Juan Manuel de Rosas

Biografía de José María de Alvear Vida Política en el Río de la Plata

Biografía de Carlos María de Alvear

Nació en un pueblo de Misiones —San Ángel— el 25 de octubre de 1789. En 1802 ingresó en el Regimiento de Infantería de Buenos Aires y luego en el de Dragones. Al regresar a España, con su familia, las naves españolas en las que viajaba fueron atacadas por los ingleses (1804). Del incendio de la fragata en la que iban los Alvear solo se salvaron Carlos María y su padre —Diego de Alvear—.

Jose María de Alvear

Ambos van a Inglaterra como prisioneros y, en ese país, Carlos termina su educación. En 1806 va a España, donde entra en los Carabineros Reales. Regreso  a  Londres y allí conoce  a Francisco Miranda, promotor de la emancipación de las colonias españolas en América. Conoce allí a San Martín; con él y otros criollos regresa a Buenos Aires en 1812.

De inmediato se pone al servicio de su patria y San Martín lo nombra segundo jete del regimiento de Granaderos. Alvear organiza la filial argentina de la Logia Lautaro y preside el golpe de estado del 8 de octubre de 1812, con el fin de dar un camino nuevo a los destinos de la revolución de Mayo.

La consecuencia de este golpe fue la creación de la Asamblea del año 13, que presidió Alvear. Con este cargo aumenta su poder y comienza su rivalidad con San Martín. La Asamblea reemplaza al Triunvirato por el Directorio Unipersonal y nombra Director Supremo a Gervasio Posadas, tío de Alvear.

Alvear fue jefe de las fuerzas de Buenos Aires y reemplazó a Rondeau en la Banda Oriental cuando la acción se encontraba casi concluida; de modo que rindió a los realistas casi sin esfuerzo y se llevó los laureles del éxito. Luego organiza con éxito una campaña contra Artigas y después vuelve a reemplazar a Rondeau en el Ejército del Alto Perú. Pero no llega a tomar el mando esta vez porque los jefes del ejército se sublevan y Alvear, al saberlo, regresa a Buenos Aires. En ese momento renuncia Posadas y Alvear es elegido Director Supremo (1815).

Como comandante de las fuerzas patriotas en la Banda Oriental, Alvear rinde a los realistas en Montevideo en 1814. En enero de 1815 es nombrado director supremo: ordena la represión del caudillo oriental Artigas v busca un protectorado inglés. La sublevación de la vanguardia de las tropas en Fontezuelas precipita su caída y exilio antes de cumplir cuatro meses de mandato. Se traslada a Río de Janeiro, y luego a Montevideo, y traba alianzas para asumir la gobernaron de Buenos Aires. Triunfa en Cepeda el 10 de febrero de 1820, pero es derrotado por las  fuerzas de Dorrego, con apoyo de Rosas, en San Nicolás de los Arroyos. Comisionado en distintas misiones diplomáticas, negocia con el ministro inglés George Canning, el presidente de los Estados Unidos Monroe y el Libertador Bolívar.

Como tal tomó medidas enérgicas y algunas impopulares. La más impopular fue el ofrecimiento del Protectorado para el Río de la Plata a Gran Bretaña. La gestión, no pudo llevarse a cabo pero, al conocerce las gestiones en Buenos Aires, la opinión pública se puso totalmente en su contra.

Este hecho provocó la revolución de abril de 1815 que lo depuso. Desterrado, se dirigió a Brasil. Pero en 1820 tomó parte en la guerra entre los caudillos del Litoral y el Directorio que culminó en la batalla de Cepeda. Alvear deseaba lograr el gobierno de Buenos Aires, pero no lo consiguió; su actuación, en este sentido, culminó en San Nicolás, donde fue vencido por Dorrego, y pasó a Montevideo.

Regresa a Buenos Aires gracias a la Ley del Olvido. Realiza algunas misiones diplomáticas y, en 1826, el presidente Rivadavia —de quien había sido ministro de Guerra y Marina— le da el mando de las tropas en la guerra contra el Brasil, donde Alvear tuvo una actuación sobresaliente. Venció a los brasileños en las batallas de Bagé, Ombú, San Gabriel, Camacuá, Baxacay e Ituzaingó (20 de febrero de 1827). Pero cuando Dorrego asume el gobierno de Buenos Aires lo reemplaza en el cargo Lavalleja.

En 1838, viaja a Estados Unidos como ministro plenipotenciario; en ese cargo continúa hasta su muerte, acaecida en Nueva York el 3 de noviembre de 1852.

Fuente Consultada:
Mi País, Tu País Enciclopedia Argentinade la Escuela y El Hogar Fasc. N°125
Centro Editor de América Latina

La Batalla de Pozo de Vargas

Batalla de Pozo de Vargas

Entre las batallas que ensangrentaron la tierra riojana, ninguna más famosa que la del Pozo de Vargas, librada el 10 de abril de 1867 entre las tropas de Felipe Varela y el santiagueño Antonino Taboada. El combate fue el capítulo final de un proceso que se precipitó al estallar la guerra contra el Paraguay, totalmente impopular en las provincias.

“Cuando en la plaza pública leen los bandos de los gobernantes y los tambores recorren ¡la ciudad convocando a la guardia nacional, los ‘hombres huyen a la selva próxima. No los empuja el terror. Han nacido y vivido en batallas. Resisten a Buenos Aires y al Imperio.El Paraguay es el amigo y el vecino histórico..,”, señala el historiador Ramón J. Cercano.

batalla en la rioja de pozo de vargas

Las masas del interior demostraron sobradamente su oposición a ese fratricidio: el 26 de junio de 1865 el montonero riojano Aurelio Zalazar provoca la disolución del contingente de La Rioja que marchaba hacia San Luis; el 8 de julio, a poco de salir de Córdoba, se sublevó un batallón de quinientos hombres; el 12 hizo lo mismo   el   contingente   puntano nueve días antes, ocho mil lanceros entrerrianos —de los mejores de Urquiza—  prefirieron  desban darse antes que ir a pelear con tra los paraguayos.

En Cuyo la oposición a la guerra apareció bien coordinada.  Los caudillos Juan Saá y Juan de Dios Videla cotrolaron la región y, luego de derrotar al coronel Julio Campos en la Rinconada de Pocito, tomaron la ciudad de San Juan.

El gobierno puso al frente de las tropas encargadas de sofocar la sublevación al general Paurrero, pero el poco apo yo que encontró en su camino  obligó a éste a retroceder hasta la frontera del Río Cuarto mientras rebelión se extendía.

Uno de pocos  contingentes  que  llegamos íntegros al litoral fue el de mando la soldadesca viajó atadada coco con codo.  A esos alzamiento se unieron voces en la propia Buenos Aires: Guido Spano, Olegario Andrade, José Hernández, Juan Bautista Alberdi y otros condenaron públicamente la Triple Alianza y sus objetivos.

En el interior Felipe Varela quien expresa mayor energía esa oposición: el 6 de diciembre de 1866 el caudillo lanzó una vigorosa proclama desde su campamento en marcha.

Entre otras cosas sostenía: “El pabellón que radiante de gloria flameó victorioso desde los Andes hasta Ayacucho, y que en la desgraciada jornada de Pavón cayó fatalmente en las ineptas y febrinas manos del caudiílo Mitre (…) ha sido cobardemente arrastrado por los tangaes de Estero Bellaco, Tuyutí, Curuzú y Curupaytí”. El carisma y la bandera de Várela atrajeron a antiguos oficiales del Chacho, como Severo Ghumbita, Santos Guayama, Aurelio Zalazar, Sebastián Elizondo y otros.

Ante el rumbo que tornaban los acontecimientos, Mitre regresó del frente paraguayo ron cinco mil hombres; además, contaba en el interior con la fidelidad de Tucumán y Santiago del Estero, donde mandaban los hermanos Posse y los hermanos Taboada, respectivamente.

Uno de estos —Antonino— sería el encargado de hacer frente a Varela, que comandaba casi 4000 hombres dis-tribuidos en cuatro batallones de cazadores Federales. Mientras sus alados eran derrotados en diversos frentes, Várela marchó hacia la ciudad de La Rioja, ocupada por Taboada.

Un día antes del combate se dirigió a su adversario para invitarlo a combatir fuera de la ciudad, “a lo menos a tres leguas”, evitando así que la población civil sufriera las consecuencias de la betalla. En la mañana del nueve de abril Taboada tendió sus líneas a unas veinte cuadras de La Rioja, en torno de un pozo llamado “de Vargas” por las excavaciones que había hecho un tal Vargas o Bargas para extraer tierra destinada a la fabricación de adobe.

El santiagueño parapetó sus hombres detrás de unos cercos y efectuó una astuta maniobra: se apoderó de los pozos que proveían de agua a bestias y seres humanos, privando así del líquido a las fuerzas enemigas. Los hombres de Varela, después de una larga cabalgata nocturna, llegaron sedientos a Mesillas, donde se encontraron con una sorpresa anonadante: las represas estaban completamente secas.

La definición no podía postergarse más porque con cada minuto transcurrido aumentaba la sed de hombres y caballos. Varela decidió entonces presentar batalla; desplegó sus fuerzas, colocó en el centro dos pequeños cañones y se atrincheró en unos ranchos para ampararse del sol, que caía a plomo en la siesta riojana.

A eso de las dos de la tarde se disparó el primer cañonazo y un vasto alud de color punzó cubrió el horizonte del Pozo de Vargas: el ejército federal se lanzaba al ataque aguijoneado por una sed abrasadora.

Generalizada la batalla, la caballería de Várela, al mando de Elizondo, arrasó las filas santiagueñas, que empezaron a dispersarse. Parece que en ese momento se escucharon los sones de la célebre zamba, que elevó la maltrecha moral de los hombres de Taboada hasta llevarlos al triunfo.

La leyenda sostiene que los soldados comenzaron a bailar, arremangándose él chiripá y tomando el fusil por el medio, pero no es muy creíble que en medio de tan sangrienta batalla las tropas ejecutaran un ballet de ese tipo. Con danza o sin ella, a las cinco de la tarde Taboada era dueño del campo de batalla; Varela se retiraba sin ser perseguido porque Elizondo había arriado la caballada enemiga, pero el alzamiento federal había sufrido un golpe demoledor y ya no se repondría.

Fuente Consultada:
Hombres y Hechos de la Historia Argentina – Editorial Abril

Penas y Tragedias del Ejército en la Campaña del Desierto

La Dura Vida del Ejército en la Campaña del Desierto

La Campaña del Desierto fue extremadamente rigurosa. En ese mundo de hombres sufridos y duros imperaban reglas de juego que a menudo se apartaban totalmente de lo indicado por la más pura ortodoxia militar. Esto se advierte claramente en los magistrales testimonios del comandante Prado, que reflejó con frescura extraordinaria las alternativas de ese universo donde la vida y la muerte oscilaban entre el sable y la lanza, entre el toldo y el fortín.  

Julio A. RocaEl 25 de mayo de 1879 el Regimiento 3 de Caballería de Línea y el fogueado 2 de Infantería saludaron el aniversario de la patria a orillas del río Negro, tres días más tarde la tropa acampaba en una rinconada que forma una curva del río, para fundar un pueblo que años después se llamaría Choele Choel. (imagen izq. Julio A. Roca)

Lo primero, claro está, fue dividir los solares y trazar calles y plazas; los ingenieros trabajaban febrilmente sin reparar en los relatos de algunos indios viejos que hablaban de inundaciones periódicas, crecidas y otros caprichos del río.

Corría el mes de junio y la preocupación fundamenal era combatir el intenso frío. Además, por esos días el general Roca dio por finalizada la etapa principal de la campanario que hizo saltar de alegría a la soldadesca: venían días más tranquilos.

“Una mañana —relata el comandante Prado— (…) un indio viejo se acercó a nosotros y en su media lengua nos hizo comprender que todo aquello que pisábamos, el pueblo, el campamento entero, no tardaría en ser la sepultura del
ejército.”   La advertencia fue desoída, pero pocos días después se confirmó plenamente; Villegas, jefe máximo del acantonamiento, comprobó una madrugada que en seis horas el nivel del río había subido treinta centímetros.

La alarma no tardó en generalizarse y horas después ya se pensaba en abandonar el campamento.  Era tarde, sin em bargo: “La división se hallaba sitiada por el agua. A la espalda el río, a los flancos y al frente el cau dal de los arroyos desbordados en el   valle,   avanzando   amenazarle furioso,  cual  si aquello fuera un ser con vida.. .”

Era el 17 de julio y la temperatura descendía cada vez más: mientras se levantaban parapetos para evitar que el agua siguiera avanzando, las viviendas de soldados y jefes fueron usadas para hacer fuego.

Las perspectivas se tornaron cada vez más som brías a medida que pasaba el tiem po; el alimento empezó a escasear en  forma desesperante, y  al frío que taladraba los huesos se suma el hundimiento del suelo bajo la presión del pie mientras el agua brotaba por todas partes.

No muy lejos de allí el drama se repetía con similar intensidad. El 5° de Caballería, que a las órdenes de Vintter (imagen abajo) se había separado de la División para marchar hasta la actual General Roca, no había logrado salir del valle y estaba cercado por la inundación. La tropa dormía sobre un pantano “en medio de la caballada muerta, cuyas miasmas envenenaban el aire”. Los soldados de Vintter pedían ayuda descargando al aire sus carabinas: ignoraban que el resto de la División estaba en la misma situación.

General Vintter

En Choele Choel el peligro crecía hora a hora, pero la moral se mantenía bastante alta. Para distraerse y desentumecerse, la tropa hacía ejercicios militares al son de la banda de música. Los jefes hablaban de cualquier cosa menos de la riesgosa situación, y por la noche, “antes de la hora del silencio, la guitarra se oía en todos los fogones, sin verse una sombra en ningún rostro”.

Claro que eso no bastaba para aplacar el hambre, y fue necesario recurrir a buenas dosis de austeridad para no morir de inanición. Un día el cadete Crovetto, del 3° de Caballería, fue enviado junto con otros soldados a nadar en busca de hacienda; dos días más tarde Crovetto y sus hombres regresaron en un estado lamentable: exhaustos, llenos de heridas causadas por los espinosos chañares cubiertos por el agua helada, vieron cómo la correntada les llevaba varios de los animales que habían logrado arrear. Sin embargo, algunas reses trajeron las suficientes para salvar a la División.

No fueron los del 3° los únicos milicos que sufrieron el rudo castigo del agua: el teniente Villoldo, del 1° de Caballería, tuvo que vivir junto con sus hombres una semana en las ramas de un árbol; el sargento Carranza, por su parte, estuvo más de veinte horas con el agua escarchada hasta las rodillas, “la carabina a media espalda y el morral cargado a la cintura”.

Mientras ocurrían estas cosas, a dos leguas de distancia, en una loma perfectamente a salvo de la creciente, estaba el comisario pagador con los arrieros que traían víveres, “vicios” y baratijas para ia tropa exhausta. En una ocasión e! peligro fue tan inminente que causó un tremendo temor. El parapeto, cuenta Prado, “se desmoronaba y el agua avanzaba impetuosa, amenazando el último aíbardón que pisábamos”.

Las bandas de música, entre tanto, atronaban ei aire batiendo marcha ante la tropa que ya empezaba a despedirse de la vida. Por fortuna el desastre no llegó a consumarse. Al cabo de catorce días de zozobra el inmenso mar comenzó a trocarse en un enorme pantano imposible de atravesar. Fue entonces cuando otro feroz enemigo, el frío, acudió en ayuda de los sitiados. Una mañana de agosto, aprovechando que la escarcha había endurecido el cenagoso páramo, ‘los milicos empezaron a cruzarlo cargando armas y monturas.

El día era, según palabras de Prado, “espantosamente frío”, nublado y triste. Puede que la tropa no lo notara demasiado: el esfuerzo de cruzar ese tembladeral insumía todos sus afanes. Diez horas de angustia duró la marcha a través de esas dos leguas, pero al final del trayecto estaba la salvación: tierra firme, sin agua. Había terminado una de las batallas más duras de la Conquista del Desierto. Pero los elementos naturales seguirían obstaculizando la acción del hombre en las cercanías del río Negro.

Manuel Namuncurá Acuerdo de Paz con el Gobierno Argentino

HISTORIA DE MANUEL NAMUNCURÁ Y SU PUEBLO ARAUCANO

Perseguido sin tregua, con sus huestes  diezmadas y famélicas, Manuel Namuncurá, otrora poderoso soberano de la pampa, se encontraba  ante  una disyuntiva  de hierro:   morir  peleando   en   lucha desigual o rendirse.   El coronel Eduardo  Ramayón anotó: “…llorando de rabia e impotencia fue a pedir a Reuquecurá, su tío, no armas ni guerreros, sino un rincón cualquiera para vivir proscripto a la sombra de aquellos pinos gigantescos. ..”.

Manuel Namuncura

Manuel Namuncurá Con Uniforme Militar

Sin embargo, ese voluntario exilio cordillerano no era posible: también esa región sería incorporada a la soberanía nacional por los sufridos milicos de la campaña del Desierto.

El 8 de enero de 1883, durante una ofensiva contra   las  tolderías  del  cacique Sayhueque, cayó prisionero un sobrino  de  Namuncurá (“garrón de piedra“, en lengua indígena).   Pocos días más tarde, desde Ñorquín, el  comandante  Ortega  informaba que se había presentado en ese campamento el secretario de Namuncurá, Juan Paillecurá, con propósitos de un acuerdo de paz.

Es que las cosas se   iban  poniendo   cada   día   más feas para el acosado araucano; ya tenía más  de  sesenta años,  sus fuerzas  flaqueaban y —para colmo— un mayor del ejército le había capturado parte de su familia, incluida una de sus mujeres.

Además, las altas montañas que le servían de refugio imponían un duro precio a cambio de esa relativa seguridad:   las  penurias,   la  miseria atenaceante no tardarían en empujarlo hacia una decisión extrema. Así las cosas, el padre Domingo Melanesio —un misionero llegado a Neuquén en esa época convulsionada— recibió un día la visita de varios  indios  de   Namuncurá;  los emisarios anunciaron la rendición de su jefe y le solicitaron quo intercediera   ante   las   autoridades que ya habían rechazado varios pe didos de audiencia.

Entonces los acontecimientos se precipitaron el padre Melanesio se comprometió a servir de mediador y envió a Namuncurá una carta en la que alababa su decisión y lo  invitaba   a acudir al fuerte Roca.  Garrón de Piedra, tras unos últimos cabildeos emprendió con su gente un largo y penoso viaje de 450 kilómetros hasta el fortín Romero, donde se presentó, con 240 hombres semi-desnudos y hambrientos, ante el oficial Morosini.

La novedad —para entonces sensacional— no tardó en despacharse a Buenos Aires, donde la recibió el ministro de Guerra, Benjamín Victorica; en su respuesta, éste aconsejó que se hiciera bajar hasta Roca al jefe indio y a toda su tribu, y que se los tratara bien, obsequiándolos y ofreciéndoles toda clase de seguridades.

Cuando Namuncurá y su gente llegaron a Paso de Indios, los comerciantes los recibieron con nuestras de simpatía y hasta quemaron cohetes en su honor. Luego, en el fuerte Roca “le fue regalado un quepis de teniente coronel, el pantalón punzó con franjas de oro y el capote militar con presillas de coronel”. Mientras esperaba el momento de viajar a Buenos Aires, Garrón de Piedra recibió ofertas chilenas para reconquistar sus tierras pero las rechazó de plano: su patria era la República Argentina, no tardaría en pedir al gobierno tierras y útiles de labranza para dedicarse a la agricultura.

La singular comitiva del cacique sometido rartió de Carmen de Patagones el 17 de junio de 1884, a bordo de un pequeño vapor francés; lo acompañaban varios capitanejos, un lenguaraz y una de sus esposas, Rosario Burgos, de dieciocho años de edad.

Ya en la capital de la República, Namuncurá y su gente fueron conducidos a la Casa de Gobierno y alojados luego en el cuartel del  de infantería, donde se les proporcionaron buenas camas y algunas comodidades. Su programa en la gran ciudad fue digno de un personaje importante.

Poco después de su llegada hizo una visita al entonces ministro de Guerra, Victorica. Después de conversar con él pasó al despacho del presidente Roca; saludó sin amargura al general que lo había derrotado, dio muestras de acatamiento a su autoridad y sostuvo con él una larga charla en la que ambos evocaron episodios de la guerra del desierto; antes de retirarse, Namuncurá solicitó a Roca que se hiciera cargo de la educación de uno de sus hijos, Juan Quinturas.

Por la tarde de esa misma jornada —plena de emociones para el cacique— Garrón de Piedra visitó el Congreso, donde fue su anfitrión el presidente del Senado, doctor Madero. Todos los legisladores, sin excepción, observaron con curiosidad la comitiva aborigen; muchos de ellos habían debatido la Campaña del Desierto o votado fondos para la guerra contra el indio.

Pero no sólo agasajos protocolares recibió el cacique. El presidente Roca obsequió con quinientos pesos a los visitantes, presente que llenó de alegría al jefe araucano; los repartió, no con mucha equidad, y compró dulces y tortas, collares para las damas, yerba, azúcar, pañuelos y otros ejementos.

Cuando el capital se esfumó y las fiestas de reconciliación llegaron a su término, Garrón de Piedra retornó con su gente llevando promesas de obtener las tierras y los útiles solicitados para su tribu. El cacique pasó sus últimos años cultivando el suelo y viendo crecer a sus hijos, entre ellos Ceferino Namuncurá, “el lirio de la Patagonia”. En un rincón de la querida tierra que lo vio nacer, Garrón de Piedra encontró su última morada: sus restos están sepultados en Junín de los Andes.

Fuente Consultada:
Hombres y Hechos de la Historia Argentina – Editorial Abril

Baigorria Manuel Historia de su Vida con los Indios y la Confederación

HISTORIA DE LA VIDA DE MANUEL BAIGORRIA ENTRE INDIOS Y POLÍTICOS

Le tocó ser uno de los personajes de trayectoria más singular en la turbulenta historia argentina, ya que su figura mereció severos epítetos por parte de varios contemporáneos, especialmente por haber traicionado la causa de la Confederación y haber estado al servicio de los indios nada menos que 22 años, destino que quizá nunca imaginó cuando comenzó su carrera, en 1827.

manuel baigorria

Ese año el gobernador Videla lo llamó a su servicio “como mozo de mano para sus secretos políticos”, según puntualiza Baigorria en sus poco conocidas Memorias, redactadas por él en los años de su vejez.

Luego de su ingreso en el Ejército, peleó en Oncativo contra los federales prestando excelentes servicios al general Paz, que le encomendó una prolija observación de las fuerzas enemigas.  Se ganó así el grado de alférez, que ostentó hasta que una jugarreta del destino cambió por completo el curso de su vida.

Capturado por Quiroga después de la batalla de Rodeo de Chacón,  en   1931,  se  salvó  milagrosamente de ser fusilado. Posteriormente siguió combatiendo a los federales, hasta que en 1841, derrotada la revolución unitaria en Las Quijadas, Baigorria optó por refugiarse entre los indios para eludir las persecuciones.

Su astucia y su suerte —o ambas combinadas—  le  permitieron  ganarse la confianza de Yanquetruz, Painé  y  Pichún,  poderosos  caciques  los tres.   A cambio de esn hospitalidad suministró información,  debió volverse consejero de ellos e inclusive encabezó malones junto a Pichún, Guete y otros jefes indígenas.

Una vez aquerenciedo cerca de la laguna de Trenel (o del Recado),  llegó  a capitanear una tropa de 300 hombres, denominada pomposamente Escuadrón de Voluntarios.  Casi todos sus integrantes eran blancos fugitivos de la ley o perseguidos políticos. Entre estos los últimos, precisamente, se contaron durante un tiempo los hermanos Juan, Francisco y Felipe Saá, antirrosistas como Baigorria, pero que discrepaban con éste sobro la conducta a seguir.

Los Saá querían volver al bando cristiano e intervenir en las luchas civiles al frente del Escuadrón, pero Baigorria se oponía. No fue extraño, entonces, que la situación hiciera crisis un buen día, ya indultados por las autoridades de la Confederación, los Saá se retiraron, y con ellos un numeroso grupo de “voluntarios”.

La desconfianza de los indios fue casi automática y Baigorria, irritado, y para demostrar que nada tenía que ver con la deserción, salió en persecución de los huidos y mató a varios “porque se habían fugado —anota en sus Memorias— llevándole toda la caballada”.  De todos modos ese alarde no bastó a disipar la desconfianza lo los indios, y sólo pudo eludir la cndena a muerte con que lo amenazó un cacique casándose con la hija de un capitanejo.

Otras veces fue su formidable valentía la que le permitió salvar el pellejo, como cuando se presentó, desafiante, haciendo “rayar” el caballo, ante una asamblea indígena que reclamaba su muerte; su arrojo personal le permitió superar el difícil trance, la misma audacia lo impulsó a asumir actitudes sumamente riesgosas, como la liberación de cautivas; a una de ellas —Luciana Gorosito— lo dijo al tiempo que le facilitaba la fuga: “Abraza a tus padres y diles que Baigorria no es un bárbaro, sino un desgraciado que debe seguir a los indios para conservar la vida”.

Después de la caída de Rosas su suerte cambió por completo: abandonó para siempre las tolderías y retornó a San Luis, donde se encontró nuevamente con su familia. Marchó seguidamente a Buenos Aires, donde Urquiza le reconoció el grado de coronel y le otorgó un cargo importantísimo: Comandante de la Frontera (con los indios), desde el Plata hasta la Cordillera.

Así  como el gobierno de la Confederación —enfrentado al de Buenos Aires— llegó a tener en Baigorria a su principal interlocutor con el poderoso imperio pampa. El flamante coronel movía sus hilos desde el fuerte Tres de Febrero, sobre el río Quinto, y mantenía relaciones sumamente, cordiales con el cacique Coliqueo —que llegó a ser un verdadero  incondicional suyo— y aun con el poderoso y astuto Calfucurá.

Tentado para que abandonara el bando de la Confederación, Baigorria se negó a ello con vehemencia, pero la intervención de Saá en San Juan, la revolución contra Fragueiro en Córdoba y otros sucesos fueron  resintiendo su  confianza en Urquiza.   Por lo menos, ésa es la explicación que dio para justificar un acto de deserción que muchos consideran  inspirado por su   resentimiento  personal   contra Saá y otros como producto de un simple soborno.

Poco antes de la batalla de Pavón se pasó con armas y bagajes al servicio del centralismo porteño, y aunque en Cepeda se había batido del lado confederado, en Pavón formó junto a Mitre, acompañado por indios de la tribu de su amigo Coliqueo.

Según   Sarmiento,  el   regimiento   de Baigorria “tuvo la gloria de ser el único cuerpo de caballería que peleó con éxito saliendo reunido del campo, cuando el resto de la caballería había flaqueado por todas partes.   Más tarde peleó contra el Chacho Peñaloza en la batalla de Las Playas, y en  1864,  antes de marchar al frente paraguayo, Mitre f§’encargó el cuidado dejas fronteras con el indio.

Un año después Baigorria se retiraba del servicio. Murió el 21 de julio de 1875, no sin antes haber acompañado al entonces coronel Julio A. Roca en las exploraciones  de  un  terreno  que Baigorria conocía a la perfección: el Desierto.

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Hombres y Hechos de la Historia Argentina – Editorial Abril

El Caudillismo de los Hermanos Taboada en Santiago del Estero

El Caudillismo de los Hermanos Taboada en Santiago del Estero

El 15 de julio de 1851 la muerte de Felipe Ibarra —que había gobernado la provincia durante casi 30 años— cerró una prolongada etapa de la vida política santia-gueña. Mientras la noticia corría de un punto a otro del territorio, la lucha por la sucesión del poder enfrentaba a dos grupos familiares emparentados con el caudillo fallecido y vinculados desde hacía tiempo con el gobierno: los Carranzas y los Taboadas.

antonio taboadaSorda al principio, franca después, la puja culminó con el nombramiento de Manuel Taboada como gobernador.

El hecho marcó además el comienzo de un prolongado período caracterizado por el absoluto predominio político y militar del “taboadismo”, una especie de caudillismo colectivo asentado sobre tres vigorosas personalidades: los hermanos Manuel, Antonino (imagen izq.) y Gaspar Taboada, que encarnaron el poder político, militar y económico, respectivamente. Felipe, el cuarto hermano, prefirió dar rienda suelta a su vocación artística convirtiéndose en uno de los precursores de la pintura en el noroeste.

Astuto, con un claro sentido do la oportunidad, apenas asumió el cargo Manuel Taboada se apresuró a ganar el favor de Rosas comunicándole su  repudio  por el  “funesto  grito   del   loco  traidor,  sal vaje unitario Urquiza”, que por en tonces   había   hecho   público   su pronunciamiento contra el gober nador de Buenos Aires y se apres taba a entrar en campaña con el Ejército Grande.

Poco después al ser confirmado en el cargo por la legislatura provincial, el  goberna dor escribió nuevamente al Restau rador “con el placer de comunicar le que sólo espera la voz del Exmo. Jefe Supremo de la Nación para correr presuroso a la par de sus conciudadanos donde él mismo lo ordene y según las huellas de ho nor y de la gloria, de todo lo quo V. E. es el más esclarecido modo lo”.

Estas muestras de incondicio nalidad —unidas a las derrotas  m litares   infligidas   por  Antonino   a ¡os partidarios de los Carranzas rindieron   su   fruto   político,   pero se  convirtieron  en  pesado  lastra cuando el triunfo de Caseros acabó con  Rosas y encumbró a Urquiza sobre el panorama nacional.

Sin embargo, la contradictoria situación santiagueña fue resuelta expeditivamente: el 10 de marzo de 1852 una ley provincial reconoció “al Libertador de la República len la persona del General en Jefe Aliado Brigadier don Justo José de Urquiza” y confiscó la fortuna del federal Ibarra.

El cambio de actitud permitió [al clan Taboada mantenerse al frente de la provincia, y en su carácter de gobernador santiagueño Manuel suscribió el Acuerdo de San Nicolás y luego envió dos diputados al Congreso Constituyente de Santa Fe.

Posteriormente, cuando la estrella de la Confederación —acaudillada por Urquiza— comenzó a declinar, los Taboadas se orientaron hacia el mitrismo, a tal punto que, después del triunfo porteño en Pavón, Antonino aseguró a Bartolomé Mitre que “Buenos Aires tiene en Santiago un punto de apoyo poderoso para difundir en el interior las doctrinas civilizadoras cuyo paso, hasta ahora, ha estado obstruido por la barbarie”.

La “barbarie”, se ent’ende, eran los caudillos federales, a quienes los Taboadas combatieron en varias oportunidades, de acuerdo con lo convenido con los representantes del centralismo porteño. Así fue como volcaron a las masas santiagueñas a la lucha contra el Chacho Peñaloza y Felipe Varela —a quien Antonino derrotó definitivamente en Pozo de Vargas—, apoyaron decididamente la guerra de la Triple Alianza y reprimieron con mano de hierro al contingente provincial que se negó a combatir.

Fueron cuantiosos los dividendos políticos que rindieron a los Taboadas la sucesión de triunfos militares por ellos obtenidos y elfranco apoyo popular de la provincia. Su condición de “caudillos del noroeste” los convirtió en piezas claves de la situación nacional.

Esa interesante posición comenzó a deteriorarse hacia 1869, cuando la fractura del bando liberal provocó un serio entredicho con Sarmiento, por entonces presidente de la Nación. Ante las quejas de los Taboadas, que denunciaron la injerencia de las fuerzas militares de Buenos Aires en las elecciones de varias provincias cercanas, especialmente en Tucumán, el fogoso sanjuanino escribió a Manuel Taboada una carta que tuvo amplia difusión. Entre otras cosas, lo tildaba de “presidente del Norte” y de “gobernador perpetuo” y le preguntaba con acritud si se consideraba “gerente, prefecto o apoderado de las susodichas provincias”.

Los Taboadas sobrellevaron el embate presidencial con cautela y ejercieron su dominio durante varios años más, pero en septiembre de 1871 el fallecimiento de Manuel —el talento político de la familia— debilitó notoriamente al clan.

El fracaso de la fórmula presidencial Mitre-Torrent, apoyada por Santiago del Estero, y la consagración de Avellaneda como presidente, precipitaron los acontecimientos. Con el pretexto de asegurar comicios libres para una elección de diputados, a mediados de 1875 llegaron a la provincia fuerzas militares nacionales y el taboadismo se desmoronó bajo la presión de las bayonetas. Sus cabezas más visibles fueron perseguidas en forma implacable y la resistencia que ofrecieron algunas montoneras resultó aplastada. Escapados de la persecución, Antonio y Gaspar murieron en Tucumán solos y olvidados en 1883 y 1890. respectivamente.

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Hombres y Hechos de la Historia Argentina – Editorial Abril

Biografía de Pantaleón Rivarola Poeta Argentino Obra Literaria

HOMBRES ILUSTRES: VIDA Y OBRA LITERARIA DE PANTALEÓN RIVAROLA

Era Pantaleón Rivarola una respetable y grave figura patricia del Buenos Aires colonial, de esas que forjaron los brillos de la patria naciente. En su carácter de ilustre vecino asistió a los acontecimientos de armas que sacudieron a los rioplatenses en ocasión de;las invasiones inglesas y que los prepararon para luchar más tarde con los veteranos españoles.

Se familiarizó con las letras en las aulas que impartían la enseñanza rígida propia del siglo xvm; er.señó, más tarde, a las jóvenes generaciones que tuvieron participación directa en las jornadas libertadoras; se hizo soldado y actuó, a la manera de los poetas medievales, con singular fiereza, en la reconquista y defensa de Buenos Aires; enarboló luego el estandarte de los revolucionarios, poniendo su dialéctica y su verbo al servicio del ideal democrático.

Una vida tan fecunda pudo recoger, y recogió, diversas experiencias. Una mente clara, unida a la inspiración desbordante y al fervor más puro, tradujo el pensamiento en romances que se consideran valiosos por su utilidad como testimonios históricos.

Las dos composiciones de este noble vate colonial suman alrededor de 2.000 versos, No son verdaderas poesías, sino más bien crónicas rimadas, en las cuales se propuso, con cierta ingenuidad, pintar las jornadas trágicas de las invasiones inglesas, salvando el nombre oscuro de los que ayudaron a defender la ciudad. El relato de Rivarola es en verdad escrupuloso; los detalles, aun aquellos de menor significación, lo convierten en instrumento de orientación histórica; para algunos, el poeta nos ha legado un documento fidedigno; para otros, es el suyo un documento subsidiario.

Resulta significativo que Rivarola dedicara al Cabildo su romance y que fuera en el Cabildo —única institución democrática en el régimen colonial— donde se tratara la disputa de las pasiones que suscitó. Si bien es cierto que la obra del poeta no llevaba en sí la intención de fundar escuela propia, debe reconocerse que obtuvo, en su momento, mucha popularidad.

Esto se explica porque tanto el “Romance histórico” como “La heroica defensa” estaban construídos con elementos populares: el octosílabo tradicional; la rima suelta los nombres de gentes y de lugares que se mencionan a cada momento. Fijó, pues, en verso vugar un testimonio colectivo, un sentimiento común a todos, nacido de las heroícas jornadas de las invasiones inglesas.

A pesar de los ripios, los pasajes de sus romances debieron de impresionar vivamente el alma popular que vibraba con fervores hasta entonces desconocidos.

De estos versos afloran, también, te nombres de quienes carecían hasta enton oes de toda importancia: los negros esclavos del suburbio; los gauchos arribeños y los mestizos ignorados. Con estos  romances, el “negro”, tan visible después en el poema gaucho de Hernández, entra por primera vez en la literatura argentina.

BIOGRAFÍA: PANTALEÓN RIVAROLA (1754-1821)
En el Buenos Aires colonial nació Pantaleón Rivarola el 27 de julio de 1754. Aquí cursó  humanidades, aunque su despejada inteligencia buscó superarse en derecho, para lo cual viajó a Chile.

Después de doctorarse en ambos derechos fue catedrático de leyes en la Universidad de San Felipe y notario del Santo Oficio en el reino de Chile, desde donde volvió a su patria. Las juventudes porteñas necesitaban de su erudición y su elocuencia, tan útiles a la causa de la democracia cuyos albores despuntaban sobre las playas rioplatenses.

El novísimo colegio de San Carlos, cuyas aulas reunían a los estudiantes de las mejores familias patricias, le ofreció la cátedra de filosofía. Desde su empinada posición moral, Rivarola impartió enseñanzas inolvidables a quienes, con el correr de los años, tendrían graves responsabilidades en el quehacer cívico argentino: entre sus alumnos de 1779 figuró Juan José Castelli, el que iba a ser en 1810 dialéctico formidable en el Cabildo de mayo y esforzado caudillo en las guerras de la revolución.

De la enseñanza pasó a una capellanía militar, en el batallón del Fijo, como llamaban a uno de los regimientos que guarnecían “de fijo” la ciudad.

Con la misma facilidad con que se había familiarizado con las letras, se fue acostumbrando al manejo de las armas. Tal vez un escondido presentimiento le dictara la conveniencia de saber empuñar un fusil en defensa del país que muy pronto sería invadido. Ambos aprendizajes los coronó con sus romances “La reconquista” y “La defensa”, sobre la epopeya que los soldados y paisanos escribieron con sangre heroica, batiéndose contra el enemigo inglés.

Cuando las campanas alertaron a la población, en 1807, Rivarola salió a la calle para luchar hombro con hombro junto a los mártires de la defensa de Buenos Aires. Su lira recogió con veracidad impresionante los capítulos del fervor popular: la viveza, el brío y el denuedo de los hombres, de los niños y las mujeres anónimos; los clamores de los que dejaban todo tras de si, huyendo del saqueo; los rasgos de infinita audacia; la organización precaria, aunque efectiva, de los diversos barrios, que se unieron en la gesta…; todo, sin excepción, fue motivo para que sus versos pudiesen cantar el valor coronado por la victoria.

Consumada en 1810 la revolución democrática, se unió a ella con entusiasmo, a fin de ratificar una vez más sus experiencias de soldado y de maestro. El gobierno revolucionario lo nombró, en 1812, miembro de la junta conservadora de la libertad de imprenta.

Murió el 24 de setiembre de 1821; vale decir, en los umbrales de las luchas internas.

Fuente Consultada:
Enciclopedia Estudiantil Edición de Lujo Tomo VIII Edit. CODEX

Asesinato de Quiroga Muerte del Caudillo Riojano Los Reinafé Asesinos

Asesinato de Quiroga: Juan Facundo Quiroga se había radicado nuevamente en Buenos Aires luego de la victoriade la Ciudadela, en noviembre de 1831.

En noviembre de 1834 se produjo un conflicto entre los gobernadores federales de Salta y Tucumán, Pablo Latorre y Alejandro Heredia, respectivamente. Quiroga fue presionado por Rosas y por el gobernador bonaerense Maza para que fuera a reconciliarlos, con plenos poderes.

Quiroga partió de Buenos Aires el 16 de diciembre de 1834. Pero, al llegar a Santiago del Estero se enteró que Latorre había sido derrocado y muerto, el 29 de diciembre de 1834.

Desde el 3 al 6 de enero de 1835 se reunió con Juan Felipe (barra, gobernador santiagueño, y el tucumano Heredia, para reconocer al nuevo gobierno salteño. Y asimismo firmó con ellos un tratado efe alianza y amistad que debía extenderse a las demás provincias argentinas. Era una liga que significaba el comienzo de la organización nacional y respondía exclusivamente a Quiroga.

Luego de la firma de tal pacto, emprendió Quiroga el regreso en compañía de su secretario José Santos Ortiz. En el trayecto le advirtieron que el capitán José Santos Pérez lo esperaba con una partida para matarlo. Quiroga aseguró con soberbia que “a una orden mía se pondrán a mi servicio”.

El 15 de febrero de 1835 entraron en la provincia de Córdoba e hicieron noche en la posta de Intihuasi. Al amanecer prosiguieron viaje y a las once de la mañana del 16 de febrero de 1835, en el recodo solitario de Barranca Yaco, una partida armada detuvo el carruaje. “¡Alto!” gritó el jefe del grupo. Quiroga asomó la cabeza por la ventanilla de la diligencia y gritó colérico: “¿Qué significa esto, quién manda esta partida?”.

Adivinó la situación y trató de tomar una de sus pistolas pero un disparo le penetró por el ojo izquierdo y le atravesó la cabeza. De inmediato otro de los gauchos de la partida le enterró un cuchillo en la garganta. Sus últimas palabras fueron: “¡No maten a un general!”.

Todos fueron exterminados pues no debía haber testigos. Pero e correo Agustín Marín y el ordenanza de José Santos Pérez, que viajaban detrás de la diligencia retrasados en sus cabalgaduras, advirtieron a lo lejos lo que pasaba y se ocultaron en unos matorrales.

La noticia del asesinato de Quiroga llegó a Buenos Aires e 3 de marzo y el acontecimiento impresionó a la opinión pública. Rosas, ante este hecho, escribió: “¡Miserables, ya lo verán ahora! El sacudimiento será espantoso y la sangre argentina correrá en porciones”.

El asesinato se atribuyó en un principio a una conspiración unitaria. Pero luego de una investigación, se llegó a la conclusión que el suceso estaba íntimamente ligado a las diferencias en el campo federal. Los autores materiales del asesinato y sus cómplices más directos fueron procesados.

El 25 de octubre de 1837 fueron fusilados en la Plaza de Mayo, Santos Pérez (jefe de la partida) y los hermanos José Vicente y Guillermo Reinafé, caudillos cordobeses distanciados con Quiroga y protegidos de Estanislao López.

EL ORDEN PROVINCIAL: Si se estudia la organización política de La Rioja durante la actuación de Quiroga, se observará que se destaca la vigencia de un ordenamiento legal mucho más establecido de lo que suele suponerse. El análisis de ciertos aspectos sustanciales de las relaciones entre los poderes provinciales riojanos (el gobierno y la Sala de Representantes) y Quiroga, que se iniciaron en 1820, sugiere la necesidad de matizar esa imagen del caudillo que, seguido por sus huestes, dominaba a su antojo una tierra de nadie.

Por una parte, se observa que, junto al poder de Quiroga, se mantenía una estructura política/legal, a veces de origen colonial; por otra, se advierte que el desarrollo de instituciones estatales en la provincia no era una simple formalidad. Por el contrario, estas instituciones, aunque rudimentarias, traducen el surgimiento de nuevas condiciones políticas, que se inscribían dentro de los esfuerzos por consolidar soberanías provinciales autónomas en el Río de la Plata, durante la primera mitad del siglo XIX.

Lo cierto es que el poder particular del caudillo estaba basado sobre relaciones informales (familiares, amistosas, comerciales) y formales, y se amparaba en una legalidad que. estaba presente tanto en sus relaciones políticas como en sus actividades privadas. Así, el poder de Quiroga se asentaba, también, en su condición de ganadero, comerciante y prestamista de grandes sumas de dinero.

En su carácter de hombre de negocios, se sometía a ciertas normas prácticas que regulaban las relaciones comerciales de la época, como la escrituración de la compra de tierras o el pago de derechos de exportación a su provincia.

Breve Biografía de Facundo Quiroga, el tigre de los llanos Caudillo

Nació en San Juan de los Manos, provincia de La Rioja, en 1788. Fueron sus padres José Prudencio Quiroga y Juana Rosa de Argañaraz. A los dieciséis años comenzó a trabajar en la conducción de los arreos de su padre; a los veinte, éste le encargó la administración de los bienes familiares.

Poseído por la pasión del juego que lo dominara toda la vida, en 1812 perdió una importante suma de dinero perteneciente a su padre. Abandonó el hogar y se alistó en el contingente de doscientos hombres que formara el comandante de la frontera sur de Mendoza, Manuel Corvalán.

Partió con los reclutas en dirección a Buenos Aires, donde fue destinado al Regimiento de Granaderos a Caballo. Se dirigió a su provincia, de donde había sido reclamado por su padre. De 1816 a 1818 fue capitán de milicias en el departamento de San Antonio bajo las órdenes del comandante Juan Fulgencio Peñaloza, a quien reemplazó en 1817. En ese año contrajo enlace con María de los Dolores Fernández.

En la Gaceta de Buenos Aires del 31 de enero de 18i8 apareció un decreto de Pueyrredón reconociéndolo Benemérito de la Patria. En diciembre de 1818 se dirigió a Córdoba; a fines de enero de 1819 emprendió el regreso a su provincia. Al llegar a la ciudad de San Luis fue detenido por orden del gobernador.

El 8 de febrero de 1819 estalló en San Luis una conspiración de los jefes españoles vencidos en las luchas por la Independencia. Quiroga mereció una medalla de plata, decretada por el Congreso para todos los leales defensores del orden en la sublevación de San Luis. Se hizo cargo del gobierno de La Rioja, que ejerció desde el 28 de marzo hasta el 22 de julio de 1823. El 6 de diciembre de 1824 en Buenos Aires abrió sus sesiones el Congreso General Constituyente. El 15 de agosto de ese año se había fundado en La Rioja el Banco y Casa de Moneda, del cual era accionista principal, siendo su presidente Braulio Costa. En octubre de 1825 llegó a Buenos Aires Rivadavia, quien había fundado en Londres la River Plate Mininy Association que explotara las minas de La Rioja. Esta provincia y sus hombres, Quiroga muy especialmente, se pronunciaron contra el Congreso y contra Rivadavia.

El 18 de setiembre de 1826 la Legislatura riojana decidió no reconocer la presidencia de Rivadavia ni las leyes emanadas del Congreso. En mayo se movilizó contra Paz y fue derrotado en La Tablada el 23 de junio. La derrota fue festejada en los círculos gubernistas de La Rioja. De regreso en su provincia, Quiroga hizo fusilar, el 19 de julio, a Inocencio del Moral y sus dos hijos, entre otros, que eran quienes más se habían caracterizado en sus burlas para con el derrotado.

Quiroga no deseaba seguir la guerra. El 10 de enero de 1830 desde Mendoza escribió a Paz una carta, que tenía la primera declaración a favor de la organización nacional. A pesar de todo siguió la guerra y volvió a enfrentarse a Paz en Oncativo, siendo su ejército destrozado el 25 de febrero de 1830. Se dirigió a Buenos Aires, donde fue recibido como un triunfador. El i8 de diciembre de 1832 los gobiernos de Mendoza y San Juan designaron a Quiroga director de la guerra contra los indios que azotaban sus fronteras.

Al regresar de su misión, fue asesinado en Barranca Yaco, jurisdicción de Córdoba, el 16 de febrero de 1835, por una patrulla que comandaba Santos Pérez, persona de confianza de los Reinafé.

EL ORDEN PROVINCIAL: Si se estudia la organización política de La Rioja durante la actuación de Quiroga, se observará que se destaca la vigencia de un ordenamiento legal mucho más establecido de lo que suele suponerse. El análisis de ciertos aspectos sustanciales de las relaciones entre los poderes provinciales riojanos (el gobierno y la Sala de Representantes) y Quiroga, que se iniciaron en 1820, sugiere la necesidad de matizar esa imagen del caudillo que, seguido por sus huestes, dominaba a su antojo una tierra de nadie.

Por una parte, se observa que, junto al poder de Quiroga, se mantenía una estructura política/legal, a veces de origen colonial; por otra, se advierte que el desarrollo de instituciones estatales en la provincia no era una simple formalidad. Por el contrario, estas instituciones, aunque rudimentarias, traducen el surgimiento de nuevas condiciones políticas, que se inscribían dentro de los esfuerzos por consolidar soberanías provinciales autónomas en el Río de la Plata, durante la primera mitad del siglo XIX.

Lo cierto es que el poder particular del caudillo estaba basado sobre relaciones informales (familiares, amistosas, comerciales) y formales, y se amparaba en una legalidad que. estaba presente tanto en sus relaciones políticas como en sus actividades privadas. Así, el poder de Quiroga se asentaba, también, en su condición de ganadero, comerciante y prestamista de grandes sumas de dinero.

En su carácter de hombre de negocios, se sometía a ciertas normas prácticas que regulaban las relaciones comerciales de la época, como la escrituración de la compra de tierras o el pago de derechos de exportación a su provincia.

AMPLIACIÓN DEL TEMA: Juan Facundo Quiroga se hallaba un día en Chepes, adonde había llegado para inaugurar una capilla. Un comedido no tardó en revelarle que en Guaja había un joven de gran fortaleza y sumamente hábil en el manejo del puñal y la lanza. El Tigre ordenó que se lo trajeran, y a poco llegó el mozo: se llamaba Ángel Vicente Peñaloza y era robusto, rubio y de ojos celestes, como muchos descendientes de los primeros colonizadores españoles.

Mientras el rasguido de las guitarras llenaba el aire perfumado de jazmines y el gauchaje se divertía en la fiesta pueblerina, Peñaloza se presentó ante Quiroga. Facundo lo chuceó en seguida: “Tengo noticias de que anda cometiendo faltas. Y es bueno que se enmiende”. Humilde, el interpelado respondió: “Si así lo comprende, mi general, comprometo mi palabra de llanista que de hoy en adelante no tendrá por qué reprocharme”. Satisfecho con la respuesta, Facundo sigue uno de sus impulsos y lo desafía: “Ahora me va a probar que es bueno y digno de mi amistad; primero vamos a pulsear; después nos veremos en el puñal”.

Ál momento fueron preparadas dos sillas y una mesa; los contendientes se aferraron las manos y el paisanaje se arremolinó expectante. La pulseada era pareja: los dos hombres transpiraban tratando de quebrar la resistencia del otro y las venas del cuello parecían a punto de estallarles. Era obvio que ambos pugnaban por ganar, pero sus fuerzas corrían parejas. Por fin el Tigre se puso de pie y abrazó a su oponente: la primera prueba había terminado y ahora venía el visteo.

Las cosas siguieron el mismo camino: Facundo atacó de punta y de plano, pero la defensa del Chacho fue impecable y le paró todos los golpes. Nuevos abrazos rubricaron el fin del duelo y Facundo exclamó: “Vean, muchachos: responde este llanista. Es valiente y hábil. Desde hoy se alistará en nuestros ejércitos”. Y así ocurrió, en efecto. Todas las actitudes del riojano lo distinguían del común de los caudillos. Así, por ejemplo, solía concurrir a ‘los bailes que se daban en su homenaje vistiendo sus habituales pilchas de gaucho, y en ciertos casos rehusaba ocupar el sitio de honor que se le reservaba y prefería obstinadamente permanecer charlando en la puerta.

Cuesta creerlo al comprobar su bonhomía, su inveterada sencillez paisana, pero en ‘las batallas el coraje de Peñaloza superaba cualquier límite: una de sus especialidades consistía en acercarse a los cañones enemigos, enlazarlos y llevárselos a la rastra con los caballos.

FACUNDO Y ROSAS: ¡Sombra terrible de Facundo, voy a evocarte, para que sacudiendo el ensangrentado polvo que cubre tus cenizas te levantes a explicarnos la vida secreta y las convulsiones internas que desgarran las entrañas de un noble pueblo!

Tú posees el secreto: ¡revélanoslo! Diez años aún después de tu trágica muerte, el hombre de las ciudades y el gaucho de los llanos argentinos, al tomar diversos senderos en el desierto, decían: “¡No! ¡no ha muerto! ¡Vive aún! ¡Él vendrá!” ¡Cierto! Facundo no ha muerto; está vivo en las tradiciones populares, en la política y revoluciones argentinas; en Rosas; su heredero, su complemento; su alma ha pasado a este otro molde más acabado más perfecto; y lo que en él era sólo instinto, iniciación, tendencia, convirtióse en Rosas en sistema, efecto y fin.

La naturaleza campestre, colonial y bárbara, cambióse en esta metamorfosis en arte, en sistema y en política regular, capaz de presentarse a la faz del mundo como el modo de ser de un pueblo encarnado en un hombre que ha aspirado a tomar los aires de un genio que domina los acontecimientos, los hombres y las cosas.

Facundo, provinciano, bárbaro, valiente, audaz, fue reemplazado por Rosas, hijo de la culta Buenos Aires, sin serlo él; por Rosas, falso, corazón helado, espíritu calculador, que hace el mal sin pasión y organiza lentamente el despotismo con toda la inteligencia de un Maquiavelo.

Tirano sin rival hoy en la tierra, ¿por qué sus enemigos quieren disputarle el título de grande que le prodigan sus cortesanos? Si, grande y muy grande es, para gloria y vergüenza de su patria, porque si ha encontrado millares de seres degradados que se unzan a su carro para arrastrarlo por encima de cadáveres, también se hallan a millares las almas generosas que en quince años de lid sangrienta no han desesperado de vencer al monstruo que nos propone el enigma de la organización política de la República.

Un día vendrá, al fin, que lo resuelvan, y el Esfinge Argentino, mitad mujer por lo cobarde, mitad tigre por lo sanguinario, morirá a sus plantas, dando a la Tebas del Plata el rango elevado que le toca entre las naciones del Nuevo Mundo.

DOMINGO FAUSTINO SARMIENTO, FACUNDO.

 

El Pronunciamiento de Urquiza Batalla de Caseros Fin de Rosas

Capítulo 5 (II): Pronunciamiento de Urquiza:

Pronunciamiento de Urquiza:

La política de gobierno llevada por Justo J. De Urquiza, hizo que la provincia tenga cierto progreso y solidez económica, pero algunas medidas tomadas por el poder centralista de Rosas, a veces iban en contra de su progreso, hecho que fue provocando oposición hacia este dictador.

Justo José de urquiza

Las diferencias entre ambos gobernantes básicamente fueron:

  • El Tratado de Alcaraz entre Madariaga y Urquiza que resolvió en forma pacífica el conflicto correntino, pero Rosas se enteró que a pesar de que entraba en la confederación Madariaga no iba a apoyar rotundamente a Rosas, situación que generó la ruptura del pacto entre Urquiza y Madariaga.
  • Rosas había sido reelegido por tercera vez en 1850, y como lo hacía habitualmente renuncia de al cargo de gobernador y a la facultad de comandar las relaciones exteriores. Entre Ríos y Corrientes aceptan la renuncia y recuperaron la facultad del ejercicio de las relaciones exteriores.(Pronunciamiento de Urquiza)
  • Entre Ríos comienza una política de abrir sus puertas a emigrados o exiliados políticos, medida que generó la protesta de Rosas.
  • Se publica en Entre Ríos un artículo mostrando lo necesario que es dictar definitivamente una Constitución que organizara la Nación. Rosas le exigió una rectificación y Urquiza le contestó que no interfiriera con el ejercicio de la Libertad de Prensa y exhortó a las provincias para que cortaran sus vínculos con este gobernador autocrático.
  • La Legislatura Porteña acusó a Urquiza como “traidor y loco”.

Como enfrentar a Rosas?:

Rosas Juan Manuel

  • Tuvo el apoyo de Brasil que había roto relaciones con Rosas y de la Banda Oriental, que estaba oprimida por el sitio de Montevideo.
  • Corrientes aceptó el pedido de Urquiza y cortó los vínculos con el poder central.
  • Se formó así una Triple Alianza, ya que vieron conveniente la libre navegación de los ríos Paraná y Uruguay para alentar y mejorar las economía regionales que habían sido castigadas por el centralismo porteño.
  • En 1851 cae el ejército sitiador de Oribe y el ejército oriental pasa a manos de Urquiza.
  • Luego el Ejército Grande pasa el río Paraná y se enfrenta el 3 de Febrero de 1852 en Caseros en un breve encuentro, donde Rosas es derrotado.
  • Rosas envía su renuncia a la Legislatura y pide asilo al encargado de negocios británicos, trasladándose e Inglaterra con su familia, donde vivirá hasta su muerte en 1877.
  • Urquiza entra en Buenos Aires y asume el poder nacional con el propósito de organizar definitivamente al país bajo una Constitución republicana, representativa y federal.
  • Vicente López y Planes es nombrado gobernador interino de la provincia de Buenos Aires.
  • Urquiza se reúne en Palermo con otros gobernadores para firmar un protocolo por el cual se encargaba a Urquiza para el manejo de las relaciones exteriores y se invitaba a todas las provincias a una convención para organizar jurídicamente la Nación Argentina.
  • El principal opositor de Urquiza fue Valentín Alsina porque se pensaba que Urquiza era otro tirano igual que Rosas, ya que se rehusaba a destituir los gobernadores rosistas, pues planteaba una política de reconciliación.
  • Los gobernadores se reunieron en San Nicolás y el 31 de mayo de 1852 firmaron el Acuerdo de San Nicolás por el cual establece que el pacto federal era la ley fundamental de la República.
  • Urquiza fue nombrado Director Provisorio de la Confederación, encargado de las relaciones exteriores y jefe de los ejércitos.
  • A partir de este acuerdo las provincias solventaron los gastos nacionales en función del producto de sus aduanas exteriores.
  • Buenos Aires rechazó este acuerdo pues no estaba dispuesta a perder el control de su puerto y aduana, que justamente era lo que le permitía progresar y por otro lado arruinaba a las provincias interiores. Tampoco aceptaban la libre navegación de los ríos Paraná y Uruguay.
  • Urquiza trasladó el Congreso a Santa Fe donde se sancionaría la Constitución Nacional en 1853.
  • En Santa Fe se reúnen todos los gobernadores (eran 13 provincias) y el 1 de mayo de 1853 se sanciona la Constitución Nacional, sin la presencia de Buenos Aires. Todos los intentos de incorporar Bs. As. A la confederación fueron nulos, y finalmente Urquiza decide levantar el sitiamiento militar a la provincia.
  • La nueva constitución de orientación liberal, basada según un libro escrito por Juan Bautista Alberdi, llamado Bases y puntos de partida para la organización constitucional de la república argentina y se basaron también en la constitución de EE.UU. . Se tomo como modelo la forma: representativa, republicana y federal.
  • A partir de este momento comienza una separación (secesión) dentro de un mismo territorio, la Confederación por un lado y la provincia de Bs. As. Por otro, trabajando en forma independiente como otro estado más. Dictó su propia constitución y buscó legitimación o reconocimiento en Francia.
  • De todas manera la constitución nacional exigía la federalización de la provincia de Bs. As. Y la nacionalización de la Aduana y Puerto.
  • La Confederación siempre buscó un acercamiento a Buenos Aires, y se fueron estableciendo Pactos de Convivencia, para garantizar la defensa en todo el territorio y luchar contra el avance de indio.
  • La economía de la Confederación fue siempre muy pobre y estancada, pues la economía regionales estaban por el piso, como salida se sanciona la Ley de Derechos Diferenciales, donde se trataba de que los barcos descarguen directamente sus mercaderías en los puerto internos, como Rosario, para aumentar así los ingresos aduaneros.
  • Como respuesta el gobernador Alsina prohibió el tránsito de mercaderías del interior por el territorio de su provincia, hacia el puerto de Bs. As., generándose una fricción entre ambos gobiernos que desembocó en la batalla de Cepeda en donde las fuerza porteñas al mando de Mitre fueron abatidas en Octubre de 1859.
  • Se firma entonces el tratado de San José de las Flores, donde se estipula de que manera Buenos Aires se incorporaría a la Confederación Argentina. Buenos Aires nacionalizaría la Aduana y Puerto, pero recibiría por el termino de 5 años una suma equivalente al presupuesto provincial de 1859, para que pueda cumplir con sus compromisos de pagos por deudas contraídas.
  • Algunos políticos como Sarmiento y Mitre sabían que era necesario la unidad política y que no podían convivir dos estado dentro de uno, por lo que vieron correcto este pacto, pero no estaban de acuerdo en la metodología aplicada. Para los comerciantes esta unión era importante porque se ampliaban sus mercados.
  • Se debía reformar la Constitución según lo exigía Bs. As. , pero no hubo acuerdos rápidos, además por otro lado se sucedieron hechos violentos en algunas provincias de la Confederación, todo esto hizo que produzca un enfrentamiento armado en septiembre de 1861 en Pavón. En esta batalla no hubo una definición clara de victoria, ya que Urquiza de retiró del combate otorgándole cierto predominio a Bs. As., que luego de una negociación entre Mitre y Urquiza se consolidó el triunfo de Buenos Aires.
  • La federalización de la provincia se solucionó temporariamente, permitiendo residir en calidad de invitados por el termino de 5 años a las autoridades nacionales hasta tanto se elija la capital definitiva de la república.(Ley de compromiso)
  • Mitre asume en 1862 como presidente de la Nación Argentina.

Confederación Nacional Vs. Buenos Aires:

La Constitución Nacional sancionada por todas las provincias debía cuanto antes lograr:

  1. a) La unidad política, es decir unirse todas las provincias.
  2. b) La unidad económica, para promover el desarrollo económico, integrar las economía locales y estimular el comercio nacional e internacional,

Pero la confederación no tenía los recursos económicos para hacer frente a estas necesidades. La falta de disponibilidad económica hizo que:

No se formaran ejércitos.

No se realicen obras públicas, tales como caminos, puertos, vías ferroviarias, etc.

No se paguen en término los sueldos del estado.

Creció la deuda pública.

Se intentó fomentar la inmigración europea, y fue el caso de algunas colonias en Santa Fe, Entre Ríos y Misiones.

Se abrió los ríos Paraná y Uruguay para el comercio exterior y se eliminaron algunos impuestos.

Por el contrario Bs. As. Vivió una etapa muy próspera económicamente, desarrollando la actividad ganadera y agrícola, y pasó a ser el centro comercial, cultural y financiero del país. En 1853 había 2000 negocios y 700 talleres. Triplicó en comercio exterior, en pocos años, exportando cuero, lanas y sebo.

Buenos Aires era la París de América del Sur, en 1857:

  • Se inauguraron los primeros 10 km. De vías férreas, desde el Teatro Colón hasta Floresta. Se utilizaba una máquina usada llamada La Porteña, que había sido utilizada en la Guerra de Crimea.
  • Alumbrado público a gas en todas las calles
  • Línea telegráfica.
  • Mejoras en el transporte pasajero.
  • Apertura de escuelas rurales y urbanas.
  • Creación de colonia de inmigrantes.

El Congreso confederado, por otra parte, dictó una ley que facultaba al presidente a procurar la incorporación de Buenos Aires en forma pacífica o ‘por la fuerza de las armas’. El gobierno porteño interpretó esto como una declaración de guerra y nombró a Bartolomé Mitre jefe del ejército provincial.

Luego de la batalla de Pavón quedó acéfalo el gobierno de la nación al renunciar las autoridades ejecutivas y legislativas residentes en Paraná. Mitre asumió entonces el gobierno nacional y el de la provincia de Buenos Aires y convocó a los representantes de todas las provincias a una asamblea para elegir autoridades nacionales y resolver sobre el lugar de residencia y financiamiento del ejecutivo. Los aspectos más importantes por resolver durante su gobierno fueron alcanzar la unidad nacional controlando los alzamientos del interior que se oponían al centralismo.

La población de la provincia de Buenos Aires se agrupaba en torno de dos partidos políticos; loschupandinos o cocidos, porque se decían que habían sido cocidos por las calderas de Urquiza (partidarios de la anexión de la provincia al resto de la Confederación) y los pandilleros (liberales, enemigos de Urquiza y partidarios de una política autonomista).

Mitre pertenecía al partido liberal, pero nacionalista, es decir que deseaba fervientemente la anexión definitiva de Bs.As. a la Confederación, y lograr la unidad política definitiva, en cambio Valentín Alsina, era autonomista, ultraporteñista, y quería subordinar el interior al poder de Bs. As. Se oponían a la federalización de la provincia y a la nacionalización de la aduana. Una salida para la residencia de la capital de la nación en Bs.As. fue la ley de compromiso, donde se permitía residir durante 5 años a las autoridades nacionales hasta tanto se resuelva esta situación.

El Mundo De Esa Época:

  • 1855 Guerra de Crimea entre Inglaterra, Francia, Rusia, Turquía, Italia.
  • 1860 Guerra de Secesión en EE.UU. entre el norte industrial y el sur feudal
  • 1870 Guerra Franco-Prusiana donde Francia es derrotada, el imperio de Napoleón III cae, y se forma el imperio alemán de Guillermo II.

Inventos:

  • Luz a gas en el interior de las casas, ya se utilizaba en el alumbrado publico.
  • El acero para la construcción.
  • Se detectaron microbios que eran desconocidos.
  • En el campo se utilizó el alambre para cercos y el molino de viento.
  • El frío artificial para el trasporte de carnes en barcos
  • Nuevos barcos con pasajes mas económicos.

PARA SABER MAS…

En la colección El Bicentenario Fasc. N°3 Período 1850-1869 la historiadora Marcela Ternavasio se pregunta: ¿Como se explica este pronunciamiento de un hombre identificado con el federalismo y que siempre había sido leal a Juan M. Rosas?.

El viraje de Urquiza tiene, sin duda, una historia que lo explica y hunde sus raíces en las tensiones creadas entre Buenos Aires y el resto de las provincias -especialmente las del Litoral- desde tiempo atrás. Tales tensiones derivaban del monopolio ejercido por la provincia de Buenos Aires respecto del comercio ultramarino, la aduana y la libre navegación de los ríos. Gracias a ese monopolio y a las condiciones naturales de las que gozaba, la provincia más rica de la Confederación pudo experimentar un exitoso proceso de expansión ganadera desde la década de 1820.

Durante los años 40, Entre Ríos logró recuperarse económicamente de la devastación sufrida luego de las guerras de independencia y de las guerras civiles, estimulada por la llamada “guerra grande” en Uruguay y el bloqueo anglo-francés en Buenos Aires. Los estancieros entrerrianos -entre los que se encontraba el propio Urquiza- se convirtieron en los proveedores de la sitiada ciudad de Montevideo y por ello tenían sumo interés en mantener el tráfico costero con la capital uruguaya.

Por otro lado, Rosas mantenía con Brasil una situación conflictiva desde tiempo atrás. Luego de la firma de los tratados que culminaron con el bloqueo anglo-francés, Buenos Aires y el imperio brasileño quedaron con las manos libres para enfrentarse en el escenario siempre disputado: la Banda Oriental. La pretensión de Brasil era mantener asegurada su provincia más meridional -Río Grande do Sul- y lograr la libre navegación del río Paraná, mientras Rosas evaluaba esta pretensión como una muestra más de laH apetencias del imperio brasileño y de su ancestral deseo expansionista sobre el Río de la Plata.

La recuperación económica de Entre Ríos actualizó los viejos temas de disputa entre Buenos Aires y las provincias del Litoral. Si bien Rosas había logrado acallar estas disputas durante largos años, su latente presencia terminó por estallar en conflicto abierto este año. Al rompimiento de relaciones entre la Confederación Argentina y el Brasil se sumó el “pronunciamiento” de Urquiza por el cual se hizo explícita su aspiración de ver constituido el país.

Al suprimir en los documentos públicos la fórmula impuesta por Rosas “¡Viva la Confederación Argentina! ¡Mueran los salvajes unitarios!” y reemplazarla por la de “¡Viva la Confederación Argentina! ¡Mueran los enemigos de la organización nacional!”, el gobernador de Entre Ríos puso de manifiesto aquella aspiración.

Consciente de que este gesto significaba una declaración de guerra al régimen rosista, Urquiza esperaba que el resto de las provincias se unieran a su desafío. Pero sólo Corrientes adhirió al pronunciamiento, mientras en Buenos Aires el hecho fue aprovechado, como tantas otras veces en el pasado reciente, para polarizar aún más el espacio político. Urquiza fue tildado de “loco” y la ex capital volvió a vivir las ya conocidas muestras de adhesión federal. Pero el pacto firmado a fines de mayo entre el gobierno de Entre Ríos, Uruguay y el Imperio del Brasil dejó sellada la alianza del bloque antirrosista y dio lugar a la movilización de tropas que no tardarán en enfrentarse en el campo de batalla.

Batalla de Ayacucho Fin del Imperio Colonial Español en America

batalla de ayacucho

ANTECEDENTES HISTÓRICOS: En enero de 1820 se produjo en Cádiz la sublevación de las tropas destinadas a América para vencer a los revolucionarios. Bajo la dirección del coronel Rafael del Riego, las tropas marcharon sobre Madrid e impusieron a Fernando Vil el restablecimiento de la Constitución de 1812, de carácter liberal. Esta situación favoreció el desarrollo de las guerras por la independencia de América. Así, luego de varias derrotas, los realistas fueron vencidos definitivamente por el general Antonio J. de Sucre en la Batalla de Ayacucho, en diciembre de 1824.

La independencia de las Provincias Unidas fue reconocida, sucesivamente, por Portugal (1821), Estados Unidos (1822)-que, simultáneamente, reconoció la independencia de otros países americanos- y Gran Bretaña (1824).

El glorioso proceso de independencia fue coronado por dos grandes batallas que libraron los ejércitos patriotas contra las fuerzas realistas que, tras la proclamación del 28 de julio de 1821, aún se mantenían en nuestro territorio y pugnaban por reconquistar a nuestro pueblo. Una de estas batallas libradas fue la de Ayacucho, donde el valor y coraje de las tropas lograron la victoria.

El día 9 de diciembre de 1824, a las 9:00, se inició la Batalla de Ayacucho. A las 13:00, Canterac, informado de que el virrey La Serna había sido hecho prisionero por la valerosa acción del sargento Barahona, y herido de arma blanca, tomó el mando del ejército realista y convocó a Consejo de Guerra para evaluar la situación militar de la batalla.

Las conclusiones de ese Consejo fueron que:
1.La batalla estaba siendo ganada por los patriotas.
2.Existía desbande en sus tropas.

A pesar de los informes, el Consejo de Guerra decidió el repliegue del ejército realista al Alto Perú para apoyar al general Olañeta, pero las tropas realistas ya no tenían fuerzas ni ganas de obedecer a sus jefes. La tropa realista, al recibir esa orden, se amotinó y se produjeron rendiciones y huidas.

El Mariscal del Perú, don José de La Mar, con un ayudante, instó a la rendición a los jefes realistas, “asegurando que el general Sucre estaba dispuesto a conceder a los vencidos una capitulación tan amplia como sus altas facultades permitiesen, a fin de que cesaran del todo las desgracias en el Perú”.

Ante su situación militar calamitosa y ya sin tropas por el amotinamiento, el general Canterac aceptó la rendición.

Batalla de la Vuelta de Obligado Resumen Antecedentes Francia Mansilla

El Combate de la Vuelta de Obligado se produjo el 20 de noviembre de 1845. El sitio se encuentra entre San Pedro y Ramallo, y allí estableció su puesto de combate el general Lucio Mansilla. Con el fin de detener el avance de los buques ingleses y franceses en el Río Paraná, tras desatarse el bloqueo anglo-francés. La batalla fue despareja y, a pesar del valor de nuestros patriotas y de las tres cadenas puestas a lo ancho del río, los invasores pasaron pero no lograron su objetivo y, finalmente, tendrán que desagraviar al pabellón nacional.

Juan Manuel de Rosas fue un político argentino, gobernador de Buenos Aires en los períodos 1829-1832 y 1835-1852. Amado por sus seguidores, y temido y odiado por sus opositores, quienes lo llamaron tirano y dictador. Lo cierto es que estuvo en el poder por más de 20 años, con facultades extraordinarias otorgadas por la legislatura provincial, tratando de ordenar el país contra la anarquía política.

En “Palabras de Historiador” de Felix Luna, el autor lo define como “el mas contradictorio, el mas controvertido y el que ha registrado mas polémicas y el que siempre será un personaje muy ambiguo, muy difícil de definir” (pag.72) 

LA VUELTA DE OBLIGADO: El sitio de Montevideo impulsado por Juan Manuel de Rosas tenía el objeto de combatir al jefe oriental Rivera y a los exiliados opositores. Atacados sus intereses comerciales en el Río de la Plata, Inglaterra y Francia apresaron la escuadra argentina del almirante Guillermo Brown y mantuvieron el propósito de remontar el Paraná para comerciar con el Paraguay. En la Vuelta de Obligado se extendió una triple cadena para cerrarles el paso y se dispusieron baterías frente al río. Luego de intensos combates, las naves anglofrancesas quebraron la línea de defensa argentina, pero no encontraron poblaciones que quisieran adquirir sus mercaderías.

1841 1842 1845 1846 1849 1850
Oribe derrota a
Rivera,
cuyo poder
queda
reducido a
Montevideo
Oribe, con
apoyo de
Rosas, sitia
Montevideo.
El gobierno
inglés
protesta
Inglaterra y
Francia
declaran
bloqueados
los puertos
de La
Confederación
Fracasan las
negociaciones
de un acuerdo
pacífico con las
potencias
extranjeras
El delegado
inglés firma un
tratado de paz
con la
Confederación
Francia,
mediante un
tratado similar,
da por
terminado el
bloqueo

ANTECEDENTES DE LA VUELTA DE OBLIGADO: Desde 1840 se había renovado en Inglaterra el interés por el comercio con América del Sur. Para la expansión de su actividad económica reclamaba la libre navegación de los ríos. Rosas no estaba dispuesto a aceptar esta exigencia. Al mantener el control de la navegación y de las recaudaciones aduaneras perseguía varios propósitos: engrosar el tesoro de la provincia; lograr el apoyo de los comerciantes porteños favorecidos por su política; ocasionar perjuicio a sus opositores de las provincias del litoral; ejercer presión económica sobre Paraguay para que éste terminara por incorporarse a la Confederación; influir sobre la política seguida por Uruguay y por Brasil.

A partir de 1842 se reanudó un conflicto interno en la Banda Oriental, y Rosas intervino apoyando a uno de los bandos. Esta decisión del gobernador de Buenos Aires provocó la reacción de Francia y de Gran Bretaña y la decisión de una intervención conjunta en el Río de la Plata.

Para Gran Bretaña, la posibilidad de una acción coordinada entre la Banda Oriental y Buenos Aires significaba la anulación de la división política en el Río de la Plata —impuesta por su mediación con la creación, en 1826, de la República Oriental del Uruguay como Estado independiente—. Los intereses británicos se veían gravemente amenazados por el peligro de una política conjunta de los dos países que controlaban el comercio y la navegación en el río de la Plata. Los intereses de los comerciantes ingleses en Montevideo y en Buenos Aires no eran los  mismos. Pero los dos grupos se beneficiaban con la navegación pacífica del río de la Plata y con la apertura de los ríos interiores (el Paraná y el Uruguay) al comercio internacional

Cuando en 1843 Oribe inició el sitio de Montevideo, luego de haber derrotado a Rivera en Arroyo Grande, la flota argentina al mando de Brown inició el bloqueo por mar. La defensa de la ciudad quedó al mando del general Paz que formó legiones de extranjeros. El representante inglés Mandeville y el francés de Lurdemediaron para poner fin a esta situación. Rosas rechazó la mediación.

El comandante de la escuadra inglesa en el Atlántico actuó por su cuenta y desconoció el bloqueo. Florencio Várela partió a Europa en representación de Rivera y de la Comisión Argentina (unitarios) para gestionar la intervención armada anglofrancesa contra el gobernador de Buenos Aires.

En esta oportunidad, también Brasil intervino en el conflicto a favor de sus propios intereses. A mediados de 1844 propuso a Gran Bretaña una acción conjunta contra Buenos Aires para eliminar la influencia argentina en la Banda Oriental y establecer la apertura de la navegación de los ríos interiores. Esta apertura era necesaria, declaraba, para poner fin al aislamiento del Paraguay.

Finalmente, el gobierno inglés también decidió intervenir con el objetivo de lograr la libre navegación de los ríos y mantener el equilibrio rioplatense según el tratado de 1828 frente a las pretensiones de incorporar la Banda Oriental al sistema rosista.

En 1845, Mandeville fue reemplazado por William Ouseley, quien no se entendió con Rosas y en setiembre declaró el bloqueo al río de la Plata. En abril de ese año, naves inglesas y francesas bloquearon el puerto de Buenos Aires. El caudillo oriental Manuel Oribe —con el apoyo de Rosas— mantenía sitiada la ciudad de Montevideo por tierra y, desde 1843, Buenos Aires sitiaba por el río las costas de la Banda Oriental.

Pero las naves inglesas desconocían el bloqueo de las naves porteñas y permitían el aprovisionamiento de Montevideo. A mediados de 1845 y después de un ultimátum, las fuerzas navales británicas y francesas robaron a la escuadra argentina”: la capturaron y la obligaron a fondear en el puerto de Buenos Aires. Meses más tarde se propusieron remontar el río Paraná, para poner en práctica el objetivo de la libre navegación de los ríos interiores.

Rosas no estaba dispuesto a permitirlo y preparó la defensa, que resultó heroica. En la Vuelta de Obligado sobre el río Paraná, el 20 de noviembre de 1845, en una larga batalla en la que sufrieron numerosas pérdidas materiales y humanas, las fuerzas militares y navales porteñas intentaron impedir el paso de las naves extranjeras.

Rosas nombra al general Lucio Norberto Mansilla, oficial de San Martín en Chacabuco, comandante interino de la División Norte. Con más patriotismo que recursos se propuso detener a los invasores en las barrancas de la Vuelta de Obligado, al norte de la localidad de San Pedro. De costa a costa del río Paraná ancló veinticuatro pontones atados con triple cadena y en tierra desplegó 2.200 soldados, con 35 piezas de artillería.

En noviembre se produjo un cruento combate en la Vuelta de Obligado, cuando la flota anglofrancesa intentó pasar rumbo al Paraguay con fines comerciales. La posición fue heroicamente defendida por Lucio Mansilla con cuatro baterías y barcos que unidos unos a otros con cadenas, obstruían el río, pero fue derrotado y no pudo evitar el paso de la flota enemiga. La disminución de las exportaciones afectó a los comerciantes británicos residentes en Buenos Aires, que reclamaron a Inglaterra la suspensión del bloqueo.

En la mañana del 20 de noviembre de 1845, el general Mansilla arengó a las tropas: “¡Vedlos, camaradas, allí los tenéis!… Considerad el tamaño del insulto que vienen haciendo a la soberanía de nuestra Patria, al navegar las aguas de un río que corre por el territorio de nuestra República, sin más título que la fuerza con que se creen poderosos. ¡Pero se engañan esos miserables aquí no lo serán! Tremole el pabellón azul y blanco y muramos todos antes que verlo bajar de donde flamea”.

Con la última estrofa del Himno Nacional Argentino se abrió el fuego sobre el enemigo. La heroica lucha duró varias horas y a la caída del sol ingleses y franceses desembarcaron y se apoderaron de las baterías. La escuadra cortó las cadenas y siguió hacia el Norte. Murieron doscientos cincuenta argentinos y medio centenar de integrantes de la escuadra aliada.

En febrero de 1845, el comisionado brasileño ante las cortes de Londres y París —e vizconde de Abrantes— informó a la corte de Río de Janeiro los propósitos secretos de la intervención anglo-francesa en el Río de la Plata. Según le había informado el ministro francés Guizot, los propósitos eran: 1) convertir a Montevideo en “factoría comercial para las potencias marítimas”; 2) obligar a la “libre navegación” del Plata y sus afluentes;3) independizar Entre Ríos y Corrientes “si sus habitantes lo quisiesen”; 4) fijar los límites del Estado Oriental, Paraguay y el Nuevo Estado de la Mesopotamia “con presindencia del Brasil”; 5) conservar el Estado de cosas en el resto de la Confederación “si Rosas accediera a la razón sin recurrir a las armas” o diese libertad de comercio. En caso contrario, levantar contra él a las fuerzas locales adversarias suficientes para obrar apoyados por las fuerzas navales y poner en Buenos Aires un gobierno “que dé muestras de amistad hacia Europa”.


Fuente Consultadas:
Historia Argentina y El Mundo Contemporáneo Alonso-Elizalde-Vázquez
Grandes Protagonistas de la Historia Argentina Juan Manuel de Rosas

La sociedad en la epoca de Rosas Ambiente cultural etapa rosista Siglo XIX

El ambiente social  y cultural

La sociedad conservó las características del período hispánico. A los jefes militares y a los altos funcionarios resistas, así como también a los hacendados, comerciantes, sacerdotes, profesionales y las demás personas sometidas con mayor o menor sinceridad al régimen se los llamabagente decente”.

Se mantuvieron los tradicionales bailes, tertulias y saraos, en los cuales descollaba Manuelita, la hija de Rosas, la cual con su gentileza y generosidad atenuó más de una vez la severidad de su padre. La muerte de la esposa de Rosas, doña Encarnación, en octubre de 1838, motivó largas manifestaciones de pesar; la Mazorca llevó luto durante dos años, el mismo lapso que el gobernador. Los adictos de Rosas eran reclutados entre la clase humilde, cuyas quejas y pedidos atendía con diligencia, ya fuera en persona o por intermedio de sus parientes.

Casi todos los plateros, tornilleros y herreros tenían sus talleres en el barrio de la Concepción. La “clase decente” organizaba por turno fiestas parroquiales en honor de Rosas, y el retrato de éste era paseado por las calles con gran escolta de honor. Los negros, admiradores fanáticos de Rosas, ocupaban en su mayor parte la parroquia de Montserrat, conocida como “barrio del tambor, del mondongo y de la fidelidad”.

Los indios eran objeto de atenciones cuando concurrían a la cuidad para trocar cueros, piedras, plumas de avestruz y otros elementos por aguardiente, tabaco, adornos y telas de vistosos colores; el gobierno les hacía llegar, por intermedio de los pulperos de la campaña, ropa, azúcar, sal y reses, para lo cual invertía anualmente la apreciable suma de dos millones de pesos, aproximadamente.

En 1830 fue clausurado el Colegio de Ciencias Morales, “por no corresponder sus ventajas a las erogaciones causadas”; en su lugar funcionó años más ‘tarde el Colegio Republicano Federal, de carácter privado, cuyo director fue el jesuíta Majesté. En 1838 se suprimió del presupuesto la partida destinada a la Universidad, la cual en adelante se sostuvo con recursos propios. También se suprimieron en el mismo año, los sueldos de los maestros de la ciudad y de la campaña; en el decreto se aducía como causa la grave situación de las finanzas, afectadas por el bloqueo francés. La Casa de Expósitos y el Asilo de Huérfanos quedaron a cargo de la beneficencia privada. Tanto la entrada de libros como su publicación fueron sometidos a la censura. Sin embargo, el Colegio de Montserrat y la Universidad de Córdoba, en la misma época, siguieron en funciones alcanzando gran esplendor.

Además, Francisco Javier Muñiz realizó trabajos importantes sobre fósiles y enfermedades infecciosas y el escritor italiano Pedro de Ángelis, traído a nuestro país por Rivadavia, ordenó y publicó diversos documentos históricos.

El número de periódicos, que en 1833 alcanzaba a cuarenta y tres, en 1842 bajó a sólo tres: La Gaceta Mercantil, Diario de la Tarde y British Packet, este último escrito en inglés. En las letras floreció la poesía tendenciosa, anónima en gran parte, escrita para ensalzar a Rosas, su mujer y su hija, así como a los principales jefes y a la Federación.

IMAGENES DE LA ÉPOCA

La Sociedad en la Epoca de Rosas

La Sociedad Rosista

La Vida de Salón en la Época de Rosas

El ultimo soldado de San Martin Anecdotas Argentinas Historia

el ultimo soldado de san martín (Eufrasio Videla)

EL ULTIMO SOLDADO DE SAN MARTÍN

Eufrasio Videla

Don Eufrasio Videla, fotografiado en 1910 por “Caras y Caretas” (Número 607 del 21-05-10)

– “yo había llegado con los que salimos de San Juan..”.

– ¿Peleó usted?

– ¡Y como no! Ahí en el “zanjón” de Maipo, cuando ya no quisieron pelear más.

– ¿Y como empezó la cosa?

– … nosotros estábamos en la parte de aquí – prosigue don Eufrasio y al hacerlo sale al descanso de la escalera poniendo cara a los Andes – y como en la parte de allí enfrente, en un cerrito blanco, estaban los godos.

– Flojazos ¿verdad?

– Hum… ¡fieros habían sido!; Peleamos y peleamos y no aflojaban… Después no quisieron pelear más cuando vieron que nosotros tampoco aflojábamos  (Del reportaje al último soldado de San Martín, hecho por Caras y Caretas en Mendoza, el 22 de marzo de 1910)

¡No nos mire, don Eufrasio! … estamos llenos de vergüenza. ¿Que hicimos con lo que usted nos dejó? ¿Que quedó de todo eso?. Cuando lo fotografiaron los Argentinos éramos ricos ¿todos?…. ¿Y a usted como le  agradecieron nuestros abuelos?. Ahora ya no peleamos …. aflojamos hace mucho tiempo; aflojamos don  Eufrasio. Pero su mirada cansada, que nos llega de tan lejos puede volvernos a despertar. ¡No afloje, don  Eufrasio!

LA PATRIA AÚN VIVE EN LA MEMORIA DE SUS HIJOS

Por:Eduardo Rosa

La Asamblea del Año 1813 Obras de la Rechazo Carlos Alvear Director

LA ASAMBLEA DEL AÑO 1813

A fines de 1812 llegaron de las provincias los primeros diputados y el 31 de enero de 1813 se inauguró solemnemente el congreso con la denominación de Soberana Asamblea General Constituyente. Comúnmente se la conoce como Asamblea del año XIII. Fue designado presidente Carlos de Alvear (imagen izq.),lo que prueba la influencia preponderante que ejercía este joven jefe militar.

La obra de la Asamblea del año XIII fue memorable. Suprimió los títulos de nobleza, anulando las diferencias de nacimiento. Abolió el sistema de encomiendas, que permitía la inicua explotación del indígena. Declaró libres a los negros, hijos de esclavos, que nacieran después del 31 de enero de 1813, y prohibió la introducción de nuevos esclavos. Abolió los instrumentos de tortura que utilizaban la policía y los jueces. Dictó diversas leyes para organizar la Administración General, el Tesoro y el Ejército. Era el triunfo póstumo de Mariano Moreno.

Entre las resoluciones de la Asamblea que demuestran el propósito de lograr la independencia del país figuran tres muy importantes; suprimió el nombre de Fernando VII de los documentos oficiales; aprobó el sello que constituiría luego el Escudo Nacional y adoptó la Marcha Patriótica de Vicente López y Planes como Himno Nacional, al que puso música el maestro Blas Parera. Sin embargo, la Asamblea no se decidió a declarar la independencia; la mayoría de los diputados consideró que era aún prematuro romper abierta mente los vínculos que nos sometían a la poderosa metrópoli.

Carlos María de AlvearCarlos María de Alvear, sobrino de Posadas, no tiene buena imagen en la historiografía argentina. Signado por un marcado autoritarismo, su estilo intrigante y su enfrentamiento con San Martín han dejado una imagen negativa de él, que posiblemente sea por demás exagerada. Bartolomé Mitre fue uno de los que iniciaron esta tradición. En uno de sus escritos, Mitre señaló que “San Martín y Alvear, auxiliados por la habilidad de Monteagudo, fueron por mucho tiempo los árbitros de la Logia; pero esta buena inteligencia no podía ser de larga duración.

Los amigos se convirtieron muy luego en dos irreconciliables enemigos. Diversas causas produjeron este rompimiento. La petulancia juvenil de Alvear no podía sobrellevar con paciencia el ademán imperioso, la palabra incisiva y la voluntad de hierro de San Martín, convencido de su superioridad militar y que apenas notaba los pueriles celos de su competidor”.

Desde la Revolución de Mayo se iban popularizando dos colores como distintivos de los patriotas del Río de la Plata; el celeste y el blanco. En febrero de 1812 el Primer Triunvirato aprobó como distintivo de nuestros soldados una escarapela compuesta con aquellos colores.

El general Belgrano, creador de la idea de distinguir su causa con el celeste y el blanco, a su vez lo combinó para formar una bandera nacional. La enarboló por primera vez junto a las baterías del Rosario, en febrero de 1812. Pero el Primer Triunvirato no aprobó el acto de Belgrano, ordenándosele guardar la enseña para usarla más adelante. Sabemos que aquella bandera tenía los colores celeste y blanco, pero no conocemos la distribución de sus franjas.

El 25 de mayo de 1812 Belgrano se hallaba en la ciudad de Salta, ocupado en reorganizar el ejército derrotado en Huaqui. Allí exhibió ese día la bandera celeste y blanca por segunda vez, y la hizo bendecir por el sacerdote don Juan Ignacio de Gorriti. El Primer Triunvirato volvió a desaprobar la actitud de Belgrano.

El 13 de febrero de 1813, después de la victoria de Tucumán, el ejército patriota que perseguía a los realistas se detuvo junto al río Pasaje, en la provincia de Salta. Belgrano enarboló nuevamente la bandera de su creación, al tiempo que tomaba a sus soldados juramento de fidelidad a la Asamblea Constituyente del año XIII. Esta vez tampoco su gesto mereció la aprobación del gobierno, desempeñado por el Segundo Triunvirato.
Cuando la Asamblea General Constituyente de 1813 suprimió en los documentos públicos el nombre del rey Fernando VII, también eliminé su efigie de los sellos y monedas de uso oficial. La imagen del rey fue sustituida por un nuevo sello distintivo de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Por otro decreto, dictado como el anterior en febrero de 1813, la Asamblea creó con dicho emblema el Escudo Nacional, que es el que hoy poseemos como símbolo patrio.

A comienzos de 1813 el poeta Vicente López y Planes (1785-1856), compuso los versos de una canción patria. Estos versos fueron presentados a la Asamblea General Constituyente, que los aprobó el 11 de mayo de 1813 como única marcha nacional. Tal es el origen de nuestro Himno Nacional, al que puso música el maestro Blas Parera (1776-1840), un español residente en Buenos Aires, director de orquesta del teatro. En 1813 contábamos, pues, con tres símbolos ya oficializados: la Escarapela, el Escudo y el Himno. La Bandera no tenía aún sanción oficial; ésta se obtuvo en 1816, como veremos más adelante.

En los primeros meses de su gestión, el Segundo Triunvirato y la Asamblea actuaron con los mejores auspicios. Por ese tiempo las armas argentinas triunfaban en Tucumán y Salta, y también habían obtenido el triunfo de Cerrito, en la Banda Oriental. A fines de 1813, en cambio, el cuadro era completamente diferente. Belgrano, con el ejército del Norte, era derrotado en Vilcapugio y Ayohuma, y la Plaza Fuerte de Montevideo resistía el
ataque de las armas patriotas. La situación era grave en general. La Asamblea resolvió que se modificara la forma del Poder Ejecutivo, la responsabilidad del gobierno debía concentrar-se, para hacer más eficaz su gestión, en una sola persona, que llevaría el título de Supremo Director del Estado. La Asamblea aprobó la petición y creó el Directorio, el 22 de enero de 1814.

Los problemas internos y la creación del Directorio
La Asamblea no sólo tenía que enfrentar aquellos problemas derivados de la nueva situación europea, también tenía serias dificultades locales. En efecto, su instalación había profundizado el conflicto entre las tendencias centralizadoras de Buenos Aires y las confederacionistas, que exigían el reconocimiento de las soberanías provinciales.

La Asamblea rechazó a los enviados artiguistas argumentando que los diputados no podían tener mandatos imperativos, como era el caso de estos diputados. Estas instrucciones exigían la declaración de la independencia y la organización de un estado confederal en el que cada provincia conservaba su autonomía. Esto provocó la ruptura entre el caudillo oriental y el gobierno central porteño, que lo declaró su enemigo.

INSTRUCCIONES DADAS A LOS DIPUTADOS ORIENTALES PARA LA ASAMBLEA DE 1813

Artículo 1 Primeramente pedirá la declaración de la independencia absoluta de estas Colonias, que ellas estén absueltas de toda obligación de fidelidad a la Corona de España y familia de los Borbones y que toda conexión política entre ellas y el Estado de la España es y debe ser totalmente disuelta.

Articulo 2 No admitirá otro sistema que el de confederación para el pacto recíproco con las provincias que forman nuestro Estado.

Artículo 3 Promoverá la libertad civil y religiosa en toda su extensión imaginable.

Artículo 4 Como el objeto y fin del Gobierno debe ser conservar la igualdad, libertad y seguridad de los Ciudadanos y los Pueblos, cada provincia formará su gobierno bajo esas bases, a más del Gobierno Supremo de la Nación.

Artículo 5 Así éste como aquel se dividirán en poder legislativo, ejecutivo y judicial.

Artículo 6 Estos tres resortes jamás podrán estar unidos entre sí, y serán independientes en sus facultades.

Artículo 7 El Gobierno Supremo entenderá solamente en los negocios generales del Estado. El resto es peculiar al Gobierno de cada Provincia.

Artículo 8 El territorio que ocupan estos Pueblos desde la costa oriental del Uruguay hasta la fortaleza de Santa Teresa forman una sola Provincia, denominante la Provincia Oriental.

Articulo 11 Que esta Provincia retiene su soberanía, libertad e independencia, todo poder, jurisdicción y derecho que no es delegado expresamente por la confederación a las Provincias Unidas juntas en Congreso.

Artículo 16 Que esta Provincia tendrá su Constitución territorial; y que ella tiene el derecho de sancionar la general de las Provincias Unidas, que forma la Asamblea Constituyente.

Artículo 17 Que esta Provincia tiene derecho para levantar los Regimientos que necesite, nombrar los oficiales de Compañía, reglar la Milicia de ella para seguridad de su libertad por lo que no podrá violarse el derecho de los Pueblos para guardar y tener armas.

Artículo 19 Que precisa e indispensable sea fuera de Buenos Aires, donde reside el sitio del Gobierno de las Provincias Unidas.

José Gervasio Artigas, delante de Montevideo, 13 de abril de 1813.

PUNTOS SOBRESALIENTES DE LA OBRA DE LA ASAMBLEA DEL AÑO XIII
En lo político:
-Crea un nuevo Poder Ejecutivo, esta vez unipersonal, bajo la denominación de Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata, a quien acompañará un Consejo de Estado.
-Sanción de una amnistía general, excepto para Saavedra y Campana quienes seguirían desterrados.
-Sanciona la inviolabilidad de los diputados.
-Establece el 25 de Mayo como fecha patria, aprueba el Himno Nacional compuesto por Vicente López y Planes y Blas Parera, y crea el Escudo Nacional.

-En lo social:
-Establece la libertad de vientres, esto es, la libertad de todos los hijos de esclavos nacidos desde el 31 de enero de 1813.
-Abolición de la encomienda, mita y yanaconazgo.
-Abolición de los títulos de nobleza.
-Prohibición de castigos corporales en las escuelas.

-En lo económico:
-Ordena la acuñación de moneda en oro y plata (ver recuadro).
-Exención impositiva a la actividad minera.
-Autorización para la libre exportación de harinas y cereales.
-Apoyó las actividades comerciales, agropecuarias e industriales.

-En lo religioso:
-Establece la subordinación de las autoridades eclesiásticas a las civiles.
-A partir de entonces, la religión católica apostólica romana sería considerada como culto oficial del Estado.
-Abolición del Tribunal de la Inquisición.

-En lo militar:
-Instituye la pena de muerte para el delito de deserción.
-Crea el Instituto Médico Militar presidido por el prestigioso médico Cosme Argerich.
-Establece como grado máximo del ejército el de brigadier.

-En lo judicial:
-Abolición de los tormentos.
-Crea Cámaras de Apelaciones para reemplazar a las audiencias de Charcas y Buenos Aires, organismos provenientes de la administración de justicia española.

 

El Directorio de Gobierno Argentino Gervasio Posadas Primer Director

La Asamblea del año XIII creó un poder ejecutivo unipersonal, el Director Supremo de las Provincias Unidas. Sin embargo, en 1815, el Directorio no pudo con la suma de dificultades y colapsó, dejando como herederas a un conjunto de provincias autónomas.

HISTORIA ARGENTINA: 1814, CREACIÓN DEL DIRECTORIO GERVASIO POSADAS STRABFORD RODEAU El Directorio (1814-20): El primer Director Supremo fue don Gervasio Antonio de Posadas (imagen izq.) , tío de Alvear, el joven jefe militar que dirigía la Logia Lautaro y dominaba la Asamblea.

Posadas inició su gobierno el 22 de enero de 1814. Actuó con serenidad y eficacia. Durante su administración se creó la escuadrilla de Brown, con la que se logró dominar el Río de la Plata y preparar la rendición de Montevideo. Esta plaza fue tomada el 20 de junio de 1814 por un ejército comandado por Alvear. El 10 de agosto del mismo año se nombraba gobernador intendente de Cuyo al general San Martín.

Posadas, que había actuado con mesura desde el comienzo de su gobierno, se encontró en situación difícil a fines del año 1814. Había nombrado al general Rondeau (imagen derecha) jefe del ejército del Norte, después del relevo solicitado por San Martín.

Pero poco después que Rondeau asumió el mando se supo que Posadas había designado a Alvear para reemplazarlo. Entonces sus jefes y oficiales se sublevaron contra el Director negándose a aceptar el cambio; Rondeau continuó en el mando del ejército. Posadas resolvió entonces renunciar, y así lo hizo el 9 de enero de 1815.

HISTORIA ARGENTINA: 1814, CREACIÓN DEL DIRECTORIO GERVASIO POSADAS STRABFORD RODEAUEn la Asamblea dominaba Alvear, que fue designado para reemplazar a Posadas como Director Supremo. En verdad, todo estaba preparado para llevar al gobierno al reciente triunfador de Montevideo.

Alvear, el nuevo Director Supremo, joven e inexperto, tuvo que afrontar problemas muy difíciles. La situación militar se agravaba en el Norte, donde los realistas amenazaban con una nueva invasión desde el Alto Perú. En el interior del país, los gobernadores provinciales, disgustados porque no tenían participación directa en el gobierno se oponían al nuevo Director Supremo.

El descrédito de Alvear, por su errónea política exterior y su oposición a los caudillos gobernadores provinciales, determiné su rápida caída. El 2 de abril de 1815, es decir, menos de tres meses después de haber asumido el poder, se sublevó en la posta de Fontezuelas, situada cerca de Buenos Aires, el ejército que Alvear había enviado a Santa Fe para actuar contra los gobernadores del litoral, especialmente contra Artigas, virtual jefe de la Banda Oriental.

Dirigió la sublevación el comandante Ignacio Alvarez Thomas, quien regresó a Buenos Aires con las tropas para proteger la ciudad. En Buenos Aires el Cabildo asumió una vez más la representación popular y pidió la renuncia al Director Supremo. Alvear tuvo que salir del país. La Asamblea Constituyente, reunida desde 1813, se disolvió inmediatamente.

El Cabildo designó provisionalmente Director Supremo al general José Rondeau;HISTORIA ARGENTINA: 1814, CREACIÓN DEL DIRECTORIO GERVASIO POSADAS STRABFORD RODEAU pero como éste se hallaba al frente del ejército del Norte, actuó como Director Sustituto, Alvarez Thomas, el jefe de la sublevación de Fontezuelas.

En aquel momento los hombres más representativos del país pensaron realizar gestiones diplomáticas en el extranjero para resolver el problema de nuestra independencia. Sabíase que en España se estaba preparando un poderoso ejército para recuperar el Río de la Plata; entre nosotros no se confiaba en el éxito del ejército patriota y se esperaba, en cambio, que el apoyo de Portugal y Gran Bretaña decidiera al gobierno español a reconocer nuestros derechos a la soberanía.

Cuatro representantes del gobierno nacional actuaron en el extranjero: Manuel José García en Río de Janeiro, donde inició gestiones ante el ministro inglés lord Strangford (imagen derecha); Manuel Belgrano y Bernardino Rivadavia, en la corte española y en Londres, donde debían proceder de conformidad con Manuel de Sarratea, que ya se hallaba en la capital de Inglaterra preparando el terreno para las negociaciones.

Alvear (imagen abajo) dio a los representantes argentinos instrucciones secretas que insinuaban la posibilidad de someter el país al protectorado de Gran Bretaña, si fracasaban las gestiones para asegurar la independencia.

Estas provincias desean pertenecer a la Gran Bretaña, recibir sus leyes, obedecer a su gobierno y vivir bajo su influjo poderoso. Ellas se abandonan sin condición alguna a la generosidad y buena fe del, pueblo inglés.”)

HISTORIA ARGENTINA: 1814, CREACIÓN DEL DIRECTORIO GERVASIO POSADAS STRABFORD RODEAUCarlos María de Alvear, sobrino de Posadas, no tiene buena imagen en la historiografía argentina. Signado por un marcado autoritarismo, su estilo intrigante y su enfrentamiento con San Martín han dejado una imagen negativa de él, que posiblemente sea por demás exagerada. Bartolomé Mitre fue uno de los que iniciaron esta tradición.

En uno de sus escritos, Mitre señaló que “San Martín y Alvear, auxiliados por la habilidad de Monteagudo, fueron por mucho tiempo los árbitros de la Logia; pero esta buena inteligencia no podía ser de larga duración.

Los amigos se convirtieron muy luego en dos irreconciliables enemigos. Diversas causas produjeron este rompimiento. La petulancia juvenil de Alvear no podía sobrellevar con paciencia el ademán imperioso, la palabra incisiva y la voluntad de hierro de San Martín, convencido de su superioridad militar y que apenas notaba los pueriles celos de su competidor”.

Disuelta la Asamblea del año XIII, el Cabildo de Buenos Aires creó una Junta de Observación, que dictó el Estatuto Provisional de 1815, por cuyas disposiciones quedaba supeditada la autoridad del Director Sustituto a dicha Junta y al Cabildo. El Cabildo envió a las provincias una circular en la cual expresaba que Buenos Aires no se proponía establecer una dominación prepotente sobre ellas; que respetaba sus opiniones y estaba pronto para modificar lo hecho, si ello era conveniente, en cuanto la voz de los pueblos lo indicara. Por entonces la división no era entre morenistas y saavedristas; empezaba a surgir una división mucho más grave y profunda que desembocaría en unitarios y federales.

Los primeros, reclutados entre los sectores más ilustrados en la ideología revolucionaria liberal europea, eran partidarios de la concentración del poder, que según su visión facilitaría la unidad política del país; no reconocían las autonomías provinciales y consideraban que el gobierno debía ser ejercido por los estratos más aristocráticos.

Los segundos, con mayor arraigo en el interior (aunque Buenos Aires constituirá un Partido Federal muy fuerte, así como el interior generara destacados unitarios) eran defensores de la capacidad de cada provincia para autogobernarse, sin que ello implicara desconocer su pertenencia a una misma nación, pero reconociendo en un gobierno central (que en todo caso debía estar fuera de Buenos Aires) solamente a un representante, en especial en el desempeño de las Relaciones Exteriores.

La revolución contra Alvear fue preparada por los federales. Como consecuencia, Álvarez Thomas, Director Sustituto, cumplió las promesas del Cabildo. En abril de 1815 convocó a un Congreso Nacional Constituyente, para resolver la situación del país. Como la mayoría de las autoridades provinciales resistían la centralización del gobierno en Buenos Aires, se estableció que el Congreso se reuniría en San Miguel de Tucumán.
Ya vimos que a fines de 1815, durante el mandato de Álvarez Thomas como Director interino, el ejército del Norte, al mando de Rondeau, fue completamente destrozado en Sipe Sipe. Como principal consecuencia de este desastre, todo el Alto Perú quedó definitivamente aislado de las Provincias Unidas del Río de la Plata.

La gestión de Álvarez Thomas no fue muy afortunada en otros aspectos; por ejemplo, persiguió con intolerancia a sus adversarios políticos. Se vio obligado a renunciar el 16 de abril de 1816. Lo sustituyó por breve tiempo en el Directorio el general Antonio González Balcarce, también interinamente, hasta el 3 de mayo de 1816.

Segundo Triunvirato Logia Lautaro Revolucion 1812 San Martin Obras

REVOLUCIÓN DEL 8 DE OCTUBRE DE 1812: CAUSAS DEL SEGUNDO TRIUNVIRATO

A mediados de 1812 el desprestigio del Triunvirato era público. La activa oposición —encabezada por la Logia Lautaro y la Sociedad Patriótica— censuraba el marcado centralismo del gobierno y lo acusaba de querer perpetuarse en el mando al demorar la convocatoria de un congreso general.

A las dificultades de orden político se sumaba la grave situación del ejército del Norte asediado por el enemigo. Gran descontento produjo la orden enviada desde Buenos Aires al general Belgrano, para que se retirara con sus tropas sin librar combate.

Presionado por sus adversarios, el Triunvirato debió convocar a los cabildos del interior —3 de junio— para que enviaran representantes ante una nueva Asamblea, que reemplazaría a la disuelta en los primeros días de abril.

Los diputados provinciales debían concurrir a Buenos Aires para “fijar el tiempo y lugar de la reunión del Congreso”, que significaba —en otras palabras— integrar una Asamblea electora para sancionar una ley con el fin de reunir, más tarde, una Asamblea constituyente. De tal manera se pretendía reemplazar a la última —que todos  anhelaban—  por una  simple  asamblea de  carácter electoral.

El Triunvirato dispuso que el Cabildo de Buenos Aires debía elegir los diputados por la capital y, también, examinar los poderes de los representantes del interior; en este último caso, el ayuntamiento estaba facultado para rechazar a cualquiera de eílos y nombrar el suplente.

Mendoza eligió diputado a Monteagudo —residente en Buenos Aires y candidato de la Logia— pero su designación no fue aceptada por el gobjemo, quien lo comunicó al Cabildo para que éste nombrara un reemplazante;1 también fueron rechazados los representantes de Salta y Jujuy.

General Jose de San Martin

Los esfuerzos puestos por San Martín en crear una formidable unidad de combate no encontraban respuesta en la acción política del Triunvirato. Dentro del gobierno surgían disputas entre el secretario Rivadavia y otras figuras destacadas, como Pueyrredón o Juan José Paso. La orientación impuesta por Rivadavia parecía inclinada a acordar con el Consejo de Regencia español y quitar a Buenos Aires de la lucha emancipadora americana. La labor de la Logia Lautaro encontró un clima propicio para difundir sus ideas, en medio del creciente descontento de muchos porteños. Cuando a fines de setiembre de 1812 llegó a Buenos Aires la noticia de la victoria alcanzada por Belgrano en Tucumán, en abierta desobediencia a las órdenes recibidas, el clima opositor llegó a un punto culminante.

EL SEGUNDO TRIUNVIRATO: La Sociedad Patriótica y la Logia Lautaro organizaron una revolución militar que estalló el 8 de octubre de 1812. El 6 de abril del año anterior los saavedristas habían expulsado del gobierno, por la violencia, a los morenistas; ahora los revolucionarios destituían al Triunvirato para poder concretar sus objetivos de independencia.

En la mañana de ese día se reunieron en la Plaza de Mayo algunos regimientos, entre ellos el de los Granaderos a Caballo, bajo las órdenes de San Martín y Alvear, y los batallones de cívicos mandados por Ortiz de Ocampo. El pueblo, movilizado por la Sociedad Patriótica, llenaba también la plaza, exigiendo inmediatamente un Cabildo Abierto y haciendo oír sus gritos hostiles al gobierno.

Reunidos en el Cabildo los representantes del pueblo de Buenos Aires aceptaron íntegramente todo el petitorio de la revolución, que quedó triunfante. Resolvieron destituir a los miembros del Poder Ejecutivo y designar nuevos triunviros.

Así se constituyó el Segundo Triunvirato (8 de octubre de 1812 al 22 de enero de 1814) integrado por Juan José Paso, Nicolás Rodríguez Peña y Antonio Alvarez Jonte. Detrás del nuevo gobierno actuaban la “Logia Lautaro” y su organismo visible, la “Sociedad Patriótica”.

Juan José Paso Antonio Alvarez Jonte Nicolás Rodríguez Peña
Juan José Paso Antonio Alvarez Jonte Nicolás Rodríguez Peña

El Segundo Triunvirato encaró con energía la campaña contra los realistas en el Norte y en la Banda Oriental. Apoyó a Belgrano, que había triunfado en setiembre de 1812 en Tucumán, para que continuara su ofensiva; esto dio por resultado el triunfo de Salta, ocurrido el 20 de febrero de 1813.

El Primer Triunvirato había celebrado un armisticio con Elío, jefe militar de Montevideo. A fines de 1812, el Segundo Triunvirato resolvió reanudar el ataque contra ese baluarte realista, enviando la segunda expedición a la Banda Oriental, al mando de don Manuel de Sarratea; su segundo jefe era el coronel Rondeau, que obtuvo la victoria de Cerrito el 31 de diciembre de 1812.

Transcurrido más de un mes, el 3 de febrero de 1813, San Martín triunfaba en San Lorenzo. Estos éxitos dieron inmediato prestigio al nuevo gobierno.

El Segundo Triunvirato cumplió lealmente el programa de la revolución del 8 de octubre y condujo con acierto los destinos de las Provincias Unidas.

Se había obligado a convocar e instalar en el término de tres meses el Congreso General de diputados de todas las provincias, proyectado el 25 de mayo de 1810. Apenas constituido dio un decreto, con fecha 24 de octubre de 1812, por el que convocaba al pueblo a elecciones de diputados para integrar el Congreso General.

Este debía decidir el destino y la organización de las Provincias Unidas del Río de la Plata, nombre que llevaba en ese momento nuestro país.

En la primera década revolucionaria, el gobierno central contribuyó a fomentar las autonomías al crear nuevas provincias. En 1813, un decreto del Segundo Triunvirato separó Cuyo (Mendoza, San Juan y San Luis) de la Intendencia de Córdoba.

En 1814, el director Posadas creó las provincias de Entre Ríos y Corrientes, separándolas de la Intendencia de Buenos Aires, y las de Salta y Tucumán, al dividir la Intendencia de Salta del Tucumán. Posteriormente, se formaron otras provincias por decisión propia: Santa Fe, en 1818 (separada de Buenos Aires); Santiago del Estero, en 1820, y Catamarca, en 1821 (ambas separadas de Tucumán); La Rioja, en 1820 (separada de Córdoba), y Jujuy, en 1834 (separada de Salta).

Entre 1819 y 1821 se formaron algunos agrupamientos regionales (semejantes a la Liga de los Pueblos Libres, organizada entre 1815 y 1820) que se disolvieron al poco tiempo: por ejemplo, la República del Tucumán -que, bajo la presidencia de Bernabé Aráoz, entre 1819 y 1821 reunió las provincias de Tucumán, Santiago del Estero y Catamarca- y la República de Entre Ríos -que, bajo la dirección de Ramírez, entre 1820 y 1821 agrupó a Entre Ríos, Corrientes y Misiones-.

Otras provincias establecieron entre sí pactos de comercio y unión, como las provincias de Cuyo, después de su disgregación en 1820, o las del Litoral y Buenos Aires, después de la crisis que siguió a la firma del Tratado del Pilar.

Primer Triunvirato Creación Integrantes Obras Segundo Triunvirato

CAUSAS DE LA CREACIÓN DEL PRIMER TRIUNVIRATO

ANTECEDENTES: A fines de junio la delicada situación de la Junta Grande se tornó más crítica. Comenzaron a circular en Buenos Aires noticias alarmantes, según las cuales el ejército destacado en el Alto Perú se había sublevado como protesta por la entrega de estos territorios a la dominación de la Princesa Carlota.

La tensión se agravó el 20 de julio cuando se conoció en la capital la noticia del desastre de Huaqui, que dejaba todo el Norte en poder de los enemigos. Debido al contraste la Junta Grande se vio forzada a levantar el sitio de Montevideo y, como réplica, naves realistas a las órdenes de Juan Ángel Michelena bloqueaban y cañoneaban el puerto de Buenos Aires. Fue necesario pactar con el enemigo y se envió a Montevideo una comisión integrada por Gregorio Funes, Julián Pérez y José Paso.

La Junta Grande dispuso a fines de agosto que Cornelio Saavedra se trasladara al Norte del territorio para reorganizar el ejército recientemente derrotado. Trascendió en la capital que el alejamiento del presidente obedecía al propósito de eludir la delicada situación.

Aunque disuelta la Sociedad Patriótica, los opositores porteños no cesaban en su actividad y hacían responsable al gobierno de todos los fracasos. Argumentaban que la mayoría provinciana integrante de la Junta carecía de prestigio y eficacia por su excesivo número; además, se decía que estaban bajo la influencia de elementos “carlotistas”.

La oposición porteña sostenía la necesidad de elegir cuanto antes los dos diputados por Buenos Aires, para que el Congreso pudiera convocarse a la brevedad. La Junta accedió al requerimiento, pero dispuso una serie de reformas al sistema de elección, lo que motivó su rechazo por el Cabildo, que desde esos momentos apoyaba a la facción morenista “como defensor de los derechos de la capital”.

Debido a la agitación pública y ante exigencias del Cabildo, el 16 de setiembre fue separado de su cargo el secretario de la Junta Grande, doctor Joaquín Campana; éste debió partir a corto plazo rumbo a San Antonio de Areco.
El curso de los acontecimientos determinó que la Junta convocara el 19 de setiembre un Cabildo abierto para elegir los dos diputados por Buenos Aires y “un apoderado del pueblo”.

Practicado el escrutinio resultaron electos diputados Chiclana y Paso, y representante del pueblo Sarratea.

Primer Triunvirato (23 de setiembre de 1811 al 12 de octubre de 1812): El 23 de setiembre de 1811 quedó constituido el nuevo gobierno creado por la Junta Grande. Tres triunviros y tres secretarios formaban el Poder Ejecutivo. Los miembros de la Junta Grande constituyeron el Poder Legislativo de la nueva administración, con el título de Junta Conservadora, en representación directa del pueblo. Este cuerpo dictaría las leyes que el Triunvirato debía aplicar. El poder judicial quedaba integrado por varios tribunales.

El Primer Triunvirato (23 de setiembre de 1811 al 12 de octubre de 1812), estaba integrado por Feliciano Chiclana, Manuel de Sarratea y Juan José Paso. Bernardino Rivadavia, Vicente López y Planes y José Julián Pérez fueron los tres secretarios.

Juan José Paso Feliciano Chiclana Manuel de Sarratea
Juan José Paso Feliciano Chiclana Manuel de Sarratea

Rivadavia fue el alma del nuevo gobierno e imprimió a la acción del Primer Triunvirato el sello de su fuerte personalidad. Contribuyeron a vulnerar su obra las circunstancias adversas de la lucha por la liberación del país y las pasiones políticas desatadas.

El Primer Triunvirato inicial-mente actuó con energía contra la reacción española en Buenos Aires. Sofocó una contrarrevolución realista inspirada y dirigida por Martín de Alzaga, que debía estallar a fines de junio de 1812. con el apoyo de los portugueses.

Descubierta la conspiración, Alzaga y los demás conjurados fueron condenados a muerte en juicios sumarios. Alzaga fue fusilado el 5 de julio en la prisión y después colgado en la Plaza Mayor. Beruti relata en sus Memorias que cuando murió, el público vitoreó a la Patria y las bandas militares ejecutaron la Canción Patriótica.

Igualmente violentas fueron algunas medidas de orden interno. Al poco tiempo de asumir el poder, los triunviros destituyeron a Saavedra del cargo que se le habla confiado en el ejército del Norte; después fue procesado y desterrado. Así terminó la carrera política del presidente de las Juntas revolucionarias; Saavedra concluyó siendo la víctima principal del golpe del 6 de abril de 1811, efectuado sin su intervención.

El 22 de octubre de 1811 la Junta Conservadora aprobó el Reglamento Provisorio, redactado por el deán Funes, por el cual el Triunvirato quedaba completamente sometido a la Junta. Por instigación de Rivadavia, los triunviros fueron sorprendidos por esta resolución que los despojaba de sus principales atribuciones, sometieron entonces el Reglamento a la consideración del Cabildo, cuerpo que por su carácter local no tenía autoridad para oponerse a la resolución de la Junta Conservadora.

El Cabildo, no obstante, aconsejó el rechazo del Reglamento, y el Triunvirato así lo hizo inmediatamente. Como la Junta Conservadora desconoció tal actitud y publicó el Reglamento, el Triunvirato la disolvió el 7 de noviembre de 1811.

Poco tiempo después, en el mes de diciembre, se produjo en el Regimiento de Patricios un motín llamado El motín de las trenzas y la opinión pública acusó a los miembros de la disuelta Junta Conservadora de haberlo provocado. El Triunvirato tomó entonces una decisión radical ordenando a los diputados provinciales el inmediato retorno a sus localidades. Este hecho tuvo honda repercusión posterior e inició el dramático conflicto entre Buenos Aires y las provincias, que debía durar más de medio siglo.

Es necesario considerar que el Primer Triunvirato, como los gobiernos anteriores, tendría carácter provisional. El país no era aún independiente; y aunque todos los patriotas luchaban con el firme propósito de separarse de España se continuaba usando en los documentos oficiales el nombre de Fernando VII, el monarca español. Sin embargo el Triunvirato tomó una decisión que revelaba cierta tendencia separatista, estableciendo que los soldados debían usar la escarapela celeste y blanca como distintivo, aunque no aprobó la bandera.

Como hemos podido apreciar al estudiar las campañas militares de la Revolución, el Primer Triunvirato no tuvo éxito en la defensa militar de la causa revolucionaria. Rechazado nuestro ejército en el Alto Perú y fracasada la primera campaña contra Montevideo, centro realista, el país se vio seriamente amenazado por las tropas de España. Además, en tan adversas circunstancias, el Primer Triunvirato adoptó medidas inoportunas; celebró un armisticio con el gobernador de Montevideo y ordenó a Belgrano retroceder con el ejército del Norte hasta Córdoba, orden que Belgrano no acató. Integraban el Primer Triunvirato hombres cuya posición política era intermedia entre los saavedristas y los morenistas más definidos. Estos últimos no formaban parte del gobierno; carentes de un jefe desde la muerte en alta mar de Mariano Moreno, se habían agrupado. en una nueva Sociedad Patriótica.

Nuevamente también era el café de Marco la sede de las reuniones que, por cierto, eran públicas. Dirigía a sus antiguos miembros, casi todos jóvenes y entusiastas defensores de la independencia, don Bernardo de Monteagudo, conocido revolucionario que había actuado en el movimiento de Chuquisaca, en 1809. Monteagudo era un orador brillante y de un espíritu inquieto y batallador. En los primeros meses de 1812 llegaron procedentes de Europa varios distinguidos oficiales criollos que habían iniciado su carrera militar en el ejército español, combatiendo en la Península contra los ejércitos franceses de Napoleón.

Lograron pasar secretamente a Inglaterra, desde donde vinieron a Buenos Aires para ofrecer sus servicios a las armas patriotas; los principales era San Martín y Alvear. Estos oficiales compartían con los morenistas el anhelo de proceder con energía, organizando el país como Estado soberano, sin vínculos con España; poco después de su llegada estos militares organizaron una sociedad secreta, llamada Logia Lautaro, cuyo objeto era lograr que los países sudamericanos se emanciparan de España.

La Conspiracion de Alzaga Traiciones en la Historia Argentina Motín

La Conspiracion de Alzaga Traiciones en la Historia ArgentinaCONJURACIÓN DE ALZAGA: Los portugueses con el pretexto de auxiliar a los españoles de Montevideo y de salvar sus haciendas fronterizas contra la acción del caudillo oriental José G. Artigas. pero con el real propósito de adueñarse de la Banda Oriental, introdujeron en esta región un ejército de 5 000 hombres al mando de Diego de Souza.

Este jefe, de común acuerdo con Gaspar Vigodet gobernador realista de la plaza de Montevideo, y con el beneplácito del ministro portugués Linhares había prometido su ayuda a Martín de Álzaga quien desde tiempo atrás venía preparando un levantamiento armado de los españoles residentes en Buenos Aires. Éstos se habían visto desplazados por la Revolución y bajo su aparente resignación buscaban el momento oportuno para reconquistar lo perdido.

En el sector conjurado se hallaban fray José de las Ánimas, de la orden franciscana de los betlemitas, el ingeniero Felipe Sentenach, Matías Cámara, Francisco Tellechea y otros más.

La conspiración fue pospuesta en distintas oportunidades; finalmente se fijó como fecha del golpe el 5 de julio. aniversario de la Defensa (de 1807).
Mientras tanto, lord Strangford, representante inglés en Río de Janeiro, había exigido a Portugal el retiro de las tropas de la Banda Oriental. El príncipe regente destacó entonces al teniente coronel Juan Rademaker, corno embajador ante Buenos Aires.

Se firmó así el armisticio, que establecía en una de sus cláusulas, la evacuación del ejército portugués Souza. al parecer informado de los acontecimientos que se preparaban en Buenos Aires, no acató esa disposición e insinuó a sus superiores la necesidad de aguardar un cambio favorable a los españoles  hecho que creía inminente.

Parece ser que Rademaker, que quedaba en una posición desairada ante la actitud de Souza. confi45 a Pueyrredón la posibilidad de un alzamiento. Otras denuncias alertaron a las autoridades porteñas.

El peligro era grave: la intentona tenia amplias ramificaciones y el Triunvirato no disponía de muchas tropas en la capital. Ante ello, la propia oposición al gobierno se nucleó en torno al mismo para superar la situación. Los tribunales, organizados e integrados por Chiclana, Agrelo, Monteagudo, Vieytes y Miguel de Irigoyen, impartieron una justicia sumaria e implacable. Apresados los cabecillas del movimiento, varios de ellos fueron fusilados; Álzaga y Tellechea se contaron entre éstos. La salvación de la Revolución había exigido tan drásticas medidas.

La ejecución de Alzaga
Luego de encabezar un complot frustrado, don Martín de Alzaga, héroe de la Defensa de Buenos Aires en 1807, fue fusilado el 6 de julio de 1812. Son disímiles y vanadas las interpretaciones sobre este complot. Domingo Matheu dijo: “(…) en obsequio de la historia debo decir que a nadie se le tomó con las armas en la mano (…)”.

Por lo menos, durante el proceso que se le siguió a Alzaga y al resto de los treinta y un completados y ajusticiados, no se reunieron las pruebas suficientes para decir que ellos intervenían en los planes realistas de recuperar el control de la situación en Buenos Aires. Pero, pese a todo, dentro de las circunstancias de aguda crisis política, financiera, social y militar, por la que atravesaba el Triunvirato, se utilizó este complot para demostrar que todo tipo de conspiración iba a ser aplastado.

Juan Manuel Beruti, testigo presencial de la ejecución nos dice sobre la misma: “(…) salió al suplicio de la cárcel pública con su propia ropa, sin grillos y sin sombrero, advirtiéndosele mucha serenidad, que no parecía iba a morir (…) Fue su muerte tan aplaudida que, cuando murió, se gritó por el público espectador ¡Viva la Patria!, repetidas veces, y ¡muera el tirano! (…) Fue tal el odio que con este hecho le tonto el pueblo al referido Alzaga, que aun en la horca lo apedrearon y le proferían insultos (…) No ha recibido hombre ninguno de esta capital, después de Liniers, mayor honor por sus hechos que éste yero tampoco se le ha quitado, en los 300 años de su fundación, la vida a otro alguno, con mayor de su calidad que a él (…)”

PARA SABER MAS…
A Los doce años llegó a Buenos Aires para iniciarse como comerciante, posibilidad que le brindó, generosamente, don Gaspar de Santa Coloma. Martín de Alzaga, tan vasco como todos sus antepasados, había nacido en el valle de Aramayona en 1755. A los 24 años, se independizó con 24.000 pesos que su dedicación le habían permitido acumular. De pronto, se había convertido en uno de los comerciantes de mayor fortuna del micromundo rioplatense. Pero los negocios no le impidieron dedicarse, también, a la política. Fue durante largo tiempo alcalde de 1° voto del Cabildo.

En ese puesto cobró protagonismo en ocasión de las invasiones inglesas, en cuyo transcurso Alzaga proyectó, junto con un grupo de criollos, catalanes y vascos, concretar la independencia del Virreinato. Precisamente, convenció a Francisco Javier de Elío, gobernador de Montevideo, para que organizara una junta en dicha ciudad. Era la oposición a Liniers, que en enero de 1809 produjo, finalmente, el alzamiento contra la autoridad del virrey. Fracasada la conspiración, Alzaga y varios de sus compañeros fueron procesados y enviados a Carmen de Patagones.

Lograron huir, sin embargo, ayudados por Elío que envió una fragata desde Montevideo. Vuelto a Buenos Aires, cayó preso nuevamente, circunstancia que lo mantuvo ausente de los episodios de mayo de 1810. La fortuna que siempre lo acompañó en los negocios casi nunca estuvo de su lado en la política. En tiempos del triunvirato, volvió a prisión por orden de Rivadavia y, por fin, acabó sus días colgado en la Plaza de Mayo, pocos antes de la “revolución del 8 de octubre de 1812”.

De entre su correspondencia de 1806, una carta de! 26 de septiembre, a su primo don Clemente de Zavaleta, residente en Tucumán, muestra tiempos más felices para don Martín de Alzaga, cuando le sonreía la política mientras algún pícaro intentaba enredarle los negocios, a los que como se verá no les perdía pisada:

“Contestando a su favorecida del 9 de corriente, digo: Que la reconquista de esta célebre capital, acaecida el 12 del pasado agosto, es un portento tan maravilloso que sólo puede atribuirse a la Alta Providencia del Dios de los Ejércitos que dirigió nuestras huestes al punto de que causaran la admiración de las Naciones, y aún harán menos asombrosas las hazañas de Bonaparte.

Ahora sólo resta conservar el epíteto que los mismos enemigos nos han dado de terribles combatientes; y para esto se está tratando el reglamento de Milicias Uniformadas, separando por naciones, para que así se excite la emulación. (…) No es preciso más para deducir el entusiasmo de estos habitantes, dispuestos a rechazar millares de enemigos que tengan la tenacidad de quererles invadir de nuevo sus hogares.

(…) Enterado de que e! carretero don Marcos Ibiri, contratante de conducirme a esta 534 tercios, pidió a Ud. y le satisfizo 600 pesos suponiendo que se le restaban por razón de fletes, lo que no hay tal cosa, pues como verá Ud. del adjunto papel (…), en Jujuy (…), recibió íntegramente de don Félix Echevarría el flete de los expresados 534 tercios (…); es necesario trate Ud. de cobrarle allí (…).

Los últimos quesos de Ud. llegaron días pasados y se vendieron a tres pesos, cuyo importe aún no está cobrado; pero de éste como lo que está pendiente de Lausas y de Toro, creo darle noticia en el siguiente correo de hallarse todo en mi poder.

Y no ofreciéndome otra cosa mande con confianza a éste su afectísimo.

Fuente Consultada:
Historia Argentina Tomo I Desde La Prehistoria Hasta 1829  Nota de María Cristina San Román

La Sociedad Patriotica Club Marco Monteagudo Espiritu Independencia

Simultáneamente con la fundación de la Logia Lautaro volvió a actuar la Sociedad Patriótica a mediados de 1812. Lo mismo que la Logia, tenía por lema Independencia y Constitución. Su presidente, Bernardo de Monteagudo (1789-1825), dirigió sucesivamente los periódicos El Grito del Sur y Mártir o Libre, órgano de difusión de sus ideas. Entre la Sociedad Patriótica y la Logia Lautaro había comunidad de ideales en muchos puntos. Tan es así que algunos miembros de la primera, como Monteagudo integraban también la segunda. La acción de ambas agrupaciones coincido en su lucha contra el triunvirato.

La Sociedad Patriotica Club Marco Monteagudo Espiritu IndependenciaSOCIEDADES SECRETAS Y LOGIAS. Las ideas liberales del siglo XVIII llegaron a las colonias a través del contrabando de libros e ideas, actuando las logias y entidades secretas como importantes agentes trasmisores de estas corrientes ideológicas. La Gran Reunión Americana, creada por Francisco Miranda, fue entidad madre de otras tantas similares en Europa y América, precursoras del movimiento revolucionario.

En el Plata, la existencia de logias data de principios del siglo XIX, intensificándose su establecimiento con la llegada de los ingleses en 1806 (logias de Hijos de Hiram y Estrella del Sur).Después de la revolución de mayo fue notoria la actividad desempeñada por el Club de Marco, estrechamente relacionado con la Logia Masónica de Julián Álvarez, promotores ambos de la formación de la Primera Sociedad Patriótica.

EL CLUB O SOCIEDAD PATRIÓTICA:  La Sociedad Patriótica tenía su origen en el Club de Marco, constituido el primer domingo de marzo de 1811 en el café propiedad de Pedro José Marco, en la actual esquina de Alsina y Bolívar. La  Sociedad Patriótica fue una entidad política y de oposición al gobierno, se creo en marzo de 1810, siendo su lugar de reunión el café de Marco, el mejor de aquella época (un dato curioso , desde 1804 contaba con billares. Estaba ubicado en la esquina actual de Alsina y Bolívar y fue disuelta como consecuencia del movimiento del 5 y 6 de abril.

En el año 1811 arribó a Buenos Aires Bernardo de Monteagudo y reconstruyó esta Sociedad Patriótica. Esta institución adquirió carácter semioficial al contar con el apoyo de personas del gobierno (Paso, Chiclana). Se instaló entonces en el edificio del Consulado de Buenos Aires.

Monteagudo, muy bien recibido por el círculo liberal de Buenos Aires, encontró en la Gazeta de los viernes, el elemento eficaz para expandir su prédica revolucionaria, cambiando la fisonomía de esta publicación. La posición conservadora tradicional, en cambio, fue sostenida por Pazos Silva en sus artículos de los martes. Este antagonismo provocó la supresión de la Gazeta y la aparición de la Gazeta Ministerial.

Monteagudo volcó su doctrina en nuevas páginas periodísticas: Mártir o Libre y El Grito del Sud, exaltando la necesidad urgente de la emancipación. Pazos Silva continuó oponiéndose a esta prédica desde El Censor.

ACCIONAR: La Junta Grande fue combatida por los jóvenes porteños partidarios de los ideales que sustentara Mariano Moreno, a quienes sé temía y vigilaba. Defendían la Revolución y sus principios democráticos. Creían que era necesario agitar el ambiente por medio de un organismo que propagara las ideas del secretario de la Primera Junta y donde pudieran debatirse las cuestiones del momento.

Sus miembros criticaban el desconcierto que notaban en la Junta Grande. Señalaban la tardanza de ésta en la resolución de las cuestiones fundamentales, esto es, la salida política que se pensaba dar al país. La indecisión política de los integrantes del gobierno y su elevado número contribuían a crear esta situación.

La Sociedad Patriótica, en verdad actuaba como manifestación externa de la Logia Lautaro; ésta dirigía la conspiración y tenía el contralor de las Fuerzas Armadas. Finalmente el 8 de octubre de 1812 se produjo la revolución que derrocó al Primer Triunvirato. La activa oposición al gobierno, encabezada por la Logia Lautaro y la Sociedad Patriótica, censuraba el marcado centralismo del gobierno derrocado y la demora en convocar a un congreso general.

Estas declaraciones eran publicadas en la Gazeta por el doctor Agrelo, de orientación morenista. Desde la Sociedad Patriótica, Julián Álvarez, Agustín Donado, Francisco Planes, Salvador Cornet, Hipólito Vieytes, Nicolás Rodríguez Peña, Ignacio Núñez, convertirán el nombre de Moreno en un símbolo.

Parece ser que fue durante estos acontecimientos, cuando comenzó a utilizarse —por parte de los grupos  morenistas— la cinta celeste y blanca como distintivo político.

FINES DE LA SOCIEDAD PATRIÓTICA
DOCUMENTO

Este va a ser el seminario de la ilustración, el plantel de las costumbres, la escuela del espíritu público, la academia del patriotismo y el órgano de comunicación a todas las clases del pueblo.

Las tinieblas de la ignorancia se disiparán insensiblemente, se formarán ideas exactas de los derechos del pueblo, de las prerrogativas del hombre y de las preeminencias del ciudadano; las virtudes públicas preservarán el corazón del pueblo de toda corrupción y no darán lugar al abuso de su restaurada Libertad; todos estos efectos deben esperarse del ardoroso empeño con que la sociedad va a consagrar sus desvelos y tareas a ilustrar la opinión pública y depurarla de los errores y vicios que inspira la esclavitud.

Ciudadanos: agotad vuestra energía y entusiasmo hasta ver la dulce Patria coronada de laureles y a los habitantes de América en pleno goce de su augusta y suspirada independencia.

Oración inaugural pronunciada por Bernardo
de Monteagudo en la apertura de la Sociedad
Patriótica el 13 de enero de 1812.