Guerras Médicas

Reparto Imperio de Alejandro Magno Los Diádocos Sucesores

Desmembramiento del imperio de Alejandro

INTRODUCCIÓN: La prematura muerte de Alejandro y la circunstancia de no haber dejado sucesor plantearon el grave problema de  la sucesión  legítima. El vasto imperio comprendía: en Europa, Grecia, Macedonia y Tracia; en África, el Egipto y en Oriente, Asia Menor, Siria, Caldea, Irán y parte de la India.

Luego de la desaparición del conquistador, los únicos que podían sucederlo eran su hermano imbécil Arrideo y un hijo que dio a luz su viuda. Como ambos no estaban en condiciones de gobernar, los generales —que se disputaban el trono— eligieron regente a Pérdicas.
La unidad del gran imperio no tardó en romperse y durante veinte años los generales lucharon entre sí para adueñarse del poder.

Muerto Alejandro, dividieron él territorio y, con el título de diádocos (es decir, sucesores), gobernaron en la forma siguiente: Antígono, que era el más poderoso, quedó al frente del Asia; Antipater, de Grecia y Macedonia; Lisímaco, de Tracia, y Ptolomeo, de Egipto.

Como Antígono pensaba erigirse en amo absoluto de todo el imperio, los otros diádocos se coaligaron contra él y lo vencieron en la batalla de Ipso (año 301 a. C). Al término de las diversas luchas el imperto quedó desmembrado en los siguientes reinos:

a) el de Siria, que correspondió a los Seléucidas o descendientes del general Seleuco;
b) el de Egipto, que fue gobernado por los Lágidas o sucesores de los Ptolomeos, y
c) el de Macedonia, que correspondió a los Antigónidas o descendientes de Antígono.

Aprovechando las guerras, algunas ciudades griegas pretendieron recobrar su independencia, pero no tuvieron éxito en sus intentos, porque otras luchas civiles se originaron en la Hélade y destruyeron el esfuerzo común. Esta debilidad política y militar favoreció los designios de una nueva potencia: Roma, que primero sometió a Macedonia y finalmente a Grecia, la cual pasó a ser una provincia romana con el nombre de Acaya  (año  146  a. C).

Batalla de Ipso, combate bélico que tuvo lugar en Ipso (zona central de Asia Menor), en el 301 a.C., durante la lucha por el poder que siguió a la muerte del rey macedonio Alejandro III el Magno y que enfrentó a los principales ex generales de éste. Las tropas macedonias de Antígono Monoftalmos lucharon contra las fuerzas conjuntas de Tolomeo I, Seleuco I y Lisímaco.

LA HISTORIA DEL REPARTO DEL IMPERIO
Alejandro había muerto sin designar sucesor; según refiere la tradición, lo más que hizo fue legar su Imperio al «más digno».

De su familia, sólo había junto a él un hermanastro tarado y un hijo póstumo, que debía nacer de Roxana. Pero sus generales —los diadocos—, reunidos en Babilonia, aunque no querían dislocar el Imperio y repartirse sus despojos, no aceptaban la superioridad de ninguno de ellos sobre los otros, y acabaron por recurrir a la lucha armada.

Desde el principio, Occidente y Oriente estuvieron, prácticamente, separados; Pérdicas tenía la «regencia», el ejército y Asia; Antípater recibió Europa y las finanzas; los otros se repartieron simples «misiones» locales: Tolomeo, Egipto; Antígono, Asia Menor; Lisímaco, Tracia.

Pérdicas, que quiso asumir concienzudamente su papel de regente, fue en seguida asesinado por Seleuco, y poco después, en el año 321 a. de J. C, se llegó a la primera escisión oficial. La muerte de Alejandro Egos, el hijo del héroe, enterró para siempre toda esperanza de restauración del poder.

Fue un período trágico, en el curso del cual el antiguo Imperio macedónico fue agitado por sobresaltos sangrientos. La batalla de Ipso, en el año 301 a. de J. C.—una de las más importantes de la antigüedad—, mostró definitivamente la imposibilidad de unir Europa y Asia.

Cuando, en el año 275 antes de J. C, las nubes se desgarraron por fin, el aspecto del mundo se había modificado completamente. Tres grandes monarquías subsistían: el reino de Macedonia en Europa, con la dinastía de los Antigonidas; el de los Seléucidas, en Asia; y el de los Tolomeos, o Lágidas, en Egipto. Un cuarto reino, el de los Atálidas, debía formarse más tarde en Pérgamo, en Asia Menor. Sin embargo, la paz no se impuso por ello; aunque nadie soñaba ya con el Imperio universal, muchos territorios seguían en litigio.

En estas luchas confusas, Egipto sería frecuentemente causa de problemas, pues su riqueza le permitía sostener rebeliones. El fue el principal responsable de los constantes conflictos que agotaron los reinos helenísticos y precipitaron su ruina. El fue, también, el único que volvió a su antigua tradición: los reyes de la dinastía de los Tolomeos se hacían coronar faraones.

También Grecia había recuperado sus costumbres seculares: sus ciudades cambiaban muchas veces de señores; intentaban, en vano, recobrar su independencia; veían sucederse los regímenes democráticos, aristocráticos, oligárquicos, tiránicos… Atenas, aunque había perdido su superioridad económica, continuaba siendo la capital intelectual, mientras que las antiguas ciudades, obstinadas en sus querellas políticas, se deslizaban hacia una irremediable decadencia.

Otras, en cambio, se afirmaban, como Bizancio, Rodas y Quíos. Grecia, sin embargo, no se integraría nunca en Macedonia. Esta, a causa de su acceso al mar Adriático, por una parte, y al Helesponto, por otra, hubiera podido desempeñar un papel económico de importancia, si la oposición de las ciudades helenas no lo hubiera impedido. Poco a poco, se vio reducida a la situación de Estado secundario, pero sus soberanos podían enorgullecerse de haber sido, a pesar de sus débiles recursos, el escudo del mundo griego contra los bárbaros del Norte.

La monarquía Seléucida, orientada primero hacia Asia Central, se aproximó luego al Mediterráneo: sus dos capitales fueron Seleucia, junto al Tigris, y, con creciente importancia, Antioquía, unidas ambas por la gran vía del Eúfrates.

Era un mosaico de pueblos, de ciudades, de razas, de religiones: pueblos  indoeuropeos y semíticos; lenguas persa, aramea y griega; religiones de Zoroastro, de los judíos, de los Baales sirios; Estados teocráticos de los Sumos Sacerdotes de Judea y de Capadocia, monarcas locales, y ciudades griegas de Asia Menor. La monarquía constituía el único elemento aglutinador; era absoluta, y, a causa de las influencias orientales, se apoyaban sobre un verdadero culto regio. La tarea de los soberanos resultaba ruda, y es admirable que consiguieran mantenerse durante tanto tiempo y helenizar parte de Asia.

A expensas de los Seléucidas, se formó, en el año 240 a. de J. C, el reino de Pérgamo: Átalo I había tomado el título de rey, y este Estado —que duraría cien años, hasta que Átalo III lo legó a los romanos—fue administrado con ciencia y sabiduría. Muy poderoso, comprendía, en su período de apogeo, Misia, Lidia, Caria y Pisidia. El nombre helenístico iba a desaparecer bajo los golpes de Boma: ésta iba a volver sus miradas, a partir del año 212 antes de J. C, hacia el Mediterráneo oriental, englobando en su órbita, una tras otra, a todas las monarquías surgidas de las conquistas de Alejandro.

LOS SUCESORES DE ALEJANDRO MAGNO
La personalidad de Alejandro Magno era tan abrumadora que sus compañeros se sentían eclipsados. Después de su desaparición, surgieron brillantes individualidades, tan fuertes, que se enfrentaron, como ya hemos visto, en luchas implacables. Entre ellas destacaron las siluetas de Antígono y de su hijo Demetrio, llamado Poliorcetes, es decir, «sitiador de ciudades». Antígono, que ya era anciano cuando murió su rey, quiso dominar Asia; su ambición, a pesar de que no tenía la misma amplitud que la de Alejandro, hace pensar, a veces, en los vastos proyectos de este último.

Ciertamente, su imaginación era menos generosa, y su concepción de las cosas, menos atrevida: sólo buscaba ejercer su poder sobre las regiones ya anexionadas por el helenismo, y mientras que Alejandro había hecho surgir en él un hombre nuevo para reinar sobre subditos nuevos, Antígono continuaría siendo siempre un macedonío.

Durante el poco tiempo que pudo consagrarse a su efímero Imperio, se mostró lleno de firmeza y de sabiduría, pero, desgraciadamente, su ambición sin límites suscitó sucesivas coaliciones contra él. Fue vencido, en el año 301 a. de J. C, por las fuerzas coaligadas de Seleuco y de Lisímaco, en Ipso, (Frigia); su derrota destruyó para siempre el sueño de un Imperio único, y el viejo «diadoco»—tenía entonces ochenta años— puso fin a sus días.

Su hijo Demetrio, infatigable y errante, hizo temblar durante diez años al mundo y a sus adversarios. De inteligencia aún más notable que la de su padre, su inestabilidad y su fogosidad irreflexiva fueron causa, a veces, de desastres: este gran «condottiero» fue responsable, en parte, de la derrota de Ipso.

Quería recrear el imperio de Antígono, pero se dejó arrastrar por los acontecimientos, aprovechando hábilmente todas las circunstancias favorables, pero descuidando luego el aprovechamiento del fruto de sus victorias. Seducía a todos con la nobleza de sus maneras y la generosidad de su corazón, pero cansaba a sus amigos con su orgullo indomable. Amado por las mujeres a causa de su belleza, las abandonaba tan pronto como se le sometían, provocando escándalos por sus célebres relaciones con cortesanas. Tras conquistar Atenas, Grecia y el mar Egeo, sucumbió bajo los golpes de Seleuco, en el año 289 a. de J. C, y su vida, heroica y novelesca a la vez, terminó miserablemente en una prisión.

Mucho después se afirmó la personalidad de un gran soberano, Antíoco Epifanes, que imperó sobre el reino seléucida desde 175 a 164 a. de J. C. A los doce años fue entregado como rehén a Roma por su padre Antíoco III, y continuó siendo romano por su aire democrático y por la toga, que vestía siempre. Pero resultaba muy oriental por el fasto y el despotismo, a veces cruel, que ejerció sobre sus subditos; por otra parte, él se consideraba griego: era un apasionado de la filosofía, la cultura y el arte helenos.

Este extravagante fue considerado por muchos como un medio loco: no comprendía las tendencias híbridas que hacían tan complejo a este personaje, por lo demás, lleno de egudeza y de voluntad. Cuando estaba a punto de conquistar Egipto, se lo impidió la insolente intervención del cónsul romano Popilio Laenas, que lo encerró en el círculo trazado sobre el suelo con una varilla, diciéndole: «No saldrás de este círculo hasta que hayas obedecido»; de este día data el fin de la independencia moral de los seléucidas. Antíoco, queriendo luchar contra esta influencia, intentó reducir a los judíos—en esta época se sitúa el episodio del martirio de los siete hermanos Macabeos y de su madre—, pero esta lucha implacable acentuó la decadencia de la dinastía, que no debía contar en adelante con ningún monarca digno de este nombre.

Fuentes Consulatadas.
HISTORAMA La Gran Aventura del Hombre Tomo II Los Griegos Edit. CODEX
HISTORIA 1 de José Cosmelli Ibáñez Edit. Troquel

La Cultura Helenística Ciencia Arte Arquitectura Su Legado

Características De La Cultura Helenística

Recibe el nombre de helenismo el período de tres siglos comprendido entre la muerte de Alejandro y la conquista del mundo antiguo por los romanos, lapso en el cual la cultura griega se propagó hacia el Oriente, ganando en extensión y perdiendo en pureza. Esta nueva y última fase del desarrollo cultural griego, también llamada civilización helenística, contó con sus focos más brillantes en el Egipto y Asia Menor. La fusión de los elementos materiales y espirituales griegos con los asiáticos dio origen a un mundo nuevo en el que se produjeron hondas transformaciones políticas, sociales, económicas y culturales. En especial, se desarrollaron con nuevo vigor las ciencias, las artes, la literatura y la filosofía.

La civilización helenística procedía directamente de la Grecia clásica, de la que conservaba la lengua, los géneros literarios,el estilo artístico. Se extendió, sin embargo, sobre un área mucho más vasta, y, por ello, escapó al particularismo de la Hélade y se hizo muy cosmopolita. Las grandes ciudades acogían comerciantes, intelectuales y artistas de todas partes, y los monarcas, cuyo origen era común, pues todos procedían de la conquista macedónica, se sentían emparentados, a pesar de sus discordias; mantenían relaciones familiares, y, como consecuencia de ello, filósofos, poetas y artistas iban de una corte a otra.

FILOSOFÍA Y CIENCIA: Los griegos se encontraban, sin embargo, en contacto con las viejas culturas orientales. En el dominio espiritual, sobre todo, el Oriente influyó sobre el helenismo: los macedonios fueron sensibles al misticismo de los pueblos vencidos, pues la decadencia de la religión cívica y el olvido de los grandes dioses del panteón clásico los habían dejado sin asistencia espiritual.

El individuo desarraigado buscaba, igualmente, una regla de moral individual; de aquí el éxito de las dos grandes filosofías nacidas sobre el suelo de Grecia por aquella época: el epicureismo y el estoicismo. El Ática, empobrecida política y económicamente, recogía, así, la herencia de Sócrates: los epicúreos afirmaban que ¡os dioses no eran temibles, aconsejaban al hombre que se consagrara a la sabiduría, a la amistad, a los placeres sencillos; los estoicos, más ambir ciosos, preconizaban la impasibilidad y el dominio de sí.

Por otra parte, el ensanchamiento de los horizontes y el deseo de renovar los progresos del espíritu humano explican el desarrollo de las ciencias. Contrariamente a la filosofía, éstas no florecieron en Atenas, sino, con mayor frecuencia, junto a los reyes. Fue, así, en Siracusa (Sicilia) donde nació y murió, a manos de un soldado romano, Arquímedes, el más célebre geómetra de la antigüedad. Había asentado los principios de la hidrostática, establecido la teoría de la palanca, y escrito numerosas obras geniales. Pero es necesario citar igualmente el nombre del geómetra Euclides, el de Hiparco, que inventó la trigonometría, el de Erastótenes, que midió con una sorprendente exactitud la circunferencia terrestre. El médico Herófilo de Calcedonia descubrió la circulación de la sangre, intrépidas exploraciones permitieron el desarrollo de la geografía.

El patronazgo de los reyes vino en ayuda de todos estos sabios; Pero más aún que la ciencia, los soberanos protegieron la literatura: les gustaba dar realce a sus cortes con poetas y escritores, o bien los mantenían en instituciones estatales, como las bibliotecas de Antioquía, Pérgamo, Alejandría, y, sobre todo, el célebre Museo ele esta última ciudad.

La Botánica y la Zoología progresaron en el período helenístico; entre los cultores de las ciencias naturales sobresalió Teofrasto, que escribió diversos trabajos sobre la fisiología de las plantas.

En Medicina, Alejandría contó con un instituto anatómico, en el cual se realizaron por vez primera trabajos de disección sobre cuerpos humanos. Herófilo descubrió los nervios y la Importancia del pulso para el diagnóstico de las enfermedades; Galeno trató todas las ramas de la medicina, efectuó trabajos anatómicos y en sus obras compendió todo el saber de la antigüedad.

alejandro magno

La cultura griega adquirió rápida primacía debido a que la lengua hablada en Atenas (llamada Koiné) fue el idioma corriente utilizado por todo el mundo helenístico, tanto en las esferas oficiales y mercantiles como en la literatura científica y filosófica.
Las grandes ciudades de esta época fueron Alejandría, Pérgamo y Antioquia.

Las letras: Luego de las conquistas de Alejandro el Oriente ejerció marcado predominio en el aspecto político y religioso, pues en ambos casos las costumbres asiáticas tuvieron gran influencia sobre los griegos. Pero en las letras, las ciencias y las artes el espíritu helénico se impuso en forma absoluta en toda la extensión del mundo civilizado.

La producción literaria del período helenístico fue muy grande, aunque carece de originalidad y faltan las grandes figuras que se distinguieron en las letras atenienses. Las obras son en su gran mayoría de carácter erudito y dedicadas a la crítica de los trabajos anteriores. La poesía se apartó de la inspiración popular y se tornó artificiosa. Calimaco se destacó como poeta brillante, verdadero maestro por sus himnos y epigramas. Menandro compuso unas cien comedias, en las que describe con ingenio y humor las costumbres atenienses. En filosofía mencionaremos a Zenón, fundador de la escuela estoica, basada en el comportamiento austero del individuo, y a Epicuro, quien enseñó el goce de los sentidos sin intervención de las pasiones.

El arte: Las creaciones helenísticas se basan en las formas y tendencias griegas, pero pueden distinguirse influencias orientales. En realidad, falta la fuerza creadora del genio, pues las obras, aunque de buena técnica, imitan todo lo pasado. Los principales centros artísticos fueron Alejan dría, Pérgamo y Antioquía.

En arquitectura, los estilos dominantes fueron el jónico y el corintio, asociados a la influencia babilónica. Entre los grandes monumentos podemos citar el templo de Efeso, consagrado a la diosa Artemisa; el templo de Apolo, cerca de Mileto, y el Mausoleo de Halicarnaso, levantado para servir de tumba a Mausolo, príncipe de Caria.

En escultura ios trabajos aparecen con expresiones exageradas, de fuerte realismo y gran movimiento. Se han encontrado gran variedad de retratos y estatuas de mármol pertenecientes a este período helenístico. Entre los grandes artistas figuran Escopas, Plaxiteles y Lisipo.

Las estatuas más célebres son: la muerte del sacerdote Laoconte con sus hijos; e! grupo llamado del Toro Farnesio; el Apolo del Belvedere; la Victoria de Samotracia y la Venus de Milo. La pintura y el arte del mosaico tomaron gran incremento. Las producciones se conocen por las pinturas murales halladas en Pompeya, época romana que corresponde al final del período helenístico. Los artistas prefirieron las representaciones mitológicas y las escenas trágicas.

El arte helenístico fue universalmente admirado en el siglo XVIII, tras su descubrimiento; cien años después, la exhumación de los tesoros del clasicismo y del arcaísmo griego harían rechazar las producciones helenísticas por exageradas y demasiado violentas y brillante. Es necesario convenir, sin embargo, que este arte fue original y nada vulgar. No era cívico, sino monárquico: eran los reyes quienes sostenían con sus encargos a los escultores, los pintores y los arquitectos. Desconocemos casi por completo los palacios reales; en cambio, se conservan numerosos templos, altares y construcciones utilitarias. El estilo corintio dominaba, y la gran innovación fue el urbanismo: calles en ángulo recto, y búsqueda de lo funcional.

La estructura se alejaba de la soberbia impasibilidad clásica, se expresaban violentamente las pasiones y el drama, o bien se complacían en representar a Afrodita con las expresiones voluptuosas de la belleza femenina. Se encuentran también Eros rollizos, que indican un gusto nuevo por la infancia. Lo feo, lo grotesco: anciana ebria, sátiros repletos de vino, boxeador en reposo, eran esculpidos con un sorprendente virtuosismo técnico. Se ha podido hablar de una escuela de Pérgamo, representada tanto por estatuas aisladas, como el ex-voto de un rey vencedor de los gálatas, de un realismo feroz, como por los grandes relieves del altar de Zeus, los cuales se exasperan en una búsqueda del efecto que alcanza casi lo barroco. La pintura sería, quizá, el más fiel reflejo del alma helenística, si la conociéramos mejor, pero no la encontraremos más que en los frescos romanos de las copias pompeyanas; parece que prevalecía en ella el gusto por el movimiento y la espontaneidad.

Así, las ciudades griegas, sembradas por Alejandro, debían crecer, prosperar, difundir su cultura y resistir los asaltos. Algunas sobrevivieron a las dinastías helenas y permanecieron vivas después del paso de Roma, de Bizancio, de las invasiones mogola y tártara, y del embargo del Islam. Y todavía se encuentran hoy, en los altos valles del Amu-Daria y de Cabul, pequeños islotes que han conservado palabras de la lengua de Sófocles y Aristóteles. Así, el paso de Alejandro permanecerá marcado para siempre por un reguero de luz: las ciudades jalonan el itinerario de sus falanges.

Fuentes Consulatadas.
HISTORAMA La Gran Aventura del Hombre Tomo II Los Griegos Edit. CODEX
HISTORIA 1 de José Cosmelli Ibáñez Edit. Troquel

La Supremacía de Tebas en Grecia Antigua Pelópidas y Epaminondas

DECADENCIA DE ESPARTA Y HEGEMONÍA DE TEBAS

Despúes de la gran victoria de Esparta en la Guerra del Peloponeso, creyéndose segura por su alianza con los persas, abusó del dominio ejercido sobre las ciudades griegas, actitud que despertó nuevos  odios y  recelos. Un general espartano atacó a Tebas (capital de Beoda) y estableció un gobierno despótico; numerosos ciudadanos que se opusieron al nuevo régimen buscaron refugio en Atenas. Entre estos desterrados estaba Pelópidas, joven de noble origen, valiente y generoso que se propuso libertar a su patria, apoyado por los atenienses.

Llego a Tebas con once compañeros y, ayudado por numerosos adeptos, preparó un golpe sorpresivo. Cierto día en que los espartanos asistían a un banquete, Pelópidas y los otros conjurados, disfrazados de mujeres y con el rostro cubierto por coronas de pino y olmo, penetraron en la reunión. Acto seguido, sacaron de entre sus ropas filosos puñales y degollaron a los jefes aristocráticos. Al día siguiente, ios espartanos abandonaron la ciudad.

Libertada Tebas, un amigo de Pelópidas, llamado Epaminondas, encabezó la resistencia contra Esparta.

De noble familia, pero muy pobre, era culto, sincero y elocuente; llevaba una vida austera, pues había sido educado por un filósofo pitagórico. En el manejo de las armas se destacaba por su destreza y agilidad.

Esparta, deseosa de vengarse, no tardó en provocar la guerra contra los tebanos, pero éstos —aliados con los atenienses— defendieron heroicamente su independencia. En el año 376 (a.C.) la flota ateniense derrotó a las fuerzas navales espartanas cerca de Naxos: a pesar del contraste, los lacedemonios invadieron la Beocia, pero los tebanos, a las órdenes de Epaminondas, los destrozaron en la batalla de Leuctra. Esta victoria tuvo gran repercusión en Grecia, pues demostró la’debilidad de Esparta y dio a Tebas la preponderancia militar.

Alentados por el triunfo, los tebanos invadieron el Peloponeso y vencieron nuevamente a los lacedemonios en la batalla de Mantinea (362 a.C). En el transcurso del combate Epaminondas —herido en el pecho con una jabalina— fue llevado agonizante a su tienda. Próximo el fin, uno de sus amigos murmuró acongojado: “¿Es necesario que mueras de esta suerte, sin dejar hijos?” “No —respondió el héroe—; dejo dos hijas: Leuctra y Mantinea”.

Con la muerte de Epaminondas terminó la supremacía de Tebas. El valor moral y militar de Grecia había decaído. Debilitada por las luchas internas y corrompida políticamente, el, predominio de la Hélade se desplazaba hacia el norte, a la corte macedónica.

Mapa de Grecia Antigua

LA HISTORIA: DECADENCIA DE ESPARTA Y HEGEMONÍA DE TEBAS:

La mayoría de las ciudades se sometió y entró a formar parte de la Liga del Peloponeso. Los ejércitos espartanos dominaban desde Tracia a Beocia, y Tebas tuvo que aceptar una guarnición. Imitando a la Liga de Délos, los espartanos exigieron tributos y soldados a sus subditos, que estaban repartidos en diez distritos.

Esta falsa grandeza estaba amenazada por tres peligros: los persas, a quienes inquietaba tener un vecino demasiado fuerte; las ciudades griegas, impacientes por sacudirse el yugo; y, sobre todo, la constitución misma de Esparta, pues la aristocracia de los Iguales disminuía de número, y se aislaba cada vez más de la masa de periecos e ilotas, siempre dispuestos a suEsparta no tenía ya más que tres mil guerreros, celosos de sus prerrogativas, que acumulaban las tierras en su provecho. El oro, prohibido antaño, afluía, y la venalidad se extendía por el Estado. La austera ciudad de Licurgo se corrompió; los platos refinados reemplazaron a las sobrias gachas negras.

Atenas no se atrevía a actuar abiertamente, pero favorecía todos los movimientos susceptibles de debilitar a Esparta; por esta causa, había acogido refugiados políticos de Tebas. En el año 379 a.C. , algunos conjurados tebanos, bajo la dirección del rico Pelópidas y de su amigo Epaminondas, decidieron liberar su ciudad. Uno de sus amigos, que había conseguido hacerse estimar por el tirano de Tebas, establecido por los espartanos, organizó un banquete que sería, según dijo, realzado por la presencia de las más bellas mujeres de la ciudad. Los invitados fueron tratados del mejor modo. Ya ebrios, el tirano y sus amigos no prestaron atención a la llegada de siete mujeres a la sala del banquete.

De pronto, estas mujeres se quitaron sus velos, y con sus puñales degollaron a los tiranos. Pelópidas y sus amigos se precipitaron, entonces, hacia la prisión, para liberar a los presos políticos, convocaron al pueblo, y arrebatados por el entusiasmo, se lanzaron al ataque de la ciudadela de Cadmea. Sorprendidos, los espartanos aceptaron rendirse, a condición de que se les dejara re-tirarase. Así, la amistad de siete hombres liberó a Tebas.

La nueva de la derrota espartana despertó el entusiasmo de Grecia. El valor de todos se reanimó. De pronto, los atenienses se enardecieron. En el año 378 a. C., crearon la Segunda Confederación ateniense: Quíos, Lesbos, Rodas y Bizancio, entre otras, aceptaron entrar en la alianza. Al contrario de lo que ocurría en la Liga de Delos, cada ciudad conservaría su independencia.

Atenas hizo un esfuerzo excepcional: los ciudadanos aceptaron impuestos nuevos, que permitirían la construcción de una flota. Los almirantes Timoteo y Cabrias fueron encargados de mostrar esta nueva fuerza, para incitar a otras ciudades a entrar en la alianza. Por dos veces (años 374 y 371 a.C.), Atenas y Esparta firmaron la paz, sobre bases conocidas: para Esparta, el Peloponeso; para Atenas, el imperio marítimo.

EL BATALLÓN SAGRADO
Pelópidas y Epaminondas habían constituído un Batallón Sagrado, compuesto por 300 jóvenes pertenecientes a las mejores familias de Tebas, que ya habían dado pruebas de su valor. Sistematizando el viejo tema de la amistad militar, que Homero había descrito entre Aquiles y Patroclo; que el ejército espartano había querido desarrollar entre los Iguales; que Atenas misma había admitido, puesto que los jóvenes reclutados eran protegidos por un hombre maduro, en el que podían encontrar experiencia y mesura, los tebanos formaron, en el seno del Batallón Sagrado, parejas de amigos o amantes que nunca se abandonaron, amigos en la vida y en la muerte, que juraban vencer o morir juntos. Este batallón tenía, por ello, una formidable cohesión.

Además,  Epaminondas  supo inspirar  alos tebanos una extraordiaria pasión por su propia persona. Su bondad, su honestidad, su modestia le ganaron la confianza de todos: nunca había buscado la riqueza para él. Bajo su impulso, Tebas consiguió reagrupar a la mayoría de las ciudades de Beocia. Los espartanos quisieron interrumpir esta ascensión, y los tebanos, asustados, se dispusieron a pedir la paz y a someterse. Pero Epaminondas y Pelópidas consiguieron, aunque con dificultad, movilizar a Tebas. En el año 371 a. de T. C, en Leuctras, se enfrentaron los ejércitos: dos ejércitos, pero también dos tácticas.

Para aprovechar su homogeneidad y el valor individual de todos sus soldados, los espartanos buscaban el combate individual, sin astucias ni estratagemas. Epaminondas, por el contrario, que había agrupado a sus mejores soldados en el Batallón Sagrado, tenía que utilizar a éste como cuerpo de choque de su ejército. Inventó, entonces, la táctica llamada «oblicua». Sustituyó la tradicional formación en línea por una formación en cuña, parecida a la proa de un trirreme.

Su Batallón Sagrado, que comprendía cincuenta filas en profundidad, situadas en primera línea, aplastó a su oponente lacedemonio, dispuesto en doce filas solamente; el resto del ejército espartano no tuvo tiempo de socorrer el ala atacada. A pesar de su insuficiencia numérica, Epaminondas había probado que algunos golpes convenientemente asestados podían vencer al más poderoso de los ejércitos.

En Leuctras, 4.000 espartanos fueron víctima de esta revolución en el arte de la guerra. Los tebanos aprovecharon su nuevo poder, para favorecer y sostener la emancipación de los habitantes del Peloponeso. Los ilotas se sublevaron en Mesenia, produciendo graves perjuicios a la economía espartana. Los pueblos de la montañosa Arcadia se agruparon formando una Liga, y se construyó una capital: Mantinea.

En adelante, Esparta estaría rodeada de pueblos hostiles. Con el éxito, los tebanos se mostraron carentes de piedad, matando a todos los habitantes de Orcomenos, en Beocia, que se habían opuesto a su dominio (364 a.C.). Pelópidas murió mientras intentaba someter la Tesalia. Atenas y Esparta se reconciliaron, arrastrando a otros pueblos contra Tebas. Fue una guerra general, horrorosa, absurda, sin fin. En la llanura de Mantinea, en Tesalia, Epaminondas iba a triunfar, cuando fue moríalmente herido de un lanzazo (362 a.C.). Su muerte señaló el final de la breve hegemonía tebana.

GRECIA EN RUINAS
Después de Atenas y de Esparta, Tebas acababa de fracasar en su tentativa de dar a Grecia una apariencia de unidad. Las pequeñas disensiones, los celos, le habían impedido reagruparse. Grecia parecía haber dejado pasar su oportunidad. Se había agotado en guerras incesantes, que siempre traían el mismo cortejo le miserias: campos asolados, árboles cortados, navios destruidos, factorías arruinadas.

Las desgracias provocaron el cansancio y el desaliento; los ciudadanos se dieron cuenta del carácter precario de sus esfuerzos; el resorte, poco a poco, se fue rompiendo. Los ciudadanos, entonces, prefirieron dejar a los profesionales la tarea de hacer la guerra en su lugar, y reclutaron aventureros como mercenarios.

La natalidad disminuyó:¿quién iba a sacrificarse por sus hijos? Se hizo ostentación de libertinaje; la vida familiar fue decayendo.

Una degradación semejante se produjo en la vida pública. Las dificultades económicas de Atenas aumentaron el número de parados, y éstos, que dominaban la Asamblea, eran cada vez más exigentes. Se esparaba todo de la ciudad, y se consideraba normal que ella resolviera las necesidades de los ciudadanos. Los gastos del Estado aumentaron considerablemente, y las tasas conseguidas de un comercio reducido no bastaban para compensar el déficit del presupuesto.

Era necesario, pues, exigir nue-vos impuestos a los ricos. Se llegó todavía más lejos: ciertos especialistas, los sicofantes, acusaban de los peores delitos a los ciudadanos honorables; los tribunales del pueblo, entonces menos ecrupulosos, tenían la mano dura y condenaban gustosamente a los ciudadanos ricos, para confiscarles su fortuna. A los sicofantes, por su parte, les correspondía un porcentaje como compensación por su celo en denunciar o los «enemigos de la patria». El Demos era rey: el patriotismo cedía el lugar a una implacable lucha de clases. Desgarradas interiormente, las ciudades no prestaban atención a los peligros exteriores, que esta vez procedían de Macedonia.

Fuente Consultada:
HISTORAMA Tomo II Los Griegos – La Aventura del Hombre – Edit. CODEX

La Alimentación de los Griegos Comidas y Alimentos

LA COMIDA EN GRECIA ANTIGUA: LEGUMBRES, CEREALES Y FRUTAS

En el acostumbrado tren de su vida, ¿que comían los griegos? La mayoría, en especial los atenienses, era conocida por su sobriedad, que explican en gran parte el clima y la escasa fertilidad del suelo. No obstante, los habitantes de la feraz Beocia tenían fama de comilones, y la gente se burlaba de su gula, como también de su índole estúpida y grosera. Pero el gusto exclusivo por la buena vida y la bebida que se les prestaba no era tal vez sino el efecto de los prejuicios de vecinos malévolos.

El régimen de los espartanos, al contrario, tenía fama de ser aún más frugal que el de los atenienses, pero quizá esta opinión se debiera a un “espejismo” opuesto. Homero  ya llamaba a los hombres “comedores de harina”. Los cereales, esencialmente el trigo y la cebada, de los que hemos dicho que los atenienses debían importar grandes cantidades, constituían la base de su alimentación. Cuando Platón, en su República, quiere trazar el cuadro de una vida sana y primitiva, escribe:

“Los hombres, para alimentarse, fabricarán sin duda, sea con cebada, sea con trigo candeal, harina, que harán tostar o que amasarán; hacen con ella bellas galletas o panes que se han de servir sobre bálago u hojas muy limpias.”

La harina de cebada amasada en forma de galleta, es la maza, alimento esencial en la vida de cada día. Según una prescripción de Solón, el pan de trigo candeal propiamente dicho (artos), en hogazas redondas, no se podía comer sino en los días de fiesta. Pero ciertamente, en la Atenas del siglo de Pericles, se encontraba todos los días pan de trigo candeal como también maza en la tienda del panadero (mientras que antes cada familia cocinaba su pan), pero la maza costaba menos cara, y casi siempre los pobres debían contentarse con ella.

comidas griega

Los griegos ya tenían estandarizado para el 400 A.C. los banquetes, comían sentados al principio pero posteriormente pasaron a reclinarse.

Todo alimento sólido que acompaña el pan en el correr de una comida se llama opson: legumbres, cebollas, aceitunas, carne, pescado, fruta y golosinas. Las legumbres eran escasas, y en la ciudad, relativamente caras, salvo las habas y las lentejas que se comían sobre todo en puré (etnos): tal era el alimento espeso y sustancial del cual Heracles, buen comilón si jamás hubo alguno, gustaba tanto, según Aristófanes. Consumíanse los ajos en gran cantidad y también el queso y las cebollas, en especial en el ejército, en el que los delicados hallaban estos alimentos monótonos y groseros. Las aceitunas abundaban en el Ática, por lo menos antes de la guerra del Peloponeso, y si se empleaban en especial para fabricar aceites, también se comían en abundancia.

La carne era cara, salvo la carne de cerdo (un lechón valía tres dracmas), y la gente menesterosa de la Ciudad no lo comía sino muy raras veces, cuando se celebraba un sacrificio, porque todas las fiestas religiosas incluían escenas de carnicería y de matadero y terminaban en comilonas. Pero, en la campana, lo terratenientes acomodados podiun comer con frecuencia aves de corral, cerdo, cabrito, carnero, sin hablar de la caza menor que se óbtenía en los campos.

La mayoría de los atenienses de la ciudad debía alimentarse con mu cha mayor frecuencia con pescado que con carne. Ya es significativo que la palabra opson, que de designaba, como hemos dicho, todo le que se come con pan, tomara poce a poco un sentido especial para aplicarse particularmente al pescado, de tal manera que la palabra que significa pescado en griego mo derno deriva de ella. Con el pan, el pescado era probablemente el alimento principal de la población urbana. Todo aumento en el precio de las sardinas y de las anchoas en el Falero inquietaba al pueblo menudo, que temía verse obligado a privarse de uno de sus platos acostumbrados y que más apreciaba. El mercado del pescado era uno de los más abastecidos y más pintorescos del Agora.

Algunas especies de pescados particularmente sabrosos y rebuscados costaban demasiado caro para poder figurar en la mesa de los pobres, por ejemplo las renombradas anguilas del lago Copáis, por cuanto los atenienses tenían predilección por el pescado de agua dulce, como también por el pescado de mar como el atún. Gustaban asimismo de los frutos del mar: mariscos y moluscos, como la sepia y los calamares, que abundaban en las costas de Eubea y que constituían tan importante recurso para los pescadores de Eretria que esta ciudad había adoptado el calamar como signo distintivo en sus monedas. Mercaderes de salazones (tarichos) vendían pescados y carnes conservados en salmuera o ahumados. La comida podía terminar con un postre (tragema): fruta fresca o seca, en especial higos, nueces y uvas, o pasteles de miel.

Las mujeres de la casa, sobre todo las mujeres esclavas, eran las que  por  lo  común  cocinaban.  Sin embargo desde el siglo V a.C. se ven aparecer cocineros y pasteleros de profesión, algunos de los cuales redactaron “Artes Culinarias”. Platón cita a “Thearion el pastelero, Mithaecos, el autor de un tratado sobre la cocina siciliana, y Sarambos, el mercader de vinos, tres eminentes conocedores de pasteles, cocina y vinos”.

La mayoría de las viandas se comían con los dedos, por cuanto se ignoraba el uso de los tenedores. Las galletas chatas de maza o de trigo candeal solían ocupar el lugar de los platos, pero se utilizaban también platos o escudillas de madera, de barro cocido o de metal, y, para comer los purés y las papillas, se empleaban cucharas bastantes parecidas a las nuestras, cuyo mango era a veces ricamente adornado. Para la carne, era necesario el empleo del cuchillo.

El plato que más gustaba a los espartanos, en sus comidas tomadas en común (sysities), es el famoso bodrio negro, suerte de guiso muy picante en el que entraban como ingredientes:   carne de cerdo,  sanare, vinagre y sal. Plutarco nos re fier’e que, para probar este celebre-plato, “un rey del Ponto compró un cocinero laconio y le dijo le sirviera el bodrio de los espartanos; lo encontró malo, lo que le atrajo esta observación del cocinero: ‘Rey, este bodrio no ha de comerse sino después de haberse bañado en el Eurotas’ “. Esta anécdota nos confirma incidentalmente que, aun en Esparta, donde la hidroterapia, como he mos dicho, no era tan bien vista, tenían la costumbre de bañarse antes de cenar.

Flaceliere, Robert:
La vida cotidiana
en el siglo de pericles.
Buenos Aires, 1967.

Gobierno De Los Treinta Tiranos en Atenas Reacción de Trasíbulo

ATENAS LUEGO DE LAS GUERRAS DEL PELOPONESO

Luego de su victoria espartana en la batalla de Egospótamos fin de la Guerra del Peloponeso entre Atenas y Asparta, ésta pasa a ser el Estado más poderoso de Grecia, predominio que trató de mantener por el terror. En Atenas estableció un gobierno oligárquico de varios ciudadanos, quienes procedieron en forma tan despótica que fueron llamados los Treinta Tiranos.

Los procedimientos impuestos por Esparta para sostener su hegemonía produjeron un descontento general en toda Grecia. Para congraciarse con  el  mundo  helénico  Esparta  decidió  atacar a  los  persas y recuperar las colonias giioyai; que Lisandro había entregdao al imperio asiático. Un ejército espartano a las órdenes de Agesilao desembarcó en el Asia Menor y. aunque triunfó sobre los persas, debió regresar con sus tropas porque así lo requería la delicada situación imperante en Grecia.

Viendo vacilar su hegemonía. Esparta concertó con Persia la “Paz del Rey”, también llamada Tratado de Antálcidas (387 a. C.) por el general que la firmó. En esta humillante capitulación, a cambio de garantizar la paz en Grecia los persas quedaban dueños de todas las ciudades helénicas situadas en el As¡a Menor.

gobierno treinta tiranos atenas

LA HISTORIA: LA HEGEMONÍA DE ESPARTA
Esparta había vencido a Atenas en nombre de la libertad. Al comienzo, se pudo creer que, una vez vencedores, los espartanos permanecerían en su territorio, y que la ciudad doria cuidaría todo riesgo de contaminación exterior. Pero hubo que cambiar de parecer en seguida. Gobernadores y guarniciones espartanas fueron instalados en Atenas y en las ciudades liberadas. Diversos gobiernos aristocráticos establecieron su dictadura, con el apoyo de las tropas espartanas. Se consideró muy pronto que el «terrible» yugo ateniense había sido muy liberal.

En Atenas, los espartanos favorecieron el gobierno de los Treinta Tiranos. Atenas había firmado la paz, precisando que guardaría la antigua constitución, mas, para Lisandro, el general espartano vencedor, ésta sólo podía ser la constitución arcaica. Los Treinta Tiranos quisieron reducir al pueblo «a la virtud y la justicia». Para ello, impusieron un régimen de terror, y más de mil quinientos ciudadanos fueron ejecutados. Sólo tres mil atenienses eran considerados lo suficientemente virtuosos para tener el derecho de participar en la vida política de la ciudad. El gobierno del pueblo, juzgado incompetente, fue sustituido por el gobierno de un pequeño número de ciudadanos corrompidos.

Los atenienses no se resignaban a esta tiranía, y numerosos exiliados, que se habían refugiado en Beocia, formaron un pequeño ejército que, bajo la dirección de Trasíbulo, consiguió apoderarse del Pireo. Lisandro bloqueó el puerto, pero el rey de Esparta, Pausanias II, prefiriendo, sin duda, una Atenas apacible a una serie de conflictos incesantes, impuso a Lisandro una  solución pacífica:   la constitución democrática sería restablecida en Atenas, de donde se retiraría la guarnición espartana. Una amnistía puso fin a las luchas civiles. La democracia restablecida iba, desgraciadamente, a comenzar con un acto deplorable: el proceso y la condena a muerte del gran filósofo Sócrates    399 a. de J. C).

Los filósofos y los autores dramáticos desempeñaban un papel importante en la vida ateniense. Pericles se había rodeado de intelectuales. Por medio de sus comedias, Aristófanes, favorable a la oligarquía, había intervenido, en varias ocasiones, en los asuntos políticos. En Los Caballeros atacaba al Demos, el pueblo, y a su mayordomo, el curtidor. Los atenienses se reían con esta sátira dirigida contra Cleón, el demagogo desaliñado. De la misma forma, Aristófanes, con La paz. quería apoyar las intenciones pacíficas de Nicias.

Durante la guerra del Peloponeso, la juventud ateniense seguía las enseñanzas de los sofistas, especialistas en «Sabiduría», que enseñaban a razonar y argumentar con precisión. Uno de los más célebres fue Protágoras. Para él, el razonamiento era la principal fuerza del mundo.

Había leído un día en presencia de amigos, entre los que se encontraba el dramaturgo Eurípides, un tratado que comenzaba con estas audaces líneas: «En lo que concierne a los dioses, ignoro si existen; no sé a qué se parecen… el tema es oscuro, y nuestra vida de mortales breve». La obra causó escándalo, y Protágoras huyó al exilio.

Otros  sofistas habían rebajado su arte hasta convenirlo en una pura enseñanza de argucias, de principios hábiles y falsos. Poco importaba la verdad, si se conseguía embarullar al adversario con disimulos y astucias sutiles, los «sofismas». Un hombre había querido utilizar el pensamiento y la razón para buscar la verdad y el bien: Sócrates. Era feo, pero su bondad y su inteligencia notables le ganaron sólidas amistades. Su divisa era: «conócete a ti mismo».

Estimaba que quien conoce la verdad no puede hacer mal, y se dedicó durante toda su vida a hacer que los otros descubrieran la luz. Con preguntas de apariencia anodina, forzaba a su interlocutor, empleando sólo el razonamiento, a precisar su pensamiento, a hacerlo lógico, a descubrir una realidad profunda que ningún argumento pudiera quebrantar luego. Este arte de «dar a luz» a los espíritus se llama «mayéutica». Sus numerosos amigos, entre los que se contaban Alcibíades y Platón, hicieron olvidar a Sócrates los disgustos que le causaba su mujer, Jantipa.

Desgraciadamente, Sócrates vivió las horas más sombrías de la historia de Atenas. Una vez vencidos, los atenienses achacaron su derrota a que los dioses, enfurecidos, los habían abandonado. ¿Acaso la mutilación de los Hermes no había precedido al desastre de Sicilia? Los atenienses, que buscaban una víctima propiciatoria, se decidieron por Sócrates, que había sido maestro y amigo de Alcibíades. A causa de su filosofía, que era mal comprendida, fue acusado de impiedad.

Así, Sócrates compareció ante un tribunal popular, para responder de la doble acusación de impío y de corruptor de la juventud. Gomo encontraba la acusación absurda, Sócrates apenas se defendió. Sus adversarios solicitaron la pena de muerte. Según la costumbre, Sócrates tenía que proponer, a su vez, otra pena, y el pueblo escogería entre ambas. Pero como no se reconocía ninguna culpabilidad, Sócrates propuso que el Estado lo mantuviera hasta el fin de sus días.

El pueblo ni comprendió ni valoró esta insolencia. La mayoría, que sin duda habría preferido condenarlo a una pena leve, no tenía posibilidad de elección, y votó por h muerte. Sócrates fue encarcelado. Sus amigos quisieron facilitarle la huida, pero ñ rechazó esta solución y prefirió una muerte honrosa a una vergonzosa huida. El día de la ejecución, él mismo tuvo que reconfortar a sus desolados amigos; después, sin temblar, bebió la cicuta, se paseó un poco, y luego, al sentir los primeros síntomas mortales, se acostó: así murió el mejor y más justo de los hombres.

Sócrates había muerto, pero el socratis-mo nacía. El lo había comprendido bien: la nobleza de su muerte liberó la filosofía y la ciencia. Todos los conocimientos experimentaron entonces un gran desarrollo. Hipócrates se negó a considerar al enfermo como una simple víctima de la venganza de los dioses. Después de Herodoto, agradable narrador que amasaba informaciones, verdaderas o falsas, sobre el mundo entero, la historia encontró en Tucídides el autor de un método.

La anécdota desaparecía, sustituida por noticias seguras. Se abandonó la mitología. Tucídides era imparcial, y esperaba que las lecciones del pasado permitirían a los hombres evitar los peligros del presente. Gracias a este testigo de su tiempo, conocemos muy bien las tragedias de la guerra del Peloponeso.

Fuente Consultada:
HISTORAMA Tomo II Los Griegos – La Aventura del Hombre – Edit. CODEX

Lisandro Jefe Espartano Guerra de Decelia Contra Atenas

LISANDRO EN LA GUERRA DEL PELOPONESO

La ocasión inmediata de la Guerra del Peloponeso fue la ayuda que prestó Atenas a la ciudad de Corcira sublevada contra su metrópoli, Corinto. Esta presentó su protesta ante la Liga del Peloponeso, la cual exigió a los atenienses que retiraran su protección a Corcira y permitieran el libre comercio a la ciudad de Megara. Atenas se negó.
Esta lucha —narrada magistralmente por el historiador Tucidides— comprende tres períodos:

1)   Guerra de los diez años (431-421 a. C.) que se inicia con la invasión del Ática por los espartanos y se prolonga hasta la paz de Nicias.

2)    Un periodo de siete años (421-414 a. C.)  de aparente calma,  en  el cual se destaca la expedición a Sicilia.

3)   La Guerra de Decelia,  que termina con la victoria de Esparta y el agotamiento general de toda Grecia.

Tercer período: guerra de Decelia
En el año 413 (a. C.) los espartanos desembarcaron nuevamente en el Ática y se establecieron en Decelia, a 24 kilómetros de Atenas. Allí construyeron una fortaleza y dejaron una fuerte guarnición encargada de obstaculizar el comercio de su enemigo y devastar los alrededores.

Los espartanos se aliaron con los persas y confiaron sus fuerzas a un hábil guerrero y buen diplomático llamado Lisandro.

Los atenienses triunfaron en la batalla naval de las islas Arginusas, pero Lisandro —con ayuda de los persas— venció totalmente en Egospó-tamos (cerca de Helesponto). Esta victoria decidió la guerra; los espartanos sitiaron a Atenas que, sin flota, no pudo resistir: finalmente, aceptaron las duras condiciones de paz propuestas por Lisandro (404 a. C).

guerra de decelia

Lisandro fue almirante y político espartano. En los últimos años de la guerra del Peloponeso entre las ciudades griegas de Atenas y Esparta mandó la flota espartana. Su suerte se recuperó como resultado de la amistad que entabló con el príncipe persa Ciro el Joven, quien le apoyó económicamente, lo que le permitió derrotar a la flota ateniense cerca de la costa de Asia Menor en el 407 a.C. Falleció en -395.

LISANDRO Y LA DERROTA DE ATENAS (404 a. de J. C.)
En estos momentos decisivos, los espartanos tuvierpn la suerte de encontrar un jefe excepcional, astuto y brutal a la vez, Lisandro. Este se apoyó resueltamente en Persia, pues era amigo de Ciro el Joven, uno de los hijos de Darío II, sátrapa de Jonia. El oro persa le permitió formar una buena flota, que venció a la marina ateniense (407 a. de J. C). Alcibíades se exilió de nuevo. Su carrera terminaba con un fracaso.

Finalmente, el año 405 antes de J. C, Lisandro destruyó por completo la flota de Atenas, cerca de las costas tracías, en Egospótamos. Después, marchó a bloquear El Pireo; Atenas, entre tanto, había sido asediada por tierra. Lo único que quedaba era capitular. Corínto y Tebas querían arrasar la ciudad. Pero Esparta, previendo futuros conflictos con sus aliados, y queriendo establecer un equilibrio en el que ella dominara, se opuso. Atenas perdía su Imperio, y la Liga de Délos era disuelta. Las Murallas Largas debían ser demolidas; la flota era reducida a nueve unidades. Se suprimían las cleruquias, y los colonos eran repatriados al Ática.

Alcibíades, que se había refugiado de nuevo en Persia, era aún considerado peligroso por los espartanos; por ello, se envió una tropa para asesinarlo. Su prestigio era todavía tan grande, que atemorizaba a los soldados; éstos no se atrevieron a atacarlo   de   frente,   y   Alcibíades   pereció atravesado  por  flechas   y  venablos:   tenía   47 años.

Había nacido con la democracia  ateniense.   Su   muerte,   como   su   nombre, son sinónimos de la decadencia de Atenas. Sin embargo, no hay que hacer responsable a Alcibíades de todas las derrotas de Atenas, pues sí, a pesar de sus faltas tan visibles,  pudo   imponerse   en   Atenas,   fue porque los ciudadanos,  perdiendo  el  sentido de la moderación, lo eligieron como jefe. Los atenienses, por lo tanto, fueron también   culpables.   Encontramos   aquí   el canto de la tragedia griega: el destino quiere que los que se entregan a la desmesura paguen el precio de su error.

Fuente Consultada:
HISTORAMA La Gran Aventura del Hombre Tomo II Los Griegos Edit. CODEX

Alcibiades General Griego La Expedición a Sicilia

ALCIBIADES: GUERRA CONTRA SIRACUSA Y SU RELACIÓN CON LOS PERSAS

La ocasión inmediata de la Guerra del Peloponeso fue la ayuda que prestó Atenas a la ciudad de Corcira sublevada contra su metrópoli, Corinto. Esta presentó su protesta ante la Liga del Peloponeso, la cual exigió a los atenienses que retiraran su protección a Corcira y permitieran el libre comercio a la ciudad de Megara. Atenas se negó.
Esta lucha —narrada magistralmente por el historiador Tucidides— comprende tres períodos:

1)   Guerra de los diez años (431-421 a. C.) que se inicia con la invasión del Ática por los espartanos y se prolonga hasta la paz de Nicias.

2)    Un periodo de siete años (421-414 a. C.)  de aparente calma,  en  el cual se destaca la expedición a Sicilia.

3)   La guerra de Decelia,  que termina con la victoria de Esparta y el agotamiento general de toda Grecia.

Segundo período: la expedición a Sicilia
Al poco tiempo llegó al  poder en Atenas un joven  audaz y caprichoso  llamado Alcibíades.   Partidario  de  la  guerra,   inició  una violenta prédica  que  terminó   con   el   envío   de   una   expedición   para   atacar   a Siracusa, la gran colonia espartana de Sicilia.

La armada zarpó en el año 415 (a. C); la dirigían tres militares, uno de ellos Alcibíades. Al llegar a destino los jefes atacantes no se pusieron de acuerdo y perdieron un tiempo valioso que fue aprovechado por los espartanos para enviar una flota al mando de Gilipo.

Finalmente los atenienses fueron derrotados. El desastre provocó gran conmoción en el mundo griego. Desde ese momento, Atenas abandonó sus deseos de conquista y sólo trató de salvar su existencia como estado  independiente.

barco griego

Los espartanos vencen en la batalla naval de Egospótamos. En primer término la nave insignia ateniense emprende la fuga mientras otras embarcaiones son destruidas por los vencedores.

ALCIBIADES
Entre los atenienses que atacaban a Nicias (había firmado un pacto de paz) por considerarlo demasiado conciliador con Esparta, se encontraba un joven ambicioso, bien dotado y de bello aspecto: Alcibíades, que pertenecía a la misma familia aristocrática que Clístenes, Milcíades y Pericles. Habiendo perdido muy joven a su padre, había sido recogido por Pericles, y fue también discípulo de Sócrates. Todo el mundo quería a este joven bello y apasionado, arrogante y encantador cuando lo deseaba. Era muy admirado y sus modales encontraban fácil imitación.

alcibiades

General Ateniense: Alcibiades (450-404 a.C.)

Las mujeres lo adoraban. Aun sus excesos y sus aventuras seducían a los atenienses. Alcibíades, sin embargo, a pesar de ser inteligente, era superficial. Sócrates hizo todo lo que pudo para formar su carácter; un tierno afecto los unía. Sócrates había conseguido   salvarle   la   vida,   y,   algunos años  después,  su  discípulo le  pagó  con  la misma   moneda.

A Alcibíades le importaban poco los medios; sólo le interesaba el éxito. Se cuenta de él esta enécdota reveladora: en el curso de un combate con un camarada, Alcibíades, dándose cuenta de que lo vencían, quiso morder una pierna de su adversario, cosa que estaba completamente prohibida. El otro, entonces, indignado, le reprochó: «Alcibíades, muerdes como una mujer». «No—respondió éste—, muerdo como un león». El virus de la política invadió en seguida a Alcibíades; quería ser el más grande hombre de Grecia, y comprendía que la paz ponía obstáculos a su gloria naciente.

EL DESASTRE DE SICILIA
No tardó en encontrar un pretexto: algunas ciudades de Sicilia pidieron ayuda a Atenas contra la poderosa Siracusa, aliada de Esparta. Sicilia interesaba a los comerciantes atenienses, pues había en ella mucho trigo, y podía servir de cabeza de puente para dominar el comercio del Mediterráneo occidental. Alcibíades, que había sido elegido estratega, propuso un plan para invadir, a pesar de la oposición de Nicias. Cien navíos y cinco mil hoplitas fueron equipados. Nunca, quizás, habían puesto los atenienses tantas esperanzas en una flota, en una expedición que debía reportar un enorme botín.

La víspera de la partida, sin embargo, se produjo un escándalo: se encontraron mutiladas todas las columnas de Hermes. Estas estatuas se encontraban en Atenas por todas partes, en las calles, en las plazas, ante los templos. ¿Quién había podido cometer tal sacrilegio? La amplitud de las depedraciones parecía probar que existía un plan preparado y puesto en práctica metódicamente. No se quiso impedir la partida de la expedición, y todos los habitantes de Atenas se dirigieron al Pireo para despedir a la flota.

Sin embargo, apenas llegó ésta a Sicilia, Alcibíades, del que se sospechaba, fue llamado a Atenas. El fingió aceptar, y dejó a Nicias de comandante en jefe, pero, tras partir en su propio barco, hizo que lo desembarcaran en la costa de Italia meridional, y el barco volvió a Atenas sin él. Fue condenado a muerte en rebeldía, y se le confiscaron sus bienes. Al enterarse del veredicto, Alcibíades se contentó con decir   cínicamente:   «En  seguida  probaré  a los atenienses que sigo vivo». Aconsejó a los espartanos que ocuparan un punto al norte del Ática, para impedir que Atenas explotara sus minas de plata, lo cual provocó rápidamente una crisis económica y financiera en aquella ciudad.

Mientras tanto, la flota ateniense era bloqueada en Siracusa (Sicilia), y no pudo romper el cerco. Su ejército, entonces, se replegó hacia el Sur, esperando encontrar aliados. Pero todas las ciudades se cerraban ante la llegada del ejército ateniense. Perseguido por el enemigo, a quien Esparta había enviado su mejor general, Gylippos; padeciendo de hambre y sed, el ejército ateniense se rindió.

Sus jefes fueron ajusticiados, y los supervivientes, encerrados en los latomios, canteras de Siracusa, donde murieron de hambre y sed. Esparta había vengado la deshonra de Esfacteria (413 a. de J. C). La que habría debido ser gloriosa expedición a Sicilia, terminaría con una catástrofe. Se había perdido el honor, y con él la parte principal del ejército y de la flota. Así terminó el sueno de dominar el Mediterráneo.

Sólo quedaba en Atenas combatir por mi propia supervivencia. Los atenienses habían dominado demasiado tiempo a sus aliados, para que éstos, apoyados por los persas y los espartanos, no buscaran libelarse. Al mismo tiempo, aconsejados también por Alcibíades, los habitantes del Peloponeso construyeron una flota de guerra, cuya tripulación sería sostenida con el oro persa; a cambio, Persia restablecería su protectorado sobre las ciudades griegas de Asia Menor, a las que había renunciado por la Paz de Callias. Esto constituía una verdadera traición a la causa griega.

LAS TRAICIONES DE ALCIBÍADES
El rey de Persia, Darío II, veía posibilidades de convertirse en el arbitro de la situación. Además, pronto se le unió un aliado importante, Alcibíades, que no cometía, con ésta, su primera traición. Alcibíades, en efecto, había seducido a la mujer de un rey espartano, y éste había querido matarlo. Alcibíades, entonces, buscó refugio junto a un sátrapa persa de Asia Menor: Tisafernes.

El estilo oriental, por otra parte, agradaba sobremanera al arrogante ateniense, que sabía apreciar el lujo. El desastre de Sicilia había provocado en Atenas la caída del régimen democrátrico, al que se hacía responsable de todas las desgracias. Los partidarios de la aristocracia habían suprimido las dietas por la  asistencia   a  la   «Ecclesia»,   reservando los derechos políticos a cinco mil ciudadanos ricos. Los nuevos señores estaban divididos sobre el problema de la paz con Esparta.

Entre tanto, el versátil Alcibíades aconsejaba a los persas que trataran con miramiento a Atenas, pues Esparta podía hacerse demasiado poderosa. Intentaba reconciliarse con su patria, y lo consiguió; fue perdonado y participó en las batallas victoriosas que Atenas libró por tierra y por mar (410 a. de J. C), llegando a tomar Bizancio, en el Helesponto.

Los demócratas habían restablecido su poder en Atenas, donde Alcibíades, nombrado de nuevo estratega, ¡fue recibido triunfalmente como salvador de la patria! (408 a.C.). Pero estos éxitos no iban a proyectarse en el porvenir. Con la ayuda de Persia. Esparta iba a conseguir la victoria final.

Fuente Consultada:
HISTORAMA La Gran Aventura del Hombre Tomo II Los Griegos Edit. CODEX

Paz de Nicias entre Atenas y Esparta Cleón El Curtidor

FIRMA DE LA PAZ EN PRIMERA GUERRA DEL PELOPONESO

La ocasión inmediata de la Guerra del Peloponeso fue la ayuda que prestó Atenas a la ciudad de Corcira sublevada contra su metrópoli, Corinto. Esta presentó su protesta ante la Liga del Peloponeso, la cual exigió a los atenienses que retiraran su protección a Corcira y permitieran el libre comercio a la ciudad de Megara. Atenas se negó.

Esta lucha —narrada magistralmente por el historiador Tucidides— comprende tres períodos:

1)   Guerra de los diez años (431-421 a. C.) que se inicia con la invasión del Ática por los espartanos y se prolonga hasta la paz de Nicias.

2)    Un periodo de siete años (421-414 a. C.)  de aparente calma,  en  el cual se destaca la expedición a Sicilia.

3)   La guerra de Decelia,  que termina con la victoria de Esparta y el agotamiento general de toda Grecia.

Primer período: La lucha fue iniciada por los espartanos y sus aliados, quienes in vadieron el Ática y arrasaron las viviendas y los sembrados. Los habi tantes debieron refugiarse en Atenas, ciudad que fue azotada por una epidemia que causó numerosos muertos, entre ellos el estadista Pericles.

El ateniense Cleón fue elegido estratego y debió marchar hacia ei norte para recuperar Anfípolis, tomada por el general espartano Brasidas. Derrotado por el enemigo, Cleón pereció en la lucha.Luego de este episodio, ambos adversarios decidieron firmar la paz, conocida como Paz de Nicias.

Nicias (c. 470-413 a.C.), fue un político y general ateniense. Miembro de una rica familia, encabezó el partido aristocrático y, desde el 429 a.C., logró ser elegido en repetidas ocasiones estratega de las fuerzas de Atenas, lo que le llevó a ser una de las figuras principales de la fase inicial de la guerra del Peloponeso (431-404 a.C.) que enfrentó a Esparta con su ciudad. Tras alcanzar una serie de victorias desde el 424 a.C., logró imponer su tesis apaciguadora, especialmente tras la muerte de su rival Cleón (422 a.C.).

HISTORIA:

Durante la Guerra del Peloponeso, Pericles murió por una peste que asoló a la ciudad de Atenas mientra estaba cercada por los espartanos. Murió después de haber visto perecer a sus dos hijos, a su hermana y a numerosos parientes (429 a. de Jesucristo). De esta manera  desapareció el hombre que durante cuarenta años había gobernado la democracia ateniense, y que había sabido dirigir al pueblo de forma que creyera que se gobernaba a sí mismo. Desgraciadamente, sus sucesores no lo igualaron. Les faltaba firmeza; querían seducir al pueblo, y no sabían dirigirlo. La democracia fue sustituida muy pronto por la demagogia.

CLEON EL CURTIDOR. LA PAZ DE NICIAS (421 a. de J. C.)
El hombre que consiguió ganarse el favor del pueblo fue Cleón, un curtidor. Su gobierno comenzó con un triunfo. La flota ateniense consiguió bloquear a varios centenares de soldados espartanos en el islote de Esfacteria. Los atenienses tenían, así, a su merced, casi como rehenes, a un tercio de los mejores hoplitas espartanos. Además, podían desembarcar en Mesenia, y sublevar allí a los ilotas.

Esparta se atemorizó y pidió la paz. Pero Cleón y Atenas no supieron aprovechar la situación. Desorbitando  su éxito,  quisieron  imponer a Esparta unas condiciones exageradas y deshonrosas.   Esparta  las  rechazó.

Mientras tanto, los espartanos cercados en Esfacteria, seguían resistiendo. El gobierno de Esparta prometió la libertad a todos los ilotas que consiguieran avituallar a los hoplitas. Numerosos ilotas arriesgaron entonces sus vidas para alcanzar a nado el islote asediado y llevarles alimentos. Como los atenienses no conseguían apoderarse del fuerte, Cleón decidió dirigir personalmente el ejército.

El curtidor se convirtió, así, en almirante; y tuvo suerte: se apoderó de Esfacteria y capturó a los espartanos supervivientes. ¡Qué sensación! ¡Espartanos descendientes de Leónidas, héroes de las Termopilas, se habían dejado capturar vivos y rendido sus armas! De nuevo pidió Esparta la paz, y de nuevo la rechazó Atenas. Los espartanos tuvieron que apelar otra vez a su valor, y su jefe, Brasidas, ocupó las costas de Tracia. Desde allí, hizo un llamamiento a la rebelión, y la mayoría de las ciudades de Tracia abandonaron la Liga de Delos.

El pueblo de Atenas se inquietó, y Cleón tuvo que ponerse en camino para ocupar Tracia. A causa de su inexperiencia, no supo dirigir a los valerosos soldados atenienses; vencido, se dio a la fuga, pero fue atrapado y muerto.

En el año 421 a. de J. C, los dos adversarios firmaron la paz de Nicias (nombre de su negociador ateniense), que debía durar cincuenta años y que dejaba a Atenas la herencia de Pericles.

Fuente Consultada:
HISTORAMA La Gran Aventura del Hombre Tomo II Los Griegos Edit. CODEX

La Vida del Campesino en Grecia Antigua Cultivo y Técnicas

LA VIDA EN EL CAMPO: CULTIVOS Y TÉCNICAS
Por temor a la escasez, para conseguir la autosuficiencia económica, por todas partes se cultivaban cereales: cebada y trigo entraban en la fabricación de las galletas y del pan, que constituían la base de la alimentación. El huerto procuraba, por otra parte, habas, lentejas, garbanzos y cebollas. Algunos frutos, peras e higos completaban la alimentación. Los rebaños de ovejas y de cabras pastaban en la montaña.

Así, el campesino estaba seguro de no carecer de lo esencial. La apertura de vías comerciales y la vocación marítima de Atenas, permitieron introducir a bajo precio el trigo del Ponto, de Egipto y de Sicilia, desanimando así al campesino de producirlo en su localidad. Pero, aprovechando los circuitos comerciales que el poder ateniense había establecido en el Egeo, el campesino pudo desarrollar cultivos de valor, esencialmente la vid y el olivo.

Esclavos Trabajando en Grecia Antigua

Esclavos en Trabajos Rurales en Grecia Antigua

El pequeño propietario, tenaz en su la bor, no teniendo otra fortuna que sus brazos, y quizás un par de bueyes y de esclavos,   fue   cantado   por   todos   los   poetas, trágicos o cómicos. Su entusiasmo, su humildad, han simbolizado siempre el destino de la Humanidad. Desde el amanecer, se le veía arrancar las piedras de un campo ingrato,  desbrozar,  plantar viñas u olivares.  Naturalmente, las técnicas eran muy rudimentarias. Un arado mediocre no hacía más que rascar el suelo: era necesario acabar el trabajo con un azadón.

Después de la recolección,  el  trigo,  extendido  en una era, era pisoteado por el ganado grano se molía, después, en un mortero, con la ayuda de la mano del mismo,’ de piedra. Las aceitunas se recogían con una caña larga. El trabajo más importante tenía lugar en la época de la vendimia:   el campesino y sus vecinos  recolectaban las uvas al son de un oboe; después, se metía la cosecha en una enorme cuba de madera y los hombres, la pisaban para exprimirla. Por la mañana temprano, los aldeanos  se dirigían a la ciudad, donde podrían vender sus productos.

En los días sombríos, eran los- primeros afectados. En tiempo de guerra, por ejemplo, se refugiaban detrás de los  muros  de  Atenas,  hacinándose  en  la ciudad, sin recursos, mientras  sus  árboles eran cortados y sus campos arrasados por el enemigo. Años de trabajo perdidos:  no les quedaba otro recurso que volver a empezar, tan pronto como la precaria paz llegara.

Sin embargo,, en el siglo V a. de J. C, los pequeños campesinos vivían con cierto desahogo. Su vino, su aceite se vendían bien; a cambio, aportaban a la democracia e! peso de su buen sentido y de su equilibrio. Sabían que la democracia, como la tierra, no puede devolver más que lo que se le ha dado.

Fuente Consultada:
HISTORAMA Tomo II Los Griegos con Pericles Edit. CODEX

La Moneda en Grecia Antigua Lechuza de Plata

MONEDA EN GRECIA: LA LECHUZA DE PLATA
Atenas fue, con Corinto, la única ciudad de Grecia que no despreciaba el trabajo manual. En Esparta, por ejemplo, ninguno de los Iguales podía ejercer una profesión lucrativa: todos debían consagrarse a la vida militar; no podía comprenderse más que el interés por la ciudad, y la consecuencia fue el desprecio del ciudadano por el trabajo. Para ellos, trabajar era cosa de los bueyes y los esclavos. Los atenientes, por el contrario, honraron el trabajo. Sin embargo, esto no vino por sí solo, puesto que fue necesaria una ley castigando a todo el que reprochara su profesión a un ciudadano.

En realidad, los aristócratas de Atenas despreciaban el trabajo, y a todos aquellos que ejercían una profesión, tanto como cualquier espartano. Pero la democracia ligó su destino al respeto por el trabajo. Por otra parte, la ciudad se interesaba por la producción. Por supuesto, no se trataba de planificar, de dirigir, sino solamente de favorecer la producción en cantidad.

moneda griega lechuza de plata

«La grandeza de nuestra ciudad, declara  Perícles,   atrae   los   productos del mundo entero». El Píreo era un rico puerto de importación y distribución, en donde se compraba trigo y se ofrecía vino, aceite y productos manufacturados. La lechuza, símbolo de Atenas, ornaba las piezas de la moneda fuerte que aseguraba la estabilidad de los intercambios.

Gracias a Solón, se fijan los pesos y medidas, las unidades de moneda La moneda ateniense, en plata, acuñada con una lechuza, tenía curso en todas las plazas comerciales del mundo: ya no era necesario pesar el metal; el sello de Atenas daba fe, y este crédito favorecía los intercambios y, por lo mismo, la producción. La prueba de esta eficacia, es que jamás, ni siquiera en las horas más sombrías, aceptaron los atenienses alterar su moneda.

Como la libra esterlina en el siglo XIX o el dólar de nuestros días, la lechuza ateniense era la base del comercio mundial. Pero que no se piense que se alcanzaban producciones enormes. Cada ciudad no disponía más que de un territorio exiguo: las llanuras eran raras y para los cultivos había que utilizar las pendientes de las colinas y de las montañas. En el Ática, el campo era explotado, sobre todo, por pequeños campesinos libres.

Estos fueron protegidos por las leyes de Solón y de Pisístrato, que veían en las clases medias un elemento esencial para la estabilidad política. Sin embargo, existían también importantes propiedades, en las que se utilizaba la mano de obra servil.

Metecos y Esclavos en Grecia Antigua Vida y Derechos

METECOS Y ESCLAVOS EN ATENAS DE PERICLES
En la antigua Grecia, se llamaba meteco al extranjero que se establecía en Atenas y que no gozaba de los derechos de ciudadanía. El número que vivía en Atenas ha sido evaluado en 70.000. Los metecos eran hombres libres, extranjeros de nacimiento, pero domiciliados en el Ática.

Esta tolerancia es uno de los fenómenos más extraordinarios del mundo antiguo. Generalmente, en efecto, nada protegía al extranjero: era, en el sentido propio, un fuera de la ley; el asesinarlo no hubiera desencadenado entonces ninguna persecución. Pero, quizá porque Atenasestimaba el trabajo, acogió a los trabajadores llegados del mundo entero y les concedió la protección de la ley. Bastaba tener un padrino, para ser inscrito en un registro. Pero el extranjero estaba sometido a una doble incapacidad; primero, no podía adquirir ninguna tierra, pues ésta escaseaba demasiado para que se pudiera pensar en compartirla.

cuadro clases sociales en atenas

Por otra parte, el meteco no podía casarse con una ciudadana y, en consecuencia, sus hijos no podían llegar a ser ciudadanos. Aparte esto, se les trataba en las mismas condiciones de igualdad. Podían, incluso, recibir concesiones de minas, encargos del Estado, participar en la vida religiosa de Atenas. Sin embargo, en el Pireo sobre todo, los metecos del mismo origen preferían agruparse en cofradías, para celebrar su culto original.

A cambio de estas ventajas, únicas en el mundo, el meteco tenía deberes importantes: pagaba los mismos impuestos, debía cumplir el servicio militar. Esta actitud liberal de Atenas con respecto a los extranjeros, estaba ligada a los intereses de la gran ciudad. Se encontraban metecos en todas las industrias y no se mostraban descontentos con su tarea.

Se les hallaba, sobre todo, en. el trabajo de los metales. Así, un meteco, el armador Kefalos, poseía un taller que reunía 120 obreros. Los metecos ocupaban también el primer lugar en el comercio. Atenas atraía a los grandes artistas y a los grandes pensadores: así, Hipodamos de Mileto, que construyó el Pireo, el pintor Polignoto de Tasos, el médico Hipócrates de Cos fueron huéspedes de Atenas. El éxito de la ciudad se debía, en parte, a la actividad de los metecos.

Atenas había demostrado que el cosmopolitismo, al poner en contacto técnicas y opiniones diversas, favorece el progreso y realiza una promoción del hombre.

Sin embargo, es preciso limitar nuestro entusiasmo. La mayoría de la población de Atenas estaba compuesta de esclavos. Todos los griegos pensaban que una sociedad, si quería sobrevivir, no podía prescindir de los esclavos. Aristóteles, además, consideraba que éstos no tenían alma. Pero recordemos que otras civilizaciones han utilizado proletarios, nacionales o extranjeros, para efectuar las faenas ingratas.

Los esclavos permitían a los otros ciudadanos desarrollar su inteligencia y ocuparse de la política. Egoísmo que no es exclusivo de Grecia. También debemos precisar que la suerte de los esclavos no siempre era deplorable. La mayoría de ellos provenían de la guerra (¡ay de los bárbaros vencidos!); otros, habían nacido en las casas, hijos de esclavas. Los piratas no cesaban además, de abastecer el mercado.

Estos esclavos no tenían ningún derecho: eran cosas; el dueño podía venderlos, frecuentemente por menos dinero que un buey. Sin embargo, los atenienses no fueron, realmente, demasiado duros con sus esclavos. Los amos no tenían sobre ellos derecho de vida y muerte, y, refugiándose en el templo de Teseo, el esclavo podía siempre exigir ser vendido a otro dueño. Además, los sentimientos se encargaban de limitar la dureza de su condición: los esclavos eran frecuentemente tratados como miembros de la familia. El banquero Pasión llegó hasta conceder la libertad a uno de sus esclavos y le confió la gerencia de sus negocios; en su testamento lo nombró, incluso, tutor de su hijo.

El Estado era el principal propietario de esclavos; éstos ocupaban los puestos secundarios de la administración: bedeles de las asambleas, agentes de policía, etc. Los más desgraciados de todos eran los que trabajaban en las minas y en los molinos; a estos lugares, además, se enviaba a los esclavos de los que se tenían quejas.

Fuente Consultada:
HISTORAMA Tomo II Los Griegos con Pericles Edit. CODEX

Temístocles y Milcíades: Héroes de Atenas Estadistas Griegos

TRISTE FINAL DE GRANDES HOMBRES DE GRECIA: MILCÍADES Y TEMISTOCLES

En Batalla de Maratón contra los persas Grecia había sido salvada por la brillante actuación infantes atenienses, a los que se podía considerar como simples «aficionados» al lado de los guerreros de Esparta. En Maratón, la libertad fue salvada por primera vez. El mundo debía mucho a un puñado de hombres, gloria y orgullo de  Atenas,  que,  de un  golpe,   se alzó sobre las demás ciudades griegas. Atenas erigió, en la llanura, un túmulo por los héroes muertos y ofreció un tesoro a Delfos.

General Milcíades    General Temistocles

                 General Milcíades                                               General Temistocles

Ante los ojos de Darío, rey de los persas,  los victoriosos griegos no eran más que muertos a plazo fijo. Se había perdido una batalla, pero se ganaría una guerra. Darío podría levantar un ejército, dos, tres, diez veces superior y aplastar a los griegos.

El milagro de Maratón no podría producirse otra vez. Darío sólo sueña con el desquite. Pero otras dificultades le impiden que se consagre a su venganza, y, en el año 485 a. de J. C, muere humillado, sin haber conseguido nada. Su hijo Jerjes se encarga de preparar la invasión. Metódicamente, con calma, los persas concentran sus fuerzas. Jerjes pacificó una vez más Egipto y Caldea; llegó a un acuerdo con Cártago, para que se ocupara de sus enemigos de Grecia Occidental e impidiera cualquier ayuda de las colonias a la madre patria; y, finalmente, negoció con las tribus de Grecia del norte.

Entre tanto, los griegos, satisfechos, aureolados con su gloria, reanudaron las querellas entre ciudades, y, en ellas, las luchas entre facciones.

Evidentemente, Milcíades, el salvador, era el héroe del día. Provocaba el entusiasmo del pueblo, pero su triunfo irritaba a sus adversarios políticos. Uno de ellos, Temístocles, confiaba esto a sus amigos: «La victoria de Milcíades me quita el sueño». Aprovechando su prestigio, Milcíades quiso extender la influencia de Atenas en el Egeo. Convenció a sus conciudadanos para atacar la isla de Paros.

La riqueza de esta isla se debía a la abundancia y calidad de las canteras de mármol que allí se explotaban. Pero, además, la expedición bélica se podía justificar por la actitud de la isla durante la Primera Guerra Médica. Al aceptar la sumisión, los naturales de Paros habían ayudado a los ejércitos de Darío, poniendo barcos a su disposición.

Seguro de su autoridad de vencedor de Maratón, Milcíades les exigió la enorme suma de 100 talentos. Pero comoquiera que los habitantes de Paros se negaran a pagar, Milcíades puso sitio a la ciudad. Sin embargo, el sitio fracasó, y Milcíades tuvo que retornar a Atenas. La gloria de Atenas había sido comprometida por este fracaso, lo que dio ocasión para que los adversarios de Milcíades cargaran sobre él toda la responsabilidad.

Los atenienses se dieron cuenta, de pronto, de que el prestigioso Milcíades no había respetado las leyes de la ciudad democrática. El vencedor se había convertido en tirano. Milcíades ni siquiera pudo defenderse: habiéndosele infectado una herida y provocado la gangrena, tuvo que asistir a su proceso, acostado en una camilla. Sus amigos consiguieron salvarle la vida invocando sus pasadas hazañas, pero fue condenado a pagar una multa de 50 talentos. Poco después, moriría a causa de sus heridas; los grandes vencedores no tardan en convertirse en un estorbo.

La aventura ocurrida a Milcíades es un ejemplo, aunque no único. Los atenienses justificaron su actitud afirmando que Milcíades, cuando fue vencedor, había pasado de la angustia al orgullo, y, en consecuencia, había olvidado la calidad esencial del espíritu griego: la mesura.

En todo caso, para evitar nuevos riesgos, el pueblo de Atenas instituyó una nueva ley: el ostracismo. Cuando se tenían sospechas de que alguno aspiraba a la tiranía, la asamblea del pueblo se reunía y, en una «papeleta» de voto, el ostrakon, escribía el nombre de aquél cuya ambición se temía.

La persona cuyo nombre figuraba en la mayoría de las fichas, tenía diez días para marcharse de la ciudad, y no podía volver antes de diez años; sin embargo, podía conservar sus bienes. Esta medida terrible comportaba el peligro de privar a la ciudad de siís mejores elementos, pero también obligaba a los jefes de Atenas a una prudencia, a una austeridad, a una discreción beneficiosa para los intereses comunes.

Tal vez la costumbre del ostracismo explique el éxito de un Pericles que, en el siglo v a. de J. C, supo gobernar Atenas sin aparecer demasiado en la escena política. En Atenas, el heroísmo era compatible con la mesura. El héroe oculto dejaba al pueblo que tomase las sabías o geniales decisiones que él le sugería, dejándole también la gloría: supremo equilibrio que toda civilización ha querido tomar como modelo, Desde este punto de vista, la ingratitud de Atenas rindió un gran servicio a la humanidad.

TEMISTOCLES Y EL MAR: Tras la muerte de Milcíades, comienza la era de Temístocles, cuya influencia iba en aumento desde hacía diez años. Al contrario que todos los jefes que se habían ilustrado en Atenas, Temísocles no era más que un plebeyo, hijo de un extranjero: ningún clan, ninguna fortuna contribuían a situarlo en primera fila.

No contaba más que con su habilidad y su talento. Pero no tenía ningún escrúpulo: su espíritu, carente de prejuicios, era sumamente claro. Atenas le debe el haber escogido el camino del mar. En Laurión, cerca de Atenas, se acababa de descubrir un yacimiento de plata.

Esta riqueza pudo haberse utilizado para reducir los impuestos, para hacer más grata la vida de los ciudadanos. Pero Temístocles comprendió el peligro de esta facilidad. Los persas, a quienes los vanidosos atenienses creían haber alejado definitivamente, sólo habían sido rechazados. Era necesario, pues, como pensaba el estratega Temístocles, crear una marina de guerra: el porvenir de Atenas estaba en el mar.

Temístocles consiguió que el producto de las minas de Laurión fuese asignado a la construcción de navios de guerra, novedad tanto más importante cuanto que los maratonianos, a los que nosotros llamaremos los «antiguos combatientes», no comprendían que se pudiese cambiar una estrategia que ya había sido probada.

Pero Temístocles no se quedó rezagado en cuanto a la técnica de la guerra, a pesar de la encarnizada oposición de sus adversarios (el partido de los terratenientes que dirigía Arístides «el, justo»), hostiles a la expansión marítima. Arístides fue relegado al ostracismo.

Plutarco cuenta cómo, en el momento del voto, un campesino iletrado le rogó que inscribiese el nombre de Arístides en la tablilla. «¿Te ha hecho algo?», preguntó el hombre de Estado. «Nada, pero me molesta oír llamarle el justo por todas partes».

Temístocles, al triunfar, puso en práctica su programa, y, cinco años después, Atenas poseía doscientos modernos navios. El momento había llegado. El año 481 a. de J. C, Jerjes terminó sus preparativos bélicos.

Fuente Consultada:
HISTORMA La Gran Aventura del Hombre Tomo II Edit. CODEX Los Griegos

Los Eupátridas en Grecia Características Genos y Clanes

ORGANIZACIÓN SOCIAL EN GRECIA ARCAICA

Desde la época homérica (-800) existe la vida política en Grecia. Sus habitantes vivían en pequeñas aldeas, unidas entre sí por lazos políticos. Era frecuente que una aldea más importante, emplazada en un lugar más favorable para la defensa (cosa indispensable en una época de gran inseguridad), consiguiera imponerse. La ciudad es, pues, el elemento básico de la vida política.

Estas ciudades, no eran capitales grandiosas: Homero nos dice que Agamenón ofreció siete de ellas a su hija, y Menelao, para acoger a Ulises y a su séquito hizo que todos los habitantes de una de sus ciudades la desalojaran. Sin embargo, la mayor parte de ellas estaban protegidas por enormes murallas, llamadas ciclópeas, porque era difícil admitir que hubieran sido edificadas por los mortales.

Dentro de las ciudades vivía una sociedad claramente dividida en clases. En la cumbre de la escala estaban los nobles, llamados eupátridas (los bien nacidos). Eran propietarios de tierras y sólo ellos podían adquirir los atalajes, los caballos y las armas necesarias para la guerra. Se trataba, pues, de una aristocracia militar que tenía a gala enumerar sus riquezas: tierras, viñedos, pastos, tejidos, recipientes con provisiones.

Reunían el poder económico, el poder militar y el poder político, pues esos nobles formaban los clanes o genos (plural: gene). Todos los miembros de cada genos estaban unidos por lazos de sangre o lazos religiosos. Bajo la autoridad   absoluta  del  jefe  del clan  eran  solidarios unos de otros, tanto para lo bueno como para lo malo.

Cuando uno de ellos era víctima de una exacción, el clan entero se consideraba afectado, y, en bloque, exigía una reparación al genos al que pertenecía quien había cometido la falta. Por ello, todos los troyanos fueron considerados responsables de la fechoría de Paris. Todo crimen de sangre se pagaba con la sangre, toda muerte se pagaba con la muerte. Los clanes se lanzaban a interminables venganzas, aunque, sin embargo, podían unirse en el interior de la ciudad.

Al frente de la misma, se imponía como “rey de reyes” el eupátrida que poseía más riquezas y más poder. Sin duda alguna, invocaba su origen divino, pero, en definitiva, la fuerza era la única garantía de su autoridad.

El representaba a la ciudad ante los dioses y las demás ciudades; dirigía las guerras, y, en compensación, tenía derecho a una doble parte del botín. Ocupaba el lugar de honor en las ceremonias. En su casa, mayor que las otras, había una cámara donde se deliberaba sobre las decisiones que debían adoptarse en común.

El rey, en efecto, no podía decretar nada sin oir la opinión del consejo: él presidía ese consejo, interrogando a unos y a otros. Algunas veces, cuando la decisión había sido tomada, el rey la anunciaba al pueblo reunido; éste, por sus aclamaciones o por su silencio, también manifestaba su opinión. Pero al pueblo, realmente, no le quedaba más que someterse a las iniciativas de los que poseían la riqueza y la fuerza.

Un día, delante de Ulises, un hombre del pueblo, Tersites, osó oponerse a las decisiones del consejo, por lo que fue apaleado. El pueblo, pues, sólo podía dar su consentimiento.

El pueblo se componía de hombres libres, bastardos, miembros de los clanes rechazados por sus familias, extranjeros. Algunas veces, podían roturar una parcela de terreno, pero lo más corriente era que intentaran dedicarse a algunos servicios públicos, tales como el canto o la medicina, o cualquier otro cuya técnica exigiese una especíalización. Pero las posibilidades eran reducidas, puesto que el clan se bastaba a sí mismo.

cuadro de clases sociales en atenas

LA EDAD DE ORO: MUJERES Y ESCLAVOS
Según Homero, el genos vivió días apacibles. Aparte las guerras, que producían beneficios y ofrecían la oportunidad de demostrar el valor, la vida parecía paradisíaca. Alrededor del jefe se agrupaba una familia numerosa, unida por lazos afectivos. Alcinoo, rey de los feacios, amaba tiernamente a Arete, su mujer.

Las mujeres, en realidad, apenas tenían derechos; estaban sometidas a su marido o, si faltaba éste, a sus hijos. Sus faltas eran castigadas severamente: la mujer adúltera era arrojada al mar, con el hijo adulterino, para ser juzgada por Poseidón.

Sin embargo, el papel de la madre fue creciendo, poco a poco, y las concubinas fueron siendo cada vez menos toleradas:  así, Laertes, padre de Ulises, hubo de renunciar a una concubina que había cambiado por veinte bueyes. No obstante su sumisión, la mujer no dejaba de ser coqueta; le gustaban los vestidos vapotosos, que dejaban libres los tobillos y descubiertos los brazos; se preocupaba de tener un talle fino y dedicaba bastante tiempo a sus cabellos, a menudo peinados en largas trenzas.

Como dejaba a su esposo el cuidado de dirigir a los criados, era el señor quien se ocupaba de la hacienda. Este no desdeñaba participar en las tareas domésticas, y a veces se organizaban concursos: así, Ulises estaba orgulloso de su hijo Telémaco, y Nausicaa era celebrada por sus padres. También los hijos se ocupaban de estos trabajos: Nausicaa, la princesa, quería lavar personalmente la ropa blanca de su padre.

Los domésticos, los esclavos, están, en principio, sometidos a la autoridad absoluta del amo; pero, en la práctica, son tratados con blandura y entran a formar parte de la familia. Telémaco trataba a Eumeo, el porquero, de “viejo hermano”, y éste se hallaba tan orgulloso de las riquezas de Ulises como si se tratase de las suyas propias. Nausicaa jugaba a la pelota con sus doncellas. Todos trabajaban para la hacienda.

Unos hilaban y tejían, otros se ocupaban de los duros trabajos del campo, otros fabricaban los recipientes que servían para almacenar las provisiones. La familia, el clan podía, pues, vivir autárquicamente. Los comerciantes, fenicios en su mayoría, ofrecían los tejidos y los productos exóticos, pero el comercio era reducido y estaba en manos de los extranjeros.

Un trabajo para cada uno, que evitaba los peligros y los inconvenientes de la ociosidad, la guerra, las danzas, los cantos de los aedos: he aquí los elementos que constituían la vida en la época de Homero.

La monarquía hereditaria fue abolida en el 683 a.C. por y en favor de los eupátridas, clase aristocrática originada de la poderosa oligarquía terrateniente que conservaría el poder hasta mediado el siglo VI a.C. Los eupátridas eran la única fuente de derecho y podían llegar a ser arcontes, magistrados responsables de la dirección de los asuntos bélicos, religiosos y legislativos, elegidos anualmente por el Areópago, el consejo de notables cuyos miembros, además de esta capacidad electiva de los arcontes, representaban la máxima instancia judicial.

LOS TIEMPOS ARCAICOS:
La victoria de los eupátridas
Los historiadores llaman “tiempos arcaicos” a la época que se extiende desde los comienzos del siglo VIII a. de J. C. hasta los preliminares de las guerras médicas (490 a. de Jesucristo).

Este período, cuyos vestigios e inscripciones son más precisos, está marcado por importantes transformaciones: la monarquía desaparece, se desintegran los clanes, y se constituye la ciudad griega. Por último, una nueva expansión colonial siembra de focos de helenismo al Mediterráneo, de este a oeste. Partiendo de la Grecia del Asia Menor, la civilización se extendió a la Hélade continental, que la invasión doria había arruinado. No debe olvidarse que Mileto, Efeso, Halicarnaso, Cumas, Focea, habían elaborado la cultura griega en las costas asiáticas.

Poco a poco, la realeza homérica fue desapareciendo, en beneficio de la aristocracia terrateniente. Los nobles o eupátridas rechazaron, en lo sucesivo, la autoridad de los reyes, por limitada que fuese, arrogándose todos los privilegios.

Sólo ellos conocían el derecho consuetudinario, en virtud de lo cual forman parte de los tribunales, y establecen una justicia de cíase, que les es favorable. Sólo ellos podían consultar a los dioses, de los cuales se creían descendientes. Cuando la moneda hizo su aparición, cambiaban parte de sus abundantes provisiones por metales preciosos, y prestaban este dinero, a interés elevado; si el deudor no podía pagar, se le quitaba la tierra o se le reducía a la esclavitud.

El rey ha desaparecido: los humildes tienen cien amos en vez de uno. Se establecen gobiernos oligárquicos, es decir, gobiernos cuya autoridad es ejercida por un pequeño grupo de personas. Aumenta la diferencia entre ricos y pobres (o entre gavilanes y ruiseñores, según expresión de Hesíodo). Todo era regulado por un resttingido consejo de nobles, que detentaban el poder ejecutivo y el legislativo.

Al mismo tiempo, la familia se disgrega: todos quieren vivir por su cuenta, en su propiedad privada. Algunos lo consiguen, pero otros pagan con la inseguridad el precio de su libertad relativa.

Los aristócratas poseían, pues, la tierra, las armas, el dinero y el poder político. Frente a ellos, algunos sólo tenían sus brazos y un pedazo de tierra: una mala cosecha los dejaba a merced de los poderosos. No es, pues, de extrañar que soñasen con otras costas en las que podrían encontrar la perdida edad de oro.

Fuente Consultada:
HISTORAMA La Gran Avntura del Hombre Tomo I Los Griegos – Grecia Arcaica-

Historia de Micenas Características Civilización Micénica

 ORIGEN Y DESARROLLO DE LA CIVILIZACIÓN MICÉNICA

La cultura cretense ha sido considerada madre de la cultura griega. Estos pueblos de habla griega llegaron a Creta y vivieron en Cnosos, procedían del continente, probablemente de la península que en la actualidad conocemos con el nombre de Grecia. En el 1400 a.C. fue invadida por los aqueos, que constituyeron la civilización micénica. Estos a su vez fueron desplazados en el 1200 a.C. tras la invasión de jonios y dorios.

Puerta de los Leones en Micenas

En el año 1400 a.C. el área cretense fue invadida por los aqueos, un pueblo que provenía de la zona continental de Grecia y que hablaba ya una forma de griego arcaico. Estos construyeron ciudades amuralladas, como Micenas, y fundaron la denominada civilización micénica.

INVASIONES DE LOS BÁRBAROS O INDOEUROPEOS: Los aqueos, antepasados de los griegos, pertenecían a la vasta familia de pueblos denominados indoeuropeos o arios. El primer término no significa que procediesen de una mezcla de indios y de europeos, sino que una parte de ellos, después de haber asolado las mesetas del Irán, lanzaron sus hordas hasta la India del Norte. Fue a partir del año 2000 a. C. cuando se presentaron violentamente en el Oriente mediterráneo. Parece que su superioridad provenía del uso del caballo y de las armas de hierro.

Hacia 1900 a.C., invadieron la meseta de Anatolia y fundaron el Imperio Hitita. Los kasitas, los mitannianos, que en varias ocasiones amenazaron Babilonia, estaban, igualmente, dominados por una aristocracia militar de origen indoeuropeo.

mapa de grecia antigua

Alrededor del año 1650 a. C., sus hordas ocuparon el Irán y fueron el origen de los medos y de los persas. La segunda gran oleada, la más terrible, tuvo lugar hacia el 1200 a.C. fueron los Pueblos de la Mar, cuyo empuje no se detendría hasta llegar a las fronteras de Egipto, y los dorios, que suplantaron a su vez a los aqueos, sus hermanos mayores, debilitados por el contacto con Creta.

Los indoeuropeos no se dirigieron sólo hacia Oriente. Otros grupos se instalaron en Europa occidental: en Italia, los umbros; en la Galia, los celtas. Los germanos, fueron casi los últimos en llegar.

HISTORIA DE MICENAS: Como decíamos antes, los primeros invasores que penetraron en Grecia, alrededor del 1700 a.C, eran bárbaros en comparación con los cretenses, pero, al igual que otros pueblos bárbaros que llegaron en épocas posteriores, montaban a caballo y tenían carros.

Construyeron fortalezas  —al parecer, siempre estaban a la defensiva, circunstancia que nos revela cómo trataban a los nativos—, algunas de ellas en emplazamientos que más adelante se convertirían en famosas ciudades griegas, como Atenas, por ejemplo. El centro más importante se encontraba en Micenas, nombre del que deriva el adjetivo micénico con que se conoce a este pueblo y su cultura.

Los micénicos construyeron edificios de grandes dimensiones, y eran buenos guerreros. Se cree que vivían en una especie de liga o federación de poblados, cada uno de ellos gobernado por un rey; el de Micenas presidía a los demás. Los nativos de Grecia pasaron a ser arrendatarios, siervos o esclavos de los nobles micénicos, que eran los propietarios de las tierras.

MICENAS SUPLANTA A CRETA: Mientras se desarrollaba la civilización cretense, la Grecia continental se había transformado , poco a poco, desde el principio del segundo milenio, debido a la llegada, por el norte o desde el mar, de ios invasores indoeuropeos.

Esta invasión de los pueblos aqueos, no representó un cataclismo: una tribu tras otras, se fueron deslizando a través de la península, y se impusieron, gracias a la superioridad de sus armas. Se instalaron, preferentemente, en el Peloponeso, en Micenas, en Tirinto, en Pilos. Comprendiendo todos los beneficios que podían obtener de ia influencia cretense, supieron, durante tres siglos (desde 1700 hasta 1400 a. C.), mantener relaciones pacíficas. Pero, una vez terminado su aprendizaje, destruyeron Creta.

Entretanto, habían consolidado su poder y edificado su civilización, cuyo esplendor prueban los tesoros descubiertos en las tumbas. Los aqueos vivían en ciudadelas poderosamente fortificadas, de las cuales Micenas ofrece un ejemplo   particularmente   palpable.

Bloques calcáreos, toscamente labrados, y después superpuestos, formaban murallas tan imponentes que ios antiguos atribuían su construcción a gigantes: los cíclopes. Estas murallas tenían un espesor medio de seis metros y alcanzaban hasta diez metros de altura.

La monumental puerta de los Leones (el dintel pesa más de 20 toneladas) conducía, por un plano inclinado, a la acrópolis, en cuya cumbre se levantaba eí palacio real. Este palacio se componía, esencialmente, de una gran pieza rectangular, el megaron (13 metros de largo por 11,5 m. de ancho), en cuyo centro había un hogar en forma de círculo; cuatro columnas soportaban ei techado. El acceso tenía lugar por un porche que se abría a un peristilo. Un sótano y un piso para habitación completaban eí conjunto. Aunque no se trataba de una morada inmensa, mostraba. sin embargo, el relativo poder de sus habitantes.

La ciudadela comprendía también viviendas secundarias, destinadas a los amigos, a los parientes, y, sin duda, a los principales lugartenientes del rey. En caso de peligro, podía servir de refugio a los campesinos de los alrededores. Gracias a los graneros, situados en el interior del recinto, y a una gran cisterna alimentada por el agua de una fuente exterior a través de una conducción subterránea, se podía resistir un largo asedio.

Cerca de la Puerta de los Leones había un cementerio, en forma de explanada circular, rodeada de muros, que contenía seis tumbas excavadas en la tierra: eran las sepulturas de los reyes y su familia. Máscaras de oro, armaduras, espléndidos puñales cincelados, jarrones, dan testimonio de la riqueza de ios reyes. Después, los grandes personajes fueron inhumados en tumbas llamadas de cúpula, fuera de la ciudadela: la más célebre es la conocida con el nombre de Tesoro de Atreo.

Fortaleza de Micenas

Fortaleza de Micenas

Una sala circular de 14,50 metros de diámetro y 13,20 metros de altura precede a la cámara sepulcral. Esta solidez arquitectónica no impedía el refinamiento del detalle: ¡os muros  estaban decorados  con frescos  que, por su técnica y sus motivos (procesiones, homenajes al soberano, escenas de combates y de caza), manifiestan la influencia cretense.

Se ven hombres con túnica hasta medio muslo, y de mangas cortas; los magnates aparecen con sus armas y sus monturas. Las artes menores, la cerámica especialmente, se distinguen por sus formas nuevas: vasos con asas, acampanados, copas de largo pie, ánforas con tres asas…

La decoración es discreta; al principio, constituida por dibujos geométricos: después, cada vez con más frecuencia, por animales domésticos y por figuras humanas. Así, pues, las piedras y los objetos indican lo que fue la civilización que llamamos micénica: un conjunto de ciudades fortificadas que, no obstante, fueron capaces de atraer a los artistas y a los mercaderes extranjeros.

Esta sociedad, que no se debe limitar a las bien situadas plazas fuertes de Argólida, pues se encuentran vestigios de ella fuera del Peloponeso, en Tesalia, en Beocia, en Ática, se nos presenta como un régimen feudal de reyezuelos y guerreros, preocupados, sobre todo, por la caza y las expediciones militares. Después de la destrucción de Cnosos, parece que relevó a los cretenses en el dominio del mar.

¿No se han encontrado en Rodas y en Chipre centros de influencia micénicos? También Itaca. el reino de Ulises, era micénica.

Alrededor del 1400 a.C, cuando los micénicos ya habían ocupado Cnosos, su civilización y potencia militar llegaron al punto culminante. También eran activos comerciantes, y los reyes hititas los trataban con respeto. Sus colonias del Asia Menor prosperaron extraordinariamente.

Las tabletas fechadas en el 1200 a.C. que se han hallado en Pilos demuestran que aprendieron técnicas de gobierno más avanzadas que las de sus vecinos. Y de repente se abre un período de oscuridad. No sabemos cómo se produjo el final de la supremacía micénica, pero se cree que se debió en gran parte a una serie de conflictos dinásticos acaecidos en la Grecia continental.

CARACTERÍSTICAS:

•   La sociedad aquea, según la describió Homero, era una sociedad de guerreros gobernada por una monarquía.

•   La economía se basaba iniciaimente en ia agricultura, pero paulatinamente el comercio se fue desarrollando y los micénicos se convirtieron en los sucesores comerciales de los cretenses. En este contexto parece explicarse la Guerra de Troya cantada por Homero: Troya pudo ser atacada por ser competidora de los aqueos.

•   El arte micénico destacó en la construcción de ciudades amuralladas y de tumbas de tipo familiar, con cámara de falsa bóveda y corredor. Los aqueos destacaron también por los trabajos hechos con oro y otros metales.

Esta civilización fue modificada profundamente tras la invasión de los dorios y los jonios que penetraron en el espacio griego y desplazaron a los aqueos hasta Asia Menor hacia el año 1200 a.C.

SU DESCUBRIMIENTO: Schliemann, fue el descubridor de la ciudad Troya, arqueólogo de origen alemán, que después de haber ejercido diversos oficios y realizado numerosos viajes se había enriquecido. Desde niño, se sintió fascinado por la leyenda homérica y deseó probar su veracidad histórica mediante una excavación arqueológica.

Los escritores de aquella época tenían a Homero por un poeta legendario, y ponían en duda el valor histórico de su obra. Schliemann fue el primero que creyó en él, y se dejó conducir por los indicios transmitidos por Homero, tomándolos al pie de la letra.

Los griegos—leemos en la llíada—recorrían, varias veces al día, el camino que separaba su campo, situado al pie de las murallas, del mar donde se encontraban sus navios. Schliemann divisó una colina en forma de meseta, de más de 200 metros de lado, lo bastante próxima al mar para hacer posibles tales viajes.

Además, Homero había dicho que Aquiles y Héctor, en el curso de su combate, habían dado tres veces la vuelta a las murallas: Schliemann hizo el trayecto por la falda de la colina y llegó a la conclusión de que, para dos combatientes encarnizados, el hecho no era imposible. Mientras todos los sabios estaban persuadidos de que la Troya homérica se encontraba mucho más lejos, adentrada en tierra; Schliemann decidió que su colina (cerca de la actual Hisarlik) correspondía al verdadero emplazamiento, y emprendió las excavaciones. Los trabajos comenzaron en 1870; Schliemann invirtió su fortuna personal y fue ayudado por su mujer, griega. Pronto encontró ruinas y utensilios; pero, con gran sorpresa, halló nuevas ruinas bajo las primeras, otras después, y, en total, nueve ciudades fueron exhumadas. Pero, ¿cuál de ellas era la Troya homérica?

En la segunda capa, de abajo arriba, descubrió huellas de incendio y de murallas, una inmensa portada y un tesoro. Estaba convencido de haber encontrado la ciudad de la que hablaba Homero y de haber descubierto su tesoro. ¡Schliemann murió, sin saber que se había equivocado! Los sabios han descubierto, posteriormente, que la verdadera Troya se encontraba en la sexta capa, contada desde abajo.

Mucho se le ha reprochado a Schliemann que, en su precipitación y en su ignorancia de aficionado, destruyera documentos de valor, cuya importancia había desestimado; lo cual no impide que este aficionado, valiéndose de su fe, haya descubierto un mundo olvidado y haya hecho recordar a los hombres que las civilizaciones son mortales. Además, puesto que Homero había dicho la verdad en cuanto a Micenas y Troya, era necesario conceder un valor histórico al resto de su obra.

mascara mortuoria de agamenón

La máscara mortuoria de Agamenón. Esta máscara mortuoria, hecha de una lámina de oro, fue uno de los primeros objetos que encontró Heinrich Schliemann en sus excavaciones de una serie de tumbas de pozo en Micenas. Schliemann afirmó haber encontrado la máscara de Agamenón, el rey de Micenas mencionado en la lliada de Homero.

El micénico fue, sobre todo, un pueblo guerrero, orgulloso de sus actos heroicos efectuados en combate. La evidencia arqueológica también señala que las monarquías micénicas desarrollaron una extensa red comercial. Se ha encontrado alfarería micénica a través de la cuenca del Mediterráneo, en Siria y en Egipto, hacia el este y Sicilia, y en la región sur de Italia, hacia el occidente. Pero ciertos académicos creen que los micénicos, guiados por la propia Micenas, también se expandieron militarmente, conquistando Creta y convirtiéndola en parte del mundo micénico. Algunas de las islas del Egeo también cayeron bajo el control micénico.

La más famosa de todas las supuestas aventuras militares micénicas ha llegado a nosotros a través del poema épico de Homero, cuando los micénicos, guiados por Agamenón, rey de Micenas,  saquearon la ciudad de Troya.

ORIGEN DE LA GUERRA DE TROYA: La guerra de Troya, por tanto, había tenido lugar. Fue hacia 1270 a.C. cuando comenzó esta guerra, que duraría diez años. Según la leyenda, el pretexto había sido fútil: la belleza de Helena.

Helena, hija de Zeus, rey de los dioses, era tan famosa por su belleza que todos los príncipes griegos tuvieron la esperanza de conseguir su mano. El tutor de Helena, temiendo que esta rivalidad provocara un conflicto, hizo prometer previamente a todos los candidatos que ayudarían al afortunado elegido, en el caso de que alguien raptase a Helena. Todos lo prometieron y Helena se casó con el rey de Esparta, Menelao, hermano del poderoso Agamenón, rey de Argos y de Micenas. Pero aparece Paris… Era hijo de Príamo, rey de Troya; su padre lo había hecho pastor: ¿no le habían advertido que un día su hijo causaría la ruina de su país?

En una visita a Esparta, Paris aprovechó la ausencia de Menelao para raptar a Helena. Entonces Menelao convocó a los demás jefes aqueos, los cuales se agruparon bajo el mando de Agamenón. Los más de ellos acudieron gozosos, entusiasmados por poder destruir una ciudad rival. Troya, en efecto, era la dueña de los estrechos; por este título cobraría, sin duda, derechos   de  peaje;   además,  estaba  consideraba como una ciudad rica en oro y en bronce, y por lo tanto de sumo interés para los saqueadores profesionales. El entusiamos de los griegos por Troya se explica por su placer por el pillaje y por el deseo de conquistar nuevas y seguras rutas comerciales.

Ver: La Guerra de Troya

Fuente Consultada:
Civilizaciones de Occidente Tomo B Los Griegos  – Jackson Spilevogel
HISTORAMA La Gran Aventura del Hombre Tomo I Grecia Antigua – Edit. CODEX
HISTORIA UNIVERSAL ILUSTRADA Tomo I Micenas  – John Roberts Edit. Debate

Aqueos y Dorios Costumbres Historia Pueblos Primitivos

AQUEOS Y DORIOS: PRIMITIVOS PUEBLOS DE GRECIA ANTIGUA

Grecia fue el primer país de Europa en donde surgió una gran civilización. La civilización europea tuvo su origen en la griega. Puede decirse, por tanto, que la mayor parte de nuestra cultura y de nuestro pensamiento deriva de aquel pueblo.

La posición geográfica explica en gran parte la evolución de le civilización en aquellas tierras. Grecia es la más oriental de las penínsulas mediterráneas y la más próxima a las costas del norte de África y del cercano Oriente, primeros territorios que fueror habitados por pueblos civilizados (egipcios, fenicios, súmeros).

La península griega se halla rodeada de muchas islas, las que la acercan más a aquellas tierras. En la antigüedad, fueron precisamente esas islas las primeras a las que llegaron razas progresistas que luego se orientaron hacia las costas e interior de la cita de península, atraídas por su clima benigno.

La primera civilización surgió en la isla de Creta, alrededor dt 3.000 años antes de Cristo. Fue la civilización llamada cretense o minoica (de Minos, rey de la isla). Buenos navegantes, los cretenses se expandieron en el Mediterráneo oriental, sobre todo en e mar Egeo, motivo por el cual también su civilización se llame egea. Los griegos muy poco sabían de estos antecesores prehelénicos, a los que les llamaban “pelasgos”. Algunos autores creer, que eran oriundos de Anatolia.

Mapa donde habitaron los primtivos pueblos de grecia

LOS AQUEOS
En los siglos XIV y XIII antes de Cristo, Grecia fue invadida por los aqueos, un pueblo de estirpe aria proveniente de Tesalia, que pasó a establecerse en la península del Peloponeso.

Después de haber llevado a cabo devastaciones y destrucciones, los aqueos fueron asimilando la civilización prehelénica, establecida en varias aldeas y ciudades, la rr.ás importante de las cuales fue Micenas. La civilización de los aqueos tomó de esta ciudad el nombre de civilización micénica.

Cuando los aqueos tuvieron la península griega bajo sn sólida posesión, se dirigieron también a las islas periféricas y hacia las costas de Asia Menor. Poco después, conquistaron la isla de Creta poniendo fin a la civilización minoica  (año 1400 antes de Cristo).

Los aqueos eran valientes guerreros y hábiles navegantes. La última gran empresa realizada por ellos fue la conquista de Troya en el año 1184 antes de Cristo. Troya era una gran ciudad situada en la costa de Asia Menor. Según la tradición, comandó esta célebre expedición el rey de Micenas, Agamenón.

El nivel cultural de los aqueos era inferior al de los pelasgos. Sus principales actividades eran la agricultura y el pastoreo, aunque estaban también muy desarrolladas   algunas   artesanías.

Sus ciudades eran pequeñas, algo más grandes que aldeas y por lo general se levantaban al pie de una colina sobre la que se erguía el templo y el palacio del rey.

Los aqueos vestían una túnica que les llegaba hasta las rodillas. Las mujeres llevaban además un velo y un cinto. Las más pudientes se adornaban con anillos y prendedores de oro. Hombres y mujeres calzaban sandalias de cuero.

Cada familia vivía independientemente, ya que cada cual atendía sus propias necesidades. Los hombres cultivaban la tierra y construían las casas y muebles, mientras las mujeres hilaban la lana y tejían. Ni siquiera los soberanos desdeñaban los trabajos manuales.

Se alimentaban preferentemente de carne asada, de legumbres y de hogazas de trigo. Su bebida preferida era el vino mezclado con agua. Para endulzar sus comidas usaban solamente la miel. No conocían el uso de la moneda, aunque empleaban lingotes de oro y de bronce. Sin embargo, preferían comerciar mediante el trueque. Las comunicaciones con el interior del país eran muy pobres, debido a la escasez de caminos. La navegación (hacia Creta y Egipto)  era, en cambio, muy activa.

LOS DORIOS
En el siglo xi antes de Cristo, Grecia fue invadida por otro pueblo de estirpe similar a la de los aqueos. Los nuevos invasores eran los dorios, procedentes de Macedonia, Tracia y Epiro. Los dorios fueron conquistando gradualmente toda la península, pero su dominio se radicó preferentemente en Laconia, Mesenia y Elide; es decir, en el Peloponeso.

Gracias a la superioridad de las armas de hierro, los dorios lograron someter a los aqueos

Próximos a los dorios se establecieron también en Grecia otros pueblos de análoga procedencia: los jonios y los eolios. Los jonios habitaron preferentemente el Ática, y su centro principal fue la ciudad de Atenas. Los eolios se radicaron en Tesalia y en Beocia, y su centro principal fue la ciudad de Tebas.

Después de la invasión dórica, la civilización griega atravesó un prolongado período de decadencia, que duró hasta el 776 antes de Cristo, año de la institución de los juegos olímpicos. Este período ha sido llamado “Medievo helénico” por algunos historiadores modernos. Al finalizar dicho período, los dorios, jonios y eolios constituían un mismo pueblo que recibió el nombre de helénico.

Los dorios practicaban con preferencia el pastoreo y la caza, lo que les obligó a continuas migraciones. Cuando penetraron en Grecia destruyeron la floreciente agricultura y las grandes reservas de animales. Aunque se establecieron definitivamente en el país, se resistían a ser agricultores. Preferían mantener una posición de privilegio mediante el ejercicio del poder político y la profesión de las armas, y dejaban en manos de los pueblos vencidos las actividades manuales, tales como  la  agricultura y  la artesanía.

Con el correr de los siglos se fue acentuando la división de las clases, especialmente en Laconia, región donde la dominación de los dorios se hallaba más arraigada y donde se levantaba la ciudad de Esparta, en la que todos los privilegios estaban reservados a los guerreros, mientras que los trabajos agrícolas estaban a cargo de esclavos, denominados ilotas.

La civilización dórica era esencialmente ciudadana. Cada ciudad formaba un Estado independiente con leyes y tradiciones propias. La ciudad-estado de los griegos, llamada polis, existía todavía cuando las distintas estirpes se fundieron en la civilización helénica.

Fuente Consultada:
Enciclopedia Estudiantil Ilustrada Tomo IV Primtivos Pueblos de Grecia

Etapas de la Historia Sus Características Principales Hechos

El objeto de la historia como que hacer científico es el ser humano, sus realizaciones y proyectos. Por eso se la define como “la ciencia de los hombres en el tiempo”. Estudia el pasado de la humanidad y nos permite conocer cómo se organizaron las diferentes sociedades, cómo nacieron y se desarrollaron las instituciones, el lenguaje, el pensamiento, las manifestaciones artísticas y técnicas, las relaciones sociales, afectivas y económicas.

¿Para qué estudiamos historia?
¿Y para qué nos sirve “estudiar el pasado de la humanidad”? La historia puede “servirnos” para razonar y comprender, para entender el presente y lo que nos rodea. Las raíces del presente las descubrimos en el pasado: las transformaciones de la economía, de la estructura social, de las creencias, del comportamiento humano.

Si   nos   inquieta   saber,   por ejemplo, el origen del sistema democrático, debemos remontarnos a la historia de la Grecia antigua. Allí surgió por primera vez, varios siglos antes de Cristo, una forma de gobierno representativa de la voluntad popular que, aunque con características diferentes, aún sigue vigente.

“Los seres humanos somos hijos de una larga tradición histórica.” Tomar conciencia sobre el pasado nos permite reconocernos como parte de la historia humana que se inició hace muchísimo tiempo. El estudio de la historia puede ayudarnos a establecer relaciones significativas entre el pasado, el presente y el futuro. (Fuente: La Humanidad  – Silvia Vázquez de Fernández)

La historia se asocia con la idea de cambio. El historiador se ocupa de investigar un pasado constituido por acciones humanas que se sucedieron cronológicamente.

Esa sucesión significa que nada permanece sin sufrir modificaciones a lo largo del tiempo. Son las acciones de los propios hombres las que provocan estos cambios. Ningún plano de la vida de los hombres en sociedad es ajeno a esto: la manera de organizarse para el trabajo, las ideas religiosas, las manifestaciones artísticas, las formas de gobierno, las vestimentas, los juegos, la tecnología, por ejemplo, se han ido transformando desde los tiempos más remotos hasta la actualidad.

La tarea del historiador consiste en organizar ese pasado en movimiento. Para hacerlo considera al conjunto de los hechos pasados como un proceso histórico. Así, analiza las acciones de los hombres y los conflictos que tuvieron lugar desde una perspectiva global, tomando en cuenta las múltiples cansas que los originaron. En su trabajo, el historiador debe relacionar los aspectos económicos, geográficos, políticos y culturales de la vida de una sociedad para comprender mejor la historia que esos hombres protagonizaron. El historiador no debe, entonces, obtener fotografías del pasado, imágenes estáticas, sino tratar de filmar una película, un proceso.

Divisiones de la historia
En la actualidad pueden señalarse tres formas de dividir la historia que se aplican de manera particular o simultánea, de acuerdo a las necesidades del investigador y según el aspecto que le interese profundizar.

Por grupos humanos y regiones geográficas:
•  Universal o general que estudia el desarrollo de la sociedad humanidad en todos sus aspectos.
•  Nacional o particular ya sea por regiones, grupos humanos o actividades, como la historia de América Latina, o las locales consagradas al estudio de provincias, ciudades o aldeas, a éstas también se llaman microhistorias.Existen también abundantes grupos humanos cuyo desarrollo no se identifica con una nación o con una zona geográfica específica, como por ejemplo los pueblos judíos y gitano.

•  Por temas específicos y actividades, como la historia de la economía, la política, la cultura, entre otras.

•  Por periodos ordenados cronológicamente, los cuales abarcan largos plazos que frecuentemente se extienden a cientos o miles de años, en los que se observan agrupaciones de sucesos semejantes sobre aspectos básicos de la vida humana en sociedad, que tienen causas comunes y en las que conviven características de dos periodos.

Para esta periodización hoy día es aceptado dividir a la historia en dos prehistoria e historia con sus correspondientes subdivisiones. Para muchos autores la característica que separa estas dos grandes etapas es la invención de la escritura con la que cada pueblo comenzó a dejar testimonios escritos.

En cierta medida, la periodización de la prehistoria y de la historia para su estudio y mejor comprensión, se ha fundado en la consideración de los aspectos básicos de la vida humana en sociedad. Es importante señalar que en la realidad nada empieza ni termina por completo en una fecha exacta, por le que se manejan de manera aproximada, sobre todo en el periodo prehistórico

A partir de la invención de la escritura comienza la Historia propiamente dicha, dividida, para su mejor estudio, en cuatro edades: Antigua, Media, Moderna y Contemporánea. La ubicación cronológica de estas edades se hace, para los pueblos cristianos, con referencia al nacimiento de Jesucristo; de tal modo, todo cuanto lo precede se indica como anterior a la era cristiana (a.C.=antes de Cristo), y todo cuanto ha ocurrido después se indica con la correspondiente cifra, tomando como punto de partida, como se ha dicho, el nacimiento de Jesús.

De acuerdo con ello, la Edad Antigua se extiende desde unos cinco mil años a. C. hasta el año 476 de la era cristiana, e incluye el estudio de los pueblos del antiguo Oriente, de Grecia y de Roma. En el año 476, al producirse la caída del Imperio Romano de Occidente en poder de los bárbaros, se inicia la Edad Media, que abarca casi diez siglos, hasta 1453, fecha de la caída del Imperio Romano de Oriente, en poder de los turcos.

La Edad Moderna se extiende desde 1453 hasta 1789, año del estallido de la Revolución Francesa, que señala un cambio fundamental en el aspecto social, económico y político de la Humanidad. Finalmente, la Edad Contemporánea transcurre desde 1789 hasta nuestros días.

Ha de recordarse que estas divisiones son sólo convencionales, ya que el paso de una época a otra es prácticamente imperceptible y sólo a la luz del tiempo transcurrido puede establecerse diferencia entre una y otra edad histórica. (¿Es correcto hacer estas 4 etapas?)

Etapas de la Historia

Hace 1.500 años los cristianos europeos comenzaron a considerar el nacimiento de Cristo como el inicio de una nueva era. De este modo, los hechos históricos quedaron ubicados antes o después del nacimiento de Cristo. Este criterio se difundió luego por todo el mundo y hoy lo utilizan cristianos y no cristianos. Los ejes cronológicos te permiten comprender esta forma de fechar los acontecimientos históricos. Para señalar un hecho ocurrido antes de Cristo se utiliza la abreviatura a.C, y para uno ocurrido después de Cristo, d.C.

EDAD ANTIGUA:
Características y Hechos Principales

Loba que alimentó a Rómulo y Remo

Las primeras civilizaciones del mundo surgieron a oriiias de ríos de Asia y África Egipto, Mesopotamia (Irak), China, más tarde India y Japón. Las dos primeras influyeron muchísimo en Europa por su cercanía. La principal característica económico-social de las primeras civilizaciones fue el esclavismo: la utilización de  mano de obra esclava para las grandes construcciones y el sostenimiento de los funcionarios estatales.

La escritura surgió en el momento en que las sociedades se organizaron en forma más compleja y fue fruto de la necesidad de conservar intacta la memoria del pasado y del presente; gracias a la misma se incrementó el patrimonio cultural de los pueblos y se aceleró su progreso tecnológico. Esto sucedió en Súmer (baja Mesopotamia asiática) y Egipto en el cuarto milenio antes de Cristo, es decir, hace poco más de cinco mil años.

Durante la Edad Antigua florecieron en Oriente brillantes civilizaciones que, llegadas a una época de máximo esplendor, desaparecieron para dejar paso a otras. Esa sucesión se realizó en forma tal que parecería que el progreso siguió una ruta de este a oeste o, de oriente a occidente, Los pueblos que alcanzaron mayor esplendor en la Edad Antigua fueron los egipcios, mesopotámicos (caldeos y asirios), hebreos, fenicios, medos y persas, griegos y romanos.

Los egipcios: La civilización egipcia comenzó unos 4.000 años antes de Cristo, en el ángulo nordeste de África, en el valle del Nilo, río al que adoraban como dios. Veneraban además al Sol y a algunos animales como el buey Apis y la vaca Athor.

Estaban organizados bajo la autoridad de un rey, considerado también de origen divino, al que daban el título de Faraón. Los egipcios construyeron magníficos templos y extraordinarias tumbas de piedra en forma de pirámide. La más grande de ellas es la del faraón Keops cuya altura llegaba a los ciento cuarenta y cuatro metros. Otros monumentos admirables son la Esfinge, enorme escultura con cabeza de mujer y cuerpo de león, y los templos de Luxor y de Karnac.

Su escritura, sumamente complicada (escritura jeroglífica) fue descifrada en el año 1822 por el egiptólogo francés Juan F. Champollion.Los egipcios inventaron el calendario solar, y alcanzaron notables conocimientos de astronomía y de matemáticas.

Los mesopotámicos: En la región de Asia comprendida entre los ríos Tigris y Eufrates, denominada Mesopotamia, vivieron dos pueblos que alcanzaron un alto grado de civilización: los caldeos (al sur) y los asirios (al norte).

Los caldeos fueron industriosos y pacíficos. Cultivaron su fértil territorio y, simultáneamente, desarrollaron las artes y las ciencias, en especial las matemáticas y la astronomía. Los asirios, en cambio, que habitaban un país árido, se entregaron a la guerra y al pillaje; su crueldad fue proverbial y sus triunfos guerreros les reportaron grandes riquezas.

Los mesopotámicos descollaron en la cerámica, en la tejeduría, en la joyería y en el templado del acero, lo que dio origen a un intenso comercio. Con el correr del tiempo, acumularon grandes riquezas, guerrearon con los persas y fueron derrotados, con lo. que su civilización llegó al ocaso.

Grecia fue el escenario donde se desarrolló una extraordinaria civilización. Allí se ha forjado uno de los períodos más elevados de la historia del hombre. Se inició el pensamiento filosófico como lo entendemos hoy, se desarrollaron los pilares fundamentales del arte y de las ciencias; la política, antes reservada para una élite, comenzó a ser compartida por una mayor cantidad de perso* ñas y surgió el sistema democrático de gobierno. El genio griego recorrió todos los campos del razonamiento y expresión, se crearon obras plenas de belleza y armonía y surgieron conceptos que hoy sobreviven. Por ello, suele decirse que nuestra civilización occidental es “hija de la civilización griega”.

A partir del nacimiento de Jesucristo nació el cristianismo, que se difundió por las colonias judías del norte de África, y también entre los llamados gentiles, es decir, gente que antes no erajudía sino politeísta. Así, llegó el cristianismo a Grecia y a Roma, a través de la prédica de los Apóstoles y sus seguidores.

Se fue formando la Iglesia, que significa “asamblea” o “reunión”, pero al principio fue perseguida muy duramente. Sin embargo, se siguió difundiendo hasta que el emperador romano Constantino, al convertirse al catolicismo, decidió abandonar la persecusión en el año 323 d.C. Es decir, se implantó la tolerancia.

En Roma el emperador Teodosio, en el año 379 d.C, convirtió al catolicismo en religión oficial del Imperio: combatió a los paganos, clausuró sus templos y destruyó sus ídolos. Prohibió los juegos olímpicos y castigó con la muerte a quienes practicaban la adoración de los falsos dioses. A su muerte, el Imperio Romano se dividió definitivamente en Imperio Romano de Oriente (también llamado Bizantino) e Imperio Romano de Occidente, cuya capital era Roma.

Occidente se debilitó en su organización por el mal gobierno que se preocupaba fundamentalmente del lujo y los caprichos de la clase dirigente, mientras el extenso territorio era invadido lenta y pacíficamente por otros pueblos; los germanos (llamados bárbaros por los romanos) que fueron empleados por el Imperio como soldados mercenarios y como labradores, pero que además llegaron a ocupar importantes puestos en el ejército imperial y hasta en la corte.

Finalmente, en el siglo V, empujados por otra invasión poderosa -la de los hunos-, los germanos tomaron el gobierno de Roma definitivamente en el año 476, Con este acontecimiento, en la historia europea, termina la EDAD ANTIGUA y empieza la EDAD MEDIA.

EDAD MEDIA
Características. Hechos principales
Este período histórico, que constituye una larga transición entre la Edad Antigua y la Edad Moderna, abarca un lapso de diez siglos, durante cuyo transcurso se destacan como hechos principalísimos la destrucción de la unidad política del Imperio Romano y el nacimiento de una sociedad esencialmente cristiana.

El comienzo de la Edad Media está señalado por las invasiones de los bárbaros. Los romanos denominaban bárbaros a los pueblos que vivían más allá de sus fronteras y que no hablaban ni latín ni griego. Estos pueblos invadieron el imperio de Occidente, en forma pacífica primero, violentamente después- hasta que, en el año 476 de nuestra era, un jefe vándalo, Odoacro, se apoderó de Roma.

La cultura latina se refugió entonces en el Imperio Romano de Oriente, llamado también Imperio Bizantino porque su capital, Constantinopla, había sido edificada sobre la I antigua ciudad de Bizancio.

Otros acontecimientos que caracterizan a: la Edad Media son: el nacimiento de la religión musulmana o islamismo, en Arabia, predicada por Mahoma; la invasión de España por los mahometanos, (de la que fueron totalmente expulsados por los Reyes Católicos, Fernando e Isabel); el establecimiento del Imperio de Carlomagno, guerrero franco que intentó reconstruir el antiguo Imperio Romano; la realización de las Cruzadas, expediciones religiosas y militares con las que se intentó recuperar el sepulcro de Cristo; y la institución del feudalismo, sistema por el cual unos pocos terratenientes (los señores feudales) se adueñaron de las tierras de casi toda Europa y de sus habitantes, a quienes consideraban como objetos de su propiedad particular. La desigualdad social y el predominio de la Iglesia son también características de la Edad Media.

EDAD MODERNA:
Características y Hechos Principales

1453 Constantinopla es tomada por los otomanos: cae el Imperio bizantino.
1455 Se imprime en Alemania la Biblia de Gutenberg.
1455-1485 Guerra de las Dos Rosas, lucha dinástica por el trono inglés.
1467 Comienza la guerra Onin en Japón, que marca el inicio de la «era de los Estados Beligerantes», que durará un siglo.
1470 Los incas conquistan Chimú; se inicia el periodo de mayor expansión imperial inca.
1472 Boda de Iván III de Rusia con Zoé, sobrina del emperador bizantino; Iván adopta el título de zar.
1477 Batalla de Nancy, donde muere Carlos el Temerario; los Habsburgo toman casi todo el lerritorio borgoñón.
1479 Unión de los reinos de Castilla y Aragón bajo Isabel y Fernando.
1480    Moscovia, bajo Iván III, se liberé del dominio tártaro.
1485 Batalla de Bosworth: Enrique VIl de Inglaterra derrota a Ricardo I y establece la dinastía Tudor.
1492 Fin de la Reconquista española con la caída de Granada. Colón hace la primera travesía del Atlántico y desembarca en las islas del Caribe.
1494 Tratado de Tordesillas: el Nuevo Mundo se reparte entre España y Portugal. Inicio de las guerras de Italia, invadida por Carlos VIII de Francia, que reclama Nápoles.
1491 El navegante italiano Giovanni Caboto llega a Terranova.
1498 Vasco da Gama alcanza India circunnavegando el cabo de Buena Esperanza. Colón es el primer europeo en llegar a América del Sur.
1499  Francia invade Lombardía y toma Milán. Amerigo Vespucci llega a la desembocadura del Amazonas
1500 Luis XII de Francia invade Italia para reclamar Milán. Cabral llega al Brasil, tomando el territorio para la corona portuguesa.
1502 El primer embarco de esclavos africanos rumbo a las haciendas españolas en Cuba da inicio al tráfico esclavista triangular entre Europa, África occidental y América.
1510 Apogeo del Renacimiento italiano.
1513 Ponce de León, explorador y gobernador español de Puerto Rico, llega a Florida y toma posesión para la corona española.
1514 Los otomanos vencen a los persas safavíes (batalla de Chaldirán).
1520 Primera misión comercial portuguesa a China. Magallanes descubre una ruta navegable por el sur, rodeando América del Sur.
1529 Asedio otomano de Viena.
1531 Francisco Pizarro, conquistador español, desembarca en Perú.
1533 Pizarro encuentra, captura y mata al emperador inca Atahualpa, y conquista Cuzco, la capital inca.
1534 Enrique VIII de Inglaterra rompe con Roma al denegar el papa su divorcio. La guerra entre safavíes y otomanos resulta en la toma por estos de Bagdad. Jacques Cartier explora el estrecho de Belle Isle y el río San Lorenzo.
1536 Gales e Inglaterra se unen por medio del Acta de Unión. Enrique VIII inicia la disolución de los monasterios ingleses y aplasta la rebelión católica.
1550 Comienza la construcción de la mezquita de Solimán en Estambul.
1555 Paz de Augsburgo: Carlos V concede a los principes alemanes libertad de elección entre protestantismo y catolicismo.
1565 Comienza en Rusia el «reinado del terror» de Iván IV. España reclama Filipinas. La población Indígena sudamericana es diezmada por las enfermedades europeas.
1588 La Armada «Invencible» española no logra Invadir Inglaterra.
1592 Japón invade Corea, pero es repelido por tropas chinas y la armada coreana.
1593 Inicio de la larga guerra entre los Habsburgo y los otomanos.
1595 Enrique IV Intenta su erar las divisiones religiosas en Francia declarando la guerra a España.
1602 Se funda la Compañía Holandesa de las Indias Orientales.
1620 El Mayflower zarpa de Inglaterra con los Padres Peregrinos; un año después llega a Plymouth (América del Norte), y al año siguiente se celebra el primer día de Acción de Gracias con los nativos norteamericanos.
1635 La Intervención francesa en la guerra de los Treinta Años evita un acuerdo favorable a los Habsburgo en la Paz de Praga.
1648 La Paz de Westfalla pone fin a la guerra de los Treinta Años. Francia se hunde en una guerra civil.
1652 Los holandeses fundan en el cabo de Buena Esperanza una colonia.
1653 Ollver Cromwell es nombrado lord protector de Inglaterra.
1654 Construcción del Taj Mahal en Agrá (India).
1666 Se funda la Real Academia de las Ciencias en París.
1687 Newton publica los Principia mathematica, donde expone la ley de la gravitación universal.
1694 Fundación del Banco de Inglaterra.
1701 Comienza la guerra de Sucesión española. La invasión sueca de Polonia inicia la primera fase de la guerra del Norte. Dominio ashanti en África occidental.
1704 Isaac Newton expone sus teorías sobre la luz en Óptica.
1771 Tratado de Utrecht: fin de la guerra de Sucesión española; se confirma la separación de las coronas española y francesa, y el control británico sobre Terranova y Nueva Escocia.
1727 Primera plantación de café en el Brasil.
1782 Petición de paz de Gran Bretaña a los rebeldes estadounidenses. España sofoca un levantamiento indígena en Perú.
1783 Tratado de París: Gran Bretaña reconoce la independencia de los EE. UU.
1784 Ley de India: Gran Bretaña toma el control de los territorios Indios.
1789 Revolución Francesa. George Washington, primer presidente de los EE. UU. (hasta 1797).

EDAD CONTEMPORÁNEA
Características y Hechos Principales

La Edad Contemporánea se inició en 1789 con el estallido de la Revolución Francesa, trascendental acontecimiento que tuvo gran repercusión en la vida política, social y económica de los países occidentales.

Este movimiento se originó en el descontento de las clases populares de Francia por el estado de cosas existente en este país, donde imperaba una monarquía absoluta ]ue insumía, en gastos improductivos, gran parte de las rentas de la nación. Enfurecido, el pueblo asaltó la fortaleza de la Bastilla, símbolo del absolutismo real (14 de julio de 1789); ocupó el palacio e hizo prisionero en 1792 al rey, que fue posteriormente guillotinado; y proclamó la República.

En las guerras a que dio lugar la Revolución Francesa, se destacó Napoleón Bonaparte, general que llegó a ser emperador de Francia. Luego de combatir contra una coalición de naciones europeas, fue vencido en Waterloo el 18 de junio de 1815, y confinado en la isla de Santa Elena, en el Océano Atlántico, donde acabó sus días.

Otros hechos importantes de la Edad Contemporánea son la Independencia de las colonias españolas y Portuguesas de América del Sur, donde se destacaron Bolívar, San Martín, Belgrano, O’Higgins y Artigas entre otros; la unidad de Italia y la de Alemania que, divididas ambas en multitud de pequeños Estados, lograron formar naciones firmemente unidas y poderosas alrededor del año 1870; las grandes inmigraciones europeas hacia América; y las dos guerras mundiales (1914-1918 y 1939-1945), en las que se vieron comprometidas todas las grandes naciones del mundo.

Durante la Edad Contemporánea se operó un espectacular progreso de las ciencias y de la técnica, traducido en extraordinarias realizaciones; electricidad, electrónica, telégrafo, teléfono, motores de explosión, automovilismo, grabación de imagen y del sonido (fonógrafos y cintas magnéticas), cinematografía, radiotelefonía, televisión, vitaminas, antibióticos, material plástico, computadoras, robótica, cohetes espaciales, viajes interplanetarios, son palabras que, en gran parte, carecían de significado (o no existían) hasta hace cincuenta años y aun menos.

Este período se caracteriza por la mayor partid-pación de pueblo en el gobierno. Se reforman los Estados y desaparecen las Monarquías absolutas. Gracias a los constantes inventos y descubrimientos se multiplica el intercambio cultural y comercial en todo el planeta. Queda a la Humanidad la tarea de emplear con cordura y para finalidades útiles esos descubrimientos realizados -a veces con sacrificio de vidas- por hombres y mujeres excepcionales, cuyo esfuerzo merece el más sincero y universal homenaje.

Ver Línea del Tiempo Contemporánea

Fuentes Consultadas:
La Humanidad Silvia Vázquez Fernández – Kapelusz
Historia Mundial Contemporánea 1° Polimodal Brass- Gallego – Mapuche
Cuadernillo de Historia Visor
Historia Mundial Phillip Parker

Las Guerras Médicas Grecia contra los Persas Batalla Maraton Causas

Las Guerras Médicas – Grecia Contra los Persas

Este enfrentamiento entre el poderoso imperio persa y las polis griegas encabezadas por Atenas y Esparta señala el comienzo del periodo clásico en Grecia. Los griegos designaron a los persas con el nombre demedos, término que, en pluridad, correspondía a un pueblo emparentado con ellos y que formaba parte de su imperio

Aunque generalmente se habla de las guerras médicas con referencia a los dos intentos de invasión de la Grecia continental por los persas (490-478 a.C.), el conflicto entre ambos pueblos fue más prolongado, y las tensiones continuaron hasta la conquista del imperio persa por Alejandro Magno, en 330 a. C.

Introducción:

Al llegar al siglo V a.C., en el mundo antiguo sobresalían el inmenso imperio persa, gobernado por Darío, y las repúblicas griegas, independientes entre sí, que prosperaban materialmente y habían alcanzado un notable desarrollo cultural. Entre ambos se encontraban las colonias griegas emplazadas en el Asia Menor que se empeñaban en conservar su tradición helena, aunque sometidas a la dominación persa que las ahogaba en sus posibilidades de desarrollo y les impedía el normal abastecimiento de trigo desde el mar Negro.

Fue en estas circunstancias que, en el año 499 a.C., la colonia griega de Mileto, situada en la Jonia, se rebeló contra los persas y con la ayuda de Atenas emprendió la lucha contra Sardes, sede de la satrapía más próxima, que fue saqueada e incendiada.

El rey Darío juró vengar esta afrenta y para no olvidar su juramento ordenó a uno de sus esclavos que todos los días le repitiera tres veces que debía acordarse de los atenienses.

En poco tiempo los persas recuperaron la iniciativa y vencieron a los jonios —que habían quedado solos— en Efeso y luego destruyeron sus naves en las proximidades de la isla de Lade. De esta manera Mileto, que fue arrasada, quedó nuevamente sometida y todas las colonias griegas del Asia Menor prometieron acatamiento a los persas.

Seguidamente, Darío envió emisarios a todas las ciudades de la Helade, para exigirles la sumisión, como represalia por la ayuda prestada por Atenas a la colonia sublevada. Todas, las ciudades griegas, con excepción de Esparta y Atenas, se sometieron ante el rey persa.

Tal actitud asumida por los espartanos y atenienses, significó el comienzo de las guerras médicas, así denominadas, porque los griegos llamaban medos a los persas.

La revuelta de Jonia

En 545 a. C. Ciro el Grande había extendido la soberanía persa sobre Asia Menor, incluyendo las polis griegas de la costa y las islas próximas (Jonia). Éstas soportaban cada vez peor la pérdida de su autonomía, la imposición de gobiernos tiránicos y la competencia comercial de los fenicios, favorecidos por los persas. Por ello, en 499 a. C. estalló una revuelta encabezada por Aristágoras de Mileto contra el dominio de los persas aqueménidas. Los rebeldes lograron tomar y destruir Sardes (498), sede del sátrapa—gobernador provincial— persa, y la rebelión se extendió desde el Bósforo hasta Chipre; se enviaron embajadores a la península Helénica para pedir ayuda, pero sólo las ciudades de Atenas y Eretria enviaron algunos barcos.

Mientras tanto, los persas recuperaron la iniciativa. Aprovechando la desunión entre los sublevados fueron imponiendo de nuevo su autoridad sobre ellos. La vic­toria naval de Lades (495) y la destrucción de Mileto, cuyos habitantes fueron deportados a Mesopotamia, señalaron el restablecimiento del poderío persa.

Los disturbios habían convencido al rey persa Darío de que para asegurar su dominio en Asia Menor debía controlar todo el Egeo, incluyendo las polis de Europa. La expedición dirigida por Mardonio, yerno de Darío, sometió Tracia y Macedonia (492), pero la destrucción de su flota junto al monte Athos le impidió avanzar más allá.

Maratón: En 490 una gran expedición con 50.000 hombres al mando de Datis y Artafernes salió de Cilicia para castigar a Atenas y Eretria por su participación en los sucesos de Jonia. Les acompañaba Hipias, antiguo tirano ateniense, hijo de Pisístrato, que todavía contaba con partidarios en la ciudad, a pesar de la reciente instauración de la democracia por Clístenes (507). Tras someter las Cícladas y tomar Eretria, este ejército desembarcó en la llanura de Maratón, al nordeste de Atenas. Las tropas atenienses, integradas por 10.000 hoplitas (infantería pesada) y algunos aliados de Platea, dirigido por Milcíades, decidió atacar y cargó inesperadamente contra los persas, rechazándolos hasta el mar(490).

El soldado Filípides, que había vuelto de Esparta justo a tiempo para la batalla, corrió los 42 kilómetros que separaban Maratón de Atenas para dar la noticia de la victoria; el esfuerzo le costó la vida. El rápido regreso de las tropas a Atenas impidió un nuevo desembarco del ejército persa, que se retira finalmente a Asia. Los espartanos llegaron demasiado tarde para servir de ayuda, y la gloria de Maratón correspondió por entero a la democracia ateniense. La muerte de Milcíades (488) llevó al poder a Temístocles, que emprendió una importante reforma de la flota, aprovechando los ingresos extraídos de los nuevos filones de plata de las minas del Laurión (483).

 La segunda guerra médica: Las revueltas en el imperio y la muerte de Darlo (486) impidieron a los persas. Gran parte de las polis griegas (con algunas excepciones importantes) se unieron para su defensa en la Liga Helénica, fundada en el congreso panhelénico del Istmo (481), a pesar de las recomendaciones de neutralidad o sumisión del oráculo de Delfos. Esparta, la mayor potencia militar griega y líder de la Liga del Peloponeso, encabezaría sus fuerzas. realizar una nueva expedición de castigo. Pero en 484 el nuevo rey Jerjes, hijo de Darío, comenzó los preparativos de una gran campaña para invadir Grecia. Las cifras proporcionadas por el historiador griego Herodoto son seguramente exageradas, pero es probable que la expedición contase al menos con 300.000 hombres y 600 navíos, además de una espectacular logística.

CRONOLOGÍA
546a.C.  Los persas conquistan el reino de Lidia y las ciudades y colonias griegas de Asia.
500 a.C. Las ciudades jonias se rebelan contra el dominio persa. Incendio de Sardes.
493 a. C. Darío I destruye la flota y el ejército de los rebeldes jonios. Mileto, que inició la revuelta, es saqueada.
492 a. C. El general persa Mardonio toma con su ejército Tracia y Macedonia.
490 a.C.  Primera guerra médica. Los persas conquistan las Cicladas occidentales y arrasan Eretria. Victoria ateniense en Maratón.
480 a. C.  Segunda guerra médica. Jerjes, sucesor de Darío I, invade Grecia. Fracasa el intento de detener a los persas en el paso de las Termpilas. Victoria naval griega en Salamina.
479 a. C.  Victoria de los hoplitas espartanos en Platea y de la flota ateniense en Micala (Jonia). Fin de la segunda guerra médica.
478 a.C.  Atenas funda, junto con muchas polis costeras e insulares del Egeo, la liga de Délos,
477 a.C. Pausanias, rey de Esparta y héroe en Micala, es destronado por su despotismo.
471 a.C. En Atenas, el gran estratega de Salamina, Temístocles, es condenado al destierro. Comienza su gobierno Cimón.
465 a. C. Atenas pasa a la ofensiva contra Persia. Vence en la doble batalla del Eurimedonte
448 a. C. Paz de Calías, ya en el período clásico. El Imperio persa reconoce la hegemonía ateniense en el Egeo.

En junio de 480 el inmenso ejército de Jerjes, con el Gran Rey al frente, cruzó los Dardanelos por un doble puente de barcas. Avanzó fácilmente a través de Macedonia y Tesalia, y no se encontró con la primera línea de defensa griega hasta llegar al desfiladero de las Termópilas en tierra y el cabo Artemisión en el mar.

Los 7.000 hombres mandados por el rey espartano Leónidas rechazaron durante dos días al ejército persa, hasta que una traición permitió a éste cruzar por un paso secreto y rodearlos. Ante la inevitable derrota, Leónidas envió a sus tropas al sur, permaneciendo él con 300 hoplitas espartanos y 700 hombres de Tespis y Tebas. Todos perecieron en defensa de la posición. Esta resistencia desesperada permitió a la flota griega, encabezada por los atenienses, replegarse ordenadamente y conservar sus efectivos.

El ejército de Jerjes avanzó entonces por Grecia central, con el apoyo de algunas polis. La nueva estrategia griega era plantear la defensa del istmo de Corinto, cerrando el paso al Peloponeso. Atenas fue evacuada por sus habitantes y ocupa­da por los persas, que incendiaron la acrópolis como represalia por la destrucción de Sardes dieciocho años antes. Pero Temístocles convenció al estado mayor griego para presentar batalla a la flota persa en la bahía de Salamina, cerca de Atenas. Se sirvió de una estratagema para atraer a la numerosa escuadra enemiga hacia un angosto paso y privarla de capacidad de maniobra; al cabo de unas horas era vencida por las trescientas naves griegas, ante los ojos de Jerjes (septiembre de 480).

El dominio del mar había pasado a los griegos, y Jerjes regresó a Asia para orga­nizar refuerzos, aunque una nueva insurrección en Babilonia le impidió renovar sus campañas en Europa. Dejó en Grecia un importante ejército al mando de Mardonio, reforzado con aliados griegos (tesalios, macedonios, beocios).

Mientras éste invernaba en Beocia surgieron disputas en el seno de la Liga Helénica sobre la estrategia a seguir. Esparta y las ciudades del Peloponeso pretendían mantenerse a la defensiva en el istmo, mientras que Atenas, Megara y Egina querían expulsar al enemigo de sus puertas.

Tras graves tensiones y una nueva invasión persa del Ática, al fin se decidió el envío de un ejército aliado a Beocia, al mando del espartano Pausanias. Sus 40.000 hoplitas y 7.000 auxiliares (el mayor ejército nunca reunido por los griegos) se enfrentaron al superior ejército persa en la llanura de Platea (primavera de 479).

A pesar de su ventaja inicial, Mardonio fue vencido y muerto, y gran parte de su ejército destruido. Su lugarteniente Artabazo condujo a los supervivientes de vuelta a Asia. Al mismo tiempo, una flota griega mandada por el rey espartano Leotiquidas destruía una base naval persa y las naves fondeadas en Mícala, frente a la isla de Samos.

No sólo se había salvado la in­dependencia de las polis de Grecia, sino que éstas controlaban ahora el Egeo. La flota mandada por Pausanias tomó Bizancio, abriendo el paso al mar Negro, y las islas de Quíos, Lesbos y Samos se unieron a la Liga (478).Sin embargo, una vez conjurado el peligro persa la unidad griega resultó efímera, por los intereses contrapuestos de las diferentes ciudades.

La Liga de Delos: Esparta, poco amiga de aventuras fuera del Peloponeso, se desinteresó de los asuntos del Egeo oriental, arrastrando consigo al resto de la Liga del Peloponeso. Fue Atenas, apoyada en su potente flota, la que tomó la iniciativa y formó la Liga de Delos (476) con numerosas polis de las Cícladas, Asia Menor y la zona de los estrechos. La alianza, comprometida en la lucha por la liberación de las ciudades griegas de la dominación persa, fue diseñada por el ateniense Arístides el Justo. Éste compartió el poder en Atenas con Cimón, hijo de Milcíades, partidario de la lucha a ultranza contra los persas. Temístocles, que veía en el poder de Esparta la verdadera amenaza para la grandeza ateniense (como se demostraría poco después en las guerras del Peloponeso), fue des­plazado del poder (471).

En 468 Cimón venció a la escuadra persa en el Eurimedonte. El fracaso de una expedición a Egipto y los sobornos persas lograron expulsarlo del poder, y la facción popular encabezada por Efialtes rompió las relaciones con Esparta, disolviendo la Liga Helénica (460). Sin embargo, Cimón recuperó el poder y dirigió una nueva campaña en Chipre, donde murió (450). Sus victorias permitieron a su cuñado Calias firmar con los persas la paz que lleva su nombre (449), que aseguró la libertad de las ciudades griegas y frenó a los persas en el Egeo.

Atenas, con la ayuda de sus aliados, se había convertido en la potencia hegemónica del mundo griego, desarrollando un poderoso imperio marítimo y comercial. Sus abusos y la oposición de Esparta conducirían posteriormente a la guerra del Peloponeso.

Temístocles
General y político (525-460 a. C.)

Estadista ateniense nacido en el seno de una familia modesta, no obstante lo cual pudo convertirse en una relevante figura en su ciudad y asumir la jefatura del partido democrático cuya divisa era: Guerra contra los persas. Convencido de la necesidad que tenía Atenas de contar con un puerto y una flota, dedicó todos sus esfuerzos a procurarle ambas cosas.

Así, durante su arcontado (493 a. C.) hizo votar la construcción del puerto del Pireo, si bien al año siguiente una expedición persa paralizó las obras que sólo pudieron ser retomadas en tiempos de Pericles. Luego se propuso la construcción de doscientas galeras, para lo cual derivó los recursos obtenidos en la explotación de las minas de Laurión, que antes eran repartidas entre los ciudadanos, a las arcas del Estado.

Temístocles pudo realizar sus planes luego del destierro de Arístides y venció a los persas en la batalla de Salamina (480 a. C.); pero luego fue víctima de intrigas y calumnias y condenado al ostracismo. Se refugió junto a Artajerjes, pero cuando éste quiso convencerlo de traicionar a su patria, se negó terminantemente y se suicidó con veneno.

Batalla de Termópilas Grecia contra Persia Leónidas 300 soldados Historia

BATALLA DE TERMÓPILAS: (480 a.C.)

En 480 a.C., Xerxes, gobernador del poderoso Imperio Persa, invadió Grecia con más de 100.000 hombres. Procuraba vengar la derrota persa en Maratón y suprimir un competidor naval y comercial.

La amenaza obligó a las ciudades-estado griegas a unirse por primera vez en la historia. Enviaron al norte un ejército aliado para contenerlos. Los espartanos, deseando defender su suelo, mandaron sólo 300 personas bajo el mando del rey Leónidas, grupo famoso que constituyó el núcleo de los 5.000 griegos que marcharon a Termópilas.

Como sus tropas eran menos efectivas que las persas, los griegos tuvieron que depender de tácticas defensivas. El lugar más fácil de defender era el estrecho paso de las Termópilas. Leónidas lo ocupó y distribuyó 1.000 focenses en la ladera lateral.

Los persas avanzaban rápidamente hacia el norte sin encontrar resistencia, por lo tanto les sorprendió el encuentro repentino con el enemigo. Xerxes hizo altos durante cuatro días enfrente del paso.

En el quinto, muy confiado, envió a los medos y a los cissans adelante, pero las fuerzas persas ligeramente armadas no eran suficientes para doblegar a los hoplitas fuertemente equipados.

Aturdido por el primer revés, el persa mandó sus hombres en oleadas sucesivas a enfrentar al enemigo: cada una fue diezmada por las largas lanzas griegas y por la defensa salvaje de los espartanos. Hasta llegó a entregar a su compañía conocida como los Inmortales, que fue rechazada.

El poderoso ejército estaba paralizado delante de esta inamovible muralla humana. Xerxes no sabía qué hacer. Pero un griego llamado Malis le ofreció guiarlo por un paso montañoso hasta la retaguardia griega. Los persas desfilaron a lo largo del sendero hasta que de repente encontraron a los focenses ubicados allí para cualquier emergencia. Se sintieron consternados con este encuentro pero, a pesar de todo, los atacaron con ferocidad. Los griegos creyeron por error que estaban siendo rodeados por todas las fuerzas persas y se retiraron a las montañas buscando una posición más favorable.

Los persas quedaron estáticos: el camino estaba abierto y el enemigo, perdido.

Leónidas había ordenado la retirada y con un último gesto decidió permanecer detrás con sus espartanos para cubrir a sus hombres. Atacado por todos lados, el pequeño ejército griego fue aniquilado: la ruta hacia el sur de Grecia estaba abierta.

Fuente Consultada: Almanaque de los Insólito Tomo 3 Wallace-Wallechinsky

Los Sofistas Origen en Atenas Arte del Discurso Primeros Filosofos

Con la democracia, el esplendor económico y cultural y el predominio político en Grecia, la situación en Atenas genera nuevos problemas: la democracia, la libertad y la ley, y como intento de abordar estos problemas hacen los sofistas, que es un movimiento intelectual del siglo V antes de C., preocupados fundamentalmente por la educación de los ciudadanos.

LOS SOFISTAS:  En la actualidad el término “sofista” (de sophos) tiene un valor semántico esencialmente negativo, debido a la tradición iniciada por los tres grandes clásicos de la filosofía griega, conocidos como Sócrates, Platón y Aristóteles. Se puede decir quesofista es quien está dotado de habilidad para los razonamientos falsos, capciosos.  En realidad, en su origen, el término sofista significaba sabio, hábil, competente, y era en este sentido que lo usaban quienes lo ostentaban.

Fueron atacados por otros filósofos, como Platón, argumentando que eran unos “comerciantes del saber”, por los excesos en los cobros de sus enseñanzas, enseñanzas que no eran buenas para iniciarse en el camino del conocimiento y sabiduría, sino que solo servia para ser un “pícaro” con las palabras e inventar argumentos falsos para ganar una disputa oral.

En la época de Sócrates las explicaciones sobre la investigación de la naturaleza había generado cierto “cansancio” entre los pensadores, sin llegar a una conclusión definitiva, por lo que provocó un cambio en el objetivo de la investigación, tendiendo hacia el estudio del hombre y su relación con la vida en sociedad. También podríamos decir que este  movimiento sofístico están estrechamente relacionados con el vasto cambio político y social que, después de vencer a los persas, implantó en Grecia regímenes democráticos (salvo Esparta).

La democracia ateniense era una democracia directa, no representativa (como las actuales); es decir, todos los ciudadanos tenían la posibilidad de participar directamente en las decisiones públicas, a través de las frecuentes asambleas populares y tribunales públicos convocados. En estas intervenciones públicas, la posibilidad de hacer prevalecer las propias tesis dependía única y exclusivamente de la capacidad expresiva, retórica.

Y aquí intervinieron los sofistas: su principal función (función que realizaban en forma de profesores ambulantes y cobrando un sueldo) consistía en enseñar un nuevo arte: laerístico (de cris, lucha), concebida como el arte de persuadir y argumentar en forma dialéctica; la erística era un procedimiento retórico, discursivo, que enseñaba la capacidad de sostener indiferentemente el pro y el contra de cualquier tesis, sin preocuparse de la verdad o la falsedad de lo defendido. Aunque los sofistas explicaban sus técnicas y procedimientos a todo aquel que tuviera dinero para pagarlo, su objetivo pedagógico primario no era tanto formar al pueblo como educar a los que debían ser caudillos de ese pueblo.

Para conseguir sus objetivos, los sofistas se dedicaron a estudiar profundamente toda una serie de cuestiones gramaticales y lingüísticas. El lenguaje adquirió con ellos el carácter de instrumento, Enseñaron a los jóvenes atenienses a considerarlo como si fuese un arma, con un objetivo casi agresivo, que consistía en la mayoría de los casos en convencer a los demás para ocupar uno mismo puestos sociales de responsabilidad.

En política, los sofistas fueron los fundadores de la demagogia (conducción del pueblo) y la psicagogia(conducción de almas); en teoría del conocimiento fueron los fundadores del escepticismo (doctrina que niega la posibilidad del conocimiento).
Con los sofistas, el hombre y las cosas humanas pasaron al primer plano de la problemática filosófica. Eran humanistas; creían que el único saber que merece realmente tal nombre es el saber práctico, útil para el hombre. Desde esta perspectiva, rechazaban la filosofía de la naturaleza de los primeros presocráticos.

A partir de sus críticas, los sofistas fundaron el subjetivismo o relativismo («la verdad de la cosa conocida es relativa al sujeto que la conoce»). Este relativismo subjetivista lo expresó perfectamente Protágoras (480-410 a. de C.): «El hombre es la medida de todas las cosas».

Los sofistas fueron individuos cosmopolitas, apátridas, que viajaron frecuentemente por todo el mundo conocido. En este continuo viajar conocieron grandes cantidades de pueblos, lenguas, costumbres y leyes, lo que los llevó a rechazar de que la idea de que la ley de los hombres era como la ley de la naturaleza, algo eterno, inmutable y universalmente válido.