Vida de Francisco Pizarro

Historia de Mexico Precolombino Antes de la llegada de Colón

Historia de México Precolombino
Los Aztecas

Antes de la llegada de los españoles a México, el país estaba ocupado por diversos pueblos que alcanzaron alto grado de civilización. Eran los precursores de la civilización azteca. Los toltecas representaron un papel particularmente importante antes de que los aztecas les expulsaran. Todos estos pueblos eran notables agricultores y, especialmente, hábiles  arquitectos  y  escultores.

Los aztecas eran un pueblo belicoso que hacía continuamente la guerra para asegurarse los víveres y disponer de víctimas para los sacrificios humanos que ofrecían a sus dioses sanguinarios. Los aztecas eran también hábiles arquitectos y escultores. Sin embargo, su poderoso imperio cayó con facilidad en manos de los españoles cuando éstos llegaron en el siglo XVI.

Los que quieren penetrar los secretos del México precolombino (es decir, antes de la llegada de Cristóbal Colón) se hallan enfrentados a una difícil tarea. Se dice que dos grandes civilizaciones se habían desarrollado en México antes de la llegada de los europeos: la de los aztecas y la de los mayas. Esta opinión, que está muy extendida, es incompleta e imprecisa.

De hecho, México estaba habitado por varios pueblos, cada uno de los cuales tenía su propia cultura. Alguno de estos pueblos, los mayas, por ejemplo, vivían en las tierras bajas del sur. Otros habitaban el norte del país. Los aztecas ocupaban una región en cuyo centro se alza actualmente la ciudad de México, capital del país.

Para comprender la civilización azteca es indispensable estudiarla a la luz de otras civilizaciones importantes que la precedieron.

Los aztecas asentaron su hegemonía entre los siglos XIII y XV, pero, ya mucho antes, otros pueblos habían representado en México un papel importante.

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Guerrero Azteca

El valle situado en medio de la meseta mexicana y en el que se halla ubicada la ciudad de México es uno de los lugares del Nuevo Mundo más rápidamente ocupados por el hombre. Se han encontrado allí restos humanos que datan de hace once mil años.

De las civilizaciones que precedieron a la azteca forma parte la de la ciudad de Teotihuacán. Esta ciudad, situada en las proximidades de México, fue atacada e invadida por los toltecas, pueblo guerrero que emigró hacia el sur allá por los alrededores del año 1000. Impusieron su dominación a algunas ciudades mayas.

Estos toltecas es indudable que ejercieron gran influencia sobre los otros pueblos de México. Propagaron el culto al dios Quetzalcóatl. Esta divinidad, presentada bajo la forma de una serpiente emplumada, era considerada la creadora de la civilización.

Otra cultura que influyó sobre la civilización azteca es la de los zapotecas, cuyo principal centro se hallaba en Oaxaca. Este pueblo había edificado en los alrededores de Oaxaca una verdadera ciudad de los muertos. Los zapotecas concedían gran importancia al más allá y consagraban gran parte de sus actividades artísticas al culto de los muertos.

Los olmecas llegaron también al apogeo de su poderío antes de la fundación del imperio azteca y parecen incluso haber alcanzado el más alto grado de civilización de todos los pueblos mexicanos, principalmente después que se hubieron instalado más al sur, en las tierras bajas de los alrededores de Veracruz y Tabasco. Se conocen de ellos principalmente las grandes cabezas esculpidas en basalto y otras piedras duras. Algunas de ellas tienen más de dos mil quinientos años.

Todas aquellas comunidades se apoyaban en el cultivo del maíz. Contaban con buenos agricultores y con hábiles arquitectos y excelentes canteros. Algunos de estos pueblos tenían un calendario que podríamos considerar como notable.

Desde este punto de vista esos pueblos recuerdan a los mayas. Tenían, sin embargo, sus propios usos y costumbres, y su concepción de la belleza difiere de la de los mayas. La cultura de los olmecas, de los zapotecas y otros pueblos, son, por otra parte, más antiguas que la de los mayas.

Los aztecas, con los cuales entraron en contacto los conquistadores españoles, no eran, por otra parte, más que los herederos de estas viejas culturas, desaparecidas ya en aquella época, pero que habían dejado profundas señales. Los toltecas fueron quienes más influyeron sobre los aztecas. Su capital, Tula, se hallaba a unos doscientos kilómetros al norte de México. Su hegemonía se extendía sobre un vasto territorio que englobaba Teotihuacán, más cercano a México.

Todavía hoy se encuentran vestigios de la floreciente civilización que allí se desarrollara. Bien conocida es la pirámide del sol, de unos sesenta metros, y en cuya construcción hubieron  de intervenir con toda probabilidad varios millares de personas durante una veintena de años.

Comparados con los toltecas, los aztecas fueron probablemente un pueblo bárbaro al principio de su civilización. Eran muy belicosos y, sea lo que fuere, los toltecas llevaron las de perder en determinado momento y se retiraron más hacia el sur.

Los aztecas adoptaron una gran parte de la cultura tolteca y, en ciertos dominios, la completaron. Organizaron notablemente su territorio y administraron el país desde su capital, Tenochtitlán. Esta ciudad estaba construida en medio de un lago recubierto de verdor y de flores. Por ello se habla a veces de una Venecia mexicana. Tenochtitlán se hallaba en el lugar en el que se edificó la ciudad de México.

Después de haber conquistado el imperio azteca, los españoles hicieron desaparecer su capital. El lago fue desecado, y los canales, rellenados. Cuando se emprenden en México trabajos de desmonte se halla ya a dos metros de profundidad un espeso barro negro que es lo único que subsiste del antiguo lago de Tenochtitlán. Las casas estaban construidas sobre zampas y la ciudad se hallaba unida al dique por un malecón. La población de la capital azteca en la época de la conquista española se estima en unas setenta y cinco mil personas.

La vista de la ciudad debía de ser magnífica. Las calles eran anchas y rectas y numerosas embarcaciones surcaban los canales. También había puentes, plazas públicas, templos, pirámides y palacios.

La residencia del emperador se componía de varios edificios construidos alrededor de patios interiores y cercados por un magnífico jardín en el que se podían hallar las plantas más raras y a menudo también algunos animales. El aprovisionamiento de agua estaba asegurado por medio de acueductos.

Tenochtitlán era asimismo el teatro de espeluznantes atrocidades. Los aztecas estaban convencidos de que sus dioses exigían continuamente sacrificios humanos para conceder sus favores. Ésta era la razón de que los aztecas sacrificaran continuamente a los prisioneros conseguidos con ocasión de expediciones punitivas. Los cráneos de los pobres seres sacrificados se amontonaban en diferentes lugares de la ciudad.

Los historiadores admiten que durante las ceremonias religiosas que precedieron a la llegada de los españoles fueron sacrificadas unas veinte mil personas. Puede asegurarse, pues, que el poderío de los aztecas descansaba en el terror y era por ello muy vulnerable. Para los conquistadores españoles fue tarea fácil levantar a otros pueblos, especialmente el de los tlaxcaltecas, contra los aztecas y convertirlos en aliados suyos.

Los aztecas eran un pueblo belicoso que hacía continuamente la guerra para asegurarse los víveres y disponer de víctimas para los sacrificios humanos que ofrecían a sus dioses sanguinarios. Los aztecas eran también hábiles arquitectos y escultores. Sin embargo, su poderoso imperio cayó con facilidad en manos de los españoles cuando éstos llegaron en el siglo XVI

LOS AZTECAS:

Los aztecas o tenochas de Te-nochtitlán empezaron a representar en México un papel importante a partir del siglo xn. En el siglo xiv su capital se había desarrollado. Desde esta capital administraban su imperio, formado por cierto número de ciudades confederadas y de un extenso territorio conquistado a tribus vecinas.

El valle mexicano no bastaba, en la época de la hegemonía azteca, para proporcionar la alimentación necesaria a los numerosos habitantes. Esto explica, en parte, el belicismo de los aztecas. Ese pueblo guerrero consiguió someter a  sus vecinos con  bastante facilidad. Y éstos venían obligados a proporcionarles, en calidad de deudas de guerra, géneros alimenticios y otros productos de primera necesidad.

Al igual que sucedía con los asirios en la Antigüedad, la guerra era para los aztecas una rama de la economía. Pero su ejército estaba lejos de alcanzar el grado de organización del de los asirios. Se componía de multitud de pequeñas unidades organizadas a modo de clanes. Cada una con su mando propio, combatían en un conjunto de unidades.

El uso de las armas formaba parte de la instrucción elemental dada a cada uno de los jóvenes dentro del seno del clan. Las armas no eran nada notable, aunque los aztecas hubiesen podido penetrar el secreto del trabajo de ciertos metales. Pero las lanzas que empleaban en sus expediciones guerreras tenían la punta de piedra, aunque esto no fuera un obstáculo en sus conquistas.

En tiempos del emperador Moteczuma, en el siglo XV, los aztecas llegaron probablemente hasta Guatemala con estas armas. Se admite generalmente que devastaron parte de la ciudad de Cinchen Itzá, la capital de los mayas.

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Las expediciones guerreras de los aztecas no sólo tenían la misión de asegurarse un botín y alimentos, sino también a los miles de personas necesarias para los sacrificios humanos. Los aztecas eran, en efecto, un pueblo muy religioso; pero adoraban a sus dioses de una forma que no podía ser más cruel. Gran número de sacerdotes y sacerdotisas era responsable del culto rendido a las divinidades masculinas o femeninas.

Los sacrificios humanos constituían la parte esencial del ritual… Después de haber ejecutado una danza en honor de la divinidad, los prisioneros de guerra eran conducidos hacia la plataforma del templo. Los sacerdotes les ataban entonces al ara de los sacrificios y les mataban arrancándoles el corazón.

La sociedad azteca se componía de varias clases sociales. Las más altas eran las de los sacerdotes y de los nobles. El resto de la población estaba dividida en clanes, cada uno de los cuales se hallaba bajo el mando de un funcionario que en tiempo de guerra era asimismo su comandante.

Los aztecas desarrollaban también actividades comerciales. La clase de los comerciantes tenía una religión separada y habitaba un barrio apartado de la ciudad. Finalmente estaban los agricultores, que trabajan el suelo que les correspondía por derecho según el clan. El principal cultivo era el maíz.

En el plano cultural los aztecas son menos interesantes que algunos otros pueblos mexicanos, pues se limitaron a adoptar las realizaciones de otros. Por ello las suyas propias carecen de originalidad.

Los aztecas conocían gran número de signos y un calendario que, aun siendo testimonio de un gran conocimiento de la astronomía, no podía rivalizar con el de los mayas. Eran también hábiles escultores y arquitectos. Sus templos en forma de pirámide estaban hechos de tierra recubierta de piedras. Los mayores de esos templos se edificaron en Tenochtitlán durante  la  segunda  mitad  del  siglo XV; poco antes, pues, de la llegada de los españoles.

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Ataque de Hernán Cortés a los Aztecas

Sobresalían en las artes figurativas. Los relieves que decoraban los muros de los templos, así como las pinturas, dan testimonio de gran habilidad. Fabricaban también hermosas joyas en oro y jade, mosaicos hechos de piedras, conchas y plumas. Las telas que fabricaban eran muy hermosas. Puede, pues, parecer sorprendente que un pueblo que había alcanzado tal grado de evolución sucumbiera tan rápidamente a la conquista española.

Varias circunstancias explican el hecho. En primer lugar, allá por la época de la llegada de los españoles los aztecas esperaban la venida de una de sus mayores divinidades, Quetzalcóatl y su séquito. Según la leyenda, este dios se había alejado por mar y había de regresar del mismo modo bajo la apariencia de un hombre blanco y con barba.

Cuando Cortés y sus soldados desembarcaron, los aztecas se creyeron en presencia de su dios. Cortés desembarcó en 1519 en la costa de México, en la región de Tabasco. Le acompañaban unos quinientos hombres y disponía de una quincena de caballos y de diez pequeños cañones que componían lo esencial de su armamento.

Cuando se aventuró más lejos, Cortés se dio cuenta rápidamente de que los indios le temían y trataban de evitar las dificultades. Recibió rápidamente la ayuda de ciertas tribus como la de los tlaxcaltecas y la de los totonacos, que no deseaban otra cosa que sacudirse el yugo azteca.

Cortés y sus hombres se dirigieron muy decididos hacia Tenochtitlán a despecho de que emisarios de Moteczuma intentaban hacerles cambiar de parecer cubriéndoles materialmente de toda clase de regalos. Fue, pues, sin mucha dificultad como los conquistadores hicieron su entrada en Tenochtitlán, escoltados por un millar de indios.

El emperador Moteczuma II, que seguía creyendo que se encontraba en presencia de la divinidad tan esperada, acudió personalmente a su encuentro. Pronto se puso en claro que los españoles no eran dioses.

En los combates que siguieron, Moteczuma fue probablemente asesinado por su propia gente. Los españoles, que no eran tan numerosos para resistir un ataque azteca en masa, sufrieron fuertes pérdidas y se vieron obligados a batirse en retirada. El poderoso ejército azteca inició la persecución; pero Cortés consiguió retirarse en buen orden gracias a su ciencia táctica y a la superioridad de su equipo. Esta retirada, que aconteció la noche del 1° de julio de 1520, recibió el nombre de «noche triste».

Algunos meses más tarde Cortés volvía a pasar al ataque a la cabeza de un poderoso ejército en el que combatían numerosos indios, y en esta ocasión consiguió vencer a los aztecas de manera decisiva y apoderarse de la persona del nuevo emperador Cuauhtémoc, sobrino de Moteczuma II. No le hizo matar, sino que lo guardó como rehén a fin de evitar una nueva revuelta de los aztecas. Una vez descartada la amenaza, Cortés hizo colgar al emperador.

Todavía en nuestros días, Cuauhtémoc es considerado un héroe por los indios de México.

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Moctezuma Historia de su Muerte La Caída del Imperio Azteca

Moctezuma Historia de su Muerte
La Caída del Imperio Azteca

Grandeza y caída de un imperio. Los aztecas escribieron una de las más apasionantes páginas del libro de la  Historia.   Las  ruinas  de  esa   civilización   nos  llenan  aún  de   asombro.   ¿Qué  motivó  su  fin?

Hacia finales del siglo XV los dominios aztecas abarcaban prácticamente todas las naciones civilizadas de México, a excepción de las tribus de las montañas occidentales, los mixtecas y zapotecas. Su capital se llamaba Tenochtitlán y estaba construida en una isla pantanosa junto al lago de la Luna. Su emperador era entonces Tizoc.

Su reinado presenció el fin de una era mágica de cincuenta y dos años y se hizo necesario agrandar el gran templo del dios de la guerra Huitzilopochtli que, según se creía, había expulsado de México al dios-sacerdote Quetzalcoatl algunos siglos antes y establecido una nueva era de dominio militar. Esta enortne pirámide, que se elevaba hacia el cielo casi sesenta metros, estaba coronada por un pequeño templo. Ante él se alzaba el altar, sobre el que se tendía a los guerreros cautivos para arrancarles el corazón.

Tizoc murió en 1486 antes de que el templo estuviera totalmente terminado, sucediéndole Ahuitzolt, su hermano menor. En su reinado comenzó la caída de los aztecas. Ahuitzotl era un hombre culto, amante de la música y la poesía, famoso por su harén de bellas princesas. Obligado a la dedicación del Gran Templo, comenzó dos años de guerra contra los mixtecas de Oaxaca. En lugar de tomar la aceptable oferta de veinte guerreros para el sacrificio, tomó veinte mil cautivos, todas las fuerzas disponibles de las tribus conquistadas, y los hizo matar a todos.

Un hombre sabio y devoto: Ahuitzotl murió en 1502. Al trono azteca ascendió un hombre que era a la vez un bravo guerrero y un sabio filósofo. Se llamaba Moctezuma, El Fuerte Brazo del Noble Señor y Príncipe. En 1507 celebró la ceremonia mágica de hacer un Fuego Nuevo que daba comienzo a otro período de tiempo para su pueblo mejicano. Todo fue bien en la ceremonia, y la continuación del universo durante otros cincuenta y dos años quedó asegurada.

Moctezuma II emperador azteca

Moctezuma era sumo sacerdote cuando el consejo lo eligió para suceder a Ahuizotl (1486-1502) y convertirse en el supremo gobernante azteca. Distintas fuentes revelan su personalidad, en la que, junto al valor guerrero, destacan su constante estado melancólico y un fuerte componente supersticioso. Durante los primeros años de su reinado consiguió que el Imperio azteca conociera su momento de mayor esplendor.

Sin embargo, Moctezuma no siempre tuvo buena suerte. Perdió un ejército en una extraña ventisca y otro en una terrible inundación. Pero, a excepción de estas pérdidas, sus ejércitos prosperaron y llegó a hacer de México un dominio azteca, desde los desiertos del norte a los bosques tropicales y desde el Atlántico hasta el Pacífico. La profecía de Huitzilopochtli se había cumplido: México estaba unido y en la corte de Moctezuma los traductores hablaban las lenguas de veinte pueblos tributarios diferentes.

Moctezuma no sólo era un guerrero valiente y conquistador; era sacerdote, astrónomo y un hombre verdaderamente sabio y devoto. Pero con frecuencia se sentía obsesionado por la preocupación, pues sabía que durante su reinado se llegaría al día Viento-Nueve del año Caña-Uno, o  1518 por nuestro calendario.

En esta fecha, que ocurría cada cincuenta y dos años, los sabios sabían que el dios Quetzalcoatl (Culebra con plumas, o Soplo de Vida) podía volver y deponer a su antiguo enemigo, el dios Huitzilopochtli. Tal acontecimiento significaría el fin del poder azteca.

Moctezuma temía que ocurriera durante su reinado En 1511 dos barcos pertenecientes a los navegantes españoles Solís y Pinzón pasaron ante la costa de México, desembarcando de vez en cuando para comerciar con los nativos.

Posteriormente contaron su historia a Pedro Mártir, el historiador y geógrafo italiano y por su libro sabemos que fueron los primeros españoles que visitaron México.

Sin embargo, pasaron de largo, y durante ocho años Moctezuma no volvió a tener noticias de ellos.

Ce Malinalli: Al otro lado del mar, en España, un joven llamado Hernán Cortés fue enviado por sus padres a las Indias Occidentales para unirse a los colonizadores en Cuba. Casó con una joven dama de buena familia y todos creían que había sentado la cabeza. Pero oyó hablar de aventuras de viajes a tierras misteriosas del oeste y quiso dirigirse hacia aquellos lugares.

Hacia el oeste, no muy lejos, una princesa mejicana tuvo una niña que nació en un día desafortunado. Los adivinos dijeron que estaba destinada a destruir al gran dios de la guerra Huitzilopochtli y a causar la caída de los aztecas. Su madre, no queriendo matarla, la escondió hasta que, cuando ya era una muchachita, la envió a vivir como sierva entre los mayas, al norte de Yucatán. Cuando tenía dieciséis años, el jefe a quien servía trajo a dos cautivos españoles que habían naufragado. Dos años después llegó un barco español.

Los españoles fueron devueltos a su gente y la muchacha, que ahora tenía diecinueve años, fue una de las veinte bellas esclavas entregadas al apuesto capitán español Hernán Cortés. De este modo, Ce Malinalli (hija del Dolor) se fue con los españoles; como no podían pronunciar su nombre, la llamaron Doña Marina o Malinche.

sacrificios de moctezuma en mexico

Por su brutal sacrificio de más de veinte mil guerreros cautivos, sobre la gran pirámide de Tenochtitlán, el emperador Tízoc perdió toda lealtad por parte de las tribus sometidas.

El año Caña-Uno
Cortés había oído hablar de los tesoros de los indios mayas del Yucatán y de una tierra aún más extraña llamada México. Tras una agria disputa con el gobernador de Cuba, había embarcado en busca de gloria y fortuna para España y la Iglesia.

En abril de 1518, la víspera de Pascua, embarcó rumbo al puerto mexicano de Cempoalla. Quizás Doña Marina, que actuaba como intérprete para los españoles, conocía su destino, pues retrasó a Cortés un día. Cuando desembarcó en México con Marina junto a él como intérprete, iba vestido de terciopelo negro, con medias y guantes también negros. Sobre su pecho brillaba un camafeo de oro y concha blanca.

Se tocaba la cabeza con un sombrero de copa plano, según la moda de la época, y su pálido rostro estaba circundado por una fina barba negra. Para los nativos era exactamente igual a la imagen del dios Quetzalcoatl que volvía, generalmente representado en forma similar (aunque el terciopelo negro había sustituido a la pintura negra sobre el cuerpo).

El retraso hizo que desembarcara el día Viento-Nueve del año Caña-Uno. Era el día que Moctezuma había temido. Los mensajeros corrieron seiscientos kilómetros hasta Tenochtitlán con las malas noticias. Quetzalcoatl había vuelto.

El gran emperador de los aztecas no sabía qué hacer. Consultó a los sacerdotes y presentó incienso y flores, que eran las ofrendas aceptables para Quetzalcoatl. A continuación, envió a sus mensajeros con un noble presente.

Comprendía gran cantidad de oro, las imágenes de varios dioses y dos libros mágicos, uno de los cuales tenía ya tres siglos de antigüedad y narraba la historia de la anterior encarnación de Quetzalcoatl como rey de los totecas casi mil años antes.

Con los tesoros, Moctezuma envió un mensaje de fraternal bienvenida y la promesa de entregar ricos presentes. Pero rogaba a los extranjeros que aceptaran los regalos y dejaran México pacíficamente. Por otra parte, Hernán sabía que, si no se llevaba algún botín notablemente rico, el gobernador de Cuba lo encarcelaría y probablemente obtendría permiso de España para ejecutarle.

No tenía otra alternativa que responder con un mensaje amistoso e insistir en que debía visitar al gran rey Moctezuma en la capital. Ce Mallinalli sabía que su destino le empujaría a luchar contra el terrible dios Huitzilopochtli, que había determinado que se la matara al nacer. Por ello, continuó con los españoles, aconsejándoles y ayudándoles; fue la amante de Cortés y le dio un hijo.

A Cortés le habían hablado del pequeño país independiente de Tlaxcala y hacia allí se dirigió en primer lugar. El consejo tribal de Tlaxcala decidió que sería aconsejable ayudar a los extranjeros a marchar sobre la tierra de sus antiguos enemigos, los aztecas, y, cuando la marcha prosiguió, los doscientos españoles iban acompañados de varios miles de guerreros de Tlaxcala. Tras muchas aventuras, llegaron al borde del valle de México.

Al subir el ejército español a las colinas sobre México vieron un bello lago y una ciudad de cuento de hadas con casas de tejado plano y grandes templos piramidales, pintados con vivos colores sobre superficies blancas plateadas. La ciudad era mayor que cualquiera de las de Europa y se llenaron de aprensión.

Al descender encontraron la entrada de un estrecho paso que cruzaba el lago y conducía a la ciudad. Allí vieron un enorme ejército de guerreros y nobles, vestidos de plumas y adornados con oro. A la cabeza venía el propio Moctzzuma, que llevaba un gran tocado de plumas, en la actualidad en el Museo Etnológico de Viena. Dio la bienvenida a los españoles y lesscondujo a uno de sus palacios. Todo parecía ir bien y durante algún tiempo existió una verdadera amistad entre los dos jefes. Junto a ellos estaba siempre Doña Marina, traduciendo fielmente.

Las primeras escaramuzas
De repente llegaron noticias de otra expedición española procedente de Cuba. El gobernador había enviado a Narváez, uno de sus mejores oficiales, para arrestar a Cortés y encargarse de la conquista de México. Cortés dejó a su ejército bajo el mando de Alvarado, su lugarteniente en México, y tomó una pequeña fuerza de sus compañeros más escogidos y valientes para enfrentarse a Narváez.

En un solo día se logró la victoria. Narváez fue enviado de vuelta a Cuba cargado de cadenas mientras la mayor parte de su ejército, con nuevos caballos y cañones, volvía con Cortés al dorado México.

Al llegar no fueron bien recibidos. La gente se escondía en sus casas y en ellas no se oía sonido alguno. Se avecinaban dificultades. Parece  que Alvarado se temió un ataque cuando en un gran festival los jefes guerreros aztecas bailaban ante sus sanguinarios dioses de la guerra. Alvarado atacó; con espadas de acero contra palos de madera, los aztecas no tenían ninguna posibilidad.

Cuando llegó Cortés, Moctezuma trató de establecer la paz, pero estalló una sublevación. Moctezuma salió al almenaje para calmar a su pueblo, pero un guerrero le arrojó una piedra. El emperador no estaba herido de gravedad, pero cayó y murió a los dos días.

Entonces se produjo un ataque. Cortés había decidido evacuar a su ejército de México durante la noche. Sus seguidores estaban cruzando el paso cuando un vigilante azteca dio la alarma. Atacados por ambos lados por guerreros en canoas, el pequeño ejército de los españoles se abrió camino, pero más de la mitad murieron. Cortés acampó aquella noche con escasas esperanzas.

De haber sido atacado al día siguiente, todo su ejército habría perecido. Sin embargo, tenía un aliado desconocido luchando por él. Entre el ejército de Narváez había un africano occidental educado en España que se llamaba Esteban. Este hombre había enfermado de viruelas y murió en México. La enfermedad se extendió rápidamente.

Los aztecas no tenían ninguna experiencia de ella y su acostumbrado tratamiento de baños de sudor contra la fiebre no servía para nada. La muerte en una forma desconocida era ahora el peor enemigo. Aunque en pocos días consiguieron reunir un gran ejército para atacar a Cortés y a sus aliados de Tlaxcala, fueron vencidos. Tras su derrota, la última de sus tribus sometidas se sublevó y los aztecas quedaron solos. El nuevo emperador fue Cuitalhuac, sobrino de Moctezuma, pero murió a consecuencia de la epidemia.

Entonces fue elegido el último jefe guerrero azteca, un valiente joven de diecinueve años llamado Cuauhtemoc, o Águila Descendente. Reforzó la defensa, pero los españoles colocaron barcos de vela con cañones en el lago e impidieron el paso de comida a la ciudad. Atacaron después de algunas semanas.

A pesar del hambre y la enfermedad, Cuauhtemoc mantuvo la lucha. Cortés prosiguió su ataque y, muy a su pesar, tuvo que destruir la ciudad casa por casa para poder avanzar. Al fin, entre montones de muertos, los españoles se abrieron camino hasta la gran plaza y el templo de Huitzilopochtli. Un capitán español de uno de los pequeños cañoneros vio una canoa que cruzaba el lago remando velozmente hacia la otra orilla. Pronto la atrapó y capturó a los hambrientos guerreros que la ocupaban.

Uno de ellos era el valiente emperador azteca Cuauhtemoc. Al mismo tiempo, empezó a arder el templo de madera situado sobre la gran pirámide y algunos dicen haber visto al dios de la guerra Huitzilopochtli volar a través de las llamas gritando su furor.

Después de la caída
México cayó el año 1521. Doña Marina, una vez cumplido su destino, dejó a Cortés y se casó con el joven español que había mandado la pequeña flota de cañoneros. Volvieron junto a la madre de la muchacha y la joven pareja vivió feliz y en paz. Los indios tomaron a su esposo por un «Taule» o ser divino y aceptaron su presencia como un honor. Se dice que ella fue enterrada en un túmulo de tierra, cerca de su hogar en Cempoalla.

ultimo emperador azteca

Un relieve del monumento a Cuauhtemoc, el último emperador azteca. Aparece a la izquierda, enfrentándose con gesto de desafio a Hernán Cortés y la muchacha india Ce  Malinalli.

Cuauhtemoc fue hecho prisionero y se le trató bien, pero era demasiado orgulloso para soportar el sometimiento. Finalmente, tomó parte en una conspiración para recuperar la libertad y matar a Cortés. Fue muerto en garrote y quemado. No obstante, es el brillante héroe nacional del actual México.

El imperio azteca cayó, pero no desapareció su cultura. Su grado de civilización era notable. Poseía una escritura ideográfica y su calendario se basaba en observaciones astronómicas. Su arquitectura, agricultura, arte textil y cerámica estaba a la altura de los países del Asia oriental.

La familia era monógama, el matrimonio era obligatorio y estaba prohibido el adulterio. Su lengua, el náhuatl, se habla aún en la mayoría de las regiones de México. Dejó el país lleno de monumentos y obras de arte, de los que se conservan importantes vestigios que son muy admirados.

Fuente Consultada: La Llave del Saber Tomo I Presente y Pasado del Hombre Ediciones Cisplatinas

Leyenda de la Fundación de Cuzco Historia del Inca Viracocha

Leyenda Inca de la Fundación de Cuzco
Historia de Viracocha

LA CIUDAD DE CUZCO: Cuzco o Cusco (ciudad), ciudad del sur de Perú, capital del departamento homónimo, ubicada a 3.360 metros de altura en los  Andes surorientales. Fue la capital del imperio inca en la etapa prehispánica, y hoy aún conserva muchos de los restos de aquella brillante civilización, como el templo del Sol o Corichancha, la fortaleza de Sacsahuamán y diversos muros, dinteles y calles.

También posee catedrales, palacios y otras obras civilesque fueron construídas por lo españoles en la época colonia.Sufrió varios terremotos y el de 1950 destruyó gran parte de la ciudad, aunque los monumentos históricos fueron restaurados cuidadosamente. En 1983 fue declarada Patrimonio cultural de la Humanidad. Población (2005), 103.836 habitantes.

mapa de cuzco en peru

El nombre dado a toda una civilización tuvo su origen en una pequeña familia. Los incas alcanzaron una   rápida   expansión;   su  imperio,   uno  de  los   más  fabulosos,   aún   sorprende   a  los  historiadores.

El cronista español Fernando Montesinos (hacia 1600-1655) escribió en su historia del Perú que los incas descendían de una dinastía de amautas (hombres sabios) que habían gobernado el país desde la ciudad de Tiahuanaco. Pero en el Perú de la época la historia seguía entremezclada con el mito, y otras crónicas peruanas cuentan que los incas y sus subditos creían que Inca Manco (fundador de la dinastía) y su hermana habían venido de la jungla del Amazonas con otros tres hermanos más o menos por la época de las grandes conquistas del Cid, hacia el 1066.

Los tres hermanos se convirtieron en rocas, pero Inca Manco y su hermana Mama Huaca continuaron el viaje. Su padre, el Sol, les había enviado a fundar su reino sobre la Tierra. Con ellos llevaban una cuña de oro que clavaban cada noche en el suelo junto a su campamento, hasta que por fin llegaron a un valle entre montañas donde había una pequeña ciudad. Aquello era Cuzco, el centro mismo del Perú, y allí se hundió profundamente la cuña de oro hasta desaparecer en la tierra.

Ya con más visos de realidad, el relato continúa diciendo que el pueblo de Cuzco recibió a los visitantes como seres divinos y los instaló en un pequeño palacio de piedra, permitiéndoles gobernar una parte de la ciudad. Dada la naturaleza semidivina de la joven pareja, no podían contraer matrimonio con mortales ordinarios, así es que se casaron entre sí y tuvieron hijos, considerados también como descendientes directos de Inti, el dios del Sol.

En la tercera generación los incas seguían gobernando únicamente la ciudad de Cuzco. Pero la cuarta capturó el valle de Urabamba, expansión que alarmó seriamente a las tribus vecinas. Al tropezar con una confederación de poderosas tribus chauca, el séptimo inca fue presa del pánico y su pueblo retrocedió. La familia condenó a muerte al débil y proclamó a su hermano Inca Viracocha como verdadero octavo inca. Tribal en sus orígenes, el término «Inca» se había convertido ya en una denominación jerárquica.

Dueños de la meseta Viracocha organizó una audaz campaña de ataques súbitos e inesperados contra el enemigo que le permitió destruir en muy poco tiempo toda oposición. Sus victorias hicieron a los incas dueños de toda la región de la meseta andina: era un imperio de dimensiones reducidas, pero hacía falta mucha habilidad política para gobernarlo. El terreno era abrupto, con pocos puentes y carreteras aceptables, y los pueblos hablaban varios dialectos del aimará y del quechua, dos lenguas muy distintas.

Si la familia Inca supo adaptarse a las nuevas circunstancias, fue en gran parte gracias a la influencia de Sapa Inca Viracocha, quien afirmaba que el mandato del dios Sol no era solamente gobernar y despojar a otras tribus, sino también organizarías y procurar beneficio a todos los que viviesen bajo el dominio inca. No obstante, había bastante diferencia entre ser el rey divino de mi pequeño valle montañoso y ser la cabeza sagrada de un estado unificado que abarcaba muchas tribus y ciudades.

ciudad de cuzco en peru

En las estrechas y sinuosas calles del Cuzco actual pueden verse aún restos de las murallas incas, hechas con gigantescos bloques de piedra, sirviendo de base a edificios más modernos.

El primer paso, y el más fundamental, era establecer la posibilidad de una mutua comprensión. El quechua, lengua de Cuzco, fue declarado lingua franca para todos los asuntos oficiales, aunque las tribus siguieron empleando sus propios dialectos para la conversación familiar. Se mejoraron las comunicaciones, se enlazaron los sistemas de carreteras ya existentes y se construyeron nuevos puentes sobre los profundos barrancos. Ya se conocían los almacenes, pero Viracocha estableció la ayuda mutua por todo el imperio enviando suministros, a medida de las necesidades, desde las zonas más prósperas a las regiones azotadas por algún desastre local.

La sorprendente victoria inca había llevado sus fronteras meridionales hasta el lago Titicaca, pero la costa seguía en poder de tribus enemigas. Así pues, Inca Viracocha animó a su hijo Pachacutec para que declarase la guerra al poderoso y rico señorío de chimú, cuya frontera sur estaba defendida por la gran fortaleza escalonada de Paramonga. La propuesta inca de una fusión pacífica de los dos imperios, en la que, como es natural, el chimú ocuparía un segundo lugar, había sido ya rechazada.

Pachacutec empezó por flanquear Paramonga, y después la tomó por asalto. A partir de ese momento, el país cayó rápidamente ante las tropas de ocupación incas, siendo un hijo de Pachacutec, Tupac, quien completó brillantemente la obra de pacificación.

Paradójicamente, la rápida caída del señorío chimú se debió en gran medida al alto grado de civilización de sus habitantes. Disfrutaban de muchas más comodidades que los pueblos de las tierras altas que mandaba el inca: sus ciudades eran prósperas, poseían finos vestidos, campos irrigados, industrias del metal y una vida fácil. Y no tenían ningún deseo de perder todo eso en una guerra inútil, así es que, tras la caída de su fortaleza principal, todos se rindieron tácitamente y, en compensación, fueron bien tratados.

El príncipe heredero fue trasladado a Cuzco, donde se casó con una princesa inca, para que los futuros gobernantes llevasen sangre inca en sus venas. Les despojaron de todos sus ornamentos de oro para llevarlos al templo del Sol, en Cuzco, pero se les permitió seguir usando plata y turquesas.

Fuente Consultada: La Llave del Saber Tomo I Presente y Pasado del Hombre Ediciones Cisplatinas

Religiones de los Pueblos Precolombinos Dioses y Creencias

DIOSES Y CREENCIAS RELIGIOSAS DE LOS PUEBLOS PRECOLOMBINOS DE AMÉRICA

Cuando los españoles llegaron a América, encontraron tres culturas florecientes: al norte, la de los aztecas; al centro, la de los mayas y, al sur, la de los incas. Esto hizo pensar, después, a los historiadores, que tales culturas fueron las únicas o las más relevantes. Con el tiempo, se demostró que no era así y que, antes, vivieron allí otros pueblos cuyo origen fue muy discutido.

Un sabio investigador checoslovaco  sostuvo que los americanos pertenecen a una sola raza y que llegaron al continente desde Asia por el estrecho de Bering. El antropólogo francés Paul Rivet formuló, en “Los orígenes del hombre americano”, otra teoría según la cual no existe unidad racial en América, ya que el hombre primitivo de este continente tendría varias procedencias: australiana, malaya, melanesia, polinesia, mogólica y esquimal. Mucho antes, el sabio argentino Florentino Ameghino sostuvo que los americanos eran autóctonos del Nuevo Continente y que el hombre apareció en el plioceno, último período de la era terciaria y no en la época cuaternaria.

dioses precolombinos

De todas maneras, aquellos remotos antepasados nómades, poca relación tuvieron con los pueblos agrícolas que se dedicaron especialmente al cultivo del maíz-planta gramínea de origen americano- en los valles fértiles donde actuaron. Se dice que esta afición la heredaron de los indios “pueblo”, descendientes, a su vez, de los “basket-makers” o “cesteros”, que habitaron al SO de los EE.UU.

Los aztecas, que Hernán Cortés encontró al llegar al valle de México, se habían establecido en ese lugar poco antes: en el siglo XIV. Previamente, habitaron allí los teotihuacanos cuya vasta cultura de tipo religioso tuvo su centro en Teotihuacán, ciudad sagrada cuyas ruinas siguen provocando el asombro de quienes las visitan.

El conjunto de innumerables edificios, pirámides escalonadas y terrazas, ocupa un amplio predio a cuyo frente se halla -entre restos de tumbas monumentales- la Avenida de los Muertos. Hay allí dos gigantescas pirámides o “teocalis”, dedicadas al culto del SoL y de, la Luna. En la cúspide de este último templo fue encontrada la imagen de una divinidad acuática, ya que el ciclo lunar está relacionado con las mareas y con la lluvia.

Todo esto, por igual que los motivos que aparecen en diversas esculturas, pinturas murales y cerámicas, revelan una vida religiosa trascendente. Después de los teotihuacanos, prevalecieron los toltecas, a quienes, durante un tiempo, se consideró maestros de los aztecas, hecho que no logró comprobarse. Su dios más importante fue Quetzalcoatl, palabra compuesta de “quetzal” (ave de hermoso plumaje) y “coatí” (serpiente), que significa “serpiente emplumada”. Bajo este nombre, parece haber actuado el primer jefe de los toltecas, hombre justo y civilizador, el que les enseñó los secretos de la escritura jeroglífica y la forma de aprovechar mejor la agricultura.

Los toltecas y otro pueblo (los olmecas), emigraron luego hacia Yucatán y  Guatemala, la belicosa llegada delos chichimecas. El dios principal de éstos fue Tlabloc, dioa de la lluvia y de las tormentas, cuya monumental estatu puede verse, en México, cerca del Museo de Antropología.

Tlaloc no sólo simbolizó la divinidad máxima de los chichimecas, sino también la de todos los nahuas, estirpe a la que pertenecieron las diversas tribus invasoras, entre ellas la de los aztecas. Según cuenta la leyenda, Tlaloc disponía de cuatro recipientes con agua, valiéndose de los cuales las nubes regaban la tierra; cuando el dios se enojaba, cundía el sordo ruido del trueno, iluminado por los relámpagos de su ira. Otros pueblos, como los tarascos, totonacas, mixtecas y zapotecas, habitaban en México cuando llegaron los españoles.

Sus costumbres y su religión perduraron, junto a la hispánica, durante varios  siglos.  Entre ellos sobresalieron los aztecas, que fueron los últimos en llegar desde norte y que, por igual que otras seis tribus  nahuas, emigraron hacia el sur en un prolongado éxodo que terminó cuando los aztecas fundaron la ciudad de Tenochtitlán.

Los mayas pertenecian a una raza distinta a la de los nahuas , pero como ellos vinieron del norte y se establecieron en Yucatán , Guatemala y Honduras. Se dice que ninguna civilización americana los superó. Sobre su religión, informan algunos libros sagrados, donde puede leerse: “Al principio sólo existían el mar y el cielo, por encima y por debajo de los cuales se extendían las tinieblas . .. Luego fue creada la Tierra, donde vivieron el hombre y los animales .. . Siguió una lluvia espesa y vinieron cuantiosas inundaciones. Pero antes que terminara el diluvio se reunieron los dioses e hicieron salir el sol, la luna y las estrellas, por encima de todo”.

En Honduras, donde los mayas adoraron también al Sol y a la Luna, vincularon a esta última con la “leyenda de la Mujer blanca” que tuvo tres hijos, entre los cuales dividió su reino, antes de desaparecer, como si fuera un pájaro.

Los incas gobernaban el Perú, Bolivia, parte de Ecuador y el norte de Argentina y de Chile, cuando llegaron los españoles. Antes que Cuzco fuese la capital de ese vasto imperio, destacóse la cultura de Tiahuanaco –importante centro religioso, a orillas del lago Titicaca– y, también, las de lca y Nazca, la cultura chimú y, más al sur, la de los collas y aymaráes.

En Tiahuanaco puede verse el dolmen conocido como Puerta del Sol, divinidad que presidía el culto incaico y su vasto imperio: el Tahuantinsuyo.

Superadas algunas creencia totémicas, y especial zoomorfas (de animales) , destinadas a adorar el águila y la serpiente (perpetuados en la actual enseña nacional) y otros animales como el puma, el jaguar, los incas tuvieron algo así como una trilogía de dioses creadores: Manco Capac, el primer emperador que se dedía hijo del Sol, Viracocha señor de todo los creado , quien realizar una serie de milagros desapareció sopresivamente y Pachacama dignidad absoluta reinaba por encima del Inti (el Sol), Quila (la Luna), Pachamama (la Tierra).

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Fuente Consultada:
Enciclopedia Ciencia Joven Fasc. N°35 Edit. Cuántica Dioses de Pueblos Precolombinos

La Piedra del Sol del Calendario Azteca Características

PIEDRA DEL SOL: MONOLITO AZTECA CALENDARIO

Al contemplar en el modernísimo Museo de Antropología de la ciudad de México la Piedra del Sol, esta reliquia maravillosa, compendio de la astronomía indígena vinculada con temas premonitorios de la suerte corrida, luego, por los aztecas y los mayas, una especie de rara emoción embarga al observador.

Se trata de un enorme bloque basáltico completamente tallado, escultura sobre roca volcánica, color verdinegro, que pesa 24.000 kilogramos. El disco, de tamaño descomunal, cuyo diámetro supera los tres metros y medio, estuvo “policromado con colores afines a su simbolismo”.

piedra sol calendario azteca

En este gran monumento de piedra está tallado los conocimientos astronómicos de la civilización azteca. Para tener idea de su magnitud, en 1964 se empleó casi un mes de tiempo para transportar este monolito hasta el Museo Nacional  de Antropología.

Así lo aseguran los técnicos, basándose en restos de pintura, que se hallaron en los bordes de algunos relieves. El antropólogo mexicano Carlos Navarrete hizo un detallado análisis sobre “la Piedra del Sol”, publicado en 1968. Señaló en él que todos los elementos que aparecen en el disco, giran en bandas alrededor del centro, donde se encuentra la cara del Sol, llamado Tonatiuh. Este presenta la boca abierta y entresaca la lengua para irradiar su fuego, que es la luz. A ambos lados de esa cara pueden verse unas extrañas deidades que aprisionan entre sus garras corazones humanos, ya que el dios solar es un águila que se alimenta con esa sangre.

La valiosísima escultura fue descubierta,  en la Plaza Mayor de México, el 17 de diciembre de 1790. Y, tras quedar depositada en la Catedral, fue trasladada en 1885 al Museo Nacional. De allí, en 1964, pasó al Museo Antropológico, donde se encuentra actualmente.

Según los aztecas, nuestra era fue precedida por otras, imperfectas, que diversos cataclismos destruyeron. Esas edades están representadas por cuatro soles complementarios: el Sol Tigre (que devoró a los primeros pobladores, de talla gigantesca), el Sol del Aire (cuyos grandes huracanes barrieron los campos y destruyeron las cosechas), el Sol de la Lluvia de Fuego (de origen volcánico) y el Sol del Agua (tiempo en el cual, tras derrumbarse el cielo, sobrevinieron grandes inundaciones).

Después comenzó la época del quinto Sol, que es la del mundo en que vivimos. Y este mundo se divide en años y esos años en dieciocho meses de veinte días que, sumados a otros cinco complementarios, hacen un total de 365.

Otras franjas, en jade y en turquesa, diferentes por su color verde al del basalto, completan el calendario. Y todo simboliza un viaje que el rey de los astros efectúa a través del cielo donde, cada mañana, debe entablar un combate con la Luna y las estrellas para poder elevarse, como un águila, y dar luz y calor a la humanidad.

Los pueblos precolombinos de México  determinaron la duración de año con tal grado de exactitud como pudo hacerlo el papa Gregorio XIII cuando muchos siglos después, reformó el calendario cristiano.

AMPLIACIÓN:
1978: UN IMPORTANTE DESCUBRIMIENTO:
EL HALLAZGO DE UNA MISTERIOSA DIOSA AZTECA

Una mañana de febrero de 1978, varios obreros de la Compañía Mexicana de Luz y Fuerza hallábanse excavando en una esquina céntrica de la ciudad de México. De pronto, uno de ellos sintió que su piqueta golpeaba contra algo duro. Siguió excavando, porque aquello era más grande de lo que suponía.

Poco a poco, y ahora ayudado por sus compañeros, descubrió, a dos metros de profundidad, la parte superior de una gran piedra circular tallada. Lo que no imaginaba el obrero era que aquella mañana había descubierto la representación de una fascinante diosa de la mitología azteca.

diosa azteca

Informado el Instituto Nacional de Antropología e Historia, concurrieron los arqueólogos y al contemplar la piedra circular descubierta comprendieron su extraordinaria importancia.

De inmediato se iniciaron los trabajos arqueológicos necesarios y a los pocos días, como un mensaje del pasado, emergió la figura de Coyolxauhqui.

Ahora bien, ¿Quién era Coyolxauhqui?

El hallazgo dio origen a controversias entre los entendidos. La mayoría de los investigadores se inclinó por afirmar que se trataba de la diosa de la Luna, cuyo nombre quiere decir: la que se adorna la cara con cascabeles, porque dichos cascabeles aparecen en el rostro de la talla encontrada.

En la mitología azteca, Coyolxauhqui era la diosa lunar, hija de Coatlicue, divinidad de la Tierra y de la Muerte.

Los arqueólogos han destacado la belleza de la gran piedra descubierta. Los artistas indígenas que la trabajaron destacaron en relieve los brazaletes, las serpientes de dos cabezas, las sandalias y los mascarones que porta la diosa.
Indudablemente, esta obra de arte azteca es un mudo mensaje del pasado que intriga al hombre de hoy, porque para nosotros esa piedra colosal que nos asombra revela el elevado sentido artístico de aquel mundo mágico que todavía debemos interpretar.

Fuente Consultada:
Dimension 2007 Edit. Kapelusz 7°Grado
Ciencia Joven Tomo V Diccionario Enciclopédico Edit. Cuántica

Pieles Rojas Historia Costumbres Vida y Religión

Pieles Rojas, Su Historia
Costumbres Vida y Religión

Antes de la llegada de los europeos habitaban América unas cuatrocientas grandes tribus de indios. Vivían principalmente de la caza, aunque también cultivaban algunos productos. Después del descubrimiento de América, los colonos impusieron a los indios pesados trabajos. Cuando se constituyó en país independiente, Estados Unidos tendió a la coexistencia pacífica con los indios; pero, en el siglo XIX, la afluencia de adelantados al oeste trajo consigo incontables conflictos y se establecieron las primeras «reservas». En la actualidad, los indios buscan cada vez más integrarse en la sociedad moderna.

Cuando los primeros europeos abordaron el continente americano vivían dispersas en él unas cuatrocientas tribus. El norte extremo lo habitaban los esquimales, que llevaban allí una existencia nómada y bastante primitiva y carecían de otra organización social distinta de la familia.

Los pieles rojas, por el contrario, conocieron una organización neolítica que heredaron de sus antecesores. Encendían fuego golpeando uno contra otro dos pedazos de sílex, empleaban utensilios de piedra, confeccionaban cestos y adiestraban a los perros convirtiéndolos en animales domésticos. No eran muy numerosos; se estima que hacia el año 1600 había en América unos ochocientos mil pieles rojas, doscientos cincuenta mil de los cuales, aproximadamente, residían en la región situada entre la costa del Atlántico y el Mississipí.

Eran tribus reducidas, todavía más debilitadas por sus luchas intestinas. Los de las «cinco naciones», los iroqueses, eran de entre todos los más poderosos. Al norte y al oeste de su territorio residían sus mayores enemigos: los hurones y los álgonquinos. Estas dos tribus habitaban los bosques que pueblan la región de los grandes lagos. Su civilización se caracteriza por el hecho de que conocían los metales y practicaban la alfarería. Además de ellos, las tribus más conocidas del sureste de Estados Unidos eran los creek, los cherokees y los seminóla, en tanto que el oeste lo poblaban los piute, los siux y los cheyenne.

En todas esas tribus encontramos una especie de literatura primitiva constituida por relatos relacionados con los dioses y los antepasados y que se transmitían de padre a hijo. Poseían cierta organización política, principalmente confederaciones de tribus.

De todas maneras poca es la historia que nos ha llegado de los pueblos pieles rojas de Estados Unidos llamados así, no por el color de la tez, sino porque era de un subido color rojo la pintura con la que se maquillaban para entrar en combate. Pero los restos de alfarería primitiva encontrados en Norteamérica, conforme a los estudiados con las modernas técnicas del carbono 14, nos hablan de asentamientos nativos anteriores a los pieles rojas, hacia el 30.000 a.C, mas poco se sabe sobre el origen de estos antiguos habitantes de América del Norte.

En cuanto a los actuales pieles rojas, se sustenta la teoría de que provenían de Asia, de la que emigraron a través del estrecho de Behring. Los rasgos mongólicos más pronunciados entre los esquimales, están menos acentuados entre estos pueblos pieles rojas, tal vez por la mezcla con los primigenios nativos a los que aludíamos antes.

Cuando se habla de la cultura azteca, maya, inca o aymará, se piensa de inmediato en colosales pirámides, en imponentes templos astrológicos, en culturas cosmogónicas y sociales de tal envergadura que asombraron -y alarmaron- a los europeos conquistadores recién llegados. Frente a tanta imponencia y avance cultural, la civilización de los pieles rojas de Norteamérica aparece deslucida o de menor envergadura.

Cuando llegaron los primeros colonos, las tribus que vivían hacia el este ide Norteamérica, como los algonquinos, iroqueses y hurones, habían formado un consejo de cinco naciones coaligadas, una especie de unión panamericana de piele rojas de la zona oriental, con un gran jefe, el cacique Hiawatha, a la cabeza.

Aldea de pieles rojos constituida por tiendas típicas. En círculo, alrededor del fuego, se encuentran reunidos en Consejo los ancianos de la tribu.

Se ha comprobado que existían 12ramas lingüísticas, cada una tan diferente de las demas como pueden serlo hoy el alemán y el persa, el ruso y el castellano, o el inglés y el italiano. Además de esas 12 ramas se hablaban dialectos varios, de tal suerte que al llegar el hombre blanco, había alrededor de 2.000 lenguas habladas por los primitivos americanos pieles rojas.

Vivían en las tiendas llamadas tipi, hechas con cueros de bisonte, sosten idas poi 3 o 4 palos. Otras tribus fabricaban casas rectangulares, hechas de ramas, hojas y paja, llamadas wigwan o también hagan entre los navajos.

Pieles Rojas Sitting Bull

Sitting Bull, célebre jefe siux

ORGANIZACIÓN SOCIAL
Los pieles rojas estaban divididos en diversas tribus, cada una de las cuales tenía su propia tradición y sus leyes, f hablaba un dialecto a menudo incomprensible para las otras. En casos de especial necesidad, algunas tribus se reunían en confederaciones.

La tribu era gobernada por un jefe, que, no obstante, no tenía autoridad absoluta. Él era, más que otra cosa, un jefe guerrero y el ejecutor de la voluntad del pueblo. Los ancianos de la tribu, reunidos en torno al fuego del Consejo, expresaban su voluntad.

La contemplacíón de la naturaleza invitaba a los indios a recogerse en meditación y plegaria: ello los movía e elevar su corazón a Dios.

En algunas tribus, y en casos excepcionales, también participaban de estas reuniones las mujeres y los jóvenes. Pero prevalecía siempre el parecer de los ancianos, más ricos en experiencia y, por ende, más sabios. Una vez tomada una decisión, todos la acataban.

El jefe de la tribu mantenía su cargo mientras la edad se lo permitía. Luego, él mismo designaba su sucesor, que podía ser su hijo o su hija. Este nombramiento debía ser aceptado por todos los notables de la tribu, es decir, por los guerreros que habían realizado el mayor número de hazañas gloriosas. Si éstos indicaban como jefe sucesor a otro guerrero que había demostrado ser más valeroso que el heredero legítimo, este último debía, sin más, cederle el título.

Tabajaban la tierra y cultivaban maíz, tabaco, zapallo, yucas, porotos, pero también sacaron de ella plata y turquesas. Durante los siglos que duró la i«(Ionización española, los navajos atacaron los centros poblados en busca de caballos, bebidas y mujeres, pero en el año 1860, EE.UU. ocupó la región de Arizona y Nuevo México.

En 1864, Kit Carson con sus tropas derrotó a los navajos en la célebre batalla de Bosque Redondo en Nueva México. En 1868 establecían una reserva para ellos en Arizona, donde tuvieron una suerte muy dura por la escasez y pobreza de las tierras. La población navaja asciende hoy a 100.000 personas, y viven en una comarca que apenas aporta alimentación para 35.000.

Hasta hoy la mayoría de los nombres de estados y ciudades en EE.UU. conservan o derivan de nombres del idioma indio: Dakota, significa “aliados”; Oklahoma, “el pueblo rojo”; Iowa, “los dormidos”; Kansas, “una brisa cerca del suelo; Kentucky, “el suelo oscuro y sangriento; Illinois, “la tribu de los hombres perfectos”; Texas, “amigos”; Idaho, “buenos días”; y Mississippi, “padre de las aguas”.

En la frontera con California hay varias reservas de tribus indias: arapahos hacia el oeste, apaches y navajos hacia el noreste en los límites del territorio de Nueva México. Hasta el día de hoy hay localidades, dentro del mismo estado de Arizona, que llevan nombres de distintas tribus que fueron los primitivos y auténticos habitantes de esta región: Coconinos al norte; en el centro Yavapai (Aguas claras). Incluso el nombre de Cochise que fue el caudillo que educó al famoso indio Jerónimo, figura al sur del estado de Arizona, en el 1 imite con México.

Una forma habitual para comunicarse entre las tribus eran las señales de humo que se lograban colocando una manta en forma intermitente sobre una fogata encendidacon madera verde para que les asegurara un buen fuego con humo.

Una tribu de cualquier clase estaba constituida por varios clanes y en cada uno de ellos regía un anciano magistrado elegido por el clan en cuestión, llamado Sachem. Pero a su vez, los jefes guerreros de cada clan eran los Natani, elegidos en ceremonias sagradas. Varios Sachem formaban un Consejo de Ancianos o Jefes Mayores, los que eran comandados por un gran cacique. La categoría de estos últimos se destacaba por el revestimiento de ornamentos de plata y cuentas de arcilla y piedras coloreadas alrededor del cuello, pero sobre todo por el típico tocado confeccionado con plumas de águila.

Cada guerrero de cualquier tribu podía ataviarse con plumas de águila de acuerdo a los coups o encuentros con enemigos armados como él, en las frecuentes guerras entre tribus rivales. Así como un piloto de la RAF, durante la última guerra mundial, solía pegar una cruzde hierro en la carlinga de su avión por cada aeronave nazi derribada por él, también en la misma forma los guerreros pieles rojas, contabilizaban por cada coups una pluma timonera de águila.

Las plumas recortadas de cuervo indicaban que había sido herido en acción. También se diferenciaban los guerreros pieles rojas con los de otra tribu por la colocación de las plumas, como los clanes escoceses en la elección de los colores y el dibujo de las telas. Pero siempre las plumas del cóndor y el águila eran las favoritas, pues eran aves que estaban más cerca del cielo y de los dioses y simbolizaban el acuerdo del hombre con Manitú.

Los hombres que oficiaban de curanderos-chamanes de la tribu, denominados Wakan, llevaban el cabello recogido con un moño y sus revelaciones y consejos eran escuchados y seguidos respetuosamente por el resto de la tribu. También oficiaban de sacerdotes para casar a las parejas.

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Muerte del  general  Custer  (1876);
episodio de la  lucha entre blancos y pieles rojas

RELIGIÓN
“Padre mío, que estás en todas partes, y por quien estoy vivo: tal vez ha; sido Tú quien, por obra de los hombres, me has colocado en esta situación pues eres Tú quien lo dispone todo. Y como nada es imposible para Ti, líbrame de mis enemigos, si lo consideras justo. Y ahora, a vosotros todos, peces de los ríos, pájaros del cielo y animales que corréis sobre la Tierra, y a ti, oh Sol, os ofrezco este mi caballo. Vosotros, pájaros del aire, y vosotros, habitantes de la pradera, sois mis hermanos, porque un solo Padre nos ha creado, y veis cómo soy infeliz. Entonces, si tenéis algún poder ante el Padre, interceded por mí.”

Esta hermosa plegaria fue pronunciada por un indio de la tribu de los pawnees, cuando se hallaba en una situación desesperada. En ella encontramos no sólo la expresión de fe en un Dios, padre justo y amoroso de todas las criaturas, sino también el sentido de una profunda resignación a la voluntad divina y el concepto de la omnipresencia de Dios.

Las diferentes tribus pieles rojas llamaban al Gran Espíritu Creador con distintos nombres: “Manitú” (Gran Manito), los algonquines; “Wakonda los síux; “Yastasinane” (que significa “capitán del cielo”), los apaches. Además, veneraban todas las manifestaciones de la naturaleza: el Sol, la Luna, el Aire, el Agua, el Fuego. A estas fuerzas misteriosas dedicaban largas oraciones silenciosas, o ritos complicados y enigmáticos, como la Danza del Sol. que bajo la guía de los hechiceros, a veces se prolongaban durante días.

GUERRAS
” Apesar de tantas luchas, he tenido la suerte de no derramar nunca la sangre de una mujer o de un niño, ni siquiera involuntariamente”. Así se expresaba Gerónimo, un gran jefe apache, dando fin a la narración de sus aventuras guerreras.

Las tribus pieles rojas guerreaban frecuentemente entre sí por los motivos más fútiles. Bastaba que dos tribus se encentraran simultáneamente en un mismo territorio de caza para que la guerra fuera inevitable. Sin embargo, fueron combatientes leales: ni las mujeres ni los niños de los vencidos eran nuertos; los prisioneros eran respetados, y los tratados, aunque  solo  fueran  verbales,  se observaban escrupulosamente.

Para algunas tribus, como los apaches, los comanches y los siux. la guerra no era más que un tipo particular de caza que concluía con la captura de los caballos de la aldea atacada. Prestamente, la ilustración representa un método empleado por los comanches para atacar de sorpresa a una aldea. Los jinetes se mantenían agarrados al cuello de los caballos, escondiéndose tras uno de sus flancos, y se acercaban al poblado simulando ser ana manada en pastoreo. Luego, de improviso, los guerreros se erguían decididos y se lanzaban denodadamente al ataque.

LA    CAZA
El otoño era la estación de las grandes cacerías. La tribu se trasladaba continuamente en busca de manadas de búfalos, que galopaban hacia el sur. Había manadas tan numerosas que a veces se extendían hasta sesenta kilómetros, y ccntinuaban pasando durante cinco días seguidos. Los jinetes se situaban en los flancos de la manada, y sus flechas, casi siempre certeras, se clavaban en la juntura del lomo de los bisontes. Un procedimiento más audaz para abatir a la presa era saltar de la grupa del caballo sobre la del risonte y clavarle un cuchillo en la garganta.

Los pieles rojas sabían utilizar la carne y otras partes de este animal. Con la piel aún cubierta de pelos, hacían camas, mantas y capas. Después de haberla raspado la usaban para fabricar tiendas, piraguas, escudos, ropa y calzado. Los huesos servían para preparar utensilios (palas, arpones, puntas de flechas, agujas, ornamentos); los tendones y los intestinos eran transformados en cuerdas para arcos, lazos y ataduras; los cuernos hacían las veces de recipientes; los cascos daban una gelatina que se empleaba como cola; el cerebro servía para el curtido de las pieles.

LAS    DANZAS
Los pieles rojas fueron famosos, además, por las fantásticas danzas que ejecutaban en distintas ocasiones. Había danzas de carácter religioso que servían para solicitar al Gran Espíritu una lluvia, una caza abundante, o la victoria en la guerra. Otras danzas, que se ejecutaban inmediatamente antes de una batalla, tenían por objete exciear a los guerreros para la pelea. A menudo, en la excitación los guerreros se excedían; el resultado era, así, opuesto al deseado, pues llegaban a la batalla físicamente extenuados. Otro tipo de danza, que tenía carácter de espectáculo, consistía, generalmente, en la narración mímica de una  hazaña guerrera.

PARA SABER MAS…
Las religiones: Como todos los pueblos antiguos, no sólo de América del Norte, Centro y Sur, sino de Europa, Asia u Oceanía, la figura del sol era tan importante como la de la Luna. Se le adjudicaba al primero la jerarquía, la cacería, la acción de la naturaleza, el cacique, la paternidad, mientras que la segunda estaba parangonada con la noche, el reposo, las aguas, los misterios, la maternidad, el medicine-man (wakan). También adoraban al viento y al rayo al que temían y representaban como una culebra en movimiento, por ello muchas tribus se abstenían de matarlas. Más bien las veneraban y danzaban como los Hopi en ceremonias mágicas y secretas.

Creían que existíaun Gran Espíritu y también otros menores que vivían en cada hombre, en cada animal, lago, árbol, pasto y hasta en las piedras.

Así, para los espirituales indios Hopi, el monte era sagrado y el mundo material y su relación con los espíritus no tenían fronteras limitantes. Cualquier terrón de la tierra era sagrado y como tal habitado por seres sutiles, Además del Sol y la Luna existían las Personas de los Hombres, las Personas de la Tierra, las Personas del Agua, y las Personas del Viento. Esto último coincide con las leyendas de las culturas europeas y orientales sobre los genios que habitan los distintos elementos (hadas, salamandras, sílfides, elfos, etc.)

Entre los zuñies y pawnees, existía la creencia de que las sombras que dejaban en el suelo al caminar, eran sus almas y que cuando fallecían se reunían en un lugar desolado al que ningún miembro vivo de la tribu podía acceder.

Todos los muertos hacían un  largo viaje hacia los cielos y formaban juntos la Vía Láctea, cualquiera hubiera sido su rol en la vida. Las estrellas brillantes, sin embargo, eran los espíritus de los bravos guerreros que cabalgaban, por siempre, los campos celestes del Gran Manitú.

El hombre blanco al llegar a América descubrió muchas cosas importantes y cubrió otras de miseria y olvido. Pero entre las primeras, encontró un verdadero tesoro de leyendas: mellizos que viajaban al sol, aves que raptaban a hermosas doncellas, mujeres arañas librando gente de un diluvio. Al igual que otros escritores o narradores de mitos del resto del planeta, estos pieles rojas contaban la creación del mundo: como se descubrió el fuego, como brotaron las plantas y fueron creados los hombres.

Pero los mitos que los conquistadores escucharon y perpetuaron no eran simples fábulas. Eran herencia sagrada que explicaban las fuerzas de la naturaleza y daban un contenido vital a los cantos y danzas primigenias del ceremonial religioso piel roja. (Fuente: Huellas del Cielo Norma Palma de Sindona)

Ver: Los Bisontes de la Pradera Norteamericana

Fuente Consultada:
Enciclopedia Estudiantil Ilustrada Tomo III Los Pieles Rojas
Huellas del Cielo Norma Palma de Sindona

Los Cocomes Mayas Colapso de la Civilización

COCOMES
Los jefes mayas pertenecientes a la familia de los cocomes se establecieron en el distrito de Zotuta y eran llamados los chels. Ocuparon la región de Tihoo, cerca de Mérida. La zona maya comprendía políticamente cierto número de ciudades estados, situación semejante a la de la antigua Grecia en la época de Atenas y Esparta.

Cada estado estaba gobernado por un Halac Uinic (palabra que significa hombre verdadero). La sociedad maya estaba al igual que en la India, dividida en cuatro clases según los cuatro signos cardinales astrológicos: las castas militares hacia el Este = Aries, los nobles hacia los barrios del Oeste = Libra, los sacerdotes hacia el Sur=Capricornio, el común del pueblo (Cáncer), los esclavos (Luna) y los prisioneros de guerra hacia el Norte. Los centros más importantes del antiguo imperio fueron los de Copan, Guiricuá, Piedras Negras, Tikal, Uaxctún, Palenque y Yaxchilán.

Cocomes Mayas

En Copan, en Honduras, la belleza de los templos es impresióname y las piedras desenterradas han tomado un color rosado pálidoque les confieren los hongos locales. En uno de los templos su escalera tiene 27 metros de largo por 10 de ancho y en lo alto un enorme bloque apunta hacia el cielo, para registrar un eclipse solar.

Fue una de las primeras ciudades mayas abandonadas y por ello una de las últimas fechas inscriptas es del año 805 d.C, 64 años antes de la última fechu tallada en Tikal.

Copan era un punto especial para la observación de los astros por la limpidez del cielo. Según expresó S. Morley, un estudioso especialista en cultura maya, el templo de Copan fue erigido en el 764 en recuerdo de un importante eclipse.

En Tulum, a 131 km.de la moderna ciudad de Cancum, se halla una importante zona arqueológica con templos donde aparecen deidades como el Sol, la Luna, Venus y otras estrellas, en franjas ribeteadas de serpientes entrelazadas: la figura de Escorpio,  la serpiente emplumada, que aparecerá una y otra vez como sabio límbolode la vida, la muerte y la resurrección plutónica.

Palenque. Es un Templo de 23,40 metros de longitud por 16 metros de altura, ron 9 terrazas superpuestas, con 620 glifos esculpidos, lo que le ha valido su nombre de Templo de las Inscripciones. Debajo se hallael famoso «astronauta» en jade, del que tanto han hablado. Dániken, Benavidez y otros escritores ovniólogos.

Al observar la pirámide de Palenque asombran sus inscripciones. Mientras las de Chichen Itzá y Uxmal, parecen que esperaran al turista al borde de rutas macadamizadas, las de Palenque están como ancladas en la selva. Aparecen como palacios dorados por la luz, en medio de los árboles, templos casi intactos mientras pájaros de plumas multicolores vuelan por la plaza de la ciudad abandonada hace 50 generaciones y donde de noche a veces vienen a refugiarse los jaguares.

Fuente Consultada:
Huellas del Cielo de Norma Palma

Ubicacion Geografica de Mayas Incas Aztecas Lugar que Habitaron?

MAPA DE UBICACIÓN GEOGRAFICA CIVILIZACIONES AMERICANAS

MAYAS Los Mayas se situaron en los estados mexicanos de Yucatán, Campeche, Tabasco y Chiapas. En la mayor parte de Honduras, Belice, y Honduras.
AZTECAS Los aztecas se ubicaron en la zona del centro y sur del actual México, en Mesoamérica, entre las costas del Pacífico y el Atlántico.
INCAS Su dominio se expandió por mas de 4000 kilómetros, incluyendo el altiplano y la costa Peruana, gran parte del altiplano de Ecuador, el norte chileno, parte del Este de Bolivia y parte del norte de Argentina.
CHIBCHAS Los Chibchas se habitaron en la rama oriental de los Andes y el río Magdalena, siendo asiento principal la meseta de Bogotá (Colombia)
Cuadro Comparativo Entre las 4 Culturas

 El Arte Maya

Asesinato de Atahualpa Emperador Inca Pizarro Conquista Perú

Asesinato de Atahualpa Emperador Inca

Asesinato de Atahualpa:

Antes de la llegada de los conquistadores españoles a Perú, así como a toda América central y del Sur, los incas constituían un potente imperio que puede colocarse entre los grandes edificadores de la historia universal.

En la época en que llegaron los conquistadores españoles, en la primera mitad del siglo XVI, los incas se encontraban divididos; el trono y el poder estaban siendo disputados por dos pretendientes: Huáscar y Atahualpa, que contaban con el apoyo de parte de la aristocracia. Es en este momento cuando los españoles, conducidos por Francisco Pizarro, irrumpen en escena y comienzan sus campañas de conquistas en el año 1532.

Tal fue el imperio que los españoles descubrieron. Ellos, los fieros individualistas, violentos y ambiciosos, se encontraron ante un pueblo pasivo y resignado. No lo comprendieron ni podían comprenderlo. Por eso la historia de la conquista abunda en hechos difíciles de explicar para nosotros que disfrutamos de la perspectiva del tiempo, pero que nos obstinamos en juzgar a los hombres de otras épocas con nuestras ideas de hoy.

atahualpa

En principio se enfrentaron a las fuerzas de Atahualpa, mucho más numerosas que las españolas, pero muy impresionadas por el armamento y en especial por los caballos y trabucos de éstas.

Los españoles lograron ganar la confianza de Atahualpa y atraerle a su campamento de Cajamarca, donde mataron a sus acompañantes y le hicieron pasionero. Exigieron al pueblo privado de su jefe, un fuerte rescate en plata y oro, y aunque este rescate se pagó, los españoles mataron a Atahualpa. Ya que en el intervalo Huáscar había sido igualmente hecho prisionero y ejecutado con el asentimiento de su rival, los españoles tenían el campo libre.

Este acontecimiento histórico, el asesinato de Atahualpa, produjo la más viva indignación en Europa:  Tratemos de explicar la actitud de Francisco Pizarro, colocándonos en aquel medio, al día siguiente de realizarse, a traición, la prisión del Inca.

Los españoles de Cajamarca vivían en constante zozobra  temían una insurrección general de los indios. Tenían la prueba de que Atahualpa continuaba desde la prisión, dando órdenes en la provincia y, particularmente, que había hecho ahogar a su hermano y rival Huáscar, que ambicionaba probar ante los españoles sus derechos a la corona.

¿Qué hubiera podido hacer aquel puñado de europeos si el imperio proclamaba una especie de guerra santa contra ellos?

Por otra parte, los soldados de Almagro, llegados después de la captura del Inca, habían recibido apenas una porción mínima del rescate de dicho soberano y exigían la marcha sobre el Cuzco, cuyas riquezas se ponderaban. Atahualpa resultaba molesto y sin tardanza había que deshacerse de él.

Por último, un indio de la costa, llamado Felipillo, parece haber desempeñado un gran papel en este drama. Había tenido, en efecto, relaciones culpables con una mujer de Atahualpa, y temía ser castigado si éste recuperaba el poder, por lo cual esparcía rumores de rebelión de indios e incitaba a los soldados a pedir la cabeza del soberano.

Siguiendo con la historia, en 1533, Cuzco, la capital del imperio incaico, que contaba en esta época con unas doscientas mil almas, fue tomada, saqueada y devastada. Dos años más tarde, Pizarro fundó Lima, la actual capital del país. A pesar de que los indios se sublevaron en diversas ocasiones contra los conquistadores, los españoles no tardaron en consolidar su dominación.

Los papeles principales los desempeñaron Pizarro y Almagro, ambos ayudados por los miembros de su familia. A causa de las discordias entre ambos, Almagro fue decapitado, pero poco después, Pizarro, que era gobernador de Lima, fue asesinado.

La conquista de Perú por los españoles entraña la ruina de la civilización de los incas. Los españoles impusieron sus costumbres a los vencidos.

Su régimen tuvo algunas ventajas. Desde el principio marcharon a Perú religiosos que se convirtieron en defensores de los indios; son numerosos los que desempeñaron de modo ejemplar esta noble tarea; contribuyeron eficazmente a la unión de dos civilizaciones:  la india y la española.

Algunos años después de que Pizarro conquistara Perú, los españoles descubrieron importantes yacimientos de plata en Potosí; a pesar de que estaban situados a una altitud de 4.800 m, llegaron a ser uno de los principales yacimientos argentíferos del imperio incaico. Los indios fueron a trabajar en estas minas.

La plata era enviada a Europa en lingotes; el reino incaico, en otro tiempo tan pujante, se iba empobreciendo progresivamente… y aqui mismo comienza la época dorada de España, que paradojicamente la llevaría en el siguiente siglo a la quiebra del estado.

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Organizacion Economica Social de los Incas Consumo y Reparto Bienes

b) El funcionamiento.
Veremos ahora cómo funcionaba sucesivamente la demanda, la oferta, y el equilibrio entre la oferta y la demanda.

La demanda (necesidades de una familia).—No nos detendremos mucho en el examen de la demanda porque las necesidades se reducían en el Perú a su más simple expresión, merced a una reglamentación estrecha. La alimentación era en extremo sencilla: maíz tostado o hervido, manzanas en jalea o secadas al sol (chuño), legumbres sazonadas con sal y pimienta (quinua, oca, hierbas diversas), a veces, muy raramente, carne salada y seca (charqui); en suma, víveres que podían conservarse generalmente por mucho tiempo, lo que permitía hacer frente a la instabilidad de las estaciones y regularizar la demanda. La cocción se efectuaba en un horno pequeño de arcilla y los utensilios de menaje se reducían a cántaros, ollas, jarros y morteros. La bebida se preparaba con maíz, como se hace todavía hoy (chicha).

los incas

La vivienda era tan sencilla corno la alimentación: una simple casucha de piedra, ladrillo o adobe, techada de paja, sin chimenea, ni ventana, bastaba para una familia entera; el mobiliario se componía de mantas de lana o pieles que servían de camas, y como objetos “toilette”, alfileres de metal y cuchillos de sílex para el cabello. Figulinas religiosas adornaban los nichos practicados en las paredes a guisa de armarios. No disponían de asientos, porque el indio tenía por costumbre acurrucarse en el suelo.

La vestimenta no era muy variada; disponían generalmente de dos vestidos, uno para los días de trabajo, otro para los de fiesta, y además una manta de trabajo destinada al transporte de materiales. Todos los vestidos eran idénticos, de un extremo al otro del imperio. Únicamente los tocados Y sombreros se diferenciaban, y cáela uno de ellos constituía la característica de una provincia: la del Callao era el gorro o la corona de madera.

La masa de la población no tenía otras necesidades ni aspiraciones que las enumeradas y le estaba prohibido tener otras. El indio no tenía derecho a variar su alimentación ni su indumentaria, a llevar sandalias u otras prendas, a tener asientos en su habitación, porque estas cosas se consideraban favores reservados a quienes el Inca, excepcionalmente, consideraba dignos de tenerlos. Un control riguroso aseguraba la observancia estricta de esas disposiciones. Las puertas debían permanecer siempre abiertas durante las comidas a fin de permitir la entrada de los inspectores en cualquier momento. La menor infracción se castigaba con severidad.

Puede decirse que los soberanos, al limitar los deseos de sus vasallos descubrieron uno de los secretos del difícil problema que se, proponían resolver. Hubiera resultado vano, en efecto, tratar de ajustar la producción a un consumo creciente y desordenado; el libre juego de la oferta y de la demanda puede realizar ese milagro por la acción del interés personal y la concurrencia, pero una administración por perfecta que fuera, no hubiera podido lograrlo.

La oferta.(producción) — Después de la demanda, la oferta. El estudio de la oferta es el estudio de la producción, pero ésta se limitaba igualmente al Perú, ya no por la voluntad de los hombres sino por razones de la misma naturaleza, dado que el suelo no era abundante ni mucho menos y sólo por un trabajo activo y metódico han podido constituirse, vivir y multiplicarse tales aglomeraciones humanas.

Es singular que la división del trabajo se encontrara todavía en estado embrionario. La regla era que cada uno debía producir lo que le era necesario: alimentación, vestidos, casa, armas. Los candidatos al examen de que hemos hablado, debían dar prueba de su capacidad tejiendo sandalias y fabricando arcos y hondas. Sólo un corto número de artesanos eran especialistas; orfebres, pintores, alfareros, tejedores de telas finas, y sus oficios se transmitían de padres a hijos, trabajando exclusivamente para el soberano.

Eran, por otra parte, agricultores y cultivaban su lote de tierra, pero, a diferencia de los otros miembros de la comunidad no tenían que trabajar las tierras del Sol y del Inca. Pagaban tributo ejerciendo su arte en provecho del monarca.

El equilibrio de la oferta y la demanda. — Gracias a la estadística, conocían por una parte las necesidades y por otra las posibilidades de cada circunscripción administrativa, y así los funcionarios no tenían más que a justar las segundas a las primeras, haciendo circular las mercancías entre las provincias.

Pero esto no era todo: se hacía necesario prever el caso en que, por un motivo cualquiera, epidemia, invasión, sequía, temblor de tierra, los productos pudieran faltar al conjunto del territorio, y había que constituir durante los años de abundancia una reserva destinada a atender esa demanda sin contrapartida. Para asegurar ese doble equilibrio, en el espacio y en el tiempo, los Incas fundaron graneros, series de pequeños edificios que contenían los productos más diversos: comestibles, vestidos, materias primas, cuerdas, armas y otros objetos fabricados.

Allí testaban almacenadas las cosechas del Sol y del Inca y todos los tributos exigidos a los indios. Si por acaso se observaba que en una provincia faltarían las materias primas para la fabricación de tejidos, la autoridad central daba órdenes para que las cantidades de lana necesarias fueran extraídas de los graneros de aquellas regiones donde abundaban las llamas, y depositados en la región desprovista.

Si las estadísticas indicaban que la cosecha general de maíz no permitiría alimentar la población durante el año entero, la autoridad central permitía a las autoridades locales que tomaran de los graneros las cantidades suficientes de ese cereal acumulados en los años precedentes. La previsión era tal que los almacenes tenían a veces víveres para diez años.

De esta manera, los artículos de consumo y otros objetos tributados por los habitantes, al Sol y al Inca, no servían únicamente al culto y a la «élite»; una gran parte estaba formada por las reservas y volvían en tiempo de crisis a manos de quienes los habían producido.

Es evidente que, el menor traslado de los grupos de población hubiera originado errores en las estadísticas y alterado la aplicación del sistema; no hubieran logrado nunca los funcionarios adaptar la producción a un consumo irregular; por eso ningún indio podía circular sin especial autorización.

En contraposición, el Inca trasladaba de oficio tribus enteras, cuando lo juzgaba oportuno y las estadísticas registraban esos traslados.

Esto hace relación a una de las instituciones capitales de los Incas, la de los «mitmac», en español «mitimaes». El soberano instalaba tribus de su confianza en las provincias recién conquistadas, en lugar de las tribus turbulentas que enviaba a las regiones centrales del imperio. Aseguraba de esa manera la paz, por un procedimiento que se ha considerado siempre como uno de los más crueles inventados por los conquistadores: el transporte en masa de grupos humanos. Nada podría demostrar mejor hasta qué punto el interés del individuo se sacrificaba al del Estado.

He ahí pues, el edificio terminado: producción, consumo, equilibrio final. No podríamos dejar de admirar su acabada estructura y disposición si no se echaran de ver al mismo tiempo algunas hendeduras en sus paredes. El sistema es hermoso, pero en cierta manera teórico y para adaptarlo a la realidad fue necesario corregirlo. Estos correctivos o enmiendas son los que nos quedan por examinar.

Las enmiendas. — La primera enmienda concierne a la organización administrativa. Hemos visto que la población estaba dividida en decenas, centenas, etc. ¿Era posible tal división? ¿Los matrimonios y los decesos no debían deformarla continuamente? Y no es que pretendamos que se diera en el Perú el caso de la antigua Germania, donde la centuria no contó con cien jefes de familia sino en el instante en que se estableció por primera vez. Los Incas se ingeniaron para mantener dentro de lo posible la división numérica en la realidad, considerando las exigencias del reparto administrativo de productos, de materias primas, de tributos, que se efectuaba en forma muy simple y tenemos, entre otros, dos testimonios formales a ese respecto, los de dos eminentes jurisconsultos del siglo XVI: F. de Santillán y C. de Castro.

Empero, como los monarcas, por regla general, dejaban subsistir las organizaciones locales y en particular las
comunidades agrarias y como, por otra parte, el número de familias de que se componían esas comunidades locales no correspondía siempre — y esto hubiera resultado milagroso — a múltiplos de 10, se conformaban con algo más o menos aproximado.

La segunda enmienda es más importante porque concierne al derecho de propiedad. Los Incas, para recompensar los servicios prestados, hacían a sus súbitos donaciones considerables de tierras, llamas, vestidos y objetos preciosos. Los bienes recibidos en donación no eran enajenables, pero podían transmitirse por herencia, quedando los descendientes, colectivamente propietarios. De esta manera, se constituyó en el Perú una propiedad individual, que no era idéntica a la propiedad quiritaria del derecho romano, porque el detentor no tenía poderes absolutos, pero tampoco era la propiedad colectiva de la comunidad. Notemos, de paso, que ese derecho de propiedad individual, entró en la historia, no a consecuencia de la conquista o el despojo, sino bajo forma de recompensa conferida al mérito.

Finalmente, la tercera enmienda que deseo señalar, se refiere al equilibrio de la oferta y la demanda. En un régimen socialista y bajo el plan indicado, ese equilibrio se obtiene por la única acción de la autoridad central. Los particulares no tienen intervención y el comercio privado es una expresión vacía de sentido. Ahora bien, la lectura de los cronistas nos revela la existencia de un cierto comercio, tanto exterior como interior. ¿Cuál es el «porqué» de esa anomalía?

Remontémonos a la época anterior a la conquista Inca. Sabemos hoy, merced a los descubrimientos de los arqueólogos, que existía un comercio asaz importante entre las tribus de la América del Sur, desde luego entre las que habitaban las diferentes regiones de la meseta interandina: algunas cultivaban la tierra, otras criaban ganado, lo que determinaba el cambio de llamas por maíz. También entre los pobladores de la meseta y de la costa, a través de los pasos de la cordillera: trueque de maíz, lana y patatas por algodón, pescado y frutos; por fin, entre los habitantes de la costa y la meseta con los de la selva oriental que proveían de madera, plumas y coca. Además, los objetos de lujo, de mucho valor y poco volumen, pasaban de mano en mano y llegaban hasta las regiones más alejadas.

Era el comercio mayor y se hacía con piedras preciosas, tejidos finos, oro, plata y obsidiana. Todos estos cambios habían alcanzado tal amplitud, que algunos productos muy solicitados, como el maíz, servían de moneda-mercancía internacional y hasta un verdadero signo monetario tenía curso en los estados del Pacífico, moneda constituida por conchillas originarias de los mares tropicales de Méjico y por pequeñas hachas menudas en forma de T.

Ahora bien, los Incas se esforzaban por no introducir cambios en las costumbres de los pueblos que sometían; subsistían pues las corrientes comerciales, pero en consideración al establecimiento del plan socialista, debieron fatalmente disminuir de intensidad.

Un régimen de circulación de riquezas, por una autoridad central, sólo permite una circulación muy restringida mediante los cambios privados. Esta última circulación comprendía únicamente los excedentes de las cosechas obtenidas por el indio sobre su «kipu», las crías que aumentaban los rebaños de llamas, los productos de bienes recibidos en donación.

Y he ahí por qué los comerciantes extranjeros frecuentaban la meseta andina. Esos comerciantes fueron quienes revelaron la presencia del imperio a Pascual de Andagoya en el Darién; esa fue la razón de que el piloto Ruíz, que descendía por la costa del Pacífico, encontrara una balsa cargada de mercancías, procedente de Túmbez, como también de que Pacbakutec designara días de feria en las grandes ciudades del imperio.

Excusa decir que ese comercio florecía en razón de la lenidad con que se aplicaba el sistema centralizador de los Incas, de ahí que subsistiera principalmente en las provincias conquistadas por los soberanos del Cuzco, poco antes de la llegada de los españoles.

Esto no obstante, en último término y aun en las susodichas provincias, tratándose de un país donde cada uno poseía su lote de tierra y recibía su parte de materias primas, el tal comercio apenas si podía compararse con el que existe en países de propiedad privada y de división del trabajo. La aplicación estricta del sistema Inca, importó para ese comercio un verdadero retroceso.

Ayllu Unidad Social de los Incas Organizacion de la Sociedad Inca

1°-La infraestructura
Las comunidades agrarias o «ayllu», constituyen el fundamento de todas las civilizaciones del altiplano andino. Forman el vínculo entre el hombre y la tierra. Es muy verosímil que esos grupos de origen totémico, hayan sido en un principio puramente consanguíneos y luego, gradualmente y en considerable proporción, se hayan convertido
en territoriales.

No se trata de examinar aquí esa evolución. Lo que importa establecer es que el «ayllu» fue la célula social del Perú precolombiano porque colectivamente fue propietario de la tierra. No hay en ello nada de original: en un gran número de pueblos mediterráneos la propiedad territorial colectiva del grupo, ha existido y existe todavía hoy.

Tanto aquí como del otro lado del Atlántico, los bienes de las comunidades agrarias se dividían en tres categorías: los poseídos y explotados en común (tierras de travesía y bosques), los poseídos en común y repartidos periódicamente (tierras de cultivo), y los que eran objeto de una propiedad individual (casa, cercado y muebles).

¿Qué hicieron los Incas en presencia de esa institución? Como hábiles políticos que eran, cuidaron de no destruirla y se impusieron simplemente como copartícipes. Para darnos cuenta de su acción, tornemos algunos de los últimos conquistadores incas: Pachakutek, Tupak Yupanki o Huayna Kapak, y sigámosles por las provincias que acaban de someter a su dominio.

Como el suelo era generalmente poco fértil, el primer cuidado del monarca, después de dar libertad a los prisioneros v celebrar grandes fiestas fraternizando con los vencidos, consistía en reunir las poblaciones; luego se ocupaba de acrecentar la producción, tanto por la extensión como por la intensificación de los cultivos. La extensión se lograba mediante la construcción de esos «andenes» o «sukre», terrazas en gradería que los Incas no inventaron pero que multiplicaron sobre los contrafuertes de la cordillera. Sus vestigios pueden verse todavía en diversas regiones de los Andes.

Esas terrazas se regaban por medio de canales cavados en la roca, que pasaban por túneles o cruzaban los valles sobre acueductos: trabajo gigantesco si se piensa que para efectuarlo, no disponían los indios ni de carros, ni de animales domésticos, salvo la llama, de poca utilidad, y que no conocían en materia de herramientas, sino el martillo de piedra, el hacha de cobre y el cincel de bronce.

El agua, traída de esta manera, se distribuía conforme a reglas muy precisas que recuerdan las de las comunidades de agua de la huerta de Valencia y Murcia. En cuanto a la intensificación del cultivo, puede decirse que era una consecuencia de la política de los abonos.

Las islas Chinchas, donde se encuentran los famosos «guanos», eran compartidas por diferentes provincias del imperio, de manera que cada una de ellas se aseguraba el derecho de disponer de una importante cantidad de ese famoso estiércol de ave. Estaba prohibido, bajo pena de muerte, matar los volátiles y aun molestarlos en tiempo de postura.

Tenemos pues el territorio cultivable aumentado y acrecido su rendimiento. Entonces los prácticos venidos de Cuzco, reemplazaban a los ingenieros, procediendo al deslinde de los territorios afectados a las diferentes comunidades, daban nombres a los relieves del suelo o confirmaban los nombres existentes y por fin efectuaban la repartición de las tierras, operación que los autores modernos no han comprendido muy bien al parecer, por lo que hemos de insistir sobre ella.

Cuadro sintesis

A nuestro juicio, la partición se efectuaba de la manera siguiente: Calculaban los peritos en cada región la superficie necesaria para un hombre casado y sin hijos, que le permitiera vivir; la unidad así determinada se llamaba «tapa»; era variable según los lugares y es improcedente definirla por una cifra, como algunos autores han tratado de hacerlo.

Esta unidad se multiplicaba por el número de los miembros de la comunidad, a razón de un «tupu» por cada jefe de familia, de un «tupu» igualmente por cada hijo, y de un medio «tupu» por hija; los funcionarios dividían en seguida el total obtenido, entre el Sol, es decir la Religión, y el Inca, es decir el Estado.

Esta segunda partición se llevaba a cabo, según parece, teniendo en cuenta ciertas circunstancias: en las proximidades de un templo o de un lugar de peregrinación la Religión obtenía una parte superior a la del Inca, y éste, por el contrario, salía favorecido en los alrededores de las grandes ciudades.

Quedaba por hacer una última partición, pero solamente de usufructo, la de las tierras de la comunidad, por «tupu», entre los jefes de familia. La administración imperial no tenía nada que ver en esa partición, que era obra de la comunidad misma y que se renovaba cada año. Decimos cada año, porque los cronistas son muy claros sobre ese punto, y es un error imaginar, como lo hace el historiador Prescott, que el adquirente de la tierra al cabo de un año venía a ser propietario vitalicio.

En el orden cronológico, las primeras tierras cultivadas eran sin duda alguna las del Sol, y las cosechas obtenidas se reservaban para el culto, es decir para los sacrificios y para la alimentación de los sacerdotes, pero únicamente durante el tiempo en que éstos oficiaban en los templos, servicio que se regulaba con alternación.

El orden de cultivo de las otras tierras no lo conocemos con certeza, porque consideramos dudoso el que indica Garcilaso, objetado formalmente por Ondegardo. Digamos solamente que además de las tierras del Sol, y las suyas propias, los indios cultivaban las tierras del Inca, de los jefes militares, de los altos funcionarios y la de los incapaces, es decir de las viudas, huérfanos, enfermos, ciegos, inválidos, soldados en servicio. Estas tierras estaban a cargo de ciertos indios, designados al efecto en cada ciudad.

Esa labor, por otra parte, se asemejaba con frecuencia a un juego de regocijo, especialmente cuando se trataba de las tierras del soberano, porque entonces se realizaba con trajes de fiesta, entre danzas y cantos. Empero, el carácter primitivo de los instrumentos agrícolas la hacía muy penosa; el labrador sólo disponía de una «taklla», especie de pala de madera que hundía en el su lo apoyando el pie sobre unos palos en cruz, fijados al mango en su parte inferior.

Las mujeres y las mozas rompían los terrones con las manos o con un martillo de piedra.

La serpiente emplumada Dios de los Aztecas Leyenda de Quetzalcoatl

La serpiente emplumada Dios de los Aztecas

SERPIENTE EMPLUMADA Ó QUETZALOCOALT: Dios de los aztecas y toltecas, está asociado a la fertilidad del suelo y con la estrella vespertina (Venus) . Para muchos fue un personaje histórico deificado que enseñó a su pueblo la agricultura, el trabajo de los metales, las artes, el calendario y predicó una religión de amor y resignación.

Su opuesto Tezcatlipoca , el dios de la oscuridad o el cielo nocturno. Otro de sus rivales era Huitzilopochtli, el ruiseñor adivino, feroz dios de la guerra. Ellos representaban, una vez más en la historia, las fuerzas del bien y del mal en constante lucha. El creador y el destructor. El artista y el devastador.

Existía la creencia de que éste había enviado a Quetzalcoatl al exilio, pero una profecía marcaba que regresaría y su aspecto supuesto era piel clara y barba. Sobre su muerte existen distintas leyendas.

Una relata que él mismo levantó su propia pira en la que se quemó. Las llamas se convirtieron en pájaros quetzal (ave trepadora tropical de plumaje suave, verde tornasolado y rojo. El quetzal figura en el escudo de Guatemala). De las cenizas de Quetzalcoatl surgió una estrella que se elevó al cielo (Venus).

Según otra historia, se lanzó al Atlántico en una balsa construída por serpientes, entrelazadas, pero antes envió a Cholula  emisarios con la promesa de que un día volvería en esa balsa desde la dirección del sol naciente. Fácil es comprender cómo reaccionaron los aztecas cuando aparecieron las extrañas embarcaciones, de tamaño sobrenatural y apariencia fantasmagorica, desde el este, por el “agua celestial”, desde la dirección del Sol y de la estrella de la mañana. No supieron hasta que fue tarde que eran los conquistadores tu mandados por Hernán Cortés en 1519, que además de ser de raza desconocida, vestían de manera muy extraña y eran acompañados por seres fenomenales.

El rey azteca Moctezuma II se convenció rápidamente de que el español era la encarnación de su dios, pues lucía muy parecido, a lo que sumó la pólvora y la mostruosa, fantasmagórica y alucinante aparición del caballo, hasta encontrar nunca visto por los habitantes de aquel fantástico imperio instalado en Tenochtitlan, México. Además del aspecto del caballo, lo que alucinaba a los nativos era que un cuerpo viviente se desprendiera de otro cuerpo viviente al desmontar el jinete.

La desunión de las tribus aztecas agobiadas por los impuestos y sacrificio humanos organizados, donde a veces miles de jóvenes esperaban en filas kilométricas su turno para ser sacrificadas por los aztecas, la conversión de Moctezuma en dios a quien no podía mirarse a los ojos y las enfermedades nuevas que sus organismos no pudieron soportar, minaron la fortaleza del pueblo y fueron iluminados por los conquistadores que, a su vez, no ahorraron castigo y crimen Además, los antiguos códices anticipaban dramáticos finales como la profecía conocida como “Chilam Balam“, un grupo de textos místicos y profecía donde de se leía que debían prepararse para “la llegada del gemelo del ciclo que castraría al Sol, trayendo la noche, la tristeza y el dolor”. Estaba llegando el quinto sol.

La historia de los pueblos mayas y aztecas ofrece algunas de las más grandiosas fantasías del género humano: ciudades enormes, diseñadas con prolijidad y sentido urbanístico, gigantescos monumentos, canales,  ciudades construidas sobre lagos, mercados fastuosos con cientos de productos diferentes, artesanías, telas, orfebrería y el dominio de algunas ciencias, como la astronomía, la agricultura, la conservación de alimentos.

Conmueven al estudioso y produce honda angustia la trágica y otras veces misteriosa fortuna corrida por estos pueblos que explotaban sus tierras hasta el exceso agotando y destruyendo el lugar donde vivían y fueron aniquilados por culturas extrañas e invasivas que incluso llegaron a ocultar deliberadamente lo que estas civilizaciones habían logrado.

Fuente Consultada: Diccionario Insólito de Luis Melnik Tomo I

Biografia de Sartre J. Paul Filosofia Ideas Filosoficas Resumen

Biografía de Sartre J. Paul
Ideas Filosóficas

(París 1905 – id. 1980) Filósofo y escritor francés. Sus obras responden a los principios literarios-filosóficos del existencialismo francés.

Expuso buena parte de sus ideas en su producción literaria, de la que merecen especial mención la trilogía novelística llamada Los caminos de la libertad (1945-49) y la novela autobiográfica Los palabras (1964), así como sus obras de teatro Los moscas (1943), A puerta cerrada (1944), Muertos sin sepultura (1946) y Las manos sucias (1948).

Sartre  fue maestro, escritor y filósofo. En colaboración con la mujer que compartió su vida, Simone de Beauvoir, desarrolló una filosofía de la libertad que extrae sus determinaciones de la existencia del individuo.

Nacido en París Sartre estudió filosofía en su ciudad natal y, a continuación, fue profesor en Le Havre, tras lo que regresó a París en 1937. Su prolongada relación con la existencialista Simone de Beauvoir comenzó cuando ambos eran estudiantes, aunque, siguiendo la filosofía existencialista de libertad personal, no se casaron nunca.

Sartre pasó un año en prisión durante la ocupación de París en la segunda guerra mundial. En la década de 1960 ya era una figura eminente en la escena mundial, y en 1964 se le concedió el premio Nobel de Literatura, que rechazó. Durante la revuelta estudiantil de 1968 se dirigió a los estudiantes que protestaban en La Sorbona.

Cuando murió en 1980, todavía era un símbolo de la vida intelectual francesa: unas 50.000 personas acudieron a su funeral. La influencia de los filósofos alemanes Husserl y Heidegger desempeñó un papel fundamental en la elaboración de la filosofía de Sartre, resumida en una breve conferencia que ofreció en 1946: Existencialismo y humanismo.

Su optimista defensa de la libertad inspiró a toda su generación. Su filosofía existencialista también quedó expuesta y reflejada en novelas y obras de teatro, especialmente La náusea (1938). Pero su declaración filosófica más sustancial está contenida en El ser y la nada (1943), un clásico del existencialismo.

Según su filosofía, el hombre es originalmente libre; su libertad consiste en la posibilidad de la «trascendencia», pues puede disponer de sí mismo y de su situación, puede rebasarla, cambiarla y determinarla en otro sentido. En todo eso actúa no solamente como individuo solitario, sino que se descubre a sí mismo como ser social. Pues no está solo con su libertad; se ve alcanzado por la «mirada del otro».

Eso parece suponer en principio una restricción de su libertad, que en realidad resulta ser, sin embargo, una reduplicación de ésta: pues la mirada del otro, bajo la cual el sujeto se transforma transitoriamente en objeto, se devuelve, y así surge una dialéctica de reconocimiento recíproco. Sartre dio al existencialismo cierta popularidad. El mismo, que no daba importancia a las etiquetas, vio que la existencia humana, que vive de la libertad, no está definida desde el principio: el hombre no escoge de una vez la opción que tiene ante sí, sino que es un proceso que dura toda la vida y que se ha de renovar día a día.

La consciencia de esta situación puede ser experimentada como una condena, pues el hombre tiene la sensación de «cargar sobre los hombros el peso del mundo entero» y «es responsable del mundo y de sí mismo como modo de ser». Sartre halló un constante placer en guardar cierta flexibilidad en su propia existencia; no vacilaba en cuestionar sus propias posiciones ni en subordinar repentinamente su filosofía a otra.

Así, por ejemplo, se declaró seguidor de Marx, lo que irritó, más que a algunos de sus adeptos, a los marxistas ortodoxos, que no se fiaban del filósofo de la libertad. Pero éste permaneció imperturbable y siguió defendiendo una visión del mundo que hoy ya no tiene muchos defensores, a pesar de que las ideas de esta visión del mundo son seguramente mejores que los sistemas fracasados que hasta hace poco se remitían a ellas: «El marxismo, lejos de estar agotado, es muy joven todavía… Apenas acaba de iniciar su evolución. El marxismo sigue siendo la filosofía de nuestro tiempo; es insuperable porque no se han superado todavía las condiciones que lo hicieron surgir.»

Como otros filósofos franceses anteriores, Sartre toma el cogito ergo sum (pienso, luego existo) de Descartes como punto de partida filosófico. Pero mientras que Descartes tomó su conciencia como garantía de su propia realidad, Sartre creyó que la conciencia presenta la realidad de las cosas externas; es decir, prueba la existencia de los objetos de conciencia. Sin embargo, para los demás, uno mismo sólo es un objeto.

Este punto se explica con relación a la «mirada» externa: se es el objeto de la mirada del otro. Y esto produce un sentido C; alienación y separación de los demás que a uno le gustaría poder superar, lo que no es posible. Cada individuo está definitivamente solo en el mundo. Esto también significa que no es posible reconocer la libertad de los otros; el principio kantiano de que los demás deber ser tratados con respeto y como fines en sí mismos no se puede llevar a cabo, y debe vivirse con el conflicto resultante. Como dice uno de los personajes de la obra de Sartre Huís dos: «El infierno son los otros».

Si la propia perspectiva de los demás es limitada restringida, en cambio, el concepto del yo queda absolutamente libre de trabas. Sartre atribuye al sujeto conciente una ilimitada libertad de la autocreación. En contraste con la visión aristotélica de que, por ejemplo,  antes de que exista realmente un cuchillo alguien tiene que tener en su mente la misma idea del cuchillo , lo opuesto se convierte en certeza en el caso del hombre. : De ahí la famosa frase de Sartre: «La existencia precede  a la esencia». En otras palabras, el ser humano individual no cuenta con un modelo o una maqueta inicial. 

Ciertamente, hay constantes que no es posible cambiar sexo, edad, raza, etc.—, pero, aparte de éstas se puede  tomar el propio contexto social y hacer con él lo que se quiera.

En lo tocante a la moralidad, es una equivocación, según Sartre, no hacer uso de esta libertad y limitarse a seguir a la multitud, conformarse. Tal conformidad, junto con la creencia en la coherencia —se vive ten un universo ordenado en el que las cosas acaban por tener sentido— era lo que él denominó «mala fe» , cuyo reverso es la autenticidad. El reconocimiento de la incoherencia de la realidad, llamada por Sartre «el absurdo», produce disgusto o «náusea». Es la fuente de Angst, ansiedad o culpabilidad existencial, frente a la elección. Según él, «no tenemos excusas detrás de nosotros ni justificaciones ante nosotros». Se está condenado a ser libre».

Estas ideas pertenecen a lo que suele considerarse el período «clásico» de Sartre: los años transcurridos entre mediados de la década de 1930 y finales de la década de 1940  en los que reflexionó sobre las emociones y la imaginación y se ocupó de cuestiones relativas a la ética personal. A partir déla década de 1950, Sartre inició en una fase más centrada en la política, en la que dio más peso a la tesis marxista de que las condiciones sociales y económicas, junto con las fuerzas históricas, afectan a la elección de individuos y grupos.

En esta fase Sartre escribió Crítica de la razón dialéctica (1960), en la que trataba de reconciliar el marxismo con el existencialismo.

Los ataques al existencialismo caricaturizan su afirmación de que la vida no tiene sentido y de que el mundo es un lío nauseabundo e imprevisible en el que los burgueses adoptan el papel de villanos. Sartre trató de defenderse de estos ataques, aunque una evaluación desapasionada puede detectar que tenían algún fundamento.

Por otra parte, sus admiradores proyectaron una imagen tremendamente ensalzada de él como defensor de la libertad política y moral, un intrépido antinazi y héroe de la resistencia francesa, aunque tampoco hay muchas pruebas de ello. Sin embargo, no cabe duda de que Sartre fue un gran escritor y pensador, y una de las influencias esenciales para su generación.

Fuente Consultada: FILOSOFÍA de David Papineau

La Noche Triste Conquista del Imperio Azteca Por Cortes Monteczuma

La Noche Triste en la Conquista del Imperio Azteca

Cortés tomó de nuevo el camino haciaTenochtitlán. Al día siguiente, la tormenta estallaba en toda su violencia y el pueblo en armas, entabló terrible combate en torno al templo de Huitzilipochtli.

Los españoles consiguieron apoderarse del edificio, pero Cortés se percató en el acto de que su Única esperanza estaba en abandonar la dudad.

Un suceso inesperado, acontecimiento capital en aquellos momentos, había trastornado la situación: la muerte de Moctezuma.

El soberano había exhortado a sus súbditos a cesar las hostilidades, pues todo lo que había sucedido respondía a la voluntad de los dioses. Sus palabras causaron efectos contraproducentes; el silencio respetuoso de la multitud se trocó de súbito en rabiosa cólera y sobre el tejado llovieron flechas y piedras.

Herido en la cabeza, Moctezuma perdió el conocimiento y pocos días después murió. Sobrevino la “noche triste”, uno de los episodios más dramáticos de la historia de la conquista. Los españoles abandonaron el palacio en que se habían atrincherado. Llegados al dique, los españoles oyeron una señal concertada de antemano y, en el acto, el sordo estruendo de los tambores de guerra.

El enemigo iniciaba la ofensiva: los aztecas atacaban a los españoles por la espalda y por ambos flancos los hostigaban guerreros embarcados en canoas. A la mañana que siguió a aquella noche terrible comprobó, al pasar revista a sus tropas, que más de la mitad de los efectivos habían caído ante el enemigo o fueron hechos prisioneros. Los reveses sufridos durante la “noche triste” señalan un hito en la carrera del conquistador y en la historia de la colonización española en América.

Cortés se había percatado de que el único modo de reducir la capital azteca a la capitulación era aislarla completamente de las orillas del lago, y así, decidió apoderarse de las ciudades situadas en las riberas delTexcoco, y primero construir luego embarcaciones que permitieran una ofensiva directa a la ciudad; en tercer lugar, proyectó cortar el acueducto que llevaba agua potable a Tenochtitlán.

PARA SABER MAS…
LA TERRIBLE VENGANZA DE LOS AZTECAS

Ya en el camino de regreso a México-Tenochtitlan, después de la ludia contra Narváez, Cortés recibe noticias inquietantes. Durante su ausencia, estalló en la capital azteca una rebelión: de la pequeña guarnición española que dejara quedaban pocos hombres, ahora prisioneros de los indios.

Moctezuma había esperado el buen momento, había aceptado la coexistencia con los conquistadores en tanto no podia hacer otra cosa. Mas el jefe blanco se ocupaba ahora en combatir i otros hombres de su misma raza. Moctezuma también sabría aprovecharse de las divisiones en el campo enemigo.

Para sorpresa de Cortés, ninguna fuerza azteca impide su entrada en la capital.

—”Ya la primera vez fue así” —dice él—. El conquistador no imaginaba la trampa en que caería cuando la tropa española ya estaba dentro de la ciudad, de todas las casas próximas surgieron guerreros indios, fuertemente armados. La capital es sitiada por sus propios moradores y todo camino de ida queda impedido a los españoles.

La situación de éstos se hace cada vez más crítica, el cerco se prolonga los víveres comienzan a escasear en-::e ellos. Cortés inicia tratativas con Moctezuma, quien nuevamente pactaba —o fingía pactar— con los invasores. El soberano azteca es invitado a pronunciar un discurso a su pueblo.

Apenas aparece en la terraza le gritan: “¿Qué quiere de nosotros Moctezuma, mujer de los españoles?”, y es Acamado mortalmente por una lluvia   de piedras. El pueblo azteca ya no lo aceptaba más como líder. Prefería la rebelión declarada contra los ocupantes a la complicada diplomacia de Moctezuma.

Agotado ese intento, sólo queda a Cortés una alternativa desesperada: romper el cerco enemigo. Para ello es necesario atravesar los puentes y canales de la ciudad, con todos los hombres y además el pesado equipo de guerra. La retirada se produce en condiciones dramáticas. De cada diez españoles, uno apenas consigue llegar a la otra orilla. Los demás mueren acribillados por las flechas o simplemente ahogados.

Muchos de los retrasados que recorrían todavía los templos en busca de las piezas de oro azteca también fueron hechos prisioneros por los indios y sacrificados en masa.


NUEVO CERCO: ESTA VEZ DE LOS ESPAÑOLES

La “noche triste” —como los españoles llamaron a la retirada— es la madrugada del 30 de junio de 1520. Con los efectivos bastante reducidos, Cortés decide reorganizar sus fuerzas rápidamente. Da la batalla de Otumba. Llegan refuerzos de Jamaica, de las Canarias e incluso de España. “Mi concepto no debe ser tan malo por aquellos lados”, dice Hernán. Mas no tiene tiempo para preocuparse por su fama. Todas las fuerzas deben concentrarse en la reconquista de México.

En abril del año siguiente, Cortés tiene a su vez ocasión de establecer el sitio: durante tres meses la ciudad es aislada, privada de víveres y agua potable. En el mes de agosto, Cortés atraviesa los puentes y, después de encarnizado combate, hace prisionero a Cuauhtémoc (“Águila que desciende” es la traducción de su nombre), el segundo sucesor de Moctezuma. Llevado a presencia de Cortés, levanta la cabeza, altivo: “Vengo obligado a verte porque soy prisionero de tus hombres; toma la espada que traes en la cintura y mátame!”

No se sabe ciertamente si el jefe azteca fue ejecutado en esa ocasión o mucho más tarde. Según algunos historiadores, Cortés lo habría torturado para que revelase el escondrijo del tesoro real y lo hizo perecer tres años después, durante una expedición.

Hernán Cortés es ahora señor absoluto de México. Instalado en suntuoso palacio, tiene una corte de servidores indígenas. El conquistador parece haber realizado su viejo sueño. Falta sólo el reconocimiento oficial de su hazaña. El 15 de octubre de 1522, un enviado del rey se anuncia. Llegándose hasta donde lo espera Cortés, desenrolla un mensaje y lee:

“Agradeciéndoos la bravura, el coraje y la fidelidad que demostrasteis para con la corona, yo, Carlos, rey de España, de Alemania y de Flandes, soberano emperador de Roma, os nombro gobernador y capitán general de Nueva España, con plenos poderes para gobernar y explorar las nuevas tierras”.

Es el triunfo; la suprema consagración del empecinado conquistador.

Fuente Consultada: Historia Universal de Carl Crimberg

Las Ruinas de Copan en Honduras Arquitectura Maya en Mesoamerica

Las Ruinas de Copan en Honduras
Arquitectura Maya en Mesoamérica
Las Ruinas de Copan en Honduras Arquitectura Maya en Mesoamerica

COPAN:  Los mayas realizaron en esta ciudad más estelas escritas que en ningún otro sitio, en su afán por perpetuar el conocimiento de su éxito. La Atenas del mundo maya fue descubierta en 1750 por don Diego García de Palacio. Se supone que tomó ese nombre tomó su nombre de la antigua capital del Reino Hueytiato, o Payaquí. Copantl, término Quanhpantli: “Puente de Madera, lo que llamamos Copante”.

Tras ser abandonada en el siglo X, Copan permaneció en el olvido durante 500 años, reclamada sólo por la selva. Esta magnífica ciudad es reconocida como la mayor creación maya y posee algunas de las muestras más notables de la arquitectura y escultura de esta civilización.

En el lluvioso verano de 1839, el explorador estadounidense John Lloyd Stephens y el artista inglésFrederick Catherwood llegaron a un claro en el denso bosque tropical y contemplaron la antigua ciudad maya de Copan. La selva ocultaba muchos de los edificios y velaba el perfil de los que aún se hallaban en pie.

El lugar entero se había deteriorado a causa del clima riguroso, los sismos y el lento crecimiento de enredaderas y raíces. También había tenido que soportar 1.000 años de erosión del río Copan. Las ruinas de esta ciudad real descansan en el centro del valle del río Copan, en Honduras, a pocos kilómetros de la frontera con Guatemala.

Stephens y Catherwood no fueron los primeros visitantes de Copan. En el siglo XVI, s de cinco siglos después del abandono de la ciudad, los españoles (Diego García de Palacio) la mencionaron en sus textos, y en 1834 el gobierno de Guatemala financió un estudio de las ruinas. Pero fue el trabajo de ellos dos el que atrajo la atención del mundo occidental sobre Copan.

Hasta la fecha se carece de una información fidedigna acerca de los primeros habitantes del Valle de Copán. Sin embargo, con base en diversos rastros encontrados en el área, puede conjeturarse que dicho valle fue objeto de ocupación humana en una época que se remonta a los mil años antes de Cristo, es decir, 1500 años atrás.

En la frontera entre Honduras y Guatemala, las ruinas de Copán albergan uno de los mayores tesoros del arte precolombino americano. Sus orígenes se remontan al siglo IX a. C., cuando se levantaron en la zona las primeras construcciones en piedra, y hacia el año 150 se estableció allí una colonia maya cuyo nombre original era Xucpi, que quiere decir «atado de maíz».

Tres siglos más tarde, las estatuas y monumentos de Xucpi eran famosos en todo el universo maya, y sus reyes parecían haber conquistado el favor de los dioses para siempre. La modesta colonia se había convertido en una de las ciudades—estado más poderosas de Mesoamerica.

Han habido pobladores en el Valle de Copán desde aproximadamente el año 1200 y muy probablemente desde antes de dicha fecha. Gobernados por reyes, los escultores reales demostraban sus talentos innovadores en muchas formas. La Escalinata de los Jeroglíficos incluye el más largo que se haya descubierto en los sitios Mayas. Este texto conmemora eventos importantes durante el reinado de los 12 primeros reyes de Copan.

Fuentes Consultadas:
Lugares Sagrados de America
Maravillas de América Central

Los Incas y Los Aztecas: Su origen,desarrollo,costumbres y tradiciones

El imperio español en el Nuevo Mundo Los conquistadores españoles fueron individuos audaces motivados por una mezcla, característica del siglo xvi, de afán de gloria y codicia y celo de cruzado religioso. Si bien la corona de Castilla los autorizó, estos grupos fueron financiados y equipados con remisos privados, no por el gobierno. La superioridad de sus armas, capacidades de organización y su determinación, les trajo éxito increíble. Asimismo, se aprovecharon de las rivalidades entre los pueblos nativos.

incas y aztecas

LOS AZTECAS                                                            LOS INCAS

PRIMERAS CIVILIZACIONES EN MESOAMÉRICA
totes de que los españoles llegaran al Nuevo Mundo, Mesoamérica (hoy México y América Central) ya había alojado a varias civilizaciones florecientes. A principios del 300 d.C., un pueblo conocido como maya desarrolló en la península de Yucatán una de las civilizaciones más complejas de América. Los mayas construyeron templos y pirámides espléndidas, fueron artistas consumados y elaboraron un calendario complejo, tan preciso como ninguno en el mundo de esa época.

Constituían un pueblo agrario que limpió las densas selvas tropicales, trabajó la agricultura y edificó un mosaico de ciudades Estado. La civilización maya abarcó una gran parte de América Central y el sur de México. Por razones aún no claras esta civilización empezó a declinar alrededor del 800 hasta su colapso cien años después.

En algún momento del siglo XII d.C., un pueblo conocido como los aztecas empezó una larga migración que lo llevó hasta el valle de México. Estableció su capital en Tenochtitlan, en una isla del lago de Texcoco (donde se ubica en la actualidad la ciudad de México).

Durante varios siglos los aztecas erigieron su ciudad, construyeron templos, edificios públicos, casas y calzadas de piedra que se dirigían hacia el norte, sur y poniente del lago de Texcoco. De esta manera se comunicaban las pequeñas islas con la principal.

A principios del siglo XV construyeron un acueducto que les abastecería de agua desde un manantial que se encontraba a 6.5 kilómetros.

Los aztecas eran guerreros sobresalientes, y mientras construían su ciudad se propusieron controlar toda la región que les rodeaba. A principios del siglo XV se habían convertido en la ciudad-Estado dominante de la región del lago. El resto del siglo, este pueblo consolidó su poder sobre la mayoría de lo que ahora es el México moderno, desde el Océano Atlántico hasta el Pacífico, y casi hasta la frontera con Guatemala.

El nuevo reino no era un estado centralizado, sino varios territorios semiindependientes, gobernados por señores locales, quienes eran ratificados por el rey azteca a cambio del pago de un tributo. Su organización política laxa sería la causa de la caída del Imperio Azteca años más tarde.
 
LA CONQUISTA:

La conquista de México tuvo como promotor inicial la voluntad empeñosa del gobernador de Cuba, Diego de Velázquez, quien decidido a incrementar su fortuna y su prestigio envió tres expediciones en busca de nuevas tierras. La primera, con escasos medios, al frente de Francisco Hernández de Córdoba, exploró la península de Yucatán; la segunda, comandada por Juan de Grijalva, llegó a la isla de Cozumel, cercana al continente, por cuya costa bajó después, desde la bahía de la Ascensión hasta el río Pánucp. La tercera, confiada al mando de Hernán Cortés (1485-1547), partió de La Habana en 1519, y en una de las empresas más notables desarrolladas en el Nuevo Mundo, conquistó para el dominio español las tierras y los pueblos de México.

Mientras tanto, noticias sobre la existencia de un rico reino situado hacia el Sur comenzaron a difundirse entre los colonizadores de Panamá. Dos hombres que vivían en dicha ciudad, Diego de Almagro (1475-1538) y Francisco Pizarro (1475-1541) se asociaron para descubrirlo y conquistarlo. Dos expediciones de tentativa y una tercera empeñada a fondo (1530-1532) bastaron para la conquista de las ricas tierras del Birú, las mismas que muy pronto debían ser escenario de las trágicas guerras civiles que la codicia y el poder encendieron entre los conquistadores.

Al cabo de pocos años, España logró formar un vasto imperio en torno del golfo de México. Desde el Atlántico comenzó luego la ocupación de las costas de Venezuela y Nueva Granada. En un primer momento (1528-1536), la empresa estuvo al cuidado de los banqueros alemanes Welser (1528-1546), pero después del rotundo fracaso en la explotación de minas, volvió a manos de la corona.

Historia de los Incas y Aztecas Los Mayas Conquista Española Pizarro

HISTORIA: Los Incas, sus orígenes, su evolución y la conquista española

Introducción:

Los pueblos que habitaban América antes de la conquista europea tenían diversas formas de organización económica, social y política.  Algunos habían desarrollado sociedades urbanas y otros sólo practicaron una agricultura simple o eran cazadores y recolectores. Los aztecas y mayas, en la región mesoamericana, y los incas, en la andina, desarrollaron sociedades urbanas.

En estas sociedades, la construcción de complejas obras de riego y la aplicación de técnicas agrícolas habían favorecido el crecimiento constante de la producción agrícola y de la población.  Se habían desarrollado las ciudades y la organización social estaba fuertemente jerarquizado.

Entre los aztecas y los incas, como entre los mayas, los guerreros y los sacerdotes conformaban el grupo privilegiado y ejercían el gobierno.  La mayoría de la población, compuesta por campesinos y trabajadores urbanos, debía entregar fuertes tributos en productos y trabajo.

Estas sociedades estaban organizadas y gobernadas por fuertes Estados teocráticos, llamados así porque toda la autoridad residía en los sacerdotes y porque el jefe del Estado era considerado como un dios.  Por esto, las primeras ciudades se organizaron alrededor del centro ceremonial o templo.  Los templos eran edificios que tenían funciones religiosas y también económicas, dado que almacenaban y distribuían los productos tributados por los campesinos.

A la llegada de los españoles, las únicas sociedades urbanas que existían en América eran la azteca y la inca; la cultura maya había desaparecido en el siglo XI d.C.

La mayoría de los pobladores de América vivían de una agricultura simple, de la caza y de la pesca de animales y de la recolección de frutos.  Muchos de estos pueblos eran nómadas y prácticamente no existía la división del trabajo.  Estaban distribuidos a lo largo de todo el continente americano, desde Alaska hasta Tierra del Fuego.

La organización jerárquica de la sociedad.  Las sociedades azteca e inca fueron sociedades urbanas que tuvieron una organización económica, políticas social del mismo tipo que las sociedades .urbanas que existieron en el Cercano Oriente desde el 3000 a. C. Los americanos también desarrollaron sistemas de escritura y de numeración; la religión fue la manifestación espiritual más importante y regía la mayor parte de los actos de la vida cotidiana de la población; y el arte alcanzó una elaborada complejidad.

Los Incas, sus orígenes, su evolución y la conquista española

Los Pucarás de Tilcara en la provincia de Jujuy (Argentina), fueron construidos de piedras y tenían una función militar, formaban parte de la red del Camino del Inca en territorios calchaquí y diaguitas. La red del Camino del Inca abarcaba unos 40.000 km. de largo. A través de él se logró unir a mas de cien poblaciones difundiendo sus creencias, religión y lengua (quechua)

Los Incas:  Machu Picchu y el Cuzco: El Cuzco ocupa un valle situado a 3.400 metros sobre el nivel del mar. Se atribuye al Inca Pachacutti (1438-1471) la reconstrucción del Cuzco como una ciudad monumental En ella se instalaron grandes almacenes de granos, barrios, un complejo sistema de riego y depósitos de todo tipo.  Los templos y los pucarás  (construcciones militares) ocuparon un lugar preponderante en la ciudad. La construcción de Machu Pichu fue un claro ejemplo de ello. Fue construida en el Cuzco a alturas casi inaccesibles, con fines religiosos y militares.

Según la leyenda fueron cuatro hermanos los fundadores de la familia Inca. A Manco Capac considerado como héroe y un dios, fue el fundador del Cuzco, la ciudad capital del imperio Inca. A partir de Manco Capac se le sucedieron 13 incas en el gobierno, el último fue Atahualpa quien reinaba cuando llegaron los españoles.

Los incas constituyeron un poderoso imperio que logró la expansión territorial en la época en que Colón iniciaba su viaje hacia lo desconocido. Abarcó desde las sierras  de la actual Colombia hasta el norte de Chile y de la Argentina, y desde la costa del océano Pacífico hasta el este de los bosques del río Amazonas. Los incas eran un pueblo originario de las sierras y desde allí dominaron, mediante la guerra de conquista, a los pueblos de las otras zonas.

Establecieron la capital de su imperio en la ciudad de Cuzco, a la que consideraban el centro del universo. El imperio, que ellos llamaban Tahuantinsuyo -que quiere decir las cuatro partes del mundo-, estaba dividido en cuatro regiones, las que, a su vez, se subdividían en provincias. Al frente del imperio estaba el Inca, y las zonas conquistadas estaban dirigidas por los curacas o gobernadores de provincia.

Organización económica y grupos sociales

La agricultura fue la base de la economía del imperio incaico.  La producción era muy variada y los cultivos más importantes eran el maíz y la papa.  Los incas aplicaron diferentes técnicas agrícolas que mejoraron el rendimiento de los cultivos.  En la zona árida de la costa usaron el guano -excremento de aves marinas- como fertilizante de las tierras y construyeron canales de riego.  En el interior, sobre las laderas de las sierras, cultivaban en terrazas.  Además, el dominio de pueblos que habitaban diferentes zonas les permitió obtener, mediante el pago de tributos, productos que no había en su propio hábitat. En la sociedad incaica se podían diferenciar varios grupos sociales.

La nobleza real incaica estaba formada por los sacerdotes, los guerreros y los funcionarios. Controlaban el Estado y vivían de los tributos que entregaban los campesinos.  A este grupo social pertenecía el Inca. Los curacas, o nobles de provincia, eran los nobles que gobernaban a los campesinos organizados en comunidades (ayllus). Su instrucción se realizaba en el Cuzco.  Eran los responsables de recibir los tributos de los ayllus, que luego entregaban al Estado incaico.

El ayilu era la comunidad de campesinos unidos por vínculos familiares, que tenían antepasados en común y habitaban un mismo territorio.  El Estado entregaba tierras a cada comunidad para su subsistencia.  Anualmente, un funcionario local asignaba parcelas a cada familia según el número de sus componentes.  Pero los campesinos no eran propietarios de las tierras y estas parcelas eran trabajadas colectivamente por todos los miembros de la comunidad.  El ayllu debía entregar fuertes tributos en productos y en trabajo al Estado y a los curacas.

En las laderas de la sierras, el cultivo en terrazas permitió un mejor aprovechamiento de la tierra fértil y facilitó el riego. Como técnica de labranza el palo cavador y una maza de cabeza de piedra, no conocían la rueda.

La cría de llamas y de alpacas fue una actividad importante en la economía incaica. De ella obtenían lanas, carne y se usaban como animales de trabajo. La llama aunque no soporta más de 45 Kg. de peso soporta las grandes alturas.

Entre los incas las tierras se dividían en tres zonas: las tierras de las comunidades, cuya producción alimentaba a las familias campesinas, la del Inca que mantenían al Inca , a los sacerdotes y el ejército, y las del Sol, con las que se mantenía el culto a los dioses. Los campesinos debían obligatoriamente trabajar en todas.

Quinua: Conocida como “cereal madre” en la lengua quechua, la quinua (también quinoa)  fue el alimento básico de los Incas durante miles de años, unido a su religión y su cultura. Con la llegada de los conquistadores su cultivo fue substituido por maíz y patatas y en muy poco tiempo, la quinua desapareció con la aniquilación de esta cultura. Actualmente vuelve a cultivarse en los Andes, se siembra con éxito en Inglaterra y algunas de sus variedades, en diversos países.

La Chenopodium quinoa, a pesar de ser una planta, ha sido clasificada como pseudo cereal, poseyendo el mayor índice de proteínas, calcio, fósforo, hierro y magnesio que los demás cereales. Contiene también todos los aminoácidos esenciales, es rica en fibra y vitaminas del grupo B y no contiene gluten. Siendo un grano blando, muy digestivo, de rápida cocción y apreciable sabor, además de sus propiedades nutritivas, es muy fácil de usar y se comercializa en infinidad de formas ; en grano, copos, harina, pasta, panes o snacks.

LOS PISOS ECOLÓGICOS: La mayor parte del imperio inca se asentaba sobre la cordillera de los Andes. Por lo tanto, los pueblos que allí vivían, aún antes de la conquista inca, debieron desarrollar estrategias para adaptarse a las malas condiciones del terreno y el clima, una de estas estrategias era la de controlar la mayor cantidad de pisos ecológicos. Las diferentes alturas de la cordillera implicaban también cambios en las condiciones naturales: en distancias relativamente cortas podían variar mucho la humedad del aire, las lluvias, el terreno, la fertilidad de la tierra, los vientos, etc. Por lo tanto, lo que se pudiera cultivar en cada lugar también variaba. Por esa razón, los pueblos andinos se dividían en colonias.

Los ayllus no guardaban continuidad espacial, sino que estaban divididos en diferentes zonas de las que extraían diferentes productos. Por ejemplo, en las zonas más elevadas, de la puna, a más de 4.000 metros de altura, podían criar camélidos, cultivar papas, o extraer sal. En las zonas intermedias, de las laderas y los valles, cultivaban el principal producto de alimentación, es decir, el maíz. En los terrenos más bajos, de mayor humedad, productos como ají, coca, o algodón. De esta zona también podían extraer madera de los árboles o cazar pájaros y pequeños animales.

El Estado Incaico

 El Estado incaico fue teocrático porque el emperador, el Inca, era reconocido como el hijo del Sol, el dios más importante.  Un consejo de nobles y sacerdotes, llamados orejones y pertenecientes a la familia real, asesoraba al Inca en las tareas de gobierno.

La gran expansión del imperio fue posible por la cuidada organización de la fuerza militar.  Para facilitar el desplazamiento de sus ejércitos, los incas construyeron una vasta red de caminos.  La existencia de tambos o postas a lo largo de esos caminos servía para el descanso de las tropas en campaña y para el recambio de animales y armas.

Todos los pueblos que pertenecían al imperio tenían la obligación de entregar al Estado una determinada cantidad de alguna materia prima o de productos manufacturados, según la producción característica de cada zona.

Además, la población estaba obligada a realizar trabajos individuales en beneficio del Estado, los curacas o los sacerdotes.  Por esto, personas y productos recorrían también permanentemente el Camino del Inca.  La sociedad incaica funcionaba sobre la base de la reciprocidad y la redistribución. La reciprocidad era común entre las comunidades de campesinos de la región andina. Consistía en la práctica entre todos los miembros de una comunidad.  Por ejemplo, los habitantes de un ayllu se ayudaban entre sí a sembrar y a cosechar en las parcelas de subsistencia; y, en ocasión de un matrimonio, toda la comunidad ayudaba a levantar la casa de los recién casados. 

Los incas incorporaron el principio de reciprocidad de los ayllus como una de las bases del funcionamiento económico y social de su imperio. La redistribución suponía el reconocimiento por parte de los campesinos de los diferentes niveles de autoridad que existían en la sociedad. 

Los ayllus entregaban los tributos a los curacas, y los bienes tributados se acumulaban en depósitos reales que estaban en aldeas, caminos y ciudades.  Allí eran contabilizados por funcionarios especializados que comunicaban a los administradores del Cuzco las cantidades de cada producto mediante el uso de quipus, contadores hechos con tiras de cuero en las que se realizaban nudos.  De este modo, el Inca conocía las cantidades de excedente y en qué regiones del imperio sobraban o faltaban determinados productos. 

Cuando algunos pueblos del imperio no podían satisfacer sus necesidades básicas porque las regiones en las que vivían habían sido afectadas por malas cosechas u otras catástrofes, el Estado incaico redistribuía una parte de los alimentos, materias primas y productos manufacturados almacenados.  También utilizaba los bienes acumulados para costear los gastos de las constantes expediciones militares, y para premiar los servicios realizados por algunos funcionarios generalmente nobles.

Reciprocidad y Distribución: La sociedad incaica funcionaba sobre la base de la reciprocidad y la redistribución. La reciprocidad era común entre las comunidades de campesinos de la región andina. Consistía en la práctica entre todos los miembros de una comunidad.  Por ejemplo, los habitantes de un ayllu se ayudaban entre sí a sembrar y a cosechar en las parcelas de subsistencia; y, en ocasión de un matrimonio, toda la comunidad ayudaba a levantar la casa de los recién casados.  Los incas incorporaron el principio de reciprocidad de los ayllus como una de las bases del funcionamiento económico y social de su imperio.

La redistribución suponía el reconocimiento por parte de los campesinos de los diferentes niveles de autoridad que existían en la sociedad.  Los ayllus entregaban los tributos a los curacas, y los bienes tributados se acumulaban en depósitos reales que estaban en aldeas, caminos y ciudades.  Allí eran contabilizados por funcionarios especializados que comunicaban a los administradores del Cuzco las cantidades de cada producto mediante el uso de quipus, contadores hechos con tiras de cuero en las que se realizaban nudos.

De este modo, el Inca conocía las cantidades de excedente y en qué regiones del imperio sobraban o faltaban determinados productos.  Cuando algunos pueblos del imperio no podían satisfacer sus necesidades básicas porque las regiones en las que vivían habían sido afectadas por malas cosechas u otras catástrofes, el Estado incaico redistribuía una parte de los alimentos, materias primas y productos manufacturados almacenados. También utilizaba los bienes acumulados para costear los gastos de las constantes expediciones militares, y para premiar los servicios realizados por algunos funcionarios generalmente nobles.

Los tributos de las comunidades campesinas dados al Estado eran de tres tipos:

  1. Trabajos colectivos en las tierras del Inca
  2. Trabajos individuales periódicos y rotativos a los que llamaban mita, con este sistema se construían puentes y caminos.
  3. Las comunidades debían entregar a los curacas alimentos, materia primas y productos manufacturados.

PRESAGIOS Y PROFECÍAS DE LA DERROTA INDÍGENA 

Los incas creían en muchos dioses. El dios Viracocha era considerado el dios de la vida, del Sol y de la Luna. Todos los demás dioses estaban subordinados a él. Al Sol se le atribuía los beneficios que hacía prosperar la agricultura.

La llegada de los europeos a América fue anticipada por presagios y profecías de origen azteca e inca.  De los aztecas han llegado hasta nosotros fragmentos escritos.  En el caso de los incas, que no tenían escritura, las noticias provienen de la tradición oral indígena y de los testimonios que dejaron los cronistas de la época.

Los presagios aztecas anunciaban que el retorno del dios Quetzalcoátl (imagen izq.) se produciría al final del reinado de Moctezuma y lo haría bajo la forma de un hombre blanco.  Antes de su llegada -afirmaban- ocurrirían una serie de fenómenos naturales y catástrofes.  Los testimonios así lo enunciaban:

“De aquí a muy pocos años nuestras ciudades serán destruidas y asoladas, nosotros y nuestros hijos muertos…”

Y prevenían al emperador:

“perderéis todas las guerras que comiences y otros hombres con las armas se harán dueños de estas tierras…”

Las profecías comenzaron a cumplirse a los tres años de la ascensión de Moctezuma al trono.  En 1510 se sucedieron un eclipse de Sol y la aparición de un cometa.  Al poco tiempo Hernán Cortés desembarcó en las costas de México… y no pasó mucho tiempo hasta que los indígenas tomaron conciencia de que no era precisamente el dios que aguardaban.

En el imperio de los incas la llegada de los españoles también fue precedida por presagios y profecías.  Se anunciaban fenómenos naturales: rayos, cometas y cambios en el color del Sol y la Luna.  El cronista Garcilaso de la Vega cuenta al respecto:

“Hubo grandes terremotos y temblores de tierra (a poco de arribar los españoles) que, aunque en el Perú son frecuentes, notaron que los temblores eran mayores que los ordinarios, y que caían muchos cerros altos.”

Los incas esperaban también el retorno de un dios salvador, Viracocha.  Por ello cuando tuvieron noticias de la llegada de Pizarro, muchos creyeron que era la esperada divinidad:

“Quién puede ser sino Viracocha… era de barba negra y otros que lo acompañaban de barbas negras y bermejas”.

Pero los españoles pronto disiparon la ilusión de los incas, según lo afirmaba un cronista de origen indígena:

“Pensábamos que era gente grata y enviados de Viracocha, pero paréceme que ha salido al revés, hermanos, que estos que entraron a nuestras tierras no son hijos de dios sino del demonio.”

Artes, ciencia y legado cultural:
Utilizaban eL adobe (ladrillo de arcilla secado al sol) o la piedra para sus construcciones, Las cuaLes carecían por Lo general de ventanas (La luz entraba por pequeños nichos y por Las puertas abiertas en Los muros). EL ajuste de las piedras resultaba tan perfecto, que entre una y otra no quedaban separaciones. Conocieron el falso arco, pero lo aplicaron sólo en bóvedas pequeñas.

El carácter de La arquitectura estaba dado por: fortalezas militares o pucarás (puntos estratégicos en Lo alto de las serranías como Machu-Picchu), edificios religiosos (como eL templo del Sol en Cuzco, en parte revestido con oro), palacios y arquitectura funeraria (que variaba, desde el simple pozo hecho en La habitación del muerto a las chupas, de forma piramidal). También hicieron caminos, salvando los desniveles del terreno con escalinatas.

Existían dos caminos públicos que unían Cuzco con Quito contampus, edificios que se elevaban de tanto en tanto destinados a servir como posadas.

En cuanto a la cerámica, el elemento típico fue el aribalo (imagen derecha: vasos de cuello estrecho y Largo, con dos asas en los costados y dibujos geométricos), que utilizaban para almacenar agua. Trabajaron La madera y conocieron la técnica del laboreo de los metales, cincelando la plata, el oro y el cobre, al que agregaban estaño para obtener bronce.

Tuvieron un desarrollo textil importante. Utilizaron Lana de vicuña y algodón. Fueron amantes de la música y sus instrumentos eran tambores y caracolas marinas. (imagen izq. quipus)

El calendario inca o año solar, constaba de doce meses de treinta días cada uno, más cinco días finales. Cada mes tenía su nombre y se dividía en semanas. El año empezaba eL 22 de junio. También tuvieron el año Lunar, que era de 354 días y se hacía corresponder con eL solar, añadiéndole once días repartidos entre los meses. La lengua propia era el quechua o quichua.

No tuvieron escritura, pero sí un sistema para recordar ciertos hechos: Los quipus (cuerda eje de La que colgaban otras de distintos colores; en cada cuerda se hacia un nudo, cuyo significado dependía de la ubicación). Los quipucamayos eran los únicos que descifraban los quipus. Un servicio útil relacionado con los caminos era eL de Los chasquis o correos, que tenían por objeto Llevar las órdenes del Inca a través del Imperio.

 LOS PRIMEROS ASENTAMIENTOS ESPAÑOLES

Los primeros asentamientos españoles se ubicaron en las islas Antillas.  Desde la ciudad de Santo Domingo en la isla que Cristóbal Colón llamó La Española -actual territorio de Santo Domingo y Haití-, se organizaron la primera recolección de oro americano y la conquista de las islas adyacentes y del continente.

Entre 1492 y 1520, los españoles no obtuvieron de los territorios conquistados las riquezas esperadas -especias y grandes cantidades de oro sino sólo perlas, algo de azúcar y una escasa cantidad de oro.  Pero el oro que los españoles encontraron en las Antillas era de aluvión: pepitas arrastradas por los cursos de los ríos desde algún yacimiento superficial y poco abundante.  Los aborígenes fueron obligados a recolectar el metal precioso.  Los indígenas antillanos no opusieron resistencia armada a los conquistadores, pero en pocos años casi todos ellos desaparecieron.  Un gran número de estos indígenas murieron a causa de las enfermedades transmitidas por los europeos.  Además, la dominación a que se los sometió, provocó en muchos de ellos el deseo de no tener hijos, con lo que disminuyó drásticamente el índice de natalidad.

A partir de 1510, La Española perdió importancia y Santiago de Cuba se transformó en el centro de las operaciones coloniales españolas.  Desde allí, en febrero de 1519, partió Hernán Cortés, al mando de 11 naves y 600 hombres, con destino a la tierra firme del continente, a la búsqueda de las fabulosas riquezas en oro mencionadas por los indígenas.

 LA CONQUISTA DEL PERÚ      

Desde su asentamiento en Panamá los españoles comenzaron al explorar la costa del Pacífico hacia el sur.  El hallazgo de piezas de oro los animó a emprender nuevas expediciones.

En noviembre de 1532, Francisco Pizarro, con 200 hombres, llegó a Cajamarca, donde acampaban 30.000 incas al mando del emperador Atahualpa. Pizarro pensaba aprovechar a su favor la división interna entre los incas, enfrentados en una guerra civil en la que dos hermanos descendientes del Inca –Atahualpa y Huascar– se disputaban el trono.

A pesar de la inferioridad numérica, Pizarro convenció al jefe inca para parlamentar y lo tomó prisionero.  Al ver a su soberano cautivo, muchos soldados se dejaron matar sin defenderse.  La orden de Atahualpa de matar a Huascar, que dominaba el sur del imperio, facilitó la alianza entre grupos incas y los españoles.  Finalmente, en noviembre de 1532, Pizarro entró al Cuzco, capital del imperio, y reconoció como emperador a un miembro de la nobleza inca.  De este modo, Pizarro obtuvo el apoyo de un sector de la sociedad conquistada.

En el Perú, la capital española no se superpuso -como en México- a la indígena.  En 1535 Pizarro fundó Lima, la Ciudad de los Reyes.  La ciudad fue establecida cerca de la costa para asegurar las comunicaciones con las otras tierras de españoles, situadas sobre el Pacífico, y también por temor a instalarse en una región tan aislada como la del Cuzco.  Las grandes cantidades de oro y de plata que los españoles obtuvieron en el Perú hicieron de esta región la más importante de todas las conquistadas por España en América.

Las sublevaciones indígenas y las luchas entre los mismos conquistadores, ávidos de enriquecerse rápidamente -y que le costaron la vida al propio Pizarro-, obligaron la intervención de la corona, que en 1544 creó el Virreinato del Perú.

LA JUSTIFICACIÓN DE LA CONQUISTA ESPAÑOLA: La pugna por los derechos de conquista sobre los nuevos territorios derivó pronto en un conflicto propagandístico entre los estados europeos, por lo que la “leyenda negra” sobre las atrocidades cometidas por la corona de Castilla empezó pronto a expandirse. Para contrarrestarla, se ofreció una imagen de las culturas precolombinas que justificara la intervención armada de los españoles. Incas y aztecas eran presentados como feroces tiranos, y la conquista, como la única vía posible para acabar con esa opresión. La propagación de la fe cristiana y de la civilización europea sobre las “atrasadas” culturas americanas se convertía en sinónimo de liberación. La implantación europea se justificó con numerosos mitos. Se discutió si los indígenas eran descendientes de Noé y si tenían alma y, por tanto, si eran o no humanos. Además, como era evidente que el nuevo continente había sido creado por Dios y que Cristo no pudo desconocerlo, aparecieron crónicas que encontraban evidencias del Diluvio Universal en América y que asociaban creencias indígenas con algún apóstol. De este modo, se empezó a construir la imagen “eurocéntrica” de América.

EL IMPACTO DE LA CONQUISTA

La invasión europea produjo un tremendo impacto entre los pueblos que habitaban América.  Para estas sociedades que habían vivido aisladas del resto del mundo, los europeos representaban algo totalmente desconocido.  Toda su vida cambió a partir de la conquista.  Su organización económica, social y política, sus creencias religiosas, su visión del mundo y las costumbres de su vida cotidiana, se derrumbaron.

La desestructuración de la economía

La conquista española alteró el funcionamiento y la organización de las economías indígenas.

En el Perú, por ejemplo, el triunfo español alteró el sistema basado en la reciprocidad y la redistribución.  Los conquistadores ocuparon el lugar del Inca en la jerarquía social.  Las comunidades continuaron obligadas a entregar tributos y los curacas fueron mantenidos como los funcionarios encargados de controlar el cumplimiento de la obligación y el almacenamiento de los productos.

Pero los españoles quebraron el principio de la redistribución: el excedente que los curacas entregaban a los conquistadores no volvía a las comunidades.  Además, con la introducción de la moneda y el mercado, los españoles destruyeron el principio de la reciprocidad: los indígenas dejaron de intercambiar productos entre comunidades de acuerdo con lo que cada una producía y se vieron obligados a comprar y vender.

La destrucción de las religiones indígenas :

Cuando los españoles llegaron a México, se encontraron con una civilización que tenía una religión muy diferente de la cristiana.  Lo que más impactó a los conquistadores fue la poderosa religión estatal que rendía culto a las principales divinidades indígenas a través de sacrificios humanos que eran acompañados de diversos ritos.  De acuerdo con su mentalidad de hombres europeos del siglo XVI, la entendieron como una religión demoníaca -que rendía culto al demonio y a las fuerzas del mal- y se propusieron su completa destrucción.

Los conquistadores y los misioneros -sacerdotes y religiosos que llegaban a América con la misión de evangelizar, es decir, de enseñar a los indígenas los principios de la que consideraban la verdadera fe: la religión cristiana- se propusieron extirpar la idolatría (porque los europeos llamaron ídolos ii los dioses de los aborígenes).  La muerte de los emperadores azteca e inca contribuyó a que esas sociedades perdieran confianza en sus dioses: con la muerte de Moctezuma o de Atahualpa, no sólo desaparecían los jefes del Estado sino también los hijos del Sol, su protector.  Otra forma en que los españoles se propusieron reemplazar las creencias tradicionales indígenas, fue la edificación de iglesias en los lugares en los que antes habían existido templos o centros de culto.

Durante los primeros tiempos y terminada la etapa de la resistencia armada, los misioneros fueron optimistas porque los indígenas parecían aceptar a la nueva religión y recibían en masa los sacramentos del bautismo y del matrimonio.  Sin embargo, al poco tiempo comenzaron a advertir que la aceptación del cristianismo era sólo superficial ya que, a escondidas de los españoles, continuaban realizando los ritos de su culto tradicional.

Las causas de la derrota

Un proceso tan complejo como la conquista de un continente no puede explicarse por un solo factor.  Si tenemos en cuenta que un pequeño número de europeos lograron dominar en muy poco tiempo a comunidades muy numerosas y que habían alcanzado un elevado nivel de organización social, ¿Como explicar que los 200 hombres de la expedición de Cortés conquistaran tina región habitada por más de 10 millones de personas?  Sin duda influyeron factores técnicos como la superioridad de las armas de fuego, y el terror que producían las explosiones de pólvora y los caballos.  Otros factores serían de tipo religioso, como las leyendas que hablaban de la llegada de enviados de los dioses.

Pero tal vez haya que prestarle particular atención a un elemento de tipo político: la organización imperial y militarista de los aztecas e incas.  Si bien esto puede aparecer como un símbolo de fortaleza, también lo es de debilidad.

Muchos de los pueblos dominados por los aztecas y los incas colaboraron con los europeos convencidos de que ése era el medio para liberarse de quienes les exigían pesados tributos.

Además, la organización imperial muy centralizada de los incas, por ejemplo, facilitó el triunfo de los españoles. Éstos atacaron directamente la cabeza del imperio -el Inca y el Cuzco- y frente a la derrota de ésta, el poderío inca sucumbió.  Los españoles aprovecharon la situación y mantuvieron parte de la estructura de dominio impuesta por los incas, pero se ubicaron ellos a la cabeza de esa estructura.

El derrumbe demográfico

  Antes de la llegada de los europeos, la población americana no estaba distribuida de manera uniforme por el continente.  Las zonas más densamente pobladas eran las de las civilizaciones urbanas de Mesoamérica y la región andina.  En esas dos zonas, la población aumentaba a medida que mejoraban las técnicas de cultivo y crecí-,in el intercambio y los centros urbanos.  La conquista interrumpió bruscamente esta tendencia y diezmó la población indígena.

El derrumbe demográfico se produjo por un conjunto de factores que actuaron de manera simultánea: las muertes provocadas por la violencia de los conquistadores; la desorganización de la vida económica, que hizo disminuir la producción de alimentos, provocando hombrunas; la explotación del trabajo indígena en las minas; la desorganización de la vida familiar tradicional; los efectos devastadores de las epidemias de enfermedades infecciosas como la viruela, frente a las que los indígenas no tenían desarrolladas defensas orgánicas.  También influyeron factores de tipo psicológico, como la pérdida del deseo de vivir en un mundo que se derrumbaba, donde todo lo conocido iba desapareciendo.

A lo largo de los siglos XVII y XVIII, los indígenas que sobrevivieron la conquista se transformaron -en su mayoría- en campesinos.  Algunas comunidades o individuos llegaron a competir con los europeos por los beneficios producidos por la economía colonial americana.

DIFERENTES VISIONES DE LA CONQUISTA:

La visión de los conquistadores

La conquista del Nuevo Mundo fue impulsada por instituciones como los Estados monárquicos, la Iglesia Católica y las grandes compañías comerciales.  Pero la importancia de estas instituciones no debe hacernos olvidar que los protagonistas de este proceso histórico fueron los conquistadores, hombres reales, de carne y hueso. ¿Quiénes fueron estas personas? ¿Qué motivos los impulsaron a cruzar el océano, pese a los riesgos que la empresa suponía? ¿Cuál fue la visión que estos hombres tuvieron al tomar Contacto con una realidad geográfica y humana tan diferente de la propia?

Los conquistadores eran hombres con poca o ninguna fortuna en tierras o en dinero, aunque algunos de ellos eran de origen noble. Llegaron a América esperando lograr en el Nuevo Mundo los objetivos que en Europa les resultaban inaccesibles.  Estos objetivos eran la riqueza, el prestigio social y su contribución a la misión cristiana de evangelizar a los indígenas americanos.

Sobre todo en los primeros años de la conquista, los conquistadores imaginaban que iban a alcanzar sus utopías sin conflicto.  Esperaban que las riquezas fueran la base de una posición de reconocimiento social en tierras americanas; y que, al regresar a España, la fortuna y el prestigio social recién adquiridos estuvieran legitimados por su servicio prestado a la expansión del cristianismo.  Sin embargo, en la práctica, la mayoría de los conquistadores no realizó sus utopías.

Los conquistadores se fueron diferenciando entre sí.  Rápidamente, entre ellos se establecieron diferencias de jerarquía y autoridad: los que actuaban en México y en Perú obtenían mayores recursos económicos que los que actuaban en las islas del Caribe.  Pero, en el continente, sólo un reducido grupo de hombres relacionados directamente con los jefes de las expediciones (sucesivamente, Colón, Velázquez, Cortés, Pizarro, Valdivia, por ejemplo) obtuvieron el título de encomenderos.

A los encomenderos se les confiaban porciones de población indígena y se les otorgaba el derecho de obtener de ella tributos, emplearla como mano de obra en sus empresas particulares (minería, plantaciones, talleres textiles, entre otras), y recibir el pago de sus jornales si trabajaban fuera de la encomienda.

Estos beneficios se otorgaban teóricamente a cambio de la obligación de evangelizar a los indígenas encomendados. Como resultado de esta diferenciación, muchos conquistadores vieron cerrado su acceso a los niveles superiores de riqueza y prestigio social.  Fueron frecuentes las intrigas políticas y los enfrentamientos armados entre grupos que se oponían a los conquistadores más poderosos.

La visión de los vencidos

La conquista violenta significó para los indígenas un gran sufrimiento espiritual.  Su mundo y sus tradiciones se desmoronaron. Algunos historiadores denominaron a este impacto en la mentalidad de los pueblos americanos como el traumatismo de la conquista.

Para los vencidos, la derrota tuvo un carácter religioso y cósmico: se sintieron abandonados por sus dioses.  La caída de Tenochtitlán por ejemplo, no fue solo una derrota militar significaba también la caída del reino del Sol.  Los dioses habían muerto o eran débiles ante el avance de la nueva fe cristiana que imponen los conquistadores.

Las nuevas condiciones de existencia impuestas por los europeos provocaron la desvalorarización de los americanos.  El alcoholismo se difundió como una epidemia.  El desgano vital, producido por la falta de incentivos pira vivir en un mundo hostil, lleva muchos a un estado de autoabandonarse incluso a la disminución de la natalidad.

Para Nathan Wachtel -historiador francés contemporáneo-, “saqueos, masacres, incendios, es la experiencia del fin de un mando.  Pero se trata de un fin sangriento, de un mundo asesinado”.

 Que sabes de la aculturación ?

Cuando dos culturas se ponen en contacto se establece entre ellas una serie de relaciones que modifican a ambas.  En el proceso de la conquista europea en América se relacionaron dos culturas que, hasta ese momento, se habían desarrollado por separado, sin que una tuviera noción de la existencia de la otra.

Frecuentemente las culturas que entran en contacto no se enfrentan en condiciones de igualdad.  En ocasiones, por circunstancias diversas, una cultura tiene la fuerza suficiente como para imponerse sobre la otra.  La conquista de América fue una historia de vencedores y vencidos.  Unos lograron imponer su dominio sobre los otros.  En la relación entre sus culturas ocurrió algo similar.  La cultura europea derrotó a la indígena.

El concepto de cultura se refiere a la forma en que los miembros de un grupo de personas piensan, creen y viven, la manera en que resuelven sus problemas, sus manifestaciones artísticas y su vida espiritual, las normas y acuerdos que establecen.  Por esto, cuando se produce un choque entre culturas, se enfrentan todos los aspectos de la vida social de los pueblos en lucha.

En las ciencias sociales como la antropología y la historia, por ejemplo

se utiliza el término aculturación para explicar procesos como el de la conquista de América, en el cual una cultura se modificó por el contacto violento con otra, y en ese proceso de modificación perdió los rasgos más importantes que le eran propios.  En un proceso de aculturación, el pueblo vencido pierde su identidad cultural tradicional e incorpora a su visión del mundo muchos elementos de la cultura de los vencedores.  El resultado final de este proceso es la imposición de los rasgos principales de la cultura vencedora a la cultura vencida.

LOS CAMINOS DEL INCA: A LOS 180 conquistadores españoles que invadieron en 1531 el Imperio inca, en Sudamérica, les parecieron primitivos en muchos sentidos el pueblo y los gobernantes nativos. Carecían de escritura, caballos, ruedas y pólvora. No obstante ser tecnológicamente atrasado, este pueblo había construido un refinado sistema de caminos, comparable con los mayores logros de los romanos. La red de caminos corría a lo largo del imperio, desde el norte del actual Perú hasta Chile. Las dos rutas principales eran una costera de 4.000 Km. de longitud y el Camino Real, en verdad imponente, de 5.200 Km., el camino troncal más largo que se haya construido hasta fines de la década dé 1800. (SEGUIR LEYENDO)

LA VIDA COTIDIANA DE LOS INCAS:
La vestimenta

“La reglamentación era estricta para la masa en materia de indumentaria. El día de su casamiento, el indio recibía dos trajes de lana de llama tomados de los depósitos públicos, uno para los días de trabajo, y otro para los días de fiesta, y los conservaba hasta gastarlos por completo, remendándolos con gran habilidad, a la manera de los especialistas modernos, cuando se desgarraban.
“El corte y el color eran uniformes para cada sexo (…) para los hombres el pantalón (huara); la camisa blanca sin mangas (…) la capa marrón de lana echada sobre los hombros y anudada en el pecho (yacolla). (…) Para las mujeres, la túnica larga rodeada por un cinturón, abierta al costado dejando ver la pierna, para facilitar la marcha (anacu), la manta gris sostenida sobre el pecho con un alfiler de cabeza grande (lliclla).
“Unos y otros iban generalmente con los pies desnudos, pero a veces, sin embargo, llevaban sandalias (usuta). (…)
“El conjunto era simple y uniforme. Estaba prohibido modificarlo a menos de tener autorización especial de los superiores jerárquicos. Destaquemos que los brazos y las piernas quedaban desnudos, prueba de lo sufridos que eran los indios pues el aire de las alturas es muy vivo y a veces glacial.
“La soberana y las damas de alto linaje hilaban, tejían y se ocupaban de su arreglo personal. Se depilaban las cejas y se acicalaban con bermellón. (…)”

La alimentación
“La alimentación de la familia imperial era mucho más copiosa y variada que la de los indios del pueblo. (…) El maíz era asado, hervido o reducido a harina en forma de sémola (…). La papa se preparaba en forma de chuño, a ese efecto se la disponía alternativamente a la helada de la noche y el calor del día, a fin de obtener una desecación completa, bastaba luego machacarla y mezclarla con agua, sal y pimiento para obtener un plato muy popular en los Andes. (…) En principio la llama no debía ser carneada, servía exclusivamente de proveedora de lana y como medio de transporte. (…) Toda carne se cortaba en lonjas, salada, secada y guardada con el nombre de charqui.
“Las aves, ranas, gusanos comestibles, insectos semejantes a tábanos y hongos permitían variar el gusto de los guisos.
“Agreguemos a esta enumeración algunas frutas, en particular la de cacto; en las regiones marítimas, los pescados. (…)
“¿Estaba el indio suficientemente alimentado? (…)
“Si los súbditos del Inca hubieran sido enclenques y mezquinos, se ha dicho, no hubieran podido llevar a cabo tantas obras colosales.
“Los cálculos más recientes incitan a pensar que las calorías eran 3400 por día en los períodos favorables.”

  1. Boudin. La vida cotidiana en el tiempo de los últimos incas, Buenos Aires, Hachette, 1962.

UNA INDÍGENA, PREMIO NOBEL DE LA PAZ:        
La indígena Rigoberto Menchú recibió el 1 0 de diciembre de 1992, en Suecia, el Premio Nóbel de la Paz por su ardua lucha por la defensa de los derechos indígenas y humanos en general, de su país y del continente.

“Este Premio Nóbel lo interpreto primero como un homenaje a los pueblos indígenas sacrificados y desaparecidos por la aspiración de una vida más digna, justo, libre, de fraternidad y comprensión entre los humanos, A los que ya no están vivos para albergar la esperanza de un cambio de lo situación de pobreza y marginación de los indígenas, relegados y desamparados en Guatemala y en todo el continente americano,

“Reconforta esto creciente atención, aunque llegue 500 años más tarde, hacia el sufrimiento, la discriminación, lo opresión y explotación que nuestros pueblos han sufrido, pero que gracias a su propia cosmovisión y concepción de lo vida han logrado resistir y finalmente ver con perspectivos promisorias, cómo, de aquellas raíces que se quisieron erradicar germinan ahora con pujanza, esperanzas y representaciones paro el futuro.

Implica también una manifestación del progresivo interés y comprensión internacional por los Derechos de los Pueblos Originarios, por el futuro de los más de 60 millones de indígenas que habitan nuestra América y su fragor de protesta por los 500 años de opresión que han soportado. Por el genocidio incomparable que han sufrido en todo esta época, del que otros países y las élites en América se han favorecido y aprovechado

“Libertad paro los indígenas dondequiera que estén en América y en el mundo, porque mientras vivan, vivirá un brillo de esperanza y un pensar original de la vida!

“Los manifestaciones de júbilo de los Organizaciones Indígenas de todo el continente y los congratulaciones mundiales recibidos por el otorgamiento del Premio Nobel de lo Paz, expresan claramente la trascendencia de esto decisión.  Es el reconocimiento de una deudo de Europa para con los pueblos indígenas americanos; es un llamado a la conciencia de la Humanidad para que se erradiquen los condiciones de marginación o las que los condenó el coloniaje y la explotación de los no indígenas, y es un clamor por la vida, la paz, la justicia, lo igualdad y hermandad entre los seres humanos.”

(Fragmento del discurso de Rigoberta Menchú en el acto de entrega del Premio Nóbel de la Paz.)

BREVE CRONOLOGÍA DE LOS INCAS:

Los incas no fueron en su origen un pueblo, sinO una familia que surgió de la nación quechua y que desde su asiento en el Cuzco fue ejerciendo paulatino predominio hasta constituir el gran imperio que se llamóTahuantinsuyu.

La leyenda campea, sobre la información histórica y Justifica la mítica disposición de Viracocha “El Creador” de enviar a su hijo y a la esposa de éste para erradicar la barbarie que reinaba entre los peruanos. También lo fantástico preside, la partida de la pareja celestial, su posterior instalación en el Cuzco hacia el año 1200 y la dedicación de Manco Cápac en !a enseñanza del cultivo de !a tierra y las artes a los hombres, y de Mama Oclloacerca de las obligaciones domésticas y los rudimentos del hilado y el tejido.

La denominación de cultura inca no tiene, pues, la base etnográfica característica de las que florecieron antes en territorio peruano, corno la chavín, chimú, nazca, quechua, etc., sino que responde a una designación meramente política, pues es indudable que la formación cultural inca se fundamentó en la absorción de los rasgos comunes de las culturas andinas.

Siglo IX ó X: Manco Cápac. Fundador de la dinastía Inca. El “Hijo del sol” y su esposa, Mama Ocllo, proceden del lago Titicaca. La fecha de su llegada aL Cuzco es dudosa (alrededor del s. X). Allí establecen la soberanía del clan Inca y desde allí someten a las poblaciones quechuas.
Sinchi Roca y Lloque Yupanqui. Sucesores inmediatos de Manco Cápac. .Bajo su reinado aún es lenta la anexión y el sometimiento de las poblaciones. Más bien parece que se dedicaron a consolidar sus dominios en los alrededores del Cuzco.

Siglo XII: Mayta Cápac. Emprende la conquista de los territorios de la llanura del Cuzco y somete a losallcovisas.

Siglos XIII y XIV: Cápac Yupanqui e Inca Roca. Aunque la dominación inca se extiende durante su reinado, particularmente sobre los quechuas, parece que ambos Incas se dedicaron, más que a la conquista, a la organización administrativa y de ceremonias y ritos religiosos.

Siglo XIV:  Yahuar Huacac. Hijo de Inca Roca, es su sucesor. Extiende sus dominios hacia el Este.
Siglos XIV y XV: Viracocha Hijo de Yahuar Huacac. ETS el primer gran conquistador inca: invade la planicie del Titicaca. Bajo su reinado e! Imperio comprende todas las pampas del Titicaca (Colla-suyu) v numerosos valles en la parte Este de los Andes (Anti-suyu).

1438-1471 Pachacútec Yupanqui. Hijo de Viracocha. Derrota a los chancas en Yahuar Pampa y consolida el Imperio (Tahuantinsuyu). Somete a los pucará, soras, rucanas, yaucos, huancas, etc. Fija la vigencia de las leyes y difunde el Sistema de colonias.

1471-1493 Tupac Yupanqui. Hijo de Pachacútec, aventaja a su padre como conquistador. Somete a los cbímúes y a las tribus de Quito. Durante su reinado, los límites del Imperio se extienden desde e! sur de la actual Colombia hasta el río Maule, en Chile, y desde las costas del océano Pacífico hasta la selva amazónica y la meseta boliviana.

1493-1527 Huayna Cápac. Hijo de Tupac Yupanqui. Hereda un imperio bien organizado, y extiende aún sus límites hasta Tucumán y más al sur de Chile. Al morir incurre, contrariando la tradición, en el error de dividir el’ Imperio entre sus dos hijos.

1527-1532 Huáscar y Alahualpa. El primero ocupa el reino del Cuzco, con la parte central y meridional del Tahuantinsuyu, y el segundo se establece en Quito y ocupa la parte septentrional. La llegada de Francisco Pizarro, quien explota hábilmente Ja lucha por el poder desatada entre ambos monarcas, pone fin al Imperio de los Incas.

PARA SABER MAS…

EL IMPERIO INCA tenía una población de unos 10 millones de habitantes. En su apogeo ocupaba los territorios correspondientes al actual Perú, el sur de Colombia, Solivia, Ecuador y el norte de Chile y Argentina. Los jefes incas administraban este enorme imperio sin tener escritura ni vehículos rodados.

AGRICULTURA
La agricultura era la base de la vida inca. El año agrícola comenzaba en agosto, cuando el Inca trazaba el primer surco en la tierra con una reja de arado de oro. Toda la tierra se aprovechaba. Las partes desiertas eran trabajadas gracias a canalizaciones y sistemas de terrazas. Las familias de los agricultores incas cultivaban cereales para sí mismas, así como para los guerreros y sacerdotes. Los conejillos de indias se usaban como alimento. La madera era escasa, por lo que el fuego solía encenderse con excrementos de llama.

LA MITA
Cada agricultor inca debía trabajar cinco años para el gobierno. Este trabajo obligatorio se llamaba la mita. Podía hacerlo como minero, en la construcción de carreteras o como soldado. Mientras tanto, su mujer se encargaba de la administración de las tierras. Las distintas provincias del imperio se especializaban en proveer de diferentes clases de trabajadores. Todos trabajaban y no existía la desocupación.

CURACAS
Cada área tenía su curaca (gobierno oficial), que vigilaba el pago de los impuestos en cereales y regulaba la mita. También inspeccionaba caminos y puentes y en ocasiones incluso se ocupaba de concertar matrimonios. Las curacas controlaban las casas de los ancianos y procuraban que estuvieran limpias y en orden.

INDUMENTARIA
Las mujeres incas hilaban y tejían la lana de los animales andinos, como la alpaca y la llama. Tejían taparrabos, túnicas y mantos. En los valles costeros, donde crecía el algodón, la gente usaba ropas más ligeras.

QUIPU
Los incas no tenían escritura ni conocían los números. En su lugar usaban el quipu. Un quipu era un trozo de cuerda provisto de franjas de distintos colores y grosores. Cada una de estas franjas representaba diferentes cantidades. Todos los quipu se fabricaban en una oficina especial, en Cuzco. El gobierno tenía siempre información precisa acerca del estado del imperio: cuántas personas vivían en las distintas regiones, cifras correspondientes a las cosechas y la cantidad exacta de lana, armas y metales preciosos que se guardaban en los almacenes. Este sistema basado en el quipu aseguraba que nadie pasara hambre en el imperio. Cuando la cosecha fallaba en una zona del imperio, el excedente producido en otra venía a auxiliar a los habitantes de la primera.

EL INCA
El Inca gobernaba el imperio. Se le consideraba descendiente del dios del sol. Usaba un cetro de tubos de oro provistos de remates de color rojo. Sus ropas eran tejidas por sacerdotisas especialmente consagradas a esta tarea. Todo el oro y la plata del imperio constituían el tesoro personal del Inca. Comía en vajilla de metales preciosos y se sentaba en un trono de oro. A pesar de que solía tener hijos con muchas mujeres, su esposa oficial era una de sus hermanas, pues tenía, como él, estatuto divino. Cuando el Inca moría, su fortuna se dedicaba a engalanar su tumba, lo cual significaba que su sucesor debía obtener nuevas riquezas. Ello explica el afán por extender el imperio.

Organización Social de los Incas Red de Caminos y Comunicaciones

Organización Social de los Incas – Red de Caminos y Comunicaciones

2° La superestructura
Si la infraestructura fue el resultado de la acción lenta y continua de las generaciones de indios que se sucedieron en el altiplano, la superestructura es ya la obra de los conquistadores incas. Consiste en la aplicación de un plan racional, elaborado en su totalidad por iniciativa de ciertos soberanos y especialmente por uno de ellos, Pacha-Kutek, es decir el «reformador del mundo», hacia fines del siglo XIV y principios del XV.

patcha kutek, inca

Dicho plan comprende una extremada centralización política y económica, una reglamentación minuciosa de la producción y del consumo, una adaptación forzosa de dicha producción al consumo, y por eso la calificamos de socialista, aunque el epíteto pueda ser discutible.

Vamos a analizar, primero, los órganos de esa inmensa máquina administrativa del Perú y luego estudiaremos su funcionamiento.

a) Los órganos.
La sociedad peruana estaba dividida en dos castas: la «élite» y las masas. En la cúspide de la jerarquía, el jefe supremo, el Inca, asumía para el pueblo figura divina. Se decía el hijo del Sol y debía ser objeto de adoración, su voluntad era ley y toda violación de esa ley constituía un sacrilegio.

Pero si el vulgo no osaba siquiera levantar los
ojos hacia el jefe omnipotente, no ocurría lo mismo con la «élite», y podemos afirmar, si leemos con detención los relatos de algunos cronistas, que los grandes personajes del imperio no se engañaban sobre el carácter humano del monarca y no vacilaban en destronar al que se mostraba incapaz, cobarde o vicioso, como aconteció con el Inca Urco, que huyó en presencia de los Chancas.

El absolutismo del soberano era más aparente que real, y muchos autores antiguos aluden a un consejo, algunos llegan a decir «cortes», cuya influencia parece haber sido considerable.

El Inca, como el Faraón de Egipto, casaba con su hermana mayor, era polígamo, y designaba sucesor entre sus hijos legítimos al que consideraba de más capacidad.

Por bajo del emperador, seguía de inmediato en la jerarquía social, lo que hemos llamado la «élite». Esta se componía ante todo, de los descendientes de Incas, muy numerosos como consecuencia de esa poligamia que hemos mencionado, luego de los jefes locales o Kuracas — mantenidos en el poder por los vencedores — y de sus familias; por último, de ciertas personas que ascendían por excepción, de la casta inferior a la superior, merced a una autorización especial del Inca y en recompensa de servicios prestados.

Garcilaso llama a estos últimos «Incas por privilegio» y Fernández de Palencia habla de ellos en términos muy claros.

La instrucción quedaba reservada a esa «élite» únicamente, pero todas las personas instruidas no formaban, de oficio, parte de la «élite» en razón de que era necesario para ello, someterse con buen resultado a un examen riguroso.

Los candidatos admitidos eran presentados solamente al soberano que les horadaba las orejas, y desde ese momento tenían el derecho de llevar en ellas enormes pendientes como signo distintivo de la casta superior, lo que dio motivo a que los españoles les llamaran «orejones».

Ninguno quedaba dispensado de la prueba, ni siquiera el presunto heredero del trono. Los Kuracas debían mandar sus hijos al Cuzco para aprender la lengua y los usos de la corte y presentarse al «jury», como los otros hijos de la raza conquistadora.

En cuanto a los Incas por privilegio, no parece que fueran muy numerosos, pero podemos vincular a ellos una categoría de individuos cuya función es difícil de definir: los Yanacuna. Estos aparecen en la historia, en momentos de una conjuración contra Tupak-Inpanki, encabezada por uno de sus hermanos. En esa época varios millares de indios, confesos de haber fabricado armas para los revoltosos, fueron reunidos en la ciudad de Yanayaku para sufrir allí el castigo que merecían.

La hermana y esposa del soberano pidió que fueran indultados y obtuvieron el perdón a condición de servir a los vencedores, ellos y sus descendientes. Pero, en el Perú, como en todos los pueblos del mundo, nada mejor para medrar en la vida que adorar al Sol… que nace. Algunos de esos indios y sus descendientes se ganaron la confianza del monarca y terminaron por formar parte de la «élite». Los últimos fueron los primeros.

Esta «élite» proporcionaba al imperio los cuadros de su personal administrativo superior. Todo estaba reglamentado aritméticamente. Cada grupo de diez familias se colocaba bajo la autoridad del jefe de una de ellas: el decurión. Cinco decuriones dependían de un decurión superior, dos decuriones superiores, de un centurión.

Por encima de este último se escalonaban los jefes de 500, 1.000 y 10.000 familias; el de 40.000 familias que llevaba el nombre de «tukrikuk» (es decir: el que lo ve todo), y en fin el «Virrey» de quien dependía una de las cuatro grandes partes del imperio: Norte, Sud, Este u Oeste.

Las normas para el nombramiento de estos funcionarios eran muy complejas; en principio el Inca nombraba los funcionarios superiores y éstos los inferiores, pero los Kurakas quedaban comprendidos en la jerarquía administrativa, en el lugar que les confería la importancia numérica de su tribu, siendo jefes de 5oo, 1,000, 10,000 familias o aun más, según los casos, y desde ese momento les eran aplicables las reglas habituales de sucesión o de elección, en la medida necesaria para evitar el acceso al poder de individuos incapaces, inmorales, o políticamente sospechosos.

Entre estos funcionarios, los que parecen haber desempeñado el papel más importante, son, por una parte, en jerarquía inferior, el decurión, siempre en contacto con la gente del pueblo, y encargado no solamente de dirigirla, sino de denunciar todas las infracciones cometidas contra la ley del Inca; por otra parte, el gobernador que gozaba de autoridad judicial muy amplia, con frecuencia se presentaba en el Cuzco para exponer al monarca la situación de su provincia, pudiendo también levantar un ejército en caso de rebelión.

Tales eran los hombres. El herramentaje económico esencial de que disponían, consistía en el «kipu», o cuerdecillas anudadas, y en una red de caminos.

El «kipu» era el instrumento de la estadística, porque los peruanos no conocían la escritura. Se componía el «kipu» de un cordón grueso al que se añadían cuerdecillas a manera de flecos, teñidas de diferentes colores, según la naturaleza del objeto que designaban. Estas cuerdas llevaban nudos que indicaban cifras de acuerdo al lugar que ocupaban: así las unidades estaban colocadas en la extremidad inferior del hilo, las decenas algo más arriba, las centén s más alto y así sucesivamente.

De esta suerte, una cuerda colorada en un «kipu» relativo a una conquista, indicaba el ejército imperial; una cuerda verde el ejército enemigo, y los nudos representaban en la primera el número de soldados del Inca, en la segunda el número de los adversarios. Excusa decir que el lector debía recurrir a la memoria para descifrar esos documentos.

Merced a estos «kipu», los funcionarios registraban todo lo que puede razonablemente registrarse en un Estado: población según la edad y el sexo, nacimientos, decesos, enfermedades, superficies de las circunscripciones administrativas, casas, animales, cosechas, trabajos efectuados, tributos cobrados, reservas acumuladas, etc.

Los datos se comunicaban a los funcionarios superiores que los centralizaban, y a los gobernadores, que los remitían al Cuzco. Allí los guardianes de «kipu» (Kipu-Kamayu), de memoria muy especializada, recogían las estadísticas del imperio todo y se encargaban de hacer la lectura. La menor flaqueza de memoria era castigada con pena de muerte.

Si los españoles se sintieron sorprendidos de los resultados obtenidos por los indios con sus cuerdecillas, su sorpresa fue superior al contemplar las calzadas peruanas, calzadas que no existían ciertamente en la España del siglo XVI. Es que el camino fue el gran medio de acción de los soberanos del Cuzco, tal como es hoy el ferrocarril para los gobiernos de los países nuevos y las colonias.

Ningún río ofrecía sus aguas a los barcos de los conquistadores para llevarlos a los países que deseaban someter, porque en el altiplano no se ven sino torrentes de orillas abruptas, como el Apurimac o el Urubamba. Hubo pues, que trazar vías a despecho de los obstáculos acumulados por la naturaleza; fue menester atravesar las inmensas extensiones estériles y desiertas de la puna, los desfiladeros de los Andes situados a alturas prodigiosas, los desiertos cíe la costa, los barrizales de la selva; fue menester escalar las montañas por largas graderías y salvar los ríos por puentes suspendidos.

Los indios vencieron todas las dificultades; construyeron tan bien sus calzadas, que todavía perduran algunos de sus vestigios y las distribuyeron en tal forma, que Wiener ha podido decir que semejante red de caminos, si existiera todavía, realizaría el «desiderátum» del comercio y de la industria, asegurando el porvenir económico del Perú moderno.

Dos grandes vías de comunicación corrían de norte a sur del imperio, una sobre el altiplano interandino (camino de la sierra), otra a lo largo de la costa (camino de los llanos); la primera venía de Pasto, sobre la actual frontera de Ecuador y Colombia, pasaba por Quito, Latacunga, Tomebamba, doblaba hacia el litoral en la región de Agavaca, ganaba luego las aglomeraciones situadas en el valle del Alto Marañen: Huancabamba, Cajamarca, Huamachuco, Huanuco, pasaba a Jauja, Cuzco, atravesaba el nudo de Vilcañota y dejando al Este Chuquiabo (La Paz), terminaba en la región de Chuquisaca.

La segunda vía descendía de Tumbez, pasaba por las grandes ciudades de la costa: Chimu, Pachacamac, Nazca, subía al Cuzco, descendía nuevamente al litoral, hacia Arequipa, Tacna y tomaba por fin el desierto de Atacama. Cantidad de caminos secundarios unían esas dos vías principales.

Sobre esos caminos, de trecho en trecho, se escalonaban los «trampu» o «tambos», albergues donde habitaban los empleados encargados de mantener a los viajeros. A distancias variables entre 4 y 6 kilómetros, había cabañas donde vivían los «chaski» o correos imperiales, cuyo servicio estaba tan bien organizado que un mensaje podía ir en menos de diez días desde Quito hasta el Cuzco y el Inca podía comer por la noche, los peces sacados por la mañana del mar Pacífico.

Estos correos se entrenaban desde su más tierna edad, se agrupaban de dos en dos, en sus cabañas, y cuando llegaba una orden, uno de ellos la llevaba hasta el albergue próximo donde un nuevo correo la recibía, partiendo a su vez inmediatamente a la carrera.

 

Perú Precolombino Historia de los Incas Opticas Historicas

Perú Precolombino – Historia de los Incas

Cuando, por primera vez, Francisco Pizarro y sus compañeros desembarcaron en Túmbez, se sintieron sorprendidos, no obstante los relatos que ya habían escuchado en Panamá, al encontrarse con templos y palacios, con fortalezas, con campiñas surcadas de caminos y canales; al descubrir, en fin, un Imperio, harto bien administrado.

La palabra imperio no es exagerada para designar un Estado que se extendía desde el río Ancasmayo, sobre el límite actual de Colombia y Ecuador, hasta el río Maule en Chile central; que cubría la mayor parte de la actual República del Ecuador, el Perú casi por entero, más de la mitad de Solivia, Chile, la región noroeste de la República Argentina y que contaba aproximadamente con doce millones de habitantes.

Tantos juicios contradictorios se han formulado sobre el Perú precolombiano, tantas leyendas se han incorporado a su historia, que el investigador siente la impresión de entrar en un mundo desconocido. Se hace menester, en efecto, realizar un verdadero trabajo de exploración, porque si bien las obras relativas a los Incas son numerosas, raros son los autores que abordan las cuestiones económicas y sociales, y asimismo, los pocos que lo han intentado, sólo han escrito a este respecto monografías sin interés.

La información debe adquirirla el economista espigando los elementos necesarios para la reconstrucción del imperio desaparecido, en los documentos del Archivo de Indias y en las crónicas españolas. Debe extraer de las obras de Francisco de Jerez, Pedro Sancho, Zarate, Gomara, Lizárraga, Betanzos, Balboa, Oliva, los datos perdidos entre los relatos de correrías y batallas, seguir al cronista Acosta en sus puerilidades y a Las Casas en sus exageraciones, recorrer con el bueno y bravo soldado Pedro de Gieza de León la prolongada ruta que va desde las fronteras de Colombia hasta el Cuzco, recorrer las compilaciones de Antonio de Herrera y de Oviedo Valdés y los interminables sermones del padre Calancha.

Pondrá cuidado en recelar del entusiasta Garcilaso de la Vega, siempre dispuesto, como descendiente de los Incas, a exagerar los méritos de sus antepasados, y del feroz Sarmiento, presto, por el contrario, a empañar la fisonomía de los vencidos; buscará las huellas de verdad esparcidas en los relatos del fantástico Montesinos y en los del padre Velasco, ingenuo historiador del Reino de Quito; tratará de descubrir en la obra voluminosa del padre Cobo, algunas observaciones que no sean remedo de sus antecesores; estudiará sobre todo, las obras de los grandes jurisconsultos de la época colonial, de Polo de Ondegardo, de Fernando de Santillán, de Damián de la Bandera, de Cristóbal de Castro, del licenciado Falcón, de Juan de Matienzo y de todos los funcionarios cuyas relaciones ha publicado Jiménez de la Espada en sus «Relaciones Geográficas de Indias».

Muchas de estas fuentes históricas fueron conocidas en Europa desde el siglo XVI y algunas traducidas, pero, ¡cuánta incompetencia en la manera de utilizarlas! Garcilaso hizo escuela y provocó torrentes de sensiblería humanitaria cuya más perfecta expresión nos la da, en el siglo XVIII, la obra de Marmontel titulada «Los Incas o la destrucción del Imperio del Perú», agregado de errores groseros, de grandilocuencia empalagosa, donde los Incas se muestran como padres de familia, suaves hasta la molicie y tan virtuosos, que terminamos por lamentar en ellos la ausencia de vicios de alguna especie. ¡Y cuántos franceses sólo conocen a los Incas al través de Marmontel!

Por aquella misma época, el abate Reynal habló extensamente del Perú, pero en forma confusa; y Norelly inventó un imperio, inspirado por el estudio de los Incas, que hace honor a su imaginación, pero no a sus conocimientos. Es de lamentar que los investigadores no fueran para entonces más conscientes y sagaces, porque el Perú estaba de moda, en Francia, en vísperas de la Revolución de 1789. Madame Graffigny llegó hasta publicar las supuestas cartas de una peruana, traducidas de un «kipu» (cuerdecillas anudadas), cuyo estilo ampuloso hubiera sorprendido en extremo a los descendientes de Manco Capac.

Hasta el siglo XIX no aparecen las obras científicas. Desde entonces un gran número de sabios han profundizado la historia, la arqueología, la lingüística, la etnología, la geografía del Perú; pero, si exceptuamos el folleto, por otra parte muy discutible, de Cünow, no podemos señalar ningún estudio económico completo.

Esa laguna es la que hemos intentado llenar, primero con nuestro tratado El imperio socialista de los Incas y luego con un volumen de divulgación, donde procuramos hacer revivir esa sorprendente sociedad y que se llama: La vida de Francisco Pizarro.

Es singular que existan aún en Europa historiadores que se nieguen a admitir la existencia de civilizaciones no-mediterráneas. Atenas y Roma les han deslumbrado a tal punto, que son incapaces de percibir otras luces.

El medio en que vivieron los Incas es harto conocido para describirlo aquí. La naturaleza, en el Perú, es avara en el altiplano y, por el contrario, pródiga hasta hacerse sofocante, en las regiones arboladas. Los centros de vida están separados por desiertos, montañas, florestas, torrentes, «punas», y es de extrañar que haya podido constituirse un Estado unificado sobre un territorio de tal distribución.

He ahí el cuadro y los materiales de que dispone el economista. Emprendamos ahora la construcción del edificio.
Distinguiremos una infraestructura y una superestructura. La primera se remonta a tiempos muy antiguos y ha subsistido hasta nuestros días, después de arruinado el monumento, tal como esos vestigios que se descubren en el suelo donde se levantaron antaño ciudades opulentas. La superestructura data solamente de la época de los Incas y desapareció con ellos bajo el golpe de la conquista española, no sin haber dejado en el espíritu del indio una amargura que cuatro siglos no han bastado a desvanecer.

Grandes Conquistadores de la Historia:Alejandro Magno,Pizarro,Hernan Cortez,Napoleon Bonaparte

Grandes Conquistadores de la Historia: Alejandro Magno,Pizarro, Hernan Cortez, Napoleon Bonaparte

ALEJANDRO MAGNO(Macedonia, 356 – 323 a. C.) Hijo de Filipo II, rey de Macedonia, desde temprana edad fue destinado por sus padres a la misión de unificar los Estados griegos bajo la jefatura de Macedonia y a conquistar después los territorios adyacentes. Con veinte años de edad accede al trono.

JULIO CESAR
Integrante del primer triunvirato para el gobierno romano, junto a Cayo Craso y Pompeyo. Dictador perpetuo , en el 48 a de C. al vencer a su compatriota Pompeyo en la batalla de Farsalia. Ultimo conductor político y militar de Roma, durante la república. Murió asesinado por una conspiración en el 44 a. de C.

HERNAN CORTES
Conquistador español. Nació en Medellín en 1485 y murió en Castilla en 1547.Estudió leyes en Salamanca pero no logró graduarse. En 1504 se embarcó hacia la isla La Española, y allí logró forjarse un sólido prestigio. Por esto Diego Velázquez, en carácter de gobernador de Cuba, pensó en él para dirigir una expedición a México.

NAPOLEON
Nació el 15 de agosto de 1769, en Ajaccio, Córcega, en el seno de una familia de escaso patrimonio que pretendía descender de la nobleza italiana. En 1784 ingresó en la escuela militar de París. Un año después, a los dieciséis años, ya era teniente de artillería. Ese año murió su padre y tuvo que ocuparse del mantenimiento de su numerosa familia.

FRANCISCO PIZARRO
Conquistador del Perú. Pizarro es el apellido de una familia de conquistadores en la cual Francisco es el más representativo. Hijo ilegítimo del hidalgo Gonzalo Pizarro el Largo y Francisca González. Se dice que en su infancia se dedicaba a guardar cerdos. Marchó a Italia, donde fue soldado del Gran Capitán de 1498 a 1501.

Después del descubrimiento de América por Colón, Portugal y España se disputan la posesión del Nuevo Mundo. Con la mediación del papa Alejandro VI, y mediante el Tratado de Tordesillas (1494), se establece una línea demarcatoria que divide entre las dos coronas las tierras recién descubiertas. Los españoles se apresuran por establecer dominio efectivo sobre el área que les corresponde, por medio de expediciones que tienen como punto de partida la isla Española, primer centro administrativo del continente.

Entre esas misiones de conquista y cristianización está la comandada por Hernán Cortés, que se extiende de 1519 a 1521 y acaba destruyendo el reino azteca. Entre 1531 y 1534, Francisco Pizarra consigue dominar el imperio inca y funda Lima en 1535 (en 1541, manda asesinar a Diego de Almagro, su rival, quien descubriera las tierras de la actual Solivia en 1538).

Cabe a Jiménez de Quesada conquistar lo que en la actualidad abarca Colombia (1535/1538), mientras corresponde a Pedro de Valdivia la dominación de lo que sería Chile (1540/1554). En 1544, Francisco Orellana recorre los ríos Marañón y Amazonas, en la primera travesía completa de dicho río. Ante la rebeldía de los nativos y los sucesivos conflictos armados con los españoles en toda la región, la corona envía misiones religiosas, con la finalidad de promover la catequización.

Se instalan así las “reducciones”, donde los religiosos reúnen a los indígenas en comunidades; alcanzan mayor importancia las del Paraguay, las de Chiquitos y Moxos, y las de California.

LA LLEGADA DE HERNÁN CORTÉS A AMÉRICA
AVENTURAS Y RIQUEZA: EL SUEÑO DE ESTOS JÓVENES DEL VIEJO MUNDO

A partir de 1516, la península ibérica, excepto Portugal, es gobernada por Carlos I, que tres años más tárele, con el nombre de Carlos V, llegó a ser soberano absoluto de un enorme imperio que tenía como centro a Austria y comprendía a casi toda Europa, desde Roma a los Países Bajos y desde Alemania a España. Ya se había hecho evidente que América no era una simple isla que debía ser contorneada en la ruta a Oriente. Era preciso decidir entre dos tácticas: abandonar o explorar el nuevo continente.

El oro no estaba desparramado por el suelo como se imaginaba, mas las islas antillanas eran fértiles y ricas. Los españoles resuelven cultivarlas comenzando por las primeras islas descubiertas: Cuba y Haití, a la que llamaron Española. De allí se podría partir para nuevas conquistas en tierra firme, en busca de metales preciosos.

La generación de jóvenes que madura en estos primeros años del siglo XVI vive en un verdadero ambiente de sueños. Todos los días se oía hablar de nuevas tierras descubiertas, de formidables riquezas que se encontraban esperando a los audaces. El oro y las especias comenzaban a afluir al Viejo Continente, enriqueciendo a la nueva clase de burgueses y mercaderes, estimulando los descubrimientos científicos y dando impulso a las artes.

Era el Renacimiento económico, científico y cultural de Occidente. Y no había muchacho de quince años que no soñase con partir en busca de aventuras y riqueza a los nuevos mundos.

El joven Hernán era uno de ellos. Hijo de Martín Cortés y Catalina Pizarro, nació en 1485 en Medellín, Extremadura, España. La familia, de origen noble, había empobrecido, porque la suerte últimamente sonreía a los mercaderes y no a los aristócratas. Los padres deseaban un futuro mejor para su hijo único, Hernán. Enviaron al jovencito a Salamanca, donde esperaban que cursase estudios de Derecho en la universidad. Allí haría amigos entre las familias influyentes, condición necesaria para triunfar en la vida. Mas la experiencia escolar no dura más de dos años.

“‘¿Cómo puedo perder tiempo con libros, cuando existe un nuevo mundo y yo nunca puse los pies fuera de España?”, dice Hernán a sus compañeros. Había riquezas que esperaban ser descubiertas y aventuras extraordinarias por vivir. Y Hernán, de apenas diecisiete años, se contrata como marinero en una expedición a las Indias, comandada por el fraile Ovando.

En la víspera de su embarque, el futuro navegante sale de casa orgulloso, para ir a despedirse de su amada. Pero sucedía que su elegida era una mujer casada. El joven Cortés escalaba habitualmente un viejo muro en ruinas para verla. Esa noche el muro no soportó su peso: las piedras cayeron, y con ellas el conquistador de corazones. El episodio le costó varios meses de cama. Y podría haberle costado la vida, pues el marido engañado presenció la escena; no intervino porque juzgó que el destino había actuado sabiamente en su lugar.

Hernán perdió esa oportunidad de partir, pero luego vendrían otras. Mientras espera, intenta inútilmente conseguir fortuna en Italia y vive de expedientes, ya como escribiente, ya como auxiliar de un escribano. El poco latín que había aprendido le sirve al menos para manejar el lenguaje jurídico de la burocracia. Su padre no quería

sostenerlo, decepcionado con el joven que había abandonado los estudios. En 1504, por fin, Cortés oye hablar de una flota que partiría para la isla Española, recién descubierta por los españoles. Cinco barcos saldrían vacíos ;le España, con la esperanza de volver con las bodegas abarrotadas de riquezas. El joven se contrata nuevamente como marinero y, desde entonces, sus aventuras serían realmente marítimas.

EN LA ESPAÑOLA, SOLO RELACIONES

Para atravesar el océano, no basta la sed de aventuras. Las dificultades y privaciones son de tal orden que, sin coraje y resistencia física, ninguno puede estar seguro de llegar vivó a destino.

Durante semanas de viaje, la embarcación de Cortés navega con rumbo errado, pues faltan instrumentos seguros de orientación. Durante una tempestad, el mástil se parte. Después vienen las calmas, que parecen hacer interminable el viaje.
Finalmente, al llegar a Santo Domingo, en la isla Española, Hernán encuentra lo opuesto a lo que esperaba. No hay oro o riquezas disponibles, apenas algunas tierras cultivables, algunos indios y aldeas miserables. En los dos o tres caserones principales se instalan los funcionarios de la corona.

Para sobrevivir, Cortés se ve forzado a trabajar en la administración colonial. Son cantidades de relaciones y papeles para copiar, para sellar. No entiende cómo es posible escribir tanto sobre nada, pues nada sucede en la Española.

Pasa algunos años en esa monótona vida de funcionario. En 1511, Diego Velázquez, colono español de gran prestigio, recibe la misión de colonizar otra isla: Cuba. Llevará trescientos hombres destinados a asentarse en la nueva tierra y cultivarla. Velázquez busca un consejero, alguien que pueda secundarlo en caso de necesidad. Había oído hablar de Cortés que, además de tener fama de valiente, era conocido como hábil e inteligente.

Cortés no lo piensa dos veces al recibir la invitación: era el momento que tanto esperaba para abandonar Santo Domingo. Pero no tenía ninguna intención de establecerse en Cuba o en cualquier isla de las cercanías, ya que su objetivo era otro: el continente.

“Allí estarán seguramente las riquezas que todos buscan”, piensa. Y no esconde el deseo cíe continuar navegando en dirección a Occidente. Mas Velázquez se opone, argumentando: “Es en la isla de Cuba donde necesito de vos, de vuestras cualidades notables como administrador y diplomático. Recibiréis un repartimento y seréis el señor de él”.

Cortés obedece porque, desde luego, no quiere que un conflicto lo malquiste con su superior.

UN DESAFÍO AL JEFE: IGUAL NOS VAMOS
En 1517, Velázquez envía una expedición hacia el oeste, bajo el mando de Francisco Hernández de Córdoba. Amargado, Cortés ve partir aquellos barcos, a bordo de los cuales tanto le habría gustado estar. Hernández regresa en poco tiempo y relata su aventura: “Llevados por fuertes vientos, fuimos a dar a una costa desconocida. Al preguntar a los indios el nombre de esa tierra, ellos respondieron Yucatán [en lengua indígena: no entiendo].

Dimos entonces este nombre a la tierra”… Y continúa la relación:
“Hay en esa costa riquezas increíbles en oro y piedras preciosas. Mas la población nativa se protege con corazas y nos recibió con flechas envenenadas”.

Cortés escucha en silencio. Sus conjeturas eran correctas. ¡Era preciso ir, a cualquier precio, a la nueva tierra! Pero será una vez más contrariado. La segunda expedición a Yucatán es con Eiada por Velázquez a su sobrino Grijalva. “Esto ya colma la medida”, dice Cortés a sus amigos. Sentía que era excluido deliberadamente del viaje. Cortés ya era un personaje importante en la isla, conocido por su audacia y capacidad de mando. Velázquez dudaba en confiar tarea de tal responsabilidad a hombre tan ambicioso; temía que el nombre de Cortés rivalizase con el suyo, pareciendo más importante a los ojos del soberano español.

Poco después de iniciada, la expedición resulta un fracaso. Cortés aparece entonces como el único indicado para llevar a cabo la misión. Sólo Velázquez no está convencido; mas ahora nada impedirá a Hernán que ejecute su proyecto. Usando su influencia como señor de tierras y secretario del gobernador de Cuba, Cortés reúne una tripulación de cien marineros y quinientos soldados armados de fusiles, arcabuces y hasta arcos y flechas, y carga los barcos con provisiones y pólvora en cantidad. Lleva además dieciséis caballos. Es un desafío a Velázquez, mas éste nada puede hacer, pues no dispone de fuerzas para enfrentar a su subordinado.

En febrero de 1519, la flota abandona Cuba y poco después ya se encuentra bordeando la costa mexicana. Con gran espanto de los marineros, la primera persona que encuentran había correctamente el español: es un castellano de nombre Jerónimo de Aguilar Vivía entre los indígenas mexicano desde hacía mucho tiempo y en si largo cautiverio había aprendido lengua de los indios. No podía haber mejor intérprete que él. (ver la historia de la conquista)

CONQUISTA DE H.CORTÉS

Para aterrorizar a los rebeldes de su expedición y forzarlos a la sumisión total, Cortés ordena que sean amputadas las manos de los mejores guerreros (Museo de América, Madrid). También descargó todas las armas y alimentos de los barcos y tomó la decisión de quemar los barcos para que nadie pueda regresar.

CONQUISTA DE H.CORTÉS

Después de atravesar los canales Protectores, Cortés llega a la fabulosa metrópoli azteca.
Moctezuma no opone resistencia: ve en el español la imagen del dios Quetzlcoatl. (Museo de América, Madrid.)

Fuente Consultada: Grandes Personajes de la Historia Universal Tomo III Vida de Hernán Cortés