La Inmigración Europea

Biografía de Pueyrredón Juan Martín Vida Política y Logros

Biografía de Pueyrredón Juan Martín

Nació en Buenos Aires el 18 de diciembre de 1777. Como Rivadavia, como Vieytes, como Laprida, como Dorrego, como Saavedra, como Moreno y como Castelli, estudió en el Colegio San Carlos y después lo mandaron a Europa. Cádiz (España) y París serán las ciudades que recordará siempre. De la mano de su tío Diego conoció la filosofía de la ilustración, la pintura y la música de la modernidad y la historia de los clásicos.

Pueyrredon Martin Director Supremo

Juan Martín de Pueyrredón (1777-1850). Fue un  político y militar argentino, considerado el primer jefe de Estado de la Argentina independiente, por cuanto fue elegido director supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata (1816-1819). “Nadie le podrá desconocer, ni siquiera sus enemigos más convencidos, es el apoyo que le dio a San Martín para que organizara el Ejército de los Andes y marchara hacia Chile”. (Historiador Rogelio Alaniz)

En Cádiz se casa con su prima Dolores Pueyrredón, fallecida en 1805, y recién volverá a casarse diez años más tarde con Margarita Tellechea, una niña de catorce años, veinticinco años más joven que él.

Durante la Primera Invasión Inglesa organiza las fuerzas que combatieron en Perdriel.

Participa en la Reconquista de Buenos Aires y en la formación del Batallón de Húsares Voluntarios. Designado representante ante la Corte española, viaja a la Península. Ante la ocupación de Napoleón, huye de Madrid en 1808 y lo retienen en Montevideo por orden del Cabildo.

Durante la asonada de Álzaga de enero de 1809 es hecho prisionero y embarcado hacia España, pero escapa en Brasil, aunque es nuevamente encarcelado en Buenos Aires.

Huye al Brasil y retorna a Buenos Aires después de la Revolución de Mayo  y apoyará en toda la línea el proceso revolucionario y su primer cargo será el de gobernador de Córdoba, un territorio que entonces se extendía hasta Tucumán y las provincias de Cuyo. Córdoba terminaba de salir de la crisis provocada por el levantamiento de Liniers que, como se sabe, concluyó con el fusilamiento de éste y de sus colaboradores inmediatos.

Después reside en Charcas cumpliendo con su tarea de intendente. La batalla de Suipacha le ha dado a los ejércitos patrios el control del Alto Perú, pero la derrota de Huaqui obliga al repliegue de las tropas. Pueyrredón entonces se preocupa por recuperar el tesoro de Potosí  y luego se hará cargo del Ejército del Norte.

En 1812 le entrega el mando de las tropas a Manuel Belgrano y regresa a Buenos Aires, en donde reemplazará a Juan José Paso en el triunvirato. El movimiento militar de la Logia Lautaro, triunfante en octubre, dispone su destierro; es confinado en una estancia de San Luis como reo de lesa patria. En 1815 el director supremo Carlos de Alvear pone fin a su proscripción y Pueyrredón regresa a Buenos Aires.

Junto con Justo Santa María de Oro, Francisco Narciso Laprida, Tomás Godoy Cruz y Juan Agustín Maza integrará la delegación de diputados que participarán en el Congreso de Tucumá representando a Cuyo. En la sesión del 3 de mayo de 1816 es designado Director Supremo de las Provincias Unidas.

Se entrevista con San Martín, compromete su respaldo al plan libertador y en los próximos dos años apoya con firmeza al Ejército de los Andes. (Ver Carta a San Martin)

En su directorio Pueyrredón debe sortear muchas dificultades: oposición en Buenos Aires, rebeliones de caudillos, escasez de recursos y aislamiento internacional. La invasión portuguesa a la Banda Oriental en 1816 y las presiones por establecer una monarquía constitucional en las Provincias Unidas culminan con su renuncia en 1819, una vez sancionada una Constitución que es rechazada en las provincias.

En 1820, el gobernador Sarratea le ordena salir del territorio y se asila en la Banda Oriental. Regresa a Buenos Aires en 1821. Dos años después nace su hijo Prilidiano, quien será un eximio pintor.

Frente el alzamiento unitario de Lavalle (1828), Pueyrredón integra el Consejo Provisorio de Gobierno e intenta mediar ante Rosas. En 1835 la familia Pueyrredón viaja a Francia, en 1841 a Río de Janeiro y en 1844 regresa a París.

Pueyrredón retorna a Buenos Aires en 1849 y muere en su quinta de San Isidro el 13 de marzo de 1850.

A la patria le dejó sus obras pero también el talento artístico de su único hijo, Prilidiano, destacado pintor y arquitecto, y la inspiración poética de su sobrino, José Hernández, el autor del Martín Fierro y el hijo preferido de su hermana Isabel.

Fuente Consultada:
Los Hechos Que Cambiaron la Historia Argentina del Siglo XIX Ricardo J. de Titto – Editorial El Ateneo
Hombres y Mujeres en Tiempos de Revolución – Rogelio Alaniz Editorial UNL (Santa Fe)

Historia de la Música en Argentina Primeros Compositores

Primeros Compositores de Argentina
Historia de la Música

musica en argentina compositores

Período de la Organización Nacional : El período comprendido entre los años 1852 a 1910, representa la incorporación de la música argentina a los grandes centros europeos.

Desde 1848, Buenos Aires disfruta de temporadas lírico-dramáticas que hasta el día de hoy se desenvuelven año tras año con escasas interrupciones. En 1825 se representa la primera ópera completa en Buenos Aires, era el Barbero de Sevilla. Durante largos años, el cultivo de otros géneros no había alcanzado a equilibrar en intensidad la fervorosa atención dispensada a las manifestaciones operísticas.

Coexistían el teatro lírico y la música de salón, y con menor frecuencia se efectuaban sesiones de conciertos vocales e instrumentales. En general, las actividades musicales distaban mucho de la homogeneidad requerida, si bien gozaban de reconocido aprecio.

A partir del último cuarto del siglo XIX, han de arraigar fructíferamente en Buenos Aires la música de cámara, con el repertorio clasico-romántico de tríos, cuar tetos y quintetos, el pianismo de los grandes maestros y los conciertos sinfónicos, con frecuente inclusión de obras de autores ya consagrados y de otros contemporáneos.

La actividad musical se desenvolvió durante varios años en torno de dos focos principales: la ópera, en el Teatro de la Victoria, y la música vocal e instrumental de cámara, en los conciertos de la Sociedad Filarmónica de Buenos Aires, Ambas demostraciones concentraron el interés de los aficionados, aun cuando la periodicidad de los espectáculos operísticos era mucho mayor que la de las sesiones filarmónicas.

Frente a la absorción ejercida por la música lírica, no desmayan las gestiones encaminadas hacia otro sentido de la actividad musical. El compositor y cantante español José Amat será quien promueve desde la Sociedad Filarmónica estas nuevas ac tividades.

En el aspecto polifónico-vocal, fue inestimable la contribución a la cultura del país de la “Sociedad Alemana de Canto”, fundada en 1862 para “estudiar y hacer conocer música alemana”, especialmente composiciones corales. Incluyó así obras   de Haydn, Mendelssohn, Mozart, Schumann, Wagner y otros maestros.

Fueron numerosos los conjuntos dedicados a un repertorio sorprendentemente variado y amplio, sobre base clasico-romántica incorporando autores contemporáneos. Algunos de los primeros conciertos sinfónicos que se efectuaron en Buenos Aires fueron auspiciados por la “Sociedad del Cuarteto”, conjunto creado en 1910.

A pesar de los esfuerzos realizados al respecto, la crítica señalaba la falta de ambiente adecuado y de gusto por lo sinfónico y hacía constar la necesidad de abrir una vía a los jóvenes, y arraigar los conciertos populares. En esta labor de arraigo de los conciertos sinfónicos ocupa un destacado lugar la labor llevada a cabo por Alberto Williams.

La enseñanza de la música :
En este aspecto, la tradición del país se remonta hasta el período de la dominación hispánica. Nacionales y extranjeros imparten enseñanza y se forman varias generaciones de artistas y aficionados que cuentan con el estímulo de un medio en don de la música es altamente apreciada. Hacia el final del siglo, varios destacados músicos argentinos emprenden en Europa las más exigentes disciplinas bajo la guía de autorizados pedagogos.

Alrededor de 1860 crece la llegada e incorporación de músicos extranjeros, algunos de probada valía, cuya formación es en muchos casos italiana.  Tres lustros más tarde se ha formado en Buenos Aires un verdadero ambiente musical en donde descuellan algunos compositores, concertistas y profesores de renombre.  La pieza de salón y las artificiosas fantasías sobre temas operísticos, comienzan a dar lugar paulatinamente a las obras magistrales de clásicos y románticos que comienzan a ser divulgados.

La Gaceta Musical de Buenos Aires realiza una tesonera labor en pro de la creación de un Conservatorio Argentino, a pesar de la hostilidad e incomprensión por parte de algunos sectores, esta labor dará sus frutos con la creación en 1874 de la Escuela de Música y Declamación de la Provincia de Buenos Aires. Las funciones del director fueron desempeñadas por Nicolás de Bassi.

Las clases comprendían : composición e historia musical, solfeo y lectura musical, canto, declamación, piano, órgano, violín y viola, violoncelo, contrabajo, instrumentos de viento de madera, instrumentos de viento de cobre, arpa. Se creaba asimismo una Comisión cuyos miembros tenían la función de inspeccionar el funcionamiento de las clases y el estricto cumplimiento de los reglamentos de la escuela.

La institución prosiguió su labor pese a los obstáculos y dificultades materiales, afrontando la oposición de quienes no apreciaban el alcance y significado de la educación musical debidamente sistematizada. La Escuela de Música proporcionaba tos trumentistas de orquesta, cantantes y profesores de música, y su influjo era perceptible en el nivel cultural de Buenos Aires. En 1882, por falta de una subvención nacional que pudiera suplir la provincial que había sido retirada hacía tiempo, no pudieron pagar se las deudas de alquiler. Los instrumentos fueron vendidos en pública subasta, extinguiéndose de este modo esta institución.

Pero la simiente ya se había propagado. En 1880 el compositor Juan Gutiérrez había fundado el Conservatorio de Música de Buenos Aires, de índole privada. Una “escuela de música de la capital” funcionó también en 1880 bajo la dirección de Ricardo Pérez Camino.

Clemente Greppi, director de los coros de niños del Teatro de la Opera y del Nuevo Teatro Colón, hacia 1910, fue uno de los primeros en estimular el interés por la música en el medio escolar, mediante la acción   mimada conjunta con la práctica musical, la composición de zarzuelas adecuadas para ser representadas en escuelas, y la adopción de técnicas muy cercanas a las más modernas.

La última década del siglo pasado presencia la sucesiva y rápida erección de conservatorios y la creciente demanda de profesores de música.  En 1893 inaugura Alberto Williams el Conservatorio de Música de Buenos Aires, con planes de estudio com pletos y eficiente dotación de profesores. Muy pronto se núcleo en este instituto una significativa promoción de músicos.

En el Conservatorio Santa Cecilia se reunieron renombrados compositores, concertistas y profesores de origen italiano.  Poseía   un amplio cuerpo de profesores cuyas enseñanzas se extendían a las distintas disciplinas vocales e instrumentales, y el ámbito de la composición.

La necesidad de un instituto de índole oficial para sistematizar la enseñanza de la música se reiteró en varias oportunidades. De 1924 data el funcionamiento de una casa de estudios que respondiera a tales aspiraciones, con planes de estudio completos, enseñanza intensiva y una verdadera adecuación a las necesidades y el desarrollo del país. Este instituto es el Conservatorio Nacional de Música Carlos López Buchardo, y conserva el nombre de quien fuera su primer director.

Pimeros compositores argentinos :

En el transcurso del período 1852-1910 paulatinamente, y a pesar de circunstancias no siempre favorables, fueron surgiendo personalidades artísticas en el ámbito de la composición musical, muy diversas entre sí, en cuanto a las condiciones de su formación y de la efectividad de su rendimiento, pero que testimonian, en conjunto,   la, consecución de una fecunda etapa en el crecimiento del país.

A la labor realizada durante el citado período se debe el arraigo de una tradición musical argentina, cuyo desarrollo y plena expansión es periódicamente afectado por ñuctuaciones de diverso origen.

Entre los numerosos compositores argentinos podemos seleccionar a quienes nos proporcionaron un ordenamiento vertebrador y nos hacen asequibles las orien taciones esenciales de la música argentina en ese período : Juan Pedro Esnaola, Francisco Hargreaves, Alberto Williams, Arturo Beruti, Héctor Panizza y Constantino Gaito.

Las condiciones de sus respectivas formaciones musicales fueron muy diversas así como el alcance de su labor creadora.  Podemos considerar a Buenos Aires como el foco casi único de dichas actividades, si bien Tucumán, Córdoba, Mendoza y posteriormente La Plata alentaron cierta acción local.

Desde 1880 se desenvuelve una conciencia de la situación artística y social de los compositores. Se señala una concentración de los esfuerzos de los compositores en el género lírico-dramático, pero al mismo tiempo, hará eclosión en la música argentina la sinfonía, y luego el poema sinfónico de inspiración étnica que establece una línea de avance del nacionalismo musical.

Juan Pedro Esnaola ( 1808-1878 ) es la personalidad más destacada del período rosista y de los primeros años posteriores.  Fue el único de su época que supo mantener una continuidad efectiva en su labor de compositor, a pesar de las diversas funciones públicas que le fueron encomendadas.  Tempranamente había podido adquirir un nivel de formación europea gracias a su viaje a Europa. Desde 1822, año en que se inicia su actuación artística, recorre varias etapas. Esnaola efectuó el arreglo,publicado en 1860, de la música del Himno Nacional Argentino, original de Blas Parera, versión de setenta y siete compases en Mi bemol mayor. En 1944 un decreto oficializó la versión de Esnaola.

Salustiano Zavalía ( 1808-1873 ), hombre de intensa actividad pública que se destacó como compositor para guitarra y flauta. Parece haber sido un precursor del nacionalismo musical.

Amaneio Alcorta ( 1805-1862 ) es considerado como el decano de los compo sitores argentinos, a pesar de que la casi totalidad de sus obras se ha perdido, y lo poco que se conserva está disperso. Con posterioridad a su fallecimiento, no se extin gue su prestigio musical sino que alcanza a formar parte de la música argentina.

Todos estos compositores reflejan, en mayor o menor medida, su admirado por los operistas más difundidos en ese entonces : Mozart, Bellini y Rossini. Su pianismo no es ajeno a la evolución de la estilística del instrumento que se produce en Francia, y también está influido por los inicios del romanticismo musical.

Minués, valses y cuadrillas fueron las obras que ofrecieron a la sociedad de la época. Se los considera como integrantes del ciclo de la música argentina de salón. No por esto dejaron de incursionar en obras de contenido religioso. Esnaola y Alcorta dedicaron atención a la música litúrgica, que en algunos casos adoptó la polifonía vocal con acompañamiento de instrumentos.

Nicanor Albarellos ( 1810-1891 ), a pesar de ser predominantemente un intérprete, puede ser considerado como el nexo con las líneas subsiguientes de avance de la música argentina y precursor del nacionalismo musical. Se dedica a la tarea de recolectar melodías criollas, que más tarde serían incluidas por Hargreaves en sus composiciones.

Una promoción de músicos nacidos alrededor de 1830 establece un nexo de continuidad artística hasta la aparición de una pléyade de compositores, hacia 1880, en cabezados por Hargreaves.

En esta segunda generación   tiene lugar la incursión inicial por el sinfonismo, el nacimiento de la ópera argentina, la eclosión del nacionalismo musical, todo ello coexistiendo con la música de salón.  Por primera vez tiene lugar en el país la sistematización de la enseñanza musical en sus diversas disciplinas, y se consolida el ejercicio de la crítica musical y el interés en torno de la actividad artística europea.

Contemporáneamente, arraiga en Buenos Aires la música de cámara gracias a la actividad desarrollada por la Sociedad del Cuarteto, a través de la frecuentación de un amplio repertorio de los grandes maestros europeos.  Los conciertos sinfónicos fueron abriéndose paso como institución de la vida cultural porteña.  Surgía la conciencia de las posibilidades que el país podía desarrollar a través de las dotes de sus músicos, ya fueran intérpretes o compositores.  Los compositores argentinos comenzaron a obtener algún apoyo oficial que les permite capacitarse con mayor efectividad en los centros europeos.

Coetáneamente se incorporan numerosos compositores e intérpretes extranjeros, en su mayoría españoles e italianos, algunos verdaderamente destacados, que dan a conocer el más avanzado repertorio musical de la época.

Francisco Hargreaves ( 1849-1900 ) encabeza la segunda generación importante de músicos argentinos, (la tercera cronológicamente ) . Es el primer músico argentino que se decide a encaminar una significativa parte de su obra en el nacionalismo musical. Es uno de los nexos de continuidad de la tradición nacionalista musical, comenzada por Albarellos y que desembocará en Alberto Williams y Julián Aguirre. Hay en Hargreaves una cierta tendencia hacia lo fantástico, visionario, exótico. Sus primeras composiciones trasuntan rasgos de sorprendente virtuosismo instrumental y una elaborada escritura pianística, casi lisztiana. Para este instrumento compuso numerosas piezas.

Las milongas y los tristes compuestos por Hargreaves poseen un intrínseco valor musical que se manifiesta aun en la actualidad, en el acierto, la sugestión y el equilibrio de los elementos formales, aun cuando no desmienten su procedencia de la música de salón. Cultivó también un género que tuvo gran difusión en Europa y América: el melólogo, creado al parecer por Juan Jacobo Rousseau en 1770. Este es una acción escénica a cargo, por lo general, de un solo personaje, simultánea con un acompañamiento instrumental que puede ser sinfónico. En el género vocal, la producción de Hargreaves se concreta en varias obras que incluyen las manifestaciones religiosas.

En Hargreaves coexisten la búsqueda de la conformación de un léxico musical cultivado y artístico, con los requerimientos de ciertos núcleos sociales y las condiciones del gusto propias de la época. El esfuerzo más notorio, y que puede considerarse como el inaugural, lo realiza Hargreaves en el dominio del teatro lírico, con la composición de sus óperas “La gata blanca”, “II vampiro”, “Los estudiantes de Bolonia”,”Psyche” y “Una noche en Loreto”, las dos últimas sin estrenar. El estreno en 1877 de “La gata blanca” significó el estreno de la primera ópera argentina.

Poco después de 1880 es registrada en los medios artísticos de Buenos Aires, la aparición de dos jóvenes músicos, cuyas personalidades se caracterizan en ciertos rasgos, de manera bien diferenciada respecto de la de sus predecesores inmediatos. Ellos son Arturo Beruti y Alberto Williams cada uno de los cuales se orien tó hacia géneros diferentes, el primero hacia el lírico-dramático, el segundo hacia el instrumental.

Arturo Beruti ( 1862-1938 ) Una beca oficial le permite perfeccionarse en Europa, especialmente en Francia y Alemania. En el viejo mundo comienza su producción operística que alcanzará una gran difusión en la Argentina. Entre sus obras más sobresalientes podemos mencionar a “Vendetta”, “Evangelina”, “Taras Bulba”. En Buenos Aires escribe “Pampa”, “Yupanki”, “Khrysé” y “Hórrida Nox”. En 1919, estrena en el Teatro Colón “Los Héroes”, originariamente destinada al Centenario de Mayo estaba basada en un relato de Vicente Fidel López y ambientada en la Campaña de los Andes. Fue cantada en italiano.

La heterogeneidad de los materiales conocidos, y la ausencia de un índice su ficientemente clarificado para la confrontación de los mismos, son uno de los factores que tornan dificultosa la apreciación amplia y cabal de la obra de Arturo Beruti. Mientras que se realzan aspectos ignorados por sus contemporáneos, son dejados aquellos que le valieron la apreciación del momento y que muestran una excesiva sujección a los gustos de la época.

Alberto Williams   ( 1862-1952 ) desarrolló una intensa labor en el campo de la dirección orquestal, la composición, la investigación del pasado musical y la forma ción de los futuros músicos. Desde los comienzos de su carrera fue plenamente reconocido en sus valores y alentado en su perfeccionamiento. El gobierno le otorga una subvención para el perfeccionamiento durante cuatro años en Europa. Allí estuvo en contacto con altas personalidades de la música europea que lo tuvieron como alumno.

De regreso en Buenos Aires, dirige Williams su Primera Obertura de Concierto, que se ha incorporado al repertorio sinfónico argentino y perdura incólume en su brío y su lirismo comunicativo. En sus posteriores sinfonías, que alcanzarán el número de nueve, el léxico del compositor se muestra bien conformado en su estructura, de sutil y penetrante armonización, animado por momentos de fuerza dramática.

La melodía de Williams posee una amplitud y flexibilidad muy características A lo largo de su dilatada carrera asistió a notables mutaciones en los gustos y los procedimientos desarrollados por sucesivas promociones de músicos. Así desde Richard Wagner y César Franck, maestros que admiró y supo difundir en Buenos Aires a través de sus ciclos de conciertos sinfónicos; Claude Debussy que asimiló entrañablemente en aspectos en los cuales brillaron sus características personales; los sistemas de la politonalidad y polimodalidad, junto con las manifestaciones de la contemporánea creación musical centroeuropea.

En 1890, con su obra para piano “El rancho abandonado” inicia su derrotero nacionalista. Su nacionalismo trata de incorporar la sugestión paisajista conjuntamente con las características melódicas y rítmicas criollas, incluyendo alguna incursión en el pentatonismo incaico.

La amplia labor docente de Alberto Williams se nuclea alrededor del Conservatorio fundado por él en 1893 y a través del cual intentó transmitir a las nuevas generaciones musicales los logros alcanzados por la música europea y la nacional.

Julián Aguirre ( 1868-1924 ) Su nombre aparece ligado íntimamente al desarrollo del gusto y la cultura musical en la Argentina. Desarrolló las etapas de su formación artística en España. Se incorporó al núcleo de profesores del conservatorio fundado por Alberto Williams. Su labor se distingue por ser una de las primeras que influyó efectivamente en la elevación del nivel del gusto musical, en el conocimiento de los grandes autores, en particular los del romanticismo germano, en predisponer las posibilidades del público en la apreciación de las nuevas obras.

Dotado del don de la improvisación, se muestra comunicativo, bien proporcionado, aparentemente espontáneo en una música que se caracteriza por su lucidez y cuidada elaboración. Sus piezas de inspiración nacionalista no desmienten cierto parentesco con la música de salón y nos brindan clarificados ejemplos de nuestras espe cies líricas criollas. En este aspecto pueden citarse sus “Aires Criollos”, “Aires nacionales”, “Huella”, “Gato”, “Canciones”, “Tristes”. Se muestra particularmente afortunado al abordar los elementos captados del contorno urbano porteño : el Estilo y la Milonga.

También en la canción de índole escolar, alcanzó Aguirre algunas de sus mejores páginas, colocando a nuestro pafs en un lugar descollante en ese terreno.

Héctor Panizza ( 1875-1967 ) tuvo una descollante actuación en los más importantes teatros líricos del mundo, en la ardua tarea de concertar y dirigir temporadas completas y ciclos sinfónicos. Ajeno al nacionalismo musical, dio cuenta de la paulatina afirmación de su saber   y su capacidad de compositor en el género lírico-dramático, sinfónico y de cámara, al compenetrar su formación italiana con el sutil gusto armónico e instrumental francés. Es uno de los primeros operistas argentinos, tanto en su ubicación cronológica como en el nivel alcanzado tras una paulatina y firme evolución.

Pascual De Rogatis ( 1881-1980) ocupa un lugar señero como compositor de elevada calidad lírica. Representa un principio consciente y activo hacia una más vigorosa caracterización étnica y americanista en nuestra música, frente al absorbente predominio de los modelos italianos y franceses. Se da en él la presencia de un clima sonoro distinto al de la sobretensión romántica, que hace de su música algo nítido y líricamente distendido, que posee sensibilidad moderna.

Carlos López Buchardo ( 1881-1948 ), aparece con rasgos destacados en los comienzos de nuestro siglo. Alcanzará, un plano de realización magistral en nuestra música. Su primera etapa manifiesta sus dotes musicales superiores, la calidez de su armonía y una captación de las proporciones, donde se reflejan sus influencias   de Massenet y Puccini. La única expresión estrictamente operística de Carlos López Buchardo fue “II sogno di Alma “, cuyo estreno en 1914 constituyó un verdadero acontecimiento artfstico y social.

La ópera argentina : Las manifestaciones más destacadas y elocuentes propias del desenvolvimiento de la música argentina señalan el predominio casi exclusivo, hasta 1910, del género lírico dramática.

Las condiciones culturales de nuestra nacionalidad en el aspecto musical, la índole y la diversificada amplitud en el repertorio operístico aquí frecuentado con continuidad y desde tiempo atrás, pueden ser apreciadas como uno de los estímulos eficientes en tal sentido. Resultaba atrayente la oportunidad que podía ofrecer al compositor local la representación de sus óperas efectuada por los mismos prestigiosos intérpretes que tenían a su cargo el repertorio lírico de mayor difusión y prestigio.

De este modo, la actividad de los músicos argentinos se orientaba hacia el género que podía exteriorizar de manera cabal su consagración y reconocimiento por parte de autorizados críticos, empresarios de compañías líricas, editores de música y calificada concurrencia.

Durante este período, las óperas argentinas fueron cantadas, con alguna excepción en idioma italiano.  La ópera italiana ha de alcanzar en algunas de sus más significativas presentaciones un brillo suntuoso en rutilantes salas de Buenos Aires, ante una expectativa reflejada y mantenida por los comentarios periodísticos y notas críticas.

Se considera unánimemente a “La gata blanca”, música de Francisco Hargreaves, como la primera ópera de autor argentino. Fue estrenada por una compañía lírica italiana en 1877. Esta obra lírica breve, en cuanto a su extensión material, alcanzó una cálida recepción por parte del público. Esta obra puede ser considerada como un precedente histórico valioso para el estudioso, pero desvinculado de los intereses espontáneos de las generaciones subsiguientes.

En 1895 se estrena, en el Teatro de la Opera de Buenos Aires, “Taras Bulba”, drama lírico cuya música pertenece a Arturo Beruti.  La presentación en Buenos Aires venía precedida por el éxito de su estreno mundial en Turín. La presentación material de esta ópera, los trajes y los decorados, fueron apreciados como manifestaciones de una riqueza deslumbradora.

El gusto de entonces reconoció la ciencia polifónica, la habilidad contrapuntística, la frecuente mutación de ritmos, reprochando en parte cierto exceso en la instrumentación y preocupación por la originalidad. Actualmente, se puede afirmar que Taras Bulba indica no sólo el comienzo de un desenvolvimiento histórico de la ópera argentina, sino también el punto de partida de una fecunda reconsideración actual de la personalidad artística de Arturo Beruti, y de su significado en el desarrollo de nuestra música.

El estreno de “Pampa” del mismo compositor, marca el ascenso a la escena lírica, por primera vez, del léxico musical de inflexiones criollas, a través de lo que más tarde viene a representar la primera promoción nacionalista en la música ar gentina. La critica señaló que “lo único realmente característico son los bailes y aires criollos, hábilmente traídos, instrumentados y condimentados para la circunstancia”.

En 1897 se estrena la ópera de Panizza, “II fidanzato del mare”. De este modo hace su aparición en la escena lírica porteña el músico argentino de carrera ar tística más dilatada de nuestra historia, La índole poética y decididamente romántica del argumento estimulaba las dotes sinfonistas del compositor. Dio oportunidad a Panizza para exhibir un léxico armónico sólido y coherente, en donde despuntaba un pro misorio estilo evolutivo, plenamente reconocido entonces.

Ver: Siglo XX: Bandas de Rock Nacional

Fuente Consultada:
Historia Argentina – Historia de la Civilización – Manual de Ingreso 1977 – Dieguez – Pierini – Laplaza Edit. Investigación y Ciencia

Estatuto Provicional de 1815 Causas y Disposiciones

DESCRIPCIÓN DEL PROYECTO DEL ESTATUTO PROVICIONAL DE 1815

La situación política en 1815. La revolución que derrocó a Alvear había triunfado con la participación de diferentes regiones del país. Ahora se hacía necesario impedir que la acefalía produjera mayores males. El cabildo de Buenos Aires procedió a elegir los electores que nombraron Director Supremo al general del ejército del Norte, José Rondeau, y mientras durara la ausencia de éste designaron con carácter de Director Interino al coronel Ignacio Álvarez Thomas.

El Director Alvear fue destituído (entre otras cosas) por la oposición, cuando trascendió que ordenó al comisionado Manuel García, al exterior para solicitar el protectotado británico sobre las Provincias Unidas.

La designación de la autoridad nacional, aunque fuera en forma provisoria, era realizada por las instituciones porteñas, es decir que la ciudad de Buenos Aires mantenía su predominio. Además, el Cabildo deseoso de impedir el restablecimiento de una dictadura, nombró una Junta de Observación para controlar al poder Ejecutivo.

alvarez thomas y general rondoau

José Rondeau                                        Alvarez Thomas

Estatuto de 1815. Quince días después, uno de sus integrantes, Esteban A. Gascón, entregó al Cabildo el Estatuto que éste había exigido. En tan poco tiempo no se habían podido meditar los fines de la revolución de abril, asi que forzosamente, el texto no podía ser completamente original. Se lo considera una mala copia del proyecto constitucional presentado por la Sociedad Patriótica a la Asamblea del año XIII.

Pero en 1813 se quería un Ejecutivo fuerte, y en 1815 se deseaba que fuera disimuladamente colegiado, de ahí la aparición de la Junta de Observación. El nuevo Estatuto resultó ineficaz, pues creaba un sistema donde el Ejecutivo quedaba subordinado a otros organismos, lo cual le impedía cumplir adecuadamente con las funciones de gobierno en una época revolucionaria, en la que era necesaria una gran libertad de acción del poder  central.

DISPOSICIONES DEL ESTATUTO PROVISIONAL DE 1815

Tal como había quedado establecido, la Junta de Observación redactó el Estatuto Provisional para la administración y dirección del Estado. El 6 de mayo, el documento fue aceptado y jurado por el Director Suplente; de tal manera, Alvarez Thomas recibió el mando superior de las Provincias Unidas.

El Estatuto Provisional de 1815 es muy semejante —”mala copia”, dice el historiador Ravignani— al proyecto de Constitución que la Sociedad Patriótica presentó ante la Asamblea del Año XIII. Sin embargo, las circunstancias no eran las mismas, por cuanto en la época en que se redactó el proyecto era necesario un Poder Ejecutivo fuerte; en cambio, en 1815 los errores cometidos por Alvear reclamaban un gobierno sujeto a limitaciones en el mando.

El Estatuto surgió a consecuencia de una revolución federal, pero su contenido, como el modelo que le sirvió de inspiración, es de carácter unitario.

Establece tres poderes: el Ejecutivo, a cargo del Director Supremo; el Legislativo, representado por la Junta de Observación, y el Judicial, por un Tribunal superior y las cámaras de apelaciones. Subordinaba el Poder Ejecutivo al Legislativo, por cuanto el Director podía cesar en su mandato a requerimiento de la Junta de Observación y del Cabildo.

Respondía así a los anhelos del momento, que exigían un Poder Ejecutivo controlado, pero en esta forma subsistía el antiguo conflicto que mantenían los Poderes Ejecutivo y Legislativo. Recuérdese los rozamientos entre el Primer Triunvirato y la Junta Conservadora en 1811 (Reglamento Orgánico y Estatuto Provisional).

La disposición más importante del Estatuto Provisional es la que concedía al Director Supremo la facultad de convocar a las provincias “para el pronto nombramiento de diputados que hayan de formar la Constitución, los cuales deberán reunirse en la dudad de Tucumán”.

El Estatuto Provisional es un complicado código que consta de un largo preámbulo, seguido de siete secciones divididas en capítulos, un reglamento para la Junta de  Observación  y,  finalmente,  varias  disposiciones  generales.

Primera Sección. — Se ocupa “del hombre en la sociedad” y reconoce a los habitantes el goce de seis derechos: la vida, la honra, la libertad, la igualdad, la propiedad y la seguridad.

Establece que la religión del Estado será la católica, apostólica, romana.

Acuerda el ejercicio del derecho- de ciudadanía a todo hombre nacido en el territorio con un mínimo de edad de 25 años; los extranjeros podrían obtenerlo con cuatro años de residencia.

Segunda Sección. — Dispone que el Poder Legislativo residirá en la Junta de Observación hasta tanto se expida un Congreso General  de las Provincias. Se ocupa del Director Supremo, establece sus atribuciones y le reconoce la facultad de nombrar a tres Secretarios de Estado:  Gobierno,  Guerra y  Hacienda.

Tercera Sección. — Las provincias deberán ser convocadas a un Congreso General a reunirse en la ciudad de Tucumán “para que allí acuerden el lugar en que hayan de continuar sus sesiones”. La atribución de invitar a los pueblos del  interior  correspondería  al   Director Supremo.

Cuarta Sección. — Dedicada al Poder Judicial, deja expresa constancia de su  independencia con  respecto al  Ejecutivo.
Según el historiador Levene, esta sección es la más destacada del Estatuto por cuanto “muchas de sus prescripciones pasaron casi textualmente a las Constituciones subsiguientes”.

Quinta Sección. — Se refiere a los procedimientos a seguir para las elecciones de Director Supremo, diputados ante el Congreso General, gobernadores de las Provincias, miembros del Cabildo e integrantes de la Junta de Observación.

Sexta Sección. — Considera al ejército dividido en tres categorías: las milicias provinciales y las fuerzas de las fronteras, bajo las órdenes del Director Supremo y las milicias cívicas (guardias nacionales)  dependientes del Cabildo.

Séptima Sección. — Se ocupa de las declaraciones de.derechos y garantían referentes a la seguridad individual y a la libertad de imprenta. Como sucedió con varios tópicos de la Cuarta Sección, muchas de sus disposiciones pasaron casi  íntegramente a las Constituciones posteriores.

El Estatuto Provisional fue comunicado a las provincias, pero éstas lo rechazaron, aunque todas —con excepción de las dominadas por Artigas— estuvieron de acuerdo en la cláusula referente a la convocatoria de todos los pueblos a un Congreso General. De tal manera, el Estatuto de 1815 sólo fue aplicado en Buenos Aires y empleado en la designación de los diputados porteños.

Fuente Consulatada:
HISTORIA 3 Historia Argentina Miretzky-Mur-Ribas-Royo -Kapelusz –
HISTORIA 5 Historia Argentina Instituciones Políticas y Sociales José Cosmelli Ibañez – Troquel –

Ver También: Documentos Históricos

Proyectos Constitucionales Presentados en la Asamblea 1813

PROYECTOS CONSTITUCIONALES EN LA ASAMBLEA DEL AÑO 13

El 31 de enero de 1813 empieza a sesionar una Asamblea General Constituyente que trataría de sancionar, sin lograrlo, una Constitución. Sí, en cambio, tomaría algunas decisiones de peso, como suprimir títulos de nobleza o liberar a los hijos de los esclavos. Es allí donde se declara nuestra primera canción patriótica, que entonamos en todos los actos a nuestros días.(Ver: Historia de los Símbolos Patrios)

Dos importantes proyectos constitucionales fueron presentados ante la Asamblea del Año XIII. Uno redactado por una Comisión oficial —designada por el Triunvirato el 18 de noviembre de 1812—y otro remitido por miembros del la Sociedad Patriótica.

La Comisión oficial estaba compuesto por Valentín Gómez, Luis Chorroarín, Pedro José Agrelo, Nicolás Herrera, Pedro Somellera, Manuel José García e Hipólito Vieytes. Por renuncia de Chorroarín fue designado  Gervasio  Posadas.

El proyecto de la Sociedad Patriótica fue preparado por Bernardo Monteagudo, Juan Larrea, Francisco José Planes, Tomás Antonio Valle y Antonio Sáenz, el último en  reemplazo del  Dr.  Cosme M. Argerich  que  renunció.

Ambos proyectos admiten que el poder de! Estado emana de la voluntad popular y, como bien ha dicho el historiador Ravignani, “esto es romper el molde del origen divino de los gobiernos para reconocerlo en la democracia”.

El proyecto de la Comisión Oficial
Dividido en 22 capítulos y 277 artículos adopta la forma republicana unitaria de gobierno y declara que “las Provincias’ Unidas del Río de la Plata forman una República libre e independiente”. Concede el derecho de ciudadanía a todos los hombres libres mayores de dieciocho años y consagra a la católica como la religión del Estado, pero tolera los demás cultos.

Establece la división del gobierno en tres poderes:

a)   El Poder Ejecutivo que “residirá en un Directorio compuesto por fres miembros” que se renovarán por tercios cada dos años; en ese período la presidencia debe turnarse por orden de antigüedad. Los miembros de este Directorio ejecutivo son elegidos por el Senado y la Cámara de Representantes.

b)   El Poder Legislativo compuesto por tres organismos colegiados: la Cámara de Representantes (o Diputados), el Senado y el Consejo de Estado.

c)   El Poder Judicial representado por una Corte Suprema de Justicia con jurisdicción sobre todo el territorio, un Tribunal Superior en cada provincia, jueces letrados en cada partido y alcaldes en todos los pueblos.

Este proyecto establecía un complicado sistema electoral de votación indirecta —semejante a la Constitución española de 1812— y con respecto a la capital aclara que “ha de ser precisamente fuera de Buenos Aires”.

El proyecto de la Sociedad Patriótica
Consta de 211 artículos y es más acertado que el anterior por cuanto dispone un  Poder  Ejecutivo unipersonal,  desempeñado  por   un   ciudadano con el título de Presidente. Denomina el territorio “Provincias Unidas de la América del Sur” (concepto panamericanista) y en cuanto al sistema de elección, establece asambleas electorales para los poderes ejecutivo y legislativo.

Con respecto al Poder Judicial lo organiza en base a nueve magistrados que integran el Supremo Poder Judiciario, con una Sala de Apelaciones en cada provincia y dos jueces en cada pueblo con más de cinco mil habitantes.

Los proyectos de la Comisión oficial y de la Sociedad Patriótica fueron presentados ante la Asamblea, pero la mayoría alvearista se opuso a tratarlos argumentando que las circunstancias porque atravesaba el país impedían declarar expresamente la independencia y “no era oportuno pensar en constitución escrita”.

texto de la asamblea de 1813

DECRETO DE LA ASAMBLEA GENERAL CONSTITUYENTE
El   12  de  marzo ele   1813,  la  Asamblea  declara   extinguido  el   tributo,   la nota, la encomienda, el yanaconazgo y el servicio personal de  los  indios. Estos   últimos,   serían   considerados   “hombres    perfectamente   libres   y   en igualdad   de   derechos   con  todos   los   demás ciudadanos”.

Las dos tendencias en el seno de la asamblea
La Logia Lautaro, unificada con la Sociedad Patriótica, sostenía dos principios fundamentales: declarar la Independencia y dictar una constitución republicana. Después del movimiento del 8 de octubre, dentro de la Logia se vislumbraron dos tendencias que luego se hicieron presentes en el seno de la Asamblea del Año XIII. San Martín deseaba cumplir las directivas trazadas por dicha sociedad secreta y bregaba,por solucionar cuanto antes el problema interno en base a la independencia y a una constitución.

Por su parte, Alvear consideraba necesario adecuar la situación interna del país a los problemas exteriores: política europea, amenaza portuguesa y probable invasión realista. Defendía un Poder Ejecutivo representado en una sota persona y, a su juicio, podían postergarse los dos principios fundamentales defendidos por la Logia.

“Dichas disidencias —escribe Juan Canter— gravitan en el desarrollo de la corporación soberana, incuban resentimientos, obstruyen iniciativas y se obstinan en producir tensión o en enervar sus posibilidades. El alvearismo trata de buscar arreglos y transacciones, y al propio tiempo difiere la declaración de la independencia. Esta maniobra acentúa el divorcio de las facciones e inicia una lucha sorda e inconciliable.”

La Asamblea del año XIII se reunió para proclamar la Independencia y dictar una Constitución, y es evidente que no pudo llevar a feliz término estos objetivos.

Según constancias documentales que pertenecieron a Zapiola (uno de los integrantes de la Logia que mantuvo amistad con San Martín), los diputados de la Asamblea —de acuerdo con sus tendencias— podían agruparse en “alvearistas”, “sanmartinistas”, “acomodaticios”, “teocráticos” e “independientes”. Los primeros no tardaron en constituir mayoría.

Los teocráticos o de marcada tendencia conservadora, no gustaban de las innovaciones y formaban un grupo semejante a los independientes en cuanto a su falta de una posición definida, al margen de cualquier apoyo a otras facciones.

Los alvearistas se hallaban representados en principio por seis diputados, pero de inmediato contaron con la adhesión de los acomodaticios —trece diputados— y en consecuencia formaron un grupo de diecinueve representantes; por su parte los sanmartinistas —cinco en total— no fueron apoyados en sus principios y, a su vez, su jefe debió alejarse  para luchar en San  Lorenzo.

Conviene recapitular la acción de los grupos políticos hasta esa época. En la Primera Junta se distinguen dos facciones: morenistas y saavedristas; triunfan momentánemaente los últimos y  se  produce  la  incorporación   de   los   diputados  del  interior  y   la   formación   de   la   Junta   Grande.

La Sociedad Patriótica atiza el descontento popular contra los saavedristas y se produce el movimiento del 5 y 6 de abril; la tendencia morenista no tarda en imponerse y surge el Primer Triunvirato, de marcada posición porteña, el que envía de regreso al interior a los diputados provincianos.

En esas circunstancias surge la segunda Sociedad Patriótica y la Logia Lautaro, con sus principios de Independencia y Constitución. Los grupos logistas provocan la caída del gobierno y upoynn el segundo Triunvirato, cuyos miembros al subir al poder— reúnen la Asamblea del Año  XIII,   para  cumplir  con   los   designios   de   la   logia:   Independencia  y   Constitución.

Recordemos que en la Primera Junta se distinguen dos facciones: morenistas y saavedristas; triunfan momentánemaente los últimos y  se  produce  la  incorporación   de   los   diputados  del  interior  y   la   formación   de   la   Junta   Grande. 

La Sociedad Patriótica atiza el descontento popular contra los saavedristas y se produce el movimiento del 5 y 6 de abril; la tendencia morenista no tarda en imponerse y surge el Primer Triunvirato, de marcada posición porteña, el que envía de regreso al interior a los diputados provincianos. En esas circunstancias surge la segunda Sociedad Patriótica y la Logia Lautaro, con sus principios de Independencia y Constitución. Los grupos logistas provocan la caída del gobierno y upoynn el segundo Triunvirato, cuyos miembros al subir al poder— reúnen la Asamblea del Año  XIII,   para  cumplir  con   los   designios   de   la   logia:   Independencia  y   Constitución.

Fuente Consultada
HISTORIA 5 Historia Argentina de José Cosmelli Ibañez Edit. Troquel

Partidos Políticos en América Conservadores y Liberales

LOS PARTIDOS POLÍTICOS TRADICIONALES EN AMERICA
Los conservadores y los liberales

Los partidos políticos son factores indispensables en toda damocracia, pues representan las distintas corrientes de la opinión pública. Se ha dicho con acierto que “un partido político es siempre una fracción de un todo. No representa más que el sentimiento de una parte de la Nación, puede combatir a los otros partidos, pero no debe ignorarlos ni esforzarse en hacerlo» desaparecer. Un partido no puede subsistir solo, pues la existencia de un partido opositor es lo que le da el ser y la vida”.

Los llamados partidos políticos tradicionales surgieron en los países americanos luego de producidos los movimientos emancipadores, aunque las doctrinas por ellos defendidas, particularmente las liberales, ya se hallaban presentes en los últimos años del período hispánico.

partidos políticos

La opinión pública fue encauzada a través de dos grandes tendencias antagónicas: la conservadora y la liberal.

Como su nombre lo indica, los conservadores sostenían el espíritu heredado de la vida colonial y eran enemigos de toda innovación extrema; en consecuencia, se resistían a modificar fundamentalmente las instituciones, tanto en el orden político como social. Defensores de los gobiernos centralizados y del catolicismo, sus adherentes propiciaban la monarquía, con el fin de poner término a las guerras civiles.

Los liberales pertenecían en su mayor parte a la clase media y eran partidarios de las nuevas ideas que circularon en Europa después de la Revolución Francesa. En lo político sostenían el sistema representativo, es decir, la participación del pueblo en el gobierno a través del sufragio; y, en lo social, la abolición de toda clase de privilegios para extender a todos los beneficios de la libertad y de la igualdad. Desde el punto de vista económico defendían el libre cambio.

Dentro de la tendencia liberal surgió, en algunos países americanos, el partido radical, cuyos integrantes bregaron por un rápido cambio en el orden político, contrario al tradicional continuismo, y una mayor participación del pueblo en los comicios.

A fines del siglo pasado iniciaron su lucha en América los socialistas —o partidarios del socialismo—, así llamados porque rechazaron el individualismo y propusieron que la riqueza fuera distribuida por la sociedad en beneficio de sus integrantes.

Los partidos políticos en la Argentina hasta 1912
Hasta la batalla de Caseros dos grandes partidos lucharon por el predominio político del país: los federales y los unitarios, designados también como rosistas y antirrosistas, respectivamente.

Derrocado el régimen de Rosas, su vencedor, Urquiza, continuó bajo la ideología federal y provocó de esa manera la hostilidad de los porteños, quienes —bajo las directivas de Valentín Alsina—- defendieron la primacía de Buenos Aires sobre el resto del país.

El acuerdo de San Nicolás y su rechazo por la provincia de Buenos Aires dividió la opinión pública en federalistas y liberales, estos últimos de tendencia porteña y separatista.

En el transcurso de la presidencia de Mitre surgió el partido Nacionalista, encabezado por aquél, quien sostenía la necesidad de federalizar a Buenos Aires. Sus opositores, acaudillados por Adolfo Alsina, defendían el autonomismo porteño y bregaban para que Buenos Aires continuara como capital de la provincia homónima, pero no del país. Los últimos constituyeron el partido Autonomista.

Cuando en 1874 se propició en toda la Nación la candidatura presidencial de Nicolás Avellaneda, surgió un nuevo partido político, el Nacional, que triunfó en las provincias y se llevó al poder. De acuerdo con la política conciliadora anunciada por Avellaneda, el partido Nacional se unió con el Autonomista de Adolfo Alsina, coalición que hizo surgir el Partido Autonomista Nacional (P.A.N.), posteriormente denominado Conservador.

Una fracción del autonomismo, encabezada por Leandro N. Alem y Aristóbulo del Valle, no aceptó la política unionista y se pronunció en contra.

El P.A.N. llevó al poder a Roca y a Juárez Celman. Durante el mandato del último, y debido a los problemas políticos y económicos, surgió un nuevo partido opositor, la Unión Cívica de la Juventud, llamada más tarde —luego del mitin realizado en 1890 en el Frontón Buenos Aires— Unión Cívica.

Durante la presidencia de Pellegrini, la Unión Cívica se dividió debido al acuerdo que culminó con la candidatura de Mitre; los que aprobaron ese entendimiento formaron, la Unión Cívica Nacional (roquistas, pellegrinistas y mitristas), y los disidentes, que no aceptaron, dieron origen a un nuevo partido, la Unión Cívica Radical, bajo la dirección de Leandro N. Alem. La nueva agrupación política adoptó —hasta la sanción de la Ley Electoral— una actitud revolucionaria, contraria al fraude y al continuismo político.

Los partidos tradicionales en otros países de América
En los Estados Unidos, a poco de organizado definitivamente el país con la Constitución de 1787, el Secretario de Hacienda, Alejandro Hamilton, fundó ei partido Federalista, defensor de intereses mercantiles financieros y, en el aspecto político, de un gobierno centralizado.

Tomás Jefferson encabezó el partido de la oposición —primer partido Republicano—, cuyos integrantes bregaron por la división de la autoridad entre los distintos estados que componían la Nación.

Con el transcurso del tiempo, los Federalistas perdieron gradualmente popularidad y, en 1801, el partido jeffersonlano logró el control absoluto del gobierno; sin embargo, el choque de ideologías entre sus miembros —particularmente por el problema de la esclavitud— provocó la división en Demócratas y Republicanos, que subsiste en los Estados Unidos en la actualidad.

Los demócratas son librecambistas en materia económica y defensores de los grandes propietarios agrícolas, los republicanos que llegaron por vez primera al poder con el antiesclavista Abraham Lincoln, representan a los grandes industriales y financieros proteccionistas.

En el Uruguay son tradicionales los partidos Blanco y Colorado, que surgieron luego de promulgada la Constitución de 1830. Manuel Oribe organizó el partido Blanco —apoyado desde Buenos Aires por Rosas— en contraposición al creado por Fructuoso Rivera, llamado Colorado, que contó con la adhesión de los emigrados argentinos. De carácter liberal, el último partido gobernó el Uruguay durante muchos años, pero últimamente triunfaron los Blancos, de plataforma nacionalista.

En Colombia podemos mencionar como partidarios tradicionales a los liberales y a los conservadores; estos últimos, más tarde, derivaron hacia el nacionalismo (conservadores independientes).

Conservadores y federalistas fueron los partidos más destacados en Venezuela, Ecuador, Perú y Chile. Con respecto a México y el Brasil, las divergencias políticas estuvieron representadas por los monárquicos y los republicanos.

Fuente Consultadas:
Información Obtenida de: HISTORIA 5 Historia Argentina
José Cosmelli Ibañez Edit. TROQUEL
El Progreso en los Estados Unidos

Presidencia de Derqui Santiago La Confederación Argentina

DERQUI, PRESIDENTE DE LA CONFEDERACIÓN ARGENTINA

Terminado el período presidencial de Urquiza; el 5 de marzo de 1860 asumió la primera magistratura el Dr. Santiago Derqui, cordobés, acompañado en la vicepresidencia por el general Juan Esteban Pedernera, oriundo de San Luis. La provincia de Buenos Aires, a su vez, eligió gobernador a Mitre y ambos estadistas suscribieron el 6 de junio un pacto que ratificaba lo establecido en el de San José de Flores.

Derqui Santiago

La presidencia de Dr. Derqui fue breve, debido a las luchas políticas entre Buenos Aires y la Confederación.

En noviembre de 1859 y en medio de las agitaciones de la guerra civil, se efectuaron las elecciones para reemplazar a Urquiza, quien terminaba su mandato.

Practicado el escrutinio, fue elegido presidente de las trece provincias de la Confederación, el Dr. Santiago Derqui y vicepresidente, el general Esteban Pedernera. Asumieron el mando el 5 de marzo de 1860.1 Integró su ministerio con los doctores Juan Pujol [Interior}, Tomás Arias (Hacienda), Emilio de Alvear (Relaciones Exteriores), José de Olmos (Justicia, Culto e Instrucción Pública) y el general Benjamín Victorica (Guerra y Marina).

En los primeros meses de su gestión gubernativa, la situación del país era tranquila, prueba de ello fue la reunión amistosa de Urquiza, Derqui y Mitre en el palacio San José, de Concepción del Uruguay (Entre Ríos))

Poco después, sin embargo, se produjo un nuevo rompimiento entre Buenos Aires y la Confederación. El Congreso de Paraná rechazó a los diputados bonaerenses, que habían sido elegidos según la ley provincial en lugar de serlo conforme las prescripciones de la Constitución nacional.

Y, para agravar aún más el conflicto, estalló en San Juan una revuelta durante la cual se dio muerte a su gobernador, el coronel José Virasoro, por lo que Derqui envió como comisionado al coronel Juan Saa -gobernador de San Luis-, quien venció a los revolucionarios en Pocitos y fusiló a su jefe, Antonino Aberastain.

El gobierno de Buenos Aires protestó enérgicamente por estas medidas, y la guerra quedó declarada. Ambos ejércitos -a las órdenes de Urquíza y de Mitre- se encontraron en los campos de Pavón, en la provincia de Santa Fe, el 17 de setiembre de 1861.

El combate fue favorable para las fuerzas bonaerenses, que avanzaron hasta Rosario. Ante la gravedad de la situación, Derqui se retiró a Montevideo y el vicepresidente Pedernera declaró en receso el gobierno nacional.

Mitre asumió entonces el poder con carácter provisorio y fue reconocido por todos los gobernadores provinciales, inclusive por Urquiza, a quien también se respetó como gobernador de Entre Ríos.

MITRE

Incorporación de Buenos Aires a la Confederación: Lograda la unión nacional, el gobierno se trasladó a Buenos Aires donde, el 25 de mayo de 1862, se inauguraron las sesiones del primer Congreso en el que estaban representadas las catorce provincias argentinas. ,En tales circunstancias se votó la llamada Ley de Compromiso, por (a que se disponía que las autoridades residirían en la ciudad de Buenos Aires por el término de cinco años, hasta que se resolviera definitivamente cuál sería la capital de la República. Bartolomé Mitre es el primer presidente de la República Argentina.

AMPLIACIÓN DEL TEMA:
SANTIAGO DERQUI
Fue de hecho y formalmente el primer presidente de la Nación Argentina, puesto que promulgó la reforma de 1860, con la presencia de Buenos Aires, y gobernó de acuerdo con ella. Había nacido en la ciudad de Córdoba el 9 de julio de 1810, en el hogar formado por don Manuel Derqui y doña Josefa Rodríguez. A los 22 años se graduó de doctor en jurisprudencia en la Universidad de su ciudad natal, en la que poco después se desempeñó como catedrático.

En 1835 era miembro de la Legislatura provincial, al producirse el asesinato de Juan Facundo Quiroga, hecho que se proyectó directamente en la vida política de Córdoba a través de los hermanos Reinafé. Derqui, que venía actuando en la provincia bajo la bandera del federalismo, ocupó cargos oficiales durante la administración de José Vicente Reinafé; también se recuerda su actuación como encargado del recurso de fuerza contra el obispo Lascano, en conflicto con el gobernador.

Cuando el 7 de agosto de 1835 el congreso de Córdoba dio por terminado el mandato de Reinafé, fue elegido gobernador Pedro Nolasco Rodríguez; pero el parentesco de éste con el anterior determinó su alejamiento, lo que abrió paso a un nuevo gobierno, que desempeñó el doctor Derqui, a quien le tocó designar los conjueces para juzgar a los Reinafé.

Posteriormente, al ser elegido gobernador, por presión de Rosas, el coronel Manuel López [alias Quebracho), y producida la captura de tres de los Reinafé, el doctor Derqui y Pedro Nolasco Rodríguez fueron remitidos a Buenos Aires, acusados de complicidad en el crimen. Tiempo después, Derqui fue puesto en libertad y tomó el camino del exilio.

En el Estado Oriental actuó al lado de Rivera, de quien fue secretario hasta el momento de ser designado en una misión ante el gobernador Ferré, de Corrientes, con quien formalizó un tratado de alianza contra Rosas. En esta provincia se desempeñó luego como secretario y auditor de guerra del general José María Paz, quien lo designó ministro.

Después de la derrota unitaria de Arroyo Grande buscó asilo en el Brasil.

AL LADO DE URQUIZA
Tras la caída de Rosas, en abril de 1852 el Director provisional Urquiza lo nombró en misión especial ante el gobierno del Paraguay, previa al reconocimiento de la independencia de aquella república. Poco después, el mismo Urquiza lo distinguió con una banca al Congreso Constituyente de Santa Fe, ocupando la vacante dejada por el doctor Barros Pazos, que renunció. Durante el gobierno constitucional de Urquiza fue interventor nacional en la provincia de San Juan y ministro de Instrucción Pública y del Interior.

Cuando en 1859 surgieron las candidaturas de Mariano Fragueiro, Salvador María del Carril y Derqui para la presidencia, Urquiza se decidió por este último. Acompañado por el general Juan Esteban Pedernera, pudo gobernar la Confederación durante dieciocho meses, es decir hasta la disolución del gobierno de Paraná, en noviembre de 1861.

En los últimos meses de su presidencia, se separó políticamente de Urquiza. El 20 de octubre de 1861, hizo una delegación de poder a nombre del general Juan Saá, uno de los jefes del interior que había luchado hasta el fin en Pavón. Pero el 5 de noviembre de 1861, ante la imposibilidad de apuntalar militarmente la Confederación, se alejó del país y se radicó en Montevideo.

Allí, a fines de 1863, asistió a los funerales realizados en memoria del general Ángel Vicente Peñaloza, según consignan las crónicas periodísticas de la época. Vivió pobremente en Montevideo hasta 1864, año en que pasó a Corrientes. En esta ciudad lo sorprendió la invasión paraguaya de abril de 1865.

En esta oportunidad, Derqui se negó a prestar toda colaboración al mariscal Francisco Solano López, pero se vio envuelto en un proceso que lo llevó a la cárcel, donde permaneció algunos meses. Tal era la pobreza en que se hallaba cuando ocurrió su muerte, el 5 de setiembre de 1867, que su viuda no pudo costear su entierro y fue necesario hacerlo, después de tres días, por suscripción popular.

Fuente Consultada:
HISTORIA 5 Historia Argentina José Cosmelli Ibañez
Instituciones Políticas y Sociales desde 1810 Edit. Kapelusz
Revista Crónica Argentina Fasc. N°50 – CODEX –

Vida de los Primeros Colonizadores en Argentina Trabajo y Lucha

EL TRABAJO Y VIDA DE LOS COLONIZADORES

La pampa húmeda argentina, y dentro de ella, el centro-sur de la provincia de Santa Fe, eran un ámbito propicio para receptar hombres y negocios europeos. Las condiciones geográficas y climáticas, aptas para la producción primaria, fueron hábilmente acompañadas por una serie de políticas promovidas por los gobiernos provinciales que beneficiaron el proceso, tales como: legislación y acción de gobierno favorables al asentamiento de la inmigrado en el campo; recuperación de tierras en las fronteras, a través de campañas contra el indio y blanqueo de la situación catastral provincial, para un exacto conocimiento de las tierras de propiedad privada y de las de propiedad fiscal; legislación favorable a la radicación de capitales en bancos o de inversiones en el área de transportes (ferrocarriles), obras públicas (puertos) y comunicaciones; actualización constitucional y legislación modernizadora del estado, con el objeto de distribuir las crecientes funciones ante los cambios productivos operados, para lo cual se crearon organismos e instituciones que asumieron esas tareas.

inmigrantes en argentina

“En Santa Fe la colonización se opera de este modo: cualquier poseedor de unas leguas de tierra, pone un aviso en un diario, diciendo -que tal pedazo de terreno- cuyo plano publica y fija en las esquinas- es colonia; se llama la colonia tal, y los que quieran poblarla ahí la tienen. Se presenta un colono que no tiene más que sus dos brazos y el buen deseo de trabajar; llega a aquel pedazo de campo (en cualquier punto que este situado, desde Reconquista hasta la Teodolina se reproduce el fenómeno y el colonizador le entrega 20 cuadras cuadradas de tierra, diciéndole: dentro de cuatro años me pagarás su valor por cuartas partes anuales.

En ese mismo terreno el colonizador ha puesto una casa de comercio, donde se encuentra todo lo necesario, que fía al colono los artículos de consumo durante el primer año.

La primera sorpresa que espera al colono a su llegada allí (colono que no tiene, como he dicho, más que sus dos brazos es la de verse poseedor de veinte cuadras de terreno que ni había soñado tener, ya suya sin otra condición que la de trabajarla.

Encuentra allí todas las facilidades para su labor; el agua a cuatro, seis u ocho metros y madera en abundancia (la provincia de Santa Fe está cubierta de bosques, especialmente en el Norte),hace un rancho humilde y pobre, pero tiene el arado con cual roturar la tierra y trabaja.

El primer año, por mala que sea su cosecha, siempre alcanza a pagar la cuarta parte del insignificante valor de la concesión, cuyo precio varía de 300 a 500 pesos y 800 en las colonias ya formadas, y al año siguiente, el colono consigue generalmente pagarla toda.

El colono, hombre por lo general trabajador y honesto, tiene mujer y tiene hijos, allí la mujer y los hijos, no son señores, como en las grandes ciudades, origen casi siempre de gastos poco productivos, no; ellos también trabajan, cada uno en la esfera de sus fuerzas; la mujer, si no puede labrar la tierra, cuida las gallinas del corral, los niños los bueyes, Y el marido rompe la tierra; todos trabajan todos producen.

Aumentan cada año los consumos, pero también aumenta la producción y en una proporción mayor.
Antes de cuatro años el colono se ha hecho rico, si ha sido honesto y laborioso.

En esa legua cuadrada cada veinte cuadras superficiales, tiene una casa; se ha formado un núcleo de pueblo, y en ese núcleo de pueblo el primer edificio es una fonda, porque como la población es ambulante, allí es necesaria e indispensable; la segunda casa es una carpintería con herrería, y así se va formando un pueblo que muchas veces llega a ser ciudad, como lo son ya Esperanza, San Carlos, Pilar, Gálvez y Rafaela.

Respecto a las herrerías, permítaseme una pequeña disgresión. En Santa Fe, no se usan arados ingleses ni norteamericanos, ni franceses; allá no se trabaja sino con los hechos en la misma colonia, donde la reja del arado va a romper la tierra, que resultan mejores y más baratos que los extranjeros…

“El colono es esencialmente católico, o esencialmente deísta, cualquiera que sea su religión, por lo general, como nuestra inmigración pertenece a la raza latina, es católico. Son hombres acostumbrados a cumplir con sus deberes religiosos, y el día Domingo, que ellos santifican a su manera, de una o dos leguas o más, se dirigen al punto más cercano que tenga iglesia, para cumplir sus deberes religiosos.

El colono, acostumbrado a hacer perpetuamente la vida de familia, se traslada con su carro (que, entre paréntesis, ha sido hecho en la misma colonia), guiando él mismo sus caballitos, llevando a su lado a su familia, detrás los sirvientes o peones, y por último, hasta seguido de los perros de la casa.

Así se hace sus leguas y llega al punto en que hay iglesia, donde cumple sus deberes religiosos. En seguida van a festejar el día en el almacén más próximo; allí encuentran preparada una buena alimentación y, sobre todo, buen vino; pasan el resto del día en conversaciones, músicas y bailes, y cuando las sombras de la noche tiende su manto, recogen sus caballitos y regresan a sus hogares”.

CARRASCO, Gabriel: La provincia de Santa Fe y el territorio del Chaco.
Conferencia ante el Instituto Gcográfico Argentino

Adaptación de los Inmigrantes a Argentina Gringos y Criollos

SOCIEDAD ARGENTINA DEL SIGLO XIX: RELACIÓN INMIGRANTE-CRIOLLO

ANTECEDENTES: A partir de la inserción en el mundo  de nuetro país por el sistema de la división internacional del trabajo, comenzo una serie de transfomaciones sociales y económica en las provincias de nuestra Pampa Húmeda.

Europa transitaba un tiempo de expulsión de población que respondía a motivos de diferente índole: religiosos, económicos y más tarde, ideológicos. Inglaterra, por su parte, ya había sorteado las etapas iniciales de la revolución industrial, por lo que requería nuevos mercados donde pudiera adquirir las materias primas que ya no podía producir, vender sus manufacturas y colocar el excedente de capital que obtenía de su comercio.

La pampa húmeda, y dentro de ella, el centro-sur de la provincia de Santa Fe, eran un ámbito propicio para receptar hombres y negocios europeos. Las condiciones geográficas y climáticas, aptas para la producción primaria, fueron hábilmente acompañadas por una serie de políticas promovidas por los gobiernos provinciales que beneficiaron el proceso, tales como: legislación y acción de gobierno favorables al asentamiento de la inmigrado en el campo; recuperación de tierras en las fronteras, a través de campañas contra el indio y blanqueo de la situación catastral provincial, para un exacto conocimiento de las tierras de propiedad privada y de las de propiedad fiscal; legislación favorable a la radicación de capitales en bancos o de inversiones en el área de transportes (ferrocarriles), obras públicas (puertos) y comunicaciones; actualización constitucional y legislación modernizadora del estado, con el objeto de distribuir las crecientes funciones ante los cambios productivos operados, para lo cual se crearon organismos e instituciones que asumieron esas tareas.

Estos cambios no constituyeron el resultado de un plan orgánico previamente elaborado, sino que son producto de la combinación de factores internos y externos, estos últimos fundamentales, y de la comunión ideológica que existió en la élite dirigente y que rindió sus mejores frutos en la continuidad de las obras de gobierno.

Inmigrantes europeos trabjando en el campo

SIMBIOSIS CULTURAL CRIOLLO-GRINGO

“El proceso de simbiosis cultural que vivió la Argentina con la llegada de la inmigración fue largo y tuvo alternativas muy diferentes, según se analice el ambiente rural y el urbano, y varió también, en grupos de fácil adaptación a otros más cerrados y aferrados a sus hábitos de origen, que se resistieron a aceptar las costumbres de esta tierra.

Este intercambio definido como “préstamo y captura de elementos culturales”, en tanto ha sido considerado cora: un proceso, requirió tiempo, y para describir sus resultados, es conveniente ubicarse en los comienzos del siglo xx. la atención no en los grupos recientemente ingresados, sino en los descendientes de las primeras oleadas, los que ya han pasado el período de aclimatación, e incluso, en muchos de ellos que han nacido en este suelo.

La adecuación del gringo significó, en primer lugar, acondicionamiento al ambiente y luego, en relación a éste b incorporación de hábitos, modalidades, vestimenta, y hasta diversiones autóctonas, a los que enriqueció con pinceladas propias. De ésas merecen destacarse: la pérdida del temor al caballo, la afición al mate y, en algunos casos, la adquisición de destrezas como la de tirar el lazo. Comenzó a gustar de la carne asada, y, de sus ropas, abandonó los zapatones, los pantalones de frisa y la boina, trastocándolas por botas o alpargatas, bombachas y sombrero aludo, sólo que este último no era de fieltro sino de paja. Se sumó a las reuniones fogoneras, y entonces se empezó a escuchar en ellas el acordeón, a la vez que aprendió a pulsar la guitarra.

También el paisano argentino sufrió el impacto y asimiló elementos europeos -entre los de mayor importancia se encuentran los útiles de labranza-, ya que, siendo ésta una actividad que casi no se practicaba antes de la colonización gringa, al difundirse, fue necesario realizarla con los medios y en la forma que señalaba el gringo. Necesitó, entonces, amoldar su indumentaria a la nueva faena y para ello eliminó la incómoda bota de potro, el calzoncillo cribado y el chiripá.

El resultado de este intercambio no puede explicarse describiendo a gringos acriollados o gauchos agricultores; tal proceso llevó a la construcción de una nueva forma de vida, la del hombre argentino, y comprendió, además de los mencionados, aspectos esenciales de la vida humana.

Fueron idiosincrasias extremas, contrapuestas, que, al combinarse, atemperaron sus caracteres y así se explica que aquel criollo desinteresado por el dinero, y sin otra ambición que la de vivir como sabía, aprendiera la importancia de progresar mediante el trabajo y el ahorro, al ver los resultados obtenidos por el gringo por estos medios. También se habituó a una vida más sedentaria, y prestó mayor atención a su familia. A esta última la revalorizó como factor de progreso, gracias al sentido que le daba el colono a la cooperación familiar en el trabajo, y procuró también asegurarle el bienestar futuro.

El acercamiento entre los dos grupos se fue dando en forma paulatina, a medida que se vencían obstáculos, de los cuales el principal, fue una cierta desconfianza mutua, comprensible entre invasores e invadidos. Este sentimiento tuvo su explicación en la política excesivamente favaorable al extrbnjero frente a los derechos de los criollos, política a la que ambos grupos eran ajenos.

La primera etapa los mantuvo alejados, observándose; luego, una primordial necesidad habrá de acercarlos: la escuela; en ella, los hijos de ambos aprenderán a convivir. Luego llegarán los casamientos, estrechamiento que se vivió con dificultad pero que fundamenta! para vencer la tendencia endogámica en la que estaba cayendo el colono.
La escuela fue el elemento decisorio en el acercamiento de mentalidades: ella sirvió para difundir el sentimiento de amor por el suelo y fue la columna en que se sustentó la protección del idioma.

La trascendencia de la lengua en relación de la comunidades, aunque obvia, merece ser recalcada: las colonias tendieron, en un principio, a preservar sus lenguas originarias, educando a sus hijos en ellas. La provincia de Santa Fe será pionera, una vez más, de medidas gubernamentales vinculadas al proceso colonizador. Esta vez concurrirá en defensa de nuestro idioma, haciendolo de uso exclusivo y obligatorio en las escuelas de su esfera.

También en la vida política nacional habrá de reflejarse estos pasos, y, si en un principio se consideró como influencia de la inmigración, la gran apatía política de las décadas del ’70 al ’90, también se debe a ella, o mejor dicho, a sus frutos, la gran explosión política de la última década del siglo y el surgimiento de un movimiento de raíz y alcance nacional, la Unión Cívica Radical, en la cual se mezclan los hijos de ambos grupos en procura de ideales comunes.

El transcurso de esta relación y estrechamiento puede seguirse mediante la literatura y la música. El sainete, el drama rural y el tango, sirven de apoyo para su estudio”.

Fuente: Cechini de Dallo La Capital Rosario 16-04-1986

Historia Primeras Escuelas en Santa Fe Colegios y Profesores

LA EDUCACIÓN EN SANTA FE: PRIMEROS COLEGIOS Y PROFESORES

La Educación (1862 – 1890)
La cuestión educativa tuvo un sitio de importada en el programa político de los gobiernos provinciales entre 1862 y 1890; pero para ser justos en el análisis, debe decirse que las reformas educativas se iniciaron en 1853, y para 1857, ya existían en la provincia, 21 escuelas gratuitas.

En materia legislativa, debe considerarse en primer lugar la ley de 1866, que estableció la obligatoriedad de la instrucción primaria; quedó en ella esbozado el gran objetivo de este programa: “que uno de los principales deberes del gobierno es el de fomentar, por todos los medios posibles, la enseñanza primaria de la juventud y propagarla en todo el territorio de la provincia, encaminándola convenientemente a entrar en la carrera literaria b de las artes e industrias”.

primeras escuelas en santa fe

Ante la necesidad de satisfacer los requerimientos en materia de enseñanza secundaria, la provincia contó con el aporte de la gestión privada. En Rosario se abrió, en 1855, el primero de estos institutos a cargo de los profesores Laurino Puentes y Julio Bosch; luego el de Manuel Tristany y José Niklison y en 1856 el de Domingo Podestá y Francisco Saloni, con un plan de estudios humanístico y confesional. En 1860, surge la Escuela del Progreso, del Profesor M. Durand Sabayat, y en 1863 se inauguró el Liceo y Escuela de Artes y Oficios. Un relevamiento realizado en 1866, dio cuenta de la existencia de 12 colegios particulares.

En la ciudad de Santa Fe, 1861, se firmó un contrato entre el gobierno provincial y La Compañía de Jesús por el cual se acordó la reinstalación del Colegio de la Inmaculada Concepción. Esta decisión fue apoyada por todos los grupos políticos y el pueblo en general contribuyó económicamente para que fuera una realidad. Esta institución creció rápidamente en cantidad de alumnos y docentes y en fama, la que superó los límites del país, atrayendo a jóvenes uruguayos. La excelencia de la formación filosófica y científica con que egresaban los alumnos del Colegio, produjo cambios en todos ios órdenes de la cultura, la política y la justicia de Santa Fe.

La ley que se dictó en materia educativa en agosto de 1874, tuvo dos finalidades fundamentales; la primera, crear un verdadero sistema de normas y organismos destinados a la programación, la administración y control del servicio; y la segunda, a prever los recursos que lo sostendrían.

En el primer caso, aparecen los inspectores, las comisiones escolares con participación de los vecinos para mejorar la educación, y reiteró la condición de obligatoriedad y gratuidad de la enseñanza, estableciendo el contralor y las penas para los padres o patrones que no cumplieren con ella. En 1876 se dio una reglamentación para el funcionamiento de las escuelas. Una nueva ley de 1884, reformuló las obligaciones de los estamentos que integraban el sistema educativo y creó el Consejo de Instrucción Primaria, para que ejerciera la conducción del mismo.

En noviembre de 1886, una nueva ley de educación común replanteó los temas inherentes a ella, con interesantes consideraciones sobre la enseñanza moral y religiosa, así como respecto de los establecimientos privados que funcionarían en el ámbito provincial.

La presencia de la escuela pública en las colonias había sido especialmente prevista en las normas sobre colonización, disponiendo que se prevea la escuela a partir de la traza misma de ia colonia, con la donación del terreno para edificaría, y, tras dos o tres años de existencia de la colonia, se creaba un cargo de maestro o preceptor que iniciaba la institución. La escuela cumplió así un papel fundamental en la integración de los colonos extranjeros, fue un aglutinante cultural entre los diversos grupos étnicos que poblaban por aquellos tiempos el territorio santafesino. Permitió generar un marco básico de formación e información, uniformando la lengua y brindando un ámbito de vinculación entre las nuevas generaciones de esa sociedad embrionaria.

Al respecto merece señalarse la medida dispuesta por el Gobernador José Gálvez ante la necesidad de contar en la provincia con un número importante de maestros con formación pedagógica; consistió, en primer lugar, en organizar anualmente, entre enero y marzo, una Asamblea de todos los maestros dei estado en ía capital provincial, con el objeto de estudiar y resolver los problemas referidos ai magisterio. Este sistema de conferencias pedagógicas se hacía accesible a todos los docentes interesados ya que se les daba un sobresueldo para gastos de viaje.

Otra medida de interés en materia de docentes fue la de traer maestros españoles para que se desempeñaran en la provincia, teniendo en cuenta, además de la formación pedagógica, la lengua y los principios religiosos comunes.

En cuanto a los estudios terciarios, la primera experiencia se debió al interés del Gobernador Simón de Iriondo que promovió la creación, siendo ministro de gobierno Cabal, en 1868, de las cátedras de derecho, en las aulas del Colegio de la Inmaculada, ley que hacía realidad una aspiración de la comunidad santafesina.

En 1869 inició su marcha este ciclo para el cual se buscaron profesores de valía de otras provincias y se adquirió un valioso caudal bibliográfico para los estudiantes. En 1875 se obtuvo el reconocimiento de las llamadas Facultades Mayores en el orden nacional, con el cual se posibilitaba a los egresados de éstas el aspirar al título de doctor en las universidades del país.

En 1877 ya estaba la idea entre los gobernantes santafesinos de crear sobre la base de esta carrera de jurisprudencia, una universidad provincial, pero, en los años siguientes todo siguió igual, con los estudios de derecho en franco progreso. En 1884, el Ministerio de Instrucción Pública de la Nación, ejercido por el Dr. Eduardo Wilde, le retiró al Colegio de la Inmaculada la autonomía educativa de que gozaba y por un informe especial, retiró también el reconocimiento de los títulos obtenidos en el colegio Jesuíta, ofreciendo la alternativa de que los alumnos se sometan a un tribunal, igual que los de otros institutos privados. Ante ello el rector del colegio decidió cerrarlo, quedando las facultades mayores sin sustento.

Esta experiencia de educación superior en la Provincia de Santa Fe, junto con otros antecedentes en materia de educación secundaria confesional, muestran a la dirigencia política santafesina (como católicos profesos progresistas) que los cambios socioeconómicos y políticos de los tiempos que se vivían, no estaban reñidos con la tradición religiosa y la fe católica.

En 1889 el Gobernador José Gálvez volvió sobre la cuestión de los estudios superiores y creó la Universidad de Santa Fe, que inauguró sus actividades en 1890.

Fuente Consultada:
Nueva Enciclopedia de la Provincia de Santa Fe
Tomo I – SANTA FE – Ediciones Susamerica Santa Fe

Primeros Teatros en Buenos Aires Colonial Orígenes

Comienzos del Teatro en  el  Antiguo Buenos  Aires:

El apogeo del teatro en Buenos Aires comenzó en 1804. Hasta entonces habíase arrastrado como pudo, un tiempo en corrales al aire libre, otro en la Casa de Comedias, galpón de techo de paja y paredes de barro; otro en casas particulares, barracones, salones, huecos y sitios diversos donde fue posible levantar un tablado, por cualquier motivo.

Pero después que el señor Olaguer Feliú edificó el Coliseo provisional, frente a la iglesia de la Merced, las representaciones se hicieron más regulares, las compañías fueron más completas, la utilería más adecuada y la vigilancia más estricta. En los dos primeros años de este teatro fue censor de obras el doctor don Domingo Belgrano, muy contraído a su trabajo, y que tuvo especial cuidado en la vigilancia de las que debían representarse y que le fueron presentadas para su lectura y aprobación.

primeros teatros argentinos

El doctor Belgrano llevó sus escrúpulos hasta prohibir que las mujeres aparecieran en escena vestidas de hombre; pero, en cambio, permitió las magias, la sangre, los muertos y aparecidos, los sainetes estúpidos y comedias de peleas, etcétera, que habían sido aprobados anteriormente y que debió haber prohibido. Pero sin duda sus atribuciones no llegaban a tanto: nada tenía que hacer él en lo referente a piezas anteriores al desempeño de su mandato oficial.

En esas épocas no había orquesta en el teatro (hasta 1813 no la hubo), de modo que los melodramas y comedias con música debieron representarse sin ella. No contaba tampoco con gran juego de tramoyas, escotillones y utilería: por esto las piezas que requerían los mayores adelantos del arte debían ser modificadas en esa parte por el director de la compañía. Se suprimían los caballos, los carros triunfales, los templos derhasiado iluminados y complicados, los ejércitos; pero quedaban los vuelos y muchas trasformaciones. Y el diálogo reemplazaba las escenas de esta clase, con lo que quedaban peores.

Donde debía aparecer un ejército, por ejemplo, se suprimía el pasaje escénico, se corregía el texto, añadiéndole algunos versos, con los cuales se comunicaba al público “que el ejército aguardaba afuera”. De modo, pues, que la tontería subsistía, y empeoraba, porque siquiera la vista no salía ganando con la exhibición del espectáculo.

Llegado el año 1817, el Director Pueyrredón, uno de los más bien intencionados protectores del teatro, comprendió que era necesario cortar tales abusos. El público ilustrado y los escritores estudiosos en general levantaron un grito de protesta contra los defectos de esa institución. Ya eran muchas las obras del buen teatro extraño a España que conocían los patriotas argentinos, ya por lecturas hechas en sus originales, ya por representaciones teatrales de sus traducciones, ya por crónicas extranjeras leídas en periódicos que llegaban al país. Ya había muchos que conocían los idiomas inglés, francés, italiano y portugués, sobre todo el primero.

Y a este respecto debemos decir una vez más que nunca será bastante alabado en su memoria, ese gran fomentador de los adelantos del teatro, D. Santiago Wilde, propagador de los libros ingleses y franceses de literatura, filosofía y matemáticas, y perseguidor infatigable de los adefesios del teatro español.

Uno de los más empeñados en tal patriótica empresa fue el literato chileno Fr. Camilo Henríquez, quien hizo públicas sus teorías en “El Censor”, periódico que él dirigía, manifestando en los artículos que escribió con ese fin, cómo entendía él el teatro que convenía a los intereses de la patria libre: “Espejo en que el hombre pueda ver retratados sus vicios para corregirlos; moralizador de costumbres, desterrando del campo de la idea locuras y rancios delirios; barrera que, con la exposición de saludables terrores, contuviera, por los ejemplos presentados, la ambición, la maldad y el fuego devorador de descabellados deseos; ejemplo histórico de hechos que enseñaran la bondad, la humanidad, los principios más sublimes.”

Después de 1817, el teatro de Buenos Aires algo se corrigió y la intervención de piezas extranjeras, las reconocidamente buenas españolas y las pocas de autores nacionales desterraron de las tablas los mamarrachos de magia, milagros y resucitados. Pero no fue posible desterrar los sainetes porque, como sabemos, eran el número predilecto de los guarangos. No molestaban tampoco al escaso público selecto, porque al empezar ellos, se retiraba del teatro. Y a nadie se le ocurrió prohibirlos porque, como hoy, las autoridades no creían en el fatal influjo de esas piezas sobre el pueblo.

Luego, la intervención del canto de ópera, las compañías líricas que se formaron, la afición a la música italiana y francesa, perfeccionó el gusto de esa parte del público que llamamos selecta. Pero, justamente, el error perjudicial consistió en tolerar que el pueblo, “la plebe”, que era quien más necesitaba reaccionar, continuara gozando en los espectáculos moralmente venenosos que exigía y que le daban.
“No se debe dar al pueblo lo que pida, sino lo que necesite.”

MARIANO G. BOSCH (1878-1949).   Escritor argentino.   En 1904 publicó una interesante obra: Teatro antiguo de Buenos Aires, de la cual ofrecemos este fragmento.   (Ed. El Comercio.   Buenos Aires.)

La Revolución de Mitre Contra Avellaneda Fraude Electoral

ALZAMIENTO DE MITRE POR FRAUDE ELECTORAL CONTRA AVELLANEDA

Las elecciones para diputados nacionales por la provincia de Buenos Aires celebradas en febrero dieron un primer revés al Partido Nacional de Bartolomé Mitre, que desconoció los resultados denunciando    la comisión de fraude por parte de los vencedores. Pero el conflicto se agudizó luego de las elecciones de electores presidenciales, en las que el tucumano Nicolás Avellaneda triunfó sobre Mitre en todas las provincias (con la excepción de Buenos Aires, San Juan y Santiago del Estero), obteniendo de tal forma 146 electores contra los 79 favorables al segundo.

Para Mitre, la derrota tenía una sola explicación y no era otra que el fraude electoral desplegado por quienes apoyaban a su rival. Más allá de la veracidad de tales acusaciones -en rigor, ninguno de los partidos en disputa se privaba de recurrir a diferentes mecanismos de manipulación del sufragio-, lo cierto es que para Mitre resultaba difícil aceptar la derrota electoral puesto que su partido aspiraba a representar al conjunto del pueblo, entendido como una entidad indivisible y que, por lo tanto, no admitía pluralidad de representaciones. Porque el Partido Nacional representaba a la nación toda, se volvía necesario entonces expresar la voluntad de esta última a través de instancias alternativas a la electoral.

Avellaneda - Mitre

Nicolás Avellaneda – Bartolomé Mitre

Los partidarios de Mitre, antes de ser proclamado el triunfo de Avellaneda, habían advertido que ese gobierno sería un gobierno de hecho, no de derecho. Si bien Mitre era hostil al recurso revolucionario, se creó un clima de protesta contra el fraude electoral y se consideró ineludible el recurso de la fuerza para impedir el entronamiento del nuevo presidente.

Los generales Arredondo y Rivas conspiraban, uno en Cuyo y el otro en la provincia de Buenos Aires. Mitre renunció a su jerarquía en el ejército y se dirigió a Colonia. La conspiración tomó carácter público, se hablaba de ella en todas partes, pero Sarmiento dudaba de ella.

El 24 de setiembre se desvanecieron todas las dudas. Ese día ordenó a Ivanowsky que vigilase a Arredondo; Ezequiel Paz, director del diario La Prensa, proclamó el movimiento y clausuró sus talleres para ponerse al “servicio del pueblo, en el terreno de los hechos”. Paz, Zeballos y otros se dirigieron a Belgrano para organizar allí un levantamiento popular.

La revolución logró reunir aproximadamente 14.000 hombres, contando entre ellos con los indios de la tribu de Catriel, milicias del departamento de Goya y 3.600 hombres del ejército de línea al mando de Arredondo. Quedaron fieles al gobierno Luis María Campos, Julio Campos, los coroneles Nelson, Ayala y Azcona, Napoleón Uriburu y Julio A, Roca, que reunieron 35.000 hombres.

Mitre desembarcó en el Tuyú aumentando sus filas con voluntarios de la campaña y la incorporación del coronel Rivas. El 24 de setiembre el coronel de marina Erasmo Obligado se apoderó de un buque de la escuadra; le siguió Rivas con la división del sur de Buenos Aires y en seguida Arredondo sublevó los regimientos de infantería y caballería de Villa Mercedes, San Luis. Ignacio Rivas quería unirse con Arredondo, pero no pudo lograrlo porque fue vencido en La Verde, el 27 de noviembre de 1874, por el coronel Inocencio Arias.

La rebelión quedó completamente sofocada al ser derrotado Arredondo por Julio A. Roca en los campos de Santa Rosa el 7 de diciembre de 1874. Mitre fue vencido y detenido y poco faltó para que se le aplicara la pena de muerte, pero el candidato triunfante, Nicolás Avellaneda, decretó su indulto.

El 12 de octubre de 1874 asumió la primera magistratura el Dr. Nicolás Avellaneda, acompañado por el Dr. Mariano Acosta, porteño, como vicepresidente.Durante este período se organizaron fuertes partidas contra los indios, encabezadas por el ministro de Guerra, general Julio A. Roca, gracias a cuya enérgica acción se obligó a los aborígenes a desalojar el territorio com prendido entre los ríos Colorado y Negro, donde a breve plazo se establecieron nuevas colonias.

La obra cultural fue también vastn e intensa, y culminó con la creación de numerosas escuelas primarias y de varias so cundarias, entre ellas diez escuelas normales; se fomentó la inmigración; se apoyó la industria y el comercio; se continuó la cons trucción de vías férreas; se mejoraron los servicios postales y se fundaron numerosos pueblos y colonias.

Fuente Consultada:
El Bicentenario Fasc. N° 4 Período 1870-1889 Levantamiento de Mitre

Las Maestras Que Trajo Sarmiento a Argentina Obra y Legado

LAS MAESTRAS NORTEAMERICANAS QUE EDUCARON EN ARGENTINA

En 1869 llegaron sesenta y cuatro profesionales norteamericanos de la educación a nuestros país, de los cuales solo cuatros eran hombres. De aquellas heróicas mujeres Clara Armstrong trabajó en Paraná, Catamarca, San Juan, San Nicolás, La Plata y Buenos Aires; Sarah Chamberlain de Eccleston lo hizo en Mendoza, Paraná, Buenos Aires y Concepción del Uruguay, mientras que Mary Olstine Graham transitó aulas de Paraná, San Juan y La Plata.

Entre los pocos hombres que vinieron estaba Stearns, quien estableció una escuela normal en Paraná, con su esposa Julia y otras maestras norteamericanas. Stearns trajo consigo las ideas de civismo, disciplina e investigación que impulsaba el educador norteamericano Horace Mann. Entre 1871 y 1888 aquellos norteamericanos fundaron treinta escuelas normales, sentando bases para la formación de docentes y para una educación pública universal.

Domingo Faustino Sarmiento

Domingo Faustino Sarmiento

Para Domingo Faustino Sarmiento, presidente de Argentina entre 1968-1874, la educación era la base de la democracia, y había que conseguir la cultura del pueblo a cualquier precio. Una vez escribió: “Para tener paz en la República Argentina es necesario educar al pueblo en la verdadera democracia, enseñarles a todos lo mismo, para que todos sean iguales; para eso necesitamos hacer de toda la república una escuela”.

Esto significaba que los efectos de la educación no debían terminar en la formación de las personas individualmente, sino que la relación entre ciudadanía y educación debía ser estrecha. “La escuela es elemento central en la creación de un campo de lectores alfabetizados dispuestos a compartir los códigos de la cultura de la época.”

La contribución más notable de su presidencia al desarrollo del progreso fue su obra educativa. No sólo creó escuelas primarias, sino que auspició nuevos métodos de enseñanza y contrató educadores europeos para instruir a nuestros maestros; proporcionó subvenciones escolares a las provincias; creó nuevos colegios nacionales; inauguró la Escuela Normal de Paraná e hizo llegar de Estados Unidos maestras normales que desarrollaron en el país una tarea proficua a cuyo amparo surgieron varias generaciones de maestros argentinos.

En una carta a familiares, Stearns había asegurado: “Si me vienen a visitar, no podrán distinguir la escuela de una de los Estados Unidos, salvo por el idioma”. Fue casi un transplante de Boston a Entre Ríos, pero el país de entonces no ofrecía un contexto de paz: la escuela enfrentó adversidades económicas y convivió con la revuelta de Ricardo López Jordán tras el asesinato de Urquiza.

LAS OBRAS EDUCATIVAS EN ARGENTINA

La huella honda y perdurable de las educadoras norteamericanas, traídas al país por ese genio de la educación pública argentina que se llamó Domingo Faustino Sarmiento, ha quedado de tal manera impresa en el pasado de nuestras escuelas que compromete la gratitud nacional. Sarmiento, con clara visión del presente y del futuro, en que la educación debe ser la principal preocupación de un gobierno, dedicó a ella todos sus afanes, y hasta el tesoro de la nación estuvo más de una vez al servicio de un ideal: “educar, educar, educar”.

Fue así como las escuelas colocadas bajo la dirección de las educadoras norteamericanas venidas a la República Argentina, y que Sarmiento las destinó para llenar su apostolado en diversas ciudades del territorio nacional, fueron modelos en su género, fueron toda “una maestra”, toda una educadora cada una de ellas.

Hicieron hombres para llenar ampliamente su misión en la sociedad; supieron desarrollar en cada alumno o en el aula mil veces bendecida por los mismos, el carácter, las aptitudes morales y físicas. Educaron la voluntad para que fuera firme; el espíritu moral para que fuera sólido; nutrieron la inteligencia y adiestraron los miembros.

Esas educadoras de la gran república del norte, no sólo estaban admirablemente preparadas para realizar la obra de encauzar la educación en nuestro país, sino que poseían un espíritu superior, espíritu que cultivaban de continuo; un fino humanismo; una vastedad de conocimientos tal, que lo mismo forjaban el carácter, dura y enérgicamente si era necesario, que formaban el físico del alumno; que al explicarles cómo debían cuidar su salud, les inculcaban de paso ideas de economía y de elegancia.

Exigían más, siempre más. Su disciplina era férrea, al decir de una de sus discípulos. Parecía imponerse de adentro afuera por cada alumno, juez de sí mismo en los casos comunes; sometido al tribunal de sus condiscípulos cuando la falta era grave. Las crónicas relatan que miss Mary O. Graham, directora fundadora de la Escuela Normal de La Plata, visitaba personalmente y a diario toda la escuela, cada una de las clases del curso normal y de aplicación.

Nacía así, instintivo y seguro, el convencimiento de cada alumna de que “la maestra” lo sabía todo; de que si algo preguntaba era para probar la veracidad de las educandos, pero que era inútil ocultar un hecho o ensayar un engaño. Tampoco soñaba nadie en desobedecer, y trabajaban con tanto mayor placer cuanto que no tenían celadoras.

La enseñanza de miss Mary era tan profunda, tan individual, tan personal, que hacía de cada escolar un eterno alumno de la vida, en marcha ascendente hacia la verdad, hacia la bondad. “No es superior el que se adapta al medio, el que se deja ceñir por él -les decía-. Superior es el que obliga al medio a adaptarse a él, siempre que adaptándolo eleve la línea de la vida.”

Y miss Mary O. Graham, como doña Emma Nicolay de Caprile, miss Armstrong, miss Stevens y otras cuyos nombres no recordamos, geniales maestras,  modeladoras de almas,  forjadoras de caracteres, buriladoras de individualidades, formaron generaciones de maestros que, al desparramarse por todos los ámbitos del país, han llevado nuestra naciente cultura.

Han santificado el lugar donde la dulce voz de una mujer oficiaría en cada día la misa del alfabeto, y donde los niños, vibrantes de emoción, entonarían la canción nacional que ella enseñaría a cantar, después de haber recibido el óleo del alfabeto y el conocimiento de las horas en el reloj de cartón. Repetimos: esas geniales maestras pueden figurar en la historia de la educación de nuestro país, como genios pedagógicos: la vida emanaba de sus enseñanzas.

ADELIA DI CARLO

ADELIA DI CARLO (1886-1965).   Escritora y periodista argentina. Sus difundidas colaboraciones en diarios y revistas evidencian su afecto hacia la niñez, a la que dedicó sus mejores páginas.   Recomendamos a las niñas su libro La canción de la aguja, en el que se pone de manifiesto la exquisita sensibilidad de la autora.

SOBRE LA VIDA DE DOMINGO F. SARMIENTO:

DOMINGO F. SARMIENTO ES PRESIDENTE
Domingo Faustino Sarmiento ha llegado a la presidencia de la República y asumió este honorífico cargo el último 12 de octubre. Cuatro años atrás había viajado a los Estados Unidos, a pedido del entonces presidente Bartolomé Mitre. Fue como ministro plenipotenciario de la Argentina.

En su paso por Perú, donde se hallaba reunido el Congreso Americano, condenó el ataque español contra esta nación, lo que constituyó un acto de desobediencia a las claras órdenes de Mitre. Finalmente arribó a Nueva York en mayo de 1865, justo tras la asunción del presidente Andrew Jackson, quien reemplazó a Abraham Lincoln, que fue asesinado por un fanático racista.

Este hecho le causó impactoy llevó a Sarmiento aescribir Vida de Lincoln. En los Estados Unidos participó de los círculos académicos norteamericanosy fue distinguido con los doctorados honoriscausade las universidades de Michigan y Brown, El coronel Lucio V. Mansilla, junto a un grupo de políticos, decidió postular aSarmiento para la presidencia, mientras él continuaba con su viaje.

Así fue, yen abril se celebraron los comicios que le darían la victoria y el Congreso lo consagró presidente de los argentinos el 16 de agosto. Uno de los principales problemas que enfrenta este nuevo gobierno es la guerra de la Triple Alianza, A Sarmiento lo convocaahoracomo primer mandatario, pero también como padre, porquesu hijo Dominguito se encuentra en el frente.

Fuente Consultada:
Enigmas de la Historia Argentina Diego Valenzuela La Educación Argentina

Tratado de Libre Navegación de los Ríos Con Francia e Inglaterra

URQUIZA FIRMA EL ACUERDO DE LIBRE NAVEGACIÓN DE LOS RÍOS

La expansión económica de Buenos Aires a partir de 1820 -basada en el intercambio de productos ganaderos por manufacturas ultramarinas-fue el modelo de desarrollo durante la primera mitad del siglo XIX . Su ubicación geográfica, sus recursos naturales, su control del comercio exterior, a través del puerto y de la Aduana, colocaron a Buenos Aires en una posición de predominio sobre las provincias, que, en su mayoría, tenían escasas posibilidades de adecuarse al sistema económico porteño o no estaban de acuerdo con él.

El control de Buenos Aires sobre la navegación de los ríos Paraná y Uruguay, su política arancelaria y el destino de las rentas de su aduana constituyeron el centro de los conflictos del período, e influyeron en los alineamientos políticos de las provincias. Durante la primera mitad del siglo XIX, los diferentes intereses sociales y económicos también enfrentaron a las oligarquías provinciales entre sí.

En ese marco no era posible encontrar una fórmula que congeniara la autonomía de los estados provinciales con el proyecto de organizar un Estado unificado. Los diferentes proyectos políticos relacionados con el sistema de gobierno se expresaron, desde mediados de la década del veinte, en las concepciones opuestas de unitarios y federales. Las dos tendencias contaban con partidarios en Buenos Aires y en las provincias.

Los unitarios, menos numerosos pero más homogéneos como grupo, defendían la organización de un poder centralizado, depositario de la soberanía y de carácter liberal. Esa forma de organización estatal subordinaba los poderes provinciales a la autoridad central y a una legislación común que afectaba la autonomía política, económica y financiera de las provincias. Para los unitarios, la autonomía era sinónimo de anarquía, de desorden y de atraso, mientras que la unidad del régimen era la garantía de unión, por encima de las diferencias regionales, y la posibilidad de fomentar el desarrollo social y económico del país.

Por el contrario, el federalismo era favorable a una organización estatal, en la cual las partes representadas delegaban sólo algunas de sus atribuciones en la autoridad superior, pero conservaban su soberanía e independencia.

tratado de libre navegacion

Puerto de Buenos Aires

La libre navegación de los ríos: un reclamo reiterado: El tratado del Cuadrilátero -firmado en la ciudad de Santa Fe, el 25 de enero de 1822, por Buenos Aires, Santa Fe, Entre Ríos y Corrientes-establecía la paz, amistad, unión y respeto recíproco entre las provincias firmantes; la alianza frente a una posible agresión exterior o interior; la libre navegación de los ríos y la no asistencia al congreso organizado en Córdoba, según lo dispuesto en el Pacto de Benegas. Al mismo tiempo, acordaba la convocatoria a un congreso general cuando las condiciones se volvieran propicias.

Según el historiador Clifton Kroeber, en la navegación de los ríos en la historia argentina, lo que las provincias litorales entendían por libre navegación de los ríos, es decir, comercio directo con el exterior a través de sus muelles o el trasbordo de las cargas de naves extranjeras en el Río de la Plata sin tener que pagar impuestos a la provincia de Buenos Aires, difería de lo entendido o aceptado por los porteños, pues, en Buenos Aires, “ninguna facción [.,.] estaba dispuesta a renunciar a su posición de dominio en el comercio”.

Gobierno de Juan Manuel de Rosas: En 1845, el puerto de Buenos Aires fue bloqueado por una flota anglo-francesa. El bloqueo no sólo afectaba los intereses de los extranjeros: también perjudicaba a los estancieros del litoral, que no podían navegar libremente por el río Paraná y debían comerciar sus productos por el puerto de Buenos Aires. Entre los afectados estaba Justo José de Urquiza, que gobernaba la provincia de Entre Ríos desde 1841.

Los ingleses levantaron el bloqueo en 1847 mientras que los franceses lo hicieron un año después. Pero recién en 1850 quedaron normalizadas las relaciones con ambas potencias. Los bloqueos impusieron sacrificios a los sectores populares pero no tanto a los estancieros, financistas y grandes comerciantes. Estos grupos disponían de importantes reservas para sobrellevar los malos tiempos y de ventajas de todo tipo, entre ellas impositivas.

Por otra parte, durante este período se restringió el sacrificio de animales, de manera que, al finalizar los bloqueos, las estancias se encontraban con su ganado multiplicado y listo para ser exportado.

FIRMA DEL TRATADO DE LIBRE NAVEGACIÓN
Nota de Silvia Ratto, Historiadora

El 10 de julio de 1852, el presidente provisorio de la Confederación, Justo José de Urquiza, firmó un tratado comercial con los representantes de Francia y de Gran Bretaña. El artículo 1° establece que la Confederación Argentina, en el ejercicio de sus derechos soberanos, permite la libre navegación de los ríos Paraná y Uruguay a los buques de todas las naciones. Este tratado viene a poner en práctica los artículos 12 y 26 de la Constitución y la atribución otorgada al Congreso que lo faculta a “reglamentar la libre navegación de los ríos interiores, habilitar los puertos que considere convenientes, y crear y suprimir aduanas” (artículo 64.9).

De esta manera se cierra un conflicto que se remonta a 1831. En esa oportunidad, los representantes de las provincias de Santa Fe, Buenos Aires, Corrientes y Entre Ríos se habían reunido para organizar un pacto de unión contra los unitarios. En las discusiones sostenidas entre los representantes, la más polémica fue, precisamente, sobre la política comercial. Pedro Ferré, diputado por Corrientes, fue quien sostuvo con mayor vehemencia la posición favorable a la libre navegación de los ríos interiores. Pero el Pacto Federal firmado por dichas provincias acordó la delegación de las relaciones internacionales en el gobernador de la provincia de Buenos Aires. Y en tal función, el entonces gobernador Juan Manuel de Rosas sostuvo que el Río de la Plata, el río Uruguay y el río Paraná debían ser considerados ríos interiores de la Confederación Argentina y que el único puerto autorizado de importación y exportación era el de Buenos Aires.

Esta política perjudicaba los intereses de las provincias del Litoral, que debían llevar sus producciones al puerto de Buenos Aires para su exportación a la vez que debían adquirir los importados por la misma vía. Pero también se vieron perjudicados los países ubicados aguas arriba de los ríos Paraná y Uruguay y los comerciantes europeos que
pretendían comerciar directamente con el Paraguay y el oeste de Brasil.

El punto más álgido de esta discusión fue el bloqueo marítimo impuesto por la armada anglo-francesa que había cerrado el comercio de todos los puertos de la Confederación y de la República Oriental del Uruguay entre 1845 y 1850 con objetivo de presionar al gobierno de Rosas a reconocer la libre navegación de los ríos interiores. La acción aglo-francesa no logró su objetivo y luego de cinco años el bloqueo debió ser levantado.

Fuente Consultadas:
Historia Argentina Secundaria Luchilo-Romano-Paz Edit. Santillana
Colección El Bicentenario Fasc. N° 3 Período 1850-1869 Nota de Silvia Ratto, Historiadora

El Juicio a las Juntas Militares Condena a los Dictadores Resumen

RESUMEN HISTÓRICO DEL JUICIO A LAS JUNTAS DE GOBIERNO EN ARGENTINA

El 24 de marzo de 1976 una Junta de Comandantes asumió el poder en Argentina. Designó como presidente a Jorge Rafael Videla, dispuso que el futuro gobierno lo compusieran la Armada, el Ejército y la Fuerza Aérea con igual participación y comenzó el autodenominado Proceso de Reorganización Nacional que duraría de 1976 a 1983. A lo largo de esos años, pensar distinto podía costar la vida tanto del «subversivo» como de su entorno familiar y afectivo.

La Junta Militar además de imponer un sistema impuso también su propio lenguaje y para encubrir las acciones de secuestro, tortura y asesinato de ciudadanos inventó la figura de «los desaparecidos», asegurando que en lugar de víctimas había gente que desaparecía por propia voluntad.

La mayoría de los desaparecidos eran jóvenes menores de 35 años, obreros o estudiantes y, por lo general, se les detenía en su domicilio durante la noche. La guerra sucia se cobró la vida de 30.000 desaparecidos. Eran secuestrados que no estaban en ningún sitio, y de los que nada volvía a saberse; simplemente dejaban de existir.

En 1982 para el candidato a la presidencia por el partido radical, Dr. Raúl Alfonsín, la represión de la Junta Militar había sido un acto brutal y salvaje y era necesario que la Justicia juzgara a todos responsables y no la historia, encargada de revisar y analizar el pasado.

Tan pronto asumió Alfonsín, el gobierno hizo explícita su voluntad de indagar los crímenes cometidos por la dictadura -distinguiendo, sin embargo, entre las Fuerzas Armadas “como institución” y los miembros de las juntas militares-, al tiempo que abolía la censura y alentaba el retorno de intelectuales, artistas y científicos exiliados. Durante estos primeros años, se hicieron presentes en varias oportunidades los rumores de un golpe de Estado.

Por ejemplo, a comienzos de 1985, ante versiones golpistas, el gobierno organizó una movilización popular con el objetivo central de fortalecer el sistema.

Uno de los primeros actos del gobierno de Alfonsín fue la constitución de una comisión para investigar los crímenes de la dictadura. En 1984 comenzó la tarea de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP), que tenía como objetivo reunir antecedentes y pruebas referidas a la represión ilegal y al terrorismo de Estado. Después de nueve meses de trabajo, bajo la dirección de Ernesto Sabato, la CONADEP entregó su informe, publicado más tarde con el título de Nunca Más, que probó casi 9.000 casos de desaparición forzada de personas.

JUICIO A las juntas militares argentina

En 1983, Alfonsín advirtió rápidamente que para concretar la democracia debía subordinar las FF.AA. al poder civil. Sin embargo, los militares no aceptaron las reglas de juego democráticas y en reiteradas oportunidades, distintos sectores del ejército se sublevaron: Semana Santa (1987), Monte Caseros (enero de 1988) y Villa Martelli (diciembre de 1988).

El 10 de diciembre, luego de los años del terrorismo de Estado, Raúl Alfonsín asumió la presidencia de la Nación. Su gobierno enfrentaba dos grandes grupos de problemas: la consolidación de la democracia y su difusión en todos los ámbitos de la sociedad, por un lado, y la relación con las Fuerzas Armadas, desacreditadas en su “razón de ser” por la reciente derrota a manos del ejército británico en el Atlántico Sur. Sobre el gobierno también pesa la herencia de la deuda externa.

El 15 de diciembre, Alfonsín sancionó los decretos 157/83 y 158/83. Por el primero, se ordenaba enjuiciar a los dirigentes de las organizaciones guerrilleras ERP y Montoneros. Por el segundo, se ordenaba procesar a las tres juntas militares que dirigieron el país desde el golpe militar del 24 de marzo de 1976 hasta la Guerra de las Malvinas. El mismo día creó la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (Conadep), integrada por personalidades apartidarías como el escritor Ernesto Sabato, la militante por los derechos humanos Graciela Fernández Meijide o el rabino norteamericano residente en la Argentina Marshall T. Meyer, entre otros.

Su misión es la de relevar, documentar y registrar casos y pruebas de violaciones a los derechos humanos con el objetivo de fundar un juicio civil a las juntas militares. También ese día, Alfonsín envió al Congreso un proyecto de ley declarando nula la llamada Ley de Autoamnistía, dictada por el gobierno militar. Una semana después, el proyecto fue sancionado como Ley 23.040, la primera ley de la nueva etapa democrática.

El proceso de desmilitarización del Estado continuó durante la presidencia de Carlos Menem. El nuevo presidente logró la subordinación de las Fuerzas Armadas al poder civil. Con su política de achicamiento del Estado, también redujo a ese grupo de poder y presión. En diciembre de 1990, se produjo el cuarto levantamiento carapintada, encabezado por Mohamed Seineldín.

El presidente impuso su autoridad y consiguió que los insurrectos fueran reprimidos por las fuerzas leales. Seineldín fue condenado a cadena perpetua. A partir de ese momento, los militares se alejaron de la práctica política.

Durante el gobierno de Raúl Alfonsín, al cumplirse el plazo otorgado al Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas para que procediera al juzgamiento de las tres primeras juntas militares sin que se avanzara sobre el tema, la causa pasó a la justicia civil. El paso no carecía de riesgos; la organización de las Fuerzas Armadas poco había variado en el año y medio transcurrido desde el retiro del gobierno militar, y continuaban convencidas de haber actuado correctamente.

Para la defensa de los imputados, había dos caminos de justificación de ls hechos, por un lado entender que había un estado de guerra en que era necesario implementar esos actos y medidas especiales y por el otro declarar como anticonstitucional el juicio, porque se los juzgabas fuera del ámbito militar.

El Tribunal estuvo compuesto por los jueces de la Cámara Federal Carlos Arslanian, Jorge Torlasco, Andrés DAlessio, Ricardo Gil Lavedra, Jorge Valerga Aráoz y Guillermo Ledesma.

El juicio estuvo acotado a 711 casos testigo, porque solo fueron considerados los homicidios en los casos en que se encontraron los cuerpos y en que se podía demostrar que el asesinato había ocurrido por acciones u omisiones de los comandantes. De manera que el juicio no contempló el tema de los desaparecidos que continuaban en esa condición.

En la sala de audiencias se vivieron momentos muy dramáticos al escucharse los centenares de testimonios de los sobrevivientes y familiares de las víctimas.El gobierno trató de darle un perfil bajo a la difusión de los juicios. La televisión, estatal en su mayoría, nunca transmitió en vivo desde la sala del juicio y se limitó a transmitir unos pocos minutos por día de imágenes sin el audio original, que era reemplazado por la voz en off de un locutor que hacía una síntesis de lo declarado.

Esta actitud del gobierno contrastaba con la enorme difusión que tuvo el desarrollo del juicio en el mundo. Fue noticia de tapa de los principales diarios que enviaros sus corresponsales para seguir de cerca el proceso.

El 9 de diciembre de 1985 la Cámara dio a conocer las sentencias. En la fundamentación dejaron constancia que “se trató de un plan criminal organizado desde el Estado”.

Se dictaminó la prisión perpetua para Videla y Massera, 17 años de prisión para Viola, al almirante Lambruschini 8 años y 4 años para Agosti. Los cuatro restantes comandantes, Graffigna, Galtieri, Anaya y Lami Dozo fueron absueltos.

Junta Militar Argentina en 1976

La mayoría de los desaparecidos eran jóvenes menores de 35 años, obreros o estudiantes y, por lo general, se les detenía en su domicilio durante la noche. La guerra sucia se cobró la vida de 30.000 desaparecidos. Eran secuestrados que no estaban en ningún sitio, y de los que nada volvía a saberse; simplemente dejaban de existir.

El punto 40 de la sentencia contariaba la política de Alfonsín que quería dar por concluido los juicios y dejaba abierta la posibilidad de continuar investigando y juzgando hacia abajo en la jerarquía militar y condenar a los jefes de zonas y subzonas militares y a los ejecutores directos de la represión.

Todas las penas íueron acompañadas de inhabilitación absoluta perpetua y destitución; los camaristas ya habían decidido de antemano absolver a los cinco acusados restantes. En todos los cargos se había optado por condenar por medio de la ley más benigna. Los casos sólo se consideraron probados si existían tres pruebas indiciarías.

Se descartaron cargos, en algunos casos por razones paradójicas: no se condenó a nadie por falsedad ideológica, por ejemplo, porque en la inmensa mayoría de las respuestas a los hábeas corpus las policías y el Ministerio del Interior habían respondido mediante documentos sellados, pero sin forma legal. No se condenó por robo de bebés porque la Cámara consideró que el número de acusaciones no era suficiente para probar un método concertado. La pertinaz tarea de los organismos humanitarios, especialmente de Abuelas de Plaza de Mayo, no fue atendida.

Había ocurrido lo inimaginable: un tribunal civil había condenado la acción de quienes habían detentado el poder absoluto en la Argentina. El juicio más conmovedor y significativo de la historia nacional, cuyas audiencias habían durado 900 horas, que había reunido a 672 periodistas, 833 testigos (546 hombres y 287 mujeres, entre ellos 64 militares y 14 sacerdotes) y producido tres toneladas de expedientes de los que formaban parte 4.000 hábeas corpus o denuncias de desaparición de Capital Federal, 5.000 del interior del país y 4.000 reclamos diplomáticos, terminó el 9 de diciembre.

ALEGATO DEL FISCA STRASSERA

Fiscal StrasseraEste proceso ha significado, para quienes hemos tenido el doloroso privilegio de conocerlo íntimamente, una suerte de descenso a zonas tenebrosas del alma humana […]. No son las Fuerzas Armadas las que están en el banquillo de los acusados, sino personas concretas y determinadas a las que se endilgan delitos concretos y determinados.

No es el honor militar lo que está en juego, sino precisamente los actos reñidos con el honor militar!…]. Por todo ello, finalmente, este juicio y esta condena son importantes y necesarios para las víctimas que reclaman y los sobrevivientes que merecen esta reparación […]. Señores jueces: Quiero renunciar expresamente a toda pretensión de originalidad para cerrar esta requisitoria.

Quiero utilizar una frase que no me pertenece, porque pertenece ya a todo el pueblo argentino. Señores jueces: NUNCA MÁS.

El diario del juicio. Buenos Aires, Perfil, 1986.

PARA SABER MAS…: Como ampliación del tema publicamos una nota en El Bicentenario Fasc. N° 10 período 1990-2010 a cargo de Estela de Carlotto, presidente de la abuelas de Plaza de Mayo.

DETENCIÓN DEL EXDICTADOR VIDELA POR ROBO DE BEBES

En el marco de la causa N° 1.284/85 del Juzgado Federal de San Isidro N°1, a cargo del juez federal Roberto Marquevich, en la que se investiga puntualmente la apropiación de dos menores por parte del matrimonio conformado por Norberto Afilio Bianco y Nilda Susana Wherly, dicho magistrado decretó el procesamiento de Videla y lo llamó a prestar declaración indagatoria en los términos del artículo 236 primera parte, del Código de Procedimientos en Materia Penal, Ley 2.372, por la implementación del plan sistemático de sustracción de menores, y dictó su prisión preventiva. También dispuso que la investigación de los hechos atribuidos al matrimonio Bianco-Wherly pasaran a tramitar por otro sumario.

En los considerandos de dicha resolución se expresa entre otras cosas que “a partir del desplazamiento de las autoridades constitucionales y la instalación del gobierno de facto el 24 de marzo de 1976, Jorge Rafael Videla en su calidad de comandante en jefe del Ejército Argentino ordenó un plan sistemático destinado al apoderamiento de menores, en el marco de las actividades de contrainsurgencia realizadas por la fuerza…”.

Fue el 15 de junio cuando el juez federal decidió convertir la detención de Videla en prisión preventiva por considerarlo ‘”prima facie” autor mediato penalmente responsable de los delitos de sustracción, ocultación y retención de un menor de diez años (cinco hechos) en concurso real con el delito falsificación ideológica de documento público destinado a acreditar la identidad de las personas (cuatro hechos) en concurso real con el delito de falsificación ideológica de documento público (nueve hechos), concurriendo estos dos últimos en forma ideal con el delito de supresión del estado civil de un menor de diez años (cinco hechos); previstos y reprimdos por los artículos 45, 54, 55, 139, inc.2, 146 y 293, 1er. y 2do. párrafo, del Código Penal”.

Si bien Videla pasó sólo un mes en la cárcel de Caseros, dado que por tener más de 70 años se le concedió luego la prisión domiciliaria, lo importante fue que esta medida fue dictada pese a la impunidad que impulsaban las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, sancionadas en 1986 y 1987, ya que había quedado fuera del alcance de las mismas el delito de apropiación de menores. Esto implicó que las Abuelas de Plaza de Mayo aprovecharan dicha fisura del sistema judicial para continuar con su inclaudicable lucha y lograr la condena de los responsables por la apropiación de sus nietos.

Fuente Consultada:
El Bicentenario Fasc. N° 9 período 1970-1989 y Fasc. N° 10 período 1990-2010
Cuatro Décadas de Historia Argentina (1966-2001) Dobaño – Lewkowicz
Historia La Argentina Contemporánea Polimodal A-Z Pigna-Dino-Mora-Bulacio-Cao

Presidencia de Quintana Manuel Partido Autonomista Nacional Gobierno

GOBIERNO DE MANUEL QUINTANA (1904-1906)

El Dr. Quintana asumió la presidencia a los ochenta años de edad, al término de una intensa y larga actuación pública; hombre de recta conducta no representaba realmente una agrupación política determinada. De inmediato debió enfrentar las perturbaciones de la clase obrera, debidas a los problemas sociales.

El partido Radical, organizado y dirigido por el señor Hipólito Yrigoyen, incubaba una revolución desde tiempo atrás a fin de terminar con el sistema político imperante. Finalmente, el 4 de febrero de 1905 estalló un movimiento armado en la Capital Federal y simultáneamente en Mendoza, Córdoba y Santa Fe. El alzamiento fue reprimido con rapidez en Buenos Aires y con mayor resistencia en las provincias.

Dirigido “contra un régimen y no contra personas” el intento de Yrigoyen fracasó, pero el caudillo aconsejó a sus correligionarios la necesidad de perseverar en la lucha. Bajo el mandato de Quintana y a pesar de la agitación política, el país mejoró su economía, aumentó el intercambio comercial con el extranjero y se extendió el área de los cultivos. Los ferrocarriles prolongaron sus rieles y la llegada de inmigrantes superó las cifras anteriores.

El Dr. Quintana enfermó gravemente y falleció el 12 de marzo de 1906; fue reemplazado en la primera magistratura por el vicepresidente José Figueroa Alcorta.

Este período se caracterizó por un gran auge económico, al convertirse la Argentina en el granero del mundo y en un fuerte exportador de carnes, por medio de los frigoríficos ingleses. También los ferrocarriles fueron monopolizados por empresas inglesas y el trazado de sus vías se convirtió en un inmenso abanico que confluía sobre el puerto de Buenos Aires.

Todos los productos de uso y consumo eran de origen inglés, comprados con las divisas de nuestras carnes y cereales. Pero la aparente prosperidad favorecía tan solo a un sector de la población. La pobreza se había extendido considerablemente, lo que motivó grandes movimientos de protesta, que fueron enérgicamente reprimidos.

Millones de inmigrantes europeos, sobre todo italianos y españoles, se afincaron en nuestra tierra y dieron una nueva fisonomía a la población, cuya tercera parte estaba constituida por inmigrantes. La mayoría de éstos se emplearon en las nacientes manufacturas y muy pocos en las colonias agrícolas, porque las tierras ya estaban repartidas.

PRESIDENCIA DE QUINTANA (1904-1905)
Cuando la segunda presidencia de Roca llegaba a su fin, la influencia política del último —ya envejecido en las luchas— había declinado y su partido Autonomista Nacional se encontraba dividido y disperso.

A falta de figuras e ideales, el electorado no demostraba interés por los problemas de la política interna. Por su parte, y debido a la falta de libertad en el sufragio, la Unión Cívica Radical permanecía en abstención revolucionaria.

La situación imperante motivó que un grupo de autonomistas reuniera una “convención de notables” a fin de elegir candidato a la presidencia.

El indiferentismo cívico alcanzó su máxima expresión al final de la segunda presidencia de Roca.
El partido Autonomista Nacional, apoyado por el gobierno, extendía su poder sobre todo el país.

Por su iniciativa, una “convención de notables”, compuesta por ciudadanos de actuación descollante, designó candidatos a la presidencia y vicepresidencia, respectivamente, a los doctores Manuel Quintana y José Figueroa Alcorta. Estos triunfaron sin esfuerzo en las elecciones, asumiendo sus cargos, el 12 de octubre de 1904.

El doctor Quintana poseía cualidades sobresalientes de estadista, abonadas por una larga vida pública. Pero llegaba a la primera magistratura a los ochenta años de edad; el día de su proclamación como candidato sufrió un desvanecimiento.

En su mensaje inaugural manifestó ser “conservador por temperamento y por principios”, aunque esto no le impedía admitir la necesidad de una amplia reforma social.

El 4 de febrero de 1905 estalló una revolución, preparada por el partido Radical, con la colaboración de algunos militares. El movimiento fue rápidamente sofocado en la capital, con mayor trabajo en Mendoza, Córdoba, Santa Fe y otros puntos.

El malestar político, reflejado por este acontecimiento, contrastaba con la prosperidad material del país. La cosecha de cereales de 1905 excedió en un millón de toneladas a la del año anterior; las cifras del comercio exterior registraron la cifra más alta hasta entonces obtenida: cerca 528 000 000 de pesos oro, con un saldo favorable de 117 000 000.

El 12 de marzo de 1906 falleció Quintana, tras una breve enfermedad después de quince meses de gobierno.

Un poco antes, el 19 de enero, murió Mitre. Durante muchos años ejerció una verdadera tutela moral sobre sus conciudadanos. Cuéntase que el general Roca señalando a un visitante extranjero la casa de Mitre, le dijo: “Ahí vive un hombre que sin congreso, ni ejército, ni escuadra, ir otra cosa que su nombre, es el poder mas fuerte existente en la República”.

GABINETE PRESIDENCIAL:
Manuel Quintana
Vicepresidente: José Figueroa Alcorta
MINISTROS
Agricultura: Damián Torino.
Guerra: Enrique Godoy.
Hacienda: José A. Terry.
Interior: Rafael Castillo.
Justicia e Instrucción Pública: Joaquín V. González.
Marina: Juan Alejandro Martín.
Obras Públicas: Adolfo V. Orma.
Relaciones Exteriores y Culto: Carlos Rodríguez Larreta.

Fuente Consultada: Historia 3 La Nación Argentina e Historia Argentina y El Mundo Hasta Nuestros Días

Historia del Teatro Colón Vida Cotidiana de la Oligarquía Argentina

Historia del Teatro Colón en Bs.As.
La Vida Cotidiana de la Oligarquía Argentina

El 25 de mayo de 1857, apenas acallado el bullicio de las ceremonias conmemorativas de la fiesta patria, una multitud expectante comenzó a llenar las dos mil quinientas butacas del flamante teatro Colón, situado en aquel entonces frente a la Plaza de la Victoria (hoy Plaza de Mayo). El resplandor de los cuatrocientos cincuenta picos de gas de la gran araña central provocó comentarios admirativos entre los asistentes, que luego de entonar a coro el Himno Nacional escucharon La Traviata, interpretada por el célebre Tamerlick.

Buenos Aires contó desde entonces con un templo lírico visitado asiduamente por cantantes de fama internacional, y la aristocracia porteña con un excelente pretexto para encontrarse y mostrarse. Frecuentado por el tout Buenos Aires, en el nuevo teatro solían reunirse las personalidades de la época, que hacían de sus palcos y galerías una verdadera central política.

El teatro Colón constituyó, desde su creación hasta el advenimiento del peronismo, el lugar preferido de reunión de la oligarquía porteña. Ya lo era el primitivo Colón, inaugurado el 25 de mayo de 1857 en Plaza de Mayo, donde subsistió hasta 1887, en que fue transformado en Banco del Estado. Del primitivo teatro Colón nos dejó una viva descripción Lucio V. López en La gran Aldea: “Se daba Semíramis aquella noche, y el Colón estaba de gala; los palcos, ocupados por las más lindas y conocidas mujeres de la gran sociedad, presentaban un aspecto deslumbrador”.

“Una noche clásica de ópera, el Colón reúne todo lo más selecto que tiene Buenos Aires en hombres y mujeres. Basta echar una visual al semicírculo de la sala: presidente, ministros, capitalistas, abogados y leones, todos están allí; aquello es la feria de las vanidades, en la cual no faltan sus incongruencias de aldea: el vigilante de quepis encasquetado en medio de la sala; la empresa, en ménage, instalada en uno de los mejores palcos del teatro, el humo de los cigarros obscureciendo la sala entera”.

Sobre la cazuela nos dirá López: “En la cazuela no queda títere con cabeza: albergue de solteronas y de doncellas a las que el lujo y la riqueza no sonríen ni popularizan, se convierte en el Criterion: allí se pasan por cedazo todas las reputaciones, ya sean de hombres o de mujeres. Allí se publican los deslices de la más linda mujer casada, que brilla en un palco, aunque sea más virtuosa que Lucrecia. Allí se cuentan sus amores, se apunta al amante con el dedo, se ridiculiza al marido, se narra la última aventura con verdadera e íntima fruición; las lenguas, como otras tantas navajas de barba, no se contentan con afeitar: degüellan, ultiman descarnando la honra como se descarna un cadáver en la sala de autopsias. Allí se cuentan, con nombre y apellido, las queridas de los hombres de moda; se saca la cuenta de sus hijos naturales; se explica por qué se deshizo el casamiento con fulana, cuánto perdió en el club sultano, por qué fue a Europa, por qué se vino, a qué mujer enamora actualmente, cómo le hace caso, dónde se ven y hasta en qué casa tienen lugar las citas.”

HISTORIA DE LA CONSTRUCCIÓN: En 1887 el mundillo que giraba en torno del Colón tuvo que buscar otro lugar de reunión porque el edificio, que ya resultaba chico para los espectadores y para los artistas, trocó su destino lírico por otro más prosaico: fue convertido en banco nacional. Poco después, a pedido de un entusiasta grupo de habitúes, el Congreso Nacional sancionó una ley que convocaba a licitación para construir una nueva sala.

Teatro Colon en Buenos Aires

Este proyecto se concretó en 1908, cuando al cabo de varios años de postergación, marchas y contramarchas, el nuevo edificio alzó su estructura monumental sobre los terrenos que antes había ocupado la estación ferroviaria del Parque. Lo diseñaron los arquitectos Francisco Tamburini, Víctor Meano y Julio Dormal, que combinaron las líneas del estilo griego clásico con características renacentistas y algunos toques afrancesados muy en boga por entonces.

La construcción del nuevo teatro Colón llevó veinte años: fue comenzada en 1888 por Tamburini y terminada por el francés Julio Dormal. Es el auge del estilo francés, y el Colón copia evidentemente la Ópera de París. El 25 de mayo de 1908 se inaugura con la representación de Aída. Asisten a la misma el presidente Figueroa Alcorta, sus ministros y el intendente Torcuato de Alvear.

Entre los primeros abonados se cuentan los grandes apellidos de la oligarquía argentina: Anchorena, Roca, Juárez Celman, Unzué, Tornquist, Ugarte, Alvear, Saldías, Obligado, Udaondo, Zeballos, Güiraldes, Mitre, Pueyrredón, Luro, Ortiz Basualdo.

Ya la arquitectura del teatro muestra bien a las claras su sentido clasista. El amplio espacio que separa una fila de butacas de otra, en la platea, se va acortando a medida que se asciende, y termina por volverse estrecho hasta la incomodidad en el paraíso. Por otra parte, no hay acceso del paraíso a los pisos bajos para evitar la mezcla del público.

La sala, con capacidad para 3500 personas, siete pisos, acústica perfecta, un enorme escenario de 35,25 por 34,50 metros y una decoración versallesca en casi todos los ámbitos, fue en su momento la síntesis de la etapa que atravesaba el país, cuyos núcleos dirigentes se inclinaban respetuosos ante la cultura europea.

No tardó así en convertirse en reducto casi exclusivo de los sectores más encumbrados de la sociedad. La inauguración oficial se efectuó el 25 de mayo de 1908, en una velada célebre a la que asistieron las más altas autoridades: el presidente Figueroa Alcorta con varios ministros de su gabinete, el intendente municipal, delegaciones extranjeras y toda la aristocracia local; la ópera elegida para la ocasión fue Aída, de Verdi.

Según Horacio Sanguinetti, autor de un trabajo de divulgación histórica sobre el tema, “desde entonces, tanto o más que los clubes, las iglesias, la Recoleta o los declinantes palacetes particulares, el Colón fue sede social de la alta burguesía argentina”.

A ello se debió que el 26 de junio de 1910 un anarquista anónimo manifestara en forma violenta su repudio a todo lo que representaba el Colón como símbolo social: en la mitad del segundo acto de la ópera Manon arrojó una poderosa bomba a la platea, que causó graves heridas a varios espectadores, provocó escenas de pánico y originó una verdadera conmoción en el país. Es el único hecho de esa índole que registra  la historia del  teatro, ya que su nutrido anecdoíario se relaciona casi por entero con ia actividad artística y con los intérpretes célebres que ocuparon su escenario.

Clemenceau, de visita en Buenos Aires, describió la escena: “Los palcos abiertos del patio o piso alto, así como los pisos bajos, presentaban, con las butacas pobladas de señoritas jóvenes en traje de sarao, el espectáculo más brillante que me ha sido dado encontrar en una sala de teatro. En tal lugar se adivina lo que pudo significar de catastrófico una bomba. Todo cuanto se dijera es poco”.

Un alto funcionario me ha dicho que jamás vio tales charcos de sangre. Se recogió a los heridos como se pudo, la sala se vació entre gritos de furor y, reparados los desperfectos al día siguiente, ni una sola señora faltó a la representación de aquella noche. Este es un rasgo de carácter que hace honor particularmente al elemento femenino de la Nación Argentina. No tengo completa seguridad de que en París, en caso igual, se hubiera llenado la sala.”

Con el advenimiento del yrigoyenismo al poder, el teatro Colón solo vio levemente modificadas sus funciones de gala en las fechas patrias. Como atención al presidente poco melómano, se confeccionaban programas especiales con fragmentos de óperas y se terminaba con un baile folklórico. Según se dice, la hija de Yrigoyen convidaba en el palco a sus invitados con empanadas caseras.

En la época de Marcelo T. de Alvear, cuya mujer, Regina Paccini, había sido cantante lírica, el Colón está en su apogeo. Es en esa época cuando lo conoce Paul Morand y dice de él: “El teatro Colón, teatro de Wagner y de Verdi, es más aun el teatro de todas las reuniones argentinas, canastilla de prometidas y de aspirantes, feria matrimonial de corazones vacantes, gran «rodeo» anual, cambio de miradas, trueque de juramentos, «lazos» lanzados sobre los buenos partidos a los acordes del aria de Lucía, ardientes promesas de millares de niños por venir, de futuros miembros del Jockey, estancieros poderosos o pequeños jugadores de polo; todo eso se prepara en el fondo de los palcos mientras Schipa da su do de pecho”.

En mayo de 1927 los micrófonos radiales trasmitieron por primera vez una representación, hecho que señaló el comienzo de una labor tendiente a acercar la sala al gran público. Siete años después el teatro protagonizó una singular innovación, que nunca se volvió a repetir, al organizar bailes de carnaval.

La estructura física del coliseo, aunque exteriormente conserva su aspecto original, modernizó sus elementos técnicos y extendió por debajo de las calles adyacentes su laberíntico mundo interno; últimamente ha sumado a sus instalaciones una reproducción exacta del escenario y del foso de la orquesta, lo cual permite realizar más ensayos y aumentar las actividades. En todos los casos se trata de reformas y ampliaciones destinadas a seguir manteniendo vivo el prestigio universal del Colón, e intactas las particularidades que han hecho de él desde hace décadas el mayor centro musical argentino y latinoamericano.

En 1933, la oligarquía argentina todavía coquetea con el fascismo: el mismo año de la ascensión de Hitler al poder, el teatro Colón organiza un festival Wagner.

La democratización del teatro Colón en la época del peronismo constituyó un rudo golpe para la oligarquía, que perdía de ese modo uno de sus lugares exclusivos de reunión. Las funciones de gala fueron suprimidas, salvo las de las fechas patrias, en cuyo caso el propio Perón y Eva Perón lucían sus mejores ropas. Las reuniones sindicales y políticas llevadas a cabo en el teatro Colón irritaban a la oligarquía, la que alegaba que los obreros ensuciaban y deterioraban las alfombras y las butacas.

Uno de los habituales actos de provocación casi surrealista que tuvo el peronismo —equivalente al puesto de pescado frente al Jockey Club o el nombramiento de Borges como inspector de ferias francas— fue la representación de El conventillo de la Paloma, en el teatro Colón, con asistencia del propio Perón.

PARA SABER MAS…
POR AQUELLA ÉPOCA TAMBIÉN…

El 25 de Mayo de 1910 se inaugura el nuevo Teatro Colón, sobre Plaza Lavalle. La obra duró varios años y fue modificada varias veces pero llega finalmente a buen término y el edificio constituirá desde entonces una de las joyas de Buenos Aires. El teatro se inaugura con la representación de la ópera Aída de Giuseppe Verdi. Por ahora, el Teatro Colón es sostenido y explotado por la Municipalidad porteña.

Este año también se realiza la apertura del ferrocarril entre Buenos Aires y Entre Ríos, que cruza el río Paraná en ferry a la altura de Ibicuy. La obra ferroviaria tiende a romper el histórico aislamiento de la región mesopotámica.

Como en años anteriores, continúa el auge del deporte en sus diversas manifestaciones. Un seleccionado argentino de fútbol sale por primera vez del país para jugar en Brasil. Los resultados enorgullecen a la afición local: de siete partidos jugados, los nuestros ganan seis y empatan uno.

También en automovilismo se concretan algunas hazañas. Juan y Luis Cassoulet realizan un raid Buenos Aires-Córdoba: tardan 87 horas netas en llegar a la ciudad mediterránea. Además, se corren diversas carreras entre Buenos Aires y Mar del Plata y Buenos Aires y Miramar, venciendo los pésimos caminos y superando las zonas inundables cercanas a Chascomús.

Jorge Newbery, en el globo Pampero, cumple un viaje que termina felizmente en una estancia bonaerense. En cambio, conmueve a la opinión pública la pérdida de su hermano, Eduardo Newbery que, acompañado por un suboficial intenta un viaje en globo y desaparece ante la angustia general.

Fuente Consultada: Los Oligarcas Juan J. Sabreli . La Historia Popular Tomo 15.  Vidas y Milagros de Nuestro Pueblo.

Historia de la Fundacion de la Sociedad Rural Vida Social de la Oligarquia

La Sociedad Rural
De regreso de Europa en 1858, e! rico hacendado Eduardo Olivera, impresionado por las exposiciones rurales a que había asistido en Birmingham y Salisbury, auspició la creación de una asociación que promoviera la mejora de la ganadería. La reunión inicial se realizó en la ex casa de Rosas, en Palermo, con la asistencia de Sarmiento. La guerra civil impidió la concreción inmediata del proyecto.

De vuelta de otro viaje a Europa en 1866, Olivera recibe la invitación de su amigo José Martínez de Hoz para organizar juntos la proyectada asociación. El 16 de agosto de ese mismo año se realiza una reunión en casa de Federico y Benjamín Martínez de Hoz y allí se procede a declarar instalada la Sociedad Rural Argentina, nombrándose una comisión directiva compuesta por José Martínez de Hoz como presidente y Ricardo B. Newton como vicepresidente. Las “bases y reglamentos” adoptados habían sido redactados por Olivera.

La Sociedad fue por cierto en sus orígenes —y lo seguiría siendo por nuches años— sumamente restringida. Para darnos una idea de su exclusivismo basta recordar que su acta de fundación fue firmada por tan solo sesenta y tres ciudadanos, todos ellos ricos estancieros ligados entre sí por vínculos familiares o amistosos.

Primeras Imágenes de la Sociedad Rural

La primera exposición de la Sociedad Rural se realizó en abril de 1875 en un terreno, en Florida y Paraguay, cedido por uno de los miembros, Leonardo Pereyra. Asistió a la exposición el presidente de la República, que entonces era Nicolás Avellaneda. Recién en 1878 el local de exposiciones fue trasladado a Palermo, donde actualmente se encuentra, gracias a Sarmiento, que consiguió de! Congreso una ley que cedía los terrenos por veinte años, plazo que fue después prolongado en varias oportunidades.

Desde su fundación la Sociedad Rural Argentina se adjudicó la representación de la clase ganadera en su totalidad, pero en realidad representaba tan solo a un núcleo muy reducido dentro de ella, a los más poderosos. Si en sus orígenes, como dijimos, sus miembros no llegaban a cien, setenta años después, en 1936, apenas si llegaban a dos mil,y recién en la década del sesenta alcanzan la cifra récord de nueve mil miembros, solo el 10 por ciento de la ciase ganadera. En realidad la Sociedad Rural actuó siempre con las características de una sociedad secreta con poderes ocultos, siendo secreto el procedimiento de las admisiones de socios.

No se admiten por supuesto en ella a medianos y pequeños propietarios ni a chacareros, ni a colonos ni a arrendatarios. Los cargos principales de la Comisión Directiva están siempre en manos de las principales familias de la oligarquía ganadera: Anchorena, Martínez de Hoz, Pereyra Iraola, Peralta Ramos, Ocampo, Pueyrredón, Guerrero, Herrera Vegas, etcétera. Esta Sociedad de tan reducidas dimensiones manejará los hilos de la economía del país hasta el advenimiento del peronismo. Entre 1910 y 1943 cinco de los nueve presidentes fueron hombres pertenecientes a la Sociedad Rural y, por supuesto, ricos estancieros. En ese mismo período, de unos 93 ministros, 39 fueron miembros de la Sociedad. Principalmente a la Sociedad Rural le interesaba controlar los ministerios de mayor importancia: Relaciones Exte riores, Hacienda y Guerra.48 El hecho más representativo del enorme poder de la Sociedad Rural es que consiguió subsistir a todos los cambios políticos, controló por igual a los gobiernos conservadores hasta el 16, a los gobiernos radicales hasta el 30 y después nuevamente a los conservadores.

Su momento más difícil debió pasarlo, como es obvio, bajo el gobierno peronista, pero finalmente también entonces logró salir incólume. Las elecciones de comisión directiva de la Sociedad Rural de 1945 fueron disputadas por el ingeniero José María Bustillo, francamente antiperonista, y José A. Martínez de Hoz, de tendencia más conciliadora. Era el momento álgido de la lucha contra Perón, y triunfó José María Bustillo.

La Exposición Rural de ese año fue un verdadero acto político contra el peronismo. Perón, presintiéndolo, no asistió al mismo; en cambio sí lo hizo su principal enemigo, el embajador norteamericano Spruille Braden, quien fue aclamado por los presentes.

En su discurso, violentamente antiperonista, el ingeniero Bustilio dijo refiriéndose al gobierno: “Parece que la productividad no les interesa en el afán de flotar, momentáneamente, en las aguas caudalosas de la popularidad”. La situación entre la Sociedad Rural y el gobierno peronista se hizo insostenible: Perón le negaba a Bustillo todo pedido de audiencia. Comprendiendo que no se podía seguir así, los socios de la entidad pidieron a Bustillo la renuncia y otorgaron la presidencia a Martínez de Hoz. Con el cambio las relaciones mejoraron algo, y Martínez de Hoz llegó a jactarse de haber convencido a Perón del error de destruir los latifundios.

Fuente Consultada: Los Oligarcas Juan J. Sabreli  La Historia Popular Tomo 15  Vidas y Milagros de Nuestro Pueblo

La vida social de la oligarquia argentina Sociedad de Beneficencia

La Sociedad de Beneficencia No tenía la Sociedad de Beneficencia, cuando fue creada por Bernardino Rivadavia, el mismo carácter que adquiriría después. En 1821 volvía Rivadavia de Europa, donde había alternado en los salones con Madame de Récamier, Madame de Staél y otras mujeres célebres de su tiempo.

mujeres de la oligarquia argentina

Este contacto le hizo cambiar la idea conservadora y tradicionalista que se tenía de la mujer en la sociedad porteña, y decidió darle también a ella un papel activo en la vida pública. Así nació, por decreto del 2 de enero de 1823, la Sociedad de Beneficencia, cuyo principal objetivo sería prestar atención “a la educación de las mujeres, a la mejora de sus costumbres y a los medios de proveer a sus necesidades, para poder llegar al establecimiento de leyes que fijen sus derechos y sus deberes y les aseguren la parte de felicidad que les corresponde”.

Fácil es, imaginarse la resistencia que este proyecto tuvo en un comienzo en la pacata sociedad porteña de la época. Contra esa resistencia alentaba Rivadavia en las damas “la necesidad de que éstas debían constituirse para hacer una oposición enérgica a los que alguna vez trataran de ridiculizar cualquiera de las operaciones o actos de la Sociedad, bien entendido que éste sería uno de los mayores males que podían sobrevenirles, en razón de que el ridículo de este género degrada al bello sexo y le impide elevarse hasta el grado a que verdaderamente debe aspirar”.

La ocupación fundamental a que se consagraría la actividad de las damas de beneficencia sería la organización de la enseñanza femenina, tan descuidada hasta entonces. Al hacer el balance del primer año de existencia, la presidenta, doña Mercedes de Lasala y Riglos, dijo: “La Presidenta de la Sociedad de Beneficencia se cree con derecho de asegurar que todas las señoras que la componen han puesto de su parte, para satisfacer a la confianza con que el gobierno las ha distinguido, aquellos sentimientos de interés por la humanidad que les son peculiares, junto con la actividad y economía propias de su sexo”.

A los cuatros años de fundada la Sociedad se educaban en sus escuelas cerca de novecientas niñas; a nueve años el número de alumnas se elevaba a mil doscientas. Sin embargo, no debemos dejarnos engañar al reápecto: la educación que se brindaba en esas escuelas no propendía de ningún modo a la modificación de los viejos hábitos coloniales ni a la transformación de! concepto conservador que sobre la mujer se tenía.

En 1832, siendo presidenta de la Sociedad la famosa Mariquita Sánchez de Mendeville, manifiesta bien claramente la orientación tradicionalista de la educación que allí se impartía. La educación, dice doña Mariquita,“está distante de ser demasiado elevada, como lo han temido algunas personas respetables del pueblo. Los deseos de la Sociedad son, al contrario, que las niñas se complazcan más en su estado, conociendo mejor sus deberes, y que acepten con resignación su destino”.

La enseñanza consistía principalmente en enseñar a las alumnas a planchar, a cocinar, a zurcir y remendar. Muy lejos estaba, pues, la Sociedad de Beneficencia de ser un instrumento de liberación femenina;; nada se impartía en sus escuelas que sirviera para desarrollar una personalidad libre y autónoma, sino, por el contrario, se trataba de “que acepten con resignación” el papel subordinado a que las destinaba la sociedad patriarcal. Durante el gobierno de Rosas, la Sociedad de Beneficencia fue presidida por la hermana del dictador, Agustina Rosas.

El gobierno trató por todos modos que la Sociedad se convirtiera en un instrumento de su política. Entre otras directivas dadas a la Sociedad se contaban “no admitir a la cabeza de los establecimientos de educación ninguna maestra que no conformase sus ideas a la política del gobierno”, a las alumnas de los colegios de la Sociedad se les imponían vestidos “que no tengan nada de celeste ni verde…; esclavina punzó, pañuelo de una y tercia vara en invierno de lanilla punzó, y en el verano de espumilla del mismo color, llevando un moño también punzó, al lado izquierdo de la cabeza, en todo tiempo”.

Las maestras debían prestar juramento de fidelidad a la Santa Causa. El 4 de enero de 1838 la presidenta de la Soqiedad de Beneficencia recibió una nota oficial que decía: “S. E. ha ordenado diga a Ud. que para proponer las socias dad le remita una propuesta en terna para cada una, cuidando de que en dicha propuesta reúnan las candidatas la indispensable calidad de ser notoriamente adictas a la Causa Nacional de la Federación a las que se requieren para el buen desempeño de un cargo tan delicado, y que además conste que los maridos, padres, hermanos o deudos inmediatos de dichas candidatas hayan dado testimonios públicos e intergiversables de su adhesión y fidelidad constante a esa Santa Causa, todo lo cual deberá expresarse al tiempo de elevar al gobierno las propuestas en la forma que queda prevenida”.

A pesar de acatar todas estas dis-posiciones, la Sociedad de Beneficencia redujo considerablemente sus actividades durante la época rosista. El gobierno clausuró la Casa de Expósitos y suprimió la subvención para gastos y sueldos de las escuelas, ordenando el cierre sí las familias de las alumnas no las subvencionaban. Solo quedaron tres escuelas de la Beneficencia con no más de doscientas alumnas.

Con la caída de Rosas la Sociedad de Beneficencia renace nuevamente.

En 1857, con motivo de proponerse que la Sociedad de Beneficencia distribuyera los premios de las escuelas de color al mismo tiempo que los de las escuelas de niñas,Mariquita Sánchez de Mendeviíle, que por entonces se desempeñaba como secretaria de la entidad, objetó la medida con una argumentación de contenido netamente clasista y aun racista: “La igualdad ante la ley no quiere decir que no haya clases en la Sociedad”, agregando que era conveniente evitar “conflictos estableciendo una igualdad que haría infelices a las gentes de color y a la alta clase”. Terminaba diciendo que “aprobaba cuanta educación y bien se les pudiera hacer, pero manteniendo cada clase social en su lugar”.

En 1876, la Sociedad de Beneficencia vio reducidas notablemente sus funciones al disponer la ley de Educación común el traspaso de las escuelas de niñas, hasta entonces a cargo de la Sociedad de Beneficencia, al Consejo General de Educación. Desde entonces, la Sociedad de Beneficencia no tuvo otra función que la asistencia social.

Ante la ola inmigratoria del ochenta, la formación del proletariado urbano y las luchas por las reivindicaciones sociales, la Sociedad de Beneficencia se convierte en uno de los bastiones de la reacción social. Uno de sus panegiristas, Carlos Ibarguren, dice al respecto: “La Sociedad de Beneficencia se ha conservado intacta en su estructura, no ha gravitado en su seno la influencia de los recién venidos, y es la única de nuestras instituciones que ha conservado en absoluto su abolengo patricio”.

Ibarguren, perteneciente a la misma clase social que las damas de Beneficencia, ve en la institución una defensa de la tradición amenazada y un lazo con el pasado que añora: “Parece que se estremeciera todavía en los claustros apacibles de la vetusta casa de la Sociedad de Beneficencia, en sus bóvedas patinadas por los años y en sus macizas puertas, al alma del viejo Convento de la Merced.

Más adelante, el peronismo le dará el golpe de gracia. El conflicto se desata con el pretexto del nombramiento de la presidenta. Era tradicional en la Sociedad de Beneficencia ofrecerle la presidencia a la esposa del primer magistrado. Pero en esta ocasión, por primera vez, el nombramiento no llegó. Las Damas, muy sutilmente, alegan ante Eva Perón que es demasiado joven para ocupar ese cargo, a lo que Eva, más sutilmente aun, responde que, en ese caso, sea nombrada su madre.

Este ofrecimiento no tiene respuesta. Poco después, la Sociedad de Beneficencia es disuelta y Eva Perón, con un criterio muy distinto, crea la Fundación Eva Perón. En La razón de mi vida se formularán duros juicios sobré la beneficencia: “…para que la limosna fuese aun más miserable v más cruel inventaron la beneficencia, y así añadieron al placer perverso de la limosna el placer de divertirse alegremente con el pretexto del hambre de los pobres. La limosna y la beneficencia son para mí ostentación de riqueza y de poder para humillar a los humildes”

Fuente Consultada: Los Oligarcas Juan J. Sabreli – La Historia Popular Tomo 15 – Vidas y Milagros de Nuestro Pueblo

Los Salones Literarios en Buenos Aires Historia Sociedad Porteña

Los Salones Literarios en Buenos Aires

EVOLUCIÓN DE LA CULTURA
Salones, cafés y el bodegón

Durante el siglo pasado y a principios de éste, florecieron en Buenos Aires los salones literarios donde se reunieron los espíritus más cultivados de cada época y generación, partiendo la tradición del de Mariquita Thompson y Flora 
Sanchez de ThompsonAzcuénaga, en la calle Florida, hasta el Ateneo, ubicado en el que fue el Bon Marché (hoy Galerías Pacífico).

En cada uno de ellos se cumplió una acción renovadora que fue dando sus frutos en la literatura, las artes, las ciencias, la política, las modas, y si aquellos tiempos son de imitación de lo europeo, con afán de “snobismo”, de ellos surgen los hombres, los artistas, pensadores, escritores en quienes cuaja el espíritu nacional que le confiere carácter inconfundible.

Si los salones reunieron a laélite, los cafés de la bohemia porteña reunieron a los intelectuales que cimentaron las letras y las artes. Algunos de ellos se recuerdan con veneración, como el café Brasil, que estuvo en Corrientes 922 hasta 1916 y que años antes fuera bautizado con el nombre de Café de los Inmortales.

Allí estuvieron Juan Pedro Calou, Gregorio de Laferrére, Novión, De Rogatis, Alberto Gerchunoff, Alfredo Palacios, Alberto Ghiraldo, González Pacheco, Diego Ortiz Grognet, Florencio Sánchez, Leopoldo Lugones, Ricardo Rojas, Martínez Cuitiño (que le ha consagrado un libro de evocaciones), Rubén Darío, Charles de Soussens, Emilio Beeher, Enrique Banchs, Montea-varo, Roberto F. Giusti, Carlos Pacheco, Ezequiel Soria, Pedro E. Pico y tantos otros de significación.

Florencio Sánchez Alfredo Palacios
Leopoldo Lugones Rubén Darío

En El Nacional, que estuvo en Corrientes y Cerrito hasta 1916 (allí se construyó entonces el Banco Italiano), se reunían dramaturgos y compositores de tangos; el tango, folklore de Buenos Aires, que en música y danza se hizo universal. El Nacional era el café del tango, el primero que tuvo una orquesta de señoritas, donde se estrenó “La Morocha”, de Saborido, donde se lucieron Pacho, Anselmo Aieta, Mercedes Simone, cuando el café se había trasladado a Corrientes y Carlos Pellegrini y fue dominio de Carlos Gardel y de Julio de Caro.

Hasta 1947 alcanzó a existir el bodegón de Celestino, en Maipú 89, que se llamó sucesivamente de “Los Escalones”, “La Puñalada” y “Las siete pulgas”. A él concurrieron Sarmiento, Mitre, Rubén Darío, Charles de Soussens. Al demolerlo, tenía una historia de 77 años.

Mencionamos estos cafés y este bodegón, de paso, por su relación con la cultura y el folklore porteños. El crecimiento de la ciudad tornó todo anónimo. Nacieron las sociedades de intelectuales, de escritores, de artistas plásticos, de músicos, de comediógrafos, de actores, acorde con los nuevos tiempos, tiempos de las grandes masas, del cine, de las salas de conferencias, de exposiciones de arte, de las aulas universitarias con miles de estudiantes y cientos de egresados en todas las profesiones.

Fuente Consultada:
75° Aniversario de LA RAZÓN Historia Viva
El Diario Intimo de un País – La Nación