Fernando De La Rua (1999-2001)

Porque Rosas demora la organizacion politica de Argentina? Historia

¿Porque Rosas demora la Organizacion Política de Argentina?

La demora de la organización nacional:

El asesinato de Quiroga provocó la sanción, por la Sala de Representantes de la provincia de Buenos Aires, de una ley —el 7 de marzo de 1835— , que nombraba a Juan Manuel de Rosas gobernador por un período de cinco años en vez del lapso habitual de tres. Le otorgaba también la suma del poder público “por todo el tiempo que, a juicio del gobierno electo, fuese necesario”.

La ley fue aprobada por 36 votos contra 4 y un plebiscito o consulta popular también la aprobó por 9.312 votos contra 8 (28 de marzo de 1835). El 13 de abril de 1835 Rosas asumió por segunda vez el mando en la provincia de Buenos Aires, y estábamos muy lejos de lograr una organización definitiva del país. Rosas siempre se negó al dictado de una constitución pues consideraba que primero debían organizarse las provincias internamente y sólo después de ponerse de acuerdo sobre el tipo de gobierno para el país.

Así lo expresó en 1873, desde su exilio en Inglaterra: “(…) es preciso antes (de sancionar una constitución) preparar al pueblo para ello, creando hábitos de orden y de gobierno, porque una constitución no debe ser el producto de un iluso soñador, sino el reflejo exacto de la situación de un país (…). Otorgar una constitución era un asunto secundario; lo principal era preparar al país para ello y esto es lo que creo haber hecho”.

Un planteo similar había hecho anteriormente Rosas en una carta que le escribió a Quiroga en diciembre de 1834, cuando éste iba a partir rumbo al norte para mediar en el conflicto entre Latorre y Heredia. Esta carta, de varias páginas, es la célebre Carta de la Hacienda de Figueroa, pues en esta estancia se escribió.

Con el ascenso de Rosas por segunda vez al poder, el término Confederación Argentina cobró plena vigencia. Aunque las provincias conservaban su autonomía, delegaban en el gobernador de Buenos Aires los Negocios Generales de la Confederación, como ya había ocurrido en los momentos anteriores cuando había desaparecido el gobierno nacional, pero en este caso, serían muchísimos los años en que se mantendría esta situación.

De esta forma, la provincia de Buenos Aires continuaba ejerciendo la hegemonía que ostentaba desde los tiempos coloniales. La Confederación era vista desde el exterior como un todo indisoluble con un único gobernante, Juan Manuel de Rosas.

Este último gobierno de Rosas duró diecisiete años. Al final de cada período de cinco años fue reelecto sin oposición. Rosas expresó que asumía ese “poder sin límites” por juzgarlo “absolutamente necesario para sacar a la patria del abismo de males en que la lloramos sumergida”. Desde 1835, en la conducción personalista se dieron unidos causa, partido y gobierno, fundidos con nación y patria.

Así, quienes se oponían a uno se oponían a los otros, y cometían en todos los casos “delitos” de perjurio y traición que, según Rosas, merecían tremendo y ejemplar castigo. Cuando Rosas asumió el mando hubo profusión de adornos en los frentes de los edificios y en los

monumentos como la Pirámide de Mayo; no escasearon los fuegos artificiales, los grupos con eufóricos “vivas” y “mueras”, los ornamentos colorados por doquier y los llamativos arcos de triunfo. La carroza de Rosas fue conducida a brazo hasta la Sala de Representantes, por 25 miembros de la Sociedad Popular Restauradora, fundada en 1833, y su brazo armado, la Mazorca, cuyo presidente fue el pulpero Julián González Salomón, quien encabezaba la marcha y, como los demás, iba vestido de rojo. Hubo oficios en los templos, que conservaron el retrato de Rosas y la insignia punzó junto a la Bandera.

La potestad de Rosas se consolidó con el poder absoluto. La suma del poder público le permitió disponer de la policía, de la milicia cívica y de la justicia de menor cuantía; el cuerpo de serenos creado por Viamonte fue militarizado y pasó a ejercer una estricta vigilancia política. Rosas transformó el Banco de Descuentos, fundado por Rivadavia con facultades para emitir papel moneda, en Casa de Moneda, aumentando cada vez más el circulante.

PARA LA REFLEXIÓN Y EL DEBATE:

Después de las guerras de independencia, Buenos Aires alentó durante dos décadas una organización federal del sistema político-institucional, y postergó la constitución de un Estado nacional. La coalición de fuerzas del Litoral, con apoyo extranjero y de sectores disidentes de Buenos Aires, derrotó a Rosas en la batalla de Caseros.

Sobre las cenizas de Caseros se realizó el primer intento orgánico de creación de un Estado nacional, que al no contar con la adhesión legitimante ni los recursos de la autoexcluida provincia porteña, sobrevivió tan sólo una década. La Confederación Argentina resignó en Pavón su efímero liderazgo del proceso de organización nacional. Sobre las cenizas de Pavón se hizo un nuevo intento a partir del apoyo de las instituciones y los recursos de Buenos Aires y la subordinación política y económica de las provincias.

La falta de acuerdo sobre una fórmula política se manifestó en la persistencia de la lucha entre facciones y el recurrente surgimiento de fuerzas contestatarias. El Estado pudo igualmente consolidar su presencia institucional a través de diversos mecanismos. El Estado fue apropiando nuevos ámbitos operativos, redefiniendo los límites de la acción individual e institucional, desplazando a la provincia como marco de referencia de la actividad social y dominación política. La consolidación definitiva sobrevino cuando el Estado consiguió desporteñizane. Sobre las cenizas de Puente Alsina y los Corrales, el presidente Roca intentaría una “tercera fundación” del Estado.

La “unión nacional” se construyó sobre la desunión y el enfrentamiento de pueblos y banderas políticas. La unidad nacional fue siempre el precio de la derrota de unos y la consagración de otros.

Osear Oszlak, “Reflexiones sobre la formación del Estado
y la construcción de la Argentina”, en Desarrollo Económico,
vol. XXI, N° 84, enero-marzo de 1982 (adaptación).

Gobiernos Democraticos en Argentina Alfonsín Menem De La Rua Resumen

Descripción De Las Tres Primeras Presidencias Democráticas en Argentina Desde 1983-2001

gobierno de alfonsin gobierno menem gobierno de la rua
Gobierno de Alfonsín Gobierno de Menem Gobierno de De La rua

Gobierno de Alfonsín Gobierno de Menem Gobierno de De La Rua

LOS PRIMEROS AÑOS DE LA DEMOCRACIA EN ARGENTINA:
La derrota de Malvinas el 14 de junio de 1982 fue el fracaso definitivo del ”Proceso de Reorganización Nacional”, El nuevo presidente, general Reinaldo Bignone, entabló negociaciones rápidamente con los principales partidos políticos para organizar una salida electoral. Otra cuestión clave para el gobierno era la de los delitos cometidos por los militares durante la represión ilegal. La Junta Militar sancionó la “Ley de Pacificación Nacional”, que justificaba y exoneraba a los militares por los crímenes cometidos.

A lo largo del año 1982 la vida cotidiana se hizo cada vez más difícil debido al deterioro de la economía real, la inflación, el desempleo y los altos impuestos. La sociedad argentina reaccionó con manifestaciones y huelgas en reclamo de mejoras salariales. Por otro lado, las denuncias de las organizaciones defensoras de los Derechos Humanos eran cada vez más frecuentes y movilizaban cada vez a mayor cantidad de gente. La permanencia de los militares en el poder era insostenible, el Gral. Bignone convocó a elecciones para el mes de octubre de 1983.

Para la sociedad argentina, elegir democráticamente a sus representantes parecía un sueño. Después de siete años de dictadura, la perspectiva de las elecciones generaba grandes esperanzas. La campaña electoral tuvo rasgos muy específicos; la amplia participación de la ciudadanía que se afilió masivamente a distintos partidos políticos y asistió a actos multitudinarios, los aspectos éticos, el pluralismo ideológico y el diálogo entre diferentes grupos políticos. Los partidos con más adhesión fueron el PJ y la UCR.

El Dr. Raúl Alfonsín, candidato de la UCR, cerró su campaña con un acto en el obelisco. Ante una concurrencia masiva, apeló al respeto por la Constitución Nacional. Un día después, en el mismo escenario, ítalo Luder, candidato presidencial por el P] y Herminio Iglesias, candidato a gobernador de la provincia de Buenos Aires, cometieron un error fatal. Herminio Iglesias quemó un ataúd que representaba a la UCR, Este hecho le quitó gran cantidad de votos al PJ, puesto que para muchos, si triunfaba el PJ era posible que se impusiera nuevamente la violencia política de la década del setenta.

En las elecciones del 30 de octubre de 1983, Raúl Alfonsín obtuvo el 51,8 % de los votos. La fecha marcó un hito en la historia argentina, era el fin del régimen militar y, al mismo tiempo, el peronismo fue derrotado en elecciones abiertas por primera vez en la historia.

Desde su inicio, el gobierno radical luchó infructuosamente contra la inflación. Los sindicatos formulaban reclamos salariales cor. huelgas permanentes. El Fondo Monetario Internacional (FMI) exigía el cumplimiento de los pagos de la deuda externa, que seguían aumentando. En estas circunstancias, en 1985 se implemento el Piar. Austral, un programa de ajuste que consistió en el congelamiento de precios, tarifas y salarios (previo aumento de estos), al tiempo que se regulaba el precio del dinero (las tasas de interés) y el tipo de cambio. El Estado se comprometió a no emitir moneda sin respaldo.

El tema más espinoso fue el juzgamiento de los crímenes cometidos por la dictadura. Alfonsín intentó solucionarlo sin afectar a las Fuerzas Armadas como institución. Esta política produjo fuertes críticas de los organismos de derechos humanos -especialmente de las Madres de Plaza de Mayo-, y no alcanzó a descomprimir la fuerte oposición de los militares. En abril de 1987, encabezados por el entonces teniente coronel Aldo Rico, un grupo de oficiales se alzó en Campo de Mayo, en la primera de las rebeliones “carapintadas”. Una multitud se movilizó a Plaza de Mayo, durante Semana Santa para defender la democracia.

La crisis de Semana Santa y el fracaso del Plan Austral trajeron la primera derrota política del gobierno, en las elecciones parlamentarias y provinciales de 1987. El justicialismo, derrotado y dividido desde 1983, halló nuevos liderazgos en las figuras de Antonio Cañero y Carlos Saúl Menem, que aunque habían mantenido buenas relaciones con el gobierno, fueron fortaleciendo su papel de oposición.

Entre 1988 y 1989 los intentos para detener la crisis económica fracasaron , consecuentemente la imagen de Alfonsín comenzó a deteriorarse aceleradamente. En 1989 una fuerte devaluación abrió las puertas a un proceso hiperinflacionario imposible de controlar, iniciándose también una ola de saqueos a decenas de supermercados y negocios, que hizo perder las elecciones frente a Menem y negociar una salida anticipada del gobierno.

Ver Gobierno de Raúl Alfonsín (1983-1989)

Carlos Saúl Menem provenía del justicialismo, al que él mismo definió alguna vez como una corriente política nacionalista, populista y cristiana. Durante la década en que fue presidente, entre 1989 y 1999, reconvirtió al movimiento nacional y popular peronista en una fuerza política neoliberal en lo económico y conservadora en lo político.

Este alejamiento ideológico de las bases doctrinarias peronistas le permitió forjar una alianza electoral que lo llevó dos veces a la presidencia. Esa coalición estuvo formada por las clases sociales populares (en particular, los trabajadores) que tradicionalmente apoyaron al justicialismo, y también por sus tradicionales enemigos: los productores rurales, los financistas internacionales, los grandes industriales y las clases sociales altas, en general.

El neoliberalismo
Durante la campaña presidencial, Menem había prometido una revolución productiva que comenzaría con un salariazo, al parecer, en la línea del viejo populismo. La política económica que implemento contradijo esos postulados. Por el contrario, adhirió a los principios de la economía de libre mercado; es decir, un modelo que considera que todas las actividades económicas dependen únicamente de la libre iniciativa de las personas, salvo aquellas que son inevitablemente inherentes al Estado, como la defensa nacional y el mantenimiento del orden público. En los hechos, la adopción de esta ideología implicó el abandono de la concepción del Estado de Bienestar, propia del peronismo tradicional.

La economía de libre mercado tomó fuerza particularmente desde principios de 1991 cuando, después de un nuevo estallido hiperinflacionario, se puso en marcha el llamado Plan de Convertibilidad.

EN 1994, con la reforma de la Constitución, Menem quedó habilitado para presentarse ;-los comicios presidenciales de 1995. Después de una fuerte campaña, el Justldalismo, cela fórmula Carlos Menem-Carlos Ruckauf, logró el 49,9% de los votos; seguido por el Frente por un País Solidario (FREPASO), con la fórmula José Bordón-Carlos “Chacho” Álvarez, que obtuvo un 29,3%; la Unión Cívica Radical quedó en tercer lugar, con el 17?: de los votos. Pese a la amplia victoria, la situación no era alentadora para eL gobierno ese año. Gracias al plan de Convertibilidad, la inflación, que a fines de 1989 era del 5.000%, se redujo en 1992 a menos del 20%, en 1994 era sólo del 3,9% y seguía en baja. Pero cree E.-los despidos en la administración pública y en las empresas privadas, los salarios bajaban, aumentaban el desempleo y el subempleo.

Menem, cuya administración dependía de los capitales foráneos, debió aceptar imposiciones de organizaciones financieras internacionales como el Banco Interamerica” de Desarrollo, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional.

Ver Gobierno de Carlos Menem (1989-1999)

En 1997, la Alianza, una coalición electoral conformada por la Unión Cívica Radical (UCR) y el Frente País Solidario (Frepaso), triunfó en las elecciones presidenciales del 24 de octubre de 1999 con la fórmula Fernando de la Rúa (UCR)-Carlos “Chacho” Álvarez (Frepaso). Desde sus inicios, la gestión aliancista estuvo fuertemente condicionada por la herencia recibida del menemismo.

El principal condicionamiento económico fue el monto de la deuda externa, que equivalía al 43% del producto bruto interno (PBI). Los préstamos externos (así como el dinero obtenido con las privatizaciones) no sirvieron para invertir en el país sino para pagar la deuda. De hecho, a fines del año 2000, la economía atravesaba una coyuntura de más de dos años de caída del PBI.

El país no parecía estar en condiciones de pagar siquiera los intereses de la deuda, que equivalían a alrededor de 20 mil millones de dólares anuales. “La Argentina dilapida anualmente el 4% de su PBI para pagar los intereses de su endeudamiento-decía por entonces el periodista económico Julio Nudler. Mientras las exportaciones del país no llegan a representar ni el uno por ciento del total mundial, en la primera mitad del 2000 los bonos de deuda pública colocados por la Argentina fueron el once por ciento de todo lo emitido por los países emergentes. [El país es] insignificante como exportador pero líder como deudor…”

Además de la deuda económica, el Plan de Convertibilidad generó una fuerte deuda social. En el año 2000, trece millones de personas vivían en la pobreza. La desocupación había avanzado ininterrumpidamente desde 1991, afectando a sectores de la población cada vez más amplios. Entre los que trabajaban, dos de cada cinco lo hacían en negro, sin protección social alguna. El Estado, en el mejor de los casos, se limitó a asistir a los más necesitados. La Alianza se enfrentó con la necesidad de formular políticas sociales sin contar con los recursos de un Estado virtualmente quebrado.

A pocos meses de asumir, el vicepresidente Álvarez renunció a su ;argo por disidencias con la gestión gubernamental. En el año 2000, era generalizado el descreimiento de los ciudadanos respecto de las normas de hacer política, a las que juzgaban corruptas e inoperantes.

Durante las dos últimas décadas del siglo XX, cambiaron las formas de la protesta social. En los años 80, los conflictos eran salariales y le expresaban mediante paros, huelgas y medidas de fuerza ordenadas 3or los sindicatos. En los años 90, el descontento social se manifestó por medio de los cortes de rutas, protagonizados predominantemente por desocupados que, como tales no pertenecían a gremio alguno.

Un desconcierto creciente

En noviembre de 2001, los medios informaban que cada día 2.000 argentinos caían bajo la línea de la pobreza. En los primeros días de diciembre, la situación se hizo gravemente conflictiva. El Presidente había perdido su capital político y el ministro de Economía, Domingo Cavallo, no encontraba recursos para tranquilizar a la población. Varios gremios estatales estaban en huelga, mientras que en algunos barrios de la Capital la gente hacía escuchar su descontento golpeando cacerolas y cortando calles, protesta que se conoció con el nombre de “cacerolazos”. En todo el país, las protestas cortaban las rutas y las calles: de este modo, el piquete irrumpía en la vida política argentina.

El “corralito”
Para evitar la fuga de depósitos barcarios, el 1° de diciembre, Cavallo decretó el “esta; de excepción monetaria”. Este “golpe” económico, conocido como “el corralito”, significaba que todos los depósitos bancarios quedaban inmovilizados durante 90 días -además, que las extracciones de efectivo tenían un tope de hasta 250 pesos o dólares por semana. Así, el dinero desapareció de la calle, el consumo se retrajo y la actividad productiva y comercial se paralizó. Masivamente, agrupaciones sociales, partidos políticos: y centrales sindicales se opusieron a las medidas y promovieron movilizaciones y pares de protesta.

Saqueos y cacerolazos
Entre el 13 y el 18 de diciembre se iniciaron los saqueos contra los supermercados. Primero en Rosario y luego en la Capital, San Isidro, Munro, El Palomar, Ciudadela, Ramos,; Mejía, Morón, Moreno, Lanús y La Tablada, Entre el 18 y el 20, los saqueos se generalizaron en Buenos Aires, Santa Fe y Entre Ríos, San Juan, Santiago del Estero y Mendoza.

Frente a la escalada de violencia, el 19 de diciembre e! Presidente decretó el estado ce sitio. El 20 De la Rúa transmitió un discurso por la cadena nacional. E! discurso no ha: terminado cuando en todos los barrios de la ciudad de Buenos Aires comenzaron a escucharse cacerolazos. Una multitud salió a las calles y marchó hacia la Plaza de May: el Congreso, la quinta de Olivos y la casa de Cavallo.

A la medianoche, se dio a conocer la renuncia de Cavallo. Sin embargo, esto no tranquiza los manifestantes, que pedían “que se vayan todos”. De la Rúa ordenó la represión que dejó como resultado 32 muertos y cientos de detenidos en todo el país. Pero nada detener la movilización. El 21 de diciembre de 2001, luego de leer su renuncia en cadena nacional , deja la Casa Rosada en el helicóptero presidencial que lo lleva a Olivos.

Ver Gobierno de Fernando De La Rua (1999-2001)

AMPLIACIÓN DEL TEMA:

Las de la obtienen en las Por un lado, los argentinos valoran casi del mismo modo los derechos civiles, sociales y políticos como sus principios constitutivos. Pero, por otro lado, en el momento de jerarquizarlos, el acento se coloca sobre los derechos sociales: salud, educación, vivienda y trabajo. De este modo, 6 de cada 10 consideran que hay democracia cuando se garantiza el bienestar de la gente, mientras que el derecho al voto y a la libertad de expresión tienen un lugar secundario.

De estas indagaciones se concluye que el perfil de ciudadano más extendido en la Argentina es el que otorga primacía a los derechos sociales y, además, considera que los derechos deben venir del Estado. Esa percepción se acentúa cuanto más descendemos en el nivel económico-social.

El predominio otorgado a la resolución de los problemas socioeconómicos lleva a que el 49% de los encuestados afirme que “no le importaría que llegara al poder un gobierno autoritario si pudiera resolver los problemas económicos del país”. Cuanto menor es el nivel socioeconómico, mayor es la probabilidad de apoyo a una alternativa autoritaria.

Por otra parte, la población muestra un bajo nivel de conocimiento o conciencia de los derechos y los deberes que le caben en democracia. Aquí también se privilegian los derechos sociales como derechos de la persona en democracia, en detrimento de los civiles y políticos. Respecto de los deberes, el 28% menciona en primer lugar “trabajar y cuidar de uno mismo”, y sólo un 2%, “informarse de asuntos públicos”.

Esta idea de la ciudadanía, que implica una escasa valoración de los derechos políticos y civiles, se refuerza con la mirada puesta en el Estado: cinco de cada diez consideran que es el gobierno nacional quien más responsabilidad tiene de fortalecer la democracia.

LA DEMOCRACIA REPUBLICANA Y LA NACIONAL-POPULAR: El sociólogo Gino Germani distinguía dos formas de acceso a la democracia con participación total. La clásica, Llamada republicana, suponía reconocer primero los derechos civiles, luego los políticos y, finalmente, los sociales. En la segunda, propia de sociedades como la argentina, la participación total llegaba de la mano de regímenes de tipo “nacional-popular”, en los que los trabajadores negociaban directamente con el gobierno y no a través de la mediación de los partidos políticos. En estos regímenes, el Estado anticipa los derechos de ciudadanía social en desmedro de sus aspectos civiles y políticos.

OTROS CANALES DE PARTICIPACIÓN: La crisis de representación de los partidos políticos, estalló en las elecciones de octubre de 2001, y el agravamiento de la crisis económica e institucional a fines de año produjeron un alto grado de movilización, principalmente espontánea, que se canalizó a través de protestas “piquetes”, “cacerolazos” y “asambleas populares”. Frente al desprestigio de la participación política a través de los partidos, estas formas de manifestación colectiva se percibieron como la posibilidad más importante de acceder a una voz eficaz y como el síntoma más elocuente de la ruptura de la relación entre la sociedad civil y el sistema político que se estableció a partir de 1983.

Dentro de estos fenómenos, conviene distinguir las protestas de los incluidos y las de los excluidos. El primer grupo (que se concentra, sobre todo, en los “cacerolazos” y las “asambleas populares”) proviene de los sectores medios urbanos que cuestionan la legitimidad y la competencia de los dirigentes políticos, en el contexto de reclamos por algunos aspectos de la crisis económica (la indisponibilidad de fondos o la salida de la convertibilidad) y por el mal desempeño y la corrupción de los tres poderes del Estado.

El segundo grupo, el de los excluidos, proviene de los sectores populares, que plantean reivindicaciones relativas a la desocupación y a la pobreza. Su forma principal de expresión son los “piquetes”. Estos sectores no reclaman la destrucción del sistema social, sino su inclusión dentro de él, a través de la obtención de bienes concretos. Por otra parte, organizaciones como la Central de Trabajadores Argentinos (CTA) y la Corriente Clasista y Combativa (CCC) intentaron canalizar las demandas sociales en el contexto de una estrategia general contra la pobreza.

La política, reformada después de este derrumbe institucional, no podría prescindir de una relación madura con estas nuevas formas de expresión y sus actores, aunque no resulte una tarea fácil.

DEMOCRACIA EN AMÉRICA LATINA: El retorno a la democracia fue la buena noticia de los años 80 para casi toda la región. La ciudadanía de América Latina, desde el sur de México hasta Tierra del Fuego, volvía a las urnas para elegir a sus gobernantes. Recuperaba sus derechos después de una o varias décadas de proscripción política.

Los políticos, en tanto, volvían a tener protagonismo y, en muchos casos, debieron negociar con los militares la manera de regresar a la senda institucional. Sin embargo, no se trataba solamente de elecciones libres. La tarea de los nuevos gobiernos no sería fácil ya que la democracia iluminaba todos los rincones de las oscuras dictaduras y las violaciones de los derechos humanos pasaron a ocupar un primer plano.

Todavía en el poder, los militares habían puesto algunas condiciones al traspaso. En efecto, querían permanecer al margen de las investigaciones y sufrir el menor descrédito posible, pero el desgaste sufrido a lo largo de una o varias décadas de autoritarismo trastocó la tradicional tutela a la que tenían acostumbrados a los políticos. Los condicionamientos de la economía, por su parte, representaban un desafío similar, o mayor, en plena recuperación democrática. América Latina acumulaba una enorme deuda externa que, en pocos años, sería el detonante de varias crisis. De todas formas, el contexto global era bastante favorable.

El fin de la Guerra Fría había modificado por completo las circunstancias internacionales: Estados Unidos y la URSS ya no competían por influir en uno u otro lado. Entonces, la amenaza del comunismo ya no podía esgrimirse como pretexto para justificar nuevas dictaduras. De esta manera, a pesar de los contratiempos, todo parecía encaminarse por la senda del respeto a las instituciones. Hubo nuevos coletazos autoritarios, incluso desde el mismo poder constitucional, pero la democracia había llegado para quedarse.

Ver: Organización Política de Argentina

Fuente Consultadas:
Cuatro Décadas de Historia Argentina Dobaño-Lewkowicz
Sociedad en Red EGB 3° Ciclo 9 Año
La Enciclopedia del Estudiante Tomo 20 Historia de la Argentina
El Desarrollo Humano en la Argentina del Siglo XXI UNICEF – UNDP – Ministerio de Educación , Ciencia y tecnologíA
Revista TIME Historia del Siglo XX – América Latina de la dictadura a la democracia