El Kilimanjaro

Cordillera Ruwenzori Geografia, Lagos, Montañas y Flora

Ubicación de la Cordillera Ruwenzori
Geografía, Lagos, Montañas y Flora

Las zonas de fractura más grandes de la corteza terrestre se hallan al este del África ecuatorial. Se encuentran enormes lagos sobre las más altas montañas africanas, que son, entre otros, el Ruwenzori con sus diferentes franjas de vegetación, el Kenia y el Kilimanjaro, cima ésta la más alta y célebre del continente africano.

Esta cordillera está ubicada en  África central situada en el Gran Rift Valley, en la frontera entre Uganda y la República Democrática del Congo, entre el lago Alberto y el lago Eduardo.

La cadena Ruwenzori fue visitada en 1889 por la expedición del explorador de origen británico sir Henry Morton Stanley, y los principales picos fueron explorados en 1906 por la expedición del italiano Luis Amadeo de Saboya, duque de los Abruzos. Son varias las cimas que superan los 4.877 m de altitud, pero la más elevada es la del monte Margherita, con 5.119 m.

La mitad oriental del África ecuatorial y tropical está ocupada por una meseta que no solamente es la más alta del continente, sino una de las más destacables del mundo. Esta meseta corresponde a la zona de fractura del África oriental, zona que se extiende de norte a sur en una longitud de aproximadamente seis mil kilómetros y es, por lo tanto, una de las más importantes del mundo.

Partiendo del lago Niasa, en el sur, se la puede seguir en dirección al mar Rojo, y desde aquí a lo largo del mar Muerto en Jordania y de la depresión de Bekan en el Líbano hasta aproximadamente los 37° de latitud norte.

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Tolomeo tenía conocimiento de esta meseta y también del este de África. En el mapa de África que construyó, situó las fuentes del Nilo poco más o menos en el lugar en que en realidad se encuentran. Representó esta zona como formada por lagos y altas montañas.

Al norte del lago Niasa la zona se divide en dos ramificaciones: la occidental y la oriental. La rama oeste pasa por el lago Tanganica, los lagos Kivu, Eduardo y Alberto, mientras la otra lo hace por el lago Natrón y Rodolfo. Entre estas dos ramificaciones se halla si lago Victoria.

Este lago merece el título de mar interior, ya que su superficie alcanza los 66.260 km2, es decir, más del doble que la de Bélgica. Después del lago Superior de América del Norte, el lago Victoria constituye la mayor reserva de agua del mundo.

En general, los lagos de África oriental, al estar formados en barrancos, son muy profundos; se exceptúa el lago Victoria, cuya máxima profundidad es de 81 m. El lago Tanganica, por ejemplo, llega a alcanzar, en algunos lugares, una profundidad de hasta 1.400 metros.

Entre estos lagos se alzan los picos más altos del continente africano. La inmensa mayoría son de origen volcánico y el resultado de corrimientos y de movimientos geológicos. Algunos son tan famosos como los lagos en los que se reflejan. Basta pensar en el Ruwenzori, que se eleva, en la parte occidental de la fractura, hasta los 5.125 metros.

El Ruwenzori, ubicada a caballo sobre la frontera entre el Congo (Leopoldville) y Uganda, es en realidad un macizo rodeado de numerosas cimas. Las de mayor importancia son los picos Margarita, de 5.125 metros;  Alejandro,  de  5.105,  y Alberto, de 5.100 m, y que cuentan entre los más elevados de África.

Varias expediciones se han propuesto vencer estos picos, pero no siempre con resultados totalmente satisfactorios. En efecto, a pesar de que estos picos se encuentren en África ecuatorial, están recubiertos de nieve y de glaciares. Sin embargo, algunas expediciones han conseguido su objetivo; por ejemplo, el equipo belga dirigido por Grunne.

A los miembros de esta expedición les chocó enormemente la gran diversidad de la flora según la altitud que iban alcanzando. Al pie de la montaña se encontraban en plena selva tropical; a partir de los 2000 m, límite de la zona habitada, la vegetación se hace muy particular, se hallan grandes cantidades de heléchos gigantes. En las zonas en que sobrepasan, más o menos, los 2.300 m aparecen los bosques de bambú, algunos de los cuales llegan a sobrepasar los 30 m de altura.

Siguiendo la ascensión se va a parar a un medio bastante extraño: por todas partes crece un musgo muy espeso en el que uno se hunde profundamente. Esta verde alfombra está adornada, toda ella, por exóticas flores.

La flora alpina, que domina a partir de los 3.000 m, comprende el brezo arborescente, la orquídea, mientras que las zonas más elevadas están cubiertas por musgos y liqúenes. A partir de los 4.500 m comienzan las nieves eternas.

Es fácil comprender que una escalada en un medio de este tipo no puede hacerse en una jornada; además, claramente se advierte que sólo alpinistas experimentados pueden ser capaces de llevarla a buen fin. Sin embargo, aunque la cima no está a su alcance, el turista puede lograr alcanzar una altura de varios miles de metros. Al pie del Ruwenzori existe un confortable hotel que se construyó durante la administración belga.

Si el Ruwenzori forma parte de la fractura centroafricana a la que también pertenecen los lagos de la frontera oriental del Congo, los más altos picos de África se encuentran al borde de la fractura oriental que comprende, entre otros, los volcanes de Kenia y Kilimanjaro.

El monte Kenia, con una altura de 5.194 m, constituye un macizo similar al Ruwenzori. Se eleva por encima de la meseta de Leikipia, que ya tiene una altura de 2.000 m. Alrededor del cráter, cuya circunferencia alcanza unos cuatro kilómetros, se encuentran varios glaciares, algunos de los cuales alcanzan una longitud de 1.500 metros.

El volcán de Kenia no es la única elevación de la zona de fractura del este africano; existen otras cimas como la de Elgon; hay también varios lagos como el de Baringo, el Rodolfo, el Estefanía y el Naiwacha. Más hacia el sur, un poco más allá de la frontera de Tanzania, se alza el Kilimanjaro, que con sus 6.010 m constituye la mayor elevación de África. En swahili, Kilimanjaro significa «montaña brillante».

El Kilimanjaro no forma parte de un macizo ni de una cordillera, sino que se yergue, como un gigante solitario, sobre un paisaje de estepa. Se trata de un volcán que, de hecho, posee dos cimas: el Kibo, la mayor, con 6.610 m, y la de Mawenzi, con 5.235. Ambas están unidas por una cresta de rocas volcánicas.

Este gigante africano no fue descubierto hasta el año 1848 por el misionero alemán Johannes Rebman. Se conquistó por primera vez, al menos el pico de Kibo, en 1889 por el naturalista alemán Hans Meyer. Nueve años más tarde, Meyer repitió su hazaña y conquistó de nuevo el Kibo y más tarde el Mawenzi.

La ascensión al Kilimanjaro no entraña grandes dificultades. Con periodicidad son organizadas expediciones que alcanzan la cima generalmente en unos tres días. Algunas personas han efectuado la ascensión docenas de veces.

El Kilimanjaro es una de las montañas más conocidas del mundo, en gran parte quizá debido a la novela de Ernest Hemingway Las nieves del Kilimanjaro. Al pie del gigante, que ocupa una superficie de 450 km2, se encuentra una de las zonas de África de mayor riqueza en fauna. Se han creado reservas naturales, siendo una de las más importantes el Parque Ambolesi-Masai.

El Kilimanjaro también desempeña un papel sobresaliente en la vida de los indígenas; son numerosos los que le atribuyen poderes sobrenaturales. Otro gigante africano, el Meru, con sus 4.563 m, está separado del Kilimanjaro solamente por unos cuarenta kilómetros ; la vecindad del gigante le resta importancia.

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Por que es sagrado el Rio Ganges India? Cremacion de los Muertos

A pesar de estar muy contaminada, el agua del majestuoso río Ganges es para los hindúes el agua más sagrada del mundo, capaz de limpiar los pecados del alma de los devotos y, al morir, de liberarla del penoso ciclo de la reencarnación.

El río Ganges luye por las llanuras gangáticas del norte de la India hacia Bangladesh, desde su nacimiento en los Himalayas occidentales, en la región política india de Uttarakhand. Culmina un largo viaje de 2.510 kilómetros hasta llegar al delta de Sundarbans, en la bahía de Bengala. Durante mucho tiempo ha sido considerado un río sagrado por los hindúes, y ha sido objeto de culto, entendido como una encarnación de la diosa Ganga.

Para los hindúes, el río Ganges personifica a Ganga, diosa de la purificación. El mito dice que en un inicio fluía sólo por el cielo, pero el rey Bhagarathi lo hizo bajar a la Tierra para lavar las cenizas de sus antepasados. A fin de suavizar su caída, que habría aniquilado a la población terrestre, se derramó primero sobre la cabeza del dios Shiva, y goteó sobre la Tierra desde sus ensortijados cabellos.

Esperando obtener la redención bebiendo sus aguas o bañándose en ellas, los peregrinos —algunos enfermos o agonizantes— realizan largos y extenuantes viajes hasta el Ganges.

La fe en las propiedades purificaderas del río procede del refrescante poder de sus aguas. Muchas costumbres hindúes se basan en la convicción de que el poder es caliente y que, si éste es malo,  puede contrarrestarse con la frescura del agua. Los hindúes creen también que, si son cremados a orillas del río y sus cenizas se dispersan en él, su alma será librada del ciclo de la reencarnación y accederá al paraíso, o Nirvana.

Las animadas aguas del río Ganges (aunque en ese tramo se conoce como Bhagarathi) surgen a la luz del sol enGomuhk, o “Boca de vaca”, remota cueva helada al pie de los Himalaya. Esta impetuosa corriente fluye por una cañada en las colinas Garhwal, pasa entre majestuosos pinos, cedros fragantes y sensuales rododendros hasta llegar a la ciudad de Devaprayag.

Bajo encumbrados riscos, las aguas turbulentas del Bhagarathi se unen al tranquilo río Alaknanda para convertirse en el Ganges, que fluye por la ciudad de Haridwar, lugar sagrado del río. Cada primavera, más de 100.000 hindúes celebran allí el nacimiento de la Madre Ganges. Hacen minúsculas barcas de hojas, rellenas de pétalos de caléndulas remojados en ghi (manteca clarificada), las encienden y las echan a navegar.

De Haridwar, el Ganges sigue su viaje al este hacia Allahabad y en un corto tramo se une con el río Yamuna(Jumna). Los hindúes también consideran sagrado a Sangumi, el punto en que los ríos se encuentran, y cada año desarrollan un colorido festival. Con música de flauta y corneta, los sadhus, o santos nómadas, recorren las calles en elefantes y camellos lujosamente adornados con plumas y vistosas telas.

Libertad eterna La ciudad sagrada de Varanasi (Henares) ejerce una atracción magnética sobre los hindúes; morir y ser cremado allí garantiza la moksha, o liberación, que pone fin al ciclo de la reencarnación. Al despuntar el alba, miles de hindúes se arremolinan en las orillas  para efectuar sus abluciones rituales en las aguas santas del río. Algunos peregrinos se sumergen hasta los hombros en las ghats (escaleras que descienden a la corriente), mientras otros sólo permiten que el agua cubra sus pies.

Ataviadas con brillantes y coloridos saris, las mujeres  hindúes hacen ofrenda de alimentos y lanzan al aire caléndulas y lotos rosa uniendo las manos para formar un cuenco, bebiendo agua y luego guardan  parte del líquido en envases que  llevan al templo, donde realizan sus puja, o prácticas religiosas

Varanasi, antes conocida como Benarés, es la ciudad más sagrada del Ganges y la más antigua de la India. En ese lugar el río atraviesa, a lo largo de 3 Km., las famosas ghats (escaleras para descender al agua) que flanquean sus márgenes. Los peregrinos ancianos y enfermos anhelan morir aquí, donde la Madre Ganges libera al alma de la eterna rueda de la vida, el interminable ciclo de nacimiento, muerte y resurrección.

Los cuerpos de los muertos se incineran en la célebre ghat de Manikarnika sobre piras de neem, o sándalo; los doms, servidores hereditarios del campo de cremación, las vigilan día y noche. Cuando cae la oscuridad, hindúes santos entonan antiguos cánticos sobre las riberas.

Justo bajo Patna, el río vuelve a encaminarse al sur y recupera el nombre de Bhagarathicerca de la barrera de Farakka, en el ápice del delta. El brazo este corre por Bangladesh aún con el nombre de Ganges, pero el brazo oeste cambia su nombre por el de Hugli; este tramo es famoso por las dificultades que presenta a los navegantes: muchos han muerto ahogados en él.

A lo largo de 80 Km. a cada lado del Hugli, al que también consideran sagrado, se extiende Calcuta, la ciudad más grande de la India, y sus pueblos aledaños. La gran corriente llega por fin al Golfo de Bengala, donde se dispersa en las múltiples desembocaduras del delta y en los pantanos de Sundarbarns.

El Ganges, que mide 2.500 Km., no es uno de los ríos más largos del mundo —el Nilo y el Amazonas duplican su longitud y la rebasan—, pero ninguna extensión fluvial ha sido más venerada o ha dado vida a tantos sueños.

Encendió la imaginación de Virgilio y Ovidio, poetas de la Antigüedad latina. Dante Alighieri, el poeta florentino medieval, lo admiró, mientras que el guerrero y caudillo Alejandro Magno lo consideraba la frontera del universo, el límite entre la vida del cuerpo y la vida del alma.

El inglés sir John Mandeville, considerado en el medievo como gran viajero (aunque muchas de sus historias se referían a lugares fantásticos), escribió en sus Viajes, publicados en 1356, que el Ganges manaba del Paraíso y que sus guijarros se mezclaban con oro. Para los hindúes, al menos, el río ofrece la oportunidad de alcanzar la felicidad eterna.


Los hindúes ocupan las riberas del Ganges en Haridwar durante la fiesta de Maha Kurnbh Mela, celebrada cada 12 años para conmemorar el nacimiento de la diosa Ganga. En 1986, 4 millones de peregrinos se congregaron allí para bañarse.

EL FUEGO SAGRADO
En Varanasi, el oficio de la cremación es regido por los doms, grupo de 400 vigilantes del fuego sagrado con el que se encienden las piras funerarias. Las personas que desean incinerar los restos de sus familiares deben pagar a los doms y comprar la leña y e incienso necesarios. Mucha gente no puede costear la leña, cada vez más escasa y cara en la India.

En 1989, en una de las ghats de remoción de la ciudad, se instaló un rematarlo eléctrico para que los pobres pudieran incinerar a sus muertos sin usar leña. Los doms se opusieron, conscientes de que su lucrativo monopolio se veía amenazado y, además, preocupados por la estricta observancia de as escrituras hindúes.

A pesar de la nueva tecnología los cadáveres de los fieles aún se incineran en las riberas del Ganges,  una de las ceremonias más antiguas y conmovedoras del mundo. Antes de ser colocados en la pira, los cuerpos se sumergen en e río en ocasiones hay media docena de lasas encendidas al mismo tiempo.

Fuente Consultada: Mundos Extraños y Lugares Asombrosos Reader´s Digest

Palacio Potala Tibet Residencia Sagrada de Dalai Lama Templo Budista

Antiguo palacio, fortaleza y centro de peregrinación divina, el Pótala, cubierto por flamantes techos de oro, se eleva entre la niebla tibetana como colosal castillo; bajo cierta luz, parece coronado de fuego.

palacio potala

Erigido en la Montaña Roja del centro de Lhasa, el Pótala está considerado como la mayor construcción de un palacio y fortaleza de la antigüedad que se conserva actualmente. Construido sobre la pendiente de la montaña, a 3.700 metros sobre el nivel del mar, el increíble palacio ocupa más de 410.000 metros cuadrados y consta de 13 pisos que lo convierten en una soberbia edificación de 115 metros de altura. Para los actuales arquitectos tibetanos, esta construcción no parece ser obra del hombre sino de la propia naturaleza, dada su condición de creación extraordinaria.

Lhasa, capital del Tíbet, “el techo del mundo“, se encuentra a 3.600 m sobre el nivel del mar en un punto tan remoto que aun hoy pocos occidentales lo conocen. Sobre el bullicioso bazar y el tumulto de las tortuosas callejas de la ciudad se levanta en la lejanía el descomunal palacio Pótala, en la cima de Putuo, la montaña sagrada. En torno de la ciudad se extiende un valle fértil atravesado por un río.

Este valle, ocupado por aldeas rodeadas de fangosos prados, bosques de sauces, alamedas y campos de cultivo, está protegido por un enorme anillo montañoso que sólo puede cruzarse en pasos altos. Buena parte del encanto de Pótala procede de las dificultades para acceder a él.

Con la palidez de su antiguo encalado y reluciente de oro, Pótala (“Montaña de Buda” en sánscrito) es un ejemplo extraordinario de la arquitectura tibetana tradicional. Oculta al mundo occidental durante siglos, esta majestuosa montaña de mampostería, construida por más de 7.000 trabajadores, se eleva 110 m. sobre el suelo y alcanza los 300 de punta a punta.

Acentuando la impresión de gran altura, sus inmensas paredes se inclinan hacia adentro y las ventanas —dispuestas rítmicamente en filas paralelas y más angostas en lo alto que en lo bajo— están cubiertas de laca negra. Para la edificación del palacio se excavaron rocas del talud, lo que creó una vasta hondonada. Ésta se llenó de agua para formar un lago artificial, conocido como del Rey Dragón.

Desde 1391 hasta la ocupación china de 1951, el Tíbet fue regido, tanto política como espiritualmente, por los dalai lamas, aunque del 717 al 911 ellos mismos se sometieron a los señores chinos. Lhasa fue el centro del lamaísmo, mezcla del budismo tibetano y una religión local llamada bon.

El palacio fortaleza de los dalai lamas, el actual Pótala, es una estructura del siglo XVII construida en la zona que fue sede de un castillo erigido 1.000 años antes por Songsten Gampo, primer rey guerrero del Tíbet. El palacio original fue destruido y reconstruido varias veces antes de que el Dalai Lama V (1617-82) ordenara levantar el presente conjunto como palacio dentro de un palacio.

El Palacio Blanco exterior, llamado así por el color de sus muros, fue terminado en 1648; el Palacio Rojo interior, con paredes de un rojo intenso, se concluyó casi 50 años después, en 1694. Cuando murió de forma imprevista el Dalai Lama V, se decidió ocultar la noticia a los obreros, para no distraerlos de sus tareas. Primero se les dijo que estaba enfermo y luego que se había “retirado del mundo para dedicarse a la meditación”.

Pótala es un laberinto de galerías pintadas, madera, escaleras de piedra y oratorios ricamente decorados, con casi 200.000 estatuas de valor incalculable. Pensado originalmente para satisfacer todas las necesidades de los monjes residentes, hoy funciona como museo y santuario. El Palacio Blanco contenía habitaciones, oficinas y un seminario. Había una estancia reservada para la imprenta, que funcionaba con tipos de madera tallados a mano.

El papel se hacía de corteza de adelfa u otros arbustos, remojada en agua y molida con piedras. La pulpa se extendía después sobre malla de alambre encima de un bastidor de madera, donde permanecía hasta secarse; el papel resultante era duro, áspero y de color cremoso.

El Palacio Rojo, que conserva sus funciones religiosas, era el centro espiritual del complejo y comprendía la sala de capítulo de los monjes, capillas, 10.000 altares y una vasta biblioteca budista. El Salón del Sacrificio es el edificio más grande del palacio y era el lugar de descanso eterno de varios dalai lamas, cuyos restos desecados y embalsamados eran objeto de culto en elaboradas pagodas funerarias.

Quienes lo visitan se sienten sobrecogidos por la belleza de su decoración, la increíble espiritualidad que se respira en la zona y que permanece vigente desde hace siglos, y el incomparable plus del paisaje natural en el que el palacio está situado. Y que esta construcción haya sido erigida en lo alto de una montaña no es casualidad: la altura de la montaña es un símbolo de la clase social y de la estirpe real a las que pertenecieron sus creadores. A su vez, al estar ubicada a semejante altura, se optimizan las tareas de protección, convirtiendo al espléndido palacio
en una verdadera fortaleza.

Ocho pagodas, o stupas, permanecen intactas; el mausoleo de sándalo del Dalai Lama V se destaca por sus 15 m de altura y por los revestimientos de oro e incrustaciones de diamantes, zafiros, corales, lapislázuli y perlas 10 veces más valiosas que el oro. Su peso excede las 41. El fabuloso tesoro privado de los dalai lamas —colección de atuendos ceremoniales con brocados, antigua porcelana china, esmaltes alveolados, raras gemas y exquisitas alhajas— reposa aún en las portentosas estancias de Pótala.

Heinrich Harrer, montañista austríaco que vivió en Lhasa cinco años tras la Segunda Guerra Mundial, se convirtió en confidente y tutor del Dalai Lama XIV, estuvo en Pótala en varias ocasiones. En una de sus visitas notó una presencia extraña en el palacio. El maharajá de Nepal había donado un elefante al joven Dalai Lama. Animal único en el país, el gigante había sido escoltado hasta Lhasa por un camino de 1.125 Km. previamente despejado de piedras. La enorme criatura solía tomar parte en las procesiones religiosas.

Aparte del Vaticano, antes de la ocupación china, el Tíbet fue la última teocracia (sociedad en que el gobernante es también dirigente espiritual) sobreviviente en el mundo. Pótala fue el hogar y palacio de invierno del soberano, auténtico símbolo de sus poderes terrenales y espirituales.

El Dalai Lama XIV tenía 15 años cuando los chinos invadieron el país en 1950. Se le permitió gobernar, con reservas, hasta 1959. Después de una fallida rebelión, huyó a la India con 80.000 seguidores. El Tíbet ha estado desde entonces bajo dominio chino, y en 1965 adoptó la categoría de región autónoma de China bajo el nombre de Xizang.

Aunque el rey dios ha partido, la magia de Pótala subsiste. Parecería poseer una cualidad trascendente más allá de sus ladrillos y morteros: un misterio que nace de sus profundidades.

EL DALAI LAMA: DIVINIDAD ENCARNADA
El nombre de esta figura sagrada describe a la perfección su carácter. Dalai es un término mongol que significa “océano”, y lama quiere decir “hombre sabio” en lengua tibetana. Así, el dalai lama es un alma de sabiduría tan profunda como el mar. Se le tiene también por ser divino, manifestación humana del Buda absolutao.

Desde 1391, 14 dalai lamas han sido reconocidos por los tibetanos. Se dice que cada uno es reencarnación de su antecesor, y la búsqueda del heredero comienza al morir el dalai lama reinante. Guiados por augurios, sueños y un oráculo oficial, os sacerdotes tibetanos persiguen al niño nacido en el instante mismo de la muerte del dalai lama, con rasgos físicos específicos y capaz de distinguir las pertenencia: del difunto entre objetos diversos.

El Dalai Lama actual, Tenzin Gyatso, nació en 1935′ fue reconocido como nuevo gobernante a los dos años de edad y entronizado a los cinco. Rigió en Pótala hasta la insurrección de 1959, cuando se trasladó a la India huyendo del ejército chino.

Estableció un gobierno en e exilio en Dharmsala (Pakistán), sede de una colonia tibetana. Reverenciado allí por los monjes del nuevo monasterio Namgyaí, lo mismo que por los tibetanos que le rinden culto desde lejos o peregrinan hasta Dharmsala,  Tenzin Gyatso recibió el Premio Nobel de la Paz en 1989, por su incansable campaña en favor de la paz mundial y la libertad del Tíbet.

Los Himalayas Formacion Cadena Montañosa Origen Ubicacion Templos

Los Himalayas Formacion Cadena Montañosa

LOS HIMALAYAS:
FABRICA DE MONTAÑAS:
Cuando, hace 250 millones de años, el supercontinente de Pangea se fragmentó, la placa Indoaustraliana comenzó a virar al norte. Se desplazó velozmente, en términos geológicos, y hace 45 millones de años chocó contra la placa Eurasiática, más grande y pesada, dando así origen a los Himalaya.

El fondo del Mar de Tetis, que separaba ambos territorios, fue elevado sobre las márgenes de las placas plegadas, donde aún reposa. Las dos placas terminarán por fundirse, pero por lo pronto siguen en movimiento, elevando aun más a los Himalaya. El Everest crece  5 cm. al año.

Europa y Asia forman en realidad un solo continente. Solamente por razones económicas e históricas les hemos considerado como continentes independientes. Desde el punto de vista geomorfológico volvemos a encontrar las mismas mesetas, llanuras y sistemas montañosos.

La llanura de Europa se prolonga en la llanura siberiana, en la que los Urales son sólo un accidente del terreno. Los Alpes quedan unidos al Cáucaso y a las altas cadenas montañosas de Asia por los Cárpatos y los Balcanes. Esas cordilleras, que comprenden enormes mesetas en Afganistán y al sur de Siberia, se unen en el Pamir. Desde allí se extienden en forma de abanico hacia el noreste y hacia Asia central y del sureste. Una de estas cordilleras es la del Himalaya, techo del mundo, pues allí se yerguen los más altos picos del globo.

En sánscrito, Himalaya significa «lugar de residencia de la nieve».

Los Himalayas son un sistema montañoso que comprende más de cien cimas de una altitud superior a los 7.000 metros y diez de 8.000 (otras cuatro cimas de 8.000 metros se encuentran en el Karakorum) y constituye una franja de picos y de macizos que se extiende formando un arco de más de 2.500 kilómetros de longitud y entre 200 a 500 de anchura. Esta franja montañosa está delimitada, al sur, por las tierras bajas de la India, y al norte, por la altiplanicie del Tíbet.

Si el Everest, la montaña más alta del mundo, se hallara en cualquier otro lado que no fuera el centro de Asia, todo a su alrededor parecería pequeño. Pero en la escarpada franja de picos nevados de los Himalaya, entre abruptos valles, es apenas un rasgo más de un paisaje concebido a gigantesca escala.

Debido a su altura, el Himalaya está cubierto de inmensas cantidades de nieve. Estas masas alimentan formidables glaciares concientos   de  metros  de  longitud.  Grandes ríos tienen sus fuentes en el Himalaya: el Indo, el Ganges, el Brahmaputra. Estos ríos y sus afluentes han formado en la montaña largos valles en los que se han desarrollado los Estados de Sikkin, Bután, Nepal y Cachemira. El Himalaya es la frontera natural entre dos grandes Estados: la Unión India, al sur, y China, al norte.

El Himalaya es también una línea de demarcación por lo que se refiere al clima. Gracias a él toda la India se halla protegida contra los vientos fríos continentales que soplan de Asia central. Por otra parte el Himalaya obliga a los monzones que vienen del sur, en verano, a elevarse y a condensarse. De ello resultan abundantes precipitaciones sobre las vertientes meridionales del Himalaya, en donde el promedio de lluvias sobrepasa los diez metros cúbicos por año.

Las impresionantes cumbres de los Himalaya, por encima del nivel de las nieves perpetuas, reflejan en el blanco más puro la brillante luz del sol. Cuando éste se desliza hacia el poniente, sus rayos bañan las cimas de rojizo y tenue resplandor y las sombras se entretejen en las rosadas crestas.

Al ceder la luz y reinar la noche, las oscuras y desgarradas cúspides se perfilan contra un negro cielo estrellado. Esta región no destaca sólo por su suprema belleza a inmensa escala, con montañas colosales que se yerguen al cielo; también tiene un valor mítico y religioso, como sede de deidades budistas e hindúes.

Antaño impenetrable barrera entre el sur y las ciudades fabulosamente ricas de la Ruta de la Seda, al norte —Samarkanda, Bujara, Kashgar y Kotan—, aún ahora los Himalaya evocan imágenes de inaccesibles lugares, no hollados por el hombre y parajes de solitarios ascetas y abominables criaturas. En este siglo se convirtieron también en la meta máxima de los montañistas del mundo entero.

En ningún otro punto de la superficie terrestre existen picos como los del Asia central, donde seis sistemas montañosos se entrelazan en una curva de 160 a 240 Km. de anchura en el cuello del subcontinente indio. El mayor de ellos es el de los Himalaya (en sánscrito, “morada de la nieve”).

Éstos se extienden hacia el oeste por un total de 2.400 Km., desde la gélida pirámide blanca de Namche Barwa, en los bosques del norte de Asan, sobre el filo de la planicie tibetana a través de Bhután y Sikkim, Nepal y Ladakh, hasta su gran bastión occidental, Nanga Parbat, en Pakistán. El Himalaya Exterior, al sur, alcanza un máximo de 1.520 m sobre el nivel del mar. Linda con el Pequeño Himalaya, al norte, que promedia los 4.570 m de altura; entre ellos reposan escarpados valles de 900 m de altitud.

El Gran Himalaya es la columna vertebral del sistema y llega en Nepal a sus mayores alturas. Allí se apiñan nueve de las 14 montañas más altas del mundo, entre ellas el Everest, de 8.846 m. el Kanchenjunga, de 8.598, y el Annapurna, de 8.078. Al norte del Gran Himalaya se encuentra la cordillera conocida como los Himalaya de Tetis, o tibetanos, que bordean el extremo sur de la gran planicie del Tíbet.

Fósiles de peces y otros animales marinos hallados en los Himalaya prueban que las rocas de estas monumentales montañas se originaron como sedimentos marinos: hace unos 65 a 570 millones de años yacían en el fondo del antiguo Mar de Tetis. Conforme la placa tectónica de la India se movió hacia el norte, rumbo al continente Ártico, y chocó con él, emergió la cadena de los Himalayas.

Los estudios geológicos han determinado que las montañas se elevaron en por lo menos, tres fases distintas y muy espaciadas. La primera, hace 38 millones de años, produjo el Gran Himalaya; la segunda, hace 7 a 26 millones de años, formó el Pequeño Himalaya la tercera, hace 7 millones de años, creó los montes Siwalik. El movimiento en los márgenes de las placas es un proceso continuo; en los últimos 1,5 millones de años, las montañas se han encumbrado 1.370 m. más.

Los nombres adjudicados a estos picos remotos casi sobrenaturales, dan fe del temor que infunden en cuantos los contemplan. Varios de ellos se relacionan con diosas, como Chorno Lhari, “Diosa de la montaña sagrada”, y Annapurna, “Diosa de los alimentos”. Era de esperar, en consecuencia, que los Himalaya figurasen en los textos sagrados más antiguos de la región.

En la mitología hindú, esta región es conocida como Deviabhumi, el país de los dioses. En Gaurisshankar vivieron el gran dios Shiva y su consorte, Mahadevi, hija de Himavat, dios que personificaba a las montañas. Shiva es uno de los dioses de la suprema trinidad hindú, y señor de la agricultura. Según la mitología local, en su residencia, en las perpetuas nieves de los Himalayas, fluyen las vitales aguas de los tres principales ríos asiáticos: el Indo, el Brahmaputra y el Ganges.

Shiva y su consorte no son los únicos dioses que han abitado los Himalaya. Cuenta la leyenda que en el centro de la Tierra se erigía la montaña de Meeru, alrededor de la cual giraban el Sol, la Euna y las estrellas. Los hindúes identifican al monte Kailas, en los Himalaya tibetanos, con Meeru. Allí vivió Kubera, dios de las riquezas, señor de los tesoros de la Tierra y rey de los seres sobrenaturales conocidos como “yaksas”. En Meeru también vivía Indra, primitiva deidad suprema hindú, señor del rayo y portador de la lluvia y la fertilidad.

Las connotaciones espirituales de las montañas atrajeron al primer viajero a la región, en 400 d.C. Fa-Hsian, monje chino, acudió en busca de la verdad religiosa. El primer mapa preciso fue elaborado hacia 1730 por el geógrafo francés Jean-Baptiste Bourguignon d’Arville, aunque no acertó en la altura de muchas de las montañas. A principios del siglo XIX, en busca de osos y tigres, cazadores de la India británica visitaron la zona; al volver narraron relatos locales de extrañas huellas en la nieve. Éste fue el primer indicio de la existencia del Yeti.

Hacia 1850, la montaña más alta del mundo era conocida en Occidente con el simple nombre de Pico XV. Para los hindúes era Sagarmartha, “Cima del cielo”, y para los tibetanos Chorno Lungma, “Diosa madre de la tierra”. En 1862 los ingleses la llamaron Everest, en honor de sir George Everest, inspector general de la India, quien-seis años antes encabezó una expedición para cartografiar las alturas de las montañas de los Himalaya.

A fines del siglo XIX, el Tíbet y Nepal cerraron sus fronteras a los europeos, y aunque el Dalai Lama permitió la entrada de una expedición en 1921, ésta sólo dispuso de tiempo para llegar a las faldas del Everest v cartografiar sus laderas inferiores. George Mallory, miembro de este grupo, intentó tres años después el temible ascenso a la cima de la montaña más alta del mundo.

Probablemente Mallory, líder de la expedición de 1924 y su compañero Andrew Irvine hayan sido los primero í en poner pie en la cumbre del Everest. Lo cierto es que estaban muy cerca de la cima cuando una nube los envolvió y desaparecieron de la vista de sus compañeros, mas abajo, para no volver jamás. La primera conquista comprobada ocurrió casi 30 años más tarde, y fue lograda por una expedición inglesa dirigida por John Hunt.

El asalto final tuvo lugar el 29 de mayo de 1953 por el neozelance Edmund Hillary y el guía sherpa nepalés Tenzing Norgay. Hillary escribió después lo que sintió al pisar tierras mines, antes holladas por el hombre: “Mi sensación inicial fue de alivio: ya no había riscos por atravesar ni jorobas que nos prometiesen y robasen la esperanza del triunfo inmediato. Me volví hacia Tenzing… y no disimulaba su contagiosa sonrisa de dicha absoluta”.

Los alpinistas siguen arremetiendo contra la gran cima aunque hasta ahora sólo unas 400 personas han conseguido erguirse sobre el techo del mundo; los Himalaya, y el Everest en particular, han sabido guardar celosamente sus secretos.

Himalayas

Cima rocosa Visto desde la región alpina de Gokyo, 32 Km. al suroeste del Everest, el accidentado pico de la montaña más alta del planeta se recorta sobre un cielo inusualmente despejado. A horcajadas en la frontera entre Nepal y el Tíbet, el Everest rara vez se cubre totalmente de nieve en su cima, de modo que los alpinistas que aceptan su desafío deben ser expertos en rocas, y no en hielo y nieve, para completar el asalto final a la cúspide.

La Vida en el Himalaya
En los declives más bajos del Himalaya se desarrollan la agricultura y la ganadería. En la parte or., más húmeda, se cultiva el té. En algunos de sus valles más amplios se cultivan cereales, papas, frutas y especias. Cabras montesas y ovejas se alimentan con la hierba de las tierras altas en verano, pero descienden a los valles en invierno.

Los declives del Himalaya que miran al S. están cubiertos de abundante vegetación, porque en esta zona llueve bastante. En la parte o a los pies de la montaña, la vegetación es de espesa selva tropical y en las partes más altas se ven franjas de encinas siempre verdes, pinos, pinabetes y cedros.

Finalmente, entre los 4.500 y 5.000 m.s.n.m. se encuentran praderas alpinas, en las que los rododendros añaden una nota de color a los manchones de hierba verde. En la porción occidental más seca hay manchas de arbustos y bambúes, en los declives más bajos. Entre los 1.500 y los 4.000 m.s.n.m. se ven robles, pinos y cedros. A mayor altura aparece el desierto alpino, donde es escasa la vegetación que cubre las rocas.

En los pastizales altos de las estribaciones viven elefantes salvajes, tigres, leopardos y rinocerontes. El yak, la oveja salvaje y el almizclero habitan en las alturas. En las montañas existen valiosos yacimientos de minerales, pero en su mayoría son tan difíciles de extraer que la minería es muy escasa. En parte occidental  hay pequeñas minas de mineral de hierro, sal gema, grafito, pizarra, oro y zafiros.

Entre los 2.000 y los 2.400 m.s.n.m., en los declives más bajos, existen varias ciudades importantes que se han convertido en centros recreo. A ellas acuden durante el verano los indios y los europeos acomodados, que huyen  del calor de las llanuras. Darjiling y Simla son famosas como lugares de veraneo. En la parte occidental está el amplio valle de Cachemira, que tiene dos hermosos lagos. La Srinagar, de dicho valle, es famosa por su pintoresco trazado y su magnífico paisaje.

Es muy difícil viajar por el Himalaya. Todos los ferrocarriles terminan al píe de las estribaciones. Caminos para vehículos de motor llegan a ciudades tales como Darjiling Srinagar. Más allá de éstas el viajero tiene que seguir a pie. Los ríos ofrecen el más serio obstáculo: sus gargantas son empinadas su curso rápido. Hay muy pocos pasos a través  de las montañas y éstos quedan bloqueados por las nieves desde septiembre hasta junio. E el terreno alto se utilizan los yaks como bestias de carga. Estos animales, vigorosos y de pisada segura, pueden resistir temperatura, muy bajas.