Historias de Mujeres

Biografia Sor Juana de la Cruz Resumen de Su Vida y Obra Literaria

Resumen Biografía de Sor Juana Inés de la Cruz
Dotada de una inteligencia que le valió en el siglo XVII la admiración de la corte virreinal de México y le abrió perspectivas de una exitosa vida mundana, Juana Inés Asbaje eligió en cambio retirarse a un convento. Allí, absorbida por los estudios y la creación literaria, llevó una existencia callada y dejó una obra notable, cuyas normas rigieron la poesía de su tiempo.

La vida de sor Juana Inés de la Cruz —llamada por sus admiradores la Décima Musano fue rica en anécdotas espectaculares ni hechos detonantes. Su aguda inteligencia y acertado sentido común le señalaron tempranamente las dificultades que en esa época cerraban el paso a las mujeres que pretendían apartarse de los estrechos límites impuestos por las normas sociales entonces vigentes.

Optó prudentemente por el estado religioso y la más absoluta discreción, como pautas de vida, a tal grado que sus más íntimos anhelos quedan hoy escondidos detrás de los hermetismos barrocos de su estilo literario, y resulta imposible determinar hasta qué punto sus poesías líricas hablan de dolores sinceros o son la esgrima conceptual de la que se valía para tratar temas muy de moda en su tiempo.

El padre de Juana Inés, Pedro Manuel Asbaje, era un vasco que llegó en 1625 a la villa de Yecapixtla, en el sur del virreinato de la Nueva España, donde casó con Isabel Ramírez de Santillana, y ambos se trasladaron a la Alquería de San Miguel de Nepantla. Allí nació en 1651 Juana Inés de Asbaje, y al poco tiempo sus padres se trasladaron con ella a Amecameca, pequeña ciudad que tenía catedral y -detalle importante- escuela.

La misma Juana Inés, en su autobiográfica Carta a sor Pilotea recuerda su primer contacto con la enseñanza: cuando tenía solo tres años acompañó cierto día a una hermana mayor que debía tomar lección; la pequeña Juana no vaciló en decir a la maestra que la madre quería que se le diese lección también a ella. La instructora le dio, medio en broma, medio en serio, la lección solicitada, y al cabo de unos días la maestra comprobó con asombro que la niña aprendía a leer en brevísimo tiempo y a escondidas de sus padres, “creyendo que me azotarían por haberlo hecho sin orden (…)”

De los pocos libros a su alcance no quedó una sola página que no leyese la niña; eran -no podían dejar de serlo en Amecameca- libros religiosos edificantes, la mayoría escritos en verso, de modo que la niña fue creciendo convencida de que la forma natural de expresión escrita era el verso y no la prosa.

A los ocho años descubre unos libros de su abuelo escritos en latín y se entera de que es posible estudiar esa lengua en la Universidad fundada un siglo antes en la ciudad de México. Comienza entonces a asediar a sus padres para que la envíen allá, y como estos no logran disuadirla, aducen una objeción que les parece decisiva: la Universidad no admite mujeres.

Juana no se arredra y les pide permiso para asistir a la Universidad disfrazada de hombre. Los padres accedieron a ruegos tan insistentes y permitieron que prosiguiera su educación en la capital, donde tomaría lecciones particulares de latín. Su padre la encomendó al cuidado de una caravana que se dirigía a la ciudad de México, donde la pequeña Juana fue acogida por unos parientes lejanos.

EXAMEN EN LA CORTE
No quedan muchas huellas de sus primeros años en la capital. Un documento certifica que tomó veinte lecciones de latín con el bachiller Martín de Oliva. El resto de su erudición -que poco después causaría asombro— lo adquirió por sus propios medios, con disciplina de autodidacta y recurriendo a curiosos métodos.

Para controlar sus progresos en el estudio se valía de un originalísimo “reloj”: cuando, ya adolescente, tuvo edad de complacerse con su figura, se cortaba los cabellos cuatro o seis dedos por encima de lo normal y se proponía estudiar un tema mientras su cabellera creciera hasta tener otra vez aspecto presentable; pues “no parecía razón que estuviese vestida de cabellos, cabeza que estaba tan desnuda de noticias”.

El recurso debió ser muy eficaz, y la fama de su saber voló de boca en boca hasta interesar al mismo virrey, Antonio de Toledo, funcionario progresista y protector de las artes. La corte virreinal brillaba por méritos propios, y la joven Juana Inés fue incorporada a ella a los catorce años, bajo la protección de la virreina, doña Leonor. No tardó la muchacha en conquistar la admiración general por su donaire, su discreción y, sobre todo, por su saber. En poco tiempo se formó un círculo de admiradores que hicieron de ella el ídolo mundano de la ciudad.

Manuscritas en páginas que circulaban de mano en mano aparecieron sus primeras poesías: sonetos, odas, poemas de circunstancias. Tanto éxito despertó el resquemor y la envidia de muchos personajes, hasta que la discusión sobre si era genuina o fingida la ciencia de Juana hizo que la Universidad tomara cartas en el asunto y organizara un examen en el que la joven debía responder a las preguntas de un tribunal integrado por más de cuarenta sabios versados en distintas materias. La prueba se efectuó en presencia de toda la corte, y la examinanda respondió con aplomo y amplitud impresionantes. Tal fue su único e insólito contacto con la soñada Universidad.

“LOS DOLORES QUE PADEZCO”
Antes de esta prueba, Juana Inés había ingresado en un convento de Teresas, pero un tropiezo de salud la devolvió al mundo después de tres meses de reclusión. Un año después, el 24 de febrero de 1669, a los dieciocho años, tomó definitivamente los hábitos en el convento de las Jerónimas, con el nombre de sor Juana Inés de la Cruz.

No dejaron de fabularse historias alrededor de su vocación religiosa. Según su propia versión: “Éntreme religiosa, porque aunque conocía que tenía el estado muchas cosas repugnantes a mi genio, con todo, para la total negación que tenía al matrimonio, era lo menos desproporcionado que podía elegir en materia de seguridad que deseaba mi salvación, a cuyo primer respeto (…) cedieron y sujetaron la cerviz todas las impertinentillas de mi genio, que eran de querer vivir sola, de no tener ocupación obligatoria que embarazase la libertad de mi estudio (…)”

Su conducta, no obstante, fue ejemplar: cumplió con todas las obligaciones de su estado religioso y dedicó el resto de su tiempo al estudio, acompañada por los cuatro mil volúmenes que se llevó al convento, además de sus mapas, globos terráqueos y aparatos científicos.

La liberalidad de su regla monástica le facilitó el quehacer intelectual, pero no faltaron algunos inconvenientes. Una de sus superioras le prohibió el estudio, convencida de que estaba vedado por la Inquisición: “Yo la obedecí (…) y aunque no estudiaba en los libros, estudiaba en todas las cosas que Dios crió (…)”. La prohibición duró tres meses, y los buenos oficios de las autoridades allanaron todos los inconvenientes pues la sabia monja era visitada y consultada por los estudiosos y literatos de su tiempo, y hasta por los virreyes. Pero un dolor insaciable, del que se queja con palabras amargas, la mortifica en el convento, donde sus días solitarios carecen “no solo de maestro, sino de condiscípulos con quienes conferir y ejercitar lo estudiado, teniendo solo por maestro un libro mudo,, por condiscípulo un tintero insensible (…)”.

Al final de su vida un cambio radical se produjo en su forma de ser. En 1693 vendió todos sus libros e instrumental, y destinó la recaudación al auxilio de los pobres, conservando solo algunos cilicios y disciplinas y tres devocionarios. Al poco tiempo su superiora la reprendió por llevar los ejercicios de penitencia a límites que bordeaban el suicidio. En 1695 la peste asoló el convento y sor Juana se empeñó en la atención de las enfermas hasta caer ella, víctima del mal el 17 de abril.

Su obra literaria revela una inteligencia penetrante que nunca olvida su condición femenina. No faltan en ella sugerencias llenas de sensatez sobre la educación de las mujeres, la conducta de los hombres para con estas (como en las conocidas redondillas: “Hombres necios que acusáis…”) y sobre la angustiante situación espiritual de su sexo. Quizá su ambiente fue un yugo que la asfixiaba, pero nunca se quejó abiertamente: “Bien ha visto, quien penetra/lo interior de mis secretos, / que yo misma estoy formando / los dolores que padezco”.

Fuente Consultada: Vida y Pasión de Grandes Mujeres – Las Reinas – Elsa Felder

Biografia de Eleanor Roosevelt Resumen de su Vida Primera Dama EE.UU.

Biografia de Eleanor Roosevelt

Resumen Biografia de Eleanor Roosevelt: Compañera y ferviente colaboradora de uno de los más grandes estadistas de los Estados Unidos y primera dama de su país durante más de doce años”,Eleanor Roosevelt supo armonizar su papel de esposa y madre con una empeñosa militancia por los derechos del hombre. Su talento le permitió, conjugar la política, la diplomacia y la literatura en una fructífera existencia que hizo de ella el arquetipo de la mujer norteamericana.Biografia de Eleanor Roosevelt

En 1650, el holandés Claes Martensen atravesó el Atlántico y se estableció en las inmediaciones de Nueva Amsterdam, una aldea fundada por compatriotas suyos en la desembocadura del río Hudson, en el corazón de la isla hoy llamada Manhattan. Campesino en Europa, lo fue asimismo en América, donde las nostalgias del pueblo natal lo llevaron a hacerse llamar Claes van Roosevelt.

Dos siglos después, los Roosevelt formaban una rica y distinguida familia estadounidense. Para entonces, Nueva Amsterdam, que había cambiado su nombre por el de Nueva York, al pasar a manos inglesas, contaba ya con casi tres millones de habitantes.

Un día de 1883 Elliot Roosevelt, descendiente de aquel inmigrante holandés, casó en Nueva York con Anna Hall, bella muchacha cuyos antepasados también habían figurado entre los primeros colonos blancos de la región. Y fue en esa populosa metrópoli donde el 11 de octubre de 1884 nació el primogénito de ese matrimonio: una niña a quien dieron el nombre de Eleanor.

Hubo en la infancia de esta más motivos de sinsabores y tristeza que de felicidad. Fue una chiquilla feúcha, tímida y seria, carente por completo del encanto y la simpatía que suelen agraciar a los niños: a tal punto que su madre no disimulaba que, sin dejar de quererla, prefería a Eddie y Hall, sus hijos menores. En cuanto al señor Roosevelt, que para la niña representaba el centro del mundo, solía ausentarse del hogar durante largas temporadas, internado en alguna casa de salud para curarse de su afición a la bebida.

UNA RIGUROSA EDUCACIÓN

Huérfanos de madre en 1892 y de padre en 1894, Eleanor y su hermano Hall (Eddie había muerto poco tiempo después que la señora Roosevelt) fueron a vivir con la abuela Hall, quien los educó sin retacearles afecto, pero según el principio de que décimo resulta siempre más fácil que decir sí. La aristocrática matrona se mostró particularmente severa en la instrucción de su nieta, a la que se propuso convertir, tal como antes había hecho con sus propias hijas, en una dama de buena sociedad. Como primera medida, dispuso que Eleanor estudiara música e idiomas, sobre todo francés, y en 1899 estimó que había llegado el momento de enviarla a Inglaterra a perfeccionarase.

Cuando partió para el viejo continente Eleanor era una muchacha alta, flaca y desgarbada que se vestía sin mayor gusto y que prefería leer un libro antes que concurrir a una fiesta, pues se sentía inferior a las demás jóvenes de su edad. Al regresar, después de permanecer cuatro años como pupila en un exclusivo colegio británico y de haber recorrido Europa en los períodos de vacaciones, estaba preparada ya para hacer su presentación en sociedad: había aprendido a hablar correctamente el francés, el alemán y el italiano, bailaba con soltura y, con pareja habilidad, era capaz tanto de tender una cama como de mantener una casa en orden o de interesarse por las ideas ajenas.

En el otoño de 1903 comenzó a tratar a un primo lejano que estudiaba derecho en la Universidad de Harvard y que se destacaba en la práctica de diversos deportes. Se llamaba Franklin Delano Roosevelt y desbordaba de entusiasmo cada ve/, que las circunstancias le permitían hablar de cuestiones sociales y políticas.

El joven Roosevelt era lo que en su tiempo se llamaba “un buen partido”. No solo disponía de una crecida renta anual, que habría de multiplicarse cuando heredara la cuantiosa fortuna materna, sino que su inteligencia, su simpatía y sus innatas condiciones de líder le aseguraban un brillante futuro. De entre todas las muchachas casaderas a las que frecuentaba, acaso fue Eleanor la única que no se propuso conquistarlo. Y acaso por eso mismo, él no tardó en proponerle matrimonio. La boda se celebró el 17 de marzo de 1905.

HOGAR Y POLÍTICA

A lo largo de los diez años siguientes Eleanor estuvo siempre aguardando un bebé o reponiéndose de haber dado a luz: sus seis hijos (el segundo de los cuales vivió pocos meses) nacieron entre 1906 y 1916. Mientras tanto, en 1910, Franklin Delano Roosevelt, tras obtener su diploma de abogado, había sido elegido, como candidato del partido Demócrata, senador por el estado de Nueva York, y había iniciado una trayectoria que, con los previsibles altibajos, acabaría por llevarlo a la presidencia de Estados Unidos.

Las actividades de su marido impulsaron a Eleanor a interiorizarse de los diversos problemas que plantea la política, a relacionarse con sectores sociales que le eran desconocidos, a tomar contacto con los ambientes proletarios y descubrir las condiciones a menudo infrahumanas en que solían cumplir sus tareas los obreros. Así se identificó con los necesitados y desvalidos de su país, llegó a la conclusión de que era necesario introducir cambios en el mundo, cambios que ella, por su parte, haría, lo posible para que ocurrieran. La causa del sufragio femenino, a la que se vinculó en la primavera de 1919, le permitió aprender algo más: que cuando se quiere instituir una reforma es más fácil lograrla si se tiene derecho al voto.

Dos años después, cuando un ataque de parálisis infantil postró a Roosevelt y lo obligó a apartarse por un tiempo de la escena política, Eleanor, en la certeza de que más que la enfermedad lo humillaría el hecho de ser tratado como un inválido, no interrumpió las actividades en que ella se hallaba empeñada: sin descuidar la atención del hogar ni la educación de sus hijos, integró la Liga de Consumidores, escribió artículos periodísticos, editó una revista femenina, dirigió una fábrica de muebles norteamericanos típicos y dictó cátedras de literatura y de historia en un colegio secundario.

Y en 1928, cuando su marido se sintió en condiciones de retomar la lucha, ella fue su más eficaz colaboradora en las campañas electorales que lo llevaron en 1929 a ser gobernador de Nueva York, y a ocupar la primera magistratura de su país cuatro, años más tarde.

EL ACTO FINAL

Residencia habitual del presidente de Estados Unidos, la Casa Blanca, emplazada sobre una colina de Washington, fue desde marzo de 1933 y por más de doce años el hogar de Eleanor, puesto que Roosevelt fue reelegido en 1936, 1940 y 1944. Allí, en su condición de anfitriona, agasajó a jefes de Estado, reyes y primeros ministros; allí, como periodista, siguió redactando los artículos que publicaba en las revistas Woman’s Home Companíon, Ladies Hoine Journal y McCaU’s.

En los años de la segunda guerra mundial se encargó de las cuestiones relativas a la defensa civil y realizó numerosos viajes cumpliendo misiones encomendadas por su esposo. Fue por último en la Casa Blanca donde, el 12 de abril de 1945, supo que Franklin Delano había muerto en Warm Springs mientras pasaba unos días de descanso.

Ella misma se encargó de darles la noticia a sus hijos con un cable que decía: “Papá se durmió para siempre. Su deseo habría sido que todos ustedes continúen adelante y que cada uno terminó su trabajo”. En esos dolorosos momentos quizás haya pensado que era su propio trabajo el que había terminado, pues en el tren que la condujo de regreso a Nueva York manifestó a los periodistas: “La historia ha concluido”.

Pero no era así. Ocho meses después de la muerte de Franklin Delano Roosevelt, Eleanor recibió un telegrama en el cual el presidente Truman le solicitaba que integrara la delegación estadounidense a la Asamblea General de las Naciones Unidas que habría de reunirse en Londres en enero de 1946. Vaciló mucho antes de responder, ya que, a su juicio, carecía de conocimientos y de experiencia en materia de asambleas internacionales.

Por fin, aceptó. Al hacerlo, no imaginaba siquiera que asumía una labor que se iba a prolongar hasta 1953 y que le permitiría tener participación decisiva en la redacción de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, documentos que se cuentan entre los más trascendentes del siglo veinte y cuyo Artículo I reza: “Todos los seres humanos han nacido libres e iguales en dignidad y derechos…”

Al renunciar a su cargo en las Naciones Unidas se dedicó a viajar, a pronunciar conferencias y a escribir. En 1958, con la publicación de Por mi propia cuenta, puso fin a su autobiografía, que se integra además con Esta es mi historia (1927) y Lo que recuerdo (1949).

John F. Kennedy, que la consideraba como un arquetipo de la mujer norteamericana, la designó en 1961 delegada a la decimoquinta Asamblea General de las Naciones Unidas. Esa fue su última misión oficial. El 23 de abril de 1962 moría en Nueva York.
Fuente Consultada: Vida y Pasión de Grandes Mujeres – Las Reinas – Elsa Felder

Anécdotas Para No Olvidar Historias Para Reflexionar De Vida Lecciones

Anécdotas Para No Olvidar – Historias Para Reflexionar

ANÉCDOTAS PARA NO OLVIDAR
Bella Historias Para Tener Siempre Presente En La Vida

El caballo en el pozo 

caballo anecdota

Un campesino, que luchaba con muchas dificultades, poseía algunos caballos para que lo ayudasen en los trabajos de su pequeña hacienda. Un día, su capataz le trajo la noticia de que uno de los caballos había caído en un viejo pozo abandonado. El pozo era muy profundo y sería extremadamente difícil sacar el caballo de allí.

El campesino fue rápidamente hasta el lugar del accidente, y evaluó la situación, asegurándose que el animal no se había lastimado. Pero, por la dificultad y el alto precio para sacarlo del fondo del pozo, creyó que no valía la pena invertir en la operación de rescate. Tomó entonces la difícil decisión de decirle al capataz que sacrificase el animal tirando tierra en el pozo hasta enterrarlo, allí mismo.

Y así se hizo. Comenzaron a lanzar tierra dentro del pozo de forma de cubrir al caballo. Pero, a medida que la tierra caía en el animal este la sacudía y se iba acumulando en el fondo, posibilitando al caballo para ir subiendo. Los hombres se dieron cuenta que el caballo no se dejaba enterrar, sino al contrario, estaba subiendo hasta que finalmente consiguió salir.

Si estás “allá abajo”, sintiéndote poco valorado, y otros lanzan tierra sobre ti, recuerda el caballo de esta historia. Sacude la tierra y sube sobre ella.

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LA BOTELLA

hombre sediento

Un hombre estaba perdido en el desierto, destinado a morir de sed. Por suerte, llegó a una cabaña vieja, desmoronada sin ventanas, sin techo. El hombre anduvo por ahí y se encontró con una pequeña sombra donde acomodarse para protegerse del calor y el sol del desierto. Mirando a su alrededor, vio una vieja bomba de agua, toda oxidada. Se arrastró hacia allí, tomó la manivela y comenzó a bombear, a bombear y a bombear sin parar, pero nada sucedía. Desilusionado, cayó postrado hacia atrás, y entonces notó que a su lado había una botella vieja. La miró, la limpió de todo el polvo que la cubría, y pudo leer que decía: “Usted necesita primero preparar la bomba con toda el agua que contiene esta botella mi amigo, después, por favor tenga la gentileza de llenarla nuevamente antes de marchar”.

El hombre desenroscó la tapa de la botella, y vio que estaba llena de agua… ¡llena de agua! De pronto, se vio en un dilema: si bebía aquella agua, él podría sobrevivir, pero si la vertía en esa bomba vieja y oxidada, tal vez obtendría agua fresca, bien fría, del fondo del pozo, y podría tomar toda el agua que quisiese, o tal vez no, tal vez, la bomba no funcionaría y el agua de la botella sería desperdiciada. ¿Qué debiera hacer? ¿Derramar el agua en la bomba y esperar a que saliese agua fresca… o beber el agua vieja de la botella e ignorar el mensaje? ¿Debía perder toda aquella agua en la esperanza de aquellas instrucciones poco confiables escritas no se cuánto tiempo atrás?

Al final, derramó toda el agua en la bomba, agarró la manivela y comenzó a bombear, y la bomba comenzó a rechinar, pero ¡nada pasaba! La bomba continuaba con sus ruidos y entonces de pronto surgió un hilo de agua, después un pequeño flujo y finalmente, el agua corrió con abundancia… Agua fresca, cristalina. Llenó la botella y bebió ansiosamente, la llenó otra vez y tomó aún más de su contenido refrescante. Enseguida, la llenó de nuevo para el próximo viajante, la llenó hasta arriba, tomó la pequeña nota y añadió otra frase: “Créame que funciona, usted tiene que dar toda el agua, antes de obtenerla nuevamente”.http://historiaybiografias.com/linea_divisoria3.jpg

EL ÁRBOL DE LAS MANZANAS

arbol de manzanas

Hace mucho tiempo existía un enorme árbol de manzanas. Un pequeño niño lo apreciaba mucho y todos los días jugaba a su alrededor. Trepaba por el árbol, y le daba sombra. El niño amaba al árbol y el árbol amaba al niño. Pasó el tiempo y el pequeño niño creció y el nunca más volvió a jugar alrededor del enorme árbol. Un día el muchacho regresó al árbol y escuchó que el árbol le dijo triste: “¿Vienes a jugar conmigo?”. Pero el muchacho contestó: “Ya no soy el niño de antes que jugaba alrededor de enormes árboles.

Lo que ahora quiero son juguetes y necesito dinero para comprarlos”. “Lo siento, dijo el árbol, pero no tengo dinero… pero puedes tomar todas mis manzanas y venderlas. Así obtendrás el dinero para tus juguetes”. El muchacho se sintió muy feliz. Tomó todas las manzanas y obtuvo el dinero y el árbol volvió a ser feliz. Pero el muchacho nunca volvió después de obtener el dinero y el árbol volvió a estar triste.

Tiempo después, el muchacho regresó y el árbol se puso feliz y le preguntó: “¿Vienes a jugar conmigo?”. “No tengo tiempo para jugar. Debo trabajar para mi familia. Necesito una casa para compartir con mi esposa e hijos. ¿Puedes ayudarme?”. “Lo siento, no tengo una casa, pero… puedes cortar mis ramas y construir tu casa”. El joven cortó todas las ramas del árbol y esto hizo feliz nuevamente al árbol, pero el joven nunca más volvió desde esa vez y el árbol volvió a estar triste y solitario. Cierto día de un cálido verano, el hombre regresó y el árbol estaba encantado. “Vienes a jugar conmigo?”, le preguntó el árbol.

El hombre contestó: “Estoy triste y volviéndome viejo. Quiero un bote para navegar y descansar. ¿Puedes darme uno?”. El árbol contestó: “Usa mi tronco para que puedas construir uno y así puedas navegar y ser feliz”. El hombre cortó el tronco y construyó su bote. Luego se fue a navegar por un largo tiempo. Finalmente regresó después de muchos años y el árbol le dijo: “Lo siento mucho, pero ya no tenga nada que darte, ni siquiera manzanas”.

El hombre replicó: “No tengo dientes para morder, ni fuerza para escalar… ahora ya estoy viejo. Yo no necesito mucho ahora, solo un lugar para descansar. Estoy tan cansado después de tantos años…”. Entonces el árbol, con lágrimas en sus ojos, le dijo: “Realmente no puedo darte nada… lo único que me queda son mis raíces muertas, pero las viejas raíces de un árbol son el mejor lugar para recostarse y descansar. Ven, siéntate conmigo y descansa”. El hombre se sentó junto al árbol y éste, feliz y contento, sonrió con lágrimas.

Esta puede ser la historia de cada uno de nosotros. El árbol son nuestros padres. Cuando somos niños, los amamos y jugamos con papá y mamá… Cuando crecemos los dejamos… Sólo regresamos a ellos cuando los necesitamos o estamos en problemas… No importa lo que sea, ellos siempre están allí para darnos todo lo que puedan y hacernos felices. Parece que el muchacho es cruel contra el árbol… pero es así como nosotros tratamos a veces a nuestros padres.

Valoremos a nuestros padres mientras los tengamos a nuestro lado.http://historiaybiografias.com/linea_divisoria3.jpg

¡MAL CARÁCTER!

mal carácter de un hombre

Esta es la historia de un muchachito  que tenía muy mal carácter. Su padre le dio una bolsa de clavos y le dijo que cada vez que perdiera la paciencia, debería clavar un clavo detrás de la puerta.

El primer día, el muchacho clavó 37 clavos detrás de la puerta. Las semanas que siguieron, a medida que él aprendía a controlar su genio, clavaba cada vez menos clavos detrás de la puerta.

Descubrió que era más fácil controlar su carácter durante todo el día.

Después de informar a su padre, éste le sugirió que retirara un clavo cada día que lograra controlar su carácter. Los días pasaron y el joven pudo finalmente anunciar a su padre que no quedaban más clavos para retirar de la puerta.

Su padre lo tomó de la mano y lo llevó hasta la puerta. Le dijo: “Has trabajado duro, hijo mío, pero mira todos esos hoyos en la puerta. Nunca más será la misma. Cada vez que tú pierdes la paciencia, dejas cicatrices exactamente como las que aquí ves”.

Tú puedes insultar a alguien y retirar lo dicho, pero el modo cómo se lo digas lo devastará y la cicatriz perdurará para siempre. Una ofensa verbal es tan dañina como la ofensa física. Los amigos son joyas preciosas. Nos hacen reír y nos animan a seguir adelante. Nos escuchan con atención y siempre están dispuestos a abrirnos su corazón. Tenlo siempre presente.

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TODOS TENEMOS GRIETAS

vasija rota

Un cargador de agua de la India tenía dos grandes vasijas que colgaba a los extremos de un palo y que llevaba encima de los hombros. Una de las vasijas tenía varias grietas, mientras que la otra era perfecta y conservaba toda el agua al final del largo camino a pie, desde el arroyo hasta la casa de su patrón, pero cuando llegaba, la vasija rota sólo tenía la mitad del agua.

Durante dos años completos esto fue así diariamente, desde luego la vasija perfecta estaba muy orgullosa de sus logros, pues se sabía perfecta para los fines para los que fue creada. Pero la pobre vasija agrietada estaba muy avergonzada de su propia imperfección y se sentía miserable porque sólo podía hacer la mitad de todo lo que se suponía que era su obligación.
Después de dos años, la tinaja quebrada le habló al aguador diciéndole:
“Estoy avergonzada y me quiero disculpar contigo porque debido a mis grietas sólo puedes entregar la mitad de mi carga y sólo obtienes la mitad del valor que deberías recibir”.

El aguador, apesadumbrado, le dijo compasivamente:
“Cuando regresemos a la casa quiero que notes las bellísimas flores que crecen a lo largo del camino.”
Así lo hizo la tinaja. Y en efecto vio muchas flores hermosas a lo largo del camino, pero de todos modos se sintió apenada porque al final, sólo quedaba dentro de sí la mitad del agua que debía llevar.

El aguador le dijo entonces
“¿Te diste cuenta de que las flores sólo crecen en tu lado del camino? Siempre he sabido de tus grietas y quise sacar el lado positivo de ello. Sembré semillas de flores a todo lo largo del camino por donde vas y todos los días las has regado y por dos años yo he podido recoger estas flores para decorar el altar de mi Maestro. Si no fueras exactamente como eres, con todo y tus defectos, no hubiera sido posible crear esta belleza.”
Cada uno de nosotros tiene sus propias grietas. Todos somos vasijas agrietadas, pero debemos saber que siempre existe la posibilidad de aprovechar las grietas para obtener buenos resultados.

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La última pregunta

mujer trabajando en el hogar

Durante mi último curso en la escuela, nuestro profesor nos puso un examen. Leí rápidamente todas las preguntas, hasta que llegué a la ultima, que decía así: ¿Cuál es el nombre de la mujer que limpia la escuela? Seguramente era una broma. Yo había visto muchas veces a la mujer que limpiaba la escuela. Era alta, cabello oscuro, como de cincuenta anos, pero… ¿cómo iba yo a saber su nombre?

Entregué mi examen, dejando la última pregunta en blanco. Antes de que terminara la clase, alguien le preguntó al profesor si la última pregunta contaría para la nota del examen. Por supuesto, dijo el profesor. En sus vidas ustedes conocerán muchas personas. Todas son importantes. Todas merecen su atención y cuidado, aunque solo les sonrían y digan: !Hola! Yo nunca olvidé esa lección.

También aprendí que su nombre era Dorothy.

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LAS DOS RANITAS

ranitas anecdota

Resulta que había dos ranitas que aprovechando su día libre salieron a pasear por una hermosa mansión. Cuando llegaron a la cocina en busca de algo de comer, se resbalaron en unas gotas de aceite para caer en una gran olla de crema.Ambas desesperadas comenzaron a defenderse de la masa movediza que las iba devorando, hasta que una de ella dijo:-Querida amiga ha llegado mi hora, por más que me esfuerce nunca podré salir con vida de esta situación, no tengo opción yo me entrego, mi vida ha terminado… Y dejando de patalear, lentamente fue desapareciendo de la superficie.

La amiga, por su parte pensó: Yo no sé si hoy es mi día, así que no me entregaré, en todo caso seguiré luchando hasta que Dios me llamé, pero que antes observe que hice todo lo imposible para conservar mi vida.La ranita siguió sin descanso moviendo sus patas, y lo hizo con tanta decisión y con tanta voluntad,que sin darse cuenta la crema se convirtió en manteca, pudiendo pisar firme y escapar tranquilamente.

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LA JOYA

joyas brillantes

Un monje andariego se encontró, en uno de sus viajes, una piedra preciosa, y la guardó en su talega. Un día se encontró con un viajero y, al abrir su talega para compartir con él sus provisiones, el viajero vio la joya y se la pidió.

El monje se la dio sin más. El viajero le dio las gracias y marchó lleno de gozo con aquel regalo inesperado de la piedra preciosa que bastaría para darle riqueza y seguridad todo el resto de sus días. Sin embargo, pocos días después volvió en busca del monje mendicante, lo encontró, le devolvió la joya y le suplicó: “Ahora te ruego que me des algo de mucho más valor que esta joya.

Dame, por favor, lo que te permitió dármela a mí”.

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Papá , ¿Cuánto ganas?

padre e hijo anecdota

La noche había caído ya. Sin embargo, un pequeño hacía grandes esfuerzos por no quedarse dormido; el motivo bien valía la pena: estaba esperando a su papá.

Los traviesos ojos iban cayendo pesadamente, cuando se abrió la puerta; el niño se

incorporó como impulsado por un resorte, y soltó la pregunta que lo tenía tan inquieto:

-Papi, ¿cuánto ganas por hora? –dijo con ojos muy abiertos.

El padre, molesto y cansado, fue tajante en su respuesta:

-Mira hijo, eso ni siquiera tu madre lo sabe, no me molestes y vuelve a dormir, que ya es muy tarde.

-Si papi, sólo dime, ¿cuánto te pagan por una hora de trabajo? –reiteró suplicante el niño.

Contrariado, el padre apenas abrió la boca para decir:

-Ochocientos pesos.

-Papi, ¿me podrías prestar cuatrocientos pesos? –preguntó el pequeño.

El padre se enfureció, tomó al pequeño del brazo y en tono brusco le dijo:

-Así es que para eso querías saber cuánto gano, ¿no?. Vete a dormir y no sigas fastidiando, muchacho….

El niño se alejó tímidamente y el padre, al meditar lo sucedido, comenzó a sentirse culpable: “Tal vez necesita algo”, pensó, y queriendo descargar su conciencia se asomó al cuarto de su hijo y con voz suave le preguntó:

-¿Duermes hijo?

-Dime papi, respondió él entre sueños.

-Aquí tienes el dinero que me pediste.

-Gracias papi –susurró el niño mientras metía su manita debajo de la almohada, de donde sacó unos billetes arrugados-. ¡Ya completé! –gritó jubiloso-.

Tengo, ochocientos pesos…, ahora papá:

¿ME PODRÍAS VENDER UNA HORA DE TU TIEMPO?

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Perdonar y agradecer

dos amigos caminando

Dice una leyenda árabe que dos amigos viajaban por el desierto y en un determinado punto del viaje discutieron, y uno le dio una bofetada al otro. El otro, ofendido, sin nada que decir, escribió en la arena: “Hoy, mi mejor amigo me pegó una bofetada en el rostro”. Siguieron adelante y llegaron a un oasis donde resolvieron bañarse. El que había sido abofeteado comenzó a ahogarse, y le salvó su amigo. Al recuperarse tomó un estilete y escribió en una piedra: “Hoy, mi mejor amigo me salvó la vida”. Intrigado, el amigo preguntó: “¿Por qué después que te pegué escribiste en la arena y ahora en cambio escribes en una piedra?”. Sonriendo, el otro amigo respondió: “Cuando un amigo nos ofende, debemos escribir en la arena, donde el viento del olvido y el perdón se encargarán de borrarlo y apagarlo. Pero cuando nos ayuda, debemos grabarlo en la piedra de la memoria del corazón, donde ningún viento podrá borrarlo”.

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El elefante del circo

anecdota elefante en el circo

Cuando yo era chico me encantaban los circos, y lo que más me gustaba de los circos eran los animales. También a mí como a otros, después me enteré, me llamaba la atención el elefante. Durante la función, la enorme bestia hacía despliegue de peso, tamaño y fuerza descomunal… pero después de su actuación y hasta un rato antes de volver al escenario, el elefante quedaba sujeto solamente por una cadena que aprisionaba una de sus patas a una pequeña estaca clavada en el suelo. Sin embargo, la estaca era sólo un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en la tierra. Y aunque la cadena era gruesa y poderosa, me parecía obvio que ese animal capaz de arrancar un árbol de tajo con su propia fuerza, podría, con facilidad, arrancar la estaca y huir.

El misterio es evidente: ¿Qué lo mantiene entonces? ¿Por qué no huye? Cuando tenía cinco o seis años, pregunté a algún maestro, a mi padre o a algún tío por el misterio del elefante. Alguno de ellos me explicó que el elefante no se escapaba porque estaba amaestrado. Hice entonces la pregunta obvia: Si está amaestrado, ¿por qué lo encadenan? No recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente. Con el tiempo me olvidé del misterio del elefante y la estaca… y sólo lo recordaba cuando me encontraba con otros que también se habían hecho la misma pregunta.

Hace algunos años descubrí que por suerte para mí alguien había sido lo bastante sabio como para encontrar la respuesta: “El elefante del circo no escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde que era muy pequeño”. Cerré los ojos y me imaginé al pequeño recién nacido sujeto a la estaca. Estoy seguro de que en aquel momento el elefantito empujó, tiró y sudó tratando de soltarse. Y a pesar de todo su esfuerzo no pudo. La estaca era ciertamente muy fuerte para él. Juraría que se durmió agotado y que al día siguiente volvía a probar, y también al otro y al que seguía… hasta que un día, un terrible día para su historia, el animal aceptó su impotencia y se resignó a su destino. Este elefante enorme y poderoso no escapa porque cree que no puede. Él tiene registro y recuerdo de su impotencia, de aquélla impotencia que se siente poco después de nacer. Y lo peor es que jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente ese registro. Jamás… Jamás… intentó poner a prueba su fuerza otra vez… Cada uno de nosotros somos un poco como ese elefante: vamos por el mundo atados a cientos de estacas que nos restan libertad. Vivimos creyendo que un montón de cosas “no podemos hacer” simplemente porque alguna vez probamos y no pudimos. Grabamos en nuestro recuerdo “no puedo… no puedo y nunca podré”, perdiendo una de las mayores bendiciones con que puede contar un ser humano: la fe.

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LA MESA DE LA ABUELA
Adaptación de ún texto de los Hermanos Grimm

abuela
Es posible que este cuento cobre más significado a medida que pasan los años, pero debemos aprenderlo cuando somos jóvenes, en aras de la generación que nos precede.
Erase una vez una débil anciana cuyo esposo había fallecido dejándola sola, así que vivía con su hijo, su nuera y su nieta. Día tras día la vista de la anciana se enturbiaba y su oído empeoraba, y a veces, durante las comidas, las manos le temblaban tanto que se le caían las judías de la cuchara y la sopa del tazón. El hijo y su esposa se molestaban al verle volcar comida en la mesa, y un día, cuando la anciana volcó un vaso de leche, decidieron terminar con esa situación.
Le instalaron una mesilla en el rincón cercano al armario de las escobas y hacían comer a la anciana allí. Ella se sentaba a solas, mirando a los demás con ojos enturbiados por las lágrimas. A veces le hablaban mientras comían, pero habitualmente era para regañarla por haber hecho caer un cuenco o un tenedor.
Una noche, antes de la cena, la pequeña jugaba en el suelo con sus bloques, y el padre le preguntó qué estaba construyendo.
—Estoy construyendo una mesilla para mamá y para ti —dijo ella sonriendo—, para que podáis comer a solas en el rincón cuando yo sea mayor.
Sus padres la miraron sorprendidos un instante, y de pronto rompieron a llorar. Esa noche devolvieron a la anciana su sitio en la mesa grande. Desde entonces ella comió con el resto de la familia, y su hijo y su nuera dejaron de enfadarse cuando volcaba algo de cuando en cuando.

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EL BUEN SAMARITANO

Jesus parabola buen samaritano

Jesús, que predicó que debemos amar al prójimo como nos amamos a nosotros mismos, cuenta la parábola del Buen Samaritano (Lucas 10:29-37) en respuesta a la pregunta “¿Quien es mi prójimo?”. Para comprender bien la historia, es importante saber que un “buen samaritano” habría sido una expresión contradictoria para la mayoría de los judíos en tiempos de Jesús, pues existía una hostilidad tradicional entre judíos y samaritanos.

El viajero que acude en ayuda del hombre herido es la persona de quien se espera menos compasión.
Jesús contó la parábola del buen samaritano. Dijo así:
—Un hombre recorría el solitario camino de Jerusalén a Jericó y cayó entre salteadores, que lo despojaron de todo lo que tenía y lo aporrearon y se marcharon, dejándolo medio muerto. Sucedió que un sacerdote recorría ese camino, y cuando vio al hombre en el suelo, pasó por el otro lado. Y un levita, cuando llegó a ese mismo sitio, también siguió por el otro lado. Pero un samaritano llegó adonde yacía ese hombre, y en cuanto lo vio se apiadó de él. Se acercó al hombre y le vendó las heridas, vertiéndoles aceite y vino. Luego lo levantó y lo puso sobre su bestia de carga, y lo acompañó hasta una posada. Allí lo cuidó toda la noche. A la mañana siguiente sacó dos monedas de su morral y las entregó al posadero, diciendo: “Cuida de él, y si necesitas gastar más, hazlo. Cuando regrese te pagaré”.
“¿Cuál de estos tres se comportó como el prójimo del hombre que cayó entre los salteadores?
—El que demostró misericordia —dijo el escriba.
Y Jesús le dijo:
—Pues compórtate de la misma manera.
Mediante esta parábola Jesús demostró que “nuestro prójimo” es el que necesita la ayuda que podamos brindarle, sea quien fuere.

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EL ÁRBOL DE MANZANAS

Este era un enorme árbol de manzanas al cual un niño amaba mucho. Todos los días jugaba a su alrededor, trepaba hasta el tope, comía sus frutos y tomaba la siesta bajo su sombra. El árbol también lo quería mucho.

Pasó el tiempo, el niño creció y no volvió a jugar alrededor del árbol. Un día regresó y escuchó que este le decía con cierta tristeza: – ¿Vienes a jugar conmigo?

Pero el muchacho contestó: – Ya no soy el niño de antes que juega alrededor de los árboles. Ahora quiero tener juguetes, y necesito dinero para comprarlos.

– Lo siento -dijo el árbol-. No tengo dinero, pero te sugiero que tomes todas mis manzanas y las vendas; así podrás comprar tus juguetes.

El muchacho tomó las manzanas, obtuvo el dinero y se sintió feliz. También el árbol fue feliz, pero el muchacho no volvió. Tiempo después, cuando regresó, el árbol le preguntó: – ¿Vienes a jugar conmigo?

– No tengo tiempo para jugar; debo trabajar para mi familia y necesito una casa para mi esposa e hijos. ¿Puedes ayudarme?

– Lo siento -repuso el árbol-. No tengo una casa, pero puedes cortar mis ramas y construir tu casa.
El hombre cortó todas las ramas del árbol, que se sintió feliz, y no volvió. Cierto día de un cálido verano, regresó. El árbol estaba encantado. – ¿Vienes a jugar conmigo? -le preguntó.

– Me siento triste, estoy volviéndome viejo. Quiero un bote para navegar y descansar, ¿puedes dármelo?
El árbol contestó: – Usa mi tronco para construir uno; así podrás navegar y serás feliz.
El hombre cortó el tronco, construyó su bote y se fue a navegar por un largo tiempo. Regresó después de muchos años y el árbol le dijo:
– Lo siento mucho, pero ya no tengo nada que darte, ni siquiera manzanas.
El hombre replicó: – No tengo dientes para morder ni fuerzas para escalar, ya estoy viejo.
Entonces el árbol, llorando, le dijo: – Realmente no puedo darte nada. Lo único que me queda son mis raíces muertas.
Y el hombre contestó: – No necesito mucho ahora, sólo un lugar para reposar. Estoy cansado después de tantos años…
– Bueno -dijo el árbol-, las viejas raíces de un árbol son el mejor lugar para recostarse y descansar. Ven, siéntate conmigo y descansa.

El hombre se sentó junto al árbol y este, alegre y risueño, dejó caer algunas lágrimas.

Esta bonita y triste anécdota representa nuestra vida, como muchos de nostros hemos sido con nuestros padres (el árbol), siempre necesitamos de ellos, de su atención, apoyo, contención y cuando nos va un poco mejor nos alejamos para regresar cuando pensamos que nuevamentes necesitamos de sus consejos. Y ellos siempre están ahi presentes para escucharnos, y tratar de darnos todo con tal de hacernos felices, sin pedir nada a cambio.

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La felicidad es un trayecto, no un destino

la felicidad de una pareja

Nos convencemos a nosotros mismos de que la vida será mejor después de casarnos, después de tener un hijo,
y entonces después de tener otro.
Entonces nos sentimos frustrados de que los hijos no son lo suficientemente grandes y que seremos felices cuando lo sean. Después de eso nos frustramos por que son adolescentes (difíciles de tratar). Ciertamente seremos más felices cuando salgan de esa etapa.
Nos decimos que nuestra vida estará completa cuando a nuestro esposo o esposa le vaya mejor,
cuando tengamos un mejor auto o una mejor casa, cuando nos podamos ir de vacaciones, cuando estemos retirados…

La verdad es que no hay mejor momento para ser felices que AHORA. Si no es
ahora? , Cuando? Tu vida siempre estará llena de retos. Es mejor admitirlos
y decidir ser felices de todas formas. Una de mis frases favorita es de Souza, dijo: “Por largo tiempo parecía para
mí que la vida estaba a punto de comenzar, la vida de verdad. Pero siempre había un obstáculo en el camino, algo que resolver primero, algún asunto sin terminar, tiempo por pasar, una deuda que pagar, entonces la vida
comenzaría. Hasta que me dí cuenta que esos obstáculos eran mi vida.

Esta perspectiva me ha ayudado a ver que no hay un camino a la felicidad. la felicidad es el camino.
Así que atesora cada momento que tienes, y atesórarlo más cuando lo compartiste con “alguien especial”, lo suficientemente especial para compartir tu tiempo, y recuerda que el tiempo no espera por nadie…

Así que deja de esperar hasta que termines la escuela, hasta que vuelvas a la escuela, hasta que bajes 10 kilos, hasta que tus hijos se vayan de casa,hasta que te cases, hasta que te divorcies, hasta el viernes por la noche, hasta el domingo por la mañana, hasta la primavera, hasta el verano, o hasta que mueras, para decidir que no hay mejor momento que este para ser feliz…

La felicidad es un trayecto, no un destino.
Pensamiento para la vida: Trabaja como si NO necesitaras dinero, Ama como si
nunca te hubieran herido, y baila como si NADIE te estuviera viendo…

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ANÉCDOTAS DE LAS VIDA REAL:

naki, el medico negro

el perdon valor humano

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PALABRAS DE UNA MADRE A SU HIJO

palabras para tu hijo

HIJO,…ESTA VIDA ES TUYA!

Esta vida es tuya
Hazte cargo
de elegir
lo que quieres hacer.

Házte cargo
de amar lo que quieres en la vida
y ama sinceramente.

Házte cargo
de caminar por el bosque
y ser parte de la naturaleza.

Házte cargo
de controlar tu propia.
Nadie lo puede hacer por tí.

Házte cargo
de ser feliz.

Susan Politz Schutz

http://historiaybiografias.com/linea_divisoria3.jpgME HACES TAN FELIZ, HIJO MÍO
Me 
siento tan afortunada
de tenerte por hijo
Me encanta tu cara despierta
cuando conversamos seriamente sobre el mundo
Me encanta tu sonrisa
cuando te ríes de las locuras de este mundo
Me encantan tus ojos
cuando reflejan tus emociones
Me encanta tu imaginación
cuando descubre ideas nuevas
y las explora
Me encantan tus ideas
cuando creas nuevos conceptos
y tus propias fantasías
Mucha gente me dice
que no pueden hablar con sus hijos
que ya están deseando
que sus hijos se marchen de casa
Quiero que sepas
que no sólo me haces feliz
sino que siempre estoy a la espera del momento
en que volvamos a estar juntos
A medida que vayas creciendo
no sólo seguirás siendo mi hijo adorado
sino también mi más querido amigo
Como madre estoy tan orgulloso de ti
y mi amor por ti se hace más y más fuerte.             

Susan Politz Schutz

valores humanos