Injusticias de la Vida

Los Enigmas de los asesinatos de JACK EL DESTRIPADOR

Entre septiembre y noviembre de 1888 un asesino mató y mutiló salvajemente a cinco prostitutas en el empobrecido East End londinense. De identidad desconocida, la prensa lo convirtió en una leyenda que aun continua. Jack El Destripador, no fue el primer asesino en serie de la historia, pero sin dudas fue el primero en alcanzar unos niveles de semejante fama mundial ,en donde diarios de lugares tan alejados como México, y Nueva Zelanda, hablaban de sus crímenes.

¿Porque tanta fascinación?. Resulta difícil decir que ha sido, pero muchos coinciden en que el nombre ha creado el inicio de toda esta polémica e intrigante historia que lleva mas de un siglo de antigüedad. Para otros fue los detalles escabrosos, ampliamente difundidos por periódicos, acerca de como atacaba y descuartizaba a sus víctimas, mutilando y arrancando sus órganos “íntimos”.

Jack el destripador

¿Fue Jack el Destripdor una mujer?
Ya en tiempos de los asesinatos de Whitechapel, sobre todo tras la carnicería hecha a Mary Kelly, se oyó hablar entre la policía de que Jack el Destripador podía ser una mujer. El testimonio de una vecina llamada Caroline Maxwell, que no fue incluido en ningún informe, resulte) determinante para que el inspector jefe Abberline se acercara a su colega Thomas Dutton diciéndole: “¿No crees que este caso podría ser el de Jill la Destripadora en vez de Jack el Destripador?”.

En 1939, William Stewart escribió un libro con una nueva teoría basada en aquella suposición policial. Según él, Jill era una mujer de mediana edad, especialista en provocar abortos, que había sido denunciada a la policía por otra mujer a la que ayudó a abortar. Aquella traición femenina, por la que pasó un tiempo entre rejas, le hizo despertar un sentimiento de venganza contra las personas de su propio sexo, especialmente prostitutas, que eran sus mejores dientas.

Stewart creyó que Jill se llamaba en realidad Mary Pearcy, ahorcada en 1890 por haber acuchillado y degollado a la mujer de su amante y a su hijo. Medio siglo antes, Arthur Conan Doyle, el célebre creador del investigador Sherlock Holmes, también había advertido a la policía sobre la hipótesis de que el asesino de Whitechapel podía ir vestido con ropa de mujer para evitar sospechas y así escapar sin problemas. Adelantó incluso que se podía tratar de una comadrona, en cuyo caso ni la existencia de manchas de sangre en sus ropas ni su presencia a altas horas de la noche habrían resultado sospechosas.

¿Fue Jack el destripador, un primo de Virgia Woolf?
En su obra Cláreme: He was Jack theRipper?, publicada en 1972 y dedicada a la vida del duque de Clarence, el novelista Michael Harrison, cultor del género criminal y fantástico, puso a James Stephen (1859-1892) en el ojo del huracán. El duque no era otro que el príncipe Albert Víctor, nieto de la reina Victoria, heredero de la corona. Por su parte, Stephen fue un brillante historiador, periodista y poeta, educado en Eaton y Cambridge, y primo de la escritora Virgina Woolf, a quien se encargó la tutela de su alteza en el verano de 1883.

Según Harrison, autor de pastiches de Sherlock Holmes y Auguste Dupin, el tutor cayó enamorado del príncipe, pero este prefería andar con prostitutas, lo que provocó un ataque de celos y la transformación de Stephen en el Destripador. Harrison basó su teoría en la similitud entre la letra de Stephen y la de la carta Desde el infierno, considerada durante tiempo la más auténtica de las misivas del Destripador.

¿Influyó la Luna en los crímenes?
En agosto de 1895, durante un congreso de medicina forense celebrado en Nueva York, el reputado alienista -nombre que recibían los psiquiatras antes de la consagración de esta disciplina médica- británico Lyttleton Stewart Forbes Winslow postuló la teoría de la influencia de la Luna como el agente que impulsó a Jack el Destripador a cometer los asesinatos. Explicó que estos habían ocurrido mientras el satélite atravesaba las fases de luna nueva o de cuarto menguante. Además, aventuró que el asesino debía ser un aplicado estudiante de medicina, miembro de una respetable familia, delgado, de tez pálida, cabellos claros, ojos azules y de aspecto irreprochable. Forbes añadió también un retrato psicológico.

Se trataría de un joven desorientado, de dogmáticas creencias religiosas -que asistía puntualmente a los oficios matinales de la catedral de San Pablo-, persuadido de estar llamado a cumplir una misión aniquiladora, que obedecía a un programa de moralización y saneamiento social encargado por Dios y que le impulsaba a cometer las masacres en los cuerpos de las prostitutas.

¿Hubo Más de un Asesino?
Esta es una hipótesis que, aunque poco probable, no se ha descartado. De hecho, aunque se adjudican a Jack por lo menos cinco de los once asesinatos que se registraron en el East End entre 1888 y 1891, ni los propios “destripólogos” se ponen de acuerdo en cuáles de ellos son realmente obra del más famoso asesino de la historia .del Reino Unido. La inmensa mayoría acepta que de los cinco asesinatos “canónicos” hay al menos tres que responden sin duda al modus operandi de Jack el Destripador: Mary Ann Nichols, Annie Chapman y Catherine Eddowes. Además, en la actualidad se tiende a incluir a Martha Tabram entre las más que probables primeras víctimas del «monstruo de White-chapel».

Esta indefinición ha permitido sugerir que la atroz secuencia de homicidios se debió a una singular “epidemia” de imitadores, fomentada por el clima de histeria suscitado por la prensa, que hizo circular interesadas versiones sobre la forma en que se cometieron los asesinatos. Fuere como fuere, está probado que tras el asesinato de Mary Kelly hubo otros homicidas que intentaron imitar las formas del Destripador. No obstante, crímenes como el “doble evento” son difícilmente atribuibles al hecho casual de que dos asesinos desconocidos entre sí coincidieran en la misma noche para salir a matar a dos prostitutas. Pero…

¿Procedía el destripador de EE.UU.?
Sir Arthur Conan Doyle (1859-1930), mundialmente famoso por sus historias del detective Sherlock Holmes, aconsejó a la policía londinense que buscara a Jack el Destripador en Estados Unidos. Dijo que había llegado a esta conclusión después de la lectura de la primera carta enviada a la Central News Agency por el asesino, donde aparecían algunas expresiones propias del inglés estadounidense. De hecho, el célebre escritor no fue el único en sospechar de la pista estadounidense.

En 1993, el escritor y “destripólogo” Stewart Evans hizo pública una carta del inspector jefe de la Policía Metropolitana de Londres John G. Little-child, fechada en septiembre de 1913 y dirigida a George R. Sims, periodista, en la que, al tiempo que revelaba la identidad del reportero que había escrito la carta Querido Jefe, atribuida al asesino de Whi-techapel, admitía que Scot-land Yard había sospechado de un curandero, aventurero y misógino estadounidense de origen irlandés llamado Francis Tumblety, entre cuyas extravagantes costumbres estaba la de coleccionar úteros de mujer.

La sospecha debió ser fundamentada porque Scotland Yard envió a un experimentado inspector, Walter Andrews, a Estados Unidos para pedir la extradición de Tumblety, detenido en Nueva York. Las autoridades estadounidenses, sin embargo, no satisficieron la petición británica al estimar que no había pruebas suficientes que incriminaran al detenido con los asesinatos de Whitechapel.

¿El Asesino pudo haber sido un policía?
Nada menos que Frederick Abberline, inspector jefe de la Policía Metropolitana en 1888, mereció ser considerado el Destripador por un «destripólogo» español, José Luis Abad, especialista en grafología, en su libro Jack el Destripador, el asesino más inteligente de la historia (2011).

Abberline, que se retiró en 1892 para acabar su carrera trabajando en la delegación europea de la famosa agencia estadounidense de detectives Pinkerton, tenía al clásico envenenador George Chapman, ejecutado en 1903, por principal sospechoso. Pero Abad, en base a sus propios exámenes grafológicos, sostiene que Abberline era el célebre asesino.

No obstante, las sospechas de que Jack el Destripador fuera un policía también recaen sobre otros agentes de la ley como el sargento Eugene Charles Bradshaw, quien participó en todas las investigaciones de los asesinatos. Miembro de la logia masónica Príncipe Leopoldo, que celebró asambleas las noches de los asesinatos.

¿El cadaver de Miller´s Court era el de Mary Kelly?
De los cinco asesinatos canónicos de Jack el Destripador, el que menos se ajusta al patrón de los anteriores es el de Mary Kelly. La víctima no solo era mucho más joven que las otras cuatro desafortunadas, sino también más alta y fuerte. El homicidio ocurrió en el interior de una vivienda y no en la vía pública. Ni siquiera la influencia lunar fue la misma, puesto que el 9 de noviembre de 1888 el astro avanzaba hacia el cuarto creciente y no estaba en luna nueva o cuarto menguante como ocurrió con los cuatro asesinatos precedentes. Además de los factores ambientales, tampoco la biografía de Mary Kelly es precisa.

La mayoría de los datos fueron suministrados a la policía por Joseph Barnett, el hombre de 30 años que convivía con ella y que también nutrió la lista de sospechosos. Por otra parte, las versiones de algunos testigos que dijeron verla con vida sobre las ocho de la mañana del mismo día 9 de noviembre, contradijeron los resultados forenses sobre la hora de su muerte. En definitiva, todos estos datos equívocos han dado pie a varias teorías sobre si el cadáver desollado encontrado en el número 13 de Miller’s Court era realmente el de Kelly.

En los últimos tiempos, y a tenor de algunas noticias sobre la negativa del Ministerio del Interior británico a abrir los archivos sobre los informadores de la policía durante los crímenes de Whitechapel, ha surgido la teoría de que Mary Kelly podría ser una agente británica infiltrada en los bajos fondos para recoger información sobre las actividades de los “Fenians”, los temidos radicales irlandeses que en 1887 intentaron asesinar a la reina Victoria con motivo de los 50 años de su reinado.

¿Es posible que Kelly fuera descubierta por los irlandeses y que los servicios especiales de Scot-land Yard intentaran ponerla a salvo simulando un brutal asesinato, solo atribuible a un anónimo asesino llamado Jack el Destripador? La teoría puede parecer descabellada, pero tanto el asistente del comisionado, Robert Anderson, como el inspector jefe John G. Littlechild y el inspector Frederick Abberline, trabajaron en la división especial contra el terrorismo irlandés. La desfiguración del rostro y el cadáver de Mary Kelly cobraría así otro sentido, como lo tendría también la detallada descripción que George Hutchinson, el amigo a quien la prostituta pidió dinero, hizo del presunto asesino de Kelly.

Además, también se sabía que el propietario enviaría el día 9 a alguien a cobrar los atrasos del alquiler y que descubriría el cadáver. Es posible que la operación se dirigiera a proteger a Kelly del doctor Francis Tumblety, presunto agente de los «Fenians» detenido apenas unos días antes por actos antinaturales con otro hombre -¿una excusa para preparar la operación de protección con un cadáver extraído de una morgue con el beneplácito de los forenses?-, quien tras conocer el asesinato de la joven prostituta decidió huir a Francia.

Transiberiano Historia de su construccion Tren en Rusia Datos Interes

El enorme Imperio ruso tuvo graves problemas de consolidación. Para evitar los movimientos nacionalistas se llevó a cabo un duro sistema de rusificación, obligando a los pueblos sometidos a utilizar la lengua rusa y persiguiendo las religiones que no fueran la oficial Iglesia ortodoxa rusa.

Otro problema era el derivado de la inmensidad del territorio y la dificultad de las comunicaciones. Para paliarlo, a partir de 1850 se intensificó la construcción de ferrocarriles que unieran las principales ciudades. La obra más ambiciosa fue la construcción del Transiberiano, que iba a unir el mar Báltico con el océano Pacífico.

La construcción del Transiberiano se inició en 1891 y se realizó en dos etapas: de 1891 a 1904 hasta el lago Baikal, en el corazón de Asia, y de 1908 a 1916 hasta Vladivostok, puerto fundado por los rusos en 1860 como defensa frente a los posibles avances de Japón.

HISTORIA DEL FERROCARRIL TRANSIBERIANO: Costó trece años y 250 millones de dólares, pero el extenso Imperio Ruso finalmente estaba cruzado por vías en 1904. Sergei Witte, el ministro de finanzas ruso que había dirigido la construcción de los 8.800 Km. de vía del ferrocarril Transiberiano, lo calificó como «una de las mayores empresas del siglo en el mundo entero». La línea se extendía desde los montes Urales, en la Rusia europea, a través de la desolada Siberia y de Manchuria hasta Vladivostock, en el mar de Japón. «He dedicado mi cuerpo y mi alma a esta empresa», comentó un orgulloso Witte. Los críticos dijeron que había hecho un trabajo de primera clase construyendo un tren de tercera.

recorrido del transiberiano

El trazado poseía un diseño muy pobre, habla sido construido a bajo costo con materiales baratos, y era propenso al colapso. «Tras una primavera de lluvias», explicó un viajero, «el tren circulaba fuera de las vías como las ardillas». De hecho, en septiembre, cuando el tramo final del Transiberiano, en el peligroso sur del lago Baikal, estuvo finalmente colocado, el tren descarriló diez veces durante las pruebas.

Aun así, el ministro de finanzas declaró que la línea era todo un éxito. Rusia no tendría que esperar mucho: necesitó desesperadamente el tren para trasladar soldados y provisiones a través del continente, hacia Manchuria, donde la guerra ruso-japonesa se hallaba en su apogeo.

Irónicamente, la propia vía férrea fue una de las causas mayores de la guerra. Debido a las dificultades del terreno del este de Siberia, los constructores del Transiberiano, con permiso del gobierno chino, habían tomado un atajo hacia la costa a través de Manchuria.

Cuando la rebelión boxer estalló, Rusia desplegó miles de soldados en Manchuria para proteger su propiedad. Japón, que tenía sus propios planes para la región, se opuso frontalmente. Siete meses antes de que último riel fuese colocado empezó la guerra.

Datos de interés:

La construcción de la línea se dividió en varias secciones, bajo la dirección de diferentes ingenieros. La sección más occidental, que empezaba en Cheliabinsk, discurría casi en línea recta durante casi 1.500 kilómetros, a través de llanuras sin accidentes, pero no había árboles para hacer traviesas y sólo se podía trabajar al aire libre durante cuatro meses al año.

Las excavaciones se hacían con pico y pala; y para ahorrar dinero, las traviesas estaban más espaciadas que en Europa o Norteamérica y los raíles se hicieron con un acero mucho más ligero. Apenas se utilizaba balasto para asentar la vía, y en muchos lugares se tendían las traviesas directamente sobre la tierra.

A pesar de los problemas, se avanzó con rapidez, tendiendo una media de 4 kilómetros diarios de vías en verano. Los primeros 800 kilómetros de la sección occidental se inauguraron en septiembre de 1894. En agosto de 1895, la línea había llegado al Obi, uno de los ríos más largos de Siberia.

Los equipos construían puentes sobre la marcha: estructuras de madera sobre los arroyos y ríos pequeños, y construcciones más sólidas, de piedra y acero, sobre los ríos caudalosos como el Obi y el Yeniséi. Hicieron un buen trabajo, como demuestra el hecho de que muchos de los puentes de acero aún se mantienen en pie, a pesar de sufrir cada primavera el impacto de miles de toneladas de hielo contra sus pilares de piedra, cuando comienza el deshielo.

El frío se cobró innumerables vidas, ya que los obreros trabajaban apenas sin protección, a unos treinta metros de altura sobre las aguas congeladas, y a veces se quedaban tan agarrotados que no podían agarrarse a los asideros y caían al hielo. Muchos de los albañiles eran italianos, que ganaban 100 rublos al mes.

El acero fundido para los puentes se traía de los Urales, el cemento de San Petersburgo, los cojinetes de acero de Varsovia, y todo llegaba por la vía recién tendida, con lentitud desesperante.

El recorrido atraviesa siete husos horarios distintos. La duración total del viaje depende del servicio en cuestión, pero el promedio es de ocho días y siete noches.

A intervalos regulares a lo largo del trayecto se cambian las locomotoras, se comprueban los bogies, según se deduce del sonido metálico producido al golpear una barra de acero, y se bombea el agua fresca necesaria para el suministro del tren por medio de mangueras.
La mayoría de las composiciones tienen más de 500 metros de coches de pasajeros.

Rusia y Mongolia se caracterizan por su ancho de vía (trocha) ancha, mientras que China utiliza el ancho de vía (trocha) estándar, por lo que hay un cambio de ancho de vía (trocha). Esto implica que las formaciones que viajan hacia o desde China no pueden cruzar la frontera directamente, sino que cada coche de pasajeros debe ser levantado para que sus bogies sean cambiados. Esta operación, junto con los trámites de aduana y el control de pasaportes, puede hacer que el cruce de la frontera demande varias horas.

Cuanto menor es el número que el tren lleva como identificación, menos paradas hace y por lo tanto más rápido es el viaje. No obstante, el número del tren no supone diferencias en cuanto a los tiempos requeridos en el cruce de fronteras.

Hay dos clases de acomodos: blando, con asientos totalmente tapizados; y duro, con asientos de plástico o de cuero. Los dos tipos de asientos se convierten en camas para viajar de noche. El tipo de acomodo blando consiste en grandes compartimentos tipo europeo con 2 ó 4 literas, mientras que el tipo de acomodo duro consiste en compartimentos de cuatro literas o en coches sin compartimentos. El menú del tren tiene 18 páginas.

Fuente Consultada: Wikipedia, El Gran Libro del Siglo 20 (Clarín) y La Ciencia en el Siglo XX – Tomo II   

Tragedias y accidentes en el siglo XX Grandes Catastrofes Accidentes

historicas tragedias

LISTA DE LAS TRAGEDIAS MAS IMPORTANTES DE LA HISTORIA

(1912) Hundimiento del Titanic  1403 Víctimas
(1937) Incendio en el Hindenburg 36 Víctimas
(1945) Hundimiento del Gustloff (8000 Víctimas)
(1977) Accidente Aéreo en Tenerife 582 Víctimas
(1912)Accidente Aéreo en el Río Potomac 78 Víctimas
(1976) Contaminación Química en Seveso
(1986) Explosión Radiactiva en Chernobyl
(1986) La Tragedia del Transbordador Challenger
(2000) La Tragedia del Submarino Ruso Kursk
(2001) Ataque a las Torres Gemelas

GRANDES TRAGEDIAS DE LA HISTORIA:
TRAGEDIA NATURAL: EL TERREMOTO DE PERÚ EN 1970:
En aquellas partes del mundo que, por fallas en la corteza terrestre, son especialmente susceptibles a los terremotos, la gente aprende a vivir con el riesgo y a aceptarlo como parte de sus vidas, de la misma forma en que la gente que vive en el hemisferio norte acepta la posibilidad de que haya nieve en invierno. Los peruanos han estado conscientes de la probabilidad de terremotos durante siglos (la historia registrada de terremotos en Perú data de los cronistas españoles en 1619) y han aprendido a aceptarlo filosóficamente. Pocos, sin embargo, imaginaron un terremoto tan devastador como el que ocurrió el domingo 1 de mayo de 1970, que afectó 960 kilómetros de la costa peruana y una vasta parte del interior, dejando docenas de poblaciones en ruinas o totalmente arrasadas, y matando un asombroso total de por lo menos 50,000 personas.

Los peruanos son ardientes aficionados al fútbol, y a las tres de la tarde de aquel día la mayoría se había instalado en casa para ver por televisión el primer partido de la Copa del Mundo. Veintitrés minutos más tarde, en alta mar, a 92 kilómetros al oeste de la próspera ciudad de Chimbote con una población de 200,000 habitantes, el lecho del océano se rompió y se combó. La tierra, torturada por la tensión, buscó una posición más cómoda, como un anciano que se diera vuelta en el lecho, y a lo largo de la faja de 400 kilómetros de costa, limitada al norte por Trujillo y al sur por Lima, la capital, la tierra se combó y se sacudió en un poderoso terremoto que alcanzó una intensidad de entre siete y ocho grados en la escala de Richter. Por cientos de kilómetros al norte, sur y este se sintió la sacudida en la tierra.

Al principio la magnitud del desastre no fue apreciada. En Lima, la gente se precipitó a las calles, pero la capital fue afortunada y escapó al daño. Durante algunas horas, pues todas las comunicaciones habían sido cortadas, no se supo que la fuerza total de este “acto de Dios” se había sentido en Chimbote, que estaba situada en una angosta planicie costera, y en las ciudades y aldeas del interior, en las faldas de la cordillera de los Andes.

Los primeros informes desestimaron la magnitud del desastre. Hablaban de “250 muertos en Chimbote” y “140 en Huaraz”. Lentamente, la espantosa verdad emergió: Chimbote estaba en ruinas y se calculaba que 2,700 personas habían muerto. Casma, Huanmey y las poblaciones a lo largo de la costa habían sufrido en mayor o menor grado, y un número desconocido de personas había muerto. Era imposible descubrir lo que había pasado tierra adentro, en el distrito de Callejón de Huaylas, un área turística popular conocida como “la Suiza de Perú”, donde había cientos de pequeñas aldeas de montaña y pequeños villorrios.

La comunicación por radio se interrumpió como resultado del daño a la estación hidroeléctrica de Huallanca; los caminos estaban intransitables por los deslizamientos de tierra y hundimientos, y cuando al día siguiente los helicópteros intentaron hacer un reconocimiento, la visibilidad de los pilotos era opacada por la niebla y las enormes nubes de polvo que se elevaban a miles de metros en el aire. Nadie sabía lo que había ocurrido en un área del tamaño de Escocia, dominada por el pico del monte Huascarán de 6,883 metros de altura.

Una hora después del temblor era evidente que la magnitud del desastre era mucho mayor de lo que las autoridades de Lima habían imaginado originalmente. El presidente de Perú, el general Velasco, se embarcó en un navío hacia Chimbote y encontró una ciudad en ruinas; sesenta a setenta por ciento de las construcciones estaban destruidas. La parte antigua de la ciudad, donde muchos edificios estaban en malas condiciones, había sido la más afectada.

Durante dos días y medio ningún helicóptero pudo aterrizar en la región de los Andes debido a que continuaba la mala visibilidad. Hasta que cientos de paracaidistas lograron aterrizar, el único contacto con estas regiones aisladas fue la voz desesperada y suplicante del radioaficionado.

La mera extensión del área de devastación significaba que gran parte de ella era inaccesible, y pasaron muchos días antes de que los socorristas (con sus recursos forzados al máximo) lograran llegar a las partes más remotas. Uno de los problemas era saber precisamente qué provisiones se necesitaban. En las poblaciones de la montaña cientos de miles de campesinos indígenas quedaron sin calefacción y refugio durante casi una semana. Por toda el área los sobrevivientes afluían a los caminos transitables a pie, en carretas y carros de plataforma, buscando desesperadamente auxilio y refugio.

El temor continuó. De vez en cuando podían sentirse pequeños temblores de tierra, y cuando un par de días después del temblor, la tierra volvió a estremecerse, la gente se precipitó a las calles con ropa de dormir, cubriéndose la cabeza con las manos. Muchos preferían dormir a la intemperie y las nuevas “casas”, construidas sobre los escombros de las viejas, estaban hechas de juncos inofensivos.

No obstante, la caída de rocas y las avalanchas habían causado un grave daño. La mayor y más catastrófica fue la que destruyó Yungay y Ranrahirca y mató casi 30,000 personas en éstos y en otros pueblos y aldeas.

Muchas lecciones fueron aprendidas del desastre de Perú. Es evidente que la destrucción habría sido menor si las construcciones hubieran estado mejor situadas o mejor construidas. En el área afectada por lo peor del terremoto, el daño fue causado principalmente a construcciones de mala calidad, inadecuadas para el tipo de suelo en el que fueron construidas, y erigidas sobre cimientos mal colocados. El terremoto abrió grietas en los suelos saturados de arena y arcilla y elevó el nivel del agua del subsuelo, mientras que los cimientos colocados sobre roca no fueron gravemente afectados. En Huaraz, por ejemplo, las partes más viejas de la ciudad, construidas sobre el terreno aluvial del río, sufrieron el mayor daño; la parte nueva, sin embargo, construida sobre roca traída por un deslizamiento de tierra en 1941, fue menos dañada.

Las construcciones de adobe resultaron ser menos sensibles a la tensión que el ladrillo o el concreto, pero en algunos casos los edificios de concreto se derrumbaron debido a los malos materiales utilizados en su construcción. Estas lecciones son aprendidas a un costo espantoso. Al final, los débiles esfuerzos del hombre resultan inútiles cuando la naturaleza decide desatar la furia total de sus poderes.

Fuente Consultada: Los peores Desastres del Mundo en el Siglo XX

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Atleta sin piernas que compite en Juegos Olimpicos Pistorius Oscar

La paradoja de Oscar!: Su ejemplo de perseverancia, superación y tozudez saltó a las páginas de los periódicos la primavera pasada, cuando inició una guerra con la Federación Internacional de Atletismo (IAAF), porque no le quería dejar correr en los Juegos Olímpicos de Pekín argumentando que sus piernas ortopédicas, esas dos láminas curvadas de fibra de carbono que dieron la vuelta al mundo, le podían otorgar alguna ventaja con relación a los atletas no discapacitados, una paradoja!.

pistorius atleta con piernas ortopedicas

El Tribunal de Arbitraje del Deporte (TAS), con sede el Lausana, intervino para solventar el despropósito y dejarlo correr. Solo 26 centésimas separaron a Pistorius de su sueño, ser el primer atleta discapacitado en competir con todos los demás en un gran campeonato internacional.

A finales de febrero cuando sufrió un accidente con la lancha a la que iba, a 35 kilómetros por hora, por el río Vaal, cerca de Johannesburgo. “Chocamos contra una pieza metálica que había bajo el agua y me golpeé brutalmente en el interior de la barca. Me rompí la nariz, el pómulo, la mandíbula, huesos interiores de la cara, los labios y algunas costillas”, relata sin dramatismo.

Tres meses después, ya está buscando la marca mínima en 400 (45.95) que le permita entrar en los Mundiales de Berlín de este verano. Su mejor marca es 46.25.

PISTORIUS es acusado de asesinar a sangre fría a su famosa y bella novia.

“El atleta olímpico y paralímpico sudafricano Oscar Pistorius se puso sus prótesis ortopédicas y se dirigió al otro lado de su dormitorio antes de disparar cuatro veces a la puerta cerrada del baño, causando la muerte a su novia “a sangre fría”, han asegurado este martes los fiscales que le acusan de asesinato premeditado en un tribunal de Pretoria.

Reeva Steenkamp, licenciada en derecho y modelo, falleció después de ser alcanzada por tres disparos, aseguró durante el juicio a ‘Blade Runner’ el fiscal Gerrie Nel. Este confirmó que Pistorius lloró inconsolablemente en la corte al oír los detalles del tiroteo de la madrugada del jueves.”

Vida de Injusticias de la Vida Niña Pelota de basquet

HISTORIA DE VIDA: LA NIÑA PELOTA DE BASQUET

Qian Hongyan a los 6 años tuvo un accidente de tránsito y perdió ambas piernas, pero su voluntad por vivir superó todas las dificultadas que esta “injusticia” le creo. Debido a la falta de recursos económico la familia solo pudo hacerle una casera adaptación para que pueda desarrollar sus actividades diarias, como el de ir al colegio.

Niña Pelota de basquet

Haciendo un agujero en una pelota de básquet, hicieron que ella colocase su cuerpo dentro de la misma y con la ayuda de dos cepillos de lavar pueda apoyarse para desplazarse a escasa distancia del piso. Tal solución llamò la atención y curiosidad de los vecinos de su ciudad, que le valió el sobrenombre de Basketball girl, o la chica de la pelota de basquet.

Pese al esfuerzo físico y psicológico que este cambio de vida le produjo ella nunca perdió su fortaleza para luchar contra esta trágica situación, y siempre se la veía muy sonriente y feliz junto a su familia y amigos del barrio y escuela, fue un ejemplo de valentía y perseveracion  para todos aquellos que la conocían, hasta que en el año 2005, un grupo de científicos les ofreció un novedoso sistema de piernas para que pueda volver a caminar y sentirse “normal” nuevamente.

Fue llevada al centro de rehabilitación de Pekin en China y luego de diversos exámenes médicos y estudios pudo mostrar sus piernas y lograr sus primeros pasos junto a su feliz sonrisa que siempre la acompañó y la mostró como un maravilloso ser que lucha ante la adversidad de los obstáculos que la vida nos pone en el camino.

La Eutanasia Sólo Dios puede quitar la vida? La etica y moral

EUTANASIA: Muchas confesiones religiosas, como la cristiana y la judía, creen que Dios dá la vida y por lo tanto sólo a El corresponde la potestad de quitarla. En este contexto, la eutanasia sería considerada como rechazo a la soberanía de Dios. Desde otro punto de vista, sin embargo se califica de injusta la utilización de un argumento religioso para decidir política y públicamente sobre un tema tan trascendental y complejo como éste.

Ver Testamento Publico de Ramón Sampedro

Algunos antecedentes históricos

La civilización griega fue la primera en emplear la palabra euthanasia, para quienes significaba una buena muerte (tahanatos).  La misma era aprobada por el estado, ya que los gobernadores contaban con veneno para todo aquel que deseaba morir, otorgándoles a su vez una autorización oficial: «Quien no desee vivir debe exponer los motivos al Senado y una vez lo haya recibido, puede quitarse la vida. Si existencia te resulta odiosa, muere; si el destino te es adverso, bebe cicuta. Si la pena te abruma, abandona la vida. Dejad que el infeliz relate su desgracia, dejad que el magistrado le proporcione el remedio para que él mismo pueda ponerle fin». Esto sucedía básicamente en Atenas, Quíos y Massalia.

Sin lugar a dudas, que Grecia era una sociedad que aceptaba la eutanasia como práctica ideada hacia un buen morir, con la finalidad de evitar la mala vida. Sin embargo, esta práctica tiene sus defensores y detractores desde la antigüedad, hasta nuestros días. Por ejemplo, desde épocas muy remotas quienes defendían a la eutanasia eran Sócrates y Platón, quienes se aferraban a la idea de que una enfermedad dolorosa y que llevara a un alto sufrimiento, sería una buena razón para dejar de vivir.

Heródoto era un médico, y profesor de Hipócrates, condenado por el filósofo en la República por «fomentar las enfermedades e inventar la forma de prolongar la muerte» y agrega «por ser maestro y de constituir enfermiza; ha encontrado la manera, primero de torturarse a sí mismo, y después al resto del mundo».  Pese a ello, hay quienes se oponían a esta práctica condenándola, por ejemplo grupos como los pitagóricos, aristotélicos y epicúreos.

No obstante, Grecia no fue la única que permitía este tipo de práctica. En Roma, se creía que un enfermo Terminal podía suicidarse porque poseía motivos suficientes y valederos para hacerlo.  Por lo que sólo se penalizaba al suicidio ilógico y sin relación al padecimiento de una enfermedad. Entonces la ideología romana era que vivir notablemente significaba por lo tanto morir de la misma manera. Tal es así que hasta los aristócratas prisioneros se les concedía frecuentemente evitar ser ejecutados mediante la opción del suicidio. Imaginémoslos a través de las palabras de Séneca el estoico: «Hay una gran diferencia entre un hombre que prolonga su vida o su muerte. Si el cuerpo ya no sirve para nada, ¿por qué no debería liberarse al alma atormentada? Quizá sería mejor hacerlo un poco antes, ya que cuando llegue ese momento es posible que no pueda actuar».

Este hecho comenzó a girar radicalmente cuando el suicidio es castigado con la negación de una “cristiana sepultura” a la persona que violentaba contra su propio vida. Hecho que tomó su impulso cuando en el mundo occidental dominó la religión cristiana. Si una persona padecía alguna enfermedad y su sufrimiento era muy intenso, no se podía pensar en la mínima posibilidad de un alivio piadoso. Es por esto que este rechazo llega a marcar influencia en la esfera de la legislación civil. Por ejemplo, la víctima era partícipe de un entierro degradante y un posterior abandono en la vía pública, tras la expropiación de sus bienes. Cabe aclarar que no se realizaban excepciones, aunque haya sido una persona que sufriera una enfermedad incurable.

Según esta posición, las funciones de la Iglesia y del Estado son usurpadas por el suicida. Tal es así que el suicidio- contrario al quinto mandamiento cristiano, “no matarás”, fue bien definido hacia el siglo IV por San Agustín, como “detestable u abominable perversidad”.  ¿Por qué dice esto? Porque Dios es el que concede la vida y también los sufrimientos, entonces como cristianos la obligación es soportarlos. Y es la Iglesia quien con su poder regla las costumbres y las prácticas de la sociedad. Entonces, estas nociones son en la Edad Media la muestra de toda su dominación.

Sin embargo, este dominio de la Iglesia se fue debilitando como producto de un renovado Interés por el individualismo, hecho que se dio en el Renacimiento cambiando la concepción del suicidio, tema en cuestión hasta el momento.  Esto favoreció a flexibilizar y complejizar todas aquellas decisiones morales referidas a la vida y la muerte. Desde aquí se comenzó a hablar de una eutanasia voluntaria, como lo hizo Tomás Moro en su obra titulada Utopía, en 1516, donde el autor describía este hecho con autorización oficial inserto en una sociedad ideal. Por otra parte, Montaigne, también escribió sobre el tema plasmado en cinco ensayos y concluyendo en que la eutanasia es una elección personal y racional bajo algunas circunstancias.  Ya que el consideraba que el suicidio era un acto justificado, mientras que en la escala de la naturaleza, el hombre tenga dignidad y habilidad para valorarse a sí mismo.

Actualmente, “el debate es entre dos concepciones de la autonomía individual. “Los que quieren legalizar la eutanasia afirman que este derecho [a la muerte] es ilimitado y es exigible por el individuo frente a la sociedad y los médicos”. En cambio, los contrarios a la eutanasia “sostienen que la preocupación por el bien común exige poner límites a una reivindicación individual que, si se reconociera por ley, daría paso a un derecho a la muerte incompatible con las fuentes morales de la democracia”. Estos, conscientes de la función simbólica que tienen las leyes, “se niegan a convertir la justicia en un calco de meros deseos individuales y no separan el derecho de una reflexión filosófica sobre la condición humana. La política, lejos de reducirse al arte de conquistar y conservar el poder, supone que las decisiones se articulen según valores comunes“. (La Eutanasia, una solución anticuada; en http://www.condignidad.org/eutanasia-anticuada)

La posición de la Iglesia católica ante la eutanasia

La institución que actualmente rechaza y combate a la eutanasia, es la Iglesia católica, la cual ha realizado una serie de declaraciones al respecto a través de la Comisión Permanente Episcopal: “Respetamos sinceramente la conciencia de las personas, santuario en el que cada uno se encuentra con la voz suave y gente del amor de Dios. No juzgamos el interior de nadie.

Comprendemos también que determinados condicionamientos psicológicos, culturales y sociales pueden llevar a realizar acciones que contradicen radicalmente la inclinación innata de cada uno a la vida, atenuando o anulando la responsabilidad subjetiva. Pero no se puede negar la existencia de una batalla jurídica y publicitaria, con el fin de obtener el reconocimiento del llamado ‘derecho a la muerte digna’, es esta postura pública la que tenemos que enjuiciar y denunciar como equivocada en sí misma y peligrosa para la convivencia social. Una cosa son la conciencia y las decisiones personales y otra lo que se propone como criterio ético legal para regular las relaciones entre los ciudadano”.

La Iglesia católica considera que el aprecio por toda vida humana fue un progreso introducido por el cristianismo, lo que supone que se vive en la actualidad es un retroceso.  Un retroceso que hay que colocar en lo que el Papa denomina “cultura de la muerte”.

De esta manera, la Iglesia considera a la eutanasia  como aquella actuación cuyo objeto es causar la muerte a un ser humano para evitarles sufrimientos, bien a petición de éste, bien por considerar que su vida carece de calidad mínima para que merezca el calificativo de digna. Esta práctica convertiría a la eutanasia en una forma de homicidio, pues implica que un hombre da muerte a otro, ya mediante un acto positivo, ya mediante la omisión de la atención y cuidados debidos.

De la eutanasia, así entendida, el Papa Juan Pablo II enseña solemnemente: ‘De acuerdo con el Magisterio de mis Predecesores y en comunión con los Obispos de la Iglesia católica, confirmo que la eutanasia es una grave violación de la Ley de Dios en cuanto eliminación deliberada y moralmente inaceptable de una persona humana’.

La batalla política sobre la eutanasia

Actualmente, la eutanasia se transformó en una problemática que conjuga un dilema jurídico y moral. Un dato certero es el que demuestra el aumento, en los últimos años, del número de asociaciones pro-eutanasia, desplegando una intensa actividad divulgativa y reivindicativa a favor del derecho individual de las personas para elegir sobre su propia vida. Al mismo tiempo, estas asociaciones se ven combatidas por la “cruzada a favor de la vida” encabezada por las organizaciones religiosas.

Diversas asociaciones han luchado contra los que defienden la posibilidad de elegir una muerte digna. Los argumentos que legitiman a estos grupos oscilan entre el respeto a la voluntad divina hasta el miedo a crear lagunas jurídicas que proporcionen impunidad a posibles asesinatos. Los debates sobre la eutanasia generalmente terminan siendo dominados por prejuicios morales, religiosos, emocionales, etc.

Sin cuestionar los diferentes puntos de vista, cabría preguntarse: ¿se le puede aplicar la eutanasia o asesoramiento en su suicidio a un enfermo terminal, que considere que su vida no es razón suficiente para soportar un dolor intratable, la pérdida de dignidad o la pérdida de importantes facultades, y que pide repetidamente ayuda para morir, siendo consciente y sin estar en capacidad de fingir una depresión?.

La problemática de la eutanasia conjuga y enfrenta diversos posicionamientos frente a los derechos humanos. En este sentido, numerosas asociaciones pro eutanasia han comenzado una campaña de concientización de la sociedad, para que ésta reconozca el derecho de cada individuo a decidir sobre su propia vida. Por otro lado, otro sector de la sociedad, encabezado por las asociaciones religiosas, se oponen drásticamente a la legalización de la eutanasia. En la actualidad, la eutanasia se ha convertido en una ardua batalla de carácter político.

 Formas de aplicación de la eutanasia

La eutanasia pasiva hace referencia a la muerte natural, es un termino que muchas veces es utilizado de forma errónea por  los medios de comunicación. La misma se produce cuando se suspende el uso de los instrumentos que apoyan la vida o aquellos suministros de medicamentos, de tal forma que se produzca la muerte que no contraría la ley natural.

Por el contrario, la eutanasia activa supone la intervención directa que ocasiona la muerte del paciente poniendo fin a su sufrimiento. En general, los defensores de esta opción, coinciden en la necesidad de que existan condiciones previas que permitan realizarla como la solicitud directa por parte del paciente o enfermo terminal de querer poner fin a su vida, la imposibilidad de la medicina para salvarle, la incapacidad de los fármacos para evitar su dolor y sufrimiento y el consentimiento de médicos y familiares, entre otras.

 Con respecto a ello, se ha expresado anteriormente cuales son las posiciones de los detractores religiosos en cuanto a este tema. Sin embargo, más allá de estos grupos, los detractores de la eutanasia, en su lucha por impedir su aprobación legal, argumentan que al estar el suicidio asistido y/o la eutanasia disponibles,  esto daría lugar a que algunos sujetos presionaran a sus familiares para que acepten morir, poniendo de relieve la dificultad de establecer controles estrictos para probar la influencia de otros sobre la decisión del paciente. Otras personas desearán morir porque sufren de depresión clínica, invalidando esta condición una decisión consciente.

El suicidio asistido se relaciona vagamente con la eutanasia, éste se produce cuando alguien le da información y los medios necesarios a un paciente para que pueda terminar fácilmente con su propia vida.

Eutanasia: ¿Derecho a morir?
En este tiempo de penumbra ética en que nos ha tocado vivir, la eutanasia (literalmente, buena muerte) aparece como una alternativa cada vez más aceptable por la sociedad mundial. Con el devenir de los años el permisivismo será todavía mayor. Por ello viene bien escuchar alguna voz autorizada en la materia, como la del Dr. Luis Aldo Ravaioli.

“El médico, profesional de la vida, no puede ser el brazo ejecutor de los designios homicidas. Y esto no es un problema de religión o de creencias, es un compromiso serio que abarca a todos los hombres de buena voluntad. Todos estamos llamados a respetar y tutelar la vida humana.

No hay hombres de buena voluntad, creyentes o no creyentes, que puedan negarse a respetar la vida humana, particularmente cuando el medio ambiente ejerce una presión en contrario. El respeto por los derechos del hombre y por la ética objetiva, así lo exigen. Este es el compromiso de las profesiones sanitarias, es un compromiso solemne que dignifica a la medicina y a los médicos. Más allá de las concesiones legales, aunque inmorales, y del permisivismo social, los hombres honrados deben defender la vida, tutelarla y promoverla.

La eutanasia, sea eugénica, piadosa, positiva, negativa, directa, voluntaria, involuntaria, suicidio, suicidio asistido, etc.. constituye siempre un atentado contra el hombre y la sociedad, contra el orden natural y el revelado. No es una práctica médica, hablando con propiedad, ya que la esencia de la medicina no consiste en matar o dejar morir.

Estas acciones son un retraso científico y un retroceso histórico, un anacronismo primitivo injustificable e insostenible. La valoración ética de la eutanasia es negativa e instrínsecamente mala.

Ninguna sociedad mejoró, ninguna ciencia progresó, ningún hombre fue más bueno, ni ningún problema se resolvió, aceptando la idea de que hay vidas que no deben tutelarse, de que hay vidas sin dignidad ni trascendencia”.
Para terminar, un buen consejo para los pacientes, del Dr. John Wilke, de la Universidad de Cincinnati: “Si no le pueden aliviar el dolor, no pida usted la eutanasia. Cambie de médico, porque el suyo es incompetente”

Fuente: Diario “El Colono” Edición N°2048

Fuente Consultada:
Basado en La Gran Enciclopedia Universal (Espasa Calpe) – Wikipedia

PRINCIPALES EPIDEMIAS DE LA HISTORIA DE LA HUMANIDAD Enfermedades

PRINCIPALES EPIDEMIAS DE LA HISTORIA

La peste es el prototipo de la enfermedad mortal, millones de personas han muerto víctimas de ella. Entre 1860 y 1930 todavía perecieron por su causa unas 12.000.000 de personas enfermas, actualmente según datos de la OMS (Organización Mundial de la Salud) la contraen cerca de 2000 personas por año y dicha cifra va en aumento.

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Epidemia en Atenas Epidemia en Roma Epidemia en Bizancio Epidemia Negra
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Viruela América Gripe Española Gripe Asiática Enfermedades

Epidemia: La epidemia se define como una enfermedad que se propaga durante algún tiempo por un país, acometiendo simultáneamente a gran número de personas.

Pandemia: La pandemia se define como una enfermedad epidémica que se extiende a muchos países o que ataca a casi todos los individuos de una localidad o región.

Antiguamente se conocía como pestilencia casi todo tipo de mortandad generalizada. Hasta que en 1546 el médico italiano Cirolamo Fracastoro (1448-1553) pudo demostrar que realmente hay enfermedades contagiosas (de persona a persona, por portadores y por el aire), se pensaba que los responsables de la propagación de enfermedades eran el aire apestado y las emanaciones nocivas (miasma). Pero el modo exacto en que se propagan las enfermedades se conoce gracias a los microbiólogos Louis Pastear (1822-1895)y Robert Koch (1843-1510).

El agente patógeno de la peste se descubrió a partir de las investigaciones que el médico y bacteriólogo suizo-francés Alexander Yersins (1863-1943) realizó en Hong Kong en 1894 junto con el japonés Shibasaburo Kitasatos (1853-1931).

Primeras muertes en masa
En la Biblia ya se menciona la peste como castigo de Dios. El poeta griego Hornero describió plásticamente la rapidísima transmisión de la enfermedad (en griego loímos, nosos): «Apolo y Artemisa disparan a los hijos de Niobe con flechas apestadas» (Ilíada XXIV). Los médicos de la Antigüedad se daban a la fuga cuando se desencadenaban las epidemias, pues sabían que no podían hacer nada.

La primera epidemia de peste documentada tuvo lugar en Constantinopla bajo el dominio del emperador Justiniano (527-565). Posiblemente la introdujeron los barcos de Egipto en el año 542, y luego se extendió y costó la vida a miles de víctimas en muchos países. Gregorio de Tours (538/539-594), obispo e historiador, describió sus terribles consecuencias en Francia.

Los médicos se protegían con gabanes encerados y máscaras en forma de pico que estaban llenas de vinagre o hierbas. Al parecer, también el agua de colonia Kólnisch Wasser 4711 que los hermanos Fariña vendían en Colonia se consideraba un agua contra la peste.

En Oberammergau, en 1634, se formuló una promesa: si la población se libraba de la enfermedad, se comprometía a representar la pasión de Jesús cada diez años. Y así se sigue haciendo hasta hoy  en día.

Desde este menú podrás acceder a diversas paginas que tratan este tema específicamente.

PARA SABER MAS…
Enfermedades infectocontagiosas o transmisibles: Son aquellas enfermedades producidas por un agente etiológico, caracterizadas por tener un período de infección, contagio e incubación. La infección es la entrada de la noxa al organismo. El contagio es la transmisión de la enfermedad de un individuo enfermo a uno sano, y esto puede ser en forma directa, por ejemplo a través de la microgota de flügge o indirecto por medio de utensilios, ropas o mediante un portador sano (alguien que aloja al agente pero no padece la enfermedad).

El período ¿e incubación tiene una duración variable y se extiende desde el momento del contagio hasta la aparición de los síntomas propios de la enfermedad. Este grupo de enfermedades no se estudia sólo en lo individual, ya que importa, mucho su transmisión a nivel de la comunidad (función de la epidemiología.

Enfermedades degenerativas: No son transmisibles, están causadas por trastornos funcionales metabólicos o nutricios que producen alteraciones morfológicas en los tejidos. Son de lenta evolución, por ello el diagnóstico precoz es de suma importancia en este grupo de enfermedades. Ejemplos: arterioesclerosis, hipertensión arterial, cataratas, ciertos tipos de cáncer.

Otros tipos de enfermedades son:
— enf. metabólicas, ej.: diabetes mellitus, hipotiroidismo.
— enf. neoplásicas, ej.: tumores benignos o malignos (cáncer).
— enf. alérgicas, ej.: asma bronquial.
— enf. por intoxicación, ej.: botulismo, saturnismo.
— enf. mentales, ej.: neurosis, esquizofrenia.

Definamos algunos términos:
Epidemia: aparición repentina de una enfermedad que se propaga rápidamente, hace un ciclo y desaparece. El número de casos supera ampliamente el promedio esperado para esa enfermedad.

Pandemia: es cuando la epidemia se propaga a otras naciones.

Endemia: es una enfermedad que se da permanentemente en determinadas regiones, porque en ellas se dan las condiciones ecológicas necesarias para el desarrollo de la noxa; las endemias pueden en cualquier momento convertirse en epidemias.

Zoonosis: son enfermedades que pueden padecer tanto los seres humanos como los animales.

Epizootia: se produce cuando los agentes patógenos atacan a los animales; en algunos casos puede preceder a las epidemias, ya que los animales son víctimas de las mismas noxas que atacan al hombre.

Vectores: Se llaman así a los portadores o transmisores de agentes patógenos; en su mayoría son artrópodos, especialmente insectos; por ejemplo las vinchucas transmisoras del mal de Chagas-Mazza; la hembra del mosquito anopheles que transmite el paludismo.

Peste Negra en la Edad Media

Peste Negra en la Edad Media

Las enfermedades epidémicas: La Peste Bubónica
La más temible seguía siendo la peste, que continuaba aterrorizando las poblaciones. Repugnaba a la gente llamarla por su nombre y la llamaban «el contagio». Se había propagado desde Oriente donde era endémica, como consecuencia de los grandes peregrinajes como el de la Meca.

Las epidemias son numerosas: en Francia se cuentan 76 entre 1600 y 1786. En 1605, una de ellas obliga a Enrique IV a abandonar París y refugiarse en Fontainebleau. En 1623, y después de 1629 a 1631 diezma Inglaterra, luego Holanda, Venecia en 1630, Nimega, donde la describe Diemerbroeck, Rotterdam, de donde pasa a Londres a finales de 1664.

Entre el 8 de agosto y el 10 de noviembre de 1665 se registran alrededor de unos 50.000 muertos y la epidemia no se acaba hasta después del gran incendio que, en 1666, destruye la ciudad. En 1709 la peste ataca a Austria, luego a Prusia, después, en 1763, Ucrania, Sicilia, Provenza y Marsella.

El desastre sufrido por esta provincia sigue siendo tristemente célebre. Entre 1756 y 1763 diezma los ejércitos de Federico II. Se encarniza con Moscú, Polonia, entre 1789 y 1801, y un viejo dicho decía «cuando la peste asola un país un tercio de la población muere, otro está enfermo y el tercero queda indemne, entierra los muertos y asegura la continuidad del país».

Reaparece en Egipto en 1799, ataca el ejército francés de Oriente y mata en el Cairo a más de 100.000 habitantes. Se la vuelve a encontrar en Crimea: en 1812 impide al duque de Richelieu, gobernador de la provincia, reunirse con el emperador Alejandro durante la campaña. Se manifiesta en este caso «no sólo mejor que los demás, sino, si fuera posible, mejor que sí mismo» (Joseph de Maistre).

Después prácticamente la peste desaparece de nuestras regiones, y para explicar este hecho se invoca hoy a las medidas colectivas de higiene puestas en práctica y sobre todo a la desaparición de las ratas negras, familiares en las viviendas, expulsadas por las ratas marrones que temían la proximidad de los hombres y vivían en las alcantarillas.

«Mahoma legó este azote a sus prosélitos y entre los musulmanes la peste no muere. Si no planea sobre los turbantes de Constantinopla, se encuentra en los bonetes de lana de Chiraz y Chezar, si no destruye los campamentos de los tártaros en las orillas del Baikal, lleva a cabo sus estragos en los harenes de Marruecos. Si no se encuentra en Marruecos, está en El Cairo, si no está en El Cairo, fuerza la paz de los bárbaros rivales de Túnez y Trípoli diezmando sus poblaciones, pero sobrevive, está siempre activa…

Cada viento que sopla puede llevarla en una balandra del Mediterráneo, que lleva de todo, con un capitán de Levante, que jurará todo lo que se le pida, un buhonero judío que compra todo lo que le quieran vender. De este modo la peste puede insuflar la mortalidad en todo momento, empezando por el campesino en su cabaña o por el Papa desde Loreto a Civitá-Vecchia hasta el Vaticano.» Estas líneas demuestran la persistencia de la plaga en Asia, su ubicuidad y el peligro permanente que hace correr a Occidente.

Se sabía que las epidemias se iniciaban en los puertos la mayoría de las veces y desde allí se propagaban siguiendo los ríos y los caminos. El modo en que alcanzó Marsella es característico.

Es interesante conocer las reacciones de los individuos sobre este azote18. Veremos un ejemplo en ocasión de la gran peste de Londres de 1665, remitiéndonos a la sobrecogedora descripción que dejó Defoe inspirada por Sydenham.

El gobierno ha abandonado la ciudad. Los habitantes que no han podido huir por falta de caballos, afectados de una auténtica psicosis, se precipitan sobre los charlatanes, echadores de cartas que les venden a precio de oro amuletos, talismanes, remedios protectores (tales como brazales de cangrejos putrefactos, cuyo olor debía de alejar el mal). Otros circulan por las calles, evitando todo contacto con los demás; otros acumulan provisiones y se encierran en sus casas, otros, finalmente, cargados con sus trastos, intentan abandonar la ciudad a pie o embarcarse en barcos anclados en el Támesis, si bien lo más frecuente es que fueran rechazados sin piedad.

Las falsas noticias corren de boca en boca. En determinados momentos un auténtico estupor ataca a la multitud y en otros ésta sufre un auténtico delirio de persecución. Se recoge en los templos y las iglesias para rogar a Dios que la salve. Se producen escenas horribles. Los enfermeros abrevian los días de aquellos que tienen que cuidar. Las casas abandonadas son víctimas del pillaje. Las comadronas o bien se han marchado o han sucumbido y uno puede figurarse la angustia de las mujeres que se encuentran de parto desprovistas de toda asistencia. Los actos más cobardes y los más sublimes tienen lugar.

El problema de las inhumaciones es trágico. Los enterradores, llamados «cuervos», se llevan los cuerpos de las 4.000 personas que mueren por semana, sin ataúd, en unos carros especiales y los depositan en unas grandes fosas que podían contener unos sesenta cadáveres. La mortalidad considerable era de un 70 a un 80 %. Los mismos problemas se encuentran en Marsella en 1720.

A parte de los dramas familiares hay que imaginarse el trastorno económico. En Londres la vida se detiene, el puerto se cierra, las escuelas, los lugares de espectáculos, los comercios se cierran. No hay trabajo, no hay comercio; la situación económica se vuelve muy grave, en particular en lo que concierne al abastecimiento, y el hambre amenaza.

Numerosas memorias describen la epidemia que azotó al ejército francés de Oriente en 1799. Destacaremos solamente la visita a los apestados del hospital de Jaffa realizada por Bonaparte, el valor de Desgenettes que, ante todo el ejército, se inoculó con una lanceta, que acababa de abrir el bubón de un apestado convaleciente, y su atrevida respuesta a Bonaparte que le pedía acabara los días de algunos enfermos intrasportables dándoles opio a grandes dosis: «Mi deber es conservarlos», le declaró.

En un plano general hasta este punto, las consecuencias mortíferas de estas epidemias son catastróficas: desintegración de relaciones sociales, detención de la economía, desaparición de numerosos elementos activos de la población, resultados demográficos muy graves por los cuales determinados pueblos cruelmente afectados jamás pudieron recuperar su estado anterior. La mano de obra ya no existe, los salarios se elevan.

Los campos, aunque menos afectados que las ciudades, se despueblan en beneficio de estas últimas. La producción agrícola disminuye, de ahí las hambres. Pero se dan también otras consecuencias morales y sociales. Durante las epidemias la lujuria y la embriaguez hacen estragos. La degradación de las costumbres y de la disciplina social son considerables. Después, una vez terminada la epidemia, se observa un frenesí de Vivir que se manifiesta por medio de la multiplicación de las bodas.

En el plano social, las clases pobres, las más afectadas, son cada vez más hostiles a las clases acomodadas que han podido huir. Todos acusan a los gobiernos. Además se produce en estos momentos una nueva distribución de la fortuna, factor que favorecerá la formación de la sociedad capitalista, exagerando el desequilibrio entre ricos y pobres. En efecto, los bienes de los que han sobrevivido aumentan considerablemente como consecuencia de las herencias. En fin, el patrimonio básico de la Iglesia aumenta como consecuencia de los dones que le ofrecen para recibir protección.

Entre estos millones de muertos se hallaban sin duda hombres que no habían dado todavía prueba de sus talentos y la desaparición de estas esperanzas retrasaron la evolución moral e intelectual de la humanidad.

No hay que olvidar que ante el número de decesos y la falta de personal los registros parroquiales, con frecuencia, no se podían poner al día.

Estas epidemias permiten numerosas observaciones:
— Las medidas de limpieza son eficaces y de este modo en el año 1720, en Marsella, se salva el Monasterio de San Víctor.
Desgenettes insiste en el papel del exceso de gente en locales insalubres.
— Se sabe que la enfermedad ataca preferentemente a ciertas profesiones, en primer lugar aquellas cuyos miembros se solicita acudan a cuidar a los apestados, después los descuartizadores de animales, los carniceros y los molineros. En cambio los marineros consignados en sus barcos son relativamente respetados.
— En 1629, en Montpellier, Ronchin observa, sin sacar ninguna conclusión, la existencia, en el momento de una epidemia, de numerosos cadáveres de ratas.
— Se constata que el haber sufrido una vez de la peste no impedía volverla a sufrir de nuevo.
Pugnet, luego Desgenettes, en el momento de la expedición a Egipto, no ignoran que la inoculación del pus de un bubón en período agudo puede ser mortal, mientras que, en cambio, la del pus de un bubón de convaleciente no lo es.

Era normal buscar la causa de la plaga.

El primer acusado fue la cólera divina. Diembroeck en 1655, Roussel en 1701, Fischer en 1710, luego monseñor de Belzunce la invocan y el papel de Dios es recordado por el poeta:

«Un mal que extiende el terror
mal que el cielo en su furor
inventó por castigar los crímenes de la tierra.»

Se comprende, pues, las invocaciones a ciertos santos: San Roque, San Sebastián, San Nicolás, Santa Úrsula, San Prudencio, San Carlos Borromeo. También se suplicaba a la Virgen del Manto.
Se pedía, pues, a los santos que desviaran la cólera del Señor. Así se explica la representación de la Pasión en Oberammergau (1629), la bravata de Frejus, las procesiones de Ham en Heure (1638), la construcción de capillas, iglesias, etc.

Luego se incrimina al diablo: en Milán se vio al Maligno engrasar las puertas de ciertas casas, y en el Tirol circular el fantasma de la peste, etc.

Se hace desempeñar un papel a los años bisiestos, a los eclipses. En Londres aparece en el cielo una espada llameante con la punta vuelta hacia la tierra, etc.

Pero era natural que se acusara una intervención humana: los maleficios, los aojamientos, «los engrasadores» que señalan las casas que deben ser afectadas y había que encontrar: «Este pelado, este sarnoso, de donde venía todo el mal.»

También se acusó a los leprosos, a los bohemios y sobre todo a los judíos. Numerosos de ellos fueron víctimas inocentes de la cólera popular. Algunos, incluso, en Milán, fueron condenados por los tribunales.

Pero pronto otras causas pasarán a ocupar el primer lugar. En 1626, después en 1669, Jouyce y luego Rainsant defienden la idea de contagio en Reims. En 1608, Nicolás de Lambeling otorga un papel importante al aire contaminado. En 1620, Lempriére, al polvo procedente de los minerales, etc. Pero a principios del siglo XVIII «los contagionistas» y los «no contagionistas» se enfrentan todavía.

Algunos intentan ir aún más lejos. Así, en el siglo XVII, Charles de l’Orme escribe «no es insensato creer que numerosas fiebres agotadoras y mortales se deben a elementos vivos y destructores». En Holanda, Leeuwenhoek obtiene en el microscopio la revelación de «miserables pequeñas bestezuelas», pero no saca de ello ninguna conclusión.

En 1657, el jesuita Athanase Kircher, en Roma, acusa a unos elementos tan pequeños que en el microscopio parecen átomos. Pero estas nociones no eran exclusivas de la peste y, volviendo a esta última, en 1720, Goiffon intuyó su origen creyendo en la existencia de cuerpos invisibles, tan pequeños son, de un virus responsable de la enfermedad y, al mismo tiempo, por primera vez llama la atención sobre los insectos comensales de los enfermos. En el siglo XVIII Reinar y luego Linné acusan a los infusorios.

Aunque se desconoce la causa se intenta tomar medidas para evitar el azote de la propagación.

Durante mucho tiempo no había más que un medio de escapar: la fuga; pero, haciendo esto, los fugitivos propagan la epidemia en el campo y la ciudad. También se llega a interceptar los caminos. Otra solución es encerrarse en su casa y no salir. Para suprimir lo olores acusados de propagar la enfermedad, Diermerbroeck, en Nimega, aconseja el tabaco. Otros recurren a los perfumes: canela, moscada, etc., y es buscando productos más activos como se descubre el agua de colonia. Se emplea mucho el vinagre aromatizado, pero la sustancia que goza de mayor reputación es el ámbar que, en Francia, se reservó para la familia real.

Las medidas colectivas son, en primer término, medidas locales. En caso de epidemia se cierran las puertas de la ciudad, así es como el 11 de enero de 1964 el señor de Coulanges escribe al señor de Lamoignon que hallándose la peste en Nápoles cerraron las puertas de Roma, y sólo autorizaba la entrada a los portadores del boletín de salud.

En Francia se toman las primeras grandes medidas preventivas en Lyon, con motivo de la epidemia de 1628. Se crea un despacho de salud, que dicta una serie de reglas muy estrictas. Además de cerrar las puertas de la ciudad se cierran las casas de los enfermos y todos los que han estado en contacto con ellos son puestos en cuarentena25. Los ropajes y ropa interior de los apestados se queman.

Se desinfecta con grandes fuegos hechos de gavillas de paja rociadas de perfume o de azufre. Ante las puertas, en las calles y las plazas se encienden otros fuegos. Se lavan los suelos con vinagre, se entierran profundamente las basuras y deshechos. Se aísla a los mendigos y se acorrala a los animales domésticos. Se prohíben las reuniones26. El conjunto de estas reglas lo recogió en 1629 Gaspard Chevalier y luego Guibert. A todo esto hay que añadir la vigilancia de las ferias. Estas medidas fueron eficaces, ya que en 1720, a pesar de la llegada a Lyon de numerosos marselleses huidos de su ciudad, no se observó ningún caso de peste.

En 1635, en Nancy, los médicos tenían la obligación de declarar los casos de enfermedad. En Londres se tomaron medidas draconianas en 1665. Estaba prohibido salir de las casas contaminadas, vigiladas por guardias que aseguraban el revituallamiento e impedían toda comunicación con el exterior. Las puertas de estas casas estaban marcadas con una cruz roja sobre la que figuraba la inscripción: «Dios tenga piedad de nosotros.»

En París, en 1607, se había construido el hospital de San Luis para los apestados. Pero debido a su número era imposible acogerlos a todos.

Bajo el reinado de Luis XIII, Charles de l’Orme había imaginado un vestido especial destinado a proteger a los médicos que se ocupaban de las víctimas de la peste27. Las pérdidas en el cuerpo médico fueron muy graves. En Londres secundaron a los médicos los farmacéuticos, con toda abnegación, y en Marsella, sus compadres de Montpellier, llegados espontáneamente en su ayuda, y por los capuchinos, que significaron un auxilio muy eficaz.

Pero pronto se organiza la prevención a nivel internacional, la cuarentena se generaliza. En cada puerto existen oficinas de salud, cuyos poderes son dictatoriales. Cuando llega un barco éste no tiene derecho a acercarse. Su capitán desciende hasta un lugar especial, privado de comunicación con el interior del puerto, con su diario de salud.

Si a bordo tiene enfermos uno de los médicos del lazareto va a examinarlos. Si todo está en regla se da al capitán una patente limpia y se le permite acercarse a tierra y desembarcar sus mercancías. Si hay alguna duda, el navío permanece en su punto de fondeo, a 100 metros de los muelles. Si es sospechoso, o si transporta apestados, se consigna que la tripulación se quede a bordo, o en el lazareto y se colocan cordones sanitarios a lo largo de los caminos. Si el navío viene de un puerto donde hay peste su tripulación y sus pasajeros se ponen en cuarentena28 por un período variable29. Estas medidas se traducen en un gran malestar para el comercio y basta con leer la correspondencia de Stendhal para darse cuenta de ello.

El tratamiento es inexistente. Charles de l’Orme aconseja el empleo de agua hirviendo. «Gracias a estas precauciones he obtenido resultados considerables, que me han valido el agradecimiento de nuestros reyes, durante la peste de París de 1619.» Dower recurría a las sangrías de 120 onzas y hacía beber ácido sulfúrico diluido. De una tripulación de 180 hombres perdió sólo 8 marinos.

A finales del siglo XVIll se limitan a favorecer la supuración de los bubones, punzándolos. Entonces se desinfecta la llaga con ungüentos a base de acetato de cobre o de mercurio. Se prescriben sudoríficos a base de salvia y de ruda. Como antídoto se recurre a la triaca. Desgenettes preconiza las bebidas calientes, los baños y las fricciones con aceite, aconsejadas también por Baldwin y el padre de Luis de Pavía.

Fuente Consultada: Historia Cultural de la Enfermedad Marcel Sendrail

George Brummel:El Rey De La Elegancia Extraños Personajes de la Historia

George Brummel:El Rey De La Elegancia

Es fácil encontrar en cualquier ciudad de la llamada civilización occidental tiendas o almacenes que llevan el nombre de Brummel. Asimismo existe multitud de perfumes, en una u otra nación, que llevan este mismo nombre siempre relacionado, sea perfumes como trajes, camisas, corbatas…, con la moda masculina.

George BrummelHay quien cree en la existencia de una empresa multinacional que extiende sus tentáculos por todas partes. Pero nada más lejos de la realidad, pues el nombre deriva de un hombre que en su día fue llamado el rey de la elegancia.

 Se llamaba George Brummel Era de origen más bien humilde, pues su padre había sido secretario de lord North, lo que, le habìa permitido reunir una pequeña fortuna. Su abuelo era confitero en Bury Street. A la muerte de su padre, el joven George empezó a gastar la fortuna heredada comprando vestidos, finas camisas, corbatas, sombreros, guantes y bastones. Todo se le iba en vestimenta.

Un día, en una lechería de moda en el Green Park de Londres, mientras estaba hablando con la propietaria entró el príncipe de Gales en compañía de la marquesa de

Salisbury. El príncipe, que quería ser conocido como el primer caballero de Europa, miró con admiración y no sin cierta envidia a Brummel, pues vio en él una impecable corbata, un no menos impecable conjunto de casaca, chaleco y pantalón y unos brillantes zapatos de punta afilada que se había puesto entonces de moda.

El príncipe de Gales era gordo, y gastaba miles de libras en su vestimenta y los accesorios correspondientes (se dice que se le iban cien mil libras al año en cosas de vestir); como dato curioso, poseía, entre otras cosas, quinientos portamonedas.

Brummel era alto, bien plantado e hizo tan buena impresión en el príncipe de Gales que éste le convirtió en su amigo, lo cual llenó de estupor a la aristocracia londinense, que vio cómo el nieto del confitero asistía a las íntimas reuniones principescas. Por supuesto su elegancia llamó la atención y enseguida fue copiada. Un detalle bastará para indicar la diferencia entre la elegancia natural de Brummel y la de sus imitadores.

Un día uno de éstos le dijo:

-Ayer, en casa de la duquesa de X me hice notar por mi elegancia, todo el mundo lo comentó.

-No os hagáis ilusiones, la verdadera elegancia consiste en pasar inadvertido.

Infatuado por su amistad con el príncipe de Gales y por su éxito social, Georges Brummel se permitía impertinencias llenas de afectación y de insolencia. Así, por ejemplo, un día le preguntaron:

-¿Dónde cenasteis anoche?

-En casa de un tal F; que presumiblemente quería que me fijase en él y le diese importancia. Me encargó que me cuidase de las invitaciones, y las cursé a lord Alvanly, Pierrepoint y otros. La cena fue estupenda, pero cuál fue mi sorpresa cuando vi que el señor F. tenía la caradura de sentarse y cenar con nosotros.

Otro día, en una visita que acababa de efectuar a los lagos del norte de Inglaterra, alguien le preguntó cuál era el que le había gustado más. Con un afectado bostezo, Brummel se dirigió a su criado:

-Robinson, ¿cuál es el lago que más me ha gustado?

-Me parece, señor, que fue el lago de Windermere.

Y Brummel se dirigió al preguntón y le dijo:

-Windermere… si esto lo satisface.

Tardaba más de dos horas en vestirse, por lo que era un espectáculo al que asistían algunos selectos amigos. entre ellos el príncipe de Gales. Su forma de ponerse la corbata era esperada por todos con ansiedad. Recuérdese que las corbatas de entonces consistían en unas largas tiras de tela que daban varias vueltas alrededor del cuello y se dejaban caer sobre el pecho en forma negligente.

Brummel se levantaba el cuello de la camisa, entonces de proporciones considerables, hasta que casi le tapaba la cara y a continuación se anudaba la corbata, cosa no muy sencilla al parecer por cuanto ensayaba diez, quince v hasta veinte veces acertar con el nudo. Cada vez que fallaba, la corbata era tirada al suelo y reemplazada por otra. Cuando por fin quedaba satisfecho, Brummel miraba las corbatas desechadas y decía:

– ¡Hay que ver cuántos errores se cometen!

Su vanidad lo inducía a decir y cometer impertinencias, pero carecía del ingenio y el tacto necesarios para ello. Ello fue su perdición.

Un día estaban Brummel, el príncipe de Gales y unos amigos tomando café tras la cena y en un momento dado el primero dijo al príncipe:

-Gales, llama a un criado.

Aquel día el príncipe debía de estar de mal’ humor, pues cuando llamó al criado y lo tuvo delante le dijo:

-El señor Brummel se va, acompáñale hasta la puerta.

Éste fue el principio del fin. Desprovisto del favor principesco, Bmmmel tuvo que afrontar a sus acreedores, que se lanzaron como fieras sobre él Se dice que en diez años había gastado más de un millón (un millón de aquella época), en corbatas, pantalones y casacas. Sus muebles fueron subastados y tuvo que huir de Inglaterra, dirigiéndose a Caíais, en Francia.

Allí vivió un tiempo gracias a préstamos que sonsacaba de algunos ingleses que visitaban Francia. Se levantaba a las nueve y, según su costumbre, tardaba dos horas en vestirse. Salía a pasear como si estuviese en Londres y, acostumbrado a la buena comida, se hacía servir una opípara cena. Pero la cosa no duró. Cada vez se iba hundiendo más en un océano de deudas. Uno de sus antiguos amigos consiguió que se lo nombrase cónsul de Inglaterra en Caen.

Aunque sus ingresos eran modestos, continuó haciendo su vida de antes. Los acreedores volvieron a surgir y se lanzaron sobre él cuando fue destituido de su cargo. No

pudo comprarse más ropa. Un sastre de Caen, movido de compasión y de respeto por quien había sido el rey de la elegancia. le arreglaba bien que mal y gratuitamente los vestidos que le quedaban.

Parecía que no podía caer más bajo, pero en mayo de 1835 fue detenido por deudas y conducido a la cárcel. El duque de Beaufort y lord Alvanley se enteraron en Londres del suceso y patrocinaron una suscripción para que recobrase la libertad.

Cuando salió de la cárcel, Brummel ya no era ni una sombra de lo que había sido. Perdía constantemente la memoria y se alojó en una pequeña habitación del hotel Inglaterra, de tercera o cuarta clase. Allí pasaba horas enteras sin moverse de su habitación. Un día una inglesa de la que no se conoce el nombre se presentó en el hotel preguntando por Brummel y alquiló una habitación que daba a la escalera para verlo pasar. Lo que vio fue un hombre de cara idiotizada, hablando consigo mismo y vestido pobremente. Cuando el dueño del hotel subió a ver qué quería la señora en cuestión se la encontró llorando sentada en un sillón. Probablemente era una de tantas admiradoras que Bmmmel había tenido en Londres.

Su razón fue declinando. Varias veces los ocupantes del hotel lo vieron requisar sillas que trasladaba a su cuarto. Las ponía arrimadas a la pared. encendía unas velas y solemnemente abría la puerta de su habitación mientras decía en alta voz:

-¡Su alteza real el príncipe de Gales!… ¡Lady Conyngham!… ¡Lord Alvanley!… ¡Lady Worcester!… ¡Gracias por haber venido!… ¡El duque de Beaufort!…

Indicaba a cada uno de sus fantomáticos invitados la silla que les había destinado y luego volvía a abrir la puerta y exclamaba con énfasis:

-¡Sir George Brummel!

Y despertando de su sueño delirante miraba las sillas vacías y se derrumbaba en el suelo sollozando.

Murió en un manicomio el 24 de marzo de 1840.

El Hombre Elefante Biografía e Historia de Vida de Merrick

Biografía del Hombre Elefante – Historia de J. Merrick

BIOGRAFÍA: La historia de de vida de Joseph Merrick, conocido como El hombre elefante es absolutamente fascinante, el horrible aspecto que le dio la naturaleza, escondía a una persona sensible, digna de admiración, y que solamente recibió insultos y desprecios durante la mayor parte de su vida. Creemos que su vida es un modelo a seguir de tolerancia y de compresión hacia todo aquello que nos resulta extraño.

El Hombre Elefante Biografía e Historia de Vida de MerrickSu verdadero nombre fue Joseph Carey Merrick, nació en Lee Street, Leicester el 5 de agosto de 1860, tuvo una infancia muy normal, su deformidad no comenzó a manifestarse hasta los 5 años. Su madre le protegía todo lo que podía de las burlas de los demás niños, y gracias a esto, pudo ir a la escuela hasta los 12 años.

Por desgracia su madre murió, y su madrastra no quería vivir con alguien de su aspecto, por lo que Joseph tuvo que aprender a ganarse la vida a pesar de su aspecto. Ejerció diversos oficios, hasta que su deformidad se lo permitió, ya que esta iba cada vez a más.

La gente le empezaba a mirar horrorizada, y casi no podía salir a la calle, toda su cabeza estaba llena de enormes bultos, su mano derecha creció de forma desmesurada, aunque todo su cuerpo sufrió una terrible malformación

A Joseph se le ocurrió una idea que parecía su salvación, pero que llegaría a ser su ruina: pensó en cobrar por exhibirse, y de hecho, al principio, confesaba sentirse cómodo con lo que antes le causaba horror.

Sin embargo, las condiciones en las que fue exhibido fueron haciendo cada vez más vejatorias, los insultos de “su público” eran cada vez más hirientes, y empezó a ser un martirio.

Merrick, se convirtió  en un fenómeno circense, un morboso centro de atracción, un enigma de la medicina, un sujeto despreciado, un personaje digno de compasión y una celebridad nacional

En este momento, Joseph conoció a un hombre que cambió su vida: Frederick Treves (imagen) , un médico especialista en malformaciones, que se interesó por su caso tras una visita al circo en el que estaba. Le trató con cortesía y le hizo pruebas en el hospital, aunque por desgracia, su enfermedad fue tratada como incurable y devuelto al circo.

Su odisea no había hecho más que empezar. Los espectáculos de seres deformes empezaron a ser mal vistos y prohibidos, por lo que Joseph fue abandonado a su suerte, cubierto con una gran capa y una capucha, consiguió regresar a Londres, solo, sin familia, profesión, en un estado cercano a la locura.

Cuando estaban a punto de llevarle a un psiquiátrico, Joseph se acordó del Doctor Treves, y dijo que le conocía. Treves, al ver las lágrimas de su antiguo paciente y el estado en el que se encontraba, se lo llevó consigo al hospital, y gracias a su tesón y su profesionalidad, obtuvo fondos para dar a Joseph un hogar, su primera casa!.

Treves propuso a Merrick estudiarlo mejor para tratar de desentrañar su extraordinaria patología. “Si podemos conocer de qué se trata”, razonaron juntos, “tal vez encontremos una forma de solucionarla”. El Hombre Elefante se mostró de acuerdo. Menos de un mes más tarde, el 2 de diciembre de 1884, Treves presentó a Merrick, desnudo, exhibiendo su horrible fealdad ante los conturbados miembros de la Sociedad de Patología de Londres. Poco tiempo después, se realizó una segunda exhibición ante los mismos médicos —esta vez sin la presencia del paciente— donde Treves expuso los resultados de sus estudios y todos juntos debatieron acerca de la naturaleza y pronóstico de la enfermedad y de las posibilidades terapéuticas a aplicar. No tuvieron, como veremos, demasiado éxito.

Allí, le hacían pruebas médicas, para poder mejorar su vida, pero no solo eso, médico y paciente se hicieron amigos. Al conocer la naturaleza sensible y educada de Joseph, su amigo pensó en que sería bueno que conociera a alguna mujer. Una sencilla entrevista educada con una mujer, encargada de darle conversación y cogerle la mano, desató a emoción de Joseph, rompiendo a llorar: era la primera mujer que le tocaba, después de su madre.

 Estos hechos, llegaron pronto a conocimiento de la gente, llegando muchas solicitudes de mujeres para poder visitar a un hombre tan sensible, siendo su invitada de honor la Princesa de Gales, la cual le visitó en varias ocasiones, y le regaló una foto dedicada. Consiguió cumplir además uno de sus sueños: estar en el campo, todo un mes de vacaciones en una casita del bosque. (imagen: tomografia computada del craneo de cráneo de Merrick)

En ese momento , cuando todo estaba por primera vez a su favor, sucedió lo peor: un día le encontraron muerto en su cuarto. Parece ser que la causa de su muerte, fue que se quedó dormido de pie, sobre la cama, en contra de su costumbre de dormir tumbado sobre un lado, y por el peso de su cabeza, se inclinó, y se desnucó.

Ni siquiera hoy se sabe con exactitud que enfermedad tuvo Joseph Carey Merrick.

En un párrafo de su autobiografía describe su apariencia así: “Mi cráneo tiene una circunferencia de 91,44 cm., con una gran protuberancia carnosa en la parte posterior del tamaño de una taza de desayuno. La otra parte es, por describirla de alguna manera, una colección de colinas y valles, como si la hubiesen amasado, mientras que mi rostro es una visión que ninguna persona podría imaginar. La mano derecha tiene casi el tamaño y la forma de la pata delantera de un elefante, midiendo más de 30 cm de circunferencia en la muñeca y 12 en uno de los dedos. El otro brazo con su mano no son más grandes que los de una niña de diez años de edad, aunque bien proporcionados. Mis piernas y pies, al igual que mi cuerpo, están cubiertos por una piel gruesa y con aspecto de masilla, muy parecida a la de un elefante y casi del mismo color. De hecho, nadie que no me haya visto creería que una cosa así pueda existir”. El cráneo de Joseph Merrick era holgadamente mayor que su cintura.”

La siniestra madrastra que le tocó en suerte fue peor que la más malvada de los cuentos infantiles. Merrick se preocupa, en su autobiografía, en describir los tormentos a que fue sometido por aquella mujer, que se entretuvo en abusar, durante años, de un niño huérfano, gravemente enfermo y horriblemente discapacitado. El nombre de la madrastra era Emma Wood Anthill, y se casó con el padre de Joseph en 1874, al fallecer su madre biológica: “Cuando yo tenía 13 años, ella hizo todo lo posible para conseguir que yo saliera a buscar trabajo. Obtuve un empleo en la fábrica de cigarros Freeman y trabajé allí por unos dos años. Luego, mi mano derecha comenzó a crecer, hasta que se volvió tan grande y pesada que ya no pude liar los cigarros, y tuve que irme. Ella me mandó por toda la ciudad para buscar trabajo, pero nadie quería contratar a un rengo deforme. Cuando volvía a casa para comer, ella solía decirme que había estado vagando y no buscando empleo. Se mofó tanto de mí, se burló y me despreció de tal manera, que dejé de regresar a casa a las horas de las comidas. Allí me quedaba solo, en las calles, con el estómago vacío, con tal de no regresar para soportar sus pullas.

De lo poco que yo comía, medias raciones y platos casi vacíos, ella igualmente me decía: “Es más de lo que te mereces. No te has ganado esa comida. Incapaz de encontrar empleo, mi padre me consiguió una licencia de buhonero y comencé a recorrer las calles como vendedor ambulante ofreciendo telas, géneros y pomada para zapatos. Al ver mi deformidad, la gente ni siquiera me abría la puerta ni escuchaba mis ofertas. Como consecuencia de mi enfermedad mi vida seguía siendo una miseria perpetua, de modo que me escapé de nuevo de mi casa e intenté salir a vender por mi propia cuenta.

Para esos tiempos mi deformidad había crecido a un grado tal que ni siquiera podía recorrer la ciudad sin que las multitudes se reunieran a mi alrededor y me siguieran por todas partes”. Joseph tenía desde su nacimiento una deformidad en la articulación de la cadera. Era para él muy difícil caminar incluso sobre una superficie plana. Imagínese el tormento que debieron significar para él los húmedos e irregulares empedrados del Londres victoriano, perseguido por catervas de niños que lo golpeaban, insultaban y gritaban a causa de su fealdad.

AMPLIACIÓN DEL TEMA: Nació en Inglaterra, en 1860 o 1862, fue el mayor de tres hermanos y quedó huérfano de madre cuando tenía alrededor de doce años. Según sus notas autobiográficas, fue un niño normal hasta aproximadamente los cinco años, momento en que su cuerpo comenzó a crecer y deformarse de manera monstruosa. Poco después de la muerte de su madre, a quien recordaba con cariño, el padre volvió a casarse y la nueva esposa ejerció a la perfección el rol de madrastra malvada de los cuentos infantiles: lo hostigó sin piedad, limitó sus comidas y lo obligó a salir a trabajar. Aunque Joseph logró desempeñarse en algunos míseros empleos, como era común para los niños de la época, muy pronto su deformidad creciente le impidió realizar tareas manuales y le hizo muy difícil hasta el simple acto de caminar por las calles.

Ante el maltrato que sufría, decidió no regresar a su casa y buscó un trabajo para el que parecía especialmente destinado: se fue a Londres para presentarse como un fenómeno en las ferias populares, donde se mostraban actos de hipnosis, invocación de fantasmas y exhibiciones de monstruos. Fue entonces cuando comenzó a ser conocido como el Hombre Elefante, por las consecuencias de la enfermedad que lo atormentaba: asimetría total del cuerpo, crecimiento descontrolado de la mitad derecha del cráneo, múltiples tumores y rugosidad de la piel parecida a la de los elefantes, entre otras. En 1884 fue visitado por el prestigioso médico cirujano Frederick Treves quien le ofreció estudiarlo para explicar el origen de su mal, pero nada se pudo adelantar.

Al tratarlo, Treves se sorprendió de la notable cultura de Merrick que hasta sabía leer y escribir correctamente, en un tiempo en que la mayoría era analfabeta. El Hombre Elefante fue contratado para realizar una gira por Bélgica y allí el empresario del espectáculo le robó sus ahorros y lo abandonó. A pesar de sus limitaciones, se las arregló para volver a Londres a donde llegó exhausto. La policía encontró una tarjeta del doctor Treves en su bolsillo y lo llamó. El médico acudió enseguida y esta vez, conmovido por el enfermo, inició una campaña a través de los diarios para procurarle una vivienda permanente y fondos para subsistir. Logró interesar a la aristocracia, incluida la mismísima reina Victoria y se le dio alojamiento en una habitación del hospital donde por primera vez encontró un hogar.

Aunque tenía dificultades para comunicarse, Merrick mantuvo largas conversaciones con Treves, demostró una notable sensibilidad artística y un gran interés por la lectura. El 11 de abril de 1890, cuando se disponía a dormir, su cabeza cayó hacia atrás, el enorme peso le dislocó el cuello y se produjo su muerte. Tenía alrededor de 27 años. Su esqueleto se conserva en el Real Hospital de Londres y en los últimos años se han realizado investigaciones para determinar la enfermedad que padeció, todavía sin resultados. El Hombre Elefante sobrevivió en obras dramáticas, películas, documentales, pinturas y hasta temas de rock.

Origen Cruz Roja Internacional Historia Cruz Roja Fundación

HENRI DUNANT, LA FUNDACIÓN DE LA CRUZ ROJA

LOS ESFUERZOS POR LA PAZ: Al parecer, la primera mujer que ofició de enfermera militar en la historia fue la inglesa Florence Nightingale. Lady with the lamp, como la llamaron quienes la vieron deambular por las noches entre los soldados heridos aliviándoles el sufrimiento o dándoles palabras de ánimo, fue un significativo ejemplo en el frente de Crimea, en 1855.

Cuatro años más tarde, los ejércitos de Napoleón III y Francisco José se enfrentaron con singular violencia en Solferino (Italia), donde murieron 22.000 soldados austriacos y 17.000 franceses. La horrible visión de más de 40.000 heridos abandonados en el campo de batalla bajo la lluvia y el calor conmovió a los observadores y, en particular, a un ginebrino llamado Henri Dunant, quien tomó la iniciativa de organizar por su cuenta un servicio de salvamento con la ayuda de los vecinos de Castiglione.

La impresionante experiencia inspiró a Dunant el libro Un recuerdo de Solferino, en cuyas páginas, después de describir con crudeza el resultado de la batalla, propuso la creación en todos los países de comités de socorro para los heridos de guerra, a quienes debía respetarse y considerarse como neutrales, ya que no podían atacar ni defenderse.

El libro, sin recurrir a grandes postulados filantrópicos, encontró eco en algunos sectores de la sociedad europea y, en Ginebra, el 17 de febrero de 1863, Dunant y sus compatriotas G. Mognier, Th. Mannoir, L. Appia y el general G.H. Dufour pudieron constituir el Comité de los cinco, que en principio se limitó a proponer la «formación de cuerpos de voluntarios que sirviesen como enfermeros en los ejércitos de cada país».

La Cruz Roja abandera la solidaridad:

Con el apoyo inicial de Francia, el Comite de los cinco pasó a llamarse Comité internacional y logró que dieciséis países reconociesen su ya célebre Convención de Ginebra de 1864, inspirada «para mejorar la suerte de los militares heridos de los ejércitos en campaña».

La segunda Convención de Ginebra, celebrada en 1899 y adoptada por cincuenta y cinco naciones más, señaló el principio de una nueva era en la consideración del ser humano comprometido en los conflictos bélicos. La magnífica iniciativa de Henri Dunant reivindicando la solidaridad y la dignidad del ser humano, le valió en 1901 el premio Nobel de la Paz.

En 1906, la Convención fue ratificada y los diez artículos originales llevados a treinta y tres. Asimismo, en esa ocasión instituyó la enseña que la haría célebre. «Como homenaje a Suiza, la bandera con una cruz roja sobre fondo blanco (inversión de los colores de la bandera federal) será el emblema y signo distintivo del servicio sanitario en todos los ejércitos.»

La cruz no debía considerarse como un símbolo religioso, puesto que la Sociedad de la Cruz Roja se había empeñado en ponerse al margen de todo interés religioso o político; sin embargo, Turquía se reservó y se le concedió el empleo de la media luna roja, que se hizo extensiva a todos los países musulmanes, y a Persia, actual Irán, un león y un sol rojos.

A pesar de todos los esfuerzos desplegados para difundir el ideal de la Cruz Roja y sus otras luchas, particularmente en favor de la «abolición total y definitiva de la trata de negros y del comercio de esclavos», Henri Dunant cayó en el olvido y la miseria. Sus negocios financieros fracasaron y lo arruinaron. Después de la guerra de 1870 llevó una vida errante que lo encaminó a Alemania y luego a Italia. Sólo con la caridad de algunos amigos pudo sobrevivir, y en 1887 se instaló en Heiden, una localidad suiza con vista al lago Constanza.

En el hospicio donde encontró refugio conoció en 1895 a Georg Baumberger, un periodista que le dedicó un artículo publicado poco después por numerosos periódicos. Los mensajes de adhesión comenzaron a llegar de todo el mundo; el fundador de la Cruz Roja había sido redescubierto. Como último honor consagrado al filántropo, le fue concedido el primer premio Nobel de la Paz en 1901.

Organización de la Cruz Roja internacional: Cuando en 1864 se creó el Comité internacional, al mismo tiempo se constituyeron las Sociedades nacionales de la Cruz Roja, con el propósito de auxiliar a los heridos de guerra. Para fortalecer los vínculos de estas sociedades, en 1919, a instancias de los Estados Unidos, se fundó la Liga de las sociedades de la Cruz Roja.

Tanto el Comité internacional como la Liga de las sociedades, administrada por un Comité ejecutivo, tienen sede en Ginebra y se relacionan a través de una Comisión permanente. (imagen: cruz roja internacional)

El Comite internacional está compuesto por dieciocho miembros de nacionalidad suiza, como garantes de la neutralidad, y el Comité ejecutivo de la Liga de las sociedades por quince delegados elegidos por las sociedades nacionales, un presidente y un secretario general. Cada cuatro años tiene lugar una Conferencia internacional de la Cruz Roja en la que participan todas las instituciones que componen la Cruz Roja internacional, es decir el Comité internacional, la Liga, la Comisión permanente, los presidentes o gobernadores de las sociedades nacionales y los representantes de los gobiernos firmantes de las convenciones de Ginebra.

La acción humanitaria de la Cruz Roja se extiende: El articulado de la Convención de 1899 fue ampliado, incluyendo los heridos de la guerra marítima y la protección de los buques hospitales, de las enfermerías de los buques de guerra y del personal sanitario. La Convención de 1929 extendió aún más el alcance de la acción humanitaria al incorporar a ella no sólo a los heridos sino también a los prisioneros de guerra. Se acordó entonces que «los prisioneros de guerra corresponden al gobierno enemigo, pero no a los individuos ni a los ejércitos que los han capturado. Deben ser tratados con humanidad.

Todo su ajuar personal, excepto las armas y documentos militares, deben respetarse como de su propiedad» (art. 4). Se precisaba además que «el Estado puede emplear a los prisioneros de guerra como obreros, según su grado y aptitudes, con excepción de los oficiales. Los trabajos no serán excesivos ni relacionados con las operaciones militares» (art. 6). En este sentido, estos obreros fueron facultados a percibir un salario equivalente al de los obreros del país, el cual debía serles abonado, deduciéndoles los gastos de manutención, en el momento de la repatriación.

En la Convención de Ginebra de 1929 se precisaron además cómo debían ser los campos de concentración y el trato que debían recibir los prisioneros, a fin de salvaguardar su salud física, su paz espiritual y su dignidad como personas.

Un propósito difícil: humanizar la guerra

El espíritu que alentaba a la organización de la Cruz Roja hizo que su acción humanitaria trascendiera más allá de las víctimas de la guerra y alcanzara a la guerra misma, a fin de aliviar sus dolorosas consecuencias. Las naciones signatarias del protocolo internacional de 1925 acordaron renunciar a las guerras química y bacteriológica, incorporando a la jurisprudencia internacional la expresa prohibición del «empleo de gases asfixiantes y tóxicos, lo mismo que el de materias líquidas análogas» y de «sustancias bacteriológicas» por estar «justamente condenado por la opinión general del mundo civilizado».

A estas prohibiciones siguieron más tarde la proscripción de los bombardeos a ciudades inermes y del maltrato a ancianos y niños, la condena de los excesos y crímenes de las torturas y capturas de rehenes, de las represalias y castigos colectivos y de las deportaciones y ejecuciones sumarias, y la prescripción de guardar «el honor debido a las mujeres». Los esfuerzos por humanizar la guerra llevados a cabo a principios de siglo se correspondían, asimismo, con una corriente de opinión pacifista que tendía a su total erradicación, como ya lo había postulado Jmmanuel Kant en Proyecto para una paz perpetua, editado en 1795.

¡Abajo las armas!

Uno de los más importantes alegatos contra la guerra fue el libro de la austriaca Bertha Kinsky von Suttner, ¡Abajo las armas!, aparecido en 1889. El impacto que provocó en amplios sectores de la opinión pública esta obra de la hija del conde Kinsky, mariscal de campo y chambelán del emperador Francisco José, desembocó en los años siguientes en varias campañas antibélicas, a las cuales se adhirieron intelectuales como Víctor Hugo, Tolstoi, BjÉ5rnson, Strindberg, Renan y muchos otros.

Un efecto más específico en los gobiernos europeos tuvo La guerra futura, publicado en 1888 por el banquero rusopolaco J. S. Bloch. Este autor profetizaba para un futuro más o menos inmediato una larga y cruel guerra de trincheras seguida de un colapso económico tanto para vencidos como para vencedores. Tras la lectura del libro de Bloch, el zar Nicolás II a través de su ministro de Relaciones exteriores, Muraviev, puso sobre aviso a las naciones europeas sobre la conveniencia de reducir los armamentos y de celebrar una conferencia de distensión.

«El gobierno ruso creía que el momento actual era favorable para estudiar, en una conferencia internacional, los medios más eficaces de asegurar a todos los pueblos los beneficios de una paz real y duradera», explicó el zar, quien creía que tal reunión «sería un feliz presagio del siglo que iba a comenzar» y «recogería en un haz poderoso los esfuerzos de todos los estados que quisiesen hacer triunfar la gran concepción de la paz universal contra los elementos de desorden y discordia.

Consagraría los principios de equidad y de derecho sobre los que deben descansar la seguridad de los estados y la felicidad de los pueblos». La invitación rusa fue acogida con entusiasmo, más afectado que sincero, por los gobiernos europeos y la conferencia se celebró en mayo de 1899, en La Haya.

La poca disposición de las potencias europeas —sobre todo de Alemania y Francia—, a transigir en lo que consideraban un intento de «limitar su independencia», había condenado de antemano el éxito de la reunión, mas la inesperada presencia de un grupo de influyentes pacifistas, como los franceses Léon Bourgeois, D’Estournelles de Constant, Pauncefort y Martens, entre otros, va rió el resultado final.

El palacio del Tribunal de la Haya, propuesto por el zar Nicolás II y costeado por el industrial y financiero estadounidense Andrew Carnegie (imagen izq.). Desde 1899 es un tribunal permanente de arbitraje de alcance internacional, así como la sede de diversas conferencias. Así, en esta conferencia de La Haya se convino en que la limitación de armamentos «sería un gran paso para el bienestar moral y material de la Humanidad» y que el arbitraje internacional era «el medio más eficaz para resolver cuestiones de orden jurídico y para la interpretación de convenciones internacionales».

Nobel y Carnegie, los magnates de la paz:

Resulta significativo que dos personajes que habían forjado sus enormes fortunas con la dinamita y el acero tomaran decidido partido por la paz mundial. Alfred Nobel, influido por el libro y la acción de Bertha von Suttner, adoptó con decisión la causa pacifista con la convicción de que «la guerra divide un país en víctimas y asesinos». Pero el célebre inventor de la dinamita no se limitó a las palabras y un año antes de morir, en 1895, legó a la Fundación Nobel su fortuna para la creación de un fondo cuyos intereses serían distribuidos en premios a las personas que cada año «hubieran aportado los mayores beneficios a la humanidad».

El primero de esos premios era para el «descubrimiento o invento más importante en el campo de la física». Los siguientes eran para las aportaciones en los campos de la química, la fisiología o la medicina y para la obra literaria «más notable de tendencia idealista». “El vagabundo más rico de Europa”, como se le llegó a llamar a Alfred Nobel, también dejó constancia en su testamento del deseo de instituir un premio a quien más hubiera trabajado «en favor de la fraternidad entre las naciones, por la abolición o reducción de los ejércitos permanentes y por la celebración y fomento de congresos por la paz».

Henri Dunant, fundador de la Cruz Roja, fue el primer galardonado con el premio Nobel de la Paz (1901) y cuatro años más tarde lo recibió la baronesa von Suttner. Andrew Carnegie fundó en 1910 la Donación Camegie para la Paz internacional, dotándola de un capital de doce millones de dólares. El objetivo de la fundación era, según escribió el “rey del acero”, promover «una investigación metódica y científica sobre las causas de la guerra y de los medios para evitarla».

Camegie fundamentaba su decisión en la absoluta convicción de que «la guerra es la más infame mancha de nuestra civilización. No nos comemos ni torturamos a los prisioneros, ni saqueamos ciudades, sacrificando sus habitantes, pero nos matamos unos a otros en guerra como bárbaros. Sólo las bestias salvajes tienen excusa para ello.

En nuestra época, la nación que rehusa el arbitraje es criminal». Durante los primeros catorce años del siglo XX se constituyeron en Europa innumerables sociedades pacifistas, se celebraron varios congresos mundiales para la paz y se llevó a cabo una vasta movilización en todos los estamentos de la sociedad. Pero, al mismo tiempo que unos trabajaban incansablemente por la paz, otros se preparaban para la guerra alistando sus fuerzas y disponiendo sus alianzas.

LARREY Y EL AUXILIO A SOLDADOS HERIDOS: En el siglo XVIII aparecieron las primeras ambulancias, cuya finalidad era transportar rápidamente a los heridos al hospital de campaña. Aquel aporte de los servicios médicos militares contribuyó a salvar muchas vidas en los conflictos armados. Su inventor fue Dominique-Jean Larrey, médico al servicio del ejército napoleónico que, en 1792, construyó la primera ambulancia, en cuyo interior iban médicos que auxiliaban a los heridos. Se trataba de carruajes ligeros de dos ruedas tirados por dos caballos y que disponían de amortiguadores para neutralizar el brusco traqueteo de los vehículos. En la guerra contra Austria, Larrey comprobó los efectos devastadores que el fuego de artillería causaba a la milicia y se desesperó por la tardanza de los servicios médicos en proporcionar ayuda a los heridos. Muchos soldados se desangraban antes de ser auxiliados, ya que las ordenanzas establecían que debían quedar en el lugar donde hubieran caído hasta que cesaran las hostilidades y que los hospitales militares debían situarse a unos cinco kilómetros de la primera línea de combate. Para resolver esto, Larrey formó pequeños grupos de cirujanos que iban a caballo para atender a los soldados heridos en la primera línea de fuego y luego se los trasladaba en las nuevas ambulancias.

CRONOLOGÍA VIDA DE HENRI DUNANT

1828 Nacimiento de Henri Dunant en Ginebra, el 8 de mayo.

1852 Napoleón III, emperador de los franceses.

1853 Dunant llega a Argelia.

1858 Adopta la nacionalidad francesa, sin perder la suiza.

1859 Batalla de Solferino.

1862 Publicación de Un recuerdo de Solferino.

1863 Creación del Comité internacional de ayuda a los heridos, antecesor del Comité Internacional de la Cruz Roja. Conferencia de Ginebra.

1864 Guerra de los Ducados en que se enfrentan Prusia y Austria con Dinamarca. Firma de la Convención de Ginebra.

1870-1871 Guerra franco-prusiana; el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) crea la primera agencia de información sobre el destino de los militares heridos o capturados para uso de las familias.

1875 Dunant es el gestor de un congreso internacional para la «abolición total y definitiva de la trata de negros y del
comercio de esclavos».

1895 Dunant es descubierto por el periodista Georg Baumberger.

1899 Convenciones de La Haya que extienden la Convención de Ginebra a las guerras marítimas.

1901 Dunant recibe el primer premio Nobel de la Paz.

1906 Segunda Convención de Ginebra.

1910 Muerte de Henri Dunant, el 30 de octubre. Lega el monto de su premio a obras de caridad.

Fuente Consultada: Historia del Siglo XX La Nación

Los Illuminati Los Masones y el Nuevo Orden Mundial Sociedades Secretas

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Origen de la
Masonería
Los
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De Satanás
Secreto
Masónico

LA MASONERÍA: Provenga o no de los tiempos de Salomón, pasando por las catedrales medievales, la presencia tangible de la Masonería está registrada en fuentes históricas muy concretas. Es sabido que en el año 1717 surge la Gran Logia de Inglaterra, mientras que en 1732 aparece la denominada Gran Logia de Francia.Ambas, presuntamente, persiguen un sistema moral muy particular que se expresa a través de la alegoría y se ilustra gracias a los símbolos.

logo illuminatiSin embargo, más allá de este carácter que podría ser sólo especulativo, la ingerencia de la Masonería en la historia tiene más que ver con una relación secreta con la política y las conspiraciones que con una simple búsqueda de la verdad suprema místico-espiritual. Quizá el cambio se debió a la influencia que unos años después ejercerían sobre ella los illuminati.

La Francmasonería que sale a luz en el siglo XVIII, ya no está compuesta por asociaciones de albañiles que pretenden enseñarse el oficio unos a otros, compartiendo el techo de una logia gremial.

En este caso se trata de personajes de elevadas clases sociales, dotados de interesantes e interesadas conexiones políticas y religiosas. Los masones tenían una divisa, de la que unas décadas después se apropió la Revolución Francesa: «Libertad, igualdad y fraternidad», y el nombre de la logia en inglés es «Freemasonry», donde «free» significa «libre». Sin embargo debemos saber que entre los masones ingleses había poca o ninguna solidaridad.

El de la masonería es un tema polémico del que se ha dicho de todo, y no siempre con argumentos sólidos. Se sabe que los masones influyeron decisivamente en la Revolución Francesa y en la independencia de las Américas, que muchos grandes dirigentes de todo el mundo fueron masones, incluidos 16 presidentes de los Estados Unidos y varios reyes y emperadores de Inglaterra, Francia y Alemania, así como un buen puñado de dirigentes de la República Argentina. Una lista selecta de masones ilustres incluiría nombres como los de Simón Bolívar y José de San Martín; filósofos y escritores de tan diverso origen y época como
Goethe, Voltaire, Osear Wilde, Rudyard Kipling y Tolstoi; músicos como Mozart, Schubert, Puccini y Louis Armstrong; militares y estadistas como Giuseppe Garibaldi, Winston Churchill, Salvador Allende y Martín Luther King; científicos como Alexander Fleming y Enrico Fermi; los fundadores de las firmas automovilísticas Ford, Citroen y Chrysler; el mago Houdini, el astronauta Edwin Aldrin, Buffalo Bill, Cantinflas, Clark Gable, John Wayne e incluso personajes de ficción como Sherlock Holmes y Corto Maltes.
(ver: Origen de la Masonería)

Para empezar, los negros estaban totalmente excluidos de ella. Se consideraba que eran de una raza inferior y por lo tanto no podían participar del objetivo, que no era ya construir la catedral para la Iglesia sino para el hombre, tanto en esta vida como después de la muerte.

La Masonería inglesa no aceptaba la presencia de mujeres en sus filas. De hecho la lucha social por los derechos de la mujer no comenzaría hasta 1851, y en la época en que nos situamos, el género femenino estaba excluido, al igual que las personas de raza negra. En cambio, en la Masonería francesa existía un mayor grado de permisividad, ya que en su seno acogía la diversidad religiosa, política y sexual.

La logia que se estableció en Francia era de origen escocés. Es interesante resaltar que procede de la casa Estuardo, que se consideraba guardiana de la tradición de los templarios franceses y que 400 años antes de la fundación de la Masonería, habían participado en la conquista de Escocia. Las logias inglesas, por su parte, se organizaron según el rito de York (que también recibe el nombre de Americano), basado en diez títulos de pertenencia a la orden o grados masónicos. La francesa optó por generar como rito propio el «Escocés Antiguo y Aceptado» que se compone de 33 grados. De hecho, este rito escocés será el que influya mayoritariamente en el continente europeo y en el americano.

La expansión de la Masonería llegó a ser tan relevante y notoria, que el papa Clemente XII emitió en 1738 una bula destinada a condenar a los masones e intentar apartarlos de la Iglesia. Unos años después el cultivado Benedicto XIV refrendará la postura del anterior Pontífice. Esta exclusión se ha mantenido hasta nuestros días, ya que Juan Pablo II la incluyó en un documento sobre la Francmasonería dirigido en 1983 a la Congregación para la Doctrina de la Fe.

A tenor de las declaraciones de los estamentos eclesiásticos, parecería que, más que los illuminati, los que realmente «molestan» a la Iglesia son los masones. Desde luego, con afirmaciones como las mencionadas, y las que siguen llegando cada tanto en la pluma del papa Wojtyla, uno se pregunta cuál es el conflicto que desde hace siglos mantiene la Masonería con la Iglesia, o más bien viceversa.

A pesar de esta hostilidad, lo cierto es que a partir de la segunda mitad del siglo XVIII los masones continuaron con sus actividades prácticamente en todas partes. Sólo la Revolución Francesa provoca una crisis que hizo menguar e incluso disgregar algunas logias. Pero superado aquel momento, muchas se hicieron aún más fuertes y se han mantenido hasta nuestros días.

En la actualidad se calcula que hay alrededor de 5.000.000 masones en todo el mundo. Y si al principio encontrábamos dos ritos, hoy existe una infinidad de ellos, que van desde los 10 grados del rito de York hasta los 90 que posee el rito de Misraim.

OBJETIVOS: EN BUSCA DE UN GOBIERNO MUNDIAL

Una de las abundantes hipótesis conspirativas sobre las sectas secretas, vincula a losrosacruces y los templarios con la búsqueda de un gobierno mundial. Todo parece indicar que fueron los masones quienes recogieron el testigo y cambiaron ciertos objetivos. La historia asegura que tras la muerte del último maestre templario, sus seguidores tenían instrucciones precisas para perpetuar la Orden.

Era preciso crear una sociedad secreta invisible, ya fuera integrándose en otras ya existentes o creando grupúsculos nuevos y muy discretos: «invisibles».

Cuenta la historia que un pequeño grupo de resistentes templarios fundó la Orden de San Andrés del Cardo Real, que más tarde pasaría a denominarse Colegio Invisible.

A la mencionada orden se fueron incorporando, además de eruditos, un buen número de científicos cuyo objetivo era promover la ciencia y alejarla de los patrones impuestos por el clero. A mediados del siglo XVII, el Colegio Invisible se convirtió en la Royal Society británica, que según parece sigue hasta hoy estrechamente vinculada a los rosacruces y a la Masonería.

Entre los miembros del Colegio Invisible hubo un personaje de incierta biografía y comportamiento misterioso que se hacía llamar Comenius. Su idea era la creación de una «pansofía», es decir, una doctrina universal capaz de gobernar el mundo. Algunas de sus propuestas eran:

  • Creación de un Parlamento Mundial.

  • Reforma universal de la sociedad en general.

  • Reforma de las conceptualizaciones religiosas, políticas y filosóficas.

  • Creación de un Tribunal Supremo cuya misión sería velar por la reconciliación de las religiones, a fin de que todo el planeta estuviera consagrado pacíficamente a Dios.

  • Establecimiento de una Corte de Justicia Internacional capaz de mediar en los conflictos políticos mundiales.

  • Establecer un consejo mundial de sabios, que recibirían el nombre de Superiores Desconocidos y que tendrían la misión de erradicar desde la sombra la ignorancia, el ateísmo y cualquier atisbo de involución social.

Fuente Consultada: Más Allá de Ángeles y Demonios de René Chandelle

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LOS HECHOS Y LA JUSTICIA: Los  Tiempos Modernos comienzan, según la división clásica, alrededor del año 1500, pero en los siglos siguientes los sistemas judiciales europeos seguirían aplicando métodos medievales para descubrir la verdad. La legislación tendía a consolidar a la Iglesia y el Estado, por lo cual eran severamente castigados delitos como la herejía y traición.

El juez no escuchaba a las dos partes con igualdad de prerrogativas, sino que se convertía en un funcionario inquisitorial, y la confesión del acusado, lograda mediante el tormento, cobró un papel preponderante, superando incluso a las declaraciones de testigos.

Durante los siglos XVI y XVII los juicios religiosos y políticos tenían enorme importancia, y sólo en las postrimerías de este período se comenzó a prestar atención a otros delitos, como el fraude. Recién en 1677 se abolió la pena capital por herejía, pero para entonces 300 mil mujeres habían sido condenadas a la hoguera por los tribunales europeos.

La herejía era pagada con la vida, y así William Tyndale fue procesado en 1536 cerca de Bruselas por el delito de haber impreso diez años antes en Colonia la primera versión del Nuevo Testamento en inglés. Líderes religiosos de diversos credos debían escapar a la persecución que por ley se les hacía en los Estados con otra religión oficial, para no exponerse a la suerte de los 1.200 hugonotes que fueron ahorcados en 1560 en Amberes.

Los reyes decidían la suerte de los principales acusados, aunque la autoridad papal era también considerable. De ese modo, en 1580 Isabel I debió decidir entre colgar o hacer caballero a Francis Drake, eligiendo lo segundo. No tuvo la misma suerte en 1618 Sir Walter Raleigh, quien fue juzgado y decapitado por haber conspirado 15 años antes para derribar a Jaime I. En esa época terrible, ni las augustas cabezas se hallaban a resguardo, y así, en 1536, Enrique VIII, cansado de su esposa, la reina Ana Bolena, ordenó que se le siguiera juicio por adulterio. La reina fue decapitada después del fallo adverso de sus jueces. Una suerte similar habría de correr en 1587 María Estuardo, reina de Escocia, quien debió responder al cargo de traición.

Las persecuciones políticas y religiosas motivaron la emigración de muchas víctimas de la ley. En América, sin embargo, los puritanos siguieron dedicados a la “caza de brujas”. Salem, en Massachusetts, fue escenario del juicio a Anne Hubbins en 1656, a raíz del cual fue sentenciada a la horca. Otra cacería inspirada por los predicadores dio como resultado la muerte de otras 20 personas, en 1692.

El siglo XVIII se caracteriza por ser una época sin ley, en que la corrupción es frecuente, al amparo del crecimiento de la población y una relativa prosperidad. La ‘pena de muerte la aplican los jueces con bastante frecuencia a los acusados de crímenes contra las personas y aun a los autores de pequeños robos. Entre los juicios de la época se destaca el caso Jo-nachan Wild, ventilado en 1725, que fue descubierto por Bertold Brecht, dramaturgo que se inspiró en él para su (personaje “Mack the Knife” de “La Opera de Tres Centavos”.

Igualmente magnificado ha sido Dick Turpin, que a los 34 años se presentó animosamente ante los jueces y ni siquiera perdió la calma tras ser declarado convicto y sentenciado a muerte. Turpin, personaje casi legendario, con aspiraciones de Robín Hood, debió responder por numerosos salteos, y según se cuenta llegó a cometer un robo por noche, lo que le convirtió en el bandolero más famoso y temido de toda Inglaterra. Aunque se escondió bajo el nombre de John Palmer, no faltó quien lo identificara, llevándolo hasta la justicia, para así ganar la recompensa de 200 libras que se ofrecía por su cabeza. Su ejecución fue en 1739.

Igualmente novelesco es el Marqués de Sade, por cuya suerte se preocupó el rey Luis XV en Francia. Para evitarle un proceso legal que arrojaría el deshonor a las familias de algunos nobles, lo hizo encerrar, pero ello no reformó su tendencia a buscar un placer morboso en la agonía de sus víctimas. Una demandante, que había sido azotada con un látigo por Sade, fue silenciada mediante una indemnización, pero otra vez intervino el rey para que la causa fuera sobreseída.

En 1772 fue llevado finalmente ante un tribunal, por haberles dado a unas prostitutas unos polvos envenenados, y que supuestamente eran afrodisíacos. Fue sentenciado a muerte, pero se salvó por las influencias de su familia. Después sufrió diversos arrestos, hasta que la Revolución Francesa lo liberó en 1790, pero en la Bastilla había desarrollado su carrera literaria, que también lo haría famoso.

El «motín de la ‘Bounty , nave inglesa, se produjo el 28 de abril de 1789, en Tahiti. La nave llegó a las islas para obtener el árbol del pan y llevarlo a las Indias Occidentales, y así mejorar la ración de los esclavos. La comandaba el capitán William Bligh, de duro carácter. Un contramaestre, Fletcher Christian, que odiaba a Bligh, fue el autor. Al capitán y a 18 hombres los embarcaron en un bote. Estos hicieron un recorrido de 6 mil millas hasta la isla Timor. Sólo 12 llegaron a Inglaterra. Los amotinados, en 1791, fueron llevados a Londres y condenados a muerte, menos uno. Algunos alcanzaron a fundar una colonia en la isla Pitcairn, la que se descubrió en 1808.

El siglo se cierra con Giuseppe Balsamo, Conde de Cagliostro, uno más entre los curanderos, charlatanes y magos, pero que al revivir la promesa de los alquimistas saltó de su Sicilia natal a las islas británicas y recorrió el continente europeo desde Lisboa a San Petersburgo. La Inquisición lo arrestó después de estudiar sus prácticas por Europa, y fue sentenciado a morir por herejía, pero el Papa cambió la pena por la de prisión perpetua.

Los procesos más importantes de los últimos tiempos se han desarrollado delante de un Tribunal del Crimen. En Francia, Gran Bretaña o Alemania, casi todos los procesos de relieve pasan por una corte de audiencia en lo criminal. En Francia, la “Cour d’assises” fue instituida en 1791 por la legislación revolucionaria, e inicialmente se constituía de doce ciudadanos que ignoraban la jurisprudencia y decidían sólo la inocencia o culpabilidad de los acusados.

La función del tribunal de tres jueces consistía en fijar la pena, sistema que rigió hasta 1932. Curiosamente, el caso Laverdet, que afectó a un sacerdote que quiso fundar una Iglesia Católica Francesa, se desarrolló ante la Cámara Correccional de Nantes.

El proceso contra el abate Laverdet, en 1837, dio el golpe de gracia al “galicanismo”, movimiento separatista que tendía a formar una Iglesia católica independiente, liberada de la influencia de .Roma. Laverdet fue acusado de organizar reuniones ilegales y de portar sotanas sin autorización. El procurador señalo que la libertad de religión no podía ser la libertad absoluta, sobre todo cuando se amenazaba el orden público, y citó los graves desórdenes producidos en Clichy y Leves. A Laverdet le preguntaron sobre su ordenación como sacerdote, y éste replicó que había sido hecha por el abate Chatel, cabecilla del movimiento, y que ya en el seminario se había distinguido por su excepcional elocuencia y un raro espíritu de independencia.

El abate Chatel esperaba ser enjuiciado o por lo menos excomulgado por la Iglesia Católica, pero ni París ni Roma necesitaban un mártir. El arzobispo de París fue bastante paciente frente a los rebeldes sacerdotes que habían suprimido la confesión en privado, el ayuno obligatorio y el celibato, habían traducido la liturgia al francés e instituyeron la elección de los sacerdotes. Al igual que el gobierno, aguardaba el resultado del proceso contra el abate Laverdet.

Pese a que la defensa apeló a la constitución, Laverdet fue hallado culpable y multado en 50 francos. Los adeptos de la Iglesia Católica Francesa comenzaron a dispersarse y sus sacerdotes (entre ellos el abate Anzou, asistente del abate Chartel) hicieron las paces con la iglesia Católica Romana.

Días Nefasto en la Historia Antigua