Enrique “El Navegante”

Vida de Juan de la Cosa Cartógrafo y Navegante Español

BIOGRAFÍA DE JUAN DE LA COSA
Cartógrafo y Navegante Español

Juan de la Cosa fue, además de gran navegante, de acuerdo con la tradición de su familia, uno de los más destacados cartógrafos de su época. La cartografía es la ciencia de la confección de mapas y cartas marinas, y a esta ciencia aportó Juan de la Cosa trabajos de gran riqueza documental, como veremos más adelante.Podemos decir que el nombre de Juan de la Cosa ha pasado a la posteridad sobre todo, por su Carta de Marear o Mapamundi realizado en el Puerto de Santa María en 1500.

Este ilustre marino español nació, hacia el año 1449, en la villa de Santoña, que entonces se denominaba Santa María del Puerto, en la provincia Santander. Pertenecía a una familia de, marineros, por lo que no es de extrañar que, desde edad muy temprana, se sintiera atraído por las empresas de navegación. Con el tiempo llegó a poseer su propia nave, “La Gallega”, con la que realizó varias exploraciones en la costa atlántica de África.

Juan de la Cosa

Juan de la Cosa (c. 1449-1510), marino, conquistador y cartógrafo español. Nacido en Santoña (Cantabria), debió adquirir su experiencia como navegante en el mar Cantábrico y realizó varias travesías recorriendo la costa occidental de África.

Su prestigio de navegante serio y conocedor del Atlántico llegó a oídos de Cristóbal Colón, quien se disponía a emprender la gran aventura que lo llevaría al descubrimiento de América. Ambos navegantes entraron en conversaciones, y, con su nuevo nombre de “Santa María”, “La Gallega” pasó a formar parte de la expedición colombina, teniendo como maestre a Juan de la Cosa.

Tras este memorable viaje, Juan de la Cosa efectuó otros seis al Nuevo Continente. Su segunda expedición coincidió con el segundo viaje de Colón. Iba en calidad de piloto mayor, con la misión especial de trazar los mapas de las tierras visitadas. Juan recogió gran cantidad de datos y trazó numerosos croquis de los lugares explorados (Dominica, Montserrat, San Juan de Puerto Rico, Guadalupe, etc.).

Al regresar de su tercer viaje —que había hecho como piloto mayor de Alonso de Ojeda— terminó su famoso mapamundi, en el que por primera vez, aparecía el continente americano: en el mapa se pueden apreciar con claridad las isla; de las Antillas y el litoral del continente, desde la Amazonia hasta Panamá. La exactitud de la representación es tal. dado los conocimientos de la época, que la “carta de Juan de la Cosa” constituye una de las grandes obras de la historia de la ciencia cartográfica.

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Juan de la Cosa, gran navegante y prestigioso cartógrafo participó, como maestre de la “Santa María”, en el descubrimiento de América.

En su cuarto viaje a América, efectuado en compañía de Rodrigo de Bastidas, exploró las costas de Venezuela, Colombia y Panamá. En 1504 inició su quinto viaje, con la misión de vigilar las incursiones portuguesas en las costas americanas. Entre 1507 y 1509 realizó un sexto viaje, durante el cual siguió recogiendo datos para sus trabajos cartográficos.

El 10 de noviembre de 1509 emprendía Juan de la Cosa su séptimo viaje a América, y éste habría de ser el último que realizara el insigne navegante. Al llegar a Santo Domingo encontró a Juan de Ojeda, quien estaba próximo a partir hacia Tierra Firme. La flotilla de De la Cosa se unió a la de Ojeda. Los expedicionarios desembarcaron en las costas de la actual Colombia, y se internaron con objeto de explorar las nuevas tierras.

A los pocos días los indígenas atacaron por sorpresa a los españoles, quienes, a pesar de oponer una tenaz resistencia, se vieron obligados a replegarse hacia sus naves. Juan de Ojeda logró salvarse, pero Juan de la Cosa fue acribillado por las flechas, tras prolongado y heroico combate.

La famosa “carta de Juan de la Cosa” puede ser contemplada, actualmente, por quienes visitan el Museo Naval de Madrid.

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Portulano de Juan de la Cosa: Los portulanos constituyeron, en la edad media, unas cartas marítimas fundamentales para la navegación. Reproducían, sobre pergaminos, los accidentes costeros y la ubicación de los puertos del mundo conocido, principalmente del Mediterráneo y de una parte del océano Atlántico. El marino y cartógrafo español Juan de la Cosa trazó varios de estos portulanos, a partir de sus viajes transoceánicos.

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo V Editorial CODEX – Los Grandes Navegantes –

Biografía de Americo Vespucio Su Descubrimiento y Viajes Maritimos

Biografía de Americo Vespucio
Navegante y Explorador de América

Seguramente es Florencia una ciudad privilegiada por el sinnúmero de sabios, artistas y poetas que nacieron o vivieron allí. A esa serie de personajes extraordinarios que se destacan en todos los campos del genio humano debemos añadir otro más. Fue un hombre del Renacimiento, Américo Vespucio, quien dio su nombre al Nuevo Mundo. Este navegante y explorador italiano  exploró el Nuevo Mundo al servicio de los monarcas Isabel I y Fernando II respectivamente, (Reyes Católicos). Entre 1499 y 1500 reconoció la parte septentrional de Sudamérica. Al año siguiente, pasó a navegar a las órdenes del rey de Portugal; en este nuevo viaje llegó hasta las proximidades del actual estrecho de Magallanes y descubrió que esas tierras no formaban parte de Asia, sino que se trataba de un nuevo continente.

Nació en el año 1454; su familia estaba vinculada a la nobleza y recibió esmerada instrucción. Se afirma que, en su juventud, conoció al astrónomo florentino Toscanelli Del Pozzo (1397-1482), quien había informado a Alfonso V, rey de Portugal, y a Colón, sobre un plan para llegar, por el oeste, a las Indias que él suponía alejadas de Europa no más de 120 grados. A temprana edad se inició en el comercio y le fue encomendada por los Médicis la realización de algunas operaciones bancarias. En 1492 estuvo al servicio del florentino Giannetto Berardi, establecido en España donde recibía directamente los productos procedentes de las “tierras de las especias”.

La península ibérica vivía entonces años de euforia. De la Escuela de Náutica de Sagres, fundada por Enrique el Navegante cerca del cabo San Vicente, habían egresado Fernando Po que consiguió alcanzar el Ecuador, y Bartolomé Díaz, descubridor del Cabo meridional de África y por tanto de una ruta desconocida para llegar a las Indias.

Americo Vespucio

Pero el brillo de esas glorias disminuía desde que un navegante genovés, Cristóbal Colón, buscando el oriente por la ruta del oeste, había llegado a una tierra nueva que algunos consideraron como el extraño país de Cipango. cuyos fabulosos tesoros habían sido descriptos por Marco Polo. Un hombre osado hasta la temeridad, un navegante a quien no amedrentó ninguna dificultad, un visionario, había cumplido una travesía de 70 días por mares desconocidos y. . . el descubrimiento de una tierra nunca hollada por los europeos fue al cabo la recompensa a su valor.

El relato de esa extraordinaria aventura llenó de entusiasmo al joven Vespucio. La pasión científica cultivada durante su adolescencia y luego acallada por el trajín del comercio, se despertó más avasalladora que nunca. Decidió, por lo tanto, perfeccionarse en las ciencias náuticas y quiso conocer detalladamente toda la historia del periplo colombino. Muerto Berardi, Vespucio hubo de cuidar los preparativos de la tercera expedición del ilustre genovés, y por ende ponerse al tanto de los convenios concluidos entre España y Portugal sobre la partición de los nuevos territorios.

La difusión de la noticia afirmando que se había llegado al oriente navegando hacia el oeste había alarmado a los portugueses que temieron perder el fruto de largos años de búsqueda y de exploraciones. En salvaguardia de sus intereses habían entablado negociaciones con España, sometiendo el litigio al arbitraje del papa Alejandro VI. Éste falló trazando una línea de demarcación (1403) de norte a sur que pasaba a 100 leguas a lo largo de las Azores. El laudo papal establecía que las tierras descubiertas o a descubrir al este de esa línea fueran portuguesas, y españolas las tierras del oeste. En 1497, Vespucio participó en una expedición que tal vez llegó hasta la bahía de Campeche y al cabo Hatteras. Pero no era aún la esperada “ocasión”.

Ésta se le presentó en 1499. El capitán español Alonso de Hojeda, bajo la protección del obispo Rodríguez de Fonseca, preparó una expedición que no debía recorrer la ruta “oficial” o sea la de Colón. Hojeda y su compañero Juan de La Cosa no eran los socios ideales para un hombre como Vespucio, audaz pero previsor, honrado a carta cabal y muy minucioso en todos sus actos.

La Cosa y más aún Hojeda, eran aventureros animados por el afán de lucro y no por la pasión científica y desinteresada; eran hombres, como se pudo comprobar más tarde, que no titubeaban en cometer toda clase de malversaciones y atribuirse también méritos ajenos. Todo lo cual no fue obstáculo para la participación de Vespucio: no sabemos a ciencia cierta si en calidad de piloto, de oficial, o de cosmógrafo.

Pero sí sabemos con seguridad que contribuyó ampliamente a los gastos de la expedición. En un amanecer límpido y sereno del 14 de mayo de 1499, feliz presagio de una travesía apacible, cuatro carabelas partieron de Cádiz. Cruzaron el océano sin mayores dificultades, con mar calmo y cielo despejado; la tripulación se mostró disciplinada.

Colón había tardado 70 días en llegar al Nuevo Continente. Vespucio necesitó solamente 23. Todos los tripulas tes saludaron con júbilo la aparición de las nuevas tierra (esto aconteció a la altura de la actual Guayana francesa quedaron atónitos ante una vegetación cuya exuberancia no podía ser concebida por los europeos.

Pero la fase más difícil de la expedición no había em pezado aún. La Asunción y la Santa María, al mando de Vespucio, levaron anclas rumbo al sur, mientras que Hojeda y La Cosa, luego de intentar en vano disuadir al florentino, decidieron seguir rutas más seguras y se dirigieron hacia el norte. Al cabo de unos días, los tripulantes comprobaron un extraño fenómeno: el agua del mar se había vuelto dulce… Siguieron, sin embargo, su ruta durante largas horas; el agua continuaba siendo dulce. Vespucio infirió, con justa razón, que debía encontrarse a poca distancia de la desembocadura de un enorme río de considerable caudal.

Tuvo asimismo la intuición de que la tierra costeada era muy extensa. Ningún explorador había proporcionado la menor indicación sobre un curso de agua tan importante. Bajó con dos chalupas y, acompañado por hombres de su plena confianza, llegó hasta la costa, descubrió la desembocadura del río sospechado y se internó en las tierras, recorriendo una decena de millas.

Una nueva tierra se presentó a sus ojos deslumhrados. Una fauna extraordinaria poblaba las orillas; contemplaron árboles antes nunca vistos mientras bandadas de pájaros maravillosos cruzaban el espacio. Seis meses antes que Vicente Pinzón, Américo Vespucio había descubierto el Amazonas.

Otras sorpresas le estaban reservadas pues, luego de costear el Brasil actual hasta el cabo San Roque, tuvo, al desembarcar, la intuición de que esa tierra que se prolongaba mucho más allá, no podía pertenecer al continente asiático.

Después de esa primera expedición y para no cruzar la línea divisoria confirmada en 1494 por el tratado de Tordesillas, se dirigió hacia Santo Domingo donde lo esperaban las dos carabelas de Hojeda. Mas no descuidó explorar el golfo de Paria, Venezuela y Colombia. En junio del año 1500, Américo Vespucio regresó a España donde fue recibido calurosamente.

La empresa de Vespucio había empañado el brillo de los extraordinarios viajes de Colón. Era obvio que sus descubrimientos revestían gran importancia, pero interesaban más a Portugal que a España, y por lo tanto no titubeó en ofrecer sus servicios a Manuel I, rey de Portugal, tanto más cuanto que éste había manifestado su deseo de organizar una expedición que llegara al Asia siguiendo las costas del Nuevo Continente.

Entre los grandes navegantes de la época, Vespucio era el más calificado para encabezar la nueva hazaña proyectada por el rey lusitano. A sus innegables cualidades de hombre de mar, sumaba los conocimientos adquiridos en sus precedentes viajes. La empresa se preparó con el mayor cuidado. Zarpó de Lisboa en mayo de 1501, con mar y vientos favorables, y, luego de dejar atrás el cabo San Roque, prosiguió su ruta unas 3.200 millas más allá del límite que se había fijado.

Cumplió numerosas escalas para estudiar la costa que presentaba por doquier motivos para observaciones interesantes, tanto por su flora como por su fauna, y por las costumbres extrañas de sus habitantes. Todo lo cual confirmó la hipótesis formulada en ocasión de su primer viaje, de que la tierra abordada era desconocida. Entusiasmado con su descubrimiento quiso ampliar la exploración hasta donde le permitieran sus barcos y tripulaciones.

Así llegó quince años antes que Magallanes a las proximidades del estrecho que separa Tierra del Fuego del Continente.

El 22 de julio de 1502 regresó a Lisboa sin que ningún accidente grave hubiese perturbado su magnífico periplo.  Las tripulaciones  permanecieron   leales durante toda la larga travesía. las naves resistieron magníficamente y ninguna tormenta de importancia había alterado sus planes. En 1508, la Corona de España le confirió el más grande honor nombrándolo piloto mayor.

Los sabios del mundo decidieron unánimemente, siete años antes de su fallecimiento ocurrido en 1512, conferir el nombre de América a las tierras del Nuevo Mundo. Con este justo homenaje, Américo Vespucio pasó a la inmortalidad. Sin embargo, esa designación fue criticada, pues la opinión pública deseaba que el Nuevo Continente llevara el nombre de Colombia en homenaje a Colón.

El más antiguo mapa de América fue diseñado en el año 1500 por Juan de La Cosa; éste había sido compañero de Colón en sus dos primeros viajes, continuando luego junto a Américo Vespucio.

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo IV Editorial Larousse – Americo Vespuccio –
Enciclopedia Electrónica ENCARTA Microsoft

Mapa del Mundo Antes del Descubrimiento de America Exploracion Africa

MAPA ANTIGUO mundo conocido

Mapa de los europeos previo al descubrimiento de Colón: era un mar Mediterráneo nítido, al que conocían muy bien y el resto imprecisiones sobre Europa continental, África y Asia. Al llegar al otro lado del Atlántico hubo que hacer nuevos mapas y catálogos de la costa descubierta y de las islas. Los primeres mapas fueron perfiles de las costas y figuras de las «las ya que el interior no se conocía. El primer mapa que incluye las tierras americanas se edita en 1493 en Roma, y resume el primer viaje de Colon. En 1507, Waldseemüller dibujó un planisferio que logra una mayor aproximación a la realidad del nuera continente, al que designa por primera vez con el nombre de “América”.

 La Exploración de la Costa Africana: En la segunda década del siglo XV, los portugueses iniciaron un proceso de expansión que, en poco más de cien años, los llevaría a lugares tan remotos como Brasil y la China.

En el año 1415, una armada portuguesa sitió y ocupó la ciudad musulmana de Ceuta, ubicada en la costa marroquí, sobre el Estrecho de Gibraltar. La ciudad era uno de los principales puertos comerciales musulmanes sobre el Mediterráneo y hasta allí llegaba, por caravanas, el oro que se extraía de la región del Sudán. Los portugueses se interesaron por hallar las fuentes del oro y hacia fines de la segunda década del siglo comenzaron a explorar sistemáticamente la costa africana.

En una primera etapa, que puede extenderse hasta 1434, año en que los navegantes llegaron al cabo Bojador, el avance fue muy lento: los pilotos necesitaban familiarizarse con las corrientes marinas, evitar los escollos costeros y, sobre todo, solucionar el problema del regreso, con vientos y comentes marinas en contra. Este último problema fue solucionado con la volta do mar, que consistía en internarse en alta mar con rumbo noroeste hasta encontrar los vientos del oeste que impulsaran las naves hasta la costa europea. En esta vuelta, las naves hacían escala en las islas Ma-deira o en las Azores, colonizadas por los portugueses en esta misma época.

Pocos años más tarde, los portugueses llegaron al cabo Blanco, y muy cerca, en la isla de Arguim, instalaron el primer asentamiento comercial de carácter permanente. Allí los portugueses conseguían de los pobladores oro en polvo y esclavos (nativos de otras tribus que habían sido capturados en alguna guerra local), a cambio de trigo, telas y ornamentos de vidrio. Más al sur, en las costas de la actual Ghana, los portugueses encontraron posibilidades de comercio aún más interesantes: oro, esclavos y pimienta, en primer lugar, y también marfil, goma y aceite de palma. Para defender el monopolio de este comercio, codiciado por marinos españoles y genoveses, se estableció en 1481 la factoría-fuerte de San Jorge de la Mina.

El comercio del oro de Mina tuvo su época de esplendor entre fines del siglo XV y los comienzos del siglo XVI. Mientras tanto, los portugueses se habían embarcado en un proyecto más ambicioso: penetrar en el comercio oriental de las especias. Para ello, había que poner proa hacia la India y, más precisamente, hacia la costa Malabar, donde estaba la ciudad de Calicut.

La Expansion Portuguesa Enrique de Portugal El Navegante Siglo XVI

La Expansión Portuguesa – Enrique de Portugal

El siglo XV estaba destinado a ser el siglo ibérico por excelencia. Los distintos reinos en que se dividía la península eran ya importantes dentro del concierto europeo, pues sobre una superficie de unos 600.000 Km². existían, prácticamente, sólo cuatro Estados: Castilla, Portugal, Aragón y Navarra. Castilla el más extenso, desde el siglo anterior, incluía a León y comprendía a Galicia, Asturias y parte de la costa levantina, y estaba arrebatando nuevos territorios a los musulmanes. Aragón se uniría en ese mismo siglo con el reino de Castilla.

De los cuatro Estados, Portugal, si bien no el más extenso, era, por cierto, el menos afectado por la lucha contra los musulmanes y, además, era el más vitalmente vinculado al mar. Así lo determinaba su condición de país relativamente estrecho y dotado de un extenso litoral. Estaba destinado a adelantarse a todos en la navegación atlántica.

En la segunda década, el infante don Enrique el Navegante echó en Sagres las bases para una amplia formación marinera. De esa escuela salieron los navegantes que abrieron el mundo a los europeos, solucionando, de paso, el problema creado por el monopolio de todo el comercio con Oriente, hasta entonces en manos tanto de comerciantes como de soberanos musulmanes del Asia.

LA SITUACIÓN EUROPEA DE LA ÉPOCA:
EUROPA AMENAZADA

La situación del comercio europeo era muy extraña: había asumido una importancia considerable el tráfico con Oriente, muchos de cuyos productos tenían un extenso mercado en Europa; pero los precios eran fijados, no ya por los productores, lo cual hubiera sido admisible, sino por unos intermediarios cuya única intervención en el trafico se limitaba a no impedir el paso de las mercaderías; los funcionarios y reyezuelos de los Estados del Cercano Oriente.

Ello había originado, por una parte, una elevación desmesurada del precio de los productos asiáticos (fundamentalmente, las famosas especias y sedas) sin que los comerciantes productores asiáticos percibieran beneficio alguno; por otra parte, algunos productos manufacturados europeos, objeto también del comercio, debían venderse a precios bajísimos, pues los intermediarios los fijaban arbitrariamente.

Esta situación insólita había llevado a una disminución del poder adquisitivo de todas las monedas europeas. Con todo, hasta ese momento los comerciantes genoveses y venecianos, por ejemplo, habían participado en los beneficios de los bajaes y reyes del Cercano Oriente, y se limitaban a embolsar la diferencia que les dejaban, y participaban, de vez en cuando, en los conflictos entre los gobernantes, con vistas a lograr alguna ventaja.

Sin embargo, últimamente las conquistas de los otomanos amenazaban con una dominación política más estable y severa. Este estado de cosas se agravó a mediados del siglo, cuando los turcos tomaron a Constantinopla.

Estas cuestiones preocupaban a todos los europeos, pero ningún Estado se hallaba en condiciones de emprender una acción contra los islamitas. Un importante Estado europeo, Castilla, hacía ya siglos que estaba combatiendo, y con éxito constante, contra los musulmanes de España. Europa, mientras tanto, retrocedía en bloque, frente al avance de los turcos musulmanes del Cercano Oriente.

Uno de los pueblos ibéricos, Portugal, asumió la tarea de procurar una solución para el problema que afectaba a todos los europeos: arrebatar a los musulmanes el dominio de la economía continental. En su famosa escuela de Sagres se constituyó una verdadera academia naval. Cartógrafos, marinos, geógrafos, se formaban allí, con vistas a solucionar importantes problemas.

Por ejemplo, ¿África podría ser circunnavegada? ¿Las tierras del trópico serían efectivamente desiertas? ¿Se podría llegar a la fabulosa India?. Los navegantes portugueses surgidos de tal escuela intentaron responder a todas estas cuestiones, fundamentales para la vida y el porvenir europeo.

La acción del príncipe Enrique y la expansión portuguesa: En tanto Castilla y Aragón enfrentaban Enrique el Naveganteel problema de la reconquista, Portugal y Andalucía iniciaron la expansión. En el siglo XV la isla Madeira y parte de las Canarias estaban ocupadas por colonos portugueses y españoles, respectivamente.

A fines de siglo, Madeira producía caña de azúcar y vid en cantidad suficiente para exportar.

Nació en Oporto el 4 de marzo de 1394, tercer hijo del rey João I de Portugal (1385-1433) y de Felipa de Lancaster, hermana de Enrique IV de Inglaterra. Fue educado en la literatura, la política y la guerra. Con algo más de 20 años (1415) toma parte en la conquista de Ceuta, empresa en la que participaron más de cincuenta mil portugueses y unas 200 naves. A partir de entonces parece que surgió en el Infante la idea de acometer la exploración de de las costas africanas.

Portugal, con extensas costas sobre el océano, buenos puertos, una considerable población pesquera y una clase comercial que se había emancipado bastante del feudalismo, estaba en condiciones de comerciar productos costosos.

Los italianos defendían sus derechos y, en consecuencia, Portugal y el oeste de España buscaron nuevas fuentes comerciales. Conocían muy bien el Atlántico, desde Islandia a África del Norte.

El príncipe Enrique de Portugal (1394-1460) fue el que inició un plan sistemático de exploración. La penetración en África se inició en 1415 con la toma de Ceuta (Marruecos), que era punto clave del estrecho y camino hacia la región del oro.

 

 Portugal estaba atravesando una grave crisis económica. Conquistada Ceuta, no se lograron las ventajas económicas esperadas y el fracaso engendró nuevas expediciones. Zurara, cronista contemporáneo, enumera las razones que impulsaron al príncipe Enrique a organizar estos viajes. Sostiene que primero fue el deseo de saber qué había más allá del cabo Bojador, rodeado por Gil de Eannes en 1434.

Diego Gómez, quien descubrió en 1456 la desembocadura de los ríos Geba y Casamance, en sus relatos de viajes, decía que el príncipe deseaba encontrar los países de donde provenía el oro que llegaba a Marruecos por las rutas del desierto para comerciar con ellos. Zurara coincide en ese punto, pero agrega que los exploradores esperaban encontrar pueblos cristianos mas allá del país de los moros. Además, se deseaba averiguar hasta dónde llegaba el poderío árabe y buscar alianzas con cuanto príncipe cristiano pudiera hallarse.

 

En 1460 los portugueses llegaron a la altura de Sierra Leona buscando oro, esclavos, marfil, caballos y la conexión con la India Gangética qúe pensaban encontrar hacia el sur, siguiendo la concepción geográfica de Fray Mauro, o cruzando Africa, si se seguía la teoría de Ptolomeo.

 

Muerto el príncipe Enrique, su sucesor, Alfonso V, tuvo más interés en tomar Tánger. Igualmente, las expediciones hacia el sur continuaron; en 1475 estalló la guerra entre Portugal y Castilla por la determinación de la nobleza castellana de excluir del trono a Juana (la Beltraneja), proponiendo en su lugar a Isabel. Alfonso V se casó con Juana y reclamó el trono de Castilla.

Como consecuencia, hubo encarnizadas luchas que se extendieron a Guinea. La zona fue escenario de anormalidades y fricciones que Castilla castigó. Portugal replicó con el hundimiento de barcos y muerte para la tripulación capturada en la zona que consideraba como propia. La corona portuguesa reclamaba el monopolio comercial basándose en la prioridad del descubrimiento y en las Bulas papales de 1454 y 1456 que otorgaron exclusivamente al príncipe Enrique y a la Orden de Cristo el derecho y el deber de convertir a los indígenas de esa región.

La lucha terminó con el Tratado de Alcaçovas-Toledo de 1479, por el cual Portugal se reservó el derecho de ruta hacia el sur de Guinea y todos los archipiélagos, salvo Canarias y Santa Cruz de Mar Pequeña. Castilla podía anexionar ‘otras islas de Canarias’, si las hallaba hacía el oeste.

 

En forma clara se nota que Portugal se desinteresó por la ruta hacia el poniente. Bartolomé Diaz, experto navegante, descubrió en 1487 el Cabo de Buena Esperanza, aunque el extremo sur del continente corresponde al de las Agujas; más al este Supo sortear el peligro de las corrientes marinas y abrir el camino al Asia.

 

La expedición de Vasco da Gama, que partió en 1497, sorteó el Cabo de Buena Esperanza, hizo varias escalas en la costa oriental de Africa y llegó a Calicut en 1498. Inmediatamente negoció con el rey local para adquirir especias. Reunió cierta cantidad de pimienta y canela. Con ese cargamento regresó a su país. Arribó a Lisboa en Setiembre de 1498. Así se cumplieron los objetivos que Portugal se había propuesto. En tanto, Castilla se proyectó hacia el Atlántico con el apoyo de marinos andaluces.

mapa viaje dias bartolome

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Biografía de Cristobal Colón Vida y Obra Viajes de Cristobal Colon

Biografía de Cristobal Colón

1-INTRODUCCIÓN 
Colón, Cristóbal (c. 1451-1506), navegante y descubridor, tal vez de origen genovés, al servicio de España, hombre polémico y misterioso, autodidacta y gran observador, descubrió el Nuevo Mundo el 12 de octubre de 1492, fue el primer almirante, virrey y gobernador de las Indias, y enseñó a los hombres de mar de su tiempo el camino a seguir para ir y volver de América. (ver: historia del segundo viaje de Colon)

Día de la Raza es el nombre que reciben en la mayoría de los países hispanoamericanos las fiestas del 12 de octubre en conmemoración del avistamiento de tierra por el marinero Rodrigo de Triana en 1492, luego de haber navegado más de dos meses al mando de Cristóbal Colón a lo que posteriormente se denominaría América. En España también se celebra la Fiesta del Pilar, patrona de España, y el Día de la Hispanidad.

Cristobal Colòn

Cristóbal Colón nació el año 1451 en Génova. Algunos autores, sin embargo, defienden que era catalán, mallorquín, judío, gallego, castellano, extremeño, corso, francés, inglés, griego y hasta suizo. Siguiendo la tesis genovesa, sus padres fueron Doménico Colombo, maestro tejedor, lanero o tabernero, y Susana Fontanarrosa.

De los cinco hijos del matrimonio, dos, Cristóbal y Bartolomé, tuvieron pronto vocación marinera; el tercero fue Giacomo (Diego Colón), que aprendió el oficio de tejedor; y de los dos restantes, Giovanni murió pronto, y la única mujer no dejó rastro. Recordando estos primeros años, Cristóbal escribía en 1501: “De muy pequeña edad entré en la mar navegando, e lo he continuado fasta hoy… Ya pasan de cuarenta años que yo voy en este uso. Todo lo que fasta hoy se navega, todo lo he andado”.

Si bien lo aceptado es que Cristóbal Colón nació en Génova, algunas opiniones difieren en cuanto a su origen (catalán, castellano, francés, griego, etc.). Por otro lado, la fecha de su nacimiento oscila entre el 26 de agosto y el 31 de octubre de 1451. Era hijo de un matrimonio de humildes tejedores: Diego, Doménico o Domingo Colombo y Susana Fontanarrosa fueron sus padres.

El aprendizaje colombino se debió hacer en galeras genovesas primero, como grumete; como marinero, desde los 15 años, y con mando en barco desde los 20 o 22 años. Entre 1470 y 1476 recorrió todas las rutas comerciales importantes del Mediterráneo, desde Quíos, en el Egeo, hasta la península Ibérica, al servicio de las más importantes firmas genovesas.

También participó en empresas bélicas, como el enfrentamiento entre Renato de Anjou y el rey de Aragón, Juan II, por la sucesión a la Corona de Nápoles. Se afirma que, al amparo de tantas guerras y conflictos como entonces había, ejerció de corsario, actividad muy lucrativa y reconocida hasta en los tratados internacionales de la época.

2. COLÓN Y PORTUGAL  
Según cronistas contemporáneos, Colón llegó a las costas del sur de Portugal (Lagos), cerca de Sagres, tras un durísimo combate naval acaecido cerca del cabo de San Vicente, el 13 de agosto de 1476. Incendiado su barco, Colón salvó su vida agarrándose a un remo y nadando hasta la costa. Empezaba la estancia colombina en Portugal, que duró casi diez años, tan importantes y decisivos como misteriosos.

Fue en el pequeño reino ibérico, y de la mano de portugueses, donde aprendió a conocer el océano, a frecuentar las rutas comerciales que iban desde Islandia a Madeira, a tomar contacto con la navegación de altura, con los vientos y corrientes atlánticos y a navegar hasta Guinea. Dicen los cronistas que Colón, una vez repuesto, marchó de Lagos a Lisboa, donde se dedicó al comercio.

En 1477 viajó hasta Inglaterra e Islandia, y en 1478 se movía entre Lisboa y el archipiélago de Madeira con cargamentos de azúcar. Hacia 1480, parece que se casó con Felipa Moñiz, quien le ayudó a acreditarse y restaurarse y a moverse como vecino y cuasi natural de Portugal. De este matrimonio, nació hacia 1482 en la isla de Porto Santo, del archipiélago de Madeira, su sucesor Diego Colón.

3. ¿CONOCÍA COLÓN ANTES DE 1492 LAS TIERRAS DE AMÉRICA?  
Hay grandes indicios y alguna prueba razonable, como el preámbulo de las Capitulaciones, de que Colón, cuando elaboró su plan descubridor, sabía más de lo que decía. Tal convencimiento, que se extendió ya desde el principio entre los primeros pobladores y cronistas, se corresponde con el llamado “Pre-descubrimiento de América”.

Parece que, entre los años 1477 y 1482, en que Colón no dejó de realizar frecuentes viajes a las islas Madeira, Azores y Canarias, algo trascendental, que él califica de “milagro evidentísimo”, le sucedió, si hacemos caso a sus palabras: “Me abrió Nuestro Señor el entendimiento con mano palpable a que era hacedero navegar de aquí a las Indias, y me abrió la voluntad para la ejecución de ello. Y con este fuego vine a Vuestras Altezas”.

Los defensores del predescubrimiento de América sostienen que ese algo trascendental, repentino y milagroso que le sucede a Colón en cualquier momento de estos años fue que alguien, con conocimiento de lo que decía, le informó de la existencia de unas tierras al otro lado del océano. Tal información aportaba detalles bastante ajustados sobre algunas islas y sus naturales, sobre ciertos parajes y, especialmente, acerca de las distancias.

Ese alguien fue, según unos, un piloto portugués o castellano (la conocida como “leyenda del piloto anónimo”) que al regresar de Guinea se vio impulsado por alguna tormenta hasta las Antillas. Tras un tiempo allí, regresó, se encontró con Colón, le informó y murió. Según otra teoría, la información colombina procedería, no de un europeo, sino de algún grupo indígena que en un desplazamiento por las Antillas se vio obligado a desviarse océano adentro hasta encontrarse con Colón.

Ambas teorías coinciden en señalar que tal encuentro debió producirse a bastantes leguas al Oeste de las Canarias, Azores o Madeira, en una zona que por aquel entonces frecuentaba. Cristóbal Colón se sintió elegido por la Providencia para descubrir aquellas tierras, y, a partir de ahí, comenzó a elaborar su proyecto, sabiendo que la mayor dificultad que iba a tener era cómo articularlo teóricamente para defenderlo ante los mayores expertos del momento: portugueses y castellanos.

4. EL PROYECTO DESCUBRIDOR COLOMBINO  
Por los años 1480-1482, Cristóbal Colón era un buen navegante, un hombre práctico y autodidacta, pero carecía de ciencias y saberes teóricos: “En la marinería me hizo abundoso; de astrología me dio lo que abastaba, y ansí de geometría y aritmética”.

Para elaborar su plan descubridor, Colón, que era más medieval que moderno, y se sentía instrumento de la Providencia, utilizó varias fuentes informativas: la Historia rerum ubique gestarum del papa Pío II; la Imago Mundi del cardenal francés Pierre d’Ailly; y la Correspondencia y Mapa que, en 1474, el sabio florentino Paolo del Pozzo Toscanelli había hecho llegar al rey de Portugal a través de su amigo, el canónigo lisboeta Fernando Martins.

De las dos primeras obras, que eran como enciclopedias del saber del momento y que estudió muy detenidamente, como demuestran las casi 1.800 apostillas o anotaciones al margen, extrajo referencias muy concretas sobre parajes bíblicos, situados en el fin del Oriente, como el Paraíso Terrenal, los Jardines del Edén, Tarsis y Ofir, el reino de Saba, los montes de Sophora, la isla de las Amazonas, que pronto situaría en distintas zonas de las Indias, porque para él allí estaba el extremo de Asia. De Toscanelli, que seguía a Marco Polo, recogió Colón todo lo relativo al gran kan, a la tierra firme asiática (Catay, Mangi y Ciamba) y sobre todo al Cipango, isla distante 1.500 millas del Continente y famosa por su riqueza. Sin embargo, hay un punto en el que Colón discrepaba del sabio florentino: las distancias entre ambos extremos del Océano.

Toscanelli asignaba al mismo 120 grados de la esfera terrestre (casi el doble de la que en realidad tiene), y, aunque situaba algunas islas en el camino, la empresa resultaba muy arriesgada. Por esta razón, los portugueses, tras estudiar el plan, lo rechazaron y archivaron. Colón, sin embargo, sabía que, en el capítulo de las distancias, Toscanelli estaba equivocado: al empezar el viaje descubridor, anunció que las primeras tierras se encontrarían a 800 leguas de las islas Canarias.

Para defender su proyecto ante los expertos, tenía que entrar en mediciones sobre el grado y la esfera terrestres. Coincide con Alfragano: 1 grado = 56 millas y 2/3 (milla árabe de casi 2.000 metros); por tanto, la circunferencia del ecuador era igual a 20.400 millas. Esto daría 40.000 kilómetros para la circunferencia del ecuador (prácticamente la medida real).

Sin embargo, Colón achica la esfera terrestre y da al ecuador una medida de unos 30.000 kilómetros, es decir una cuarta parte menos, porque está manejando la milla itálica, de unos 1500 metros. Hacia 1483 o 1484 defendió este proyecto ante los portugueses, que lo rechazaron. De mediciones, cálculos y Toscanelli, ellos sabían más que Colón. No les aportaba nada nuevo y además exigía mucho.

5. COLÓN EN CASTILLA  

A finales de 1484 o principios de 1485 dejó Portugal lo más secretamente que pudo y entró en Castilla: “Siete años estuve yo en su real corte, que a cuantos se habló de esta empresa todos a una dijeron que era burla”, recordaría después. Tras arribar con su hijo Diego a algún puerto del golfo de Cádiz, quizá Palos de la Frontera, visitó el monasterio franciscano de Santa María de La Rábida, en donde siempre halló Colón ayuda material, amigos y conversación.

El 20 de enero de 1486, los Reyes Católicos recibieron por primera vez a Colón en Alcalá de Henares (Madrid), y a continuación nombraron una junta de expertos para valorar el proyecto colombino. La voz de la ciencia, al igual que en Portugal, le fue contraria.

A pesar de que muchos no daban crédito a lo que prometía, nunca faltaron protectores a Colón. Algunos de los más constantes fueron frailes con influencia ante los Reyes, como el incondicional, buen astrólogo y entendido en navegación, fray Antonio de Marchena.

Otro religioso influyente, maestro del príncipe don Juan, y siempre favorable a Colón fue fray Diego de Deza. Es posible que el futuro descubridor revelase a ambos sus conocimientos en secreto de confesión. Un tercer religioso, decisivo en 1491 y 1492, fue el fraile de La Rábida, Juan Pérez. En la última fase de la negociación, además de hombres de religión, el genovés contó con el apoyo de algunos cortesanos distinguidos, como fue el caso de Luis de Santángel, Juan Cabrero o Gabriel Sánchez.

Entre los años de 1487 y 1488, mientras esperaba en Córdoba la decisión de los Monarcas, conoció a Beatriz Enríquez de Arana, una joven de humilde procedencia, que el 15 de agosto de 1488 le dio un hijo: Hernando Colón. Para hacer frente a sus necesidades, trabajó con sus manos pintando mapas de marear o portulanos que vendía después a los navegantes, e hizo de mercader de libros de estampa.

En 1488, invitado sorprendentemente por el rey portugués Juan II, parece que hizo un viaje rápido a Portugal. Poco después, se movía por Andalucía y visitaba a los duques de Medinasidonia y a los de Medinaceli, mientras llegaba a su fin la guerra de Granada, que tenía ocupados a los Reyes Católicos.

6. LAS CAPITULACIONES DE SANTA FE  
Después de muchas tentativas de que intercediera favorablemente de nuevo el monasterio de La Rábida y fray Juan Pérez, los Reyes Católicos, en un acto personal, no científico, decidieron respaldar el plan colombino. El 17 de abril de 1492 se firmaron las Capitulaciones de Santa Fe o documento-contrato, que estipulaba las condiciones en que Cristóbal Colón haría el viaje descubridor.

El documento tiene dos partes, un preámbulo sorprendente que dice así: “Vuestras Altezas dan e otorgan a don Cristóbal Colón en alguna satisfacción de la que ha descubierto en las Mares Océanas y del viaje que agora, con el ayuda de Dios ha de fazer por ellas en servicio de Vuestras Altezas, son las que se siguen”.

Ese “ha descubierto” es, para los partidarios de la teoría del Predescubrimiento, la prueba documental decisiva, ya que Colón se atribuye, antes de 1492, descubrimientos en el océano que ahora transfiere a los Reyes Católicos, en virtud de lo cual estos le corresponden dándole una serie de privilegios, que forman la segunda parte del documento:

 1º) El oficio de almirante de la Mar Océana, vitalicio y hereditario, en todo lo que descubra o gane, y según el modelo del almirante mayor de Castilla.

2º) Los oficios de virrey y gobernador en todo lo que él descubra o gane. No se habla de hereditariedad. Para cubrir los cargos en las Indias, puede proponer terna a los reyes para que estos escojan.

3º) La décima parte de todas las ganancias que se obtengan en su almirantazgo.

4º) Que todos los pleitos relacionados con las nuevas tierras los pueda resolver él o sus justicias. Este punto nunca se cumplió porque estaba condicionado a los precedentes castellanos.

5º) El derecho a participar con la octava parte de los gastos de cualquier armada, recibiendo a cambio la octava parte de los beneficios.

Con este documento capital y otras mercedes, se dirigió a la villa de Palos a preparar la flota descubridora.

 7. EL GRAN VIAJE

Tres embarcaciones, Pinta, Niña y Santa María; un presupuesto de unos dos millones de maravedises; y alrededor de 90 hombres, reclutados con la ayuda inestimable de los hermanos Martín Alonso y Vicente Yáñez Pinzón, formaron la flota descubridora más trascendental de la historia. El 2 de agosto de 1492, Cristóbal Colón mandó embarcar a toda su gente, y al día siguiente, antes de salir el sol, dejaba el puerto de Palos.

La primera escala fueron las Canarias, donde tuvieron que arreglar el timón de la Pinta. El 6 de septiembre con el alisio ventando a favor, Colón marcó rumbo al oeste. Comenzaba la gran travesía. Su objetivo era el Cipango (la actual India), y advirtió a la tripulación que nadie se inquietase hasta haber navegado 700 leguas. A partir de esa distancia, no habría que navegar por la noche. Por si fallaba algo, sin embargo, decidió llevar dos cuentas sobre las distancias recorridas: una secreta o verdadera (sólo para él), y otra pública o falsa, en la que contaría de menos.

El día 13 de septiembre, descubrió la declinación magnética de la tierra; y el 16 llegaron al mar de los Sargazos. A partir del 1 de octubre se da cuenta de que algo falla. El 6, ya han sobrepasado las 800 leguas y no hay indicios de tierra. Durante la noche del 6 al 7 de octubre, se produjo el primer motín entre los marineros de la Santa María. Los hermanos Pinzón apoyaron a Colón y lo sofocaron.

Sin embargo, en la noche del 9 al 10 de octubre el malestar se extendió a todos, incluidos los propios Pinzón. Acordaron navegar tres días más y al cabo de ese tiempo si no encontraban tierra regresarían. No hizo falta: en la noche del 11 al 12 de octubre el marinero Rodrigo de Triana lanzó el grito esperado: “¡tierra!”.

Al día siguiente desembarcaron en la isla de Guanahaní (que ellos bautizaron como San Salvador), actual isla de Watling, en el archipiélago de las Bahamas, y tomaron posesión de la nueva tierra en nombre de los Reyes Católicos. El 28 de octubre, arribaron a Cuba, y el 21 de noviembre se apartó de la flota Martín Alonso Pinzón.

El 6 de diciembre llegaron a la isla de La Española; y el 24 encalló la Santa María, con cuyos restos y la ayuda del cacique de la zona, Guacanagarí, construyeron el fuerte de la Navidad. Tras dejar a 39 españoles ahí, siguieron la costa, encontraron a Martín Alonso Pinzón (6 de enero), y navegaron hasta la costa de Samaná. Desde esta zona, el 16 de enero de 1493, el almirante dio la orden de regresar a España.

El viaje fue tranquilo hasta llegar a las Azores, donde sobrevino una fuerte tormenta (12-15 de febrero) que forzó a la Pinta a separarse del almirante y arribar a Bayona (Pontevedra). Otra tempestad, cerca de Lisboa (4 de marzo) obligó al descubridor a desembarcar en Portugal.

El 15 de marzo, don Cristóbal, al mando de la Niña, entraba triunfal en Palos. Martín Alonso lo hacía con la carabela Pinta pocas horas después. Llegaba muy enfermo, y a los pocos días murió. Tras el éxito descubridor, don Cristóbal informó a los Reyes, que estaban en Barcelona, se dirigió a su encuentro y fue recibido por ellos con todos los honores. Para anunciar el acontecimiento a toda la Cristiandad, escribió la famosa Carta de Colón.

EN DONDE DESEMBARCO REALMENTE COLON:
Hasta la década de 1 980 se creía que era la isla Watling de las Bahamas, en la que tres monumentos señalan el suceso. Un grupo de expertos comenzó entonces a reexaminar las pruebas: con ayuda De computadoras que tenían en cuenta factores como la velocidad del viento y las corrientes, trazaron la probable ruta seguida por Colón. Concluyeron que Guanahaní sólo pudo haber sido o la isla Watlíng o Cayo Samana, situado a 100 Km.         al suroeste. Afirman que el paisaje de éste y sus alrededores concuerdan mejor con la descripción de Colón que el de la isla Watling, pero la controversia continúa.

8. EL SEGUNDO VIAJE  

El 25 de septiembre de 1493, el almirante zarpó de Cádiz al mando de 17 navíos y unos 1.200 hombres, portando las primeras simientes y ganados. Al salir de las Canarias, Colón puso rumbo más al sur que en el primer viaje para llegar al paraje que denominó la entrada de las Indias, en las pequeñas Antillas. Después de descubrir la isla de Puerto Rico, llegó hasta el fuerte de la Navidad y comprobó que había sido destruido y los españoles muertos.

Fundó la primera ciudad de América, la Isabela. Recorrió la costa sur de Cuba, llegó a Jamaica, y a finales de 1494 descubría América del Sur (Cumaná), aunque lo ocultó hasta el tercer viaje. Comenzaba el poblamiento de La Española, las diferencias entre españoles y los levantamientos de los indios. A partir de 1495 empezaba el desprestigio del Nuevo Mundo, siendo el grito más escuchado entre españoles: “Así Dios me lleve a Castilla”. El 11 de junio de 1496 arribó a Cádiz con la intención de contrarrestar la mala propaganda de las Indias. Llegaba vestido con un sayal de fraile franciscano.

Ver Fundación de la Primer Ciudad Hispana en América

9. EL TERCER VIAJE  
Costó mucho organizar la tercera flota colombina. Las Indias ya no atraían tanto y faltaban tripulantes. Incluso se dio poder a Colón para que embarcara a delincuentes. Ocho navíos y 226 tripulantes componían la flota, que dejó Sanlúcar de Barrameda entre febrero y el 30 de mayo de 1498.

Desde Canarias, siguió a Cabo Verde y una latitud más al sur que las anteriores navegaciones, lo que le hizo sufrir una zona de calmas. Descubrió la isla de Trinidad; recorrió la costa de Paria, donde situó solemnemente el entorno del Paraíso Terrenal. Camino de La Española divisó la isla Margarita, donde se pescaban las perlas, para llegar el 20 de agosto a la nueva capital de las Indias, Santo Domingo.

La situación en que encontró a la colonia era grave: la mayoría de los españoles, encabezados por Francisco Roldán, se había rebelado contra la autoridad de los Colón. La llegada del virrey no resolvió el problema. Las quejas contra la familia Colón, agravadas con algún que otro proceder dudoso del Almirante, como ocultar el criadero de perlas de Margarita y Cubagua, llegaron a la corte y los reyes decidieron destituirlo.

El 23 de agosto de 1500, Francisco de Bobadilla entraba en el puerto de Santo Domingo para sustituir al virrey y gobernador. Hubo cierta resistencia por parte de los Colón, lo que explica algo la dureza de Bobadilla. A primeros de octubre de 1500, Cristóbal, Bartolomé y Diego Colón regresaban a España cargados de cadenas.

10. CUARTO VIAJE  
Los monarcas sintieron el mal trato dado a su almirante, algo lo desagraviaron, pero no lo repusieron en sus oficios perdidos. Prometieron que lo harían, mientras le encargaban el cuarto viaje. Con cuatro navíos y 150 hombres partió de Cádiz el 11 de mayo de 1502.

El objetivo era encontrar un paso que permitiera llegar a la Especiería ya que Colón seguía creyendo que la zona antillana era la antesala de Asia. Para atravesar el Océano, siguió una ruta parecida al segundo viaje. Llevaba orden de no detenerse en Santo Domingo. Atravesó el Caribe hasta el cabo de Honduras; siguió hasta el de Gracias a Dios y recorrió la costa de Panamá. No encontró lo que buscaba: ni paso, ni oro, ni especias, pero en cambio sí tuvo muchas penalidades y sufrió la pérdida de dos barcos.

El 1 de mayo de 1503 ponía rumbo a La Española, pero se vio obligado a recalar en Jamaica, en la bahía de Santa Ana, donde tuvo que encallar los dos barcos y esperar. La hazaña de Diego Méndez y Bartolomé Fiesco logrando llegar en dos canoas desde Jamaica a La Española logró salvarlos.

El 28 de junio de 1504, dejaban Jamaica y el 12 de septiembre, en dos navíos, se dirigían a España. Después de arribar a Sanlúcar de Barrameda el 7 de noviembre de 1504, fracasado y enfermo, siguió hasta la corte y reclamó infructuosamente sus derechos. Murió el 20 de mayo de 1506 en Valladolid.

DIMENSIONES DE LAS CARABELAS DE COLÓN

medidas de la santa maria
medidas de la pinta
medidas de la niña

Las Carabelas de Cristobal Colón

CRONOLOGÍA DE CRISTÓBAL COLON

1451 Nace en Génova, probablemente.

1470-1476 Recorre todo el Mediterráneo, al servicio de comerciantes genoveses.

1476 Comienza su estancia en Portugal.

1477-1482 Navega habitualmente entre las islas atlánticas de Madeira, Azores y Canarias.

1480 Contrae matrimonio con Felipa Moñiz y, dos años más tarde, nace su hijo Diego.

1483-1484 En busca de ayuda, defiende en Portugal, sin éxito, su proyecto de navegación hacia Oriente a través del océano Atlántico.

1485 Abandona Portugal, llega a la Corona de Castilla e inicia sus decisivos contactos con los franciscanos del monasterio onubense de La Rábida.

1486 Los Reyes Católicos le conceden audiencia por vez primera.

1488 Beatriz Enríquez de Arana da a luz el segundo hijo de Colón: Hernando.

1492 Abril: firma con los Reyes Católicos las Capitulaciones de Santa Fe, que estipulaban las condiciones en que realizaría el viaje a los territorios orientales. Agosto: las tres naves expedicionarias zarpan del puerto de Palos de la Frontera (Huelva). Octubre: arriba a una serie de islas antillanas. Tiene lugar el descubrimiento colombino del territorio que habría de llamarse América.

1493 Marzo: regresa a la península Ibérica. Septiembre: Inicio del segundo viaje.

1496 Retorna de nuevo tras fundar, tres años antes, la primera ciudad hispana en el Nuevo Mundo (Isabela, en la isla antillana de La Española).

1498 Comienzo del tercer viaje colombino.

1500 Regresa encadenado, junto a sus hermanos Diego y Bartolomé, por orden del nuevo gobernador de las Indias, Francisco de Bobadilla.

1502 Inicia su cuarto y último viaje al Nuevo Mundo, buscando sin éxito el paso definitivo al rico Oriente.

1504 Enfermo, retorna definitivamente a Castilla y reclama, infructuosamente, la reposición de sus privilegios perdidos.

1506 Fallece el 20 de mayo, en Valladolid.

Información Obtenida de ENCICLOPEDIA ENCARTA

Cristóbal Colón – La Carta de Colón anunciando el descubrimiento

Señor, porque sé que habréis placer de la gran victoria que Nuestro Señor me ha dado en mi viaje, vos escribo ésta, por la cual sabréis como en 33 días pasé de las islas de Canaria a las Indias con la armada que los ilustrísimos rey y reina nuestros señores me dieron, donde yo hallé muy muchas islas pobladas con gente sin número; y de ellas todas he tomado posesión por Sus Altezas con pregón y bandera real extendida, y no me fue contradicho.

A la primera que yo hallé puse nombre San Salvador [isla Watling] a comemoración de Su Alta Majestad, el cual maravillosamente todo esto ha dado; los Indios la llaman Guanahaní; a la segunda puse nombre la isla de Santa María de Concepción [Cayo Rum]; a la tercera Fernandina [Isla Long]; a la cuarta la Isabela [Isla Crooked]; a la quinta la isla Juana [Cuba], y así a cada una nombre nuevo. Cuando yo llegué a la Juana, seguí yo la costa de ella al poniente, y la hallé tan grande que pensé que sería tierra firme, la provincia de Catayo.

Y como no hallé así villas y lugares en la costa de la mar, salvo pequeñas poblaciones, con la gente de las cuales no podía haber habla, porque luego huían todos, andaba yo adelante por el dicho camino, pensando de no errar grandes ciudades o villas; y, al cabo de muchas leguas, visto que no había innovación, y que la costa me llevaba al setentrión, de adonde mi voluntad era contraria, porque el invierno era ya encarnado, y yo tenía propósito de hacer de él al austro, y también el viento me dio adelante, determiné de no aguardar otro tiempo, y volví atrás hasta un señalado puerto, de adonde envié dos hombres por la tierra, para saber si había rey o grandes ciudades.

Anduvieron tres jornadas, y hallaron infinitas poblaciones pequeñas y gente sin número, mas no cosa de regimiento; por lo cual se volvieron.Yo entendía harto de otros Indios, que ya tenía tomados, como continuamente esta tierra era isla, y así seguí la costa de ella al oriente ciento y siete leguas hasta donde hacía fin.

Del cual cabo vi otra isla al oriente, distante de esta diez y ocho leguas, a la cual luego puse nombre la Española y fui allí, y seguí la parte del setentrión, así como de la Juana al oriente, 188 grandes leguas por línea recta; la cual y todas las otras son fertilísimas en demasiado grado, y ésta en extremo. En ella hay muchos puertos en la costa de la mar, sin comparación de otros que yo sepa en cristianos, y hartos ríos y buenos y grandes, que es maravilla.

Las tierras de ella son altas, y en ella muy muchas sierras y montañas altísimas, sin comparación de la isla de Tenerife; todas hermosísimas, de mil fechuras, y todas andables, y llenas de árboles de mil maneras y altas, y parece que llegan al cielo; y tengo por dicho que jamás pierden la hoja, según lo puedo comprehender, que los ví tan verdes y tan hermosos como son por mayo en España, y de ellos estaban floridos, de ellos con fruto, y de ellos en otro término, según es su calidad; y cantaba el ruiseñor y otros pajaricos de mil maneras en el mes de noviembre por allí donde yo andaba. Hay palmas de seis o ocho maneras, que es admiración verlas, por la deformidad hermosa de ellas, mas así como los otros árboles y frutos e hierbas. En ella hay pinares a maravilla y hay campiñas grandísimas, y hay miel, y de muchas maneras de aves, y frutas muy diversas.

En las tierras hay muchas minas de metales, y hay gente en estimable número. La Española es maravilla; las sierras y las montañas y las vegas y las campiñas, y las tierras tan hermosas y gruesas para plantar y sembrar, para criar ganados de todas suertes, para edificios de villas y lugares. Los puertos de la mar aquí no habría creencia sin vista, y de los ríos muchos y grandes, y buenas aguas, los más de los cuales traen oro. En los árboles y frutos e hierbas hay grandes diferencias de aquellas de la Juana. En ésta hay muchas especierías, y grandes minas de oro y do otros metales. La gente de esta isla y de todas las otras que he hallado y he habido noticia, andan todos desnudos, hombres y mujeres, así como sus madres los paren, aunque algunas mujeres se cobijan un solo lugar con una hoja de hierba o una cofia de algodón que para ellos hacen.

Ellos no tienen hierro, ni acero, ni armas, ni son para ello, no porque no sea gente bien dispuesta y de hermosa estatura, salvo que son muy temeroso a maravilla. No tienen otras armas salvo las armas de las cañas, cuando están con la simiente, a la cual ponen al cabo un palillo agudo; y no osan usar de aquellas; que muchas veces me ha acaecido enviar a tierra dos o tres hombres a alguna villa, para haber habla, y salir a ellos de ellos sin número; y después que los veían llegar huían, a no aguardar padre a hijo; y esto no porque a ninguno se haya hecho mal, antes, a todo cabo adonde yo haya estado y podido haber fabla, les he dado de todo lo que tenía, así paño como otras cosas muchas, sin recibir por ello cosa alguna; mas son así temerosos sin remedio. Verdad es que, después que se aseguran y pierden este miedo, ellos son tanto sin engaño y tan liberales de lo que tienen, que no lo creería sino el que lo viese. Ellos de cosa que tengan, pidiéndosela, jamás dicen de no; antes, convidan la persona con ello, y muestran tanto amor que darían los corazones, y, quieren sea cosa de valor, quien sea de poco precio, luego por cualquiera cosica, de cualquiera manera que sea que se le dé, por ello se van contentos.

Yo defendí que no se les diesen cosas tan civiles como pedazos de escudillas rotas, y pedazos de vidrio roto, y cabos de agujetas aunque, cuando ellos esto podían llegar, les parecía haber la mejor joya del mundo; que se acertó haber un marinero, por una agujeta, de oro peso de dos castellanos y medio; y otros, de otras cosas que muy menos valían, mucho más; ya por blancas nuevas daban por ellas todo cuanto tenían, aunque fuesen dos ni tres castellanos de oro, o una arroba o dos de algodón filado.

Hasta los pedazos de los arcos rotos, de las pipas tomaban, y daban lo que tenían como bestias; así que me pareció mal, y yo lo defendí, y daba yo graciosas mil cosas buenas, que yo llevaba, porque tomen amor, y allende de esto se hagan cristianos, y se inclinen al amor y servicio de Sus Altezas y de toda la nación castellana, y procuren de ayuntar y nos dar de las cosas que tienen en abundancia, que nos son necesarias.

Y no conocían ninguna seta ni idolatría salvo que todos creen que las fuerzas y el bien es en el cielo, y creían muy firme que yo con estos navíos y gente venía del cielo, y en tal catamiento me recibían en todo cabo, después de haber perdido el miedo. Y esto no procede porque sean ignorantes, y salvo de muy sutil ingenio y hombres que navegan todas aquellas mares, que es maravilla la buena cuenta que ellos dan que de todo; salvo porque nunca vieron gente vestida ni semejantes navíos. Y luego que llegué a Indias, en la primera isla que hallé tomé por fuerza algunos de ellos, para que deprendiesen y me diesen noticia de lo que había en aquellas partes, así fue que luego entendieron, y nos a ellos, cuando por lengua o señas; y estos han aprovechado mucho.

Hoy en día los traigo que siempre están de propósito que vengo del cielo, por mucha conversación que hayan habido conmigo; y éstos eran los primeros a pronunciarlo adonde yo llegaba, y los otros andaban corriendo de casa en casa y a las villas cercanas con voces altas: venid, venid a ver la gente del cielo; así, todos, hombres como mujeres, después de haber el corazón seguro de nos, venían que no quedaban grande ni pequeño, y todos traían algo de comer y de beber, que daban con un amor maravilloso.

Ellos tienen en todas las islas muy muchas canoas, a manera de fustas de remo, de ellas mayores, de ellas menores; y algunas son mayores que una fusta de diez y ocho bancos. No son tan anchas, porque son de un solo madero; mas una fusta no terná con ellas al remo, porque van que no es cosa de creer. Y con éstas navegan todas aquellas islas que son innumerables, y tratan sus mercaderías. Alguna de estas canoas he visto con 70 y 80 hombres en ella, y cada uno con su remo.

En todas estas islas no vi mucha diversidad de la hechura de la gente, ni en las costumbres ni en la lengua; salvo que todos se entienden, que es cosa muy singular para lo que espero que determinaran Sus Altezas para la conversión de ellos a nuestra santa fe, a la cual son muy dispuestos.

Ya dije como yo había andado 107 leguas por la costa de la mar por la derecha línea de occidente a oriente por la isla de Juana, según el cual camino puedo decir que esta isla es mayor que Inglaterra y Escocia juntas; porque, allende de estas 107 leguas, me quedan de la parte de poniente dos provincias que yo no he andado, la una de las cuales llaman Avan, adonde nace la gente con cola; las cuales provincias no pueden tener en longura menos de 50 o 60 leguas, según pude entender de estos Indios que yo tengo, los cuales saben todas las islas. Esta otra Española en cierco tiene más que la España toda, desde Colibre, por costa de mar, hasta Fuenterrabía en Viscaya, pues en una cuadra anduve 188 grandes leguas por recta línea de occidente a oriente.

Esta es para desear, y vista, para nunca dejar; en la cual, puesto que de todas tenga tomada posesión por Sus Altezas, y todas sean más abastadas de lo que yo sé y puedo decir, y todas las tengo por de Sus Altezas, cual de ellas pueden disponer como y tan cumplidamente como de los reinos de Castilla, en esta Española, en el lugar más convenible y mejor comarca para las minas del oro y de todo trato así de la tierra firme de aquí como de aquella de allá del Gran Can, adonde habrá gran trato y ganancia, he tomado posesión de una villa grande, a la cual puse nombre la villa de Navidad; y en ella he hecho fuerza y fortaleza, que ya a estas horas estará del todo acabada, y he dejado en ella gente que abasta para semejante hecho, con armas y artellarías y vituallas por más de un ano, y fusta, y maestro de la mar en todas artes para hacer otras, y grande amistad con el rey de aquella tierra, en tanto grado, que se preciaba de me llamar y tener por hermano, y, aunque le mudase la voluntad a ofender esta gente, él ni los suyos no saben que sean armas, y andan desnudos, como ya he dicho, y son los más temerosos que hay en el mundo; así que solamente la gente que allá queda es para destruir toda aquella tierra; y es isla sin peligros de sus personas, sabiéndose regir.

En todas estas islas me parece que todos los hombres sean contentos con una mujer, y a su mayoral o rey dan hasta veinte. Las mujeres me parece que trabajan más que los hombres. Ni he podido entender si tienen bienes propios; que me pareció ver que aquello que uno tenía todos hacían parte, en especial de las cosas comederas. En estas islas hasta aquí no he hallado hombres mostrudos, como muchos pensaban, mas antes es toda gente de muy lindo acatamiento, ni son negros como en Guinea, salvo con sus cabellos correndíos, y no se crían adonde hay ímpeto demasiado de los rayos solares; es verdad que el sol tiene allí gran fuerza, puesto que es distante de la línea equinoccial veinte y seis grados. En estas islas, adonde hay montañas grandes, allí tenía fuerza el frío este invierno; mas ellos lo sufren por la costumbre, y con la ayuda de las viandas que comen con especias muchas y muy calientes en demasía. Así que mostruos no he hallado, ni noticia, salvo de una isla Quaris, la segunda a la entrada de las Indias, que es poblada de una gente que tienen en todas las islas por muy feroces, los cuales comen carne humana.

Estos tienen muchas canoas, con las cuales corren todas las islas de India, y roban y toman cuanto pueden; ellos no son más disformes que los otros, salvo que tienen costumbre de traer los cabellos largos como mujeres, y usan arcos y flechas de las mismas armas de cañas, con un palillo al cabo, por defecto de hierro que no tienen. Son feroces entre estos otros pueblos que son en demasiado grado cobardes, mas yo no los tengo en nada más que a los otros. Estos son aquéllos que tratan con las mujeres de Matinino, que es la primera isla, partiendo de España para las Indias, que se halla en la cual no hay hombre ninguno. Ellas no usan ejercicio femenil, salvo arcos y flechas, como los sobredichos, de cañas, y se arman y cobijan con launes de arambre, de que tienen mucho. Otra isla hay, me aseguran mayor que la Española, en que las personas no tienen ningún cabello. En ésta hay oro sin cuento, y de ésta y de las otras traigo conmigo Indios para testimonio.

En conclusión, a hablar de esto solamente que se ha hecho este viaje, que fue así de corrida, pueden ver Sus Altezas que yo les daré oro cuanto hubieren menester, con muy poquita ayuda que Sus Altezas me darán; ahora, especiería y algodón cuanto Sus Altezas mandarán, y almástiga cuanta mandarán cargar, y de la cual hasta hoy no se ha hallado salvo en Grecia en la isla de Xío, y el Señorío la vende como quiere, y ligunáloe cuanto mandarán cargar, y esclavos cuantos mandarán cargar, y serán de los idólatras; y creo haber hallado ruibarbo y canela, y otras mil cosas de sustancia hallaré, que habrán hallado la gente que yo allá dejo; porque yo no me he detenido ningún cabo, en cuanto el viento me haya dado lugar de navegar; solamente en la villa de Navidad, en cuanto dejé asegurado y bien asentado. Y a la verdad, mucho más hiciera, si los navíos me sirvieran como razón demandaba. Esto es harto y eterno Dios Nuestro Señor, el cual da a todos aquellos que andan su camino victoria de cosas que parecen imposibles; y ésta señaladamente fue la una; porque, aunque de estas tierras hayan hablado o escrito, todo va por conjectura sin allegar de vista, salvo comprendiendo a tanto, los oyentes los más escuchaban y juzgaban más por habla que por poca cosa de ello.

Así que, pues Nuestro Redentor dio esta victoria a nuestros ilustrísimos rey e reina y a sus reinos famosos de tan alta cosa, adonde toda la cristiandad debe tomar alegría y hacer grandes fiestas, y dar gracias solemnes a la Santa Trinidad con muchas oraciones solemnes por el tanto ensalzamiento que habrán, en tornándose tantos pueblos a nuestra santa fe, y después por los bienes temporales; que no solamente la España, mas todos los cristianos tenían aquí refrigerio y ganancia. Esto, según el hecho, así en breve. Fecha en la carabela, sobre las islas de Canaria, a 15 de febrero, año 1493. Hará lo que mandaréis El almirante. Después de ésta escrita, y estando en mar de Castilla, salió tanto viento conmigo sur y sueste, que me ha hecho descargar los navíos.

Pero corrí aquí en este puerto de Lisboa hoy, que fue la mayor maravilla del mundo, adonde acordé escribir a Sus Altezas. En todas las Indias he siempre hallado los temporales como en mayo; adonde yo fui en 33 días, y volví en 28, salvo que estas tormentas me han detenido 13 días corriendo por este mar. Dicen acá todos los hombres de la mar que jamás hubo tan mal invierno ni tantas pérdidas de naves. Fecha a 4 días de marzo. El original de esta carta de Colón ha desaparecido. Se conservan varias versiones en español, italiano y latín.

       

Grandes Exploradores del Mundo Historia y Descripcion de los Viajes

Grandes Exploradores del Mundo: Historia y Descripción de los Viajes

grandes exploradores del mundo

La era de las exploraciones
La curiosidad de los europeos acerca del resto del mundo los llevó a realizar exploraciones sistemáticas en busca de oportunidades comerciales y recursos materiales, y dichas exploraciones acabaron dando lugar al establecimiento de imperios coloniales.

Los inicios
La exploración y el descubrimiento de un mundo más ancho por parte de Europa se aceleró durante el siglo XV. Los relatos de un nuevo mundo traídos por viajeros en el pasado se habían tachado de imaginarios o exagerados, pero, a partir de mediados de la década de 1400, la exploración se tornó más sistemática y a menudo respondió más a motivos económicos que a la simple curiosidad.

A partir del siglo XII, Europa había vivido una suerte de «renacimiento» tecnológico. Además, las Cruzadas habían ampliado la concepción del mundo de los europeos, que gracias a ellas habían entrado en contacto con el saber y la tecnología árabes.

Entre tanto, la prosperidad y el fortalecimiento crecientes de la dinastía Yuan (mongol) en China habían propiciado el comercio y el intercambio de conocimientos con los árabes, a través de los cuales estos habían llegado también a Europa. Se establecieron nuevas rutas comerciales por mar, las cuales se sumaron a la principal ruta por tierra, la Ruta de la Seda, y permitieron ampliar las importaciones a Europa procedentes de Oriente. Y no se importaron exclusivamente artículos de lujo, sino también nuevas tecnologías que permitieron a los europeos convertirse en los grandes exploradores del mundo. Dichas importaciones, entre las que figuraban el timón con codaste, el compás magnético y la pólvora, demostraron ser vitales.

El comercio, tanto de bienes como de ideas, era un factor sumamente estimulante; la intrepidez en la búsqueda de nuevas rutas comerciales y pasos seguros a las nuevas tierras reportaba pingües recompensas económicas. Paralelamente, los europeos también se sumieron en una campaña de difusión del cristianismo que constituyó una parte fundamental de su expansión.

Marco Polo
Uno de los primeros individuos que viajó en busca de nuevas oportunidades fue Marco Polo. Hubo relatos de otros, como Preste Juan, un legendario rey y sacerdote cristiano de Oriente, pero todo apunta a que fueron ficticios. Cuando Marco Polo falleció en 1324, había visto más mundo que ningún europeo con vida. Veneciano de origen, había viajado desde su ciudad natal hasta China
a través de la India y había cruzado el océano índico para llegar al mundo árabe.

Su padre y su tío, mercaderes de profesión, habían anticipado las posibilidades de comerciar con Oriente y se embarcaron en un viaje hasta el Imperio Mongol y a través de China. Su primera expedición duró nueve años y en ella conocieron al primer emperador mongol de China, Kublai Kan. El viaje de regreso les llevó tres años y, dos años después, en 1271, regresaron llevándose consigo a Marco, que por entonces tenía 17 años.

Tardaron tres años y medio en acceder al Kan. Marco permaneció en su corte como sirviente leal durante un lapso de 17 años, en el transcurso del cual recorrió Asia de punta a punta registrando las costumbres locales para el Gran Kan. En 1295 regresó a Venecia y tres años después fue apresado por los genoveses en una batalla naval.

Compartía celda con un escritor llamado Rustichello, quien lo persuadió para que le dictase sus relatos. Se cree que Rustichello adornó las historias, pero también se dice que, siendo anciano, Marco Polo afirmó que solo había narrado la mitad de lo que había visto y que, de haberlo contado todo, nadie le habría creído. (ver Los Viajes de Marco Polo)

Aunque los instrumentos de medición significaron un avance importante, el conocimiento que proporcionaban era aún imperfecto. Durante mucho tiempo, los marinos siguieron confiando en la observación del agua, la flora y la fauna para calcular a qué distancia de la tierra se encontraban. El siguiente es un fragmento de las instrucciones que el navegante portugués Pero de Queirós escribió en el año 1606 durante un viaje por el Pacífico:

“Si las aguas se ven grasosas, con hojas de árboles, yerbas, maderas, ramas, cocos y otras cosas que las olas llevan de la orilla y los ríos arrastran, es señal de que la tierra está cerca. […] Si las aves que vemos son piqueros, patos, cercetas, gaviotas, estopegados, golondrinas de mar, gorriones-halcones, flamingos o siloricos, es señal de que la tierra está muy cerca; pero si hallamos pájaros bobos no debemos pensar en nada, pues esas aves vuelan de una tierra a otra. […] Si el color del mar no es el ordinario cuando hay gran profundidad, es decir, azul oscuro, será necesario tener cuidado, y si es de noche habrá que oír los ruidos del mar y asegurarse de que no son más fuertes que de ordinario.”

Citado por JOHN R. HALE.
La edad de la exploración.
Atlas culturales del mundo. Volumen 1.
Barcelona, Folio, 1995.

ENTRE EL HORIZONTE Y LA ESTRELLA POLAR
Los problemas fundamentales de la navegación son dos: conocer el rumbo y la posición de la embarcación. En tiempos primitivos, esto se posibilitaba cuando se navegaba a la vista de la costa, teniendo como referencias distintos accidentes geográficos, como montes, promontorios o islas. En altamar, al no tener estas referencias, se recurría a los astros para mantener el rumbo, lo que está atestiguado en los poemas homéricos cuando se describe la navegación de Odiseo.

Sin embargo, no se podía aún obtener la posición del navío por este medio. Los griegos, para guiar sus naves, utilizaban la constelación de la Osa Mayor, mientras que los fenicios observaban la Osa Menor. Ambas indicaban el Norte con cierta aproximación, por lo cual podían seguir el rumbo respecto de aquéllas. Aristóteles había advertido el cambio del aspecto del cielo según nuestro desplazamiento hacia el Norte o hacia el Sur. El valor de la latitud geográfica en la que se encontraba una nave se obtenía en una primera aproximación al medir el ángulo entre el horizonte y la estrella Polar.

Este astro, situado justo en la proyección del eje de rotación terrestre, es muy útil para el posicionamiento, ya que permanece prácticamente fijo. Si nos encontramos en el polo Norte, lo tenemos sobre nuestra cabeza, es decir, a 90° del horizonte; por lo tanto, nuestra latitud es de 90° Norte. Desde el ecuador, lo veremos sobre el horizonte, por lo que nuestra latitud será 0° y, desde posiciones intermedias, lo observaremos elevado sobre el horizonte, un ángulo igual a nuestra latitud.

Actualmente, la estrella Polar se encuentra a menos de un grado del polo de rotación del cielo, pero en esa época estaba más alejada por lo que, en realidad, describía un círculo alrededor del polo celeste en cuyo diámetro (para tener idea de su dimensión) cabrían catorce lunas llenas. De esto se anoticiaron los marinos de Colón, quienes, durante la navegación, al considerar fija a la estrella Polar, se atemorizaron porque creyeron que era la aguja magnética de la brújula la que cambiaba su orientación de manera irregular. Sin embargo, Colón los calmó y les explicó el fenómeno para cuya comprobación les mostró las distintas posiciones de la estrella Polar a lo largo de la noche.

Uno de los libros de viaje mas conocidos de la Edad Alta Media fue el Libro de las Maravillas del Mundo de Juan de Mandeville (escrito entre 1357 y 1371), que influyó tanto a Cristóbal Colón como a Américo Vespucio. En su libro, Mandeville describía una serie de monstruos que vivían más allá del mundo conocido, incluidos los gigantes de un solo ojo llamados cíclopes, las criaturas con una sola pierna llamadas esciápodos y los temibles anthropophagi, que tenían la boca en el centro del pecho.

¿Era posible que en vez de monstruos aún vivieran personas en lo que parecía el jardín del edén? ¿De algún modo habían eludido la maldición del pecado original? Y si era así, ¿cómo lo habían conseguido? Desgraciadamente, la consideración de esos indígenas como descendientes olvidados e incorruptos de Adán no casaba con el imperativo financiero de compensar la falta de tesoros de las primeras expediciones. A partir del año 1507 los relatos de los primeros exploradores europeos fueron amañados por correctores y patrocinadores varios para demostrar que las tierras del oeste eran una fuente legítima de esclavos.

Los dibujos publicados junto al segundo diario de Vespucio incluían un mapa de América del Sur, llamada América en honor al explorador italiano. También representaba a unos salvajes caníbales dándose un festín de piernas humanas asadas. Ya en la década de 1430, Enrique el Navegante había sentado precedente al describir a sus esclavos africanos como «hombres salvajes de los bosques».

En sus últimos viajes, Vespucio y Colón informaron de prácticas caníbales entre algunas tribus indígenas (en concreto, los caribes). Fue una noticia de primera plana. Los caníbales -afirmaba Vespucio- copulaban con mujeres cautivas y «al cabo de un tiempo, una furia diabólica se apoderaba de ellos, mataban a las madres y los bebés, y se los comían”

Para los mercaderes musulmanes el transporte y la venta de esclavos, sobre todo de África, había sido durante siglos un negocio rentable. Los exploradores europeos del Atlántico, en cambio, descubrieron una nueva misión para los esclavos como mano de obra en el campo. En el año 1419 dos capitanes de barco al servicio de Enrique el Navegante descubrieron la isla desierta de Madeira. A Enrique se le ocurrió explotar el lugar con la plantación de caña de azúcar —entonces tan poco común que se consideraba una especia—, conocida en el sur de España porque los califas musulmanes de Córdoba la habían traído desde el sureste asiático.

Las plantaciones de azúcar requieren mucha mano de obra, porque las cañas deben plantarse de forma manual. La abundante y barata fuente de esclavos africanos de Enrique hizo que en la década de 1450 la producción de azúcar de Madeira ya se hubiera convertido en un nuevo modelo de creación de riqueza: en efecto, cultivar productos de gran valor en el clima adecuado y con mano de obra gratuita era una actividad muy lucrativa. Al cabo de poco tiempo, todo explorador con serias intenciones de hacer financieramente viables sus empresas adoptó el nuevo método. El propio Colón introdujo la caña de azúcar en el Caribe durante su segundo viaje, el mismo en el que empezó a esclavizar a los indígenas.

En el año 1500 Madeira había dejado de ser-una comunidad autosuficiente de unos quinientos colonos para convertirse en una colonia dedicada a la plantación de azúcar con una población de 20.000 habitantes, en su mayor parte esclavos. Entre 1450 y 1500 los portugueses llevaron a más de 150.000 esclavos a sus territorios de ultramar.

Los mapas del mundo y los relatos épicos de los primeros exploradores se convirtieron en libros superventas para los editores alemanes que acababan de desarrollar la primera imprenta europea de caracteres móviles. Tradicionalmente, se ha creído que fue Johannes Gutenberg quien inventó el trascendental artefacto hacia el año 1450, aunque el primer sistema de caracteres móviles parece que fin ideado hacia el año 1040 por Bi Sheng, un inventor chino que utilizó piezas de porcelana.

Los caracteres móviles de metal aparecieron en Corea alrededor del año 1230. Pero en realidad el sistema nunca cuajó en Asia oriental, porque imprimir en una lengua con miles de caracteres diferentes resultaba muy difícil. En cambio, cuando se utilizó un sistema alfabético con sólo veintiséis símbolos, las letras reorganizables convertidas en placas de impresión trasformaron la economía de la producción de libro en gran escala. Entre los años 1504 y 1506 se publicaron veintitrés ediciones del Mundus Novus de Vespucio.

Vasco de Gama fue el primer navegante portugués que consiguió llegar a la India, en concreto desembarcó en Calicut el 14 de mayo de 1498 Su viaje demostró que la ruta que costeaba África era la vía marítima más rápida y fácil para Ilegal a Oriente. En su primer viaje, una furiosa multitud mana se burló de él y le obligó a marcharse por no tener casi nada que ofrecer a los mercaderes indios a cambio de sus especias y seda. En el año 1502  volvió De Gama a hacerse a la mar, en esta ocasión  acompañado por veinte barcos de guerra.

Volvió de ese viaje con grandes cantidades de seda y oro, aun que seguía sin tener nada que ofrecer a cambio, gracias a una combinación de piratería y coacción. Su expedición proporcionó a Portugal sus primeros derechos comerciales directos y exclusivos, y puso fin al comercio portugués con mercaderes musulmanes de excesivos honorarios. Tras asaltar una barco musulmán que volvía de la Meca, Gama encerró a los 380 hombres, mujeres y niños que  había a bordo e incendió el barco. El episodio fue tan salvaje como simbólico. Los dirigentes indios captaron el mensaje. 

EL DIARIO DE ABORDO DE CRISTÓBAL COLÓN

Es posiblemente el más importante de los documentos relativos a la historia de los descubrimientos geográficos. El diario de navegación oficial de la Santa María recoge todas las vicisitudes del primer viaje y contiene el relato del primer encuentro con las nuevas tierras y con sus habitantes.

El texto íntegro de este diario se ha perdido. Afortunadamente conservamos una versión de él, resumida y comentada por fray Bartolomé de las Casas, quien algunas veces respeta el texto original, reproduciendo íntegramente algunos pasajes. Éste es el caso del fragmento que sigue, primera descripción etnológica de los “indios”, realizada por el propio almirante:

“Ellos andan todos desnudos como su madre los parió, y también las mujeres, aunque no vide más de una harto moza. Y todos los que yo vide eran todos mancebos, que ninguno vide de edad de más de treinta años: muy bien hechos, de muy fermosos cuerpos y muy buenas caras. Los cabellos gruesos cuasi como sedas de cola de caballo, e cortos. Los cabellos traen por encima de las cejas, salvo unos pocos detrás, que traen largos, que jamás se cortan.

Dellos se pintan de prieto y dellos son de la color de los canarios, ni negros ni blancos y dellos se pintan de blanco, dellos de colorado y dellos de lo que hallan y dellos se pintan las caras y dellos todo el cuerpo y dellos sólo los ojos y dellos sólo la nariz. Ellos no traen armas ni las conocen, porque les mostré espadas y las tomaban por el filo y se cortaban por ignorancia. No tienen ningún hierro.

Sus azagayas son unas varas sin hierro y algunas de ellas tienen en la punta un diente de pez, y otras de otras cosas. Ellos todos suelen ser de buena estatura, de grandeza y buenos gestos bien hechos. Yo vi algunos que tenían señales de heridas en sus cuerpos y les pregunté por señas qué era aquello, y ellos me mostraron como allí venía gente de otras islas que estaban cerca y les querían tomar y se defendían. Y yo creí y creo que aquí vienen de tierra firme a tomarlos por cautivos.

Ellos deben ser buenos servidores y de buen ingenio, pues pronto repiten todo lo que les enseño a decir y creo que fácilmente se harían cristianos, pues me pareció que ninguna secta tenían. Yo, placiendo a Nuestro Señor, llevaré de aquí al tiempo de mi partida seis a Vuestra Alteza para que aprendan a hablar. No vi ninguna clase de animal, salvo papagayos, en esta isla.

“Sábado, 13 de octubre. Luego que amaneció vinieron a la playa muchos de estos hombres, todos mancebos como dicho tengo y todos de buena estatura, gente muy fermosa, los cabellos no crespos, salvo co-rredios y gruesos, como sedas de caballo, y todos de la frente y cabeza muy ancha, más que otra generación que fasta aquí haya visto, y los ojos muy fermosos y no pequeños y dellos ninguno prieto, salvo de la color de los canarios, ni se debe esperar otra cosa, pues esta Lesteoueste (en la latitud) con la isla de Hierro, en Canaria, bajo una línea. Las piernas muy derechas, todas a una mano y no barriga, salvo muy bien hecha.

“Ellos vinieron a la nao con almadías que son hechas del pie de un árbol, como un barco luengo y todo de un pedazo y labrado muy a maravilla según la tierra, y grandes, pues en algunas de ellas venían cuarenta o cuarenta y cinco hombres, y otras más pequeñas, hasta haber algunas en que venía un solo hombre. Remaban con una pala como de hornero y anda a maravilla y si se les trastorna, luego se echan todos a nadar y la enderezan y vacían con calabazas que traen ellos.

Traían ovillos de algodón filado y papagayos y azagayas y otras cositas que sería tardío de escribir y todo daban por cualquier cosa que se les diese. Y yo estaba atento y trabajaba de saber si había oro y vi que algunos de ellos traían un pedazuelo colgado en un agujero que tienen a la nariz, y por señas pude entender que yendo al Sur o volviendo la isla por el Sur que estaba un gran rey que tenía grandes vasos de ello, y tenía muy mucho.

Trabajé que fuesen allá y después vide que no entendían la idea. Determiné de aguardar fasta mañana en la tarde y después partir para el Sudeste, que según muchos de ellos me enseñaron decían que había tierra al Sur y al Sudueste y al Norueste, y que estas gentes del Norueste les venían a combatir muchas veces, y así ir al Sudueste a buscar el oro y las piedras preciosas.

“Esta isla es muy grande y muy llana y de árboles muy verdes y muchas aguas y una laguna en medio muy grande sin ninguna montaña y toda ella verde que es placer de mirarla; y esta gente harto mansa y por la gana de haber nuestras cosas y temiendo que no se les ha de dar sin que den algo, y no lo tienen, toman lo que pueden y se echan luego a nadar; mas todo lo que tienen lo dan por cualquier cosa que les den, que hasta los pedazos de las escudillas y de las tazas de vidrio rotas rescataban, hasta que vi dar diez y seis ovillos de algodón por tres ceotis de Portugal, que es una blanca de Castilla, y en ellos habría más de una arroba de algodón filado.

Esto defendiera y no dejara tomar a nadie, salvo que yo lo mandara tomar todo para Vuestra Alteza si hubiera en cantidad. Aquí nace en esta isla, mas por el poco tiempo no pude dar así del todo fe, y también aquí nace el oro que traen colgando de la nariz; mas por no perder tiempo quiero ver si puedo ir a topar a la isla de Cipango. Agora como fue noche todos se fueron a tierra con sus almadías.

“Domingo, 14 de octubre. En amaneciendo mandé aderezar el batel de la nao y las barcas de las carabelas y fui al luengo de la isla, en el camino del Nordeste, para ver la otra parte, qué era de la otra parte del Este, qué había y también para ver las poblaciones, y vide luego dos o tres y la gente que venían todos a la playa llenándonos y dando gracias a Dios.

Los unos nos traían agua, otros cosas que comer; otros, cuando veían que yo no curaba de ir a tierra, se echaban a la mar nadando y venían y entendíamos que nos preguntaban si éramos venidos del cielo. Y vino uno viejo en el batel dentro y otros a voces grandes llamaban todos hombres y mujeres: ‘Venid a ver a los hombres que vinieron del cielo, traedles de comer y beber’.

“Vinieron muchos y muchas mujeres, cada uno con algo, dando gracias a Dios, echándose al suelo y levantando las manos al cielo y después a voces nos llamaban que fuésemos a tierra”.


Fuente Consultada:
Todo Sobre Nuestro Mundo Christopher Loyd
Historia Universal Tomo 13 Salvat