Invasiones Bárbaras I

Las Hordas Mongoles Vida , Costumbres y Conquistas

VIDA Y COSTUMBRES DE LAS HORDAS MONGOLES

Los mongoles han representado un importante papel en la historia de Asia. Son nómadas, y su vida está hecha, por tanto, de continuos desplazamientos forzados por la necesidad de encontrar la hierba necesaria para la alimentación de sus grandes rebaños de corderos y cabras. Estos animales les proporcionan carne, leche, mantequilla y queso. Como animales de carga, los mongoles utilizan el camello y un caballo de pequeña estatura, pero de gran resistencia.

los mongolesLa extensión de la estepa, y su pobreza, los obligan a desplazarse de estación en estación. Desde este punto de vista se les puede comparar con los lapones y otras poblaciones de Eurasia septentrional.

Viven en tiendas en forma de quesera, que levantan formando un enrejado de sólidas tablas, y cubriéndolo después con mantas de lana burda. Estos campamentos de tiendas deben considerarse pueblos ambulantes.

Ningún extranjero podría decir con exactitud dónde se encuentran esas aglomeraciones. Sólo los mongoles saben en qué lugar se hallan sus vecinos. Nadie debe aventurarse solo por esas inmensas extensiones, pues quien lo hiciera correría el riesgo de no encontrar un alma viviente, ya que los mongoles  vagan   a  la   aventura.

La vida de este pueblo ha estado siempre envuelta en el misterio. El extranjero se siente poseído de una inexplicable inseguridad, de una continua amenaza… Los actuales mongoles no difieren mucho en usos y costumbres de aquellos antepasados suyos que surcaban las estepas hace centenares de años. Su pasado se pierde en la noche de los tiempos. Su fuerza era legendaria.

Uno de esos mongoles, Temudjin, a fines del siglo XII, reunió las tribus nómadas turco-mongolas. Eran grandes jinetes, de cráneo redondo, pómulos salientes, ojos rasgados, piel amarilla, cabello lacio y negro y piernas arqueadas. Temudjin sometió a cierto número de tribus y durante una primera asamblea solemne celebrada en 1206, se otorgó a sí mismo el título de Djingiz Khan o Gengis Kan, es decir, el más poderoso de todos los jefes, o también, el emperador inflexible. Conquistó la ciudad, de Karakorum e instaló en ella su residencia.

viajes de los mongoles

Caravanas  Mongoles

Hasta entonces no había visto nunca una ciudad y no sabía leer ni escribir, pero su ejército de 100.000 hombres le permitió franquear la Gran Muralla de China, tomar la capital Yen-King, que se convertiría en Pekín, al norte de China y conquistar Corea. Yen-King fue saqueada e incendiada.

Cuando estalló una rebelión en el Lurquestán, Gengis Kan conquistó el país, incluida Samarcanda, una de las ciudades comerciales más importantes de la época, y exterminó sin piedad a la población, que había cometido la audacia de rebelarse.

Mientras sus lugartenientes realizaban incursiones por Rusia meridional, Gengis Kan marchó sobre el Irán y llegó hasta el Dniéper. Su imperio fue el mayor que conoció el mundo hasta entonces. Admitía todas las religiones, pero hacía que reinaran, por el terror, la autoridad y el orden.

Murió en 1227 durante los preparativos de una nueva campaña. En vida repartió este imperio entre sus cuatro hijos, pero esto no impidió que Ogotai fuera designado Gran Kan, a pesar de que no era el primogénito.

Lo primero que hizo Ogotai fue lanzarse al ataque de la China meridional, luego de Rusia meridional y, por último, de Occidente. Veinticinco mil jinetes arrasaron Vladimir, Moscú y Kiev, derrotaron a los caballeros de la Orden Teutónica’ y asolaron Hungría, para llegar finalmente a la costa adriática.

Ogotai murió en 1241, y los jefes mongoles se retiraron a Rusia meridional donde fundaron el reino de la Horda de Oro con Serai como capital. Serai estaba situada en un afluente del Volga. Desde 1240 hasta 1450, Rusia vivió bajo el dominio mongol. El kan permitió que subsistieran los principados rusos, pero les designó jefes e instaló guarniciones en las ciudades a fin de mantener el orden.

Kublai, el sucesor de Ogotai, conquistó toda China. Fue el fundador de la dinastía Yan y se adaptó fácilmente a la civilización ya muy evolucionada de sus nuevos subditos. Los soberanos de Annam y Birmania tuvieron que reconocer, asimismo, su soberanía. En cambio, la flota que envió para conquistar el Japón sufrió una decisiva derrota. Marco Polo dijo con razón que este kan era el hombre más poderoso desde Adán.

Trasladó su capital de Karakorum a Pekín, y éste fue, sin duda, su mayor error político, pues se rompió la unidad del imperio mongol.

En Rusia el reino de la Horda de Oro se vino abajo, en 1502. En el siglo XIX se encontraron los vestigios de Karakorum. Seis siglos antes, esta ciudad había poseído una docena de templos, dos mezquitas y una iglesia cristiana nestoriana.

No se puede hablar de cultura mongol. Una figurilla del siglo vn, el jinete azul de Astrana, hallada al norte del Turquestán, testimonia un esplendoroso pasado y recuerda a los grandes jefes mongoles. Éstos tuvieron el mérito de poner a Europa en contacto con la civilización china, que en aquel momento mostraba un indudable adelanto sobre la cultura occidental.

Por este motivo no se puede achacar al azar el hecho de que el desarrollo de la técnica, que aceleró el fin de la Edad Media, se produjera inmediatamente después de las conquistas mongolas. El compás, la pólvora y el papel se deben, en efecto, al ingenio chino.

Fuente Consultada:
Enciclopedia Juvenil Tomo I AZeta – Editorial Credsa

Rey Clodoveo Historia de los Francos Dinastía Merovingia

HISTORIA DE LOS FRANCOS Y EL REY CLODOVEO

Llamamos Dinastía Merovingia, a la familia de reyes que gobernaron el pueblo germánico de los francos desde el 481 d.C. Se denomina asi por que los reyes fueron descendientes de un gran jefe de los francos salios llamado Meroveo, que había gobernado entre 448 y 458. Clodoveo I, nieto de Meroveo,  nació en 466 y vivió 45 años, de lo cuales durante 30 años fue rey de los francos.

Su reinado se caracteriza por su principal objetivo de la unión de todos los francos salios del norte del Rin con los francos ripuarios del bajo Rin, y comenzó con la victoria en la batalla de Soissons, obtenida en el año 486 sobre Siagrio, el último gobernador romano en el norte de la Galia. Mas tarde mediante una política agresiva de conquista, apoyada por la Iglesia, extendió su reino hasta que éste llegó a abarcar casi toda la actual Francia y parte de Alemania.

Clodoveo I rey de los francos

 

ANTECEDENTES HISTÓRICOS: Los germanos eran pueblos seminómades de origen diverso, vecinos inmediatos del Imperio Romano de Occidente. Su aparición en este ámbito se da desde comienzos del siglo I. Se situaron en los llanos, más allá del Rin y del Danubio, reunidos en tres grupos principales:

Vivían agrupados en tribus, dirigidas por un jefe. Los hombres libres integraban una asamblea que intervenía en las decisiones políticas.
La familia era la base de la organización social germana. Como carecían de leyes escritas, el padre, en su papel de juez, resolvía todos los problemas. La agresión contra un miembro de la familia obligaba a los parientes a castigar al culpable.

Esa costumbre ocasionó constantes luchas, lo que llevó a establecer “precios” por los delitos, calculados en número de reses, que se entregaban a la familia perjudicada.

mapa de la invasion barbara

LOS FRANCOS: Entre los pueblos germanos que se establecieron en la Galia , el más importante fue el de los francos, que se instalaron al Norte de las Galias. Estos no constituían un Estado sino una confederación de tribus entre las que podemos citar la de los Ripuarios. establecidos a orillas del bajo Rin, los Salios, en la región del Mosa. los Sicambrios, etc.

Uno de sus jefes, Meroveo, inició la dinastía Merovingia, que duró tres siglos. Su nieto Clodoveo fue el rey merovingío más importante. Luego de una serie de luchas, consiguió crear un reino unido en las Galias, donde se integraron francos y romanos con relativa rapidez.

Este proceso se vio facilitado al convertirse el mismo Clodoveo al catolicismo. Pero la organización de este reino tuvo un defecto que amenazaba su supervivencia. El reino era concebido como una propiedad privada de la dinastía gobernante. Por lo tanto, al morir cada rey, se dividía en distintos principados, de acuerdo con la cantidad de descendientes.

Esto llevó a constantes luchas dinásticas que debilitaron al Estado en general. A esta dificultad, se sumó que los reyes merovingios posteriores a Clodoveo carecieron de buenas cualidades para el gobierno. Dejaban generalmente la dirección del Estado a su ministro más importante, llamado “el mayordomo del palacio”. Esto les valió el título de “reyes holgazanes”. Finalmente, en el año 751, Pepino el Breve puso fin a la dinastía Merovingia, se coronó rey de los francos e inició una nueva época: la carolingia.

Los francos en un principio fueron contratados por los romanos para defender las fronteras sobre el Rin; más tarde se instalaron al norte de la Galia. Pocos años después, cuando Atila invadió el Imperio, los francos se aliaron con los romanos, y a las órdenes de su rey Meroveo participaron en la batalla de los Campos Cataláunicos (451). Este rey fue el fundador de la dinastía merovingia, que reinó por más de dos siglos. Radicados en la región norte de la Galia se mantuvieron alejados de las influencias romanas, lo que les permitió conservar sus costumbres paganas y los hábitos guerreros.

En la Galia, una vez instalada la realeza de los francos se esforzó por salvaguardar la antigua organización romana: la posta de caballos, el servicio de acuartelamiento, el sistema de aranceles, la moneda. Pero todo esto no era más que una apariencia; la corte o el «palacio» del rey franco se desplaza de ciudad en ciudad, propiedades de la corona, según las necesidades de la política o del abastecimiento. Siguiendo la costumbre germánica, el rey era entronizado alzándole sobre el pavés. La inmensa burocracia imperial desapareció definitivamente. L

a administración central del rey franco, es su «casa»: servicios domésticos y servicios administrativos se confunden según las necesidades. El senescal y el mayordomo, que gobiernan a los otros domésticos: cocineros, despenseros, camareros…, o el condestable, encargado de las cuadras y de los palafreneros, pueden, en todo momento, ser llamados para intervenir en el manejo de los asuntos del Estado.

Su papel aumenta en importancia, poco a poco:   el  condestable  va  a convertirse  en jefe del ejército; el mayordomo, en ministro del rey: el «mayordomo de palacio». Alrededor del rey giran sus «compañeros», señores francos, que se sientan a su mesa, le siguen al combate y constituyen los miembros de su guardia privada o «trustis».

Frecuentemente, reciben misiones importantes e, incluso, realizan servicios regulares. En las provincias, son ellos los condes encargados de los poderes administrativos y militares. Viven de su cargo, principalmente de una parte del producto de los impuestos y las multas, y de sus dominios. El derecho sálico está muy poco influido por el derecho romano.

Para cualquier atrocidad que pueda cometer un franco—la lista de las fechorías posibles es una prueba, por sí misma, de la rudeza de las costumbres: lisiar, degollar, cortar las dos manos y los dos píes, arrojar en el fondo de un pozo, traspasar con flechas envenenadas—, no está previsto otro castigo que una multa v una «composición» destinada a impedir el derecho de venganza de la víctima o de su familia. El inculpado puede someterse a la prueba judicial: sumerge la mano en una cuba de agua hirviendo y debe retirarla sin ninguna quemadura profunda; el procedimiento romano está completamente olvidado.

CLODOVEO: En el año 481, los francos proclamaron rey al jefe de los sicambrios un joven de quince años llamado Clodoveo. Él nuevo monarca que era nieto de Meroveo, poseía grandes dotes de caudillo. Inteligente, ambicioso y sin escrúpulos, se propuso la conquista de la Galia, para lo cual se dio a la tarea de unificar las tribus antes de lanzarlas a la lucha.

En el año 486 venció al general romano Siagrio, cerca de Soisson, ciudad que hizo su capital. Tiempo después se casó con Clotilde, princesa católica que le Instó a la conversión, sin poder lograrlo de inmediato. Sin embargo, cuando Clodoveo estuvo a punto de ser derrotado por los atamanes en la batalla de Tolbiac (496), pidió ayuda al Dios de su esposa y le prometió convertirse si salía victorioso. Así sucedió, y abrazó el catolicismo y fue bautizado en la Navidad de ese mismo año.

Al convertirse, Clodoveo logró el poderoso apoyo de la Iglesia, lo que le permitió proseguir con su ayuda la conquista de la Galia. Al mismo tiempo había logrado la unidad religiosa puesto que todos los francos abandonaron el paganismo y fueron bautizados. La fusión entre galos y germanos favoreció la unidad política, todo lo cual aumentó el prestigio de Clodoveo convertido en el monarca más poderoso de la Europa Occidental.

En el año 500 sometió a los burgundios en la batalla de Dijon, después luchó con los visigodos arríanos establecidos en el sur de la Galia (Aqultania) y los derrotó en Vouillé. La Galia comenzó a llamarse Francia, que significa: país de los francos.

Clodoveo murió en 511 y sus cuatro hijos dividieron el reino en otros tantos estados. Esto originó frecuentes guerras civiles que perjudicaror la unidad política, debilitando el poder de ia dinastía merovingia.

LAS CONQUISTAS DE CLODOVEO Y SU CONVERSIÓN: Al día siguiente de su advenimiento (481), Clodoveo, nieto de Meroveo, no vaciló en reanudar la marcha de su pueblo hacia el sur, siguiendo en esto el ejemplo de su padre Childerico. Un último enclave romano obstaculizaba su avance, el que gobernaba el funcionario romano Siagrio de manera completamente autónoma: en el año 486, ayudado por sus parientes, que mandaban otras tribus de francos salios, Clodoveo venció a Siagrio en Soissons.

Tenía veinte años, y su victoria le llenó de prestigio. Necesitó diez años más para apoderarse, ciudad por ciudad, de los territorios de Siagrio, limitados por el Somme, el Mosa y el Loira. Pero, entre tanto, impuso su autoridad al conjunto de los francos salios—a los que habían fortalecido nuevas inmigraciones sobre los territorios abandonados—, y a todas las tribus de francos ripuarios que habían avanzado hasta Metz.

Cuando, poco después, somete a los alamanes, cuyo rey muere en el curso de la batalla, reina hasta el Rhin (496). Hacia el año 493, Clodoveo había contraído matrimonio con una princesa borgoñona, Clotilde, «prudente y bella». Católica, había decidido convertirlo a su fe. Clodoveo se había sustraído a su influencia, a pesarde sus ruegos, hasta el día en que vio replegarse a sus tropas en el transcurso de una batalla contta los alamanes. Entonces formuló el voto de convertirse si el Dios de los cristianos le daba la victoria. Después del éxito, dudó todavía, pero las entrevistas que tuvo con Remigio, obispo de Reims, disiparon sus últimas vacilaciones.

Hacia el año 500, fue bautizado por el mismo Remigio: «Inclina dulcemente la cabeza, Sicambro; adora lo que has quemado; quema lo que has adorado». Tres mil hombres de su ejército fueron bautizados con él. Esta fue la suerte de Clodoveo: su bautismo provoca una explosión de alegría en toda la Galia, sometida desde hace medio siglo a príncipes germánicos arria-nos o paganos. La masa de los fieles galo-romanos, con el episcopado a la cabeza, va a inclinarse ante el rey franco y a facilitar su permanencia en el poder. En un momento en que el episcopado es la única fuerza social del país, asienta por anticipado su autoridad.

Desde entonces, su ambición se fija en los reinos visigodo y burgundio. En el reino visigodo, las violencias y las persecuciones de Eurico han revuelto a la población y al clero católico contra su débil sucesor Alarico II: estallan sublevaciones por todas partes y Clodoveo decide intervenir. La lucha es difícil: en el curso de varias campañas, las ciudades de Tours, Saintes y Burdeos son sucesivamente tomadas y perdidas. Pero en Vouillé, cerca de Poitiers, tiene lugar  la batalla decisiva (507): Alarico II muere y su ejército es derrotado. En pocas semanas, Clodoveo toma posesión del reino hasta los Pirineos. Solamente se libran el Bajo Languedoc y Provenza, porque los ostrogodos se han apoderado de ellos. La conquista del reino burgundio es mucho más larga y penosa. Finalmente, Clodoveo tiene que hacer la paz con el rey Gundebaldo.

LOS SUCESORES DE CLODOVEO
A la muerte de Clodoveo (511), enterrado como un gran protector de la Iglesia, sus cuatro hijos, Thierry, Clodomiro, Childeberto y Clotario, se repartieron el reino según la costumbre germánica. Pero prosiguen la expansión en común: los bur-gundios resistieron tercamente, pero acabaron siendo anexionados (537), porque los ostrogodos de Italia ayudaron a los francos.

En Germania, Turingia fue conquistada, y los merovingios, aprovechándose de la decadencia de los ostrogodos, hicieron, incluso, algaradas en Italia y se atrevieron a desafiar a Constantinopla. Por otra parte, las rivalidades no habían dejado de enfrentar a los reyes: a la muerte de Clodomiro, sus hermanos degollaron a sus hijos para heredarlo. Cbildeberto y Clotario se enfrentaron en luchas feroces.

En el año 538, Clotario, el único superviviente, reconstruye la unidad del reino. Pero las guerras y los repartos habían dejado sus huellas. Se determinaban cuatro regiones: Borgoña, antigua Burgundia; Aquitania y Provenza, fíeles a las tradiciones romanas; Neustria (París y el Norte) y Austrasia, al este, inclinada hacia Germania. La fusión con los galo-romanos había sido rápida; la Iglesia, siempre colmada de presentes, sostenía a los merovingios, a pesar de sus crímenes familiares.

A la muerte de Clotario (561), se efectuó el segundo reparto entre sus cuatro hijos, seguido de matanzas y de guerras civiles. Sigiberto, rey de Austrasia, se había casado con Brunequilda, hija del rey visigodo. Celoso de esta unión prestigiosa, su hermano Chilperico contrajo matrimonio con la hermana menor, Galswinta.

Pero la amante repudiada, Fredegunda, mandó estrangular a la joven reina. Sigiberto quiso vengar a su cuñada; la terrible Fredegunda, que se casó con Chilperico después del asesinato, envió a dos esclavos para que apuñalaran a Sigiberto. Brunequilda cae en manos de Chilperico; el hijo de éste, Meroveo, seducido por la joven cautiva, se casa con ella. Furioso, Chilperico le acosa y Meroveo se suicida, Brunequilda tiene la suerte de ser protegida por el rey de Borgoña, Gontrán.

Cuando Chilperico muere en el año 584, Fredegunda quiere asegurar la supremacía de su hijo Clotario II y combate a Brunequilda hasta que exhala el último aliento. Su hijo se encargará de la venganza: la vieja Brumequilda, a la edad  de ochenta años, es abandonada por la nobleza y entregada a Gotario II. Este la somete a tortura, luego la atan a la cola de un caballo, y es arrastrada por el suelo hasta que muere. Clotarío II queda como único vencedor, colmando las ambiciones de Fredegunda, su madre (613).

Fuente Consultada:
HISTORAMA La Gran Aventura del Hombre Tomo II Edit. CODEX
HISTORIA I José Cosmelli Ibañez Editorial Troquel

Vida de los Señores Feudales Comida, Caza, Religión y Fiestas

VIDA DE LA NOBLEZA EN LA EDAD MEDIA

La vida de la nobleza feudal no era tan idílica como se la describe con frecuencia en las novelas románticas. Aunque, indudablemente, no le faltaba la agitación, era muy fatigosa y la muerte cobraba su tributo a edad temprana. Tras un estudio cuidadoso de los esqueletos medievales, un científico moderno ha calculado que en los tiempos feudales el porcentaje de mortalidad alcanzaba su nivel más alto a la edad de cuarenta y dos años, en tanto que al presente lo alcanza alrededor de los sesenta y dos. Además, las condiciones de vida eran relativamente pobres hasta para los nobles más ricos.

vida de los señores feudales en la edad media

Casi hasta fines del siglo XI el castillo feudal no era sino una fortaleza tosca de madera. Y los grandes castillos de piedra posteriores estaban lejos de ser modelos de comodidad. Las habitaciones eran oscuras y húmedas y las paredes de piedra sin revestimiento resultaban frías y tristes. Hasta que se reanudó el comercio con el Oriente, cuya consecuencia fue la importación de tapices y alfombras, los pisos estaban generalmente cubiertos con juncos o paja, que se renovaban cuando los anteriores eran ya insoportables a causa de la inmundicia dejada por los perros de caza.

La comida del noble y su familia, si bien abundante y sustanciosa, no era muy variada ni apetitosa. Sus componentes principales eran la carne, el pescado, el queso, las coles, los nabos, las zanahorias, las cebollas, los porotos y las arvejas. Las únicas frutas que se podían obtener en abundancia, eran las manzanas y las peras. No se conocían el café y el té, como tampoco las especies hasta que se intensificó el comercio con el Oriente. También se importaba azúcar, pero durante mucho tiempo siguió siendo rara y costosa y hasta se vendía como droga.

Aunque los nobles no trabajaban para ganarse la vida, no pasaban el tiempo en la ociosidad. Los convencionalismos de su sociedad les exigían gran actividad bélica, aventurera y deportiva. No sólo luchaban con pretextos baladíes para apoderarse de los feudos vecinos, sino también por puro amor a la lucha como aventura excitante. Eran tan frecuentes los actos de violencia, que la Iglesia tuvo que intervenir con la Paz de Dios en el siglo X y luego con la Tregua de Dios en el siglo XI.

Mediante la Paz de Dios la Iglesia pronunciaba anatemas solemnes contra quienes realizaban actos de violencia en los lugares destinados al culto, robaban a los pobres o agraviaban a los sacerdotes. Más tarde se extendió esta protección a los comerciantes. La Tregua de Dios prohibía toda clase de lucha desde “la víspera del miércoles hasta el amanecer del lunes” y también desde la Navidad hasta la Epifanía (6 de enero) y durante la mayor parte de la primavera, fines del verano y comienzos del otoño. El propósito de esta última regulación era, evidentemente, proteger a los labradores durante las estaciones de la siembra y la cosecha. La pena que se imponía al noble que violaba esa tregua,  era la excomunión.

Hasta muy entrada la Edad Media, los modales de la aristocracia feudal eran todos menos refinados y suaves. La glotonería constituía un vicio común y las cantidades de vino y cerveza que se consumían en los castillos medievales durante las fiestas causarían vértigo a un bebedor moderno. En las comidas cada cual cortaba la carne con su propio cuchillo y la comía con los dedos. Los huesos y las sobras eran arrojados al suelo, donde se los disputaban los perros siempre presentes. A las mujeres se las trataba con indiferencia y a veces con desprecio y brutalidad, pues aquél era un mundo masculino.

En los siglos XII y XIII, sin embargo, se suavizaron y mejoraron considerablemente los modales de las clases aristocráticas gracias a la aparición de la llamada caballería andante. La caballería era el código social y moral del feudalismo, la encarnación de sus ideales más altos y la expresión de sus virtudes. Los orígenes de este código eran principalmente germanos y cristianos, pero en su desarrollo también desempeñó algún papel la influencia sarracena. El caballero ideal debía ser, no sólo valiente y leal, sino también generoso verídico, respetuoso, bueno con los pobres y desvalidos y desdeñoso de las ventajas injustas y las ganancias sórdidas.

El ideal caballeresco hacía del amor a las mujeres un verdadero culto, con un   ceremonial   complicado   que   el noble debía observar escrupulosamente. Por ello, las mujeres alcanzaron en la última Edad Media una posición social mucho más elevada que en el período anterior. La caballería imponía también a sus miembros la obligación de luchar en defensa de causas nobles. Era su deber especial actuar como campeón de la Iglesia y defender sus intereses con la espada y la lanza.

McNali Burns, Edward. Civilizaciones de Occidente. Buenos Aires, 1968.

Fuente Consultada:
HISTORIA 1  José Cosmelli Ibañez Editorial Troquel

Emperatriz Teodora y Justiniano Obra Política y Jurídica

CUALIDADES DE TEODORA Y JUSTINIANO
Campañas Militares , Organización y Codificación de Leyes

Teodora ejerció una notable influencia en el gobierno y no exclusivamente a través de su acusada política de validos, a la que pertenece la caída de Juan de Capadocia, resultado de una sórdida intriga. La emperatriz demostró poseer destacadas cualidades políticas, a pesar de su odio hacia la aristocracia imperial (una reacción inconsciente, producto de las vivencias de la primera época de su vida). No sólo poseía ambición y talento políticos, sino también una gran agudeza.

Aportaba además, en los momentos decisivos, la firmeza que le faltaba al emperador. De esta manera, se convirtió en muchos casos en el principal apoyo del soberano, que prestaba gran atención a sus consejos. “Ninguno de ellos me produjo nunca a mí ni a la mayoría la impresión de seres humanos, sino de criminales demonios. Se consultaban entre sí cómo poder destruir de la manera más fácil y rápida a los hombres y a sus obras; después tomaban figura humana y visitaban como demonios la totalidad del mundo habitado”.

teodora y justiniano

El emperador Justiniano y la emperatrz Teodora. Mosaico de la basílica de Ravena. — Fueron muchas, y admirables las obras llevadas a felicísimo término por César Flavius Justinianus, “Víctor ac Triumphator semper Augustus”, nacido —482— en Tauresium (Macedonia), de familia humildísima. Entre ellas: la codificación de las más admirables leyes conocidas, inspiradoras, durante siglos, de la más adelantada legislación europea; la erección de las basílicas deRávenay Constantinopla; la relativa pacificación de su turbulento Imperio; la unificación y reorganización de todas las estructuras religiosas, políticas y culturales del mundo romano. Y cuantos objetivos no lograron conquistar con la espada sus generales, los conquistó él con su talento.

En el romanticismo tremendista de Procopio se refleja, sin duda, la estrecha colaboración de los dos soberanos. Con todo, la inclinación claramente monofisita de la emperatriz, que con los años se había vuelto más religiosa, llevó a la política eclesiástica a una situación frecuentemente fluctuante y equívoca, de graves consecuencias —aunque Teodora viese, tal vez mejor que el mismo emperador, el peligro de un creciente alejamiento de las provincias orientales.

“El emperador Justiniano se hizo cargo de un Estado sacudido por graves desórdenes. No sólo lo engrandeció, sino que lo hizo aún más importante en todos los aspectos. Era un soberano que poseía la cualidad de reformar completamente un Estado” —he aquí un juicio no deformado de Procopio sobre el emperador. La obra política de la época es, de hecho, impensable sin la personalidad de Justiniano, capaz de hacer converger hacia un mismo fin las circunstancias propicias y las cualidades de sus colaboradores.

Justiniano era, como Justino, un simple hijo de labradores macedonios, pero, desde el principio, gracias a su tío el emperador, obtuvo una excelente y brillante formación, que le permitió dominar desde muy joven —favorecido, por sus dotes naturales— el saber teológico y mundano de la época, así como las sutilezas del arte político y la diplomacia.

Tuvo graves consecuencias el hecho de que su formación y procedencia fuesen romano-latinas y griegas. Sus cualidades intelectuales y una capacidad de trabajo inagotable contribuyeron en gran parte a su éxito. Poseía un conocimiento magistral de los complejos asuntos del imperio y tenía también la obsesión de intervenir hasta en los más mínimos detalles, ya fueran los proyectos de las expediciones militares, los planes arquitectónicos de las fortificaciones africanas, el programa de los juegos festivos o la elaboración de los preceptos del ayuno.

La ascética dedicación a que se entregaba día y noche, en incesante actividad, fue admirada por sus contemporáneos con una mezcla de respeto y temor: “No tenía, por así decirlo, ninguna necesidad de dormir, comer y beber. Apenas gustaba los manjares con la punta de la lengua y con esto le bastaba, pues tales cosas se le antojaban una necesidad accesoria de la naturaleza. Muchas veces pasó dos días y dos noches sin probar alimento alguno, especialmente en el tiempo que precede a la Pascua (…). En ocasiones, dormía sólo una hora y el resto de la noche lo pasaba dando vueltas constantemente”.

Encerrado en su palacio, como Felipe II, separado del mundo y de sus súbditos por una rigurosa etiqueta oriental y todo un ejército de dignatarios palatinos, cuidaba constantemente de los problemas del Imperio. Se esforzó —por lo que le acusaba Procopio de buscar novedades y de destruir el orden existente— en mejorar la situación social y jurídica de sus subditos y en crear una administración justa e insobornable.

Pero, cuando aparecía en público, aun siendo en el fondo un hombre amable, de mediana estatura y precozmente calvo, la majestuosidad de un ceremonial grandioso le elevaba ante sus subditos a símbolo inaccesible del poder absoluto.

Más decisiva aún que la capacidad de trabajo y que la preocupación social era la energía sin ejemplo de una voluntad dominadora, que hizo de Justiniano el mayor autócrata del trono bizantino. Una de las grandes ideas que le dominaban con la fuerza de una pasión, fue la del limitado  poder  del  emperador   como representante de Dios sobre la Tierra,  ante  quien han de doblegarse tanto la Iglesia como el Estado   De hecho, logró implantar en el Estado y también en parte en la Iglesia este te exagerado concepto de la plenitud del poder imperial.

Maier, Franz Georg.
Las transformaciones del mundo mediterráneo.
México, 1973.

Campañas militares
Justiniano luchó contra:
a)   Los Persas. Antes de lanzar sus legiones sobre el mundo occidental, trató de asegurar las fronteras del Imperio Bizantino. A tal efecto, luchó contra los persas que atacaban desde la Mesopotanaia, y como éstos resistieron eficazmente prefirió comprarles la paz, mediante el pago de un fuerte tributo anual.

b)   Los Vándalos. La primera operación destinada a recuperar el Imperio de Occidente la dirigió contra los vándalos, establecidos en el norte de África. En una breve campaña, Belisario logró someterlos y rescató Cerdeña, Córcega y las Baleares (533).

c)   Los Ostrogodos. De inmediato se dirigió a Italia para luchar contra los ostrogodos, quienes, durante varios años ofrecieron una obstinada resistencia. Cerca ya de la victoria, Justiniano destituyó a Belisario. Entonces, los ostrogodos volvieron a reaccionar y fueron necesarios los esfuerzos de Narsés para poner término a la lucha que se había prolongado durante veinte años. Italia se transformó en un virreinato o exarcado cuya capital fue la ciudad de Rávena (553).

d) Los Búlgaros. Entretanto, los bárbaros amenazaban las fronteras del norte, en el año 559, los búlgaros atravesaron el Danubio, y se encontraban cerca de Constantinopla, cuando las tropas bizantinas salieron a su 3ncuentro y lograron derrotarlos.

Los éxitos militares que Justiniano obtuvo en Occidente, volvieron a transformar el mar Mediterráneo en un lago romano. Pero fue por poco tiempo, pues a su muerte (565) todo volvió a derrumbarse.

El ordenamiento jurídico
Lo más perdurable del gobierno de Justiniano fue su obra legislativa. A fin de reorganizar el derecho romano, mandó revisar las antiguas leyes para efectuar su ordenamiento y eliminar las contradicciones que entorpecían la labor de la justicia.

Hasta ese momento estaban en vigor los escritos de los jurisconsultos clásicos, y las viejas constituciones imperiales. El advenimiento del cristianismo había modificado las costumbres y por lo tanto su influencia se hacía sentir en la aplicación de los fallos. Era necesario actualizar la legislación para eliminar la oscuridad y agilizar la justicia.

A tal fin, encomendó dicha tarea a Triboniano, prestigioso jurisconsulto, quien seleccionó diez eminentes profesores con los que se dio a la abrumadora tarea de revisar y ordenar las leyes romanas. En el año 529 fueron publicadas en doce libros, llamándose Código de Justiniano (Codex Justinianus).

Al año siguiente, Triboniano presidió otra comisión que se encargó de estudiar los trabajos de los grandes jurisconsultos romanos de los siglos II y III. Esta obra fue publicada en 533 con el nombre de Digesto”1 o Pandectas.7 Al mismo tiempo redactó un manual para estudiantes que se llamó Instituías. Contenía los principios elementales del derecho y los aspectos sobresalientes de la legislación imperial. Las leyes, dictadas con posterioridad a esta recopilación fueron agrupadas con el nombre de Novelas (leyes nuevas).

La codificación ordenada por Justiniano permitió la resurrección del derecho romano, el que, si bien resultó en parte mutilado, recibió las beneficiosas influencias del cristianismo y logró subsistir hasta nuestros días.

La organización del imperio
La autoridad absoluta y el centro de la organización política y administrativa fue el emperador. En principio, el cargo era electivo, pero en la práctica acostumbraron a elegir personalmente a su sucesor. Sin embargo, fueron escasas las veces que el poder se transmitió por herencia, debido a los motines y luchas intestinas que elevaron en el trono a simples aventureros o usurpadores.

El emperador, llamado basileus (rey) era al mismo tiempo el jefe de la Iglesia. Por eso, su autoridad era casi divina, y se pretendía revestir a su persona con un carácter sagrado. Al nacer el heredero, era costumbre tonsurarlo, del mismo modo como si fuera ordenado sacerdote.
Para su mejor organización administrativa, el Imperio fue dividido en provincias llamadas temas, a cuyo frente estaban los estrategos, especie de gobernadores políticos y militares. Estos gozaban de gran autonomía, y en más de una oportunidad utilizaron sus tropas mercenarias para organizar revueltas y apoderarse del trono.

El pueblo demostraba gran afición por los juegos del circo y del hipódromo. Los espectadores estaban divididos en dos grupos: los verdes y los azules, colores que no sólo distinguían los bandos deportivos, sino que eran, además, expresiones de sectarismo político y religioso.

Ejército y marina
Las constantes amenazas de los pueblos enemigos obligaron a mantener un ejército bien equipado.  La infantería estaba formada por regimientos de hasta 4.000 hombres, subdivididos en batallones. Estaban armados con arcos y picas. Calzaban botas y cubrían el cuerpo con túnicas, .cotas de malla y cascos puntiagudos. Además se protegían con grandes escudos. Los jinetes iban provistos con largas lanzas y espadas. Había tropas regulares y mercenarias. Estas últimas estaban integradas por bárbaros y aventureros, poseedores de gran espíritu combativo, pero carecían de disciplina militar.

La marina adquirió gran desarrollo entre los siglos IX y X. Las naves poseían arietes y estaban armadas con el famoso fuego griego, compuesto por sustancias resinosas, azufre, petróleo y salitre. Se arrojaba por medio de catapultas y originaba incendios, que no podían ser apagados con el agua.

APOGEO Y DECADENCIA DEL IMPERIO
A la muerte de Justiniano (565) el Imperio Romano de Oriente inicia un período de altibajos, con épocas de apogeo y de decadencia Sus sucesores1 no pudieron detener la crisis, complicada con calamidades naturales (terremotos, epidemias) y lá amenaza de nuevas invasiones bárbaras, semejantes a las que un siglo atrás había padecido el Imperio Romano de Occidente. Italia cayó en manos de los lombardos, en tanto que las provincias orientales del Imperio (Mesopotamia, Siria y el Asia Menor) quedaban en poder de los persas, aliados con los avaros.

PARA SABER MAS…
Obra Jurídica de Justiniano:

La obra más importante, y duradera, de Justiniano fue la reforma del mundo libre bajo la protección de unas admirables Leyes, cuya proyección no dejó sin amparo ninguna de las actividades — derechos y obligaciones — del hombre. Estas Leyes quedaron agrupadas en cuatro grandes obras: el Código de Justiniano, que contenía las Leyes promulgadas desde el reinado del emperador Adriano; las Novelas, leyes posteriores al año 533; el Digesto, resumen de la legislación romana más perfecta (a esta compilación también se le dio el nombre de Pandectas); y las Instituciones, manual para uso de los estudiantes de Derecho. Estas cuatro grandes compilaciones formarían más tarde el famoso Corpus Iuris Civilis, base para cualquier reforma o creación legislativa, y de vigencia durante siglos en la Europa Occidental.

A la cabeza de las Instituciones, el gran Justiniano escribió un discurso que resume no sólo sus nobilísimos afanes políticos, éticos, religiosos, jurídicos y bélicos, sino también se convierte en el más noble y eficiente programa de un gobernante. De este discurso tomamos el siguiente párrafo: «No siempre conviene a la majestad del Emperador alcanzar con las armas cuanto le interesa: que son los honores, sino que también debe intentarlo con las leyes, de modo que, en paz o en guerra, pueda gobernar rectamente.

Lo cual, con harta prudencia, con mucho trabajo y, sobre todo, con la ayuda de Dios Altísimo, hemos logrado realizar. Las naciones bárbaras sometidas a nuestro yugo delatan a las claras cuáles han sido los triunfos de nuestras expediciones de guerra. Y los pueblos todos son gobernados por leyes compuestas y promulgadas por Nos. Hemos dado notable uniformidad a las justas constituciones que ya eran un inmenso caos. Hemos revisado con atención los incontables volúmenes de la antigua jurisprudencia; y esta empresa que superaba la más lisonjera esperanza y nos convertía en navegantes por hondísimo y oscuro mar, la hemos llevado, por fin, a felicísimo término.

Y una vez hecho todo ello con la asistencia Divina, llamamos junto a Nos a Triboniano, maestro de nuestro Sacro Palacio, y a Teófilo y Doroteo — de los cuales tenemos muchas pruebas de su ciencia jurídica y de su lealtad a nuestros deseos —, convocados en conjunto, y a quienes les encomendamos e impusimos nuestra autoridad, para que compusieran estas Instituciones, a fin de que cada cual pueda conocer los principios de las Leyes que les obligan, no en las antiguas Tablas, sino en todo el esplendor Imperial.»

Fecha memorable la del 13 de febrero del 528, pues en ella se inició la redacción de un nuevo Codex constitutionum, encargada a una comisión de diez miembros, de la que formaban parte el magister officiorum de palacio, Triboniano, y el profesor de la Universidad de Constantinopla Teófilo. Este codex se publicó poco tiempo después: el 7 de abril del 529, mediante la Constitutio Summa rei republicae, con fuerza de obligar desde el día 16 del mismo mes. Pero este Código, compilador de leyes imperiales, no era sino la parte primera de un muy vasto plan. La segunda, más complicada y difícil, fue puesta en marcha por la constitución Deo auctore, de 15 de diciembre del 530. En ella se ordenaba que Triboniano, nombrado ya quaestor sacri palatii (ministro de Justicia), formase una comisión de profesores y abogados en número de diecisiete; esta comisión quedaba obligada a formar una compilación de fragmentos sacados de los más importantes escritos doctrinales de los juristas, que formase la segunda parte de un futuro Código total.

A esta compilación se le dio el nombre de Digestosive Pandectae. Y no debía contener sino los escritos de los más célebres jurisconsultos, incluidos Ulpiano, Paulo, Marciano y Papiniano. Los fragmentos seleccionados habían de ser incluidos en cincuenta libros, divididos a su vez en títulos tomando como modelo el Código y el Edicto Pretorio. A la comisión debían ayudarla muchos «y sabios maestros» encargados de abreviar, completar y rectificar los textos, para evitar que hubiese repeticiones y algo mucho más grave: contradicciones. Esta compilación sería la única que pudiera ser invocada en juicio cuando los abogados quisieran asesorarse de «la sabiduría de los antiguos maestros».

Terminado el admirable trabajo de la comisión, la compilación fue promulgada el 16 de diciembre del 533 por la Constitución Tanta, con obligatoriedad a partir del día 30 del mismo mes. Y dispuso Justiniano que tanto la Constitución como la Compilación fueran comunicadas a los restantes profesores de Constantinopla y de Berito, para que inmediatamente sirviesen de base a la enseñanza.

Fuente Consultada:
HISTORIA 1 José Cosmelli Ibañez Editorial Troquel
Enciclopedia Temática Famliar Grandes Figuras de la Humaniddad -Justiniano- Ediciones Cadyc

Primeros Conocimientos en Europa de Oriente o China

Luego de un largo y penoso viaje hacia oriente y despúes de haber sufrido los horrores del desierto, los Polo llegaron, al fin, a la primera ciudad china de su viaje: Su Cheu. Los venecianos permanecieron luego un año en Ku Chué, realizando excursiones por el centro de Asia, a Erzina y Karakorum. El viaje siguió, por último, hacia el este, y el Gran Khan les envió una escolta de honor. Kublai los recibió en persona, en su residencia de Shang Tu, al nordeste de Pekín (1275).

Los hermanos Polo dejan Venecia llevando consigo a Marco—Miniatura del «Libro de las Maravillas»—París, Biblioteca Nacional.

Marco Polo, que durante el viaje había aprendido las lenguas habladas en el Imperio mongol, supo impresionar, seria y favorablemente, al emperador, que hizo de él su amigo y su auxiliar, empleándole en calidad de administrador y diplomático, mientras su padre y su tío trataban de múltiples asuntos comerciales. Así comenzó una estancia que debía prolongarse hasta 1292.

Kublai Khan

Marco Polo, como administrador de Kublai y rodeado del respeto que le valía la amistad del Gran Khan, recorrió China en dos itinerarios. Gracias a los relatos que Marco Polo hizo en «El Libro de las Maravillas», por primera vez Europa poseía una descripción  sintética de  las  regiones de Oriente.

Pese a los errores de apreciación que llenan su relato, la narración de las aventuras vividas por el veneciano, la descripción de lugares y gentes que visitó y encontró, renovaron los puntos de vista humanos y científicos que Europa poseía de Oriente; así, Occidente escuchaba por vez primera el nombre de Cipango (Japón).

Marco Polo llega a Oriente

Marco Polo (15 de septiembre de 1254 – 8 de enero de 1324) fue un mercader y explorador veneciano que, junto con su padre y su tío, estuvo entre los primeros occidentales que viajaron por la ruta de la seda a China. Se dice que introdujo la pólvora en Europa, aunque la primera vez que se utilizó en Occidente acaeció en la batalla de Niebla (Huelva) en 1262.

El Imperio mongol de China, que visitó Marco Polo, estaba entonces en su apogeo y no pudo menos que maravillar al joven italiano, que fue sorprendido por la inmensidad del país y la diferencia que ofrecían las provincias del norte y las del sur con sus grandes ciudades superpobladas.

Como buen mercader veneciano y buen administrador, Marco Polo fue atraído, sobre todo por lo que representaba la economía le China; se extrañó de la sucesión de pueblos y el número de ciudades importante. Pekín tenía seis millas de lado, no corr prendidos sus 12 arrabales, y su población desafiaba toda evaluación: Nankín, Shinng Kiong Fu y Hang-Cheu, con sus millones de habitantes, así como más de dos mi grandes ciudades, entre ellas los inertes Je Fu Cheu y de Hong Chué (Quinsay) «Venecia china».

La formación del Imperio mongol permitió el restablecimiento de las relaciones directas entre Europa y el Extremo Oriente. Pekín, la nueva capital mongola, atrajo de inmediato a los mercaderes de la India y del Golfo Pérsico, y en seguida a unos audaces venecianos, los Polo. Pekín, antigua ciudad de los Kin y ciudad mongola—Miniatura del «Libro de las Maravillas»—París, Biblioteca Nacional.

Hong Chué era en efecto, una ciudad construida sobre una lagua y estaba recorrida por centenares de canales que pasaban, según Marco Polo, bajo 12.000 puentes. Las calles estabam adoquinadas con piedra y ladrillo, no servicio de guardias urbanos asegurara le orden día y noche. La ciudad recibía muchos extranjeros que se dedicaran al comercio y a la navegación. El puerto de Hang-Cheu contaba con casi 18.000 boques, entre los cuales, algunos, los graades correos del Mar de China, aforaban 500 toneladas y eran maniobrados por 20C a veces, 300 hombres de tripulación.

EL ORO, LA SEDA, EL CARBÓN
El Estado sacaba gran provecho de esta actividad comercial, porque sólo los derechos de aduana de la ciudad de Hang Cheu se elevaban anualmente a 14.700 sacos de oro y representaban la novena parte de los ingresos de toda la China del Sur.

La circulación de una moneda fiduciaria, fabricada con delgadas hojas de pasta de madera de morera, y, a veces, para billetes de gran valor, con seda, siempre garantizada con la firma y el sello de los oficiales de moneda, extrañó a Marco Polo, que vio la ventaja de este sistema para el Tesoro Imperial: «El Emperador puede hacer cada año tal cantidad de monedas, sin que le cueste nada, que iguale a todos los tesoros del mundo»… Parece, sin embargo, que Marco Polo no tenía conciencia del desastre a que podían conducir tales excesos.

En los campos, Marco Polo se interesó por todas las actividades agrícolas y anotó la riqueza de las explotaciones, las terrazas de cultivos que se escalonan sobre las pendientes más abruptas de las montañas y la abundancia de productos de la tierra.

El viajero veneciano nos enseña igualmente que Kublai Khan, recogiendo la tradición de los grandes emperadores chinos, hacía adquirir y almacenar el sobrante de las cosechas, que, en caso de penuria, era redistribuido a los hambrientos.

Marco Polo visitó igualmente sederías e hilaturas, pero lo que le extraño más aún fue el empleo que los chinos hacían del carbón: «Una especie de piedra negra que se extrae de los flancos de las montañas de Catay (China del Norte) y que quema como el carbón de madera, e incluso mejor que él, porque si se le enciende por la tarde, se le encuentra aún con juego a la mañana siguiente».

Pero ya el poderío de Kublai declinaba, y los favores de que rodeaba a la persona de Marco Polo despertaban celos contra el veneciano y sus dos parientes, los cuales aprovecharon una expedición destinada a acompañar a una princesa mongola, prometida en matrimonio, a la Corte de Per-sia, para embarcarse con ella (1292).

La escuadra siguió la ruta tradicional, llevando a los tres latinos al reino de Shampa, a Sumatra, a las islas Nicobar, a Ceilán, a Malabar, para alcanzar el puerto de Ormuz y llegar, por tierra, a Trebisonda, sobre el Mar Negro. Llegado a Venecia en 1295, Marco Polo debía caer en manos de los genoveses, al año siguiente. En el curso de sus dos años de cautiverio, pudo redactar su fabuloso viaje.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IV La Gran Aventura del Hombre

Fin del Imperio de Carlomagno El Tratado de Verdun Objetivos

EL TRATADO DE VERDÚN: FIN DEL IMPERIO DE CARLOMAGNO:

Lamentablemente, el maravilloso momento del “Renacimiento Carolingio” vivido en Europa s6lo duró lo que la vida de Carlomagno.

Al morir el gran emperador en el año 814 en su capital, Aquisgrán (Aix-la-Chapelle), le sucedió su hijo Ludovico Pío, príncipe bueno, pero excesivamente débil: con él comenzaron todas las calamidades. La extrema condescendencia del nuevo emperador le llevó a dividir en vida el Imperio entre sus hijos. Pero los príncipes desconformes, destronaron a su padre, desataron la guerra civil y el más espantoso desorden.

Para colmo, aprovechando la discordia reinante, los condes, marqueses y demás señores, comenzaron a discutir sus derechos con los monarcas, a negarles la sumisión y atribuirse mayores poderes hasta hacerse prácticamente independientes. Así dio comienzo la nueva caracteristica de la Europa posterior a Carlomagno: señores todopoderosos, y reyes absolutamente débiles.

Entre tanto,, y tras la muerte de LUDOVICO Pío, sus hijos se pusieron finalmente de acuerdo y en el año 843 firmaron un importantísimo pacto: el TRATADO DE VERDÚN..

Con este memorable acuerdo, el Imperio Carolingio quedó definitivamente dividido: Carlos, llamado “el Calvo”, se reservó Francia; Luis, la Germania, y Lotario, Italia y la corona Imperial, además de un corredor de tierras entre sus dos hermanos.

De esta manera, se liquidaba el Imperio que Carlomagno con tanto esfuerzo había formado, pero nacían dos nuevos Estados —FRANCIA y ALEMANIA— que con pocas variantes conservarían sus límites hasta nuestros días.

EL FINAL CAROLINGIO: Con el Tratado de Verdún comenzó, aunque con poca suerte, la historia de Francia y de Alemania: en ambos, se sucedieron en el trono varios reyes totalmente incapaces.

El primer rey de FRANCIA fue, como se ha visto, CARLOS EL CALVO, y tanto él como sus sucesores, CARLOS EL GORDO, CARLOS EL SIMPLE y LUIS EL INÚTIL fueron modelos de debilidad y apocamiento, frente alas pretensiones de la nobleza. Finalmente, a la muerte de este último monarca en 987, los señores eligieron rey al Conde de París, HugoCapeto. Así concluyó la rama carolingia francesa.

En ALEMANIA ocurrió lo mismo. Luis EL GERMÁNICO, su primer rey, y sus sucesores, ARNULFO y LUIS EL Niño, nada supieron hacer ante la creciente independencia de los señores. Estos, en 910 dieron la cotona a uno de entre ellos, Conrado de Franconia.

Así, el Imperio Carolingio se desmoronó como un castillo de naipes, a causa de la debilidad de sus reyes, y además, por las terribles calamidades que por ese entonces cayeron sobre Europa. En efectos dos feroces pueblos aniquilaron en poco tiempo, con sus tremendos asaltos , el  orden que el genio de CARLOMAGNO había creado. Entonces, Europa comenzó a vivir el periodo mas negro de su historia.

Galileo Galilei y la Inquisicion de la Iglesia Sociedades Secretas

GALILEI Y LAS SOCIEDADES SECRETAS

Galileo fue un abanderado de su tiempo, aunque no el único. Quizá el hecho de haber sido sometido a un juicio sumarisirno que le llevo a una posterior abjuración de sus teorías es lo que más ha trascendido al gran público. Pero el astrónomo de Pisa no estaba solo. A su alrededor y practicando la misma u otras disciplinas hubo muchos científicos que no siempre contaron con el beneplácito del poder establecido, que en aquel momento era la Iglesia.

Galileo Galilei

En la época de Galileo, investigar significaba depender de los ricos y poderosos mecenas, quienes a su vez se dejaban «guiar» u orientar por la Iglesia. Un mecenas, por importante que fuera, difícilmente podía apoyar a alguien cuyas teorías no cuadrasen con el canon establecido. Esto generó que algo que había permanecido larvado despertase. Algo que se mantendría durante largo tiempo.., la conspiración, o si se prefiere, la conjura para poder «respirar de forma diferente».

Pese al omnímodo dominio de la Iglesia había otras formas de pensamiento, otros sistemas de entender la vida y de comprender la magnitud de las cosas a metodología no siempre pasaba por seguir a pies juntillas lo que ordenaban los dogmas religiosos. Era preciso prescindir de ellos logicamente hacerlo en secreto. En la época existieron numerosos grupos que. amparándose en otras filosofías, en el esoterismo y por supuesto, en el ocultismo de lejanas religiones orientales, dieron cauces y dinero a las nuevas ideas. Las sociedades secretas apoyaron los avances científicos y la ciencia se hizo conspirativa.

Llegó un momento en que las sociedades secretas no sólo habían crecido en número, sino también en integrantes. Su objetivo era claro: enfrentarse al poder establecido, liberarse de aquéllos que siempre les habían dictaminado qué y cuándo debían pensar. En aquel tiempo, eso significaba oponerse a la Iglesia y a sus dogmas.

En muchos casos ya no era cuestión de defender una teoría científica, sino una forma de vida, de sociedad e incluso de política. Los conspiradores, o sea aquellos que no estaban conformes con el poder terrenal eclesiástico, debían unirse para actuar como una sola fuerza. Pero la verdad es que conspiraciones y formas de ejercer sus tramas hubo muchas. Por lo que cuando hablamos de sociedades secretas debemos tener en cuenta esa riqueza de matices.

Sea como fuera, las sociedades secretas llegaron a ejercer una altísima influencia. Consiguieron participar en episodios históricos tan relevantes como la Revolución Francesa, la Independencia de Estados Unidos y, ya más cerca de nosotros, en las guerras mundiales, por no hablar de otros hechos más contemporáneos. ¿Con qué fin? El autor de Ángeles y demonios nos ofrece en su obra algunas pistas al respecto, pero no debemos precipitarnos. Como toda buena trama, el complot precisa de los momentos apropiados y las circunstancias precisas para que dé el resultado esperado, aunque éste pueda tardar siglos en producirse.

LA SECRETA AVENTURA DE PENSAR LIBREMENTE:

A lo largo del siglo XVI se efectúa un cambio de formas y de filosofía en lo que a la ciencia se refiere. Nace una nueva ciencia más moderna, más experimental, y los investigadores comienzan a cuestionar las cosas que hasta ese momento parecían inamovibles. Lo de siempre ya no es totalmente válido; las normas establecidas comienzan a resquebrajarse.

Una nueva sociedad científica estaba viendo la luz y comenzaban a tambalearse los dogmas establecidos por los poderes de siempre, en especial por las jerarquías eclesiásticas. Ciertamente los investigadores tuvieron que mantener una exquisita discreción, a veces un secretismo absoluto, para poder llevar a cabo sus descubrimientos sin despertar las iras de la Iglesia. Hemos visto que Galileo fue sometido a penas de prisión y condenado a abjurar.

El médico y teólogo aragonés Miguel Servet, acusado de herejía por haber cuestionado el dogma de la Trinidad, fue condenado a morir en la hoguera; otros científicos y pensadores notables fueron perseguidos o murieron en extrañas circunstancias. El Vaticano y los «sabios» del sistema que recibían su protección y sus prebendas, estaban dispuestos a cualquier recurso para impedir que el afán de conocimiento acabara destruyendo su poderío. Pero los investigadores siguieron adelante, a menudo amparados en el secretismo, porque creían en la verdad expresada en este párrafo por el gran Galileo:

La ciencia está escrita en el más grande de los libros, abierto permanentemente ante nuestros ojos, el Universo, pero no puede ser comprendido a menos de aprender a entender su lenguaje y a conocer los caracteres con que está escrito. Está escrito en lenguaje matemático y los caracteres son triángulos, círculos y otras figuras geométricas, sin las que es humanamente imposible entender una sola palabra; sin ellas uno vaga desesperadamente por un oscuro laberinto.

Los científicos de la época de Galileo defendían que era preciso aprender a observar de nuevo los fenómenos y experimentos, con ideas nuevas. Claro que las cosas no siempre son tan sencillas, de ahí que la nueva ciencia debía hacerlo todo despacio y, por si ello no fuera suficiente, al margen de la ley establecida. Todos los investigadores y descubridores de aquel tiempo establecían sus especulaciones y teoremas en privado, en sus reuniones, pero no a través de la enseñanza oficial.

Ciertamente las universidades italianas del Renacimiento eran las mejores y las más agraciadas por los donativos proporcionados por sus ostentosos mecenas. Investigar y trabajar en otros lugares que no fueran Padua, Pisa, Bolonia o Pavia era arriesgarse a caer en el anonimato. Tan relevantes eran estas universidades, que la ciencia en aquella época hablaba o en italiano o en latín, las «lenguas puras» que marcaban las pautas de comunicación entre la sociedad científica. En sus claustros enseñaban los sabios de mayor renombre y, como contraprestación, se les ofrecía los mejores patrocinadores para sus investigaciones. Claro que no convenía recibir una subvención y correr el riesgo de que ésta fuera retirada porque el clero considerase que se había llegado más allá de lo que marcaban los dogmas.

Lo cierto es que no todas las universidades europeas reaccionaron favorablemente al cambio. Así la de Salamanca, que durante otros tiempos se había convertido en un punto de referencia en lo que a investigaciones anatómicas y astronómicas se refiere, durante ese periodo de cambio científico prefirió ser prudente. Su claustro no aceptó los nuevos postulados, refugiándose en las tradiciones clásicas que estaban aceptadas y amparadas por la Iglesia. Un caso similar se dio en La Sorbona, que no acepto las nuevas teorías científicas pues tenia que generasen problemas en la teología a la que estaba aferrada. Por el contrario la Universidad de Montpellier recibió con los brazos abiertos los aires de renovación.

firma de Galileo Galilei

Firma de Galileo Galilei en el acta del proceso en su contra. Se guardó en el Archivo Secreto del Vaticano.
El observatorio guardó sus instrumentos de observación.

Fuente Consultada: Mas Allá de Ángeles y Demonios de René Chandelle

Características de la Sociedad Feudal Pirámide Social Medieval

LA SOCIEDAD FEUDAL: A comienzos de la Edad Media, el mundo europeo se componía esencialmente de dos tipos de hombres: campesinos (labradores) y nobles (hombres de guerra). Los otros estratos sociales (comerciantes y artesanos), situados entre estos dos tipos, eran poco numerosos y de relativamente poca importancia.

Durante aproximadamente un milenio, hasta el 1100 d.C., la vida se ruralizó sin profundas alteraciones: los campesinos trabajaron cada familia en su lote. El labrador, ligado a la tierra desde la época de Diocleciano y Constantino, seguía el destino de ésta, sin desplazarse de una región a otra; estaba ligado social y económicamente al señor, a sus herederos o a los compradores de la tierra que trabajaba. Era la servidumbre de la gleba. No podía emigrar ni huir, ni podía, por lo tanto, ser clérigo (sacerdote o intelectual), ni comerciante. Parte de lo que producía el campesino se destinó al noble —el ‘”‘defensor”— a quien había sido confiado aquel feudo, y otra parte era entregada a la Iglesia.

Con la primera invasión de los bárbaros —nuevos señores—, y en especial a partir de la segunda (la de los normandos), sobre todo para la defensa, el señorío adquirió un acusado tinte militar: el antiguo propietario fue sustituido por el noble feudal.

El noble feudal, a su vez, había recibido estas tierras de otro señor —noble de mayor jerarquía— a cambio de su vasallaje. Este vasallaje se traducía siempre en un pago fijo: trigo, madera u otros productos, más el compromiso de presentarse delante del señor en caso de guerra con tantos hombres armados y luchar por y con él o defenderlo en toda otra ocasión.

sociedad feudal

Había campesinos libres y pequeños nobles con pocas tierras y grandes nobles con numerosos feudos que arrendaban a terceros, constituyendo una pirámide de vasallaje. En algunos territorios aparecen los reyes, elegidos —personalmente o como dinastía— entre los grandes nobles y por ellos también destronados muchas veces.

Es un mundo inmóvil. En la base de la pirámide, los campesinos ligados a la tierra, formando con ella una unidad productiva: el feudo. Sobre esa base, una sucesión de pequeños, medios y grandes vasallos, de los cuales salían los reyes.

Paralelamente a esa pirámide, se erguía la pirámide de la Iglesia, también propietaria de feudos, pero con características propias. Gracias al celibato clerical, sus tierras no se dividían entre herederos. En compensación, un hombre pobre, siempre que fuera libre podía ascender con mayor facilidad en la Iglesia que en el mundo laico. Aquella base económica facilitó la organización de la Iglesia como el único gran poder centralizado del período y le permitió desempeñar importantísimo papel.

Los reinos medievales no tenían ninguna semejanza con las naciones modernas. Un rey disponía de poder total sobre sus propios feudos (heredados, comprados o conquistados) y de un poder limitado sobre los de sus vasallos. Las fronteras de sus dominios iban variando de acuerdo con los casamientos, alianzas, traiciones y juramentos de vasallaje.

Cuando los reyes morían, los herederos repartían el territorio del reino en varias partes: eran propietarios de tierra con vasallos, no jefes de un país o nación. El universo feudal se presentaba, así, profundamente atomizado. Mas esa fragmentación llevaba, paradójicamente, a un cierto universalismo que dominó el pensamiento medieval. Si todo el mundo estaba organizado de esa misma forma, si en todos los lugares la Iglesia disponía de los mismos poderes, y si todos los hombres respetaban costumbres semejantes, entonces todos los lugares se equiparaban y todos los hombres que los habitaban podían ser medidos por los mismos patrones y valorados de la misma manera.

Los intelectuales —en su abrumadora mayoría eclesiásticos, si se exceptúa a la minoría judía, generalmente alfabeta— poseían una visión más cosmopolita y unitaria de la especie humana, de su destino y de sus deberes. En ese mundo, todos tenían su lugar designado, incluso antes de nacer. Como la nobleza era hereditaria, los recién nacidos ocupaban automáticamente el lugar del padre en la pirámide de la jerarquía feudal. La movilidad entre las categorías sociales era mínima. Pocos ennoblecían y sólo algunos campesinos entraban a formar parte del clero, aunque a veces llegaran a papas.

La sociedad feudal típica se dividía en estamentos hereditarios (estrato social específico con funciones propias), algo diferentes de la rigidez de las castas hindúes (se podía ennoblecer y desnoblecer), pero con menor flexibilidad que la sociedad de clases (división económica) de la Europa occidental moderna.

cuadro sociedad feudal

FORTUNAS BURGUESAS SOSTIENEN LAS CORONAS
Esa sociedad, tal como fue descripta, representa, sin embargo, un modelo ideal. Quiere decir que nunca existió de esta forma en estado puro. Durante toda esa época, siempre existió en lo alto de la pirámide nobiliaria la tendencia de los nobles más poderosos a unificar todo el sistema feudal bajo un único centro y en un solo Estado, de la misma forma que ocurriría en la Iglesia (las tentativas más audaces fueron efectuadas por Carlomagno y, posteriormente, por varios emperadores del Sacro Imperio, como Federico II).

Pero esa unificación jamás se dio porque ninguna categoría social dirigente estaba interesada en un “Estado paneuropeo”. Los únicos que se empeñaban en ello eran los candidatos a emperador y algunos juristas e intelectuales, pero, sin el apoyo de una clase social importante, los sueños de unidad imperial morían con los interesados.

Entretanto, precisamente cuando la Iglesia Católica, bajo Gregorio VII, parecía haber vencido definitivamente a los emperadores, que no querían ser sólo el “brazo armado” unificado de un soberano, juez o arbitro general religioso, Europa comienza a fragmentarse en naciones que se sustraen a su imperio. Algunos reyes consiguen lo que los candidatos a emperador no habían conseguido antes: poder para luchar contra los grandes nobles rivales y contra la Curia centralizadora. Y la fuente de ese poder es el dinero.

Fuente Consultada:
La Historia de la Humanidad H.W. Van Loon
Enciclopedia Encarta 2000
Historia Medieval Tomo II Editorial Kapelusz
Wikipedia
Historia Universal Tomo I Navarro-Gargari-Gonzalez-Lopez-PAstoriza
La Aventura del Hombre en la Historia Tomo I
Trabajo Enviado Por: Pedro J. Jacoby Para Planeta Sedna    (10-05-2012)

¿Que es la sociología?

Alimentacion, Dieta y Comidas en la Edad Media Viviendas

LA EDAD MEDIA: CASAS, COMIDA Y ALIMENTACIÓN

resumen de la edad media 

EL CLIMA Y LA VIDA EN LA EDAD MEDIA: Los hombres y mujeres de la Edad Media sufrían con dureza las consecuencias del medio físico. Los rigores del invierno eran muy difíciles de combatir para todas las clases sociales, utilizando tanto los nobles como los humildes el fuego para combatirlo.

Gracias a la leña o el carbón vegetal el frío podía ser evitado y surgieron incluso rudimentarios sistemas de calefacción, siendo la chimenea el más utilizado. El refugio más empleado durante los largos y fríos inviernos eran las casas, utilizando numerosas ropas de abrigo para atenuar los rigores meteorológicos. Las pieles eran el elemento característico del vestido medieval. Para combatir el calor sólo se podía recurrir a un baño y las gruesas paredes de las iglesias y los castillos.

Otro elemento que suponía una importante limitación era la luz. Por la noche las actividades se reducían muchísimo. Incluso las corporaciones laborales prohibían a sus miembros trabajar durante la noche. Entre los motivos de estas prohibiciones encontramos la posibilidad de provocar incendios o la imperfección en el trabajo debido a la escasa visibilidad.

Las horas nocturnas solían servir a la fiesta en castillos o universidades, fiestas que se extendían a toda la sociedad en fechas señaladas como el 24 de diciembre o la noche de difuntos. Sin embargo, uno de las situaciones en las que el hombre echaba en falta la luz era por motivo de las grandes catástrofes: pestes, incendios, inundaciones, sequías, etc.

Los incendios eran práctica habitual en el mundo medieval, propagados gracias a la utilización de madera en la fabricación de las viviendas. Un descuido daba lugar a una gran catástrofe utilizándose también el fuego como arma de guerra. Las condiciones sanitarias de la población favorecerán la difusión de las epidemias y pestes, especialmente gracias a las aglomeraciones de gentes que se producían en las ciudades donde las ratas propagaban los agentes transmisores.

vino y pan , edad media

El vino y el pan serán los elementos fundamentales en la dieta medieval. En aquellas zonas donde el vino no era muy empleado sería la cerveza la bebida más consumida. De esta manera podemos establecer una clara separación geográfica: en las zonas al norte de los Alpes e Inglaterra bebían más cerveza mientras que en las zonas mediterráneas se tomaba más vino. Aquellos alimentos que acompañaban al pan se denominaban “companagium”. Carne, hortalizas, pescado, legumbres, verduras y frutas también formaban parte de la dieta medieval dependiendo de las posibilidades económicas del consumidor.

Uno de los inconvenientes más importantes para que estos productos no estuvieran en una mesa eran las posibilidades de aprovisionamiento de cada comarca. Debemos considerar que los productos locales formaban la dieta base en el mundo rural mientras que en las ciudades apreciamos una mayor variación a medida que se desarrollan los mercados urbanos. La carne más empleada era el cerdo -posiblemente porqué el Islam prohíbe su consumo y no dejaba de ser una forma de manifestar las creencias católicas en países como España, al tiempo que se trata de un animal de gran aprovechamiento- aunque también encontramos vacas y ovejas.

La caza y las aves de corral suponían un importante aporte cárnico a la dieta. Las clases populares no consumían mucha carne, siendo su dieta más abundante en despojos como hígados, patas, orejas, tripas, tocino, etc. En los periodos de abstinencia la carne era sustituida por el pescado, tanto de mar como de agua dulce. Diversas especies de pescados formaban parte de la dieta, presentándose tanto fresco como salazón o ahumado. Dependiendo de la cercanía a las zonas de pesca la presentación del pescado variaba. Judías, lentejas, habas, nabos, guisantes, lechugas, coles, rábanos, ajos y calabazas constituían la mayor parte de los ingredientes vegetales de la dieta mientras que las frutas más consumidas serían manzanas, cerezas, fresas, peras y ciruelas. Los huevos también serían una importante aportación a la dieta. Las grasas vegetales servirían para freír en las zonas más septentrionales mientras que en el Mediterráneo serían los aceites vegetales más consumidos. Las especias procedentes de Oriente eran muy empleadas, evidentemente en función del poder económico del consumidor debido a su carestía. Azafrán, pimienta o canela aportaban un toque exótico a los platos y mostraban las fuertes diferencias sociales existentes en el Medievo.

Las carnes debidamente especiadas formaban parte casi íntegra de la dieta aristocrática mientras que losmuchos monjes no consumían carne, apostando por los vegetales. Buena parte del éxito que cosecharon las especias estaría en sus presuntas virtudes afrodisíacas. Como es lógico pensar los festines y banquetes de la nobleza traerían consigo todo tipo de enfermedades asociadas a los abusos culinarios: hipertensión, obesidad, gota, etc.

El pan sería la base alimenticia de las clases populares, pudiendo constituir el 70 % de la ración alimentaria del día. Bien es cierto que en numerosas ocasiones los campesinos no comían pan propiamente dicho sino un amasijo de cereales -especialmente mijo y avena- que eran cocidos en una olla con agua -o leche- y sal. El verdadero pan surgió cuando se utilizó un ingrediente alternativo de la levadura. Escudillas, cucharas y cuchillos serían el menaje utilizado en las mesas medievales en las que apenas aparecen platos, tenedores o manteles. La costumbre de lavarse las manos antes de sentarse a la mesa estaba muy extendida.

No se introducen productos nuevos, sino que alguno de ellos se hizo más popular y otros se integran masivamente como símbolo de estatus social o manifestación religiosa. Al final de la Edad Media se sigue manteniendo la división geográfica entre la cocina del norte donde predomina el uso de la grasa animal y la del sur, mediterránea, que emplea el aceite de oliva; pero también se puede distinguir una cocina aristocrática, en la que se produce una mayor variedad de productos, de técnicas de preparación y de complejidad de esta elaboración, con intervención de especias, protagonismo de asados de volatería y de guisos de pescado, todo con adornos y aderezos de salsas y sofritos, así como una notable intervención de la confitería.

La predilección por los sabores aportados por las especias se presenta de manera distinta en los países de Europa. En Francia es el jengibre la más usada, seguida de la canela, el azafrán, la pimienta y el clavo; en Alemania, se emplea sólo la pimienta y el azafrán y en menor medida el jengibre; los ingleses son los más particulares, pues prefieren la cubeba, el macís, la galanga y la flor de canela, mientras los italianos fueron los primeros en utilizar la nuez moscada.

Frente a esta cocina muy refinada, cara y con fuertes variedades regionales, encontramos una cocina popular, menos cambiante, más unida a las necesidades y a la producción del entorno, con predominio de guisados en olla, donde la carne debía cocer largo rato porque los animales eran viejos y, por tanto, más dura, se acompañaba de verduras y legumbres y se completaba con elevadas cantidades de plan.

Tanto en las regiones donde ya había una enorme tradición, como en otras, se generaliza la elaboración de morcillas con la sangre del cerdo, con piñones, pasas y azúcar, o las tortas de harina de mijo o de castañas también con la sangre del animal, pudiendo entenderlo como un intento de demostrar su raíz cristiana y alejar cualquier sospecha de judaísmo.

Los Hogares y La Alimentación: Según los datos arqueológicos las casas altomedievales eran muy simples, por regla general. Su tamaño era reducido y estaban construidas en madera, adobe y piedras, utilizando paja para el techo. Las cabañas de los campesinos solían medir entre 2 y 6 metros de largo por dos de ancho, horadando el piso para crear un ambiente más cálido. En su interior habitaban la familia y los animales, sirviendo estos de “calefacción”.

Las casas podían tener una cerca alrededor donde se ubicaría el huerto, uno de los espacios más queridos en la época. Allí se cultivaban las hortalizas, las legumbres y las pocas frutas que constituían parte de la alimentación de los campesinos El mobiliario de las casas era muy escaso. Algunas ollas de cerámica, platos y marmitas, una mesa y taburetes para comer a su alrededor ya que los germanos abandonaron la costumbre romana de comer acostados y apoyándose sobre un codo. Al ubicarse alrededor de la mesa se emplearon cuchillos y cucharas, aunque serían las manos la pieza más utilizada para comer. La comida más fuerte era la de la tarde, rompiéndose el tópico que en la época medieval se pasaba habitualmente hambre.

Al principio de la comida se servía la sopa, invento franco consistente en caldo de carne con pan. Después se comen las carnes, tanto en salsa como a la parrilla, acompañadas de verdura -coles, nabos, rábanos, aliñados con especias, ajo y cebolla, considerando que las especias favorecían la digestión-. Era habitual que los platos se aliñaran con garum, condimento de origen romano elaborado a partir de la maceración de intestinos de caballa y esturión en sal. El vino y la cerveza regaban estas pantagruélicas comidas habituales en la nobleza. Como no todos los platos eran devorados, las numerosas sobras caían en manos de los esclavos y sirvientes que daban debida cuenta de ellas.

Son frecuentes los testimonios que aconsejan abandonar esta dieta para sustituirla por “raíces, legumbres secas y gachas con una pequeña galleta, a fin de que el vientre no esté pesado y asfixiado el espíritu” como recomienda san Columbano a sus monjes. Un monje nos cuenta que “no probaba ni siquiera el pan y sólo bebía cada tres días una copa de tisana” mientras que un rico bretón llamado Winnoch se jactaba de comer sólo hierbas crudas. Pero estos casos no eran lo habitual ya que Fortunato manifiesta que sale de las comidas “con el vientre inflado como un balón” mientras que Gregorio de Tours monta en cólera cuando hace referencia a dos obispos que pasan todo el día comiendo, “se volcaban sobre la mesa para cenar hasta la salida del sol”, durmiendo hasta el atardecer. Las dietas de los monjes eran abundantes. En un día un monje solía consumir 1700 gramos de pan, litro y medio de vino o cerveza, unos 80 gramos de queso y un puré de lentejas de unos 230 gramos.

Las monjas se contentan con 1400 gramos de pan y 130 gramos de puré, añadiéndose el queso y el vino. Los laicos suelen engullir kilo y medio de pan, 100 gramos de carne, 200 gramos de puré de legumbres secas y 100 de queso, regado también con litro y medio de vino o cerveza. Las raciones alimentarias rondarían las 6.000 calorías ya que se consideraban que sólo son nutritivos los platos pesados, convirtiéndose el pan en el alimento fundamental de la dieta. En algunos casos, cuando no había platos, los alimentos se tomaban sobre el pan. De estos datos podemos advertir que la obesidad estaría a la orden del día, por lo menos entre los estamentos noble y clerical, si bien los campesinos también hacían comidas fuertes cuyas calorías quemaban en su duro quehacer diario.

Las fiestas eran iguales a exceso en la época altomedieval. Las raciones alimenticias de monjes y clérigos aumentaban en un tercio, alcanzando las 9.000 calorías gracias a doblar la ración diaria de potajes, sopas o pures y recibir medio litro más de vino junto a media docena de huevos y un par de aves. Los canónigos de Mans recibían en determinadas fiestas un kilo de carne con medio litro de vino aromatizado con hinojo o salvia. Si advertimos que el calendario cristiano contaba con unos sesenta días festivos al año -más las festividades locales- podemos imaginar el peso alcanzado por algunos monjes.

En época de Cuaresma la carne se sustituye por pescados: lenguados, arenques, congrio o anguilas. Estas pesadas comidas requerían de largas digestiones “acompañadas de siestas, eructos y flatulencias expresadas de la manera más sonora posible, porque tal cosa se consideraba como prueba de buena salud y de reconocimiento al anfitrión” en palabras de Michel Rouche. Buena parte de la culpa de estas comilonas está en la mentalidad de la época al asociar la salud, las victorias militares o la progenie con las plegarias y los banquetes que se prolongaban durante dos o tres días.

El Sacro Imperio Romano Germanico Reformas Esclesiasticas de Gregorio VII

El Sacro Imperio Romano Germánico

El Sacro Imperio Romano Germánico (en alemán: Heiliges Römisches Reich Deutscher Nation «Sacro Imperio Romano de Nación Alemana»; o Sacrum Romanum Imperium Nationis Germaniae en latín) fue la unión política de un conglomerado de estados de Europa Central, que se mantuvo desde la Edad Media hasta inicios de la Edad Contemporánea.

Formado en 962 de la parte oriental de las tres en que se repartió el reino franco de Carlomagno en 843 mediante el Tratado de Verdún, el Sacro Imperio fue la entidad predominante de Europa central durante casi un milenio, hasta su disolución en 1806 por Napoleón I.

A partir del imperio de Carlomagno, Alemania quedó anarquizada y dividida en numerosos Estados independientes: entre ellos se destacaban los grandes Ducados de SAJONIA, TURINGIA, FRANCONIA, SuARIA, BAVIERA y LORENA, además de las importantes provincias fronterizas o Marcas del Este (AUSTRIA), de BOHEMIA y del BRANDEBURGO.

Sabemos también cómo los Señores feudales, a la muerte de Luis EL Niño, último descendiente de Carlomagno, se pusieron de acuerdo y en el año 910 eligieron como rey a CONRADO, DUQUE DE FRANCONIA, comenzando así a gobernar el país reyes alemanes.

Y ya desde un comienzo, tanto este monarca como su sucesor, ENRIQUE, DUQUE de SAJONIA, llamado el “Pajarero” por su afición a la caza de aves, estuvieron en perpetua lucha contra los Señores. Sólo el siguiente monarca pudo cimentar verdaderamente la grandeza de Alemania.

OTON EL GRANDE: Este príncipe, tan notable como Carlomagno, llegó al trono en el año 940, y resuelto a lograr la unidad del país, pasó los primeros años sometiendo a diversos príncipes, logrando finalmente que todos reconocieran su dependencia al reino.

Luego hizo frente a varias amenazas exteriores: contuvo con gran energía varias incursiones de los normandos y de los eslavos, e incluso salvó a Europa de los húngaros, destrozándolos en la batalla de Lech.

Más tarde tuvo que intervenir en Italia. Este país, desde la muerte de Carlomagno se hallaba en el mayor desorden, dividido en innumerables principados  enemistados entre sí, y, además, devastado por los árabes, húngaros y normandos que lo saqueaban a su  gusto.

Otón llegó a la península en el año 960 llamado por ADELÁIDA, reina de la Lombardía, que había sido destronada por varios príncipes sublevados: la repuso en el trono y luego se casó con ella, convirtiéndose así en soberano del norte de Italia.

EL NUEVO IMPERIO: Poco después, Otón volvió nuevamente a Italia. Los príncipes feudales se habían alzado contra el Papa JUAN XII y éste de inmediato solicitó su ayuda. El rey entró en Roma en el 962, repuso al Pontífice en sus funciones y luego en una solemne ceremonia fue coronado como Emperador de Occidente

Así, por segunda vez, la Iglesia restauraba el Imperio, con- el fin de conseguir la unidad del Continente.

El Emperador y el Papa serían las dos columnas de la nueva Europa Cristiana y se apoyarían mutuamente para imponer el orden en esos tiempos tan calamitosos. Ambos se juraban fidelidad: el Emperador sería el protector de la Cristiandad, y el Papa, por su parte, sólo podía ser elegido contando con su aprobación.

Lamentablemente estas buenas intenciones no se cumplieron, por el contrario, comenzó desde entonces una lucha que duró más de 200 años para dilucidar la superioridad del Papa o del Emperador: finalmente concluyó con el aniquilamiento político de ambos.

Ya desde los primeros momentos hubo complicaciones: durante los cien primeros años ocuparon el trono imperial varios excelentes monarcas, pero que tuvieron la constante pretensión de intervenir en los asuntos internos de la Iglesia, creyéndose los dueños de la Cristiandad, en vez de sus defensores.

LA REFORMA ECLESIÁSTICA-Nicolás II: Por ese mismo tiempo, la Sede Pontificia Romana se hallaba gravemente comprometida. Hasta Carlomagno, los Papas habían sido elegidos por el pueblo de Roma; luego, con el feudalismo, cayeron bajo la influencia de los señores; y ahora, bajo el Imperio, debían contar con la aprobación de los Soberanos. De esta manera se originaron los graves problemas, algunos tratados en este sitio.

Evidentemente so necesitaba una doble reforma: independizar la Iglesia de la influencia de los emperadores, y renovar la disciplina interna. Ambas cosas se consiguieron en muy poco tiempo.

En el año 1059 fue elegido Papa Nicolás II, quien de inmediato y sorpresivamente reglamentó la elección de los futuros Pontífices: en adelante los elegirían los cardenales, sin necesidad de la aprobación del Emperador. La medida fue muy alabada, pero parecía constituir un desafío al poder Imperial.

De acuerdo al nuevo sistema aprobado, en el año 1073 fue elegido Papa el monje cluniacense HILDEBRANDO, quien tomó el nombre de Gregorio VII: fue el personaje destinado a ser el gran reformador y una de las figuras cumbres de la Iglesia.

Hombre culto y muy piadoso aunque sumamente enérgico, Gregorio desde el comienzo de su gobierno se sintió llamado no sólo a purificar la Iglesia de todas sus fallas, sino además a imponer la Supremacía Pontificia sobre todos los reyes y príncipes cristianos.

De inmediato Convocó un Concilio que aprobó sus famosas reformas: bajo pena de excomunión se prohibió a los civiles entrometerse en los asuntos internos de la Iglesia y Conceder cargos eclesiásticos. Igualmente se penaba a los clérigos que los aceptaban o que- vivían casados.

Al mismo tiempo, numerosos Legados Pontificios se desplazaron por toda Europa controlando el cumplimiento de estas directivas y deponiendo a los transgresores. Entonces fue cuando intervino en la lucha el Emperador.

Ocupaba el trono imperial Enrique IV, príncipe prepotente y ambicioso, poco dispuesto a perder sus privilegios. En un principio desconoció las órdenes pontificias y siguió confiriendo dignidades eclesiásticas como si nada hubiera pasado. El Papa Gregorio le envió amistosos avisos y luego protestas más enérgicas. Finalmente, se vio en la necesidad de excomulgarlo, y —cosa nunca vista— lo destituyó de emperador.

El resultado fue tremendo: los príncipes alemanes se reunieron en Tribur y apoyaron al Papa desligándose del soberano.

Entonces Enrique, viéndose perdido, se dirigió a Canosa, en el norte de Italia, en donde se encontraba el Papa, para pedirle el levantamiento del castigo. Gregorio, luego de tres días de espera, le concedió el perdón y lo restituyó en el trono. 5u triunfo había sido completo.

Con todo, la lucha aun prosiguió unos años hasta que con el “Concordato de Worms” se llegó a un acuerdo: el Papa y el Emperador reconocían su mutua independencia en sus respectivas esferas.

Caída Imperio Romano de Oriente:La Toma de Constantinopla por los turcos

Caída Imperio Romano de Oriente

Mientras que en Europa Occidental el feudalismo decaía con la afirmación de los monarcas nacionales, en Europa oriental se sentía la amenaza de nuevas invasiones procedentes de Asia, que reiteradamente pretendían conquistar también el Imperio Bizantino.

En el siglo XII, los mongoles, pastores guerreros y nómades del Norte de China, organizaron un importante imperio que se extendió por Rusia, Siria y el Norte de India. Su fundador fue Gengis Kan (1154-1227), guerrero y conquistador de temible fama por las devastaciones que sembraba a su paso.

En el siglo XIII, el emperador Tamerlán logró la conquista del resto de India, Persia. Mesopotamia y Asia Menor. Gran importancia para la historia del Medioevo occidental tuvo la irrupción de otro pueblo asiático: los turcos. Procedentes del Turquestán, el pueblo turco había descendido en el siglo IX al califato de Bagdad., donde se asenté. Con el tiempo, los turcos lograron derrocar a la dinastía de los Abásidas y fundar la propia con Otmán I, el Victorioso.  Por él se conoció a los turcos con el nombre deotomanos.

Los turcos otomanos habían surgido como un pequeño estado en el Noroeste de Anatolia, tras el hundimiento del sultanato Rum. Reciben su nombre de su organizador, Otmán I, y consiguieron unidad y fuerza a las órdenes de Orján, el hijo de Otman. Su empuje se debió en parte al apoyo de los “gazi”, guerreros musulmanes que practicaban la jihad (la guerra santa se denomina en turco “gaza”), dispuestos a luchar contra el imperio bizantino.

A partir de allí comenzaron una expansión que los llevó en el siglo XV a poseer vastos territorios en Europa. Asia y África. En 1453, su objetivo fue lograr una nueva capital. Para ello, se dirigieron a Constantinopla y la conquistaron luego de dos meses de resistencia.

La Toma de Constantinopla Caida de Bizancio

Mohamed II

Al comenzar el siglo XV el imperio Bizantino estaba reducido a la ciudad de Constantinopla y a una pequeña área al norte de ella. Los turcos rodearon Constantinopla y pidieron su rendición, pero los turcos no pudieron mantener el asedio por haber sido atacados por el conquistador mongol de Asia Central Tamerlán Timur (1402). Finalmente en 1453 el sultán Mohamed II conquistó Constantinopla.

Mohamed II convirtió a la ciudad en nueva sede de su residencia y la llamó Estambul. De esta manera, luego de diez siglos de supervivencia., desapareció el Imperio Romano de Oriente. Su caída fue elegida por los historiadores como hito para determinar el fin de la Edad Media y los comienzos de la Edad Moderna. Los bizantinos sobrevivientes, al emigrar a Occidente, llevaron consigo la tradición cultural grecorromana que se había conservado en Constantinopla y contribuyeron a despertar uno de los sucesos más importantes de a modernidad: el Renacimiento cultural y artístico de los siglos XV y XVI.

CONSECUENCIAS DEL IMPERIO ROMANO DE ORIENTE

Con la toma de Constantinopla por los turcos, en 1453, las relaciones comerciales de Europa con Asia se tornaron muy difíciles. Hasta entonces, las caravanas traían las mercaderías desde Oriente hasta el Mediterráneo oriental y el mar Negro, donde navíos genoveses y venecianos iban a buscarlas.

El virtual monopolio de Venecia y Genova sobre ese comercio hizo que el interés de otros pueblos se volcase hacia el descubrimiento de un nuevo camino para llegar a Oriente. En Portugal comenzó a desarrollarse el arte de la navegación: se construyeron carabelas, se estudiaron los portulanos. El objetivo era contornear el África para llegar a la India.

El primer paso final es dado por Bartolomé Días, quien en 1487 dobla el cabo de Buena Esperanza. Colón, por el contrario, piensa en llegar al Asia navegando siempre hacia el oeste. Consigue ayuda en Castilla y, en 1492, hace el viaje que lo trae a América. Dos años después, se establece el Tratado de Tordesillas entre los Reyes Católicos y el rey de Portugal, fijando una línea a 370 leguas al oeste de Cabo Verde: España quedaría con las tierras al oeste de esa línea, Portugal con las del este.

En 1498, el navegante Hernando de Magallanes costea la América del Sur, llega al Pacífico y la expedición, al mando de Juan Sebastián Elcano, completa el primer viaje de circunnavegación. En ese ciclo de grandes viajes, ingleses, holandeses y franceses también se hacen presentes, aunque con hechos menos notables.

Vida de Plinio El Viejo Escritor Romano Obra Literaria

LA VIDA DE PLINIO EL VIEJO: Plinio el Viejo, uno de los más originales escritores del siglo I, durante toda su vida ayudó a sus semejantes a comprender los maravillosos fenómenos de la naturaleza. Consideraba que tal misión era la más digna para un estudioso.

De entre sus muchos escritos, la única obra que nos ha llegado es “Naturalis Historia” (Historia Natural) en 37 libros. En ella se encuentra expuesta la sabiduría de su época, relativa a astronomía, geografía, medicina, zoología, botánica y otras ramas de la ciencia.

Para comprobar el gran interés que durante muchos siglos despertó esta obra, es suficiente leer el juicio que de la misma hizo Jorge Luis Buffon, el gran naturalista francés del siglo XVIII.

“La Historia Natural —dice Buffon— comprende la del Cielo y la de la Tierra. Sorprende que en todos sus argumentos Plinio sea igualmente grande: la profundidad de las ideas y la belleza del estilo dan realce a su gran erudición. Su trabajo es variado como la naturaleza”. Precisamente por eso, Plinio es considerado como uno de los más grandes; naturalistas antiguos.

SOLDADO Y ESCRITOR
Plinio el Viejo, así llamado para distinguirlo de su sobrino, que también fue un ilustre escritor, nació en Como, en el año 23. Al pasar a la historia como un estudioso y polígrafo, sería lógico imaginarlo desde joven dedicado exclusivamente al estudio de sus libros. Sin embargo Plinio, sin descuidar sus estudios predilectos, profesó la carrera militar.

A los 22 años fue a Germania como comandante de caballería; hecho que le permitió recoger informaciones para su obra “Bellorum Germaniae viginti” (Las guerras de Alemania) en la cual, además de describir los acontecimientos bélicos en los que había tomado parte, Plinio se refirió a todas las guerras que sostuvo Roma contra los germanos.

Sus méritos de soldado y de escritor le facilitaron la carrera; en efecto: actuó primero en la Galia, luego en África y finalmente en España, en calidad de procónsul. La actividad de Plinio fue realmente prodigiosa: de día desempeñaba su cargo de procurador y durante la noche se dedicaba al estudio. La obra a la que dedicó sus mayores esfuerzos fue la “Naturalis Historia“, pero encontró también tiempo para escribir libros de historia y de gramática.

En el año 71, Plinio fue nombrado almirante de la flota del Mediterráneo occidental, estacionada en Miseno (Nápoles) . Allí, en la paz del golfo de Nápoles, dio término a su obra monumental, que fue publicada en el año 77.
A los 54 años de edad, Plinio alcanzó el prestigio máximo, y es considerado por todos el hombre más docto de su siglo.

VICTIMA DE LA CIENCIA
Cuando el 23 de agosto del año 79 tuvo lugar la espantosa erupción del Vesubio que sepultó las ciudades de Herculano, Estabia y Pompeya, Plinio ,no titubeó en partir de Miseno para observar de cerca el extraordinario fenómeno.

Desgraciadamente, esta curiosidad científica le costó la vida. El fin del gran naturalista fue descrito por su sobrino en una extensa carta enviada al historiador Cornelio Tácito, en la cual le decía: “La nube que salía del Vesubio se alzaba parecida a un pino, a veces blanca, a veces negra. A mi tío le pareció interesante observarla de cerca.

Llegó a Estabia cuando del Vesubio se desprendían gigantescas llamas. En, otros lados era de día; allí, en cambio, reinaba la noche más obscura, a intervalos aclarada por muchas luces. En cierto momento, mi tío sintió que el polvoriento humo dificultaba su respiración y no se pudo mantener más en pie. A la mañana siguiente fue hallado muerto.”

Fuente Consultada:
Enciclopedia del Estudiante Tomo IV CODEX

Mosaicos Bizantinos Significado Mosaicos de Justiniano y Teodora

EL ARTE BIZANTINO:MOSAICOS DE BIZANCIO

Los primeros que realizaron este “juego de pegar piedritas de colores” con atención se dieron cuenta de que, además de set divertido, daba bellísimos resultados y P°dm proporcionar inesperadas posibilidades decorativas. Bastaba discurrir la forma de “fijar” las piedrecitas con una argamasa resistente; si descubrió el procedimiento y nació el primer mosaico.

Posteriormente, los guijarros fueron sustituidos por materiales más preciosos y decorativos: mármoles de colores, piedras duras, esmaltes y pastas especiales vitrificadas. Las piedras se cortaban con instrumentos muy afilados, y eran reducidas a cuadraditos, rectángulos y triángulos de pequeñas dimensiones, que se llamaron teselas.

Estas teselas constituyen la verdadera y específica materia del ‘mosaico: son, por así decirlo, trocitos de color sólido, resistente e inalterable, que, colocados uno junto a otro con cuidado y paciencia, confieren al mosaico un aspecto realmente característico e inconfundible.

Introducción: La división del Imperio romano marcó un punto de inflexión en la historia. El 11 de mayo de 330, a orillas del Bósforo, Constantino el Grande inaugura solemnemente la segunda capital legal del Imperio. Bizancio, antigua colonia griega fundada por marineros de Mégara en 657 a.C., pasa a denominarse Roma Nova (la nueva Roma) o Constantinópolis (Constantinopla) la ciudad de Constantino. Su localización geográfica es excelente: situada entre Europa y Asia, en el paso entre el mar Negro y el Mediterráneo oriental, Constantinopla lo posee todo para convertirse en un gran centro comercial. La ciudad es prácticamente inexpugnable y puede resistir por mucho tiempo a los ejércitos enemigos. Por tres lados el mar la encierra; el cuarto está defendido por poderosas murallas.

Un ciudadano romano de la “época de Augusto no podría reconocer fácilmente a las legiones que desfilan frente al emperador. Su mismo armamento está modificado por la influencia de los bárbaros y la necesidad de adaptarse a la lucha con éstos. Las armas nacionales —el pilo, el gladio, el gran escudo, la coraza metálica— han cedido el lugar a las espadas, lanzas, puñales, escudos redondos y corazas de cuero.

Cuerpos enteros de caballería están equipados, a imitación de los persas, con poderosísimos arcos. En algunos destacamentos los hombres y los caballos están cubiertos de hierro o de cotas de malla. El cambio en el armamento refleja las profundas modificaciones acontecidas en la estructura del mundo romano.

Continuos ataques de pueblos bárbaros en las inmensas fronteras marcaron el fin de la política expansionista de los antiguos emperadores. Roma se puso a la defensiva. La seguridad fue incluso comprada a precio de oro. Las revueltas militares se multiplicaron y cada comandante con algún prestigio se consideraba destinado a ascender al trono.

Pocas dinastías llegaron tan siquiera a la tercera generación: el Imperio no era legalmente hereditario y, aunque de estructura jerárquica, cualquier enganchado que llegara a jefe militar podía convertirse en César. La sede imperial se convirtió en un trofeo que podía ser conquistado por el general más fuerte. Construyéronse fortificaciones en las fronteras. En ellas estaban acantonadas las tropas menos disciplinadas, a las cuales fueron concedidos lotes de tierra. Su misión se tornó más en una tarea de vigilancia que de respuesta al enemigo.

Situado el Imperio bizantino a las puertas de Asia, la distancia geográfica que separaba a Constantinopla de Roma se convirtió rápidamente en una lejanía aún mayor. Hasta la fe cristiana, que quiso conciliar a Oriente y Occidente, y los sueños de una Iglesia universal se tiñe-ron de polémicas teológicas, rivalidades jerárquicas, acusaciones de herejía y excomuniones, que acentuaron la diferencia de rumbos que separaba a ambos mundos. La tenaz persistencia de las invasiones germánicas, la expansión del Islam y las crisis políticas y económicas pudieron mucho más que los concilios ecuménicos y la reivindicación de las antiguas glorias.

Con el tiempo, Constantinopla se convirtió en el centro de una nueva práctica del cristianismo y también de una sensibilidad particular. La expresión artística, en especial en el dominio de la arquitectura y la técnica del mosaico, configuró un mundo de características propias e inconfundibles. Por otra parte, enclavada en un punto estratégico de las rutas mercantiles que ponían en relación el Mediterráneo y las remotas tierras de la India y China, Constantinopla pasó a ser un centro comercial relevante.

Por esa misma razón, la ciudad se convirtió en un botín codiciado por numerosos ejércitos. De este modo, el Imperio bizantino vivió sus momentos de gloria y de tragedia. Ni el esplendor de sus iglesias, ni la magnificencia de sus emperadores, ni el grosor de sus murallas bastaron para salvar a Bizancio del acero enemigo ni de las aún más temibles luchas por el poder.

El arte Bizantino alcanzó su cénit en 547 con los célebres mosaicos de Justiniano y Teodora, ubicados en la iglesia de San Vital, en Ravena (Italia). Además de su belleza, los mosaicos bizantinos brindan una valiosa información sobre la sociedad de la época.

La iglesia de San Vital: La iglesia data del siglo VI y presenta un exterior sobrio, pero su interior está bellamente ornamentado con toda clase de mosaicos; entre ellos, los de Justiniano y Teodora. Ábside de la iglesia de San Vital.

La majestuosidad de Santa Sofía: La basílica de Santa Sofía (Turquía), construida en el siglo XI, atesora lujosos mosaicos en su interior. Las figuras más representadas son las de Justiniano, Constantino y Cristo. Mosaico de Cristo en el pulpito sur.

EL ARTE BIZANTINO:

arte bizantino, mosaicos

Arte bizantino (siglo VI). «El emperador Justinlano portando una patena». Detalle de uno de los mosaicos que rodean el altar en el ábside de la iglesia de San Vital, en Rávena. Es la época de plenitud del arte bizantino que culmina en Santa Sofía, de Constantinopla.

Rávena, ciudad italiana en las orillas del Adriático, que fue capital de Exarcado, conserva magníficos monumentos bizantinos. Casi durante tres siglos fue una prolongación de Constantinopla. Creció su importancia en la época de Honorio, hijo de Teodosio, que trasladó allí su corte por creerse poco seguro en Roma, amenazada por los bárbaros. Se edificó entonces el mausoleo de Gala Placidia. La ciudad tuvo luego un periodo de decadencia hasta el reinado de Teodorico y la ocupación bizantina. Los emperadores hicieron de Rávena la capital de Exarcado, con jurisdicción, nominal o efectiva, sobre Italia meridional, Sicilia, costa norte de África y España.

De esta época datan numerosos monumentos, como las dos iglesias dedicadas a San Apolinar y la de San Vital. Esta es la última obra de los exarcas bizantinos y se conserva intacta, a excepción de los mosaicos, que no se terminaron y fueron destruidos en parte durante el Renacimiento. Su planta responde al principio de disponer todos los elementos alrededor de una gran cúpula central sostenida por pilares y columnas.

La de San Vital es muy ligera y puede apoyarse sobre una pared sumamente delgada. Las naves están cubiertas por una combinación de bóvedas que se penetran irregularmente.
Los únicos mosaicos que no se han destruido se encuentran en el ábside. Son una muestra de la gran riqueza del conjunto. Sobre un fondo de oro, árboles, plantas, flores y animales decoran los plafones y alternan con imágenes de profetas y apóstoles en pequeños medallones. Un arrimadero forma un friso con personajes históricos realizados también en mosaico A uno de éstos pertenece el fragmento que reproducimos. En él aparece el emperador Justiniano acompañado del obispo Maximiano con jerarcas, guerreros y sacerdotes. En el de enfrente se representa a su esposa Teodora rodeada de un gran séquito.

La técnica del mosaico, cuyos orígenes se remontan a la antigüedad clásica, consiste en combinar armoniosamente, asegurándolos con un cemento sobre una superficie sólida, piezas diminutas de mármoles u otras piedras de colores y cubos pequeños de pasta, vidriados por una de sus caras. Imitan, hasta cierto punto, las alfombras o tapices. Es muy posible que estos plafones de San Vital se importaran ya compuestos de Constantinopla y fueran luego pegados sobre la pared de la iglesia. El mosaico se presta a esta clase de traslaciones.

PARA SABER MAS…
UNA PINTURA ABSOLUTAMENTE PARTICULAR

Como ya hemos dicho, el mosaico puede considerarse como un particular género de pintura, pero es inexacto creer que es tanto más hermoso cuanto más se parece a la pintura común. En ésta, los colores pueden mezclarse, superponerse, difuminarse en medias tintas y claroscuros. En el mosaico, en cambio, los colores —que en el fondo no son otra cosa que trocitos de piedra— se pueden acercar, de forma que hagan un contraste entre los distintos tonos. Por eso, un verdadero artista del mosaico debe saber combinar su estilo con las exigencias del material que utiliza, y crear una pintura hecha de contrastes de colores, de líneas rígidas, de figuras siempre un tanto estilizadas. En este aspecto severo, esencial, radica el mayor mérito del mosaico. De acuerdo con estos conceptos, los antiguos maestros —y en particular los bizantinos, que fueron los verdaderos “magos” del mosaico crearon obras de un vigor y de una coherencia estilística inolvidables.

LAS DIVERSAS FASES DE LA EJECUCIÓN
Los preliminares para la ejecución de un mosaico se asemejan a los que se realizan para la pintura al fresco. Se comienza preparando la pared con una primera capa de revoque, más bien áspero, compuesto de cal, mezclada con polvo de mármol y paja triturada. Como esta capa que sostiene a otras debe ser áspera, entonces, con el fin de ofrecer una mayor adherencia, se practica en ella un rayado “escalerilla” o unas estrías en forma de losanges. Otra capa, todavía bastante áspera, viene a cubrir la primera. Sobre esta capa, el ejecutor de mosaicos traza un esbozo de la composición, una especie de “prueba”, como los bosquejos previos a los frescos.

Hecho esto, se dispone la “cama de base” del mosaico, o sea la última capa de argamasa, mucho más fina que las anteriores y de composición más “grasa”, que debe recibir las teselas de colores. Sobre esta cama de base se hace un nuevo diseño, más detallado, de toda la composición y se completa con los colores que servirán de guía -en la disposición de las teselas; el oro de los fondos se señala con rojo.
Inmediatamente después, mientras la “cama” permanece húmeda, deben disponerse las teselas.
Primero se señalan los contornos de las figuras y después se completan las partes interiores. Como la forma de los cubitos de colores no es perfectamente regular, entre una tesela y otra quedan unos intersticios muy finos. Una vez terminado el mosaico se pasa por la superficie una ligera capa de cal finísima, o bien una masilla especial: así quedan perfectamente unidas las teselas.

Lo sobrante se quita frotando el mosaico con unos pinceles duros. La sutil retícula de cal no contiene sólo la función práctica de mantener unidas las teselas, sino también una importante función estética. Al aislar las piedras de colores, las hace resaltar muchísimo más y permite que la luz se refleje mejor sobre la superficie de color.

mosaico detalle


Arte bizantino: El príncipe Alejo – Estambul, Santa Sofía – A los antiguos artistas del mosaico les gustaban mucho los destellantes fondos de oro que hacían más preciosas sus obras. La manufactura de las teselas doradas era más bien laboriosa: se preparaba primero una plancha de vidrio de color verdoso, y, sobre ella, se colocaban unas finísimas hojas de oro. Sobre las hojas de oro se extendía otra capa de pasta vítrea transparente. El compuesto se volvía a cocer de nuevo en hornos especiales. Las planchas así preparadas se dejaban enfriar, y después se cortaban en forma de teselas. Pero, al disponer los fondos, se empleaban algunos recursos especiales: para hacer resaltar mejor la brillantez de estas teselas y para romper la uniformidad del “todo oro” (que no permitía sugestivos juegos de luz refractada entre las lóselas) colocaban entre ellas algunos “trozos” de color más oscuro, o bien colocaban las mismas teselas vueltas al revés.

Mitos y Creencias de los Celtas Religion y Dioses Celtas

Mitos y Creencias de los Celtas – Religión

Los celtas carecieron de una unidad mitológica, como de alguna manera correspondía al extenso y complejo conglomerado de tribus y pueblos que ellos constituyeron. De esta manera, según las regiones, aparecen dioses y mitos con distintos nombres y, por lo general, con singularidades locales. Aun así, es posible destacar una serie de temas recurrentes, como las aventuras de guerreros valerosos y heroicos, y una particular interpretación del mundo de la naturaleza con intrigantes y misteriosas dimensiones.

Justamente por esa carencia de unidad, la mitología celta ha tenido varias subdivisiones, entre las que se destacan la céltica antigua; la irlandesa, a su vez dividida en varios ciclos (el Mitológico, el de Ulster, el del héroe Fionn y el Histórico); y finalmente la galesa.

En la mitología irlandesa, existe un mito originario en el que dos razas se hallan en permanente guerra: la de los Tuatha De Danann y la de los Fomoré. Los primeros eran el quinto grupo de habitantes de Irlanda y estaban asociados con los grandes reyes y héroes; los segundos, en cambio, constituían un pueblo de gigantes que amenazaban constantemente con invadir Irlanda, representando a las fuerzas del mal.

En el panteón irlandés, sobresalía Dagda, señor de los elementos y guía divino de los druidas. Según la leyenda, fue él quien condujo a la victoria a los Tuatha De Danann contra los Fomoré, quienes a su vez tenían a Balar como su principal divinidad. Dagda era señalado como un dios bondadoso, glotón y muy activo sexualmente. Se lo representaba con un caldero siempre inagotable y un arpa mágica que podía sonar sin que su dueño la tocara.

Finalmente, cargaba una maza que tenía el poder de matar o resucitar según con cuál de sus extremos golpeara. A Balar, por su parte, se lo figuraba con un ojo en la frente y otro en la nuca, que habitualmente estaba cerrado, pero cuando se abría causaba la muerte de quien lo mirara.

Otros dioses importantes de la mitología irlandesa son Morrigan, diosa de la guerra;Erigid, diosa del fuego y la poesía; Goibniu, dios de los artesanos que forjan las armas de los guerreros; Diancech, dios de la medicina; Angus, dios del amor; y Lug, que por cumplir todas las funciones divinas carece de una en especial. Finalmente, sobresale también Cernunnos, dios de la abundancia y de los animales salvajes. Representado con orejas y cuernos de ciervo, suele estar acompañado por una serpiente con cabeza de carnero.

También los celtas galos creyeron en importante cantidad de divinidades, entre las que se destacaron Taranis, Teutates y Esus.

Dentro de este escenario mitológico, los celtas en general dieron particular importancia al mundo subterráneo, morada de las almas de los difuntos, a los que creían inmortales. También prestaron atención a los elementos de la naturaleza, como el aire y el fuego, que los druidas decían saber manejar contra los enemigos.

Esta cosmovisión promovió la confección de armas específicamente diseñadas para su uso en rituales y ceremonias religiosas, en honor a alguna de sus divinidades o para ser enterradas junto a los guerreros caídos en el campo de batalla. En esos objetos, era común la empuñadura de oro con incrustaciones de piedras y marfil. También las vainas eran profusamente decoradas con predominio de figuras antropomorfas y zoomorfas.

En cascos y escudos, en cambio, se destacaban las figuras geométricas, especialmente compuestas de círculos y líneas curvas.

Además de la metalurgia en oro, plata, hierro y bronce, los celtas trabajaron la piedra y la madera, a las que tallaron y pulieron para transformarlas en las figuras de sus dioses. Particularmente importantes son los grandes monumentos graníticos que se hallan dispersos por toda la geografía celta, como los dólmenes y los menhires.

En especial se destacan grandes bloques que fueron enterrados verticalmente, en los que realizaron diversos tipos de inscripciones. Se sabe que no siempre estas piedras fueron plantadas por los propios celtas, sino por sociedades anteriores, como parte de cultos solares o bien para indicar posesiones o enterramientos. Pero los celtas las integraron a su mundo y en ellas grabaron cruces y textos escritos en el alfabeto “ogham” utilizado por los sacerdotes.

Incluso, consideraron que semejantes bloques de piedra, cuyo peso y tamaño hacían pensar en una gran fuerza e inteligencia para su transporte y enterramiento, debieron de haber sido el producto de una sociedad tan poderosa como sabia, lo que alimentó aun más su devoción hacia ellos. Según los antiguos celtas, estos monumentos tenían diferentes poderes mágicos y, de acuerdo con la calidad de cada uno, cumplían distintas funciones. Así, a sus pies se realizaban juramentos antes de las batallas, promesas, curaciones y ceremonias de fecundidad.

religion celta
CUCHULAINN: ESTA ESTATUA DE UN ÁNGEL Y UN HOMBRE ARMADO CON UNA ESPADA ES UNA REPRESENTACIÓN DE UNO DE LOS MÁS GRANDES HÉROES CELTAS: CUCHULAINN. SE ENCUENTRA EN LA UNIVERSIDAD DE QUEEN’ S, BELFAST, IRLANDA.

EL SACRIFICIO HUMANO: Según los registros y testimonios romanos, los celtas practicaron rituales y ceremonias sacrificiales, en las que animales y seres humanos eran arrojados a los ríos y lagos, como ofrendas s los dioses. También habrían realizado sacrificios en gran escala, sobre todo de prisioneros, aunque esta última cuestión puede haber surgido de una exageración romana o una difamación de sus enemigos.

Lo que sí está documentado son los ritos que ofrecieron a sus guerreros muertos en combate, a quienes les dedicaban un enterramiento especial, en el que adornaban al fallecido con armas bellamente decoradas, calderos y vituallas para su vida en el más allá.

Fuente Consultada:
Los Celtas Tomo N° 18 Grandes Civilizaciones de la Historia
Diccionario Insólito Tomo I Luis Melnik
Enigmas de la Humanidad – Misterios Sin Resolver

Erik El Rojo En America Los Vikingos en Norteamerica Expediciones

Los Vikingos: Erik El Rojo En América

El pueblo navegante: Los registros arqueológicos más antiguos que aportan datos acerca de la actividad marítima de los vikingos, son unas pinturas efectuadas en los interiores de las cuevas de Noruega que datan del año 1500 a. C. Asimismo, en aquellos oscuros y húmedos sitios, se han encontrado tumbas de hombres enterrados junto a sus embarcaciones, símbolo indiscutible de prestigio social entre los pueblos navegantes.
Las naves construidas por los vikingos, los drakkars (dragones), se caracterizaban por su velocidad y capacidad de transporte.

Estaban provistas de un mástil móvil que podía removerse en caso de necesitar trasladar la embarcación por tierra —por ejemplo, montada sobre troncos—y numerosos remos para navegar en aguas calmas.

La estabilidad y la habilidad para rnaniobrarlas en medios agitados se conseguían mediante la instalación de una pieza de madera en la parte inferior del barco, recurso novedoso en aquella época que luego sería conocido como «quilla». Este invento les permitió avanzar con seguridad en mares de corrientes rápidas y reducir las posibilidades de naufragio.

Entre otros conocimientos destacados de estos navegantes, se encontraban los astronómicos. Pese a no contar con instrumentos de medición ni orientación, los vikingos lograron situarse para atravesar el océano. Por el contrario, la escasa profundidad de las naves les permitía recorrer las costas a pocos kilómetros de distancia, vigilar los acontecimientos de tierra firme y efectuar un eventual desembarco veloz. Para este último fin, las naves contaban con bordas de reducida altura que, durante las tormentas, vulneraban su estabilidad. La inundación de los barcos era una de las principales causas de muerte de los marineros vikingos.

Las expediciones atlánticas: Uno de los componentes culturales que permitieron el avance prematuro hacia territorios desconocidos y alejados, fue la influencia de las tradiciones orales en la toma de decisiones de los colonos, Pues existía una creencia arraigada en este pueblo acerca de los beneficios que la exploración de nuevos y lejanos territorios traería para todos, a diferencia de las poblaciones que relacionaban lo desconocido con lo temido o amenazante.
Desprovistos de prejuicios, los Vikingos se aventuraron a traspasar constantemente los límites marinos y esta vanguardia les permitió descubrir nuevas tierras.

Por ejemplo, en el año 870, los navegantes del Norte rodearon la Península Escandinava y continuaron ha cia el Este y traspasaron por más de 200 kilómetros e] límite virtual del Círculo Polar Ártico. Hacia fines de esa centuria, lograron colonizar Islandia e instalar asentamientos de colonos. Durante los dos siglos posteriores, se embarcaron con rumbo Norte en el océano Atlántico.

En el año 982 partió desde Islandia una embarcación al mando del explorador Erik Thorvaldsson (950-1001), conocido como «Erik el Rojo», que avanzó hacia el Oeste. Tras varios días de navegar, la expedición divisó una gran isla que denominó Gronland (tierra verde), no por las características de su geografía sino debido a su intención de fomentar el poblamiento del nuevo territorio. Desde este enclave, ‘os navegantes se dirigieron a las tierras americanas, hasta el momento desconocidas para Europa.

Las leyendas del Nuevo Mundo: El primer desembarco dejos vikingos en América ocurrió en la isla de Terranova ubicada en la región oriental del actual territorio canadiense Los navegantes del Norte la denominaron Vinland (tierra de vino), debido a la identificación de plantas de vid en la zona donde se instalaron durante el siglo XI.

El principal registro arqueológico de aquel poblamiento fue descubierto en 1960 por el explorador noruego Helge Marcos Ingstad (1899-2001) y su compatriota y arqueóloga Anne Stine (1918-1997). Estaba compuesto por los vestigios de nueve viviendas y numerosas herramientas de estilo vikingo.

Erik el Rojo en América

Erik el Rojo en América

Así en el año 1000 d.C. Leif Erikson, hijo de Eric el Rojo, junto a 35 hombres en una sola embarcación, emprendió una expedición a unas tierras al oeste de Groenlandia, sobre las que había oído de boca de un comerciante llamado Bjarni Hergolfsson que las había visto pero no había podido desembarcar en el año 985 o 986.La primera tierra que encontraron fue la gran Isla de Baffin, a la cual llamaron Helluland o tierra de la piedra lisa. Al no gustarles este desolado paraje siguieron rumbo al sur y, tras algunas semanas de navegación, hallaron una tierra cubierta de bosques, y desembarcaron en una hermosa playa, con toda probabilidad aquellas tierras eran la península del Labrador, a la que ellos denominaron Marklandia.Siguiendo al sur, la expedición encontró una nueva tierra en la cual se adentraron teniendo contactos cruentos y pacíficos con sus pobladores a los que llamaron skraellings (enanos en nórdico), en esta tierra abundaban las verdes praderas, ríos salmoneros e incluso viñedos a la que llamaron Vinlandia, la actual Terranova. En esta última tierra la expedición levanta las Casas de Leif (Leifbudir).

Según la leyenda, había existido un mercader que recorría con frecuencia la distancia que separaba Islandia de las colonias groenlandesas. En cierta ocasión, una tormenta le hizo perder el rumbo a su embarcación y tras varios días de permanecer a la deriva, alcanzó tierra desconocida. Al regresar a Islandia, el comerciante describió su experiencia al explorador Lief Eriksson (fines siglo X -principios siglo XI), hijo de Erik el Rojo, que llegó a la tierra nueva alrededor del año 1000.
El navegante organizó una expedición que partió de Groenlandia y llegó a la isla de Baffin, cuyo paisaje desoladór y pedregoso lo motivó a continuar navegando hacia el Sur. Semanas más tarde, la costa verde de la península del Labrador recompuso sus perspectivas y pocos días más tarde desembarcaron en Terranova.

Este primer asentamiento europeo en América —denominado Liefbudir: “las casas de Lief”— motivó la llegada de numerosos colonos vikingos atraídos por la abundancia del salmón y la extensión de los pastizales. El campamento —localizado en el extremo norte de la isla de Terranova y posteriormente bautizado como L’Anse aux Meadows: «la ensenada de Meadows»— estuvo en actividad durante algunas décadas.

Las conflictivas relaciones con los nativos americanos provocaron que los vikingos no pudieran sostener su permanencia en el nuevo territorio y decidieron abandonarlo. Su larga tradición como saqueadores y atacantes de otros pueblos no les permitió sustentar la convivencia el hermano de Lief, entre otros, fue una de las víctimas fatales de los encuentros hostiles con los pobladores originarios.

Las relaciones entre los pueblos determinaron que los vikingos abandonaran el proyecto colonizador puesto que tras varios intentos frustrados por el enfrentamiento, dieron por finalizada la empresa expedicionaria.

Hacia el año 1010, un nuevo intento por asentarse en la nueva tierra derivó en un conflicto entre dos facciones vikingas que luchaban por apoderarse de «las casas de Lief», las primeras viviendas europeas en América. Solo una de las dos embarcaciones que habían partido desde Groenlandia regresó colmada de madera y vides al puerto del Atlántico norte.

Diferencias entre una orquesta sinfonica y una filarmonica

Diferencias Entre Una Sinfónica y Filarmónica

Miscelánea: según la definición del diccionario de la lengua española,  “es una mezcla de cosas de distinto origen o tipo”, y justamente este concepto es el que se aplica hoy esta página, en donde podrá encontrar explicaciones de los mas variados e inconexos temas  ,pero interesantes como para ampliar  nuestra cultura general.

miselaneas de la historia

Cuál es la  diferencia  entre una orquesta filarmónica y una sinfónica?

Concepto de Orquesta: Desde el siglo XVI la palabra orquesta se empleaba para designar todo grupo numeroso de instrumentistas. En la actualidad designa un conjunto instrumental en el que figuran instrumentos de cuerda, viento y percusión.

La gran orquesta se compone del quinteto de cuerdas (violines primero y segundo, violas, violonchelo y contrabajo), dos flautas, algunas veces el flautín, dos oboes, dos clarinetes, dos fagotes, cuatro trompas, dos o tres trombones, dos trompetas y timbales. En la pequeña orquesta entran los mismos, suprimiendo dos trompas, los trombones, el flautín, y a veces también lo; clarinetes y timbales. Dentro de la pequeña orquesta, la moderna orquesta ligera es un conjunto instrumental, de composición poco definida y propio de acompañamiento d; baile. La orquesta por antonomasia es la sinfónica.

La orquesta sinfónica esta constituida por un total aproximado de cien instrumentistas, unos 66 de cuerda, 15 de madera, 12 de metal y 10 de percusión. Ocasionalmente se integran también el piano y el órgano.


Orquesta Filarmónica de México

Durante la Edad Media y el Renacimiento la elección de los distintos instrumentos se hacía según la extensión de la orquesta y no por sus cualidades tímbricas. Los compositores no especificaban los instrumentos, sino que dejaban la opción a los intérpretes, que sé adaptaban a las posibilidades de cada momento.

El Orfeo de Monteverdi (1607) da un giro a la concepción orquestal, ya que por vez primera los instrumentos se eligen por su timbre.

En cuanto al adjetivo filarmónica que a veces acompaña a una determinada orquesta, sólo tiene un significado decorativo, por cuanto únicamente quiere decir “amante de la música”. En realidad todas las orquestas filarmónicas son sinfónicas.

En algunos casos, sin embargo, el adjetivo hace referencia al origen de la orquesta, ya que hay asociaciones de melómanos que se dedican a recaudar fondos para subvencionar una orquesta, y por ser asociaciones filarmónicas sus orquestas adquieren este calificativo.

Características de una orquesta
Una orquesta es un conjunto de instrumentistas que interpretan una obra musical al unísono, es decir, más de un instrumentista del mismo instrumento ejecuta la misma voz. Esta característica diferencia una orquesta de una agrupación de música de cámara o de un solista instrumental. El trabajo de los instrumentistas al unísono hace que la ejecución deba ser igual en todos ellos, con el objetivo de emitir sonidos y timbres muy uniformes. Por ello, y desde la época barroca, la orquestas han contado con un director.

La orquesta sinfónica
La orquesta sinfónica es la formación más amplia y espectacular. Tanto para interpretar una ópera como un concierto sinfónico, la actual orquesta consta de los siguientes elementos:

– Instrumentos de cuerda: dieciséis primeros violines, uno de los cuales es el concertino, que ejerce en algunas ocasiones la función de solista; catorce violines segundos, doce violas, diez violonchelos y ocho contrabajos.
– Viento-madera: un flautín, tres flautas traveseras, tres oboes, un corno inglés, tres clarinetes, un clarinete bajo, tres fagots y un contrafagot.
– Viento-metal: seis trompas, cuatro trompetas, cuatro trombones y una tuba. Ocasionalmente, saxofón.
– Percusión: cuatro timbales, un bombo, tambor, platillos, xilofón, campanas, triángulo, gong, celesta, etc.
– Piano.
– Órgano, ocasionalmente.
– Dos arpas.

En la ópera, la orquesta sinfónica toca desde un foso, que se sitúa en un nivel más bajo entre el escenario y el público. El emplazamiento de la orquesta en el fose hace que la representación escénica se vea con claridad; por otro lado, el hecho ce localizarse en un nivel inferior a los cantantes tiene una función práctica: evitar que la orquesta tape la emisión de voz de los solistas. (Fuente: Gran Enciclopedia Universal Espasa Calpe Tomo 29)

Fuente Consultadas:
Secretos y Misterios de la Historia – Rearder’s Digest
Enciclopedia del Estudiantes – Tomos 12 y 20 Santillana
Los Santos Que Nos Protegen Ángel Bornos-Eva Prim
COSMOS – Carl Sagan
El Espacio Asombroso – Ann Jeanette Campbell
20 Grandes Conspiraciones de la Historia – Santiago Camacho
Revista Muy Interesante La Vida en la Edad Media (Edición Especial Nº 5)
Historia del Mundo -Serie Para Dummies
Actual Historia del Mundo Contemporáneo- Vicens Vives
Almanaque Mundial 2008 -Televisa
El Prójimo – Pacho O’Donnell
La Revolución de las Ideas de – Roberto Cook

Abuelo…es verdad? de Luis Melnik

Quien fue Lady Godiva? La Historia o Leyenda de la Mujer Desnuda

¿Quién Fue Lady Godiva?

miselaneas de la historia

Miscelánea: según la definición del diccionario de la lengua española,  “es una mezcla de cosas de distinto origen o tipo”, y justamente este concepto es el que se aplica hoy esta página, en donde podrá encontrar explicaciones de los mas variados e inconexos temas  ,pero interesantes como para ampliar  nuestra cultura general.

LADY GODIVA: La piadosa cónyuge del conde de Mercia fue celebrada a mediados del siglo XI por su apoyo a varios monasterios. Irónicamente, hoy se le recuerda por una notoria cabalgata que muy posiblemente nunca hizo.

Cada tres años, en las fiestas populares de la ciudad inglesa de Coventry se incluye a una mujer desnuda que, montada a caballo, recorre sus calles en recuerdo de la heroína lady Godiva.

La verdadera lady Godiva fue la esposa de Leofric, conde deChester, con quien se había casado hacia el año 1040. De acuerdo con el cronista del siglo XIII Roger de Wendower, Godiva rogó a su cónyuge que disminuyera los impuestos que abrumaban a los habitantes de Coventry.

Tal vez enojado por su insistencia y queriendo acabar con sus fastidiosas peticiones, el conde le hizo una escandalosa propuesta: “Monta desnuda en tu caballo y pasa por el mercado del pueblo cuando toda la gente esté reunida.

Leofric le prometió a Godiva que cuando regresara de esta cabalgata le concedería su deseo: sólo de esa manera los habitantes de Coventry serían perdonados de los pesados impuestos adicionales.

Leofric esperaba que esto haría que su esposa, escandalizada y avergonzada, desistiera de su insistencia.

Según cuentan, los habitantes, en un acto de solidaridad, se encerraron en sus casas y evitaron mirarla. Sólo la vio un indiscreto, que desde entonces fue llamado Peeping Tom, Tom el mirón.

Hacia el año de 1028, una adinerada viuda llamada Godgifu o Godiva (su nombre tiene 17 pronunciaciones distintas) donó su considerable fortuna al monasterio de Ely cuando yacía en su lecho de muerte. Pero se recuperó, y una década después se volvió a casar, atrayendo el interés de su nuevo marido, el conde de Mercia, hacia sus caritativas donaciones.

En 1043 el conde y su esposa fundaron un monasterio benedictino en Coventry, uno de los pueblos bajo su dominio. El 4 de octubre la iglesia fue consagrada a San Pedro, San Osburgo, a todos los santos y a la Virgen María, de quien Lady Godiva era particularmente devota.

Las joyas que regaló a la capilla del monasterio la convirtieron en una de las más ricas de Inglaterra. Lady Godiva la patrocinó aun después de la muerte del conde, además de hacerlo con otra media docena de monasterios.

Pero la condesa no es recordada por estos actos, sino por su recorrido desnuda por las calles de Coventry.

Fuente Consultadas:
Crónica Loca de Víctor Sueiro

Enciclopedia del Estudiantes – Tomos 12 y 20 Santillana
Los Santos Que Nos Protegen Ángel Bornos-Eva Prim
COSMOS – Carl Sagan
El Espacio Asombroso – Ann Jeanette Campbell
20 Grandes Conspiraciones de la Historia – Santiago Camacho
Revista Muy Interesante La Vida en la Edad Media (Edición Especial Nº 5)
Historia del Mundo -Serie Para Dummies
Actual Historia del Mundo Contemporáneo- Vicens Vives
Almanaque Mundial 2008 -Televisa
El Prójimo – Pacho O’Donnell
La Revolución de las Ideas de – Roberto Cook

Prevenir la Muerte Legalmente El Testamento y la Herencia La Sucesion

Prevenir la Muerte Legalmente
El Testamento y la Herencia – La Sucesión de Bienes

La persona previene su muerte. El fin natural del hombre es la muerte, en la que se dejan para siempre honores y riquezas. Después solamente un recuerdo unirá a los vivos y al difunto. La persona también previene su muerte en el dilatado campo del Derecho y, para ello, dispone una serie de actos que se denominan “última voluntad”. En la formación y constitución de la propiedad intervienen tres factores: la actividad individual, la colaboración de la familia, y la tutela del Estado. Cuando por la muerte del titular se resuelve el complejo derecho de propiedad, cada elemento debe obtener su parte: el individuo, mediante el respeto que la sociedad debe guardar a su última voluntad; la familia, mediante la percepción de lo que legítimamente le corresponde, y el Estado, percibiendo el impuesto de sucesión.

El respeto a la última voluntad del finado tiene un fundamento racional y está aconsejado por razones de conveniencia social, puesto que constituye un acicate poderoso para el trabajo y para el ahorro.

CAPACIDAD PARA OTORGAR Y PARA SUCEDER

 Tienen capacidad para otorgar testamento todas aquellas personas a quienes la ley no lo prohíba de una manera expresa. Así, los menores de catorce años y los que habitual o accidentalmente no se hallen en su cabal juicio, no pueden otorgarlo. La capacidad o incapacidad para testar debe poseerse en el momento de otorgar testamento para que éste sea válido o inválido.

Tienen capacidad para heredar las personas naturales o jurídicas (un niño, una mujer, una sociedad). Los establecimientos públicos necesitan el requisito de la aprobación por parte del Gobierno. Están incapacitados para heredar: el sacerdote, que hubiere confesado al testador durante su última enfermedad, los parientes del sacerdote dentro del cuarto grado de consanguinidad y su iglesia, cabildo, comunidad o instituto; el notario autorizante del testamento y la esposa, parientes o afines al mismo, dentro del cuarto grado de consanguinidad, excepción hecha de algún objeto mueble o legado de poca importancia con relación al caudal hereditario. Tampoco pueden sucederse los cónyuges que contrajeron matrimonio contraviniendo las prohibiciones que se indicaron (menores de edad sin licencia, viuda que lo contrajere dentro de los trescientos un días siguientes a la muerte del marido, etc.).

La ley enumera otras incapacidades relativas al tutor, testigos y a las personas que hubiesen realizado hechos contra la vida y honra del testador, o que implicaren ingratitud o bien que en una forma u otra hubiesen atentado contra el principio de la libertad de testar, impidiendo al testador o a otra persona otorgar testamento, o que hubiesen suplantado, ocultando o alterado un testamento posterior.

EL TESTAMENTO

Es la manifestación de la última voluntad y constituye un acto jurídico unilateral, es decir, realizado por un solo individuo; personalísimo, puesto que debe efectuarlo el causante y no un tercero o un mandatario; es libre, ya que se realiza sin violencia, dolo ni fraude; es formal o solemne, puesto que es necesario que revista las formas o solemnidades que fija la ley, so pena de nulidad, y finalmente es revocable a voluntad del causante, quien puede otorgar todos los testamentos que desee, el último de los cuales será el que recoja y exprese su postrera voluntad. El

Derecho regula tres clases de testamentos: Los comunes ordinarios, que son el ológrafo, el abierto y el cerrado. Los comunes extraordinarios o excepcionales, como el testamento del loco lúcido, del enteramente sordo, del ciego, del mudo, en lengua extranjera, en peligro de muerte y en tiempo de epidemia. Los especiales, que son el militar, el marítimo y el otorgado en país extranjero.

El testamento ológrafo es aquella disposición de última voluntad que el testador formaliza por sí mismo, escribiéndola y firmándola de su puño y letra, sin intervención de testimonio ajeno alguno. Esta clase de testamentos sólo pueden ser otorgados por personas mayores de edad.

Todo él debe ser escrito por el testador, el cual lo fechará y firmará. Una vez redactado, el testador puede depositar el documento en poder de otra persona, de un notario, e incluso puede solicitar se tome razón del mismo en el Registro general de actos de última voluntad. En lo que respecta a estos testamentos basta que la voluntad de testar se deduzca de los términos de la disposición, sin que sea necesario que se consigne expresamente con fórmulas o frases como la de “hago testamento”, “éste es mi testamento” y otras análogas. Tampoco hay inconveniente en admitir como válido el testamento extendido en forma epistolar, siempre que no exista duda sobre la intención seria de expresar la última voluntad.

Es curioso el caso de la sentencia dictada por la jurisprudencia española, en 8 de junio de 1918, que apreció como verdadero testamento ológrafo las siguientes palabras escritas en una carta: Peñafiel, a 24 de octubre de 1915. Pacicos de mi vida: En esta primera carta de novios va mi testamento; todo para ti, todo, para que me quieras siempre y no dudes del cariño de tu Matilde. Al morir poco después la firmante Matilde, Pacicos se vio dueño de todas sus propiedades. El testamento abierto es el que se otorga ante notario. La ley lo define diciendo: “Es aquel en que el testador manifiesta su última voluntad, en presencia de las personas que deben autorizar el acto, quedando enteradas de lo que en él se dispone.

Se considera excelente, puesto que pueden utilizarlo las personas que no pueden, o no saben leer ni escribir; está dotado de plena fuerza probatoria; reúne garantías morales y técnicas, y además constituye la más antigua forma de testar.” El notario hará constar que, a su juicio, el testador se halla con la capacidad legal necesaria para otorgar testamento. Es precisa la identificación del testador, y tres testigos deberán presenciar el acto. Se expresará el lugar, año, mes, día y hora del otorgamiento y una vez redactado, el notario lo leerá en alta voz y advertirá al otorgante y testigos el derecho de leerlo por sí mismos. El notario, al final del testamento, dará fe de haberse cumplido todas las formalidades legales. El testamento cerrado es aquel en que el testador, sin revelar su última voluntad, declara que ésta se halla contenida en el pliego que presenta a las personas que han de autorizar el acto. Se trata de una forma intermedia entre el testamento ológrafo y el abierto. Sus desventajas son el excesivo número de formalidades que han de acompañarle.

El testamento militar es el que se otorga en tiempo de guerra por los militares en campaña, por los voluntarios, rehenes, prisioneros y demás individuos afectos al Ejército. El testamento marítimo es el otorgado por los que vayan a bordo durante un viaje por mar, ya sea en buque de guerra o mercante. El testamento hecho en país extranjero es el que se refiere al otorgado por los españoles fuera del territorio nacional. Puede hacerse de acuerdo con la forma prescrita por las leyes del lugar, o bien ante los agentes diplomáticos o consulares de España. El testamento hecho en inminente peligro de muerte puede otorgarse ante cinco testigos, sin necesidad de notario; aquéllos deben conocer al testador y el testamento deberá escribirse en cuanto sea posible, para ser después elevado a escritura pública y protocolizado. Caduca transcurridos dos meses después de que el testador haya superado la situación de peligro de muerte, o bien después de tres meses a contar desde el fallecimiento del testador, si en dicho tiempo no se ha acudido al Tribunal competente para que se eleve dicho testamento a escritura pública. En tiempo de epidemia puede otorgarse testamento sin intervención de notario, ante tres testigos, mayores de dieciséis años, sean varones o mujeres.

Algunas legislaciones, entre ellas la española, recogen y regulan el testamento abierto o nuncupativo otorgado ante el párroco o sus tenientes, dentro de su territorio o feligresía, y dos testigos idóneos. Es requisito imprescindible de que no exista notario, esté impedido o ausente. Naturalmente, también debe ser protocolizado después de muerto el testador. En la parroquia de los Santos Justo y Pastor, de Barcelona, radica el privilegio llamado testamento sacramental, por el cual una persona jura ante el Santísimo que tal difunto otorgó de palabra testamento en su presencia. Se debe a una tradición antiquísima.

LA AUSENCIA

Ausente es el que no se encuentra en el lugar de su domicilio, y como es natural existen dos clases de ausencia: la del que se sabe con certeza que vive y la del que se ignora su paradero y por tanto se desconoce si ha muerto o no. Este último caso se denomina “ausencia en ignorado paradero”. Para que se declare a una persona en estado de ausencia legal es preciso el transcurso de un año desde sus últimas noticias o desaparición, si no hubiese dejado apoderado de todos sus bienes, y pasados tres años de su desaparición, si hubiese dejado apoderado. El juez nombra a un representante del ausente, el cual tendrá, entre otras obligaciones, la de conservar el patrimonio.

El ejercicio de la patria potestad pasará a la esposa, la cual podrá recabar autorización del juez para la realización de todos aquellos actos de carácter patrimonial que, en ausencia del jefe o cabeza de familia requieren licencia marital. Transcurrido un determinado tiempo, que varía según las legislaciones, podrá solicitarse del juez la declaración del fallecimiento del ausente. Dicha declaración tendrá, entre otros efectos, la de abrir la sucesión de los bienes, que se efectuará de acuerdo con lo dispuesto en el testamento si se hubiese otorgado, y en caso contrario se efectuará según las normas legales generales. Si el ausente se presentara, recobrará sus bienes y podrá reclamar el precio de los vendidos, así cono también posesionarse de los que se hubiesen adquirido con su dinero, pero no tendrá derecho al percibo de frutos y rentas que se obtuvieron durante su ausencia.

LA DEFUNCIÓN

Es la muerte de la persona natural. Al ocurrir una defunción, los familiares del fallecido, los vecinos de la casa o del lugar, solicitarán que un médico compruebe la causa del fallecimiento, que en casos especiales (accidentes, crímenes, etc.) se completará con autopsia, y extienda la certificación del fallecimiento, a la vista de la cual se extenderá el asiento de defunción (partida de defunción) y se dispondrá la sepultura del cadáver. Ésta deberá realizarse transcurridas veinticuatro horas del fallecimiento.

testamento y herencia, la ley

LA HERENCIA

Es una creación del Derecho Romano que ha pervivido hasta nuestros días. Pueden darse los siguientes supuestos: herencia sin diferir, en el caso de que el causante no haya muerto todavía, o no se haya cumplido la condición suspensiva que el testador hubiese impuesto, por ejemplo, si el testador dispone: “Andrés será mi heredero cuando cumpla treinta años.” La herencia se denomina yacente cuando está ya diferida, pero aún no ha sido aceptada por el heredero. Se denomina herencia aceptada cuando el heredero ha expresado su voluntad de hacerla suya, y vacante, cuando ha sido renunciada por la persona que tuviese derecho a ella. La llamada herencia yacente, presenta un problema relativo a la interrupción en la pertenencia de la herencia, ya que media un intervalo entre la muerte del causante y la aceptación por el heredero.

Hoy existe el principio de la “retroactividad” de la aceptación, al momento de la muerte del causante, no produciéndose interrupción en la pertenencia de la herencia. El heredero, o sea el llamado a suceder, tiene el derecho de aceptar o de repudiar la herencia. La aceptación es un acto por el cual la persona a cuyo favor se concede una herencia por testamento, hace conocer su resolución de tomar la calidad de heredero y de cumplir las condiciones que tal carácter impone. La repudiación es el acto en virtud del cual el llamado a la sucesión declara formalmente que rehúsa la herencia a su favor. La aceptación de la herencia es voluntaria, excepto que el que repudie lo haga en fraude de sus acreedores; en este caso, los acreedores podrán aceptarla en nombre del deudor, hasta el importe de los créditos.

Los herederos que oculten o sustraigan algunos efectos de la herencia, pierden la facultad de renunciarla, sin perjuicio de las penas en que hayan podido incurrir con sus actos. Existe la llamada “aceptación a beneficio de inventario”, que consiste en el derecho, concedido por la ley a los herederos, para aceptar la herencia con la protesta de no responder de las obligaciones del finado, sino hasta donde alcance el valor de los bienes hereditarios.

La herencia a beneficio de inventario puede aceptarse aunque el testador lo haya prohibido. Para aceptar la herencia en estas condiciones, debe efectuarse un inventario fiel y exacto a todos los bienes de la herencia. En caso contrario, el heredero podía aceptar una herencia valorada en dos millones, pero luego encontrarse que las deudas del difunto ascendían al doble. En caso de haberla aceptado ciegamente, se vería obligado a pagarlas de su peculio. Es digno de mención el llamado “derecho de acrecer”, que consiste en que un heredero puede recibir la porción vacante de otro copartícipe en la herencia o en el legado. Así, por ejemplo, si el testador A nombra herederos suyos a B y C (coherederos) y llegado el momento de aceptar, el coheredero B ha fallecido sin sucesión o se niega a aceptar su parte, el otro coheredero C, puede reclamar la porción correspondiente a B. El derecho de transmisión es la facultad que tiene el heredero, aunque no haya llegado a posesionarse de la herencia, a transmitirla a sus propios herederos.

En virtud del principio “nadie da lo que no tiene” no transmiten derecho alguno a sus herederos: el que muere antes que el testador, el incapaz de heredar, el que renuncia a la herencia y el heredero sujeto a condición que muere con anterioridad al cumplimiento de la misma. Cuando falleciese un testador y su viuda estuviese encinta, se toman una serie de precauciones destinadas a proteger los derechos del hijo póstumo. Entre ellas, la suspensión de la participación hereditaria, y el nombramiento de un administrador de los bienes del causante. El Derecho Romano de la época de Justiniano estableció que el cónyuge que pasase a segundas o posteriores nupcias, había de reservar a los hijos del anterior matrimonio los bienes que hubiese heredado del cónyuge muerto, padre de dichos hijos o de algún hermano o descendiente de éstos. Esta institución, llamada reserva hereditaria, conservada y ampliada en los códigos modernos, estaba fundada en cierta sanción contra las segundas nupcias y en protección del interés de los hijos del primer matrimonio. La colación hereditaria es la agregación que deben hacer a la masa hereditaria los herederos forzosos que concurran en una sucesión con otros, de los bienes que hubiesen recibido del difunto, por dote, donación u otro título, para computarlo en la cuenta de la participación.

En el Derecho moderno se considera que las donaciones hechas en vida de los herederos forzosos se hacen con carácter de anticipos de su cuota hereditaria. Para que exista obligación de colacionar, se precisan dos condiciones: 1ª. que concurran a la sucesión varios herederos forzosos; 2ª. que alguno de dichos coherederos haya recibido del causante la herencia, en vida de éste, bienes o valores, por dote, donación u otro título lucrativo.

LA SUCESIÓN

Al fallecer una persona se abre la sucesión de sus bienes y obligaciones. Sucesión es la colocación de una persona en lugar de otra, sustituyéndola. El derecho regula dos clases de sucesión: la que denomina “sucesión inter-vivos” y “sucesión mortis-causa”. La primera tiene lugar por permuta, venta, donación, cesión, etc. La segunda consiste en que los bienes y derechos transmisibles, dejados a su muerte por una persona, pasan a otra. El fundamento del derecho de sucesión ha sido negado por las escuelas individualistas y socialistas. Los primeros afirman que la muerte extingue todos los derechos de la persona, ya que si la voluntad deja de existir, no puede fijar el nacimiento de ningún derecho.

Los socialistas combaten la sucesión hereditaria porque niegan todo derecho a la propiedad privada. Sin embargo, los socialistas modernos, si bien niegan este derecho con relación a la tierra y a los instrumentos de trabajo, aceptan la sucesión hereditaria en lo que afecta a los bienes de consumo y de goce. La conclusión crítica a que han llegado las escuelas positivistas modernas que defienden el fundamento racional del derecho de sucesión, es “la necesidad de perpetuar los patrimonios más allá de la vida humana, en atención a las necesidades y estabilidad de la familia, y dar fijeza a la economía social”. La sucesión puede ser “universal” y a “título particular”.

La primera supone la sustitución en la universalidad de bienes, derechos y obligaciones. La segunda hace referencia a la sustitución en determinados bienes o derechos. Además, la sucesión puede denominarse testamentaria si está basada en testamento, y legítima cuando no existe testamento válido. La sucesión hereditaria supone por lo menos dos personas: el “causante”, que es el difunto, o la persona de quien dimana la sucesión, y el sucesor, denominado “heredero”. Éste es la persona que sucede a título universal, es decir, en la totalidad de las relaciones patrimoniales de aquél. Quien sucede sólo a título particular, recibe entonces el nombre de “legatario”.

LIBERTAD DE TESTAR

 El problema de la libertad o restricción en la distribución de los bienes ha sido muy debatido. La teoría de la libertad total de testar, es decir, de disponer de todos los bienes por parte del testador, se funda en distintas razones: robustecimiento de la autoridad paterna, posibilidad de premiar méritos o aptitudes de los hijos, dar satisfacción a toda clase de obligaciones morales del testador, impedir la pulverización de la propiedad, remediar la crisis de natalidad (pensando que los padres, para no desmembrar sus patrimonios limitan el número de sus hijos), etc. Este sistema está consagrado en Inglaterra, Canadá, Estados Unidos de América, y en algunos países de Hispanoamérica (México, Costa Rica, Honduras y Panamá).

El sistema de la sucesión forzosa, lo encontramos en el código civil de la Rusia, según el cual no pueden ser herederos otras personas que los descendientes directos (hijos, nietos, bisnietos) y el cónyuge sobreviviente. Según la teoría ecléctica, países como Francia, cuya legislación prescribe se reserve la mitad de la herencia, si el difunto deja un hijo, dos tercios si deja dos hijos, y tres cuartos si deja tres o más. Bélgica, Holanda, Uruguay, Venezuela e Italia siguen criterios afines. La Argentina concede a los descendientes cuatro quintos del haber hereditario. Noruega y Suiza, los tres cuartos.

Austria fija como legítima, la mitad de los bienes. La ley brasileña ha reducido a la mitad de la herencia la legítima de los descendientes, que antes estaba constituida por los dos tercios. El Código civil español regula la sucesión legítima tomando por base la proximidad parenteral con el causante. Existe también un derecho de reversión a favor de los ascendientes, en las cosas dadas por ellos a sus hijos o descendientes muertos sin posteridad, y de un hecho de reserva en favor de los parientes de la línea de donde los bienes procedan.

La desheredación es una disposición testamentaria por la que se priva de su legítima a un heredero forzoso, en virtud de una justa causa. Su finalidad es mantener el buen orden y la disciplina en el seno de la familia. La mayoría de los códigos modernos han conservado esta institución, como los de Portugal, Austria, Argentina, México, Guatemala, Alemania, Suiza y Brasil. El Código alemán consigna como causa de desheredación, la de llevar conducta deshonrosa o inmoral, contra la voluntad del causante. En el Código suizo se admite por comisión de delito grave contra el difunto y sus allegados. El español, señala como causas generales el abandono de los hijos, prostituir a las hijas, haber sido condenado por adulterio con la mujer del testador, etc. Son causas especiales, el haber negado alimentos al padre o ascendiente que le deshereda, haberle maltratado de obra o injuriado gravemente de palabra, etc. La desheredación puede extinguirse por reconciliación y redacción de nuevo testamento.

PARTICIÓN DE LA HERENCIA

 Cuando dos o más herederos aceptan una herencia, el patrimonio del finado corresponde a todos ellos a prorrata de la parte que cada uno tiene en la herencia, produciéndose un estado de pro-individisión. Por ejemplo, un propietario que otorga por testamento una casa a cinco personas en igualdad de derechos. Dicho estado de indivisión se considera antieconómico y antijurídico, y por ello se procederá a la división con carácter forzoso, por el solo hecho de instar la partición cualquier heredero. Para efectuar la partición de una herencia se determinan el activo y el pasivo del capital hereditario y se fija luego lo que corresponde a cada partícipe. La partición judicial es la que realiza el juez a consecuencia de un juicio o en ejecución de sentencia. La partición extrajudicial es la que realiza el mismo testador en el acto de otorgar testamento.

Éste tiene amplia libertad para disponer de sus bienes, con la sola excepción del respeto debido a las legítimas, de las que más adelante nos ocuparemos. También tiene este carácter la que realiza el “comisario” designado por el testador, así como las practicadas por los herederos o por los albaceas nombrados por el testador. Partición mixta es la que se efectúa en forma privada, pero con aprobación judicial, bien por disponerlo así la ley al intervenir menores o incapaces, bien por solicitarlo voluntariamente los herederos. En la partición de la herencia se realizan varios actos: El inventario, que comprende la relación de bienes de la herencia, divididos en dos partes: muebles e inmuebles. Va seguido de un resumen que abarca el activo y el pasivo. El evalúo, que consiste en la tasación o valoración de cada uno de los bienes que figuran en el inventario. La liquidación, que es una simple operación aritmética. Se parte del importe de los bienes inventariados, y previa la declaración de las bajas o aumentos del importe de los mismos, se fija el líquido del caudal hereditario, o sea la suma a distribuir. La división consiste en señalar a cada heredero la parte que le corresponde.

La adjudicación es la atribución o transmisión de propiedad a cada coheredero. El legado o manda es una forma de suceder en los bienes y derechos particulares de una persona. Todo legado supone necesariamente tres personas: el que lo ordena (testador); el que lo recibe (legatario) y el que lo debe prestar (gravado). Así, el testador ordena que se entregue tal cantidad a un criado fiel, a la Iglesia, a una institución benéfica, etcétera. Cualquier testador con capacidad puede ordenar legados; puede ser legatario toda persona que tenga capacidad para recibir por testamento. Existiendo herederos forzosos, el testador sólo puede imponer legados sobre la parte de libre disposición, que, como veremos, es un tercio del caudal hereditario. Legítima es la porción de bienes de que el testador no puede disponer por haberla reservado la ley a determinados herederos, llamados por esto “herederos forzosos”.

 

La Iglesia de Cristo Vida Cristiana Reformas Religiosas Calvino Enrique VIII

La Iglesia de Cristo Vida Cristiana
Reformas Religiosas Calvino y Enrique VIII

La Iglesia de Cristo EL CRISTIANISMO SE PROPAGA. Cuando Jesús fue crucificado, el colegio de los apóstoles se encontraba disperso. Judas había muerto y solamente Juan se hallaba al pie de la cruz. El miedo había impulsado a Pedro a negar al Maestro, y a los demás a esconderse. Sin embargo, poco tiempo antes de su Ascensión, Jesús había dicho a sus apóstoles: “Seréis testigos míos en Jerusalén, en la Judea, en Samaria, y en todos los confines de la tierra.” Después de su Resurrección los volvió a reunir y después de haber presenciado la Ascensión de Jesús, los apóstoles ya no se volvieron a separar. Pedro, como jefe de la Iglesia, propuso a la asamblea elegir un apóstol que sustituyese al traidor Judas, y fue designado Matías.

CALVINO

Fue el primero en comprender que la autoridad en materia religiosa no era menos importante por el hecho de haber sacudido la autoridad papal, y aunque admitía el libre examen y la supresión del sacerdocio, impuso la suya incluso a los que se revelaban ante el poder de Roma. En Ginebra dominaba un terror que no habían inspirado jamás los muros de Letrán. En Inglaterra, en Francia, en Alemania, en Europa entera, Calvino imponía la ley entre los protestantes. Se mostró contrario al humanismo y declaró la guerra al espíritu moderno en todas sus manifestaciones: científicas, artísticas, literarias y contra la naturaleza humana, viciada por el pecado. Los calvinistas fueron iconoclastas, enemigos de las artes plásticas y de toda diversión.

En tiempo de Cromwell, en Inglaterra, degeneraron en una verdadera manía contra todo lo que significaba placer, por sencillo que fuese. El sistema teológico de Calvino es el más duro que ha podido concebir inteligencia cristiana. Empieza negando la libertad y todo valor a las buenas obras. Según él, habiendo quedado nuestra naturaleza corrompida por el pecado original, es imposible que de ella proceda cosa alguna que no esté también pervertida. El hombre es ciego en su entendimiento, vicioso en su corazón y cautivo de su libertad encadenada. Por otra parte, si Dios decreta la salvación de unos y la ruina de los demás, si prohíbe a todos el pecado, a la vez y secretamente, quiere que algunos pequen para tener que condenarlos; porque, en fin de cuentas, tiene que haber condenados para “ilustrar su gloria”. La Inquisición calvinista de Ginebra fue, posiblemente, la más cruel de su tiempo.

EL CAMINO DE DAMASCO

Saulo, aunque luego ciudadano romano, era judío, de la tribu de Benjamín, y había nacido en Tarso, en el Asia Menor. Estudió en Jerusalén para ser doctor de la Ley. De temperamento ardiente y arrebatado, se declaró defensor de la tradición mosaica y enemigo irreconciliable de Jesús y de las nuevas doctrinas. Se dice que había participado en el martirio de San Esteban. Devastaba la Iglesia, entraba en las casas y arrastraba a las prisiones a cuantos fieles encontraba. Su odio le movió a dirigirse a Damasco, en Siria, provisto de una carta del Sumo Sacerdote, porque la que se le autorizaba para traer cargados de cadenas a cuantos judíos se hubiesen hecho cristianos.

Mas la gracia divina le aguardaba en el camino y cerca de Damasco una luz vivísima le derribó en tierra, y oyó una voz poderosa que le decía: “¡Saulo, Saulo” ¿Por qué me persigues?” Saulo se levantó, pero tuvo que ser conducido por los que le acompañaban, pues estaba ciego y pasó tres días sin comer ni beber cosa alguna. Había en Damasco un cristiano llamado Ananías, a quien el Señor se le apareció y le dijo: “Vete al barrio que se llama Recto y pregunta por un hombre de nombre Salo de Tarso y dile que es el instrumento escogido para llevar mi nombre a las naciones, a los reyes y a los hijos de Israel.” Ananías obedeció; encontró a Saulo, le impuso las manos, le devolvió la vista y le bautizó. Estos hechos ocurrían hacia el año 34 d. de J.C. El nuevo discípulo, Pablo, lleno de un celo ardiente se puso a predicar en las sinagogas de Damasco y a declarar que Jesús era el Mesías. Pero los judíos, exasperados, quisieron darle muerte, y Pablo se retiró a Arabia, donde vivió tres años en el retiro y en la oración antes de emprender sus famosos viajes.

El cristianismo continuaba progresando en Judea, Samaria y Galilea. Pedro, como vicario de Jesucristo, empezó a visitar las nuevas misiones establecidas por todas partes. Los cristianos de Jerusalén, a quienes la persecución había obligado a dispersarse, habían llegado hasta la isla de Chipre, Fenicia y la lejana ciudad de Antioquía, que era entonces la capital de Siria. Los apóstoles enviaron a esta ciudad a Bernabé, cristiano celoso e inteligente. Allí fue donde se dio por primera vez a los fieles el nombre de cristianos.

La Palestina estaba entonces administrada por Herodes Agripa. Los emperadores romanos le habían devuelto el título de rey y, para hacerse agradable a los judíos, decretó una persecución de la que el apóstol Santiago el Mayor, hermano de San Juan Evangelista, fue su primera víctima, haciéndole decapitar, y encarceló a Pedro, en Jerusalén, para darle muerte después de la fiesta de Pascua, pero un ángel le liberó y se refugió en la casa de Juan Marcos, el futuro evangelista, donde se hallaban reunidos numerosos cristianos. Los grandes perseguidores de la Iglesia naciente en los primeros tiempos, fueron los judíos.

Uno de los problemas más graves que se suscitó en el seno de las cristiandades formadas en pueblos gentiles, era la de si éstos debían someterse también a la ley mosaica al hacerse cristianos. Muchos judíos entendían que sí, pero esto repugnaba a los nuevos conversos. Pedro decidió en sentido negativo con estas palabras: “¿Por qué tentáis a Dios queriendo imponerles un yugo que ni nuestros padres ni nosotros hemos podido llevar?” Entonces la asamblea decidió que no debía molestarse a los paganos que se convertían al cristianismo, ni exigir de ellos la práctica de los ritos exteriores de la ley mosaica.

El cristianismo se extendía, y maravilla comprobar cuánto viajó Pablo en su apostolado. Después de haber atravesado la Siria del norte, se dirigió hacia el noroeste del Asia Menor, a través de la meseta central, y llegó a la pequeña ciudad del Tróades, situada a orillas del Mediterráneo. Luego estuvo en Macedonia y en Atenas, donde sintió una profunda tristeza, viendo hasta qué punto estaba sumergida en la idolatría. “Atenienses -les habló en la plaza pública- veo que sois los más religiosos de los hombres, porque examinando vuestros objetos sagrados he encontrado entre tantos dioses un altar sobre el que está escrito: Al Dios desconocido. Ese a quien adoráis sin conocerle, yo os lo vengo anunciando. Es Cristo.”

EL CONCILIO DE TRENTO Y SAN IGNACIO

La sacudida que en la Iglesia produjo la herejía protestante provocó una intensa reacción en el mundo católico. La figura del Monje Lutero encontró su oponente en la ascética severa del español Ignacio de Loyola, militar herido en Pamplona y a quien Dios inspiró la creación de una milicia de Cristo, una Compañía de Jesús saturada de espíritu de obediencia al papado, de servicio y de trabajo. Los jesuitas introdujeron en el seno de la Iglesia católica un estilo de vida y de acción. Fueron los principales impulsores del espíritu que animó el Concilio de Trento. Éste se desarrolló a lo largo de 25 sesiones entre los años 1545 y 1563.

Posiblemente es el más importante de la Iglesia y en él se estructuró en forma clara y definida todo lo referente a las Sagradas Escrituras, los sacramentos, en especial la Eucaristía, la ordenación del sacerdocio y la teoría de la justificación. El género de vida que San Ignacio ideó rompía los antiguos moldes y abría una nueva época a la acción apostólica. Sin coro, sin hábitos monacales, sin austeridades excesivas, con gran interés por los estudios, demostró un gran espíritu práctico en sus reglamentaciones. Su regla fundamental es el examen del alma y su unión con Dios por la total consagración del hombre al Creador. Todo Ad Maiorem Dei Gloriam. Adelantándose muchos años a las tendencias más modernas de la Psicología, San Ignacio escribió los Ejercicios Espirituales, verdadero camino de análisis y de introspección, en los cuales el alma se encuentra a sí misma y, como consecuencia, a Dios.

LA EDAD MEDIA

La decadencia y el hundimiento del Imperio Romano no arrastraron consigo a la Iglesia; al contrario, con su desaparición resultó singularmente fortalecida. Los bárbaros que invadieron Europa no tardaron en convertirse a la verdadera fe. San León impresionó, con su serena dignidad, al propio Atila, y cuando aquéllos se asentaron y constituyeron monarquías en distintos países, no tardaron en convertirse al cristianismo. De un lado, la Iglesia tenía que pulir y elevar aquella sociedad demasiado dura, batalladora y cruel; de otra parte, no tardó en surgir un peligro más terrible aún: las huestes de Mahoma.

Las disputas entre el Pontificado y el Imperio, la codicia excesiva del feudalismo, la suma pobreza de las clases necesitadas y el abandono total de las artes del espíritu fueron cuestiones que la Iglesia tuvo que considerar y resolver. En la Edad Media, la Iglesia cristiana adquirió su plenitud. En primer lugar, no aparece ya como un pequeño grupo que inquieta al Estado, ya no se cobija bajo la tutela del Imperio Romano, erigido sin su concurso, sino que surge vigorosa y expansiva, hasta el punto de encerrar dentro de su seno la familia, las naciones, la sociedad civil y la vida pública. En segundo lugar, la piedad se hace más humana, el culto material adquiere proporciones sorprendentes y el corazón de los fieles late al impulso de una nueva ternura para con los santos, para con la Virgen y para con la Humanidad de Cristo.

En tercer lugar, la doctrina va definiéndose con creciente precisión y reviste la forma de un sistema coherente merced al esfuerzo realizado por la Escolástica. Estos tres rasgos del cristianismo medieval son solidarios. Por eso la aversión a la Escolástica, la rebelión contra el poder eclesiástico y el desprecio de la piedad externa en nombre de un culto puramente espiritual, serán los tres hechos que señalarán el fin de la Edad Media.

LA GRAN PRUEBA

La Buena Nueva se había extendido por todo el Mediterráneo. Pedro se hallaba en Roma; Santiago había llegado hasta España; Tomás, hasta la India. Estaba próxima la gran prueba del fuego y de la sangre: las persecuciones. Nerón, emperador de Roma, bajo la acusación de que los cristianos habían incendiado la ciudad, decretó la primera el año 64. Con diversos intervalos, hasta el 313, se sucedieron diez persecuciones, cada una de las cuales tuvo sus características. Tertuliano llegó a escribir: “Si se desborda el Tíbet, si hay sequía, si nuestras tropas son derrotadas… ¡los cristianos a los leones!” El mundo pagano, y menos aún los emperadores, no podían comprender la profunda revolución representada por la doctrina de Cristo.

Donde imperaban el vicio, el despotismo, la esclavitud, el lujo desenfrenado al lado de la miseria, no cabía, por ser mentes no iluminadas por la gracia, que se considerara hermano al esclavo sobre el cual el dueño tenía incluso derecho de vida y de muerte. Hubo momentos en que bastaba la simple acusación de ser cristiano, de haberse reunido con ellos en las catacumbas o de haber realizado el signo de la cruz, para terminar en el Circo Máximo. Los romanos culpados de seguir la nueva fe eran decapitados, los esclavos morían crucificados y los hombres libres eran lanzados a las fieras. En algunos casos, después de sufrir tortura, se destinaban a las minas, donde morían lentamente. Sin embargo, el número de fieles aumentaba por momentos y este hecho ocurría tanto si la furia de las persecuciones menguaba como si volvían a recrudecerse con más fuerza. Al terminar una persecución, se comprobaba que el número de fieles era mayor.

Sería imposible contar los innumerables actos heroicos ocurridos. Uno de los más nobles y hermosos fue el de la Legión Tebana, denominada así por ser oriunda de Tebas. Sus componentes eran todos cristianos y como se negaran a sacrificar a los dioses antes de entrar en batalla, fueron diezmados, es decir, murió uno de cada diez. Como este castigo no bastara para hacerles abjurar, se exterminó completamente dicha legión, compuesta de unos 6.000 hombres. Pedro, muerto en la cruz cabeza abajo, y Pablo, decapitado por ser ciudadano romano, fueron dos de los primeros mártires. Uno tras otro murieron los apóstoles, y Juan, que era el más joven, sobrevivió a todos. En tiempo de Constantino, se produjo un hecho prodigioso que terminó definitivamente con la persecución de los cristianos. Cuando las legiones se preparaban para dar la batalla de Puente Milvio, aparecieron bajo los rayos del sol poniente una cruz y unas letras, que decían: In hoc signo vincis. Todos los soldados fueron testigos de este hecho maravilloso. Entonces Constantino mandó poner una cruz en el lábaro y al día siguiente las fuerzas romanas obtuvieron la victoria. En aquella fecha, año 313, se publicó el Edicto de Milán, por el cual los cristianos tuvieron libertad de practicar su religión. Años más tarde, el Imperio se convertía al cristianismo.

LA IGLESIA HASTA HOY

El siglo XVII vio los campos del cristianismo bien delimitados. De un aparte el protestantismo, plenamente disidente, sin posibilidades inmediatas de reintegración a la fidelidad de Roma. De otra, la Iglesia católica, con una estructura concreta y con la figura del Papa notablemente robustecida. Las figuras cumbres de aquella época surgieron en diversos campos. Fundadoras como Santa Teresa de Jesús; reformadores como Pío V, San Carlos Borromeo y San Pedro de Alcántara; místicos como San Juan de la Cruz y apóstoles misioneros como San Francisco Javier, sin olvidar héroes de la caridad al estilo de San Juan de Dios y, posteriormente, San Vicente de Paúl.

Las herejías, menos virulentas que en siglos anteriores, también aparecieron en especial en Francia, donde los jansenitas de Port-Royal sostenían que el hombre no es libre para salvarse o condenarse. Otra vez se ponía de manifiesto el gran problema de la predestinación que tanto eco tuvo en la literatura (El condenado por desconfiado, incluso en Don Juan Tenorio). La tesis de la predestinación que impulsaba a la desesperanza de salvarse, tuvo que ser condenada por la Iglesia.

Al mismo tiempo, los soberanos absolutistas de francia (galicismo) y de España (regalismo) tendían a crear un catolicismo nacionalista con un gran predominio e influencia de poder civil. El avance conseguido por San Ignacio y Trento se iba a ver frenado y casi detenido por la aparición de la Enciclopedia y la Revolución Francesa a fines del siglo XVIII. La incredulidad, el ateísmo y la indiferencia religiosa fueron los grandes enemigos de la fe en el alborear del siglo pasado. Ya no se luchaba, como en tiempos del emperador Carlos, por una idea religiosa, errónea o verdadera, sino que se combatía, de palabra o por la espada, entre creer o no creer.

La ironía de Voltaire y el naturalismo de Rousseau, nacidos en el ambiente disipado, vicioso y decadente de la corte de Luis XIV (época de los “libertinos”) preparó la gran revolución del 14 de julio. Los enciclopedistas, algunos de los cuales se declaraban simplemente ateos, prepararon la venida del liberalismo. Es bien sabido que los soldados de Napoleón lo desparramaron por toda Europa y los Estados nacidos después de Waterloo llevaban en su interior el germen de una revolución política, pero con raíces antirreligiosas indudables. Pío VII tuvo que sufrir el enfrentarse con Napoleón I, que deseaba obtener el divorcio de Josefina. Durante 14 meses estuvo preso, pero finalmente el pontífice regresó a Roma y años más tarde el emperador de los franceses moría en una isla perdida en el Atlántico Sur. Al comenzar el siglo XX el Papa se consideraba voluntariamente preso en el Vaticano desde el momento en que al constituirse el reino de Italia, las tropas de Víctor Manuel habían disuelto los Estados pontífices.

Esta situación anómala fue resuelta en 1929 gracias al Tratado de Letrán por el cual se constituía el territorio de la Santa Sede, o Vaticano. En el campo político y social tres grandes tendencias se manifestaban entonces con claridad; el viejo liberalismo convertido en defensor de los derechos de la personalidad e individualidad en contra del poder abusivo del Estado; los movimientos ultranacionalistas denominados corrientemente “fascismo”, por haber sido el duce el primero en manifestarse, y las tendencias socialistas extremadas que con el nombre genérico de “comunismo” predicaban una dictadura del proletariado y el Estado. Nada pudo hacer el pontificado para evitar las guerras mundiales de 1914 y 1939, salvo cooperar al socorro de prisioneros y personas desplazadas. El siglo XX se presentó con el signo de lo social.

La doctrina católica sobre el trabajo fue expuesta ya con claridad por León XIII en su encíclica Rerum Novarum y subrayado por Pío XI en la titulada Quadragésimo Anno. Caracteriza a la Iglesia de la segunda mitad del siglo el elevamiento del papel del clero nativo; la cooperación seglar a la obra apostólica; el incremento del culto a María, manifestado por el realce de Lourdes y Fátima; el movimiento provocado por el Año Santo de 1950; la situación especial de los católicos en los países comunistas, que dio lugar a la “Iglesia del Silencio” y el proceso de “aggiornamiento”, es decir, la adaptación de la estructura eclesiástica a las necesidades de la sociedad. La actitud de los sucesores del Papa Pío XII, Juan XXIII, Paulo VI y Juan Pablo II pusieron de manifiesto el interés que despierta el movimiento católico incluso en los medios no confesionales y la realización del Concilio Ecuménico demostró el profundo interés de la Iglesia en las renovaciones de sus métodos para llegar a los grandes sectores de la población moderna.

LA VIDA CRISTIANA EN LA EDAD MEDIA

La fe llenaba todos los aspectos de la vida medieval. No sólo las diócesis y las iglesias tenían sus santos protectores, sino también los gremios de artes y oficios. Las ceremonias de la nobleza, como la vela de las armas, la bendición de la espada, etc., dieron a la caballería, institución típicamente medieval, un sentido místico y cristiano. En las Galias, la consagración, que desde Pepino el Breve hizo del rey el ungido del Señor, imprimió a la realeza un carácter eminentemente religioso, del cual se derivaba una innegable autoridad, pero también una gran responsabilidad. El Estado y la Iglesia marcharon íntimamente unidos.

En concilios mixtos, nobles y obispos colaboraron en la codificación ya desde tiempos de Carlomagno. La “tregua de Dios”, generalmente respetada y la pena de excomunión sirvieron para refrenar los impulsos demasiado bélicos de una época exaltada. Fue aquella una época de piedad externa: devoción a las reliquias, peregrinaciones a Tierra Santa, a Santiago y a Roma; mas, por encima de todo, aquélla se manifestó en el grandioso movimiento de las Cruzadas que se estudia en el tomo V de esta obra. Las catedrales construidas por y para el pueblo fueron verdaderas Biblias, disertaciones teológicas en piedra. El florecimiento de la pintura y la escultura va ligado íntimamente a la Religión, sobre todo en Italia, Francia y España. Hasta el Renacimiento los artistas de estos países raramente se atrevían a pintar temas profanos. El teatro, por ejemplo, nació de una necesidad religiosa, la de mostrar al pueblo en forma viva los grandes hechos evangélicos.

El simbolismo culminaba en los menores detalles. Así, en las representaciones de la Pasión, Jesús y el buen ladrón vestían túnicas blancas, mientras el mal ladrón llevaba una vestimenta negra, reflejo de su alma. La Escolástica, impulsada por el genio de Santo Tomás de Aquino, el auge de las universidades, la creación de órdenes hospitalarias, etc., demuestran que la Iglesia había llegado a una plenitud en la que su doctrina informaba la vida de las naciones. En el siglo XIII, la Escolástica alcanzó su apogeo. No se concebía que pudiera existir un pensamiento que no concordara por entero con la Fe. La autoridad de la Iglesia, reflejo de la verdad divina, era el supremo testimonio. Santo Tomás entendía que todas las ciencias prestan su ayuda a la ciencia sagrada como los vasallos al soberano. La doctrina de Averroes, según la cual una misma cosa podría ser verdadera desde el punto de vista teológico, y falsa desde el punto de vista filosófico, no se concebía.

En realidad, no se concibe que tal cosa pueda ocurrir y en este sentido se declaró la Iglesia, sustentando siempre la primacía de la Teología sobre todo otro saber. La Escolástica sostenía que la Ciencia y la Fe no pueden sino estar de acuerdo, pero con predominio de esta última. Fue una época de intelectualismo exagerado si bien muy reducido, de grandes movimientos de piedad unidos a crueldades incomprensibles; suma pobreza y fastuosa ostentación. En la actualidad, aún leemos y meditamos un libro escrito en el siglo XIV por un alemán, llamado Tomás de Kempis. Lo denominó Imitación de Cristo, y los conceptos y consideraciones en él vertidos que se centran en un desprecio total de los bienes terrenos, del mundo y los placeres para alcanzar la unión con Cristo, no han perdido actualidad a pesar de los seis siglos transcurridos desde la publicación de este famoso libro. Las violentas luchas por las investiduras; los conflictos entre güelfos y gibelinos, tendientes a debilitar el poder pontificio; la triste escisión de la Iglesia oriental en el siglo IX; el cautiverio de Babilonia, al trasladarse la corte papal a Avignon durante cuyo período hubo un momento en que la cristiandad conoció a tres papas simultáneamente, preparaban una crisis, un cambio del que la Iglesia debía salir más fortalecida.

LA VIDA MONÁSTICA

En Occidente comenzó por ser una imitación de la que se practicaba en Egipto. Así, aparecen las primeras fundaciones de San Martín en Francia hacia el año 360. Una de las características más destacadas de la Edad Media fue el monaquismo. El espíritu religioso incrementó el número de monjes hasta llegar a cifras muy notables. La labor de piedad, estudio, trabajo manual, austeridad y recogimiento que llevaron a cabo fueron para aquella época violenta, islas de cultura y espiritualidad, de auténtica civilización. San Benito de Nursia, en el siglo VI, conocía la vida eremítica por haberla practicado con todo rigor, pero dulcificó la regla prescribiendo a los monjes un vestido adecuado, suficiente alimentación y un sueño reparador (cerca de ocho horas), abrevió el tiempo de rezo y propuso un plan de vida en el que la oración y el trabajo se complementaban. En la regla benedictina estaba previsto y ordenado todo: las atribuciones del abad, la distribución de los oficios divinos, el empleo del tiempo, la liturgia, la corrección de las faltas, etc. Los monjes estaban juntos en el coro, en el refectorio, en el dormitorio y en el trabajo, formando como una gran familia.

La sociedad bárbara, propensa a la crueldad y a la violencia, recibió el influjo pacificador de los monasterios, aunque en muchos casos éstos decayeron y se convirtieron en plazas feudales con todos sus defectos, pero siempre por haber abandonado la regla cediendo a los placeres mundanos. En el siglo X surgió una corriente reformadora cuyo origen radicó en Cluny, en la Borgoña. A los cluniacenses siguieron los camaldulenses, los agustinos y, sobre todo, los cartujos, nacidos en la Chartreuse, en el obispado de Reims, caracterizados por la severidad de su regla, cuya austeridad ha llegado hasta nuestros días. Más adelante, ya en el siglo XII, surgieron dos grandes reformadores impulsados por un mismo ideal religioso, pero enfrentados a dos hechos diversos. Santo Domingo de Guzmán, fundador de los dominicos, tuvo que luchar duramente para combatir la herejía albigense que se había apoderado de gran parte de Francia.

Con la palabra y el rosario, el santo español consiguió vencer a los herejes creando al mismo tiempo un movimiento de purificación dentro de la Iglesia. Los contrastes más violentos se dieron en la Edad Media. Junto a obispos feudales, más atentos a la administración de sus dilatadas tierras que a la difusión del Evangelio, surgieron figuras que llevaron el ideal de Cristo hasta lo sublime. El santo más notable en este aspecto es, sin duda, San Francisco de Asís, el poverello italiano que hablaba a los pajarillos y llamaba hermanos al sol, a la muerte y al viento. Los franciscanos fueron una de las más importantes órdenes mendicantes en las cuales el voto de pobreza era fundamental.

Este santo introdujo en la Iglesia el concepto de obediencia más íntimo y universal, enraizado con el que se practicaba en los monasterios de los primeros siglos del cristianismo, y también contribuyó a reforzar la sumisión al poder del Papa. Posteriormente, las órdenes religiosas proliferaron notablemente. Aparecieron los carmelitas, los trinitarios y los mercedarios, éstos fundados especialmente para la redención de cautivos gracias a la fe de San Pedro Nolasco, San Raimundo de Peñafort, y el rey Jaime I el Conquistador.

LOS COMIENZOS DE LA REBELDÍA

En los siglos XII y XIII había surgido una herejía llamada catarismo o de los albigenses. Diseminados por Alemania, Bélgica, España y Francia meridional, los albigenses creían en la existencia de dos dioses contrarios, el uno principio del bien y el otro principio del mal. Para ellos, Jesús era uno de tantos espíritus emanados de la sustancia divina. Rechazaban la gracia, los sacramentos, el culto de la cruz y de los santos, las imágenes y reliquias y el sacrifico de la misa; sustituyéndolos todo con el consolementum, que era una especie de bautismo. Su moral era austera: abstinencia absoluta de toda comida de animales a excepción de pescado, virginidad perpetua, horror a la mentira y al juramento, inviolable fidelidad a la secta. Algunos llegaron a prohibir el matrimonio, alcanzando extremos de una severidad inconcebible. No admitían la liturgia cristiana, basándose en que Cristo sólo había enseñado una oración, el Padrenuestro. Condenaban la guerra y llegaban a discutir la autoridad del estado, pretextando que Jesús había proclamado a los fieles libres del censo romano, y con la supresión total del juramento, minaban la sociedad feudal en uno de sus principios esenciales.

La predicación de Santo Domingo de Guzmán, la cruzada de Simón de Montfort, la institución y funcionamiento de la Inquisición, cortaron los vuelos de este anarquismo místico, pero la herejía albigense había dejado dos semillas: el pretendido retorno al Evangelio y la reprobación de toda autoridad no abonada por suficientes títulos de virtud. La autoridad de los papas y el poder real de San Luis hicieron que la herejía quedara cercenada. Mas el día en que la autoridad del estado vino a menos, y surgieron disensiones entre los soberanos de la cristiandad, dichos gérmenes hicieron posible la aparición del protestantismo. La estancia de los papas en Avignon, el Cisma de Occidente, fue un nuevo y terrible golpe contra el crédito del Pontificado, convirtiéndolo en blanco de acres censuras por sus abusos y por su docilidad a las exigencias de la política francesa. Sin embargo, la fe aún se conservaba profundamente arraigada y nadie se atrevía a poner en duda la misión de la Iglesia, viendo en el cisma un castigo de Dios por los pecados de los fieles. De un lado se dieron figuras heroicas y sublimes, como la de Juana de Arco, en Francia, quemada viva a instancias de los ingleses por hereje, y santificada más tarde por Roma. Pero los movimientos heterodoxos fueron muchos.

En Inglaterra surgió Juan Wiclef, precursor de la Reforma, el cual sostenía que la única regla de la fe era la Biblia. Juan Huss, profesor de la Universidad de Drage, se hizo eco, en el centro de Europa, de las doctrinas rebeldes de Wiclef. Un aire de polémica y crítica barría la cristiandad. En Florencia, el fraile Savonarola predicaba la extrema pobreza y el retorno al Evangelio en forma tan dura que le llevó a desobedecer al Papa Alejandro VI y murió en la hoguera. El mundo presentía y preparaba el Renacimiento y con él la prueba más dura para la Iglesia católica. Mientras tanto, Colón, al frente de un puñado de españoles, descubría el Nuevo Mundo, que empezó a ser evangelizado por hombres llenos de fe.

LOS CRISTIANOS NO CATÓLICOS

 Más de la mitad de los seguidores de Cristo que hoy existen en el mundo profesan la religión católica, y los que no se sienten obligados a obedecer la autoridad del Papa se hallan divididos en varias ramas. En el siglo VI los egipcios y los etíopes abrazaron el cristianismo cayendo en la herejía monofisita que sostenía la naturaleza divina de Jesús con exclusión de la naturaleza humana. Ante la invasión musulmana el 90% de la población egipcia fue convirtiéndose al credo mahometano, pero aún existen en el país, y sobre todo en Etiopía, numerosos cristianos coptos. La separación de la Iglesia oriental a raíz del Cisma que se inició en el siglo IX y se hizo definitivo en el XI ha dado lugar a una gran masa de cristianos que en el dogma y en la práctica del culto poco se diferencian de los católicos. Cuando los turcos conquistaron Constantinopla, una parte de cismáticos quedó englobada en el imperio musulmán, especialmente los que vivían en Grecia, mientras otros se sintieron atraídos por la Iglesia ortodoxa rusa, cuyo corazón estaba en Moscú, a quien llamaban “la tercera y última Roma”, pues la segunda era la perdida Constantinopla. La Iglesia ortodoxa rusa sufrió diferentes vicisitudes y persecuciones. Con la liberación de Grecia y los Balcanes del dominio musulmán resultaron de este modo la Iglesia cismática renaciente y la ortodoxa perseguida. En la actualidad ambas tienen vida independiente y sus contactos con Roma son cada día más cordiales y frecuentes, habiéndose arribado al levantamiento de las excomulgaciones mutuas y a la supresión de los términos “heréticos” y “cismáticos” en sus relaciones.

Los protestantes, que predominan en el Norte de Europa y Norteamérica, se hallan divididos en numerosas sectas y confesiones. No es posible dibujar hoy un mapa confesional en un país como los Estados Unidos. Católicos y protestantes se hallan tan mezclados que no hay divisiones ni es posible asegurar cuál de las dos confesiones tiene mayor número de adeptos. Pero mientras los católicos mantienen la fe y la unidad de Roma, los protestantes se encuentran ramificados en innumerables “iglesias”.

LOS PRIMEROS TIEMPOS DE LA IGLESIA

La difusión del cristianismo aparece como un auténtico milagro, ya que en poco tiempo se extendió hasta los últimos rincones del Imperio y gozó de cierta protección oficial. Desde los primeros tiempos fue preciso luchar esforzadamente para mantener la pureza de la fe pues las herejías surgieron ya en los primeros siglos. Los maniqueos pretendían demostrar la existencia de dos principios iguales, el Bien y el Mal, adaptando ciertas religiones persas a la tesis cristiana.

Los montanistas aseguraban que así como el Antiguo Testamento fue la religión del Padre y el cristianismo era la religión del Hijo, debía venir otra religión del Espíritu Santo, más dura y severa. Más tarde los arrianos, los pelagianos y otros, pusieron en peligro la rectitud del dogma. La iglesia, a través de veinte siglos, ha tenido que esforzarse para mantener un equilibrio entre dos tendencias extremistas; una la que niega la divinidad a Jesús y, en general, destruye todo vínculo religioso dejando al hombre en completa libertad. Otra no menos peligrosa (arrianistas, albigenses, etc.), viene a predicar una religión tan dura y tan intolerante que resulta inhumana.

En Alejandría floreció la sabiduría cristiana en tiempos de los primeros Padres de la Iglesia. Los denominados “griegos” y los “latinos”, como Tertuliano, asentaron las bases de una filosofía cristiana y las piedras fundamentales del dogma. San Clemente de Alejandría, Orígenes, San Basilio, San Juan Crisóstomo, y sobre todo San Agustín, fueron, junto con los romanos pontífices, los grandes continuadores de la obra de los apóstoles. El primer Concilio Ecuménico se reunió en Nicea el año 325. En sus sesiones se debatieron muchos puntos que afectaban al dogma y a la disciplina, pero el tema fundamental fue la refutación de la herejía de Arrio, el cual sostenía, entre otras razones, que el Hijo no era igual al Padre. De los 318 obispos asistentes 300 condenaron rotundamente el arrianismo. Uno de los paladines de aquel concilio fue el obispo español Osio.

Los Druidas Sacerdotes Celtas Sacrificios Humanos y Ceremonias en Bosques

Los Druídas Sacerdotes Celtas
Sacrificios Humanos y Ceremonias

DRUIDAS: Antigua orden de sacerdotes de la Gran Bretaña prerrománica y de Irlanda. Aparentemente combinaban funciones sacerdotales, judiciales y políticas. Algunos cronistas relatan sus ritos, incluidos sacrificios humanos y su veneración por el roble y el muérdago. Practicaban la adivinación y la astrolor: Entre sus creencias tenía lugar destacado aquella según la cual después de la muerte, el alma se transfería a otro cuerpo. Su símbolo era el huevo de la serpiente

Los druidas eran los sacerdotes legendarios de los celtas, pero también se ocupaban de instruir a los jóvenes sobre moral y mitología. Predecían el futuro a través de la observación del cielo y las estrellas, y a veces también mediante el sacrificio humano. El culto de los druidas ha conseguido prevalecer hasta la actualidad.

Los druidas oficiaron tanto de sacerdotes como de médicos, debido a sus conocimientos sobre las cualidades medicinales de las plantas. Eran también astrónomos, filósofos, magos y videntes. La tradición los ha recogido con sus largas túnicas blancas, sus hoces de oro y marmitas mágicas. No obstante, el druida histórico fue una figura clave en la sociedad celta, consejero de la nobleza y cultor de la tradición oral.

UN LUGAR DÉ REUNIÓN: Los druidas preservaban sus secretas fórmulas mágicas de dos maneras. Por un lado, evitando dejar registro escrito de sus actuaciones; por otro lado, realizando sus prácticas en el interior de grandes bosques, alejados de miradas indiscretas. Por lo general, estos bosques albergaban una nutrida población de robles. Según la tradición, anualmente los druidas se congregaban en el bosque de los Carnutos, presuntamente al norte de Dublín, donde compartían sus conocimientos y asombrosos descubrimientos.

La imagen clásica de los druidas nos llega por comentarios de Plinio el Viejo, escritor y naturalista romano. Fue él quien los ha retratado con largos vestidos blancos y blandiendo una hoz de oro, con la que cortaban el muérdago de uso ritual. Los druidas eran grandes sabios, socialmente muy respetados, y se los tenía como intermediarios entre los hombres y sus divinidades.

EL MUÉRDAGO que crece en las copas de los árboles del bosque constituía un elemento importante en las ceremonias de los druidas, quienes le atribuían poder curativo mágico.

LE’tttvo un papel destacado en tas rías locales. De hecho, algunas interpretaciones atribuyen el propio término druida a una derivación de “drus“, voz celta que designa a este árbol. Dominador del bosque, el roble albergaba espíritus y criaturas de esta mitología.

UNA HOGUERA era lo que necesitaba el druida para cocer sus productos mágicos, por lo general en un caldero de bronce o plata. Allí mezclaba el muérdago con otros elementos naturales, elaborando pócimas sanadoras para el cuerpo y el espíritu.

COLABORADORES Por lo general el druida trabajaba solo o apenas ayudado por una persona, a la que a veces transmitía sus conocimientos, a la manera de discípulo. Éste, a su vez, debía mantener el secreto de lo revelado.

LOS SACRIFICIOS: Entre las funciones que se les atribuyeron a los druidas, se destaca la de oficiantes en ceremonias religiosas, en las que no faltaron sacrificios humanos y de animales. Según testimonian la mayoría de las fuentes, los druidas solían celebrar sus reuniones en los claros de los bosques.

LA ÉLITE ESPIRITUAL DE LOS CELTAS
Por la función que ejercían, los druidas representaban una especie de élite espiritual dentro de la sociedad celta. Pero también eran poetas, médicos, astrónomos, filósofos y magos. Todo lo que en la actualidad se sabe acerca de los druidas proviene de fuentes de la antigüedad, y no cabe duda de que esa información no tiene por qué ser objetiva: los autores de aquellos escritos no siempre se esforzaron en hacer una descripción objetiva.

En la Edad Media, bajo la influencia cristiana, y sobre todo en épocas recientes, las descripciones son sobre todo esotéricas o neocélticas, y por lo tanto no susceptibles de comprobación y en la mayoría de los casos muy subjetivas. Ni tan siquiera el significado del nombre es del todo inequívoco: druida procede del celta dru, «básico» o «a través de», y uid, «sacerdote», pero otras etimologías lo hacen derivar de drus, «roble».

TRANSMISIÓN ORAL DE CONOCIMIENTOS
Julio César recoge en sus Comentarios sobre la guerra de las Galias el trabajo de los druidas; Plinio el Viejo los describe como hombres1 vestidos de blanco con hoces de oro y ramas de muérdago que tuvieron su época de esplendor durante las campañas militares de los romanos. Ciertas fuentes afirman que ya estaban en activo en Stonehenge. Sin embargo, otros críticos dicen que Stonehenge ya estaba en rumas cuando los druidas llegaron a ese lugar. En cualquier caso, tomando como fuente los informes romanos, los druidas no erigieron ningún templo, sino que llevaban a cabo sus rituales en bosquecillos o en claros de bosque.

Por los escritos citados sabemos que los druidas transmitían a los novicios los conocimientos necesarios en forma de versos. Las fuentes históricas dicen que hacían falta 20 años para aprendérselos de memoria. En aquella época los celtas poseían ya una tradición escrita, pero se prohibía a los druidas que escribieran sus conocimientos sobre astronomía y fenómenos de la naturaleza. Sólo estaba permitida la transmisión por vía oral de una generación a otra. La rima facilitaba la memorización. Reflexionemos un momento cuántos conocimientos debía de grabar en su memoria un druida en el trans-

Mujeres druidas: Se oye a menudo hablar de druidas femeninos. En los mitos celtas aparecen Mebd de Connacht y Ceridwen. Según parece, esta última fue una mujer druida que preparó una pócima que confería sabiduría sobre el pasado, el presente y el futuro. En principio el brebaje era para su hijo Affagdu, para compensar su fealdad con sabiduría. Pero cuando lo estaba preparando su ayudante tomó tres gotas y huyó para escapar a su ira. En su huida iba adoptando diversas formas, hasta que al final se transformó en un grano de trigo que Ceridwen se tragó. A consecuencia de eso Ceridwen se quedó embarazada, y dio a luz a otro hijo, al que se considera el padre de todos los druidas. Según esta leyenda se cree en la existencia de mujeres druidas, que incluso cumplían el papel de guías espirituales.

curso de 20 años. Muchas de las obras que por entonces se transmitían oralmente se conservan en verso. Hoy en día se sabe que las instrucciones de navegación se conservaron durante siglos gracias a la transmisión oral.

LOS DRUIDAS NEOCÉLTICOS
El arqueólogo William Stukeley se considera el padre de los druidas modernos. En 1792 se instauró en Gales una ceremonia para celebrar el solsticio de verano en la que se consagró a druidas. Con el incipiente movimiento nacionalista, Irlanda y Gales no se veían ya como parte de Inglaterra, sino como estados independientes con una lengua y cultura propias.

Abocados a la clandestinidad, los druidas se situaban siempre cerca de las logias secretas. El druismo neocélticose considera hoy una forma de paganismo, y los druidas actuales se ven a sí mismos como sucesores directos de los históricos.

Los druidas utilizan el muérdago como ingrediente en la preparación desús pócimas mágicas. Para el sumo sacerdote el muérdago era signo de la presencia de los dioses en un árbol, y por consiguiente se consideraba una planta con poder curativo. Por eso sólo se cortaba con una hoz de oro, mientras se celebraban oficios divinos,;/ se recogía con un paño blanco.

Los druidas veneraban la naturaleza, y eran expertos en sus secretos y fuerzas ocultas. Sus ritos y conjuros se realizaban en lugares especialmente sensibles a ciertas misteriosas energías. Casi todas las catedrales góticas se erigieron en esos mismos sitios sagrados, honrados como tales desde la más remota Antigüedad. Hoy sabemos que se trata de accidentes geológicos, como fracturas en las placas tectónicas o corrientes de agua subterráneas, que eventualmente podrían producir algún tipo de vibraciones telúricas.

La Catedral de Chartres, por ejemplo, se levanta sobre los vestigios de un centro del culto druídico, cubiertos después por un templo romano, que en el siglo IV dio lugar a una basílica cristiana, a su vez reemplazada sucesivamente por varias iglesias hasta llegar a la famosa catedral. Otro caso interesante es el de la Catedral de Mans, en la que se conserva un auténtico menhir prehistórico, bastante intacto, en el ángulo sudoeste de una nave lateral.

Fuente Consultada:
Los Celtas Tomo N° 18 Grandes Civilizaciones de la Historia
Diccionario Insólito Tomo I Luis Melnik
Enigmas de la Humanidad – Misterios Sin Resolver