Grandes Compositores

Florencia en el Renacimiento Política de Lorenzo Medicis

Historia de Florencia en el Renacimiento
Lorenzo de Médicis y Maquiavelo

A partir de 1300 se observan en Europa ciertas tendencias generales que marcan un nuevo giro, un interés reavivado por las tradiciones de la antigüedad clásica y un nuevo espíritu de humanismo en el manejo de los asuntos.

Florencia, ciudad-estado
El sistema feudal, que había sustituido al gobierno centralizado del Imperio Romano, empezó a perder terreno con el apogeo de las ciudades, donde existía una clase independiente de ciudadanos mercaderes y gremios de artesanos que estaba creando una nueva civilización.

El nuevo poder basado en la industria urbana estaba en cierto modo desplazando a los señores feudales del pasado. Italia, en su etapa de luchas entre el imperio y el papado, carecía de un gobierno central. Por ello, presenció el nacimiento de gran número de ciudades-estado, desde las insignificantes hasta las que alcanzaron importancia internacional. Entre estas últimas, Florencia fue una de las más destacadas.

Durante mucho tiempo Florencia ocupa un lugar preeminente en la historia europea, especialmente desde mediados del siglo XII hasta principios del XVI. Se vio envuelta en la lucha entre el papa y el emperador desde el siglo XI. Fue en ella donde las facciones rivales recibieron los nombres de güelfos y gibelinos a principios del siglo XII, aunque en esencia estos nombres familiares indicaban simplemente las fuentes de las que ambos partidos buscaban apoyo para sus propios intereses.

mapa de italia en el renacimiento

Hubo largas y complicadas luchas entre los dos partidos, y las alineaciones de las ciudades-estado y los grandes poderes cambiaban una y otra vez. Mientras tanto, Florencia obtuvo un gobierno republicano que sufrió muchos cambios, pero que se estructuraba básicamente en dos consejos, un organismo integrado por representantes de los gremios que cambiaba cada dos meses, un capitán, un magistrado imperial y un ministro de justicia. En la práctica, esta organización no era tan democrática como parece.

Los derechos políticos no llegaban de hecho a los estamentos más bajos, ni a los habitantes de las ciudades o distritos dependientes. En el siglo XIV Florencia se había convertido en un centro comercial poderoso, famoso por sus actividades bancadas internacionales y su industria textil, primero con la lana y posteriormente con la seda y el brocado. Sus conexiones con Oriente la ayudaron a prolongar su influencia cuando el Mediterráneo dejó de tenerimportancia económica.

En su política exterior, Florencia estaba en general enfrentada al imperio y por ello inició unas relaciones más estrechas con Francia, que durante mucho tiempo había apoyado a los papas contra  la  Alemania  imperial.

Lorenzo el Magnífico
En el siglo XV, la ciudad quedó bajo el control de la poderosa familia de banqueros de los Médicis, que ejerció un poder prácticamente absoluto. El más famoso fue Lorenzo (1449-92), que gobernó desde 1478 hasta su muerte. Su abuelo Cosme se había mantenido en el poder por medio de gobiernos provisionales de cinco años que elegían a todos los funcionarios y obedecían sus instrucciones. Lorenzo siguió el mismo sistema.

Lorenzo era el típico gobernante del Renacimiento: inteligente, versátil, enérgico, seguro de sí mismo, escéptico en materias religiosas y con la única idea de perseguir el interés del estado allí donde lo veía. Era entendido en las artes literarias y consciente de la evolución artística y científica de su tiempo; astuto y de múltiples recursos como hombre de estado, tan versado en la diplomacia como en la guerra, juzgaba a los hombres con sutileza y estaba decidido a consolidar la posición de su familia.

Por encima de todo, desarrolló una política que dio a Florencia un papel importante en el equilibrio del poder europeo. Lorenzo era una de esas figuras que trascienden a la pura vida humana que rigió los destinos de Europa durante el Alto Renacimiento. Por algo se le llamó «el Magnífico».

Cuando, a los veinte años de edad, tuvo que asumir la carga de la vida política, Lorenzo estaba algo reacio a renunciar a su libre existencia de amigo de los artistas y eruditos. Sin embargo, era demasiado listo para tratar de eludir su responsabilidad. Como él decía, «se puede malvivir siendo hombre rico en Florencia si no se tiene poder en el gobierno».

Su poder llegó a ser virtual-mente absoluto cuando, en 1480, sustituyó el consejo quinquenal por uno permanente integrado por sus propios hombres. Ello significaba el fin de las libertades democráticas del pasado, sustituidas por un despotismo firme, a veces benevolente.

Aunque Lorenzo no conocía freno en la persecución de los intereses de estado y se interfería en las vidas privadas de los ciudadanos cuando le parecía, durante su reinado se mantuvo el orden más que nunca. Ello favoreció enormemente la expansión de los negocios y la industria, así corno el estudio y las artes.

En realidad, en materia de status civil, los florentinos habían avanzado más que nadie hacia aquella igualdad pregonada por la Ilustración tres siglos más tarde, que se convertiría en el grito de batalla de la Revolución Francesa. Al principio, Lorenzo se enfrentó con el Papa Sixto IV y fue derrotado en guerra. Fue capaz de cerrar en parte esta brecha porque’ la amenaza de una invasión extranjera, por parte de Turquía o de Francia, hacía esencial la colaboración. En adelante se mantuvo en términos amistosos con Roma, asegurándose el capelo cardenalicio para su hijo menor, Giovanni, que más tarde sería el Papa León X.

En cuanto a Francia, su política era hipócrita. Se vio forzado a mantener relaciones cordiales, porque de ello dependía la prosperidad del comercio florentino en aquel país. Pero al mismo tiempo estaba decidido a no dejar entrar a los invasores. En 1494, dos años después de su muerte, se iniciaron una serie de incursiones francesas que debilitaron grandemente a Italia y acabaron dejando gran parte de la misma bajo la influencia de los Habsburgo españoles  durante  dos  siglos.

Cosme Médicis había estimulado la creación de una academia platónica en Florencia bajo la dirección de Ficino, el gran erudito y traductor de Platón. Lorenzo apoyó decisivamente la academia y fue amigo y mecenas de los eruditos, entre ellos de Poliziano y Pico della Mirándola. Florencia se convirtió en refugio de muchos eruditos griegos que habían huido tras la caída de Constantinopla, en 1453. Todas las grandes figuras artísticas de la época encontraron apoyo presto e inteligente en Lorenzo. Entre ellas se encontraban el arquitecto Alberti (1404-72) y los pintores Botticelli (1444-1510), Leonardo da Vinci (1452-1519) y Miguel Ángel (1475-1564).

obra: la primavera de botticelli

Para nosotros, la Primavera de Botticelli tiene una belleza serena y armoniosa, pero para Lorenzo Pierfrancesco, el joven patrono que la encargó, significaba mucho más. Venus, con sus guirnaldas de flores, simboliza la Humanitas, el ideal de todo el ser humano basado en las enseñanzas de la antigüedad.

Al mismo tiempo, la universidad de Florencia se convirtió en centro de un renovado espíritu de estudio clásico. El humanismo de este período no sólo inauguró el estudio de la filología clásica crítica, sino que también fomentó la producción de libros y la creación de bibliotecas, que promocionaron el aprendizaje en general.

Aunque el poder e influencia de la Iglesia seguía siendo importante, se formó una nueva actitud que estaba más acorde con el enfoque del pasado clásico. Puede decirse que la política nunca había estado realmente motivada por otra cosa que no fuera el interés, quizás en ocasiones bajo una delgada capa de aspecto cristiano.

Al llegar el Renacimiento, una fuerte tendencia secular invadió la propia Iglesia, que a su vez provocó el movimiento de reforma del siglo XV. Mientras tanto, Florencia produjo una notable figura de brillo momentáneo, peculiarmente fuera de su tiempo, en parte un místico medieval y en parte un profeta de reforma: el fraile dominico Savonarola (1452-1498).

vista de florencia en el renacimiento

Savonarola ejerció un considerable poder político en Florencia durante un tiempo, aprovechándose de la oportunidad para predicar el establecimiento de un estado cristiano ideal. Pronto se volvieron las tornas y fue torturado y quemado con otros dos dominicos  en  la  plaza  pública.

Este asceta osado e intransigente se oponía al racionalismo escéptico de la época y al lujo terrenal de la cultura contemporánea. Condenó, en particular, la tradicional magnificencia de la corte papal. Savonarola fue llamado al lecho de muerte de Lorenzo. Según la leyenda, el fraile negó al tirano la absolución porque Lorenzo no quiso restaurar la libertad democrática de la ciudad.

La actitud de Savonarola hacia Roma se hizo claramente hostil cuando fue elegido, en 1492, el Papa Borgia Alejandro VI. Alejandro no era ni más ni menos que un producto típico del Renacimiento: frío, realista, práctico, libre de fanatismos y que no se arredraba ante nada. Lo que más le molestaba de Savonarola no era su celo reformador, sino el hecho de que el fraile estaba a favor de los franceses.

En 1494, Carlos VIII había invadido Italia. La familia Médicis había sido expulsada de Florencia y la ciudad se salvó de los invasores en gran parte debido a la influencia de Savonarola. El Papa, ayudado por el emperador, España y Vene-cia, obligó a Carlos a volver a Francia y acto seguido se volvió contra Florencia, donde Savonarola había logrado una influencia política decisiva.

Sin embargo, la exageración puritana de los sermones del fraile no estaba a la altura de la época. En el carnaval de 1497 había organizado una «quema de vanidades» en la que fueron destruidos gran cantidad de libros y otros objetos por su indecencia y frivolidad. La reacción se produjo y finalmente el Papa consiguió que Savonarola fuera llevado a juicio y condenado por hereje.

Se le arrancó una confesión mediante torturas, como era costumbre, aunque posteriormente se retractó de cuanto había dicho. Con otros dos frailes fue ahorcado y quemado delante del Ayuntamiento, en 1498. Lodo el asunto era, en realidad, una cuestión política; sirvió para aplacar a Roma y también para afirmar la independencia de Florencia, puesto que la demanda de extradición del fraile por parte del Papa Alejandro fue denegada.

personajes del renacimiento

Lorenzo el Magnífico, el déspota benigno, gobernó Florencia de 1478 a 1492 e hizo de ella una fuerza digna de tenerse en cuenta en  los  asuntos europeos. El fanático fraile Savonarola denunció la corrupción de la Iglesia y el Estado en vehementes sermones que provocaron la ira del Papa.

Maquiavelo
La situación política era ahora muy inestable. Luis XII de Francia obtuvo la licencia papal para casarse con la esposa de su difunto hermano, a fin de recuperar el poder sobre Inglaterra. Por otra parte, se comprometió a apoyar a César Borgia en sus ambiciones territoriales sobre la Italia central. En 1501 la presión francesa salvó a Florencia de las amenazas de César.

En 1502 los florentinos eligieron a Piero Soderini como ministro de justicia vitalicio para proporcionar al estado cierta estabilidad. Al año siguiente, Alejandro Borgia murió de fiebres y, antes de que César Borgia se recuperara de la misma enfermedad, sus conquistas habían pasado a manos del nuevo Papa, Julio II. César murió en España en 1507.

Desde 1498 Florencia contaba entre sus diplomáticos con Nicolás Maquiavelo (1469-1527), un astuto observador y negociador, versado en los clásicos latinos y hombre de gran visión política. En 1506 propuso un nuevo sistema para una milicia nacional, para sustituir a las turbas mercenarias y sus capitanes. En la guerra contra Francia en 1510, Florencia permaneció neutral. Los franceses, aunque vencieron en Rávena, tuvieron que volver a Francia dejando a Florencia abandonada a su suerte. Su milicia no era enemigo para los aliados españoles del Papa. En 1512 los Médicis fueron restaurados en Florencia.

Maquiavelo, considerado erróneamente como sospechoso de complicidad contra los Médicis, fue obligado a abandonar su puesto en 1513. Su fama se debe a sus escritos políticos. Familiarizado con muchas cortes de Italia y del extranjero, conocía a los hombres que estaban en el poder y captaba algunos de los problemas prácticos de la política. Su tratado más importante, El príncipe, no le sirvió, como él esperaba, para recuperar el favor de los Médicis, pero sí le hizo mun-dialmente famoso.

En su libro, el autor señala los métodos que un gobernante debe adoptar a fin de establecerse y afincarse. Lo que necesita es el poder, ejercido sin ningún miramiento. Para lograr el éxito el gobernante no debe pararse ante la violencia.

El fin justifica los medios y, aunque es bueno estimular la creencia en la moralidad con fines disciplinarios, el gobernante no necesita atenerse a esas creencias, aunque puede acatarlas externamente si ello sirve a sus propósitos. En gran medida, el gobernante descrito por Maquiavelo había estado personificado por César Borgia.

Lo que el autor esperaba era un príncipe que lograra en Italia la unidad nacional que estaba surgiendo con la monarquía absoluta de Francia. Para él era totalmente evidente la necesidad de un hombreque ejerciera el poder con decisión y sin escrúpulos, para unificar las numerosas ciudades-estado de Italia enzarzadas en contiendas. Pero su opinión no fue compartida por la mayoría, que le acusó de hombre inmoral y sin escrúpulos.

Estas  aspiraciones nacionales fueron incitadas por el lado más oscuro del Renacimiento italiano. A pesar de los grandes logros de ese período y de la magnificencia de las familias rectoras, la totalidad del país había entrado en su decadencia política. El resultado fue una especie de indiferencia moral, que estimulaba la práctica desaprensiva de la política, haciendo casi una virtud del mal que surgía de las condiciones prevalecientes.

¿Cuál fue la causa de esta decadencia? Maquiavelo había expresado repetidas veces su opinión sobre el particular. Se creía por lo general en aquel tiempo que la culpa era en gran parte del papado. En la lucha entre el emperador y el papa no se logró ninguna solución política decisiva.

En cierto sentido, el imperio había perdido la batalla política en Italia; el papado no tuvo la suficiente fuerza para proporcionarle dirección política, pero sí para solicitar ayuda extranjera, provocando de este modo una interminable serie de incursiones de ejércitos extranjeros, con los consiguientes horrores y depredaciones en el campo. Mientras tanto, el papa se comportaba como cualquier otro gobernante italiano, impidiendo una auténtica unificación política.

La obra de Maquiavelo no es tanto una teoría política como un examen de cómo crecen y decaen los diversos tipos de estado, y cómo debe proceder un gobernante para asegurarse el mantenimiento duradero del poder. De hecho, trata del aspecto de la vida política más cercano a su propia experiencia, es decir, la diplomacia. Desde el punto de vista de la práctica política, la acusación de inmoralidad que a veces se le ha formulado, tanto por sus ofendidos contemporáneos como por generaciones posteriores, no está enteramente justificada. Más que recomendar ciertas prácticas, lo que hace es señalar métodos para lograr ciertos fines; métodos, es cierto, que rozan, cuando no se enfrentan abiertamente, a la moral tradicional.

En cierto sentido, Maquiavelo llega más lejos que las críticas del poder papal por parte de los clérigos. No sólo se oponía al papado tal como estaba entonces, sino también al ideal que representaba. A este respecto, es un auténtico representante del Renacimiento. Lo que admiraba eran las virtudes morales, no de la ética cristiana, sino de la antigua república romana en su período de apogeo.

Está claro que las lecciones prácticas de la política maquiavélica han tenido, en su totalidad o en parte, una aplicación universal, particularmente en los regímenes totalitarios o dictatoriales. Sin embargo, la postura maquiavélica es unilateral, pues descuida la influencia positiva de otros factores de los que también depende el poder. Escritores humanistas como Tomás Moro presentan una concepción más amplia, justa y equitativa de la práctica política.

Fuente Consultada:
La LLave del Saber Tomo II – La Evolución Social – Ediciones Cisplatina S.A.

El Renacimiento Literario en Europa Obras y Representantes

PRINCIPALES EXPONENTES DE LA LITERATURA EUROPEA EN EL RENACIMIENTO

El Renacimiento literario tuvo lugar en Europa a través de varias etapas diferentes. Italia proporcionó, sin duda, los grandes modelos que, antes o después, harían suyos los escritores españoles, franceses, portugueses y hasta los de regiones más apartadas, corro Inglaterra, Alemania o los países nórdicos.

Aunque a menudo se señala como fecha de iniciación del Renacimiento la caída de la ciudad de Constantinopla en poder de los turcos (año 1453), debemos considerar como solamente didácticos esos hitos trascendentales que, sin negar su importancia histórica, pueden hacer de los procesos culturales  compartimientos estancos.

En verdad, lo que llamamos Renacimiento se generó lenta y oscuramente a través de una larga época pre-rrenaeentista, durante la cual el antiguo poder vital del paganismo contrastaba con el espíritu religioso predominante en la Edad Media. Por obra de la confrontación de dos orbes espirituales, se fue gestando en Europa un clima de admirada  imitación por la obra de escritores antiguos como Homero, Catulo, Safo, Horacio...

Esos textos comenzaban a irradiar los fulgores del espíritu grecolatino a través de traducciones que, como turbador tesoro, circulaban entre algunos hombres de letras. Pero debe aclararse que el conocimiento y el disfrute de la obra de estos clásicos en el mundo intelectual europeo, si bien estimuló el estudio y la investigación eruditos e inspiró la creación de obras sin duda importantes, no llegó en ningún caso a superar los reverenciados modelos. No surgieron, pues, otro Píndaro, ni un Sófocles, ni un Virgilio.

ERASMO DE rotterdamPara comenzar con los mas destacados representantes de etapa, citaremos a un ser de una avasallante personalidad humanística llamado Erasmo de Rotterdam, quien fuera una figura predominante del siglo XVI en los Países Bajos. Justamente Erasmo (imagen)  había traducido en los Países Bajos las tragedias de Eurípides “Hécuba” e “Ifigenia en Aulide”. Y, de alguna manera directa o indirecta, los “Adagios” escritos por el humanista holandés dejan traslucir la influencia de Séneca y Plotino.

Además, en Lovaina se editaron las obras de Catón y Suetonio; en Amberes, las de Cicerón y Tito Livio. Es decir, que desde los Países Bajos se proyectó la luz del mundo antiguo a través del pensamiento de Flavio Josefa y Jenofonte. En cambio, hubo una marcada influencia literaria de Italia sobre Portugal, directamente o a través de España, cuyo Siglo de Oro debe ser estudiado por separado.

Entre los escritores portugueses del siglo XV, se destacaron Duarte Brito, el infante Pedro –que estuvo en relación con Juan de Mena y el Marqués de Santillana– y el prosista Fernán Lopes, muerto en 1451; entre los del siglo XVI: Sa de Miranda, Gil Vicente, Antonio Ferreira y Luis de Camoens, autor de comedias, rimas, sonetos y del poema “Los Lusiadas”, dedicado a la gloria de Vasco de Gama y de su pueblo.

Algunas  de las principales figuras que tuvo en Italia, Francia e Inglaterra, durante los siglos XV y XVI:

Italia: Precursores (siglo XIV): Dante, Petrarca y Boccaccio. Siglo XV: M. Ficino. Pico de la Mirándola, Lorenzo de Médicis, A. Poliziano, L. Pulci, Mateo Boyardo, J. Sannazzaro, León B. Alberti, J. Savonarola y Leonardo da Vinci. Siglo XVI: Maquiavelo, Ariosto y T. Tasso, Castiglione, Miguel Ángel Buonarroti, B. Cellini y Pietro Aretino.

dante bocaccio y petrarca

Francia. Siglo XV: C. Marot, P. de Ronsard y el grupo de la Pléyade, dentro del cual se distinguió Joaquín du Bellay. Siglo XVI: Rabelais y Montajgne. Inglaterra: Precursor (siglo XIV): Geoffrey Chaucer. SigloXV: Thomas More y el “new learning”. Siglo XVI: Conde Surrey, T. Wyatt, Edmundo Spencer y otros poetas del reinado isabelino, F. Sidney, los dramaturgos John Lyly, Christopher Marlow y William Shakespeare, fallecido en el siglo XVII.

Precursores lejanos, pero directos, de la literatura renacentista en Italia fueron Dante, Petrarca y Boccaccio, admiradores de la prosa de Cicerón o Tito Livio y del verso galano de Virgilio. Después de estos tres escritores del siglo XIV y antes de llegar a los que, en el siglo XVI, correspondieron a su grandeza (Maquiavelo, Ariosto y Tasso) corresponde mencionaralos humanistas italianos del siglo XV, llamados así por cultivar las letras “humanas” y no las “divinas” o ascéticas.

Descubrieron la belleza terrenal y cantaron a los placeres condenados por el misticismo y la religión. Tuvieron puestos sus ojos en la Antigüedad grecolatina y fundaron, en la ciudad de Florencia, una Academia Platónica, movimiento que tuvo por abanderados a Marsilio Ficino y Juan Pico de la Mirándola.

Los tres poetas más destacados del Renacimiento literario toscano fueron Lorenzo de Medicis (apodado El Magnífico), Ángel Poliziano y Luis Pulci, autor, éste último, de un poema heroico-burleseo “11 Morgante maggiore”, cuyo protagonista, gigantesco escudero del caballero Rolando, es un anticipo del Sancho cervantino. Casi contemporáneamente, fue escrito el poema “Orlando innamorato”, de Mateo Boyardo y, poco después, la famosa novela pastoril “Arcadia”, de Jacob o Sannazzaro, inspirada en el “Ameto” de Boccaccio, una de las primeras muestras del género.

A esta misma época pertenecen los trabajos del humanista León B. Alberti, polígrafo, matemático, arquitecto y pintor, quien contribuyó al desarrollo de la lengua italiana con sus numerosas obras, entre las cuales merecen recordarse el tratado “Dall’amore” y “Cena di familia”.

También los del fraile dominico Jerónimo Savonarola, quien, después de la caída de los Médicis, gobernó a Florencia durante cuatro años, acerca de lo cual versa una de sus narraciones. Finalmente, Leonardo da Vinci, genio universal, quien en materia literaria legó a la posteridad sus famosos “Manuscritos” y su “Tratado sobre la Pintura”.

maquiaveloYa en el siglo XVI, Nicolás Maquiavelo (1469-1527) se destacó como historiador, novelista, poeta y autor teatral, actividades que cultivó a partir de los 35 años de edad, ya retirado de los importantes cargos públicos que tuvo que desempeñar con anterioridad.

Escribió “El arte de la guerra”, “El príncipe” (serie de consejos sobre el arte de gobernar), la “Historia de Florencia”, el “Discurso sobre la primera época de Tito Livio” y la farsa “La Mandragora”.

Ludovico Ariosto (1474-1533), a quien se señala como el segundo gran poeta de Italia (después de Dante), presentó en su “Orlando furioso” una faz burlesca del tema heroico, paralelo al “Orlando enamorado” de Boyardo. Escribió también sátiras y comedias.

Torcuata Tasso (1544-1595), poeta que obedeció al influjo de la Contrarreforma católica, ofreció, en su poema “Jerusalén liberada”, la historia de la Cruzada emprendida por Godofredo de Bouillon, el que liberó, en 1099, la ciudad de Jerusalén y el Santo Sepulcro. Más tarde escribió “Jerusalén conquistada”, segunda parte que, por fría y retórica, resultó menos feliz. También compuso el drama pastoril “Aminta”, en un prólogo y cinco actos.

Otras obras de esta época fueron, en Italia: “II Cortegiano”, de Baltazar Castiglione, espejo de ideas y costumbres; los sonetos de Miguel Ángel Buonarroti, inspirados en el amor ideal que sentía por la poetisa Vittoria Colonna, las “Memorias” de Benvenuto Cellini, el gran orfebre y escultor y las comedias y tragedias de Pietro Aretino, bastante inmorales.

En cuanto al Renacimiento francés, éste surgió como consecuencia de lo aprendido en Italia por Luis XII y Francisco I, en sus guerras de conquista. La lírica francesa del siglo XV tuvo por abanderados a Clément Marot, poeta de la corte de Francisco I y a Pierre Ronsard, quien, juntamente con J. du Bellay y otros poetas, formó el grupo de la “Pleiade”, que tendría como modelo a las literaturas griega y latina y cuyo ideal sería la purificación del idioma francés.

Protegido por tres reyes –Enrique II, Carlos IX y Enrique III- Ronsard fue celebrado, en su época, como autor de odas, sonetos y de un poema épico que dejó inconcluso: “La Franciade”. La prosa francesa durante el siglo XVI tuvo representantes como el cuentista Francisco Rabelais (satírico, mordaz y proclive a la obscenidad) y filósofos y moralistas como Miguel de Montaigne.

tomas moroEl Renacimiento propiamente dicho se produjo en las Islas Británicas, durante el reinado de Enrique VIII (1509-1547), vinculado con la corriente humanística que tuvo al holandés Erasmo y a Tomás Moro por adelantados. Éste último escribió “Utopía”, obra en la que describe una República ideal, fruto de sus desdichadas experiencias políticas.

Cultivaron la imitación de ejemplos italianos el conde de Surrey, llamado “El Petrarca inglés” y sir Tilomas Wyatt, quienes introdujeron el soneto en Inglaterra. Luego, durante el reinado de Isabel, el Renacimiento cobró mayor fuerza y se tradujeron los libros de Homero, Plutarco, Virgilio y Tito Livio.

La “era isabelina” tuvo un gran poeta, Edmundo Spenser, quien imitó a Chaucer y a los integrantes de la Pléyade francesa. Entre los dramaturgos ingleses del siglo XVI se destacaron dos: John Lyly y Christopher Mariowe.

Este conjunto culmina con la figura de William Shakespeare (1564-1616), nacido y muerto en Stratford-on-Avon. De sus numerosas tragedias y comedias muchas son, por su tema y su estilo, de neto corte renacentista (“Romeo y Julieta“, “Julio César”, “Antonio y Cleopatra”. etc.), mientras otras fueron una anticipación de obras que sobresalieron en los siglos posteriores.

PARA SABER MAS….

Renacimiento de la literatura griega en Italia. — La lengua griega había sido olvidada completamente en la Europa occidental hasta casi el final de la Edad Media; sólo algunos eruditos escolásticos tenían escasos conocimientos de ella y la ignorancia de dicha lengua se extendía también a Italia, a pesar de los contactos que dicha península tenía frecuentemente con los griegos y haber poblado gentes de esta raza su territorio por espacio de siglos.

Los poetas griegos fueron escasamente citados entre los siglos VI y XI. Petrarca y Boccaccio promovieron el renacimiento de aquel lenguaje y la restauración de sus enseñanzas. Ambos personajes estudiaron por sí mismos el griego, el primero leyendo a Platón con un erudito de Constantinopla y el segundo motivando en Florencia disertaciones públicas acerca de Homero. A fines del siglo XIV, un letrado de Constantinopla llamado Manuel Chrysoloras, enseñó literatura griega en Florencia y luego, sucesivamente, en Pavía, Venecia y Roma.

Creada la afición a las nuevas enseñanzas, los estudiantes italianos marchaban a Constantinopla, no sólo para estudiar el griego en su propio ambiente, sino para adquirir manuscritos que contenían estimables textos clásicos. En 1423, uno de estos estudiantes coleccionistas trajo a su ciudad natal, Venecia, unos 240 volúmenes de obras clásicas. Pero el momento culminante para el renacimiento general de los estudios de la literatura clásica griega fue el de la toma de Constantinopla por los turcos, hecho que motivó la dispersión de muchos literatos eruditos y otras personas ilustradas que, en gran número, se esparcieron por Europa.

Algunos papas, entre ellos Nicolás V, alentaron en el siglo xv los estudios clásicos griegos, y, antes de la caída de Constantinopla, Juan Bessarión, Teodoro Gaza y Jorge de Trebisonda, difundieron los estudios helenísticos por Florencia, Ñapóles y Roma. De los exiliados griegos fue, tal vez, el más ilustre, Andrés Juan Láscaris, llamado Rindacenus, a quien llevó a Padua Bessarión, y después Lorenzo de Médicis encargó de la biblioteca de Florencia.

Desde Italia esta afición por restaurar la literatura clásica se extendió a Francia, Inglaterra y Alemania; en 1548 fue nombrado en la Universidad de París el primer profesor de griego y, tiempo después, se fundaron cátedras de dicha lengua en Oxford a cargo de Grocyn y Colet, y en Cambridge, a cargo de Erasmo.

Fuente Consultada:
Enciclopedia Ciencia Joven Fasc. N°32 El Renacimiento Literario en Europa Edit. Cuántica
Historia Universal de la Civilización  Editorial Ramón Sopena Tomo II del Renacimiento a la Era Atómica

Biografía de Camus Albert Su Obra Literaria Premio Nobel

RESUMEN DE LA VIDA Y OBRA LITERARIA DE ALBERTO CAMUS

Albert Camus (1913-1960), novelista, ensayista y dramaturgo francés, considerado uno de los escritores más importantes posteriores a 1945.  El escritor francés del siglo XX, Albert Camus, sometió a examen lo que él consideró la absurdidad de la condición humana y la trágica incapacidad de los seres humanos a la hora de comprender y trascender su situación. A lo largo de su obra, Camus describe un mundo aparentemente irracional en el que los seres luchan infructuosamente por encontrar significado y razón a sus vidas.

Así, en El extranjero (1942), el protagonista mata a un hombre sin ninguna razón aparente y acepta sin más su condena. Por el contrario, los personajes de La peste (1947) luchan con valentía contra el absurdo.

Pertenece al gruyo de escritores franceses que nunca cayeron en el olvido. A partir de aquel día de enero de 1960 en que un accidente automovilístico transformó su vida en un trágico destino, el escritor oriundo de Argelia conquistó y ara siempre a sus lectores.

Camus Albert Escritor

Su obra, caracterizada por un estilo vigoroso y conciso, refleja la philosophie de l’absurde, la sensación de alienación y desencanto junto a la afirmación de las cualidades positivas de la dignidad y la fraternidad humana.

Albert Camus nació en Mondovi (Argelia) el 07 de noviembre de 1913. Es el segundo hijo de Lucien Camus, peón y Catalina Sintes, una joven dama de origen español que no sabe escribir y que apenas habla. Lucien Camus murió en la batalla del Marne durante la Primera Guerra Mundial. El joven Albert no conoció a su padre. Su madre entonces se instaló en los barrios pobres de Argel, Belcourt.

El joven Camus, ya en la escuela y con la ayuda de uno de sus profesores, el Sr. Germain, Albert Camus ganó una beca para continuar sus estudios en la Escuela Bugeaud de Argel. Descubrió las alegrías de fútbol y se convirtió en el arquero de la escuela. Amó la filosofía a través de su maestro Jean Grenier.

Camus Albert

Camus con su equipo de fútbol

Obtuvo su bachillerato en 1932 y comenzó a estudiar filosofía. Ese año publicó sus primeros artículos en una revista estudiantil. Se casó en 1934, con Simone Hié y desempeñará diversos trabajos ocasionales para financiar sus estudios y mantener a la pareja. En 1935, se unió al Partido Comunista, partido que abandonó en 1937.

Su vida estuvo marcada por los grandes conflictos del siglo XX: la Segunda Guerra mundial, durante la cual participó en la resistencia contra el nazismo; la guerra de Argelia por su independencia, que hirió profundamente los últimos años de su existencia, y sobre todo la Primera Guerra mundial, en la cual su padre murió de la heridas recibidas en la batalla del Marne.

En 1936, cuando se graduó en filosofía en Estudios de Posgrado, fundó el Teéatre du Travail y escribe con tres amigos en Revolución en Asturias (una insurrección obrera) , una pieza que será luego prohibida.

En 1938, se convirtió en un periodista del  Alger-Républicain donde es particularmente responsable de informar los juicios políticos argelinos. Al poco tiempo Alger-Républicain cesa su publicación y Albert Camus se traslada a París, para trabajar como secretario de redacción de Paris-Soir. Se divorcia de Simone Hie, y se casa con Francine Faure.

En 1942 participó activamente en un movimiento de resistencia y publicó artículos en un periódico llamado Combat que se convertirá en símbolo de la liberación. Ese mismo año publicó en El Extranjero y el Mito de Sísifo por Gallimard. Ambos libros penetran en los jóvenes lectores y elevan a  Albert Camus a la prominencia, cuando grandes personalidades de la época, como Jean-Paul Sartre   (a quien conoce en 1944) dirá: “la conjunción admirable de una persona , una acción y de una obra”

En 1945, es la creación de Calígula, que revelará Gérard Philippe. Dos años más tarde, publicó La Peste, que fue un gran éxito. Es ese año dejó el diario Combat.

En 1951, la publicación de El Hombre Rebelde, donde expresa su reflexión sonbre la rebelión, le valió la ira de tanto surrealistas y de existencialistas. André Breton estaba furioso con  Camus en Lautréamont y Rimbaud. Los existencialistas se molestan con la publicación de un artículo muy crítico en Modern Times, una revista cuyo director es nada menos que Jean-Paul Sartre. Esta controversia hará que en el próximo año termine definitivamente la relación entre Camus y Sartre.

Albert Camus  sufre un gran dolor por la situación de la independencia de Argelia. Toma posición en el L´Express, a través de varios artículos donde muestra que vive este drama nacional como una verdadera “desgracia personal.” Incluso en Argel intentará un llamamiento a la reconciliación, pero fue en vano.

Desde 1954 hasta 1962, el Frente de Liberación Nacional de Argelia (FLN), dirigido por figuras como Mohamed Budiaf (1919-1992) y Ahmed Ben Bella (1918-), libró una dura batalla para expulsar a los europeos de su país, que convivían en una proporción de uno a nueve con los argelinos, con una clara distinción económica y social entre unos y otros. (Ver: Independencia de Argelia)

En 1956 trabaja como periodista el periódico L´Express. Publica La Caída; que se considera  fundamental de la literatura francesa de la postguerra y clásico del existencialismo, publicada en 1956, un año antes de obtener el Nobel de Literatura.

Albert Camus ganó el Premio Nobel en octubre de 1957 y fue entregado por el Rey Gustavo VI, fue otorgado…: “Por su importante producción literaria, la cual con una clara y seria perspectiva ilumina los problemas de la conciencia humana en nuestro tiempo”.

Tenía entonces 44 años y es el noveno francés para conseguirlo. Dedicó su discurso por su parte a Louis Germain, profesor de que le permitió continuar sus estudios. Él es felicitado por sus compañeros, entre ellos Roger Martin du Gard, Francois Mauriac, William Faulkner.

El 4 de enero de 1960, murió en un accidente de coche, tenía previsto viajar a París en tren, pero Michel Gallimard le pidió que tomara su coche. Cerca de Sens, por razones no determinadas, el conductor perdió el control del vehículo. Albert Camus murió en el acto. Se encuentra en el coche el manuscrito inacabado del Primer Hombre. En uno de sus bolsillos, también estaba el billete de tren en el que pensaba viajar.

Sintesis: Estudió filosofía en la Universidad de Argel; sin completar su formación académica, se dedicó al teatro y a la actividad dramática. Posteriormente, con ocasión de la Segunda Guerra Mundial, trabajó con la resistencia y fundó en compañía de unos amigos el periódico clandestino “Combat”.

En su amplia producción literaria destacan las obras dramáticas: “Le Malentendu” (1944); “Caligula” (1945); “L’état de siége” (1948); “Les justes” (1949); entre otras. Entre sus relatos y novelas: “L’Etranger” (1942); “La Peste” (1947); “La Chute” (1956); “L’éxiletleroyaume” (1957); entre otras. Y en sus ensayos: “L’envers et l’endroit” (1937); “Noces” (1938); “Le Mythe de Sisyphe” (1942); “Lettres á un ami allemand” (1945); “L’Homme Révolté” (1951).

El extranjero: Su primera novela, El extranjero, aportó a Albert Camus una inmensa notoriedad, más allá de su publicación por Gallimard en 1942: actualmente sigue siendo el libro de bolsillo más vendido en Francia. Marcó el inicio del ciclo de lo absurdo en la obra del novelista. Tras la muerte de su madre, que acogió con indiferencia, el personaje principal, Meursault, es invitado por un amigo a pasar el día en la playa, cerca de Argel. En ese lugar participa en una pelea y asesina a un árabe «sin saber porqué». Condenado a muerte, Meursault espera la ejecución con calma, aparentemente indiferente a la vida, sin pasión ni entusiasmo. La incapacidad para entender el sentido de la existencia acarrea en él una resignación frente a los acontecimientos que le ocurren. El extranjero se distingue por su denuncia de lo absurdo del mundo al igual que por su estilo muy depurado, como lo demuestra la primera frase de la novela, una de las más famosas de la literatura contemporánea: «Hoy mamá ha muerto. O tal vez ayer, no sé».

CRONOLOGÍA DE SU VIDA

1913 Nacimiento deAlbert Camus en Mondovi (Argelia), el 7 de noviembre.

1914 Muerte del padre de Camus, Luden, herido  durante la batalla del Marne.

1932 Primeros artículos de Camus en la revista Sud.

1934 Se casa con Simona Hié y se encarga de la crítica de arte en el Alger républicain.

1935-1937 Es miembro del Partido comunista.

1936 Funda el Théátre du Travail y al año  siguiente el Théátre de l’equipe. 

1939 Publicación de Bodas. 

1940 Camus trabaja en París como secretario   de redacción del Paris -Soir.

1942 El extranjero y El mito de Sisifo son publicados por Gallimard. Camus  participa en la resistencia.

1945 En Combat, donde es el redactor jefe, Camus publica una investigación sobre la miseria en Argelia. Sublevación de Sétif.

1947 Publicación de La peste, que obtiene  un éxito inmediato.

1949 Puesta en escena de  Los justos en el Théátre Hébertot.

1952 Ruptura con Sartre debido al Hombre rebelde.

1954 Inicio de la guerra de Argelia.

1955 Camus trabaja como periodista en L’Express.  

1956 Publica Llamada a la tregua civil.

1957 Camus recibe el premio Nobel de literatura.

1960 Muerte de Camus en un accidente automovilístico, el 4 de enero.

Fuente Consultada:
Hicieron Historia Tomo II Biografía, entrada Albert Camus

La Musica en el Barroco Compositores del Barroco Músicos Castrados

La Música en el Barroco
Compositores del Barroco

Sociedad y cultura en el Barroco: En el Barroco cobró un enorme auge la exaltación de los sentimientos frente a la serenidad y a la mirada puesta en el hombre que habían sido propias del período anterior.

El Barroco: El término barroco proviene del portugués y, en su origen, significó «perla irregular y deforme». Se empleó para describir de manera peyorativa las formas artísticas demasiado recargadas.

Música en el Barroco

Hasta el siglo XIX el término barroco se utilizó como expresión desaprobatoria Sin embargo, hoy en día ya no es así aunque se sigue usando cuando se considera que algo es excesivamente complejo o recargado.  El Barroco fue una época en la que se produjeron grandes avances científicos y descubrimientos que cambiaron la percepción que las personas tenían del mundo.

Durante el Barroco se incrementó la ornamentación en todas las artes hasta llegar, en ocasiones, al exceso. La música, por su parte, experimentó un enorme desarrollo.

Aspectos sociopolíticos: El siglo XVII, y más concretamente su segunda mitad, está marcado por el triunfo del absolutismo en toda Europa, con la excepción de Holanda e Inglaterra. El poder político de los monarcas se fortaleció hasta eliminar toda representatividad, dando lugar a las monarquías absolutas.

Los intereses nacionales se exacerbaron y pretendieron imponerse hegemónicamente. Durante el siglo XVI fue España la nación hegemónica, y en el siglo siguiente lo fue Francia. Las hegemonías terminaron en el siglo XVIII, fortaleciéndose la idea de equilibrio.

La sociedad estaba organizada en tres grupos, llamados estamentos o estados: nobleza, clero y tercer estado o estado llano. Los dos primeros estamentos eran los privilegiados; el otro estamento poseía escasos recursos económicos y estaba excluido de la participación política.

Unido al éxito de la monarquía absoluta, el mercantilismo se fue imponiendo en Europa desde mediados del siglo XVII. El Estado desarrolló una política económica intervencionista prohibiendo la salida de los metales preciosos. Se trataba de un auténtico nacionalismo económico que reforzaba el nacionalismo político.

La cultura del Barroco
El Barroco reaccionó frente a la rigidez de las reglas y se convirtió en un arte abierto, libre, que buscaba lo grandioso y lo dinámico. El Barroco, a la vez que fomentaba el interés por el hombre y la naturaleza, exaltaba el absolutismo real y el sentido victorioso y propagandístico de la Contrarreforma católica.

La expresión artística estaba en consonancia con el desarrollo de la sociedad. La cultura tendió a encontrar razones justificativas del poder absoluto de los monarcas y a presentar siempre la monarquía en un contexto de «sublime emergencia» sobre el resto de la sociedad.

Las luchas religiosas y el enfrentamiento entre reformados y católicos tuvo grandes repercusiones en el arte y la cultura. En el campo católico, el arte sirvió para realzar la figura de la Virgen y de los santos, produciendo retablos e imaginería de gran valor.

La arquitectura se caracterizó por el movimiento, el claroscuro y la grandiosidad. Grandes arquitectos italianos fueron Bernini, Borromini y, algo más tarde, Juvara.

• En la escultura triunfó el afán de movimiento y se dio preferencia a los gestos exaltados y la teatralidad. Destacaron Bernini, en Italia, y Gregorio Fernández, Martínez Montañés y Alonso Cano, en España.

• La pintura se caracterizó por el naturalismo, la fuerte expresividad y el claroscuro. Destacaron Caravaggio, Rembrandt, Murillo y Velázquez.

• En la literatura se asiste al desarrollo del tema religioso a través de la mística, en el siglo XVI, con San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Jesús, y de los autos sacramentales, en el siglo XVII, con Calderón de la Barca.

• En el pensamiento surgió el racionalismo con Descartes y se inició la ciencia moderna, basada en la experiencia y la inducción. La filosofía empirista fue desarrollada por un grupo de filósofos ingleses a cuya cabeza estuvo Bacon.

En el Barroco, la música tuvo un desarrollo espectacular. Los músicos adoptaron el término barroco para referirse al período de ciento cincuenta años que va desde los inicios de la ópera, hacia 1 600, hasta la muerte de Johann Sebastian Bach en 1750.

Las artes y el estilo musical del Barroco: La música acompañó en todo momento os profundos cambios experimentados en la sociedad, la cultura y el arte y el Barroco se convirtió en la época del virtuosismo musical, con grandes intérpretes y un enorme desarrollo de la orquesta y de las técnicas de construcción de instrumentos.

Consecuencia del racionalismo científico que dominó el pensamiento de la época, la música barroca redujo todo5 los modos musicales eclesiásticos a solo dos: el modo mayor y el modo menor. Con estos modos se escribieron la mayoría de las obras musicales que han llegado hasta nosotros.

Por otro lado, el método científico propició el nacimiento de la ciencia de la armonía (estudio de los acordes), teorizada por Gioseffo Zarlino (1517-1590), que buscó en la naturaleza la fuente de toda legitimidad.

Los efectos que excitaban los sentimientos en los conjuntos de los grandes escultores barrocos trató de conseguirlos el músico con el uso del acorde consonante y disonante. La alternancia de estas relaciones sonoras provocó movimientos espirituales que suscitaron efectos en uno u otro sentido.

La arquitectura de línea curva y ornamentación exuberante tuvo su reflejo sonoro en las melodías llenas de adornos y acrobacias vocales, sobre todo con la aparición de voces artificiales: los castroti, cantantes de sexo masculino que eran castrados antes de llegar a la pubertad para preservar su voz de soprano o contralto. Esta práctica decayó cuando las mujeres, a finales del siglo xviri, se incorporaron a la escena operística.

LOS CASTRATI: Los primeros músicos de la historia en alcanzar la categoría de estrellas fueron los castrati, para cuyas voces se componía la ópera italiana en los siglos XVII y XVIII. Un castrato era una maravilla vocal, un precioso instrumento musical vivo, de una belleza y extensión asombrosas.

Los castrati eran varones, procedentes de los ambientes más pobres, y elegidos por la belleza de su voz infantil, a los que se castraba antes de que llegaran a la pubertad. Por este cruel procedimiento se conseguía que estos cantantes conservaran el timbre de una voz blanca, pero unido a la capacidad pulmonar de un varón adulto.

Los castrati recibían una esmeradísima educación musical, y los que triunfaban amasaban grandes fortunas, por lo que su destino se consideraba envidiable. Su extraordinaria capacidad pulmonar y la limpia ejecución de las más intrincadas coloraturas, complejas acrobacias vocales escritas por los compositores para ellos, los enorgullecía más que la tesitura aguda; femenina, de sus voces.

Podían sostener una nota durante minutos enteros, yen muchas ocasiones se enzarzaban en duelos con algún instrumentista de viento, con el que rivalizaban en resistencia para admiración del público.

La pintura realista y de fuertes contrastes guió a los compositores en sus obras instrumentales y los impulsó a buscar el colorido tímbrico, con la aparición y perfeccionamiento de nuevos instrumentos, y el contraste sonoro, con el uso del estilo concertante, en el que a un solista o grupo de solistas se opone o contrasta el resto de la orquesta.

La monarquía absoluta impuso el uso de una melodía principal, con lo que desapareció el resto de voces del estilo polifónico; y también surgió el virtuoso, que, en cierto modo, acabó ejerciendo un absolutismo instrumental sobre el resto de la orquesta.

La aparición de teatros donde se representaban obras dramáticas con música, las óperas, hizo que se produjera un mayor acercamiento entre los diferentes estamentos sociales de la época.

Características del Barroco musical: Las principales características que definen la música barroca son estas:

• Predominio del estilo vertical u homofónico.

• Nacimiento del bajo cifrado o bajo continuo: el compositor da toda la importancia a las voces extremas. La voz superior es la melodía. El acompañamiento se indica mediante una serie de cifras (bajo cifrado) que señalan al organista los acordes que puede ejecutar.

• Supremacía de un estilo armónico: sentido vertical en la música.

• Delimitación e independencia entre música vocal e instrumental.

• Nacimiento y esplendor de la música dramática: ópera, cantata, etc.

• Aparición de la orquesta y perfeccionamiento de los grupos de cámara.

• Aparición de un ritmo reiterativo y muy marcado.

• Uso de acordes disonantes con mayor frecuencia.

• Supremacía de la música profana sobre la música religiosa.

• El compositor practica todos los géneros de su época.

La música al servicio de la religión y la monarquía El Barroco fue un estilo artístico conformado por las ideas dominantes de la época: el absolutismo en política, que presenta como ideal la monarquía absoluta, y la Contrarreforma, la reacción cultural de los países católicos del sur de Europa frente a la Reforma protestante del norte. Al igual que había sucedido durante el Renacimiento, durante el Barroco, la música culta o ilustrada, en oposición a la popular, únicamente se cultivaba en el seno de los dos estamentos rectores de la vida política y espiritual: el aristocrático (las diversas cortes europeas) y el eclesiástico.

Un tercer sector social —el burgués— entró, sin embargo, durante esta época en el universo musical gracias a la ópera comercial, que permitía el acceso al teatro mediante el pago de una entrada.

En los primeros días de la ópera, la concurrencia solía ser la comunidad entera, separada jerárquicamente en pisos y gradas de acuerdo con su posición social. La sala de ópera era un modelo de la sociedad del siglo XVII, en tanto que los mitos griegos y romanos de donde provenían casi todos los argumentos que se ponían en escena reflejaban los valores aristocráticos de los estamentos sociales dirigentes.

Fuente Consultada: Enciclopedia del Estudiante Tomo 18 – Música – Santillana

El Renacimiento en Italia Artistas del Renacimento Italiano

El Renacimiento italiano: Los especialistas están de acuerdo en reconocer que el Renacimiento es básicamente una revolución intelectual que comenzó en Italia durante el siglo XIV, y que se caracterizó por la formulación de una nueva pedagogía —las humanidades— capaz de preparar a los jóvenes para una existencia activa al servicio de la comunidad. El medio para lograrlo era el latín, purificado de los barbarismos medievales a través del estudio de los escritores clásicos.

El estudio de los antiguos manuscritos se convirtió en algo esencial. Con el nombre de «humanidades» se designaba la gramática, la retórica y el estilo, la literatura, la filosofía y la historia. Y los que impartían tales conocimientos —los humanistas— no eran simples educadores, sino que escribían para plantear problemas morales que fueron de dominio público.

Italia era en este momento un país dividido: los Estados papales situados en el centro del país lo fragmentaban en dos partes. Otras ricas ciudades disputaban con Roma su supremacía en los asuntos italianos: Venecia, Milán, Florencia y Nápoles. Aunque Milán en el norte y Nápoles en el sur parecían gozar de las mejores condiciones para ejercer un dominio efectivo, Florencia llegaría a ser el corazón del movimiento del Renacimiento, constituyendo una ciudad de belleza sin parangón y gran riqueza.

No era ésta una época pacífica aunque tampoco había grandes conflictos. Sin embargo, los condottieri, soldados profesionales, luchaban entre sí por los estados rivales. También el papado en aquel tiempo, bajo los papas Borgia, intentaba ensanchar su territorio con guerras. Junto con el peligro y la crueldad había un gran amor a la belleza y una sensibilidad extrema.

El Renacimiento romano: Era natural que Italia fuera la iniciadora del Renacimiento, ya que los restos de la grandeza de Roma podían verse por todas partes. Pero el renovado interés por Grecia era debido al nuevo espíritu de búsqueda libre. La presión de los turcos en la Europa oriental debía llevar a la destrucción final de Constantinopla, último bastión del imperio romano del este. Los maestros griegos vieron que tenían un futuro brillante en Italia.

De repente la perspectiva de la vida se hizo abierta y expansiva. El mismo hombre ganó en importancia, no como la pobre criatura pecadora de la Edad Media, sino como un ser con posibilidad de poder y dignidad. Los hombres del Renacimiento, llenos de confianza en sí mismos, se sentían atraídos por la gloria personal y esperaban recibir un premio por su labor en este mundo. Este espíritu, fuerte y agresivo, era muy diferente al de las innumerables generaciones de artesanos anónimos que habían levantado las catedrales góticas.

Los príncipes mercaderes de esta época crearon una figura nueva: el patrón. El noble ya no desdeñaba el arte y la ciencia, y se mostraba por el contrario deseoso de ayudar con una parte de sus riquezas a que un genio llevara adelante su trabajo y demostrara su talento. La Iglesia continuó siendo el patrocinador más importante y, a pesar del aspecto mundano de los hombres del Renacimiento, la mayoría de las obras de arte tienen por tema el religioso. La curiosidad universal por todo produjo un tipo nuevo de genio: el hombre que podía hacerlo casi todo. Buenos ejemplos de reunión de capacidades diversas en una sola figura son las de Alberti, Leonardo y Miguel Ángel.

Alberti era un gran atleta y jinete; escribió extensamente sobre arquitectura y construyó iglesias; se distinguió también como escritor, músico y pintor, dedicándose a la ingeniería y a la ciencia. Leonardo constituyó una especie de Aristóteles de su tiempo: uno de los grandes artistas del mundo, fue pintor, escultor y arquitecto. Su interés por todo quedó registrado en sus cuadernos, que aún perduran; están escritos de una forma curiosa, de derecha a izquierda, en taquigrafía y sin ninguna puntuación. En estas notas secretas queda patente su interés por la anatomía, el movimiento de los planetas, los fósiles en las rocas, la mecánica, la perspectiva y los principios de vuelo. Era un ingeniero famoso, tanto en asuntos militares como civiles, tales como canales y sistemas de riego.

Esta breve lista da una idea de las grandes posibilidades de esta figura del Renacimiento. Trabajó bajo el patrocinio de Lorenzo el-Magnífico de Florencia, así como de Ludovico Sforza de Milán.

Miguel Ángel realizó casi todo su trabajo en Florencia y Roma. Pintó la Capilla Sixtina y proyectó la cúpula de la nueva basílica de San Pedro. Sus esculturas reflejan magníficamente el poder y el esplendor humanos. Durante los últimos años de su larga vida escribió madrigales y sonetos de gran sensibilidad.

Se puede considerar que el Renacimiento italiano se manifiesta como tal en el momento en que surgen figuras de la talla del pintor Giotto y los escritores Dante, Petrarca y Boccaccio (siglos XIII y XIV). Aunque Giotto pintó cuadros religiosos, los personajes de sus obras eran netamente humanos y con ello se inició el camino hacia un arte más naturalista. Dante escribió el poema religioso más importante de la era cristiana, La Divina Comedia, y participó en la creación de un lenguaje italiano melodioso.

Ricas y Poderosas Familias Italianas del Renacimiento Los Papas

RICAS Y PODEROSAS FAMILIAS ITALIANAS DEL RENACIMIENTO

A partir del siglo XV, la estructura de la sociedad feudal (los que oran los que trabajan y los que guerrean) se va transformando gradualmente. Entre los dos estamentos medievales mas importantes comenzó a surgir un tipo de individuos que, por vivir en los burgos (ciudades), fueron llamados burgueses. La producción artesanal y el comercio les proporcionó un cierto enriquecimiento, que a partir del siglo XII tendrá dos consecuencias bien visibles. La primera es el surgimiento de “ciudades-estado” o “comunas” que llegan a ser dominadas por comerciantes, como ocurrió en la Antigüedad.

Son las ciudades del Norte de Alemania y de los Países Bajos (las ciudades de la Hansa, Amberes, Brujas,, etc.) y, después, las del Norte y Centro de la actual Italia: Florencia, Siena, Milán, etcétera. La segunda es el préstamo de parte de la riqueza acumulada por muchos de ellos a los soberanos de algunos viejos reinos feudales, como el de Francia. Estos monarcas habrán de utilizar las fortunas burguesas para fortalecer la corona y el Estado.

Negocios con el Dinero: la Banca. Las rápidas y crecientes operaciones comerciales llevaron a las ciudades italianas del Norte (Florencia especialmente) a saldar sus operaciones mediante letras de cambio, y la aparición de banqueros que recibían depósitos y efectuaban préstamos sobre prendas e hipotecas, o aseguraban navíos, se hizo expediente común en las operaciones comerciales. La banca florentina extendió sus operaciones a todo el Occidente cristiano, y la Santa Sede no permaneció ajena en modo alguno a esta política bancada, que tendría una influencia recíproca sobre la actividad industrial.

Si se considera el robustecimiento de los Estados nacionales, el papel reservado al capital resulta más revelador. Los Estados, cada vez más necesitados de numerario para hacer frente a sus empresas militares o financieras, recurrieron a la banca internacional: banqueros italianos, en Inglaterra, Países Bajos o Francia; judíos portugueses convertidos, en Alemania; los Fugger para los Habsburgos, etcétera.

La mayor contribución de las postrimerías medievales al nacimiento del capitalismo moderno estuvo constituida, sin duda, por el desarrollo en la organización de las transacciones de moneda extranjera y por los progresos de la técnica bancaria, evidenciados por las casas de Genova y Florencia, que extendieron sus agencias por todos los confines. Por otra parte, no existía una moneda definida, sino monedas metálicas con su dominio de acción fijado. El oro correspondía al nivel superior; el cobre, a la vida cotidiana de los humildes, y la plata era de amplia circulación en la vida normal. Se trataba de un trimetalismo sin relaciones fijas de los valores respectivos, verdadera herramienta y “motor” del capitalismo de tipo comercial.

En el siglo siguiente se crearon los grandes bancos públicos, que permitieron la utilización generalizada del papel moneda, dotando así a la economía de intercambio de un instrumento flexible v adecuado.

PRÍNCIPES, MERCADERES, BANQUEROS Y PARLAMENTOS
En los despachos de los mercaderes se acumulan monedas de oro y de plata. Dinero que en toda Europa es aceptado a cambio de bienes y servicios. Al comienzo, los comerciantes italianos de la Baja Edad Media son tímidos y respetan a los señores feudales. Pagan derechos de peaje para cruzar sus feudos e impuestos para comerciar en sus tierras. Mas, a medida que hacen fortuna, contratan guardaespaldas para que los acompañen en sus viajes, dando con ello origen a pequeñas milicias particulares.

Van percibiendo su fuerza, dejan de pagar derechos a los señores más débiles, los expulsan de la ciudad, eligen para gobernarla a gente de su confianza y crean concejos ciudadanos. Los burgos bien fortificados, defendidos por milicias permanentes y bien pagas (al contrario de las feudales),con dinero para comprar informaciones y conciencias, se convierten en verdaderas potencias que escapan del control de los nobles y con las cuales el rey, a veces, se alía.

Ese capitalismo inicial, que se puede llamar protocapitalismo (otros lo denominan “capitalismo aventurero”) nacido del comercio, las industrias incipientes, los préstamos de dinero y la navegación ultramarina, es el principal responsable del gran florecimiento del arte y la cultura conocido como Renacimiento italiano.

En las ciudades, los ricos banqueros que constituyen la cúspide de este grupo circulan entre el pueblo, rodeados por sus guardias personales, y con frecuencia sus espadachines se trenzan en luchas sangrientas por el dominio del pequeño “Estado”. Cuando alguno de ellos, o sus familias, llegan a controlar una “Ciudad-Estado”, se transforman en señores, duques y príncipes que imitan a la nobleza hereditaria, pero su origen es otro, como es otra la fuente de su
poderío: el dinero y no las batallas.

Estamos en la época de las señorías, “principados” independientes donde adquieren fama duques como Lorenzo, el Magnífico, de la familia Medicis, primero comerciantes, después industriales, más tarde banqueros, incluso de la Santa Sede; Ludovico, el Moro, de la familia Sforza; y condottieri (jefes guerreros mercenarios) como Gattamelata, Giovanni dalle Bande Nere, Ferruccio Castracani. Hombres que se hacen por el dinero, por la intriga y por la fuerza; semejantes a cometas resplandecientes surgidos de la nada que cruzan rápidos el firmamento político y cultural y caen asesinados, envenenados o depuestos por aventureros igualmente audaces. Con ellos, concluye la inmovilidad medieval y ansias de cambio transforman la sociedad.

El dinero no debe ser atesorado. Debe ser invertido para producir más dinero y más poder. Hasta entonces, esos banqueros comerciaban y se inmiscuían solamente en la política “casera”. Pero ocurrió que sus fortunas crecieron tanto que comenzaron a ser empleadas en la política exterior.

PODER CENTRALIZADO, ORIGEN DE LOS ESTADOS NACIONALES
Francia es un buen ejemplo de un reino feudal que se transforma gradualmente en monarquía centralizada.
Filiales de bancos italianos en París financiaron al Rey Felipe el Hermoso. Con esas sumas, Su Majestad pudo sostener grandes ejércitos semipermanentes, tornarse menos dependiente de los grandes nobles y destruir el poder de sus rivales. La Orden de los Templarios, instituto religioso-militar con casas en muchos de los países católicos de entonces, y de gran riqueza, había sido aniquilada. Sus bienes fueron absorbidos en parte por el Tesoro real, y en parte por las cajas fuertes de los banqueros lombardos.

Después Felipe se volvió contra sus pares y les impuso la voluntad de la corona. Pero no empleaba sólo dinero de afuera; el comercio se estaba expandiendo en la propia Francia. El rey había impulsado su desarrollo, protegiendo a los burgueses franceses y extranjeros que negociaban en sus dominios.

Al beneficiarlos, dispone de una fuente permanente de recursos para acrecentar su poder: los burgueses son gente que le presta dinero, que paga impuestos y lucha por él. Dos de sus principales ministros son burgueses ennoblecidos. Y más aún: fortalece una institución reciente, el parlamento (en Francia, tribunal judicial) de los burgueses, favorece el ascenso de legistas y otros burgueses y robustece la representación de las ciudades —el “Estado llano”— en los Estados Generales. Así, además de los dos “Estados” existentes —de los nobles y de los eclesiásticos, que se reúnen en asambleas propias— se fortalece el “Tercer Estado”, que tendrá enorme importancia en la historia de Francia y del mundo.

Mas, para beneficiar a los burgueses, el rey tiene que perjudicar a los nobles. Los burgueses voluntariamente pagan impuestos, a cambio de que él los proteja del arbitrio local de los señores feudales. Por eso el rey anula las leyes basadas en costumbres locales y crea una legislación única que sirva para todo el país. Todo cuanto perjudica al comercio, fuente de rentas para la corona —peaje sobre .ciertos territorios, asaltos que los nobles cometen contra los comerciantes—, debe ser juzgado por tribunales de la corona y no por tribunales locales, donde los propios nobles son jueces.

Al ejército semipermanente del rey se añade una hacienda centralizada y una máquina judicial uniforme en escala nacional: es el embrión de un Estado en el cual la corona será el arbitro absoluto.

Una reforma tan amplia no podría realizarse sin la lucha de varias generaciones. Los señores feudales se sienten dejados de lado y heridos en sus intereses. Al morir Felipe el Hermoso, la liga de los grandes nobles asume el poder lanzando como lema el “regreso a los usos de San Luis”, esto es, la vuelta a las costumbres feudales. Pero poco duró esa “contrarrevolución”.

Los nuevos soberanos no podían gobernar a Francia sin tener en cuenta la enorme riqueza que el comercio iba creando. Cualquier noble que asuma el papel de rey, incluso con la finalidad de “dar una lección a esos labriegos”, precisará luego de su dinero no sólo para hacerse independiente de sus rivales sino también para expandir el poderío del Estado. Francia será el primer poder centralizado que la Iglesia enfrentará en Europa. A ella seguirán Bohemia, España, Inglaterra y Holanda. En lugar de integrar un gran “imperio” paneuropeo, realización abortada de Carlos V, preparada por su abuelo’ Maximiliano, se convierten en Estados nacionales con intereses particulares.

Los emperadores de viejo estilo, tan característicos del Sacro Imperio, no habían encontrado una sólida base en que apoyarse; los nuevos soberanos nacionales disponen de una clase social interesada en ayudarlos. Y, cuando la Iglesia, como los grandes nobles, resiste al poder real, se expropian los bienes de la Santa Sede y se interviene en la organización de la jerarquía eclesiástica para someterla a la monarquía absoluta. Es el fin de los sueños de soberanía mundial, no sólo de los emperadores, sino también de los papas, y el principio del Estado nacional moderno.

El proceso que se inicia con la muerte de los Templarios y que obligó a los papas a vivir casi un siglo en Aviñón, bajo la tutela del rey de Francia, se concretará en los grandes cismas, que terminarán por dar origen a las Iglesias nacionales del tipo de la anglicana (de Enrique VIII), a los movimientos de protesta social y autonomía religiosa, como la rebelión hussita o la anabaptista, al luteranismo y al calvinismo de Francia, Suiza, Holanda, Escocia, etc.

ALGO MAS…
LOS BANQUEROS MÁS GRANDES DEL MUNDO

En el lenguaje bancario es muy común utilizar vocablos italianos como: banco, débito, caja, cuenta, cuenta corriente, descuento neto, etcétera. Estos términos fueron creados y difundidos por los grandes financieros italianos que en los siglos XIII, XIV y XV ejercieron actividades bancarias con una riqueza de medios y una técnica tan avanzada, que hasta ese momento no se habían visto.

El centro de la finanza era la ciudad de Florencia. En el siglo XIV había en esta ciudad no menos de cien compañías financieras, con decenas de filiales y centenares de agentes esparcidos por toda Europa occidental. Los Bardi, los Peruzzi, los Strozzi, los Pitti, los Médicis, los Alberti, los Acciaiuoli, eran banqueros florentinos. Pero también debemos Recordar a los Bonsignori y los Frescobaldi, de Siena; los Pisani y ios Tiépolo, de Venecia.

Como se ve por los nombres, se trataba, en su mayoría, de sociedades familiares, es decir, poseídas y dirigidas por los miembros de familias enriquecidas con el comercio. ¿Qué actividad desarrollaban estas bancas?

mercader aleman del renacimientoEn primer lugar facilitaban los pagos y todos los cambios de dinero, instituyendo cuentas corrientes, realizando operaciones de giro, y permitiendo los pagos a distancia por medio de cheques y letras. De este modo, los mercaderes-viajantes dejaban de viajar llevando consigo grandes cantidades de dinero, y evitaban así el peligro de ser robados. Exhibiendo una simple hoja de papel, retiraban en la filial de la banca el dinero necesario, que era luego descontado de sus depósitos existentes en la casa matriz.

Mercader alemán que operó en Milán en el siglo XVI.

En la práctica, casi todas las operaciones financieras desarrolladas por un banco moderno eran realizadas también por estas bancas de hace cinco siglos, que no disponían de calculadoras electrónicas, pero que, no obstante, conocían perfectamente el sistema de “partida doble”, y otros métodos avanzados de teneduría de libros contables.

Además de esto, esas bancas acaparaban por intermedio de sus agentes, en la mayoría de los mercados internacionales de Europa, todos los negocios en los cuales hubiera posibilidades de grandes ganancias, como ser: importaciones en Italia de lanas y tejidos, exportación de trigo de Apulia y Sicilia y de productos orientales, seguros, cambio de valores, armamento y flete de barcos. Pero el aspecto más espectacular de las actividades de estas bancas fueron los préstamos.

Que una banca prestara sumas de dinero a la administración del Estado era una cosa normal, y constituía para el rico banquero una forma de prepararse el camino al señorío sobre la ciudad. Pero pronto recurrieron a las bancas, para obtener financiaciones, los príncipes de otros Estados, y hasta los reyes de Francia e Inglaterra, que se hallaban en permanente necesidad de dinero para mantener sus ejércitos. Y así, los ciudadanos de Florencia comenzaron a prestar dinero a los reyes.

En 1435 prestaron a Eduardo III de Inglaterra un millón trescientos setenta y cinco mil florines… que el rey nunca pudo devolver. Sin embargo, cuando Eduardo IV pidió un nuevo empréstito a Cosme de Médicis, éste se lo concedió, y le fue devuelto el dinero junto con apoyo político.

Fuente Consultada:
Enciclopedias Consultora Tomo 7
Enciclopedia del Estudiante Tomo 2 Historia Universal
Enciclopedia Encarta
La Aventura del Hombre en la Historia Tomo I “El Ateneo”
Historia Universal Gomez Navarro y Otros 5° Edición
Atlas de la Historia del Mundo Parragon

Biografia de Tiziano Vida y Obra del Pintor Renacentista Alemán

BIOGRAFÍA: (Tiziano Vecelli o Vecellio) Tiziano, que fue uno de los más grandes pintores italianos, nació alrededor de 1490 (tal vez un poco antes). Una tradición dice que vivió hasta los 99 años de edad y viendo su autorretrato, que está en el Museo del Prado de Madrid, bien se puede creer tal cosa.

Por otra parte, esto remontaría su nacimiento a 1477 (se sabe que murió el 27 de Agosto de 1576) y ello se estima poco probable por las evidencias que existen. Sin embargo, su avanzada edad (quizá 90) y su gran actividad, que mantuvo hasta el fin de su vida, dan a su obra un valor único.

Con un toque de ironía también se podría agregar que fue necesaria la plaga que asoló Venecia para que muriera, un brote en que su hijo y valioso ayudante también perdió la vida pocas semanas después que su progenitor. La casa de Tiziano fue saqueada por los ladrones durante este brote de la plaga.

Tiziano nació en Pieve de Cadore, en medio de los Alpes, y ello se aprecia por la presencia de montañas en el paisaje de fondo de muchas de sus pinturas. Fue enviado a Venecia, cuando era un niño de nueve años, como aprendiz de pintor, y se cree que alrededor de 1508 fue ayudante del famoso Giorgione en algunos frescos.

Giorgione, murió en 1510 y se vuelve a oír de Tiziano en Padua, en 1511, pero regresó a Venecia, y en 1516 (cuando Giovanni Bellini murió) Tiziano había llegado a ser el primer pintor en esa ciudad. En 1518, había completado uno de los cuadros más famosos— La Asunción de la Virgen— para el altar mayor de la iglesia de los Frari.

En 1532 era famoso ¡internacionalmente y pintó al Emperador Carlos V, y su sucesor, Felipe II, tenía un gran concepto de él y por ello no es sorprendente que se encuentren tantas obras maestras de Tiziano en el Museo del Prado de Madrid. Tiziano continuó produciendo toda clase de pinturas, desde retratos hasta gigantescas escenas de naturaleza religiosa o mitológica.

No es sorprendente que al cumplir los setenta años se registrara un cambio en su obra. Se negó a seguir trabajando por más tiempo bajo las instrucciones de sus protectores, y los críticos están de acuerdo en que esto tuvo efectos valiosos en la calidad de su pintura, aunque el tema de los motivos no fuera muy diferente. Tiziano murió como un artista gigante, que podría despreciar o ignorar a cualquiera.

Había seleccionado como lugar para su sepultura la capilla de la Crucifixión en la Iglesia de los Frari, y el lugar está señalado con un monumento realizado por Canova.

El siglo de Tiziano
La precoz muerte de Giorgione (1510) y la de Giovanni Bellini (1516), así como la partida de Sebastiano del Piombo y de Lorenzo Lotto, dejaron el campo libre al joven Tiziano Vecellio. Por cerca de un siglo fue el referente indiscutible de la pintura veneciana. Sus primeros años se vieron marcados por la manera de pintar de Giorgione, de quien pudo haber terminado algunos cuadros, como el Concierto campestre.

Sin embargo, el pintor impuso rápidamente su manera monumental y vigorosa, así como su sentido armonioso del colorido, en la realización de grandes retablos (La Asunción de la iglesia de los Frari, en Venecia, el retablo’ de Pesaro). Además de su talento artístico, estaba dotado de un inédito sentido de los negocios, por lo que se afirmó como el pintor de las más grandes cortes europeas (francesas, italianas y españolas). Luego de ser ennoblecido por Carlos V, adaptó su estilo al gusto de sus comitentes. Su pincelada se volvió más minuciosa y también más naturalista (Presentación de la Virgen en el Templo).

Además, se puso a prueba ejecutando cuadros religiosos de menor formato, como la Madona con niño, Santa Catalina y un conejo. Por último, sobresalió e innovó en el género del retrato. Mientras el umbral del siglo siguiente veía emerger a nuevos talentos (Veronese, Tintoretto, Bassano), Tiziano iniciaba una nueva fase pictórica. Aparecieron rasgos de tensión, brutalidad y cierta forma de angustia, tanto en sus cuadros religiosos (Coronación de espinas) como en los profanos (Diana y Acteón). 

venus dormida

Tiziano, genio pictórico trascendental en todos sus aspectos, había terminado la Venus Dormida de Giorgione, maestro que tanto pesó en él durante su mocedad. Esta otra famosa Venus suya es una recreación de aquélla, con mayor voluptuoso esplendor. La terminó en 1538 y perteneció a Guidobaldo II de Urbino. En esta simulación mitológica concebida en un interior empleó Tiziano la misma mujer que le sirvió para pintar La Bella, cuadro conservado en el Palacio Pitti.

la asuncion de santa maria tiziano

Un cuadro monumental. La Asunción de Santa María del Frari constituye, al Igual que la
Transfiguración de Cristo, de Rafael, uno de los fundamentos de la pintura clásica. La
monumentalidad que Tiziano dio a su cuadro y su carácter heroico no tienen precedentes
en la historia de la pintura veneciana. Tiziano separó claramente, como lo hizo
Rafael, el mundo terrenal del divino, bañando a Dios y a los ángeles en una luz sobrenatural y dorada. El cuadro forma, sin embargo, un todo orgánico,donde cada personaje está pintado desde un mismo punto de vista. Igualmente, el empleo de la luz, de los colores y de lafactura unifican y absorben la mirada de manera inmediata.

Giorgione, el pintor misterioso
En torno de Giorgio da Castelfranco, llamado Glorglone, se fue creando una leyenda, pues en su corta vida tanto su carrera como sus obras (sólo una decena se le atribuye con certeza) se vieron rodeadas de misterios. Desde sus primeros trabajos, el pintor revolucionó la tradición pictórica establecida por sus maestros y abrió la pintura hacia un universo que ya no era sólo religioso. Giorgione, que fue un músico consumado y amigo de poetas como Castiglione, fue admitido en los círculos más eruditos de la aristocracia veneciana. Para ella pintó retratos con contenido fuertemente psicológico y también animados paisajes, celebración mística de la naturaleza y de la belleza femenina. Tanto su paleta como su refinada interpretación del sfumato de Leonardo confieren a cada una de sus telas una sensualidad y un onirismo que muchos pintores (Battista Cima, Vicenzo Catana) intentaron igualar. Según Vasari, “Giorgione consideraba como cierto que la mejor manera de obrar y el verdadero dibujo residían en pintar exclusivamente a través de los colores”.
 

Fuente Consultada:
Pintores Célebres Biblioteca Fundamental Ariel
Historia Visual del Arte Tomo I

Biografia de Wagner Richard Resumen Vida del Compositor Aleman

BIOGRAFÍA DE RICHARD WAGNER: (Leipzig, actual Alemania, 1813-Venecia, Italia, 1883) Compositor, director de orquesta, poeta y teórico musical alemán.

Si Beethoven fue la figura dominante de la música durante la primera mitad del siglo XIX, Richard Wagner gravitó sobre la segunda mitad. No fue sólo que la ópera wagneriana cambiara el curso de la música. También había algo mesiánico en el hombre mismo, cierto grado de megalomanía que se acercaba al desequilibrio mismo, y esa condición elevaba a una altura sin precedentes el concepto del “Artista como héroe”. Era un hombre de corta estatura -medía alrededor de un metro sesenta y cinco- pero irradiaba fuerza, confianza en sí mismo, rudeza y genio. Como ser humano era temible. Amoral, hedonista, egoísta, agriamente racista, arrogante, saturado de evangelios del superhombre (por supuesto, el superhombre era Wagner) y de la superioridad de la raza alemana… en una palabra, representaba todos los aspectos desagradables del carácter humano.

Este gran maestro del teatro musical nació en la ciudad alemana de Leipzig, en 1813. Su doble talento poético y musical lo llevó al campo de la ópera (que necesita ambas cosas) pero lo hizo rebelarse contra los argumentos superficiales o inútilmente sangrientos de los que gustaban especialmente los músicos italianos.

Las obras de Wagner —con la insignificante excepción de algunos ensayos juveniles— se mantienen hoy todas en los grandes teatros líricos del mundo entero, como caso único en la historia.

La primera obra de importancia es “El buque fantasma“, que narra la historia de un navegante condenado a errar por los mares, y su redención por el fiel amor de una muchacha. “Tannhauser” fue la obra siguiente, y después “Lohengrin”, tratando episodios de la remota historia germana y mezclándolos con figuras fantásticas.

Hasta ese momento la vida de Wagner es la común a los jóvenes músicos que buscan empleo en los teatros escalando posiciones. Pero Wagner abandona esta carrera huyendo de Riga a París, donde lo esperan amargos años. Finalmente es contratado como director de orquesta en la Opera de Dresde.

De allí ha de huir otra vez —esta vez por razones políticas— en 1849, con la partitura del “Lohengrin” recién terminada; se dirige a Weimar donde reside Liszt, le entrega la obra (que Liszt en 1850 estrena sin que Wagner pueda asistir) y recibe ayuda para refugiarse en Suiza.

Allí reside luego largos años. Las obras que siguen son: “Tristán e Isolda“, “Los maestros cantores de Nuremberg” y el ciclo “El anillo de los Nibelungos“, que consta de cuatro dramas: “El oro del Rin“, “La Walquiria“, “Sigfrido” y “El ocaso de los dioses”.

Federico Nietzsche había conocido a Wagner en 1868, y prácticamente se había zambullido en la veneración dispensada al hombre y a su música (especialmente a Trístán e Isolda). En 1872 publicó El nacimiento de la tragedia a partir del Espíritu de la Música, una obra en la cual se interpretaba la tragedia griega de acuerdo con los conceptos wagnerianos. El concepto nietzscheano de lo apolíneo (puro, clásico), y lo dionisíaco (salvaje, romántico), como los contrarios delineados en su libro, impresionó profundamente el pensamiento estético contemporáneo. Más tarde, Nietzsche habría de reconsiderar su adoración de Wagner, y con el tiempo se apartaría de esa órbita y afirmaría que Carmen, de Bizet, era la ópera perfecta. Pero durante mucho tiempo Wagner contó con el apoyo del filósofo alemán más leído.

La vida de Wagner sigue en dramáticos altibajos. Regresa a la patria pero los teatros no acogen sus obras porque las juzdosas. Hasta que un día el joven rey de Baviera, Luis II, romántico él mismo como los dramas de Wagner, invita a éste a residir a su lado y a estrenar sus ‘nuevas obras en el teatro de la corte de Munich.

Hacia el final de su vida, Wagner, ahora celebrado e importantísimo, construye en la ciudad de Bayreuth su propio teatro, que hasta el día de hoy no ofrece sino sus obras. Para este Teatro de los Festivales compone su última obra, “Parsifal”. Y en Bayreuth fue sepultado como un rey, después de haber muerto en Venecia, en 1883.

No hubo otro compositor que exigiera tanto de la sociedad, y Wagner ciertamente no se mostraba vergonzoso cuando se trataba de sus necesidades. “No soy como otras personas. Necesito brillo, y belleza y luz. El mundo me debe lo que necesito. No puedo vivir con la miserable pitanza de un organista, como vuestro maestro Bach.” Su egoísmo frisaba en la locura.

No tenía ningún empacho en escribir a un joven a quien apenas conocía para pedirle dinero. “Para usted será bastante difícil suministrarme esta suma, pero podrá hacerlo si lo desea, y no retrocede ante el sacrificio. En todo caso, es lo que yo deseo… ¡Ahora, veamos si usted es el hombre que tiene que ser!” Después hay un intento de seducción: “La ayuda que usted me preste lo acercará mucho a mí, y el verano próximo usted tendrá el placer de recibirme durante tres meses en una de sus propiedades, preferiblemente la que se encuentra en Renania.”

El joven, que era Robert von Horstein, rehusó dar el dinero a Wagner, quien en realidad se sorprendió. ¿Cómo era posible que una nulidad tal rehusara subsidiar a un hombre como él? Envió una nota a Horstein, desechándolo definitivamente: “Probablemente nunca volverá a repetirse que un hombre como yo acuda a Ud.”

EL PROYECTO BEYREUTH: Ya en 1870 Wagner contemplaba seriamente la posibilidad de contar con un teatro para festivales, que se consagraría en forma exclusiva a las obras que él había creado. Halló el asiento ideal en la tranquila y pequeña localidad bávara de Bayreuth.

Al principio el rey Luis recibió fríamente la idea. Se constituyeron sociedades en Alemania entera, y los amigos de Wagner realizaron los mayores esfuerzos con el fin de recaudar fondos. Wagner envió una circular, fechada el 12 de noviembre de 1871, para anunciar que El Anillo de los Nibelungos inauguraría Bayreuth en 1873.“Quienes donen dinero recibirán la denominación y los derechos que corresponden a los patrocinadores de las representaciones de Bayreuth, y la ejecución de la empresa estará exclusivamente a cargo de mi saber y mis esfuerzos. La propiedad raíz que resulte de esta empresa común será puesta a mi disposición, y estará sujeta a los arreglos futuros que yo considere más convenientes para el sentido y el carácter ideal de la empresa.”

Wagner salió de Triebschen, ordenó construir una villa cerca del teatro destinado al festival de Bayreuth, y supervisó los trabajos. En Viena, Hanslick se mostró sorprendido: “Wagner”, escribió, “es afortunado en todo. Al principio reniega contra todos los monarcas, y un rey magnánimo lo recibe con halagador afecto y le permite llevar una existencia liberada de preocupaciones e incluso lujosa. Después escribe un folleto contra los judíos, y toda la judería, en el ámbito de la música y al margen de ella, le rinde el homenaje más celoso, a través de las críticas periodísticas y la compra de pagarés en beneficio de Bayreuth”

El proyecto de Bayreuth gozó de publicidad mundial, pero el dinero afluía lentamente. Wagner tuvo que cancelar sus planes para una temporada en 1873. Se contaba con menos de la mitad de los fondos necesarios. Wagner depositó todas sus esperanzas en el rey Luis, y no sufrió una decepción. En 1874 el rey adelantó dinero suficiente para reanudar los trabajos del proyecto. Este suscitaba mucha oposición en Bavaria. Se lo atacaba como un absurdo, como una prueba de la locura del rey.

Cuando se agotaron los fondos del monarca, Wagner comenzó a realizar giras como director de orquesta con el fin de reunir dinero. Durante un tiempo se dudó del destino de Bayreuth. De todos modos, se completó la construcción del edificio y en 1876 se celebró el primer Festival de Bayreuth. El Anillo de los Nibelungos, con la dirección de Richter, fue representada tres veces. La primera temporada reveló un enorme déficit, y nuevamente se dudó del futuro de Bayreuth. Antes de 1882 no fue posible considerar la posibilidad de un segundo festival.

La primera temporada de Bayreuth fue el acontecimiento musical de la década. Unos 4.000 visitantes, incluidos sesenta periodistas de todo el mundo, invadieron la minúscula aldea. Asistieron el emperador de Alemania, el emperador y la emperatriz de Brasil, el rey de Bavaria, el príncipe Jorge de Prusia, uno de los príncipes Hohenzollern, el príncipe Wilhelm de Hesse, el gran duque Vladimir de Rusia, el gran duque de Mecklenburgo, el duque de Anhalt-Dessau, y otro miembro de la nobleza.

Tan intenso fue el interés despertado por el festival que los dos críticos llegados de Nueva York – tanto elTimes como el Tríbune enviaron cronistas- obtuvieron autorización para usar el nuevo cable transatlántico y enviar instantáneamente sus despachos, Entre las cosas que informaron cabe mencionar el desagrado provocado por la falta de comodidades.

“La gran distancia desde el pueblo, a lo largo de un camino sucio, sin sombra ni restaurantes, provoca mucho descontento. Este descontento se agrava diariamente”, decía el Times. El público escuchaba la música con cierto asombro, pero también con sincero entusiasmo. Al fin de cada ópera hubo una ovación, pero no se permitió que los cantantes salieran a escena para saludar.” La razón de esta actitud fue explicada por Herr Wagner y los principales artistas, que señalaron que las apariciones antes de que descienda el telón tenderían a quebrar la unidad de la representación.

 “Al termino del festival se ofreció una gran fiesta para más de 500 personas. Wagner pronunció un largo discurso, fue ovacionado y rindió tributo a Liszt; dijo que le debía todo, y después Liszt se puso dé pie para pronunciar su discurso. “Otros países”, dijo, “saludan a Dante y a Shakespeare. Por lo tanto”, volviéndose hacia Wagner, “soy vuestro más obediente servidor.”

Desde el punto de vista musical, la temporada de Bayreuth fue el punió crucial en el destino europeo de Wagner. No sólo el público estaba formado principalmente por admiradores de Wagner, sino que los críticos (incluidos los de Nueva York) eran casi todos defensores del compositor.

SÍNTESIS…
Compositor (1813-1883)

Músico alemán; había nacido en el seno de un humilde hogar y sus comienzos fueron muy difíciles, no sólo por la carencia de protectores sino, también, por su carácter independiente.

Sus primeras obras musicales revelan la influencia de Beethoven y Mozart y no tuvieron mucha aceptación. En 1849, intervino en un fracasado movimiento revolucionario y debió huir a Zurich; pero cuando ya las penurias económicas y la incomprensión se habían vuelto casi dramáticas, Wagner encontró el apoyo del rey Luis II de Baviera y gracias a él pudo construir el teatro de Bayreuth (1876) donde se representan exclusivamente sus obras.

Su actividad fue desde entonces incansable ya que, sin abandonar la música, se dedicó también a la filosofía, la literatura y la estética. Escribió los argumentos de algunas de sus óperas, recurriendo a las fuentes de la tradición y la mitología germánicas. Su obra musical ha merecido los más exaltados elogios, pero también las más duras críticas, pues fue un auténtico renovador, que ejerció una profunda influencia en la música dramática en general y sinfónica en particular, por la brillantez

de sus orquestaciones y su especial concepción de la ópera, en la que prevalece la música sobre el texto. Wagner casó dos veces, pero su gran amor y su compañera fue la hija de Liszt, Cósima, con quien contrajo nupcias en 1870.

Obras musicales: El buque fantasma, Tannhauser, Tristón e Isolda, Lohengrin, Los maestros cantores de Nuremberg, Parsifal, El anillo de los Nibelungos; esta última es una tetralogía que comprende a las tres obras: El oro del Rhin, La Valquiria, Sigfrido y El ocaso de los dioses.

Entre sus libros se destacan: El arte y la revolución, La música del porvenir y El arte del futuro.

¿Que es el Ballet Clásico?

Biografia Stravinsky Igor Compositor Ruso Resumen de su Vida y Obra

El cuatrimotor procedente de París reduce su velocidad sobre la pista del aeropuerto de Moscú, después de un aterrizaje perfecto. Una niña corre al encuentro del avión con un gran ramo de rosas en las manos. Detrás de ella avanza una pequeña multitud.

Se abre la portezuela, aproximan la escalerilla, y la azafata invita a los pasajeros a descender. Aparece la figura pequeña y algo encorvada de un anciano. La multitud aplaude. El hombre se quita el sombrero; después, hace una pequeña reverencia.

Desciende entre aplausos, y murmura conmovido-: “Soy feliz de encontrarme aquí; ésta es mi patria…”
Así, en la primavera de 1962, Igor Stravinsky retornaba a su país. El célebre músico salió de su tierra en 1914. Regresó, cuarenta y ocho años después, viejo y famoso, y su patria lo acogió con entusiasmo, como a una gloria nacional.

LAS PRIMERAS TENTATIVAS
stravinsky igorSe dice que la inclinación por la música es cosa hereditaria. Stravinsky confirma la regla. Su padre fue un famoso cantante del Teatro Imperial de San Petersburgo; el pequeño Igor (que nació enOranienbaum el 18 de agosto de 1882) heredó de él una gran pasión por la música. Sus padres, como sucede frecuentemente en la vida de los grandes artistas, hubieran querido que siguiese otra carrera, pero bien pronto debieron rendirse ante la inclinación natural del muchacho.

Él mismo escribió en sus “Crónicas de mi vida”:

“Cuando cumplí los nueve años, mis padres decidieron confiarme a una profesora de pian” Aprendí en seguida a leer música y después a tocar a primera vista. Bien pronto sentí la  tentación de improvisar, abandonándome a este entretenimiento que, durante mucho tiempo, fue mi quehacer preferido”.

El muchacho pasaba horas y horas al piano, entregado a largos y fatigosos ejercicios. De esta forma, adquirió la extraordinaria capacidad técnica que se manifiesta en todas sus obra: La magnitud de su talento musical queda demostrada por un hecho realmente excepcional: a los dieciocho años aprendió por sí solo esa dificilísima rama de la música que es el “contrapunto”.

En 1902, el joven tuvo un encuentro muy importante para su futuro: conoció a Rimsky Korsakov. El célebre maestro ruso examinó sus primeras composiciones, y, aunque eram todavía trabajos de aprendizaje, llenos de imperfecciones y de ingenuidad, le pareció indudable que el joven prometía. El gran Rimsky lo aceptó como alumno y lo ayudó a convertirse en un verdadero artista. En este período comenzó Stravinsky a componer sus primeras obras  importantes, entre las que se cuenta una sinfonía. Pero se trataba aún de piezas de “entrenamiento”. Al fin, un día surgió para el joven la verdadera, la gran oportunidad.

“EL PÁJARO DE FUEGO”
En el verano de 1909, Diaghilev, director de la famosa Compañía de los Ballets Rusos, invitó al joven compositor a escribir la música de un ballet: “L’Oiseau de feu” (“El pájaro de fuego”).

El encargo era importantísimo y, por serlo, totalmente inesperado. Conmovido y feliz, el joven Igor se entregó de lleno a la composición de su primera obra importante. Fue un año de pasión, de trabajo abrumador.

El 25 de junio de 1910, en el Teatro de la Ópera, de París, el ballet fue calurosamente aplaudido por un público entusiasta.

Sin ser verdaderamente una joya musical, “L’Oiseau de feu” es una buena obra, que deja entrever la extraordinaria personalidad de Stravinsky. Oyéndola se percibe, sobre todo, la increíble habilidad del autor para asimilar y mezclar todos los estilos musicales, desde Wagner a Debussy, desde Bach a Rimsky Korsakov, creando un género musical completamente nuevo.

EN EL CAMINO DEL ÉXITO
“El pájaro de fuego” obtuvo un gran éxito. El joven músico, famoso de golpe, no creyó, sin embargo, haber “llegado” ya, y continuó escribiendo con un ritmo febril.

En 1911 apareció su primera auténtica obra maestra: “Petruchka”, el Pierrot ruso. Este espléndido ballet, que narra las aventuras de un titiritero de feria, fue estrenado en París por Diaghilev. Su música impresionó enormemente, tanto al público como a los críticos musicales, por la sorprendente! variedad de sus ritmos y de sus melodías, pero sobre todo por la novedad inaudita de sus armonías, para las que el oído del auditorio no estaba todavía preparado.

Por este motivo, sin duda, “Petruchka” provocó la perplejidad de muchos. La importancia de esta obra musical radica especialmente en el hecho de que con ella puede decirse que se inicia la música moderna.

BATALLA EN EL TEATRO
El 28 de mayo de 1913, en el más moderno teatro parisiense, el Théátre des Champs-Elysées, era representada la nueva obra de Stravinsky, “La Consagración de la Primavera”, por la Compañía de los Ballets Rusos, de Diaghilev.
Se alzó el telón y comenzó la música. Era una música lenta, evocadora de las viejas melodías bárbaras, que poco a poco se fue haciendo violenta, frenética.

El público estaba fascinado y aturdido. Al cabo de un rato comenzaron a oírse gritos de protesta: “¡Basta!”, “¡Fuera!”, “¡Esta música es infernal!”.

El auditorio quedó estupefacto. Entonces, algunos de los asistentes se pusieron de pie y comenzaron a aplaudir. “¡Bravo!”, “¡Bravo!”. Parecía que había llegado el fin del mundo, pues la gran sala se transformó en una especie de infierno, en donde unos gritaban, otros silbaban y se burlaban…, otros aplaudían, subiéndose a las butacas para aclamar al autor.

Un año después, la “Consagración” alcanzaba el éxito más caluroso, no sólo en París, sino en el mundo entero.

¿En qué radica el extraordinario valor de esta obra?
Stravinsky, al crearla, quiso representar con todos los medios musicales a su alcance, aun los más violentos y menos tradicionales, la antigua vida pagana de su patria (el subtítulo de la obra es, efectivamente, “Cuadros de la Rusia pagana”).

Acertó, así, a crear una obra de enorme vitalidad, vigorosa, primitiva y valiente: una especie de terremoto musical que puede no gustar a algunas personas, pero que, sin duda, sacude, conmueve y suscita fuertes sensaciones en el ánimo de la mayoría.

LAS OTRAS OBRAS DE STRAVINSKY
Stravinsky, tras abandonar su patria” en 1914, se instaló primero en Suiza y después en Francia. Creador inagotable, produjo numerosas obras, innovadoras e importantes, como “Le rossignol” (“El ruiseñor”), las “Trois piéces” (“Tres piezas”), “Les noces” (“Las bodas”), la “Histoire du soldat” (“Historia del soldado”), y el “Cuarteto” para arco.

Stravinsky no se detenía ante nada, haciendo incursiones por todos los campos de la música. En la “Historia del soldado”, por ejemplo, utilizó música clásica de Bach y música española de baile, música popular suiza y valses vieneses.

Paulatinamente fue creando otras composiciones: “Polichinela”, “Octeto para instrumentos de viento”, “Edipo Rey”, “Sinfonía de los Salmos” … En toda su obra, las ideas nuevas surgen y explotan como fuegos de artificio.
Su actividad no conocía límites. Era, incluso, un excelente pianista y realizaba grandes giras de conciertos.

STRAVINSKY EN AMÉRICA DEL NORTE
En 1939 se vio afligido por una enorme desgracia: murieron su mujer y su hija, con quienes había compartido durante años la gloria y las amarguras. Abandonó entonces Europa y fue a establecerse en los Estados Unidos de América. Después del llamado “período ruso” y del “período europeo”, inició el “período americano”. Es una etapa muy importante de su carrera, que todavía no ha acabado, pues^ el maestro, aún hoy, a sus ochenta y dos años, sigue prolongándola con energía. Entre las composiciones de este último período debemos recordar su “Sinfonía en do” y una ópera en tres actos: “Lu carrera del  libertino”.

EL VALOR DE SU MÚSICA
En la historia de la música, Stravinsky ocupa un puesto muy importante por ser el único compositor que ha logrado efectuar en sus obras una síntesis; esto es, una fusión de los estilos de todas las épocas y de los países más diversos, creando una música nueva y original.

Esto solo no bastaría, naturalmente. En efecto, Stravinsky, como auténtico artista, ha hecho “suya” toda esta música estampándole el sello de su personalidad inconfundible.

Quien escucha “El pájaro de fuego”, “Petruchka” o la “Sinfonía en do” hace en cada obra un nuevo descubrimiento, se da cuenta de que cada fragmento es sustancialmente distinto del que le precede. Su música es como un largo camino en busca interrumpida de un estilo nuevo… Camino que Igor Stravinsky, desde hace sesenta años, recorre sin descanso.

Fuente Consultada: Enciclopedia Estudiantil Superior Fasc. N°46

¿Que es el Ballet Clásico?

La Capilla Sixtina: Miguel Angel Pinto el Techo o Bóveda

La Capilla Sixtina: Miguel Ángel Pinta La Bóveda

Sentado en lo más alto del andamiaje de madera, con la cabeza y los hombros echados hacia atrás, doliéndole el cuello, chorreándole la pintura por la cara, escociéndole los ojos, Miguel Ángel trabajaba día tras día del alba hasta el anochecer en sus monumentales frescos de la Capilla Sixtina, en el techo del Vaticano, en Roma.

La Capilla Sixtina es uno de los más famosos tesoros artísticos de la Ciudad del Vaticano, construida entre el 1471 y el 1484, en la época del papa Sixto IV, de donde procede el nombre por el que es conocida, aunque inicialmente se llamó Capilla Palatina. Su arquitecto fue Giovanni d’Dolci siguiendo los modelos de las antiguas plantas basilicales romanas las cuales por su parte se inspiraban estructural y arquitectónicamente en antiguos edificios griegos como el Concejo del Ágora ateniense.

A veces trabajaba hasta 30 días sin parar. Se sentía enfermo de dolor, sufría vértigos y temía estar perdiendo la vista. En 1510, a la mitad de su maratónica tarea, escribió un poema en el que declaró, traducido libremente: “Estoy donde no debo: ¡no soy pintor!”

En efecto, Miguel Ángel Buonarroti se consideraba primero y más que nada escultor de mármol, y tenía muy mal concepto de sus habilidades pictóricas. Nacido en 1475, tenía 33 años cuando el papa Julio II lo mandó llamar a Roma y le encargó que repintara el techo de la Capilla Sixtina. La capilla ceremonial había recibido el nombre del tío de julio, el papa Sixto IV, para quien se construyó entre 1473 y 1481. Las paredes estaban llenas de pinturas magníficas de maestros como Botticelli y Perugino.

Miguel Ángel Buonarroti

Genio solitario Busto en bronce de Miguel Ángel —hecho en 1565 por su amigo Daniele da Volterra—,
que refleja la soledad de un hombre dedicado por entero al trabajo.

Al principio, el papa Julio había querido que Miguel Ángel —que aceptó el encargo con reticencia— decorara el techo abovedado con retratos de los 12 apóstoles. Pero el artista pensó que eran “temas pobres” y decidió cubrir la superficie con su visión de la Creación.

Para alcanzar el altísimo techo, diseñó un andamiaje móvil de madera en el que podía pintar de píe o hasta caminar si quería. Aun así, en cuatro años y medio llegó a sentir que lo limitaba.

Empezó a trabajar en el verano de 1508, con la ayuda de seis asistentes que le mezclaban la pintura, le amasaban el yeso y a veces lo auxiliaban pintando. Su plan maestro era llenar la bóveda de frescos, desde las ventanas hasta el techo: acuarelas pintadas en yeso húmedo recién aplicado. Esto tenía que hacerse muy rápidamente, antes de que se secara el yeso.

Un error significaba tener que desprender el yeso y comenzar de nuevo. Sólo una vez tuvo que hacer esto el genial Miguel Ángel.

Primero hacía sus bocetos en papel y perforaba las líneas con un clavo. Luego sostenía el papel contra el techo y soplaba carboncillo pulverizado por las perforaciones para marcar el boceto en el yeso húmedo. Luego pintaba siguiendo las marcas, improvisando y detallando a veces conforme adquiría confianza.

Sus nueve escenas se sucedían en línea recta directamente arriba. Iban de la “Separación de la luz de la oscuridad” (la Creación), sobre el altar, a la “Embriaguez de Noé” (que muestra al hombre en su mayor alejamiento de Dios), sobre la entrada. Rodeando los grandes frescos e intercalados con ellos había una animada disposición de profetas, sibilas, antepasados de Cristo, desnudos masculinos que reproducían la belleza humana perfecta, y escenas que representaban la salvación de la humanidad.

En total creó unas 300 figuras del Antiguo y Nuevo Testamentos, cada una con sus propias características, expresión facial y pose: más de 1 022 m2 de superficie pintada.

A medida que la obra adelantaba, fue despidiendo a la mayoría de sus asistentes, alegando que les faltaba inspiración. Hombre fuerte, de mediana estatura y anchos hombros, soportó resueltamente los rigores del invierno romano, con el helado viento del norte y la lluvia que se colaba por el techo y creaba moho en partes de la pintura.

Comía sin dejar de trabajar (principalmente pedazos de pan) y de noche dormía irregularmente, vestido y calzado, en su estudio cercano. Sufría tanto mental como físicamente, y en enero de 1509 declaró, en carta que dirigió a su padre: “Nada le pido al Papa pues no me parece que mi trabajo marche de manera que lo amerite. Esto se debe a la dificultad del trabajo y también a que no es mi profesión. En consecuencia, pierdo el tiempo infructuosamente. Que Dios me ayude.”

El Papa compartía la desconfianza de Miguel Ángel y periódicamente visitaba la capilla, y subía por la escalera hasta lo alto del andamiaje para inspeccionar las pinturas. Esto dio lugar a agrias discusiones entre ellos. En el verano de 1510, por ejemplo, cuando la obra estaba semiterminada, el papa julio quiso saber cuándo estaría acabado el resto del techo. “Cuando me satisfaga como artista”, replicó Miguel Ángel. El Papa frunció el ceño y dijo ásperamente: “¡Y nosotros queremos que seas tú quien nos satisfaga y que la termines pronto!”

En otra ocasión, el Papa, de 66 años, amenazó con hacer arrojar físicamente al pintor andamio abajo si no trabajaba más deprisa. “¿Cuándo estará terminada?”, exigía saber Julio. “Cuando esté terminada”, replicaba Miguel Ángel ásperamente. El Papa enrojecía de ira y lo remedaba: “¡Cuando esté terminada! ¡Cuando esté terminada!” Levantaba entonces encolerizado su bastón y golpeaba a Miguel Ángel en un hombro.

La pareja hizo las paces más tarde y Miguel Angel reanudó él trabajo, pero en otoño —no por primera vez— se quedó sin dinero. No fue sino hasta febrero de 1511 cuando hubo dinero suficiente para continuar con la obra.

Para entonces, la gente que trabajaba en el Vaticano ya se había acostumbrado a la extraña apariencia de Miguel Angel en su ir y venir por la capilla a grandes pasos. Llevaba cabello y barba manchados de colores; su ropa eran harapos con pegotes de yeso, e iba cabizbajo, pues la luz exterior le hería la vista.

En las calles de las afueras muchos lo creían loco y se mofaban de él a su paso. Trabajando solo y sin distracción, terminó por fin su vasta obra en otoño de 1512, casi cuatro años y medio después de firmar el contrato con el Papa. Se retiraron el andamiaje y los lienzos de cubierta, y Julio y su corte vieron el techo terminado la víspera de Todos los Santos (el 31 de octubre). Al día siguiente se reabrió la capilla con la ceremonia de consagración por el Papa. Miguel Ángel no asistió al acto. Ansiaba volver a su escultura, y escribió a su padre: “Terminé la capilla que estaba pintando… El Papa está muy satisfecho.”

Las obras de Dios y del hombre En una serie de nueve paneles del techo de la Capilla Sixtina del Vaticano, se aprecia la concepción de Miguel Ángel de la creación del universo. Los andamios (izq. abajo) dan idea de las dimensiones de la capilla, cuyo techo se alza a 21 m. con 40 m de largo y 13m de ancho.

Juicio Final Capilla Sixtina de Miguel Angel

El Juicio Final. En 1535, unos 25 años luego de que Miguel Ángel Buonarroti pintara la bóveda de la Capilla Sixtina, el Papa Pablo III le encargó el más grande mural jamás pintado sobre el Juicio Final, para decorar el ábside de la capilla. Fue terminado en 1541 por Miguel Ángel y entre 1980 y 1999 se llevó a cabo su limpieza y restauración.

AMPLIACIÓN DEL TEMA:

De acuerdo con su nueva idea, la de representar el Génesis y los episodios principales del Antiguo Testamento, comenzó a dibujar el primer panel: el Diluvio, no sin antes haber borrado del techo lo que había pintado con la ayuda de sus compañeros. No quería huellas de manos extrañas.

En el mes de marzo el dibujo estaba terminado, y, por lo tanto, listo para ser pasado a la bóveda. Preparó la parte correspondiente y empezó a pintar. Encaramado en lo alto del andamio, a veinte metros de altura y sufriendo de vértigo, con la cabeza y la espalda echados violentamente hacia atrás, con la vista clavada en el techo y la pintura goteando en el rostro, Miguel Ángel luchaba desesperadamente con todas las dificultades, a las que había que añadir el hecho de que «estoy metido en un asunto que no es de mi incumbencia», como él decía en una carta escrita a su padre. Con ello significaba que la falta de experiencia profesional en cuanto a frescos se refiere, hacía mucho más difícil la empresa, ya de por sí de proporciones gigantescas.

La posición forzada en que se veía obligado a trabajar, fatigaba muchísimo el cuerpo del maestro, sobre todo los brazos y la espalda. Pero él seguía adelante con su obra, solo, encerrado en la capilla, en una de aquellas tradicionales encerronas suyas siempre que ejecutaba una obra de gran envergadura, sin apenas ir a su casa, viviendo como un auténtico anacoreta, durmiendo sobre los tablones del andamio, comiendo poco y trabajando veinte horas diarias. Así pasaban los días para Miguel Ángel, en aquel encierro voluntario que nadie se atrevía a turbar, ni siquiera Julio II, llegando a comentarse por la ciudad que al artista florentino le temía todo el mundo, incluso el propio Pontífice.

Un día, cuando estaba a punto de terminar el panel del Diluvio, al subir a lo alto del andamio, quedó estupefacto y horrorizado. ¿Qué había sucedido? Pues sencillamente que la pintura se estaba cubriendo de una capa de moho, hasta el punto de que las figuras ya resultaban borrosas. ¡El panel estaba arruinado! Miguel Ángel acudió desesperado al palacio pontificio.

—Previne a Vuestra Santidad en el sentido de que la pintura no es mi fuerte —explicó en cuanto estuvo en presencia de Julio II—. Hace demasiados años que hice mi aprendizaje en la «bottega» de Ghirlandaio, y todo cuanto he pintado se ha echado a perder.

—¿Cómo puede ser eso, Buonarroti?

—Lo ignoro, Santidad, pero si no lo creéis, mandad a alguien que vaya a la capilla y lo compruebe con sus ojos.

El Papa delegó a Giuliano da Sangallo para que fuese a la Sixtina. inspeccionara el techo y diera su informe. Éste no se hizo esperar,—Lo ocurrido no tiene importancia, Santísimo Padre —explicó el arquitecto—. La capa de barro con que Michelangelo preparó el techo estaba aún demasiado fresca debido al grado de humedad de la cal, y es la exudación del agua la que produce el moho. Pero éste desaparecerá en cuanto se seque el revoque, sin que la pintura haya sufrido el menor daño.

—¿Lo veis, hijo mío? —dijo sonriente el Papa, volviéndose hacia el abatido Miguel Ángel—. ¿Estáis ahora más tranquilo?

—Sí, Santidad, pero no cabe duda de que mi inexperiencia es absoluta.

Miguel Ángel volvió a su Diluvio, teniendo en cuenta para los próximos paneles las instrucciones que le dio Sangallo respecto a la preparación del techo, que debía ser distinta a la que se efectuaba en Florencia, debido a la cal y su humedad.

Fuente Consultada:
El Funcionamiento de la Mayoría de las Cosas de Readers Digest
CELEBRIDADES Biblioteca Hispania Ilustrada de Carmiña Verdejo “Miguel Ángel”

Biografia de Schubert Franz Resumen Biografia del Compositor Aleman

BIOGRAFÍA DE FRANZ SCHUBERT: (Viena 31-1-1797 – Viena 19-11-1828)

Al mismo tiempo que Beethoven, otro gran músico camina por las calles de Viena y los alegres suburbios: Franz Schubert. Pero casi nadie lo conoce, salvo un grupo de fieles amigos que intuyen el genio de su compañero, de “honguito” como lo llaman cariñosamente por ser bajo, barrigón y cabezón.

Día a día los sorprende con nuevas obras, por la facilidad asombrosa para crear melodías; hay días en que escribe no una sino varias composiciones completas. Y lo hace no sólo en la intimidad de su pobre vivienda (que muchas veces no es suya siquiera, sino prestaba por algún amigo); no, es capaz de componer “en público”, digamos.

Así, por ejemplo, cierto día tiene una inspiración en el humilde restaurante donde cena con los amigos; toma el primer papel que tiene a mano —es la lista de comidas—, traza un pentagrama y comienza a, componer sin distraerse en lo más mínimo por el ruido y las alegres conversaciones en su derredor. Nace así una de sus composiciones más hermosas y mun-dialmente difundida: la “Serenata”…

Las canciones —-o “Heder” como se las llama con el término alemán— son quizá la, parte más importante entre la obra de Schubert. Creó un. nuevo tipo de canción o “lied”: la melodía cantable, el texto poético y la parte pianística, a la que confiere importantes descripciones, forman un todo artístico. Schubert creó más de seiscientos de estos “lieder” y muchos se han hecho populares: “El tilo”, “Caminar”, “La trucha”, “¿A dónde?” “El correo”, “El curioso”, “La ciudad”, “Buenas noches”, “La muerte y la niña”, “Esperanza en la primavera”, “Rosa silvestre”, y el maravilloso “Ave María”.

Franz Schubert nació en Viena, en 1797. Fue niño cantor (como Haydn). Luego quiso ser maestro de escuela, pero era demasiado “distraído”: a cada rato se olvidaba de los discípulos para componer alguna página musical. Llevó una vida humilde y pobre.

No conoció el mundo: sus viajes se limitaron a una excursión a la región lacustre y montañosa de su tierra natal. No conoció el triunfo más que en muy reducida escala cuando alguna composición suya gustó a los amigos o a los vecinos de barrio o, a lo sumo, a un pequeño auditorio. No conoció la riqueza porque en ningún instante tuvo más dinero que el estrictamente indispensable para la existencia, y a veces, ni esto.

Vivió desconocido por los editores, los críticos y la gente “importante” de la vida musical vienesa y del mundo. Pero vivió enteramente entregado a la música como pocos. Con todo, su vida fue muy alegre, porque alegres eran los buenos amigos que durante la semana se reunían en los locales del barrio y los domingos emprendían paseos a través de los bosques vecinos hacia los idílicos pueblos sobre el Danubio, donde se toma el vino en medio de las vides mismas, con cantos, bailes y música.

Su vida fue corta, cortísima. A los 31 años, en 1828, muere Franz Schubert, legando la misma cantidad de sinfonías que dejó Beethoven —nueve—, además de numerosas óperas, obras para piano y música de cámara, música religiosa y coros, todo lleno de dulzura y de una melancolía muy suya y muy vienesa. A su pedido fue sepultado cerca de su ídolo, Beethoven en vida no pudo conocer.

En sus treinta y un años de vida Schubert escribió un enorme caudal de música. Era un compositor veloz, hasta un extremo que parece inverosímil, y si bien algunos estudiosos recientes tienen dudas respecto de algunas versiones que aluden a su rapidez, no hay motivos para descreer de las versiones contemporáneas. Todas coinciden. Cuando Schubert trabajaba, parecía que desplegaba la máxima intensidad. Afirmó Schuber: “Si uno lo ve durante el día, dice” ‘Hola, ¿cómo estás? – ¡Bien!’ y continúa trabajando, y entretanto ya uno está alejándose.”

Los asombrados amigos relataban innumerables anécdotas acerca de su rapidez, y estas versiones son esencialmente ciertas, aunque equivoquen los detalles. Sonnleithner expresa: “Por pedido de Fraulein Frohlich, Franz Grillparzer había escrito para la ocasión el hermoso poema Standchen, y la dama lo entregó a Schubert, y le pidió que le pusiera música, de manera que fuese una serenata para su hermana Josefine (mezzo-soprano) y un coro femenino.

Schubert recibió el poema, se acercó a la ventana de una alcoba, leyó cuidadosamente el texto unas pocas veces y después dijo con una sonrisa: ‘Ya lo tengo, es cosa hecha, y será muy bueno.'” Spaun habla de la composición de El rey de los alisios. El y Mayrhofer visitaron a Schubert y lo hallaron leyendo el poema. “Se paseó de un extremo al otro varias veces con el libro y de pronto se sentó, y en un abrir y cerrar de ojos (con la misma velocidad con la cual uno puede escribirlo) ahí oslaba la gloriosa balada, terminada, sobre el papel. Corrimos con ella ‘al Seminario, porque no había piano en casa de Schubert, y allí, esa misma noche, El rey de los alisios fue cantada y recibida entusiastamente.” Durante muchos años se creyó que Schubert no preparaba bocetos ni siquiera para las grandes composiciones, por ejemplo las sinfonías. La investigación moderna ha demostrado lo contrario. Pero no cabe duda alguna de que Schubert, como Mozart, fue uno de los compositores más veloces de la historia de la música, un autor que podía concebir una obra entera en su mente y después trasladarla de inmediato al papel.

Mejores Obras:
Obra orquestal:

Sinfonías Nº 5, Nº 8 (“Inconclusa”) y Nº 9 (“La Grande”)

Obra para piano:
Sonatas para piano D.958, D.959 y D.960
8 Impromptus para piano D.899 y D.935.
6 Momentos Musicales D.780
Fantasía “El caminante”

Música de cámara:
Quinteto para cuerdas D.956.
Cuartetos para cuerdas Nº 13 “Rosamunda” y Nº 14, “La muerte y la doncella”.
Quinteto para piano y cuerdas “La trucha”.
Tríos para piano, violín y violonchelo, D898 y D929.

Lieder:
Tres ciclos de canciones,”El viaje de invierno”, “La bella molinera”, y “El canto del cisne”.

PARA SABER MAS…
EL DIARIO PERSONAL DEL PADRE

En los cinco años, lo preparé para la escuela elemental, donde ingresó a los seis, consiguiendo ser siempre el primero de la clase. A los ocho años, le di las primeras lecciones de inclín, e inmediatamente hizo tales progresos que pudo tocar dúos con facilidad. Al mismo tiempo, lo confié al señor Michele Holzer, maestro de los coros de Lichtenthal, quien me dijo más de una vez, con lágrimas en los ojos, que nunca había encontrado un alumno tan brillante. Cuando quiero enseñarle algo nuevo —decía—, me doy cuenta de que lo sabe ya. Por ello, en lugar de darle clases, me limito a permanecer a su lado y a admirarlo en silencio”.

Estas palabras pueden leerse en el diario de Teodoro Schuberí; el portentoso niño al que hace referencia es su hijo Franz. Inferior sólo al gran Mozart en la asombrosa precocidad de su ingenio, a los diez años había compuesto ya varias canciones, Franz Peter Schubert nació el 31 de enero de 1797,, en un suburbio de Viena llamado Lichtenthal, y en el seno de una familia muy modesta: su padre era maestro de escuela, y su madre, cocinera.

Tanto el padre como sus hermanos, Ignacio, Fernando y Carlos, eran apasionados por la música, y el pequeño Franz se dormía, todas las noches, escuchando los conciertos que sus familiares interpretaban en la habitación contigua. Este ambiente influyó, sin duda, en la formación de su sensibilidad musical, incluso recibió las primeras lecciones de piano de su hermano Ignacio.

MAESTRO A LA FUERZA: La vida de Schubert, sencilla y modesta, como su persona, no presenta grandes acontecimientos. En cambio puede decirse que estuvo erizada de dificultades materiales, de sacrificios y, sobre todo, de luchas interiores.

El primer conflicto grave se originó en su propia familia. Aunque el padre de Franz admiraba las extraordinarias cualidades que su hijo tenía para la música, no estimaba prudente permitirle emprender una carrera tan incierta y difícil; prefería la de maestro, más modesta, pero también más segura. Aquellos fueron años tormentosos para el joven Franz. Por una parte, y a causa de su innata bondad, no tenía valor para negarse rotundamente a cumplir la voluntad paterna; por otra, la llamada del arte sonaba en él cada día con más fuerza, al punto de que el tiempo que pasaba lejos de su piano le parecía perdido.

Consiguió, de todos modos, el diploma de maestro y, a la edad de diecisiete años, empezó a dar clases en la escuela del padre.

La experiencia constituyó un verdadero desastre. Siempre absorto y distraído, siguiendo mentalmente las notas de cualquier melodía, Franz terminaba por olvidarse absolutamente de sus alumnos, que aprovechaban su descuido para convertir la clase en un pandemónium.

Esta situación se prolongó durante dos años. Finalmente, el padre comprendió que era mejor dejarlo seguir su destino; con alegría, Franz abandonó la escuela, para entrar definitivamente en el mundo del arte.

Era más bien bajo de estatura, desgarbado; tenía el vientre voluminoso, la cara ancha y redonda, el pelo rizado, y llevaba los anteojos a caballo de la nariz aplastada. Así lo describe su amigo Spaun: “… no era ni muy feo ni muy guapo, pero le bastaba con hablar, o reír, para que su figura se animase; su mirada, no obstante la miopía y los anteojos, centelleaba, y su inspirada expresión lo hacía parecer casi bello”. Schubert no fue, verdaderamente, afortunado. Y, sin embargo, a pesar de las adversidades, de las desilusiones y de la miseria, era comprensivo, estaba siempre sereno y desbordaba amabilidad con todo el mundo.

MUERTO A LOS TREINTA Y UN AÑOS
Desgraciadamente, la vida desordenada, la febril actividad musical, las privaciones debidas a su miseria y cierta inclinación por el alcohol, arruinaron, en poco tiempo, la salud de Schubert, que nunca había sido muy fuerte.

La noche del 31 de octubre de 1828, mientras cenaba, como de costumbre, en la taberna del Cangrejo Rojo, en compañía de algunos amigos, Schubert se sintió repentinamente enfermo. Los amigos, alarmados, intentaron animarlo, y luego, al comprobar la inutilidad de sus esfuerzos, lo acompañaron a casa. El compositor se metió en la cama con una fiebre altísima.

“Tifus”, diagnosticaron los médicos llamados a su cabecera. El miedo al contagio apartó de él a casi todos sus amigos. Sólo los fidelísimos Spaun, Randharteger, Bauernfeld, Hüttenbrenner y su hermano Fernando presenciaron su larga y dolorosa agonía. En el delirio, le parecía escuchar espléndidas músicas y quería levantarse para transcribirlas. Cuando alguien entraba en la habitación, decía: “Despacio, por favor. Dejadme escuchar”. A las tres de la tarde del 19 de noviembre de 1828, Franz Schubert expiró: tenía treinta y un años.


EL VALOR DE SU MÚSICA: Schubert, lo mismo en el arte que en la vida, fue directo, sencillo, claro, animado de auténtica poesía. De hecho, sus textos musicales son, a menudo, poemas muy difíciles; pero revestidos de una melodía espontánea, fresca, vital y transida de sentimiento, se tornan fácilmente comprensibles. Su música, alegre, reflexiva, a medio camino entre la sonrisa y las lágrimas, acusa todavía las formas clásicas, pero presenta ya muchos elementos del nuevo estilo romántico. Sus 9 sinfonías constituyen auténticas obras maestras, al punto de que algunos vieron en Schubert al heredero del gran maestro Beethoven.

Recordemos, entre las obras instrumentales y de cámara, el magnífico “Cuarteto en re menor”, con las estupendas variaciones sobre el “lied” “La muerte y la muchacha”, y con el inolvidable “Scherzo”, del que Wagner extraería después el tema de “Los Nibelungos”. Schubert es uno de los grandes de la música, y cierra gloriosamente el período de la música clásica, abriendo, no menos gloriosamente, el de la música romántica. Gran admirador y estudioso del arte de Beethoven, se muestra casi siempre digno continuador de él.

Decimos “casi siempre”, porque —a diferencia del gran maestro, que reelaboraba, corregía y cuidaba hasta la exageración sus composiciones— Schubert, una vez terminado un trabajo, se entregaba inmediatamente a otro, olvidando por completo el anterior. Por ello, en su inmensa producción se percibe alguna zona oscura, que el autor habría podido evitar, volviendo sobre sus obras.

Biografia de Verdi Giuseppe Resumen Vida del Compositor Italiano

Biografia de Verdi Giuseppe – Resumen

RlGOLETTO: Ópera melodramática en tres actos de Giuseppe Verdi (1813-1901).
Fue estrenada el 11 de marzo de 1851 en el teatro La Fenice de Venecia.

La Historia: El duque de Mantua y su bufón, Rigoletto, que era jorobado, son insultados por Monterone, a cuya hija ha seducido el duque. El insaciable duque también desea a Gilda, sin saber que es hija de Rigoletto. Los cortesanos que sentían celos de Rigoletto por su proximidad al duque lo engañan de forma tal que el duque pueda raptar a Gilda. Ella se entrega al noble pero Rigoletto trama su venganza y contrata los servicios de un asesino profesional, Sparafucile, cuya hermana Maddalena lo convence de que perdone la vida del duque si antes de medianoche entra en su posada alguien a quien pudiese matar en su lugar. Gilda oye la conversación y sacrifica su propia vida para salvar la de su amante. Rigoletto va en busca del cadáver del duque, pero lo oye en el piso de arriba cantando la famosa aria La Donna é Mobile. Extrañado abre el saco y para su terror, encuentra a su hija.

BIOGRAFÍA DE GIUSEPPE VERDI: (La Roncole, Buseto, 1813 – Milán, Italia, 1901) Compositor italiano. Coetáneo de Wagner, y como él un compositor eminentemente dramático, Verdi fue el gran dominador de la escena lírica europea durante la segunda mitad del siglo XIX.

Verdi GiuseppeEn el mismo año que Wagner, nace también Verdi: 1813. Los verdes campos de la Lombardía fueron su tierra natal, y la ópera italiana con su tradición de siglos su herencia. No fue aceptado en el Conservatorio de Milán, pero subió y subió, con el denodado trabajo disciplinado que siempre lo distinguía, hasta constituirse en la cumbre del arte lírico italiano, digno rival de Wagner.

En aquel tiempo el mundo tuvo que tomar partido: por Verdi o por Wagner, porque sus ideas parecían opuestas, su música no tener nada en común. Hoy este conflicto ya no nos preocupa: podemos admirar por igual las obras maestras de ambos genios.

La vida de Verdi transcurre mucho más tranquila que la de Wagner. Su primer gran éxito es “Nabucco”, ópera histórica que contiene el bellísimo Coro de los Esclavos Hebreos, tan melodioso y tan cargado de ansiedad y nostalgia por la patria perdida que pronto todo el pueblo italiano lo sabe de memoria. Verdi sigue escribiendo ópera tras ópera, algunas con mayor éxito, otras con menos.

Hasta que en el año 1851 se abren para Verdi las puertas de la inmortalidad; “Rigoletto” triunfa completamente, y dos años después “La traviata” y “EL trovador”. A partir de entonces, cada nueva obra verdiana es esperada con enorme interés: “Las vísperas sicilianas”, Simón Boccanegra”, “Un baile de máscaras”, “Don Carlos” y finalmente, en 1871, “Aída”, punto culminante de la vida y la carrera artística de Verdi.

El encargo para esta ópera le había llegado desde Egipto, donde estaba construyéndose el canal de Suez; es natural que Verdi escoja un argumento egipcio, el trágico amor entre un héroe de esa nación y una esclava etíope que vive en la corte del faraón. Aunque la partitura llegó tarde para la inauguración del canal, su estreno en El Cairo y ante un público internacional constituyó un triunfo ampliamente visible. Verdi no se halló presente: demasiado grande es su aversión a los viajes y muy especialmente los de mar.

Idolo de su pueblo ahora, reside tranquilo en su hermosa posesión de Sant’ Agatá. Es anciano y nadie piensa en una continuación de los éxitos. Entonces Verdi sorprende al mundo, en 1887, con una nueva obra, el magistral “Otello”.

El homenaje que recibe en el famoso Teatro de la Scala, en Milán, en la noche del estreno, es emocionante. Es en verdad, el “cantor de su pueblo”. ¡Cuántas melodías le ha brindado! Melodías que se cantan por las calles, que tocan los organillos, que resuenan noche tras noche en todos los teatros despertando el entusiasmo sin límite de los aficionados.

Seis años después sorprende Verdi otra vez a su pueblo: ha compuesto una ópera cómica. El, que tantas escenas trágicas y sangrientas compuso a lo largo de su vida, ¡crea una ópera cómica! Una ópera encantadora, llena de gracia, de buen humor, de melodías livianas: “Falstaff“.

Verdi cierra sus ojos en el año 1901 dejando su fortuna para el hogar de músicos ancianos y enfermos que había fundado en Milán. La enorme muchedumbre que acompaña sus restos entona espontáneamente aquella melodía creada seis decenios atrás, el canto de los esclavos hebreos, de “Nabucco”: “Vuela, pensamiento sobre alas doradas. ..”

ASI ERA VERDI…

Los comentarios críticos después del estreno del Réquiem por Manzoni -observaciones en el sentido de que la música era ostentosa, sensacional, barata, antirreligiosa, irreligiosa, melodramática- venían a representar la actitud crítica que Verdi tuvo que afrontar la mayor parte de su vida. Sus óperas soportaron críticas sin precedentes, especialmente en Inglaterra y Estados Unidos. Muchos críticos sencillamente no podían tomar en serio a Verdi como compositor. Cuanto más admiraba el público la música de Verdi, más los críticos protestaban y sermoneaban acerca del carácter “obvio” de su composición, su carácter “antivocal”, su orquestación “primitiva”. Se decían unos a otros, y decían al público, que esa música ejercía a lo sumo una atracción provisional y no podía perdurar.

El crítico del Telegraph de Londres debió tener en cuenta la tremenda recepción que el Réquiem tuvo cuando se lo estrenó en Milán. La ovación llegó porque Verdi era amado como hombre, y también por Manzoni, y porque los italianos se sentían orgullosos de la fama de Verdi. “Ahora que la Península es un Estado, todos los habitantes, incluso los que pertenecen a los distritos más remotos, asumen orgullosos su parte del honor dispensado a todas las celebridades italianas.” Por la cabeza del crítico del Telegraph no pasaba la idea de que la música del Réquiem tuviese nada que ver en el asunto.

Verdi no se inquietaba ante la reacción negativa de algunos críticos. Aparentemente, fue un compositor que no se preocupaba mucho por lo que decía la crítica. Afrontaba con ecuanimidad el éxito y el fracaso. “Se equivoca”, escribió a un amigo, “si intenta defender Un Bailo in Maschera de los ataques de la prensa. Debería hacer como yo siempre hago: abstenerse de leerlos y dejar que bailen al son que más les plazca…

Por lo demás, la cuestión es ésta: ¿La ópera es buena o mala? Si es buena, y ellos no lo creen así a causa de sus prejuicios, etc., uno debe dejar que hablen como les parezca, y no tomarlo demasiado a pecho.” Y en otro pasaje: “Con respecto a los periódicos, ¿alguien le obliga a leerlos?… Llegará el día de la justicia, y para el artista es un gran placer, un placer supremo, poder decirles: “¡Imbéciles, estaban equivocados!”

Biografia de Diego Velazquez Grandes Artistas de la Historia Pintura

Biografia de Diego Velázquez
Grandes Artistas de la Pintura

La obra del pintor español Diego Rodríguez de Silva y Velázquez, nacido en Sevilla en 1599, es un ejemplo de continua superación creadora y acredita a su autor como uno de los pintores más importantes de todos los tiempos.

La vida del artista, por otra parte, consiste fundamentalmente en la historia de la realización de esa obra, pues al margen de ella apenas hay hechos destacables en su biografía. Tras un periodo de aprendizaje y una primera etapa transcurrida en su ciudad natal, en la que realiza obras de clara influencia tenebrista y especialmente algunos bodegones con figuras, Velázquez se traslada a Madrid en 1623, al ser nombrado pintor de cámara de Felipe IV.

A su estancia en la capital corresponden algunos retratos y una de sus obras maestras, Los borrachos. En 1629 viaja por primera vez a Italia, donde adquiere experiencia en la composición y disposición de figuras, al tiempo que asimila el cromatismo de la escuela veneciana.

Obras como La túnica de José y La fragua de Vulcano pertenecen a este periodo. De vuelta en Madrid, desarrolla una gran actividad como pintor de la corte y realiza numerosos retratos y grandes composiciones, entre ellas La rendición de Breda.

Su estancia en la corte ya sólo sería interrumpida por algunos viajes breves con el séquito del rey y por una segunda estancia en Italia, en 1649. En la última década de su vida, Velázquez alcanza el culmen de su arte con obras como Las Meninas y Las hilanderas, en las que acentúa su barroquismo y muestra un dominio absoluto de las más complicadas técnicas pictóricas. El pintor murió en Madrid, en 1660.

autoretrato de Velazquez

Este genial pintor, uno de los más grandes del mundo, «el pintor de los pintores» como le llamó Manet, es el fundador de la escuela española de pintura. Nació en Sevilla el 6 de junio de 1599; en 1623, el rey Felipe IV le nombró pintor de la Corte y durante treinta y siete años le sirvió fidelísimamente hasta su muerte, acaecida en Madrid el 7 de agosto de 1660. En Sevilla había sido discípulo de Herrera y Pacheco. Ya en Madrid, entra en la Corte por mediación del conde-duque de Olivares. Su pintura se caracteriza por la desenvoltura y facilidad en el dibujo y la belleza del colorido.

Diego Velázquez: Un pintor en el espejo

Si recorremos la historia de la pintura universal, concluiremos con la certeza de que Diego Velázquez ha sido probablemente uno de los más importantes artistas plásticos del barroco español, e incluso podríamos asegurar que ha sido el más prolífico y destacado de todos los que transitaron por dicha corriente pictórica, sin desmerecer al resto.

 Dotado de una nobleza de carácter y un señorío adquiridos en el trato continuo con las clases selectas, estaba muy lejos de incurrir en cualquier vulgaridad; tal vez sea éste el motivo por el que sus figuras, aun aquellas escogidas entre la gente humilde, gente de la calle y de las tabernas, tengan un sello de altivez, de dignidad y de orgullo jamás superado por los pinceles de ningún otro artista. Sus portentosas dotes naturales le llevaron a perfeccionar su trabajo cada vez más hasta lograr un máximo de efecto con un mínimo de elementos, cualidad en la que nadie le ha superado todavía.

Su mayor momento de fama se produjo luego del retrato que Velázquez pintó del Papa Inocencio X, durante uno de sus frecuentes visitas a Roma, pintura que logró ganar la fama inmediata y duradera en Italia, al tiempo que fomentó su reputación como uno de los más grandes exponentes del arte occidental de la época.

Si bien Diego Velázquez se caracterizó por ser un pintor cuya primera etapa de obras se basaban en motivos religiosos, lo cierto es que el retrato del Papa Inocencio X fue una especie de anunció de la culminación de dicha etapa, dando lugar al desarrollo de otro tipo de creaciones.

Velázquez nació el 6 de junio 1599 en Sevilla, España, y desde muy joven demostró tener un gran talento para la pintura, por lo que fue aceptado como aprendiz por Francisco Herrera, y posteriormente por el prestigioso y reconocido Francisco Pacheco.

Con aquella enseñanza, Velázquez se volcó en principio a realizar obras pictóricas relacionadas a temáticas religiosas, corriente que fue reemplazando a partir de un viaje que realizó a Madrid en 1623, cuando decidió pintar por encargo un retrato de Felipe IV, el cual le permitió acceder al éxito inmediato, y por supuesto convertirse en el pintor oficial de la Corte.

Al ingresar en el mundo de la realeza, Velázquez pudo contemplar en persona las colecciones reales, donde se encontró por ejemplo con algunas obras de Tiziano, recibiendo una notable influencia que repercutió en su estilo. Es por ello que, según los expertos, en los retrato realizados por Velázquez durante este período, se puede observar la acentuación de los rostros y las manos de los modelos que sirven de tema a sus obras, y comienzan a aparecer oscuras figuras que se recortan sobre fondos claros.

Entre 1629 y hasta 1631, Velázquez realizó una intensa estadía en Italia, lo que le permitió desarrollar, profundizar y evolucionar su estilo, por lo que de regreso a Madrid inició su período más productivo.

Fue durante su segunda visita a Roma, la cual se produjo entre 1649 a 1651, que el artista pintó un retrato del Papa Inocencio X, que impactó inmediatamente a todos, gracias al estilo único de Velázquez que creó un cuadro donde el rostro del religioso tenía la mayor preponderancia de la composición, y donde llevó a cabo una excelente combinación entre la figura del Papa y el brillante color carmesí de la cortina que se observa detrás de él. Una obra en la que utilizó la técnica de pinceladas fluidas casi imperceptibles, que le permitieron a Velázquez ir mucho más allá de la técnica de Tiziano, y que sin lugar a dudas anunció la última etapa en el desarrollo de su estilo.

En los últimos años de creación, Velázquez creó la que aún es considerada su obra maestra, bajo el título de “Las Meninas”. El cuadro data del año 1656, y en él se retrata una escena casual en la que el centro indiscutible es la infanta Margarita, y en el que se puede hallar el autorretrato del pintor. Para la obra, el artista utilizó una técnica especial para delimitar la estructura espacial, valiéndose de la incorporación de un espejo, a través del cual se incluyen en la obra al Rey Felipe IV y la Reina Mariana, que parecen observar desde lejos la escena captada por Velázquez.

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Las Meninas

Entre sus cuadros, todos admirablemente ejecutados, figuran Las Hilanderas, Las Meninas, La fragua de Vulcano, La rendición de Breda, Cristo Crucifícado, La Venus del espejo, y muchos retratos de personajes de la familia real, de cortesanos, bufones, etc. Muchos de sus cuadros figuran en el Museo del Prado, que cuenta con salas dedicadas expresamente a este pintor y una especial para el cuadro de Las Meninas. También en los Museos extranjeros y en colecciones particulares hay repartidos lienzos debidos al pincel  de este excelso pintor.

Con “Las Meninas” Velázquez se consagró como uno de los artistas plásticos más importantes del arte occidental, reconocido universalmente, ya que lo cierto es que jamás una creación basada en una ilusión extraordinaria de la realidad como la creada por Velázquez en dicha obra, ha podido ser superada.

La muerte puso fin a su talento el 6 de agosto 1660, cuando se encontraba en Madrid.

CRONOLOGÍA DE SU VIDA:

Diego Velázquez: Un pintor en el espejo

1599 Nace en Sevilla Diego de Silva Rodríguez Velázquez, hijo de Juan y de Jerónima, casados en 1597. El seis de junio es bautizado en la iglesia de San Pedro de la misma ciudad.

1609 Entra probablemente en el obrador del pintor Francisco de Herrera el Viejo.

1611 Firma de un contrato entre el padre de Velázquez y el pintor Francisco Pacheco para que éste le enseñe a su hijo el arte de pintura durante seis años.

1617       Velázquez obtiene la aprobación como maestro pintor tras realizar el examén ante su maestro y Juan’ de Uceda, veedores de la cofradía de San Lucas, corporación de los pintores sevillanos.

1618       El pintor contrae matrimonio con Juana Pacheco, hija de su maestro, nacida en 1602. Primera obra datada que se conserva.

1619       Nace su hija Francisca que moriría pronto.

1620       Recibe como aprendiz a Diego de Melgar. Retrata por dos veces a la monja franciscana Jerónima de la Fuente, que se embarcaba para Manila.

1621       Nace su hija Ignacia. Felipe IV, rey; Olivares, valido.

1622       Viaja en primavera a Madrid. Retrata al poeta Góngora. No consigue pintar a los reyes y regresa a Sevilla.

1623       Nuevo viaje en verano a la corte con su suegro. Retrata al canónigo Fon-seca, al rey y hace un bosquejo del príncipe de Gales, que entonces se encontraba en Madrid. Es nombrado pintor del rey, con doscientos veinte reales de salario mensual.

1624       Recibe ochocientos reales de doña Antonia de Ipeñarrieta, viuda de Pérez de Araciel por sendos retratos de su esposo, del rey y de Olivares.

1625       Un retrato de Felipe IV ecuestre se expone en la calle Mayor frente a San Felipe.

1628       Acompaña a Rubens, llegado a Madrid en misión diplomática, al monasterio de El Escorial. El rey le asigna una ración diaria de doce reales, la misma que tenían los barberos de cámara.

1629        Embarca en Barcelona en agosto rumbo a Genova; en la nave viaja Spf ñola, triunfador de Breda. Pasa a Milán, Venecia, Ferrara y Cento, don de probablemente conoció al Guercino. Por Loreto llegó a Roma; allí el cardenal Barberini le alojó en el Vaticano, pero pronto solicitó y obtuvo vivir en Villa Médicis.

1630        A fin de año Velázquez se traslada a Ñapóles donde visita a Ribera.

1631       En enero está de nuevo en Madrid. Retrata al príncipe heredero Balta sar Carlos. Tiene como oficial al italiano Hércules Bartolussi.

1632        Se le pagan mil reales por dos retratos de los reyes destinados a Alemania. Su hija Francisca se casa con el pintor Juan Bautista Martínez del Mazo. El rey le concede cobrar un pago de vara de alguacil de la casa y corte, aprobado por las Cortes el año siguiente. A fines de año y comienzos de 1634 vende dieciocho pinturas de distintos artistas para decorar el Buen Retiro, entre ellas La fragua de Vulcano y La túnica de José, pintadas en Italia.

1634        Velázquez traspasa a su yerno el cargo de ujier de cámara. Se le paga por unas pinturas encargadas para el Buen Retiro, seguramente retra tos de seis bufones, de los que se conocen los de Ochoa y Cárdenas.

1635        Termina La rendición de Breda y los retratos ecuestres para el salón de Reinos del Buen Retiro. Nace Inés, su primera nieta, que muere pronto.

1636        Es nombrado ayuda de guardarropa. Solicita el pago atrasado de 15.803 reales

1638      Se le reparten cuatrocientos reales por la alcabala correspondiente a los años 1636 y 1637. Retrata a la duquesa de Chevreuse y comienza el retrato de Francesco d’Este, que concluye al año siguiente. Nace su segunda nieta, llamada también Inés.

1639        El rey le hace merced de un oficio de escribano del repeso mayor de la corte. Retrata al almirante Adrián Pulido Pareja.

1640        El rey concede a Velázquez un anticipo de 5.500 reales a cuenta de las obras que ha de ejecutar. Vende al alguacil de casa y corte Luis de Pañalora el oficio de escribano citado en 30.800 reales. Después del parcial incendio del Buen Retiro viaja con Alonso Cano por Castilla la Vieja para recoger pinturas que reemplacen a las destruidas.

1642 Viaja a Zaragoza, por Cuenca y Molina de Aragón, en el séquito del rey. Conoce al pintor Jusepe Martínez.

1643 Caída del conde-duque de Olivares. Es nombrado ayuda de Cámara sin ejercicio y superintendente de obras particulares, con sueldo de 660 reales al mes.

1644 Acompaña al rey a Fraga y pinta allí su retrato, que se expone en la iglesia de San Juan en agosto. Retrata también al bufón llamado “el Primo”.

1645 Interviene en labores decorativas en la alcoba de mediodía del Alcázar. Seguramente en este año retrata a Don Gaspar de Borja, cardenal arzobispo de Toledo.

1646        Es nombrado ayuda de cámara con oficio. Otorga poder a un procurador para el pleito que sigue con el entallador Francisco de Belvilar.

1647        Se le nombra veedor y contador de obras de la Pieza Ochavada del Alcázar.

1648        Nace María Teresa del Rosario, su tercera nieta. El rey eleva a 7.700 reales la cantidad anual asignada por las obras a realizar. En las fiestas de San Isidro ocupa el balcón 24 del cuarto piso de la Casa de la Panadería, según el protocolo cortesano. A fin de noviembre otorga poder general a su esposa, pues va a ausentarse de España.

1649        Velázquez embarca en enero en Málaga rumbo a Italia con la embajada que recibirá en Trento a la futura reina Mariana de Habsburgo. Llega en febrero a Genova, pasa a Milán, Padua y Venecia, donde compra pinturas de Tiziano, Tintoretto y Veronés por cuenta del rey. En Bolonia entra en contacto con los fresquistas Colonna y Mitelli, que luego viajaron a Madrid. Estancias breves en Módena, Parma, otra vez Bolonia y, por Florencia, llega a Roma. De inmediato marcha a Napóles donde visita de nuevo a Ribera, y en julio está de regreso en Roma.

1650        El rey reclama la vuelta del pintor a España. Ingresa en la Academia de San Lucas y en la Cofradía “dei Virtuosi” del Panteón. Conoce a Bernini. Formula una petición al rey para ingresar en una orden militar. Retrata a su criado y pintor Juan de Pareja, al papa Inocencio X, al cardenal Astallo y a monseñor Seguí, mayordono papal, entre otros personajes. Sale de Roma en diciembre y pasa a Módena.

1651        Embarca en mayo a Genova y llega a Alicante —o quizá a Barcelona—, regresando luego a Madrid. El rey le concede cien escudos de oro anuales por la vía de “gastos secretos”.

1652        El rey le nombra aposentador de palacio en contra del parecer de la comisión. Una carta del rey al conde de Oñate hace referencia a cuatro dibujos para grandes vasos de pórfido realizados por Velázquez y enviados a Roma.

1653        Se envía a la corte de Viena un retrato de la infanta María Teresa.

1654        Asigna a su nieta Inés 132.000 reales de dote con motivo de las capitulaciones matrimoniales.

1655        Dirige la renovación de la galería del mediodía, del patio de la Tapicería y del jardín de los Emperadores del Alcázar. Recibe 22.765 reales libramiento de la Junta de Millones del Reino.

1656       Pinta La familia o Las meninas.

1657       Solicita volver a Italia, pero el rey niega el permiso.

1658       Se inicia el expediente para la concesión del hábito de la Orden de Santiago al pintor.

1659       Despacho real de concesión del hábito, tras dos dispensas papales ante la oposición razonada del Consejo de las Ordenes, y de cédula de hidalguía. Retratos del príncipe Felipe Próspero y la infanta Margan.

1660       Viaja a Fuenterrabía cumpliendo dos funciones de aposentador y asiste a la entrega de la infanta María Teresa a su futuro esposo Luis XIV de Francia en la isla de los Faisanes. Regresa a Madrid y escribe en julio al pintor vallisoletano Valentín Díaz. Enferma a fines de ese mes y muere el 6 de agosto, siendo enterrado al día siguiente en la iglesia de San Juan Bautista. Ocho días más tarde muere su esposa Juana.

Fuente Consultada: VELAZQUEZ Colección Grandes Biografías de SALVAT

 

Biografia de Rubens Vida y Obra del Pintor Renacentista Alemán

Biografía de Rubens Vida y Obra del Pintor Renacentista

Rubens, Pedro Pintor Renacentista (1577-1640): Pintor nórdico y humanista influenciado por la cultura italiana, admirador del Renacimiento e iniciador del barroco flamenco, Rubens logró sintetizar múltiples influencias para crear un verdadero estilo internacional, común a la Europa católica y absolutista.

Artista de origen flamenco, nacido en Siegen (Westfalia), hijo de un abogado; comenzó sus estudios de pintura en Amberes, contrariando los deseos de su madre quien deseaba que su hijo siguiera los pasos del padre.

En 1600 viajó a Italia y allí permaneció ocho años al servicio del duque de Mantua, poniéndose en contacto directo con las obras de Leonardo, Rafael, Miguel Ángel y el Tiziano. No obstante, la obra de Rubens demuestra bastante independencia con respecto a la influencia italiana en el tratamiento de la naturaleza y de algunos otros temas de su predilección, como la historia y la religión.

En 1609, Rubens regresó a Holanda, porque su madre, por la cual siempre sintió un profundo afecto, se enfermó. Desgraciadamente ella murió antes que él regresara. Sin embargo, encontró fama y aprecio en su tierra natal.

En 1610 se le pidió que pintara El Descenso de la Cruz para la catedral de Amberes, mientras que para la Sala del Consejo de esa misma ciudad pintó La Adoración de los Magos, que es considerada una de las más bellas pinturas hechas sobre este tema. Fue una época feliz para Rubens, y los Regentes lo nombraron pintor de la Corte y le pidieron permanecer en Amberes. Para completar su felicidad de casó con la bella Isabela Brandt.

El Descenso de la Cruz Rubens

El Descenso de la Cruz

Su intensa y excelente actividad le dio fama y dinero; se convirtió en un pintor solicitado, si bien él en lo personal seguía buscando su propio camino. Entre 1618 y 1623, ayudado por sus discípulos, atendió numerosos encargos de Bélgica y España.

Para entonces el estudio de Rubens era famoso en toda Europa. Incluso los trabajos hechos por sus alumnos, entre ellos Anthony van Dyck, eran admirados por los conocedores. El único obstáculo para su éxito fue su vida como diplomático, y esta acabó con la muerte de sus protectores en 1633.

Liberado de sus deberes diplomáticos pudo llevar a cabo la gran cantidad de encargos que había adquirido para personajes importantes de muchos otros países. En Londres, por ejemplo, pintó el lecho de Banqueting House, en Whitehall. 

ENTRE FLANDES E ITALIA
Nacido en Alemania, hijo de un abogado y antiguo regidor de Amberes que debió huir de los Países Bajos por razones político-religiosas, Rubens era, sin embargo, flamenco. Tras la muerte de su progenitor, regresó a Amberes con su madre (1589) y, a los catorce años de edad, entró como aprendiz durante varios años en el taller de un pintor paisajista y luego en el de dos pintores de temas históricos. En 1600 partió rumbo a Italia para un periplo determinante que duraría ocho años. Residió en Roma, Genova y Mantua, el tiempo necesario para adquirir una cultura pictórica y arqueológica sólida, impregnarse del arte del Renacimiento italiano, y conocer los grandes artistas, como Caravaggio y Elsheimer. La colección que reunió a raíz de su viaje -bustos grecorromanos, obras originales y copias de Tiziano realizadas en España- fue un testimonio de esta curiosidad múltiple. La influencia italiana se prolongó tras su regreso a Amberes en 1608, y Rubens fue el pintor que mejor logró inspirarse en la tradición italiana, apropiándose de ella en un estilo flamenco. Retomó varias formas de composición. ideales sin dejar de observar el muñe: que lo rodeaba, reutilizando las figuras religiosas o clásicas y representando a los seres vivos con sus emociones. Conjugó la tradición flamenca del detalle, influencia principalmente de los miniaturista; y la pintura monumental al estilo e; Miguel Ángel, concebida para adornar.: £ palacios y las iglesias, realizando granee; composiciones.

La tensión emocional del barroco chocaba a veces con la propia vida burguesa del artista, amante del orden, la reflexión y la paz. Se desempeñó como diplomático, en Inglaterra y en España, y su contacto con otras cortes y otros artistas lo acercaron paulatinamente a sus decisiones más trascendentes con respecto a su propia obra.

Su segundo casamiento, está vez con una mujer mucho más joven que él, modificó su concepción del color y de la forma, valorizando no sólo la luz sino también la sombra y modelando todos los elementos del cuadro mediante el color.

Enfermo de gota y con las manos anquilosadas desde 1637, murió tres años después, dejando a la posteridad más de 2.000 obras entre retablos, temas históricos, paisajes, retratos, cartones, bocetos, dibujos y cuadros decorativos.

EL PINTOR DE LOS PODEROSOS
Al adoptar la concepción dominante e; la pintura en Europa, Rubens gozó un gran éxito entre los poderosos y se convirtió en el pintor internacional preferido de su tiempo. El tamaño monumental  de sus telas y la forma en que incorporó numerosos personajes, movimiento y color respondieron a las ambicione; de los príncipes y burgueses adinerad:; de su país. Rápidamente personalidades connotadas le encargaron trabaje; como los jesuitas de Amberes y Alemania, autoridades españolas, los revé; Luis XIII de Francia, Felipe III de España y Carlos I de Inglaterra. Era el pintor del bando católico y de los soberano-absolutos que se oponían a los Estaca-protestantes, del Flandes católico y n: de la Holanda protestante. Las composiciones de la Historia de María de. Medí::-encargadas a solicitud de la reina, ilustraron magistralmente este lazo entre ±. pintor y los soberanos.

Obras: Virgen con los santos, Adoración de los pastores, Levantamiento de la Cruz, Caza del león, Conversión de Pablo, Héroe coronado por la victoria, Neptuno y Anfitrite, Caída de los ángeles rebeldes, Combate de Amazonas, Ultima comunión de San Francisco, Paisaje con pastor, La adoración de los Magos, Paisaje con puesta de sol, Paisaje con arco iris, Juicio de París, Nacimiento de Venus, entre otras.

ALGUNAS DE LAS OBRAS DE RUBENS PABLO
Virgen con los santosVirgen con los santos
Adoración de los pastoresAdoración de los pastores
Levantamiento de la CruzLevantamiento de la Cruz
Caza del leónCaza del león
Conversión de PabloConversión de Pablo
La Adoración de los Reyes MagosLa Adoración de los Reyes Magos
Paisaje con arco irisPaisaje con arco iris
Juicio de ParisJuicio de Paris
Venus y AdonisVenus y Adonis

Biografia de Renoir Auguste Vida y Obras dek Pintor Frances Impresionista

Biografía de Renoir Auguste
Vida y Obras del Pintor Francés

Renoir, Augusto Pintor (1841-1919)
Pintor impresionista francés, uno de los fundadores de dicha escuela, a la que procuró elevar y perfeccionar, desechando todo cuanto pudiera haber en ella de facilidad. Fue un exigente artesano, razonable y sereno, enamorado de su oficio, inspirado y fecundo.

Cuando todavía era un niño trabajó en un taller de pintura de porcelanas y de allí le quedó su inclinación por las transparencias que son constantes en su pintura, así como su predilección por la figura de la mujer y las fiestas galantes al estilo del siglo XVIII francés.

Luego trabajó en la Escuela de Bellas Artes y en el Taller Gleyre, y es recién a partir de 1870 que comienza su etapa impresionista por influencia de Monet hacia 1874 pinta uno de los cuadros que mejor representan a esta escuela: Camino ascendente a través de altas hierbas, en el que el color, la luz, la atmósfera, la sutileza de los tonos y la poesía que emana del cuadro, fluyen auténtica y puramente de una impresión.

También la vida de París, dinámica, gozosa y turbulenta, inspiran a Renoir muchos de sus cuadros, en los que se advierte su amor por la juventud, por la mujer, por los niños; sin olvidar sus pinturas al aire libre, a orillas del Sena, o en Normandía donde pasa una temporada o en Argelis, que le inspira algunos paisajes soleados.

Hubo un paréntesis durante la Guerra Franco Alemana de 1870, cuando Renoir sirvió en un regimiento de caballería; pero a partir de 1872, los dos trabajaron muy unidos y llegaron a ser los principales representantes del movimiento conocido como Impresionista que, hasta nuestros días, es considerado con tal afecto por el público en general que puede decirse que coloca el grupo de pintores impresionistas antes que cualquier otro (aparte de Monet y Renoir, el movimiento incluye a Degas, Cezanne y Manet).

Su viaje a Italia y su conocimiento de los grandes maestros italianos de la pintura —Rafael especialmente— marca su primera reacción contra el impresionismo; valora cada vez más el dibujo, al tiempo que se empobrecen sus colores, y aun cuando luego supera esta etapa excesivamente austera, no retorna ya al impresionismo; comienza su período nacarado que representa una síntesis entre aquella escuela y sus nuevas influencias; predominan los retratos y los desnudos.

Retirado en Cagnes (sur de Francia) a causa de su reumatismo, Renoir pinta sus últimos cuadros en los que sin abandonar la naturaleza llameante de sol y saturada de luz, destaca en medio de ella saludables cuerpos femeninos, ondulantes y firmemente ligados al ritmo de la naturaleza. Hasta el fin de su carrera Renoir mantuvo una admirable resistencia a las fórmulas. Él mismo dijo acerca de la pintura, dando con ello una estupenda lección de arte: Las teorías no hacen ejecutar un buen cuadro: a menudo sólo sirven para ocultar la insuficiencia de medios de expresión. . .

Diana cazadora

Renoir fue un pintor francés que nació en Limoges, hijo de un sastre pobre que se trasladó a París cuando Pierre tenía cuatro o cinco “años de edad. En su infancia fue enviado a trabajar a una fábrica en donde ganó experiencia en pintura sobre porcelana y en otros artículos tales como abanicos. A la edad de veinte años ingresó al estudio de Gleyre, un académico, donde conoció a Monet, Sisley y Bazille, trabajando particularmente con Monet.

Obras: Diana cazadora, Lise con sombrilla, El Puente Nuevo, El Sena en Argenteuil, Torso de mujer al sol, Madre y niños en el paseo, La sombrerera, La primera salida, La salida del Conservatorio, Mademoiselle Charpentier vestida de azul, Retrato en grupo de madame Charpentier y sus hijos, En el circo Fernando, Los remeros en Chatón, La pescadora de mejillones, Un baile en el Molino de la Galette, Los paraguas, Bañista dormida, Gabrielle y la rosa, Juicio de París, entre otras.

Retrato en grupo de madame Charpentier y sus hijos

Los paraguas

EL IMPRESIONISMO:
Ruptura con el gusto burgués y las recetas de taller

Bajo el alero del impresionismo se reunieron, a merced de los acontecimientos y de los encuentros, artistas infinitamente diversos en su inspiración, temas, técnicas o pensamiento: paisajistas o pintores de figura humana, dibujantes o coloristas, “pintores al aire libre”, sensitivos, meditativos… Todos ellos tenían un criterio en común: el rechazo por las recetas del taller y los grandes temas tradicionales de la mitología o de la religión honrados en la Escuela de Bellas Artes y en los Salones oficiales.

Rompieron, de este modo, con el gusto burgués, y propusieron una pintura simple, pero que retratara su época con mucho mayor agudeza que la de sus rivales (y a menudo amigos), partidarios del arte oficial. Atraídos más bien por la multitud, sus movimientos y distracciones, se dedicaron a siluetear más que a realizar estudios psicológicos. Se caracterizaron, sobre todo, por el gusto por el cromatismo y las materias, y trataron de captar los efectos fugaces de la luz, del movimiento y de sus propias sensaciones.

Luz y color

Entre las referencias estéticas de los impresionistas hay que citar en primer lugar a Manet, a Gustave Courbet y la estampa japonesa, luego a Jean-Baptiste Corot y los pintores de Barbizon y, por último, a Delacroix y Turner, a los coloristas venecianos, españoles y flamencos, y también a Ingres. Habría que mencionar aun el papel que jugó la fotografía, que sugirió encuadres y, sobre todo, liberó la pintura de la función “mimética”. Las teorías científicas de la luz y del color, en especial los tratados de Eugéne Chevreul, condujeron finalmente  a los impresionista a una nueva economía cromática: paleta clara, preferencia por los colores vivos y pincelada directa.

IMPRESIONISMO: Movimiento literario nacido en Francia en la segunda mitad del siglo XIX. Corresponde al impresionismo pictórico que había sido iniciado por Manet en 1863. El impresionismo surgió como una reacción contra el realismo y se propuso en el terreno literario, lo mismo que en la pintura, registrar primariamente las sensaciones, restaurando al mismo tiempo una nueva era imaginativa.

Trataba de suprimir el elemento intelectualista y reflexivo en literatura, haciendo que el escritor se identificara con las cualidades del objeto observado. Una novela impresionista presenta a sus personajes en una serie de detalles, palabras, reacciones, gustos y preferencias que terminan por caracterizarlos para el lector.

El impresionismo literario fue iniciado en Francia por los hermanos Goncourt, quienes publicaron numerosas novelas de este tipo, y fundaron su famosa Revista en 1856. En España pueden considerarse como escritores impresionistas el poeta Juan Ramón Jiménez y el prosista Azorín, a principios de este siglo.

Fuente Consultada:
Pintores Célebres Biblioteca Fundamental Ariel
Historia Visual del Arte Tomo I.

La Literatura Renacentista La Letras en el Renacimiento Dante Alighieri

La Literatura Renacentista
La Letras en el Renacimiento

El hombre volvió a renacer. La larga y oscura noche de la Edad Media dio paso a una de las épocas más luminosas de la historia: el Renacimiento. El destino del hombre medieval, condenado a vivir en un “valle de lágrimas”, conoció a mediados del siglo XV un nuevo camino de esperanza. La vida florecía, dejaba atrás los temores atávicos, se liberaba de los miedos que esclavizaron los cuerpos y las mentes. Fue un periodo irrepetible. Se asistió a una eclosión del arte y la cultura. Las ciudades embellecieron. El mundo se convirtió, por fin, en un lugar habitable. Dios ya no era el centro del mundo. El hombre se había hecho con las riendas de su propio destino.

Se conoce con el nombre de Prerrenacimiento al movimiento cultural que tuvo lugar en Europa en el siglo XIV, como consecuencia del cambio de cosmovisión del hombre y como anticipo de la profunda transformación que se produjo en el siglo siguiente, debido al despertar de las artes, de las letras y de las ciencias, inspirado en los testimonios de la antigüedad clásica.

En síntesis, el Prerrenacimiento constituye una transición entre las manifestaciones culturales de la Edad Media, sustentadas en una concepción teocéntrica, y las nuevas expresiones surgidas en la Edad Moderna, basadas en la cosmovisión antropocéntrica.

En el campo de la literatura, Petrarca fue en gran parte responsable del surgimiento del humanismo, una escuela de pensamiento que aseguraba que el ser humano era intrínsecamente bueno, en oposición a la Iglesia, que lo concebía como un pecador que debe ser redimido. Otras plumas ilustres fueron Dante, autor de La divina comedia, y Boccaccio, cuyo Decamerón inspiró muchos relatos de Shakespeare.

Dante Alighieri Petrarca Boccacio

PARA SABER MAS…

En los orígenes de la Italia del Renacimiento (prerrenacimiento) se deseaba fervientemente vivir, estudiar, pensar y escribir como los antiguos griegos y romanos. Por ello, los profesores, monjes, príncipes y mercaderes se disputaban los manuscritos antiguos y rivalizaban también en el afán de coleccionar sus comentarios.

Se desató una verdadera fiebre por los “studia humanitatis” o humanismo; es decir, el estudio de todos los conocimientos que interesan al hombre. En la Edad Media también existió este entusiasmo pero no se permitió que la filosofía y forma de vida de los antiguos influyeran en las generaciones medievales.

Se buscaban textos antiguos en su integridad” y se les agregaban comentarios eruditos. El humanista además-de interesarse por las obras de los escritores antiguos atesoraba objetos de arte antiguo, sacaba planos de las ruinas romanas, buscaba esculturas. Para el estudio de la Biblia se recurrió a los textos hebreo y griego y a los comentarios de los Padres de la Iglesia.

Estaba de moda organizar bibliotecas; se trataba de reunir tesoros artísticos y literarios efectuando la búsqueda en todos los lugares donde pudieran ser hallados.

Se procuró hacer como los antiguos en todo; de imitar a la naturaleza, de cubrir a las ideas con el ropaje de una forma bella. Tales eran las exigencias del humanismo.

Mientras españoles y portugueses descubrían nuevos continentes y tierras, los galianos se preocupaban de redescubrir el mundo antiguo. Y a e£te apasionamiento se agregó, además, un fuerte sentimiento nacional.

La atención puesto en la naturaleza y en el hombre -como ya había ocurrido a fines de la Edad Media- estimuló los estudios científicos en forma experimental; se rechazó, cuando ello correspondía, la opinión de antiguos sabios.

La primera biblioteca pública de Europa

Creemos que merece un párrafo especial como prueba de la preocupación cultural de parte de los príncipes, un hecho de la historia de Fiorencia. Nicolás Nicolini, uno de los más entusiastas bibliófilos de Florencia, murió lleno de deudas a causa de su afán de adquirir manuscritos antiguos. Su casa siempre había estado abierta a los que querían consultar sus colecciones que, a su muerte, comprendían ochocientos volúmenes.

Siguiendo su deseo de que su biblioteca permaneciera accesible a todos, Cosme de Mediéis pagó las deudas y donó la misma al convento de San Marcos, para su uso público. Fue la primera biblioteca pública europea.

El humanismo y la religión

Sobre el contenido espiritual del movimiento humanista escribe e! historiador holandés J. Huizinga (1872-1945):

“Los humanistas que eran verdaderos ateos o se hacían pasar por tales, no representan la esencia del Renacimiento. Un examen profundo muestra claramente que el contenido espiritual del Renacimiento, pese a los elementos clásicos y paganos, era y permaneció cristiano, lo mismo que antes el arte medieval y más tarde la Contrarreforma. Tanto si escogemos a pintores flamencos o italianos. . . observaremos que, incluso en el período barroco, las principales fuentes de inspiración del arte figurativo fueron escenas bíblicas”.

Los Primeros Mecenas en la Edad Media

Fuente Consultada:
Enciclopedias Consultora Tomo 7
Enciclopedia del Estudiante Tomo 2 Historia Universal
Enciclopedia Encarta
La Aventura del Hombre en la Historia Tomo I “El Ateneo”
Historia Universal Gomez Navarro y Otros 5° Edición
Atlas de la Historia del Mundo Parragon

Pensamiento Renacentista La Ciencia en el Renacimiento Cientificos

Pensamiento Renacentista
La Ciencia en el Renacimiento

Al período comprendido entre los siglos XIV y XVI se lo denomina Renacimiento, porque los sabios y artistas de la época intentaban revivir las glorias de las antiguas civilizaciones griega y romana. Después de la caída del gran Imperio Romano se produjo un largo período de guerras en toda Europa.

El Renacimiento es fruto de la difusión de las ideas del humanismo, que determinaron una nueva concepción del hombre y del mundo. El nombre «renacimiento» se utilizó porque éste retomaba los elementos de la cultura clásica. El término simboliza la reactivación del conocimiento y el progreso tras siglos de predominio de un tipo de mentalidad dogmática establecida en la Europa de la Edad Media. Esta nueva etapa planteó una nueva forma de ver el mundo y al ser humano, el interés por las artes, la política y las ciencias.

El hombre volvió a renacer. La larga y oscura noche de la Edad Media dio paso a una de las épocas más luminosas de la historia: el Renacimiento. El destino del hombre medieval, condenado a vivir en un “valle de lágrimas”, conoció a mediados del siglo XV un nuevo camino de esperanza. La vida florecía, dejaba atrás los temores atávicos, se liberaba de los miedos que esclavizaron los cuerpos y las mentes. Fue un periodo irrepetible. Se asistió a una eclosión del arte y la cultura. Las ciudades embellecieron. El mundo se convirtió, por fin, en un lugar habitable. Dios ya no era el centro del mundo. El hombre se había hecho con las riendas de su propio destino.

El retorno a las fuentes clásicas Durante el Renacimiento, el mundo clásico grecorromano se considera digno de admiración. Por el contrario, la cultura medieval es vista como un paréntesis de oscurantismo y, en consecuencia, se la desprecia.

Se da gran importancia al estudio del griego y del latín para entender cabalmente las obras de los autores clásicos; sus escritos se difunden en un afán de reencuentro con la nueva valoración de la inteligencia del hombre y de su amor a la naturaleza.

También se valorará el canónico equilibrio entre forma y pensamiento. La literatura y el arte de la antigüedad clásica grecorromana renacen así con fuerza. La «eeva concepción del hombre

El hombre del Renacimiento aspiraba a gozar ampliamente de la vida presente y reclamaba la absoluta libertad de la razón para buscar la verdad y el mejor conocimiento del hombre y de la naturaleza. El hombre renacentista sintió curiosidad por todo y a todo aplicó la razón.

Si durante la época medieval la cultura había sido teocéntrica (su centro era Dios) y la teología había ocupado el interés de los intelectuales, en la época renacentista el centro de atención es el hombre. De ahí que se hable de cultura antropocéntrica. Consecuentemente, el individualismo, el afán de gloria y de perfección formal serán características de este periodo. El nuevo ideal de vida lo expresa Baltasar de Castiglione en El Cortesano (1528).

Durante la edad media, en la lucha por la supervivencia, la educación y el conocimiento fueron dejados de lado. La gente aceptaba su destino: obedecía a la Iglesia y a sus representantes sin dudar y sin sentir curiosidad por el mundo que la rodeaba. Los hombres del Renacimiento llamaron a este período Edad Oscura. Pero hacia el siglo XIV, Europa estaba más estabilizada políticamente.

Poco a poco, los gobiernos fueron consolidándose y los hombres comenzaron a comerciar y a acumular riquezas.

En esta sociedad mejor organizada, algunas personas empezaron a comparar su forma de pensar con la de los escritores clásicos.

Esto era particularmente interesante para los italianos, porque su tierra, en el pasado, había sido el corazón del imperio más grande del mundo. Era como descubrir la historia de una familia. Sabían perfectamente que estaban viviendo una época especial y fascinante.

Los sabios que estudiaban las obras clásicas querían que el hombre descubriera la belleza que había dentro de sí mismo y en la naturaleza, para que de esa forma venerara a Dios más plenamente. Las personas de dinero alentaban a los escultores y a los pintores para que llevaran esas ideas al arte. Por primera vez en siglos, los artistas comenzaron a retratar a la gente y a otros seres vivientes de una manera realista. El Renacimiento fue también una época de contrastes. La sociedad en su conjunto cambió muy lentamente.

Más allá de los pueblos y ciudades densamente poblados, había vastas extensiones de campo con escasos habitantes. Los campesinos llevaban una vida muy dura, lejos de los festines y torneos de los ricos y de los comerciantes adinerados.

La mayoría de la gente no conocía -y mucho menos entendía-acontecimientos tan importantes como el descubrimiento de América o la comprobación de que la Tierra no era el centro del universo. Pero el espíritu de seguridad y curiosidad que caracterizó al Renacimiento comenzó a afectar también a la gente común. Los campesinos se rebelaron contra los señores y los reyes.

Los sacerdotes humildes hablaban contra la riqueza y el poder del Papa en Roma. El hombre comenzó a saber más de sí mismo como persona y a hacer uso de su derecho de tener y expresar sus propias opiniones.

EN BUSCA DE LA VERDAD:
LA CIENCIA RENACENTISTA

Durante el Renacimiento hubo muy pocos científicos, según nuestro concepto actual de ellos, es decir, hombres especializados en química, física, zoología, biología, etc. “Ciencia” era el término romano que significaba “conocimiento” y los eruditos del Renacimiento estaban de acuerdo con ello.

Se refería a todo tipo de saber. Un científico era alguien que se dedicaba a leer libros antiguos o a hacer sus propios experimentos prácticos para aprender más cosas sobre el mundo que lo rodeaba. Poco a poco, muchos de estos científicos perdieron interés por los libros antiguos y se preocuparon por tratar de descubrir cosas por sí mismos. “Quema tus libros; observa y experimenta sin cesar”, aconsejaba un científico del Renacimiento.

La teoría científica más revolucionaria de la época apareció en el campo de la astronomía (el estudio de las estrellas). Nicolás Copérnico observó los planetas y las estrellas durante más de 30 años y’ llegó a la conclusión de que en realidad la Tierra no era el centro del universo sino que se movía alrededor del Sol. Esto produjo un gran desconcierto, debido a que durante toda la Edad Media y gran parte del Renacimiento, se había aceptado que era el Sol el que giraba alrededor de la Tierra. La gente creía que la Tierra estaba en el medio de un universo perfectamente simétrico en cuyo centro exacto estaban Dios y la Iglesia.


Copérnico, contrario a las creencias comunes, afirmó que la Tierra se movía alrededor del Sol, como ilustra este cuadro.

La teoría de Copérnico surgió hacia fines del Renacimiento, a mediados del siglo XVI,y acabó con esa creencia tan arraigada. Por otra parte, provocó la ira de la Iglesia, porque destruía así su autoridad central. Setenta años después de la muerte de Copérnico y de la publicación de su libro “Sobre las revoluciones de los cuerpos celestes”, la Iglesia lo consideró hereje.

Muchos años más tarde, cuando Galileo publicó las descripciones de las estrellas y los planetas vistos a través de su telescopio y comprobó la teoría de Copérnico, también fue acusado de herejía y amenazado con la tortura si no se desdecía de lo que había escrito. Entretanto, otro astrónomo, Johann Kepler, había desbaratado aún más la idea de un mundo perfecto al afirmar que la Tierra no orbitaba al Sol en forma circular sino elíptica u oval.

El primer hombre del Renacimiento que publicó un estudio completo del cuerpo humano fue Andreas Vesalius, quien comenzó sus trabajos en París, aunque pasó la mayor parte de su vida en Italia. Cuando sólo tenía 29 años, escribió una obra magnífica llamada Los siete libros sobre la estructura del cuerpo humano, que contenía más de 270 bellas ilustraciones xilográficas en las que mostraba los huesos, los músculos, las venas y el corazón humano. Su estudio era otra muestra de la creciente curiosidad por la vida.

Durante el Renacimiento se produjeron varios adelantos en la industria y la tecnología. La imprenta, la minería, los astilleros y la metalurgia tuvieron un importante desarrollo. Comenzó a incrementarse el uso de los molinos de agua para extraer la que se acumulaba en las minas y para hacer funcionar las máquinas de los mismos molinos.

En muchas minas se extendieron vías para facilitar el movimiento de los carros tirados por caballos. Las armas de fuego fueron perfeccionándose lentamente, pero su uso seguía siendo peligroso. También se popularizaron los relojes y hacia el 1500, la mayoría de las ciudades de Europa tenían un reloj público. En esa época se inventó el reloj de cuerda, lo que hizo también posible la fabricación de los de bolsillo.

Sin embargo, hasta los príncipes preferían seguir aferrándose al pasado. Confiaban en los astrólogos que les predecían el futuro, ya que creían que podía ser controlado mediante conjuros mágicos. La búsqueda del secreto para transformar el metal común en oro fascinaba a todos los que querían hacerse ricos rápidamente.

Los alquimistas probaban todo tipo de fórmulas, la mayoría de los cuales eran tan extravagantes e inútiles como los brebajes de una bruja. Pero, a través de sus infructuosos esfuerzos para convertir los minerales de la tierra en oro, los alquimistas aprendieron muchísimo sobre éstos. Sus descubrimientos fueron útiles para los científicos que los sucedieron.

ALGO MAS SOBRE EL PENSAMIENTO CIENTÍFICO. Durante los siglos de la Edad Media la Religión había guiado todo movimiento filosófico y científico. La decadencia de la Escolástica, llevada por un verbalismo exagerado, la influencia de pensadores árabes, sobre todo Averroes, y la interpretación naturalista de Aristóteles prepararon el camino de la ciencia renacentista.

Durante la Edad Media se habían producido posturas aisladas de libertad de pensamiento de cara a la realidad de la vida, como las sustentadas por Rogerio Bacon y Ramón Llull, incluso dentro del campo de la ortodoxia, pero dado el momento en que vivieron otros pensadores de los siglos XV y XVI.

La gran revolución científica del siglo XVII fue preparada por los hombres de ciencia del Renacimiento. Nicolás Copérnico (1473-1543) era un canónigo y médico polaco, cosas que en aquel tiempo eran compatibles. Ideó su teoría heliocéntrica, según la cual todos los planetas giraban alrededor del Sol. Esta teoría, que muchos espíritus juzgaron contraria a las Sagradas Escrituras y calificaron de heterodoxa, pronto se abrió camino.

Tres grandes pensadores la apoyaron y confirmaron con sus experiencias: Ticho Brahe, de nacionalidad danesa, que estudió los eclipses, Juan Kepler, que determinó las tres leyes fundamentales de la revolución planetaria, y Galileo Galilei, el más genial de los sabios renacentistas. Galileo (1564-1642) fue el constructor del primer telescopio con el cual estudió los astros. Invitada la Señora de Venecia a contemplar con su instrumento la entrada de los buques en el Gran Canal, quedó maravillada, pero muchos de sus compañeros se negaron a comprobar con sus propios ojos la realidad y prefirieron negarlo.

Galileo estudió las leyes del péndulo, inspirado por los movimientos de una lámpara que oscilaba en la catedral de Pisa, descubrió el anillo de Saturno y realizó numerosas investigaciones astronómicas. Ciego, perseguido y moralmente derrotado, tuvo que negar su fe en la teoría copernicana del heliocentrismo a instancias de la Inquisición. Anterior a él vivió Leonardo de Vinci (1452-1519) hombre inquieto, gran artista y también notable científico.

Sus dibujos sobre la posibilidad de conseguir que un hombre volara gracias a unas alas, su idea del tanque, y de numerosas máquinas nos muestran como una creación perfecta del hombre del Renacimiento. Entre los primeros químicos, tiznados aún de alquimistas, se encuentra Paracelso, suizo. Entre los médicos, el gran Vesalio, que fue el primero en practicar la disección y la vivisección, corriendo por esta razón peligro de perder la vida. Los descubrimientos anatómicos de Falopio de Modena y Bartolomé Eustaquio son recordados porque algunos órganos de nuestro cuerpo se conocen con sus nombres (trompas de Eustaquio, de Falopio, etc.).

Pero los dos investigadores más geniales en el campo de la Medicina fueron el español Miguel Servet (1511-1593), descubridor de la circulación pulmonar de la sangre, asesinado por el fanatismo de Calvino y el inglés Harvey, que estudió la circulación general del cuerpo humano y las funciones del corazón. Los descubrimientos y exploraciones en América reportaron un progreso extraordinario en el campo de la Geografía y la Historia Natural.

No es posible detallar el número de especies nuevas que se conocieron y el avance experimentado por la Cartografía, que pasó de los incompletos y limitados mapas medievales a los casi perfectos portulanos o mapas del Mediterráneo, y a los grandes mapa-mundis que lentamente iban reduciendo las áreas en blanco de los países recién descubiertos.

Las observaciones de Galileo, por ejemplo, permitieron perfeccionar los relojes; en Holanda la industria óptica se dedicó a la construcción de gafas, y en Venecia el arte del cristal y el espejo alcanzó gran perfección. La transformación de la vida cotidiana era patente y se experimentaba la sensación de vivir en un mundo renovado.

ALGO MAS…

A pesar de las sombras que puede presentar este período de la historia como consecuencia de las pasiones humanas descontroladas, se puede destacar la “virtus” de muchos personajes. Qué era la “virtud” (“virtus”, en latín). Su posesión significaba viva inteligencia, pasiones violentas, una voluntad indomable acompañada por una energía que todo lo vence.

El hombre del Renacimiento estaba dispuesto a aceptar su propio destino tanto en los momentos prósperos como en la adversidad. Su astucia se manifestaba a veces en hábiles maniobras políticas y en los artistas, en el refinamiento de sus obras. Todos los hombres destacados de esta época fueron artistas en cuanto modelaron su propia vida con caracteres poco comunes. Aunque el Renacimiento secularizó el poder del Papa, debilitó la antigua fe e introdujo un aire de costumbres paganas, no quiere decir que fuera hostil al Cristianismo como se explicó más arriba.
(Completar con el punto 1, b, sobre el “hacer” del hombre renacentista.)

LEONARDO DE VINCI, HOMBRE DE CIENCIA
Leonardo fue de una extraordinaria fecundidad en el terreno científico. Creador e inventor, investigó todas las ramas de
la ciencia. Tal vez llegase a descubrir el heliocentrismo y, ciertamente, inventó o presintió la dinámica, la geología, la anatomía moderna, la aviación, el submarino y el carro de combate. Estudió a los antiguos: Pitágoras a través de Ovidio, Aristóteles, Euclides y Arquímedes. Por otra parte, reflexionó profundamente sobre las doctrinas de la Escuela de París, especialmente de Alberto de Sajonia, discípulo de Juan Buridán.

Los parisienses habían trabajado, sobre todo, en la mecánica y, más concretamente, en la dinámica, repitiendo las explicaciones de Aristóteles y formulando la ley de la inercia: el movimiento impreso a un móvil es producido por el «ímpetus», fuerza proporcional a la velocidad del móvil, a su densidad y a su peso, y no —como pensaba Aristóteles— por la conmoción de las masas del aire. Pero la física parisiense había sido cualitativa y no cuantitativa.

Leonardo, para quien el mundo es reducible a matemáticas, como adepto de Pitágoras y Platón, siguió y superó a los parisienses, colocando en primer plano la noción de «cantidad»: «la proporción no se encuentra solamente en los números y las medidas, sino también en los sonidos, pesos, tiempos, posiciones y en cualquier fuerza existente». Estudió las leyes a que obedeceun proyectil lanzado por una pieza de artillería. Igualmente meditó sobre astronomía. La visión del mundo de Aristóteles, reposaba sobre la certeza de que todo conocimiento venía de los sentidos y que era preciso interpretarlo por la lógica formal; concebía al hombre y la Tierra como el centro del Universo.

La Tierra, en el centro del Cosmos, era un objeto extenso, sólido, en un reposo perfecto; las estrellas, sobre esferas transparentes, giraban alrededor de la Tierra, movidas por un «motor inmóvil» que se identifica, posteriormente, con el Dios de los cristianos. Leonardo demolió el cosmos aristotélico. Rechaza el geocentrismo: «la Tierra no está en medio del círculo del Sol, ni en medio del mundo, sino en medio de elementos que la acompañan y le están unidos».

Quizás adopte el heliocentrismo: «el Sol está inmóvil»; en todo caso, rechaza la doctrina corriente, según la cual el Sol giraba alrededor de la Tierra. Afirma la homogeneidad de los espacios celestes, negando luego el carácter excepcional de la Tierra en el Universo: «la Luna está vestida de sus elementos propios como nuestra Tierra, en otra parte del espacio», de modo que «si alguien se encontrase en la Tuna y mirase a la Tierra, ésta giraría para él alrededor de la Tuna y la iluminaría».

Más aún, demolió por completo las nociones de sustancia, esencia y cualidad, tan gratas a la filosofía aristotélica, y pensó en términos de tiempo, espacio, masa y energía, como todos los sabios posteriores; la pesantez y la ligereza no sonr.. para él, cualidades inherentes a las sustancias; son engendradas por la atracción y la repulsión de los elementos; son el producto de relaciones. Leonardo de Vinci se inscribe en el gran movimiento de ideas neoplatónicas y neopitagóricas, que, con Copérnico, plantea una concepción totalmente nueva del Universo y desemboca en nuestra Física matemática moderna.

Los Primeros Mecenas en la Edad Media

Fuente Consultada:
Enciclopedias Consultora Tomo 7
Enciclopedia del Estudiante Tomo 2 Historia Universal
Enciclopedia Encarta
La Aventura del Hombre en la Historia Tomo I “El Ateneo”
Historia Universal Gomez Navarro y Otros 5° Edición
Atlas de la Historia del Mundo Parragon

Característica del Renacimiento Europeo

Característica del Renacimiento Europeo

Entre los años 1300 y 1600 la vida en Europa sufrió grandes cambios. Fue una nueva etapa del pensamiento y déla cultura y se la denomina Renacimiento. Fue un período de sorprendentes inventos en el mundo de la ciencia. Se desarrolló la imprenta, se hicieron descubrimientos astronómicos, hombres osados se dedicaron a explorar mares desconocidos y la pintura, la escultura, la arquitectura y la literatura también se transformaron de manera asombrosa. Pero fue también una era de violencia, pobreza, hambre y enfermedades. Este libro, hermosamente ilustrado, presenta la historia fascinante de los acontecimientos y los escenarios del Renacimiento y de la vida de sus hombres.

A mediados del s. XV, Europa, devastada por la peste y por las guerras, había quedado cultural y políticamente rezagada respecto a otras partes del mundo. Sin embargo, en Italia por  entonces comenzó una extraordinaria revolución artística y literaria que resonaría durante siglos, mientras que las monarquías cada vez más centralizadas de España, Francia e Inglaterra se disponían a construir imperios globales.

El Renacimiento europeo fue un movimiento muy amplio, que se originó en Italia, en la primera mitad del s. XV y que se  inspiraba en un interés renovado por el mundo clásico. Dio lugar a extraordinarios avances en el arte, la arquitectura y la literatura. La prospera clase burguesa se convirtió en mecenas de las mismas artes, lo que dio mayor libertad a los artistas, al tiempo que la aparición la imprenta permitió la rápida difusión de las ideas.

EL RENACIMIENTO ITALIANO: «Renacimiento» es el término que resume los logros culturales que los italianos realizaron en los siglos XIV y XV. En realidad hubo varios «renaceres» de la enseñanza, la cultura y el arte clásicos. En el siglo XII, por ejemplo, se renovó el interés por las escrituras de Aristóteles.

Sin embargo, el Renacimiento italiano tal vez sea más conocido por la cantidad de hitos artísticos, arquitectónicos y culturales que registró. Las acaudaladas ciudades-estado ocupaban una posición geográfica y financiera excelente para acunar el «Renacimiento».

Por las ciudades del norte no solo circulaban los artículos comerciales que se importaban de África del Norte y Asia, sino también bienes culturales y conocimiento. Desde Constantinopla, España y el mundo árabe llegaban textos clásicos y saberes matemáticos y científicos. Además, la proximidad de las ciudades-estado a los restos de la Antigua Roma les permitía analizar in situ los estilos artísticos y arquitectónicos.

Uno de los núcleos del Renacimiento italiano fue Florencia, gobernada por la poderosa familia Médici, mecenas, entre otros, del artista y escultor Miguel Ángel. Otros artistas renacentistas destacados fueron Donatello, Botticelli, Rafael y Leonardo da Vinci.

En el campo de la literatura, Petrarca fue en gran parte responsable del surgimiento del humanismo, una escuela de pensamiento que aseguraba que el ser humano era intrínsecamente bueno, en oposición a la Iglesia, que lo concebía como un pecador que debe ser redimido. Otras plumas ilustres fueron Dante, autor de La divina comedia, y Boccaccio, cuyo Decamerón inspiró muchos relatos de Shakespeare.

La arquitectura renacentista también estuvo influida por el clasicismo; se construyeron espléndidos edificios en Florencia, Venecia, Milán y Roma. Las columnas como motivos decorativos de fachadas y las cúpulas proliferaron. Entre los edificios renacentistas clave destacan el Duomo de Florencia y la basílica de San Pedro en Roma.

El humanismo El humanismo surgió en parte en respuesta a la desilusión creciente con respecto a la Iglesia. Era una corriente de pensamiento literaria y erudita, interesada en la gramática, la retórica, la historia, la filosofía y la poesía, doctrinas todas producto del pensamiento humano.

En su corazón latía el interés por reavivar la cultura clásica, en particular mediante el estudio del griego y el latín. El humanismo postulaba que el ser humano podía aplicar las habilidades que le eran propias, el razonamiento y la lógica, para mejorar y ganar en dignidad. En su difusión hacia el norte alcanzó otros países europeos y, con la aparición de las técnicas de impresión, llegó a un público cada vez mayor. Cuando sus tesis se aplicaron al estudio de la Biblia, se exigió una revisión humanista de la Iglesia, la cual derivó en la llamada Reforma.

El Renacimiento Italiano Humanismo Resumen Características

RESUMEN DE HISTORIA DEL RENACIMIENTO ITALIANO

Durante la Edad Media el saber estaba estrechamente vinculado con la religión. Muy pocos, aparte de los eclesiásticos, sabían leer y escribir. En su mayor parte el saber estuvo influido por las enseñanzas de la Iglesia, las cuales raras veces eran cuestionadas.

El Renacimiento fue la época en que los hombres buscaron nuevas ideas. Muchos retornaron a las ideas de los griegos y romanos. Los grandes artistas del Renacimiento, como Leonardo de Vinci y Miguel Ángel, siguieron los ejemplos grecorromanos en sus magníficas pinturas y estatuas. Arquitectos como Bramante diseñaron edificios con columnas y arcos tomados de Grecia y Roma, respectivamente. También floreció el comercio en el Renacimiento. Una nueva clase de riqueza —la de los ricos mercaderes— apareció y estos hombres se sintieron orgullosos de sus logros. Pidieron a muchos artistas que pintaran sus retratos y los de los miembros de su familia. Con este nuevo interés por los retratos la pintura se hizo cada vez más realista.

El gran erudito Desiderio Erasmo empezó a estudiar la Biblia bajo un nuevo aspecto, renovando de ese modo los estudios religiosos. Erasmo creía que los hombres tenían una enorme fuerza y capacidad para mejorar la vida en la Tierra.

La ciencia y el saber popular

De esta manera la gente empezó a estudiar cada vez más el mundo que la rodeaba y a explicarse, asimismo, lo que veía en el cielo. En 1543 un astrónomo polaco, Nicolás Copérnico, sugirió que la Tierra era redonda y giraba sobre su eje y que también giraba en torno del Sol. Hasta ese momento la gente creía que nuestro planeta no se movía, que era el centro del Universo y que el Sol, La Luna , los planetas y las estrellas se movían a su alrededor. El cielo, morada de Dios, era perfecto e inmodificable.

A algunos hombres de la Iglesia no les agradaron las nuevas ideas de I: s astrónomos porque parecían contradecir la Biblia. En realidad no sucedía tal cosa, ya que la ciencia y la religión no se oponen. En 1572 un astrónomo danés, Tico Brahe. vio que el cielo “inmodificable” cambiaba ante sus ojos cuando observó estallar una estrella. Y cuando el astrónomo italiano Galileo Galilei contempló el cielo nocturno con su nuevo telescopio se convenció de que Copérnico tenía razón.

Entre los años 1300 y 1600 la vida en Europa sufrió grandes cambios. Fue una nueva etapa del pensamiento y déla cultura y se la denomina Renacimiento. Fue un período de sorprendentes inventos en el mundo de la ciencia. Se desarrolló la imprenta, se hicieron descubrimientos astronómicos, hombres osados se dedicaron a explorar mares desconocidos y la pintura, la escultura, la arquitectura y la literatura también se transformaron de manera asombrosa. Pero fue también una era de violencia, pobreza, hambre y enfermedades.

Hendrick Willem Van Look en su libro “La Historia de la Humanidad”, explica de la siguiente manera el fenómeno del Renacimiento Italiano: “.…fue [el renacimiento] algo parecido a «la fiebre de la bicicleta» o «la fiebre del automóvil». Un día alguien inventó la bicicleta. Una gente que durante cientos de miles de años se había tenido que desplazar lentamente, de repente se volvió loca con la idea de rodar rápidamente de un sitio a otro. Más tarde, un mecánico inteligente construyó el primer automóvil. Ya no era necesario pedalear y pedalear con gran fatiga. Sólo había que sentarse en el coche y dejar que las gotitas de gasolina hicieran su trabajo. Todo el mundo quería un automóvil y hablaba de marcas de coches, de motores, de carburadores, de kilometraje y de aceite. El mundo entero sufre la fiebre del automóvil, y los niños aprenden a decir «coche» antes que «mamá» o «papá».

En el siglo XIV, los italianos se volvieron locos con los maravillosos objetos que desenterraban del mundo romano. Este entusiasmo pronto se extendió por Europa occidental. El día en que se encontraba un nuevo manuscrito se convertía en fiesta nacional. Si alguien escribía una gramática se hacía tan famoso como hoy un presentador de televisión.

A los humanistas, los estudiosos que dedicaban su tiempo y energía al estudio de la humanidad —en vez de mal invertir sus horas en indagaciones teológicas infructuosas—, se les tenía un mayor respeto y se les hacía mayores honores que a un héroe que acababa de conquistar las islas Caníbales.”…

A mediados del s. XV, Europa, devastada por la peste y por las guerras, había quedado cultural y políticamente rezagada respecto a otras partes del mundo. Sin embargo, en Italia por  entonces comenzó una extraordinaria revolución artística y literaria que resonaría durante siglos, mientras que las monarquías cada vez más centralizadas de España, Francia e Inglaterra se disponían a construir imperios globales.

El Renacimiento europeo fue un movimiento muy amplio, que se originó en Italia, en la primera mitad del s. XV y que se  inspiraba en un interés renovado por el mundo clásico. Dio lugar a extraordinarios avances en el arte, la arquitectura y la literatura. La prospera clase burguesa se convirtió en mecenas de las mismas artes, lo que dio mayor libertad a los artistas, al tiempo que la aparición la imprenta permitió la rápida difusión de las ideas.

EL RENACIMIENTO ITALIANO: «Renacimiento» es el término que resume los logros culturales que los italianos realizaron en los siglos XIV y XV. En realidad hubo varios «renaceres» de la enseñanza, la cultura y el arte clásicos. En el siglo XII, por ejemplo, se renovó el interés por las escrituras de Aristóteles.

Sin embargo, el Renacimiento italiano tal vez sea más conocido por la cantidad de hitos artísticos, arquitectónicos y culturales que registró. Las acaudaladas ciudades-estado ocupaban una posición geográfica y financiera excelente para acunar el «Renacimiento».

Por las ciudades del norte no solo circulaban los artículos comerciales que se importaban de África del Norte y Asia, sino también bienes culturales y conocimiento. Desde Constantinopla, España y el mundo árabe llegaban textos clásicos y saberes matemáticos y científicos. Además, la proximidad de las ciudades-estado a los restos de la Antigua Roma les permitía analizar in situ los estilos artísticos y arquitectónicos.

Uno de los núcleos del Renacimiento italiano fue Florencia, gobernada por la poderosa familia Medici, mecenas, entre otros, del artista y escultor Miguel Ángel. Otros artistas renacentistas destacados fueron Donatello, Botticelli, Rafael y Leonardo da Vinci.

En el campo de la literatura, Petrarca fue en gran parte responsable del surgimiento del humanismo, una escuela de pensamiento que aseguraba que el ser humano era intrínsecamente bueno, en oposición a la Iglesia, que lo concebía como un pecador que debe ser redimido. Otras plumas ilustres fueron Dante, autor de La divina comedia, y Boccaccio, cuyo Decamerón inspiró muchos relatos de Shakespeare.

La arquitectura renacentista también estuvo influida por el clasicismo; se construyeron espléndidos edificios en Florencia, Venecia, Milán y Roma. Las columnas como motivos decorativos de fachadas y las cúpulas proliferaron. Entre los edificios renacentistas clave destacan el Duomo de Florencia y la basílica de San Pedro en Roma.

Esta actitud se puso de manifiesto en los siglos XV y XVI, en el Renacimiento, con el auge de las letras, las artes y el pensamiento. Quienes empezaron a utilizar este término perseguían el objetivo de recuperar el pasado clásico, griego y romano.

RENACIMIENTO EN ITALIA: Este cambio de mentalidad, que tuvo su origen en Italia, recibió un impulso cuando el canciller florentino Coluccio Salutati (1331-1406) comenzó a promover a su ciudad-estado como capital intelectual de Europa. En 1396 invitó a Manuel Crysoloras, erudito de Constantinopla, a enseñar griego en Florencia. Cuando la ciudad cayó en 1453 en manos de los turcos otomanos, muchos estudiosos orientales viajaron a Occidente, llevando consigo el saber griego y la tradición filosófica.

La condición social relacionada con el conocimiento fue valorada por otro líder florentino, el banquero, filántropo y estadista Cosimo de Medici (1389-1464), quien fue uno de los mecenas de la Academia platónica de Florencia (fundada por Salutati), en donde eruditos tales como Marsilio Ficino (1433-1499) y el conde Giovanni Pico de la Mirándola (1463-1494), filósofo, trabajaban para reconciliar el cristianismo con las ideas recién descubiertas de la filosofía griega y romana.

En este empeño, Pico de la Mirándola mezcló la escuela estoica griega y romana con material de la Cabala judía (tradición filosófica y literaria enraizada en el empeño de conocer los insondables secretos de la existencia) y fuentes islámicas para construir su humanismo cristiano, según el cual todas las empresas intelectuales y creativas de la humanidad forman parte de Dios.

HUMANISMO ITALIANO: El humanismo renacentista fue un movimiento intelectual relacionado con el estudio de las obras literarias de la Grecia y Roma clásicas. Los humanistas estudiaron las artes liberales —gramática, retórica, poesía, filosofía moral o ética e historia basados en los escritos de la Grecia y la Roma antiguas. Éstos son los temas que llamamos Humanidades.

La importancia central de las preocupaciones literarias del humanismo renacentista se manifiesta en la condición profesional o en las ocupaciones de los humanistas. Algunos eran maestros de humanidades en las escuelas secundarias o en las universidades, donde daban conferencias ocasionalmente, o tenían cargos permanentes, a menudo, como profesores de retórica.

Otros servían de secretarios en las cancillerías de las ciudades-estado italianos, o en las cortes de los príncipes o papas. Todas estas ocupaciones eran en gran medida seculares, y la mayoría de los humanistas eran seglares, más que miembros del clero.

Petrarca (1304-1374) el padre del humanismo renacentista italiano, hizo más que cualquier otra persona del siglo XIV para alentar el desarrollo del humanismo renacentista. Fue el primer intelectual en caracterizar la Edad Media como un periodo de oscuridad, promoviendo la errada creencia de que la cultura medieval ignoró la antigüedad clásica.

El interés de Petrarca en los clásicos lo condujo a una búsqueda de manuscritos latinos olvidados y puso en movimiento una exploración de las bibliotecas monásticas por toda Europa. En su preocupación por los clásicos y su contenido secular, Petrarca se preocupó a veces de si daba la suficiente atención a el príncipe del lenguaje”.

En Florencia, el movimiento humanista renacentista tomó un nuevo rumbo, se volvió estrechamente vinculado al espíritu y orgullo florentino y dio lugar a lo que un moderno erudito califico de “humanismo cívico”. 

En Florencia, los intelectuales, en cambio, empezaban a adquirir un nuevo punto de vista sobre su papel. El hombre de estado e intelectual  romano, Cicerón, se convirtió en su modelo.  El humanismo cívico reflejaba los valores de la sociedad urbana del Renacimiento italiano. Los humanistas llegaron a creer que el estudio de humanidades se podría poner al servicio del estado. No es accidental que los humanistas sirvieran al estado como cancilleres, consejeros o asesores.

Durante la Edad Media, el arte tenía una función religiosa. Las iglesias eran las principales compradoras de las creaciones de los artistas y las obras servían para difundir o reforzar sus enseñanzas. Con el crecimiento de la autoridad de los príncipes y con el mayor poder adquisitivo de los burgueses, se Integraron al mundo del arte otros temas y objetivos.

Dado que los humanistas resaltaban al hombre y la naturaleza, esos fueron los principales temas también en las obras de arte, Nuevas temáticas, entre ellas el interés por reproducir el cuerpo humano con todas sus características, tuvieron como consecuencia obras de arte que parecían verdaderos tratados sobre anatomía humana. Si bien durante la primera etapa, el siglo XV, se mantuvieron las temáticas religiosas, paulatinamente fueron resaltándose los elementos de la naturaleza y las temáticas relacionadas con la vida cotidiana de los hombres y mujeres comunes.

Las nuevas actividades artísticas requerían de nuevas fuentes de financiación (ya no era la Iglesia la única que encargaba las obras). Así, surgió la figura de los mecenas, ricos burgueses, príncipes o nobles, que tomaban bajo su protección a algún artista talentoso y financiaban su obra. El mecenazgo era, al mismo tiempo, una forma de aumentar el propio prestigio de los protectores. Los Médicis, fueron unos de los mecenas más importantes y pertenecían a la familia gobernante de la ciudad italiana de Florencia.

RASGOS DEL ARTE EN EL RENACIMIENTO ITALIANO: Las artes plásticas renacentistas resaltaban la belleza y la armonía de la naturaleza y del hombre. De la observación y el estudio de éstas, y con el espíritu del hombre que puede, por sí mismo, comprender cada vez más al mundo, los artistas comenzaron a realizar estudios sistemáticos que les permitieran perfeccionar sus obras, e incluso escribir tratados sobre cómo debían ser éstas. En la escultura, se comenzaron a cuidar las proporciones armoniosas del cuerpo humano.

En la arquitectura, se introdujeron elementos grecorromanos: arcos de medio punto, columnas, cúpulas, entre otros. En la pintura, comenzaron a cobrar importancia la proporción, las relaciones con el mundo de la geometría, nociones de simetría y perspectiva. Así, por ejemplo, además del alto y el ancho, empezaron a verse en las obras imágenes que sugerían la “profundidad”, en diversos planos.


La Creación de Miguel Ángel

   
La Ultima Cena de Leonardo Da Vinci


El sacrificio de Isaac (1401-1402) es el bajorrelieve de bronce de Brunelleschi


La Virgen y el Niño con san Antonio, de Donatello


Moisés de Miguel Angel

EL RENACIMIENTO EN EL RESTO DE EUROPA: LETRAS, ESCULTURA, ARQUITECTURA Y PENSAMIENTO

ERASMO Y RABELAIS. Erasmo de Rotterdam (1466-1536) fue considerado el hombre más culto de su siglo. De un espíritu agudísimo que lo llevó a utilizar la sátira y la ironía en sus burlas contra los defectos del clero y de la nobleza, fue uno de los causantes indirectos de la Reforma por la protesta constante contra la sociedad de su tiempo. Sin embargo, fue enemigo de Lutero, a quien criticaba por su intolerancia. Escribió Elogio de la locura o Encomio de la sandez, que es una despiadada sátira contra la sociedad de su tiempo. Su influencia llegó a todos los rincones de Europa. En Francia el renacimiento literario tuvo en Francisco Rabelais (1483-1553) uno de sus mejores protagonistas.

Era contemporáneo de Erasmo y recibió protección del rey Francisco I, gran enamorado de las artes y las letras, que había creado el Colegio de Francia. Rabelais era hombre muy agudo y culto, pero satírico implacable y persona de diversas ocupaciones, pues fue poeta, médico, monje y jurisconsulto.

Murió siendo párroco de Meudon. Su obra más conocida es la titulada El Gigante Gargantúa y su hijo Pantagruel, ambos grandes comilones y amantes de la buena vida. En esta novela se burla de los defectos corrientes de su época, sin respetar siquiera los temas religiosos. Contemporáneos de Rabelais fueron los hombres de “La Pléyade”, entre los cuales estaba el poeta Pedro Ronsard (1525-1585), gran entusiasta de los clásicos. Montaigne (1533-1592) alcanzó celebridad al escribir Los Ensayos, una obra de crítica que contiene altos conceptos filosóficos.

En Alemania, el Renacimiento fue más tardío y coincidió con las convulsiones de la Reforma. Un poeta, Hans Sachs, inmortalizado más tarde por Wagner, fue el autor de Los Maestros cantores, obra que se inspiró en los “minnensingers” medievales. Portugal, que se había lanzado a la gran aventura del descubrimiento del camino de las Indias por las rutas del Sur, tuvo también su gran poeta íntimamente ligado a las aventuras que vivió su país. La vida de Luis de Camoens (1524-1580) fue apasionante.

Perdió el ojo derecho peleando en África, fue a las Indias y naufragó, estuvo preso y, como todos los grandes genios, sufrió calamidades sin cuento hasta su muerte, que le encontró pobre y completamente ignorado. Cuando su buque se hundió, Camoens, a costa de grandes apuros consiguió salvar su gran poema Os Lusiadas, es decir las hazañas de los portugueses en la conquista de la India. Sus principales protagonistas son Vasco de Gama y su protectora, la diosa Venus.

SHAKESPEARE. Las Islas Británicas vivieron bastante alejadas de la Italia renacentista y su evolución política e histórica fue poco influida por el movimiento italiano. Sin embargo, en el siglo XIV Godofredo Chaucer, que había viajado por Italia como paje de Eduardo III, escribió una obra que imitaba al Decamerón de Bocaccio, Los cuentos de Canterbury. A fines del siglo XVI apareció la figura extraordinaria de Guillermo Shakespeare. Había nacido en Straford en 1564 y murió en la misma ciudad en 1616, el mismo día, según se cree, que falleció Cervantes. El teatro, que en la Edad Media se limitó a representar autos sacramentales, es decir, escenificaciones de vidas o milagros de santos, en la puerta de las catedrales, tuvo en Inglaterra una aparición espléndida y pronta en la obra de Shakespeare.

Muy joven entró como apuntador en una compañía de cómicos que recorrían los pueblos. Fue autor y actor al mismo tiempo y fundó más tarde un teatro llamado “El Globo”. Su vida fue triunfal a partir de los primeros éxitos y consiguió fama, honores y riquezas. Sus obras conocidas son treinta y cinco. Algunas son tragedias, como Hamlet, la historia del desgraciado príncipe de Dinamarca, los amores infelices de Romeo y Julieta, los celos de Otelo, la ambición de Macbeth, etc. Enrique IV y Ricardo III son dramas nacionales, históricos.

Y, finalmente, son comedias Las alegres comadres de Windsor, El sueño de una noche de verano, La Tempestad, El mercader de Venecia, etc. En algunos casos la ópera y en otros el cine han popularizado hasta nuestros días la obra del gran poeta inglés. El Siglo de Oro español Durante el siglo XVI y parte del XVII España conoció su máximo esplendor y el comienzo de su ruina. Los imperios de Carlos I y Felipe II se habían extendido por todas las partes del orbe.

Sus nombres eran respetados y temidos. Carlos II el Hechizado, el último de los Austrias, era ya un deshecho humano. El siglo XVIII amaneció con sombrías perspectivas. España dejó de ser temida y respetada, y a consecuencia de este hecho los seculares enemigos, los que habían de tejer la “leyenda negra” e impedir todo resurgimiento posterior, levantaron la cabeza, especialmente a partir de la batalla de Rocroy al advertir que los tercios españoles podían ser vencidos.

Y en los mares, los buques ingleses, franceses y holandeses, por primera vez en muchos años pusieron en fuga a los de España. Este esplendor y exuberancia de poder al cual siguió la decadencia, coincidió con una altísima expresión cultural como no se ha vuelto a dar en España. Todas las ciencias y las artes cobraron un impulso extraordinario. Nombres ilustres en las letras, en el arte y en el pensamiento se reunieron para aportar conceptos y formas originales.

La reunión de estos hombres y su obra ha dado origen a la expresión “Siglo de Oro”, aunque el lapso de tiempo que duró este auténtico renacimiento español casi alcanzara los doscientos años. Cuando la decadencia política era manifiesta y las dificultades sociales y económicas graves, aún continuaba en el campo del pensamiento y del arte el movimiento ascensional que no cesó, prácticamente, hasta el siglo XVIII. La influencia que este movimiento tuvo en el resto de Europa fue considerable.

ARQUITECTURA Y ESCULTURA. La catedral de Segovia y la Nueva de Salamanca fueron construidas durante el siglo XV, y a pesar de ello se levantaron según las normas del estilo gótico. Éste fue evolucionando y dio lugar al llamado estilo plateresco, que se caracteriza porque sus formas generales y trazado de arcos y puertas es netamente gótico, pero al que se le han añadido un exceso de adornos y elementos accesorios. Por su semejanza a la labor de los plateros recibió el nombre de plateresco.

Las universidades de Salamanca y Alcalá, así como el Ayuntamiento de Sevilla pertenecen a este estilo que es de pura transición. Durante el reinado de Carlos I penetró en España el estilo renacentista. Por esta razón, el césar Carlos mandó construir, según líneas clásicas, el Alcázar de Toledo y el palacio anexo al de la Alhambra de Granada.

La lonja de Zaragoza y la catedral de Málaga, debida ésta a Diego de Siloé, pertenecen al mismo gusto. En cambio, Felipe II, uno de los monarcas más severos y sencillos que ha tenido España, se sintió íntimamente compenetrado con las ideas de Juan de Herrera (1530-1597) y aprobó con ilusión los planos del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial. Es sabido que el rey Prudente gustaba de contemplar cómo se iba levantando la enorme mole de piedra sentado en un lugar que hoy es conocido con el nombre de “silla de Felipe II”.

La Plaza Mayor de Madrid, cerrada por grandes soportales y flanqueada por torres que semejan las de El Escorial, fue construida según el más puro estilo herreriano. Cuando el gusto barroco se introdujo en España, pareció que se remozaba el estilo isabelino y plateresco, si bien con mayor profusión de formas curvas y opulentas. Su manifestación más típica fue el estilo “churrigueresco”, llamado así por ser debido al arquitecto salmantino José de Churriguera (1650- 1723). Las torres de la catedral de Salamanca son obra suya, y al mismo estilo pertenecen la fachada de la catedral de Santiago, el Pilar de Zaragoza y, ya en el siglo XVIII, la fachada del palacio del marqués de Dos Aguas, y otras.

La escultura de esta época o tiene un carácter exclusivamente religioso o está al servicio de la nobleza, y se manifiesta por medio de sepulcros o en la ornamentación de palacios. Los desnudos y la belleza desenfadada, naturalista y libre de los renacentistas italianos no encontró eco en España. Alonso Berruguete había sido discípulo de Miguel Ángel, a pesar de lo cual sus figuras muestran la severidad típica de la época de los Austrias.

La imaginería religiosa tuvo sus mejores representantes en Gregorio Hernández, Juan Martínez Montañés y Alonso Cano. Algunas de sus numerosas esculturas policromadas aún se muestran al fervor de los creyentes durante las procesiones de la Semana Santa española. El arte de la orfebrería fue cultivado por Juan de Arfe (1535- 1602), a quien se debe la maravillosa custodia de la catedral de Toledo, conceptuada como la más rica de cuantas existen en el mundo. Otras manifestaciones de tipo artístico entroncadas con la artesanía, como la fabricación de tapices, las cerámicas, etc., tuvieron en esta época protección real y gran fama, incluso fuera de España.

EL PENSAMIENTO. El Siglo de Oro en el campo intelectual fue eminentemente católico. El protestantismo sólo se dio en España en brotes aislados que la Inquisición y el poder real sofocaron con mano dura y gran rapidez. Si Felipe II hubiese tenido un hijo protestante, no hubiese dudado en llevarlo a la hoguera y prender fuego a la pira.

 Esta intransigencia llevada a veces hasta la saña, evitó a España las cruentas guerras de religión que ensangrentaron otros países, pero contribuyó a aumentar la posición de intolerancia que, a la larga, la mantuvo alejada de Europa. Por esta razón la filosofía española no fue casi nunca heterodoxa, y aunque se apartó algo del puro escolasticismo fue tomista en esencia. La Filosofía íntimamente unida a la Religión dio, en el Concilio de Trento, nombres famosos como Melchor Cano y Francisco de Soto, domínicos, y Diego Laínez, jesuita.

Más avanzado en sus concepciones y más influido por corrientes renacentistas fue Francisco de Vitoria, también domínico. Comparable a él fue el jesuita Francisco Suárez, llamado en su época “Doctor Eximius”. Anterior a todos ellos, y claramente influido por el pensamiento de Erasmo de Rotterdam, vivió el valenciano Luis Vives (1492-1540) que viajó mucho por Europa y fue profesor en las universidades de Lovaina y Oxford, residió largo tiempo en Brujas e intervino en el pleito de separación entre Catalina de Aragón y Enrique VIII de Inglaterra. Vives fue un gran pedagogo que sentó las bases de la moderna Psicología con sus estudios sobre la atención.

Fue contemporáneo de los Reyes Católicos. Un desarrollo político tan considerable como tuvo el Imperio Español debía plantear problemas jurídicos de importancia. De ahí que surgieran figuran notables en el campo del Derecho, como fueron el P. Vitoria, ya citado, que es el auténtico creador del Derecho Internacional.

Los malos tratos que recibieron los indígenas de América preocuparon a fray Bartolomé de las Casas, que protestó ante la Corona, mas a pesar de sus quejas y las disposiciones reales, los malos tratos continuaron en tal forma que motivaron la petición de importar negros del África a fin de librar a los indios de la dureza de los colonizadores.

Este sacerdote domínico cruzó catorce veces el Atlántico llevado por el celo de que los indios viviesen y fuesen tratados como seres humanos. Se ha dicho si las denuncias de fray Bartolomé fueron exageradas, pero es lo cierto que entre las cédulas y disposiciones reales respecto al trato de los indios y la conducta de algunos gobernadores existía un abismo. El llamado hoy “problema social” preocupó en aquel tiempo a hombres como Ginés de Sepúlveda, Salgado Somoza y Saavedra Fajardo, éste, notable literato.

El historiador más conocido y famoso del Siglo de Oro fue el P. Juan de Mariana (1537-1624), pero su Historia de España no es una obra de investigación erudita, cosa que el autor tampoco se propuso, sino un relato en el cual incluso inventa discursos o frases que imagina pudieron pronunciar los personajes famosos. En otra de sus obras, De rege et regis institutione, se pregunta si es lícito matar al tirano, y contesta afirmativamente coincidiendo con la atrevida tesis que también sustentaba el P. Vitoria.

Los historiadores fueron numerosos y entre ellos se debe mencionar a Florián de Ocampo y Jerónimo de Zurita, autor éste de los Anales de Aragón, que escribió en forma mucho más objetiva e imparcial que el P. Mariana. Francisco de Moncada narró las hazañas de los aragoneses y catalanes en Oriente basándose en testimonios y crónicas de la época. Diego Hurtado de Mendoza hizo lo mismo con la guerra de los moriscos de Granada, y Francisco Manuel de Melo historió la guerra de Cataluña.

Saavedra Fajardo (1584-1648) fue un pensador más que un historiador. Vivió en tiempo de Felipe IV, y en sus Empresas políticas realiza un verdadero ensayo sobre las cualidades que ha de reunir un buen gobernante. Los que vivieron las grandes hazañas de la conquista de América dejaron buen número de tratados, como las Cartas de Relaciones, de Hernán Cortés, aunque son más interesantes las narraciones del soldado Bernal Díaz del Castillo, que acompañó al conquistador de México.

El inca Garcilaso escribió la Historia de la Florida; Antonio de Solís, La conquista de México; López de Gomara, Historia general de las Indias, etcétera. Tantos viajes y descubrimientos dieron un impulso extraordinario a la Geografía.

El procedimiento o sistema de proyección llamado de Mercator fue ideado primeramente por un español: García Torreno. El primer mapamundi fue dibujado por el navegante y piloto Juan de la Cosa, el primer atlas por García Céspedes, los primeros intentos de medir longitudes se deben a Alonso de Santa Cruz, y fueron los españoles quienes intentaron abrir el canal de Panamá ya a raíz del descubrimiento del Pacífico.

Durante estos dos siglos, XVI y XVII, el Atlántico fue surcado preferentemente por naves españolas, que fueron también las primeras en iniciar la ruta del Asia a partir de las costas americanas del Pacífico. Este auge cultural en todos sentidos fue preparado por las Universidades españolas, que en el siglo XVI tuvieron fama internacional.

Salamanca llegó a contar con unos 8.000 alumnos. No siempre la grey estudiantil estuvo a la altura de sus maestros, ni esta proliferación de hijos de señores o de nobles que se entregaron a los estudios lo hicieron con verdaderos deseos de contribuir a la cultura patria. Al lado de ellos surgió la figura del estudiante humilde, tenaz e inteligente, que lograba alcanzar un puesto notable, pero también el que dio origen a una parte muy considerable de la “picaresca” y que en El Buscón, de Quevedo, se retrata con una crudeza impresionante.

El número de centros culturales que se fundaron en este período fue considerable. La Escuela de Náutica y de Cartografía dependiente de la Casa de Contratación de Sevilla, que a su vez entendía todo lo que se relacionaba con América, las Academias de Ciencias y Matemáticas, el Museo de Ciencias Naturales, el Jardín Botánico de Aranjuez, la Biblioteca de El Escorial, la Biblioteca Colombina de Sevilla, fundada por Fernando Colón, hijo del descubridor, el Archivo de Simancas, que actualmente conserva inapreciables documentos sobre la conquista y la colonización, etcétera.

Ver: Historia de Florencia del Renacimiento

Fuente Consultada:
Enciclopedias Consultora Tomo 7
Enciclopedia del Estudiante Tomo 2 Historia Universal
Enciclopedia Encarta
La Aventura del Hombre en la Historia Tomo I “El Ateneo”
Historia Universal Gomez Navarro y Otros 5° Edición
Atlas de la Historia del Mundo Parragon

Biografia de Petrarca Vida de Boccacio Obras El Decameron Humanistas

Francisco Petrarca (Arezzo, actual Italia, 1304-Arqua, id., 1374) Poeta y humanista italiano. Fue un poeta de fina inspiración en los temas y esmerada pulcritud en las formas, que despertó también la admiración de sus contemporáneos.

Nació, en Arezzo, el 20 de julio de 1304 y, a ejemplo de su padre que fue escribano, en Florencia, siguió la carrera de las leyes; pero, desde joven, mostró gran afición por los estudios clásicos y así, además de notable escritor, resultó un excelente bibliófilo.

Se educó en Pisa y después en Francia, cerca de Aviñón, hasta donde el Papa había trasladado la Santa Sede, razón por la cual se instalaron allí muchos aristócratas romanos que le seguían brindando su apoyo.

En su juventud siguió estudios de jurisprudencia, pero a la muerte de su padre los abandonó y se dedicó al cultivo de la poesía. Asistía Petrarca, en 1327, a una Misa de Viernes Santo en la iglesia de Santa Clara de Aviñón, cuando -según señaló él mismo en un soneto- conoció a la hermosa Laura de Noves, de diecinueve años, casada con Hugo de Sade; se enamoró de ella a primera vista y, durante toda su vida, le dedicó, platónicamente, más de trescientos sonetos, reunidos en un “Cancionero” dividido en dos partes: “Rime in vita di Laura” y “Rime in morte di Laura”.

En él aparecen, también, madrigales en homenaje a la bienamada, junto a algunos cantos de tipo patriótico y a otras poesías, como su célebre “Plegaria a la Virgen”. La belleza, la gracia y el talento de Laura de Noves fueron inmortalizados por Petrarca sutilmente y su pasión es comparable a la que sintió Dante por Beatriz Portinari, amor, imposible también, que terminó con la temprana muerte de la joven, pocos meses después de su enlace con Simón dei Bardi.

Así como Dante inmortalizó a Beatriz, Petrarca hizo lo propio con Laura, joven a la que amó intensamente y a la que dedicó la mayor parte de sus composiciones, más de 300 sonetos y 26 canciones.

Pasó la mayor parte de su vida fuera de su ciudad natal. El papel de Petrarca en el renacimiento de los clásicos lo convirtió en una figura seminal de la literatura italiana del Renacimiento. Su principal contribución al desarrollo del italiano vernáculo la hizo en sus sonetos. Se le considera uno de los grandes poetas líricos europeos. Sus sonetos , como se dijo antes, se inspiraron en el amor que profesaba a una mujer casada, llamada Laura, a quien conoció en 1327. Era una mujer real, con quien Petrarca estuvo emocionalmente relacionado por mucho tiempo, por lo que vertió sus lamentaciones en un soneto tras otro.

Al analizar cada aspecto de sus sentimientos de amante no correspondido, parece que le preocupa menos cantar loas a su dama, que inmortalizar sus propios pensamientos. La “psicología del amor” y el interés en su propia personalidad revelan un sentido de individualidad más fuerte que en cualquier literatura medieval previa.

Además, en una obra titulada Los triunfos, trató de imitar el estilo alegórico de Dante. También escribió un tratado filosófico-moral que llamó Desprecio del mundo. Murió en 1374. De su obra se desprende una tendencia humanística, que apunta a la liberación del hombre de toda sujeción divina o humana, lo cual lo coloca en pugna con la ortodoxia de la doctrina católica.

El padre de Francisco pertenecía al mismo partido político que Dante y también se había visto obligado a exiliarse, por eso Petrarca nació lejos de Florencia. (ver vida de Dante Alighieri)

A la edad de quince años, lo enviaron a la ciudad francesa de Montpellier para que estudiara leyes como su padre. Pero el chico no quería ser jurista. Odiaba las leyes. Quería ser sabio y poeta.

El encuentro con Giovanni Boccaccio en Florencia fue decisivo para sus ideas humanistas y junto a éste se constituyó en figura principal del movimiento que intentó rescatar la cultura clásica de los siglos oscuros en el primer Renacimiento italiano; intentó armonizar el legado grecolatino con las ideas del Cristianismo.

Como quería ser sabio y poeta por encima de todo, lo fue, porque las personas que poseen una gran fuerza de voluntad consiguen todo lo que se proponen. Hizo largos viajes y copió manuscritos en Flandes, en los monasterios situados a orillas del Rin, en París, en Lieja y finalmente en Roma. Luego se retiró a un valle solitario en los montes de Vaucluse y allí estuvo estudiando y escribiendo.

Pronto se hizo tan famoso por sus versos y su sabiduría que la Universidad de París le pidió que fuera a enseñar a sus alumnos, y el rey de Nápoles lo invitó a enseñar a sus súbditos. De camino a su nuevo trabajo, tuvo que pasar por Roma.

La gente, que sabía de su fama de editor de autores latinos casi olvidados, decidió rendirle honor en el antiguo foro de la ciudad imperial: a Petrarca le impusieron la corona de laurel del poeta. Desde aquel momento, en su vida todo fueron honores. Escribía sobre lo que la gente quería leer. Estaban cansados de disputas teológicas. El pobre Dante podía pasearse por el infierno todo lo que quisiera.

Petrarca, en cambio, escribía sobre el amor, la naturaleza, el Sol y nunca tocaba aquellos temas tenebrosos que habían sido la obsesión de la generación anterior. Cuando Petrarca llegaba a una ciudad, era recibido con gran entusiasmo, como si fuera un héroe de las conquistas. Y si encima iba acompañado de su joven amigo Boccaccio, el narrador de historias, el recibimiento era todavía mucho más caluroso.

Ambos eran hombres de su tiempo, llenos de curiosidad, deseosos de leer todo lo que pudieran; les gustaba revolver las librerías polvorientas en busca de un manuscrito perdido de Virgilio, Ovidio, Lucrecio o cualquier otro de los poetas latinos antiguos.

Eran buenos cristianos. ¡Claro que lo eran! Todo el mundo lo era. Pero no veían la necesidad de ir por el mundo con la cara larga y un abrigo sucio porque un día u otro se iban a morir. La vida era bonita.

La gente venía al mundo para ser feliz. ¿Alguien quería una prueba? Muy bien, pues que agarrara una pala y que se pusiera a cavar. ¿Qué encontraría? Hermosas estatuas antiguas. Bonitas vasijas antiguas. Ruinas de magníficos edificios antiguos. Todas aquellas cosas las habían hecho los romanos, provenían del mayor Imperio que jamás había existido, un Imperio que había gobernado el mundo durante mil años.

Había sido un pueblo fuerte, rico, de gran belleza —¡mirad si no el busto del emperador Octavio Augusto!—. Es cierto que los romanos antiguos no eran cristianos y nunca entrarían en el reino de los cielos. Con suerte se quedarían en el purgatorio, donde Dante acababa de hacerles una visita. Pero, ¿qué importaba? Aquel mundo de la Roma antigua en que vivían era en verdad como el cielo. Además, «sólo se vive una vez», decían, «seamos felices y disfrutemos de la alegría de vivir».

«No creo decir una gran verdad al afirmar que de todas las alegrías de este mundo, no la hay más honorable que las letras, que tampoco hay más duradera, más deliciosa, más segura: ¡no hay quien acompañe a aquel que la posee, a través de todas las circunstancias de la vida, con tanta facilidad y tan poco aburrimiento!».
Carta a Boccaccio, 1373.

ORADOR «ELEGANTE»
Después de la peste negra que hizo desaparecer a muchos de sus amigos aviñonenses, Petrarca se instaló en Italia, primero en Milán, luego en Venecia y finalmente en Padua. En cada oportunidad fue convocado por el señor del lugar que deseaba disfrutar de sus talentos oratorios: el arzobispo de Milán, Giovanni Visconti, fue así su anfitrión durante ocho años hasta que el dux le concedió una residencia.

Fue también a este orador emérito a quien se hizo llamar cuando se trató de convencer al papa de Aviñón de volver a Roma. Petrarca consiguió vencer sin dificultad al torpe embajador de Carlos V, y el menosprecio que proclamó por la retórica de las escuelas de París no estuvo ajeno al nacimiento de un humanismo francés. Era un escritor complacido por los grandes que repasaba tranquilamente sus selecciones epistolares y completaba sus obras históricas, cuando la muerte lo alcanzó en las cercanías de Padua , a la edad de 70 años

Falleció en Padua a los 70 años de edad, en 1374.

BOCACCIO: Juan Bocaccio, (1313-1375)  era hijo de un mercader de Florencia, nacido en París en 1313. Llevado por su vocación, resignó el comercio y siguió estudios literarios, especialmente de los clásicos. Luego compuso varias poesías sobre la mitología y la geografía antiguas y ensayó también la poesía épica; pero decepcionado por su producción, que consideraba inferior a la de Petrarca, quemó todos su versos y se dedicó a la prosa.

Se lo considera, con justicia, como el creador de la prosa italiana, nació en Francia. Era hijo natural de un mercader florentino y de una mujer francesa, que residía en París, adonde vio la luz y desde donde su padre lo llevó  poco después a Napóles. Amigo de Petrarca y gran admirador de Dante, completó, con ellos, el tríptico de este curioso movimiento literario italiano del siglo XIV que se anticipó, en más de un siglo, al Renacimiento propiamente dicho.

Sus libros, casi siempre picarescos y atrevidos, fueron prohibidos por los papas Pablo IV y Pío V, veda merecidísima porlo que atañe al tema de dichas obras. Pero, como bien señaló un autorizado crítico, su forma resultaba una maravilla y “estas excelentes cualidades literarias, aprendidas en el asiduo manejo de los clásicos de la Antigüedad, se sobrepusieron, a veces, a toda otra consideración. Entre sus obras sobresale el “Decamerón”, serie integrada por un centenar de cuentos, la mayor parte licenciosos, que narran diez jóvenes (tres hombres y siete mujeres), refugiados en el campo durante la peste que azotó, en 1348, a la ciudad de Florencia.

Escribió algunas novelas satíricas y posteriormente la obra que le dio celebridad, Decameron, una colección de cien cuentos de costumbres, cuyos personajes son presa de las más viles pasiones y se ven implicados en actitudes :religiosas, impropias de aquella edad de fe; razón por la cual esta obra fue prohibida por la Iglesia.

Aunque también escribió poesía, a Boccaccio se le conoce, sobre todo, por su prosa italiana, utilizó también el dialecto toscano. Mientras trabajaba para la casa bancaria Bardi, en Nápoles, se enamoró de una noble dama, a quien llamó Fiammetta, su Pequeña flama.

Bajo la inspiración de ella, Boccaccio comenzó a escribir romances en prosa. Sin embargo, su obra mejor conocida, El Decamerón, fue escrito hasta después de su regreso a Florencia. El Decamerón se sitúa en el tiempo de la muerte negra. Diez jóvenes se escapan a una villa en las afueras de Florencia para huir de la plaga, y deciden pasar el tiempo contando historias.

Aunque las historias no son nuevas y todavía reflejan la aceptación de los valores cristianos, Boccaccio presenta a la sociedad de su tiempo desde un punto de vista secular. Es el seductor de mujeres, no el caballero, el filósofo, el monje piadoso, el verdadero héroe. Tal vez, como algunos historiadores han argumentado, El Decamerón refleja los inmediatos y fáciles valores, los únicos valores de la época posterior a la plaga.

El trabajo posterior de Boccaccio, ciertamente, fue más lóbrego y pesimista; al envejecer, rechazó incluso sus primeras obras por irrelevantes. Comentó en una carta de 1373 que “ciertamente, no me complace que hayas permitido a las mujeres ilustres de tu casa leer mis fruslerías… Sabes cuánto en ellas es menos que decente y opuesto a la modestia, cuánto estímulo a la lascivia desenfrenada, cuántas cosas que conducen a la lujuria, incluso a los más protegidos contra ella”

PARA SABER MAS SOBRE PETRARCA….

No, padre, basta… ¡Padre, os lo suplico, no! Nada había que hacer. Aquella vez, micer Petracco, perdida la paciencia, estaba decidido a no respetar ni siquiera uno de aquellos malditos libros que entorpecían los estudios de su hijo Francisco. ¡Poetas! ¡Pandilla de farsantes! El derecho y los códigos era lo que debía estudiar, en vez de perder el tiempo con palabras sin sentido. Pero aquello le quitaría las ganas de fantasear por una buena temporada: uno tras otro, Horacio, Cátulo y los otros fueron a parar al fuego purificador de la gran chimenea de piedra. Pero aún quedaban cuatro o cinco volúmenes. Micer Petracco alargó la mano, tomó el primero y ya se disponía a enviarlo junto a los otros, cuando se detuvo en seco. Su hijo había dejado de suplicar y protestar, pero gruesas lágrimas le surcaban las mejillas y silenciosos sollozos le agitaban el pecho.

—Virgilio y Cicerón… —consiguió decir—. Por lo menos ellos…

Micer Petracco comprendió. Aunque quemara todos los clásicos latinos, Francisco continuaría experimentando hacia ellos la misma veneración que. antes. Entonces, dejó a Virgilio sobre la mesa, dijo algo entre dientes y, resignado, se fue con una expresión de mal humor.

EL HIJO DEL EXILIADO
Francisco, el joven cuyos clásicos latinos fueron quemados por su padre con el pretexto de que lo apartaban del estudio de las leyes, no siguió el “buen camino” tras aquel duro castigo, y, andando el tiempo, llegó a convertirse en poeta: el poeta que hoy conocemos con el nombre de Francisco Petrarca.

Su vida fue larga, laboriosa y accidentada, desde el mismo día de su nacimiento. Sus padres, el notario Petracco y Eletta Canigiani, eran florentinos, pero Francisco nació en Arezzo, porque su padre había tenido que refugiarse en aquella ciudad a consecuencia de las luchas políticas entabladas entre güelfos y gibelinos. El futuro poeta vino al mundo el 20 de julio de 1304, y durante su infancia conoció las dificultades y aventuras de una existencia errante. Micer Petracco, efectivamente, se trasladó a Pisa y, después, a Aviñón, en Francia, donde se había instalado el Papa y donde a un hombre de leyes se le ofrecían buenas oportunidades para establecerse.

De Aviñón, babélica y superpoblada ciudad (la decisión pontificia de convertirla en sede del Papado atrajo a una gran cantidad de forasteros), Petracco llevó a su familia a Carpentras, localidad muy cercana a ella y más tranquila, para que sus hijos Francisco y Gerardo pudieran frecuentar la escuela de Convenévole da Prato, otro exiliado toscano.

“¡EN EL LABERINTO ENTRÉ!”
Al cumplir los doce años Francisco fue enviado u Montpellier para que siguiera en aquella ciudad sus estudios de Derecho. Pero el joven, en lugar de ocuparse de las leyes, continuó apasionándose por la literatura, que era ya su verdadera vocación.

Cuatro años después tuvo que realizar otro largo viaje, esta vez a Bolonia, para ampliar estudios, permaneciendo en aquella ciudad durante seis años, al cabo de los cuales regresó a Aviñón.

Sus padres habían muerto V debía mantenerse por si mismo, ya que los pocos haberes dejados por Petracco no le bastaban. Pero no era un problema grave: su cultura, su elegancia y su agradable aspecto no tardaron en procurarle un puesto bien remunerado en la corte pontificia, que además le permitía profundizar en sus estudios. Pasó un año tranquilo y desprovisto de emociones, hasta que, el 6 di< abril de 1327, le aconteció algo de extrema importancia; tanta, que posteriormente se refirió a esta fecha diciendo: “En el laberinto entré, no sé dónde termina”.

LAURA
El “laberinto” sin salida era, naturalmente, un laberinto amoroso. Aquella mañana de abril, Petrarca encontró en la iglesia de Santa Clara, en Aviñón, a la mujer que iba a inspirarle sus más famosos versos: Laura, “la única que mujer me lo parece”. ¿De dónde surgió este amor repentino e intensísimo? No podemos responder a la pregunta en términos usuales, modernos. Laura (a la que los eruditos han identificado, de forma casi segura, con Laura de Sade, una dama de Aviñón) debía ser muy bella, pero no más, en cualquier caso, que otras mujeres a las que el poeta tenía fácil acceso en los ambientes donde se desenvolvía su vida. Además, era esposa y madre (dio a luz once hijos). El poeta, por su parte, amó a otras mujeres, sin dejar de cantar las excelencias de Laura, y tuvo también dos hijos. ¿En qué consistía, pues, este amor?

Era una necesidad del alma, la necesidad de encontrar un tema de inspiración para dar rienda suelta a su sensibilidad poética. La “verdadera” Laura carecía de importancia, y podía ser la mujer más vulgar de la tierra. Lo importante era la Laura “ideal”, que el poeta creó con su fantasía, inspirándose en aquella dama descubierta durante sus rezos matinales. Y al actuar así se comportaba exactamente igual que la mayor parte de los poetas de su tiempo (empezando por Dante). La visión de la mujer como inspiradora de poesía fue, efectivamente, una de las características fundamentales de esa corriente literaria, entonces de moda, que hoy conocemos con el nombre de “dolce stil novo”.

“EL PRIMER TURISTA”
Así ha sido llamado Petrarca por los muchos viajes que realizó, algunos para cumplir misiones políticas, pero la mayoría debidos a su afición a moverse, a ver, a encontrar caras y paisajes nuevos. El poeta vagó por Europa durante muchos años (y no se puede decir que los viajes, en aquella época, fueran cómodos) e incluso llevó a cabo una peligrosa hazaña deportiva, escalando, sin ayuda, los 2.000 metros largos del Mont Ventoux.

En 1337 experimentó la necesidad de concederse una tregua y se hizo construir una casa en Vaucluse, un bello lugar situado en las fuentes de Sorgue, a poca distancia de Aviñón Tregua y reposo, sí, pero no ocio: durante los cuatro años pasados en Vaucluse su producción literaria se intensificó notablemente, procurándole gran fama en toda Europa. Y ello le sirvió de ocasión y excusa para lanzarse otra vez a la vida nómada: en 1341 partió para Roma, cuyo Senado deseaba coronarlo como poeta.

Se detuvo allí muy poco tiempo, el estrictamente necesario para la ceremonia del Campidoglio, y no tardó en, emprender nuevos viajes: Pisa, Parma, una breve permanencia en Aviñón, Nápoles y otra vez Parma, donde permaneció varios meses, refugiándose luego en la serenidad de Vaueluse, tras cuatro años de incesantes peregrinaciones.

En 1348, cuando el poeta realizaba un nuevo viaje por Italia, le llegó la noticia de la muerte de Laura, provocada por la peste. El dolor que la desaparición de su musa le produjo, encontró cauce en conmovidos versos y aumentó su incorregible inquietud. Petrarca viajó y viajó sin concederse un minuto de descanso. Admirado! y protegido por los poderosos y bien acogido en todas partes, el gran humanista no conseguía permanecer mucho tiempo en ninguna de ellas.

En 1370, después de otros viajes, su salud empezó a quebrantarse; un síncope que sufrió cuando se dirigía a Roma, lo convenció de que había llegado la hora del descanso. Sólo le quedaba un viaje por hacer: ése que para todos es el último. Y Petrarca se dispuso a esperarlo, con tranquila serenidad, en la paz de la villa que había adquirido en Arquá, sobre las colinas Euganeas, tan queridas para él. Una mañana del mes de julio de 1374, según reza la tradición, lo encontraron con la cabeza reclinada sobre un libro: su alma inquieta había encontrado, finalmente, la paz.