Emperador Cómodo

Tribuno Tiberio Graco Guerra de Yugurta Los Hermanos Gracos Proyecto

roma antigua

LECCIÓN X
LOS GRACOS (134-100)

  1.   Primera guerra de los esclavos. Se había aumentado de una manera extraordinaria el número de esclavos, procedentes de los prisioneros que se hacían en las guerras extranjeras, de la piratería, y hasta de los mismos plebeyos, que por su pobreza venían  a caer en tan miserable estado; y que por la desaparición de los colonos y pequeños propietarios libres, todas las faenas agrícolas vinieron a ser desempeñadas por los esclavos.

El trato que estos desgraciados recibían de sus señores no podía ser más cruel e inhumano: mal alimentados, albergados en hediondos calabozos, arrastrando pesadas cadenas, y aplicándoles los más terribles castigos por las faltas más insignificantes; el sufrimiento y la paciencia llegaron a acabarse, y se levantaron contra sus dominadores en Sicilia.

La mayor fertilidad de aquella isla, que continuaba siendo el principal granero de Roma, había aglomerado allí de tal manera los esclavos, que se contaban diez por cada  hombre libre. Allí fue donde Euno, esclavo sirio, se puso al frente de sus compañeros, tomó el título de rey Antíoco, y pasaron a cuchillo a sus amos, reuniendo en poco tiempo un ejército de 70.000 hombres, que se aumentó después con los esclavos sublevados en Agrigento por el siciliano Cleon, hombre enérgico y activo, que hizo causa común con Euno.

Durante cuatro años los pretores mandados por Roma fueron derrotados por Euno, que se apoderó de Enna, Tauromenium y otras plazas, preparándose a pasar a Italia, donde los esclavos comenzaban a agitarse. Por fin el cónsul Pison les obliga a levantar el sitio de Mesina, se apodera de Tauromenium, quitando la vida a cuantos prisioneros caen en su poder; y venciéndolos cerca de Enna, donde perecieron 20.000 esclavos, y muerto poco después su jefe Euno, la guerra quedó concluida.

  1. Tiberio Graco: su tribunado. La decadencia de la sociedad amenazaba destruir el poder romano, si no se ponía pronto y eficaz remedio: los que lo habían intentado, faltos de valor, cedieron en su empeño para evitar los graves peligros que había que arrostrar al realizarlo. En estas circunstancias aparecen los Gracos.

Tiberio y Cayo Graco eran hijos de Sempronio Graco, que se había distinguido en las guerras de España, y de Cornelia hija de Escipión el Africano. Muerto Sempronio, la virtuosa Cornelia dedicó toda su atención y sus cuidados a proporcionar a sus hijos la mas esmerada educación, consiguiendo hacer de sus dos joyas, como les llamaba, hombres instruidos, elocuentes, y virtuosos republicanos.

Tiberio Graco:

Tiberio, el mayor, que se había señalado por su valor en el sitio de Numancia, y que en sus campañas había observado la miseria de los pueblos y la ruina de la agricultura en poder de los esclavos, se propuso remediar los males de su patria, y con este fin solicitar el nombramiento de tribuno.

  1. Proyectos de Tiberio Graco: su muerte. Tiberio, ayudado del consejo de los ciudadanos más prudentes de la República, propuso el restablecimiento de la ley agraria de Licinio Estolon, como único medio de reparar los males de la patria; pero para hacerla aceptable por los nobles, que se habían apoderado del ager publicus, cuya propiedad era del Estado, se acordó que a cada ciudadano se le dejarían 500 yugadas de tierra, además de su patrimonio, y 250 a cada uno de los hijos; debiendo abandonar todo lo restante, cuyo importe les abonaría el Estado, para repartirlo en pequeños lotes de 30 yugadas entre los ciudadanos pobres y aliados italianos.

A pesar de las moderadas pretensiones de esta ley, los  nobles que por ella perdían parte de su influencia y de su fortuna, se oponían tenazmente, consiguiendo que el otro tribuno, Octavio, interpusiera su veto en el momento de la votación. Indignado Tiberio, propuso una ley por la cual los nobles habían de abandonar todas las tierras usurpadas al Estado. La oposición de la nobleza fue entonces mayor, y Octavio interpuso nuevamente su veto. En esta situación Tiberio acude al pueblo, y, sin respetar la inviolabilidad de su cargo, consigue que sea depuesto su colega, votándose la ley, y nombrándose una comisión encargada de hacerla cumplir.

Con estas medidas, Tiberio se había enajenado las simpatías de toda la nobleza, cuya hostilidad hacia el tribuno aumentó por haber mandado éste distribuir al pueblo los bienes de Atalo rey de Pérgamo, legados a Roma. Para completar su obra, Tiberio pretende ser reelegido en el cargo de tribuno; pero los nobles, dirigidos por Escipión Nasica, promueven en el momento de la elección un gran alboroto, en el cual pierden la vida Tiberio y 300 de sus parciales.

  1. Cayo Graco su primer tribunado. A la muerte de Tiberio, el senado y la nobleza persiguen cruelmente a todos sus partidarios. Hostigado así el partido popular, presenta el tribuno Carbon algunas leyes contrarias a los intereses de la nobleza, pero fueron combatidas por Escipión Emiliano, que se atrajo por esta causa y por haber aprobado en público la muerte de Tiberio, la enemistad popular: poco después el destructor de Cartago fue asesinado en su propio lecho, sin que se supiera por quién.

Mientras estas luchas se sostienen en Roma, el senado había conseguido alejar a Cayo Graco, nombrándole cuestor de Cerdeña; pero éste, abandonando su cargo, volvió a Roma, y a pesar del senado, y de la influencia de toda la nobleza, fue elegido tribuno, recibiéndole el pueblo con el mayor entusiasmo.

Cayo Graco, estaba animado de las mismas ideas, y acariciaba los mismos proyectos de su hermano. Así es que el primer acto de su magistratura fue poner en vigor la ley agraria, y promulgar otras varias, todas en favor de los pobres, y en menoscabo del prestigio del senado y de la nobleza tales fueron, la venta del trigo a bajo precio, la reparación de los caminos y la construcción de otros nuevos, el establecimiento de colonias, el equipo de las tropas a cargo del Estado, y el aumento del impuesto sobre los objetos de lujo. Por otra parte, propuso la concesión del derecho de ciudad a los latinos, y del derecho itálico a todos los aliados de Italia; pero su mayor triunfo consistió en privar a los senadores del poder judicial, que pasó al orden de los caballeros.

Todas estas medidas, así como su honradez y severidad de costumbres, y la moralidad que procuró introducir en la administración de la república, le conquistaron el entusiasmo del pueblo y el apoyo del ejército y de los caballeros, sin que el senado ni la nobleza se atreviesen a poner obstáculos a tanta popularidad. Así es que, terminando su primer tribunado, fue reelegido por el pueblo.

  1. Segundo tribunado de Cayo Graco: su muerte. La actividad, la inteligencia y la energía no le abandonaron en el segundo año de su tribunado, promulgando nuevas leyes en favor de los caballeros, limitando la influencia de los cónsules en las provincias y confiriendo el derecho de ciudad a los Latinos aliados. No pudiendo luchar de frente con el célebre tribuno, el senado se valió de su colega Livio Druso, que de acuerdo con la nobleza, y con el fin de minar el crédito de su rival, propuso leyes mas favorables al pueblo que las de Cayo, aumentando el número de colonias, rebajando mas todavía el precio del trigo, y dispensando a los pobres del pago del canon por las tierras que aprovechaban del Estado. Con estas medidas el prestigio de Graco se fue debilitando ante la multitud inconstante, que ya encontraba poco beneficiosas sus leyes.

Para recobrar su popularidad, Gayo Greco aceptó el encargo del senado de marchar a Cartago, para organizar allí una colonia; pero cuando a los 70 días volvió a Roma, pudo comprender cuánto le había perjudicado aquella ausencia, que había servido a los nobles para destruir toda su influencia, viéndose rechazado por el pueblo cuando solicitó por tercera vez el tribunado.

El senado revistió al cónsul Opimio de poderes ilimitados, el cual propuso la anulación de todas las reformas de Cayo y oponiéndose éste con sus partidarios, el cónsul los derrotó en el monte Aventino, pereciendo hasta 3.000 y el mismo Cayo Graco a manos de los aristócratas, que persiguieron de una manera implacable a todos los amigos del tribuno.

Con la muerte de Gayo Graco, todas sus reformas quedaron anuladas; la democracia quedó al parecer ahogada en sangre, y Roma entregada a los oligarcas.

  1. Resultados del tribunado de los Gracos. A pesar de los esfuerzos del senado, para abolir cuanto habían hecho los Gracos, aquellas reformas en cuanto tenían de justas y necesarias, sobrevivieron a sus autores, y dieron inmensos resultados.

Así, todos los esfuerzos de la reacción no fueron bastantes, para arrancar a los caballeros el poder judicial que se les había concedido, no consiguiendo otra cosa que indisponerlos con la nobleza y con el senado. Las leyes agrarias que habían hecho conocer al pueblo el mecho de salir de la miseria, al ser abolidas, produjeron en esta clase una animosidad profunda contra los nobles, que bien pronto había de dar sus frutos en las guerras civiles de Mario y Sila. Por último, los italianos llamados por los Gracos al derecho de ciudad, no cesarán en sus exigencias, pacificas ó a  mano armada, hasta ver cumplidos sus deseos.

De manera, que casi todos los grandes acontecimientos políticos del último siglo de la República, tienen su raíz y fundamento en las reformas planteadas por los Gracos.

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  1. Juicio sobre el tribunado de los Gracos. La revolución de los Gracos es quizá el hecho mas importante de la historia de la República romana, no tanto por lo que significa en si misma, y en sus inmediatas consecuencias, como por lo que representa en los destinos de Roma.

Las pretensiones de los Gracos se reducían a mejorar las condiciones de los plebeyos pobres, y a extender el derecho de ciudad a los italianos. En cuanto a lo primero, nada era mas justo que sacar de la miseria a los que habían derramado su sangre en las continuas conquistas de Roma, y que venían siendo victimas de la tiranía y de la avaricia de los nobles. El mal era tan grande que, antes de los Gracos, todos los personajes honrados é imparciales lo habían comprendido, aunque les faltara el valor para corregirlo, quizá por el temor de las complicaciones a que había de dar lugar una reforma semejante. Los Gracos, mas atrevidos y mas patriotas, acometieron esta empresa colosal, no llevados de la esperanza de medro personal, sino con las mas puras y rectas intenciones, movidos exclusivamente por el bien del pueblo y la salud de la República. Los oligarcas oponiéndose tenazmente a las reformas, y procurando destruirlas tan luego como fueron sacrificados sus autores, agravaron esta llaga social por el encono que estas medidas produjeron en los plebeyos, é hicieron necesarias las luchas sangrientas que tuvieron lugar en el siglo siguiente.

En cuanto a la extensión del derecho de ciudad a los italianos, los Gracos tenían igualmente de su parte la justicia y la conveniencia de Roma. La justicia por cuanto Roma los había igualado a sus ciudadanos en todo lo que constituía una carga, un servicio, ó un deber, hasta el punto de que la mayoría en los ejércitos que habían llevado a cabo tantas conquistas, eran italianos; y es justo que los que son iguales en los deberes y sacrificios, lo sean también en las ventajas y en los derechos. La intransigencia y el orgullo del senado hicieron estériles en este punto los esfuerzos de los Gracos, costando después ríos de sangre lo que entonces pacíficamente se hubiera podido practicar.

Así se comprende que la extensión del derecho de ciudad a los italianos, era conveniente para Roma. La misión de ésta era asociar todos los pueblos a su propio destino. Esa fusión que tarda seis siglos en realizarse dentro de Roma, por los esfuerzos de los reyes primero, y por la lucha de los plebeyos contra los patricios después, comienza desde los Gracos a extenderse fuera de la gran ciudad, y se comunicará con el tiempo, gracias a César y a la amplitud de ideas del Imperio, a todos los pueblos que vendrán a formar así un solo cuerpo, cuya cabeza será Roma.

Lo anterior dicho  justifica a los Gracos y sus reformas; y si bien es cierto que debe censurarse la fuerza y la violencia de que se valieron para emprenderlas, no es menos cierto que a ello fueron provocados por la obstinada resistencia de los oligarcas.

  1. Guerra de Yugurta. Después de la destrucción de Cartago, Masinisa reinó en Numidia, protegido siempre por los romanos. A su muerte, le sucedieron sus hijos Micipsa, Gulusa y Mastanabal, pero por muerte de los dos últimos, quedó Micipsa como único rey, y adoptó a Yugurta, hijo de Mastanabal, que se había distinguido en las guerras de los romanos en España. Micipsa dejó dos hijos, Hiempsal y Aderbal, dividiendo su reino entre éstos y su sobrino, por iguales partes.

Descontentos los hijos de Micipsa por la parte asignada a Yugurta, y aspirando éste a reinar solo, la guerra estalló entre ellos, penetrando Yugurta en el territorio de Hiempsal, que fue asesinado por su mandato. Aderbal que implora la protección de los romanos, ve sin embargo invadido su país por Yugurta, y sitiado en su capital Cirta, tuvo que rendirse, perdiendo también la vida por orden de su primo, a pesar de la presencia de los comisarios romanos vendidos al oro del africano.

Guerra de Yugurta

Indignada Roma con los crímenes de Yugurta, le declara la guerra, enviando contra él un ejército a las órdenes de Calpurnio Bestia, que se dejó sobornar y concertó la paz con el africano, que llamado a Roma para justificarse, encontró medio de ganar a los principales personajes a fuerza de dinero; pero el asesinato de otro de sus primos, hijo de Gulusa, le obligó a salir de Roma, exclamando; ciudad venal, tú te venderías si encontraras comprador.

  1. Derrota y muerte de Yugurta. Después de la derrota de Aulo Postumio, que tuvo que pasar bajo el yugo él y su ejército, y firmar un nuevo tratado de paz, Roma cansada de tanta inmoralidad en sus generales, y de los crímenes de Iugurta, mandó contra él al incorruptible Metelo, que en poco tiempo se apoderó de varias plazas, y venció en varios encuentros al enemigo, obligándole a pedir la paz. Metelo con animo de apoderarse de su persona, le exige que se presente él mismo en su campamento, y conocida la estratagema por Yugurta, se renueva la guerra; pero el general romano, después de varias victorias, tuvo que entregar el mando a Mario, su lugarteniente, que había obtenido en Roma el consulado.

Al frente de un ejército de proletarios y de la gente más perdida del pueblo, Mario se presentó en África, apoderándose de varias plazas y derrotando al mismo Yugurta, unido con su suegro Bocco rey de Mauritania, que lo entrega a Sila, cuestor de Mario. Yugurta fue conducido como prisionero a Roma, y encerrado en la prisión Mamertina, donde se dejó morir de hambre. Numidia fue dividida por los romanos, dando la parte accidental a Bocco, y colocando en el pequeño Estado de la oriental a Goda hermano de Yugurta.

  1. Juicio sobre la guerra de Yugurta. Nada prueba mejor el rebajamiento y la inmoralidad de Roma a  fines del siglo II, que la guerra de Yugurta. Aquellos generales, aquellos cónsules, y hasta aquel senado, se dejan sobornar por el oro del rey de Numidia, posponiendo los intereses, el honor y la dignidad de Roma a su sed de riquezas. Pueblos que de tal manera pierden el sentido moral, no son dignos de gobernar el mundo; ó han de desaparecer, ó vendrán indefectiblemente a parar a la tiranía. Afortunadamente esto último es lo que sucede en Roma, que ensaya el poder personal con Mario, Sila y César, para concluir en el despotismo del Imperio.

La guerra yugurtina casi concluida por el aristócrata Metelo, pero que tuvo la fortuna de terminarla Mario, que era el ídolo del pueblo, contribuyó a enconar mas y mas los odios de los dos partidos, atribuyéndose ambos la gloria del triunfo. De todas maneras es indudable que Mario consiguió en ella asentar la base de su futura dominación.

Por otra parte, la costumbre introducida por primera vez en esta guerra, de reclutar el ejército entre los hombres sin propiedad y sin derechos, que por consiguiente no tenían lazo alguno que los uniera al Estado, trajo funestos resultados a la República; pues los ejércitos así constituidos, esperándolo todo de su general, se unían estrechamente a él, dispuestos a secundarle en todas sus empresas. Así comienzan a formarse  los partidos, cuyas sangrientas luchas abreviaron los días de la República.

  1. Conquista de  Galia Narbonense. Marsella, antigua aliada de Roma, había extendido su comercio por todo el Mediterráneo occidental, cuando se vio libre de la competencia cartaginesa, después de las guerras púnicas.

Tanta prosperidad la hizo pensar en la dominación da los pueblos del interior de Galia; pero careciendo de ejércitos de tierra para combatirlos, tuvo que apelar a Roma, que mandó en seguida sus legiones, logrando en poco tiempo apoderarse de los territorios entre el Var y el Ródano (Provenza), aumentando los dominios de Marsella, y estableciéndose los romanos en los puntos mas importantes.

Pasando después el Ródano, se apoderaron de Narbona, haciéndola capital de todo aquel país, que con el nombre de Galia Narbonense, fue la primera y única provincia que por algún tiempo poseyeron los romanos en Galia Transalpina.

  1. Invasión de los Cimbrios y Teutones. Los Cimbros, procedentes del Jutland (Quersoneso Címbrico), y los Teutones, de Germania, huyendo tal vez de las inundaciones del Báltico en las tierras bajas de la Dinamarca y Prusia actual, se dirigieron en número de 300.000 a las regiones meridionales, devastando cuanto encuentran a su paso, llegando hasta Nórica y Panonia, donde derrotaron un ejército romano.

Corriéndose después estos bárbaros a Helvecia (Suiza) y a l Galia, vencen cerca de Aix (Aquax Sextice) al cónsul Silano, y poco después sufren la misma suerte las armas romanas en Agen y en Orange: los bárbaros en vez de penetrar en Italia se dirigen a los Pirineos, inundando la parte septentrional de la península española.

En tanto Roma, terminada la guerra de Yugurta, y siendo entonces Mario el general de mas prestigio, le confía el mando del ejército de Galia. Mario, aprovechando la ausencia de los bárbaros, se ocupa en restablecer la disciplina, y habituar a sus tropas a los más rudos trabajos.

Cuando al cabo de tres años, los bárbaros volvieron a Galia y a Bélgica, obligados por la falta de subsistencias, se dividen para penetrar en Italia, los Teutones por Liguria, y los Cimbros por Helvecia y el Tirol. Mario derrota a los primeros en la sangrienta batalla de Aix, y pasando a Italia para oponerse a los segundos, los destruye por completo en Vercelli.

  1. Segunda guerra de los esclavos. Mientras combatía Mario a los bárbaros, se insurreccionaron por segunda vez los esclavos de Sicilia.

En los 30 años que habían transcurrido desde la muerte de Euno, la situación de los esclavos en aquella isla no había mejorado. Su número creció de día en día, a pesar de las órdenes del senado para que se diese la libertad a todos los que ilegalmente hubieran sido reducidos a la esclavitud: los tratamientos de los amos eran cada vez más duros é insoportables.

Y esto dio lugar a una sublevación, dirigida por un italiano, Salvio, que tomó el nombre de Trifon, y por Atenion, de origen griego. Después de haber derrotado a tres generales romanos, fueron vencidos y muertos por el cónsul Manio Aquilio, colega de Mario. En esta insurrección y en la de Euno, perdieron la vida un millón de esclavos.

RESUMEN  DE LA LECCIÓN X.

  1. El número extraordinario de esclavos en Sicilia, y el trato cruel de los amos, provocaron una sublevación dirigida por Euno que durante cuatro años derrotó a cuatro pretores mandados por Roma, siendo al fin vencido por el cónsul Pison cerca de Enna.
  2. Tiberio y Cayo Graco eran hijos de Sempronio y de Cornelia, y nietos por ésta, de Escipión el Africano. Para remediar los males de la sociedad romana, Tiberio, el mayor de ellos, pidió y obtuvo el nombramiento de tribuno.
  3. Tiberio propuso el restablecimiento de la Ley Agraria, como medio de dar a los pobres una pequeña propiedad; pero el otro tribuno interpuso su veto, y Tiberio consigue que sea depuesto y votada la ley; pero con motivo de una nueva elección, los nobles promueven un tumulto, en que pierden la vida Tiberio y 300 de los suyos.
  4. Cayo Graco fue elegido tribuno a pesar del senado y de la nobleza: puso en vigor la ley agraria, y otras igualmente favorables al pueblo; propuso la concesión del derecho de ciudad  a los latinos, y del derecho itálico a todos los italianos. y privó al senado del poder oficial, que pasó a los caballeros.
  5. En su segundo tribunado continuó favoreciendo a los pobres y no a  los caballeros. Su colega Livio Druso, de acuerdo con la nobleza, propuso leyes aun mas favorables al pueblo que las de Cayo, cuyo prestigio disminuyó hasta el punto de no ser reelegido tribuno, anulando sus leyes el cónsul Opimio, que además lo derrotó en el Aventino, pereciendo Cayo Graco y 3.000 de sus partidarios.
  6. A pesar de la muerte de los Gracos, sus reformas subsistieron en lo que tenían de justas y los esfuerzos de los oligarcas para abolirlas, no consiguieron mas que ahondar el odio y la animosidad del pueblo y de los caballeros contra la nobleza, y de los italianos contra Roma.
  7. La pretensión de los Gracos de mejorar la situación de los pobres era justísima, como ya lo hablan comprendido antes otros personajes; y por no realizarse entonces pacíficamente, se originaron después sangrientas luchas. En cuanto a la extensión del derecho de ciudad a los italianos, era conveniente para Roma, por cuanto contribuía al cumplimiento de su misión de asociar los pueblos.
  8. Micipsa dividió al morir su reino de Numidia entre sus hijos Hiempsal y Aberdal, y su sobrino Yugurta. Este vence y manda quitar la vida a sus primos; soborna a los generales romanos mandados contra el, y llamado a. justificarse a Roma. Encontró con el oro el medio de aplacar a los senadores.
  9. Metelo fue incorruptible al oro de Yugurta: lo vence en varios encuentros; sustituyéndole Mario en el mando del ejército, quien derrotó a Yugurta, siendo esto entregado por su suegro Bocco a Sila, y llevado a Roma, donde se dejó morir de hambre.
  10. Los acontecimientos de la guerra de Yugurta prueban el rebajamiento y la inmoralidad de Roma, que estaba destinada a pasar por el poder personal de Mario y Sila, para terminar en el despotismo del Imperio. Esta guerra, por sus resultados, enconó mas los odios de la nobleza y el pueblo; y el reclutamiento de les proletarios para el ejército dio origen a  los partidos y a las guerras civiles del siglo siguiente.
  11. Auxiliando Roma a Marsella en sus guerras con los pueblos del interior de Galia, se hizo dueña de Narbonense, primera provincia que poseyeron los romanos en Galia Transalpina.
  12. Los Cimbrios y Teutones, procedentes de Dinamarca y de Germania, derrotaron varios ejércitos romanos, y pasaron hasta Espada. A su regreso consiguió Mario vencer a los Teutones en Aix, y a los Cimbros en Verceil.
  13. Sublevados por segunda vez los esclavos en Sicilia a las órdenes de Sabio, derrotaron a tres generales romanos, pero fueron destruidos por Manio Aquilio, colega de Mario.

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Segundo Triunvirato Romano Caida de la Republica El Imperio

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LECCIÓN XIV: SEGUNDO TRIUNVIRATO.

  1. Estado de Roma a la muerte de César. — Los crímenes son siempre inútiles, y el asesinato de César en nombre de la libertad, no produjo el resultado que se proponían los conjurados, porque el restablecimiento de la República era imposible, en las condiciones en que se encontraban tanto los patricios como los plebeyos. Así es que el pueblo, lejos de aplaudir la muerte de César, pedía a gritos el castigo de los culpables; y el senado, participando de la consternación general, abandonó también a los asesinos; y éstos que no tenían nada dispuesto para sustituir el gobierno de César, viéndose además rechazados por la opinión general, se refugiaron en el Capitolio.

  En tanto el cónsul Marco Antonio, con los partidarios de César, y entre ellos Lépido, general de la caballería, se apoderan del gobierno; y aunque el senado intenta reconciliar a los dos partidos, la irritación y el odio del pueblo llegó a su colmo, cuando Antonio desde la tribuna leyó el testamento de César, y mas todavía cuando hizo el elogio del dictador con motivo de sus funerales. Los asesinos no creyéndose seguros en vista de la exasperación del pueblo, tuvieron que salir de Roma.

 Antonio, dueño de la ciudad, se hizo dar por el senado una guardia de 6,000 hombres, y decidió a que se amnistiara a Bruto y Casio, los cuales tomaron posesión de los gobiernos de Galia, Cisalpina y de Macedonia respectivamente, para los cuales eran nombrados en el testamento de César.

  1. Octavio en Roma. Guerra de Módena. — César en su testamento nombraba por heredero a su sobrino Octavio, hijo de su hermana Julia, joven entonces de 18 años y que se hallaba completando su educación en Grecia. Al saber la muerte del dictador, Octavio se presenta en Roma, consiguiendo en poco tiempo atraerse el afecto del pueblo y del ejército, y aun de la mayor parte de la nobleza.

  Antonio consiguió que el senado le confiriese el gobierno de Cisalpina, y marchó con un ejército a desposeer a Bruto de aquella provincia, pero su conducta anterior le había enajenado todas las voluntades en Roma, hasta de los mismos partidarios de César; y el senado cediendo a la elocuencia de Ciceron, que en sus célebres Filípicas puso de manifiesto los proyectos ambiciosos de Antonio, declaró a éste enemigo de la patria, encargándose de combatirlo el joven Octavio, con los cónsules Hircio y Pansa.

  Alcanzado Antonio, que estaba sitiando a Bruto en Módena, fue derrotado por Octavio, perdiendo los dos cónsules la vida en la batalla; con cuyo motivo le fue conferido el consulado al vencedor, a pesar de sus pocos años.

En tanto Antonio por medio de una hábil retirada había salvado los restos de su ejército, y Lépido encargado de combatirle, se había unido con él. En esta situación el senado confía a Octavio el mando de las tropas contra Antonio y Lépido; pero en lugar de combatirlos, tuvo con ellos una conferencia en Bolonia, que dió por resultado la formación del segundo triunvirato.

  1. Segundo Triunvirato: proscripciones. — Los triunviros se repartieron las provincias como cosa propia; pero aspirando cada uno de ellos, por lo menos Octavio y Antonio, a la dominación exclusiva en la República, y mutuamente recelosos, dejaron Italia pro indivisa, adjudicándose Octavio Sicilia, Cerdeña y África, Antonio las dos Galias, y Lépido Narbonense y España; conviniéndose además en que este último quedaría en Roma, mientras los dos primeros irían a combatir contra los asesinos de César que eran dueños del Oriente.

  Antes de emprender esta guerra, los triunviros, para deshacerse de sus enemigos, y proporcionarse dinero para pagar al ejército, comenzaron aquellas terribles proscripciones mil veces más crueles e inhumanas que las de Mario y Sila, conviniéndose en inmolar cada uno a sus enemigos, sin que los otros dos pudieran evitarlo.

Así fueron sacrificados, Cicerón por Antonio, y un tío de éste, un hermano de Lépido, y uno de los tutores de Octavio. En las listas de la proscripción figuraban los ciudadanos mas ricos, y entre ellos 300 senadores y 2,000 caballeros.

  Los triunviros pusieron a precio las cabezas de los proscritos, otorgando grandes premios a los asesinos.

  Hartos de sangre y de riquezas, y ahuyentados de Italia los republicanos, los triunviros se proponen hacer la guerra a Bruto y Casio.

 emperador octavio  emperador
Lépido Octavio Marco Antonio
  1. Batalla de Filipos. — Los conjurados consiguieron reunir en Oriente un ejército de 400,000 hombres. Casio consiguió apoderarse de Siria, y Asia Menor; y Bruto se hizo dueño de Tracia, Macedonia y Grecia; uniéndoseles además los restos del ejército de Pompeyo, derrotado en Farsalia. Por otra parte, una escuadra poderosa, aumentada con la de Sexto Pompeyo que dominaba en Sicilia, les aseguraba el dominio del mar.

  Los triunviros desembarcaron en Grecia, y después de ligeras escaramuzas, favorables a los conjurados, los dos ejércitos pasaron a Macedonia, obligando Antonio a sus enemigos a aceptar la batalla en los campos de Filipos. Los dos ejércitos contaban casi iguales fuerzas; el primer combate fue rudo y sangriento, y Casio creyéndose vencido, se dió la muerte; y reanudada la batalla en el mismo lugar veinte días después, fue derrotado el ejército de Bruto, que se quitó también la vida, atravesándose con su espada. Así concluyeron los últimos defensores de la República.

  Los triunviros libres de enemigos en el continente, se repartieron de nuevo las provincias, tocando el Occidente a Octavio, y el Oriente a M. Antonio. Lépido, que en esta primera división no tuvo participación alguna, recibió más adelante el África.

  1. Guerra de Persa; tratado de Brindis. — Para recompensar al ejército victorioso en Filipos, Antonio se dirige al Oriente a fin de exigir en aquellas provincias crecidas contribuciones, y Octavio en Italia se apoderó de los bienes comunes, robó los templos y las ciudades, y despojó de sus tierras a un gran número de particulares. A consecuencia de estos hechos vandálicos, Virgilio comenzó a darse a conocer en Roma.

  Con estas medidas nació el descontento en Roma y en Italia contra Octavio, a la vez que el ejército puso más de una vez en peligro su vida. Aprovechándose del disgusto general Lucio Antonio, hermano del triunviro, y Fulvia su mujer, y madre de Claudia, repudiada por Octavio, le declaran la guerra, y se apoderan de Roma, de donde fueron arrojados por Agripa, yendo a encerrarse en la ciudad de Perusa, que tuvo que rendirse por hambre, señalándose entonces Octavio por sus crueldades, mandando degollar trescientos caballeros y senadores sobre el altar de César.

  Mientras estos acontecimientos se realizaban en Italia, M. Antonio se entregaba a la vida muelle y a los placeres en Egipto donde reinaba la célebre Cleopatra. Pero cuando conoció el resultado de la guerra de Perusa, y supo que Octavio se había hecho dueño de las provincias de Occidente, se embarco para Italia, haciendo a la vez alianza con el hijo de Pompeyo que continuaba dominando en Sicilia. Al desembarcar en Brindis, negándose las legiones a pelear, Antonio y Octavio hicieron un nuevo tratado, encargándose el primero de gobernar el Oriente y de hacer la guerra a los Partos, Octavio del Occidente y de combatir a Sexto Pompeyo, y a Lépido se le dió el África. Como garantía de la paz entre los triunviros, Antonio, por haber fallecido su mujer Fulvia, se casó con la bella y virtuosa Octavia, hija de Octavio.

  1. Guerra con Sexto Pompeyo. — El hijo de Pompeyo, dueño de Sicilia de donde Roma se surtía de trigo, era un constante peligro y un enemigo temible para los triunviros. Estos, después del tratado de Brindis, establecieron un concierto con Sexto, por el cual éste permitiría surtir de grano Italia, dejándole en cambio la posesión de Sicilia, Córcega y Cerdeña.

Después de lo cual Antonio se encaminó al Oriente para hacer la guerra a los Partos, y Octavio fue a someter algunos pueblos galos que se habían sublevado.

  El tratado celebrado entre los triunviros y Sexto Pompeyo no podía ser duradero, aspirando Octavio a vencer a su enemigo, para poder combatir más ventajosamente contra Antonio, y proponiéndose el hijo de Pompeyo extender su dominación a toda la República. Más para empeñar la guerra con este enemigo, necesitaba Octavio una poderosa escuadra, que consiguió reunir con las naves mandadas construir por el célebre Agripa, y con las que le proporcionaron Antonio y Lépido.

Cuando todo lo tuvo dispuesto, le declaró la guerra; y aunque los primeros encuentros fueron favorables a Sexto, últimamente fue deshecha su escuadra merced a los talentos y al valor de Agripa, en la batalla de Nauloc, al N. de Sicilia, huyendo Pompeyo al Asia, donde le mandó matar el prefecto de Siria.

  Poco después Octavio despojó a Lépido de su gobierno de África, y de la dignidad de triunviro, quedando así único dueño del Occidente.

  1. Marco Antonio en Oriente: guerra contra los Partos. — Aunque la reina de Egipto había sido acusada de prestar su apoyo a Bruto y Casio, Antonio en lugar de castigarla, prendado de su belleza como ya antes lo estuvo César, se olvidó a su lado de su mujer, la virtuosa Octavia , y cedió a la seductora Cleopatra las provincias romanas vecinas del Egipto.

  Entre tanto sus lugartenientes alcanzaron algunas victorias contra los Partos; y Antonio queriendo recoger la gloria de aquellas guerras, se propone llevar sus armas al corazón de Partia, haciendo antes alianza con el rey de Armenia pero sufrió una gran derrota, y tuvo que emprender una desastrosa retirada, que bien puede compararse con la de los 10,000, pues en el espacio de cien leguas por países desconocidos y enemigos, y en veinte y siete días, libró diez y ocho batallas, llegando al cabo de este tiempo a Siria con los pocos restos del ejército que pudo salvar.

Sin embargo, celebró en Alejandría con una pompa inusitada sus imaginarios triunfos sobre los Partos: y repudió a Octavia, casándose con Cleopatra.

  1. Ruptura entre Octavio y Antonio. Batalla de Actium. — La conducta de Antonio en Egipto, y sus desastres en la guerra contra los Partos, causaron profunda indignación en Roma; y la irritación contra el triunviro llegó a su colmo, cuando se supo que había repudiado a Octavia para casarse con Cleopatra. En vista de lo cual, los comicios privaron a Antonio de la potestad triunviral, encargando a Octavio de dirigir la guerra contra Cleopatra.

  Se hicieron grandes preparativos por una y otra parte para esta guerra; pero eran mayores los elementos con que contaba Antonio. Cleopatra que le acompañaba con las naves egipcias, lo decidió a dar la batalla en el mar, cuando era casi segura su victoria, si hubiera combatido en tierra. Encontráronse las dos escuadras casi de iguales fuerzas en el promontorio de Actium, a la entrada del golfo de Ambracia.

Pero al comenzar la acción, Cleopatra se huyó con sus naves. Antonio la siguió también, abandonando su ejército de tierra, que tuvo que entregarse a Octavio.

  1. Muerte de Antonio y de Cleopatra. — Los fugitivos llegaron al Egipto, entregándose Antonio a la vida mas desenfrenada. Octavio, después de contener en Italia una sublevación militar, se dirige al Egipto; y Cleopatra pensando seducirle, como antes lo hiciera con César y Antonio, procuró desembarazarse de éste, haciéndole decir que se había quitado la vida.

  El desdichado Antonio; ciego por su pasión, no quiso sobrevivir a su amada, y se quitó la vida atravesándose con su espada.

  Cleopatra no consiguió su objeto: Octavio no quiso verla, y estaba dispuesto a llevarla cargada de cadenas a Roma: pero ella se libró de esta ignominia, dándose la muerte con un áspid.

De esta manera el Egipto, concluida en Cleopatra la dinastía, de los Lagidas, fue declarado provincia romana por Octavio, encargando su gobierno a un prefecto.

  1. Fin de la República. — Con la muerte de Antonio quedó Octavio libre de enemigos, y único dueño de la República. El antiguo régimen, la antigua Roma, quedó aniquilada por César en los campos de Farsalia, comenzando entonces su agonía, que viene a terminar en los llanos de Filipos, y en la batalla naval de Actium.

  La aspiración de los Gracos, de Mario y Sila, de Pompeyo y César: la marcadísima tendencia de política romana en los últimos tiempos de la República, a constituir un poder único, fuerte y enérgico, que pueda hacer entrar en orden los moribundos elementos de la sociedad romana, se realiza en Octavio, que por encima del senado, de los tribunos y de los comicios, inaugura el poder personal que Roma necesitaba, y sin el cual hubiera perecido. Octavio pone fin a la República, y da nacimiento al Imperio.

  1. Causas de la caída de la República. — Varias veces hemos dicho que Roma tenía la misión de establecer la unidad material en el mundo antiguo, como antecedente necesario para la unidad moral que había de realizar el cristianismo. Para conseguir este resultado, Roma necesitó ante todo una fuerte y poderosa constitución, en cuya obra se ocupó la República en los primeros siglos, contribuyendo a ella por igual patricios y plebeyos, el senado y el pueblo.

  Fuerte Roma dentro de sí misma, pudo comenzar la conquista y sumisión de todos los pueblos, tomando parte en ella los dos órdenes, el senado que manda y dirige, y el pueblo que obedece y ejecuta. Pero si hasta aquí el senado había sido fiel representante de los destinos de Roma, contribuyendo a la constitución romana, y afianzando las conquistas; cuando llegó la hora de comunicar a Italia los derechos de ciudadanía, el senado se opuso tenazmente a esta concesión, que cercenaba sus privilegios y sus riquezas; originándose de aquí la guerra social y las guerras civiles.

Como esa concesión era Justa, y como justa necesaria, y el senado, dada su organización aristocrática y privilegiada, no podía prestarse a ella; comenzó entonces su decadencia, que aunada con la corrupción y la inmoralidad, patente desde la guerra de Iugurta, trajeron aquella corporación, antes asamblea de reyes, a su completa desorganización y a su ruina. Perdido su prestigio, se constituye en rémora para la marcha de Roma, que era la de la civilización; y debía desaparecer, abandonando la dirección a otro poder más en armonía con las nuevas necesidades

  Por otra parte, la plebe después de igualarse en derechos con los patricios, había perdido también sus antiguas virtudes y su patriotismo. Abandonando la vida de la ciudad para hacer la vida de los campamentos, durante el largo periodo de las conquistas, se unió estrechamente con sus generales, que la conducían a la victoria, y de los cuales todo lo podía esperar, olvidándose cada día más de Roma, y de los asuntos y poderes de la gran ciudad.

De este modo comenzó a elevarse el poder militar enfrente del poder civil; el prestigio que perdía el senado, lo recogían los generales. Así es que desde Mario y Sila el poder de Roma no está en la ciudad, sino en los campamentos: la lucha de patricios y plebeyos está ahora representada en las sangrientas guerras civiles entre los partidos y sus generales.

  Desde entonces la cuestión toma otro carácter: se trata en ella si ha de vencer el espíritu estrecho que representa el senado, negándose a comunicar a los otros pueblos su derecho quiritario, cuya bandera levantan Sila, Pompeyo y los asesinos de César; o si habrá de triunfar la política expansiva de Mario, César y Octavio, representantes de la democracia en Roma, y de los intereses de los italianos, como preparación a una extensión mayor en el porvenir de los derechos a todos los pueblos.

  Y vencieron estos últimos porque su causa estaba conforme con el destino de Roma, que era el de la civilización. Y desapareció la República del senado y de los aristócratas, que en sus últimos tiempos condujo a Roma al borde de su ruina, porque era incompatible con las nuevas ideas y las nuevas exigencias de la gran ciudad, y porque le era imposible realizar sus nuevos destinos. Y le sucedió el despotismo del Imperio, como único y necesario remedio contra los excesos de la oligarquía, y como institución más conforme con la nueva vida y el porvenir de Roma.

  Por otra parte, perdida la fuerza de la constitución romana, desorganizados los elementos que le habían dado vida en sus primeros tiempos, el senado, con toda corporación, y más las aristocráticas, era impotente para gobernar un Estado, cuyos limites se extendían desde el Eúfrates al Atlántico se necesitaba para ello una grande y enérgica unidad en el poder, la concentración de todas las fuerzas en un solo hombre, como lo realizó el Imperio.

  1. Cultura romana en tiempo de La República. —Cada pueblo tiene una misión especial que desenvolver en la historia de la humanidad; y Roma no estaba llamada a influir en el mundo por el arte y la literatura; que ya antes que ella Grecia había producido los más acabados modelos. Así es que en los primeros siglos de la República, Roma ocupada en constituirse y después en conquistar, se cuidó bien poco de la cultura del espíritu, hasta la época de la conquista de Italia meridional y de Grecia.

  Ya hemos manifestado en otra parte la profunda impresión que produjo en Roma el conocimiento de la cultura y civilización helénica, y el afán con que los Escipiones, y otros principales personajes, procuraron apropiarse el saber de los griegos, especialmente en aquellas materias que más relación tenían con la manera de ser y el carácter romano; sin que fueran bastantes a contener esta afición las severas censuras de Catón, que terminó pagando tributo a lo mismo que había condenado, aprendiendo el griego en su vejez.

  Despertada así la afición a la literatura, y teniendo delante los modelos acabados de Grecia, los romanos no pudieron hacer otra cosa que imitarlos, como puede observarse en Plauto, poeta cómico, que se distingue por las agudezas y los chistes vulgares, por el plan, la exposición más adecuada, es imitador de la comedia nueva griega en Terencio, tomó por modelo en sus comedias a Menandro, y es más culto y artístico que Plauto. Además de estos poetas, cultivaron el género dramático, Livio Andrónico, griego de Tarento, Cneo Nevio, Q. Ennio, M. Pacuno, y S. Attio, aunque de sus obras sólo han llegado a nosotros algunos fragmentos. En el género épico florecieron los mismos Cneo Nevio, y Q. Ennio.

  La primera historia se escribía en forma de Anales; más adelante M. Porcio Caton escribió sobre los orígenes de Roma, cuya obra por desgracia no ha llegado hasta nosotros. Polibio, llevado en rehenes como otros griegos a Roma, escribió una historia universal, de la que se conservan cinco libros. En los últimos tiempos de la República la historia alcanzó un vuelo extraordinario con César, G. Nepote y Salustio, como veremos más adelante. En el último siglo de la República floreció el poeta Lucrecio Caro, autor del poema didáctico titulado De rerum natura.

  A la vez que la literatura, penetró en Roma la filosofía griega, especialmente la escuela estoica, que por su sentido práctico, se acomodaba mejor al carácter romano y la oratoria fue muy cultivada, distinguiéndose los Gracos, Craso, M. Antonio y César.

  En las otras ciencias y en las bellas artes, los romanos durante la República no hicieron otra cosa que apropiarse los conocimientos de los griegos; sólo la arquitectura produjo en aquel tiempo gran número de marcada utilidad.

  Pero merece especial mención entre los romanos la ciencia del derecho. Roma, nacida para dominar, cultivó con particular esmero los ramos del saber que más directamente se relacionaban con la especialidad de su carácter; entre los cuales ninguno alcanzó la importancia que el derecho, sin duda porque de él se valieron como arma poderosa de dominio, primero los patricios contra los plebeyos, y después Roma con los italianos y con los demás pueblos.

Ya hemos visto cómo llegó a redactarse el código de las Doce Tablas, primera ley escrita entre los romanos pero como el conocimiento del derecho encerraba un interés vital dada la organización de Roma, bien pronto se fundaron escuelas para su enseñanza, siendo la primera la de Coruncano, y se distinguieron gran número de jurisconsultos, entre los que merecen citarse Mucio Escévola, Trebacio Testa. Q. Tuberon y otros.

  1. Agricultura, industria y comercio. — Pasados aquellos primeros tiempos en que cada ciudadano cultivaba por sí mismo su pequeña heredad, con la miseria del pueblo agobiado de deudas, el aumento de la esclavitud a consecuencia de las conquistas, y la aglomeración de grandes propiedades en poder de los ricos, la agricultura decayó notablemente en toda Italia, encargándose los trabajos a los esclavos, y convirtiendo hasta las tierras mas fértiles en campos de pastos, donde pudieran apacentar a poca costa los ganados.

Así es que, a pesar de la escasa población de Italia, este país tan fértil en todos tiempos, no producía entonces, ni con mucho lo que necesitaba para el consumo, convirtiéndose Roma en tributaria de Sicilia y de África primero, y de Egipto después, de cuyos países sacaba el primer artículo de la subsistencia los cereales, Y en vano fue que Catón escribiera un trabajo de agricultura, y en vano que por las leyes agrarias se pidiera el restablecimiento de las pequeñas propiedades; la política llevaba a los romanos por otros caminos, y cada día fue mayor la decadencia de la agricultura.

  La industria bien escasa en los primeros tiempos de la república, porque eran entonces sencilla la vida y limitadas las necesidades, tomó un vuelo extraordinario cuando, por la conquista de Grecia y del Oriente, penetraron en Roma el lujo y el refinamiento de la civilización. Pero también en este movimiento permanecieron pasivos los romanos, que se hacían traer los objetos fabricados de aquellos países: pues en Roma en aquel tiempo los ricos eran bastante poderosos para sufragar aquellos gastos, y los pobres en todo pensaban, menos en trabajar.

  El comercio adquirió un desarrollo inmenso, como hasta entonces no se había conocido. La reunión bajo un solo gobierno de todo los pueblos del Mediterráneo, (Mare nostrum); la seguridad que por esta razón alcanzaron las comunicaciones, sobre todo desde las guerras de Pompeyo contra los piratas; las necesidades que crearon tantas conquistas, y el desarrollo del lujo y el aumento de los goces y comodidades; todo contribuyó a que eso multiplicaran de un modo extraordinario las relaciones comerciales. Pero tampoco fueron los romanos los sostenedores de aquella actividad mercantil; Marsella en Occidente, y las ciudades de Grecia en el Oriente, desempeñaron entonces el papel de Fenicia y Cartago en tiempos anteriores.

RESUMEN DE LA LECCIÓN XIV.

 —1.  La muerte de César produjo una consternación general en Roma, y los asesinos rechazados por la opinión, se refugiaron en el Capitolio, y huyeron de Roma, cuando M. Antonio leyó el testamento de César, e hizo su elogio durante sus funerales; pero fueron amnistiados, y Bruto quedó gobernando Cisalpina, y Casio Macedonia, mientras Antonio era dueño de Roma.

—2. Octavio, nombrado heredero por César, se atrajo en poco tiempo el afecto del pueblo y del ejército. Encargado por el Senado de combatir a Antonio que se había apoderado de Cisalpina, consiguió derrotarlo en Módena, y fue nombrado cónsul. Antonio salva los restos de su ejército; Lépido que había de combatirlo, se une con él; y Octavio que marcha contra ambos, en lugar de perseguirlos, celebra con ellos una conferencia, que dió por resultado la formación del segundo triunvirato.

—3. Los triunviros se repartieron las provincias de Occidente, mientras los asesinos de César dominaban en Oriente; y antes de dirigirse contra éstos, se deshicieron de sus enemigos en Roma, por medio de las proscripciones, pereciendo en ellas Cicerón y otros muchos personajes.

—4. Los triunviros marcharon contra los conjurados, y en la doble batallada Filipos fueron éstos vencidos y se quitaron la vida Casio y Bruto. Los triunviros se repartieron nuevamente las provincias, tocando a Octavio el Occidente, a Antonio el Oriente, y a Lépido se le dio después el África.

— 5. Para recompensar al ejército, ordenó Octavio un despojo casi general en Italia; y aprovechándose los partidarios do Antonio de estas circunstancias, le declaran la guerra; pero fueron arrojados de Roma por Agripa, obligados a rendirse por hambre en Perusa. En esto regresa Antonio de Egipto; pero negándole las tropas a combatir, se celebró un nuevo tratado en Brindis entre los triunviros, repartiéndose nuevamente, y de la misma manera que antes, las provincias.

—6. Cneo Pompeyo dominaba en Sicilia; y Octavio, para combatirlo, consiguió reunir una poderosa escuadra, que a las órdenes de Agripa derrotó en Nauloc la de Cneo, que huyó al Asia donde fue muerto poco después. Octavio despojó además a Lépido del África; y quedó único dueño del Occidente.

7. Antonio, prendado de la reina de Egipto, le cedió varias provincias. Haciendo la guerra a los Partos, fue por éstos derrotado, emprendiendo una peligrosísima retirada, en la que perdió la mayor parte de su ejército. De vuelta en Egipto, repudió a su mujer Octavia, hija de Octavio, y se casó con Cleopatra.

—8. Por la conducta de Antonio en Egipto, los comicios lo privaron de la dignidad triunviral, y encargaron a Octavio la guerra contra Cleopatra. En la batalla naval de Actium, se huyeron Cleopatra y Antonio, su ejército y parte de su escuadra se entregaron a Octavio.

—9. Llegados a Egipto, Cleopatra hizo decir a Antonio que se había suicidado, y éste se quitó la vida atravesándose con su espada. La reina de Egipto, no pudiendo seducir a Octavio, que había marchado en persecución de los fugitivos, se dio la muerte con un áspid. El Egipto fue declarado provincia  romana.

—1O. En la batalla naval de Actium concluyó la república romana, quedando Octavio único dueño de los destinos de Roma, realizándose de esta manera la tendencia marcada de la política romana desde tiempo de los Gracos.

—11. En los primeros siglos de la República, Roma adquirió una fuerte y poderosa constitución con la cual pudo extender sus conquistas por el Mediterráneo pero después el Senado, negándose a conceder la ciudadanía a los italianos, era una rémora para la marcha de la civilización, y tuvo que ceder el gobierno al imperio. A la vez se iba encumbrando el poder militar desde los tiempos de Mario y Sila; naciendo las luchas entre la política estrecha del Senado, y las tendencias expansivas de la democracia, triunfando ésta última con César y Octavio. Por otra parte, el Senado por su propia naturaleza, era impotente para gobernar un Estado que se extendía desde el Eúfrates al Atlántico.

 —12. La literatura romana fue en aquel tiempo una imitación de la griega, como puede observarse en los poetas cómicos Plauto y Terencio. En la historia se distinguió el griego Polibio: y en la poesía didáctica Lucrecio que escribió el poema De rerum saturo. En filosofía los romanos aceptaron la escuela estoica; y en la oratoria brillaron los Gracos, Craso y César. De las bellas artes, sólo cultivaron la arquitectura; pero adquirió grande importancia el estudio del Derecho, fundando la primera escuela para su enseñanza Coruncano, y distinguiéndose como jurisconsultos Escévola, Trebacio Testa y Tuberon.

—13. Con las grandes propiedades de los ricos, la miseria de los pobres y el aumento de la esclavitud, decayó considerablemente la agricultura, dedicando a pastos hasta las tierras más fértiles. La industria escasa al principio, creció en gran manera por el lujo y la corrupción de costumbres: pero estaba en poder de los griegos y de los orientales. El comercio se extendió de un modo considerable por la unión de tantos pueblos bajo un solo gobierno y por la seguridad de las comunicaciones; siendo Marsella y las ciudades de Grecia, las que sostenían el movimiento mercantil en aquel tiempo.

Formación del Primer y Segundo Triunvirato en Roma Antigua

Romulo primer gobernante de Roma Leyenda Romana Fundacion Roma

PRIMER PERÍODO DE ROMA (754-510)— LOS REYES.

  1.  1. Reinado de Rómulo: robo de las Sabinas: guerras con los pueblos vecinos: muerte de Rómulo. Según la tradición, después de la muerte (de Remo, quedó Rómulo único jefe de Roma, que por entonces no era mas que una reunión de pobres cabañas. Dícese que para aumentar la población, Rómulo ofreció asilo a los vagabundos y gente de mal vivir de las naciones vecinas, prometiéndoles su protección; y que no teniendo mujeres, Rómulo invitó a una fiesta a los sabinos y a los pueblos comarcanos, y en medio del espectáculo los romanos se apoderaron de las esposas y de las hijas de sus vecinos, originándose de este hecho criminal una guerra entre los sabinos y los romanos.

El rey sabino Tacio se dirigió contra los romanos, que sorprendidos, aceptaron la batalla dentro de los muros de su ciudad; y cuando los soldados de Rómulo se pronuncian en derrota, intervienen las sabinas, separando a los combatientes, y consiguiendo el restablecimiento de la paz, con la condición de que los sabinos ocuparían la roca Tarpeya, nombrarían de su seno cien senadores, y su rey Tacio compartiría el trono con Rómulo.

Cinco años después muere Tacio asesinado, quedando otra vez Rómulo como único rey. Para ocupar la turbulenta población de Roma, dirige sus armas contra los pueblos comarcanos, y aumentó tanto su poder, que dejó de consultar al Senado; por lo que la nobleza le quitó la vida durante la confusión producida por una gran tempestad, que estalló mientras se celebraba la asamblea del pueblo. Los senadores, sin embargo, extendieron la voz de que había sido arrebatado al Olimpo, y que se le debía adorar con el nombre de Quirino.

A Rómulo se le atribuían las mas antiguas instituciones sociales de Roma.

  1. Numa Pompilio: instituciones religiosas: A la muerte de Rómulo los senadores intentaron suprimir la monarquía, turnando ellos en el poder; pero los desórdenes que con este motivo se originaron, hicieron necesario elegir un nuevo rey, ocupando el trono el sabino Numa Pompilio, hombre sabio y virtuoso, poco dado a las guerras y conquistas, que dotó Roma de instituciones religiosas, favoreció la agricultura y las ocupaciones pacíficas, contribuyendo eficazmente a modificar la rudeza de las costumbres salvajes de los romanos.

La tradición atribuyó a Numa la creación de los sacerdotes Salios, guardadores del escudo del dios Marte; de los Flámines que cuidaban del culto, de los Augures y de las Vestales. Construyó el templo de Vesta y el de Jano, que estuvo cerrado durante su reinado, porque la paz no se alteró en su tiempo.

Numa corrigió el calendario de Rómulo, añadiendo los meses de Enero y Febrero a los días fastos y nefastos: introdujo el culto de los dioses Lares, guardadores de la familia, y del dios Término, custodio de las propiedades. Para dar mas prestigio a estas instituciones, decía habérselas comunicado la ninfa Egeria.

  1. Tulo Hostilio: los Horacios y Los Curiacios: su misión de Albalonga. Después del pacifico reinado de Numa, ocupó el trono el latino Tulo Hostilio, en cuyo tiempo los romanos vuelven a sus costumbres guerreras.

La lucha se entabló principalmente con los albanos, por las mutuas y casi constantes querellas entre los habitantes de ambas ciudades: para poner fin a esta guerra se concertó el combate de los tres hermanos Horacios, romanos, con los tres Curiacios, albanos; muriendo en la pelea estos últimos, y quedando vencedor uno solo de los Horacios.

Como  consecuencia, Albalonga fue destruida, su territorio incorporado al romano, y los habitantes trasladados a Roma, donde ocuparon con los etruscos el monte Celio, siendo algunos admitidos a la ciudadanía, y aun al Senado: atribuyéndose también a este rey la construcción de la Curia Hostilia ó palacio donde se reunían los senadores.

  1. Anco Marcio: A la muerte de Tulo Hostilio, sucediole Anco Marcio, sabino, prudente, sabio y religioso como su abuelo Numa, pero a la vez guerrero como su antecesor.

En sus guerras con los pueblos comarcanos, derrotó a los sabinos y a los etruscos, sometiendo varios pueblos del Lacio, cuyos habitantes vinieron a establecerse en Roma, en el monte Aventino. Construyó la prisión Mamertina, abierta en la roca debajo del Forum; comenzó la explotación de las salinas de la costa; la construcción del primer puente de madera (sublicio) sobre el Tíber, para poner a Roma en comunicación  con Etruria.

A este rey se debe también la fundación de Ostia en la desembocadura del Tíber, sirviendo desde entonces de puerto a Roma.

Anco Marcio fundó la institución de los Feciales, destinados a evitar las guerras con otros pueblos, pidiendo una satisfacción pacífica de las ofensas recibidas; y autorizados para declararla, valiéndose de lanza quiris que arrojaban al campo enemigo, si a los 30 días no obtenían la debida satisfacción.

  1. Dinastía etrusca: Tarquino el antiguo: Después de los tres reyes sabinos, suceden otros tres etruscos hasta la conclusión de la monarquía.

Tarquino, de origen griego, pero establecido en Etruria donde había adquirido grandes riquezas, pasó a Roma, atrayéndose el favor popular por su generosidad y por su ilustración; adquiriendo por estos medios tal prestigio, que de tutor de los hijos de Anco Marcio, a la muerte de éste, fue elevado al trono.

El reinado de Tarquino constituye el periodo más brillante de la monarquía romana. Este rey introdujo en Roma las artes y la civilización etrusca; construyo las murallas, la Cloaca Máxima, el Forum romano, el Circo Máximo, y puso los cimientos del famoso templo de Júpiter en el Capitolio, donde se habían de reunir las divinidades de las tres razas de las que se componía Roma, y donde mas adelante fueron acogidos los dioses de todos los pueblos. Tantas y tan magnificas construcciones hicieron de Roma una gran población, cuando antes de Tarquino no eran otra cosa que un conjunto de miserables habitaciones.

No se olvidó Tarquino de extender la dominación de Roma por los pueblos comarcanos. Derrotó sucesivamente a los sabinos y a los latinos, y obligó a los etruscos, después de una larga guerra, a reconocer la supremacía de Roma.

Tarquino se propuso realizar la fusión de los tres pueblos, Ramnes, Lúceres y Ticios, que habían contribuido a la formación de Roma y elevó a 300 el número de senadores.

Los hijos de Anco Marcio, a quienes Tarquino había suplantado para subir al trono, instigados tal vez por los sabinos, consiguieron que dos asesinos le quitaran la vida; a pesar de lo cual no lograron sucederle.

  1. Servio Tulio: Aunque de origen humilde, Servio Tulio, que en vida de Tarquino llegó a ser su yerno, fue elevado al trono después de su muerte por los votos del Senado y de la plebe. Venció a los latinos sublevados contra Roma; y dedicó toda su actividad al establecimiento de sabias instituciones para completar la fusión de todos los romanos y la grandeza de Roma.

Servio Tulio reorganizó el gobierno, basándolo en la propiedad, creando así la aristocracia de la riqueza: introdujo reformas ventajosas para los pobres y plebeyos, tanto en la repartición de los impuestos como en la administración de la justicia.

A este rey se atribuye la creación de las feriales latinas en honor de Júpiter; la conclusión de las murallas de Roma, la introducción de la escritura, y la modificación del valor de la moneda y de las pesas y medidas.

Amado de los plebeyos y de los pobres, pero aborrecido por los patricios, éstos concitaron contra él a su propio yerno, Tarquino, que lo hizo asesinar, pasando las ruedas del carro de su hija sobre el cadáver ensangrentado de su padre, en la calle que desde entonces lleva el nombre de Via Scellerata (funesta).

  1. Tarquino el Soberbio: conclusión de la monarquía: Muerto Servio Tulio fue elevado al trono su yerno y asesino Tarquino, que se propuso gobernar prescindiendo del pueblo y del senado, a los que debía la corona.

La tiranía, de su gobierno le hizo odioso tanto a los patricios, como a los plebeyos; pero consiguió hacerse respetar por todos, extendiendo su dominación hasta el país de los volscos, apoderándose de su capital Suessa Pomelia y de la ciudad de Gabies en el país de los latinos, por medio de la traición de su hijo Sexto, que fingiendo haber caído en desgracia de su padre, se acogió a esta población, donde le confiaron la defensa de uno de los puntos mas importantes, después de lo cual quitó la vida a los jefes de la ciudad y la entregó a las tropas romanas. Durante estos acontecimientos Tarquino recogió un inmenso botín que empleó en la continuación del Capitolio.

Creciendo el descontento de los patricios y de los plebeyos por las crueldades de Tarquino, y hallándose éste sitiando la ciudad de Ardea, capital de los Rútulos, cerca de la costa, estalló el odio de los romanos con motivo del ultraje inferido por Sexto a la bella y virtuosa Lucrecia, mujer del patricio Tarquino Colatino. Los romanos indignados juran exterminar toda la familia del tirano; y cuando Tarquino, al tener noticia de estos acontecimientos, vuelve precipitadamente a Roma, se le cierran las puertas de la ciudad, y tiene que refugiarse en Etruria. Los romanos entre tanto declaran abolida para siempre la monarquía.

  1. Constitución social de Roma durante la monarquía: La constitución romana tiene su origen y  fundamento en los primeros tiempos de la monarquía quizá en los mismos tiempos de Rómulo.

Desde los primeros tiempos, aparece la sociedad romana dividida en tres clases, los patricios, los  plebeyos y los esclavos. Los patricios eran los representantes de las antiguas familias latinas, sabinas y etruscas, que habían contribuido a la fundación de la ciudad, pero dominando siempre el elemento sabino. Estos eran los únicos ciudadanos de pleno derecho, correspondiéndoles el poder y los honores, la mayor parte de las tierras y del botín que se tornaban a los enemigos.

La plebe romana procedía de las familias latinas, obligadas a domiciliarse en Roma por la destrucción de sus ciudades, durante la conquista del Lacio en tiempo de los reyes los plebeyos ocuparon en Roma los montes Palatino, Celio y principalmente el Aventino; se les concedieron desde el principio los derechos civiles, pero no los políticos, y sólo recibían una porción insignificante de las tierras conquistadas. Los esclavos en Roma procedían de los prisioneros que durante las guerras se hacían de los enemigos, y no tenían derecho alguno.

Además de estas tres clases de personas, existían en Roma los clientes, protegidos por algún ciudadano padre de familia (patrono), ó por el jefe del Estado: procedían generalmente de los extranjeros domiciliados en Roma, y aun de esclavos que recibían de su señor la libertad; pero sus derechos eran muy limitados. Por último, los caballeros, que después constituyeron un orden intermedio entre los patricios y plebeyos, y que tanta influencia alcanzaron en los destinos de la República, no tuvieron importancia política en tiempo de los reyes; pues aunque se tomaban indistintamente de los patricios y los plebeyos, no tuvieron entonces participación alguna en el gobierno del Estado.

  1. Constitución política: Durante la monarquía los poderes estaban distribuidos entre el rey, el senado y el pueblo.

La monarquía era en Roma electiva; y los derechos de los reyes muy limitados. Puede decirse que les correspondía el poder ejecutivo y gubernativo, disponiendo del mando del ejército, de la administración de justicia, cuando se trataba de los grandes crímenes; y eran por otra parte los soberanos sacrificadores, auxiliados en estas funciones por los sacerdotes.

Al lado de los reyes existía el Senado, que en un principio no fue mas que un cuerpo consultivo sin autoridad alguna; y se componía de 300 senadores, 100 por cada tribu, elegidos por los monarcas entre los patricios de su mayor confianza, resultando así un cuerpo eminentemente aristocrático.

Pero la verdadera soberanía residía en el pueblo y en sus asambleas solemnes, ó comicios, compuestos de todos los ciudadanos, tanto patricios como plebeyos; pues les correspondía la elección de monarca, la sanción de las leyes, la declaración de la guerra y de la paz.

  1. Reformas de Servio Tulio: La primitiva constitución de  Roma en armonía con los reducidos límites de su dominación, resultó defectuosa cuando por las conquistas de los pueblos del Lacios se aumentó considerablemente la población y se alteraron Las relaciones que entre las clases existían. Se hizo, pues, necesaria una modificación de la constitución, que la llevó a cabo Servio Tulio.

servio tulioServio Tulio comenzó sus reformas, formando un censo ó inscripción de todas los habitantes de la ciudad sin distinción de tribus, ni de clases, señalando a cada uno la fortuna ó la riqueza que poseía; sirviéndole esta especie de estadística de la propiedad para repartir equitativamente los tributos según el haber de cada uno, y para la distribución del poder entre los ciudadanos.

Con arreglo a su fortuna, todos los ciudadanos fueron repartidos en seis clases, divididas a su vez en 192 centurias, comprendiendo en cada una tantos ciudadanos como fueron necesarios para que la suma de los tributos fuese igual en todas ellas; resultando por esta razón que los ricos formaban gran número de centurias, mientras que era necesario reunir en una sola un número muy considerable de familias pobres.

La primera clase comprendía los ciudadanos que tenían una fortuna de 100,000 ó más ases, dividiéndose en 98 centurias. Las demás clases habían de poseer, 75,000 ases la segunda, 50,000 la tercera, 15,000 la cuarta, y mas de 11,000 la quinta; comprendiéndose en la sexta y última los que poseían menos de esta suma, y los que no tenían ninguna propiedad.

Dividida así la población, Servio Tulio sustituyó en los Comicios el voto individual, con el voto por centurias, creando de este modo los Comicios Centuriados, en los cuales tenia toda la influencia la aristocracia de la riqueza, que por mucho tiempo no se distinguió de la nobleza de nacimiento. De esta manera, los primitivos Comicios Curiados fueron muy luego reemplazados por los Centuriados, que llegaron a entender en la elección de los reyes, en la votación de las leyes, en los asuntos de la paz y de la guerra, y en las causas criminales de grande importancia.

Además la legislación de Servio Tulio, basándose en el censo, imponía a cada clase de ciudadanos el número de centurias con que había de contribuir para la formación de un ejército respetable, la mitad compuesta de hombres mayores de 40 años, para la defensa de la ciudad, señores; y la otra mitad de 17 a 45 que eran los juniores, y que constituían los ejércitos encargados de la conquista.

Con estas reformas que ligeramente acabamos de apuntar, consiguió Servio Tulio fundir en una unidad fuerte y poderosa los elementos diversos que hasta entonces habían predominado en Roma; organizando al mismo tiempo las fuerzas militares, destinadas a vencer primero en Italia y después en todas partes.

  1. La legislación en tiempo de los reyes: patria potestad: Los reyes presentaban las leyes a los Comicios, y éstos tenían el derecho de aceptarlas ó rechazarlas; pero es lo cierto que apenas quedan indicaciones de las leyes de esta manera formuladas en tiempo de la monarquía. Los romanos en aquellos primeros tiempos, como todos los pueblos en iguales condiciones, más que por leyes escritas, debieron regirse por costumbres.

Entre estas costumbres dejaron más profunda huella en la organización de la sociedad romana y en la legislación, las que se referían a la familia. En ella el poder del padre se extiende sobre la mujer, los hijos y los nietos, con todo lo que son y poseen: y ese poder es absoluto, pudiendo venderlos, y quitarles la vida, considerándolos como una cosa, res.

Sin embargo, este poder no es tan absoluto en lo que se refiere a la mujer, pues que bajo cierto aspecto existía la igualdad entre los esposos, y aun era considerada corno la dueña en los asuntos interiores de la casa.

  1. Religión, culto y sacerdotes: La religión y el culto de los romanos, era como la sociedad, procedente de diferentes pueblos, especialmente de los griegos y de los etruscos; desde los tiempos de Numa puede asegurarse que se había ya completado el sistema religioso y las formas del culto.

Como los griegos, personificaron los romanos las acciones y las aptitudes humanas, a la vez que los fenómenos de la naturaleza: pero aquella religión completamente exterior y sensible, no tenia doctrinas, ni enseñanza moral, y era por tanto incapaz para mejorar a los hombres.

Los dioses principales fueron: Marte, dios de la guerra; Saturno, de los campos; Término, de los límites; Vesta, del fuego; y además la Fe, la Salud, la Juventud, la Concordia, etc.

En Roma se generalizó el culto de los genios protectores de la ciudad, de la casa, de la habitación; y aun cada familia tenia sus dioses Lares y sus Penates, cuidadores del hogar doméstico.

Con las conquistas aumentó extraordinariamente el número de los dioses, adoptando los de los pueblos vencidos, que venían a formar parte del Olimpo romano, aunque colocados en un lugar secundario.

Los sacerdotes no constituían una casta, ni tenían el carácter de representantes de la divinidad; eran sólo los encargados del culto. Su número se extendió considerablemente a medida que se fueron admitiendo en Roma los dioses de los países conquistados. Distinguíanse los Flámines, conservadores del fuego sagrado, que pertenecían a la clase patricia; los Salios, encargados de custodiar el escudo de Marte, caído del cielo, y que celebraban a este dios con cantos y danzas; los Arvales, que en el mes de Mayo impetraban la protección de la diosa fecunda (Dea Dia) para las sementeras; las Vestales ó sacerdotisas de Vesta; y los Feciales, personajes sagrados a quienes competían la declaración de guerra. Además existían los cuatro Pontífices, presididos por el Pontífice Máximo, que cuidaban de la celebración de las fiestas y de las ceremonias del culto, y señalaban los días hábiles para la administración de justicia (días fastos y nefastos).

En la religión romana tenia una parte muy principal la adivinación, de que estaban encargados los Augures y los Arúspices ; los primeros conocían los misterios del porvenir examinando el vuelo, el canto y el apetito de las aves, y los fenómenos celestes; y los Arúspices observaban las entrañas de las victimas y las circunstancias exteriores de los sacrificios. Estas instituciones tuvieron grande influencia en los destinos de Roma, porque no se acometía ninguna empresa importante, ni se emprendía nunca la guerra, sin consultar antes a los Augures y Arúspices.

  1. La literatura y las artes en tiempo de los Reyes: La lengua latina pertenece al tronco de los idiomas indo-germánicos, y es hermana, no hija de la griega, como por mucho tiempo se ha creido.

De la época de los Reyes sólo se han conservado algunos restos de cantos religiosos y satíricos; como el canto de los Salios en honor a Marte, que  tal vez era común a los Arvales; y los cantos de alabanza y de burla, llamados de los Satura; y tal vez las fesceninas y las atelanas.

Las artes acusan en aquel tiempo el mismo atraso que la literatura. Sólo nos han quedado algunas obras de arquitectura, como el muro de Servio Tulio, las Cloacas, etc., en las cuales puede observarse la semejanza con las construcciones de los griegos primitivos, y la influencia de la arquitectura etrusca.

  1. Agricultura, industria y comercio: La vida de los primeros romanos se repartía entre la guerra y las ocupaciones agrícolas cada ciudadano cultivaba su propiedad, ayudado de sus hijos y de sus esclavos.

Entre las instituciones más antiguas, atribuidas generalmente a Numa, se cuentan los siete oficios siguientes los tocadores de flauta, los plateros, trabajadores en cobre, los carpinteros, bataneros, tintoreros, alfareros y zapateros.

El comercio en Roma, como en casi todos los pueblos antiguos, fue reputado corno ocupación indigna de los ciudadanos honrados; dejándolo por esta razón en manos de los esclavos y de la clase pobre del pueblo. Pero a medida que aumentaron el poder de Roma y las necesidades de los romanos, el comercio se desarrolló considerablemente con los pueblos comarcanos, especialmente con la Etruria, con las colonias griegas y con la Sicilia.

  1. Juicio sobre la época de los Reyes: Ya hemos dicho que Roma, nacida de las circunstancias, y debiendo su origen a un contrato, carece de infancia, y no tuvo que pasar por ese periodo de organización, que en los demás pueblos se llama época heroica. Roma al nacer tiene las condiciones de un pueblo adulto, así es que al día siguiente de su nacimiento tiene ya formado su carácter, y cuenta con los medios é instituciones para realizar su misión, emprendiendo resueltamente desde luego el camino que en la vida de la humanidad le corresponde recorrer.

Roma habla nacido para extender por todo el mundo su dominación, y necesitaba para esto ser un Estado fuerte é inquebrantable por su organización. Debía constituirse enérgicamente en el interior, para poder imponer a los otros pueblos esa misma constitución, única y necesaria base de los grandes Estados; y estos dos fines los persiguen los reyes con una constancia admirable desde Rómulo hasta Tarquino. Así es que al concluir la monarquía estaba ya constituido todo cuanto hay de fundamental en la vida é historia de Roma.

La organización de Roma, efecto de las condiciones de su nacimiento, es desde el principio casi republicana, puesto que los ciudadanos tienen todos mas ó menos participación en el gobierno. Por esta razón la monarquía, que en los otros pueblos nace fuerte y poderosa, absorbiendo todos los derechos, como natural consecuencia de los gobiernos patriarcales, aparece en Roma con los caracteres opuestos, limitada por el pueblo y en cierto modo accidental; no es ni siquiera hereditaria; teniendo su origen en el pueblo, debe existir únicamente para el bien del pueblo: por esa razón cuando, olvidando su origen, se hace tiránica con Tarquino, el pueblo la suprime con un pretexto cualquiera, sin luchas ni violencias, y se pasa sin ella, sin que esto afecte en nada a la organización romana, que continúa siendo la misma con los Cónsules que había sido con los Reyes.

Sin embargo, la monarquía cooperó fielmente en general a los fines de Roma, contribuyendo unos reyes a la organización del Estado, y conquistando su dominación sobre los pueblos del Lacio. De este modo la República encuentra ya perfectamente trazado el camino de la historia romana.

Los Reyes, por otra, se muestran en general mas inclinados a los intereses de la clase plebeya, y opuestos a los de los patricios, inaugurando la larga lucha de los dos órdenes, que tantos accidentes han de presentar durante la República.

RESUMEN DE LA LECCIÓN III

  1. Rómulo, único jefe de Roma, después de la muerte de Remo ofreció asilo en su ciudad a la gente vagabunda, y en una fiesta los romanos se apoderaron de las mujeres y las hijas de los Sabinos, originándose de aquí una guerra entre los dos pueblos, que terminó por la intervención de las mismas sabinas. Rómulo murió asesinado por la nobleza.
  2. Sucediole el sabino Numa Pompilio, que dotó a Roma de instituciones religiosas y favoreció las ocupaciones pacíficas; se le atribuye la creación del cuerpo de los sacerdotes Salios, de los Flámines, de los Augures y de las Vestales, la construcción de los templos de Vesta y de Jano: corrigió el calendario, etc., manifestando que estas instituciones se las había comunicado la ninfa Egeria.
  3. En tiempo de Tulo Hostilio, el combate de los Horarios con los Curiaceos, terminó la guerra entre Roma y Albalonga, siendo esta ciudad destruida y sus habitantes trasladados a Roma.
  4. Anco Marcio triunfó de los pueblos vecinos, incorporando los habitantes a Roma: construyó la prisión Mamertina y el puerto de Ostia, y fundó la institución de los Feciales.
  5. Comienzan los reyes etruscos con Tarquino el Antiguo, de origen griego, que construyó la Cloaca Máxima, el Forum, el Circo Máximo, y comenzó la construcción del Capitolio; venció a los sabinos, latinos y etruscos: elevó a 300 el número de senadores; y fue asesinado por los hijos de Anco Marcio.
  6. Servio Tulio venció a los latinos, y por medio de sabias instituciones reorganizó el gobierno y la sociedad; introdujo en Roma la escritura y modificó el valor do la moneda; su propio yerno Tarquino lo hizo asesinar en la Via Scellerata.
  7. Tarquino el Soberbio se hizo odiar por los  patricios y plebeyos debido a su  crueldad: se apoderó de la capital de los Volscos y de Gabies y por el ultraje de su hijo Sexto a Lucrecia, fueron expulsados los Tarquinos y abolida la monarquía.
  8. La sociedad romana comprendía tres clases de personas: los patricios poseían todos los derechos y la mayor parte de las riquezas; los plebeyos tenían derechos civiles, pero no políticos; y los esclavos, que carecían de todo derecho. Existían además los Clientes y los Caballeros, con escasos derechos y casi ninguna influencia en la gobernación del Estado.
  9. La monarquía era electiva, y los derechos de los reyes estaban muy limitados; el Senado, que se componía de 300 senadores, era sólo un cuerpo consultivo y aristocrático; y el pueblo, que era en verdad el soberano, se reunía en los comicios para tratar todos los asuntos importantes.
  10. Servio Tulio comenzó sus reformas por el censo, dividiendo los ciudadanos en seis clases con arreglo a su fortuna: creó los Comicios Centuriados, en sustitución de los Curiados, y señaló a cada Centuria su contingente para la formación del ejército.
  11. Apenas quedan leyes de la época de la Monarquía, pues aquella sociedad debió regirse principalmente por la costumbre. El padre tenía todos los derechos sobre los descendientes y sobre la mujer, si bien ésta conserva cierto prestigio en los asuntos interiores de la casa.
  12. La religión era completamente exterior, sin doctrinas ni enseñanza moral: el número de los dioses, al principio muy reducido, se aumentó considerablemente con las conquistas. Los principales colegios de Sacerdotes eran los Flámines, los Salíos, los Arvales, las Vestales y los Feciales; y además los Pontífices. De la adivinación estaban encargados los Augures y los Arúspices.
  13. La literatura de esta época sólo presenta algunos restos de cantos religiosos y Satíricos; y de las artes sólo han llegado hasta nosotros algunos monumentos de arquitectura, como Las Cloacas.
  14. Aparte de la guerra, la principal ocupación de los romanos fue la agricultura: la industria alcanzó bastante desarrollo y el comercio, aunque menospreciado, se extendió considerablemente con los  pueblos comarcanos.
  15. Desde su origen Roma se halla constituida con un carácter propio y con las instituciones adecuadas para llenar su misión. Los Reyes dieron a Roma su constitución fuerte é inquebrantable, y extendieron sus conquistas por el Lacio, que oran las dos tendencias de la vide romana. La organización de Roma era casi republicana, y por esa razón la supresión de la monarquía se llevó a cabo sin trastornos ni violencias, y de una manera casi natural. Los Reyes siguieron una política favorable a la clase plebeya.

Reformas de Diocleciano Tetrarquía Organización del imperio por Diocleciano

roma antigua

LECCIÓN XIX:  TETRARQUÍA – ORGANIZACIÓN DE LA MONARQUÍA IMPERIAL.
DESDE DIOCLECIANO HASTA JOVIANO
(285-364).

La guerra civil, la inestabilidad de la sucesión imperial, la simultaneidad y persistencia de las invasiones bárbaras, la amplitud del territorio imperial, el desorden fiscal, la escasez de alimentos, la inflación, así como la decadencia cultural y religiosa impulsaron a Diocleciano a adoptar una política reformista que, aprovechando la experiencia de sus predecesores, basó en la descentralización y el fortalecimiento de la burocracia y del ejército.

Siguiendo la iniciativa absolutista de Aureliano, adoptó el título de Júpiter y nombró a su general y amigo Maximiano cesar y Hércules, y le confió el gobierno de Occidente, con sede en Milán. Cuando formó la tetrarquía, en 296, Diocleciano equiparó a Maximiano con el rango de augusto. Las sucesivas divisiones del poder no entrañaron, aunque sí anunciaron, la ruptura de la unidad del Imperio, afirmada como patrimonium indivisum.

  1.   Organización del imperio por Diocleciano.— Aunque de un origen humilde, nacido en Dalmacia, Diocleciano, dotado de grandes talentos militares, se había elevado a los primeros puestos por su propio mérito; y proclamado emperador a la muerte de Numeriano y de Carino, manifestó en el trono sus grandes dotes de hombre político y de gobierno.

  Los males que aquejaban al imperio tenían muy diverso origen. La escasa importancia del poder imperial, cuyas atribuciones no estaban bien determinadas; el desorden y la tiranía de la administración provincial; y las exigencias crecientes cada día de los pueblos bárbaros en las fronteras. Estas tres causas podían estimarse como las principales y más influyentes en la decadencia de Roma, y Diocleciano se propuso remediarlas, empleando con este fin su poderosa iniciativa y su incansable actividad.

  Diarquía. En primer lugar rodeó su persona del fausto y de la pompa de los monarcas orientales; y tomó como asociado a Maximiano, con el título de Augusto, distribuyéndose entre ambos las provincias, reservándose Diocleciano el Oriente, y eligiendo para su residencia la ciudad de Nicomedia; y quedándose en Occidente Maximiano, que se estableció en Milán.

Ambos se rodearon de una corte numerosa, teniendo a sus órdenes las legiones correspondientes para contener a los bárbaros. Entre tanto, Roma fue abandonada; el senado y las magistraturas romanas perdieron por esta causa la escasa importancia que aun conservaban; y fue abolida la guardia pretoriana.

  1.   Guerras en Oriente y Occidente. — La división del imperio tenía por objeto facilitar la guerra contra los pueblos que habitaban en las fronteras; con cuyo fin se eligieron por capitales las dos ciudades mejor situadas, Nicomedia y Milán.

  En la primera guerra Maximiano sometió y castigó duramente a los paisanos de la Galia (Bagodas) que agobiados por la miseria se habían sublevado contra los romanos. Tuvo que hacer la paz con Carausio, que se había declarado emperador independiente en la Bretaña; y derrotó a los  Francos en las orillas del Rhin, reparando las fortalezas entre este río y el Danubio. En el Oriente, Diocleciano venció a los Persas y Sarracenos; también a los Godos y Sármatas en las orillas del Danubio.

   La Tetrarquía. — No bastando la actividad de los dos Augustos para contener las frecuentes irrupciones de tantos pueblos que por diferentes puntos atacaban el imperio, Diocleciano creyó necesario dar participación en el gobierno a dos nuevos auxiliares, con el nombre de Césares, que venían a desempeñar las funciones de lugartenientes de los dos emperadores, a quienes habían de suceder.

Fueron nombrados Galeno, César de Diocleciano, y Constancio Cloro de Maximiano, repartiéndose las provincias entre los cuatro de la manera siguiente: Diocleciano se encargó del Asia y el Egipto, y dejó a Galeno Grecia, Tracia, Mesia, Panonia, etc., estableciéndose en Sirmium: Maximiano se reservó la Italia y el África, y encomendó a Constancio Cloro la España, las Galias y la Bretaña, eligiendo por capital a Tréveris (Augusta Treverorum).

El tránsito de Diodeciano hacia la tetrarquía fue obligado por las circunstancias, más que por una decisión intencionada. Su deseo de garantizar una sucesión sin incidentes y fortalecer la defensa de las fronteras lo llevaron, primero, a nombrar augusto a Maximiano y compartir la administración del Imperio con él. Pero la presión invasora y los problemas internos requerían una mayor descentralización. Entonces, hizo emperadores a Galerio y Constancio Cloro; les dio el título de cesar y los convirtió en herederos. A los veinte años de gobierno, Maximiano y él mismo abdicaron, cediendo a sus sucesores el título de augusto. Ellos debían nombrar nuevos cesares. Pero el sistema se quebró debido a las ambiciones de los hijos de Maximiano y Constancio Cloro, que se autonombraron emperadores.

  1. Reformas administrativas de Diocleciano. — La Tetrarquía, o división del imperio en cuatro gobiernos, se relacionaba con la administración de las provincias, que Diocleciano se propuso reformar. En primer lugar igualó a Italia con las provincias, despojándola del privilegio que siempre había tenido de no pagar tributos. Disminuyó la autoridad de los prefectos, y de los gobernadores, dividiendo las grandes provincias, y estableciendo los vicarios o subprefectos.

  Diocleciano llevó los beneficios de su gobierno a las letras y al derecho, ordenando las primeras codificaciones que se conocen en la historia con el nombre de Gregorio y hermógenes. Favoreció la industria y el comercio; y procuró con singular esmero los adelantos de la agricultura, mejorando la condición de los colonos.

  1.   Nuevas guerras en Oriente y Occidente. — Los dos Augustos y los dos Césares, comenzaron la guerra con los pueblos limítrofes a sus respectivos gobiernos. En Oriente Diocleciano venció a Achileo que se había apoderado del Egipto; y Galerio fue encargado de la guerra con los Persas, que al mando de Narsés, habían invadido Armenia, aliada de Roma: y aunque en una primera expedición estuvo en peligro de perder su ejército en los desiertos de la Persia, consiguió después vencer a Narsés, que tuvo que pedir la paz, cediendo la Mesopotamia y quedando el Tigris como limite del imperio. La paz de Nisibis se celebró con gran solemnidad en Roma.

  Entre tanto, en Occidente Maximiano derrotó en África al usurpador Juliano; y Constancio Cloro venció a los bárbaros en las orillas del Rhin persiguiéndolos hasta el Weser; pasó a Bretaña y concluyó con el gobierno independiente de Carausio.

  1. Abdicación de Diocleciano y Maximiano. — Cansado de los negocios, debilitado por las enfermedades, insensible a los goces y hastiado de las ilusiones del mando, Diocleciano resolvió abdicar el imperio, cediendo además a las vivas instancias de Galerio; y puesto de acuerdo con su colega Maximiano, en un mismo día abandonaron ambos el trono, sucediéndoles los dos Césares, Galerio y Constancio Cloro.

  Diocleciano se retiró a su pueblo natal de Salona en Dalmacia, donde pasó los últimos años de su vida, dedicado exclusivamente al cultivo de sus jardines.

  Galerio y Constancio Cloro nombraron Césares a Maximino Daia y a Severo. Constantino, hijo de Constancio, permaneció algún tiempo al lado de Galerio que, envidioso de sus relevantes condiciones, le hubiera quitado la vida a no temer una sublevación en el ejército, entusiasta del hijo de Constancio. Este llamó a su hijo a Bretaña, donde se encontraba; muriendo poco después en Evoracum (York) dejando por sucesor a Constantino, que fue nombrado Augusto por las legiones.

  1. Juicio sobre el reinado de Diocleciano. — No se puede negar la grandeza del reinado de Diocleciano. Cuando el mundo romano se hundía bajo el inmenso desorden de la anarquía militar, Diocleciano, dotado de grande energía y de mayor actividad, consiguió evitar por el pronto su ruina, y comunicar nuevos alientos a aquel cuerpo moribundo, merced a lo cual pudo prolongar todavía cerca de dos siglos su existencia.

  Pero Diocleciano, que no era un talento de primer orden, a pesar de sus grandes dotes, no podía conocer, y no conoció las causas principales de la decadencia del imperio; así es que sus disposiciones contribuyeron unas a mejorar grandemente la situación de la sociedad, mientras que otras produjeron el efecto enteramente contrario.

Diocleciano consiguió dar unidad y moralizar un tanto la administración provincial; realizó con valor la igualdad en los impuestos; concluyó con el despotismo de los pretorianos, y favoreció la agricultura, la industria y el comercio. Pero no acertó a rodear la monarquía de las instituciones políticas que le eran necesarias contentándose con encumbrar la persona del monarca, revistiéndola de la pompa y del fausto oriental; pero dejando la institución tan expuesta como estaba antes a los vaivenes de la política y a la fuerza ciega de los acontecimientos.

  La diarquía, y después la tetrarquía, si bien es cierto que eran el único medio de contener las irrupciones de los bárbaros, sembraron también el germen de división en el imperio, que dará sus frutos más adelante en tiempo de Teodosio. Y esta división por una parte, y por otra el abandono de Roma, concluyeron con la fuerte unidad, característica de la política romana, que siempre había estado representada en la gran ciudad como cabeza del mundo.

  Por último, aunque compelido por Galerio, Diocleciano cometió la torpeza y la inhumanidad de ordenar la última y más cruel persecución contra los cristianos.

  1. Seis emperadores a la vez. — A la muerte de Constancio Cloro, según el orden establecido por Diocleciano, quedó ocupando el primer lugar de la Tetrarquía el otro Augusto, Galerio, quien se dio por colega a Severo que era ya César; mientras que Constantino el hijo de Constancio, a pesar de haber sido proclamado Augusto por las legiones de Bretaña, tuvo que resignarse a desempeñar el papel de César.

  Por otra parte, el disgusto general en Italia contra Galerio, por la exacción de los tributos que ordenaba la ley de Diocleciano, y el descontento de los romanos por haber perdido su ciudad la preeminencia de capital del imperio, dio por resultado una sublevación general en Roma, en la que fue proclamado emperador Majencio, hijo de Maximiano, quien volvió a tomar el titulo de Augusto que antes había tenido como colega de Diocleciano. Severo, el Augusto nombrado por Galerio, desde Milan se dirige contra Majencio y Maximiano, pero no pudiendo penetrar en Roma, abandonado por sus tropas, y perseguido por Maximiano, tuvo que encerrarse en Rayana, y tomada la ciudad, fue condenado a muerte.

  Galerio intentó vengar la muerte de su colega, pero mal recibido en Italia, hizo la paz con Majencio y Maximiano, reconociéndolos como soberanos, y nombró Augusto a Licinio en sustitución de Severo. De esta manera se elevó a seis el número de Augustos, que fueron, Maximiano y Majencio en Italia y África, Constantino en las Galias, Galerio y Licinio en Iliria, y Maximino Daia en Oriente.

  1. Guerras entre los Augustos. — Semejante división no podía subsistir, porque todos los Augustos aspiraban a la dominación única en el Imperio. Las luchas comenzaron entre Majencio y su padre Maximiano: vencido este último, se refugió al lado de su yerno Constantino, en busca de su apoyo para recuperar el trono. Constantino se negó a esta pretensión, y el ambicioso anciano conspira contra él; descubiertas sus maquinaciones, tuvo que huir de Tréveris, y perseguido por su yerno, se quitó la vida en Marsella. Poco después acaba Galerio sus días, publicando antes de morir el edicto de tolerancia en favor de los cristianos.

  Vencedor de Maximiano, Constantino pasa a Italia, donde su cuñado Majencio se había hecho odioso por sus crueldades; y entablada la guerra entre ellos, Constantino sustituye la antigua bandera romana por el Lábaro con la cruz y el nombre de Jesucristo, en recuerdo de un sueño, en el cual se le apareció un anciano manifestándole una cruz con esta inscripción, In hoc signo vinces. Constantino derrota en Turin, en Verona y en el Puente Milvio, a Majencio, que murió ahogado en el Tíber; siendo recibido con trasportes de alegría en Roma, donde consiguió restablecer el orden, y atraerse los ánimos del pueblo y del senado, y procuró alejar las legiones mandándolas a pelear contra los bárbaros de Germania.

  Licinio, dueño del Oriente, había establecido alianza con Constantino, casándose con su hermana Constancia; y derrota en Andrinópolis a su César, Maximino Daia, que se suicidó poco después.

  De los seis Emperadores sólo restaban Constantino en Occidente, y Licinio en Oriente. Reunidos ambos en Milan, publicaron el edicto de tolerancia religiosa para todos los cultos, poniendo fin de esta manera a las persecuciones contra los cristianos. Pero aspirando ambos a dominar en todo el imperio, la guerra no se hizo esperar. Licinio fraguó una conspiración contra su cuñado, y descubierta por éste, se entabló la lucha, en la que Licinio después de haber sido derrotado, pidió y obtuvo la paz, cediendo a Constantino Panonia, Iliria, Macedonia y Grecia.

  Después de algunos años de tranquilidad entre los dos emperadores, que Constantino emplea en combatir a los Godos en la Panonia, la Iliria y la Dacia, la guerra estalla entre ellos, bajo el pretexto de que Licinio perseguía a los cristianos, a pesar del edicto de Milan. Licinio fue derrotado en Andrinópolis y en Calcedonia, y muerto poco después en Tesalónica de orden de Constantino, quedando éste como único emperador.

  1. Constantino único emperador. Fundación de Constantinopla. — Por la muerte de Licinio quedó Constantino como único dueño del Imperio; con objeto de terminar las cuestiones religiosas entre Arrió y san Atanasio, obispo de Alejandría, reunió el primer concilio ecuménico en Nicea.

  De regreso en Roma, Constantino manchó su historia mandando quitar la vida a Crispo, su hijo más querido, y a su madrastra Fausta, acusados de incesto y adulterio; cuyo hecho fue severamente reprobado por su virtuosa madre santa Helena, y del cual se arrepintió bien pronto el mismo Constantino.

Emperador Constantino

  Estos acontecimientos contribuyeron quizá a confirmar a Constantino en su idea de fundar una nueva capital del Imperio, Roma apegada a sus antiguas instituciones, y centro del paganismo, no podía convenir al fundador de una nueva monarquía, ni al protector de una nueva religión.

Y esto unido con la magnifica situación de Bizancio; colocada entre dos mares y uniendo dos continentes; y su proximidad al Danubio por una parte, donde constantemente amenazaban los Godos, y por otra al Eúfrates donde acampaban los Persas, decidió a Constantino o elegir aquel lugar para su nueva residencia; en muy poco tiempo Bizancio se aumentó considerablemente, se embelleció con magnificas construcciones, y Constantino estableciéndose en ella, y dándole el nombre de Constantinopla, la enriqueció con todos los privilegios de la antigua capital del mundo.

  1. Reorganización del Imperio por Constantino. — Constantino se propuso completar la organización política de Diocleciano, centralizando el poder en manos del emperador, igualando la condición de todas las provincias, y concluyendo con el predominio de la fuerza militar.

  En primer lugar rodeó su persona de altos dignatarios, y funcionarios privilegiados que vinieron a sustituir a la antigua nobleza, dándoles los nombres pomposos de ilustres, nobilísimos, patricios, honorables y perfectísimos. Creó un consejo privado, una especie de ministerio, formado de siete personajes de la principal nobleza, encargados de la alta administración del Estado, y de los cuales dependían un gran número de funcionarios de distintas categorías.

  Para la mejor administración y gobierno del Imperio, Constantino lo dividió en cuatro prefecturas del pretorio, que fueron, Galia, Italia, Iliria y Oriente, poniendo al frente de cada una un prefecto. Las prefecturas fueron divididas en diócesis, gobernadas por subprefectos; y las diócesis en provincias, dirigidas por procónsules o gobernadores. Esta división, sin embargo, no destruía la unidad del Imperio; pues si esas autoridades eran iguales entre si, sobre ellas existía el dominio soberano del emperador, del que todas dependían. Era, pues, la misma tetrarquía de Diocleciano, pero no expuesta a la división, por la existencia de un poder supremo que todo lo domina. Con objeto de evitar las sublevaciones de los prefectos, Constantino les concedió funciones administrativas y judiciales, pero les privó del poder militar.

  Para concluir con el predominio de la fuerza militar, Constantino comenzó suprimiendo la guardia pretoriana, y disminuyendo el contingente de las legiones de 6,000 a 4,500 hombres. Dividió las tropas en palatinas, las que daban guarnición en las ciudades, y fronterizas las que ocupaban campamentos fortificados para contener a los bárbaros en los confines del Imperio. Los jefes superiores de la milicia, llamados magistri militum, fueron dos al principio, y cuatro después; teniendo bajo sus ordenes los condes y los duques, etc. Desde este tiempo los bárbaros, como los romanos, eran admitidos igualmente en las legiones.

  Una administración relativamente tan complicada aumentó considerablemente los gastos, y hubo necesidad de aumentar también los tributos, y crear nuevos impuestos, que todos vinieron a pesar sobre los propietarios, los senadores y el comercio, por estar exentos de moda tributación el clero, la nobleza y la milicia.

  1.   Últimos actos de Constantino. — Constantino completó la organización monárquica y consiguió remediar los males que corroían el Imperio: habían vencido a los Francos, Alemanes Godos y Sármatas: recibió embajadores hasta de pueblos lejanos solicitando su amistad; pero a pesar de haber presidido el Concilio de Nicea, en sur últimos años prestó su apoyo al hereje Arrio, desterró a san Atanasio, y fue bautizado, según se cree, poco antes de morir, por el obispo arriano Eusebio de Cesárea.
  2.   Juicio sobre el reinado de Constantino. — Pocos personajes presenta la historia, sobre los cuales se hayan emitido juicios tan diversos y contradictorios, como respecto de Constantino ensalzándolo e deprimiéndolo, según el aspecto bajo el cual se considere su reinado. Y la verdad es que sus actos dan motivo suficiente para esa diversidad de Opiniones.

  No es posible negar a Constantino dotes superiores como hombre político y de gobierno, actividad incansable en sus propósitos, amor a la cultura y civilización; ni seria justo desconocer los servicios inmensos que prestó al mundo romano, y con él a la humanidad, no sólo por la organización dada al Imperio, y por los beneficios de una larga paz, sino más principalmente por haber dado la libertad a los cristianos en la predicación y propaganda del Evangelio, prestando así su poderoso amparo a la única idea que podía salvar a la sociedad moribunda.

  Pero en cambio de tantos beneficios, su memoria está manchada por la muerte de su hijo Crispo, acusado tal vez sin razón por su madrastra, y por la muerte de esta misma; y si favorece a los cristianos, no por eso se despoja por completo de sus preocupaciones paganas, levantando por un lado magníficos templos al Dios verdadero, y reparando por otro el templo de la Concordia, y consultando a los arúspices.

  Sin embargo, estas inconsecuencias tienen su explicación. Constantino había sido educado en el paganismo, que estaba llamado a desaparecer, y tenía delante de si una religión que lo había de sustituir: no son de extrañar sus dudas y vacilaciones entre el mundo que se iba, pero que era conocido, y la nueva idea, cuyo alcance moral y político no era dable a Constantino prever.

  1.   Los hijos de Constantino. — Por el testamento de Constantino había de dividirse el Imperio entre sus tres hijos, dando a Constancio el Oriente, a Constante la Italia y África, y a Constantino II el Occidente; señalándose algunas provincias a sus sobrinos Dalmacio y Annibaliano.

  Creyéndose perjudicados con esta repartición los hijos de Constantino, y descontentos los nobles y el ejército, en una sublevación de la guardia de palacio perdieron la vida los sobrinos y parientes de Constantino, salvándose únicamente Galo y Juliano, niños todavía.

  Libres de la concurrencia de sus parientes, Constancio, Constante y Constantino, se repartieron el Imberio. Constancio en Oriente, para defender a Cosroes, rey de Mesopotamia y aliado de Roma, se empeñó en guerra contra Sapor II, rey de Persia, perdiendo la batalla de Singara; pero la defensa de Nisibis, y una invasión de los Masagetas en la Persia, obligaron a Sopor a hacer la paz con los romanos.

  En Occidente Constantino II, como el mayor de los hermanos, pretendió despojar de la Italia a Constante, y perdió la vida en una batalla cerca de Aquileya. Dueño Constante de todo el Occidente, provocó con su tiranta una sublevación en las Galias, por la cual fue proclamado emperador Magnencio, perdiendo la vida el hijo de Constantino. Constancio, libre de la guerra de los persas, se dirigió contra Magnencio, que perdió la batalla de Mursa, suicidándose después.

  1. Constancio único emperador. — Por la muerte de Magnencio quedó Constancio único dueño de todo el Imperio que había regido su padre Constantino. Incapaz para gobernar, entregó al eunuco Eusebio la dirección del Estado cruel y supersticioso, persigue a los obispos, y destierra al papa Liberio, que se niegan a aprobar algunos dogmas del concilio arriano de Sirmium.

  Constancio había nombrado César a su primo Galo; y desconfiando de su lealtad, lo hizo decapitar en Pola de Istria. Entre tanto, la conducta de Constancio había producido un disgusto general en el Imperio, a la vez que los Bárbaros intentan pasar la frontera en Oriente y Occidente.

  En esta situación, Constancio nombró César a su otro primo Juliano, encargándole la guerra contra los francos y alemanes, y él se encaminó a combatir a los Godos en el Danubio, y a los persas en Oriente.

  1. Juliano en las Galias. — Suspicaz y receloso, Constancio había dejado muy escasas fuerzas a Juliano para combatir a los Bárbaros. Sin embargo, después de algunos descalabros, logró reunir un pequeño ejército, con el cual consiguió derrotar a los Francos y alemanes, les tomó a Colonia y les obligó a pasar el Rhin.

  Asegurada de este modo la frontera, Juliano volvió a Lutecia (París) que era su residencia habitual, dedicándose a mejorar la administración y promover la prosperidad de las Galias. Entre tanto, su primo Constancio, envidioso de sus triunfos y temeroso de su poder, le ordena el envío de sus mejores tropas a Oriente para combatir a los Persas. Su ejército se niega a marchar, y proclama Augusto a Juliano. Entabla éste negociaciones con Constancio para que aprobara el nombramiento; y negándose a ello, se dirigió contra Juliano, muriendo de enfermedad en Tarso do Cilicia, dejando por sucesor al mismo Juliano.

  1. Juliano el Apóstata. — Siendo el único individuo que quedaba de la familia de Constantino, y habiéndose distinguido tanto en su gobierno de las Galias, Juliano fue proclamado con entusiasmo en todo el imperio.

  En el poco tiempo que dirigió los destinos de Roma, reformó la fastuosa prodigalidad de la corte, expulsando los eunucos, cocineros, barberos, y mujeres de mal vivir, que había imperado en los tiempos anteriores, disminuyendo por estos medios una quinta parte de los impuestos. Restableció el orden en el imperio, mejoró la administración y gobernó con justicia, mostrando su gran capacidad en el trono, combates había manifestado sus talentos militares combatiendo los Bárbaros.

  Sin embargo, abjurando el cristianismo, se propuso restablecer el culto pagano; y aunque no empleó la crueldad de las persecuciones de Decio y Diocleciano se valió de Otros medios pacíficos, pero más perjudiciales a la fe que las mismas persecuciones.

  En su persecución solapada contra el cristianismo, comienza proclamando la libertad religiosa, favoreciendo sin embargo el paganismo, alejando a los cristianos de los cargos públicos, cerrándoles sus escuelas, privando de sus bienes y privilegios a las iglesias, y concediéndolos a los templos y al culto pagano.

  Poco después en guerra contra los persas, pasó Eúfrates y Tigris, internándose en desiertos, y aunque consigue a unas ventajas, perdió la vida en una batalla.

  1. Juicio sobre el reinada de Juliano el Apóstata. — Juliano había sido educado en sus primeros años en las máximas del cristianismo; y completó sus estudios en Atenas, dedicándose con verdadero afán a conocer la literatura y la filosofía griega, adoptando los principios del estoicismo.

  Como general y como César en las Galias, su conducta merece los mayores elogios, conciliándose por ella la afección del ejército y de los pueblos. Como emperador procuró entronizar las costumbres y los principios de los estoicos. Como cristiano, con sus procedimientos maquiavélicos, con el ridículo y con la sátira, hizo mas daño a la nueva religión que los más crueles perseguidores.

JUliano el apóstata

  1.   Joviano. — No habiendo designado sucesor Juliano, en el mismo campo de batalla fue proclamado por los generales Joviano, que tuvo que aceptar la paz de Dara, cediendo a los persas algunas provincias del Imperio, y que reintegró a los cristianos en los derechos que tenían antes de Juliano. Murió antes de llegar a Constantinopla, sucediéndole Valentiniano.

 RESUMEN DE LA LECCIÓN XIX.

 —1. Diocleciano procuró remediar los males que aquejaban al imperio. Rodeo su persona del fausto de las monarquías orientales tomó por asociado a Maximiano, encargándole el gobierno de Occidente, y él se reservó el Oriente.

—2. Maximiano venció a los Bagodas, paisanos de la Galia; reconoció a Carausio emperador de la Bretaña; derrotó a los francos y reparo las fortalezas entre al Rbin y el Danubio. Diocleciano venció a los godos y sármatas, a los persas y a los sarracenos.

—3. Para atender mejor a la guerra contra los Bárbaros, fueron nombrados dos nuevos, auxiliares con el titulo de Césares, que fueron Galeno y Constancio Cloro; creándose de esta manera la Tetrarquía o gobierno de cuatro, repartiéndose entre ellos las provincias.

—4. Diocleciano igualó a Italia con las provincias en lo relativo a tributos, disminuyó la autoridad de los prefectos y gobernadores; y favoreció las letras y el derecho, la agricultura, industria y comercio.

 —5. Diocleciano venció a Achileo en Egipto, y Galeno derrotó a Narsés rey de Persia, obligándolo a pedir la paz, cediendo a Roma la Mesopotamia. En Occidente Maximiano derrotó en África al usurpador Juliano, y Constancio Cloro venció a los Bárbaros, y concluyó con el gobierno de Carausio en la Brotada.

—6. En un mismo día abdicaron Diocleciano y Maximiliano, sucediéndoles los dos Césares, los cuales tomaron el título de Augustos, y nombraron nuevos Césares a Maximino Daia y a Severo. AL morir Constancio Cloro dejó por sucesor a su hijo Constantino, que fue nombrado Augusto por las legiones.

— 7. Diocleciano consiguió prolongar por algún tiempo la existencia del imperio: realizó grandes reformas beneficiosas, pero no acertó a rodear la monarquía de las instituciones que necesitaba; la Tetrarquía sembró el germen de división, que se aumentó con el abandono de Roma: y los cristianos sufrieron en este tiempo una cruel persecución.

—8. A la muerte de Constancio Cloro, el otro Augusto, Galerio, se dio por colega a Severo: en Roma fue proclamado Augusto Majencio, hijo de Maximiano, y este mismo volvió a tomar ese título, que tuvo antes con Diocleciano; Severo, en guerra con Maximiano y Majencio, se encerró en Ravena, y tomada la ciudad, fue condenado a muerte. Galerio se dio entonces por colega a Licinio. Además Constantino era Augusto en las Galias, y Maximino Daia en Oriente.

—9. Majencio derrotó a su padre Maximiano, que perseguido también por su yerno Constantino, se quitó la vida. Este último vence a Majencio, que muere ahogado en el Tiber. Maximino Daia, derrotado por Licinio en Andrinópolis, se quitó la vida: Galerio había muerto tiempo antes. Constantino y Licinio, solos emperadores, publicaron en Milán el edicto de tolerancia religiosa: declarada la guerra entre ellos, fue vencido Licinio, y perdió la vida poco después en Tesalónica.

— 10. Constantino, único emperador, reunió el Concilio en Nicea; mandó quitar la vida a su hijo y a su esposa; y trasladó la corte a Bizancio que tomó el nombre de Constantinopla.

—11. Constantino rodeó su persona de altos dignatarios y funcionarios privilegiados: creó un Consejo privado, o ministerio. Dividió el imperio en cuatro prefecturas, éstas en diócesis, y las diócesis en provincias; suprimió la guardia pretoriana, dividió las tropas en palatinas y fronterizas; y aumentó considerablemente los impuestos.

—12. Constantino venció a los Bárbaros y organizó el imperio; pero en sus últimos tiempos desterró a San Atanasio, protegió el arrianismo, y fue bautizado poco antes de morir por Eusebio de Cesárea.

—13. Constantino tenía dotes superiores como hombre de gobierno y prestó inmensos servicios al imperio y a la humanidad; pero su memoria está manchada por la muerte de su hijo, y por sus preocupaciones paganas.

— 14. Constantino dejó el imperio a sus hijos Constancio, Constante y Constantino. Constancio hace la paz con el rey de Persia; Constantino pierde la vida al querer despojar a Constante de la Italia; y éste muere poco después en las Galias donde fue proclamado Majencio, que en guerra a su vez con Constancio, fue derrotado y se suicidó.

— 15. Constancio, único emperador, entrega el gobierno a los eunucos, persigue a los obispos, y destierra al papa: manda decapitar a su primo Galo, y nombra César a Juliano.

— 16. Juliano venció a los francos y alemanes, y promovió la prosperidad de las Galias. El ejército lo proclama Augusto: Constancio se niega a reconocerlo como tal, y marchando contra él, muere de enfermedad en Tarso.

—17. Juliano fue reconocido con entusiasmo en todo el imperio. Reformó la prodigalidad de la corte, disminuyó los impuestos, restableció el orden, mejoró la administración y gobernó con justicia. Abjuró el cristianismo y persiguió de una manera solapada a los cristianos; muriendo poco después en guerra con los persas.

— 18. Juliano es digno de elogio por su conducta en las Galias, y por su política en el trono. Como cristiano es digno de reprobación por estos procedimientos maquiavélicos contra la nueva religión.

—19. Joviano reintegró a los cristianos en sus derechos y firmó la vergonzosa paz de Dara, cediendo algunas provincias a los persas.

Primeros Pobladores de Roma Antigua Etruscos Evolucion de Roma

roma antigua

LECCIÓN II: PRIMEROS POBLADORES DE ITALIA.
FUNDACIÓN DE ROMA:

1.Descripción geográfica de Italia: Italia forma una península del continente de Europa, situada en el centro del mar Mediterráneo, que tiene al E. el mar Adriático (Mare Superum), al S. el mar de Sicilia (Mare Sieulum), al O. el mar Tirreno (Mare Inferum), y al N. O. y N. E. se enlaza con el continente por la ele­vada cordillera de los Alpes., de los cuales se derivan por occidente los montes Apeninos que recorren toda la península hasta su extremo meridional, dividiéndola en dos vertientes que mandan sus aguas á los mares que la rodean.

Por la angostura de esta península, sólo se encuentra una cuenca de grande extensión al N. entre los Alpes y los Apeninos, por donde corre el río Po (Padus), que lleva sus aguas al Adriático; y otras meno­res, como la del Tíber (Tiberis), Arno, (Arnus) y otros, que las dirigen al Tirreno. En cambio existen muchos ríos de pequeño curso y escasa importancia física, pero célebres en la historia, como el Rubicon y el Metauro al E., el Macra y el Volturno al O.

Las costas de la Italia presentan menos variedad que las de Grecia; sin embargo, se encuentran en ellas el gran golfo de Génova (Sinus Ligusticus), y otros muchos menores, y gran número de bahías, especialmente en el mar Tirreno; y el golfo de Tarento, (Mare Ausonium, postea Sinus Tarentinas) en el Jó­nico.

Pertenecen a esta península las mayores islas del Mediterráneo, la Sicilia (Trinacria, Sicania), separa­da del extremo meridional de Italia por el estrecho de Mesina (Fretum Sieulwn); la de Córcega. (Cyrnos, postea Corsica), y la de Cerdeña (Ichnusa, postea Sardinia), separadas por el estrecho de Bonifacio (Fre­turn Taphro.s), y muchas otras menores, como la de Malta (Melita) al. 5. de Sicilia, las de Lípari (/Eoliw) al N. y las Egades (Egattes) al O.; la de Elba (uva), las de Ischia, Prócida y Capri, a la entrada del golfo de Nápoles.

El clima de Italia es el más agradable, y su territorio de los mas fértiles de Europa.

De cuanto acabamos de exponer puede deducirse que Italia es el país mas ventajosamente situado en el Mediterráneo, por su posición central, y por la proximidad de la isla de Sicilia al continente Africano ; reuniendo así las mejores condiciones para extender su dominación por todos los pueblos que habitan en sus costas.

PRIMEROS POBLADORES DE ITALIA. — FUNDACIÓN DE ROMA:

  1. Posición de Roma: Podemos decir que Roma ocupa la misma situación en Italia, que Italia en el Mediterráneo.En el centro de la península, a igual distancia de los Alpes y de la Sicilia, se asienta Roma á orillas de Tíber; bastante cerca de la costa para disfrutar de la ventajas de un puerto de mar, y bastante lejos para no estar expuesta á una sorpresa.Edificada al principio sobre el monte Palatino, sucesivamente se le fueron agregando el Quirinal, el Cello, el Aventino, el Janiculo, el Esquilmo y el Viminal, todos situados a la izquierda del río, excepto el Janiculo, que se encuentra á la derecha. De estos sietes montes, tomó Roma el nombre de ciudad de las saete colinas, Septimontium.
  2. Primeros pobladores de Italia: Los primeros orígenes de los habitantes de Italia, como sucede en todos los pueblos, están envueltos en la oscuridad de antiguas tradiciones que los romanos recogieron mucho tiempo  después; y que por lo mismo no pueden inspirar confianza, ni constituir segura base para la historia. La certeza científica comienza en este asunto en los tiempos de la fundación de Roma, en que ya es posible fijar la situación de los diferentes pueblos que ocupaban la península; pero enlazando estos hechos ciertos con aquellas tradiciones, puede introducirse alguna luz en materia tan oscura.

Debemos advertir, ante todo que el nombre de Italia correspondía primitivamente a la parte más meridional de la península habitada por los Italos; y sólo se generalizó a toda ella en los últimos tiempos de la República.

Situada la Italia entre la Galia y Germania al N., la Grecia al E. y la España al O., sus antiguos pobladores se refieren a las razas que primitivamente habitaron estos países. Parece indudable que los primeros pobladores de Italia pertenecen a la raza aria, aunque de diferentes ramas; y es también casi seguro que penetraron en la península por la parte septentrional pues caminaban siempre por tierra, en oposición a las colonias cuyos viajes casi siempre se han realizado por mar.

Según los mas recientes trabajos sobre la etnografía y la lingüística de Italia, el pueblo mas antiguo que ha dejado rastros de su existencia en distintos puntos de la península, fue el de los Yapigas, venidos no se sabe de donde, y que algunos piensan que eran de la misma raza de los Pelasgos de la Grecia; pero es lo cierto que penetraron en Italia por el Norte, acompañados de los Liburnos y de los Sicanos, y que se extendieron por el valle del Po y por la Italia central.

Después del establecimiento de los Yapigas, aparecen también por el Norte los Italiotas, pertenecientes a la familia de los pueblos griegos; obligando a los anteriores habitantes a retirarse a los extremos meridionales de la península, situándose los Yapigas entre el golfo de Tarento y el mar Jónico, cuyo país tomó el nombre de Yapigia.Y pasando los Sicanos a la isla Trinacria, que entonces se llamó Sicania.

Compelidos por la invasión de los Etruscos y de los Galos, los Italiotas abandonaron las fértiles llanuras del Po, y se extendieron por el centro y el sur de Italia, ocupando por una parte las costas occidentales desde el Tíber ó sea el Lacio, la Campaña y hasta la Lucania y la Sicilia, y por otra toda la región central de la península a uno y otro lado de los Apeninos, tomando la denominación general de pueblos sabelios, que comprendía los Equos, Volscos, Sabinos, Samnitas, Frentanos, etc.

  1. Los Etruscos sus establecimientos  y civilización: Siguió a los ltaliotas el pueblo Etrusco, de raza germánica, que hizo su primer asiento en las vertientes meridionales de los Alpes Réticos, descendiendo después al valle del Po, donde fundaron una confederación de doce ciudades y atravesando los Apeninos, se establecieron en la región comprendida entre el Arno, el Tíber y el mar Tirreno, que de ellos tomó el nombre de Etruria.

Los Etruscos fueron los más civilizados de los antiguos pobladores de Italia. Las ciudades de la confederación etrusca, llamadas Lucumonias, eran entre si independientes pero sus reyes ó jefes (Lars) se reunían periódicamente en Vulsinii para tratar los asuntos comunes.

Esta confederación alcanzo un poder marítimo temible hasta para los mismos cartagineses y los griegos; y realizó grandes progresos en la industria y en las bellas artes, distinguiéndose principalmente de todos los pueblos de Italia por el gran prestigio que entre ellos tenía la religión, y el cuerpo sacerdotal, célebre por el conocimiento de los auspicios y presagios. No obstante, los etruscos eran el país mas civilizado de Italia en la época de la fundación de Roma.

  1. Los restantes pueblos de la Italia antigua: Otro de los pueblos mas antiguos de la Italia es el de los Ligurios, hermano según algunos piensan, de los Sículos, y Limbos tal vez procedentes de los iberos del mediodía de Galia y de España; los primeros se establecieron en las regiones superiores del Po y en las costas del golfo de Génova, tomando aquellos países el nombre de Liguria; y los Sículos recorrieron la península hasta pasar a la isla que de su nombre se llamó Sicilia.

Por otra parte los Vénetos procedentes de la Iliria, penetraron en Italia por el N. E, apoderándose de los territorios al N. de la desembocadura del Po sobre el mar Adriático, que en adelante llevaron el nombre de Venecia y los Galos, atravesando los Alpes por el N. O., desalojaron a los Ligurios y a los Etruscos, quedando como únicos poseedores del valle del Po.

Por último, después de establecidos todos estos pueblos en Italia, comienza hacia el siglo VIII la colonización griega en las costas meridionales y en Sicilia, llegando poco después a ser predominante el elemento helénico en todas aquellas regiones.

De manera que en los tiempos de la fundación de Roma, se encontraban en la Italia, al N. los Ligurios, los Galos y los Vénetos; en el centro los Etruscos, y los pueblos de la raza Italiotas, Sabinos, Latinos, Frentanos, Samnitas, etc., al S. de las colonias griegas, con los Sicanos y Sículos en Sicilia.

Es probable que además de los pueblos que acabamos de designar, arriban  en diferentes puntos de las costas de Italia, y en tiempos muy antiguos, colonias pelásgicas venidas del Asia Menor y aun de la Grecia, sobre todo en la época de la invasión de los helenos; pues es lo cierto que en distintos Lugares de la península se encuentran restos de las construcciones que caracterizaban a este pueblo.

  1. El Lacio organización del pueblo latino: El Lacio que fue la cuna del pueblo romano, se extendía por la costa occidental de Italia desde el Tíber que lo separaba de la Etruria, hasta el Liris (Garellano) en los confines de la Campaña. En el interior el Lacio confinaba por el E. con el Samnium, y por el N. se hallaba separado de la Sabinia por el pequeño río Anio, afluente del Tíber.

Dentro de estos límites se encontraban varios pueblos de raza Italiotas, como los Volscos y los Rútulos en la costa, los Equos y Hérnicos en el interior, y los Latinos cerca del Tíber.

Sin embargo, hay que advertir que el primitivo Lacio tenía límites más reducidos, extendiéndose únicamente desde el Tíber al territorio de los Equos donde se encontraba la confederación latina, cuya capital era Albalonga, y donde después fue fundada Roma. Por las conquistas de los Reyes, el nombre de Lacio se extendió mas adelante a los países comprendidos dentro de los limites antes indicados.

Las 30 ciudades que formaban la confederación latina se gobernaban con completa independencia, teniendo cada una sus reyes propios y sus asambleas; reuniéndose sus representantes en Albalonga para tratar de los asuntos comunes.

7.Fundación de Roma: Mas abajo de la confluencia del Anio con el Tíber, y en la orilla izquierda de este no, se encontraban establecidas desde tiempos muy anteriores dos tribus latinas, la de los Ramnes y la de los Lúceres, en el monté que después se llamó Palatino.

Tal vez con estas tribus se mezclaran en otro tiempo algunos emigrantes de origen pelásgico, arribados a aquellos lugares después de la guerra de Troya. Andando el tiempo una tribu sabina, la de los Ticios, pasó el Anio, y vino a establecerse no lejos de las dos latinas, en el monte Quirinal, uniéndose con ellas, si bien conservando cada una su independencia y su organización é instituciones particulares.

Las dos tribus latinas debieron al principio mantenerse hostiles con la inmediata de los sabinos ; que tal es el carácter de las primeras relaciones entre los pueblos antiguos; pero con el tiempo desapareciendo las pequeñas diferencias que entre ellas podían existir por su diverso origen, hubieron de entrar en comunicación pacífica, constituyendo entre las tres una ciudad importante, Roma.

  1. Juicio sobre el origen de Roma: De lo que acabamos de exponer se deduce que Roma no se formó como los demás pueblos, de una manera natural, y en cierto modo espontánea, pasando insensiblemente de la tribu al Estado, y transformándose el gobierno del patriarca en monarquía; sino que su origen fue debido al cálculo y a la conveniencia de las tribus que la componían, pactando con plena conciencia las condiciones de la asociación, que fueron el mutuo interés de las tres tribus, bajo la base de igualdad y libertad, aportando todas ellas sus instituciones y su religión.Esta manera tan anómala de constituirse Roma, es la causa y única explicación de muchos hechos de su historia. En primer lugar, Roma no tuvo en su historia, como otros pueblos, un periodo de infancia, ni una edad heroica; porque desde su origen nace adulta, dominando en todos sus actos el cálculo y la reflexión.Debiendo su existencia a la incorporación de las tribus; Roma, basó en este hecho toda su historia. Conquistar para incorporarse todos los pueblos; esta es su vida. La conquista no es el fin del pueblo romano, es sólo el medio que constantemente emplea para llenar su misión  de enlazar el mundo con su propio destino.
  2. Tradiciones sobre el origen de Roma: El origen de Roma que hemos indicado, conforme a las investigaciones modernas, se fue oscureciendo y olvidando en tiempos posteriores entre los mismos romanos, no quedando otra cosa que ligeras reminiscencias, modificadas y alteradas por las generaciones durante siglos, embellecidas y desfiguradas mas adelante por los poetas y los historiadores.

Mas como esas tradiciones y fábulas han pasado hasta hace poco por verdades inconclusas, explicándose por ellas el origen de la gran ciudad, debemos aunque brevemente recordarlas.

Según la tradición, Eneas, después de la destrucción de Troya, acompañado de su hijo Julio Ascanio, arribó a las costas del Lacio junto a la desembocadura del Tíber, siendo muy bien recibido por el rey Latino, que le ofreció por esposa su hija Lavina, prometida antes a Turno, rey de los Rútulos, que con este motivo declaró la guerra al jefe troyano perdiendo la vida en la primera batalla.

Desapareciendo Eneas algún tiempo después en medio de una nueva batalla con sus enemigos, le sucedió su hijo Ascanio; éste fundó la ciudad de Albalonga en el monte Albano, que llegó a ser capital del Lacio, antes de la fundación de Roma.

La corona se mantuvo en los descendientes de Eneas y Lavinia, hasta Proca, que dejó dos hijos, Numitor y Arnulio :éste usurpó la corona que correspondía a su hermano, mató a su hijo, y obligó a su hija Rea Silvia a consagrarse al culto de Vesta, a pesar de lo cual tuvo de un solo parto dos gemelos. Amulion mandó enterrar viva a la madre, y arrojar al Tíber a los gemelos; pero salvados milagrosamente, fueron alimentados por una loba hasta que los recogió un pastor, que les dio los nombres de Rómulo y Remo ocupándolos en su mismo oficio.

Llegado a la mayor edad, y habiendo sabido el secreto de su nacimiento, dieron muerte a su tío Arnulio, y colocaron en el trono de Albalonga a su abuelo Numitor; después de lo cual se propusieron fundar una ciudad en el mismo lugar donde habían sido salvados milagrosamente, en las orillas del Tíber. Llegados allí se suscitaron algunas cuestiones entre ellos sobre la designación del lugar, de cuyas resultas Rómulo quitó la vida a su hermano Remo, y quedó por único dueño de la ciudad fundada sobre el monte Palatino.

Tal es el conocimiento tradicional sobre el origen de Roma que se ha venido sosteniendo desde la antigüedad hasta los últimos tiempos. Hoy está completamente averiguado que estas leyendas, si encierran algo de verdad, está tan velada por la fábula, que no es posible distinguirla; por cuya razón van relegándose al olvido.

  1. División de la historia de Roma: Roma realiza su historia bajo dos formas de gobierno, la monarquía y la república; pero como la monarquía existió en dos épocas distintas y separadas por la república, puede y debe dividirse esta historia en tres períodos perfectamente marcados, que son, La Monarquía ó el gobierno de los reyes, la República y el Imperio.

El primer período se extiende desde la fundación de Roma hasta la caída de la Monarquía (753 a 510).

El segundo comprende desde el establecimiento de la República hasta la fundación del Imperio (510-30).

Y el tercero, desde la fundación del Imperio hasta la caída de Roma en poder de los Bárbaros del Norte (30 a. J.C.-476 p.J.C.).

Los tres períodos de la historia de Roma se enlazan además con ciertos personajes cuyos nombres conviene tener presentes.

La fundación de Roma se relaciona con Rómulo; la caída de la Monarquía con Tarquino el Soberbio; el fin de la República y comienzo del Imperio, con Augusto; y el fin del Imperio, con Rúmulo Augústulo, último emperador romano de Occidente, destronado por los Hérulos.

RESUMEN:

1.Italia se encuentra situada en el centro del Mediterráneo, limitándola el Adriático, el mar de Sicilia, el Tirreno y los Alpes. Sus ríos principales son el Po, el Tíber y el Arno: sus golfos el de Génova y el de Tarento; las islas mas notables son Sicilia, Córcega y Cerdeña; el clima de Italia es el mas agradable y su territorio es de los más fértiles de Europa. Esta península ocupa una situación ventajosísima en el Mediterráneo.

  1. Roma ocupa la misma situación central en Italia, que ésta en el Mediterráneo: tiene Las ventajas de un puerto de mar, y no está expuesta a una sorpresa: fue edificada sobre siete colinas en las orillas del Tíber.
  2. Reina grande oscuridad sobre los primeros pobladores de Italia. Parece lo más seguro que los Yapigas con los Sicanos penetraron por el Norte, yendo a establecerse al Sur de la península y en la Sicilia: siguieron a éstos los ltaliotas que se extendieron por el centro y el sur de la Italia.
  3. Llegaron después los Etruscos, que se establecieron primero en las orillas del Po, y mas adelante pasaron al país, que de ellos tomó el nombre de Etruria este pueblo era en aquellos tiempos el mas civilizado de Italia, teniendo entre ellos gran prestigio la religión y el cuerpo sacerdotal.
  4. Además de estos pueblos vinieron de Occidente los Ligurios que se establecieron en Liguria, y los Sículos que pasaron a Sicilia; y de Iliria los Vénetos. Por último, los Galos se posesionaron de casi todo el valle del Po, y las colonias griegas inundaron las costas del mediodía. Es probable que en tiempos muy antiguos los Pelasgos abordasen a distintos puntos de la península.
  5. El Lacio estaba situado entre el Tíber, la Sabinia, el Samnium, el río Liris y el mar Tirreno. El primitivo Lacio tenía sus límites mas reducidos, y comprendía la confederación de 30 ciudades latinas, cuya capital era Albalonga.
  6. El origen de Roma es debido a dos tribus latinas, Ramnes y Lúceres, establecidas en el monte Palatino, con las que se unió después otra de Sabinia, los Ticios, conservando cada una su independencia y su organización.
  7. La fundación de Roma fue debida al interés y a la conveniencia de las tribus que la componían .Por eso Roma no tuvo infancia, dominando en su historia desde el principio el cálculo y la utilidad; derivándose igualmente de su anómalo origen su tendencia a la conquista como medio de incorporar todos los pueblos a su propio destino.
  8. Las tradiciones sobre el origen do Roma se refieren al arribo del troyano Eneas al Lacio, sus guerras con Turno y la fundación de Albalonga por su hijo Ascanio ; y después las crueldades de Amulio con la familia de su hermano Numitor, y los hechos fabulosos de Rómulo y Remo hijos da Rea Silvia. Estas tradiciones van cayendo en el olvido con las investigaciones modernas.
  9. La historia do Roma se divide en tres grandes periodos 1. los Reyes (753.510); 2. la República (510-30); y 3. El Imperio (30 a. J. C.-426 p.J. C.); ó  sea desde Rómulo hasta Tarquino el Soberbio ; desde Tarquino hasta Augusto; y desde Augusto hasta Rómulo Augústulo.

Historia de Cristianos en Roma Antigua Nacimiento de Cristo

roma antigua

LECCIÓN XXII. JUICIO SOBRE LA CIVILIZACIÓN ROMANA.

  1. Misión de Roma en relación con la naturaleza. — Para concluir la historia de Poma procuraremos en esta lección examinarla en conjunto y en sus relaciones con la civilización universal.

Los pueblos orientales, encerrados en el aislamiento, y cultivando aptitudes exclusivas y determinadas, habían, sin embargo, desarrollado todos los gérmenes de la civilización humana. Tras de aquel tiempo de repulsión de pueblos e ideas, se presenta Grecia recogiendo todos los elementos de cultura y de progreso que encerraban aquellos pueblos, desenvolviéndolos de una manera admirable, gracias a los dotes excepcionales de la raza helénica. Las conquistas de Alejandro habían hecho refluir la brillante civilización griega, hasta las más remotas regiones del Oriente. Pero quedaba, en tanto, todo un mundo el Occidente, dividido y fraccionado, envuelto en las tinieblas de la barbarie, esperando la luz del espíritu, los tesoros de la civilización, que le habían de iniciar en la carrera de su perfeccionamiento y en la realización de sus destinos.

Para el cumplimiento de tan altos fines, ningún pueblo reunía las condiciones de la península italiana, y dentro de ésta la ciudad de Roma. Roma, situada en el centro de Italia, estaba llamada a extender su dominación por toda aquella península; y ésta, unida por el Norte al centro de Europa, tocando casi por el Sur al África, y a igual distancia próximamente de los extremos oriental y occidental del Mediterráneo, reunía las más ventajosas condiciones para recoger por una parte los tesoros de la civilización griega y oriental, y comunicarla por otra a los pueblos de Occidente.

Esta era la misión superior y grandemente trascendental que Roma estaba llamada a cumplir en la historia de la humanidad.

  1. Carácter de la civilización romana. — Como cada pueblo realiza en la vida una sola idea, después del Oriente con su absolutismo religioso y político, y después de Grecia con su libertad aplicada a todas las esferas de la vida humana, aparece Roma desarrollando la idea política en sus múltiples aplicaciones a la vida social.

En efecto, como en otra parte hemos manifestado, Roma emplea la mitad de su historia en conquistar el mundo fabricando al mismo tiempo el sólido edificio de su constitución interior; y dedica la otra mitad a consolidar sus conquistas, comunicando a todos los pueblos los tesoros inapreciables de su organismo social, haciendo de tantos pueblos divididos y aislados un solo pueblo y de tantas naciones antagónicas y hostiles una sola nación.

A diferencia de los conquistadores asiáticos, Roma no conquista únicamente por satisfacer su ambición, antes bien, aspira a un fin más alto, a regir y gobernar todos los pueblos, tu regere imperio populos, romane, memento, que dijo el poeta.

Este es el carácter más saliente de la civilización romana; y a esa idea social y de gobierno se subordinan en su larga historia todas las  manifestaciones de la vida humana. Roma no es un pueblo religioso, ni se distingue por la ciencia y por el arte, ni se dedica al comercio, ni a la industria; todos estos fines son allí secundarios, como dependientes y subordinados al fin supremo de Roma, la unión de todos los pueblos bajo el gobierno y las leyes de la gran ciudad.

  1. Gobierno. Organización política y social. — Roma practicó las dos formas fundaméntales de gobierno, la monarquía y la república; comenzó por el gobierno de los reyes, que fue de corta duración, sustituyéndole una república aristocrática, más en armonía con la índole y el carácter de Roma, que consiguió realizar una fuerte y robusta constitución en el interior, y extender sus conquistas por todos, los pueblos que circundan el Mediterráneo; y vino a terminar en el Imperio, llamado a completar las conquistas y más principalmente a organizar el mundo romano.

Habiendo subsistido cinco siglos la República y otros cinco el Imperio, y con el carácter eminentemente práctico y utilitario que distingue al pueblo romano, ambas formas de gobierno alcanzaron allí un completo desarrollo, tocándose en su larga duración los inconvenientes y todas las ventajas que encierran, pudiendo servir por esta razón la historia de Roma de lección constante para el gobierno de los pueblos futuros.

Pero en lo que Roma lleva una inmensa ventaja al Oriente y a Grecia, es en la organización política y social del imperio; nada igual, ni parecido hicieron sus antecesores de manera que Roma por sí misma, y sin enseñanza ajena, completó su organismo político, y llegó a constituir un sistema administrativo tan perfecto, que viene siendo desde entonces la constante escuela de todos los hombres de gobierno.

  1. Religión. — La religión que es el primer elemento civilizador en la infancia de los pueblos, no tuvo nunca una influencia tan decisiva, por cuanto Roma nació adulta, sin haber pasado por los períodos naturales en la organización de los pueblos primitivos.

Así es que aquella religión politeísta, nacida de las circunstancias mismas que dieron origen a Roma, fue política desde su principio, se enriqueció con los dioses de los pueblos vencidos creció extraordinariamente con la incorporación del Olimpo griego; pero quedó siempre en un lugar secundario, y como sometida a la vida política de Roma.

Sin embargo, la historia romana se desenvuelve al amparo del paganismo, cuyo carácter adquieren todas las instituciones políticas y sociales. Así es que, cuando el paganismo va perdiendo su influencia ante la verdad cristiana, las instituciones romanas decaen también, porque eran incompatibles con la nueva religión.

  1. Ciencia, literatura y bellas artes. — La cultura romana fue toda ella procedente de Grecia, tanto a lo que se refiere a la ciencia y la filosofía, como en la literatura y en las bellas artes. Pero cultivaron con particular predilección aquellas ciencias que más se relacionaban con el espíritu y tendencia de Roma, y que más posan contribuir a sus fines políticos de gobernar y dirigir todos los pueblos.

Por eso adquirió tanto desarrollo el estudio de la historia y del derecho, que conservaron una grande importancia, aun después que los otros ramos del saber se encontraban en marcada decadencia

  Las artes revisten también en Roma un carácter político, cultivándolas únicamente bajo su aspecto utilitario, y en cuanto podían servir a los fines de la gran ciudad. Admiraron la pintura, y más todavía la escultura griega, pero no trataron de imitarlas; y si fueron notables sus trabajos en arquitectura, carecían no obstante de la idealidad de la belleza y de la brillantez del genio, que tanto distingue a los monumentos de Grecia.

  1. Causas de la caída de Roma. — El Estado político más grande y poderoso que se conoció en la antigüedad desapareció, cono antes dijimos, de una manera natural, sin violencias ni revoluciones. Cayó Roma, porque había concluido su misión de unificar los pueblos y preparar el mundo para recibir el cristianismo.

Y como la sociedad romana estaba fundada en el paganismo, y las ideas cristianas, aunque triunfantes, no podían regenerar a un pueblo decrépito, corrompido y acostumbrado al puro formalismo religioso, fue necesario cruel organismo político del imperio desapareciera, arrollado por nuevos pueblos, mejor dispuestos para recibir la Buena Nueva.

El hecho de la desaparición del Imperio romano, por verificarse de una manera natural y en cierto modo pacífica, no por eso deja de ser uno de los acontecimientos más trascendentales que registra la historia, por cuanto cierra y termina la edad antigua y comprende y abarca los primeros gérmenes de la vida e historia moderna. Por estas razones, se hace necesario explicar un hecho tan importante, para lo cual apuntaremos aquí las causas fundamentales y remotas que lo vinieron preparando desde mucho tiempo antes así como las causas próximas u ocasionales que determinaron su ruina.

  1. Causas principales de la caída del Imperio romano. — La primera causa, y quizá la más influyente en la caída del imperio fue seguramente su demasiada extensión, y la imposibilidad consiguiente de gobernar países tan lejanos.

  En efecto, el imperio se extendía más de 4,200 leguas de Oriente a Occidente, y 1,200 de Norte a Sur; y dentro de estos límites se comprendían pueblos y naciones diferentes, de distinto origen y costumbres y hasta de razas diversas.

Así es que la acción del gobierno de Roma, a pesar de su posición central, se debilitaba considerablemente en las provincias lejanas; no siendo bastante a remediar este mal, el establecimiento de la diarquía primero y de la tetrarquía después. La situación ventajosa de Roma, su hábil política y perfecta administración, pudieron prolongar por cinco siglos la existencia de aquel inmenso imperio; pero debilitándose cada día su poder cayó al fin en ruinas, abrumado por su misma pesadumbre.

  1. Inadecuidad de las instituciones. — Otra de las causas que de tiempos lejanos venían minando la existencia del imperio, era la falta de armonía entre las instituciones y la política que regia los destinos de Roma.

Roma se había constituido durante la República, y todas sus instituciones, nacidas entonces, respondían a los fines propios de su historia en aquella época. Esas instituciones, que constituían la fuerza del organismo romano, y sirvieron de base a su engrandecimiento por medio de la conquista, resultaron inadecuadas y deficientes cuando, sometidos todos los pueblos, y establecido el imperio, Roma estaba llamada a comunicarles los tesoros de su derecho y de su civilización, en contra del carácter y de las tendencias egoístas de la República, que los tenia vinculados en la gran ciudad.

 Faltó el imperio de las instituciones inherentes a la monarquía, y apoyándose por consiguiente en las republicanas, nació de aquí una dualidad de aspiraciones que entorpeció grandemente el cumplimiento de los fines de Roma, aumentó su debilidad, y preparó desde mucho antes su caída.

Por otra parte, las instituciones romanas fundadas en el paganismo, eran antagónicas con el espíritu y tendencias del cristianismo, dominante desde Constantino y perdiendo aquellas desde entonces su prestigio, y no arraigadas todavía las instituciones cristianas, quedó el Imperio huérfano de creencias, y sin el fundamento religioso, tan necesario en la vida de las naciones.

  1. La esclavitud y el estado económico del Imperio. — Contribuyó también en gran manera a la ruina del Imperio, el aumento de la esclavitud y el desequilibrio económico que es su legítima consecuencia.

 Las continuas guerras en los últimos tiempos de la República habían agotado casi por completo las clases acomodadas y ricas; en Roma casi no existía en aquellos tiempos la clase de pequeños propietarios; y en cambio el número de esclavos había crecido de una manera prodigiosa, encargándose a éstos por necesidad toda clase de trabajos, especialmente los de la agricultura, con lo que decayó notablemente esta primera fuente de riqueza y bienestar, disminuyendo de un modo considerable los productos, y haciéndose general la miseria y la pobreza.

Por otra parte, la esclavitud había influido poderosamente en la corrupción, en los vicios, y en la pérdida casi completa de la moralidad en las clases elevadas; quedando así reducida la población del Imperio a un corto número de familias que vivían en la opulencia y en el refinamiento de los placeres, y una multitud innumerable de esclavos, que tenían menos consideración que los mismos animales. Un estado de cosas semejante iba minando la existencia de la sociedad romana, y empujándola sin cesar a su perdición y a su ruina.

  1. El Cristianismo y los Bárbaros. — Además de las causas anteriores, existen otras que de una manera más eficaz contribuyeron a la ruina del Imperio; tales son la religión cristiana y los Bárbaros del Norte.

Aun cuando el cristianismo no aparece en lucha manifiesta con el Imperio, sin embargo atacaba directamente al paganismo, consiguiendo al fin debilitarlo y en cierto modo destruirlo, desde los tiempos de Constantino y de Teodosio decayendo al mismo tiempo, y por esta causa, las instituciones y la vida del imperio, falto de la base religiosa que le había comunicado desde su origen las ideas y el culto pagano.

Pero la causa próxima, directa e inmediata de la caída del Imperio fue la invasión de los bárbaros, que desde los tiempos de Mario venían acosándolo por las fronteras del Rhin y del Danubio. Mal avenidos en las selvas de Germania, formando parte de los ejércitos romanos en los últimos tiempos del Imperio, y llegando por este medio a conocer la fertilidad y la riqueza de Galia, Italia y España; aquellos pueblos débilmente contenidos en las fronteras, pugnaron constantemente por avanzar hacia el Mediodía y concluir con el Imperio de Occidente.

 Tales son las causas principales, próximas y remotas, de la caída del Imperio romano.

  1. Qué debe la civilización al pueblo romano. — Hemos concluido la historia de Roma; y antes de poner término a nuestro trabajo, es necesario concretar los servicios que la humanidad ha recibido del pueblo rey, y los progresos que le debe la civilización universal.

Nada provechoso hizo Roma bajo el aspecto de la religión apegada al paganismo, desconoció al principio la verdad cristiana, la persiguió después, y vino a reconocerlo demasiado tarde, cuando ya para ella no había salvación posible.

  No alcanzó, tampoco Roma una cultura original, contentándose con recibir de Grecia la ciencia, la literatura y el arte; pero hay que reconocer que si la brillante civilización helénica iluminó en la edad antigua el mundo occidental, esto se debe exclusivamente a Roma que extendió por todas partes con su dominación los tesoros inapreciables de la cultura griega.

  Pero Roma ejerció una influencia decisiva en la humanidad por el desarrollo de las instituciones políticas y sociales, creando la justicia y el derecho por el que se vienen rigiendo hasta hoy todos los pueblos civilizados.

  Roma, por otra parte, reuniendo todos los pueblos bajo una patria común, y concediéndoles a todos su derecho, extendió de tal manera la fraternidad humana que casi llega a tocar los límites de la unidad a los hombres.

  Además de esto la reunión de tantos pueblos bajo una misma dominación y unas mismas leyes; y la extensión del idioma griego en las regiones orientales y del latín en las occidentales, favoreció considerable mente la propagación del Evangelio. Y por último Roma, apropiándose la civilización griega y aumentándola con su derecho y sus instituciones, fue la única educadora de los pueblos de la edad medía, cuya tarea viene compartiendo, desde el Renacimiento, con la civilización helénica.

  Tales son los servicios prestados por Roma a la humanidad. Si el Oriente nos enseñó a pensar en Dios, y  Grecia no hizo conocer al hombre, a Roma debemos los incalculables beneficios de la vida social.

 Tales son las causas principales, próximas y remotas, de la caída del Imperio romano.

RESUMEN LECCIÓN XXII. JUICIO SOBRE LA CIVILIZACIÓN ROMANA.

— 1. Extendidos por Oriente los tesoros de la civilización griega merced a las conquistas do Alejandro, Roma admirablemente situada en el centro del Mediterráneo, reunía las condiciones más apropiadas para comunicar aquella civilización a los pueblos de Occidente, hasta entonces sumidos en las tinieblas de la barbarie punitiva.

— 2. La civilización romana tiene un carácter eminentemente político y social; sus conquistas se encaminan a Gobernar todos los pueblos, unificándolos bajo el poder incontrastable de su idioma, de sus leyes.

— 3. Las dos formas fundamentales de gobierno, la República y la Monarquía, alcanzaron en Roma un completo desarrollo, gracias a su larga aspiración y al carácter eminentemente práctico del pueblo romano: y en cuánto a la organización político-social, Roma aventajó a los griegos, y viene siendo desde entonces la maestra de todos los hombres de gobierno.

— 4. La religión no alcanzó en Roma la influencia que en otros pueblos, apareciendo siempre subordinada a la política.

— 5. La cultura romana carecía de originalidad; era toda ella una imitación de la de Grecia, Lauto en la ciencia, como en la literatura y en las bellas artes. Roma sobresalió únicamente en la Historia y en el Derecho, como ciencias más relacionadas con sus fines políticos y sociales.

— 6. Concluida su misión de preparar el mundo para recibir el cristianismo, Roma debía desaparecer, cediendo el lugar a otros pueblos mejor dispuestos para recoger las luces del Evangelio. La caída del imperio cierra y termina la edad antigua y da comienzo a la edad medía; y es conveniente conocer las causas próximas y remotas de un hecho tan importante.

— 7. Una de las cansas que más contribuyeron a la decadencia y ruina del Imperio, fue su demasiada extensión, y la imposibilidad consiguiente de gobernar pueblos tan lejanos.

— 8. Fue otra causa la falta de adecuidad entre el gobierno monárquico del Imperio y las instituciones por que se regía, que como originadas en tiempo de la República, tenían un carácter marcadamente republicano.

— 9. Disminuidas las clases acomodadas, y habiendo desaparecido los pequeños propietarios, todos los trabajos se encomendaron a los esclavos, decayendo por esta causa la agricultura, y haciéndose general la pobreza y la miseria.

— 10. Las Causas que más directamente influyeron en la caída del imperio, fueron, el cristianismo que combatiendo y destruyendo el paganismo, destruyó al mismo tiempo las instituciones y la vida de Roma; y los pueblos bárbaros que desde los tiempos de Mario venían asediándolo, y que después de una lucha de seis siglos, consiguieron destruirlo.

— 11. A Roma debe la civilización el haber extendido la cultura helénica por el Occidente; el desarrollo de las instituciones políticas y sociales, creando la justicia y el derecho la preparación del mondo para recibir el Evangelio; y el haber sido la única educadora de los pueblos de la edad medía, cuya tarea viene Compartiendo con la civilización griega, desde la época del Renacimiento.

Conquistas de Italia por los Romanos Dominacion Romana Pueblos Cercanos

roma antigua

 CONQUISTA DE LA ITALIA MERIDIONAL (342-216).

  1.    El Samnium. Terminada su organización, Roma dueña del Lacio, emprende el camino de las conquistas, comenzando por los pueblos del mediodía da Italia.

A lo largo de la costa del mar Tirreno, se extendía al E. del Lacio y separada de este por el río Liris, la región fertilísima y de clima apacible, llamada Campania, cuya ciudad principal en aquel tiempo era Capua, cerca del Vulturno. Al N. de este país, y al E. también del Lacio, se encontraba otra región atravesada por la cordillera de los Apeninos, de suelo accidentado y montañoso, llamada el Samnium, en la que se comprendían diferentes pueblos, siendo los principales los Vestinos, Marrucinos, Pelignos y los Samnitas. La naturaleza del país, áspero y quebrado, había desarrollado en los habitantes un valor a toda prueba, pasando por los mas belicosos de Italia. Pero aquellos pueblos unidos por la naturaleza y por el carácter, vivían entre si con cierta independencia, faltándoles por consiguiente la unidad tan necesaria en un estado fuerte y poderoso.

La proximidad del Lacio y el Samnium había determinado frecuentes relaciones entre ambos pueblos, que desde muy antiguo venían siendo aliados: y por otra parte los samnitas habían extendido su influencia, y a veces su dominación por la Campania.

  1. Guerras con los samnitas: sus causas. Roma y el Samnium eran los dos pueblos mas importantes de Italia central. El espíritu de dominación de la primera, y el carácter libre é independiente de los samnitas, hacían imposible entre citas la armonía y sincera amistad, y fue la causa de aquellas guerras tan encarnizadas que duraron más de 40 años, y que debían terminar con la sumisión de uno de los dos pueblos.

En las guerras de los samnitas se ventila la dominación de Italia. Roma por su situación en el centro de la península, con una fuerte constitución social, y un ejército aguerrido; y sobre todo por su carácter eminentemente conquistador, aspira a ser la única dueña desde los Alpes a Sicilia; pero en medio de la división de los pueblos italianos, encuentra en su camino los fieros montañeses del Samnium que intentan oponerse a sus designios, naciendo de aquí la guerra de una manera necesaria.

 En esta situación de los dos pueblos, un motivo cualquiera había de bastar para dar comienzo a la lucha. Este motivo no tardó en presentarse. La ciudad de Capua, sitiada por los samnitas, pide socorro a Roma, que el senado le niega alegando la antigua alianza entre los dos pueblos; pero estos escrúpulos desaparecen, cediendo los de Capua su ciudad y su territorio a los romanos; pues de esta manera el senado defendiendo a Capua defendía una propiedad romana. Así comenzó Roma la guerra del Samnium atropellando con pretextos especiosos la santidad de los tratados.

  1. Comienzo de la guerra. Rebelión y sumisión de los latinos. La guerra tuvo principio en la Campania, derrotando el cónsul Valerio Corvo a los samnitas en el monte Guaro cerca de Capua: sin embargo Roma hizo la paz abandonando aquel país a los samnitas, para atender a la sumisión de los latinos.

 Después de someter algunas legiones sublevadas en Capua, y de conceder a los plebeyos la dictadura, la pretura y la censura, únicos cargos hasta ahora vinculados en los patricios; todos los pueblos latinos mal avenidos con el yugo romano, se sublevaron en demanda de su antigua independencia, ó de la participación en el senado y demás dignidades de Roma, puesto que como aliados contribuían a las conquistas tomando parte en los ejércitos.

Tres años duró esta guerra, combatiendo con igual valor romanos y latinos. Entonces se dio el ejemplo de condenar a muerte el cónsul Manlio Torcuato a su propio hijo, por haber vencido contra sus órdenes a un enemigo y en la batalla de Veseris, junto al Vesuvio, el otro cónsul Decio Mus, viendo a sus tropas retroceder, con la fórmula sagrada se mezcla en lo mas rudo del combate, perdiendo la vida para la salvación de Roma, que alcanzó completa victoria.

Sin embargo, esta guerra debilitó tanto a los romanos, que el Senado tuvo que satisfacer casi todas las exigencias de los vencidos, concediendo el derecho de ciudad a los pueblos que habían permanecido fieles pero con el fin de evitar una nueva sublevación de los latinos, arrasó las ciudades rebeldes, trasladó a Roma sus habitantes y estableció gran número de colonias, asegurando de esta manera su dominación en todo el territorio del Lacio.

4.Continuación. de las guerras samnitas. Las Horcas Caudinas. La guerra entre Roma y el Samnium no podía terminar, sino con la sumisión de uno de los dos pueblos. Si Roma se apartó de esta guerra durante la lucha con los latinos, en la  que le habían ayudado los mismos samnitas, concluida ésta, renacieron los mutuos recelos, preparándose unos y otros para las nuevas campañas, que comprendían eran inevitables.

Abiertas las hostilidades, el cónsul Publilio Filon, prorrogado en el mando con el titulo de Procónsul, se apoderé de Palepolis, donde después se fundó Nápoles. En esta guerra Fabio Rulanio general de la caballería, a las órdenes del dictador Papirio Cursor, fue condenado a muerte por haber empeñado una batalla y haber vencido a las samnitas, contra la orden del Dictador, debiendo su salvación a los ruegos y súplicas del pueblo.

Sin embargo, los samnitas alcanzaron diferentes victorias sobre los romanos. El primero de los generales samnitas, Poncio Herennio, atrajo al enemigo a un lugar estrecho cerca de Caudium, donde con poco esfuerzo pudo destruirlo; contentándose, no obstante, con obligar al cónsul Postumio a firmar la paz, quedándose, el general samnita con 600 rehenes, y haciendo pasar el ejército y los generales romanos bajo un yugo (Horcas caudinas) en señal de sumisión.

Para alejar de si la vergüenza de semejante humillación, el senado romano apeló a su habitual mala fe, pretextando que los cónsules habían hecho la paz sin su consentimiento; y debiendo por esta causa ser ellos solos responsables, atados de pies y manos fueron enviados al general samnita. Poncio Herennio, sin embargo, indignado de la falsía romana, no los quiso recibir, respondiendo al senado que, si no quería aceptar el tratado de paz, debían colocarse las legiones en el mismo desfiladero, donde él pudo exterminarlas y las perdonó. El senado desoyó esas reclamaciones, y hubo que apelar de nuevo a las armas.

Para lavar la mancha de las breas Caudinas, Boma levanté un poderoso ejército, nombrando para dirigirlo a los dos hombres mas distinguidos en la guerra, Papirio Cursor y Publio Filon; que poco después derrotaron a los samnitas y les tomaron a Lucena cerca del Vesubio, haciéndoles pasar por el yugo, incluso el general P. Herennio.

  1. Ultimas guerras con los samnitas. Los triunfos de Roma sobre los samnitas y la mala fe del se nado reanimaron los odios de varios pueblos de Italia, que hicieron ahora causa como con los samnitas, levantándose contra la tiranía romana los Etruscos, los Galos, los Umbrios, Hérnicos, Equos, los Volscos y los Salentinos, comprometiéndose todos a vencer ó morir por su independencia. Las fuerzas de tantos pueblos bien dirigidas hubieran podido destruir a Roma; pero combatiendo separadas, sin orden ni concierto, fueron derrotadas por las romanas, que aunque menos numerosas, eran mas aguerridas y disciplinadas.

Fabio Ruliano venció y exterminó a los etruscos y a los umbrios junto al Tíber en el lago Vadimon y Decio Mus con fuerzas menores derrotó a los aliados en Sentinum. Igual suerte tuvieron los samnitas, vencidos también en Aquilonia primero, y en la Campania después, quedando aniquilada esta nación, y llevado a Roma como trofeo de la victoria de los Fabios, al anciano Herennio. Los samnitas tuvieron que someterse, y Curio Dentato les impuso un tratado de paz tan tiránico y despótico, que en poco tiempo el Samnium se vio casi despoblado, en poder de las colonias establecidas en todo aquel país por los romanos.

  1. Consecuencias de las guerras con los samnitas. Las guerras con los samnitas fueron tan largas y costosas, como de provechosos resultados para Roma, tanto en el exterior como en el interior.

En primer lugar se hizo la potencia dominante en Italia. En los  años que llevaba de existencia Roma no había conseguido extender su poder mas allá del Lacio; y aun dentro de estos límites su autoridad era tan escasa, que los pueblos sometidos aprovechan todas las ocasiones para rebelarse. Al terminar las guerras samnitas Roma, había aumentado su dominación con la Campania, el Samnium, la Sabinia, la Umbria, el Piceno, la Etruria, y el país de los Galos Senones y Bayos.

De manera que le pertenecía toda Italia central, desde el mar Tirreno al Adriático, y desde el valle del Po hasta las colonias griegas del Mediodía de la península. Tales son los resultados materiales para Roma de las guerras samnitas.

Y no fueron menos importantes los resultados de esas guerras en la vida interior de Roma; pues en este tiempo se consolidó el orden y armonía entre patricios y plebeyos; se afirmó la disciplina y el prestigio del ejército, y adquirió el pueblo romano la conciencia de su valer y la fe en su destino.

  1. Juicio sobre las guerras samnitas. Tanto por su duración, como por sus resultados, las guerras samnitas constituyen el hecho mas importante de la historia de Roma en los cinco primeros siglos de su existencia durante esas guerras puede observarse el carácter de la política romana, y los medios de que se valió la gran ciudad para llegar a dominar el mundo.

Estas guerras fueron injustas en su origen, puesto que comienzan violando especiosamente los romanos la alianza que tenían con los samnitas :encierran una de las mayores iniquidades de la historia de Roma, por la mala fe del senado anulando y mistificando el tratado de las Horcas Caudinas :son crueles por el exterminio de los enemigos, y por haber quitado la vida a Poncio Herennio que había perdonado las legiones, y aun después de engañado por los romanos, no había molestado en lo mas mínimo a los 600 rehenes que tenía en su poder; y concluyeron por otra injusticia privando de su libertad é independencia a los samnitas y otros pueblos.

Tal es la política de Roma en las guerras samnitas: la mala fe y el engaño, revestidos con apariencia de  justicia, son las armas principales con que venció a los rudos montañeses del Samnium, y de que se ha de servir en sus ulteriores conquistas.

Pero al mismo tiempo Roma cuenta con poderosos auxiliares que le dan siempre la victoria sobre sus enemigos: la fuerte unidad de su constitución, la constancia inalterable del senado en sus propósitos, y el valor y disciplina de sus ejércitos.

  1. Guerras con Pirro. Después de las guerras con los samnitas, los dominios de Roma se extendían por el Sur hasta la Magna Grecia, ó sea hasta los países meridionales ocupados por gran número de colonias griegas, entre las cuales alcanzó mayor preponderancia política en este tiempo la ciudad de Tarento,  situada en el fondo del golfo de su nombre, en el mar Jónico.

Los tarentinos, que habían favorecido secretamente a los samnitas, y habían insultado a los embajadores de Roma que fueron a pedirles satisfacción, temiendo perder su independencia, llamaron en su auxilio a Pirro, rey de Epiro, que poco antes se había distinguido conquistando Macedonia, perdiéndola después. Pirro pasó a Italia al frente de un ejército aguerrido; disciplinó é infundió valor y energía a los tarentinos, y venció al cónsul Servio junto a Heráclea, merced al terror que sus elefantes introdujeron en el ejército romano; pero perdiendo el rey de Epiro la mayor parte de sus tropas.

El valor desplegado por los romanos en la batalla de Heráclea entusiasmó de tal manera a Pirro, que mandó a Roma a su secretario, el sabio y prudente Cineas, a pedir la paz al senado, llevando ricos presentes para las mujeres de los principales personajes romanos. El senado, sin embargo, rechazó todas sus proposiciones, diciéndole por única contestación, que cuando Pirro saliese de Italia, podría tratar de la paz. Cineas manifestó a Pirro, que Roma le había parecido un templo, el senado una asamblea de reyes, y el pueblo romano la hidra de Lerna, cuyas cabezas renacerían a medida que se cortasen.

En estas circunstancias Pirro se propone llevar la guerra a las mismas puertas de Roma: pero el ejército romano al mando del incorruptible Cayo Fabricio, le salió al encuentro cerca de Asculum, y aunque la batalla no fue decisiva, perdió tanta gente el rey de Epiro, que abandonó la Italia, pasando en busca de nuevas aventuras a Sicilia.

  1. Fin de las guerras con Pirro. Sumisión de Italia Meridional. Pirro pasó a Sicilia, llamado por el tirano de Siracusa, Agatocles, contra los cartagineses y los mamertinos; y rechazados éstos, al cabo de dos años volvió a Italia, llamado nuevamente por los tarentinos, que se veían acosados por los romanos. Estos mandaron contra él un ejército a las órdenes del cónsul Lucio Dentato, y saliéndole al encuentro en Benevento, fue completamente derrotado el rey de Epiro, que perdió en la batalla la mayor porte de sus tropas, y tuvo que volverse a Grecia con solos 8.000 hombres. Dos años después, perdió la vida Pirro en medio de un motín en Argos.

Durante la ausencia de Pirro en Sicilia, los romanos se habían apoderado de los pueblos de Italia Meridional, que habían hecho causa común con los tarentinos, cayendo en su poder Lucania, Apulia, Brutium y el país de los Salentinos, donde se asentaba Tarento; esta ciudad, guarnicionada por las tropas da Pirro, después de su muerte en Argos, cayó también en poder de los romanos. De esta manera la República romana extendía su poder desde el Rubicon y el Auser hasta el estrecho de Mesina, teniendo abierto el campo para sus conquistas futuras, por el N. en la Galia Cisalpina que ocupaba el valle del Po, y por el Sur en la isla de Sicilia, cuya mayor parte se hallaba en poder de los cartagineses.

  1. Causas del engrandecimiento de Roma. Organización militar. En las guerras con los Samnitas y en la conquista de la Italia meridional, se comienza a entrever el carácter y el destino de Roma; conquistar para dominar. Tu regere imperio populos, romane, memento.

Roma en aquel tiempo contaba ya con todos los elementos necesarios para vencer, y con todos los medios para conservar sus conquistas. Estos elementos y estos medios eran la organización de su ejército, su sistema de colonización, y la política hábil y perseverante del senado.

Las legiones romanas se distinguían ante todo por su valor y patriotismo; y por esta razón se componían de los ciudadanos, pero no entraban a formarlas, los esclavos, ni los libertos, ni los indigentes.

En las guerras ordinarias tomaban parte en el ejército todos los ciudadanos de 16  a 46 años; pero en los grandes conflictos de Roma, se verificaban levas en masa, debiendo empuñar las armas todos los que estaban en disposición de usarlas. El mando supremo del ejército pertenecía al cónsul; las legiones compuestas de 4.000 hombres estaban dirigidas por los tribunos militares, y éstos nombraban los centuriones en cargados de las centurias, ó cuerpos de 100 hombres.

El valor y la energía de las tropas se mantenía en tiempo de paz con paseos militares, ocupándose en correr y saltar, en manejar toda clase de armas, obligándoles a llevar en estos ejercicios un peso de sesenta libras. Pero lo que mas distingue a los ejércitos romanos es la severidad de la disciplina. La igualdad de los ciudadanos desaparecía desde el momento en que se tomaban las armas: la sumisión a las órdenes superiores era absoluta: el soldado carecía de voluntad propia; y las penas mas crueles se imponían por las mas ligeras faltas de disciplina.

Por otra parte, compuestos los ejércitos de hombres libres y propietarios, todos estaban identificados con el Estado; defendiendo la República, se defendían a sí mismos y a sus propios intereses, haciéndose imposibles por esta causa la deserción y la traición. El ciudadano romano constituía el Estado tomando parte en los comicios, y lo defendía como soldado en las legiones; de aquí se originó aquel patriotismo tan admirable, causa fundamental de las victorias romanas.

  1. Colonias Romanas. La admirable organización de los ejércitos romanos, fue la causa principal de las constantes victorias de la República; pero Roma, nacida para vencer y dominar, necesitaba medio fáciles y seguros de mantener en la obediencia lo países conquistados. Esta fue La misión de las colonias

Las colonias romanas como las griegas y fenicias representan fielmente el espíritu de la metrópoli .Como las fenicias eran elementos de comercio, y las griegas focos de civilización, las romanas aparecer con un carácter militar, y una organización apropiada para mantener la dominación de Roma en los países conquistados.

Las colonias eran la exacta representación de Roma. Los dunviros ejercen las funciones de los cónsules, el colegio de los decuriones era el senado, y los conciábulos los comicios. Participando de las leyes, religión, usos y costumbres de la metrópoli, introdujeron estos elementos de civilización en los pueblos conquistados, contribuyendo eficazmente a la fusión de vencedores y vencidos. Últimamente, dando ocupación  y riquezas por medio de las colonias a la población inquieta y miserable, Roma se libró por algún tiempo de tumultos y revoluciones.

  1. Política del senado romano. Pero sobre los cónsules y los ejércitos, y sobre las colonias, estaba el Senado, que era el alma y la vida de Roma, su gran elemento de unidad.

Roma se distingue entre todos los pueblos por la fe y la constancia con que persigue una misma idea en el trascurso de toda su historia; esa fe y esa constancia constituyen La unidad inquebrantable de su política, que es la base de su grandeza. Otros pueblos han verificado más rápidas conquistas, pero en ninguno esas conquistas han sido tan duraderas.

Después de un periodo de actividad, todos los pueblos se cansan y desfallecen; sólo Roma no flaquea jamás, y es que el carácter de Roma se refleja en todos sus individuos, y sé trasmite como un depósito sagrado de unas a otras generaciones y es que la conservación de ese carácter no está allí encomendada al interés ó a la actividad individual, de suyo mudable y transitoria, sino a una clase y a una corporación permanente, de índole aristocrática, y por tanto de larga duración.

Esta corporación es el senado, genuina representación del carácter y de las aspiraciones de Roma, que tiene en sus manos por muchos siglos los destinos de la gran ciudad, y que prosigue su camino con una constancia que admira, y una firmeza inquebrantable, sin dudas, ni vacilaciones, sin detenerse, ni precipitarse, venciendo todos los obstáculos, y reputando buenos todos los medios que conducen al cumplimiento de su fin. Asamblea de reyes, como todas egoísta, ambiciosa y calculadora, que para conseguir su objeto, lo mismo aprovecha la virtud  y la justicia, que el crimen y la iniquidad.

Tal es el senado y tal la política romana por él perfectamente representada.

RESUMEN DE LA TEMA VI.

  1. Al. E. del Lacio se extendían las partes fértiles de la Campania, y al N. de ésta, y limitando tanbien por O. con el Lacio, se encontraba el país montañoso ocupado por los samnitas y otros pueblos, reputados como los más belicosos de Italia, pero que vivían con cierta independencia, sin formar un Estado fuerte y poderoso.
  2. La proximidad en que vivían, y el diferente carácter de los romanos y los samnitas, fueron la causa principal de las guerras entre estos pueblos, en las que se ventilaba la dominación de Italia: el motivo que las hizo estallar fue el socorro prestado por los romanos a la ciudad de Capua, sitiada por los samnitas.
  3. Al principio de la guerra los romanos vencen a los samnitas en el monte Gauro. Sublevados los pueblos del Lacio, son vencidos por los romanos, sacrificando para ello su vida el cónsul Decio Mus.
  4. Reanudadas las hostilidades, el general samnita Poncio Herennio venció a los romanos en Caudium, haciéndoles pasar por las Horcas Caudinas: el senado no quiso reconocer el tratado que se hizo con esto motivo, entregando al cónsul Postumio a los samnitas. Los romanos vencieron después a sus enemigos, y les tomaron a Luceria.
  5. Diferentes pueblos de Italia hicieron causa común con los samnitas, poro fueron sucesivamente derrotados por los romanos en el lago Vadimon, en Sentinum, en Aquilonia y en Campania; viéndose los Samnitas en la necesidad de someterse a Roma, que les trató despóticamente, mandando quitar la vida a Poncio Herennio.

6 .A consecuencia de las guerras con los samnitas, Roma llegó a ser la potencia dominante en Italia; consolidó el orden y la armonía entre patricios y plebeyos, afirmó la disciplina del ejército, y adquirió la conciencia de su valer.

  1. Estas guerras injustas en su origen, pusieron de  relieve la mala fe y la crueldad de la política romana: pero Roma cuenta siempre para vencer con la unidad de su constitución, la constancia del senado y el valor y disciplina del ejército.
  2. La ciudad de Tarento, amenazada por los romanos, pidió auxilio a Pirro, rey de Epiro; éste pasó a Italia y venció a los romanos su Heráclea, pero éstos rechazaron la paz con que les brindaba el vencedor, y derrotaron en Asculurm al rey  de Epiro, que abandonó Italia, pasando a Sicilia.
  3. Rechazados en Sicilia los cartagineses y los mamertinos, que combatían contra Agatocles, tirano de Siracusa, Pirro volvió a Italia y fue completamente derrotado por los romanos en Benevento, teniendo que volverse a Grecia. Durante la ausencia de Pirro en Sicilia, los romanos extendieron su dominación hasta el estrecho de Mesina.
  4. El engrandecimiento de Roma fue debido a la organización de su sistema de colonización y a la política del senado. Las legiones romanas se distinguían por el valor y el patriotismo, y principalmente por la disciplina.
  5. Las colonias romanas tienen un carácter militar, a propósito para mantener en la obediencia a los  pueblos conquistados, a los cuales comunicaron todos los elementos de la civilización de Roma, contribuyendo de esta manera a la fusión  de vencedores y vencidos.
  6. Roma se distingue por la fe y la constancia con que persigue una misma idea durante toda su historia, y esta unidad de idea y de arden se debe al senado, que tiene en sus manos por muchos siglos los destinos del pueblo romano, y que sin escrúpulos aprovecha todos los medios para conquistar y dominar a todas las naciones.

Clases sociales en Roma Antigua Luchas Civiles y Conquistas

roma antigua

TEMA V: EL DECENVIRATO (461-342).

  1. Estado de Roma en este tiempo  ley Terentila: La administración de justicia en Roma perteneció primero a los reyes, y pasó a los cónsules cuando desapareció la monarquía. Dueños de los tribunales los patricios, y no teniendo leyes escritas a que amoldarse para administrar la justicia y gobernar el Estado, ejercían naturalmente un poder absoluto, discrecional é irresponsable, rodeando los procedimientos judiciales de formalidades arbitrarias cuyo secreto sólo ellos conocían.

Semejante Estado de cosas no podía sostenerse dada la importancia política que la clase plebeya había adquirido; y cada día se hacia mas urgente la necesidad de formar un código de leyes que fijase los derechos y relaciones entre patricios y plebeyos.

Como único remedio de semejante estado, el Tribuno Terentilo Arsa propuso el nombramiento de una comisión encargada de redactar y someter al pueblo un código de leyes. Los patricios, que veían con esto disminuir sus prerrogativas y privilegios, se opusieron enérgicamente a la proposición de Terentilo, que solo vino a practicarse diez años después.

2.Cincinato. Aprovechándose los extranjeros, y especialmente los sabinos, de las escisiones de Roma, mandados éstos por Herdonio se apoderaron del Capitolio: para poder combatir al usurpador, el cónsul Valerio prometió a los plebeyos el cumplimiento de la Ley Terentila, en el caso de que ayudasen a expulsar a los enemigos. Los sabinos fueron derrotados, murió Herdonio en la batalla; pero también perdió la vida el cónsul Valerio, y con este motivo dejó da cumplirse el compromiso contraído con los plebeyos.

En esta situación fue nombrado para sustituir a Valerio el patricio Q. Cincinato, honrado y de puras costumbres, que dejó las ocupaciones agrícolas, para tomar las riendas del gobierno. Mientras duró su consulado, con el ascendiente de su carácter pudo contener las pretensiones de los plebeyos: pero renacieron las luchas en Roma, y los Volscos amenazaron la ciudad cuando Cincinato, concluido el tiempo de su cargo, se retiró de nuevo al cultivo de su pequeña heredad. Con este motivo los romanos lo llamaron otra vez; y nombrado Dictador, en diez y seis días derrotó a los Volscos, al cabo de los cuales abdicó el poder y volvió a sus ocupaciones del campo.

La firmeza y desinterés de Cincinato, acallaron por algún tiempo las disensiones de los romanos; pero éstas renacieron con mas energía cuando aquel abandonó a Roma. En este tiempo se elevó a diez el número de los tribunos, y aumentaron de tal manera su poder, que llegaron a amenazar a los cónsules; consiguieron que las tierras del monte Aventino se repartiesen a los plebeyos; y más de una vez vinieron a las manos con los patricios en las calles de Roma.

  1. El Decenvirato. — Las constantes exigencias da los tribunos obligaron por fin al senado a admitir la ley Terentila. Según los historiadores se mandaron tres personajes a Grecia para que estudiasen las leyes de Licurgo y de Solon, y recogiesen entre sus mejores disposiciones las que pudieran ser aplicadas a Roma.

Otros piensan que no existió tal viaje, fundándose en que las leyes de las 12 Tablas, lejos de asemejarse a las de Grecia, representan fielmente las antiguas costumbres de Italia. Aceptando como mas verosímil la opinión de viaje a Grecia, añadiremos que al regreso de los comisionados, después de tres años que duró su expedición, se nombraron diez magistrados del orden patricio (decenviros), siendo los principales Apio Claudio y Tito Genucio, que se habían señalado siempre como adversarios de la plebe, encargándoles la redacción de las leyes, y a la vez el gobierno y administración del Estado con un poder absoluto, cesando entre tanto las otras magistraturas, inclusos los cónsules y los tribunos.

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  1. Las Doce Tablas. Los decenviros en el primer año usaron con moderación de la autoridad ilimitada que se les había concedido, y redactaron el código que se grabó en diez tablas que se Colocaron en el Forum para que todos pudieran conocerlas; después de lo cual, fueron ratificadas y convertidas en leyes.

Las leyes de este código son en general favorables a la plebe, en cuanto establecen la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley sin distinción de clases; castigan severamente a los usureros, a los jueces venales y a los patronos que abusan de sus clientes, todo lo cual quebrantaba el poder arbitrario de la política de Roma, dejando a los patricios todas sus prerrogativas y privilegios.

Las leyes de las 12 Tablas regulaban el orden civil y religioso, el judicial y el penal, la administración  y la policía. Son dignas de llamar la atención las leyes penales, porque revelan toda la barbarie de los tiempos antiguos, admitiendo el principio del talión en todo su rigor, dando al padre el derecho de quitar la vida a su hijo, si es deforme, y aplicando la pena de muerte hasta por delitos que hoy se considerarían como leves.

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  1. Caída de los Decenviros. Las diez tablas presentadas por los decenviros en el primer año de su encargo, dejaban incompleta la legislación, prorrogándose con este motivo sus atribuciones por un año mas, para terminar aquella obra. Presentadas en este tiempo dos nuevas tablas con las leyes complementarias, Apio Claudio, que había sido reelegido, y que había procurado rodearse de amigos de su confianza, en lugar de abandonar su puesto a la terminación del tiempo prefijado, se prórroga por sí mismo un tercer año en el mando ; durante el cual se entrega a toda clase de excesos y a la mas cruel tiranía, naciendo de aquí el odio de la plebe contra el decenviro; aumentándose mas y mas por el asesinato de Sicinio Dentato, antiguo tribuno, el mas valiente soldado del ejército, que se había distinguido siempre como enemigo de la nobleza, y que fue sacrificado por orden de los decenviros, mientras combatía contra los enemigos de Roma.

En tal estado, vino a colmar el odio y la indignación de los plebeyos el hecho criminal de Apio Claudio, pretendiendo apoderarse de la joven Virginia y hacerla su esclava, hundiéndole su propio padre un puñal en el pecho, antes que verla en los brazos del tirano. Con este motivo, el pueblo y el ejército se sublevan, y Apio Claudio y Espurio Opio son condenados a muerte, y los decenviros desterrados.

Así quedó abolido el de decenvirato, restableciéndose las antiguas magistraturas. Este hecho fue fatal para la nobleza, que pierde desde entonces su antigua preponderancia, mientras que la plebe adquiere nuevos derechos que bien pronto la igualarán con los patricios.

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  1. Ley Canuleya: tribunado militar. Además de la diferencia de derechos político a entre los dos órdenes, otras disposiciones contribuyan a su mutuo aislamiento, como la prohibición de los matrimonios entre patricios y plebeyos. Para vencer este obstáculo que se oponía a la fusión, el tribuno Canuleyo reclamó la libertad de los matrimonios, y la admisión de los plebeyos a todos los cargos públicos, incluso el consulado.

El senado resistió como siempre estas peticiones, pero tuvo que acceder a la primera declarando libres los matrimonios entra los patricios y los plebeyos. En cuanto a la segunda, negándose el pueblo a marchar a  la guerra si no se le otorgaba, el senado se vio obligado a ceder, concediéndole el derecho de aspirar a todas las magistraturas; si bien para conservar la dignidad y el prestigio de los cónsules, creó en su lugar seis magistrados con el nombre de Tribunos militares, menos importantes por lo mismo que eran mas numerosos, pudiendo ser elegidos entre los plebeyos, no obstante lo cual se eligieron siempre entre los patricios.

  1. Sitio y Toma  de Veyes: Camilo. Conociendo el senado la necesidad de prolongar las campañas contra los enemigos, lo que no podía realizarse con la antigua organización militar; dispuso que se diera un sueldo a las tropas; esta sistema dio bien pronto sus resultados en el sitio y toma de Veyes.

Era Veyes la ciudad más importante de la Etruria meridional, colocada no lejos de Roma, al otro lado del Tíber. La proximidad de ambas ciudades y su distinto carácter, habían ya producido varias luchas entre ellas. Terminando entonces una tregua de veinte años, Roma mandó dos ejércitos contra Veyes; pues era aquella la mayor empresa que los romanos habían acometido desde que su ciudad existía.

La ciudad etrusca se había resistido por espacio de diez años, cuando fue nombrado dictador Furio Camilo, patricio distinguido que había desempeñado dignamente el cargo de censor y de tribuno militar después de vencer a los enemigos de Roma los Equos y los Volscos que protegían a los Veyenses, construyó oca mina  para conducir sus tropas al centro mismo de la ciudad, por cuyo medio logró apoderarse de Veyes, cayendo en poder de los romanos las inmensas riquezas allí atesoradas.

Después de estos hechos, Camilo se opuso a las pretensiones de los plebeyos que querían trasladar sus  viviendas a Veyes; pero llevó a Roma los dioses de la ciudad vencida. Sus enemigos le acusaron de concusionario, y tuvo que desterrarse.

  1. Invasión de los Galos: toma de Roma. Poco después de la toma de Veyes, los romanos experimentaron el mayor desastre de su historia, la toma y el saqueo de Roma por los galos.

Entre los pueblos de origen céltico establecidos al  occidente de Europa, distinguíanse los galos que ocuparon la Francia actual, Bélgica y Suiza. Ya en tiempo de los reyes de Roma algunas tribus galas atravesaron los Alpes, penetrando en la cuenca del Po, extendiéndose la de los Senones hasta la Umbria. Mientras Roma sitiaba a Veyes, los galos pasaron los Apeninos con ánimo de establecerse en las fértiles llanuras de la Etruria.

Después de apoderarse de varias ciudades, sitiaron a Clusium, que no pudiendo por sí misma defenderse, pide auxilio a los romanos. No tanto por favorecer a la ciudad etrusca, como por alejar a los galos, Roma despachó una embajada para que mediase entre los etruscos y galos; pero indignados los embajadores por el tono altanero y despreciativo con que los bárbaros recibieron sus proposiciones, se pusieron de parte de los de Clusium; con lo que los galos irritados por aquella violación del derecho de gentes, levantan el sitio y se dirigen contra Roma.

En tal conflicto los romanos mandan un ejército qua se encontró con los galos junto al río Alia, pequeño afluente del Tíber, sufriendo una derrota completa, huyendo los vencidos a Veyes y llegando algunos fugitivos a Roma. Los patricios amedrentados por aquel desastre, y no contando con otro lugar fortificado que el Capitolio, se encerraron en él con sus riquezas, ordenando al pueblo retirarse a los lugares comarcanos, y abrieron las puertas a los enemigos que a los dos días penetraron en Roma sin obstáculo, saqueando e incendiando cuanto encuentran, y matando a los mas ancianos, entre ellos algunos senadores, que no habían podido ponerse en salvo.

El sitio del Capitolio duró ocho meses, y no cayó en su poder por la vigilancia y el valor de Manlio llamado después Capitolino. Últimamente los sitiados, acosados por el hambre, se decidieron a capitular, y los galos se retiraron mediante la entrega de mil libras de oro, aumentado Breno jefe de los galos esta cantidad con el peso de su espada que puso en el lado de las pesas, añadiendo aquellas célebres palabras: Vae Victis! Según algunos autores, Camilo llamado del destierro, al frente de un ejército alcanzó a los galos en el momento de pesar el oro, exterminándolos a todos y recobrando el inmenso botín que hablan hecho en Roma. Según otros, se retiraron para acudir a la defensa de su país invadido por los extranjeros, pero sin ser hostilizados.

  1. Nueva sublevación de los pueblos del Lacio. Roma había quedado casi destruida por los galos, y los plebeyos en la miseria, por haber perdido sus casas y tener sin cultivo sus pequeñas propiedades. En tal situación insisten los tribunos en trasladar los ciudadanos a Veyes; pero Camilo también por esta vez consiguió hacerles desistir de sus propósitos, y Roma fue reedificada.

Con motivo de la invasión de los galos, los pueblos del Lacio, siempre dispuestos a rebelarse contra la dominación romana, se declararon ahora independientes; siendo sometidos por Camilo en tres batallas, los Equos,  los Volscos y los Etruscos.

Entre tanto renace La lucha entre patricios y plebeyos, no siendo ya bastante todo el prestigio de Camilo para hacer desistir a los tribunos de sus pretensiones; los patricios se opusieron tenazmente a sus exigencias; y únicamente Manlio Capitolino se mostró partidario de la plebe, vendiendo su patrimonio y repartiéndolo entre los pobres ;pero estos actos generosos le atrajeron la odiosidad de la nobleza, que le acusaba  de aspirar a la tiranía; y aunque al principio pudo salvarse, fue por último condenado a muerte, y arrojado de la roca Tarpeya.

  1. Admisión de los plebeyos al Consulado .Para concluir con las diferencias que todavía existían entre patricios y plebeyos, los tribunos Licinio, Stolon y Sextio propusieron el restablecimiento del Consulado, habiéndose de elegir de la clase plebeya uno de los cónsules; que no se permitiese a ningún ciudadano poseer mas de 500 yugadas de tierra, repartiéndose el sobrante entre los pobres; y que quedase abolida una parte de las deudas.

La nobleza se opuso, como siempre, a las exigencias de los tribunos; pero los plebeyos reeligieron diez años consecutivos a los mismos tribunos, repitiendo siempre la misma petición

Camilo nombrado dictador, con el gran prestigio que le daba su historia sobre los dos órdenes, consiguió vencer la resistencia de los patricios, y la Ley Licinia fue adoptada por los comicios, y Sextio elegido cónsul. Así terminó aquella larga lucha entre patricios y plebeyos, restableciéndose  la paz en La República; y elevando Camilo un templo a la Concordia.

  1. Juicio acerca de la lucha entre los dos órdenes. Con la admisión al consulado, los plebeyos después de tres siglos de constante lucha, consiguen igualarse en derechos civiles y políticos con los partidos. Ya no existen en Roma mas que romanos; patricios y plebeyos han dejado de formar dos pueblos dentro de los mismos muros, para constituir la unidad política mas fuerte y vigorosa que se conoció en el mundo antiguo: ni el Oriente por la división de las castas, ni la Grecia por la división y la guerra constante entre la aristocracia y la democracia, pudieron llegar a constituir la unidad, tan necesaria para las grandes empresas y para la formación de los grandes Estados. Esta gloria estaba reservada a Roma.

La lucha entre patricios y plebeyos es uno de los espectáculos mas dignos de admiración que presenta la  historia, y será siempre un ejemplo digno de imitarse por todos los pueblos libres. Aquella lucha secular no costó apenas una gota de sangre: pueblo entusiasta del derecho, los plebeyos exigen sin cesar una tras otra todas las magistraturas, atacan con fe inquebrantable el santuario de los privilegios nobiliarios; pero respetando la ley, no apelan jamás a la insurrección; son los mas, tienen la fuerza en sus manos, y pueden tomarse en un día lo que les cuesta siglos y titánicos sacrificios el alcanzar; y sin embargo esperan que se les conceda, y todo lo confían a la justificación de sus adversarios. Por su parte los patricios resisten con todas sus fuerzas las pretensiones plebeyas, defienden palmo a palmo sus derechos é inmunidades; emplean todos los recursos que les proporcionan sus riquezas y su mayor ilustración, para dominar al pueblo unas veces y engañarlo otras; pero sin pensar jamás en deshacerse de un enemigo tan tenaz é importuno a quien pudieron en ocasiones dadas aniquilar.

Los dos órdenes se mostraron igualmente dignos de la idea y de los intereses que representaban. La aristocracia con todos sus defectos, es tan superior a la de Esparta, como la condición de los plebeyos respecto de los hilotas. Y la plebe romana, aunque menos culta y civilizada que la de Atenas, no se manchó nunca con la sangre de la nobleza, ni apeló siquiera al medio tan general en Grecia, de expulsarla de la ciudad.

  1. Consecuencias de la lucha entre patricios y plebeyos. — Como todos los grandes hechos históricos, la igualdad de los órdenes no fue la obra de un día, sino que se vino lentamente preparando por espacio de siglos; y produjo juntamente resultados de gran trascendencia para la vida y destinos de Roma.

En primer lugar la aristocracia durante aquellas luchas realizó la misión de todo gobierno privilegiado, que consiste en educar a la democracia, hasta hacerla capaz de dirigir la gobernación del Estado; así vemos que la plebe ignorante de tiempo de los Reyes, se amaestró tanto en el conocimiento y en el manejo de los asuntos públicos, que a la igualación de derechos, pudo compartir dignamente el poder supremo con la clase patricia.

Pero la consecuencia más importante de aquella lucha fue la organización fuerte y enérgica del Estado romano, por la fusión de patricios y plebeyos: organización que encierra el secreto de toda la futura dominación de Roma. En efecto; Roma, que en la época de los Reyes habla conquistado el Lacio, conserva difícilmente estas conquistas en los dos primeros siglos de la República: toda su actividad en este tiempo se emplea en esa lucha interior entre patricios y plebeyos, que viene a completar su poderosa constitución.

Así es que cuando la lucha termina, Roma reanuda su invasión conquistadora, y en menos de tres siglos somete a su dominación todos los pueblos que circundan el Mediterráneo. Y si la base de la grandeza de Roma en su fuerte constitución, y ésta es el resultado natural de las luchas entre patricios y plebeyos, bien pueden darse por bien empleadas esas luchas, sin las cuales Roma hubiera sido siempre un oscuro pueblo italiano, sin importancia y sin prestigio en la humanidad.

RESUMEN DEL TEMA V:

  1.   Dueños los patricios de la administración de justicia desde la caída de la monarquía, y no existiendo leyes escritas, ejercía un poder absoluto y discrecional en los asuntos judiciales, sobre la clase plebeya; y para remediar en lo posible esa tiranía, el tribuno Terentilo propuso se nombrase una comisión que redactase un Có­digo de Leyes, a lo que se opuso la nobleza.
  2. Los plebeyos se prestaron a combatir Contra los Sabinos con la promesa de la apro­bación de la ley Terentila, pero fueron defraudadas sus esperanzas. Cincinato dejó el arado para ocupar el consulado, y supo contener a los enemigos de Roma, y acallar las exigencias de la plebe; pero éstas renacieron cuando Cincinato abandonó la ciudad.
  3. El Senado accedió al fin a las instancias de los tribunos, y se nom­braron diez ciudadanos para que estudiaran las leyes de Grecia y redactaran un Código; los Decemviros, a cuyo frente estaban Apio Claudio y Tito Genucio, ejercieron un poder absoluto, cesando en esto tiempos todas las magistraturas.
  4. Los decemviros redacta­ron las leyes que se inscribieron en diez tablas. Esta Código establecía la igualdad de los ciudadanos ante la ley; pero castigaba con penas severas y basta crueles las mas ligeras faltas.
  5. Los Decemviros presentaron otras dos tablas con el complemento de las leyes anteriores; pero continuaron en el mando y se entregaron a la mas cruel tiranía, hasta que el atentado de Apio Claudio con­tra la joven Virginia, sublevó al pueblo, que condena a muerte al tirano y declara abolido el Decemvirato.
  6. El tribuno Canuleyo reclamó del Senado la libertad de los matrimonios entre patricios y plebeyos, y la admisión de éstos a todos los cargos públicos .El Senado accedió desde luego a la primera petición, y aunque a su pesar, tuvo que otorgar la segunda; pero suprimió el Consulado, creó el Tribunado militar.
  7. Después de señalar sueldo a las tropas, los romanos emprendieron el sitio de Veyes, que aunque se resistió diez años, cayó al fin en poder del dictador Camilo; éste se opuso al propósito de los plebeyos de trasladar sus viviendas a la ciudad etrusca; y acusado por sus enemigos, salió desterrado de Roma.
  8. Algunas tribus galas pasaron los Alpes y penetraron en Italia en la época de los reyes, llegando los Senones hasta la Umbría. En este tiempo atravesaron el Apenino y sitiaron a Clusium en  Etruria; dirigiéndose después a Roma, derrotan un ejército ro­mano junto al río Alía, y penetrando en la ciudad la entregan al saqueo, mientras los patricios se defienden en el Capitolio. Los galos se retiraron de Roma mediante el pago de mil libras de oro.
  9. Camilo sometió los pueblos de Lacio que se hablan rebelado contra Roma. La plebe continuó en sus exigencias, que fueron re— chazadas por los nobles, excepto Manlio Capitolino que repartió su patrimonio a los pobres; pero fue acusado de aspirar a la tiranía, y arrojado de la roca Tarpeya.
  10. Los plebeyos pidieron el resta­blecimiento del Consulado, que fuese de su clase uno de los cónsules, y que se repartiese parte de las tierras entre los pobres. Al cabo de diez años, y por la influencia de Camilo, los patricios ac­cedieron a las peticiones populares; igualándose desde entonces los dos órdenes, y elevando Camilo un templo a la Concordia.
  11. Con la igualación de derechos entre los dos órdenes, Roma realiza la unidad dentro de la ciudad. La lucha de patricios y plebeyos se realiza sen efusión de sangre.: estos piden con insistencia todas las magistraturas, y los nobles aunque con repugnancia van accediendo a todas sus pretensiones. Las dos órdenes, cada cual en su esfera y condiciones, contribuyen a la formación del Estado Romano.

12.Durante las luchas de patricios y plebeyos , la aristocracia cumplió su misión de educar al pueblo , y Roma adquirió su fuerte constitución, por medio de la cual, terminada la lucha en menos de tres siglos extendió su dominación por todos los pueblos que circundan el mediterráneo.

Historia del Imperio Romano Trabajo Minero y Agricola Mineria Tecnicas

HISTORIA DE ROMA ANTIGUA: TRABAJO MINERO

la vida cotidiana en roma antigua

Los romanos asimilaron rápidamente los avances técnicos realizados por griegos y egipcios en la minería. Las minas eran explotadas a cielo abierto y en pozos o galerías como se puede comprobar en España, con los distritos mineros de Las Omañas, Las Médulas, Cástulo o La Valduerna.

mineria roma antigua

Una de las técnicas más empleadas era el derrumbe de montañas, procediendo después al lavado de mineral con agua, en ocasiones procedente de 40 kilómetros. De los diferentes distritos mineros salía el metal puro fundido, por lo que se realizaban in-situ todas las operaciones, lo que conllevaba la participación de un amplio número de trabajadores.

No en balde, sabemos que en las minas de Cartagena llegaron a trabajar unas 40.000 personas. Como es lógico pensar, el trabajo en la mina era tremendamente duro. La mayoría de los mineros eran esclavos o trabajadores dependientes e incluso libres que trabajaban por el beneficio obtenido o como una forma de liberación de impuestos. Las tropas acantonadas en las cercanías de las minas, además de proporcionar seguridad a la explotación, servían para realizar tareas de asesoramiento técnico y construcción de infraestructuras. Este tipo de tareas eran dirigidas por los procuradores imperiales que también tenían a su cargo la administración y la vigilancia de la explotación.

La gestión de las minas dependió del momento. En un principio, el Estado tenía bajo su control la explotación pero desde los primeros años del siglo II a.C. se utilizó un sistema mixto: arrendamiento para todos los metales excepto las minas de oro que dependían directamente del Estado (las de plata en algunas ocasiones también eran de propiedad estatal). Los servicios que rodean a las minas -baños, zapatería, ferretería, etc.- eran ofrecidos por el Estado en régimen de alquiler.

Todos los emperadores de Roma Antigua Cronologia Emperadores Romanos

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LISTA CRONOLÓGICA DE TODOS LOS EMPERADORES DE ROMA ANTIGUA

Cuando Augusto, el primer emperador de Roma, murió en 14 d. C, el Senado romano lo declaró dios. De ahí en más, el pueblo adoró a los emperadores y en todo el Imperio se construyeron templos en su honor. Estos edificios impresionantes ponían de manifiesto el poder absoluto de las autoridades supremas.

Los monumentos erigidos para celebrar las victorias bélicas también contribuían a proclamar la fuerza de los soberanos. Los emperadores emitían monedas con sus retratos y encargaban pinturas, mosaicos y esculturas que los representaban a ellos mismos y a sus familias.

Más que mostrarnos una verdadera semejanza, el estilo y el simbolismo de los retratos imperiales nos hablan muchas veces sobre la forma en que un emperador quería que sus súbditos lo vieran. La siguiente es una lista de algunos de los emperadores más importantes.

Augusto 27a. C. – 14d. C.

Tiberio 14-37

Calígula  37-41

Claudio I  41 – 54

Nerón 54-68

Galba 68-69

Oto 69

Vitelio 69

Vespasiano 69-79

Tito  79-81

Domiciano 81 -96

Nerva 96-98

Trajano 98- 117

Adriano 117- 138

Antonio Pío 138- 161

Marco Aurelio 161-180

Cómodo 180- 192

Pertinax 193

Didio Juliano 193

Septimio Severo 193 -211

Caracalla 211 – 217

Macrino 217-218

Elagábalo 218-222

Severo Alejandro 222 – 235

Maximino 235-238

Gordiano I 238

Gordiano II 238

Gordiano III 238 – 244

Felipe 244 – 249

Dedo 249 – 251

TrebonianoGalo 251 -253

Emiliano 253

Valeriano I 253 – 259

Galieno 259-268

Claudio II 268-270

Quintilo 270

Aureliano 270 – 275

Tácito 275 – 276

Floriano 276

Probo 276 – 282

Caro 282 – 283

Carino 283 – 285

Diocleciano 284-305

Maximiano 286-305

Constantino y Licino 307

Constantino I 324-337

Constantino II 337-340

Constancio 340 – 350

Constantius 340 – 361

Julián 361-363

Joviano 363 – 364

Valentiniano I 364-375

Valens 364-378

Graciano 378 – 383

Valentiniano II 375-392

Teodosio I 379 – 395

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DIVISIÓN DEL IMPERIO ROMANO 395 d. C. IMPERIO DE OCCIDENTE
Honorio 394 – 423

Valentiniano III 423-455

Máximo 455

Avito 455 – 456

Majorian 457 – 461

Severo 461 – 465

Antemio 467 – 472

Olibrio 472

Glicerio 473 – 474

Nepo 474 – 475

Rómulo Augústulo 475-476

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IMPERIO DE ORIENTE
Arcadio 395 – 408

Teodosio II 408 – 450

Marciano 450 – 457

Leo I 457 – 474

Zeno 474 – 491

Anastasio I 491 – 518

Justino I 518-527

Justiniano I 527 – 565

Emperador Tiberio

Emperador Claudio

Emperador Vespaciano

Emperador Trajano

Emperador Severo

Emperador Constantino II

Emperador Valentino I

Emperador Galieno

Emperador Gordiano III

Emperador Diocleciano

Funciones del Senado Romano Origen y Organizacion en Roma Antigua

LOS PATRICIOS ROMANOS: Los patricios constituían exclusivamente el pueblo romano, populus; sólo ellos tenían derechos y eran capaces de administrar el estado. Se era patricio cuando se pertenecía a una familia noble o gens. Roma se nos presenta con una organización aristocrática fundada en el culto de los antepasados. La gens, en efecto, comprendía todas las ramas de una misma familia que tenían un antepasado común.

Todos los miembros de la gens llevaban el mismo nombre, por numerosos que fuesen, y reconocían por jefe al hijo mayor de la rama primogénita, que era el sacerdote del culto del antepasado. Debía a su nacimiento el ser pariente más próximo del antepasado, y por eso se llamaba padre, pater. Los otros miembros de la gens se llamaban patricios; por su nombre y carácter, correspondían a los eupátridas atenienses. El pater era a la vez un jefe religioso, civil y militar; sacerdote y rey en su familia y tenía, además, derecho de vida o muerte sobre los suyos.

Los patricios poseían casi todo, tierras y ganados. Muchos hombres libres, que no poseían nada o casi nada, buscaban una protección y un culto al lado de los patricios y se inscribían en las familias de sus protectores con el título de clientes, debiendo obediencia a los patricios, que ellos llamaban patronos. En cambio, el patrono debía al cliente asistencia, y en ciertos casos hasta le daba con qué vivir. Una familia era, pues, un pequeño estado que podía comprender muchos cientos de personas, que tenía jefe, religión y usos que le eran propios.

LA ORGANIZACIÓN POLÍTICA DE LA MONARQUÍA: EL SENADO ROMANO
Para contrapesar la monarquía, se constituyó el “Senatus” (Consejo de Ancianos). Los primeros senadores fueron designados por cada “gens” -grupo de familias con un origen común- y tenían carácter vitalicio. Como el número de “gens” era invariable, en un comienzo la cantidad de senadores se pensó como fija, aunque sufrió modificaciones posteriormente.

El Senado romano estaba formado por los ancianos de las familias patricias más poderosas. Asesoraba a los magistrados. Declaraba la guerra y recibía embajadas. Ésta fue la institución en la que se núcleo el verdadero poder de la República y la que más se resistió a la incorporación de los plebeyos a las magistraturas romanas.

El proceso de integración de la plebe a la función pública tuvo varios momentos, que abarcaron desde la creación del tribunado de la plebe en el 444 a.C., hasta la culminación de estas reformas con la leyOlgumía del 300 a.C., por la cual quedaron abiertos para los representantes de la plebe los cargos que se ocupaban de la organización del culto romano.

Fue una institución de carácter fuertemente conservador. Sus miembros ocupaban el cargo de por vida (el cargo de senador era vitalicio). Sus decisiones no tenían fuerza de ley, pero los cónsules difícilmente tomaban medidas contrarias a la opinión del Senado.

El Senado era un órgano consultivo, pero, como era elegido por el pueblo,
el rey lo convocaba con frecuencia y consideraba sus propuestas.

Como órgano de consulta, el Senado tenía la tarea principal de aconsejar al rey en los asuntos de Estado. Desempeñaba esta función por pedido del monarca y a través de los “senatus consulto“, o sea, las consultas senatoriales. Además, a menudo, el rey tenía la deferencia de someter a la votación del Senado algunas de sus decisiones. Era una manera de aceptar y capitalizar el prestigio que se reconocía socialmente a los senadores (“auctoritas patrium“, o sea, la autoridad de los padres).

Finalmente, el Senado desempeñaba las funciones de gobierno durante el período de interregno, ya sea por ausencia temporal o muerte del rey.

Controlaban las decisiones de  los cónsules debían ser refrendadas por el Senado, que controlaba todas las resoluciones políticas, la administración, la división de tierras públicas e incluso el tesoro público, que no podía ser tocado por el cónsul sin su autorización.

En 319 a.C. se creó la figura del censor. Con el tiempo, a sus responsabilidades iniciales sobre el censo (listas de ciudadanos) y el presupuesto, se añadió el nombramiento de las vacantes del Senado.

Calzadas Romanas Tecnicas de Construccion Via en Roma Antigua

Calzadas Romanas Tecnicas de Construccion

UNA VÍA ROMANA: Roma facilita su control sobre Italia conquistada, estableciendo una red de diferentes rutas en línea recta, sin preocupación de los declives (la vía Apia pasaba sobre un viaducto de doce metros de alto). Anchas, en dirección hacia Roma, estas rutas se estrechaban en la montaña; mojones de piedras la jalonaban cada mil quinientos metros.

corte de una via romana

La necesidad de facilitar la comunicación entre los confines llevó a los romanos a desarrollar una red de calzadas, caminos, carreteras y puentes de gran solidez y con técnicas de nuevo tipo, lo que ha permitido que se mantengan hasta la actualidad.

Para construir las calzadas, comenzaban por allanar el terreno. A continuación, delimitaban la anchura de la calzada mediante la excavación de dos zanjas paralelas. Luego, extraían la tierra entre estas zanjas hasta una profundidad de un metro y medio y, en el fondo de la hondonada resultante, introducían bloques de piedra en bruto, con relleno de grava o arena entre ellos. Finalmente, revestían la superficie de la calzada con pedregullo y la cubrían con losas de piedra dispuestas de manera regular.

via romana real

El ancho de la calzada dependía siempre de la importancia militar y económica de la región y las ciudades que debía conectar. Por lo general, oscilaba entre 1,5 y 8 metros. Para delimitar las distancias, se ubicaban a intervalos regulares unos señalizadores de piedra llamados miliarios. Se calcula que la red principal de calzadas superaba una extensión de 120.000 kilómetros. Las ciudades también estaban atravesadas por calzadas, con veredas laterales ligeramente elevadas.

En el medio de estas calles sobresalían bloques de piedra separados regularmente entre sí; permitían a los peatones cruzar de una vereda a otra sin hundir los pies en el agua en días de lluvia, e impedían que los carros circulasen a velocidades peligrosas para los caminantes. Para que los vehículos avanzaran sin rozar esas piedras, la separación entre las ruedas era siempre la misma.

Los romanos fueron los más grandes constructores de carreteras que recuerda la historia antigua y lograron comunicar cada una de las poblaciones de su imperio en una extensísima red de comunicaciones que tenía por centro a Roma. Durante un período que sobrepasa los 500 años de su historia, desde el 300 a. de J.C. hasta el 250 d. de J.C., aproximadamente, construyeron carreteras en forma sistemática, utilizando para esta tarea a los prisioneros y los esclavos e incluso, en los turnos de descanso, a sus mismas legiones.

Las carreteras romanas se diferencian de todo el resto de las vías terrestres de comunicación de la antigüedad, sea por la grandiosidad de su concepción, sea por su técnica prodigiosa; constituyen, sin el menor género de duda, uno de los productos más originales de su civilización. Las cortas y escasas «vías sacras» de los griegos, quienes, por otra parte, nunca tuvieron verdaderas carreteras, sino senderos o pistas de tierra trillada, no podían consumir un modelo para un diseño tan complejo como el ideado y llevado a la práctica por los romanos. De ahí que el origen de su profundo conocimiento técnico sea objeto de innumerables controversias.

Hay una corriente de opiniones que pretende deducir dicho origen de una herencia etrusca, pero, a pesar de la notable dificultad de establecer si realmente las carreteras empedradas atribuidas a los etruscos son efectivamente obra de ellos, se da una diferencia sustancial entre las carreteras etruscas y las romanas: las primeras siguen siempre el relieve del terreno, superando los obstáculos en los puntos más accidentados, mientras que las segundas se trazaron de modo que abreviaban al máximo el recorrido. Ahora bien, cualquiera que sea el fundamento y el origen de sus conocimientos, es de todo punto indudable que la ingeniería de caminos romana llegó a alcanzar un nivel de desarrollo muy considerable.

La Vía Apía, la primera de las carreteras consulares, cuya construcción se inició en el 312 a. de J.C. por orden del censor Apio Claudio, unía Roma con la base militar de Capua, en la provincia de Campania. La «reina de las carreteras romanas», llamada así por el esplendor de los monumentos que se hallaban a lo largo de su recorrido, avanzaba inicialmente sobre un trayecto de unos 260 Km. y no estaba empedrada, sino sólo recubierta de grava. La pavimentación a base de bloques de lava se llevó a cabo más tarde, en el transcurso del siglo II a. de J.C. En la época imperial, la vía, que había llegado a Benevento y Venosa, fue alargada ulteriormente hasta el puerto de Brindisi, aumentando así el tráfico con el Cercano Oriente.

La Vía Apia fue seguida por la Vía Flaminia, cuya orden de construcción fue dada por el censor Cayo Flaminio el 220 a. de J.C, y unía Roma con Rímini. Paso a paso se fue extendiendo la red terrestre de comunicaciones en el imperio romano, a través de un eficaz sistema de ramificaciones en toda Italia, uniendo todas las ciudades y aldeas con la capital del imperio. Entronques de carreteras se construyeron, desde la segunda mitad del siglo n a. de J.C. en adelante, en las provincias más lejanas para que las legiones destinadas a los confines del imperio pudieran establecer contacto entre sí rápidamente.

Bajo el mando de los emperadores de los siglos I y II la red de carreteras llegó a su máxima extensión, uniendo entre sí Europa, Asia y África, desde el valle de Adriano, en el extremo norte de Britania, hasta el Eúfrates y el desierto del Sahara.

Mapa Carreteras Romanas

Representación cartográfica de la máxima extensión que llegó a alcanzar la red terrestre de comunicaciones del imperio romano. El sistema de las carreteras romanas, que en las provincias  periféricas del imperio estaba constituido por simples pistas de tierra trillada, se articulaba sobre una estructura de telaraña cuyo centro radicaba en Roma.

Fuentes: Historia y Cronología de la Ciencia y los Descubrimientos de Isaac Asimov
Historia de las Comunicaciones Transportes Terrestres J.K. Bridges

Grandes Profetas de la Historia Fundadores de Religiones Biografias

Grandes Profetas de la Historia

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Moisés Buda Confucio Jesucristo Mahoma

Iluminados o portadores de la palabra divina, los profetas han erigido poco a poco todas las creencias religiosas que dominan en el mundo en la actualidad. Actualmente, al hablar de profetas, se hace referencia más bien a los falsos profetas: individuos que propagan oráculos fantásticos próximos al engaño. Sin embargo, la palabra profeta califica también a los hombres que, en el pasado, fueron intérpretes de una voluntad superior que les ordenaba a los hombres amarse más y sobre todo adorar a Dios.

En obediencia a una voluntad superior
Fue en torno al Mediterráneo -en Grecia y en Egipto-y en Asia central -de manera especial en la India-, cuna de las primeras civilizaciones occidentales y orientales, donde aparecieron los profetas. Ya se trate de Abraham, Moisés, Natán, Isaías, Buda, Zoroastro, Jesucristo o Mahoma, todos forman parte de nuestro patrimonio cultural.

La historia hace de ellos seres de excepción, quizá porque generalmente cada uno de ellos se presentó como una figura única e incomparable, es decir irreemplazable, y en ello no había orgullo de su parte; simplemente eran como poseídos por aquel en cuyo nombre hablan  y quien les permite realizar acciones  extrañas y sobrenaturales: Moisés dividiendo el Mar Rojo para salvar a su pueblo; Jesús transformando agua en vino o multiplicando los panes. Y es que no se toma la decisión de ser profeta: se es por obediencia a la voluntad apremiante de una naturaleza trascendental.

Una existencia marginal
A menudo es en la soledad de las montañas o en el desierto en donde los profetas han recibido los mensajes divinos que la han difundido entre los hombres. Pues, mediante la palabra o por escrito, esos hombres elegidos han intentado hacer manifiesta una verdad hasta ese momento escondida o alterada, reformar un comportamiento pervertido con el tiempo o a devolverle vigor.

A menudo, su deseo de reforma los enfrentaba con la religión dominante -ése fue el caso de Buda en la India o de Zoroastro en Persia o, cuando llegaban a reunir un grupo importante de fieles, con el orden  político, como fue el caso de Jesús, que repudiaba la autoridad de Roma; o de Mahoma, que desafiaba la de Bizancio.

Así, su vida consistió, muy a menudo, en una larga cadena de pruebas. Nómadas en su mayor parte, muchos fueron expulsados de su país, algunos fueron hechos prisioneros y otros, asesinados.

A esos marginados es a quienes las grandes religiones del mundo deben el hecho de haber surgido, así como una multitud de sectas y de herejías -como el shivaísmo o el vishnuismo en la India, el chiísmo o el kharidjismo en el Islam, o incluso los valdenses en el ámbito cristiano.

ALGO MAS….
OTRO GRAN FILOSOFO CHINO

mencio filosofo chinoDe entre sus grandes filósofos, tres tuvo China que han sido de suma importancia para su historia: Mencio, Confucio y Lao-tse, los cuales sobresalen con mucho de los demás. Si maestro Kung fue conocido en Occidente como Confucio, maestro Meng también recibió un nombre latino: Mencio.

Su vida presenta mucha semejanza con la de Confucio y provenía de la misma provincia (la actual Shandong). Igual que Confucio, vivió en una época de política confusa (h. 371-h. 288 a. de J.C.).

Como profesor, viajó largamente por China enseñando su forma de pensar, hasta que, al fin, se retiró desilusionado, para terminar su vida dedicado plenamente a la meditación.

Mencio creía en los héroes legendarios de los antepasados, pero, al contrario que Confucio, no quiso aceptar todo lo que contaba la Historia. Creyó también en la bondad ingénita del hombre, que le permite distinguir entre lo bueno y lo malo, y esperó que cada individuo sometiera su actuación a este principio. Un joven está lleno de bondad congénita. Por los tristes ejemplos que le ofrece la vida, el hombre razonable se dará cuenta a tiempo de que su bondad disminuye, lo que le impelirá a reforzarla y cultivarla.

Aunque esto no es fácil, tiene el estímulo de la “doctrina del amor distinguido”. Por ejemplo: el individuo que ama a sus padres es un ser natural; si no los ama, es un animal, y por tanto, como hombre, es contranatural. De este amor por los padres viene a desarrollarse el amor hacia el prójimo.

Como el hombre es bueno por naturaleza, no hay diferencia entre ellos. Todos somos iguales. Cada ser humano es, según Mencio, “una complejidad acabada perfectamente”, pero esto no quiere decir que no haya hombres “más altos” y “más bajos”, por decirlo en lenguaje sencillo.

Aunque todos seamos buenos por igual, no somos iguales de inteligentes ni igualmente dotados, lo que es decisivo en la vida social.
Aparte de amor para todos, Mencio ponía justicia en cualquier cosa: “El espíritu del hombre es justicia”. Sólo hombres verdaderamente buenos pueden reinar. Como en tiempos de Mencio el gobierno dejaba bastante que desear, no cesó de criticar acremente a los gobernantes feudales. Esto le llevó a reconocer el derecho a la revolución cuando el país estuviera mal gobernado.

Para el filósofo, las órdenes del cielo (según las cuales el emperador estaba sentado en un trono de dragones) eran algo muy sagrado, contra lo que ningún gobernante podía oponerse. El pueblo debía ocupar siempre el primer plano; el emperador sería su servidor. Si no tenía condiciones para desempeñar su tarea, debería ser destronado para siempre.

He aquí las reglas que Mencio daba para el buen gobierno: escuelas para todos, leves castigos para los malhechores, reducidos impuestos, reparto equitativo de riquezas, tierras en propiedad inalienable y definitiva para los campesinos, protección del estado para todo el mundo.

Estas normas tan actuales de Mencio han permitido que los chinos le consideren como el segundo filósofo, inmediatamente detrás de Confucio, que es el primero. Cuando, bajo la dinastía Song, nació el neoconfucianismo, las normas de Mencio tuvieron gran influencia, porque ciertamente se veía en ellas algo nuevo por completo.

Fuente Consultada: Historia Universal Tomo 7 Salvat La Nación El Origen de las grandes religiones

Patricios y Plebeyos Clases Sociales en Roma Antigua Tribuno Plebe

Los primeros años de la República se vieron agitados por violentas luchas sociales. Poco a poco se fueron destacando y diferenciando dos clases: los patricios, que poseían la tierra y ostentaban el poder, y los plebeyos. Éstos llegaron a sublevarse, abandonaron la ciudad y se retiraron al monte Sacro. Las sensatas palabras de Menenio Agripa, anciano patricio muy estimado por su virtud, persuadieron al pueblo, que regresó a Roma.

PLEBEYOS Y PATRICIOS: La ciudad de Roma (la ávitas romana) se constituyó a partir de la asociación de grupos humanos que se reconocían como descendientes de un antepasado común. Cada uno de estos grupos era una gens. Sus integrantes eran los patricios (el nombre proviene de paires, miembro fundador de una gens). Éstos formaban un grupo cerrado que acaparaba los puestos de gobierno, poseía grandes fortunas y las mejores tierras. Más tarde se fueron diferenciando grupos de habitantes que quedaron excluidos del privilegiado círculo patricio: los plebeyos (de plebs, multitud).

La plebe estaba privada de gobernar y de elegir a sus gobernantes. Aunque formaban parte de la ávitas (eran e/Ves o ciudadanos), los plebeyos estaban situados en un plano de inferioridad política, legal y religiosa frente a los patricios. Tampoco se beneficiaban por igual con la expansión romana: la tierra pública, conquistada con la participación de los soldados plebeyos, estaba reservada en un principio a las gentes patricias. Todas estas desventajas tenían su origen en el nacimiento y no en la riqueza. Entre la plebe existían grupos que tenían una mejor posición económica, como los artesanos y los comerciantes, y otros más pobres como los campesinos.

LA REPÚBLICA EN ROMA ANTIGUA
LUCHAS POR DERECHOS CIVILES
PLEBEYOS Y PATRICIOS

Fue instituida en el año 507 ó 510 a. J. C. Esta revolución, que había sido obra de los patricios, fue muy ventajosa para ellos, aunque no introdujo en un principio modificación alguna en las instituciones políticas y sociales de Roma. En vez de un rey, dos cónsules elegidos por los patricios gobernaban el Estado por un periodo de un año.

Los cónsules debían rendir cuentas de sus actos al terminar el ejercicio de sus cargos. Sus insignias eran la toga orlada de púrpura, la silla curul y los líctores. Ejercían el mando, «imperium», administraban justicia, convocaban y presidían el Senado, tenían derecho de vida y muerte sobre los ciudadanos y eran, además, los jefes del Ejército. En ocasiones graves se designaba un dictador, que gobernaba sin consultar al Senado ni al pueblo. Transcurridos seis meses, o cesada la emergencia, el dictador debía abdicar y resignar el poder.

Patricios y plebeyos
Pero a pesar de haber desaparecido la monarquía, el pueblo romano continuó dominado por los patricios. La autoridad estaba en manos de los cónsules y de los senadores que salían de sus filas. Los plebeyos, que por lo general eran pequeños propietarios y artesanos, sufrieron las consecuencias de las guerras contra los Tarquinos y abrumados por las deudas quedaron a merced de los patricios, que los subestimaban y escarnecían.

Esta diferencia de situación social provocó un conflicto que duró dos siglos, desde el año 496 al 302 a.C., y culminó con el triunfo de los plebeyos que obtuvieron el reconocimiento de sus derechos y la igualdad con los patricios.

Fue en el año 496 a.C., cuando los patricios, para amedrentar a los plebeyos crearon la dictadura, hasta entonces desconocida, por lo cual éstos resolvieron abandonar la ciudad de Roma y establecerse en una colina situada a corta distancia de la ciudad: el monte Sacro. Entonces, los patricios enviaron a un hombre elocuente, el cónsul Menenio Agripa que, según la tradición, les refirió el apólogo de los miembros y el estómago y logró que regresaran a Roma, con la promesa previa de la creación de dos nuevos magistrados, los tribunos de la plebe, que serían los defensores de sus derechos.

Menenio Agripa les había dicho que los miembros del cuerpo humano, cansados de alimentar al estómago, que aparentemente no trabajaba, tramaron una conspiración y se rebelaron, negándose a llevar alimento a la boca, pero al poco tiempo el cuerpo se debilitó y los miembros cayeron en un estado de postración.

Entonces los miembros comprendieron que el estómago no permanecía ocioso y mediante la digestión de los alimentos mantenía a todo el cuerpo en actividad. En consecuencia, Menenio Agripa les explicó que los plebeyos eran los miembros y el Senado el estómago y para que toda la sociedad funcionara en armonía, era necesaria la concordia.

Los plebeyos consiguieron entonces que fueran nombrados dos magistrados, llamados «Tribunos de la plebe», a quienes se confirió la misión de defender a ésta contra el predominio patricial. Los tribunos de la plebe podían oponer el veto a cualquier decisión del Senado, contraria a los intereses del pueblo. Con ello, los plebeyos obtuvieron la plena igualdad social, civil, política y religiosa. Además, consiguieron que fuera elaborado un código de leyes iguales para todos, que por haber sido grabado en doce tablas de bronce y expuesto en el Foro se denominó «Ley de las Doce Tablas », lo cual era un gran progreso, ya que hasta entonces los patricios habían interpretado las normas tradicionales del Derecho con arreglo a sus propios intereses. Años más tarde, los plebeyos consiguieron otra prerrogativa: el derecho a la elección de uno de los dos cónsules. (ver: Tribunos de la Plebe)

Las clases en Roma
Plebeyo es una palabra con la que solemos tropezar. Se refiere a una persona humilde o de baja posición. Los plebeyos pertenecían en Roma a la penúltima de las cuatro clases sociedad. La última era la de los esclavos quienes no tenían ningún derecho. Algo mejor  era la condición de los plebeyos  libres, pero por lo demás, no tenían poder alguno. Hacía arriba en la jerarquía estaban los caballeros. Éstos eran gente rica — los hombres, por supuesto—,de la clase que formaba la caballería cuando era llamada a batirse por Roma. No eran lo suficientemente adinerados, sin embargo, como para tener mucho poder. Para tenerlo era indispensable pertenecer a la clase de los patricios, es decir, a la nobleza. La palabra patricio también se sigue  empleando y ahora, como entonces, designa a la gente de familias pudientes, acostumbradas a tener autoridad.

El apólogo de Menemio Agripa
Se retiraron al Monte Sacro, al otro lado del Río Anio, a tres millas de Roma [. . .] En la ciudad había llegado el terror al colmo, manteniéndolo todo en suspenso la mutua desconfianza. La parte del pueblo abandonada por la otra, temía la violencia [. . .] ¿Cuánto tiempo permanecería tranquila la multitud que se había retirado al Monte Sacro? ¿.Qué sucedería si estallaba entre tanto alguna guerra extranjera? [. . .] Ya no había esperanza en la concordia de los ciudadanos, y era necesario conseguirla a cualquier precio. Decidiéronse, pues, a enviar al pueblo a Menemio Agripa, varón elocuente y querido de la multitud, como descendiente de familia plebeya. Introducido en el campamento, dícese que Menemio no hizo otra cosa que narrar este apólogo, en el rudo lenguaje de la época: “En el tiempo en que la armonía no reinaba aún como hoy en el cuerpo humano, sino que cada miembro tenía su instinto y especial lenguaje, todas las partes del cuerpo se indignaron de que el estómago lo obtenía todo por sus cuidados, trabajos y ministerio, mientras que, tranquilo siempre, solamente cuidaba de gozar los placeres que le proporcionaban. Formaron entonces una conspiración; las manos se negaron a llevar los alimentos a la boca, la boca a recibirlos y las muelas a triturarlos. Mientras que en su resentimiento querían domar al cuerpo por el hambre, los miembros mismos y todo el cuerpo cayeron en extrema debilidad. Entonces vieron que el estómago no estaba ocioso, que si le alimentaban, él alimentaba a su vez, enviando a todas las partes del cuerpo esta sangre que forma nuestra vida y nuestra fuerza, y distribuyéndola por igual en todas las venas, después de elaborarla por la digestión de los alimentos”. La comparación de aquella sublevación intestina del cuerpo con la cólera del pueblo contra el
Senado, calmó según dicen los ánimos.

Las diversiones en Grecia El vestido, la vida en Grecia Antigua

HISTORIA DE GRECIA ANTIGUA: DIVERSIÓN

historia grecia antigua

El estilo de vida ateniense era en esencia sencillo. Las casas atenienses estaban amuebladas con los artículos comprados a los artesanos como camas, asientos, mesas, baúles, artículos de cerámica, taburetes, cestas y utensilios de cocina. Las vestimentas y las frazadas las tejían las mujeres y los esclavos. La dieta ateniense era más bien simple. La comida básica consistía en cebada, trigo, mijo, lentejas uvas, higos, aceitunas, almendras, pan horneado en casa, vegetales, huevos, pescado, queso y pollo.

El aceite de oliva se utilizaba de manera generalizada, no sólo en la comida, sino en las lámparas y para untarse el cuerpo después de lavarse y hacer ejercicio. Aunque en los hogares de los campesinos había animales, éstos no daban solamente carne, por ejemplo: los bueyes eran útiles para arar, la oveja por su lana y las cabras para obtener leche y quesos. La carne se consumía sólo en ocasiones especiales, como en los festivales; se sacrificaban animales y luego cocinaban su carne para comerse después.

El ocio en Grecia debía ocupar buena parte de la jornada de los ciudadanos ya que en la mayoría de las polis estaba mal considerado el trabajo manual. Para estos menesteres disponían de numerosos esclavos y de extranjeros, llamados metecos, que constituían un amplio porcentaje de la población.

Acudir a los baños era una actividad frecuente entre los ciudadanos helenos ya que en la mayoría de las casas no había agua corriente, al tiempo que servían como centro de reunión. Estos baños públicos serán numerosos durante el siglo IV a. C. y pasarán a Roma.

También era habitual dar largos paseos, utilizando las stoas, largos pórticos en ocasiones de dos pisos y dos naves cerrados por un testero, siempre decorados con frescos, mosaicos o cuadros. Recordemos que una escuela filosófica será denominada estoica por reunirse sus discípulos en una stoa. La stoa de Eco en Olimpia tenía doscientos metros de longitud. Pero la actividad favorita por excelencia entre los ciudadanos será la política.

Podemos afirmar que los griegos gozaban de la política, participando activamente en el gobierno de sus polis. No olvidemos que todos los ciudadanos atenienses podían participar en la Asamblea donde se toman las decisiones más relevantes de la ciudad.

La música y el teatro serán dos de las actividades favoritas para disfrutar del ocio. Existían dos edificios destinados a tal fin, el odeón y el teatro, contando todas las polis con significativos ejemplos, siendo el más importante el teatro de Epidauro por su configuración acústica ya que desde todos los puntos se alcanza una calidad de sonido difícilmente superable. Al teatro acuden casi todas las clases sociales, recibiendo los ciudadanos más pobres una subvención para poder adquirir las entradas. Los actores iban cubiertos con máscaras y vestidos con trajes concretos para que el espectador pudiera identificar claramente a quien representaban.

Los griegos daban mucha importancia al ejercicio físico, siendo una de las actividades educativas más importantes. Los atletas competían en juegos, celebrados en cada una de las polis, aunque existían algunos que tenían carácter supranacional como los Olímpicos o los Píticos, dedicados a Zeus y Apolo respectivamente.

Tenían lugar cada cuatro años y durante el tiempo que duraba la celebración existía una tregua panhelénica. Los atletas participaban desnudos en la competición, cubiertos con una capa de aceite que resaltaba la belleza de sus cuerpos, y sólo los hombres tenían acceso a contemplar las pruebas.

Durante casi un año se entrenaban en las cercanías del templo de Zeus y los ganadores recibían una rama de olivo como triunfo, aunque obtenían numerosos beneficios a posteriori como exención de impuestos o derecho a manutención gratuita.

Las cenas en grecia eran una actividad de ocio popular

Las cenas eran una actividad de ocio popular. Un hombre invitaba a varios amigos a cenar a su casa. Los invitados eran recibidos en la puerta por esclavos que les lavaban las manos y los pies. Luego se tumbaban en literas, en una habitación conocida como andron, donde los esclavos les servían comida. Una vez recogida la comida, comenzaban a beber y a conversar.

A este tipo de cenas se las llamaba simposio. Los invitados bebían vino que se había mezclado con agua en una vasija conocida como crátera. La conversación podía tratar sobre moral o política, pero a menudo las fiestas eran relajadas y los invitados tocaban la lira, recitaban poesía o contaban chistes. Músicos, bailarines o acróbatas contratados podían ofrecer más diversión. Los invitados traían  compañía fenmenina llamnadas hetarias.

A veces iban chicos para que observen como transcurría la fiesta y el comportamiento de los mayores. Había un juego llamado cótabo, en donde los invitados debían arrojar el último trago a un blanco determinado. Los esclavos servía la comida a los invitados.

La lucha entre animales se consideraba un deporte. Gallos, codornices o un gato y un perro luchaban a muerte.
La imagen de este vaso muestra a dos guerreros jugando a un juego de mesa que podía haber sido parecido al ajedrez.
Los griegos también disfrutaban del deporte. Esta escultura muestra un juego que se parece al hockey moderno.
Los adultos jugaban a menudo a los dados en su casa o en casas de juegos especiales. Otro juego popular, que conocemos como tabas, consistía en tirar pequeños huesos.
Las familias ricas daban a sus hijos muchos juegos y juguetes para divertirse en sus horas libres. Conocían una especies de yo-yo y el juego del aro y el palo.

En Las nubes, una comedia de Aristófanes, un padre orgulloso habla de la habilidad de su hijo para hacer casas, barcos, carretas y ranas con trozos de cuero. Había otros juguetes como hondas, cometas, aros con campanas, carretillas, caballitos, trompos y ruedas unidas a varas para dirigirlas. Se han hallado pequeños muebles de plomo, que tal vez iban dentro de casas de muñecas.

Los bebés usaban sonajas de guijarros. Se han hallado muñecas de arcilla articuladas en las ruinas de los templos, donde fueron dejadas como ofrendas, y en tumbas de niños. Tal vez existieron muñecas de trapo y juguetes de madera, pero no han dejado rastros.

Había un juego similar al hockey, en el que se usaban pelotas hechas de vejiga de cerdo. Un relieve en un museo de Atenas muestra a dos jugadores con bastones curvos, azuzándose. Las vasijas pintadas, que son una excelente fuente de información acerca de la vida en la antigua Grecia, muestran juegos de saltar al burro, montar en hombros, y la gallinita ciega.

Existe una vasija con una hermosa figurilla de barro donde muestra a dos mujeres jugando a la taba con huesos o pezuñas de animales: se aventaban al aire, uno por vez, cinco huesos, que se tomaban con el revés de la mano. Los juegos de mesa, que según el historiador Herodoto fueron inventados en el estado de Lidia, en Asia Menor, eran jugados con dados y fichas de vidrio o hueso.

Los griegos disfrutaban de estos pasatiempos cuando descansaban en casa, en compañía de sus amistades. Sin embargo, cuando salían al agora, podían elegir entre una muy amplia variedad de espectáculos públicos más emocionantes, como funciones de magia al aire libre, tragaespadas, hechiceros y tragafuegos.

EDUCAR EL ALMA
Los antiguos griegos gozaban de la música en los actos públicos y privados, religiosos y laicos. El filósofo Platón dijo que la educación se dividía en dos: gimnasia para el cuerpo y música para el alma.

Poco se sabe acerca de cómo sonaba la música griega. Se conservan muy pocos ejemplos de partituras, y éstas no indican la afinación que se usaba. Pero es seguro que no tenían la complejidad de los arreglos orquestales y vocales modernos: se cantaba al unísono y los instrumentos seguían la misma línea melódica. Dado que la música griega estaba estrechamente relacionada con la poesía y la danza, el ritmo debió ser muy importante. La música definía los pasos de danza, y en ella intervenía un poeta que declamaba estrofas. La poesía no se leía en privado: los versos eran escritos para ser cantados o repetidos ante un público, generalmente acompañados de música y danza.

Los griegos tenían cantos para toda ocasión: canciones de amor y estribillos para las bodas y nacimientos, para lamentar una muerte o para acompañar trabajos mecánicos como la molienda de grano. Incluso se cantaba para curar enfermos. Las mujeres gustaban de bailar juntas en la casa y el campo, quizá como un ritual de fertilidad: nunca se les muestra bailando con sus maridos.

Fuente Consultada:
Hábitos y Costumbres del Pasado Reader´s Digest
Colección: Como Vivían  – Los Romanos Susaeta
Historia Para Primer Año José María Ramallo

Civilizaciones de Occidente Toma A de Jackson Spielvogel

La Religion Griega Caracterísitcas Filosofia y Literatura Griega Grecia

HISTORIA DE GRECIA ANTIGUA: LA RELIGIÓN

historia grecia antigua

LA RELIGIÓN GRIEGA: La religión griega estaba estrechamente vinculada con cada aspecto de la vida cotidiana; era, a la vez, práctica y social. Los festivales públicos —que se originaron de ciertas prácticas religiosas— tenían funciones específicas: los varones se preparaban para ser guerreros; las niñas, para ser madres.

En vista de que la religión estaba relacionada con todos los aspectos de la vida, los ciudadanos deberían asumir una actitud apropiada frente a los dioses. La religión era un culto civil necesario para el bienestar del estado, Los templos dedicados a un dios, o a una diosa, eran los principales edificios de la sociedad griega.

 Homero dio una explicación de los dioses que proporcionó una estructura definida a la religión griega. En una época todos los griegos aceptaron una religión común basada en doce dioses principales que supuestamente vivían en el monte Olimpo, la montaña más grande de Grecia.

Entre estos doce dioses estaban Zeus, la principal deidad y padre de todos los dioses, Atenea, diosa de la sabiduría y de los oficios; Apolo, dios del sol y de la poesía; Afrodita, diosa del amor; y Poseidón, hermano de Zeus y dios de los mares y los terremotos.

Haz clic, y puedes conocer todo sobre cada unos de los dioses griegos

Los doce dioses olímpicos eran comunes a todos los griegos,. quienes, consecuentemente, compartían una religión politeísta básica. Cada polis asignaba a uno de los doce dioses olímpicos como la divinidad guardiana de su comunidad. Por ejemplo, Atenea era la diosa patona de Atenas. Pero cada pólis también tenía sus propias deidades locales, las cuales seguían teniendo importancia para la comunidad en su conjunto; además, cada familia también tenía sus dioses patrones.

Resultando conveniente contar con el favor de los dioses para todas las actividades de uno, el ritual tenía enorme importancia en la religión griega. Las oraciones solían combinarse con los obsequios a los dioses, lo cual se basaba en el principio de <‘les ofrezco esto para que (los dioses) me lo retribuyan”.

Algunas oraciones reflejaban de manera directa este beneficio mutuo: ‘Protege nuestra ciudad. Creo que lo que estoy pidiendo es de interés común. Ya que una ciudad floreciente honra a los dioses”. El ritual significa sacrificios, ya sea en forma de animales o de productos agrícolas. Los animales expiatorios se quemaban en el altar que estaba enfrente del templo, o en un pequeño altar frente a la casa.

Los festivales también se celebraban a manera a los dioses y a las diosas. Algunos de éstos (las celebraciones Panhelénicas) fueron importantes para los griegos y se celebraban en locaciones especiales, como las dedicadas a la adoración de Zeus en Olimpia; a Poseidón, en el istmo de Corinto; y a Apolo, en Delfo Los grandes festivales incorporaban muchas actividades en honor de los dioses, incluidas las competencias atléticas a las que se invitaba a todos los griegos.

El primero de estos juegos se celebró en el festival olímpico del año 776 a. de C., y después se llevaron a cabo cada Cuatro años para honrar a Zeus. Al principio, las competencias olímpicas consistían sólo en carreras pedestres y luchas; pero, más tarde, también se incluyó el boxeo, el lanzamiento de jabalina y diversas especialidades más. Las competencias siempre eran entre individuos, no entre grupos.

Corno ejemplo de otro aspecto práctico de la religión griega, los griegos querían conocer los designios de los dioses. Había videntes que recibían augurios por medio de los sueños, del vuelo de los pájaros o de las entrañas de los animales sacrificados. Pero tal vez el método más popular para adivinar la voluntad de los dioses era el Oráculo, recinto consagrado a un dios, o a una diosa, que revelaba el futuro. El oráculo más famoso era el de Apolo, en Delfos, instalado a un lado del monte Parnaso, dominando el golfo de Corinto.

En Delfos, una sacerdotisa escuchaba las preguntas en un estado de éxtasis el cual se creía que era inducido por Apolo. Sus respuestas las Interpretaban los sacerdotes y se las daban en verso a la persona que había hecho las preguntas. Representantes de estado y particulares viajaban hasta Délfos para consultar al oráculo. Los estados tal vez preguntaran si deberían llevar a cabo una expedición militar; los particulares quizá plantearan preguntas del tipo: “Heracleídas pregunta al dios si tendrá un retoño de su esposa actual”.

Las respuestas a menudo eran enigmáticas y podían interpretarse en más  de una forma. Creso, rey de Lidia de Asia Menor, famoso por su increíble riqueza, mandó mensajeros al oráculo de Delfos, preguntando si debería entablar la guerra en contra de los persas”. El oráculo le respondió que, si atacaba a los persas, destruiría un poderoso imperio lleno de júbilo por escuchar esa noticia, Creso les declaró la guerra a los persas, pero fue aplastado por el enemigo. Un poderoso imperio el de Creso— fue destruido.

La religión griega —centrada en el ritual y en las relaciones formales con los dioses— tendía a carecer de un componente emocional intenso. Asimismo, ofrecía a la mayoría de las personas una vaga esperanza, o ninguna, de que hubiera vida después de la muerte. Como resultado de esto, a veces los griegos se convertían a religiones mistéricas, que incluían un proceso de iniciación en ritos secretos que prometían un involucrarniento más emocional con las fuerzas espirituales, así como una mayor esperanza de alcanzar la inmortalidad.

Los misterios mas importantes fueron los Eleusinos, que se relacionaban con el mito de la diosa Démeter. Era un culto de fertilidad en el que los participantes sentían que renacían y obtenían cierta esperanza de tener vida después de la muerte. Los cultores órficos, seguidores del legendario trovador Orfeo, creían en los ciclos de reencarnación, pues el alma humana estaba atrapada en el cuerpo físico. Su propósito era liberar el alma de su confinamiento.
Fuente Consultada: Civilizaciones de Occidente Toma A de Jackson Spialvogel

Las ciencias en Grecia Antigua Roma y Grecia Cientificos Griegos

HISTORIA DE GRECIA ANTIGUA: LA CIENCIA

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Los griegos fueron los primeros en dar una explicación raciona del universo, que se reflejó en un gran desarrollo de la filosofía, la ciencia, la literatura y el arte. Los pueblos de la Antigüedad explicaban los fenómenos de la naturaleza que no comprendían mediante mitos. Los griegos fueron los primeros que se plantearon dar una explicación racional del universo.

A este conjunto de reflexiones lógicas y racionales se le denomina filosofa. Los filósofos griegos más importantes fueron Sócrates, Platón y Aristóteles. Los griegos destacaron también como científicos.

Tales de Mileto ha sido considerado el primer científico de la historia ya que dio una explicación del universo sin recurrir a la mitología y a lo sobrenatural. Pitágoras fue matemático y sentó las bases de la geometría. Hipócrates está considerado el creador de la medicina científica y el juramento hipocrático aún rige la moral de los médicos en la actualidad. Arquímedes fue físico y matemático, inventó el tornillo y algunas máquinas de guerra, pero, sobre todo, descubrió la teoría del desplazamiento de los cuerpos en el agua, que sigue vigente hoy en día.

LAS PRIMERAS EXPLICACIONES RACIONALES O CIENTÍFICAS DEL MUNDO: Los griegos inauguraron un modo de pensar sobre la naturaleza, a la que consideraron un objeto sobre el que podían investigar. El origen del mundo y los fenómenos meteorológicos, por ejemplo, eran temas que otros pueblos habían explicado por medio de la acción de los dioses. Los griegos pensaron que los hombres, los dioses, el mundo, todo formaba parte de un universo unificado, en el que las cosas se ubicaban en un orden armónico.

Y que este orden, este cosmos, podía ser comprendido por la inteligencia humana. Observando los fenómenos cotidianos, los hombres podían comprender el origen y el orden del mundo. Aunque fueron religiosos, los griegos se atrevieron a buscar respuestas sin recurrir necesariamente a las misteriosas acciones de los dioses.

 

Arquimedes en la bañera..Eureka!

¿Por qué fue que este intento de explicar el mundo por medio del razonamiento se originó en Grecia? Una respuesta posible puede surgir si relacionamos el razonamiento con los ideales políticos de los griegos. La organización democrática de las polis se basaba en la participación de los ciudadanos. El ciudadano participaba de la vida pública y así gobernaba su vida y la de la comunidad.

Era lógico, entonces, que sucediera algo similar con el conocimiento del mundo. Cada ciudadano, por su propio razonamiento, podía conocer lo que antes estaba reservado al reducido núcleo de los sacerdotes. La asamblea de ciudadanos era el lugar en el que se podían debatir todos los temas, abiertamente y sin intermediarios. De este modo, las explicaciones racionales del mundo permitieron democratizar el conocimiento. La razón y la democracia pusieron a los hombres más cerca del control de la naturaleza y de sus propias vidas.

LAS CIENCIAS EN GRECIA ANTIGUA: El contacto de Grecia con las civilizaciones vecinas de Egipto y Mesopotamia va a resultar determinante para la evolución de su ciencia, superando en la mayor parte de los campos a sus maestros.

Sería muy prolijo enumerar todos los hallazgos científicos logrados por los griegos, incluidos los de! esplendoroso periodo helenístico de Alejandría. Si las manifestaciones artísticas revelan no sólo un gusto exquisito, una atención hacia la belleza, sino un despliegue extraordinario de la inteligencia, ésta debía manifestarse también en la búsqueda de la verdad, en la interpretación de los fenómenos físicos, geográficos, etc.

La Matemática, que es la base de todo conocimiento científico, fue cultivada de un modo especial por la escuela filosófica que acaudillaba Pitágoras. Tanto en Geometría (recuérdese el famoso teorema que lleva su nombre y que permite resolver los triángulos rectángulos) corno en Aritmética, los números y las líneas ocuparon un lugar muy importante en sus especulaciones.

En época posterior, hacia el siglo III a. C., surgen dos nombres inmortales en el campo (le la Matemática y la Física. Uno fue Euclides (siglo III a. J. C) el más grande de los geómetras de los tiempos antiguos. Sus axiomas, definiciones y postulados tuvieron validez durante siglos puesto que hasta casi nuestros días nadie se había atrevido a formular una geometría llamada no-euclidiana.

El segundo fue Arquímedes (287-212), famoso por su <eureka», el grito triunfal que le obligó a saltar del baño cuando descubrió el principio de flotación de los cuerpos. Fue un gran físico y un gran matemático. A él se debe el hallazgo y el cálculo del número Pi, el descubrimiento de los espejos ustorios con los cuales combatió las naves enemigas en Siracusa, etc.

En el campo de la Medicina debe recordarse el nombre del gran médico Hipócrates (469-399), considerado el mas importante medico de la antigüedad.

Se ha hablado de Alejandría como de un centro cultural de gran importancia. Esta ciudad, a orillas del Nilo, fue fundada el año 331 a. C. por Alejandro Magno. Se dice que su biblioteca contenía 1.100.000 manuscritos. Los nobles y los aristócratas gustaban de rodearse de sabios., y las discusiones públicas, las reuniones en Academias y las controversias eran constantes. Aquella enorme riqueza para la civilización desapareció cuando el califa Omán, el año 640 de nuestra Era, quemó más de medio millón de manuscritos para alimentar las calderas de los baños.

En Alejandría surgió un interés extraordinario por el estudio de la Tierra, que dio origen a la Geografía. Gracias a él, Piteas viajó hasta el Norte de Europa, Eratóstenes pudo medir el meridiano terrestre, calcular el radio de nuestro Globo y demostrar que la Tierra era redonda. La ingeniería avanzará espectacularmente gracias a los trabajos de Empédocles de Agrigento – inventor de un calorífero -, Ctesibio – constructor de una bomba contra incendios, de un autómata y una bomba para elevar agua -, Filón de Bizancio – creador de fuentes móviles – y Arquímedes de Siracusa – inventor de las poleas compuestas y de un cañón que lanzaba pequeños proyectiles gracias al agua -.

El estudio matemático será fundamental para el desarrollo de otras ciencias como la astronomía, realizando las primeras especulaciones sobre la posibilidad de que la Tierra fuera plana y estuviera flotando en el espacio, no sujeta a algún elemento como se creía hasta ese momento.

Pitágoras ya planteó la posibilidad de la esfericidad mientras que Anaximandro señaló que la Tierra era el centro de un conjunto, girando en círculos a su alrededor la Luna, el Sol y las estrellas, teoría que fue ampliada por Aristóteles quien introdujo los planetas en su sistema. Sin embargo, Aristarco de Samos ya planteó que la Tierra era un planeta más por lo que debía girar alrededor del Sol.

PARA SABER MAS…
La ciencia conoció un auge extraordinario durante el helenismo. En Alejandría, los soberanos lágidas garantizaron el libre desarrollo de las matemáticas, las ciencias naturales y la medicina, y financiaron con generosidad investigaciones y experimentos. Animados por este impulso filantrópico e imbuidos por el espíritu aristotélico, que preconizaba la clasificación de los saberes, los científicos hicieron de la especialización su método de trabajo. En el campo de las ciencias exactas, Euclides (s. III a. C.), que sistematizó la geometría de su tiempo, abordó en sus Elementos la aritmética, la planimetría, los números irracionales y la estereométria.

La propagación y refracción de la luz también fue analizada por él en otra de sus obras, La Óptica. Un alumno aventajado de Euclides fueArquímedes (287-212 a. C.), que logró resolver ecuaciones de tercer grado y calculó ocho incógnitas a partir de siete ecuaciones. Entre sus numerosos descubrimientos figuran el peso específico de los cuerpos -fundamento de su célebre principio-, la ley del centro de gravedad y la ley de la palanca. También aludió a la curvatura de las radiaciones y calculó sistemas de poleas y planos incli-nados, además de inventar un buen número de máquinas.

Ctesibio (s. III a. C.), ingeniero alejandrino de gran talento, contribuyó a ampliar la panoplia de artilugios griegos con la construcción de automatismos, órganos y juegos de artificio sin otra aplicación práctica que la de deleitar a la sociedad cortesana. Su arco de torsión, que revolucionó la técnica militar, y el hecho de que fuera el primero en utilizar la presión atmosférica fueron el contrapunto a la vertiente lúdica de la mayoría de sus inventos.

El talante empírico y práctico de la nueva ciencia griega también encontró acomodo en disciplinas como la astronomía, la astrología y la geografía. Los astrónomos helenísticos adoptaron los métodos de observación de los babilonios y sus resultados, para elaborar la meritoria hipótesis de una concepción heliocéntrica del universo.

Aristarco de Samos (320-250 a. C.) colocó el Sol como punto fijo en el centro de su sistema y afirmó que la Tierra giraba sobre su eje además de hacerlo en torno al astro rey. Siglos más tarde, Nicolás Copérnico recuperaría estas teorías para elaborar su famosa revolución copernicana, que halló tantos detractores como en su tiempo los tuvo Aristarco, cuyas ideas fueron tachadas de impías por los emergentes filósofos estoicos.

Fuente Consultada:
Historia Universal Tomo 4 Alejandro Magno y el Mundo Griego – Clarín

Hábitos y Costumbres del Pasado Reader´s Digest
Colección: Como Vivían  – Los Romanos Susaeta
Historia Para Primer Año José María Ramallo

Civilizaciones de Occidente Toma A de Jackson Spielvogel

El Arte en Grecia y Roma Artistas Griegos

HISTORIA DE GRECIA ANTIGUA: EL ARTE

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EL ARTE GRIEGO: Floreció entre los siglos VII y II antes de C., en Grecia y otros territorios del Mediterráneo habitados por los griegos. Se caracteriza por su idealismo estético, proporcionalidad, equilibrio de los elementos y su interés por reflejar la expresividad genuina en la figura humana; por ello, desarrollaron una gran perfección en el dibujo. El atletismo, tan cultivado por estos pueblos, brindó a los artistas sus mejores modelos. La sencillez, el ritmo, la claridad y la unidad dominan todas sus formas artísticas; así, los griegos alcanzaron sus mayores logros en la cerámica, la escultura y la arquitectura.

El arte griego comienza aproximadamente en los siglos V y IV. Se caracterizó por darle a sus obras el mayor sentido de la proporcionalidad, por expresar armonía y equilibrio de elementos y por reflejar una genuina expresión de humanismo. Grecia, es una pequeña península situada al sureste de Europa. Pero en este pequeño país nacieron las primeras ideas que dieron forma a la cultura occidental, de tal modo que nuestros conocimientos y modos de pensar son una consecuencia de la filosofía, la ciencia y el arte de los griegos.

ARQUITECTURA: En la arquitectura griega no se empleó ni el arco ni la bóveda. El elemento sustentador de sus monumentales obras fueron las columnas. El sistema de construcción utilizado fue el adintelado. Se destacan por orden jerárquico, los templos como exponentes principales, luego, los teatros, las acrópolis, los propileos, los estadios, los gimnasios y las palestras, las ágoras y los monumentos funerarios. Los diferentes tipos y formas de columnas dieron origen a los famosos órdenes arquitectónicos griegos: Dórico, Jónico y Corintio.

MATERIALES UTILIZADOS: Los griegos usaron de manera preferente el mármol, el cual pulían de forma cuidadosa; también emplearon la piedra.

ESCULTURA: La escultura griega no está sujeta ni a reglas ni a convencionalismos. El escultor tiene libertad de expresión, sin embargo, toda ella busca y logra la perfección humana, por tanto es una escultura dedicada a exaltar la fuerza física, la perfección de los rasgos, el movimiento y la expresión de la divinidad. Su tema central gira en torno a la figura humana. La escultura griega pasa por 3 períodos épocas o fases evolutivas, con características propias en cada una de ellas. Estas son:

– Arcaica: Se caracterizó por ser una época en donde los escultores buscan un estilo y una técnica propios. En ella aparece la figura femenina y masculina, al inicio estas figuras eran de tipo hierático, sin movimiento, pero luego surgieron ideas de movimiento, los brazos se despegan del cuerpo y el rostro expresa una curiosa sonrisa. Las esculturas eran hechas como ofrenda a los deportistas. Son de esta época: El Kouros de Anavyssos (atleta), la Dama de Auxirre o Xoana (doncella vestida), la cabeza del caballero Rampios, etc.

– Clásica: esta época significó el período de mayor auge en todas las manifestaciones artísticas y literarias. Los escultores logran la perfección de sus técnicas, así como las mejores piezas escultóricas, en donde se observa la magnificencia de la figura humana. Esta época tiene 2 períodos: el estilo Sublime, en el que se destacan escultores como Mirón, Fidias y Polícleto, y el estilo Bello, donde se destacan Scopas, Praxiteles y Lisipo, ambos estilos tenían características propias.

– Helenísta: esta época corresponde al fin del arte griego, las obras de esta época toma modelos de las anteriores, perfeccionándolos, demostrando una gran capacidad de realización, entra la figura del niño como tema. La escultura adquiere caracteres de monumentalidad, dominando lo pintoresco, lo grotesco, lo episódico, etc. El retrato pasa a un primer plano. En este período surgen diferentes escuelas, entre las más importantes: las Escuela de Pérgamo, la de Rodas y la de Alejandría.

PINTURA: Muy poco es lo que se conoce de los pintores griegos, sin embargo, si es de conocimiento la maestría que se manifestaba en los increíbles efectos de realismo que sabían producir por descripciones de algunas pinturas. Pero su obra se ha perdido casi toda, y lo que ha quedado son copias y fragmentos que no dan una idea clara de cómo era aquella pintura. Se destacan: Polignoto, Apolodoro de Atenas, Agatarco de Samos, Zeuxis, Parrasio y Apeles.

 CERÁMICA: Esta constituye en las artes menores la mejor y más variada expresión en lo que a decorado y pintura se refiere. Esta variedad nos da una muy completa evolución de su cultura. Con un estilo y técnicas propias, se caracteriza por tener formas variadas y originales, predominan los elementos geométricos dispuestos en franjas, las tonalidades del barro, desde el amarillo hasta el gris castaño, presenta figuras en rojo sobre fondo negro o rojo el fondo y figuras negras, predominan formas animales y humanas.

Resumen de la Vida En Grecia Historia de los Griegos Atenas y Esparta

Resumen de la Vida En Grecia Antigua

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 LA VIDA EN GRECIA ANTIGUA: De un grupo de pequeñas ciudades-Estado, aisladas por altas montanas, surgió un brillante impulso creativo que sentó muchos de los fundamentos de la civilización europea. Varias actividades humanas, desde el deporte hasta el mismo drama, de la medicina a la filosofía,  todavía siguen un modelo derivado de Grecia, cuya Edad de Oro, iniciada en el ano 800 a.C., llegó a su cúspide en la Atenas del siglo V a. C.

La antigua civilización griega de Micenas paso por un periodo de oscuridad, de 500 anos, para revivir con la épica de dioses y héroes, escrita por Homero. En una etapa en que los gobernantes veían a los demás como vasallos, el gran logro de los griegos de la época dorada fue afirmar la dignidad y los derechos del ser humano, siguiendo un modelo de gobierno del que surgiría la verdadera democracia.

La Grecia arcaica y clásica
Los inicios de la Grecia clásica

La era conocida como el Periodo Clásico dio comienzo tras la desaparición de la civilización micénica en torno ai 900 a. C. La afluencia a partir del 1200 a. C. de otros grupos, como los dorios del norte y los pueblos del mar del sur, provoco un declive de la cultura palaciega y dio paso a la llamada Edad Oscura. Durante esta época, la población de Grecia se multiplico y dio comienzo la colonización de la costa jónica.

El paisaje rocoso fue la causa de que los primeros asentamientos florecerán en las llanuras fértiles entre las montañas y próximas al litoral. Hacia el 750 a. C., muchos de estos asentamientos se habían convertido en grandes ciudades-estado, funcionaban de forma independiente y con frecuencia libraban guerras entre si. El periodo entre los anos 750y500a. C. recibe el nombre de Arcaico. La situación geográfica de Grecia en el Mediterráneo la convertía en el punto de partida natural para los viajes y la exploración de ultramar.

Los griegos eran marinos excelentes, capaces de fundar colonias en puntos tan remotos como Ampurias en el norte de España y Phasis en el mar Negro. Comerciaban sobre todo con los etruscos en Italia y los fenicios en Oriente, regiones en las que instalaron importantes puestos de avanzada. El comercio estimuló el desarrollo económico y político. Se estableció una elite y, a medida que aumento su riqueza, los estados construyeron ciudades cada vez más impresionantes. En mayor y más rica de ellas era Atenas, que devendría el centro de la cultura griega. Entre los anos 500 y 336 a. C. tuvo lugar la Edad Clásica.

Las ciudades-estado
Grecia rara vez fue un país unido; en su lugar estaba integrada por diversas ciudades-estado o «polis». Estas solían ser comunidades reducidas, apenas grupos de granjas y casas en torno a una ciudadela fortificada, o acrópolis, que ofrecía refugio a todos los ciudadanos durante los ataques. Estaban separadas geográficamente de otras ciudades-estado y su independencia dio lugar a diversos estilos de funcionamiento.

Como resultado, cuando los estados decidían unirse contra un enemigo externo común, las coaliciones duraban poco y la Antigua Grecia nunca fue una única nación. Las dos mayores ciudades-estado eran Atenas y Esparta, cuyos estilos de vida opuestos alimentaron una rivalidad que duro cinco siglos. Atenas era la mayor de las ciudades-estado, con una población que en su punto álgido alcanzo los 250.000 habitantes. Durante el Periodo Arcaico, muchas ciudades-estado, incluida Atenas, estuvieron dominadas por una serie de gobernantes monárquicos o «tiranos».

Estos solían ser personas enriquecidas que habían cobra-do popularidad entre el pueblo y gracias a ella, podían dirigir la ciudad. En Atenas, el principal tirano fue Pisistrato, que gobernó durante 30 anos. Impulso el comercio ateniense en el exterior y patrocino las artes, apostando por festivales religiosos y culturales. Por su parte, Esparta se había establecido como un poderoso estado militar gobernado por Licurgo, quien protagonizo una forma de gobierno mas primitiva y monárquica. Mientras que la mayoría de las ciudades-estado consideraban su acrópolis un medio de defensa, la protección de Esparta recaía en exclusiva en su ejercito. Las ciudades-estado estaban repartidas por todo el mundo griego, incluidas todas las islas del Egeo y muchas de ellas se aliaron con Atenas o con Esparta durante la guerra del Peloponeso (431-404 a. C.).

La región es una tierra montañosa y accidentada que penetra en el Mediterráneo hacia el sur. Su clima es benigno, pero la tierra arable es escasa y dispersa; como resultado, los primeros asentamientos se desarrollaron como pequeñas comunidades independentes que el difícil terreno aislaba de sus vecinos, con quienes, además, peleaban frecuentemente. A veces, el mar era la única vía de comunicación.

Estos factores dieron una fuerte identidad individual a las aldeas que emergieron en la antigua Grecia. Cuando las aldeas crecieron, se convirtieron en ciudades-Estado, cu-yos habitantes eran muy leales a su propia comunidad. Llamaron polis a su Estado, es decir, una comunidad que actuaba en conjunto, pues cada ciudadano debía participar en el gobierno. El griego se convirtió asi en “animal político”: dedicaba mucho tiempo a los asuntos públicos. Esto ocurrió especialmente en Atenas, la mayor de las ciudades-Estado.

Votos para la minoría
En sus principios, Atenas fue regida por reyes y tiranos, pero en el ano 510 a.C., Clisteles expulsó al ultimo de ellos y estableció el primer gobierno democrático del mundo. La palabra proviene de demos, “pueblo”, y kratos, “poder”. Pero no fue esta una democracia en el sentido moderno. Sólo votaban los atenienses varones que no eran esclavos. Las mujeres no eran consideradas ciudadanas y por eso no podían votar. Tampoco los extranjeros ni sus descendientes; ni los esclavos ni su prole, ni siquiera aquellos que conseguían liberarse. La ciudad estaba dividida en 10 bloques, llamados tribus.

Cada tribu elegía a 50 hombres, mayores de 30 años, para integrar un consejo de 500 miembros, que cumplía diariamente con la función gubernamental. A su vez, los miembros del consejo formaban parte de un comité que proponáa las ideas que serian discutidas en la asamblea de todos los ciudadanos. Durante estos periodos, en los que se les pagaba un sueldo, comian por cuenta del Estado en la sede administrativa, el Tholos, un edificio redondo en el lado oeste del ágora, o mercado.

Era la asamblea, o ekklesia, la que aprobaba las leyes y decidía sobre asuntos Importantes como la guerra. Cualquiera de los miles de ciudadanos podía asistir, luego de pagar una reducida cuota de admisión, con derecho a voz y voto. Se requería puntualidad: esclavos con sogas pintadas de rojo lazaban a los impuntuales. Se multaba a cualquiera que tuviera las ropas manchadas de rojo.

La asamblea se reunía 40 veces por ano en Pnyx, una colina cercana a la Acrópolis. Los miembros se sentaban en el suelo, o en sillas plegables que llevaban aL lugar. Los debates se iniciaban luego de orar y sacrificar a un cerdo negro. Se votaba alzando la mano y el orden era mantenido por una fuerza policiaca de arqueros escitas, cuyo lugar de origen era el norte del Mar Negro.
Los arcontes, funcionarios seleccionados al azar, preparaban los casos legales para discutirse en la asamblea, y organizaban ceremonias religiosas. Los strategoi, o generales, eran los funcionarios de más alto rango, elegidos por voto popular en las 10 tribus. Su periodo era de un ano tenian un enorme poder sobre el ejercito y la economía, y tomaban decisiones cruciales en nombre del Estado.

El arte etrusco El Sarcofago de Seianti Roma Antigua

LOS ETRUSCOS: Los intentos por dilucidar el origen de los etruscos se remontan a los inicios de la ciencia histórica. Según Herodoto, una hambruna obligó a los etruscos a abandonar Lidia, en Asia Menor, para buscar por mar una nueva patria en Occidente. Algunos investigadores actuales han suscrito la hipótesis del historiador griego al subrayar las evidentes afinidades entre la religión etrusca y determinados ritos orientales. Otras líneas de investigación asocian la procedencia étnica de los etruscos con la cultura de Villanova, que marcó el inicio de la Edad del Hierro en la península Itálica.

Una obra del arte etrusco: sarcófago de la rica dama Larthia Seianti, que se remonta al siglo III antes de Cristo. Terracota policroma proveniente del Agro Chiusino; hoy se conserva en el Museo Arqueológico, de Florencia.

Es significativo que los pueblos obsesionados por la idea de la muerte, hayan tratado de hacerla más aceptable, dando a las mofadas de los difuntos el aspecto más alegre, confortable y familiar posible, completamente idéntico a las moradas terrestres que abandonaban. Es como si de esa forma hubiesen querido alejar la muerte de sus pensamientos, como “neutralizarla” por medio de imágenes llenas de vida.

Recuérdense las extraordinarias pinturas etruscas en donde las imágenes de los difuntos aparecen recostadas sobre los triclinios, como si estuviesen participando en alegres convites amenizados por música y danzas. En esa misma actitud aparecen las figuras esculpidas en los sarcófagos. Obsérvese el que ofrecemos: Larthia Sejanti, una rica señora de Chiusi, que vivió en el siglo m antes de Cristo, ha sido “inmortalizada” por el desconocido escultor, en una actitud llena de naturalidad, que debía serle familiar.

Arrellanada en el triclinio; esto es, en el pequeño lecho sobre el’ que los antiguos se recostaban para comer, apoyada en unos cojines adornados con flecos, está arreglándose el peinado, con un gesto de coquetería. Es precisamente la naturalidad lo que constituye el mérito mayor de esta escultura. Obsérvese con qué sutil y penetrante minuciosidad ha conseguido el artista, secundado por la docilidad del material de que se ha servido, la terracota, plasmar los pliegues del suntuoso manto, el elegante cinturón, los brazaletes y los muchos anillos que adornan a la gentil dama.

Pero lo que más impresiona es el gran realismo con que está modelado el rostro, con su expresión seria, un tanto altiva, como consciente de la dignidad que poseía dentro de la sociedad etrusca, mas que de su alcurnia o de su riqueza. El mérito de los escultores etruscos consiste en ese saber captar los rasgos esenciales de un rostro y del carácter que en ellos se refleja, con absoluta fidelidad.

Se habrá observado la evidente desproporción que existe entre las distintas partes del cuerpo: el tronco y las piernas son demasiado largos con respecto al busto. Esta “deformación” es fácilmente explicable si se tiene en cuenta que los etruscos, contrariamente a los griegos, no guardaban el ideal de la “proporción” entre los distintos miembros. Lo que les interesaba hacer resaltar era la “expresividad” de sus obras.

Y nótese cómo el artista ha procurado acentuar la expresividad de la figura y, en general, la vivacidad de toda la obra, coloreando no sólo la imagen de Larthia Sejanti, sino también el fondo y esa especie de “rosetones” en relieve que decoran el sarcófago propiamente dicho. Este último está adornado con extraordinaria riqueza de columnitas, capiteles, frisos y rosetones de distintas formas: en conjunto denota un gusto quizá no demasiado refinado ni sutil, pero sí, de efecto seguro y agradable.

Fuente Consultada:
Historia Para 1er. Año de José María Ramallo
Civilizaciones de Occidente Toma A Jackson Spielvogel
Historia Universal Tomo 6 Salvat
Historia Universal Tomo 5 El Imperio Romano Clarín