España en América

España Primitiva Pre Romana Pobladores y Cultura

España Primitiva Pre Romana
Pobladores y Cultura

ESPAÑA PRERROMANA
Tiempos prehistóricos
España se halla situada en la península Ibérica, separada del África por el estrecho de Gibraltar, y de Francia por los montes Pirineos.

Poco se sabe acerca de los primeros habitantes. Los más antiguos —período del paleolítico inferior— trabajaban la piedra a golpes para obtener hachas de mano.

En el paleolítico superior habitó en la península la raza de Cro-Magnon, formada por hombres de alta talla que sabían dominar el fuego y cubrían su cuerpo con pieles de animales. De este período han quedado expresiones de arte rupestre en las paredes de las cavernas que utilizaban como viviendas.

En las Cuevas ce Altamira (Santander) se han encontrado figuras de bisontes, jabalíes, un caballo salvaje y una cierva; los contornos son incisiones y las pinturas realizadas con materias colorantes naturales.

En el V y IV milenios (a. C). pueblos procedentes de! norte de África —o quizás del valle del Danubio— penetraron en España e introdujeron la cultura neolítica. Conocían la agricultura y la ganadería, mejoraron las armas de piedra y fabricaron vasijas de barro cocido.

La abundancia de cobre y estaño brindó características particulares a la cultura del bronce, cuyas muestras más importantes se han encontrado en las ruinas de la localidad de El Agar (Almería).

La utilización del hierro marca el comienzo de los tiempos históricos.

mapa de espana pre romana

Primeros pobladores históricos
Se afirma que, en los comienzos de los tiempos históricos, los más antiguos pobladores de España fueron los iberos —que penetraron por el sur— probables integrantes de un grupo racial de tipo mediterráneo-africano. Sin embargo, otros estudiosos sostienen que los primeros habitantes de esa época fueron los ligures, llegados a la península por el norte.

En la región sur de la península (Andalucía, parte de Murcia y Alicante) floreció una brillante civilización, la de los Tartesios, cuya antigüedad no puede precisarse pero que seguramente es muy remota. Su origen es incierto, aunque algunos historiadores creen que este pueblo pertenece a la familia de los iberos. Los tartesios formaron un gran imperio comercial que tuvo importantes relaciones con los mercaderes fenicios y griegos.

En el siglo VI (a. C.) penetraron en España los celtas, pueblo de origen indoeuropeo que procedía de las costas del mar del Norte. Luego de cruzar los Pirineos, los recién llegados ocuparon la parte noroeste de la península. Eran altos, rubios y vigorosos; llevaban armas y utensilios de hierro e introdujeron en España ese tipo de cultura.

Los celtas se dividieron a su vez en cuatro ramas: los lusitanos y los gallegos, que ocuparon el oeste de la península —en el sur y en el norte, respectivamente—, y los astures y los cántabros que se instalaron en la parte meridional sobre las costas del mar Cantábrico.

Los celtas se extendieron por toda la península, especialmente en la región occidental. Pero en la meseta la penetración fue contenida por los iberos, quienes se opusieron al avance de los invasores.

Se afirma que de ese contacto se produjo la fusión de las dos razas en una sola que se llamó de los celtíberos. En el siglo IV (a. C.) la zona central de España estaba ocupada por este nuevo pueblo, mientras que en el norte y en el sur seguían dominando los celtas e iberos, respectivamente.

Cultura
Si bien las manifestaciones artísticas de la España primitiva poseen caracteres propios, es indudable que fueron notablemente influidas por los colonizadores fenicios, griegos y cartagineses. Por tal causa, los pobladores de la región sudoriéntal muestran rasgos culturales muy distintos de los que poseen los habitantes del interior, que vivieron alejados de esas influencias.

Los fenicios estimularon la industria y el comercio; además, introdujeron objetos artísticos de oro, plata, marfil y vidrio, con marcados caracteres orientales.

Los griegos gravitaron enormemente en el aspecto cultural y artístico. Lo demuestran la acuñación de monedas y, sobre todo, la arquitectura y la escultura. Los españoles no se limitaron a copiar los modelos griegos, sino que asimilaron el arte helénico y supieron darle caracteres propios.

En la región sudoriental, de cultura más desarrollada y que recibió mayor Influencia griega, se han encontrado restos de numerosas poblaciones y santuarios construidos en lugares elevados así como también valiosas piezas escultóricas, entre las que se destacan: La Leona de Bocairente y la famosa Dama de Elche.

Leona de

Leona de Bocairente

la dama de elche

Dama de Elche: 
La dama de Elche, junto a la dama del Cerro de los Santos y la de Baza (las tres en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid) son tres excepcionales ejemplos de escultura ibérica. Es un busto de carácter funerario con influencias del arcaísmo griego y el arte púnico. Resalta la ornamentación de su tocado con dos rodetes a ambos lados del rostro. Se trata de un busto femenino en piedra caliza, descubierto en 1897 en La Alcudia (Elche). Ricamente alhajada, lleva una tiara ceñida con una diadema, dos grandes ruedas sobre las orejas para recoger el pelo y collares sobre el pecho. Algunos especialistas consideran que el orificio que presenta en la espalda corresponde a una urna cineraria.
Fuente Consultada:Historia I José Cosmelli Ibañez Editorial Troquel

 

Moctezuma Historia de su Muerte La Caída del Imperio Azteca

Moctezuma Historia de su Muerte
La Caída del Imperio Azteca

Grandeza y caída de un imperio. Los aztecas escribieron una de las más apasionantes páginas del libro de la  Historia.   Las  ruinas  de  esa   civilización   nos  llenan  aún  de   asombro.   ¿Qué  motivó  su  fin?

Hacia finales del siglo XV los dominios aztecas abarcaban prácticamente todas las naciones civilizadas de México, a excepción de las tribus de las montañas occidentales, los mixtecas y zapotecas. Su capital se llamaba Tenochtitlán y estaba construida en una isla pantanosa junto al lago de la Luna. Su emperador era entonces Tizoc.

Su reinado presenció el fin de una era mágica de cincuenta y dos años y se hizo necesario agrandar el gran templo del dios de la guerra Huitzilopochtli que, según se creía, había expulsado de México al dios-sacerdote Quetzalcoatl algunos siglos antes y establecido una nueva era de dominio militar. Esta enortne pirámide, que se elevaba hacia el cielo casi sesenta metros, estaba coronada por un pequeño templo. Ante él se alzaba el altar, sobre el que se tendía a los guerreros cautivos para arrancarles el corazón.

Tizoc murió en 1486 antes de que el templo estuviera totalmente terminado, sucediéndole Ahuitzolt, su hermano menor. En su reinado comenzó la caída de los aztecas. Ahuitzotl era un hombre culto, amante de la música y la poesía, famoso por su harén de bellas princesas. Obligado a la dedicación del Gran Templo, comenzó dos años de guerra contra los mixtecas de Oaxaca. En lugar de tomar la aceptable oferta de veinte guerreros para el sacrificio, tomó veinte mil cautivos, todas las fuerzas disponibles de las tribus conquistadas, y los hizo matar a todos.

Un hombre sabio y devoto: Ahuitzotl murió en 1502. Al trono azteca ascendió un hombre que era a la vez un bravo guerrero y un sabio filósofo. Se llamaba Moctezuma, El Fuerte Brazo del Noble Señor y Príncipe. En 1507 celebró la ceremonia mágica de hacer un Fuego Nuevo que daba comienzo a otro período de tiempo para su pueblo mejicano. Todo fue bien en la ceremonia, y la continuación del universo durante otros cincuenta y dos años quedó asegurada.

Moctezuma II emperador azteca

Moctezuma era sumo sacerdote cuando el consejo lo eligió para suceder a Ahuizotl (1486-1502) y convertirse en el supremo gobernante azteca. Distintas fuentes revelan su personalidad, en la que, junto al valor guerrero, destacan su constante estado melancólico y un fuerte componente supersticioso. Durante los primeros años de su reinado consiguió que el Imperio azteca conociera su momento de mayor esplendor.

Sin embargo, Moctezuma no siempre tuvo buena suerte. Perdió un ejército en una extraña ventisca y otro en una terrible inundación. Pero, a excepción de estas pérdidas, sus ejércitos prosperaron y llegó a hacer de México un dominio azteca, desde los desiertos del norte a los bosques tropicales y desde el Atlántico hasta el Pacífico. La profecía de Huitzilopochtli se había cumplido: México estaba unido y en la corte de Moctezuma los traductores hablaban las lenguas de veinte pueblos tributarios diferentes.

Moctezuma no sólo era un guerrero valiente y conquistador; era sacerdote, astrónomo y un hombre verdaderamente sabio y devoto. Pero con frecuencia se sentía obsesionado por la preocupación, pues sabía que durante su reinado se llegaría al día Viento-Nueve del año Caña-Uno, o  1518 por nuestro calendario.

En esta fecha, que ocurría cada cincuenta y dos años, los sabios sabían que el dios Quetzalcoatl (Culebra con plumas, o Soplo de Vida) podía volver y deponer a su antiguo enemigo, el dios Huitzilopochtli. Tal acontecimiento significaría el fin del poder azteca.

Moctezuma temía que ocurriera durante su reinado En 1511 dos barcos pertenecientes a los navegantes españoles Solís y Pinzón pasaron ante la costa de México, desembarcando de vez en cuando para comerciar con los nativos.

Posteriormente contaron su historia a Pedro Mártir, el historiador y geógrafo italiano y por su libro sabemos que fueron los primeros españoles que visitaron México.

Sin embargo, pasaron de largo, y durante ocho años Moctezuma no volvió a tener noticias de ellos.

Ce Malinalli: Al otro lado del mar, en España, un joven llamado Hernán Cortés fue enviado por sus padres a las Indias Occidentales para unirse a los colonizadores en Cuba. Casó con una joven dama de buena familia y todos creían que había sentado la cabeza. Pero oyó hablar de aventuras de viajes a tierras misteriosas del oeste y quiso dirigirse hacia aquellos lugares.

Hacia el oeste, no muy lejos, una princesa mejicana tuvo una niña que nació en un día desafortunado. Los adivinos dijeron que estaba destinada a destruir al gran dios de la guerra Huitzilopochtli y a causar la caída de los aztecas. Su madre, no queriendo matarla, la escondió hasta que, cuando ya era una muchachita, la envió a vivir como sierva entre los mayas, al norte de Yucatán. Cuando tenía dieciséis años, el jefe a quien servía trajo a dos cautivos españoles que habían naufragado. Dos años después llegó un barco español.

Los españoles fueron devueltos a su gente y la muchacha, que ahora tenía diecinueve años, fue una de las veinte bellas esclavas entregadas al apuesto capitán español Hernán Cortés. De este modo, Ce Malinalli (hija del Dolor) se fue con los españoles; como no podían pronunciar su nombre, la llamaron Doña Marina o Malinche.

sacrificios de moctezuma en mexico

Por su brutal sacrificio de más de veinte mil guerreros cautivos, sobre la gran pirámide de Tenochtitlán, el emperador Tízoc perdió toda lealtad por parte de las tribus sometidas.

El año Caña-Uno
Cortés había oído hablar de los tesoros de los indios mayas del Yucatán y de una tierra aún más extraña llamada México. Tras una agria disputa con el gobernador de Cuba, había embarcado en busca de gloria y fortuna para España y la Iglesia.

En abril de 1518, la víspera de Pascua, embarcó rumbo al puerto mexicano de Cempoalla. Quizás Doña Marina, que actuaba como intérprete para los españoles, conocía su destino, pues retrasó a Cortés un día. Cuando desembarcó en México con Marina junto a él como intérprete, iba vestido de terciopelo negro, con medias y guantes también negros. Sobre su pecho brillaba un camafeo de oro y concha blanca.

Se tocaba la cabeza con un sombrero de copa plano, según la moda de la época, y su pálido rostro estaba circundado por una fina barba negra. Para los nativos era exactamente igual a la imagen del dios Quetzalcoatl que volvía, generalmente representado en forma similar (aunque el terciopelo negro había sustituido a la pintura negra sobre el cuerpo).

El retraso hizo que desembarcara el día Viento-Nueve del año Caña-Uno. Era el día que Moctezuma había temido. Los mensajeros corrieron seiscientos kilómetros hasta Tenochtitlán con las malas noticias. Quetzalcoatl había vuelto.

El gran emperador de los aztecas no sabía qué hacer. Consultó a los sacerdotes y presentó incienso y flores, que eran las ofrendas aceptables para Quetzalcoatl. A continuación, envió a sus mensajeros con un noble presente.

Comprendía gran cantidad de oro, las imágenes de varios dioses y dos libros mágicos, uno de los cuales tenía ya tres siglos de antigüedad y narraba la historia de la anterior encarnación de Quetzalcoatl como rey de los totecas casi mil años antes.

Con los tesoros, Moctezuma envió un mensaje de fraternal bienvenida y la promesa de entregar ricos presentes. Pero rogaba a los extranjeros que aceptaran los regalos y dejaran México pacíficamente. Por otra parte, Hernán sabía que, si no se llevaba algún botín notablemente rico, el gobernador de Cuba lo encarcelaría y probablemente obtendría permiso de España para ejecutarle.

No tenía otra alternativa que responder con un mensaje amistoso e insistir en que debía visitar al gran rey Moctezuma en la capital. Ce Mallinalli sabía que su destino le empujaría a luchar contra el terrible dios Huitzilopochtli, que había determinado que se la matara al nacer. Por ello, continuó con los españoles, aconsejándoles y ayudándoles; fue la amante de Cortés y le dio un hijo.

A Cortés le habían hablado del pequeño país independiente de Tlaxcala y hacia allí se dirigió en primer lugar. El consejo tribal de Tlaxcala decidió que sería aconsejable ayudar a los extranjeros a marchar sobre la tierra de sus antiguos enemigos, los aztecas, y, cuando la marcha prosiguió, los doscientos españoles iban acompañados de varios miles de guerreros de Tlaxcala. Tras muchas aventuras, llegaron al borde del valle de México.

Al subir el ejército español a las colinas sobre México vieron un bello lago y una ciudad de cuento de hadas con casas de tejado plano y grandes templos piramidales, pintados con vivos colores sobre superficies blancas plateadas. La ciudad era mayor que cualquiera de las de Europa y se llenaron de aprensión.

Al descender encontraron la entrada de un estrecho paso que cruzaba el lago y conducía a la ciudad. Allí vieron un enorme ejército de guerreros y nobles, vestidos de plumas y adornados con oro. A la cabeza venía el propio Moctzzuma, que llevaba un gran tocado de plumas, en la actualidad en el Museo Etnológico de Viena. Dio la bienvenida a los españoles y lesscondujo a uno de sus palacios. Todo parecía ir bien y durante algún tiempo existió una verdadera amistad entre los dos jefes. Junto a ellos estaba siempre Doña Marina, traduciendo fielmente.

Las primeras escaramuzas
De repente llegaron noticias de otra expedición española procedente de Cuba. El gobernador había enviado a Narváez, uno de sus mejores oficiales, para arrestar a Cortés y encargarse de la conquista de México. Cortés dejó a su ejército bajo el mando de Alvarado, su lugarteniente en México, y tomó una pequeña fuerza de sus compañeros más escogidos y valientes para enfrentarse a Narváez.

En un solo día se logró la victoria. Narváez fue enviado de vuelta a Cuba cargado de cadenas mientras la mayor parte de su ejército, con nuevos caballos y cañones, volvía con Cortés al dorado México.

Al llegar no fueron bien recibidos. La gente se escondía en sus casas y en ellas no se oía sonido alguno. Se avecinaban dificultades. Parece  que Alvarado se temió un ataque cuando en un gran festival los jefes guerreros aztecas bailaban ante sus sanguinarios dioses de la guerra. Alvarado atacó; con espadas de acero contra palos de madera, los aztecas no tenían ninguna posibilidad.

Cuando llegó Cortés, Moctezuma trató de establecer la paz, pero estalló una sublevación. Moctezuma salió al almenaje para calmar a su pueblo, pero un guerrero le arrojó una piedra. El emperador no estaba herido de gravedad, pero cayó y murió a los dos días.

Entonces se produjo un ataque. Cortés había decidido evacuar a su ejército de México durante la noche. Sus seguidores estaban cruzando el paso cuando un vigilante azteca dio la alarma. Atacados por ambos lados por guerreros en canoas, el pequeño ejército de los españoles se abrió camino, pero más de la mitad murieron. Cortés acampó aquella noche con escasas esperanzas.

De haber sido atacado al día siguiente, todo su ejército habría perecido. Sin embargo, tenía un aliado desconocido luchando por él. Entre el ejército de Narváez había un africano occidental educado en España que se llamaba Esteban. Este hombre había enfermado de viruelas y murió en México. La enfermedad se extendió rápidamente.

Los aztecas no tenían ninguna experiencia de ella y su acostumbrado tratamiento de baños de sudor contra la fiebre no servía para nada. La muerte en una forma desconocida era ahora el peor enemigo. Aunque en pocos días consiguieron reunir un gran ejército para atacar a Cortés y a sus aliados de Tlaxcala, fueron vencidos. Tras su derrota, la última de sus tribus sometidas se sublevó y los aztecas quedaron solos. El nuevo emperador fue Cuitalhuac, sobrino de Moctezuma, pero murió a consecuencia de la epidemia.

Entonces fue elegido el último jefe guerrero azteca, un valiente joven de diecinueve años llamado Cuauhtemoc, o Águila Descendente. Reforzó la defensa, pero los españoles colocaron barcos de vela con cañones en el lago e impidieron el paso de comida a la ciudad. Atacaron después de algunas semanas.

A pesar del hambre y la enfermedad, Cuauhtemoc mantuvo la lucha. Cortés prosiguió su ataque y, muy a su pesar, tuvo que destruir la ciudad casa por casa para poder avanzar. Al fin, entre montones de muertos, los españoles se abrieron camino hasta la gran plaza y el templo de Huitzilopochtli. Un capitán español de uno de los pequeños cañoneros vio una canoa que cruzaba el lago remando velozmente hacia la otra orilla. Pronto la atrapó y capturó a los hambrientos guerreros que la ocupaban.

Uno de ellos era el valiente emperador azteca Cuauhtemoc. Al mismo tiempo, empezó a arder el templo de madera situado sobre la gran pirámide y algunos dicen haber visto al dios de la guerra Huitzilopochtli volar a través de las llamas gritando su furor.

Después de la caída
México cayó el año 1521. Doña Marina, una vez cumplido su destino, dejó a Cortés y se casó con el joven español que había mandado la pequeña flota de cañoneros. Volvieron junto a la madre de la muchacha y la joven pareja vivió feliz y en paz. Los indios tomaron a su esposo por un «Taule» o ser divino y aceptaron su presencia como un honor. Se dice que ella fue enterrada en un túmulo de tierra, cerca de su hogar en Cempoalla.

ultimo emperador azteca

Un relieve del monumento a Cuauhtemoc, el último emperador azteca. Aparece a la izquierda, enfrentándose con gesto de desafio a Hernán Cortés y la muchacha india Ce  Malinalli.

Cuauhtemoc fue hecho prisionero y se le trató bien, pero era demasiado orgulloso para soportar el sometimiento. Finalmente, tomó parte en una conspiración para recuperar la libertad y matar a Cortés. Fue muerto en garrote y quemado. No obstante, es el brillante héroe nacional del actual México.

El imperio azteca cayó, pero no desapareció su cultura. Su grado de civilización era notable. Poseía una escritura ideográfica y su calendario se basaba en observaciones astronómicas. Su arquitectura, agricultura, arte textil y cerámica estaba a la altura de los países del Asia oriental.

La familia era monógama, el matrimonio era obligatorio y estaba prohibido el adulterio. Su lengua, el náhuatl, se habla aún en la mayoría de las regiones de México. Dejó el país lleno de monumentos y obras de arte, de los que se conservan importantes vestigios que son muy admirados.

Fuente Consultada: La Llave del Saber Tomo I Presente y Pasado del Hombre Ediciones Cisplatinas

Leyenda de la Fundación de Cuzco Historia del Inca Viracocha

Leyenda Inca de la Fundación de Cuzco
Historia de Viracocha

LA CIUDAD DE CUZCO: Cuzco o Cusco (ciudad), ciudad del sur de Perú, capital del departamento homónimo, ubicada a 3.360 metros de altura en los  Andes surorientales. Fue la capital del imperio inca en la etapa prehispánica, y hoy aún conserva muchos de los restos de aquella brillante civilización, como el templo del Sol o Corichancha, la fortaleza de Sacsahuamán y diversos muros, dinteles y calles.

También posee catedrales, palacios y otras obras civilesque fueron construídas por lo españoles en la época colonia.Sufrió varios terremotos y el de 1950 destruyó gran parte de la ciudad, aunque los monumentos históricos fueron restaurados cuidadosamente. En 1983 fue declarada Patrimonio cultural de la Humanidad. Población (2005), 103.836 habitantes.

mapa de cuzco en peru

El nombre dado a toda una civilización tuvo su origen en una pequeña familia. Los incas alcanzaron una   rápida   expansión;   su  imperio,   uno  de  los   más  fabulosos,   aún   sorprende   a  los  historiadores.

El cronista español Fernando Montesinos (hacia 1600-1655) escribió en su historia del Perú que los incas descendían de una dinastía de amautas (hombres sabios) que habían gobernado el país desde la ciudad de Tiahuanaco. Pero en el Perú de la época la historia seguía entremezclada con el mito, y otras crónicas peruanas cuentan que los incas y sus subditos creían que Inca Manco (fundador de la dinastía) y su hermana habían venido de la jungla del Amazonas con otros tres hermanos más o menos por la época de las grandes conquistas del Cid, hacia el 1066.

Los tres hermanos se convirtieron en rocas, pero Inca Manco y su hermana Mama Huaca continuaron el viaje. Su padre, el Sol, les había enviado a fundar su reino sobre la Tierra. Con ellos llevaban una cuña de oro que clavaban cada noche en el suelo junto a su campamento, hasta que por fin llegaron a un valle entre montañas donde había una pequeña ciudad. Aquello era Cuzco, el centro mismo del Perú, y allí se hundió profundamente la cuña de oro hasta desaparecer en la tierra.

Ya con más visos de realidad, el relato continúa diciendo que el pueblo de Cuzco recibió a los visitantes como seres divinos y los instaló en un pequeño palacio de piedra, permitiéndoles gobernar una parte de la ciudad. Dada la naturaleza semidivina de la joven pareja, no podían contraer matrimonio con mortales ordinarios, así es que se casaron entre sí y tuvieron hijos, considerados también como descendientes directos de Inti, el dios del Sol.

En la tercera generación los incas seguían gobernando únicamente la ciudad de Cuzco. Pero la cuarta capturó el valle de Urabamba, expansión que alarmó seriamente a las tribus vecinas. Al tropezar con una confederación de poderosas tribus chauca, el séptimo inca fue presa del pánico y su pueblo retrocedió. La familia condenó a muerte al débil y proclamó a su hermano Inca Viracocha como verdadero octavo inca. Tribal en sus orígenes, el término «Inca» se había convertido ya en una denominación jerárquica.

Dueños de la meseta Viracocha organizó una audaz campaña de ataques súbitos e inesperados contra el enemigo que le permitió destruir en muy poco tiempo toda oposición. Sus victorias hicieron a los incas dueños de toda la región de la meseta andina: era un imperio de dimensiones reducidas, pero hacía falta mucha habilidad política para gobernarlo. El terreno era abrupto, con pocos puentes y carreteras aceptables, y los pueblos hablaban varios dialectos del aimará y del quechua, dos lenguas muy distintas.

Si la familia Inca supo adaptarse a las nuevas circunstancias, fue en gran parte gracias a la influencia de Sapa Inca Viracocha, quien afirmaba que el mandato del dios Sol no era solamente gobernar y despojar a otras tribus, sino también organizarías y procurar beneficio a todos los que viviesen bajo el dominio inca. No obstante, había bastante diferencia entre ser el rey divino de mi pequeño valle montañoso y ser la cabeza sagrada de un estado unificado que abarcaba muchas tribus y ciudades.

ciudad de cuzco en peru

En las estrechas y sinuosas calles del Cuzco actual pueden verse aún restos de las murallas incas, hechas con gigantescos bloques de piedra, sirviendo de base a edificios más modernos.

El primer paso, y el más fundamental, era establecer la posibilidad de una mutua comprensión. El quechua, lengua de Cuzco, fue declarado lingua franca para todos los asuntos oficiales, aunque las tribus siguieron empleando sus propios dialectos para la conversación familiar. Se mejoraron las comunicaciones, se enlazaron los sistemas de carreteras ya existentes y se construyeron nuevos puentes sobre los profundos barrancos. Ya se conocían los almacenes, pero Viracocha estableció la ayuda mutua por todo el imperio enviando suministros, a medida de las necesidades, desde las zonas más prósperas a las regiones azotadas por algún desastre local.

La sorprendente victoria inca había llevado sus fronteras meridionales hasta el lago Titicaca, pero la costa seguía en poder de tribus enemigas. Así pues, Inca Viracocha animó a su hijo Pachacutec para que declarase la guerra al poderoso y rico señorío de chimú, cuya frontera sur estaba defendida por la gran fortaleza escalonada de Paramonga. La propuesta inca de una fusión pacífica de los dos imperios, en la que, como es natural, el chimú ocuparía un segundo lugar, había sido ya rechazada.

Pachacutec empezó por flanquear Paramonga, y después la tomó por asalto. A partir de ese momento, el país cayó rápidamente ante las tropas de ocupación incas, siendo un hijo de Pachacutec, Tupac, quien completó brillantemente la obra de pacificación.

Paradójicamente, la rápida caída del señorío chimú se debió en gran medida al alto grado de civilización de sus habitantes. Disfrutaban de muchas más comodidades que los pueblos de las tierras altas que mandaba el inca: sus ciudades eran prósperas, poseían finos vestidos, campos irrigados, industrias del metal y una vida fácil. Y no tenían ningún deseo de perder todo eso en una guerra inútil, así es que, tras la caída de su fortaleza principal, todos se rindieron tácitamente y, en compensación, fueron bien tratados.

El príncipe heredero fue trasladado a Cuzco, donde se casó con una princesa inca, para que los futuros gobernantes llevasen sangre inca en sus venas. Les despojaron de todos sus ornamentos de oro para llevarlos al templo del Sol, en Cuzco, pero se les permitió seguir usando plata y turquesas.

Fuente Consultada: La Llave del Saber Tomo I Presente y Pasado del Hombre Ediciones Cisplatinas

Religiones de los Pueblos Precolombinos Dioses y Creencias

DIOSES Y CREENCIAS RELIGIOSAS DE LOS PUEBLOS PRECOLOMBINOS DE AMÉRICA

Cuando los españoles llegaron a América, encontraron tres culturas florecientes: al norte, la de los aztecas; al centro, la de los mayas y, al sur, la de los incas. Esto hizo pensar, después, a los historiadores, que tales culturas fueron las únicas o las más relevantes. Con el tiempo, se demostró que no era así y que, antes, vivieron allí otros pueblos cuyo origen fue muy discutido.

Un sabio investigador checoslovaco  sostuvo que los americanos pertenecen a una sola raza y que llegaron al continente desde Asia por el estrecho de Bering. El antropólogo francés Paul Rivet formuló, en “Los orígenes del hombre americano”, otra teoría según la cual no existe unidad racial en América, ya que el hombre primitivo de este continente tendría varias procedencias: australiana, malaya, melanesia, polinesia, mogólica y esquimal. Mucho antes, el sabio argentino Florentino Ameghino sostuvo que los americanos eran autóctonos del Nuevo Continente y que el hombre apareció en el plioceno, último período de la era terciaria y no en la época cuaternaria.

dioses precolombinos

De todas maneras, aquellos remotos antepasados nómades, poca relación tuvieron con los pueblos agrícolas que se dedicaron especialmente al cultivo del maíz-planta gramínea de origen americano- en los valles fértiles donde actuaron. Se dice que esta afición la heredaron de los indios “pueblo”, descendientes, a su vez, de los “basket-makers” o “cesteros”, que habitaron al SO de los EE.UU.

Los aztecas, que Hernán Cortés encontró al llegar al valle de México, se habían establecido en ese lugar poco antes: en el siglo XIV. Previamente, habitaron allí los teotihuacanos cuya vasta cultura de tipo religioso tuvo su centro en Teotihuacán, ciudad sagrada cuyas ruinas siguen provocando el asombro de quienes las visitan.

El conjunto de innumerables edificios, pirámides escalonadas y terrazas, ocupa un amplio predio a cuyo frente se halla -entre restos de tumbas monumentales- la Avenida de los Muertos. Hay allí dos gigantescas pirámides o “teocalis”, dedicadas al culto del SoL y de, la Luna. En la cúspide de este último templo fue encontrada la imagen de una divinidad acuática, ya que el ciclo lunar está relacionado con las mareas y con la lluvia.

Todo esto, por igual que los motivos que aparecen en diversas esculturas, pinturas murales y cerámicas, revelan una vida religiosa trascendente. Después de los teotihuacanos, prevalecieron los toltecas, a quienes, durante un tiempo, se consideró maestros de los aztecas, hecho que no logró comprobarse. Su dios más importante fue Quetzalcoatl, palabra compuesta de “quetzal” (ave de hermoso plumaje) y “coatí” (serpiente), que significa “serpiente emplumada”. Bajo este nombre, parece haber actuado el primer jefe de los toltecas, hombre justo y civilizador, el que les enseñó los secretos de la escritura jeroglífica y la forma de aprovechar mejor la agricultura.

Los toltecas y otro pueblo (los olmecas), emigraron luego hacia Yucatán y  Guatemala, la belicosa llegada delos chichimecas. El dios principal de éstos fue Tlabloc, dioa de la lluvia y de las tormentas, cuya monumental estatu puede verse, en México, cerca del Museo de Antropología.

Tlaloc no sólo simbolizó la divinidad máxima de los chichimecas, sino también la de todos los nahuas, estirpe a la que pertenecieron las diversas tribus invasoras, entre ellas la de los aztecas. Según cuenta la leyenda, Tlaloc disponía de cuatro recipientes con agua, valiéndose de los cuales las nubes regaban la tierra; cuando el dios se enojaba, cundía el sordo ruido del trueno, iluminado por los relámpagos de su ira. Otros pueblos, como los tarascos, totonacas, mixtecas y zapotecas, habitaban en México cuando llegaron los españoles.

Sus costumbres y su religión perduraron, junto a la hispánica, durante varios  siglos.  Entre ellos sobresalieron los aztecas, que fueron los últimos en llegar desde norte y que, por igual que otras seis tribus  nahuas, emigraron hacia el sur en un prolongado éxodo que terminó cuando los aztecas fundaron la ciudad de Tenochtitlán.

Los mayas pertenecian a una raza distinta a la de los nahuas , pero como ellos vinieron del norte y se establecieron en Yucatán , Guatemala y Honduras. Se dice que ninguna civilización americana los superó. Sobre su religión, informan algunos libros sagrados, donde puede leerse: “Al principio sólo existían el mar y el cielo, por encima y por debajo de los cuales se extendían las tinieblas . .. Luego fue creada la Tierra, donde vivieron el hombre y los animales .. . Siguió una lluvia espesa y vinieron cuantiosas inundaciones. Pero antes que terminara el diluvio se reunieron los dioses e hicieron salir el sol, la luna y las estrellas, por encima de todo”.

En Honduras, donde los mayas adoraron también al Sol y a la Luna, vincularon a esta última con la “leyenda de la Mujer blanca” que tuvo tres hijos, entre los cuales dividió su reino, antes de desaparecer, como si fuera un pájaro.

Los incas gobernaban el Perú, Bolivia, parte de Ecuador y el norte de Argentina y de Chile, cuando llegaron los españoles. Antes que Cuzco fuese la capital de ese vasto imperio, destacóse la cultura de Tiahuanaco –importante centro religioso, a orillas del lago Titicaca– y, también, las de lca y Nazca, la cultura chimú y, más al sur, la de los collas y aymaráes.

En Tiahuanaco puede verse el dolmen conocido como Puerta del Sol, divinidad que presidía el culto incaico y su vasto imperio: el Tahuantinsuyo.

Superadas algunas creencia totémicas, y especial zoomorfas (de animales) , destinadas a adorar el águila y la serpiente (perpetuados en la actual enseña nacional) y otros animales como el puma, el jaguar, los incas tuvieron algo así como una trilogía de dioses creadores: Manco Capac, el primer emperador que se dedía hijo del Sol, Viracocha señor de todo los creado , quien realizar una serie de milagros desapareció sopresivamente y Pachacama dignidad absoluta reinaba por encima del Inti (el Sol), Quila (la Luna), Pachamama (la Tierra).

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Fuente Consultada:
Enciclopedia Ciencia Joven Fasc. N°35 Edit. Cuántica Dioses de Pueblos Precolombinos

La Piedra del Sol del Calendario Azteca Características

PIEDRA DEL SOL: MONOLITO AZTECA CALENDARIO

Al contemplar en el modernísimo Museo de Antropología de la ciudad de México la Piedra del Sol, esta reliquia maravillosa, compendio de la astronomía indígena vinculada con temas premonitorios de la suerte corrida, luego, por los aztecas y los mayas, una especie de rara emoción embarga al observador.

Se trata de un enorme bloque basáltico completamente tallado, escultura sobre roca volcánica, color verdinegro, que pesa 24.000 kilogramos. El disco, de tamaño descomunal, cuyo diámetro supera los tres metros y medio, estuvo “policromado con colores afines a su simbolismo”.

piedra sol calendario azteca

En este gran monumento de piedra está tallado los conocimientos astronómicos de la civilización azteca. Para tener idea de su magnitud, en 1964 se empleó casi un mes de tiempo para transportar este monolito hasta el Museo Nacional  de Antropología.

Así lo aseguran los técnicos, basándose en restos de pintura, que se hallaron en los bordes de algunos relieves. El antropólogo mexicano Carlos Navarrete hizo un detallado análisis sobre “la Piedra del Sol”, publicado en 1968. Señaló en él que todos los elementos que aparecen en el disco, giran en bandas alrededor del centro, donde se encuentra la cara del Sol, llamado Tonatiuh. Este presenta la boca abierta y entresaca la lengua para irradiar su fuego, que es la luz. A ambos lados de esa cara pueden verse unas extrañas deidades que aprisionan entre sus garras corazones humanos, ya que el dios solar es un águila que se alimenta con esa sangre.

La valiosísima escultura fue descubierta,  en la Plaza Mayor de México, el 17 de diciembre de 1790. Y, tras quedar depositada en la Catedral, fue trasladada en 1885 al Museo Nacional. De allí, en 1964, pasó al Museo Antropológico, donde se encuentra actualmente.

Según los aztecas, nuestra era fue precedida por otras, imperfectas, que diversos cataclismos destruyeron. Esas edades están representadas por cuatro soles complementarios: el Sol Tigre (que devoró a los primeros pobladores, de talla gigantesca), el Sol del Aire (cuyos grandes huracanes barrieron los campos y destruyeron las cosechas), el Sol de la Lluvia de Fuego (de origen volcánico) y el Sol del Agua (tiempo en el cual, tras derrumbarse el cielo, sobrevinieron grandes inundaciones).

Después comenzó la época del quinto Sol, que es la del mundo en que vivimos. Y este mundo se divide en años y esos años en dieciocho meses de veinte días que, sumados a otros cinco complementarios, hacen un total de 365.

Otras franjas, en jade y en turquesa, diferentes por su color verde al del basalto, completan el calendario. Y todo simboliza un viaje que el rey de los astros efectúa a través del cielo donde, cada mañana, debe entablar un combate con la Luna y las estrellas para poder elevarse, como un águila, y dar luz y calor a la humanidad.

Los pueblos precolombinos de México  determinaron la duración de año con tal grado de exactitud como pudo hacerlo el papa Gregorio XIII cuando muchos siglos después, reformó el calendario cristiano.

AMPLIACIÓN:
1978: UN IMPORTANTE DESCUBRIMIENTO:
EL HALLAZGO DE UNA MISTERIOSA DIOSA AZTECA

Una mañana de febrero de 1978, varios obreros de la Compañía Mexicana de Luz y Fuerza hallábanse excavando en una esquina céntrica de la ciudad de México. De pronto, uno de ellos sintió que su piqueta golpeaba contra algo duro. Siguió excavando, porque aquello era más grande de lo que suponía.

Poco a poco, y ahora ayudado por sus compañeros, descubrió, a dos metros de profundidad, la parte superior de una gran piedra circular tallada. Lo que no imaginaba el obrero era que aquella mañana había descubierto la representación de una fascinante diosa de la mitología azteca.

diosa azteca

Informado el Instituto Nacional de Antropología e Historia, concurrieron los arqueólogos y al contemplar la piedra circular descubierta comprendieron su extraordinaria importancia.

De inmediato se iniciaron los trabajos arqueológicos necesarios y a los pocos días, como un mensaje del pasado, emergió la figura de Coyolxauhqui.

Ahora bien, ¿Quién era Coyolxauhqui?

El hallazgo dio origen a controversias entre los entendidos. La mayoría de los investigadores se inclinó por afirmar que se trataba de la diosa de la Luna, cuyo nombre quiere decir: la que se adorna la cara con cascabeles, porque dichos cascabeles aparecen en el rostro de la talla encontrada.

En la mitología azteca, Coyolxauhqui era la diosa lunar, hija de Coatlicue, divinidad de la Tierra y de la Muerte.

Los arqueólogos han destacado la belleza de la gran piedra descubierta. Los artistas indígenas que la trabajaron destacaron en relieve los brazaletes, las serpientes de dos cabezas, las sandalias y los mascarones que porta la diosa.
Indudablemente, esta obra de arte azteca es un mudo mensaje del pasado que intriga al hombre de hoy, porque para nosotros esa piedra colosal que nos asombra revela el elevado sentido artístico de aquel mundo mágico que todavía debemos interpretar.

Fuente Consultada:
Dimension 2007 Edit. Kapelusz 7°Grado
Ciencia Joven Tomo V Diccionario Enciclopédico Edit. Cuántica

Extensión del Imperio Británico en el Siglo XIX Mapa Territorial

LA EVOLUCIÓN DEL IMPERIO BRITÁNICO – CECIL RHODES –

Durante todo el siglo XIX —y, ciertamente, durante buena parte del XX—, Gran Bretaña fue la potencia imperial por excelencia. Llamamos Imperio Británico, conjunto de territorios vinculados por su lealtad a la monarquía británica, compuesto principalmente por aquellas áreas que quedaron sometidas a la jurisdicción oficial de Inglaterra (Gran Bretaña a partir de 1707) desde finales del siglo XVI hasta el siglo XX, aunque el tipo de dominio ejercido por la metrópoli varió considerablemente a lo largo del tiempo.

A partir de finales del siglo XVII, Gran Bretaña hizo grandes progresos. En las postrimerías del reinado de Victoria, los ingleses se jactaban de que era soberana de un imperio «en el que nunca se pone el sol», expresión materialmente veraz porque el imperio británico estaba tan extendido por el planeta que, a lo largo de las veinticuatro horas, siempre había un sitio donde era de día.

Las bases de este Imperio se sentaron durante su reinado, gracias al desarrollo de la Marina inglesa, donde debemos destacar a Francis Drake quien dió la vuelta al mundo entre 1577 y 1580, el inicio de una ofensiva comercial en ultramar (la Compañía de las Indias Orientales se fundó en 1600) y la rivalidad con la Monarquía Hispánica.

La supremacía imperial británica durante el siglo XIX se debió, parcialmente, a la decadencia de antiguos rivales. Es cierto que el imperio británico había sufrido un grave contratiempo cuando en 1783 se separaron las colonias americanas. Sin embargo, más adelante estallaron la revolución y las guerras napoleónicas, al final de las cuales Francia perdió buena parte de las conquistas de sus luchas coloniales del siglo XVIII con los ingleses y los holandeses tuvieron que entregarles el cabo de Buena Esperanza y Ceilán (actualmente Sri Lanka). Pocos años más tarde se independizaron casi todas las posesiones que las naciones europeas aún tenían en el continente americano, lo que supuso una reducción drástica de los viejos imperios español y portugués, los primeros creados en la gran era de la expansión europea de ultramar.

Durante el curso de sus guerras contra la Revolución Francesa y contra Napoleón, Inglaterra había podido juzgar el valor de su imperio. Este se había visto aumentado por las conquistas realizadas a costa de Francia y de sus aliados holandeses y españoles: Guayana, Trinidad, Tobago, Santa Lucía, El Cabo, la isla de Francia, Ceilán. En unión de Gibraltar, las islas Jónicas y la de Malta le aseguraban el dominio del Mediterráneo. Además de valor estratégico que tenían, las colonias reforzaban el poderío comercial inglés. Por el «Pacto Colonial», estaban obligadas a proveer las materias primas que utilizaban las industrias de la metrópoli, o las distribuidas, con grandes beneficios, por el mundo, y a comprar después los productos manufacturados ingleses.

El más rico de los dominios era la India. Establecidos sólidamente en los países del Ganges y del Dekán meridional, en 1815 los ingleses no dominaban aún todo el sub-continente. La lucha contra los jefes mahratas (1817), la conquista de las regiones del Indo, y la lucha contra los rudos sikhs del Punjab, llenaron la primera mitad del siglo (1849). Ahora faltaba proteger este inmenso imperio y las rutas que conducían a él: Santa Helena, El Cabo, la isla Mauricio, Aden (1839), Ceilán y Singapur (1819) se convirtieron en bases inexpugnables.

El ejército inglés emprendió, igualmente, la tarea de construir un verdadero glacis de protección: después del fracaso de la conquista de Afghanistán (1842), los ingleses se contentaron con fortificar los pasos montañosos del noroeste. Por el contrario, Birmania, al Nordeste, fue ocupada, en parte, después de dos campañas (1826 y 1825), junto con el puerto de Rangún. Al norte, el Himalaya formaba un obstáculo capaz de descorazonar a cualquier ejército.

La India servía también como base para la dominación del Extremo Oriente. Ya publicamos en este sitio la «guerra del opio» (1840-1842) habría de obligar a China a abrir cinco puertos al comercio británico (entre ellos los de Cantón y Shanghai), y a ceder el islote de Hong-Kong, ciudadela-depósito y notable puesto de observación.

imperialismo británico

En todos estos territorios tropicales, ya superpoblados y de clima penoso, no se trataba apenas de instalar colonos. Por el contrario, el sur de África, Australia, Nueva Zelanda y el Canadá, sí podían atraer a los emigrantes. Partiendo de El Cabo, los ingleses presionaron a los ocupantes holandeses del interior, los boers. Estos, aislados y faltos de ayuda, no pudieron oponerse a la abolición de la esclavitud por Inglaterra, en 1833; esta medida amenazaba con privarles de la mano de obra negra.

En 1833, un éxodo, el gran Trek, condujo a los boers a una y otra parte del Vaal, afluente del río Orange, y a Natal. Cuando, en 1844, Natal fue anexionado, los boers emigraron de nuevo, e Inglaterra reconoció entonces la independencia de las repúblicas de Orange y del Transvaal: todavía no se habían descubierto las minas de diamantes.

Entre 1850 y 1930, las ambiciones imperiales transformaron el mundo. Liberados de las limitaciones de las fuerzas naturales de la Tierra, ahora los barcos de vapor podían viajar por todas partes independientemente de los vientos; los ferrocarriles podían transportar mercancías a gran velocidad sin necesidad de energía humana o animal, y los industriales podían manufacturar números infinitos de baratos productos acabados mediante materiales naturales y artificiales, trabajo no cualificado y máquinas automáticas.

En Australia, país casi vacío de habitantes, y en Nueva Zelanda, después de exterminar a los maoríes, se establecen los blancos; ricas tierras se ofrecen a los colonos. Y Australia se lanza a la cría de corderos, cuya lana es vendida muy bien en Inglaterra. Partiendo de Nueva Gales del Sur, al sudeste de la gran isla, la población crece incesantemente hacia el oeste.

En Canadá, los habitantes de origen francés no habían aceptado de buena voluntad la dominación inglesa. Pero fueron desbordados, poco a poco, por la masa de inmigrantes. Y es en Canadá donde Inglaterra, ilustrada, sin duda, por el precedente americano, intenta por primera vez la implantación de una política liberal en sus colonias, en 1847, a Canadá le es concedida una gran autonomía, con un Parlamento propio y un ministerio responsable. Era el esbozo de la Commonwealth.

Los ingleses conocían perfectamente que la comunidad del idioma y de la civilización era algo tan fuerte como los lazos políticos. Pero este liberalismo político debía reservar se cuidadosamente para los territorios de población europea. En cambio, segura de su superioridad industrial, Inglaterra va abandonando, poco a poco, el viejo sistema del pacto colonial. A partir de 1825, a Canadá le es permitido comerciar con el extranjero, y, en 1849, la supresión de las Actas de Navegación extiende el librecambio a todas las colonias.

A mediados de siglo, Inglaterra, la pequeña isla llena de bruma, que no tenía treinta millones de habitantes, regía mundialmente el destino de doscientos cuarenta millones de hombres.

Los ferrocarriles volvieron logística y económicamente viable la extracción minera de materias primas, como el cobre, los diamantes y el oro, en el interior del continente. Las potencias europeas consideraron que la riqueza natural de África podía proporcionar un triplete de oportunidades: riquezas primordiales para pagar sus nuevas máquinas (diamantes y oro); materias primas para alimentarlas (algodón y caucho), y mercados para sus productos acabados (ropa, té, café, chocolate y armamento). El misionero y explorador escocés David Li-vingstone descubrió grandes zonas del misterioso interior de África entre 1852 y 1856: fue el primer europeo en ver las cataratas Victoria, que lealmente bautizó en honor a su reina.

mapa imperio britanico siglo xix

CECIL RHODES fue un colonizador, un magnate de las minas y un político británico en el sur de África cuya ambición no tenía límites. Fue capaz de ver que los ferrocarriles, los barcos de vapor y la fabricación en serie habían iniciado una nueva era de la supremacía humana sobre la naturaleza. Su sueño era construir una vía ferroviaria desde Ciudad del Cabo, en la punta meridional de África, hasta Alejandría, en la costa mediterránea.

Pero, a diferencia de Alejandro Magno, Rhodes no sólo quería conquistar el mundo, sus pueblos y sus riquezas. En un anticipo profético de la carrera espacial que iba a comenzar medio siglo después de su muerte, sus metas estaban mucho más lejos, incluso fuera de la propia Tierra. Tal como él mismo escribió en su testamento:

El mundo ya se ha repartido casi por completo y lo que aún queda está siendo dividido, conquistado y colonizado ahora mismo. Pensar en esas estrellas que vemos en el cielo por la noche, esos vastos mundos que nunca podemos alcanzar. Si pudiera me adueñaría de los planetas; pienso a menudo en ello. Me entristece verlos tan claramente y, sin embargo, tan lejanos.

Fuente Consultadas:
Todo Sobre Nuestro Mundo Christopher LLoyd
HISTORAMA La Gran Aventura del Hombre Tomo X La Revolución Industrial
Historia Universal Ilustrada Tomo II John M. Roberts
Historia del Mundo Para Dummies Peter Haugen
La Revolución Industrial M.J. Mijailov

Gobierno de Mehmet Ali en Egipto Conquistas y Reformas Políticas

REFORMAS Y TRATADOS EN EL GOBIERNO DE MEHMET ALI EN EGIPTO

Mehmet Alí,  nacido en Cavalla (Macedonia) en 1769  y fallecido en Alejandría, Egipto en 1849, fue un pachá otomano de Egipto entre 1805  y1849 , quien transformó el país y fundó una dinastía que gobernó hasta mediados del siglo XX. El cargó de pachá, también llamado bajá, es el nombre utilizado para quien obtenía algún mando superior, como el de la mar, o el de alguna provincia en calidad de virrey o gobernador.

Enfrentó en varias batallas a Francia, cuando las tropas eran comandadas por Napoleón Bonaparte, lo que le permitió hacer una carrera militar ascendente. Derrotó a un ejército británico invasor en 1807; cuatro años después aseguró su supremacía en Egipto masacrando a los mamelucos, grupo militar que conspiró para arrebatarle el poder. Modernizó la administración gubernamental y militar de Egipto y en 1811 inició una contienda contra los wahhabíes de Arabia; en 1818 su hijo, Ibrahim Bajá ganó la guerra. Desde 1820 a 1822, Mehmet Alí se ocupó de la conquista de Sudán, y poco después, en 1823, fundó la ciudad de Jartum. En 1824 el sultán otomano, Mahmud II, solicitó su ayuda en la guerra contra los rebeldes griegos. Sus éxitos en las campañas siguientes movieron al sultán a recompensarle con la isla de Creta.

pachá mehmet ali

LA HISTORIA Y SUS CONQUISTA: Mehmet comerciaba con tabaco, hasta que un reclutamieno lo envió a Egipto a combatir contra los ejércitos  de Bonaparte.  Habiendo  ascendido por su valentía a una graduación elevada, maniobró acertadamente, y, después de la partida de los franceses, se hizo proclamar por el mismo pueblo pachá de El Cairo. Iba a confiscar, poco a poco, todos los instrumentos  del poder:   tierras,  comercio, fuerza militar, mientras los egipcios se callaban, fascinados por el jefe que habían encontrado.

Mehmet Alí sometió a la secta considerada como herética de los wahabitas, que dominaba el Hedjaz, y, a continuación de una larga y difícil campaña, se apoderó de las ciudades santas: La Meca y Medina. Antes de emprender esta misión, se había visto obligado a deshacerse de los mamelucos: les había invitado a una fiesta, y les había hecho asesinar por sus soldados albaneses.   Ibrahim,  hijo  del  «condottiero»,   a continuación  de una nueva campaña,  fue nombrado pacha  de Píedjaz, mientras  que las tropas egipcias sometían el Sudán (1822), Mehmet era ya el amo indudable del país, e instaló su capital en Alejandría, cara al mar, a Turquía, a Europa.

Ciertamente, el pachá mereció sus éxitos por su inteligencia y sus altas cualidades políticas, que utilizó para modertnizar su país, entrando en la vía de las reformas, antes que los sultanes de Constantinopla. Deseoso de llevar a cabo una revolución agrícola, introdujo nuevos cultivos e hizo construir refinerías de azúcar, hilaturas de algodón, manufacturas de telas de lino y, para favorecer las exportaciones, acondicionó los puertos. Se atrajo a los extranjeros, sobre todo a los griegos, que llegaban por miles, y a los  franceses (fue el coronel de Séves quien organizó su ejército a la europea), y envió a jóvenes egipcios a estudiar a París y Londres.

De esta forma, las finanzas mejoraron, pudiendo emplearse en reforzar la marina y el ejército, los cuales mostraron su valor en Grecia. Pero el pacha, único amo del comercio exterior, único propietario de la tierra, imponía a los fellahs una disciplina de hierro, tasando las mercancías, castigando cada falta de una manera implacable. En el decadente imperio otomano, Egipto aparecía como una fuerza nueva.

LA PRIMERA GUERRA DE SIRIA Y EL TRATADO DE UNKIAR SKELESSI
El primer objetivo de Mehmet Alí era el de obtener el poder hereditario, ya que, en 1830, tenía 61 años, y quería dejar a su hijo el país que él había reorganizado. Por eso quería forzar el reconocimiento de la independencia, que de hecho ya poseía. Cuando el sultán Mahmud había llamado a los ejércitos egipcios para combatir contra los rebeldes griegos, había prometido a Ibrahim el gobierno de Morea; después que la intervención de las potencias provocó la evacuación de esta península, Ibrahim reclamó una recompensa. Mehmet eligió Siria.

Mahmud rehusó y propuso Creta, que Mehmet rehusó a su vez. En 1832, a continuación de un incidente sin importancia, Ibrahim invadió Siria, Jaffa, Haifa y San Juan de Acre cayeron, una después de otra, y, en algunos meses, toda Siria estaba en manos de los egipcios que atravesaron el Tauro. El gran visir Reshid fue derrotado en Konieh, en un combate decisivo. El sultán, temiendo por su trono, llamó en su ayuda a Rusia, y, el 20 de febrero de 1833, la flota del zar penetraba en el Bósforo.

La reacción fue inmediata: inquietas, Francia, Inglaterra y Austria hicieron presión sobre Mahmud, y éste consintió en ceder la rebelde Siria y, además, la Cilicia. (Tratado Kutaieh, mayo de 1833). Sin embargo, el zar firmaba con el sultán, en julio del mismo año, el tratado de Unkiar Skelessi. A cambio de retirar su flota, Nicolás garantizaba la integridad del territorio otomano, comprometiéndose, en caso de necesidad, a suministrarle tropas. Obtuvo también la clausura de los Dardanelos a todo navío de guerra extranjero. Este tratado, en un principio secreto, no dejó de inquietar a las otras potencias: Rusia era, provisionalmente, dueña de los estrechos y había adquirido una gran influencia en la marcha de la política otomana. Los intereses ingleses estaban especialmente amenazados.

El ministro británico Palmerston ofreció a la Sublime Puerta (nombre por el que también era conocido el Imperio otomano) la asistencia de su país para reorganizar sus fuerzas armadas, y obtuvo como contrapartida la firma de un tratado comercial (Tratado de Balta Liman en 1838), que limitaba los derechos de aduana turcos al 3%, permitiendo así a Gran Bretaña desarrollar sus compras de materias primas. Si bien la flota otomana estaba mandada por instructores ingleses, Mahmud confió su ejército de tierra a oficiales prusianos. Al mismo tiempo, para impedir que Mehmet Alí avanzase hacia el Oriente, los ingleses ocuparon Aden.

LA SEGUNDA  GUERRA DE SIRIA
Sin embargo, el sultán no había aceptado de buen grado el tratado de Kutaieh y no cesaba de fomentar en Siria una agitación esporádica dirigida contra Mehmet y su hijo. Alentado por Inglaterra, envió, en 1839, un poderoso ejército a Siria. Una gran batalla tuvo lugar el 24 de junio, en Nezib, entre las tropas otomanas y las egipcias, y la victoria de Ibrahim fue aplastante. Entre los oficiales turcos se encontraban numerosos prusianos, y entre ellos un joven teniente, Von Moltke, futuro jefe de estado mayor de los ejércitos de Guillermo I. Poco después, uan traición del capitán-pachá entregaba la flota turca a los egipcios.

El sultán moría (1839), sin llegar a conocer tan funestas noticias. Una vez más, Turquía parecía a punto de caer en poder de Mehmet Alí, tanto más cuanto que el nuevo sultán, Abdul Medjid, no tenía más que 17 años. Se lanzó a la vía de las reformas del Tanzimat (la vuelta a orden). Desde noviembre de 1839, estaba promulgado el Hatti-cherif de Gulhané, nuevo código de leyes, que se basaba en tres puntos:

1, garantías que asegurasen a todas las personas una perfecta seguridad en cuanto a su vida, honor y fortuna;

2, regulación de los impuestos;

3, regulación del reclutamiento de los soldados. Estas leyes se aplicaron a todos los subditos el sultán, y demostraban buena voluntad y un real deseo de progreso, pero chocaron con la apatía de los viejos turcos, por lo que tardaron largo tiempo en realizarse.

Inglaterra iba a salvar a Turquía. Ella quería obligar al pacha a renunciar a Siria, a pesar de su victoria. El zar se declaró dispuesto a arreglar las cuestiones orientales, «de acuerdo con las otras potencias». La única resistencia a la política inglesa se manifestó en Francia: el gobierno de Luis Felipe brindó su apoyo a Egipto. Palmerston había unido alrededor de la Gran Bretaña, a Rusia, Austria y Prusia.

El tratado de Londres, en julio de 1840, concluyó su acuerdo. Un ultimátum de 10 días le fue enviado a Mehmet Alí. Este podría conservar Egipto a título hereditario y Palestina a título temporal, pero debía abandonar los otros territorios y devolver la flota al sultán. El pacha rehusó claramente. En Francia, la opinión pública estaba muy excitada y obligaba a Thiers a actuar con firmeza. «Francia debe recordar que, incluso sola, ha tenido en jaque a Europa», escribió la Revue des deux mondes.

Pero, en realidad, ni los dirigentes de Londres ni los de París deseaban que el conflicto se extendiese. En septiembre de 1840, Inglaterra enviaba, sin embargo, su flota y un pequeño cuerpo expedicionario a Siria, y sus barcos pasaban incluso ante Alejandría. En Francia, Thiers, irreductible, presentaba su dimisión. Así terminó el conflicto entre el pacha rebelde y el sultán. Mehmet, si bien no obtenía todo lo que  había  reclamado,   hacía   reconocer,   almenos, a su dinastía como dueña hereditaria de la rica tierra del Nilo.

En marzo de 1841, la conferencia de Londres establecía la autonomía egipcia, mediante algunas restricciones: tributo anual a la Puerta, ejército limitado, leyes de tipo otomano. El pachá llevaría el título de Khedive (virrey) y su sujeción sería simplemente teórica. Además de decidir la suerte de Egipto, el tratado de Londres había estatuido el régimen de los estrechos de los Dardanelos y del Bósforo, que quedan cerrados a todos los barcos de guerra.

La convención de los estrechos representaba el éxito de Inglaterra: Palmerston, no sólo había impedido un desarrollo demasiado grande del imperio egipcio, sino que también había detenido el avance de la influencia francesa en el Mediterráneo oriental, y privado a Rusia de aprovecharse de las ventajas del tratado de Unkiar Skelessi.

Mehmet Alí murió en Alejandría (Egipto) el 2 de agosto de 1849.

Fuente Consultadas:
Todo Sobre Nuestro Mundo Christopher LLoyd
HISTORAMA La Gran Aventura del Hombre Tomo X La Revolución Industrial
Historia Universal Ilustrada Tomo II John M. Roberts
Historia del Mundo Para Dummies Peter Haugen
La Revolución Industrial M.J. Mijailov

Ejércitos y Armas del Rey Sol de Francia Absolutista Luis XIV

EL DINERO Y LA GUERRA
Para el Estado absolutista, es importante tener un ejército y una marina potentes, por lo que necesita un tesoro bien repleto. El metal precioso (oro o plata) es el único medio de intercambio, la «sangre» de la economía. Su cantidad es relativamente reducida, y los países intentan atraerlo al interior de sus fronteras por medio de un comercio exterior favorable.

De ahí toda una política proteccionista para reducir las importaciones y estimular las exportaciones, realizada frecuentemente a costa del salario de los obreros. De aquí se deriva el Pacto Colonial. Las colonias tienen que proporcionar las materias primas a un precio reducido y absorber exclusivamente los productos fabricados en la metrópoli. El mercantilismo es un estatismo económico, sobre todo en su forma francesa. La política belicosa de Luis XIV impuso una verdadera economía de guerra, con intervención directa del Estado.

luis xiv rey sol en francia

En Inglaterra, esta intervención resultó más discreta a causa de la mayor potencia y la mayor autonomía de los grandes comerciantes o fabricantes. Pero los privilegios otorgados a las Compañías, las Actas de Navegación de 1660 y 1663, los Tratados de Comercio, la exclusiva colonial, son otros tantos elementos de una política mercantilista, que también se manifiesta en España. Junto a la corte, el ejército absorbe la parte más importante de los presupuestos.

Durante la primera mitad del siglo, los ejércitos de la Guerra de los Treinta Años (a excepción del de Gustavo Adolfo, de reclutamiento nacional, unido por la ley religiosa) no se diferencian mucho todavía de las tropas privadas del siglo XVI, dirigidas por los condotieros, dispuestos a venderse al mejor postor, a desmandarse o a pasarse al campo enemigo si la soldada tarda demasiado.

Posteriormente, los soberanos tratan de tener un ejército disciplinado y fiel, intervenido directamente por sus servicios. Pero la noción del servicio militar obligatorio no existe; el reclutamiento sigue basándose en el alistamiento voluntario y serán los soldados de oficio los que continuarán dominando. Los mercenarios extranjeros disminuyen, aunque en Francia los suizos, los irlandeses y los alemanes continúan formando regimientos.

Durante el invierno, los reclutadores recorren los campos y las ciudades, frecuentan las tabernas, invitan a beber, exaltan los encantos de la vida militar: buena paga, vino abundante, los amos en el baile, hermosos uniformes. Se colocan carteles de este género: Regimiento de Mosqueteros del Duque de Borgoña.

Se hace saber a todos los gentileshombres o a otros jóvenes de buena familia que vivan noblemente, burgueses con conocimientos que puedan demostrarlos, desde la edad de diez y ocho años hasta los treinta, que midan más de cinco pies de altura y que quieran servir al Rey, que no tienen más que dirigirse al palacio de Carignan, calle de las Vieilles-Estuves, próxima a la Croix du Tiroir; allí encontrarán al comandante, el cual les dará toda clase de satisfacciones. Es un nuevo regimiento de mosqueteros de la guardia del duque de Borgoña: durante la campaña, tendrán doble paga y veinte sueldos al día, hasta su partida, y se les proporcionarán sus equipos.

Necesita también un maestro de matemáticas, un maestro escribano, un maestro de armas y un ayudante, un maestro de baile, dos maestros cirujanos, dos barberos y tres músicos». Atraídos por tal proclama, los jóvenes se dan cuenta, después de haber firmado su contrato, que formarán parte de un simple regimiento de infantería, en lugar del de gloriorosos mosqueteros.

El capitán responde a los descontentos que, efectivamente, tendrán mosquetes, ¡por lo tanto serán «mosqueteros» como se les ha prometido! Al final del reinado de Luis XIV, el ejército cuenta con más de 400.000 hombres, cifra enorme para su tiempo. Felipe V de España pudo reclutar 132 batallones de infantería y 130 escuadrones de caballería. El Elector de Prusia, Federico Guillermo, mantienen un ejército permanente de 30.000 hombres.

Pedro el Grande gasta sin cuenta para sostener su ejército de soldados de oficio. La mayoi parte de los oficiales se recluían entre le nobleza. Los jóvenes de la nobleza francesa hacían su aprendizaje en las compañías de cadetes o en los regimientos de la Casa Real. Los «Maestres de Campo» y los coroneles continúan comprando sus cargos, pero el resto de los oficiales son por nombramiento.

Los oficiales sin fortuna o los plebeyos pueden escalar los puestos jerárquicos gracias al cuadro de ascensos instituido por Louvois. Muchos oficiales, a pesar de los inspectores generales, prefiriendo divertirse en París a ocuparse de sus hombres, declaran fraudulentamente un efectivo superior al que mandan con el fin de disponer de sueldos y de víveres suplementarios.

Cuando se celebraban las «pruebas», las revistas de inspección, contrataban «falsos soldados», simples comparsas que desaparecían en cuanto la inspección se terminaba. Madame de Sévigné transcribe un diálogo entre el severo Louvois, Secretario de Estado para la Guerra de 1661 a 1691, enemigo de Colbert, pero inteligente y gran trabajador, y un joven oficial negligente, el señor de Nogaret. El estilo es muy a lo «gran siglo».

—Señor, su compañía se encuentra en muy mal estado.
—Señor, no lo sabía. —Hay que saberlo. ¿La ha visto usted? —No.
—Debería haberla visto, señor. —Señor, daré la orden. —Debería haberla dado.  Es preciso  tomar una decisión, señor: o se es cortesano o se cumple con su deber cuando se es oficial».

La disciplina es enérgica y los castigos corporales siguen estando en uso en todos los ejércitos: latigazos, potro (a caballo en un banco de madera con pesas en los pies), multas, etc. Los cuarteles no aparecen hasta finales de siglo y las tropas se alojan en las casas de los vecinos.

Heridos y mutilados dependen de la caridad de la iglesia. Sin embargo, para ellos hizo construir Luis XIV, a partir del año 1670, el admirable palacio de los Inválidos. La eficacia del fuego crece a partir del año 1660 con el empleo del fusil con piedra, en el que la pólvora se encendía por medio del choque del pedernal con una varilla de acero, y no por medio de una mecha como los mosquetes. Francia no lo adoptó.

El arma era mucho más manejable y el tiro más rápido (un disparo por minuto). Las bayonetas, sujetas por medio de una abrazadera al extremo del fusil, reemplazaban a las picas. También se extendió el empleo de las granadas demano. Gracias a estas armas, la infantería se convirtió en la «reina de las batallas», dispuesta en líneas paralelas (cinco hombres en fondo), alternando en las descargas.

La caballería pesada de los coraceros y la caballería ligera de los húsares, se completaron con los dragones, infantería montada que se desplazaba a caballo y combatía a pie, con el fusil y la bayoneta. En Francia, Louvois mejoró la artillería, que antes era trasladada al campo de batalla por empresas privadas. En adelante, los cañones de bronce eran manejados por artilleros. Su alcance sobrepasa los 500 metros.

Los progresos de la artillería condujeron a Vauban, discípulo del holandés Coéhorn, a enterrar las fortificaciones y a protegerlas con macizos cubiertos de musgo.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo VII La Gran Aventura del Hombre

Persecuciones Religiosas con Luis XIV de Francia Consecuencias

RESUMEN LA REVOCACIÓN DEL EDICTO DE NANTES EN FRANCIA

LAS PERSECUCIONES DE LOS PROTESTANTES
Mucho más dramáticas fueron las persecuciones dirigidas contra los protestantes. La unidad religiosa era el corolario del absolutismo: «Una fe, una ley, un rey». Por otra parte, el éxito de la Contrarreforma, el renacimiento católico, iban a la par de un cierto debilitamiento del protestantismo.

Entre los reformados había un grupo, del que formaban parte algunos de sus pastores, en el que se esbozaba una corriente favorable a la reunión con el catolicismo, al precio de concesiones recíprocas. La proliferación de iglesias y de sociedades protestantes, la dureza de los calvinistas, habían descorazonado a los fieles.

Luis XIV de Francia

A partir del reinado de Luis XIII, los nobles protestantes se habían ido convirtiendo. En 1668, el retorno al catolicismo de un gran guerrero, Turena, fue resonante. La burguesía protestante, muy activa en los negocios, enriquecida, era menos religiosa y sus miembros practicaban la idolatría regia con tanto fervor como la mayoría de los subditos. Luis XIV pudo, pues, pensar que le sería relativamente fácil reducir el protestantismo, y añadir a todos sus triunfos el del restablecimiento de la unidad cristiana en su reino. No fue el único en decirlo: eclesiásticos y cortesanos actuaron por su parte.

En 1661 el Edicto de Nantes de Enrique IV, que aseguraba la libertad religiosa y la igualdad política de los protestantes, comenzó a ser interpretado de manera restrictiva. En 1663, se prohibió a los católicos convertirse y se suprimieron los templos recientemente edificados. Una caja especial, dirigida por el escritor Pellison, distribuía fondos a los hugonotes que querían abjurar (1676). Se excluyó a los protestantes de las funciones públicas; sus hijos podían abjurar desde la edad de siete años y ser educados, a partir de entonces, por católicos.

Marillac, intendente de Poitou, dio pruebas de su celo: discurrió acantonar regimientos de dragones en las localidades protestantes, con licencia para los soldados de hacer lo que quisieran, violaciones, saqueos, destrucciones. Espantadas por la idea de sufrir las «dragonadas», las aldeas abjuraban en bloque, y Marillac pudo felicitarse de 30.000 «conversiones» en 1681. La indignación fue tal, que el Rey destituyó a Marillac.

LA REVOCACIÓN DEL EDICTO DE NANTES
La muerte de Colbert, que frenaba las persecuciones por razones económicas (importantes sectores manufactureros estaban en manos de los reformados), agravó la intolerancia. Louvois, secretario de Estado para la Guerra, persuadió al Rey de los grandes resultados obtenidos. A esto vinieron a mezclarse razones de «alta política». Luis XIV soñaba con ser candidato al Imperio y comenzaba a asegurarse los votos de algunos electores alemanes.

Pero la derrota de los turcos ante Viena, con el concurso del rey de Polonia Juan Sobieski, hacía del emperador Leopoldo I su salvador, el cual, ayudado por el franciscano Spinola, soñaba con reducir a los protestantes del Imperio a la Iglesia.

Luis XIV quiso, mediante una maniobra por sorpresa, aparecer como el verdadero gran restaurador de la religión (esperaba igualmente que su aliado Jacobo II, rey de Inglaterra desde 1685, restablecería el catolicismo en Inglaterra). Las «dragonadas» fueron renovadas sistemáticamente, y, el 2 de octubre de 1685, se dio el golpe decisivo mediante el Edicto de Fontainebleau: la Iglesia reformada no tendría en adelante existencia legal. Todos los templos serian, destrídos y los pastores exiliados.

La Iglesia  ostentaría el registro civil, los protestantes obstinados quedarían «fuera de la ley», sin identidad. La revocación fue celebrada con entusiasmo por los poetas, los grabadores, los pintores oficiales. Vauban fue uno de los pocos en protestar discretamente.

Las consecuencias fueron desastrosas para Francia: unos 300.000 reformados se marcharon, con peligro de sus vidas, llevando a Holanda, a Inglaterra, a Alemania, su experiencia, sus capitales, su trabajo. Los extranjeros se beneficiaron de su cultura intelectual, de su energía, de sus tradiciones y de su odio hacia Luis XIV. Así se perdió un grupo escogido que daba trabajo a gran número de franceses. El resultado de esta medida fue una crisis económica y social.

En cuanto a los protestantes que se quedaron, ni las persecuciones ni las burlas pudieron con ellos. Difícilmente contenidos hasta 1702, acabaron por rebelarse en masa, resucitando, para el viejo Rey, la pesadilla de la guerra civil.

La región de las Cévennes sublevada, exaltada por los pastores del «desierto», sufrió un régimen de terror: hizo falta movilizar contra ios «camisards» y su jefe un verdadero ejército, bajo las órdenes del ilustre mariscal de Villars.

De un lado y de otro, se golpeaba, se quemaba, se aplastaba. Por último, las tropas reales acabaron con la resistencia de los «camisards». En 1710, se apagó el fuego de la revuelta. Este fue el epílogo de las luchas fratricidas que la nueva religión había encendido en Francia ciento cuarenta años atrás.

LA PARTE DE ATRÁS DE LA FACHADA
A las pérdidas considerables causadas por la emigración protestante, se unieron los gastos de las incesantes guerras: guerras de la Liga de Augsburgo (1689-1697) y de Sucesión de España (1702-1713). El edificio de Colbert se había derrumbado; sólo quedaba un proteccionismo minucioso e ineficaz. Todo el peso de la deuda recaía sobre los campesinos, que representaban las nueve décimas partes de la población.

En 1688, La Bruyére escribió su célebre descripción de la población campesina: «Se ven algunos animales feroces, machos y hembras, negros, lívidos, completamente quemados por el sol, ligados a la tierra, que cavan y remueven con una obstinación invencible.»

Grandes catástrofes habían agravado esta miseria:   malas   cosechas,   carestías,   epidemias, transformaban rápidamente a los campesinos prósperos en mendigos. Además, la intransigente política aduanera había degradado los precios agrícolas y la renta de Sos bienes raíces había disminuido en la mitad. El numerario servía para pagar los gastos de los ejércitos; era sustraído así de su función económica. La baja de los precios era continua.

Luis XIV procuró hacer participar a cada francés en el esfuerzo común, proporcionalmente a su renta. Creó, en 1695, la capitación o impuesto por cabeza, y en 1710, el diezmo sobre las rentas. Falto de funcionarios para verificar las declaraciones, y a causa de la resistencia de los privilegiados, el peso recayó finalmente sobre el bajo pueblo. El rey, entonces, apeló a los impuestos indirectos: aduanas, derechos de timbre. Pero todo era insuficiente. Hubo que recurrir a los préstamos, al papel moneda, a la venta de cartas de nobleza, a la organización de loterías…

El invierno de 1709 fue «de hielo, de hambre y de peste». El ganado perecía, y ocurría lo mismo, en el fondo de sus madrigueras, con los conejos. La población francesa sufrió una reducción de dos millones de habitantes. Mientras que la burguesía de los negociantes y de los banqueros continuaba relativamente próspera, el pueblo y la pequeña aristocracia campesina eran duramente afectados.

Así, se exasperó el odio de clases: en 1709, numerosos parisienses marcharon hacia Versalles; el bandidaje se desarrolló de una manera aterradora; conventos y castillos fueron atacados. El Rey hizo llevar a la Casa de la Moneda su vajilla de oro y sus muebles de plata, lo que no impidió que sus estatuas fueran ultrajadas, y que carteles injuriosos contra su persona, su conducta y su gobierno fueran fijados en las puertas de París, en las iglesias, en las plazas públicas. Se recitaba la famosa letanía: «Padre nuestro impío que estás en Versalles…»

El Rey procuraba seguir apareciendo con el mismo rostro de sol inmutable, esforzándose por guardar una serenidad constante, no soportando ni la sombra de una contradicción, de una coacción. Su insensibilidad parecía crecer, como se puso de manifiesto durante la discusión del «proyecto del diezmo real» de Vauban (1707).

Este gran hombre había meditado sobre los defectos del sistema, y sobre los medios de restablecer la economía. Tras evocar patéticamente en su proyecto la miseria de los humildes, Vauban proponía un remedio revolucionario:   la  supresión de  todas las  tasas  y  su reemplazo por un «diezmo» calculado en función de las rentas de cada uno. Nadie, ni aun el Rey, quedaría exento.

En 1706 apareció la obra, con gran escándalo de los privilegiados. Los ministros convencieron a Luis de que se atentaba contra su autoridad, y cuando Vauban acudió candidamente a ofrecer su libro al soberano, éste lo recibió con desagrado. El «Diezmo Real» fue prohibido. Se habló de encarcelamiento. Vauban murió descorazonado, el 30 de marzo de 1707. Esta muerte fue reprochada al viejo rey, y acabó de sembrar la turbación en los espíritus.

Luis se enclaustró en Versalles, que no cesaba de embellecer, y que permanecería como un arca preservadora del pasado; ante el esplendor de los árboles alineados como en un desfile, en medio de las estatuas, de los estanques, de las fuentes, de los bosquecillos, de los macizos de flores, de las ninfas y de las góndolas doradas, ¿cómo creer en las desgracias?

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo VI La Gran Aventura del Hombre

La Cultura en Holanda Siglo de Oro Pintura en los Paises Bajos

RESUMEN DE LA CULTURA EN LOS PAÍSES BAJOS EN SIGLO XVII

A finales del s.XVI, después de su ruptura con España, las siete provincias reformadas del norte de los Países Bajos siguieron una línea política propia. Formaron una unión republicana de cuyo gobierno se encargaban Estados generales que reunían a las figuras dominantes de cada provincia.

Holanda, a causa de su riqueza, ocupaba el lugar preponderante. Y dio su nombre al conjunto del país. Varios factores contribuyeron al auge económico de las provincias: su situación geográfica constituye la plataforma giratoria del comercio marítimo; heredan la actividad de las ciudades flamencas arruinadas por la guerra; atraen a numerosos exiliados reformistas que representan a menudo una mano de obra muy bien cualificada; y finalmente, el espíritu calvinista ve en la consagración del trabajo mediante el enriquecimiento la manifestación propia de la gracia divina.

Holanda una tierra de refugio: La tolerancia religiosa y política de que dan muestras las Provincias Unidas convertirán a este país, desde el s. XVI hasta el XIX, en un lugar de refugio privilegiado. Allí encontrarán amparo, primero los protestantes perseguidos de Alemania y Francia, y después los puritanos ingleses, los anabaptistas. En algunas provincias, estos refugiados constituyen la mitad de la población. También los filósofos, perseguidos tanto por las Iglesias como por el poder, encontrarán allí una inapreciable acogida, y la libertad que impera en la prensa y la edición hará de este país un hogar ardiente de la cultura europea.

El siglo XVII fue para las Provincias Unidas, además de un período de prosperidad económica, un siglo de esplendor intelectual y artístico. El espíritu de libertad y de tolerancia que reinó hasta la muerte de los hermanos de Witt, atrajo a todos los grandes pensadores europeos que no disfrutaban de tal régimen en su país, favoreció la investigación científica, la discusión ideológica, el nacimiento de corrientes literarias y la aparición de una intensa vida artística.

La Cultura y el Arte: La atmósfera de libertad que reina en Holanda, las necesidades tecnológicas del desarrollo y la afluencia al país de extranjeros emprendedores provocan el florecimiento de una cultura que es, a la vez, muy peculiar y muy cosmopolita. Allí es donde Descartes y Spinoza renuevan la filosofía. Pero el mismo pueblo, a través del teatro, las kermesses y las fiestas religiosas ofrece una representación de la vida hecha a su imagen. De esta cultura popular se alimenta la gran escuela de pintura de la que Rembrandt o Vermeer son las figuras más destacadas.

Las universidades constituyeron el cuadro de esta vida intelectual, y su desarrollo fue prodigioso: la de Leyden, creada en 1575, tuvo un gran esplendor, tanto por la expansión que tomó en ella la enseñanza de la filosofía por especialistas tan notables como José Scaligero, como por la presencia de Descartes, que residió allí de 1628 a 1649.

A partir de 1630, Utrecht, Breda y Ámsterdam, fueron dotadas a su vez de universidades. Sabios, escritores, filósofos, publicaban sus escritos y sus descubrimientos con toda libertad. Numerosos israelitas, huyendo de la política intolerante de Felipe II de España, fueron a instalarse en Ámsterdam, donde abrieron casas editoras y librerías, editando cientos de obras baratas que circularon por toda Europa.

La ilustre familia Elzevir imprimió en francés «La Gaceta de Holanda», primer periódico libre que debatió todos los grandes problemas y que tuvo una audiencia internacional. Cuatro hombres han influido profundamente en este período y dado un vivo desarrollo a sus respectivas ciencias:  el jurista Hugo Groció, republicano indómito, pensionario de la ciudad de Delft, que emigró a Francia después de la muerte de Olden Barneveldt; su tratado «De jure Belli et Pacis», en el que defiende el principio de la libertad de tráfico por el mar, constituiría, durante un largo período, la base del derecho internacional.

Pero, sin duda alguna, fue Descartes, cuya obra fue completamente escrita y publicada en Holanda, quien tuvo la mayor influencia sobre sus contemporáneos; el cartesianismo se discutió en todas las universidades y dio un vivo impulso a los estudios científicos. Cristian Huyghens, físico, geómetra, astrónomo, fue amigo de Descartes.

Este influyó también en el más grande filósofo que conoció Holanda: Espinoza. Originario de una familia israelita española, fue educado en una escuela judía, donde recibió una considerable instrucción religiosa. Convertido al cartesianismo, rompió con el judaismo y publicó en 1665 y 1670 sus dos grandes obras: la «Etica» y el «Tratado de Teología Política», en el cual fundaba la existencia del Estado en la libertad y en la razón, en el contrato consentido por todos los individuos que se reconocen bajo una autoridad, a condición de que ella garantice sus libertades.

Alrededor de Espinoza se reagrupó toda la aristocracia intelectual holandesa de la que formaban parte los hermanos de Witt. Con la muerte de éstos, el gran esplendor del pensamiento holandés conoció una rápida decadencia.

En el apogeo de su prosperidad económica, la burguesía había alcanzado su más alto grado de cultura intelectual. Con la monarquía autoritaria de Guillermo de Orange y la preponderancia tomada por Inglaterra, se produjo un cambio y la cultura entró en un período de profunda decadencia.

Guillermo de Orange-Nassau el Taciturno (1533-1584), príncipe de Orange, encabezó la lucha por la libertad holandesa. Hijo del conde de Nassau,Felipe II le nombró estatúder (gobernador) de las provincias holandesas de Holanda, Zelanda y Utrecht.

Conoció un cierto renacimiento con la llegada de protestantes franceses expulsados por el Edicto de Nantes, pero que no fue comparable en nada a la que habían conocido las Provincias Unidas; este renacimiento se tradujo en la multiplicación de revistas periódicas dirigidas a una élite europea, tales como las «Noticias de la República de las letras», publicadas por Pedro Bayle, a «La Biblioteca Universal», dirigida por Juan Leclerc, y por una renovación de los estudios teológicos con Jurie y Juan Saurín.

LA PINTURA HOLANDESA. REMBRANDT
El arte, y particularmente la pintura, conoció   una   evolución   parecida;   sin   duda, nunca el arte pictórico reprodujo tan fielmente el alma de una civilización. Este arte holandés, puramente nacional, nació en las primeras décadas del siglo XVII, como reacción contra todo lo que triunfaba en los países donde reinaba la Contrarreforma:  a las recargadas iglesias católicas, el holandés  opuso templos desprovistos de toda ornamentación; a los interiores fastuosos países latinos, reflejos de una vida de corte  y de ostentación, los burgueses holandeses opusieron interiores simples y confortables.

A la escuela ele pintura italiana, preponderante a finales del siglo XVI. que permanecía fiel a los temas religiosos y mitológicos, la escuela nacional holandesa opuso su gusto por la realidad concreta, por las escenas de la vida cotidiana pública y privada, los paisajes, el trabajo enraizado en la composición y en el dibujo, la búsqueda de la exactitud en el detalle, la fidelidad en el color. Por los múltiples encargos que hacía a los artistas, la burguesía fue el origen de este notable desarrollo que conoció la pintura.

Franz Hals y Rembrandt son, indiscutiblemente, los dos pintores que mejor han sabido hacer revivir esta burguesía laboriosa. F. Hals se dedicó a los cuadros de grupo, representando escenas de banquetes o de reuniones oficiales.

Ronda de Noche de Rembrandt

Ronda de Noche de Rembrandt

En cada una de sus obras el dibujo es preciso, estando frecuentemente dominado el conjunto por la belleza de los uniformes y de los estandartes. F. Hals fue también un excelente retratista, que nos ha dejado doscientos retratos que representan a las personalidades de Haarlem.

Obra de Hals

Rembrandt ha llevado a todos los motivos, inspirados en su ambiente, su gusto por el misterio, fin los grandes cuadros como «El síndico de ios pañeros», «Ronda de noche», o «Los peregrinos de Emaús», da a la pintura una calidad humana raramente lograda.

Al contrario que F. Hals, Rembrandt no se encastilla en el retrato. Atraído por la antigüedad, por la mitología, da libre curso a su talento en «Homero», «Saúl y David», «La gran novia judía». Los paisajistas holandeses, en fin, tales como Van Goyen, Guyp, y, sobre todo, Hobbema y Ruysdael, han dado a la naturaleza un nuevo lugar en el arte, gracias a su sabia observación y a su gusto por los efectos de luz.

obras de rembrandtbholanda siglo xvii

El siglo XVII  había comenzado para las Provincias Unidas con un notable desarrollo general, que culminó hacia los años 1650 – 1.660, bajo la república de Juan de Win pero con el fin de siglo se apagó esta era de grandeza, y este pequeño país que había do minado la escena europea fue relegado a un segundo plano.

Si el desarrollo se explica por el adelanto económico que habían toma do los Países Bajos desde finales del siglo XVI , por las riquezas inmensas obtenidas por su comercio, por el desarrollo di las técnicas capitalistas desconocidas enton ees en Europa, la decadencia se justifica por la pérdida de estas ventajas, por la concurrencia con naciones cuya superioridad militar iba a dar buena cuenta de la pequeña república.

Francia intentó abatir a su rival por las armas, pero fracasó; Inglaterra la anexionó, haciendo de ella una potencia dependiente y adquiriendo, por más de dos siglos, el primer  lugar  en  el   mercado   mundial.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo VI La Gran Aventura del Hombre

Siglo de Oro de Holanda Economía de las Provincias Unidas

LA PROSPERIDAD ECONÓMICA DE LAS PROVINCIAS UNIDAS DE LOS PAISES BAJOS

La “edad de oro” de la República Holandesa
Al siglo XVII a menudo se le ha llamado la “edad de oro” de la República Holandesa, en la medida en que las Provincias Unidas fueron centro de una de las grandes potencias de Europa. Al igual que Francia e Inglaterra, las Provincias Unidas fueron una potencia atlántica, con lo cual se subrayaba la importancia del desplazamiento del poder político y económico de la cuenca del Mediterráneo hacia los países costeros del Atlántico.

Como resultado de la revuelta ocurrida en el siglo XVI en los Países Bajos, las siete provincias septentrionales —que en 1581 comenzaron a llamarse las Provincias Unidas de los Países Bajos— se convirtieron en el núcleo del moderno estado holandés. El nuevo estado fue oficialmente reconocido por la Paz de Westfalia en 1648.

Con la independencia vino la disensión interna. Había dos principales centros de poder político en el nuevo estado. Cada provincia tenía un funcionario, conocido como estatúder, responsable de la conducción del ejército y el mantenimiento del orden. Comenzando con Guillermo de Orange y sus herederos, la casa de Orange ocupó la función de estatúder en la mayoría de las siete provincias y favoreció el desarrollo de un gobierno centralizado, con ellos mismos como monarcas hereditarios. Los estados generales, asamblea de representantes  de cada provincia, se opusieron a las ambiciones de los Orange y defendieron una forma de gobierno descentralizada o republicana. I

En gran parte del siglo XVII las fuerzas republicanas estuvieron bajo control. Pero en 1672, agobiadas por la guerra contra Francia e Inglaterra, las Provincias Unidas acudieron una vez más a la casa Orange establecieron un régimen monárquico en la persona de Guillermo III (1672-1702).

La historia holandesa en el siglo XVII es extraordinaria por la relativa facilidad con que los holandeses cambiaban de una base de poder a otra, de acuerdo con sus necesidades internas y externas. La muerte de Guillermo III, acontecida en 1702, y el hecho de no haber dejado herederos directos, permitió a las fuerzas republicanas tomar el control de nuevo. La República Holandesa no se vería seriamente amenazada otra vez por las fuerzas monárquicas.

En el siglo XVlI, bajo la prominencia de los holandeses, subyacía la prosperidad económica —alimentada por el papel de Holanda como transportadora del comercio europeo—. Sin embargo, la guerra resultó desastrosa para la República Holandesa. Las dos guerras anglo-holandesas de las décadas de 1650 y 1660, la guerra contra Francia e Inglaterra de la década de 1670 y su apoyo a Inglaterra en contra de Francia, en la Guerra de la Sucesión Española, pusieron cargas pesadas  sobre las finanzas y la mano de obra holandesas.

La navegación  inglesa comenzó a desafiar la supremacía comercial holandesa y, en 1715, los holandeses sufrieron una decadencia económica grave.

Flotas de Barcos Holanda

Flotas de Barcos en los Puertos de las Provincias Unidas

LA PROSPERIDAD DEL SIGLO XVII

De siempre, la prosperidad de las Provincias Unidas ha descansado sobre el gran comercio internacional. En el siglo xvi, los marinos de Zelanda, de Frisia y de Holanda surcaron ya los mares para vender sus productos pesqueros en los grandes puertos del Báltico y del Mar del Norte.

En el siglo XVII, después de la ruina de Amberes, fue construida, en unas decenas de años, una poderosa flota, gracias a la madera importada de Escandinavia, a una mano de obra muy especializada y poco costosa, y a técnicas de construcción sumamente perfeccionadas. En 1660, las tres cuartas partes de la flota comercial del mundo enarbolaban pabellón holandés; adaptada a todos los mares y a todos los usos, esta flota transportaba las mercancías a precios muy bajos.

Varias compañías de navegación poseían conjuntamente el monopolio del comercio con los países escandinavos: importaban cereales, carnes saladas, cueros, lanas, lino, cáñamo, maderas de todas clases, y el hierro y el cobre de las minas de Suecia, revendiendo estas mercancías en toda la Europa occidental y mediterránea, y comprando en cambio tejidos y artículos de lujo, vinos, aceites y artículos ultramarinos, de los cuales carecían los países nórdicos.

En el siglo XVII, Holanda representó el papel de intermediario que había incumbido tanto tiempo a la Liga Hanseática. Además de este monopolio, los negociantes holandeses, por medio de sus representantes en todos los puertos europeos, aseguraban la casi totalidad del comercio en tránsito y depósito.

En Napóles, Genova y Liorna, almacenaban los productos importados de Levante, que, a continuación, vendían en toda Europa. En Ruán, en Burdeos, en Nantes, sus casas redistribuían las mercancías llegadas de España, de Inglaterra, de Francia, de Portugal… Incluso en Holanda, gigantescos almacenes contenían los «stocks» de mercancías que los negociantes lanzaban cuando no las había en el mercado, haciéndose así dueños de los precios de los principales géneros.

Todo este edificio comercial descansaba sobre la red de crédito extendida por el primer gran banco moderno, el Banco de Amsterdam, fundado en 1609, que prestaba importantes sumas de dinero a bajo interés, a los negociantes holandeses. Al lado del comercio europeo, el dominio del comercio colonial fue una fuente inmensa de riquezas para las Provincias Unidas.

La Compañía de las Indias Orientales, fundada en 1602 para la explotación de los países del Extremo Oriente, sería la verdadera fundadora del imperio colonial holandés. Continuando la obra de una compañía mercantil, esta enorme empresa disponía de un capital de 6.600.000 florines en acciones suscritas por los grandes negociantes v diversas cámaras de comercio encargadas en cambio de su administración.

Disponía de un poder casi ilimitado, puesto que sólo ella tenía el derecho de comerciar al este del Cabo de Buena Esperanza, de realizar ocupaciones territoriales, de concluir tratados y de acuñar moneda; en compensación, el Estado sólo tenía sobre ella un débil poder y no percibía sobre sus operaciones comerciales más que derechos que raramente alcanzaban el 3 por 100. Toda la política de esta compañía consistió en instalar factorías en los territorios conquistados, sin intentar jamás colonizar el interior, someter las poblaciones, evangelizar el país.

Esta colonización superficial, que después se mostraría tan frágil, tuvo perfecto éxito al principio: la Compañía fundó factorías en Java, que se convirtió en el gran centro colonial de Oriente, en Ceilán, en El Cabo, en Cantón, en Formosa. La pimienta, que al principio constituía la mitad del valor de los cargamentos, perdió importancia en beneficio de la seda y del algodón, que, a finales del siglo xvn se habían convertido en las principales importaciones. La Compañía de las Indias Occidentales, fundada en 1621, instaló sus factorías en América (con Nueva Amsterdam),  en el Brasil, en Guinea,  en Cabo Verde; la pérdida de estas colonias, después de 1650, conduciría a esta compañía a una rápida decadencia.

Descansando enteramente sobre el comercio, la economía holandesa dejaba poco lugar a la agricultura y a la industria; a pesar de todo, ésta última, gracias a la acumulación de capitales, había prosperado y se había modernizado; las sederías, los terciopelos de Utrecht, la loza de Delft (que imitaba a la porcelana de China), así como las construcciones navales, alcanzaron reputación en toda Europa.

En 1670, Holanda era el país más rico de Europa; las guerras a las que iba a arrastrarle Guillermo de Orange asestaron un rudo golpe a su prosperidad y relegaron su economía a un puesto secundario. Sin embargo, este pueblo de marinos y de comerciantes, conservaría, durante mucho tiempo aún, importantes posiciones.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo VI La Gran Aventura del Hombre

Creación de las Provincias Unidas de los Países Bajos Causas

HISTORIA DE LA FORMACIÓN DE LAS PROVINCIAS UNIDAS

ANTECEDENTES HISTÓRICOS Al abdicar en 1556, Carlos V dejó las tierras del Imperio a su hermano Fernando, y las tierras dependientes del reino de España a su hijo, que reinó con el nombre de Felipe II. Vasto conjunto este último del que forman parte Italia del sur, el ducado de Milán, los Países Bajos, el Franco-Condado y el inmenso imperio colonial español, al que se añadirá en 1580 el reino de Portugal y sus posesiones americanas y africanas.

Así pues, Felipe II posee el dominio c¿isi absoluto de los mares, y los puertos o bases comerciales que dependen de su administración son los más ricos y activos de Europa. La actividad económica se centra esencialmente en los intercambios con América: España exporta a las colonias bienes de equipo, esenciamente textiles, y, por otra parte, importa metales preciosos, sobre todo oro, que será sustituido progresivamente por la plata.

Felipe II de España

Felipe II de España

Al comienzo de su reinado, Felipe II, que lleva ya Sargo tiempo al corriente de los asuntos de Estado, promete ser un gran soberano. Los embajadores extranjeros encuentran en él un gran parecido físico con Carlos V; tiene la misma encarnadura, los mismos labios colgantes, aunque es más bajo de estatura. Al igual que su predecesor, incluso fuera de las horas de audiencia, se muestra afable y paciente con sus visitantes que se acercan a él libremente. Sólo había español, su lengua materna, pero entiende italiano y francés. Felipe II fue un hombre muy piadoso, alentado por su esposa María Tudor, quien reconcilió de 1553 a 1558 a Roma con ¡a Iglesia de Inglaterra.

La hispanización: Felipe II emprende la tarea de marcar con la huella española todo lo que cae dentro de su soberanía. Puesto que España es ante todo católica, lleva a cabo una lucha sin piedad contra los .herejes. La Inquisición persigue a los moriscos o a los judíos conversos, entre los cuales se contaban la mayoría de los artesanos y comerciantes. En los Países Bajos, donde la Reforma había hecho grandes progresos, la represión, dirigida por el Duque de Alba, es despiadada. Acabará por conducir a las provincias protestantes a una abierta rebelión que recibe el apoyo de Inglaterra. Y a petición del papa Pío V, Felipe II se lanzará a una cruzada contra el Imperio turco cuya expansión por el Mediterráneo amenaza a la cristiandad.

La crisis económica: La desmesurada ambición de Felipe II va a acabar por llevar a España a la ruina. A pesar-de la constante llegada de metales preciosos procedentes de América, las finanzas públicas caminan hacia la bancarrota, ya que tales riquezas americanas no son más que instrumentos de intercambio. España produce poco; el trabajo manual se ha desvalorizado y es menospreciado; los elementos más productivos de la artesanía han sido expulsados; en el campo, los grandes propietarios se preocupan poco de la explotación de la tierra. Esta decadencia se acentuará aún más a lo largo del s.XVII, cuando los metales preciosos se hacen más raros, y poco a poco las ciudades prósperas entran en una especie de letargo.

Provincias Unidas, Estado formado por las siete provincias del norte de losPaíses Bajos (Frisia, Groninga, Güeldres, Holanda, Overijssel, Utrecht y Zelanda), cuyos destinos quedarían unidos a partir de laUnión de Utrecht, acordada el 23 de enero de 1579, y se prolongarían como Estado independiente hasta la ocupación francesa en 1795.

¿Por qué se rebelan los Países Bajos?
Cuando Felipe II decide restablecer el catolicismo en todas las provincias flamencas, los protestantes se unen en torno a Guillermo de Nassau, príncipe de Orange, gobernador de Zelanday Holanda, val conde de Egmont. Felipe II responde a esta rebelión enviando a los Países Bajos a los ejércitos del Duque de Alba, que reprimen cruelmente todos los levantamientos. De este modo comienza en 1568 una verdadera guerra, la llamada guerra de los Ochenta Años.

¿Cómo nacen las Provincias Unidas?
En 1576, un compromiso que recibe el nombre de la pacificación de Gante parece que va a poder asegurar la paz entre los Países Bajos y España, al ser reconocida por el rey la tolerancia religiosa. Pero el rey obtiene por parte de las provincias católicas (las que más tarde constituirían Bélgica) la sumisión total al soberano español. Las provincias protestantes responden firmando entre ellas el tratado de Unión de Utrecht 11579), que marca el nacimiento de la independencia de las Provincias Unidas, independencia que no será reconocida hasta el tratado de Münster en 1648.

DESARROLLO HISTÓRICO DE LA FORMACIÓN

Pero Felipe II, rey absolutista y católico intransigente, se había puesto en contra de la opinión pública por las torpezas de la burocracia española y la persecución del calvinismo dominante en las provincias del norte. El terror del duque de Alba no había triunfado del levantamiento de los «mendigos», y, en 1579, dos tratados consagraron la división religiosa del país: el 6 de enero de 1579, por el Tratado de Arras, las diez provincias del sur de los Países Bajos se unieron para mantener la religión católica y no reconocieron más autoridad que ía del rey de España.

El 24 de enero del mismo año, las siete provincias calvinistas del norte decidieron, en Utrecht, unirse contra la dominación de cualquier monarca extranjero; dos años después, en La Haya, proclamaron su independencia y la deposición de Felipe II.

La guerra continuó; mandados por Alejandro Farnesio, los españoles devastaron Amberes (1585), pero Guillermo de Orange, el Taciturno, resistió con encarnizamiento hasta que fue asesinado. En 1609, España firmaría una tregua de doce años.   Sin  embargo,   habrá  que  esperar  a 1648 para que España reconozca oficialmente, con los Tratados de Westfalia, el estado de hecho existente desde comienzos de siglo.

La emancipación de la tutela española habría de ser el motor, si no la causa, de la gran prosperidad de este pequeño país que, dentro de algunos años, desempeñará un papel principal en la escena europea. Todas las clases sociales habían dado prueba de una total solidaridad en la lucha contra el español; pero, una vez lograda la independencia de hecho, reaccionaron de manera diferente, y el siglo xvn iba a ser testigo de sus disputas.

LAS SIETE PROVINCIAS Y SU ORGANIZACIÓN
El Estado comprendía siete provincias muy heterogéneas en cuanto a sus recursos, actividades y composición social. Las dos más ricas, Holanda y Zelanda, situadas en la parte occidental del país, comprendían la mitad de la población de los Estados (alrededor de dos millones de habitantes). Las islas de Zelanda, habitadas por marinos, vivían de sus muy provechosas actividades pesqueras en el Mar del Norte.

Holanda, por el contrario, estaba exclusivamente vuelta hacia las actividades comerciales; en más de veinte ciudades dominaba una oligarquía mercantil calvinista que pesaría fuertemente en la historia política de las Provincias Unidas.  Amsterdam,  reina  indiscutida del comercio marítimo desde la ruina de Amberes por el asedio de Farnesio, extendió sus actividades por toda Europa. Casi exclusivamente urbana, Holanda no comprendía más que una minoría de campesinos instalados sobre las tierras recientemente conquistadas al mar.

En 1579, un acta de los Estados Generales había instituido un organismo, el Waterstaat, encargado de ganar tierras al mar y a los lagos. Los primeros «polders» aparecieron en el siglo XVII. En 1640 se realizó el primer plan de desecación del mar de Haarlem. Junto a la activa Zelanda y a la rica Holanda, resultan muy pobres las provincias orientales de Utrecht, Güeldres y Overyssel, dominadas por una nobleza rezagada, retirada en sus propiedades rurales, que mantenía con el campesinado las relaciones señoriales propias de la Edad Media.

Sólo las ciudades de Arnhem y Nimega eran como islotes activos en medio de estas miserables provincias. Por el contrario, en las dos provincias marítimas del nordeste, en Frisia y en Groninga, la pesca y la agricultura constituían dos grandes recursos lucrativos. Al lado de estas siete provincias, los países de la Generalidad, conquistados a los españoles, habían sido anexionados a las Provincias Unidas: el condado de Drenthe, país de pantanos y de tierras incultas, Flandes, Limburgo y Brabante, con su fortaleza de Breda, eran administrados de hecho como marcas militares, conservando por otra parte cada una de las siete provincias su organización autónoma.

En el primer grado, las ciudades eran administradas por sus colegios de concejales, elegidos entre la rica burguesía y la nobleza, y sus burgomaestres. Un pensionario cuidaba del mantenimiento del orden.

En cada provincia, las ciudades y los pueblos delegaban sus representantes a los «Estados», que disponían del poder legislativo y de una parte del poder ejecutivo.

La dirección de estas asambleas era confiada a un pensionario, mientras que un estatúder mandaba las tropas y la policía local. Idéntica organización se encontraba a escala federal: de 25 a 40 representantes de las provincias formaban en La Haya los Estados Generales, con un Gran Pensionario y un Estatúder General. Holanda era la más poderosa de las provincias, proporcionando a la unión el Gran  Pensionario  y  el  Estatúder General, siempre elegido en la familia Orange. Nassau heredera del héroe de la independencia , Guillermo El Taciturno.

Guillermo de Orange-Nassau está considerado uno de los grandes patriotas de la nación neerlandesa, al ser el principal líder de la lucha contra la Monarquía Hispánica de Felipe II. Su actividad resultó fundamental para que, por medio de la Unión de Utrecht (1579), nacieran la Provincias Unidas, núcleo del actual Estado de los Países Bajos.

Ver: La Properidad de Amsterdan en el Siglo XVII

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo VII La Gran Aventura del Hombre
Gran Atlas de Historia Universal -Dichas y Desdichas de la españa Católica –

Biografía del Cardenal Richelieu Ministro de Luis XIII Gobierno

RESUMEN DE SU VIDA Y GOBIERNO COMO MINISTRO DEL REY LUIS XIII DE FRANCIA

Armand Jean du Plessis, cardenal de Richelieu (1585-1642), cardenal y político francés, que fomentó más que ningún otro el absolutismo en Francia y sentó las bases de la grandeza del siglo XVII francés. Simbolo del absolutismo real y de la ambición , el cardenal marcó profundamente a Francia en su  cargo de gran ministro.

ANTECDENTES: La monarquía absoluta, o absolutismo, significaba que el poder soberano o la autoridad última del estado reside en las manos de un rey, quien afirmaba gobernar por derecho divino. Pero, ¿qué significaba la soberanía? El teórico político de finales del siglo XVII, Jean Bodin, creía que el poder soberano consistía en la autoridad para hacer leyes, recaudar impuestos, administrar justicia, controlar el sistema administrativo del estado y determinar la política exterior. Estos poderes convertían a un gobernante en soberano. (Derecho Divino)

Uno de los principales teóricos de la monarquía por derecho divino del siglo XVII fue el teólogo francés y predicador de la corte, el obispo Jacques Bossuet (1627-1704), quien expresó sus ideas en un libro titulado Política extraída de la verdadera palabra de las Santas Escrituras. Bossuet argumentó primero que el gobierno estaba divinamente ordenado, de manera que los seres humanos pudieran vivir dentro de una sociedad organizada.

Dios escogía a los reyes y a través de ellos reinaba sobre todos los pueblos del mundo. Debido a que los reyes recibían su poder de Dios, su autoridad era absoluta. No eran responsables ante nadie (incluídos los parlamentos), excepto ante Dios. También existía una enorme brecha entre la teoría del absolutismo, tal y como la expresaba Bossuet, y la práctica del absolutismo. El poder absoluto de un monarca solía estar en gran medida limitado por las realidades prácticas.

Nacido en París, el 9 de septiembre de 1585, en un parto dificil que casi mueren madre e hijo. Su padre un noble en la corte de Enrique III, venido a menos y su madre Susanne de la Porte hija de un famoso abogado de la ciudad natal.

El cardenal de Richelieu

El cardenal de Richelieu Armand Jean du Plessis, el cardenal de Richelieu, consiguió poner fin al poder político de las grandes familias de Francia al hacer del rey un monarca absoluto y convirtió a su país en la primera potencia militar de Europa.

A los nueve años, Armand-Jean comienza sus estudios básicos en el Colegio de Navarra. A los diecisiete ingresa en la principal academia militar de la región. Alumno brillante, objeto de frecuentes elogios por parte de sus profesores, todo hace creer que será un notable oficial. Pero los planes familiares sufrirán una brusca modificación. Sucede que Alphonse, el hermano que debía ordenarse sacerdote, se aparta un poco del rumbo prefijado: cambia el seminario y el sacerdocio seglar por la vida monástica. Para la familia fue un golpe. Esperaban que él recibiese las órdenes mayores y fuese nombrado para el obispado de Lucon, de cuya renta dependían los Richelieu.

El obispado, desde hacía algún tiempo, estaba en manos de un apoderado, que administraba los bienes de la familia, inclusive las rentas obtenidas de las contribuciones de los parroquianos y del trabajo de los siervos en las tierras episcopales. Ese hombre estaba ya viejo, y para retirarse sólo esperaba que un Richelieu ocupara definitivamente la sede.

Para la familia, no existía por el momento otra alternativa que la de ordenar a Armand Jean que suplantase a su hermano Alphonse, y así ocurrió.

 A los 21 años partió para Roma, donde causó excelente impresión en el Vaticano. A los 23 regresó a Francia consagrado como obispo de Lucon. Dió poca importancia a la indiferente acogida de los habitantes de la pequeña ciudad. En los primeros días se ocupó solamente de mejorar el ambiente en que debía trabajar: el palacio episcopal, un viejo solar casi en ruinas.

Enseguida comenzó a destacarse en los estados generales de 1614-1615: su discurso de clausura, de una elocuencia sobresaliente lo llevó a convertirse en diputado del clero, reclamando para la Iglesia el derecho de partricipar en asuntos públicos. Se puso entonces del lado de la reina y de su consejero Concini, lo que le valió su primer puesto ministerial como secretario de estado para la guerra en 1616. La caída de Concini lo arrastró a la desgracia, acentuada por la desconfianza del joven Luis XIII hacia este prelado ambicioso, que proponía vigilar a María de Médicis en secreto.

Reina María de Medicis

María de Médicis estaba encantada con la inteligencia y el buen sentido del joven obispo. Hizo exactamente lo que él calculaba: lo invitó a trabajar en la corte. El camino estaba abierto para Richelieu; y él sabría aprovecharlo. Desde un principio, la regente le confía delicadas tareas de diplomacia interior, como, por ejemplo, apaciguar los focos rebeldes de la nobleza. Después, lo designa embajador en España. Pero termina cambiando la idea. Tiene para Richelieu un cargo más importante: en noviembre de 1616 lo llama a ocupar un puesto en el Consejo de Estado. El obispo Armand-Jean du Plessis ahora es Secretario de Estado de Interior y de Guerra, teniendo además atribuciones en todo lo referente a las relaciones exteriores de Francia.La política de la regente siempre había estado dirigida a una reaproximación a la corte española.

El segundo intento fue acertado. En abril de 1624, Richelieu se integró al Consejo del rey, bajo presión de la reina, pero decidido a ofrecer sus servicios al rey Luis XIII. Poco a poco contribuyó a desacreditar al ministro en ejercicio, el marqués de La Vieuville, lanzando contra él una verdadera «campaña de hostigamiento», ayudado por los panfletistas con que supo rodearse.

La Vieuville fue encerrado en Amboise, y Richelieu se convirtió en el Jefe del Consejo y ministro principal en agosto de 1624. Pero su autoridad llegaría a afianzarse solamente durante la Jornada de los dupes (o día de los engañados), en 1630, cuando el partido devoto y el de la reina madre María de Médicis fueron apartados por voluntad del rey.

Durante los casi cincuenta años que antecedieron a Luis XIV, los gobiernos reales y ministeriales tuvieron que luchar para evitar el colapso del estado. La línea entre el orden y la anarquía a menudo fue estrecha. Esta situación se complicó todavía más debido a que ambos monarcas, Luis XIII (1601-1643) y Luis XIV, eran tan sólo unos niños cuando ascendieron al trono en 1610 y 1643, respectivamente, de forma que el gobierno dependió de los ministros reales. Luis XIII heredó el reinado cuando el rey fue asesinado en 1610, y él tenía nueve años de edad. Los problemas de Luis parecían acumularse hasta que, en 1624, el concejo del rey cayó bajo el control del sagaz, competente y astuto cardenal Richelieu.

Luis XIII de Francia

Luis XIII de Francia

Luis XIII era un rey débil y tímido, que prefiere pasar los días cazando mirlos, gavilanes y zorros a encerrarse en un gabinete para pensar en problemas de Estado, todavía resiste al nombre de Richelieu; resistencia cada vez menor, en verdad, porque él necesita de alguien capaz de presidir, en su nombre, el gobierno de Francia. Por fin, en 1624, Luis XIII acepta hacer una experiencia con Richelieu. En abril, el cardenal vuelve al Consejo de Estado, y en agosto ya es primer ministro de Francia.

El cardenal Richelieu fue líder del concejo real y primer ministro de Luis XIII de 1624 a 1642, e inició políticas que, a la larga, fortalecieron el poder de la monarquía. Uno de los peligros de la autoridad real provenía de los hugonotes. La política de Richelieu respecto a ellos fue dictada por motivos políticos, y no religiosos, a pesar de su posición como cardenal de la iglesia católica. Al elimina: sus derechos políticos y militares, pero conservando sus derecho; religiosos, la Paz de Alais ayudó a transformar a los hugonotes en sus subditos más confiables.

Los primeros meses de gobierno los dedica a examinar las dificultades del país. Uno a uno, Richelieu estudia los problemas que, a su parecer, debilitan el Estado; la alta nobleza, siempre dispuesta a sublevar provincias enteras contra la autoridad real, procurando preservar un sistema feudal que todavía está lejos de haber sido completamente extinguido; los hugonotes, que se habían convertido en un verdadero Estado dentro del Estado (el Edicto de Nantes les permitió como garantía mantener sus plazas fuertes, y sus jefes, en caso de necesidad, acostumbran incluso recurrir  al  extranjero,  así  como  lo hacían los ultracatólicos con España) ; el Tesoro, cada vez más empobrecido en beneficio de una minoría (sobre todo los grandes nobles) ; los sobornables agentes del gobierno; el riesgoso asunto de la venta de cargos; el comercio exterior, totalmente dominado por extranjeros; una marina real prácticamente inexistente, incapaz de proteger las costas de Francia, y otros.

En asuntos exteriores, desde 1618, la Europa Occidental entera está comprometida en una guerra que tuvo origen en un conflicto exclusivamente alemán, de carácter religioso, entre los príncipes protestantes y la Casa de Habsburgo, soberana del Sacro Imperio Romano Germánico. Esa lucha, que devastará a Alemania, se prolongará intermitentemente hasta 1648 y será conocida en la historia como la Guerra de los Treinta Años.

Inflexible, Richelieu va ejecutando con mano de hierro todas las medidas que entiende necesarias para el fortalecimiento del poder monárquico, lo que le parece indispensable para fortalecer el país. Al poco tiempo, la nobleza conspirará para derrocarlo.

Se forma un auténtico partido contrario a Richelieu, con gente dispuesta a asesinar al cardenal, a provocar una sublevación en el país o a declarar a Luis XIII incapaz de gobernar. Pero el cardenal mas precavidos que ellos logró descubrir la conspiración a tiempo y terminaron todos los involucrados en la cárcel.

Con objeto de reformar y fortalecer la administración central, al principio por razones financieras, Richelieu despachó funcionarios reales, llamados intendentes, a las provincias con objeto de llevar cabo las órdenes del gobierno central. Conforme crecieron las funciones de los intendentes, entraron en conflicto con los gobiernos  provinciales. Dado que los intendentes resultaron victorios en la mayoría de estas disputas, fortalecieron aún más el poder la corona. No obstante, Richelieu resultó ser menos diestro e cuestiones financieras.

No sólo era corrupto el sistema básico de las finanzas estatales, sino que era tanta la gente que se beneficiaba de la ineficiencia y de la injusticia del sistema, que el gobierno arrostró gran resistencia cuando trató de reformarlo. El taille (un impuesto anual directo que solía tasarse en función de la tierra o la propiedad) incremento (en 1643 fue dos veces y media mayor de lo que había sido en 1610), y las tierras de la corona fueron hipotecadas de nueva cuenta. Sin embargo, los gastos, sobre todo el costo de los preparativos de guerra, pronto agotaron los ingresos adicionales, por lo que la deuda francesa continuó su espiral ascendente bajo el mandato del cardenal.

El cardenal intentó gobernar por encima de las clases sociales, en beneficio de la centralización monárquica. En su concepción de Francia no privaba el bienestar equitativo de todo su pueblo, sino una ideal figura alegórica: la monarquía encarnada en una realidad que se llamaba Luis XIII. Así, esos numerosos proyectos comerciales y coloniales, por errores de perspectiva, fracasaron casi todos.

Pensaba que Francia, para ser una nación próspera, debía exportar al máximo e importar lo mínimo, acumulando reservas de oro y plata. Como los consumidores, a pesar de todo, continuaban comprando tejidos de todo tipo a Inglaterra y a Holanda, y adquiriendo artículos de lujo a Italia y obras de arte a Flandes, prohibió las importaciones que no llegaran en navios franceses y todas las transacciones que no se realizasen entre subditos de Francia. Mas estas órdenes quedaron sólo en el papel, porque el reino no poseía suficientes sistemas de  control.

Estimuló las empresas coloniales, pero casi todas las compañías comerciales formadas con ese objetivo, tanto las que se volcaban hacia el Oriente, como las que ambicionaban la conquista de tierras en América, no prosperaron. Ante Holanda e Inglaterra,   Francia  quedó   en   desventaja.

Respecto a su salud la misma nunca había sido buena, y a partir de 1642 se debilita hasta tal punto de que en los últimos tiempos casi no puede levantarse de su lecho del actual Palacio Real (entonces Palais Cardinal).

“Mis médicos dicen que estoy mejorando, mas no lo parece”, murmura a cada rato desconsolado. Convencido de que su fin está próximo, solicita al rey que lo dispense de su cargo, pero éste se niega y le responde: “Nunca encontré a nadie que me sirviese tan cabalmente como vos. Es esto lo que me hace desear y pediros que no os retiréis (…). Mi hermano y muchos nobles os quieren mal por mi causa; pero podéis estar seguro de que os protegeré contra cualquiera que sea”.

En la mañana del 4 de diciembre de 1642, tiene a su cabecera al vicario de la parroquia de San Eustaquio. Después de reafirmar su fe en el Credo cristiano, se sumerge en un total estado de inconsciencia. Cerca de mediodía, vuelve en sí. El sacerdote le administra la extramaunción y le dice:
—¡Eminencia, es necesario que perdonéis a vuestros enemigos!
Con los ojos casi cerrados, Richelieu responde casi en un murmullo:
— ¡Mis únicos enemigos fueron los enemigos de Francia!

Está muerto el hombre que durante dieciocho años gobernó a Francia con un régimen implacable, que marcaría de ahora en adelante el estilo de gobierno de la monarquía francesa.

Fuente Consultada:
Enciclopedia Grandes Personajes de la Historia Universal Tomo III Edotial Abril Biografía de Richelieu
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IV La Gran Aventura del Hombre
Enciclopedia Hicieron Historia Tomo I Biografía de Richelieu Tomo I

Biografía de Jacobo I Estuardo Rey de Inglaterra Resumen Gobierno

VIDA Y GOBIERNO DE JACOBO I ESTUARDO REY DE INGLATERRA

ANTECEDENTES: A su muerte, en 1603, Isabel dejaba a Inglaterra próspera y en paz. El país había escapado milagrosamente a la guerra civil, a la guerra religiosa que devastaba tantos países del continente, y, en particular, Francia. Entre los católicos romanos y los protestantes puritanos, la reina había sabido imponer una solución intermedia: el anglicanismo. Este se parecía al protestantismo en la doctrina, y se mantenía católico conservando la jerarquía y el fasto de sus ceremonias.

Y sobre todo, el soberano, como jefe de la Iglesia, había podido colocar el ideal patriótico por encima del religioso. Ciertamente, todo esto no se había producido sin desgarrones, sin conspiraciones procedentes de diversas facciones. Pero esto afectaba solamente a pequeñas minorías; la gran masa del pueblo encohtraba en la religión anglicana lo suficiente para su sed religiosa y estimaba que el «statu quo» le traería la paz.

Una paz feliz, por lo demás; después de las incursiones de Drake y de Raleigh, después de la victoria de 1588 contra la Armada Invencible, los navios ingleses podían surcar los mares: el poderío comercial inglés se halla en lo sucesivo bien establecido, proporcionando a Inglaterra la prosperidad comercial e industrial.

Jacobo I Estuardo Rey de Inglaterra joven

Jacobo I Estuardo Rey de Inglaterra (1566-1625) Reinó desde 1603-1625

La dinastía de los Estuardo, restablecida a la muerte de Isabel en el trono de Inglaterra, no va a durar más que
de 1603 a 1688. Su voluntad absolutista y la limitación del poder ejercida sobre el Parlamento suscitarán en este  período  dos  acontecimientos dramáticos.

Inglaterra y el surgimiento de la monarquía constitucional
Uno de los más prominentes ejemplos de resistencia a la monarquía absoluta se dio en la Inglaterra del siglo xvn, donde el rey y el Parlamento pelearon para determinar el papel que cada uno debería desempeñar en la conducción de Inglaterra. Pero la lucha en torno a este asunto político se complicó por una profunda y sustancial controversia religiosa. A finales del siglo XVII, con la victoria del Parlamento, sobrevino la fundación de la monarquía constitucional.

JACOBO I ESTUARDO, REY DE INGLATERRA

Jacobo I Estuardo (1566-1625), rey de Inglaterra (1603-1625) y, con el nombre de Jacobo VI, rey de Escocia (1567-1625). Nacido el 19 de junio de 1566 en el castillo de Edimburgo (Escocia), Jacobo fue el único hijo de María I Estuardo y de su segundo esposo, lord Darnley. Cuando María fue obligada a abdicar en 1567, él fue proclamado rey de Escocia.

La muerte de la Reina Virgen sumió, sin embargo, a su pueblo en la aflicción y el temor. Isabel había sabido hacerse amar por su pueblo: se había establecido una especie de acuerdo tácito, sobre la base del respeto de los derechos mutuos.

Su heredero, Jacobo I, era ya rey de Escocia. Cuando se anunció la llegada del nuevo rey, toda Inglaterra se aprestó a recibirlo. Era el hijo de María Estuardo y de Darnley. Pero, si bien su madre era católica, él era calvinista, y, lo que es más, tenía ya la reputación  de un príncipe enamorado de la teología.

Esto tranquilizó a Inglaterra, porque pensó que no tendría que volver a cambiar de religión oficial. Pero el entusiasmo inicial de los ingleses se enfrió bastante rápidamente: el nuevo rey les decepcionó. Admitiendo, incluso, que fuera feo, el hecho de que babease, chocó a los que recordaban el espléndido porte de Enrique VIII o la magnífica prestancia de Isabel. Además, era aficionado a hacer discursos teológicos sin fin, perdiéndose en los meandros de sus propios razonamientos y aburriendo a los que le escuchaban.

En el fondo lo único que pretendía era ocultar una coquetería exagerada: el rey iba cubierto de joyas; Isabel era, efectivamente, un poco viril, pero Jacobo I era un monarca afeminado. Empezando a desconfiar ya sobre la persona del rey, los ingleses no vieron con buenos ojos su primer acto de autoridad.

En el curso del viaje que lo llevaba desde Escocia a Londres, la escolta real descubrió a un ladrón: Jacobo I le hizo ahorcar al instante, sin juicio. Creía poder prevalerse en el derecho de justicia supremo: pero Inglaterra, en el curso de los últimos siglos de su historia, había aprendido a temer la arbitrariedad; un hombre no podía ser condenado sin juicio.

Este acto, aislado, no hubiera sido grave, pero se vio en seguida que Jacobo I no tenía del papel de monarca las mismas ideas que los Tudor, sus predecesores. Omitiendo las lecciones de la historia inglesa, queriendo ignorar la gran carta de 1215, pretendió ser un monarca absoluto. «El rey es la ley», afirmaba.

Estimando que, bendecido por Dios, él era su representate sobre la tierra, y que los ingleses, en consecuencia, no podían considerarse más que como subditos sometidos a su buena voluntad. El conflicto político era, a la larga, inevitable entre el rey y el Parlamento. Al principio, sin embargo, era la situación religiosa la que parecía levantar el mayor número de dificultades.

Sintesís: Con la muerte de la reina Isabel, en 1603, la dinastía Tudor se extinguió y se inauguró la línea gobernante de los Estuardo con la ascensión al trono del primo de Isabel: el rey Jacobo VI de Escocia (hijo de María, reina de los escoceses), quien se convirtió en Jacobo I de Inglaterra (1603-1625). Aunque acostumbrado al poder real como rey de Escocia, Jacobo no entendía nada de las leyes, instituciones y costumbres de los ingleses. Abrazó la doctrina del derecho divino de los reyes, la creencia de que los reyes recibían su potestad directamente de Dios y que, por tanto, eran responsables sólo ante Él. Este punto de vista enajenó al Parlamento, el cual se había desarrollado acostumbrándose, bajo los Tudor, a actuar bajo la premisa de que el Parlamento y la monarquía gobernaban en conjunto a Inglaterra como una “forma de gobierno equilibrada”.  El Parlamento expresó su desacuerdo con los reclamos de Jacobo rechazando sus demandas de dinero extra que el rey necesitaba para satisfacer los crecientes cortos gubernamentales. El poder del Parlamento sobre el tesoro resulté ser su carta de triunfo en sus relaciones con el rey.

EL COMPLOT DE LA PÓLVORA:

«Antes de que hubiera un Estado, había reyes de donde se deduce que son los reyes los que han hecho las leyes y no las leyes las que han hecho a los reyes… El rey obtiene su derecho de Dios y a nadie más que a Dios tiene que rendir cuentas…» Esta teoría absolutista provoca descontentos. En 1605 es descubierta la «Conjuración de la Pólvora».

Sin duda alguna, Inglaterra era anglicana en su inmensa mayoría, pero los católicos representaban todavía una fuerte minoría; las guerras que, en el continente, enfrentaban a reyes católicos y príncipes protestantes, permitían mantener esperanzas. Desde el comienzo del reinado de Jacobo, un cierto número de conjurados, dirigidos por Guido Fawkes, se propuso eliminar de un solo golpe al rey y a todas las personalidades protestantes del país.

En 1605, los conjurados lograron alquilar una cueva situada exactamente bajo el palacio donde debía celebrarse la sesión inaugural del Parlamento, y la llenaron de explosivos. Pero fue preciso poner al corriente a todos los que debían intervenir en el atentado para dar un golpe de Estado, aprovechando el vacío político y la perturbación que no dejaría de producirse. Las denuncias permitieron detener, «in extremis», a Guido Fawkes.

El fracaso de la «conjuración de la pólvora», arruinó la causa católica: en lo sucesivo no se consideró a los «papistas» más que como peligrosos terroristas que serían vivamente perseguidos. Jacobo I estaba, pues, salvado de la amenaza católica. Pero, entre los protestantes, eran numerosos los que no se hallaban conformes con la autoridad del rey sobre la Iglesia. También reprochaban a la iglesia anglicana su fasto y el carácter ostentoso de su culto.

Para ellos, la pobreza, la sencillez de costumbres y de vida constituían la piedra angular de la religión cristiana. Estos «puritanos» tenían horror a la sensualidad, a la alegría, a todo lo que pudiera haber de cálido en la religión. Tristes y austeros, estos hombres reivindicaban para sus fieles el derecho de ser liberados de toda tutela que no fuera la de su Dios, su Fe y su Biblia. Pero Jacobo I conocía a esos «demócratas» de la religión; su madre había tenido que sufrir durante mucho tiempo los sermones y después las amenazas de Juan Knox; él mismo había soportado muy mal, en Escocia, la presión de los grupos presbiterianos.

No admitía despojarse de la extraordinaria fuerza que le daba la dirección de la Iglesia oficial. La lucha, pues, era inevitable entre Jacobo, representante de la autoridad, y los puritanos, apóstoles de las libertades. Numerosos puritanos prefirieron buscar un país que conviniera mejor a su fe. En 1620, un centenar de ellos se embarcaron a bordo del navio llamado «Mayflower», y desembarcaron en América del Norte, donde esperaban fundar un país de hombres libres, decididos a seguir el camino de Dios. Este puñado de hombres, junto con los colonos de Virginia, fueron la primera semilla de lo que sería el pueblo de los Estados Unidos.

JACOBO I Y EL PARLAMENTO
Las dificultades de Jacobo I serían provocadas por un debate político. Bajo Enrique VIII e Isabel, el Parlamento de Londres había recibido las mayores muestras de respeto de parte de los soberanos, que se esforzaban en gobernar con el apoyo de los representantes del pueblo inglés. En Londres el Parlamento, en su gran mayoría, estaba compuesto de burgueses comerciantes y pequeños propietarios rurales. Celosos de sus prerrogativas, estimaban que el rey no podía manifestar ninguna pretensión al absolutismo.

Le reconocían el derecho de criticar abiertamente todos los actos de la administración real, y desaprobaban cada vez mi, al rey Jacobo I había querido rodearse de una corte suntuosa. «Todos los reyes tiran el dinero por la ventana el día de su coro nación; éste es el primero que lo tira todos los días», escribió un contemporáneo.

En efecto, sus. gastos particulares costaban dos veces más que los de Isabel. Para comprar joyas empleaba tanto como para su marina de guerra. Gastaba en total 600.000 libras por año, mientras que sus rentas no sobrepasaban las 400.000 libras. Ante la falta de dinero, los monarcas pueden siempre utilizar el medio supremo: el impuesto. Pero sus relaciones con el Parlamento eran lo bastante malas como para que éste no aceptara votar esos impuestos. Entonces, ¿había que obligarlo?

El ejército del rey era débil para enfrentarse con las milicias burguesas y un levantamiento de la pequeña nobleza. No le quedaba más solución que dar bienes del Estado, praderas o bosques y atribuirse monopolios. El Parlamento reclamó, pero no fue convocado. El rey era cada vez más sensible a los consejos de los ministros aduladores. Uno de ellos hizo una carrera sorprendente: Jorge Villiers.

EL DUQUE DE BUCKINGHAM
Jorge Villiers se convirtió, a los veintidós años, en primer ministro. Era pobre, pero de buena figura. El rey le hizo duque de Buckingham y su íntimo favorito. Sin ser inteligente, el duque de Buckingham era de una vanidad tal que cometió muchas imprudencias y colocó a Jacobo en las peores situaciones.

La Hacienda real era muy pobre para que el rey pudiera pensar en una guerra. Pero el pueblo inglés se apasionaba por la valerosa lucha que mantenían los protestantes alemanes contra los católicos. Uno de ellos, el Elector Palatino, que era yerno del rey de Inglaterra, solicitó la ayuda inglesa. Pero la flota británica, descuidada, no era la de los tiempos de Isabel y Drake. No se podía concebir una intervención en favor de los alemanes si el Parlamento no concedía créditos. En 1621, Jacobo se vio, pues, obligado a convocarlo de nuevo. Sabiéndose indispensables, los parlamentarios exigieron, a cambio de su ayuda, que el rey aceptara reformas y consejos.

El rey rehusó toda idea de reforma y se encontró sin dinero. Pero parecía ofrecérsele otra solución más brillante: su hijo, el príncipe Carlos, era joven y bien parecido. ¿Por qué no casarlo con una hija del muy rico rey de España? Así se podrían matar dos pájaros de un tiro: enriquecerse y obtener una paz ventajosa para el Elector Palatino y los príncipes alemanes. Carlos y Buckingham partieron paea España en 1623. Pero en seguida, los ingleses consiguieron hacerse detestables, ultrajando a los españoles con sus malos modos.

Un noble del séquito llegó a abofetear a un sacerdote español. La infanta se negó a casarse con Carlos si éste no se convertía al catolicismo. Por su parte, Jacobo I se sentía «como una viuda» lejos de Buckingham. Se creyó entonces que era Buckingham quien había provocado la ruptura. Con gran asombro del propio duque, los ingleses, que habían temido una alianza española favorable al partido católico, lo acogieron como a un héroe. Esto bastó para hacer de este vanidoso un antiespañol ardiente.

Resumiendo podemos deicr que Jacobo trató en vano de lograr la paz religiosa en Europa, acordando el matrimonio de su hija Isabel con el elector del Palatinado, Federico V, líder de los protestantes alemanes. También trató de poner fin al conflicto con España, principal potencia católica, concertando el matrimonio de su hijo Carlos con la hija del rey Felipe IV de España. Tras ser rechazado, firmó una alianza con Francia y declaró la guerra a España, atizando así el fuego que había tratado de apagar.

Jacobo I murió el 27 de marzo de 1625 y heredó el trono su hijo, Carlos I.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo VII  La Gran Aventura del Hombre

La Corrupción de Fouquet en el Gobierno de Luis XIV de Francia

Cuando fallece el cardenal Mazarino, tutor y jefe de ministros en el gobierno de Francia, Luis XIV acaba de cumplir 22 años, y debe tomar las riendas de su gobierno.

Entre sus decenas de frentes para gobernar, hay uno que lo preocupa mucho, y es por el excesivo poder de su ministro de Finanzas, Nicolás Fouquet. Además, éste —que había llegarlo al ministerio con los bolsillos vacíos—, se ha hecho muy rico; es dueño, entre otras posesiones, de un suntuoso castillo (Vaux-le-Vicomte), construído especialmente por los mejores artistas y arquitectos del reino, y en él da una fiesta en que el rey ve claramente que el lujo que despliega su ministro supera enojosamente el tren de vida que se lleva en el Palacio del Louvre, morada oficial del rey y su familia.

Nicolas Fouquet

Nicolas Fouquet, Ministro de Hacienda

Al invitar al rey a su magnífico castillo de  Vaux,  el superintendente de las finanzas Fouquet firmó su perdición: «¿Es que no vamos a ser capaces de obligar a esta gente a restituir lo mal adquirido?» Fouquet iba a morir en prisión, pero a pesar de ello el lujo iba a volver con su magnífico esplendor en el Palacio de Versalles.

—El no puede haber adquirido tantas propiedades honestamente —comenta el monarca—. No tenía un solo centavo al ser nombrado para ese cargo…

Luis  XIV  promulga,   entonces,  su primer decreto: destituye a Nicolás Fouquet y decide que el señor dArtagnan, comandante de los mosqueteros, se encargue de prenderlo y conducirlo a la fortaleza de Pignerol, donde   pasará   el   resto   de   su   vida.

El soberano experimenta por primera vez su propia fuerza. Comprende que necesita asesores, pero que no debe permitir que acumulen poderes excesivos, pues correría el riesgo   de  que   escaparan   a  su   control.

Se previene también contra la “nobleza de toga”, que había adquirido durante los reinados anteriores cargos administrativos con carácter hereditario. Nombra funcionarios para cargos transitorios, de duración sólo determinada por los deseos del propio monarca. Tales hombres, como lo había recomendado Mazarino, son escogidos entre los representantes más hábiles de la burguesía.

El más conocido de los ministros de Luis XIV es Colbert, hijo de un comerciante de tejidos, nombrado secretario de Estado, superintendente de las Manufacturas e inspector general de Finanzas, Colbert se convierte, en el brazo derecho del monarca, digno sucesor de Richelieu y de Mazarino. Tiene ideas bien definidas sobre la economía en general y sobre la política económica necesaria al reino. Para él, la sociedad se apoya sobre el trabajo, “fuente de todos los bienes espirituales y materiales”, inclinación natural, pero que el Estado tiene el derecho de imponer.

Colbert quiere limitar el número de los que no trabajan: los “oficiales” de la corte, las personas nobles o burguesas que viven de rentas, los clérigos, etc. Mientras muchos de sus contemporáneos creen tan sólo en la riqueza agrícola, él considera los productos del suelo como inseguros y poco susceptibles de mejora. La industria es para Colbert el gran factor de la prosperidad, ya que no se sujeta a las inconstancias del clima, sino que depende, sobre todo, de la capacidad de los hombres.

Otras ideas de Colbert corresponden a la doctrina económica dominante en su tiempo: el mercantilismo. Lo que hace la riqueza de un Estado son sus recursos en metales preciosos. Como la cantidad de oro y plata existente en el mundo es limitada, Colbert cree que sólo puede aumentar las reservas y riquezas de Francia a costa de sus vecinos. Francia debe bastarse a sí misma, exportar el máximo posible e impedir la entrada al país de productos manufacturados por competidores,   principalmente   europeos.

La industria del reino era incipiente. En su mayor parte, estaba representada por pequeños talleres artesa-nales, incapaces de fabricar productos de calidad a bajo precio y en cantidades suficientes para permitir la exportación. Por eso, Colbert inaugura una política de intervención directa del Estado en la producción. Se crean las manufacturas estatales, reuniendo en un solo local a artesanos de varios talleres. El nuevo sistema es mucho más rentable para el gobierno.

La reunión de los artesanos en grandes grupos aumenta la productividad del trabajo. Además, los trabajadores reciben apenas un magro salario y están sujetos a un régimen opresivo: cualquier divergencia en cuanto a la  paga es  castigada severamente.

EL CORRUPTO FOUQUET: El 10 de marzo de 1661, el canciller Séguier, los secretarios de Estado y los miembros del Consejo fueron reunidos por Luis XIV, que se dirigió a ellos en estos términos: «Os he reunido para deciros que hasta este momento he dejado que mis asuntos fueran gobernados por el señor Cardenal. Ya es tiempo de que los gobierne yo mismo. Vosotros me ayudaréis con vuestros consejos, cuando yo os los pida».

Estas palabras fueron acogidas con un estupor incrédulo. Significaban el establecimiento de una dictadura como Francia no la había conocido nunca. Pero el reino pedía ardientemente un monarca absoluto.

La Fronda dejaba un recuerdo de horror, y de ninguna manera habían sido curadas todas sus heridas. Las victorias sobre el extranjero excitaban el apetito de gloria y hacían desear un gran reinado. Además, los años 1660 y 1661 habían conocido malas cosechas; el pueblo tenía hambre, la mortalidad aumentaba. En las ciudades volvía el paro y el antagonismo de clases. Todos se volvieron hacia el rey como hacia un salvador, y se encontraron con que el rey respondía perfectamente a estas aspiraciones.

Desde el primer día de su gobierno demostró a la escéptica corte una pasión por el trabajo que no cesaría nunca, experimentando una profunda alegría al dirigir, y dominando, sin esforzarse, a sus ministros. Entre estos, el más brillante era cierto Nicolás Fouquet, superintendente de Hacienda, quien se burlaba de la energía del joven monarca, persuadido de que la atracción de la vida amable no tardaría en separar a Luis de sus deberes. Y para la corrupción y los placeres, Fouquet era maestro consumado. Inmediatamente después de la guerra civil, traficantes y tratantes dominaban el gobierno y la sociedad. El Gran Maestre de la Hacienda los protegía y participaba en sus negocios, confundiendo alegremente el dinero del Estado con el suyo.

Su castillo de Vaux le Vicomte, decorado por Le Notre, Le Brun, Poussin, era de una belleza y de un fasto inauditos, y sus colecciones procedían de todos los rincones del mundo; encantador, elegante, perverso, todas las mujeres le estaban sometidas, y los salones de su esposa y de su amante eran los más solicitados de Francia. Hombre atrevido, además, había concebido las principales ideas del programa aplicado más tarde por Colbert.

Colbert había sido recomendado al rey por Mazarino en su lecho de muerte. Hijo de un pañero de Reims, moreno, hosco, siempre malhumorado, el fiel servidor del Cardenal se había enriquecido junto a este último. Sin embargo, si bien entonces se había prestado a turbios manejos, el ministro de Luis XIV sacará más tarde provecho de su integridad, de su amor a la cosa pública.

Colbert no era un desconocido para Luis: cuando los amores del rey con María Mancini, había llevado en propia mano las cartas que la italiana dirigía al soberano desde su exilio de Brouage, donde estaba relegada. Después de la muerte de Mazarino, el sagaz empleado fue nombrado Interventor de la Hacienda, viéndosele trabajar cada noche frente a frente con el rey. Allí, desenredó las cuentas de Fouquet, aclarando sus malversaciones.

Luis necesitó dos meses para decidirse. En mayo, estaba resuelto a hundir al superintendente. Este se condujo con seguridad y orgullo, trabajando en su propia perdición: vendió su cargo de Procurador General en el Parlamento, que le hacía casi inviolable, y ofreció a Su Majestad una fiesta incomparable en su castillo. Deseaba impresionar así al joven rey, por su gloria y su fasto. Pero el espectáculo de los jardines, de los bailes, de los fuegos, de los juegos de agua, irritó al rey, que comparaba sus vetustas estancias con este palacio de sátrapa.

El odio de Luis XIV persiguió entonces al superintendente hasta su fortaleza de Belle Isle, donde el 5 de septiembre fue detenido por los mosqueteros. Tres años después se abrió el proceso de Fouquet. Queriendo Luis ofrecer un terrible ejemplo a los malos servidores de la corona, dejó a Colbert escarnecer injuriosamente a la justicia: el ministro desapareció en el fondo de la fortaleza de Pignerol y jamás salió de ella.

Juzgado demasiado importante el cargo de superintendente, fue suprimido y reemplazado por el de «interventor de hacienda». Una época se había acabado. Después del último sobresalto del feudalismo, Luis XIV iba a gobernar con la «plebe y la baja burguesía», como escribió el duque de Saint Simón.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IV La Gran Aventura del Hombre

Cardenal Mazarino Ministro y Tutor de Luis XIV de Francia Obra

RESUMEN DE LA VIDA Y OBRA DEL CARDENAL MAZARINO, MINISTRO DE LUIS XIV

ANTECEDENTES: La segunda parte del siglo XVII francés, período que sería llamado el «Gran Siglo» por los historiadores, se caracteriza durante sus diez primeros años por una crisis que conmovió a la monarquía como raramente lo había sido antes ni lo volvería a ser después, hasta la Revolución de 1789.

Es una de las pocas veces, durante toda la historia de Francia, en que la monarquía encuentra levantados frente a ella, tanto al Parlamento burgués como a los Príncipes, sostenidos por el pueblo. Todos se sentían cansados de la mano de hierro que Luis XIII había mantenido sobre ellos por medio de su ministro Richelieu. Para defender la corona real se encontró un prelado extranjero, el italiano Mazarino, cuya inteligencia y energía redujeron las intrigas y violencias.

Cuando el pequeño Luis XIV llegó a la edad de ocupar el poder, conservaba de su infancia el horror al desorden y a toda veleidad de independencia. Con una voluntad sistemática establecerá los fundamentos de un absolutismo como Francia no le había sufrido jamás.

cardenal frances mazarino

Giulio Mazarino
Giulio Mazarino o Jules Mazarin (1602-1661), político y cardenal francés que controló el gobierno francés durante la minoría de edad deLuis XIV y ayudó a transformar a Francia en la potencia predominante de Europa.El poderoso cardenal francés de origen italiano Giulio Mazarino gobernó el reino
durante la minoría de edad de Luis XIV.

DOS ESPECIALISTAS  PARA UNIFICAR   UN   REINO
Mientras en Alemania los señores feudales aún tenían fuerza suficiente para impedir la unificación del Imperio, en Francia las cosas marchaban en sentido inverso: la nobleza se debilitaba gradualmente, consolidándose el poder de la monarquía sobre todo el reino.

Desde tiempos de Felipe IV el Hermoso, quien afianzó la obra de Felipe II Augusto, la idea de país iba cobrando cuerpo. Hasta entonces en la Edad Media, cada señor o noble tenía control absoluto sobre sus dominios —los feudos—. Pero, durante los tres últimos siglos, el poder de la nobleza iba siendo limitado. Aunque conservaban todavía algunos privilegios, barones y condes eran obligados a respetar una única autoridad “nacional”, el rey. Aun así, periódicamente la nobleza se rebelaba, reclamando o restableciendo sus antiguos privilegios y creando dificultades a las iniciativas del monarca.

Richelieu procuró subordinar enteramente la nobleza al poder central. Pero el tiempo era corto. El rey envejecía y el propio Richelieu sentía disminuir sus fuerzas, sin que la monarquía francesa hubiese alcanzado el poder absoluto que consideraba indispensable para el fortalecimiento del Estado.

Se hacía imprescindible crear condiciones para que el futuro monarca pudiese continuar la obra. Uno de los obstáculos ya habla sido sorteado: la falta de un heredero directo del trono. Si Luis XIII hubiera muerto sin dejar hijos, la situación se habría complicado, pues la corona habría pasado al hermano del rey, en quien Richelieu no confiaba.

Había ahora una criatura de algunos días de vida. Pero eso solo no bastaba para asegurar la continuidad de la política incitada por el cardenal. Richelieu pensaba que sin un buen consejero ningún soberano se podría conducir con eficacia. Por eso necesitaba preparar con urgencia un sucesor para su propio cargo.

Había un solo hombre que estaba en condiciones de sucederlo: Giulio Mazarino, experto diplomático italiano que había sido soldado en los ejércitos del papa y que por entonces representaba al pontífice en París. En la larga convivencia con el italiano, Richelieu comprobó la perfecta identificación que Mazarino iba adquiriendo con él. La probada habilidad de Mazarino haría de él un continuador ideal de sus proyectos.

Era necesario “afrancesarlo” y aumentar su prestigio, para tornarlo en un consejero viable para el futuro rey de Francia. En 1640, Richelieu manda cambiar su nombre por el de Jules Mazarin y consigue su elevación al rango de cardenal. Esto se produce en el momento preciso: Richelieu fallece dos años más tarde y, al año siguiente, deja de existir también Luis XIII.

Ana de Austria

EL ULTIMO DESAFIO DE LA NOBLEZA
“¡Luis XIII ha muerto, viva Luis XIV!”. Resuenan nuevamente los tambores en las plazas públicas, mientras los heraldos proclaman el nombre del nuevo rey. El monarca tiene sólo cinco años. Corresponde a su madre gobernar provisionalmente, hasta que el rey alcance la mayoría de edad. No muy interesada en los asuntos políticos, la Reina Ana entrega el poder efectivo a ese personaje todavía relativamente oscuro, el cardenal Mazarino. Consta que las relaciones de la reina con su primer ministro eran más que amistosas. El hecho es que Mazarino no pierde tiempo y aplica paso a paso la política de Richelieu.

Luis XIII de Francia

Crea nuevos impuestos y tasas para los nobles, a fin de obtener fondos y reducir  aún   más  sus   privilegios.   Y concentra en sus manos una gran cantidad de poderes que, según explica, serán transferidos a Luis XIV en cuanto éste suba al trono. Mazarino se destaca pronto. Concluye con Alemania los tratados de Westfalia, poniendo fin a la llamada Guerra de los Treinta Años, que a partir de un conflicto entre los príncipes alemanes y los Habsburgo se había transformado en un conflicto continental, pues comprometía prácticamente a todos  los  países  europeos.

Los obispados de Metz, Toul y Ver. dún eran reconocidos como parte del reino de Francia y lo mismo ocurría con Alsacia, que se convertía en un enclave francés en medio de territorios germánicos. El poderío español también se reducía, ya que perdía gran parte de su influencia en los Países Bajos.

La guerra fue financiada por medio de pesados tributos, que afectaban tanto a los varios sectores de la nobleza como a los comerciantes, campesinos y artesanos. A partir de 1646, por ejemplo, todas las mercaderías que entraron en París fueron tasadas. Apoyándose en la burguesía, con la cual entablaron un pacto momentáneo (ambas clases tenían intereses opuestos), los nobles se rebelaban contra Mazarino con el concurso de la población de París.

Sintiéndose poco segura en palacio, la regente manda aprontar un carruaje y, llevando consigo a su hijo, logra atravesar la ciudad y refugiarse en la pequeña villa natal de Luis XIV, Saint-Germain-en-Laye (el pequeño rey no olvidará jamás el miedo que le produjo el levantamiento de París y de la nobleza: toda la vida tratará de domesticar a esta última y nunca se encontrará a gusto en la capital).

Se trataba de la llamada Fronda, rebelión capitaneada por la nobleza contra el poder creciente de la monarquía. Expulsado de París por los nobles, el joven rey Luis XIV fue, no obstante, traído de regreso por un príncipe, Conde. En desacuerdo con la revuelta, Conde afirmaba no tener nada contra el futuro soberano, y sí contra Mazarino. Exigió que fuese echado de Francia. En condiciones de inferioridad, Mazarino se exilió voluntariamente y comenzó a preparar  cuidadosamente   su  retorno.

Mantenía intensa correspondencia con la reina y su hijo, y daba instrucciones precisas en cuanto a la manera de enfrentar a la Fronda. En setiembre de 1651, probablemente debido a su consejo, Luis XIV declara oficialmente terminado el período de la regencia materna y asume todos los poderes de monarca. Tiene apenas trece años.

No tardará en llamar a París al fiel consejero de la corona (fiel, aunque se enriquezca a su nombre). Desde entonces, Mazarino se convierte en la “eminencia gris” del reino, el verdadero gobernante y preceptor del rey. Sólo otra personalidad se hace tan conocida —y odiada— como la suya en los años siguientes: la de Nicolás Fouquet, superintendente de Finanzas, a quien Mazarino encarga la importante tarea de recaudar los impuestos.

Mazarino enseña a Luis XIV a mantener siempre equilibrado el tesoro real, a rodearse de hombres competentes, interesados en desarrollar el comercio y las manufacturas, y a escoger a sus asesores sobre todo entre los burgueses, que, según él. merecen más confianza que la gente de  la   nobleza.

Luis XIV de Francia

No podía haber mejor alumno que Luis XIV. El monarca participaba de las reuniones del consejo a título de “enseñanza práctica” y daba su parecer sobre los asuntos en discusión.

A partir de cierto punto, su opinión divergía frecuentemente de la de los consejeros, lo que provocaba algún malestar en la sala del conseje en definitiva, Luis no era más que un muchachito. Empero, se hacía difícil distinguir dónde terminaba el entrenamiento y dónde comenzaba a expresarse   la   soberana   voluntad   real.

CUANDO  EL  DISCÍPULO APLICA LAS DOCTRINAS DEL MAESTRO
Antes de “diplomarlo”, Mazarino juzgó necesario escoger para él una esposa. Luis ya tenía su elección hecha: María Mancini, joven y bella sobrina del cardenal. Pero éste era contrario a las complicaciones que estos amores podían aportar. “¡Señor, os he recomendado apoyaros sobre los burgueses —dice— pero no sobre las burguesas! …” Mazarino insiste en que el monarca encuentre esposa en las familias reales de Europa. El casamiento es un asunto de Estado, un asunto por demás complicado para confiarlo exclusivamente a los sentimientos.

Mazarino ha iniciado gestiones ante Felipe IV de España: Luis XIV se casará con la princesa María Teresa, recibiendo a cambio territorios españoles de los Países Bajos, además de una pequeña dote de… ¡medio millón de escudos de oro! Al menos teóricamente, la transacción deberá asegurar la paz entre los dos reinos. La ceremonia se realiza en 1660.

Boda de Luix XIV y María Teresa

Boda de Luix XIV y María Teresa

Luis, que había jurado a María una fidelidad eterna, la dejó marchar, entre lágrimas. El corrió a ocultar sus lágrimas a Chantilly, enviando a su bienamada patéticas cartas de amor. Hizo falta, durante meses, toda la ternura de Ana de Austria, toda la sutileza, todas las reprensiones del Cardenal para que el rey consintiese, por fin, en renunciar a María, aceptando ofrecer su mano a la insípida María Teresa. El 9 de junio de 1660, unos esponsales dignos de un cuento de hadas unían a la Infanta de España y al Rey de Francia. María Teresa, desde el día siguiente de su boda, manifestó por su esposo una adoración ingenua y enojosa, que se prolongaría hasta sus últimos días.

EL FIN DE MAZARINO
El rey fue siempre un dócil alumno de Mazarino. Este se comportaba como verdadero monarca. Nadie tenía acceso libre a él, quien solicitaba una gracia debía dirigirse al Cardenal y no a Luis; su salud declinaba de día en día, pero su fasto jamás había aparecido tan esplendoroso. Victorioso frente a Austria y España, todavía encontró tiempo para pacificar el norte de Europa, restableciendo el equilibrio entre Suecía, Polonia y Dinamarca.

Sintiendo entonces próximo su fin, contempló la muerte con grandeza, suspirando solamente a la vista de las maravillas de su colección de cuadros: «Es necesario, pues, dejar todo esto». «Nunca, dijo más tarde Voltaire, hubo en una corte más intrigas y esperanzas que durante la agonía del cardenal Mazarino».

El superintendente Fouquet, protegido por la reina madre, creyó que sucedería al italiano, pero Colbert estaba firmemente resuelto a obstaculizarle el camino y a aprovechar la oportunidad. El día 7 de marzo, Mazarino se despidió noblemente del rey y de la reina madre.

Luis XIV lloró mucho, pero cada uno de sus ministros, acechando en su rostro una señal sobre la que fundar sus esperanzas, quedó decepcionado. El Cardenal se extinguió el 9 de marzo, habiendo llevado a fin la obra de Luis XIII y de Richelieu. Entre las manos del rey de Francia ponía la corona más poderosa de Europa.

PARA SABER MAS…
LAS DIFICULTADES FINANCIERAS EN LA ÉPOCA DE MAZARINO
Mazarino se encontraba frente al enojo de la nobleza y, además, frente a las dificultades económicas que había heredado de su predecesor. Este había concedido a estas cuestiones un mediano interés. El «estado de previsión» establecido cada año no comprendía todos los gastos ni todos los ingresos. Había cajas distintas, cuentas especiales a las cuales estaba afectado un ingreso determinado.

El paso de gente de guerra o una mala cosecha comprometían su percepción, por lo que se imponía encontrar nuevos recursos. Los gastos impagados, los ingresos no cobrados eran diferidos de año en año. Hubieron de aumentarse los impuestos de 17 a 69 millones, acrecentar el número de gravámenes. Pero todo fue insuficiente. La productividad del país era mediocre: el reino estaba siempre en el límite de la subsistencia y al borde del hambre endémica; la población permanecía subalimentada.

Para mantener sus ejércitos, Mazarino hubo de recurrir a métodos detestables, pidiendo prestado dinero a los banqueros, autorizando a éstos a percibir determinados impuestos. El rey ponía entonces a su disposición agentes del fisco y, a veces, hombres armados oprimían con impuestos a los campesinos hambrientos. En 1643 y 1644 hubo revueltas y motines en Rouer-gue, Poitou, Saintonge y el Angoumois. Pero la crisis financiera, lejos de disminuir, se agravaba. Particelli d’Emery, financiero de origen italiano, nombrado superintendente, se las ingenió para encontrar recursos nuevos mediante la venta de oficios inútiles y reducciones de emolumentos.

Exhumó una vieja ordenanza de Enrique II prohibiendo la construcción de casas junto a las murallas de París por razones militares; los propietarios de los suburbios hubieron de pagar una multa en virtud de este Edicto (Edit du Toisé), lo que provocó motines (1644). Una nueva tasa, la de los «Acomodados», afectó a los financieros, pero fue necesario renunciar a ella rápidamente ante las protestas generales.

El Parlamento de París se puso a la cabeza de los descontentos. En 1647, cuando habían comenzado las negociaciones de Westfalia, se promulgó otro Edicto que gravaba los derechos de consumo sobre todas las mercancías que entraran en París.

En fin, en 1648, con ocasión de la renovación de la Paulette (tasa anual pagada por los magistrados, que garantizaba la herencia de sus cargos), se decidió que, en lugar de pagar este derecho anual, los oficiales de los Tribunales (Tribunal de Cuentas, Tribunal de Impuestos Indirectos, Gran Consejo) abonarían cuatro años de sueldo. Aunque el Parlamento de París había sido exceptuado de esta medida, un poco excesiva, no impidió que se solidarizara con sus colegas.

Luis XI de Francia Gobierno y Economia de su Reinado

Luis XI (1423-1483), nació en Bourges el 3 de julio de 1423, fue desde 1461 rey de Francia (hasta 1483), hijo y de Carlos VII. Como sucesor de su padre, siguió la misma obra, iniciada por su progenitor. Se esmero desde un primer momento en restablecer la unidad y estabilidad de Francia tras los estragos causados por la guerra de los Cien Años.

Se unió a nobles descontentos en una fallida rebelión contra Carlos VII el año 1440, pero se le perdonó y fue nombrado gobernador del Delfinado o (Dauphiné), donde mostró una gran capacidad para el gobierno. Tras la muerte de su primera esposa, Margarita de Escocia, desafió a su padre al casarse con Charlota de Saboya en 1457. Vivió desde 1456 hasta 1461 en la corte del duque de Borgoña, Felipe el Bueno.

Luis XI de Francia

Cuando Luis XI sucedió a su hermano, lo que había heredado era un reino yermo (pobre, miserable) , con sus pueblos vacíos y sus campiñas asoladas. Cuando él murió, en el año 1483, dejaba una Francia más unida e infinitamente más próspera que la que había encontrado. Pero para lograr este resultado, aparte de su astucia natural, el rey había puesto en acción los recursos de su temperamento autoritario. Reinó como monarca absoluto, y Commynes podrá decir de él: «Fue el rey más terrible que hubo nunca en Francia»,

Le vimos hacer frente, en los primeros años de su reinado, a la Liga del Bien Público, y su represión fue severa: el condestable de Saint Pol y el duque de Nemours fueron decapitados, mientras que el cardenal La Balue estuvo once años prisionero. Además de esto, empleando métodos menos expeditivos, acostumbró a los señores feudales a una sumisión inmediata a su arbitrio.

Conminó a Juan de La Tour d’Auvergne a cambiar su condado de Boulogne por el de Lauraguais. El conde no podía, so pena de un castigo implacable, sustraerse a la voluntad real. Obispos y abades también debieron ser elegidos según la voluntad del rey. Y para ejercer su poder tiránico, Luis estaba secundado por una activa policía, que practicaba la delación y el espionaje. Oigamos, una vez más, a Commynes. «El rey era, naturalmente, amigo de las gentes de condición modesta y enemigo de todos los Grandes, que no lo necesitaban». Así, se apoyaba en las ciudades contra los señores feudales.

Ciertamente, no vacilaba en castigar con severidad a los que se le resistían; por ejemplo, Arras, culpable de haberse mostrado reticente en aceptar su autoridad después de la muerte del Temerario, vio decapitar a veintidós de sus burgueses.

Pero Luis XI, semejante en esto a sus antepasados Felipe Augusto y Felipe el Hermoso, tenía conciencia de la fuerza de los gremios de artesanos. En 1467, confiaba la guardia de París a «sus residentes y habitantes», divididos en compañías formadas tras los sesenta y un. estandartes, bordados en oro, de sus corporaciones. A fin de atraerse a la rica burguesía, hábilmente le confiaba cargos y empleos, ennobleciendo a alcaldes y regidores, a oficiales de justicia y de hacienda.

Los autorizó, igualmente, a fortificar sus dominios campesinos con fosos, murallas, torres y atalayas. En contraposición, la relatiya autonomía de que gozaban las ciudades, iba perdiéndose, día a día: era ésta una tendencia general que, desdé comienzos de siglo, se manifestaba en toda Europa. Luis XI hacía pesar su autoridad con la minuciosa  vigilancia  que  ejercía  sobre  la administración urbana y sus onerosas exigencias financieras.

EL REY DE LOS COMERCIANTES: Al ver pasar a su rey, los habitantes de Abbeville gritaban: «Santo Dios, ¿es éste el rey de Francia, el más grande rey del mundo? Parece más un criado que un caballero.’Entre todo, caballo y vestiduras de su cuerpo, no vale veinte francos». En efecto, estamos lejos de los fastuosos Valois. Más prosaicamente, Luis XI es el rey de los comerciantes; él sabe que el dinero es la garantía más segura de la autoridad, y su afán es vender mucho y comprar poco.

El Estado toma las riendas de la economía, imponiendo una reglamentación rigurosa. Se prohibe a los franceses acudir a las ferias de Ginebra y de los Países Bajos, a las cuales se oponen las de Lyon, Ruán y Caen. Quinientos mil escudos salían todos los años de Francia para la. compra de sederías italianas. Luis XI favoreció el cultivo de la morera y creó en Tours una manufactura para el tejido de la seda. Asimismo, como los productos metalúrgicos eran, en general, importados de Alemania, el rey nombró un inspector general de minas, encargado de hacer prospecciones, e impulsó la creación de altos hornos.

Una mejor utilización de la energía hidráulica permitió la instalación de potentes fuelles, lo que dio lugar a protestas airadas contra estos hornos «abismos de los bosques, tragaderos voraces de madera». Por otra parte, el Estado sostenía a los pañeros de Montpellier y de Poitiers, y protegía «el arte de escribir artificialmente». En 1470, un pequeño taller de imprenta se abría en la Sorbona; a finales del siglo, Lyon poseía una cincuentena.

Pero los vinos de Aquitania pesaban seguramente mucho más en la balanza comercial que los libros: para salvaguardar la fortuna del sudoeste, Luis llegó a autorizar a los navios ingleses que cargaran ellos mismos los toneles. Organizó en Londres una exposición de productos franceses, firmó un tratado comercial con el rey de Portugal y otro, en Argelia, con el «rey de Bona». Y he aquí el correo organizado: correos con blusa azul y gregüescos rojos galopaban a través de Francia en etapas de cuatro leguas.

Las campiñas que cruzaban volvían a tener un aspecto civilizado: a fin de repoblar y poner nuevamente en condiciones de cultivo las tierras devastadas,los señores consentían en contratos liberales, no exigiendo más que un noveno de las cosechas. Se habían otorgado parcelas incultas a campesinos aislados o a grupos de colonos.

La agricultura progresaba, los rendimientos aumentaban y se estima que la tercera parte del suelo francés estaba en explotación en el último tercio del siglo XV. El producto de la talla, tasa sobre las personas y los bienes, pasó de 1.200.000 libras, en 1462, a 4.600.000, en 1481.

Finalmente, se restableció una moneda sana, contante y sonante, el escudo «au soleil», capaz de competir con el florín o la libra esterÜna. Con el fin de llenar sus cajas, el Estado se ocupó de la recaudación de impuestos. El consejo de los tesoreros y de los generales fijaba, cada año, el estado de las finanzas, a partir del cual se hacía el reparto de la talla entre las provincias. Con la gabela—impuesto sobre la sal—y las alcabalas—tasas sobre la venta, la compra y el transporte de las mercancías—se procuraban los recursos del reino. La intervención del Estado era cada vez más gravosa.

LOS CONSEJEROS
Luis XI, en su política de restauración económica, estaba asistido por un «Gran Consejo». La mayor parte de sus miembros seguían al rey en sus desplazamientos, mientras el Parlamento y el Tribunal de Cuentas permanecían en París. Eran servidores del rey, nombrados por él y sometidos, enteramente, a sus deseos, por oposición a los del Parlamento, que se consideraban a sí mismos como servidores de la ley, independientes del soberano.

Este, deseoso de llevar a cabo la restauración económica del país, eligió sus «corsejeros» entre los burgueses provincianos servidores y émulos de Jacques Coeur, ministro de su padre. No hay que olvidar al preboste Tristán Lermite y al antiguo barbero del rey, Olivier le Daim, especialistas en maniobras policíacas y de espionaje. Pero la autoridad imperiosa del soberano se afirmaba de manera aplastante: «A causa de nuestra soberanía y majestad real, a Nos, únicamente, pertenece el Gobierno general y administración de nuestro reino». Luis, al solicitar frecuentemente la opinión de su Consejo, quería, simplemente enmascarar con ello el despotismo.

Al consolidar su autoridad, estableció las bases para la creación de la monarquía absolutista en Francia; al fomentar la industria y el comercio, incrementó la riqueza del país. Murió en Plessisles-Tours el 30 de agosto de 1483 y le sucedió su hijo Carlos VIII.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo V La Gran Aventura del Hombre

 

Pieles Rojas Historia Costumbres Vida y Religión

Muchos libros, películas y revistas han descripto a los pieles rojas como un pueblo sanguinario, sólo dedicado a la guerra y a ritos crueles. Pero el que no se detiene en estas narraciones superficiales y realiza un estudio más profundo sobre la vida de estos pueblos, encuentra ciertas creencias , costumbres de indudable valor espiritual. Por otra parte, no fue uniforme el nivel cultural de las distintas “familias” comprendidas en la denominación genérica de “pieles rojas”.

Poca es la historia que nos ha llegado de los pueblos pieles rojas de Estados Unidos llamados así, no por el color de la tez, sino porque era de un subido color rojo la pintura con la que se maquillaban para entrar en combate. Pero los restos de alfarería primitiva encontrados en Norteamérica, conforme a los estudiados con las modernas técnicas del carbono 14, nos hablan de asentamientos nativos anteriores a los pieles rojas, hacia el 30.000 a.C, mas poco se sabe sobre el origen de estos antiguos habitantes de América del Norte.

En cuanto a los actuales pieles rojas, se sustenta la teoría de que provenían de Asia, de laque emigraron a través del estrecho de Behring. Los rasgos mongólicos más pronunciados entre los esquimales, están menos acentuados entre estos pueblos pieles rojas, tal vez por la mezcla con los primigenios nativos a los que aludíamos antes.

Cuando se habla de la cultura azteca, maya, inca o aymará, se piensa de inmediato en colosales pirámides, en imponentes templos astrológicos, en culturas cosmogónicas y sociales de tal envergadura que asombraron -y alarmaron- a los europeos conquistadores recién llegados. Frente a tanta imponencia y avance cultural, la civilización de los pieles rojas de Norteamérica aparece deslucida o de menor envergadura.

Cuando llegaron los primeros colonos, las tribus que vivían hacia el este ide Norteamérica, como los algonquinos, iroqueses y hurones, habían formado un consejo de cinco naciones coaligadas, una especie de unión panamericana de piele rojas de la zona oriental, con un gran jefe, el cacique Hiawatha, a la cabeza.

Aldea de pieles rojos constituida por tiendas típicas. En círculo, alrededor del fuego, se encuentran reunidos en Consejo los ancianos de la tribu.

Se ha comprobado que existían 12ramas lingüísticas, cada una tan diferente de las demas como pueden serlo hoy el alemán y el persa, el ruso y el castellano, o el inglés y el italiano. Además de esas 12 ramas se hablaban dialectos varios, de tal suerte que al llegar el hombre blanco, había alrededor de 2.000 lenguas habladas por los primitivos americanos pieles rojas.

Vivían en las tiendas llamadas tipi, hechas con cueros de bisonte, sosten idas poi 3 o 4 palos. Otras tribus fabricaban casas rectangulares, hechas de ramas, hojas y paja, llamadas wigwan o también hagan entre los navajos.

ORGANIZACIÓN SOCIAL
Los pieles rojas estaban divididos en diversas tribus, cada una de las cuales tenía su propia tradición y sus leyes, f hablaba un dialecto a menudo incomprensible para las otras. En casos de especial necesidad, algunas tribus se reunían en confederaciones.

La tribu era gobernada por un jefe, que, no obstante, no tenía autoridad absoluta. Él era, más que otra cosa, un jefe guerrero y el ejecutor de la voluntad del pueblo. Los ancianos de la tribu, reunidos en torno al fuego del Consejo, expresaban su voluntad.

La contemplacíón de la naturaleza invitaba a los indios a recogerse en meditación y plegaria: ello los movía e elevar su corazón a Dios.

En algunas tribus, y en casos excepcionales, también participaban de estas reuniones las mujeres y los jóvenes. Pero prevalecía siempre el parecer de los ancianos, más ricos en experiencia y, por ende, más sabios. Una vez tomada una decisión, todos la acataban.

El jefe de la tribu mantenía su cargo mientras la edad se lo permitía. Luego, él mismo designaba su sucesor, que podía ser su hijo o su hija. Este nombramiento debía ser aceptado por todos los notables de la tribu, es decir, por los guerreros que habían realizado el mayor número de hazañas gloriosas. Si éstos indicaban como jefe sucesor a otro guerrero que había demostrado ser más valeroso que el heredero legítimo, este último debía, sin más, cederle el título.

Tabajaban la tierra y cultivaban maíz, tabaco, zapallo, yucas, porotos, pero también sacaron de ella plata y turquesas. Durante los siglos que duró la i«(Ionización española, los navajos atacaron los centros poblados en busca de caballos, bebidas y mujeres, pero en el año 1860, EE.UU. ocupó la región de Arizona y Nuevo México.

En 1864, Kit Carson con sus tropas derrotó a los navajos en la célebre batalla de Bosque Redondo en Nueva México. En 1868 establecían una reserva para ellos en Arizona, donde tuvieron una suerte muy dura por la escasez y pobreza de las tierras. La población navaja asciende hoy a 100.000 personas, y viven en una comarca que apenas aporta alimentación para 35.000.

Hasta hoy la mayoría de los nombres de estados y ciudades en EE.UU. conservan o derivan de nombres del idioma indio: Dakota, significa “aliados”; Oklahoma, “el pueblo rojo”; Iowa, “los dormidos”; Kansas, “una brisa cerca del suelo; Kentucky, “el suelo oscuro y sangriento; Illinois, “la tribu de los hombres perfectos”; Texas, “amigos”; Idaho, “buenos días”; y Mississippi, “padre de las aguas”.

En la frontera con California hay varias reservas de tribus indias: arapahos hacia el oeste, apaches y navajos hacia el noreste en los límites del territorio de Nueva México. Hasta el día de hoy hay localidades, dentro del mismo estado de Arizona, que llevan nombres de distintas tribus que fueron los primitivos y auténticos habitantes de esta región: Coconinos al norte; en el centro Yavapai (Aguas claras). Incluso el nombre de Cochise que fue el caudillo que educó al famoso indio Jerónimo, figura al sur del estado de Arizona, en el 1 imite con México.

Una forma habitual para comunicarse entre las tribus eran las señales de humo que se lograban colocando una manta en forma intermitente sobre una fogata encendidacon madera verde para que les asegurara un buen fuego con humo.

Una tribu de cualquier clase estaba constituida por varios clanes y en cada uno de ellos regía un anciano magistrado elegido por el clan en cuestión, llamado Sachem. Pero a su vez, los jefes guerreros de cada clan eran los Natani, elegidos en ceremonias sagradas. Varios Sachem formaban un Consejo de Ancianos o Jefes Mayores, los que eran comandados por un gran cacique. La categoría de estos últimos se destacaba por el revestimiento de ornamentos de plata y cuentas de arcilla y piedras coloreadas alrededor del cuello, pero sobre todo por el típico tocado confeccionado con plumas de águila.

Cada guerrero de cualquier tribu podía ataviarse con plumas de águila de acuerdo a los coups o encuentros con enemigos armados como él, en las frecuentes guerras entre tribus rivales. Así como un piloto de la RAF, durante la última guerra mundial, solía pegar una cruzde hierro en la carlinga de su avión por cada aeronave nazi derribada por él, también en la misma forma los guerreros pieles rojas, contabilizaban por cada coups una pluma timonera de águila.

Las plumas recortadas de cuervo indicaban que había sido herido en acción. También se diferenciaban los guerreros pieles rojas con los de otra tribu por la colocación de las plumas, como los clanes escoceses en la elección de los colores y el dibujo de las telas. Pero siempre las plumas del cóndor y el águila eran las favoritas, pues eran aves que estaban más cerca del cielo y de los dioses y simbolizaban el acuerdo del hombre con Manitú.

Los hombres que oficiaban de curanderos-chamanes de la tribu, denominados Wakan, llevaban el cabello recogido con un moño y sus revelaciones y consejos eran escuchados y seguidos respetuosamente por el resto de la tribu. También oficiaban de sacerdotes para casar a las parejas.

RELIGIÓN
“Padre mío, que estás en todas partes, y por quien estoy vivo: tal vez ha; sido Tú quien, por obra de los hombres, me has colocado en esta situación pues eres Tú quien lo dispone todo. Y como nada es imposible para Ti, líbrame de mis enemigos, si lo consideras justo. Y ahora, a vosotros todos, peces de los ríos, pájaros del cielo y animales que corréis sobre la Tierra, y a ti, oh Sol, os ofrezco este mi caballo. Vosotros, pájaros del aire, y vosotros, habitantes de la pradera, sois mis hermanos, porque un solo Padre nos ha creado, y veis cómo soy infeliz. Entonces, si tenéis algún poder ante el Padre, interceded por mí.”

Esta hermosa plegaria fue pronunciada por un indio de la tribu de los pawnees, cuando se hallaba en una situación desesperada. En ella encontramos no sólo la expresión de fe en un Dios, padre justo y amoroso de todas las criaturas, sino también el sentido de una profunda resignación a la voluntad divina y el concepto de la omnipresencia de Dios.

Las diferentes tribus pieles rojas llamaban al Gran Espíritu Creador con distintos nombres: “Manitú” (Gran Manito), los algonquines; “Wakonda los síux; “Yastasinane” (que significa “capitán del cielo”), los apaches. Además, veneraban todas las manifestaciones de la naturaleza: el Sol, la Luna, el Aire, el Agua, el Fuego. A estas fuerzas misteriosas dedicaban largas oraciones silenciosas, o ritos complicados y enigmáticos, como la Danza del Sol. que bajo la guía de los hechiceros, a veces se prolongaban durante días.

GUERRAS
” Apesar de tantas luchas, he tenido la suerte de no derramar nunca la sangre de una mujer o de un niño, ni siquiera involuntariamente”. Así se expresaba Gerónimo, un gran jefe apache, dando fin a la narración de sus aventuras guerreras.

Las tribus pieles rojas guerreaban frecuentemente entre sí por los motivos más fútiles. Bastaba que dos tribus se encentraran simultáneamente en un mismo territorio de caza para que la guerra fuera inevitable. Sin embargo, fueron combatientes leales: ni las mujeres ni los niños de los vencidos eran nuertos; los prisioneros eran respetados, y los tratados, aunque  solo  fueran  verbales,  se observaban escrupulosamente.

Para algunas tribus, como los apaches, los comanches y los siux. la guerra no era más que un tipo particular de caza que concluía con la captura de los caballos de la aldea atacada. Prestamente, la ilustración representa un método empleado por los comanches para atacar de sorpresa a una aldea. Los jinetes se mantenían agarrados al cuello de los caballos, escondiéndose tras uno de sus flancos, y se acercaban al poblado simulando ser ana manada en pastoreo. Luego, de improviso, los guerreros se erguían decididos y se lanzaban denodadamente al ataque.

LA    CAZA
El otoño era la estación de las grandes cacerías. La tribu se trasladaba continuamente en busca de manadas de búfalos, que galopaban hacia el sur. Había manadas tan numerosas que a veces se extendían hasta sesenta kilómetros, y ccntinuaban pasando durante cinco días seguidos. Los jinetes se situaban en los flancos de la manada, y sus flechas, casi siempre certeras, se clavaban en la juntura del lomo de los bisontes. Un procedimiento más audaz para abatir a la presa era saltar de la grupa del caballo sobre la del risonte y clavarle un cuchillo en la garganta.

Los pieles rojas sabían utilizar la carne y otras partes de este animal. Con la piel aún cubierta de pelos, hacían camas, mantas y capas. Después de haberla raspado la usaban para fabricar tiendas, piraguas, escudos, ropa y calzado. Los huesos servían para preparar utensilios (palas, arpones, puntas de flechas, agujas, ornamentos); los tendones y los intestinos eran transformados en cuerdas para arcos, lazos y ataduras; los cuernos hacían las veces de recipientes; los cascos daban una gelatina que se empleaba como cola; el cerebro servía para el curtido de las pieles.

LAS    DANZAS
Los pieles rojas fueron famosos, además, por las fantásticas danzas que ejecutaban en distintas ocasiones. Había danzas de carácter religioso que servían para solicitar al Gran Espíritu una lluvia, una caza abundante, o la victoria en la guerra. Otras danzas, que se ejecutaban inmediatamente antes de una batalla, tenían por objete exciear a los guerreros para la pelea. A menudo, en la excitación los guerreros se excedían; el resultado era, así, opuesto al deseado, pues llegaban a la batalla físicamente extenuados. Otro tipo de danza, que tenía carácter de espectáculo, consistía, generalmente, en la narración mímica de una  hazaña guerrera.

PARA SABER MAS…
Las religiones: Como todos los pueblos antiguos, no sólo de América del Norte, Centro y Sur, sino de Europa, Asia u Oceanía, la figura del sol era tan importante como la de la Luna. Se le adjudicaba al primero la jerarquía, la cacería, la acción de la naturaleza, el cacique, la paternidad, mientras que la segunda estaba parangonada con la noche, el reposo, las aguas, los misterios, la maternidad, el medicine-man (wakan). También adoraban al viento y al rayo al que temían y representaban como una culebra en movimiento, por ello muchas tribus se abstenían de matarlas. Más bien las veneraban y danzaban como los Hopi en ceremonias mágicas y secretas.

Creían que existíaun Gran Espíritu y también otros menores que vivían en cada hombre, en cada animal, lago, árbol, pasto y hasta en las piedras.

Así, para los espirituales indios Hopi, el monte era sagrado y el mundo material y su relación con los espíritus no tenían fronteras limitantes. Cualquier terrón de la tierra era sagrado y como tal habitado por seres sutiles, Además del Sol y la Luna existían las Personas de los Hombres, las Personas de la Tierra, las Personas del Agua, y las Personas del Viento. Esto último coincide con las leyendas de las culturas europeas y orientales sobre los genios que habitan los distintos elementos (hadas, salamandras, sílfides, elfos, etc.)

Entre los zuñies y pawnees, existía la creencia de que las sombras que dejaban en el suelo al caminar, eran sus almas y que cuando fallecían se reunían en un lugar desolado al que ningún miembro vivo de la tribu podía acceder.

Todos los muertos hacían un  largo viaje hacia los cielos y formaban juntos la Vía Láctea, cualquiera hubiera sido su rol en la vida. Las estrellas brillantes, sin embargo, eran los espíritus de los bravos guerreros que cabalgaban, por siempre, los campos celestes del Gran Manitú.

El hombre blanco al llegar a América descubrió muchas cosas importantes y cubrió otras de miseria y olvido. Pero entre las primeras, encontró un verdadero tesoro de leyendas: mellizos que viajaban al sol, aves que raptaban a hermosas doncellas, mujeres arañas librando gente de un diluvio. Al igual que otros escritores o narradores de mitos del resto del planeta, estos pieles rojas contaban la creación del mundo: como se descubrió el fuego, como brotaron las plantas y fueron creados los hombres.

Pero los mitos que los conquistadores escucharon y perpetuaron no eran simples fábulas. Eran herencia sagrada que explicaban las fuerzas de la naturaleza y daban un contenido vital a los cantos y danzas primigenias del ceremonial religioso piel roja. (Fuente: Huellas del Cielo Norma Palma de Sindona)

Fuente Consultada:
Enciclopedia Estudiantil Ilustrada Tomo III Los Pieles Rojas
Huellas del Cielo Norma Palma de Sindona

Los Cocomes Mayas Colapso de la Civilización

COCOMES
Los jefes mayas pertenecientes a la familia de los cocomes se establecieron en el distrito de Zotuta y eran llamados los chels. Ocuparon la región de Tihoo, cerca de Mérida. La zona maya comprendía políticamente cierto número de ciudades estados, situación semejante a la de la antigua Grecia en la época de Atenas y Esparta.

Cada estado estaba gobernado por un Halac Uinic (palabra que significa hombre verdadero). La sociedad maya estaba al igual que en la India, dividida en cuatro clases según los cuatro signos cardinales astrológicos: las castas militares hacia el Este = Aries, los nobles hacia los barrios del Oeste = Libra, los sacerdotes hacia el Sur=Capricornio, el común del pueblo (Cáncer), los esclavos (Luna) y los prisioneros de guerra hacia el Norte. Los centros más importantes del antiguo imperio fueron los de Copan, Guiricuá, Piedras Negras, Tikal, Uaxctún, Palenque y Yaxchilán.

Cocomes Mayas

En Copan, en Honduras, la belleza de los templos es impresióname y las piedras desenterradas han tomado un color rosado pálidoque les confieren los hongos locales. En uno de los templos su escalera tiene 27 metros de largo por 10 de ancho y en lo alto un enorme bloque apunta hacia el cielo, para registrar un eclipse solar.

Fue una de las primeras ciudades mayas abandonadas y por ello una de las últimas fechas inscriptas es del año 805 d.C, 64 años antes de la última fechu tallada en Tikal.

Copan era un punto especial para la observación de los astros por la limpidez del cielo. Según expresó S. Morley, un estudioso especialista en cultura maya, el templo de Copan fue erigido en el 764 en recuerdo de un importante eclipse.

En Tulum, a 131 km.de la moderna ciudad de Cancum, se halla una importante zona arqueológica con templos donde aparecen deidades como el Sol, la Luna, Venus y otras estrellas, en franjas ribeteadas de serpientes entrelazadas: la figura de Escorpio,  la serpiente emplumada, que aparecerá una y otra vez como sabio límbolode la vida, la muerte y la resurrección plutónica.

Palenque. Es un Templo de 23,40 metros de longitud por 16 metros de altura, ron 9 terrazas superpuestas, con 620 glifos esculpidos, lo que le ha valido su nombre de Templo de las Inscripciones. Debajo se hallael famoso «astronauta» en jade, del que tanto han hablado. Dániken, Benavidez y otros escritores ovniólogos.

Al observar la pirámide de Palenque asombran sus inscripciones. Mientras las de Chichen Itzá y Uxmal, parecen que esperaran al turista al borde de rutas macadamizadas, las de Palenque están como ancladas en la selva. Aparecen como palacios dorados por la luz, en medio de los árboles, templos casi intactos mientras pájaros de plumas multicolores vuelan por la plaza de la ciudad abandonada hace 50 generaciones y donde de noche a veces vienen a refugiarse los jaguares.

Fuente Consultada:
Huellas del Cielo de Norma Palma

Historia Moderna Renovacion cientifica, grandes exploraciones marítimas, inventos

Historia Moderna Renovacion Científica, Grandes Exploraciones Marítimas

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El Renacimiento
Leonardo Da Vinci y Miguel Ángel
El Humanismo
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La Guerra de Los Siete Años
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