James Cook

Primeros Conocimientos en Europa de Oriente o China

Luego de un largo y penoso viaje hacia oriente y despúes de haber sufrido los horrores del desierto, los Polo llegaron, al fin, a la primera ciudad china de su viaje: Su Cheu. Los venecianos permanecieron luego un año en Ku Chué, realizando excursiones por el centro de Asia, a Erzina y Karakorum. El viaje siguió, por último, hacia el este, y el Gran Khan les envió una escolta de honor. Kublai los recibió en persona, en su residencia de Shang Tu, al nordeste de Pekín (1275).

Los hermanos Polo dejan Venecia llevando consigo a Marco—Miniatura del «Libro de las Maravillas»—París, Biblioteca Nacional.

Marco Polo, que durante el viaje había aprendido las lenguas habladas en el Imperio mongol, supo impresionar, seria y favorablemente, al emperador, que hizo de él su amigo y su auxiliar, empleándole en calidad de administrador y diplomático, mientras su padre y su tío trataban de múltiples asuntos comerciales. Así comenzó una estancia que debía prolongarse hasta 1292.

Kublai Khan

Marco Polo, como administrador de Kublai y rodeado del respeto que le valía la amistad del Gran Khan, recorrió China en dos itinerarios. Gracias a los relatos que Marco Polo hizo en «El Libro de las Maravillas», por primera vez Europa poseía una descripción  sintética de  las  regiones de Oriente.

Pese a los errores de apreciación que llenan su relato, la narración de las aventuras vividas por el veneciano, la descripción de lugares y gentes que visitó y encontró, renovaron los puntos de vista humanos y científicos que Europa poseía de Oriente; así, Occidente escuchaba por vez primera el nombre de Cipango (Japón).

Marco Polo llega a Oriente

Marco Polo (15 de septiembre de 1254 – 8 de enero de 1324) fue un mercader y explorador veneciano que, junto con su padre y su tío, estuvo entre los primeros occidentales que viajaron por la ruta de la seda a China. Se dice que introdujo la pólvora en Europa, aunque la primera vez que se utilizó en Occidente acaeció en la batalla de Niebla (Huelva) en 1262.

El Imperio mongol de China, que visitó Marco Polo, estaba entonces en su apogeo y no pudo menos que maravillar al joven italiano, que fue sorprendido por la inmensidad del país y la diferencia que ofrecían las provincias del norte y las del sur con sus grandes ciudades superpobladas.

Como buen mercader veneciano y buen administrador, Marco Polo fue atraído, sobre todo por lo que representaba la economía le China; se extrañó de la sucesión de pueblos y el número de ciudades importante. Pekín tenía seis millas de lado, no corr prendidos sus 12 arrabales, y su población desafiaba toda evaluación: Nankín, Shinng Kiong Fu y Hang-Cheu, con sus millones de habitantes, así como más de dos mi grandes ciudades, entre ellas los inertes Je Fu Cheu y de Hong Chué (Quinsay) «Venecia china».

La formación del Imperio mongol permitió el restablecimiento de las relaciones directas entre Europa y el Extremo Oriente. Pekín, la nueva capital mongola, atrajo de inmediato a los mercaderes de la India y del Golfo Pérsico, y en seguida a unos audaces venecianos, los Polo. Pekín, antigua ciudad de los Kin y ciudad mongola—Miniatura del «Libro de las Maravillas»—París, Biblioteca Nacional.

Hong Chué era en efecto, una ciudad construida sobre una lagua y estaba recorrida por centenares de canales que pasaban, según Marco Polo, bajo 12.000 puentes. Las calles estabam adoquinadas con piedra y ladrillo, no servicio de guardias urbanos asegurara le orden día y noche. La ciudad recibía muchos extranjeros que se dedicaran al comercio y a la navegación. El puerto de Hang-Cheu contaba con casi 18.000 boques, entre los cuales, algunos, los graades correos del Mar de China, aforaban 500 toneladas y eran maniobrados por 20C a veces, 300 hombres de tripulación.

EL ORO, LA SEDA, EL CARBÓN
El Estado sacaba gran provecho de esta actividad comercial, porque sólo los derechos de aduana de la ciudad de Hang Cheu se elevaban anualmente a 14.700 sacos de oro y representaban la novena parte de los ingresos de toda la China del Sur.

La circulación de una moneda fiduciaria, fabricada con delgadas hojas de pasta de madera de morera, y, a veces, para billetes de gran valor, con seda, siempre garantizada con la firma y el sello de los oficiales de moneda, extrañó a Marco Polo, que vio la ventaja de este sistema para el Tesoro Imperial: «El Emperador puede hacer cada año tal cantidad de monedas, sin que le cueste nada, que iguale a todos los tesoros del mundo»… Parece, sin embargo, que Marco Polo no tenía conciencia del desastre a que podían conducir tales excesos.

En los campos, Marco Polo se interesó por todas las actividades agrícolas y anotó la riqueza de las explotaciones, las terrazas de cultivos que se escalonan sobre las pendientes más abruptas de las montañas y la abundancia de productos de la tierra.

El viajero veneciano nos enseña igualmente que Kublai Khan, recogiendo la tradición de los grandes emperadores chinos, hacía adquirir y almacenar el sobrante de las cosechas, que, en caso de penuria, era redistribuido a los hambrientos.

Marco Polo visitó igualmente sederías e hilaturas, pero lo que le extraño más aún fue el empleo que los chinos hacían del carbón: «Una especie de piedra negra que se extrae de los flancos de las montañas de Catay (China del Norte) y que quema como el carbón de madera, e incluso mejor que él, porque si se le enciende por la tarde, se le encuentra aún con juego a la mañana siguiente».

Pero ya el poderío de Kublai declinaba, y los favores de que rodeaba a la persona de Marco Polo despertaban celos contra el veneciano y sus dos parientes, los cuales aprovecharon una expedición destinada a acompañar a una princesa mongola, prometida en matrimonio, a la Corte de Per-sia, para embarcarse con ella (1292).

La escuadra siguió la ruta tradicional, llevando a los tres latinos al reino de Shampa, a Sumatra, a las islas Nicobar, a Ceilán, a Malabar, para alcanzar el puerto de Ormuz y llegar, por tierra, a Trebisonda, sobre el Mar Negro. Llegado a Venecia en 1295, Marco Polo debía caer en manos de los genoveses, al año siguiente. En el curso de sus dos años de cautiverio, pudo redactar su fabuloso viaje.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IV La Gran Aventura del Hombre

Mapa del Mundo Antes del Descubrimiento de America Exploracion Africa

MAPA ANTIGUO mundo conocido

Mapa de los europeos previo al descubrimiento de Colón: era un mar Mediterráneo nítido, al que conocían muy bien y el resto imprecisiones sobre Europa continental, África y Asia. Al llegar al otro lado del Atlántico hubo que hacer nuevos mapas y catálogos de la costa descubierta y de las islas. Los primeres mapas fueron perfiles de las costas y figuras de las «las ya que el interior no se conocía. El primer mapa que incluye las tierras americanas se edita en 1493 en Roma, y resume el primer viaje de Colon. En 1507, Waldseemüller dibujó un planisferio que logra una mayor aproximación a la realidad del nuera continente, al que designa por primera vez con el nombre de “América”.

 La Exploración de la Costa Africana: En la segunda década del siglo XV, los portugueses iniciaron un proceso de expansión que, en poco más de cien años, los llevaría a lugares tan remotos como Brasil y la China.

En el año 1415, una armada portuguesa sitió y ocupó la ciudad musulmana de Ceuta, ubicada en la costa marroquí, sobre el Estrecho de Gibraltar. La ciudad era uno de los principales puertos comerciales musulmanes sobre el Mediterráneo y hasta allí llegaba, por caravanas, el oro que se extraía de la región del Sudán. Los portugueses se interesaron por hallar las fuentes del oro y hacia fines de la segunda década del siglo comenzaron a explorar sistemáticamente la costa africana.

En una primera etapa, que puede extenderse hasta 1434, año en que los navegantes llegaron al cabo Bojador, el avance fue muy lento: los pilotos necesitaban familiarizarse con las corrientes marinas, evitar los escollos costeros y, sobre todo, solucionar el problema del regreso, con vientos y comentes marinas en contra. Este último problema fue solucionado con la volta do mar, que consistía en internarse en alta mar con rumbo noroeste hasta encontrar los vientos del oeste que impulsaran las naves hasta la costa europea. En esta vuelta, las naves hacían escala en las islas Ma-deira o en las Azores, colonizadas por los portugueses en esta misma época.

Pocos años más tarde, los portugueses llegaron al cabo Blanco, y muy cerca, en la isla de Arguim, instalaron el primer asentamiento comercial de carácter permanente. Allí los portugueses conseguían de los pobladores oro en polvo y esclavos (nativos de otras tribus que habían sido capturados en alguna guerra local), a cambio de trigo, telas y ornamentos de vidrio. Más al sur, en las costas de la actual Ghana, los portugueses encontraron posibilidades de comercio aún más interesantes: oro, esclavos y pimienta, en primer lugar, y también marfil, goma y aceite de palma. Para defender el monopolio de este comercio, codiciado por marinos españoles y genoveses, se estableció en 1481 la factoría-fuerte de San Jorge de la Mina.

El comercio del oro de Mina tuvo su época de esplendor entre fines del siglo XV y los comienzos del siglo XVI. Mientras tanto, los portugueses se habían embarcado en un proyecto más ambicioso: penetrar en el comercio oriental de las especias. Para ello, había que poner proa hacia la India y, más precisamente, hacia la costa Malabar, donde estaba la ciudad de Calicut.

Ruta de Magallanes Mapa del Viaje Vuelta al Mundo Recorrido

Ruta de Magallanes
Mapa del Viaje Vuelta al Mundo

El derrotero elegido por Magallanes casi lo lleva al desastre. Después de doblar el cabo de Hornos, siguió una dirección en diagonal a través de las calmas ecuatoriales y, en un océano plagado de archipiélagos, no divisó tierra desde el día en que entró en el Pacífico el 28 de noviembre de 1520 hasta que avistó Ouam el 6 de marzo de 1521.

magallanes hernando

Durante los primeros 20 días mantuvo rumbo norte, quizás para dejar atrás los mares fríos lo más pronto posible. Luego alteró su curso en forma gradual hacia el oeste, llegando al ecuador el 13 de febrero de 1521. Avistó pequeñas islas el 24 de enero y de nuevo el 4 de febrero, pero no pudo desembarcar.

En el ecuador tomó la sorprendente decisión de continuar hacia el noroeste, en vez de hacerlo directamente hacia el oeste, rumbo a la supuesta ubicación de las Islas de las Especias. Este hecho ha alimentado la conjetura de que Su principal destino era la mítica isla de Cipango.

En todo caso, hacia la fecha en que avistaron Guam, los exploradores ya bebían agua pútrida y comían galletas agusanadas, ‘que apestaban a orina de ratas’. Confrontados por ladrones’ en la isla, Magallanes impuso el tono de la conducta europea en el Pacífico quemando sus aldeas antes de partir, ya reabastecidos, el 9 de marzo.

Una observación hecha por uno de sus compañeros de viaje sugiere que esperaba que su próxima recalada fuera en la costa de China. Transcurridos siete días avistó Samar en las Filipinas: había encontrado por azar las islas que formarían el punto central de la navegación española en el Pacífico durante los siguientes 100 años.

Si bien la muerte de Magallanes a finales de abril en una imprudente intervención en conflictos locales perjudicó el prestigio español, la barcos que había zarpado tres años antes pudo volver a casa, a España, por el cabo de Buena Esperanza. Se consideró que este hecho y su valioso cargamento de especias justificaron el viaje.

EL VIAJE DE MAGALLANES: La Hazaña de Magallanes. En 1519, con diferencia de días, salieron de Sanlúcar de Barrameda dos expediciones capituladas para el Nuevo Mundo. Una, la de Gil González Dávila, debía explorar desde Panamá hasta 1.000 leguas por el océano Pacífico, hacia el Poniente; la otra, la de Magallanes, descubrir un paso que, por el sur de América, condujese a la especiería. Fernando de Magallanes (h. 1480-1521), portugués de origen, hallábase ampliamente versado en cartografía y náutica.

Exploró la costa recorrida antes por Solís, y en marzo de 1520 llegó al puerto de San Julián; vióse obligado a invernar en la zona y a pasar fríos intensos, escasez de víveres y sublevaciones de la tripulación. En octubre zarpó hacia el Sur, y, finalmente, descubrió el tan ansiado paso, en el estrecho que hoy lleva su nombre. Treinta y ocho días duró la navegación del mismo, hasta llegar a mar abierto, que fue llamado océano Pacífico.

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El descubrimiento de America El Nuevo Mundo Cristobal Colon

Mientras los portugueses efectuaban su circunnavegación de Afrecha, otros consideraban que podía alcanzarse el mismo resultado por otra ruta. Desde que se comprendió que la Tierra era esférica, a muchas personas se les ocurrió que podría navegarse en torno a ella, y que se llegaría a Extremo oriente avanzando hacia el oeste.

Encuentro de Colón con los aborígenes americanos

El concepto era sencillo y, de hecho, lo había formulado Roger Bacon dos siglos antes. Lo que disuadió del esfuerzo fue la creencia de que entre la costa occidental de Europa y la oriental de Asia podía mediar una vasta extensión de océano que los barcos de la época no estaban en condiciones de afrontar.

Si Eratóstenes estaba en lo cierto y la Tierra tenía 40225 Km. de circunferencia , entre Europa y Asia había casi 20000 Km. ininterrumpidos de mar. Otras autoridades, sin embargo, como Ptolomeo , habían considerado el tamaño de la Tierra más reducido, y Marco Polo creyó que Asia se extendía más al Este que en la realidad.
La combinación de una Tierra más pequeña y una Asia más prolongada hacia Oriente, convencieron al navegante italiano Cristóbal Colón (1451-1506) de que en el viaje desde Europa» en dirección Oeste, hasta Asia habrían de recorrerse menos de 5000 km. Consideró que era realizable, y recorrió varias naciones de Europa occidental en busca de ayuda económica para organizar una expedición.

Su meta natural era Portugal, claro está, pero los expertos portugueses creían que la Tierra era mayor de lo que las cifras de Colón reflejaban. (Y estaban en lo cierto.) También se hallaban convencidos de que no transcurriría mucho tiempo antes de que circunnavegaran África y alcanzaran su objetivo.

Colón acudió a otros lugares, pero no tuvo suerte. Casi estaba a punto de desistir, cuando los acontecimientos le fueron favorables en España.
Con Fernando e Isabel gobernando juntos una España unida, esta nación pudo lanzarse al asalto del último bastión musulmán, el reino de Granada. Los monarcas emprendieron una vigorosa guerra contra Granada, que cayó el 2 de enero de 1492. En el mismo año, Torquemada organizó la expulsión de los judíos de España. (No era éste un fenómeno nuevo, pues los judíos ya habían sido expulsados de Inglaterra y Francia. Hallaron refugio en Polonia, que precisaba una clase mercantil, y en el mundo musulmán, más tolerante que el cristiano, pues no en balde era por entonces más civilizado.)

Los monarcas españoles, considerando que el país debía estar unido y mantenerse fuerte, decidieron prestar a Colón un mínimo respaldo financiero. Con tres viejos barcos y una tripulación de presos liberados con este propósito, zarpó el 3 de agosto de 1492. Durante siete semanas avanzó en dirección Oeste sin hallar tierra, pero tampoco tormentas. Finalmente, el 12 de octubre divisó tierra: una isla que resultó ser una de las Bahamas.
Tomó entonces la ruta Sur, y descubrió las Indias occidentales. (Hasta el día de su muerte, Colón estuvo convencido de que habla llegado a la India, o sea a la costa oriental de Asia. El nombre de Indias occidentales y la costumbre de llamar a los nativos americanos indios es el resultado de esa confusión.)

No se había llegado a Asia, por supuesto, sino al continente americano, un Nuevo Mundo. A partir de ese momento, el Viejo Mundo ya no volvería a ser el mismo. Pero Colón no fue el primer ser humano que puso pie en ese continente. Ya lo habían hecho los aborígenes siberianos al menos 30000 años antes (véase 20 000 a. J.C.). Tampoco era el primer europeo, pues Leif Erikson le había precedido cinco siglos antes. Pero la gesta de Colón supuso el comienzo de los asentamientos fijos europeos en el nuevo continente, y señaló su entrada en la corriente común de la historia universal. Por esta razón se atribuye por lo general a Colón este «descubrimiento)).

De paso, el hecho de que existiera aquel nuevo continente, desconocido por entero para los antiguos, contribuyó a superar la noción de que los pensadores clásicos lo sabían todo y habían resuelto todos los problemas. Entre los europeos se fue fortaleciendo la convicción de que ahora avanzaban más allá de donde llegaron los antiguos, y este sentimiento ayudó a hacer posible la Revolución científica que iba a iniciarse medio siglo después.

EL DESCUBRIMIENTO DE AMÉRICA

Fuente Consultada: Revista TECNIRAMA-HISTORIA DE LA CIENCIA TOMO II

La Tragedia Griega Origen de la Tragedia Sofocles Esquilo Eurispides

Los Orígenes  de la Tragedia Griega

miselaneas de la historia

Miscelánea: según la definición del diccionario de la lengua española,  “es una mezcla de cosas de distinto origen o tipo”, y justamente este concepto es el que se aplica hoy esta página, en donde podrá encontrar explicaciones de los mas variados e inconexos temas  ,pero interesantes como para ampliar  nuestra cultura general.

a general.

LA TRAGEDIA GRIEGA:  La creación literaria: Puede decirse que la literatura tal como se la entiende en Occidente obtuvo carta de ciudadanía en la Antigua Grecia. Homero y Hesíodo reelaboraron los antiguos mitos y desplegaron todos los elementos narrativos de la épica.

sofocles, Otros autores, como Arquíloco, Safo, Tirteo, Alceo de Mitilene, Anacreonte o Píndaro, desarrollaron la poesía lírica. La palabra poesía significa “creación”.

Los griegos fueron los creadores de la tragedia. Casi desde su mismo origen, el hombre griego ha realizado “viajes” hacia su interior buscado la verdad de su mundo interior. Y gracias a esta búsqueda de lo intrínsecamente humano hemos podido disfrutar de grandes producciones artísticas, como lastragedias griegas.

Pues en ellas, se narran las aventuras del hombre, que explora los abismos y vericuetos del alma.

Los tres grandes trágicos de la Grecia antigua fueron Esquilo, Sófocles y Eurípides. Los tres vivieron en el siglo V a. J. C. Las obras de Esquilo (525-456) llegaron a constar de cuatro actos y perseguía en ellas un fin moral.

En Los Persas escenifica la guerra contra Jerjes que el autor vivió como soldado. En Prometeo encadenado narra la leyenda del que robó el fuego del Olimpo y sufrió las iras de Zeus. Los siete contra Tebas es la historia de Edipo, mientras que en La Orestíada, que consta de tres partes, se describe el destino de Agamenón, asesinado por su esposa, y las vicisitudes de Orestes, que finalmente logra vengar a su padre.

En esta obra, las Furias, Palas, Apolo y numerosos dioses y semidioses intervienen, ya para ayuda, ya para perdición de los mortales.

ESQUILO: Nació en Eleusis, hacia 525 a.C., y se lo considera padre de la tragedia. Le atribuyen unas ochenta obras teatrales, de las cuales sólo se conservan siete: “Agamenón’ “Las Coéforas’ ,“Las Euménides” ,“Prometeo encadenado’ “Los siete contra Tebas”, “Los persas” y “Las suplicantes’ Murió en 456 a.C., en Gela, ciudad de la isla de Sicilia.

SÓFOCLES: Nació en Colona. en 495 a.C. y fue uno de los grandes poetas trágicos griegos. Era amigo de Herodoto y Pendes, ocupó cargos públicos en Atenas y fue estratega militar en una campaña contra Samos. Sus tragedias abordan el tenso equilibrio entre la belleza del ser humano y el horror de muchos de sus actos. Al parecer, escribió entre 120 y 130 obras de teatro, de las cuales llegaron a nuestros días “Antigona’

EURÍPIDES: Junto con Esquilo y Sófocles, este poeta trágico —nacido en 480 a.C. en Salamina— fue uno de los grandes drama­turgos griegos. Pero lo que en aquéllos era mito viviente, en él fue subjetividad.

Por ejemplo, en Esquilo las erinias que persiguen a Orestes luego deque asesinara a su madre, son monstruos reales: en Eurípides, en cambio, son la culpa. Por su temática individualista, no fue un autor popular.

Ampliar Sobre Estos Poetas Griegos

ALGO MAS SOBRE EL TEATRO GRIEGO:
El teatro, una de las principales aportaciones de Atenas a la cultura universal, se desarrolló a partir de los ritos en honor de los dioses. En tiempos primitivos, el ditirambo, o himno unísono, lo entonaban en torno al altar de Dionisos, el dios del vino, cincuenta hombres, cinco por cada una de las diez tribus del Ática.

El ditirambo, que inicialmente se refería sólo a la vida y culto de Dionisos, más tarde empezó a relatar las hazañas de otros dioses y héroes. Los sentimientos terrenales que se expresaban producían tensiones y conflictos dramáticos. La comedia se desarrolló en torno a las celebraciones del final de la cosecha y a partir de las bufonadas de los sátiros, servidores de Dionisos, mitad hombres, mitad machos cabríos.

Tespis era el jefe de un coro itinerante que se presentó en Atenas. Parece que fue él quien inició el teatro, colocándose aparte del coro para representar a un héroe o un dios, y mantener un diálogo con aquél. De este modo, Tespis se convirtió en el primer actor en el sentido moderno de la palabra, y el primero en ganar un premio1* en el festival dramático de las fiestas dionisíacas urbanas.

Tres eran las fiestas teatrales de la Grecia clásica. Las dionisíacas rurales, en honor de Dionisos, dios de la fertilidad, se celebraban en el solsticio de invierno y en ellas se originó el jefe del coro, que primitivamente era el jefe de un pueblo determinado. La palabra tragedia, derivada de tragos (cabra), procede de este festival, tal vez porque el último día se entregaba como premio una cabra. El festival de Leneas, en enero, se dedicaba principalmente a la comedia (derivada de cornos, divertirse).

Todas las obras que se conservan de los poetas griegos fueron escritas para el tercer festival, las fiestas dionisíacas urbanas, que se celebraban cada año en Atenas en abril, y a las que asistían todos los ciudadanos y también representantes oficiales de los estados aliados. Tenía lugar una competición, en la que cada poeta presentaba cuatro obras, tres tragedias y una comedia. A cada poeta se le asignaba un actor principal y un mecenas, un hombre rico cuyo deber cívico era costear el espectáculo.

Uno de los primeros aspirantes a la guirnalda de hiedra dionisíaca en el festival de abril fue Esquilo (525-456 a.C.) veterano guerrero de las batallas de Maratón y Salamina. En sus primeras obras mantenía el coro de cincuenta hombres, que más tarde redujo a doce. Primero se introdujo un segundo actor, y luego, un tercero.

El poderoso verso de Esquilo ensalza las virtudes del heroísmo y el valor. Sófocles (497-406 a.C.), autor de Edipo Rey, presentaba, a través de complejas tramas y sensibles caracterizaciones, un mensaje de inminentes fatalidades, del trágico destino que esperaba a la humanidad. Quizá el ser humano no fuese conscientemente malo, pero su arrogancia y su egoísmo generaban multitud de males que habrían de afligir a las generaciones posteriores.

Fuente Consultadas:
Crónica Loca de Víctor Sueiro

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Diferencias entre una orquesta sinfonica y una filarmonica

Diferencias Entre Una Sinfónica y Filarmónica

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Cuál es la  diferencia  entre una orquesta filarmónica y una sinfónica?

Concepto de Orquesta: Desde el siglo XVI la palabra orquesta se empleaba para designar todo grupo numeroso de instrumentistas. En la actualidad designa un conjunto instrumental en el que figuran instrumentos de cuerda, viento y percusión.

La gran orquesta se compone del quinteto de cuerdas (violines primero y segundo, violas, violonchelo y contrabajo), dos flautas, algunas veces el flautín, dos oboes, dos clarinetes, dos fagotes, cuatro trompas, dos o tres trombones, dos trompetas y timbales. En la pequeña orquesta entran los mismos, suprimiendo dos trompas, los trombones, el flautín, y a veces también lo; clarinetes y timbales. Dentro de la pequeña orquesta, la moderna orquesta ligera es un conjunto instrumental, de composición poco definida y propio de acompañamiento d; baile. La orquesta por antonomasia es la sinfónica.

La orquesta sinfónica esta constituida por un total aproximado de cien instrumentistas, unos 66 de cuerda, 15 de madera, 12 de metal y 10 de percusión. Ocasionalmente se integran también el piano y el órgano.


Orquesta Filarmónica de México

Durante la Edad Media y el Renacimiento la elección de los distintos instrumentos se hacía según la extensión de la orquesta y no por sus cualidades tímbricas. Los compositores no especificaban los instrumentos, sino que dejaban la opción a los intérpretes, que sé adaptaban a las posibilidades de cada momento.

El Orfeo de Monteverdi (1607) da un giro a la concepción orquestal, ya que por vez primera los instrumentos se eligen por su timbre.

En cuanto al adjetivo filarmónica que a veces acompaña a una determinada orquesta, sólo tiene un significado decorativo, por cuanto únicamente quiere decir “amante de la música”. En realidad todas las orquestas filarmónicas son sinfónicas.

En algunos casos, sin embargo, el adjetivo hace referencia al origen de la orquesta, ya que hay asociaciones de melómanos que se dedican a recaudar fondos para subvencionar una orquesta, y por ser asociaciones filarmónicas sus orquestas adquieren este calificativo.

Características de una orquesta
Una orquesta es un conjunto de instrumentistas que interpretan una obra musical al unísono, es decir, más de un instrumentista del mismo instrumento ejecuta la misma voz. Esta característica diferencia una orquesta de una agrupación de música de cámara o de un solista instrumental. El trabajo de los instrumentistas al unísono hace que la ejecución deba ser igual en todos ellos, con el objetivo de emitir sonidos y timbres muy uniformes. Por ello, y desde la época barroca, la orquestas han contado con un director.

La orquesta sinfónica
La orquesta sinfónica es la formación más amplia y espectacular. Tanto para interpretar una ópera como un concierto sinfónico, la actual orquesta consta de los siguientes elementos:

– Instrumentos de cuerda: dieciséis primeros violines, uno de los cuales es el concertino, que ejerce en algunas ocasiones la función de solista; catorce violines segundos, doce violas, diez violonchelos y ocho contrabajos.
– Viento-madera: un flautín, tres flautas traveseras, tres oboes, un corno inglés, tres clarinetes, un clarinete bajo, tres fagots y un contrafagot.
– Viento-metal: seis trompas, cuatro trompetas, cuatro trombones y una tuba. Ocasionalmente, saxofón.
– Percusión: cuatro timbales, un bombo, tambor, platillos, xilofón, campanas, triángulo, gong, celesta, etc.
– Piano.
– Órgano, ocasionalmente.
– Dos arpas.

En la ópera, la orquesta sinfónica toca desde un foso, que se sitúa en un nivel más bajo entre el escenario y el público. El emplazamiento de la orquesta en el fose hace que la representación escénica se vea con claridad; por otro lado, el hecho ce localizarse en un nivel inferior a los cantantes tiene una función práctica: evitar que la orquesta tape la emisión de voz de los solistas. (Fuente: Gran Enciclopedia Universal Espasa Calpe Tomo 29)

Fuente Consultadas:
Secretos y Misterios de la Historia – Rearder’s Digest
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Abuelo…es verdad? de Luis Melnik

Quien fue Lady Godiva? La Historia o Leyenda de la Mujer Desnuda

¿Quién Fue Lady Godiva?

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LADY GODIVA: La piadosa cónyuge del conde de Mercia fue celebrada a mediados del siglo XI por su apoyo a varios monasterios. Irónicamente, hoy se le recuerda por una notoria cabalgata que muy posiblemente nunca hizo.

Cada tres años, en las fiestas populares de la ciudad inglesa de Coventry se incluye a una mujer desnuda que, montada a caballo, recorre sus calles en recuerdo de la heroína lady Godiva.

La verdadera lady Godiva fue la esposa de Leofric, conde deChester, con quien se había casado hacia el año 1040. De acuerdo con el cronista del siglo XIII Roger de Wendower, Godiva rogó a su cónyuge que disminuyera los impuestos que abrumaban a los habitantes de Coventry.

Tal vez enojado por su insistencia y queriendo acabar con sus fastidiosas peticiones, el conde le hizo una escandalosa propuesta: “Monta desnuda en tu caballo y pasa por el mercado del pueblo cuando toda la gente esté reunida.

Leofric le prometió a Godiva que cuando regresara de esta cabalgata le concedería su deseo: sólo de esa manera los habitantes de Coventry serían perdonados de los pesados impuestos adicionales.

Leofric esperaba que esto haría que su esposa, escandalizada y avergonzada, desistiera de su insistencia.

Según cuentan, los habitantes, en un acto de solidaridad, se encerraron en sus casas y evitaron mirarla. Sólo la vio un indiscreto, que desde entonces fue llamado Peeping Tom, Tom el mirón.

Hacia el año de 1028, una adinerada viuda llamada Godgifu o Godiva (su nombre tiene 17 pronunciaciones distintas) donó su considerable fortuna al monasterio de Ely cuando yacía en su lecho de muerte. Pero se recuperó, y una década después se volvió a casar, atrayendo el interés de su nuevo marido, el conde de Mercia, hacia sus caritativas donaciones.

En 1043 el conde y su esposa fundaron un monasterio benedictino en Coventry, uno de los pueblos bajo su dominio. El 4 de octubre la iglesia fue consagrada a San Pedro, San Osburgo, a todos los santos y a la Virgen María, de quien Lady Godiva era particularmente devota.

Las joyas que regaló a la capilla del monasterio la convirtieron en una de las más ricas de Inglaterra. Lady Godiva la patrocinó aun después de la muerte del conde, además de hacerlo con otra media docena de monasterios.

Pero la condesa no es recordada por estos actos, sino por su recorrido desnuda por las calles de Coventry.

Fuente Consultadas:
Crónica Loca de Víctor Sueiro

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Cacerias de Vacas en la Pampa Argentina Buenos Aires Colonial Gaucho

Las Vaquerías en la Pampa Argentina

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LAS VAQUERÍAS:
Cacería de vacas en las pampas

CACERIA DE vaca en la etapa colonia

Las Vaquerías

Si bien Buenos Aires fue creciendo gracias a su lugar estratégico en el circuito comercial, el resto del Litoral fue hasta mediados del siglo XVIII una región de poca importancia económica, pues carecía de mano de obra indígena.

De este modo la ganadería, una actividad que requería pocas personas, fue prosperando con el tiempo. Las vacas y los caballos dejados por los colonos de la primera Buenos Aires se habían reproducido en forma excelente en la región pampeana, como así también el ganado traído por los fundadores de Corrientes, en la Mesopotamia.

Los cabildos autorizaron la caza de vacas salvajes para extraerles el cuero, que luego era vendido a los comerciantes extranjeros en Buenos Aires. Este tipo de caza fue denominada vaquería. La vaquería era realizada por un grupo de jinetes acompañado por numerosos perros, que se internaban en el campo en busca de vacunos salvajes.

Por medio de boleadoras o una caña provista de un filo en forma de media luna. que cortaba los tendones de las patas, volteaban las reses perseguidas, para luego regresar a sacrificarlas.

Tan sólo aprovechaban el cuero, el sebo, la grasa y comían la lengua, considerada la parte más sabrosa de la vaca; el resto del cuerpo era abandonado en el campo. Los indígenas de la pampa consumían la carne de los caballos salvajes y también vendían clandestinamente a los blancos, los cueros de las vacas cazadas.

Cuando el ganado salvaje disminuyó abruptamente, comenzaron a atacar poblados, para proveerse de ganado doméstico. Durante la segunda mitad del siglo XVIII, se produjeron frecuentes incursiones indígenas contra las poblaciones cercanas a la frontera.

Estos ataques fueron en aumento y, pese a los paulatinos avances de los cristianos, los aborígenes recién pudieron ser dominados a fines del siglo XIX.

Fuente Consultadas:
Crónica Loca de Víctor Sueiro

Enciclopedia del Estudiantes – Tomos 12 y 20 Santillana
Los Santos Que Nos Protegen Ángel Bornos-Eva Prim
COSMOS – Carl Sagan
El Espacio Asombroso – Ann Jeanette Campbell
20 Grandes Conspiraciones de la Historia – Santiago Camacho
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El Ajo como amuleto Talismanes de la Suerte Trebol de Cuatro Hojas

Amuletos de la Suerte – Talismanes

miselaneas de la historia

Miscelánea: según la definición del diccionario de la lengua española,  “es una mezcla de cosas de distinto origen o tipo”, y justamente este concepto es el que se aplica hoy esta página, en donde podrá encontrar explicaciones de los mas variados e inconexos temas  ,pero interesantes como para ampliar  nuestra cultura general.

EL AJO COMO AMULETO:

cabezas de ajo

El ajo es uno de los amuletos de la buena suerte preferidos por diversas culturas y a lo largo de diferentes épocas. Una de sus más referencias más antiguas aparece en la Odisea, de Homero, al ser utilizado como amuleto por Ulises para librarse del embrujo de la hechicera Circe, mediante el uso de la planta enviada por el dios Hermes. Un collar de ajos fue para los hombres de la Europa medieval un inseparable resguardo contra los malos espíritus y los vampiros.

Esta planta tiene su origen en el Asia Central, en la desértica región siberiana de Kirgiz. En esa zona los veranos son secos y cálidos, con es-cas as precipitaciones, por lo cual el ajo tuvo que crecer cuando había humedad, en la primavera y el otoño, y también tuvo que poder sobrevivir sin el agua en los meses excepcionalmente secos del verano y el invierno.

Los dientes del ajo almacenan grandes cantidades de alimento, lo que le permite soportar largas etapas de inactividad y esperar a que lleguen las lluvias de la primavera para que la planta continúe su proceso de crecimiento. Su sistema de enraizamiento y sus hojas relativamente pequeñas son la clave de la supervivencia de esta planta. Estos rasgos hacen del ajo una planta resistente, capaz de crecer en suelo pobre y en climas ásperos con poco o nada de cuidado. Una vez descubierto por los seres humanos, no es extraño que el ajo se convirtiera rápidamente en un cultivo básico en casi todas las civilizaciones: ya en el siglo VIII a.C. el ajo crecía en el jardín del rey de Babilonia; los eruditos chinos mencionan el ajo en escrituras del 3000 a.C. y la dieta sumeria incluyó el poseedores de tal vista sobrenatural que lea permitía ver a los seres malignos de su entorno San Patricio, en su cruzada para cristianizar Irlanda, en el año 432, no dudó en servirse de uno “de tres lóbulos en un solo tallo”, para explicar a los druidas el misterio de la Santísima Trinidad. Como se sabe, este santo se convirtió en el patrono de Irlanda, y su imagen aparece asociada a un báculo, con el que da muerte a los demonios en forma de serpiente, y en cuyo extremo se destaca una cruz de doble travesaño con ambos brazos rematados por hojas de trébol,
Si un común trébol de tres lóbulos fue capaz de suscitar tales fervores, el menos frecuente, de cuatro, pronto se convirtió en la rareza más apreciada del reino vegetal.

La primera cultura que lo utilizó con fines mágicos fue la egipcia. Habían consagrado este raro ejemplar a Isis, su divinidad bienhechora. Creían que sólo aquellos tréboles tocados por la gracia de Isis, presentaban esta tétrada singular, por lo que si alguien encontraba uno de estos tallos acudía al templo para solicitar la protección celestial. Los sacerdotes consagrados al servicio de Isis oficiaban la ceremonia de iniciación y el afortundado recibía a cambio del trébol que ofrecía a Isis, una réplica en
la felicidad. Los propios sacerdotes encargados del culto de la diosa sujetaban su tánica púrpura, sobre sus hombros, con un alfiler en forma de trébol de cuatro hojas. Este talismán pasó a ser el protector de los amores carnal y filial. Los novios se lo ofrecían a su amada, para preservar el cariño, mientras que las madres lo colgaban al cuello de sus hijos como escudo mágico contra las adversidades de la vida. Incluso, llegaba a colocarse en los sarcófagos, para ayudar al alma en su incierto tránsito por el más allá.

Según los más antiguos tratados mágicos, para que una réplica de un trébol de cuatro hojas pueda surtir los efectos protectores que se esperan de este a-muleto, debe reunir una serie de requisitos muy concretos.

Es preciso que se fabrique en plata o platino. Tal elaboración debe hacerse un lunes, entre las nueve y las once de la noche, al tiempo que la luna llena asoma sobre el horizonte. Finalmente, debe reiterarse tres veces esta invocación: “Oh astro solitario y misterioso, que caminas eternamente por ese espacio sin límites, derramando tu melancólica luz sobre esta planeta llamado Tierra! Yo, el más humilde de los mortales, te pido en esta solemne hora fijes tus rayos y mercedes sobre este metal que lleva tu imagen, dotándole de las virtudes mágicas necesarias, para que por su mediación pueda conseguir la dicha, la fortuna, la salud, el poder y el amor durante el curso de mi vida sobre este planeta. Si atiendes a mi súplica, yo te prometo en agradecimiento a tus favores, recordarte en todas las horas de mi vida”.

Fuente Consultadas:
Crónica Loca de Víctor Sueiro

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Cuantos Hijos Tuvo Urquiza? Descendencia de Urquiza La Familia de Justo

Los Hijos de Urquiza

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Miscelánea: según la definición del diccionario de la lengua española,  “es una mezcla de cosas de distinto origen o tipo”, y justamente este concepto es el que se aplica hoy esta página, en donde podrá encontrar explicaciones de los mas variados e inconexos temas  ,pero interesantes como para ampliar  nuestra cultura general.

Justo José de Urquiza

LOS HIJOS DE JUSTO J. DE URQUIZA: respecto a este tema histórico, la mejor explicación detallada que conozco es la del historiador argentino Daniel Balmaceda, quien en su libro “Historias Insólitas de la Historia Argentina” lo explica de la siguiente manera:

“Los hijos de Urquiza —los que se conocen— son veintitrés. Por eso, conviene ir por partos; perdón, por partes. A la edad de 18 años, en 1820, una relación furtiva de Justo con Encarnación Díaz los convirtió en padres de Concepción, un nombre más que premonitorio si se analiza su nutrida descendencia. ¿Dónde vivía Concepción? En Concepción del Uruguay.

Tres años más tarde, Urquiza conoció a Segunda Calvento, quien pertenecía a lo más exquisito de las familias de Entre Ríos. Segunda dio a luz a Pedro Teófilo Urquiza Calvento el 18 de septiembre de 1823. Justo y Segunda no formalizaron la relación mediante el matrimonio, pero eso no les impidió darle hermanos a leo. Diógenes nació el 18 de diciembre de 1825. Waldino, el 30 de enero de 1827. José, el cuarto de los Urquiza Calvento, llegó en 1829. Su padre lo llamaba Pepe.

La relación con aquella segunda novia llamada Segunda culminó en algún momento y Justo encontró un nuevo amor. Cruz López Jordán (20 años) era su cuñada y a la vez, imadrina de Waldino! El fruto de los amores entre Cruz y Justo fue Ana Dolores Ercilia, sexta en la lista de hijos, quien nació el 11 de mayo de 1835.

En los meses de 1839, el donjuán fue asiduo participante de las tertulias de doña Pascuala Ferreira de Sambrana, en Concepción del Uruguay. La festejada hija de Pascuala —y potencial madre de criaturas Urquiza— se llamaba Doraliza. No duró mucho la relación porque el galán pasó a cortejar a una hermana menor de Doraliza, Juanita. El 27 de febrero de 1840 Doraliza se convirtió en tía de Carmelo, el séptimo Urquiza. En 1842 Dolariza volvió a ser tía, esta vez de una pequeña llamada Juana, quien pronto tendría companía. Cándida nació el mismo año que Juana, pero su madre fue la atractiva riojana Tránsito Mercado y Pazos. (Hacemos un paréntesis para contar que en medio de estos nacimientos, se casaba la primogénita Concepción Urquiza Díaz. Aquel producto de su pecado de juventud ya tenía edad para formar familia. Pero al padre de Concepción no había quién lo llevara a un altar.)

El 22 de marzo de 1846 lanzó su primer llanto Clodomira del Tránsito Urquiza, hija de Tránsito Mercado, la atractiva riojana. Ese mismo año, en septiembre, María Romero dio a luz a Norberta Urquiza. Pocas semanas después llegó Medarda Urquiza, hija del picaflor entrerriano y Cándida Cardoso. Las tres nacidas el mismo año, pero lejos de ser trillizas, eran más bien urquillizas.

Hasta aquí, la primera mitad de la descendencia del entrerriano. Conviene recapitular. Justo José de Urquiza tuvo entre 1820 y 1846 siete “novias” y doce hijos extramatrimoniales: Concepción, Teófilo, Diógenes, Waldino, José, Ana, Carmelo, Juana, Cándida, Clodomira, Norberta y Medarda.

Pocas semanas después del histórico Pronunciamiento del 10 de mayo de 1851, en el que cuestionaba el poder de Rosas, Urquiza, quien por entonces tenía 49 años, asistió en Gualeguaychú a una de las tantas fiestas de las que participaba —Justo José era fanático del baile— y quedó embobado ante una joven de 21 años y mirada cautivante.

La reina de Gualeguaychú era Dolores Costa, pero el general, quien tenía cinco hijos más grandes que ella, la llamaba Dolor-cita. Para Sarmiento, la señorita Costa era “la sultana favorita” del entrerriano.

Dolores actuó como Primera Dama de Palermo —donde Urquiza se instaló al vencer a Rosas—, aunque no lo hizo con exclusividad, ya que tuvo que aguantarse a una ex en su casa. Nos referimos a Cruz López Jordán, madre de Anita y madrina de Waldino. Tal vez esta rareza de contar con una doble compañía le haya servido ajusto José para paliar la herida psicológica que habría recibido cuando fue “cruelmente engañado” en su juventud.

La decimotercera descendiente, Dolores Urquiza Costa, nació el día previo a que se sancionara la Constitución del año 53. Lola tuvo varios hermanos: justa (nació en 1854), justo (nació 1856 y nos ocuparemos de él en el párrafo siguiente), Cayetano (1858), Flora (1859), Juan José (1861), Micaela (1862) y Teresa (1864).

En total, ocho hermanos con la misma madre, la gualeguaychense Dolores Costa, con quien convivía en el espléndido palacio San José de Concepción del Uruguay. Pero no se había casado. Por fin lo hizo en 1865, en la acogedora capilla que existe junto a la casa, cuya principal curiosidad son los numerosos símbolos masones que contiene.

Una vez que Justo y Dolores fueron marido y mujer, nacieron Cipriano (1866), Carmelito (1868) y, por último, la benjaminaCándida (1870). Estos once hijos que tuvo con Dolores más los otros doce de distintas relaciones fueron reconocidos en forma legal.

Si hubo más, nunca alcanzaron el grado de estos veintitrés. Muchos de los hijos extramatrimoniales de Urquiza vivieron en el palacio San José, con su padre, Dolores Costa y los descendientes del matrimonio.”

Fuente Consultadas:
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Expresiones Populares de Don Quijote de la Mancha Usadas Frecuentemente

Expresiones Populares de Don Quijote de la Mancha

Miscelánea: según la definición del diccionario de la lengua española,  “es una mezcla de cosas de distinto origen o tipo”, y justamente este concepto es el que se aplica hoy esta página, en donde podrá encontrar explicaciones de los mas variados e inconexos temas  ,pero interesantes como para ampliar  nuestra cultura general.

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quijote de la mancha y don sancho panza

A Dios rogando y con el mazo dando: Bueno por un lado, duro por el otro.

Al buen entendedor, pocas palabras: Pocas palabras para el que escucha y comprende.

Al buen pagador no le duelen prendas: El que va a cumplir, no teme dar garantías.

A mal viento va esa parva: Asunto mal encaminado.

A otro perro con ese hueso: No creer en ciertas promesas y rechazarlas.

Bien predica quien bien vive: Mejor son los actos que las palabras. El ejemplo de los hechos.

Cada uno es hijo de sus obras: Por sus frutos los conoceréis.

Cantarillo que muchas veces va a la fuente o deja el asa o lafrente: Tanto va el cántaro a la fuente que al final se rompe. Quien mucho se expone, asume riesgos.

Cuando la cólera sale de madre, no tiene la lengua padre:Quien se enfurece, no sabe lo que dice; pierde razones.

Del dicho al hecho hay gran trecho: No se debe confiar en promesas o apariencias.

De los hombres se hacen los obispos: Los más humildes pueden alcanzar lo más alto.

De noche todos los gatos son pardos: Si no hay claridad es difícil ver defectos.

De punta en blanco: Vestido con su armadura brillante, con todas las galas.

Dime con quién andas, decirte he quién eres: Cómo definen las buenas o malas compañías.

Donde menos se piensa, salta la liebre: Las cosas que menos se esperan, pueden ocurrir.

Duelos y quebrantos: Entrañas de los animales y nombre que se da en España al tocino con huevos fritos. La expresión podría tener su origen en una ironía de Don Quijote, pues los carneros, cabras y ovejas eran los que se despeñaban y caían a hondonadas, matándose. Duelos: los pastores que sufrían. Quebrantos: los animales derrumbados. Pero ya que estaban, a la sartén.

El buey suelto bien se lame: La libertad es bien preciado.

El consejo de la mujer es poco y el que no le toma, es loco: Las mujeres son ingeniosas y aconsejan con habilidad; quien no las escucha no está bien de la cabeza.

En los nidos de antaño, no hay pájaros de hogaño: No debe perderse la ocasión, porque es difícil que se repita.

En otras casas cuecen habas y la mía a calderadas: Los defectos no son exclusivos de persona o sociedad alguna.

Espantose la muerte de la degollada: Hay quienes notan defectos en otros, siendo los suyos mayores.

Gato por liebre: Dar algo de menor calidad que la esperada. Engaño.

Hoy por ti mañana por mí: Ayuda mutua siempre es buena.Ir con pie de plomo: Cautelosamente, despacio y seguro. Ir por lana y volver trasquilado: Ir por ganancias y regresar perdidoso.

La diligencia es madre de la buena ventura: El trabajo es madre de la buena suerte.

La ocasión la pintan calva: Debe aprovecharse cualquier oportunidad. La frase completa era La ocasión la pintan calva y hay que tomarla por la melena.

Las cañas se vuelven lanzas: Se empieza por juego y se termina en querellas.

MÁs vale pájaro en mano que buitre volando: Más vale pájaro en mano que cien volando.

Mejor no menear el arroz… aunque se pegue: No hablar de cosas que pueden ofender a los presentes.

Mi memoria es tan mala, que a veces olvido mi propio nombre: La peor de las memorias.

Nadie diga de esta agua no beberá: Nadie está libre de algunos sucesos o de hacer lo que no le guste.

Nadie tienda más la pierna de cuanto fuere larga la sábana:No pretender más de lo posible.

No es la miel para la boca del asno: Ironía para los que se burlan de los entendidos y sabios y celebran a los ignorantes. Como el asno, que prefiere pasto a miel.

No es oro todo lo que reluce: Las apariencias engañan.

No hay más límite que el cielo: Las aspiraciones no reconocen límites.

No hay regla sin excepción: Frase mucho más inteligente y certera.

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Crónica Loca de Víctor Sueiro

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Sebastian El Cano Elcano Historia Primera Vuelta al Mundo Magallanes

Sebastian El Cano Elcano Historia Primera Vuelta al Mundo

Recibimiento que se hizo a del Cano en la Corte.
Mercedes que se le concedieron

Juan Sebastián Elcano, también escrito Juan Sebastián del Cano o Juan Sebastián de El Cano (Guetaria, Guipúzcoa, España, 1476 – Océano Pacífico, 4 de agosto de 1526), fue un marino español que participó en la primera vuelta al mundo, quedando al frente de la expedición tras la muerte de Fernando de Magallanes.

Historia Primera Vuelta al Mundo

“Desde San Lúcar tenia escrito El Cano al Emperador participándole su llegada. El Monarca desde Valladolid, donde residía la Corte, le contestó a Sevilla, mandándole que fuese a darle cuenta de su viage, acompañado de dos de sus camaradas los que a él le pareciesen mas cuerdos y de mejor explicación.

Estaban en situación tan desastrada, que el mismo Emperador tuvo que dar orden a los oficiales de la Casa de Contratación, para que a todos tres los vistieran y auxiliaran.

Llegado Juan Sebastian a Valladolid, se presentó al Emperador con algunos indios que habían quedado vivos; con los regalos de los reyes de Molucas, y con las muestras de la especería.

El Monarca lo recibió muy bien, congratulándole con donaire por ser el primer hombre que hubiese rodeado nuestro globo por el Océano, como el Sol por su eclíptica, é hizo merced, á él y a sus compañeros, de la cuarta parte de la veintena que a Su Magestad pertenecía de todo lo que traian en sus cajas, incluyendo en la merced a los prisioneros hechos en Cabo Verde, los cuales ya habían sido remitidos a Lisboa en una nave llegada de Calicut, y fueron reclamados vivamente por el Emperador al rey de Portugal.

Concedió además a El Cano privilegio de introducción, y un escudo de armas, en cuya primera mitad, en lo alto, pusiese un castillo dorado en campo rojo, y en la otra mitad un campo dorado, sembrado de especería con dos palos de canela, tres nueces moscadas en aspa y dos clavos de especia, encima un yelmo cerrado y por cimera un globo con esta inscripción: Prirnus circunzdediste me. ¡Magnífico emblema, y sorprendente siglo aquel, en que la historia contemporánea, podía ofrecer tales imágenes para alentar el espíritu caballeresco y emprendedor!

En Valladolid, sin embargo, no todo fue placemes y satisfacciones para El Cano.

La tripulación de la nao San Antonio, que sublevada por el piloto Esteban Gómez contra su Capitán Álvaro de Mezquita, había dado la vuelta a España antes de atravesar el Estrecho, para cohonestar su desobediencia y rebelión, acriminó a Magallanes por las ejecuciones hechas, y dio muchas quejas de lo mal dirigida que iba la expedición.

Esteban Gómez entregó a los oficiales de la Casa de contratación a Alvaro de Mezquita, que lo traía aherrojado, y cuyos bienes fueron embargados, mientras se le formaba proceso.

Declararon cincuenta y cinco personas que venían en la nave; como no todas eran enemigas de Mezquita, ni habían aprobado lo hecho, las declaraciones fueron confusas y contradictorias.

Lo único que se sacó en limpio fue, que la conducta de Esteban Gómez no era del todo laudable, y a él y a cinco de sus principales compañeros se les metió también en la cárcel, mandándose depositar la nave y sus efectos.

Pronto salió de la prisión Esteban Gómez y obtuvo el mando de una Escuadra contra los corsarios que infestaban las Indias, mientras el infeliz Mezquita, víctima de la insubordinación de Gómez seguía preso como un malhechor y desposeído de sus bienes.

Cuando llegó la nao Victoria quiso el Emperador que se hiciese una información sobre la conducta de Magallanes y de los sucesos de su expedición, acerca de todo lo cual los tripulantes de la San Antonio habían hecho formar ideas muy oscuras.

En Valladolid, pues, fue requerido El Cano con sus dos compañeros Francisco de Albo, piloto de la Victoria y Fernando de Bustamante, su barbero ó cirujano.

La declaración de El Cano fue dura, culpando a Magallanes de falta de consideración hacia sus compañeros; de ene miga hacia los castellanos; de irreverencia hacia las órdenes del Rey; de dilapidación de su hacienda, interpretando como una de las causas del rigor que empleó contra los Capitanes que justició en el puerto de San Julián, el deseo de entregar el mando de las naves a los portugueses, sus parientes y amigos, como se vió en los cargos que dio a Álvaro de Mezquita y a Duarte de Barbosa.

Todas las respuestas con que satisfizo a las preguntas que se le hicieron, demuestran la ruda franqueza de un marino. Debieran parecer poco generosas, tratándose de un hombre ilustre que fue su Caudillo, y que acabó sus días con una muerte gloriosa en la empresa; sino pudiera reconocerse en ellas el deseo de volver por la reputación de los que fueron justiciados, librando sus nombres de la nota de traidores, que se les impuso.

Nada encubrió de la parte que había tomado en aquel momento, en que de orden de Quesada se encargó del mando de la nave San Antonio y asestó sus cañones.

Que el Emperador quedó satisfecho de la declaración de El Cano, á pesar de esta confesión, lo indica el que poco después (el 23 enero de 1532) le hizo merced de una pensión vitalicia de quinientos ducados al año, asentados en la Casa de Contratación, de la especería establecida por aquel tiempo en la Coruña; y si bien no pudo cobrarla por el mal estado del Real Tesoro, su concesión es un testimonio de la benevolencia del Monarca hacia él.”

Fuente: Es parte del cap. IX de la Historia de del Cano, por Navarrete (E.) — Páginas 107 a 114 

Biografia de Marco Polo Vida Obra Viajes de Marco Polo Ruta de la Seda

Biografía de Marco Polo
Viajes de Marco Polo – La Ruta de la Seda

Biografia de Marco Polo Vida Obra Viajes de Marco Polo Ruta de la SedaN a r r a c i ó n     H i s t ó r i c a:
En el otoño de 1298, Marco Polo, prisionero de guerra veneciano de edad mediana, estaba en una cárcel genovesa.  Pasaba el tiempo contando un extraordinario viaje que había hecho en otro tiempo.  Las noticias sobre su pasado corrieron por Génova y la gente empezó a acudir a la prisión para oírle hablar de las legendarias tierras del gran Kublai Kan , emperador de los mongoles.

Salpicaban sus relatos los templos dorados, las minas de rubíes y otras maravillas que había visto en sus viajes por el Oriente, así como los suntuosos palacios y la deslumbrante vida cortesana del Gran Kan, que sobrepujaba en refinamiento y elegancia todo lo conocido en la Europa medieval.

Entre los compañeros de cárcel de Marco estaba un tal Rustichello, escritor profesional de novelas nativo de Pisa.  Tan cautivado como los demás con aquellas aventuras, persuadió a Marco de que pidiera a Venecia los libros de notas que había compilado para Kublai.  Aprovechando aquellas historias y notas y agregando uno que otro embellecimiento literario de su cosecha,

Rustichello completó un manuscrito sobre los viajes precisamente antes de la liberación de Polo en 1299.  Poco despu¿s se hicieron varias traducciones que circularon por Europa.  El libro empezó llamándose sencillamente Descripción del mundo, pues no era otra cosa y cubría más comarcas que ninguna otra obra de entonces.  Pero no tardó en ser conocido como El libro del millón de maravillas del mundo, porque aludía burlonamente a las grandes cifras que daba Polo al mencionar los ingresos y riquezas del Kan.  Aunque hubo muchos lectores incrédulos, la narración de Polo despertó la admiración europea, que duraría siglos, hacia las riquezas y maravillas del fabuloso Lejano Oriente.

En el siglo Xlll, a medida que iba saliendo del aislamiento de la Edad Media, Europa se entregaba con afán a un comercio creciente -aparte de las guerras- en el Cercano Oriente.  Su población en rápido aumento y su desarrollo urbano habían incrementado la demanda de bienes, y como los señores feudales desdeñaban el comercio, surgió una nueva clase media de mercaderes en las villas y ciudades.  Ninguna más propicia para las empresas comerciales que Venecia, situada de modo ideal en el Adriático, vuelta hacia el este.  Fue en aquella ciudad próspera y refinada donde nació Marco Polo en 1254.

Unos meses antes del nacimiento de Marco, su padre Nicolo y su tío Maffeo, mercaderes de joyas, emprendieron un viaje de negocios a Constantinopla.  Los años transcurrían, y el comercio impulsaba a los Polo hacia oriente, hasta que llegaron a Bújara, muy adentro de las tierras gobernadas por los mongoles, o tártaros, como los europeos solían llamarlos.  Allí pasaron los Polo tres años, temerosos de moverse, ya que la región estaba infestada de partidas de guerreros y de bandidos.  Al fin, el enviado de un potentado local invitó a Nicolo y a Maffeo a acompañarlo a la corte de Kublai Kan en China.  Los Polo aceptaron el ofrecimiento de aquel sefíor, pues advirtieron en el acto la oportunidad única de emprender el comercio directo con el Lejano Oriente, evitando los intermediarios árabes y persas, y dichosos de salir de Bújara sin problemas.

En 1265, después de un arduo viaje de un año, Nicolo y Maffeo fueron recibidos por Kublai, nieto del gran constructor del imperio, Gengis, y el emperador más poderoso que el mundo hubiera conocido.  En los 20 años anteriores los habían precedido otros europeos -mercaderes y frailes- en territorio mongol, pero Nicolo y Maffeo Polo eran los primeros que visitaban China y eran presentados en la corte imperial.

Un mapa catalán representa a Marco Polo viajando en una caravana junto a sus hermanos por la ardua Ruta de la Seda, travesía que podía durar hasta cuatro años.

Curioso acerca del mundo entero, Kublai mostró interés en el cristianismo, acaso por razones políticas.  Cuando los Polo iban a partir, les pidió que llevaran una carta al Papa, solicitando que enviara 100 sabios sacerdotes a la corte mongol.  Invitó cordialmente a los hermanos a que volvieran a China con aquellos hombres y les dio una tablilla de oro inscrita que les garantizaría el retorno seguro a su patria.

En 1269, los Polo estaban de vuelta en Venecia.  Sólo entonces supo Nicolo que su esposa había muerto después de dar a luz a un hijo, Marco, al que había encomendado a unos parientes.  Marco, con sus 15 años, era un muchacho bueno y listo, y Nicolo decidió llevarlo consigo cuando regresara a la corte de Kublai.

Dos años después, Marco salió por mar de Venecia con su padre y su tío, rumbo a Catay, es decir China, viaje que representa un tercio de vuelta al mundo.  En Ayas, puerto al sudeste de Turquía, los Polo organizaron una pequeña caravana con camellos, caballos y servidumbre.  Hechos los preparativos, iniciaron la marcha, que habría de poner a prueba su valor y su resistencia física.  Ante ellos se dilataba toda Asia.

Los esfuerzos del Papa para satisfacer la solicitud de KubIai habían fracasado: no cien, sino sólo dos frailes se decidieron a unirse a los Polo.  Pero ahora, ya en camino, a los religiosos los sobrecogió el pánico y temieron por su seguridad.  Fingiéndose enfermos, volvieron atrás y los venecianos siguieron solos.

Marco, joven serio, amante de la naturaleza, empezó a llevar un diario de la expedición.  Como tenía habilidad para las cosas prácticas y los negocios, así como una mente impresionable, viva e indagadora, no se extendió acerca de las molestias personales del largo viaje, sino que sólo consignó todo lo que le parecía extraño y maravilloso: “fuentes” de petróleo, exóticas aves de caza, salinas, feroces puerco espines y minas de rubíes, entre otras muchas cosas.

Con la esperanza de evitar las regiones donde los cruzados y los musulmanes seguían peleando, la pequeña caravana se dirigió al norte.  Al ir llegando al mar Negro, torcieron al este, pasaron cerca del monte Ararat, donde se creía que había encallado el arca de Noé, y se internaron en las colinas de Georgia.  Todo este territorio era familiar a los mercaderes europeos, pero no a Marco, y lo sorprendió la vista de un manantial del que brotaban grandes cantidades de petróleo, un aceite que no se usaba como alimento -añadía-, sino como ungüento para tratar la sarna del hombre y el camello y para quemarlo en lámparas.  Los mesopotamios y los persas usaban desde hacía mucho el aceite fósil o petróleo para alumbrarse y calentarse, pero para un europeo medieval aquello era cosa nueva, pues lo mismo que los romanos y los egipcios, empleaban con tales fines el aceite de oliva, menos eficaz.

Los Polo entraron en Irán y se detuvieron en Saba, de donde habían partido los Reyes Magos siguiendo la estrella hacia Belén.  Marco oyó contar que sus cuerpos estaban perfectamente preservados en una tumba y trató en vano de averiguar algo más.

Los Polo habían llegado a una región remota y poco accesible, y las incomodidades y riesgos del viaje eran grandes.  La caravana apenas recorría de 16 a 30 kilómetros al día, por helados pasos entre montañas, desiertos pedregosos y cuencas de sal ardiente, donde la única agua potable era de un verde bilioso.  Al llegar a Kermán, los Polo pensaron continuar a China por mar, de modo que torcieron al sur, hacia Ormuz, puerto del golfo Pérsico.  De camino, pasaron por pueblos ocultos detrás de altas paredes de barro para protegerse de los karaunas, notorios merodeadores.  De pronto, los karaunas cayeron sobre la caravana en medio de una tempestad de polvo cegadora.  Marco relata que aquellos bandidos habían “adquirido el conocimiento de las artes mágicas y diabóliIicas, merced a las cuales producen oscuridad . . . , [de suerte que] las personas no pueden verse unas a otras, de no estar muy cerca”.  Tuvo la fortuna de escapar, con su padre y su tío, y de dar con un pueblo, pero muchos de sus compañeros fueron “capturados y vendidos, y otros fueron muertos”.  Marco, con la moderación que lo caracteriza, concluye: “Pasemos ahora a otras cosas.”

Por fin, los Polo llegaron a Ormuz, de clima bochornoso, pero les bastó echar una ojeada a las frágiles naves, de planchas “cosidas” con fibras de cocotero, para cambiar de opinión a propósito del viaje por mar, y regresaron a Kermán.  Tomaron la Ruta de la Seda, que los condujo a Balj, al norte de Afganistán.

Balj había sido una ciudad de palacios de mármol, capital de la antigua Bactriana, donde Alejandro Magno casó con la hija del rey persa Darío.  Pero los venecianos la encontraron convertida en ruinas calcinadas, 50 años después de haber sido arrasada por Gengis Kan.

Los Polo dejaron Balj atrás y pasaron a Badajshán, provincia montañosa al norte del Hindu Kush, donde las mujeres se rellenaban las caderas para aumentar su atractivo, y había minas de rubíes y del mejor lapislázuli del mundo.  Marco consigna: “En esta provincia nacen las piedras preciosas llamadas balax, que son bellas y de gran valor.  Nacen en las rocas de la montaña . . . El rey la manda horadar sólo para él, y nadie puede ir a esa montaña para buscar los balax, so pena de muerte; tampoco se pueden sacar del país … porque si el rey permitiera extraerlas, llegarían a abundar tanto que perderían su valor.”

La región era también famosa por su clima salubre.  “En las cimas de las montañas el aire es tan puro y saludable, que es conocido por restaurar la salud.” Marco lo atestiguó por experiencia propia, pues “luego de estar confinado por enfermedad durante casi un aiío en esta comarca”, le recomendaron subir a las colinas, y se curó.

Partidos de Badajshán, los Polo cruzaron Cachemira por la meseta de Pamir.  Marco habla de “carneros salvajes muy grandes, cuyos cuernos miden sus buenos seis palmos.  Con estos cuernos hacen los pastores grandes cuencos para comer”.  Estos notables animales, llamados carneros de Marco Polo, siguen siendo una caza mayor muy estimada.

Los Polo siguieron su camino por la meseta de 3600 metros de altitud.  Está enclavada entre cordilleras tan altas “que no se ven pájaros por las cumbres” y los fuegos “no dan el mismo calor que a menor altura”.

De las montañas descendieron al Sinkiang, región templada con oasis verdeantes y calcedonia y jaspe en los lechos de los ríos.  Llegados a Lop, se dispusieron a cruzar el sur del desierto de Takla Makan.  Según Marco, tcquienes se proponen cruzar el desierto descansan una semana en esta ciudad para cobrar fuerza y disponerse para la jornada, cargando con provisiones para un mes”.

“La longitud del desierto es tal, que se dice que llevaría un año o más cabalgar de un cabo al otro.  Aquí, donde es más angosto, se tarda un mes en atravesarlo.” El desierto de Takla Makan tenía fama de ser morada de espíritus malignos que arrastraban a los viajeros a la destrucción, llamándolos por su nombre y adoptando la apariencia de sus compañeros.  Los Polo tomaron precauciones y cruzaron felizmente un desierto traicionero debido a sus arenas susurrantes y a sus espejismos producidos por las ondas térmicas.

Durante varias semanas bordearon los límites meridionales del desierto de Gobi.  Llegaron a Kumul y penetraron en Mongolia, ya al oriente de Asia.  Viajaban ahora por regiones habitadas por tártaros.  Marco anotaba todo lo que veía, u oía, desde el auténtico origen del amianto (que los europeos medievales creían que era lana de salamandra), hasta una gigantesca estatua yacente de Buda.  Realizó asimismo una de las primeras observaciones exactas acerca de los mongoles:

“Los tártaros prósperos se visten con paños de oro y seda, con pieles de cibelina, de armiño y de otros animales, siempre de la manera más rica.

“Son valientes en la batalla, casi hasta la temeridad … Soportan toda suerte de privaciones, y [si es preciso] pueden vivir un mes entero de la leche de sus yeguas y de las piezas que por azar lleguen a cazar … Los varones

aprenden a pasar a caballo dos días con sus noches, sin desmontar; así duermen mientras los caballos pacen.  No hay pueblo en el mundo que los supere en fortaleza ante las dificultades, ni de mayor paciencia en las penurias de toda especie …

“Si las circunstancias lo imponen. . ., pueden viajar diez días sin encender una hoguera ni comer como es debido.  Se alimentan de la sangre de sus caballos; les abren una vena y beben de sus propias monturas.”

Los Polo se acercaban a su destino.  Habían recorrido unos 13 000 kilómetros de terreno difícil en los tres años y medio transcurridos desde su salida de Venecia.  Advertido de su llegada, el Gran Kan “mandó salir a su encuentro, y dio órdenes para que en todos los lugares por donde pasaran se les proporcionase todo lo necesarios.

Por fin, en el verano de 1275, entraron los Polo en la ciudad mongol de Shangtu.  El espléndido palacio veraniego del Kan, de piedra y mármol, ocupaba 41 kilómetros cuadrados de parque, regado por muchos riachuelos y poblado de ciervos y otros animales de caza, que el monarca cazaba con guepardos y halcones.  Sentado en un enorme salón dorado, esperaba a los Polo uno de los gobernantes más notables de la historia.  Su imperio, el mayor que el mundo ha visto, se dilataba desde Hungría hasta la costa de China.  Kublai Kan, que tenía alrededor de 60 años, era un hombre bien constituido, de estatura mediana, con las mejillas encendidas y los ojos “negros y bellos”.  Su figura, ataviado con una túnica de seda que los bordados de oro atiesaban, era imponente.  Cuando Nicolo presentó a Marco como “vuestro servidor y mi hijo”, el Kan replicó: “Que sea bien venido, y mucho me complace.”

Shangtu era la residencia veraniega del Kan.  La capital principal de Kublai estaba a unos 300 kilómetros al sur, en Kambalik (el Pekín actual).  Era una ciudad más espléndida que Shangtu, con palacios de mayor magnificencia aún.  A fines de agosto, Kublai y su corte volvieron a Kambalik, y los Polo fueron también.

Miembro del séquito del Kan, Marco conoció íntimamente la casa imperial.  Kublai vivía con refinada suntuosidad.  Había adoptado muchas costumbres chinas y recibía a sus invitados al estilo chino más grandioso.  En los banquetes, donde a menudo había miles de comensales, se servían por lo menos 40 platos de carnes y pescados, 20 variedades de verduras, 40 clases de frutas y dulces y enormes cantidades de leche y vino de arroz.

Kublai tenía cuatro esposas legítimas, cada una con una corte de 10 000 personas.  Todas ellas tenían el título de emperatrices y en las ceremonias oficiales una de ellas ocupaba un lugar de honor junto al Kan.  Kublai tenía además centenares de concubinas, y cada par de años adquiría 30 ó 40 más.  Marco se enteró de que eran cuidadosamente seleccionadas en cuanto a belleza, y observó que “duermen tranquilamente, no roncan, tienen aliento dulce y están libres de olores desagradables”.  Los padres consideraban un honor que sus hijas fueran elegidas, pues muchas veces el Kan daba sus concubinas por esposas a los nobles de la corte.

También servía al Kan un cuerpo de diabólicos astrólogos.  Marco Polo se refiere a ellos con gran desaproba ción:    “Se muestran en un estado sucio e indecente Por añadidura, son adictos a la horrenda práctica de asar y devorar el cuerpo de los condenados a muerte Tan peritos son en su infernal arte, que puede decirse que hacen lo que quieren, y mencionaré un caso, aunque se sale de los límites de lo creíble.  Cuando el Gran Kan está comiendo en su salón la mesa que hay en el centro se halla a una altura de ocho codos*, y a cierta distancia hay un aparador grande, donde están dispuestas todas las vasijas para beber.  Pues bien, por obra de su arte sobrenatural, hacen que las vasijas de vino, leche o cualquier otra bebida llenen las tazas espontáneamente, sin que las toquen los sirvientes y las copas recorren por el aire diez pasos hasta la mano del Gran Kan.  Cuando las ha apurado, regresan al lugar de donde vinieron.

Aquellos brujos de quienes se contaba que controlaban el estado atmosférico, impresionaban tanto al Kan, que dijo a los Polo que el cristianismo no le interesaría a menos que contara con análogos hacedores de milagros.

Igualmente mágica, para ojos occidentales, era la administración del vasto imperio del Kan.  Sus 34 provincias estaban gobernadas por 12 barones responsables sólo ante el Kan.  Un complejo sistema de cómodas postas, separadas por unos 40 kilómetros, con caballos veloces y ligeros, enlazaba las provincias con la capital y aseguraba que las órdenes del Kan fuesen prontamente ejecutadas.  La red de comunicaciones era tan eficiente que un mismo correo llegaba a recorrer 400 kilómetros en un día, y “en la estación de las frutas, lo que es recolectado por la mañana en Kambalik, le llega a la tarde del día siguiente al Gran Kan en Shangtu, aunque la distancia suele considerarse de diez jornadas”.

Los viajeros no tenían dificultades con la moneda en la mayor parte del imperio.  Los billetes impresos en la casa de moneda del Kan en Kambalik eran aceptados por doquier, salvo en el lejano sur y el lejano oeste del imperio.  Marco Polo describió cómo unos artesanos hacían los billetes: “Toman la membrana que hay entre la corteza y el tronco.  Remojada y machacada en un mortero hasta quedar reducida a pulpa, se hace con ella un papel.  Lo hacen cortar en trozos de varios tamaños, casi cuadrados. . . El funcionario principal, después de mojar en bermellón el sello real, sella cada trozo de papel … La falsificación es castigada con la pena de muerte.” Transcurrirían 600 años antes de que el papel moneda se utilizara comúnmente en Europa.

Pese a algunas asperezas, el Kan era en muchos aspectos un déspota bastante benévolo.  Si el hambre o la peste afligían cualquier parte de su imperio, suministraba granos y ganado de los bienes imperiales a las víctimas.  Si caía un rayo en un buque mercante, el Kan renunciaba a su parte.  Si admiraba la estructura social y económica de algún territorio conquistado, la dejaba intacta, como había hecho con China.

Marco Polo no averiguó todo esto en seguida, sino a lo largo de muchos años.  Nicolo y Maffeo se establecieron en Kambalik para comerciar, y pocas veces los menciona Marco en el relato de los años que vivieron los tres en China, seguramente porque viajaban mucho.

El avisado joven Polo adoptó en seguida las costumbres tártaras y aprendió a leer y conversar en cuatro idiomas del imperio mongol.  Al Kan le impresionaron tanto su inteligencia y logros que decidió poner a  prueba el talento mercantil de Marco y lo envió con una misión a China sudoccidental, Birmania y Bengala.  “Advirtien de que al Kan le agradaba oír relatos de todo lo que fuera nuevo para él”, Marco procuró recabar informaciones correctas, y anotó todo lo que veía y oía.

Durante los 17 años que Marco permaneció al servici de] Kan, se hizo tan útil que se le encomendaron misione confidenciales a todas partes del imperio y sus dependencias.  A veces viajó también por su cuenta, pero siempr con el consentimiento del Gran Kan.

Estas misiones llevaron a Marco por el norte a. Mongo lia, por el sur a Birmania y Bengala, por el oeste a Tíbe y por el oriente a las ciudades de la costa china.  Durant tres años fue el agente del Kan en la hermosa ciudad d Kinsai (Hangchow), al sur del río Yangtzé.

Lo mismo que Venecia, Kinsai estaba construida en tre canales, pero sus dimensiones y magnificencia líacía que Venecia pareciera un poblado.  Kinsai, inform Marco, tenía 160 kilómetros de circunferencia.  Había n menos de 12 000 puentes sobre los canales, y la cali principal, que cruzaba la ciudad de punta a punta, me día 40 pasos de anchura.  La calle estaba interrumpid por 10 enormes plazas rodeadas de altas casas y tiendas donde se vendían vinos, especias, joyas y perlas.  Dos o tres veces por semana, en cada plaza se reunían unos 50 000 comerciantes y compradores.  Marco lo describe así: “Abundan las piezas de caza de todo género, esto es, corzos, ciervos, gamos, liebres, conejos, perdices, faisanes, codornices, gallinas, capones y tantos patos y ocas que no alcanzan las palabras …

“Hay en todo tiempo, en dichas plazas, toda clase de hierbas y frutas y, sobre todo, unas peras grandísimas que pesan cinco kilos cada una, blancas por dentro como una pasta y olorosísimas.  También hay duraznos amarillos y blancos muy delicados… Cada día llega [del mar] gran cantidad de pescado … y también abunda el del lago … de diversas clases según las estaciones del año.”

A Marco Polo le fasinaron los baños públicos, de agua sin calentar, adonde los chinos concurrían a diario.  Al parecer consideraban los baños de agua fría “muy conducentes a la salud”.  Sin embargo, también había baños de agua caliente “para los extranjeros, que no soportan la impresión del frío”.

Describe también Marco los gremios de artesanos de Kinsai y señala que Kublai Kan no imponía la antigua ley china según la cual todo hombre debía seguir ejerciendo el oficio de su padre: “Cuando adquirían riqueza, se les permitía evitar el trabajo manual, a condición de conservar el establecimiento en buen estado y de dar empleo a personas que practicasen los oficios paternos.”

Marco no restringió sus viajes, en modo alguno, a la comodidad y seguridad de las grandes ciudades.  Viajó por toda China y probablemente llegó a conocerla mejor que la mayoría de los chinos y que sus dominadores mongoles.  Su gira más prolongada fue por las provincias sudoccidentales de Sechuan y Yunnan y por una región que llamó “Tíbet”.  Al recorrer aquellas comarcas, quedó cautivado por la moneda de sal que circulaba en Tíbet: “Tienen aguas saladas de las que extraen la sal hirviéndolas en sartenes.  Luego de hervir una hora se cuajan en una pasta a la que se da forma de panes de dos dineros, planos por debajo y redondeados por encima; y cuando están hechos se ponen sobre ladrillos bien caldeados al fuego, donde se secan y endurecen.  En ellas se imprime el sello de] señor.  Tales monedas no pueden ser hechas sino por la gente de] señor.”

Los viajes eran bastante arriesgados, no sólo por los bandoleros sino por los animales salvajes.  Los viajeros obligados a acampar por la noche en despoblado se protegían encendiendo hogueras de bambúes verdes que crecían en la orilla de los ríos.  En la lumbre, las cañas a menudo “estallan con grandes detonaciones” que podían oírse a tres kilómetros y ahuyentaban a los animales.

Marco llegó 4 Birmania, región desconocida para los europeos y que sólo fue explorada seis siglos después.  En aquella remota zona, Marco vio las cosas más raras: gente que se forraba de oro los dientes, hombres tatuados de pies a cabeza.  Se enteró de la singular costumbre de una comarca: “No bien una mujer ha tenido un niño y lo ha lavado y envuelto, el esposo toma su lugar al punto, pone la criatura a su lado y la cuida durante 40 días . . . La mujer amamanta al niño a su lado.”

Diez años más viajó Marco Polo por cuenta del Kan, mientras su padre y su tío se enriquecían con la compraventa de joyas.  Pero anhelaban volver a ver Venecia.  Y Marco explica:

“Cada vez estaban más empeñados en ello, [sobre todo] cuando pensaban en la edad muy avanzada del Gran Kan, cuya muerte, de producirse antes de su partida, podría despojarlos de aquella asistencia general, única con que podrían contar para vencer las dificultades de un viaje tan largo…

“Así que Nicolo Polo aprovechó la ocasión un día, al notar que el Kan estaba más contento que de costumbre; se postró a sus pies y solicitó, en nombre propio y de su familia, el gracioso permiso de Su Majestad para partir.”

Al Kan pareció dolerle.  Que pidieran lo que quisieran, respondió; pero, “por la consideración que les tenía, debía decididamente rechazar su petición”.  Los Polo estaban, de hecho, prisioneros, y de no haber sido por un golpe de suerte, la historia pudo no llegar a saber nunca nada de Marco Polo.

Hacia 1286, llegaron a la corte del Gran Kan en sc>licitud de nueva esposa unos enviados de un pariente de Kublai, Arghyn Kan, gobernante de Persia.  Fue escogida una joven de 17 años, “bella y exquisita”, ylos enviados partieron con ella por tierra.  Cosa de un año más tarde, la caravana reapareció en Kambalik, rechazada por las belicosas tribus del Asia central.  Se dio el caso de que Marco acababa de volver de un viaje a las Indias Orientales, y los enviados pidieron a los Polo que los guiaran por mar.  Cuando el plan fue expuesto al Gran.  Kan, convino a regañadientes en dejar partir a los Polo y les dio cartas dirigidas a los reyes de Europa.

En 1292 zarpó de China una flotilla de 14 barcos que llevaban a centenares de hombres y mujeres, incluyendo a los tres Polo, a los embajadores de Arghyn Kan y a la joven novia.  Siguieron la costa de China hacia el sur, bordearon Vietnam, llegaron a Sumatra, pasaron a Ceilán y la India, y enfilaron al norte hacia Ormuz.  La incansable curiosidad de Marco le llevó a describir tierras, pueblos y otros temas de que los europeos hasta entonces no tenían la menor noticia: desde una descripción del rinoceronte (al que llamó unicornio) hasta una favorable biografía de Buda.

Por fin, la flota arribó a Ormuz, en el golfo Pérsico, al mismo puerto en el que los Polo habían decidido no embarcarse 20 años atrás.  La travesía había durado un par de años, y no estuvo libre de molestias y peligros.

Marco habla de unos piratas que obligaban a los merca deres capturados a tomar una purga que les hacía vomitar las joyas que se hubieran tragado para ocultarlas.  Muchos de la partida murieron por el camino, pero la voluntad indomable, el vigor y la suerte no abandonaron a los Polo.  La joven fue entregada sana y salva, pero Arghyn había muerto, de modo que la casaron con su hijo.  Los Polo, lejos aún de su patria, prosiguieron por mar y tierra hasta Constantinopla.  Debió de ser un alivio para ellos ir ya de camino hacia Occidente cuando se enteraron de la muerte del Kan en 1294.

En 1295, Marco, Nicolo y Maffeo Polo entraron por fin en el puerto de Venecia, después de una ausencia de 24 años.  Al principio nadie los reconoció, pues habían adquirido “cierto matiz tártaro indefinible, tanto en el aspecto como en el acento”.  Los vecinos contaban que los Polo, para probar sus relatos respecto a las riquezas que habían adquirido y a las muchas que habían contemplado, dieron a los suyos un banquete, al final del cual desgarraron las costuras de las toscas vestimentas que traían de Asia y derramaron sobre la mesa gran cantidad de diamantes, perlas, rubíes, esmeraldas y otras piedras preciosas.

La edad de Marco Polo no excedía en mucho los 40 años, pero apenas se sabe algo de su vida posterior.  Debe decirse que nunca volvió a alejarse mucho de Italia.  Tres años después de su regreso, fue capturado por los genoveses.  Liberado de la cárcel, Marco se casó y tuvo tres hijas.  Sin duda, disfrutó de la celebridad que debió a la circulación de su libro, aunque muchos lectores lo acusaron de “contar patrañas”.

Cosa singular, al morir en 1324, Marco no era muy rico.  Su última voluntad fue que se liberase al sirviente tártaro que había llevado consigo.  Inevitablemente, en torno al veneciano y sus viajes se multiplicaron las leyendas.  Según unos amigos, alguien preguntó a Marco agonizante si no querría al fin suprimir de su relato “todo lo que fuese más allá de los hechos”.  Parece ser que él contestó: “No he contado ni la mitad de lo que vi.”

Pero Marco Polo no tuvo la culpa de lo mucho que otros debieron de añadir a su libro.  Con los años, fue criticado por numerosos errores, on-úsiones y exageraciones; pero no eran nada en comparación con los que aparecían en otros libros de la época.  Cualesquiera que fuesen sus limitaciones, sus observaciones eran indiscutiblemente realistas, e influyeron no poco sobre generaciones posteriores de cartógrafos, geógrafos, viajeros y sabios de toda índole.  Hasta su errónea localización de Japón entre

China y Europa tuvo su importancia: unos 200 años después, uno de los lectores de Marco Polo se lanzó a buscar una ruta occidental al Oriente, llevando consigo un ejemplar cuidadosamente anotado de los Viajes.  Cristóbal Colón no encontró Japón ni China, pero la inspiración que debió a Marco Polo lo llevó a otro mundo nuevo.

    BAJAR EL LIBRO DE MARCO POLO     

Biografia de Vasco da Gama Vida y Obra Viajes de Vasco de Gama

Biografía de Vasco da Gama Vida y Obra
Viajes de Vasco de Gama

vasco de gama

Gama, Vasco da (c. 1469-1524), explorador y navegante portugués, fue el primer europeo que llegó a la India por la ruta que rodea África, dando por finalizada la búsqueda que Enrique el Navegante comenzara ochenta años antes.

Nació en Sines, Alentejo (en la actualidad conocido como Baixo Alentejo). Durante su juventud luchó en las guerras contra Castilla.

El rey de Portugal, Manuel I el Afortunado, le encargó la misión de llegar a la India por mar, zarpando de Lisboa, con cuatro barcos, el 9 de julio de 1497.

En noviembre rodeó el cabo de Buena Esperanza (que fue bordeado por primera vez en 1488 por el también navegante portugués Bartolomeu Días de Novaes); después se detuvo en Malindi, en la costa este de África.

Con la ayuda de un guía, que consiguió a través de unos mercaderes indios en ese mismo puerto, Gama siguió su viaje rumbo al este, para el 20 de mayo de 1498 llegar a Calicut (actual Kozhikode), en la costa de Malabar, en la India, donde debido a la hostilidad de los comerciantes musulmanes no pudo crear un puesto comercial portugués. Además, hubo de negociar su salida del puerto de Calicut antes de regresar a Portugal, en 1499.

En su país fue recibido con elogios, recompensado económicamente y autorizado a usar dom delante de su nombre. Para continuar los descubrimientos de Gama fue enviado a la India Pedro Álvares Cabral, que tuvo más suerte en el establecimiento de un puesto comercial portugués en Calicut.

Cuando se supo en Portugal que en el puesto creado por Cabral había sucedido una masacre, Gama, que ya había sido nombrado Almirante de la India, recibió el encargo de vengar la salvaje acción. Mientras se dirigía a Calicut fundó varias colonias en Mozambique y Sofala (que en la actualidad está integrada en Mozambique), en el este de África. Cuando llegó a Calicut, Gama subyugó a sus pobladores y obligó al rajá a restaurar la paz.

Después, abandonó la India y zarpó rumbo a Portugal, en 1503, con una valiosa carga de especias. Durante los siguientes 20 años no realizó ningún servicio como navegante, pero recibió el título de conde de Vidigueira en 1519. Cinco años más tarde fue nombrado virrey y viajó a la India con la misión de acabar con la creciente corrupción de las autoridades portuguesas de la colonia. Gama desembarcó en la India en el otoño de 1524, pero falleció en Cochin a los tres meses escasos de su llegada.

 Vasco da Gama llegó a Kozhikode

Una Triste y Dura Historia de Respeto

 Vasco da Gama llegó a Kozhikode (llamada a veces Calicut), puerto situado a orillas del mar de Arabia, sobre la costa suroccidental de la India, en 1498, ansioso de las especias asiáticas, pero venía mal preparado. Según la costumbre, la manera apropiada de honrar al gobernante de Kozhikode, llamado zamorín, en especial si se deseaba algún favor, era colmarlo de costosos regalos. Gama tenía poco que dar, y no consiguió impresionar a los indios con los productos que traía. Con vasijas para lavar, rollos de tela, sombreros, cuentas y terrones de azúcar habría quedado bien en las costas de Guinea, en África oriental, pero tales pro­ductos eran naderías en la rica Kozhikode.

Gama tuvo que esforzarse para lograr un acuerdo comercial con el zamorín; finalmente, al cabo de tres meses de súplicas, recibió la aprobación. Aun con sus limitados productos, logró comprar suficientes especias como para impresionar a la gente a su regreso a Lisboa.

 El primer viaje de Vasco da Gama pareció señalar la vía hacia un comercio tranquilo. Empero, antes de su regreso a Kozhikode, el tono de las relaciones entre Oriente y Occidente se volvería amenazador. En su segundo viaje al este, en 1502, en lugar de ganarse el favor del zamorín, Gama recurrió a la intimidación mediante la más horrible violencia.

Sólo dos de los cuatro barcos de Gama, y 55 hombres de la tripulación original de 177, sobrevivieron al primer viaje de ida y regreso a la India. Éstas se consideraban pérdidas razonables para la época, en especial para tan importante descubrimiento.

El rey Manuel de Portugal, patrocinador de Gama, quedó tan contento que, en 1500, costeó una segunda expedición comandada esta vez por Pedro Álvarez Cabral. Camino abajo, costeando el litoral africano, Alvarez Cabral se desvió tanto hacia el occidente que descubrió Brasil y tomó posesión de él en nombre de Portugal, dando así al rey Manuel, quien tenía ya la ruta hacia Asia, una porción del Nuevo Mundo.

Cabral doblé el extremo de África y continuó hacia Kozhikode, en donde recogió los frutos del trabajo de Gama en cuanto a privilegios comercia les, negociando un completo tratado con el zamorin. Dejó además en la India un pequeño grupo de portugueses con el objeto de que recolectaran información para el rey Manuel.

Aunque la misión de Cabral en la India fue exitosa, los hombres que dejó fueron asesinados. Cuando llegaron a Portugal las noticias de la masacre, el rey Manuel se enfadé pues pensaba que los funcionarios indios debían haber protegido a sus representantes. Manuel necesitaba mostrar a los indios que estaban obligados a respetar a los portugueses, así que envió a Gama de nuevo a la India, en 1502. En esta oportunidad, Gama iba armado hasta los dientes, y no estaba dispuesto a solicitar el favor del zamorín, como lo había hecho en 1498.

 Durante el viaje, los barcos de Gama interceptaron un velero árabe, conocido como dhow, que llevaba de vuelta a casa musulmanes que venían de una peregrinación a la Meca. Demostrando una nueva y militante actitud hacia los orientales, el comandante se enfrentó a los árabes y les exigió la entrega de todos los tesoros que iban a bordo. Como éstos no se movieran lo suficientemente rápido, ordenó a sus hombres tomar el dhow al abordaje.

Los portugueses se apoderaron de todo el dinero y los bienes de los árabes, y luego emplearon pólvora para incendiar el dhow con toda la gente a bordo. Uno de los hombres de la tripulación de Gama conté “380 hombres y muchas mujeres y niños”.

Al llegar a Kozhikode, Gama no se molesté con regalos para el zamorín ni presentó súplica alguna. Por el contrario, exigió la rendición del zamorin y que los musulmanes, a quienes culpaba de la muerte de los portugueses que Cabral había dejado, fueran expulsados a puntapiés de la ciudad. El zamorín trató de ganar tiempo y de negociar la paz.

La respuesta del comandante de los portugueses a las proposiciones de paz fue un bote repleto de restos humanos: manos, pies y cabezas de pescadores y mercaderes indios. Los europeos escogían al azar a sus víctimas de los pequeños botes que pasaban por el puerto, ponían nudos corredizos alrededor del cuello de los hombres y los colgaban, sólo como espectáculo, antes de descuartizarlos. Gama envió al zamorín la espeluznante carga con un mensaje en árabe, en el que sugería al gobernador que se preparase unacena con tales bocados.

La horripilante táctica funcioné. Gama obtuvo su carga de tesoros para llevar de regreso a Lisboa, y dejó en el puerto de Calicut una fuerza naval permanente de cinco barcos.

CRONOLOGÍA DEL VIAJE DE GAMA:

8 de julio de 1497.
Las cuatro naves destinadas a la gran aventura zarparon del puerto de Lisboa. Entre los 160 hombres que componían la tripulación, figuraba también Bartolomé Días. Por orden del rey, debía desembarcar en Mina (golfo de Guinea) para asumir la dirección de ana importante factoría comercial en aquella colonia portuguesa.

14 de julio.
Después de doblar la isla de Madeira, las carabelas avistaron el cabo Nao y dejaron atrás el vecino cabo Boj ador. Este punto era llamado “finis Africae“, o sea límite extremo de África, hasta 1434, año en que el navegante Gil Eannes había logrado superarlo.

16 de julio.
Las carabelas echaron ancla en una bahía de la isla llamada de Santiago, en el archipiélago de Cabo Verde. Aquí Bartolomé Días se separó de los tripulantes de la expedición para proseguir el viaje por la Guinea Portuguesa. Hacia fines de julio, Vasco de Gama impartió órdenes para reanudar el viaje.

Mediados de octubre.
Después de semanas y semanas de navegación en el océano, durante las cuales una violenta tormenta amenazaba destruir a la San Gabriel, las carabelas cruzaron la línea del ecuador. Se encontraban, pues, en el hemisferio de la Tierra donde, según los sabios antiguos, la nave que osara entrar se precipitaría en los abismos.

8 de noviembre.
“¡Tierra! ¡Tierra!” gritaron los vigías. Después de 7.000 kilómetros de océano, semejante grito hizo regocijar a todos de alegría. Vasco de Gama ordenó desembarcar en una bahía, a la que llamó de Santa Elena. Después de algunos días se reanudó la navegación.

 22 de noviembre.
Alcanzado el extremo límite de África, los vigías avistaron el cabo de Buena Esperanza. ‘ Según una antigua leyenda, recogida por Camoens en su poema Os Lusiadas, la imponente mole rocosa de este cabo era habitada por el gigante Adamástor, el “Genio de las tempestades”. Se decía también que Adamástor desencadenaba su furia dando muerte a todos aquellos temerarios que intentaran aventurarse en las proximidades de su morada. Después del audaz viaje de Bartolomé Días, ¿qué valor podía tener semejante leyenda? Y en verdad, sin temor alguno, Vasco de Gama impartió la orden de doblar el tan temido cabo. Ahora las cuatro carabelas afrontaban el océano índico.

Navidad 1497.
Luego de costear el litoral oriental del continente africano, las carabelas echaron anclas en una bahía, a la cual, por la fecha, Vasco de Gama impuso el nombre de “Porto Natal”.

7 de enero de 1498.
Prosiguiendo la navegación costera, las carabelas se hallaron a la vista de un río en cuyas aguas navegaban muchos barcos de vela tripulados por negros. Vasco de Gama averiguó que se trataba de cafres, habitantes del reino de Monomotapa. Vasco de Gama bautizó esa comarca con el nombre de“Terra da boa xente”.

Mediados de febrero.
Las carabelas portuguesas echaron anclas en la desembocadura del Zambeze. Vasco de Gama vino a saber que a este territorio llegaban los mercaderes árabes y que las Indias no eran desconocidas para aquellas poblaciones negras. Alborozados por la noticia llamó a ese río “Rio das Boas Sinaes” (Río de las Buenas Señales).

14 de abril.
Después de haber permanecido durante algunos días en Mozambique, los exploradores hicieron una nueva escala en Mombasa. ¿Por qué Vasco de Gama continuó navegando a lo largo de la costa africana, en lugar de dirigirse hacia la India? La razón estaba en que le fue encomendada la tarea de determinar la configuración de la costa oriental de África. De acuerdo con sus observaciones se pudo diseñar un mapa del continente ajustado a la realidad.

20 de mayo.
Luego de haber zarpado del, puerto de Melindi en los primeros días de mayo, con el alba del 20 las carabelas echaron anclas en Calicut, sobre la costa de Malabar. Después de más de 10 meses de’ navegación se había alcanzado la gran meta. ¡La ruta marítima para llegar a las Indias Orientales había sido finalmente descubierta”.

Las Carabelas de Cristobal Colón

La vuelta al mundo de Magallanes -Viaje de Magallanes – Biografia de Fernando de Magallanes

La Vuelta al Mundo de Magallanes

EL LARGO Y TRÁGICO VIAJE DE MAGALLANES: Un día del otoño de 1516, un soldado lisiado se prosternó torpemente ante su rey, Manuel I de Portugal. El soberano contempló con cierto desagrado a Fernando de Magallanes. En los últimos años, los superiores de quienes Magallanes había osado discrepar habían hecho correr informes malintencionados acerca de su conducta.

Mas no había quien pusiera en tela de juicio su noble cuna, sus brillantes hazañas militares y su inflexible lealtad a la Corona. De mala gana, el rey Manuel le hizo seña para que hablara.

Magallanes relató que, a los 36 años, lo habían empobrecido ocho de navegar, explorar y combatir por la Corona en África y las Indias portuguesas. Más aún, había sido gravemente herido tres veces al servicio del monarca, incluyendo una lanzada en la rodilla que lo dejó cojo para siempre. Solicitaba humildemente un aumento en su pensión. Manuel I, que no era nada dadivoso, denegó la petición.

Sorprendido y dolido, Magallanes siguió arrodillado. ¿Podría entonces dársele el mando de alguna carabela rumbo a las Indias, para tratar de rehacer su fortuna? Tampoco, respondió el rey; no había lugar para él al servicio de Portugal. El soldado, humillado, sólo pudo hacer una petición más: que se le permitiera servir a algún otro rey. Manuel lo despachó, rezongando que no le importaba dónde fuera o qué hiciera Magallanes.

Amargamente humillado, Magallanes pasó meses dando vueltas a aquellas ásperas palabras. Poco a poco fue forjando un plan. Su amigo Francisco Serrano, que se había establecido en las Molucas, llevaba años apremiándolo para que se le uniera. Aquellas islas, enclavadas al oeste de Nueva Guinea, eran conocidas también como islas de la Especiería, por ser fuente de la mayor parte de las especias que los europeos codiciaban ardientemente. Además, añadía Serrano, los beneficios del tráfico de especias eran fabulosos.

Magallanes acabó escribiendo a su amigo: “Pronto llegaré contigo, si no por cuenta de Portugal, por la de España.” Y mientras escribía estas palabras históricas, evocaba mapas y globos que había visto en el gabinete cartográfico real, en Lisboa, así como los insistentes rumores acerca de la existencia de un estrecho inexplorado, en el continente sudamericano, hasta el “Mar del Sur” (el Pacífico) que Balboa acababa de descubrir. De conseguir dar con el estrecho, podría abrir una vía occidental a las Indias, en lugar del largo camino alrededor de África y a través del océano Indico que los portugueses usaban y defendían fieramente.

Por suerte para Magallanes, en España varios hombres de importancia ponderaban la misma posibilidad. Y todos convinieron en que Fernando de Magallanes, con su rica experiencia de las Indias, era el hombre más indicado para la empresa. No bien lo llamaron de España, Magallanes abandonó Portugal.

A su tiempo, los que apoyaban a Magallanes le concertaron una entrevista con Carlos 1 de España, rey de 17 años que debía dar el visto bueno a la expedición. Todo marchó bien desde el primer momento. El joven monarca quedó impresionado por el veterano rengo, con su apasionada ambición, su lógica geográfica y su conocimiento personal de las Indias. Seguramente las hazañas pasadas de Magallanes y lo apasionante del viaje propuesto despertaron también el sentido aventurero del joven rey. En cualquier caso, sabía bien qué beneficios podía esperar España si rompía el monopolio portugués del tráfico de especias abriendo un nuevo camino a las Indias por el occidente. El 22 de marzo de 1518 el rey Carlos aprobó que se costeara “un viaje para descubrir tierras desconocidas” pasando por el estrecho, y designó a Magallanes capitán general de la expedición.

En Sevilla hicieron falta 18 meses para completar los preparativos del viaje. Tan largo retraso obedeció en parte a las maquinaciones del cónsul del rey Manuel en Sevilla. Aunque el destino de la expedición era un secreto oficial, los espías de Manuel se habían enterado de la verdad, y el rey estaba dispuesto a evitar aquel intento español de apoderarse de las riquezas de unas Indias que él tenía por dominio personal. Aun más siniestros eran los empeños de don Juan de Fonseca, obispo de Burgos y consejero del rey de España, y de los banqueros alemanes que sufragaban la expedición. Aterrados por las generosas recompensas prometidas a Magallanes por el rey Carlos, y temerosos de que la expedición resultara “demasiado portuguesa”, decidieron limitar la autoridad de Magallanes. Al cabo de unos meses de intriga, el obispo Fonseca consiguió que su hijo natural Juan de Cartagena fuera nombrado capitán de uno de los barcos (los demás estaban al mando de oficiales portugueses) y colocados en puestos clave otros españoles más.

Mientras tanto, Magallanes trabajaba metódicamente aprovisionando su flota para la exploración. Fueron adquiridas cinco naves: la Trinidad (nave capitana de Magallanes), la San Antonio, la Concepción, la Victoria y la Santiago. “Muy viejas y remendadas”, escribía desdeñosamente al rey Manuel el cónsul portugués, “no quisiera navegar en ellas, así fuese a las Canarias, pues tienen las cuadernas como manteca.” No advertía que Magallanes, tan marino como soldado, mandaba reconstruir los barcos para que resistieran los azares del viaje.

Uno de los grandes problemas fue el reclutamiento de marineros suficientes para tripular la flota. Los orgullosos marineros castellanos no querían servir a un comandante extranjero. Peor aún: el taciturno Magallanes se negaba a decir exactamente adónde iba, y los marinos profesionales no se decidían a comprometerse en una expedición de dos años o más a “un mundo desconocido”. A decir verdad, parece que el único que se alistó gustoso fue Antonio Pigafetta, joven noble italiano que quería ver las “grandes y maravillosas cosas del océano”. Acaso fuera también secretamente espía de los mercaderes venecianos interesados en el tráfico de las especias. En todo caso, la historia tiene una deuda con Pigafetta, pues su diario, vívido y detallado, es una narración de primera mano de aquel trascendental viaje de Fernando de Magallanes.

Pese a las dificultades, el capitán general consiguió al fin una tripulación completa de unos 250 hombres, que incluía italianos, franceses, alemanes, flamencos, moros y negros, a más de españoles y portugueses. Parecía confiar en que su personalidad de hierro aglutinaría aquel conjunto heterogéneo en un cuerpo disciplinado.

El 20 de septiembre de 1519 todo estaba al fin dispuesto. Retumbó el cañón y ondearon banderas mientras las cinco naves enfilaron al Atlántico desde el puerto de Sanlúcar de Barrameda, en la desembocadura del Guadalquivir. El 26 de septiembre abordaron las Canarias para acabar de abastecerse y tomar agua dulce. A las pocas horas arribó un barco al puerto con una carta urgente para Magallanes de sus amigos de España. El mensaje era alarmante: Cartagena y los suyos proyectaban amotinarse y matar al jefe. Fríamente, Magallanes decidió no hacer más de momento que vigilar de cerca a Cartagena. Confiaba en que,, llegada la ocasión, su experiencia de soldado seria más que suficiente ante cualquier insubordinación.

Pocos días después, la pequeña armada siguió hacia el sur por la costa de África. Las instrucciones de Magallanes fueron característicamente rotundas: “Seguid de día mi bandera y de noche mi farol.” Cojeando silencioso por el puente de mando de la Trinidad, repartía su atención entre el océano desierto, delante, y los cuatro navíos que espumaban detrás. Antes de la puesta del Sol, hacía que sus capitanes se acercaran a la nao capitana y gritaran según se acostumbraba en aquella época: “Dios os salve, capitán general y señor, y a la tripulación del barco.” Por este procedimiento, Magallanes recordaba a todos los expedicionarios que su autoridad era absoluta.

Ardiendo de rencor, Cartagena esperaba una oportunidad de salir al paso al capitán general. Llegó cuando Magallanes, fiel a su formación portuguesa, siguió el camino de da Gama, costeando África un trecho antes de poner rumbo al occidente por el Atlántico. Cartagena preguntó incisivamente por qué la expedición no seguía un “itinerario español”, diagonal hacia el sudoeste. La res puesta lo dejó frío. Magallanes se limitó a decirle que atendiera a sus obligaciones y cumpliera las órdenes recibidas.

Después de sufrir violentas tormentas frente a Sierra Leona, la flota cambió al fin rumbo y puso proa a sudoeste, pero no tardó en quedar atrapada por las calmas chichas ecuatoriales. Los barcos pasaron tres semanas quietos en el mar vitrificado. La brea se derretía, los palos se resquebrajaban con el calor abrasador, y los hombres empezaron a rezongar sospechando que el viaje era inútil.  Pero el menudito capitán general seguía envuelto en su silencio acostumbrado.

Al fin se alzó el viento y los barcos reanudaron su camino. Las noticias son vagas y contradictorias, pero el hecho es que Cartagena volvió a desafiar la autoridad de Magallanes. Un atardecer, en vez de gritar personalmente el saludo acostumbrado, se lo encomendó al contramaestre, que se dirigió groseramente al capitán general llamándolo “capitán” a secas. Magallanes reprendió duramente al marinero, pero no hizo de momento nada contra Cartagena. Sin embargo, tres días después Cartagena declaró rotundamente ante Magallanes que ya no obedecería sus órdenes. Era rebelión abierta, exactamente lo que Magallanes estaba esperando. Agarró a Cartagena por la chorrera y con voz de hielo hizo constar que el español era su prisionero. El rebelde quedó custodiado por otro oficial y aquella tarde un nuevo capitán obediente dio el grito en su lugar.

Vientos favorables empujaban a los barcos a través del Atlántico y no tardaron en perfilarse en el horizonte las costas de Brasil. La flota navegó hacia el sur siguiendo costas vestidas de selva y ancló a mediados de diciembre en la espléndida bahía donde más tarde se alzaría Río de Janeiro. Allí, Magallanes concedió a sus fatigados marineros un par de idílicas semanas en tierra.

Los indios de la región, anota Pigafetta, eran caníbales. Por suerte para los europeos, fueron recibidos como dioses y festejados con banquetes de lechón y piñas, cambio gratísimo después del cerdo salado y la galleta de a bordo. Pasaron también muy buenos ratos persiguiendo a las muchachas indias, que iban desnudas y a quienes sus padres anhelaban dar como esclavas a cambio de un cuchillo o un hacha. El matrimonio, por el contrario, lo respetaban celosamente los brasileños: “Pero no nos ofrecieron nunca a sus mujeres: además, no hubieran éstas consentido entregarse a otros hombres que no fuesen sus maridos, porque a pesar del libertinaje de las muchachas, su pudor es tal cuando están casadas, que no toleran nunca que sus maridos las abracen durante el día.”

Magallanes, que se había casado poco antes con una española, se mantuvo apartado hasta que llegó el momento de reintegrar a sus deberes a los hombres reacios. Había barricas de agua corrompida que lavar y dar. El 27 de diciembre, entre los adioses lacrimosos de las muchachas nativas, el capitán general ordenó a sus hombres levar anclas y poner rumbo al sur en busca del estrecho.

El primer día del año 1520 pasó casi inadvertido. Los vigías escrutaban la costa impenetrable de Brasil buscando señales del estrecho. Cundió la esperanza cuando, al cabo de dos semanas y 1200 millas de navegación, descubrieron un vasto canal al oeste, hacia la latitud donde todos los mapas situaban el estrecho. Pero el canal se estrechó en seguida, pues no era sino el estuario del río de la Plata.

Amargamente desengañado, Magallanes concluyó que los mapas estaban equivocados. El estrecho debía de estar más al sur, en las heladas regiones de la Terra Australis, el legendario continente cuya existencia se suponía en lo bajo del globo terráqueo. Muchos marineros se desanimaron tanto que quisieron regresar, pero la férrea voluntad de Magallanes y su desprecio de la cobardía les hicieron seguir. Batidos por mares salvajes, vientos huracanados y granizadas interminables, los cinco navíos seguían adelante mientras se acercaban el otoño y el invierno australes. El hielo empezó a trabar los aparejos; los marineros no daban abasto a quitarlo. El mismo capitán general no dormía más de un par de horas seguidas y, como el resto de la tripulación, pasó semanas enteras sin probar una comida caliente. Se cuenta que Cartagena masculló: “Este loco nos lleva a la destrucción. Con la ambición puesta en encontrar el estrecho, acabará por crucificamos a todos.”

A fines de marzo, Magallanes se compadeció de su tripulación aterida y decidió invernar en tierra. La flotilla recaló en una bahía imponente pero abrigada, que llamaron Puerto de San Julián, cerca de la punta meridional de Argentina. Ningún nativo les dio la bienvenida.

Odo eran montes grises y playas desoladas. Descendió sobre ellos, como una niebla, la depresión. Llevaban seis meses en el mar y no habían llegado a nada ni encontrado nada. ¿De qué serviría a España aquella costa estéril? ¿Dónde estaba el imaginario estrecho hacia las islas de las especias?

Los capitanes rogaron a Magallanes que volvieran a la patria, o al menos a las latitudes más clementes del río de la Plata para pasar el invierno, pero Magallanes se negó tercamente hasta a discutió el asunto. En seguida estalló el motín que tanto había esperado. Según Pigafetta, el cabecilla era Juan de Cartagena. Amo de tres barcos, al parecer planeaba lanzarse hacia la entrada del puerto y poner proa a España, pero no estuvo a la altura de Magallanes, quien metió algunos de sus hombres a bordo de un barco amotinado para que se apoderasen de éste, y una vez dueño de tres barcos cerró la boca del puerto y recuperó el dominio sobre las cinco naos.

Magallanes juzgó inmediatamente a corte marcial a los jefes de la conjuración y todos ellos fueron hallados responsables de amotinamiento. Con sombrío sentido teatral, dispuso una ejecución ritual ante un fondo de rocas ásperas, en presencia de oficiales y marineros. Uno de los capitanes amotinados fue llevado al tajo y allí su propio sirviente le cortó la cabeza. Su cuerpo y el de otro capitán muerto en la pelea fueron arrastrados y descuartizado,,,, y los miembros colgados de cuatro horcas alzadas en la playa de la bahía. La autoridad de Magallanes estaba restablecida incuestionablemente. En cuanto j Juan de Cartagena, acompañado de un clérigo amotinado, fue abandonado cuando la flota al fin volvió a ponerse en marcha.

Pasaron dos meses en Puerto de San Julián antes de ver nativos, hasta que “un día vimos de repente un hombre desnudo de estatura gigantesca, bailando en la playa, cantando y echándose polvo en la cabeza … Este hombre era tan grande que nuestra cabeza llegaba apenas a su cintura. De hermosa talla, su cara era ancha y teñida de rojo, excepto los ojos, rodeados por un círculo amarillo, y dos trazos en forma de corazón en las mejillas. Sus cabellos, escasos, parecían blanqueados con algún polvo.”

No tardaron en aparecer más gigantes, que entablaron buenas relaciones con los exploradores, hasta el punto de bailar con ellos, dejando huellas de medio palmo de profundidad en la arena. Al parecer rellenaban con hierba seca las pieles en que se envolvían los pies, a fin de proporcionarse más calor, lo cual daba la impresión de unos pies descomunales, por lo que Magallanes llamó 11 patagones” a los gigantes, y la comarca no tardó en ser conocida con el nombre de Patagonia.

Con el apremio de seguir la exploración, Magallanes mandó la Santiago a reconocer la costa hacia el sur. El barco se perdió en una tormenta, pero los sobrevivientes (por suerte todos, menos uno) informaron haber hallado un puerto mucho más favorable. A él se dirigieron a fines de agosto los cuatro barcos restantes, después de cinco meses en el tétrico fondeadero de Puerto de San Julián, y allí permanecieron hasta el 18 de octubre.

Para entonces se acercaba rápidamente la primavera austral y Magallanes ansiaba seguir la busca del huidizo estrecho. Tres días después y aproximadamente cien millas más al sur, la flota costeó un cabo arenoso y entró en otra vasta bahía. Los capitanes protestaron diciendo que era inútil perder tiempo explorándola: no podía haber estrecho en el extremo occidental de la bahía. Pero el capitán general no estaba dispuesto a perder ninguna oportunidad. Ordenó a los capitanes de la Concepción y la San Antonio que buscaran en la bahía una salida por el oeste.

Una repentina tormenta hizo desaparecer los dos barcos tras un promontorio rocoso que asomaba en la bahía, y el viento impidió a Magallanes seguirlos durante dos días. Cuando por fin consiguió doblar el cabo, no tardó en ver los dos barcos perdidos, con gallardetes al viento y disparando cañonazos. De fijo tenían buenas nuevas, pero el capitán general, con su dominio acostumbrado, no prorrumpió en expresiones de alegría. Se limitó a inclinar la cabeza y santiguarse. Pronto la San Antonio se acercó para que su capitán anunciara gozoso que los barcos habían navegado más de 100 millas por un canal angosto y hondo, con marcas muy notables y sin rastro de agua dulce. No era la desembocadura de un río, debía de ser el estrecho al gran Mar del Sur.

La flotilla se adentró majestuosamente por un paso imponente, entre montañas altísimas. “Y pensaron que en el mundo no había mejor ni más hermoso estrecho que éste”, declaró Pigafetta entusiasmado. Este estrecho de Todos los Santos, como lo llamó el capitán general, y que hoy lleva, con justicia, su nombre, no es un canal ordinario. Su anchura varía entre 3 y 30 kilómetros, y constituye un laberinto líquido lleno de quiebros, vueltas y ramificaciones que llevan a incontables callejones sin salida y angosturas. Salvo unas cabañas llenas de cuerpos momificados y la breve visita de una canoa de nativos que desaparecieron misteriosamente en la noche, los exploradores avistaron pocas señales de vida humana. Pero más adelante vieron parpadear y lucir hacia el sur muchas hogueras, y Magallanes llamó al lugar Tierra del Fuego, como sigue llamándose hasta la fecha la gran isla que hay al sur del estrecho.

Toparon con una isla grande en el canal y Magallanes ordenó al capitán de su nave de mayor tamaño, la San Antonio, que explorara su lado meridional mientras el resto de la flota seguía por la orilla norte. No tardaron en encontrar un buen lugar donde fondear en la desembocadura de un río pululante de sardinas. Magallanes puso a su tripulación a salar una buena provisión de pescado. Luego, en vez de arriesgar su embarcación por aquellas aguas inexploradas, mandó algunos marineros en un esquife a buscar una salida al mar. Pocos días después volvieron, gritando que la habían hallado. La nueva produjo a Magallanes tal emoción que, según Pigafetta, aquel hombre de hierro lloró.

Pero la San Antonio no volvió. Teniendo que hubiera naufragado, Magallanes perdió cerca de tres semanas buscándola en vano, hasta que tuvo que rendirse a la triste evidencia de que la tripulación había desertado y retornado a España, llevándose gran parte de las escasas provisiones de la flota. Aunque la catástrofe dejó a Magallanes bastante desabastecido, resolvió seguir hacia el oeste entre las brumas, vueltas y aguas agitadas del estrecho. Finalmente, el 28 de noviembre, los tres barcos salieron de los 450 kilómetros de canal a un océano vasto y pacífico. Después de la indispensable ceremonia de acción de gracias, Magallanes anunció a sus oficiales: “Señores, navegamos por aguas que ningún navío recorrió antes. Ojalá siempre las hallemos tan sosegadas como esta mañana. Con esta esperanza llamaré a este mar, Pacífico.”

En vez de lanzarse osadamente al noroeste por la inmensa extensión del océano, Magallanes avanzó hacia el norte durante algún tiempo, siguiendo la costa de lo que hoy es Chile. Aunque este derrotero sólo sirvió para aplazar la angustia de adentrarse en la soledad, trajo consigo una apreciable ventaja: algo de calor. Los exhaustos marineros de Magallanes, que llevaban tiritando desde su llegada a Puerto de San Julián, más de ocho meses antes, se regocijaron al sentir que el sol y un aire más benévolo les acariciaban la piel.

Los barcos prosiguieron hacia el norte por espacio de casi tres semanas hasta que Magallanes, preocupado por la disminución de las provisiones, dio la orden decisiva de poner rumbo al noroeste. La señal corrió de buque en buque, tres timones viraron a estribor y la flotilla se adentró en el mar abierto. Magallanes no podía saber que en su recorrido pasaría de largo cerca de innumerables islas que salpican el Pacífico central, ni que aún lo separaba de las Molucas sin océano que cubre un tercio de la superficie terrestre.

El año de 1521 se inició sin novedad; día tras día, semana tras semana los vigías escrutaban el horizonte esperanzados, pero las anheladas islas no aparecían. Se hubiera dicho que los tres barcos chapoteaban sin adelantar en un disco inalterable y enorme de agua azul, sin fin visible.

Los horrores del hambre no tardaron en ser una atroz realidad. Pigafetta recuerda con vivos tonos que comíais galleta y, cuando se acabó, buscaron tiligas, que estaban llenas de gusanos y hedían a olores de ratón. Bebieron agua amarilla, podrida de varios días. Y llegaron a comer pedazos del cuero con que habían recubierto el palo mayor para impedir que la madera rozase las cuerdas … Estaba tan duro que era preciso remojarlo en el mar durante cuatro o cinco días, y en seguida lo cocían y comían, lo mismo que el aserrín. Los marineros hambrientos, debilitados por el escorbuto, se disputaban las ratas atrapadas en la bodega.

El sufrimiento de sus hombres suscitó en Magallanes un imprevisto caudal de compasión. Todas las mañanas cojeaba entre las víctimas, cuidando de los que habían escapado de la muerte durante la noche. Pigafetta advirtió con admiración que el capitán general “nunca se quejan. nunca se hundía en la desesperanza”.

Por fortuna, el 24 de enero, después de casi dos meses de navegar sin ver tierra, apareció en el horizonte un diminuto atolón deshabitado. Los hambrientos marineros se atracaron de aves marinas y huevos de tortuga y renovaron su provisión de agua dulce. Un par de semanas después vieron otra isla, pero el viento se llevó de largo a la flotilla sin que los pilotos pudieran remedlirio.

Siguieron pasando semanas. El 4 de marzo llevaban 97 días viajando por el Pacífico- los hombres de la Trinidad comieron la última migaja. Dos días después uno de los pocos que conservaban fuerzas para trepar a la arboladura gritó roncamente desde lo alto: “,Gracias a Dios! ¡Tierra, tierra, tierra!”

La pequeña flota acababa de anclar ante la isla llamada hoy Guam, cuando la rodeó una multitud de canoas de balancín repletas de emocionados nativos que subieron a bordo en tropel, y con ágiles dedos se llevaron todo cuanto hallaron a su alcance. La rapiña continuó hasta que algunos marineros, hartos, dispararon las Magallanes llamó desdeñosamente a aquella tierra la isla de los Ladrones.

Con los isleños en jaque merced al sencillo expediente de quemarles las chozas, el capitán general consiguió mandar una partida a tierra para que saqueara un poco. Los europeos se apoderaron del agua dulce y la comida fresca de los nativos, que tanto necesitaban los enfermos de escorbuto, y disfrutaron una comilona de cerdo asado, pollo, arroz, ñames, plátanos y cocos. Pocos días después se detuvieron en otra isla para volverse a avituallar, y en breve empezaron a recobrar salud los marineros agotados. Curaron las úlceras, se afianzaron los dientes flojos, mejoraron las encías reblandecidas.

Fortificados y con el ánimo recuperado, los exploradores navegaron al oeste. El 16 de marzo apareció otra isla grande, y en los días siguientes no dejaron de dibujarse en el horizonte nuevas islas. Magallanes fue comprendiendo que había dado con un enorme archipiélago desconocido. Eran las islas Filipinas. Aunque allí no había especias, los isleños tenían abundancia de oro y de perlas. Con el tiempo se constituiría un próspero comercio transpacífico entre las islas y los puertos españoles de las costas occidentales de América Central y del Sur.

Anclado ante una de las islas, Magallanes comprobó con emoción que virtualmente había dado la vuelta al mundo. Al acercárselas una canoa llena de isleños, el negro Enrique, esclavo del capitán general desde sus días de juventud en el Lejano Oriente, habló a los nativos en malayo, lenguaje usado en todas las Indias. Los isleños le entendieron y contestaron. Magallanes había salido de las Indias orientales ocho años atrás, en 1513. Ahora, a fuerza de alejarse continuamente de ellas, las iba alcanzando de nuevo.

Aquel momento supremo en la vida del capitán general parece haber ejercido sobre él un efecto extraordinario. Siempre profundamente religioso, le acometió un obsesivo celo misionero. Aplazó la última etapa de su viaje a las Molucas, se detuvo en la gran isla de Cebú, improvisó un altar en la orilla y comenzó a predicar a multitudes de nativos fascinados. “El capitán les dijo que no debían volverse cristianos por miedo”, informó Pigafetta, “ni por darle gusto, sino por su voluntad.” Sus sermones, traducidos por el negro Enrique, debieron de ser extraordinariamente eficaces. En un solo domingo, el 14 de abril, Magallanes bautizó a docenas de jefes locales, incluyendo al mismo rajá de Cebú, junto con centenares de súbditos. “Después de haber plantado una gran cruz en medio de la plaza se pregonó que cualquiera que quisiera cristianarse debería destruir todos sus ídolos, colocando la cruz en su lugar. Todos consintieron. El capitán, tomando al rey de la mano le condujo al tablado (adornado con tapicerías y ramas de palmeras) y se le bautizó con el nombre de Carlos, por el emperador… Mostré a la reina una imagen pequeña de la Virgen con el niño Jesús, que le agradó y enterneció mucho. Me la pidió para colocarla en lugar de sus ídolos y se la di de buena gana.” Fue entonces negociada una ,santa alianza” con el rajá, estableciendo la autoridad de España sobre Filipinas.

Sólo un jefe, que mandaba en la diminuta isla de Mactán, estuvo en desacuerdo con la conquista pacífica de Magallanes. Embriagado por su éxito evangélico y político, el capitán general olvidó su cautela acostumbrada. Apiñó a toda prisa unos cincuenta voluntarios en tres botes y se lanzó a la disparatada empresa de someter la isla por la fuerza.

El 27 de abril de 1521, el pequeño ejército cristiano se acercó a la isla de Mactán con el agua hasta los muslos. Los esperaban cientos de guerreros apostados detrás de una serie de hondas trincheras defensivas. Ni siquiera los arcabuces, las ballestas y las armaduras de hierro de los europeos bastaron para contener a la horda de filipinos que gritaban mientras mandaban nubes de “flechas, jabalinas, lanzas con punta endurecida al fuego, piedras y hasta inmundicias, de suerte que apenas podíamos defendernos”. Los cristianos no tardaron en salir huyendo derecho a sus botes. Conducía la retaguardia el rengo capitán general, ya herido en la pierna por una flecha, con un puñado de soldados. Durante una hora la reducida tropa luchó desesperadamente al borde del agua, contó Pigafetta, “hasta que al fin un isleño consiguió herir al capitán en la cara con una lanza de bambú. Desesperado, éste hundió su lanza en el pecho del indio y la dejó clavada. Quiso usar la espada, pero sólo pudo desenvainarla a medias, a causa de una herida que recibió en el brazo derecho … Entonces los indios se abalanzaron sobre él con espadas y cimitarras y cuanta arma tenían y acabaron con él, con nuestro espejo, nuestra luz, nuestro consuelo, nuestro guía verdadero”.

Después de la muerte de Magallanes, las relaciones entre los exploradores y sus huéspedes de Cebú se echaron a perder rápidamente. Los hombres de piel blanca parecieron de pronto menos divinos, más vulnerables. El rajá, influido por un tripulante descontento, sospechó traición en los españoles. El primero de mayo invitó a 27 oficiales de la flota a un banquete, les dejó comer tranquilamente hasta hartarse y a continuación mandó matar a la mayoría.

Esta catástrofe redujo a 114 los sobrevivientes de la expedición, que al principio contaba con unos 250 hombres. No había suficientes marineros para tripular tres barcos. Los sobrevivientes vaciaron y quemaron apresuradamente la Concepción, se refugiaron en la Trinidad y la Victoria y huyeron de Cebú.

Sin un Magallanes que los dirigiera, los dos navíos vagaron por el mar de China meridional y el mar Sulú durante seis meses, pirateando ocasionalmente en perjuicio de los comerciantes de la región, hasta que toparon con la isla de Tidore, una de las Molucas. Allí cargaron tal cantidad de especias, sobre todo clavo, que la Trinidad empezó a hacer agua. Tomaron entonces la decisión de dejarla atrás para carenarla, y la Victoria, mandada por Juan Sebastián de Elcano, se internó hacia el sudoeste por el océano índico en diciembre de 1521.

El largo viaje no fue tranquilo. Elcano, que había tenido que ver en el motín de Puerto de San Julián, no resultó popular como capitán. Hubo conatos de motín y deserciones por el camino. Las tormentas no dejaban doblar el cabo de Buena Esperanza. Mientras remontaban la costa occidental de África no cesaban de morir marineros de escorbuto e inanición. Hasta septiembre de 1522, el día 8, casi tres años justos desde su partida de España, la fatigada y crujiente Victoria no atracó en el puerto de Sevilla. Una multitud silenciosa presenció con asombro el desembarco de 18 sobrevivientes. Al día siguiente, flacos y descalzos, fueron con cirios encendidos a dar gracias al templo favorito de Magallanes, la iglesia de Santa María de la Victoria.

Luego de honrar así a su jefe muerto, Juan Sebastián de Elcano aceptó del rey Carlos.

Las Carabelas de Cristobal Colón

Francis Drake Pirata de la Reina Isabel I de Inglaterra Biografia

HISTORIA DE FAMOSO CAPITÁN FRANCIS DRAKE
historia sobre el oro

Las expediciones inglesas constituyen una página gloriosa en la historia de la navegación y preparan el predominio británico en los mares. El héroe admirado y temido de los españoles es Francis Drake, el lugarteniente de Hawkins en San Juan de Ulúa. Había nacido en Tavistock, en el condado de Devon, hacia 1540, a lo que se dice en la cala de un navío. Después de la derrota de John Hawkins en San Juan de Ulúa, había concebido contra los españoles un odio terrible, que con la codicia fue el móvil de toda su vida.

No tuvo España enemigo más tenaz, más peligroso y más inteligente. No nos es posible señalar sino un resumen muy somero de sus ataques al Imperio español. En 1572 saqueó a Nombre de Dios, en el Atlántico, llave del istmo de Panamá y lugar de concentración de los tesoros que del Perú venían a España; atravesó el istmo y dio vista al Pacífico.

Aún más atrevido fue el viaje efectuado en 1577. Pasó el estrecho de Magallanes, saqueó a Valparaíso y Arica, y en el Callao, el puerto de Lima, se apoderó de un galeón cargado de oro. Prosiguió el viaje por el Pacífico, hacia el Norte, saqueando ciudades y apresando navíos hasta la bahía de San Francisco, y luego regresó dando la vuelta al mundo por el océano Indico y por el Atlántico. El 3 de noviembre de 1580 llegaba a Plymouth. (Fuente Consultada: Historia de Canarias)

Biografía de Francis Drake: Nació en 1543 en Portobelo, Inglaterra. Fue un marino y navegante que se formó desde muy joven con John Hawkins, un famoso capitán de la marina inglesa. Inició su fama de pirata al atacar los puertos españoles del Caribe 1572 , que luego a entrar en el océano Pacifico saqueo el puerto de Nombre de Dios en Panamá apoderándose de un gran cargamento de oro y plata.

Al servicio de los Hawkins pudo Drake aprender todos los secretos de los océanos, la navegación
en alta mar y las principales rutas marítimas.

En 1577 partió con cinco naves y con una tripulación de mas de cien hombres, rumbo a las colonias españolas en el Pacifico, cumpliendo una misión secreta a pedido de la reina Isabel I de Inglaterra.

Llegó al Río de la Plata luego de cruzar el Atlántico, y se dirigió al estrecho de Magallanes para seguir viaje en 1579 rumbo a las Malucas , Java y Céleles en Indonesia, retornando a Inglaterra en 1580, y siendo recibido con honores como el primer marino inglés en circunnavegar el mundo, hazaña hecha por primera vez por España, iniciada por Magallanes y concluida por Sebastián Elcano.

Drake fue un pirata al servicio de la Reina Isabel I, saqueando enormes fortunas en oro y plata a los barcos españoles. Fue condecorado con el titulo de SIR en una ceremonia arriba de su famoso barco el Golden Hind. También fue ministro del Parlamento entre 1584 y 1585. (imagen del barco)

Fundó el primer asentamiento inglés del Nuevo Mundo, en la isla de Roanoke (a la altura de Carolina del Norte). La tradición atribuye a Drake la introducción del tabaco en Inglaterra, precisamente al regreso de este último viaje.

Golden Hind

Debido a las disputas entre Inglaterra y España, Drake también por encargo de la reina, atacó el puerto de Cadiz destruyendo parte importante de la flota. Dos años mas tarde cuando los españoles enviaron su Armada Invencible contra Inglaterra, Drake luchó contra ella como vicealmirante en la batalla del Canal de la Mancha.

Dirigió con acierto una de las divisiones de la armada Inglesa, mandada por lord Howard Effingham (1536-1624), a quien superaba con sus dotes de marino. Aprovechó la mayor maniobrabilidad de las naves inglesas y el mayor alcance de su artillería. Desempeñó también un papel importante en la decisiva acción de Gravelinas.

Drake se embarcó posteriormente en una larga y desastrosa campaña contra la América española, en la que sufrió varias derrotas consecutivas. Cuando cumplió con el encargo de atacar Puerto Rico, los artilleros españoles del castillo de El Morro alcanzaron el puente de su barco, pero Drake sobrevivió. Poco después, atacó de nuevo San Juan de Puerto Rico, volviendo a ser derrotado.

La historiografía actual considera que el gran talento de este irrepetible personaje no fue su capacidad de innovación, sino su brillantez como capitán y sus innumerables recursos a bordo

A mediados de enero de 1596, a los 56 años, enfermó de disentería. El 28 de enero murió frente a las costas de Portobelo, Panamá, después de haber hecho testamento en favor de su sobrino Francis; el mando de la expedición quedó a cargo de Sir Thomas Baskerville. A manera de entierro, su cuerpo fue lanzado al mar en un ataúd lastrado.

UN VIDEO SOBRE FRANCIS DRAKE

Las bases de una gran potencia: La derrota española de 1588 file el hecho fundamental para que Inglaterra, favorecida por las brillantes dotes de estadista de Isabel I, se convirtiese en una gran potencia naval y colonial. Previamente, la reina puso orden en el caos financiero que dejó María Tudor. El proceso expansíonista había empezado en 1555 con la creación de la Compañía de Moscú a raíz del descubrimiento y la explotación de los grandes bancos de pesca de Terranova. Una flota mercante cada día más grande abrió rutas comerciales, que incluyeron el ignominioso tráfico de esclavos africanos. La corona no vaciló en usar barcos piratas, capitaneados por Hawkins, Drake, Frobisher y otros, que no dieron tregua en las rutas comerciales que explotaban España y Portugal en el Atlántico sur y el Caribe. En 1584. sir Walter Raleigh fundo la primera colonia inglesa en America del Norte, en Virginia •nombre elegido en homenaje a Isabel, llamada la Reina Virgen, y en 1600 se creó la Compañía de las Indias Orientales. El capital obtenido se invirtió en nuevas empresas comerciales, industriales y financieras por acciones, lo que llevó a crear la bolsa de Londres, en 1571.

Biografía de Cristobal Colón Vida y Obra Viajes de Cristobal Colon

Biografía de Cristobal Colón

1-INTRODUCCIÓN 
Colón, Cristóbal (c. 1451-1506), navegante y descubridor, tal vez de origen genovés, al servicio de España, hombre polémico y misterioso, autodidacta y gran observador, descubrió el Nuevo Mundo el 12 de octubre de 1492, fue el primer almirante, virrey y gobernador de las Indias, y enseñó a los hombres de mar de su tiempo el camino a seguir para ir y volver de América. (ver: historia del segundo viaje de Colon)

Día de la Raza es el nombre que reciben en la mayoría de los países hispanoamericanos las fiestas del 12 de octubre en conmemoración del avistamiento de tierra por el marinero Rodrigo de Triana en 1492, luego de haber navegado más de dos meses al mando de Cristóbal Colón a lo que posteriormente se denominaría América. En España también se celebra la Fiesta del Pilar, patrona de España, y el Día de la Hispanidad.

Cristobal Colòn

Cristóbal Colón nació el año 1451 en Génova. Algunos autores, sin embargo, defienden que era catalán, mallorquín, judío, gallego, castellano, extremeño, corso, francés, inglés, griego y hasta suizo. Siguiendo la tesis genovesa, sus padres fueron Doménico Colombo, maestro tejedor, lanero o tabernero, y Susana Fontanarrosa.

De los cinco hijos del matrimonio, dos, Cristóbal y Bartolomé, tuvieron pronto vocación marinera; el tercero fue Giacomo (Diego Colón), que aprendió el oficio de tejedor; y de los dos restantes, Giovanni murió pronto, y la única mujer no dejó rastro. Recordando estos primeros años, Cristóbal escribía en 1501: “De muy pequeña edad entré en la mar navegando, e lo he continuado fasta hoy… Ya pasan de cuarenta años que yo voy en este uso. Todo lo que fasta hoy se navega, todo lo he andado”.

Si bien lo aceptado es que Cristóbal Colón nació en Génova, algunas opiniones difieren en cuanto a su origen (catalán, castellano, francés, griego, etc.). Por otro lado, la fecha de su nacimiento oscila entre el 26 de agosto y el 31 de octubre de 1451. Era hijo de un matrimonio de humildes tejedores: Diego, Doménico o Domingo Colombo y Susana Fontanarrosa fueron sus padres.

El aprendizaje colombino se debió hacer en galeras genovesas primero, como grumete; como marinero, desde los 15 años, y con mando en barco desde los 20 o 22 años. Entre 1470 y 1476 recorrió todas las rutas comerciales importantes del Mediterráneo, desde Quíos, en el Egeo, hasta la península Ibérica, al servicio de las más importantes firmas genovesas.

También participó en empresas bélicas, como el enfrentamiento entre Renato de Anjou y el rey de Aragón, Juan II, por la sucesión a la Corona de Nápoles. Se afirma que, al amparo de tantas guerras y conflictos como entonces había, ejerció de corsario, actividad muy lucrativa y reconocida hasta en los tratados internacionales de la época.

2. COLÓN Y PORTUGAL  
Según cronistas contemporáneos, Colón llegó a las costas del sur de Portugal (Lagos), cerca de Sagres, tras un durísimo combate naval acaecido cerca del cabo de San Vicente, el 13 de agosto de 1476. Incendiado su barco, Colón salvó su vida agarrándose a un remo y nadando hasta la costa. Empezaba la estancia colombina en Portugal, que duró casi diez años, tan importantes y decisivos como misteriosos.

Fue en el pequeño reino ibérico, y de la mano de portugueses, donde aprendió a conocer el océano, a frecuentar las rutas comerciales que iban desde Islandia a Madeira, a tomar contacto con la navegación de altura, con los vientos y corrientes atlánticos y a navegar hasta Guinea. Dicen los cronistas que Colón, una vez repuesto, marchó de Lagos a Lisboa, donde se dedicó al comercio.

En 1477 viajó hasta Inglaterra e Islandia, y en 1478 se movía entre Lisboa y el archipiélago de Madeira con cargamentos de azúcar. Hacia 1480, parece que se casó con Felipa Moñiz, quien le ayudó a acreditarse y restaurarse y a moverse como vecino y cuasi natural de Portugal. De este matrimonio, nació hacia 1482 en la isla de Porto Santo, del archipiélago de Madeira, su sucesor Diego Colón.

3. ¿CONOCÍA COLÓN ANTES DE 1492 LAS TIERRAS DE AMÉRICA?  
Hay grandes indicios y alguna prueba razonable, como el preámbulo de las Capitulaciones, de que Colón, cuando elaboró su plan descubridor, sabía más de lo que decía. Tal convencimiento, que se extendió ya desde el principio entre los primeros pobladores y cronistas, se corresponde con el llamado “Pre-descubrimiento de América”.

Parece que, entre los años 1477 y 1482, en que Colón no dejó de realizar frecuentes viajes a las islas Madeira, Azores y Canarias, algo trascendental, que él califica de “milagro evidentísimo”, le sucedió, si hacemos caso a sus palabras: “Me abrió Nuestro Señor el entendimiento con mano palpable a que era hacedero navegar de aquí a las Indias, y me abrió la voluntad para la ejecución de ello. Y con este fuego vine a Vuestras Altezas”.

Los defensores del predescubrimiento de América sostienen que ese algo trascendental, repentino y milagroso que le sucede a Colón en cualquier momento de estos años fue que alguien, con conocimiento de lo que decía, le informó de la existencia de unas tierras al otro lado del océano. Tal información aportaba detalles bastante ajustados sobre algunas islas y sus naturales, sobre ciertos parajes y, especialmente, acerca de las distancias.

Ese alguien fue, según unos, un piloto portugués o castellano (la conocida como “leyenda del piloto anónimo”) que al regresar de Guinea se vio impulsado por alguna tormenta hasta las Antillas. Tras un tiempo allí, regresó, se encontró con Colón, le informó y murió. Según otra teoría, la información colombina procedería, no de un europeo, sino de algún grupo indígena que en un desplazamiento por las Antillas se vio obligado a desviarse océano adentro hasta encontrarse con Colón.

Ambas teorías coinciden en señalar que tal encuentro debió producirse a bastantes leguas al Oeste de las Canarias, Azores o Madeira, en una zona que por aquel entonces frecuentaba. Cristóbal Colón se sintió elegido por la Providencia para descubrir aquellas tierras, y, a partir de ahí, comenzó a elaborar su proyecto, sabiendo que la mayor dificultad que iba a tener era cómo articularlo teóricamente para defenderlo ante los mayores expertos del momento: portugueses y castellanos.

4. EL PROYECTO DESCUBRIDOR COLOMBINO  
Por los años 1480-1482, Cristóbal Colón era un buen navegante, un hombre práctico y autodidacta, pero carecía de ciencias y saberes teóricos: “En la marinería me hizo abundoso; de astrología me dio lo que abastaba, y ansí de geometría y aritmética”.

Para elaborar su plan descubridor, Colón, que era más medieval que moderno, y se sentía instrumento de la Providencia, utilizó varias fuentes informativas: la Historia rerum ubique gestarum del papa Pío II; la Imago Mundi del cardenal francés Pierre d’Ailly; y la Correspondencia y Mapa que, en 1474, el sabio florentino Paolo del Pozzo Toscanelli había hecho llegar al rey de Portugal a través de su amigo, el canónigo lisboeta Fernando Martins.

De las dos primeras obras, que eran como enciclopedias del saber del momento y que estudió muy detenidamente, como demuestran las casi 1.800 apostillas o anotaciones al margen, extrajo referencias muy concretas sobre parajes bíblicos, situados en el fin del Oriente, como el Paraíso Terrenal, los Jardines del Edén, Tarsis y Ofir, el reino de Saba, los montes de Sophora, la isla de las Amazonas, que pronto situaría en distintas zonas de las Indias, porque para él allí estaba el extremo de Asia. De Toscanelli, que seguía a Marco Polo, recogió Colón todo lo relativo al gran kan, a la tierra firme asiática (Catay, Mangi y Ciamba) y sobre todo al Cipango, isla distante 1.500 millas del Continente y famosa por su riqueza. Sin embargo, hay un punto en el que Colón discrepaba del sabio florentino: las distancias entre ambos extremos del Océano.

Toscanelli asignaba al mismo 120 grados de la esfera terrestre (casi el doble de la que en realidad tiene), y, aunque situaba algunas islas en el camino, la empresa resultaba muy arriesgada. Por esta razón, los portugueses, tras estudiar el plan, lo rechazaron y archivaron. Colón, sin embargo, sabía que, en el capítulo de las distancias, Toscanelli estaba equivocado: al empezar el viaje descubridor, anunció que las primeras tierras se encontrarían a 800 leguas de las islas Canarias.

Para defender su proyecto ante los expertos, tenía que entrar en mediciones sobre el grado y la esfera terrestres. Coincide con Alfragano: 1 grado = 56 millas y 2/3 (milla árabe de casi 2.000 metros); por tanto, la circunferencia del ecuador era igual a 20.400 millas. Esto daría 40.000 kilómetros para la circunferencia del ecuador (prácticamente la medida real).

Sin embargo, Colón achica la esfera terrestre y da al ecuador una medida de unos 30.000 kilómetros, es decir una cuarta parte menos, porque está manejando la milla itálica, de unos 1500 metros. Hacia 1483 o 1484 defendió este proyecto ante los portugueses, que lo rechazaron. De mediciones, cálculos y Toscanelli, ellos sabían más que Colón. No les aportaba nada nuevo y además exigía mucho.

5. COLÓN EN CASTILLA  

A finales de 1484 o principios de 1485 dejó Portugal lo más secretamente que pudo y entró en Castilla: “Siete años estuve yo en su real corte, que a cuantos se habló de esta empresa todos a una dijeron que era burla”, recordaría después. Tras arribar con su hijo Diego a algún puerto del golfo de Cádiz, quizá Palos de la Frontera, visitó el monasterio franciscano de Santa María de La Rábida, en donde siempre halló Colón ayuda material, amigos y conversación.

El 20 de enero de 1486, los Reyes Católicos recibieron por primera vez a Colón en Alcalá de Henares (Madrid), y a continuación nombraron una junta de expertos para valorar el proyecto colombino. La voz de la ciencia, al igual que en Portugal, le fue contraria.

A pesar de que muchos no daban crédito a lo que prometía, nunca faltaron protectores a Colón. Algunos de los más constantes fueron frailes con influencia ante los Reyes, como el incondicional, buen astrólogo y entendido en navegación, fray Antonio de Marchena.

Otro religioso influyente, maestro del príncipe don Juan, y siempre favorable a Colón fue fray Diego de Deza. Es posible que el futuro descubridor revelase a ambos sus conocimientos en secreto de confesión. Un tercer religioso, decisivo en 1491 y 1492, fue el fraile de La Rábida, Juan Pérez. En la última fase de la negociación, además de hombres de religión, el genovés contó con el apoyo de algunos cortesanos distinguidos, como fue el caso de Luis de Santángel, Juan Cabrero o Gabriel Sánchez.

Entre los años de 1487 y 1488, mientras esperaba en Córdoba la decisión de los Monarcas, conoció a Beatriz Enríquez de Arana, una joven de humilde procedencia, que el 15 de agosto de 1488 le dio un hijo: Hernando Colón. Para hacer frente a sus necesidades, trabajó con sus manos pintando mapas de marear o portulanos que vendía después a los navegantes, e hizo de mercader de libros de estampa.

En 1488, invitado sorprendentemente por el rey portugués Juan II, parece que hizo un viaje rápido a Portugal. Poco después, se movía por Andalucía y visitaba a los duques de Medinasidonia y a los de Medinaceli, mientras llegaba a su fin la guerra de Granada, que tenía ocupados a los Reyes Católicos.

6. LAS CAPITULACIONES DE SANTA FE  
Después de muchas tentativas de que intercediera favorablemente de nuevo el monasterio de La Rábida y fray Juan Pérez, los Reyes Católicos, en un acto personal, no científico, decidieron respaldar el plan colombino. El 17 de abril de 1492 se firmaron las Capitulaciones de Santa Fe o documento-contrato, que estipulaba las condiciones en que Cristóbal Colón haría el viaje descubridor.

El documento tiene dos partes, un preámbulo sorprendente que dice así: “Vuestras Altezas dan e otorgan a don Cristóbal Colón en alguna satisfacción de la que ha descubierto en las Mares Océanas y del viaje que agora, con el ayuda de Dios ha de fazer por ellas en servicio de Vuestras Altezas, son las que se siguen”.

Ese “ha descubierto” es, para los partidarios de la teoría del Predescubrimiento, la prueba documental decisiva, ya que Colón se atribuye, antes de 1492, descubrimientos en el océano que ahora transfiere a los Reyes Católicos, en virtud de lo cual estos le corresponden dándole una serie de privilegios, que forman la segunda parte del documento:

 1º) El oficio de almirante de la Mar Océana, vitalicio y hereditario, en todo lo que descubra o gane, y según el modelo del almirante mayor de Castilla.

2º) Los oficios de virrey y gobernador en todo lo que él descubra o gane. No se habla de hereditariedad. Para cubrir los cargos en las Indias, puede proponer terna a los reyes para que estos escojan.

3º) La décima parte de todas las ganancias que se obtengan en su almirantazgo.

4º) Que todos los pleitos relacionados con las nuevas tierras los pueda resolver él o sus justicias. Este punto nunca se cumplió porque estaba condicionado a los precedentes castellanos.

5º) El derecho a participar con la octava parte de los gastos de cualquier armada, recibiendo a cambio la octava parte de los beneficios.

Con este documento capital y otras mercedes, se dirigió a la villa de Palos a preparar la flota descubridora.

 7. EL GRAN VIAJE

Tres embarcaciones, Pinta, Niña y Santa María; un presupuesto de unos dos millones de maravedises; y alrededor de 90 hombres, reclutados con la ayuda inestimable de los hermanos Martín Alonso y Vicente Yáñez Pinzón, formaron la flota descubridora más trascendental de la historia. El 2 de agosto de 1492, Cristóbal Colón mandó embarcar a toda su gente, y al día siguiente, antes de salir el sol, dejaba el puerto de Palos.

La primera escala fueron las Canarias, donde tuvieron que arreglar el timón de la Pinta. El 6 de septiembre con el alisio ventando a favor, Colón marcó rumbo al oeste. Comenzaba la gran travesía. Su objetivo era el Cipango (la actual India), y advirtió a la tripulación que nadie se inquietase hasta haber navegado 700 leguas. A partir de esa distancia, no habría que navegar por la noche. Por si fallaba algo, sin embargo, decidió llevar dos cuentas sobre las distancias recorridas: una secreta o verdadera (sólo para él), y otra pública o falsa, en la que contaría de menos.

El día 13 de septiembre, descubrió la declinación magnética de la tierra; y el 16 llegaron al mar de los Sargazos. A partir del 1 de octubre se da cuenta de que algo falla. El 6, ya han sobrepasado las 800 leguas y no hay indicios de tierra. Durante la noche del 6 al 7 de octubre, se produjo el primer motín entre los marineros de la Santa María. Los hermanos Pinzón apoyaron a Colón y lo sofocaron.

Sin embargo, en la noche del 9 al 10 de octubre el malestar se extendió a todos, incluidos los propios Pinzón. Acordaron navegar tres días más y al cabo de ese tiempo si no encontraban tierra regresarían. No hizo falta: en la noche del 11 al 12 de octubre el marinero Rodrigo de Triana lanzó el grito esperado: “¡tierra!”.

Al día siguiente desembarcaron en la isla de Guanahaní (que ellos bautizaron como San Salvador), actual isla de Watling, en el archipiélago de las Bahamas, y tomaron posesión de la nueva tierra en nombre de los Reyes Católicos. El 28 de octubre, arribaron a Cuba, y el 21 de noviembre se apartó de la flota Martín Alonso Pinzón.

El 6 de diciembre llegaron a la isla de La Española; y el 24 encalló la Santa María, con cuyos restos y la ayuda del cacique de la zona, Guacanagarí, construyeron el fuerte de la Navidad. Tras dejar a 39 españoles ahí, siguieron la costa, encontraron a Martín Alonso Pinzón (6 de enero), y navegaron hasta la costa de Samaná. Desde esta zona, el 16 de enero de 1493, el almirante dio la orden de regresar a España.

El viaje fue tranquilo hasta llegar a las Azores, donde sobrevino una fuerte tormenta (12-15 de febrero) que forzó a la Pinta a separarse del almirante y arribar a Bayona (Pontevedra). Otra tempestad, cerca de Lisboa (4 de marzo) obligó al descubridor a desembarcar en Portugal.

El 15 de marzo, don Cristóbal, al mando de la Niña, entraba triunfal en Palos. Martín Alonso lo hacía con la carabela Pinta pocas horas después. Llegaba muy enfermo, y a los pocos días murió. Tras el éxito descubridor, don Cristóbal informó a los Reyes, que estaban en Barcelona, se dirigió a su encuentro y fue recibido por ellos con todos los honores. Para anunciar el acontecimiento a toda la Cristiandad, escribió la famosa Carta de Colón.

EN DONDE DESEMBARCO REALMENTE COLON:
Hasta la década de 1 980 se creía que era la isla Watling de las Bahamas, en la que tres monumentos señalan el suceso. Un grupo de expertos comenzó entonces a reexaminar las pruebas: con ayuda De computadoras que tenían en cuenta factores como la velocidad del viento y las corrientes, trazaron la probable ruta seguida por Colón. Concluyeron que Guanahaní sólo pudo haber sido o la isla Watlíng o Cayo Samana, situado a 100 Km.         al suroeste. Afirman que el paisaje de éste y sus alrededores concuerdan mejor con la descripción de Colón que el de la isla Watling, pero la controversia continúa.

8. EL SEGUNDO VIAJE  

El 25 de septiembre de 1493, el almirante zarpó de Cádiz al mando de 17 navíos y unos 1.200 hombres, portando las primeras simientes y ganados. Al salir de las Canarias, Colón puso rumbo más al sur que en el primer viaje para llegar al paraje que denominó la entrada de las Indias, en las pequeñas Antillas. Después de descubrir la isla de Puerto Rico, llegó hasta el fuerte de la Navidad y comprobó que había sido destruido y los españoles muertos.

Fundó la primera ciudad de América, la Isabela. Recorrió la costa sur de Cuba, llegó a Jamaica, y a finales de 1494 descubría América del Sur (Cumaná), aunque lo ocultó hasta el tercer viaje. Comenzaba el poblamiento de La Española, las diferencias entre españoles y los levantamientos de los indios. A partir de 1495 empezaba el desprestigio del Nuevo Mundo, siendo el grito más escuchado entre españoles: “Así Dios me lleve a Castilla”. El 11 de junio de 1496 arribó a Cádiz con la intención de contrarrestar la mala propaganda de las Indias. Llegaba vestido con un sayal de fraile franciscano.

Ver Fundación de la Primer Ciudad Hispana en América

9. EL TERCER VIAJE  
Costó mucho organizar la tercera flota colombina. Las Indias ya no atraían tanto y faltaban tripulantes. Incluso se dio poder a Colón para que embarcara a delincuentes. Ocho navíos y 226 tripulantes componían la flota, que dejó Sanlúcar de Barrameda entre febrero y el 30 de mayo de 1498.

Desde Canarias, siguió a Cabo Verde y una latitud más al sur que las anteriores navegaciones, lo que le hizo sufrir una zona de calmas. Descubrió la isla de Trinidad; recorrió la costa de Paria, donde situó solemnemente el entorno del Paraíso Terrenal. Camino de La Española divisó la isla Margarita, donde se pescaban las perlas, para llegar el 20 de agosto a la nueva capital de las Indias, Santo Domingo.

La situación en que encontró a la colonia era grave: la mayoría de los españoles, encabezados por Francisco Roldán, se había rebelado contra la autoridad de los Colón. La llegada del virrey no resolvió el problema. Las quejas contra la familia Colón, agravadas con algún que otro proceder dudoso del Almirante, como ocultar el criadero de perlas de Margarita y Cubagua, llegaron a la corte y los reyes decidieron destituirlo.

El 23 de agosto de 1500, Francisco de Bobadilla entraba en el puerto de Santo Domingo para sustituir al virrey y gobernador. Hubo cierta resistencia por parte de los Colón, lo que explica algo la dureza de Bobadilla. A primeros de octubre de 1500, Cristóbal, Bartolomé y Diego Colón regresaban a España cargados de cadenas.

10. CUARTO VIAJE  
Los monarcas sintieron el mal trato dado a su almirante, algo lo desagraviaron, pero no lo repusieron en sus oficios perdidos. Prometieron que lo harían, mientras le encargaban el cuarto viaje. Con cuatro navíos y 150 hombres partió de Cádiz el 11 de mayo de 1502.

El objetivo era encontrar un paso que permitiera llegar a la Especiería ya que Colón seguía creyendo que la zona antillana era la antesala de Asia. Para atravesar el Océano, siguió una ruta parecida al segundo viaje. Llevaba orden de no detenerse en Santo Domingo. Atravesó el Caribe hasta el cabo de Honduras; siguió hasta el de Gracias a Dios y recorrió la costa de Panamá. No encontró lo que buscaba: ni paso, ni oro, ni especias, pero en cambio sí tuvo muchas penalidades y sufrió la pérdida de dos barcos.

El 1 de mayo de 1503 ponía rumbo a La Española, pero se vio obligado a recalar en Jamaica, en la bahía de Santa Ana, donde tuvo que encallar los dos barcos y esperar. La hazaña de Diego Méndez y Bartolomé Fiesco logrando llegar en dos canoas desde Jamaica a La Española logró salvarlos.

El 28 de junio de 1504, dejaban Jamaica y el 12 de septiembre, en dos navíos, se dirigían a España. Después de arribar a Sanlúcar de Barrameda el 7 de noviembre de 1504, fracasado y enfermo, siguió hasta la corte y reclamó infructuosamente sus derechos. Murió el 20 de mayo de 1506 en Valladolid.

DIMENSIONES DE LAS CARABELAS DE COLÓN

medidas de la santa maria
medidas de la pinta
medidas de la niña

Las Carabelas de Cristobal Colón

CRONOLOGÍA DE CRISTÓBAL COLON

1451 Nace en Génova, probablemente.

1470-1476 Recorre todo el Mediterráneo, al servicio de comerciantes genoveses.

1476 Comienza su estancia en Portugal.

1477-1482 Navega habitualmente entre las islas atlánticas de Madeira, Azores y Canarias.

1480 Contrae matrimonio con Felipa Moñiz y, dos años más tarde, nace su hijo Diego.

1483-1484 En busca de ayuda, defiende en Portugal, sin éxito, su proyecto de navegación hacia Oriente a través del océano Atlántico.

1485 Abandona Portugal, llega a la Corona de Castilla e inicia sus decisivos contactos con los franciscanos del monasterio onubense de La Rábida.

1486 Los Reyes Católicos le conceden audiencia por vez primera.

1488 Beatriz Enríquez de Arana da a luz el segundo hijo de Colón: Hernando.

1492 Abril: firma con los Reyes Católicos las Capitulaciones de Santa Fe, que estipulaban las condiciones en que realizaría el viaje a los territorios orientales. Agosto: las tres naves expedicionarias zarpan del puerto de Palos de la Frontera (Huelva). Octubre: arriba a una serie de islas antillanas. Tiene lugar el descubrimiento colombino del territorio que habría de llamarse América.

1493 Marzo: regresa a la península Ibérica. Septiembre: Inicio del segundo viaje.

1496 Retorna de nuevo tras fundar, tres años antes, la primera ciudad hispana en el Nuevo Mundo (Isabela, en la isla antillana de La Española).

1498 Comienzo del tercer viaje colombino.

1500 Regresa encadenado, junto a sus hermanos Diego y Bartolomé, por orden del nuevo gobernador de las Indias, Francisco de Bobadilla.

1502 Inicia su cuarto y último viaje al Nuevo Mundo, buscando sin éxito el paso definitivo al rico Oriente.

1504 Enfermo, retorna definitivamente a Castilla y reclama, infructuosamente, la reposición de sus privilegios perdidos.

1506 Fallece el 20 de mayo, en Valladolid.

Información Obtenida de ENCICLOPEDIA ENCARTA

Cristóbal Colón – La Carta de Colón anunciando el descubrimiento

Señor, porque sé que habréis placer de la gran victoria que Nuestro Señor me ha dado en mi viaje, vos escribo ésta, por la cual sabréis como en 33 días pasé de las islas de Canaria a las Indias con la armada que los ilustrísimos rey y reina nuestros señores me dieron, donde yo hallé muy muchas islas pobladas con gente sin número; y de ellas todas he tomado posesión por Sus Altezas con pregón y bandera real extendida, y no me fue contradicho.

A la primera que yo hallé puse nombre San Salvador [isla Watling] a comemoración de Su Alta Majestad, el cual maravillosamente todo esto ha dado; los Indios la llaman Guanahaní; a la segunda puse nombre la isla de Santa María de Concepción [Cayo Rum]; a la tercera Fernandina [Isla Long]; a la cuarta la Isabela [Isla Crooked]; a la quinta la isla Juana [Cuba], y así a cada una nombre nuevo. Cuando yo llegué a la Juana, seguí yo la costa de ella al poniente, y la hallé tan grande que pensé que sería tierra firme, la provincia de Catayo.

Y como no hallé así villas y lugares en la costa de la mar, salvo pequeñas poblaciones, con la gente de las cuales no podía haber habla, porque luego huían todos, andaba yo adelante por el dicho camino, pensando de no errar grandes ciudades o villas; y, al cabo de muchas leguas, visto que no había innovación, y que la costa me llevaba al setentrión, de adonde mi voluntad era contraria, porque el invierno era ya encarnado, y yo tenía propósito de hacer de él al austro, y también el viento me dio adelante, determiné de no aguardar otro tiempo, y volví atrás hasta un señalado puerto, de adonde envié dos hombres por la tierra, para saber si había rey o grandes ciudades.

Anduvieron tres jornadas, y hallaron infinitas poblaciones pequeñas y gente sin número, mas no cosa de regimiento; por lo cual se volvieron.Yo entendía harto de otros Indios, que ya tenía tomados, como continuamente esta tierra era isla, y así seguí la costa de ella al oriente ciento y siete leguas hasta donde hacía fin.

Del cual cabo vi otra isla al oriente, distante de esta diez y ocho leguas, a la cual luego puse nombre la Española y fui allí, y seguí la parte del setentrión, así como de la Juana al oriente, 188 grandes leguas por línea recta; la cual y todas las otras son fertilísimas en demasiado grado, y ésta en extremo. En ella hay muchos puertos en la costa de la mar, sin comparación de otros que yo sepa en cristianos, y hartos ríos y buenos y grandes, que es maravilla.

Las tierras de ella son altas, y en ella muy muchas sierras y montañas altísimas, sin comparación de la isla de Tenerife; todas hermosísimas, de mil fechuras, y todas andables, y llenas de árboles de mil maneras y altas, y parece que llegan al cielo; y tengo por dicho que jamás pierden la hoja, según lo puedo comprehender, que los ví tan verdes y tan hermosos como son por mayo en España, y de ellos estaban floridos, de ellos con fruto, y de ellos en otro término, según es su calidad; y cantaba el ruiseñor y otros pajaricos de mil maneras en el mes de noviembre por allí donde yo andaba. Hay palmas de seis o ocho maneras, que es admiración verlas, por la deformidad hermosa de ellas, mas así como los otros árboles y frutos e hierbas. En ella hay pinares a maravilla y hay campiñas grandísimas, y hay miel, y de muchas maneras de aves, y frutas muy diversas.

En las tierras hay muchas minas de metales, y hay gente en estimable número. La Española es maravilla; las sierras y las montañas y las vegas y las campiñas, y las tierras tan hermosas y gruesas para plantar y sembrar, para criar ganados de todas suertes, para edificios de villas y lugares. Los puertos de la mar aquí no habría creencia sin vista, y de los ríos muchos y grandes, y buenas aguas, los más de los cuales traen oro. En los árboles y frutos e hierbas hay grandes diferencias de aquellas de la Juana. En ésta hay muchas especierías, y grandes minas de oro y do otros metales. La gente de esta isla y de todas las otras que he hallado y he habido noticia, andan todos desnudos, hombres y mujeres, así como sus madres los paren, aunque algunas mujeres se cobijan un solo lugar con una hoja de hierba o una cofia de algodón que para ellos hacen.

Ellos no tienen hierro, ni acero, ni armas, ni son para ello, no porque no sea gente bien dispuesta y de hermosa estatura, salvo que son muy temeroso a maravilla. No tienen otras armas salvo las armas de las cañas, cuando están con la simiente, a la cual ponen al cabo un palillo agudo; y no osan usar de aquellas; que muchas veces me ha acaecido enviar a tierra dos o tres hombres a alguna villa, para haber habla, y salir a ellos de ellos sin número; y después que los veían llegar huían, a no aguardar padre a hijo; y esto no porque a ninguno se haya hecho mal, antes, a todo cabo adonde yo haya estado y podido haber fabla, les he dado de todo lo que tenía, así paño como otras cosas muchas, sin recibir por ello cosa alguna; mas son así temerosos sin remedio. Verdad es que, después que se aseguran y pierden este miedo, ellos son tanto sin engaño y tan liberales de lo que tienen, que no lo creería sino el que lo viese. Ellos de cosa que tengan, pidiéndosela, jamás dicen de no; antes, convidan la persona con ello, y muestran tanto amor que darían los corazones, y, quieren sea cosa de valor, quien sea de poco precio, luego por cualquiera cosica, de cualquiera manera que sea que se le dé, por ello se van contentos.

Yo defendí que no se les diesen cosas tan civiles como pedazos de escudillas rotas, y pedazos de vidrio roto, y cabos de agujetas aunque, cuando ellos esto podían llegar, les parecía haber la mejor joya del mundo; que se acertó haber un marinero, por una agujeta, de oro peso de dos castellanos y medio; y otros, de otras cosas que muy menos valían, mucho más; ya por blancas nuevas daban por ellas todo cuanto tenían, aunque fuesen dos ni tres castellanos de oro, o una arroba o dos de algodón filado.

Hasta los pedazos de los arcos rotos, de las pipas tomaban, y daban lo que tenían como bestias; así que me pareció mal, y yo lo defendí, y daba yo graciosas mil cosas buenas, que yo llevaba, porque tomen amor, y allende de esto se hagan cristianos, y se inclinen al amor y servicio de Sus Altezas y de toda la nación castellana, y procuren de ayuntar y nos dar de las cosas que tienen en abundancia, que nos son necesarias.

Y no conocían ninguna seta ni idolatría salvo que todos creen que las fuerzas y el bien es en el cielo, y creían muy firme que yo con estos navíos y gente venía del cielo, y en tal catamiento me recibían en todo cabo, después de haber perdido el miedo. Y esto no procede porque sean ignorantes, y salvo de muy sutil ingenio y hombres que navegan todas aquellas mares, que es maravilla la buena cuenta que ellos dan que de todo; salvo porque nunca vieron gente vestida ni semejantes navíos. Y luego que llegué a Indias, en la primera isla que hallé tomé por fuerza algunos de ellos, para que deprendiesen y me diesen noticia de lo que había en aquellas partes, así fue que luego entendieron, y nos a ellos, cuando por lengua o señas; y estos han aprovechado mucho.

Hoy en día los traigo que siempre están de propósito que vengo del cielo, por mucha conversación que hayan habido conmigo; y éstos eran los primeros a pronunciarlo adonde yo llegaba, y los otros andaban corriendo de casa en casa y a las villas cercanas con voces altas: venid, venid a ver la gente del cielo; así, todos, hombres como mujeres, después de haber el corazón seguro de nos, venían que no quedaban grande ni pequeño, y todos traían algo de comer y de beber, que daban con un amor maravilloso.

Ellos tienen en todas las islas muy muchas canoas, a manera de fustas de remo, de ellas mayores, de ellas menores; y algunas son mayores que una fusta de diez y ocho bancos. No son tan anchas, porque son de un solo madero; mas una fusta no terná con ellas al remo, porque van que no es cosa de creer. Y con éstas navegan todas aquellas islas que son innumerables, y tratan sus mercaderías. Alguna de estas canoas he visto con 70 y 80 hombres en ella, y cada uno con su remo.

En todas estas islas no vi mucha diversidad de la hechura de la gente, ni en las costumbres ni en la lengua; salvo que todos se entienden, que es cosa muy singular para lo que espero que determinaran Sus Altezas para la conversión de ellos a nuestra santa fe, a la cual son muy dispuestos.

Ya dije como yo había andado 107 leguas por la costa de la mar por la derecha línea de occidente a oriente por la isla de Juana, según el cual camino puedo decir que esta isla es mayor que Inglaterra y Escocia juntas; porque, allende de estas 107 leguas, me quedan de la parte de poniente dos provincias que yo no he andado, la una de las cuales llaman Avan, adonde nace la gente con cola; las cuales provincias no pueden tener en longura menos de 50 o 60 leguas, según pude entender de estos Indios que yo tengo, los cuales saben todas las islas. Esta otra Española en cierco tiene más que la España toda, desde Colibre, por costa de mar, hasta Fuenterrabía en Viscaya, pues en una cuadra anduve 188 grandes leguas por recta línea de occidente a oriente.

Esta es para desear, y vista, para nunca dejar; en la cual, puesto que de todas tenga tomada posesión por Sus Altezas, y todas sean más abastadas de lo que yo sé y puedo decir, y todas las tengo por de Sus Altezas, cual de ellas pueden disponer como y tan cumplidamente como de los reinos de Castilla, en esta Española, en el lugar más convenible y mejor comarca para las minas del oro y de todo trato así de la tierra firme de aquí como de aquella de allá del Gran Can, adonde habrá gran trato y ganancia, he tomado posesión de una villa grande, a la cual puse nombre la villa de Navidad; y en ella he hecho fuerza y fortaleza, que ya a estas horas estará del todo acabada, y he dejado en ella gente que abasta para semejante hecho, con armas y artellarías y vituallas por más de un ano, y fusta, y maestro de la mar en todas artes para hacer otras, y grande amistad con el rey de aquella tierra, en tanto grado, que se preciaba de me llamar y tener por hermano, y, aunque le mudase la voluntad a ofender esta gente, él ni los suyos no saben que sean armas, y andan desnudos, como ya he dicho, y son los más temerosos que hay en el mundo; así que solamente la gente que allá queda es para destruir toda aquella tierra; y es isla sin peligros de sus personas, sabiéndose regir.

En todas estas islas me parece que todos los hombres sean contentos con una mujer, y a su mayoral o rey dan hasta veinte. Las mujeres me parece que trabajan más que los hombres. Ni he podido entender si tienen bienes propios; que me pareció ver que aquello que uno tenía todos hacían parte, en especial de las cosas comederas. En estas islas hasta aquí no he hallado hombres mostrudos, como muchos pensaban, mas antes es toda gente de muy lindo acatamiento, ni son negros como en Guinea, salvo con sus cabellos correndíos, y no se crían adonde hay ímpeto demasiado de los rayos solares; es verdad que el sol tiene allí gran fuerza, puesto que es distante de la línea equinoccial veinte y seis grados. En estas islas, adonde hay montañas grandes, allí tenía fuerza el frío este invierno; mas ellos lo sufren por la costumbre, y con la ayuda de las viandas que comen con especias muchas y muy calientes en demasía. Así que mostruos no he hallado, ni noticia, salvo de una isla Quaris, la segunda a la entrada de las Indias, que es poblada de una gente que tienen en todas las islas por muy feroces, los cuales comen carne humana.

Estos tienen muchas canoas, con las cuales corren todas las islas de India, y roban y toman cuanto pueden; ellos no son más disformes que los otros, salvo que tienen costumbre de traer los cabellos largos como mujeres, y usan arcos y flechas de las mismas armas de cañas, con un palillo al cabo, por defecto de hierro que no tienen. Son feroces entre estos otros pueblos que son en demasiado grado cobardes, mas yo no los tengo en nada más que a los otros. Estos son aquéllos que tratan con las mujeres de Matinino, que es la primera isla, partiendo de España para las Indias, que se halla en la cual no hay hombre ninguno. Ellas no usan ejercicio femenil, salvo arcos y flechas, como los sobredichos, de cañas, y se arman y cobijan con launes de arambre, de que tienen mucho. Otra isla hay, me aseguran mayor que la Española, en que las personas no tienen ningún cabello. En ésta hay oro sin cuento, y de ésta y de las otras traigo conmigo Indios para testimonio.

En conclusión, a hablar de esto solamente que se ha hecho este viaje, que fue así de corrida, pueden ver Sus Altezas que yo les daré oro cuanto hubieren menester, con muy poquita ayuda que Sus Altezas me darán; ahora, especiería y algodón cuanto Sus Altezas mandarán, y almástiga cuanta mandarán cargar, y de la cual hasta hoy no se ha hallado salvo en Grecia en la isla de Xío, y el Señorío la vende como quiere, y ligunáloe cuanto mandarán cargar, y esclavos cuantos mandarán cargar, y serán de los idólatras; y creo haber hallado ruibarbo y canela, y otras mil cosas de sustancia hallaré, que habrán hallado la gente que yo allá dejo; porque yo no me he detenido ningún cabo, en cuanto el viento me haya dado lugar de navegar; solamente en la villa de Navidad, en cuanto dejé asegurado y bien asentado. Y a la verdad, mucho más hiciera, si los navíos me sirvieran como razón demandaba. Esto es harto y eterno Dios Nuestro Señor, el cual da a todos aquellos que andan su camino victoria de cosas que parecen imposibles; y ésta señaladamente fue la una; porque, aunque de estas tierras hayan hablado o escrito, todo va por conjectura sin allegar de vista, salvo comprendiendo a tanto, los oyentes los más escuchaban y juzgaban más por habla que por poca cosa de ello.

Así que, pues Nuestro Redentor dio esta victoria a nuestros ilustrísimos rey e reina y a sus reinos famosos de tan alta cosa, adonde toda la cristiandad debe tomar alegría y hacer grandes fiestas, y dar gracias solemnes a la Santa Trinidad con muchas oraciones solemnes por el tanto ensalzamiento que habrán, en tornándose tantos pueblos a nuestra santa fe, y después por los bienes temporales; que no solamente la España, mas todos los cristianos tenían aquí refrigerio y ganancia. Esto, según el hecho, así en breve. Fecha en la carabela, sobre las islas de Canaria, a 15 de febrero, año 1493. Hará lo que mandaréis El almirante. Después de ésta escrita, y estando en mar de Castilla, salió tanto viento conmigo sur y sueste, que me ha hecho descargar los navíos.

Pero corrí aquí en este puerto de Lisboa hoy, que fue la mayor maravilla del mundo, adonde acordé escribir a Sus Altezas. En todas las Indias he siempre hallado los temporales como en mayo; adonde yo fui en 33 días, y volví en 28, salvo que estas tormentas me han detenido 13 días corriendo por este mar. Dicen acá todos los hombres de la mar que jamás hubo tan mal invierno ni tantas pérdidas de naves. Fecha a 4 días de marzo. El original de esta carta de Colón ha desaparecido. Se conservan varias versiones en español, italiano y latín.