Historia de los Griegos

Resumen de las Etapas del Arte en Europa desde el Renacimiento

Etapas del Arte en Europa Desde el Renacimiento

La siguiente descripción es una somera sintesis de los mas destacados artistas de Europa a partir del siglo XV, desde esta misma pagina puedes acceder a conocer la vida y obra de casi todos los artistas nombrados en dicha descripción.

A comienzos del siglo XV, Europa occidental estaba dominada artísticamente por una concepción medieval que, al servicio de grandes príncipes, se expresaba mediante fantasías. Los pintores flamencos Campin, Van Eyck y luego Van der Weyden, emprendieron el regreso a la realidad mediante la reproducción fiel de las apariencias externas.

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Rogier van der Weyden (c. 1399-1464), pintor flamenco de mediados del siglo XV, destacado por el carácter innovador de sus composiciones religiosas dentro de la pintura de su época. Por lo general, las obras del pintor flamenco Rogier van der Weyden tratan sobre temas religiosos. En esta obra de 1435 aproximadamente, (actualmente en el Museo del Prado-Madrid) Conocido por el carácter innovador y dinámico de sus composiciones, en El descendimiento de la cruz.

Al mismo tiempo, artistas florentinos planteaban la cuestión artística centrándola en el hombre y, por tanto, dando a su obra una dimensión definida y real en espacio y tiempo. Brunelleschi, Donatello y Masaccio iniciaron así, en sus respectivas artes, la corriente renacentista, aplicando los principios de la anatomía y la perspectiva.

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Masaccio (1401-1428), el primer gran pintor del renacimiento italiano cuyas innovaciones en el empleo de la perspectiva científica abrieron el periodo de la pintura moderna. La expulsión del Paraíso (c. 1427) es uno de los seis frescos que Masaccio pintó en la capilla Brancacci de Santa Maria del Carmine, Florencia. El carácter innovador de estas obras reside en sus figuras de aspecto casi escultórico y en su fuerza dramática y emocional.

En torno a 1500, las preocupaciones humanistas de los artistas florentinos recibieron nuevos impulsos que hicieron llegar a sus últimas consecuencias el espíritu del Renacimiento: Leonardo, a partir de la experiencia; Rafael, por la relación de afectos y el pensamiento eclesiológico, y Miguel Ángel, por su lucha atormentada con la materia en razón de su fe religiosa, son las figuras señeras de esta etapa.

Los humanistas eran intelectuales, eruditos de formación universitaria, que comenzaron a resucitar obras filosóficas, históricas o literarias de la antigüedad grecorromana.Sus ideas se vinculaban con las aspiraciones de los sectores burgueses, que adquirieron mayor poder en la sociedad.

Entre tanto, algunos pintores germánicos Durero y Holbein, comomás destacados- difundían en el área centroeuropea y anglosajona los principios renacentistas que, asentados en la tradición medieval, daban sus mejores frutos en el ámbito del retrato y del grabado.

Alberto Durero (1471-1528), artista alemán, una de las figuras más importantes del renacimiento, conocido en todo el mundo por sus pinturas, dibujos, grabados y escritos teóricos sobre arte, que ejercieron una profunda influencia en los artistas del siglo XVI de su propio país y de los Países Bajos.

A lo largo del siglo XVI, los pintores venecianos opusieron a los florentinos una preocupación esencial por el color, interpretado por Tiziano con equilibrio clásico, en la fábula mitológica; por Tintoretto, a través del lenguaje manierista en fantasmagorías religiosas, y por Veronés, como cronista de fastos decorativos.

Jacopo Robusti, Il Tintoretto

Jacopo Robusti, Il Tintoretto (1518-1594), pintor manierista veneciano, fue uno de los artistas más destacados del último tercio del siglo XVI. Su obra sirvió de inspiración para el desarrollo del arte barroco.  El baño de Susana (c. 1550, Museo del Louvre, París), está basado en la historia del citado personaje bíblico acusado falsamente de adulterio por dos ancianos. Durante el siglo XVI, este tema sirvió de pretexto a los pintores de la época para representar la figura femenina desnuda.

Preocupación paralela a la de éste mostró el arquitecto véneto Palladio, uniendo arquitectura y naturaleza, mientras Vignola, su contemporáneo, preparaba el barroco en Roma creando la iglesia contrarreformista. Herrera, que completó El Escorial, inició un estilo geométrico y austero de amplia repercusión en el arte castellano durante más de medio siglo (estilo herreriano).

Monasterio Escorial

El Escorial es uno de esos lugares en el mundo que suele atrapar la atención de miles de turistas, que a penas llegados a la región quedan totalmente encandilados por la belleza arquitectónica e histórica, envuelta por la inmensidad de la hermosura natural. 

Antes de que finalice el siglo XVI, Carracci y Caravaggio encarnan una tendencia opuesta al manierismo dominante y a su intelectualismo, volviendo a la naturaleza por vías de belleza idealista o de extremado realismo. Nacía así la pintura barroca, que habría de hallar la máxima expresión de la realidad en el dinamismo y exuberancia del flamenco Rubens, en la transfiguración luminosa y psicológica del holandés Rembrandt y en la sencilla y difícil veracidad del sevillano Velázquez.

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Caravaggio (1573-1610): La actividad de Caravaggio se desarrolló en Roma desde 1591 aproximadamente hasta 1606, en que, después de haber matado a un hombre en una riña, emprendió una huida que solo cesaría con su muerte. A su trágica vida corresponde una pintura de extrema tensión moral y religiosa. Caravaggio busca la verdad y rechaza el arte como actividad intelectual según lo entendía el manierismo.

Así, su obra aparece como realidad en que los temas religiosos no son historia ni alegoría sino hechos presentes y cotidianos. En un caminar incansable, que aparece como revolucionario desde sus primeras obras romanas, su estilo queda definido por composiciones unitarias, brutales contrastes de luz y sombra, atmósferas y personajes reales que atraen al espectador y le impresionan por el drama vivido en cada escena. En las últimas obras, el realismo se hace exacerbado y las figuras se agrupan en una zona del cuadro, golpeadas por los efectos de luz, creando un ambiente de desolación y tragedia.

Carracci (1560-1609): Con su hermano Agostino y su primo Ludovico, Annibale Carracci fundó en Bolonia la «Accademia degli In-camminati»  para  la  formación  de pintores y la enseñanza del estilo de los grandes maestros del siglo xvi; por eso su tendencia se ha calificado de clasicista. El estilo de los Carracci reúne experiencias venecianas, de Correggio, Rafael y Miguel Ángel, entre otros, pero la esencia de su lenguaje no radica en estas influencias sino en el dominio exaltado de la imaginación, extendiendo la experiencia de lo real a lo posible.

Por ello no resulta muy exacto el calificativo de ecléctico (mezcla) que tradicionalmente se ha venido aplicando a su estilo. La capacidad creadora de Carracci permite además obras tempranas de claro realismo popular como La carnicería de Oxford (1585) y otras tardías como la Huida a Egipto de Roma (1603) de espléndido paisaje ideal y lleno de sentimiento. La belleza del ritmo y del color conmueven y captan poderosamente la atención.

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Pasado el primer cuarto de siglo XVII, el barroco penetra en la arquitectura a través de la obra romana de dos arquitectos enfrentados: Bernini, también escultor, de arte teatral, pero equilibrado y apasionadamente cristiano, y Borromini, de formas onduladas y cambiantes, frenético y angustiado; unos años más tarde, Guarini, en Turín, desarrollaría con extrema fantasía las ideas del último.

En el postrer tercio del siglo XVII, los artistas franceses, más racionales y clasicistas, se expresaban con grandeza armónica y proporcionada como homenaje a Luis XIV, el Rey Sol, relacionando en Versalles todas las artes.

Mientras, en España, Churriguera acaba definitivamente con lo herreriano en un estilo opulento y dinámico que dejó larga estela, sobre todo en el retablo castellano.

retablo de san esteban

José B. de Churriguera (1665-1725):Churriguera parece haber sido entre todos ellos el artista más original, creativo e influyente.Sobre lo churrigueresco circulan vulgarmente algunas interpretaciones erróneas y, por lo general, peyorativas. Ni es una la personalidad de los Churriguera, ni los tres artistas más distinguidos de la dinastía -los hermanos Benito (1665-1725), Joaquín (1674-1724) y Alberto (1676-1750), madrileños- son los más característicos representantes del barroco exuberante y recargado que domina en los retablos y edificios castellanos de la primera mitad del siglo XVIII. Por otra parte, la importancia y calidad de su labor en el campo arquitectónico y decorativo del pleno barroco es un hecho indiscutible.

El carácter sustancialmente ornamental del barroco logra su último esplendor por obra del turinés Meissonnier, cuyos hallazgos en torno a la roca marina -la rocalla- y otras formas asimétricas sirven de base al amable estilo rococó, tan acorde con las exigencias de la sociedad francesa del segundo tercio del siglo XVIII.

El redescubrimiento de la antigüedad desplazó definitivamente, en el último tercio del siglo, a lo barroco y rococó, dando lugar al llamado neoclasicismo; fue el escocés Adam quien acertó a aplicar la decoración antigua a la arquitectura y a otras artes suntuarias.

Por encima de lo rococó y lo neoclásico, anunciando impresionismos y expresionismos, el aragonés Goya, a caballo entre los siglos XVIII y XIX, mostró una imaginación y una audacia creadora como pintor y grabador que inaugura espiritualmente el arte moderno. Ya en el siglo XIX, las tendencias pictóricas se suceden en Francia e irradian al resto de Europa. Neoclasicismo y romanticismo dominan la primera mitad del siglo.

Romanticismo: movimiento artístico que se inicia en el segundo decenio del siglo XIX y que supone una reacción contra el academicismo neoclásico. Se caracteriza, en pintura, por el gusto por temas históricos, literarios, y por los paisajes, a través de los cuales se comunica una emoción personal con sensibilidad apasionada.

Despues de 1848, las reivindicaciones sociales y políticas, los avances de la técnica y la ciencia, repercuten de forma importante en la pintura: irrumpe el realismo de Courbet despreciando idealismos y fantasías para poner en primer término los aspectos más prosaicos de la vida cotidiana.

Sobre 1870, una nueva tendencia surge en el panorama francés, representada por Monet como su cultivador más genuino: el impresionismo, con sus estudios del efecto de la luz sobre el color y las formas. Y poco más tarde, Cézanne, al ver en la naturaleza formas geométricas esenciales, comienza a derribar el sistema de representación natural que, en sustancia, permanecía inalterado desde el Renacimiento.

El Renacimiento a partir del siglo XIV, fue una nueva etapa del pensamiento y déla cultura y se la denomina Renacimiento. Fue un período de sorprendentes inventos en el mundo de la ciencia. Se desarrolló la imprenta, se hicieron descubrimientos astronómicos, hombres osados se dedicaron a explorar mares desconocidos y la pintura, la escultura, la arquitectura y la literatura también se transformaron de manera asombrosa.

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Claude Monet (1840-1926): En los años inmediatos a la guerra de 1870 un grupo de pintores -Monet, Pisarro, Sisley y Renoir principalmente- se sitúan el margen de cualquier imitación de tendencias precedentes y realizan una nueva pintura a la que un crítico denominó despectivamente impresionismo inspirándose en el título de una obra de Monet expuesta en 1874, Impresión: sol naciente. Aparece este pintor como el creador más original y principal representante de las conquistas técnicas y estéticas del grupo.

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Sin los matices sociales o políticos de los realistas, mediante una concepción estrictamente pictórica -que, sin embargo, hallará la misma oposición entre los conservadores- Monet buscará la realidad cromática y formal bajo los efectos de la luz. En la base de su arte se halla el pintar al aire libre y el colorido claro.

La luz transforma y altera los colores y también las propias formas, de manera que el paisaje y sus elementos surgen como visiones instantáneas no repetibles temporalmente. Preocupación primordial es el estudio de los reflejos de la luz en el agua, que tienen consistencia real semejante a la de los elementos reflejados. Este lenguaje alcanza su mayor pureza en los años en que pinta en Argenteuil (1872-78), a pesar del virtuosismo que revelan sus series sobre un mismo tema –analizando los efectos de la luz a diferentes horas- que constantemente realiza a partir de 1889.

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El cubismo que Picasso inventó hacia 1909 –imágenes mentales, no naturales, representación simultánea y en el mismo plano de los distintos elementos que constituyen una figura o un objeto- inaugura una nueva era artística.

La aportación de Kandinsky -su primera acuarela abstracta es de 1910-, al prescindir de cualquier motivo cognoscible y utilizar solo formas y colores, completaba la revolución.

Solo unos años más tarde, tres arquitectos, Gropius, Mies van der Rohe y Le Corbusier, pioneros de una nueva etapa racionalista y humanista, trataban con sus edificios de mejorar la vida humana a través de la modificación de la vivienda y la ciudad. Hasta su muerte lucharon por conseguir que sus ejemplos no quedaran en meras obras artísticas aisladas, sino que su multiplicación práctica contribuyera al bienestar general del hombre sobre la Tierra.

Fuente Consultada:
Maestros del Arte Editorial SALVAT Colección Temas Claves Aula Abierta

La Historia Universal Es la Historia de Occidente?

¿PORQUE CUANDO ESTUDIAMOS HISTORIA UNIVERSAL
SOLO HABLAMOS DE GRECIA Y ROMA?

¿Es correcto hablar de “las cuatro edades de la historia”?
La periodización tradicional de la historia europea —que se enseña en las escuelas y se sigue utilizando por costumbre— en las edades Antigua, Media, Moderna y Contemporánea puede ser actualmente cuestionada. “Este sistema cuatripartito (cuatro partes) de organización de la historia universal es un hecho francés. En otros países el pasado está organizado de manera distinta, en función de puntos de referencia distintos.

Cumple una función ideológica y política. El cuatripartismo da por resultado privilegiar el papel del Occidente en la historia del mundo y reducir cuantitativamente y cualitativamente el lugar de los pueblos no europeos en la evolución universal. Por esta razón, forma parte del aparato intelectual del imperialismo. Las fechas elegidas no tienen significación alguna para la inmensa mayoría de la humanidad: fin del Imperio romano, caída de Bizancio.

Es decir que, clasificando la historia “universal” desde la periodización europea, se es:a evando a cabo una discriminación con la historia de los otros continentes, tomando a la historia europea como la superior, la de las “civilizaciones”, creando una situación de eurocentrismo que en realidad no se puede justificar.

Chesneaux señala que el análisis de la historia que hace la teoría marxista intenta salvar el cuatripartismo sobre la base de la sucesión de los grandes modos de producción: “la Antigüedad correspondería al esclavismo, la Edad Media al feudalismo, los Tiempos Modernos al capitalismo ascendente, el mundo contemporáneo al capitalismo desarrollado…”

La periodización europea, vigente en gran parte del mundo debido a la expansión de la cultura occidental, proviene del Renacimiento y se consolida en el siglo XVII con Cellarius, que publicó su Historia dividida en tres partes: Historia Antigua, Historia Medieval, Historia Nueva.

Cuando se produjo la Revolución Francesa de 1789, este último período -denominado también Edad Moderna— se da por finalizado, comenzando la Edad Contemporánea. Como vemos, son períodos con nombres muy subjetivos, ya que “moderno” quiere decir “perteneciente a la actualidad, reciente”, y “contemporáneo” significa también “relativo al tiempo o época actual”, o “existente al mismo tiempo que otra persona o cosa”.

Los cuatro grandes períodos de la historia europea son: Edad Antigua, Edad Media, Edad Moderna y Edad Contemporánea. Si bien se realiza esta periodización en base a fenómenos de larga duración, como características de la organización social y política, desarrollo de las ciencias, artes y tecnología, los hitos que se utilizan como límites entre una edad y otra son acontecimientos, que supuestamente cambiaron el devenir de esas sociedades.

Etapas de la Historia Universal

Sin embargo, veremos que ningún acontecimiento por sí solo produce un cambio tal; si existe esa transformación, es porque ya se venía dando un fenómeno, quizá secular (que dura un siglo) , de transición, de modificaciones en las mentalidades, de búsqueda de nuevos paradigmas científicos, etc.

La elección de tales fechas quedó a criterio de historiadores, pero a muchos tal criterio les puede resultar arbitrario. Por ejemplo, para finalizar la Edad Antigua y comenzar la Edad Media, se toma la caída de Roma bajo los bárbaros en el 476 d.C. (año en que Odoacro, caudillo de las milicias de este origen, tras dar un golpe de Estado se proclamó jefe absoluto de Italia); sin embargo, la decadencia del Imperio Romano de Occidente había comenzado antes: durante el siglo V Roma había sido jaqueada, tomada, saqueada e incendiada, y el poder de sus emperadores se desmoronaba. Hay quienes opinan, entonces, que la Edad Media comenzó a principios del siglo V.

Un caso similar es el de la finalización de la Edad Media, para la cual se toma generalmente la caída del Imperio Romano de Oriente bajo el poder de los turcos (1453 d.C), cuando para nosotros y para muchos países europeos fue un acontecimiento más clave la llegada de Colón a América (1492), y muchos prefieren mencionar esta última. Organizar la historia de la humanidad en base a la historia de la civilización “occidental” (o sea teniendo en cuenta los acontecimientos que afectaron a Europa), es un enfoque eurocentrista.

Para ellos, los pueblos de los otros continentes recién entraron a la historia propiamente dicha en el momento de la conquista y colonización europea. Su historia, entonces, no está narrada desde el punto de vista de sus propios habitantes sino desde la visión del conquistador.

Fuente Consultada:
Histroria Mundial Contemporánea 1° Año Polimodal  – De Teresa Brass – Marisa Gallego

Historia del Imperio Romano Trabajo Minero y Agricola Mineria Tecnicas

HISTORIA DE ROMA ANTIGUA: TRABAJO MINERO

la vida cotidiana en roma antigua

Los romanos asimilaron rápidamente los avances técnicos realizados por griegos y egipcios en la minería. Las minas eran explotadas a cielo abierto y en pozos o galerías como se puede comprobar en España, con los distritos mineros de Las Omañas, Las Médulas, Cástulo o La Valduerna.

mineria roma antigua

Una de las técnicas más empleadas era el derrumbe de montañas, procediendo después al lavado de mineral con agua, en ocasiones procedente de 40 kilómetros. De los diferentes distritos mineros salía el metal puro fundido, por lo que se realizaban in-situ todas las operaciones, lo que conllevaba la participación de un amplio número de trabajadores.

No en balde, sabemos que en las minas de Cartagena llegaron a trabajar unas 40.000 personas. Como es lógico pensar, el trabajo en la mina era tremendamente duro. La mayoría de los mineros eran esclavos o trabajadores dependientes e incluso libres que trabajaban por el beneficio obtenido o como una forma de liberación de impuestos. Las tropas acantonadas en las cercanías de las minas, además de proporcionar seguridad a la explotación, servían para realizar tareas de asesoramiento técnico y construcción de infraestructuras. Este tipo de tareas eran dirigidas por los procuradores imperiales que también tenían a su cargo la administración y la vigilancia de la explotación.

La gestión de las minas dependió del momento. En un principio, el Estado tenía bajo su control la explotación pero desde los primeros años del siglo II a.C. se utilizó un sistema mixto: arrendamiento para todos los metales excepto las minas de oro que dependían directamente del Estado (las de plata en algunas ocasiones también eran de propiedad estatal). Los servicios que rodean a las minas -baños, zapatería, ferretería, etc.- eran ofrecidos por el Estado en régimen de alquiler.

Las Guerras Médicas Grecia contra los Persas Batalla Maraton Causas

Las Guerras Médicas – Grecia Contra los Persas

Este enfrentamiento entre el poderoso imperio persa y las polis griegas encabezadas por Atenas y Esparta señala el comienzo del periodo clásico en Grecia. Los griegos designaron a los persas con el nombre demedos, término que, en pluridad, correspondía a un pueblo emparentado con ellos y que formaba parte de su imperio

Aunque generalmente se habla de las guerras médicas con referencia a los dos intentos de invasión de la Grecia continental por los persas (490-478 a.C.), el conflicto entre ambos pueblos fue más prolongado, y las tensiones continuaron hasta la conquista del imperio persa por Alejandro Magno, en 330 a. C.

Introducción:

Al llegar al siglo V a.C., en el mundo antiguo sobresalían el inmenso imperio persa, gobernado por Darío, y las repúblicas griegas, independientes entre sí, que prosperaban materialmente y habían alcanzado un notable desarrollo cultural. Entre ambos se encontraban las colonias griegas emplazadas en el Asia Menor que se empeñaban en conservar su tradición helena, aunque sometidas a la dominación persa que las ahogaba en sus posibilidades de desarrollo y les impedía el normal abastecimiento de trigo desde el mar Negro.

Fue en estas circunstancias que, en el año 499 a.C., la colonia griega de Mileto, situada en la Jonia, se rebeló contra los persas y con la ayuda de Atenas emprendió la lucha contra Sardes, sede de la satrapía más próxima, que fue saqueada e incendiada.

El rey Darío juró vengar esta afrenta y para no olvidar su juramento ordenó a uno de sus esclavos que todos los días le repitiera tres veces que debía acordarse de los atenienses.

En poco tiempo los persas recuperaron la iniciativa y vencieron a los jonios —que habían quedado solos— en Efeso y luego destruyeron sus naves en las proximidades de la isla de Lade. De esta manera Mileto, que fue arrasada, quedó nuevamente sometida y todas las colonias griegas del Asia Menor prometieron acatamiento a los persas.

Seguidamente, Darío envió emisarios a todas las ciudades de la Helade, para exigirles la sumisión, como represalia por la ayuda prestada por Atenas a la colonia sublevada. Todas, las ciudades griegas, con excepción de Esparta y Atenas, se sometieron ante el rey persa.

Tal actitud asumida por los espartanos y atenienses, significó el comienzo de las guerras médicas, así denominadas, porque los griegos llamaban medos a los persas.

La revuelta de Jonia

En 545 a. C. Ciro el Grande había extendido la soberanía persa sobre Asia Menor, incluyendo las polis griegas de la costa y las islas próximas (Jonia). Éstas soportaban cada vez peor la pérdida de su autonomía, la imposición de gobiernos tiránicos y la competencia comercial de los fenicios, favorecidos por los persas. Por ello, en 499 a. C. estalló una revuelta encabezada por Aristágoras de Mileto contra el dominio de los persas aqueménidas. Los rebeldes lograron tomar y destruir Sardes (498), sede del sátrapa—gobernador provincial— persa, y la rebelión se extendió desde el Bósforo hasta Chipre; se enviaron embajadores a la península Helénica para pedir ayuda, pero sólo las ciudades de Atenas y Eretria enviaron algunos barcos.

Mientras tanto, los persas recuperaron la iniciativa. Aprovechando la desunión entre los sublevados fueron imponiendo de nuevo su autoridad sobre ellos. La vic­toria naval de Lades (495) y la destrucción de Mileto, cuyos habitantes fueron deportados a Mesopotamia, señalaron el restablecimiento del poderío persa.

Los disturbios habían convencido al rey persa Darío de que para asegurar su dominio en Asia Menor debía controlar todo el Egeo, incluyendo las polis de Europa. La expedición dirigida por Mardonio, yerno de Darío, sometió Tracia y Macedonia (492), pero la destrucción de su flota junto al monte Athos le impidió avanzar más allá.

Maratón: En 490 una gran expedición con 50.000 hombres al mando de Datis y Artafernes salió de Cilicia para castigar a Atenas y Eretria por su participación en los sucesos de Jonia. Les acompañaba Hipias, antiguo tirano ateniense, hijo de Pisístrato, que todavía contaba con partidarios en la ciudad, a pesar de la reciente instauración de la democracia por Clístenes (507). Tras someter las Cícladas y tomar Eretria, este ejército desembarcó en la llanura de Maratón, al nordeste de Atenas. Las tropas atenienses, integradas por 10.000 hoplitas (infantería pesada) y algunos aliados de Platea, dirigido por Milcíades, decidió atacar y cargó inesperadamente contra los persas, rechazándolos hasta el mar(490).

El soldado Filípides, que había vuelto de Esparta justo a tiempo para la batalla, corrió los 42 kilómetros que separaban Maratón de Atenas para dar la noticia de la victoria; el esfuerzo le costó la vida. El rápido regreso de las tropas a Atenas impidió un nuevo desembarco del ejército persa, que se retira finalmente a Asia. Los espartanos llegaron demasiado tarde para servir de ayuda, y la gloria de Maratón correspondió por entero a la democracia ateniense. La muerte de Milcíades (488) llevó al poder a Temístocles, que emprendió una importante reforma de la flota, aprovechando los ingresos extraídos de los nuevos filones de plata de las minas del Laurión (483).

 La segunda guerra médica: Las revueltas en el imperio y la muerte de Darlo (486) impidieron a los persas. Gran parte de las polis griegas (con algunas excepciones importantes) se unieron para su defensa en la Liga Helénica, fundada en el congreso panhelénico del Istmo (481), a pesar de las recomendaciones de neutralidad o sumisión del oráculo de Delfos. Esparta, la mayor potencia militar griega y líder de la Liga del Peloponeso, encabezaría sus fuerzas. realizar una nueva expedición de castigo. Pero en 484 el nuevo rey Jerjes, hijo de Darío, comenzó los preparativos de una gran campaña para invadir Grecia. Las cifras proporcionadas por el historiador griego Herodoto son seguramente exageradas, pero es probable que la expedición contase al menos con 300.000 hombres y 600 navíos, además de una espectacular logística.

CRONOLOGÍA
546a.C.  Los persas conquistan el reino de Lidia y las ciudades y colonias griegas de Asia.
500 a.C. Las ciudades jonias se rebelan contra el dominio persa. Incendio de Sardes.
493 a. C. Darío I destruye la flota y el ejército de los rebeldes jonios. Mileto, que inició la revuelta, es saqueada.
492 a. C. El general persa Mardonio toma con su ejército Tracia y Macedonia.
490 a.C.  Primera guerra médica. Los persas conquistan las Cicladas occidentales y arrasan Eretria. Victoria ateniense en Maratón.
480 a. C.  Segunda guerra médica. Jerjes, sucesor de Darío I, invade Grecia. Fracasa el intento de detener a los persas en el paso de las Termpilas. Victoria naval griega en Salamina.
479 a. C.  Victoria de los hoplitas espartanos en Platea y de la flota ateniense en Micala (Jonia). Fin de la segunda guerra médica.
478 a.C.  Atenas funda, junto con muchas polis costeras e insulares del Egeo, la liga de Délos,
477 a.C. Pausanias, rey de Esparta y héroe en Micala, es destronado por su despotismo.
471 a.C. En Atenas, el gran estratega de Salamina, Temístocles, es condenado al destierro. Comienza su gobierno Cimón.
465 a. C. Atenas pasa a la ofensiva contra Persia. Vence en la doble batalla del Eurimedonte
448 a. C. Paz de Calías, ya en el período clásico. El Imperio persa reconoce la hegemonía ateniense en el Egeo.

En junio de 480 el inmenso ejército de Jerjes, con el Gran Rey al frente, cruzó los Dardanelos por un doble puente de barcas. Avanzó fácilmente a través de Macedonia y Tesalia, y no se encontró con la primera línea de defensa griega hasta llegar al desfiladero de las Termópilas en tierra y el cabo Artemisión en el mar.

Los 7.000 hombres mandados por el rey espartano Leónidas rechazaron durante dos días al ejército persa, hasta que una traición permitió a éste cruzar por un paso secreto y rodearlos. Ante la inevitable derrota, Leónidas envió a sus tropas al sur, permaneciendo él con 300 hoplitas espartanos y 700 hombres de Tespis y Tebas. Todos perecieron en defensa de la posición. Esta resistencia desesperada permitió a la flota griega, encabezada por los atenienses, replegarse ordenadamente y conservar sus efectivos.

El ejército de Jerjes avanzó entonces por Grecia central, con el apoyo de algunas polis. La nueva estrategia griega era plantear la defensa del istmo de Corinto, cerrando el paso al Peloponeso. Atenas fue evacuada por sus habitantes y ocupa­da por los persas, que incendiaron la acrópolis como represalia por la destrucción de Sardes dieciocho años antes. Pero Temístocles convenció al estado mayor griego para presentar batalla a la flota persa en la bahía de Salamina, cerca de Atenas. Se sirvió de una estratagema para atraer a la numerosa escuadra enemiga hacia un angosto paso y privarla de capacidad de maniobra; al cabo de unas horas era vencida por las trescientas naves griegas, ante los ojos de Jerjes (septiembre de 480).

El dominio del mar había pasado a los griegos, y Jerjes regresó a Asia para orga­nizar refuerzos, aunque una nueva insurrección en Babilonia le impidió renovar sus campañas en Europa. Dejó en Grecia un importante ejército al mando de Mardonio, reforzado con aliados griegos (tesalios, macedonios, beocios).

Mientras éste invernaba en Beocia surgieron disputas en el seno de la Liga Helénica sobre la estrategia a seguir. Esparta y las ciudades del Peloponeso pretendían mantenerse a la defensiva en el istmo, mientras que Atenas, Megara y Egina querían expulsar al enemigo de sus puertas.

Tras graves tensiones y una nueva invasión persa del Ática, al fin se decidió el envío de un ejército aliado a Beocia, al mando del espartano Pausanias. Sus 40.000 hoplitas y 7.000 auxiliares (el mayor ejército nunca reunido por los griegos) se enfrentaron al superior ejército persa en la llanura de Platea (primavera de 479).

A pesar de su ventaja inicial, Mardonio fue vencido y muerto, y gran parte de su ejército destruido. Su lugarteniente Artabazo condujo a los supervivientes de vuelta a Asia. Al mismo tiempo, una flota griega mandada por el rey espartano Leotiquidas destruía una base naval persa y las naves fondeadas en Mícala, frente a la isla de Samos.

No sólo se había salvado la in­dependencia de las polis de Grecia, sino que éstas controlaban ahora el Egeo. La flota mandada por Pausanias tomó Bizancio, abriendo el paso al mar Negro, y las islas de Quíos, Lesbos y Samos se unieron a la Liga (478).Sin embargo, una vez conjurado el peligro persa la unidad griega resultó efímera, por los intereses contrapuestos de las diferentes ciudades.

La Liga de Delos: Esparta, poco amiga de aventuras fuera del Peloponeso, se desinteresó de los asuntos del Egeo oriental, arrastrando consigo al resto de la Liga del Peloponeso. Fue Atenas, apoyada en su potente flota, la que tomó la iniciativa y formó la Liga de Delos (476) con numerosas polis de las Cícladas, Asia Menor y la zona de los estrechos. La alianza, comprometida en la lucha por la liberación de las ciudades griegas de la dominación persa, fue diseñada por el ateniense Arístides el Justo. Éste compartió el poder en Atenas con Cimón, hijo de Milcíades, partidario de la lucha a ultranza contra los persas. Temístocles, que veía en el poder de Esparta la verdadera amenaza para la grandeza ateniense (como se demostraría poco después en las guerras del Peloponeso), fue des­plazado del poder (471).

En 468 Cimón venció a la escuadra persa en el Eurimedonte. El fracaso de una expedición a Egipto y los sobornos persas lograron expulsarlo del poder, y la facción popular encabezada por Efialtes rompió las relaciones con Esparta, disolviendo la Liga Helénica (460). Sin embargo, Cimón recuperó el poder y dirigió una nueva campaña en Chipre, donde murió (450). Sus victorias permitieron a su cuñado Calias firmar con los persas la paz que lleva su nombre (449), que aseguró la libertad de las ciudades griegas y frenó a los persas en el Egeo.

Atenas, con la ayuda de sus aliados, se había convertido en la potencia hegemónica del mundo griego, desarrollando un poderoso imperio marítimo y comercial. Sus abusos y la oposición de Esparta conducirían posteriormente a la guerra del Peloponeso.

Temístocles
General y político (525-460 a. C.)

Estadista ateniense nacido en el seno de una familia modesta, no obstante lo cual pudo convertirse en una relevante figura en su ciudad y asumir la jefatura del partido democrático cuya divisa era: Guerra contra los persas. Convencido de la necesidad que tenía Atenas de contar con un puerto y una flota, dedicó todos sus esfuerzos a procurarle ambas cosas.

Así, durante su arcontado (493 a. C.) hizo votar la construcción del puerto del Pireo, si bien al año siguiente una expedición persa paralizó las obras que sólo pudieron ser retomadas en tiempos de Pericles. Luego se propuso la construcción de doscientas galeras, para lo cual derivó los recursos obtenidos en la explotación de las minas de Laurión, que antes eran repartidas entre los ciudadanos, a las arcas del Estado.

Temístocles pudo realizar sus planes luego del destierro de Arístides y venció a los persas en la batalla de Salamina (480 a. C.); pero luego fue víctima de intrigas y calumnias y condenado al ostracismo. Se refugió junto a Artajerjes, pero cuando éste quiso convencerlo de traicionar a su patria, se negó terminantemente y se suicidó con veneno.

Aquiles y Ulises Heroes de la Guerra de Troya Sitio a Troya Esparta

INICIO DE LA GUERRA DE TROYA
Esparta ataca a Troya:
El ultraje que el príncipe troyano había inferido al honor de los aqueos reunió en seguida en el palacio de Menelao a todos los grandes guerreros de Grecia, ávidos de venganza. Decidieron reunir una armada tal que ni siquiera una parecida hubiese surcado alguna vez los mares, y marcharon contra Troya para arrancar a Paris el tesoro mal adquirido. Para ello, los príncipes se convocaron en el puerto de Aulis, ciudad de Beocia, empeñándose en coadyuvar en la empresa con hombres y dinero.

Poco después, la playa de Aulis era un hormiguero de hombres armados; decenas de naves ancladas en la rada aguardaban el viento favorable para partir. Estaban todos: el viejo Néstor; Agamenón, elegido jefe de la expedición; Menelao; el Áyax Telamón, rey de Salamina; Ulises, rey de Ítaca; Aquiles con sus mirmidones. La armada contaba con 120.000 hombres y 1.186 naves.

A solicitud de los dos soberanos ofendidos —ya que Menelao era hermano de Agamenón, rey de Micenas, y el más poderoso de los reyés de Grecia—, se reunieron en una especie de confederación todos los jefes de las ciudades, todos los pueblos del centro, del sur y de las islas, a las órdenes de los más valientes generales, y fue dispuesta la movilización general, preparándose para la guerra.

Se habían hecho presentes, además, el Áyax Oileo, jefe de cuarenta naves procedentes de Lócride; Idomeneo, hijo de Deucalión, llegado de Creta con ochenta naves; el grande e impetuoso Diómedes, de Argos, y, también, Patroclo, amigo de Aquiles. Todos estaban animados por un justificado ardor guerrero contra las gentes de Tróade, y habían decidido vengar la grave ofensa infligida a Menelao y a toda Grecia.

Ulises, el más astuto y pacífico de los reyes aquéos, fingió estar loco para no participar en la guerra, y se puso a arar la ‘playa de Ítaca, sembrando en ella sal. Pero cuando los emisarios de Agamenón, poco convencidos de su gesto de demencia, quisieron poner delante del arado a su hijito Telémaco, desistió de la comedia y se resignó a partir.

Aquiles, el más joven y más valiente de los aqueos, había sido escondido por su madre, la diosa Tetis, entre las mujeres del palacio de Esciros, vestido con indumentos femeninos. Pero Ulises, advirtiendo el subterfugio, se presentó en aquella mansión vestido de mercader ambulante y ofreció a las doncellas joyas y ricos vestidos. Mientras las mujeres examinaban con viva admiración su mercadería, Ulises extrajo de su bolsa, como al descuido, una espada filosa y un brillante yelmo de bronce. En seguida, la más alta de las jóvenes, que hasta entonces había quedado apartada del grupo, asió con fuerza aquellas armas y empezó a manearlas con viril seguridad; Aquiles, así descubierto, no pudo ya dejar de partir para Aulis.

La flota estaba anclada aún, porque los vientos eran desfavorables. El adivino Calcas había declarado que el tiempo sólo cambiaría si la ‘hija de Agamenón, Ifigenia, era sacrificada sobre el ara de Artemis. Un sentimiento de desolación había embargado a los jefes aqueos, ya que ninguno osaba proponer al padre el horrendo sacrificio. Al cabo, el mismo Agamenón impartió la orden; entre las lágrimas e imploraciones de todo el ejército, la desdichada niña fue llevada al altar, frente a las olas; allí Calcas esperaba con el brazo en alto, armado de un cuchillo.

Todos apartaron la mirada para no ver la irreparable acción, pero, en el momento mismo en que iba a ser consumado el sacrificio, fueron sacudidos por un grito de estupor del sacerdote. Ifigenia había desaparecido y, en su lugar, como por obra de magia, había una cierva blanca, el símbolo de Artemis.. El puñal se abatió centelleante y un soplo inmenso recorrió el cielo: las velas de las naves se extendieron con estrépito y se hincharon. ¡Era el viento favorable!.

En la bahía de Aulis sólo se oían gritos de júbilo; desaparecieron las tiendas; los hombres se aglomeraban en los puentes de los barcos, apresurándose para subir a bordo; cortaron amarras y levaron anclas, y, una tras otra, las bellas naves aqueas zarparon hacia alta mar.
Después de algunos días, en una mañana resplandeciente de sol, la alarma corrió por las calles y las plazas de Troya. La gente se volcó sobre las altas murallas de la ciudad y vio el horizonte  cubrirse de velas: una flota poderosa se acercaba.

Se reunieron los jefes, salieron por las puertas los soldados y se dio la orden de combate en la playa, bajo el mando de Héctor, el mayor de los hijos de Príamo. Las naves aqueas, ya muy cerca, enrollaban las velas y parecían vacilar. Una vez más, Calcas había pronunciado un lúgubre vaticinio: el primero que pisara tierra firme sería muerto. Ya los troyanos esgrimían sus armas animándose unos a otros, cuando se vio saltar al agua a un joven guerrero.

En medio del silencio general, Protesilao, rey de una parte de Tesalia, se levantó y corrió hacia la playa, alcanzando tierra firme justamente delante del carruaje de Héctor. La espada del héroe troyano silbó fulmínea, y el joven rey cayó en la arena dorada, regándola con la primera sangre aquea.
Pero ya, con intenso fragor de armas y de gritas, todo el ejército griego se lanzaba contra los defensores, los que, batiéndose en retirada, se refugiaron tras el seguro baluarte de las murallas.

Así se inició el prolongado sitio de Troya. Ya durante un anterior sacrificio a Apolo, de debajo del ara salió una serpiente que subió a un plátano cercano para devorar un nido de nueve pájaros, y luego fue transformada en piedra. El adivino Calcas interpretó el acontecimiento en el sentido de que la guerra de Troya duraría diez años, como en efecto sucedió.

Fuente Consultada: Relatos de la Antigüedad – Lo Se Todo Tomo III – Figuras y Leyendas Mitológicas

Las injerencias de los dioses en las hazañas de los héroes -Hércules, Aquilea, Eneas, Perseo, etc.- inspiraron numerosas narraciones,
cuyo conjunto forma la mitología. Los mitos son muy variados y ejemplifican la maldad, las calamidades, el castigo, el heroísmo, la fortuna, etc.

ALGUNOS DE LOS MITOS MÁS CELEBRES

Atlas Rey de Mauritania, sostuvo eL mundo sobre sus hombros. Sus siete hijas formaron la constelación de las Pléyades. Perseo lo transformó en montaña por rehusar su hospitalidad Medusa Una de las tres gorgonas que vivían en Libia, la única mortal. Mito maligno, con serpientes por cabellos y una mirada petrificante, fue decapitada por el héroe Perseo. Sísifo Mito del castigo por excelencia, fue condenado a subir una gran roca a la cima de una montaña. Exhausto cerca del final, la roca caía y todo volvía a empezar, en una eterna repetición. Pandora Primera mujer sobre la Tierra, desobedeció a su marido y abrió la caja de la que salieron los males de la humanidad. La cerró a tiempo para que no escapase la Esperanza. Perseo Héroe legendario, hijo de Zeus y Dánae. Cortó la cabeza a Medusa y petrificó a Polidectes, pretendiente de su madre. Liberó a Andrómeda, se casaron y fundó Micenas.

 

Biografia de Aristoteles Pensamiento aristotelico Filosofia Medieval

La influencia del último de los grandes filósofos griegos, Aristóteles, en la cultura occidental europea fue inmensa y aún perdura. Durante más de 2.000 años, el enorme prestigio de su obra sirvió pera instruir a generaciones de filósofos y científicos. La trascendencia de Aristóteles se basó en su aguda observación de la naturaleza y su capacidad para sistematizar el pensamiento de su época, convirtiéndolo en el fundador de la ciencia occidental.

aristoteles(Estagira, 384 – Calcis, 322, a. C.) Filósofo griego. Junto con Platón, el más importante de la Antigüedad y, posiblemente, el de mayor influencia en la posteridad.

Su padre, Nicómaco, fue médico personal del rey de Macedonia, Amnitas II, y por ello su situación social y económica fue siempre estable.

Al morir Nicómaco, Aristóteles fue adoptado por Próxenos de Atarnes, bajo cuya tutoría vivió, hasta que en el 367 a. C. marchó a Atenas e ingresó en la Academia. Allí, su primer maestro fue Isócrates y después Platón. Aristóteles siguió las enseñanzas de la Academia hasta el año 347, en que murió Platón y le sucedió como director de la institución su sobrino Espeusipo.

Entonces, y en compañía de Teofrasto, regresó junto a Próxenos, su tutor, a Atarnea, Asia Menor. Con Jenócrates, alumno de la Academia, que años más tarde llegaría a ser su director, gozó en Aso de la protección y ayuda de Hermias, antiguo condiscípulo suyo que había llegado al poder en Atarnea, como tirano. Es posible que, para entonces, el estagirita ya hubiera escrito Eudemos y Protreptikós.

Hermias murió crucificado tras haber conspirado contra los persas, aliado con Filipo II de Macedonia. Aristóteles contrajo matrimonio con Pitiade, la sobrina e hija adoptiva del soberano muerto.

El filósofo viajó a Mitilene (en la isla de Lesbos), donde se estableció e inició con Teofrasto investigaciones sobre Biología.

En el 342 fue llamado por Filipo para encargarse de la formación y educación de su hijo Alejandro. Aristóteles se trasladó a Pella a tal efecto, aprovechando la ocasión que se le brindaba para publicar la Ilíada y conseguir la reconstrucción de las murallas de Estagira.

La influencia que ejerció el filósofo sobre Alejandro fue de la máxima importancia. A ella se deberá, entre otras causas, el fenómeno del helenismo y de la expansión de la cultura griega por todo Oriente. No obstante, Alejandro no asimiló los fundamentos políticos de la civilización de la Helade, rechazando el concepto de ciudad-estado como base de un sistema de gobierno.

Tras la batalla de Queronea, en el 335, Aristóteles regresó a Atenas. Fundó el Liceo -así llamado por hallarse cerca del templo de Apolo Licio- e inició la actividad docente con independencia de la Academia platónica. Pronto, sus alumnos recibieron el nombre de peripatéticos, por dar las clases mientras paseaban por el jardín y el peripato (especie de galería columnada). Dos cursos simultáneos y diferentes se daban en el Liceo: uno, por la mañana, para los alumnos más adelantados y otro, por la tarde, para los menos iniciados.

Es uno de los pensadores decisivos de la historia Su filosofía conjuga el empirismo y la abstracción Fue el preceptor de Alejandro Magno Sus estudios de biología son modelo de investigación Fundó la lógica como disciplina del razonamiento Introdujo las bases del método científico

Las necesidades de espacio obligaron a Aristóteles a alquilar un inmueble próximo, donde fue reuniendo una inmensa biblioteca, junto a una importante colección de mapas y material para el estudio de la Historia Natural, así como un archivo en el que, entre otros documentos, se recogieron las constituciones de gran parte de las ciudades griegas. Por primera vez, además, comenzó a estudiarse la historia de la primitiva filosofía griega.

En el 325, Alejandro Magno ejecutó a Calístenes, sobrino y colaborador de Aristóteles, lo que determinó la ruptura entre el filósofo y el soberano. Pese a esto, a la muerte de Alejandro, en el 323, los sectores antimacedónicos atenienses acusaron de impiedad a Aristóteles y de haber colaborado en la destrucción del sistema griego en pro de un imperio unificador y centralista y de la fusión de la cultura de la Helade con la civilización bárbara de Oriente.

Aristóteles tuvo que marchar a Calcis de Eubea. Allí murió en el año 322, víctima de una enfermedad estomacal. Teofrasto le sucedió en la dirección del Liceo y de la Biblioteca.

Entre las obras más importantes del Estagirita se cuentan: el «Organon», tratado de lógica; la «Física»; la «Filosofía primera o Metafísica»; «Sobre el alma»; los tratados de moral: «Ética a Eudemo», «Ética a Nicómaco», la «Gran Ética» y la «Política», y, en fin, la «Poética» y la «Retórica».

El pensamiento de Aristóteles constituye uno de los pilares fundamentales de la civilización occidental y, como inspiración latente de todo un tipo de ciencia, filosofía y planteamiento racional, su influencia se extiende hasta la actualidad. Su división de las ciencias en teóricas, prácticas y poéticas, y sus esquemas lógicos, se han mantenido durante muchos siglos.

SUS OBRAS
Algunos escritores antiguos atribuyeron a Aristóteles cerca de un millar de obras. A nosotros nos han llegado cuarenta y siete, y no todas completas. Pero estas solas son suficientes para apreciar la extraordinaria calidad de su privilegiado intelecto. “En todas las cosas de la naturaleza existe alguna maravilla”, dejó dicho Aristóteles. Y, fiel a este enunciado suyo, se dedicó a observar todos los fenómenos naturales.

Antes de él, la ciencia se hallaba todavía en sus primeros pasos. Hasta entonces, cuando no se lograba establecer las razones determinantes de un fenómeno natural, se creía en la intervención de alguna fuerza sobrenatural. Aristóteles fue el fundador de la ciencia: demostró que con el razonamiento se pueden explicar los fenómenos del universo.

Trató, por consiguiente de conocer las razones de una infinidad de fenómenos naturales. Muchas de sus observaciones, no obstante ser talentosas y evidenciar dotes de razonamiento poco común, hoy no son ya aceptables. Es menester no olvidar que formuló sus principios y deducciones con la sola ayuda de la “lógica”, y sin realizar ninguna experimentación. Pero, a pesar de ello, no pocas de sus teorías conservan todavía todo su valor, después de transcurridos más de dos mil años, no obstante los progresos alcanzados en todos los campos del saber.

Entre las nociones que permanecen indiscutidas, por ejemplo, merece señalarse aquella, basada en sus estudios sobre zoología, por la cual dividía a los animales en dos grandes clases (correspondientes, casi exactamente, a las actuales de los vertebrados e invertebrados).

CURIOSIDADES:

TESTAMENTO: Solitario, enfermo y previendo su fin, Aristóteles redactó un testamento transmitido por el historiógrafo Diógenes Laercio, que es un ejemplo de humanidad por los recaudos que se toman a favor de sus herederos: su compañera Herpilis y sus hijos Pitias y Nicómaco.

Encomienda el cuidado de éste a la protección de su amigo Antipáter, lugarteniente de Alejandro Magno. Y ruega que la dirección del Liceo de Atenas recaiga en su amigo Teofrasto, también filósofo, cosa que fue así. Le preocupaba el futuro del Liceo debido a la inquina que le guardaba el clan del anti-macedónico Demóstenes por haber sido maestro de Alejandro Magno.

FRENTE A LA ESCLAVITUD:
La esclavitud era común en la Antigua Grecia. Aristóteles afirmó la tesis del “esclavo natural”. No obstante, señala las dificultades empíricas para reconocer al verdadero esclavo y critica el modo de adquisición de esclavos. En su testamento, Aristóteles ordenó que sus esclavos no fueran vendidos y que se los liberara cuando alcanzaran una “edad conveniente”.

LOS PERIPATÉTICOS: Aristóteles fundó su escuela, el Liceo, entre el 335 y el 334 a.C. Era un centro de enseñanza rival de la Academia de Platón y se lo llamaba Perípatos, por su paseo cubierto y debido a la costumbre aristotélica de dar clases mientras se paseaba. Por eso, los alumnos del Liceo también se conocieron por el nombre de peripatéticos.

EL CORPUS: Es sorprendente que las obras “esotéricas” de Aristóteles no fueran consideradas de gran interés en la época helenística, preocupada más por encontrar estrategias conducentes a la “tranquilidad del ánimo”. Según Estrabon y Plutarco los escritos de Aristóteles permanecieron inaccesibles hasta que fueron redescubiertos en el siglo I a C, haciendo posible la edición de Andrónico de Rodas, un peripatético.

La edición del Corpus permitió la renovación del pensamiento aristotélico. Luego estos textos serían leídos en clave neoplatóníca. Durante siglos sólo se conocieron en Occidente los escritos lógicos. Gracias a la influencia árabe, el pensamiento occidental pudo tener acceso al resto de la obra aristotélica.

Biografia de Platon Pensamiento filosofico Filosofo griego

Filósofo griego. Nos han llegado escasas noticias de su vida. Nació en la época de la democracia de Pericles. Perteneció a una familia de la aristocracia, de gran influencia dentro de la oligarquía revolucionaria. Por parte de su padre, es posible que fuera descendiente de Codro, el último rey de Atenas.

En el año 407 ocurre algo que será decisivo en su vida: su encuentro con Sócrates, del que será alumno durante ocho años. Cuando el maestro es condenado a muerte, Platón se refugiará en Megara, al temer que Atenas persiguiera a los discípulos de Sócrates. En esa ciudad se encontrará con Euclides.

Se cree que a continuación realizó varios viajes, probablemente a Egipto y a la Cirenaica, donde entró en contacto con Aristipo de Cirene y con el matemático Teodoro. Según la tradición, marcharía después a Italia meridional, donde conoció a algunos pitagóricos. Algunos autores afirman que entonces fue cuando Filolao le vendió unos escritos secretos de Pitágoras, en los que Platón se inspiraría para escribir el Timeo. De esta época de su vida serían los siguientes escritos: Apología de Sócrates, el Hipias I y II, el Eutifrín, el Critón, el Cármides, el Laques, el Lisis, el Protágoras, el Gorgias y el Menón.

Su aventura siciliana empezaría en el año 388, cuando pensó en la posibilidad de convertir a Dionisio I el Antiguo a sus teorías político – filosóficas.

Pero esta relación no cuajaría, y Platón fue desterrado. En el viaje de vuelta fue capturado y vendido como esclavo. El cirenaico Anniceris, que le había reconocido, le compró y le devolvió la libertad. En el año 387 Platón volvió a Atenas y fundó la Academia, que sería la primera gran escuela de la Antigüedad, organizada de forma sistemática, con aulas y biblioteca. Platón ejerció en ella su magisterio, hasta que murió, en colaboración con su discípulo Aristóteles. En el fondo, la Academia fue la primera universidad organizada.

Su obra se conserva casi completa. Nos han llegado 42 diálogos. Junto con la que escribió Aristóteles, es la obra capital de la filosofía y de toda la cultura griega. Su aportación a la formación del lenguaje filosófico es extraordinaria y tiene un elevado valor literario. El género literario utilizado por Platón fue el diálogo, que tiene una profunda relación con su doctrina de la dialéctica como método filosófico y posee una extraordinaria belleza poética. Siempre es Sócrates el personaje principal.

Su pensamiento muestra una profunda evolución, partiendo de la doctrina de Sócrates y llegando al descubrimiento de las ideas y culminando en los problemas planteados por ellas, en diálogo con Aristóteles.

Un problema no resuelto es el conocer con exactitud el orden cronológico de sus escritos. En segundo lugar, no se puede separar claramente lo que pertenece a Sócrates y lo que es estrictamente suyo a través de los diferentes diálogos. Platón no sólo recibió la influencia socrática, sino también otras importantes: pitagorismo, heraclitismo, orfismo, entre otras.

En sus primeros diálogos muestra a Sócrates y son, al mismo tiempo, una defensa contra las acusaciones que le llevaron a la muerte. En Apología de Sócrates resalta la importancia de la idea de verdad. Su meditación se centra, además, sobre la vida y muerte de su maestro.

En Hipias menor nos da una idea de Sócrates como un sofista más, trata de buscar en qué consiste el bien, concluyendo que el hombre justo no puede mentir voluntariamente, no puede hacer voluntariamente el mal. En Critón, Sócrates habla a Critón, que le quiere obligar a huir de la prisión, manifestándole que no puede responder a la injusticia con la injusticia, ni hacer el mal a quienes nos lo han hecho.

En Cármides trata de definir el concepto de sabiduría. En el Laques plantea el problema de la educación de los niños y en Eutifrón analiza la piedad, llevándonos en Lisis a, tratando sobre la amistad, sus momentos más dialécticos. En otro diálogo de gran interés, Hipias mayor, nos acerca a lo bello a través de la búsqueda de su definición y llega a reconocer que no sabe lo que es la belleza.

Creía que las ideas existen separadas de las cosas Su Academia reunió a la élite intelectual de Atenas Decía que el cuerpo era la “cárcel” del alma inmortal Sus ideas tienen una
gran influencie en Occidente
 El suicidio de
Sócrates , influyó en sus Iideas políticas
Postulaba un a sociedad justa gobernada por filósofos – reyes

Fedón es el primer diálogo que nos hace avanzar hacia su metafísica. Aborda en él el tema de la inmortalidad del alma. Sócrates llega a la conclusión de su inmortalidad porque para él, todo es lo que aprendemos, yo recuerdo porque en una época anterior he aprendido lo que ahora recuerdo. En el Menón se plantea cómo se adquiere la virtud, si por la enseñanza, el ejercicio o por la naturaleza, e insiste en encontrar una definición para ella. En Protágoras analiza los mismos temas que en Menón, insistiendo sobre la sabiduría. Y así, en cada uno de sus escritos va desgranando sus teorías filosóficas, para llegar al descubrimiento de las ideas.

El ser verdadero no está en las cosas, sino fuera de ellas, en las ideas que son unas, inmutables y eternas. Pero estas ideas no son accesibles a mi conocimiento directo, no están en el mundo. Para explicar esta teoría recurrió al mito en el que señala que el alma se puede comparar a un carro tirado por dos caballos alados, uno dócil y otro díscolo, dirigidos por la razón, que se esforzará en conducirlo bien. Conocer será, para él, recordar lo que está dentro de nosotros. Las cosas, insiste, son sólo sombras de las ideas.

La democracia creó las condiciones para una mayor participación del pueblo en la política. El acceso de mayor cantidad de personas a los debates y la creciente complicación de la administración del Estado generó la necesidad de información y de preparación técnica. Era necesario dominar el instrumento político por excelencia: la palabra. Los llamados “sofistas” (sop-histai) fueron personajes que enseñaron retórica y erística (arte del combate verbal). Cuando Platón comenzó a escribir sus Diálogos, Atenas era una democracia muy distinta a la que soñó Pericles -el “padre de la democracia”-. Pululaban arribistas y demagogos que se caracterizaban por poseer cualidades retóricas que les aseguraban el éxito en las asambleas. La irrupción de Sócrates fue muy conflictiva. La democracia que se reestablece en el 403 a.C. lo acusa de corruptor de jóvenes y lo condena a muerte. A los ojos de Platón, esa democracia era insensata e injusta.

Una de sus obras principales fue La República, con la que consuma su visión del mundo. El Estado bueno será para él aquel en el que exista una división del trabajo. Debemos, asimismo, mantener alejado de nosotros el deseo de felicidad individual, ya que con él iríamos hacia la corrupción del Estado y hacia la tiranía. Describe el Estado ideal, pero piensa que siempre está amenazado.

En el libro VII de este diálogo nos presenta el famoso mito de la Caverna: somos prisioneros, encadenados, que ven desfilar unas imágenes sobre el muro que está ante ellos. La caverna es el mundo sensible, con sus sombras, que son las cosas.

El mundo exterior es el mundo verdadero, el mundo de las ideas. Es muy importante, señala, educar a los guardianes. El Estado ideal será casi imposible de alcanzar y añade que siempre que los guardianes se adueñen del poder nos llevarán a la tiranía. Sostuvo la primacía de la sociedad sobre el individuo, en un sistema de castas, presidido por la clase superior de los filósofos.

El pensamiento de Platón dominaría en toda la cristiandad hasta, aproximadamente, el siglo XII, en el que hubo, debido a las doctrinas de Santo Tomás y San Alberto, un verdadero giro en el predominio de las anteriores teorías filosóficas. Sin embargo, en el siglo XVI sus doctrinas renacieron con las ideologías de Descartes y Leibniz, de marcado carácter platónico. Su influencia se prolongaría en las obras de Hegel, Fichte y Schelling.

LA ACADEMIA: Una vez en Atenas, en el año 388-387, fundó la Academia, nombre que recibió por hallarse cerca del santuario dedicado al héroe Academos, especie de “Universidad” en la que se estudiaban todo tipo de ciencias, como las matemáticas (de la importancia que concedía Platón a los estudios matemáticos da cuenta la leyenda que rezaba en el frontispicio de la Academia: “que nadie entre aquí que no sepa matemáticas”), la astronomía, o la física, además de los otros saberes filosóficos y, al parecer, con una organización similar a la de las escuelas pitagóricas, lo que pudo comportar un cierto carácter secreto, o mistérico, de algunas de las doctrinas allí enseñadas. La Academia continuará ininterrumpidamente su actividad a lo largo de los siglos, pasando por distintas fases ideológicas, hasta que Justiniano decrete su cierre en el año 529 de nuestra era.

CURIOSIDADES:
APODO ORIGINAL:
El nombre real de Platón era Aristocles. El sobrenombre que se le puso, según algunas versiones, se refiere a que tenía espaldas anchas. Plato, en griego, significa espalda.

UN ESCLAVO ILUSTRE:  El tirano Dionisio I de Siracusa se enojó con Platón y lo expulsó en una nave espartana que hizo escala en la isla de Egina, hostil a Atenas. Allí, apenas llegó y según se cuenta, Platón fue vendido como esclavo. Pero, por suerte, Aniceris, también filósofo, lo identificó y pagó el rescate por su libertad. De esta manera, Platón pudo volver a Atenas, en 387 a.C, para retomar su labor intelectual.

VIAJES PELIGROSOS: Años después, Dionisio II, el joven, sucedió a Dionisio I como tirano de Siracusa, lo que animó a Platón a regresar a Sicilia. Como sus propuestas fueron rechazadas, huyó de la isla. El tercer viaje fue peor: el filósofo Arquitas de Tarento-inventor del tornillo y de la polea-, tuvo que intervenir para que no lo mataran.

LA MUJER, EN CASA: La sociedad griega era machista. Las mujeres carecían de derechos legales y políticos, eran excluidas de los asuntos de carácter público y estaban confinadas en casa, cuidando a los hijos. Esto se vincula con que los griegos consideraron las relaciones homosexuales concurrentes con el matrimonio. Explica también que las hetairas (prostitutas) gozaran de gran prestigio.

DE FAMILIA NOBLE: Platón fue hijo de Aristón. Su madre Perictíone, pertenecía a la nobleza y estaba vinculada a la Tiranía de (os Treinta. A la muerte del padre, Perictíone se casó con el rico Pirilampes. Platón tuvo dos hermanos, una hermana y un medio hermano.

COSTUMBRES CRUELES: Esparta era un ciudad-estado enemiga de Atenas, pese a que ambas eran griegas. Sus 5.000 habitantes, todos soldados, adoptaron una oligarquía y no admitían nuevos ciudadanos. Los recién nacidos con algún defecto físico eran arrojados por un barranco y los castigos sociales eran, en general, tan duros que aún hoy se usa la frase “con crueldad espartana”.

AMISTAD: Platón tenía muchos amigos pero la amistad en sí misma le planteaba dudas. En una ocasión dijo:”No dejes crecer la hierba en el camino de la amistad”.También: “Los amigos se convierten con frecuencia en ladrones de nuestro tiempo”.

PRINCIPIO Y FIN: Platón compró un huerto para hacer vida común con sus discípulos. Así nació la Academia, que tomó su nombre de Akademos -héroe que también bautizaba al bosque cercano- La Academia duró hasta el 529 d.C, cuando Justíniano I, emperador de Bizancio, opuesto a la difusión de las enseñanzas paganas y a la filosofía griega, la clausuró.

“La Academia de Atenas” es una obra de Rafael, que está en el Museo Arqueológico de Nápoles. El pintor centista retrató en ella varios hombres de su tiempo y asoció sus fisonomías a algunos filósofos antiguos. Platón es Leonardo da Vinci, el matemático Euclides es el arquitecto Bramante y el profeta Jeremías, Miguel. Ángel. El propio Rafael aparece en el cuadro.

LA ACADEMIA PLATÓNICA: El término academia deriva del nombre de un personaje ático, Academo, que poseía en los alrededores de Atenas un jardín en el que se encontraban las tumbas de personajes célebres como Pericles. Sin embargo, los orígenes del jardín se remontan más allá de los tiempos históricos.

Según la leyenda, Castor y Pólux, los llamados Dióscuros, fueron conducidos a él por Academo en busca de su hermana Helena cuando ésta fue raptada por Teseo. El jardín estaba consagrado al culto de Atenea y en él parece ser que había un gimnasio además de varios altares dedicados a los principales dioses de la mitología griega.

En 387 a. C. Platón, que había sido vendido como esclavo y cuyo rescate había pagado su amigo Anníceres, compró los terrenos que circundaban este jardín con el dinero que debía a este último, que nunca llegó a aceptar su devolución.

En ellos organizó la más célebre academia del mundo antiguo, llamada por el nombre de su creador, en la que reunió a sus discípulos para formar no sólo una escuela filosófica sino, en realidad, lo que puede considerarse la primera universidad occidental, ya que en ella se instruía a los jóvenes no sólo en filosofía, sino también en matemáticas y astronomía, entre otras ciencias, siguiendo un plan de educación progresiva pergeñado por el filósofo.

En la vida de la Academia platónica pueden distinguirse tres etapas. La primera, conocida como Academia Antigua, contó entre sus directores con Espeusipo de Atenas, sobrino de Platón, al que sucedió al frente de la Academia en el 357 a. C, Polemón y Crates de Atenas. La Academia Media fue fundada por Arcesílao en el siglo lll a. C, al que sucedió en la cátedra su discípulo Lácides de Cirene.

La Academia Nueva fue iniciada por Carnéades, quien combatió el estoicismo y todo dogmatismo, a quien sucedió en 129 Clitómago de Cartago. Esta última etapa conclu-.’ó con la clausura definitiva de la Academia en tiempos de Justiniano (529 d. C.) (Fuente: Enciclopedia Espasa-Calpe Tomo 32)

PLATÓN Y PITÁGORAS: Los Cinco Sólidos Pitagóricos

Utopía de Platón: La República

La Muerte de Socrates Sabiduria Griega El Proceso a Socrates Cicuta

JUICIO Y MUERTE DE SÓCRATES

Con noble calma y valor, Sócrates recibió la copa de cicuta y ante los ojos de sus discípulos bebió el veneno que le causaría la muerte, dando cumplimiento a la sentencia dictada contra él por “corromper a la juventud e introducir divinidades extrañas” en la Atenas del año 400 antes de Cristo.

Para muchos, la muerte de Sócrates representa la obediencia fiel de un ciudadano a las leyes de su Pueblo, porque rechazó los reiterados ofrecimientos de sus discípulos para facilitar su huida de la prisión.

De la vida y del modo de ser y de pensar de Sócrates, su juicio y el desenlace que éste tuvo son los episodios más significativos. En general, puede decirse que Sócrates fue una víctima inocente de una Atenas crispada por más de veinte años de guerra continua, que se vio coronada por el régimen de terror impuesto por los Treinta tiranos entre el —404 y el —403 tras la victoria espartana.

Cuando la democracia se instaura de nuevo, Sócrates es visto como cómplice de Critias y Cármides, cabezas destacadas de ese grupo oligárquico. No era la primera vez que el nombre de Sócrates se asociaba al de los enemigos de la democracia: la defección de Alcibíades años antes era un importante precedente. No se juzgó a Sócrates por estas razones (lo mejor, sospechas), pues la amnistía política del —403 cerraba el paso a tal tipo de revanchas.

Sin embargo, el nuevo partido demócrata buscó el exilio de Sócrates. Diógenes Laercio recoge la acusación de que se le hizo objeto: «Melito, hijo de Melito, del distrito de Pita, acusa a Sácrates, hijo de Sofronisco, del distrito de Alopece, bajo juramento al siguiente efecto.

Sócrates es culpable de: 1) de no rendir culto a los dioses a quienes rinde culto el Estado, sino de introducir prácticas religiosas nuevas y poco conocidas; 2) y además, de corromper a los jóvenes. El acusador público pide la pena de muerte. » Pronto se vio que el plan de Sócrates no se encaminaba a la salvación de su vida. Pudo haber alegado desobediencia a los Treinta tiranos, habiendo estado en una ocasión al borde de la muerte, pero no lo hizo. Apenas si se refirió a la primera parte de la acusación, pues en Atenas había libertad de culto religioso, y rechazó enfáticamente la verdad de la segunda. Sin embargo, su relación con Alcibíades o con Critias había sido demasiado estrecha como para que el pueblo en general dejara de vincularlos. (Años antes, Alcibíades había sido parte destacada de un sacrilegio escandaloso habido en Eleusis.) Sócrates subrayó las diferencias que le separaban de los objetivos y de los beneficios económicos de la educación de los sofistas, y se declaró inocente.

Por un lado, adujo, la muerte era un digno final a una vida virtuosa como la suya. Por otro, cuenta Jenofonte, Sócrates veía en aquélla una salida a las miserias de la vejez. No rehuyó la pena capital. Solicitó para sí un puesto vitalicio en el Pritaneo (o Comité del Senado) como reconocimiento a su labor educativa y a su civismo, y sólo aceptó pagar una multa. Los jueces, que habían de elegir entre la sanción del acusador público y la propuesta por Sócrates, se vieron con las manos atadas y le condenaron a muerte. Sócrates pudo haber eludido fácilmente tal desenlace, pero optó por no arrojar sobre sí la menor sombra de sospecha acerca de su conducta y de su lealtad a las leyes de Atenas.

Los sicofantes cumplían, ciertamente, una función social en la sociedad griega, aunque la moderna institución de la fiscalía los haya tornado seres despreciables en ciertas circunstancias. Fueron sicofantes los que acusaron a Sócrates de no creer en los dioses del Olimpo, incriminación que lo llevó a ser condenado a muerte mediante la ingestión de cicuta, el veneno extraído de la planta del mismo nombre.

Ya en prisión, Sócrates rechazó un ofrecimiento de fuga que le fue hecho por sus amigos, y dio muestras de un magnífico buen humor, reconfortando incluso a aquellos que lloraban su suerte. Llegado el momento, se despidió de su familia —el más pequeño de sus hijos sólo tenía unos meses de edad— y de sus amigos y seguidores, preparó su cuerpo para el funeral y apuró el contenido de la copa de cicuta.  (ver: planta venenosa)

Biografia de Socrates Filosofia griega Mayeutica de Socrates Pensamiento

Filósofo griego. Su vida es un auténtico misterio. En él todo parece de caricatura. Iba descalzo por la ciudad de Atenas. A veces, cuando recomendaba a los jóvenes adolescentes que fueran limpios y elegantes, el aparecía sucio. Era casi un mendigo. Su primer enigma es, pues, saber de qué vivía. Su padre fue escultor y su madre comadrona. No se conoce bien si se casó una o dos veces.

También le gustaba la música. En realidad fue un cosmopolita sedentario, ya que no salió nunca de la ciudad de Atenas más que para luchar contra los persas o consultar el oráculo de Delfos. Otros filósofos viajaron por el Mediterráneo para instruirse. Vivió en unos tiempos turbulentos, bajo la tiranía de los Treinta, que según Jenofonte le prohibieron enseñar la retórica.

Su personalidad es, a veces, contradictoria: bufón y serio, dulce y violento, religioso y librepensador, aristócrata y demócrata. No se conoce tampoco con exactitud cuál fue su formación intelectual: practicó la gimnasia, la música, la geometría y la astronomía. En cuanto a su relación con los filósofos, no entendió a Heráclito, frecuentó a los sofistas y tuvo entre sus oyentes a Platón. Sócrates no ha dejado ningún texto escrito.

Es dudoso, por tanto, si existe una filosofía suya. Sus palabras y pensamientos nos han sido transmitidos. Fue un teórico puro, va, viene, pregunta, vive de la ciudad. Considerará amigos a los otros ciudadanos, intentará ayudarles y mostrará un amor pedagógico hacia los jóvenes. En su propia educación será sobrio, cuidará su salud, despreciará el dinero, será piadoso y modesto. Tendrá por norma predicar con el ejemplo.

Sócrates interrogaba al que encontraba, al artesano, al político, al sacerdote y a todos les demostraba que eran incapaces de definir el objeto de su saber. Sócrates se incluiría entre los sofistas al limitar su búsqueda al único objeto que podemos conocer, el hombre. Para él, el sustituto de la prueba metafísica es la experiencia y la analogía, el diálogo. En realidad, es casi seguro que fuera el creador de la dialéctica.

Con una burlona modestia (su ironía) se coloca en actitud interrogante frente a su interlocutor y le hace examinar casos particulares y de la vida corriente, que luego comparaba con otros, deducía sus consecuencias, llegando a principios generales de crítica moral o a mostrar la falsedad del argumento o las contradicciones en las que incurría el interlocutor.

Es casi seguro que expuso a muchos a vergüenza, por lo que fue creándose enemigos, llegando a considerarle peligroso y revolucionario. Su mérito estribó en establecer que por un trabajo comunitario sobre el discurso común, se podía llegar al discurso justo: los sofistas hablaban ante los otros, pero no con los otros, el dialéctico, sin embargo, dialoga e intenta convencer a través del diálogo.

La dialéctica destroza los discursos largos, procede a base de preguntas cortas, se dirige al intelecto y su finalidad es convencer. Su ironía es burlona, porque la dialéctica se prepara para demostrar al otro que, en realidad, ignora lo que alardea de saber. Para Sócrates el concepto es innato y universal. El pensamiento de Sócrates no fue Dios ni el Cosmos: es cualquiera, el artesano, el artista, el político. A cada uno le interesa lo útil, pero no con carácter universal, sino por un beneficio inmediato. Su análisis de lo útil desemboca en el concepto de bien.

Propugnó la práctica de la virtud, porque, en su opinión, la virtud es dominar los movimientos de una naturaleza ciega y conducirse según la ciencia del bien. Pensaba, asimismo, que el hombre, por esencia, quiere el bien y que cuando hace mal se engaña, concluyendo que nadie es malvado voluntariamente.
Considera necesario hablar; la verdad, en su opinión, no se alcanza con grandes y aparatosos discursos, sino mediante el diálogo. El lenguaje será para él el lugar de su verdad. Pero lo más importante no será el dios oculto o el mundo, sino que para Sócrates lo fundamental es conocernos a nosotros mismos. La virtud, para él, consistirá en resistir a los impulsos particulares para seguir los mandamientos universales de la razón.

Los conceptos más útiles e importantes son los que nos pueden ayudar a dirigir nuestra conducta. Éste será el Sócrates creador de la ciencia moral. Pero el Sócrates que nosotros conocemos es el creado por Platón, no es un hombre de carne y hueso, sino un auténtico <<personaje>>, sabio, sublime, tierno, burlón, honrado. Como no dejó un sistema doctrinal y prefería educar a los hombres para que ellos solos reflexionasen, su figura y doctrina fueron asimiladas por sus discípulos, y, a su muerte, se formaron varias escuelas socráticas: la Clínica, la Cirenaica y la Megárica.

Su forma de morir también elevaría a la categoría de mito a este enigmático personaje.

Fue condenado a muerte. Aunque lo consideró injusto, no quiso escapar cuando sus alumnos le prepararon la huida y bebió la cicuta, demostrando una gran serenidad y poniendo en práctica su teoría de que el primer deber del ciudadano es la obediencia de la ley, aunque sea injusta. El porqué de esta condena ha sido motivo de discusiones frecuentes, sin haberse llegado a una conclusión definitiva.

Hasta el siglo XIX se pensó que fue víctima de los sofistas, sus enemigos más directos. Después se creyó que Sócrates había suscitado la ira de los más reaccionarios, acusándole de corruptor de la juventud y también que le pudieron exigir cuentas por su colaboración con los aristócratas.

Otros han visto en su muerte una conducta fracasada. Opinan que él quería morir, que estaba cansado de su sabiduría. Pero, apenas muerto, una vez ingerida la cicuta, se cerraron las palestras y gimnasios en señal de duelo y se desterró a los que le habían acusado. Con su muerte, se convirtió en un mito, en un símbolo. Ha pasado a la historia como la representación del sabio por excelencia.

FILOSOFÍA DE SÓCRATES: “CONÓCETE A TI MISMO”
Sócrates había nacido el año 469 antes de Cristo; su padre era escultor; su madre cuidaba de los enfermos con solicitud. La condición modesta de la familia no impidió al joven ateniense frecuentar las escuelas por las cuales era famosa su ciudad natal.- Al llegar a adulto, su inteligencia, su carácter, y la gran misión para la cual se sentía destinado, lo llevaron a ser uno de los personajes más notables de su querida ciudad.

En aquel tiempo vivía en Atenas un conjunto de hombres que se preciaban de sabios, llamados “sofistas”; habían abierto numerosas escuelas donde acogían, cobrando honorarios, a los hijos de los ciudadanos más ricos; además, para hacerse conocer y apreciar, pronunciaban disertaciones en las plazas públicas o bien en las casas adonde eran invitados; con actitud frecuentemente soberbia, afirmaban encontrarse en condiciones, sólo con la habilidad de su razonamiento sutil, de sostener cualquier argumento y de defender cualquier causa, sin preocuparse por la verdad de ésta. Se jactaban de poder demostrar un día una cosa y al día siguiente la tesis completamente contraria, y de saber persuadir a quienes los oyeran de que una cosa falsa era verdadera y viceversa.

El daño que tales disertantes hacían en el ánimo de sus oyentes era inmenso: asombrados y confusos, los más llegaban a pensar que no existía una sustancial diferencia entre las cosas buenas y las malas, entre la verdad y la falsedad, entre lo real y cierto y lo imaginario y falso. La confusión era grande y el perjuicio que ello ocasionaba era muy grande.

A luchar contra esta acción disgregadora de la moral se consagró Sócrates. La verdad, la justicia, la bondad, la honestidad son una sola cosa, afirmó él, y no debe ni puede ser alterada con las palabras; para conocerla, cada uno ha de interrogarse a sí mismo, consultar su propia conciencia y negarse a construir artificiosas justificaciones.

“Conócete a ti mismo”, afirmaba Sócrates; y con ello quería hacer comprender que sólo reconociendo el hombre su propia ignorancia y sus muchos defectos y deficiencias, podría encarar la tarea de superarlos y vencerlos. En abierto contraste con la conducta de los sofistas, que usaban su inteligencia sólo con vistas a lograr un provecho material, Sócrates recalcaba: “No amar la riqueza ni otros bienes materiales con preferencia a los del espíritu”.

A los sumisos y flojos frente a los tiranos de su patria, él les decía: “Buscad la verdad y defendedla contra quienquiera, a toda costa y siempre; no cedáis frente a amenaza alguna: más allá de este mundo está Dios, quien os juzgará a vosotros y a ellos”.

Estas cosas las enseñaba y explicaba Sócrates a todos sus conciudadanos: en las plazas, en las calles; sentado sobre los escalones de un templo o en la tienda de un artesano, conversaba con la gente del pueblo y con los jóvenes; interrogaba, escuchaba atentamente las respuestas, corregía, habituaba a las gentes a la crítica y a la reflexión. Él mismo arriesgó la vida más de una vez por haber osado promover protestas contra los gobernantes o por haberse rehusado a cumplir disposiciones u órdenes que consideraba ilegales; durante toda su vida, además, había permanecido en la pobreza, condición que, juzgaba, habría de permitirle dedicarse íntegramente a los problemas del espíritu. Y en razón de que el mismo Sócrates era el primero en poner en práctica sus enseñanzas, fue objeto de la estima popular.

PARA SABE MAS…
Dotado de un gran sentido de la ironía, Sócrates suscitaba el coloquio personal de hombre a hombre, con el fin de averiguar la verdad, que él mismo no conocía. Por el procedimiento de la mayéutica como método para llegar a descubrir la verdad, el interlocutor reconocía los errores que antes había afirmado y llegaba al recto juicio.

Con ello Sócrates, según él decía, no hacía más que poner en práctica el oficio de sus padres, al hacer nacer las ideas cinceladas con la verdad. Se recordará que su madre era comadrona y su padre escultor. Frente a aquellos que pretendían saberlo todo, hacía alarde de su ignorancia y aplicaba como norma la sentencia que figuraba en el templo de Apolo en Delfos: “Conócete a ti mismo”.

Sócrates impartía sus enseñanzas en los gimnasios, en las plazas, a todo aquel que se le acercaba, sin percibir ningún tipo de honorarios. Superó a la sofística, con su falsa pretensión de saberlo todo. Era un interrogador implacable, él que precisamente confesaba que nada sabía. Esta contradictoria superioridad molestaba al sentimiento democrático, que al final le acusó de que introducía nuevos dioses y pervertía a la juventud.

Aunque sus amigos le hicieron propuestas para huir, Sócrates aceptó serenamente la muerte por obediencia a las leyes de la ciudad. Con ello puso a prueba la fuerza de su doctrina, a saber, que la moral debe imponerse por encima del mundo real. Sócrates no escribió ninguna obra, quizá porque sus ideas eran tan concretas que se bastaban con la palabra oral, pero su fama ha sido reconocida por todas las épocas.

Toda la actividad de Isócrates se centró en el campo educativo según él mismo confiesa, jamás se sintió con fuerzas suficientes para subir a la tribuna y expresarse públicamente. Se lo impedían la falta de voz potente y una timidez innata. Sin embargo, ejerció una gran influencia entre sus contemporáneos a través de su escuela y de sus escritos.

La Muerte De Sócrates

Batalla de Termópilas Grecia contra Persia Leónidas 300 soldados Historia

BATALLA DE TERMÓPILAS: (480 a.C.)

En 480 a.C., Xerxes, gobernador del poderoso Imperio Persa, invadió Grecia con más de 100.000 hombres. Procuraba vengar la derrota persa en Maratón y suprimir un competidor naval y comercial.

La amenaza obligó a las ciudades-estado griegas a unirse por primera vez en la historia. Enviaron al norte un ejército aliado para contenerlos. Los espartanos, deseando defender su suelo, mandaron sólo 300 personas bajo el mando del rey Leónidas, grupo famoso que constituyó el núcleo de los 5.000 griegos que marcharon a Termópilas.

Como sus tropas eran menos efectivas que las persas, los griegos tuvieron que depender de tácticas defensivas. El lugar más fácil de defender era el estrecho paso de las Termópilas. Leónidas lo ocupó y distribuyó 1.000 focenses en la ladera lateral.

Los persas avanzaban rápidamente hacia el norte sin encontrar resistencia, por lo tanto les sorprendió el encuentro repentino con el enemigo. Xerxes hizo altos durante cuatro días enfrente del paso.

En el quinto, muy confiado, envió a los medos y a los cissans adelante, pero las fuerzas persas ligeramente armadas no eran suficientes para doblegar a los hoplitas fuertemente equipados.

Aturdido por el primer revés, el persa mandó sus hombres en oleadas sucesivas a enfrentar al enemigo: cada una fue diezmada por las largas lanzas griegas y por la defensa salvaje de los espartanos. Hasta llegó a entregar a su compañía conocida como los Inmortales, que fue rechazada.

El poderoso ejército estaba paralizado delante de esta inamovible muralla humana. Xerxes no sabía qué hacer. Pero un griego llamado Malis le ofreció guiarlo por un paso montañoso hasta la retaguardia griega. Los persas desfilaron a lo largo del sendero hasta que de repente encontraron a los focenses ubicados allí para cualquier emergencia. Se sintieron consternados con este encuentro pero, a pesar de todo, los atacaron con ferocidad. Los griegos creyeron por error que estaban siendo rodeados por todas las fuerzas persas y se retiraron a las montañas buscando una posición más favorable.

Los persas quedaron estáticos: el camino estaba abierto y el enemigo, perdido.

Leónidas había ordenado la retirada y con un último gesto decidió permanecer detrás con sus espartanos para cubrir a sus hombres. Atacado por todos lados, el pequeño ejército griego fue aniquilado: la ruta hacia el sur de Grecia estaba abierta.

Fuente Consultada: Almanaque de los Insólito Tomo 3 Wallace-Wallechinsky

La sifilis en la historia: Ivan El Terrible, Enrique VIII y Pedro de Mendoza

UN POCO DE HISTORIA SOBRE LA SÍFILIS

sifilis en la historia

La Enfermedad                  Iván El Terrible                 Enrique VIII                Pedro de Mendoza

El contagio microbiano

En el siglo XVI, hace su la aparición una enfermedad nueva, tan temible como temida: la «gran viruela», a la que el médico poeta italiano Fracastor dará en el año 1530 el nombre que lleva desde entonces, la «sífilis».

¿Esta enfermedad llegó en la tripulación, cuando Cristóbal Colón llegó de regreso de la Española por primera vez a Palos, el 15 de marzo de 1493, o la segunda vez a Cádiz, el 11 de junio de 1496? Esto parece hoy poco probable, tan rápida fue la difusión de la sífilis en el último decenio del siglo XV y el primero del XVI. Veamos como autores de finales del siglo XV y de principios del xvi describen las primeras manifestaciones.

El primer texto que hace alusión a la sífilis es un corto poema de 124 versos, De scorra pestilentiali, compuesto antes de 1496 por un profesor de derecho de Estrasburgo, Maria Sebastian Brandt, y publicado en 1498 en sus Carmina.

El segundo es igualmente un poema, de Joseph Grümbeck (o Grümpeck), nacido en Burhausen (Baviera), secretario del emperador Maximiliano de Austria: De la Mentulagre, enfermedad pestilente desconocida durante los siglos precedentes, escrito entre 1496 y 1506 (Mentulagre es una palabra formada por el autor partiendo de méntula = miembro viril y del griego agreó =yo tomo).

Grümbeck escribió también en la misma época un Tratado de la scorre prestilentiae o mal francés, conteniendo su origen y tratamiento (aquí adopta el término scorre, partiendo del griego Skb = impureza, basura). Hallándose en Augsburgo le llama poderosamente la atención el poema de Brandt y decide reunir a su vez todo lo que se sabe sobre esta extraña enfermedad y los remedios que conviene utilizar.

 En realidad la astrología tiene un papel importante en las concepciones nosológicas de Grümbeck (como en las de Brandt, por otra parte). Y, como es de esperar, el mejor auxilio llega todavía Je Dios.

Sin embargo, la primera afirmación del posible origen americano de la sífilis se encuentra en una obra de un médico sevillano, Rodrigo Díaz de la Isla, escrito entre 1504 y 1506: Tratado llamado Fruto de todos los santos, contra la enfermedad serpentina, venida de la isla Española. Asegura que a lo largo del viaje de regreso de la Española, uno de los hermanos Pinzón, piloto de Cristóbal Colón, habría sufrido una extraña enfermedad de la piel; él mismo habría curado en Barcelona a marineros afectados por esta enfermedad.

En 1497, Nicola Neoniceno publica en Venecia un libelo titulado Libellus de epidemia quam vulgo morbum gallicum vocant (Libro sobre la epidemia llamada comúnmente mal francés).

En fin, en 1498, el español Francisco López de Villalobos (nacido en 1474 en Villalobos, en la diócesis de León) publica en Salamanca un poema titulado Sumario de la Medicina, en romance trovado, con un tratado sobre las pestíferas bubas. Todavía, en este caso, se trata de un poema. En 76 estrofas de 10 versos, el autor expone todo el saber de su época concerniente a la sífilis, muy reciente puesto que había aparecido cinco años antes en el Viejo Continente.

López Villalobos observó la sífilis con un espíritu muy médico, y la describió perfectamente. Se trata sin duda de una enfermedad cutánea nueva. Es contagiosa y comienza siempre en el órgano con el cual se comete el pecado de lujuria: es una pequeña llaga dura, indolora, negruzca, a la que acompañan ganglios inguinales. Algún tiempo después aparecen síntomas generales: fatiga, abatimiento, dolores de cabeza, trastornos del sueño; después erupciones cutáneas: manchas, pápulas, vesículas, tubérculos, escamas; dolores articulares; en fin, lesiones óseas, sobre todo en la cresta de las tibias; y úlceras gomosas. Se trata, pues, de una enfermedad general, rebelde a todas las medicaciones.

Hay que citar todavía un autor, el caballero Ulrich von Hutten, que publica en 1519 un opúsculo titulado De guaiaci medicina et morbo gálico, que alcanza en su momento un gran éxito. El autor no es médico, ya que se trata de un truculento hombre de guerra, por suerte humanista. Pero conoce bien la sífilis, pues ha sido cruelmente atacado por ella. Escribe su obra para divulgar mejor el tratamiento por medio de madera de Guayaco, que al parecer a él le dio buen resultado.

Señalemos también los pasajes dedicados a esta enfermedad en la Practica in arte chirurgica, de Juan de Vigo (1460-después de 1517), médico del papa Julio II, aparecida en 1514. Las páginas que consagra a la sífilis figuran entre las más interesantes de su tratado (constituyen el libro V):

«En el mes de diciembre del año 1494 (año en que el rey Carlos Vil pasó los Alpes con el ejército francés para reconquistar el reino de Nápoles), se extendió por casi toda Italia una enfermedad de naturaleza hasta entonces desconocida. Los franceses le llamaron entonces mal de Ñapóles, pues pretendían haberla contraído en Ñapóles y llevado a su país. Los napolitanos, por su parte, le dieron el nombre de mal francés, porque se había manifestado y extendido por primera vez en Italia en la época de la expedición francesa. Los genoveses la llamaron por su parte lo male de le tavelle, los toscanos lo male de le bulle, los lombardos lo male de le brosule y los españoles las búas. Cada pueblo, en una palabra, le asignaba una denominación según su conveniencia. Poco importa, por lo demás, tal o cual denominación, lo esencial, para nosotros, es saber tratar y curar esta enfermedad.

«El contagio del que ella deriva se realiza sobre todo por el coito,es decir, por el comercio sexual de un hombre sano con una mujer

enferma o inversamente de un hombre enfermo con una mujer sana.» Los primeros síntomas de esta enfermedad se daban casi invariablemente en los órganos genitales, es decir, en la verga o en la bulva. Consistían en pequeños granos ulcerosos, de una coloración marronácea y lívida, a veces incluso negra, otras ligeramente blanquinosa. Estos granos estaban delimitados por un anillo de una dureza callosa.

»Por más que se combatieran estos primeros granos con toda suerte de remedios interiores, raramente se lograba impedir que su veneno se extendiera por todo el organismo. Se producían entonces sobre las partes genitales nuevas ulceraciones, tan difíciles de curar como prontas a reproducirse después de su curación. Después la piel se cubría de granos encostrados y de pápulas salientes parecidas a pequeñas verrugas. Estas erupciones llenaban sobre todo la frente, el cráneo, el cuello, el rostro, los brazos, las piernas y a veces incluso se extendían por toda la superficie del cuerpo…»

El primer autor francés que escribió sobre la sífilis fue el médico de Rouen Jacques de Béthencourt, autor de una Nueva cuaresma de penitencia y purgatorio de expiación para uso de los enfermos afectados del mal francés, o mal venéreo…, aparecida en 1527. Él es el primero en haber sustituido por el nombre de «mal venéreo» (morbus venereus) las expresiones utilizadas hasta el momento para designar la enfermedad:

«Se hace la injuria a algunos santos de atribuirles esta enfermedad. De ahí que se le llame «mal de San Sementé», o «mal del santo varón Job», etc. Es una indignidad, es una profanación imputar a tales santos un mal vergonzoso que deriva de las pasiones culpables, y que tiene su origen primero en un coito impuro… Rechacemos, pues, estas denominaciones sacrilegas y, considerándolo todo bien, demos a este mal el nombre que mejor le conviene, el de «mal venéreo».

Pero será sobre todo el gran poema de Girolamo Fracastoro (nacido en Verona en 1478 y muerto en 1553) Syphilis, sive morbus gallicus, el que alcanzará un gran éxito incluso cuando no aporta gran cosa nueva respecto al conocimiento semiológico de la enfermedad.

Girolamo Fracastoro nació en Verona en 1478 en el seno de una familia donde se hallan médicos ilustres. Su infancia ya fue objeto de leyendas. Se dice que había nacido con la boca cerrada y que fue necesaria una operación para abrírsela. Algunos meses más tarde su madre es herida por el rayo con el niño en brazos y el bebé resulta indemne. Dotado de una memoria prodigiosa se aplica al estudio de la filosofía, luego de las ciencias, lo que le merece una distinción por parte del cardenal Bembo, uno de los más célebres humanistas del siglo XVI.

Fuente Consultada: Historia Cultural de la Enfermedad Marcel Sendrail El Siglo de la Enfermedad Contagiosa

Grandes Plagas de la Historia Pestes en Roma y Grecia Antigua

HISTORIA DE LAS GRANDES PLAGAS EN LA ANTIGUEDAD


pestes en la antiguedad

La Propagación de las enfermedades
Las enfermedades contagiosas son aquellas que se transmiten de un individuo enfermo a uno sano por contacto directo o indirecto. El contagio directo se presenta cuando la enfermedad no se transmite por medio de un agente intermediario, como en el caso de la varicela o la difteria. En el contagio indirecto se requiere de un medio para la propagación de la enfermedad; tal es el caso de la malaria que se propaga por el mosquito anofeles.

El microbio patógeno, causante de la enfermedad infecciosa, requiere de vías de transmisión como son: vía oral, por ingestión de sustancias contaminadas, por ejemplo el cólera; vía respiratoria, por inhalación del aire, como la gripe, vía genital, por contacto sexual, como el SIDA, vía sanguínea, transfusión de sangre, picadura de insectos o mordeduras, así por ejemplo la hepatitis, la malaria y la rabia.

HISTORIA DE LAS PESTES O PLAGAS: A lo largo de la Historia, el hambre, la peste y la guerra han actuado repetidas veces en forma simultánea, desafiando a la humanidad. La conclusión producto de la investigación conjunta de los historiadores junto a los científico,  nos dice sobre la influencia de las pestes en los grandes sucesos de la humanidad, demostrando que aun las naciones y personajes más poderosos han sido afectados fatalmente por las enfermedades. Las plagas minaron el poderío de la antigua Grecia y más tarde el de Roma. La “peste negra”, que asoló a Europa entre los años 1347 y 1352, selló el final del feudalismo y provocó la aparición de sectas y doctrinas divergentes dentro del Cristianismo.

Las enfermedades venéreas bien pueden haber impedido que Enrique VIII tuviera el heredero varón que tan desesperadamente deseaba. También la afección venérea causó la locura de Iván “el Terrible”. En México, la viruela fue el mejor aliado de Hernán Cortes con su lucha contra el imperio azteca y la hemofilia de la reina Victoria no sólo afectó a su descendencia sino que también contribuyó a la caída de la monarquía en Rusia. Cada era, cada época, ha traído progresos innegables contra los males físicos y mentales, pero lo cierto es que con el correr del tiempo la humanidad se ha enfrentado a nuevas e imprevistas amenazas.

La lucha contra la peste
El estudio de la incidencia y la propagación de una enfermedad en amplias poblaciones se denomina epidemiología. Para controlar una enfermedad es importante comprender sus orígenes y su forma de propagación.

Los epidemiólogos modernos, por ejemplo, se esfuerzan por comprender los orígenes y la difusión del virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) que causa el síndrome de inmunodeficiencia adquirida (sida) y esperan poder llegar algún día a controlar e incluso sanar esta enfermedad mortal. Sin embargo, la comprensión de la naturaleza de una enfermedad constituye una tarea ardua aún utilizando las herramientas más avanzadas de la microbiología y la genética molecular. Imaginemos pues lo difícil que resultaría entonces, hace varios siglos, en los tiempos en los que el saber médico iba poco más allá de la mera superstición. En aquella época, la idea de comprender una enfermedad implacable tenía que parecer imposible.

Éste ha sido el caso de las grandes epidemias de peste que se han sucedido a lo largo de la historia. Mientras que durante la Edad Media (entre los siglos V y XV) la palabra peste se utilizaba indiscriminadamente para describir enfermedades epidémicas, en la actualidad el término se aplica de manera específica a una enfermedad aguda, infecciosa y contagiosa propia de los roedores y de los seres humanos y causada por una determinada bacteria. Sabemos hoy día que la peste bubónica, el tipo de peste más conocido, se transmite por la picadura de un insecto parásito. Otra variedad, la peste neumónica, se transmite principalmente por pequeñas gotas expelidas por la boca y la nariz de individuos infectados. La peste septicémica, otra forma diferente, se puede propagar por contacto directo a través de una mano contaminada. Sin embargo, a mediados del siglo XIV, cuando la enfermedad que entonces se conocía como peste negra llegó a aniquilar hasta una tercera parte de la población europea, los médicos y los científicos fueron totalmente incapaces de descubrir su causa y menos aún de encontrar una forma de curación.

Descripciones de testigos presenciales de la peste
Sintiéndose incapaces de explicar o comprender la magnitud del sufrimiento, algunos observadores sólo consiguieron registrar la devastación causada por la enfermedad. Las descripciones de los testigos presenciales de la peste se remontan al año 541, cuando se declaró la peste en la ciudad de Constantinopla (actualmente Estambul, en Turquía), entonces capital del Imperio bizantino. Procopio, historiador en la corte del emperador Justiniano , describe una epidemia durante la cual “toda la raza humana estuvo a punto de quedar aniquilada”. […]

Ocho siglos más tarde, la peste negra barrió toda Europa, llegando a Italia en 1347. El escritor italiano Giovanni Boccaccio, en su obra clásica El Decamerón, describe casos de peste en Florencia: “En el momento de la aparición de la enfermedad, tanto hombres como mujeres se veían afectados por un tipo de inflamación en la ingle o las axilas que en ocasiones alcanzaba el tamaño de una manzana o de un huevo. Aunque algunos de estos tumores eran más grandes y otros más pequeños, todos ellos recibían la denominación común de ganglios.

A partir de estos dos puntos iniciales, los ganglios comenzaban al poco tiempo a propagarse y a extenderse generalmente por todo el cuerpo. A continuación, las manifestaciones de la enfermedad se transformaban en manchas negras o pálidas extendidas por brazos y muslos o por todo el cuerpo”. En la actualidad los historiadores estiman que una tercera parte aproximadamente de los 80.000 habitantes de Florencia murieron a causa de la peste entre la primavera y el verano de 1348.

Existen también vividas descripciones de la peste correspondientes a la Gran Plaga de Londres que se declaró en esta ciudad en 1665.Tales descripciones fueron recopiladas por el escritor inglés Daniel Defoe en su obra Diario del año de la pesie (1722), que reconstruye aquel desastre. Para describir la rapidez y crueldad con las que se propagó la enfermedad, Defoe narra la historia de una mujer joven que cae enferma con vómitos y “un terrible dolor de cabeza”.

Su madre la examina y confirma lo peor:”examinando su cuerpo a la luz de un candil, inmediatamente descubrió las señales fatídicas en la parte interior de sus muslos. Su madre, sintiéndose incapaz de contenerse, tiró la vela y gritó de una forma tan pavorosa que hubiera bastado para horrorizar al espíritu más firme de este mundo.

En cuanto a la joven, a partir de ese mismo momento se convirtió en un cuerpo moribundo, pues la gangrena que originan los hematomas se había extendido por todo su cuerpo, falleciendo en menos de dos horas”. En otro pasaje del libro, Defoe describe una ciudad sometida a una auténtica pesadilla de sufrimientos: “El dolor de las inflamaciones era particularmente intenso, incluso intolerable para algunos individuos”. La gente corría despavorida por las calles, “delirante y aturdida, a menudo agrediéndose con las manos, tirándose por las ventanas, disparándose un tiro, madres [asesinando] a sus propios hijos presas de la locura”. […] (Fuente: Christopher King)

La viruela fue la primera enfermedad grave eliminada completamente de la faz de la Tierra por la acción voluntaria de la humanidad. Esto sucedió gracias a un proyecto de vacunación aplicado a escala global, financiado y dirigido por la Organización Mundial de la Salud. La confianza en el éxito de la erradicación ha sido tanta que no se vacuna a ninguna persona desde 1983.

Las personas que fueron vacunadas ya no están inmunes, pues los efectos de esta medida preventiva tienen sólo una duración limitada. Alguien no completamente informado podría creer que el virus que produce la viruela ya no se encuentra entre nosotros. Sin embargo, la realidad es que la Organización Mundial de la Salud decidió en 1983 mantener dos pequeñas muestras del virus de la viruela que se guardaron congeladas en dos laboratorios del mundo. Estas muestras virales se conservan en el Centro Federal para el Control de Enfermedades de Atlanta, en los Estados Unidos, y en los Laboratorios Vektor dependientes del gobierno ruso, en Siberia.

En realidad, la única utilidad que tenía el mantenimiento de esas semillas productoras de virus de la viruela eran para su posible utilización en una guerra biológica. Después de un análisis rápido, resulta obvio que la Organización Mundial de la Salud no fue quien decidió mantener esas dos semillas virales, sino más bien que tuvo que ceder a la decisión que tomaron las dos superpotencias, que por ese entonces se encontraban envueltas en el desarrollo de la así denominada Guerra Fría. De cualquier manera, la Organización Mundial de la Salud consiguió el compromiso de las superpotencias para que estas últimas muestras del virus de la viruela fueran destruidas, por incineración, el 30 de junio de 2000,52 compromiso que fue aplazado por tiempo indefinido.

A pesar de que la solicitud de una moratoria para la destrucción del virus suele presentarse basada fundamentalmente en argumentos científicos, en el año 2000 han pesado, con gran fuerza, consideraciones de estrategia militar,53 sobre todo las que tienen que ver con el miedo a lo que podría ser una catástrofe mundial intencional. Lo que sospechan los especialistas de la Organización Mundial de la Salud es que existen países que han cultivado clandestinamente el virus de la viruela.

Así podrían desencadenar una guerra biológica, para la que los restantes países no estarían preparados. Por ello, el miedo a no poder fabricar suficientes vacunas (para lo que se podrían necesitar las muestras resguardadas) ha sido el principal impulso a esta moratoria. Actualmente, y cuando la población de la Tierra se acerca a los seis mil millones de personas, sólo existen 50 millones de vacunas. Una de las consecuencias de la cumbre de la OMS, en Ginebra, ha sido reanudar su fabricación, para aumentar las reservas.

Fuente:
Grandes Pestes de la Historia Cartwright – Biddiss
Ahí Viene La Plaga Mario Lozano

Enfermedades En El Imperio Romano Peste en Roma Plagas en Roma

En el Imperio romano

Otro acontecimiento histórico de gran importancia fue la caída del Imperio romano. Los efectos que produjo este hecho se extendieron a lo largo de un vasto territorio y fueron muy duraderos. Las causas del declive han sido estudiadas y debatidas por los historiadores durante muchos años; en otro orden de problemas y cuestiones, en este apartado se analizarán aquellas causas y efectos relacionados con las enfermedades y su prevención.

Se estima que las condiciones sanitarias y de salud publica en Roma cerca del año 300 d.C estaban más avanzadas que a mediados del siglo XIX. En este sentido, los romanos en el siglo IV a. C comenzaron la construcción del sistema de drenaje, la Cloaca Máxima, que funcionaría como una moderna planta de desagüe. Este tipo de obras se construyeron en distintos lugares del Imperio: las ruinas de Pompeya y Herculano –destruidas por una erupción del Vesubio en el 79 d.C– revelaron un moderno sistema de retretes con agua corriente. Bajo el reinado del emperador Vespasiano fue construido un edificio de mármol con urinales, y para poder hacer uso de él se debía abonar una pequeña suma.

En oposición, la ciudad de Londres no tuvo este sistema de retretes públicos hasta 1851, conjuntamente con el desarrollo de la Gran Exhibición de 1851 en Hyde Park. Como ensayo, ese mismo año, en las salas de espera para damas de la calle Bedford y para caballeros en la calle Fleet, se instalaron retretes en los que se cobraba, en valores aproximados, lo que serían 5 euros actuales “por el privilegio” de poder usarlos y 10 euros por una toalla caliente. De esa manera, mientras el costo de la construcción había ascendido a 680 libras, en cinco meses, y a pesar de la distancia entre los baños y el solar de la exhibición, se recaudaron 2.470 libras.

El Imperio Romano, a principios del año 312 a.C contaba con un primer acueducto que transportaba agua pura a la ciudad, teniendo en cuenta que la higiene se vincula con un adecuado suministro de agua. A comienzos de la era cristiana existían seis acueductos; cien años después sumaban diez, que proveían cerca de mil millones de litros de agua por día. De los cuales, la mitad era utilizada para abastecer los baños públicos, por lo que sobraban 225 litros por cabeza para dos millones de habitantes; la misma cantidad que se consume en la actualidad en Londres y Nueva York. En 1954, cuatro de esos acueductos fueron renovados y bastaron para satisfacer las necesidades de la Roma moderna.

Los baños de Caracalla ya funcionaban en el año 200 d.C. y podían recibir 1.600 bañistas al mismo tiempo. Los de Diocleciano, construidos ochenta años después, tenían, más o menos, 3.000 salas. Un dato curioso es que los baños romanos eran parecidos a un sauna moderno, y acompañaban a la civilización romana dondequiera que ella fuera. Algunos lugares se hicieron famosos debido a las propiedades curativas de las tibias aguas, ricas en minerales. Sólo unos pocos, como Bath en Inglaterra y Wiesbaden en Alemania, mantienen aún la reputación de spa medicinal. (Ver Acueductos Romanos)

Es necesario destacar que la gran ciudad romana había crecido al azar, con calles angostas y sinuosas y casas miserables. En el año 64 d.C, fue azotada por el gran incendio que causó el emperador Nerón, donde alrededor de dos tercios de la ciudad fueron destruidos. Sin embargo, fue reconstruida siguiendo un plan maestro con calles rectas, anchas y grandes parques.

En este sentido, el Imperio poseía funcionarios especializados en la higiene: los ediles tenían la función de supervisar la limpieza de los caminos públicos y controlar la calidad de los suministros de alimentos. Entre otras medidas de salubridad, estaban prohibidos los entierros dentro de la ciudad, por lo cual se creó un sistema mucho más higiénico: la cremación. El entierro recién fue completamente incorporado cuando las creencias cristianas acerca de la resurrección de la carne se impusieron. En limpieza, sanidad y reserva de agua, Roma era más parecida al Londres o la Nueva York del siglo XX, que a la París medieval o la Viena del siglo XVIII.

Los romanos fueron pioneros en lo que respecta a vivir en una gran urbe y sabían por propia experiencia que una ciudad con gran número de personas no podía sobrevivir sin disponibilidad de agua, calles limpias y cloacas eficientes. Un londinense del siglo XVII vivía en condiciones que no hubieran sido toleradas por un romano en el siglo 1. Sin embargo tanto romanos como londinenses compartían un mismo problema: desconocían la causa de las enfermedades. De hecho, si el agua que circulaba por los acueductos hubiera provenido de una fuente contaminada, los romanos habrían corrido el mismo riesgo que los londinenses que se proveían de agua en el enlodado Támesis. Esta falta de conocimiento esencial hizo que las magníficas medidas de salubridad de la Roma imperial resultaran inútiles en los años de las plagas.

Imaginemos a Roma como una abultada araña centrada en su red, extendiéndose desde el Sahara en el sur hasta Escocia en el norte, y desde el mar Caspio y el golfo Pérsico al este, hasta las costas de España y Portugal al oeste. Hacia el norte y el oeste se encontraba con los océanos; al sur y al este, con continentes enormes y desconocidos, en los cuales vivía gente menos civilizada: africanos, árabes y las tribus salvajes de Asia. Más allá de las tenues sombras se asentaban las antiguas civilizaciones de China y la India.

Así, las fronteras del Imperio eran protegidas por las tropas en los puntos estratégicos. Desde esos puestos se extendían las redes que conducían a Roma; las rutas marítimas de África y Egipto y los caminos de los legionarios también confluían en la ciudad. Y es ahí, justamente, donde comienzan los problemas: el vasto territorio del interior poseía secretos que los romanos ignoraban, entre ellos, microorganismos de enfermedades desconocidas, con los cuales las tropas romanas estaban en constante contacto al atacar y ser atacadas. Incluso, un tráfico fluido por mar y por tierra propiciaba un gran intercambio de gente. Como se expresó anteriormente, Roma era una ciudad densamente poblada y muy civilizada pero carecía de recursos para combatir las infecciones. Dada esta conjunción de circunstancias, no es de extrañar que los últimos siglos del Imperio romano haya estado expuesto a una seguidilla de pestes.

Un ejemplo de ello fue lo que aconteció en el siglo I a.C cuando una inusual clase de malaria afectó los distritos pantanosos de los alrededores de Roma causando una gran epidemia en el año 79 d.C (poco después de la erupción del Vesubio). Una de las hipótesis es que la infección quedo circunscripta a Italia, pero causó estragos en varias ciudades y muchas muertes en Campania, la zona de cultivos donde Roma se proveía. Los daños causados en la tierra utilizadas para la labranza fueron considerables de manera que hasta el siglo XIX continuo siendo un lugar sensible a la malaria. Incluso, es posible que esta epidemia se originara en África.

A su vez se produjo una caída de la tasa de nacimientos de los ítalo-romanos en un momento en que los territorios conquistados aumentaban. Esto, sin duda, se debió a la malaria, pero también a la disminución de la expectativa de vida a causa de las enfermedades mal curadas, que debilitaban y alteraban a la gente (3). En el siglo IV d.c. las tropas de los legionarios ya no estaban formadas sólo por italianos, y hasta los oficiales eran reclutados en distintos grupos germánicos. Se argumenta que la falta de artículos suntuarios, que antes llegaban del Este, influyó en ese abatimiento del pueblo durante los últimos días de Roma, pero es probable que la causa real haya sido la malaria endémica.

A fines del siglo I d.C. los hunos invadían las fronteras del Este. Éstos, eran un pueblo nómada, guerrero y agresivo, nacido en Asia Central, que cabalgando por las estepas habían llegado hacia el sudeste europeo. Se estima que este éxodo se debió a alguna enfermedad, a la hambruna, o a una combinación de ambas en el norte de China. Estos invasores presionaron hacia el oeste a las tribus germánicas de los alanos, ostrogodos y visigodos, habitantes del centro euroasiático. Al final, lograron quebrar la unidad del Imperio, dejándolo fragmentado en varios Estados desorganizados que guerreaban entre sí.

Con la llegada de los hunos llevaron también se produjeron nuevas infecciones, que causaron una serie de epidemias conocidas por los historiadores como “plagas”. A su vez, ellos mismos se encontraron con enfermedades desconocidas. Durante los años 451 y 454, bajo el mando de Atila, penetraron en la Galia y el norte de Italia, pero tuvieron que retroceder antes de entrar en Roma, posiblemente debido a una enfermedad epidémica.

(3)Se da por obvia la consecuencia natural del alejamiento físico de los soldados.

(4)Debido a sus incursiones, los hunos se mestizaron, absorbiendo en su ejército a distintas razas, y asimilaron tipos físicos, lenguas y culturas diversos. Al llegar a Europa su carácter asiático era variado y su identidad étnica, difícil de precisar.

Otra de las epidemias a considerar es la plaga de Antonio, conocida también como plaga del médico Galeno. La misma comenzó en el año 164 entre las tropas del segundo emperador, Lucio Aurelio Vero,(5) situadas en el límite este del Imperio. Se estima que la enfermedad quedó circunscrita a ese lugar, causando estragos en el ejército comandado por Ovidio Claudio, enviado a sofocar una rebelión en Siria. A su vez, la infección acompañó a los legionarios en el camino de regreso y se expandió por los territorios del recorrido llegando hasta la propia Roma dos años después. Con celeridad el vasto territorio se vio infectado. La mortalidad fue considerable en todo el Imperio de tal manera que los cadáveres debían ser sacados en carretas de las ciudades.

La importancia de esta plaga estriba en que gracias a ella se produjo la primera grieta en las líneas defensivas de Roma. Hasta el año 161 las fronteras romanas se habían expandido de continuo, manteniéndose intactas, hasta que ese año una tribu germánica quebró la barrera nordeste de Italia. De esta forma el Imperio fue progresivamente debilitándose. Así, durante ocho años, el miedo y la desorganización impidieron a los romanos una acción defensiva. Finalmente, toda la fuerza del ejército imperial cayó sobre los invasores, obligándolos a retroceder. Al parecer, la enfermedad fue la causa principal de esa retirada, pues se encontraron muchos cadáveres del enemigo sin rastros de heridas. Es muy probable que se hayan contagiado la infección de los legionarios.

En este sentido, la plaga hizo estragos hasta el año 180; una de sus últimas víctimas fue el más noble entre los nobles, el emperador Marco Aurelio, que murió en el séptimo día de la enfermedad, habiéndose negado a ver a su hijo por temor a contagiarlo.(6 )

La epidemia volvió al Imperio en el año 189, después de un corto respiro, aunque esta vez fue de menor alcance ya que se circunscribió a la ciudad de Roma y en su pico más alto, ocasionó más de mil muertes por día.

Galeno dejo asentadas las características de esta plaga: como síntomas iniciales señalaba a la fiebre alta, inflamación de boca y garganta, una sed abrasadora y diarrea; alrededor del noveno día aparecía una erupción en la piel, que en algunos casos era seca y en otros producía pústulas. Da a entender que la mayoría de los enfermos moría antes de la erupción, pero igualmente se observa una semejanza con la plaga de Atenas. Lo indudable es que ésta provenía del Este.

(5) Lucio Aurelio Vero era hermano adoptivo del emperador Marco Aurelio (cuyo nombre de nacimiento era Marco Annio Vero), quien lo asoció al trono.

(6)Marco Aurelio, un líder bien intencionado, llegó a vender sus posesiones personales para mitigar los efectos del hambre y la peste en el imperio, aunque, a la vez, persiguió a los cristianos, en la opinión de que constituían una amenaza para el sistema. En el año 176 volvió a la frontera norte con la intención de extender los límites del Imperio hasta el río Vístula. Murió de peste en Vindobona —actual Viena— el 17 de marzo del 180, antes de poner en marcha su plan de invasión.

La mayoría de los historiadores, por la mención que Galeno hace de las pústulas, estiman que se trata de una primer epidemia de viruela. Una de las interpretaciones postula que el traslado de los hunos hacia occidente se debió a una terrible epidemia de viruela en Asia Central, que fue transmitida a las tribus germánicas, que a su vez contagiaron a los romanos. En contraposición, la historia romana muestra la diferencia de los síntomas de las plagas de viruela de los siglos XVI al XVIII, con los síntomas descritos por Galeno; aunque la primera aparición de una enfermedad con frecuencia toma un curso y una forma distintos de los de la enfermedad típica.

La siguiente plaga que describe la Historia es la de Cipriano (obispo de Cartago), en el año 250, que sin duda cambió el curso de la historia de Europa Occidental.

Cipriano describió los síntomas como diarrea repentina con vómitos, garganta ulcerada, fiebre muy alta y la putrefacción o gangrena de manos y pies. Otros testimonios la describen como una rápida expansión de la enfermedad en todo el cuerpo, con sed insaciable. En ninguno de esos casos se habla de sarpullido o erupción, a no ser que la frase ‘rápida expansión por todo el cuerpo” insinúe una manifestación de tal síntoma.

El origen de esta epidemia se considera similar a la plaga ateniense, es decir, que provino de Etiopía y desde allí se propagó a Egipto y a las colonias romanas en el norte de África que se consideraban el granero de Roma. En este sentido, la plaga de Cipriano se asemeja a la de Orosio, del año 125, que fue precedida por un ataque de langostas que destruyó las plantaciones de cereales, tras lo cual se produjo una terrible hambruna, y luego la plaga.

Algunas especulaciones giraban en torno a la posibilidad de que esta epidemia sea ergotismo, enfermedad que se contrae al comer pan de centeno infectado por el hongo Claviceps, sin embargo, las escasas evidencias al respecto convierten a la hipótesis en poco probable, sumado a que el centeno era una cosecha propia del norte y no del sur. Además, la amplia expansión y la persistencia de la plaga de Cipriano son también argumentos en contra de esa teoría.

La fase aguda de la plaga de Cipriano duró dieciséis años, durante los cuales la gente vivió presa del pánico. Millones de campesinos abandonaron el campo para refugiarse en ciudades superpobladas, ocasionando nuevos focos de infección, y dejando que se echaran a perder grandes áreas de tierra de cultivo. Muchos pensaron que la raza humana no sobreviviría. La mortandad fue mucho mayor que en otras pestes: los muertos eran más numerosos que los sobrevivientes que debían enterrarlos.

La plaga de Cipriano fue semejante a la “gripe española” de 1918 a 1919; ambas desataron una verdadera pandemia. La primera afectó a todo el Este conocido. Avanzó con gran rapidez y no sólo se contagiaba de persona a persona sino por contacto con alguna prenda o artículo del enfermo. La primera aparición fue devastadora, luego hubo una remisión y a continuación reapareció con igual virulencia. En este caso hubo una incidencia estacional: el brote se producía en otoño, duraba todo el invierno y la primavera y decrecía cuando comenzaban los calores del verano; este ciclo sugiere que se trató de la fiebre tifoidea.

Sin embargo, el imperio logro superar la catástrofe, a pesar de las guerras en la Mesopotamia, en la frontera este y en las Galias, pero, en el año 250, los legionarios retrocedieron desde Transilvania y la Selva Negra hasta el Danubio y el Rin. La situación parecía tan peligrosa que el emperador Aurellano decidió fortificar Roma.

Existe la posibilidad de que la enfermedad, después de la fase aguda, persistiera en forma más suave. Durante los tres siglos siguientes, en los que Roma colapsó bajo la presión de los godos y vándalos, hubo brotes recurrentes de una peste similar. Luego, la evidencia se volvió más borrosa, degenerando en una historia de guerras, hambruna y enfermedades. Paralelamente a la desintegración del Imperio Romano. (7)

La invasión de los pueblos germanos se produjo mediante el ingreso de contingentes a Italia y la Galia, cruzando los Pirineos hacia España y también penetrando en el norte africano. Hacia el año 480, una epidemia parecida los debilitó tanto que no pudieron resistir una invasión de los moros. Hay informes no confirmados de una gran mortandad en Roma en el 467 y en Viena en el 455.

Así también se debe considerar la plaga que atacó a Gran Bretaña en el 444, pues pudo haber afectado la historia de los anglosajones. Esta plaga, aparentemente generalizada, constituyó una pandemia, Según Bede, la mortandad fue tan grande que no quedaban hombres sanos para enterrar a los muertos. La peste agotó a tal punto a las fuerzas de Vortigern, el jefe británico-romano, que no pudo repeler la invasión de los pictos y escoceses. La leyenda establece que, después de consultar a sus jefes, Vortigern decidió pedir ayuda a los sajones, que llegaron como mercenarios en el 449 bajo las órdenes de Hengist y Horsa. Posiblemente, la epidemia debilitó tanto a los británicos que la entrada de los sajones fue inevitable.

(7) En La historia del clima, Pascal Acot cuestiona la visión que adjudica la caída del Imperio a una crisis provocada en parte por cambios climáticos y aporta datos interesantes: ‘Por otro lado, si el deterioro del clima tuvo un papel relevante en la degradación y el estallido del Imperio Romano, ¿sobre qué bases se afirma que pudo ser más importante que las epidemias que se sucedieron a partir del siglo 11 hasta el siglo y? Por ejemplo, en 165, en el reinado de Marco Aurelio (c. 212-180>, una epidemia de tifus exantemático, conocida como ‘peste antonina’ (y que, quizás, estaba combinada con otras patologías) arrasó italia y la Galia durante quince años, con picos de mortalidad que oscilaban entre 2.000 y 3.000 decesos por día en ciertos períodos. Entre 252 y 254, una enfermedad misteriosa, cuya descripción recuerda en ciertos aspectos al cólera, mató a varios miles de personas por día en Grecia y en Roma. En 302, una enfermedad llamada ‘ántrax’ por Eusebio de Cesarea arrasó con el mundo romano. Una epidemia de viruela estalló en 312 y también provocó una fuerte mortandad. Por lo tanto, ¿cómo atribuir al clima las crisis agrícolas y, a veces, las hambrunas que estallaron en el mismo período, cuando la producción era golpeada con fuerza por la desaparición por enfermedad de una gran cantidad de esclavos?”.

Fuente Consultada: Grandes Pestes de la Historia de Frederick F. Cartwright y Michael Biddiss
Enciclopedia Encarta – Enciclopedia Cosmos Vol. 7
Por Araceli Boumera

Peste plaga enfermedad en Atenas-Grecia en la antiguedad Fiebre

INTRODUCCIÓN: En el 431 a.C. Esparta se adelantó a Atenas e invadió con su gran ejército a Atenas desvastando todo lo que se encontraba a a su paso. Tal invasión sembró pánico entre los atenienses. Sin embargo, mantuvieren la fe en Pericles, el jefe supremo de Atenas. Éste, en su condición de hombre sagaz y prevenido, había elaborado con anticipación un plan, que ahora se proponía poner en práctica, “Que el enemigo avance en el Ática —declara Pericles— así la población se verá obligada a refugiarse en las inexpugnables fortalezas de Atenas y de El Pireo (el puerto de la ciudad). Lo que importa es defender la escuadra e impedir que se corten las vías de comunicación marítima: desde el mar desencadenaremos nuestra contraofensiva!”

El plan de Pericles se cumplió con exactitud. Mientras los espartanos continuaban penetrando en el Ática, la flota ateniense efectuaba desembarcos en el Peloponeso y saqueaba muchas ciudades aliadas de Esparta. Incluso el mismo Pericles, al frente de un ejército, invadió Megara y saqueó su territorio. Las operaciones militares parecían inclinarse a favor de los atenienses, cuando se abatió sobre ellos la desventura: con la carga de un barco procedente de Egipto. llegó el germen de la peste que hizo presa en Atenas.

El gran historiador Tucídides ha dejado esta precisa descripción del terrible flagelo: “La peste atacó primeramente a El Pireo, y desde allí pasó a la ciudad. Las personas se enfermaban de golpe y morían después de siete o nueve días de tormentos e insomnios. Los que alcanzaron a vencer la epidemia, conservaron sus vestigios toda la vida, quedando sin manos o piernas, o gravemente afectados en la vista y en el cerebro”.

La horrible infección interrumpió todas las hostilidades. El propio Pericles, mientras estaba preparando una nueva ofensiva, fue atacado por ese mal y dejó de existir (año 429 antes de Cristo).

La plaga de Atenas

Otro de los acontecimientos que demuestra la influencia de las enfermedades sobre la Historia es la Plaga de Atenas del año 430 a.C.

El Imperio ateniense se encontraba en su época dorada. Dentro de sus logros se encuentra la derrota del poderoso rey persa Darío en los combates terrestres de Maratón y Platea y en la batalla naval de Salamina.

Durante el reinado de Pendes (desde 462 a. C) (2), los templos de Atenas y la Sala de los Ministerios de Eleusis, destruidos por los persas, fueron restaurados por un arquitecto latino (también constructor del Partenón) y el escultor Fidias.

Esta época de esplendor se caracterizó por su brevedad, ya que en el año 431 a. C comenzaron las guerras del Peloponeso entre las dos ciudades-Estado más fuertes: Atenas y Esparta. Esta última poseía un gran ejército pero carecía de flota; en cambio, Atenas había desarrollado un poder marítimo que le permitía contar con una flota muy poderosa —aunque un ejército débil— y murallas prácticamente inexpugnables. En este sentido, Atenas no podía ser atacada por tierra ni tendría que someterse a nadie por falta de alimento. Sin embargo, su política defensiva de protegerse dentro de sus muros resultó poco favorable, pues en el 430 a.C. una plaga asoló la ciudad, que se hallaba superpoblada.

Se estima que la plaga comenzó en Etiopía y desde allí se expandió hacia Egipto, cruzando el Mediterráneo hacia el puerto de El Pireo y Atenas. No obstante, esta epidemia no duró mucho tiempo; pero con tanta gente encerrada en la ciudad, hubo gran cantidad de muertos, tal vez uno o dos tercios de la población.

El quebranto moral de los habitantes fue demoledor; hecho que no nos sorprende, pues es un rasgo común en las grandes epidemias. El historiador griego Tucídides dejó un relato terrible de esa época de los atenienses: …el miedo a los dioses y a la ley del hombre no los contenía, pensaron que era lo mismo adorar o no a sus dioses ya que toda la gente moría; y en cuanto a la ley, no creían que nadie sobreviviera para juzgarlos”. Hasta los ciudadanos más ejemplares, según los relatos, se volvieron glotones, alcohólicos y licenciosos.

Cuando parecía que la plaga había disminuido, Pendes envió una poderosa flota para apoderarse de Plotidea, bastión sostenido por los espartanos; pero apenas izaron velas, la plaga irrumpió de tal modo que debieron regresar.

Atravesaron una situación similar cuando Pendes dirigió su flota a Epidauro, ‘pues la peste no sólo se llevó a sus propios hombres sino a todos los que tuvieron contacto con ellos”. Se estima que Pendes también se contagió y murió por esa causa en el año 429 a. C.

En realidad la naturaleza de esta plaga es desconocida, ni siquiera se encuentra alguna mención clara en los escritos de la época. En este sentido, Hipócrates no parece dar ninguna explicación en referencia a esta peste. Por otra parte, Tucidides, la describe como una brusca aparición de fiebre alta, sed intensa, lengua y garganta sangrantes; la piel del cuerpo, roja y amoratada, estallaba en pústulas y úlceras. Lo que se recoge de las fuentes es que afectó a todo el cuerpo social y que los médicos se encontraban impotentes, incluso ellos mismos sucumbieron en gran número.

Las investigaciones sostienen que esta fiebre era una forma maligna de escarlatina, que representó la primera aparición de la enfermedad en las costas del Mediterráneo, de allí se explica su carácter letal. Otras posibilidades son el tifus, la viruela y el sarampión, o alguna otra enfermedad desconocida que desapareció hace mucho tiempo. No obstante, cualquiera haya sido la naturaleza de esta infección, debió de provenir de otro lugar. Sumado a ello, la peste adopto un carácter explosivo y la celeridad del contagio impidió que las personas desarrollaran cierta inmunidad. Los sobrevivientes, a través de la recurrencia de la epidemia, fueron generando cada vez una mayor resistencia y así la peste, progresivamente, se volvió menos severa.

Una de las causas de la caida del Imperio sin lugar a dudas fue la plaga. Debido a la mortandad, la desmoralización del pueblo y, sobre todo, a causa de la destrucción de su poderio naval, Atenas no pudo darle un golpe decisivo a Esparta. La guerra continuó durante veintisiete años y terminó con la rendición; Atenas perdió su armada y todas las posesiones en el extranjero. Sus murallas fueron demolidas por completo, aunque, por fortuna para la posteridad, la ciudad y su cultura permanecieron intactas.

(2)Bajo el mando de Pendes, la supremacía de Atenas, convertida en un centro para la literatura y el arte, despertó los celos de otras ciudades-Estado griegas, que temían el proyecto hegemónico de Pendes. La separación de la ciudad de Plotidea de la Liga Ateniense desató la guerra con Esparta, que se extendió entre el 431 y el 404 a.C. Después de que estalló la peste en la ciudad, Pendes fue destituido, juzgado y multado por malversación de fondos públicos; luego fue reelegido estratega pero murió ese mismo año.

(2)Bajo el mando de Pendes, la supremacía de Atenas, convertida en un centro para la literatura y el arte, despertó los celos de otras ciudades-Estado griegas, que temían el proyecto hegemónico de Pendes. La separación de la ciudad de Plotidea de la Liga Ateniense desató la guerra con Esparta, que se extendió entre el 431 y el 404 a.C. Después de que estalló la peste en la ciudad, Pendes fue destituido, juzgado y multado por malversación de fondos públicos; luego fue reelegido estratega pero murió ese mismo año.

La peste en Atenas
Al comienzo del verano siguiente los peloponesos y sus aliados entraron otra ven en territorio del Ática [. . .] y habiendo establecido su campo, robaban y talaban la tierra. Pocos días después sobrevino a los atenienses una epidemia muy grande. Jamás se vio en parte alguna del mundo tan grande pestilencia, ni que tanta gente matase. Los médicos no acertaban el remedio. No aprovechaba el arte humana, ni los votos ni plegarias en los templos, ni adivinaciones ni otros medios, de que usaban, porque en efecto valían muy poco; y vencidos del mal, se dejaban morir.

Comenzó esta epidemia (según dicen) primero en tierras de Etiopía, que-están en lo alto de Egipto, y después descendió a Egipto y a Libia, se extendió largamente por las tierras y señoríos del rey de Persia y de allí entró en la ciudad de Atenas, y comenzó en Pireo [. . .] Poco después invadió la ciudad alta, y de allí se esparció por todas partes, muriendo muchos más [. . .] Además de la epidemia, apremiaba a los ciudadanos la molestia y pesadumbre por la gran cantidad y diversidad de bienes muebles y efectos que habían metido en la ciudad los que se acogieron a ella, porque habiendo falta de moradas, y siendo las casas estrechas y ocupadas por aquellos bienes y alhajas, no tenían donde revolverse, mayormente en tiempo de calor como lo era.

Por eso muchos morían echados en las cuevas, y donde podían, sin respeto alguno, y algunas veces los unos sobre los otros yacían en calles y plazas revolcados y medio muertos; y en torno de las fuentes, por el deseo que tenían del agua. Los templos, donde muchos habían puesto sus estancias y albergues, estaban llenos de hombres muertos; porque la fuerza del mal era tanta que no sabían qué hacer [. . .] los pobres que heredaban los bienes de los ricos no pensaban sino en gastarlos pronto en pasatiempos y deleites, pareciéndoles que no podían hacer cosa mejor, no teniendo esperanza de gozarlos mucho tiempo [. . .] no teniendo esperanza de vivir tanto que la pudiese ver acabada, ante todo aquello que por entonces hallaban alegre y placentero al apetito humano, lo tenían y reputaban por honesto y provechoso, sin algún temor de los dioses o de las leyes, pues les parecía que era igual hacer mal o bien, atendiendo a qué morían los buenos como los malos, y no esperaban vivir tanto tiempo que pudiese venir sobre ellos castigo de sus males hecho por mano de justicia, antes esperaban el castigo mayor por la sentencia de los dioses, que ya estaba dada, de morir de aquella pestilencia.

Historiador Tucídides

Fuente Consultada: Grandes Pestes de la Historia de Frederick F. Cartwright y Michael Biddiss
Enciclopedia Encarta – Enciclopedia Cosmos Vol. 7
Por Araceli Boumera

Peste en el Imperio Romano de Oriente-Enfermedades en Bizancio

Bizancio y Justiniano I

El imperio Romano atravesó una fase de división, el Imperio Romano del Oeste y el Imperio Romano del Este. En los territorios pertenecientes a Asia Menor (anexada en el siglo I a.C) en el año 330 d.C. Constantino el Grande fundó la capital del Este en Bizancio: Constantinopla (actualmente la ciudad de Estambul).

La combinación de los dos imperios del Este y el Oeste se prolongó por cincuenta años. Luego, el imperio romano del Oeste entró en una fase de declive, sin embargo el imperio bizantino sobrevivió hasta 1204, cuando las fuerzas latinas de la Cuarta Cruzada, en la plenitud del sistema feudal, conquistaron los territorios, dando fin al Imperio Bizantino.

Justiniano, uno de los emperadores más poderosos de Bizancio, bajo las pretensiones de devolver al Imperio su forma originaria y resucitar Roma, en el 532 dirigió un ataque hacia el oeste. La expedición dio como resultado la reconquista de Cartago, la mayor parte de la costa norte de Africa, Sicilia. Sin embargo, las tropas bizantinas no se detuvieron, cruzaron a Italia donde el general Belisario ocupó Nápoles, mientras Roma, la parte central y el sur eran recapturadas por el ejército imperial.

Peste en Bizancio

Peste en Bizancio

Hacia el año 540 la resistencia Germánica parecía debilitarse mientras que las fuerzas de Justiniano se fortalecían: habían tomado parte de España, siguiendo un plan audaz que pretendía extender sus conquistas a la Galia y hasta Gran Bretaña.

Sin embargo pronto se demostraría la fragilidad de las conquistas: los moros expulsaron a los bizantinos de los territorios africanos. Hacia el año 541, el jefe godo, Totila, recuperó la mayor parte de Italia. Fracasados los intentos de Totila de lograr un acuerdo con Justiniano, la península atravesó once años de lucha cruenta, durante los cuales Roma fue sitiada cinco veces.

En una de las ocasiones, para lograr la rendición, los godos cortaron los acueductos. De este episodio se elaboran ciertas especulaciones respecto al origen de la pobreza y la suciedad medieval. Probablemente, provienen de esta acción, porque Roma, con sus edificios magníficos y su prestigio histórico, nunca dejó de tener influencia en el estilo de vida europeo. Si Roma hubiera conservado una reserva importante de agua limpia, otras ciudades europeas podrían haber seguido su ejemplo.

El gobierno de Justiniano pudiese haber sido una época de gran esplendor para el Imperio. Entre sus logros, se destacan la construcción de una cadena defensiva de castillos y fuertes, edificios como la Catedral de Santa Sofía, y la producción legislativa donde se completó la codificación del Derecho Romano (más conocido como el Código de Justiniano) que constituyó el legado más importante para la Justicia europea. Además, poseía un ejército muy bien entrenado, comandado por generales exitosos, como Belisario y Narsés.

Sin embargo, durante su largo reinado, sufrieron ataques constantes de los hunos, eslavos y los persas: los hunos casi logran apoderarse de la capital; los eslavos coparon Andreanópolis e infiltraron los Balcanes, y los persas saquearon Antioquía. Su gobierno, que comenzó con un resplandor de gloria, poco a poco fue declinando.

Después de la muerte de Justiniano en el año 565 a la edad de 83 años, el Imperio atravesó un periodo de decadencia, sumido en la pobreza y debilitado. Las razones se encuentran en las penurias y los sucesivos ataques del exterior: en el 540, el momento de sus mayores éxitos, un enemigo más temible que los godos o los vándalos los sorprendió. A su vez, debió enfrentar una plaga considerada la más letal que haya azotado al mundo.

En este sentido, los alcances de la misma se pueden observar en las descripciones de Procopius, secretario o archivista del reino. Los primeros casos se registraron en el año 540, en la ciudad de Pelusium, en el Bajo Egipto, y de allí se extendieron por todo el país y a Palestina, que parece haber sido el centro de difusión al resto del mundo conocido.

En un principio, la mortandad no fue considerable, sin embargo, a medida que avanzaba el verano los casos aumentaban hasta llegar a 10.000 muertes por día. Como no alcanzaba el tiempo para cavar las sepulturas decidieron sacar los techos de las torres y fuertes, depositando allí los cadáveres y luego colocarlos en su lugar. También fueron cargados en barcos para llevarlos hasta el mar y allí abandonarlos.

Debido a las catastróficas consecuencias que causó se la concibió como una “plaga”, sin dudas se trató de peste bubónica. Las víctimas eran atacadas súbitamente por una fiebre muy alta, y durante el primero o segundo día, los típicos bubones —ganglios linfáticos hinchados— aparecían en la ingle y las axilas.

El progreso de esta enfermedad tomaba cauces muy diversos, mientras que algunos enfermos entraban en coma, otros padecían delirios violentos (alucinaban con fantasmas, escuchaban voces que les hablaban de su posible muerte). Frecuentemente, los bubones derivaban en heridas gangrenosas y el paciente moría con gran sufrimiento. Por lo general, la muerte sobrevenía en el quinto día, o incluso antes, aunque otras veces se demoraba hasta una o dos semanas. Los médicos no podían pronosticar cuáles casos serían leves y cuáles fatales, se veían totalmente impotentes pues no se conocía un remedio para el mal. Al final la plaga habia abatido un 40% de la población de Constatinopla.

Con respecto a ello, Procopius señala dos puntos de observación: primero, la plaga siempre comenzaba en la costa y después se expandía tierra adentro, segundo, notaba que los médicos, que estaban en contacto directo con los enfermos, no se contagiaban mucho más que el resto. Este tipo de plaga fue un fenómeno recurrente hasta el año 590 afectando a la mayoría de los pueblos y regiones. En este sentido, se estima que ningún tipo de asentamiento humano estuvo a salvo de su influjo.

Incluso, como en la plaga de Cipriano, se establecían ciclos de auge y declive estacionales. A diferencia de la peste del primero (que encontraba su pico máximo en invierno), la de Justiniano causaba la mayor cantidad de muertes durante los últimos meses de verano. Muchos pueblos y ciudades sufrieron el abandono, la tierra se dejó de cultivar y el pánico colocó al imperio en un estado de gran confusión. Gibbon opina que muchos países nunca volvieron a tener la misma densidad de población. Procopius observa —un hecho que se registra también en otras crónicas de plagas—, que la depravación y la vida licenciosa durante y después de la epidemia sugieren que sólo los más perversos sobrevivían.

A su vez, la incidencia de estas plagas en la caída de Roma y el fracaso de las ambiciones de poder de Justiniano, no está determinada. En todo caso cabria dejarla como una pregunta abierta. Las infecciones incurables no respetan a nadie, son imparciales, atacan tanto a los más civilizados como a los menos. El ciudadano siempre está en un riesgo mucho mayor que el campesino, pues, en una epidemia mortal, una comunidad cerrada sucumbirá más rápido.

Es importante señalar también que la caída de la moral es más frecuente entre aquellos que han tenido una vida fácil, a diferencia de quienes han sufrido privaciones. Por eso, aunque la peste haya afectado el espíritu guerrero de las tribus salvajes, el impacto sobre Roma y la vida bizantina fue mucho mayor.

El examen de la terrible seguidilla de pestes que afligieron al Imperio durante la época de su decadencia, no necesita buscar una razón más poderosa capaz de producir ese desastre. Entre las consecuencias podemos encontrar inmediatas y mediatas. En este sentido, la inmediata estaría dada por el debilitamiento del Imperio. Mientras que en las mediatas se establecerían dos situaciones: en primer lugar, la cristiandad no habría tenido éxito en establecerse como fuerza mundial y tampoco habría evolucionado como lo hizo si el Imperio romano no hubiera sido devastado por las enfermedades que siguieron a la muerte de Cristo.

En segundo lugar: los mil años de historia de la medicina, desde el siglo IV al XIV, habrían sido muy diferentes si la medicina no hubiera caído bajo el dominio de la Iglesia cristiana. En todo caso, cabria analizar la noción de “medico” teniendo en cuenta los significados propios de la época en la cual se emplazaba y obtenía sentido: medico y sacerdote eran la misma cosa.

Fuente Consultada: Grandes Pestes de la Historia de Frederick F. Cartwright y Michael Biddiss
Enciclopedia Encarta – Enciclopedia Cosmos Vol. 7
Por Araceli Boumera

Martires Cristianos en Roma Antigua Todas las Persecuciones Cristianas

El cristianismo resultó atractivo para todas las clases. La promesa de la vida eterna se ofrecía a todos: ricos, pobres, aristócratas, esclavos, hombres y mujeres. Como Pablo enunció en su Epístola a los colosenses: “Deben revestirse del hombre nuevo, que se va renovando hasta alcanzar un conocimiento perfecto a imagen de su Creador, donde no existen el griego o el judío, el circunciso o el incircunciso, el bárbaro, el escita, el esclavo o el hombre libre, sino que “Cristo es todo y está en todo”.  Aunque no hizo un llamado a la revolución o a la revuelta social, el cristianismo puso énfasis en un sentido de igualdad espiritual para todos los pueblos.

Muchas mujeres se dieron cuenta de que el cristianismo ofrecía nuevas actividades y otras formas de compañía con otras mujeres. Las mujeres cristianas practicaban la nueva religión en su propia casa y predicaban sus convicciones ante otras personas en sus aldeas. Muchas otras murieron por su fe.

Perpetua fue una mujer aristócrata que se convirtió al cristianismo. Su familia pagana le suplicó que renunciara a su nueva fe, a lo que ella se rehusó. Las autoridades la apresaron, pero ella eligió morir por su fe y fue una de las que formaban el grupo de cristianos masacrados por las bestias salvajes en la arena de Cartago el 7 de marzo de 203.

cristianos en el coliseo romano

Cristianos en el coliseo romano

Las persecuciones y los Mártires de la Fe: Durante el s. I las comunidades cristianas se extienden por todo el Imperio romano, y muy especialmente en la capital, Roma, sin que las autoridades se preocupen por ello. Sin embargo Nerón en el año 64, con el fin de apartar de sí la cólera de su pueblo, acusa a los cristianos de haber sido los responsables del incendio de Boma. La multitud se lanza contra ellos, si bien esta persecución pasará pronto. En el s. II, la nueva  religión, en principio prohibida, goza, de hecho de una tolerancia que era mayor o menor según las distintas provincias del Imperio.

Esta situación cambiaría al final del siglo, a medida que el poderío del Imperio comienza a disminuir y que el pueblo, exasperado por las guerras, el hambre y las epidemias, busca un responsable de este deterioro. A los cristianos —culpables de haber irritado a los dioses—, se les acusa tanto más cuanto más numerosos son y mejor organizados están, y en la medida en que cada vez practicaban su culto más abiertamente. Así, en época de Marco Aurelio, conocido, sin embargo, como el emperador-filósofo, se producen numerosos mártires, fruto de estas persecuciones, que continúan esporádicamente hasta la subida al poder de Decio, que reprime rigurosamente las prácticas cristianas.

El temor y el recelo, indujo a los romanos a perseguir a los cristianos, comenzando por la acusación formulada por Nerón en el año 64, por la que los hizo responsables del incendio de gran parte de la ciudad de Roma. Entre los que murieron martirizados, se cuentan San Pedro, que fue crucificado y San Pablo, decapitado. Este último, en un principio había perseguido a los cristianos, pero luego se convirtió en uno de los más fervorosos apóstoles.

Desde entonces se sucedieron las persecuciones hasta contabilizar una decena, todas ellas caracterizadas por una gran crueldad.
La primera (54-68), ya mencionada, se inició durante el reinado de Nerón y continuó con sus sucesores, Galba, Vitelio, Vespasiano y Tito.
La segunda (89-96), llevada a cabo por Domiciano, que se destacó por la forma de exterminio de todos los cristianos.
La tercera (98-117), que tuvo lugar durante el reinado del español Trajano, que consideraba criminal a la profesión del cristianismo.
La cuarta (164-180) efectuada en tiempo de Marco Aurelio.
La quinta (193-211), ordenada por Septimio Severo.
La sexta (235-238), realizada por Maximiano.
La séptima (249-251), ejecutada por Decio.
La octava (253-260), propiciada por Valeriano.
La novena (275), originada en un nuevo edicto de Aureliano.
Y finalmente, la décima (303-313), en tiempos de la tetrarquía, originada en un decreto de Diocleciano.

Los primeros cristianos dieron pruebas de lealtad al emperador, pero rechazaron ofrecer sacrificios a los dioses para obtener su salvación. Del rechazo de estos sacrificios, que los cristianos consideraban como actos de idolatría, surgieron las persecuciones. No obstante, fueron muchos los que aceptaron realizar dichos sacrificios o bien obtuvieron certificados de que los habían hecho (libelos), y, por lo tanto, renegaron de su fe. Estos últimos recibieron el nombre de libellatici. Posteriormente, pasado el período de las persecuciones, la integración de estos perjuros en la iglesia cristiana originará numerosos cismas.

Los mártires
Tal vez algunos hermanos, que desconocen la lengua griega, ignoran cómo se dice en griego testigos, siendo como es nombre usado y venerado por todos. Porque lo que en latín decimos testes se dice en griego martyres. ¿O en qué boca de cristiano no suena todos los días el nombre de los mártires? y plega a Dios que no sea sólo nuestra boca la que lo pronuncie, sino que more igualmente ese nombre en nuestro corazón. De modo que imitemos los sufrimientos de los mártires y no los pisemos con nuestros pies. Decir, pues, Juan: Vimos y somos testigos, tanto fue como decir: Vimos y somos mártires. Los mártires, en efecto, sufrieron todo !o que sufrieron por dar testimonio o de lo que ellos por sí mismos vieron o de lo que ellos oyeron, toda vez que su testimonio no era grato a los hombres contra quienes lo daban. Como testigos de Dios sufrieron. Quiso Dios tener por testigos los hombres, a fin de que los hombres tengan también por testigo a Dios.

Epístola de San Martín en Acta de los Mártires


El martirio de Policarpo
La Iglesia de Dios establecida en Esmirna a la Iglesia de Dios establecida en Filomeleón y a todas cuantas establecidas donde quiera, forman parte de la Iglesia santa y católica: que la misericordia, la paz y la caridad de Dios, Padre de Nuestro Seño Jesucristo, nos sean dadas en abundancia.

Os escribimos, hermanos, a propósito de los que han dado testimonio y sobre todo del bienaventurado Policarpo. que con su martirio ha sellado la persecución deteniéndola. Todos los acontecimientos que han precedido su martirio no han sobrevenido sino para permitir al Señor de los Cielos mostrarnos una imagen del martirio según el Evangelio. Policarpo ha aguardado a ser traicionado, como el Señor, para enseñarnos a imitarle, también nosotros, a no considerar cada uno nuestro propio interés, sino ante todo el de los demás. Porque la caridad verdadera y eficaz consiste para cada cual en querer no sólo su salud personal, sino la de todos sus hermanos.

Felices y valientes han sido todos los ejemplos que contamos; han sido según la voluntad de Dios, porque nos hacen atribuir a El, cuyo poder es soberano y universal, nuestro progresos en la piedad. ¿Quién no admirará la intrepidez de esos confesores, su resistencia y su amor a Dios? Estaban destrozados por los látigos hasta el punto de verse la estructura de su carne hasta las venas y las arterias del interior. Sin embargo; se mantenían firmes, aunque los espectadores tenían piedad de ellos y les lloraban. Mas ellos habían llegado a tal grandeza de alma que no se les escapaba un grito ni un gemido. Al verlos, todos comprendieron que en aquella hora de su tortura los mártires de Cristo eran arrebatados de su cuerpo o, mejor, que el mismo Señor les asistía con su presencia.

Por la gracia de Cristo, despreciaban los tormentos del mundo; en una hora conquistaban la vida eterna. El mismo fuego les refrescaba; el fuego de los verdugos inhumanos; porque tenían ante sí otro fuego que evitar, el fuego eterno que jamás se apagará. Contemplaban con los ojos de su alma los bienes reservados a los que hayan sufrido, bienes tales que el oído no ha escuchado, el ojo no ha visto y el corazón del hombre no ha soñado jamás. El Señor les mostraba estos bienes a ellos, que no eran ya hombres, sino ángeles. Por fin, condenados a las fieras, los confesores tuvieron que sufrir tormentos espantosos. Tendidos sobre los potros, se les infligían toda clase de torturas, a fin de hacerles renegar de su fe por la prolongación de sus suplicios.

Acta de los Mártires

El mayor castigo que los paganos infligían a los mártires era dejar sus cuerpos sin enterrar. Pero antes de esto, les hacían sufrir las torturas más humillantes. En Lyon, abandonaban sus cuerpos a merced de las aves rapaces. En Roma se les arrojaba a las fieras, o se les entregaba a crueles gladiadores. Una joven esclava, Blandina, que fue sacrificada en Lyon, dejó tras de sí una aureola de celebridad por el coraje y la resistencia que demostró ante sus verdugos: tras haber sido flagelada y tener despedazada la espalda, fue expuesta a las fieras, que se la desgarraron todavía más, sin causarle la muerte. Tras haber pasado por una hoguera, fue arrojada como presa a un toro furioso; sin embargo, todavía vivía. Finalmente, para acabar con ella, sus verdugos decidieron degollarla.

La paz religiosa de Constantino
Esta situación va a cambiar en el año 311. El emperador Galeno, gravemente enfermo, se da cuenta de que las persecuciones no han bastado para quebrantar la fe de los cristianos. Prohibirles su culto significaba impedirles dar gracias a su Dios, o sea, convertirlos en ateos, lo que era aún más perjudicial para el Imperio. A partir de ahí, el cristianismo iba a convertirse en una religión autorizada. Poco a poco se extiende la tolerancia hacia los cristianos en el conjunto de los dominios imperiales.

En el año 313, Constantino promulga el edicto de Milán, que supone para la iglesia de los mártires salir definitivamente de sus catacumbas. El mismo emperador fiel a sus propias creencias, adoptó la vez la religión romana y la cristiana y, si accede a bautizarse —hecho que no está totalmente confirmado — no lo hará mas que en el lecho de muerte. Pero, en esas fechas, los cristianos son ya muy numerosos en la corte y, en el 324, el emperador promulga unas leyes que tienen una clara inspiración cristiana.

Rapto de Helena Causa Guerra de Troya Paris se escapa con Helena

EL RAPTO DE HELENA: Reinaba en Esparta, pequeña ciudad de Grecia, el joven príncipe Menelao, hijo de Atreo y hermano del poderoso rey de Micenas, Agamenón. Su morada real era pequeña, casi rústica, pero él vivía feliz en medio de su pueblo, al que amaba, teniendo a su lado a la mujer que había conquistado venciendo a mil rivales.

Éstos, los más poderosos y gallardos entre los príncipes aqueos, llegaron de todas partes para disputarse la mano de Helena, hija de Leda, la mujer más bella del mundo. Hacía dos años que Menelao había desposado a Helena, y tenían una linda niña que se llamaba Hermíone.

Un día quebró la quietud de la pequeña ciudad la llegada de algunos extranjeros. Éstos entraron por la puerta principal y bajaron de sus caballos en la plaza, frente a la morada real, en medio de un grupo de curiosos que miraban maravillados sus extrañas vestimentas, sus monturas cubiertas de polvo y sus rostros bronceados, de tipo oriental.

Entre los recién llegados se destacaba un joven de singular belleza que, por la riqueza de su vestimenta y la dignidad de su porte, parecía ser el jefe. Éste entró con un compañero en la mansión del rey Menelao y solicitó asilo para si y los suyos. “Yo soy —dijo—— el príncipe Paris, hijo de Príamo, rey de Troya. Viajo para anular un presagio de Apolo de Delfos, y quisiera detenerme aquí durante algunos días para que descansen mis hombres y mis caballos.”

Menelao acogió de buen grado al huésped; hizo preparar el baño y los ungüentos perfumados, y un convite digno del extranjero. Durante el banquete, Paris resplandecía de juventud en las suntuosas vestimentas asiáticas. Se abrieron las puertas del salón, y apareció la dueña de casa acompañada de sus doncellas.

Con sólo verla, el huésped comprendió que su viaje no había sido inútil. Helena le pareció más hermosa aún que la diosa aparecida en aquella lejana mañana, entre las encinas del monte Ida. Por desgracia, el pastor había suscitado el mismo sentimiento en el corazón de Helena, a quien Afrodita, invisible, susurraba palabras persuasivas.

Esa misma noche, mientras la mansión real se hallaba sumida en el silencio, los extranjeros ensillaron los caballos y salieron sin ruido de la ciudad, llevando consigo la presa codiciada.

Para mayor vergüenza Paris robó. Además de Helena, todo lo más precioso de la casa de su anfitrión. Pocas horas después, un veloz navío cretense, impelido por fuerte brisa, se deslizaba sobre. el mar Egeo, transportando a las costas de Tróade su cargamento, triste presagio y fruto de traición.

Así empezó la famosa historia de la Guerra de Troya.

Fuente Consultada: Relatos de la Antigüedad – Lo Se Todo Tomo III – Figuras y Leyendas Mitológicas.

Origen de Roma La Monarquia Los Reyes Etruscos y Latinos Romanos

ORIGEN DE ROMA Y LA MONARQUÍA

ORIGEN DE ROMA Y LA MONARQUÍAEL MEDIO GEOGRÁFICO: La civilización romana, la más grande y duradera de la antigüedad, se desarrolló en la península itálica, situada al Occidente de Grecia y en el centro del mar Mediterráneo, al que en cierto modo divide en dos cuencas. Dicha península tiene la forma de una bota y está limitada al norte por los Alpes, un semicírculo de montañas muy altas, cubiertas le nieve, que encierra un valle de naturaleza muy fértil, regado por el río Po, que desemboca en el mar Adriático.

En forma longitudinal se extienden los montes Apeninos, que descienden hacia los mares laterales, el Adriático y el Tirreno, dando lugar, en la margen occidental, a la existencia de múltiples llanuras, algunas muy feraces, como las surcadas por los ríos Amo y Tíber.

Próximas al continente, se encuentran tres grandes islas: Córcega, Cerdeña y Sicilia, esta última apenas separada de la península por el estrecho de Mesina y escasamente distante del continente africano. El clima es benigno, sobre todo en el Sur, con un sol brillante y permanente, lo que favorece el establecimiento del hombre y el cultivo le! suelo.

LOS PUEBLOS QUE LO HABITARON

Los primitivos habitantes de este privilegiado territorio, fueron los ligures, que hacia el año 1500 a.C. se establecieron en el Norte, en la región que hoy se conoce precisamente como la Liguria. Luego aparecieron los italiotas, procedentes del centro de Europa —indoeuropeos, como los pueblos que invadieron Grecia por la misma época— que se impusieron sobre los ligures y se radicaron en la región central, donde se integraron en numerosas tribus, entre las que podemos mencionar a los sabinos, que fueron los que iniciaron el asentamiento en la Campania; en seguida los siguieron los latinos, que ocuparon el valle del Tíber y su zona adyacente, que se llamaba el Lacio; más tarde arribaron los umbrios, que se quedaron en la llanura del Po; y finalmente, los ilirios, que se localizaron en el Véneto. Otros grupos menores ocuparon distintas posiciones.

Los etruscos: Sin embargo, los habitantes de mayor repercusión en la península itálica, fueron los etruscos, a quienes los griegos llamaron tirrenos, cuyo verdadero origen se desconoce, pero se supone llegados del mar Egeo, hacia el año 1000 a.C., como consecuencia de la gran expansión griega que los empujó hacia el Oeste y los obligó a establecerse en las ostas itálicas, en la región de la Toscana, entre los ríos Amo y Tíber.

Los etruscos fundaron varias ciudades independientes entre sí, aunque unidas federativamente, y rápidamente se extendieron desde los Alpes hasta la Campania, alcanzando elevados niveles culturales, en cuyas expresiones se advierte la combinación de elementos de origen griego y cretense.

Las ciudades tenían un rey, que concentraba la suma del poder. Los descendientes de los invasores constituían la nobleza, en tanto que el resto de la población vivía en servidumbre. La principal actividad económica fue la agricultura, que prosperaba en las tierras fértiles, debido a las importantes obras de desecación de los pantanos que llevaron a cabo.

Su religión, como la de los pueblos orientales —salvo los hebreos—, fue politeísta, aunque reconocían una trinidad común, integrada por Júpiter, Juno y Minerva. Los muertos eran objeto de un culto especial, a la manera de los egipcios. Además ofrecían a los dioses sacrificios de animales y, en ocasiones, de seres humanos, como resultado de combates singulares. Creían también en los presagios, que se hacían sobre la observación del vuelo de las aves o del análisis de las entrañas de los animales sacrificados; y efectuaban plegarias de impetración a los dioses. Los arúspices estaban encargados de interpretar las recopilaciones en las que estaban contenidas las normas para la organización de la comunidad y las relaciones entre sus miembros.

Las manifestaciones artísticas también tuvieron reminiscencias de los griegos y orientales, pero con el aporte de nuevos elementos de gran originalidad. En arquitectura se destacaron por la construcción de puentes, acueductos y cloacas, cuya excelencia los hace valederos hasta la actualidad. También fue muy importante la construcción de carreteras y la erección de murallas hechas de piedras, sin cemento. En estas construcciones aplicaron el arco y la bóveda, que luego tanto difundieron los romanos.

Los Esposos-Arte Etrusco

La civilización etrusca floreció hasta el año 600 a.C. aproximadamente, en que al chocar con los italiotas y con los griegos, terminó por desaparecer. La decadencia comenzó con la derrota en la batalla naval de Cumas, en el año 520 a.C., librada contra la flota griega en un intento de apoderarse de las colonias próximas a Nápoles.

Aprovechando esta circunstancia, en el año 509 a.C. se sublevaron los latinos y lograron que los etruscos se retiraran de la margen opuesta del Tíber, abandonando la región del Lacio.

Para esa época penetraron los galos por el Norte de Italia, obligando a los etruscos a desalojar la rica zona del Po, que desde entonces se conoció como la Galia Cisalpina (de este lado de los Alpes). De esta manera, los etruscos quedaron reducidos a sus primitivas posesiones en la Toscana, hasta ser dominados por los romanos. (ampliar sobre los etruscos)

Mural de una tumba etrusca. Al igual que los egipcios, los etruscos llenaban sus tumbas con muebles, tazones y otros objetos de la vida cotidiana, así como murales que muestran diversiones experimentadas en vida y esperando la muerte en la vida después de morir. En este mural encontrado en una tumba etrusca en Tarquinia se observa a los sirvientes y músicos en un banquete. Este mural data de la primera mitad del siglo V a. de C.

LA MONARQUÍA: Como vimos, los latinos, se establecieron en el valle del Tíber y su comarca circundante, que se llamaba el Lacio, llanura escasamente fértil que se recostaba sobre el mar Etrusco, que más tarde se denominó mar Tirreno. La región no era muy favorable, por sus terrenos bajos y pantanosos, y estaba cercada al Norte por los etruscos y al Sur por los griegos. Esta circunstancia hizo que sus habitantes buscaran la forma de poder defenderse mejor de sus vecinos.

En el año 753 a.C., un grupo de familias procedentes de Alba Longa resolvió establecerse en el monte Palatino, donde fundaron una aldea, llamada en un principio Germal, y más tarde conocida como Palatina.

Con la llegada de otras familias, fueron ocupando los montes vecinos, hasta completar siete poblaciones, las cuales se unieron federativa-mente, a la manera de los etruscos, constituyendo el Septimontium o Liga de los Siete Montes, que conservó una relación muy estrecha con Alba Longa, que era la ciudad de origen de sus miembros.

Sin embargo, poco después aparecieron los etruscos, quienes conquistaron toda la región del Lacio y sometieron a Alba Longa y a todas las ciudades de la Liga, que se unificaron en una sola ciudad a la que llamaron Roma, nombre que deriva de la palabra etrusca rumón, que significa río.

La leyenda: Según la leyenda, narrada por el famoso escritor Virgilio en su obra La Eneida, el príncipe troyano Eneas, después de la toma de su ciudad por los griegos, huyó hacia Italia en busca de refugio, y llegó hasta el Lacio, donde se estableció y fundó la ciudad de Lavinio.

Ascanio, hijo de Eneas, que había acompañado a su padre, lo sucedió como rey de Lavinio y, a su vez, erigió otra ciudad a la que llamó Alba Longa.

Mucho tiempo después, Numitor, descendiente de Ascanio, fue derrocado por su hermano Amulio, quien ordenó que R5mulo y Remo, hijos de Rea Silvia, hija, a su vez de Numitor, fueran abandonados en las márgenes del Tíber para que murieran de hambre. Sin embargo, los niños fueron alimentados por una loba, hasta que un pastor los encontró y los crio en su casa. Cuando Rómulo y Remo crecieron, fueron reconocidos por su abuelo Numitor, y al enterarse de su origen noble, derrocaron a Amulio y restablecieron a Numitor en el trono de Alba Longa

Fue entonces cuando Rómulo y Remo decidieron fundar una nueva ciudad en el monte Palatino, a escasa distancia del mar, de manera tal que pudiera recibir por el Tíber las mercaderías necesarias y a la vez estuviera suficientemente alejada para resguardarse del ataque de los piratas.

Ambos hermanos trazaron los límites de la ciudad a la que llamaron Roma— y abrieron un foso que la rodeaba. Rómulo dio aviso que castigaría severamente a quien se atreviera a cruzarlo, y como Remo lo hizo, le dio muerte sin piedad.

Además, como la ciudad se fue poblando de pastores, sin el aporte necesario de mujeres para fundar familias, Rómulo organizó una fiesta e invitó a sus vecinos, los sabinos, que confiadamente fueron, acompañados de sus mujeres y sus hijas. Durante el transcurso de la misma, a una señal convenida, los romanos raptaron a las mujeres, lo que dió origen a una guerra con los sabinos, que terminó por mediación de las mismas mujeres raptadas, las que habiéndose convertido en esposas de los romanos, se interpusieron entre los combatientes y los reconciliaron.

Posteriormente, en el año 715 a.C., el fundador de Roma desapareció en forma misteriosa. En cierta ocasión en que pasaba revista a sus tropas, se produjo una terrible tempestad, pasada la cual nadie volvió a verlo, lo cual dio lugar a que se tejieran muchas conjeturas, entra ellas la de su asesinato y, finalmente, a que se lo adorara como a un dios.

A Rómulo le sucedió Numa Pompilio, un jefe de origen sabino, que era famoso por su sabiduría. Durante su reinado se dictaron las primeras leyes que rigieron a los romanos. Además dió forma definitiva a su religión.

A Numa Pompilio le siguió Tulio Hostilio, de inspiración guerrera, quien atacó a los albanos y los venció por completo después de una larga contienda, con lo que Alba Longa quedó subordinada a los romanos.

La guerra se definió por el enfrentamiento de tres hermanos, los Horacios, que combatieron por los romanos, con los tres Curiacios, que lo hicieron por los albanos. En el primer choque murieron dos Horacios y fueron heridos los tres Curiacios. Entonces el último Horacio fingió huir y ultimó por separado a los Curiacios, que estando heridos no pudieron perseguirlo a la misma velocidad.

Luego ocupó el trono Anco Marcio, también de origen sabino, que ordenó la construcción del puerto de Ostia.

Después fue encumbrado Tarquino el Antiguo, nacido en Tarquinia, ciudad de Etruria, que introdujo en Roma las costumbres etruscas. Tuvo especial preocupación por el embellecimiento de Roma y ordenó la construcción de un templo consagrado a Júpiter, que se llamó el Capitolio, debido a que cuando se estaba excavando para colocar los cimientos del edificio, se encontró una cabeza (capitis en latín), lo que según los augures, indicaba que Roma’ llegaría a ser la capital o cabeza del mundo. Durante su reinado también se construyeron el Circo, el Foro y la Cloaca Máxima.

A Tarquino el Antiguo le sucedió su yerno, Servio Tulio, que era hijo de una esclava y había sido criado en el palacio de Tarquino. Este rey incorporó los distritos etruscos a la alianza romana y dividió a la sociedad en clases, según su fortuna. Además rodeó a la ciudad de una fortificación y creó registros para los ciudadanos. Debido a este hecho, que perjudicaba a las antiguas familias, pereció víctima de una conspiración.

Le siguió Tarquino el Soberbio quien desvirtuó la obra realizada por su antecesor y pretendió gobernar con poderes absolutos. Con el propósito de conquistar a las colonias griegas del Sur, organizó una campaña que, como vimos, le resultó adversa. No obstante, según la leyenda, su caída se produjo por una tropelía cometida por su hijo Sexto quien, abusando de la hospitalidad de su pariente Tarquino Cola tino, violó a su esposa Lucrecia, quien se mató de desesperación. Su esposo ultrajado, que se encontraba en campaña, y Lucio Junio Bruto, sublevaron al pueblo y derrocaron a Tarquino el Soberbio, quedando abolida la monarquía (510 a.C.). El rey fue reemplazado por los cónsules y comenzó la República.

La leyenda de los Nibelungos Maldicion del anillo Sigfrido Resumen

La leyenda de los Nibelungos – La Maldición del Anillo

Los burgundios ocupan un lugar destacado entre los pueblos bárbaros instalados en Alemania antes de que se produjera el paso del Rin y la invasión del imperio romano, durante los s. IV y V. Llegados a las riberas del Rin hacia el año 370, formaron un amplio reino cuya capital era Worms.

A comienzos del s. V el jefe burgundio Gunter buscó la alianza con los romanos para resistir al empuje constante que los hunos ejercían sobre el conjunto de pueblos germánicos. Pero ni siquiera esta integración en el seno del Imperio iba a preservar del desastre a los burgundios.

Y su enfrentamiento violento v encarnizado con los hunos daría lugar más tarde a uno de los más hermosos cantos épicos de Occidente: la leyenda de los nibelungos.

La tragedia de un pueblo. De hecho, en la leyenda no se trata de una guerra verdadera. La historia de los burgundios y los hunos es una historia de amor. La leyenda de los nibelungos nos cuenta las trágicas pasiones que se desarrollan en la corte del rey Gunter y las terribles venganzas que suceden a la traición de que fue objeto la reina Crimilda. En esta tragedia, amorosa e histórica, los hunos acabarán arrasando todo el reino de Worms. Los burgundios que sobrevivieron a la horrible masacre perpetrada en el palacio de Atila abandonaron Alemania para ocupar, algo más tarde, los valles del Saona y del Ródano; sin embargo, unos cuantos de ellos, en lugar de dirigirse hacia el sur, como los demás, marcharon hacia el norte y se mezclaron con los pueblos que por aquella época ocupaban Escandinavia.

La matanza de los burgundios del reino de Worms, a manos de los hunos, en el año 436, es el acontecimiento histórico en torno al cual giran los episodios que componen la leyenda de los nibelungos. El origen de esta palabra no está aún esclarecido. En el texto, se designa con ella a los poseedores sucesivos de un tesoro que habría pertenecido, en primer lugar, a unos seres míticos —enanos y gigantes, a la vez—, los nibelungos, al mando de los cuales estaban los reyes Schilbung y Nibelung.

Otros historiadores señalan, sin embargo, que en los textos más antiguos este término designaba solamente a la dinastía burgundia y que, por lo tanto, los míticos nibelungos proceden de la fantasía de épocas posteriores. En cualquier caso, parece claro que el nombre de los nibelungos está estrechamente ligado a los burgundios y al final, legendario y trágico, del  reino de Worms. La versión más completa de la leyenda es La Canción de los nibelungos, poema de 3.379 estrofas, de cuatro versos cada una, y que contiene 39 aventuras diferentes. Dicho texto habría sido compuesto en Austria hacia e! año 1200.

Nacimiento de la leyenda
En estas tierras escandinavas iba a ampliarse y enriquecerse lo que más tarde sería la leyenda de los nibelungos, magnífico testimonio sobre la vida y las creencias de los antiguos germanos. En efecto: los germanos que partieron hacia el oeste y el sur adoptaron rápidamente las costumbres y valores filosóficos y morales del Imperio, mientras que los que permanecieron en el norte, lejos de una civilización que poseía una antigua tradición cultural, conservaron los rasgos esenciales de su propia cultura.

LA TRAGEDIA DE LA LEYENDA: En el reino de Worms habitaba la bella princesa Crimilda cuya fama se había extendido hasta Holanda, donde vivía el príncipe Sigfrido. Este se trasladó a Worms con el fin de solicitar su mano. Acusado de haber robado el tesoro de los nibelungos, Sigfrído se ve obligado, para obtener sus fines, a ayudar al rey Gunter a conquistar a Crimilda, la virgen guerrera que reinaba en Islandia. Gracias a una capa mágica, Sigfiido sustituye a Gunter y supera las pruebas que Brunilda imponía a todos sus pretendientes. Seguidamente se celebran las dos bodas. Pero Brunilda, enamorada de Sigfrido, se rebela. Para hacerla entrar en razón, Sigfrido le arranca su cinturón y si anillo de oro y se los ofrece a Crimilda. Desde este momento, Brunilda no dejará de organizar su venganza: enterada de que  Sigfrido es vulnerable en un único punto de la espalda, ordena que le maten en el curso de una cacería. Para vengar su muerte, Crimilda se casa con el rey de los hunos organiza la derrota y el aniquilamiento de los burgundios.

El culto al honor y a las leyes de la caballería
Lo que asombra desde el comienzo en esta leyenda es la prodigiosa energía vital de estos pueblos. En ellos anida una verdadera pasión por la vida, mientras que el espíritu de lucha y de enfrentamiento continuo, con los hombres o con los elementos, anima su corazón. Esta supervivencia de antiguas tradiciones en una Europa que lentamente se hace cristiana jugará un papel primordial en nuestra propia civilización.

El culto al honor, la fidelidad a la palabra dada, el valor infinito que se concede a la pasión amorosa, etc., son tenias que penetrarán con fuerza —desde Escandinava y desde Islandia—, hacia los s. XI y XII, en las tierras romanizadas de Occidente. Volveremos a encontrar estos temas en el ámbito de la caballería que nacerá en el seno de la propia sociedad feudal, y se perpetuarán a lo largo de toda la Edad Media. Mucho tiempo más tarde, con la llegada del romanticismo, conocerán un nuevo auge llegando incluso a cobrar un rigor excepcional.

¿Cuándo se escribió la leyenda?
La leyenda, transmitida oralmente en principio, fue transcrita en el s. XII, en Austria. Esta versión, muy adornada según el estilo de la época, parece mezclar varios cuentos y relatos populares germánicos que vinculan las aventuras de Sigfrido con los hechos históricos relativos al hundimiento del reino burgundio a manos de los hunos, en el año 436, y quizá también a las sangrantes querellas intestinas que destrozaron la dinastía merovingia.

¿Qué son las «Eddas» de Islandia?
En el s. XVII se descubrieron unas colecciones de poemas, escritos en lengua normánica hacia el año 1200, que revelan la expresión más pura de la civilización germánica, tal como se había mantenido por medio de la tradición oral en las lejanas tierras de Islandia.

Los «Eddas», cuyo nombre procede de la palabra Ser que está en el origen de cualquier ciencia, cuentan la historia mítica del mundo de los dioses y de los hombres, tal como la imaginaban los germanos a través de sus ritos y costumbres. Algunos de los textos que componen estos poemas no son otra cosa que la versión normánica de la historia de Sigfrido y de sus antepasados.

¿Tienen relación con los nibelungos?
En las «Eddas» encontramos también el tema de la maldición atribuida al oro, el mismo metal del que se apodera Sigfrido tras haber dado muerte al dragón y que acabará significando su perdición. Pero en estos cantos no existe relación entre la muerte de Sigfrido (Sigurd) y la de los reyes burgundios, al contrario de lo que sucede en La canción de los nibelungos, en la que la muerte de éstos es consecuencia o resultado de la de Sigfrido. Las leyendas escandinavas prefieren extenderse en detalles sobre la misteriosa muerte de Atila en su noche de bodas con la princesa Hildico, en el 453.

¿A qué conduce la venganza?
Los germanos eran extremadamente violentos y sus venganzas solían ser sangrientas, como lo testimonia la atmósfera de traiciones y asesinatos que reina en la corte de los merovingios. Por ejemplo, el rey de Austrasia había asesinado a su mujer, instigado por su amante Fredegunda; Brunilda, esposa del rey de Neustria, decide vengar a su hermana, desencadenándose entre ambos reinos una guerra que se prolongará más de medio siglo.

A la muerte de Fredegunda, su hijo Clotario II (que reinó entre el 584 y el 629) reemprende la lucha, se apodera de Neustria Brunilda muere tras haber sido atada a la cola de un caballo salvaje. Para algunos investigadores, las disputas entre Fredegunda, Brunilda y el rey de Austrasia, habrían proporcionado la trama histórica para la leyenda de Sigfrido. Pero esta tesis no ha prevalecido sobre las críticas de otros muchos historiadores.

Los nibelungos, fuente de inspiración artística
El desencadenamiento de las pasiones y la tragedia del destino inevitable, reflejados en la leyenda de los nibelungos, atrajeron la atención de los escritores románticos del s. XIX e inspiraron su febril imaginación. Las traducciones y adaptaciones de la obra se multiplicaron. Los poetas alemanes utilizaron tal leyenda para expresar su propia visión del mundo. Richard Wagner, en su famosa tetralogía, El anillo de los nibelungos, se basa en el drama de Sigfrido y los burgundios.

RESUMEN DE UNA VERSIÓN LA LEYENDA DE LOS NIBELUNGOS:

Sigfrido, hijo del rey Sigmund de Niederland y de la bella Siegelinde, fue adoptado por un enano llamado Mimir. Por esa zona había una gran cueva que conducía al reino de los Nibelungos. Estos enanos, expertos en la minería y la orfebrería, poseían un fabuloso tesoro que guardaban en una gran cámara próxima a la superficie. Un dragón llamado Fafhir protegía el tesoro.

Mimir odiaba a los nibelungo porque él había sido parte de su comunidad pero mas tarde los habían expulsado, y para vengarse utilizó las habilidades de Sigfrido para ejecutar su plan: Para ello lo adiestró en el uso de las armas y enseño a luchar para vencer al dragón que cuidaba el tesoro.

En el enfrentamiento Sigfrido logró clavar la espada en el corazón de la bestia, que murió entre rugidos y coletazos ya inútiles. Cuando el dragón dejó de moverse, Sigfrido se bañó en su sangre aún caliente, pues Mimir le había revelado que si hacía así se volvería invulnerable. De ese gran tesoro solo se llevó un casco mágico que lo volvía invisible y un hermoso anillo, que según Mimir había una maldición para quien lo usara, pues tendría un final trágico.

Montado de un maravilloso caballo de ocho patas, Sigfrido, se dirigió a Dinamarca e Islandia. Allí encontró una isla con un castillo rodeado por un muro de llamas , en cuyo  patio una hermosa  doncella vestida  con cota de malla, yacía dormida. Sigfrido despertó de un beso a Brunilda y ella se enamoró de su salvador.

Sigfrido acompañó a Brunilda durante unos días, pero pronto sintió nostalgia de la casa de sus padres, con quienes hacía tanto tiempo que no estaba, y abandonó Islandia para regresar a la corte de Niederland, en donde fue recibido como un hijo pródigo y como un héroe.

Sin embargo, no permanecería por mucho tiempo en el castillo paterno. A Niederland llegaban noticias acerca de la magnificencia del vecino reino de Burgundia, del valor de su rey Gunther y del vasallo Hagen, y de la hermosura de la hermana del rey, Crimilda. Sigfrido sintió deseos de verlo con sus propios ojos, así que viajó a Burgundia, en donde trabó amistad con el rey y se enamoró de su hermana, siendo correspondido por ella.

Por esa época llegó al reino que quien desafiara en una pelea a la reina Brunilda, podría contraer matrimonio con ella, porque lo que Gunther decidió enfrentarla, y para ello, a cambio de su hermana Crimilda,  pidió ayuda a su amigo Sigfrido, que con el casco mágico logró dirigir eficientemente la mano de Gunther y vencer a la princesa.

El pacto se cumplió y ambas parejas se casaron, pero a partir de ese día a pesar que Gunther colmaba de atenciones a Brunilda, esta no era feliz: su marido no se comportaba como el gallardo héroe que la valquiria esperaba y ella enrealidad ardía de celos por Sigfrido. Las discusiones con su cuñada se volvían cada vez más agrias, y en lo más álgido de una de ellas Crimilda le contó la verdad acerca de lo sucedido en Islandia. Brunilda montó en cólera y se marchó de Worms para no volver nunca.

El malvado vasallo del reino de Gunther, llamado Hagen, hizo lo imposible para provocar enemistad entre Sigfrido, Guhther y Crimilda, culpando a Sigfrido de todos estos males y del alejamiento de la Brunilda.

En un momento de debilidad la reina le comenta del punto débil en la espalda de su esposo, y ahora Hagen, arma una cacería y cuando tuvo la oportunidad de estar solo y por la espalda la clava una daga en el lugar estratégico, y da muerte al noble Sigfrido y es en este hecho donde se cumple la maldición del anillo de los nibelungos.

La vulnerabilidad de Sigfrido
Cuando Sigfrido mató al dragón, se bañó en la sangre de la bestia para ser invencible en combate. Pero al hacerlo una gran hoja cayó en su espalda, dejando sin bañar esta zona de su piel. Sólo en ese punto puede ser herido mortalmente.
Con la ayuda de Hagen, Brunilda pone una trampa a Sigfrido. Primero, el caballero de Gunther dice al monarca visitante que Borgoña será atacada otra vez por Sajonia y Dinamarca y que se requiere su participación para rechazar al enemigo. Luego sonsaca de Crimilda el secreto de la vulnerabilidad de su esposo y la persuade para que borde una cruz en la ropa de Sigfrido, marcando el lugar. Después informa que terminó la amenaza de invasión y propone salir de cacería al bosque. Cuando Sigfrido se inclina junto a un manantial para beber, el traidor Hagen le clava una espada y le da muerte.

En la larga secuela de la muerte de Sigfrido, Crimilda pierde el tesoro de los nibelungos ante Hagen, que lo hunde en el Rin, y se casa con Etzel, rey de Hungría. Tras muchos años invita a su hermano y a su corte a su nuevo reino del Danubio. Mientras los comensales están a la mesa en el castillo de Etzel, Crimilda ordena atacar a la guardia de su hermano. Hagen, en represalia, mata al hijo que Crimilda tuvo con Etzel. Crimilda ofrece liberar a su hermano si éste le entrega al asesino, pero Gunther se niega y Crimilda lo hace decapitar. La vengativa reina ofrece luego a Hagen perdonarlo si le revela el lugar donde hundió el tesoro de los nibelungos. El se niega y ella le corta la cabeza con la espada de Sigfrido. El horrorizado Etzel no hace nada para impedir que un criado ponga rápido fin a la furiosa y enloquecida reina.

EN BUSCA DE SIGFRIDO….

Hacia el año 200, una tribu germánica, los borgoñones, emigraron desde el Este y se asentaron en el medio río rin; tal vez su .capital fue Worms. Bajo el rey Gundikar, al iniciarse el siglo v, los borgoñones trataron de ampliar su reino río abajo-, hacia las planicies de donde venía Sigfrido. Se los impidió un comandante romano llamado Aecio y los obligó a negociar la paz. En 436 el reino borgoñón fue invadido por los hunos, comandados por Aula. En una forma del alemán, Atila se pronuncia Etzel, el rey de Hungría en el Cantar de los Nibelungos.

Fuentes contemporáneas registran que Atila ordenó la matanza de 20 000 borgoñones, lo que puede relacionarse con la masacre descrita en el final de la épica. Pocos años después Aecio forzó al resto de los borgoñones a salir del Rin para que se reasentaran en lo que ahora es el sureste de Francia y el noroeste de Italia. Tan dramáticos fueron estos eventos que bien pudieron ser rememorados durante siglos en canciones y cuentos, antes de ser incorporados a las leyendas germánicas y escandinavas del siglo XIII.

Respecto a Sigfrido, sus heroicas hazañas son claramente legendarias. Es un héroe arquetípico sin contraparte real. Pero existe una fascinante pista en un incidente de venganza femenina entre los merovingios, una dinastía gala del siglo VI. Fredegunda, la concubina del rey Childerico, asesinó a la esposa legítima para poder ser reina. Esto la puso en conflicto con la hermana del rey, Brunilda, esposa del rey Siebert de Austria.

Para vengarse de la actitud despectiva de Brunilda, Fredegunda urdió la muerte del esposo de su enemiga, un acto que la pone a la par de la vengativa Crimilda, cuya crueldad lleva al Nibelungenlied a su terrible final.