Historia Movimiento Obrero

La Independencia de Bélgica Reinado de Leopoldo I

1830: REVOLUCIONES BURGUESA EN EUROPA

Como ya hemos publicado en este sitio, en el mes de julio de 1830, la indignación contra el despotismo del rey Carlos X produjo un estallido revolucionario. En París, una gran manifestación recorrió los barrios pidiendo la abdicación del rey y se levantaron barricadas. Cuando el ejército salió a la calle para intentar restablecer el orden, los manifestantes, lejos de disolverse, asaltaron las armerías, y organizaron una milicia con la que hicieron frente a los soldados del rey. Pero no se llegó a producir el choque: el ejército también había sido ganado por la propaganda liberal y se negó a hacer fuego contra los insurrectos.

Ante esta situación, el monarca, sin posibilidad de defenderse, abdicó y marchó al exilio. Inmediatamente los revolucionarios, que habían conseguido derribar al régimen en sólo tres días, entregaron la corona a un noble de ideas liberales, Luis Felipe dé Orleáns, quien habría de regir los destinos de Francia hasta 1848.

El movimiento francés se extendió a otros países de Europa, el más importante fue el de Bélgica contra la monarquía holandesa del reino de los Países Bajos. El triunfo de los belgas fue bastante rápido gracias al apoyo que recibió de Francia y el reconocimiento de Gran Bretaña del reino de Bélgica y de su primer rey Leopoldo I, quien fue elegido por los revolucionarios y de inmediato estableció una monarquía parlamentaria y constitucional, en octubre de 1830.

Leopoldo I de Bélgica

Leopoldo I de Bélgica:Leopoldo I, un noble alemán que había luchado en las filas del Ejército ruso durante las Guerras Napoleónicas, se convirtió, en 1831, en el primer rey de Bélgica, una vez que este país se independizó de los Países Bajos

NACE BÉLGICA: Finalmente, sólo una de las insurrecciones de 1830-1831, además de la francesa, terminó con un resultado victorioso: la revolución de Bruselas (agosto de 1830). Los tratados de 1815 habían cedido Bélgica al reino de los Países Bajos; si bien la situación económica era próspera, los belgas, después de haber dependido sucesivamente de España y de Austria (desde el siglo XVI al XVIII), no estaban satisfechos. Católicos, no querían un soberano protestante como era Guillermo I de Orange. Liberales, juzgaban la Constitución demasiado autoritaria.

Nacionalistas, protestaban contra la preponderancia de los holandeses (no había más que un ministro belga entre siete, y, en el ejército, menos de trescientos oficiales belgas entre dos mil). Unidos, católicos y liberales se sublevaron, y un gobierno provisional declaró la independencia de Bélgica, el 4 de octubre de 1830. Las tropas holandesas habían tenido que evacuar las principales ciudades, incluso Amberes. Un congreso ofreció la corona al duque de Nemours, hijo de Luis Felipe.

Inglaterra era favorable a la independencia, pero no quería, a ningún precio, a un príncipe francés. Rusia y Austria, ante la posición franco-inglesa, no podían intervenir, y la conferencia de Londres (diciembre de 1830) reconoció la independencia y la neutralidad belga. La corona fue concedida al príncipe alemán Leopoldo de Sajonia-Coburgo, casado con una hija de Luis Felipe. Pero el rey de los Países Bajos atacó Bélgica en 1831, y Francia envió un ejército de socorro, mientras que la flota inglesa bloqueaba Amberes; los holandeses tuvieron que retirarse, pero no reconocieron la independencia belga hasta el año 1839.

La creación de este nuevo Estado neutral satisfacía, sobre todo, a Inglaterra, obsesionada con la idea de que Amberes («pistola encañonada contra su corazón») no pudiera ser jamás dominada por el poderío francés. En cuanto a los franceses, podían considerar una fortuna el hecho de tener su frontera norte protegida por un país neutral. Ya se sabe lo que pasó en 1914.

Fuente Consultadas:
Todo Sobre Nuestro Mundo Christopher LLoyd
HISTORAMA La Gran Aventura del Hombre Tomo X La Revolución Industrial
Historia Universal Ilustrada Tomo II John M. Roberts
Historia del Mundo Para Dummies Peter Haugen
La Revolución Industrial M.J. Mijailov

Vida e Ideas de Owen Robert Cooperativas de Obreros en Inglaterra

IDEAS Y EXPERIMENTOS DEL SOCIALISMO UTÓPICO DE OWEN

En Inglaterra, post guerras napoleónicas y en plena revolución industrial, la gran masa de obreros vivía en condiciones míseras. Una miseria que hoy nos parecería inverosímil. Los indigentes eran socorridos: recibían algún dinero para seguir viviendo pero, como contrapartida, «la ley de los pobres» imponía a todos cuantos se hallaban inscritos en los registros de indigentes la aceptación de cualquier trabajo que se les ofreciera, sin tener en cuenta salarios y condiciones.

Día a día el número de pobres había aumentado considerablemente después de la guerra: la economía inglesa no encontraba en el continente los mercados que había esperado hallar al fin del Bloqueo. Los países europeos atravesaban grandes dificultades económicas y no podían importar bastantes productos ingleses. Además, la terminación de la guerra había hecho que unos 250.000 hombres desmovilizados se lanzaran en busca de trabajo. Haber luchado tanto, haber pasado tantos sufrimientos durante veinte años de guerra, y, al fin de ella, encontrarse en una situación peor: ésta era la paradoja de la paz.

Los trabajadores se encontraban viviendo en condiciones miserables, y los representantes de la industria que a veces se ocupan de los pobres, lo hacían  a su manera: la ley de los pobres fue derogada, por juzgarla humillante. La caridad es condenada: lo que hay que hacer es proporcionar trabajo. Debido a esto, se crean las célebres Workhouses (era un lugar donde la gente pobre que no tenía con qué subsistir podía ir a vivir y trabajar.).

La mendicidad queda prohibida, en adelante, y todos los «sin trabajo» se hallan obligados a acudir a esos centros a realizar una labor. Hasta los mismos niños son sometidos a unas condiciones de trabajo extremadamente penosas. Trabajaban desde las cinco de la mañana a las ocho de la noche, con media hora de descanso al mediodía para comer. Muchas criaturas, agotadas, se dormían de pie durante el trabajo, pero el capataz las despertaba en seguida a latigazos. Y eran muchísimas también las que, no teniendo valor para regresar a sus casas, se escondían en el taller para pasar la noche allí.

Mas ¿qué podían hacer los trabajadores? La acción política no les había servido de nada, y nada les había aportado la reforma de 1832. Sin embargo, algunos filántropos se decidieron a actuar. Robert Owen, deseoso de que los trabajadores recobrasen su dignidad y unas condiciones decentes de vida, los incita a crear una institución al margen de la sociedad que los rechazaba.

robert owen

Robert Owen (1771-1858), fue un socialista utópico británico, considerado como el padre del movimiento cooperativo. Nació en Gales el 14 de mayo de 1771. Comenzó a trabajar desde muy pequeño y pudo experimentar la vida de miseria que atravesabn los obreros. A los 20 ya era director de una fábrica de tejidos en Manchestery se convirtió en un industrial adinerado. Adquirió participaciones de la fábrica textil en Escocia y contrajo matrimonio en 1799 con la hija del dueño. Falleció el 17 de noviembre de 1858 en su residencia de Newtown.

Así, fundó la «gran unión nacional del trabajo» (1833). Con su propio dinero, ensayó la puesta en marcha de unas cooperativas de producción, en las que los trabajadores fueran sus mismos patronos. Y les indujo a tomar conciencia de la solidaridad que se debían entre sí, y a actuar por medio de la huelga general.

Pero los patronos se dieron inmediatamente cuenta del peligro, y reaccionaron de una manera brutal: muchos trabajadores fueron deportados. Y los hombres del trabajo, asustados, faltos de medios, y muy debilitados por causa de sus preocupaciones personales, no pudieron proseguir la lucha. Mas el fracaso del movimiento de Owen imprimió nuevo impulso a los partidarios de la acción política, mucho más flexible.

Como en tiempos del radicalismo, se sucedieron los mítines. Se adoptó una «Carta del pueblo», donde se consignaban las principales reivindicaciones de éste; especialmente, el sufragio universal y el escrutinio secreto, que había de impedir el poderío del dinero en la política. Se pedía también el pago de una indemnización parlamentaria, para que así los diputados pobres elegidos por el pueblo pudieran sostenerse en sus cargos sin sentirse tentados a dejarse comprar.

SOBRE LAS IDEAS DE OWEN: La empresa en donde tenía inicialmente acciones Owen, se llamaba New Lanark. Esta empresa logró posicionarse en el mundo  gracias al experimento que allí realizó Owen, consistente en mejorar las condiciones de los trabajadores y conseguir un aumento de productividad y beneficios simultáneamente.

Creía firmemente que la humanidad avanzaría si se mejoraba el entorno de los individuos tanto en el ámbito moral como económico, creía que el hombre en estado natural era bondadoso y compasivo. Era la sociedad (que según el filósofo político Rousseau nacía como resultado del crecimiento demográfico) lo que corrompía al hombre. Su deseo de tener propiedades y su comparación con los otros habían convertido su natural y positivo amor por sí mismo en amor propio, un orgullo artificial.

Los humanos primitivos que vivían en un mundo salvaje y antisocial estaban libres de la avaricia y la envidia, pero el desarrollo de la agricultura, la propiedad privada y la jerarquía social habían dado lugar a las desigualdades y los conflictos. La sociedad eran un contrato injusto, creado por los ricos para obtener privilegios y privar de derechos a los pobres. En consecuencia, la desigualdad era inherente a la sociedad, no parte de la condición natural y original del ser humano.

Consecuentemente el socialismo utópico propugnaba por una sociedad donde no hubiera explotadores ni explotados, y reinara la felicidad y la armonía entre los hombres. Para conseguirlo debían aprovecharse las ventajas de la industrialización y el trabajo colectivo, organizados ambos de modo igualitario, es decir, suprimir la propiedad privada de los medios de producción, como los campos de cultivo, fábricas, máquinas, etcétera, para que pasaran a ser rropiedades colectivas.

El ambiente creado en New Lanark fue un reflejo de esta filosofía. Alentado por este primer éxito, inició un nuevo experimento en 1825: compró 8.100 ha de tierra en Indiana y fundó la Comunidad de New Harmony. Sin embargo la población que voluntariamente se había sumado al proyecto no tardó en perder el entusiasmo inicial y los problemas que surgieron no pudieron subsanarse con las visitas periódicas de Owen. Vendió el terreno en 1828 y perdió una buena parte de su fortuna.

AMPLIACIÓN DEL TEMA:
Las Experiencias de Robert Owen:

Oewn intento plasmar sus ideas en la practica y desarrolló una acción personal al servicio de la mejora en la posición de la clase trabajadora. La diferencia más importante con los demás socialistas utópicos radica en su referencia exclusiva a la clase de los trabajadores. Los demás intentaban una reforma de toda la sociedad en favor de todas las clases.

Para Owen el problema que pide solución es la promiscuidad en que se ve obligada a vivir la clase más pobre. Los demás, problemas sociales se ven desde este enfoque. En parte, esta postura se halla determinada por lo avanzado que ya se encuentra el proceso de proletarización. En este momento de la historia dicho proceso se erige en protagonista, irrumpiendo con fuerza en el contexto socio-económico.

Desde 1800 a 1829 dirige en New Lanark una fábrica de hilados de algodón de la que dependen unas 2.500 personas. Él mismo en persona se encarga de organizar no sólo el trabajo en el interior de la factoría, sino también la vida comunitaria del poblado que se construye alrededor de aquélla. La «colonia» se nutre principalmente de vagabundos y desmoralizados, marginados sociales que -se piensa no podrán rendir en el trabajo y mucho menos serán capaces de actuar en consonancia con los «altos valores» sobre que se asienta la vida comunitaria de New Lanark. La esperanza y tesón de Owen demuestran todo lo contrario.

En la factoría no existe policía, jueces ni beneficencia. La vida de los colonos se desarrolla en un ambiente, si no de holgura, al menos sin la miseria habitual en otros barrios industriales. La jornada de trabajo se reduce a 10 horas diarias —contra las 13 ó 14 normales en las fábricas vecinas.

Los beneficios son también más altos que los habituales. En el fondo, en esta primera experiencia de Owen se demuestra solamente que unas condiciones más favorables para el trabajador determinan un aumento en la productividad de éste, y que, por tanto, resultan rentables para el empresario. Esta táctica fue utilizada por el em-presariado con posteridad.

El nuevo replanteamiento le lleva a proponer una reforma en tal sentido y llevada a término por el Gobierno para que tenga la amplitud necesaria. El momento concreto de su propuesta es en 1823. Considera y defiende públicamente que es el camino mejor para combatir la miseria en Irlanda. Hasta aquel momento la sociedad había considerado con un cierto grado de benevolencia los experimentos de aquel «empresario inquieto».

Sin embargo, cuando propone la constitución de colonias en las que no existiría la propiedad privada, donde la religión sería abolida, y el matrimonio suplantado por un contrato privado, entonces la sociedad reacciona con virulencia. Si, además, se propone que la reforma se aplique a toda una nación, entonces el enojo de la «sociedad establecida» llega al paroxismo y destierra al innovador. Ello demuestra que en difinitiva se ponen en cuestión los pilares en que se asienta la organización social del Capitalismo industrial.

En América del Norte, Owen intenta realizar en pequeña escala su reforma. En 1825 se funda New Harmony financiada en parte por él y en parte por filántropos ilustrados. El fracaso es total al cabo de dos años. Se debe, principalmente, a un defecto de base en el planteamiento de Owen y de los socialistas en general.

Resulta en extremo difícil la existencia de pequeñas parcelas organizadas en base a valores opuestos al sistema capitalista. En todo caso, la viabilidad de estas experiencias se basa en la «buena voluntad» de algún filántropo, pero no modifica la situación general de la sociedad y sus estamentos.

Ver: El Cartismo En Inglaterra

Fuente Consultadas:
Todo Sobre Nuestro Mundo Christopher LLoyd
HISTORAMA La Gran Aventura del Hombre Tomo X La Revolución Industrial
Historia Universal Ilustrada Tomo II John M. Roberts
Historia del Mundo Para Dummies Peter Haugen
La Revolución Industrial M.J. Mijailov
La LLave del Saber Tomo II La Evolución Social Ediciones Cisplatina

Imperialismo Europeo en el Sudeste Asiático Indochina e Islas

RESUMEN ERA DEL IMPERIALISMO
REPARTO DE INDOCHINA E ISLAS DEL PACÍFICO

Mientras China y Japón ocupaban en resolver conflictos territoriales mediante enfrentamientos y tratados, el conjunto del Sudeste asiático y la zona del Pacífico eran repartidos entre las potencias europeas, que se adueñaban, al azar, de territorios o de islas sin importancia alguna, esperando que quizá en el porvenir pudieran ofrecer tesoros o algún interés estratégico, y no siempre equivocadamente, a juzgar por los pequeños atolones como el de Bikini (donde los EE. UU. hicieron estallar, en 1946, dos bombas atómicas). Pero otros dos motivos más serios, en lo inmediato, empujaban a los europeos a actuar.

En Siam, en Indochina, franceses e ingleses esperaban encontrar una vía de penetración hacia China. Además del cerco de aquella inmensa China, verdadero Eldorado mítico del siglo XIX, el conjunto del Asia de los monzones interesa a los occidentales por la riqueza y especialidad de sus productos agrícolas. Especias, tés, hevea, son cada vez más buscados, y poderosas sociedades piensan en crear allí plantaciones.

En Indochina, los franceses prosiguieron su avance. Después de haber pensado que el Mekong podría servir de vía de penetración en China, se percataron, con Francis Garnier, de que el Río Rojo sería mucho mejor. Sobrepasado por los franceses, instalados ya en sus posesiones de Cochinchina y de Camboya, el gobierno se ve, con frecuencia, ante el hecho consumado: la guerra con China en 1885 y el tratado de 1886 le entregan Tonkín y Anam. En 1893, bastaron dos cañoneros franceses, enviados desde Bangkok, para que Siam le ceda Laos.

Desde entonces, la Indochina francesa forma un conjunto homogéneo. No es un gran trampolín sobre China, pero su aprovechamiento parece prometedor. Gracias a Paul Doumer, futuro presidente de la República Francesa, se emprenden grandes obras públicas. Francia es ya una gran potencia asiática, pero el Japón goza también de un gran prestigio allí. Muchos anamitas quieren estudiar en Japón, y se forman partidos nacionalistas.

Siam, por su parte, consigue, a duras penas, conservar su independencia. La oposición franco-inglesa era, por lo demás, la mejor garantía. Sin embargo, como réplica a la anexión de Laos, Inglaterra se anexionó las provincias occidentales de Siam. La independencia de este país parecía anacrónica, en una Asia que los europeos pretendían administrar y civilizar. Felizmente para el Siam, estalló la guerra de 1914, que atrajo la atención de toda Europa.

El rey Rama IV tuvo la audacia de declarar la guerra a Alemania en 1917 y de firmar en la conferencia de la Paz «como aliado». En Indonesia, los holandeses desarrollaron al máximo el sistema de plantaciones, suministrando así a las industrias y al comercio de Amsterdam materias primas y buenas fuentes de ingresos. Pero los europeos no tardarían en sufrir la competencia de Estados Unidos, que, después de la guerra contra España, en 1898, había obtenido un protectorado sobre las Filipinas. El Sudeste asiático estaba, pues, casi totalmente, ocupado por las potencias europeas.

 uso de la nueva moda europea en asia

Discución en el Palacio Imperial el uso de la nueva moda europea

EL REPARTO DE LAS ISLAS DEL PACÍFICO
Los europeos se extasiaban ante aquellas civilizaciones perdidas, negro-orientales, me-lanesias o micronesias, o de los blancos salvajes de la Polinesia. Después de los exploradores, los misioneros se habían esforzado por convertir al cristianismo a aquellos hombres primitivos, que estaban todavía en la Edad de la piedra pulimentada. Pero, envueltos en la lucha de los misioneros católicos o protestantes, los gobiernos no tardaron en tener que actuar.

Tras el tiempo del folklore y de la fe y de la aventura, llegó el tiempo de la explotación, con el interés por las riquezas reales o supuestas de las islas. Los franceses tienen Tahití y Nueva Caledonia. Los ingleses ocupan las Islas Fidji. Pero, pasada la época en que Bismarck se negó a preocuparse de la adquisición de colonias (por ejemplo, no quiso escuchar a la casa Hanseman, que le animaba a plantar la bandera alemana en Nueva Guinea), las dificultades económicas y la Weltpolitik de Guillermo II hicieron de Alemania un nuevo candidato al reparto.

A pesar de algunas crisis, los diplomáticos aseguran el porvenir de las diversas islas o de los archipiélagos. Los Países Bajos, Alemania y Gran Bretaña se repartieron Nueva Guinea. Los Estados Unidos ocupan las islas Hawai. Franceses e ingleses dominan en Polinesia, los alemanes en Melanesia, y los americanos en Micronesia. Pero este reparto europeo tenía sus problemas, pues la población seguía sufriendo enfermedades, y el canibalismo no había desaparecido aún.

A partir de entonces, los trabajos forzados o las deportaciones impuestas por las potencias europeas, unidos a los daños fisiológicos originados por el consumo de alcohol, amenazaron a las poblaciones oceánicas, como la llegada de los europeos a América había amenazado con el exterminio de la población india. Decididamente, tanto en Oceanía como en Asia, el encuentro de las distintas civilizaciones fue muy violento.

Las civilizaciones indígenas no podían defenderse. Frente a aquella presión, no había más que dos soluciones: sometimiento o superación. Contradicción doloro-sa que, antes de 1914, sólo el Japón había acertado a resolver.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IX La Gran Aventura del Hombre
Biografía de GANDHI Heimo Rau Biblioteca Salvat – Grandes Biografías –

La Era del Imperialismo Europeo Colonizacion de Africa y Asia

RESUMEN IMPERIALISMO EN ASIA Y ÁFRICA

el imperialismo

Causas de la expansión colonial

Formación del imperio británico

Francia y otras potencias coloniales

El reparto de África

Consecuencias de la colonización

La Descolonización

Imperialismo Europeo en Sudeste Asiático

¿Qué es el imperialismo?
En principio, el término “imperialismo” se refiere a la acción de establecer y mantener un imperio. Implica el deseo y la práctica de una potencia de establecerse y dominar territorios que no posee, que, en general, están lejos de la metrópoli, y habitados por otros pueblos. Ese dominio puede lograrse por diversos medios.

El más utilizado por las potencias europeas fue la fuerza: el enfrentamiento armado y la ocupación militar. Sin embargo, también puede ocurrir que la presencia de una potencia extranjera sea considerada por ciertos sectores de la población autóctona como ventajosa para mantener ciertos privilegios. Entonces, puede darse el caso de que esos grupos presten colaboración política a los ocupantes.

Los argumentos utilizados por los europeos para justificar las políticas imperialistas a fines del siglo XIX fueron muchos y variados.

La justificación económica. En aquellos años, las economías europeas estaban ávidas de los mercados ultramarinos: de su mano de obra barata, de sus materias primas y de sus tierras productivas. Esta necesidad llevó a la defensa y a la consolidación de políticas exteriores, que bregaban por el mantenimiento del dominio sobre grandes extensiones de territorio y de numerosos pueblos sometidos.

La justificación por la imagen de la nación. En otros casos, el dominio colonial obraba como una manifestación del poderío nacional y como fuente de prestigio.

La justificación por la misión de las potencias “civilizadas”. Un argumento muy empleado era que los europeos tenían la responsabilidad y el deber de civilizar a los pueblos que sometían. Este argumento descansaba en la oposición entre “civilización” y “barbarie”. Se llegó a sostener que el imperialismo era necesario para lograr un orden mundial pacífico, ya que, con la existencia de naciones “bárbaras”, la paz era un estado excepcional.

La justificación social. Otra justificación consistía en que, para aliviar a las metrópolis, había que conquistar nuevas tierras donde instalar el exceso de población y colocar los productos de las industrias metropolitanas.

A pesar de la difusión de estos argumentos, el imperialismo nunca logró una adhesión unánime. Desde principios de nuestro siglo, comenzó a ser objeto de controversias. Entre aquellos que condenaban las políticas imperialistas podían encontrarse algunos liberales y, sobre todo, los políticos de izquierda, como los socialistas. Los que condenaban el imperialismo advertían que la búsqueda de la dominación política, de materias primas y de mercados para explotar implicaba violentar a los colonizados y relegaba -cuando no los eliminaba- los intereses de los nativos.

La presencia de las potencias extranjeras implicó consecuencias altamente negativas -muchas de las cuales todavía continúan vigentes- para los pueblos colonizados: los nativos fueron obligados a trabajar hasta el límite de sus posibilidades, los recursos productivos fueron explotados indiscriminadamente, entre otras cosas. Además, muchas veces, sobre todo en África, el dominio colonial significó la destrucción de las tradiciones que constituían el patrimonio cultural de esos pueblos.

Durante los años de apogeo del imperialismo (fines del siglo XIX y comienzos del XX), la realidad colonial también repercutió en las potencias e invadió todos los aspectos de la vida cotidiana en las metrópolis. Las colonias desempeñaban un papel muy importante en la economía y en la política, pero también en la vida cultural de las sociedades metropolitanas. La enorme cantidad de funcionarios, comerciantes, estudiosos, artistas y viajeros de toda clase que circulaban por las colonias difundían en las metrópolis su particular visión de la situación que reinaba en ellas.

Las Potencias Imperialistas
Durante la segunda mitad del siglo XIX, los estados de Europa occidental concentraban una cuota de poder sin precedentes. Este poder -económico, político y militar- permitió a los centros imperiales metropolitanos una importante adquisición y acumulación de personas y de territorios. Hacia 1800, las potencias occidentales poseían el treinta y cinco por ciento de la superficie terrestre. En 1878, la proporción era del sesenta y siete por ciento. En 1914, la superficie dominada por Europa ascendía al ochenta y cinco por ciento del total. En un principio, Gran Bretaña y Francia eran las potencias que poseían mayor poder. Más tarde, también se destacaron Alemania y los Estados Unidos.

A fines de siglo, el Imperio británico era el mayor del planeta: las posesiones coloniales inglesas abarcaban aproximadamente el veintitrés por ciento de la población mundial y el veinte por ciento de la superficie terrestre. Sus dominios más importantes eran la India, Sudáfrica, Australia, Canadá y Egipto y Birmania.
El Imperio francés era el segundo en importancia. Francia ocupaba la mayor parte del África noroccidental y ecuatorial, Madagascar y Somalia. En el sudeste asiático, los franceses ocupaban los territorios que actualmente corresponden a Vietnam, Laos y Camboya.

En la década de 1880, Alemania se incorporó a la carrera imperialista y estableció colonias en los territorios de Togo, Camerún, Namibia y Tanzania. Otros estados europeos (Bélgica, Italia, España y Portugal) también ocuparon territorios, pero en una escala menor: Leopoldo u, el rey de Bélgica, ocupó el Congo y Portugal, dominó Angola y Mozambique. Italia se estableció en Eritrea y parte de Somalia y España tomó posesión de parte del Sahara y Guinea.

El imperialismo también involucró a otras potencias no europeas. A fines de la década de 1890, los Estados Unidos intervinieron militarmente en América Central y el Caribe, y en el Pacífico (Filipinas). En Asia, el Japón inició su expansión hacia las islas cercanas y hacia la costa asiática oriental.

Consecuencias: A menudo la influencia que los europeos ejercieron sobre ellos las zonas dominadas fue enorme y, en ocasiones, devastadora (en el sentido más literal de la palabra). Por ejemplo, las enfermedades que trasladaron los barcos europeos estuvieron a punto de exterminar a algunas comunidades isleñas del Pacífico, hasta entonces protegidas por el aislamiento, del mismo modo que —dos o tres siglos antes— habían provocado una elevadísima mortandad en las Américas. Exponer a toda la raza humana a las mismas infecciones fue una execrable manifestación de la forma en que Europa convirtió el planeta en «un solo mundo». Sin embargo, hubo factores de compensación. La llegada de las enfermedades fue acompañada por la introducción de la medicina científica occidental. Tal vez ahora sus remedios no sean tan impresionantes, pero fueron infinitamente mejores que todo de cuanto disponían en muchas regiones del mundo antes de la llegada del europeo.

Las armas europeas barrieron pueblos provistos tan sólo de lanzas, pero también llevaron un nuevo orden y seguridad a muchas regiones que podían volverse —y al final se volvieron—contra los europeos. Aunque sus consecuencias fueron considerables, en la desorganización de otras civilizaciones probablemente las armas y la tecnología influyeron menos que las ideas europeas.

Los japoneses se vieron obligados a abandonar el aislamiento en que habían vivido con los Tokugawa y a tomar prestadas las ideas europeas. En China y en India las repercusiones de las ideas occidentales fueron aún más trascendentales. En virtud de las presiones de la modernización, concluyeron en China dos milenios de dominio imperial. En India, a pesar de su lenta evolución, los sentimientos nacionalistas fueron deliberadamente esgrimidos por dirigentes que apelaron a ideas occidentales más que a las de sus culturas tradicionales.

Las obras de reformistas y revolucionarios de Asia son el mejor ejemplo de que las influencias más profundas —aunque no siempre las más evidentes— de la expansión de la civilización europea sobre los no europeos impregnaron el modo de pensar de esos pueblos. Como Europa misma también evolucionaba deprisa, hubo un elemento paradójico.

Los europeos de 1914 ya no veían el mundo con la misma mirada que sus predecesores de 1800; muchas de las cosas que entonces dieron por sentadas ya no eran seguras un siglo después: las opiniones sobre el lugar adecuado de las mujeres en la sociedad, la importancia de las creencias religiosas o el derecho a gobernar de las antiguas dinastías.

LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL
La Primera Guerra Mundial —verdadera “guerra civil” europea— tiene como causa fundamental la determinación de un nuevo reparto del mundo entre las potencias imperialistas. El acelerado desarrollo industrial de Alemania había logrado incorporar el desarrollo tecnológico creado por las naciones europeas más viejas, pero su capacidad industrial requería un desarrollo paralelo de mercados para sus productos y materias primas baratas para la industria.

Por las circunstancias políticas de la etapa inmediatamente anterior, su dominio colonial era insuficiente para estas nuevas y crecientes necesidades. Paralelamente, Inglaterra y Francia veían descender la demanda de sus productos como consecuencia del desarrollo industrial de Alemania y Estados Unidos. El elemento desencadenante de la guerra —precedida por un largo período de “paz armada” entre las potencias— tiene un papel anecdótico: lo fundamental es la lucha por el control político y económico de las colonias.

El Tratado de Versalles —que fija las condiciones del armisticio— es el símbolo del reordenamiento de las fuerzas políticas entre los países de Occidente.

Destruido el poder de Alemania, los ingleses y franceses se reparten los beneficios obtenidos por el triunfo. Pero el verdadero vencedor de esta guerra es Estados Unidos que, habiendo entrado tardíamente en ella, logra capitalizar las necesidades europeas. Apartados de las actividades normales del período de paz por la confrontación armada, dejan abierto un vacío que es rápidamente llenado por la producción norteamericana.

Estados Unidos se convierte en principal exportador de minerales, productos semielaborados y elaborados, municiones, materias primas y alimentos. Por otra parte, reemplaza con su propia industria los productos europeos que antes importaba, lo que determina un amplio desarrollo, en especial de las industrias químicas.

De esta forma, la hegemonía financiera-industrial en el nivel internacional se desplaza desde Londres hacia Nueva York: Wall Street comienza a ser el centro financiero por excelencia. Pero la primera guerra tiene, por otra parte, consecuencias no previstas por las potencias que la habían desencadenado.

El gobierno de la Rusia zarista, conmovido por profundas contradicciones internas que la guerra termina por hacer estallar, se derrumba ante la ofensiva de los soviets de obreros y campesinos encabezados por Lenin, y el Partido Bolchevique toma el poder para instaurar el primer estado socialista mundial.

La implantación del poder comunista en Rusia va a crear un nuevo tipo de contradicciones en el nivel internacional.Las potencias occidentales reconocen el peligro que genera la existencia de un poder que cuestione él sistema capitalista y se consolide internamente en el plano político-económico. En esta medida, inmediatamente después de la finalización de la Primera Guerra, se organiza el acuerdo de las potencias imperiales —Estados Unidos, Inglaterra, Francia y Japón— que, apoyadas en los sectores zaristas contrarrevolucionarios de Rusia, llevan adelante, tres intentos de invasión entre los años 1919 y 1921; todos terminan con la más absoluta derrota. Luego de estos fracasos, los países imperiales elaborarán una política de aislamiento de la URSS —política que los Estados Unidos reproducen en Cuba a partir de 1962—, pero los intentos de nuevas invasiones son definitivamente descartados.
Mientras tanto, el poder soviético logra consolidarse internamente y, al comenzar la Segunda Guerra Mundial, la URSS —a través del desarrollo autónomo de su industria pesada implantado por el régimen stalinista— se ha transformado en una potencia económica y militar.

Pero este desarrollo se generó a cambio de un alto costo político y social. En los años de entreguerras y luego de la muerte de Lenin, la “dictadura del proletariado”, como concepción de un poder popular ha sido desplazada por la
dictadura de Stalin, como poder de una burocracia.

Al mismo tiempo, el desarrollo de movimientos nacionales en los países coloniales y dependientes comienza a consolidarse con un contenido social y de masas gestando, en el período que media entre las dos guerras, las condiciones que van a madurar a partir de la Segunda Guerra Mundial. El fenómeno del nacionalismo es tal vez una de las más ricas expresiones que presenta el desarrollo político del Tercer Mundo. Con características propias en cada región, el nacionalismo de los países dominados no puede ser equiparado al nacionalismo de las grandes potencias.

Al encontrarse los sectores privilegiados comprometidos con la dominación, la liberación nacional pasa a ser una bandera de las masas populares. La afirmación nacional y la liberación social se convierten así en partes inseparables configurando una de las características definitorias del Tercer Mundo. Lo que va a signar globalmente este período es, precisamente, el desarrollo de movimientos políticos que hacen sus primeras experiencias masivas en una perspectiva nacional y antiimperialista.

El nacionalismo colonial de “élite” es reemplazado, en esta etapa, por un nuevo nacionalismo que intenta nuclear a los distintos sectores de la sociedad capaces de oponerse a las metrópolis dominantes. Expresión de este fenómeno es el movimiento “4 de mayo” que se desarrolla en China en 1919.

Otras potencias menores
En el reparto colonial hubo otros países europeos que intentaron consolidar sus posiciones o hacerse también de algunas colonias. Bélgica consolidó sus posesiones en África —territorios del actual Zaire— que, más que una empresa nacional, fue el fruto de la codicia y la astucia personal de Leopoldo II.

Holanda modernizó la explotación de sus colonias de las Indias Holandesas —actual Indonesia—, mejorando las comunicaciones, estableciendo una administración centralizada y creando plantaciones modernas de caucho, especias y tabaco.

Portugal creyó posible establecer un imperio colonial desde la costa del Atlántico al Indico, pero tuvo que renunciar al recibir un ultimátum de Gran Bretaña en 1890; aunque a través de acuerdos diplomáticos, y con el consentimiento británico, logró extender enormemente sus territorios a finales de siglo, desde las escasas franjas costeras que ya controlaba, hasta alcanzar una superficie de más de dos millones de kilómetros cuadrados (Angola, Mozambique y Guinea-Bissau).

España, además de la pequeña colonia de Guinea Ecuatorial, recibió el derecho a establecer un protectorado sobre el Rif, en el norte de Marruecos, además del territorio del Sahara occidental.

Italia inició su expansión colonial en 1882, en gran medida por su rivalidad con Francia, por razones de prestigio nacional, y también para hacer olvidar el “irredentismo” (aspiraciones territoriales sobre el sur del Tirol y el Adriático). Italia se anexionó Somalia y Eritrea, y más tarde estableció un protectorado sobre Abisinia, pero al querer convertir el protectorado en colonia, los italianos fueron derrotados por lo que tuvieron que renunciar incluso a mantener el protectorado. En 1912 declaró la guerra al débil imperio turco, y se anexionó Libia —que se convirtió en una colonia— y las islas del Dodecaneso.

Con esa conquista, en 1912, solamente el pequeño Estado de Liberia y el reino de Abisinia estuvieron libres de la colonización europea.

Documento, Sobre el Imperialismo Colonial

“La colonización es la fuerza expansiva de un pueblo, es su potencia de reproducción, es su dilatación y su multiplicación a través del espacio; es la sumisión del universo o de una gran parte de él a su lengua, a sus costumbres, a sus ideas y a sus leyes. Un pueblo que coloniza es un pueblo que pone las bases de su grandeza futura. Todas las fuerzas vivas de la nación colonizadora se ven acrecentadas por este desbordamiento hacia fuera de esta desbordante actividad.

Desde el punto de vista material, el número de los individuos que forman la raza, aumenta en una proporción sin límites; la cantidad de recursos nuevos, de nuevos productos, de equivalentes de cambio hasta ahora desconocidos que demandan la intervención de la industria metropolitana, es inconmensurable; el campo que se abre a los capitales de las metrópolis y el dominio explotable que se ofrece a la actividad de sus ciudadanos, son infinitos. Desde el punto de vista moral e intelectual, este acrecimiento del número de las fuerzas y de las inteligencias humanas, estas condiciones diversas en las que todas estas inteligencias se encuentran situadas, modifican y diversifican la producción intelectual. ¿Quién podrá negar que la literatura, las artes y las ciencias de una raza determinada, al ser amplificadas de este modo, adquieren una pujanza que no se encuentra en otros pueblos, de naturaleza más pasiva y sedentaria? (…)

Sea cual fuere el punto de vista en que nos situemos (…) siempre nos encontraremos con una verdad incontestable: el pueblo que coloniza más, es el primer pueblo; y si no lo es hoy, ya lo será mañana.”

P. LEROY-BEAULIEU:
De la colonisation chez les peuples
modemes. París, 1870

Leroy-Beaulieu, economista francés y uno de los más brillantes teóricos de la colonización

Fuente Consultada:
Ciencias Sociales Historia EGB 9 Luchilo-Privitellio-Paz-Qués
Enciclopedia de los Grandes Fenómenos del Siglo XX Tomo 1
Historia Universal Navarro-Gárgari-González-López-Pastotiza-Portuondo

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Origen del Movimiento Obrero en el Siglo XIX Resumen Pensadores e Ideologias

Origen del Movimiento Obrero en el Siglo XIX

ORÍGENES DEL MOVIMIENTO OBRERO: La industrialización provocó la aparición de una clase social nueva, el obrerismo industrial o proletariado, agobiada por problemas generales, no específicos de un país. Para responder a estos problemas algunos pensadores sociales presentaron otros modelos de sociedad y proporcionaron a los obreros de todas las naciones industriales la conciencia de que les unían problemas comunes, por encima de las fronteras. Esta movilización internacional del proletariado representa otro de los fenómenos básicos del mundo contemporáneo.

A muchos capitalistas no les importaba que sus trabajadores, a veces niños de siete años, trabajaran 12 ó 14 horas por día en condiciones insalubres, con graves riesgos físicos. Su única preocupación era aumentar la producción al menor costo posible, es decir, pagando el salario más bajo que se pudiera, aprovechándose de la gran cantidad de desocupados que había. Esta situación de injusticia llevó a la aparición de los primeros sindicatos de trabajadores y de huelgas en demanda de aumentos de sueldo y de mejoras en las condiciones de trabajo. La unión de los trabajadores posibilitó la sanción de las primeras leyes protectoras de sus derechos y, consecuentemente, el mejoramiento progresivo de su calidad de vida.

Desde la Revolución Francesa y durante el ciclo de las revoluciones burguesas, los trabajadores se habían movilizado y luchado junto a la burguesía, en contra de los privilegios de la aristocracia. Pero a medida que comprendieron que la situación de explotación que sufrían era resultado de la industrialización, comenzaron a plantear sus propias demandas, a elaborar sus propias ideas. El movimiento obrero, poco a poco, se fue alejando de su alianza con la burguesía.

LAS IDEOLOGÍAS: En 1848 Marx y Engels lanzan su famoso llamamiento a los proletarios de todo el mundo. En ese texto fundamental denunciaban la apropiación de los beneficios del progreso por la clase burguesa. Se considera frecuentemente como la biblia del movimiento obrero o al menos del socialismo denominado científico.

En realidad movimientos de protesta obrera pueden documentarse casi desde los comienzos de la Revolución Industrial. Habían quedado sofocados. Resurgieron de nuevo en la gran convulsión revolucionaria de 1848. Pero, nuevamente, en la ola de prosperidad que inundó Europa en torno a 1850, quedaron adormecidos y la clase obrera se encontró sin dirigentes. Entre 1850 y 1880 el crecimiento industrial fue fantástico.

En Inglaterra la instalación de máquinas de vapor se multiplicó por seis. Y en correlación se multiplicaron las huestes obreras.

Dotada en esta fase de una conciencia más clara, la clase obrera no centraría su actividad en la protesta de empresa sino en la organización y en la solidaridad internacional de clase.

movimiento obrero

La Revolución Industrial significó naturalmente el aumento de poder de la burguesía y la consolidación del capitalismo contemporáneo. Un capitalismo que estaba basado en la propiedad privada de los medios de producción, en la explotación del proletariado y que tenía como doctrina la propia del liberalismo económico y social. Doctrina según la cual, el Estado no debía intervenir en las cuestiones económicas y sociales, sino que, por el contrario, debería permitir que los individuos organizasen como mejor quisieran sus empresas y negocios.

Naturalmente, en la práctica esto supone el dominio del fuerte sobre el débil; el imperio absoluto de los patronos sobre los obreros, que carecían por completo de protección. Durante cierto tiempo la clase trabajadora europea no supo reaccionar; pero poco a poco, a medida que crecía su número y aumentaba su miseria, comenzó a moverse.

En este despertar jugaron un papel importante un conjunto de intelectuales que hicieron suyos los procedimientos y la subyugación de los obreros. Fueron los primeros socialistas. La ideología socialista surgió, pues, en la primera mitad del siglo XIX, como oposición al capitalismo. Y puesto que el capitalismo estaba basado en la propiedad privada de unos pocos y en la no intervención del Estado, el socialismo predicó que la propiedad de los medios de producción debería estar en manos de toda la comunidad y que era obligación del Estado ordenar e intervenir en la economía para los trabajadores.

Muy pronto los obreros de Europa comenzaron a pensar que lo mismo que la burguesía había hecho su revolución contra la aristocracia, el proletariado debería hacer la suya contra el Estado burgués; y lo mismo que los burgueses destruyeron la monarquía absoluta introduciendo la libertad política, los trabajadores, sin renunciar a las libertades ya conquistadas, tendrían por fuerza que lanzarse a la consecución de la igualdad social.

Desde entonces, en efecto, la revolución cambió de protagonistas. Los movimientos revolucionarios que tuvieron lugar a partir de la mitad del siglo XIX ya no serán protagonizados por burgueses, sino por obreros. Como Inglaterra era el país más industrializado de Europa, fue allí donde más fuerza cobraría el pensamiento socialista.

Entre los primeros teóricos de la nueva doctrina hay que citar a Robert Owen (1771-1858), propietario de una industria textil de Escocia, que se dedicó a intentar mejorar la condición obrera, llegando a fundar una colonia en América basada en la propiedad y en el trabajo comunes, aunque no tuvo éxito. Pese a este fracaso, sus discípulos fueron los impulsores del movimiento obrerista.

Mayor importancia tuvo el francés Louis Blanc (1811-1882), que publicó una obra titulada La organización del trabajo (1839), de decisiva influencia en su época. Blanc proponía un sistema económico en el que una parte de la industria estuviese en manos del Estado, y otra en poder de los trabajadores.

Con todo, el más importante de los pensadores socialistas del siglo XIX fue Karl Marx (1818-1883), quien en colaboración con su amigo Friedrich Engels (1820-1895) escribió diversas obras que constituyen el soporte teórico de la ideología socialista. A él se debe la teoría según la cual, al ser el trabajo del hombre lo único que crea riqueza, esta riqueza debe quedar en manos del obrero que la produce.

Marx consideraba, además, que el capitalismo llevaba en sí mismo los gérmenes de su propia destrucción y que una revolución obrera llevaría a una sociedad justa y libre, en la que cada ciudadano aportaría en función de sus posibilidades y recibiría de acuerdo con sus necesidades. Desde otros supuestos surgieron también teóricos de otra concepción de las relaciones entre los hombres y las clases sociales: el anarquismo.

SOCIALISMO UTÓPICO: El socialismo utópico Una corriente ideológica precursora de los movimientos socialistas fue el socialismo utópico, que tuvo especial importancia en las primeras décadas del siglo XIX. De forma global, se caracterizaba por su crítica a la situación social creada por el capitalismo europeo, y por el carácter predominantemente moral de sus teorías, en el que se aunaban influencias románticas y cristianas, hasta desembocar en una concepción casi mística de la vida y de las relaciones laborales.

Así, Saint-Simon (1760-1825) abogaba en sus escritos por un tipo de sociedad basado en un fuerte desarrollo industrial y gobernada por un conjunto de sabios, banqueros y empresarios que debería respetar determinadas normas morales y favorecer a las clases más humildes.

Charles Fourier (1772-1837) ideó una nueva sociedad organizada en torno a una red de cooperativas de producción (falansterios), cuyo funcionamiento describió hasta en sus más mínimos detalles. Etienne Cabet (1788-1856), por su parte, inspirándose en Utopía de Tomás Moro, publicó en 1840 Viaje a Icaria, descripción utópica de un mundo fundado sobre la colectividad de la propiedad y la práctica de una fraternidad ideal.

Estas teorías dieron lugar a diferentes intentos de creación de comunidades, pero hacia la mitad del siglo XIX o habían fracasado o se habían convertido en corporaciones comerciales.

Todos rechazaban una sociedad desigual, los socialistas utópicos se preocuparon por buscar un nuevo sistema social que garantizara el interés general. Aunque hubo una gran diversidad de escuelas y de movimientos, casi todos estaban de acuerdo en unas cuantas proposiciones fundamentales:

a) La sustitución de la propiedad privada de los medios de producción por formas de propiedad colectiva (cooperativa, comunal, socialista, etc.).

b) La defensa de la libertad; la democracia y la soberanía popular: en resumen, el compromiso para combatir la tiranía.

c) La necesidad de reformas para mejorar la situación de las clases populares. Propugnaban la intervención estatal, la protección de los niños y de las mujeres, la asistencia sanitaria, la igualdad de los sexos, etc.

d) La existencia de la lucha social como un hecho inevitable. Definieron los conceptos de burguesía, proletariado y clase social y comenzaron a perfilar la teoría de la lucha de clases, aunque diferían en las fórmulas revolucionarias para la transformación de la sociedad.

cuadro movimiento obrero

Sintesis evolución del movimiento obrero

Reivindicación de la jornada de ocho horas
Nosotros, Asamblea de los sindicatos del cinturón industrial de Chicago en representación de los trabajadores organizados, declaramos que la jornada de ocho horas permitirá dar más traba jo y mejores salarios. Declaramos que permitirá la posesión y goce de mayores riquezas a los que las crean. Esta ley aliviará la carga de la sociedad dando trabajo a los parados. Disminuirá el predominio del rico sobre el pobre, no porque el rico vaya a ser pobre, sino porque el pobre se enriquecerá. Creará las condiciones necesarias a la promoción intelectual de las masas. Disminuirá el crimen y la intemperancia. Para los obreros, supondrá un aumento de posibilidades de control de las condiciones de vida a las que se les somete. Aumentará las necesidades, estimulará la ambición y disminuirá el conformismo de los obreros. Estimulará la producción y aumentará el consumo de bienes entre las masas. Hará necesario el empleo cada vez más extendido de máquinas para economizar la fuerza de trabajo. No perjudicará, no turbará, no perturbará el actual sistema de remuneración del trabajo. Al contrario, es una medida que tenderá, de manera permanente, a acrecentar los salarios sin aumentar por ello el coste de producción de las riquezas. Disminuirá la pobreza y aumentará el bienestar de todos los asalariados. Y gracias a esta ley, en algunos años, el actual sistema salarial desaparecerá para ceder el sitio a un sistema de cooperación industrial en el cual los salarios representarán ganancias y no (como ocurre ahora) el mínimo necesario al asalariado. (1882)

LA LUCHA DE LOS OBREROS EN LA ARGENTINA

LUCHA DE LOS OBREROS EN ARGENTINA

“El 1° de Mayo de 1890, los obreros elevareron al Congreso de la Nación un documento con 7.431 firmas en el cual se solicitaba, entre otras cosas jornada de trabajo de 8 horas; prohibición de! trabajo de niños; abolición del trabajo nocturno: prohibición del trabajo de mujeres en determinadas industrias; inspección de fábricas y talleres; seguro obligatorio contra los accidentes del trabajo a cargo de empresarios y Estado; creación de tribunales de conciliación para solucionar los conflictos laborales.”

Ernesto A. Isuani. Los orígenes conflictivos de a seguridad social argentina, Buenos Aires, Centre
Editor de América Latina, 1985.

EL DÍA DEL TRABAJADOR
“La movilización desencadena casi 5.000 huelgas, y 200.000 obreros consiguen que la jornada se reduzca a diez horas. Llega mayo de 1886 y Chicago presencia las trágicas jornadas del 1,° y el 3 cuando, en las cercanías de la fábrica Mac Cor-mick, la policía hace fuego contra los manifestantes causando muertos y heridos […]. (A raíz de este hecho y en homenaje a los obreros caídos -los Mártires de Chicago- el movimiento obrero internacional adopta el 1.° de Mayo como la fecha símbolo de sus luchas contra el capital.)”
Enrique Bourges. Sindicatos por industria.
EL MOVIMIENTO SOCIALISTA EN LA ARGENTINA
El Partido Socialista fue fundado en 1894 por el médico Juan B. Justo, uno de sus principales líderes. El Socialismo argentino adopta en sus líneas generales el pensamiento de la socialdemocracia europea, promoviendo la participación política de los trabajadores. Su mayor incidencia se produjo en las décadas de 1910 a 1930, cuando logró que el Congreso aprobara las primeras leyes de protección a los trabajadores.

Ampliar el Tema: Origen del Movimiento Obrero en Argentina

Dia Internacional del Trabajo: Su Origen Las Conquistas Obreras

“Sólo se crece en una civilización si muchos aportan su trabajo y colaboración al esfuerzo. Si todos prefieren gozar el fruto, la civilización se hunde.” José Ortega y Gasset

El episodio más famoso de la lucha obrera fue el funesto incidente de mayo de 1886 en la Haymarket Square de Chicago: durante una manifestación contra la brutal represión de una reciente huelga dondeuna bomba provocó la muerte de varios policías. Aunque nunca se pudo descubrir quién fue el responsable de este atentado, cuatro líderes anarquistas fueron acusados, juzgados sumariamente y ejecutados.

Imagen: Trabajadores de la Carne en Huelga

Los Hechos: En noviembre de 1884 se celebró en Chicago el IV Congreso de la American Federation of Labor, en el que se propuso que a partir del 1º de mayo de 1886 se obligaría a los patronos a respetar la jornada de 8 horas y, si no, se iría a la huelga.

En 1886, el Presidente de los Estados Unidos, Andrew Johnson, promulgó la llamada Ley Ingersoll, estableciendo las 8 horas de trabajo diarias. Como esta ley no se cumplió las organizaciones laborales y sindicales de Estados Unidos se movilizaron. Llegada la fecha, los obreros se organizaron y paralizaron el país productivo con más de cinco mil huelgas.

La magnitud de la lucha fue tal, que la Federación de Gremios y Uniones Organizadas afirmó: “Jamás en la historia de este país ha habido un levantamiento tan general entre las masas industriales…”. Pero, en Chicago la represión patronal fue brutal. En una concentración estalló una bomba y murió un policía. Se ordenó el arresto de los culpables y comenzó un proceso de allanamientos de imprentas de domicilios privados y de persecución. Hubo ocho detenidos y fueron condenados a la horca. A ellos se los llamó “Mártires de Chicago”, por la injusta condena realizada en esa ciudad norteamericana.

El procedimiento mediante el cual fueron condenados los ocho detenidos fue parcial. La condena se realizó antes del juicio.

En 1889, París, una conferencia internacional de trabajadores toma la decisión de que todos los 1º de mayo paralizarían sus actividades los obreros del mundo. Así quedó instituido el Día del Trabajo. Paradójicamente en el lugar de los hechos este día se conmemora en septiembre.

Al año siguiente, en 1890, quince naciones reunidas en Berlín, realizaron el tratamiento de la intervención del Estado en lo relacionado a las tareas laborales. Así nació la idea y la necesidad de crear un organismo internacional que velara por los Derechos y Deberes emanados del trabajo, así como informar y asesorar.

Así nació la Oficina Internacional del Trabajo, que más adelante se transformó en OIT (Organización Internacional del Trabajo), con residencia en Ginebra, bajo el control de las Naciones Unidas.

Relato de la ejecución:“…salen de sus celdas. Se dan la mano, sonríen. Les leen la sentencia, les sujetan las manos por la espalda con esposas plateadas, les ciñen los brazos al cuerpo con una faja de cuero y les ponen una mortaja blanca como la túnica de los catecúmenos cristianos… abajo la concurrencia sentada en hilera de sillas delante del cadalso como en un teatro… plegaria es el rostro de Spies, firmeza el de Fischer, orgullo el del Parsons, Engel hace un chiste a propósito de su capucha, Spies grita que la voz que vais a sofocar será más poderosa en el futuro que cuantas palabras pudiera yo decir ahora… los encapuchan, luego una seña, un ruido, la trampa cede, los cuatro cuerpos cuelgan y se balancean en una danza espantable…”

José Marti (Corresponsal en Chicago de “La Nación” de Buenos Aires)

Los Mártires:

El Proceso a los mártires de Chicago, fue una causa judicial dónde fueron condenados a la horca, sin pruebas, varios dirigentes y militantes anarquistas. Los historiadores coinciden en que se adjudicaron a aquellos sindicalistas supuestos delitos para castigar sus ideas políticas y su acción gremial.

El fraudulento proceso judicial llevado a cabo en Chicago tendía a escarmentar al movimiento obrero norteamericano y desalentar el creciente movimiento de masas que pugnaba por la reivindicación de la jornada de ocho horas de trabajo.

Aquellos trágicos hechos ocurridos en Chicago en 1886 -la huelga del 1º de Mayo, la protesta sindicalista y el proceso judicial a los dirigentes y militantes anarquistas- serían tenidos muy en cuenta, años después, por el movimiento obrero internacional que, justamente, adoptó como el Día de los Trabajadores, el 1º de Mayo.

El 11 de noviembre de 1887 se consumó la ejecución de Albert Parsons (estadounidense, 39 años, periodista),August Spies (alemán, 31 años, periodista), Adolph Fischer (alemán, 30 años, periodista) y Georg Engel(alemán, 50 años, tipógrafo). (en la imagen ubicados en el mismo orden de lectura)

Louis Linng (alemán, 22 años, carpintero) se había suicidado antes en su propia celda. A Michael Swabb (alemán, 33 años, tipógrafo) y Samuel Fielden (inglés, 39 años, pastor metodista y obrero textil) les fue conmutada la pena por cadena perpetua y Oscar Neebe (estadounidense, 36 años, vendedor) fue condenado a 15 años de trabajos forzados.

Definición del Trabajo: Esfuerzo personal para la producción y comercialización de bienes y/o servicios con un fin económico, que origina un pago en dinero o cualquier otra forma de retribución. Es una parte o etapa de una obra de un proyecto para la formación de un bien de capital. Labor, deber, relación y responsabilidad que debe realizarse para el logro de un fin determinado y por el cual se percibe una remuneración.

Un Chiste Sobre El Trabajo:
Pedido de Aumento

Jefe, súbame el sueldo!

Un empleado le dice a su jefe:

-Jefe, súbame el sueldo. Le advierto que hay cuatro empresas detrás de mí!

-¿Ah sí? ¿Y cuáles son?

-La del gas, la luz, cable y el teléfono!

LA CELEBRACIÓN DEL PRIMERO DE MAYO: La fecha del Primero de Mayo como jornada reivindicativa de la clase obrera fue propuesta por el Congreso de la Internacional celebrado en París en 1890.

Ahora bien, la fecha del Primero de Mayo había sido lanzada a la palestra por e! movimiento obrero norteamericano como recordatorio de las jornadas de Chicago del año 1886. Ésta era una ciudad con una fuerte presencia anarquista y un movimiento obrero muy reivindicativo. En la primavera de aquel año hubo un importante movimiento huelguístico y en un alboroto callejero una bomba mató a ocho policías. Como represalia fueron detenidos y procesados los principales dirigentes anarquistas.

El proceso conmovió a la opinión mundial, ya que la inocencia de los procesados era evidente. A pesar de ello, cuatro de los acusados fueron condenados a muerte y cuando, en 1893, se revisó el proceso, las irregularidades que se descubrieron dieron como resultado la liberación de los que aún permanecían encarcelados y la rehabilitación pública de los que habían sido colgados. A partir de estos hechos, el Primero de Mayo quedó indisolublemente unido al episodio de los «mártires de Chicago».

Mitin de obreros celebrado en el Teatro del Buen Retiro el 7 de mayo de 1892.

La fiesta oficial
Durante el gobierno peronista, la celebración del 1.° de Mayo tuvo un carácter de fiesta oficial. En La razón de mi vida (1951), Eva Perón sintetizó su concepción de este festejo.

“El 1° de Mayo, que en otros tiempos fue triste celebración de los trabajadores oprimidos, es ahora una de nuestras dos fiestas mayores. […] Antes de Perón, el 1.° de Mayo se reunían los trabajadores en las plazas y en las calles de todas las ciudades del país y sus dirigentes aprovechaban la oportunidad para hablarles.

Los buenos dirigentes, por lo general, tenían muy poco que decir en realidad: (más que hablar de esperanzas, las realidades eran muy pocas, entonces).

Los malos dirigentes, los falsos dirigentes, los que habían aprendido la lección en libros extraños o en tierras extrañas no desperdiciaban la ocasión de agitar a sus compañeros. Ante las escasas realidades que podían ofrecer, y ante la larga espera de las promesas nunca cumplidas, el camino más fácil era excitar a la rebelión y a la anarquía. […]

En vez de gritos con los puños crispados frente a las puertas cerradas de la Casa de Gobierno, el pueblo trabajador argentino celebra ahora cada 1.° de Mayo en una fiesta magnífica que preside desde los balcones de la Casa de Gobierno su conductor en su calidad de ‘primer trabajador argentino’, título sin duda el más preciado por Perón.”

El 1.° de Mayo peronista
Con el peronismo, el 1.° de Mayo se convirtió en una fiesta oficial, asociada a la otra gran celebración, la del 17 de octubre. En ambas se enfatizaba la figura de Perón a quien se le atribuía el título de “el primer trabajador” y los logros de los trabajadores bajo su gobierno.

Con posterioridad a la caída de Perón, las celebraciones del 1.° de Mayo fueron de menor envergadura. Durante la tercera presidencia de Perón, y pocos días antes de su muerte, la celebración del 1.° de Mayo fue el escenario de la explosión del conflicto interno del peronismo entre los grupos de la izquierda peronista y el ala sindical, respaldada por Perón.

CRÓNICA DE LA ÉPOCA:

Un Congreso Internacional Obrero reunido en París resolvió que el 1° de mayo sea, a partir ahora, el Día de los Trabajadores de todo el mundo, y llamó a una movilización mundial para reclamar la jornada de ocho horas, a partir del año próximo. Los trabajadores argentinos estuvieron representados y ya han anunciado que nuestro país será uno de los que celebrarán el primero de Mayo.

La Segunda Internacional creada en París eligió esa fecha en recuerdo de los cuatro dirigentes sindicales ahorcados en Estados Unidos hace dos años, en juicios escandalosamente arreglados por el gobierno, por liderar una huelga reclamando las ocho horas, iniciada el 1 de mayo de 1886. La propuesta fue realizada por el socialista alemán Friedrich Engels, autor junto a Karl Marx del Manifiesto Comunista de 1848.

La Argentina tuvo una doble representación en el Congreso. Una correspondió a Alejo Peyret, un socialista francés que actuó en las barricadas francesas de 1848 y que se radicó en nuestro país al reestablecerse la monarquía en Francia. La otra correspondió al dirigente socialista alemán Wilhelm Liebknecht, en nombre del Club Wórwarts de Buenos Aires.

Finalizado el Congreso, los miembros del Grupo Wórwarts de Buenos Aires han dado a conocer sus planes para que el próximo 1° de mayo trabajadores de todas las corrientes, tanto socialistas como anarquistas, se unan fraternalmente en el Prado Español en Buenos Aires y probablemente en otras ciudades, como Rosario, Bahía Blanca y Chivilcoy.

Su intención es elevar un petitorio al Congreso nacional, reclamando una docena de leyes protectoras del trabajo, encabezado por la jornada máxima de ocho horas, pero también exigiendo limitaciones al trabajo nocturno y al de las mujeres y niños, descanso semanal de 36 horas, un seguro de accidentes laborales, la creación de una oficina estatal de policía de trabajo y tribunales paritarios.

Algunos periódicos porteños han ridiculizado las pretensiones obreras de trabajar sólo ocho horas por día y excluir a los niños de las fábricas, y catalogaron a los sindicalistas como “polillas humanas”. Sostienen que si alguna vez estos desvarios se hicieran realidad, las empresas deberían cerrar o emigrar hacia otros países más atractivos.
El primer 1 de Mayo habrá de realizarse en un momento de crisis, de creación de sindicatos y huelgas en todas partes. Los grupos obreros que actúan en el país lo imaginan como el día en que “el pueblo trabajador de la República Argentina levante por primera vez su potente voz”. (Fuente: Diario El Bicentenario Fasc. N°4 Año 1889)

Ver: Trabajo Infantil

Historia del Movimiento Obrero en Argentina Resumen

BREVE HISTORIA DEL MOVIMIENTO OBRERO EN ARGENTINA

En las últimas décadas del siglo pasado, comenzaron a surgir las primeras fábricas en la Argentina, con un régimen de trabajo similar al europeo: extensas jornadas de trabajo, explotación de menores y mujeres, viviendas insalubres y miserables, etc. La existencia de un proletariado industrial creó las condiciones para la formación de un movimiento obrero integrado en su mayoría por inmigrantes europeos (españoles, alemanes, italianos, franceses, etc.). Los obreros europeos aportaron su experiencia organizativa y de lucha conseguida en los países de origen y fueron importantes en la constitución del movimiento obrero argentino.

EL PROCESO EN LA ARGENTINA

En Argentina se promulgó la famosa Ley de Residencia, que establece igualmente la facultad de deportar extranjeros sin juicio, y la Ley de Defensa Social, son acompañadas de una cada vez más dura represión, en respuesta al crecimiento del movimiento obrero.

El mismo se apoya en el desarrollo cuantitativo de los asalariados de la industria y del transporte, relativamente mayor que en el resto de Latinoamérica a partir del 80, aunque concentrados en la franja litoral que llega desde Rosario a Buenos Aires, y particularmente en esta última ciudad. Ese desarrollo es suficientemente acelerado como para transformar totalmente la relación entre las clases sociales, repercutiendo de modo directo sobre la conducta de la burguesía.

En efecto: el censo industrial de 1887 arrojó 42.321 obreros (sin contar la construcción); el de 1895 (contando la construcción), 170 mil y el de 1913 un total de 410 mil. Posteriormente se carecen de datos estadísticos hasta 1935, a pesar de que en ese lapso se produjo un notorio crecimiento de la industria.

A los solos fines comparativos, puede tomarse en cuenta que en el último año citado (anterior al gran salto industrial de la década) la clase obrera había llegado a un total de 544 mil personas ocupadas.

Esto fue acompañado por una gran actividad organizativa, en la que a poco se formalizan tres tendencias: la anarquista, que es mayoritaria hasta los alrededores de 1920; la socialista (socialdemócrata); y la sindicalista “pura” o tradeunionista. Las tres luchan entre sí por el predominio, y esto se traduce en que, tras un primer momento de unidad relativa en una central sindical única (la Federación Obrera Argentina – R. O. A., creada en 1890), luego aparecen constantemente dos centrales de fuerza variable, fracasando todos los intentos de unidad: ya en 1905 aparecen enfrentadas la F. O. R. A., organizada en el 59 Congreso bajo total control anarquista, y la U. G. T., bajo control predominantemente socialista.

En 1895, ya había veinticinco sociedades gremiales constituidas. En mayo de 1901 surge la Federación Obrera Argentina (FOA). Las manifestaciones obreras a través de huelgas se hicieron frecuentes, alcanzando gran intensidad hacia 1902. En ese año se produce la primera huelga importante que paraliza el transporte y el trabajo portuario (elementos clave de la economía agroexportadora). El objetivo de las primeras manifestaciones obreras fue el aumento de los salarios y mejora en las condiciones de trabajo. En 1894 comienzan los reclamos por la reducción de la jornada laboral. Recién en 1905 se sancionará una ley sobre el descanso dominical y en 1907, la ley de reglamentación del trabajo de mujeres y menores.

Esta, partiendo de 41 sindicatos adheridos, con 41 mil cotizantes, en 1903, llegó a nuclear 95 sindicatos con 102 mil cotizantes en 1906, para decaer a 26 sindicatos y sólo 22 mil cotizantes en 1909. Pero más tarde, al reorganizarse socialistas y sindicalistas en la F. O. R. A. del 9° Congreso, frente a la F. O. R. A. del 59 (que permaneció bajo control anarquista), su actividad y predominio, así como el crecimiento de la clase obrera, se refleja en el salto que llevó de 80 sindicatos y 24 mil cotizantes en 1916 a 367 sindicatos y 308 mil cotizantes en 1919.

Esta actividad organizativa va acompañada por una paralela actividad de lucha, que puede apreciarse en el número de huelgas anuales registradas, aunque, claro está, estos datos no cubren ni agotan la riqueza y las dimensiones de los hechos. En esos límites, las huelgas registradas siguieron la siguiente curva:


Pero, como decía, los datos estadísticos no revelan sino una parte de la realidad: además de las huelgas registradas existen multitud de otras que no lo están, ni de las cifras surge la importancia relativa de las organizaciones, el tipo de obreros que las forman (de talleres o de la gran industria), la magnitud de los paros, la diferencia entre huelgas de empresa y huelgas generales, las diferencias de combatividad, etc. Tampoco, la existencia de organizaciones por fuera de las centrales, y, mucho menos, las luchas aisladas que no llegaron a traducirse en formas organizativas permanentes.

No estaban organizados en relación con las centrales los obreros de los ingenios tucumanos, pero en 1903 estalla allí una huelga de tal magnitud que a F. O. R. A. y la U. G. T. enviaron delegados que actuaron en tareas de organización y en las negociaciones de salarios y condiciones de trabajo. Y era justamente allí, entre los obreros alejados de los grandes centros urbanos y entre los obreros rurales, donde el capitalismo primitivo funcionaba con más dureza y crueldad, donde los abusos, patronales convertían a los obreros en semiesclavos sometidos a condiciones de vida infrahumanas, pues el patrón capitalista ni siquiera estaba interesado, como el amo de esclavos, en mantener con vida a sus trabajadores.

Obreros al salir de una fábrica, se dirigen a una manifestación

El resultado más importante de la huelga en los ingenios fue lograr que los trabajadores recibieran su paga en billetes, y en ese sentido actuaron los mediadores de las centrales obreras. Pero si a Tucumán llegó la acción sindical en 1903, recién hacia 1906 comienza a desarrollarse alguna acción gremial entre los mensús de Misiones y del Chaco. Allí, bajo formas capitalistas, seguían subsistiendo las características del trabajo forzoso, mediante contratos que establecían el trabajo obligatorio, y a través de la utilización directa de las fuerzas policiales locales por las empresas. Basta transcribir el modelo de un contrato de la época en los obrajes para hacerse una idea de lo que esto significaba.

Tampoco es suficiente, para hacer un cuadro de la legislación antiobrera de la época, es recordar las dos leyes generales más conocidas (leyes de Residencia y de Defensa Social). En las leyes particulares, aun en aquellas que otorgaban ciertas concesiones a los trabajadores, se imponían cláusulas contra la actividad sindical. Por ejemplo: la ley de jubilaciones de los ferroviarios, establecía que el derecho a la jubilación implicaba obligatoriamente la renuncia al derecho de huelga (artículo 11 de la ley respectiva).

Esa cláusula sólo fue derogada después de la huelga de 1917, que puede servir de modelo para comprender las condiciones de la época, aun en un gremio relativamente privilegiado como el ferroviario: las huelgas del gremio de 1887 a 1890 lograron algunos éxitos parciales, pero la represión fue creciendo, mediante los métodos “clásicos”: varias asambleas obreras fueron disueltas a balazos por la policía, se multiplicaron los arrestos y, finalmente, fueron encarcelados, condenados o deportados los cuadros más activos, hasta que la Fraternidad quedó disuelta de hecho. Sólo en 1896 pudo reconstruirse trabajosamente, y recién en 1912 se pudo organizar la Federación Obrera Ferrocarrilera, que agrupaba a los trabajadores no calificados.

En 1917 se realizó un pacto de solidaridad entre las dos organizaciones ferroviarias, y esto permitió realizar un paro general del gremio. De inmediato se desató !a represión: en Rosario se fusila a obreros detenidos, en Junín, en los talleres de Constitución, en Sola, y en Mendoza, las tropas del ejército hacen fuego a mansalva sobre las asambleas; la marinería del Crucero Almirante Brown balea a los huelguistas de los talleres del F. C. Sud. Sólo después de una dura lucha, en la que no se pudo quebrar a los huelguistas, el gobierno interviene, e Yrigoyen dicta un decreto anulando el artículo 11 de la ley y estableciendo un aumento general de salarios.

El caso no es aislado, sino que constituye algo así como un “modelo”: patrones y gobierno tratan de impedir la organización obrera. Cuando ésta aparece, la persiguen, cuando comienza la lucha se desata la más dura represión. Finalmente, si los trabajadores han logrado resistir, dejando en el camino decenas y aun centenares de muertos, encarcelados y deportados, se les hace algunas concesiones, apareciendo el gobierno como mediador.

Si la represión logra quebrar a los obreros, la situación de éstos queda como antes o aun empeora. Algunos momentos particulares, caracterizados por la ferocidad de la represión, han quedado en la memoria colectiva: las masacres de 1909, !as de enero de 1919, conocidas bajo el nombre de la Semana Trágica, los fusilamientos de la Patagonia de 1921-22.

En este período, sin embargo, pueden advertirse dos hechos nuevos: por una parte, junto a la represión de la policía y el ejército, aparecen por primera vez grupos civiles armados (la Asociación de! Trabajo y la Liga Patriótica), que prefiguran las organizaciones fascistas de la década posterior. Por otra parte, la represión, más dura que nunca, es acompañada por primera vez en el país por intentos de paternalismo reformista en cierta escala.

El primer hecho, aunque su importancia es fundamental para entender el desarrollo de la lucha de clases, excede los límites de este trabajo, y lo dejaremos en adelante de lado.

El segundo, nos lleva a tratar otra cuestión clave: la del paternalismo y el reformismo. De todo lo reseñado en este capítulo, queda, sin embargo, una síntesis a destacar: la organización sindical obrera nace desde los primeros momentos en que el proletariado aparece como una clase separada en la sociedad capitalista, como una necesidad que surge espontáneamente para defenderse de la explotación y la opresión de la burguesía.

Y la primera respuesta de ésta es, en todas partes, represiva: se legisla contra los sindicatos y la acción sindical, y se reprime ferozmente toda actividad dirigida a disminuir la explotación. Como subproducto de la lucha obrera surgen el paternalismo y el reformismo.

A mediados de la década de 1920 el movimiento obrero tuvo poca influencia política (hubo escaso número de huelgas y los sindicatos eran pequeños y poco representativos). En 1930 se creó la Confederación General del Trabajo (CGT), que estaba compuesta por socialistas, sindicalistas, comunistas y algunos anarquistas. A mediados de esa década, los sindicatos empezaron a crecer en cantidad y en número de afiliados. Si bien los reclamos salariales habían predominado hacia principios del siglo, en la década de 1940 las demandas giraban en torno de los denominados beneficios complementarios: vacaciones, pagos por enfermedad, seguros sociales, compensación por accidentes, etc.

Con el advenimiento del gobierno de Juan Domingo Perón (1946-1955), la idea de una justicia social y los sindicatos controlados por el Estado se convirtieron en elementos clave de su gobierno. Los beneficios para la clase obrera urbana incluyeron: pensiones y protección contra el desempleo, jornada de trabajo de duración definida legalmente, vacaciones pagadas, nueva ley de descanso dominical, indemnización por accidente, controles sobre el trabajo de mujeres y niños, vivienda subvencionada, centros de vacaciones, organismos de empleo y pagos adicionales anuales (aguinaldo). Además, la sanción de la Constitución Justicialista de 1949 -en reemplazo de la Constitución Nacional de 1953- garantizó los derechos básicos del trabajador.

Periódico Obrero en 1908

PARA SABER MAS…
El primer sindicato y la primera huelga.
El 25 de mayo de 1857 se constituyó la Sociedad Tipográfica Bonaerense; en 1878 los tipógrafos, nucleados en la Unión Tipográfica, protagonizaron la primera huelga en busca de mejores condiciones de vida.

En 1887 se organizaron los maquinistas y foguistas ferroviarios, formando la agrupación La Fraternidad. Los obreros panaderos y otros gremios tomaron determinación similar. Las huelgas se hicieron frecuentes. Los obreros exigían jornadas de 8 horas y salarios dignos, prohibición del trabajo a menores de 14 años, abolición del trabajo nocturno de mujeres y menores, mejores condiciones de higiene en los talleres, etc. A veces, algunos conflictos terminaban con el triunfo de los huelguistas, pero no era así en la mayor parte de los casos. El Estado no concebía esos desbordes y la represión frecuentemente era violenta.

Desarrollo del movimiento obrero. En 1887 funcionaban en Buenos Aires más de 10 000 talleres y fábricas —generalmente pequeñas—, que ocupaban a más de 42 000 personas. Con el tiempo, esas cifras aumentaron y el movimiento sindical se hizo más poderoso. El l9 de mayo se celebró por primera vez en 1890, con la participación de miles de trabajadores; en 1894 un mitin realizado en la plaza Rodríguez Peña para lograr la jornada de 8 horas, reunió más de 10 000 personas.

En 1896, cerca de 25 000 obreros participaron en movimientos de fuerza. Estibadores del puerto, constructores de carruajes, telefonistas, tipógrafos, operarios de las usinas de gas, mecánicos, relojeros y joyeros, albañiles, cigarreros, hojalateros, ferroviarios, sastres, etc., hacian sentir asi su protesta ante la injusticia social.

Al comenzar el siglo XX. La acción obrera se intensificó en la primera década del nuevo siglo; en 1907, alrededor de 75 000 obreros participaron en diversos conflictos, al tiempo que buscaban unificar su acción, surgiendo asi la Unión General de Trabajadores (UGT), la Federación Obrera Regional Argentina (FORA), etc.

Entidades políticas, como el Partido Socialista, se hicieron eco de los reclamos obreros y, poco a poco, se fueron imponiendo condiciones más justas, no sin que fracasaran muchos intentos por lograrlas. La fuerza creciente de los movimientos sindicales puede deducirse de estas cifras: en 1915 la FORA contaba con la adhesión de 51 sindicatos y más de 20 000 cotizantes; en 1920 esas cifras habían crecido: 734 agrupaciones obreras contaban con casi 750 000 afiliados.

El movimiento obrero
Por este entonces los obreros ya estaban organizados. Se concentraban en torno a tres tendencias: la socialista, la anarquista y la católica. La primera agrupaba en su mayoría a obreros criollos y extranjeros de ideas no extremistas; […]. El anarquismo intentaba una acción más violenta y a diferencia del socialismo no quería ninguna vinculación con la política. Su organizador en el país Pietro Gori (abogado) “indujo a los anarquistas de la Argentina a abandonar la vieja táctica individualista para encarrilarlos por la organización”. […]. Estas dos tendencias obreras eran de un contenido ideológico liberal que revelaron en manifestaciones favorables al Proyecto de Ley de Divorcio, que se debatiera el año 1902 y resultara rechazado en la Cámara de Diputados por escaso margen: 50 a 48 votos. […] los Círculos Católicos formados por el emprendedor Padre Grote trataban de aunar el proletariado bajo las consignas de la Rerum Novarum, […]. La situación obrera era cada vez peor, la desocupación amenazaba a los hogares, ya el año anterior se había hecho una manifestación de más de 15.000 obreros ante la Casa Rosada para que se considerase su situación. A principios de noviembre la Dirección de Inmigración hizo averiguaciones sobre la desocupación en Rosario, considerándose el exceso de trabajadores de 2.000 a 2.500; el órgano de la F.O.A. dice que había en el país 200.000 desocupados y que la miseria había provocado una emiqración de 79.427 obreros.

Pereyka, Horacio J. La reforma de la Ley electoral del año 1902.

Los Sindicatos y la Política

Los Sindicatos y la Política

SINDICALISMO Y POLÍTICA

La política tiene su base en la economía, está determinada por el desarrollo de las fuerzas productivas y por las relaciones de producción existente. Pero esto sólo quiere decir una cosa: que no pudo existir una política burguesa hasta que nuevas fuerzasproductivas y nuevas relaciones de producción no crecieron lo suficiente dentro del sistema feudal; y que no pudo aparecer una política obrera hasta que las relaciones capitalistas de producción no maduraron suficientemente.

La lucha de clases nace espontáneamente de la existencia de clases contrapuestas, y las clases que expresan la nueva situación histórica son revolucionarias en ese sentido material, piense lo que piense cada uno de sus miembros. Pero si eso produce una preñez histórica que puja por cambiar la situación existente y resolverse en una sociedad nueva, con diferentes relaciones de producción, la preñez no se traduce en e) parto si la clase materialmente revolucionaria no cobra conciencia de la situación existente, de su papel en ella, y de su destino histórico. Es decir: si no es capaz de descubrir y construir su propia política.

La polémica entre reformistas y revolucionarios se basa, justamente, en una diferente apreciación al respecto. Y en ese sentido, su momento más ilustrativo es el que cubre el enfrentamiento dentro de la social democracia en los años anteriores a la guerra del 14, en que se desarrolló la discusión a que hemos aludido entre reformistas y “ortodoxos”. Las opiniones de Bernstein y los demás enrolados en el reformismo se fundaban en la tesis de que el capitalismo podía evolucionar, solucionándose sus contradicciones. Que, al contrario, su propio desarrollo produce y ahonda esas contradicciones, a la vez que crea posibilidades materiales para que la burguesía palie temporalmente el resultado de las mismas.

Y es aquí donde cobra su papel determinante y decisivo la política. Es habitual referirse a los sindicatos, dividiéndolos entre aquellos en que se “hace política” o que hacen política, y aquellos en los que no ocurre así. Habría, pues, un sindicalismo político y otro apolítico. Hemos visto que el llamado sindicalismo puro se precia, justamente, de no ser político, de no hacer política! Hemos visto también (por ejemplo, en el caso brasileño) que se ha tratado, incluso, de prohibir la política en los sindicatos. Pero el criterio del apoliticismo no es otra cosa que tratar de impedir o negar una política e intentar imponer otra.

Los Sindicatos y la PolíticaUn Típico Conflicto Obrero

Esto lo descubre claramente el caso brasileño, pues la prohibición de la política se imponía desde el poder político del Estado. Es decir: desde la política de la clase que dominaba ese Estado. Y el sindicalismo “puro” y demás formas de reformismo no constituyen sino la aceptación por determinados dirigentes del movimiento obrero de la política de la burguesía: el llamado a no enfrentar la represión, a evitarla, y a aceptar las “condiciones impuestas por la clase dominante. O, como decían los “ortodoxos” en la polémica recordada, a aceptar el “soborno”.

Esto se expresa de modo descubierto cuando el reformismo es político, cuando se formula como una propuesta abierta de “evitar” lo que suelen llamar “excesos” de la lucha de clases, o cuando se niega su existencia, y se apela, como hacía Bernstein en Alemania o Justo en la Argentina, a la conciliación, a que unos y otros (obreros y patronos) se eduquen, dejen de lado la violencia, y aprendan a colaborar y a caminar juntos en un proceso evolutivo hacia la concordia final.

Es conocido en la Argentina que Juan B. Justo, confiaba de tal modo en ese tipo de política que dedicó su libro más importante no sólo al “pueblo” sino también a las “personas de toda condición” (es decir, también a las clases dominantes) esperando “enseñarles”, educarlas para que aceptaran la evolución hacia la “desaparición del salario”. Suponía, por ejemplo, que “en Bélgica y en Austria había aparecido e! sufragio universal, no como una concesión arrancada en las barricadas, sino como el reconocimiento inteligente por !a clase gobernante, de un derecho inteligentemente reclamado por la clase gobernada”.

Y esperaba que esa evolución se tradujera también en el terreno económico-social, difundiéndose mundialmente, por los mismos métodos. Ignoraba así, no sólo las luchas del proletariado austríaco y belga, no sólo los combates por la autodeterminación de los pueblos oprimidos por el imperio austríaco (los eslavos del sur, y, en especial, los polacos), sino también el carácter internacional de las luchas, que llevaban a la monarquía austríaca, por ejemplo, a tratar de prevenir un alzamiento similar al producido en la vecina Rusia en 1905, mediante “inteligentes”, prudentes concesiones.

Así el reformismo adopta la política de una clase, con razonamientos que la recubren de una política por encima de las clases, tal como el apoliticismo es la negativa de adoptar la política obrera con el pretexto de que puede no hacerse política, lo que lleva de hecho a aceptar la que realiza la clase dominante. Hemos recordado como el sindicalismo reformista norteamericano nació para oponerse al sindicalismo combativo de su país, y como pocos años después comenzó a actuar para apoyar la política imperialista de su burguesía fuera de !as fronteras de su Estado.

Como, a su vez, el reformismo de los países dependientes de América Latina no sólo fue instrumento en cada uno para el control del movimiento obrero por las burguesías locales, sino que también se asocia a la política del imperialismo. Hemos recordado como el reformismo en Europa y Estados Unidos se puso al servicio de los gobiernos en lo que es considerada la primera guerra general interimperialista, la guerra del 14. La política interna y la política internacional muestran su carácter único, y como la política burguesa se expresa en el reformismo y sus diversas formas, en los hechos, sin necesidad de análisis interpretativos. Estos no hacen, en todo caso, sino mostrar la coherencia de fondo de esos hechos. También se ha tratado de reseñar como la política basada solamente en la represión respecto del movimiento obrero evolucionó a una política combinada de represión y reformismo.

Esa es una política. Para ella, el sistema provee bases materiales que la hacen posible. Pero las contradicciones también materiales del sistema, constituyen la raíz de la cual nacen espontáneamente las sublevaciones de las bases contra el aparato de control sobre el movimiento obrero. Esto, por su parte, hace posible otra política. Que no surge tampoco necesariamente de las condiciones materiales, aunque sean éstas las que crean su necesidad. Pero es la acción deliberada de los hombres, es decir, su conciencia, la que elige y determina el rumbo a seguir. Las contradicciones del sistema son inevitables, insuperables. Pero de ellas surgen elecciones posibles que, en definitiva, se resuelven en dos políticas diferentes. La historia del movimiento obrero y del sindicalismo así !o muestran.

Esto no quiere decir que en los sindicatos haya de imponerse una política partidaria, con lo que ello implica: programas particulares, una estrategia específica, tácticas sujetas a esa estrategia. El mismo carácter masivo de los sindicatos, que corresponden a todos los obreros, lo impide. Pero sí una política general obrera, que surge de su situación dentro de la sociedad.

Podemos recordar al respecto el discurso de Recabarren, uno de los motores de la creación de la central obrera chilena, cuando intervino en las discusiones en el Congreso de Unificación del movimiento gremial argentino, en el Teatro Verdi, el año 1906: “Hay una afirmación de clase que es indispensable dejar establecida en un congreso que busca la unificación de los trabajadores. . . la desaparición del salariado y de la clase patronal (lo) que debe traer como consecuencia la transformación del actual estado social. . . reconocer por tanto la lucha de clases. . . (perseguir) en la obra cotidiana la elevación moral y material de la clase obrera, luchando para disminuir las ganancias capitalistas, en provecho directo del proletariado, acortando la jornada de trabajo. .. buscando el aumento de salario que contribuirá transitoriamente a mejorar nuestra situación y a proporcionarnos mayores recursos para poder disponer, cuanto antes, de todos los elementos necesarios para la revolución social entablada: educación, conciencia y organización.

La disminución de la jornada nos dejará más tiempo para el estudio y para la preocupación en nuestro propósitos. . . Esta (central) será la agrupación de todos los proletarios que, fuera de toda escuela política tienen entablada la lucha contra la clase capitalista. . . para realizar los propósitos de inmediata y lejana actuación el Congreso sostiene la mayor libertad para los afiliados pudiendo cada cual acatar fuera de la organización los medios de lucha que estén de acuerdo con sus ideas filosóficas o políticas”.

Historia de la Organización Sindical en América Primeros Sindicatos

Historia de la Organización Sindical en América
Primeros Sindicatos

LA ORGANIZACIÓN SINDICAL EN AMERICA

En Estados Unidos, después de la derrota de la revolución alemana en 1848, se instaló el amigo de Marx, Joseph Weydemeyer, quien fundó la Alianza de Trabajadores Norteamericanos, y un periódico Die Reform. Bajo su influencia, después de la guerra de Secesión, Ira Steward organizó en todos los estados del norte la “Liga por la jornada de ocho horas”, y en 1866 se fundó en Baltimore la Unión Nacional del Trabajo, que se puso en contacto con la Primera Internacional, mientras Sorge establecía en Nueva York la Asociación General de Obreros Alemanes y contribuía a fundar el Club Comunista. Fue en base a todo esto que la Internacional trasladó su sede a Nueva York en 1872, aunque para languidecer y desaparecer poco después. Bajo su influencia, sin embargo, se extendió el movimiento sindical desde el norte hasta Illinois, aunque no logró penetrar en el oeste.

La crisis de 1873 influyó, a su vez, para que apareciera el primer movimiento obrero típicamente norteamericano, la famosa Noble Orden de los Caballeros del Trabajo (Knights of Labor), que participaron en la ola de huelgas insurreccionales desatada en 1877 en Nueva York, Baltimore, San Luis, Pittsburg, Chicago, y en los levantamientos de 1884 a 1886, que cubrieron todas las redes ferroviarias en sucesivas huelgas masivas, las minas de carbón del Colorado, la industria de la madera para construcción, las canteras de Illinois, para culminar el 1′ de mayo de 1886 en la primera huelga general conocida en Estados Unidos, desatada para exigir la jornada de ocho horas.

Por primera vez en Estados Unidos, el ejército apareció junto a la policíapara reprimir un movimiento que en algunos lugares, como en Pittsburg, llegó a derrotar a las milicias del Estado, ocupando la ciudad durante dos días. La represión masiva fue acompañada por la detención de los dirigentes de la huelga en Chicago del I9 de mayo del 86, Parsons, Fischer, Engel, Spies y Lingg, condenados a muerte y ahorcados, y conocidos desde entonces como los Mártires de Chicago.

Esas luchas y ese crimen están ligados al reconocimiento del día I9 de mayo por todo el movimiento obrero mundial. En América Latina las primeras sociedades obreras parecen haber sido fundadas en Chile en 1847, bajo formas mutualistas que se transformaron en seguida en sindicatos de oficio, agrupando a zapateros, tipógrafos y carpinteros.

Y ya en 1865 aparecen secciones de la Asociación Internacional de Trabajadores (Primera Internacional) en La Martinica, Puerto Rico y Cuba, creándose en esta última en el mismo año la Asociación de Trabajadores de La Habana. En México, ya en 1870 estaban agremiados los albañiles, tejedores, zapateros, sastres e impresores haciendo propaganda entre ellos el anarquista polaco Golskovsky y los socialistas mexicanos Santiago Villanueva y Francisco Salacosta, que crearon en el año citado el Gran Círculo de Obreros de México, en relación con la Internacional de Londres y sus secciones norteamericanas.

En la Argentina, por su parte, en 1870 se creó el primer sindicato, la Sociedad Tipográfica Bonaerense, que se puso en contacto con las secciones españolas de la Internacional en 1872, apareciendo poco después las secciones francesas, españolas e italianas locales. En el Uruguay, ya en 1871 existe correspondencia con los adherentes a la Internacional en México, y en 1875, en gran parte bajo influencia de las organizaciones de la Argentina, se funda la Federación Obrera, disuelta poco después. Pero en 1876 se crea la Federación Regional de Montevideo, que es aceptada en la Internacional anarquista en 1877, habiendo declarado contar con seis oficios organizados, cinco secciones y dos mil socios permanentes.

DESARROLLO Y REPRESIÓN EN AMERICA LATINA

Después del 70 se modifican las condiciones en algunos países latinoamericanos, y esto permite el desarrollo de relaciones capitalistas de producción y el crecimiento cuantitativo de la clase obrera, lo que a su vez se traduce en una mayor actividad en las luchas sociales. En México, la lucha contra la intervención imperialista franco-española de 1861-67 y el movimiento de la Reforma, con sus leyes de desamortización y nacionalización, transformaron las estructuras agrarias, e impulsaron la producción capitalista en el agro y la industrialización.

El Círculo de Obreros de México se transforma en 1874 en el Gran Círculo de Obreros, con filiales en varios estados y más de 8 mil aliados. Esto provoca la persecución contra la actividad sindical, y el código penal de 1872 declara delito toda acción dirigida a defender los salarios, aumentando la represión bajo la dictadura del general Porfirio Díaz (1876-1910),sobre todo a partir de 1844.

La agitación obrera desaparece prácticamente hasta 1898, en que estalla la huelga de los fundidores de Tlaxcala. A partir de ese momento, la lucha de los obreros de la industria se liga con la de los peones y campesinos sin tierra, bajo la influencia del Partido Liberal, dirigido por los hermanos Flores Magón, que, bajo la consigna de tierra y libertad organizan sucesivas rebeliones armadas contra el porfirismo en 1900, 1903, 1905, 1906 y 1909.

Finalmente, su influencia se ejerce sobre el zapatismo, actuando como ala campesina y proletaria en la revolución de 1910. En Chile, la incipiente clase obrera se vuelca después de la caída de Balmaceda en e! Partido Demócrata, que opera como un movimiento de tipo populista, dirigido por la pequeña burguesía, pero con numerosos grupos proletarios internos. El desarrollo vertiginoso de la minería (en particular del salitre) y la política conciliadora del Partido Demócrata, provocan escisiones en sus filas, segregándose grupos socialistas y anarquistas, fundándose en 1897 la “Unión Socialista” y poco después la organización anarquista “Socialismo Libertario”.

En el orden gremial, se funda en Iquique, el 1? de enero de 1900, la Mancomunal Obrera, que publica un periódico diario de 1901 a 1908, influyendo y organizando toda la zona salitrera, y dirigiendo las sucesivas huelgas que estallan desde 1902 a 1907, que llega a abarcar en el último año a los portuarios y demás gremios, bajo la conducción común del “Comité Central Pampa e Iquique”. La represión desatada alcanzó su más alto nivel en la “Matanza de Iquique”, en la que fueron fusilados los miembros del Comité Central y ametrallados más de setecientos obreros, que se hallaban concentrados en una escuela. Recién en 1909 pudo reconstruirse el movimiento obrero chileno, con la fundación de la Federación Obrera de Chile, convertida en una poderosa central en 1917, con el apoyo de las Uniones Obreras organizadas bajo la dirección de Luis Emilio Recabarren, cubriendo prácticamente todo el país.

Al aumento de la actividad obrera respondió un nuevo ciclo de represión: masacre en Puerto Mátale de los obreros rurales en huelga; incendio del local de la Federación Obrera de Punta Arenas; muerte en la cárcel del poeta Gómez Rojas a consecuencia de los vejámenes padecidos; encarcelamiento por tres meses de Recabarren y de otros dirigentes de la FOCH. En el Brasil, pese al escaso desarrollo del movimiento, además de la continua persecución contra los activistas, aunque no se decreta delito el organizarse sindicalmente, se dicta la llamada ley Adolfo Gordo, que establece la deportación de extranjeros por actividades “antisociales”.

Historia del Movimiento Obrero Los Primeros Sindicatos Ley Chapelier

Historia del Movimiento Obrero
Los Primeros Sindicatos

El movimiento sindical es hoy un fenómeno gigantesco y complejo, que comprende centenares de millones de trabajadores. En casi todos los países es reconocido por los gobiernos, y aun allí donde se ha tratado de prohibirlo, reemplazándolo por organizaciones corporativas manejadas totalmente por el Estado que, a la vez, persigue duramente toda reivindicación de los trabajadores (como en España) nadie ignora la existencia de organizaciones sindicales clandestinas que dirigen, las luchas reivindicativas. No sólo están organizados sindicalmente los obreros, sino también los empleados, y en casi todas partes sus gremios forman parte de las centrales de trabajadores

En los países más avanzados, los sindicatos poseen edificios propios, cooperativas, obras de asistencia médica, editan periódicos y revistas, sostienen escuelas sindicales, construyen viviendas, y en algunos casos tienen empresas propias que, a su vez, emplean asalariados. Los dirigentes sindicales son figuras públicas, sus opiniones son recogidas por los periódicos, la radio y la televisión. Y en muchos casos constituyen burocracias rentadas, con un poder igual o superior al de muchos políticos tradicionales.

Este panorama, que hoy nos parece normal, oculta, sin embargo, multitud de contradicciones que expresan, en el nivel de las organizaciones gremiales, la complejidad de la lucha de clases, con sus avances y retrocesos; y es el producto, de una larga, dura y aun sangrienta lucha, de una verdadera guerra que se libra desde hace más de siglo y medio. Es imposible presentar aquí ni siquiera un cuadro aproximadamente completo ni de esa larga historia ni de la situación actual.

Por eso nos ceñiremos a presentar solamente algunos de los aspectos fundamentales del movimiento sindical en los países capitalistas, dando apenas algunos ejemplos que los ilustren, y sin pretender siquiera referirnos a multitud de cuestiones secundarias que, sin embargo, resultarían en muchos casos indispensables para que el cuadro genera! fuera más comprensible. Dada la importancia y complejidad del proceso de organización sindical, en capítulos posteriores se volverá sobre distintas características actuales del fenómeno.

MOVIMIENTO OBRERO Y REPRESIÓN

Recién en el siglo pasado estuvieron dadas las condiciones para que apareciera el movimiento obrero como un fenómeno separado de las otras clases sociales, con caracteres propios. Esto ocurrió en primer lugar en Inglaterra, casi en seguida en Francia, y recién unas décadas después en Alemania, en otros países de Europa occidental, y en Estados Unidos.

En Inglaterra, la revolución industrial, iniciada hacia 1750, maduró en gran escala hacia fines del siglo, y desde 1800 hasta 1815 en Francia, por la aplicación extendida del motor a vapor en las manufacturas y en el transporte y por la aplicación de innovaciones técnicas en el hilado y el tejido. A la vez, en Inglaterra habían sido rotas en un proceso de dos siglos las relaciones feudales, operación que se realizó más radicalmente en Francia por la revolución de 1789.

Este doble proceso creó una enorme masa de proletarios provenientes del campesinado y del artesano urbano, desposeídos de todo otro bien que no fuera su fuerza de trabajo (o sea: desposeídos de todo medio de producción), y en condiciones de poder vender “libremente” esa única mercancía que poseían a los propietarios de medios de producción (es decir: de capitales) en el momento en que la maduración de la revolución industrial exigía y hacía posible la utilización de esa mano de obra en gran escala.

De tal modo, esas nuevas condiciones no sólo crearon un numeroso proletariado moderno, correspondiente al capitalismo, sino que hicieron ver a la clase obrera por primera vez que sus intereses eran diferentes de los de las otras clases sociales, y contrapuestos a los de la burguesía. De tal modo, en la década de 1800 aparecieron por primera vez en Inglaterra agrupaciones económicas de los obreros del hilado, de la construcción y de la metalurgia (fabricación de máquinas de vapor), aunque en una confusa mezcla de objetivos, ya que luchaban tanto por obtener mejoras salariales, criticando la ganancia capitalista, como contra el propio maquinismo: al lado de gérmenes de sindicatos se desarrolló el vasto movimiento “luddista”, que se oponía a la utilización de máquinas, y organizaba asaltos a las fábricas para destruirlas.

En Francia, la clase obrera aparece por primera vez en escena en la zona de hilados y tejidos de Lyon, adquiriendo sus luchas la forma del motín revolucionario, al punto de exigir verdaderas expediciones militares para aplastarlas. Esto muestra los caracteres del primitivo movimiento obrero: en Inglaterra toma de inmediato formas sindicales, gremiales, por oficio, dirigidas fundamentalmente a la lucha económica (por mejores salarios y condiciones de trabajo), y desde allí se lanza muy rápidamente a la acción política, que no está dirigida a luchar frontalmente contra el poder de la burguesía sino a obtener reformas democráticas: en 1829 los obreros’ del Lancashire (hilanderos) organizaron la Asociación Nacional de Oficios y en Londres los de la construcción y la metalurgia la Unión Metropolitana de Oficios.

De inmediato se pasa a la agitación por la “Reforma” parlamentaria, basada fundamentalmente en el reclamo de la extensión del derecho al voto a los no propietarios, agitación que culminó en la ley de Reforma electoral (1832), y que fue apenas un escalón en las luchas de masas que se organizaron en el gran movimiento cartista, que combinaba reclamos democráticos ( como el voto universal) con reivindicaciones económicas sobre salarios y jornada de trabajo. En Francia, en cambio, la tradición obrera recorrió un camino diferente: aparece rápidamente (1796) e! partido conspirativo, que intenta la conquista del poder, con la Conspiración de los Iguales, dirigida por Babeuf y Darthés, que a su vez inspiró el movimiento dirigido por Blanqui (1836-1839), y, a la par, se desarrolla la lucha obrera insurreccional, que trata de pasar continuamente a los combates de barricadas en las calles, enfrentando al Estado burgués y a las tropas regulares, siguiendo el ejemplo de los tejedores de Lyon, alzados en 1831 y 1834.

Ambos movimientos aparecen por primera vez ligados en las jornadas de junio de 1848, en París, durante las cuales los obreros sublevados enfrentaron al ejército del gobierno que habían contribuido a crear durante la revolución republicana de comienzos de ese año. Con el cartismo en Inglaterra y con la sublevación de 1848 hizo su aparición en escena la clase obrera organizada en partidos políticos, proceso que culminó en Inglaterra con !a represión de 1848 y en Francia con la instalación de la Comuna en 1871, seguida de una feroz matanza cuando cayó ese primer intento de gobierno obrero.

LAS LEYES ANTISINDICALES

Las luchas obreras y la represión desatada por la burguesía en el poder, que muestran el fondo del fenómeno, tuvieron sus manifestaciones propias en el campo sindical estrictamente dicho: en Francia, el recién instalado gobierno revolucionario burgués dictó en 1791 la llamada” Ley Chapelier, dirigida en principio contra los gremios heredados del pasado feudal y contra las trabas que oponían a la libre competencia y la libre contratación de trabajo. Pero ya en 1793-94 los jacobinos la utilizaron para romper las huelgas obreras mediante el reclutamiento forzoso de mano de obra. En Inglaterra, por su parte, se dictaron en 1789 y 1800 las Combínations Acís, dirigidas contra los sindicatos, en las que se consideraba como reos de delito de
conspiración a ios obreros agremiados. Derogadas en 1824, se reimplantaron en 1825, aunque bajo .formas menos rigurosas. Destaquemos: las leyes .citadas consideraban delito el simple hecho de agremiarse, no sólo la actividad dirigida contra los empresarios para obtener mejoras salariales o de condiciones de trabajo (huelga, boycot, manifestaciones), que, desde luego, también eran reprimidas.

LA CLASE OBRERA EN AMÉRICA

En América el desarrollo del movimiento obrero, y en particular el de los sindicatos, fue, lógicamente, posterior a! de Europa, puesto que la industria apareció más tardíamente, sobre todo en lo que respecta a América Latina que permaneció como productora de materias primas, con rasgos predominantemente agropecuarios, cuando ya Estados Unidos se había transformado en una sociedad industrial. Con todo, las primeras organizaciones obreras aparecieron casi simultáneamente al norte y a! sur del Río Grande porque tanto en Estados Unidos como en América Latina los inmigrantes europeos trajeron consigo los principios de la lucha de clases y de la organización. En consecuencia allí donde se formó aun el más pequeño núcleo obrero surgieron de inmediato organizaciones mutualistas, sindicatos, periódicos, y rápidamente se intentó formar partidos proletarios.

Desde luego, él mayor desarrollo capitalista e industrial de Estados Unidos proveyó una base material mucho mayor y mucho más temprana para esos intentos que en el resto de América, de tal modo que en los países latinoamericanos si bien la iniciación de las organizaciones obreras es contemporánea a la de aquel país, su expansión real es mucho más tardía y en muchos casos recién se produce en el siglo XX.

Hubo otro elemento que trabó el desarrollo de una clase obrera moderna, capitalista, tanto en Estados Unidos como en América Latina: la esclavitud y el trabajo servil indígena. Si tomáramos un mapa económico y social de este continente hacia 1850, cuando ya la clase obrera estaba ampliamente desarrollada en Europa occidental, nos encontraríamos con una panorama aproximadamente así: en Estados Unidos se había producido un importante crecimiento industrial en el norte sobre la costa del Atlántico y un vasto desarrollo de las plantaciones de tabaco y algodón en el sur, con la utilización masiva de mano de obra que esto significa.

Pero si bien en la industria manufacturera se utilizaba fuerza de trabajo asalariada, la mano de obra esclava se había expandido de tal modo que no sólo se empleaba en las plantaciones de modo exclusivo sino también en la industria extractiva. Un documento de 1859 referido a una mina de carbón en Virginia decía: “Ayer visité un pozo de una mina de carbón: la mayoría de los mineros son esclavos y, por lo general, negros. . . pero también trabajan un número considerable de blancos. . . los esclavos pertenecen algunos a la compañía minera; pero la mayoría son alquilados por sus propietarios a razón de ciento veinte o doscientos dólares al año, alojándolos y vistiéndolos la compañía”.

En América Latina, por su parte, encontramos tres situaciones diferentes: países donde también existía agricultura industrial (plantaciones) en la que se utilizaba mano de obra esclava, como en Cuba y las islas del Caribe en general, y el Brasil; países donde subsistió el trabajo forzado de los indios, para el trabajo agrícola y en la minería, como Solivia, Perú, Paraguay, México, toda América Central con excepción de Costa Rica y Panamá; y países en donde, si bien subsistió la esclavitud y el uso de indios en condición servil o semiservil, al no haberse desarrollado la agricultura industrial ni la minería (ni tampoco la industria manufacturera) no aparecieron grandes masas de mano de obra, como en la Argentina y el Uruguay.

Es cierto que en el primer impulso de la independencia se decretó la abolición del trabajo forzado de los indios, pero allí donde la mano de obra indígena era usada en gran escala, casi inmediatamente se reimplantó: en Solivia, las medidas abolicionistas tomadas por Bolívar en 1826 fueron derogadas por Santa Cruz en 1829, y la supresión del trabajo forzado dispuesta por San Martín en el Perú en 1821 fue derogada en 1825, manteniéndose el trabajo servil durante todo el siglo XIX, no sólo en las explotaciones agrarias del Estado y del clero, sino también en las haciendas privadas, que podían enrolar trabajadores por la fuerza.

Ley Le Chapelier, de junio de 1791

Siendo una de las bases de la Constitución francesa la anulación de toda especie de corporaciones de un mismo estado y profesión, se prohíbe restablecerlas con cualquier pretexto y en ninguna forma que sea…

Los ciudadanos de un mismo estado y profesión, los contratistas, los que tienen tienda abierta, los obreros y demás, no podrán cuando se reúnan nombrar presidente, ni secretario, ni síndico, ni tener registro, ni tomar acuerdos o deliberaciones, ni formar reglamentos sobre sus pretendidos intereses comunes.

Se prohíbe a los cuerpos administrativos y municipales recibir peticiones emanadas de un estado o profesión, ni responderlas… Si algunos ciudadanos de una misma profesión, arte u oficio tomasen acuerdos entre ellos, tendiendo a rechazar o fijar, de común concierto, un precio determinado para prestar el concurso de sus industrias o de sus trabajos, las dichas deliberaciones y convenios serán declarados anticonstitucionales, atentatorios a la libertad y a la declaración de los derechos del hombre… Los autores, jefes e instigadores que los hayan provocado, redactado o presidido, serán citados ante el Tribunal de Policía a instancia del fiscal y condenados cada uno a quinientas libras de multa y a la suspensión por un año del ejercicio de sus derechos de ciudadanos activos… Si dichas declaraciones y convenios, anuncios públicos y circulares contuviesen amenazas contra los contratistas, artesanos, obreros y jornaleros extranjeros, que vinieren a trabajar o contra los que se contentan con un salario inferior, todos sus autores, instigadores y firmantes… serán castigados con una multa de mil libras y tres meses de cárcel cada uno.

Todas las asociaciones de artesanos, obreros y jornaleros… serán consideradas como reuniones sediciosas, y como tales disueltas por los depositarios de la fuerza pública…

El Cartismo Resumen Causas y Consecuencias Movimiento Cartista Ingles

El Cartismo Resumen Causas y Consecuencias Movimiento Cartista Ingles

ORÍGENES DEL CARTISMO: Hasta 1830 la tendencia preponderante del obrerismo inglés se reducía a mejoras exclusivamente laborales. Hacia esa fecha la miseria de las clases obreras inclinó a los líderes hacia posturas más precisas de reforma política.

Cartismo, disturbios

La clase obrera se dio cuenta de la necesidad de defender sus intereses mediante un proyecto político propio. En 1831, durante la campaña de reforma electoral, Lovett reclamó el sufragio universal, argumentando que la clase obrera producía toda la riqueza del país y sólo gozaba de una parte ínfima.

En mayo de 1838 un nuevo grupo redacta un documento histórico, la “Carta”, en el que se pide sufragio universal, supresión del certificado de propiedad para ser miembro del Parlamento, inmunidad parlamentaria, circunscripciones electorales iguales. Son peticiones políticas; mientras no haya un cambio en la política, se piensa, no se producirá un cambio social.

En Gran Bretaña donde, por primera vez, el movimiento obrero tomó la iniciativa de organizarse alrededor de un proyecto político, el cartismo. En su configuración tuvo un papel importante la experiencia de los obreros de la Great Trade Union.

La patronal británica despedía y perseguía a sus dirigentes y el sindicato tuvo que pasar a ser casi clandestino. En pocos meses la Great Trade Union se hundió y sólo los obreros cualificados, sin problemas para encontrar trabajo, se mantuvieron en torno al sindicato.

Dentro del movimiento cartista se destaca una tendencia moderada, (Lovett y Owen), que pone al acento en las cuestiones económicas, postulando la organización de cooperativas de producción y la supresión de los intermediarios. En general los líderes más prestigiosos, el periodista irlandés O’Connor y el demócrata O’Brien, se inclinaban por los mítines y huelgas de carácter violento. Lovett recelaba de esta tendencia y postulaba el entendimiento entre las clases trabajadoras y medias.

El primer Congreso cartista, celebrado en Londres 1839, optó de forma decidida por las posturas de fuerza huelga general, algaradas, presiones con todos los medios. Ante tales decisiones, y especialmente la amenaza de huelga general, el gobierno inglés colocó los distritos industriales bajo mando militar, detuvo a los líderes y autoriza la  formación de unidades cívicas armadas.

Tras el fracaso del Congreso se produjo el enfrentamiento entre las tender: a violenta y moderada. Nuevos intentos de presión viole en 1842 terminaron en fracaso. Los líderes carlistas concluyeron de la experiencia que la clase obrera aislada no  podía conseguir una gran reforma política, y a partir de entonces el obrerismo inglés se une a ciertos sectores de a clases medias para obtener sus reivindicaciones. El cartismo quedó como el primer ensayo de los obreros para unirse en congresos y coordinarse en una disciplina común.

Petición de los carlistas de Birmingham, 1838
A los honorables miembros de los Comunes de la Gran Bretaña e Irlanda, reunidos en el Parlamento, (les dirigimos) esta petición.

Nosotros decimos […] que el trabajo del obrero no puede ser privado por más tiempo de su justo salario. Que las leyes que provocan el encarecimiento de los alimentos y las que hacen que el dinero escasee han de ser abolidas. Como preludio esencial de estas reformas y de otras, para asegurar al pueblo los medios necesarios para defender y garantizar eficazmente sus intereses, nosotros pedimos […] que, en la elaboración de las leyes, se escuche la voz de todos sin ningún obstáculo.

Nosotros cumplimos con nuestros deberes de hombres libres y queremos tener los derechos. Por eso pedimos el sufragio universal. Este sufragio, para que esté libre de la corrupción de los ricos y de la violencia de los poderosos, ha de ser secreto […]. Las elecciones frecuentes son esenciales; pedimos parlamentos anuales […], pedimos que la aprobación de los electores sea el único criterio exigido y que todo diputado cobre del tesoro público una remuneración justa durante el tiempo que haya sido llamado al servicio de la nación […].

Que complazca, pues, a vuestra honorable Cámara tomar nuestra petición en seria consideración y esforzarse con afán, con todos los medios constitucionales, para hacer promulgar una ley que garantice a todo ciudadano […] el derecho a votar los diputados al Parlamento y que instituya el voto secreto para todas las elecciones parlamentarias […] y anule todos los criterios de propiedad de sus miembros […].

El programa político del carlismo
“Obligados, como todos estamos, a sostener y obedecer las leyes, la naturaleza y la razón nos autorizan a reclamar que en la elaboración de las leyes la voz de todos sea escuchada. Cumplimos con los deberes de los hombres libres; debemos tener los privilegios de los hombres libres.

Por consiguiente, reclamamos el sufragio universal. El sufragio, para que esté libre de la corrupción de los ricos y de la violencia de los poderosos, debe ser secreto. […] Para la seguridad pública, así como para la confianza pública, las elecciones deben ser frecuentes. Por lo tanto, reclamamos parlamentos anuales.

Con el poder para elegir, y la libertad para hacerlo, el rango de nuestra elección debe ser irrestricto. Estamos obligados, por las leyes existentes, a tomar como nuestros representantes a hombres incapaces de apreciar nuestras dificultades, o que las contemplan con antipatía. […]

El sufragio universal traerá, por sí solo, la verdadera y duradera paz a la nación; firmemente creemos que traerá también la prosperidad. Tenga por lo tanto la Honorable Cámara la deferencia de tomar esta nuestra petición en la mas seria consideración y de hacer los mayores esfuerzos, por todos los medios constitucionales, para sancionar una ley que conceda a todo varón de edad legal, sano juicio y que no haya sido condenado por delito alguno el derecho de votar por miembros del parlamento y disponga que todas las elecciones futuras de miembros del parlamento se realicen mediante votación secreta y ordene que la duración del parlamento así elegido no exceda el término de un año, y derogue todos los requisitos de propiedad de bienes para los miembros y les asegure una remuneración justa mientras estén en ejercicio de sus deberes parlamentarios.”

EL FRACASO Y LEGADO DEL CARTISMO
Durante diez años, de 1838 a 1848, la agitación fue constante, llegando a tomar, a veces, un cariz violento, especialmente por instigación de O’Connor, que se dirigía a todos los oprimidos, comprendidos los irlandeses.

En 1848, había de producirse la «gran noche» de la esperanza trabajadora. Para el 10 de abril de dicho año, estaba anunciada una grandiosa manifestación. Pero, a las manos desnudas de los trabajadores, el ejército y la policía opusieron las suyas armadas. Toda la burguesía, desde el tendero al banquero, se sintió solidaria de su clase, y se enroló voluntariamente para exterminar a los «andrajosos», lo que bastó para que la lucha pareciese desigual.

Derrotado en el terreno de la violencia, O’Connor esperaba, por el contrario, que la gran solicitud, que recogía, según él, cinco millones de firmas, probaría al país legal, es decir, a los diputados, que el país real tenía su propia voluntad.

El Parlamento, efectivamente, examinó la solicitud. En ella no aparecían más que dos millones de firmas. Y hasta podían leerse entre ellas los nombres del duque de Wellíngton y de Robert Peel, junto a otros aún más fantásticos, como, por ejemplo, «Pata de Palo», «Nariz Chata» y también «Pan y Queso». Así, pues, el cartismo acabó por morir a manos del ridículo, aunque, de todas formas, ya había sido derrotado por la unidad de la burquesía.

En aquellos momentos, vivía en Londres un refugiado alemán, llamado Carlos Marx. Este, el mismo año de la derrota del cartismo, tomó en sus manos la antorcha de la lucha obrera, y lanzó su «Manifiesto Comunista», que, publicado entre la indiferencia general, había de alcanzar después gran resonancia.

Sin embargo, el problema obrero ya había sido expuesto a la atención pública. El novelista Carlos Dickens había sabido conmover a sus lectores, narrando los azares de su personaje Oliverio Twist. Hizo comprender que el trabajo de las mujeres y de los niños debía ser protegido por la ley, lo que significó el comienzo de las reformas sociales, que habían de aminorar el férreo yugo impuesto por la economía capitalista.

En 1842, se prohibió el trabajo de las mujeres en las minas, así como el de los niños menores de diez años. En 1847, se limitó a diez horas el tiempo del trabajo femenino, y esta norma fue prontamente extendida al trabajo de los hombres. Finalmente, en 1850, la industria textil dejó de trabajar los sábados. Así empezó la famosa «semana inglesa».

Fuente Consultadas:
Todo Sobre Nuestro Mundo Christopher LLoyd
HISTORAMA La Gran Aventura del Hombre Tomo X La Revolución Industrial
Historia Universal Ilustrada Tomo II John M. Roberts
Historia del Mundo Para Dummies Peter Haugen
La Revolución Industrial M.J. Mijailov

Origen del Capitalismo en la Edad Media Crisis Feudal Causas

Origen del Capitalísmo en la Edad Media: Crisis Feudal – Causas

LA CRISIS DE LA SOCIEDAD FEUDAL

La sociedad feudal, durante el siglo XIV sufrió una grave crisis debido a un descenso demográfico generado por el retroceso de la producción agraria (malas cosechas, guerras, mal clima), lo cual produjo una escasez y carestía de alimentos, y las consecuentes hambrunas y epidemias por una mal alimentación e higiene de la población, donde cabe destacar la PESTE NEGRA, una peligrosa infección bacteriana que provocaba dolorosas lesiones de aspecto negruzco que exudaba sangre y pus, y que afectó a Europa a partir de 1348. (leer sobre este tema)

edad media, ciudad castillo

A partir del siglo XV comenzaron a producirse transformaciones significativas en la vida económica, política, social y cultural de Europa occidental, que fueron modelando lo que se conoce como Modernidad. Sin embargo, al abordar este período es importante advertir que no hubo un corte tajante con la Edad Media. Por el contrario, persistieron algunos aspectos de la Baja Edad Media, que marcaron una continuidad con el pasado.

En el aspecto económico, durante los siglos XV y XVI, se mantuvieron las formas feudales de producción. A pesar de ello, paralelamente comenzaron a asentarse en Italia y en Flandes las bases para el surgimiento de formas capitalistas -es decir, formas de vida económica basadas en la división del trabajo y en el capital-, cuya vigencia plena se alcanzó recién en el siglo XVIII.

En el plano político, se constituyeron estados centralizados en torno de un monarca, que contribuyeron al progresivo abandono de la fragmentación política propia del sistema feudal. El modelo de un poder universal, heredado del Imperio Romano -que sobrevivió en el Sacro Imperio Romano Germánico-, fue siendo reemplazado por los modelos nacionales.

EL PRIMER CAPITALISMO: Las primeras grandes formas de capitalismo se desarrollaron en el siglo XV. Surgieron gracias a la conjunción de una serie de factores, entre los que destacan:

a) La acumulación originaria de capital. Es decir, los capitales acumulados mediante la usura, las expropiaciones, la rapiña, etc.
b) La proliferación de mano de obra asalariada.
c) La existencia desde el siglo XIII de la manufactura.

Para que estos factores se conjuntaran convenientemente, primero hubo de producirse un incremento de las actividades comerciales. Ello fue posible, en buena medida, gracias al descubrimiento de riquísimas minas de plata en Europa Central, que permitieron poner en circulación grandes cantidades de dinero para disponer de un medio de cambio propicio. Este dinero, en moneda, facilitó las compras a larga distancia, con lo que se incrementó el número de compradores.

En dicha situación pronto se crearon importantes empresas mercantiles, cuyas ganancias se invirtieron, en parte, en el negocio. Surgió así la figura del empresario, aquel que proporciona todo lo necesario para la producción: capital e instrumentos de trabajo, y contrata trabajadores a sueldo. Por lo tanto, por primera vez surgieron dos grupos bien definidos en cuanto sus funciones: el capitalista o proveedor, y quien aporta su trabajo a cambio de un salario.

No debe confundirse el primer capitalismo, basado principalmente en actividades comerciales, con el capitalismo moderno de los siglos XIX y XX, fundamentado en las actividades industriales.

Pronto el dinero cobraría una importancia extraordinaria. Muchos comerciantes lograron reunir considerables fortunas, convirtiéndose en grandes personajes. Es célebre el caso del francés Jacques Coeur, un “nuevo rico” de la época, quien llegaría a poseer diez fastuosos palacios, cifrándose su capital en veintidós mil ducados de oro.

La acción del capitalismo inicial, en su necesidad de ampliar los límites de las rutas comerciales medievales, favoreció extraordinariamente los viajes expedicionarios por ultramar, propios del siglo XV. En el plano ideológico, este capitalismo propició el desarrollo de una mentalidad donde era dominante el deseo de lucro, es decir, el espíritu mercantil que sobrepasó con mucho a la entonces estrecha mentalidad gremial.

cuadro crisis feudal

En el aspecto social, aunque continuó el predominio de la aristocracia feudal, empezó a adquirir mayor peso la burguesía, sector vinculado al comercio. Aparecieron nuevas técnicas comerciales, como la letra de cambio y la contabilidad por partida doble. Los burgueses, que invertían en el campo las ganancias obtenidas en el comercio, impulsaron adelantos técnicos y nuevas formas de producción en el ámbito rural.

En el plano cultural, el pensamiento de los humanistas -con su interés por el pasado-, las traducciones de los sabios de la Antigüedad y la nueva forma de concebir al hombre desplazaron el saber escolástico medieval. Se revalorizó la experiencia como fuente de conocimiento, en detrimento de la tradición que primaba durante la mayor parte de la Edad Media. La imprenta permitió difundir ampliamente no sólo el conocimiento de la Antigüedad sino también las obras de los eruditos medievales y la de los hombres del Renacimiento. En el arte surgieron nuevas formas de representación.

El desarrollo de la ciencia y de la técnica trajo consigo nuevas formas de concebir el universo que modificaron la imagen de los mundos conocidos. La evolución de los medios de transporte favoreció la expansión del comercio marítimo y los viajes de exploración. Con el descubrimiento de América y la profundización del conocimiento de África se amplió el horizonte geográfico de los hombres europeos.

Durante los siglos XV y XVI, se produjeron también importantes cambios en la vida cotidiana, la familia, el lugar de la mujer y de los niños en la sociedad, y en el modo de entender la educación. Así, continuidades y cambios, permanencias y rupturas con la tradición, fueron modelando un mundo del cual, en muchos aspectos, somos todavía herederos.

Origenes del anarquismo Diferencias Socialismo y Anarquismo Resumen

Orígenes del Anarquísmo – Diferencias entre Socialísmo y Anarquísmo

El anarquismo:

  Proudhon)El término «anarquía» y sus derivados, originarios de la voz griega anarchos («sin mando»), fueron usados por primera vez en sentido político durante la Revolución Francesa. En la década de 1840, Proudhon reivindicó positivamente tales términos aplicándolos a sus teorías. Posteriormente, Bakunin, Kropotkin y Malatesta abundaron en las ideas expuestas por aquél y las forjaron en una práctica revolucionaria. (imagen: Proudhon)

 

De este modo, en la segunda mitad del siglo XIX se desarrolló una corriente ideológica autónoma denominada «anarquismo», de gran aceptación entre las masas populares, que compitió con el marxismo en capitalizar el movimiento obrero. No obstante, su proyección histórica fue menor que la del socialismo científico, tanto por sus propias limitaciones teóricas cuanto por la mayor represión de que fue objeto.

El anarquismo no es una doctrina rígida y monolítica, sino que posee múltiples variantes, inherentes a su propia naturaleza, que insiste en el adogmatismo, la libertad de elección y la primacía del criterio individual. En conjunto, constituye un sistema de pensamiento que pretende transformar la estructura de la sociedad sustituyendo el estado por fórmulas de cooperación no gubernamentales entre individuos enteramente libres.

1) La autonomía individual. El análisis de la naturaleza humana parte de un hecho incontrastable: su libertad absoluta. Los anarquistas propugnan el antiautorítarismo y desdeñan los poderes autolimitados, como la democracia parlamentaria, pues implica la delegación de la soberanía individual y la renuncia a la toma de decisiones personales. Desconfían de los partidos políticos en cuanto reproducen las relaciones de poder en su organización interna.

2) La revolución anarquista. Se busca la libertad total con un sentido solidario: no habrá libertad individual sin libertad comunitaria. Los anarquistas se consideran apolíticos y antipolíticos, rechazan la acción política y la propia conquista del estado. Sus medios de lucha son esencialmente sociales y económicos. La revolución social dependerá de la actuación libremente adoptada por cada individuo soberano: se afirma un voluntarismo revolucionario, contrario a las tesis marxistas.

3) La nueva sociedad. «Destruyo y edifico» es el lema de Proudhon. Simboliza las dos vertientes de la teoría anarquista. Por un lado, la necesidad de abolir el estado, las naciones y sus relaciones de propiedad mediante la violencia. Por otro, la creación delverdadero orden social asentado en principios morales defensores de la libertad e igualdad de todos los in dividuos: la instauración del socialismo libertario.

El individualismo de concepto e interpretación propio del anarquismo no excluye tendencias al pensamiento de grupo, forjadas a partir de circunstancias comunes y afinidades personales. La impronta marcada por autores sobresalientes se traduce en el reconocimiento de sus aportaciones por parte del movimiento anarquista.

De este modo, surgieron diversas corrientes o escuelas englobadas bajo el título genérico de «anarquistas». Sus diferencias estriban, en gran medida, en actitudes y conceptos variados o contrapuestos acerca de los métodos revolucionarios (el recurso a la violencia) y la Organización económica de la nueva sociedad.

1) Individualistas y nihilistas. Max Stirner (1 806-1 856) plasmó en El único y su propiedad una visión individualista del hombre, despojado de cualquier referencia social. Exalta como único valor el «yo», preconizando una «unión de egoístas» y el enriquecimiento personal sin ninguna solidaridad. Esta interpretación dedvó en el nihilismo, que rechaza cualquier principio moral o ley natural.

2) Mutualistas. Seguidores de Proudhon, creyeron en la resolución del problema social sin violencia. El cambio llegaría de la proliferación de sociedades de apoyo mutuo que aseguraran la justicia a través del intercambio recíproco de bienes, servicios y valores morales.

3) Anarco-colectivistas. También llamados bakuninistas, en honor del ruso Mijail Bakunin (1814-1876) (imagen), impulsor delruso Mijail Bakunin  movimiento anarquista en Europa. Bakunin heredó de Proudhon el federalismo y la importancia concedida a las asociaciones de obreros. En cambio, entendía que la violencia era consustancial a la revolución. Cataloga al campesinado no propietario como el principal motor revolucionario y defiende la colectivización de los medios de producción a cargo de instituciones (comunas) de voluntaria integración, pero manteniendo el salario como forma de distribución de la producción.

4) Anarco-comunistas. El príncipe ruso Piotr Kropotkin (1842-1 921) revitalizó el anarquismo sobre fundamentos científicos y con un componente ético más acusado. En contra de los anarco-colectivistas, negó la validez del salario como forma de retribución en la sociedad futura. El principio «de cada uno según sus recursos, a cada uno según sus necesidades» recoge el espíritu de esta escuela, cuyo proyecto se denomina «comunismo libertario».

5) Anarco-sindicalistas. Esta doctrina predica la fusión del anarquismo con el sindicalismo. El sindicato se convierte en el centro de la actividad obrera y los medios de lucha y concienciación se amplían. Incluían una nueva táctica, la huelga general, con la que se pretendía el colapso del sistema capitalista , y en última instancia, la revolución.

Ni Iglesia ni Estado
En la naturaleza como en la sociedad humana, que no es aún otra cosa que esa misma naturaleza, todo lo que vive, vive sólo con esa condición suprema de intervenir de la manera más positiva, y tan poderosamente como lo comporte su naturaleza, en la vida ajena.

La abolición de esta influencia mutua sería, pues, la muerte. Y cuando reivindicamos la libertad de las masas no pretendemos en absoluto abolir ninguna de las influencias naturales de ningún individuo ni de ningún grupo de individuos que ejercen su acción sobre ellas. Lo que queremos es la abolición de las influencias artificiales, privilegiadas, legales, oficiales.

Si la Iglesia y el Estado pudieran ser instituciones privadas, nosotros seríamos indudablemente sus adversarios, pero no protestaríamos contra su derecho de existir. Pero protestamos contra ellos porque siendo indudablemente instituciones privadas en el sentido de que sólo existen en efecto para el interés particular de las clases privilegiadas, no por ello se sirven menos de la fuerza colectiva de las masas organizadas con objeto de imponerse autoritaria, oficial y violentamente a las masas.
BAKUNIN

Rebeldía contra el Estado (…)Estado es una institución histórica, transitoria, una forma pasajera de la sociedad. (…) La rebeldía es mucho más fácil contra el Estado, puesto que en la naturaleza misma del Estado hay algo que provoca a la rebeldía. El Estado es la autoridad, es la fuerza, es la ostentación y la infatuación de la fuerza. No se insinúa, no trata de convertir: y siempre que lo intenta, lo hace mili muy mala pata; pues su naturaleza no consiste en persuadir, sino en imponerse, en forzar.

Se esfuerza un poco con enmascarar su naturaleza de violador legal de In voluntad de los hombres, de negación permanente de su libertad. Incluso cuando ordena el bien, lo perjudica y echa a perder, precisamente porque lo “ordena”, y que toda orden provoca y suscita las rebeldías legítimas  do la libertad; y porque el bien, desde el momento que es  ordenado, desde el punto de vista de la auténtica u moral, de la moral humana (no divina por supuesto), desde el punto de vista del respeto humano y de la  libertad, pasa a ser el mal. La libertad, la moralidad y la digitad humana del hombre consisten precisamente un uso, en que hace el bien no porque se le ordena sino porque lo concibe, lo quiere y lo ama.
BAKUNIN.- La libertad.

DIFERENCIAS ENTRE EL MARXISMO Y EL ANARQUISMO:

a) Diferente concepción de la historia. Marx concibe la historia como un proceso de fuerzas suprapersonales, cuyas piezas son las clases; Bakunin centra su atención en el hombre concreto, al que considera capaz de vencer las fuerzas de la historia. Fuerza social frente a fuerza individual.

b) Preparación de la revolución social. La revolución social requiere una preparación -es una idea marxista que Lenin llevará a su grado máximo-. La clase revolucionaria es el proletariado industrial y su primera fase la toma de conciencia de clase, la conciencia de pertenecer al grupo social caracterizado por la no posesión de los medios de producción. Estas ideas de Marx son rechazadas por Bakunin. Acciones individuales, actos espontáneos y aislados, pueden crear una situación revolucionaria; es la «propaganda por el hecho».
Además, para Bakunin los campesinos constituyen masas revolucionarias en potencia. El marxismo prendió en países industriales: Inglaterra, Alemania, Francia; el bakuninismo, en países agrarios: Rusia, España.

c) La dictadura del proletariado. Tras la conquista del poder, es una fase inexcusable para Marx. La oposición de Bakunin a toda forma de poder le lleva a rechazarla de plano.
La posición de las dos corrientes difiere porque los marxistas aceptan el juego político, con intervención en elecciones y parlamentos, en tanto los anarquistas abominan de la política, no llegan a fundar partidos sino sindicatos y no participan en el juego electoral. De la misma forma mientras los partidos socialistas procedieron a alianzas con partidos burgueses de la izquierda republicana en varios países, los anarquistas actuaron siempre en solitario. Es indudable que la presencia socialista en la historia política ha sido mucho más importante que la anarquista.

d) Diferencias en el plano nacional e internacional. Si en el plano antropológico el anarquismo ha resaltado al individuo o a la colectividad local frente a la organización nacional de que se dotaron los partidos socialistas marxistas, en el plano internacional los anarquistas optaron por las opciones nacionales -y dentro de ellas por las regionales, con clara preferencia por el federalismo-, a diferencia de sus oponentes, que postularon la internacionalización del movimiento obrero y el carácter unitario que debía asumir la lucha del proletariado.

No resulta difícil en una espigada lectura de páginas de los dos pensadores encontrar puntos en los que el juicio es opuesto. Se explica así el choque en los primeros Congresos obreros y la prohibición temprana de asistencia de los anarquistas a los mismos.

En la revolución rusa del año 1917, Lenin, que sigue el ideario marxista, eliminará en seguida a los anarquistas, porque considera que su individualismo y la pretensión de autonomía de las aldeas y ciudades es peligrosa e incompatible con el proyecto de transformación de Rusia. Un anarquista, Volin, expuso en un libro con toda claridad la incompatibilidad entre los proyectos de Lenin y los de los anarquistas.