz, cediendo a Constantino Panonia, Iliria, Macedonia y Grecia.

  Después de algunos años de tranquilidad entre los dos emperadores, que Constantino emplea en combatir a los Godos en la Panonia, la Iliria y la Dacia, la guerra estalla entre ellos, bajo el pretexto de que Licinio perseguía a los cristianos, a pesar del edicto de Milan. Licinio fue derrotado en Andrinópolis y en Calcedonia, y muerto poco después en Tesalónica de orden de Constantino, quedando éste como único emperador.

  1. Constantino único emperador. Fundación de Constantinopla. — Por la muerte de Licinio quedó Constantino como único dueño del Imperio; con objeto de terminar las cuestiones religiosas entre Arrió y san Atanasio, obispo de Alejandría, reunió el primer concilio ecuménico en Nicea.

  De regreso en Roma, Constantino manchó su historia mandando quitar la vida a Crispo, su hijo más querido, y a su madrastra Fausta, acusados de incesto y adulterio; cuyo hecho fue severamente reprobado por su virtuosa madre santa Helena, y del cual se arrepintió bien pronto el mismo Constantino.

Emperador Constantino

  Estos acontecimientos contribuyeron quizá a confirmar a Constantino en su idea de fundar una nueva capital del Imperio, Roma apegada a sus antiguas instituciones, y centro del paganismo, no podía convenir al fundador de una nueva monarquía, ni al protector de una nueva religión.

Y esto unido con la magnifica situación de Bizancio; colocada entre dos mares y uniendo dos continentes; y su proximidad al Danubio por una parte, donde constantemente amenazaban los Godos, y por otra al Eúfrates donde acampaban los Persas, decidió a Constantino o elegir aquel lugar para su nueva residencia; en muy poco tiempo Bizancio se aumentó considerablemente, se embelleció con magnificas construcciones, y Constantino estableciéndose en ella, y dándole el nombre de Constantinopla, la enriqueció con todos los privilegios de la antigua capital del mundo.

  1. Reorganización del Imperio por Constantino. — Constantino se propuso completar la organización política de Diocleciano, centralizando el poder en manos del emperador, igualando la condición de todas las provincias, y concluyendo con el predominio de la fuerza militar.

  En primer lugar rodeó su persona de altos dignatarios, y funcionarios privilegiados que vinieron a sustituir a la antigua nobleza, dándoles los nombres pomposos de ilustres, nobilísimos, patricios, honorables y perfectísimos. Creó un consejo privado, una especie de ministerio, formado de siete personajes de la principal nobleza, encargados de la alta administración del Estado, y de los cuales dependían un gran número de funcionarios de distintas categorías.

  Para la mejor administración y gobierno del Imperio, Constantino lo dividió en cuatro prefecturas del pretorio, que fueron, Galia, Italia, Iliria y Oriente, poniendo al frente de cada una un prefecto. Las prefecturas fueron divididas en diócesis, gobernadas por subprefectos; y las diócesis en provincias, dirigidas por procónsules o gobernadores. Esta división, sin embargo, no destruía la unidad del Imperio; pues si esas autoridades eran iguales entre si, sobre ellas existía el dominio soberano del emperador, del que todas dependían. Era, pues, la misma tetrarquía de Diocleciano, pero no expuesta a la división, por la existencia de un poder supremo que todo lo domina. Con objeto de evitar las sublevaciones de los prefectos, Constantino les concedió funciones administrativas y judiciales, pero les privó del poder militar.

  Para concluir con el predominio de la fuerza militar, Constantino comenzó suprimiendo la guardia pretoriana, y disminuyendo el contingente de las legiones de 6,000 a 4,500 hombres. Dividió las tropas en palatinas, las que daban guarnición en las ciudades, y fronterizas las que ocupaban campamentos fortificados para contener a los bárbaros en los confines del Imperio. Los jefes superiores de la milicia, llamados magistri militum, fueron dos al principio, y cuatro después; teniendo bajo sus ordenes los condes y los duques, etc. Desde este tiempo los bárbaros, como los romanos, eran admitidos igualmente en las legiones.

  Una administración relativamente tan complicada aumentó considerablemente los gastos, y hubo necesidad de aumentar también los tributos, y crear nuevos impuestos, que todos vinieron a pesar sobre los propietarios, los senadores y el comercio, por estar exentos de moda tributación el clero, la nobleza y la milicia.

  1.   Últimos actos de Constantino. — Constantino completó la organización monárquica y consiguió remediar los males que corroían el Imperio: habían vencido a los Francos, Alemanes Godos y Sármatas: recibió embajadores hasta de pueblos lejanos solicitando su amistad; pero a pesar de haber presidido el Concilio de Nicea, en sur últimos años prestó su apoyo al hereje Arrio, desterró a san Atanasio, y fue bautizado, según se cree, poco antes de morir, por el obispo arriano Eusebio de Cesárea.
  2.   Juicio sobre el reinado de Constantino. — Pocos personajes presenta la historia, sobre los cuales se hayan emitido juicios tan diversos y contradictorios, como respecto de Constantino ensalzándolo e deprimiéndolo, según el aspecto bajo el cual se considere su reinado. Y la verdad es que sus actos dan motivo suficiente para esa diversidad de Opiniones.

  No es posible negar a Constantino dotes superiores como hombre político y de gobierno, actividad incansable en sus propósitos, amor a la cultura y civilización; ni seria justo desconocer los servicios inmensos que prestó al mundo romano, y con él a la humanidad, no sólo por la organización dada al Imperio, y por los beneficios de una larga paz, sino más principalmente por haber dado la libertad a los cristianos en la predicación y propaganda del Evangelio, prestando así su poderoso amparo a la única idea que podía salvar a la sociedad moribunda.

  Pero en cambio de tantos beneficios, su memoria está manchada por la muerte de su hijo Crispo, acusado tal vez sin razón por su madrastra, y por la muerte de esta misma; y si favorece a los cristianos, no por eso se despoja por completo de sus preocupaciones paganas, levantando por un lado magníficos templos al Dios verdadero, y reparando por otro el templo de la Concordia, y consultando a los arúspices.

  Sin embargo, estas inconsecuencias tienen su explicación. Constantino había sido educado en el paganismo, que estaba llamado a desaparecer, y tenía delante de si una religión que lo había de sustituir: no son de extrañar sus dudas y vacilaciones entre el mundo que se iba, pero que era conocido, y la nueva idea, cuyo alcance moral y político no era dable a Constantino prever.

  1.   Los hijos de Constantino. — Por el testamento de Constantino había de dividirse el Imperio entre sus tres hijos, dando a Constancio el Oriente, a Constante la Italia y África, y a Constantino II el Occidente; señalándose algunas provincias a sus sobrinos Dalmacio y Annibaliano.

  Creyéndose perjudicados con esta repartición los hijos de Constantino, y descontentos los nobles y el ejército, en una sublevación de la guardia de palacio perdieron la vida los sobrinos y parientes de Constantino, salvándose únicamente Galo y Juliano, niños todavía.

  Libres de la concurrencia de sus parientes, Constancio, Constante y Constantino, se repartieron el Imberio. Constancio en Oriente, para defender a Cosroes, rey de Mesopotamia y aliado de Roma, se empeñó en guerra contra Sapor II, rey de Persia, perdiendo la batalla de Singara; pero la defensa de Nisibis, y una invasión de los Masagetas en la Persia, obligaron a Sopor a hacer la paz con los romanos.

  En Occidente Constantino II, como el mayor de los hermanos, pretendió despojar de la Italia a Constante, y perdió la vida en una batalla cerca de Aquileya. Dueño Constante de todo el Occidente, provocó con su tiranta una sublevación en las Galias, por la cual fue proclamado emperador Magnencio, perdiendo la vida el hijo de Constantino. Constancio, libre de la guerra de los persas, se dirigió contra Magnencio, que perdió la batalla de Mursa, suicidándose después.

  1. Constancio único emperador. — Por la muerte de Magnencio quedó Constancio único dueño de todo el Imperio que había regido su padre Constantino. Incapaz para gobernar, entregó al eunuco Eusebio la dirección del Estado cruel y supersticioso, persigue a los obispos, y destierra al papa Liberio, que se niegan a aprobar algunos dogmas del concilio arriano de Sirmium.

  Constancio había nombrado César a su primo Galo; y desconfiando de su lealtad, lo hizo decapitar en Pola de Istria. Entre tanto, la conducta de Constancio había producido un disgusto general en el Imperio, a la vez que los Bárbaros intentan pasar la frontera en Oriente y Occidente.

  En esta situación, Constancio nombró César a su otro primo Juliano, encargándole la guerra contra los francos y alemanes, y él se encaminó a combatir a los Godos en el Danubio, y a los persas en Oriente.

  1. Juliano en las Galias. — Suspicaz y receloso, Constancio había dejado muy escasas fuerzas a Juliano para combatir a los Bárbaros. Sin embargo, después de algunos descalabros, logró reunir un pequeño ejército, con el cual consiguió derrotar a los Francos y alemanes, les tomó a Colonia y les obligó a pasar el Rhin.

  Asegurada de este modo la frontera, Juliano volvió a Lutecia (París) que era su residencia habitual, dedicándose a mejorar la administración y promover la prosperidad de las Galias. Entre tanto, su primo Constancio, envidioso de sus triunfos y temeroso de su poder, le ordena el envío de sus mejores tropas a Oriente para combatir a los Persas. Su ejército se niega a marchar, y proclama Augusto a Juliano. Entabla éste negociaciones con Constancio para que aprobara el nombramiento; y negándose a ello, se dirigió contra Juliano, muriendo de enfermedad en Tarso do Cilicia, dejando por sucesor al mismo Juliano.

  1. Juliano el Apóstata. — Siendo el único individuo que quedaba de la familia de Constantino, y habiéndose distinguido tanto en su gobierno de las Galias, Juliano fue proclamado con entusiasmo en todo el imperio.

  En el poco tiempo que dirigió los destinos de Roma, reformó la fastuosa prodigalidad de la corte, expulsando los eunucos, cocineros, barberos, y mujeres de mal vivir, que había imperado en los tiempos anteriores, disminuyendo por estos medios una quinta parte de los impuestos. Restableció el orden en el imperio, mejoró la administración y gobernó con justicia, mostrando su gran capacidad en el trono, combates había manifestado sus talentos militares combatiendo los Bárbaros.

  Sin embargo, abjurando el cristianismo, se propuso restablecer el culto pagano; y aunque no empleó la crueldad de las persecuciones de Decio y Diocleciano se valió de Otros medios pacíficos, pero más perjudiciales a la fe que las mismas persecuciones.

  En su persecución solapada contra el cristianismo, comienza proclamando la libertad religiosa, favoreciendo sin embargo el paganismo, alejando a los cristianos de los cargos públicos, cerrándoles sus escuelas, privando de sus bienes y privilegios a las iglesias, y concediéndolos a los templos y al culto pagano.

  Poco después en guerra contra los persas, pasó Eúfrates y Tigris, internándose en desiertos, y aunque consigue a unas ventajas, perdió la vida en una batalla.

  1. Juicio sobre el reinada de Juliano el Apóstata. — Juliano había sido educado en sus primeros años en las máximas del cristianismo; y completó sus estudios en Atenas, dedicándose con verdadero afán a conocer la literatura y la filosofía griega, adoptando los principios del estoicismo.

  Como general y como César en las Galias, su conducta merece los mayores elogios, conciliándose por ella la afección del ejército y de los pueblos. Como emperador procuró entronizar las costumbres y los principios de los estoicos. Como cristiano, con sus procedimientos maquiavélicos, con el ridículo y con la sátira, hizo mas daño a la nueva religión que los más crueles perseguidores.

JUliano el apóstata

  1.   Joviano. — No habiendo designado sucesor Juliano, en el mismo campo de batalla fue proclamado por los generales Joviano, que tuvo que aceptar la paz de Dara, cediendo a los persas algunas provincias del Imperio, y que reintegró a los cristianos en los derechos que tenían antes de Juliano. Murió antes de llegar a Constantinopla, sucediéndole Valentiniano.

 RESUMEN DE LA LECCIÓN XIX.

 —1. Diocleciano procuró remediar los males que aquejaban al imperio. Rodeo su persona del fausto de las monarquías orientales tomó por asociado a Maximiano, encargándole el gobierno de Occidente, y él se reservó el Oriente.

—2. Maximiano venció a los Bagodas, paisanos de la Galia; reconoció a Carausio emperador de la Bretaña; derrotó a los francos y reparo las fortalezas entre al Rbin y el Danubio. Diocleciano venció a los godos y sármatas, a los persas y a los sarracenos.

—3. Para atender mejor a la guerra contra los Bárbaros, fueron nombrados dos nuevos, auxiliares con el titulo de Césares, que fueron Galeno y Constancio Cloro; creándose de esta manera la Tetrarquía o gobierno de cuatro, repartiéndose entre ellos las provincias.

—4. Diocleciano igualó a Italia con las provincias en lo relativo a tributos, disminuyó la autoridad de los prefectos y gobernadores; y favoreció las letras y el derecho, la agricultura, industria y comercio.

 —5. Diocleciano venció a Achileo en Egipto, y Galeno derrotó a Narsés rey de Persia, obligándolo a pedir la paz, cediendo a Roma la Mesopotamia. En Occidente Maximiano derrotó en África al usurpador Juliano, y Constancio Cloro venció a los Bárbaros, y concluyó con el gobierno de Carausio en la Brotada.

—6. En un mismo día abdicaron Diocleciano y Maximiliano, sucediéndoles los dos Césares, los cuales tomaron el título de Augustos, y nombraron nuevos Césares a Maximino Daia y a Severo. AL morir Constancio Cloro dejó por sucesor a su hijo Constantino, que fue nombrado Augusto por las legiones.

— 7. Diocleciano consiguió prolongar por algún tiempo la existencia del imperio: realizó grandes reformas beneficiosas, pero no acertó a rodear la monarquía de las instituciones que necesitaba; la Tetrarquía sembró el germen de división, que se aumentó con el abandono de Roma: y los cristianos sufrieron en este tiempo una cruel persecución.

—8. A la muerte de Constancio Cloro, el otro Augusto, Galerio, se dio por colega a Severo: en Roma fue proclamado Augusto Majencio, hijo de Maximiano, y este mismo volvió a tomar ese título, que tuvo antes con Diocleciano; Severo, en guerra con Maximiano y Majencio, se encerró en Ravena, y tomada la ciudad, fue condenado a muerte. Galerio se dio entonces por colega a Licinio. Además Constantino era Augusto en las Galias, y Maximino Daia en Oriente.

—9. Majencio derrotó a su padre Maximiano, que perseguido también por su yerno Constantino, se quitó la vida. Este último vence a Majencio, que muere ahogado en el Tiber. Maximino Daia, derrotado por Licinio en Andrinópolis, se quitó la vida: Galerio había muerto tiempo antes. Constantino y Licinio, solos emperadores, publicaron en Milán el edicto de tolerancia religiosa: declarada la guerra entre ellos, fue vencido Licinio, y perdió la vida poco después en Tesalónica.

— 10. Constantino, único emperador, reunió el Concilio en Nicea; mandó quitar la vida a su hijo y a su esposa; y trasladó la corte a Bizancio que tomó el nombre de Constantinopla.

—11. Constantino rodeó su persona de altos dignatarios y funcionarios privilegiados: creó un Consejo privado, o ministerio. Dividió el imperio en cuatro prefecturas, éstas en diócesis, y las diócesis en provincias; suprimió la guardia pretoriana, dividió las tropas en palatinas y fronterizas; y aumentó considerablemente los impuestos.

—12. Constantino venció a los Bárbaros y organizó el imperio; pero en sus últimos tiempos desterró a San Atanasio, protegió el arrianismo, y fue bautizado poco antes de morir por Eusebio de Cesárea.

—13. Constantino tenía dotes superiores como hombre de gobierno y prestó inmensos servicios al imperio y a la humanidad; pero su memoria está manchada por la muerte de su hijo, y por sus preocupaciones paganas.

— 14. Constantino dejó el imperio a sus hijos Constancio, Constante y Constantino. Constancio hace la paz con el rey de Persia; Constantino pierde la vida al querer despojar a Constante de la Italia; y éste muere poco después en las Galias donde fue proclamado Majencio, que en guerra a su vez con Constancio, fue derrotado y se suicidó.

— 15. Constancio, único emperador, entrega el gobierno a los eunucos, persigue a los obispos, y destierra al papa: manda decapitar a su primo Galo, y nombra César a Juliano.

— 16. Juliano venció a los francos y alemanes, y promovió la prosperidad de las Galias. El ejército lo proclama Augusto: Constancio se niega a reconocerlo como tal, y marchando contra él, muere de enfermedad en Tarso.

—17. Juliano fue reconocido con entusiasmo en todo el imperio. Reformó la prodigalidad de la corte, disminuyó los impuestos, restableció el orden, mejoró la administración y gobernó con justicia. Abjuró el cristianismo y persiguió de una manera solapada a los cristianos; muriendo poco después en guerra con los persas.

— 18. Juliano es digno de elogio por su conducta en las Galias, y por su política en el trono. Como cristiano es digno de reprobación por estos procedimientos maquiavélicos contra la nueva religión.

—19. Joviano reintegró a los cristianos en sus derechos y firmó la vergonzosa paz de Dara, cediendo algunas provincias a los persas.

Primeros Pobladores de Roma Antigua Etruscos Evolucion de Roma

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LECCIÓN II: PRIMEROS POBLADORES DE ITALIA.
FUNDACIÓN DE ROMA:

1.Descripción geográfica de Italia: Italia forma una península del continente de Europa, situada en el centro del mar Mediterráneo, que tiene al E. el mar Adriático (Mare Superum), al S. el mar de Sicilia (Mare Sieulum), al O. el mar Tirreno (Mare Inferum), y al N. O. y N. E. se enlaza con el continente por la ele­vada cordillera de los Alpes., de los cuales se derivan por occidente los montes Apeninos que recorren toda la península hasta su extremo meridional, dividiéndola en dos vertientes que mandan sus aguas á los mares que la rodean.

Por la angostura de esta península, sólo se encuentra una cuenca de grande extensión al N. entre los Alpes y los Apeninos, por donde corre el río Po (Padus), que lleva sus aguas al Adriático; y otras meno­res, como la del Tíber (Tiberis), Arno, (Arnus) y otros, que las dirigen al Tirreno. En cambio existen muchos ríos de pequeño curso y escasa importancia física, pero célebres en la historia, como el Rubicon y el Metauro al E., el Macra y el Volturno al O.

Las costas de la Italia presentan menos variedad que las de Grecia; sin embargo, se encuentran en ellas el gran golfo de Génova (Sinus Ligusticus), y otros muchos menores, y gran número de bahías, especialmente en el mar Tirreno; y el golfo de Tarento, (Mare Ausonium, postea Sinus Tarentinas) en el Jó­nico.

Pertenecen a esta península las mayores islas del Mediterráneo, la Sicilia (Trinacria, Sicania), separa­da del extremo meridional de Italia por el estrecho de Mesina (Fretum Sieulwn); la de Córcega. (Cyrnos, postea Corsica), y la de Cerdeña (Ichnusa, postea Sardinia), separadas por el estrecho de Bonifacio (Fre­turn Taphro.s), y muchas otras menores, como la de Malta (Melita) al. 5. de Sicilia, las de Lípari (/Eoliw) al N. y las Egades (Egattes) al O.; la de Elba (uva), las de Ischia, Prócida y Capri, a la entrada del golfo de Nápoles.

El clima de Italia es el más agradable, y su territorio de los mas fértiles de Europa.

De cuanto acabamos de exponer puede deducirse que Italia es el país mas ventajosamente situado en el Mediterráneo, por su posición central, y por la proximidad de la isla de Sicilia al continente Africano ; reuniendo así las mejores condiciones para extender su dominación por todos los pueblos que habitan en sus costas.

PRIMEROS POBLADORES DE ITALIA. — FUNDACIÓN DE ROMA:

  1. Posición de Roma: Podemos decir que Roma ocupa la misma situación en Italia, que Italia en el Mediterráneo.En el centro de la península, a igual distancia de los Alpes y de la Sicilia, se asienta Roma á orillas de Tíber; bastante cerca de la costa para disfrutar de la ventajas de un puerto de mar, y bastante lejos para no estar expuesta á una sorpresa.Edificada al principio sobre el monte Palatino, sucesivamente se le fueron agregando el Quirinal, el Cello, el Aventino, el Janiculo, el Esquilmo y el Viminal, todos situados a la izquierda del río, excepto el Janiculo, que se encuentra á la derecha. De estos sietes montes, tomó Roma el nombre de ciudad de las saete colinas, Septimontium.
  2. Primeros pobladores de Italia: Los primeros orígenes de los habitantes de Italia, como sucede en todos los pueblos, están envueltos en la oscuridad de antiguas tradiciones que los romanos recogieron mucho tiempo  después; y que por lo mismo no pueden inspirar confianza, ni constituir segura base para la historia. La certeza científica comienza en este asunto en los tiempos de la fundación de Roma, en que ya es posible fijar la situación de los diferentes pueblos que ocupaban la península; pero enlazando estos hechos ciertos con aquellas tradiciones, puede introducirse alguna luz en materia tan oscura.

Debemos advertir, ante todo que el nombre de Italia correspondía primitivamente a la parte más meridional de la península habitada por los Italos; y sólo se generalizó a toda ella en los últimos tiempos de la República.

Situada la Italia entre la Galia y Germania al N., la Grecia al E. y la España al O., sus antiguos pobladores se refieren a las razas que primitivamente habitaron estos países. Parece indudable que los primeros pobladores de Italia pertenecen a la raza aria, aunque de diferentes ramas; y es también casi seguro que penetraron en la península por la parte septentrional pues caminaban siempre por tierra, en oposición a las colonias cuyos viajes casi siempre se han realizado por mar.

Según los mas recientes trabajos sobre la etnografía y la lingüística de Italia, el pueblo mas antiguo que ha dejado rastros de su existencia en distintos puntos de la península, fue el de los Yapigas, venidos no se sabe de donde, y que algunos piensan que eran de la misma raza de los Pelasgos de la Grecia; pero es lo cierto que penetraron en Italia por el Norte, acompañados de los Liburnos y de los Sicanos, y que se extendieron por el valle del Po y por la Italia central.

Después del establecimiento de los Yapigas, aparecen también por el Norte los Italiotas, pertenecientes a la familia de los pueblos griegos; obligando a los anteriores habitantes a retirarse a los extremos meridionales de la península, situándose los Yapigas entre el golfo de Tarento y el mar Jónico, cuyo país tomó el nombre de Yapigia.Y pasando los Sicanos a la isla Trinacria, que entonces se llamó Sicania.

Compelidos por la invasión de los Etruscos y de los Galos, los Italiotas abandonaron las fértiles llanuras del Po, y se extendieron por el centro y el sur de Italia, ocupando por una parte las costas occidentales desde el Tíber ó sea el Lacio, la Campaña y hasta la Lucania y la Sicilia, y por otra toda la región central de la península a uno y otro lado de los Apeninos, tomando la denominación general de pueblos sabelios, que comprendía los Equos, Volscos, Sabinos, Samnitas, Frentanos, etc.

  1. Los Etruscos sus establecimientos  y civilización: Siguió a los ltaliotas el pueblo Etrusco, de raza germánica, que hizo su primer asiento en las vertientes meridionales de los Alpes Réticos, descendiendo después al valle del Po, donde fundaron una confederación de doce ciudades y atravesando los Apeninos, se establecieron en la región comprendida entre el Arno, el Tíber y el mar Tirreno, que de ellos tomó el nombre de Etruria.

Los Etruscos fueron los más civilizados de los antiguos pobladores de Italia. Las ciudades de la confederación etrusca, llamadas Lucumonias, eran entre si independientes pero sus reyes ó jefes (Lars) se reunían periódicamente en Vulsinii para tratar los asuntos comunes.

Esta confederación alcanzo un poder marítimo temible hasta para los mismos cartagineses y los griegos; y realizó grandes progresos en la industria y en las bellas artes, distinguiéndose principalmente de todos los pueblos de Italia por el gran prestigio que entre ellos tenía la religión, y el cuerpo sacerdotal, célebre por el conocimiento de los auspicios y presagios. No obstante, los etruscos eran el país mas civilizado de Italia en la época de la fundación de Roma.

  1. Los restantes pueblos de la Italia antigua: Otro de los pueblos mas antiguos de la Italia es el de los Ligurios, hermano según algunos piensan, de los Sículos, y Limbos tal vez procedentes de los iberos del mediodía de Galia y de España; los primeros se establecieron en las regiones superiores del Po y en las costas del golfo de Génova, tomando aquellos países el nombre de Liguria; y los Sículos recorrieron la península hasta pasar a la isla que de su nombre se llamó Sicilia.

Por otra parte los Vénetos procedentes de la Iliria, penetraron en Italia por el N. E, apoderándose de los territorios al N. de la desembocadura del Po sobre el mar Adriático, que en adelante llevaron el nombre de Venecia y los Galos, atravesando los Alpes por el N. O., desalojaron a los Ligurios y a los Etruscos, quedando como únicos poseedores del valle del Po.

Por último, después de establecidos todos estos pueblos en Italia, comienza hacia el siglo VIII la colonización griega en las costas meridionales y en Sicilia, llegando poco después a ser predominante el elemento helénico en todas aquellas regiones.

De manera que en los tiempos de la fundación de Roma, se encontraban en la Italia, al N. los Ligurios, los Galos y los Vénetos; en el centro los Etruscos, y los pueblos de la raza Italiotas, Sabinos, Latinos, Frentanos, Samnitas, etc., al S. de las colonias griegas, con los Sicanos y Sículos en Sicilia.

Es probable que además de los pueblos que acabamos de designar, arriban  en diferentes puntos de las costas de Italia, y en tiempos muy antiguos, colonias pelásgicas venidas del Asia Menor y aun de la Grecia, sobre todo en la época de la invasión de los helenos; pues es lo cierto que en distintos Lugares de la península se encuentran restos de las construcciones que caracterizaban a este pueblo.

  1. El Lacio organización del pueblo latino: El Lacio que fue la cuna del pueblo romano, se extendía por la costa occidental de Italia desde el Tíber que lo separaba de la Etruria, hasta el Liris (Garellano) en los confines de la Campaña. En el interior el Lacio confinaba por el E. con el Samnium, y por el N. se hallaba separado de la Sabinia por el pequeño río Anio, afluente del Tíber.

Dentro de estos límites se encontraban varios pueblos de raza Italiotas, como los Volscos y los Rútulos en la costa, los Equos y Hérnicos en el interior, y los Latinos cerca del Tíber.

Sin embargo, hay que advertir que el primitivo Lacio tenía límites más reducidos, extendiéndose únicamente desde el Tíber al territorio de los Equos donde se encontraba la confederación latina, cuya capital era Albalonga, y donde después fue fundada Roma. Por las conquistas de los Reyes, el nombre de Lacio se extendió mas adelante a los países comprendidos dentro de los limites antes indicados.

Las 30 ciudades que formaban la confederación latina se gobernaban con completa independencia, teniendo cada una sus reyes propios y sus asambleas; reuniéndose sus representantes en Albalonga para tratar de los asuntos comunes.

7.Fundación de Roma: Mas abajo de la confluencia del Anio con el Tíber, y en la orilla izquierda de este no, se encontraban establecidas desde tiempos muy anteriores dos tribus latinas, la de los Ramnes y la de los Lúceres, en el monté que después se llamó Palatino.

Tal vez con estas tribus se mezclaran en otro tiempo algunos emigrantes de origen pelásgico, arribados a aquellos lugares después de la guerra de Troya. Andando el tiempo una tribu sabina, la de los Ticios, pasó el Anio, y vino a establecerse no lejos de las dos latinas, en el monte Quirinal, uniéndose con ellas, si bien conservando cada una su independencia y su organización é instituciones particulares.

Las dos tribus latinas debieron al principio mantenerse hostiles con la inmediata de los sabinos ; que tal es el carácter de las primeras relaciones entre los pueblos antiguos; pero con el tiempo desapareciendo las pequeñas diferencias que entre ellas podían existir por su diverso origen, hubieron de entrar en comunicación pacífica, constituyendo entre las tres una ciudad importante, Roma.

  1. Juicio sobre el origen de Roma: De lo que acabamos de exponer se deduce que Roma no se formó como los demás pueblos, de una manera natural, y en cierto modo espontánea, pasando insensiblemente de la tribu al Estado, y transformándose el gobierno del patriarca en monarquía; sino que su origen fue debido al cálculo y a la conveniencia de las tribus que la componían, pactando con plena conciencia las condiciones de la asociación, que fueron el mutuo interés de las tres tribus, bajo la base de igualdad y libertad, aportando todas ellas sus instituciones y su religión.Esta manera tan anómala de constituirse Roma, es la causa y única explicación de muchos hechos de su historia. En primer lugar, Roma no tuvo en su historia, como otros pueblos, un periodo de infancia, ni una edad heroica; porque desde su origen nace adulta, dominando en todos sus actos el cálculo y la reflexión.Debiendo su existencia a la incorporación de las tribus; Roma, basó en este hecho toda su historia. Conquistar para incorporarse todos los pueblos; esta es su vida. La conquista no es el fin del pueblo romano, es sólo el medio que constantemente emplea para llenar su misión  de enlazar el mundo con su propio destino.
  2. Tradiciones sobre el origen de Roma: El origen de Roma que hemos indicado, conforme a las investigaciones modernas, se fue oscureciendo y olvidando en tiempos posteriores entre los mismos romanos, no quedando otra cosa que ligeras reminiscencias, modificadas y alteradas por las generaciones durante siglos, embellecidas y desfiguradas mas adelante por los poetas y los historiadores.

Mas como esas tradiciones y fábulas han pasado hasta hace poco por verdades inconclusas, explicándose por ellas el origen de la gran ciudad, debemos aunque brevemente recordarlas.

Según la tradición, Eneas, después de la destrucción de Troya, acompañado de su hijo Julio Ascanio, arribó a las costas del Lacio junto a la desembocadura del Tíber, siendo muy bien recibido por el rey Latino, que le ofreció por esposa su hija Lavina, prometida antes a Turno, rey de los Rútulos, que con este motivo declaró la guerra al jefe troyano perdiendo la vida en la primera batalla.

Desapareciendo Eneas algún tiempo después en medio de una nueva batalla con sus enemigos, le sucedió su hijo Ascanio; éste fundó la ciudad de Albalonga en el monte Albano, que llegó a ser capital del Lacio, antes de la fundación de Roma.

La corona se mantuvo en los descendientes de Eneas y Lavinia, hasta Proca, que dejó dos hijos, Numitor y Arnulio :éste usurpó la corona que correspondía a su hermano, mató a su hijo, y obligó a su hija Rea Silvia a consagrarse al culto de Vesta, a pesar de lo cual tuvo de un solo parto dos gemelos. Amulion mandó enterrar viva a la madre, y arrojar al Tíber a los gemelos; pero salvados milagrosamente, fueron alimentados por una loba hasta que los recogió un pastor, que les dio los nombres de Rómulo y Remo ocupándolos en su mismo oficio.

Llegado a la mayor edad, y habiendo sabido el secreto de su nacimiento, dieron muerte a su tío Arnulio, y colocaron en el trono de Albalonga a su abuelo Numitor; después de lo cual se propusieron fundar una ciudad en el mismo lugar donde habían sido salvados milagrosamente, en las orillas del Tíber. Llegados allí se suscitaron algunas cuestiones entre ellos sobre la designación del lugar, de cuyas resultas Rómulo quitó la vida a su hermano Remo, y quedó por único dueño de la ciudad fundada sobre el monte Palatino.

Tal es el conocimiento tradicional sobre el origen de Roma que se ha venido sosteniendo desde la antigüedad hasta los últimos tiempos. Hoy está completamente averiguado que estas leyendas, si encierran algo de verdad, está tan velada por la fábula, que no es posible distinguirla; por cuya razón van relegándose al olvido.

  1. División de la historia de Roma: Roma realiza su historia bajo dos formas de gobierno, la monarquía y la república; pero como la monarquía existió en dos épocas distintas y separadas por la república, puede y debe dividirse esta historia en tres períodos perfectamente marcados, que son, La Monarquía ó el gobierno de los reyes, la República y el Imperio.

El primer período se extiende desde la fundación de Roma hasta la caída de la Monarquía (753 a 510).

El segundo comprende desde el establecimiento de la República hasta la fundación del Imperio (510-30).

Y el tercero, desde la fundación del Imperio hasta la caída de Roma en poder de los Bárbaros del Norte (30 a. J.C.-476 p.J.C.).

Los tres períodos de la historia de Roma se enlazan además con ciertos personajes cuyos nombres conviene tener presentes.

La fundación de Roma se relaciona con Rómulo; la caída de la Monarquía con Tarquino el Soberbio; el fin de la República y comienzo del Imperio, con Augusto; y el fin del Imperio, con Rúmulo Augústulo, último emperador romano de Occidente, destronado por los Hérulos.

RESUMEN:

1.Italia se encuentra situada en el centro del Mediterráneo, limitándola el Adriático, el mar de Sicilia, el Tirreno y los Alpes. Sus ríos principales son el Po, el Tíber y el Arno: sus golfos el de Génova y el de Tarento; las islas mas notables son Sicilia, Córcega y Cerdeña; el clima de Italia es el mas agradable y su territorio es de los más fértiles de Europa. Esta península ocupa una situación ventajosísima en el Mediterráneo.

  1. Roma ocupa la misma situación central en Italia, que ésta en el Mediterráneo: tiene Las ventajas de un puerto de mar, y no está expuesta a una sorpresa: fue edificada sobre siete colinas en las orillas del Tíber.
  2. Reina grande oscuridad sobre los primeros pobladores de Italia. Parece lo más seguro que los Yapigas con los Sicanos penetraron por el Norte, yendo a establecerse al Sur de la península y en la Sicilia: siguieron a éstos los ltaliotas que se extendieron por el centro y el sur de la Italia.
  3. Llegaron después los Etruscos, que se establecieron primero en las orillas del Po, y mas adelante pasaron al país, que de ellos tomó el nombre de Etruria este pueblo era en aquellos tiempos el mas civilizado de Italia, teniendo entre ellos gran prestigio la religión y el cuerpo sacerdotal.
  4. Además de estos pueblos vinieron de Occidente los Ligurios que se establecieron en Liguria, y los Sículos que pasaron a Sicilia; y de Iliria los Vénetos. Por último, los Galos se posesionaron de casi todo el valle del Po, y las colonias griegas inundaron las costas del mediodía. Es probable que en tiempos muy antiguos los Pelasgos abordasen a distintos puntos de la península.
  5. El Lacio estaba situado entre el Tíber, la Sabinia, el Samnium, el río Liris y el mar Tirreno. El primitivo Lacio tenía sus límites mas reducidos, y comprendía la confederación de 30 ciudades latinas, cuya capital era Albalonga.
  6. El origen de Roma es debido a dos tribus latinas, Ramnes y Lúceres, establecidas en el monte Palatino, con las que se unió después otra de Sabinia, los Ticios, conservando cada una su independencia y su organización.
  7. La fundación de Roma fue debida al interés y a la conveniencia de las tribus que la componían .Por eso Roma no tuvo infancia, dominando en su historia desde el principio el cálculo y la utilidad; derivándose igualmente de su anómalo origen su tendencia a la conquista como medio de incorporar todos los pueblos a su propio destino.
  8. Las tradiciones sobre el origen do Roma se refieren al arribo del troyano Eneas al Lacio, sus guerras con Turno y la fundación de Albalonga por su hijo Ascanio ; y después las crueldades de Amulio con la familia de su hermano Numitor, y los hechos fabulosos de Rómulo y Remo hijos da Rea Silvia. Estas tradiciones van cayendo en el olvido con las investigaciones modernas.
  9. La historia do Roma se divide en tres grandes periodos 1. los Reyes (753.510); 2. la República (510-30); y 3. El Imperio (30 a. J. C.-426 p.J. C.); ó  sea desde Rómulo hasta Tarquino el Soberbio ; desde Tarquino hasta Augusto; y desde Augusto hasta Rómulo Augústulo.

Politica de Expansion del Senado Romano Guerras Control del Mediterraneo

roma antigua

LECCIÓN IX
GUERRAS Y CONQUISTAS DE ROMA HASTA LOS GRACOS.

  1. La política romana después de la segunda guerra púnica. Reducida  Cartago a la impotencia, el senado y el pueblo romano acarician más y más la idea de dominación universal. Para su realización cuenta Roma con su propio valer, y con el prestigio que en todas partes le ha  proporcionado su triunfo sobre Cartago; y además con el rebajamiento y debilidad de los pueblos orientales, y con la división y la barbarie de los occidentales.

Mas para combatir y vencer a tantos pueblos de costumbres y civilización diferente, Roma encuentra un auxiliar poderoso en la doblez de su sistema político, introduciendo en todas partes la división, presentándose como defensora de los débiles, y libertadora de los oprimidos; proclamando el respeto a la justicia y al derecho, cuando está de su parte; pero hallándolo, cuando se opone a sus intereses, y mistificándolo en estos casos para aparecer justificada ante los vencidos.

  1. Guerra de los romanos  en Macedonia y Grecia. Dada la política inmoral del senado romano, Filipo III de Macedonia era considerado como enemigo de Roma, desde que hizo alianza con Aníbal después de la batalla de Canas ; y aunque por entonces fue derrotada su escuadra cerca de Apolonia, la venganza romana no estaba satisfecha: así es que apenas terminada la segunda guerra pánica, el senado aprovechándose de las rivalidades entre Grecia y Macedonia, manda al cónsul T. Q. Flaminio, que se presenta en Grecia como protector de los oprimidos, consiguiendo que casi todos los pueblos abandonasen al rey de Macedonia.

Aislado, y contando únicamente con sus propias fuerzas; Filipo tuvo que aceptar la batalla en Cinoscéfalos, contra los romanos ayudados de los etolios, sufriendo una completa derrota, que le obligó a comprar la paz, entregando mil talentos y toda su escuadra al vencedor, y renunciando a toda influencia en Grecia.

Vencido el rey de Macedonia, Flaminio proclamó en los juegos ístmicos la libertad de  Grecia; pero dado el carácter de los griegos, el concederles la libertad era tanto como dividirlos, aislarlos entre si para mejor dominarlos, cuando el senado lo creyese oportuno. Los únicos elementos de poder que quedaban en Grecia eran, la liga aquea, y la liga etolia, y a fin de conservar entre ellas la división y las luchas, los romanos hicieron la paz con Esparta, que, gobernada entonces por el tirano Nabis, se había hecho odiosa a todos los griegos.

  1. Guerras con Antíoco rey de Siria. Vencida Macedonia, y dividida, fraccionada y reducida a la impotencia Grecia, los romanos comienzan sus guerras en el Asia.

Los etolios que habían contribuido en primer término a la victoria de Cinoscéfalos, y que no obtuvieron de Flaminio la recompensa que esperaban, se apartaron de la alianza romana, y llamaron en su apoyo a Antíoco el Grande, rey de Siria, que con su ejército de 10.000 hombres, y los etolios que se le reunieron, se apoderé de una parte de Tesalia, y pasó el invierno en Calcis.

Entre tanto los romanos mandaron un ejército á las órdenes de Caten, que alcanzó completa victoria en las Termópilas sobre el de Antíoco, que tuvo que huir precipitadamente al Asia, quedando solos los etolios, que se entregaron a merced de los romanos. Antíoco vio poco después invadida el Asia Menor por Lucio Escipion, hermano del Africano, que desbarató por completo el ejército del rey de Siria en la batalla de Magnesia, por cuyo hecho es conocido con el nombre de Escipion el Asiático. Autíoco compró bien cara la paz con los romanos cediéndoles toda el Asia Menor hasta el Tauro, su escuadra y 15.000 talentos de indemnización; comprometiéndose además a entregarle a Aníbal, que tuvo que acogerse a la corte del rey de Bitinia.

El pequeño reino de Pérgamo, fiel aliado de Roma, se vio aumentado con una buena parte del Asia Menor, cedida por el senado a su rey Eumenes II después de la batalla de Magnesia.

  1. Guerra contra Perseo de Macedonia: batalla de Pidna. Cuando Filipo, mal avenido con la supremacía de Roma, se preparaba para sacudir su yugo, le sorprendió la muerte, sucediéndole su hijo Perseo, que aunque aparentó amistad al senado, promovió una coalición contra Roma, que le declaró la guerra. Por espacio de tres años se mantuvo indecisa la victoria; pero puesto al frente de los romanos Paulo Emilio, derrotó completamente a los macedonios en la batalla de Pidna, y Perseo hecho prisionero, fue conducido a Roma, donde murió poco después.
  2.   Macedonia y Grecia reducidas a provincias romanas. Años adelante un aventurero llamado Andriscos, haciéndose pasar como hijo de Perseo, consiguió levantar un ejército, pero fue derrotado por Metelo, y Macedonia declarada provincia romana.

Después de la batalla en Pidna y de la derrota de Andriscos, Roma creyó llegado el momento de concluir el disimulo y la doblez en sus relaciones con Grecia; y el senado decreta la disolución de la liga aquea, último baluarte de la libertad helénica. Los griegos indignados, tomaron las armas, pero fueron vencidos en Escarfía (Lócrida), y en Leucopetra, última y solemne batalla de la libertad. Corinto cayó poco después en poder del cónsul Mummio, que la arrasó y Grecia fue declarada provincia romana con el nombre de Acaya.

  1. Tercera guerra púnica. La tercera y última guerra entre Roma y Cartago fue una consecuencia del tratado que había puesto fin a la segunda. El odio de Roma a su rival no se había extinguido, ni aun después de la muerte de Aníbal: su venganza no había de quedar satisfecha hasta que Cartago desapareciera de la haz de la tierra.

Después de la batalla de Zama, Masinisa aliado de los romanos, recibió del senado Numidia que había pertenecido a Sifax. Seguro de la tolerancia y del apoyo de los romanos, se apoderó Masinisa de algunas provincias pertenecientes a Cartago; y ésta que, según el tratado concluido con Roma, no podía hacer la guerra sin el consentimiento de su rival, apeló al Senado de la conducta del rey de Numidia. Caton enviado para arreglar estas querellas entre los Estados africanos, sorprendido de la riqueza y de la prosperidad que en tan poco tiempo había recobrado Cartago, por efecto de las reformas de Aníbal, al volver a Roma proclamó repetidas veces en el senado la necesidad de destruirla, Delenda est Cartago.

Apurada la paciencia de los cartagineses por la impunidad en que dejaba el senado romano las usurpaciones de Masinisa, declaran a éste la guerra; pero Roma se interpone, preparándose a castigar a Cartago por haber violado el tratado, y sólo accede a la paz, llevándose 300 rehenes de las principales familias cartaginesas.

Roma, sin embargo, no está todavía satisfecha; la frase inhumana de Catón se ha de cumplir. Cartago se ve obligada a entregar las armas y su escuadra á los romanos; y después de todo, el senado en su implacable venganza, ordena a los habitantes abandonar su ciudad y establecerse a diez millas de la costa. Semejante perfidia llenó de indignación a los cartagineses, que en pocos días pusieron la ciudad en estado de defensa, y 70.000 hombres se reúnen junto a Cartago y sitian a los mismos romanos; los númidas, advertidos por las iniquidades de Roma, se unen con los cartagineses; y los romanos que no podían esperar semejante resistencia, ponen sitio a Cartago siendo rechazados por el esfuerzo de los habitantes.

  1. Escipión Emiliano destrucción de Cartago. En esta situación fue nombrado cónsul a la edad de 27 años, Escipion Emiliano, nieto adoptivo del vencedor de Aníbal, encargándole la dirección de la guerra. La destrucción de la escuadra cartaginesa y un terrible asalto, franquearon la entrada del ejército romano en la ciudad, defendiéndose aun los habitantes en las calles y en los templos por espacio de seis días, al cabo de los cuales la gran ciudad de Cartago, arruinada e incendiada, quedó en poder de Escipion, que no pudo contener las lágrimas en presencia de tan gran desastre, presintiéndolo igual para su patria. Este presentimiento se cumplió seis siglos adelante, con el saqueo de Roma por los Vándalos, establecidos entonces en Cartago.
  2.   Sumisión de Galia Cisalpina. La invasión de Aníbal en Italia, y sus victorias en el Tesino y en el Trebia, habían sublevado Galia Cisalpina, no bien sometida por los romanos. Así es que tan luego como, después de la batalla de Zama, Roma se vio desembarazada de la guerra con Cartago, volvió las armas contra los galos, que por espacio de tres años se defendieron heroicamente, y derrotaron en varios encuentros a los romanos.

La constancia de Roma consiguió triunfar: los Cenomanos se sometieron: los Insubrios y los Boios fueron derrotados, sufriendo la misma suerte los Ligurios y los Venetos. De esta manera, Galia Cisalpina fue declarada provincia romana, viéndose Roma obligada a transportar tribus enteras a Italia meridional, para evitar nuevas sublevaciones, estableciendo además gran número de colonias en puntos fortificados de Umbría y del Piceno, mas principalmente en las inmediaciones del Po, como Placencia, Cremona, Bononia, Mutina, etc.

  1. Guerras en España. Arrojados los cartagineses de España por Escipión, Roma, ocupada en otras guerras, no pudo dedicar una atención preferente a los asuntos de la península española, contentándose por entonces con dividirla en dos provincias, Citerior y Ulterior, separadas por el Ebro. Pero hay que tener en cuenta que la dominación de los romanos sólo se extendía a la parte oriental y a la meridional, conservándose independientes el centro, el norte y el oeste; y que aun en los países sometidos, los españoles frecuentemente les disputaron esa dominación, como sucedió con Indibil y Mandonio, en tiempo todavía de la segunda guerra púnica.

Esta primera sublevación, fue ahogada en sangre por los romanos; pero bien pronto la insurrección se hizo general, el pretor de Ulterior fue derrotado y muerto, y el de Citerior estuvo a punto de sufrir la misma suerte.

En esta situación fue a España el cónsul M. Catón, que derrotó a los naturales en la batalla de Ampurias, recobrando por ella la parte comprendida entre el Ebro y los Pirineos. Mas adelante Sempronio Graco llegó a dominar en Celtiberia, mas por la dulzura y moderación de su carácter, que por sus victorias pero después de algunos años de paz, la crueldad y las exacciones de los pretores provocaron la sublevación de varios pueblos, principalmente los celtíberos y los lusitanos, siendo derrotado el cónsul Novilior, hasta que Claudio Marcelo, con sus victorias y con su hábil política, consiguió restablecer la dominación romana.

  1. Viriato. Los sucesores de Marcelo se distinguieron por su crueldad y su perfidia con los españoles. El cónsul L. Lúculo degolló la guarnición de Cauca (Coca) después de haber capitulado, y Galba hizo los mismos con una multitud de lusitanos.

Viriato, escapado de la matanza de Galba, se puso al frente de los lusitanos para defender su independencia, y vengar a sus compatriotas. El pastor lusitano, ahora general, derrotó consecutivamente cinco pretores romanos, y obligó al cónsul Fabio Serviliano a negociar un tratado. No encontrando medios de deshacerse de Viriato por la fuerza de las armas, el cónsul Cepion le mandó a asesinar.

La muerte de Viriato introdujo la división entre los lusitanos, que poco después fueron sometidos por Junio Bruto. 

  1. Guerra de Numancia. En el país de los Pelendones, comprendido en la denominación general de Celtiberia, se encontraba la ciudad de Numancia, a orillas del Duero, en la moderna provincia de Soria.

Sublevados los Arevacos contra la tiranía de los romanos, fueron sometidos por Metelo, acogiéndose los fugitivos a Numancia. Con este pretexto los rotan, y conducen a la ruina de la República, y por manos le declararon la guerra; pero los numantinos se defendieron heroicamente por espacio de siete años contra todo el poder de Roma, en cuyo tiempo derrotaran varias veces a los ejércitos de la República, obligaron al cónsul Mancino a aceptar un tratado vergonzoso para Roma.

 Numancia llegó a ser el terror de los romanos; los legionarios no podían sostener la mirada de un numantino; y los ejércitos huían despavoridos ante los habitantes de la ciudad celtibera. Roma avergonzada con tantas derrotas, mandó a España a Escipión Emiliano, el destructor de Cartago, que después de restablecer la disciplina en el ejército, tuvo que rodear su campamento con un triple muro, para librarse de las salidas de los numantinos. Esta pequeña ciudad, que por espacio de nueve años tuvo en jaque a los ejércitos de Roma, sucumbió por hambre después de quince meses de bloqueo, pereciendo todos sus habitantes, unos durante el sitio, y otros pegando fuego a la ciudad, se arrojaron a las llamas. Escipion, entrando en Numancia, no hizo un solo prisionero.

  1. Grandeza de la República: juicio sobre las conquistas romanas. Durante el siglo II antes de J.C., Roma extiende su dominación por la mayor parte de los pueblos que rodean el Mediterráneo, apoderándose de Grecia y Macedonia y de parte del Asia Menor, y sometiendo en Occidente  España y la costa africana.

Tantas conquistas en setenta años (201-129) acusan la gran actividad y el vigor y la energía del pueblo romano; mucho mas si se tiene en cuenta que aquellas conquistas no eran pasajeras, sino definitivas, quedando aquellos pueblos incorporados a Roma por muchos siglos. En este tiempo se realiza la grandeza de Roma; en los que vendrán no se hará otra cosa que completarla.

Pero si tantas conquistas revelan la virilidad de Roma, no hay que olvidar que entra por mucho en ese resultado la política artera, cruel y poco escrupulosa del senado, engañando a los griegos, faltando a la fe de los tratados con Cartago, sacrificando poblaciones enteras en España, mandando asesinar a Viriato, arrasando a Corinto, Cartago y Numancia; y hollando en todas partes el derecho y la justicia, cuando se oponen a la ambición y a los intereses de Roma.

  1. Señales de decadencia en Roma. Al mismo tiempo que la República llega al apogeo de su poder, comienzan a manifestarse señales evidentes de decadencia, por el olvido de la antiguas virtudes que tanto han contribuido a su grandeza, sustituyéndolas con los vicios que corroen y arruinan todo Estado por fuerte y poderoso que parezca.

Tantas y tan súbitas, y  relativamente fáciles conquistas, cambian la  noble ambición de Roma, en orgullo desmedido, en soberbia intolerable, mirando con el mas alto desprecio, y tratando con la mas opresora tiranía, a todos los pueblos conquistados y la antigua sencillez y hasta rudeza de costumbres, fue decayendo por virtud de tantas riquezas acumuladas, a la vez que se despertaba la afición a los goces del sentido, a los vicios y a la corrupción y se olvida y se desprecia la religión, sustituyéndole el descreimiento y el indiferentismo: y el desprendimiento y el amor a la patria degeneran en avaricia y en amor a las riquezas, que lleva a explotar a los pueblos vencidos en lugar de gobernarlos en justicia.

Y todos estos gérmenes de decadencia, crecen como la espuma, se desarrollan con otras nuevas conquistas. Así la misma causa de grandeza de Roma, que son las conquistas, es el origen de su ruina.

Escipión Emiliano primero, y Catón el Censor después, intentaron, aunque por diferentes medios reformar la sociedad romana, persiguiendo el vicio y corrupción y procurando restablecer la severidad de las antiguas costumbres. Pero sus esfuerzos generosos fueron ineficaces, y el mal, lejos de disminuir, aumentó con las nuevas conquistas y las mayores riquezas que cada día se acumularon en Roma.

  1. Modificaciones políticas y sociales en Roma. La influencia de las conquistas romanas no se limitó a las costumbres, sino que alcanzó también a la constitución política.

En primer lugar, el antiguo patriciado casi desaparece por completo, perdiendo la vida en las guerras la mayor parte de sus individuos, y mezclándose los restantes con los plebeyos, después que la ley Canuleya permitió los matrimonios entre ambos órdenes. Y aquella antigua aristocracia fue ahora sustituida por la nobleza del dinero y de las riquezas (nobilitas), a la que pertenecían tanto los patricios como muchos plebeyos que se habían hecho poderosos, apoderándose de las tierras comunes, arrendando los impuestos, explotando todos los cargos públicos y principalmente esquilmando como gobernadores las provincias.

Esta aristocracia de la riqueza, mas orgullosa y tiránica que el antiguo patriciado, restableció los comicios por centurias, anulando casi por completo las asambleas de las tribus, privando así al pueblo de le única garantía de su independencia, y haciéndolo esclavo, como en otro tiempo, de los ricos y poderosos. Por otra parte, el senado fue arrogándose uno tras otro todos los derechos, que tan penosamente habían adquirido los plebeyos. De esta manera quedan ahora frente a frente los ricos y los pobres; entablándose una lucha, no para conquistar derechos como anteriormente, sino de la miseria contra la avaricia, que dio funestos resultados, y trajo muchos días de luto a la República.

Hízose mas profunda la separación entre los ricos y los pobres, por haber desaparecido, en aquellas guerras incesantes, la clase media en Roma, y la población libre de los campos, que formaban el núcleo de las legiones; resultando de aquí la decadencia de la agricultura, convirtiendo en dehesas de pastos las tierras de labor, y entregando todas las faenas del campo a los esclavos, cuyo número se aumentó de una manera extraordinaria durante las guerras, contribuyendo poderosamente a la corrupción y a la decadencia de la República.

Se deduce que, a consecuencia de las guerras y conquistas, comienza en Roma la disolución social, la confusión de todos los principios que hasta ahora habían mantenido el equilibrio político, la relajación y la inmoralidad, todo lo cual acaba por desquiciar el gobierno y conmover profundamente la República.

RESUMEN DE LA LECCIÓN IX.

  1. La política romana después de la segunda guerra púnica. Para combatir y vencer a los pueblos del Mediterráneo cuenta Roma con su gran poder y su prestigio, con la debilidad de los pueblos orientales, y la barbarie y división de los occidentales y principalmente con la doblez de su política, y esta disposición a hollar en todas partes el derecho y la justicia, cuando están en contra de sus intereses.
  2. Guerra de los romanos  en Macedonia y Grecia. Dada la política inmoral del senado romano, Filipo III de Macedonia era considerado como enemigo de Roma, desde que hizo alianza con Aníbal después de la batalla de Canas ; y aunque por entonces fue derrotada su escuadra cerca de Apolonia, la venganza romana no estaba satisfecha: así es que apenas terminada la segunda guerra pánica, el senado aprovechándose de las rivalidades entre Grecia y Macedonia, manda al cónsul T. Q. Flaminio, que se presenta en Grecia como protector de los oprimidos, consiguiendo que casi todos los pueblos abandonasen al rey de Macedonia.
  3. Guerras con Antíoco rey de Siria. Vencida Macedonia, y dividida, fraccionada y reducida a la impotencia Grecia, los romanos comienzan sus guerras en el Asia.

El pequeño reino de Pérgamo, fiel aliado de Roma, se vio aumentado con una buena parte del Asia Menor, cedida por el senado a su rey Eumenes II después de la batalla de Magnesia.

  1. Guerra contra Perseo de Macedonia: batalla de Pidna. Cuando Filipo, mal avenido con la supremacía de Roma, se preparaba para sacudir su yugo, le sorprendió la muerte, sucediéndole su hijo Perseo, que aunque aparentó amistad al senado, promovió una coalición contra Roma, que le declaró la guerra.
  2. Macedonia y Grecia reducidas a provincias romanas. Mas adelante el cónsul Metelo derrotó al aventurero Andriscos, y declaró Macedonia provincia romana, igual suerte tuvo Grecia, después de la batalla de Leucopetra y de la toma de Corinto por el Mummio que fue convertida en provincia romana con el nombre de Acaya.
  3. Tercera guerra púnica. La tercera y última guerra entre Roma y Cartago fue una consecuencia del tratado que había puesto fin a la segunda. Después de la batalla de Zama, Masinisa aliado de los romanos, recibió del senado Numidia que había pertenecido a Sifax. Seguro de la tolerancia y del apoyo de los romanos, se apoderó Masinisa de algunas provincias pertenecientes a Cartago; y ésta que, según el tratado concluido con Roma, no podía hacer la guerra sin el consentimiento de su rival, apeló al Senado de la conducta del rey de Numidia. Catón enviado para arreglar estas querellas entre los Estados africanos, sorprendido de la riqueza y de la prosperidad que en tan poco tiempo había recobrado Cartago, por efecto de las reformas de Aníbal, al volver a Roma proclamó repetidas veces en el senado la necesidad de destruirla, Delenda est Cartago. Roma, sin embargo, no está todavía satisfecha; la frase inhumana de Catón se ha de cumplir.
  4. Escipión Emiliano destrucción de Cartago. Este presentimiento se cumplió seis siglos adelante, con el saqueo de Roma por los Vándalos, establecidos entonces la Cartago.

8.Sumisión de Galia Cisalpina. Así es que tan luego como, después de la batalla de Zama, Roma se vio desembarazada de la guerra con Cartago, volvió las armas contra los galos, que por espacio de tres años se defendieron heroicamente, y derrotaron en varios encuentros a los romanos. Arrojados los cartagineses de España por Escipión, Roma, ocupada en otras guerras, no pudo dedicar una atención preferente a los asuntos de la península española, contentándose por entonces con dividirla en dos provincias, Citerior y Ulterior, separadas por el Ebro.

  1. Viriato. El pastor lusitano, ahora general, derrotó consecutivamente cinco pretores romanos, y obligó al cónsul Fabio Serviliano a negociar un tratado.
  2. Guerra de Numancia. Numancia, que había dado acogida a los fugitivos, se ve sitiada por los romanos; pero sus habitantes derrotaron varias veces a los romanos, e impusieron un tratado vergonzoso al cónsul Mancino: cuando cayó en poder de Escipión Emiliano, después de quince meses de bloqueo, todos sus habitantes habían perecido por el hambre ó en el incendio a la ciudad
  3. Grandeza de la República: juicio sobre las conquistas romanas. Durante el siglo II antes de J.C., Roma extiende su dominación por la mayor parte de los pueblos que rodean el Mediterráneo, apoderándose de Grecia y Macedonia y de parte del Asia Menor, y sometiendo en Occidente  España y la costa africana. Tantas conquistas en setenta años (201-129) acusan la gran actividad y el vigor y la energía del pueblo romano; mucho mas si se tiene en cuenta que aquellas conquistas no eran pasajeras, sino definitivas, quedando aquellos pueblos incorporados a Roma por muchos siglos. Pero si tantas conquistas revelan la virilidad de Roma, no hay que olvidar que entra por mucho en ese resultado la política artera, cruel y poco escrupulosa del senado, engañando a los griegos, faltando a la fe de los tratados con Cartago, sacrificando poblaciones enteras en España, mandando asesinar a Viriato, arrasando a Corinto, Cartago y Numancia; y hollando en todas partes el derecho y la justicia, cuando se oponen a la ambición y a los intereses de Roma.
  4. Señales de decadencia en Roma. Así la misma causa de grandeza de Roma, que son las conquistas, es el origen de su ruina.
  5. Modificaciones políticas y sociales en Roma. Durante las guerras desaparece casi por completo el antiguo patriciado, sustituyéndole la aristocracia del dinero, que tiranizó ahora y esclavizó á la clase pobre, arrebatándolo casi todos sus derechos. Juntamente desapareció la clase media y los hombres libres del campo; decayendo por esta razón la agricultura, cuyas faenas hubo que encargar a los esclavos.

Mario y Sila Partido Popular Luchas Internas en Roma Causas Mitriades

LECCIÓN XI. MARIO Y SILA (-100 a -81).

1. Estado de los partidos en Roma al comenzar el siglo I antes de J.C. — Durante los acontecimientos de la época de los Gracos se habían ido marcando cada vez más las aspiraciones y tendencias opuestas de los dos partidos aristocrático y democrático. A la muerte de Cayo Graco quedaron triunfantes los aristócratas, a cuyo frente se encontraban Metelo y Escévola; los demócratas recobran sus esperanzas con las victorias de Mario sobre Lugurta, y sobre los Cimbros y Tentones, considerándolo como su jefe natural, por su origen, por su educación, y por la protección que concedió a los proletarios admitiéndolos en los ejércitos.

Al regresar Mario a Roma, después de sus victorias sobre los bárbaros, dirigían el partido popular el demagogo Apuleyo Saturníno y Glaucia. Con objeto de adquirirse mayor popularidad, Saturnino propuso vacías leyes favorables a los pobres, y principalmente la repartición de tierras en la Galia entre los soldados vencedores de los bárbaros, declarando culpable al senador que no jurase la ley después de votada por las tribus. Todos los senadores transigieron, votando una ley tan depresiva para ellos; y sólo Metelo prefirió marchar al destierro, antes que votarla.

Pasando más adelante, Saturnino hizo asesinar a Memmio competidor de Glaucia en la elección de cónsules: y este atentado sublevó contra él a todo el pueblo, y el mismo Mario tuvo que combatirlo, pareciendo Saturnino en la refriega. Triunfantes otra vez los aristócratas, fueron abolidas las leyes de Saturnino, perseguidos sus parciales, y el mismo Mario tuvo que expatriarse, volviendo Metelo a Roma, donde fue recibido con entusiasmo.

2. Tribunado de Livio Druso. — La reacción aristocrática se opuso, como siempre, a la extensión del derecho de ciudad a los italianos, y éstos comenzaron a agitarse en toda la península. Por otra parte los caballeros, dueños de los tribunales, se manifiestan hostiles a los aristócratas, que procuran por todos los medios recuperar la administración de justicia.

Elegido tribuno Livio Druso, hijo del otro Druso competidor de los Gracos, se propuso por medio de una transacción, concluir con el estado de violencia de los partidos, y atajar los males que amenazaban a la patria.

A este fin propuso que la administración de justicia volviese al senado; que fuesen nombrados senadores 300 caballeros, que se repartiesen tierras a los pobres en Italia y Sicilia, y que se concediese el derecho de ciudad a todos los italianos.

Pero estas reformas fueron mal recibidas por todos los partidos que se sublevaron contra ellas, y Druso fue asesinado.

Solos los italianos velan su salvación en las proposiciones de Druso; así es que, muerto éste, comprendieron que su causa estaba perdida en Roma, y apelaron a defenderla con las armas en la mano.

 3. Guerra social: causas y consecuencias. — Las causas de la guerra social se encuentran en obstinación de la nobleza en no conceder a los italianos el derecho de ciudadanos romanos; expulsando a Roma a los que fraudulentamente se introducían en las tribus, y haciendo perecer a todos los que, convencidos de la justicia de su petición, se convertían en defensores de su causa, como los Gracos, Druso, etc. Apurados todos los recursos, y sin esperanza de obtener satisfacción pacifica a sus justas pretensiones, los italianos apelaron a la guerra.

Los Marsos, los Samnitas, los Apulios, Campanios y Lucanienses; en suma toda Italia central y meridional, se levantaron, constituyendo una república llamada itálica, a semejanza de la de Roma, y cuya capital era Corfinium. En esta guerra tomaron parte los principales generales de Roma, J. César (padre del dictador), Pompeyo Estrabon, Mario, Metelo y Sila; figurando al frente de los italianos sus dos cónsules Pompedio Silo y Afranio.

Por espacio de tres años combatieron con el mayor encarnizamiento: romanos e italianos, sin que la victoria se manifestase decididamente por unos ni por otros. Por lo cual el senado, deseando concluir una guerra en que hallan ya perecidos 300,000 hombres después de algunas victorias importantes de Sila sobre los aliados, comenzó a introducir la división entre ellos, concediendo el derecho de ciudad a los que habían permanecido fieles a Roma, y a todos los que se sometieron voluntariamente.

Esta concesión, terminada la guerra, se hizo extensiva a todos los aliados: debilitando sin embargo los efectos de esta medida, por haber colocado a los nuevos ciudadanos en las últimas tribus.

4. Juicio sobre la guerra social. — Ya hemos expuesto la justicia que asistía a los italianos solicitando que se les concediera el mismo derecho que a los ciudadanos romanos, puesto que estaban sometidos a los mismos deberes y obligaciones.

Roma, sin embargo, resistió sus pretensiones; y aunque esta resistencia procedía en primer lugar de la nobleza, que por orgullo y por interés se negó a todo trance a abrir el santuario de sus privilegios a los otros pueblos de Italia, conviene tener presente que hasta el partido popular en su mayor parte sentía la misma aversión a igualarse con los italianos.

De manera que la resistencia era igual en todos los partidos; era la resistencia de Roma, que en su estrechez de miras, como sucedía en todos los pueblos antiguos, creía una abdicación de su soberanía el asimilarse los pueblos vencidos. Así se comprende que los pocos romanos que se opusieron a ese exclusivismo, perecieran en la demanda, arrollados por el orgullo de la gran ciudad.

La guerra social fue en realidad la primera guerra civil, que no en vano llevaban tanto tiempo de vida común en los campamentos los romanos y los italianos. Así se explican los horrores y las crueldades que unos y otros cometieron, y que exceden a toda ponderación.

La justicia de la causa italiana vino a ser reconocida por Roma después de la guerra, concediendo sucesivamente a todos aquellos pueblos el derecho de ciudad, por el cual habían combatido.

Esta concesión destruyó la antigua organización del poder de Roma, desapareciendo la distinción entre los municipios, las colonias y los aliados, igualándose todos en la unidad general con el goce de los mismos derechos políticos. Roma en adelante no será sólo Roma, sino toda Italia; en espera de otros tiempos que llevarán el espíritu y la vida da la gran ciudad a todo el imperio.

5. Causas de la rivalidad de Mario y Sila. — A pesar de tantos esfuerzos generosos para borrar la antipatía entre el pueblo y la aristocracia en Roma, los dos órdenes continúan siempre opuestos en ideas, aspiraciones e intereses, convirtiéndose esta oposición, por los últimos acontecimientos, en motivo perenne de rivalidad y de lucha, que bien pronto ha de dar fatales resultados.

Esta misma rivalidad del pueblo y de la nobleza se reflejó en sus dos representantes Mario y Sila, plebeyo aquel, grosero, ignorante, pero valiente y dotado de las más relevantes condiciones militares, y por último, decidido por la causa popular; y Sila, aristócrata, culto y civilizado, de costumbres corrompidas, cruel e inaccesible a todo humanitario sentimiento. Entre estos dos personajes tan distintos, exacta representación cado uno de la clase a que pertenece, había de surgir necesariamente la oposición y la rivalidad.

Y no era de ahora la enemistad de Mario y Sila. Había comenzado desde que ambos habían tomado parte en la carrera de las armas; y había crecido en la guerra de Yugarta, y en la de los Cimbros; y se aumentó con los triunfos de Sila en Asia y llegó a su colmo con su participación en la guerra social.

De manera que Mario y Sila, por sus dotes personales, por sus antecedentes por la clase que representan, y por la ambición de ambos a dominar en Roma, estaban llamados a encontrarse siempre frente a frente, luchar sin tregua ni descanso, hasta que uno de ellos sucumbiera.

6. Tribunado de Sulpicio Rufo: huida de Mario. — Los triunfos de Sila en la guerra social, y el haber sido elegido cónsul en oposición a Mario, obligaron éste a retirarse de Roma.

Pero cuando el senado confía a Sila el mando del ejército en la guerra contra Mitrídates, Mario vuelve a Roma, se gana a los caballeros e italianos, y el partido popular, dirigido por el tribuno Sulpicio Rufo, consiguió en los comicios anular el nombramiento de Sila, y conferírselo a Mario.

Colocado al frente de las legiones en Campania, Sila desobedece las órdenes de Roma, se dirige contra la capital, y vence en medio de las calles a los partidarios de Mario y de Sulpicio, que tienen que apelar a la fuga para salvarse. Sila condena a muerte a sus enemigos; y anula todo lo hecho por Sulpicio, que poco después perece a manos de los sicarios del dictador.

Mario en tanto huye a Minturnia, y de allí pasa al África, corriendo mil peligros, hasta refugiarse en la isla de Cercina.

Poco después de estos acontecimientos, fue elegido cónsul Cina, partidario de Mario, sin oposición por parte de Sila éste, después de algunas reformas para favorecer a los aristócratas, marchó al Oriente para combatir a Mitridates, rey del Ponto.

7. Consulado de Cina: Guerra civil. — Poco después de abandonar Sila Italia, el cónsul Cina, amigo del pueblo a pesar de su origen aristocrático, restableció la ley de Sulpicio en favor de los italianos, proponiendo que se levantara el destierro a los amigos de Mario. La oposición de los nobles a estas medidas produjo un motín en Roma, en el que Cina fue vencido, perdiendo el consulado, y saliendo para el destierro.

Cina se dirige a la Campania, donde subleva las legiones; únase con Sertorio y Carbón, levantan un ejército entre los aliados italianos, y a las órdenes de Mario que había regresado de África, penetran en Roma, entregándose durante cinco días al saqueo y al degüello de los partidarios de Sila. Mario fue nombrado cónsul por sétima vez, muriendo al poco tiempo víctima de los excesos.

Le sucedió Cina que restableció las leyes de Sulpicio, y encargó a su colega Lucio Valerio Flaco el mando del ejército para combatir a Sila y a Mitridates; poco después murió a manos de los soldados.

8. Primera guerra contra Mitrídates. — Mientras los romanos consumen sus fuerzas en las luchas de los partidos, se les presenta en el Oriente uno de los enemigos más terribles que encontraron en la larga historia: Mitrídates VI rey del Ponto, en Asia Menor.

Mitrídates había extendido su dominación sobre casi toda Asia Menor, menospreciando las quejas y las amenazas del senado. Declara la guerra a Roma, ordenando degollar a todos los romanos del Asia y de Grecia, pereciendo con este motivo 80,000 hombres y al frente de un poderoso ejército y protegido por numerosa escuadra, se apodera de Tracia, Macedonia y Grecia, y derrota las primeras legiones romanas que salen a su encuentro.

En estas circunstancias se presenta Sila en Grecia, entregándosele todas las poblaciones, excepto Atenas, que después de un largo sitio, fue tomada y saqueada, y sacrificados un gran número de sus habitantes. Dirigiéndose entonces contra los generales del rey del Ponto, destruye un primer ejército en Queronea, y otro poco después en Orcomena: con lo que Mitridates perdió Grecia, Macedonia y Tracia, y vio sublevarse contra él los pueblos del Asia Menor.

Mientras Sila se prepara para llevar la guerra al Asia, el ejército mandado por Cina a las órdenes de Flaco, y muerto éste a las de Fimbria, vence al hijo de Mitrídates; y éste acosado por Sila, Fimbria y Lúculo, pidió la paz que Sila le concedió, quedando reducido a su antiguo reino del Ponto, entregando a lo romanos 2,000 talentos, y una escuadra de 80 naves.

9. Sila en Roma: continuación de la guerra civil. — Sabiendo Sila los acontecimientos que se habían realizado en Italia durante su ausencia, no tuvo inconveniente en aceptar la paz que Mitrídates le propuso, con objeto de abreviar su regreso a Roma, donde se dirige con 40,000 veteranos, desembarcando en Brindis.

Muertos Mario y Cina, el partido popular estaba ahora dirigido por el cónsul Carbon, Sertorio, Escipión y Mario el joven, quienes levantan un ejército de 100,000 hombres para detener a Sila. Este recibió en su campo a los aristócratas perseguidos, entre ellos Metelo, Craso y Pompeyo; y dirigiéndose contra sus enemigos, derrota a Norbano en Campania, se pasa a su campo el ejército de Escipión, vence a Mario en Preneste y en Sacriport, y se encamina a Roma que le abre las puertas. Sertorio poco antes había huido a España; Norbano derrotado nuevamente abandona Italia marchándose a Rodas, y Carbon al África.

Sólo quedaba a Sila un enemigo que combatir: Poncio Telesino, el jefe de los samnitas, que al frente de 80,000 hombres, se dirigió contra Roma, siendo derrotado y muerto en la Puerta Colina, mandando Sila degollar en el campo de marte 6,000 prisioneros cogidos en la batalla.

10. Dictadura y proscripciones de Sila. — Libre de enemigos y pacificada Italia, Sila fue investido por el senado de poderes extraordinarios sin duración determinada, comenzando entonces aquellas célebres proscripciones, por las cuales se deshizo de todos sus enemigos, pereciendo más de 4,000 ciudadanos, salvándose únicamente Cesar, sobrino de Mario y yerno de Cina.

No hay seguramente en la historia una época del terror que se pueda comparar con las proscripciones de Sila. Por espacio de muchos meses apareció diariamente en los lugares públicos, una lista de las personas entregadas a la crueldad y venganza de los sicarios del dictador. Los esclavos mataban a sus amos para obtener el premio ofrecido por sus cabezas, y hubo hijos que con igual objeto quitaron la vida a sus padres.

No se limitó a Roma la matanza de los enemigos, sino que se extendió a tecla Italia, principalmente al país de los Samnitas y a la Etruria, que quedaron entonces deshabitados. Y no sólo los partidarios de Mario fueron en todas partes sacrificados; sino que sufrieron igual suerte las personas distinguidas por su reputación, y sobre todo, los ricos, cuyos bienes se apropiaron los amigos de Sila, fabricando de esta manera su fortuna el célebre Craso, y otros muchos.

11. Administración de Sila: su abdicación y su muerte. — Con la misma energía con que había sabido deshacerse de todos sus enemigos, harto ya de matanza, se dedicó Sila a consolidar su triunfo, restablecer la supremacía de los patricios, anular el partido democrático, y a ordenar la administración.
En primer lugar, devolvió a los comicios por centurias las atribuciones legislativas que correspondían a los comicios por tribus; privó a los tribunos de todo su poder, dejándoles únicamente el veto; restituyó senado el poder judicial; y privó a los pueblos de Italia del derecho de ciudad.

En sus últimos tiempos se dedicó a restablecer orden y mejorarla administración, por medio de útiles reglamentos que reprimían la avaricia de los gobernadores de las provincias; publicó leyes contra el asesinato (después de las proscripciones), y regularizó administración de justicia, la policía, etc. Al mismo tiempo dio la libertad a 10,000 esclavos cuyos amos habían perecido en las proscripciones, y estableció gran número de colonias militares en toda Italia, premiando a sus veteranos con las tierras de los que habían sido sacrificados.

Por último, cuando creyó que su obra estaba concluida, a los dos años de dictadura, abdicó voluntariamente sus poderes en los cónsules, y se retiró Cumas, cerca de Nápoles, donde murió poco después a consecuencia de un vómito de sangre.

12. Juicio sobre Mario y Sila. — Mario y Sila son la personificación de la democracia y de la aristocracia en los últimos tiempos de la República. Mario como el pueblo, era inculto y rudo, pero dotado de grandes talentos militares, empleó todo su prestigio en humillar a la nobleza y sobreponerse a ella. Arrastrado por el encono del pueblo contra los oligarcas y por el odio que a esta clase él mismo profesaba durante su mando en Roma, sacrificó millares de sus enemigos.

Sin embargo, Sila excede en crueldad a Mario, por que sus proscripciones, llevadas a cabo con frialdad e indiferencia, no pueden excusarse ni aun por los arrebatos de la pasión o del odio: son matanzas perfectamente pensadas y calculadas, que revelan la inhumanidad del monstruo que las ordena. Sila llega aún más allá, otorgando públicas recompensas a los asesinos, concediendo la libertad a los esclavos que matan a sus amos, y premiando a los hijos que sacrifican a sus padres.

Mario y Sila son dos monstruos de la humanidad; pero entre la crueldad del uno y la del otro, hay la misma diferencia que existe entre el pueblo ignorante que mata cegado por la pasión, y la aristocracia civilizada que aniquila con cálculo y sistema a sus enemigos: el primero desconoce o se olvida de los sentimientos humanos; el segundo ha perdido por completo esos sentimientos.

RESUMEN DE LECCIÓN XI: MARIO Y SILA (-100 a -81).

—1. Al comenzar el siglo I la aristocracia romana tenía a su frente a Metelo y Escévola: el partido popular, triunfante por las victorias de Mario, estaba dirigido por Saturnino, que propuso varias leyes favorables a los pobres, desterrándose Metelo por no votarlas. El asesinato de Memmio por Saturnino, sublevó a todo el pueblo contra esto, que pereció en la refriega, quedando triunfante la aristocracia, y teniendo Mario que expatriarse.

—2. Livio Druso por medio de una transacción se propuso atajar los malos que amenazaban a Roma por la violencia de los partidos; pero desagradó a torios, y perdió la vida en una sublevación.

—3. Las causas de la guerra social fueron la obstinación de la nobleza en no conceder a los italianos el derecho de ciudad, y la muerte darla a los Gracos y a Druso. Los aliados constituyeron una república a semejanza de la de Roma, y combatieron por espacio de tres años, hasta que fueron vencidos por Sila, y el senado accedió en parte a sus pretensiones.

—4. La pretensión de los italianos era completamente justa: y la resistencia de Roma era debida tanto a los nobles, como al partido popular. El resultado de aquella guerra destruyó la organización del poder de Roma, igualándose todos en la unidad general.

—5. La rivalidad de Mario y Sila tiene por causa la oposición de ideas, aspiraciones e intereses de los dos partidos que representaban, y las condiciones personales de ambos, y su ambición a dominar en la República.

—6. El tribuno Sulpicio Rufo consigue anular el nombramiento de Sila como general del ejército contra Mitrídates, confiriéndoselo a Mario. Sila entró en Roma al frente de sus legiones, huyendo Sulpicio y Mario, refugiándose esta último, primero en Minturnia y después en África.

—7. Cina, que quiso restablecer la ley le Sulpicio, fue desterrado; pero unido con Mario, volvieron a Roma al frente de un ejército de aliados, y la entregaron al saqueo. Mario y Cina murieron poco después.

—8. Mitridatos declara la guerra a Roma haciendo perecer 80,000 italianos en Asia Menor; y penetrando en Tracia y Macedonia, llega a la Grecia. Sila que marcha contra él, después de tomar a Atenas, derrota un ejército en Queronea y otro en Orcomena. Mitridatos, obligado a volver al Asia, y allí cercado por los ejércitos romanos, pidió la paz a Sila, renunciando a todas sus conquistas anteriores.

—9. Sila vuelve a Italia con 40,000 veteranos; y unido con los aristócratas, vence sucesivamente a Norbano, Escipion y a Mario el joven, y entra triunfante en Roma, venciendo poco después en la Puerta Colina al samnita Poncio Telesino.

—10. Dueño Sila de Roma, fue investido por el senado de poderes extraordinarios: comenzando entonces las proscripciones, en las que perecieron más de 4,000 de sus enemigos, llegando el caso de tratar los esclavos a sus señores y los hijos a sus padres. Esta matanza se extendió por toda Italia, y no sólo alcanzó a los partidarios de Mario, sino a las personas distinguidas especialmente por su riqueza.

— 11. Harto de matanza, se dedicó Sila a consolidar su triunfo, restableciendo el prestigio de los patricios, anulando al partido democrático, y poniendo orden en la administración. Dio la libertad ti 10,000 esclavos, y estableció varias colonias militares, y después de dos años de dictadura, abdicó sus poderes, y se retiró a Cumas, donde murió poco después.

—12. Mario, ignorante como el pueblo que representa, sacrificó millares de enemigos, llevado de su odio ti la nobleza. Pero son mayores las crueldades de Sila porque eran ejecutadas con frialdad, sin que existiera pasión que las pueda excusar. Él primero desconoce o se olvida de los sentimientos humanos, y el segundo ha perdido por completo esos sentimientos.