Vida de Gabriela Sabatini

Películas Argentinas Nominadas al Oscar La Tregua Camila Tango

Películas Argentinas Nominadas al Oscar


“La Historia Oficial”, ganadora del Oscar, veos a la actriz Norma Aleandro junto a Luis Puenzo director, en el momento cumbre

HISTORIA DEL CINE: Los hermanos Lumiere inventaron el cine en 1895. Pero lo que en principio fue una curiosidad, casi una diversión de feria, se transformó con el Siglo XX en uno de los mayores vehículos de difusión de ideas, sentimientos,  emociones, pesadillas y testimonios; también de belleza.

Fue mudo hasta 1929, cuando se rodó El cantor de jazz. Pero en esa primera etapa Charles Spencer Chaplin (foto, con Jackie Coogan, en El pibe; la computación unió a Carlitos con a uno de sus sucesores, Woody Allen) le confirió adultez, y Serghei Eisenstein perfeccionó el montaje, es decir, un lenguaje* diferente de los existentes; de ellos aprendieron los grandes qué hoy nos conmueven y asombran.

Arte insustituible, el cine los compendia a todos, pintura, música, teatro, ballet, literatura. Público y a la vez intimista, toda vez que sólo se lo  disfruta -o se lo sufre- en una sala a oscuras, creó prototipos perdurables e instaló para siempre imágenes en la cultura colectiva.

El cine, que se inició casi como una atracción de feria, como algo menor, fue con el correr del siglo ocupando un lugar entre las artes mayores. A lo largo de su historia se fue poblando de grandes obras que lo convirtieron en la expresión cultural por excelencia del siglo XX.

Desde sus orígenes marcó hitos y abrió nuevos caminos, inventándose a si mismo y encontrando su propia narrativa y su propia identidad de relato gracias a grandes autores que realizaron grandes películas. En el cine mudo, con David W. Griffith que inventó la gramática cinematográfica en clásicos como El nacimiento de una nación e Intolerancia. Con Luis Buñel y Dalí, que propusieron el cine como el vehículo ideal para el surrealismo en El perro andaluz y La edad de oro. Con los expresionistas alemanes, que plasmaron hitos como Metrópolis de Fritz Lang o Nosferatu de Murnau. Con Abel Gance, que llevó el cine al terreno de la épica y el gran espectáculo con su colosal Napoleón.

En los años ’30, en los albores del cine sonoro, Jean Renoir produce sus dos obras maestras La gran ilusión y Las reglas del juego. Mientras en Estados Unidos, John Ford lleva el western a alturas inimaginables con La diligencia, y Howard Hawks crea el arquetipo del antihéroe contemporáneo en Scarface.

En 1941, El Ciudadano, una opera prima de un joven de 25 años llamado Orson Wells, se establece como la obra máxima del cine, con nuevos parámetros que destierran para siempre los límites de ambición, complejidad y hondura en el relato cinematográfico.

A lo largo de su historia, el cine atravesó grandes momentos de efervescencia creativa. Uno de los más apasionantes fue a finales de los ’50 y comienzos de los ’60 cuando, en forma independiente, una nueva generación de cineastas comenzó a crear un nuevo cine en varios países europeos, en América Latina y en los Estados Unidos. Replantearon el rol casi de arte menor del cine respecto al teatro y a la literatura y lo convirtieron en el arte mayor de nuestro siglo.

El cine nos ayudó a entendernos y a entender. Dotó nuestro imaginario de héroes y arquetipos. Nos reveló la existencia de otras culturas, de otras formas de vivir. Las películas nos sirven de referencia, nos brindan códigos comunes. Las imágenes del cine pueblan nuestra memoria como si formara parte de nuestra experiencia, confundiéndose con ella.

El siglo XXI comienza anunciando una gran revolución tecnológica en el cine. Habrá reformulaciones en el soporte y en los modos de exhibir. Pero mucho más allá de su formato, las películas van a seguir cumpliendo con su misión de contarnos historias, nutrirnos de fantasías, sumergirnos en obsesiones, sentir como propias problemáticas que creíamos ajenas, vernos reflejados en los sueños de otros. Mientras existen buenos films que nos provoquen reflexiones, nos ayuden a entendernos, o simplemente nos entretengan, el cine va a seguir formando parte de nuestras vidas.

Fuente: Marcelo Piñeyro dirigió Tango Feroz y Caballos Salvajes.

HISTORIA DE LOS PRIMEROS CINES EN ARGENTINA

Los primeros kinetoscopios funcionaron en el área céntrica de la ciudad de Bs.As. , en locales sobre las calles Florida (el salón Florida o Novedades, donde estuvo el teatro Nacional y más tarde las confiterías El Águila, primero, y L’Aiglon, después), Suipacha y Paseo de Julio (luego, Leandro N. Alem). Pero el kinetoscopio no era el cine.

Durante muchos años se sostuvo que la primera función de cine propiamente dicho, El cinematógrafo Lumiére, había tenido lugar en el teatro Odeón de la calle Esmeralda, el 18 de julio de 1896, sólo seis meses después de su presentación en París, el 28 de diciembre de 1895.

Investigadores de la Cinemateca Argentina (Historia de los primeros años del cine en la Argentina, 1895-1910) establecieron recientemente que hubo cine -no de Lumiére sino de la competencia británica, la Escuela de Brighton-antes, aunque también en julio, el lunes 6, en un salón de Florida 344. Aunque no se denominaba cinematógrafo sinovivomatógrafo, eran imágenes proyectadas sobre una tela y en movimiento, condiciones indispensables del cine. Su responsable fue Enrique de Mayrena.

Los primeros tiempos del cine son testigos de funciones que alternaban el teatro con las proyecciones. Pronto, los actos en vivo pasaron al segundo plano, desplazados por las vistas cinematográficas.

El primer sitio edificado para sala de cine, en 1900, fue el Cinematógrafo Nacional -más tarde Salón Nacional-, situado en Maipú 467, 471 y 479, entre Corrientes y Lavalle. Fue edificado por Gregorio Ortuño, comerciante de artículos fotográficos, y explotado por la sociedad de Puppo y Ángel Rodríguez Melgarejo.

La palabra biógrafo, con la sugerencia de vida en imágenes, ganó prestigio y se difundió pronto. Según Julio Quesada, era una “sala modesta, con un galpón de paredes lisas, lavadas a cal”.

El Nacional se mudó en 1906 a Corrientes 840-848 (al lado del actual cine Opera), donde luego estuvo el teatroPorteño y ahora la decaída Galería Porteño. Esta fue la primera sala de cine con palcos laterales.

En 1900, funcionaba asimismo un cine, local sin palcos como el citado Nacional, en Rivadavia, entre Carlos Pellegrini (Artes, entonces) y Cerrito. Según Julio Quesada, fue el segundo construido al efecto en Buenos Aires, cinco meses después del Nacional, y su responsable era un joven Villanueva, hijo de un socio de la firma, entonces extinguida, Villanueva, Leguineche y Cía.

El tercero abrió el 23 de octubre de 1900 en el salón Florida, ex Palacio Novedades. Según parece, exhibió vistas coloreadas. Pronto se sumaron otros teatros y salones en el primer auge de las películas: el teatro Casino y el Pabellón Argentino.

El salón Florida estrenó los pocos minutos animados que registran la llegada a Buenos Aires, en octubre de 1900, del elegido presidente del Brasil, doctor Manuel Campos Salles.

También se pasaron películas al final del viejo siglo en un parque de entretenimientos de plaza Flores, en las terrazas del teatro Casino, en el Pabellón Argentino de la Exposición de París de 1889 reconstruido en Retiro y en el Prado Español de la Recoleta.

El público apreciaba películas cortas de cualquier origen, mayormente norteamericanas, aunque no faltaban las variedades locales con actualidades animadas en calles de Buenos Aires que tomaban Eugenio Py, para la casa Enrique Lepage y Cia. (Bolívar 375), el independiente Eugenio Cardini y hasta un camarógrafo que asistió a dos intervenciones quirúrgicas practicadas por el doctor Alejandro Posadas en el patio del Hospital de Clínicas para que hubiera mejor luz aunque no demasiada asepsia.

La salida nocturna del verano al aire libre, sentados a la mesa con refrescos y viendo películas, fue una costumbre porteña hasta bien entrada la década de 1910. Algún lector puede aún recordar a sus abuelos hablar del cine-bar. Este programa también podía hacerse en invierno, al lado de la mesa servida y bajo techo, por ejemplo en el café España, en la calle Artes (hoy Carlos Pellegrini), a partir de 1902.

Las primeras imágenes de la ciudad habían sido registradas por Federico Figner en su paso por Buenos Aires: la Avenida de Mayo y los bosques de Palermo.

En sus memorias, editadas en el Brasil, cuenta Figner que, muy prematuramente, en marzo o abril de 1896, el payaso Frank Brown había proyectado películas cinematográficas en su circo, emplazado en esa fecha en Rosario. No hay otros testimonios, todavía.

Después de Figner, Eugenio Py, el empleado de la casa Lepage, caminó una cuadra con la cámara en la mano buscando un objeto que tuviera movimiento y que expresara a la Argentina: la marca registrada del cine y de la patria que lo producía. Halló la Bandera Argentina, en el mástil de la Plaza de Mayo, y la registró en unos metros de celuloide. Sólo queda la memoria de aquel acto, no el resultado.

Los argentinos iban al cine para aprender a ser argentinos. El cine era el espacio de ilusión para la clase media. En la oscuridad de la sala se auscultaban modales, conductas sociales, modos de vestir y peinarse; se autorizaban comportamientos familiares y se ensayaba la educación de los hijos. En las películas, los modos de ser estaban codificados y se fijaban en la memoria del público, que descubría fórmulas del habla social y amaneramientos del gesto y la palabra y los repetía en la vida diaria. Más allá de esa ilusión y de la fantasía, la suerte de haber contado con un cine extranjero subtitulado contribuyó a alfabetizar a los espectadores jóvenes y hasta dio agilidad a la lectura de los chicos, que competían consigo mismos para leer de un saque las dos líneas del diálogo.

No importaba la extracción social ni el origen patricio o inmigratorio. En el cine se aprendía a ser y a tratar a los demás. No tuvimos una política definida sobre la orientación de la pantalla, como en los países fascistas; sin embargo, las apetencias populares y el seguimiento de un género, de un actor o de un tema forzaron lo necesario a los productores. El espectador llegó a creer que las películas se hacían pensando en él. Tanta era la coincidencia. En el interior del país, los públicos del inicio del sonoro soñaban con una mitología popular desplegada en una noche porteña de cabarets y peringundines, como en las películas. Buenos Aires era la ilusión más apetecible, con sus rubias disputadas, los tangueros empedernidos y las flacas como espigas de armiño y lame. Aunque nada de eso fuera cierto, la llegada del viajero a la ciudad verdadera nunca desencantaba.

Las películas más amadas fueron las que edificaron la memoria de los argentinos. La que más lo logró fue Así es la vida (1939, de Francisco Mugica). Empezaba en el patio, como si fuera el conventillo del saínete: allí convivían el porteño, el italiano y el gallego; el buen padre y el pariente tilingo y descocado; el apolítico y el soñador de utopías; se cumplía el mandato de la hija que quedaba para vestir santos, mientras las otras se casaban con un buen partido para seguir edificando la clase media. La historia pasaba del patio al comedor y a la sala, avances que el saínete no se permitía.

La película se adelantaba sobre los géneros —del saínete a la comedia familiar burguesa— y los sentaba a todos, sin prejuicios, a la mesa familiar (esa mesa que había que achicar y agrandar), para contarnos lo suyo, que coincidía con lo nuestro (en la platea) y para volver consciente la necesaria memoria del universo propio que la película había construido durante una hora y media y que ya nos pertenecía. A la mesa de Así es la vida se sentaban todos los argentinos.

Fuente Consultada:
El Diario Intimo de un País – 100 años de vida cotidiana – La Nación
Gente Testigo del del Siglo Los Personajes y hechos  que hicieron historia Tomo 3 Luz, cámara,…acción

Premios Nobel Argentinos Grandes Hombres de Ciencia de Argentina

PREMIOS NOBEL ARGENTINOS

UN POCO DE HISTORIA SOBRE LOS PREMIOS NOBEL ARGENTINOS

En 1943, se produjo un golpe de Estado. En aquellos días, algunos intelectuales decidieron manifestar su oposición a los golpistas publicando una declaración en la que apoyaban la “normalidad constitucional, la democracia efectiva y la solidaridad latinoamericana”.

El médico Bernardo Houssay estaba entre ellos. El gesto le valió la expulsión de la universidad. El científico, finalmente, fundó su propio instituto privado, donde terminó de realizar las investigaciones que le harían merecedor del premio Nobel.

Esa experiencia seguramente alentó a Luis Federico Leloir a fundar, en 1945, el Instituto de Investigación Bioquímica Fundación Campomar. No contó con ninguna clase de apoyo a sus investigaciones, que condujo con equipos y laboratorios sumamente precarios. Es conocida la anécdota que relata que, mientras sus colegas en otros lugares del mundo contaban con las mejores instalaciones, el bioquímico argentino hacía sus cultivos en recipientes de plástico que habían contenido yogur Sin embargo, se hizo acreedor a un premio Nobel.

César Milstein dejó su Bahii Blanca natal para estudiar en la Universidad de Buenos Aireí donde conoció la intolerancia política y la falta de recursos. En 1962, el Instituto Malbrán, en el que trabajaba, fue arrasado por los militares. Al año siguiente, se fue a trabajar al laboratorio de Biología Molecular de Cambridge, en Gran Bretaña.

Esa decisión le evitó padecer la noche de los bastones largos, como se llamó a la brutal golpiza a profesores y estudiantes con la que la dictadura militar termino con el autogobierno universitario en 1966. En 1983, el futuro premio Nobel ofreció su colaboración al nuevo gobierno democrático. Pero siguió residiendo en Cambridge.


1-En 1947, el fisiólogo Bernardo Alberto Houssay (1887-1971) obtuvo el Premio Nobel de Fisiología y Medicina por sus investigaciones sobre la glándula pituitaria, que mejoraron el tratamiento de la diabetes.

2-En 1970, Luis Federico Leloir (1906-1987) recibió el Premio Nobel de Química por el descubrimiento de los procesos químicos en la formación de los azúcares en plantas y animales.

3-En 1984 el inmunólogo César Milstein (nacido en 1927) ganó el Premio Nobel de Fisiología y Medicina por producir anticuerpos capaces de reconocer en la sangre moléculas extrañas a sistema ínmunológico.

En El Bicentenario N°10 , en una nota a cargo del matemático y divulgador científico Leonardo Moledo, describe asi este feliz momento argentino: El Premio Nobel concedido a César Milstein por su trabajo en el terreno de los anticuerpos monoclonales forma una tríada de laureados, junto a Bernardo Houssay y Federico Leloir. Sin embargo, no puede celebrarse como debería, como un triunfo de la ciencia argentina, ya que el trabajo de Milstein se desarrolló en Cambridge, Inglaterra, y responde a la eterna historia de exilio y prepotencia que debió sufrir la ciencia argentina.

En 1962, tras el derrocamiento de Arturo P’rondizi, José María Guido asumió la presidencia de la República. Un tal Tiburcio Padilla se hizo cargo del Ministerio de Salud Pública y una de sus primeras decisiones fue intervenir el Instituto Malbrán, relevando a su director, Ignacio Pirosky, y a cuatro integrantes de la División de Biología Molecular de la institución.

Y resulta que el jefe de la División de Biología Molecular del Malbrán se llamaba César Milstein, y trabajaba en la etapa crucial de un programa de estudios genéticos de enzimas y proteínas, todos muy avanzados para el contexto de entonces, incluso a nivel mundial. Los cesanteados fueron once, a los que hubo que sumar otros trece profesionales que presentaron sus renuncias en forma solidaria, entre ellos César Milstein y su esposa Celia Prilleintensky. La atmósfera que reinaba en el Malbrán se completaba con la sensación generalizada de que allí se estaba desarrollando una campaña aviesa de persecución antisemita.

Poco antes de haber redactado su renuncia, Milstein había enviado una carta a su colega y ex padrino en Cambridge, Frederick Sanger, en la que le decía que estaba “disponible”. Cambridge reaccionó enseguida, y César y Celia hicieron las valijas, partieron hacia Gran Bretaña y en 1964 Milstein estaba en el Medical Research Council de Cambridge, consiguiendo los primeros resultados en el camino de los anticuerpos monoclonales.

Dos décadas después, el 15 de octubre de este año, la academia sueca anunció que había sido laureado con el Premio Nobel de Medicina. Del mismo modo que en la Ilíada los dioses griegos luchaban sobre las cabezas de los guerreros, sobre la ciencia argentina, César Milstein y Tiburcio Padilla libran su batalla interminable. ¿Quién ganará al final?

Fuente Consultada: Sociedad en Red EGB 9 A-Z Editora

UN POCO DE HISTORIA SOBRE LA ENTREGA DE LOS NOBEL DE MEDICINA
REFLEJO DE UNA ÉPOCA

Creado al terminar el siglo XIX y adjudicados por vez primera en 1901, los Premios Nobel son reflejo de esos decenios que alcanzaron a ser bautizados “la bella época” y que para sus protagonistas adinerados era la expresión máxima (y al parecer definitiva y eterna) del mejor estado que podía alcanzar en todos los órdenes la especie humana.

Con ellos se pretendía destacar ante el mundo civilizado a aquellos individuos que realizaran obras, en formas de descubrimientos o invenciones, singularmente dignas de aprecio por su calidad y por la contribución trascendente al mantenimiento y perfeccionamiento de ese estado de bienestar general, que se creía haber establecido firmemente en el planeta.

En el área de la medicina, el primero de esos galardones correspondió a un investigador de la bacteriología, el alemán Emil Adolph von Behring, entonces de 47 años de edad. Gracias a él se había conseguido un método von Behring eficaz para arrancar a miles de personas de las garras inevitablemente mortíferas de enfermedades infecciosas tan temidas como la difteria y el tétano.

Al comprobar que el suero de animales, infectado, bajo circunstancias especiales, con los gérmenes productores de tales enfermedades, adquiría la propiedad de disminuir o impedir el ataque de los mismos en personas que fueran inyectadas con tal suero, von Behring había dado comienzo a la “sueroterapia”, que por varios decenios fue arma única y eficaz contra epidemias cuyo recuento de víctimas fatales se tasaban por millares hasta ese momento.

Contra el cuadro ideal de un mundo muy cercano a la perfección se levantaban insistentemente, como lo venían haciendo desde la remota antigüedad, las enfermedades epidémicas. Algunas de ellas, como el paludismo o la malaria, se consideraban parte inevitable de las condiciones de vida en ciertas regiones, a veces tan importantes como los alrededores de la imperial y sacra ciudad de Roma; otras, como la tuberculosis, tenían carta de naturaleza aún en los más elevados estratos sociales, donde la palidez, la tos persistente, la sensación de gran debilidad y permanente desgano vital, no se miraban con repulsa o preocupación sino con ojos comprensivos, como a uno de los finos estigmas propios de quienes tenían la delicada complexión aristocrática y no la fuerte contextura del gañán campesino.

Pero esa tolerancia hacia la enfermedad era más bien resignación y cuando el combate de los científicos empezó a tener éxito, el aplauso social no se hizo esperar: el primer triunfo importante contra la tuberculosis fue premiado en 1905 en la persona del alemán Robert Koch por haber identificado y cultivado el bacilo causante de este mal, que desde entonces se pasó a conocer como “bacilo de Koch”.

Contra el paludismo, se había premiado ya en 1902 al inglés Sir Ronald Ross, por descubrir que la hembra del mosquito anofeles era el transmisor de la enfermedad de los pacientes enfermos a las personas sanas, y en 1907 al francés Charles Louis Alphonse Laveran, por descubrir el germen mismo de la enfermedad.

Por supuesto, no habían sido descubrimientos realizados ese año ni trabajos del momento; el premio fue el reconocimiento a labores ya cimentadas, que habían tomado largos años para completarse, como continúa sucediendo hoy.

POLÉMICAS NO FALTAN
Siempre es posible que, cuando hay algún tema de gran interés e importancia para la ciencia, más de uno de los investigadores que trabajan en ese campo específico llegue a conclusiones exitosas al mismo tiempo. Rara vez los hallazgos importantes tienen autor único.

El comité del Premio Nobel está siempre muy atento a esta posibilidad y la regla, desde hace más de cuatro lustros, es la premiación conjunta para los dos o tres pioneros de la investigación respectiva.
Pero esa conducta no alcanza a impedir el surgimiento de polémicas, bastante amargas a veces, que giran alrededor de la verdadera primacía en el descubrimiento o por el olvido que perjudica a científicos también autores de trabajos tan importantes como los galardonados.

El primer episodio de esta clase ocurrió muy pronto, en la sexta ocasión del premio (1906) que fue también la primera en que se premiaron trabajos relacionados con el conocimiento del sistema nervioso. El comité consideró entonces que dos de los más respetados sabios europeos del momento, el español Santiago Ramón y Cajal y el italiano Camilo Golgi, merecían la distinción por igual: así la adjudicó y publicó, pero la solemne sesión de entrega tuvo caracteres de emotivo enfrentamiento entre ellos.

Empeñado en dilucidar la compleja anatomía microscópica del cerebro humano y los demás órganos que forman el sistema nervioso, Golgi había ideado, hacia 1873, un método para teñir las células de dichos órganos utilizando sales de plata, pues aquéllas no tomaban bien los colorantes con que se estudiaban otros órganos del cuerpo bajo el microscopio de luz. Con la “impregnación cromo-argéntica”, pudieron apreciarse al fin muchos detalles de la arquitectura encefálica y medular. “

De otra parte, don Santiago Ramón y Cajal, que venía estudiando la anatomía al lado de su padre (profesor de disección en la Facultad de Medicina de Zaragoza, España) desde la adolescencia, ideó hacia 1888 algunas modificaciones al método de tinción de Golgi, consiguiendo aún mayores y más completos datos sobre la neuroanatomía microscópica. Por tal trabajo se llegó a considerar su labor en ese campo tan trascendental como la que en el siglo XVI había realizado, en cuanto a la anatomía general, el gran Andrés Vesalio.

Golgi, de 63 años, y Cajal, de 54, tenían méritos suficientes para el premio en 1906; el mundo científico lo reconocía sin problemas; pero en la sesión solemne ni siquiera intercambiaron saludos protocolarios y sí se oyeron en cambio, inesperados párrafos del discurso oficial de Golgi, con amargas observaciones sobre prioridades y” propiedad intelectual” de los logros galardonados.

Similares situaciones se han planteado en otros años, aunque tal vez de modo menos espectacular. El más reciente episodio fue en 1989, cuando recayó el premio en los norteamericanos Michael Bishop y Harold Varmus, compañeros de trabajo en la Universidad de California en los Ángeles, UCLA.

Trece años antes, en 1976, dieron ellos a conocer los resultados de sus trabajos con un retrovirus cancerígeno, según los cuales el desorden de proliferación celular que llamamos cáncer se inicia por la acción de partículas llamadas “oncogenes”, ligadas a su vez, en ciertos casos, a algunos virus. Pero en la misma línea de trabajo venían otros grupos de investigadores, y la adjudicación del Nobel suscitó declaraciones desapacibles de quienes se sintieron injustamente ignorados a pesar de sus méritos; la polémica subsiguiente aún no se cierra por completo.

Argentinos Premios Nobel de la Paz Perez Esquivel-Saavedra Lamas

ARGENTINOS PREMIO NOBEL DE LA PAZ

¿QUE SIGNIFICA PAZ PARA EL SIGLO XXI?
La agenda se ve trazada con los problemas no resueltos de este siglo, insinuados en los últimos premios que se han mencionado: problemas de derechos humanos, laborales y de los pueblos.

– Asuntos nucleares relacionados con armas y el uso pacífico de la energía atómica, especialmente en la domesticación de la fisión nuclear, ello resolvería enormemente los conflictos causados por la escasez de los energéticos corrientemente usados. además altamente contaminantes.

– El desarrollo de la razón humana sobre la razón del Estado para el planteamiento y la solución de problemas. Probablemente volverán las menciones a los academice.; del derecho y de la política, por idear una forma de organización social y mundo diferente de la base del Estado moderno.

– El trabajo con y por los pobres del mundo, ya individual, ya organizativo, se ver-premiado y el tema será permanentemente puesto en escena, hasta cuando el conflicto Norte-Sur (ricos y pobres), el conflicto del hambre y del liberalismo, sean parte de nuestras conciencias, de una Conciencia Universal de Hombre Universal

– Será hora de retomar el librito de Inmanuel Kant, La Paz Perpetua, para desarrollar el derecho cosmopolítico, el cual “debería regular la relación entre un Estado y los ciudadanos de los otros Estados. De tal forma, todos los individuos del mundo tendrían el doble derecho de no ser tratados como enemigos en los Estados que no fueran el propio, y de no ser considerados como objetos de dominio en su propio territorio, o sea siempre como amigos y nunca como enemigos, tanto si se van a otros Estados como si llegan como exploradores o comerciantes”.

LA ESPERANZA: SIGNIFICADO DEL PREMIO NOBEL DE LA PAZ
Nuestra vida política es una constante paradoja, como se ha anotado. Cada octubre, cuando se entregan los premios Nobel de la Paz, aparece nuestra capacidad infinita para crear ignominia, pero es evidenciado también el deseo de la especie por verse así: como especie humana. Esa es nuestra esperanza, nuestra infinita capacidad para descubrir y corregir nuestras propias y abominables construcciones con racionalidad, pasión, tenacidad y dulzura.

1936: Saavedra Lamas, Carlos (1878 -1959) Argentino A los 58 años
Secretario de Estado, presidente de la Sociedad de las Naciones, mediador en el conflicto entre Paraguay y Solivia. Sus áreas de mayor interés y estudio se ubicaron en la legislación laboral y en el derecho internacional.

Entre sus logros destacan su protagonismo en el Pacto Suramericano Antiguerra y su intervención en el conflicto Bolivia-Paraguay (guerra del Chaco). Se desempeñó como delegado a la Comisión Internacional de Juristas en Río de Janeiro (1927); como presidente de la Conferencia Internacional del Trabajo en Ginebra (1928) y como presidente de la Asamblea de la Liga de Naciones, en 1936. (ampliar tema)

ADOLFO PÉREZ ESQUIVEL EN DEMOCRACIA

Arquitecto, escultor y líder de los derechos humanos. Sus estudios superiores los realizó en el campo de la arquitectura y la escultura; ocupó, incluso, una cátedra en esta área. Renunció a sus trabajos académicos en 1974, para dedicarse por completo a la coordinación de diversas actividades relacionadas con grupos de no-violencia en América Latina.

En 1976 se concentró en una campaña para persuadir a las Naciones Unidas de la necesidad de establecer una Comisión de Derechos Humanos. Más adelante fue elegido presidente de la organización Servicio. Paz y Justicia. (ampliar tema)

En 1984 el presidente Raúl Alfonsín convocó a Pérez Esquivel, junto a un grupo de notables, para formar parte de la CONADEP (Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas). El se negó a participar. Creyó que la investigación sería más efectiva si la llevaba adelante una comisión bicameral. Por otra parte no aceptaba la idea de que las causas pasasen por la justicia militar. Una vez más le tocó navegar contra corriente.

Fue un duro censor de la política sobre Derechos Humanos que llevó adelante el gobierno radical, que derivó en las leyes de Punto Final y Obediencia Debida. Así, quien durante la dictadura fue acusado de “subversivo y comunista”, en democracia fue tildado por el oficialismo de “desestabilizador de la democracia”.

Actualmente Adolfo Pérez Esquivel sigue trabajando en el Serpaj, organismo que preside en Argentina. Realiza el mismo trabajo que desarrolló desde los años 70. Cotidianamente recibe denuncias sobre violaciones a los derechos humanos en el continente. El Serpajcolabora con los juicios a los militares de la dictadura que se llevan a cabo en España, Francia, Italia y Alemania. Da apoyo jurídico y mantiene una aldea en General Rodríguez para los “chicos de la calle”. En ese lugar más de 220 pibes reciben capacitación profesional.

“En la actualidad viajo mucho a dar charlasen las escuelas. Tengo también la cátedra sobre Cultura de Paz y Derechos Humanos en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires. Integro varias comisiones a nivel internacional. Estamos trabajando mucho en lo que es el Año Internacional de la Cultura de la Paz con la UNESCO y con Naciones Unidas. Pero me interesa mucho mi país, el interior del país, la grave situación que está viviendo la gente y tratar de hacer un aporte a todo esto.”

Hoy, a veinte años de la obtención del Premio Nobel de la Paz, la sociedad argentina tiene una deuda con el trabajo de este hombre de múltiples facetas: arquitecto, pintor, escultor, profesor, autor de tres libros: El Cristo y el poncho, Caminando junto al pueblo y Una gota de Tiempo.

Adolfo Pérez Esquivel, todavía suele ser más reconocido fuera de las fronteras que dentro de nuestro país, donde su figura sigue siendo resistida por los poderosos de turno. Clara muestra es su última detención, el 29 de diciembre de 1999, en medio de una marcha de jubilados.

El día que sepamos darle el lugar que se merece a uno de los pocos argentinos notables, nuestra sociedad habrá comenzado a madurar.

FRAGMENTO DEL DISCURSO EN OSLO AL RECIBIR EL PREMIO NOBEL DE LA PAZ
“….Vengo de un continente que vive entre la angustia y la esperanza y en donde se inscribe mi historia,…

“Mi voz quiere tener la fuerza de la voz de los humildes. La voz que denuncia la injusticia y proclama la Esperanza en Dios y la Humanidad….

“América Latina es un continente joven, vital, que fue definido por el Papa Paulo VI como el Continente de la Esperanza.

“Conocer es valorar una realidad con la vocación cierta de compartir su destino.

“Conocer es llegar a una profunda identidad con los pueblos que protagonizan un proceso histórico, estando dispuestos a redimir el dolor con el amor, asumiendo, en esta perspectiva, las praxis de Jesús.

“Pero cuando vemos esta realidad que viven nuestros pueblos es una ofensa a Dios. Millones de niños, jóvenes, adultos, ancianos viven bajo el signo del sub-desarrollo.

“La violencia institucionalizada, la miseria y la opresión generan una realidad dual, fruto de la persistencia de sistemas políticos y económicos creadores de injusticias, que consagran un orden social que beneficia a unos pocos: ricos cada vez más ricos y peores cada vez más pobres….”

Adolfo Pérez Esquivel

Biografia de Carlos Monzón Figura Boxeo Argentino Idolos Argentinos

Biografia de Carlos Monzón Campeón Mundial De Boxeo

En 1970 en deportes, el triunfo de Carlos Monzón, constituye un motivo de suma alegría al conquistar la corona  mundial de boxeo, en la categoría mediano, en Roma, venciendo a Nino Benvenuti.

Biografia de Carlos MonzónVida de Carlos Monzón Amalia Ledesma y Roque Monzón tuvieron el 7 de Agosto de 1942 a su quinto hijo y lo llamaron Carlos. En San Javier (Santa Fe) vivió los primeros años de su vida y fue ahí donde comenzó su verdadera pelea que se basaba en defenderse y subsistir a una infancia sin juguetes, de pobreza y con muchos inconvenientes.

En 1951, toda la familia se mudó hacia el barrio Barranquita. Desde chico, Carlos percibía que lo suyo no era el estudio y por tal motivo dejó la escuela en tercer grado. Esto lo motivó y lo obligó a trabajar para ayudar a sus padres. Para conseguir un mango se las rebuscaba como sodero, lechero o diariero, mientras que compañeros de su edad estudiaban o se reunían para jugar.

Todavía no boxeaba, pero en la vida estaba cayendo por puntos. Buscando un camino y un rumbo dentro del pugilismo recorrió distintos gimnasios. Sus ocasionales “managers” eran el “Mono” Martínez y Roberto Agrafogo. Empezaba a mantenerse haciendo lo que más le gustaba. Con un peso de 64 kilos disputó su primer enfrentamiento, en el pabellón de la Industria ubicado en su ciudad, frente a José Cardozo. El resultado indicó un empate en tres asaltos y recibió un viático de 50 pesos. Las peleas, estilo callejeras, por montos irrisorios, eran moneda corriente hasta que…

Monzón y Amílcar Brusa: el destino los unió:

Carlos necesitaba confiar en alguien y por eso en una de las primeras charlas le aclaró: “Mire, Brusa, a mí hace poco me robaron con un porcentaje.

 Yo sé que usted no roba. Por eso vengo a verlo”. Desde entonces se formó un verdadero trabajo entre ambos y en conjunto con profesionales de la talla de José Lemos, Adolfo Inocencio Robledo y Pedro Coria, también pupilos de Amílcar. La regla base consistió en incorporar conocimientos técnicos y sociales. Brusa hacía las veces de entrenador – amigo – padre.

Un triángulo que daría muchas satisfacciones. Una derecha terrible, frío, calculador, guapo, tenaz, contundente, feroz, eran algunas de sus virtudes con las cuales demolía rivales.

El 12 de Diciembre de 1962 venció por puntos, en 5 asaltos, a Bienvenido Cejas. Ahí culminó la etapa inicial de su carrera, porque ese fue su último combate como amateur. Había llegado el tiempo de pegar el salto al profesionalismo. Eran días claves para el santafesino. La decisión fue acertada, no se equivocó. 

PAGO EL DERECHO DE PISO

u debut rentado se produjo en Febrero de 1963, cuando venció a Ramón Montenegro, en 2 asaltos. Sólo Dios sabía lo que vendría. ¿Podrá lograr el título mundial?, dudaban algunos. Carlos trabajaba y no se guiaba por comentarios, críticas o rumores. Vivía para entrenar, viajar y pelear. Del tren al ómnibus y viceversa. ¿Por qué tanta prisa? Principalmente por el dinero. En total realizó 22 enfrentamientos en dos años y recorrió Posadas, Paraná, Córdoba, Buenos Aires, Reconquista y Santa Fe, su provincia natal. El récord marcó apenas tres derrotas.

  • 28 de Agosto de 1963, en el Luna Park (Argentina), frente al platense Antonio Aguilar. Fue una contienda difícil. Para colmo, Amílcar Brusa no estuvo en el rincón, ya que su pupilo Roberto Chetta se medía ante Federico Thompson, en Santa Fe. Monzón había sido atendido y cuidado por Genaro Ramusio, Alfredo Luna y Manuel Hermida.
  • 28 de junio de 1964, Río de Janeiro (Brasil), ante Felipe Cambeiro, a raíz de tres caídas, de un físico aún no estabilizado y de un viaje apurado para dejar algunas cosas atrás.
  • 9 de Octubre de 1964, en Córdoba (Argentina), ante Alberto Massi, después de un combate parejo y durísimo.

LECTURE: UN HERMANO

A fines de los 60, la televisión trasmitía los miércoles a la noche, en el Luna Park, las disputas que promocionaban Ulises Barrera o Ricardo Arias en la conducción y que presentaba a promesas como Carlos Salinas, Antonio Aguilar, acompañados por los consagrados Horacio Saldaño, Abel Cachazu, Avenamar Peralta, Pedro Rimovsky, Ramón La Cruz, Victor Emilio Galíndez, en la categoría mediano.

Todos anhelaban un lugar de privilegio y muchos soñaban con la posibilidad de enfrentar a Jorge Fernández, campeón de los medianos. El mismo que había intentado la corona mundial welter en 1962 ante Emile Griffith, en las Vegas, y cayó por nocaut  técnico. Monzón poco a poco fue venciendo a Antonio Aguilar, Celedonio Lima, Carlos Salinas en la final del ” Cinturón Eduardo Lausse”, una competencia pugilística organizada por Tito Lectoure.

Con esos valiosos triunfos se fue ganando el lugar de privilegio y tuvo la oportunidad de estar frente a frente con Fernández. Ese boxeador flaco de largas piernas, de 24 años, el 13 de Septiembre de 1966, obtuvo su primera meta importante: el título argentino y con esto sorprendió al mismísimo Lectoure. El, justamente, le trajo, en 1967, el primer oponente extranjero llamado Bennie Briscoe ( en 1972 se enfrentarían por la corona de los medianos), que empató con el argentino. Al poco tiempo, Monzón derrotó, nuevamente, a Fernández sacándole en este caso el campeonato Sudamericano. Lectoure trabajaba en un aspecto fundamental: una posibilidad por el título mundial.

Mientras tanto, le conseguía contrincantes extranjeros (Douglas Hountley, Thommy Bethea, entre otros) para foguearlo y hacerlo subir en el ranking. En 1979, se le dio la chance que todos esperaban. El combate era con Benvenuti, en Roma, el 7 de Noviembre y con una bolsa de 15.000 dólares. El round 12 fue el de la consagración, ya que el italiano sintió el derechazo y no resistió. El santafesino alcanzaba la gloria triunfando por nocaut y se anotó como el cuarto campeón del mundo que daba el país. Comenzaría entonces un ciclo brillante y único en la historia de este deporte.

DEFENSAS EXITOSAS:

Fecha Lugar Rival Resultado
7-11 – 1970 Roma Nino Benvenuti (1) GKO 12
8- 5 – 1971 Montecarlo Nino Benvenuti GKO 3
25- 9 – 1971 Buenos Aires Emili Griffith GKOT 14
4- 3 – 1972 Roma Denny Moyer GKOT 5
17- 6 – 1972 París Jean Claude Bouttier GKO 13
19- 8 – 1972 Copenhague Tom Bogs GKO 5
11-11 – 1972 Buenos Aires Bennie Briscoe GPP 15
2- 6 – 1973 Montecarlo Emile Griffith GPP 15
29- 9 – 1973 París Jean Claude Bouttier GPP 15
9- 2 – 1974 París “Mantequilla” Napoles (2) GKOT 7
5-10 – 1974 Buenos Aires Tony Mundine GKO 7
30- 6 – 1975 Nueva York Tony Licata GKOT 10
13-12 – 1975 París Gratien Tonna GKO 5
26- 6 – 1976 Montecarlo Rodrigo Valdés (3) GKO 5
30- 7 – 1977 Montecarlo Rodrigo Valdés GPP 15
29- 8 – 1977 Buenos Aires Anuncia oficialmente su retiro GPP 15
  1. Obtiene el Campeonato Mundial reconocido por la AMB y el CMB.
  2. Después de esta pelea, el CMB le quita su reconocimiento.
  3. Unifica nuevamente el Campeonato Mundial mediano.

Su récord de 14 peleas exitosas aún permanece imbatido en el historial de los medianos.

MOMENTOS :

  • París, el 14 de Junio de 1972 frente a Jean Claude Bouttier. En su tercer defensa Monzón la pasó mal. Los dos anduvieron por el piso, pero la energía del argentino prevaleció.
  • Buenos Aires (Luna Park), Noviembre 11 frente a Bennie Briscoe. Ganó por puntos en fallo unánime, tras sufrir el asedio del norteamericano en el 9° round.
  • París, 9 de Febrero de 1974, contra José “Mantequilla” Nápoles. Uno de las encuentros más esperados promovido por la estrella de cine francés Alain Delon. Nocaut técnico indicó el final. Carlos Monzón se consolidaba en Europa.
  • Montecarlo, 26 de Junio de 1976. Superó al colombiano Rodrigo Valdés y a su título de la Asociación Mundial de Boxeo le sumó el del Consejo Mundial.
  • Montecarlo, 30 de Junio de 1977. Venció por puntos en fallo unánime a Rodrigo Valdés. Sin embargo el trámite en el cuadrilátero resultó tremendamente difícil. La fortaleza anímica le permitió sobreponerse de una caída en el 2° round. Un rato más tarde, Monzón haría oficial su retiro. Catorce defensas exitosas se abrochaban en los libros y recuerdos de los aficionados de esta disciplina.

UNA PAGINA APARTE  :

Estaba en su etapa de esplendor y el destino lo unió con la actriz Susana Giménez. Filmaron juntos, en 1974, la película “La Mary” y comenzaron a salir. La estrella de cine no le gustaba el boxeo y por eso le pidió que largara. Desde entonces comenzaron los inconvenientes entre Lectoure-Brusa-Monzón. El campeón no demostraba ser el mismo. Después de enfrentar a “Mantequilla” Nápoles realizó el intento inicial para dejar. Viajes juntos, gastos de todo tipo, la alternativa de colgar los guantes, desacuerdos amorosos, ocupaban su mente. El retiro se produjo en 1977. Al año por mutuo acuerdo se separó de Susana, en Mar del Plata. Algunos indican que el alcohol y las malas compañías formaban parte de su vida. Se casó con Alicia Muñiz y tuvieron a Maximiliano Roque.

La desgracia se vivió el 14 de Febrero de 1988, en Mar del Plata. Luego de una discusión, Alicia resultó muerta y Monzón fue culpado, juzgado y llevado a prisión por homicidio simple, teniendo que cumplir una pena de 11 años. Cuando estaba en la última parte de su condena, y ya gozaba de libertad restringida que le permitía salir del penal, murió en un accidente automovilístico el domingo 8 de enero de 1995, en Los Cerrillos, a cuarenta kilómetros de Santa Fe. En esa provincia empezó a luchar contra la adversidad, los problemas y en el mismo lugar terminó. De todas maneras fue, es y será un grande del deporte.

Biografía a cargo de: Leonardo Espósito

EL DINERO DE MONZÓN:

Monzón es un excelente ejemplo del arquetipo del joven muy pobre que alcanza la fama y el dinero a través de su talento deportivo. Como otros boxeadores, salió de la mayor pobreza. Todo lo consiguió por su innegable habilidad sobre el ring y algunas participaciones en cine y televisión. Monzón decía que la mayor bolsa que cobró fue de 500.000 dólares (su última pelea ante Valdéz). Y se jactaba del buen uso que hizo del dinero que había ganado.

En una nota de 1980, describió su guardarropa: “46 trajes, 200 camisas, 300 corbatas y pares de zapatos”. Pero en 1989, ante la jueza Ofelia Gobbi, decía que no podía pasar más de 10.000 australes para Maximiliano (los Muñiz exigían 16.000). El destino de la fortuna de Monzón es confuso. Cuando Lectoure le pasó la posta de la representación del boxeador a Steinberg, en 1974, el boxeador ya tenía más de 1,3 millón de dólares.

En julio de 1995, Iván Raimondi (abogado de Monzón entre 1970 y 1977) reveló que cuando dejó al boxeador, éste tenía 6 millones de dólares, 35 departamentos, 2 casas, un campo, 7 camionetas y 3 Mercedes Benz. Aseguró que sus bienes sumaban unos 10 millones de dólares. Pero en la misma nota, el apoderado de Monzón entre 1987 y 1995, Juan José Netri, rechaza estos datos. “Nunca tuvo tanto dinero”, dijo. Agregó que, según había investigado, en ese entonces no tenía más de 100.000 dólares…

La disputa por Maximiliano tuvo mucha relación con el dinero y posiblemente haya sido uno de los principales desencadenantes de la tragedia de 1988. Maxi nació en 1981, poco después del casamiento (en Miami) de Monzón y Alicia. El boxeador no lo volvió a ver después del 13 de febrero de 1988. Tras perder a su madre, el chico quedó bajo la custodia de sus abuelos, Alba Calatayud y Héctor Muñiz García. En 1997, la apoderada de esta familia, Alejandra Mastricardi, dijo que la protección legal tendrá vigencia hasta que Maximiliano cumpla la mayoría de edad o se emancipe. La relación entre Monzón y Maximiliano fue buena durante mucho tiempo.

Hay fotos en las que se ve a Monzón y Lectoure probándole guantes de boxeo al chico. Luego, en la cárcel, Monzón se lamentó una y otra vez de haber sido alejado de su hijo menor. Resulta conmovedora una carta adjudicada al chico y publicada en la revista Caras: “Odiado papá, no te pienso ver nunca en la vida y no te voy a mandar ni media foto mía. No te quiero , aseguran que le escribió mientras Monzón estaba tras las rejas. Seguramente, la muerte del “odiado papá” y el paso del tiempo habrán tenido algún efecto estos sentimientos.