Ensayos Nucleares

Carrera Armamentista y Espacial en la Guerra Fría

GUERRA FRÍA: Se designan un período del siglo pasado que abarcó dos generaciones y se refieren al inestable equilibrio internacional signado por la inevitable hostilidad entre dos sistemas de organización social fundamentalmente antagónicos: el del capitalismo, basado en la propiedad privada de los medios de producción y en el que el poder es naturalmente ejercido por quienes son sus dueños, y el socialismo, basado en la propiedad colectiva de esos mismos medios y en e! que el poder lógicamente corresponde —o debe corresponder, si se quiere— a la colectividad.

En aquella etapa de la historia en donde se enfrentaban dos concepciones ideológicas por el control del planeta, era necesario para los EE.UU. terminar con los “espías”, con los “traidores”, con la “subversión interna”. Y había que hacer frente con más decisión a la amenaza internacional que el comunismo representaba. ¿Cómo? Manteniendo siempre una abrumadora superioridad militar sobre el “adversario”, sobre el “enemigo”.

Se habían registrado ya varias crisis que habían puesto al mundo al borde de una nueva conflagración generalizada. Se iban a registrar otras, así como varias “guerras locales”, odioso nombre que se da a trágicos conflictos que hacen el efecto de válvulas de seguridad por donde escapan los excesos de presión que genera la “guerra fría”. Lo único que parecía valer era la violencia.

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¡Armas, armas! Nunca había suficientes. La carrera de los armamentos se combinó con la carrera nuclear y la carrera espacial.

¡Armas, armas!: Fría o caliente, la guerra, esa “prosecución de la política exterior por otros medios” según Clausewitz, exige armas. A ser posible, armas más abundantes y mejores que las del adversario. Pronto, pues, comenzó una frenética carrera armamentista. Como comenzó pronto también el clamor de la opinión pública mundial en favor del desarme. Paralelamente al enfrentamiento entre los dos militares, ha habido un constante enfrentamiento entre las “fuerzas de la paz” y las “fuerzas de la guerra”. El desarme se convirtió en tema permanente de debate en las Naciones Unidas y en sucesivas conferencias internacionales.

Apenas declarada oficialmente la “guerra fría”, se legó para justificar los créditos que con destino a nuevas armas votaba el Congreso norteamericano que, mientras Estados Unidos había procedido a una vasta desmovilización de sus ejércitos, la Unión Soviética mantenía los suyos con sus efectivos casi completos y en una especie de estado de alerta. Surgieron, sin embargo, autorizadas voces que desbarataron este argumento. Como las de los cuáqueros, esos consecuentes y a veces tan “inoportunos” defensores de la paz.

“Otra inexactitud a la que se presta mucho crédito —dijeron en 1951, en su declaración “Steps to Peace”— es que Estados Unidos se desarmó unilateralmente después de la Segunda Guerra Mundial, debilitándose y abriendo así el camino a la expansión soviética.

La falsedad en esto hay que buscarla en sus sistema de referencia, porque, si bien es verdad que hemos desmovilizado nuestro ejército en mucha mayor medida que los rusos el suyo, el poderío militar de Estados Unidos nunca ha sido medido por el tamaño de su ejército permanente.

Por razones geográficas, nos apoyamos principalmente en el poder naval y aéreo, mientras que la Unión Soviética es primordialmente una potencia terrestre. Si incluyéramos todas las categorías de armas, como debe hacerse en cualquier análisis objetivo de la fuerza militar, la teoría del desarme unilateral de Estados Unidos se derrumbaría.

En los años transcurridos desde la guerra, nuestra producción de armas atómicas ha continuado a un ritmo cada vez más vivo y ha sido acompañada por una vasta red de bases aéreas y de bombarderos destinados al lanzamiento de tales armas. Nuestra armada, que es con gran diferencia la mayor del mundo, ha sido entretanto mantenida sin disminución alguna”. Convertido por la “doctrina Truman” en guardián del “mundo libre”, Estados Unidos se mostró decidido desde el principio a mantener una gran delantera en la carrera de los armamentos. El Congreso votaba créditos por miles de millones de dólares para nuevas armas, con especial dedicación a las atómicas y a los medios de lanzarlas contra los objetivos. Pero fue también una carrera que causó muchos sinsabores y decepciones al guardián del “mundo libre”.

Ya fue un hecho muy serio que los soviéticos pusieran fin en 1949 al monopolio atómico norteamericano. Se había supuesto que no lograrían hacerlo hasta 1952 ó 1953. Truman se apresuró a anunciar que Estados Unidos preparaba una bomba de hidrógeno, basada en la fusión de los átomos, no en su fisión, e infinitamente más poderosa que la bomba atómica.

Y, en efecto, el 1? de noviembre de 1952, el mundo entero presenció el aterrador espectáculo de la primera explosión megatónica, preparada con una movilización imponente en el apartado atolón de Eníwetok, en el Pacífico. Pero ¿quién hubiera podido imaginarse que los soviéticos harían un
ensayo parecido el 12 de agosto de 1953, es decir, sólo poco más de hueve meses después? Era indudable que avanzaban por el mismo camino a paso de carga. Siguió la carrera. Más ensayos. Bombas de creciente poder megatónico. Proyectiles balísticos intercontinentales, capaces de llevar estas bombas a cualquier lugar del planeta. ¿Quién asustaba más a quien? Aquel horror tenía algo de juego de niños.

Se procuraba tranquilizar al “mundo libre” con estadísticas: la superioridad nuclear norteamericana era abrumadora. Por su parte, puesto al frente del Kremlin, Nikita Krushchev, con cierta jocunda afición a la jactancia, decía que la Unión Soviética poseía una bomba tan poderosa que no se atrevía a ensayarla y que una conflagración nuclear significaría de modo inevitable el fin del capitalismo en el mundo. El ambiente se contaminaba con la radioactividad.

Y para que las crecientes protestas no frenaran la alocada carrera, llegó a hablarse de bombas nucleares “humanitarias”, término que suponía tan insensato sarcasmo que pronto fue cambiado por el de “limpias”, tampoco muy acertado. Hasta que el 4 de octubre de 1957 el mundo quedó pasmado al escuchar el bip, bip, bipdel primer Sputnik y ver en la noche el paso del primer satélite artificial de la Tierra.

Era el comienzo de la era espacial. Y también la señal de que Moscú se había adelantado en algunos aspectos de la carrera armamentista. Porque en seguida se advirtió el aspecto militar de la proeza científica. Un satélite artificial era “más” que un proyectil balístico intercontinental. Había que alterar algunos rumbos en la desesperada carrera. Había que cambiar algunos conceptos estratégicos. Y había que votar nuevos créditos para nuevas armas. Se habló menos de una “guerra preventiva”. Se habló más de recaudos contra un “ataque por sorpresa”, de sistemas de alarma, de una vigencia permanente, de la necesidad de mantener un poder desvastador de represalia, de la fuerza “disuasiva” que suponía un enorme arsenal nuclear permanentemente a punto. Se estaba ya en el “equilibrio del terror”. En él seguimos viviendo.

¿Eran únicamente razones militares las qué abonaban el mantenimiento de la carrera armamentista a pesar de los clamores de la opinión pública mundial? No se acertaba a comprender por qué avanzaba tan poco en las conversaciones sobre desarme que, en atención a estos clamores, se mantenían en Ginebra. Año tras año, la Asamblea General de las Naciones Unidas recomendaba que se diera un mayor impulso a estas conversaciones. Se decía que Moscú, al proclamarse campeón de la paz y el desarme y negarse al mismo tiempo a determinadas inspecciones, a las que tachaba de “espionaje encubierto”, no hacía más que utilizar a Ginebra como una “tribuna de propaganda”.

En todo caso, era una propaganda muy eficaz. Indujo a Adlai Stevenson, el ex candidato demócrata a la presidencia de Estados Unidos, a expresarse así en la Universidad de Chicago el 12 de mayo de 1960: “Resulta a la vez triste e irónico que los comunistas hayan logrado en tan gran medida acaparar y explotar el clamor por la paz, que es sin duda el grito más fuerte y apasionado en este mundo cansado de guerras y asustado. . . Hemos subrayado lo militar y, durante años, ha parecido que no hemos querido negociar con los rusos, fuera para probar sus intenciones o para demostrar la farsa que representaban.

Entretanto, ellos han suspendido unilateralmente los ensayos nucleares; han reducido unilateralmente su ejército; han propuesto conversaciones en la cumbre con objeto de reducir las tensiones y los peligros de guerra, han propuesto el desarme total. Sean cuales fueren sus móviles, cínicos o sinceros, han tomado constantemente la iniciativa. Han respondido al clamor por la paz, mientras que nosotros hemos puesto reparos y vacilado y luego, al final, cedido.”

Se “cedió” únicamente de modo muy relativo. Porque, aunque se llegó a un acuerdo para suspender los ensayos nucleares en la atmósfera o la superficie de la Tierra —un acuerdo impuesto por Ja creciente contaminación radioactiva de ambiente—, continuó la carrera armamentista, ya combinada con las carreras nuclear y espacial.

Apenas transcurría un año sin que, llegado el momento en que se discutían en el Congreso norteamericano los créditos militares, no se difundieran noticias alarmistas capaces de inducir a la pronta aprobación de tales créditos. Los “gastos de defensa” representaron así cada año una proporción mayor del presupuesto federal de Estados Unidos.

Hasta que la economía norteamericana se convirtió, ya de modo interrumpido, en una típica “economía de guerra”.

La Guerra Fría Crisis de los Misiles Historia Causas Consecuencias

Guerra Fría:Antecedentes, Causas y Acontecimientos

GUERRA FRÍA: ¿Fue Walter Lippman, como se afirma, el primero que utilizó la expresión “guerra fría” para caracterizar esa zona intermedia entre la paz y la guerra —entre una paz perturbada por frecuentes conflictos bélicos “locales” y una guerra generalizada sólo impedida por el terror que inspiraba el holocausto nuclear— que ha mantenido a la humanidad en vilo desde la terminación de la Segunda Guerra Mundial y el aplastamiento de la regresión fascista?

Designan un período del siglo pasado que abarcó dos generaciones y se refieren al inestable equilibrio internacional signado por la inevitable hostilidad entre dos sistemas de organización social fundamentalmente antagónicos: el del capitalismo, basado en la propiedad privada de los medios de producción y en el que el poder es naturalmente ejercido por quienes son sus dueños, y el socialismo, basado en la propiedad colectiva de esos mismos medios y en e! que el poder lógicamente corresponde —o debe corresponder, si se quiere— a la colectividad.

Antecedentes, causas y consecuencias de la Guerra Fría: La segunda guerra mundial dejó importantes consecuencias en los países que habían participado en Millones de muertos y desaparecidos, de los cuales muchos eran civiles; gente desplazada, en su gran mayoría de Europa del este, al oeste; población hambrienta y con frío; destrucción de ciudades, algunas reducidas a escombros.

Nada quedó sin ser afectado: ni puentes, ni ferrocarriles, ni caminos, ni transportes.  La mano de obra se resintió y grandes extensiones de tierras se perdieron para el cultivo.  La actividad industrial se atrasó, faltaban materias primas, herramientas apropiadas, tecnología moderna y energía.

Ante esta realidad, Europa perdió su papel decisivo en la política internacional, y surgió entonces, un nuevo orden mundial representado por la hegemonía de los Estados Unidos y de la Unión Soviética, alrededor de los cuales, y formando dos bloques enfrentados, el bloque occidental y el bloque oriental, se alinearon los restantes países del mundo.  La tensión entre ellos, dio lugar a la llamada “Guerra fría” que dominó por completo las relaciones internacionales en la última mitad del siglo XX.

Guerra Fría: La formación de los bloques

Luego de la guerra, tanto los Estados Unidos, como la Unión Soviética, no supieron ponerse de acuerdo acerca de la reordenación del mundo, pues representaban dos formas de organización política, económica y social muy diferentes.

Para los Estados Unidos, los gobiernos debían garantizar el ejercicio de las libertades individuales, la existencia de organizaciones políticas y sindicales y la libertad ideológica.  Para la Unión Soviética, en cambio, se debía garantizar primeramente la igualdad de oportunidades y la justicia social.  Luego sí, se tendrían en cuenta las libertades individuales.

Estas diferencias, al parecer irreconciliables, hicieron que generaciones enteras viviesen bajo la amenaza de una nueva guerra, ahora con armas nucleares, que arrasaría todo el planeta.

La URSS dominaba, con el apoyo del Ejército Rojo y de partidos comunistas que eliminaron cualquier opositor, Polonia, Rumania, Hungría, Checoslovaquia, Bulgaria, Alemania Oriental, Albania y Yugoslavia.  Los EE.UU., controlaron el resto del mundo capitalista, el hemisferio occidental y los océanos, sin intervenir en la zona soviética.  Los conflictos, ahora se producirían en las regiones pertenecientes a los antiguos imperios coloniales, cuyo fin, ya en 1945 resultaba inminente, sin que se conociese con claridad que orientación política iban a adoptar los nuevos estados postcoloniales.

En Europa, la línea de separación de los bloques, se había trazado según los acuerdos de 1943-1945 llevados adelante por RooseveltChurchill y Stalin.  Alemania quedó dividida en Oriental y Occidental, y lo mismo sucedió con su capital, Berlín.

El secretario de Estado de los Estados Unidos, George Marshall, produjo un programa de ayuda para la reconstrucción de Europa.  El Plan Marshall, otorgaba generosas líneas de crédito y donaciones a los Estados Europeos, a cambio de un cierto control por parte de los Estados Unidos.  Esto permitió el crecimiento económico de casi dieciséis países que se repartieron aproximadamente trece mil millones de dólares.  Al mismo tiempo, EE.UU. inició una dura crítica contra el comunismo.

El espionaje adquirió especial importancia, pero los servicios secretos de uno u otro bando, la KGB y la CIA, a pesar de involucrarse en operaciones complicadas y en asesinatos encubiertos, no tuvieron, salvo algunos casos aislados en países del tercer mundo, un poder político real.  Pero alimentaron la difusión de novelas de espionaje con audaces detectives como protagonistas, de los cuales, James Bond, será su máximo exponente.

La profunda división entre el bloque oriental y occidental, se popularizó con el nombre de “telón de acero” (cortina de hierro).  De un lado, los Estados Unidos y sus aliados en un acuerdo políticomilitar, la OTAN.  Del otro lado, la URSS y sus aliados reunidos en un comité de información y defensa de sus intereses llamado COMINFORM, que dio lugar, posteriormente, a la creación de un mercado económico socialista, el COMECON, y de una alianza militar, EL PACTO DE VARSOVIA.

Cuando ambos bloques contaron con un extenso arsenal atómico, la guerra entre ellos, a pesar de ser utilizada como amenaza, hubiese resultado suicida.

Las guerras de la guerra fría

Sin embargo, tanto los Estados Unidos, como la Unión Soviética, se involucraron en distintas guerras, especialmente en aquellas que fueron llevadas adelante por países (ex colonias), surgidos luego de lograda su Independencia.

La guerra de Corea:

Antiguamente japonés este país habia sido dividido, al fin de la guerra, en dos zonas de ocupación ubicadas a ambos lados del paralelo 38 N, al norte, la soviética, al sur la norteamericana. Cuando retiraron las tropas, en lugar de producirse la unificación de ambas regiones, la división de Corea de consolidó. Cuando el norte quiso avanzar por la fuerza hacia el sur, el presidente de los EE.UU, Truman, decidió intervenir y envió tropas al mando del general Mc. Arthur, las que protagonizaron un gran enfrentamiento armado que se resolvió en 1953 con la firma del armisticio de Panmunjon, firmado en la Pagoda de la Paz, restableciendo las fronteras entre las dos coreas iniciales.

La guerra de lndochina:

La indochina francesa, integrada por Vietnam, Laos y Camboya, se dividió, luego de la Segunda Guerra mundial.  En el norte se formó la República Democrática de Vietnam, con capital en Hanoi, organizada por el Viet minh (fuerzas comunistas), y en el sur se instaló un protectorado francés que no reconoció la independencia de Vietnam del Norte.  La URSS y China, apoyaron al norte comunista, y los EE.UU. a los franceses.  Francia finalmente aceptó la división de Vietnam en dos estados y en el sur se formó una República que se alineó con Norteamérica con el propósito de lograr la ayuda necesaria para terminaron Vietnam del norte.
De esta manera se inició la Guerra de Vietnam, que duró casi veinte años y que terminó con la retirada de las tropas estadounidenses, que no pudieron derrotar a los comunistas en una larga y cruel guerra de guerrillas.  En 1975, las dos zonas se unificaron en un solo país y quedó conformada la República Socialista de Vietnam.

Los conflictos árabe israelíes:
Luego de haber padecido los horrores del Holocausto, los judíos se plantearon la necesidad deformar su propio estado en las tierras de su antiguo país, Palestina, que estaba bajo dominio británico.  Inglaterra abandonó los territorios y la ONU (Naciones Unidas), los dividió en dos partes: una bajo el gobierno de los árabes, y otra bajo el dominio de los judíos.  Es el nacimiento del Estado de Israel, que fijó su capital en Tel Aviv y tuvo a David Ben Gurión como primer presidente.

Pero los países árabes en general, y el pueblo palestino en particular no reconocieron al nuevo estado judío y se produjo un enfrentamiento armado que terminó con la división de la ciudad de Jerusalén para judíos y palestinos.  A pesar de haber sido derrotados varias veces, los árabes no aceptaron la situación y comenzaron a organizarse en diferentes asociaciones para resistir, de las cuales la más importante fue la OLP (Organización para la liberación de Palestina), dirigida por Yasser Arafat.  Los Estados Unidos apoyaron a Israel y la URSS, al mundo árabe.

En 1967 Israel, en una guerra relámpago, extendió sus territorios hacia Belén, Jerusalén, Jericó, el Sinaí hasta Suez, y los altos del Golán.  Esta guerra se denominó de “los seis días” y terminó con la victoria de Israel.  Pero, los árabes decidieron atacar nuevamente y el día del Yom Kippur (fiesta religiosa), del año 1973, avanzaron sobre Israel, pero fueron nuevamente vencidos gracias a la intervención de los EE.UU., que ayudaron a los judíos a obtener una nueva victoria.

Los países árabes, ante esta realidad, decidieron llevar adelante una guerra económica y embargaron el petróleo de los países que ayudaron a Israel, al mismo tiempo que reducían las ventas con el propósito de lograr un aumento de los precios.  Esto desequilibró la economía internacional y los EE.UU. y la URSS, acordaron, a través de la ON U, un “alto el fuego”.

Guerra Fría: La crisis de los misiles en Cuba:

Cuba, que tenía un gobierno dictatorial bajo el auspicio de los EE.UU., organizó, a partir de 1956, un movimiento revolucionario nacionalista dirigido por Fidel Castro, que se logró consolidar en el poder en 1959.  Una vez allí, el nuevo gobierno nacionalizó los recursos económicos de la isla, situación que originó el boicot económico de los EE.UU., quienes interrumpieron totalmente los intercambios y brindaron asilo político y ayuda económica a los disconformes con el nuevo régimen.  La URSS, por el contrario, apoyó a Cuba y en 1960 se establecieron relaciones militares y económicas.

Pero en 1961, se produjo por parte de un grupo de cubanos exiliados, un intento de desembarco en Bahía de los Cochinos, apoyado por la CIA.  Eso motivó que la URSS instalase misiles nucleares en la isla, apuntando a los Estados Unidos.  El presidente Kennedy, ordenó el bloqueo de la isla para impedir la llegada de los barcos soviéticos con las piezas nucleares.  Luego de varios días de tensión, Kruschev ordenó el regreso de los barcos y Kennedy, levantó el bloqueo.  Cuba se convirtió en un país comunista aliado a la URSS y enfrentado a los EE.UU.

Consecuencias de la guerra fría

El enfrentamiento militar y la carrera armamentista, no fueron los aspectos más importantes de la guerra fría, pero sí los más visibles, pues dieron origen a importantes movimientos pacifistas internacionales.  Más significativa fue la política de los dos bloques enfrentados que dividió al mundo en dos bandos: procomunistas y anticomunistas, haciéndole olvidar antiguos problemas, Pero sobre todo, la guerra fría creó la “Comunidad Europea”, que con el tiempo se mostró lo suficientemente capaz para ocupar un lugar entre los grandes

UN PODER DESTRUCTIVO SIN PRECEDENTES

Desde Hiroshima (agosto de 1945) no ha dejado de multiplicarse el poder destructivo de las armas nucleares. A la primera generación, bombas A (atómicas), siguió un nuevo tipo, bombas H (termonucleares), cuyo poder es ilimitado. Si la bomba arrojada sobre Hiroshima equivalía a la carga de 8.000 bombarderos, una sola bomba H supera en potencial destructivo a todas las bombas arrojadas sobre Alemania durante la Segunda Guerra Mundial. Estos ingenios de muerte multiplican su onda explosiva con efectos térmicos y radioactivos; especialmente temibles son las radiaciones, en cuanto que pueden sembrar la muerte a miles de kilómetros del objetivo. En la panoplia de tipos de armas nucleares se han conseguido variantes, como la bomba de neutrones, que puede eliminar la vida del área elegida sin producir destrozos materiales.

La revolución nuclear ha ido acompañada de la revolución balística. Como vectores de las armas atómicas se pasó de aviones subsónicos a aviones supersónicos. Desde 1957 los misiles han tomado el relevo, con un espectro que comprende desde los de alcance medio, que impactan en un blanco a 2.500 km de distancia, hasta los intercontinentales, con un alcance preciso a 14.500 km, y que pueden ser lanzados desde plataformas móviles, aviones o submarinos nucleares. Con los misiles han desaparecido de la superficie del planeta los santuarios seguros.

Finalmente, la revolución balística se ha completado con la modernización tecnológica. Instrumentos electrónicos permiten una precisión casi de metros en el lugar del impacto, precisión conseguida por los SS2O soviéticos y los Pershing II y Cruceros norteamericanos. En esta última generación los misiles son de cabeza múltiple, lo que quiere decir que portan varias cabezas nucleares, con las cuales se ataca diversos blancos con un solo disparo.

Los técnicos han empezado a calcular cuántas veces podría ser destruido el planeta si se empleara todo el arsenal atómico acumulado. Y no parece que sea un consuelo el que tras la reducción de ese arsenal, conseguido en arduas conversaciones, la Tierra puede ser destruida un menor número de veces.  

Guerra Fría: EL CRECIMIENTO DEL CLUB ATÓMICO

En 1945 Estados Unidos poseía el monopolio del arma atómica, pero perdió parte de la ventaja cuando en 1949 la URSS experimentó su primera bomba en Siberia. A partir de 1950, Estados Unidos y la URSS se concentraron en la producción de la bomba H, aunque el primero mantenía ventaja por su sistema de bases en el extranjero, por la miniaturización de los ‘mecanismos y, sobre todo, por la fabricación de los submarinos Polaris,imposibles de detectar por los aparatos de radar para prevenir el ataque.

UN ARSENAL COSTOSO

Sin embargo, a finales de la década de los 50, la URSS cobró ventaja en la carrera del espacio, cuando puso en órbita el primer satélite (Sputnik) y el primer astronauta (Yuri Gagarin), conquistas científicas que tenían una inmediata aplicación militar.

Pero en ese momento ya habían aparecido nuevos países en el club atómico. En 1952, Gran Bretaña experimentó su primera bomba atómica, y en 1960 lo consiguió Francia. Cuatro años después, China realizaba las pruebas y en seguida acumulaba un nutrido arsenal. Sucesivamente, Israel, India y África del Sur, y probablemente algún otro país, se dotaron del correspondiente arsenal atómico. De esta forma, las posibilidades de un enfrentamiento de efectos mundiales se multiplicaron.

No sólo las armas atómicas, sino todos los instrumentos bélicos de las últimas generaciones, tienen un coste que ha llegado a ser insoportable. Con el dinero de un avión “invisible” (no detectable por el radar) o un submarino atómico se podrían construir centenares de hospitales o miles de escuelas. Y aunque en este empeño se concentraron primero los supergrandes, todos los países, incluso los más pobres, invierten cada vez más en armas.

Esta situación agobiante suscitó conversaciones y acuerdos parciales; si el desarme parecía una meta imposible, al menos se intentaría la no diseminación del armamento nuclear. En 1968, sesenta y dos países firma. ron en Ginebra el Tratado de No Proliferación Nuclear, que chinos y franceses se negaron a suscribir.

En 1950, el gasto militar mundial se cifraba en 100.000 millones de dólares, en 1980 en 300.000 millones, en 1982 se había elevado bruscamente a 500.000 y en 1985 alcanzaba 870.000 millones. Las superpotencias no podían soportarlo. De hecho en el hundimiento de la URSS desempeñó un papel el intento ruinoso de replicar al proyecto Reagan de “guerra de las galaxias”. Y para el Tercer Mundo supuso una aberración histórica invertir en armamento los recursos que debiera haber destinado al desarrollo.

Guerra Fría:  CONVERSACIONES DE DESARME

Al año siguiente las dos superpotencias iniciaron conversaciones para la limitación de armas estratégicas (SALT), fijando un techo para el número e instalación de proyectiles balísticos. Así se llegó al acuerdo SALT 1 (1972), que establecía la “paridad nuclear”. Sería el primer paso para nuevas reducciones, incluidas en el acuerdo SALT II, que no entró en vigor al faltar el refrendo parlamentario en los dos grandes.

En conjunto la Guerra Fría dejó dos efectos indeseados. En primer lugar, una inversión disparatada en armamento. En segundo lugar, una imagen casi diabólica del adversario, como resumió el presidente norteamericano Reagan cuando calificó a la Unión Soviética de “imperio del mal”.

El fin de la Guerra Fría: A fines de 1989 -el año en que se celebró el bicentenario de la Revolución Francesa- los televisores de todo el mundo mostraron cómo una multitud de alemanes orientales se dedicaba a demoler el Muro de Berlín. El Muro simbolizaba la división de Alemania -y del mundo- en dos mitades, que representaban el orden capitalista y el orden comunista.

El proceso que condujo a la caída del Muro -y a sucesivos cambios- fue iniciado a mediados de la década de 1980 por el secretario general del Partido Comunista de la Unión Soviética, Mijaíl Corbachov. El propósito de Gorbachov era la reforma del sistema soviético, que condensaba en dos términos: perestroika -que aludía a la reestructuración económica- y glasnost -que remitía a la transparencia y a la apertura política-.

Este proceso suponía, además, una progresiva eliminación de los conflictos estratégico-militares con el bloque occidental, es decir, la terminación programada de la Guerra Fría. Esta tendencia de desmilitarización se puso de manifiesto con los acuerdos para el desarme celebrados con los Estados Unidos.

La reforma “desde arriba” del sistema soviético no tuvo el desarrollo imaginado por sus iniciadores. En pocos años, el régimen comunista se desmoronó, la Unión Soviética se desmembró y prácticamente desapareció como potencia mundial, encerrada en los problemas provocados por la transición de la economía centralmente planificada y el sistema de partido único, a la economía de mercado y la democracia representativa.

Las consecuencias del fin de la Guerra Fría todavía no pueden ser apreciadas en toda su magnitud. Sin embargo, hay cambios profundos y perceptibles que pueden destacarse: la suspensión de la amenaza de una guerra atómica entre las potencias y la reconversión de la industria bélica; la alteración de los equilibrios políticos y militares en las zonas calientes de la Guerra Fría -la Guerra del Golfo y el proceso de paz entre israelíes y palestinos se relacionan con este cambio-; la pérdida de atractivo del modelo comunista frente al capitalismo liberal; el surgimiento de movimientos nacionalistas en los países de Europa del Este y en la ex Unión Soviética; el crecimiento del integrismo islámico, y la configuración de un nuevo esquema de poder internacional marcado por un relativo declive del poderío de los Estados Unidos y los ascensos de Europa y, sobre todo, del Japón.

Kennedy ante la crisis de los misiles
Este gobierno, tal y como os prometió, ha mantenido la más estrecha vigilancia del desarrollo del poderío militar soviético en la isla de Cuba! Durante la pasada semana, se estableció una inconfundible y evidente prueba del hecho de que se está levantando ahora una serie de instalaciones de lanzamiento de proyectiles dirigidos a esa aprisionada isla. El propósito de esas bases no puede ser otro que el de establecer unas instalaciones capaces de llevar a cabo ataques nucleares contra el hemisferio occidental (…)

Las características de estas nuevas instalaciones de lanzamiento de proyectiles dirigidos, indica la existencia de dos tipos de instalaciones. Varias de ellas incluyen proyectiles dirigidos de alcance intermedio, capaces de transportar cargas nucleares hasta una distancia de 100 millas náuticas. Cada uno de esos proyectiles dirigidos es capaz de alcanzar Washington, alcanzando el Canal de Panamá, Cabo Cañaveral, México (capital) o cualquier otra ciudad del sudeste de Estados Unidos, América Central o zona del Caribe (…).

  1. Por lo tanto actuando en defensa de nuestra propia seguridad y de todo el hemisferio occidental, y con arreglo a la autoridad que me concede la Constitución, respaldado por el Congreso, he dispuesto que sean tomadas inmediatamente las siguientes medidas: Para contener toda esta ofensiva, acaba de ser iniciada una estricta cuarentena de todo el equipo militar ofensivo que es embarcado para Cuba (…).
  2. He mandado una ordenada e incrementada vigilancia en Cuba y de sus construcciones militares (…) He ordenado a las Fuerzas Armadas que estén preparadas para cualquier eventualidad y creo que, en interés tanto del pueblo cubano como de los técnicos soviéticos de estos lugares, debe reconocerse el peligro que encierra esta amenaza.

3.La política de esta nación será considerar cualquier lanzamiento de un proyectil nuclear desde Cuba contra cualquier nación del hemisferio occidental, como un ataque de la Unión Soviética contra los Estados Unidos (…).
4. Como medida militar de precaución totalmente necesaria, he ordenado que sea reforzada nuestra base de Guantánamo (…).

  1. Esta misma noche hemos convocado una reunión inmediata al órgano consultivo de la Organización de Estados Americanos (…).
  2. Con arreglo a la Carta de las Naciones Unidas, hemos pedido esta noche una reunión urgente del Consejo de Seguridad, que deberá ser convocada sin demora para tomar una acción contra la última amenaza soviética contra la paz mundial.
    7. Y último. Dirijo un llamamiento al presidente Kruschev para que suspenda y elimine esta clandestina y provocadora amenaza para la paz del mundo y para unas estables relaciones entre nuestras dos naciones.

John E Kennedy,
Presidente de los Estados Unidos de América, 23 de octubre de 1962.

LOS MOMENTOS MAS CRÍTICOS DE LA CRISIS

KENNEDY INFORMA AL MUNDO
El lunes 22 de octubre, a las siete de la tarde, John F. Kennedy, el hombre más joven que ha asumido la presidencia de los Estados Unidos, se dirigió a su pueblo para anunciarles la trascendental decisión: “El propósito de las bases no puede ser otro que proporcionar una fuerza de ataque nuclear contra el Hemisferio Occidental”. Calificó las seguridades dadas por los rusos -en cuanto a que el armamento era defensivo- como un “engaño deliberado” y, acto seguido, paso a exponer lo que, con reiterada existencia, calificó como medidas iniciales.
“Cuarentena” sobre todo el material ofensivo que fuera enviado a Cuba.

Vigilancia estricta y redoblada sobre la Isla, utilizando para ello cualquier medio.
El lanzamiento de un cohete sobre Estados Unidos, desde Cuba, sería considerado como un ataque directo de la Unión Soviética, lo que implicaba la directa e inmediata represalia.

“Conciudadanos, no dude nadie que ésta es una actitud difícil y peligrosa.. .Nadie puede predecir qué rumbo tomará ni que pérdidas o bajas puede costar…”
El bloqueo comenzó efectivamente el 24. La medida obedecía, según algunos, para dar mayor tiempo a que el Kremlin recapacitara, para otros, era el natural temor al enfrentamiento. Noventa buques de la armada estadounidense, apoyados por sesenta y ocho escuadrones aéreos, más ocho portaaviones, se colocaron en posición de localizar e interceptar a más de una veintena de barcos rusos que se dirigían hacia la Isla.
La orden era perentoria: Toda nave que transporte armamento a Cuba debería ser detenida. Para ello, las unidades navales norteamericanas tendrían que abordar cualquier barco que fuera sospechoso, y a los otros, aunque pertenecieran a una nación neutral, se les sometería a control.

Para abordar un barco estimado como sospechoso, se tendría que proceder conforme a la práctica tradicional de darle un alto. En seguida, el capitán tendría que presentar la documentación de la carga que llevaba a bordo y, de ser necesario, aceptar la inspección de rigor.

El problema se presentaría si un buque no aceptaba detenerse ni permitía la inspección. En esos casos, la costumbre establece un disparo de advertencia a varios metros de la proa… Lo que sobrevendría a continuación era sólo cuestión de criterio de parte del capitán del barco sospechoso, como del que ejerce el control.

Kruschev, luego de mantener un silencio de casi 24 horas, protestó airadamente en los foros internacionales, insistiendo en que las armas eran defensivas.

El Secretario General de las Naciones Unidas, U Thant y el Papa Juan XXIII, exhortaron fervientemente a los Estados Unidos y a la Unión Soviética para que preservaran la paz mundial, lo que dio pie para que se iniciaran las negociaciones.

Kruschev ofreció un canje: si los norteamericanos desmantelaban una base de proyectiles existente en Turquía, la URSS lo haría en Cuba.

Kennedy, pese a que en el Comité se había visto como posible de llevar a cabo tal desarme, dado lo anticuado de sus instalaciones, no accedió. La solución no era hacer coincidir el fiel de la balanza entre dos bases, sino que pasaba, exclusivamente, por el retiro de los cohetes desde la isla.

Recién el miércoles 24 la tensión aflojó un grado. El mundo se informó que quince barcos rusos habían cambiado de rumbo.

A todo esto, las conversaciones eran exclusivamente bilaterales. Es decir, Fidel Castro no intervenía en ellas. La opinión pública occidental pro-soviética observaba, con estupefacción, de que el gordo líder del Kremlin estaba negociando la Cuba de Fidel por unas bases en Turquía.

En el intertanto, dos barcos fueron interceptados. Uno fue un mercante de bandera panameña que había sido fletado por la URSS, cuyo capitán aceptó la inspección, luego de la cual, una vez que se comprobó que no portaba armamento, se le dejó seguir su camino hacia La Habana. Más tarde, el mundo contuvo la respiración. Un buque soviético fue detenido en la zona de bloqueo. Era un barco cisterna que indudablemente no transportaba armas. Los hombres de la línea dura en Washington opinaron que no. se podía aceptar ese reto, y que Estados Unidos debía reaccionar con toda su energía militar. Kennedy optó por dar más tiempo a Kruschev, y considerando que el buque había respetado las reglas de la cuarentena, esto es, se había identificado debidamente ante los navíos norteamericanos, debía serle permitido continuar sin ser registrado.

Otro “incidente” hubo de ser cargado en el haber de esta crisis. Un avión U-2 había sido derribado sobre territorio cubano, puesto que no había regresado a su base. Se dice que el mismo Fidel Castro habría apretado el disparador del proyectil que dio por tierra con el espía. John Kennedy, comprendiendo que esa baja era en aras de una solución de paz más global, no concedió mayor importancia a la acción.

La situación estaba clara. El primer mandatario de la Unión Soviética y el Presidente de los Estados Unidos, eran los dos únicos hombres en el mundo de quienes dependía, en última instancia, la responsabilidad de la guerra nuclear.

El fin de la Guerra Fría y las transformaciones territoriales
El fin de la Segunda Guerra Mundial configuró una situación política internacional conocida bajo el nombre de Guerra Fría. La Guerra Fría consistió en el enfrentamiento político, económico, social e ideológico entre dos formas de organización: el sistema capitalista y el sistema socialista. El primero, liderado por los Estados Unidos y el segundo, por la ex Unión Soviética. El resto de los países del mundo se hallaban alineados en uno u otro bloque, aunque un importante número de países se mantuvo al margen, sosteniendo lo que se reconocería como una posición diferente. Se denominaron No Alineados, por su negativa a alinearse con las superpotencias.

El proceso de reformas económicas (“perestroika“) y la democratización de algunos estamentos políticos (“glasnot“), que tuvieron lugar en la Unión Soviética durante la gestión de Mijail Gorbachov (1985-1991), así como la unificación de Alemania Oriental y Occidental (en 1989), significaron el inicio de un proceso de finalización de la Guerra Fría (1991).

Una de las consecuencias inmediatas del fin de la Guerra Fría fue la transformación de las fronteras políticas de la mayor parte de los países que constituían el bloque socialista. Así, la Unión Soviética se dividió en varios estados independientes: Azerbaiyán, Kazajstán, Kirguistán, Tayikistán, Turkmenistán, Uzbekistán, Letonia. Lituania, Estonia, Bielorrusia, Ucrania, Moldavia, Georgia. Armenia. Rusia continúa liderando la política y la economía en el área, desde la Confederación de Estados Independientes, integrada por los países ex miembros de h Unión Soviética —a excepción de los países bálticos— con fines de colaboración económica y militar. Alemania Oriental y Alemania Occidental se unificaron en un único Estado. Checoslovaquia se ha dividido en la República Checa y Eslovaquia, y Yugoslavia en Serbia, Macedo-nia, Eslovenia, Bosnia-Herzegovina y Croacia.

Algunas de estas nuevas divisiones territoriales tuvieron origen en formas de organización política anteriores a .la Segunda Guerra Mundial y, fundamentalmente, en las diferenciaciones étnicas y religiosas existentes con anterioridad al proceso de formación del bloque socialista. Parte de la inestabilidad política iniciada en 1991 se mantiene hasta la actualidad.

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MATANZAS EN LA HISTORIA: LA BOMBA EN HIROSHIMA

masacres humanas

La Bomba de Hiroshima Lazamiento Bomba Atomica Bomba Nuclear Carta HistóricaH I R O S H I  M A: El día 5 de agosto de 1945, en la base de Tiniaii, una isla de las Marianas a 200 km. de Guam, una tripulación de B-29 –la famosa superfortaleza volante– integrante del  509. Grupo Mixto y preparada desde muchos meses antes en la base secreta de Wendover, en Utah, para una misión espacialísima, esperaba llena de ansiedad la llegada de una orden. 

El entrenamiento había sido durísimo y realizado en el más absoluto aislamiento.  La tripulación la encabezaba el coronel Paul Tibbets, veterano jefe de grupo de B-17 con múltiples misiones en Europa y el norte de África y que había sido elegido por sus excepcionales cualidades técnicas y personales.

Él había escogido como hombre de la más absoluta confianza, para acompañarle en la misión, al oficial bombardero Tom Ferebee, experto en el bombardeo por medios visuales, y al oficial de derrota Ted van Kirk, llamado «Dutch», navegante peritísimo.

Durante meses habían hecho prácticas de lanzamiento de una rara bomba a la que se llamaba familiarmente “La Cosa“, un enorme cilindro dotado de cola, cuyo contenido explosivo era un arcano para casi todos, Sólo Tibbets estaba en el secreto de su carga nuclear y, llegado el momento del lanzamiento, la pregunta que le obsesionaba era: ¿la deflagración alcanzaría a volatilizar el avión portador de la bomba? «No obstante confesaría después el propio Tibbets yo confiaba plenamente en los científicos y sabía que sus cálculos eran de una precisión total. 

Ellos me habían explicado que, en el instante de la explosión, mi avión se habría alejado 17 kilómetros del punto cero en relación con la trayectoria de la bomba.  Por otra parte, en cuanto al problema de la onda provocada por la bomba, los ingenieros aeronáuticas me aseguraron que mi superfortaleza soportaría un choque de 2 g, es decir, el doble de su propio peso.»

Aquel día 5 se llegaba a la fecha de la gran decisión, porque los meteorológicos habían pronosticado que el período entre el 6 y el 9 de agosto ,cría el más favorable para realizar el bombardeo desde el cielo japonés. 

Robert J. Oppenheimer Robert J. Oppenheimernació en  1904, en Nueva York, siendo hijo de un emigrante alemán llegado a América a los 14 años y que posteriormente haría fortuna en negocios textiles. Desde su más temprana infancia, Oppenheimer demostró poseer una inteligencia privilegiada. 

Sus estudios superiores los cursó en Harvard, simultaneando las humanidades con la física y la química.  Dotado de una gran ansia de saber, y con una extraordinaria capacidad para asimilar conocimientos, se interesó por el  pensamiento oriental, estudió el hinduismo y llegó a dominar el sánscrito, aparte de numerosas lenguas vivas.  En 1925 se diplomó cum laude en Harvard.  Posteriormente, amplió estudios de física en Cambridge con Rutherford, en Gotinga con Born y Dirac y más, en Zurich Leyde.

Su brillantez intelectual y la profundidad de sus estudios le hicieron perfilarse como un científico de gran porvenir, que había encontrado su camino en la más fascinante empresa que en la década de 1930 se le podía proponer a un físico: la investigación atómica.  En 1 92 9 empezó a dar clases de física en la Universidad de Berkeley, donde dispuso de un importante laboratorio de investigación.

Alineado entre los intelectuales americanos de ideas socialmente progresivas, Qppenheimer no hizo un secreto de su antifascismo ni de su filomarxismo, aunque no llegara a militar en el partido comunista.  En el período anterior a la Segunda Guerra Mundial, mantuvo una relación íntima con una doctora, conocida militante del comunismo.

En 1942 -a los 38 años- le ofrecieron la supervisión y el control global del proyecto Manhattan y la dirección del super laboratorio de Los Alamos.  La oportunidad de tener a su alcance la construcción del ingenio más poderoso de todos los tiempos fue tentación que venció todos los escrúpulos morales de Oppenheimer.  Durante el proceso de fabricación de la bomba volvió a tener contacto con su antigua amiga, la militante comunista, hecho que no escapó al conocimiento del general Groves, responsable máximo de la seguridad. 

El general, tras una conversación afondo con Oppenheimer, se aseguró de que éste había roto sus relaciones con la extrema izquierda y, valorando la importancia proyecto’ lo confirmó en el cargo.  El éxito alcanzado con la fabricación de bomba y sus efectos sobre Japón hicieron que Oppenheimer fuera exalta do por la prensa y la opinión pública americana como el hombre que había hecho posible el victorioso final de guerra.

Ante el problema moral suscitad por la carrera atómica, Oppenheime descubrió el personaje hamletiano qu llevaba dentro, manifestándose pes a sus reparos íntimos en pro de continuidad de las investigaciones Por eso constituyó una gran sorpresa el saberse, en octubre de 1945, que abandonaba la dirección de Los Alamos y volvía a la enseñanza.  En 1947 fue designado director del Instituto Estudios Superiores de Princeton y entró a formar parte de la Comisión de Energía Atómica. Cuando en 1950 el presidente Truman ordenó la construcción de la bomba de hidrógeno, Oppenheimer, una vez más, se mantuvo en una duda atormentada por el alcance de la carrera nuclear, pero sin alinearse entre los opositores.

En 1954, al llegar el período de la «caza de brujas», Qppenheimer fue acusado de «actividades antiamericanas» por haber mantenido relaciones con elementos comunistas.  Con arreglo a las prácticas utilizadas por la Comisión de Encuesta, se le declaró «indeseable para toda función que supusiese un acceso a secretos militares».  Pese a la protesta de gran número de científicos, Oppenheimer hubo de sufrir años de ostracismo oficial Durante ellos, no obstante, continuó trabajando en la Universidad y dando conferencias.  En 1958 viajó a París, fue recibido en la Sorbona y el Gobierno francés le otorgó la Legión de Honor, todo lo cual e una especie de desagravio al que se asociaron los científicos europeos.

En 1963 fue rehabilitado y se le otorgó el premio Fermi, el más alto galardón que se concede a los destacados en la investigación nuclear.Falleció en 1967, en Princeton.

Su vida fue una demostración del enfrentamiento del hombre de ciencia con unos problemas éticos y morales que le desbordan.  El mito del «aprendiz de brujo» tuvo en el patético destino de Oppenheimer su más patente manifestación.

En el verano de 1939, la energía nuclear había desvelado ya sus inmensas posibilidades destructivas.  La fisión del uranio, llevada a cabo por primera vez por Enrico Fermi, iba acompañada por un desprendimiento enorme de energía.  Pero esto no era todo: si la fisión del primer núcleo podía emitir varios neutrones, cada uno de éstos podía provocar la fisión de otro núcleo, que a su vez al fisionarse emitía… Era la reacción en cadena prevista por Joliot y Szilard. La idea de estar ante una fuente de energía inimaginable, la posibilidad de tener al alcance la preparación de una mítica fuerza explosiva, sobrecogió a los físicos que habían llegado a abarcar teóricamente los efectos de la fisión en cadena.  Pero se estaba en 1939.  Muchos físicos, investigadores del átomo, habían abandonado Alemania por su condición de judíos. Otros, como el italiano Fermi, habían emigrado en desacuerdo con el fascismo que imperaba en su país.  Y todos ellos se habían refugiado en Estados Unidos.  La idea de que los sabios alemanes que habían quedado en su tierra pudieran preparar el arma atómica era una suposición que podía hacer de Hitler el amo del mundo.

EINSTEIN AlbertAnte esta temible eventualidad, Leo Szilard, un científico atómico húngaro refugiado en Norteamérica, pidió a Albert Einstein que llamase la atención del Gobierno americano sobre el peligro que amenazaba, si los nazis conseguían preparar una bomba atómica.  Entre dudas y reticencias, el tiempo pasó.  Entre tanto, los ensayos y las investigaciones nucleares habían proseguido en Princeton, en Berkeley, en Columbia… En 1941, los japoneses atacaron Pearl Harbor.  Estados Unidos era ya un país beligerante. Ello precipitó la decisión.  En agosto de 1942 se llegó a un acuerdo para unir esfuerzos entre el Gobierno americano y el británico a fin de comunicarse sus investigaciones, y el Ejército americano recibió el encargo de dar prioridad absoluta, acelerando, coordinando y recabando cuantos recursos fueran necesarios para realizar un proyecto al que se le puso el nombre clave de « Manhattan».  Su objetivo era fabricar la primera bomba atómica.

En el otoño de 1942, el general Leslie Groves, que había sido designado responsable del proyecto, se entrevistó secretamente con el físico Robert J. Oppenheimer, un brillante investigador cuyas cualidades personales de animador, capacidades de coordinador y poder de captación le hacían especialmente idóneo para dirigir en lo técnico la suma de esfuerzos que iba a representar el proyecto.

El lugar elegido para situar la planta de acabado fue Los Alamos, en Nuevo México, lejos de cualquier centro habitado.  En la bomba se puso a trabajar un ejército de científicos, de técnicos, de militares: directa o indirectamente, más de cien mil personas, la mayoría ignorantes de la finalidad real de su trabajo. La movilización fue total.  Todos los recursos disponibles se pusieron al servicio de la gigantesca empresa.  Cientos de millones de dólares se gastaron en un esfuerzo tecnológico que abarcó una colosal Planta construida en Tennessee, un grandioso laboratorio en la Universidad de Columbia, una enorme instalación en Oak Ridge, otra en Hanford.  Yen Los Alamos, junto a la planta atómica, surgió una ciudad habitada por los científicos y sus familias. Era difícil que aquella dispersión no traicionara el secreto exigido.  Pero los severísimos controles y la más estricta vigilancia evitaron cualquier filtración.

Al principio se creyó que la bomba estaría lista en un año, pero se llegó a 1944, con el proceso muy avanzado. La evidencia de que Alemania no podría ya obtener la bomba y el sesgo favorable de la guerra contra Japón decidieron al científico danés Niels Bohr, premio Nobel de Física, a dirigir un memorándum al presidente Roosevelt previniéndole contra «la terrorífica perspectiva de una competencia futura entre las naciones por un arma tan formidable».  Pero el mecanismo infernal no podía ya detenerse. La posesión de la bomba era un objetivo demasiado codiciado.

En julio de 1945, todo estaba listo para la gran prueba.  En Los Alamos se hallaban Oppenheimer, Bohr, Fermi, Bethe, Lawrence, Frisch… toda la plana mayor de los sabios nucleares. El día 16, a las dos de la madrugada, las personas que debían intervenir en la primera prueba estaban en sus puestos a varios kilómetros del punto cero.  Se fijó la hora H para las 5 de la madrugada.  A las 5.30, una luz blanca, radiante, mucho más brillante que el sol del mediodía, iluminó el desierto, las montañas en la lejanía…

La superfortaleza volante B-29, fabricado por Boeing, fue el mayor avión construido durante la  Guerra Mundial. Proyectado en 1939 y tras un período de prueba en el que tuvieron que superarse múltiples deficiencias técnicas, las primeras entregas a ultramar se hicieron en marzo de 1944.  Intervino, decisivamente en las operaciones aéreas contra Japón y Alemania. . Fue el primer gran bombardero construido en serie dotado de compartimentos presurizados.  También fue el primero que dispuso de un sistema centralizado y sincronizado de tiro de las ametralladoras.  Sus dimensiones era n gigantescas: longitud, 30 metros; envergadura, 43 metros.  Iba equipado :con cuatro motores Wright de 2.200 HP de potencia, que le daban una velocidad máxima de 585 kilómetros por hora a 7.600 metros de altitud.  La ,velocidad de crucero de gran alcance era de 350 kilómetros a la hora, siendo su radio de acción de más de 8. 000 kilómetros y su techo de servicio de 9.700 metros. Su tripulación estaba integrada por 11  hombres.

Su armamento constaba de 10 ó 12 ametralladoras y un cañón de 20 Mm. y su carga explosiva podía ser de cuatro bombas de 1.800 kilos u ocho de 900 kilos.  Para cargar la bomba de uranio, el Enola Gay hubo de acomodar su bodega, dado que las dimensiones del ingenio superaban los 70 cm. y ,de diámetro los 3 m de longitud.

La acción más espectacular y destructiva en la que participaron los B-29 fue el bombardeo realizado en la ,noche del 9 al 10 de marzo de 1945, Por 279 aparatos de este tipo sobre: Tokio.  En una sola noche, las superfortalezas destruyeron casi 25 kilómetros cuadrados del centro de la capital japonesas arrasaron el 25 % de los edificios de la: ciudad.  Cerca de 85.000 personas perdieron la vida y otras tantas ,resultaron heridas, mientras que un millón de habitantes ,de Tokio quedaron sin hogar.

El día de la rendición de Japón, las fuerzas aéreas norteamericanas tenían en servicio 3.700 bombarderos del tipo B-29.Las superfortalezas todavía tuvieron una importante participación en la guerra de Corea; pero en 1955, con la puesta en servicio de los grandes bombarderos a reacción B-47 y B-52 y la del B-36 mixto, los B-29  fueron retirados definitivamente.

En esencia, la bomba atómica es un reactor o pila nuclear que no utiliza moderador (es decir, ninguna sustancia que frene las partículas emitidas por el elemento radiactivo) y en la que se origina una reacción en cadena.

Dos trozos de material radiactivo (uranio 235 en la Little Boy que se lanzó sobre Hiroshima y que aparece en la fotografía inferior,- plutonio 239 en la Fat Man que se lanzó sobre Nagasaki), de masa inferior a la crítica (es decir, a la masa a la que la reacción en cadena se produce de forma espontánea) y separados por un espacio vacío, son impelidos a chocar entre sí mediante la explosión de dos cargas convencionales, de forma que la nueva masa resultante es superior a la crítica, produciéndose la reacción nuclear.

Efectos a partir del centro: Dependiendo de su tamaño, los efectos de una deflagración nuclear, se expanden en círculos concéntricos a partir del punto de impacto, que normalmente se encuentra situado a cierta altura sobre el terreno.

El círculo más exterior es, lógicamente, el de menor destrucción y la causa principal de ésta es la radiación térmica, que produce una «tempestad de fuego», quemaduras e incendio.

En el círculo intermedio, donde la causa principal de destrucción es la onda de la explosión (expansión y choque), se producen derrumbamientos, roturas de conducciones de gas y agua, proyección de cascotes y cristales, etc.

Finalmente, en el círculo interior, la destrucción es total a calísa de las enormes temperaturas (en Hiroshima, 17.000 personas «desaparecieron» carbonizadas y pulverizadas) y la radiación mortal.

Los diámetros de estos círculos varían; por el . ejemplo, en una bomba de cien kilotones (unas siete-cinco veces la de Hiroshima) son de dentro a fuera:2,5 km., 8 km. y 16 km. 

Plan de vuelo

El vuelo tenía prevista la hora de despegue para las 2.45 de la madrugada del día 6, esperándose alcanzar el objetivo -que podía ser Hiroshima, objetivo prioritario, o bien Kokura o Nagasaki- seis horas después, es decir a las 8.15, hora exacta que se había precisado en función de las previsiones de la meteorología.  Tres superfortalezas acompañarían en el despegue al Enola Gay.  Una de ellas tendría como misión el dar los datos meteorológicos en el último momento y ya sobre el espacio aéreo japonés, designando en función de este factor la ciudad que quedaría marcada por el fatal destino de sufrir el comienzo de la era atómica.  En los otros dos aviones viajarían los científicos encargados de observar y registrar los efectos de la bomba.

ENOLA GAY

Al término de la exposición del plan de vuelo, Tibbets anunció con voz grave que le era necesario dar una información adicional del más alto interés.  Y habló de que se trataba de lanzar una bomba cuyos efectos significarían muy probablemente la derrota de Japón y el fin de la guerra.  Tibbets, sin embargo, se abstuvo de mencionar el calificativo de «atómica» aplicado ala bomba, pero precisó que la potencia del infernal ingenio equivaldría a la de 20.000 toneladas de trilita.  Sus palabras causaron una impresión profunda en la tripulación, a la que se había incorporado el copiloto Bob Lewis, el ametrallador de cola Bob Caron y de la que formarían parte tres personas más: el capitán Parsons -ya citado- y su ayudante el teniente Morris Jeppson, quienes tendrían a su cargo el activado de la bomba una vez en vuelo; y a ellos se añadiría el teniente Beser, especialista en electrónica.

 El despegue hacia un objetivo desconocido

Y llegó el momento decisivo.  A la 1.45 de la madrugada despegó el B-29 destinado a la misión meteorológica.  Los otros despegarían después.  A las 2.15, el B-29 modificado para que en su bodega cupiera la bomba de uranio 235, a la que se había bautizado con el nombre de Little Boy («Muchachito»)

Entre una hilera de cámaras , iluminado por potentes  estaba en la cabecera de la pista probando a plena potencia sus cuatro motores Wright de 2.200 caballos de por que querían registrar el histórico acon proyectores, el Enola Gay arrancó de la pista con los cuatro mil kilos de la bomba en sus entrañas.  Eran las 2.45 de la madrugada del 6 de agosto de 1945.

Alcanzada la cota de vuelo y con el rumbo puesto hacia el archipiélago japonés, Parsons y su ayudante pusieron manos a la obra en la bodega del bombardero para activar el arma nuclear.  Veinte minutos después, habían dado fin a su tarea.  Fue entonces cuando el coronel Tibbets, tras conectar el piloto automático, reunió a la tripulación y les explicó la naturaleza exacta del explosivo que llevaba a bordo.  Para aquellos hombres, hechos al cumplimiento de unas misiones bélicas destructivas, cualquier reparo moral estaba en aquel momento fuera de lugar.  Aún más, la idea de que con aquel explosivo podían acortar la guerra y ahorrar millares de vidas norteamericanas ahuyentaba cualquier escrúpulo de conciencia.

Entre tanto, el Enola Gay proseguía su vuelo sin novedad sobre la capa de nubes por encima de la zona de turbulencia.  Poco a poco se iban percibiendo las tenues luces del amanecer.  Se acercaba la hora del alba.  Al llegar el avión a la altura de lwo Jima, según el horario previsto, dos aparatos de escolta esperaban describiendo círculos la llegada del bombardero para, una vez avistado, ponerse a la altura de] Enola Gay y seguir el vuelo juntos, hacia el objetivo.

El nuevo día empezaba a despuntar.  Un nuevo día que millares de seres humanos de una ciudad todavía ignorada no verían llegar a su crepúsculo, víctimas de una horrible muerte.

 La meteorología sella el destino de Hirosima

A las 7.09 se recibió en el Enola Gay el esperado mensaje.  Era del comandante EatherIy del Straight Flush, el avión meteorológico que les había precedido en el despegue y que en aquellos momentos volaba a 10.000 metros sobre Hiroshima.  En él se confirmaba el objetivo principal como destino de la bomba.  La ciudad, en medio de un anillo de nubes, aparecía a través de un hueco de 15 kilómetros en el que la visibilidad era perfecta.  El mensaje del Straight Flush selló el destino de la ciudad.  El navegante Van Kirk marcó el rumbo preciso para situarse en la vertical del objetivo.

Sobre Hiroshima se había despertado también el sol de la mañana de un nuevo día que -fatalmente- se anunciaba magnífico, sin nubes.  Era una ciudad con más de 300.000 habitantes, famosa por sus bellísimos sauces y que hasta aquel día, pese al sesgo desfavorable que la guerra había tomado para el Japón, no había experimentado más conmoción que el estallido de 12 bombas enemigas.  Aquella mañana despejada, sus habitantes se disponían a hacer su vida habitual.  El puerto, antes animado por los embarques de tropas, aparecía desierto, porque la siembra de minas realizada por los aviones americanos hacía que casi ningún barco fondease ahora en Hiroshima.  Fábricas, almacenes y enlaces ferroviarios trabajaban a pleno rendimiento para aprovisionar y equipar a un ejército que, muy pronto, tendría que afrontar el desembarco de los americanos en sus propias islas.

Afanada en sus quehaceres diarios, la gente prestó escasa atención a las sirenas que sonaron anunciando la presencia de un avión enemigo, un B-29 que volaba a gran altura y que, después de cruzar por dos veces el cielo de la ciudad, desapareció.  El fin de la alarma sonó a las 7.30. Era el B-29 del comandante Eatherly, que había cumplido su misión de guía del Enola Gay.  Al cese de la alarma, la gente dio un suspiro de alivio.  Los hombres inútiles para el servicio y los estudiantes que trabajaban en la defensa pasiva creyeron que, una vez más, el azote de las bombas iba a pasar sobre Hiroshima sin dejar rastro.  Las gentes procedentes de zonas bombardeadas celebraron una vez más su buena fortuna en la elección de la ciudad que les había dado acogida.

De los hombres que participaron en los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki, no todos salieron incólumes de esa siembra de destrucción.  Veinte años después, el mayor Claude Eatherly era víctima de fuertes trastornos emocionales.  Era el hombre que, desde el avión meteorológico Straight Flush, había marcado el destino de Hiroshima señalándola como el objetivo del Enola Gay.

Eatherly, el servicio durante un   de finalizada la guerra, una vez desmovilizado      empezó a experimentar  trastornos psiconerviosos influido por un claro complejo , de culpabilidad. Su atormentado estado de ánimo se hizo público cuando fue detenido por provocar un gran alboroto y producir destrozos en un lugar público.  Tratado como héroe de guerra en el juicio que se le siguió, rechazó toda consideración y , pidió ser condenado, ya que se: sentía profundamente culpable.  Aquel fue el inicio de todo un proceso de autopunición, que le llevó de los tratamientos psiquiátricos a sucesivas detenciones cada vez que su conducta buscaba un motivo para ser castigado. Su plan, como él mismo confesó, era acumular actos. La protesta contra la sociedad que, según él, le había convertido en un asesino.  Su calvario se prolongó durante años y su figura fue esgrimida por grupos pacifistas y contrarios al uso de la energía atómica, mientras que la sociedad contra la que él se alzaba le tildaba de «loco».

Para otro aviador, la contemplación de la explosión? nuclear y la idea de,’ las muertes producidas significó también un profundo cambio en su destino.  Fue el coronel inglés Leonard Cheshire, el piloto de bombardero más condecorado de la RAF, invitado a volar como observador en el avión meteorológico que escoltó al que bombardeó Nagasaki.  Cheshíre, superviviente de más de cien misiones sobre Alemania y los países ocupados, curtido en la destrucción por las «bombas terremoto» usadas por la RAF, quedó traumatizado por los efectos de la bomba nuclear.  Y de si¿ mente no pudo apartarse la imagen de hasta dónde puede llegar el poder destructivo que el hombre, movido por el odio de la guerra, es capaz de el ejercer contra la propia humanidad. Terminada la guerra, pidió el retiro de la aviación, se convirtió al cristianismo y creó una fundación destinada a atender enfermos.

La hora H: 8h 15’17” del día 6

A las 7.50 hora de Tokio, el Enola Gay volaba sobre las inmediaciones de la isla de Shikoku.  A las 8.09 se divisó desde el avión el contorno de Hiroshima. Tibbets ordenó a los dos aviones de escolta que se retirasen y, por el interfono, indicó a su tripulación que se pusiera los anteojos que habían de protegerles contra el resplandor de la explosión.  A las 8.1 1, Tibbets accionó el mecanismo preparatorio para soltar a Little Boy.  Faltaban menos de cinco minutos.  Debajo del Enola Gay, la ciudad de Hiroshima se veía cada vez más cerca.  El apuntador Ferebee se sabía de memoria la planimetría de la ciudad.  Rápidamente encuadró su punto de mira en el lugar elegido: un gran puente sobre el río Ota.  Cuando tuvo, puso en marcha la sincronización automática para el minuto final del lanzamiento.  El plan preestablecido era lanzar la bomba a las 8.15, hora local.  Las favorables condiciones atmosféricas y la pericia de Tibbets permitieron que el avión coincidiera con el objetivo exactamente a las 8 horas, 15 minutos y 17 segundos.  En aquella hora fatídica se abrieron las compuertas del pañol y, desde una altura de 10.000 metros, el ingenio atómico inició su trayectoria genocida.

Aligerado de un peso de más de 4.000 kilos, el bombardero dio un gran brinco hacia arriba.  Tibbets marcó un picado hacia estribor y a continuación hizo un viraje cerrado de 158′, a fin de alejarse al máximo del punto de explosión.  Al mismo tiempo, desde el instante del lanzamiento, Tibbets se puso a contar mentalmente los segundos calculados hasta que la bomba estallara.  Transcurridos 43 segundos, cuando el avión se encontraba a 15 kilómetros del punto del impacto, la bomba hizo explosión, accionada por una espoleta automática a unos 550 metros por encima del punto de caída y a 200 metros escasos del blanco elegido. 

Una enorme bola de fuego se iba transformando en nubes purpúreas…

Repentinamente, el espacio se había convertido en una bola de fuego cuya temperatura interior era de decenas de miles de grados.  Una luz, como desprendida por mil soles, deslumbró a pesar de los lentes a Bob Caron, el ametrallador de cola, que, por su posición en el aparato, quedó encarado al punto de explosión.  Una doble onda de choque sacudió fuertemente al avión, mientras abajo la inmensa bola de fuego se iba transformando en una masa de nubes purpúreas que empezó a elevarse hacia las alturas, coronándose en una nube de humo blanco densísimo que llegó a alcanzar 12 kilómetros de altura y que adoptó la forma de un gigantesco hongo. «Entonces nos dimos cuenta -explicaría Tibbets- de que la explosión había liberado una asombrosa cantidad de energía.» El Enola Gay, superada la prueba de la onda de choque, viró hacia el sur y voló sobre las afueras de Hiroshima, a fin de fotografiar los resultados del histórico bombardeo.  Y entonces fue cuando la tripulación pudo comprobar la espantosa destrucción que habían sembrado.  Iniciado el vuelo de regreso, a 600 km de distancia todavía era visible el hongo que daba fe de la aparición del arma que abría una nueva y dramática era en la historia de la humanidad.

Una sensación impresionante dominaba a toda la tripulación, como si la tensión nerviosa liberada hubiera dado paso a la obsesionante idea de haber provocado una destrucción sin precedentes.  Parsons y Tibbets lanzaron entonces el mensaje que iba a conmover al mundo: «Resultados obtenidos superan todas las previsiones.»

El fin de la Segunda Guerra Mundial A las 2 de la tarde, el Enola Gay tomaba tierra en Tinian.  La noticia del éxito de la operación «Bandeja de Plata» había circulado ya por el Pacífico.  En el aeródromo estaban esperando los generales Le May y Arnold, venidos especialmente de Guam.  El presidente Truman recibió el mensaje a bordo del crucero Augusta.  En su entorno, todo era exaltación y entusiasmo.  Sólo el general Eisenhower condenó espontáneamente el uso de la terrible bomba contra un núcleo habitado, considerando que tal demostración no era necesaria para derrotar a Japón.  Pero la inmensa mayoría -como dijo Raymond Cartier- «no vio en la aparición del arma nuclear otra cosa que el fin rápido de la guerra y la economía de sangre americana que ello reportaba. »

No obstante, había algo más: ante la configuración del mundo de la posguerra y la emergencia de la Unión Soviética como gran potencia, la horrible demostración de Hiroshima perseguía el evidente fin de intimidar a Stalin y hacerle más razonable.  Yalta y Potsdarn estaban perfilando una posguerra en la que los ocasionales aliados de ayer iban a dividir el mundo en dos bloques antagónicos.

Sin embargo, como era de esperar, las previsiones en cuanto a lo resolutivo de la bomba se cumplieron: el día 7, Japón se dirigió a la Unión Soviética para que mediara ante Estados Unidos en busca de un armisticio.  Los rusos contestaron declarando la guerra a Japón y desencadenando de inmediato una gran ofensiva en Manchuria.  El día 9, otro B-2 l Bockscar, pilotado por el mayor Sweeney, lanza otra bomba nuclear -ésta de plutonio- sobre Nagasaki.  La «implosión» – pues éste fue el sistema practicado para provocar la reacción en cadena del plutonio activado- estuvo a punto de desintegrar la superfortaleza que efectuó el lanzamiento.  Los efectos, debido a la topografía de Nagasaki, no fueron tan espantosos como los del ataque precedente.  Pero fueron suficientes para que, a las 2 de la madrugada del día 10, el Consejo Supremo de Guerra japonés, presidido insólitamente por el emperador Hiro Hito -que, ante lo gravísimo de los momentos, había decidido descender de sus divinas alturas -, se dirigiera a Estados Unidos pidiéndole el cese de las hostilidades y aceptando la rendición incondicional exigida por los aliados.

La capitulación se firmaría el 2 de septiembre de aquel mismo año: la Segunda Guerra Mundial había terminado, tras 6 años y 1 día de duración.  Pero queda por reseñar lo sucedido en la ciudad mártir, tras de recibir su bautismo de fuego atómico.

 Una explosión de 20 kilotones

La bomba lanzada en Hiroshima tenía una potencia equivalente a 20 kilotones, es decir, a veinte veces la explosión de mil toneladas de TNT.  Los efectos mortales de esta bomba podían proceder de tres causas distintas: la acción mecánica de la onda expansivo, la temperatura desencadenada y la radiactividad.

El calor generado por la energía liberada se elevó a temperaturas capaces de fundir la arcilla, alcanzando decenas de miles de grados.  Este colosal desprendimiento provocó una columna de aire huracanado y a continuación, para llenar el descomunal vacío, se produjo otra onda en sentido contrario cuya velocidad superó los 1.500 kilómetros por hora.  El terrible soplo produjo presiones de hasta 10 toneladas por metro cuadrado.

El detalle de estos efectos sobre la ciudad llega a lo indescriptible: trenes que vuelcan como golpeados por un gigante, tranvías que vuelan con una carga de cadáveres hechos pavesas, automóviles que se derriten, edificios que se desintegran y se convierten en polvo incandescente, manzanas de viviendas que desaparecen por un ciclón de fuego.

Toda una zona de 2 km. de radio se transformó en un crisol, que la dejó arrasada como si un fuego infernal y un viento cósmico se hubieran asociado apocalípticamente.  Y en kilómetros a la redonda, incendios y más incendios atizados dramáticamente por un vendaval de muerte.  Por los restos de lo que fueron calles, empezaron a verse supervivientes desollados, con la piel a tiras, unos desnudos, otros con la ropa hecha jirones.  Los que murieron en el acto, sorprendidos en el punto de la explosión, se volatilizaron sin dejar rastro.  Tan sólo alguno, situado junto a un muro que resistió la onda expansiva, dejó una huella en la pared, una silueta difuminada de apariencia humana, como una sombra fantasmagórica, que fue en lo que vino a quedar el inmolado.  Otros se vieron lanzados, arrastrados por un rebufo arrollador, y se encontraron volando por el aire, como peleles de una falla sacudida por un vendaval.  Alguno fue a parar milagrosamente a la copa de un árbol, a muchos metros de distancia de su lugar de arranque.

En los alrededores de] punto cero, todo quedó carbonizado.  A 800 metros, ardían las ropas.  A dos kilómetros, ardían también los árboles, los matorrales, los postes del tendido eléctrico, cualquier objeto combustible.  Tal era la fuerza del contagio ígneo.

 El sol de la muerte

Pero quedaba el tercer y más traicionero efecto: el «sol de la muerte», como llamaron los japoneses al efecto radiactivo que provocó la acción de los rayos gamma, delta y alfa.  Las personas, según su cercanía al punto de caída de la bomba atómica, aparecían llagados, llenos de terribles ampollas.  Todos los supervivientes, en un radio de 1 km a partir del epicentro, murieron posteriormente de resultas de las radiaciones.  Los muertos por estos insidiosos efectos lo fueron a millares y se fueron escalonando a lo largo del tiempo, según el grado de su contaminación.  Veinte años después de la explosión, seguían muriendo personas a consecuencia de los efectos radiactivos.

Junto a los millares de muertos instantáneamente y de los que con posterioridad fallecieron de resultas de las quemaduras o de la radiación, se registraron hechos singulares.  Por ejemplo, algunos habitantes se salvaron por haberles sorprendido los efectos de la explosión con vestimenta clara; en cambio, los que vestían de oscuro murieron rápidamente, por la capacidad del color negro de absorber el calor.  Esta misma capacidad de absorción de las ondas calóricas por los cuerpos opacos ocasionó otro sorprendente fenómeno: la fotografía atómica.  Hombres desintegrados, así como objetos diversos, dejaron su sombra grabada sobre los muros de las paredes en cuya cercanía se encontraban en el momento de la explosión, como hemos mencionado antes.  La onda calórica siguió exactamente los contornos de una silueta y la grabó, para siempre, sobre la piedra.

 El holocausto

Y cuando los supervivientes se recuperaron del horror y los servicios de socorro empezaron a prodigar sus cuidados a los heridos y a los quemados, se produjo la caída de una lluvia viscosa, menuda y pertinaz, que hizo a todos volver los ojos al cielo: el aire devolvía a la tierra, hecho toneladas de polvo y ceniza, todo lo que había ardido en aquel horno personas y cosas – y que las corrientes ascendentes habían succionado hasta las nubes.

Al día siguiente del bombardeo, un testigo presencial que recorrió la ciudad explicó el espeluznante panorama de desolación que constituía la visión de una población arrasada, sembrada de restos humanos que estaban en espantosa fase de descomposición, entre un olor nauseabundo a carne quemada. 

Una zona de 12 kilómetros cuadrados, en los que la densidad de población era de 13.500 habitantes por kilómetro cuadrado, había sido devastada.  La llegada de un grupo de científicos confirmó que el explosivo lanzado era una bomba de uranio.  La energía atómica había entrado en la historia por la puerta del holocausto.

Según los datos más fiables, el número de víctimas sacrificadas en Hiroshima fue de 130.000, de las que 80.000 murieron.  Unos 48.000 edificios fueron destruidos completamente y 176.000 personas quedaron sin hogar


Oppenheimer Robert
La Bomba “Litle Boy”

Openheimer Robert Oppenheimer Resumen Proyecto Manhattan Bomba Nuclear

Openheimer Robert
Resumen Proyecto Manhattan Bomba Nuclear

ROpenheimer Robert Oppenheimer obert Oppenheimer y el Proyecto Manhattan: Cuando recibió la inquietante carta de su amigo Haakon Chevalier, hacía apenas meses que el doctor J. Robert Oppenheimer había comenzado a recuperarse. Llevaba casi una década expulsado del poder, convertido en una víctima emblemática de la histeria macartista. Por fin el gobierno de los Estados Unidos lo labia reivindicado al premiarlo con la Medalla Enrico Ferrni.

Y entonces, apenas meses después, Oppenheimer recibió la escueta página deChevalier. Con fecha del 23 de julio de 1964, el escritor y ex profesor le literatura en Berkeley le contaba que sentía la urgencia le publicar la verdad sobre la relación que los había unido:

“El motivo por el cual te escribo es que una parte importante de la historia concierne a nuestra participación en la misma unidad del PC desde 1938 a 1942. Me gustaría tratar el tema en la perspectiva correcta, contando los hechos tal como los recuerdo. Dado que se trata de una de las cosas de tu vida que, en mi opinión, te hacen sentir como mínimo avergonzado; y dado que tu compromiso, testimoniado entre otros elementos por tus Informes para nuestros colegas, cuya lectura impresiona incluso hoy, fue profundo ¿y genuino, considero que sería una grave omisión negarle su debida prominencia”.

La furia y el miedo paralizaron a Oppenheimer. En 1954, sacándole al sol su red de afectos de izquierda —esposa, hermano, cuñada, discípulos, amigos y hasta ex novia—, había reconocido sus mentiras en un interrogatorio por supuesto espionaje. Lo había hecho para proteger a Chevalier.

“Querido Haakon —le contestó el 7 de agosto—: Me alegra que me hayas escrito. Me preguntas si tengo alguna objeción. Claro que sí. Me sorprende lo que dices acerca de ti.Y lo que dices acerca de mí no es cierto en un punto. Nunca fui miembro del Partido Comunista y en consecuencia nunca integré una unidad del Partido Comunista. Yo, por cierto, siempre lo supe. Creí que tú también lo sabías.”

Oppenheimer había perdido el acceso al trabajo en proyectos oficiales —lo cual implicó alejarlo de las investigaciones atómicas—, pero nadie le había probado que pasara secretos a los científicos rusos, o que perteneciera al Partido Comunista (PC). Su temor a otra persecución no terminó sino con su muerte, de cáncer de garganta, en 1967. Chevalier nunca dio a conocer el asunto de la célula comunista y en su libro sobre los buenos viejos tiempos en Berkeley (Oppenheimer: la historia de una amistad) hizo apenas una elíptica referencia a un grupo de discusión política.

Gregg Herken, historiador de The Smithonian Jnstítution, exhumó la carta y publicó en los Estados Unidos Brotherhoodof the Bomb (La hermandad de la bomba), donde afirma que Oppenheimer perteneció al PC en un grupo secreto que funcionaba en la Universidad de California, destinado a fijar políticas de acción y escribir panfletos.

Según Herken, Oppenheimer fue leal a su país y nunca espió para la Unión Soviética, pero ocultó sus simpatías políticas por ambición —la suya y sobre todo la de su mujer, Kitty, quien impulsó su carrera con más fuerza que él mismo—, ya que un pasado rojo podría haberle vetado la dirección del laboratorio de Los Alamos, Nuevo México, donde se desarrolló el proyecto Manhattan que terminó la Segunda Guerra Mundial con las bombas de Hiroshima y Nagasaki.

El objetivo era el Puente Aioi —“el mejor blanco que vi en esta maldita guerra”, según Paul Tibbets, comandante del avión B29 Enola Gay, por su forma de T—, pero la bomba atómica de uranio llamada Little Boy explotó a 250 metros de allí, evaporando el hospital Shima, sus enfermos y sus profesionales para iniciar una cuenta que llegaría a los 75.000 muertos y los 163.000 heridos.

Era el 6 de agosto de 1945 y el presidente norteamericano Harry  Trumancomía a bordo del Augusta cuando le llegó el mensaje cifrado con la noticia.

“Capitán, esto es lo más grande de la historia”, le dijo a Franklin H. Graham, uno de los oficiales de la Casa Blanca que lo acompañaban, cuando el teniente George M. Elsey le alcanzó un segundo cable: “Evito completo en todos los aspectos”.

Cuenta John Hersey en su crónica Hiroshima los días siguientes a la tragedia lanzada desde el avión de Tibbets:

“Los científicos pululaban en la ciudad. Algunos de ellos midieron la fuerza que había sido necesaria para quebrar las lápidas de mármol de los cementerios, para destruir 22 de los 47 vagones de ferrocarril en los depósitos de la estación de Hiroshima, para elevar y mover el piso de concreto de uno de los puentes, y para llevar a cabo otros notables actos de fuerza; concluyeron que la presión ejercida por la explosión variaba de las 5,3 a las 8 toneladas por metro cuadrado. Otros descubrieron que la mica, cuyo punto de fusión es de 9000C, se había derretido en las lápidas de granito a 380 metros del centro; que los polos telefónicos, cuya temperatura de carbonización son los

2400 °C, se habían quemado a 4.000 metros del centro; y que la superficie de las tejas grises de tipo usado en Hiroshima, cuyo punto de fusión es de 1.3000C, se habían derretido a 600 metros. Después de examinar otras cenizas y objetos fundidos significativos, decidieron que el calor de la bomba sobre la tierra, en el centro, debía de haber sido de 6.000 °C”.

El 9 de agosto, otra bomba atómica, llamada Fat Man y hecha con plutonio, destruyó el 44 por ciento de la ciudad de Nagasaki. Luego de varios días de censura a la prensa, el mismísimo emperador Hirohito —quien por primera vez en su vida habló a sus “buenos y fieles súbditos” en un mensaje emitido por radio— contó: “El enemigo ha comenzado a emplear una bomba nueva y muy cruel, cuyo poder para producir daño es incalculable, que ha cobrado demasiadas vidas inocentes”. Anunció, también, que Japón se rendía.

Tiempo después Oppenheimer declaró palabras instantáneamente famosas: “Los físicos hemos conocido el pecado”. En 1983, luego de aplaudir el anuncio de la Iniciativa de Defensa Estratégica (la Guerra de las Galaxias de Ronald Reagan), su colega Edward Teller le mejoró la frase: “Los físicos hemos conocido el poder”.

Desde que los alemanes observaron la fisión por primera vez, en 1938, los físicos de las grandes naciones se lanzaron a la búsqueda del poder que podía residir en la energía que liberaba ese proceso. Un poder sobre la naturaleza pero también un poder político, en particular ante la inminente guerra. El escenario principal fue la Universidad de California en Berkeley, donde trabajaba Ernest Lawrence, inventor de una máquina capaz de generar la energía necesaria para romper el átomo, el ciclotrón. Oppenheimer llegó a Berkeley convocado por este Premio Nobel y al tiempo le arrebató la dirección científica del proyecto atómico.

La insistencia del ingeniero Vannevar Bush, del Instituto Tecnológico de Massachusetts, convenció a Roosevelt sobre la necesidad de formar un Comité de Investigación para la Defensa Nacional. Por supuesto, Bush presidió esa institución. A él entregó Roosevelt en 1942 el informe de la Academia Nacional de Ciencias que abrió la puerta a la financiación de la bomba.

Bush buscó en el ejército al hombre que coordinaría el proyecto: un graduado de West Point, de 46 años, por entonces coronel. Leslie Groves había supervisado la construcción del edificio del Pentágono y ostentaba —escribe Adrian Weale en Hiroshima según testigos— “el ego más impresionante después del de Napoleón”. Su primer gesto fue comprar los carísimos minerales que se necesitaban para investigar reacciones nucleares controladas en cadena. Como no era un científico, eligió a Oppenheimer para coordinar los diferentes trabajos dispersos en numerosas universidades. No sólo era un brillante asesor del gobierno sobre la bomba: también el físico teórico más impresionante de Berkeley.

Oppenheimer llevó adelante el laboratorio secreto de Los Alamos hasta que pudo gritar “Funcionó!” cuando el 16 de julio de 1945 tuvo éxito la prueba Trinity y estalló la primera bomba atómica. En el medio, superó la difícil conducción de los equipos que separaban los componentes fisionables de uranio y plutonio mientras otros pensaban qué clase de arma sería capaz de hacerlos eficazmente destructivos; también las grandes dudas sobre cuánta de esa materia prima haría falta (cien kilos, calculaban algunos; otros, dos y medio) y si acaso no sería mejor la bomba de hidrógeno que teorizaba Teller.

Del otro lado, los nazis desarrollaron un programa nuclear, donde trabajaron el químico que descubrió la fisión, Otto Hahn, y otro Premio Nobel, Werner Heisenberg. En su novela sobre la fallida bomba de Hitler, En busca de Klingsor, el mexicano Jorge Volpi recreó el momento en que Hahn, detenido junto a sus colegas en la casa de campo de Farm Hall, Inglaterra, recibió la noticia de la explosión en Hiroshima. “Si los norteamericanos tienen una bomba de uranio, todos ustedes son científicos de segunda categoría”, murmuró. No resultó mucho mejor el esfuerzo de los japoneses en el Laboratorio de Investigación Nuclear, que Yoshio Nishina fundó en 1935 dentro del Instituto Riken. Amigo de Lawrence y discípulo del célebre Niels Bohr en Copenhague, Nishina aceptó, un año después del ataque a Pearl Harbor, la imposible tarea de investigar el uranio en un país sin uranio bajo la presión del ejército japonés.

También los aliados corrían la carrera con-a los norteamericanos: la Unión Soviética buscaba su propia bomba. Su principal fuente e información fue el espionaje del físico Klaus Fuchs, un comunista que abandonó Alemania apenas después de que una patota nazi lo golpeara y arrojara a un río.

En 1941 comenzó a investigar bajo la protección de Rudolf Peierls, profesor de la Universidad de Kirmingham. Para la señora Peierls, quien le ponía los botones y se preocupaba por la escasa vida social del muchacho, fue una sorpresa saber que conocía mucha gente en la Agregaduría Militar Soviética en Londres. Fiel a sus convicciones, Fuchs se encontró cuatro veces con el titular de esa dependencia, Simon Davidovich Kremer, para entregarle informes detallados sobre los avances del proyecto atómico del Reino Unido.

En noviembre de 1943 Fuchs partió a los Estados Unidos, donde continuó su trabajo de investigador y espía hasta que desapareció de los lugares que solía frecuentar. En 1945 hizo saber a la embajada de Stalin que estaba en Los Alamos. Según la documentación del FBI, hubo tres espías en el laboratorio: Fuchs, Ted Hall y un tercero que, hasta hoy, no fue identificado. Por eso sonaron las alarmas cuando Oppenheimer miente en un interrogatorio sobre el tema.

Con una larga carta en la que le reprochaba el Incidente Chevalier, entre otras cosas, el responsable de la Comisión de Energía Atómica, K.D. Nichols, le arruinó a Oppenheimer la Navidad de 1953 al anunciarle el 23 de diciembre que suspendía su acreditación de seguridad. Dos meses más tarde, en una larga respuesta donde solicitaba una audiencia ante la Comisión de Energía Atómica para limpiar su nombre, el físico le escribió a Nichols: “Mi amigo Haakon Chevalier y su esposa vinieron a mi casa de Eagle Hill, probablemente a comienzos de 1943. Durante la visita, él entró a la cocina y me dijo que George Eltenton le había hablado sobre la posibilidad de transmitir información técnica a los científicos soviéticos. Con una observación enfática, le señalé que eso me sonaba terriblemente mal. Allí terminó la discusión”.

No fue eso lo que contó al día siguiente de la conversación, en 1943. Oppenheimer dijo al teniente Lyall Johnson, contrainteligencia del proyecto Manhattan, que si la seguridad  era su tema debía prestarle atención a George Eltenton. Nacido en Inglaterra, el químico Eltenton había pasado una temporada en la Unión Soviética trabajando con los físicos Yuri Khariton y Nicholai Semenov. Llegó a California convertido en un ferviente comunista y participó en el sindicato de docentes de Berkeley, donde Oppenheimer lo conoció. Johnson llamó al teniente coronel Boris Pash —el mismo que detendría a los científicos de la bomba nazi—, quien citó al físico para entrevistarlo. Y fue en ese encuentro del 26 de agosto de 1943 donde Oppenheimer mintió al FBI y selló su caída en la era macartista.

En su relato ante Pash no hubo esposas que charlaban en el living mientras su amigo lo miraba preparar en la cocina su famoso martini ultra seco de vodka helada. No hubo Chevalier, ni nombre alguno salvo el de Eltenton, ya manchado. Herken reconstruyó:

“Algunos meses atrás, dijo Oppenheimer, había sido contactado por ‘intermediarios’ vinculados con un oficial no identificado del Consulado Soviético. Uno de esos individuos le había hablado de pasar información sobre el proyecto de Berkeley. Su respuesta había sido que no tenía objeciones a que el presidente comentara la bomba con los soviéticos, pero creía inadecuado hacerlo ‘por la puerta trasera’. Oppie admitió que conocía otros acercamientos posteriores, los cuales ‘fueron siempre a otras personas, para quienes resultó incómodo’. Como creía que los contactados habían sido elegidos al azar, no quería dar nombres. Dos de los tres hombres que él sabía que habían sido contactados estaban en Los Alamos, dijo Oppie, y un tercero llegaría en breve a Oak Ridge”. En su mentira, Eltenton había sido uno de los intermediarios.

No sólo amigos rojos tuvo el hombre que definió la Segunda Guerra Mundial a favor de los Estados Unidos. “Una novia comunista, Jean Tadock, con la que estuvo a punto de casarse, lo introdujo al marxismo”, sostiene Weale en Hiroshima según testigos. La conoció en la primavera de 1936 en una fiesta a beneficio de los españoles republicanos en la Guerra Civil. Estudiaba psicología en la Universidad de Stanford y sus actividades políticas la condujeron al PC. En una relación intermitente, compartió con Qppenheimer la pasión por la poesía de John Donne y un círculo de amistades de izquierda entre los que estaban Chevalier y Thomas Addis, un médico de Stanford que se dedicaba al reclutamiento de camaradas. La vio por última vez en junio de 1943, cuando la visitó respondiendo a sus ruegos desesperados. Diez años más tarde lamentaría el uso que el macartismo daría a esa noche.

Kitty Oppenheimer, nacida Kathryn Puening, no interesó menos al FBI. Viuda de Joe Dallet —un comunista de Youngstown, Ohio, quien cayó combatiendo en la Brigada Abraham Lincoln por la República Española—, se afilió al PC en 1934 por iniciativa de su marido. Veinte años más tarde, durante las audiencias por la acreditación de seguridad de Oppenheimer, explicó su militancia: “Mimeografiaba panfletos y cartas”. Aportaba diez centavos semanales a la estructura partidaria (no poca cosa para su bolsillo: pagaba cinco dólares mensuales de alquiler) hasta que comenzó a perder interés en las tareas políticas. De regreso en los Estados Unidos, retomó sus estudios de biología en la Universidad de Pennsylvania, de donde partió, recibida, hacia una Junto beca de investigación en California. Allí, casada nuevamente con un físico inglés, Richard Harrison, conoció a Oppenheimer en 1939, se enamoró como loca, dejó a su segundo marido y volvió a casarse, embarazada del primero de sus dos hijos, en 1940.

El cuadro de los íntimos lo completan el hermano Frank Oppenheimer, también físico, y su esposa Jackie, ambos afiliados al PC. De niños creían que iba a ser flautista, pero la influencia de su hermano ocho años mayor fue demasiado fuerte. Hasta que apareció Jacquenette Quann, graduada de economía en Berkeley, muy activa en la Liga de Jóvenes Comunistas, y comenzó a retrasarse en su doctorado por su militancia. “Robert apremió a su hermano para que rompiera el compromiso. Frank, desafiante, se casó con Jackie a fines de 1936”, se lee en La hermandad de la bomba. “La pareja se inscribió en el PC a comienzos de 1937, desafiando una vez más los deseos de Oppie.”

Frank perdió su empleo en la Universidad de Stanford, primer despido de una serie que terminó con su vida académica y lo convirtió en ganadero. Entre el comienzo y el fin, su hermano pidió a Lawrence que lo empleara —cometiendo el grave error de ocultar el pasado comunista de Frank— en el Laboratorio de Radiación, con el que llegaría a Los Alamos y del que seria echado en 1948.

Casi al mismo tiempo que La hermandad de la bomba aparece la primera reimpresión, luego de treinta años agotada, de las audiencias por la acreditación de seguridad que hundieron a Oppenheimer. Menos atrapante que la narrada investigación de I-Ierren, el texto tiene el ritmo monótono y los grandes destellos de los interrogatorios. Richard Polenberg, editor de El caso de Rabert Oppenheimer, reunió la cuarta parte de las mil páginas originales. El resultado es un compilado con lo mejor del macartismo.

Abre Polenberg su introducción: “El 6 de mayo de 1954, harto y desalentado tras un mes de dura audiencia para probar su ‘lealtad’ y, en consecuencia, merecer su acreditación de seguridad, el doctor J. Robert Oppenheimer dejó Washington DC y regresó a su casa en Princeton, New Jersey. Aunque Oppenheimer había dirigido el programa para construir la bomba atómica durante la Segunda Guerra Mundial y había estado a cargo del Comité Asesor General de la Comisión de Energía Atómica entre 1947 y 1952, ni su servicio pasado ni su eminencia lo habían protegido de las sospechas o del fisgoneo que con tanta frecuencia lo acompañaron. Mientras su caso estuvo ante la comisión, su teléfono fue intervenido, su correo revisado y sus paraderos registrados por el FBI”. En realidad, nada nuevo: el organismo había pinchado sus teléfonos, violado su correspondencia y espiado hasta su vida privada desde marzo de 1941. Pero esta vez, además, registraba las estrategias que Oppenheimer discutía con su abogado y se las anticipaba a la comisión.

En cierto modo, Oppenheimer solicitó su crucifixión por confiar en que la audiencia sería preferible a un interrogatorio del senador Joseph McCarthy, quien lo había acusado de trabar la investigación de la bomba de hidrógeno que creó Teller para no aventajar tanto a la Unión Soviética. Teller, por supuesto, lo aplastó con su testimonio —“Oppenheimer se opuso a la bomba termonuclear o a su desarrollo”—, pero no fue el único que le marcó cuánto se había equivocado al ofrecer la cabeza al verdugo.

Primero lo pusieron contra las cuerdas hasta que reconoció que había mentido a Pash en el interrogatorio sobre el Incidente Chevalier:

Pregunta: ¿Le dijo la verdad a Pash?

Oppenheimer: No.

P.: ¿Le mintió?

O.: Si

P: ¿Qué le dijo a Pash que no era cierto?

O.: Que Eltento había intentado contactar a tres miembros del proyecto a través de intermediarios.

P: ¿Por qué lo hizo, doctor?

O.: Porque fui un idiota.

Luego de hacerlo confesar “un tejido de mentiras”, sacaron a relucir sus aportes de dinero a la causa española—“a través de canales comunistas”—, su descuido al emplear a un izquierdista como su hermano —“Qué examen le tomó para establecer su confiabilidad?”—, su falta de apoyo a Teller y, por último, la infidelidad con su ex novia Jean. Delante de su mujer le preguntaron por aquella noche de junio de 1943:

P.: ¿Por qué fue a verla?

O.: Ella había expresado un gran deseo de verme.

P.: ¿Averiguó por qué?

O.: Porque seguía enamorada de mi

P.: ¿Ella era comunista en ese momento?

O.: Ni siquiera hablamos de eso. No lo creo.

P.: Pero no tiene razones para pensar que no era comunista, ¿verdad?

O.: No.

P: Pasó la noche con ella, ¿no es cierto?

O.: Sí

P: ¿Cuando estaba trabajando en un proyecto secreto de guerra?

O.: Sí

P.: ¿Le parece consistente con una buena seguridad?

Las humillaciones duraron cuatro semanas. A fin de junio la comisión confirmó que, por sus asociaciones y sobre todo, por “defectos fundamentales en su carácter”, Oppenheimer no recuperaría su acreditación de seguridad. Mientras esperaba ese dictamen, el físico le dijo por teléfono a un amigo (y al FBI, que también oía): “La comisión decidirá qué hacer en unas semanas. Pero este asunto nunca va a terminar para mí. No creo que las aguas se aquieten. Pienso que todo el mal de estos tiempos está contenido en esta situación”.

Openheimer Robert Oppenheimer

Sólo cuatro años antes de morir de cáncer en la garganta, Oppenheimer fue reivindicado de su desgracia: el 22 de noviembre de 1963, el mismo día en que fue asesinado, el presidente John F. Kennedy anunció que otorgaría el premio Fermi a Oppenheimer; finalmente le fue entregado por el sucesor de Kennedy, Lyndon B. Johnson.

Fuente Consultada: Revista Veintitrés

El nuevo eje del mal sudamericado: Chavez-Fidel Castro Ataque a Irak

Los cada vez más frecuentes encuentros entre Hugo Chávez y Fidel Castro son vistos con gran preocupación por la administración Bush. Más preocupado por Medio Oriente, mira de reojo cómo Venezuela se convierte en una cabecera de playa cubana en Sudamérica. El acercamiento del presidente venezolano a Irán y el poder del petróleo. El fantasma de la crisis de los misiles por Cuba en los ‘60 vuelve a sobrevolar Washington. Bolivia, una zona convertida en botín de guerra.

La Sociedad Chavéz-Castro

La lucha eterna entre el Bien y el Mal es la trama misma de todos los mejores melodramas. De los más duraderos también. Hace tres años, el presidente George W Bush reveló al Congreso norteamericano la existencia de un “Eje del Mal” compuesto por Irak, Irán y Norcorea. y proclamó que sería el más mortal de los pecados dejarle desarrollar armas nucleares. Después de la invasión de Irak en 2003, se descubrió el fiasco de la inteligencia norteamericana: el brutal régimen de Saddam carecía de cualquier arma refinadamente siniestra. Y lo que fue peor, la agresión anglonorteamericana significó un aliciente para iraníes y norcoreanos en sus renovadas carreras en el armamentismo atómico.

Acaso Dios castigue a los falsos profetas. Hace un par de meses, al teológico Bush le tocó soñar una de sus peores pesadillas, y la menos anticipada en sus propios términos. El presidente venezolano Hugo Chávez, en una feria de tecnología iraní en Caracas, anunció provocativamente que su país desarrollan tecnología nuclear. En el lenguaje de Washington, por momentos tan poco refinado como las armas de Saddam, esto quiere decir: la bomba atómica en manos de Fidel Castro. El enemigo de siempre, al que los norteamericanos habían desahuciado, ganó sin un solo es fuerzo propio dirigido a ese fin aquello por lo que murió el Che Guevara. Hoy Cuba tiene un pie firme en Sudamérica. Una cabecera de playa: mucho más, mucho mejor que un foco.

Ya había renunciado Bush a su retórica de] eje maligno cuando Chávez se postula como candidato para antagonizarlo. Y aspira a su lugar de honor en la liga mayor de los malvados. Mientras que los ayatolas iraníes, no menos teológicos que el presidente norteamericano, rechazan con indignación cualquier acusación de malevolencia, el líder de la revolución bolivariana (cuyo color simbólico es el rojo) reclama para sí ese lugar. El melodrama sigue. Ya la secretaria de Estado norteamericana Condoleezza Rice dijo, con metáfora algebraica esta vez, que Chávez era la “influencia negativa” en la región. Y el jefe del Pentágono, Donald Rumsfeld, celebró a fines de julio “la importancia estratégica” de la firma del CAFTA, el tratado norteamericano de libre comercio con América Central. “Un voto de seguridad nacional”, explicó Rumsfeld. Voto estratégico, porque busca apartar, con la diplomacia de los dólares, a las pobres naciones centroamericanas de la peor tentación: el dinero y el petróleo —lo uno por lo otro— de Chávez. Hacía tiempo que no se veía a los republicanos hacer tanto lobby por un tratado internacional.

Como lo reprimido, el fantasma de la crisis de los misiles retornó al continente americano. Allá por principios de los ‘60, un Fidel Castro amenazante permitía la instalación de misiles soviéticos en la isla, a 90 millas de Estados Unidos. Las dos K de entonces, Kennedy y Kruschev, resolvieron en el último minuto la cuestión más caliente que conoció la historia de la Guerra Fría. Ahora, el presidente de un país riquísimo en petróleo, posando montado en una bicicleta de fabricación iraní, se declaró preocupado por la futura escasez de hidrocarburos e interesado en las fuentes alternativas de energía. Y anunció un plan nuclear. Claro que no es “para hacer bombas y lanzárselas a una ciudad, matando a un millón de personas como hicieron los norteamericanos”. En su anuncio, tocó una por una todas las fibras de la administración Bush. Señaló que Brasil ya tiene un programa avanzado y que la Argentina está en camino de resucitar el suyo (lo que fue después nerviosamente desmentido por la Cancillería argentina). Y después agitó el espectro bolivariano y peronista y tercerista de una Latinoamérica potente. Y unida contra Estados Unidos.

El anuncio de Chávez se dibujaba sobre el fondo de otros que resultan menos espectaculares, pero cuyo cumplimiento parece más inmediato e inexorable. En marzo, su República Bolivariana informó de la compra a Rusia de 100 mil fusiles AK-47 Kalashnikov y 40 helicópteros, a España de cuatro corbetas misilísticas, a Brasil de una flotilla de aviones de combate Superlucanos, y a Chinade un satélite de comunicaciones, un sistema de radares, y uniformes y botas para su ejército. En ese momento, el gobierno norteamericano ya tenía lo que le faltaba para demonizarlo una vez más en el escenario mundial. Pero Chávez fue más lejos, e invitó a Caracas al iraní Mohammed Jatami, el presidente de un posible blanco futuro en la guerra, o la justicia infinita norteamericana. Allí lo condecoró, firmó 22 acuerdos de cooperación bilateral y se hizo abanderado del programa nuclear de Irán. ‘Irán tiene todo el derecho, así como lo han hecho muchos otros países, de desarrollar su energía atómica, de continuar sus investigaciones en ese campo”, dijo en aquel momento.

El anuncio del futuro plan nuclear bolívaro-venezolano lo hizo Chávez desde su programa radiotelevisivo Aló Presidente, que ese día, por provocación, se emitía desde plena feria iraní. El programa es largo como los discursos habaneros de Fidel (dura más de cuatro horas), pero es interactivo y nunca mono-lógico. Es la revolución en formato de talkshow. Y, a diferencia de Fidel, como los norteamericanos reconocen a regañadientes, Chávez fue elegido en elecciones democráticas. O, acaso mejor, en un plebiscito permanente. Nunca dejaron de aclamarlo con nítidas mayorías los votantes de un país de 26 millones de habitantes que lo hizo presidente en 1998. después lo respaldó para reformar la Constitución y adoptar un texto socialista, lo votó de nuevo como presidente con la nueva Carta Magna en 2000, lo defendió del efímero golpe de 2002 y lo confirmó en un referéndum en 2004.

En las plazas y mercados caraqueños se venden llaveros y otras efigies de Chávez en rigurosa boina y uniforme militar. Los que las compran son los mismos que ya desde 1992, cuando fracasó en una intentona golpista contra el gobierno, ven a este ex oficial de paracaidistas como “abanderado de los humildes”. No es una ilusión de los sentidos. El gasto social del gobierno de la revolución bolivariana es enorme, y aun sus opositores, como el intelectual Teodoro Petkoff (un gran referente de la izquierda setentista) que habla de “gran fraude”, admiten que los efectos del gasto llegan a sus legítimos beneficiarios.

Los programas sociales son llamados “misiones”. En los más célebres, se da asistencia médica gratuita a un país en el cual los años de la “Venezuela saudita” generaron una pésima distribución de la renta nacional. Entre 16.000 y 30.000 médicos cubanos (las cifras varían, los opositores se quejan de que los planes no se pueden monitorear) realizan cirugías todos los días hábiles, dan medicamentos gratis a sus pacientes, visitan enfermos en sus domicilios. A cambio, Venezuela vende petróleo subsidiado al país de Castro.

El régimen de Caracas ha llegado a convertirse para Cuba en el mejor amigo después del abandono del de Moscú. La alianza de Chávez con Castro ha subvertido el embargo comercial norteamericano. Es un golpe fuerte a la permanente ofensiva de Washington contra su inclaudicable enemigo en la región. Así como la negativa de Chávez a colaborar en la guerra colombiana contra las drogas y las guerrillas es un duro golpe al mejor aliado de Washington en Sudamérica. Entretanto, Cuba respondió de otro modo ante los estragos y sufrimientos provocados por el huracán Katrina: 1.100 médicos duermen en el aeropuerto de La Habana, esperando una luz verde —que todo hace pensar que nunca llegará— para ir a atender a las víctimas en los mortuorios hospitales públicos norteamericanos.

Las clases medias venezolanas dicen que los médicos cubanos, como los entrenadores deportivos también importados, son agentes de difusión del comunismo. A esas mismas clases medias, sin embargo, no les repugna hacer sus compras en los supermercados Mercal, una empresa estatal creada por Chávez para que a nadie le falte comida. Es una empresa comercial como cualquier otra, sólo que algunos precios están subsidiados por el gobierno. Un pollo congelado brasileño, por ejemplo, cuesta 1.900 bolívares por kilo (algo así como 0,90 dólares). El subsidio de Mercal cuesta al Estado 25 millones de dólares por mes.

Un pueblo sano y alimentado ha de educarse. Tampoco le han faltado planes educativos al gobierno de Chávez: de alfabetización de adultos, de educación primaria y secundaria, de inserción en la universidad. Existen planes de capacitación (y por cierto créditos) para el lanzamiento de pymes, generalmente bajo la forma de cooperativas.

La aplicación de ley de expropiación de las tierras improductivas ganará campos de pastoreo, cría y labranza a los “sin tierra” venezolanos. Es la “guerra al latifundio” lanzada por Chávez (los analistas comentan que si el vocabulario de Castro es o era revolucionario, en el del presidente de la Bolivariana las metáforas predilectas son militares). Hasta ahora sólo dos grandes propiedades, una de la empresa británica Vestey, han sido parcialmente expropiadas. Pero la productividad de cientos de otras ya se encuentra bajo examen.

Este es el modelo que Washington teme que se expone. Y el gobierno de Chávez, que sueña el sueño bolivariano de unión o al menos de una hegemonía latinoamericana que le disputa a Brasil, quiere exportarlo por todos los medios. Una de las maneras de difundirlo en la misma que sirvió, no sin probada eficacia para el american way of life: la televisión. E] 24 de julio inició sus emisiones piloto Telesur la respuesta bolivariana a CNN. Con un costo inicial de 10 millones de dólares, pagado ev sus tres cuartas panes por el petróleo venezolano, y la participación de Cuba, la Argentina y Uruguay, el canal propone que los latinoamericanos puedan verse “con sus propios ojos,,.

Cuando Castro quiso exportar su modelo, el modo elegido, aunque no siempre abiertamente endosado por el Líder Máximo, fue el foquismo guevarista. Que llevó a la muerte del héroe en Bolivia, ya la posterior y explícita renuncia castrista a toda exportación por esos métodos. Si hoy Venezuela puede exportar su modelo, a nadie se le esconde que lo debe al petróleo y sus altos precios actuales. En 2004, año del que se conocen ya las cifras totales, las exportaciones llegaron a los 29.000 millones de dólares (85 por ciento de total de las exportaciones venezolanas), 7.000 millones más que en 2001. Apenas menos evidente resulta la extrema vulnerabilidad de la economía venezolana a cualquier caída de los precios internacionales del crudo, que significaría una espiral en el infierno de la inflación y la recesión. Todo invita a creer que nada de esto ha de temerse, sin embargo, antes de diciembre de 2006, cuando en nuevas elecciones Chávez gane otros seis años de presidencia. Entretanto, en 2004, a través de la estatal PDVSA (Petróleos de Venezuela), el gobierno obtuvo directamente el 52 por ciento de sus ingresos, unos 25.000 millones de dólares. Y además, PDVSA entregó unos 4.000 millones adicionales para programas sociales.

A través del petróleo, de explícitas alianzas petroleras, también se consolida el sueño bolivariano de unificación o regionalización. En mayo, bajo el nombre de Petrosur, ministros del área energética de la Argentina, Brasil y Venezuela anunciaron que colaborarán en proyectos comunes en sus tres países —los más importantes la exploración petrolera en el Orinoco y la construcción de una refinería en el tradicionalmente pobre nordeste brasileño—. En junio, Venezuela estableció Petrocanbe, que vende petróleo barato, con créditos generosos, a los países caribeños —y de paso gana su voto casi automático en todos los foros internacionales—. A fines de julio, Chávez propuso la creación de Petroandina, en la que los países productores de petróleo de los Andes colaborarán en oleoductos y refinerías.

El único posible rival de Chávez como líder de la izquierda latinoamericana era el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, el primer obrero que llegaba a la primera magistratura en su país. Pero a la falta de cohesión estructural entre Brasil y el resto del subcontinente (Mercosur excluido), a la barrera lingüística, se sumaron los primeros pasos de Lula en la presidencia, que lo sumieron en un descrédito que ahora debe remontar. En primer lugar, una política económica que si bien no desatendió los planes sociales y las promesas del “Hambre Cero”,

sumió al país en una reestructuración, saneamiento del Estado, aumento de los impuestos, y otros aprietes que fueron benditos por el FMI y otros organismos internacionales desafectos a la izquierda. A eso se sumó el escándalo por la corrupción en el gobernante Partido de los Trabajadores y por las coimas para comprar votos en el Congreso. La respuesta de Chávez fue divertida, o irónica, o insolente: ya se ha convertido en el sponsor de una escola do samba para el próximo carnaval de Río. El tema de la escola será:

“Viva la Revolución”.

“La doctrina Maisto ya no corre”, declaró el halcón norteamericano Tom Shannon, analista senior del Consejo de Seguridad Nacional, especialmente bien escuchado en la Casa Blanca. Se refería a John Maisto, representante norteamericano ante la OEA y partidario de atender a lo que Chávez hace, nunca a lo que dice. “Hoy no hay opción militar contra Chávez, salvo que cruce la línea”, agregó. Es decir que la hipótesis siempre existe, y las compras de armas de Chávez se dirigen a intentar contrarrestarla. Los viejos FAL belgas irán a un ejército de reserva que siempre crece, aunque los norteamericanos (y acaso también el presidente colombiano Álvaro Uribe) teman que vayan a manos de la guerrilla de las FARC en el país vecino.

Castro tiene 78 años, y a su muerte en los próximos años el comunismo en Cuba vivirá cambios seguramente dramáticos. Chávez no es comunista y, contra lo que dice Washington, su única ayuda efectiva y probada en América va a manos de partidos políticos legales que operan en democracias, como el sandinismo nicaragüense y el MAS (Movimiento al Socialismo) boliviano. Justamente con la presencia de Evo Morales, líder campesino cocalero y líder del MAS, y con la de Castro, Chávez lanzó un área de libre comercio ALBA como alternativa contra el agonizante ALGA de los norteamericanos.

En noviembre, en la cumbre de las Américas que se celebrará en Mar del Plata, George W Bush, todavía preocupado por Irak, desolado y victimizado por el huracán Katrina, acudirá, una vez más, con las manos vacías para Latinoamérica. No podrá reprochar un defensor de la lógica del mercado que la atención de los otros invitados a la cita balnearia se dirija a quien practique, con menos inconsecuencia o improvisación de la que le reprochan, una adecuada diplomacia con unos petrodólares que por entonces valdrán aún más caros, gracias, entre otras cosas, a Katrina.

Para noviembre, otra pesadilla norteamericana podría haberse hecho realidad: la presencia chavista en Bolivia, apoyando al cocalero socialista Evo Morales y conduciéndolo, o al menos acompañándolo, a una firme victoria en las elecciones presidenciales de diciembre. Cuarenta años después, el aniversario del asesinato del Che en Bolivia sería recordado con todos los honores por un gobierno socialista en La Paz. Y acaso Fidel y Chávez podrían ser los oradores más facundos, o los más extensos. La CNN estaría proscripta, y en la Casa Blanca tendrían que sintonizar Telesur.

POR ALFREDO GRIECO Y BAVIO

El Desarme Nuclear Tratado de Prohibicion de Pruebas Nucleares

El Desarme Nuclear Tratado de Prohibición de Pruebas Nucleares

Antes de la era nuclear, ninguna guerra, por más sangrienta y larga que hubiera sido, había amenazado la existencia de la especie humana. Con el desarrollo del armamento termonuclear, esta alternativa se volvió posible. En cierto sentido, la carrera armamentista nuclear encerraba una contradicción: si el objetivo de la guerra es la victoria, una situación de guerra nuclear hacía difícil, si no imposible, distinguir entre vencedores y vencidos.

La justificación del desarrollo y fabricación de armamentos cada vez más potentes y más letales era, entonces, paradójica: se trataba de instaurar un equilibrio del terror, según el cual, la amenaza recíproca de destrucción era la garantía de la paz. Es decir, la guerra se tornaba imposible por el hecho de que ninguno de los contendientes podía ganarla, y, al mismo tiempo, la amenaza tenía que ser real -y la guerra posible- para que el equilibrio del terror funcionara.

El Desarme Nuclear Tratado de Prohibicion de Pruebas Nucleares

La carrera del desarme nuclear

Los misiles de octubre repercutieron hondamente en el ánimo de los gobernantes de las potencias mundiales. El sopesar las consecuencias de una guerra nuclear llevó casi inmediatamente a los Estados Unidos va la Unión Soviética a firmar en Moscú el Tratado de Prohibición de las Pruebas Nucleares (1963) ya un primer acercamiento en materia de desarme. Sin embargo, las conversaciones ejecutivas sobre este tópico sólo se inician en 1969 cuando se establecieron las negociaciones para la limitación de armas estratégicas (SALT).
Inicialmente tenía amplias perspectivas, pero el contexto político internacional las limité prontamente a los sistemas balísticos defensivos (AMB) ya un acuerdo interno de duración limitada de cinco años sobre el armamento ofensivo estratégico. El SALT I, con todas sus limitaciones y aplazamientos de los temas difíciles, fue un buen comienzo, y el acuerdo firmado en Moscú, en mayo de 1972 por Nixon y Brezhnev.

Ese mismo año se iniciaron las negociaciones de SALT II y luego de establecerte una fórmula para el marco general del acuerdo, las conversaciones se estancaron y no fueron reabiertas sino hasta la oportunidad que llegó a la presidencia de los Estados Unidos, Jimmy Carter. El acuerdo SALT II dio origen a la cumbre de Viena, donde concurrieron Brezhnev y Carter. pero el acuerdo, al no resolver algunos puntos delicados, no fue ratificado por el Senado norteamericano y su aplicación práctica quedó reducida a la buena voluntad de las potencias.

Con la administración Reagan se reafirmó la improcedencia del acuerdo SALT II y se decidió enfrentar el problema reduciendo en forma significativa el número de fuerzas estratégicas. Las Strategic Arms Reduction Talks (STAR’]) se iniciaron en Ginebra en 1982, con la propuesta de que ambas superpotencias se contentaran con 5.000 ojivas nucleares montadas en no más de 850 misiles intercontinentales. Luego en una segunda fase, las conversaciones debían conducir a que ambos países igualaran el peso útil de las cargas nucleares de su arsenal balístico.

Sin embargo, las conversaciones fueron suspendidas en 1983 a consecuencia del retiro de los soviéticos, hecho provocado por el despliegue en Europa de los misiles “Cruiser” y “Pershing II” de origen norteamericano. Un nuevo intento de reanudación también se empantanó  al mezclar en una sola negociación el tema de los misiles de largo alcance con el proyecto de “Iniciativa de Defensa Estratégica” —más conocido como “guerra de las galaxias”— que Reagan propiciaba para Estados Unidos.

Esta situación de impasse entre las superpotencias tendría un cambio positivo por la entrada en escena de un nuevo primer actor: el recién elegido Secretario General del PCUS, Mikhail Gorbachov (1985). quien con un nuevo enfoque para su país y las relaciones internacionales aceleré sustantivamente las conversaciones.

El primer contacto directo entre Reagan y Gorbachov —la cumbre de Islandia— no tuvo el éxito esperado, pero dejó el camino abierto para nuevas negociaciones. En efecto, al año siguiente se desarrollaron en Ginebra dos conversaciones paralelas sobre control de armas: las START sobre reducción de armas de largo alcance y las FN 1 sobre limitaciones de fuerzas nucleares de mediano y corto alcance. Los avances fueron notables y a fines del año se produjo la cumbre de Washington, oportunidad que Reagan-Gorbachov firmaron un trascendental Tratado de reducción electiva de las armas nucleares, sometido —lo que era una novedad— a un estricto control de verificación.

El Tratado del 8 de diciembre de 1987 establece la eliminación de más de mil cohetes nucleares emplazados en Europa, y por vez primera —luego de cuarenta años de “guerra fría”— acuerda a las potencias en reducir sus arsenales nucleares en vez de restringir su crecimiento. Al respecto dijo Gorbachov: “Podemos estar orgullosos de plantar este retoño, que probablemente crecerá hasta llegar a convertirse en un poderoso árbol de paz”.

Una alternativa parcial al equilibrio del terror fueron los acuerdos sobre el desarme. Sin embargo, predominaba una tendencia hacia el incremento del potencial bélico, tanto de los Estados Unidos como de la Unión Soviética. Hacia principios de la década de 1980, el presidente Ronald Reagan lanzó la Iniciativa de Defensa Estratégica -popularizada como la “Guerra de las galaxias”-, que consistía en el desarrollo de un sofisticado y muy costoso sistema de misiles y otras armas defensivas.

Este sistema tendría la capacidad de destruir los misiles que hubiera lanzado un enemigo de los Estados Unidos. La iniciativa norteamericana procuraba romper el equilibrio entre las dos grandes potencias, poniendo a los Estados Unidos a salvo de la amenaza soviética. El sistema de defensa tenía varios inconvenientes, entre ellos su enorme costo y su dudosa eficacia. Sin embargo, su puesta en marcha tuvo un efecto indirecto: obligar a la Unión Soviética a mantener un enorme gasto militar, que pesaba en su debilitada economía mucho más de lo que pesaba el gasto militar norteamericano sobre la propia.

El gasto militar de los Estados Unidos representaba, a principios de la década de 1980, alrededor del 6% del PB1, mientras que el soviético triplicaba esa proporción. El sostenimiento de un gasto militar tan elevado contribuyó al estancamiento de la economía soviética y, en última instancia, a la crisis del régimen comunista.

Fidel Castro el Revolucionario Cubano Revolucion Cubana Che Guevara

Castro, Fidel (1927- ), político cubano, principal dirigente de Cuba desde 1959. Castro nació el 13 de agosto de 1927 en Mayarí; era hijo natural de un inmigrante español, plantador de azúcar. Se afilió al Partido del Pueblo Cubano en 1947, y se doctoró en leyes por la Universidad de La Habana en 1950.

 Después de que Fulgencio Batista se hiciera con el control del gobierno cubano en 1952 y estableciera una dictadura en el país, Castro se convirtió en el líder del grupo Movimiento, facción antigubernamental clandestina cuyas acciones culminaron con el asalto al cuartel de Moncada (en Santiago) el día 26 de junio de 1953, hecho por el cual fue encarcelado. En el juicio se hizo cargo de su propia defensa, cuyo alegato se convirtió en un discurso (La historia me absolverá), que más tarde se convertiría en una importante consigna política para los revolucionarios.

Condenado a 15 años de prisión, fue amnistiado en 1955, y se exilió sucesivamente en Estados Unidos y México, donde fundó el Movimiento 26 de Julio. En 1956 regresó a Cuba con una fuerza de 82 hombres, de los cuales 70 murieron en combate nada más al desembarcar. Castro, su hermano Raúl y Ernesto Che Guevara, se encontraban entre los 12 supervivientes.

El Movimiento 26 de Julio fue ganando apoyo popular, principalmente en los ámbitos estudiantiles (Directorio 13 de Marzo), y en diciembre de 1958, con respaldo del Partido Popular Socialista, avanzó hacia La Habana, acto que pondría colofón a la Revolución Cubana. Castro se declaró a sí mismo primer ministro en febrero de 1959, cargo que ostentó hasta 1976, en que asumió la presidencia del Consejo de Estado, que según la reforma constitucional de ese año englobaba la jefatura del Estado y del gobierno.

Fracasado su intento de establecer relaciones diplomáticas o comerciales con Estados Unidos, negoció acuerdos sobre armamento, créditos y alimentos con la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), y llevó a cabo la depuración de sus rivales políticos. Nacionalizó los recursos cubanos, afrontó una profunda reforma agraria basada en la colectivización de propiedades y estableció un Estado socialista de partido único (el Partido Unido de la Revolución Socialista, que en 1965 pasaría a denominarse Partido Comunista Cubano y cuya secretaría general asumiría Castro), que llevó a un gran número de cubanos ricos al exilio.

Estados Unidos vio con disgusto cómo el nuevo régimen embargaba las empresas de titularidad estadounidense, y en 1960 anuló los acuerdos comerciales que mantenía, a lo que Castro respondió con la primera Declaración de La Habana, reafirmando la soberanía cubana frente al imperialismo estadounidense. En 1961 Estados Unidos respaldó a un grupo de exiliados cubanos, en un infructuoso intento por derrocarlo, en el conocido como desembarco de bahía de Cochinos.
Desde ese momento Castro se alineó abiertamente con la URSS, dependiendo cada vez más de su ayuda económica y militar. En 1962 estuvo a punto de producirse una guerra nuclear, cuando la URSS situó en Cuba cabezas nucleares de alcance medio, ante la oposición estadounidense.

La llamada crisis de los misiles de Cuba concluyó tras la celebración de negociaciones entre el presidente estadounidense, John Fitzgerald Kennedy, y el máximo dirigente soviético, Nikita Kruschov.

Durante las siguientes décadas, Castro alcanzó gran reconocimiento en el Tercer Mundo, gracias a su liderazgo del Movimiento de Países No Alineados (que presidió entre 1979 y 1981). A finales de la década de 1980, cuando la URSS inició sus procesos de glasnost (apertura) y perestroika (reestructuración), Castro mantuvo su régimen.

Sin embargo, con el inicio del proceso de desintegración de la URSS y del COMECON (Consejo de Ayuda Mutua Económica) en 1990, los problemas económicos de Cuba empeoraron. En 1993, en un intento por alcanzar una economía mixta, Castro aprobó reformas económicas limitadas que legalizaron algunas empresas privadas.

Si por algo ha sobresalido Cuba en los últimos años es por subsistir a la enorme presión internacional, anticomunista y a favor de una clara democracia. El régimen cubano, junto al gobierno de China, Corea del Norte y Vietnam, son los únicos ejemplos de comunismo vivos en el mundo de hoy. Fidel Castro ha seguido siempre fiel a sus ideas y ha tachado más de una vez al sistema capitalista de otros países de hipócritas y extorsionadores. También ha declarado reiteradamente que en Cuba sí que existe una democracia aunque esta siga un modelo distinto al convencional.

 

La sociedad cubana está permanece en completo silencio político, ya que cualquier disidente es encarcelado por el gobierno de Castro. Entre este problema de libertad de expresión y pensamiento, otro de los mayores problemas de la sociedad cubana de los últimos años, y que ha sido noticia gracias a la aventura internacional del pequeño niño balsero Elián González, es el problema de la emigración de cubanos anticastristas a las costas de Florida, propiciada por leyes como la llamada ley de Ajuste Cubano que permite a todo emigrante cubano recibir derecho de residencia en estados unidos siempre que alcance tierra estadounidense.

Medidas como estas aumentaron el alcance del éxodo de familias cubanas a Estados Unidos de manera precaria e ilegal. Dando lugar a mayores discusiones entre los gobiernos de ambos países, y altercados fomentados por la oposición al régimen tanto de dentro como de fuera de la isla los cuales son descritos por castro como instrumentos de la política estadounidense contra el pueblo cubano.

Con respecto a su sucesión presidencial, hoy a casi 80 años de edad cuando se le pregunta por este tema el responde así: “Cuando un carácter rebelde me llevó al arriesgado oficio de luchador revolucionario que nadie me impuso, sabía también que era poco probable que sobreviviera mucho tiempo. No era Jefe de Estado y sí un hombre muy común. No heredé cargo alguno ni soy Rey, no necesito por tanto preparar sucesor, (…) nunca sería para evitar el trauma de una transición caótica. (…) La transición de un sistema social a otro se viene haciendo desde hace más de cuarenta años.”

ALGO MAS SOBRE FIDEL CASTRO:

Opositor acérrimo a la hegemonía de Estados Unidos en el continente americano, Fidel Castro impulsó y financió muchos movimientos revolucionarios, por su Cuba natal.

LA LUCHA CONTRA LA DICTADURA DE BATISTA
Desde el comienzo, Fidel Castro fue un abierto opositor a Batista, al punto que abandonó su trabajo y formó un grupo clandestino de resistencia junto con su hermano Raúl y Mario Chanes. Unidos complotaron para derrocar a Batista, acumulando armas y municiones para iniciar una revuelta popular, comenzando por í asalto al Cuartel Moneada el 26 de julio de 1953. Sin embargo, la intentona fue un desastre y cerca de 35 de los partidarios de Castro murieron en la incursión. Perseguido como enemigo del Estado, fue capturado por la policía y sometido a juicio por sedición.

Haciendo gala de su oratoria y sus conocimientos jurídicos, Castro articuló su propia defensa ante el tribunal y antes de concluí; sus argumentos dijo: «¡Les advierto cu; recién estoy empezando! Si todavía existe en sus corazones un vestigio de amor a la patria, amor por la humanidad, amor por la justicia, escuchen atentamente… Sé bien que el actual régimen intentará esconder la verdad de todas las maneras posibles (…), pero mi voz no ha sido acallada todavía. Condénenme. No importa. La historia me absolverá». Estas frases pasarían a la posteridad y ayudarían a construir la leyenda de Fidel como un rebelde comprometido con la libertad de su país. Sin embargo, el tribunal lo condenó a quince años de prisión en la penitenciaría de la Isla de Pinos, cercana a la costa sudoccidental de Cuba.

BAHÍA DE COCHINOS Y LA CRISIS DE LOS MISILES
Durante meses, la central de inteligencia estadounidense CIA planificó una invasión a Cuba con cerca de 1.500 cubanos exiliados que habían sido entrenados por el ejército norteamericano en Guatemala, Puerto Rico y Nicaragua. Bajo el mando de José San Román y Ernesto Oliva, el 15 de abril de 1962, mediante una operación anfibia y aérea, fueron bombardeados los aeropuertos militares de Ciudad Libertad, San Antonio de los Baños y Santiago de Cuba por aviones norteamericanos camuflados con los colores de la Fuerza Aérea cubana. La invasión comenzó según lo pronosticado, pero la falta de apoyo aéreo por parte de los norteamericanos a las fuerzas de infantería que desembarcaban en la playa, hizo que la invasión fracasara estrepitosamente y permitió que Castro pudiese legitimarse ante la comunidad internacional.

Sin embargo, durante el lapso de ese mismo año, Cuba volvería a estar en la palestra, pero esta vez en medio de una posible conflagración entre los Estados Unidos y la Unión Soviética. El 16 de octubre de 1962, un avión espía U-2 de la Fuerza Aérea norteamericana identificó una serie de instalaciones militares cubanas que luego resultaron ser plataformas de misiles nucleares soviéticos, instalados en la isla con permiso de Castro.

Frente a una amenaza atómica a 90 kilómetros de la costa estadounidense, el gobierno de John Kennedy decretó un bloqueo marítimo alrededor de la isla, como medida de presión tanto contra los cubanos como los soviéticos. Durante trece días, el ambiente se tensionó de tal modo que se pensó que en cualquier momento estallaría una guerra nuclear entre Estados Unidos y la U.R.S.S. Sin embargo, el conflicto fue disminuyendo poco a poco y se solucionó mediante el retiro simultáneo de las instalaciones soviéticas en Cuba y las plataformas de misiles de mediano alcance que los norteamericanos tenían en Turquía.

Fuente: Biografía Enviada Como Colaboración a Planeta Sedna Por Ruiz Castro

El Fascismo en Italia Benito Mussolini El Fascismo del Duce Facismo

El Fascismo en Italia – Benito Mussolini – El Fascismo del Duce

Introducción a modo de Síntesis:
La Italia fascista:
Una vez en el gobierno, Mussolini trabajó activamente para establecer el nuevo régimen en Italia. El parlamento fue suprimido; todos los partidos disueltos menos el oficial, constituido en milicias llamadas “las camisas negras”.

Los obreros y los patrones de cada industria se organizaron en sindicatos sometidos a la “Carta de Trabajo”, que establece el arbritraje obligatorio para todas las cuestiones que puedan surgir. Los sindicatos, bajo el control del partido fascista, designan a los miembros de la representación nacional (régimen corporativo).

En realidad, todo el poder está en manos del Duce (conductor) según la fórmula: “Mussolini siempre tiene razón”.

La juventud es sometida desde la más tierna infancia a una educación eminentemente nacionalista y militar.

El Estado debe considerarse como la suprema entidad a la que han de someterse las personas, simples células de su organismo.

El régimen fascista restableció el orden interior, persiguió la delincuencia, exterminó ciertas asociaciones criminales muy poderosas como la mafia; realizó grandes obras públicas, impulsó la producción industrial y agrícola. En cambio, suprimió las libertades políticas y abrumó al pueblo con enormes gastos destinados a aumentar la eficiencia bélica del reino.

mussolini fascismo

LA DOCTRINA DEL FASCISMO: En los años 20 aparecen en Europa, como reacción contra la marea ascendente de los socialistas, una serie de movimientos ideológicos que con los medios de la revolución de izquierdas hacen una revolución de derechas.

El contenido doctrinal pasa a segundo piano, se da más importancia a los hechos; así Hitler se resiste, al principio, a presentar un programa y Mussolini exclama:

“Nuestra doctrina es el hecho”. Aunque el proceso afecta a varios países europeos sus realizaciones modélicas se materializan en Italia y Alemania. Algunas notas pueden resaltarse en unos movimientos que arguyen el valor adjetivo de las ideas frente al sustantivo de los hechos:

  1. a) Omnipotencia del Estado. Los individuos están totalmente subordinados al Estado; todo para el Estado, será la fórmula. El Estado totalitario no tolera la separación ni el contrapeso de los poderes, que es en cambio el símbolo de los Estados democráticos. En el campo político se suprime toda oposición, a la que se considera sólo como una perturbación para el buen gobierno; en el campo intelectual el Estado monopoliza la verdad y la propaganda, al tiempo que se rechaza cualquier crítica. “Todo en el Estado, nada fuera del Estado”, sentencia Mussolini
  2. b) Protagonismo de las “elites”. Una minoría debe gobernar. Se parte de la desigualdad de los hombres, en contraposición al liberalismo decimonónico, basado en la igualdad, y en consecuencia se rechaza la democracia porque concede los mismos derechos a todos. Las elecciones se consideran un espectáculo inútil, una “falacia democrática”; Mussolini niega que el número pueda dirigir las sociedades humanas, y Hitler afirma que “es más fácil ver a un camello pasar por el ojo de una aguja que descubrir un gran hombre por medio de la elección”.

Esta desigualdad esencial de los seres humanos ofrece reflejos diversos. En primer lugar una desvalorización de la mujer. Las mujeres, dirán los ideólogos nazis, deben estar en su lugar, su objeto deben ser las tres K (Kinder, Küche, Kirche: niños, cocina, iglesia). Argumentando que las mujeres son incapaces de usar las armas se convierten automáticamente en ciudadanos de segunda clase y se procura evitar la mano de obra femenina; el papel de la mujer se centra en el hogar, donde vive subordinada al marido. Más dramáticas fueron las conclusiones racistas que se dedujeron de la desigualdad de los hombres. Mussolini habla de la superioridad de los gobernantes y de la grandeza del pueblo italiano, llamado a regir y dominar a otros pueblos. Hitler desarrolla en Mein Kampf su doctrina de la superioridad de la raza aria.La igualdad democrática se basaba en la tradición judeocristiana, que considera a todos los hombres hijos de Dios. Para el fascismo, que rompe con esta tradición, la desigualdad no sólo es un hecho, sino un ideal. La dicotomía superioresinferiores ha sido bien resumida por Einstein: “En el código fascista, los hombres son superiores a las mujeres, los soldados a los civiles, los miembros del partido a los que no lo son, la propia nación a las demás, los fuertes a los débiles, y (lo que quizás es más importante para el punto de vista fascista), los vencedores en la guerra a los vencidos

  1. c) Exaltación del jefe carismático. Llevando a sus últimas consecuencias el postulado de la desigualdad de los hombres, una nación fuerte necesita encontrar al hombre excepcional, al superhombre, según la doctrina de Nietzsche; cuando la Providencia lo pone al frente de un pueblo debe prestársele obediencia ciega y seguirle sin titubeos. Max Fritsch presenta en una obra de teatro importante en la dramaturgia de nuestra época, La muralla china, al emperador como “el que nunca se equívoca”, “el que siempre tiene razón”; retrata así irónicamente la concepción del jefe carismático, inspirado. En escenografías grandiosas Mussolini invoca los estilos de la antigua Roma imperial; es el hombre histórico, indiscutido. Hitler utiliza los mitos del romanticismo alemán y organiza grandes concentraciones de escenografía wagneriana, en las que el centro de todas las atenciones y decisiones es el Führer.
  2. d) Imperialismo. A veces se ha definido el fascismo como un nacionalismo de vencidos, engendrado por la humillación de la derrota. Expresan sus mitos la desorientación de los antiguos combatientes. En Francia los excombatientes se oponían a medidas democráticas, pero su actitud fue menos desafiante que la de los alemanes; los vencidos adoptan posturas de revancha, que la nueva ideología canaliza. Del nacionalismo se pasa con facilidad al imperialismo, una gran nación encuentra su verdadero horizonte en la formación de un imperio, y en relación con él se defiende el principio del espacio vital. Un pueblo superior tiene derecho a disponer de espacio para realizarse y a conquistarlo; esta necesidad se coloca por encima del derecho internacional.
  3. e) Desconfianza en la razón. La tradición racionalista es uno de los más decisivos legados de Grecia a Occidente; el fascismo rechaza esta tradición y adopta posturas antirracionalistas, desconfiando de la razón y exaltando los elementos irracionales de la conducta, los sentimientos intensos, el fanatismo. En esta línea irracionalista se desenvuelven los dogmas, las ideas indiscutibles, como la superioridad de la raza o del jefe. En contraposición, la democracia estima que ningún tema debe dejar de ser discutido. El tabú, lo que debe aceptarse sin discusión, lo que no puede ser sometido a análisis, es rasgo peculiar de los regímenes totalitarios.

LAS RAÍCES DEL FASCISMO ITALIANO 

Otto Bauer ha señalado tres procesos sociales, relacionados entre sí, que confluyen en la génesis del fascismo: la Guerra Mundial, la crisis económica y la pérdida de beneficios de la gran industria.

  1. a) La guerra de clases, es decir, separa de su grupo social, a grandes masas de combatientes. Estos, incapaces de reincorporarse a los modos de vida burgueses, nostálgicos de heroísmo, forman milicias. En Italia se organizan en muchos pueblos tropas de choque, orgullosas de sus condecoraciones y heridas, con hábitos de dar y recibir órdenes, de llevar uniforme y organizar desfiles. Su ideología es militarista, exigen la disciplina de las masas a los jefes. Psicológicamente la guerra crea hábitos definidores del fascismo. Pero lo hemos señalado antes como un nacionalismo de vencidos, e Italia se encuentra en 1918 en el bando de los vencedores. La antinomia es sólo aparente. Se ha hablado, certeramente, de una paz perdida. Italia ha sufrido mucho en la guerra y considera que ha perdido la paz porque no obtiene satisfacción a sus reivindicaciones territoriales.
  2. b) La crisis económica es otra condición indispensable, hasta el punto de que Angelo Tasca afirma que sin crisis económica no hay fascismo. Las destrucciones de la guerra sumen en la miseria a masas de pequeños burgueses y campesinos, que abandonan desengañadas a los partidos parlamentarios; las devaluaciones de la moneda arruinan a los pequeños propietarios. Con las subidas de los precios se producen en cadena reivindicaciones salariales. A los pequeños burgueses les indigna que el proletariado, arrancando constantes subidas de salarios, afronte la crisis mejor, y odia a los obreros insumisos.

La situación económica es complicada. La guerra deja un aparato industrial superior a las necesidades normales, y de esta forma la superproducción coexiste con la escasez. Ha de buscarse culpables de esta coyuntura paradójica; la agresividad empieza a considerarse una virtud.

  1. c) La pérdida de los beneficios de los grandes industriales es considerada por Otto Bauer como una tercera raíz. Ebenstein considera que el desarrollo industrial es una condición esencial para el crecimiento del fascismo; en primer lugar porque pone a disposición de la nueva ideología un aparato técnico indispensable para su propaganda y actividad —radio, transportes—, y en segundo porque su apelación constante a la guerra no puede sino basarse en la posesión de considerables recursos industriales.

En la posguerra los beneficios, muy altos, que algunos empresarios han conseguido disminuyen rápidamente. Para evitarlo es preciso romper la resistencia obrera por medio de milicias; se comienza apoyándolas financieramente y se termina por cederles el poder. En el campo se producen enfrentamientos de colonos y terratenientes, éstos recurren a los grupos de combate llamados fascios. La clase capitalista había descubierto la forma de romper el impetuoso ataque de la clase obrera. El dinero con que contó el fascismo le atrajo un infraproletarjado de parados, que así recibían un uniforme y una soldada. Al final, lo mismo en Italia que en Alemania, había que destruir el fascismo y ceder al empuje obrero, o entregarle el poder. Los capitalistas se inclinaron por la segunda alternativa.

LA MARCHA SOBRE ROMA

El desencanto ocasionado por los tratados de paz de Versalles, la depresión económica y el avance de la izquierda revolucionaria que amenazaba con desencadenar una guerra civil en Italia, sirvieron de pretexto a Benito Mussolini para exigir en la última semana de octubre de 1922 la formación de un gobierno fascista para salvar la patria de la amenaza socialista y de la anarquía.

El 29 de octubre, Mussolini, invitado por el rey Víctor Manuel III, viajó por la noche en tren expreso desde Milán a Roma acompañado por su séquito y al día siguiente formó gobierno. Apresuradamente, unos 25.000 camisas negras fueron transportados por el Partido Nacional Fascista desde la ciudad de Nápoles a la de Roma, donde el día 31 desfilaron aparatosamente en honor al Duce.

Por obra de la propaganda y la ampulosidad características del movimiento fascista este desfile pasó a la épicamussoliniana como la Marcha sobre Roma. (ampliar este tema)

EL FASCISMO EN EL PODER 

Carente de un autentico programa de gobierno, sin otro bagaje que su ansia de poder, Mussolini va a demostrar una astucia extraordinaria para hacer evolucionar el sistema parlamentario italiano hacia un modelo de dictadura personal. La práctica constitucional exigía el voto favorable de la Cámara, pero constituyendo los fascistas una minoría de una treintena de diputados, resultaba imprescindible el apoyo de la derecha. En conjunto se pueden distinguir dos fases en el proceso de sustitución de las estructuras democráticas; hasta enero de 1925 se cubre una etapa de dictadura solapada, desde esta fecha, de dictadura abierta.

El primer paso es la consecución de la ley de plenos poderes, a la que solamente se oponen socialistas y comunistas. Dotado de atribuciones que ningún jefe de gobierno anterior había tenido, mientras se recrudecen las violencias de las bandas fascistas Mussolini se consagra a la creación de órganos paralelos a los del Estado, como el Gran Consejo del Fascismo, que puede tomar decisiones políticas y reduce al gobierno a un simple papel administrativo; de manera similar la Milicia para la seguridad del Estado suplanta a la Guardia Real —disuelta en enero de 1923—, y los comisarios políticos (“prefectos volantes”), reclutados entre los “ras”, restan toda autoridad a los prefectos provinciales. En un año Mussolini dispone de un Estado fascista paralelo. Aunque populares y liberales se apartan recelosos y sus periódicos comienzan a criticar a Mussolini, votan muchos de sus diputados la nueva ley electoral —ley Acerbo—, que prevé una sobre representación de la lista más votada (los 2/3 de asientos de la Cámara). Se trata de un suicidio parlamentario, solamente explicable por la capacidad de convicción del líder fascista, que ofrece a algunos partidos presentarse con una lista conjunta.

En las elecciones de 1924 los fascistas obtienen cinco de los siete millones de votos, pero la resistencia antifascista aumenta por las irregularidades del proceso electoral.

Al abrirse las sesiones del Parlamento el diputado socialista Matteotti hizo una crítica demoledora del fascismo y de la gestión gubernamental de Mussolini. El eco fue grande en toda Italia; el discurso de Matteotti desató las lenguas. Unos días después el valeroso secretario del partido socialista es raptado y asesinado. La prensa publica artículos indignados contra el fascismo criminal.

Una parte de los diputados no fascistas, que colaboraban con Mussolini, como Orlando y Albertini, se apartan de él. En ese momento Mussolini lo tenía todo contra él; la Iglesia y el partido populista de Dom Sturzo, los liberales, los socialistas, la corte, la diplomacia, los universitarios. Benedetto Croce niega al fascismo cualquier valor político o histórico y lo califica de “doloroso incidente”. lntelectuales y profesores firman un manifiesto antifascista. Pero Mussolini se queda y sus fieles se dirigen a las provincias para dirigir una campaña de violencia que le afirme en poder.

La oposición abandona el Parlamento; fue un error, no volvería a ocupar sus escaños. Mussolini declara que oposición es inútil. Durante varios meses de 1924 y 19 parece que el rey va a dar el paso de enfrentarse al di dor; los empresarios se muestran recelosos del giro del acontecimientos; un grupo, dirigido por el senador Ett Conti, intenta persuadir al rey para que despida al dictador; pero el monarca teme el regreso a la anarquía anterior, sólo para poder contemplar después otro tipo anarquía.

 Los partidos políticos desaparecen de la vida pública comenzando por los populistas y socialistas; la prensa aherrojada, los libros subversivos quemados en hogueras públicas, por plazas y aldeas se maltrata o asesina alos enemigos del régimen. Muchos abandonan Italia,  llega a haber 300.000 exiliados italianos, que publican periódico en su idioma.

Al mismo tiempo, Mussolini, dando muestras de  extraordinarias dotes políticas, prescinde de los extremis de su partido. Cuando plantea un posible programa de vuelta a la normalidad, los “escuadristas” amenazan con un golpe de Estado y precipitan un estallido de violencia durante el año 1925. Es su final; Mussolini otorga poder excepcionales a los prefectos de las provincias y se de sembaraza de los que no le obedecen dentro del moví. miento. Es ya la figura clave. Uno de sus aciertos estriba en oponer ramas hostiles y disidentes del fascio; contra los escuadristas, sector exaltado y demagógico, se lanzan los sindicalistas, que soñaban con apoyarse en masas obreras, sector que tampoco agrada a Mussolini. Del choque de ambos sale robustecido el sector que encabezan Mussolini y Farinacci.

Con toda la autoridad del Estado y del partido en un solo hombre, el Duce, se declara la ilegalidad de los restantes partidos políticos y la obligatoriedad de su programa para todos los funcionarios del Estado. La educación se somete a un control riguroso. Se organizan numerosas manifestaciones para demostrar la adhesión de las masas al Duce, en torno al cual se suscita un culto desmedido; se le canta como estadista genial, como la encarnación heroica de la nación. Su palacio de la plaza Venecia se convierte en su cuartel general; de su despacho salen nombramientos, ceses, condenas; algunos funcionarios se suicidan al ser convocados. 

En referéndum y elecciones se refleja una paulatina y creciente docilidad política del pueblo italiano. En 1929, en una consulta al pueblo se recogen 8,5 millones de síes y 136.000 no es; en 1934 diez millones de respuestas afirmativas y sólo 15.000 negativas. En las elecciones hay una sola lista que el elector tiene que aceptar o rechazar. 

LA GESTIÓN DE GOBIERNO

Frente al liberalismo, que propugna el libre juego de las fuerzas del mercado, como había postulado Adam Smith, y frente al socialismo, que supone la absorción de la vida económica por el Estado, el fascismo se presenta como una tercera vía, en la que se apoya a la empresa privada pero con una intervención estatal.

El corporativismo se inspira en los gremios o corporaciones medievales, en los que, se afirmaba, se habían armonizado los intereses de patronos y trabajadores. De la misma manera el Estado corporativo suprimiría la lucha de clases, constituyendo al Estado en árbitro de las disputas dentro de unas instituciones comunes. El intervencionismo estatal fue una construcción jurídica de Alfredo Rocco, con las leyes laborales de los años 1926 y 1927, disposiciones que se resumen en la Carta del Lavoro (1927), que organiza las profesiones en corporaciones verticales de patronos y obreros. El Estado se reserva la última disposición 

Los planes de aumento de la producción se bautizan con denominación bélica. La “batalla del trigo” se inició en 1925; su objetivo era el autoabastecimiento para frenar la pérdida de divisas que provocaba la importación. Se consiguió con el cultivo de tierras marginales y convenciendo a los campesinos para que abandonaran otros cultivos. Una activa propaganda, en la que se presentaba a Mussolini con el torso desnudo, trabajando como agricultor, movilizó a millones de italianos en una empresa cuyo resultado feliz se identificaba con el prestigio de la nación.

Pero la batalla del trigo fue antieconómica. Parte de lo que se ahorró en compra de cereales extranjeros se perdió por el descenso en las ventas de otros productos, se abandonaron cultivos de huerta lucrativos, y en el Sur se antepuso el cereal a los pastos y a la ganadería, cuyos fertilizantes hubieran enriquecido el suelo. La agricultura intensiva, más idónea para una población en aumento rápido, provocado por la “batalla de los nacimientos’, fue olvidada.

 La “batalla de la lira” consistió en establecer una cotización excesivamente alta para la moneda italiana, estableciendo una ecuación entre moneda fuerte y prestigio internacional, pero tal cotización redujo la competitividad de los productos italianos en el mercado exterior y produjo la quiebra de las pequeñas empresas.

Con gran publicidad se acometió la desecación de pantanos y marismas, la irrigación y la repoblación forestal. El ejemplo más famoso es la desecación de los pantanos pontinos, cerca de Roma; tras la recuperación de la tierra se trajeron colonos del Noreste, y se construyeron ciudades como Latina y Sabaudia. Obsesionado por hacer de esta tarea un escaparate de propaganda para los visitantes extranjeros, el régimen se olvidó de las zonas más alejadas de Roma. Según un estudio de Mario Bandini, de los 2,6 millones de hectáreas en las que se inició alguna tarea de recuperación sólo la décima parte mostró un aumento significativo en la producción y en el número de personas que la tierra podía sostener.  En un clima de falta de libertad muchos intelectuales tuvieron que abandonar Italia.

facismo hitler-mussolini

Saludo entre los líderes Hitler y Mussolini- Firma de un pacto en Munich

PENSAMIENTO DE MUSSOLINI
La Omnipotencia del Estado

Texto de: La Doctrina del Fascismo , 1932

Como antiindividualista, el sistema de vida fascista pone de relieve la importancia del Estado y reconoce al individuo sólo en a medida que sus intereses coinciden con los del Estado, que representa la conciencia y la universalidad del hombre como entidad histórica […]. El liberalismo negó al Estado en nombre del individuo; el fascismo reafirma los derechos del Estado como la expresión de la verdadera esencia de lo individual […]. La concepción •fascista del Estado lo abarca todo; fuera de él no pueden existir valores humanos o espirituales. Entendido de esta forma, el fascismo es totalitarismo y el Estado fascista […] interpreta, desarrolla y otorga poder adicional a toda la vida del pueblo […].

Quien dice liberalismo dice individuo, y quien dice fascismo, dice Estado. El fascismo desea que el Estado sea fuerte y orgánico y que se alce sobre fundamentos sólidos que tengan el apoyo popular. El Estado fascista pretende dirigir también el campo económico. Quiere que su acción se oiga en todo el país mediante sus instituciones corporativas, sociales y educacionales y todas las fuerzas políticas, económicas y espirituales de la nación, organizadas en sus asociaciones respectivas, difundidas por todo el Estado […]. El Estado fascista es una voluntad de potencia y de imperio. La tradición romana es aquí una idea: la fuerza. Según la doctrina fascista, el imperio no es tan solo una expresión territorial, mercantil o militar, sino espiritual”…

Que el fascismo es una doctrina de vida lo demuestra el hecho de que se ha creado una fe y que esta fe ha conquistado las almas; lo prueba el hecho de que ha habido hombres que han muerto por el fascismo y que el fascismo ha tenido sus mártires.

MUSSOLINI LLEGA AL PODER, ITALIA SE ENAMORA….
[Luego de la Marcha sobre Roma de la columnas fascista]…Haciendo uso de su derecho, el Rey, en vez de firmar el decreto, destituyó al débil Primer Ministro De Facta e hizo llamar a Mussolini al despacho real. Horas después, salían juntos. Benito Mussolini era el nuevo Jefe del Gobierno Italiano.

Una muchedumbre lo vitoreó. El paro general llegó a su término rápidamente y Mussolini tuvo su primer encuentro con los parlamentarios. Sus palabras fueron amenazantes. Comenzaría ahora un sistema de gobierno autoritario, de reconstrucción nacional.

En verdad, el gobierno de Mussolini tuvo un sorprendente éxito en sus programas de reconstrucción. El país recobró rápidamente la disciplina y volvió a haber paz social, aunque a costa de sangrientas persecuciones sobre los comunistas y la izquierda en general. Más sorprendente aún fue el aumento de la popularidad de Mussolini y el fascismo así como el portentoso aumento de su prestigio internacional.

Quizás el testimonio más significativo respecto de la personalidad y el gobierno de Mussolini, sea el que proporciona Sir Winston Churchill: “Ya les conté el triste episodio de cómo la política de Baldwin-Chamberlain respecto de Abisinia acarreó sobre nosotros lo peor de dos mundos, cómo se produjo entonces un alejamiento respecto del dictador italiano…” “En los años, a partir de 1924, hice todo cuanto estaba a mi alcance para preservar la tradicional amistad de Gran Bretaña e Italia”. “Más aún, en el conflicto entre el fascismo y los bolcheviques, no cabía duda sobre hacia dónde iban mis simpatías y mis convicciones”.

El mismo día en que Sir Winston Churchill fue designado Primer Ministro y Ministro de Defensa de Gran Bretaña, la primera carta que escribió, el 16 de mayo de 1940, fue dirigida a Benito Mussolini. Algunas de sus partes dicen:

“… recuerdo nuestras reuniones en Roma y siento el deseo de expresarle a usted, como Jefe del Estado Italiano, mis deseos de buena voluntad por encima de la creciente separación. ¿Es demasiado tarde para impedir que corra un río de sangre entre los pueblos inglés e italiano?” “.. .Yo declaro que nunca he sido adverso a la grandeza de Italia ni, en mi corazón, he sido jamás enemigo del que dicta las leyes de Italia.” … “Escuche mis palabras, se lo requiero con todo honor y respeto, antes de que la señal terrible (de guerra) sea dada. Y no seremos nosotros quienes demos esa señal”.

De la ruina total, Italia había vuelto a alzarse como potencia. El mismo Churchill afirma que, si Mussolini hubiera tenido el sentido común que mostró Franco en España, y se hubiese mantenido neutral en la Segunda Guerra Mundial, Italia habría resultado incólume y más poderosa que nunca. Pero la respuesta de Mussolini, referida a la doctrina imperial de Italia, a los rencores de la Primera Guerra y a los pactos de honor que lo unían a Hitler, lanzó a Italia a la vorágine demencial.

Pero esa es otra historia. En 1924, Mussolini había enamorado a Italia y comenzaban los 16 años de luna de miel.

LOS MOVIMIENTOS FASCISTAS:

Además de hacerse con el poder en Italia y Alemania, el fascismo tuvo otras muchas manifestaciones en Europa. En Francia varios partidos se proclamaron fascistas, pero el más importante fue el Partido Popular Francés (PPF), de Jacques Doriot.

En Gran Bretaña, el fascismo se encarnó en la Unión Británica de Fascistas (BUF) de Oswald Mosley. Holanda conoció el Movimiento Nacionalsocialista (NSB) de Antón Mussert, En Bélgica, dividida lingüísticamente, la versión local del fascismo de la Valonia francófona -el rexismo de Léon Degrelle- tuvo un éxito notable, aunque fugaz; en la Flandes neerlandófona, el fascismo caló a fondo en el Movimiento Independentista.

En todos estos casos los movimientos fascistas lograron cierto respaldo, lo que les permitió contar con diputados, concejales, etc. Los únicos países de Europa Occidental donde las estadísticas electorales muestran que el fascismo fue irrelevante son España y Portugal, si bien en ambas se instauraron dictaduras con rasgos corporativistas.

Tampoco tuvo éxito el fascismo en Escandinavia, siendo la Unión Nacional (NS) noruega de Quisling la única muestra de un relativo eco en los países del Norte. Muy distinto fue lo ocurrido en Europa Oriental. En Croacia, la fracción radical del nacionalismo separatista dio origen a un movimiento fascista, los ustachi de Ante Pavelic. La Guardia de Hierro rumana de Corneliu Codreanu y el movimiento de la Cruz Flechada húngara de Ferenc Szalassi encontraron un masivo apoyo popular, sobre todo el primero. Sin embargo, la dictadura establecida en Rumania o el sistema de democracia restringida de Hungría no tenían como objetivo evitar los peligros del comunismo sino el avance del fascismo.

El fascismo también tuvo expresiones en América Latina, con agrupaciones como la Falange Socialista Boliviana o la Liga Patriótica Argentina, entre otras. (Fuente Consultada: Segunda Guerra Mundial Tomo N°1 El Rearme Alemán y el Inicio de la Contienda)

CONCEPTO DE GOBIERNOS TOTALITARIOS O AUTOCRACIAS

Fuente Consultada:
Cromos Historia del Mundo Moderno

HECHOS, Sucesos que estremecieron al mundo Tomo N°14 Mussolini Enamora a Italia

Revoluciones Burguesas Resumen Conquistas de las Burguesia Luchas

Revoluciones Burguesas : Resumen de las Conquistas

La Comuna de París Revoluciones Liberales El Cartismo Revolución de 1830

Después de la Revolución Industrial, que comenzó en Inglaterra a mediados del siglo XVIII, poco a poco la industria se convirtió en la actividad económica más importante no sólo en la sociedad inglesa, sino también en otras regiones de Europa. Este proceso fue la primera fase de la industrialización en el continente europeo, y se extendió hasta aproximadamente 1840, cuando se produjo la primera crisis del capitalismo.

LA ORGANIZACIÓN DE LA ECONOMÍA

La actividad industrial durante esta primera fase se caracterizaba lo siguiente:

  • Si bien la máquina a vapor fue un gran invento y avance como energía para el movimiento de las máquinas, su aplicación no fue en forma inmediata en todos los rubros de la industria, y estaba dedicada prácticamente a la actividad textil y justamente por ello en la primera fase de la Revolución Industrial, los viejos sistemas de trabajo a domicilio o la actividad artesanal convivieron con las fábricas.
  • Se estableció una división internacional del trabajo, debido a que distintas regiones del planeta se especializaron en una actividad ad determinada. En el siglo XIX algunos países de América del Sur, Central y África, se especializaron como productores de materias primas , y otros países como Inglaterra y Francia fueron productores de manufacturas, debido a su industria y tecnología.
  • Dentro de Europa, no todos los países evolucionaron y crecieron de la misma manera y tiempo, es decir el desarrollo industrial fue desigual.

Inglaterra fue la pionera en la industrialización, que comenzó aproximadamente a mediados del siglo XVIII, y luego de varios años le siguió Francia (siglo XIX). Otros países como Alemania e Italia debido a que estaban en otros procesos políticos como la unificación, la industrialización tuvo que esperar hasta los primeros años años del siglo XX. España casi no tuvo desarrollo industrial.

LA ORGANIZACIÓN DE LA SOCIEDAD

La sociedad europea —especialmente la inglesa— también cambió notablemente como consecuencia de la Revolución Industrial.

  • Debido al desplazamiento de la gente del campo, la población urbana superó en número a los campesinos, en cambio en donde no hubo industrialización se mantuvo la mayoría de campesinos sobre la urbana.
  • Debido a que la actividad industrial generaba grandes ganancias, muchos propietarios rurales y gente de la aristocracia comenzó a invertir en la industria y comercio. La riqueza de la burguesía hizo que esta clase social se relacionara con la antigua aristocracia y compartieran negocios.
  • La burguesía se consolidó como una nueva clase social, con mucho poder económico y con grandes intensiones de participar en la actividad política. Este proceso fue más rápido sobre todo en Inglaterra, mientras que el desarrollo de la burguesía industrial fue más lento en los otros países europeos.
  • También nació un nuevo tipo de clase social, conocida como proletariado que creció conjuntamente con el crecimiento de la actividad industrial. A medida que su número aumentaba, también aumentaba su importancia en la sociedad y política.

PRIMERA CRISIS DEL CAPITALISMO

Debido al fuerte crecimiento de la producción, llegó un momento , entre 1830 y 1840, en que se produjo mas artículos textiles de lo que se podía vender, es decir había mas oferta que demanda, por lo que se generó una crisis en la economía capitalista y se reflejó rápidamente en una caída del crecimiento económico.

Al disminuir las ventas, y consecuentemente las ganancias de los industriales, estos disminuyeron las horas laborales, se despidieron obreros o directamente cerraron sus puertas. Para peor de los males , en el campo por esa misma época se perdieron cuantiosas cosechas y los precios de los alimentos se elevaron.

Los mas perjudicados fueron los asalariados que veían como sus sueldos no le alcanzaban para vivir , a veces , ni siquiera miserablemente, creándose un descontento popular que se extendió por toda Europa y originó movimientos de protesta y rebeliones.

LA RESTAURACIÓN DEL ABSOLUTISMO

Luego de la derrota definitiva de Napoleón en 1815, en el Congreso de Viena, mediante el Tratado de la Santa Alianza, los líderes políticos de los países mas fuertes, lograron reestablecer las monarquías absolutas en sus tronos, y además el clero y la aristocracia recuperaron alguno de sus privilegios feudales. La burguesía no aceptó para nada perder las ventajas de vivir bajo la defensa de sus derechos naturales como la libertad, igualdad que habían aprendido y conseguido a partir de la Revolución Francesa, y que las campañas de Napoleón habían difundido por todo el continente Europeo.

LA REACCIÓN DE LA BURGUESÍA LIBERAL

Desde su origen las ideas del liberalismo político había unido fuertemente a la burguesía para luchar contra el autoritarismo del absolutismo y en defensa de sus ideales que tan bien se encajaban en su estilo de vida y trabajo.

Su derechos civiles y políticos serian defendidos hasta las últimas consecuencias, que en el plano político una de las ideas mas importantes fue el establecimiento de una ley de leyes o constitución que obligaran por igual a gobernados y gobernantes, y que protegieran los derechos naturales como la propiedad privada, el derecho a la vida y la igualdad ante la ley, y por otro lado que limitara el poder de rey. Y éste fue el principal objetivo de los movimientos revolucionarios que encabezó la burguesía en diferentes países europeos entre 1820 y 1848.

Por la lucha de implantación definitiva de una Constitución que garantizaran las libertades de expresión, de asociación, de reunión, separaran los poderes de gobierno, para evitar la posibilidad de una tiranía, y el derecho al voto para aquellas personas que cumplieran ciertos requisitos, en 1830, burgueses, estudiantes, guardias nacionales y obreros tomaron la ciudad de Paris al grito de “Libertad, Libertad,…”.

LA BURGUESÍA FRENTE A LA POBREZA

La alta burguesía europea, cada día más poderosa y rica, con el poder político ya firmemente asido, veía con inquietud cómo alrededor de las ciudades industriales iba surgiendo una masa proletaria , también cada día más espantosamente pobre. Necesitaba, por tanto, una doctrina que explicase este hecho como inevitable y, en consecuencia, sirviese para tranquilizar su propia inquietud.

Tal doctrina la encontró en dos pensadores ingleses, Adam Smith (1723-1790) y Thomas R. Malthus (1766-1834), que pasaron así a ser los pilares ideológicos del liberalismo económico.

Smith pensaba que todo el sistema económico debía estar basado en la ley de la oferta y la demanda. Para que un país prosperase, los gobiernos debían abstenerse de intervenir en el funcionamiento de esa ley: los precios y los salarios se fijarían por sí solos, sin necesidad de intervención alguna del Estado. Y ello, entendía, no podía ser de otro modo, por cuanto si se dejaba una absoluta libertad económica, cada hombre, al actuar buscando su propio beneficio, provocaba el enriquecimiento de la sociedad.

Malthus partía del supuesto de que, mientras el aumento creciente de población seguía una proporción geométrica, la generación de riquezas y alimentos sólo crecía aritméticamente. Resultaba por ello inevitable que, de no ponerse remedio, el mundo se hundiría en la pobreza. Ese remedio no podía ser otro que el control de natalidad en los obreros, y que estos quedasen abandonados a su suerte, para que así su número disminuyese.

En resumen, tanto Malthus como Smith lo que estaban pidiendo era la inhibición de los gobernantes en cuestiones sociales y económicas. Y eso fue lo que ocurrió: el Estado burgués europeo del siglo XIX se limitó a garantizar el orden público en el interior de sus fronteras, renunciando a cualquier tipo de política social, de justicia redistributiva y de intervención en la economía.

Nada mejor para los grandes capitalistas, que quedaron con las manos libres para enriquecerse al máximo. La riqueza se convirtió en una virtud, y los clérigos, desde el púlpito, presentaban la pobreza como una consecuencia del vicio y el pecado, con lo cual estaban justificando de hecho su existencia.

Frente a este Estado liberal y en esta sociedad burguesa, el proletariado se encontró indefenso. Por ello, su lucha por la vida y por los derechos que se les negaban tenía que convertirse necesariamente en una lucha contra el liberalismo económico y la burguesía capitalista.

Sin embargo, en los años que transcurrieron hasta 1848, los trabajadores fueron aliados de la burguesía en la lucha contra el absolutismo restaurado. Los obreros se sumaron a las luchas de los burgueses que reclamaban la plena vigencia de los principios del liberalismo. Por otra parte, un sector de la burguesía liberal alentaba la alianza porque creía que el capitalismo generaba un progreso que iba a mejorar las condiciones de vida de todos los integrantes de la sociedad. Por eso, llevó adelante acciones políticas radicales con el fin de destruir los obstáculos que se oponían al desarrollo del capitalismo.

la revoluciones burguesas

Los movimientos revolucionarios de 1820. En España, Portugal y el Reino de las Dos Sícilias, los revolucionarios lograron la sanción de Constituciones liberales. Pero la intervención militar de Austria y Francia en ayuda de los monarcas absolutos afectados —de acuerdo con lo establecido en el Tratado de la Santa Alianza—, derrotó estas experiencias revolucionarias. Las luchas por el establecimiento de los principios liberales tuvo características especiales en Grecia. A partir de 1821 comenzó la guerra de liberación griega del imperio turco-otomano, en la que fue decisiva la intervención de las fuerzas de la Santa Alianza. Gran Bretaña, Francia y Rusia vencieron a los turcos, declararon la soberanía nacional de Grecia y, luego de derrotar al movimiento liberal griego, favorecieron el establecimiento de una monarquía absoluta. Como consecuencia de las diferencias entre Rusia y Austria sobre esta “cuestión de oriente “, la Santa Alianza se disolvió.

El objetivo político de los revolucionarios de 1820 fue lograr el establecimiento de monarquías constitucionales —como la inglesa—. También se propusieron asegurar el funcionamiento de los parlamentos, ya que, frente al absolutismo monárquico, el parlamento era la institución que permitía la participación de los burgueses en el gobierno, que cada vez tenían mayor poder económico.

Los movimientos revolucionarios de 1830

Los movimientos revolucionarios de 1830. Las revoluciones de 1830, dividieron Europa en dos regiones. Al oeste del río Rhin, los liberales moderados derrotaron a la alianza de los absolutismos. Al este del Rhin, en cambio, todas las revoluciones fueron reprimidas y la situación se mantuvo como antes de 1830. En estos países, la mayor parte de la población estaba compuesta por campesinos que todavía vivían sometidos a una organización económica de tipo feudal.

En Europa occidental, las revoluciones de 1830 significaron la derrota definitiva del absolutismo. Desde entonces, en los distintos países, el gobierno estuvo a cargo de representantes de la alta burguesía de industriales y banqueros, que desplazaron a los miembros de la aristocracia terrateniente.

El régimen de gobierno que se consolidó en Inglaterra, Francia y Bélgica fue una monarquía constitucional que garantizaba la vigencia de las libertades individuales económicas y políticas. La participación política se abría exclusivamente a una parte de la población mediante el sufragio restringido. Sólo aquellos ciudadanos que eran propietarios, tenían determinado nivel de ingresos o determinado grado de instrucción escolar, tuvieron derecho al voto y a ser elegidos representantes parlamentarios.

La revolución Francia julio de 1830

La revolución que estalló en Francia en julio de 1830 contra el absolutismo del rey Borbón Carlos X, inició la oleada revolucionaria que se extendió por toda Europa. En París, burgueses estudiantes, obreros asaltaron armerías, armaron barricadas y pidieron por la abdicación del rey. El ejèrcito se negó a reprimir a los revolucionarios y el rey abandonó el país. Se le entregó la corona a Luis Felipe de Orleans que adhería a los principios liberales.

1848: Hacia la Democracia Liberal: El movimiento revolucionario de 1848 fue el que más se extendió por Europa, pero el de menos éxito: con la única excepción de Francia. En el resto de los países, los antiguos gobiernos recuperaron el poder en muy poco tiempo, y los revolucionarios fueron encarcelados o exiliados. En Francia se proclamó la República, que duró algo más de 2 años. El único cambio irreversible fue la abolición de la Servidumbre en el Imperio de los Habsburgos.

Las fuerzas sociales y políticas en 1848.

La oleada revolucionaria de 1848 comenzó en Francia y el nuevo estallido estuvo relacionado con los resultados de la revolución de 1830. El régimen de gobierno establecido desde entonces favorecía a la Alta Burguesía, pero negaba el Sufragio Universal a la Baja Burguesía, a los intelectuales y sobre todo a los trabajadores.

La situación se agravó cuando, a partir de 1845, se acentuó la crisis económica. Una serie de malas cosechas provocó un fuerte aumento en los precios de los alimentos básicos de los trabajadores: los cereales y las papas. El cierre de fábricas por causa de la crisis de la industria textil había aumentado el desempleo, y el hambre se generalizó motivando a los trabajadores a protestar.

En toda Europa, casi simultáneamente, miembros de la baja burguesía y estudiantes se unieron a las protestas de los obreros. En Francia, el Ejército y la Policía se negaron a reprimir a los aliados revolucionarios: el rey abdicó y se proclamó la República.

La experiencia de la Segunda República Francesa.

La experiencia de la Segunda República Francesa.

Lo significativo de la revolución que se desarrolló en París en febrero de 1848 fue que, por primera vez, los trabajadores tuvieron demandas específicas diferentes de las de los burgueses.

*POLÍTICO: La Baja Burguesía pedía una reforma del sistema electoral y parlamentario para lograr un mayor grado de participación en el gobierno.
*SOCIOECONÓMICO: Los Obreros pedían soluciones al problema de la desocupación y del hambre. Entre 1846 y 1848 el cierre de los talleres de ferrocarriles había dejado sin empleo, en París, a 500.000 obreros.

El Gobierno Provisional que se organizó luego de proclamada la República, y contó con la participación de un obrero y de un representante de los intereses de los obreros como Ministro de Trabajo: el socialista Louis Blanc. Entre febrero y mayo de 1848, este nuevo gobierno —con el apoyo de los pobres de las ciudades y de burgueses republicanos moderados— realizó las siguientes acciones:

*estableció el sufragio universal
*abolió la esclavitud colonial
*abolió la pena de muerte por delitos políticos
*creó los Talleres Nacionales para solucionar el problema del desempleo en la ciudad de París.

La derrota de los trabajadores.

La primera elección que se realizó en Francia con la vigencia del Sufragio Universal dio por resultado una Asamblea Constituyente integrada en su mayoría por partidarios de la Monarquía y de Reformas moderadas.

La mayor parte de la población, que era todavía rural, no había tomado contacto con las nuevas ideas que impulsaban los burgueses radicales y republicanos, ni con las ideas socialistas que defendían los intereses de los obreros. Por esto, en las ciudades del interior de Francia la población masculina votó por aquellos miembros de la sociedad que conocía: los médicos, los abogados, e incluso por los nobles que ocupaban un lugar destacado en su ciudad.

Esta Asamblea se enfrentó con el Gobierno Provisional y, reafirmando los principios del Liberalismo Económico, decidió el cierre de los Talleres Nacionales.

El balance de 1848: la burguesía “conservadora”.

Cuando la burguesía tomó conciencia de la enorme fuerza que tenía el conjunto de los trabajadores pobres, sintió sus intereses amenazados: la Propiedad Privada. Desde entonces, muchos liberales moderados se fueron convirtiendo en conservadores.

A medida que los burgueses moderados se retiraron de la alianza, los Trabajadores y los Burgueses Radicales quedaron solos frente a la unión de las antiguas fuerzas aristocráticas y la burguesía conservadora. Las revoluciones de 1848 fueron derrotadas porque los Partidos del Orden se impusieron sobre la Revolución Social.

Los trabajadores habían luchado no sólo por el Derecho al Voto para todos los ciudadanos, sino también por reformas en la organización de la economía y la sociedad que mejoraran sus condiciones de vida. Ante las demandas de los obreros, la Baja Burguesía Liberal y Moderada consideraron que la propiedad privada estaba en peligro y se aliaron nuevamente con la Alta Burguesía.

Luego de la experiencia vivida, los Gobiernos Conservadores que retomaron el poder se propusieron poner en práctica muchos de los principios del liberalismo económico, jurídico y cultural.

Entre 1848 y 1849, los conservadores habían comprendido que la Revolución era peligrosa y que las demandas más importantes de los radicales y obreros -especialmente las económicas— podían satisfacerse a través de Reformas. De esta manera, las “reformas económicas” reemplazaron a la “revolución”, y la Burguesía dejó de ser una fuerza revolucionaria.

A pesar de que en 1848, en Francia, la Revolución había terminado con la derrota de los obreros, la gran movilización de trabajadores -entre otras razones- impidió la limitación del Sufragio.

En noviembre de 1848, la elección del nuevo presidente de la República Francesa se hizo por Sufragio Universal. Los franceses no eligieron a un candidato moderado, pero tampoco a un radical. El ganador fue Luis Napoleón Bonaparte.

Para los gobiernos europeos, la elección de Luis Napoleón hizo evidente que la “Democracia de sufragio universal” —la institución que se identificaba con la Revolución— era compatible con el mantenimiento del orden social.

La democracia liberal.

Durante la primera mitad del siglo XIX, muchos pensadores y gobernantes de Europa Occidental estaban convencidos de que, en las sociedades de su época, el desarrollo del Capitalismo y el establecimiento de la Democracia de Sufragio Universal eran objetivos incompatibles.

Y en esta afirmación coincidían, por ejemplo, pensadores liberales que representaban el punto de vista de los burgueses —como el francés Alexis de Tocqueville y el inglés John Stuart Mill— y un pensador socialista que representaba el punto de vista de los trabajadores, el alemán Karl Marx.

El desarrollo del Capitalismo había generado una multitud de trabajadores pobres que, paulatinamente, se iban transformando en la mayoría de las poblaciones de las sociedades europeas.

Sobre la base de diferentes argumentos, tanto para Stuart Mill y para Tocqueville como para Marx, el mayor número de los trabajadores pobres era la razón que hacía inconciliables el Capitalismo y la Democracia. Para los liberales, la extensión del Sufragio Universal y al establecer un voto por persona, la política daba lugar al Gobierno de los Trabajadores Pobres que no tenían conocimientos adecuados debido a su falta de Educación formal.

Desde esta percepción de la situación, al carecer de la preparación necesaria para ejercer el gobierno, gobernarían exclusivamente en función de sus intereses, y la democracia dejaría de estar vigente. No obstante, para los socialistas, el gobierno de los trabajadores terminaría destruyendo al Capitalismo.

Sin embargo, el desarrollo del Capitalismo continúa hasta nuestros días aunque desde la segunda mitad del siglo XIX, progresivamente, cada vez fueron más los individuos reconocidos como ciudadanos con derecho a voto.

En la actualidad, en casi todas las sociedades capitalistas son ciudadanos todos los adultos, cualquiera que sea su nivel de riqueza y de instrucción, su ocupación, su raza y su religión.

La Democracia Liberal, fue y es el sistema político que logró e hizo posible la vigencia y la “convivencia pacífica” del Sufragio Universal junto al mantenimiento del Capitalismo como forma de organización de la economía, y de la legitimidad de los reclamos de la sociedad por parte del Estado de los derechos sociales y humanos

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Fuente Consultada: Historia Europa Moderna Alonso/Elisalde/Vázquez – Revoluciones del Mundo Moderno de Alonso Lazo
Profesora de Historia: Adriana Beresvil

 

La burguesia Industrial Nacimiento Origen y Evolución Resumen

La Burguesia Industrial: Nacimiento, Origen y Evolucioón

La Comuna de París Revoluciones Liberales El Cartismo Revolución de 1830

Esta clase social, cuyo origen se remonta a la Europa feudal, se convirtió en germen de un nuevo mundo con el desarrollo del capitalismo. Dicha transformación culminó entre los siglos XVII Y XIX, por medio de las revoluciones burguesas.

En el mundo moderno de los siglos XVII y XVIII fue cada vez más evidente la relación entre los cambios en la organización económica de una sociedad y los cambios en su organización política.

A lo largo de su historia, cada sociedad va realizando diferentes actividades económicas y el trabajo de los hombres se va organizando en forma también distinta. Siempre, en las sociedades antiguas y también —aunque por medios distintos— en las del mundo moderno, fue necesario que la autoridad política asegurase la realización de las actividades económicas, la producción de un excedente y la acumulación de una parte de las riquezas producidas.

Por esto mismo, los grupos sociales que tienen el poder económico en cada sociedad se proponen asegurar que la autoridad política garantice sus intereses.

A partir del siglo XVII, con el desarrollo de las nuevas actividades económicas, como el comercio y la industria, los burgueses adquirieron poder económico y acumularon riquezas. Por primera vez, tuvo poder económico un grupo social —los burgueses— diferente del que durante siglos ejerció el poder político: la aristocracia terrateniente. Desde entonces, para los burgueses quedó planteada la necesidad de producir cambios en la organización política de la sociedad para asegurar sus intereses económicos.

ORIGEN , FORMACIÓN Y CONSOLIDACIÓN DE LA BURGUESÍA EN EL SIGLO XIX

Su Formación

Originalmente, el término burguesía calificaba tan sólo a los habitantes de las ciudades (burgos) de la plena Edad Media, derivando más tarde hasta englobar a una clase social caracterizada por su actividad económica no agrícola. Para los marxistas, esta clase social era la dominante en el modo de producción capitalista, poseedora de los medios de producción, gracias a lo cual podía acumular las plusvalías generadas por el trabajo asalariado de los proletarios.

La teoría sociológica, desde M. Weber y W. Sombart, contempla a la burguesía como la clase social que, animada de un espíritu nuevo, donde priman el individualismo, el esfuerzo personal, la innovación y el afán de lucro, transforma el mundo feudal en el que nace, hasta lograr la plena implantación del capitalismo y el estado liberal.

De todas formas, esta clase social no constituye un grupo homogéneo, sino se dan grandes diferencias entre una alta burguesía, compuesta por los capitalismo dueños de los medios de producción, que rigen la vida política y económica en estados liberales, y una pequeña burguesía de profesionales liberales, funciona empleados medios y pequeños propietarios y comerciantes que, aunque como muchos rasgos ideológicos y culturales con la anterior, se encuentra mas cerca proletariado por su renta y su posición social y política.

El hecho es que el cono de burguesía es muy amplio, y ha tenido distintos significados y matices a lo largo de la historia, y según las perspectivas desde las que se ha analizado.

Nacimiento y consolidación de la burguesía

Aunque ya en la Antigüedad existieron hombres de negocios dedicados a las, actividades mercantiles y manufactureras y vinculados al mundo urbano, el importante papel de los aparatos públicos en las actividades económicas no solía mucho margen para la iniciativa privada, por lo que no podemos hablar de burguesía propiamente dicha. En Europa occidental, el crecimiento económico y demográfico experimentado a partir del siglo XI permite el asentamiento de una población cada vez más numerosa en las ciudades, tanto antiguas como de reciente fundación (burgos).

Estos burgueses se especializan en actividades artesanas y, cantiles, que pronto les proporcionan una fuerza económica suficiente para presionar sobre los señores feudales, de los que obtuvieron libertades jurídicas, autonomía administrativa y protección para sus actividades. Sin embargo, no consiguieron distinguirse jurídicamente de la mayoría campesina de la población, y el esquema social feudal, basado en la división en tres órdenes o estamentos (nobles, eclesiásticos y trabajadores o estado llano) se mantuvo inalterado.

Esto no impidió que dentro del mismo grupo burgués se produjera una creciente estratificación, sobre todo Partir del siglo XIII, diferenciándose las oligarquías de grandes comerciantes y banqueros que normalmente controlaban los gobiernos municipales, del «común», integrado por artesanos, sirvientes y pequeños comerciantes.

La oposición de intereses entre ambos grupos dio lugar a la aparición de conflictos durante la baja Edad Media. Además, esa oligarquía burguesa se asimila progresivamente a la nobleza terrateniente, cuyo estilo de vida copia y cuyo estatus social codicia.

Desde fines de la Edad Media y durante toda la Edad Moderna, muchas familias burguesas entroncan con la nobleza (mediante matrimonios con familias aristocráticas empobrecidas), o acceden a esa condición mediante la compra de cargos o tierras vinculadas a títulos, convirtiéndose en rentistas y asumiendo los valores conservadores de la clase noble.

otra forma de ascender socialmente era mediante el servicio en la creciente burocracia estatal que las monarquías autoritarias de la Edad Moderna estaban desarrollando Los monarcas preferían emplear en su administración a letrados procedentes de la clase media burguesa, en lugar de a los miembros de la alta nobleza, susceptibles de desafiar su poder.

De todas formas, los burgueses no ennoblecidos siguieron perteneciendo estado llano, y normalmente eran ellos los que acaparaban su representación Cortes y otras instituciones representativas de origen medieval, a las que los rey Antiguo Régimen recurrían lo menos posible, sólo cuando estaban necesitados financiación extraordinaria.

La expansión mercantil europea desarrollada a partir del siglo XVI, con el descubrimiento y colonización de nuevos y vastos territorios ultramarinos y la apertura nuevos mercados, proporcionó unas inmensas posibilidades de enriquecimiento burguesía. Pero el mantenimiento de las estructuras tradicionales le impedía un papel social y político acorde con su poder económico.

A partir del siglo XVI sé produjo también un cambio de mentalidad, con la difusión de nuevas ideas: el humanismo, el racionalismo e incluso la ética protestante (especialmente en su versión calvinista), transformaciones ideológicas, filosóficas y culturales que encuentra culminación en la Ilustración, que tuvo en la burguesía a su principal valedora beneficiaria. Se santificó el afán de lucro y el éxito en los negocios, como signo del divino y como contribución a la prosperidad general. El individualismo y la igualdad entre los hombres se elevaron a la categoría de dogmas, contradiciendo el si de privilegios estamentales que impedía a la burguesía desempeñar un pape destacado en la vida pública.

Por último, el apoyo al progreso científico y técnicas a la mentalidad racionalista, también en la economía, se oponían a las viejas estructuras productivas (gremios) y comerciales (mercantilismo), que constituían una para el pleno desarrollo del capitalismo, el nuevo sistema socioeconómico que ido gestando con las actividades de la burguesía.

EL ASCENSO SOCIAL: Uno de los resultados más importantes de la doble revolución de fines del siglo XVIII fue abrir las carreras al talento. Había cuatro caminos (para nada fáciles) para desarrollar estas carreras.

• El estudio universitario permitía iniciar un ascenso en la sociedad de la época. Sin embargo, la educación no era generalizada y, por lo tanto, no estaba al alcance de todos y no generó la sociedad abierta que todos esperaban. Al contrario, surgió una sociedad cerrada en la cual se conformó una élite intelectual y profesional. Pero para aquellos que alcanzaban la educación universitaria -médicos, abogados, ingenieros, arquitectos, profesores, funcionarios de carrera, sacerdotes y pastores religiosos- estaba garantizada cierta reputación social, bienestar económico e incluso la posibilidad de acceder al poder político.

• La carrera de los negocios era el camino de ascenso social por excelencia en una economía abierta y en rápida expansión. Era también la vía más limitada y minoritaria, pues no cualquiera podía acceder al mundo de los negocios: exigía condición mental, sentido de la oportunidad y, por supuesto, recursos económicos, requisitos que la mayoría no poseía. No todos podían seguir el camino de Robert Peel.

• El ejército ofrecía la más vieja de las carreras abiertas al talento. En sus filas habían progresado socialmente muchos hijos de campesinos y pobres urbanos que obtuvieron -cuando sobrevivieron a las guerras- un prestigio social y una posición económica que de otra manera habría sido impensable. Esta vía de ascenso social se había potenciado después de la Revolución Francesa y durante las guerras napoleónicas, pero se redujo sensiblemente durante el período de paz.

• El arte era el cuarto camino de reconocimiento social. Escritores, pintores, actores, músicos y cantantes gozaban -en un mundo de valores burgueses- del prestigio que otorgaba el solo hecho de poseer talento, un atributo que en las sociedades nobiliarias y aristocráticas era escasamente tenido en cuenta.

Las revoluciones burguesas (más en este sitio)

Todas esas estructuras económicas y sociales anticuadas encontraban su mar expresión en el sistema político de las monarquías absolutistas. La burguesía utilizaba, en su beneficio el descontento de gran parte del estado llano, el estamento no privilegiado, que incluía desde los más pobres jornaleros hasta los banqueros o comerciantes más ricos.

La serie de revoluciones iniciada en Inglaterra (1642-48 y 1688) Norteamérica (1773-83) y Francia (1789), y extendida durante el siglo XIX al re Europa, significó la abolición del Antiguo Régimen y la instauración del estado General burgués, la sociedad de clases y el capitalismo industrial.

Esta transformación social, económica y política sirvió especialmente a los intereses de la gran burguesía capitalista, convertida en clase dominante. En efecto, la revolución Industrial iniciada en la segunda mitad del siglo XVIII en Inglaterra había lugar al desarrollo de un nuevo sector económico.

Los capitales acumulados por el comercio fueron invertidos en las nuevas fábricas, donde se empleaba a la mano de obra que una transformación agraria orientada al mercado había dejado sin tierras y si bajo. La nueva economía industrial, cuyos medios de producción están en manos de la burguesía capitalista, se transforma en el motor del desarrollo de los estados occidentales.

El poder económico se convierte en la pauta que marca las divisiones y jerarquías de la nueva sociedad de clases. Se produce entonces la clara separación la burguesía y las clases trabajadoras, que no tienen acceso a los bienes de producción ni al reparto de la riqueza generada por su trabajo. La recompensa que obtiene el proletariado por haber apoyado las revoluciones burguesas es el pago de un salario por su trabajo, privado de voz en los mecanismos económicos y políticos.

El fin de la burguesía revolucionaria

A partir de ese momento, la antigua burguesía revolucionaria se convierte en una clase conservadora. Se priman los valores del orden (además de los de la familia, el trabajo y el ahorro), se defiende a ultranza la propiedad privada, y se intenta restringí acceso de las clases populares al poder político (sufragio censatario).

De vez en cuando, la presión popular en los movimientos revolucionarios (Babeuf en 1797, las revoluciones de 1848, la Comuna de París de 1871), y corrientes como el socialismo intentan despertar la conciencia de clase del proletariado y organizarlo para luchar por mejorar su posición.

Ante esto, la burguesía responde con concesiones que intentan integrar a las clases populares en el sistema, instaurando el sufragio universal, extendiendo su ideología mediante la educación nacional, y creando el mito según el cual, en una sociedad de clases «abierta», cualquier individuo es capaz, por mérito esfuerzo, de mejorar su condición.

En el siglo XX, la evolución económica y social de los países más desarrollados ha dominado la aparición de una amplia clase media o pequeña burguesía, que no está definida tanto por la propiedad de los medios de producción como por su formación cultural y técnica, que le permite desempeñar los puestos intermedios de la administración pública y empresarial. Por otro lado, se ha producido también una elevación del nivel de vida y formación de las clases trabajadoras, cuyos miembros más cualificados se confunden con los estratos inferiores de la clase media («aburguesamiento» de la clase obrera).

Al mismo tiempo, la difusión de unos hábitos culturales y de consumo homogéneos por parte de los medios de comunicación ha propiciado aparición de una «sociedad de masas» o de consumidores, que pretende desdibujar las fronteras entre clases.

El Antiguo Régimen

Crisis del Antiguo Régimen

 

Pacto de Brest Litovsk Tratado de Paz Rusia Guerra Mundial Final

Pacto de Brest Litovsk – Tratado de Paz 

Principales Batallas Gran Guerra Batalla de Verdún Batalla de Marne La Guerra en Fotos

La paz de Brest-Litovsk: El tratado de paz firmado en Brest-Litovsk (actualmente en Bielorrusia) entre las potencias centrales y la República de Ucrania (09 de febrero 1918) y la Rusia Soviética (03 de marzo 1918), puso fin a las hostilidades entre dichos países en el contexto de la Primera Guerra Mundial.

Las primeras negociaciones del gobierno bolchevique con los imperios centrales comenzaron el 9 de diciembre. Las reuniones se celebraron en la fortaleza de Brest-Litovsk El problema de la guerra se planteaba para los revolucionarios rusos de la siguiente manera: había que ganar tiempo a toda costa para fortalecer la revolución.

La mirada de los bolcheviques se dirigía a Europa en espera de la crisis revolucionaria que preveían. La primera delegación soviética estuvo representada por Kámenev y Joffé. Los Imperios centrales enviaron a los ministros de relaciones exteriores de Austria-Hungría y Alemania, Csernin y Von Kuhlmann, al jefe del estado mayor del frente oriental, general Hoffmann.

Desde las primeras discusiones, los imperios centrales mostraron sus intenciones: imponer la paz a Rusia y obtener grandes concesiones. El artículo segundo de sus propuestas para la paz decía: “Habiendo reconocido el gobierno ruso, de acuerdo con sus principios, el derecho de todos los pueblos, sin excepción, que forman parte del Estado ruso, a disponer de sus destinos hasta el punto de separarse por completo, se da por enterado de las resoluciones que expresan la voluntad de los pueblos de Polonia, Lituania, Curlandia, una parte de Estonia y de Finlandia, de separarse del Estado ruso y de constituirse en Estados realmente independientes”.

O sea, reclamaban la anexión a Alemania de todos esos territorios. La propuesta era monstruosa y evidenciaba claramente la voracidad imperialista de Alemania. La formulaban, por otra parte, contando con que Rusia ya no estaba en condiciones de combatir. Era la tesis de Ludendorff: imponer la paz o rematar a Rusia “rápida y enérgicamente”. El temor al bolchevismo aterraba al jefe militar: ” Yo sabía que, aún en caso de llegar a la paz, nos serían necesarias numerosas fuerzas contra el bolchevismo”.

El 27 de diciembre se reanudaron las negociaciones. La delegación soviética estaba presidida esta vez por Trotski. Las discusiones se hicieron más tensas. La delegación bolchevique seguía ganando tiempo, mientras dirigía una activa campaña propagandística sobre los soldados alema-nes. La situación se mantuvo casi dos meses. El Estado Mayor alemán estaba exasperado. Ludendorff proponía insistentemente iniciar las operaciones contra Rusia.

El 26 de enero, el gobierno soviético culminaba su ruptura con los aliados: un decreto anulaba todas las deudas exteriores de Rusia. Al mismo tiempo, las negociaciones de Brest-Litovsk llegaban a término. En los primeros días de febrero, Alemania y sus aliados reconocieron a Ucrania como Estado independiente y firmaron, con una “delegación” ucraniana inventada, un acuerdo de paz. La delegación bolchevique rompió la negociación: daban la guerra por terminada, pero sin firmar la paz.

El 18 de febrero, apenas unos días después de la ruptura de las negociaciones, Alemania anunció al gobierno ruso la reanudación de las hostilidades. La ofensiva alemana casi no encontró resistencia. En pocos días, del 18 al 24, Ucrania fue invadida. Las posibilidades de resistencia para el gobierno soviético eran muy escasas. No existían fuerzas para mantener una guerra revolucionaria. Se impuso la necesidad de firmar la paz. El 19 de marzo, llegaba a Brest-Litovsk una nueva delegación soviética.

La Rusia soviética había aprovechado bien el tiempo de las negociaciones. La propaganda tuvo enorme efecto sobre Alemania y los pueblos en general. En primer lugar, se hacía evidente la mentira con que la Entente pretendía engañar a los obreros de Europa: que los bolcheviques eran agentes alemanes.

El gobierno soviético firmaba la paz bajo la imposición de los cañones del ejército alemán. El 3 de marzo se firmó el tratado. Un mensaje del gobierno revolucionario, dirigido a los pueblos del mundo, decía: “La paz que firmamos nos es dictada con las armas en la mano. La Rusia revolucionaria se ve constreñida a aceptarla, apretando los dientes…”

La paz de Brest-Litovsk implicó enormes concesiones territoriales en beneficio de Alemania. Las cláusulas principales del tratado, que estaba redactado en trece artículos eran: compromiso recíproco de cesar en toda clase de propaganda contra el estatuto gubernamental o militar de los países interesados; la desmovilización del ejército ruso, incluso la de las nuevas unidades soviéticas; renuncia, por parte de Rusia, a inmiscuirse en los asuntos de los países situados al oeste de las nuevas fronteras (todos los países bálticos, Lituania y Polonia); evacuación de las regiones de Asia Menor, ocupadas por las tropas rusas; reconocimiento, por parte de los Soviets, de la república popular de Ucrania y del tratado firmado por ésta con la Cuádruple; evacuación de Finlandia y de las islas Aaland por los rusos (lo que equivalía al sacrificio de la revolución finlandesa); renuncia recíproca a toda indemnización de guerra.

Sin embargo, Rusia tendría que indemnizar a los Imperios centrales por el sostenimiento de los prisioneros rusos, por los daños causados por la revolución a los subditos austro-alemanes, etcétera (en total, un pago de más de tres mil millones de rublos oro). Se realizaría inmediatamente el intercambio de prisioneros de guerra (Alemania calculaba de esta manera recuperar material humano); se reanudarían las relaciones comerciales y diplomáticas. Una vez firmada la paz, y al amparo del tratado prosiguió el avance de las tropas alemanas en Ucrania, hasta el Don, hasta Crimea, hasta el Cáucaso”.

La primera paz de la guerra mundial resultaba favorable para Alemania y sus aliados. Empero, el beneficio de la ocupación de Ucrania fue muy inferior al que había calculado el Estado Mayor alemán. El principal aporte lo constituyó el envío a Alemania de 46.000 caballos y 5.000 cabezas de ganado. En cuanto a cereales, obtuvieron una exigua cantidad, que no alcanzaba a paliar el problema del hambre en Alemania y Austria-Hungría. El costo, por otra parte, fue muy elevado. Tuvieron que mantener un ejército de ocupación (22 divisiones), constantemente hostigado por partidas guerrilleras, que pronto se desmoralizó.

Asimismo, la publicación de la paz alemana de Brest-Litovsk contribuyó a afirmar en la Entente su voluntad de no concluir la guerra antes de aniquilar a Alemania. Además, prestó un buen servicio a la propaganda aliada que agitó por el mundo la “rapiña alemana” en Rusia. . . La paz impuesta se volvió contra Alemania.

La Rusia soviética perdió importantes territorios, pero la revolución de octubre se sostuvo. Cuando la revolución alemana derribó la monarquía de los Hohenzollern, los bolcheviques denunciaron la paz de Brest-Litovsk y se lanzaron a recuperar e! terreno perdido. En tanto, habían comenzado a organizar el Ejército Rojo, bajo la dirección de Trotski. Al mismo tiempo, la propaganda realizada hacia Alemania comenzó a dar sus frutos.

Desde una cárcel de Berlín, Liebknecht, hacía en esos días un excelente comentario sobre la paz de Brest-Litovsk:

“El balance de Brest-Litovsk no es igual a cero, aunque de momento haya de traducirse en una paz brutal de imposición y avasallamiento. Gracias a los delegados rusos, Brest-Litovsk se ha convertido en una tribuna revolucionaria de radio amplísimo. Aquellas negociaciones sirvieron para desenmascarar a los imperios centrales, para desenmascarar el instinto de rapiña, la falsedad, la perfidia y la hipocresía de Alemania. Sirvieron para dictar un veredicto aniquilador contra esa política alemana de las ‘mayorías’ a que, según ella, se ha de ajustar la paz, y que tiene más de cinismo que de gazmoñería. Han servido para desencadenar, en varios países, considerables movimientos de masas. Y su trágico acto final —la intervención decretada contra la revolución— ha sacudido todas las fibras socialistas del mundo. Ya llegará el día en que se demuestre, que van a recoger de esta siembra los triunfadores de hoy. Yo les garantizo que no van a disfrutar a gusto.”

China y la guerra de los boxers Rebelion Revolucion Boxers Xenofobia

China y la Guerra de los Boxers – Xenofobia

La Rebelión de los boxers (1898-1900) fue el primer estallido del nacionalismo chino y preludio de la revolución posterior. Los boxers constituían una sociedad secreta, cuyo fin era liberar a China del “demonio extranjero”. Se exhibían carteles de propaganda en donde las tropas europeas huyen aterradas ante el empuje de los invencibles chinos. Los boxers contaban con el tácito apoyo de la tácito de la emperatriz Dowager Tz’u Hsi En 1911, a los tres años de su muerte, sobrevino la revolución.

China se sentía a merced del apetito imperialista de las potencias extranjeras y sumida en la desesperanza. Ello provocó la rebelión bóxer de 1898 a 1900. Los boxers, constituidos en temible sociedad secreta, desataron una feroz campaña contra los «diablos extranjeros». Mataron a unos 200 misioneros cristianos y a unos 20.000 chinos conversos, asesinaron al embajador japonés en Pekín y cercaron el distrito diplomático de la ciudad. Todo un ejército de tropas inglesas, estadounidenses, alemanas, francesas, rusas y japonesas rompieron el sitio, sometieron a los boxers y les impusieron duras condiciones de paz.

Paulatinamente, los estamentos más emprendedores de la población china comprendieron que su país debía imitar la conducta de Japón y modernizarse al modo occidental para evitar ser de nuevo colonizado económicamente. Los más conspicuos promotores de este resurgir nacional habían estudiado en Inglaterra, Francia, Estados Unidos y, especialmente, en Japón.

Entre sus profetas y portavoces se hallaba el doctor Sun Yat-sen, médico nacido en el sur de China en 1866. Sun tenía 28 años cuando en 1894 creó en Honolulú la Asociación para la Regeneración de China, de signo revolucionario, y al año siguiente promovió en Cantón un levantamiento contra los manchúes que fue abortado.

Los alzamientos sorprendieron a los propios líderes del movimiento revolucionario chino. Hacía mucho tiempo que proclamaban sus objetivos, pero no poseían aún un auténtico programa para el resurgimiento del país. Tampoco tenían un dirigente. Sun Yat-sen, líder idóneo, se hallaba entonces en Estados Unidos. Antes de que Sun desembarcara en China y organizara a los suyos, un ambicioso e intransigente militar, el general Yuan Shih-kai, que mandaba las tropas mejor equipadas del imperio, logró adueñarse de la situación.

Los boxers enfrentan al enemiLos boxers enfrentan al enemigogo

En 1900, la sublevación contra los extranjeros de una secta china llamada Yi He Tuan —«Puños de Justicia y Concordia», o «boxers», como les denominaron los ingleses— culminó en un absoluto desastre para China, lo que perjudicó su precaria soberanía y representó el principio del fin para la dinastía Qing.

China estaba sumergida en una xenofobia profundamente arraigada, resultado de una larga historia de intervenciones extranjeras y, más recientemente, de condiciones sociales y económicas en decadencia.

La sociedad secreta de los boxers reforzaba sus campañas jurando que mataría a todos los extranjeros («hombres peludos primarios») y a sus simpatizantes chinos («hombres peludos secundarios»).

La cruzada fue instigada por Ci Xi, la emperatriz viuda, que ostentaba el poder desde 1898. Siguiendo la iniciativa de la emperatriz, varios gobernadores provinciales apoyaron la violenta resistencia de los boxers en sus jurisdicciones.

Fortalecidos de esta manera, los boxers saquearon el campo, destruyeron las estaciones de ferrocarril y las líneas de telégrafos y, finalmente, mataron a 231 extranjeros y á millares de chinos cristianos. El 21 de junio de 1900, la emperatriz, impulsada por su patriotismo, declaró la guerra a todas las potencias extranjeras que interferían en la vida política china por intereses egoístas. Los boxers iniciaron un asedio de dos meses a las embajadas en Pekín.

Las naciones que sufrieron el ataque, incluyendo Japón, Rusia, Alemania, Gran Bretaña, Estados Unidos, Austria-Hungría e Italia, rápidamente se agruparon en una fuerza internacional con la que llegaron a Pekín el 14 de agosto y vencieron fácilmente a los boxers.

Los términos del protocolo bóxer, el tratado de paz que finalizó con la rebelión, fueron extremadamente duros: China fue condenada a pagar una indemnización de 333 millones de dólares; las tropas extranjeras dejaron guarniciones desde Pekín hasta el mar; los exámenes del servicio civil fueron suspendidos durante cinco años; tres oficiales simpatizantes de los boxers fueron ejecutados, y un cuarto fue empujado al suicidio.

El kaiser Guillermo II, uno de cuyos ministros había sido asesinado por los boxers, proclamó triunfante: «Nunca más, ningún chino se atreverá a mirar con desdén a un alemán».

Internacionalmente el prestigio de China llegó a su punto más bajo. La indemnización consumía la mitad del producto nacional y debilitaba a la dinastía Qing. Además, la ocupación de Manchuria por Rusia había trasladado a miles de soldados a la región durante la rebelión. Tras la firma del protocolo bóxer en 1901, las tropas permanecieron allí. En tres años, su presencia provocó la guerra ruso japonesa.

PARA SABER MAS…

Fuente Consultada: El Gran Libro del Siglo 20 (Clarín)

Guerra Mundial:Japón Bombardea a Califonia Con Globos Aerostáticos

Guerra Mundial: Japón Bombardea Con Globos Aerostáticos

Al desarrollarse el penúltimo año de lucha de la Segunda Guerra Mundial, el 4 de noviembre de 1944, un buque de la Armada de los Estados Unidos halló, flotando en el océano, cerca de las costas americanas del Pacífico, un gran trozo de tela hecha jirones. Cuando se procedió a subirla a bordo se descubrió que llevaba atada una carga de considerable peso. En el momento que ascendían la tela al navío, la misteriosa carga se precipitó hacia el fondo del mar.

Sólo se consiguió la tela que, evidentemente, había pertenecido a un globo. El hecho de que llevara inscripciones en japonés fue suficiente para poner en sobre aviso a los mandos norteamericanos, quienes creyeron que los nipones estarían utilizando nuevas y extrañas formas de agresión. Ese mismo día, el general Wilbur, del ejército de los Estados Unidos, recibió el primer informe sobre el descubrimiento.

Transcurrieron dos semanas hasta que se encontraron, también en el mar, los restos de otro globo. En breve tiempo se descubrió un tercero semi quemado en Montana.

A partir de estos hallazgos, los militares estadounidenses se percataron del peligro que podía representar esta inédita modalidad de guerra puesta en práctica por el enemigo; táctica que consistía en el bombardeo del territorio americano haciendo uso de globos impulsados por el viento. Se calculaba la posibilidad de un ataque japonés a gran escala mediante globos cargados de explosivos. No se equivocaban en sus temores y sospechas los generales norteamericanos.

En breve se encontraron aproximadamente doscientos globos destrozados en el noroeste del Pacífico y en el oeste de Canadá. Trozos de setenta y cinco, fueron hallados en otras regiones o sacados de las aguas del océano. Los fogonazos divisados en el cielo durante la noche evidenciaban que cien, más o menos, habían explotado en el aire.

El viento resultó un inesperado aliado de los nipones pues transportaba los globos desde las islas del archipiélago del Japón hacia Alaska, el oeste americano e, inclusive, a México.

Ante la posibilidad de un ataque de envergadura, el general Wilbur solicitó de inmediato el apoyo de los organismos gubernamentales en su totalidad. Los globos japoneses aún no habían ocasionado ninguna víctima, pues todos los que habían sido arrastrados por los vientos al continente americano habían caído en el mar o en zonas rurales. Sin embargo se pensaba, no sin razón, que tarde o temprano se precipitarían sobre las populosas ciudades.

Se alertó a los guardabosques sobre el peligro y se les requirió que remitiesen a las autoridades militares más cercanas cualquier trozo de globo u otras partes de sus mecanismos que fuesen encontrados.

Antes de continuar, veamos cómo surgió, en el Japón, la idea -tan maquiavélica y a la vez revolucionaria- de cómo agredir a los Estados Unidos, en tiempos en que ningún avión tenía la autonomía suficiente como para volar de Japón al continente americano.

El proyecto en cuestión nació cuando, en 1932, el profesor Nakayama, del Observatorio Meteorológico de Takao, en Formosa, descubrió una corriente atmosférica de gran altitud que circulaba desde las islas del Japón hasta la costa oeste de Canadá y de los Estados Unidos. Nakayama la bautizó: el Jet-Stream.

Una década después, el doctor Fujiwara, que meditaba alguna manera de bombardear a los americanos en su propio suelo, sugirió que se aprovechara la corriente de aire del ]et-Strecim para lanzar globos provistos de bombas.

Luego de estudiar la velocidad del jet-Stream y las características meteorológicas de los Estados Unidos en las diferentes épocas del año, Fujiwara expidió el siguiente memorándum a las autoridades militares: “Durante la estación del verano, en la época en que el jet-Strecim tiene poca intensidad, un globo precisaría entre una semana y diez días para sobrevolar el Pacífico. La cantidad de globos que llegarían a su objetivo no pasarían del 20 por ciento de los lanzados”.

“En el invierno -proseguía el informe- el trayecto no requeriría más que dos o tres días y podría evaluarse en un 60 ó 70 por ciento el número de globos que llegarían a su objetivo. El problema consiste en que durante la estación invernal la nieve no permitiría la propagación de incendios” (…) “Consideramos prácticamente imposible el lanzamiento durante el otoño y la primavera”, finalizaba el informe.

Las sugerencias de Fujiwara tuvieron éxito. El ejército japonés fabricó un modelo de globo que fue denominado “A”, y la Armada otro, llamado “B”. A decir verdad, ambos tipos eran análogos y tan sólo era diferente su fabricación.

Al cabo de poco tiempo comenzó a escasear el hielo y el konnyciku (pasta gelatinosa de la cocina japonesa) en Tokio. Esto sucedía porque dicho elemento culinario se usaba como cola para pegar la envoltura de los globos. En cuanto al hielo, era utilizado para fabricarlos a 55 grados bajo cero, que era la temperatura que soportaría en la alta atmósfera durante su trayecto.

El ejército japonés se interesó por el plan con mucha más decisión que la marina. Cuando finalizó la contienda, el ejército había lanzado 9.000 globos de su tipo “A”, mientras que la Armada Imperial sólo había arrojado 300 de su modelo “B”.

Con un diámetro de diez metros, los globos se desplazaban a una altura que oscilaba entre los 9.000 y los 11 .000 metros, desarrollando una velocidad de 30 a 32 kilómetros por hora. Cada uno llevaba un mecanismo que hacía detonar, de manera automática, una bomba incendiaria y otras de fragmentación.

En diciembre de 1 944, basándose en los escasos restos hallados, los peritos norteamericanos habían diseñado en planos una reconstrucción hipotética del ingenio enviado por los nipones. Se mandaron trozos de globos al Observatorio de Investigaciones Navales, en Washington, como también al Instituto Tecnológico de California.

Los estudios evidenciaron que la envoltura de los globos era fabricada con varias capas de papel pergamino de regular grosor que se pegaban entre sí con cola vegetal. Los técnicos comprobaron que esta aparente fabricación casera resultaba más idónea para retener el hidrógeno en el globo que las mejores telas recauchutadas producidas por la industria en los Estados Unidos.

Los geólogos que estudiaron la arena contenida en las bolsas de lastre señalaron cinco lugares en el Japón, de donde muy probablemente provendría. Se pidió a la Fuerza Aérea que fotografiara dichas áreas. En las fotos de una de estas zonas podía observarse una planta industrial alrededor de la cual se veían esferas de color gris, lo que se interpretó como la presencia de globos. Al poco tiempo se hallaba un globo gris sobrevolando 1 as inmediaciones de una ciudad del oeste de los Estados Unidos.

¡La hipótesis había sido confirmada!

Un piloto norteamericano fue enviado con la misión de capturar ese globo. El aviador decidió empujarlo hacia el campo propulsándolo con las ráfagas de aire que producía su motor a hélice. Los golpes de aire hicieron que el globo perdiera hidrógeno, cayendo lentamente a tierra. Los mecanismos que tenían por fin producir la detonación de los explosivos no funcionaron.

¡Un globo japonés intacto había caído en manos del ejército de los Estados Unidos!

El globo coincidía a grandes rasgos con los diseños que se habían efectuado basándose en deducciones. El ejército descubrió que cada globo estaba provisto de 30 bolsitas que contenían 3 kilogramos de arena cada una. Cumplían la función de lastre. Iban cayendo de a una por un mecanismo guiado por un barómetro, el cual las soltaba cuando el globo volaba por debajo de los 9.300 metros. También estaba provisto de un aparato automático que abría una válvula de escape para el hidrógeno cuando el globo superaba los 11.000 metros.

Cada globo transportaba de 3 a 4 bombas de fragmentación de 15 kilogramos y una incendiaria. Los explosivos estaban controlados por un mecanismo que los arrojaba después de que todas las bolsas de arena hubieran sido lanzadas. Había otro aparato que tenía la función de provocar la explosión del globo, luego de que hubiesen sido arrojadas las cargas mortales. El hecho de que este dispositivo no funcionara en ciertos globos permitió a los americanos incautarse de algunos intactos.

Asimismo, los japoneses lanzaban un globo “guía sin bombas”, provisto de un aparato que emitía señales de radio para indicar a la base en Japón si el itinerario era correcto.

Luego del estudio de los globos capturados y de su contenido, los norteamericanos se dieron cuenta de que eran las bombas incendiarias las que representaban el más grave peligro para la nación. En la época de verano indudablemente producirían incendios forestales. Por consiguiente, se organizaron tropas de paracaidistas para que colaboraran con los guardabosques y bomberos.

Sin embargo, silos ataques hubieran sido en gran escala, esta movilización no hubiera servido de mucho. Además, considerando la posibilidad de que los japoneses lanzaran globos provistos de preparados bacteriológicos con el fin de propagar epidemias, tanto humanas como del ganado o de las cosechas, se tomaron los debidos recaudos movilizando médicos, veterinarios y agrónomos.

Se formaron equipos de descontaminación y se almacenó -en lugares claves- desinfectantes, medicamentos y máscaras antigás. A la vez se requirió a los ganaderos y agricultores que informasen acerca de cualquier síntoma de enfermedades inusuales en el ganado o sembradío.

Para que los japoneses no tuvieran ningún conocimiento de los resultados obtenidos con su ataque mediante globos, los medios de difusión americanos y canadienses fueron persuadidos de que no mencionasen jamás cualquier noticia referente a los globos nipones.

Si bien en el Japón no se enteraban de sus propios éxitos, este silencio de la prensa y la radio impedía que el pueblo americano tomase conocimiento del peligro que lo amenazaba. En cierta oportunidad, un grupo de chicos que iban de excursión encontraron uno de los globos caídos. Sin conocer el mortal peligro al que estaban expuestos, lo arrastraron para llevárselo. Las bombas explotaron muriendo cinco niños y una mujer. La prensa no publicó nada de lo ocurrido. Su silencio fue total.

De pronto -a fines de abril de 1 945- finalizó la caída de globos en Estados Unidos. Transcurrieron días, meses; hasta que por fin terminó la guerra. ¿Por qué razón había cesado el ataque, cuando era evidente que, de continuar, hubiera provocado grandes desastres?

El general Wilbur logró develar el misterio cuando, luego de firmado el armisticio, viajó al Japón. Allí tuvo oportunidad de dialogar con el general Kusabciv quien había estado encargado de dirigir el ataque mediante globos. Kusabciv explicó al militar norteamericano que en total se habían lanzado 9.000 globos, considerando el ejército japonés que al menos el 1 0 por ciento de los mismos llegarían al continente americano. Los primeros globos que atravesaron sin novedad el Pacífico fueron lanzados el 1 de noviembre de 1944. Los mandos japoneses se enteraron del globo que cayó en Montana. Sin embargo constataron con asombro el silencio de los periódicos y de la radio americana.

Al tener noticias únicamente del arribo a los Estados Unidos de un solo globo, el Estado Mayor japonés comenzó a desaprobar el plan de Kusaba. Los superiores le expresaron que la idea había sido buena, pero en la realidad se había revelado un fracaso. El argumento más decisivo que presentaban los mandos consistía en que se estaban despilfarrando las reservas de hidrógeno y de los demás materiales, cuando precisamente el Japón se encontraba exhausto de reservas. Todo este esfuerzo -decían- se desperdiciaba en un ataque que no daba fruto alguno.

Por último, a fines de abril de 1 945, se ordenó al general Kusaba detener definitivamente los lanzamientos. El mando superior le reprochó: “Sus globos no han llegado a los Estados Unidos. Si hubieran llegado, la prensa daría noticias de ello. Los yanquis no pueden estar tanto tiempo callados”.

¡Qué equivocados estaban los altos oficiales del Mikado! Las causas del fracaso no eran atribuibles al general Kusaba sino a que las nevadas de invierno en Norteamérica imposibilitaron el incendio de bosques. Si el ataque con globos hubiera continuado hasta el verano, cuando las zonas boscosas del oeste se encuentran secas, y silos nipones hubieran sostenido la cantidad de 1 00 lanzamientos por día, como lo hicieron en marzo de 1945, quizás hubieran producido una gran catástrofe de destrucción y pánico. Por último, el silencio de la prensa fue la jugada psicológica maestra que cumplió su cometido a la perfección, haciendo fracasar todo el plan japonés.

Fuente Consultada: Los Sucesos Más Insólitos Herry B. Lawfort

Los Efectos De Una Explosión Nuclear Bomba Atomica H Energia Nuclear

LOS EFECTOS DE UNA EXPLOSIÓN NUCLEAR

Para comprender el significado de un arsenal nuclear que guarda 45 000 bombas, es necesario conocer la capacidad destructora de cada una de ellas. Este capítulo explica cuáles son los efectos principales causados por la explosión de una bomba nuclear detonada sobre una ciudad moderna.

El poder destructivo de una bomba, sea de tipo nuclear o químico, está relacionado directamente con la energía que se libera durante la explosión. La energía que se libera en la explosión de 1000 kilogramos de TNT(trinitrotolueno) es inmensa comparada con las energías encontradas en nuestras necesidades diarias. Por ejemplo, la detonación de una tonelada de TNT, libera 4 000 veces más energía que la necesaria para alzar un coche de 1 000 kilogramos de peso a una altura de 100 metros.

Las explosiones de bombas nucleares liberan energías que son entre 1000 y 1000.000 de veces mayores aún que las detonaciones químicas, como sería la del TNT. El poder explosivo de una bomba nuclear, llamado rendimiento, se expresa mediante la comparación con el poder destructivo del TNT, y así se habla de bombas de un kilotón (un kt) si la energía liberada es la misma que se produce al detonar 1 000 toneladas de TNT. La bomba lanzada sobre Hiroshima tuvo un rendimiento cercano a los 13 kt.

Si el rendimiento es de 1 000 kt, se trata de una bomba de un megatón (un Mt). Energías del orden de megatones son imposibles de imaginar dentro de las situaciones de nuestra vida diaria. El arsenal nuclear de los Estados Unidos y la URSS juntos hoy en día suma unos 12 000 megatones.

Los efectos de una explosión nuclear dependen de muchos factores, entre ellos el rendimiento del artefacto, la altura sobre la superficie a la que es detonado, las condiciones climáticas, etc. El análisis que se presenta a continuación es el resultado de consideraciones físicas sencillas y de las observaciones y estudios realizados en Hiroshima y Nagasaki, las únicas dos oportunidades en que se han empleado bombas nucleares contra una población.

A continuación se describen las consecuencias locales de una explosión nuclear superficial. Si la detonación es subterránea, submarina, o en la alta atmósfera, los resultados serán diferentes. Los efectos se encuentran agrupados en inmediatos (calor, presión, radiación y pulso electromagnético) y tardíos (lluvia radiactiva e incendios extendidos).

La figura 2 ilustra lo que se entiende por punto cero de una explosión nuclear ocurrida a cierta altura, H. El punto cero se encuentra sobre la superficie, exactamente debajo del lugar de la detonación. Un objeto en un punto P cualquiera está a distancia R de la explosión y a distancia D del punto cero.

EFECTOS INMEDIATOS

Calor

Una millonésima de segundo después de una explosión nuclear la temperatura dentro de la bomba alcanza unos 10 000 000 °C. El material que compone la bomba y el aire que la rodea brillan intensamente formando lo que se conoce como la bola de fuego. El brillo de la bola, unos segundos después de la detonación de una bomba de un megatón, es mayor que el del Sol al mediodía a distancias de hasta 80 km del punto cero.

La bola se expande y en 10 segundos alcanza diámetros de un par de kilómetros para detonaciones de un Mt, y luego comienza a contraerse. El aire alrededor de la bola se calienta, la hace ascender a velocidades de unos 100 metros por segundo y forma el conocido hongo, cuyo tallo lo forma una corriente de aire caliente ascendente.

A medida que la bola de fuego se enfría, la condensación de vapor de agua causa el color blanco, como una nube, en su extremo superior. Después de cuatro minutos, la nube de una explosión de 1 Mt ha llegado a su máxima altura, 20 km, y su diámetro alcanza unos 16 km.

El calor liberado en la explosión llega a los lugares cercanos después de algunos segundos en la forma de un pulso térmico. La energía transportada por este pulso se mide en calorías por centímetro cuadrado por segundo. Como ejemplo, mencionamos que el Sol brillando normalmente entrega 2 calorías por centímetro cuadrado cada minuto. El daño que el pulso térmico puede causar depende de varios factores: la energía que transporta, el tipo de material con que se encuentra, y el tiempo durante el cual actúa.

En los seres humanos expuestos al pulso, el daño además depende de la pigmentación de la piel, siendo mayor para pieles morenas que blancas debido a la mayor absorción térmica que presentan las sustancias oscuras. Una quemadura de segundo grado —aquella en que se pierde parte de la piel— cicatriza normalmente en dos semanas, siempre que menos de 25% del cuerpo haya sido quemado; en caso contrario, se requiere de hospitalización.

Este tipo de quemaduras se producen al recibir entre cinco y seis calorías por centímetro cuadrado en 10 segundos, lo que ocurrirá a distancias cercanas a los 13 km de una detonación de un megatón. Quemaduras más graves se producen al recibir mayor energía, lo que ocurre a distancias menores. La observación directa de la bola de fuego causa ceguera permanente en individuos que se encuentren a menos de 25 km, y quemadura de la retina a quien mire la explosión en un día despejado hasta los 60 km de distancia.

Cualquier material opaco actúa como blindaje contra el pulso térmico, de modo que las personas que se encuentren protegidas detrás de un árbol, una pared, o incluso sus propias vestimentas, no sufren los efectos directos de la energía calórica. Sin embargo, es posible que sufran daño serio de modo indirecto a causa de los incendios que el pulso puede desencadenar a su paso. La ropa se enciende con 20-25 calorías por centímetro cuadrado recibidas en pocos segundos, situación que se encuentra hasta a ocho km del punto de detonación.

Entre los materiales que más fácil prenden se encuentran el papel y las hojas secas, 10 calorías por centímetro cuadrado en 10 segundos, y los materiales de relleno en muebles y colchones. Estos incendios pueden verse empeorados debido a los fuertes vientos que acompañarán la onda de choque, tal como se describe en la próxima sección.

Sobra recordar que en caso de una explosión nuclear sobre una ciudad los sistemas de urgencia, ambulancias, carros de bomberos, etc., estarán imposibilitados de circular en calles totalmente bloqueadas por los restos de edificios y construcciones. La probabilidad de sufrir una infección debido a las quemaduras recibidas se verá aumentada a causa del daño que el sistema inmunológico recibe por la radiación.

Presión

La energía liberada por la explosión nuclear calienta la zona de la bomba —de aproximadamente un metro de diámetro inicial— a altas temperaturas. Esto produce una región de altísima presión que ejerce gran fuerza sobre las capas de aire vecinas, las que comienzan a expandirse a gran velocidad.

La velocidad es mayor que la del sonido en aire, así que se forma una onda de choque esférica compuesta por aire muy denso que se desplaza alejándose del punto de explosión. Al pasar esta onda por cualquier obstáculo, edificio, árbol, o cuerpo humano, éstos sentirán un aumento repentino de la presión atmosférica.

Una vez que el frente de la onda ha pasado, y debido a la diferencia de presiones, se generan vientos huracanados de gran velocidad. Son estos dos factores, la onda de choque y el viento que la sigue, la causa del daño ocasionado a personas y construcciones. La energía transportada por estos mecanismos llega a ser 50% de la energía liberada por la bomba.

El aumento instantáneo de la presión durante el paso de la onda de choque se mide respecto de la presión atmosférica normal, a la diferencia entre ambas se la llama sobrepresión, y su unidad de medida es el psi (iniciales de libras por pulgada cuadrada, en inglés).

Sobrepresiones entre medio y un psi tienen como efecto la ruptura de los vidrios de las ventanas, cinco psi causan la destrucción de construcciones de madera, entre ocho y 10 psi destruyen viviendas de ladrillo, y sobrepresiones de 45 psi causan la muerte de 50% de las personas debido a la compresión del cuerpo causada por la altísima presión.

Los silos donde actualmente se guardan los misiles nucleares son construidos para soportar sobrepresiones de más de 2 000 psi. Los vientos que siguen al paso de la onda de choque llegan a alcanzar 50 kilómetros por hora tras sobrepresiones de un psi y 500 km/h tras 10 psi.

El daño en las construcciones se debe al efecto directo de la sobrepresión y del viento. En caso de una explosión de un megatón a 1 500 m de altura, todo lo que se encuentre en la superficie a una distancia menor que 2.5 km del punto cero sentirá sobrepresiones mayores que 20 psi seguidas por vientos de al menos 700 km/hora.

En estas condiciones, incluso los edificios de concreto reforzado resultan destruidos. Sobrepresiones cercanas a un psi se darán en puntos que se encuentran a unos 15 km del punto cero, y en esta zona el daño a viviendas y comercio será moderado.

En los seres humanos el efecto directo más serio de la sobrepresión es el daño a la estructura pulmonar, que comienza a las 12 psi. A 100 psi de sobrepresión prácticamente no hay sobrevivencia humana.

Sin embargo, la mayoría de víctimas y heridos se deben a los efectos indirectos, sobre todo al impacto de objetos que han sido lanzados por el viento. Una ventana destruida por una sobrepresión de cuatro psi se transforma en miles de proyectiles llevados por vientos de casi 200 kilómetros por hora.

La protección de la población frente a los efectos de la onda de presión se puede lograr adentro de edificios que eviten el impacto de los objetos que vuelan en el exterior. Hay que recordar que basta un psi de sobrepresión para que trozos de vidrio y otros materiales se desplacen peligrosamente por el aire libre.

En caso de existir un aviso lo bastante anticipado de la explosión, se ha recomendado a la población ingresar a un edificio, abrir las ventanas y puertas interiores para evitar que se rompan, quitar todo objeto suelto que pueda transformarse en proyectil, y cubrirse (idealmente con colchones) como protección.

Es preferible acostarse sobre el piso que permanecer de pie y, de ser posible, alejarse de las paredes ya que la onda de presión al ser reflejada por éstas pueden alcanzar fuerzas de hasta ocho veces el valor original. En Hiroshima un edificio público a sólo 160 metros del punto cero protegió efectivamente a sus ocupantes que sobrevivieron en 50% a pesar de una sobrepresión estimada de 30 psi en el lugar.

Radiación

Las reacciones nucleares que ocurren durante la explosión de una bomba producen diferentes tipos de partículas energéticas y de radiaciones. Algunas son emitidas de inmediato y otras, tiempo después de la detonación. En esta sección nos referiremos a la radiación que es emitida dentro del primer minuto después de la explosión.

Los únicos productos de las reacciones nucleares que escapan fuera del material que forma la bomba son los rayos gamma y los neutrones. Los primeros son una forma energética de radiación electromagnética que se desplaza a la velocidad de la luz, y los segundos son partículas sin carga eléctrica que forman parte de los núcleos atómicos. La intensidad de estas radiaciones disminuye con la separación al punto de explosión principalmente debido a que son atenuadas por el aire.

El daño causado por una exposición a esta radiación se debe a que, al atravesar el organismo del ser vivo expuesto, los rayos gamma y los neutrones son absorbidos por el cuerpo, pudiendo resultar lesionadas algunas de sus células. Este daño celular se traduce posteriormente en trastornos físicos que, según la cantidad de radiación absorbida, pueden llegar a ocasionar la muerte.

De acuerdo con los conocimientos actuales, el daño biológico causado por cualquier tipo de radiación está directamente relacionado con la cantidad de energía depositada por la radiación en el organismo, a lo que llamaremos dosis.

La unidad que se usa para medir dosis de radiación es el rad. Todo ser vivo sobre la Tierra recibe anualmente alrededor de un décimo de rad a causa de factores ambientales naturales, como los rayos cósmicos que nos llegan desde el centro de la galaxia, o la radiactividad natural de la corteza terrestre.

Dosis similares a este valor se consideran relativamente libres de riesgo debido a que la vida que hoy conocemos sobre nuestro planeta ha logrado desarrollarse y evolucionar en la presencia continua de estos niveles de radiación. En el extremo opuesto, una dosis de 400 rads se considera letal para 50% de los seres humanos expuestos a ella. Las muertes ocurren dentro de los 30 días posteriores a la exposición, y aquellos que consiguen sobrevivir lo hacen gracias a la atención médica especializada.

La dosis inmediata causada por una explosión nuclear puede llegar a los millones de rads cerca del lugar de la detonación, pero es rápidamente atenuada por el aire. En el caso de una bomba de alto rendimiento (megatones), la zona de dosis letal se sitúa adentro de la región devastada por el calor y la presión, por lo que la radiación inmediata no contribuye con nuevas víctimas.

Para bombas pequeñas (pocos kilotones), la zona de dosis superior a los 400 rads coincide con la zona donde los efectos de la onda de choque y del calor son causa probable de muerte. Las figuras 3 y 4 ilustran el efecto relativo de los factores inmediatos para la detonación de bombas de un kilotón y de un megatón cerca de la superficie.

Pulso electromagnético

En contraste con los tres efectos inmediatos ya descritos, el pulso electromagnético no causa ni la destrucción física de viviendas ni daño directo a los seres vivos. En cambio, puede ser devastador para los sistemas telefónicos, de comunicaciones, de cómputo, y en general para cualquier circuito que contenga componentes electrónicos. Los efectos del pulso llegan a miles de kilómetros de distancia de la explosión.

Al detonar una bomba nuclear se produce una gran cantidad de rayos gamma emitidos en todas direcciones. Estos rayos se encuentran con las moléculas del aire, les arrancan algunos de sus electrones que son así acelerados, y se produce un pulso de campo electromagnético que se desplaza por el espacio a la velocidad de la luz. Ya que la intensidad inicial de radiación es muy grande, las diferencias de potencial producidas por este fenómeno son inmensas, llegando a alcanzar miles de voltios por metro.

Diferencias de potencial de esta magnitud inducen corrientes del orden de miles de amperes en los materiales conductores encontrados por el pulso. Estos pueden ser las líneas de alumbrado, las antenas, los aparatos de radio y TV, las estaciones de transmisión y las computadoras. Como estos equipos por lo general no están protegidos contra corrientes tan altas, seguramente quedarán inservibles una vez pasado el pulso. Otros sistemas que podrían resultar dañados por el pulso electromagnético son los de control militar, que quedarían así incapacitados para responder al ataque.

Se estima que una sola bomba de un megatón detonada a gran altura (unos 500 km) sobre el centro de los Estados Unidos o la URSS, podría destruir gran parte del sistema de telecomunicaciones, la red de distribución de energía eléctrica, y dañar seriamente el equipo de radares, aviones y misiles militares.

Una posible protección contra los efectos del pulso consistiría en encerrar todos los circuitos en “jaulas” metálicas con excelentes conexiones a tierra. Sin embargo, esto no se puede hacer con todas las líneas de teléfono ni las de energía eléctrica debido al altísimo costo de la operación. Las medidas de seguridad contra los efectos del pulso electromagnético, que son hoy en día parte fundamental de cualquier estrategia basada en la capacidad de respuesta ante un ataque nuclear, se limitan al blindaje del sistema de comunicación militar.

EFECTOS TARDÍOS

Lluvia radiactiva

Se llama lluvia radiactiva a la caída sobre la superficie terrestre del material radiactivo producido por una explosión nuclear. Los átomos que forman esta lluvia emiten continuamente algún tipo de radiación que en potencia es dañina para los seres vivos alcanzados por ella.

Durante la explosión de una bomba nuclear, se producen muchos tipos de núcleos radiactivos, en particular los fragmentos de la fisión del uranio. Estos núcleos permanecen localizados en la zona que ocupaba la bomba y son vaporizados por la alta temperatura de la bola de fuego.

También se producen neutrones que escapan de la bomba a gran velocidad y son absorbidos por los materiales sobre la superficie. Muchos núcleos estables al absorber un neutrón se transforman en núcleos radiactivos que a partir de ese momento comienzan a emitir radiación espontáneamente.

Gran parte del material situado cerca del punto cero de la explosión (para una detonación de baja altura) es aspirado por la corriente de aire ascendente creada por la bola de fuego y sube a la atmósfera a través del tallo del hongo nuclear.

Entre las sustancias que son inyectadas a la atmósfera por la explosión se encuentran los fragmentos de fisión y los núcleos activados por los neutrones. Este material radiactivo regresará a la superficie terrestre dentro de algunos días, meses o años, de acuerdo con el tamaño de la partícula a la cual están incorporados. Las partículas grandes —de algunos milímetros— ascienden hasta la baja atmósfera y vuelven a caer dentro de uno o dos meses arrastrados principalmente por la lluvia y la nieve.

El polvo más fino —de milésimas de milímetro— logra llegar a la alta atmósfera, y ahí puede permanecer entre uno y tres años antes de regresar a la superficie. Los vientos y la circulación del aire entre las capas atmosféricas determinan dónde caerá la lluvia radiactiva, pudiendo trasladarse incluso de un hemisferio a otro antes de volver a la superficie.

Debido a la lluvia radiactiva se producen altos niveles de radiación que disminuyen a medida que transcurre el tiempo. La figura 5 es una gráfica de valores relativos de la dosis recibida en un lugar cualquiera a causa de la explosión de una bomba nuclear. Los niveles de radiación disminuyen aproximadamente en proporción con el tiempo transcurrido.

Así, si la dosis en un punto es de 100 rads/hora una hora después de la detonación, será de 50 rads/ hora dos horas después, de 25 rads/ hora cuatro horas después, etc. Los valores absolutos de la dosis dependen del tipo de bomba, del rendimiento, de la altura de la explosión, y de la distancia al punto cero, entre otros factores.

Si todo el material radiactivo producido por la detonación de una bomba de fisión de un kilotón se distribuyera en un cuadrado de 1 kilómetro por lado, una hora después de la explosión la dosis a un metro de altura en el centro del cuadrado sería de unos 5 000 rads/ hora.

El principal riesgo biológico de la lluvia radiactiva lo constituyen los rayos gamma emitidos por el material activado. Esta radiación es muy penetrante y atraviesa el cuerpo de los seres humanos depositando en ellos parte de su energía. También se emiten partículas alfa y beta, pero son poco penetrantes, el grosor de la ropa o la piel las detiene, y sólo causarían quemaduras si se depositaran directamente sobre la piel.

Un riesgo especial lo constituye la incorporación de núcleos radiactivos a la cadena alimentaria, ya sea a través de la comida ingerida por los animales o en forma directa por el ser humano. En este caso, la radiación poco penetrante emitida desde el interior del cuerpo es totalmente absorbida por el mismo organismo y el riesgo de enfermedades genéticas y de cáncer es muy alto, incluso para dosis pequeñas de radiación. Este punto se discute más en detalle en el capítulo sobre los efectos globales de una guerra nuclear.

La figura 6 muestra la distribución de la dosis causada por un ensayo nuclear norteamericano ocurrido en las islas Marshall en 1954. La bomba que fue probada en esa ocasión tuvo un rendimiento de 15 megatones, produjo un cráter de dos kilómetros de diámetro, y lanzó varios millones de toneladas de material radiactivo a la atmósfera.

Según fuentes de información estadounidense, un cambio repentino en el viento causó que el atolón Rongelap, a 160 km del lugar de la explosión, recibiera en su extremo norte dosis acumuladas (durante las 96 horas que siguieron a la detonación) muy superiores a las letales (unos 400 rads).

Cientos de isleños que normalmente habitaban en el norte de la isla se encontraban en la parte sur, asistiendo a una celebración religiosa. Recibieron unos 175 rads y se salvaron por milagro de la muerte inmediata, pero el grupo presentó posteriormente alta incidencia de cáncer y enfermedades en la glándula tiroides.

Los niveles letales de dosis llegaron hasta los 350 km de distancia, y la radiactividad fue tal que se debió controlar la pesca en el Japón, pues las corrientes marinas transportaron sustancias radiactivas y peces contaminados por ellas hasta las costas niponas.

La figura 7 muestra los niveles de contaminación radiactiva del aire en diferentes puntos del territorio chileno después de las pruebas nucleares atmosféricas francesas durante junio y julio de 1972. Francia acostumbra realizar sus ensayos nucleares en territorios de ultramar, y la figura se refiere a la detonación de 60 kilotones en su terreno de pruebas del archipiélago Tuamotú, en el Pacífico Sur, unos 6 000 km al Oeste de las costas chilenas.

Los niveles de actividad llegaron a ser 100 veces los normales como consecuencia del transporte de la lluvia radiactiva por el viento. La isla de Pascua, que se encuentra a unos 3 000 km del lugar del ensayo, recibió menos lluvia a causa de las condiciones meteorológicas.

Una protección sencilla contra la lluvia radiactiva la constituye cualquier subterráneo o construcción de muros suficientemente gruesos. Unos 30 cm de concreto o medio metro de tierra reducen la intensidad de la radiación en un factor de 10. Ya que 80% de la dosis es recibida durante el primer día, la permanencia en un refugio puede reducir considerablemente los efectos de la radiación.

Incendios extendidos

Como consecuencia del daño inmediato causado por la onda de presión y el calor, se producirán incendios aislados que podrían incorporarse a uno más generalizado. Tuberías de gas destrozadas, acumulaciones de madera o papeles, y sobre todo detalles geográficos de la ciudad determinarán la extensión del fenómeno.

Después de la explosión sobre Hiroshima se produjo un gran incendio que asoló varias manzanas de la ciudad. En .Nagasaki esto no ocurrió debido al terreno accidentado, lleno de colinas, que bloquearon parcialmente el calor y el viento e impidieron que los incendios pequeños se fundieran en uno solo. Estos incendios son similares a las “tormentas de fuego” conocidas en ciudades europeas después de los bombardeos aéreos de la segunda Guerra Mundial.

Cualquier edificio o subterráneo es un refugio seguro, al menos durante un par de horas, en la posibilidad de uno de estos grandes incendios. Las principales precauciones que se deben tomar son mantener una reserva suficiente de oxígeno y evitar la entrada del monóxido de carbono producido en la combustión externa al refugio.

UN MEGATÓN SOBRE LA CIUDAD DE MÉXICO

LUEGO de describir en general los efectos de una exploción nuclear sobre una ciudad, en este capítulo tomaremos como ejemplo concreto los efectos que causaría la detonación de una bomba de un megatón sobre el centro de la ciudad de México. El ejemplo es válido para cualquier metrópoli que se extiende sobre un círculo con radio de 10 kilómetros o más.

En un día claro, a 2 000 metros de altura sobre la Plaza de la Constitución mexicana, más conocida como el Zócalo, se detona una bomba nuclear con un rendimiento de un megatón. Esta plaza, ubicada justo debajo del punto de detonación, es el llamado punto cero de la explosión.

Dos segundos después de la detonación se ha formado a 2 000 metros de altura una bola de fuego caliente y luminosa y una onda expansiva que toca la superficie del centro de la ciudad. La destrucción de gran parte de la capital se deberá principalmente a los efectos del calor irradiado y de la onda de alta presión que continuará expandiéndose por decenas de kilómetros. La figura 8 indica las diferentes zonas de daño en la ciudad.

Dentro de un radio de cuatro kilómetros centrado en el Zócalo, y durante los 10 primeros segundos después de la explosión, la presión sobrepasará las 10 psi, por lo que toda construcción quedará completamente destruida y no habrá sobrevivientes. Esta zona tiene como limites el monumento a la Raza, el extremo occidental de aeropuerto, el Palacio de los Deportes, el Parque del Seguro Social y las rejas de Chapultepec junto al monumento a los Niños Héroes.

Para distancias entre cuatro y seis kilómetros del punto cero, 15 segundos después de la explosión las presiones alcanzarán valores entre cinco y 10 psi, quedando en pie solamente los cimientos y los subterráneos de los edificios.

Las calles estarán cubiertas por varios metros de escombros y más o menos la mitad de la población que habita en este anillo morirá principalmente debido al derrumbe de las construcciones. Quienes logren sobrevivir estarán heridos y necesitarán ayuda médica.

Los vientos que sigan a la onda explosiva tendrán velocidades de unos 300 kilómetros por hora. Esta zona de destrucción se extiende hasta la Basílica de Guadalupe, por el Norte, el Peñón de los Baños por el Este, la colonia Portales y el Hotel de México por el Sur y el Auditorio Nacional en Chapultepec por el Oeste.

El anillo comprendido entre distancias de seis y 11 kilómetros al Zócalo sentirá, medio minuto después de la detonación, presiones entre dos y cinco psi, por lo que las construcciones quedarán gravemente dañadas y habrá muchísimos heridos.

Es probable que los edificios que queden en pie se incendien debido al calor producido por la explosión, mismo calor que causará quemaduras en la piel de las personas. Estas distancias desde el punto cero llegan hasta el límite norte con el estado de México, Ciudad Nezahualcóyotl, y Ciudad Universitaria. Desde el Zócalo hasta estos límites, todas las ventanas de construcciones y edificios se quebrarán debido a la onda de presión.

Finalmente dentro del anillo formado por radios de 11 y 16 kilómetros desde el centro de la ciudad, el daño de la onda explosiva será menor en las construcciones, pero es posible que 25% de la población resulte herida. Este último anillo llega hasta Tlalnepantla, Tlalpan y la delegación Magdalena Contreras.

Medio minuto después de la explosión, la bola de fuego deja de ser visible y al ascender a gran velocidad produce corrientes de aire que arrastran polvo y restos de las construcciones destruidas y forma el hongo nuclear. Una nube radiactiva que contiene elementos activados durante la explosión y productos de la fisión del uranio ascenderá hasta unos 20 kilómetros de altura y luego será dispersada por el viento para volver a caer lentamente sobre regiones alejadas del lugar de la explosión.

La radiación inmediata es letal para aquellas personas que se encuentren dentro de un radio de tres kilómetros del punto cero, pero esta zona ya ha sido totalmente devastada por los efectos de la onda de presión y del calor, por lo que de todos modos no hay sobrevivientes.

Dentro de un área de unos 1 000 kilómetros cuadrados alrededor del Zócalo y durante uno o dos días después de la explosión, caerá la lluvia radiactiva, en forma de polvo o granitos de tierra que emiten radiación espontáneamente. Los niveles de radiación sobre un área de 2 600 km2 (hasta distancias de 29 km del Centro, es decir, Texcoco, Ecatepec, el Ajusco) serán letales para toda persona expuesta (es decir, sin la protección adecuada), ya que llegarán a los 900 rads.

Dentro de una superficie de 10 500 km2 (57 km de distancia al Zócalo), la dosis de radiación recibida por individuos no protegidos durante los primeros días que sigan a la explosión llegará a unos 100 rads. Tal vez esto no causará la muerte inmediata, pero sí aumentará gravemente la incidencia de cáncer y anormalidades genéticas en la población. En nuestro ejemplo, estos efectos se harán sentir en zonas que llegan hasta los volcanes, el valle de Cuernavaca, Chalma y Toluca, o incluso más lejos, dependiendo de la intensidad y dirección de los vientos.

El número total de muertes después de una explosión como la descrita dependerá de muchos factores diferentes: la densidad de la población en las cercanías al punto cero, la hora del día en que ocurra la explosión, las condiciones atmosféricas, y otras más difíciles de precisar. Para una ciudad muy poblada se estima que 500 000 personas morirán inmediatamente, quedando un número similar de heridos.

Hay, que recordar que debido a la destrucción reinante no se puede esperar ningún tipo de ayuda de bomberos para sofocar los incendios que se declaren, ni de personal médico para rescatar heridos. El tránsito por las calles será imposible (no será fácil reconocer lo que antes era una calle) y seguramente los hospitales habrán sufrido el mismo daño que el resto de la ciudad. Tomando estos factores en cuenta, el número de víctimas podría llegar al 1 000 000 de personas.

El análisis presentado ha supuesto que la metrópoli sería atacada con un solo artefacto nuclear. La estrategia militar actual recomienda que toda ciudad con más de 3 000 000 de habitantes sea el blanco de tres bombas de un megatón, 10 bombas de 500 kilotones, y otras tantas de menor poder explosivo. De este modo, es seguro que no habrá sobrevivientes.

Rendición de Japón Guerra Mundial Hirohito Diplomacia Atomica Truman

Rendición de Japón – Guerra Mundial Hirohito – Truman

ANTECEDENTES DE LA ÉPOCA: El Japón, ya virtualmente vencido, había iniciado a comienzos de julio de 1945 negociaciones de rendición. En Tokio, se sabía que toda resistencia era ya inútil y que los ejércitos soviéticos se aprestaban, en cumplimiento de lo convenido en Potsdam, a irrumpir en Manchuria.

El 6 de agosto, hubo una terrible conmoción en el mundo: Hiroshima había sido arrasada con todos sus habitantes por la primera bomba A utilizada como arma de guerra. El 8 de agosto, Moscú declaró la guerra al Japón y lanzó sus ejércitos sobre Manchuria. No hubo apenas resistencia; aquello fue virtualmente un paseo militar y los marinos soviéticos no tardaron mucho en izar la bandera de la hoz y el martillo en el histórico Port Arthur, recuerdo de un no muy distante desastre de la Rusia zarista.

El 9 de agosto, Nagasaki fue “borrada del mapa”, también con todos sus habitantes, por la segunda bomba A. Y el 2 de setiembre, el general Mac Arthur recibió en la vasta rada de Tokio, a bordo del acorazado “Missouri” —Truman es oriundo del Estado que había dado su nombre a la nave de guerra—, la rendición incondicional del Japón.

NI aun la rapidez con que se sucedían los dramáticos acontecimientos hacía salir al mundo de su asombro y su espanto. Las imágenes de los hongos atómicos y de las arrasadas Hiroshima y Nagasaki encogían todos los ánimos. ¡Trescientas mil víctimas civiles, hombres, mujeres y niños! ¡Otros mucho miles convertidos en desechos humanos, condenados a largas y dolorosas agonías! ¿Por qué se había hecho aquello?

Se alegó como justificación del brutal proceder que cabía temer cualquier cosa de la fanática tenacidad japonesa, que se acortaba la guerra, que se salvaban a la postre muchas vidas. Fue una justificación muy pobre. Sólo la creyeron quienes deseaban creer en ella. Pronto surgió otra explicación de aquella crueldad que pareció a todas luces innecesaria.

Se había querido prevenir a Moscú que debía contenerse, que se disponía de un arma contra la que todos los victoriosos ejércitos soviéticos nada podrían. Se había querido prevenir a Moscú que, si no había podido impedirse la conquista soviética de Berlín, sería Washington quien impondría su ley al vencido Japón. Se había querido prevenir a Moscú que comenzaba una nueva pugna en la que se vería en inferioridad de condiciones.

Pero, con el paso reí tiempo, muchos vieron en los holocaustos de Hiroshima y Nagasaki los primeros actos de la “guerra fría”, implacables y feroces. En adelante, el capitalismo y el socialismo tendrían que velar sus armas.

EL ATAQUE A HIROSHIMA Y NAGASAKI

El emperador Hirohito

El ataque a Japón supone que fue previendo una costosa guerra de desgaste material y humano, por lo que el presidente Truman decide arrojar las dos bombas atómicas sobre Japón.

El 6 de Agosto de 1945 la ciudad de Hiroshima (de 300.000 habitantes) quedó reducida a cenizas y tres días más tarde Nagasaki, forzando así la rendición incondicional del Japón.

El emperador Hirohito informa por radio a su pueblo el compromiso de poner las armas, el ministro de guerra japonés se suicida y se firma oficialmente la rendición sobre el acorazado norteamericano Missouri en septiembre de 1945.

Sin embargo, esto puede entenderse de otro modo Japón al borde del colapso, Estados Unidos quiso probo recientemente desarrollado armamento nuclear, y al mismo tiempo el avance soviético que se estaba iniciando sobre territorio disputado con Japón.

Con la bomba atómica, Estados Unidos pasó a ser el Estado más poderoso.

Lanzamiento de las bombas atómicas
El lanzamiento de las dos bombas atómicas sobre Japón en agosto de 1945 dará lugar a una larga controversia. ¿La decisión norteamericana de aniquilar las ciudades de Hiroshima y Nagasaki respondía a un objetivo exclusivamente militar o tenía también aspectos políticos y diplomáticos?

Para algunos investigadores se podía alcanzar la rendición japonesa por medio de un bloqueo extremo o apelando  a la vía diplomática. La conducta fanática de los aviadores suicidas japoneses era más bien una manifestación de debilidad e impotencia de la resistencia frente a la superioridad de recursos de los Estados submarinos norteamericanos habían cortado los abastecimientos y en marzo de 1945 un raid aéreo demostró eficazmente esta superioridad norteamericana.

El presidente Harry Truman justificó el empleo de la mortífera nueva arma como un medio de acortar la guerra  y reducir las bajas. El arma nuclear fue desarrollada únicamente para ganar la guerra y con este propósito se tomó la terrible resolución de utilizarla.

Pero otros investigadores han señalado que tal demostración de poderío norteamericano no era necesario derrotar al Japón. La “diplomacia atómica” de Truman perseguía la evidente finalidad de intimidar a mentar su poder de negociación en los acuerdos de paz de postguerra en relación a la Unión Soviética. Con la bomba atómica, Estados Unidos restaba importancia a la intervención soviética contra Japón.

Se temía el avance soviético en Manchuria, Corea y otros territorios ocupados por los japoneses durante la guerra. De hecho, Japón estaba negociando la mediación de la U.R.S.S. La “extorsión atómica” tuvo como fin frenar las ambiciones o exigencias post-bélicas soviéticas.

Además Estados Unidos tenía que justificar la costosa inversión que significó el desarrollo del Proyecto Manhatan (nombre que recibió el plan secreto de investigación y construcción de la primera bomba, del que ron físicos, científicos, técnicos y militares, que en la mayoría de los casos ignoraban la finalidad de sus trabajos y medir los resultados del arma atómica.

Consecuencias  Políticas de la Bomba Atómica

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Bomba Atómica en Alemania – Historia

LA BOMBA EN EL CAMPO NAZI
Al terminar la primera gran guerra, el mundo buscó desesperadamente retomar la senda de progreso que se había interrumpido dolorosamente. Las universidades y los centros de estudio volvieron a cobrar impulso, y la cofradía de sabios continuó su labor.

Los términos idílicos de la paz obtenida en Versalles les garantizaba que no se cometerían los mismos errores del pasado, por lo que nuevamente las fronteras parecieron no existir para la ciencia. Así, las experiencias en Londres, en Copenhague, en Roma y en Berlín eran conocidas e incluso intercambiadas entre los matemáticos, químicos y físicos.

Sin embargo, las condiciones impuestas al derrotado imperio alemán propiciaron el surgimiento del nacional socialismo, el que poco a poco comenzó a hacerse más y más fuerte. En 1939 el racismo de los nazis salió a las calles e ingresó a las aulas.

Los jóvenes de camisas pardas, alentados por las proclamas de los científicos adeptos al régimen, que denostaban todo lo que fuera de origen judío, incluso la Teoría de la Relatividad de Einstein, expresando que era un patraña colosal, arrinconaron a hombres de la talla del mismo Einstein, Max Born y Leo Szilard, por lo que el éxodo de sabios no se hizo esperar, recibiéndolos Estados Unidos con los brazos abiertos.

Se cuenta que el Ministro del Reich, Hans Stuckhart, a propósito del verdadero desmantelamiento que se había producido en las universidades alemanas, le habría consultado socarronamente al Profesor Hilbert, Director del Instituto de Física de Gottenborg, si el establecimiento había sufrido mucho con la partida de esos científicos. La respuesta deja en claro el colosal error que ello significó, uno mas de los tantos que cometieron Hitler y sus huestes, ál dejarse llevar por su irracional odio antisemita.

En realidad, no se puede decir que haya sufrido. Simplemente dejó de existir.

En 1939, el químico nuclear Fritz Strassman y el físico Otto Han, trabajando en laboratorios alemanes, plantearon una teoría de la fisión del Uranio, la que fue comunicada al Ministerio de Ciencias, y postularon la posibilidad de construir una máquina para obtener energía. No los guiaba la alternativa de utilizarla como bomba, sino que se orientaban hacia el aprovechamiento de ella para mover motores. La iniciativa contó con el respaldo del jefe de investigaciones del ejército, el que escribió en tal sentido al Ministerio, aconsejando que se le diera prioridad.

Los trabajos se iniciaron bajo el mando de Werner Heisenberg, pero luego se optó por abrirlos en tres proyectos, cada uno a cargo de ministerios distintos y con fines también diferentes. Sólo fue en 1942 que Albert Speer, el Ministro de Guerra, comprendió el alcance bélico que tenía la energía nuclear, y ordenó concentrar los esfuerzos en esa dirección.

Parece evidente que las proyecciones exitistas sobre la marcha inicial de la guerra, cuando las divisiones panzerarrollaban cualquier resistencia a su paso, contribuyó para que los estrategas germanos restaran importancia a esta nueva y decisiva arma, la que advirtieron demasiado tarde, perdiendo la iniciativa que habían obtenido con la labor de Strassman y Han.

Por otra parte, el mismo Hitler desconfiaba de los alcances de una bomba atómica, empecinándose en derivar las investigaciones hacia el uso energético para motores convencionales.

A todos los inconvenientes reseñados, habría que agregar, finalmente, que una vez que se decidió construir la bomba atómica, los científicos optaron por seguir el camino que había mostrado en Italia, Enrico Fermi, o sea, obtener una pila nuclear bombardeando elementos por medio de “agua pesada”. Esta experiencia, en términos legos, consistía en “amortiguar” la desintegración obtenida por el bombardeo logrado con los neutrones, reemplazando el hidrógeno común del agua por deuterio, que es el mismo elemento pero más pesado.

El sabio italiano, en realidad, había llegado solamente hasta el umbral de un resultado definitivo en los ensayos efectuados en Roma hacía ya algunos años, cuando vislumbró este fenómeno, para el cual había usado kerosén en la tina del baño de su laboratorio, descargando uranio sobre una esfera de plata, estando ambos metales inmersos en el líquido. El físico Emilio Sagré, que formaba parte del equipo de Fermi, a propósito del ensayo en la tina de baño, diría al recibir el Premio Nobel de su especialidad en 1959:

“Dios, con sus decisiones inescrutables, nos dejó a todos ciegos, en aquella oportunidad, frente a la desintegración”.

El “agua pesada”, entonces, se constituyó en un factor primordial para el esfuerzo nazi. El Mariscal Goering, a fines de 1942, encomendó un programa destinado a obtener tres mil kilos mensuales, pero esta tarea, como asimismo las toneladas de uranio que era necesario obtener, comenzó a tropezar frente a la devastadora acción de la fuerza aérea aliada, la que bombardeó sistemáticamente esos objetivos.

Sin embargo, los aliados no tenían total certeza de que los nazis no fueran a obtener un artefacto nuclear dentro de un plazo breve. El anuncio del Ministro de Propaganda del Reich, Joseph Goebbels -formulado luego del desastre que aconteciera al ejército germano en el frente ruso, tras las derrotas en Stalingrado y Leningrado- proclamando la guerra total y amenazando que en ella utilizarían poderosas y nuevas armas secretas, aceleró al máximo los trabajos que tenían como escenario los Estados Unidos.

Hitler, en tanto, al comprobar en 1944 que sus otrora imbatibles ejércitos, ahora no eran capaces de contener los avances sobre Berlín, había cambiado sustancialmente su pensamiento acerca de la nueva arma secreta.

Día a día preguntaba sobre los avances de su construcción, pero las respuestas no le daban, ni le dieron, la posibilidad que pudo entrever,quizás, de mantener vigentes sus oníricas visiones de una raza aria dueña del mundo.

Fuente Consultada: HECHOS, Sucesos que estremecieron al siglo Tomo N° 15 La Bomba Atómica

Genocidios en la Historia