La Ilustración en Francia

El Imperio de los Cien Días de Napoleón ¿Porqué Regresó?

Las naciones europeas antibonapartistas — Inglaterra, Austria, Prusia, Rusia, Suecia y otras — hicieron una serie de alianzas durante los años del dominio napoleónico. Aunque los líderes de esos países solían desconfiar unos de otros, recelaban más de Napoleón. Tras el desastre de la invasión a Rusia, Napoleón era vulnerable. Sus enemigos invadieron Francia en 1814.

Los ejércitos comandados por Alejandro I de Rusia depusieron al autoproclamado emperador francés aquel año. Napoleón fue desterrado a la isla de Elba, situada en el Mediterráneo, pero Bonaparte no estaba acabado: escapó de la isla, tomó el poder en París y combatió a los aliados de nuevo.

Napoleón Bonaparte

Napoleón Bonaparte (1769-1822)

EL FRACASO DE SU ÚLTIMA CAMPAÑA: Bonaparte atraviesa Europa y llega a las puertas de Moscú sin encontrar resistencia, excepto en Borodino. Después de un duro combate, penetra en la capital tradicional, la Ciudad Santa de Rusia. Mas no hay nadie allí para sufrir la ocupación. Moscú está en llamas, y el zar no se rinde.

En ese momento entra en escena el peor enemigo de Napoleón: el “General Invierno”. Sin víveres ni ropas para enfrentar el riguroso frío de Rusia, los franceses tienen que batirse en retirada. Una famosa marcha de 1.500 kilómetros por planicies heladas los espera, y 400.000 hombres van a perecer en el trayecto, fin del “Gran Ejército”.
Napoleón siente que tamaña derrota coloca en peligro su prestigio y, consecuentemente,   su   corona.

Noticias inquietantes ya están llegando de París: reina allí una atmósfera de conspiración contra el emperador, y hasta se ha anunciado su supuesta muerte. Deja entonces a sus tropas y se dirige de prisa hacia la capital.

En una tentativa de recuperar posiciones, Napoleón reorganiza el ejército y lanza una nueva campaña en territorio germánico. En Lützen y Bautzen consigue todavía vencer a sus adversarios. Pero, en la batalla de Leipzig, es nuevamente obligado a retirarse ante el ataque fulminante de la caballería rusa y prusiana.

En diciembre de 1813, los ejércitos coligados penetran en territorio francés. En marzo de 1814, el Zar Alejandro y el Rey de Prusia desfilan en París al frente de sus tropas. Refugiado en Fontainebleau, Napoleón abdica. Los vencedores le conceden un minúsculo territorio: la isla de Elba.

Dormitorio de Napoleón en la Isla de Elba

EL IMPERIO DE LOS CIEN DÍAS:

Bajo la protección de los aliados, Luis XVIII recibe el trono de Francia. El país no permanecería ocupado por mucho tiempo. Se trataba simplemente de borrar los vestigios de la Revolución Francesa. Una atmósfera de guerra civil envuelve a todo el país.

Al volver a Francia, la nobleza exiliada reclama la restitución de sus privilegios. Era una verdadera provocación: en las ciudades y en los campos, la población vela por los derechos mínimos conquistados en  1789. Sólo un hombre aparece todavía como una esperanza: Bonaparte. Desde el retiro de Elba, él sigue los acontecimientos, consciente de la transformación de la opinión pública.

Estando en Elba, construyó carreteras, un hospició y un teatro. Hizo roturar tierras para cultivos. Tal vez se hubiera resignado por completo si su mujer y su hijo hubieran estado con él. Pero sólo apareció María Waleswka con el hijo de ambos, Napleón, contrariado, rechazó este ofrecimiento de cariño.

¿Por qué motivo, a principios de 1815, había ya decide volver a Francia? Sólo tenía 45 años y aún se sentía capaz de desafiar a Europa. Además, tenía muchas razones para estar descontento, entre ellas la permanencia de su mujer en Viena y impago de la renta que le habían prometido. Pero sobre todo, tenía causas fundadas para temer por su vida.

Talleyrand decía con frecuencia: «Hay que deshacerse del hombre de la isla de Elba.» Su hermano José, desde Suiza, alertaba a Napoleón  frente a los posibles asesinos. Las noticias que Napoleón recibía de Francia confirmaban la impopularidad de los Borbones. Su retorno impuesto por las potencias extranjeras había herido  el orgullo de la nación.

Los oficiales y soldados que habían combatido con la Grande Armée y que ahora sólo recibían la mitad de sus sueldos para poder subvencionar a los emigres, se sentían furiosos por la claudicación. Bebían «a la salud du petit tondu» (Napoleón). E1 15 de Agosto de 1814 celebraron el cumpleaños del emperador. «Le petit caporal vendrá y nos librará de estos lilas», decía el pueblo llano. Algunos visitantes procedentes de Francia hicieron saber al emperador que los republicanos y bonapartistas conspiraban contra Luis XVIII y que, si Napoleón no se apresuraba, el duque de Orleans le tomaría la delantera.

Esta posibilidad aceleró su decisión. Napoleón preparó su marcha con toda la minuciosidad de un jefe de Estado. En la isla se publicó un manifiesto rotundo. «El águila con los colores nacionales volará de campanario en campanario hasta las torres de Notredame.» Su retorno fue espectacular. El emperador sólo contaba con un millar de hombres y no disponía de recursos bélicos. Sus auténticas armas eran el recuerdo de quince años de gloria, el amor del pueblo y el afecto de sus soldados.

El 1 de marzo de 1815 desembarcó en el golfo Juan (cerca de Cannés). Su plan consistía  en seguir la carretera de los Alpes hasta Grenoble, ciudad en la que tenía muchos partidarios, evitando a los monárquicos de Provenza, de los cuales guardaba muy mal recuerdo. Al toparse con unos soldados que tenían orden de detenerle, descubrió su pecho di-¡i riéndoles: «Si entre vosotros hay alguien que quiera matar a su emperador, aquí estoy…» Nadie disparó.

Grenoble le abrió sus puertas; Lyon hizo ló mismo. Regimientos enteros se unían al emperador hasta formar un pequeño ejército. Ya disponía de bastantes hombres para tomar París; pero ¿se defendería París?. Luis XVIII rechazó el consejo de Chateaubriand de esperar al usurpador «sentado en el trono, con el título real en la mano». «No estoy de humor para eso», decía el viejo rey gotoso.

Ney juró que iría a buscar a Napoleón y lo traería en una jaula de hierro. Pero una carta y dos palabras fueron suficientes para hacerle desistir. El 20 de marzo el emperador durmió en las Tullerías. Se había adueñado de París «sin disparar un solo tiro.» El rey y sus ministros habían huido.

El genio había triunfado, ¿pero qué se podía hacer con este triunfo? Era indudable que los monarcas aliados, reunidos en Viena, denunciarían a Napoleón como usurpador e invadirían Francia. ¿Podría Napoleón hacerles frente? Empeñado en ganarse a todo el mundo, Napoleón se mostraba indulgente y liberal. «No guardo rencor a nadie.»

Le encomienda la redacción de un capítulo adicional a las leyes constitucionales del Imperio en el que se establezca la convocatoria de elecciones libres, la responsabilidad de los ministros ante las Cámaras y la libertad de prensa.

Estas concesiones disminuían su prestigio ante los jefes militares, que preferían la estricta restauración del Imperio. Eran los mismos hombres. No tenía elección. Debía utilizar a los mariscales, que le habían traicionado, poner al frente de la policía a Fouché, que había dicho: «Napoleón es para Francia lo que el Vesubio par, Napóles», y llamar a Carnot para tranquilizar a los viejos repúblicanos. Entre todos no constituían un equipo muy fuerte.

Los antiguos dignatarios, desacreditados por su incesante cambio de lealtades carecían de convicciones y de autoridad. La nueva constitución fue  aprobada en plebiscito, pero hubo muchas abstenciones. Napoeón quiso que su jura de la constitución fuera una ceremonia similar la de los campos de mayo de Carlomagno. Él y sus hermanos se presentaron vestidos a la usanza romana. El pueblo de París sonrió.

Lo verdaderamente necesario hubiera sido la declaración de estado de emergencia, una llamada general a las armas, la dictadura militar. Pero este recurso había sido usado muchas veces y ya no servía.

Entre mayo y junio de 1815 el emperador consiguió reunir  medio millón de hombres; los aliados, más de un millón. Ademán Wellington promovía nuevos disturbios en la Vendée, inmovilizando allí a veinticinco mil hombres que eran muy necesarios en otra parte.

El enfrentamiento empezó en Ligny el 16 de junio, después en Waterloo, una sombría llanura belga, el 18 de junio de 1815. La estrategia de Napoleón fue brillante. Los historiadores todavía discuten los errores cometidos por Ney, por Grouchy y por el propio Napoleón, quien, después de vencer en Ligny, no persiguió a los prusianos al amanecer del día siguiente.

El mismo día 18, el último ejército francés, vencido, se replegaba desde Waterloo hacia París Toda Francia pedía ahora la abdicación del emperador. Napoleón fue primero a la Malmaison, a casa de su hijastra Hortense; después se traladó al puerto de Rochefort y a la isla de Aix. Pudo haberse escapado y huir a Estados Unidos. Sus admiradores de Nueva Orleans le ofrecían asilo, pero prefirió entregarse a los ingleses. La idea misma de huir escondido en un barco, arriesgándose a sel capturado, le parecía indigna. Por el contrario, entregarse sin con diciones a sus peores enemigos era un gesto digno de Plutarco.

Después de Waterloo, Luis pudo asumir la corona y permanecer por un tiempo. Francia era de nuevo una monarquía. ¿Qué ocurrió con Luis XVII? Se dice que el hijo de Luis XVI y María Antonieta (y sobrino de Luis XVIII) murió en prisión sin tener siquiera un mueble del estilo que lleva su nombre. El hecho de que no fuera guillotinado dio lugar a rumores de que se hallaba todavía vivo. Muchos impostores que pretendían ser Luis XVII surgieron durante los años posteriores a la revolución.

Ultimos días de Napoleón en Santa Elena

A los ministros ingleses les preocupaban menos las leyes de la hospitalidad que las reglas de la prudencia. La mala experiencia de Elba les impedía caer en la tentación de ser indulgentes. Decidieron enviar al general Bonaparte a Santa Elena, una pequeña isla perdida en el océano, «lejos, más allá de África».

Fuente Consultadas:
Grandes Biografías NAPOLEÓN de André Maurois Editorial SALVAT
Grandes Personajes de la Historia Universal NAPOELÓN BONAPARTE Editorial Abril

Biografía de Monroe James Gobierno y Política Externa

RESUMEN VIDA Y GOBIERNO DE JAMES MONROE – LA COMPRA DE LUISIANA

James Monroe (1758-1831), quinto presidente de Estados Unidos (1817-1825). Es recordado por haber proclamado la doctrina que determinaría por mucho tiempo la política exterior de su país y que prepararía su hegemonía en el continente americano, pues al liberar a su país de la diplomacia europea, preparó el camino para que Estados Unidos se transformase en una gran potencia mundial. Fue uno de los negociadores de la compra de Luisiana.

Participó como fundador del Partido Republicano, también llamado Partido Demócrata-Republicano. En 1794 fue embajador en Francia y Gran Bretaña y Ministro de Asuntos Exteriores con el presidente James Madison.

James Monroe, presidente de EE.UU.

James Monroe, autor de la declaración que lleva hoy su nombre (1823). Durante sus dos presidencias
puso término a las luchas entre republicanos y federalistas, admitió el ingreso de los Estados de Misuri y Maine a la  Confederación, reforzó las defensas de las costas y adquirió, en 1819, la Florida.

Nacido en el condado de Westmoreland, el 28 de abril de 1758, el joven Monroe fue admitido en el prestigioso William and Mary College de Williamsburg debido a sus brillantes resultados escolares. Se reveló allí como un alumno un poco indisciplinado, sobre todo deseoso de frecuentar los círculos acomodados de la capital de Virginia, donde en medio de la efervescencia se tramában los acontecimientos que pronto preludiarían la independencia de las colonias inglesas.

Al estallar en 1776 la guerra de la Independencia, Monroe se enroló en el 3er regimiento de Virginia en calidad de cadete, para luego incorporarse al cuartel general de George Washington. Se distinguió en los campos de batalla de Harlem Heights, White Plains y sobre todo de Trenton, donde su conducta heroica, que permitió a los colonos norteamericanos lograr la victoria, le valió ser promovido al grado de capitán.

Una vez finalizados los violentos combates de 1777 y 1778, Monroe era un soldado aguerrido, respetado, que Washington elevó al rango de oficial superior. Se le auguraba entonces una brillante carrera militar; sin embargo, después de la victoria decisiva de Yorktown sobre los ingleses en 1781, Monroe prefirió abandonarla carrera de las armas por las aulas universitarias. Durante dos años tendría como profesor de derecho a su ilustre compatriota Thomas Jefferson, autor de la Declaración de la Independencia, y que fue su mentor político.

Antecedentes de la Época: Bajo la presidencia de Washington se inicio el rápido desarrollo de los Estados Unidos de América. En íntima colaboración con el Congreso, se promulgó el sistema de Cortes Federales, la ley de impuestos aduaneros, la ley monetaria y la creación del Banco de los Estados Unidos. En 1790, un censo de población registró casi 4.000.000 de habitantes, y se estableció un ejército regular de 15.000 hombres.

Luego de un segundo mandato y rechanzando la posibilidad de un tercero, le sucedió John Adams (1797-1801), cuyo gobierno debió enfrentar dificultades políticas surgidas de la consolidación de los dos partidos tradicionales: los federalistas y los democrático-republicanos.

Estos últimos triunfaron en las nuevas elecciones presidenciales, llevando al cargo a Thomas Jefferson por dos períodos consecutivos (1801-1809). Durante el gobierno de Adams, la capital, establecida en Filadelfia, se trasladó a la nueva ciudad de Washington, donde fue inaugurada la White House (Casa Blanca).

Mas tarde bajo el gobierno de James Madison (1809-1817), se ocupó por la fuerza la Florida española, situación que fue solucionada en 1817 mediante la adquisición de los derechos sobre esos territorios. Entre los años 1812-1814, el gobierno de Madison debió enfrentar una guerra contra Gran Bretaña, conflicto terminó con la paz de Gand.A partir de entonces comenzó a perfilarse la potencia de la joven nación.

La conciencia nacional se robusteció, aumentó la población con inmigrantes del Viejo Continente que acudían a millares para radicarse en las tierras que, día a día, se arrancaban a los indios en una incontenible marcha hacia el Far West.

En 1816 es elegido James Monroe, candidato por el partido republicano, que durante el gobierno (1817-1825) se produjo la definición de la postura de EE. UU. ante los problemas coloniales en el continente americano. El anuncio de Monroe comprometía a la nación septentrional en el apoyo a sus hermanas hispanoamericanas en plena guerra por la Independencia.

Adquisición de Florida: Posesión española desde 1513, Florida fue ocupada por su ingleses durante la guerra de 1812, pero fueron los indígenas creek sus verdaderos amos. Al desinteresarse España de una colonia lejana, a los estadounidenses les pareció natural hacer valer su derecho sobre esta región.

So pretexto de una expedición contra los indígenas, y sin orden alguna del Congreso, el general Andrew Jackson se apoderó de Florida en 1814 sin disparar un solo tiro. Ante el hecho consumado, España aceptó las ofertas de compra que se le hicieron por una provincia definitivamente perdida. En 1819 por un tratado España cedió Florida a Estados Unidos por cinco millones  de dólares. El estado recién ingresaría a la Unión en 1845.

La Doctrina Monroe: Para 1825, después de que Portugal hubo reconocido la independencia de Brasil, casi toda América Latina se había liberado de la dominación colonial. Animados por su éxito en la sofocación de las rebeliones en España e Italia, las victoriosas potencias continentales se manifestaron en favor del uso de tropas para restaurar el control español en América Latina.

Esta vez prevaleció la oposición británica a la intervención. Ávidos de obtener el acceso a un continente entero para inversión y comercio, los británicos propusieron una acción conjunta con Estados Unidos contra la interferencia europea en América Latina.

Desconfiado de los motivos británicos, el presidente estodounidense James Monroe actuó solo en 1823, garantizando en la famosa Doctrina Monroe la independencia de las nuevas naciones latinoamericanas y advirtiendo contra cualquier intervención europea posterior en el Nuevo Mundo.

En realidad, los barcos británicos fueron más importantes para la independencia latinoamericana que las palabras estadounidenses. La armada británica se interpeponía entre América Latina y cualquier fuerza europea de invasión, y potencias continentales se mostraban en extremo renuentes a desafiar al poderío naval inglés.

Como presidente a partir de 1816, trató de representar a toda la nación, por lo que durante sus dos mandatos se apaciguaron las tensiones políticas entre federalistas y republicanos. Aunque cuestionó la competencia del Congreso para restringir la esclavitud en los diferentes Estados, aceptó el equilibrio pactado entre los intereses del Norte y los del Sur por el Compromiso de Missouri (1820), que dividía el país en Estados esclavistas y Estados abolicionistas. La Administración Monroe fijó también las fronteras con el Canadá británico (Convención de Londres, 1818) y extendió el territorio estadounidense mediante la compra de Florida a España (1819).

Al final de su segundo mandato, en 1825, James Monroe cedió su sillón en la Casa Blanca a John Quincy Adams. Retirado en sus tierras de Virginia, sin gran fortuna, se esforzó exigiendo al gobierno que aceptase indemnizarlo por sus misiones en Europa. No obtendría recompensa, por lo que pasaría modestamente sus últimos años en Nueva York, donde murió el 4 de julio de 1831.

CRONOLOGÍA DE SU VIDA

1758 Nacimiento de James Monroe  en Virginia, el 28 de abril.

1774 Ingresa al William and Mary College.

1776 Comienzo de la guerra de la Independencia.  Monroe se enrola en el 3er regimiento  de Virginia y se distingue en la   batalla de Trenton.

1781 Victoria decisiva deYorktown. Monroe retoma los estudios de derecho.

1783 Es elegido representante de Virginia ante el Congreso.

1790 Monroe es elegido senador de Virginia.

1796 Es ministro plenipotenciario en Francia.

1799 Llega a ser gobernador de Virginia.

1803 Nueva misión en Francia. Negocia   la compra de Luisiana.

1803-1807 Ministro plenipotenciario en  Gran Bretaña y luego en España.

1810 Monroe ocupa un asiento en la   Asamblea de Virginia.

1811-1814 Es secretario de Estado del  presidente Madison.

1816 Monroe, candidato republicano, es elegido 5° presidente de los Estados Unidos.

1819 Adquisición de Florida.

1820 «Compromiso» de Missouri. Monroe es reelegido presidente.

1823 Proclamación de la  «doctrina Monroe».

1825 Monroe se retira a Oak Hill.

1831 Muerte de James Monroe, el 4 de Julio.

Fuente Consultada:
Civilizaciones de Occidente Tomo B Jackson J. Spielvogel
Hicieron Historia Biografías Tomo II James Monroe Editorial Kapelusz

Gladstone Primer Ministro de Inglaterra Obra Política

LAS REFORMAS POLÍTICAS EN INGLATERRA

Palmerston murió en 1865. La autoridad del viejo líder liberal no se discutía, pero su muerte vino a descubrir ambiciones nuevas, que esperaban, impacientes, a la sombra del poder. Los liberales encontraron un jefe que se impuso rápidamente: Gladstone. Hijo de un negociante muy rico, había nacido en 1809. Siguió la pauta ya clásica de la buena educación británica, en que la alta burguesía se codea con la aristocracia: Eton y Oxford moldeaban la clase dirigente inglesa.

Lord Palmerston fue ministro de Asuntos Exteriores y del Interior antes de convertirse en 1855, por primera vez, en primer ministro británico. Fue un firme defensor del principio de preeminencia que su país debía desempeñar en el ámbito de las relaciones internacionales.

A los 21 años, la fortuna de Gladstone le permitió obtener —o casi comprar— un escaño de diputado, pero su talento no tardó en manifestarse. Cinco años después, era ya secretario de estado, miembro del partido Tory. Sin embargo, estaba a favor de Peel, y la cuestión del libre cambio le llevó al campo de los liberales. En 1852, fue canciller del Echiquier, es decir, ministro de hacienda. En 1868, a los 59 años  de  edad,  sería primer  ministro.

Gladstone, primer ministro ingles
Gladstone, líder del Partido Liberal, fue primer ministro en cuatro legislaturas durante el reinado de Victoria I. Era el rival político de Benjamin Disraeli, ante quien perdió el cargo de primer ministro en una ocasión para recuperarlo más tarde.

Gladstone era un orador extraordinario, que conseguía dar una claridad luminosa a los más complejos problemas. Su inteligencia y su estilo conquistaron muy pronto a Inglaterra, pero Gladstone no pudo admitir jamás que las reglas de la moral no se aplicasen estrechamente a la política.

Su vida privada, austera, rígida (en la tarde de su noche de bodas, pasó muchas horas leyendo la Biblia con su joven esposa), se reflejaba, intacta, en su vida pública.

Aquella integridad podía estimular a los ingleses a confiar en Gladstone, pero, a la larga, algunos empezaron a pensar que llevaba a Inglaterra a la ruina, porque si Gladstone creía que el poderío inglés no debía deseansar sobre una inmoralidad, ¿no llegaría a parecerle necesaria la devolución de todas las conquistas inglesas, que podían ser tachadas de «inmoralidad»? Así lo hizo con Irlanda, y sus adversarios temían que fuese a hacer lo mismo con el resto del Imperio. Se le describía como a un liquidador del Imperio, y los humoristas le imaginaban respondiendo favorablemente a una reclamación de los chinos acerca de Escocia.

Si Gladstone podía parecer un ángel, su adversario, Disraeli, tenía que parecer un demonio. De origen judío y de nacimiento humilde, Disraeli —al contrario que Gladstone— hubo de vencer grandes dificultades hasta alcanzar riqueza y honores. Para ser admitido en la alta casta aristocrática inglesa, Disraeli tuvo que hacerse una personalidad: refinar su acento, sus maneras, su forma de vestirse.

Durante muchos años, fue incluso un dandy. ¿Fue porque él habría querido ser más «viejo inglés» que los aristócratas de larga tradición, por lo que se dedicó, más que ningún otro, a mantener la  superioridad  inglesa,  a  acentuar  su  carácter altivo e insular? Gladstone, aristócrata, quería imponer la democracia y la justicia. Disraeli, de origen humilde, quiso afirmar la grandeza inglesa por la vía aristocrática.

El conflicto de aquellas dos brillantes personalidades caracterizaría la vida política inglesa durante veinte años, le daría un notable relieve, y, sobre todo, iniciaría el camino de profundas reformas, pues cada uno de ellos adoptaba las reformas propuestas por el otro, para asegurarse el mayor número de sufragios. La primera mitad del siglo había visto nacer la potencia industrial británica. Gracias a Disraeli y a Gladstone, la rica Inglaterra podía permitirse ahora el lujo de un poco de justicia social.

Durante los 16 años posteriores a la muerte de Palmerston en 1865, la rivalidad entre William Ewart Gladstone y Benjamin Disraeli dominó la vida política británica. Ambos habían comenzado su carrera política en el Partido Tory, pero Gladstone acabó pasándose al campo liberal. Disraeli se había convertido en el líder de los proteccionistas en la Cámara de los Comunes entre 1840 y 1850 y a partir de este año sirvió en los breves gobiernos de lord Derby, a quien sucedió como primer ministro a principios de 1868, pero una victoria liberal en las elecciones de diciembre de ese año dió el puesto a Gladstone.

disraeli, primer ministro ingles

Disraelí fue primer ministro, por primera vez, en 1867. Gladstone y los liberales dirigieron el país, desde  1868  a   1874. A continuación, volvió Disraeli, hasta 1880. Luego, Gladstone recobró el poder hasta 1886. En efecto, si Disraeli y los conservadores lograron formar gobierno en 1867, fue porque supieron aprovechar una discordia pasajera surgida en el grupo de los liberales, acerca de la reforma electoral.

Gladstone, que trataba de modificar la ley en un sentido más liberal, no logró la mayoría entre sus «tropas», y los Tories, deseosos de obtener una mayoría en la Cámara, aprovecharon la ocasión. ¿Qué podían perder ellos ampliando el cuerpo electoral?. Nada, porque, de todos modos, desde Peel, los escrutinios les habían sido sistemáticamente desfavorables. Nada podía, pues, empeorar la actual situación: por el contrario, extendiendo el derecho de voto, Disraeli podía esperar el agradecimiento de los nuevos electores. Por otra parte, él sabía que los nuevos electores no mantendrían una posición inmutable, como los precedentes.

Los conservadores querían que aquella situación cambiase, y así se votó, en 1867, con la ayuda de algunos liberales, la primera reforma electoral. Un cierto número de puestos fue retirado de los «burgos podridos» y trasladado a localidades que habían tenido un gran desarrollo, gracias al progreso de la industria: era un primer esfuerzo por hacer coincidir el país legal (hasta entonces, esencialmente rural) con el país real (cada vez más industrial).

Al mismo tiempo, la reforma preveía un aumento del censo electoral: todavía no se pensaba en el sufragio universal, pues se consideraba que los impuestos del Estado sólo podían ser votados por los que pagaban los impuestos y que, en consecuencia, estaban ligados, por su propia fortuna y por las responsabilidades que de ella se derivaban, al destino de las finanzas públicas. Con el aumento del censo, se pasó de 1.300.000 a 2.500.000 electores. Esta nueva masa de electores defraudó, sin embargo, las esperanzas de Disraeli.

En 1868, en los Comunes se sentaba una mayoría liberal pero Gladstone continuó la obra de Disraeli. En 1872, se promulgó el «Ballott Act», que instituía el voto secreto: una ley capital, porque permitía evitar fraudes y presiones. En efecto, ¿cómo comprar el voto de un elector cuando no se puede saber qué nombre ha metido en la urna? Además, el aumento del número de electores, por sí solo, modifica ya la vida política.

Comprar a un centenar de electores era posible para un candidato rico, pero, desde que las circunscripciones estaban mejor distribuidas, se precisaban millares de votos, y esto desbordaba las posibilidades de las fortunas privadas. Serían elegidos los que obtuviesen la investidura y el apoyo de un partido, pues los partidos, en efecto, disponían de fondos, podían promover candidaturas rivales contra los recalcitrantes, y simbolizaban una ideología, lo cual, entre las masas, tiene más peso que una reputación local.

La reforma benefició, pues, a los dos partidos, que aumentaron su ascendiente. En 1884, Gladstone proseguirá esta apertura: el cuerpo electoral se duplicará una vez más, pasando de 2.500.000 a 5.000.000 de votantes. Sólo quedan excluidos 2.000.000 de peones industriales y agrícolas, los más desgraciados del país, a quienes todos —tanto los aristócratas como los obreros acomodados— consideran «políticamente incapaces».

Las mujeres, desde luego, estaban excluidas todavía del censo electoral. La política seguía siendo un asunto de hombres.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IX La Gran Aventura del Hombre

Primeras Asociaciones de Trabajadores en Inglaterra Sindicatos

SINDICATOS: PRIMERAS ASOCIACIONES DE TRABAJADORES

La aparición del proletariado, su rápido crecimiento y su constitución como clase son algunos de los aspectos esenciales de la sociedad del siglo XIX. La industrialización generó un nuevo tipo de relaciones sociales en las que la desigualdad económica y la miseria obrera se convirtieron en el centro de una nueva conflictividad social.

En un primer momento, la burguesía y el nuevo Estado liberal se negaron a aceptar las reivindicaciones del proletariado y su derecho a tener un papel en la vida social y política. Pero, poco a poco, los sindicatos y las nuevas ideas sociales (marxismo y anarquismo) se fueron extendiendo. En la segunda mitad del siglo XIX, la voluntad de unir al proletariado dio origen a una organización obrera de carácter internacional: la AIT (Asociación Internacional de Trabajadores).

En el último tercio del siglo, la clase obrera entró en su fase de madurez. El sindicalismo se consolidó como una fuerza presente en todos los países industrializados y el socialismo y el anarquismo se afirmaron como las dos ideologías con más influencia dentro de la clase obrera.

La necesidad de conseguir una gran acumulación de capital por parte de los empresarios tuvo como consecuencia el mantenimiento de unos salarios muy bajos y de unas pésimas condiciones de trabajo. Las jornadas laborales eran largas y agotadoras y, en muchos casos, superaban las quince horas diarias. Además, el trabajo se hacía en lugares insalubres, ya que muchas fábricas eran oscuras y malsanas y, en el caso de la industria textil, muy húmedas . En cuanto a los salarios, éstos eran tan bajos que sólo permitían la estricta subsistencia. En el año 1825 un médico francés describió esta situación diciendo: «para los obreros vivir es no morir».

Toda prosperidad material de la burguesía industrial y financiera de aquella etapa, se apoya en la miseria de los proletarios, tal como la han descrito los grandes autores, sobre todo Dickens.  En  realidad, parece que el nivel de vida de los obreros, incluso el de los más miserables, se ha elevado, pues los salarios, entre 1850 y 1900, han aumentado más que el coste de la vida.

Pero, a pesar de aquella ligera mejora, lo que impresionó a los ingleses fue que la miseria se manifestaba por todas partes. Antes, en la Inglaterra rural, la miseria se ocultaba, o, por lo menos, estaba muy diseminada para poder imponerse como un fenómeno social. Con el desarrollo de las ciudades, las masas proletarias se hacinaban en los slums, las zonas de los tugurios.

La promiscuidad daba orígen a todos los vicios. La prostitución, el crimen y el alcoholismo reinaban en algunos barrios obreros, favorecidos por la repugnante insalubridad de los alojamientos. La burguesía urbana, de pronto, tomaba conciencia de la miseria del pueblo, pero la mayor parte de los obreros no podía mejorar su condición, y la filantropía de algunos burgueses no bastaba para atender a tanta miseria. Los sentimientos de piedad animados por los escritores tardaron mucho en desembocar en medidas prácticas. Sin embargo, los obreros calificados lograron tomar parte en la prosperidad general, agrupándose en las Trade Unions, los conocidos sindicatos.

trabajo infantil en inglaterra, revolución industrial

Era un hecho corriente que niños y mujeres trabajasen, tanto en las fábricas como en las minas. Sus sueldos eran necesarios para completar la economía familiar, pero eran inferiores a los de los hombres. En Inglaterra, el sueldo de los niños equivalía a un 10% del masculino, y el de las mujeres entre un 30 y un 40% .. También era normal cobrar por jornada trabajada o por trabajo a destajo. Finalmente, la disciplina laboral era muy rígida, los obreros podían ser despedidos en el momento en que el empresario lo quisiera, y los castigos y penalizaciones eran también frecuentes.

Decepcionados por el fracaso de todos los movimientos violentos o políticos que, como el cartismo, caracterizaron la primera mitad del siglo, aquellos obreros optaron por una vía más realista. Frente a los patronos que les ofrecían empleos, ellos decidieron considerarse como hombres de negocios que ofrecían trabajo. Los obreros especializados, indispensables para la marcha de la economía, se reunieron en asociaciones de oficios, cuyos miembros tenían que pagar una cotización muy alta, a cambio de la ayuda que la Union les ofrecía en casos de enfermedad o de retiro, con casi todas las ventajas de una Seguridad Social moderna.

Además, los obreros que no encontraban un trabajo con el salario mínimo establecido por la Union, recibían de ésta un subsidio de paro. Los miembros de las Trade Unions no podían aceptar trabajos con salarios inferiores, pues toda infracción de la solidaridad implicaba la expulsión, sin reembolso de las cotizaciones ya abonadas. Así, disponiendo de sumas importantes y seguras de la cohesión de sus miembros, las Unions podían imponer sus precios a los patronos, con bastante facilidad.

Además, cada Union trataba de limitar el número de miembros de una misma profesión, mediante un sistema de aprendizaje que terminaba en la concesión de un diploma.  En  resumen,  esto no era muy distinto de lo que todavía hoy se hace en algunas profesiones liberales. De este modo, en Inglaterra se formó una aristocracia obrera, capaz, por su homogeneidad, de ejercer presión sobre los industriales, sobre los grupos políticos y sobre el Estado.

Hasta la muerte de Palmerston, la vida política no fue muy activa. Los conservadores se habían adherido al libre cambio, y los jefes liberales, Russell y Palmerston, el «Viejo Palm», no querían más reformas. Palmerston no se interesaba más que por la política exterior, muy activa a causa de la guerra de Crimea, de las expediciones a China y de los. asuntos italianos y polacos. La reforma electoral de 1867, al ampliar el número de electores, modificaría profundamente los datos tradicionales.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IX La Gran Aventura del Hombre

La Edad de Oro de EE.UU. Produccion y Economia Siglo XIX

LA EDAD DE ORO AMERICANO EN EL SIGLO XIX
La «Golden age», la edad de oro, es el nombre que los norteamericanos dan al período que, desde 1875 hasta fin de siglo, asiste al fantástico desarrollo de su producción industrial, a la aparición de los grandes «truts», del «mundo de banqueros y de millonarios», como escribió Henry Adams.

La riqueza del subsuelo, un amplio mercado interior que crecía sin cesar, poblado por millones de emigrantes, la energía y la audacia de tanto «self-made-man», nuevos héroes del día, se conjugan para explicar aquel espectacular progreso. Del cuarto lugar en 1861, América pasa al primero, a fin de siglo. De 2 millones de toneladas de hierro fundido y 400.000 toneladas de acero (1875), pasa, respectivamente, a 10 millones y 5 millones de toneladas en 1890, superando a Inglaterra. El carbón (7 millones de toneladas en 1850), llega a 250 millones en 1900.

Los EE. UU. producen las tres cuartas partes del petróleo, del cobre, del cinc, del plomo, etc., de la producción mundial. Este desarrollo va acompañado de la concentración de empresas, «trusts» o «cartels», dependientes también de los enormes grupos ferroviarios y bancarios. Rockefeller controla el 90% del mercado del petróleo. El «rey» del acero, Carnegie, tiene una fortuna de mil millones de dólares.

Los Gould, los Vanderbilt, los Pierpont-Morgan, los Harriman controlan inmensos imperios industriales o financieros, y, a pesar de la «Sherman Anti Trust Act» de 1890, que trata de impedir la constitución de monopolios capaces de imponer los precios, despreciando la competencia y el principio «sacrosanto» de la libre iniciativa (free enterprise), los «trusts» burlan fácilmente la ley, multiplicando los distintos nombres que, de hecho, encubren a la misma sociedad.

A pesar de las protestas de los reformadores o de los intelectuales, el gran público sufre la fascinación de los éxitos individuales, cree que todos tienen sus posibilidades, y quecon talento y trabajo, hasta el más humilde puede llegar a la fortuna.

trilladora americana siglo xix

Trilladora Utilizada en Dakota Por Los Agricultores

La industria americana se caracteriza, además, por el empleo intensivo del maqumismo (el hierro es barato), por la racionalización de los métodos de producción, y las mercancías «standard», fabricadas en serie, porque el consumo aumenta al ritmo de la inmigración: de 32 millones de habitantes en 1860, la población pasa a 76 millones en 1900, y a 95 en 1914. Veinte millones de europeos se establecen en los EE. UU., desde 1860 a 1914. Hasta 1890, los inmigrantes son esencialmente irlandeses, ingleses, alemanes, escandinavos.

Después llegan los italianos, los eslavos, los judíos de Rusia y de Austria-Hungría. Sólo se limita la inmigración de los chinos y de los japoneses. La agricultura se beneficia de las técnicas industriales: en las inmensas llanuras del Oeste, se necesitaban máquinas sembradoras y cosechadoras. La ganadería era estimulada por la industria conservera, que contaba con los mataderos gigantes y mecanizados de Chicago. Por último, la clase obrera aumentó numéricamente y se concentró en nuevas metrópolis industriales.

Los «Caballeros del Trabajo» (sociedad secreta de trabajadores) , después de una victoria alcanzada contra las. empresas ferroviarias, se enfrentan con el poderoso «trust» de máquinas agrícolas. Mac Cormick, en Chicago. En 1886, en el curso de una reunión en Haymarquet Square, una bomba lanzada por unos desconocidos mató a siete policías; cuatro anarquistas sospechosos fueron ejecutados, y el conflicto resultó fatal para los «Caballeros».

El mismo año, se creó la A. F. L. (American Federation of Labour), que renunció a la idea de un sindicato único por cada rama industrial. Decididamente   reformista,   apoyándose   en las categorías especializadas y dejando de lado a la gran masa de la mano de obra, la A. F. L. edificó la primera organización duradera, bajo la dirección de Samuel Gompers, tabacalero, de origen londinense.

inmigrantes europeos en ee.uu.

Inmigrantes en la estaciones de tren de esa época

Gompers reconocía el sistema capitalista; para él, los sindicatos debían tener como único objetivo el de aumentar la parte de los asalariados en el reparto de beneficios. Ningún principio ideológico animaba a Gompers, cuya norma era: «recompensa a tus amigos y castiga a tus enemigos». La A. F. L. estuvo dirigida, esencialmente, por una aristocracia obrera que dispuso de fondos importantes (dos millones de afiliados en 1914) para el sostenimiento de las huelgas y de la burocracia sindical.

El sindicato de los mineros es el único adherido a la A. F. L. que agrupa a todos los obreros de la mina, sin distinción de su especialidad, hasta los más humildes peones. Contra aquel espíritu de «negocio», hostil al socialismo, los radicales anarco-sindicalistas fundaron, en 1905, los I. W. W. (Industrial Workers of tbe World), que trataron de unir a los no organizados, pero sus efectivos fueron siempre muy débiles: los obreros americanos, en general, separados por sus orígenes nacionales, seguían siendo indiferentes al espíritu socialista y revolucionario.

Desarraigados, cortaban sus lazos con las tradiciones revolucionarias europeas, sobre todo porque un gran número de inmigrantes recientes temían ser rechazados, expulsados, a causa de sus opiniones extremistas. La situación era difícil,   pero   no   desesperada:   se   creaban nuevos centros, se ofrecían tierras a quienes querían abandonar las fábricas, y había la ilusión de que las oportunidades eran iguales en aquella tierra de pioneros y de que todos podían «triunfar».

Por eso, los partidos socialistas fracasaron también, a pesar de los duros períodos de crisis, y jamás pudo organizarse un verdadero partido obrero entre los republicanos y los demócratas. Los socialistas nunca alcanzaron más del 5% de los votos en las elecciones presidenciales.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IX La Gran Aventura del Hombre

La Reconstrucción de EE.UU. Ferrocaril Transcontinental Resumen

PERÍODO DE RECONSTRUCCIÓN DE ESTADOS UNIDOS
CONSTRUCCIÓN DEL PRIMER TREN TRANSCONTINENTAL

Terminada la Guerra de Secesión (abril de 1865), era necesario reconstruir la Unión, devastada por las duras campañas de Grant y de Sherman, cubierta de ruinas, de odios y de rencores. Los historiadores americanos llaman «período de reconstrucción» a los años que van desde 1865 a 1877, fecha en que los ejércitos federales evacúan el Sur, poniendo fin al estado de excepción que siguió a la derrota de los esclavistas.

Tras el asesinato de Lincoln, fue proclamado presidente Andrew Johnson, un hombre del Sur, de origen «pobre blanco», que había llegado a la vicepresidencia, a pesar de su modesto nacimiento, por su fidelidad a la Unión. Rudo, obstinado, dio muestras de equilibrio y buen sentido, siguiendo la política decidida por Lincoln.

El presidente Johnson vetaba las leyes que le parecían nefastas, atrayéndose las iras de los radicales, que le acusaron ante el Senado, constituido en Tribunal Supremo, pero Johnson fue absuelto (1868). Perdida por el presidente toda posibilidad de reelección, el candidato de los radicales, el ilustre General Grant, uno de los vencedores de la guerra civil, fue elegido decimoctavo presidente de los Estados Unidos, en 1868; después sería reelegido para un segundo mandato.

El Sur se transformó profundamente con el final de la esclavitud y con la reconstrucción. Arruinados por la guerra e incapaces de pagar a los esclavos convertidos en trabajadores libres, los plantadores tuvieron que parcelar sus grandes propiedades, dividiéndolas en pequeños lotes.

El dueño adelantaba al llevador abonos, simientes, aperos de labranza, vivienda, y recibía a cambio dos tercios de la cosecha. Al lado de los aparceros negros, cuyas condiciones de vida no habían mejorado mucho respecto a los esclavos, se desarrollaron los «pobres blancos», igualmente miserables, pero violentamente racistas.

Desaparecida la esclavitud, el problema negro continuaba en pie; a pesar de los esfuerzos legislativos, los blancos negaban la igualdad a los cuatro millones de negros (a finales de siglo, serían 10 millones). Cuando se levantó el estado de excepción, con la marcha de las últimas tropas federales en 1877, los gobiernos y las legislaturas del Sur encontraron los medios de apartar de la vida política a los negros.

La «cláusula del abuelo» (el derecho de voto se reservaba a aquéllos cuyos antepasados   habían  votado  en   1860)  y   las pruebas electorales (saber leer, escribir, interpretar correctamente un artículo de la Constitución), privaron de la cédula electoral a la mayoría negra.

La segregación fue sistemáticamente aplicada en las escuelas, en los transportes, en las iglesias, en los restaurantes, etc. Se recurrió, incluso, al terror, al linchamiento, a las ejecuciones sumarias de negros. Sociedades secretas como el Ku-Klux-Klan, cuyos miembros llevaban capuchones y aterrorizaban a los negros, hicieron ilusoria la igualdad teórica de los derechos civiles, y el Norte cerró los ojos. Así se constituyó el «solid South», bastión de la superioridad blanca, feudo del partido demócrata.

El 10 de mayo de 1869, las dos compañías se unieron en Utah, y las locomotoras fueron regadas con champán.

CONEXIÓN COSTA A COSTA: No sólo el Sur sufrió trastornos a continuación de la guerra de Secesión:  la industrialización acelerada del Norte y la colonización del Oeste darían un nuevo aspecto a los EE. UU. En 1860, las Grandes Llanuras y las Montañas Rocosas eran inmensos espacios vacíos; sólo California, Oregón y el Estado de Washington habían atraído a los colonos.

Las tribus indias (sioux, cheyennes, apaches, utahs, pies-negros, etc.) seguían trashumando en las praderas secas por el duro clima. Los ferrocarriles abrieron a los pioneros el interior del continente; hasta entonces, los representantes del Sur se habían opuesto a la construcción de un transcontinental, porque no querían que los créditos se invirtiesen en nuevas orientaciones, pero los partidarios del ferrocarril, una vez eliminados sus adversarios por la Secesión, hicieron votar una serie de leyes y, a partir de 1863, las compañías, con la garantía de millones de dólares y de terrenos gratuitos, empezaron a construir la red que uniría los dos océanos, la «Union Pacific», que partía de Nebraska, y la «Central Pacific», de San Francisco.

Se emplearon emigrantes irlandeses, indios, chinos. A través de desiertos y montañas, los equipos de trabajo tendían cuatro rieles por minuto, y eran seguidos por campamentos con bares, «dancings» y casas de juego, de los que luego surgirían verdaderas ciudades, a lo largo de la vía. El 10 de mayo de 1869, las dos compañías se unieron en Utah, y las locomotoras fueron regadas con champán. Nueva York celebró el acontecimiento con cien cañonazos, Filadelfia hizo sonar la campana de la libertad, y entusiastas desfiles recorrieron las ciudades.

El Oeste quedaba abierto a los emigrantes, a quienes se ofrecían tierras. Primero, fue la época de los criadores de bueyes resistentes y de largos cuernos, alrededor de los ranchos, y estos pioneros acabaron con los bisontes salvajes.

A partir de 1875, el alambre de picos en que se encerraba a los rebaños. Y el desarrollo del dry farming (cultivo de cereales en clima seco, gracias a profundas aradas) permitieron a los granjeros ampliar sus zonas de labor.

Por último, el descubrimiento de las minas de oro, de plata y de cobre de las Montañas Rocosas provocó nuevas afluencias, y fueron constituyéndose, sucesivamente, los Estados de Nevada, Nebraska, Colorado, de las dos Dakota, Wyoming, Idaho, Montana, Utah, Oklahoma… Todos estos nombres son indios, y las tribus, que se veían despojadas de sus tradicionales territorios, incapaces de adaptarse a la agricultura sedentaria, emprendieron la lucha contra los «rostros pálidos», a pesar de su inferioridad en armamentos.

Innumerables «westerns» han evocado las guerras de los indios y hecho famoso los nombres de Sitting Bull, Crazy Horse y Gerónimo, el jefe de los apaches. La lucha fue implacable. Los indios, exterminados o acorralados en zonas salvajes, atacaban los puestos aislados y tendían emboscadas: el general Custer fue muerto, con todo su regimiento, en Montana, en Little Mig Hom River, en junio de 1876.

La pradera tuvo sus héroes, como William Cody, llamado Buffalo Bill, de profesión cazador de bisontes, tirador excepcional, y también sus bandidos, saqueadores de trenes y de diligencias. Ladrones, jugadores profesionales, aventureros y hombres violentos hicieron famosos los saloons, fuente inagotable de películas y de novelas.

No puede comprenderse el «espíritu americano» —esa curiosa mezcla de audacia, de optimismo y de violencia—, si se ignora que a la religiosidad y al orgulloso ideal de independencia que animaba a los  puritanos de Nueva Inglaterra vinieron a unirse los caracteres y las costumbres de los conquistadores del interior, rancheros, mineros, pioneros, aventureros, hombres del Oeste que, durante treinta años, hicieron retroceder, incesantemente, los límites de la «frontera».

La movilidad americana, esa facultad de cambiar de Estado para ir a establecerse a otra parte, procede directamente de aquella época de la «pista», en que la atracción de nuevos filones, de tierras más fértiles, de praderas más ricas, llevaba cada vez más lejos a los emigrantes, con sus caravanas. Recordemos, para terminar, que, en 1867, los Estados Unidos aumentaron su extensión con un inmenso territorio desértico, Alaska, comprado a Rusia por siete millones de dólares.

Ver: La Conquista del Oeste

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IX La Gran Aventura del Hombre

Invasión de Napoleón a Rusia Incendio de Moscú Resumen

Napoleón estaba bien preparado: un formidable ejército había sido concentrado desde el Báltico a los Cárpatos, compuesto de 700.000 hombres. El más poderoso ejército conocido hasta entonces por la Historia. ¿Quién habría podido predecir, por tanto, la victoria del zar, dado que Napoleón disponía, a la vez, de su genio, intacto, y de tropas tan gigantescas?.

Emperador Napoleón Bonaparte

En realidad, esta nueva versión del «Gran Ejército» tenía, sin embargo, sus puntos débiles: no había en él más que 200.000 franceses, que formaban, en su mayoría, el centro del dispositivo, al mando de Davout y del mismo emperador. La guardia también se encontraba allí, pero las alas habían sido dejadas, sin vigilancia alguna sobre ellas, a los cuerpos aliados, de cuya combatividad había razones para dudar, y que Napoleón sabía perfectamente que eran capaces de desertar en plena batalla.

Este ejército estaba constituido por contingentes de veinte naciones: había alemanes e italianos, holandeses y croatas, suizos y austríacos; toda Europa se hallaba representada en él. Por otra parte, se había reunido un material considerable: 1.350 cañones. Este aumento de la artillería permitía a Napoleón compensar la mediocridad de algunos cuerpos de ejército. Pero esto se traducía también en una falta de confianza en la posibilidad de sorprender al adversario mediante la legendaria movilidad de sus tropas.

La campaña comenzó con el verano. La situación del suelo permitía al convoy de aprovisionamiento avituallar regularmente al ejército hasta en el centro del país. Además, el tiempo de la cosecha no tardaría en llegar, y, en caso de que la campaña hubiera de prolongarse, podría habilitarse el avituallamiento en los mismos lugares de la guerra, por medio de requisas. Ni siquiera se suponía que la llegada del invierno pudiera sorprender a los ejércitos en lucha hasta entonces, las campañas napoleónicas habían sido siempre muy rápidas.

LA MARCHA SOBRE MOSCÚ:
Ante tal despliegue de fuerzas, el zar había de contentarse con mantenerse a la defensiva. No disponía, al principio, más que de 150.000 hombres; aceptar el combate le habría conducido, inevitablemente, al desastre. Era, pues, necesario que los rusos renunciasen a su ofensiva en dirección a Polonia, y aceptasen la invasión de su territorio.

Fiel a su táctica, Napoleón desplaza su centro con toda rapidez: espera hacer penetrar una cuña entre los ejércitos rusos y batirlos después, uno tras otro. Pero el zar había confiado el mando de sus tropas al anciano mariscal Kutusov, el cual rehuye sistemáticamente el combate. A pesar de sus marchas forzadas, Napoleón no consigue alcanzar a las tropas rusas. A fin de cortar en dos el país, deja a un lado San Petersburgo y avanza directamente hacia Moscú, la santa capital. Sin embargo, se da cuenta en seguida de que la intendencia se interrumpe.

Los depósitos se muestran pronto insuficientes para alimentar a 700.000 soldados. Las requisas ordenadas entre los aliados prusianos y aun entre los polacos, chocan con una especie de resistencia pasiva. Según van penertando los ejércitos napoleónicos en territorio ruso, se hacen más largas las distancias que los convoyes de avituallamiento deben recorrer.

Y la retaguardia marcha jadeante, cuando todavía no han comenzado los combates, cuando únicamente han sido rebasadas Vilna y Smolensko. ¿Se esperaba encontrar alimentos en el país? En su retirada, los rusos hacen que los campesinos abandonen los pueblos antes que ellos, y prenden fuego a los campos, a las casas y a los graneros. Napoleón no conquista más que tierra calcinada.

Mal nutridos, sus soldados avanzan con menos rapidez, pues pierden tiempo en buscar alimentos. Todas estas dilaciones favorecen aún más la retirada rusa, que puede efectuarse en buen orden. Sólo hay una esperanza: que caiga Moscú, y que el choque psicológico tal vez sea suficiente, pues ¿podrá seguir imponiendo el zar a su pueblo aquel suicidio colectivo ante el invasor? Ningún pueblo del mundo —se piensa— puede olvidar durante mucho tiempo la idea de que nada hay mejor que una paz, incluso la más dura.

Aunque lenta, la marcha del ejército francés proseguía: en septiembre, ya se encontraba cerca de Moscú. Y, en este punto, el ejército ruso se detiene para defender la capital de su religión. La primera batalla de la guerra tiene lugar en Borodino. Tolstoi, en su novela «Guerra y Paz», supo describir las terribles escenas de estos combates, en los que el ejército ruso volvió a suscitar el heroísmo de los hombres dispuestos a morir por la patria.

Frente al «ogro», despreciado, denigrado, verdadero anticristo, los rusos se aprestan a ofrecer una resistencia sin debilidades. La batalla de Borodino del 7 de septiembre de 1812 fue la más sangrienta de todas las libradas hasta entonces por el ejército francés. 30.000 hombres le costó a Napoleón el paso del Moscova y ver abrirse ante él el camino de Moscú, y 50.000 a los rusos su resistencia.

Y 30.000 hombres eran muchos si se piensa que no se había producido ningún resultado decisivo. Tanto más, teniendo en cuenta que, durante toda la ofensiva, el ejército había perdido ya millares de hombres por enfermedad, y, sobre todo, por deserción. Una división de Wurtemberg no contaba ya más que con 1.500 soldados, cuando, al principio de la campaña, estaba formada por ¡16.000!

EL INCENDIO DE MOSCÚ
El 15 de septiembre de 1812, Napoleón y su ejército entran en Moscú. No encuentran más que una ciudad vacía. Al día siguiente, ésta, construida casi enteramente de madera, estaba en llamas. Toda Rusia reconoció en ello la mano nefasta de Napoleón, la barbarie característica de los franceses. Y, sin embargo, ni Napoleón ni los franceses habían tenido parte en la destrucción de la ciudad. El incendio había sido preparado por el gobernador de la ciudad, Rostopchin: era la lógica continuación de la política de tierra calcinada. Pero, ¿quién podría creer que los mismos rusos hubieran prendido fuego a la santa capital de la Santa Rusia?.

Napoleón y los 500.000 hombres que le quedan resultan vencedores en un desierto de cenizas. Ni ellos mismos saben qué hacer. Al menos, confiaban en el cansancio del adversario. Los enviados franceses reciben la orden de proponer al zar una paz muy conciliadora. Pero el zar ya ha dado las suyas: Rusia se batirá hasta el fin. Los emisarios franceses no son autorizados a atravesar las líneas. La guerra no puede, pues, concluir: no hay adversario que combatir, ni negociaciones de paz que entablar.

Ante Napoleón se abre todo el territorio ruso, pero la ruina y el fuego preceden siempre al avance de sus tropas. No existe para los franceses más que un serio adversario, y muy presente: el invierno, que sorprende a un ejército solamente equipado para realizar una fulgurante campaña de verano. ¿Qué hacer, entonces, sino batirse en retirada, a fin de evitar, al menos, que las naciones satélites de Europa se aprovechen de la ausencia del emperador y de su ejército, para sublevarse?.

Napoleón ordena la retirada el 18 de octubre. 400.000 hombres habían de perecer en una marcha de 1.500 kilómetros. Es el clima, el famoso «general invierno», quien logra alcanzar, por lo que se refiere a los rusos, las mayores victorias.

LA TRÁGICA RETIRADA
Falto de botas y de mantas, hundiéndose en la nieve al caminar, el ejército francés pierde cada día unos 5.000 ó 6.000 hombres. Los caballos que no han podido ser herrados especialmente para sostenerse sobre el hielo, no son de utilidad. Por otra parte, las tropas se ven embarazadas por el enorme botín que llevan, tomado en Moscú.

En largas y desorganizadas columnas, se van desperdigando  por  el  camino   de  regreso, ofreciendo así sus flancos a los ataques enemigos: campesinos inflamados por un patriotismo feroz y animados por una mística fe en la lucha contra los agentes del diablo; cosacos, más numerosos cada vez, que encuentran la ocasión de demostrar el valor de su caballería, especializada en atacar rápidamente a un enemigo que no tiene tiempo de reaccionar; atraídos todos por los tesoros que lleva el ejército francés, por lo cual cada incursión reporta a sus autores una pequeña fortuna.

Por el contrario, el ejército ruso apenas si atacaba. Se contentaba con mantener encauzada la retirada de Napoleón, impidiéndole sólo que se desviase hacia el sur, donde las tropas podrían encontrar algunas provisiones. Por lo cual, los franceses habían de volver a pasar por el camino de tierras calcinadas atravesado en el verano.

La Trágica Retirada de Rusia

Esta pasividad del ejército ruso se explica, sin duda, por el temor a establecer un combate en línea, a provocar la acción de los franceses. Por otra parte, los rusos no tenían necesidad de someterse al peligro de un combate semejante: era suficiente para ellos contemplar el progresivo hundimiento del ejército francés.

Uno de los más famosos episodios de la retirada fue el paso del Beresina, un afluente del Dniéper. Como había sucedido con d cruce de todos los demás ríos desde su salida de Moscú, el ejército francés esperara poder pasar este otro, también, caminando sobre su espesa capa de hielo.

Pero un súbito cambio de temperatura provocó un deshielo ocasional, el río creció y no existían barcas para atravesarlo. El famoso ejército estaba en peligro de hallarse ante un obstáculo infranqueable: parecía condenado a perecer por completo. Pero, entonces, el cuerpo de pontoneros del general Eblé tuvo el suficiente valor para, poniéndose a trabajar entre las gélidas aguas y bajo el fuego de la artillería rusa, lograr construir dos puentes sobre el río, dejando libre así el tintino hacía el Oeste.

El 16 de diciembre, es decir, dos meses despúes de haber dejado Moscú, los restos del Gran Ejército volvían cruzar el Niemen. De los 27.000 italianos que tenía al principio de la campaña solo regresaron 233.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IX La Gran Aventura del Hombre

La Economia de Francia con Napoleón Imperio Napoleónico

Aunque Bonaparte restablecía la paz de las almas y se ocupaba activamente de la instrucción pública, le faltaba aún demostrar a sus compatriotas que la industria de Francia no era inferior a la de otros países. Para ello, tuvo como acólito a Chaptal, ministro del interior cuya voluntad igualaba a la de su señor.

Ordenó que cada año, en los departamentos, los fabricantes expusieran los productos de sus manufacturas, y estas exposiciones fueron una revelación inesperada de los recursos de las fábricas y de la habilidad de la mano de obra.

Guadañas, segadoras, sierras, hasta entonces importadas de Inglaterra, fueron, a partir de entonces, fabricadas en Francia —al mismo tiempo, el ministro instituía premios para los inventores de las máquinas más apropiadas para «trabajar, peinar y cardar las diferentes especies de lanas».

Se emprendió la excavación del canal de Borgoña Faltaba aún dar el agua a todos los barrios de París, terminar los muelles, multiplicar los puentes sobre el Sena.

La agricultura también se modernizó: se concedieron primas a quienes repoblaran los bosques destrozados, después a los ganaderos de carneros merinos, importados de España, y, por último, a todos aquellos que modificasen la rutina de la rotación de cultivos. Se envió a buscar toros y terneros a Suiza para repoblar los establos vacíos y se proscribió la importación de los caballos ingleses con el fin de proteger la ganadería  francesa.

El  genio  renovador del Primer Cónsul se extendía hasta las prisiones y los hospitales, para los que había creado un comité de inspección, y hasta las panaderías y las farmacias.

En los comienzos del Imperio, se podía escribir: «Si Francia no ha recobrado su anterior prosperidad, la espera. Empresas, negocios y especulaciones de todo tipo se reanudan». La agricultura había continuado el bienhechor camino iniciado por el Consulado.

Las tierras señoriales, fraccionadas por las particiones de los bienes nacionales, se idtáan vuelto más fecundas. La patata, introducida en el cultivo, proporcionaba a los campesinos una nutrición más abundante y más sana. El azúcar extraído de la remocha estimulaba a los cultivadores, que la introdujeron, en adelante, en las siembras de sus tierras. Las plantaciones de tabaco habían vuelto, y el mismo capricho se manifestaba hacia la cría del gusano de seda.

También la industria se había hecho audaz: la guerra había interrumpido las importaciones de cáñamo y de lino de Inglaterra o de Suiza, y, a consecuencia de ello, las hilaturas habían tenido que aprender a tejer los algodones menos finos, procedentes de Italia o de España. De esta manera, la hilatura se enriquece con la fabricación de organdíes y de tules.

La química aplicada había alcanzado una extensión admirable: el cloro era empleado en el blanqueo de la ropa, la fabricación del alquitrán había sido perfeccionada, el carbón era utilizado en la decoloración. Se regeneraron los cueros, y la marroquinería de París fue tan bella como la del Levante. Se llegó a hacer, con los esqueletos de los animales sacrificados en los mataderos, materiales muy valiosos para los ejércitos.

Se puso en circulación un nuevo metal, el cromo, con lo que la alfarería se enriqueció con un verde brillante. Inglaterra y Holanda abastecían a Francia del blanco del plomo: éste fue muy pronto fabricado en Pontoise, mientras que los címbalos y los tambores, tradicionalmente importados de Constantinopla, eran fabricados en Chalons. Se explotaron nuevas minas de hulla.

Los trabajos ininterrumpidos de París y de provincias parecían testimoniar la gloria del Imperio. El bosque de Bolonia estaba atravesado por nuevas alamedas, y se trazaba la calle de Rívoli. Muelles de mampostería encauzaban el Sena, haciendo su lecho más profundo.

Sin embargo, despúes de varios años a a medida que el Imperio se aproximaba a su caída, las señales de desequilibrio se acentuaban. No se recluían impunemente cada año a 80, 100 ó 200.000 hombres que casi nunca vuelven más. No se impone a un país el esfuerzo de una guerra constantemente renovada, sin conducirlo a la ruina.

En 1805, a las dudas, a la fatiga, a la inquietud, se unía la escasez de moneda, agravada por los daños causados por los ayuntamientos y los especuladores. El malestar será muy pronto crisis, casi pánico; los billetes de banco se verán amenazados con ser, de nuevo, «asignados».

El Bloqueo Continental, decretado en Berlín en 1806, prohibiendo a Francia y a sus aliados el comercio con Inglaterra, si bien estimulaba, como ya hemos visto, la imaginación y el espíritu de empresa de algunos, arruinaba los puertos, privada a los comerciantes de sus mercados.

Los campos quedaron, poco a poco, despoblados. Finalmente, el millón de hombres que costaron a Francia las guerras del Imperio y el agotamiento del país, le colocaron en una situación tal, que la supremacía francesa en materia económica y comercial se perderá para siempre.

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Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IX La Gran Aventura del Hombre

La Indepedencia de Brasil Historia Colonias de Portugal

RESUMEN DE LA HISTORIA DE LA INDEPENDENCIA DE BRASIL DE PORTUGAL

SINTESIS: Eludiendo la invasión napoleónica, Don Juan de Portugal trasladó en 1808 la corte al Brasil, donde permaneció hasta 1821. Al regresar dejó como regente a su hijo Pedro, de quien se despidió con este consejo: “Bien entreveo que Brasil no tardará en separarse de Portugal. En ese caso, si no pudieras conservarme la corona, guárdala para ti y no la dejes caer en manos de aventureros”.

Poco después, incitado Don Pedro por los patriotas a desobedecer a las cortes lusitanas que le mandaban trasladarse a Portugal, manifestó al presidente de la cámara municipal: “Como es para bien de todos y felicidad general de la nación, diga al pueblo que me quedo”. Esa fue la memorable declaración del “fico” (me quedo), del 9 de enero de 1822, comienzo de la independencia del Brasil. En efecto, encontrándose en el paraje de Ipiranga, el 7 de setiembre de 1822, exclamó el príncipe después de leer inauditas órdenes de la metrópoli: “Es tiempo. ¡Independencia o muerte! Estamos separados de Portugal”.

Poco después de este histórico pronunciamiento se reunió la Asamblea General Constituyente. Brasil era libre y se organizaba siguiendo las inspiraciones. de un gran estadista, José Bonifacio de Andrada e Silva, a quien la posteridad llamaría “el patriarca de la independencia”.

Antecedentes: Bajo la doble influencia de las revoluciones americana y francesa y de las ideas liberales, los imperios coloniales que España y Portugal habían levantado a lo largo de los siglos se rebelan a principios del s.XIX. A la burguesía criolla de Iberoamérica le bastan unos años, de 1810 a 1825, para terminar con el régimen de opresión económica y política impuesto por las metrópolis. Dicha burguesía se rebela contra el acaparamiento de los altos cargos coloniales, siempre en manos de hombres de la metrópoli.

Estas insurrecciones son también obra de los héroes románticos, impregnados de ideales revolucionarios, que las encabezan, como Miranda en Venezuela o San Martín en Chile y en Perú. Pero es sobre todo Simón Bolívar el que desempeña un papel fundamental en la emancipación de Iberoamérica.

La liberación se lleva a cabo en dos etapas: la primera ola de insurrección, en los años 1810 a 1811, se salda con un fracaso y provoca una represión sangrienta; la segunda, que comienza en 1817, resulta decisiva y desemboca en la creación de numerosos pequeños Estados independientes. Pero esta fragmentación aumenta la fragilidad del continente, y sus naciones quedan a merced de las influencias exteriores.

Brasil es el único país de Iberoamérica que logra su independencia de forma pacífica. En 1808, en plena guerra napoleónica, la corte portuguesa, amenazada por las tropas francesas de Junot, se ve obligada a trasladarse a Río. La presencia del gobierno portugués en el seno de la colonia tiene la propiedad de acallar las reivindicaciones de los brasileños, que se sentían enteramente subditos portugueses. En 1821, cuando el rey portugués vuelve a Lisboa, su hijo Pedro que había sido educado en Brasil, acepta ser emperador y proclama la independencia en 1822.

HISTORIA DE LA INDEPENDENCIA: El territorio de Brasil había sido colonizado por Portugal. Esta colonia había crecido a partir de la explotación del palo, un árbol de madera dura utilizada para la construcción y para la obtención de productos para teñir, del azúcar y de la extracción de oro. Estas actividades se realizaban utilizando mano de obra esclava. La Corona portuguesa había organizado el territorio en capitanías hereditarias que conservaban una gran autonomía respecto del poder central.

A pesar de los intentos de la corona para confiscar o comprar las capitanías, los empresarios privados fueron fundamentales en la colonización de Brasil. Organizaban bandeiras, ejércitos particulares que en ocasiones podían reunir hasta 3.000 hombres. Estos ejércitos de bandeirantes emprendían expediciones en busca de metales preciosos o para la recuperación de esclavos fugados. También estaba en manos de particulares la recaudación de impuestos. Así, los propietarios rurales tenían amplios poderes militares y ejecutivos.

El crecimiento del poder de los propietarios rurales fue favorecido, además, por la política de la corona portuguesa de debilitar al virrey, cuya autoridad estaba reducida al mínimo.

EL REY Y SU CORTE LLEGA A BRASIL: Durante las guerras napoleónicas, Portugal no había aceptado adherirse al bloqueo impuesto por Francia a Inglaterra. Por tal razón, Napoleón decidió invadir el reino portugués.

Para no caer en manos de los franceses, la corte portuguesa decidió trasladarse al Brasil donde se instaló en 1808. Este traslado se produjo con la protección de la flota Inglesa. Inglaterra había sido fundamental para que Portugal, reino pequeño y escasamente poblado, pudiera mantener su colonia. Esta protección era pagada por Portugal con el oro extraído de Brasil.

Pero no sólo se había trasladado el rey, Juan VI, a Río de Janeiro, capital de Brasil. Toda la corte, incluyendo la nobleza y sus servidores, viajó con la familia real. Sin embargo, el rey cuidó de incorporar a las familias tradicionales de las colonias a la nueva corte, distribuyendo cargos y honores.

Nada predisponía a las colonias lusitanas (portuguesas) de América a una suerte diferente de la de las Indias españolas. En el siglo XVIII, los criollos soportaban también a duras penas la dominación de la metrópoli portuguesa y el despotismo ilustrado del ministro Pombal.

El 22 de enero de 1808, el regente Don Juan —ejercía el poder en nombre de su madre, loca, María de la Gloria—, su mujer Carlota Joaquina, hija del rey de España, sus hijos los príncipes y las princesas, la corte y una gran parte de los cargos superiores del reino, desembarcaron en Bahia.

El 7 de marzo, estaban en Rio. A partir de este momento, el Brasil dejaba de ser una colonia, reuniendo todo lo concerniente al gobierno central en torno a la capital. Los puertos brasileños se abrieron a los buques y al comercio extranjeros, siendo firmado en 1810 un tratado comercial con Inglaterra; el gobierno ilustrado del regente da al país algunos de los órganos de un estado moderno.

Rey Juan VI de Portugal

La alianza inglesa permitió, por poco tiempo, la ocupación efímera de la Guayana francesa (el país ganó con ello la introducción del mango, de la nuez moscada y de la caña de azúcar de Cayena), como pago por su contribución en la coalición antinapoleónica.

La liberación de la metrópoli de la ocupación francesa, en 1814, no cambió en nada la situación, y el Brasil conservó su autonomía en el seno del «Reino Unido de Portugal, del Brasil y de los Algarves» (20 de marzo de 1816).

Juan VI, el regente convertido en rey a la muerte de su madre, parecía poco deseoso de dejar el país. La revolución liberal de 1820, sin embargo, eco de la revolución española, le llamaba a Portugal. Juan VI dejó entonces la regencia brasileña a su hijo menor, Don Pedro.

Extraordinariamente tranquilo, en comparación con las tempestades de las independencias vecinas, Brasil tenía, sin embargo, sus problemas interiores. La región del nordeste (Bahia), la antigua zona próspera de las grandes plantaciones, sufría una profunda crisis económica ya señalada en el siglo XVIII y que acentuaba la desvalorización de los precios de los productos coloniales en el mercado mundial, al acabar las guerras napoleónicas. Tendencias políticas radicales se desarrollaron, terminando en la sublevación de Pernambuco (Recife), del 6 de marzo al 23 de mayo de 1817, que fue rápidamente sofocada.

Algunos precursores partidarios de los «ilustrados», como el cirujano Silveira y sus amigos, soñaban con reformas; los fermentos de republicanismo y regionalismo estaban presentes: las tendencias secesionistas del nordeste (Bahia) y del extremo sur (Rio Grande do Sul) fueron idea fundamental y permanente de la vida política brasileña en sus principios Brasil debe la suerte de una independencia sin dolor y sin daño, a circunstancias muy particulares En 1807, en el cuadro de su política de bloqueo continental, Napoleón se decidió a invadir Portugal, fiel aliada de Gran Bretaña.

Al caer Napoleón, el rey Juan VI regresó a Portugal, dejando a su hijo Pedro al frente del gobierno de Brasil. El propio Pedro declaró, en 1822, la Independencia de Brasil respecto de Portugal. El apoyo que logró entre los colonos le permitió imponerse a las fuerzas portuguesas que habían quedado en América. Ese mismo año, Pedro I fue proclamado emperador de Brasil.

Ceremonia de la coronación de Don Pedro, primer emperador del Brasil, celebrada en Rio de Janeiro, el 1 de diciembre de 1822. Grabado—París, Biblioteca Nacional.

La sociedad colonial brasileña era esencialmente partidaria de la esclavitud: sobre una población de 3.600.000 habitantes hacia 1800, y de 5.300.000 en 1830, los dos tercios estaban compuestos por esclavos negros importados de África. Las ideas secesionistas de un gran número de criollos estaban fuertemente moderadas por un reflejo de conservadurismo social. Hacia 1820, el grupo partidario de la independencia sin república se agrupó alrededor de un notable criollo, José Bonifacio de Andrade.

Sin embargo, el regente Don Pedro se encontró pronto en una situación difícil. En efecto, las Cortes portuguesas pretendían establecer en la antigua colonia una autoridad caída en desuso. Rehusando volver a Portugal, como le pedían las Cortes a comienzos de 1822, Don Pedro se apoyó en la fracción criolla moderada y tomó como ministro a Andrade.

En junio y a propuesta de la Cámara de Rio, aceptó el título de «Defensor perpetuo» del Brasil. En septiembre fue la crisis final. Regresando de sofocar un levantamiento en Bahia, Don Pedro, en las puertas de Sao Paulo, cerca del río Ipiranga, se pronunció abiertamente por la independencia («la independencia o la muerte» es el «grito de Ipiranga», frecuentemente representado en la iconografía oficial brasileña).

La independencia fue proclamada el 7 de septiembre, y, el 12, Don Pedro se convirtió en emperador constitucional del Brasil. Las últimas guarniciones portuguesas fueron expulsadas al año siguiente, gracias a la flota de lord Cochrane.

La solución brasileña fue bastante bien acogida en Europa. En agosto de 1825, bajo la enérgica presión de Inglaterra, Portugal se resignó a reconocer la independencia de su colonia. El Vaticano la sigue en 1826 (este reconocimiento evitó en el Brasil las largas ausencias de los obispos, como pasó en el caso de la América española).

A diferencia de sus vecinos, el nuevo estado brasileño comenzó su existencia con el considerable privilegio que supone el nacnimiento de su unidad política y territorial, herencia del período colonial.

Entre 1821 y 1831 Pedro I incorporó el modelo político británico, ratificado en la Constitución de 1824, pero no pudo solventar los problemas la incorporación brasileña al comercio y a la política internacional, por lo que renunció en favor de su hijo, Pedro II.

La minoridad del príncipe propició que la dirección política fuese emprendida por la regencia (1831-1841), período en el que se asentaron las primeras experiencias republicanas, no materializadas hasta 1889. La Constitución de 1834 originó una mayor actividad política, así como la descentralización del estado sobre tres coordenadas: Parlamento, Consejo de Ministros y el poder moderador del emperador. En esos años se configuraron también los primeros partidos políticos.

En julio de 1840, los liberales, escépticos ante el poder adquirido por la regencia, propusieron que la mayoridad del príncipe se adelantara y que fuera él quien llevara la dirección del país. Pedro II demostró a partir de entonces una gran capacidad para gobernar, lo que hizo apoyándose en la Constitución de 1834.

La crisis económica de la década de 1840-1849 se reflejó en revueltas como las de Para, Maranhao y Santa Catalina, la rebelión de Minas Gerais y Sao Paulo y el levantamiento protagonizado por Giuseppe Garibaldi en Rio Grande do Sul.

Pedro II se presentaría como la figura a través de la cual se podía generar una solución. Con el apoyo del Consejo de Regencia asumió el mando y trató de equilibrar las fuerzas que estaban representadas en el parlamento: a través de su influencia se formó un parlamento cuyos miembros debían su participación en él al poder de la Corona y del ejército. Este último había alcanzado una fuerza nueva con motivo de su actuación en las guerras civiles de la década del 40.

Así comenzó una etapa en la que los conflictos políticos se atenuaron. No obstante, una situación de fondo ligada a la economía brasileña generaría tensiones permanentes: la mano de obra esclava. Tanto la economía azucarera del norte y del centro como el comienzo de la expansión del café, que se produjo primero en Río de Janeiro para afianzarse luego en San Pablo, se apoyaban en el trabajo esclavo.

Fuentes Consultadas:
Historia Universal ESPASA Siglo XXI Independencia de México
SOCIEDADES 8° Año Vicens Vives de M. González y M. Massone
Sociedad, Espacio y Cultura Kapelusz EGB 3° Ciclo Prislei-Tobio-Geli
La Aventura del Hombre en la Historia Tomo II Editorial ATENEO

Europa De La Restauración Monárquica Mapa Político

LA NUEVA EUROPA
Sin aguardar el resultado de la campaña contra Napoleón, el Congreso resolvió con rapidez todas las cuestiones pendientes. El 9 de junio, las diferentes decisiones tomadas son recogidas en el «Acta final del Congreso de Viena»: una obra de vigilancia «policíaca» sobre Francia.

En la frontera norte de ésta, se crea el reino de los Países Bajos, que engloba a Holanda, a Bélgica y a Luxemburgo, en beneficio del príncipe de Orange, que se convierte en el rey Guillermo I, quedando, por tanto, resuelta esta cuestión conforme al deseo inglés, y recibiendo Inglaterra, por otra parte, como premio a sus buenos oficios, las antiguas colonias holandesas del Cabo y de Ceilán. En su frontera sur, Francia ve alzarse el reino de Cerdeña, que recobra Saboya, Niza y Piamonte, y adquiere la antigua república de Genova.

Y en su frontera del este, el reino de Prusia afirma sus bases con la posesión de la mayor parte de la orilla izquierda del Rhin y de Westfalia, de los ducados de Posen, de Thorn y de Dantzig, arrebatados a Polonia, de la Pomerania sueca y del norte de Sajonia.

La Confederación Helvética es neutralizada, bajo la garantía de Europa, a fin de levantar una barrera más a las ambiciones francesas. Austria restablece su preeminencia en Italia, mediante el reino lombardo-véneto y los ducados de Parma, de Módena y de Toscana, regidos por miembros de la familia de los Habsburgo. Recupera las provincias ilíricas y el Tirol, y arrebata Galitzia a Polonia. Rusia domina más que nunca en la Europa oriental, debido a la anexión de Finlandia, tomada a Suecia, de Besarabia, tomada a Turquía, y, sobre todo, de la mayor parte de Polonia.

De la Polonia independiente, no queda más que la minúscula república de Cracovia, que es neutralizada. En el norte, Suecia, que con Bernadotte había prestado grandes servicios a los aliados, recibe Noruega, arrebatada a Dinamarca, que había seguido fiel a Napoleón. España y Portugal vuelven a pertenecer a sus antiguas dinastías.

Un solo punto débil queda en la nueva Europa: la Confederación Alemana. Agrupa 39 estados alemanes, y Austria ejerce en ella la presidencia de la Dieta. Federal de Francfort. Pero los lazos de unión entre estos estados son poco sólidos. El deseo de unidad, explotado por Prusia, se estrella contra la política de Metternich: la diplomacia francesa puede actuar en esos estados, libres de alianzas.

Inglaterra es, en último término, la gran ganadora del desbarajuste napoleónico. Lord Castlereagh ha hecho triunfar la concepción inglesa del equilibrio entre las fuerzas de los Estados europeos, contra las pretensiones hegemónicas del zar, o el retorno de una Francia poderosa. El ministro inglés ha conseguido mejorar las posiciones de su patria en el mar: la adquisición de Malta y de las islas Jónicas, asegura, con Gibraltar, que ya estaba en poder de Inglaterra, el dominio de ésta en el Mediterráneo; mediante tratados, ha reservado la explotación comercial del nuevo mundo a los navios ingleses.

Queda por arreglar la situación de Francia. Después de Waterloo, y a pesar de la restauración de Luis XVIII, los aliados, cuyos ejércitos se despliegan de nuevo sobre Francia, abrigan la intención de hacerle pagar caro esta alarma, en nombre de la «tranquilidad de Europa». El rey de Prusia quiere nada menos que la desmembración de Francia, pero su ambicioso deseo asusta a Rusia y a Inglaterra.

A un mismo tiempo, estas dos potencias se muestran menos rigurosas con Francia, sobre todo Rusia:  de este modo, Francia no pierde territorios muy extensos, pero se ingenian por hacer sus fronteras vulnerables, arrebatándole plazas estratégicas, como Philippeville, Marienburgo, Sarrelouis, Sarrebrück, Landau; y, en el tratado de París del 20 de noviembre de 1815, le imponen una prolongada ocupa-: » de sus fronteras y una indemnización ¿e setecientos millones.

La opinión francesa siente dolorosamente este nuevo retroceso de su poderío político y la tutela de los aliados sobre su Gobiemo. Debido a ello, se desarrollará en Francia un espíritu de desquite, atizado por los mantenedores de la “leyenda napoleónica” , apasionadamente liberal y apasionadamente nacional a la vez. Y Francia, interesada sobre todo, en la revisión de un tratado tan humillante, sabrá estimular los nacionalismos cuyas aspiraciones fueron ignoradas   en   Italia.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IX La Gran Aventura del Hombre

Batalla de Waterloo Fin del Imperio de Napoleon Guerras Napoleonicas

Enfrentar a las legiones de Napoleón, aun en medio de miles de soldados, era una experiencia aterradora. La artillería, que disparaba a menos de 1 Km. de distancia, acababa con regimientos enteros en una sola serie de disparos. Las armas de la defensa respondían, pero su infantería, con mosquetes que eran poco efectivos, no podía hacer otra cosa que esperar el avance de las columnas; el lento tambor que marcaba el paso de las tropas ofensivas ponía el énfasis en la amenaza.

En la vanguardia estaban siempre los veteranos de la Guardia Imperial: todos suboficiales que habían aprendido el oficio en una docena de batallas. Cuando las líneas se acercaban, la artillería de ambos bandos resonaba y la caballería irrumpía, en busca de una brecha para formar una cuña. Cuando las filas estaban a unos 60 m, los mosquetes disparaban por primera vez hacia las densas columnas enemigas. Cargar, cebar, apuntar, disparar: un buen soldado podía producir tres descargas por minuto, aproximadamente el tiempo que tenía antes de que las bayonetas de los atacantes se cruzaran con las de la defensa.

A continuación, seguía un enfrentamiento más directo: acuchillar y disparar entre los gritos de los heridos, en medio del penetrante hedor del humo de pólvora. Luego, casi por inercia, las columnas de batallones cruzaban la línea enemiga hasta alcanzar a la retaguardia, que era masacrada. Las tácticas de asestar un solo golpe y realizar maniobras veloces dieron a la armada napoleónica las victorias de Marengo y Austerlitz, Jena y Wagram.

1815:Waterloo, la batalla decisiva

Napoleón, a la cabeza de 124.000 hombres, pretendía derrotar al ejército anglo-alemán de 93.000 dirigido por Wellington y el prusiano de 120.000 por Marshal Blücher, atacándolos separadamente antes de que pudieran unir sus fuerzas. La primera acometida del emperador fue realizada en Charleroi, donde los tres ejércitos aliados independientes, desparramados a través de 100 millas desde Bélgica, se tocaron. Su plan contaba con una retirada de los enemigos: Wellington a Ostend y Blücher de regreso a Alemania, que separaría a las fuerzas aliadas.

El 16 de julio de 1815, Napoleón venció al mariscal Blücher en Ligny, sin poderle aniquilar, y luego marchó contra Wellington, parapetado en las colinas de Mont-Saint-Jean, junto a Waterloo y cerca de Bruselas.

El emperador suponía que Blücher acudiría a marchas forzadas en ayuda de su aliado inglés, y sabía que para lograr la victoria final era necesario vencer a Wellington antes de la llegada de Blücher.

En la mañana del 18 de junio, Napoleón revistó sus tropas, que le saludaron con una clamorosa ovación, y al mediodía ordenó el ataque. Pero cuando Blücher llegó al campo de batalla, Napoleón no había podido aún ahuyentar a Wellington y a sus casacas coloradas, y los ingleses habían rechazado una tras otra las cargas de la caballería francesa.

Pocas batallas fueron tan encarnizadas e inciertas, y en ésta, el factor decisivo fue el agotamiento francés ante la tenaz resistencia británica. Con la llegada de Blücher hubo bastante.

Al caer la noche, el ejército francés comenzaba a desintegrarse; el mariscal Ney cerró el paso a los fugitivos y les exhortó a reagruparse de nuevo, mientras el emperador se retiraba con su Guardia, con el rostro sombrío, silencioso. Su último ejército quedaba deshecho, dispersado y perdida la artillería… Era el final.

Los muertos y heridos permanecieron en el campo de batalla cerca de una semana. Wellington perdió 15.000 soldados y los prusianos 7.000. De los 74.000 traídos por Napoleón a Waterloo, mas de 25.000 fueron víctimas, más otros 8.000 capturados.

Las 3 millas cuadradas del ondulante suelo de la granja fueron cubiertas por cas: 50.000 caídos. Si se suman las 40.000 bajas de Ligny y Quatre-Bras, los dos días alcanzan casi 90.000 seres humanos. En la semana siguiente, venían visitantes desde Bruselas para merendar entre tanta carnicería, limpiando a los cadáveres de cualquier cosa de vale? y matando a los heridos que se resistían.

Irónicamente, Grouchy —cuya inexperiencia en el campo de batalla privó a Napoleón de la utilización de otros 33.000 hombre: lo que hubiera tornado la lucha a su favor— obtuvo una inútil victoria sobre la retaguardia prusiana, a la que finalmente había alcanzado. Pero su triunfo llegó muy tarde, después del triunfo de Wellington.

El 22 de junio, Napoleón firmaba en París su segunda abdicación. Había vivido un imperio de “Cien Días”. Se retiró al Palacio de la Malmaison, donde transcurrieron sus mejores años con Josefina, fallecida hacía precisamente un año.

Despidiose de sus últimos amigos y de Francia. Se dirigió hacia la costa atlántica donde confiaba embarcar rumbo a América, pero los navíos de la Royal Navy le cerraron el paso.

Napoleón decidió entregarse a los ingleses, a quienes creía magnánimos; confiaba en que quizá le permitieran acabar sus días como un noble campesino, bajo seudónimo, en cualquier lugar de Inglaterra…

A finales de junio de 1815, Napoleón se ponía a disposición de la Gran Bretaña y, a primeros de agosto, el buque de línea Northumberland navegaba rumbo a Santa Elena, llevando a bordo al antiguo emperador de los franceses. No contaba aún cuarenta y seis años de edad.

Fuente Consultada:
Atlas de Historia del Mundo Edición de Kate Santon
Enciclopedia de Historia Universal Espasa Siglo XXI
Civilizaciones de Occidente Tomo B. J. Spielvogel

Estados Unidos democratas y republicanos Guerra Civil Partidos

Para el siglo XIX, Gran Bretaña y Francia eran potencias industriales, sin embargo se suma para la segunda mitad del mismo siglo una nueva: Estados Unidos. Ello se debió a que tuvo un rápido  crecimiento económico, una impresionante expansión territorial (favorecida por los ferrocarriles), una excelente dotación de recursos y un vertiginoso crecimiento de la población. Todo luego del triunfo de los Estados del Norte en la guerra civil.

Tras la declaración de la independencia en 1776, se podría afirmar que en el plano político, el régimen republicano se había reafirmado. Y antes que en otras partes del mundo, se estableció el voto ampliado a todos los varones adultos, más precisamente hacia 1830.

El Partido Republicano, era el defensor de los intereses de la gran burguesía industrial, quien se consolidó a nivel nacional en 1865, tras la victoria de los Estados norteños en la guerra civil. Por ende, el partido Demócrata quedó en un segundo lugar, este último apoyado por los terratenientes sureños principalmente.

No obstante, si tenemos que caracterizar al siglo XIX en el plano económico-social, podría argumentarse que fue un período de profundas desigualdades sociales, situación similar al de toda Europa. Tal es así que los trabajadores agrícolas y los obreros industriales mediante un fuerte movimiento comenzaron a reclamar lo que para ellos era justo: mejoras económicas y cambios en el sistema político.

Por ejemplo, notaban el desarrollo excesivo de los monopolios, el incremento de la desocupación, la inestabilidad en sus trabajos y los indignos salarios percibidos. Es así como las propuestas del socialismo fueron compartidas por un importante sector de la clase obrera industrial.

Por el contrario, el partido populista es adoptado por los trabajadores rurales. Cabe aclarar que si compartían similitudes ambos partidos, y estas hacían hincapié en las denuncias hacia el Estado norteamericano, que según ellos eran conducidos por unos pocos, por ejemplo los “más ricos”. Además alegaban que los republicanos y los demócratas, a través de complejos mecanismos electorales, frenaban una verdadera participación política de carácter democrático. En pocas palabras, ambos criticaban al sistema político y social norteamericano.

LA REAFIRMACIÓN DE LA DEMOCRACIA LIBERAL: LA ERA PROGRESISTA

Quienes realizaron una importante reforma liberal hacia fines del siglo XIX, fueron los republicanos.  Quines durante las elecciones presidenciales de 1868 a 1913, resultaron victoriosos. Sin embargo, esta reforma fue consecuencia de las crecientes demandas sociales y políticas de esa época.

Lo más curioso, es que en Estados Unidos, el movimiento de reforma fue diferente y con otra intensidad que la ocurrida en Europa, debido fundamentalmente a que la amenaza revolucionaria de los obreros socialistas no fue tan colosal como en aquel continente.

Entre 1901 y 1917, se da la conocida era progresista, caracterizada sobre todo por los cambios que fueron llevados a cabo. Estableciéndose para los senadores, su elección directa; el voto secreto y dentro de los partidos, las elecciones internas de precandidatos. Por lo que estos debían presentar a sus electores con anticipación un programa de gobierno definido y además organizar congresos.

Sin embargo, la elección directa de los senadores fue la reforma más conflictiva, ya que antes esta se realizaba en forma indirecta por parte de las legislaturas de los Estados. Los sectores más conservadores de la alta burguesía republicana y demócrata, se opusieron rotundamente a esta medida, favorecidos por su alta representación en el senado. Quienes no formaron un partido propio fueron los conservadores, por lo que su existencia estuvo dentro de dos partidos mayoritarios, y su unión al parlamento cuando sentían amenazados sus intereses.

No obstante, quienes no habían logrado obtener avances en sus derechos civiles hasta principios del siglo XX, fueron las mujeres y los negros. En cuanto a las primeras, recién en 1920 consiguieron el derecho al voto resultado de sus esfuerzos en las luchas a nivel nacional.

En cambio, la comunidad negra continuó generalmente relegada de la sociedad norteamericana; a pesar de que se realizaron algunas reformas constitucionales que buscaron mejorar su situación política y social también. Tal es así, que en Estados Unidos del Siglo XX se continuó con los problemas raciales, a los cuales en la actualidad se le suman los problemas de integración con los inmigrantes latinos.

Nacionalismo, Imperialismo, Unificacion de Alemania e Italia

En la segunda mitad del siglo XIX surge una novedad en el ámbito político: el nacionalismo, producto este de la democratización política vivenciada en esos tiempos.

No obstante, es en Gran Bretaña y Francia entre los siglos XV y XVIII, donde puntualmente se desarrolla un proceso de construcción de Estados centralizados y modernos de toda Europa occidental. Estos se manifestaban representantes de naciones, es decir, del conjunto mayoritario de sus habitantes que compartían una misma nacionalidad. La cual era definida por los sentimientos de pertenencia que compartían los habitantes de un mismo territorio, esta manifestación fue durante la primera mitad del siglo XIX. El compartir la lengua, la religión, la tradición y las costumbres, hicieron surgir estos sentimientos unánimes.

Se puede afirmar, que en la formación de estados nacionales fue importantísima la difusión del nacionalismo, esta corriente de pensamiento creada por intelectuales, ya sea filósofos políticos como artistas.  El pensamiento y el sentimiento nacionalistas sirvieron para unificar culturas y sociedades dentro de un estado nacional.  Esta ideología también funcionó como un principio de acción política para las relaciones internacionales.

Posteriormente, y de igual manera que esta construcción de estados centralizados y modernos de Europa occidental, en la segunda mitad del siglo XIX se evidenció en Alemania e Italia. Considerándose estos nuevos estados en las representantes de las naciones alemana e italiana.

Los grupos de habitantes que no se sentían representados y a su vez representada su nacionalidad por los Estados centralizados, vieron plasmados su aliento al reclamo mediante el desarrollo de la política de democratización. No obstante, quienes organizaban partidos políticos, eran también estos grupos que exigían el derecho a formar un estado independiente, es decir el denominado derecho de autodeterminación. Fue en las regiones de Europa cuyos habitantes habían formado parte de los imperios, como el alemán y el otomano, en donde se hicieron estos reclamos de una manera más intensa.

Sin embargo, los conflictos se multiplicaron ya que no había resultado de manera satisfactoria, la división de esos imperios en  nuevos Estados. Este derecho de autodeterminación mencionado anteriormente, fue reivindicado por todos. Francia, Inglaterra y España eran estados que se habían centralizado inicialmente, y ellos tampoco quedaron afuera de los reclamos nacionalistas. Así, estimuladas por la posibilidad de lograr sus objetivos a través de  elecciones, las poblaciones regionales emprendieron movilizaciones con caracteres políticos.

El imperio otomano y los reclamos nacionalistas en la región de los Balcanes. A partir de 1875 se produjeron rebeliones nacionalistas por parte de los Serbios, Bosnios  y Búlgaros, contra el dominio turco. Como consecuencias de estos movimientos se desmembró el Imperio Otomano y se formaron nuevos estados como Rumania (1881) , Serbia (1882) y Bulgaria en 1908.

Gran Bretaña y las reformas liberales: Era Victoriana Imperialismo

GRAN BRETAÑA: LA ÉPOCA VICTORIANA Y LAS REFORMAS LIBERALES

En el período que comprende 1837 a 1904, la reina Victoria de Hannover, con sólo dieciocho años de edad, gobierna Gran Bretaña. País, que bajo este gobierno vivenció importantes cambios en el ámbito político, y que desencadenaron de manera paulatina en la reformas liberales.

Durante este período, la clase gobernante inglesa esta representada políticamente por dos grupos: los whigs y los tories. Estos debieron emprender importantes transformaciones, consecuencia de las demandas sociales y políticas impulsadas por la pequeña burguesía y la clase obrera.

El reinado Gran Bretaña y las reformas liberales:Era Victoriana Imperialismode la Reina Victoria fue el más extenso de la historia británica (64 años).Ese período fue llamado por los historiadores la era victoriana, y en él Gran Bretaña se consolidó como una monarquía parlamentaria y como el impero colonial más extenso del planeta

Así, la ampliación del derecho al voto en 1832 se efectivizó como la primera reforma realizada. Sin embargo, quienes solamente tenían la plena participación de ella eran el 15% de los varones adultos. El sector que salió más favorecido de todo ello fue el campo, ya que en la ciudad los obreros no podían votar. Lo más sobresaliente de esta reforma fue que los tories, es decir la aristocracia conservadora y un sector de los whigs, los liberales moderados ingleses, estuvieron de acuerdo en la misma.

Sin embargo, la participación de la pequeña burguesía y de los obreros calificados, se produce en 1867 con una nueva reforma electoral que duplicó el derecho al voto. No obstante, esta reforma en 1874 se completa con el establecimiento del voto secreto. Y es el 1884 y 1885, cuando las leyes amplían el voto al 70% de los varones adultos.

La alta burguesía inglesa frente a esta serie de transformaciones reaccionó y finalmente las rechazó. Rechazo que este sector manifestó a través de la búsqueda de acuerdos con la aristocracia conservadora y que tenían como objetivo, combatir con más fuerza a los liberales reformistas y evitar así la sanción del voto universal.

Años después, se comenzaron a representar los intereses de la clase obrera con la creación de un nuevo partido político: el laborista. Ello fue en 1906, junto con el planteamiento de la necesidad de realizar reformas sociales y políticas que acrecentaran las bases del sistema político inglés.

Gran Bretaña y las reformas liberales:Era Victoriana Imperialismo

William Gladstone: Durante el reinado de Victoria este político liberal ocupó el cargo de Primer Ministro entre 1868 y 1874. Durante su gobierno se llevaron a cabo reformas que cambiaron el sistema electoral, ampliando el número de ciudadanos admitidos para votar.

Un grupo de mujeres se reunieron con este Ministro reclamándole el derecho al sufragio, pero a pesar de sus insistencias, no lo lograron hasta principio del siglo XX. La política reformista continuó también durante el gobierno del conservador Disraelí perteneciente al Partido Conservador (Tory) entre 1874 y 1880

 

 

Gran Bretaña y las reformas liberales:Era Victoriana Imperialismo

 

Disraelí: Aunque Gladstone y Disrelí pertenecían a partidos opuesto y compitieron por el cargo de Ministro, ambos impulsaron la política expansionista británica. Este Ministro fue el favorito de la reina Victoria, quien le concedió el título de Conde

 1901: Muere la Reina Victoria I

El 22 de enero de 1901, muere Victoria, tras un reinado de casi 64 años. El dolor de esta pérdida alcanzó a casi todos los ciudadanos británicos, tal es así que por las calles de Londres, hasta las prostitutas vestían de luto. Quien describe con palabras justas este hecho es el poeta Robert Bridges: «Parece como si se hubiera caído la clave del arco del cielo». Gran bretaña, bajo su reinado acentuó de una manera increíble su propia personalidad y además expandió los límites de su imperio.

Tal es así que reorganizó  los dominios de Australia y Nueva Zelanda, en 1856; del Canadá, en 1867; y de la India, en 1877.  Además, se afianzó en lugares clave para el tráfico marítimo internacional, como el estrecho de Gibraltar, las islas Malvinas, Santa Elena, las Antillas y la Ciudad del cabo, entre otras. Victoria fue un ejemplo en un determinado sentido de la moral basada en la austeridad y de un ardiente imperialismo, resultando su vida ser elegida como un verdadero modelo para su tiempo y su patria. Acompañando así la construcción del imperio más poderoso del mundo.

La antigua época victoria acaba de manera oficial, con la ascensión de Eduardo VII, segundo hijo de la reina Victoria y del príncipe consorte Alberto.  Lugar que ocupó un nuevo espíritu liberal del siglo XX. Este trono fue ocupado por el gordo, calvo y envejecido Eduardo, que con 59 años poseía una reputación de libertino. Colocado entonces en la mira de la atención pública, se aludía a su larga e intensa vida sentimental, afirmándose: «No podemos pretender que no haya nada en su larga vida que los que le respetamos y admiramos deseemos que hubiera sido de otro modo».

Sin embargo, el pueblo británico aunque Eduardo fuera un libertino, pero profundamente moderno, lo acepto y quiso así.  Aportando a la corona una vitalidad y refrescante alegría, lo que le faltaba a esta tras 64 años de estricta moral victoriana. Eduardo además, vestía de forma espontánea pero con suma elegancia. Sin dudas, con euforia una multitud aplaudió tras el triunfo de su caballo en un Derby, manifestando la población: “el monarca despliega gran actividad”.

Adoptando un papel contrario al de su madre que intervenía activamente en la política, Eduardo optó por ser plenamente ceremonial, logrando así su perdurabilidad en la vida política inglesa. Finalmente en 1910, finaliza esta época eduardiana signado por la muerte del monarca. Nueve años que sirvieron para preparar el terreno hacia las monarquías constitucionales modernas.

La Democracia Liberal Principios Concepto Sufragio Restringido Resumen

El régimen político es el conjunto de reglas, normas e Instituciones que en una sociedad regulan la lucha por el ejercido del poder. La vigencia de un régimen político de democracia liberal —tanto en una monarquía constitucional como en una república— significa, en primer lugar, Ja aceptación de que la fuente del poder reside en el pueblo y que éste la delega a los gobernantes.

De acuerdo con este principio, los gobernantes aceptan que su poder tiene límites. Estos límites se derivan del reconocimiento de un conjunto de derechos y garantías en relación con la vida, bienes y actividades de los habitantes del país.

La vigencia de un régimen político de democracia liberal significa también la división de las funciones legislativas, judiciales y ejecutivas de gobierno; y el reconocimiento y vigencia del derecho de los ciudadanos de participar en la elección y ejercicio del gobiérnela través, del sufragio en elecciones periódicas.

Desde el siglo XIX en adelante, los regímenes políticos de democracia liberal fueron más restringidos o más amplios de acuerdo con el menor o mayor número de habitantes reconocidos como ciudadanos con derecho a voto.

EL CAMINO HACIA LA DEMOCRACIA LIBERAL
En el período comprendido entre 1850 y 1914, la sociedad burguesa debió enfrentar un problema político fundamental: el de su democratización. Para los gobiernos de la segunda mitad del siglo XIX la democracia política era un problema porque permitía la participación en el gobierno de la mayor parte de la población. Y como esa mayoría era pobre —y cada vez más a partir del desarrollo del capitalismo—, los grupos sociales con poder económico y político pensaban que no estaba capacitada para dirigir los asuntos públicos en una dirección que asegurara un mayor bienestar para todos los integrantes de la sociedad.

En diferentes momentos de la segunda mitad del siglo XIX, la democracia liberal se consolidó como régimen político en los Estados Unidos de América y en casi toda Europa —en los países de la región occidental antes que en los de Europa oriental—, poco a poco, se fue difundiendo también en otras regiones del planeta, como América Latina y el Japón, por ejemplo. Sin embargo, los gobiernos que impulsaban el establecimiento de constituciones liberales y asambleas soberanas elegidas por sufragio, por otro lado, limitaban el derecho a votar y a ser elegido de la mayor parte de los ciudadanos varones y de todas las mujeres.

Esta contradicción reflejaba el sentimiento de los grupos sociales más poderosos: aceptaban la democratización como inevitable pero temían sus resultados. En cada sociedad, el problema de establecer un régimen político de democracia liberal y avanzar en la democratización real de la política tuvo desarrollos particulares y las situaciones resultantes fueron también diversas.

El liberalismo se había ido conformando como una corriente ideológica a partir de las ideas del filósofo inglésJohn Locke (1632-1704) y de los franceses Montesquieu (1689-1755) y Jean Jacques Rousseau (1712-1778). A mediados del siglo XIX, afirmaba los siguientes principios como los fundamentales que debían organizar la vida de los hombres en sociedad: el reconocimiento de que los hombres son libres e iguales en derechos: a la vida, a la libertad, a la seguridad, a la felicidad y a la propiedad privada, individual e ilimitada; la aceptación de que la autoridad del Estado se originaba en el acuerdo o pacto que los integrantes de una sociedad realizaban entre sí para poner límites a sus propios derechos y asegurar la convivencia; la vigencia de un Estado de derecho limitado en su poder y en sus funciones por la Constitución y las leyes que protegen jurídicamente los derechos de los individuos. El liberalismo fue la ideología de los grupos burgueses cuyo poder social y económico crecía junto con el desarrollo del capitalismo industrial.

Desde mediados del siglo XIX, entre los liberales comenzó a desarrollarse un movimiento democrático que, sin dejar de lado los principios del liberalismo, se propuso avanzar hacia un mayor grado de igualitarismo en la organización política de las sociedades. Los liberales .reformistas comenzaron a proponer reformas en la organización política de sus sociedades con el objetivo de permitir una mayor participación del conjunto de la población en la elección y en el ejercicio del gobierno a través del sufragio universal.

Fue frente a este movimiento democrático que, a partir de la segunda mitad del siglo XIX, comenzó a afirmarse el conservadurismo. En las primeras décadas del siglo, los conservadores se diferenciaban de los liberales afirmando que la monarquía, la organización eclesiástica, la familia, la propiedad privada, el sistema de privilegios y las corporaciones profesionales eran instituciones divinas y que la autoridad del Estado existía para defenderlas. Estas ideas expresaban, en esa época, los intereses de los grupos privilegiados del antiguo régimen.

Más tarde, a medida que avanzaba el reformismo democrático, se consideró conservadores a los grupos de la burguesía que se oponían al establecimiento del sufragio universal y a otras reformas políticas, que tendían hacia la democratización. Frente a este problema, los conservadores justificaban su oposición afirmando que las mayorías sólo podían expresar la voluntad de los más ignorantes pero en ningún caso la verdad.

lucha por los derechos civiles

La lucha por el sufragio femenino. Desde mediados del siglo XIX, un número cada vez más grande de mujeres se incorporaban a las actividades laborales. Y al tiempo que lo hacían, comenzaban a reclamar por la igualdad de sus derechos cívicos. Una de las demandas principales fue el derecho al voto. Y para lograrlo organizaron su lucha a través de huelgas de hambre y manifestaciones callejeras. Sin embargo, recién a principios del siglo XX alcanzaron el derecho al sufragio: en Estados Unidos fue en 1920 y en Gran Bretaña en 1928. En otros países las reformas recién se produjeron hacia 1940. En la imagen podemos observar una concentración pública de mujeres sufragistas realizada en Nueva York, en 1915.

LAS DEMOCRACIAS LIMITADAS

“Entre 1880 y 1914 la mayor parte de los Estados occidentales tuvieron que resignarse a lo inevitable. La política democrática no podía posponerse por más tiempo. En consecuencia, el problema era cómo conseguir manipularla… Por ejemplo, se podían poner límites estrictos al papel político de las asambleas elegidas por sufragio universal. Se podían mantener también elementos -del sufragio calificado, que exigía un determinado nivel de educación para poder votar. Además se podía influir en el número de votos que cada partido podía obtener manipulando los límites de los distritos electorales (teniendo en cuenta que en las diferentes regiones del territorio vivían mayoritariamente miembros de un determinado grupo social). Finalmente, las votaciones públicas podían suponer una presión para los votantes, especialmente cuando había señores poderosos u otros jefes que vigilaban el proceso.”

Eñe J. Hobsbawm, historiador inglés contemporáneo, La era del Imperio

Fuente Consultada: Historia Argentina y el Mundo Contemporáneo Alonso-Elisalde-Vázquez

Causas y consecuencias de la expansión colonial:el imperio britanico y francés

CONSECUENCIAS EN LAS COLONIAS

La repercusión sobre los países colonizados fue inmensa. Miége dice gráficamente que surge una nueva geografía. El impacto de Europa se deja sentir en primer lugar en las costas, donde se construyen puertos con instalaciones modernas; más tarde en el interior, al que se accede por vías férreas. Surge una nueva estructura de las comunicaciones.

En todas partes se intentó fomentar un cultivo básico, por ejemplo el caucho en Indochina, el cacao en Nigeria, el café en Tanganika. La producción aumentó. En Argelia los viñedos se multiplicaron por cuatro entre 1881 y 1895; Indochina exportaba en 1900 un millón de toneladas de arroz. Las colonias compran productos a la metrópoli; la economía de mercado suscita la necesidad del papel moneda, con lo que la economía monetaria se yuxtapone a la de subsistencia, característica del período precolonial.

En el orden demográfico se consiguen las primeras victorias contra las enfermedades tropicales, se instalan hospitales y se aplican terapéuticas europeas; pero, al mismo tiempo, el progreso de las comunicaciones permite una difusión más rápida de las epidemias, y el contacto con los europeos provocó en algunas sociedades una disminución de la población, como en Nuevas Hébridas, donde se redujo a 1/20 desde principios del siglo XIX. En general, el descenso de la mortalidad, con mantenimiento de una natalidad alta, favoreció el incremento de la población.

Las sociedades indígenas experimentaron transformaciones profundas. La vida urbana rompió las estructuras tribales. Una burguesía de negociantes y funcionarios se instaló en los niveles más altos de la escala social. Incluso en el campo se produjeron cambios, con la introducción de nuevas plantas, la extensión de la agricultura comercial y la moneda.

En el orden intelectual misioneros, escuelas, edición de periódicos produjeron un retroceso del analfabetismo. Pero, por otra parte, el impacto de la cultura occidental hizo perder su identidad a las culturas indígenas, perturbó sus creencias y tradiciones. Este drama de la aculturación explica que los movimientos nacionalistas hayan levantado como bandera en la descolonización la recuperación de la cultura nacional.

Es indudable que pueden hallarse bastantes aporta-clones positivas, pero en el conjunto predominan las negativas; las viejas civilizaciones fueron destruidas, sus lenguas desplazadas, la industrialización prohibida, en algunas zonas se produjo la segregación racial, el mantenimiento de los indígenas en empleos inferiores y barrios apartados.

CONSECUENCIAS EN LAS METRÓPOLIS

Por el contrario, las potencias europeas, sin otro sacrificio que el riesgo de lo desconocido, obtuvieron ventajas indudables.

En el orden demográfico las colonias de poblamiento constituyeron áreas geográficas para resolver los excedentes de mano de obra en una crisis económica, como ocurrió en los años difíciles para la economía británica.

En otros casos fue la salida de urgencia en crisis políticas. Muchos franceses huyeron a Argelia tras la represión de 1848. Y bastantes alsacianos prefirieron vivir en África antes que bajo dominio alemán después de la guerra de 1870. No obstante, hay que aclarar que el núcleo principal de la emigración europea no se dirigió a las nuevas colonias sino a las naciones independientes, ex colonias como Estados Unidos, Canadá y Argentina.

En el orden económico, ultramar incrementó las posibilidades de inversión de capitales y multiplicó los beneficios. Gran Bretaña obtuvo rentas de 35 millones de libras esterlinas en 1870 y más de cien millones en 1900, en una espiral de rentabilidad que alcanzó los doscientos millones en 1913. Un aspecto básico fue la obtención de materias primas a bajo coste. Caucho, algodón, fosfatos, lana, proveyeron a la industria europea. Las colonias suponían un área preferente para las metrópolis. A pesar de ello no deben exagerarse las ventajas, porque en el caso francés se ha comprobado que sólo una parte de los negocios galos se hacia en las colonias en vísperas de la Primera Guerra Mundial.

También habrían de anotarse repercusiones psicológicas, en torno a la idea de la supremacía blanca y europea. Rudyard Kipling seria el máximo cantor de la supremacía inglesa, apoyada en el Imperio.

En el orden de las relaciones internacionales, las potencias coloniales, por el mero hecho de su condición de metrópolis de imperios, disfrutaron durante la era del imperialismo de un rango que les proporcionaba ventajas en los Congresos, aunque su agenda no incluyera asuntos de la colonización; más se escuchaba a Londres o a Paris, o a Berlín cuando Alemania se convirtió en potencia colonial, que a gobiernos europeos que no administraban colonias o que habían perdido posiciones, como ocurrió al gobierno de Madrid.

No obstante, en el momento de hacer un balance, habría que distinguir entre los beneficios públicos y privados. Sin duda la hacienda de las metrópolis se vio beneficiada, aunque al tiempo que ingresos tenía que contabilizar costos. No obstante, los principales beneficiarios de la colonización fueron compañías privadas. Se ha estudiado la acumulación de beneficios obtenida por bancos franceses con sus inversiones en colonias, pero fueron todavía superiores los recogidos por ingleses, holandeses y belgas.

Causas del Imperialismo:el reparto de africa Expansion Colonial

LÍNEAS MAESTRAS DEL REPARTO

Mientras América se emancipa y Asia presenta zonas de colonización bien delimitadas —los ingleses en el Sur, los franceses en el Sudeste—, África es en el siglo XIX el continente en el que confluyen, de forma confusa, las apetencias de todas las potencias colonizadoras; es el continente del reparto, no exento de tensiones y choques. En África con parecen ingleses y franceses, superpotencias del imperialismo, pero también belgas, alemanes, italianos, portugueses y españoles.

En 1880 era un continente desconocido, en el que los europeos ocupaban únicamente una serie de posiciones costeras; en 1914 está totalmente repartido entre las potencias europeas y sólo subsisten dos Estados independientes: Liberia y Etiopía. En la complicada historia del reparto podemos encontrar algunas líneas maestras:

  1. a)     Ocupación inicial de la costa. Desde las posiciones costeras se penetra hacia el interior. El objetivo ideal sería alcanzar la costa opuesta y formar un imperio continuo, ambición que sólo estuvo a punto de con seguir Inglaterra.
  2. b)     Aspecto legal. ¿Es el descubrimiento o la ocupación efectiva la que otorga derecho de explotar un territorio? La conferencia de Berlín de 1885 se inclina por la ocupación, lo que acelera el ritmo de la colonización y la aparición apresurada en el mapa africano de los países que todavía no habían iniciado la formación de un Imperio.
  3. c)     Penetración por los valles de los ríos. Con la ocupación del valle se considerará que se tiene derecho a la ocupación de la cuenca entera y a la formación de una coloniasobre ella. Es el caso del Nilo, del Niger y del Congo.
  4. d)     La ocupación es paulatina, casi lenta. Al principio no se piensa en colonias, sino en factorías, en bases costeras de aprovechamiento. La doctrina imperialista es tardía, empírica, se forma tras la ocupación real de las primeras colonias.
  5. e)     La clave de la ocupación africana está en Egipto y en el valle del Nilo. Aunque hubo problemas complicados, como el del Congo, la base de todos los planteamientos es la defensa inglesa del valle del Nilo y el intento francés de llegar a él. En general, todos quieren llegar al Ni lo, tanto si parten del Atlántico como del Indico.

La complejidad del reparto de África quedó reflejada en el Acta de la Conferencia de Berlín, en la que se habla de territorios, pero también de la libertad de comercio en la cuenca del Congo y de navegación en el Níger, así como la protección a los indígenas, y a viajeros y misioneros en el ejercicio de su actividad.

COSTAS Y RIOS, EJES DE LA COLONIZACION DE AFRICA

La costa mediterránea
La costa mediterránea parece ser una zona reservada a Francia hasta la aparición de los ingleses en Suez. Los franceses han iniciado la ocupación de la costa argelina en 1830, bajo Carlos X. Va a ser una colonia de poblamiento europeo: en 1870 viven en Argelia 250.000 franceses y en 1914 ya 800.000. Sobre Túnez se volcaban las apetencias francesas, inglesas —tras la construcción del canal de Suez— y alemanas. Son los franceses los que consiguen instalar una especie de protectorado. La doctrina del protectorado tarda en elaborarse; por el Tratado del Bardo (1881) se establece una ocupación militar temporal; en la convención de La Marsa (1883) se habla de tutela, con la que se priva al protegido de autogobierno.

Suez y el valle del Nilo
La presencia de los ingleses en Suez se produce cuando, en 1878, Egipto no puede pagar los intereses de las acciones inglesas y francesas del Canal y se ve obligado a confiar la gestión de sus finanzas a las dos potencias europeas. Un movimiento nacionalista provoca una matanza de europeos en Alejandría: es el momento esperado por los ingleses para ordenar el desembarco de Wolseley y la ocupación militar del país, con la ficción del mantenimiento de la administración egipcia. Los ataques de los sudaneses obligan posteriormente a los ingleses a avanzar hacia el Sur, a lo largo del valle del Nilo

Vías de penetración en la costa occidental
En la costa occidental tres grandes ríos señalan la penetración de tres países: por el Congo se expansionan los belgas, que heredan los derechos de la sociedad internacional —presidida por el rey Leopoldo II— que ha explorado la zona; los franceses remontan el Senegal, por medio de Faidherbe; los ingleses el Níger, dirigidos por Goldie. Las cuencas del Senegal y el Níger no plantean problemas.

 No ocurre lo mismo con el Congo, en cuya orilla derecha se ha establecido el francés Brazza, y en cuya desembocadura los portugueses han instalado el enclave de Cabinda. La complejidad de la colonización en el Congo provoca la convocatoria del Congreso de Berlín (1885), en el que se determina la existencia de un Esta do libre del Congo —en realidad controlado por los belgas—, se delimita la zona francesa, en la orilla derecha, y se dibuja otra zona que quedará bajo control internacional. Después del Congreso la mayor actividad en la costa Oeste es la francesa; con la penetración hacia el interior se empieza a pensar en la unión con la costa mediterránea y en la constitución de un África Occidental Francesa.

En la costa oriental africana no existían grandes Esta dos en tierra firme, ni tampoco un comercio intenso, a excepción del marfil, que era transportado por esclavos. Por este motivo, Inglaterra no deseaba establecer en Zanzibar un protectorado británico. Pero la presencia ale mana, representada por la Compañía Alemana del África Oriental, incita a los ingleses a defender sus bases y a declarar que los puertos de Mombasa y Zanzíbar son vitales para las comunicaciones con la India. Ante esta situación, Salisbury y Bismarck se dividen en el año 1886 la tierra firme, el Norte para los ingleses, el Sur para los alemanes.
Es la hora de los italianos, espoleados por las ansias colonizadoras de Francesco Crispi; desde el puerto de Massaua en el mar Rojo se expansionan hacia Eritrea y posteriormente hacia Etiopía, lo que provoca el recelo de los ingleses ante la aproximación al valle del Nilo. Los italianos son obligados a detener su avance, aunque se les reconoce, como compensación, la posesión de una parte del territorio somalí.

Conflicto anglo-francés. Incidente de Fachoda
Los últimos capítulos de la ocupación africana se localizan en el valle del Nilo. Los franceses, con apoyo ruso, exigen el abandono del valle por los ingleses, mientras penetran desde el Sahara Occidental hasta el Chad, camino del alto Nilo. En 1895, Grey avisa a los franceses de que un avance hasta el Nilo será considerado inamistoso.

Todavía existía en África una zona sin ocupar, el Sudán. Los ingleses la invaden para ayudar a los italianos, derrotados en Etiopía: Los franceses avanzan hacia el Sudán desde el Oeste, los ingleses desde el Norte y el Sur. En Fachoda se encuentran los ejércitos de Mar chand y Kitchener. La retirada del francés Marchand permite el control del valle del Nilo exclusivamente por los ingleses y la constitución de un imperio casi continuo, Norte-Sur, como soñaba Cecil Rhodes, de El Cairo a El Cabo, únicamente interrumpido por el África Oriental Alemana.

Reparto consumado: África ha sido ya totalmente repartida; los ingleses se han llevado la parte del león: el valle del Nilo con su algodón y el Sur del continente con su oro y diamantes, dos zonas que tienen además el valor estratégico de apoyos en las dos rutas de la India. Francia ha constituí-do un imperio sólido en la zona occidental. Los belgas han podido reservarse una colonia de inmensas riquezas.  Los portugueses se han establecido en Angola y Mozambique, pero no han podido unirlas por rutas terrestres, por la presencia inglesa en Rhodesia; es un conflicto similar al de Fachoda, el cruce de un imperio que intenta extenderse de Oeste a Este con otro que lo hace de Norte a sur.

África vio llegar oleadas de misioneros, exploradores y comerciantes, que llevaban la Biblia y la “civilización” en una mano, y en la otra armas y productos de comercio, y, poco después, las columnas armadas que ocuparían el interior. Era frecuente que unos y otros se dedicaran a hacer firmar a jefes iletrados cartas de concesión de nuevos territorios, que estaban destinados a redondear las cabezas de puente ya adquiridas.

Gracias a estos procedimientos, los franceses, los ingleses y los belgas se quedaron con la parte del león y dejaron muy poco disponible para los que venían detrás. Alemania e Italia llegaron más tarde y sus posesiones no fueron ni tan extensas ni tan duraderas como las de las demás metrópolis. Al terminar la primera guerra mundial las colonias alemanas pasaron a manos de sus vencedores y al terminar la segunda las italianas adquirieron rápidamente la independencia. Completado el reparto, África entraba en la historia por haber perdido su libertad.

Todas las colonias padecieron el flagelo del “trabajo forzoso” disfrazado como contribución personal para la puesta en marcha de la infraestructura, o como adquisición de salario para el pago de impuestos. Por la otra, puesto que no poseían una población abundante, se aplicó una política generalizada, que tendía a “fabricar negros”, con el objeto de aumentar el ejército de trabajadores.

No era otro el fin de las medidas adoptadas para erradicar las enfermedades endémicas, evitar la muerte de niños, contrarrestar las prácticas anticonceptivas y prolongar la vida de los adultos. Es probable que también intervinieran en este caso consideraciones de tipo humanitario, pero la frase citada es suficientemente elocuente como para despojar al evidente esfuerzo sanitario de propósitos altruistas. Lo cierto es que en África la curva demográfica se modificó, mostrando un neto predominio de los grupos más jóvenes, que desde entonces fueron empleados localmente o enviados a las metrópolis cuando escaseaban allí los obreros no especializados.

Francia albergaba, en la década de 1950, más de medio millón de norafricanos carentes de toda calificación, que desempeñaban las tareas despreciadas por los obreros metropolitanos y constituían un subproletariado indeseable, relegado a condiciones económicas y sociales que ningún europeo hubiera acepado. Pero más todavía: la abundancia de trabajadores permitía fijar los salarios locales a un nivel estrictamente fisiológico. Los abusos en este sentido fueron tan desorbitados, que los gobiernos intervinieron en varias oportunidades para establecer salarios mínimos.

En las zonas más industrializadas, donde había obreros europeos —los “pequeños blancos”— o coexistían varias comunidades de diferente nacionalidad (como en África del Sur y oriental),la colonización impuso tasas de salarios diferentes para cada grupo, aun si las condiciones de trabajo eran las mismas. “A cada raza su salario”, era el principio, y en esta escala descendente, el negro ocupaba siempre el lugar inferior. El caso extremo se observó en Sudáfrica: en 1926 se sancionó legalmente la “barrera de color”.

Esta implicaba innumerables vejaciones sociales y limitaciones políticas para los autóctonos, pero, lo que era más grave todavía, implicaba que tenían vedada toda perspectiva de especialización laboral y que los trabajos calificados sólo podían ser desempeñados por los blancos. De este modo, la masa de trabajadores, constituida por los negros, estaba siempre peor pagada que la estrecha y exclusivista capa de proletarios blancos.

La colonización fue, pues, un todo coherente. Un sistema creado para el exclusivo enriquecimiento de las metrópolis y en el que todas y cada una de sus manifestaciones concretas actuaba como disolvente de las sociedades tradicionales. Pero el capitalismo, que en el siglo XIX había sido capaz de reordenar la sociedad de Europa occidental sobre bases modernas, no ofreció al África del siglo XX idénticas posibilidades y se limitó a crear una economía específica sin gran poder de estructuración social.

En Kalanga una sola empresaempleaba el 42%
de la población masculina adulta

Los rebeldes primitivos africanos
A pesar de que la trata de esclavos (practicada casi sin interrupción desde el siglo XVI, en la costa occidental por los europeos y en la oriental por los árabes), debilitó a muchos reinos, y los conflictos internos terminaron con otros, a comienzos del siglo XIX estaban nuevamente en pie, gracias sobre todo a dos hombres extraordinarios, Usman dan Fodio, el musulmán, y Chaka, el zulú, que lograron el apoyo de inmensas masas populares. Sus sucesores e imitadores prolongaron y multiplicaron la acción de estos precursores,
volcando contra el extranjero la fuerza que aquéllos habían desatado.

El primero predicó en la zona sahelosudanesa. Fue un reformador religioso, difusor de un islam purificado que despertó el entusiasmo de las poblaciones y las lanzó a la guerra santa contra los infieles y a la conquista de nuevos territorios. De este impulso nacieron vastos Estados teocráticos, regidos por místicos gobernantes que lucharon contra los invasores con espíritu de cruzada. Es probable que tal reacción obedeciera más al deseo de conservar sus posesiones qué al de defender la independencia local, pero tal consideración no echa sombra sobre su papel de brillantes antecesores de los movimientos de liberación.

Entre los más notables de estos expertos jefes de guerra, que estuvieron muy lejos de ser los brutos sanguinarios que se empeñaron en mostrar los historiadores del colonialismo, cabe señalar a El Hadj Ornar, el legendario enemigo del francés Faidherbe, pertinaz defensor de sus posiciones sobre el río Senegal; a Samory, que contuvo a los franceses durante seis largos años en la zona oriental de la actual Guinea, y a Rabah, un soldado que se había tallado un imperio en las cercanías del lago Chad y que sólo pudo ser vencido cuando tres columnas galas lo atacaron simultáneamente desde tres puntos cardinales. Mejor entroncados con la tradición histórica y más homogéneos en su constitución, puesto que nada debían a la influencia islámica, fueron el reino de Abomey (Dahomey actual) y la confederación Ashanti (norte de Ghana).

Aquél asombró a los franceses por la disciplina y el valor de su ejército y ésta exigió a los ingleses tres guerras sucesivas antes de declararse vencida y entregar el trono de oro, símbolo de los espíritus de todo el pueblo. En cuanto a Chaka, el Napoleón zulú, tuvo como escenario el África austral. Con sus hombres transformados en implacable máquina de guerra, arrasó el territorio de Natal, sometiendo o expulsando a sus primitivos habitantes, y gracias a él, la “nación” zulú entró en la historia.

Sus sucesores se dedicaron a ampliar sus conquistas, logrando dominar toda la región desde Natal al lago Victoria. En sus desplazamientos —que abarcaron más de tres mil kilómetros— empujaron a otras tribus y provocaron profundas conmociones en Sudáfrica. Puesto que simultáneamente se estaba introduciendo la migración de los boers y la penetración de los ingleses, los avances europeos tuvieron que realizarse lenta y paulatinamente, dejando para los bantú islotes de relativa independencia en medio de las posesiones blancas.

Imperio britanico y francés:colonialismo europeo Resumen Imperialismo

FORMACIÓN DEL IMPERIO FRANCÉS 

Francia es la otra potencia que consiguió formar un Imperio colonial de importancia mundial. De todas formas, sus bases eran más precarias que las del Imperio Británico. Los franceses tenían menos tendencia a emigrar; sólo unos 20.000 anuales en los años 90 (frente a los 300.000 ingleses). Y ninguna de sus colonias ofrecía una importancia económica semejante a la de Canadá, Australia o la India. La expansión francesa se orienta en primer lugar al control del África mediterránea; Argelia es la zona de colonización a la que emigran las familias francesas.

La importancia estratégica excepcional de Suez la comprendieron antes que los ingleses; con capital francés y proyecto del ingeniero Fernando de Lesseps, se construyó el canal, que se inaugura en 1869. Aparte del espacio mediterráneo y las posesiones africanas, los franceses se establecieron en el Sudeste asiático: una colonia en el delta del Mekong —Cochinchina— y un protectorado en un reino vecino: Camboya.

Hasta 1870 Francia no tenía una política colonial de amplias perspectivas. También en Francia una crisis económica, provocada por la derrota en la guerra contra Prusia, empuja a los sucesivos gobiernos —Gambetta, Ferry, Delcassé— a procurar la recuperación del país con la explotación de colonias.  

Jules Ferry es no sólo el político imperialista por excelencia sino también uno de los mejores teóricos del colonialismo. La colonización de Argelia, el protectorado sobre Túnez y la penetración en África, datan de este periodo de fin de siglo.  

A partir de 1873 los franceses, partiendo de Cochinchina, remontan el no Mekong y buscan una vía de penetración hacia China. Ocupan Annam, Tonkin (panes del Vietnam actual) y Laos. Con todos los territorios ocupados se forma la Unión Indochina. En los deltas se expansionan los arrozales, la población crece rápidamente. Por el puerto de Haiphong sale carbón, estaño y zinc para Francia, que dispone además de grandes cantidades de arroz indochino.

Pieza clave en el Imperio Francés será la extensa isla de Madagascar. La ocupación comienza con una intervención en 1883. La figura destacada de la colonización es Galliéní, que preconiza una ocupación lenta y progresiva con un mínimo de destrucciones, funda escuelas, impulsa los traba los portuarios y ferroviarios.

En menor escala que Inglaterra, Francia entra en el siglo XX con un Imperio que supone el control de algunas líneas comerciales y la abundancia de materias primas y alimentos.

 OTRAS EXPERIENCIAS COLONIZADORAS

Otras potencias consiguieron territorios sin la cohesión de un imperio multicontinental, porque no llegaron a tiempo o carecían de fuerza suficiente para su control.

Bélgica se anexionó el riquísimo Congo en 1908, con lo que multiplicaba su territorio y sus riquezas. No se trató de una empresa nacional sino de una empresa privada pilotada por el rey Leopoldo II, quien formó una compañía, absorbió la mayoría de las acciones y a su muerte legó a su país esta gigantesca colonia.

Holanda, al igual que Portugal, tuvo la ventaja del apoyo en posesiones ocupadas desde la Edad Moderna. Dos notas deben resaltarse en la colonización de la Insulindia holandesa: un rápido e inteligente proceso de sustitución de producciones, al promover la de los artículos de plantación tradicionales, azúcar, café, nuez moscada, índigo, por productos nuevos de la era industrial: quinina, caucho y petróleo; y una auténtica explosión demo gráfica en las islas índicas, que le proporcionó abundan te mano de obra.

Alemania compareció tarde en el reparto del mundo. La presión de los comerciantes contribuyó al viraje de la política colonial de Bismarck, quien en el Congreso de Berlín (1884-1885) maniobró para conseguir reservas en África. Y efectivamente parte del África oriental se convertiría en el botín colonial alemán.

Formación del imperio Británico y Frances Nuevos Estados en Europa

LAS BASES DEL IMPERIO

Inglaterra se anticipa a las restantes potencias en la toma de posiciones; después de la desaparición del primerImperio colonial francés y de la emancipación de la América española permanece como el único imperio colonial europeo. Hacia 1850, dispone:

a)  De una cadena de escalas, conquistadas en su mayoría a franceses, holandeses y españoles durante los siglos XVIII y XIX: Malta, Corfú y las islas Jónicas en el Mediterráneo; Gibraltar, Santa Elena, El Cabo, isla Mauricio, Adén, Ceilán, en la ruta de las Indias; Singapur y Hong Kong en la ruta de China.

b)    Establecimientos comerciales en la costa africana:

Sierra Leona y Gambia, que en el siglo XVIII habían sido centros de la trata de esclavos, ahora abolida.

c)   Colonias de plantación, que suministran productos tropicales: Antillas, Honduras, Guayana.

d)  Colonias de poblamiento blanco, destinadas por sus condiciones climáticas, a absorber excedentes de población emigrante: Canadá, Australia, Nueva Zelanda, África del Sur, zona esta última inestable, de continuos conflictos con los

e)    Una colonia de explotación típica, la India, administrada desde 1777 por la Compañía de las Indias Orientales, y que juega un papel creciente en la economía británica, especialmente como proveedora de algodón. Inglaterra se afana en controlar sus accesos, por esta razón ordena Disraeli en 1875 la compra de 176.000 acciones del canal de Suez, y en aislarla de otras colonias europeas con Estados tapones, como los protectorados de Cachemira, Beluchistán y Afganistán. La India es, por tanto, el eje del Imperio.

La crisis económica de 1882, en la cual confluyen años de malas cosechas y la competencia de los productos baratos que sitúan en los mercados Estados Unidos y Alemania, obliga a muchos ingleses a buscar fortuna lejos de la metrópoli. De 200.000 a 300.000 ingleses salen todos los años, primero hacia Estados Unidos, más tarde preferentemente hacia las colonias, aunque no desaparezca la emigración hacia Norteamérica. Disraeli habla con entusiasmo del Imperio; Gladstone titubea, pero se ve obligado en muchos puntos a continuar la política de los conservadores, quienes desde 1886 dan nuevo impulso, con Salisbury y Chamberlain, a la expansión imperial. Lord Curzon exclama: “El Imperio Británico es, después de la Providencia, el bien más grande que ha habido en el mundo.”

A principios del siglo XX, Inglaterra dispone de un Imperio de 33 millones de km2 con 450 millones de habitantes , aproximadamente la cuarta parte de la población mundial. Los problemas de tan vastos territorios llegan a ser un peso para sus finanzas y debilitan su posición in­ternacional en Europa. Es el momento de poner fin a la expansión y de frenar a Alemania, para lo cual rompe su tradicional aislamiento y se aproxima diplomáticamente a Francia y Rusia. En todas partes ha podido construir la infraestructura ferroviaria y de puertos, o efectuar traba­jos de irrigación en la India y Egipto, puesto que capita­les no faltan en la isla. Las colonias de plantación han al­canzado su rendimiento máximo: algodón en la India y Egipto, yute en la India, té en Ceilán, hevea en Malasia. Los territorios de población blanca, débilmente poblados, le envían excedentes de carne, trigo y lana. Las minas de Africa del Sur, Australia y otros países ponen a su dispo­sición oro y diamantes, estaño, cobre.

 DOMINIOS Y COLONIAS 

En este Imperio, base de la potencia económica inglesa, pueden distinguirse dos tipos de territorios: los “dominios” y las “colonias de explotación”.

Los dominios eran zonas de poblamiento, es decir, las preferidas para instalarse de modo definitivo los emigrados de Inglaterra. Disfrutaban de amplia autonomía y tenían instituciones de gobierno semejantes a las inglesas: Parlamento, partidos políticos.

Canadá, Australia, Nueva Zelanda y la Unión Sudatricana, pertenecen a este grupo. En Canadá se trataba de retener a los inmigrantes que se proponían pasar a Estados Unidos; para ello se distribuyeron tierras gratuitas o a bajo precio. La pradera canadiense se convirtió en uno de los graneros del mundo. En Australia se procuró evitar la inmigración amarilla; en sus inmensos espacios desiertos empezaron a aparecer granjas; el descubrimiento de minas de oro, las posibilidades de explotación de los rebaños de ovejas y de dar otra vez popularidad en Inglaterra a los tejidos de lana, atrajeron a hombres de la metrópoli. Eran casi totalmente libres en política interior; sólo un gobernador general representaba al rey de Inglaterra. La política exterior estaba controlada por la metrópoli, pero ésta trataba de armonizar los intereses de estos territorios con los propios, por medio de las Conferencias Imperiales, que reunían al primer ministro inglés y a los de los distintos “dominios”. La estructura del Imperio era, prácticamente, federal.

En la historia del Imperio Británico Africa del Sur supone un capítulo complicado. Los descubrimientos mineros de diamantes y oro atraen a los ingleses desde sus posiciones costeras en El Cabo y Natal hacia el interior, donde viven negros en las zonas más pobres, y blancos boers, descendientes de holandeses, en Orange y Transvaal; los boers son agricultores puritanos, hostiles al capitalismo industrial. Los ingleses les bloquean al anexionarse Basutolandia y Swazilandia alrededor de 1880

Disraeli proclama la incorporación de los Estados boers, pero una revuelta obliga a los británicos a abandonarlos. El cerco lo completa Cecil Rhodes, que soñaba con una África británica “desde el Cabo al Cairo’, al conquistar Bechuanalandia y Rodesia. La guerra de los boers dura tres años (1899-1902). Con la paz de Pretoria pierden su independencia pero conservan su lengua y obtienen promesas de cierta autonomía.

Las colonias de explotación, la India, África (excepto la Unión Sudafricana), suministran materias primas y carecen de la autonomía política de los dominios. La India, con sus casi cinco millones de km2 y sus 300 millones de habitantes, es la más importante. Desde mediados de siglo se sustituye la administración de la Compañía de las Indias por la directa de la metrópoli. Suministra a Gran Bretaña algodón, yute, trigo, aceites, té y algunos minerales, pero las hambres y la ruina del artesanado indígena provocan un movimiento nacionalista, del que es exponente la revuelta de los cipayos en 1859, que tardó dos años en ser dominada, en el Sur de la India.

En 1877 la reina Victoria es proclamada emperatriz de las Indias. En 1885 nace un partido político nacionalista, el Congreso Nacional Indio, que solícita la conversión en dominio, tomando como modelo a Canadá. Inglaterra se resistió a aflojar el control de un territorio cuya economía suponía tanto para su industria, pero concedió a jefes indígenas la administración local contribuyendo a la prosperidad comercial de ciudades, como Bombay y Calcuta.

Causas de la expansión colonial:imperio britanico y francés Resumen

CAUSAS DE LA EXPANSIÓN COLONIAL 
Se pueden señalar como motores de la expansión la demografía, la economía, la política y, finalmente, aspectos culturales e ideológicos.

  1. a) El crecimiento de la población europea provoca en muchos países una fuerte presión demográfica, que no tiene otra salida que el intento de muchas familias de iniciar una nueva vida en otros continentes.

Cuarenta millones de europeos abandonan sus patrias desde comienzos del siglo XIX hasta 1930, plazo que podría reducirse a 1850-1914; se trata de las migraciones más intensas de la historia. En los años 80 se alcanza la cifra de medio millón anual, en 1887 se llega a los ochocientos mil; es un proceso cada vez más acusado, en e! que incide el progreso del transporte —Leroy Beaulieu ha estudiado el papel decisivo que juegan

 los barcos de vapor— y fenómenos psicológicos de imitación; América se convierte en un señuelo, en una palabra prometedora de fortunas rápidas. En los puertos se señala la presencia de esta marea humana; las compañías transatlánticas hacen sus negocios con la afluencia de viajeros.

Este flujo migratorio fue estimulado también por los países de recepción, cuyas rutas estaban determinadas en gran parte por la identidad lingüística de las naciones de emigración e inmigración.

  1. b) Los factores económicos han sido sobre valorados, pero no pueden subestimarse. En otros continentes encuentran Inglaterra, Francia, Alemania, Holanda, Bélgica, campos de inversión para sus capitales; construyen la red de ferrocarriles, modernizan las instalaciones de los puertos, efectúan préstamos a los gobiernos que carecen de fondos para iniciar el desarrollo; son los aspectos financieros de la expansión.

La crisis económica de 1873 y el cambio de Trend, con un descenso de los precios, incline a las potencias al proteccionismo, con lo que se suscita la necesidad de encontrar nuevos mercados que no estén protegidos por barreras aduaneras; expansión colonial y proteccionismo suelen aparecer juntos. La búsqueda de materias primas para la industria contribuye a la aparición de europeos en minas y plantaciones; Los belgas encuentran en el Congo enormes riquezas mineras, los franceses se abastecen de seda en el Extremo Oriente tras la ruina de su sericicultura a mediados de siglo, los ingleses buscan algodón egipcio, especialmente precioso durante el “hambre de algodón provocada por la Guerra de Secesión norteamericana, los holandeses hacen de Insulindia un imperio de industrias de extracción.

  1. c) Los factores políticos, de prestigio, son muy claros en la expansión francesa, inspirada por el deseo de olvidar la vergüenza de la derrota de 1870. Las preocupaciones estratégicas determinan las líneas marítimas del Imperio Británico y están siempre presentes en el reparto de Africa. Para España la derrota del 98 señaló el inicio de una mayor preocupación por Africa.

La navegación a vapor exige disponer alrededor del mundo de depósitos de carbón donde puedan avituallarse las flotas. Política y estrategia se dan la mano; un imperio es una red de comunicaciones con múltiples bases de apoyo, cada conquista exige una conquista nueva; en ocasiones son los colonos los que reclaman la continuación de la actividad colonizadora: los de Nueva Zelanda presionan sobre Londres para la adquisición de las islas vecinas, los franceses de Argelia inducen a la conquista del Sur de Marruecos.

  1. d) Las razones ideológicas se aducen con frecuencia, evo cando la historia; Gran Bretaña habla de su misión civilizadora, Italia recuerda nostálgicamente el Imperio Romano, España, el Siglo de Oro. Los misioneros católicos y protestantes se Sienten llamados por la urgencia de la evangelización de los pueblos atrasados; escrito res e intelectuales hablan de la misión civilizadora de los blancos, que llevan a otros continentes su instrucción, su higiene, la mejora del nivel de vida, la matemática europea, el estilo de la arquitectura, la ingeniería y los hospitales europeos.

    Los grupos de presión son numerosos: sociedades geográficas en Francia, Italia y España; sociedades misioneras, utilizadas por Leopoldo II en la exploración del Congo; asociaciones coloniales. Las resistencias también lo son: oposiciones locales, movimientos nacionalistas, quejas por los abusos coloniales, ascenso de los partidos socialistas que consideran la colonización un despojo. Pero la superioridad técnica y militar de las potencias acelera un proceso que parece irreversible.

 MODALIDADES DE LA COLONIZACIÓN

Tres fases pueden distinguirse en la formación de una colonia: conquista, organización y explotación económica.

La conquista no resulta difícil para países dotados de notables adelantos militares, que penetran en territorios de pueblos sin armamento moderno ni organización. Al lado de las tropas europeas, y de tropas especiales (Legión Extranjera>, se utilizan cuerpos armados indígenas. El barco de vapor permite llevar tropas con relativa celeridad a cualquier punto del globo y remontar los ríos hasta el interior de los continentes Kitchener remonta el Nilo, Stanley desciende por el Congo; los progresos en la navegación fueron un instrumento valioso para el descubrimiento y la ocupación.

Algunas potencias tienen fuerza suficiente para afrontar la tarea de ocupación militar en todas las partes del mundo; ingleses, franceses y alemanes configuran un Imperio pluricontinental. Otras potencias se limitan a acantonarse en un sector geográfico determinado: los portugueses y belgas en África ecuatorial, los italianos en Africa oriental, los rusos y japoneses en Extremo Oriente.

La organización de la colonia ocupada plantea diver problemas administrativos. No pueden tomarse todas las decisiones desde las metrópolis, por lo que se acumulan resortes y poderes en los gobernadores, verdaderos procónsules. En algunos casos se resucita el sistema mercantilista de compañías privilegiadas: una sociedad privada se encarga de organizar la colonia y explotar sus recursos. Pero más frecuente es la implantación de la administración estatal con modalidades varias, como la asociación, que mantiene los cuadros administrativos indígenas —así se hizo en África negra—, y el protectorado, estatuto que en teoría respeta a las autoridades locales, cuya gestión se reduce a la política interior, mientras las autoridades coloniales se hacen cargo de la política exterior y el ejército.

Aunque el protectorado supone el respeto de la integridad del territorio ocupado, la diferencia entre colonia y protectorado en la realidad no difirió apenas; los franceses en Indochina establecieron una colonia, la Cochinchina, y dos protectorados, Vietnnam y Camboya, sin que el estatuto de los indígenas fuera esencialmente diferente entre los habitantes de los tres territorios. En las colonias de población blanca se intentan formas nuevas de organización, como los dominios ingleses o la asimilación a departamentos por los franceses.

 La explotación es la primera preocupación de los colonizadores. Se produce siempre una asimilación aduanera, los productos entre la colonia y la metrópoli circulan libres de aranceles mientras tarifas proteccionistas mantienen alejados productos de otras naciones. Pero el “pacto colonial” no es una relación comercial entre iguales en un ámbito de preferencias mutuas. La colonia se encuentra en una situación de inferioridad. La extracción de productos es particularmente intensa cuando se organiza por medio de compañías privadas, como la Unión Minera del Alto Katanga en el Congo.

La primera oleada colonizadora, que se inicia hacia 1876, tiene sus figuras en el inglés Disraeli, el francés Ferry y el rey belga Leopoldo II. Las primeras fricciones territoriales hacen ver la necesidad de una regulación internacional de la expansión colonial. La conferencia de Berlín de 1885 decide que sólo la ocupación efectiva y no únicamente la instalación en la costa, otorga derecho a la posesión de un territorio; esta decisión acelera la carrera colonizadora con la entrada de Alemania, Italia y países no europeos. En 1914 el 60% de las tierras emergidas y el 65% de la población mundial, la casi totalidad de África, Oceanía, Asia del Sur y Sudeste y Siberia, dependen de Europa.

Diferencias y colonialismos
La exploración de América, África y Asia por parte de Europa ayudó a conformar creencias y valores en los países que emprendían la ocupación de los territorios de lo que luego pasaría a convertirse en colonias. Los relatos de los viajeros, los mapas y los trabajos realizados por científicos buscaban hacer comprensibles para los europeos las nuevas realidades que aparecían ante sus ojos. Gran parte de esa producción no hacía más que resaltar la pretendida superioridad de la naturaleza, las costumbres, y la forma de organización social y política de las potencias coloniales sobre los territorios de ultramar. Por ejemplo, Buffon, uno de los naturalistas franceses más destacados del siglo XIX, sostenía que los animales del Nuevo Mundo eran más chicos y débiles; por lo tanto, en el Nuevo Mundo las especies eran imperfectas. En realidad, lo que demuestra el pensamiento de Buffon es la imposibilidad de estudiar las especies americanas tomando como modelo las especies europeas.

Justamente, en esa conciencia de superioridad residía la justificación de la conquista y ocupación de los territorios. Se sostenía que bajo la tutela de los países europeos, las poblaciones americanas, asiáticas o africanas alcanzarían la civilización (lo cual, desde luego, implicaba el desconocimiento o la desvalorización de toda otra civilización que no fuera la propia).

La descripción de los nuevos territorios como exóticos, vírgenes o salvajes, así como su asociación con imágenes de mujeres sensuales dispuestas a ser conquistadas, eran recursos literarios o gráficos destinados a estimular la ocupación. Del mismo modo que la posesión de territorios ultramarinos acrecentaba el poder de las potencias coloniales, el conocimiento de las tierras conquistadas y las imágenes y los textos que sobre ellas se produjeron también aumentaron, desde el punto de vista simbólico, el poder de las metrópolis.

Los mapas y las descripciones de los imperios
Para los imperios europeos, contar con mapas de sus colonias significaba una demostración de poder. En ellos aparecían los territorios que ya habían sido explorados o colonizados o aquellos que se pretendía ocupar. Si en un mapamundi se representaban las áreas del mundo que estaban bajo la dominación de un imperio, se podía visualizar en forma sintética la expansión colonial. La presentación de estos territorios como despoblados transmitía la imagen de que estaban vacíos y esperaban ser ocupados por la población europea, que podían ser divididos y explotados económicamente.