El Muro de los Lamentos

Organización de la Iglesia y la Invasión de los Bárbaros Edad Media

LAS INVASIONES BÁRBARAS Y LA IGLESIA EN LA EDAD MEDIA

La Iglesia en la Edad Media, teniendo en cuenta las experiencias del pasado, llegó a asegurarse el monopolio de las actividades intelectuales, artísticas y educativas. La Reforma de Cluny purificó la vida monástica, pero la Iglesia secular estaba afectada por grandes vicios y los clérigos se hallaban demasiado íntimamente mezclados con el mundo y amenazados por su corrupción. El Papa Gregorio VII, en su deseo de reforma, chocó con el imperialismo dominador de Enrique IV de Alemania.

Después de la invasión de los bárbaros, la civilización occidental parecía haber retrocedido varios siglos; las estructuras de la sociedad fueron desmanteladas, las reglas elementales de la justicia romana desaparecieron, arrastradas por las hordas bárbaras, que se esforzaron en imponer sus propias concepciones por medio del Wehrgeld o precio de sangre.

En ese ambiente de degradación, de saqueo y de matanzas, la Iglesia apareció como el último baluarte de la civilización. Desde el siglo VII, el cristianismo, implantado ya en numerosas ciudades, penetró en los medios rurales, llevado por las antiguas clases dominantes, que buscaban lugares tranquilos y apacibles. Poco a poco, surgieron y se multiplicaron en el campo los lugares dedicados al culto, dirigidos por los nuevos terratenientes; los oratorios, y las capillas   bautismales   se   convirtieron   rápidamente en los centros de las comunidades cristianas: las parroquias.

La Iglesia, sin embargo, en ese contexto de violencias y de rudeza, no se limitó a una simple reorganización, sino que pasó a la ofensiva contra el paganismo renaciente y contra todas las supersticiones que se habían desarrollado entre los pueblos incultos y aterrorizados. Los reyes cristianos no escatimaron su ayuda a esta obra, que muy pronto se identificó con una tarea de reconstrucción del Estado.

Fue ésta la época de las grandes giras pastorales de los obispos contemporáneos del rey Dagoberto: San Eloy, San Omer, San Sulpicio. Prelados y misioneros partieron a evangelizar el norte de la Galia, y la cruz fue plantada de nuevo a lo largo del Mosa y del Escalda. En el siglo IX, la iglesia medieval francesa alcanzó su madurez. Tres concilios nacionales se celebraron entre los años 742 y 744, en el curso de los cuales San Bonifacio dio a la Iglesia franca su verdadera fisonomía.

La Iglesia se vio obligada a asumir, poco a poco, las tareas que los príncipes no estaban en condiciones de llevar a cabo; así, se hizo cargo de la instrucción pública, del cuidado de los enfermos, de la justicia y, en algunas ocasiones, incluso, de la paz.

Estas nuevas funciones hicieron de la Iglesia una fuerza real y confirmaron su creciente autoridad; pero, desde ese momento, un inmenso peligro surgió para el clero: el de su integración pura y simple en la sociedad   feudal.

La Iglesia, para realizar su misión, tenía necesidad de un mínimo de riquezas. Ciertamente, las donaciones y las limosnas se multiplicaban; numerosos eran los señores que, a la hora de la muerte, intentaban redimir las fechorías de una vida guerrera y apasionada, ofrendando a los monasterios vastas extensiones de su propiedad. Sin embargo, la Iglesia no podía vivir de estos recursos solamente.

El comercio y la moneda estaban poco desarrollados en la época feudal, la tierra era aún la única fuente de riquezas, la sola garantía de seguridad, el único medio de cambio. En estas condiciones, el clero no dudó en adquirir múltiples propiedades. Para estar más cerca de sus fieles, el clero secular se instaló entre ellos. Las comunidades religiosas se alejaron de los hombres, y, a menudo, ocuparon tierras abandonadas, dedicándose con entusiasmo a roturarlas, en una época en la que roturar se había convertido en una imperiosa necesidad de supervivencia para una población en pleno crecimiento.

Desde el siglo IX, todas las propiedades de los obispados y de las abadías fueron sustraídas a la ingerencia de los príncipes y de los condes. El dignatario eclesiástico se convirtió, para los hombres libres establecidos en su tierra, en el único representante del rey. En general, la propiedad se benefició de la inmunidad de las cargas fiscales.

Los señores del castillo no tuvieron ya ningún derecho sobre las tierras y los hombres de la Iglesia. De esta forma, las propiedades eclesiásticas se convirtieron en verdaderos enclaves independientes. Pero, en la práctica, esta independencia fue puesta en tela de juicio, debido a las nuevas funciones del clero. Según las estructuras feudales, el prelado propietario de fincas rústicas llegó a ser, en sus relaciones con la población que vivía en sus tierras y las trabajaba, un verdadero señor, animado frecuentemente por la sola preocupación de la ganancia y del beneficio.

Estas tentaciones fueron tanto mayores cuanto que se dieron en gente cuya selección y reclutamiento no obedecieron siempre a piadosas referencias. Y éste es el segundo aspecto de tal integración de la Iglesia en la economía feudal. A menudo, los señores laicos, fundadores de iglesias o donadores de bienes, se otorgaron una gran cantidad de privilegios sobre sus obras. Valiéndose del «patronato», pronto llegaron a designar ellos mismos, entre su propia clientela, a los titulares de los cargos eclesiásticos de la diócesis.

EL MONACATO: LAS TAREAS DE LOS MONJES
Para escapar a las tentaciones inherentes a la vida social, numerosos cristianos abandonaron el siglo, dejaron aquella sociedad en pleno derrumbamiento, para ir a refugiarse en solitarios lugares de retiro, propicios a la meditación y a la plegaria. El monacato no fue un fenómeno particular de la Europa’Occidental; fue, sobre todo, su desarrollo el que ofreció condiciones específicas. Llegadas de Egipto en el siglo V, las primeras comunidades se instalaron, hacia el año 418, en el sur de Francia.

Desde entonces, después de la fundación de los monasterios de Lérins y de San Víctor de Marsella, apareció toda una serie de comunidades que practicaban el ascetismo  más riguroso, unido a una nueva concepción de la penitencia y de la salvación. Así en el año 615, se fundaron los monasterio de Luxeuil, de Saint Gall, de Bobbio. Entre tanto, en el año 525, un italiano , Benito de  Nursia, decidió pro-movervun estilo de vida menos riguroso en sus monasterios,   para   transformarlos   en refugios más accesibles a los cristianos.

Fue entonces cuando se desarrolló un verdadero y vasto movimiento monacal, que aplicó por todas partes la regla de San Benito. Los centros benedictinos, al seguir esa regla, se convirtieron en remansos de paz, pero también en auténticos instrumentos de evangelización.

Fueron monjes benedictinos,   dirigidos   por   Agustín,   losque marcharon a convertir a los anglosajones. En Canterbury se instaló el primer monasterio benedictino situado fuera de Italia. En esos monasterios, la vida era bastante ruda y, esencialmente, estaba consagrada a la oración colectiva; los monjes organizados en verdaderas milicias, se habían comprometido solemnemente por escrito a llevar una vida parecida a la del soldado-campesino, bajo la férula absoluta del abad, jefe de la comunidad.

Además de dedicarse a la oración, los monjes se ocupaban en trabajos manuales, destinados a asegurarles la existencia. No queriendo depender en absoluto de la sociedad, por miedo a contaminarse, San Benito había impuesto el laboreo de los campos. Esta vida, tranquila y austera, atrajo a un gran número de señores y de campesinos, deseosos de asegurar la salvación de su alma. (seguir leyendo sobre Los Monasterios de San Benito de Nursia)

Fuente Consultada:
HISTORAMA Tomo III La Sociedad Feudal La Gran Aventura del Hombre Edit. CODEX
Más Allá de los Pilares de la Tierra  Ken Follett Edit. Hermética Robinbook

La Mezquita de Santa Sofia en Estambul Templos Religiosos Estambul

Santa Sofía domina la silueta de Estambul como una potente ciudadela. Durante milenio y medio se la cantó y admiró como maravilla del mundo; un monumento de la gran cultura humana como hasta la actualidad no se ha vuelto a crear otro. Al visitante de hoy le resulta difícil descubrir, tras la apariencia exterior de la iglesia, la brillantez perdida de la áurea Bizancio.

mezquita santa sofia

El cambiante destino de Santa Sofía —de iglesia cristiana a mezquita islámica y al actual museo— dejó tras de sí en todas partes sus huellas en forma de cambios y añadiduras. La magnífica y esplendorosa cúpula principal, cuya clave se eleva a 56 m por encima de la nave del templo, es lo único que no ha perdido nada de su gracia y dignidad. Sirvió de ejemplo para la construcción de numerosas mezquitas orientales y catedrales de Occidente.

El emperador Constantino fue el primero en construir una iglesia en el lugar de la actual Sofía, cuando en 336 convirtió a Bizancio, bajo el nuevo nombre de Constantinopla, en la capital de su imperio romano oriental. La llamó “meggale ekklesia”, gran iglesia.

Constantino fue el propulsor de la fe cristiana por todo el Oriente y quiso, en Santa Sofía, demostrar su poder sin límites. El fasto ornativo llegó a alcanzar efectos nunca alcanzados en otros lugares: la riqueza de colorido en las grandes columnas verdes y rojas, los capiteles de imponente mole, las paredes planas con incrustaciones de losas verde tierno, estaban limitadas por otras cornisas labradas, entre capitel y capitel, y recias barras de cedro procedentes del Líbano, hacían de tirantes. 

Después del devastador incendio del año 404, provocado en tiempos del emperador Arcadio, oo quedó nada más que las cenizas; la causa fue una revuelta surgida a consecuencia de la condena de destierro de San Juan Crisóstomo. Arcadio era hijo de Teodosio, nació en España y fue elevado al trono juntamente con su hermano Honorio, con quien repartió el imperio, quedándose él con el de Oriente; fue cristiano e impuso en todo su vasto imperio la religión de Cristo, confiscando todos los templos paganos.

Teodosio II volvió a edificar el templo nuevamente en un afán de que aquella joya arquitectónica quedara para la posteridad; eso ocurría en el año 415.

Cien años más tarde, esta iglesia y con ella la mayor parte de Constantinopla, era pasto de las llamas, durante un levantamiento, llamado de Nica, contra el emperador Justiniano, del que logró salir con vida gracias a la prudencia de Teodora, que no queriendo abandonar el palacio, pudo salvarlo; ésta era la segunda vez que la catedral de Santa Sofía era pasto de la furia desencadenada de los hombres.

Justiniano, no obstante, se propuso edificar nuevamente Santa Sofía, que sería más grande y más hermosa. Los arquitectos Antemio de Tralles e Isidoro de Mileto que eran los más famosos arquitectos de la Roma Oriental, se encargaron de convertir en realidad el sueño de Justiniano. “Un ángel le muestra los planos durante el sueño”, decía el pueblo.

Antemio era de Tralles, ciudad rica en monumentos, situada en las colinas del valle del Menderes en el Asia Menor, gran matemático y no peor arquitecto, llevó a cabo notabilísimos estudios e investigaciones sobre mecánica, fue inventor de algunos artilugios, en óptica también fue un avanzado investigador, pero quiso la desgracia que mientras trabajaba para Justiniano, le sobreviniera la muerte. Su obra fue continuada por Isidoro que era oriundo de Mileto ciudad cuyos tres puertos abiertos al comercio hicieron de ella la más próspera y famosa colonia griega en la costa de Jonia.

En primer lugar se preparó una gran explanada formada por grandiosos bloques de piedra y encima se vertió una descomunal masa de concreto de más de 20 m de espesor y sobre estos formidables cimientos se levantó todo el edificio que es prodigio de belleza y estabilidad arquitectónica sin par.

Las obras costaron 180 quintales de oro. Millares de obreros llevaron durante la construcción todas las riquezas del imperio oriental: el más hermoso mármol, las mejores columnas; adornaban las paredes mosaicos de oro. El día 27 de diciembre del año 537 fue inaugurada la nueva y fabulosa Santa Sofía por el patriarca Menas y Justiniano pudo decir, pleno de satisfacción y con los ojos puestos en el cielo: “Doy gracias a Dios que me ha considerado digno de cumplir una obra tal.”

En el año 557 la cúpula se hundió quedando casi destruida. Se atribuye el hundimiento a que la cúpula no tenía forma hemisférica, sino que era rebajada y este motivo fue probablemente el causante del derrumbamiento.

La nueva restauración, efectuada cinco años después (562) por Isidoro el Sobrino, dio los últimos toques a la gran obra que satisficieron plenamente a Justiniano.

En el templo eran custodiadas las más fabulosas reliquias de la Cristiandad: restos de la Cruz, la losa de mármol en la que se extendió el cuerpo adyacente de Cristo una vez descendido de la Cruz y el pozo de la Samaritana. Todas estas sagradas reliquias fueron dispersadas en parte en el saqueo que se efectuó después de la conquista de Constantinopla por los Cruzados. Otras reliquias las Podemos contemplar, hoy en día, en la basílica de San Marcos en Venecia.

Una vista panorámica del interior del más importante templo de la cristiandad oriental; del techo de la bóveda cuelgan innumerables lámparas que como estiradas lágrimas floran su pasado esplendor, convertido en mezquita, y actualmente museo.

La Santa Sofia (“Sabiduría Divina”) ya acabada se convirtió en el santuario de la cristiandad oriental. Siguió siéndolo hasta que los turcos en 1453 conquistaron Constantinopla, que desde entonces se llama Estambul. Para pesadumbre de todo el mundo cristiano convirtieron la iglesia en mezquita. Kemal Atatürk declaró museo a Santa Sofía.

Se sabe que el interior de Santa Sofía se encontraba pavimentado con hermosos mosaicos, hoy desaparecidos. Las paredes también estaban recubiertas del mismo modo y aún hoy día se pueden apreciar algunas muestras de las hermosas e inigualables reproducciones artísticas que en ellas se plasmaron.

En la actualidad el suelo está recubierto por grandes y pesadas losas de mármol. En el medio arco de la puerta real del atrio figura un Cristo sentado y a sus pies el emperador León VI.

El ábside tiene en el centro la Virgen y el Niño y varios hermosos arcángeles.

“Religiosidad y decoración, color y forma, luz y leyenda se combinan, se disocian y se superponen en Santa Sofía de modo incomparable”, escribió el profesor Dr. Nastainczyk. “Como edificio manifiesta la transparencia eucarística de todo lo terreno y en su historia la coincidencia escatológica de la fe vivida.”

La cúpula actual está formada por cuarenta medios arcos de ladrillo que convergen en el anillo de clave, cubiertos de mosaico y soldados uno con otro por una fina pared que en la base está abierta por cuarenta grandes ventanas.

Los muros de la iglesia son todos de ladrillo expresamente fabricados y en algunos figura la inscripción Meggaie ekklesia. Según se cree los de la cúpula habían sido elaborados con tierra muy fina y ligera.

En la actualidad todo el exterior de Santa Sofía se encuentra estucado y coloreado, pero es posible que su origen no fuera este, ya que los grandes pilares que sostienen la cúpula están hechos por bloques regulares de arena blanca muy fina.

Se desconoce casi por completo, como fue anteriormente Santa Sofía pero hoy en día rio podemos dudar de que en tiempos de Justiniano fuera el templo más hermoso de la cristiandad.

 Diversos son los mosaicos que se conservan todavía en Santa Sofía (siglo XII). Este que es uno de los más representativos, muestra la figura de Cristo, y se encuentra en perfecto estado de conservación, a pesar del tiempo.

Para edificar la iglesia, Justiniano importó hermosos materiales de construcción de todo el Imperio. El pórfido rojo, el mármol verde, blanco y amarillo se trajeron por barco; escultores, carpinteros, albañiles y mosaiquistas pusieron manos a la obra para crear esta joya de la cristiandad en sólo cinco años.

Al terminar, la cúpula y todo el techo fueron cubiertos de oro cuyo brillo se reflejaba en todas las superficies lisas. Las columnas de mármol eran de unos matices tan exquisitos que un historiador contemporáneo, Procopio, las comparó con un prado cuajado de flores.

De noche la iglesia se transformaba en un resplandeciente firmamento con diminutas estrellas de oro suspendidas entre círculos concéntricos de luz.

La magnificencia de la iglesia disminuyó gradualmente a lo largo de su accidentada historia. Constantemente amenazada su estructura por el fuego y los terremotos, el interior del edificio fue saqueado de sus tesoros en 1204 por los cruzados, hostiles a la Iglesia ortodoxa oriental, en su ruta hacia Jerusalén. En 1453 Constantinopla cayó en manos de los turcos otomanos. Santa Sofía fue convertida en mezquita, y sus mosaicos fueron cubiertos de yeso. Finalmente, en 1934, Kemal Ataturk, presidente de Turquía, convirtió la iglesia en museo.

La última comunión
Fue en la tarde del 28 de mayo de 1453 cuando el emperador Constantino XI, con lágrimas en los ojos, recibió la santa comunión por última vez, pues sabía que en pocas horas miles de turcos, al mando de Mehmet II, asaltarían los muros de la ciudad y asesinarían a sus defensores: los peores temores del emperador se verificaron.

Pero el conquistador mostró la debida reverencia hacia Santa Sofía. Se dice que antes de entrar por primera vez en la iglesia, Mehmet lanzó un puñado de tierra por encima de su cabeza en señal de humildad y respeto. Una vez dentro, contempló en silencio la magnificencia de la construcción, y al ver que un soldado turco aporreaba el suelo de mármol, lo golpeó de inmediato con su espada.

En la actualidad, despojado de cualquier función religiosa, este gran templo sigue siendo un oasis espiritual dentro de una bulliciosa metrópoli.

Palestina Historia de los israelitas Pueblo Judio en la Antiguedad

Palestina Historia de los Israelitas

Hacia mediados del milenio seguido a de C., en una época de incesantes movimientos de pueblos, ciertos grupos semitas, originarlos del desierto arábigo, llegaron al Eúfrates medio. Cerca del 1350 a.C. avanzaron hacia el oeste en dirección a Palestina. En el siglo XII a C. formaron reinos en zonas cercanas al mar Mediterráneo, Entre estos grupos semitas se destacaron los fenicios y los hebreos.

Aunque con características propias, ambos pueblos, al ser vecinos de civilizo clones tan importantes como las de Mesopotamia y Egipto, recibieron muchos elementos culturales de estas regiones. Costumbres, artes, ideas, posaron de un lugar a otro y de un pueblo al otro. Sufrieron también el impacto de circunstancias externas amenazantes, pero lograron desarrollarse sin excesivos sobresaltos antes de la formación de los grandes imperios asirlo, neobabilónico y persa.

historia palestina

Los hebreos: “el pueblo de Yahvé” Los hebreos se asentaron en la zona de Palestina, al Sur de Fenicia. Esta zona está delimitada: al Oeste: por el mar Mediterráneo; al Este: por el río Jordán y el mar Muerto; al Norte: por las montañas del Líbano; al Sur: por la península del Sinaí.

Es un territorio menos fértil que Egipto y Mesopotamia, pero presenta llanuras aptas para el pastoreo y el cultivo, parlo que será codiciado parlas vecinos del desierto. También pondrán sus oías allí poderosos renos por estar en una posición estratégica, lugar o punto de contacto, adonde llegaban caravanas de diferentes lugares.

Esta región se llamo primitivamente el país del Canaán debido a que sus primitivos pobladores fueron os cananeos pueblo también de origen semita, que se asentó allí hacia el 3000 a.C..

Posteriormente llegaron tribus de origen ario, los filisteos quienes denominaron a la zona Philístina, nombre del cual derivó la palabra Palestina y los hebreos, singular pueblo, que no formó un poderoso Estado o un imperio, pero que sorteando avatares mantuvo su vigencia hasta la actualidad. Es el único pueblo de la antigüedad que sobrevivió hasta hoy gracias a los lazos de unión que originó su religión.

Evolución histórica y política

mapa palestinaAntecedentes del pueblo hebreo. Los patriarcas: Los antiguos hebreos partieron originariamente desde Arabia y llegaron a la Mesopotamia. Estaban organizados en pequeños grupos familiares o “clanes”, dirigidos por el más anciano de sus miembros, al que llamaban ‘patriarca’, quien además administraba justicia, dirigía los actos de guerra y realizaba tareas de sacerdote.

Según la tradición, uno de estos patriarcas, Abraham, fue elegido por su dios, Yahvé o Jehová, para sellar un ‘pacto de alianza”: Yahvé le ordenó dirigirse a Cannán, tierra que prometió a él y a sus sucesores, si cumplían con sus designios. Abraham entonces obedeció, se puso en marcho con su clan y se estableció en Palestina.

Con su nieto, Jacob o Israel, los hebreos comenzaron a llamarse a sí mismos hilos de Israel” o israelitas” nombre que significa los que son fuertes con Dios”. Muchos hebreos emigraron a Egipto cuando ese país estaba en poder de los hicsos. AL provocar La dinastía XVIII tebana La expulsión de los hicsos de Egipto, se generó un clima de fervor nacionalista. Cambió la situación de los hebreos asentados allí, fueron perseguidos y tratados prácticamente como esclavos. Surgió entonces entre Los hebreos la figura de Moisés, quien convenció a su pueblo para huir de Egipto y dirigirse hacia la tierra prometida”. Se inició así el éxodo de los hebreos.

Según la Biblia, Moisés recibió al cruzar la península del Sinaí, en una revelación de Jehová, las leyes” para el gobierno de la comunidad, conocidas como el Decálogo o las Tablas de los Diez Mandamientos. Aquí la alianza de Dios y Abraham se renovó: Yahvé protegería a los hebreos en su camino a la nueva patria y el pueblo se comprometía a reconocerlo como único dios y cumplir con las “leyes”. El símbolo de este acuerdo era el Arco de la Alianza que contenía las Tablas. Al llegar a Palestina, Moisés murió a la vista de la tierra prometida”. Esta fue conquistada por Josué, su sucesor. En el curso del siglo XII a C. los hebreos tuvieron algunos enfrentamientos con los cananeos.

En cuanto a la organización política continuaron por mucho tiempo divididos en 12 tribus, sin conformar un solo Estado. El vínculo primordial entre ellos era el religioso. En momentos difíciles cuando eran atacados por enemigos, las tribus aceptaban eventualmente a un único jefe, llamado juez. Este era casi siempre un caudillo que unía a varias tribus bajo su autoridad durante el tiempo que durara el peligro. Entre ellos se destacaronGedeon, Sanson y Samuel.

Cuenta el Antiguo Testamento que el pueblo hebreo atravesó diversas etapas en su historia:

Etapa de los patriarcas. En ella Abraham, padre de los hebreos, abandonó por orden de Dios la ciudad de Ur para dirigirse hacia Palestina. Esta etapa comprende también la huida de Egipto de los hebreos guiados por Moisés, a quien Dios entregó los Diez Mandamientos. Por último se narra la instalación en Palestina.

Etapa federativa. Comienza con el patriarcado de Josué (siglo XII a.C). Se relata la federación de las doce tribus de Israel, que se enfrentaron a los filisteos. La lucha finalizó con la implantación del poder unificador de los jueces: Gedeón, Sansón, Samuel.

Etapa monárquica. En este período los judíos formaron un reino unitario con capital en Jerusalén, primero bajo el mando de Saúl y luego de David y Salomón, Después de produjo la división en dos reinos (Judá e Israel), la dominación babilónica y, por último, la diáspora de los judíos, es decir, su dispersión por el mundo.

Los hebreos creen en la existencia de un solo Dios, por tanto su religión es monoteísta. Esto era un rasgo único en su época. Según su concepción religiosa, Dios selló un pacto con los hebreos, a los que escogió como pueblo elegido. Dentro de las creencias judías figura la esperanza en la venida de un Mesías o redentor. El Antiguo Testamento es el libro sagrado del pueblo hebreo. El libro relata la historia de este pueblo y sus relaciones con las naciones vecinas, principalmente Mesopotamia y Egipto.

Creación del Estado hebreo: Los reyes
Rey Salomón
rey salomon

A fines del siglo Xl a C. estas uniones temporales frente al peligro se transformaron en una unión permanente con la creación del reino de Israel. Los hebreos organizaron un solo Estados nació la monarquía.

Era una circunstancia propicia para ello. En el plano internacional era una época de florecimiento de pequeños reinos independientes los grandes imperios antiguos habían decaído y todavía no había surgido el temible poder de los asirios. En el plano interno, era un buen momento para unirse y derrotar a los filisteos con quienes se disputaban la zona.

El primer rey de los hebreos fue Saúl. Su sucesor David conquisto Jerusalén (antigua ciudad cananea) y la convirtió en la capital del reino. Posteriormente sometió a los filisteos y extendió los dominios de Israel hasta el mar Rolo.

Los hebreos consideraron a esta época como la más feliz. Su hilo y sucesor Salomón alcanzo fama por darle prestigio e importancia al cumplimiento de la justicia. También intensificó el comercio aprovechando que el territorio estaba ubicado en un cruce de rutas comerciales. Fue una época prospero. Saloman, incluso, organizo una flota para comerciar por el mar Rojo. Parte de las riquezas se aplicaron a la construcción del palacio y del templo de Yahvé en Jerusalén.

templo salomon

Templo de Salomón

El cisma. Los dos reinos

A la muerte de Salomón cerca de 926 a C. se desencadenó una fuerte rivalidad entre las 12 tribus que conformaban el pueblo hebreo lo que determino la división del reino en dos estados diferentes:

a) Las diez tribus del Norte formaron el reino de Israel mas vasto y más fuerte, con capital en Samaria;

b) Las dos tribus del Sur formaron el reino de Judá con capital en Jerusalén.

Como consecuencia de este cisma o esta división hubo una decadencia económica y religiosa. Económica porque ya no tuvieron el monopolio de las rutas de la región, y religiosa porque comenzaron a adorar, sobre todo en el reino del Norte, a otros dioses y asimilaron también costumbres religiosas de otros pueblos como los cananeos. Como reacción ante esta situación surgieron los profetas, en defensa de la doctrina de Jehová. Según la Sagrada Escritura profeta es aquel que habla por Dios y como intérprete de Dios.

El exilio. La pérdida de la independencia política

La división y las luchas internas provocaron debilidad en los dos reinos justo en el momento en que resurgían nuevamente poderosos imperios en el Cercano

Oriente. Por lo tanto se vieron imposibilitados de mantener su independencia En eL 722 a.C. los asirios invadieron el reino de Israel y lo conquistaron, en el 587 a.C., Judá cayó en poder del imperio neobabilónico de Nabucodonosor II, quien transportó a los israelitas cautivos a Babilonia. El cautiverio en Babilonia señala la decadencia de la organización política de los he-oreos. Como contrapartida constituirá un periodo de elevación religiosa. Los judíos se mantendrán unidos por sus tradiciones yahvistas. En esta época surgieron con nuevo vigor los profetas, que reavivaron la fe de los israelitas. Entre ellos, Ezequiel y Daniel anunciaban que tras el sufrimiento vendría la recompensa con la llegada del Mesías, el Hilo de Dios” que los libertaría.

El retorno a Palestina. La comunidad religiosa

Cuando Ciro el Grande rey de los persas conquistó el imperio neobabilonico en el 539 a.C. autorizó a los hebreos retornar a Palestina. Si bien los persas les permitieron reorganizarse como comunidad religiosa, de acuerdo con su política de respeto a las creencias de los sometidos a su poder les prohibieron erigirse, en cambio como un Estado político independiente. De esta forma sufrieron distintas dominaciones: de la persa pasaran a la griega y luego a la romana.

La diáspora

En el año 70 d.C. OS romanos destruyeron a ierusalen y expulsaron a os israelitas, quienes se disgregaron por todo el Mediterráneo. Comenzó así la diáspora” es decir la dispersión de os judíos por el mundo. La historia de los hebreos en Palestina había terminado por el momento, ella dejaría de ser su patria por mucho tiempo Pero la comunidad hebrea sobrevivirá manteniendo intactas sus creencias y costumbres, gracias a su fe y a la alianza con su Dios, Yahvé.

Economía: una tierra puente Establecidos en Palestina, los hebreos se dedicaron a la agricultura y a la ganadería. Los cultivos característicos fueron el olivo y la vid, aunque también obtuvieron legumbres como habas y en telas. El pastoreo de ovejas, asnos, bueyes, cabras, caballos y camellos acompañaba la actividad agrícola. También trabajaron la cerámica y confeccionaron numerosos tejidos de ano y lino. Pero su más importante actividad económica fue el comercio: esto se debió a que su lugar de asentamiento, Palestina, era una tierra puente; por ejemplo, un lugar de tránsito de mercaderes entre Mesopotamia y Egipto.

Los hebreos: exportaban: aceite y vino; importaban: metales (cobre de Chipre, hierro de Anatolia, oro de Arabia), marfil y especias.

La sociedad La sociedad israelita estaba íntimamente relacionada con su religión. El núcleo de la sociedad hebrea era la familia. Esta ero patriarcal. El padre representaba la máxima autoridad. Existían también los esclavos, que se obtenían por compra o por ser prisioneros de guerra; no se los trataba con crueldad

Letras y artes La religión dominó todos los aspectos de la cultura hebrea. La prohibición de representar a la divinidad desalentó la creatividad en escultura y pintura. Como contrapartida, Fa religión estimuló el desarrollo de la literatura: el esfuerzo de generaciones para la redacción y la transmisión de los textos, las creencias y tradiciones religiosas. El resultado fue la Biblia. La palabra Biblia” deriva del griego (Biblia libros, e indica el libro por excelencia Fenicia”. También se denomino Sagradas Escrituras: Sagradas” porque se creen inspiradas en Dios y contienen la revelación de éste a los hombres, y “Escrituras” porque su origen es variado, de distintas épocas y diferentes autores.

Estos escritos redactados por os hebreos constituyen el Antiguo Testamento o Biblia hebrea. En ellos se habla de la historia, las costumbres, las creencias, los pensamientos éticos y morales del pueblo israelita. Posteriormente, los cristianos le anexaron el Nuevo Testamento, donde aparece la llegada de Cristo, su vida y los orígenes del cristianismo.

El núcleo original de la Biblia fue el Pentateuco, conjunto de los cinco primeros libros del Antiguo Testamento: el Génesis, el Éxodo, el Levítico, los Números y el Deuteronomio. El Génesis relata la creación del mundo, los orígenes del pueblo hebreo con Abraham hasta el establecimiento en Egipto. El resto de los libros se refieren, entre otros temas, a Moisés, comentan la huida de Egipto, el peregrinar por el desierto y la llegada a la tierra prometida.

Los llamados Escritos Históricos de Josué, Jueces, Samuel, Reyes y Crónicas narran los hechos históricos desde el asentamiento en Palestina, relatan la actuación de los jueces, la formación del Estado, los momentos salientes de cada monarquía.

Los Escritos Proféticos comentan la división del reino en Israel y Judá, y su caída en manos de opresores extranjeros. Contienen los presagios de los profetas que anuncian el castigo y la resurrección de las ruinas.

Los Escritos Poéticos contienen salmos o himnos para ser cantados y plegarias.

Los Escritos Sapienciales reúnen consejos de sabiduría y preceptos de carácter moral. La música también fue cultivada por los hebreos. Samuel fundó una escuela de músicos. Durante los gobiernos de David y Salomón, este arte llegó a su esplendor considerándose una profesión de gran prestigio.

(Ver JERUSALEN, LA CIUDAD SANTA)

La religión: un monoteísmo ético

La religión, razón misma de ser deL pueblo hebreo, tu- ‘va como característica principal el monoteísmo. Israel tiene un solo dios: Yahvé o Jehová. Esta es la primera gran diferencia con el resto de las religiones del Cercano Oriente, que eran politeístas. Su dios es justo, sumamente bueno y clemente. No puede ser representado, es inmaterial. No toma por esto características antropomórficas ni se identifica con las fuerzas de la naturaleza, como los dioses de otras religiones de la antigüedad.

El hombre queda con respecto a Jehová en una posición inferior. Dios lo hizo a su imagen , inmortal, pero ha pecado, por ello ha sido condenado al trabajo y a la muerte. Concepto inverso al de las religiones mesopotámicas, donde el hombre nace mortal. El anuncio de la llegada de un Mesías en las épocas de crisis es otra particularidad de la religión hebrea. Vislumbro un futuro feliz, en donde el bien y la justicia reinen en la Tierra.

De esta forma, el mesianismo señala un punto de transición a la predicación cristiana. La religión de los israelitas tuvo también un matiz moral o ético. Yahvé le exige a su pueblo el cumplimiento de una moralidad. Dicto, en primer lugar, Las obligaciones del creyente para con su dios (“ser el único dios”, “no representarlo”), y luego, las obligaciones de los hombres entre sí “no cometer asesinato ni adulterio” ,“honrar al padre y a la madre”, etc.).

Por último, debemos citar una característica primordial de la religión hebrea: el profundo vínculo de Dios con la historia de su pueblo. En otras religiones, el accionar de los dioses se realizaba fuera de los tiempos históricos. En la religión de los hebreos, Dios está presente en la historia de su pueblo y les manifiesta o les revela a sus creyentes el modo correcto de actuar. Se comunica con ellos a través de sus elegidos como Abraham y Moisés, por intermedio de los cuales los guía” en el transcurso de la historia.

En síntesis: La religión hebrea, monoteísmo de contenido moral y profundo vínculo con la historia de su pueblo, fue la primera religión “sin fronteras”, lo que la convirtió en vínculo permanente entre sus creyentes y en razón de ser para su supervivencia como pueblo.

Su Legado: La primera fe monoteísta, origen de las tres grandes religiones actuales: cristianismo, judaísmo y islamismo. El Antiguo Testamento.

AMPLIACIÓN Y SÍNTESIS DEL TEMA

LAS RAÍCES DEL JUDAÍSMO son extremadamente antiguas, posiblemente anteriores al s. XIII a.C. A diferencia de todas las religiones de la época, los judíos creían en un solo dios. La historia y las leyes del judaismo estaban escritas en un libro, la Biblia hebrea (lo que los cristianos conocen como Antiguo Testamento). Los cinco primeros libros se conocen como la Tora, que quiere decir “ley” (para los cristianos se trata del Pentateuco). Contiene la historia de Abraham, Isaac y Jacob, llamados los “patriarcas”, así como la historia de Moisés. En la Tora se expresan los preceptos básicos del judaismo.

ABRAHAM
El pastor Abraham, el primer patriarca hebreo, era originario de la ciudad caldea de Ur. Dios le ordenó que cogiese a su familia y se trasladase con ella a Canaán, territorio que ocupaba la actual Palestina. Dios quiso más tarde probar su fe ordenándole el sacrificio de su único hijo Isaac. A punto estaba de celebrar el sacrificio cuando Dios, satisfecho por su devoción, le ordenó sustituir a su hijo por un carnero.

JACOB
Jacob era el primogénito de Abraham y condujo a los hebreos a Egipto cuando el hambre asoló las tierras de Canaán. Jacob recibió asimismo el nombre de Israel, de donde viene el de “israelitas” con que se conoce también a los hebreos.

MOISÉS
El libro bíblico del Éxodo se centra en el período de la esclavitud de los hebreos en Egipto y en su salida conducidos por Moisés hacia la tierra de Canaán, a través del desierto. Durante la peregrinación, Moisés recibió las leyes de Dios, especialmente el Decálogo, en la cima del monte Sinaí. Como intérprete de la Alianza, Moisés se convirtió en el organizador de la religión y de las tradiciones civiles de los israelitas. El Decálogo (los “diez mandamientos”) se convirtió en el código de conducta, no sólo del judaísmo, sino también, más tarde, del cristianismo.

ISRAELITAS Y FILISTEOS
Los filisteos eran un pueblo de marinos provistos de una rígida disciplina y de un buen armamento que invadieron y saquearon varios países del Mediterráneo. Se habían instalado en Canaán poco antes del regreso de los israelitas desde Egipto. Los filisteos intentaron extenderse al vecino territorio de Israel y a los montes de Judea, lo que condujo a un conflicto entre los dos pueblos; es la historia bíblica de Sansón. Durante el reinado de David, los israelitas se unieron definitivamente ante el enemigo común, los filisteos. Resultaron victoriosos y se establecieron en la tierra de Israel.

EL REINO DIVIDIDO El primer templo de Jerusalén fue construido por Salomón en el 957 a.C. para albergar el Arca de la Alianza, símbolo de la unidad israelita. Tras la muerte de Salomón (h. 930 a.C.) se intensificaron las luchas entre las tribus del norte y las del sur. El reino se dividió en dos: Israel, al norte, y Judá, al sur.

INFLUENCIA EXTRANJERA
Los asirios conquistaron Israel en el 721 a.C. El área y su religión sufrieron la influencia extranjera durante largo tiempo, en un período en el que transcurrieron desde la caída en manos de Babilonia (s. VI a.C.) hasta la conquista de Alejandro Magno (s. IV a.C.). Los romanos conquistaron Israel en el 63 a.C. y la incorporaron a sus posesiones con el nombre de Judea. La religión de los israelitas comenzó a ser conocida como judaísmo, mientras que los israelitas se conocieron más como judíos. En este período surgieron nuevos grupos judíos, principalmente de orden político, cuyo objetivo era la fundación de un estado judío independiente. La comunidad judía se expandió rápidamente por el Mediterráneo y Egipto.

LA VIDA COTÍDIANA El pueblo que observaba la religión judía debía cumplir ciertas leyes. Éstas incluían una cierta forma de matar a los animales y de preparar los alimentos. Un precepto fundamental era la observancia del sabbath, día de la semana consagrado a la plegaria.

Fuente Consultada: La Humanidad de Silvia Vázquez de Fernández

La Vida en los Monasterios en la edad Media: el trabajo y la oracion

La Vida en los Monasterios en la Edad Media

VIDA EN los monasterios medievalesLos monjes dieron a la Iglesia un contingente de misioneros de primera clase para la conversión de Europa. No solamente predicaban los evangelios, sino que rellenaban pantanos, fundaban escuelas, experimentaban con nuevas técnicas agrícolas y construían monasterios alrededor de los cuales crecían ciudades pequeñas como la de York o grandes como la de París.

En los “scriptoriums” (el término monástico equivalente a bibliotecas de investigación), escribieron copias perdurables de los libros griegos y romanos, conservando esta herencia del saber para todos nosotros. Hicieron todo esto convencidos de que la voluntad del Espíritu de Dios era la civilización del mundo.

San Benito fue el padre de los monjes de Occidente. Fundó su primer monasterio, Monte Casino, a mediados del siglo VI. La Regla de san Benito fue y sigue siendo una guía monástica hasta hoy.

En el mundo medieval, los monasterios hacían la función de «ciudades de Dios», al igual que las villas, los pueblos y las aldeas eran las ciudades de los hombres. Eran microcosmos en los que los hombres y mujeres allí reunidos se entregaban al trabajo y la oración; en un mundo oscuro y bárbaro fueron los que preservaron la cultura clásica para los siglos venideros

Desde hace miles de años han existido hombres que voluntariamente han abandonado la sociedad para retirarse a meditar y orar en soledad, son los ermitaños y anacoretas. En algunos casos, prefirieron agruparse en pequeñas comunidades en las que trataron de alcanzar estos mismos objetivos; de esta manera surgieron los monasterios, pequeños microcosmos autosuficientes, que se regían por sus propias reglas. Pronto, el resto de la sociedad, deseosa de lavar sus pecados y de ser incluida en las oraciones de los monjes, fue ofreciendo a los monasterios donaciones destinadas a ennoblecer los edificios monacales.

El origen del monacato

Los orígenes del monacato se sitúan en el siglo III en el Mediterráneo oriental, donde, partiendo de la necesidad de un mayor compromiso religioso, numerosos eremitas y anacoretas decidieron llevar una vida ascética en solitario, siguiendo el modelo de santos como Elias o Juan. Sin embargo, también se desarrollaron formas de vida religiosa en comunidad; fue el caso de los cenobitas, que querían imitar a los apóstoles.

En Occidente, resulta difícil hablar de una homogeneidad monástica, ya que cada centro era independiente de los demás, aunque los objetivos de la orden fuesen comunes. Las reglas monásticas más antiguas fueron redactadas por San Agustín (354-430); en ellas reguló las horas canónicas y dispuso las obligaciones de los monjes respecto al orden teológico y moral. Consiguió, ya en el siglo y, que más de veinte monasterios africanos las practicaran, lo que contribuyó al conocimiento de la regla en Europa. Desgraciadamente no se conserva ningún resto de los primitivos monasterios africanos, por lo que desconocemos cómo fueron las construcciones que acogieron a estos primeros monjes.

Durante los siglos V a VIII, en Europa destacaron dos corrientes monásticas: los monjes celtas irlandeses, comunitarios y fuertemente ascéticos, y los que seguían la regla de san Benito de Nursia. Las órdenes irlandesas estaban muy relacionadas con las reglas monásticas orientales; san Columbano, en el siglo VI, fue su principal impulsor. Fue un rígido monje que exigía a sus comunidades que vivieran con descanso y alimentación mínimos, sometiendo sus cuerpos a terribles castigos para evitar la sensualidad. Este ascetismo y mortificación de la carne impulsaba a los monjes a buscar refugio en lugares inhóspitos, donde su existencia resultara aun mas extrema. Se conserva una descripción del monasterio más importante fundado por san Columbano, en la isla de ona. Se trataba de una pequeña aldea, rodeada de un rudimentario muro más o menos circular, en la cual los monjes habitaban en doce minúsculas celdas de madera y tierra prensada; en el centro, una celda algo mayor era ocupada por el abad. Al parecer, todos los monasterios de esta orden siguieron el mismo esquema, con iglesias muy pequeñas y oscuras ubicadas en una posición central. Estaban construidos con materiales muy pobres, piedras sin labrar o un entretejido de ramas y cañas. Sin embargo, pese a esta pobreza, en estos monasterios se desarrolló un maravilloso arte ornamental, fundamentalmente orfebrería e iluminación de manuscritos.

La regla de san Benito

El monasterio benedictino fue el germen de la arquitectura monástica occidental. Benito de Nursia se retiró a los veinte años para llevar una vida de ermitaño. Muy pronto, imitaron su ejemplo numerosos discípulos, atraídos por su santidad. Refugiado con algunos de ellos en Monte Cassino, en la comarca italiana de Campania, el santo escribió la Regula Sancti Benedicti, la norma que gobernó la vida monástica de todo el medioevo, según la cual los monjes debían rezar y trabajar (ora et labora) de manera equilibrada. Para ello se prestaba especial atención a la organización del horario, lo que determinó un mejor aprovechamiento de la luz y de las condiciones climáticas.

Carlomagno mandó hacer una copia de la regla y ordenó su disposición en todos los monasterios del Imperio, hecho que contribuyó a la rápida extensión del benedictismo por toda Europa. Aunque la regla no específica las características de los edificios monásticos, en época carolingia se definió su esquema. Hasta la actualidad ha llegado el plano del monasterio suizo de Saint Gallen, conservado en el reverso de una biografía de san Martín. Gracias a él sabemos cÓmo era la distribución planimétrica de un monasterio del siglo IX, muy parecida a la de los posteriores centros cluniacenses. Al igual que sucede con todos los monasterios medievales, el emplazamiento de Saint Gallen no se eligió al azar, estaba en un lugar protegido y bien abastecido de agua, con una buena cantera, un bosque frondoso y unas ruinas romanas en sus cercanías…

Los cluniacenses

En el año 910, Guillermo, duque de Aquitania, fundó el monasterio de Cluny en tierras de Borgoña, que donó a los benedictinos, otorgándoles amplios privilegios. Éstos decidieron reformar la regla, ya que para entonces se encontraba muy alejada en la práctica de sus propósitos iniciales. La reforma restó importancia al trabajo manual e intelectual frente a los oficios divinos. Este renovado espíritu religioso propició un nuevo estilo artístico más místico; la austeridad del régimen de vida condujo a la creación de un nuevo espacio arquitectónico.

El esquema de la edificación no quedaba al puro arbitrio de la agrupación conventual, se regía por estrictas normas constructivas, en función de la vida cotidiana de los monjes; en lo fundamental, se tomaba como modelo la villa romana de explotación rural. En síntesis, este plano básico del monasterio constaba de cuatro conjuntos arquitectónicos diferenciados por su funcionalidad. El complejo quedaba articulado en torno al claustro, un área cuadrangular con un jardín en su centro. En él, los monjes gozaban dé un rincón de paz donde podían recogerse dentro de la comunidad, reflexionar sobre temas espirituales y realizar sus plegarias. El claustro estaba rodeado por una galería cubierta desde la que se accedía a las diferentes estancias, que comunicaban frecuentemente con la iglesia, el refectorio y la sala capitular. En el segundo piso se situaban los dormitorios de los monjes.

Esta distribución podía variar en función de diversos elementos, como las características o el clima del territorio. La presencia de otras estancias, como las dedicadas a la vida económica, estaba supeditada a la importancia o la riqueza de cada centro. Los amplios campos de explotación agrícola y el considerable número de monjes dependientes del monasterio hacían necesaria la edificación de almacenes, bodegas, establos, despensas, locales administrativos, etc. El palacio del abad podía ser también testigo del prestigio adquirido por el monasterio.

Un tercer conjunto arquitectónico estaría asociado a la vida cultural desarrollada en el monasterio, cuyo eje se centra en la biblioteca y el scriptorium, además de en la escuela de novicios.

Por último, otras dependencias servían para relacionar al monasterio con el exterior. La hospedería daba cobijo a los peregrinos que se hallaban de paso, aunque en muchas ocasiones albergaba a visitantes de renombre. También era importante la labor de beneficencia del monasterio, donde se socorría a pobres, enfermos y desheredados en hospitales o lazaretos.

En suma, el monasterio estaba concebido fundamentalmente como lugar de plegaria más que de trabajo, pero, sobre todo, era un ámbito donde los monjes se dedicaban por completo al servicio de Dios. Alejados, pues, de una vida dependiente del trabajo manual, era necesario que el recinto fuese un remanso de paz que procurase un agradable retiro y aislamiento a sus moradores. Las edificaciones debían tener una medida justa y apropiada para la comunidad y, en cualquier caso, debían facilitar la vida litúrgica, los oficios y las oraciones.

Cluny, tomado como modelo de monasterio por antonomasia, contribuyó decisivamente a la difusión por toda Europa de las soluciones del estilo románico empleadas en su construcción. Sus abades se empeñaron en convertirlo en una segunda Roma, una aspiración a la que no era ajena la idea de lo bello al servicio de la liturgia, ya que se consideraba que el esplendor y la pureza de las formas externas eran sumamente importantes para honrar a Dios debidamente.

Los cistercienses

El poder y la opulencia que hablan alcanzado los monjes de Cluny —la iglesia de la casa madre, tras sucesivas ampliaciones, llegó a ser la más grande de la cristiandad— rompía con la máxima benedictina del “ora et labora”; durante todo el siglo XI se sucedieron los intentos de restaurar los principios fundamentales de la regla. Finalmente, lo consiguió el monje Roberto, que en 1089 se retira al bosque de Citeaux, en Borgoña, en compañía de otros hermanos. En la nueva orden del Císter se prohibió el lujo, tanto en el vestido, como en la comida y en la vivienda, por lo que los monasterios se construyeron siguiendo líneas extremadamente austeras. Esta austeridad propició la creación de edificios desprovistos de decoración, en los que lo principal era la estructura arquitectónica en sí misma. Un nuevo estilo, el gótico, se ajustó perfectamente a los deseos expresados por estos monjes; la fundación de los monasterios cistercienses favoreció la expansión del estilo por todos los rincones del continente.

PARA SABER MAS…
¿Dónde se construían los monasterios?
Los monjes buscaban lugares aislados situados en las proximidades de elevaciones montañosas poco frecuentadas, en lo más profundo de valles baldíos o en parajes muy arbolados, lejos de las rutas recorridas por los comerciantes y hombres de armas. La primera ley que rige el monaquisino es la soledad; la segunda, el desapego. Sin embargo, y con frecuencia, el monasterio se establecía en lugares en los que habían encontrado abrigo cultos anteriores al cristianismo, como si hubiese localizaciones predestinadas.

¿Cómo era la vida cotidiana?
El empleo del tiempo de cada jornada presenta una cierta diversidad según las diferentes órdenes monásticas, pero, por regla general, hay tres actividades esenciales en la vida de la comunidad: el oficio divino, que comprende múltiples liturgias diurnas y nocturnas, y en el que el canto ocupa un lugar de privilegio; el trabajo manual, que suministra a la comunidad sus medios de subsistencia, pero que es también una forma de oración; y, por último, la lectura y la meditación solitaria en el silencio de la celda, que proveen a los monjes de su alimento espiritual y la profundización de su fe.

¿En qué se ocupaban los monjes?
Desempeñaban desde las tareas más humildes a las actividades más complejas, y, en la medida de la capacidad de cada cual, debían dedicarse a todas ellas con idéntica aplicación. La comunidad vivía en régimen de autarquía. Debía producir todos los medios para su subsistencia y, por consiguiente, cultivar la tierra, fabricar las herramientas y las vestiduras, y construir y reparar los edificios. Después venían las labores intelectuales, y en particular la copia e ilustración de manuscritos, y la decoración, a base de pintura y escultura, de los inmuebles religiosos.

¿De dónde procedían los monjes?
Pertenecían a todas las clases sociales. Algunos provenían de medios aristocráticos, y se hacían monjes para huir de la corrupción y, sobre todo, de las violencias de un mundo dominado por la barbarie guerrera. Otros procedían del ámbito agrícola y, gracias a la vida monástica, encontraban el medio de acceder a la cultura. Otros, por fin, habían formado parte de la multitud errante característica de la Edad Media, época de extremada movilidad, en la que gran número de jóvenes se lanzaban a los caminos con la esperanza de encontrar en algún sitio su destino verdadero. Para muchos de éstos, el monasterio, remanso de paz, constituía el término de su viaje.

¿De qué tipo era su influencia?
En primer término, era espiritual, puesto que su existencia representaba la puesta en práctica de las enseñanzas evangélicas, fundadas sobre la fraternidad y la negación de la violencia. Pero en la inmensa labor cultural realizada en los monasterios, el cristianismo encontraría los cimientos de su influencia intelectual. Influencia que se da también en el terreno de lo económico, pues los monjes contribuyen ampliamente a que se utilicen mejor las tierras cultivables y a que se renueve el utillaje del mundo rural, lo que permitirá efectuar grandes desmontes.

Juego: Vida en los Monasterios

Fuente Consultada: Gran Enciclopedia Universal

Ver: Construcción Catedral de Chartres

Jerusalem Ciudad Santa Cuna de tres religiones Porque? Islamismo

Jerusalém Ciudad Santa
Cuna de tres religiones Porque? Islamismo

La historia de Tierra Santa ha sido ampliamente determinada por su ubicación. El país está situado en una franja de tierra larga y estrecha limitada por el mar Mediterráneo al oeste, y por montañas y desiertos al este. La línea de la costa es recta, con pocos fondeaderos naturales, por lo que el país ha recibido profundas influencias debido a sus relaciones con las tierras que se extienden al norte y al sur, y a los pueblos nómadas que cruzaban los desiertos desde el este.

vista ciudad de jerusalen

Esta tierra mantiene huellas de los diversos pueblos que la han conquistado a lo largo de los siglos  en sus ruinas, pero también en su mosaico de habitantes. Se la llama Tierra Santa por ser el lugar de nacimiento de las dos grandes religiones de la civilización occidental, el judaísmo y el cristianismo. También el Islam tiene importantes reivindicaciones sobre Tierra Santa y sus lugares sagrados.

Los nombres que se han dado a Tierra Santa -o a partes de ella – han cambiado con cada nuevo invasor, y también han variado sus fronteras. Geográficamente, Tierra Santa es definida a menudo como Palestina, un nombre derivado de la palabra hebrea, Pheleshet o Philistia. Históricamente, se la conoció durante mucho tiempo como Palestina, pero desde 1948, cuando el pueblo judío obtuvo una patria independiente propia, a Tierra Santa se la llama Israel, un nombre que se remonta a los tiempos de los patriarcas judíos.

Como puente entre dos culturas – la egipcia al sur y la mesopotámica al norte, donde los ríos Tigris y Eúfrates descienden hasta el Creciente fértil – esta zona se vio influenciada por el comercio a través de dos antiguos caminos. El más importante, la Vía Maris o Camino del Mar, conducía al norte desde Egipto, a lo largo de la llanura costera y por un paso entre montañas hasta Meguidó, antes de separarse en dos bifurcaciones; una que seguía costa arriba y otra que atravesaba Jasar y llegaba hasta Damasco.

La segunda arteria era el Camino del Re: que recorría la orilla este del río Jordán. Nuestros conocimientos de la historia de Tierra Santa se basan en diversas fuentes La arqueología ha proporcionado mucha información a partir de restos materiales. La mayoría de excavaciones arqueológica, que se realizan en Israel se llevan a cabo en tells, pequeñas colinas que se han ido formando con montículos de escombros durante miles de años.

La tarea del arqueólogo es excavar estos tells, descubriendo capa tras capa de terreno deshabitado. Comparando un estrato con los descubrimientos de otras excavaciones en Tierra Santa, es posible establecer los tipos de culturas que una vez ocuparon el territorio. El estudio de piezas de alfarería, diversos tipos de tumbas, y de otros restos como semillas de plantas y huesos de animales, ayudan a determina] cómo vivían los pobladores de cierto período. Los metales proporcionan mucha información sobre cómo se libraban las guerras y otros adelantos tecnológicos.

La mayor fuente de información sobre Tierra Santa es la Biblia. El Antiguo y el Nuevo Testamento citan 475 nombres geográficos y muchos de estos concuerdan con lugares arqueológicos existentes. Incluso pueden encontrarse pruebas de guerras mencionadas en la Biblia.

Otras fuentes incluyen relatos de historiadores antiguos. Tal vez el más autorizado en este campo sea Flavio Josefa, un judeo-romano. Otras pistas valiosas son las inscripciones descubiertas en antiguas tumbas de Egipto, o en archivos de tablillas de arcilla, como las Cartas de el Amarna. Los Manuscritos del Mar Muerto, encontrados en 1947, han supuesto tanto un tesoro de información como motivo de controversia entre eruditos.

LA INTERMINABLE GUERRA SANTA:

Jerusalén es sagrada para tres religiones: judía, musulmana y católica. Su status de Ciudad Santa la torna un polvorín. En el 637, cuando el ejército del Islam llegó hasta sus murallas, el califa Ornar firmó un pacto de tolerancia con los cristianos, que exigieron una condición: prohibirles la entrada a los judíos.

El judaísmo no nació en Jerusalén sino en Canaán, en el desierto, tras la huida a Egipto, y recién en los siglos XI y XII reclamaron aquella ciudad que los musulmanes sienten suya desde su nacimiento: los primeros oraban hacia ese punto de la brújula porque fue allí donde el profeta Mahoma empezó su vida mística. Durante siglos, lentamente, los judíos fueron llegando a Jerusalén. En 1929, la ciudad santa y Hebrón fueron escenarios de luchas entre judíos y palestinos por su derecho sobre los Santos Lugares.

En 1948, al ser creado el Estado de Israel -la definitiva patria judía-, la Ciudad Vieja y los Santos Lugares quedaron bajo jurisdicción de Jordania. En la guerra de los seis días (1967), Israel ocupó Jerusalén, la anexó, y en 1980, ante la protesta árabe, la proclamó capital. Este es el contexto de sus guerras, del terrorismo, de sus muertes, de la paz tan deseada como acaso imposible.

LAS CUATRO GUERRA:

Febrero de 1948 Se inicia el primero de los enfrentamientos entre árabes e israelíes. De esta batalla surgió la proclamación del Estado de Israel y el fin del mandato Británico en la región.

Octubre de 1956 Conocida como operación Kadesh, fue una de las guerras más rápidas de todos los tiempos. El factor sorpresa y la lentitud de reacción de los egipcios fueron cruciales en la victoria israelí.

Junio de 1967 El bloqueo egipcio y la actitud hostil de los demás países fue el pretexto utilizado por Israel para desencadenar la tercera guerra contra sus vecinos. La contundencia de sus ataques permitieron, tras seis días de combate, triplicar la extensión de sus territorios y aplastar a los ejércitos enemigos, desarmándolos casi por completo.

Octubre de 1973 El conflicto de Yom Kippur, considerada la primera guerra electrónica de la historia, duró tres semanas. El pueblo árabe recompuso el prestigio perdido tras el enfrentamiento de 1967 y logró su objetivo de obligar a Israel a aceptar el reinicio de las conversaciones de paz en Oriente Medio.