Invasiones Bárbaras I y II

España Primitiva Pre Romana Pobladores y Cultura

España Primitiva Pre Romana
Pobladores y Cultura

ESPAÑA PRERROMANA
Tiempos prehistóricos
España se halla situada en la península Ibérica, separada del África por el estrecho de Gibraltar, y de Francia por los montes Pirineos.

Poco se sabe acerca de los primeros habitantes. Los más antiguos —período del paleolítico inferior— trabajaban la piedra a golpes para obtener hachas de mano.

En el paleolítico superior habitó en la península la raza de Cro-Magnon, formada por hombres de alta talla que sabían dominar el fuego y cubrían su cuerpo con pieles de animales. De este período han quedado expresiones de arte rupestre en las paredes de las cavernas que utilizaban como viviendas.

En las Cuevas ce Altamira (Santander) se han encontrado figuras de bisontes, jabalíes, un caballo salvaje y una cierva; los contornos son incisiones y las pinturas realizadas con materias colorantes naturales.

En el V y IV milenios (a. C). pueblos procedentes de! norte de África —o quizás del valle del Danubio— penetraron en España e introdujeron la cultura neolítica. Conocían la agricultura y la ganadería, mejoraron las armas de piedra y fabricaron vasijas de barro cocido.

La abundancia de cobre y estaño brindó características particulares a la cultura del bronce, cuyas muestras más importantes se han encontrado en las ruinas de la localidad de El Agar (Almería).

La utilización del hierro marca el comienzo de los tiempos históricos.

mapa de espana pre romana

Primeros pobladores históricos
Se afirma que, en los comienzos de los tiempos históricos, los más antiguos pobladores de España fueron los iberos —que penetraron por el sur— probables integrantes de un grupo racial de tipo mediterráneo-africano. Sin embargo, otros estudiosos sostienen que los primeros habitantes de esa época fueron los ligures, llegados a la península por el norte.

En la región sur de la península (Andalucía, parte de Murcia y Alicante) floreció una brillante civilización, la de los Tartesios, cuya antigüedad no puede precisarse pero que seguramente es muy remota. Su origen es incierto, aunque algunos historiadores creen que este pueblo pertenece a la familia de los iberos. Los tartesios formaron un gran imperio comercial que tuvo importantes relaciones con los mercaderes fenicios y griegos.

En el siglo VI (a. C.) penetraron en España los celtas, pueblo de origen indoeuropeo que procedía de las costas del mar del Norte. Luego de cruzar los Pirineos, los recién llegados ocuparon la parte noroeste de la península. Eran altos, rubios y vigorosos; llevaban armas y utensilios de hierro e introdujeron en España ese tipo de cultura.

Los celtas se dividieron a su vez en cuatro ramas: los lusitanos y los gallegos, que ocuparon el oeste de la península —en el sur y en el norte, respectivamente—, y los astures y los cántabros que se instalaron en la parte meridional sobre las costas del mar Cantábrico.

Los celtas se extendieron por toda la península, especialmente en la región occidental. Pero en la meseta la penetración fue contenida por los iberos, quienes se opusieron al avance de los invasores.

Se afirma que de ese contacto se produjo la fusión de las dos razas en una sola que se llamó de los celtíberos. En el siglo IV (a. C.) la zona central de España estaba ocupada por este nuevo pueblo, mientras que en el norte y en el sur seguían dominando los celtas e iberos, respectivamente.

Cultura
Si bien las manifestaciones artísticas de la España primitiva poseen caracteres propios, es indudable que fueron notablemente influidas por los colonizadores fenicios, griegos y cartagineses. Por tal causa, los pobladores de la región sudoriéntal muestran rasgos culturales muy distintos de los que poseen los habitantes del interior, que vivieron alejados de esas influencias.

Los fenicios estimularon la industria y el comercio; además, introdujeron objetos artísticos de oro, plata, marfil y vidrio, con marcados caracteres orientales.

Los griegos gravitaron enormemente en el aspecto cultural y artístico. Lo demuestran la acuñación de monedas y, sobre todo, la arquitectura y la escultura. Los españoles no se limitaron a copiar los modelos griegos, sino que asimilaron el arte helénico y supieron darle caracteres propios.

En la región sudoriental, de cultura más desarrollada y que recibió mayor Influencia griega, se han encontrado restos de numerosas poblaciones y santuarios construidos en lugares elevados así como también valiosas piezas escultóricas, entre las que se destacan: La Leona de Bocairente y la famosa Dama de Elche.

Leona de

Leona de Bocairente

la dama de elche

Dama de Elche: 
La dama de Elche, junto a la dama del Cerro de los Santos y la de Baza (las tres en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid) son tres excepcionales ejemplos de escultura ibérica. Es un busto de carácter funerario con influencias del arcaísmo griego y el arte púnico. Resalta la ornamentación de su tocado con dos rodetes a ambos lados del rostro. Se trata de un busto femenino en piedra caliza, descubierto en 1897 en La Alcudia (Elche). Ricamente alhajada, lleva una tiara ceñida con una diadema, dos grandes ruedas sobre las orejas para recoger el pelo y collares sobre el pecho. Algunos especialistas consideran que el orificio que presenta en la espalda corresponde a una urna cineraria.
Fuente Consultada:Historia I José Cosmelli Ibañez Editorial Troquel

 

Vida de los Señores Feudales Comida, Caza, Religión y Fiestas

VIDA DE LA NOBLEZA EN LA EDAD MEDIA

La vida de la nobleza feudal no era tan idílica como se la describe con frecuencia en las novelas románticas. Aunque, indudablemente, no le faltaba la agitación, era muy fatigosa y la muerte cobraba su tributo a edad temprana. Tras un estudio cuidadoso de los esqueletos medievales, un científico moderno ha calculado que en los tiempos feudales el porcentaje de mortalidad alcanzaba su nivel más alto a la edad de cuarenta y dos años, en tanto que al presente lo alcanza alrededor de los sesenta y dos. Además, las condiciones de vida eran relativamente pobres hasta para los nobles más ricos.

vida de los señores feudales en la edad media

Casi hasta fines del siglo XI el castillo feudal no era sino una fortaleza tosca de madera. Y los grandes castillos de piedra posteriores estaban lejos de ser modelos de comodidad. Las habitaciones eran oscuras y húmedas y las paredes de piedra sin revestimiento resultaban frías y tristes. Hasta que se reanudó el comercio con el Oriente, cuya consecuencia fue la importación de tapices y alfombras, los pisos estaban generalmente cubiertos con juncos o paja, que se renovaban cuando los anteriores eran ya insoportables a causa de la inmundicia dejada por los perros de caza.

La comida del noble y su familia, si bien abundante y sustanciosa, no era muy variada ni apetitosa. Sus componentes principales eran la carne, el pescado, el queso, las coles, los nabos, las zanahorias, las cebollas, los porotos y las arvejas. Las únicas frutas que se podían obtener en abundancia, eran las manzanas y las peras. No se conocían el café y el té, como tampoco las especies hasta que se intensificó el comercio con el Oriente. También se importaba azúcar, pero durante mucho tiempo siguió siendo rara y costosa y hasta se vendía como droga.

Aunque los nobles no trabajaban para ganarse la vida, no pasaban el tiempo en la ociosidad. Los convencionalismos de su sociedad les exigían gran actividad bélica, aventurera y deportiva. No sólo luchaban con pretextos baladíes para apoderarse de los feudos vecinos, sino también por puro amor a la lucha como aventura excitante. Eran tan frecuentes los actos de violencia, que la Iglesia tuvo que intervenir con la Paz de Dios en el siglo X y luego con la Tregua de Dios en el siglo XI.

Mediante la Paz de Dios la Iglesia pronunciaba anatemas solemnes contra quienes realizaban actos de violencia en los lugares destinados al culto, robaban a los pobres o agraviaban a los sacerdotes. Más tarde se extendió esta protección a los comerciantes. La Tregua de Dios prohibía toda clase de lucha desde “la víspera del miércoles hasta el amanecer del lunes” y también desde la Navidad hasta la Epifanía (6 de enero) y durante la mayor parte de la primavera, fines del verano y comienzos del otoño. El propósito de esta última regulación era, evidentemente, proteger a los labradores durante las estaciones de la siembra y la cosecha. La pena que se imponía al noble que violaba esa tregua,  era la excomunión.

Hasta muy entrada la Edad Media, los modales de la aristocracia feudal eran todos menos refinados y suaves. La glotonería constituía un vicio común y las cantidades de vino y cerveza que se consumían en los castillos medievales durante las fiestas causarían vértigo a un bebedor moderno. En las comidas cada cual cortaba la carne con su propio cuchillo y la comía con los dedos. Los huesos y las sobras eran arrojados al suelo, donde se los disputaban los perros siempre presentes. A las mujeres se las trataba con indiferencia y a veces con desprecio y brutalidad, pues aquél era un mundo masculino.

En los siglos XII y XIII, sin embargo, se suavizaron y mejoraron considerablemente los modales de las clases aristocráticas gracias a la aparición de la llamada caballería andante. La caballería era el código social y moral del feudalismo, la encarnación de sus ideales más altos y la expresión de sus virtudes. Los orígenes de este código eran principalmente germanos y cristianos, pero en su desarrollo también desempeñó algún papel la influencia sarracena. El caballero ideal debía ser, no sólo valiente y leal, sino también generoso verídico, respetuoso, bueno con los pobres y desvalidos y desdeñoso de las ventajas injustas y las ganancias sórdidas.

El ideal caballeresco hacía del amor a las mujeres un verdadero culto, con un   ceremonial   complicado   que   el noble debía observar escrupulosamente. Por ello, las mujeres alcanzaron en la última Edad Media una posición social mucho más elevada que en el período anterior. La caballería imponía también a sus miembros la obligación de luchar en defensa de causas nobles. Era su deber especial actuar como campeón de la Iglesia y defender sus intereses con la espada y la lanza.

McNali Burns, Edward. Civilizaciones de Occidente. Buenos Aires, 1968.

Fuente Consultada:
HISTORIA 1  José Cosmelli Ibañez Editorial Troquel

Alimentacion, Dieta y Comidas en la Edad Media Viviendas

LA EDAD MEDIA: CASAS, COMIDA Y ALIMENTACIÓN

resumen de la edad media 

EL CLIMA Y LA VIDA EN LA EDAD MEDIA: Los hombres y mujeres de la Edad Media sufrían con dureza las consecuencias del medio físico. Los rigores del invierno eran muy difíciles de combatir para todas las clases sociales, utilizando tanto los nobles como los humildes el fuego para combatirlo.

Gracias a la leña o el carbón vegetal el frío podía ser evitado y surgieron incluso rudimentarios sistemas de calefacción, siendo la chimenea el más utilizado. El refugio más empleado durante los largos y fríos inviernos eran las casas, utilizando numerosas ropas de abrigo para atenuar los rigores meteorológicos. Las pieles eran el elemento característico del vestido medieval. Para combatir el calor sólo se podía recurrir a un baño y las gruesas paredes de las iglesias y los castillos.

Otro elemento que suponía una importante limitación era la luz. Por la noche las actividades se reducían muchísimo. Incluso las corporaciones laborales prohibían a sus miembros trabajar durante la noche. Entre los motivos de estas prohibiciones encontramos la posibilidad de provocar incendios o la imperfección en el trabajo debido a la escasa visibilidad.

Las horas nocturnas solían servir a la fiesta en castillos o universidades, fiestas que se extendían a toda la sociedad en fechas señaladas como el 24 de diciembre o la noche de difuntos. Sin embargo, uno de las situaciones en las que el hombre echaba en falta la luz era por motivo de las grandes catástrofes: pestes, incendios, inundaciones, sequías, etc.

Los incendios eran práctica habitual en el mundo medieval, propagados gracias a la utilización de madera en la fabricación de las viviendas. Un descuido daba lugar a una gran catástrofe utilizándose también el fuego como arma de guerra. Las condiciones sanitarias de la población favorecerán la difusión de las epidemias y pestes, especialmente gracias a las aglomeraciones de gentes que se producían en las ciudades donde las ratas propagaban los agentes transmisores.

vino y pan , edad media

El vino y el pan serán los elementos fundamentales en la dieta medieval. En aquellas zonas donde el vino no era muy empleado sería la cerveza la bebida más consumida. De esta manera podemos establecer una clara separación geográfica: en las zonas al norte de los Alpes e Inglaterra bebían más cerveza mientras que en las zonas mediterráneas se tomaba más vino. Aquellos alimentos que acompañaban al pan se denominaban “companagium”. Carne, hortalizas, pescado, legumbres, verduras y frutas también formaban parte de la dieta medieval dependiendo de las posibilidades económicas del consumidor.

Uno de los inconvenientes más importantes para que estos productos no estuvieran en una mesa eran las posibilidades de aprovisionamiento de cada comarca. Debemos considerar que los productos locales formaban la dieta base en el mundo rural mientras que en las ciudades apreciamos una mayor variación a medida que se desarrollan los mercados urbanos. La carne más empleada era el cerdo -posiblemente porqué el Islam prohíbe su consumo y no dejaba de ser una forma de manifestar las creencias católicas en países como España, al tiempo que se trata de un animal de gran aprovechamiento- aunque también encontramos vacas y ovejas.

La caza y las aves de corral suponían un importante aporte cárnico a la dieta. Las clases populares no consumían mucha carne, siendo su dieta más abundante en despojos como hígados, patas, orejas, tripas, tocino, etc. En los periodos de abstinencia la carne era sustituida por el pescado, tanto de mar como de agua dulce. Diversas especies de pescados formaban parte de la dieta, presentándose tanto fresco como salazón o ahumado. Dependiendo de la cercanía a las zonas de pesca la presentación del pescado variaba. Judías, lentejas, habas, nabos, guisantes, lechugas, coles, rábanos, ajos y calabazas constituían la mayor parte de los ingredientes vegetales de la dieta mientras que las frutas más consumidas serían manzanas, cerezas, fresas, peras y ciruelas. Los huevos también serían una importante aportación a la dieta. Las grasas vegetales servirían para freír en las zonas más septentrionales mientras que en el Mediterráneo serían los aceites vegetales más consumidos. Las especias procedentes de Oriente eran muy empleadas, evidentemente en función del poder económico del consumidor debido a su carestía. Azafrán, pimienta o canela aportaban un toque exótico a los platos y mostraban las fuertes diferencias sociales existentes en el Medievo.

Las carnes debidamente especiadas formaban parte casi íntegra de la dieta aristocrática mientras que losmuchos monjes no consumían carne, apostando por los vegetales. Buena parte del éxito que cosecharon las especias estaría en sus presuntas virtudes afrodisíacas. Como es lógico pensar los festines y banquetes de la nobleza traerían consigo todo tipo de enfermedades asociadas a los abusos culinarios: hipertensión, obesidad, gota, etc.

El pan sería la base alimenticia de las clases populares, pudiendo constituir el 70 % de la ración alimentaria del día. Bien es cierto que en numerosas ocasiones los campesinos no comían pan propiamente dicho sino un amasijo de cereales -especialmente mijo y avena- que eran cocidos en una olla con agua -o leche- y sal. El verdadero pan surgió cuando se utilizó un ingrediente alternativo de la levadura. Escudillas, cucharas y cuchillos serían el menaje utilizado en las mesas medievales en las que apenas aparecen platos, tenedores o manteles. La costumbre de lavarse las manos antes de sentarse a la mesa estaba muy extendida.

No se introducen productos nuevos, sino que alguno de ellos se hizo más popular y otros se integran masivamente como símbolo de estatus social o manifestación religiosa. Al final de la Edad Media se sigue manteniendo la división geográfica entre la cocina del norte donde predomina el uso de la grasa animal y la del sur, mediterránea, que emplea el aceite de oliva; pero también se puede distinguir una cocina aristocrática, en la que se produce una mayor variedad de productos, de técnicas de preparación y de complejidad de esta elaboración, con intervención de especias, protagonismo de asados de volatería y de guisos de pescado, todo con adornos y aderezos de salsas y sofritos, así como una notable intervención de la confitería.

La predilección por los sabores aportados por las especias se presenta de manera distinta en los países de Europa. En Francia es el jengibre la más usada, seguida de la canela, el azafrán, la pimienta y el clavo; en Alemania, se emplea sólo la pimienta y el azafrán y en menor medida el jengibre; los ingleses son los más particulares, pues prefieren la cubeba, el macís, la galanga y la flor de canela, mientras los italianos fueron los primeros en utilizar la nuez moscada.

Frente a esta cocina muy refinada, cara y con fuertes variedades regionales, encontramos una cocina popular, menos cambiante, más unida a las necesidades y a la producción del entorno, con predominio de guisados en olla, donde la carne debía cocer largo rato porque los animales eran viejos y, por tanto, más dura, se acompañaba de verduras y legumbres y se completaba con elevadas cantidades de plan.

Tanto en las regiones donde ya había una enorme tradición, como en otras, se generaliza la elaboración de morcillas con la sangre del cerdo, con piñones, pasas y azúcar, o las tortas de harina de mijo o de castañas también con la sangre del animal, pudiendo entenderlo como un intento de demostrar su raíz cristiana y alejar cualquier sospecha de judaísmo.

Los Hogares y La Alimentación: Según los datos arqueológicos las casas altomedievales eran muy simples, por regla general. Su tamaño era reducido y estaban construidas en madera, adobe y piedras, utilizando paja para el techo. Las cabañas de los campesinos solían medir entre 2 y 6 metros de largo por dos de ancho, horadando el piso para crear un ambiente más cálido. En su interior habitaban la familia y los animales, sirviendo estos de “calefacción”.

Las casas podían tener una cerca alrededor donde se ubicaría el huerto, uno de los espacios más queridos en la época. Allí se cultivaban las hortalizas, las legumbres y las pocas frutas que constituían parte de la alimentación de los campesinos El mobiliario de las casas era muy escaso. Algunas ollas de cerámica, platos y marmitas, una mesa y taburetes para comer a su alrededor ya que los germanos abandonaron la costumbre romana de comer acostados y apoyándose sobre un codo. Al ubicarse alrededor de la mesa se emplearon cuchillos y cucharas, aunque serían las manos la pieza más utilizada para comer. La comida más fuerte era la de la tarde, rompiéndose el tópico que en la época medieval se pasaba habitualmente hambre.

Al principio de la comida se servía la sopa, invento franco consistente en caldo de carne con pan. Después se comen las carnes, tanto en salsa como a la parrilla, acompañadas de verdura -coles, nabos, rábanos, aliñados con especias, ajo y cebolla, considerando que las especias favorecían la digestión-. Era habitual que los platos se aliñaran con garum, condimento de origen romano elaborado a partir de la maceración de intestinos de caballa y esturión en sal. El vino y la cerveza regaban estas pantagruélicas comidas habituales en la nobleza. Como no todos los platos eran devorados, las numerosas sobras caían en manos de los esclavos y sirvientes que daban debida cuenta de ellas.

Son frecuentes los testimonios que aconsejan abandonar esta dieta para sustituirla por “raíces, legumbres secas y gachas con una pequeña galleta, a fin de que el vientre no esté pesado y asfixiado el espíritu” como recomienda san Columbano a sus monjes. Un monje nos cuenta que “no probaba ni siquiera el pan y sólo bebía cada tres días una copa de tisana” mientras que un rico bretón llamado Winnoch se jactaba de comer sólo hierbas crudas. Pero estos casos no eran lo habitual ya que Fortunato manifiesta que sale de las comidas “con el vientre inflado como un balón” mientras que Gregorio de Tours monta en cólera cuando hace referencia a dos obispos que pasan todo el día comiendo, “se volcaban sobre la mesa para cenar hasta la salida del sol”, durmiendo hasta el atardecer. Las dietas de los monjes eran abundantes. En un día un monje solía consumir 1700 gramos de pan, litro y medio de vino o cerveza, unos 80 gramos de queso y un puré de lentejas de unos 230 gramos.

Las monjas se contentan con 1400 gramos de pan y 130 gramos de puré, añadiéndose el queso y el vino. Los laicos suelen engullir kilo y medio de pan, 100 gramos de carne, 200 gramos de puré de legumbres secas y 100 de queso, regado también con litro y medio de vino o cerveza. Las raciones alimentarias rondarían las 6.000 calorías ya que se consideraban que sólo son nutritivos los platos pesados, convirtiéndose el pan en el alimento fundamental de la dieta. En algunos casos, cuando no había platos, los alimentos se tomaban sobre el pan. De estos datos podemos advertir que la obesidad estaría a la orden del día, por lo menos entre los estamentos noble y clerical, si bien los campesinos también hacían comidas fuertes cuyas calorías quemaban en su duro quehacer diario.

Las fiestas eran iguales a exceso en la época altomedieval. Las raciones alimenticias de monjes y clérigos aumentaban en un tercio, alcanzando las 9.000 calorías gracias a doblar la ración diaria de potajes, sopas o pures y recibir medio litro más de vino junto a media docena de huevos y un par de aves. Los canónigos de Mans recibían en determinadas fiestas un kilo de carne con medio litro de vino aromatizado con hinojo o salvia. Si advertimos que el calendario cristiano contaba con unos sesenta días festivos al año -más las festividades locales- podemos imaginar el peso alcanzado por algunos monjes.

En época de Cuaresma la carne se sustituye por pescados: lenguados, arenques, congrio o anguilas. Estas pesadas comidas requerían de largas digestiones “acompañadas de siestas, eructos y flatulencias expresadas de la manera más sonora posible, porque tal cosa se consideraba como prueba de buena salud y de reconocimiento al anfitrión” en palabras de Michel Rouche. Buena parte de la culpa de estas comilonas está en la mentalidad de la época al asociar la salud, las victorias militares o la progenie con las plegarias y los banquetes que se prolongaban durante dos o tres días.

Ordenes Militares de la Edad Media Fundadas en Tierra Santa Templarios

Órdenes Militares de la Edad Media

LAS ORDENES MILITARES: El nacimiento de las órdenes militares fue una de las consecuencias más notables de las Cruzadas. Eran institutos a la vez religiosos y militares. En el primer aspecto, dependían directamente del Papa, con exención de otras jurisdicciones eclesiásticas, y organizaban su vida comunitaria según una regla monástica que fuese compatible con la condición seglar y las actividades guerreras de sus miembros.

Ordenes Militares de la Edad Media La Orden de los Caballeros Hospitalarios y la del Temple fueron las más famosas de todas las surgidas en Tierra Santa.

La Orden de los Hospitalarios tuvo su origen en un albergue fundado en Jerusalén el año 1048 para acoger peregrinos; al terminar la Primera Cruzada, los prebostes del albergue hospedaron a numerosos peregrinos, extendieron sus actividades en pro de la protección y defensa de los mismos y acabaron aceptando obligaciones militares que derivaban de ambas tareas.

Entre 1120 y 1160, el maestre de la orden, Raimundo de Puy, codificó la regla y transformó la organización en una verdadera orden militar semejante a la del Temple, bajo el nombre de Orden de Caballeros de San Juan de Jerusalén, también llamados sanjuanistas o Caballeros Hospitalarios.

La piedad europea se manifestó en numerosísimas donaciones en dinero o en tierra a favor de aquella orden protectora de la peregrinación, cuyos caballeros portaban hábito negro con una cruz blanca sobrepuesta.

La Orden del Temple fue fundada en Jerusalén en 1118 y tuvo desde sus comienzos funciones más claramente militares. La regla monástica seguida fue la de San Benito, y el hábito de los caballeros, de color blanco con una cruz roja. Ambas órdenes respondían a una necesidad de la época, la de fundir los ideales de la caballería militar con el intento de cristianización de las costumbres castrenses que la Iglesia estaba llevando a cabo. Las circunstancias de Tierra Santa eran las más propicias para intentarlo mediante la creación de aquellas “Milicias de Cristo”, en las que se mezclaban ambos aspectos.

El éxito de la experiencia se manifiesta en la inmensa riqueza y poder alcanzados por ambas órdenes en los siglos XII y XIII gracias al apoyo y a las donaciones de los reyes, eclesiásticos y pueblo llano. Hacia 1250, la Orden del Temple contaría con veinte mil miembros. Antes de la batalla de Hattin, templarios y hospitalarios eran los mayores terratenientes de Tierra Santa, a pesar de su insumisión con respecto al rey de Jerusalén, al que no obedecían, alegando la dependencia directa que tenían con respecto al Papa. Su papel en la defensa de aquellos territorios fue fundamental, pero se vio enturbiado por esta indisciplina y por las rencillas continuas entre las dos órdenes.

La organización interna de ambas era muy semejante. La dirigía un Gran Maestre, rodeado de su corte, de un restringido consejo y, en ocasiones extraordinarias, de la reunión o capítulo general de sus cargos directivos. Las posesiones se dividían por reinos y países y, dentro de éstos, por prioratos; bajo el mando de los priores vivían los bailíos y comendadores, que tenían a su cargo grupos más o menos extensos de caballeros y escuderos de la orden respectiva.

La riqueza de las órdenes y la consolidación de sus instituciones fueron provocando cierto abandono del rigor militar y religioso primitivo, con el olvido de aspectos de la regla que las órdenes seguían, pero el trance más duro sobrevino cuando volvieron a poder del Islam los territorios de ultramar cuya defensa había sido la primera razón de ser.

La Orden del los Caballeros Hospitalarios pudo mantenerse, tanto por su carácter menos bélico y más volcado hacia la práctica de la protección y la caridad con respecto a los débiles, como por haber asumido la defensa de puntos fronterizos de la cristiandad europea: Rodas primero, Malta más tarde. Así fue posible que llegase a nuestros días como corporación predominantemente honorífica, aunque sus intereses hospitalarios sigan siendo notables.

Pero la Orden del Temple tuvo siempre un carácter más netamente militar y empleaba sus riquezas fabulosas en operaciones de banca y préstamo que resultasen más rentables con respecto a sus fines; no pudo superar la crisis que siguió a la caída de Acre en 1291 y de las últimas posesiones europeas en Oriente; entre 1307 y 1312, el rey de Francia Felipe IV procesó, bajo cargos dudosos, a los templarios que vivían en Francia, y consiguió que el papa Clemente V disolviera la orden, cuyos bienes fueron aplicados a la hacienda regia o, en otros países, a otras órdenes militares.

El ejemplo de templarios y hospitalarios había estimulado la aparición de nuevas órdenes, unas en Tierra Santa, otras en lugares más alejados. Durante la Segunda Cruzada se fundó en Jerusalén la Orden de los Caballeros Teutónicos, reconocida por el Papa en el año 1192. Pero el lugar de acción de los Teutónicos no fue Palestina, sino la frontera oriental de Alemania, donde conquistaron Prusia, atendiendo a menudo más a sus intereses materiales y deseo de poseer tierras que al primordial fin religioso, como lo demuestran sus violentas luchas con los polacos cristianos. En el siglo xvi, el maestre Alberto de Brandeburgo se secularizó y convirtió los bienes de la orden en ducado de Prusia, germen del futuro reino que reunificaría Alemania en el siglo XIX.

La Orden de los Caballeros Portaespadas tuvo un carácter muy similar y actuó, sobre todo, en la conquista de las tierras paganas de Livonia. Otras órdenes militares y caritativas surgidas en los siglos XII y XIII y extinguidas hoy todas ellas fueron las de los Caballeros de San Antonio, la de los Caballeros del Espíritu Santo y la Orden de Caballeros de San Lázaro de Jerusalén, fundada para atender leproserías.

En la península Ibérica tuvieron importantes posesiones tanto la Orden de San Juan como la del Temple. Los bienes de los templarios fueron aplicados a la Orden de Montesa (creada en 1317) en la corona de Aragón. En Castilla pasaron a manos, en parte, deórdenes militares autóctonas que habían surgido mediado ya el siglo XII: Calatrava, Santiago y Alcántara. En Portugal tuvo gran importancia la Orden de Avis. Todas ellas encontraron en la lucha y la conquista contra el Islam peninsular estímulos semejantes a los que mantenían a sanjuanistas y templarios en Tierra Santa.

Resumen de la Revolución Francesa:libertad,fraternidad e igualdad -Consecuencias

Resumen de la Revolución Francesa

revolucion francesa

Pintura Sobre Las Luchas Durante La Revolución Francesa

La Revolución Francesa fue el cambio político más importante que se produjo en Europa, a fines del siglo XVIII. No fue sólo importante  para Francia, sino que sirvió de ejemplo para otros países , en donde se desataron conflictos sociales similares, en contra de un  régimen anacrónico y opresor, como era la monarquía. Esta revolución significó el triunfo de un pueblo pobre, oprimido y cansado de las injusticias, sobre los privilegios de la nobleza feudal y del estado absolutista.

Durante el reinado de Luis XIV (1643-1715) (foto), Francia se hallaba bajo el dominio de una monarquía absolutista, el poder de rey y de la nobleza era la base de este régimen, pero en realidad el estado se encontraba en una situación económica bastante precaria, que se agravó por el mal gobierno de Luis XV (bisnieto de Luis XIV), y que tocó fondo durante el reinado de Luis XVI, gobernante bien intencionado, pero de carácter débil, por lo que se lo llamaba el buen Luis.

“Los gastos militares y un lustro de malas cosechas crearon una gravísima situación social. La mayoría de la población se vio en la miseria mientras el lujo y el despilfarro del rey y la nobleza continuaban como si nada. Luis XVI se negó a realizar cualquier tipo de reforma y defendió los privilegios de la aristocracia frente al hambre de sus súbditos, que se estaban hartando de la injusticia.” Fuente Consultada: Felipe Pigna

 El mantenimiento de un estado absolutista demandaba mucho dinero, ya que:

* Existía un gran número de funcionarios en el gobierno y cada uno buscaba su propio beneficio

* Se tenía que mantener un gran  ejército permanente.

* La corte vivía rodeada de lujos.

Algunos ministros de Hacienda trataron de encontrar una solución a esta crisis, pero sus medidas sólo complicaron más la situación.

 Aparece un nuevo problema:

  • En envió de  tropas a América de Norte, para defender su posiciones territoriales, antes el avance de gobierno inglés, en la guerra de los Estados Unidos.
  • Consecuentemente la monarquía se endeudó mucho más.

 Soluciones Propuestas:

  • Se recurrió al tradicional intento de aumentar los impuestos.
  • Se trató de conseguir que la nobleza también aporte su correspondiente diezmo, medida que provocó la ira y oposición de esta última clase social, que estaba dispuesta a defender sus privilegios feudales, hasta el punto de enfrentar la monarquía.
  • Para que no se empeorara su situación económica la nobleza trató de acaparar más cargos en la burocracia estatal, y además, aumentó la explotación de los campesinos que trabajaban en sus tierras, exigiéndoles   mayores contribuciones.

Resumiendo:

a- La economía del país estaba arruinada.

b- Los nobles consecuentemente sufrían dramas financieros.

c- El clero no recibía el diezmo por parte del pueblo.

d- La burguesía quería acceder a cargos públicos.

e- Los campesinos estaban cansados del poder feudal.

La sociedad estaba compuesta por tres sectores sociales llamados estados.

El primer estado era la Iglesia; sumaba unas 120.000 personas, poseía el 10% de las guerras de Francia y no pagaba impuestos. Recibía de los campesinos el “diezmo”, es decirla décima parte del producto de sus cosechas. Sólo la Iglesia podía legalizar casamientos, nacimientos y defunciones, y la educación estaba en sus manos. El segundo estado era la nobleza, integrada por unas 350.000personas. Dueños del 30 % de las tierras, los nobles estaban eximidos de la mayoría de los impuestos y ocupaban todos los cargos públicos. Los campesinos les pagaban tributo y sólo podían venderles sus cosechas a ellos. Tenían tribunales propios, es decir que se juzgaban a sí mismos.

El tercer estado comprendía al 98% de la población, y su composición era muy variada. Por un lado estaba la burguesía, formada por los ricos financistas y banqueros que hacían negocios con el estado; los artesanos, funcionarios menores y comerciantes. Por otra parte, existían campesinos libres, muy pequeños propietarios, arrendatarios y jornaleros. El proletariado urbano vivía de trabajos artesanales y tareas domésticas. Finalmente estaban los siervos, que debían trabajo y obediencia a sus señores. El tercer estado carecía de poder y decisión política, pero pagaba todos los impuestos, hacia los peores trabajos y no tenía ningún derecho. La burguesía necesitaba tener acceso al poder y manejar un estado centralizado que protegiera e impulsara sus actividades económicas, tal como venia ocurriendo en Inglaterra.

Viendo la difícil situación económica que se asomaba, la nobleza exigió que se llamara a Estados Generales, para el tratamiento de una ley de impuestos. La monarquía prácticamente arruinada económicamente y sin el apoyo de gran parte de la nobleza, estaba en la ruina.

Cuando se reunieron en los Estados Generales (1789), la situación de Francia estaba sumamente comprometida, ya que el pueblo no soportaba más tan penosa vida, y existía un gran descontento social. Como se dijo, las clases sociales existentes en ese momento eran: la nobleza, el clero y la burguesía, pero al contar los votos de la nobleza y del clero, que pertenecían a un estamento privilegiado, superaban en número a la burguesía, y por lo tanto siempre se tomaban las decisiones que a esta sector le convenía. Solucionado este sistema de conteo, el tercer estamento (la burguesía) pudo tomar el control de la situación, y comenzó a sesionar como Asamblea Nacional,  y juraron solemnemente que ésta no se disolvería hasta tanto no se logre conformar una Constitución Nacional.

En 14 de Julio de 1789, la burguesía se vio apoyada por un gran sector explotado por la nobleza, los campesinos, que en medio de una agitada multitud revolucionaria formada por hombres y mujeres, saturados de injusticias y de hambre, se dirigen violentamente a la Bastilla, símbolo del régimen absolutista, donde funcionaba como cárcel de los opositores al sistema de gobierno, y toman la toman por la fuerza. Esta demostración atemorizó a los partidarios del antiguo sistema, y sirvió para inclinar la balanza en favor de los revolucionarios, desplazando así del poder a los nobles y partidarios del absolutismo.

Paralelamente se produjo en las zonas rurales levantamientos de los campesinos contra los señores feudales, lo cuales fueron asesinados, y sus castillos saqueados e incendiados. A este movimiento social por la justicia y fraternidad de los hombres en 1789, se lo conoce como elGran Miedo.

La Asamblea Nacional estaba formada por la burguesía, que inicialmente para luchar contra la monarquía, lo hizo en forma unificada, pero en realidad la burguesía no era una clase social homogénea, sino que estaba dividida en la alta burguesía –banqueros, financistas, comerciantes, propietarios- y en la baja burguesía formada por los profesionales (abogados y médicos), pequeños comerciantes y dueños de talleres.

Cuando llegó el momento de decidir por la forma de gobierno, la alta burguesía apoyó a los girondinos, oriundos de la provincia de La Gironda, que querían llegar a un acuerdo con la monarquía e instaurar una monarquía constitucional, es decir, tenía una actitud moderadora respecto a los cambios políticos.

Por otro lado estaban los jacobinos, que tenían ideas más revolucionarias y de cambios radicales, con tendencia a la instauración de una república democrática, con derechos a la participación política y con la aplicación de medidas más equitativas para la repartición de la riqueza y la lucha contra el hambre popular. Dicho nombre proviene de que se reunían en asambleas, llamadas clubes , en un convento ubicado sobre la calle San Jacobo.

Los diputados de la asamblea, decidieron eliminar los privilegios de la nobleza, se les obligó a pagar impuestos y se eliminó el diezmo a la Iglesia. Pocos días después la asamblea dicta la Declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano, esta proclama se transformó en la síntesis de las ideas revolucionarias, basadas en tres banderas: igualdad, fraternidad y libertad.

Les interesaba la libertad para comerciar, la defensa de la propiedad privada y la igualdad de los ciudadanos ante la ley.

El 3 de Septiembre de 1789, se proclamó la Constitución de carácter moderado, en donde la alta burguesía había logrado prevalecer sus ideales, de negociar con el antiguo régimen, quedando a cargo del poder ejecutivo el rey (Luis XVI), el poder legislativo lo ejerció una asamblea formada por la burguesía y el poder judicial, se compuso de jueces electos. Se estableció que sólo podían votar aquellos que pagaban ciertos impuestos, y de esta manera se pone en evidencia que las banderas de igualdad proclamada por los revolucionarios tenía ciertas limitaciones.

La nobleza de esta manera se vio con sus poderes recortados, lo que los motivó a tratar de crear alianzas y buscar apoyos en otros países con gobiernos absolutista, y de paso tratar de evitar que estos movimientos se expandan a otros reinos, y para ello no había mas remedio que la guerra. Países como Austria y Prusia, atacaron a los franceses en los límites de su territorio y lograron contenerlos, pero los cuidados que tuvieron los países limítrofes con Luis XVI, hicieron evidente de la alianza que existía entre éste y la intervención extranjera, de esta manera el pueblo francés destronó al rey, y luego se lo decapitó. Más tarde fue ejecutada su mujer: María Antonieta. La asamblea nacional fue desplazada y un nuevo cuerpo de representantes reunidos en una Convención, comenzó a dirigir el nuevo gobierno republicano, liderado por la baja burguesía, dependiente del partido jacobino.

El cambio de mayor importancia es que ahora los representantes podían ser elegidos mediante el sufragio universal, permitiendo una mayor participación de sectores humildes y populares, llamados sans culottes (sin calzones).Desde 1792 los jacobinos lograron el control de la Convención, y sus principales activistas fueron:Dantón, Robespierre, Marat y Saint Just.

La república jacobina en el plano exterior debió frenar el avance de los ejércitos extranjeros, en el plano interior debió combatir la aristocracia, y terminar con la resistencia de los girondinos, que se oponían a la nueva forma de gobierno. Para tomar mejor partido de su control, los jacobinos hicieron alianzas con los sans-culottes, y durante 1793, se creó una institución destinada a establecer un rígido control de los opositores, y castigarlos duramente y aplicar la pena de muerte a todos aquellos que no apoyaban el sistema de gobierno republicano. Este instrumento fue dirigido en persona por Robespierre. Se trataba de mantener dominados a sus opositores, a través del miedo, por lo que se lo llamó: El terror revolucionario.

El gobierno revolucionario de 1793: Durante la guerra, en el interior de Francia hubo levantamientos organizados por partidarios de la monarquía y por grupos opuestos a la Constitución civil del clero. Ante la emergencia, la Convención decidió crear varias instituciones que tendrían a cargo el gobierno del país en la grave situación:

EL COMITÉ DE SALVACIÓN PÚBLICA: Integrado por nueve miembros con amplios poderes de gobierno.
EL COMITÉ DE SEGURIDAD GENERAL: Con atribuciones de policía y seguridad interna. Se dedicaba a investigar el comportamiento de los supuestos enemigos de la Revolución.
EL TRIBUNAL REVOLUCIONARIO: Con extensos poderes judiciales.

La medidas tomadas por la Convención no pudieron atender a todas las exigencias del sector popular, que seguían sufriendo la crisis económica. Se trató de llevar un control de precios para los alimentos básicos, aplicando severa penas a quienes no las acataban, pero no se logró el efecto deseado, lo que llevó al sector de los sans-culottes a romper su alianza con los jacobinos, creando una fisura y debilidad al partido gobernante.

Robespierre: Con Robespierre al frente, se estableció un gobierno revolucionario, el Comité de Salvación Pública,  que suspendió algunas garantías constitucionales, mientras la situación de guerra pusiera en peligro la Revolución, y se utilizó el Terror, un estado de excepción, para perseguir, detener y, en su caso, guillotinar a los sospechosos de actividades contrarrevolucionarias. Ante la guerra y la crisis económica se tomaron toda una serie de medidas para favorecer a las clases populares y que fueron signo del nuevo carácter social de la República.

— La venta en pequeños lotes de los bienes expropiados a la nobleza para que pudieran ser adquiridos por los campesinos.

— Ley que fijaba el precio máximo de los artículos de primera necesidad y la reglamentación de los salarios.

— Persecución de los especuladores, confiscación de sus bienes y distribución de ellos entre los pobres.

— Obligatoriedad y gratuidad de la enseñanza primaria, prohibición de la mendicidad, atención a los enfermos, a los niños y a los ancianos.

— Proceso de descristianización, que comportó la sustitución del calendario cristiano por el que se iniciaba con la proclamación de la República y la sustitución del culto católico por un culto cívico; el de la razón.

Las reformas de Robespierre concitaron muy pronto la oposición de la mayor parte de la burguesía, que veía peligrar sus propiedades. Por otro lado, su forma de gobernar, dictatorial, desagradaba a muchos porque a cualquier crítica se respondía con la detención y la muerte. Cuando la guerra dejó de ser un problema y las victorias del ejército republicano garantizaban la estabilidad de la República, gran parte de los diputados de la Convención se pusieron de acuerdo para dictar una orden de detención contra Robespierre, que fue guillotinado el 28 de julio de 1794.

Conociendo la debilidad de este gobierno, la alta burguesía aprovechando la situación, y deseosos de terminar con los “excesos del populacho” en Julio de 1794, produjeron un golpe de estado, desplazando la república y creando un Directorio, que para lograr su autoridad se apoyaron en los militares. Los líderes de la Convención fueron guillotinados.

El Directorio, eliminó la libertad política de votar a los más humildes, se eliminó el control de precios y se tomaron medidas que favorecieron a los comerciantes y especuladores. Este nuevo régimen, el Directorio, fue contestado tanto por los realistas, partidarios de volver al Antiguo Régimen, como por las clases populares, de­cepcionadas por el nuevo rumbo político. Así, el sistema fue evolucionando hacia un autoritarismo, que acabó por recurrir al ejército y entregarle el poder. De todas maneras, el sector popular siguió pasando por las misma penurias de siempre y míseras condiciones de vida.

Entre los militares que apoyaban al Directorio, se encontraba Napoleón Bonaparte, que no tardó en hacerse del poder, mediante un golpe militar, aprovechando el gran prestigio que se había ganado en las diversas victorias militares en otros países. En 1799 se apoderó del gobierno se Francia, y se coronó como Primer Cónsul, concentrando cada vez más poder, hasta llegar a emperador en 1804. Con el tiempo la burguesía lo apoyó, ya que conservó muchos de los principios declarados en la Constitución, especialmente aquellos que beneficiaban a la burguesía más acomodada. A su vez estos lo apoyaban, porque evitaban el regreso de la república jacobina y del antiguo régimen aristocrático.

Consecuencias de la Revolución Francesa
1-Se destruyó el sistema feudal
2-Se dio un fuerte golpe a la monarquía absoluta
3-Surgió la creación de una República de corte liberal
4-Se difundió la declaración de los Derechos del hombre y los Ciudadanos
5-La separación de la Iglesia y del Estado en 1794 fue un antecedente para separar la religión de la política en otras partes del mundo
6-La burguesía amplió cada vez más su influencia en Europa
7-Se difundieron ideas democráticas
8-Los derechos y privilegios de los señores feudales fueron anulados
9-Comenzaron a surgir ideas de independencia en las colonias iberoamericanas
10-Se fomentaron los movimientos nacionalistas   

AMPLIACIÓN DEL TEMA
SOBRE EL TERROR REVOLUCIONARIO

Comandado por hábiles generales, el ejército revolucionario logró rechazar al enemigo: el 20 de setiembre de 1792, derrotó a los prusianos en Valmy, obligándolos a abandonar Francia, y el 6 de noviembre traspuso la frontera e invadió Bélgica.

El mismo día en que llegó a París la noticia de la gran victoria, de Valmy, el gobierno revolucionario proclamó la República.

Un mes más tarde, Luis XVI fue condenado a muerte como “reo de conspiración contra la libertad de la nación y de atentado contra la seguridad del Estado”. El 21 de enero de 1793, murió guillotinado en París, en la Plaza de la Revolución (actual Plaza de la Concordia).

La muerte del rey produjo la reacción inmediata de los más poderosos monarcas europeos. España, Holanda, Portugal, Rusia e Inglaterra se unieron a Austria y Prusia en su guerra contra Francia.

La situación se tornó de pronto muy grave. Mientras Francia se hallaba amenazada por el avance de tropas enemigas, una parte del pueblo comenzó a dar señales de hostilidad hacia los revolucionarios, acusándolos de haber provocado el ataque de las naciones europeas al dar muerte al rey. En Lyon, en el mismo París y especialmente en la Vandée, el pueblo se sublevó.

Los revolucionarios más decididos resolvieron proceder con rigor extremo: instituyeron el “Comité de Salud Pública”, bajo las órdenes de Maximiliano Robespierre, con la misión de condenar a muerte a todos los sospechosos de no adherirse a los principios de la Revolución.

En un año, a partir de julio de 1793, Robespierre envió a la guillotina a miliares de personas, sin entablarles proceso alguno. Este período se conoce con el nombre de “El Terror”.

FIN DE LA REVOLUCIÓN: La inaudita ferocidad de Robespierre acabó por disgustar a ¡os mismos revolucionarios: el27 de julio de 1794, muchos de ellos se rebelaron contra el sanguinario dictador, que fue detenido y enviado a la guillotina, juntamente con sus más crueles subalternos.

Así, con la muerte de Robespierre, el poder pasé a manos de hombres decididos a hacer triunfar los principios de la Revolución, sin dejarse llevar por excesos de violencia. En 1795, brindaron finalmente a Francia una Constitución que respetaba plenamente los derechos del hombre y del ciudadano, votados en 1789 por la Asamblea Constituyente. Prescindiendo de los deplorables actos de violencia, debe reconocerse que la Revolución logré mejorar considerablemente las condiciones políticas y sociales de Francia:

1) Fue abolido el absolutismo monárquico (e! pueblo pudo hacer valer su voluntad a través de sus representantes).
2) Fueron reducidos los privilegios de que gozaban los nobles y el clero.
3) Fue proclamada la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley.

La Revolución Francesa consiguió hacer triunfar los principios que habrían de cambiar radicalmente las condiciones sociales de la época.

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El siglo XIX: EL IDEALISMO ALEMÁN

En la segunda mitad del siglo XVIII hasta el Romanticismo, alrededor de 1800, la ciencia y el arte culminan unas transformaciones que se pueden resumir con los términos temporalización y humanización.

Temporalización significa en la biología y la cosmología la apertura de nuevas dimensiones de la historia de la naturaleza mediante puntos de vista evolucionistas.

Así, p. ej., la teoría kantiana del nacimiento de los sistemas solares a partir de una niebla de gases, y con ella también la teoría del nacimiento de la tierra, exigen la suposición de un espacio de tiempo para el nacimiento que no se encuentra en relación ninguna con la idea que se tenía entonces de la antigüedad de la tierra.

También la variedad biológica de géneros (mucho antes de Darwin) es lentamente historizada, es decir, frente a la suposición de una cantidad en principio idéntica de especies y de géneros, es entendida como el resultado de transformaciones a largo plazo. El mundo pasa a ser el producto de un proceso que se remonta hasta tiempos inmemoriales. En las teorías del lenguaje, de los signos y del arte, esta temporalización se muestra en la suposición de que los significados se forman en un proceso de concesión de sentido concreto que está determinado por síntesis temporales de la multiplicidad y que, además, tiene distintos aspectos en diferentes épocas. Según esto, los significados no son atemporales en un doble sentido. La idea barroca de que el mundo se podría representar a sí mismo de modo objetivo, por así decir, en una enorme tabla de signos, desaparece completamente. Una humanización, no entendida aquí como la creación de condiciones humanas, se muestra en el crecimiento de la antropología, de la ciencia del ser humano, en la medicina y en una incipiente sociología.

El idealismo alemán, recoge una preocupación por la libertad y la unidad frente al extranjero, esa pasión por la nación alemana, por analizar el concepto de pueblo (volkgesit). Los movimientos nacionalistas coinciden con este clima intelectual. Los temas principales de los filósofos idealistas serán entonces:

1. Desarrollo de la doctrina kantiana: Kant fue, en efecto, el punto de partida. Iniciador y maestro, no escapó a la crítica ni fue seguido fielmente. Pero no todo se redujo a él.

2. Preocupaciones religiosas: aparece un espíritu heterodoxo de carácter místico o panteísta. En el idealismo se plantea el problema de la relación entre lo finito y lo infinito, la relación entre filosofía y religión.

3. Interés por el mundo clásico: en la madurez de Goethe y en la mayoría de los romántico. Es un referente permanente para Hegel.

4. La estética: Lo bello, adquiere como categoría, una importancia relevante, ya Kano se había ocupado de estudiarla. Schiller habría dicho: “Para resolver en la experiencia el problema político es preciso tomar el camino de lo estético, porque a la libertad se llega por la belleza”.

5. La dimensión histórica

6. El romanticismo: La pasión por el infinito, la fusión con la Naturaleza, la identificación de filosofía, poesía y religión, la fuerza creativa del hombre, da a lugar una interesante cooperación en la cual los poetas se inspiran en los filósofos.

7. Carácter teórico: los desarrollos teóricos del idealismo no conducen a revoluciones sociales o políticas.

Fuente Consultada: Historia de la Filosofia -Desde la antiguedad hasta nuestro dias –

Diferencias entre filibusteros corsario bucanero pirata Barbanegra

La expansión europea  del siglo XVI a partir de la Toma de Constantinopla, también fue en parte producto de las rivalidades entre las naciones de esa región, también profundizó e incrementó las tensiones entre ellas. Conflictos penosos surgieron por las cargas que provenían del Nuevo Mundo y de Asia. Las guerras entre ingleses y holandeses, y la rivalidad entre los británicos y franceses sobre India y América del Norte, se convirtieron en una parte de un nuevo modelo de pugnas en todo el mundo en el siglo XVIII . Esta rivalidad dio origen a la piratería financiada por los estados, en la cual los gobiernos autorizaban a los capitanes particulares a atacar los navíos enemigos y quedarse con una parte de la carga.

Diferencias entre Corsarios, piratas, filibusteros y bucaneros
filibusteros y corsariosEl corsario actuaba siempre en nombre del rey, que le reconocía como fuerza militar exterior. Si era capturado, la «la patente de corso» de que disponía, le evitaba la soga; siempre y cuando no hubiera saqueado y asesinado como un pirata cualquiera durante su misión oficial, cosa bastante frecuente, pero cuando actúa con lealtad hacia
 su país, tiene derecho a una parte del botín. (imagen: Francis Drake)

Para definirlo mejor, digamos que era una especie de mercenario que ofrecía sus servicios al mejor postor. Sucedía incluso que un corsario se hacía tránsfuga y pasaba de estar al servicio de un príncipe a ponerse a las órdenes de otro príncipe rival aun respetando las leyes marítimas de la época. Por otra parte, un corsario no siempre era propietario de su barco. A veces había sido fletado por un armador, que tenía derecho a percibir parte de un botín cuya cuantía calculaba en base al valor del navío.

El reparto del Nuevo Mundo por los países hegemónicos de la época España y Portugal, con el apoyo del Papa, hizo que países emergentes como Francia y mas tarde Inglaterra, entorpecieran el tráfico marítimo y sacaran grandes beneficios, en una guerra no declarada. Corsarios conocidos fueron John Hawkins y Francis Drake al servicio de la corona británica ó Robert Surcouf al servicio francés ó el famoso corsario americanoJhon Paul Jones.

El pirata, por el contrario, trabajaba por cuenta propia. Es un simple particular, que saquea, mata y extermina a su aire para apoderarse de un botín cualquiera. Si era apresado lo ahorcaba «alto y corto» según la expresión de la época (alto para que todos lo vean y corto para ahorrar soga)Los piratas eran aventureros sin escrúpulos, que huía de la miseria o de la justicia de sus países de procedencia. Se aposentaba en las pequeñas islas de las Antillas y atacaba naves y ciudades españolas en América Central.

Los piratas No dependían de nadie, ni tenían que rendir cuentas a nadie, por lo cual no tenían la protección de ningún país y eran perseguidos por todos aquellos, cuyos buques habían sido atacados. Sus actos podían ser brutales, ya que su ley era la codicia y con tal de conseguir los metales preciosos, podían hacer cualquier cosa. Al ser mercenarios experimentados en la lucha cuerpo a cuerpo, aprovechando su superioridad numérica y la velocidad de sus naves que principalmente trasportaban hombres, podían apoderarse de naves de carga, con escasa tripulación y con marineros con poca experiencia militar.
Su método de lucha era fundamentalmente destruir el velamen del barco, e impedir su capacidad de maniobrar y huir. A continuación, podían realizar un abordaje y una victoria en la mayor parte de las ocasiones.

Existen ligeras diferencias entre filibusteros y bucaneros con respecto a los anteriores. Los filibusteros eran básicamente corsarios que combatían a los españoles. Instalados en las Antillas, eran célebres por su astucia y su crueldad. Sentían un profundo respeto hacia sus capitanes y castigaban el robo o la traición severamente. El significado etimológico de filibustero es «libre acumulador de botín».

Los bucaneros no eran más que filibusteros que trataban mediante el ahumado las carnes de animales, pero no sólo lo hacían para su propio consumo, sino que también intercambiaban la carne así conservada por pólvora, armas y ron. Este procedimiento de conserva lo habían aprendido de los indios caníbales, que cortaban a sus prisioneros en pedazos y los cocían y ahumaban sobre las brasas de enormes hogueras. Añadiremos como curiosidad que llamaban «barbacoas» a estas grandes piras, palabra que por deformación se convirtió en «barbecue».

ALGO MAS…
LOS CORSARIOS

¿Qué diferencia existe entre los conceptos “pirata” y “corsario”: la de que el pirata asaltaba y robaba con el único fin de enriquecerse a sí mismo, y el corsario realizaba las mismas tareas, pero encargado, o mejor dicho, “autorizado” a hacerlo, por un Estado, que así se servía de sus depredaciones para dañar a otras determinadas potencias marítimas. Los demás Estados debían, por lo tanto, tener en cuenta la bandera del barco corsario, y sus marineros no debían ser considerados bandidos, sino combatientes. El enemigo se portaba de manera distinta según llegara a capturar a un pirata o a un corsario: el pirata era ahorcado sin más trámite, mientras que al corsario se lo trataba como prisionero de guerra. La calidad de corsario se comprobaba por la “patente de corso” que le daba el gobierno al cual servía.

Así las cosas, era lógico que todos los piratas trataran de ponerse al servicio de cualquier soberano. Y los gobernantes de Túnez, Argelia y Trípoli expidieron en abundancia las patentes de corso, a cambio de un porcentaje en los botines. El mismo sultán de Constantinopla tomó a su servicio a los más famosos piratas berberiscos; éstos se mostraron tan hábiles y audaces que en poco tiempo se convirtieron en los almirantes de la marina otomana. Las flotas de corsarios tuvieron durante muchos años en jaque a toda la marina de la cristiandad; en octubre de 1541, la flota española fue destruida por Barbarroja, quien ocupaba el cargo de Gran Almirante de la flota turca.

El ocaso de la piratería berberisca comenzó con la derrota de piratas y turcos en la batalla de Lepanto (1571), bravo desquite tomado por los españoles al mando de don Juan de Austria, hijo de Carlos V. No sólo comenzó entonces la declinación de la piratería, sino también del poderío turco. En los siglos siguientes, hasta terminar el XIX, la actividad de los piratas en el Mediterráneo fue siendo menos intensa; con la completa colonización de las costas africanas se dispersaron las últimas bandas berberiscas.

Fuente Consultada:
El Enigma de los Tesoros Malditos de Richard Bessiere –
Sitio web:
http://www.thalassa-online.com/revista/article.phtml?id=588
Enciclopedia Estudiantil Tomo IV CODEX

Figuras de la Historia Kamikaze Samurais Eunucos Santos Esclavos

¿QUE ES UN GRAN PERSONAJE?
Se escribe la biografía de alguien porque se considera que ha hecho cosas importantes. Napoleón conquistó un imperio y Voltaire escribió libros. Pero esas son cosas importantes de índole muy diferente. Napoleón, Alejandro, Hitler y Stalin dirigieron y organizaron a millones de hombres. Galileo, Newton, Voltaire y Einstein mandaron, a lo sumo, a sus familiares. Por lo tanto, aparentemente existen dos tipos de grandes personajes: los que actúan en unión con la multitud y los que actúan sin ella (denominados románticamente los “gigantes solitarios”) . ¿Es eso verdad?

El auge del comercio, actividad de masas anónimas y ocupación de todo un sector de la sociedad, fue destruyendo dentro del mundo feudal la actitud de desprecio hacia el que manipula mercaderías o dinero. Cuando esa actitud ganó predominio, pintores como Van Dyck y Durero comenzaron a retratar mercaderes; aventureros como Marco Polo escribieron sus autobiografías; y ricos banqueros ejercieron el mecenazgo de artistas y escritores.

Voltaire y Galileo “parecen” solitarios. Pero en realidad Voltaire —con su irreverencia por los valores feudales y suFILÓSOFOS DE LA ILUSTRACIÓN - REPRESENTANTES DEL MOVIMIENTOafirmación del librepensamiento— sólo podía haber surgido en una sociedad en que los valores feudales estuviesen ya en decadencia aun para los propios nobles. De otra manera él habría sido quemado vivo junto con su primer libro, o bien un escritor sin lectores.

Es imposible imaginar a Voltaire naciendo entre los habitantes de Nueva Guinea o aun en la misma Francia unos siglos antes. Voltaire asimiló ideas que circulaban en su ambiente y las devolvió replanteadas en forma penetrante y aguda. Al explicar con claridad lo que su público esperaba y quería oír, se convirtió en uno de los pensadores influyentes del Iluminismo.

Galileo no surgió por azar en el Renacimiento italiano. En el mismo momento en que él trabajaba, miles de intelectuales transitaban por su mismo camino. Voltaire y Galileo se convirtieron en grandes hombres porque hicieron lo que tenían que hacer mucho mejor que sus contemporáneos. Pero resulta ilusorio decir que ellos no precisaron de la sociedad de su época, como es ilusorio pensar que la sociedad no precisaba de ellos.Voltaire

Galileo y Voltaire eran hombres especializados en la producción de ideas. Uno poseía talento para percibir las relaciones del mundo físico; otro, las relaciones del mundo social. El primero proveyó a la sociedad de las bases científicas para desarrollar la nueva técnica naciente. El segundo, las ideas y el aparato intelectual que servirían a los comerciantes, manufactureros y plebeyos para derrocar a los nobles.

Los grandes pensadores, científicos o artistas pueden ser solitarios en su vida personal pero dependen de su grupo social para desarrollar su actividad creadora. Y el grupo social depende de ellos. Si sólo un hombre en el Renacimiento, Lutero, se hubiese sentido insatisfecho con el papado, los historiadores no habrían tomado ninguna cuenta de ese hecho. Pero como millones de hombres se sintieron insatisfechos, la Reforma se convirtió en un fenómeno histórico.

Sin embargo, en todas las épocas existen distintas tendencias opuestas dentro de la humanidad. Si en el Renacimiento hubo millones de individuos que querían reformar la Iglesia Católica, también existieron quienes querían mantenerla tal como era. Esas dos corrientes, subdivididas en corrientes menores, constituyeron las condiciones en las que pudieron aparecer los líderes de la Reforma y de la Contrarreforma.

Tales afirmaciones, hechas a este nivel, llegan a ser superfinas: es obvio que Lutero no podía haber sido Lulero en Nueva Guinea. Tenía que dirigir y expresar una o varias corrientes libres de la vida colectiva y, a su ve/, sus ideas nacían en esa misma sociedad.

La verdadera cuestión que queremos aclarar es la siguiente: Lulero. Napoleón, Galileo, ¿modificaron o no su época con sus vidas? ¿La existencia de Lulero y su modo de actuar determinaron el curso que tomó el movimiento de la Reforma?

Fuente Consultada:
Grandes Personajes de la Historia Universal Tomo I
Diccionario Insólito Tomo I Luis Melnik
Enigmas de la Humanidad – Misterios Sin Resolver

El Feudalismo en la Edad Media Sociedad Feudal Castillos Feudales

LA EDAD MEDIA: EL FEUDALISMO

resumen de la edad media 

sociedad feudal

INTRODUCCIÓN 
Fue un sistema contractual de relaciones políticas y militares entre los miembros de la nobleza de Europa occidental durante la alta edad media. El feudalismo se caracterizó por la concesión de feudos (casi siempre en forma de tierras y trabajo) a cambio de una prestación política y militar, contrato sellado por un juramento de homenaje y fidelidad.

Pero tanto el señor como el vasallo eran hombres libres, por lo que no debe ser confundido con el régimen señorial, sistema contemporáneo de aquél, que regulaba las relaciones entre los señores y sus campesinos. El feudalismo unía la prestación política y militar a la posesión de tierras con el propósito de preservar a la Europa medieval de su desintegración en innumerables señoríos independientes tras el hundimiento del Imperio Carolingio.

ORÍGENES
Cuando los pueblos germanos conquistaron en el siglo V el Imperio romano de Occidente pusieron también fin al ejército profesional romano y lo sustituyeron por los suyos propios, formados con guerreros que servían a sus caudillos por razones de honor y obtención de un botín. Vivían de la tierra y combatían a pie ya que, como luchaban cuerpo a cuerpo, no necesitaban emplear la caballería. Pero cuando los musulmanes, vikingos y magiares invadieron Europa en los siglos VIII, IX y X, los germanos se vieron incapaces de enfrentarse con unos ejércitos que se desplazaban con suma rapidez.

 Primero Carlos Martel en la Galia, después el rey Alfredo el Grande en Inglaterra y por último Enrique el Pajarero de Germania, cedieron caballos a algunos de sus soldados para repeler las incursiones sobre sus tierras. No parece que estas tropas combatieran a caballo; más bien tenían la posibilidad de perseguir a sus enemigos con mayor rapidez que a pie. No obstante, es probable que se produjeran acciones de caballería en este mismo periodo, al introducirse el uso de los estribos.

Con total seguridad esto ocurrió en el siglo XI.

Origen del sistema: Los caballos de guerra eran costosos y su adiestramiento para emplearlos militarmente exigía años de práctica. Carlos Martel, con el fin de ayudar a su tropa de caballería, le otorgó fincas (explotadas por braceros) que tomó de las posesiones de la Iglesia. Estas tierras, denominadas ‘beneficios’, eran cedidas mientras durara la prestación de los soldados. Éstos, a su vez, fueron llamados ‘vasallos’ (término derivado de una palabra gaélica que significaba sirviente). Sin embargo, los vasallos, soldados selectos de los que los gobernantes Carolingios se rodeaban, se convirtieron en modelos para aquellos nobles que seguían a la corte. Con la desintegración del Imperio Carolingio en el siglo IX muchos personajes poderosos se esforzaron por constituir sus propios grupos de vasallos dotados de montura, a los que ofrecían beneficios a cambio de su servicio. Algunos de los hacendados más pobres se vieron obligados a aceptar el vasallaje y ceder sus tierras al señorío de los más poderosos, recibiendo a cambio los beneficios feudales. Se esperaba que los grandes señores protegieran a los vasallos de la misma forma que se esperaba que los vasallos sirvieran a sus señores.

Feudalismo clásico Esta relación de carácter militar que se estableció en los siglos VIII y IX a veces es denominada feudalismo Carolingio, pero carecía aún de uno de los rasgos esenciales del feudalismo clásico desarrollado plenamente desde el siglo X. Fue sólo hacia el año 1000 cuando el término ‘feudo’ comenzó a emplearse en sustitución de ‘beneficio’ este cambio de términos refleja una evolución en la institución. A partir de este momento se aceptaba de forma unánime que las tierras entregadas al vasallo eran hereditarias, con tal de que el heredero que las recibiera fuera grato al señor y pagara un impuesto de herencia llamado ‘socorro’. El vasallo no sólo prestaba el obligado juramento de fidelidad a su señor, sino también un juramento especial de homenaje al señor feudal, el cual, a su vez, le investía con un feudo. De este modo, el feudalismo se convirtió en una institución tanto política como militar, basada en una relación contractual entre dos personas individuales, las cuales mantenían sus respectivos derechos sobre el feudo.

Causas de la aparición del sistema feudal La guerra fue endémica durante toda la época feudal, pero el feudalismo no provocó esta situación; al contrario, la guerra originó el feudalismo. Tampoco el feudalismo fue responsable del colapso del Imperio Carolingio, más bien el fracaso de éste hizo necesaria la existencia del régimen feudal.

El Imperio Carolingio se hundió porque estaba basado en la autoridad de una sola persona y no estaba dotado de instituciones lo suficientemente desarrolladas. La desaparición del Imperio amenazó con sumir a Europa en una situación de anarquía: cientos de señores individuales gobernaban a sus pueblos con completa independencia respecto de cualquier autoridad soberana.

Los vínculos feudales devolvieron cierta unidad, dentro de la cual los señores renunciaban a parte de su libertad, lo que era necesario para lograr una cooperación eficaz. Bajo la dirección de sus señores feudales, los vasallos pudieron defenderse de sus enemigos, y más tarde crear principados feudales de cierta importancia y complejidad. Una vez que el feudalismo demostró su utilidad local reyes y emperadores lo adoptaron para fortalecer sus monarquías.

PLENITUD
El feudalismo alcanzó su madurez en el siglo XI y tuvo su máximo apogeo en los siglos XII y XIII. Su cuna fue la región comprendida entre los ríos Rin y Loira, dominada por el ducado de Normandía. Al conquistar sus soberanos, a fines del siglo XI, el sur de Italia, Sicilia e Inglaterra y ocupar Tierra Santa en la primera Cruzada, establecieron en todas estas zonas las instituciones feudales. España también adoptó un cierto tipo de feudalismo en el siglo XII, al igual que el sur de Francia, el norte de Italia y los territorios alemanes. Incluso Europa central y oriental conoció el sistema feudal durante un cierto tiempo y en grado limitado, sobre todo cuando el Imperio bizantino se feudalizó tras la cuarta Cruzada. Los llamados feudalismos del antiguo Egipto y de Persia, o de China y Japón, no guardan relación alguna con el feudalismo europeo, y sólo son superficialmente similares. Quizá fueran los samurais japoneses los que más se asemejaron a los caballeros medievales, en particular los sogunes de la familia Ashikaga; pero las relaciones entre señores y vasallos en Japón eran diferentes a las del feudalismo de Europa occidental.

trabajo feudal edad media

Características En su forma más clásica, el feudalismo occidental asumía que casi toda la tierra pertenecía al príncipe soberano -bien el rey, el duque, el marqués o el conde- que la recibía “de nadie sino de Dios”. El príncipe cedía los feudos a sus barones, los cuales le rendían el obligado juramento de homenaje y fidelidad por el que prestaban su ayuda política y militar, según los términos de la cesión. Los nobles podían ceder parte de sus feudos a caballeros que le rindieran, a su vez, homenaje y fidelidad y les sirvieran de acuerdo a la extensión de las tierras concedidas.

De este modo si un monarca otorgaba un feudo de doce señoríos a un noble y a cambio exigía el servicio de diez caballeros, el noble podía ceder a su vez diez de los señoríos recibidos a otros tantos caballeros, con lo que podía cumplir la prestación requerida por el rey. Un noble podía conservar la totalidad de sus feudos bajo su dominio personal y mantener a sus caballeros en su señorío, alimentados y armados, todo ello a costa de sufragar las prestaciones debidas a su señor a partir de su propio patrimonio y sin establecer relaciones feudales con inferiores, pero esto era raro que sucediera ya que los caballeros deseaban tener sus propios señoríos.

Los caballeros podían adquirir dos o más feudos y eran proclives a ceder, a su vez, parte de esas posesiones en la medida necesaria para obtener el servicio al que estaban obligados con su superior. Mediante este subenfeudamiento se creó una pirámide feudal, con el monarca en la cúspide, unos señores intermedios por debajo y un grupo de caballeros feudales para servir a la convocatoria real.

Los problemas surgían cuando un caballero aceptaba feudos de más de un señor, para lo cual se creó la institución del homenaje feudatario, que permitía al caballero proclamar a uno de sus señores como su señor feudal, al que serviría personalmente, en tanto que enviaría a sus vasallos a servir a sus otros señores. Esto quedaba reflejado en la máxima francesa de que “el señor de mi señor no es mi señor” de ahí que no se considerara rebelde al subvasallo que combatía contra el señor de su señor. Sin embargo, en Inglaterra, Guillermo I el Conquistador y sus sucesores exigieron a los vasallos de sus vasallos que les prestaran juramento de fidelidad.

Obligaciones del vasallo La prestación militar era fundamental en el feudalismo, pero estaba lejos de ser la única obligación del vasallo para con su señor. Cuando el señor era propietario de un castillo, podía exigir a sus vasallos que lo guarnecieran, en una prestación denominada ‘custodia del castillo’. El señor también esperaba de sus vasallos que le atendieran en su corte, con objeto de aconsejarle y de participar en juicios que afectaban a otros vasallos. Si el señor necesitaba dinero, podía esperar que sus vasallos le ofrecieran ayuda financiera. A lo largo de los siglos XII y XIII estallaron muchos conflictos entre los señores y sus vasallos por los servicios que estos últimos debían prestar. En Inglaterra, la Carta Magna definió las obligaciones de los vasallos del rey; por ejemplo, no era obligatorio procurar ayuda económica al monarca salvo en tres ocasiones: en el matrimonio de su hija mayor, en el nombramiento como caballero de su primogénito y para el pago del rescate del propio rey. En Francia fue frecuente un cuarto motivo para este tipo de ayuda extraordinaria: la financiación de una Cruzada organizada por el monarca. El hecho de actuar como consejeros condujo a los vasallos a exigir que se obtuviera su beneplácito en las decisiones del señor que les afectaran en cuestiones militares, alianzas matrimoniales, creación de impuestos o juicios legales.

Herencia y tutela Otro aspecto del feudalismo que requirió una regulación fue la sucesión de los feudos. Cuando éstos se hicieron hereditarios, el señor estableció un impuesto de herencia llamado ‘socorro’. Su cuantía fue en ocasiones motivo de conflictos. La Carta Magna estableció el socorro en 100 libras por barón y 5 libras por caballero; en todo caso, la tasa varió según el feudo.

Los señores se reservaron el derecho de asegurarse que el propietario del feudo fuese leal y cumplidor de sus obligaciones. Si un vasallo moría y dejaba a un heredero mayor de edad y buen caballero, el señor no tenía por qué objetar su sucesión. Sin embargo, si el hijo era menor de edad o si el heredero era mujer, el señor podía asumir el control del feudo hasta que el heredero alcanzara la mayoría de edad o la heredera se casara con un hombre que tuviera su aprobación. De este modo surgió el derecho señorial de tutela de los herederos menores de edad o de las herederas y el derecho de vigilar sobre el matrimonio de éstas, lo que en ciertos casos supuso que el señor se eligiera a sí mismo como marido.

La viuda de un vasallo tenía derecho a una pensión de por vida sobre el feudo de su marido (por lo general un tercio de su valor) lo que también llevaba a provocar el interés del señor por que la viuda contrajera nuevas nupcias. En algunos feudos el señor tenía pleno derecho para controlar estas segundas nupcias. En el caso de muerte de un vasallo sin sucesores directos, la relación de los herederos con el señor variaban: los hermanos fueron normalmente aceptados como herederos, no así los primos. Si los herederos no eran aceptados por el señor, la propiedad del feudo revertía en éste, que así recuperaba el pleno control sobre el feudo; entonces podía quedárselo para su dominio directo o cederlo a cualquier caballero en un nuevo vasallaje.

Ruptura del contrato Dado el carácter contractual de las relaciones feudales cualquier acción irregular cometida por las partes podía originar la ruptura del contrato. Cuando el vasallo no llevaba a cabo las prestaciones exigidas, el señor podía acusarle, en su corte, ante sus otros vasallos y si éstos encontraban culpable a su par, entonces el señor tenía la facultad de confiscar su feudo, que pasaba de nuevo a su control directo. Si el vasallo intentaba defender su tierra, el señor podía declararle la guerra para recuperar el control del feudo confiscado. El hecho de que los pares del vasallo le declararan culpable implicaba que moral y legalmente estaban obligados a cumplir su juramento y pocos vasallos podían mantener una guerra contra su señor y todos sus pares.

En el caso contrario, si el vasallo consideraba que su señor no cumplía con sus obligaciones, podía desafiarle -esto es, romper formalmente su confianza- y declarar que no le consideraría por más tiempo como su señor, si bien podía seguir conservando el feudo como dominio propio o convertirse en vasallo de otro señor. Puesto que en ocasiones el señor consideraba el desafío como una rebelión, los vasallos desafiantes debían contar con fuertes apoyos o estar preparados para una guerra que podían perder.

Autoridad real Los monarcas, durante toda la época feudal, tenían otras fuentes de autoridad además de su señorío feudal. El renacimiento del saber clásico supuso el resurgimiento del Derecho romano, con su tradición de poderosos gobernantes y de la administración territorial. La Iglesia consideraba que los gobernantes lo eran por la gracia de Dios y estaban revestidos de un derecho sagrado.

El florecimiento del comercio y de la industria dio lugar al desarrollo de las ciudades y a la aparición de una incipiente burguesía, la cual exigió a los príncipes que mantuvieran la libertad y el orden necesarios para el desarrollo de la actividad comercial. Esa población urbana también demandó un papel en el gobierno de las ciudades para mantener su riqueza. En Italia se organizaron comunidades que arrebataron el control del país a la nobleza feudal que incluso fue forzada a residir en algunas de las urbes.

Las ciudades situadas al norte de los Alpes enviaron representantes a los consejos reales y desarrollaron instituciones parlamentarias para conseguir voz en las cuestiones de gobierno, al igual que la nobleza feudal. Con los impuestos que obtuvieron de las ciudades, los príncipes pudieron contratar sirvientes civiles y soldados profesionales. De este modo pudieron imponer su voluntad sobre el feudo y hacerse más independientes del servicio de sus vasallos.

DECADENCIA:  El feudalismo alcanzó el punto culminante de su desarrollo en el siglo XIII; a partir de entonces inició su decadencia. El subenfeudamiento llegó a tal punto que los señores tuvieron problemas para obtener las prestaciones que debían recibir. Los vasallos prefirieron realizar pagos en metálico (scutagium, ‘tasas por escudo’) a cambio de la ayuda militar debida a sus señores; a su vez éstos tendieron a preferir el dinero, que les permitía contratar tropas profesionales que en muchas ocasiones estaban mejor entrenadas y eran más disciplinadas que los vasallos. Además, el resurgimiento de las tácticas de infantería y la introducción de nuevas armas, como el arco y la pica, hicieron que la caballería no fuera ya un factor decisivo para la guerra. La decadencia del feudalismo se aceleró en los siglos XIV y XV.

Durante la guerra de los Cien Años, las caballerías francesa e inglesa combatieron duramente, pero las batallas se ganaron en gran medida por los soldados profesionales y en especial por los arqueros de a pie. Los soldados profesionales combatieron en unidades cuyos jefes habían prestado juramento de homenaje y fidelidad a un príncipe, pero con contratos no hereditarios y que normalmente tenían una duración de meses o años. Este ‘feudalismo bastardo’ estaba a un paso del sistema de mercenarios, que ya había triunfado en la Italia de los condotieros renacentistas.

PARA SABER MAS…
La Era Feudal

Desde el siglo IX hasta el siglo XI, circunstancias externas e internas contribuyeron a crear en Europa una nueva organización económica, política y social, institucionalizándose cierto sistema de relaciones que de hecho habían comenzado a establecerse. Ese período es el que estrictamente puede ser llamado era feudal.

La disolución del Imperio Carolingio. Carlomagno no logró dar solidez y estabilidad a su ambiciosa obra política. A su muerte, ocurrida en 814, se comprobó que la sostenían solamente su autoridad personal y su capacidad militar, condiciones que no heredó su hijo Luis el Piadoso. Ciertamente, el Imperio era una creación estimulada por la tradición, pero inadecuada a las condiciones reales: no había vías de comunicación ni medios de transporte para asegurar la centralización política, ni organización administrativa para afianzar la eficacia de la política imperial. Pero, además, las regiones seguían diversificándose, como había ocurrido desde la época romana, y cada vez tenían más intereses peculiares.

Estos intereses se encarnaron en los tres hijos de Luis el Piadoso, que comenzaron a exigir el reparto de los Estados de Carlomagno. Sólo el mayor, Lotario, pretendía la conservación de la unidad imperial, pero fue derrotado en Fontanet en 841, y aceptó la división territorial que se convino mediante el tratado de Verdún, en 843. A grandes rasgos, quedaron entonces diferenciadas la Francia y la Alemania actuales, más una región intermedia, que se llamó Lotaringia y comprendía Italia y los valles de los ríos Ródano, Saona, Mosa y Rin.

Las Segundas Invasiones. .Ninguno de esos reinos pudo constituirse sólidamente por entonces. Dentro de ellos, los distintos señores tenían los mismos anhelos de autonomía que habían demostrado los nietos de Carlomagno, en parte por razones personales y en parte porque sus distintas comarcas se consideraban como entidades autónomas. No poseyeron, pues, vigor suficiente para rechazar los ataques de los pueblos extraños que se lanzaron por entonces sobre las fronteras de la Europa cristiana.

Instalados en la península ibérica y en el norte de África, los musulmanes asolaban las orillas del Mediterráneo, en expediciones de saqueo, que a veces les permitían instalarse durante largo tiempo en regiones costeras. Por el océano Atlántico, en cambio, las costas fueron castigadas reiteradamente por los normandos, pueblos de origen germánico que habitaban las regiones del Báltico; desde allí se lanzaron hacia Inglaterra, Francia, los Países Bajos y Alemania, penetrando por los valles de los ríos y saqueando aldeas y monasterios. Al .fin lograron establecerse en Inglaterra y en Francia, donde constituyeron Estados vigorotera del Este, los eslavos y los magiares penetraron reiteradamente en la Europa cristiana; los primeros, cruzando el Elba hacia el interior de la Germania, y los segundos, por el valle del Danubio.

La Organización del Régimen Feudal. El peligro en que se hallaban permanentemente las regiones fronterizas, las obligó a mantenerse en constante estado de alerta. Los señores capaces de combatir aceptaron la responsabilidad de la defensa de todos, y los débiles buscaron su protección. Así nació, de manera paulatina, un sistema de relaciones personales que configuró una nueva organización económica, social y política: el sistema feudal.

Interrumpidas las comunicaciones en el Mediterráneo- por la presencia de los piratas musulmanes, el tráfico comercial había disminuido considerablemente; y tanto el abandono de las carreteras y puentes como la situación de inseguridad que predominaba en todas partes contribuyeron a que se restringiera el intercambio. El resultado fue que la circulación de la moneda comenzó a disminuir y las transacciones se hicieron más frecuentemente en forma de trueque.

Con el debilitamiento de la vida económica, la tierra adquirió una significación cada vez mayor. Era no sólo el signo de la riqueza, sino también el del poder. Los señores la poseían generalmente en feudo, esto es, por cesión del rey o de otro señor que la entregaba en usufructo a cambio de ayuda militar. Poco a poco, los pequeños propietarios libres fueron cediendo también sus tierras a los señores, en pago de protección que solicitaban de éstos, de modo que entraban en relación de dependencia.

Los colonos libres y los siervos vivían en la tierra que el señor les asignaba, trabajaban aquella de cuyos frutos debían vivir, y, además del señor, a quien tenían que servir, asimismo reparando las defensas, fabricando utensilios y limpiando los fosos. A cambio de eso, el señor les ofrecía protección, no sólo contra los eventuales invasores extranjeros, sino también contri la prepotencia de los otros señores, que por pertenecer a la clase que poseía todos los privilegios, no tenían para sus cabalgadas de saque; otro límite que el impuesto por el poder de otro señor. Este sistema de protección había reemplazado, pues, al derecho público.

Las relaciones entre señores eran de otro tipo. Quien pertenecía a la clase privilegiada podía poseer tierras y llevar armas. Su oficio era la guerra, y, en pago del servicio que prestara, otro señor más poderoso —o el rey mismo— le ofrecía tierras para que asegurara su subsistencia y adquiriera los recursos dignos de su posición social. Entre el señor que otorgaba la tierra y el que la recibía se establecía un contrato de beneficio, nombre con que se conocía la tierra así cedida. Pero entre el caballero que ofrecía su ayuda militar y el que la aceptaba establecíase otro contrato, por el que se fijaba la relación de vasallaje. El vasallo también recibía protección y ayuda de su señor, pero debía estar listo para combatir a sus órdenes cierto número de días al año, guardarle fidelidad y prestarle consejo.

Los señores más poderosos obtuvieron con el tiempo que el rey les reconociera una soberanía casi completa dentro del señorío. Si se le concedía a un señor el derecho de alta justicia, la autorización para acuñar moneda, y, además, la seguridad de que no entrarían en su señorío los oficiales reales, éste gozaba prácticamente de plena autonomía, y la dependencia del señor frente al monarca se reducía a cierta forma de solidaridad en relación con los problemas de interés común. El señorío o dominio llegó a ser, pues, un mundo casi cerrado. El señor era a la vez jefe político y militar, y además tenía el control de la riqueza.

La fuente de ésta era casi exclusivamente la tierra. Excepto los escasos objetos de lujo llegados ocasionalmente de las regiones orientales, los productos manufacturados comentes se producían en el dominio, gracias a la habilidad de algunos siervos que conocían las viejas técnicas de la artesanía. Pero lo más importante eran los animales y los productos de cultivo, pues con ellos se aseguraban las subsistencias. Tratábase de una economía casi cerrada, cuyo desarrollo correspondía al aislamiento de los señoríos. Una existencia monótona, sólo interrumpida por los episodios militares, caracterizaba la vida rural, en la cual se arraigaban las tradiciones locales y se fortalecían las situaciones sociales de dependencia.

Fuente Consultada:
Enciclopedia Encarta 2000
La Historia de la Humanidad H.W. Van Loon
Historia Medieval Tomo II Editorial Kapelusz
Wikipedia
Historia Universal Tomo I Navarro-Gargari-Gonzalez-Lopez-PAstoriza
La Aventura del Hombre en la Historia Tomo I
Trabajo Enviado Por: Pedro J. Jacoby Para Planeta Sedna    (10-12-2002)

Los Fenicios Origen Vida y Evolucion de las Civilizaciones Antiguas

Los Fenicios Origen Vida y Evolución de las Civilizaciones Antiguas

Introducción: Algunos grupos semitas, en XX a.C. originarios del desierto arábigo, llegaron al Eúfrates medio. Cerca del 1350 a.C. avanzaron hacia el oeste en dirección a Palestina. En el siglo XII a C. formaron reinos en zonas cercanas al mar Mediterráneo, Entre estos grupos semitas se destacaron los fenicios y los hebreos.

Aunque con características propias, ambos pueblos, al ser vecinos de civilizociones tan importantes como las de Mesopotamia y Egipto, recibieron muchos elementos culturales de estas regiones. Costumbres, artes, ideas, posaron de un lugar a otro y de un pueblo al otro. Sufrieron también el impacto de circunstancias externas amenazantes, pero lograron desarrollarse sin excesivos sobresaltos antes de la formación de los grandes imperios asirlo, neobabilónico y persa.

colonizacion fenicia

Los fenicios habitaron la región situada al Norte de Palestina y al Oeste de Siria, que corre encajonada en una extensión de 200 Km. de largo y aproximadamente 35 a 40 kilómetros de ancho, entre el mar Mediterráneo y las montañas del Líbano.

De suelo abrupto y de clima cálido en los valles transversales y frío en las zonas elevadas, el territorio es apto para la agricultura.  Impedidos, sin embargo, de internarse en las tierras adyacentes por la existencia de barreras naturales y la presencia de otros pueblos más aguerridos, los fenicios se valieron de los árboles que crecían sobre los montes, construyeron ágiles navíos y se lanzaron al mar Mediterráneo.

Es una costa abierta que permite la navegación y en la que soplan vientos en dirección a la isla de Creta y Egipto. Gracias a estas condiciones, los fenicios se convirtieron en uno de los primeros navegantes de la historia, y también dieron origen a una de las primeras civilizaciones marítimas, convirtiéndose en excelentes navegantes y hábiles comerciantes. Así como el Nilo fue un estímulo para el desarrollo de a cultura egipcia y el Tigris-Eufrates para a Mesopotamia, el mar Mediterráneo fue un elemento primordial para el desarrollo de la cultura fenicia.

Evolución histórica Fenicia nunca formó un estado unificado sino que estuvo integrada por ciudades-estados independientes entre sí y en ocasiones enfrentadas. En caso de un enemigo común solían unirse en una confederación. En determinadas épocas, algunas de las ciudades lograban tener la hegemonía, sin que desaparecieran las demás.

Los fenicios también sufrieron varias dominaciones extranjeras: los asirios, los neo-babilónicos y los persas. Sin embargo, esto no resultó un freno para sus actividades. Tres ciudades lograron en distintas épocas la supremacía sobre las demás: Biblos, Sidón y Tiro.

arte barco

Barco Fenicio

LOS PUEBLOS QUE LO HABITARON: De origen semita, los púnicos o fenicios, o sea hombres colorados, provenientes de la región de Sinaí, adyacente del mar Rojo, llegaron a ese territorio hacia el año 3000 a.C. y fundaron varias ciudades sobre la costa, autónomas entre sí, las que prosperaron sucesivamente, merced al intenso comercio que realizaron. Las principales fueron Biblos, Sidón y Tiro. Otras ciudades fueron Acco y Berito (Beiruth).

Biblos: La primera en adquirir importancia fue Biblos (hoy Djenail) entre los años 250 y 1600 a.C., debido a la expansión del imperio egipcio, que hizo de esta ciudad el gran puerto de exportación de los producto. originarios del Nilo, entre ellos el papiro que, adquirido por los griegos fue identificado con el nombre de la ciudad y finalmente atribuido como denominación a los libros. Biblos mantuvo excelentes relaciones con los egipcios durante el período tinita.

Sidón: Entre los años 1600 y 1200 a.C. alcanzó gran esplendor la ciudad de Sidón, cuyos habitantes llegaron a monopolizar el comercio en el Mediterráneo oriental, como agentes del imperio egipcio. Así se establecieron en las islas de Chipre, Creta, Rodas y otras del mar Egeo; también en el territorio de Grecia; y penetraron, por último en el mar Negro.  El apogeo de Sidón concluyó con el fin del imperio egipcio. Aproximadamente en el año 1100 a.C. fue saqueada por los filisteos procedentes de Creta.

Tiro: A partir de la decadencia de Sidón, entre los años 1200 y 900 a.C., adquirió importancia la ciudad de Tiro, edificada en una isla próxima a la costa, a tal punto que, al frente de las ciudades fenicias confederadas, llegó a dominar todo el comercio en el Mediterráneo, desde el estrecho de Gibraltar hasta Egipto. En esta época  los marinos fenicios pasaron al océano Atlántico y llegaron hasta el mar del Norte y el mar Báltico. Tiempo después, al servicio de los egipcios, dieron la vuelta al continente africano.

Además, sus caravanas de mercaderes recorrieron por tierra todo el mundo conocido, convirtiéndose en el vehículo de comunicación entre los pueblos de la antigüedad y en el máximo exponente de la navegación y el comercio del mundo conocido en aquel entonces. Sin embargo, hacia el año 900 a.C., esta creciente prosperidad fue interrumpida por el surgimiento de los imperios mesopotámicos, que terminaron por someter a los fenicios. En el año 701 a.C., Tiro cayó en poder del rey de Asiria, Senaquerib, y poco más de un siglo más tarde, en el año 574 a.C., Nabucodonosor, rey de los caldeos, luego de sitiarla durante un año, la ocupó y arrasó.

Con Tiro cayeron las otras ciudades fenicias, las que quedaron subordinadas, primero a los imperios mesopotámicos y luego al imperio persa, hasta que éste debió ceder ante el poder avasallador de Alejandro Magno, en el año 333 a.C.

Sólo Cartago, fundada en el año 814 a.C., sobre la costa africana del Mediterráneo occidental por un grupo de nobles fenicios salidos de Tiro, mantuvo su independencia y disputó luego a los romanos la hegemonía sobre la región adyacente.

Colonias y factorías Los fenicios fueron uno de los primeros pueblos de la antigüedad que fundaron colonias y factorías. Las colonias eran territorios conquistados o adquiridos, donde se establecía una parte de la población fenicia en forma permanente.

Las colonias se fundaron en los lugares más alejados y menos poblados, generalmente del Mediterráneo occidental, como Kart-Hadatsch o Cartago y Utica, en la costa africana; o Massalia (Marsella) en la costa Sur de Francia; o Gades (Cádiz), Málaca (Málaga) e Hispalis (Sevilla), en la región meridional de España. Estas colonias desarrollaron una vida independiente y, salvo las relaciones comerciales, no mantuvieron una vinculación estrecha con las ciudades fenicias.

Con el tiempo, algunas desarrollaron una vida propia y compitieron incluso con su ciudad fundadora. Entre las colonias más importantes se destacan Gades (Cadiz) en el Sur de España, y Cartago en el Norte de África que siglos después disputara el dominio del Mediterráneo con os romanos. Las factorías en cambio eran puertos de escala o lugares de depositas de mercaderías sin una población permanente constituían sitios de refugio para recuperarse en las largas travesías y recoger provisiones.

La mejor colonia: Los fenicios escogieron cuidadosamente el terreno para Cartago y construyeron su puerto con gran destreza. Éste tenía dos secciones comunicadas por un estrecho canal: una bahía exterior aproximadamente rectangular, de unos quinientos metros por trescientos, y una interior de forma más o menos circular, de unos trescientos metros de diámetro.

La bahía interior se reservaba para los barcos de guerra. En el centro había una isla que albergaba el cuartel general naval, un elevado edificio desde el que se veía el mar sin ningún obstáculo. Pero una muralla doble ocultaba con su altura los secretos del puerto a las miradas curiosas de los visitantes extranjeros.

En la bahía interior podían atracar más de doscientos barcos de guerra. Las naves entraban en ambas bahías directamente desde el mar, por una entrada única de unos veinticinco metros de anchura, que para mayor seguridad se podía obstruir con pesadas cadenas.

La ciudadela se encontraba en el barrio más antiguo de Cartago. Entre el puerto y la ciudadela se abría una gran plaza pública parecida a un foro romano. Cerca se levantaba el senado cartaginés. La ciudad era un laberinto de calles serpenteantes atestadas de casas de hasta cinco o seis pisos de altura.

Cubría una extensión de unos setenta y cinco kilómetros cuadrados y una muralla descomunal protegía sus treinta y cinco kilómetros de contorno. La muralla no fue traspasada hasta el último día de Cartago, y ello con gran número de bajas por parte de los invasores romanos. Su zona vital tenía una altura de ciento treinta metros y una anchura de diez metros, estando coronada por altas torretas militares. En el interior del recinto y al nivel del suelo, los establos albergaban trescientos elefantes de batalla.

A mayor altura, unas rampas servían de acceso a los establos para cuatro mil caballos. También en la muralla, unas barracas cobijaban a los veinte mil soldados de infantería y cuatro mil de caballería que guardaban la ciudad

Política , sociedad  y economía. Fenicia nunca constituyó una nación unificada con un gobierno centralizado, sino que conformó un conjunto de ciudades-estados prósperas, confederadas y sujetas a la conducción alternativa de una de ellas, pero con el ejercicio de una gran autonomía.

Los fenicios estuvieron divididos en múltiples ciudades-estados. Cada una de ellas era independiente del resto con sus propias instituciones y sus intereses diferentes Cada ciudad fenicia un rey. Su poder no era absoluto ya que existían otras instituciones como el Consejo de Ancianos con el que deba compartir sus decisiones. Este consejo estaba compuesto por 100 miembros ricos mercaderes. Su función era asesorar al monarca en cuestiones de política y economía.

En la cúspide de la sociedad fenicia estaban los comerciantes adinerados, que ocupaban los cargos de gobierno y manejaban los resortes del poder. El resto de la población lo componían los artesanos, los cargadores y los tripulantes de las naves. También había esclavos.

La agricultura se practicaba en terrazas escalonadas, en las laderas de las montañas, y de ellas se obtenían, principalmente, el trigo, el olivo y la vid. Se realizaba también la explotación forestal, aprovechando la abundancia natural de especies como el roble, el pino, el abeto y, sobre todo, el cedro,’ que se convirtió en el símbolo de la región.

No obstante el eficaz aprovechamiento de esta riqueza del suelo, los fenicios volcaron su actividad con mayor interés a la industria, el comercio y la navegación.

Los fenicios eran hábiles navegantes y comerciantes. Desarrollaron una importante actividad mercantil convirtiéndose prácticamente en los dueños del Mediterráneo en los siglos XI a VIII a.C. Además del comercio marítimo, recibían artículos por tierra, generalmente pequeños, traídos de Arabia. Los fenicios fueron los intermediarios entre Oriente y Occidente.

En cuanto a la industria, instalaron grandes talleres en los que trabajaron sobre la materia prima existente en su territorio y en la que llevaron desde las más lejanas tierras. De esa manera, empleando tecnología propia y ajena, se convirtieron en grandes productores de armas, joyas, utensilios de hierro y de bronce, objetos de cristal, telas teñidas, perfumes y, especialmente, de barcos, que provistos inclusive de navegantes, sirvieron a todos los pueblos de aquella lejana época de la historia de la humanidad.

Las mercaderías más importantes que comerciaban eran:

De España plata, hierro, plomo y estaño.

De Sicilia cereales y ana. De África marfil, oro y papiros.

De Arabia perfumes, telas e incienso.

De Fenicia maderas, tintes, misma tejidos y cerámicas.

Para sus transacciones utilizaban el trueque. Esto se debió sobre todo a que los pueblos con los que comerciaban no conocían la moneda. Según referencias del historiador griego Herodoto, los fenicios solían practicar el trueque mudo. ¿En qué consistía? Era una manera original de negociar sin tener contacto directo con los compradores. Los fenicios se acercaban a una costa, dejaban sus productos en la playa y regresaban a sus naves.

Los habitantes del lugar se aproximaban para observar las mercaderías, ponían unto a ellas el valor que consideraban justo, ya sea en mercancías o en metales preciosos, y se retiraban. Los fenicios entonces se dirigían nuevamente a la playa, y si el precio les parecía adecuado, lo tomaban y dejaban la mercadería. Si el precio no los convencía, volvían a sus barcos a esperar otra oferta. Las relaciones comerciales de los fenicios fueron de tal magnitud que podría afirmarse que todo el mundo antiguo comerció con ellos.

Desarrollaron además una importante industria artesanal. Pero, ¿qué entendemos por industria? La entendemos como toda labor productiva que transforma las materias convirtiéndolas en bienes determinados, aptos para su uso o consumo. La forma final de estos bienes y sus propiedades son diferentes de la original.

Hablamos de industria cuando el fruto del olivo es transformado en aceite, la lana en hilo y tejido, cuando se trabajan los metales y la cerámica, cuando se construyen barcos. En la actualidad existen numerosas ramas industriales de variada índole, desde las más simples hasta las más complejas. En el panorama industrial, los fenicios realizaban diversas labores.

El armado de los barcos Elementos fundamentales para su gran poderío marítimo, los construían de dos tipos: ‘redondos” para el comercio, naves pequeñas con dos bancos de remeros; y largos’, para la guerra. Los barcos ‘largos’ tenían, en la proa, un espolón puntiagudo que servía para embestir, y tres filas de remeros, por lo que se llamaban barcos trirremes”.

El trabajo de los metales

Con oro y plata fabricaron alhajas; con el bronce, armas y utensilios de uso doméstico. También utilizaron el cobre y el estaño para distintos objetos.

El tejido y el teñido de telas

Sus tejidos eran muy apreciados en las zonas que comerciaban, sobre todo por sus colores. Teñían las telas utilizando un colorante obtenido de un caracol del Mediterráneo, el múrice.

La producción del vidrio

Fabricaron vidrio transparente y coloreado; con él realizaron objetos de variada utilización y muy apreciados en el Cercano Oriente.

El arte Los fenicios combinaron elementos de diferentes culturas. En arquitectura:

Construyeron templos y palacios, utilizaron La piedra como Los egipcios y siguieron los diseños de La Mesopotamia.

En escultura y pintura: Se advierte la influencia asiria, egipcia y cretense. Son características las figuras de dioses de piedra y cerámica. Los colores utilizados para pintar fueron sobre todo el rojo y el verde.En escultura y pintura:

Los fenicios se destacaron en a talla del marfil. Realizaban con este material variados objetos valiosos, presentes en palacios reales y residencias lujosas: estatuas de dioses, adornos de tronos y de mobiliario, cetros, mangos para instrumentos o abanicos. El marfil, relacionado con el oro, se convirtió en consecuencia en un distintivo de os grupos sociales pudientes.

El arte fenicio: Una esfinge

La religión: Baal y Astarté Los fenicios eran politeístas. Adoraban a los astros y sobre todo a las estrellas que los guiaban para la navegación en las noches. Reconocían como dios supremo al Sol, llamado Baal. La Luna también era divinizada, y considerada su esposa. Se llamaba Astarté y simbolizaba la fecundidad. Baal era considerado el protector del comercio. Se levantaban altares en su honor y esculpían su imagen en las proas de los barcos en forma de toro o de hombre con cuernos de toro. En Cartago se le ofrecían sacrificios humanos, generalmente de recién nacidos quemados vivos.

También tenían dioses de la vegetación, quienes morían en invierno y resucitaban en primavera a semejanza de los ciclos naturales. Uno de ellos era Adonis, representado como un joven de gran belleza, adorado en Biblos. Posiblemente por influencia egipcia, colocaron a sus muertos en sarcófagos, cubiertos con máscaras y rodeados de objetos de uso personal, para su utilización en la otra vida’.

El alfabeto: un aporte fenicio y componente más novedoso de la civilización fenicia fue el alfabeto. El alfabeto, es decir, la serie de letras que forman un idioma, fue la última etapa de un proceso de evolución de la escritura. Representa una gran simplificación respecto de los complicados sistemas existentes hasta su surgimiento. El alfabeto fenicio contaba con puntos para las vocales y 20 ó 30 signos que representaban los sonidos simples de las consonantes.

Por lo tanto, la escritura fenicia resultaba más fácil que la jeroglífica o la cuneiforme, ambas con cientos de signos y figuras. Esto tuvo, por una parte, una consecuencia de carácter social; leer y escribir” ya no fue patrimonio de un grupo selecto y especializado, como los escribas de Egipto, sino que se hizo accesible a una mayor cantidad de personas.

Por otra parte, estos mercaderes lo llevaron por todo el mundo conocido y fue adoptado por los diferentes pueblos con los que tomaban contacto. La mayor parte de los alfabetos de Asia central y de Europa, incluyendo el griego, tuvieron su origen en el fenicio y puede decirse que también es la base del abecedario actual.

Su Legado:

* En la vida política, su metodología de fundación de nuevas colonias.

* En la vida económica, los modelos de comercio y navegación marítima. El teñido de telas y la fabricación de vidrio transparente.

* En la ciencia, el alfabeto y la divulgación de la escritura.

Fuente Consultada: Historia I de José M. Ramallo y La Humanidad de Silvia Vázquez de Fernández

Biografia Felipe II de España Guerra Sucesion Española Rey Español

Biografía Felipe II de España

FELIPE II DE ESPAÑA aseguró la hegemonía española en Europa al derrotar a Francia y al imperio turco y al incorporar a la corona el reino de Portugal.

Religión, finanzas y guerra

FELIPE II DE ESPAÑALa Paz de Augsburgo demostró a Carlos y el fracaso de su ideal de gobernar un imperio universal cristiano. En 1556, cansado, abdicó en favor de su hijo Felipe II los reinos españoles, los Países Bajos, El Franco Condado, Nápoles, Sicilia, las islas Baleares y América.

A su hermano Fernando transfirió el resto de sus estados, es decir, el archiducado de Austria y el imperio (recordemos que, si bien la dignidad imperial era electiva, recaía en la casa de Habsburgo). Carlos y se retiró a un monasterio, donde murió en 1558.

(imagen: Felipe II (detalle). Óleo de Pantoja de la Cruz. )

Felipe II recibió de su padre una enorme herencia, que lo convirtió en el monarca más poderoso de su época. Para mantener su supremacía en un período caracterizado por enfrentamientos religiosos, intentó consolidar un imperio centrado en las instituciones del estado y en la unidad religiosa. Para ello, redujo las libertades políticas y persiguió, en el interior de España, a los moriscos (musulmanes convertidos públicamente al catolicismo pero que se mantenían fieles a su religión).

Al margen de sus propias convicciones, es indudable que Felipe II debió pagar también por los errores de su padre y su empeño en lograr dominios cada vez más extensos, que obligaban a España a un esfuerzo que resultó agotador. Caso típico de esta actitud fue la boda con María Tudor, en 1554, que Carlos le impuso contra sus propios deseos, a fin de lograr la alianza con Inglaterra que terminara por cercar definitivamente a Francia.

En el orden interno, Felipe II debió enfrentarse con diversos problemas que complicaron aún más su ya compleja administración. Anótese en lo personal la desgracia de sus varias viudeces y el desequilibrio del príncipe don Carlos, que debía ser su heredero y cuya muerte dio motivo a sus opositores para tejer una historia fabulosa.

La economía española atravesó, en esta época, grandes dificultades a pesar de los metales preciosos que le llegaban de América. Las constantes guerras, así como la expulsión de moros y judíos (en su mayoría comerciantes y artesanos), llevaron a España a profundas crisis económicas. En tres oportunidades (1557, 1575 y 1596), Felipe u declaró la bancarrota del estado.

En 1578 murió el rey Sebastián de Portugal y quedó vacante el trono portugués. Felipe invadió Portugal para hacer valer sus derechos como heredero al trono. Finalmente, apoyado por la nobleza portuguesa asumió la corona de ese país. En 1581, por primera y única vez desde los tiempos del Imperio Romano, la Península Ibérica quedó totalmente unificada.

Felipe II, en su condición de heredero de los vastos dominios dejados por su padre, menos el Imperio, para el que fue elegido su tío Femando, continuó una política europea que, según opinión de muchos historiadores, fue ruinosa para España. Durante el reinado de Carlos V, las exigencias de la política imperial habían provocado un continuo drenaje de los tesoros españoles, que transitaban por la península y se perdían luego en el caos de las guerras contra Francia, privando a España de las bases económicas necesarias para participar en el proceso de general crecimiento de la vida europea contemporánea. Con Felipe II, y a pesar del abandono del Imperio, España continuó empobreciéndose porque el monarca, considerándose campeón de la ortodoxia frente a los protestantes, prosiguió sacrificando los intereses nacionales a una causa que le pareció más alta e importante.

Los conflictos heredados:

Felipe tuvo que hacer frente a problemas internacionales heredados de la época de Carlos V. El viejo conflicto con Francia por las posesiones italianas finalizó en 1558 con la derrota francesa. Ambos estados estaban agotados y firmaron la Paz de Cateau Cambresis, en 1559, en la cual Francia reconocía las pretensiones francesas sobre Italia.

Con respecto al imperio turco, el nuevo monarca persistió en su actitud de católico combatiente y lo enfrentó, junto con el Papado y la República de Venecia. En la batalla de Lepanto, en 1571, venció a la escuadra turca, poniendo fin al poder comercial de los turcos en el Mediterráneo.

Los conflictos heredados

La Batalla de Lepanto

El conflicto con los Países Bajos y la rivalidad con Inglaterra

En los Países Bajos, se habían difundido las ideas luteranas y, hacia mediados del siglo XVI también fue muy fuerte la difusión del calvinismo.

A Felipe u le interesaba sostener su poder en los Países Bajos, a causa de su importancia económica y de la posición estratégica que ocupaban en Europa. Por eso, llevó a cabo una cruel represión de los nobles y de la burguesía, que se sublevaron contra el poder español. Esta represión no solucionó la situación y se inició una larga guerra.

Finalmente, Felipe II logró imponerse en el sur (actual Bélgica), que tenía una mayoría de población católica. Por el contrario, el norte (actual Holanda), con predominio calvinista, ‘esistió de distintas maneras el dominio español.

La dura represión de las fuerzas españolas aglutinó a los católicos y protestantes de los Países Bajos contra el ejército español. El dominio español comenzó, así, a declinar. En 1577, el príncipe protestante Guillermo de Orange pudo entrar triunfante a la ciudad de Amsterdam

En estas luchas entre los calvinistas y Felipe II, Inglaterra y rancia apoyaron abiertamente a los primeros. El apoyo inglés, sumado a los constantes ataques de los piratas y corsarios ingleses a las flotas españolas que venían de América, llevaron a Felipe II al enfrentamiento armado con Isabel de Inglaterra.

Conflicto con Portugal: Otro problema fue la incorporación de Portugal a la corona de España. La muerte inesperada del rey don Sebastián, en 1578, luchando contra los musulmanes en Alcazarquivir, planteó el problema de su sucesión, porque su tío don Enrique, de poca salud y avanzada edad, murió en 1580. Los derechos de los posibles pretendientes arrancaban de los hijos del rey don Manuel el Afortunado, y en esos momentos competían por ellos Felipe II, la duquesa de Braganza, el duque de Saboya y Antonio, prior de Crato. Con la ayuda del avezado ejército español, no le costó a Felipe II ningún esfuerzo derrotar a los opositores y hacerse reconocer por las Cortes de Thomar en 1581.

La Armada Invencible: Felipe II se vio complicado en una serie de problemas surgidos a consecuencia de la difusión del protestantismo. En los Países Bajos, la cuestión se complicó con los anhelos de independencia nacional, y la lucha se hizo áspera por la rigurosa política aplicada por el duque de Alba.

Finalmente, en 1598, bajo el gobierno de Isabel Clara Eugenia, la región alcanzó su autonomía. El apoyo dado por Inglaterra a los insurrectos de los Países Bajos, más la ejecución de María Estuardo, en febrero de 1587, llevaron a Felipe II a declarar la guerra a Isabel I, que, en cierto modo, representó entre los protestantes el papel que aquél se asignaba entre los católicos.

Con el fin de proceder contra la isla, alistó una poderosa escuadra para apoyar las operaciones del ejército de invasión que al mando de Alejandro Farnesio aguardaba en Flandes. La Armada, que llevaba el orgulloso sobrenombre de “la Invencible“, partió en la primavera de 1588, desoyendo las recomendaciones de Farnesio, partidario de terminar antes con la lucha en los Países Bajos, a fin de contar con el refugio de sus puertos en caso de emergencia o derrota. Dispersada por la tempestad, antes de entrar en combate, la flota fue fácilmente batida por los buques ingleses poderosamente artillados.

Igual resultado negativo tuvo la intervención de Felipe II en el conflicto religioso que dividió a los franceses. La habilidad de Enrique IV contrarrestó sus esfuerzos por hacer coronar a Isabel Clara Eugenia en su carácter de hija de Isabel de Valois, y se vio obligado a firmar la paz de Vervins (1598).

A pesar de todos sus esfuerzos, Felipe II no pudo impedir la afirmación del movimiento protestante.

El Imperio Español de Felipe II

“El reinado de Felipe correspondió, en líneas generales, al apogeo del poderío español. Al no poseer el título imperial, la situación del soberano del Escorial parecía inferior a la ocupada por su padre, aunque tal hecho representara más bien una ventaja, ya que con ello se había desembarazado de los enojosos asuntos alemanes. La totalidad de sus estados constituía un imperio, en el sentido que los historiadores dan a este término, aunque se hallase desprovisto de dignidad imperial. Imperio que tenía por centro el reino de Castilla donde Felipe II estableció su residencia desde 1562 y del que extraería sus principales recursos financieros y sus fuerzas militares.”

ALGO MAS…

A los dominios heredados de su padre, añadió Felipe II el reino de Portugal con sus colonias y dependencias, que aún correspondiéndole regir por derecho hereditario, hubo de reivindicar por las armas. Así, pues, concretando a mediados de su reinado Felipe reunía bajo su cetro : España, Portugal, los Países Bajos; en lo que es la actual Francia, el Franco Condado, parte de Borgoña y el Rosellón; en Italia, el Milanesado, las Dos Sicilias, Toscana, Parma y otros pequeños Estados; en Asia, las Filipinas y las colonias pertenecientes a Por tugal en las costas de Malabar y Coromandel (en la India), en Malaca y las islas Molucas o de las Especias; en África, además de Melilla y los Peñones, el Oranesado y las plazas de Ceuta y de la costa occidental de Marruecos, y en América, México, que entonces abarcaba una extensión mayor del doble de la actual, las Antillas y toda América del Sur, pues con Portugal también se había incorporado el Brasil a la Corona de España.

El poder de Felipe II era inmenso y muy superior al de los demás reyes. Poseía un numeroso y bien preparado ejército permanente, alcanzando la infantería española una fama mundial; poseía también numerosa y eficiente flota. Tal era la extensión de su imperio que podía jactarse de que «en sus dominios no llegaba a ponerse el sol».

La envidia y el temor de los demás Estados miraban en este poderío y riquezas un objeto que convenía batir y despojar. Y, en consecuencia, grandes expediciones piráticas se lanzaban sobre las flotas españolas que comerciaban con América, expoliándolas a su regreso a la península, al par que, fraudulentamente, suplantaban al comercio español con las posesiones americanas. Especialmente fue Inglaterra la que se distinguió en estas expoliaciones, depredando por sorpresa los propios puertos españoles.

Ello dio lugar a que Felipe sostuviera a sangre y fuego sus posiciones con los Países Bajos, que, aparte otros motivos, constituían una magnífica base estratégica para el sostenimiento de la supremacía militar de España en Europa, ya que, combinada con las demás posesiones de España, podía completarse desde aquel territorio el cerco terrestre de Francia, y conjugada con las posiciones de los Alpes centrales, permitía su posesión atacar convergentemente a Alemania en caso de guerra con aquel país.

Pero su valor estratégico alcanzaba aún mayor estimación en caso de guerra con Inglaterra puesto que aquellos territorios ofrecían una insustituible base para lanzarse al otro lado del Canal, permitiendo la invasión de Inglaterra en combinación con flotas salidas de las bases españolas del Cantábrico. Ante tales poderosos motivos y dados el carácter autoritario y el fanatismo religioso de Felipe II, no quedaba a los flamencos y neerlandeses otro camino que el del sometimiento incondicional o el de la lucha si habían de reivindicar su autonomía.

FUENTES CONSULTADAS:
HENRI LAPEYRE. Las monarquías europeas del siglo XV. Las relaciones internacionales. Barcelona, Labor, 1975.
Historia Universal de la Civilización  Editorial Ramón Sopena Tomo II del Renacimiento a la Era Atómica

Ver: Felipe III de España Felipe IV de España

Fuente Consultada:
Historia 2 – El Mundo Moderno y La Aventura del Hombre e
n la Tierra Tomo I

Federico Barbarroja Emperador de Alemania

Federico Barbarroja I

“Tenía alta estatura y bella presencia. Su rostro era blanco y animado por saludables colores; sus cabellosFederico Barbarrojarubios y crespos; el rostro jovial, hasta, el punto de que siempre parecía estar riendo; blancos los dientes; bellísimas las manos; graciosa la boca.

Belicoso y violento; tardo para la ira; audaz e intrépido; esbelto, locuaz; liberal sin ser pródigo; cauto y precavido en el consejo; de ingenio pronto; sagaz; benigno con los amigos; dulce con los buenos; terrible y casi inexorable con los inicuos; justo; amante de las leyes; temeroso de Dios; amplio en su caridad; muy afortunado; amado casi de todos.

En él ningún don natural faltaba, si hemos de hacer la excepción de aquel de haber sido hecho mortal”.

No es ésta la descripción de un semidiós, sino el retrato, trazado por un contemporáneo, del emperador Federico I, llamado Barbarroja.

Todos los europeos del Medievo, incluso aquellos que hubieron de combatir contra las terribles tendencias absolutistas que lo llevaban a ejercer el dominio unipersonal en buena parte de Europa, han debido reconocerle estas asombrosas cualidades personales. En efecto, no obstante el carácter antipático que representa su acción por la centralización del poder que él mismo ejercía, y que lo llevó a largas luchas contra las florecientes y progresistas ciudades libres, es menester reconocer en este rey de la Edad Media excepcionales condiciones de conductor y gobernante.

europeos del Medievo
Federico I, llamado Barbarroja, emperador de Alemania y uno de los
más extraordinarios personajes de la Edad Media.

LA VIDA: Federico I, emperador de Alemania, llamado Barbarroja, nació en 1121. Era el hijo primogénito de Federico de Suabia y de Judit, hermana de Enrique “el Soberbio”, duque de Baviera. Federico, apodado “Barbarroja”, fue nombrado rey de Alemania a la muerte de su tío Conrado III, quien, en sus últimos años, consideró a su sobrino como al único capaz de sucederle.

Federico, durante su juventud, se había dedicado con entusiasmo a conocer historia, las leyendas heroicas, los relatos y crónicas del período carolingio, y el derecho romano. Su mente llegó a hallarse colmada de imágenes de esta antigua civilización. Cuando ascendió al trono, nació en él el grandioso anhelo de instaurar una monarquía universal, un nuevo Sacro Imperio Romano, semejante al edificado tres siglos antes por Carlomagno, capaz de regir y ordenar los sucesos europeos.

Se imaginaba a sí mismo cumpliendo el papel del gran emperador de Occidente, cuya obra había caído en manos de individuos indeseables: se consideraba un digno continuador de aquellos Césares romanos, cuyo quehacer histórico, idealizado por la distancia y por las leyendas creadas por historiadores limitados y serviles, se le aparecía como magnífica.

Federico Barbarroja, en verdad, aun cuando él mismo era un personaje extraordinario, no podía menos que pensar de acuerdo con las ideas predominantes en todo el Medievo, que atribuían a los Césares de la antigüedad y a su actuación pública la condición de ejemplos prodigiosos de desempeño gubernamental.

Así, anhelaba ser un jefe militar sobre el modelo de Julio César; un gobernante magnífico como imaginaba que lo había sido Augusto, y un legislador eminente, según se reputaba a Justiniano.

Su deseo de imitarlos, precisamente, lo indujo a procurar, en distintas condiciones sociales e históricas, la implantación de un régimen basado en una autoridad unipersonal, tal como creía que fue la ejercida por esos modelos históricos. Para lograrla, se enfrentó contra las comunas germánicas que habían comenzado la creación de florecientes ciudades con sólo librarse de la tutela asfixiante de la atmósfera feudal.

Contra las comunas italianas, desarrolladas en condiciones similares, movió también una lucha violenta y enconada por verlas sólo como simples opositoras a sus propósitos de consolidar el Estado poderoso que su mente se había forjado como un ideal. Sus largos conflictos se debieron a que las consideraba caprichosos adversarios de la autoridad imperial, destinada, según él, a consolidar la paz, la justicia, la legalidad y el orden en toda Europa.

Entre las comunas y el imperio se produjo, a consecuencia de la actitud de Barbarroja, una lucha despiadada. Las campañas militares de Federico Barbarroja en Italia concluyeron, por ello, con un desastre militar (batalla de Legnano, en 1176). En las larguísimas negociaciones diplomáticas que le sucedieron, Federico logró, con todo, salvaguardar su prestigio. En Alemania, en cambio, logró imponer su autoridad sometiendo a ella a todos sus vasallos germánicos.

El Emperador consagró los últimos años de su vida a la Tercera Cruzada. Dejó Europa y, a la cabeza de su ejército, llegó a Tierra Santa, donde murió el 10 de junio de 1190.

“Ninguno puede participar en la expedición si no posee caballos y dinero suficiente como para proveer por dos años a su propio sostenimiento”.

En tales términos se dirigió el emperador Federico I “Barbarroja” a quienes deseaban acompañarlo en la empresa de la Tercera Cruzada.

Federico Barbarroja, veterano de tantas y tantas guerras, y por ello expertísimo comandante, no deseaba entre sus huestes ni aventureros ni hombres inhábiles; al partir, se disponía a hacerlo teniendo todos los elementos posibles como para considerarse bien preparado y seguro de la victoria.

En cambio, apenas el ejército Cruzado hubo atravesado el estrecho del Bósforo, comenzó una larga y penosa marcha que en muy poco tiempo diezmó sus fuerzas. La fatiga, el calor, la sed, el peso insoportable de las armaduras bajo el intenso sol asiático, agotaron las energías de aquellos guerreros más que cuanto hubieran logrado las más ásperas batallas.

Por eso constituyó para ellos un suceso extraordinario el encontrar, cierto día, junto al camino, un riachuelo con hermosas aguas: el río Salef. El propio emperador, no obstante ser un septuagenario, se arrojó al agua con atrevimiento juvenil. Y el agua, insidiosa, se cerró encima de él, ahogándolo.

Así murió, muy lejos de su regia morada, Federico I, de la casa de Suabia y emperador de Alemania. Así se cumplió el ciclo de su vida: en aquellas tierras, él mismo, en su lejana juventud, había luchado en sus primeras batallas, cuando participara en la Segunda Cruzada, junto al emperador Conrado III; a esa misma tierra había retornado, ahora en su vejez, para cerrar su aventurera existencia.

¿Cuál era la situación política en la península italiana?
En el norte de Italia existían importantes ciudades que no aceptaban de buen grado la autoridad imperial en su bien regulada vida y deseaban expandirse. Pero las ciudades pequeñas pidieron ayuda al emperador contra estas mismas cuidades. La primera intervención de Barbarroja en Italia no cambió mucho la situación, pero éste aprovechó para hacerse coronar por el papa emperador y rey de Italia y Pavía.

¿Por qué arrasó Milán?
El emperador había anulado la autonomía de las ciudades y muchas de éstas, con Milán a la cabeza, se rebelaron: Milán sufrió un asedio de dos años hasta que, forzados por el hambre, los milaneses se rindieron. Barbarroja hizo destruir la ciudad, echando abajo las murallas. Era el año 1162.   

¿Consiguieron vencer las ciudades al ejército imperial?
Cuando en 1174 Federico volvió a Italia, se encontró frente a él a unas veinte ciudades reunidas en la Liga Lombarda. La batalla decisiva tuvo lugar en Legnano en mayo de 1176, y el ejército imperial fue derrotado.

¿Fue únicamente un guerrero despidado?
Federico I Barbarroja no era sólo un guerrero; fue asimismo una de las personalidades políticas más grandes de su tiempo. Comprendió la necesidad de crear un imperio fuerte capaz de hacer frente a sus adversarios. Hábil diplomático, soñó con la unificación política de los reinos germánicos e italianos; pero su sueño no se vio cumplido… como tampoco se realizó su proyecto de liberar los Santos Lugares: el emperador partió en la tercera cruzada, pero se ahogó en 1190 atravesando un río, sin haber conseguido llegar a Tierra Santa.

Fuente Consultada:
Enciclopedia Estudiantil Tomo VI Editorial CODEX
Civilizaciones de Occidente Tomo A y B Jackson Spielvogel
La Aventura del Hombre en la Historia Tomo 1