Estación Espacial (ISS)

Biografía de Valentina Teréshkova Primera Mujer en Viajar Al Espacio

Resumen Biografia Valentina Teréshkova
Primera Mujer en Viajar Al Espacio

Hija de campesinos y más tarde humilde trabajadora de un complejo textil de la ciudad rusa de Yaroslavl, Valentina Teréshkova estaba sin embargo señalada para otros destinos. Su afición por el paracaidismo fue el paso inicial en su camino hacia el cosmos, porque el 16 de junio de 1962 se convirtió en la primera mujer que viajara en el espacio exterior, concretando una hazaña que le valió el reconocimiento mundial como una pionera de la era espacial.

Vladimir y Elena Teréshkov festejaban el nacimiento de Valentina, su segunda hija, en una pequeña granja colectiva no muy lejos de la antigua ciudad rusa de Yaroslavl, a orillas del Volga, a unos 300 kilómetros al nordeste de Moscú.

Corría el año 1937 y los felices padres no podían suponer que la pequeña Válechka llegaría a ser la primera mujer que paseara por el cosmos. En realidad, jamás les había pasado por la cabeza la posibilidad de que alguien llegara a hacerlo. Los problemas de los Teréshkov estaban bien ligados a la Tierra, y su principal preocupación por entonces era realizar lo mejor posible la pequeña parte que les correspondía en el cumplimiento del ambicioso tercer plan quinquenal del gobierno soviético.

Vladimir era un hombre alegre, trabajador y expansivo, y para él pocos ingenios podían superar a esa moderna y productiva máquina de la que estaba tan orgulloso: el sufrido tractor que manejaba en el koljós. Cuatro años más tarde, Hitler había de invadir la Unión Soviética y Vladimir Teréshkov moriría en el frente de batalla. Valentina casi no lo recuerda, pero ella y sus hermanos tuvieron en la madre a una mujer abnegada que hizo cuanto pudo por sus tres hijos.

En el año 1945 los Teréshkov se mudaron a Yaroslavl y se instalaron en casa de unos parientes. Elena comenzó a trabajar en una fábrica de tejidos mientras las dos hijas, Ludmila (la mayor) y Valentina, asistían a la escuela, y el menor, Vladimir, a un jardín de infantes. Cuando Valentina terminó el séptimo grado, decidió que comenzaría a trabajar y seguiría estudiando por la noche. Entró como obrera en una fábrica de neumáticos y más tarde se incorporó al gran complejo textil de Yaroslavl.

En esos años tenía dos pasiones: el esquí y la lectura. Cuando no se deslizaba sobre la nieve, eran las discusiones en el bosque alrededor de una fogata, en el otoño, o excursiones veraniegas a las playas del Volga, siempre acompañada fielmente por los libros. Al terminar el décimo grado, comenzó a estudiar por correspondencia en una escuela técnica.

Por esa época se fue aficionando a otro deporte que sería el primer paso en su rápido camino al espacio cósmico. En un principio, todo se limitó a escapadas furtivas, a primera hora de la mañana, hasta la puerta de calle. Un avión sobrevolaba regularmente su casa y de él se arrojaban paracaidistas. “¡Esos sí que son valientes!”, comentaba luego a su madre y a su hermana, al dirigirse a la fábrica. Pronto comenzó a saltar en paracaídas.

Cuando el 12 de abril de 1961 Yuri Gagarin fue el primer hombre en recorrer el espacio extra-terrestre, Valentina integraba la Liga Juvenil Comunista y seguía trabajando en la fábrica. Todavía no se habían apagado en Yaroslavl los ecos del júbilo despertado por la hazaña del primer astronauta, cuando una persona llegada de Moscú conversó largo rato con Valentina y otras integrantes del club de paracaidismo que habían solicitado ingresar en la Escuela de Cosmonáutica. Poco después Valentina partía para la capital.

Allí inició una etapa de intensos estudios y entrenamientos hasta que en mayo de 1962 fue incorporada al equipo de cosmonautas. El propio coronel Gagarin, comandante del Destacamento de Astronautas, fue uno de sus maestros. Valentina debió aprobar cursos teóricos sobre técnica coheteril y pilotaje de cápsulas espaciales, además de someterse a arduas pruebas en la pista rodante, el rotor, la centrífuga, la cámara sorda y otras. Finalmente, le tocó a Valentina destruir el mito de que los cosmonautas debían ser seleccionados entre los pilotos de pruebas militares.

Sin embargo, no todos fueron estudios, entrenamiento y trabajo. Valentina dedicó todo el año 1962 a prepararse para el vuelo, pero los domingos iba a Moscú, donde frecuentaba el teatro Bolshói y las salas de concierto. Pronto se hizo admiradora de Chaikovsky y Beethoven, al tiempo que el prestigioso pianista soviético Emil Guílels y el talentoso joven norteamericano Van Cliburn pasaron a ser sus intérpretes preferidos.

VALENTINA SE CONVIERTE EN “GAVIOTA”

El 15 de junio de 1963 Valentina Teréshkova, vestida con un traje sastre azul y zapatos blancos, está sentada junto a sus compañeros, a los técnicos de la base y a los periodistas soviéticos, en un amplio salón de reuniones del cosmodromo de Baikonur.

En un estrado se encuentran los integrantes de la comisión oficial encargada de decidir los lanzamientos. El presidente de la comisión llama a Valentina y le dice ¡”Ciudadana Teréshkova, ha sido usted designada para comandar la nave espacial Vostok VI. La fecha de partida está fijada para mañana, domingo 16 de junio de 1963″. Valentina, visiblemente emocionada pero con la calma propia de todo astronauta, agradece la designación, que considera un honor, y declara sentirse feliz y orgullosa. La sala estalla en aplausos. Valeri Bikovski, el astronauta que más órbitas (81) realizó sin acompañante, ya se encontraba en el espacio desde el 14 de junio tripulando la nave espacial Vostok V, y esperaba el lanzamiento de su colega, que conmocionaría al mundo.

Aquel domingo Valentina se levantó con el sol. Su gorro blanco lucía a la izquierda una paloma bordada sobre un fondo dorado de rayos solares. “Estoy lista para el vuelo”, anuncia a los jefes de la operación. Le regalan flores: nunca antes un hombre había obsequiado flores a una mujer que partía a las estrellas. La joven astronauta ya está en la cabina, donde escucha la voz familiar de Gagarin: “Cinco minutos para preparativos”. Y Valentina informa: “Ajusté mi casco, me puse los guantes”.

A las 11.30, hora de Moscú, se inicia la fase final, la cuenta regresiva. La intrépida cosmonauta tiene ante sí una carpeta con tapas blancas y unas iniciales en grandes caracteres cirílicos: CCCP (es decir, SSSR, iniciales del nombre en ruso de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas); es su libro de navegación. Solo falta esperar que termine la cuenta regresiva. Valentina observa cómo la aguja del segundero recorre una, otra y otra vez la esfera del cronómetro. “Comenzar el despegue -ordena el puesto de mando-. ¡Despegue!”

Por obra y gracia del código de vuelo, Valentina se convierte desde ese instante en “Gaviota”. Bikovski ya es “Halcón”, y Gagarin, a cargo de los contactos radiales Tierra-Vostok, “Amanecer”.

-Aquí Amanecer. ¿Me oye, Gaviota? Su vuelo se desarrolla normalmente, los cohetes funcionan a la perfección.
-Aquí Gaviota, aquí Gaviota. Estoy bien, me siento muy bien. Soporto la aceleración normalmente.

E sel primer diálogo entre una mujer lanzada al espacio y un hombre. Cuando Valentina fue a reunirse con él, Bikovski estaba en su 32a vuelta alrededor de la Tierra. Se comunicaron por radio en seguida pero la emoción les hacía olvidar sus nombres de código: “Valerik -dijo Teréshkúva-, voy a cantar, para que no te aburras, nuestra canción preferida: la de los cosmonautas.”

TRES DÍAS Y DOS MILLONES DE KILÓMETROS

El vuelo de la Vostok VI estaba planeado inicialmente para durar 24 horas. Poco antes de ese plazo se consultó con.Teréshkova sobre su estado físico. Al responder la astronauta que se encontraba perfectamente bien, la experiencia se prolongó dos días más. El miércoles 19 de junio a las 11 de la mañana “Amanecer” habló con “Gaviota”: “Válechka, pronto iniciarás tu descenso. Ya te adjudicaste una serie de triunfos y tu padre estaría orgulloso de ti si viviera”. No hubo respuesta: Valentina quizás lloraba.

Aterrizó a las 11.20. La ciudad de Kamen del Obi, en Siberia occidental, se insinuaba al norte. Valentina Teréshkova había recorrido dos millones de kilómetros (más de cinco veces la distancia que separa la Tierra de la Luna), en 70 horas y 50 minutos, a una velocidad media de 28 mil kilómetros por hora, durante sus 48 vueltas alrededor de la Tierra.

Después vinieron los agasajos en la Plaza Roja de Moscú y en muchas Otras capitales del mundo, y su casamiento, en el otoño de 1963, con un compañero de trabajo, el astronauta Andrián Nikoláiev, que había tripulado durante 94 horas y 35 minutos la Vostok III en agosto de 1962. Al año siguiente nació su hija Elena, en las cercanías de Moscú.

Además de haber sido la primera astronauta del mundo, Valentina Teréshkova es diputada al Soviet Supremo de la URSS y presidenta del Comité de Mujeres Soviéticas. La primera mujer que vio la Tierra desde el espacio cósmico expresó así su emoción: “Me siento muy feliz. Veo el horizonte. Un celeste pálido con estrías azules. Es la Tierra. ¡Cuan bella es!”

Fuente Consultada: Vida y Pasión de Grandes Mujeres – Las Reinas – Elsa Felder

Ecuación de Drake Posibilidades de Vida Extraterrestre

La detección de vida en otro punto del universo sería el mayor descubrimiento de todos los tiempos. El profesor de física Enrico Fermi se preguntó por qué, teniendo en cuenta la y la vastedad del universo, así como la presencia de miles  millones de estrellas y planetas que han existido durante de millones de años, ninguna civilización alienígena se ha puesto en contacto con nosotros. Esta era su paradoja.

Mientras charlaba con sus colegas a la hora del almuerzo en 1950. Fermi, al parecer, se preguntó: «¿Dónde están?». Nuestra galaxia contiene miles de millones de estrellas y hay miles de millones de galaxias en el universo, así que hay billones de estrellas. Si sólo una pequeña fracción de ellas tuviera planetas, eso suponía un gran número de ellos. Si una parte de esos planetas albergaba vida, debería haber millones de civilizaciones ahí afuera. Así que, ¿por qué no las hemos visto? ¿Por qué no se han puesto en contacto con nosotros?

Así pensaba Carl Sagan, respecto a la vida extraterrestre: ¿hay alguien ahí fuera con quien hablar? ¿Es posible, habiendo una tercera parte o una mitad de un billón de estrellas en nuestra galaxia Vía Láctea, que la nuestra sea la única acompañada por un planeta habitado?.

Es mucho más probable que las civilizaciones técnicas sean una trivialidad, que la galaxia esté pulsando y vibrando con sociedades avanzadas, y por lo tanto que no esté muy lejos la cultura de este tipo más próxima: quizás esté transmitiendo con antenas instaladas en un planeta de una estrella visible a simple vista, en la casa de al lado.

Quizás cuando miramos el cielo nocturno, cerca de uno de esos débiles puntos de luz hay un mundo en el cual alguien muy distinto de nosotros esté contemplando distraídamente una estrella que nosotros llamamos Sol y acariciando, sólo por un momento, una insultante especulación.

Es muy difícil estar seguros. Puede haber impedimentos graves en la evolución de una civilización técnica. Los planetas pueden ser más raros de lo que pensamos. Quizás el origen de la vida no es tan fácil como sugieren nuestros experimentos de laboratorio. Quizás la evolución de formas avanzadas de vida sea improbable. 0 quizás las formas de vida compleja evolucionan fácilmente pero la inteligencia y las sociedades técnicas requieren un conjunto improbable de coincidencias: del mismo modo que la evolución de la especie humana dependió del fallecimiento de los dinosaurios y de la recesión de los bosques en la era glacial; de aquellos árboles sobre los cuales nuestros antepasados se rascaban y se sorprendían vagamente de algo. 0 quizás las civilizaciones nacen de modo repetido e inexorable, en innumerables planetas de la Vía Láctea, pero son en general inestables; de modo que sólo una pequeña fracción consigue sobrevivir a su tecnología y la mayoría sucumben a la codicia y a la ignorancia, a la contaminación y a la guerra nuclear.

Ecuación de Drake: En 1961, Frank Drake trasladó a una ecuación la probabilidad de que una civilización alienígena con la que pudiéramos contactar viva en otro planeta de la Vía Láctea. Se conoce como la ecuación de Drake. Nos dice que existe la posibilidad de que coexistamos con otras civilizaciones, pero la probabilidad es bastante incierta. Carl Sagan sugirió una vez que hasta un millón de civilizaciones alienígenas podrían vivir en la Vía Láctea, pero más adelante rechazó su propia afirmación, y desde entonces otros científicos han considerado que esa cifra se reducía a una civilización, concretamente, la humana.

 número de estrellas en la galaxia Vía Láctea;  fracción de estrellas que tienen sistemas planetarios número de planetas en un sistema dado que son ecológicamente adecuados para la vida, fracción de planetas adecuados de por sí en los que la vida nace realmente, fracción de planetas habitados en los que una forma inteligente de vida evoluciona, fracción de planetas habitados por seres inteligentes en los que se desarrolla una civilización técnica comunicativa; fracción de una vida planetaria agraciada con una civilización técnica. =N

FORMULA DE DRAKE: Es posible continuar explorando este gran tema y hacer una estimación basta de N, el número de civilizaciones técnicas avanzadas en la Galaxia. Definimos una civilización avanzada como una civilización capaz de tener radioastronomía. Se trata desde luego de una definición de campanario, aunque esencial. Puede haber innumerables mundos en los que los habitantes sean perfectos lingüistas o magníficos poetas pero radioastrónomos indiferentes. No oiremos nada de ellos. N puede escribirse como el producto o multiplicación de unos cuantos factores, cada uno de los cuales es un filtro y, por otro lado, cada uno ha de tener un cierto tamaño para que haya un número grande de civilizaciones:


Nt, número de estrellas en la galaxia Vía Láctea;
fp, fracción de estrellas que tienen sistemas planetarios,
ne, número de planetas en un sistema dado que son ecológicamente adecuados para la vida,
fj, fracción de planetas adecuados de por sí en los que la vida nace realmente,
f¡, fracción de planetas habitados en los que una forma inteligente de vida evoluciona,
fc, fracción de planetas habitados por seres inteligentes en los que se desarrolla una civilización técnica comunicativa; y
fL, fracción de una vida planetaria agraciada con una civilización técnic
a.

Esta ecuación escrita se lee N = N*. fp . ne . f1 . fi . fc . fL Todas las efes son fracciones que tienen valores entre 0 y 1; e irán reduciendo el valor elevado de N0.

Para derivar N hemos de estimar cada una de estas cantidades. Conocemos bastantes cosas sobre los primeros factores de la ecuación, el número de estrellas y de sistemas planetarios. Sabemos muy poco sobre los factores posteriores relativos a la evolución de la inteligencia o a la duración de la vida de las sociedades técnicas. En estos casos nuestras estimaciones serán poco más que suposiciones. Os invito, si estáis en desacuerdo con las estimaciones que doy, a proponer vuestras propias cifras y ver cómo afectan al número de civilizaciones avanzadas de la Galaxia. Una de las grandes virtudes de esta ecuación, debida originalmente a Frank Drake, de Cornell, es que incluye temas que van desde la astronomía estelar y planetario hasta la química orgánica, la biología evolutiva, la historia, la política y la psicología anormal. La ecuación de Drake abarca por sí sola gran parte del Cosmos.

Conocemos N*, el número de estrellas en la galaxia Vía Láctea, bastante bien, por recuentos cuidadosos de estrellas en regiones del cielo, pequeñas pero representativas. Es de unos cuantos centenares de miles de millones; algunas estimaciones recientes lo sitúan en 4 x 1011. Muy pocas de estas estrellas son del tipo de gran masa y corta vida que despilfarran sus reservas de combustible nuclear. La gran mayoría tienen vidas de miles de millones de años o más durante los cuales brillan de modo estable proporcionando una fuente de energía adecuada para el origen y evolución de la vida de planetas cercanos.

Hay pruebas de que los planetas son un acompañamiento frecuente de la formación de estrellas. Tenemos los sistemas de satélites de Júpiter, Saturno y Urano, que son como sistemas solares en miniatura; las teorías del origen de los planetas; los estudios de estrellas dobles; las observaciones de los discos de acreción alrededor de estrellas, y algunas investigaciones preliminares de las perturbaciones gravitatorias de estrellas cercanas. Muchas estrellas, quizás la mayoría, pueden tener planetas.

Consideramos que la fracción de estrellas que tienen planetas, es aproximadamente de 1/3. Entonces el número total de sistemas planetarios en la galaxia sería N. fp = 1,3 x 1011 (el símbolo = significa aproximadamente igual a ). Si cada sistema tuviera diez planetas, como el nuestro, el número total de mundos en la Galaxia sería de más de un billón, un vasto escenario para el drama cósmico.

En nuestro propio sistema solar hay varios cuerpos que pueden ser adecuados para algún tipo de vida: la Tierra seguro, y quizás Marte, Titán y Júpiter. Una vez la vida nace, tiende a ser muy adaptable y tenaz. Tiene que haber muchos ambientes diferentes adecuados para la vida en un sistema planetario dado. Pero escojamos de modo conservador ne = 2. Entonces el número de planetas en la Galaxia adecuados para la vida resulta
N. fp
ne = 3 x 1011.

Los experimentos demuestran que la base molecular de la vida, los bloques constructivos de moléculas capaces de hacer copias de sí mismas, se constituye de modo fácil en las condiciones cósmicas más corrientes. Ahora pisamos un terreno menos seguro; puede haber por ejemplo impedimentos en la evolución del código genético, aunque yo creo que esto es improbable después de miles de millones de años de química primigenio.

Escogemos f1=1/3, implicando con esto que el número total de planetas en la Vía Láctea en los cuales la vida ha hecho su aparición por lo menos una vez es N* fp ne f1 = 1 x 1011, un centenar de miles de millones de mundos habitados. Esta conclusión es de por sí notable. Pero todavía no hemos acabado.

La elección de fi y de fc es más difícil. Por una parte tuvieron que darse muchos pasos individualmente improbables en la evolución biológica y en la historia humana para que se desarrollara nuestra inteligencia y tecnología actuales. Por otra parte tiene que haber muchos caminos muy diferentes que desemboquen en una civilización avanzada de capacidades específicas.

Tengamos en cuenta la dificultad aparente que para la evolución de grandes organismos supone la explosión del cámbrico, y escojamosfi x fc = 1/100; es decir que sólo un uno por ciento de los planetas en los cuales nace la vida llegan a producir una civilización técnica.

Esta estimación representa un punto medio entre opiniones científicas opuestas. Algunos piensan que el proceso equivalente al que va de la emergencia de los trilobites a la domesticación del fuego se da de modo fulminante en todos los sistemas planetarios; otros piensan que aunque se disponga de diez o de quince mil millones de años, la evolución de civilizaciones técnicas es improbable.

Se trata de un tema que no permite muchos experimentos mientras nuestras investigaciones estén limitadas a un único planeta. Multiplicando todos estos factores obtenemos: N* fp ne f1 fi fc = 1 X 109, mil millones de planetas donde han aparecido por lo menos una vez civilizaciones técnicas. Pero esto es muy distinto a afirmar que hay mil millones de planetas en los que ahora existe una civilización técnica. Para ello tenemos que estimar también fL.

¿Qué porcentaje de la vida de un planeta está marcado por una civilización técnica? La Tierra ha albergado una civilización técnica caracterizada por la radioastronomía desde hace sólo unas décadas, y su vida total es de unos cuantos miles de millones de años. Por lo tanto, si nos limitamos a nuestro planeta fL es por ahora inferior a 1/108, una millonésima de uno por ciento. No está excluido en absoluto que nos destruyamos mañana mismo. Supongamos que éste fuera un caso típico, y la destrucción tan completa que ninguna civilización técnica más o de la especie humana o de otra especie cualquiera fuera capaz de emerger en los cinco mil millones de años más o menos que quedan antes de que el Sol muera.

Entonces N = N* fp ne f1 fi fc fL = 10 y en cualquier momento dado sólo habría una reducida cantidad, un puñado, una miseria de civilizaciones técnicas en la Galaxia, y su número se mantendría continuamente a medida que las sociedades emergentes sustituirían a las que acababan de autoinmolarse. El número N podría incluso ser de sólo 1.

Si las civilizaciones tienden a destruirse poco después de alcanzar la fase tecnológica, quizás no haya nadie con quien podamos hablar aparte de nosotros mismos, y esto no lo hacemos de modo muy brillante. Las civilizaciones tardarían en nacer miles de millones de años de tortuosa evolución, y luego se volatilizarían en un instante de imperdonable negligencia.

Pero consideremos la alternativa, la perspectiva de que por lo menos algunas civilizaciones aprendan a vivir con una alta tecnología; que las contradicciones planteadas por los caprichos de la pasada evolución cerebral se resuelvan de modo consciente y no conduzcan a la autodestrucción; o que, aunque se produzcan perturbaciones importantes, queden invertidas en los miles de millones de años siguientes de evolución biológica. Estas sociedades podrían vivir hasta alcanzar una próspera vejez, con unas vidas que se medirían quizás en escalas temporales evolutivas de tipo geológico o estelar.

Si el uno por ciento de las civilizaciones pueden sobrevivir a su adolescencia tecnológica, escoger la ramificación adecuada en este punto histórico crítico y conseguir la madurez, entonces fL = 1 / 100, N= 107, y el número de civilizaciones existentes en la Galaxia es de millones. Por lo tanto, si bien nos preocupa la posible falta de confianza en la estimación de los primeros factores de la ecuación de Drake, que dependen de la astronomía, la química orgánica y la biología evolutiva, la principal incertidumbre afecta a la economía y la política y lo que en la Tierra denominamos naturaleza humana. Parece bastante claro que si la autodestrucción no es el destino predominante de las civilizaciones galácticas, el cielo está vibrando suavemente con mensajes de las estrellas.

Estas estimaciones son excitantes. Sugieren que la recepción de un mensaje del espacio es, incluso sin descifrarlo, un signo profundamente esperanzador. Significa que alguien ha aprendido a vivir con la alta tecnología; que es posible sobrevivir a la adolescencia tecnológica. Esta razón, con toda independencia del contenido del mensaje, proporciona por sí sólo una poderosa justificación para la búsqueda de otras civilizaciones.


Si hay millones de civilizaciones distribuidas de modo más o menos casual a través de la Galaxia, la distancia a la más próxima es de unos doscientos años luz. Incluso a la velocidad de la luz un mensaje de radio tardaría dos siglos en llegar desde allí. Si hubiésemos iniciado nosotros el diálogo, sería como si Johannes Kepler hubiese preguntado algo y nosotros recibiéramos ahora la respuesta.

Es más lógico que escuchemos en lugar de enviar mensajes, sobre todo porque, al ser novicios en radioastronomía, tenemos que estar relativamente atrasados y la civilización transmisora avanzada. Como es lógico, si una civilización estuviera más avanzada, las posiciones se invertirían.

Más de medio siglo después de que Fermi planteara su pregunta, todavía no hemos oído nada. A pesar de nuestros sistemas de comunicación, nadie ha llamado. Cuanto más exploramos nuestro vecindario local, más solitario parece. Ni en la Luna, ni en Marte, ni en asteroides ni en los planetas del sistema solar exterior se ha encontrado rastro alguno de signos concretos de vida, ni siquiera de la bacteria más simple. Tampoco hay signos de interferencia en la luz de las estrellas que pudieran indicar máquinas gigantes orbitando a su alrededor y cosechando energía de ellas. Y no es porque no haya mirado nadie. Dado lo que está en juego, se presta mucha atención a la búsqueda de inteligencia extraterrestre.

Búsqueda de vida ¿Cómo saldríamos a buscar signos de vida? La primera manera es buscar microbios en nuestro sistema solar. Los científicos han escudriñado las rocas de la Luna, pero son basalto inanimado. Se ha sugerido que los meteoritos de Marte podrían contener vestigios de bacterias, pero todavía no se ha probado que las burbujas ovoides de esas rocas hayan albergado vida alienígena o no se hubieran contaminado después de haber caído a la Tierra, o bien que se hayan producido por procesos naturales.

Las cámaras de naves y sondas han recorrido las superficies de Marte, de asteroides y ahora incluso de una luna del sistema solar exterior (Titán, que órbita Saturno). Pero la superficie de Marte está seca, y la de Titán está empapada de metano líquido y, por ahora, desprovista de vida. Europa, una luna de Júpiter, puede albergar mares de agua líquida debajo de su superficie congelada. Por tanto, el agua líquida tal vez no sea un artículo extraño en el sistema solar exterior, lo que aviva las esperanzas de que pueda encontrarse vida algún día.

Sin embargo, los microbios no van a venir a llamar a nuestra puerta. ¿Y qué hay de los animales o plantas más sofisticados? Ahora que se están detectando planetas alrededor de estrellas lejanas, los astrónomos planean diseccionar la luz que proviene de ellos en busca de algún vestigio de vida.

Fuente Consultada: COSMOS Carl Sagan

Medida de La Via Lactea Cantidad de Estrellas en la Galaxia Descripcion

Medida de La Via Láctea
Cantidad de Estrellas en la Galaxia

LA VÍA LÁCTEA: Los astrónomos saben ahora que el conjunto de estrellas que vemos durante la noche es parte de un gigantesco sistema. La forma de este sistema estelar se parece bastante a la de dos platos encarados con sus bordes en contacto y una especie de abultamiento en su parte central.

El sistema solar no está ni mucho menos cerca del centro de este sistema estelar, sino a unos dos tercios de él. Las estrellas aparecen concentradas con mayor densidad en la parte central y en la porción plana situada entre los dos bordes de los “platos”, esto es, en el plano central. Podemos darnos cuenta de esto al observar el cielo en una noche clara: una tenue banda luminosa atraviesa el cielo de un extremo al otro.

Los hombres primitivos ya se dieron cuenta de la presencia de esta banda luminosa muchas leyendas tuvieron su origen en ella, conociéndose con el nombre de Vía Láctea. Tras la invención del telescopio, los astrónomos observaron que está constituida por gran número de estrellas individuales, y ahora sabemos que tal conjunto de estrellas representa el plano central de nuestra Galaxia. Aunque el sistema solar esté situado cerca del borde de este. sistema estelar, la Vía Láctea se ve atravesando todo el, cielo eh forma de una batida rectilínea, tanto al norte como al sin del ecuador, lo cual indica que el sistema solar se encuentra el el plano central de la Galaxia, de modo que de cualquier lado que nos volvamos podemos observar esta densa reunión. de estrellas.

Cuando miramos hacia el cielo en una dirección distinta a la de la Vía Láctea, vemos que las estrellas no están ya tan agrupadas; por el contrario, aparecen muy repartidas por el firmamento. Esto es debido a que entonces miramos hacia fuera del plano central y a través de la parte menos densa de la Galaxia. En efecto, la Vía Láctea nos señala en el espacio la dirección del plano central del sistema de estrellas del cual el Sol es un miembro más.

Nuestra Galaxia es inmensa en comparación con la magnitud de las distancias estelares antes mencionadas. Desde la “parte superior a la inferior” —esto es, a lo largo del diámetro menor de su abultamiento central— tiene un espesor de 20.000 años-luz. Y desde un borde al otro la distancia es de 100.000 años-luz.

DESCRIPCIÓN DE LA VÍA LÁCTEA: DIMENSIONES, CANTIDAD DE ESTRELLAS Y CARACTERÍSTICAS

La mitología griega dice que la diosa Hera, esposa de Zeus, se negaba a amamantar al pequeño Hércules pues había sido fruto de una aventura. En una ocasión lo acercaron a su pecho mientras dormía, pero Hera despertó, lo retiró suavemente de su pezón y la leche se derramó por los cielos, dando forma a las brillantes constelaciones que admiramos en la noche.

Estos valores no incluyen, sin embargo, la distancia a ciertas estrellas que se encuentran por encima y por debajo de ‘la propia Galaxia. Algunas de estas estrellas están solas, pero la mayoría de ellas constituyen grandes cúmulos estelares. Estos cúmulos (denominados cúmulos globulares) forman una especie de halo alrededor de la Galaxia. Cada cúmulo lo forman millares y, a veces, decenas de millares de estrellas agrupadas en forma de esfera o de globo. El más cercano de ellos se encuentra a unos 20.000 años-luz del sistema solar.

Nuestra Galaxia, por lo tanto, está constituida por un conjunto de estrellas, la mayor parte de las cuales se encuentra en el plano o en el abultamiento centrales, junto con mi halo de estrellas individuales y de cúmulos globulares. En nuestro siglo los astrónomos han demostrado que la Galaxia contiene además una considerable cantidad de gas y de polvo.

Observado a través del telescopio, parte de este gas y polvo presenta el aspecto de grandes nubes luminosas nebulosas, de la palabra latina que significa nube. La más famosa de das estas nebulosas es la gran nube gaseosa de la constelación de Orión. A simple vista aparece como un puntito luminoso en medio de las tres estrellas que representan la espada de Orión. Pero aun a través de un pequeño telescopio se convierte en un objeto interesante para la observación.

Las estrellas del cúmulo abierto, denominado las Pléyades, están rodeadas de polvo iluminado por las mismas. Si barremos el cielo con un telescopio, descubriremos muchas más nebulosas que las que se aprecian a simple vista.

La propia Vía Láctea contiene gran número de ellas. Por ejemplo, nebulosas del tipo de las que presenta la Vía Láctea al cruzar Sagitario cubren regiones que miden centenares de años-luz, y muchas contienen brillantes estrellas sumergidas en su seno.

“La Vía Láctea es parte de un barrio cósmico más grande –un grupo de más de 35 galaxias conocido como el Grupo Local. Estas galaxias se mueven por el espacio como una sola unidad, unidas por su mutua atracción gravitatoria. El número de galaxias que pertenecen al Grupo Local es incierto, debido a que los astrónomos siguen encontrando nuevos residentes de este barrio galáctico. Por ejemplo, una de las galaxias del Grupo Local fue descubierta en 1997, a unos tres millones de años luz de la Tierra. Esta nueva galaxia es diminuta: sólo contiene un millón de estrellas aproximadamente, comparado con los cientos de miles de millones de la Vía Láctea.”

En muchas nebulosas gaseosas aparecen surcos y regiones oscuras. La Vía Láctea también presenta surcos entre las estrellas, como si existieran huecos en el fondo estrellado. Las regiones oscuras en la Vía Láctea, así como en las nebulosas gaseosas brillantes, son debidas a gas no luminoso y a polvo. Como veremos más adelante, los astrónomos pueden distinguir el gas carente de luz del polvo cósmico, pero aquí consideramos sólo el hecho de que ambos oscurecen la luz procedente de las estrellas y nebulosas brillantes situadas más allá de los mismos. Este efecto de cobertura en la Vía Láctea nos impide observar lo que debe ser una visión grandiosa.

Debido al gran número de nebulosas situadas entre nosotros y el centro de la Galaxia, no podemos ver el brillante y compacto conjunto estelar que constituye el núcleo de la Galaxia. Nuestros telescopios registran únicamente aquellas estrellas que están situadas de este lado de la densa parte central.

A pesar del problema inherente a la presencia del polvo y del gas oscuro, se ha descubierto que la totalidad de nuestra Galaxia experimenta un movimiento de rotación. El Sol  que es una estrella bastante común, toma parte en esta rotación cósmica, arrastrando consigo a la Tierra a los demás planetas. Como otras estrellas cercanas, el Sol se mueve a través del espacio a razón de 240 Km./seg, velocidad que permitiría dar la vuelta a la Tierra en poco más de dos minutos y medio. Aun así, la Galaxia es tan enorme, que el Sol tarda tarda 225  millones de años en completar una revolución. Este inmenso período de tiempo, denominado ano cósmico, cae fuera de nuestro significado al considerar que hace dos años cósmicos la vida en la Tierra estaba en sus albores, y hace menos de media centésima de año cósmico que apareció el hombre.

Todas las estrellas de la Galaxia intervienen en la rotación cósmica, aunque sus velocidades varían. Las situadas más hacia el centro de la Galaxia generalmente se mueven con mayor rapidez que las que se encuentran cerca del borde, Este movimiento alrededor de la Galaxia constituye el principal desplazamiento de las estrellas, pero cada una precedía a su vez pequeños movimientos locales. Dicho de otro-modo, las estrellas no se mueven alrededor del centro de la Galaxia como si se tratara de una masa sólida. Es más bien como si un grupo de personas se dirigiera a tomar el Metro durante las horas punta; aunque todas van en la misma dirección general, la trayectoria de cada individuo está constituida por muchos movimientos distintos, hacia la izquierda y hacia la derecha, a medida que evita el tráfico o a los demás peatones. Lo mismo sucede con las estrellas de nuestra Galaxia: la dirección general es la de giro alrededor del denso núcleo central.

Fuente Consultada:  Secretos del Cosmos Tomo 2 (Salvat)

EL Tamaño del Universo Distancias del Sistema Solar Planetas

Si se pudiera reducir el globo terráqueo al tamaño de una manzana, el hombre mediría en proporción una cienmilésima parte de milímetro. Ante él cualquier ínfimo bacilo o bacteria alcanzaría dimensiones verdaderamente monstruosas. Por otra parte, como el Sol es una esfera de materia incandescente, que supera en ciento nueve veces el diámetro de la Tierra, si mantuviéramos las proporciones anteriores este Sol estaría representado por un globo de nueve metros de diámetro, situado a casi 1 Km. del planeta que, con el tamaño de una manzana, significaría la Tierra. Pero en los límites de la familia solar, Plutón, el último y más distante de los planetas, figuraría como una bola de billar a 40 kilómetros del citado Sol de! ejemplo.

Ahora bien; sobre la bóveda infinita del espacio brillan las estrellas, enormes masas globulares de gases ardientes. La más próxima, denominada Alfa del Centauro, es otro sol similar al que nos ilumina, con casi su mismo peso y dimensiones. Al igual que todas las estrellas. Alfa del Centauro no permanece inmóvil. Surca el firmamento a una velocidad de 22 kilómetros por segundo, y debido a la enorme distancia que nos encontramos de ella, solamente a lo largo de siglos se apreciaría un movimiento casi imperceptible, puesto que dista de nosotros ¡42 billones de kilómetros!

Si se aplicara a esta distancia la misma proporcionalidad que se empleó al equiparar la Tierra con una manzana y se viera dónde habría que situar la estrella vecina, como se hizo con la distancia del Sol y Plutón, saltaría a la vista la imposibilidad de concretar el objetivo, ya que se necesitaría para esta escala un mapa de unos 260.000 kilómetros de amplitud, es decir, casi las dos terceras partes de nuestra distancia al satélite de la Tierra. Se puede comprobar, de este modo, que la proporción entre la estatura de un ser humano y su distancia a la estrella más cercana es igual a la que existe entre un organismo ultramicroscópico y 260.000 kilómetros.

Un poco más distante, otra brillante estrella de azul tonalidad atrae nuestra atención. Se trata de Sirio, notable por su magnitud en el espacio y por una estrellita que la acompaña y que constituyen con aquélla un sistema físico similar al que forman los planetas del sistema solar El diámetro de Sirio es 1,8 veces el del astro mayor, lo que no significa mucho; sin embargo, situado en el lugar de éste proporcionaría 40 veces más luz y calor del que actualmente suministra.

El misterio revelado
Con respecto a la diminuta estrella que gira en torno de Sirio corresponde aclarar someramente su singular historia. Poco luminosa y lejana, fue ignorada durante siglos por los estudiosos, quienes por razones de tipo especulativo intuían su existencia. Intentaremos explicarlo: la altura del Sol sobre ei horizonte varía con la hora del día; del mismo modo, respecto del movimiento de las estrellas se puede establecer exactamente la hora correspondiente a un momento determinado.

Debido a su gran luminosidad Sirio era utilizada por los astrónomos como estrella horaria. Pero en el firmamento ésta resultaba un astro poco puntual, que se retrasaba o adelantaba temporalmente. Observaciones posteriores permitieron constatar que la estrella describía en el firmamento una levísima órbita elíptica. Sin duda alguna, un astro perturbador, aún invisible, era el causante, con la atracción de su masa, del titubeante comportamiento de Sirio. Apelando a la ley de la gravitación universal se admitió la existencia de un nuevo astro, cuya órbita y posición fueron determinadas en 1850 por el astrónomo alemán Frederick Peters.

En 1862, mediante el uso de un anteojo, a la sazón recién fabricado, se lo descubrió inesperadamente y comenzó a plantearse un nuevo interrogante referido a la especial naturaleza de la materia que lo compone.

La incógnita fue revelada en 1924, cuando el astrónomo estadounidense Walter Adams, empleando el interferómetro de Michelson, logró la doble comprobación del efecto Einstein, y la confirmación de la extraordinaria densidad (23.000 veces más que la del platino) de la diminuta estrella. El “misterio” de la substancia radicaba en lo siguiente: en tamaño, el satélite de Sirio es sólo tres veces más grande que la Tierra, pero su masa es casi igual a la del Sol.

A fin de que toda esta materia pueda caber en tan escaso volumen hay que someterla a una intensa presión, comprimirla enormemente. Los átomos, elementos que componen toda materia, tienen un límite de resistencia mecánica, tras lo cual son deshechos en un confuso montón de núcleos y electrones que invaden y desbordan los espacios interatómicos. Roto el equilibrio interno del átomo, los espacios vacíos son cubiertos por los componentes de otros átomos triturados.

Así, el espacio ocupado disminuye y por lo tanto la densidad media (relación entre volumen y masa) se acrecienta. Era éste, pues, el íntimo secreto que guardaba en su seno la estrella más brillante del cielo.

La “fuga” del universo
Se se miden las velocidades de esos universos-islas se llega a la conclusión de que parecen alejarse entre sí, acrecentando su velocidad a medida que se van distanciando. Esta fuga desordenada no afecta las dimensiones propias de las galaxias, que, alejándose, siguen conservando su tamaño.

Habida cuenta de esto, y calculando el tiempo necesario para que todas esas islas estelares volvieran a juntarse marchando a idéntica velocidad, pero inversamente, se necesitarían unos 13.000 millones de años para volver a reunirse en un conjunto de estrellas distribuidas en un solo universo de manera uniforme.

Si a partir de este conjunto único de densidad estelar se han condensado en grupos de estrellas de modo similar a como suponemos que el gas primitivo se fue condensando en estrellas, sigue aún en pie uno de los tantos interrogantes que se plantea la astronomía, para cuya respuesta el hombre acude con su ciencia al más allá.

Con el misterio de la creación ha quedado atrás en el tiempo y sumida en las sombras del espacio, a 1.500millones de años de luz, una imperceptible manchita nebulosa: es nuestro universo. Confundido entre corpúsculos titilantes hay un sol que nos es familiar, y como un punto minúsculo, donde el hombre lucha por penetrar en el misterio de lo infinito, está la Tierra, nuestro planeta.

La mediciones indicadas mas abajo van variando según se logran técnicas
e instrumentos mas precisos para su medición

Magnitud
Visual
Distancia
Años-Luz
Diámetro
Años-Luz
Vía Láctea 97.800
Nube de Magallanes (mayor) 0,9 156.480 32.600
Nube de Magallanes (menor) 2,5 182.560 26.080
Sistema de la Osa Menor 228.200 3.260
Sistema del Escultor 8,0 270.580 7.170
Sistema del Dragón 326.000 4.560
Fornax 8,3 619.400  21.520
Sistema del León II 12,04 749.800 5.220
Sistema del León I 12,0 912.800 4.890
NGC 6822 8,9 1.500.000 8.800
NGC 147 9,73 1.858.000 8.780
NGC 185 9,43 1.858.000 7.500
NGC 205 8,17 2.217.000 16.300
NGC 221 (M 32) 8,16 2.217.000 7.820
IC 1613 9,61 2.217.000 15.300
Andrómeda (M 31) 3,47 2.217.000 130.400
NGC 538 (M 33) 5,79 2.347.200 55.420
Maffei I 11,0

3.260.000

 

Estrella Constelaciones Magnitud
Aparente
Distancia
Año-Luz
Sirio +
Canope +
Rigil Kent
Arturo
Vega
Rigel +
La Cabra +
Proción
Achernar
Hadar +
Altair.
Aldebarán +
Acrux +
Betelgeuse + + +
Antares +
La Espiga +
Pólux
Fomalhaut
Deneb
Mimosa
Régulo +
Adhara +
Bellátrix
Shaula
Alnath
Alfa del Can Mayor
Alfa de Argos (Carina) .
Alfa del Centauro
Alfa del Boyero
Alfa de la Lira
Beta de Orión
Alfa del Cochero (Auriga)
Alfa del Can Menor
Alfa de Erídano
Beta del Centauro
Alfa del Águila
Alfa del Toro
Alfa de la Cruz del Sur
Alfa de Orión
Alfa del Escorpión
Alfa de la Virgen
Beta de los Gemelos
Alfa del Pez Austral
Alfa del Cisne
Beta de la Cruz del Sur
Alfa del León
Epsilón del Can Mayor
Gamma de Orion
Lamda del Escorpión
Beta del Toro
-1,47
-0,71
-0,27
-0,06
0,03
0,08
0,09
0,34
0,49
0,61
0,75
0,78
0,80
0,85
0,92
0,98
1.15
1.16
1,26
1,28
1,33
1,42
1,61
1,61
1,64
8.7
300
4
36
26
850
45
11
75
300
16
65
270
650
400
220
35
23
.500
370
85
620
450
300
270
(+):Estrella Doble  (+++): Estrella Variable

Fuente Consultada: Mundorama Geografía General Tomo I

El Vuelo de Gordon Cooper Faith 7 Viajes de la Exploración Espacial

Historia de la Exploración Espacial El Vuelo de Gordon Cooper Faith 7

El vuelo espacial de la “Faith 7”, además de ser el primero de importancia (en relación con los efectuados por los soviéticos), resultó de suma trascendencia ya que dio respuesta a distintos interrogantes.

Asimismo, su tripulante, Gordon Cooper, fue él primer astronauta que debió prescindir para el reingreso a la atmósfera y descenso en la Tierra del sistema automático maniobrado desde el centro espacial, resolviendo un problema estimado en ese entonces de la mayor gravedad.

Cooper estaba llamado a realizar luego proezas relevantes en el programa Géminis (junto a Conrad completó 120 órbitas), .pero fue, sin duda, en aquellos días de mayo de 1963. cuando resultó de una utilidad mayor para los técnicos y científicos de la NASA. Por otra parte, develó un enigma que se mantenía desde el vuelo de Johh Glenn: la presencia de partículas luminosas que, a manera de luciérnagas, seguían o aparecían cerca de las cápsulas espaciales.

Cooper demostró que no se trataba de partículas congeladas que se desprendían del vehículo —como se supuso en un primer momento— Sino que provenían de los pequeños motores de reacción de la cabina

Por todas estas circunstancias, trataremos de revivir los momentos vividos a bordo de la “Faith 7”, cuyas 22 orbitas indicaron que las diferencias se estaban acortando en relación con la URSS, no obstante que en ese mismo año, 1963, la astronáutica soviética seguiría sorprendiendo al mundo  con nuevos éxitos.

UN INSTANTE DRAMÁTICO: El lanzamiento se cumplió sin inconvenientes el 15 de mayo, en las condiciones Casi cosmonauta dentro de la cápsulade rutina en el centro espacial norteamericano. Lo que distó de ser “rutina” fueron las cosas que le ocurrieron al cosmonauta dentro de la cápsula. (imagen )

El primer problema se produjo en las instalaciones de eliminación de vapor de agua que se condensaba en el interior de su pesado traje de vuelo. Tuvo que accionar durante más tiempo que el previsto una bomba especial pero, aún así, el agua se acumuló en la escafandra, molestándolo bastante. A pesar de este inconveniente, realizó otro de los objetivos previstos lanzando un satélite: una pequeña esfera luminosa que tomó una órbita muy cercana a la de la astronave.

En la cuarta órbita, preocupado en la atención de otros aspectos de su misión, Cooper observó de pronto un resplandor atravesando la noche, Esto le causó un breve sobresalto hasta que comprobó que, simplemente, se trataba de dicho satélite.

Por un momento, supuso que se trataba de un cohete que pudiera haber sido disparado desde Tierra y no precisamente desde territorio norteamericano. Posteriormente estudió el misterio de las “luciérnagas” logrando establecer su procedencia.

Luego se dedicó a dormir. Sus periodos de sueño no superaron una hora, aunque posteriormente declaró que no recordaba nada de sus “siestas” en el espacio. Al despertaste se sintió un poco confuso, y por un momento no supo si se hallaba en un vuelo simulado; en la punta del cohete Atlas aguardando el momento de la partida o en su propia casa. Esta confusión fue la causa de que en tierra se le registrase una aceleración del pulso y una mayor presión sanguínea.

Durante las 34 horas 20 minutos que estuvo volando a alturas oscilantes entre los 161 (perigeo) y 272 kilómetros (apogeo) tuvo perfecta visibilidad y reconoció sin mayor esfuerzo los distintos accidentes geográficos que abarcaba su campo visual.

LA FALSA SEÑAL:

En la órbita 18, a 28 horas 59 minutos desde el momento del lanzamiento, una falla eléctrica dejó a oscuras la cabina. Cooper debió apelar a todas sus reservas para mantener la serenidad y solucionar el desperfecto. Cuando volvió la luz, advirtió que se habla encendido espontáneamente la “05G”. Esta solo debía encenderse cuando la nave espacial registrara el primer indicio de gravitación, o sea una vigésima parte de la gravedad terrestre. En consecuencia, de ser cierto lo que estaba viendo el astronauta, su nave habla comenzado a descender (lo cual era falso).

El mismo Cooper relatara la tremenda experiencia: “Al principio pensé que simplemente no le haria caso, pero luego decidí que eso no me convenía, pues el problema no se resolverla solo.” Al confirmársele que no estaba reingresando a la atmósfera terrestre, demostración de que el sistema, automático no funcionaba bien, realizó algunas pruebas. Así llegó a la conclusión de que dicho sistema, más que dañado, en realidad había dejado de funcionar. Asimismo, al fallas  del dispositivo eléctrico que dejó a oscuras la cabina, todos los controles automáticos quedaron eliminados (“Entonces decidí que reingresaría prescindiendo de todo lo que no fuera el instrumental manual”).

Tomar este tipo de decisiones “allá abajo”, en nuestro mundo, puede revelar un mayor o menor  grado de rapidez mental. Pero hacerlo a más de 200 kilómetros de altura sin saber si el vehiculo en el que se viaja está  o no cayendo o puede precipitase, convertido en una tea, en cualquier momento resulta sin duda una experiencia estremecedora.”

Y quien la pasa, revela un temple mucho más allá de lo común, casi sobrehumano. Lo importante es que la decisión confirmó algo que estaba previsto, pero no demostrado:hasta que punto el entrenamiento puede convertir a un hombre en un ser capacitado para las anís fantásticas empresas.

Cooper se mantuvo sereno. En Tierra no se registró una sola pulsación que demostrara temor frente al riesgo. Tranquilamente cumplió la órbita 22 estipulada y, de inmediato, anunció que descendería. Manualmente disparó los retrocohetes. La cana del cono apuntó hacia la superficie del planeta. Y allá fue.. (“La multiplicación de la fuerza de la gravedad al reingresar no presentó ningún problema. La oscilación no fue objetable. La maniobra resultó lo más fácil del mundo. … en verdad, más fácil de lo que  esperaba. Al soltar el paracaídas de estabilización, este se abrió con un traqueteo, un rugido y un golpe sordo…”)-

UN BARCO TRASTORNADO

Descendió muy cerca del portaaviones “Kearsarge”. En las partes altas de la nave, la marinería le saludaba agitando sus gorras “(Yo suponía, mejor aún, estaba seguro de que el barco se trastornaría”). Se sintió muy bien al comienzo, pero mientras le tomaban la presión sanguínea experimentó un ligero vahido.  Le tomaron de los brazos para que no cayese, y enseguida volvió a sentirse bien, Luego bebió varios litros de liquido (“Estaba completamente deshidratado y con una sed increíble”).

Más tarde fueron los agasajos, los honores, la familia, El astronauta que había estado más cerca de la muerte; el que abrió los caminos para la gloria de otros de sus camaradas, volvió a vivir. Una trampa del destino quedó atrás.

En la dimensión fantástica de la “era espacial”, una coincidencia sellé los avances prodigiosos de poco más de una década. Cooper cumplió su vuelo casi exactamente a 36 años del día en que Charles Lindbergh, en su “Sprit of Saint Louis” saltaba sobre el océano en vuelo sin etapas para unir Nueva York con Paris. ‘El Águila Solitaria”, en 33 horas 29 minutos, volando a lo largo de 5800 kilómetros, abrió un camino en una fecha en la que Cooper tenía dos meses de edad. El intrépido de la “Faith 7”, en sus 22 órbitas, habla cubierto 960.000 kilómetros, los suficientes, para ir y volver a la Luna, Y todo ello en una hora más que el asombroso piloto de aviones correo que estremeció al mundo con su hazaña.

John Glenn Primer Americano en Orbitar Terrestre Carrera Espacial

John Glenn Primer Americano en Orbitar Terrestre Carrera EspacialEL VUELO DEL CORONEL GLENN:
El 20 de febrero de 1962 los norteamericanos, después de haberlo aplazado varias veces y anunciado sin reserva a todo el mundo, pusieron en órbita el cohete Friendship VII que llevaba una cápsula dentro de la cual se encontraba el astronauta piloto John H. Glenn de 40 años de edad.

A la hora prevista la cápsula se desprendió de los cuerpos del cohete Atlas y entró en órbita. Después de dar tres vueltas a la Tierra, el astronauta pulsó los mandos que le llevaron a descender en aguas del Atlántico donde fue recogido por el destructor “Noah”. El vuelo había durado 4 horas, 55 minutos.

Durante el mismo, millones de espectadores habían podido seguir, gracias a la televisión, todos los detalles del lanzamiento. Glenn había comunicado constantemente sus impresiones y repitiendo muchas veces que se sentía bien. Este vuelo, que causó gran impresión por su preparación, anuncio y exhibición, demostró que el astronauta puede dirigir las fases de marcha y controlar los mecanismos para su propia recuperación y la de la cápsula.
Hasta aquí la historia, con sus datos, sus hechos concretos y sus cifras irrebatibles. Al iniciarse 1962, las dos grandes potencias espaciales, Estados Unidos y la URSS, se preparaban para emprender otras proezas. El presupuesto para investigación espacial y tecnológica para dicho año en los Estados Unidos se elevó a 2.400 millones de dólares.
A partir de este año se suceden en forma ininterrumpida los vuelos espaciales tripulados.

Salida del cohete Atlas-Mercury MA6

Salida del cohete Atlas-Mercury MA6 llevando a bordo al primer astronauta americano John Glenn

1962John Glenn fue el primero en orbitar la Tierra 1998
Aunque fue el tercer norteamericano en el espacio,John Glenn fue el primero en orbitar la Tierra. Aquí algunas cifras sobre su vuelo El año pasado, el senador Glenn regresó a la órbita como miembro de un viaje espacial. Como lo demuestra este informe algunas cosas —no todas— han cambiado.
El astronauta
Altura: 1,80 metro
Color de pelo: colorado

Edad: 40 años

Salario: 12.000 dólares.
Entrenamiento diario:
3,2 kilómetros trote
El astronauta
Altura: 1,80 metro
Color de pelo: blanco

Edad: 77 años

Salario: 136.672 dólares.
Entrenamiento diario:
3,2 kilómetros de caminata rápida
La nave
Nombre:  Friendship 7 (Amistad 7)
Tripulación:         1
Ventanas:   1
Computadoras: 0
Peso:    1,930 kilos
La nave
Nombre:  Discovery
Tripulación:         7
Ventanas:   10
Computadoras: 5
Peso:    69,770 kilos
La misión
Nombre:  Mercury 6

Despegue:  20 de Febrero de 1962.
a las 9h 47, 39″
La misión
Nombre:  STS-95

Despegue:  29 de octubre de 1998
a las 14 h.

 

Duración:
4
h. 55’ 23”.
Velocidad orbital:
28.234 kilómetros por hora
Tiempo por órbita:
1 h.28’29”.
Distancia recorrida:
121 .794 kilómetros
Lugar de aterrizaje:
Océano Atlántico, 800 kilómetros al sudeste de Bermudas
Rescate:
Un barco de la Armada recuperó la nave luego de caer al océano.

  Duración:
Aproximadamente 8 días y 20 h.

Velocidad orbital:
8.164 kilómetros por hora

Tiempo por órbita:
90 minutos

Distancia recorrida:
5.800.000 kilómetros

Lugar de aterrizaje:
Centro espacial Kennedy, Florida

Rescate:
No fue necesario

 

Cronología de las
Misiones Espaciales
 Hitos de la
Carrera Espacial

Dimensiones del Sistema Solar Tamaños Medidas Escala de los Planetas

Dimensiones del Sistema Solar
Distancias y Medidas Escala de los Planetas

EL SISTEMA SOLAR: EL SOL Y SU FAMILIA El Sol es la estrella más próxima a nosotros y está a una distancia de 150 millones de kilómetros. La Tierra da una vuelta alrededor del Sol en un año, en compañía de muchos otros cuerpos celestes.

Dimensiones del Sistema Solar Tamaños Medidas Escala de los Planetas

Algunos de estos astros pueden observarse a simple vista en el cielo nocturno errando entre las estrellas. Dichos astros, denominados planetas (de la palabra griega que significa “errante“), giran alrededor del Sol a diferentes velocidades y distancias. Algunos son bastante parecidos a la Tierra, y están constituidos fundamentalmente por rocas y metales, mientras que otros, por el contrario, contienen posiblemente una elevada proporción de hidrógeno y helio. Ninguno de ellos puede producir calor y luz por medio de reacciones atómicas, como las estrellas, y sólo son visibles porque reflejan la luz solar.

Los planetas, por lo tanto, no brillan de la misma manera que las estrellas. En comparación con las estrellas, todos los planetas son cuerpos fríos y están situados en el espacio relativamente cerca de nosotros.

El más próximo al Sol es el planeta Mercurio, que gira alrededor del primero a una distancia media de 5 8 millones de kilómetros. Con un diámetro de sólo dos quintas partes del de la Tierra, es un mundo muy seco que muestra constantemente la misma cara vuelta hacia el Sol, debido a que el período de rotación sobre su eje es igual al que tarda en describir su órbita. Por estar más cerca del Sol que la Tierra, sólo podemos observarlo al atardecer, poco después de ponerse el Sol, o al amanecer.

Después está el planeta Venus, el cual participa con Mercurio del honor de ser denominado estrella matutina o vespertina, pues sólo puede ser observado a la salida o a la puesta del Sol.

Girando alrededor del Sol a 108 millones de kilómetros de distancia, Venus recorre su órbita en siete meses, en comparación con los otros tres meses que tarda Mercurio.

Esto es debido a que por la gravedad solar un planeta requiere más tiempo para recorrer su órbita a medida que aumenta la distancia que lo separa del Sol. Venus muestra muchas cosas en común con la Tierra. Tiene casi el mismo tamaño y, como ella, presenta estaciones regulares a medida que se traslada alrededor del Sol.

Como los demás planetas, gira también alrededor de su eje, pero no podemos medir la duración del día venusiano (o su velocidad de rotación) por estar siempre completamente envuelto por una espesa capa de nubes que impide ver su superficie, que puede ser tierra firme o, posiblemente, un enorme océano. Más lejos del Sol que la Tierra están los restantes planetas del sistema solar.

A una distancia de 228 millones de kilómetros se encuentra Marte, que presenta un tamaño algo superior al de la mitad de la Tierra y necesita casi dos años para recorrer su órbita. Al contrario que Venus, Marte tiene sólo una tenue atmósfera, que nos permite observar la superficie del planeta, particularmente interesante porque muestra gran cantidad de detalles que algunos astrónomos atribuyen a la existencia de plantas vivientes.

Aún más lejos del Sol, a una distancia comprendida entre 320 y 480 millones de kilómetros, se encuentra un enjambre de minúsculos “pequeños planetas”. Estos astros, de diámetros que oscilan entre 750 y sólo unos pocos kilómetros, son demasiados pequeños para poder observarlos a simple vista. Debido a que algunos tienen órbitas muy alargadas y pueden llegar a estar muy cerca de nosotros, los astrónomos los utilizan para obtener con mucha exactitud las distancias dentro del sistema solar.

Estos pequeños planetas se denominan también asteroides, es decir, “parecidos a estrellas”. Vistos a través del telescopio parecen cabezas de alfiler, como las propias estrellas, y no discos luminosos como ocurre con los planetas.

El mayor de todos los planetas es Júpiter y su órbita se encuentra más alejada que las de los asteroides. Este planeta gigante tiene un diámetro once veces superior al de la Tierra. Si nos fuera posible poner a Júpiter en el platillo de una balanza su peso resultaría 300 veces mayor que el de la Tierra.

A simple vista Júpiter se presenta como una estrella brillante, pero a través del telescopio aparece como un disco cruzado por varias bandas oscuras. Debido a que estas bandas cambian de posición cada mes, los astrónomos creen que lo que ellos realmente observan es una atmósfera densa y nubosa. Y esto se confirma por la rotación de algunos detalles apreciados en las bandas.

Tales detalles se mueven más rápidamente cerca del ecuador del planeta (con un período de 9 horas y 50 minutos) que cerca de los polos (con un período de 9 horas y 56 minutos). Estas distintas velocidades de rotación serían imposibles si la superficie del planeta fuese sólida. La distancia de Júpiter al Sol es de 778 millones de kilómetros, o sea más de cinco veces la distancia de la Tierra al Sol.

Saturno, el siguiente planeta que encontramos, está a 1.430 millones de kilómetros del Sol, casi dos veces más alejado que Júpiter. Aunque Saturno no es tan grande como Júpiter, tiene no obstante un diámetro 9 1/2 veces mayor que el de la Tierra. Al igual que Júpiter, posee una atmósfera que presenta bandas y nubes, y tarda 10 1/4 horas en girar sobre su eje. Saturno se distingue de los restantes planetas del sistema solar en que tiene un sistema de anillos que lo rodean ecuatorialmente.

Estos anillos están constituidos por miríadas de corpúsculos rocosos o de hielo, o quizá por una combinación de ambos, que giran a su alrededor. Debido a las diferentes dimensiones de las órbitas de estos corpúsculos, los anillos se extienden desde 15.000 hasta 60.000 kilómetros por encima de la atmósfera de nubes. Sin embargo, a causa de la acción gravitatoria de Saturno, dichas órbitas son tan coplanarias, que los anillos tienen un espesor de sólo unos 15 kilómetros.

Los anillos dan a Saturno un aspecto extraño y único. Los tres restantes planetas del sistema solar (excepto algunas veces Urano) sólo pueden ser observados mediante un telescopio. Urano, el más cercano de los tres, se encuentra a 2.870 millones de kilómetros del Sol; Neptuno, el siguiente, 1.500 millones de kilómetros más lejos, y Plutón, el más alejado, otros 1.500 millones más allá.

A través del telescopio, Urano y Neptuno parecen presentar superficies nubosas; ambos tienen un diámetro superior al de la Tierra (Neptuno 3 1/2 veces mayor y Urano casi 3 3/4)- Plutón es mucho más pequeño que los otros dos, casi del mismo tamaño que Marte. Hasta aquí sólo hemos mencionado los nueve grandes planetas, incluyendo la Tierra, y los asteroides.

No todas las órbitas de los planetas están situadas en un mismo plano, sino que forman ciertos ángulos entre sí. Plutón tiene una órbita muy inclinada y algunas veces se acerca al Sol aún más que el propio Neptuno.

Pero la familia del Sol —la totalidad del sistema solar— es todavía mucho mayor. A través del espacio se desplazan muchos enjambres de corpúsculos metálicos y rocosos; y la acción gravitatoria del Sol ha capturado cierto número de ellos, que giran a su alrededor describiendo órbitas muy alargadas. A lo largo de la mayor parte de su trayectoria son invisibles y sólo pueden ser observados cuando la Tierra cruza su camino o cuando se acercan mucho al Sol.

Cuando un enjambre pasa muy cerca del Sol se calienta el gas helado transportado junto con los corpúsculos rocosos o metálicos. Dicho gas se escapa y se torna luminoso por efecto de la radiación solar, la cual al propio tiempo desprende partículas eléctricas que lo lanzan al espacio. A su vez, algunas de las partículas rocosas reflejan también la luz solar. El resultado de esta actividad es que el conjunto de corpúsculos puede observarse entonces como una mancha brillante en el cielo, con los gases que se liberan en el espacio formando una larga cola luminosa, que a veces se extiende hasta millones de kilómetros. A tales objetos se les da el nombre de cometas.

Pueden acercarse hasta pocos millones de kilómetros del Sol, mostrando entonces el otro extremo de su órbita mucho más allá de la del propio Plutón. Cuando un cometa describe su órbita alrededor del Sol, muchos de los corpúsculos que lo constituyen se reparten a lo largo de dicha órbita. Algunos de tales corpúsculos se agrupan gradualmente en enjambres mucho más dispersos.

Entonces ya no son visibles como un cometa, pero pueden observarse cuando la Tierra los encuentra a su paso y los corpúsculos penetran en la atmósfera terrestre. Debido a la gran velocidad de desplazamiento (muchos kilómetros por segundo) se calientan al entrar en contacto con el aire. En consecuencia, estos fragmentos brillan al propio tiempo que se van quemando, ionizándose el aire que los rodea y que también se ilumina a su vez. En cada punto de la trayectoria de uno de estos fragmentos la luz producida dura solamente una fracción de segundo. Pero a menudo toda la trayectoria puede ser observada durante un corto intervalo de tiempo, y se denomina ráfaga meteórica. El fragmento rocoso en sí se conoce con el nombre de meteorito.

Cuando la Tierra atraviesa un enjambre, advertimos en ciertos casos centenares de meteoritos, y tales “lluvias de estrellas” producen una visión espectacular. Sin embargo, son demasiado pequeñas para que puedan observarse, y deben ser registradas por otros métodos que describiremos más adelante.

Al girar alrededor del Sol, casi todos los grandes planetas son centro de pequeños sistemas de satélites naturales. Aunque parece ser que Mercurio, Venus y Plutón carecen de “lunas” -y la Tierra tiene sólo una-, los restantes planetas poseen un buen número de ellas. Marte tiene dos pequeños satélites de unos 7,5 y 15 Km. de diámetro, que recorren sus órbitas en unas 30 y y1/2 horas, respectivamente. Júpiter posee 12, cuatro de los cuales son de tamaño parecido al de nuestra propia I ,una y los ocho restantes mucho menores. Tres de estos últimos muestran un diámetro de sólo 20 km. Saturno tiene 9 satélites, siendo todos ellos, excepto uno, de tamaño muy inferior al de la Luna.

Comparación de la alargada órbita de un cometa con la casi circular de la Tierra. El calor solar dilata el luminoso gas de un cometa proyectándolo hacia delante de forma que la cola siempre apunta en sentido contrario al Sol.

Urano tiene 5 y Neptuno sólo 2, el mayor de ellos de i amaño parecido al de nuestro satélite. Aunque la Tierra es el único planeta que posee un solo satélite, éste parece tener un tamaño desproporcionado en revolución con el de la misma Tierra.

¡Algunos astrónomos llegan a considerar el sistema Tierra-Luna como un planeta doble! Pero no estamos seguros de ello. Muchos astrónomos piensan que la mayoría de los satélites del sistema solar eran asteroides que fueron capturados por los grandes planetas miles de millones de años atrás, cuando se estaba formando todo el sistema.

Fuente Consultada: Secretos del Cosmos Colin A. Roman Biblioteca Basica Salvat Nro. 2

La Mayor Hazaña Espacial de la Historia La Gran proeza de la NASA

La Mayor Hazaña Espacial de la Historia

LA EXPLORACIÓN ESPACIAL:
EL HOMBRE LLEGA A LA LUNA:
Eran las 9.32 de la mañana, hora del meridiano de 75°, el 16 de julio de 1969, cuando 3 astronautas, Neil Armstrong, Midiael Collins y Edwin Aldrin se elevaron del Complejo de Lanzamiento 39 en la Apolo II. Impulsada por un cohete, el Saturno V, que tenía una altura de 100 m., iba camino a la Luna, donde el hombre pondría su pie por primera vez.

Después que se detuvieron temporalmente a 115 millas sobre la Tierra para controlar los instrumentos, la nave se puso nuevamente ni movimiento, viajando a una velocidad de 39.000 Km./h. Al cumplir H horas de vuelo, los astronautas comenzaron a transmitir al mundo un programa especial para televisión en color sobre lo que estaban haciendo. Más de 500 millones de personas lo presenciaron. Los tres dijeron que estaban impresionados por la visión de la Tierra que retrocedía y Aldrin agregó: «La visión es de fuera de este mundo».

Cuando se acercaron a la superficie de la Luna, el sistema de propulsión se incendió y el aparato disminuyó la velocidad de la nave de 10.000 a 6.000 Km./h  y la puso en una órbita elíptica alrededor de la Luna. Eran las 1:22 P.M., hora del meridiano, el 19 de julio. Habían viajado 390.000 Km. en poco más de 3 días.

Dieron 2 vueltas alrededor del satélite, luego reencendieron el sistema de propulsión para poner a la nave en una órbita aproximadamente circular entre 100 y 120  Km.sobre la superficie. Armstrong dijo: «Se la ve como en los dibujos animados, pero existe la misma diferencia que cuando se ve un partido directamente o por televisión. No existe nada comparable al estar aquí».

Mientras la Apolo estaba sobre la otra cara de la Luna, desprendieron el Eagle, el módulo lunar, desde el Columbea, el módulo de comando. Armstrong y Aldrin, que caminarían en la Luna mientras Collins pilotaría el Columbia, gatearon a través del túnel estrecho entre los dos módulos y abrieron las compuertas conectivas para entrar en el Eagle

Cuando volvieron a la cara conocida de la Luna, los expertos de la NASA en Houston les preguntaron por radio: «¿Cómo anda?».

«Eagle tiene alas», contestó Armstrong. El módulo lunar se había liberado del Columbia.

El Eagle comenzó una órbita extremadamente elíptica, volando alrededor de la Luna a casi 15.000 m. sobre la superficie. Desde allí comenzó a bajar aceleradamente hasta que estuvo a casi 2300 m. de la superficie y 8000 alejado del punto de aterrizaje planeado, en el Mar de la Tranquilidad al noroeste del cráter Moltke.

Casi a los 500 pies, Armstrong y Aldrin observaron hacia abajo para elegir el mejor lugar donde detenerse. Poco después los dos tomaron la dirección de los controles, poniendo al Eagle en semiautomático. Luego, una alarma programada mostró que el tablero de computación estaba sobrecargado; entonces los astronautas, con la ayuda de Houston, bajaron el aparato por medio de instrumentos y guías visuales. Fue un momento cargado de tensión. El Eagle fue dirigido hacia un cráter rocoso, un lugar poco favorable para aterrizar.

Armstrong mantuvo funcionando los motores durante otros 70 segundos, con el fin de alcanzar otro sitio de aterrizaje casi a 4 millas más lejos. Aldrin, en los últimos momentos, dijo: «Adelante, adelante, bien. Cuarenta pies. Estamos levantando algo de polvo…, desviando hacia la derecha… Luz de contacto. OK. ¡Pare motor!».

Habían aterrizado. Armstrong miró hacia abajo para ver, dijo después, un trozo de luna polvorienta que era soplada por el escape del cohete. Detuvo el motor y transmitió: «Tranquilidad al asentarnos. El Eagle ha alunizado».

Parecía calmo. Sin embargo su corazón estaba latiendo a 156 latidos por minuto, el doble del promedio habitual. Eran las 4:17, hora del meridiano, el 20 de julio de 1969.

Se suponía que los dos pasarían 8 horas inspeccionando el módulo, comiendo y descansando pero estaban ansiosos por abandonar la nave y explorar la Luna; ciertamente muy excitados para descansar.
Por lo tanto, Houston acordó que podían saltar el período de descanso.

Les llevó 3 horas ponerse el traje, incluyendo el embarazoso equipo de supervivencia. Pasaron 6 horas y media antes de sacar la presión de la cabina y estar preparados para abrir la compuerta.

Armstrong bajó lentamente los 9 escalones de la escalerilla. Cuando alcanzó el segundo, dejó caer una cámara de televisión. En las pantallas de toda la Tierra apareció la imagen de su pie calzado con una pesada bota. Luego tocó la superficie. Eran las 10:56:20 de la noche. Se detuvo para decir sus ahora famosas palabras: «Éste es un pequeño paso para un hombre, pero un salto gigante para la humanidad».

Comenzó a describir la materia sobre la que estaba caminando:
«Esta superficie parece estar compuesta por unas muy, muy finas partículas, como un polvo… Puedo patearlas fácilmente con la punta del pie. Es como polvo de carbón. Puedo ver las huellas de mis botas impresas en las pequeñas, finas partículas… No hay ningún problema en caminar por todos lados».

Aldrin, que había quedado en la cápsula, preguntó si tenía permiso para salir. «Quiero moverme hacia atrás e ir cerrando las compuertas en mi camino hacia afuera», dijo.

«Buena idea», contestó Armstrong.

«Éste será nuestro hogar por el próximo par de horas —agregó Aldrin—. Queremos cuidar de él.»

Los dos saltaron como canguros, encontrándolo más fácil de ejecutar de lo que habían predicho los expertos.
Armstrong mostró a los espectadores la placa que puso en el lugar del aterrizaje: «Aquí los hombres del planeta Tierra pusieron por primera vez su pie sobre la Luna en julio de 1969. A. D. Venimos con fines de paz para toda la humanidad». Estaba firmada por los astronautas y por el presidente Richard Nixon. Pusieron también una bandera norteamericana de metal, que nunca ondeará en la Luna, donde no hay viento.

Durante las dos horas y media siguientes, Armstrong y Aldrin inspeccionaron si el Eagle tenía alguna avería debido al aterrizaje; estudiaron las depresiones dejadas por sus patas; corrieron, caminaron y recogieron datos.

Armstrong arrancó casi 50 libras de muestras rocosas y tierra que pusieron en un primer momento en valijas herméticas y luego en cajas de aluminio. Más tarde un funcionario de la NASA dijo que «éstas tenían más valor que todo el oro de Fort Knox». Las rocas eran asombrosamente viejas, algunas más antiguas que cualquiera encontrada en la Tierra.

Los hombres establecieron tres sistemas instrumentales: un detector de la composición del viento solar, un detector sísmico y un reflector Láser.

Armstrong trató de obtener algunas muestras más profundas de materiales del subsuelo, pero tuvo dificultades: «Pude obtener la primera muestra profunda en las primeras 5 cm. sin mucho problema y luego martilleé tan fuerte como pude. Para la segunda necesité poner las dos manos sobre el martillo y costó unas buenas y hermosas abolladuras en el extremo superior del formón. Y no pude seguir más. Pienso que la profundidad total debe haber sido de 8 o 9 pulgadas».«Pero, aun allí, la herramienta… no parecía querer mantenerse derecha, y cavó una especie de agujero pero no penetró en el sentido justo para que lo soportara… si aquello tenía algún sentido, para mí realmente no lo tenía.»

Hablaron de los cráteres, de las huellas que sólo alcanzaban 3 mm. de profundidad y las esférulas de vidrios pequeñitos en el suelo que lo hacían resbaladizo.

Después de dos horas y media retornaron al módulo. La visita a la Luna había concluido. Detrás de ellos dejaron «chatarras» —cámaras, equipos, herramientas y algunas huellas que probablemente permanecerán por siempre en ese suelo sin viento.

Había sido una extraña aventura, descrita casi prosaicamente por dos hombres atemorizados: el triunfo de la tecnología y el cumplimiento de un sueño que era tan viejo como la humanidad.

Eclipses de Sol y de Luna Cual es causa? Sistema Solar y Planetas

Eclipses de Sol y de Luna ¿Cual es causa?

Introducción: Los eclipses
Significan la ocultación de un astro por interposición de otro. Los movimientos de la Tierra y de la Luna en torno del Sol originan los eclipses de Sol o de Luna, según sea el astro obscurecido. Para que haya eclipse es menester que la Tierra, el Sol y la Luna estén en línea recta y casi en el mismo plano, y que la Tierra o la Luna penetre en el cono de sombra producido por el otro astro.

La naturaleza de los eclipses de Sol y de Luna difiere muchísimo. En un eclipse solar la Luna podrá ocultar todo o parte del astro para ciertos lugares de la Tierra, pero jamás para toda ella. Así habrá zonas en que el Sol quedará completamente obscurecido, o parcialmente, o no se observará fase alguna del eclipse. A pesar de que los tres astros se encuentran en línea recta suele ocurrir que, dada su distancia relativa, la Luna esté de tal manera que en el máximo del eclipse el disco solar no quede del todo oculto, sino que alrededor del disco lunar pueda verse una parte de aquél. Entonces se produce un eclipse anular.

La luna puede pasar dentro del cono de sombra que proyecta la Tierra en el espacio en el momento del plenilunio. Así queda interceptada para la Luna la luz del Sol y ocurre un eclipse total o parcial, según que se haya sumido tota! o parcialmente en la sombra.

Cuando la Luna pasa delante del Sol, la sombra que señala en la Tierra es circular y que, por causa del movimiento de rotación de nuestro planeta, va recorriendo diversos lugares. En todos ellos el Sol está completamente oculto y produce un eclipse total de Sol. Este fenómeno se inicia siempre en el lado O del disco del astro, y la sombra atraviesa la superficie terrestre de O a E. En los eclipses lunares, por el contrario, la sombra comienza en el lado E del disco y lo va barriendo hacia el O.

LOS ECLIPSES DE SOL Y DE LUNA: Cuando la Tierra, la Luna y el Sol están exactamente alineados en el espacio, el cielo se oscurece debido al eclipse. Los eclipses solares ocurren en luna nueva, cuando la Luna pasa entre los dos astros mayores, tapando el Sol y proyectando su sombra sobre la Tierra. (foto eclipse de Sol)

Hay tres tipos de eclipses solares. En el eclipse parcial, la Luna se come al Sol pero no acaba de devorarlo. El día se oscurece ligeramente y el Sol, visto con cualquier clase de protector de los ojos o por un agujero muy pequeño, parece una galleta a la que se le ha quitado un bocado.

En el eclipse total, la cara del Sol desaparece detrás de la Luna, florece la corona por lo general invisible y los afortunados espectadores situados dentro de la sombra lunar pueden conocer las tinieblas al  mediodía.* El tercer tipo de eclipse, el llamado anular, ocurre cuando la Luna se halla a la máxima distancia de la Tierra y en consecuencia se ve más pequeña que de ordinario. Incluso en el momento cumbre de tal eclipse, el reborde del Sol envuelve la Luna, así:

La luna llena es la época de los eclipses lunares, cuando la Tierra queda entre las luminarias y su sombra cae en la superficie de la Luna. Lo mismo que los eclipses solares, los eclipses lunares no ocurren todos los meses; sólo se producen cuando la alineación tripartita es exacta. Esto sólo sucede de vez en cuando, porque la órbita de la Luna, que es rotatoria, forma un ángulo de 50 con el plano de la órbita que traza la Tierra alrededor del Sol.

Los auténticos amantes de los eclipses no se detienen ante nada para verlos. Por ejemplo, el 3 de octubre de 1986 Glenn Schneider, de Baltimore, y otras ocho almas intrépidas contemplaron un eclipse de Sol desde un pequeño aeroplano a 12.200 metros por encima de Islandia.

Escribiendo en la revista Sky & Telescope, Schneider describe lo que vio cuando la Luna se fue colocando delante del Sol y la luz solar comenzó a filtrarse por los valles y las cimas montañosas situadas en el borde lunar, produciendo el fenómeno conocido como los granos de Baily. «Durante seis segundos enteros —recordaba Schneider—, la danza parpadeante de granos fue relampagueando por el limbo… Un minuto después de la “totalidad”, miramos por las ventanillas de la izquierda para valorar el aumento de la luminosidad del cielo. La sombra de la Luna se proyectaba sobre la cara superior de las nubes como un borrón de tinta (!). Durante todo un minuto contemplamos esta mancha oscura, que tenía la misma forma que un cigarrillo aplastado y se iba alejando de nosotros hacia el horizonte.»

Hay eclipses todos los años: siete como máximo, dos como mínimo. Entonces, ¿por qué no vemos más? Los eclipses lunares sólo son visibles por la noche. La mitad de las veces ocurren durante el día y sólo se ven desde la otra cara de la Tierra. Los eclipses solares son aún más elusivos, porque sólo se ven durante unos minutos y sólo dentro de la zona donde cae la sombra de la Luna. Esta zona es tan estrecha que en toda Inglaterra sólo han sido visibles cuatro eclipses solares totales durante los últimos mil años.

Por eso no son fáciles de ver los eclipses. Tomemos un año de cuatro eclipses, por ejemplo 1997. En marzo será visible un eclipse de Luna desde todo el territorio de Estados Unidos, pero únicamente se tratará de un eclipse parcial. Ese mismo mes se podrá ver un eclipse total de Sol; pero sólo desde una estrecha franja de terreno de China o bien yendo en barco por el océano Ártico. En septiembre, será visible un eclipse solar siempre que se contemple desde Australia o Nueva Zelanda, pero incluso allí abajo sólo será un eclipse parcial. Dos semanas después habrá ocaSión de ver un eclipse total de Luna, pero desde América del Norte. Tal es la persecución de los eclipses. La idea de alquilar un aeroplano para presenciarlos empieza a no resultar del todo irrazonable.

Eclipse de Luna

Seis Eclipses Notables o Históricos:

En la mitología de Dahomey la Luna, que se llama Mawu, y su hermano gemelo el Sol, llamado Lisa, hacen el amor durante los eclipses. Los sietes pares de gemelos así concebidos se convirtieron en las estrellas y los planetas.

Pero en la mayor parte de las mitologías los eclipses tienen asociaciones terroríficas. Los antiguos chinos y los bolivianos imaginaban que durante los eclipses unos perros furiosos desgarraban el Sol y la Luna con sus dientes. En Yugoslavia se decía que los vampiros destrozaban las luminarias. Los egipcios creían que de vez en cuando la serpiente Apep, que gobernaba el submundo y era señora de los muertos, se erguía y se tragaba el barco en que surcaba los cielos el dios solar Ra. En esos momentos el Sol desaparecía.

Las explicaciones históricas tienden a ser semi mitológicas. A menudo hablan de un ser superior —un conquistador o un científico— capaz de predecir los eclipses, con lo que advierte del desastre al tiempo que ilustra lo de saber es poder. Dos ejemplos:

* 28 de mayo de 585 a. C. A pesar de creer que la Tierra era plana, Tales de Mileto es considerado el primer científico griego. Puso en relación las matemáticas con la lógica y fue el primero en formular varias verdades matemáticas que la mayor parte de nosotros aprendemos en el bachillerato. Los antiguos lo reverenciaban por su capacidad para detener una batalla, hazaña que llevó a cabo con ayuda de unas tablas babilónicas. Según Herodoto, los medas y los

lidios estaban en medio de la batalla cuando «el día se convirtió en noche. Y este cambio había sido predicho a los jonios por Tales de Mileto, que les había dicho el año en que ocurriría». Aunque Tales no había especificado el día, su predicción inspiró el suficiente temor para dar lugar inmediatamente a la paz.

* 29 de febrero de 1504. Cristóbal Colón había estado aislado durante meses, con la tripulación descontenta, en la costa de Jamaica. La leyenda cuenta que organizó una reunión con los indígenas para una fecha en que sabía que iba a haber un eclipse total de Luna. Basaba sus predicciones en las tablas de navegación del astrónomo Johann Müller, más conocido por su nombre latino, Regiomontano. El eclipse se produjo según lo previsto, los indios quedaron impresionados y los descubridores recobraron algo de su decreciente influencia.

Hay unos cuantos eclipses memorables por razones científicas:

* 21 de junio de 1629. Los chinos sabían predecir los eclipses, pero no muy bien. Los astrónomos imperiales, que no habían acertado a pronosticar el eclipse de 1610, predijeron un eclipse solar para una fecha de 1629. Sin embargo, los misioneros jesuitas insistieron en que la predicción llevaba una hora de adelanto y en que el eclipse, en lugar de durar dos horas, sólo se vería dos minutos. Los jesuitas tenían razón. Como consecuencia, el emperador ordenó que se revisara el calendario chino y se instó a los jesuitas a que construyeran telescopios y empezaran a traducir al chino libros sobre óptica, música y matemáticas.

* 8 de julio de 1842. Durante este eclipse solar los científicos europeos dedujeron que las protuberancias de color rosa y los rayos opalescentes de luz que envolvían por completo la Luna no eran emisiones de la atmósfera lunar ni ilusión óptica, sino parte del Sol.

* 18 de agosto de 1868. Pierre Jules César Janssen, un banquero francés convertido en astrónomo, hizo una lectura espectroscópica de la corona solar durante este eclipse, lo cual permitió a los científicos analizar la composición de la atmósfera solar. La corona era tan espectacular que Janssen estaba convencido de que debía percibirse en condiciones normales. Al día siguiente localizó las protuberancias y registró un espectro. Otro científico, J. Norman Lockyer, había estado haciendo trabajos similares. Entre los dos demostraron que la corona estaba presente en todo momento, bien que sólo fuera visible durante los eclipses, y formaba parte del Sol, aunque con una composición ligeramente distinta de la de la masa solar. También identificaron, en la franja amarilla del espectro, un elemento que sería llamado por el nombre griego del Sol y que no se encontraría en la Tierra hasta un cuarto de siglo después: el helio.

Janssen estaba tan emocionado con estos resultados que en 1870, cuando iba a haber un eclipse visible en Argelia, no dejó que nada le impidiera ir. Salir de París constituyó un problema, no obstante, pues la ciudad estaba rodeada por tropas prusianas hostiles. Las muchedumbres pululaban por las calles, los ciudadanos hambrientos se comían los gatos y las ratas, los restaurantes exóticos hacían incursiones al zoológico y sirvieron platos hechos con los dos elefantes Cástor y Pólux, y la única manera de salir de la ciudad era hacerlo en globo de hidrógeno. Janssen partió de Paris en una balsa y llegó a Argelia a tiempo. Por desgracia, conforme se acercaba el eclipse total la temperatura disminuyó, las nubes taparon la Luna y Janssen no pudo ver nada.

* 29 de marzo de 1919. Albert Einstein había predicho que la luz, al pasar junto a un objeto pesado como el Sol, se curvaría en proporción al campo gravitatorio del objeto. Esto estaba aún por demostrar, pero el eclipse solar de marzo de 1919, cuando se vio la silueta del Sol contra las apretadas estrellas del cúmulo de las Híades, ofreció la perfecta oportunidad para comparar la posición habitual de estas bien conocidas estrellas con su posición durante el eclipse. Pensando en esto, sir Arthur Eddington se trasladó a una isla situada en la costa occidental africana y un grupo de científicos británicos fue a Brasil.

Durante el eclipse los observadores midieron las posiciones de varias estrellas de las Híades y descubrieron que la luz procedente de estas estrellas resultaba curvada por la gravedad del Sol, por lo que se trasladaban con respecto a su posición habitual exactamente tal como había predicho Einstein, lo cual confirmó la teoría… y cambió la vida de su autor.

En cuanto Einstein se enteró de la noticia, envió una postal a su madre, anunciándole: «Gozosas noticias hoy». Un titular del New York Times proclamaba: «Todas las luces bizquean en el cielo / Triunfa la teoría de Einstein». Y Einstein pasó a ser definitivamente una celebridad mundial.

PARA SABER MAS…
EL SAROS

Los eclipses son fenómenos tan particulares que ya las poblaciones antiguas investigaron sus eventuales ciclos.
Para los eclipses de Luna no es difícil hallar una ley que permita predecir cuándo van a producirse, al menos aproximadamente. Esta ley fue hallada después de atentas observaciones, y resultó que entre dos eclipses de Luna median cinco o seis meses.

Al período de 223 meses lunares (la duración del mes lunar equivale a 29 días y medio) se le dio el nombre de saros, uno de los períodos sobre los que puede calcularse con mayor precisión la repetición de los eclipses.

En cambio, para los eclipses de Sol, el cálculo es más complicado, ya que un eclipse solar es un fenómeno local, no visible desde toda la Tierra, y depende estrechamente de la posición exacta de la Luna en la bóveda celeste. Sin embargo, ya en la Antigüedad se previeron eclipses de Sol: un ejemplo lo dio Tales, que predijo el eclipse total que tuvo lugar el año 585 a.C.

OTROS ECLIPSES
El fenómeno de los eclipses, tal como se presenta, no es exclusivo del sistema formado por la Tierra, la Luna y el Sol, sino que se produce en una gran cantidad de cuerpos celestes. Un ejemplo conocido es el de los satélites galileanos, cuyo estudio permitió llegar a una primera estimación de la velocidad de la luz.

Naturalmente, lo mismo que sucede en la Tierra cuando la Luna se interpone entre ella y el Sol, también podrían observarse eclipses de Sol desde Júpiter cuando uno de los satélites pasa por delante del planeta gigante. Pero el fenómeno más singular ocurre cuando, en determinadas condiciones, son los satélites los que se eclipsan recíprocamente. Por ejemplo, hay eclipses de Io provocados por Ganímedes, mientras que en aquel mismo momento hay un eclipse de Sol en Io.

Otro caso interesante es el de dos estrellas que orbitan una alrededor de otra y el plano orbital está en la línea visual de la Tierra. En tal caso, las estrellas pasarán periódicamente una delante de otra, enmascarando la luz de la compañera que permanece detrás y provocando eclipses de estrellas.

Por consiguiente, los eclipses son una notable fuente de información sobre los sistemas en los que se producen. Esto es así incluso en nuestro medio: durante un eclipse solar es posible estudiar más cómodamente partes del Sol que de otro modo son de difícil observación. También se ha querido comprender el estado de la atmósfera terrestre por el color que adquiere la Luna durante algunos eclipses.

Un aspecto singular de este fenómeno, ligado a su predictibilidad relativamente sencilla, es la investigación histórica: si un hecho tiene una datación incierta y ocurrió en el momento exacto o aproximado de un eclipse, es posible deducir con más rigor su fecha precisa.

Mision Espacial Soyuz-Apolo La Era Espacial Misiones al espacio

Misión Espacial Soyuz: Apolo – La Era Espacial

Un apretón de manos en los cielos: Estamos en 17 de julio de 1975. A más de 200 kilómetros sobre el suelo europeo, astronautas norteamericanos y cosmonautas soviéticos —en un épico momento— se saludaron efusivamente ante la mayor audiencia de la historia que miraba alucinada la imagen capturada para la posteridad por las cámaras de televisión.

El encuentro fue la culminación de más de dos años de intensa preparación técnica por parte de ambos equipos, y de no menos vigorosa actividad diplomática, iniciada en conversaciones informales entre el Presidente John F. Kennedy y el Premier Nikita Kruschev en Viena, en 1962, y concluidas con el acuerdo firmado en Moscú, diez años más tarde, por el Presidente Richard Nixon y el Secretario General del PC de la URSS Leonid Brezhnev.

En realidad la significación del proyecto Apolo-Soyuz fue mucho más política que científica. La misión no supuso ningún ejercicio nuevo, ni la realización de maniobras no efectuadas va rutinariamente por los vehículos espaciales de los dos países. Mas, el acoplamiento sideral sí representó, en cambio, el aproximamiento de las dos potencias de nuestros días, rivales no sólo en la “guerra fría”, sino también en la carrera espacial. El saludo en ruso del comandante americano, respondido en inglés por el capitán soviético, fue símbolo dramático de la política de “détente” suscrita por la Casa Blanca y el Kremlin.

Misión Espacial Soyuz: Apolo

astronauta rusoLa misión se inició el 15 de julio con el despegue perfecto de la cosmonave soviética de la base Baikonur, en la zona asiática. El Soyuz iba tripulado por Aleksei Leonov (imagen), 41 años, quizás e! más conocido de los cosmonautas soviéticos —después de Gagarin— por su caminata espacial de 1965, la primera en la historia, y por Valerv Kubasov, 40 años, ingeniero de vuelo. Al cabo de dos días de maniobras el Soyuz entró en la órbita circular en que se llevaría a cabo el encuentro.

Siete horas y media después del lanzamiento soviético, un cohete de la serie Saturno se elevó ruidosamente desde la plataforma deThomas Stafford, astronauta lanzamiento de Cabo Cañaveral —en Florida—, llevando en su extremo la cápsula Apolo.

En esta oportunidad la cápsula contaba con tres tripulantes: Thomas Stafford (imagen derecha), 44 años, comandante del equipo norteamericano, y que tenía un largo historial en la astronáutica, habiendo participado en las misiones Géminis 6, Géminis 9 y Apolo 10; Vance B. Brand, 44 años, era el lingüista del grupo.

Su dominio bastante aceptable del idioma ruso hizo de él el narrador idóneo para las transmisiones a la URSS; y Donald K. Slayton, 51 años, el más viejo de los astronautas americanos y que durante largo tiempo había estado excluido de los programas por problemas derivados de los rigurosos exámenes físicos.

El vehículo americano de más posibilidades de maniobra, jugó el papel activo en el acoplamiento sideral. El Apolo estableció contacto visual con el Soyuz y dirigió las maniobras de amarre que culminaron en el apretón de manos de Stafford y Leonov. Parte indispensable de estas operaciones de enlace fue el llamado módulo de amarre, un cilindro de tres metros de largo y casi metro y medio de diámetro construido por Estados Unidos a un costo de más de cien millones de dólares. El módulo de amarre sirvió no sólo para comunicarlas dos naves, sino también para igualar sus medios ambientes, ya que el Apolo tenía una atmósfera de oxígeno puro a una presión dos veces menos que la de la atmósfera de aire del Soyuz.

astronautas

Apenas se concluyeron los saludos entre los navegantes espaciales y el canje de banderas y placas conmemorativas, los jefes de sus respectivos gobiernos enviaron sus felicitaciones. Brezhnev radió un mensaje por medio del centro de control de Moscú, en tanto que el Presidente Gerald Ford —que reemplazaba a Nixon después del affaire de Watergate— charló informalmente con ambas tripulaciones. Ambos jefes de Estado pusieron de realce el carácter simbólico de la apertura de la compuerta en el módulo de amarre, que sentaba un precedente para la cooperación técnica ruso-americana.

Terminadas las formalidades oficiales, las tripulaciones del Apolo y el Soyuz iniciaron un período de 44 horas de visitas mutuas y experimentos conjuntos encaminados a fomentar una cooperación aun más estrecha en el futuro, todo ello bajo el inquisitivo ojo electrónico de las cámaras de televisión.

La camaradería de astronautas y cosmonautas incluyó actividades gastronómicas que fueron objeto de algunos comentarios agudos con la prensa. En respuesta a una pregunta formulada por el cuerpo de periodistas desde la Tierra, Leonov muy diplomáticamente dijo que lo más importante de un banquete no era tanto lo que se comía, sino con quién se comía.

El 19 de julio, casi dos días después del amarre de las dos naves, El Apolo se separó del Soyuz, tras un último canje de recuerdos simbólicos, entre ellos, semillas de árboles típicos de los respectivos países. Uno de los experimentos más interesantes realizados por la misión conjunta fue el estudio del eclipse anular de Sol, provocado artificialmente por el Apolo al separarse del Soyuz e interponerse entre éste y el Sol.

Los cosmonautas tomaron fotografías de la corona solar, en la que ocurren importantes fenómenos de difícil observación desde la Tierra. Un último acoplamiento tuvo lugar después de este eclipse artificial, a fin de probar nuevamente el mecanismo de amarre del Soyuz, pero en esta oportunidad las compuertas de ambos vehículos permanecieron cerradas.

Dos días después de la separación, la cosmonave soviética descendió, pendiente de un gigantesco paracaídas, en el desierto de Kaza Khastan, al E. de la base de Baikonur. El Apolo permaneció en órbita otros tres días, efectuando observaciones y experimentos. Su descenso en el Océano Pacífico, a tinos 500 kilómetros de Honolulú, fue el último de esta clase. Los próximos vuelos tripulados de los Estados Unidos se realizaron en un Transbordador espacial, vehículo reusable de aterrizaje horizontal en pistas de aeropuerto. El regreso del Apolo se produjo sin complicaciones.

MISIÓN APOLO-SOYUZ (1975)

PARA SABER MAS…

EL MÓDULO DE ACOPLAMIENTO: Seguramente, la parte más compleja de la misión fue la construcción del módulo de acoplamiento, que debía permitir a las dos cápsulas, muy diferentes entre sí, unirse para que los astronautas pudieran pasar de una a otra. Después de varias investigaciones se dio al módulo de acoplamiento una forma cilíndrica, con un diámetro de casi 1,5 m y una longitud aproximada de 3 m. Debía hacer las funciones de cámara estanca para el paso interior de las tripulaciones entre las diferentes atmósferas de las cápsulas Apollo y Soyuz.

Una vez en órbita, la atmósfera de la Apollo era oxígeno puro a una presión de 0,351 kg/cm2. En cambio, la Soyuz utilizaba una mezcla de nitrógeno y oxígeno a una presión equivalente a la terrestre a nivel del mar: 1,33 kg/cm2. Durante la fase de acoplamiento do las cápsulas, la presión de la Soyuz se redujo desde su valor normal hasta cerca de 0,7 kg/cm2. Esto permitió a los miembros de la tripulación el paso de la Soyuz a la Apollo en condiciones estancas para respirar oxígeno puro y eliminar oí nitrógeno contenido en la sangre.

El módulo de acoplamiento también disponía de comunicaciones por radio y televisión autónomas, antenas, gas do reserva y calefacción, como si se tratara de una pequeña astronave. Podía alojar simultáneamente a dos miembros de la tripulación. Las aberturas, provistas de controles desde ambos lados, fueron instaladas en los dos extremos del módulo.

LOS TRES FACTORES MÁS IMPORTANTES QUE HACEN DEL ESPACIO UN MEDIO DIFERENTE DE LA TIERRA
Aunque hay muchas características ambientales que hacen de la vida en el espacio algo muy diferente de la vida en la Tierra, hay tres que revisten especial importancia. Se trata de la atmósfera, las radiaciones y la gravedad.

LA ATMÓSFERA: En la Tierra es necesaria una mezcla especial de gases para que la vida, tal como la conocemos hoy, sea posible.

Cuando respiramos, una cierta cantidad de oxígeno entra en nuestra garganta, es absorbida por nuestra sangre, viaja hasta las células y actúa como «combustible» para un sinnúmero de acciones. Pero para que podamos respirar, el aire debe tener una cierta presión, densidad y temperatura. Si tales valores cambiaran respecto a los hoy existentes, la respiración sería imposible.

Pero en el espacio no hay atmósfera y ésta debe crearse dentro de las cápsulas o los trajes espaciales. Además, debe regularse la temperatura, que en el espacio está sujeta a variaciones extremas. Pero el espacio es extremadamente frío. Como se sabe, la temperatura es una medida de la energía y en el espacio abierto no hay virtualmente nada capaz de absorber calor del Sol e irradiar calor.

La energía del Sol, en efecto, pasa libremente a través del espacio. Sólo cuando hay una masa presente en el espacio, como por ejemplo la Tierra, los demás planetas o una astronave, la energía puede absorberse y transformarse en calor. Si una estación espacial o un astronauta que esté fuera de su vehículo (por ejemplo, realizando actividades extravehiculares) se encuentra en la dirección de los rayos solares, puede absorber energía y calentarse mucho. Por ello, la astronave y el astronauta deberán protegerse con materiales apropiados para defenderse del sobrecalentamiento producido o del sobreenfriamiento que tendría lugar en ausencia de los rayos solares.

RADIACIONES: La atmósfera terrestre sirve al hombre, entre otras cosas, de protección contra los rayos ultravioletas del Sol, que pueden dañar profundamente nuestro organismo, y contra las todavía más peligrosas radiaciones de otros tipos procedentes del espacio.

Los científicos describen de distintas maneras la dosis de radiación de los rayos cósmicos. Las dos más usuales consideran simplemente la acumulación de radiación (cuya unidad de referencia es el Roentgen) o también el medio que la recibe. En general, se mide la cantidad de radiación que absorben los seres vivos en REM (Roentgen Equivalent Man). Por tanto, es posible comparar las distintas cantidades de variación absorbidas dando su valor en REM.

Como es evidente, los astronautas que permanecen largo tiempo en el espacio absorben dosis de radiación mucho más elevadas que los que viven normalmente en la Tierra. ¿Qué les ocurrirá a los que se embarquen para largos viajes a Marte? Las radiaciones cósmicas son muy peligrosas porque pueden matar las células vivas, destruyendo sus enlaces químicos y su metabolismo.

LA GRAVEDAD: Las dos primeras diferencias entre la vida terrestre y la vida en el espacio son poco advertidas por el hombre porque la temperatura adaptada a su supervivencia se reproduce dentro de las astronaves y de los trajes espaciales; asimismo, las dosis más o menos elevadas de radiación no son percibidas por los organismos vivos (a menos que se trate de dosis elevadísimas). Pero existe una diferencia entre la vida terrestre y la vida en el espacio que se experimenta de un modo más exasperante que las otras dos: la casi total ausencia de gravedad.

Cuando un astronauta, dentro de una astronave o en el vacío del espacio, ciérralos ojos desaparece para él el sentido del «arriba» y el «abajo» tal como se vive, normalmente en la Tierra; es como si perdiese la orientación del propio cuerpo. Muchos astronautas, cuando experimentan por primera vez esta sensación, sufren el mal del espacio, similar al mareo del mar o del automóvil. Sucede esto porque el cerebro humano está habituado a definir las distintas posiciones del cuerpo en relación al mundo circundante.

A falta de estos parámetros, el astronauta puede sufrir también un profundo malestar, fuertes dolores de cabeza, náuseas -a veces acompañadas de vómitos-, unos síntomas que pueden dificultar mucho la realización del trabajo programado. Pero en pocas horas o pocos días el cerebro se acostumbra a la falta de referencias: aprende a vivir con la microgravedad. Los problemas, aunque de menor intensidad, se reproducen cuando los astronautas, después de un largo vuelo, vuelven a la Tierra, hasta el punto de temblar, por ejemplo, cuando dan sus primeros pasos sobre la superficie de nuestro planeta, sometida a la gravedad.

Ver Más: Primer Acoplamiento Espacial

Ver: La Misión Apolo

 

Historia del Hombre en el Cosmos La Era Espacial Misiones al Espacio

Historia del Hombre en el Cosmos – Misiones al Espacio

HISTORIA DEL HOMBRE EN EL COSMOS: Desde aquel primer «bip-bip» del primer Sputnik, estamos acostumbrados a que cohetes, satélites experimentales, satélites meteorológicos o de telecomunicación surquen el cielo a gran altura; a que sondas de diferentes tamaños exploten el cosmos, giren alrededor de la Luna, de Marte, de Venus, e incluso lleguen a posarse.

Desde que el 12 de abril de 1961, a las nueve horas cero siete minutos, Gagarin fue lanzado al espacio, ya no nos sorprende que nuevos cosmonautas americanos o soviéticos realicen regularmente hazañas cada vez más complicadas: que salgan de sus naves o que, a bordo de dos vehículos diferentes, tomen contacto entre sí. La sputnik satelitenavegación espacial, aunque todavía reservada a algunos pioneros, se ha convertido en una realidad.

Desde el primer vuelo de Gagarin hay al menos una cosa que es cierta: el hombre puede navegar por el espacio. Los vuelos siguientes han demostrado que una estancia de varias semanas en el espacio no afectaba el organismo. Es cierto, que algunos cosmonautas han sentido, durante el vuelo o después del vuelo, perturbaciones diversas, pero éstas no han tenido nunca una real gravedad.

Guerman Titov, por ejemplo, ha sentido algunos malestares. Ha soportado muy bien la aceleración. Más tarde, al principio del estado de ingravidez, ha tenido durante algunos minutos la desagradable impresión de navegar cabeza abajo e imaginaba que su tablero de mandos se desplazaba hacia lo alto de la cabina.

Pero esta «fantástica» visión se disipó pronto y, si tuvo mareos, desaparecieron tras reposar. Ciertos cosmonautas americanos han sentido, tras su vuelo y la prolongada experiencia de la ingravidez, algunas perturbaciones del equilibrio. Uno de ellos, se dice, que se sintió menos seguro conduciendo su coche. Pero estos fenómenos, generalmente pasajeros, no han afectado su metabolismo. Después del nacimiento del hijo de Guerman Titov se ha sabido con certeza que los viajes por el espacio no tenían consecuencia alguna sobre la descendencia.

Tras los primeros resultados, los técnicos y los médicos de la astronáutica piensan que no existe un tipo ideal de hombre del espacio. Los criterios de selección exigen, sin embargo, candidatos para la aventura espacial con una excelente condición física (aunque uno de los cosmonautas ruso tuvo dos años antes de su primer vuelo problemas cardíacos). A los cosmonautas no se les pide tan sólo poseer una sólida constitución física y nervios á toda prueba; se les pide también poseer notables cualidades intelectuales.

Hay que considerar a los cosmonautas como a superpilotos de pruebas. En efecto, no son tan sólo «acróbatas», sino que son también ingenieros y hombres de ciencia. Las cabinas y el material embarcado han sido modificados a menudo siguiendo algunas veces las observaciones e incluso los cálculos de algunos de ellos.

Para mostrar hasta qué punto se trata de hombres excepcionales, se podría citar como ejemplo de sangre fría a Walter Schirra, quien, en el momento del lanzamiento, cuando sobrevino un incidente que estuvo a punto de hacer explotar el conjunto del cohete, tuvo la sangre fría de no apoyar sobre el botón que le hubiera expulsado inmediatamente al exterior, salvando así su vida pero comprometiendo por numerosos meses el avance del programa espacial americano que en aquella época estaba un poco retrasado con respecto al de los soviéticos.

german titov

Esta cápsula soviética, lanzada en 1959). hoy es ya pieza de museo: su peso parece insignificante comparado con el de las más recientes naves espaciales. Aquí arriba, Guermán Titov. que fue el primer cosmonauta une experimentó el mareo del espacio con motivo de su primer vuelo, que duró más de 24 horas.

Se comprende, pues, la fascinación que pueden ejercer tales hombres , ya que si no son sobrehumanos, hay que reconocer al menos que son excepcionales.

Por esta razón no nos sorprenderá saber que es muy difícil reclutar equipos de esta calidad. En Estados Unidos se cuenta apenas con 40 astronautas y el reclutamiento se hace cada vez más difícil. En la Unión Soviética, se comienza a buscar aquellos que el día de mañana podrán desempeñar tales funciones al nivel escolar o del servicio militar. Pero no hay que creer que tan sólo estos superhombres son capaces de vivir la aventura espacial.

Los rusos han demostrado claramente lo contrario, no tan sólo el día en que por primera vez enviaron una mujer al espacio, sino también cuando, en 1962, en un Voskohd, tomaron plaza tres pasajeros de los cuales dos eran civiles, científicos que no habían sido sometidos más que a un entrenamiento sumario y que hubiesen podido embarcarse en «traje de chaqueta».

Aunque excepcionales, los cosmonautas no tienen sólo cualidades. Como todos los hombres tienen también sus debilidades Podemos citar como anécdota, que entre ellos existe la indisciplina e incluso la desobediencia. Fue así como Cooper —desobedeciendo todas las consignas—subió un bocadillo a bordo clandestinamente. Pero le costó cara su desobediencia puesto que algunas migas, dispersadas por la ingravidez, dificultaron el funcionamiento de algunos aparatos, denunciando así al primer contrabandista del espacio.

Podemos citar aún, como prueba de indisciplina, el diálogo entre White, que había salido de la cápsula Géminis IV y evolucionaba en el espacio; Mac Divitt, que se encontraba todavía en la cabina, y Grissom, instalado en el puesto de telecomunicación en Houston. He aquí la conversación tal como fue grabada:

GRISSOM: —Gemini IV, orden del director de vuelo, volved!
MAC DIVITT: —¿Tienes consignas para nosotros?
GRISSOM: —Gémini IV, ¡vuelvan!
MAC DIVITT: —O. K. Volvemos.
WHITE: —¿Por qué? ¡Me encuentro muy bien!
MAC DIVITT: —No, vuelve en seguida!
WHITE: ¡Ni hablar!
MAC DIVITT: ¡Oíd boy, nos quedan tres días y medio de vuelo!
WHITE (suspirando): —Bueno, vuelvo (algunas palabras inaudibles).
MAC DIVITT: —¡No, entra! Entra antes de que se haga oscuro.
GRISSOM (nervioso):
—Gémini IV, aquí Houston ¡Vuelvan! (A Mac Divitt) ¿Lo haces entrar…?

Con esto podemos ver que los cosmonautas son en definitiva hombres como todos nosotros. Por encima de un entrenamiento riguroso conservan el sentido de la libertad.

Pero apenas si los cosmonautas han dejado de sentir las molestias debidas a una aceleración demasiado fuerte cuando deben enfrentarse a un nuevo enemigo: la ausencia de gravedad, o sea, la ausencia de toda fuerza debida a una aceleración. Los cuerpos al no ser atraídos ya por la Tierra flotan literalmente en el vacío. La posición vertical no existe. El pasajero puede dar volteretas en su cabina, con tal que haya espacio suficiente, o andar por el techo. Incluso si derrama un vaso de agua, se forma un gruesa gota de agua que permanece suspendida en el espacio en el punto en que fue derramada.

Esto puede parecer divertido, pero si damos crédito a los testimonios de aquellos que lo han vivido, la realidad no es tan divertida. La ingravidez crea una sensación relativamente penosa y es necesario un cierto tiempo para acostumbrarse. Durante mucho tiempo se ha creído incluso que los hombres no podrían acostumbrarse a la ingravidez. Es necesario volver a aprenderlo todo. En estos casos el cosmonauta es como un recién nacido: debe aprender no sólo a andar, sino también a hacer gestos incluso uno tan sencillo como dejar un objeto, tomarlo o simplemente levantar un brazo sin que todo su cuerpo empiece a girar.

Es incluso imposible beber o comer normalmente. Para beber hay que aspirar por una paja y para comer, lo más sencillo es introducir en la boca un alimento más o menos pastoso con una especie de jeringa. Por suerte, las bebidas y alimentos espaciales se están mejorando y el «saber vivir» espacial o más exactamente «saber comer» no cesan de progresar.

Podemos esperar que en un futuro, aún bastante lejano, los turistas que usasen eventualmente líneas espaciales’ no tendrían que sufrir la ingravidez. En efecto, se proyecta construir naves con motores nucleares que estarían en perpetua aceleración, lo que crearía en la nave una especie de gravedad.

Incluso cuando el cosmonauta ha terminado su viaje no habrá terminado todavía los problemas de sobregravedad o de ingravidez. Sabemos, en efecto, que ésta tiene valores diferentes según nos encontremos en la Luna, en Júpiter, en Marte o en Venus. Sabemos que en la Luna la gravedad es seis veces menor que en la Tierra. Los paseantes del astro de la noche podrían, pues, andar a pasos de gigante puesto que pesarían seis veces menos.

Se sentirían más ligeros, su cuerpo reposaría menos sobre sus articulaciones y su corazón podría irrigar el organismo con más facilidad. Se estima que sobre la Luna el corazón de un hombre de pie no se fatigaría más que el de un hombre acostado en la Tierra. De esto a pensar que la Luna podría ser el lugar ideal para los terrícolas con demasiado trabajo, no hay más que un paso, que algunos han dado, pretendiendo que una de las primeras utilidades de la Luna sería la de permitir la instalación de verdaderas estaciones de «juventud».

Por desgracia, la realidad es muy diferente, ya que el hecho de que la gravedad sea poca parece ser el único confort que podamos esperar de la Luna, al lado de otros muchos inconvenientes, y habría que pensar que nuestro corazón es como nosotros: se adapta muy pronto a la vida fácil.

Es posible que no podría soportar ya, al regreso, los niveles de la gravedad. Dicho de otra forma, que el viajero del futuro tendría que hacer sobre la Luna suficientes esfuerzos para cansar sistemáticamente a su corazón. Los especialistas han creado ya toda una tabla de gimnasia para los primeros visitantes de la Luna. En oposición con nuestro satélite natural encontramos el planeta Júpiter. Allí la gravedad es dos veces y media más fuerte que sobre la Tierra.

Esto quiere decir que en cuanto pongamos el pie sobre el más misterioso planeta del sistema solar, pesaríamos cerca de 200 kilos la mayor parte de nosotros. Incluso si nuestro esqueleto pudiese aguantarlo, si nuestros músculos llegasen a arrastrarnos, ¿ qué ocurriría en la superficie del astro con nuestro corazón ? Es previsible que no latiría mucho tiempo, aplastado por la grandeza de su labor.

Dicho de otra forma, Júpiter es sin duda un planeta prohibido. Todo lo más, podemos verlo por las ventanillas de las naves espaciales que se aproximen volando a baja altura. Aunque la importancia de la gravedad en Júpiter nos prohibiría pasar demasiado cerca.

Edward H. White,

Flotar en el espacio, como Edward H. White, saliendo de su cabina, se ha convertido para el cosmonauta en un ejercicio casi natural. Las mayores dificultades se presentan al regresar a la Tierra, primeramente para penetrar en las capas de la atmósfera, y luego para tomar tierra. Mientras los soviéticos aterrizan, los americanos prefieren posarse sobre el mar. He aquí, al regreso de un vuelo, cómo se recoge a la cabina y a un cosmonauta inmediatamente después de su salvamento.

Fuente Consultada: Maravillas del Siglo XX

La Conquista del Espacio Misiones Espaciales Tripuladas Sputnik Historia

Historia De La Conquista del Espacio – Misiones Tripuladas

Lanzamiento del Sputnik: Después de la Segunda Guerra Mundial se ha desarrolla do con extraordinario impulso la conquista del espacio tanto en su aspecto interior como en el exterior, exploran do o alcanzando los lugares más difíciles, o que parecía inaccesibles, de la superficie terrestre, o lanzándose de lleno en el mundo cósmico, con el propósito firme de asentar e pie en otros astros, hazaña que en siglos anteriores hubiera sido considerada locura o simple fantasía.

hillaryPara lograrlo el hombre ha aplicado, y sigue aplicando, todo el acervo de sus conocimientos y recursos que le han proporcionado los últimos inventos y descubrimientos científicos, con una voluntad férrea y tenaz, además de su capacidad, bravura personal, heroísmo y emulación.

Dejando al margen hechos aislados, como la expedición británica al Himalaya (1953), en que por vez primera Hillary (imagen) y Tensing alcanzaron la cima del Everest, en la pasada década se centró el interés científico en la conquista técnica de los casquetes polares. En 1951, los argentinos establecían bases permanentes en la Antártida.

En 1957-1958 se celebró el Año Geofísico Internacional, con expediciones organizadas por diversos países a la Antártida, que fue atravesada por tierra, por vez primera, empresa llevada a cabo por el inglés Vivian Fuchs. Al mismo tiempo, en 1958, el submarino atómico norteamericano “Nautilus” atravesaba, también por primera vez, la capa de hielos que recubre el Polo Norte. Al año siguiente una expedición soviética llegaba al llamado “Polo de la Inaccesibilidad Antártica”, meta que se consideraba poco menos que imposible de alcanzar.

Más que en otros períodos históricos, el hombre parece que persigue sistemáticamente un objetivo: el propósito de convertirse en verdadero dueño y rey de la creación, poniendo en juego su inteligencia. Sin detenerse a pensar que, como el aprendiz de brujo, el poder de la técnica pueda un día escapársele de sus manos y aniquilarle, se lanza a las más audaces aventuras, de las cuales la cosmonáutica, los viajes interplanetarios no son precisamente las menos ambiciosas.

El dominio del aire, más efectivo desde 1937, en que el inglés Frank Whittle aplicó a la aviación el sistema de propulsión a chorro, ha cedido paso en sus avances espectaculares a las astronaves, tripuladas o no, con las que el ser humano se propone visitar otros mundos del espacio exterior.

observatorioForzosamente, esta nueva proyección de la actividad humana ha promovido nuevos y mejores estudios acerca del universo que nos rodea y un interés creciente por la Astronomía. Entre otros aspectos. la ciencia astronómica se beneficia de la construcción e montaje de observatorios muy perfeccionados, cuino los de Monte Palomar (1948) y Monte Hamilton (1959), en California; el que se halla actualmente a punto de terminarse en la Unión Soviética, con un espejo telescópico de seis metros de diámetro –el mayor del mundo— con instrumental del género de los telescopios electrónicos inventados en 1954 por el francés Lallemand.

Recientes descubrimientos abren horizontes aún más vastos: el estudio más detenido de las galaxias, el registro de radio-ondas procedentes de universos lejanísimos y el descubrimiento, en 1965, de los “quasars”, masas densas de luz ultravioleta a miles de millones de anos-luz de la Tierra. Y todo ello, en lugar de anonadar al hombre moderno, le sirve de estímulo y acicate.

Satelite SputnikLa llamada “era espacial” puede considerarse iniciada en octubre de 1957, cuando los soviéticos lanzaron el Sputnik I, el primer satélite artificial de la Historia . Antes de medio año, en febrero de 1958. los norteamericanos lanzaban su “Explorer I” que descubrió el cinturón interior de radiaciones de Van Hallen.

El año 1959 fue el de los triunfos soviéticos de la exploración lunar o de los “Lunik”: el primero, lanzado en enero, como tentativa inicial; el segundo en septiembre logro el primer impacto terrestre en la Luna, el Lunik III, en octubre, captó por vez primero a fotografías de la cara oculta del satélite y las transmitió por televisión a la Tierra.

Medio ano después, en marzo de 1960. los norteamericanos lanzaban el “Pioner V” primera sonda espacial de los Estados Unidos. Imagen: Lunik II

En continua emulación con escasa diferencia a veces en sus éxitos, Soviéticos y norteamericanos enviaron nuevas astronaves al espacio, alternando a partir de 1961 los lanzamientos de naves no tripuladas con otras que llevaban ya seres humanos a bordo.

Entre las primeras cabe citar como más destacadas, por orden cronológico, el “Telstar I” norteamericano, que logró la transmisión directa de televisión entre Europa y América, en julio de 1962; el “Marte I”, Soviético, lanzado en noviembre de 1962,  que alcanzó las cercanías de Marte en junio de 1963; el “Mariner IV”, norteamericano, que tomó fotografías de Marte, que no muestran apariencias de vida en dicho planeta; el “Venus III”, soviético, lanzado en noviembre de 1965 y que logró el primer impacto terrestre en el planeta venusino en marzo de 1966.

Dos meses antes, en enero de este mismo año, los soviéticos conseguían el primer alunizaje suave en suelo de nuestro satélite, con el Lunik IX”, y un mes después, en febrero de 1966, el “Cosmos 110” llevaba a bordo dos perros, que fueron los primeros seres vivos que atravesaron los cinturones de radiación de Van Hallen. Siguieron los triunfos científicos en años sucesivos, como el del norteamericano “Lunar Orbiter III”, que consiguió en febrero de 1967 medir la distancia exacta entre la Tierra y la Luna con un error mínimo, inferior a quince metros.

Más emoción han despertado los vuelos de astronaves tripuladas. El primer vuelo cosmonáutico de la Historia lo llevó a cabo el soviético Yuri Yuri Gagarin Gagarin (imagen), en abril de 1961, que llevó a término una órbita en torno a la Tierra en la nave “Vostok I’; en agosto del mismo año, otro ruso, Germán Titov, efectuaba algo más de diecisiete órbitas con la “Vostok II”.

Hasta febrero de 1962 no se produjo el primer vuelo orbital de un norteamericano, Glenn, con el “Friendship VII” En agosto del mismo año, los soviéticos lanzaron las astronaves “Vostok III” y “IV”, que se acercaron a sólo 5 Km. de distancia una de otra , consiguiendo, por vez primera, que dos naves cósmicas tripuladas recorrieran simultáneamente el espacio exterior.

En mayo de 1963, el norteamericano Gordon Cooper, después de haber recorrido veintidós órbitas, pudo realizar por sí mismo la maniobra de regreso a la Tierra, amarando en el lugar previsto. Al mes siguiente, en junio de 1963, los soviéticos lanzaban el “Vostok VI”, tripulado por Valentina Terechkova, la primera mujer cosmonauta de la Historia.

En marzo de 1965, los rusos lanzaban el “Vosjok II”, tripulado por Balyaiev y Leonov: también éste fue el primer hombre-satélite” de la Historia, pues logró salir de la cápsula y flotar unos diez minutos libres en el cosmos; tres meses después, el norteamericano White, en el “Géminis IV”. conseguía asimismo pasearse por el espacio, unido a la cápsula por un cable de ocho metros, y antes de transcurrir medio año, en diciembre de 1965, los norteamericanos se apuntaban otro triunfo con la primera cita espacial de las astronaves “Géminis VI” y “VII”; además, en noviembre de 1966 pudieron demostrar en la “Géminis XII” que el ser humano es capaz de trabajar perfectamente en el cosmos, en estado de ingravidez.

En 1967, y basándose en datos facilitados por el “Lunik XIII”, los sabios soviéticos han expuesto la teoría de que la Luna no es un astro totalmente muerto. Por su parte, el objetivo inmediato del esfuerzo norteamericano es el de colocar un hombre en la Luna antes de 1970, como previó en 1961 el presidente Kennedy.

Neil Armstrong Los programas astronáuticos espaciales de los Estados Unidos confirmaron este propósito: llegar con una nave a la Luna  y regresar con la tripulación viva a la Tierra. Tal es la evolución de sus fases sucesivas, los proyectos “Mercury”, “Gemini”, “Apolo” ,“Saturno”. Superado favorablemente el penúltimo de ellos en octubre de 1968, se esperé con el súper proyectil “Saturno” llegar a nuestro satélite en un acercamiento y asalto final, lo que ocurrió felizmente para gloria de la ciencia el 20 de julio de 1969, correspondiendo a Neil Armstrong (imagen) el honor de ser el primer humano que pisó nuestro satélite natural.    

Por lo que se refiere a los soviéticos, después de cumplidos con creces los primeros programas “Vostok” (Oriente) y “Vosjod” (Aurora), resulta difícil prever cuál será su futura orientación con respecto al espacio exterior. Sin perder de vista su interés hacia una probable conquista de la Luna —han llevado a cabo once pruebas de alunizaje—, parecen consagrarse al lanzamiento de plataformas espaciales (programa “Protón”) para desde ellas poder emprender más ambiciosos vuelos espaciales, el primero de los cuales también tendrá verosímilmente, como objetivo la Luna.

LANZAMIENTO DEL SPUTNIK

“Que estos tres primeros pasos…”

16 de julio de 1969; en cabo Cañaveral bulle la actividad y la tensión aumenta progresivamente: la misión de la “Apolo 11” va a comenzar. Dos meses antes —18 a 26 de mayo— los astronautas Stafford, Cernan y Young habían ensayado maniobras de desembarco en orbita lunar a sólo 15 kilómetros de la superficie. Ahora iba el intento final y los elegidos eran Neil Armstrong, Edwin Aldrin y Michael Collins.

 Neil Armstrong, Edwin Aldrin y Michael Collin

La nave, con un total de 45.753 kilogramos estaba impulsada por un-cohete impulsor del tipo Saturno 5 de tres etapas y estaba dotada de un “módulo lunar” —con el cual se realizaría la operación de alunizaje— denominado “Eagle”. Al módulo de mando que tenía la misión de hacer el viaje de ida y vuelta se le llamó “Columbia”.

modulo lunar

 

La llamada “era espacial” comenzó en 1957 y tuvo su apogeo en la década de los ‘60, cuando tanto rusos como norteamericanos enviaron al espacio innumerables satélites y naves más sofisticadas. El lanzamiento no presentó dificultades y al cabo de cuatro días —el 20 de julio— se realizó la hazaña. Armstrong y Aldrin hicieron descender el módulo lunar Eagle en el “Mar de la Tranquilidad”, donde recogieron muestras del suelo y rocas —unos 23 kilogramos—, colocaron instrumentos, enviaron imágenes por televisión y tomaron numerosas fotografías.

Neil Armstrong, que le tocó en suerte bajar primero dijo en tal trascendental oportunidad: “Que estos tres primeros pasos constituyan un gran salto en el progreso de la humanidad”. Michael Collins, el otro tripulante de la misión permaneció en órbita en el módulo de mando y completando un total de 31 órbitas lunares al momento del regreso. El tiempo de estadía de Armstrong y Aldrin en la superficie lunar había sido de 21 horas y 22 minutos.

Luego del momento más crucial y enervante del proyecto —el despegue desde la Luna—, el viaje de regreso se hizo fácilmente, amarando en el lugar previsto del Océano Pacífico. Luego de las prevenciones del caso los héroes fueron recibidos en triunfo por el pueblo norteamericano y aclamados, sin reparos, por el mundo entero.

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Fábrica Subterranea de Armas Secretas NAZI Bombas del Tercer Reich

Fábrica Subterranea de Armas Secretas

En la segunda guerra mundial la Luftwaffe había desarrollado otra arma no tripulada. Cerca de Peenemünde estaba preparando una prueba de su bomba volante FZG-76, la V-1. La V-1 tenía una serie de ventajas significativas frente al cohete rival. Se podía producir de forma barata y sencilla, y quemaba petróleo de bajo octanaje en lugar del escaso oxígeno líquido y el alcohol de alta graduación que se necesitaba para impulsar la V-2.

Sin que lo supieran los alemanes, los británicos tenían noticias del programa de armas V y en la noche del 17/18 de agosto de 1943 cerca de 600 bombarderos pesados atacaron la planta en Peenemünde, retrasando al menos dos meses el programa de la V-2.

La Luftwaffe tenía planeado lanzar su campaña con armas V atacando Londres con 500 V-1 al día, haciendo que la ciudad fuera inhabitable, algo que no había conseguido con el Blitz de 1940-1941. Una vez más intervinieron los bombarderos aliados. Desde diciembre de 1943 lanzaron miles de toneladas de bombas sobre las llamativas rampas de hormigón y acero que se habían construido para lanzar las V-1 desde el norte de Francia. La ofensiva de las V-1 no se inició hasta una semana después de la invasión aliada del noroeste de Europa durante el Día D, el 6 de junio de 1944.

Las «doodlebugs», como fueron llamadas las V-1, devolvieron a los londinenses a la primera línea del frente por primera vez desde el Blitz. No eran muy precisas, pero Londres era un blanco muy grande y los alemanes pretendían que los efectos de las V-1 fueran indiscriminados. A finales de agosto de 1944, habían matado o herido de gravedad a unas 24.000 personas en la región de Londres.

Un cuarto de millón de madres jóvenes y niños fueron evacuados y otro millón abandonó la ciudad por iniciativa propia. Durante las noches miles se refugiaban en las estaciones del Metro de Londres El efecto psicológico de las V-1 era desconcertante.

En tierra, los londinenses oían como se acercaban. No tenían control por radio —para que no se pudiera interceptar—, sino que iban guiadas por un piloto automático giroscópico monitorizado por un compás magnético, y su caída sobre el blanco a una distancia determinada venía determinada por las revoluciones de una hélice pequeña. Cuando le decía al motor de la V-1 que se parase, se producía un silencio terrible de 15 segundos, antes de caer a tierra para explotar con una fuerza que podía destruir un edificio entero.

EJECUCIÓN DEL PLAN ALEMÁN: Para  desarrollar el plan se comenzó a construir un centro secreto de investigación en la isla de Peenemünde, en la costa del mar Báltico cercana a la desembocadura del Oder. Eran necesarias unas instalaciones adecuadas, con espacio suficiente y situadas en un lugar discreto. La isla era ideal para ello y se habilitó espacio para más de 2.000 científicos.

En 1937 comenzaron las pruebas del A-3, el predecesor directo de la V-2. Dornberger quería un misil capaz de transportar una cabeza de guerra de 100 Kg. hasta una distancia de más de 260 Km. El A-3, de unos 750 kg de peso, desarrollaba un empuje de 1.500 Kg. en el lanzamiento, utilizando oxigeno líquido y alcohol; pero el A-4 dispondría de un motor con un empuje de 25.000 kg. Ello suponía todo un reto científico.

Por eso se recurrió a la utilización de turbo-bombas de alta velocidad, impulsadas por peróxido de hidrógeno. Se perfeccionaron los giróscopos y continuó mejorándose el misil. En 1938 se lanzó un prototipo hasta una altura de más de 10 Km.

Con el comienzo de la guerra, Hitler, urgió a Dornberger porque quería obtener un arma definitiva, de más de 250 Km. de alcance, que pudiese poner una tonelada de explosivo en París o Londres. Tal misil tenía que ser fácil y relativamente barato de producir, debía poder ser lanzado desde rampas móviles y ocultarse en los túneles ferroviarios.

El 3 de octubre de 1942 se lanzó con éxito el primer A-4, tras dos lanzamientos fallidos. El misil alcanzó la velocidad del sonido (el segundo ya lo había hecho), subió hasta los 80 Km. y cayó a una distancia de 191 Km. De inmediato se dotó a Peenemünde de más personal y recursos para continuar el desarrollo de la futura V-2.

El nombre de V-2 se adoptó al utilizarse el de V-1 para el arma diseñada por la Luftwaffe. Pronto el alcance de la V-2 superó los 400 Km. a una velocidad de más 5.300 Km./h (mach 4, es decir, cuatro veces la velocidad del sonido).

bomba volante v2

Los aliados cuando identificaron el tipo de actividad que se llevada a cabo en la isla, en la noche del 18 de agosto de 1943,  lanzaron una incursión de bombardeos contra las instalaciones. Los daños fueron importantes , pero el edificio principal de las investigaciones resultó ileso. A pesar de todo, perecieron más de 800 personas y se hizo patente la necesidad de dispersar las instalaciones por toda Alemania.

LA NUEVA FÁBRICA SUBTERRÁNEA: Tras los ataques aliados contra Hamburgo, las fábricas de cojinetes de Schweinfurt y el centro de investigaciones de Peenemünde, donde se inventó el V-2, se necesitaba una fábrica a prueba de bombas, y Nordhausen era el candidato perfecto.

La mitad norte del complejo quedó bajo el control de Mittelwerk GmbH, para fabricar y montar las bombas voladoras V-1 (menos las alas) y los cohetes V-2 (menos las cabezas); la parte norte se asignó a la empresa Junkers, para el montaje de los motores de propulsión Jumo 004 para los aviones Messerschmitt 262, y motores de pistón Jumo 213 para los modelos más antiguos, Focke Wulf 190.

Hubo que realizar muy pocas reformas. Se instaló un suministro eléctrico desde una central cercana y se excavó una caverna de 23 metros de altura, donde pudieran ponerse verticales los V-2 ya montados, para probar sus componentes eléctricos. Entre agosto y septiembre de 1943 se trasladaron a Nordhausen numerosos prisioneros de los campos de concentración, para utilizarlos como mano de obra.

Hacia finales de octubre, se trasladó todo el campamento al interior de la montaña, y los prisioneros —en su mayoría franceses, rusos y polacos, aunque también había entre ellos algunos presos políticos alemanes— fueron encerrados en tres cámaras oscuras, húmedas y llenas de polvo.

Dormían en bancos apilados de cuatro en cuatro, y trabajaban en turnos de 12 horas. Cuando un turno iniciaba el trabajo, el otro intentaba dormir en los mismos bancos sucios, cubriéndose con las mismas mantas. No existían letrinas —había que apañarse con barriles de carburo vacíos y cortados por la mitad— y había que caminar más de 800 metros para llegar a un grifo de agua.

Speer Militar AlemanAlbert Speer, ministro alemán de armamentos, visitó la fábrica en diciembre y dejó constancia de sus impresiones en su autobiografía, publicada después de la guerra: «Las condiciones en que vivían estos prisioneros eran verdaderamente bárbaras, y cuando pienso en ellos me invade una profunda sensación de responsabilidad y culpa personal.

Después de la inspección, los supervisores me informaron de que las instalaciones sanitarias eran inadecuadas y las enfermedades hacían estragos; los prisioneros estaban recluidos en cavernas húmedas y, como consecuencia, la mortalidad… era extraordinariamente elevada.»

Por órdenes de Speer, se construyó un campo de concentración fuera de la montaña para alojar a los prisioneros, y las condiciones mejoraron. Cada vez se enviaban a la fábrica más prisioneros, hasta que el número de trabajadores esclavos ascendió a unos 20.000.

La SS dictó órdenes estrictas. prohibiendo todo contacto privado entre los prisioneros y el personal alemán. Bajo ningún concepto debían filtrarse al mundo exterior noticias de lo que estaba sucediendo en Nordhausen.

Los tres primeros misiles V-2 salieron de Nordhausen el día de Año Nuevo de 1944; a finales de enero, se habían terminado otros 17. A partir de entonces, la producción progresó con rapidez, y en junio se entregaron 250 misiles. La producción de V-1 comenzó más tarde, en julio de 1944, pero aquel mismo mes se entregaron 300.

El V-2 era un arma muy compleja y sofisticada, mientras que el V-l era simple y barato, pero los dos resultaron muy eficaces, y en Londres se hicieron muchos chistes macabros acerca de cuál de los dos era más terrorífico: el V-l, que podía oírse venir hasta que el motor se paraba, iniciándose entonces una angustiosa espera hasta que se producía la explosión, o el V-2, que caía sin avisar.

fábrica de bombas volantes

La impresionante instalación de Nordhausen donde se fabricaron mas de 30.000 proyectiles V1, de las
cuales una quinta parte cayó sobre Londres

Todas las entradas y los conductos de ventilación de la fábrica estaban perfectamente camuflados. Los misiles se cargaban en vagones de tren o en camiones dentro de los túneles, y se cubrían bien con lonas. Los trenes salían de los túneles y seguían la red ferroviaria alemana hasta llegar a las bases de lanzamiento, cerca del canal de la Mancha.

Gracias a estas precauciones, la fábrica consiguió permanecer oculta a los reconocimientos aéreos, y los aliados no tuvieron idea de su importancia hasta finales del verano de 1944, cuando el interrogatorio de un prisionero alemán reveló su existencia. Por suerte para los esclavos de Nordhausen, el mando aliado rechazó un plan de von braumataque norteamericano, consistente en arrojar enormes cantidades de napalm sobre los túneles y los conductos de ventilación, para provocar un incendio que acabase con todos los ocupantes del interior.

Durante el mes de diciembre de 1944, la fábrica subterránea produjo un total de 1.500 V-1 y 850 V-2, y el éxito obtenido hizo que se pensara en ampliarla, multiplicando por seis su superficie.

Se empezaron a excavar nuevos túneles, para instalar en ellos una fábrica de oxígeno líquido (uno de los combustibles empleados por el V-2), una segunda fábrica de motores de avión, y una refinería para producir petróleo sintético. Pero todo terminó el 11 de abril de 1945 cuando las tropas norteamericanas llegaron a la zona. Permanecieron en ella seis semanas, llevando a cabo una minuciosa inspección de la fábrica y sus productos, antes de dejarla en manos del Ejército Rojo.

De haberse inventado antes, el V-2 habría influido de manera decisiva en el desenlace de la guerra. En total, se lanzaron sobre Londres unos 1.403 misiles, que mataron a 2.754 personas e hirieron a otras 6.532.

Durante los últimos meses de la guerra, se lanzaron otros muchos contra objetivos belgas: sólo en Amberes cayeron 1.214. Después de la guerra, sus inventores —entre ellos, Werner von Braun— se trasladaron a Estados Unidos para diseñar nuevos cohetes. El misil balístico, dotado posteriormente de una cabeza nuclear, se convirtió en el arma definitiva del precario equilibrio de terror en el que el mundo ha vivido desde entonces.

Fuente Consultada:
50 Cosas que Hay Que Saber Sobre la Guerra Robin Cross
Segunda Guerra Mundial Tomo 19 La Caída de Berlín
Construcciones Fabulosas Volumen II Atlas de lo Extraordinario Ediciones Prado

Las armas alemanas Bombas V1 V2 Segunda Guerra Mundial Secretas Armas

Las Armas Alemanas: Bombas V1 y V2 

Las armas secretas alemanas

Bomba alemana V2Alemania, tras la derrota sufrida en la Primera Guerra Mundial, se vio sometida a las férreas condiciones del Tratado de Versalles, en el que, entre otras cosas, se le limitaban las fuerzas armadas a un ejército de 100.000 hombres y se le prohibía la fabricación de todo tipo de armamento pesado.

Es lógico que, como consecuencia de estas condiciones, el Alto Estado Mayor germano pensara en la posibilidad de desarrollar los cohetes, que no entraban en el capítulo de prohibiciones impuestas, y convertirlos en un arma bélica que podría inclinar a su favor el peso del potencial militar frente al resto de las demás naciones de Europa.

Para ello no vacilará en servirse de los recursos humanos y técnicos que se han ido forjando, a través de las experiencias de la Verein fur Raumschiffahrt (Asociación para el desarrollo de la Astronáutica), en el terreno de pruebas para cohetes que ha estado utilizando en las afueras de Berlín desde 1927.

Al disolverse la sociedad, el gobierno alemán conseguirá atraerse a algunos de los miembros más destacados de la misma, poniendo a su disposición el centro de Kummersdorf, dirigido por el general Walter Dornberger. El colaborador más eficiente del general es el joven Wernher Von Braun, antiguo miembro de la asociación astronáutica, que ha optado por la única forma de poder realizar el sueño de su vida, trabajar en los cohetes, aunque tenga que relegar a un futuro incierto sus sueños de utilizarlos como vehículos para viajar por los espacios interplanetarios y deba limitarse, por el momento, a ponerlos a punto para las aplicaciones bélicas que interesan al país.

Las órdenes del general Dornberger eran tajantes. Se trataba de inventar, diseñar y construir nuevos tipos de armas, cuya existencia debería mantenerse secreta, capaces de dotar a las fuerzas armadas alemanas de una neta superioridad sobre los ejércitos enemigos cuando se iniciase la guerra. Y para ello deberían potenciarse al máximo todas las posibilidades que ofrecían los últimos descubrimientos en el campo de los cohetes propulsados por combustibles líquidos.

Pronto se preparan los planos para la construcción de un cohete de largo alcance, que puede llevar su carga explosiva a más de 200 Kms. de distancia, volando a velocidades superiores a la del sonido. En 1935, Hitler aprueba el proyecto y decide facilitarles todos los medios para poder llevar a cabo su realización en un lugar secreto que será escogido por el propio Von Braun, convertido en el director técnico del proyecto.

El lugar elegido estará situado en una isla del Báltico, Usedom, en la desembocadura del río Oder, lo suficientemente apartada para poder realizar las pruebas a salvo de miradas curiosas y donde se levantarán las instalaciones de la HA? (Heeres Anstalt Peenemünde o Instalaciones del Ejército de Peenemünde), de donde saldrían las principales armas secretas empleadas por las fuerzas alemanas.

La V-1 El Centro de Peenemünde, por su organización interna se encontraba sometido a la jurisdicción del Ministerio del Ejército, principal interesado en el desarrollo de las nuevas armas-cohetes y cuyos jerarcas habían gestionado ante el Führer los presupuestos necesarios para su construcción. Sin embargo, los jefes de la Luftwaffe pensaban que este tipo de armas, al ser utilizadas como elemento de combate aéreo, debían ser adjudicadas a sus centros de investigación y exigían una participación en los procesos de fabricación y puesta a punto de las mismas.

Para satisfacer sus demandas, el Alto Estado Mayor no dudó en concederles una parte de las instalaciones del HAP, donde se desarrollarían las diversas armas secretas alemanas, y que así quedaría dividido en dos zonas: Peenemunde Este, donde Wernher Von Braun se ocuparía de la dirección de todos los proyectos sobre cohetes para el Ejército, y Peenemunde Oeste, bajo las órdenes directas de Goering, donde se desarrollaría un prototipo de bomba volante, impulsada por un pequeño pulsoreactor que constituiría la primera novedad en el campo de las armas secretas alemanas.

Este aparato, ideado por el técnico aeronáutico Gerhard Fieseler, recibiría primeramente esta denominación de Fi-103, para pasar más adelante a hacerse famoso bajo las siglas V-1, correspondientes a Vergeltungswaffe-1, o «arma de represalia».

Este artefacto puede considerarse en esencia, como un avión a reacción no tripulado, cuyo combustible estaba constituido por gasolina mezclada con aire que se hacía detonar en una cámara de combustión a intervalos regulares, mientras los gases al escapar por la parte trasera del reactor le proporcionaban el impulso necesario para el vuelo.

El motor estaba situado encima del proyectil y comprendía una boca para la admisión del aire en una rejilla del tipo persiana para regular la entrada de éste, el sistema de inyección del combustible, la cámara de combustión y la tobera para la reacción de los gases. El conjunto tenía una longitud de 8,22 metros de largo y 1,50 m. de diámetro en su parte más ancha, con un peso total de 2.170 kg.. de los que 900 eran de explosivos, a base de nitrotolueno y nitrato amónico, que se alojaban la parte delantera del proyectil. A continuación la carga explosiva venían los depósitos de combustible, 700 litros de carburante, y un sistema de reacción por piloto automático en el que intervean tres giróscopos y un altímetro. También tenía las pequeñas alas con una envergadura de 5 metros.

Para su lanzamiento se utilizaban rampas de lanzamiento de 45 m. de largo, desde las que se catapultaban mediante una carga de pólvora dirigiéndose hacia sus objetivos a una velocidad media de 650 Kms por hora y a una altura de 2.000 metros.

Disponía de una autonomía de 250 kms. por lo que era un arma eficaz para bombardear las unidades inglesas más próximas a la costa. Sin embargo como eran fácilmente detectables por el radar, de reciente aparición por esos años, y teniendo en cuenta que su velocidad era similar a la de los últimos modelos de aparatos de caza de su tiempo, estos proyectiles eran presa fácil para los pilotos de la R.A.F., quienes, aparte del fuego directo, para derribar el artefacto utilizaban también una arriesgada pero eficiente maniobra a fin de alterar el rumbo del mismo.

Se situaban a si mismo nivel y rozaban con la punta del ala el extremo correspondiente en la de la bomba volante, con lo cual el artefacto venía a caer sobre las aguas del Canal de la Mancha, sin causar mayores daños.

El primer proyectil de este tipo cayó el 14 de junio de 1944 en Swanscombe, cerca de Gravesend, causando más pánico entre la población civil que daños materiales reales, y desde entonces hasta el final de la guerra no dejarían de caer sobre Londres. De las 8.000 bombas volantes aproximadamente que lanzaron los alemanes en este intervalo solamente 2.419 alcanzaron su objetivo causando la muerte de 6184 personas y heridas a 17.981. Otras 2.448 se lanzaron sobre Antwerp.

La bomba volante V-1 fue el primer proyectil operativo lanzado desde la base de Peenemunde, el centro de experiencias secretas alemán. Durante las pruebas el prototipo se adaptó para ser pilotado por la famosa aviadora germana Hanna Reichst, que realizó el vuelo en abril de 1944, antes de que las V- 1 fueran construidas en serie para la Luftwaffe.

La serie de bombardeos sobre las ciudades inglesas mediante las V- 1 fueron más espectaculares que efectivos en daños materiales y si bien al principio levantaron grandes esperanzas entre los dirigentes nazis convencidos de que tenían en sus manos el arma que les daría la victoria, pronto vieron que se necesitaba algo más demoledor y eficaz para conseguir aplastar el poderío militar de los aliados.

Entonces se volvieron de nuevo a Peenemunde, pidiendo a los técnicos que allí trabajaban la que debía ser el «arma definitiva»: un cohete capaz de transportar una tonelada de explosivos sobre Londres y que pudiera escapar a los sistemas de detección y a los ataques de los cazas enemigos.

Para lograrlo a tiempo, había que acelerar al máximo los proyectos de Wernher Von Braun y su equipo de científicos, quienes ya en sus experiencias del centro de pruebas de Kummersdorf, los años inmediatamente anteriores a la guerra, habían trabajado con los que serían los predecesores del futuro V-2, cohetes de la serie Aggregate-1 (A-1), propulsados por alcohol y oxígeno líquidos.

Las primeras experiencias realizadas en Peenemunde, en otoño de 1937, consistirían en el lanzamiento de varias versiones mejoradas de este prototipo. El A-3, ya era un artefacto de 6 metros de alto y 745 kgs. de peso cuyo motor a base de combustibles líquidos, le proporcionaba un empuje de 1.360 kgs. Sin embargo, los resultados no serían satisfactorios hasta que nuevos mejoramientos, principalmente en los sistemas de dirección, condujeron al A-4, que a finales de 1938 alcanzó una altura de más de 10 kilómetros, convirtiéndose en el prototipo sobre el que se realizarían todas las investigaciones posteriores, hasta llegar a la definitiva V-2.

Los lanzamientos de prueba del nuevo modelo tuvieron lugar entre junio y octubre de 1942 y finalmente se consiguió que un cohete de 14,5 metros y 12 toneladas de peso, lanzado desde la costa de Pomerania, alcanzase una altitud de 80 kilómetros y cayera a 191 Kms. de distancia. El proyectil-cohete era una realidad y el gobierno alemán, que hasta entonces había estado de espaldas a tan excitantes experiencias, mostró súbitamente un enorme interés por las mismas, apremiado por los avatares de la guerra que habían cambiado mucho desde los meteóricos éxitos iniciales.

Las demostraciones de la nueva arma convencieron plenamente al Alto Mando que no vaciló en poner a disposición del equipo técnico responsable de su realización todos los medios necesarios para lograr su desarrollo definitivo hasta pasar al proceso de fabricación en serie y su puesta en servicio final.

El resultado de estos esfuerzos sería el artefacto conocido como V-2 (también de Vergeltungswaffe o «arma de represalia»), que presentaría un aspecto verdaderamente impresionante. El proyectil tenía unas proporciones completamente inusitadas: 14,5 metros de longitud por 1,65 de diámetro máximo. Pesaba 12 toneladas y media en el momento del despegue, de las que un 70 % lo constituía el combustible compuesto por 3.750 kgs. de alcohol etílico y 4.970 de oxígeno en estado líquido. Estos gases se consumían a razón de 125 Kgs. por segundo en la cámara de combustión, proporcionándole un empuje de 25.000 kgs. y una velocidad de eyección de los propergoles de 2.000 m. por segundo.

La estructura del artefacto es la siguiente:

En la cabeza iban los 910 kgs, de amatol que constituían su carga explosiva; a continuación, entre la carga y los depósitos de combustible, venía un pequeño compartimiento en el que se situaban los mecanismos de control automático y de radio-dirección; seguían después los depósitos cilíndricos de combustible, las bombas que asPi/an los líquidos en la cámara de combustión finalmente ésta con su tobera del tipo «Laval» a la salida de la cual se encontraban, en medio del paso de los gases eyectados, unas pequeñas aletas de dirección construidas en grafito, que actuaban como estabilizadores del cohete.

Al contrario de lo que sucedía con las V-1, las V-2 eran prácticamente invulnerables, pues alcanzaban velocidades supersónicas y era imposible interceptarlas con los cazas de motor de émbolo o derribarlas con la artillería antiaérea. Además podían ser disparadas desde rampas móviles, por lo que la localización de sus bases de lanzamiento resultaba bastante problemática. Su lanzamiento se efectuaba en sentido vertical, para irse inclinando hasta alcanzar un ángulo de unos 45 grados y una vez agotado el combustible seguía una trayectoria parabólica hasta alcanzar los 100 Kms. de altitud y dirigiéndose a su blanco, situado a más de 300 Kms. de distancia a una velocidad de 5.600 Kms. por hora. Resulta evidente la nula capacidad defensiva ante semejante ingenio ya que por la altura y velocidad a que se desplazaba era prácticamente imposible de localizar por el radar de la época.

La primera V-2 cayó sobre Chiswick, cerca de Londres, el 8 de septiembre de 1944, sin que sus habitantes se pudieran apercibir de lo que se les venía encima hasta sentir el estruendo de la explosión, que sería seguida del terrible estrépito producido al atravesar el artefacto la barrera del sonido y que sería escuchado en la ciudad unos segundos después del impacto. De estas armas cayeron más de 2.000 sobre Inglaterra, entre la fecha citada anteriormente y el 27 de marzo de 1945 en que cayó

la última sobre Orpington, en Kent. El total de victimas producidas fue de 2.754 muertos y 6.523 heridos. También se emplearon las’ V-2 contra la ciudad de Amberes y contra las fuerzas aliadas de la región de Aquísgran. Se supone que un gran número de artefactos explotaron en sus bases de lanzamiento o nunca alcanzaron sus blancos y se calcula que el número de aparatos fabricados por la industria alemana en el tiempo que les permitió la duración de la contienda, no sobrepasaría los 5.000.

Si bien los daños causados por esta nueva arma fueron bastante más cuantiosos que los de su predecesora la V- 1, no fueron suficientes para cambiar el curso de la guerra que ya había tomado un giro decisivo hacia la victoria aliada. Las V-2 actuarían principalmente como armas psicológicas, manteniendo la moral de las fuerzas alemanas durante algún tiempo todavía, pero su función decisiva en los campos de batalla todavía no había llegado. Era un arma prematura que necesitaba todavía de unos cuantos años más de perfeccionamiento para convertirse en el misil teledirigido intercontinental que amenaza como una pesadilla la paz en nuestro tiempo.

Otras armas secretas alemanas

Además de las V-1 y las V-2 que tuvieron su período operativo, la industria alemana de guerra desarrolló otros variados ingenios propulsados por cohetes, que apenas pudieron intervenir en la contienda o su utilización quedó restringida a escenarios muy reducidos.

Una de éstas fue la denominada Wasserfall («cascada») consistente en una versión a escala reducida de la V-2, pero con la ventajosa posibilidad de poderse orientar automáticamente hacia su blanco mediante un dispositivo de rayos infrarrojos. Era un cohete de 8 metros de longitud que podía portar una carga explosiva de 306 kgs. a una distancia de 35 Kms.

Otra derivación de la V-2, que no salió de los tableros de diseño, fue la correspondiente a las siglas A-9/A-10, prevista para dar origen a un gigantesco cohete de dos etapas que doblaría en tamaño a la V-2. Según sus datos técnicos podría haber alcanzado una distancia de 4.800 kms. lo que lo colocaba ya en la línea de los modernos proyectiles balísticos intercontinentales que tardarían más de una década en ser desarrollados por los ejércitos de Rusia y Estados Unidos.

Con un arma de esas características es evidente que la guerra hubiera podido seguir un rumbo diferente, pues incluso los Estados Unidos hubieran estado bajo su radio de acción. Los cohetes aplicados a la artillería darían origen al Rheintochter (Hija del Rhin), precursor de los actuales proyectiles tierra-aire, que sería lanzado por primera vez en agosto de 1943, para ser sustituido a partir de Diciembre de 1944 por otros proyectiles semejantes pero más eficientes: el Enzian y el Schmetterling, que serían fundamentalmente pequeños aviones-cohete con posibilidad de ser dirigidos por radio.

Principios fÍsicos de los cohetes: porqué vuelan los cohetes Von Braun

Principios Físicos de los Cohetes: ¿Por qué vuelan?

Características de la propulsión por cohetes

Como ya hemos visto en los capítulos anteriores, el hombre ha ido imaginando muchos métodos, algunos totalmente sorprendentes, para trasladarse desde la Tierra a otros astros. Unas veces estos métodos se basaban en principios físicos que creía conocer bien, pero que en la práctica jamás podrían haber dado resultado y otras se trataba simplemente de ingeniosos productos de su imaginación que no respondían a las leyes de la Naturaleza.

Tal es el caso de la misteriosa fuerza antigravitacional, que tan fácilmente resolvía todos los problemas de los vuelos por el espacio, o los recursos a fuerzas mágicas o sobrenaturales, que también tuvieron cabida en tantos relatos de viajes astronáuticos.

Algunos de los procedimientos utilizados, como el dejarse arrastrar por el vuelo de las aves, el empleo de alas artificiales, los globos aerostáticos (este último descrito por Edgar Allan Poe en su relato La Aventura sin Par de un tal Hans Plaau). etc. independientemente de la imposibilidad física de realizar un recorrido tan largo en un tiempo razonable, carecían de fundamento científico a partir del descubrimiento de la existencia del vacío entre la Tierra y la Luna, debida a los experimentos de Torricelli, que había inventado el barómetro en 1643, y de Blas Pascal, quien, en 1648, medía la presión atmosférica existente en diferentes alturas de una montaña, llegando a la conclusión de que la capa de aire no se extendía indefinidamente por el espacio, sino que tenía una altura determinada. encontrándose el vacío a continuación de ella.

El método del obús disparado por el gigantesco cañón Columbia de Julio Verne, aunque aparentemente podría ser realizable siempre que se encontrara un medio de reducir a límites tolerables la aceleración inicial sufrida por los tripulantes, tan poco ofrece ningún tipo de solución para vencer la resistencia del aire a la enorme velocidad de 40.000 kms. por hora. Esta resistencia produciría un violento frenado del artefacto con el consiguiente calentamiento aerodinámico del mismo, el llamado «muro del calor» que aumenta con la velocidad, hasta alcanzar temperaturas imposibles de resistir por cualquier material conocido.

De todos los medios imaginados en estos relatos, el único que haría viables los vuelos por el espacio es el de la impulsión por cohetes, aparato que ya era conocido desde bien antiguo, aunque no hubiera merecido la suficiente atención y se encontrase relegado a unos aspectos muy secundarios en sus aplicaciones prácticas. Una de las ventajosas características del cohete es que su velocidad puede regularse de forma que el calentamiento provocado por la resistencia del aire al atravesar las capas bajas de la atmósfera sea tolerable.

En el momento del despegue la velocidad del aparato es reducida, para irla incrementando progresivamente a medida que va alcanzando las capas superiores, donde la resistencia es mínima, y finalmente alcanza su máxima velocidad en el vacío donde la resistencia del aire es nula.

La fuerza de reacción

Para comprender mejor las inmensas posibilidades de los cohetes en el terreno de la Astronáutica, recordemos sus principios básicos. Ante todo debemos partir de la idea de que un cohete es un aparato volador que se desplaza siguiendo los principios expuestos por Isaac Newton en su famosa Tercera ley del Movimiento: A una fuerza llamada acción se opone otra llamada reacción, de igual magnitud, pero de sentido contrario.

Esta fuerza de reacción la podemos comprobar experimentalmente, observando el retroceso que sufre un cañón o cualquier otro tipo de arma, cuando dispara sus proyectiles. Si colocásemos un cañón de tiro rápido sobre una vagoneta de ferrocarril y empezásemos a dispararlo en una dirección, la vagoneta empezaría a moverse en el sentido opuesto, y silos disparos se sucediesen a un ritmo más rápido que la duración del impulso de retroceso, éste se incrementaría sucesivamente y la vagoneta adquiriría una velocidad y una aceleración crecientes.

El fenómeno se intensificaría si se arrojasen proyectiles más pequeños y en mayor cantidad, o a mayores velocidades. Lo ideal sería que se disparasen moléculas de un fluido a su máxima velocidad. Esto es lo que se produce en el cohete cuando expulsa los gases producidos durante su combustión, obtenidos mediante la reacción química de sus dos substancias componentes: el combustible y el comburente.

saturno 5 y el apolo 11El mismo principio se aplica a los motores de reacción de los aviones. Estos aspiran por su parte delantera el aire exterior, mezclándolo con gasolina pulverizada u otro combustible, en una cámara de combustión donde se produce su encendido. Los gases obtenidos, en lugar de mover un pistón como en los motores de explosión convencionales, salen expulsados por la tobera o salida posterior del motor formando un chorro de moléculas de alta velocidad (de aquí proviene el nombre de «propulsión a chorro» con que son designados también estos motores), provocando la consiguiente reacción que impulsa el motor hacia adelante.

Sin embargo aunque utilicen el mismo principio de reacción para producir el movimiento, existen ciertas notables diferencias entre los motores cohete y los motores a reacción. En estos últimos, el oxígeno necesario para la combustión es obtenido del aire que aspiran del exterior, por lo cual sólo pueden funcionar en las capas atmosféricas lo suficientemente densas para poder proporcionar este gas en las cantidades necesarias, lo cual automáticamente invalida este tipo de motores para las grandes alturas y sobre todo para los vuelos por el espacio.

En cambio los motores cohete poseen la gran ventaja de contener en su interior todo el oxígeno necesario, el comburente, ya sea mezclado con el combustible, o en depósitos independientes en el caso de cohetes de combustibles líquidos, convirtiéndose así en un sistema verdaderamente autónomo, totalmente independiente del medio externo y por lo tanto capaz de funcionar en zonas donde exista el vacío más absoluto.

Este tipo de motores, denominados anaerobios, obtienen su máximo rendimiento precisamente en esas zonas carentes de aire atmosférico al no tener que vencer ninguna resistencia para su desplazamiento, lo que los convierte en los impulsores ideales de los vehículos espaciales.

Componentes del cohete

Todo cohete, desde los tipos más sencillos utilizados en pirotecnia, hasta los enormemente complejos de las aplicaciones astronáuticas, constan esencialmente de los mismos elementos. Un cilindro, ya sea de cartón o de metal, en el que se alojan las substancias químicas que van a entrar en combustión, un sistema de encendido para producir ésta (la simple mecha de los pequeños cohetes de pólvora) en la correspondiente cámara de combustión, y un orificio de salida o tobera por el que se expulsarán los gases obtenidos provocando así la fuerza de reacción. Para mantenerlo en la dirección deseada existen varios sistemas desde una simple varilla de madera al conjunto de aletas estabilizadoras y giróscopos de los grandes cohetes actuales.

Por otra parte, el cohete deberá transportar algún tipo de carga útil. En los cohetes utilizados en los fuegos artificiales será la caperuza donde se aloja la mezcla que estallará cuando el cohete alcance la altura adecuada, produciendo sus brillantes efectos luminosos, mientras que en los cohetes de usos militares serán cargas explosivas y en los utilizados en Astronáutica serán las cápsulas espaciales, los satélites u otros instrumentos de medida que se vayan a lanzar al espacio.

La utilización de combustibles y comburentes, llamados en conjunto propergoles, de naturaleza sólida o líquida, dará lugar a tres tipos diferenciados de cohetes. Los denominados cohetes a propergoles líquidos, por hallarse ambos componentes en ese estado, los cohetes a propergoles sólidos, por el mismo motivo, y los cohetes híbridos, donde uno de los componentes es sólido y el otro líquido.

Los cohetes a propergoles líquidos, de construcción bastante más compleja que los otros por la necesidad de llevar depósitos aislados y sistemas de bombeo de cada uno de los líquidos a la cámara de combustión, son generalmente de bastante mayor potencia que los de propergoles sólidos, por lo que se utilizan fundamentalmente en los aparatos que necesitan enviar al espacio grandes masas, como los vehículos americanos A polos, impulsados por los cohetes a propergoles líquidos del Saturno V.

En este caso el combustible es queroseno y el comburente oxígeno líquido, mantenido en ese estado mediante altas presiones y bajas temperaturas en los depósitos. En la actualidad esos son los propergoles líquidos más empleados aunque también se utilicen el ácido nítrico, el peróxido de nitrógeno y el ozono líquido como comburentes y el alcohol, la hidracina o el hidrógeno líquido como combustibles. La combinación ideal sería la de hidrógeno-oxígeno líquido por proporcionar la máxima velocidad a los gases de escape.

Los principales propergoles sólidos empleados son los siguientes: balistita (formado por nitroglicerina y nitrocelulosa), cordita (nitrocelulosa, nitroglicerina, vaselina), pólvoras, nitroparafina, y percloratos de amonio o de potasio. Los propergoles híbridos más utilizados son: caucho artificial y oxígeno líquido, resinas sintéticas y peróxido de hidrógeno (agua oxigenada).

Los propergoles sólidos ofrecen por su parte la ventaja de ser fácilmente almacenables y tienen menos problemas a la hora de su manipulación por lo que son más adecuados para cohetes de aplicaciones militares o de pequeñas potencias de empuje. También permiten que la construcción y el funcionamiento del cohete sean más simples.

El primer tipo de combustible utilizado en los cohetes no fue otro sino la pólvora negra, obtenida con la mezcla de salitre, carbón vegetal y azufre. Estos ingredientes al quemarse producen un gas que tiende a ocupar un volumen 400 veces mayor que la mezcla original, produciendo una fuerte presión en las paredes del recipiente que los contiene. Si este se encuentra cerrado explotará bruscamente con el consiguiente «petardazo».

En el cohete de pólvora, ésta se coloca en una masa compacta, pero dejando un hueco en forma de embudo a lo largo de su eje central que terminará junto a la abertura de la parte posterior del cilindro que constituye el cohete. Este hueco cónico y la abertura de salida constituyen la cámara de combustión y la tobera del motor-cohete.

Cuando se enciende la carga, la pólvora empieza a arder por la superficie interna de la cámara de combustión, creando rápidamente una considerable masa de gas a temperaturas muy elevadas y con una presión muy alta que escapará por la abertura posterior a gran velocidad, provocando por reacción el movimiento del cohete hacia adelante que se elevará emitiendo su característico silbido hasta que se queme toda la pólvora contenida en su interior.

Empuje de un cohete

La fuerza de propulsión que desarrolla el cohete es igual al producto de la masa de gases que arroja en un segundo por la velocidad de los mismos, es decir:

E = m.v

Por lo tanto si un motor-cohete consume 10 kgs. de propergol por segundo y expulsa los gases a una velocidad de 3.000 metros por segundo, el empuje obtenido sería de:

E=10 . 3000/9.8 =3.061 Km ó 3061 Tm.

(teniendo en cuenta que la masa es igual al peso dividido por la constante gravitatoria 9,8.)

De esta fórmula se desprende que para que el cohete pueda elevarse del suelo, su peso total a plena carga, deberá ser menor que el del empuje producido.

Velocidad final

Aplicando la fórmula de la Dinámica que dice «el momento lineal o la cantidad de movimiento de un sistema es constante», tendremos:

m.v = M.V

siendo m, la masa de los gases expulsados, u, la velocidad de los mismos, M, la masa total del cohete y V, la velocidad en ese momento.  Para saber la velocidad que adquiere el cohete despejamos V en la fórmula anterior y obtenemos:

V=m.v/M

Esta fórmula nos dice que la velocidad del cohete depende de tres factores: su masa, la masa de los gases que expulsa por segundo y la velocidad de éstos. Por lo tanto para poder aumentar la velocidad del cohete deberemos disminuir su masa (M), aumentar la velocidad del chorro de gases (u) o aumentar la cantidad de gas expulsado por segundo (m), y de ser posible, las tres cosas a la vez.

La cantidad de gas expulsado y su velocidad de salida son constantes pero a medida que va consumiendo su combustible, la masa del cohete disminuye, por lo que la velocidad, del mismo irá aumentando sucesivamente hasta que alcance su límite máximo cuando el combustible se haya acabado por completo.

De esta forma vemos que el cohete despega del suelo con cierta lentitud en principio, para irse acelerando progresivamente a medida que transcurre su vuelo. Esta característica le permite vencer la resistencia del aire con más facilidad que si saliese despedido a su velocidad máxima como les sucede a los proyectiles disparados por un canon.

Es lógico pensar que si el cohete contiene mayores cantidades de combustible, éste tardará más tiempo en consumirse y por lo tanto la velocidad final aumentará. Este incremento debe tener

un límite y para calcular con exactitud las posibilidades de aumento de la velocidad final, tenemos que utilizar el término «razón de masas», que corresponde al cociente de dividir la Masa total del cohete al despegar (M1) por la Masa final al consumir todo su combustible (M2).

Velocidad de KM/seg. que alcanza un cohete

Velocidad de KM/seg. que alcanza un cohete al final de la combustión en función de la razón de las masas, es decir, la relación entre la masa total en el momento del despegue y la masa al final de la combustión

Así la fórmula que nos dará la velocidad final del cohete, descubierta por Ziolkovsky, es la siguiente:

y = c.loge (M1/M2)

Es decir que la velocidad final (u) será igual al producto de la velocidad de eyección de los gases (c) por el logaritmo neperiano de la razón de masas. (El logaritmo neperiano es igual al logaritmo decimal x 2,3).  Esta velocidad final será exactamente igual a la velocidad de salida de los gases cuando el logaritmo valga 1, es decir cuando la razón de masas valga 2,718 que es la base de los logaritmos neperianos. 

Un ejemplo nos ayudará a hacer los cálculos. Supongamos que un cohete tiene una razón de masas de 3, lo que quiere decir que el combustible representa los dos tercios de su peso total, y que expele los gases a 2.000 m. por seg. La velocidad que alcance al final de la combustión será:

v = 2.000 x loge 3= 2.200 m. por seg.

Si en vez de logaritmos neperianos utilizamos logaritmos decimales, la fórmula se transformará en:

v = 2.000 x log 3 x 2,3 = 2.200 m. por seg.

Si la razón de masas hubiese sido de 10 y los gases se expelen a la misma velocidad de 2.000 m. por seg. la velocidad final sería de:

v= 2.000 x log 10 x 2,3 = 4.600 m. por seg.

Lo que demuestra la importancia que tiene para la velocidad final del cohete el incremento en la razón de masas.

 La carga útil :Sin embargo la razón de masas no puede aumentar indefinidamente, pues el cohete está previsto para que transporte algún tipo de elemento que constituiría su carga útil. Las cápsulas espaciales y sus tripulantes, los satélites artificiales, o los instrumentos de diversos tipos que se envíen al espacio en el cohete serán los componentes de esta carga y limitarán la razón de masas del mismo, si bien, la mayor parte del peso del cohete estará constituida por los propergoles.

La carga útil llega a ocupar solamente de un 0,4 a un 2 % del peso total del aparato, lo que supone un rendimiento bastante bajo en comparación con cualquier otro vehículo de transporte.

Como en muchos casos no es suficiente un solo cohete para elevar una carga útil determinada, se pueden agrupar varios de ellos en forma de racimo, es decir en paralelo, y encenderlos todos a la vez, de forma que el empuje resultante sea la suma de todos los componentes del grupo.

Hoy día todos los grandes cohetes utilizados en Astronáutica recurren a este procedimiento y así tenemos a los gigantescos Saturno IV y Saturno V americanos, compuestos el primero de ellos por ocho motores en racimo que le proporcionan un empuje total de 745 Tm y el segundo por cinco motores principales, en su primera fase, que a base de quemar oxígeno líquido y queroseno, le proporcionan un empuje de 3.500 Tm.

Vida de Von Braun y el Saturno 5 para la Mision Apolo Cientifico Aleman

Vida de Von Braun y el Saturno 5

Wernher Von Braun: Un hombre que hace historia El hombre sobre cuyas espaldas recaería toda la responsabilidad del magno proyecto Apolo y prácticamente de casi todas las realizaciones técnicas que en materia de vuelos espaciales desarrollara la N.A.S.A., había llegado a Norteamérica, procedente de su tierra natal de Alemania, el mismo año en que terminó la II Guerra Mundial.

Llevaba consigo un enorme bagaje de conocimientos sobre la tecnología de los cohetes, adquirido durante sus experiencias en los centros de producción de armas secretas del ejército germano. La afición a los cohetes era algo innato en él, y ya desde muy niño había realizado toda clase de experimentos con estos peligrosos artefactos, soñando siempre con la posibilidad de construir uno lo suficientemente poderoso como para poder transportar al hombre a otros planetas.

Wernher Von Braun había nacido el 23 de marzo de 1912 en la localidad de Wirsitz, situada en Prusia Oriental, en el seno de una aristocrática familia. Su padre, el barón Magnus Von Braun, poderoso terrateniente y banquero, sería ministro de Agricultura en el gabinete Von Papen, antes de la subida de Hitler al poder, y su maCientifico Von Braundre, la marquesa Emmy Von Quistorp, era una mujer de gran firmeza de carácter.

Desde niño, el joven Wernher ya se sentiría inclinado hacia las ciencias del espacio pues su madre, gran entusiasta de la Astronomía, le regaló un telescopio a los ocho años, cuando el muchacho recibe la confirmación según el rito luterano.

La atracción del joven hacia los mundos lejanos se acrecienta cuando cae en sus manos el libro de Herman Oberth, El Cohete en el Espacio Interplanetario, uno de los mejores tratados de Astronáutica escritos en su época. Al tropezar con las numerosas fórmulas matemáticas que se le hacen dificultosas de asimilar, acude al propio Oberth, pidiéndole se las aclare.

El maestro rumano le aconseja que estudie a fondo esta materia si quiere profundizar en la teoría de los vuelos espaciales, pues sin unos buenos conocimientos matemáticos no le será posible adentrarse en los secretos de la Astronáutica. 

El joven Von Braun, que ha sido expulsado de un preestigioso colegio berlinés por sus deficientes calificaciones en Matemáticas, se lanzará de lleno al estudio hasta conseguir graduarse en Ciencias Físicas por el Instituto de Tecnología de Charlottenburg, mientras sueña románticamente en lanzarse al espacio y explorar el Universo.

Más tarde se matricula en la Facultad de Astrofísica, donde comparte los estudios de las teorías einsteinianas con las prácticas de lanzamiento de pequeños cohetes en la Raketenflugplatz —Centro de Vuelo de Cohetes— de Berlín-Reinickendorf, lugar frecuentado por los aficionados a las experiencias en ese campo y donde se encontrará nuevamente con Hermann Qberth y los demás componentes de la Asociación para el Desarrollo de la Astronáutica, recientemente constituida.

El entusiasmo que despliega el joven Von Braun en todas las actividades relacionadas con los cohetes, atraerá la atención del general Walter Dornberger, especialista de armamento para el Ejército, que lo toma a su servicio como ingeniero civil y poco después, el 1 de octubre de 1923, le encomienda la dirección técnica del Centro de Cohetes de Kummersdorf.

A partir de entonces Von Braun, que sólo cuenta veinte años de edad, se consagrará totalmente al estudio y desarrollo de una nueva tecnología que, sin hacerle olvidar en ningun momento sus sueños de servirse del cohete para viajar por los espacios interplanetarios, dará a Alemania algunas de las armas más poderosas inventadas por el hombre.

La necesidad de mantener las experiencias en secreto obligan a trasladar el terreno de pruebas a un lugar apartado y es Von Braun el encargado de buscarlo. Tras varios intentos infructuosos, finalmente, por sugerencia de su madre, se dirige a la desembocadura del río Qder en el Báltico, donde encuentra la isla de Usedom y en ella un lugar semidesértico adecuado para sus planes.

Allí instalará el Centro de Peenemünde, nombre tristemente célebre en la Historia de donde surgirán las primeras bombas voladoras de gran potencia destructora, las V-2, que durante unos cuantos meses aterrorizarán a los habitantes de Londres y otras ciudades inglesas.

Von Fritsch, Jefe Supremo del Ejército, promete su apoyomoral y material para la construcción de la nueva base en Peenemünde donde continuarán las experiencias, y a este apoyo se suman los jefes de la Luftwaffe, interesados también en el desarrollo de nuevas armas aéreas.

Las obras comienzan en 1936 y al año siguiente se efectúan los primeros ensayos con los cohetes A-2 y A-3, que pronto serán relegados para concentrarse exclusivamente en el desarrollo de una variante más poderosa: el A-4, que finalmente se convertirá en la V-2.

A los tres años de funcionamiento, cuando estaha la guerra, el Centro de Peenemünde ya ha incrementado su personal técnico pasando de los 60 especialistas con que contaba en un principio hasta un total de 300 entre los que se encuentran ingenieros, químicos y científicos de todas las ramas que tuvieran aplicación en el campo de los cohetes.

Tras varios años de trabajos intensos y una serie de experiencias con motores más potentes en los que había que probar las mezclas de combustibles más adecuados, se logró un artefacto que lanzado el 3 de octubre de 1942 consiguió elevarse hasta 80 Kms. de altitud cayendo a 191 kms. de distancia. El A-4 finalmente demostraba sus posibilidades operativas y justificaba las cuantiosas sumas invertidas en su realización.

Dornberger y Von Braun, eufóricos ante el éxito obtenido, se esforzaron por conseguir una entrevista con Hitler para exponerle los resultados de sus experiencias y son recibidos por el Führer, en su Cuartel General de Rastenburg. Hitler se siente sumamente complacido por los resultados de sus experiencias y les promete la máxima prioridad en todo lo referente a la producción del A-4. Pero no todo van a ser facilidades y el 17 de agosto de 1943, un bombardeo devastador se abate sobre Peenemünde, reduciendo a escombros las instalaciones, destruyendo importantes documentos y acabando con cerca de un millar de personas entre trabajadores y técnicos de la base.

Tras dos horas de bombardeo, Dornberger y Von Braun se esfuerzan por rescatar del fuego lo que puede ser salvado y una vez hecho el recuento ven que los daños materiales no son tan graves como se pensó en un principio. Las instalaciones más importantes no han sido destruidas y el trabajo podrá volver a reanudarse en unas pocas semanas.

Una vez que la situación recobra la normalidad, los trabajos en el proyectil-cohete continúan, aunque ahora todo el personal técnico de los laboratorios esté sometido a una estrecha vigilancia por parte de la policía secreta alemana que no quiere arriesgarse a perder los importantes secretos que se encierran en Peenemünde.

Finalmente, el 6 de septiembre de 1944 se dispara el primer artefacto que cae en el suburbio londinense de Chiswick y a partir de entonces, los lanzamientos se sucederán ininterrumpidamente hasta el fin de la guerra. Un discurso de Goebbels, ensalzando las características de la nueva arma, darán a conocer a Von Braun y sus colegas la nueva denominación oficial del cohete, que pasará a la Historia bajo el nombre de V-2.

Cuando empieza a oírse, al otro lado del Oder, el tronar de la artillería soviética, se ordena el desmantelamiento de Peenemünde y la dispersión de sus instalaciones por diversas zonas del país. Von Braun y el equipo técnico se establecen en Nordhausem a comienzos de 1945. Cuando los rusos ocupan Peenemúnde el 5 de marzo solamente encuentran una ciudad en ruinas, dinamitada por los propios alemanes en su retirada.

La guerra está prácticamente terminada. En abril los americanos se aproximan a Nordhausem, donde siguiendo el plan de operaciones llamado Ouercast tratan de apoderarse de todo el material secreto posible y enviarlo a los Estados Unidos junto con un grupo de técnicos especializados.

Von Braun y Dornberger plantean a sus hombres la disyuntiva de entregarse a los rusos o a los americanos y la mayoría acepta esta última alternativa. «Es necesario dejar el bebé en buenas manos», dirá Von Braun y reúne toda la documentación técnica posible, encerrándola en una vieja mina abando

nada. En el mes de mayo finaliza la guerra y el 15 del mismo, Von Braun entrega a las fuerzas americanas las cajas con el preciado material. Es su salvoconducto para América. Al poco tiempo. el director del centro de Nordhausem, con la mayor parte de sus científicos y todo el material que se ha podido recuperar intacto, embarcan para Norteamérica donde se encontrarán ya instalados para septiembre del mismo año; sin embargo les costará algún tiempo adaptarse al estilo de vida americano y hacer que se olviden los resentimientos de los largos años de guerra.

En febrero de 1946 hay ya más de un centenar de especialistas alemanes en Fort Bliss, cerca de El Paso, donde se inician las pruebas con los cohetes traídos del otro lado del mar, en un terreno de lanzamientos situado a 120 Kms. de la frontera con Méjico.

El antiguo sueño de Von Braun, de utilizar los cohetes para la conquista del espacio, empieza a convertirse en realidad. Al año siguiente, ya se confía plenamente en él y se le encarga la dirección del centro experimental de cohetes de White Sands, situado en el Estado de Nuevo Méjico, donde se llevarán a cabo las investigaciones sobre toda clase de proyectiles teledirigidos.

Von Braun confía en poder realizar sus fantásticos proyectos espaciales y presenta al Pentágono, en 1948, algunas de sus ideas en esta materia. Entre éstas destaca la de instalar una estación espacial, en forma de rueda y con 80 metros de diámetro, situándola a 1.700 Kms. de la Tierra, así como la construcción de un gigantesco cohete de tres fases capaz de llevar al hombre a la Luna y a Marte.

Sin embargo, el entusiasmo del joven científico no es compartido por las autoridades militares y se ve obligado a continuar investigando en cohetes que serán utilizados para fines militares. Para satisfacer las demandas del ejército, monta un cohete militar Wac-Corporal sobre una V-2 y consigue alcanzar una altura de 415 Kms. nunca lograda hasta entonces. A este éxito seguiría el del Redstone, el Viking, el Aerobee y principalmente el del Jupiter-C, con el que los Estados Unidos podrán sacarse la espina clavada por los Sputniks soviéticos, lanzando su primer satélite artificial, el Explorer 1, el 31 de enero de 1958. El proyecto espacial norteamericano al fin se ha puesto en marcha.

Consciente de que su vida profesional va a estar vinculada a los intereses norteamericanos, Von Braun decide estabilizar también su vida afectiva y en 1947, durante un corto viaje a su país natal, contrae matrimonio con su prima Marie Luise von Quistorp, en Landshut, una localidad de la Baja Baviera.

A su vuelta a América se instalará en Tejas, llevándose consigo también a sus padres y sus dos hermanos aunque unos años más tarde, en 1953, los padres regresarán a Alemania sin haberse podido aclimatar a las costumbres americanas. Von Braun conseguirá la ciudadanía de este país en 1955, y mientras continúa sus investigaciones con los cohetes militares escribe un libro, Proyecto Marte, en el que describe profusamente. El libro es considerado «excesivamente fantástico» por los editores a los que lo presenta y deben transcurrir algunos años más hasta que sea publicado.

En 1959, el presidente Eisenhower le otorga la máxima distinción que se concede a un civil, por su aportación al programa espacial americano. La euforia que reina en esos momentos por todo lo referente a la Astronáutica, hará que la Administración se plantee nuevos proyectos creándose la N.A.S.A. como organismo gubernamental encargado del desarrollo y realización de los mismos. El proyecto más importante de todos será el de situar

un hombre en la Luna y hacerlo regresar a la Tierra, según palabras del Presidente Kennedy, en la década de los 60. Nacía así el Proyecto Apolo que absorbería toda la actividad Astronáutica durante los años siguientes y para su realización se precisa la colaboración de todos los técnicos en la materia con Wernher Von Braun al frente.

Su misión será la de diseñar y poner a punto un verdadero gigante del espacio: el monstruoso Saturno V con potencia suficiente para poder enviar hasta la Luna una carga útil de 45 toneladas. Para ello se le encomienda la dirección del Marshall Space Flight Center, situado en Huntsville, Alabama, donde se llevarán a cabo todas las fases de su construcción.

A pesar de los problemas económicos a los que debe enfrentarse para poder llevar a cabo el gigantesco proyecto, luchando constantemente con la reducción de presupuestos a que se ve sometido, Von Braun consigue ver realizada su labor y será su Saturno V el vehículo que traslade al hombre a la Luna en la histórica fecha del 20 de julio de 1969, ante el asombro del mundo entero.

Es el sueño de toda la vida del científico germano que finalmente se realiza: los viajes por el espacio son una realidad y el hombre no estará más limitado a la esfera terrestre… Ahora su Proyecto Marte no parece tan «excesivamente fantástico» como unos años atrás…

Por desgracia, tras los espectaculares éxitos obtenidos con el Proyecto Apolo, que culminarían en nueve viajes de ida y vuelta a la Luna, en seis de los cuales se realizaron alunizajes y exploraciones de la superficie, el interés por estas experiencias fue decayendo y los presupuestos del Gobierno para las investigaciones en Astronáutica irían reduciéndose progresivamente, llegando a producir-se el cierre y desmantelamiento de muchas de las instalaciones.

Las esperanzas de Von Braun de ver realizados sus ambiciosos proyectos sufrieron un rudo golpe al ver la fría acogida que tenían entre los dirigentes americanos y en 1972 abandonaba la N.A.S.A. para ocupar el puesto de vicepresidente

en las Fairchild Industries, de Germantown, en el estado de Maryland. Para su nueva actividad se instaló en Alexandría, localidad próxima a la capital federal, donde residiría hasta el fin de sus días, conformándose con mirar las estrellas a través de un pequeño pero magnífico observatorio astronómico que se había hecho construir.

La popularidad conseguida por este genio de la Astronáutica se manifestó con el rodaje de una película sobre su vida: 1 Aim at the Stars (Destino las estrellas, 1960), dirigida por J. Lee Thompson. Se trataba de una coproducción entre Norteamérica y Alemania Occidental, rodándose la mayor parte de la misma en Munich. Para encarnar la figura del protagonista se buscó un actor, de nacionalidad germana naturalmente, y la elección recayó en Curd Jurgens quien cumplió su cometido a la perfección.

Finalmente, una cruel enfermedad que no perdona: el cáncer de colon, pondría fin a los días de Wernher Von Braun, en un hospital de Alexandría, el 15 de junio de 1977. Víctima de esta cruel enfermedad fallecía el hombre que había conseguido abrir el camino de la Humanidad hacia las estrellas, dando firmemente los primeros pasos por el Cosmos. Ahora dejaba tras de sí, como un desafío a sus seguidores, un ambicioso proyecto: situar un hombre en el planeta Marte para el año 1982.

¿QUE HIZO VON BRAUN?

■ Con apenas veinte años, Von Braun participaba en las primeras pruebas de lanzamiento de cohetes impulsados por carburantes líquidos de gran potencia calorítica, que se realizaban en la Sociedad Alemana de Vuelos Espaciales.

■ Fue llamado a participar en el programa de 1932 del ejército alemán en el polígono de pruebas de Kummersdord, de donde salieron los primeros tipos de A-2.

■ Los especialistas en cohetes Oberth, Riedel y Nebel incorporaron a Von Braun como ayudante en sus experiencias sobre el motor-cohete. Allí, el “genio de los cohetes” lograría perfeccionamientos decisivos que determinaron la mayor parte de los progresos posteriores.

■ Este genio estaba destinado a atravesar las situaciones más diversas: en 1944, fue detenido junto a dos de sus colaboradores y culpado de haber propuesto el programa de cohetes en beneficio de la Astronáutica.

■ Von Braun creó el A-4, misil balístico de largo alcance posteriormente conocido como V-2 (Vengeanca Weapon-2, arma de venganza 2), el arma que tuvo su bautismo de fuego durante el bombardeo de Alemania sobre Londres en la Segunda Guerra Mundial. (Ver: Bombas V2)

■ Hacia la década del 60 se establece un taller en Whlte Sands (EE.UU.) y se encomendó a Von Braun -que ya residía en Estados Unidos- y a sus hombres preparar cohetes para su lanzamiento, cosa que se realizó desde un terreno que, más tarde, se llamaría Cabo Cañaveral y desde 1963 Cabo Kennedy.

■ La técnica de cohetes adquiere rápido desarrollo en Huntsville (Alabama). Allí se le encomienda al equipo de Von Braun la construcción de los llamados Redstone y Júpiter, que fue construido en varios cuerpos y especialmente diseñado para la operación de reentrada en la atmósfera terrestre, como regresando de un vuelo espacial.

■ En 1958 y como contribución americana al Año Geofísico Internacional, Von Braun emplazó en órbita del satélite “Explorer I”.

■ Trabajó en los proyectos del cohete “Saturno” en sus versiones I, IB y V, el cohete más grande jamás construido: con 110 metros de alto y un peso de 2.770 toneladas, está propulsado por cinco motores de 3.400 toneladas de empuje; tiene tres etapas y puede poner en órbita una masa de 130 toneladas, llevar 51 toneladas a la Luna o 45 a Marte o Venus.

■ Mucho antes de que se lograra, Von Braun persiguió con el proyecto “Apolo” colocar un artefecto tripulado en la Luna.

■ Sus variadas investigaciones le permitieron publicar diversos libros como Dan Marsprojekt, tratado técnico de un programa de expedición a Marte de 70 hombres y 10 aparatos y Space Frontier, donde Von Braun divulga principios fundamentales de astronáutica.

El coloso norteamericano:  Saturno-V

cohete saturno 5En los Estados Unidos, el objetivo prioritario de su programa astronáutico quedaría establecido por el Presidente Kennedy, al comprometer el esfuerzo técnico de la nación en el ambicioso proyecto de enviar un astronauta a la Luna y hacerlo regresar sano y salvo a la Tierra.

El resultado de su propuesta sería la puesta en marcha del Proyecto Apolo que durante la década de los sesenta sería el centro de todas las actividades en materia espacial desarrolladas por la N.A.S.A.

En primer lugar había que contar con un supercohete dotado de un potencial impulsor muy superior a lo que se disponía hasta el momento, pues no era lo mismo colocar en órbita terrestre masas de varias toneladas, como se habían conseguido con los vuelos Geminis, que enviar una verdadera nave cósmica con sus tres tripulantes y el módulo lunar hasta las proximidades de nuestro satélite.

Intervenía la segunda velocidad cósmica o de la liberación, la cual exigía unos niveles energéticos en los sistemas de impulsión como no se habían conocido hasta entonces.

El equipo encargado del diseño y puesta a punto de un artefacto que reuniera las condiciones requeridas se había puesto a trabajar en el proyecto bajo la dirección de Von Braun, en el Marshafl Spaceflight Center, de Huntsville (Alabama>, buscando un tipo de cohete destinado a usos civiles exclusivamente, y sus primeros resultados ya en 1962, se enfocarían hacia el que había de ser el máximo exponente de los grandes pesos del espacio: el Saturno-V.

Tras diversas versiones preliminares que fueron modificándose sucesivamente, se llegaría al modelo definitivo: un gigantesco vehículo de 111 metros de longitud y 2.940 toneladas de peso, cuya complejidad de fabricación se pone de manifiesto al pensar que estaba constituido por cinco millones y medio de piezas. El resultado era un vehículo lanzador de tres fases capaz de colocar en órbita te rrestre 130 Tm. de carga útil o de enviar hasta la Luna una nave de 45 Tm., lo que se ajustaba a las necesidades del Proyecto Apolo.

El trágico accidente ocurrido durante las pruebas en tierra del aparato antes de su primer lanza miento, en el que perdieron la vida los tres astronautas Virgil Grissom, Edward White y Roge Chaffee al incendiarse la cabina cl 27 de enero dE 1967 motivó el consiguiente retraso en la puesta ¿punto final.

El primer vuelo se realizó el 11 de octubre dE 1968, si bien con una versión reducida de dos fases, denominada Saturno-IB, que serviría principalmente para comprobar el perfecto funcionamiento de los elementos propulsores. Sin embargo el mismo año, la versión completa del Saturno-V  tenía ocasión de demostrar sus posibilidades poniendo en órbita lunar a la nave Apolo 8, tras despegar de la Tierra el 21 de diciembre.

Desde entonces todos los vuelos de las naves Apolo serían propulsados por un Saturno-V, e único cohete con suficiente potencia para alcanzar la Luna.

El Saturno-V estaba compuesto por tres etapas que debían proporcionar la velocidad de liberación al conjunto formado por la astronave Apolo, compuesto por un módulo de servicio de 25 Tm., un módulo de mando de 5 Tm. y un módulo lunar de 15 Tm. En total 45 Tm. de peso a las que previamente se colocaba en una órbita terrestre de aparcamiento, hasta que la tercera etapa del Saturno-V entrada en acción y enviaba a la nave cósmica hacia la órbita lunar.

La primera etapa S-IC estaba constituida por 5 motores Rocketdyne F-1, alimentados a base de oxígeno líquido y queroseno, cuya combustión duraba 150 segundos produciendo un empuje total de 3.400 Tm. El conjunto ocupaba una estructura cilíndrica de 46 metros de longitud por 10 de diámetro en la que se alojaban los depósitos para almacenar las 2.106 Tm. de propergol. El sistema motor estaba constituido por un elemento central y cuatro motores exteriores en racimo montados en forma orientable a fin de estabilizar la dirección del cohete durante su trayectoria ascendente.

La segunda etapa. S-H se compone de cinco motores J-2, también Rocketdyne, que utilizan hidrógeno y oxígeno líquidos como propergol. Su encendido se produce cuando el vehículo ha alcanzado los 60 Km. de altura y durante los 359 segundos que están en acción le proporcionan un empuje total de 520 Tm. que debe bastar para colocar a todo el conjunto en una órbita terrestre a 185 Km. de altitud.

Esta segunda etapa se encuentra alojada en un cilindro de 25 m. de largo por 10 de diámetro y almacena 447 Tm. de propergol en sus depósitos, que como en las restantes etapas, se desprenderán del conjunto, aligerando su peso. una vez finalizada la combustión.

La tercera etapa, el SIV-B, consta de un solo motor J-2, que se enciende durante dos minutos, consumiendo hidrógeno y oxígeno líquido y proporcionando un empuje de 91 Tm. a la astronave Apolo que abandona la órbita terrestre para dingirse hacia la Luna a una velocidad de 40.000 Km./h.

Esta velocidad se irá reduciendo constantemente hasta que la nave alcance el punto neutro de atracción entre la Tierra y la Luna, a partir del cual se verá acelerada nuevamente por la gravedad lunar hasta situarse en su órbita. La tercera etapa tiene unas dimensiones de 17,80 metros de longitud por 6,60 de diámetro, consumiendo 120 Tm. de propergol durante su período de combustión.

Aparte de los once motores principales que accionan sus diferentes etapas, el Saturno-V dispone de otros 30 motores auxiliares que actúan como estabilizadores de dirección y permiten controlar en todo momento la trayectoria del poderoso vehículo. Además de las misiones a la Luna con las naves Apolo se ha utilizado posteriormente en los lanzamientos del laboratorio espacial Skylab ofreciendo siempre unos resultados plenamente satisfactorios.

Todas las operaciones de fabricación y montaje de estos colosales artefactos se realizan en un edificio especialmente construido para este fin en Cabo Kennedy (Florida), el VAB o Vertical Assembly Building que tiene el honor de ser, por sus dimensiones, el más grande del mundo ya que ocupa un volumen superior al de la Gran Pirámide de Cheops.
Su estructura básica es un enorme cubo de cemento y acero, eminentemente funcional, con unas medidas de 160 m. de altura, y 183 x 213 de superficie, en el que pueden albergarse cuatro Sc turnos-V en posición vertical durante todo el proceso de su ensamblaje.

Una vez concluida esta fase, el enorme cohete junto con la respectiva torre de lanzamiento se encuentra montado encima de una plataforma móvil, el crawler transporter, que será la encargada de trasladar toda esa enorme masa hasta el lugar asignado en un punto de la Isla Merrit.

El crawler, accionado por potentes motores diesel, puede transportar cargas de hasta 5.500 Tm. a una velocidad de 1,5 Km./h. invirtiendo como mínimo seis horas en llegar al punto de destino: el pad 39k o área de lanzamiento de los Apolos, situado a 5,5 Km. del VAB. Curiosa paradoja la de que el vehículo más veloz del mundo, el Saturno-V, se vea forzado a esta lentísima marcha en los primeros kilómetros de su camino, pero el mundo de la técnica ofrece estos singulares contrastes con gran frecuencia.

Fuente Consultada: Historia de la Astronáutica – Ediciones Riego S.A.

La Tragedia del Challenger Accidentes en la NASA Tranbordador Espacial

La Tragedia del Challenger Accidentes en la NASA

ASTRONAUTAS DE LA MISIÓN DEL CHALLENGER

astronautas del challenger

En 1976, la NASA pidió voluntarios para viajar al espacio. Recibió 8000 cartas. Más de 1500 eran de mujeres. Luego de seis meses de durísima selección, fueron aceptados treinta y cinco hombres y seis mujeres: Anna Fisher (28, cirujana), Judy Resnik (28, ingeniera), Sally Ride (30, física y tenista profesional), Shannon Lucid (27, médica), Margaret Rhea Seddon (35, cirujana) y Kathryn Sullivan (30, geóloga).

Entraron en el programa de entrenamiento en el Centro Espacial Johnson. Sueldo: 20.000 dólares por año (mucho menos de lo que ganaban en sus profesiones). Soportaron las apenas soportables pruebas en los simuladores de vuelo como el más fuerte de los hombres.

Aprendieron a ducharse acostadas, a usar un baño diseñado ad hoc (una taza de cerámica ajustada al cuerpo) y a extraer con un aparato especial la materia de su período femenino, que en ingravidez no fluye de modo natural.

En dos de las pruebas demostraron superioridad sobre el hombre: durante la agotadora experiencia de pasar diez días en posición horizontal (sin levantar siquiera una rodilla…), y en los movimientos no sujetos a la ley de gravitación, que hicieron con mucha más soltura que sus colegas varones. De ellas, Sally Ride fue la primera que viajó en un transbordador espacial (mayo de 1983). Calificación: óptima. Hoy, la incorporación de mujeres a los programas espaciales es rutina.

 LA TRAGEDIA DEL CHALLENGER
La misión 51 L del transbordador estadounidense tenía que haber sido rutinaria.  Su tarea principal era poner en órbita un satélite de comunicaciones, una tarea que otros transbordadores ya habían hecho anteriormente.  En 1986 había habido 24 misiones de transbordadores y el Challenger había viajado al espacio nueve veces.  Pero esta misión, la décima, tenía otro objetivo.

Era un ejercicio de relaciones públicas. Iba ser el primer cohete espacial estadounidense en el que viajaría un ciudadano de a pie.  La NASA (National Aeronautics and Space Administration) estaba deseando demostrar lo seguros que eran los viajes especiales.

La candidata seleccionada fue la maestra de 37 años Shar ‘ on Christa McAuliffe.  La eligieron entre más de 10.000 candidatos para el Space Flight Participant Program, y el plan era que emitiera una lección desde el espacio. «Ouiero desmitificar la NASA y los vuelos espaciales», declaró McAuliffe.

Retrasos en el lanzamiento

Desde el principio, la misión 51L   parecía condenada  al fracaso. El despegue se aplazó dos veces debido a problemas técnicos. El martes 28 de enero de 1986 hacía mucho frío, tuvo ti y la tripulación pensó que el lanzamiento volvería a, aplazarse. Pero en  la reunión antes del desayuno les comunicaron que cabía la posibilidad de que despegaran alrededor de las 11 de la mañana.  Poco después de las 9.00, la tripulación se puso los trajes azules de vuelo.

Cinco de los tripulantes eran expertos astronautas: el comandante Dick Scobec, el piloto Mike Smith y los tres técnicos: Judy Resnik, Ron McNaii y Ellison Onizuka.  El otro neófito era el ingeniero Greg Jarvis, que llevaba varios años en el programa espacial.  Aunque ya le habían seleccionado para otros viajes anteriores, era la primera vez que participaba en una misión espacial.

 Hielo en la plataforma:
Cuando los astronautas llegaron a la plataforma de lanzamiento 39B, vieron que había placas de hielo Y carámbanos colgando alrededor de la estructura de lanzamiento.  La cuenta atrás para el despegue empezó, pero al equipo de dirección de la misión le preocupaba tanto que el hielo, al caer, pudiera afectar al lanzamiento, que detuvieron la maniobra nueve minutos antes del despegue para valorar los riesgos.  Alas 11.15 decidieron que no había peligro.  La cuenta atrás se reanudó a las 11.29, Y el lanzamiento estaba previsto para las 11.38.

Los familiares  y amigos de la tripulación se situaron en la zona   VIP del mirador a cinco kilómetros de la plataforma de lanzamiento. Entre los espectadores se encontraban los padres de McAuiiffe, su marido Steven, abogado, y sus dos hijos: Scott, de nueve años, y Caroline, de seis.  También había un grupo de alumnos suyos de la Concoid High School de Massachusetts, donde McAuliffe enseñaba economía, derecho e historia de América.

Los ordenadores de a bordo del Challenger hicieron las últimas comprobaciones.  Entonces, a seis segundos del despegue, la tripulación oyó el ruido del motor principal al encenderse.  Cuando el motor alcanzó la potencia máxima, el ruido se convirtió en un rugido ensordecedor.  Entonces se conectaron los dos cohetes impulsores del transbordador-, montados sobre el enorme depósito naranja de combustible líquido.  Unas nubes de humo envolvieron al Challenger mientras ascendía sobre una columna de luego.

En el mirador, el grupo de espectadores aplaudió mientras el Challenger- se separaba de la torre e iniciaba el vuelo que elevaría al transbordador sobre las claras y azules aguas del océano Atlántico.  Treinta y seis segundos más tarde el Challenger atravesó la barrera del sonido.  De pronto el transbordador fue golpeado por un violento viento de costado.  Al detectar graves fluctuaciones en la ruta de vuelo, el sistema de guía, navegación ‘ y control de a bordo comunicó la desviación y ordenó al sistema de potencia de los cohetes impulsores que la compensara.

Lengua de fuego

En tierra, el sistema de megafonía anunciaba con tono tranquilizador el avance del transbordado-. «Distancia recorrido cuatro punto tres millas náuticas.» Entonces los motores del transbordador aumentaron la potencia un 104 %. « Challenger, potencia máxima, ordenó el control de la misión. «Roger, potencia máxima», replicó el comandante Scobee.  En ese momento, con la tensión aerodinámica al máximo, una lengua de fuego que no había sido detectada empezó a lamer las junturas del cohete impulsor de estribor.

Cuando el transbordador llevaba setenta y dos segundos volando, el hidrógeno que se filtraba del depósito de combustible se encendió.  El cohete impulsor giró sobre sus amarres y perforó el depósito de combustible, que se desgarró de arriba abajo.

En la explosión resultante, cientos de toneladas de combustible líquido envolvieron al transbordador en una bola de fuego. Los dos cohetes impulsores salieron despedidos, y luego la explosión desprendió el transbordador.  Todo pasó tan deprisa que no hubo tiempo para poner en marcha ninguna maniobra de emergencia.  En cualquier caso, el transbordador no iba equipado con asientos eyectables.

 Posibilidades de supervivencia nulas

El comandante Scobee había abierto el canal de radio, pero no tuvo tiempo de decir nada.  Oyeron al piloto Smith exclamar: ,Oh, oh».  Mientras el transbordador se desintegraba en el aire, algunos integrantes intentaron activar sus suministros de oxígeno de emergencia.  Pero aunque la cabina se conservó  prácticamente intacta hasta precipitarse en las frías aguas del océano Atlántico, a catorce kilómetros, la presión aerodinámica mató a todos los que sobrevivieron a la explosión inicial.

Los familiares  y amigos de los tripulantes contemplaban el cielo, horrorizados.  Pese a ser evidente que algo terrible había ocurrido, el sistema de megafonía seguía proporcionando datos de la altitud y la velocidad del transbordador.

Finalmente el hechizo se rompió.  La voz flemática del sistema de megafonía anunció: «Los controladores de vuelo están analizando meticulosamente la situación.  Parece ser que se ha producido un grave fallo. Hemos perdido el contacto. El oficial de dinámica de vuelo informa que el vehículo ha explotado.  El director de vuelo lo ha confirmado.  Vamos a  ponernos en contacto con el equipo de rescate para ver qué se puede hacer».

Edward y Gratos. » Corrigan, los padres de McAuliffe, anonadados, se quedaron mirando los restos de la nave que caían del cielo y las estelas de vapor del transbordador.  Luego rompieron a llorar.  Los oficiales de la NASA se los llevaron del mirador, aturdidos y con los ojos llorosos. El presidente Reagan aplazó su discurso del Estado de la Unión y apareció por televisión para dirigir se a la nación. «Continuaremos explorando el espacio -afirmó-.  Había otros vuelos espaciales… más maestros en el espacio.  No vamos a detenernos.  Nuestra esperanza y nuestro viaje continúan.»

Luego rindió un conmovedor homenaje a los siete astronautas que habían perdido la vida, comparándolos con Sir Francis Drake, que había muerto un día como aquél, 390 años atrás. «Los miembros de la tripulación del transbordador espacial Challenger nos honraron con la vida que llevaron -dijo-.  Nunca los olvidaremos, ni olvidaremos la última vez que los vimos, esta mañana, mientras nos decían adiós con la mano y comprendían un viaje que los acercaría a Dios.»

También tuvo unas palabras de consuelo para los alumnos que habían presenciado la trágica muerte de su maestra.  Era duro entender cosas tan dolorosas, pero aquello formaba parte de la exploración ‘ y el descubrimiento, dijo. El futuro no pertenece a los débiles de corazón.  Pertenece a los valientes.»

Investigación:

El presidente Reagan encargó a una comisión la investigación del accidente.  La comisión estaba presidida por el antiguo secretario de estado William P. Rogers e incluía al primer hombre que pisó la luna, Neil Armstrong.  En el comité también se encontraban Sally Ride, la primera mujer- astronauta americana, y el general Chtick Yeagei, el piloto de pruebas que atravesó p primera vez la barrera del sonido El lanzamiento de transbordadores se canceló mientras la comisión deliberaba y la NASA se planteo 1 posibilidad de lanzar satélites «la antigua», utilizando cohetes si tripulación.  La comisión analizó la película del vuelo y detectó la llama fatal del cohete impulsor SRB 59 de estribor segundos después del despegue.  A partir de aquel momento el Challenger había estado condenado.

 Juntas defectuosas

En la película del despegue también se veían nubes de humo que salían de las junturas del cohete impulsor SRB de estribor.  La comisión llegó a la conclusión de que los aros de goma que debían haber sellado la junta entre los segmento del cohete impulsor habían falla do en el despegue.  Al parecer, e fallo se debió a un diseño defectuoso, vulnerable a diferentes factores.  Concluyeron que esos factores, fueron los efectos de la temperatura, las dimensiones físicas, las características de los materiales, lo efectos de la repetición del uso, el tratamiento y la reacción a la carga dinámica».

La empresa Thiokol, que fabrica los cohetes impulsores, había advertido a la NASA de esos problemas Los aros de goma podían falla a bajas temperaturas. Algunos ingenieros de la empresa habían llegad a aconsejar que los lanzamientos s suspendieran hasta que se encontrara una solución al problema.  Cuando el físico Richard Feynman y otro miembro de la comisión presidencial lo oyeron, comentaron que la NASA estaba jugando «a una especie de ruleta rusa cada vez que lanzaban el transbordador».

Los viejos aros de goma fueron descartados, y se diseñó y probó un nuevo tipo de mecanismo para el sellado de las juntas.  En 1988, cuando los científicos de la NASA quedaron satisfechos, los vuelos espaciales se reanudaron, y desde entonces no se ha producido ningún accidente.  Pero para esa mejoría de las condiciones de seguridad siete astroonautas tuvieron que dar la vida.

Christa McAuliffe astronauta

No había riesgo: los 24 vuelos anteriores del Challenger (el taxi espacial) fueron tan bien reglados, sin sobresaltos y exitosos, que las sucesivas misiones sonaban casi a rutina. Razón más que suficiente -según la NASA- para atreverse a uno de los pasos más osados: integrar a la tripulación a técnicos no militares ni astronautas profesionales, y abrirle la puerta del espacio a “una persona común”, como se definió la maestra Christa McAuliffe cuando resultó elegida.

Todo en orden, todo listo: un viaje más. Sin embargo, unas semanas antes, los técnicos lanzaron una voz de alerta: los anillos de caucho que sellaban las juntas del vehículo mostraron signos de deterioro en todos los viajes anteriores, y las bajísimas temperaturas de ese enero podían generarles gran rigidez y abrirles grietas. Uno de los ingenieros acusó: “La NASA juega a la ruleta rusa cada vez que lanza un transbordador al espacio”.

Todos lo oyeron, pero nadie se atrevió a atrasar el programa: los cuatro aparatos que formaban la unidad de lanzamiento costaban nueve mil millones de dólares cada uno (poderosa razón económica) y el viaje con una tripulación no militar significaba un fuerte impacto mundial (poderosa razón política en la carrera espacial).

La noche y la madrugada del 27 de enero fueron de las más frías que se recordaban en la zona de lanzamiento. Tanto, que la nave amaneció cubierta de hielo. Tal como lo anticiparon los Ingenieros, la bajísima temperatura afectó los anillos de caucho cuestionados por su calidad. En el despegue, cedieron y dejaron escapar gas. A máxima velocidad se pulverizaron. Y sólo hubo fuego y muerte.

Trajes Espaciales Caracteristicas Cascos de Astronautas Vida en la Nave

Trajes Espaciales: Características y Cascos de Astronautas – Vida en la Nave

LOS INCONVENIENTES DE LOS VIAJES ESPACIALES
La vida en circuito cerrado
A pesar de los grandes avances e investigaciones realizadas todavía hay ciertas dudas sobre como podrían ser en el futuro las condiciones de un viaje «turístico» o de «negocios» por el cosmos. ¿ Serán las naves del futuro tan confortables como son hoy en día los aviones de línea ? Es imposible responder, pero esto no quiere decir que el estudio de las condiciones de vida a bordo no sean hoy un problema capital.

En las exiguas cabinas que conocemos, es necesario en efecto poder crear condiciones de vida suficientemente cómodas como para que algunos hombres puedan aguantar durante días e incluso semanas. Organizar en un mundo tan hostil como el vacío espacial un pequeño universo en el que se pueda respirar, beber, comer y también descansar no es una tarea fácil.

Primero respirar, pero, ¿ qué atmósfera hay que crear ? Una primera solución sería, seguramente, tomar el aire que nosotros respiramos habitualmente sobre la Tierra como modelo. Es decir, construir un medio gaseoso que contuviese 21 % de oxígeno y 79 % de nitrógeno a la presión atmosférica normal.

Los soviéticos proceden de esta forma. Esto tiene la ventaja a sus ojos, de no añadir ningún problema suplementario a todas las dificultades que necesariamente deberán soportar los cosmonautas.

Sin embargo, los americanos lo hacen de diferente modo. Para ellos, el objetivo principal es la disminución del peso. Por ello han preferido recurrir al oxígeno puro. Esto permite un sistema de control mucho más simple y a la vez mantiene en la cabina una presión atmosférica igual a la tercera parte de la normal, lo cual disminuirá evidentemente las pérdidas debidas a la relativa estanqueidad de una cabina en el espacio.

Pero presenta un grave inconveniente: el peligro de incendio y recordamos a este respecto el dramático accidente de la cabina Apolo I, en la que, el 28 de enero de 1967, Virgil Grissom, Edward White y Roger Chaffee encontraron la muerte.

Este incendio llevó a los americanos a modificar su política, puesto que ahora hay dos tipos de atmósfera en la cabina: una hecha con una mezcla de oxígeno y nitrógeno, que no se utilizará nada más que durante el período de lanzamiento, y la otra de oxígeno puro, que será utilizada durante el resto del viaje. Pero sea cual fuere la atmósfera retenida, no basta con proporcionar el oxígeno necesario para la respiración de los astronautas. Hay que absorber el gas carbónico que despiden cuando respiran.

En efecto, en un espacio tan reducido y tan cerrado, es imposible lanzar nada comprendido el mismo aliento. El exceso de gas carbónico en la cabina provocaría anomalías en sus ocupantes. Los americanos procedieron a la absorción utilizando hidróxido de litio.

Los rusos, al contrario, han elegido la generación. En efecto, 1.000 gr. de gas carbónico y 85 gramos de agua se combinan con cerca de 2.000 gr. de peróxido de sodio, liberando 860 gr. de oxígeno, lo que representa el consumo diario de un individuo, mientras que 1.000 gr. de gas carbónico representa su producción durante el día. Así, con este sistema, no es siquiera preciso preocuparse por el suministro de oxígeno.

Quedan por prever los placeres o, más prosaicamente, las necesidades de la mesa. Este es un problema casi insoluble. Salvo quizás para las bebidas, porque, gracias a las pilas de combustibles, el agua más pura se ha convertido en un subproducto, en un desperdicio de la producción de electricidad.

En efecto, sabemos que en esas pilas, el hidrógeno y el oxígeno son combinados para proporcionar una corriente eléctrica. Es en cierto modo una electrólisis al revés. Además se ha aprendido a ser económicos en la cabina y las aguas usadas son tratadas para ser de nuevo utilizables.

Sin embargo, es mucho más difícil poner a punto la despensa de la conquista espacial. En efecto, transportar a la Luna un solo kilogramo de alimentos costaría cerca de los 2.000.000 de pesetas. Así, incluso si la comida cósmica no merece los cuatro tenedores representa sin embargo el menú más caro de toda la historia de la hostelería.

Y no estamos imaginando más que el más sencillo de los casos, el de un viaje de algunos días o de una semana, cuando la limitación no es más que de orden económico. Pero, ¿ qué habría que hacer en el caso de largos viajes que duraran varios meses e incluso varios años?.

Los cosmonautas no pueden, como los navegantes de los tiempos modernos, esperar encontrar una isla desconocida para reponer sus provisiones. Ha sido necesario la miniaturización de los alimentos, pero esto no basta. Mañana será quizás preciso crear a bordo el alimento de la tripulación.

Por desgracia, por el momento no podemos pensar en disponer de una huerta o de un corral clásico. Pero podríamos imaginar plantas que permitiesen la realización de invernaderos espaciales. Las especies que se encontrasen allí deberían poseer grandes cualidades nutritivas, crecer bajo una presión semejante a la existente a 6.000 metros de altura y desempeñar un papel eficaz en el ciclo carbono-oxígeno.

Existe un alga, la Chlorella 71-105. que parece ser la plañía más adaptable a los «cultivos» del espacio. Pero ¿tiene sabor a algo? Tara hacerla agradable a los cosmonautas, los biólogos han experimentado diversos preparados culinarios. Por lo que toca a los jardines del espacio, aunque llegaran a producir zanahorias o judías, más bien se parecerán a laboratorios que a verdaderas «huertas”.

Las algas verdes, ricas en aminoácidos necesarios para la alimentación de los individuos que desarrollan un trabajo sicomotor importante, parecen ser el alimento ideal. Pero, además de que existe el peligro de que los cosmonautas dijesen en cada comida: «otra vez algas», soñando con «biftecks» con patatas fritas o con un plato de buey «stroganoff», los cultivos de algas serían fácilmente invadidos por colonias de microbios.

Introducir en el ciclo vegetales superiores, pero menos ricos en aminoácidos, presenta numerosas dificultades. Los ensayos efectuados en los Estados Unidos han demostrado que las judías y las pinas salvajes soportaban muy bien las bajas presiones correspondientes a 6.000 metros de altura. Ya se piensa en introducir animales en el ciclo. No está prohibido soñar con una nave cósmica que llevase un rincón de campo artificial… Son todo hipótesis, pero hipótesis que los sabios se toman en serio.

Aunque es cierto que todo el mundo se beneficiará de los descubrimientos que hagan en el campo de la alimentación. A menos que nos inviten a reemplazar suculentos manjares por píldoras insulsas. Pero, ¿ qué hará el cosmonauta en esta vida en circuito cerrado cuando no duerma, no coma, o no vigile su jardín o su tablero de mandos ?

En los cortos viajes actuales, el entrenamiento al que ha sido sometido, la distribución perfectamente regulada de las horas de reposo, de vigilia o de ejercicio, el hecho de estar en unión constante con la Tierra y, en los últimos vuelos, de no estar solo a bordo, han hecho que el cosmonauta permanentemente ocupado, no tuviese tiempo de sentir su soledad, de sentirse separado del mundo, prisionero de su cabina. ¿ Sucederá lo mismo cuando la exploración del espacio lo lleve lejos de la Tierra durante meses e incluso años ? (Salir del sistema solar supondría incluso que el viaje fuese acabado por un viejo… que sería su nieto.)

Habrá que organizar la vida a bordo, prever distracciones, lecturas, películas, discos, juegos colectivos e incluso, como en los submarinos, ejercicios deportivos. El médico deberá estar reforzado por un psicólogo o un siquiatra. Quizá habría que establecer también estaciones de descanso sobre los planetas habitables o sobre satélites en forma de plataformas… Pero estamos entrando en la ciencia-flcción.

astronautas


Los cosmonautas aprenden a vivir en un medio extraño. Los  gestos más sencillos, las funciones más naturales, como comer y beber, exigen una nueva educación. Al mismo tiempo, el comportamiento fisiológico de cada viajero del espacio está seguido de cerca, por radio y por televisión gracias a los aparatos registradores.

LOS TRAJES Y CASCOS ESPACIALES

La imposibilidad para el hombre de vivir fuera de la atmósfera sin el uso de un traje apropiado ha hecho necesario perfeccionar al máximo este instrumento indispensable para la investigación astronáutica. Desde los primeros trajes que impedían casi totalmente los movimientos, se ha pasado a otros muy confortables que permiten trabajos de precisión en el vacío total.

Todos hemos visto las sugestivas imágenes de los paseos espaciales realizados por los astronautas estadounidenses, europeos y rusos. Sus movimientos en el espacio, fuera de un transbordador o de la MIR, por ejemplo, quizá durante la reparación de un satélite o la recuperación de instrumentos alojados en compartimentos especiales de la estación espacial rusa, sólo han sido posibles porque el cuerpo humano estaba protegido de los rayos ultravioleta, del calor y del frío, así como de todo tipo de radiaciones gracias a los trajes que llevaban los astronautas.

Desde los primeros días de la astronáutica hasta hoy, estos trajes, como todo, han experimentado una enorme evolución. Sin embargo, actualmente los astronautas sólo usan los trajes espaciales en momentos muy concretos de su viaje:

Durante la partida o el retorno a la Tierra, durante los paseos espaciales o en caso de problemas abordo de las cápsulas o en la estación Skylab. Retrocediendo en el tiempo, digamos que la fiabilidad de las cápsulas Mercury y Gemini no era suficiente para permitir que los astronautas viajaran por el espacio, incluso estando dentro de los habitáculos, sin sus trajes espaciales. Sólo con las misiones Apollo los trajes se usaron únicamente durante la partida y el retorno a la Tierra y para pasear por la Luna.

MEJORAS CONSTANTES: La función más importante de estos trajes, que están presurizados y alimentados con
oxígeno para la respiración, es proteger el organismo humano contra fallos imprevistos en el sistema ambiental de la cápsula, lo cual provocaría la muerte  instantánea del astronauta.

En las cápsulas Apollo, mucho más evolucionadas respecto a las Mercury o las Gemini, había sistemas de control ambiental tan perfeccionados -y con muchos elementos duplicados- que permitían a los tres pasajeros quitarse el traje en condiciones de máxima seguridad En el transbordador, el verdadero traje espacial sólo sirve para los paseos extravehiculares por el espacio; tanto en el despegue corno en el aterrizaje, la tripulación viste trajes mucho más ligeros.

Los primeros trajes espaciales para las misiones Mercury nacieron de una mejora del traje a presión Mk-IV usado por los pilotos de los reactores de la marina milita: estadounidense. Obviamente, fue modificado y reforzado en diversos puntos, de manera que el primer traje espacial estadounidense, una vez presurizado, resultaba una vestimenta bastante rígida que permitía escasos movimientos. Sin embargo, era adecuado para el tipo de misiones en las que, entre otras incomodidades, el astronauta no tenía mucho espacio para moverse, ya que debía permanecer sentado en su lugar de pilotaje.

Con la preparación de los vuelos Gemini. cambiaron los trajes de acuerdo con la experiencia acumulada hasta aquel momento en vuelos anteriores.

El nuevo traje espacial estaba formado por cuatro capas de materiales diversos y poseía conducciones para el oxígeno, que servían para la ventilación y la respiración. Funcionaba bien en vuelos de corta duración, pero, cuando en la cuarta misión Gemini se programó el primer paseo espacial, también el traje hubo de modificarse para proteger al astronauta de los extremados cambios de temperatura y de posibles impactos de meteoritos.

El casco tenía un segundo visor a manera de pantalla contra la violenta radiación solar. A pesar de las mejoras, los astronautas dijeron que la comodidad seguía siendo relativa en los vuelos de larga duración. Por tanto, para la misión Gemini-VII, que hubo de aplazarse 14 días, se preparó un nuevo traje más ligero que los anteriores, hecho con materiales más blandos, que permitió prescindir del casco durante la permanencia en órbita.

Así, el grado de libertad aumentó considerablemente. A pesar de todo, las tripulaciones sugirieron eliminar los trajes en los vuelos de larga duración para evitar incomodidades. Así se hizo en las expediciones Apollo hacia la Luna, en las prolongadas permanencias en el laboratorio orbital Skylab y, finalmente, en el transbordador.

Los trajes de los astronautas constituyen, en realidad, unos gigantescos rompecabezas con un peso total de 113 kg. Son el resultado del trabajo de 80 industrias que pueden ver los resultados de sus esfuerzos conjuntos sólo cuando los astronautas transmiten imágenes de sus paseos espaciales. La NASA posee 17 trajes espaciales que sirven para el 95% de los astronautas actualmente en actividad. Para el restante 5% se hacen pequeñas modificaciones antes del vuelo al espacio.

RESPECTO A LOS TRAJES ESPACIALES: Han sido muy divulgados en revistas y libros especializados los trajes espaciales de protección que, en realidad, son muy complicados. Deben confeccionarse con una substancia flexible y completamente estanca, sin poros, para aislar al cosmonauta por completo del vacío.

Además, dentro del traje, el viajero llevará un colchón de aire, el que pronto se saturará de la humedad que transpira la piel. Por ello cada traje deberá estar provisto de un dispositivo que absorba la humedad y otro que le proporcione al astronauta aire respirable y le permita eliminar el anhídrido carbónico resultante.

Hay varios modelos de traje. Algunos, con casco y articulaciones en las rodilllas, codos y hombros. Otros consisten en un cilindro dentro del cual se ubica el astronauta. Para que éste se mantenga erguido el cilindro lleva en su base tres pies terminados en discos planos, con los que se puede avanzar por el suelo lunar o el de algún otro astro sin atmósfera. Los brazos son palancas rematadas en ganchos articulados en forma de pinzas que se manipulan desde el interior. Para la visibilidad, en la parte alta del cilindro hay una especie de portillas que pueden abrirse a voluntad.

EL TRAJE PARA EL DESEMBARCO LUNAR
La fábrica de los trajes espaciales surgió casi de la nada en Dover, una pequeña población no lejos de Washington que, más que una fábrica de objetos astronáuticos, parece una sastrería muy especial, un laboratorio mecánico de precisión y una industria de ciencia ficción: todo en un mismo y gran edificio.

Esencialmente, los trajes ideados para las primeras exploraciones lunares eran pequeñas astronaves confeccionadas a medida, en el sentido de que debían permitir al astronauta que estaba dentro vivir y moverse, ver y hablar, pensar y trabajar en un ambiente hostil que en nada se parecía al de la Tierra. Los elementos que permiten la vida (sobre todo el aire, la temperatura y la presión) se recrearon artificialmente en aquellos extraños trajes.

Los problemas que debían resolver los trajes en la Luna eran muchos, algunos de ellos bastante complejos. Como es obvio, la escafandra lunar tenía que ser hermética e ir provista de un dispositivo que evacuara el calor emanado del cuerpo y lo dispersara en un aparato contenido en la «mochila» que el astronauta llevaba a la espalda durante los paseos.

En primer lugar, el explorador lunar debía ponerse sobre el cuerpo desnudo una especie de maillot de nailon, similar a una red, que llevaba en contacto con la piel un sistema de tubos de vinilo, dentro de los cuales circulaba un líquido mantenido a la temperatura justa mediante un instrumento contenido en la mochila.

Por debajo y por encima de esta prenda se ponía unos «pañales» especiales para los desechos sólidos y líquidos del organismo. Además del circuito hidráulico de enfriamiento, el traje llevaba un sistema de ventilación (una emisión de oxígeno que circulaba continuamente y que continuamente era purificado) para mantener el cuerpo seco.

Era una especie de «soplo» particularmente enérgico en la zona del casco. Una avería en las viseras a causa del aliento o del sudor hubiera sido un desastre.

aldrin astronautas

Edwin E. Aldrin, piloto del módulo lunar Apollo 11, El casco lunar era una de las partes más completas e importantes de la indumentaria. La visera externa estaba recubierta por una fina capa de oro que reflejaba gran parte de la luz solar. A los lados, dos viseras, extraíbles por la parte posterior del casco y regulables, podían delimitar el campo visual. De todas maneras, el astronauta podía dirigir la mirada dentro de un ángulo máximo no superior a los 170°.


EL CASCO LUNAR: El casco y los guantes completaban el equipo de desembarco. El casco lunar se colocaba sobre el casco normal, llamado coloquialmente «pecera», y tenía dos viseras abatibles y elevables como las celadas de los yelmos medievales.

La visera externa podía reflejar el 82% de la luz solar, que, en la Luna, donde no hay atmósfera, es deslumbrante, hasta el punto de provocar la ceguera. El efecto de filtro era tan grande que se podía fijar sin ningún peligro una potentísima fuente luminosa a una distancia de dos pasos, una fuente de luz que, contemplada a través de unas gafas ahumadas corrientes, produciría graves lesiones en el ojo. Además, a los lados del casco había dos superficies móviles que podían desplazarse hacia adelante o hacia atrás para delimitar a voluntad el campo de visión lateral; algo así como las anteojeras de los caballos.

Todos estos movimientos (de las viseras y de las anteojeras) eran muy sencillos, ya que bastaba con que el astronauta oprimiera las aletas salientes incorporadas a los filtros, cosa que podía hacer con el pulgar o con la «abertura» de la mano enguantada.

También los guantes lunares estaban fabricados con una técnica muy avanzada. A pesar de la complejidad de su estructura, de que estaban presurizados y de que tenían robustos refuerzos de acero en la palma, permitían recoger con bastante facilidad una pequeña moneda de una superficie lisa, como, por ejemplo, del tablero perfectamente abrillantado de una mesa.

EL TRAJE PARA LOS PASEOS ESPACIALES: Terminadas las expediciones lunares, la atención de la exploración espacial se centró en los vuelos circunterrestres, efectuados, por parte estadounidense, con los transbordadores espaciales, o, por parte rusa, con las Soyuz.

La reparación de satélites en órbita [es famosa la que, por dos veces, se ha efectuado en el telescopio espacial Hubble), los experimentos fuera de la estación espacial rusa MIR y, en el futuro, la construcción de la Estación Internacional Alpha, han hecho necesaria la fabricación de un traje espacial menos dispendioso que el lunar, que pudiese ser utilizado por varios astronautas en varios vuelos, pero que, a la vez, resultara seguro y, sobre todo, más manejable.

El traje actual garantiza poder trabajar con libertad en el cosmos, sin cordones umbilicales para el aprovisionamiento de oxígeno y energía eléctrica. El concepto general es totalmente distinto del que imperó en el pasado. Ahora, el traje se divide en tres partes fundamentales: el tronco inferior, que acaba en la cintura, como un pantalón normal; el tronco superior, que debe vestirse desde abajo, y finalmente el casco.

El tronco superior va unido a una mochila que contiene, como en los trajes lunares, sistemas de regeneración del aire, reservas de oxígeno y de agua para beber, aparatos de radio y telecomunicación, así como instrumentos electrónicos de control, entre ellos un ordenador que gestiona toda la vestimenta y verifica sus características cinco veces por segundo.

Pero el astronauta también puede supervisar el funcionamiento interviniendo, si es necesario, a través de una serie de indicadores y controles dispuestos en el pecho.

Bajo el traje, naturalmente, el astronauta sigue llevando un contenedor para la orina y un recubrimiento de nailon recorrido por metros de tubitos con agua para enfriamiento o calentamiento, según la exposición del astronauta al calor generado por la radiación solar o al gélido rigor de la sombra cósmica.

Una característica particular del traje espacial -llamado por los técnicos EMÚ, de Extravehicular Mobility Unit, o Unidad para la Movilidad Extravehicular- es que se confecciona en una talla casi única, lo que permite, con pequeñas adaptaciones y cambio de guantes, botas y casco con diversos visores, ser utilizado por muchos astronautas.

Este traje, además de ofrecer una movilidad un 20% superior a la que permitía el traje lunar, está provisto de sistemas de control de las condiciones físicas del astronauta, que se transmiten vía radio al monitor de la cápsula. En el caso de mal funcionamiento denunciado por los aparatos, muchos de los cuales están duplicados para mayor seguridad, el sistema de control emite una señal acústica audible por el astronauta y, vía radio, una señal de alarma a la cápsula.

El traje tiene una autonomía máxima de seis horas y pesa 82 kg, incluida la mochila.
El primer paseo de prueba lo hicieron los astronautas Donald Peterson y Story Musgrave en abril de 1983, durante la sexta misión del transbordador.

trajes espaciales

El traje lunar, completado con guantes, botas y mochila de supervivencia. La escafandra pesaba en la Tierra más de 65 kg; en la Luna, a causa de la escasa fuerza de gravedad, su peso se reducía a poco más de 10 kg. En cualquier caso, la posibilidad de movimiento era muy limitada y, precisamente por esto, más de una vez los astronautas se cayeron, por fortuna sin consecuencias graves.

Efectos de la Gravedad en los Vuelos Espaciales Lanzamiento del Apolo 7

Efectos de la Gravedad en los Vuelos Espaciales Lanzamiento del Apolo 7

Aceleración y sobregravedad
Si recuerdas el cuento de Julio Verne lanzando a un hombre hacia la Luna disparado con un gran obús (y que ha hecho soñar a generaciones de adolescentes) al despegar, los ocupantes hubiesen muerto aplastados contra las paredes de su extraña nave. En efecto, los fenómenos de aceleración engendran fuerzas de inercia. Si el astronauta es sometido a una aceleración de 7 g. (g = 9,8 m./s. 2 = unidad práctica de gravedad) esto implica, en virtud de la fuerza de inercia resultante, que su peso normal se ve multiplicado por siete.

Como las grandes aceleraciones son necesarias para los cohetes, era muy importante saber hasta qué límite, en qué posición y durante cuánto tiempo soportaría el organismo el efecto de la sobregravedad.

Los doctores Jean Colm e Yvon Houdos comentan al respecto:

“Se puede considerar el organismo como un conjunto de masas unidas por unos resortes. La importancia de la rapidez de instalación, una experiencia demasiado brutal puede sorprender el organismo. Los mecanismos reguladores exigen cierto tiempo para acomodarse, puede presentarse una obnubilación o una pérdida del conocimiento transitoria, incluso en un valor de aceleración perfectamente soportable.”

Sin duda, teniendo en cuenta la completa automatización de las operaciones de lanzamiento, se podría admitir una breve pérdida de conocimiento de los ocupantes de la cápsula. De hecho se han realizado esfuerzos para evitar esta desagradable situación.

En primer lugar, el cosmonauta se halla extendido sobre la espalda en el sentido de la trayectoria de la cápsula. Si hubiese estado de pie o sentado, la aceleración hubiese actuado de la cabeza hacia abajo, y la irrigación sanguínea del cerebro hubiese sido afectada, si no cortada, lo que provocaría un grave estado de inconsciencia. Pero si el astronauta está acostado los especialistas de la N. A. S. A. dicen:

El sistema cardiovascular se transforma en un sistema de bombeo horizontal y la sangre no puede acumularse en una extremidad o en un órgano. No se presentan presiones hemodinámicas, y el corazón puede enviar sangre al cerebro. De este modo se prolonga el periodo de conciencia útil, para el caso en que las tuerzas de la aceleración se ejerzan por mucho tiempo.

Mientras los cosmonautas se habitúan a la ingravidez dentro de “centrifugadoras”, los especialistas se dedican al problema de la vida en el espacio. Los de una sociedad de Baltimore proponen un modelo de nave donde se ha logrado un equilibrio biológico herméticamente cerrado. Las plantas crecerán gracias al anhídrido carbónico espirado por los hombres  por los animales. Las aguas usadas volverán a repetir su ciclo.

Las experiencias realizadas primero en tierra, en las centrifugadoras, han demostrado que la tolerancia a la aceleración estaba en función de la duración de ésta. Por ejemplo, un conejo ha podido soportar 23 veces la fuerza de la gravedad durante dos minutos, pero ha muerto al cabo de 11 minutos bajo diez g. tan sólo.

En los Estados Unidos, para estudiar los efectos de la aceleración o de la deceleración brutal, se han utilizado trineos propulsados por cohetes. El coronel Stapp, jefe de la base aérea de Holloman, que subió a bordo de uno de ellos sin protección alguna, sufrió en el el momento del lanzamiento una fuerza de 40 g. Lo comentó así: «Perdí el conocimiento desde la salida. Me pareció recibir un formidable puñetazo en el rostro. Con el casco y el traje presurizado, esto no hubiese sido más que un simple paseo»’.

Según las normas actualmente establecidas, los tiempos de tolerancia para el hombre, son del orden de:

2 g. durante 24 h.
8 g. 1,40 m.
12 g. 30 s.
15 g. 10 s.
47 g. 0,25 s.


Como los cohetes utilizados por rusos y americanos tienen varias etapas, los cosmonautas sufren aceleraciones sucesivas correspondientes a cada nuevo encendido. Durante el primer vuelo americano, el cohete Red Stone, el cosmonauta sufrió las siguientes aceleraciones:

En la primera etapa, de 1 a 6,7 g. en dos minutos diez segundos.
En la segunda etapa, de 1,4 a 7,7 g. en dos minutos cincuenta y dos segundos.
La duración total de la aceleración de salida fue, pues, de 5 minutos 2 segundos.

astronautas

Aunque la astronáutica progresó a grandes pasos, no por eso dejó de necesitar el apoyo tradicional de los cobayas; después de las ratas y de los monos, fueron enviados los flatos en misión de exploración de la alta atmósfera.

El casco, el vestido presurizado, el asiento abatible, de espuma de plástico amoldado directamente al cuerpo, permiten minimizar y repetir mejor las presiones sufridas por el astronauta. Los mandos que deberán provocar la separación de la cápsula y del cohete, en caso de accidente, pueden ser manejados con un solo movimiento de los dedos, no siendo posible los movimientos del antebrazo con aceleraciones tan fuertes.

EL PRIMER VUELO DE LA CAPSULA APOLO CON HUMANOS:

Después de los primeros vuelos de las cápsulas Mercury con un hombre a bordo y de los apasionantes experimentos con las Gemini, que llevaron al espacio parejas de astronautas, comenzó el proyecto Apollo, que había de llevar dos hombres a la Luna en 1969. El proyecto Apollo debía coronar los esfuerzos iniciados con los primeros lanzamientos Mercury: enviar un hombre a la Luna.

Los preliminares se vieron ensombrecidos por un gravísimo accidente en el cual murieron tres astronautas. Pero su sacrificio incitó a hallar una serie de soluciones que hicieran los viajes espaciales más seguros de lo que habían sido hasta aquel momento.

EL APOLLO-7: El primer vuelo de una cápsula Apollo con hombres a bordo tuvo lugar en 1968 con el Apollo-7.

Las misiones Apollo-1, Apollo-2 y Apollo-3, sin tripulantes a bordo, tenían por objeto controlar el funcionamiento del módulo de mando y el cohete de la fase S-IVB. Los tres lanzamientos tuvieron lugar en 1966 con cohetes Saturno I-B. Los números de las misiones se asignaron al ser cumplimentadas. Esto ha provocado cierta confusión, porque la mayor parte de los informes relativos al incendio que acabó con la vida de Grissom, White y Chaffee se refieren al que habría sido su vuelo como Apollo 1.

De hecho, el primer vuelo al que se reconoció un número antes de la partida fue el Apollo 4 que, junto con el Apollo-5 y el Apollo-6, tenía la misión de probar, entre otras cosas, el módulo de servicio y el lunar.

A medida que se acercaba el 11 de octubre de 1968, día del lanzamiento del Apollo 7, Cabo Kennedy parecía volver a un fervor que recordaba los tiempos del primer Gemini.

El cohete era el Saturno I-B, no tan potente como el gran Saturno-5, pero suficiente para enviar a la órbita terrestre el módulo de mando y el anexo módulo de servicio con tres hombres a bordo. Se había previsto una misión de 11 días.

«Es como un sueño», anunció Walter Schirra, el comandante, poco después del lanzamiento, efectuado a las 11.03. Sobre las islas Hawai, después de haber cumplido casi dos órbitas alrededor de la Tierra, los tres astronautas separaron de la segunda fase del Saturno I-B los módulos de mando y de servicio. Era la misma bifase S-IV-B que en el modelo mayor, Saturno-5,habría dado a los hombres el último empuje para hacerlos salir de la órbita terrestre baja y enviarlos al encuentro de la Luna.

En los dos primeros días, siguieron sin tregua las pruebas de las instalaciones eléctricas, de navegación, de propulsión y de control de la cápsula. Utilizando la fase del cohete extinguido como objetivo, Schirra efectuó diversas maniobras de aproximación en órbita para probar los módulos de mando y de servicio.

Entre los principales objetivos de la misión, figuraban el de efectuar ocho reencendidos del motor principal. Todo funcionó a la perfección; en algunos casos, los astronautas alcanzaron una órbita de 445 Km., siempre con gran precisión y potencia.

Largos meses de estudio y preparación física precedían a cada lanzamiento de las
misiones estadounidenses del proyecto Apollo

Cuando el Apollo-7 entró en la rutina de su largo vuelo, las conexiones televisivas se convirtieron, para los participantes en la misión, en el momento culminante de cada jornada. Tenían una duración de 7 a 11 minutos. Gracias a estas transmisiones (los tres astronautas nunca perdieron el buen humor), el mundo pudo tener una pequeña idea de la vida a bordo de un vehículo espacial en órbita.

El 22 de octubre, después de haber efectuado 163 órbitas extremadamente regulares alrededor de la Tierra -casi seis millones y medio de kilómetros- y de tomar centenares de fotografías del planeta -entre ellas la del ojo de un huracán-, los astronautas del Apollo-7 guiaron el módulo de mando hasta hacerlo amerizar en las aguas agitadas al sur de las Bermudas.

Un fuerte oleaje hizo zozobrar la cápsula espacial, pero la tripulación hinchó rápidamente los sacos de flotación para enderezar el vehículo de manera que el vértice, con su antena, pronto volvió a apuntar hacia arriba. Los astronautas se encontraron muy pronto a bordo del buque de recuperación: habían conseguido todos los objetivos previstos.

astronautas Donn Eisle; Walter Schirn y Walter Cunnungham

Donn Eisle; Walter Schirn y Walter Cunnungham, los tres astronautas del Apollo-7. Por primera vez, tres estadounidenses volaban juntos por el espacio. Con el Apollo-7 se abrió realmente la carrera hacia la Luna,

Fuente Consultada:
Maravillas del Siglo XX
El Universo Enciclopedia de la Astronomía y el Espacio Tomo V