La Pólvora

Extensión del Imperio Británico en el Siglo XIX Mapa Territorial

LA EVOLUCIÓN DEL IMPERIO BRITÁNICO – CECIL RHODES –

Durante todo el siglo XIX —y, ciertamente, durante buena parte del XX—, Gran Bretaña fue la potencia imperial por excelencia. Llamamos Imperio Británico, conjunto de territorios vinculados por su lealtad a la monarquía británica, compuesto principalmente por aquellas áreas que quedaron sometidas a la jurisdicción oficial de Inglaterra (Gran Bretaña a partir de 1707) desde finales del siglo XVI hasta el siglo XX, aunque el tipo de dominio ejercido por la metrópoli varió considerablemente a lo largo del tiempo.

A partir de finales del siglo XVII, Gran Bretaña hizo grandes progresos. En las postrimerías del reinado de Victoria, los ingleses se jactaban de que era soberana de un imperio «en el que nunca se pone el sol», expresión materialmente veraz porque el imperio británico estaba tan extendido por el planeta que, a lo largo de las veinticuatro horas, siempre había un sitio donde era de día.

Las bases de este Imperio se sentaron durante su reinado, gracias al desarrollo de la Marina inglesa, donde debemos destacar a Francis Drake quien dió la vuelta al mundo entre 1577 y 1580, el inicio de una ofensiva comercial en ultramar (la Compañía de las Indias Orientales se fundó en 1600) y la rivalidad con la Monarquía Hispánica.

La supremacía imperial británica durante el siglo XIX se debió, parcialmente, a la decadencia de antiguos rivales. Es cierto que el imperio británico había sufrido un grave contratiempo cuando en 1783 se separaron las colonias americanas. Sin embargo, más adelante estallaron la revolución y las guerras napoleónicas, al final de las cuales Francia perdió buena parte de las conquistas de sus luchas coloniales del siglo XVIII con los ingleses y los holandeses tuvieron que entregarles el cabo de Buena Esperanza y Ceilán (actualmente Sri Lanka). Pocos años más tarde se independizaron casi todas las posesiones que las naciones europeas aún tenían en el continente americano, lo que supuso una reducción drástica de los viejos imperios español y portugués, los primeros creados en la gran era de la expansión europea de ultramar.

Durante el curso de sus guerras contra la Revolución Francesa y contra Napoleón, Inglaterra había podido juzgar el valor de su imperio. Este se había visto aumentado por las conquistas realizadas a costa de Francia y de sus aliados holandeses y españoles: Guayana, Trinidad, Tobago, Santa Lucía, El Cabo, la isla de Francia, Ceilán. En unión de Gibraltar, las islas Jónicas y la de Malta le aseguraban el dominio del Mediterráneo. Además de valor estratégico que tenían, las colonias reforzaban el poderío comercial inglés. Por el «Pacto Colonial», estaban obligadas a proveer las materias primas que utilizaban las industrias de la metrópoli, o las distribuidas, con grandes beneficios, por el mundo, y a comprar después los productos manufacturados ingleses.

El más rico de los dominios era la India. Establecidos sólidamente en los países del Ganges y del Dekán meridional, en 1815 los ingleses no dominaban aún todo el sub-continente. La lucha contra los jefes mahratas (1817), la conquista de las regiones del Indo, y la lucha contra los rudos sikhs del Punjab, llenaron la primera mitad del siglo (1849). Ahora faltaba proteger este inmenso imperio y las rutas que conducían a él: Santa Helena, El Cabo, la isla Mauricio, Aden (1839), Ceilán y Singapur (1819) se convirtieron en bases inexpugnables.

El ejército inglés emprendió, igualmente, la tarea de construir un verdadero glacis de protección: después del fracaso de la conquista de Afghanistán (1842), los ingleses se contentaron con fortificar los pasos montañosos del noroeste. Por el contrario, Birmania, al Nordeste, fue ocupada, en parte, después de dos campañas (1826 y 1825), junto con el puerto de Rangún. Al norte, el Himalaya formaba un obstáculo capaz de descorazonar a cualquier ejército.

La India servía también como base para la dominación del Extremo Oriente. Ya publicamos en este sitio la «guerra del opio» (1840-1842) habría de obligar a China a abrir cinco puertos al comercio británico (entre ellos los de Cantón y Shanghai), y a ceder el islote de Hong-Kong, ciudadela-depósito y notable puesto de observación.

imperialismo británico

En todos estos territorios tropicales, ya superpoblados y de clima penoso, no se trataba apenas de instalar colonos. Por el contrario, el sur de África, Australia, Nueva Zelanda y el Canadá, sí podían atraer a los emigrantes. Partiendo de El Cabo, los ingleses presionaron a los ocupantes holandeses del interior, los boers. Estos, aislados y faltos de ayuda, no pudieron oponerse a la abolición de la esclavitud por Inglaterra, en 1833; esta medida amenazaba con privarles de la mano de obra negra.

En 1833, un éxodo, el gran Trek, condujo a los boers a una y otra parte del Vaal, afluente del río Orange, y a Natal. Cuando, en 1844, Natal fue anexionado, los boers emigraron de nuevo, e Inglaterra reconoció entonces la independencia de las repúblicas de Orange y del Transvaal: todavía no se habían descubierto las minas de diamantes.

Entre 1850 y 1930, las ambiciones imperiales transformaron el mundo. Liberados de las limitaciones de las fuerzas naturales de la Tierra, ahora los barcos de vapor podían viajar por todas partes independientemente de los vientos; los ferrocarriles podían transportar mercancías a gran velocidad sin necesidad de energía humana o animal, y los industriales podían manufacturar números infinitos de baratos productos acabados mediante materiales naturales y artificiales, trabajo no cualificado y máquinas automáticas.

En Australia, país casi vacío de habitantes, y en Nueva Zelanda, después de exterminar a los maoríes, se establecen los blancos; ricas tierras se ofrecen a los colonos. Y Australia se lanza a la cría de corderos, cuya lana es vendida muy bien en Inglaterra. Partiendo de Nueva Gales del Sur, al sudeste de la gran isla, la población crece incesantemente hacia el oeste.

En Canadá, los habitantes de origen francés no habían aceptado de buena voluntad la dominación inglesa. Pero fueron desbordados, poco a poco, por la masa de inmigrantes. Y es en Canadá donde Inglaterra, ilustrada, sin duda, por el precedente americano, intenta por primera vez la implantación de una política liberal en sus colonias, en 1847, a Canadá le es concedida una gran autonomía, con un Parlamento propio y un ministerio responsable. Era el esbozo de la Commonwealth.

Los ingleses conocían perfectamente que la comunidad del idioma y de la civilización era algo tan fuerte como los lazos políticos. Pero este liberalismo político debía reservar se cuidadosamente para los territorios de población europea. En cambio, segura de su superioridad industrial, Inglaterra va abandonando, poco a poco, el viejo sistema del pacto colonial. A partir de 1825, a Canadá le es permitido comerciar con el extranjero, y, en 1849, la supresión de las Actas de Navegación extiende el librecambio a todas las colonias.

A mediados de siglo, Inglaterra, la pequeña isla llena de bruma, que no tenía treinta millones de habitantes, regía mundialmente el destino de doscientos cuarenta millones de hombres.

Los ferrocarriles volvieron logística y económicamente viable la extracción minera de materias primas, como el cobre, los diamantes y el oro, en el interior del continente. Las potencias europeas consideraron que la riqueza natural de África podía proporcionar un triplete de oportunidades: riquezas primordiales para pagar sus nuevas máquinas (diamantes y oro); materias primas para alimentarlas (algodón y caucho), y mercados para sus productos acabados (ropa, té, café, chocolate y armamento). El misionero y explorador escocés David Li-vingstone descubrió grandes zonas del misterioso interior de África entre 1852 y 1856: fue el primer europeo en ver las cataratas Victoria, que lealmente bautizó en honor a su reina.

mapa imperio britanico siglo xix

CECIL RHODES fue un colonizador, un magnate de las minas y un político británico en el sur de África cuya ambición no tenía límites. Fue capaz de ver que los ferrocarriles, los barcos de vapor y la fabricación en serie habían iniciado una nueva era de la supremacía humana sobre la naturaleza. Su sueño era construir una vía ferroviaria desde Ciudad del Cabo, en la punta meridional de África, hasta Alejandría, en la costa mediterránea.

Pero, a diferencia de Alejandro Magno, Rhodes no sólo quería conquistar el mundo, sus pueblos y sus riquezas. En un anticipo profético de la carrera espacial que iba a comenzar medio siglo después de su muerte, sus metas estaban mucho más lejos, incluso fuera de la propia Tierra. Tal como él mismo escribió en su testamento:

El mundo ya se ha repartido casi por completo y lo que aún queda está siendo dividido, conquistado y colonizado ahora mismo. Pensar en esas estrellas que vemos en el cielo por la noche, esos vastos mundos que nunca podemos alcanzar. Si pudiera me adueñaría de los planetas; pienso a menudo en ello. Me entristece verlos tan claramente y, sin embargo, tan lejanos.

Fuente Consultadas:
Todo Sobre Nuestro Mundo Christopher LLoyd
HISTORAMA La Gran Aventura del Hombre Tomo X La Revolución Industrial
Historia Universal Ilustrada Tomo II John M. Roberts
Historia del Mundo Para Dummies Peter Haugen
La Revolución Industrial M.J. Mijailov

Gobierno de Mehmet Ali en Egipto Conquistas y Reformas Políticas

REFORMAS Y TRATADOS EN EL GOBIERNO DE MEHMET ALI EN EGIPTO

Mehmet Alí,  nacido en Cavalla (Macedonia) en 1769  y fallecido en Alejandría, Egipto en 1849, fue un pachá otomano de Egipto entre 1805  y1849 , quien transformó el país y fundó una dinastía que gobernó hasta mediados del siglo XX. El cargó de pachá, también llamado bajá, es el nombre utilizado para quien obtenía algún mando superior, como el de la mar, o el de alguna provincia en calidad de virrey o gobernador.

Enfrentó en varias batallas a Francia, cuando las tropas eran comandadas por Napoleón Bonaparte, lo que le permitió hacer una carrera militar ascendente. Derrotó a un ejército británico invasor en 1807; cuatro años después aseguró su supremacía en Egipto masacrando a los mamelucos, grupo militar que conspiró para arrebatarle el poder. Modernizó la administración gubernamental y militar de Egipto y en 1811 inició una contienda contra los wahhabíes de Arabia; en 1818 su hijo, Ibrahim Bajá ganó la guerra. Desde 1820 a 1822, Mehmet Alí se ocupó de la conquista de Sudán, y poco después, en 1823, fundó la ciudad de Jartum. En 1824 el sultán otomano, Mahmud II, solicitó su ayuda en la guerra contra los rebeldes griegos. Sus éxitos en las campañas siguientes movieron al sultán a recompensarle con la isla de Creta.

pachá mehmet ali

LA HISTORIA Y SUS CONQUISTA: Mehmet comerciaba con tabaco, hasta que un reclutamieno lo envió a Egipto a combatir contra los ejércitos  de Bonaparte.  Habiendo  ascendido por su valentía a una graduación elevada, maniobró acertadamente, y, después de la partida de los franceses, se hizo proclamar por el mismo pueblo pachá de El Cairo. Iba a confiscar, poco a poco, todos los instrumentos  del poder:   tierras,  comercio, fuerza militar, mientras los egipcios se callaban, fascinados por el jefe que habían encontrado.

Mehmet Alí sometió a la secta considerada como herética de los wahabitas, que dominaba el Hedjaz, y, a continuación de una larga y difícil campaña, se apoderó de las ciudades santas: La Meca y Medina. Antes de emprender esta misión, se había visto obligado a deshacerse de los mamelucos: les había invitado a una fiesta, y les había hecho asesinar por sus soldados albaneses.   Ibrahim,  hijo  del  «condottiero»,   a continuación  de una nueva campaña,  fue nombrado pacha  de Píedjaz, mientras  que las tropas egipcias sometían el Sudán (1822), Mehmet era ya el amo indudable del país, e instaló su capital en Alejandría, cara al mar, a Turquía, a Europa.

Ciertamente, el pachá mereció sus éxitos por su inteligencia y sus altas cualidades políticas, que utilizó para modertnizar su país, entrando en la vía de las reformas, antes que los sultanes de Constantinopla. Deseoso de llevar a cabo una revolución agrícola, introdujo nuevos cultivos e hizo construir refinerías de azúcar, hilaturas de algodón, manufacturas de telas de lino y, para favorecer las exportaciones, acondicionó los puertos. Se atrajo a los extranjeros, sobre todo a los griegos, que llegaban por miles, y a los  franceses (fue el coronel de Séves quien organizó su ejército a la europea), y envió a jóvenes egipcios a estudiar a París y Londres.

De esta forma, las finanzas mejoraron, pudiendo emplearse en reforzar la marina y el ejército, los cuales mostraron su valor en Grecia. Pero el pacha, único amo del comercio exterior, único propietario de la tierra, imponía a los fellahs una disciplina de hierro, tasando las mercancías, castigando cada falta de una manera implacable. En el decadente imperio otomano, Egipto aparecía como una fuerza nueva.

LA PRIMERA GUERRA DE SIRIA Y EL TRATADO DE UNKIAR SKELESSI
El primer objetivo de Mehmet Alí era el de obtener el poder hereditario, ya que, en 1830, tenía 61 años, y quería dejar a su hijo el país que él había reorganizado. Por eso quería forzar el reconocimiento de la independencia, que de hecho ya poseía. Cuando el sultán Mahmud había llamado a los ejércitos egipcios para combatir contra los rebeldes griegos, había prometido a Ibrahim el gobierno de Morea; después que la intervención de las potencias provocó la evacuación de esta península, Ibrahim reclamó una recompensa. Mehmet eligió Siria.

Mahmud rehusó y propuso Creta, que Mehmet rehusó a su vez. En 1832, a continuación de un incidente sin importancia, Ibrahim invadió Siria, Jaffa, Haifa y San Juan de Acre cayeron, una después de otra, y, en algunos meses, toda Siria estaba en manos de los egipcios que atravesaron el Tauro. El gran visir Reshid fue derrotado en Konieh, en un combate decisivo. El sultán, temiendo por su trono, llamó en su ayuda a Rusia, y, el 20 de febrero de 1833, la flota del zar penetraba en el Bósforo.

La reacción fue inmediata: inquietas, Francia, Inglaterra y Austria hicieron presión sobre Mahmud, y éste consintió en ceder la rebelde Siria y, además, la Cilicia. (Tratado Kutaieh, mayo de 1833). Sin embargo, el zar firmaba con el sultán, en julio del mismo año, el tratado de Unkiar Skelessi. A cambio de retirar su flota, Nicolás garantizaba la integridad del territorio otomano, comprometiéndose, en caso de necesidad, a suministrarle tropas. Obtuvo también la clausura de los Dardanelos a todo navío de guerra extranjero. Este tratado, en un principio secreto, no dejó de inquietar a las otras potencias: Rusia era, provisionalmente, dueña de los estrechos y había adquirido una gran influencia en la marcha de la política otomana. Los intereses ingleses estaban especialmente amenazados.

El ministro británico Palmerston ofreció a la Sublime Puerta (nombre por el que también era conocido el Imperio otomano) la asistencia de su país para reorganizar sus fuerzas armadas, y obtuvo como contrapartida la firma de un tratado comercial (Tratado de Balta Liman en 1838), que limitaba los derechos de aduana turcos al 3%, permitiendo así a Gran Bretaña desarrollar sus compras de materias primas. Si bien la flota otomana estaba mandada por instructores ingleses, Mahmud confió su ejército de tierra a oficiales prusianos. Al mismo tiempo, para impedir que Mehmet Alí avanzase hacia el Oriente, los ingleses ocuparon Aden.

LA SEGUNDA  GUERRA DE SIRIA
Sin embargo, el sultán no había aceptado de buen grado el tratado de Kutaieh y no cesaba de fomentar en Siria una agitación esporádica dirigida contra Mehmet y su hijo. Alentado por Inglaterra, envió, en 1839, un poderoso ejército a Siria. Una gran batalla tuvo lugar el 24 de junio, en Nezib, entre las tropas otomanas y las egipcias, y la victoria de Ibrahim fue aplastante. Entre los oficiales turcos se encontraban numerosos prusianos, y entre ellos un joven teniente, Von Moltke, futuro jefe de estado mayor de los ejércitos de Guillermo I. Poco después, uan traición del capitán-pachá entregaba la flota turca a los egipcios.

El sultán moría (1839), sin llegar a conocer tan funestas noticias. Una vez más, Turquía parecía a punto de caer en poder de Mehmet Alí, tanto más cuanto que el nuevo sultán, Abdul Medjid, no tenía más que 17 años. Se lanzó a la vía de las reformas del Tanzimat (la vuelta a orden). Desde noviembre de 1839, estaba promulgado el Hatti-cherif de Gulhané, nuevo código de leyes, que se basaba en tres puntos:

1, garantías que asegurasen a todas las personas una perfecta seguridad en cuanto a su vida, honor y fortuna;

2, regulación de los impuestos;

3, regulación del reclutamiento de los soldados. Estas leyes se aplicaron a todos los subditos el sultán, y demostraban buena voluntad y un real deseo de progreso, pero chocaron con la apatía de los viejos turcos, por lo que tardaron largo tiempo en realizarse.

Inglaterra iba a salvar a Turquía. Ella quería obligar al pacha a renunciar a Siria, a pesar de su victoria. El zar se declaró dispuesto a arreglar las cuestiones orientales, «de acuerdo con las otras potencias». La única resistencia a la política inglesa se manifestó en Francia: el gobierno de Luis Felipe brindó su apoyo a Egipto. Palmerston había unido alrededor de la Gran Bretaña, a Rusia, Austria y Prusia.

El tratado de Londres, en julio de 1840, concluyó su acuerdo. Un ultimátum de 10 días le fue enviado a Mehmet Alí. Este podría conservar Egipto a título hereditario y Palestina a título temporal, pero debía abandonar los otros territorios y devolver la flota al sultán. El pacha rehusó claramente. En Francia, la opinión pública estaba muy excitada y obligaba a Thiers a actuar con firmeza. «Francia debe recordar que, incluso sola, ha tenido en jaque a Europa», escribió la Revue des deux mondes.

Pero, en realidad, ni los dirigentes de Londres ni los de París deseaban que el conflicto se extendiese. En septiembre de 1840, Inglaterra enviaba, sin embargo, su flota y un pequeño cuerpo expedicionario a Siria, y sus barcos pasaban incluso ante Alejandría. En Francia, Thiers, irreductible, presentaba su dimisión. Así terminó el conflicto entre el pacha rebelde y el sultán. Mehmet, si bien no obtenía todo lo que  había  reclamado,   hacía   reconocer,   almenos, a su dinastía como dueña hereditaria de la rica tierra del Nilo.

En marzo de 1841, la conferencia de Londres establecía la autonomía egipcia, mediante algunas restricciones: tributo anual a la Puerta, ejército limitado, leyes de tipo otomano. El pachá llevaría el título de Khedive (virrey) y su sujeción sería simplemente teórica. Además de decidir la suerte de Egipto, el tratado de Londres había estatuido el régimen de los estrechos de los Dardanelos y del Bósforo, que quedan cerrados a todos los barcos de guerra.

La convención de los estrechos representaba el éxito de Inglaterra: Palmerston, no sólo había impedido un desarrollo demasiado grande del imperio egipcio, sino que también había detenido el avance de la influencia francesa en el Mediterráneo oriental, y privado a Rusia de aprovecharse de las ventajas del tratado de Unkiar Skelessi.

Mehmet Alí murió en Alejandría (Egipto) el 2 de agosto de 1849.

Fuente Consultadas:
Todo Sobre Nuestro Mundo Christopher LLoyd
HISTORAMA La Gran Aventura del Hombre Tomo X La Revolución Industrial
Historia Universal Ilustrada Tomo II John M. Roberts
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La Revolución Industrial M.J. Mijailov

Vida y Obra de Donatello La Escultura en Renacimiento Italiano

DONATELLO: LA ESCULTURA EN EL RENACIMIENTO ITALIANO

ANTECEDENTES DE LA ÉPOCA: La Plástica Renacentista: Pintura y Escultura
El desarrollo de las artes plásticas es inseparable del movimiento general señalado. En la segunda mitad del siglo XIII y principios del XIV se advierten los primeros síntomas de una nueva concepción estética, reflejada en las creaciones de la pintura y la escultura.

Cimabue y Giotto en pintura, y Giovanni Pisano en escultura, marcaron el comienzo de una nueva etapa que rompió con el esquematismo del arte de influjo bizantino; las figuras, abandonando su hieratismo, se hicieron más naturales y espontáneas, tanto en la compostura de las imágenes como en la misma disposición del ropaje. Dos son los factores que deben destacarse en esta primera etapa del arte renacentista: naturalismo y realismo, por un lado, y un acercamiento a los cánones clásicos, por el otro.

Estas tendencias, que alcanzaron su culminación en el arte del siglo XV, a través de Massaccio, Donatello y Brunelleschi, muestran “que los artistas, si bien estudiaron empeñosamente los modelos clásicos, para dar a sus búsquedas una adecuada base metodológica, no abandonaron en ningún momento la atenta consideración de la realidad.

La culminación del proceso de la plástica italiana se dio entre fines del siglo XV y la primera mitad del XVI, con Leonardo, Rafael y Miguel Ángel, ocupando lugar especial y aparte la escuela veneciana, que contó con figuras como Tiziano, Veronese, Tintoretto, Giovanni Bellini y otros.

SOBRE DONATELLO: Antes ya de cumplir los veinte años, Donatello, nacido en Florencia en 1386, aproximadamente, formaba parte de la escuela de Ghiberti. Su actividad juvenil se valió, pues, de todas las experiencias recogidas al lado del famoso maestro, tanto que, a los treinta años, Donatello había recorrido ya felizmente todos los caminos hasta entonces probados por la escultura florentina y pisana. Pero otros eran los resultados apetecidos por el joven escultor, insaciable en su búsqueda de posibilidades expresivas que respondieran al espíritu nuevo con que él sentía y entendía el arte.

La amistad con Brunelleschi, que se remontaba a la adolescencia, fue seguramente un factor determinante en la maduración de sus concepciones artísticas. Esas concepciones se sustentaban, antes que nada, en una conquista moral que, restituyendo al hombre su noble e inalterable dignidad, abría nuevos e inexplorados horizontes. En armonía con la arquitectura de Brunelleschi, Donatello tradujo esos conceptos en un tipo de escultura que se apoyaba en una rigurosa articulación espacial para alcanzar efectos de un dinamismo y de una vitalidad extraordinarios.

En el transcurso del siglo XV, la multiplicación de los encargos creó un clima de emulación y competitividad que favoreció la creación y la innovación. Donatello se impuso en el campo de la escultura. Su epitafio lo resume: “Todo lo que muchos han hecho antaño con una mano experta para la escultura, Donato lo hizo, en nuestros días, él solo”.

El culto a la Antigüedad: Los escultores florentinos, impregnados de cultura humanista, adquirieron poco a poco la convicción de que la perfección plástica sólo podía alcanzarse imitando la Antigüedad. Esta nueva tendencia revolucionó su arte. Con el redescubrimiento del bronce, material de excelencia según la concepción de Plinio, esta revolución fue primero técnica (Ghiberti, San Mateo), pero también iconográfica.

El hombre se transformó en el centro de las preocupaciones artísticas: los bustos (Antonio Rosselino, Giovanni Chellini), medallas, estatuas ecuestres, monumentos funerarios (Luca della Robbia, tumba del obispo Benozzo Federighi) ocuparon especialmente a los escultores y permitieron la exaltación de las virtudes humanas.

La influencia sobre los artistas fue puramente plástica. Su estilo, menos estilizado y más normativo, se preocupó de reproducir las realidades del mundo natural. Así, el estudio de la anatomía humana (acentuado por el contrappoíto, contrapunto que se logra cuando el peso del cuerpo recae sobre una sola pierna), el del movimiento y el de la perspectiva se convirtieron en los principales temas de investigación de pintores y escultores.

Donatello, de la mesura a la expresividad Donatello se inició en el taller de Ghiberti, mientras éste terminaba las puertas del baptisterio de Florencia. Sin embargo, desde 1410 su estilo innovador e independiente se impuso al de su maestro, así como al de sus contemporáneos.

Amigo de pintores y de Brunelleschi, compartió con ellos la misma preocupación: representar de forma realista el espacio y el cuerpo humano. En sus relieves, el dominio de la perspectiva aparece de manera muy particular (San Jorge y el dragón, El fiestín de Herodes). Donatello, atraído por la Antigüedad, realizó numerosos viajes a Roma acompañado de Brunelleschi. La confrontación con las obras romanas fue determinante para el artista, que siguió el modelo de los antiguos en su obra David, primer desnudo en bronce fundido desde la Antigüedad, y la estatua ecuetre de Gattamelata en Padua.

Sin embargo, la genialidad de las piezas de Donatello reside en su carácter profundamente personal y expresivo. Sus primeras esculturas (los profetas para el campanil) manifiestan el “furor” de su inspiración. Utilizando por primera vez los recursos del non finito (inacabado), confirió a sus últimas esculturas un alcance trágico y fuertemente “expresionista” (Magdalena, San Juan Bautista).

Sin duda, el carácter demasiado innovador de las obras de Donatello explica la poca influencia que éstas ejercieron en los escultores de su tiempo. Por el contrario, en el campo de la pintura, su obra tuvo un impacto inmediato (Mantegna, Andrea del Castagno). Como señalaba León Battista Alberti, la pintura y la escultura eran todavía en el siglo XV “artes emparentadas, alimentadas por un solo y mismo genio”.

Donatello (1386-1466)
En la actividad escultórica de Donatello, fecundísima y siempre renovadora, se aprecia un profundo conocimiento técnico y un completo dominio de los materiales, constantemente sometidos, sin embargo, a una preocupación primordial por la esencia humana.

Donatello

Donatello (1386-1466), su verdadero nombre era Donato di Niccolò di Betto Bardi.Es considerado uno de los artistas mas destacados del renacimiento italiano. Nacido en Florencia, de padre humilde, generalmente se le considera como el escultor más original de esta etapa y uno de los artistas más importantes de ese periodo. A la edad de 17 años fue ayudante de Lorenzo Ghiberti en la construcción y ornamentación de las famosas puertas de bronce del baptisterio de San Juan de Florencia. Más adelante también trabajó en colaboración con Filippo Brunelleschi, con quien parece que fue a Roma para estudiar los monumentos de la antigüedad clásica.

En los grandes jalones de su obra estatuaria para la catedral florentina y la iglesia de Or San Michele, relieves de la cantería catedralicia y de la sacristía vieja de San Lorenzo, estatuas y relieves del altar del Santo y monumento ecuestre del condottiero Gattamelata durante la estancia en Padua (1443-53), estatuas de santos penitentes y relieves de los pulpitos de San Lorenzo, en los que trabajaba cuando murió, como en otras muchas obras aisladas.

Gattamelata - Donatello en 1444

Gattamelata – Donatello en 1444 En el rostro del condottiero Gattamelata plasmó Donatello -el mayor escultor del Quattrocento- todas las características de la virtud romana o, lo que es igual, toda la grandeza moral del modelo humano del primer renacimiento, a la vez que la meditación melancólica de quien mira el porvenir desde la perspectiva de un remoto pasado, como quien pasa en el espacio y en el tiempo.

Un nuevo Marco Aurelio. En 1443, Donatello viajó a Padua para realizar la estatua ecuestre de Erasmo da Narni, llamado Gattamelata. El primer desafío que planteó el bronce fue técnico, ya que Donatello había decidido fundir la estatua en un solo bloque. El reto fue también estético, ya que el artista logró combinar referencias de la Antigüedad (estatua ecuestre de Marco Aurelio) y de la modernidad: el condotiero más importante de Italia monta a la manera del siglo XV y lleva un traje contemporáneo. Donatello logró además evocar la grandeza y la fuerza del personaje realizando un retrato dinámico, pues la cabeza del caballo y la del caballero están en planos diferentes.

Donatello mostró a través de compactos volúmenes, cerradas y equilibradas composiciones, arquitecturas de profunda espacialidad, formas que van desde el altorrelieve hasta el relieve aplastado, una humanidad individualizada y real en todas las edades de la vida y una gama riquísima de expresiones y afectos, si bien en muchos casos el contenido ético y dramático de la figura o la historia permite elevar a categoría su ejemplo –Gattamelata como modelo de virtus-.

Las obras de su ancianidad asombran por su avanzada técnica de formas deshechas e inacabadas, admiran por la revolucionaria iconografía y conmueven por su profunda vida interior y su alucinante misticismo.

SOBRE SUS OBRAS: En el San Jorge, hecho en 1416-1420 para el gremio de los fabricantes de corazas, Jorge Vasari veía “un terrible brío altanero”, y decía que aquella piedra se estremecía por dentro.  Las estatuas de época posterior de los profetas Jeremías y Habacuc conmovieron a sus contemporáneos por su realismo. Esos personajes, aunque inspirados en modelos de una humanidad miserable, asumen en la transfiguración poética donatelliana una nueva dignidad de orden moral, revelando los caracteres de nobleza y de naturaleza creada a imagen y semejanza de la divinidad que se hallan presentes en todo ser humano.

Desde ese momento, la escultura de Donatello presenta un continuo sucederse de invenciones y expresiones nuevas que escapan a toda lógica evolución de estilo. En los relieves de la Pila bautismal de la Catedral de Siena existe ya la exactitud de la perspectiva y el sentido de la luz vibrante que triunfarán en el Altar de San Antonio, en Padua. En cuanto al David de bronce, en él tenemos una imagen de torneada desnudez inspirada en las esculturas de Praxíteles, pero cargada, con sentido moderno, de una profunda espiritualidad.

A su viaje a Roma en el año 1432 siguen obras capitales, como la “Cantoría” del Museo de la Obra de la Catedral, y la Anunciación de la Santa Cruz, cuya novedad estriba en la fuerza y el movimiento conferidos a las imágenes. Tenemos luego la fecunda permanencia en Padua que culmina con la creación del grupo ecuestre de Gattamelata, expresión suprema de la más libre y moderna interpretación de un tradicional modelo clásico.

Y entre las obras finales de Donatello, vuelto a Florencia en 1453, recordaremos los pulpitos de San Lorenzo, agitadas y trágicas representaciones de una humanidad cuya verdad última es una verdad dolorosa.

Algunas fechas claves en la vida de Donatello

1386: Nace en Florencia Donato di Niccoló di Betto Bardí, llamado Donatello.

1407: Construcción de la catedral de Florencia con Nanni di Banco. Participación en el concurso para las segundas puertas del baptisterio. Primer viaje a Roma acompañado por Brunelleschi (entre 1406 y 1415).

1417: Encargo para la ornamentación de Orsanmichele.

1423-1427: Colaboración con Michelozzo en el monumento a Juan XIII del baptisterio de Florencia.
Habocuc y El festín de Herodes para la catedral de Siena.

1432: Segundo viaje a Roma. Tabernáculo del sacramento en San Pedro. David y cantoría para el Duomo.

1443: Estancia en Padua (Gattamelata, crucifijo para la basílica de San Antonio y altar del santo).

1454: Regresa a Florencia, obras cada vez mas ascéticas y expresivas, Judith y Holofernes.

1466: Muere en Florencia.

Los relieves de Donatello
En el relieve, Donatello busca la profundidad y emplea por primera vez la técnica del aplastado (sciacciato): en piedra, San Jorge y el dragón (hacia 1420) de sofocantes efectos atmosféricos en bronce, el Festín de Herodes (1423-27), para el baptisterio de Siena donde la rigurosísima perspectiva viene equilibrada por el dramatismo de la escena. Más tarde realiza la Cantoría (1433-38), de la catedral de Florencia donde los niños parecen inmersos en un frenesí dionisíaco. Ya en Padua (1443-53), Donatello se ocupará de las estatuas y relieves en bronce del atar de la basílica de San Antonio. La Virgen con el Niño es una estatua sin precedentes iconográficos, llena de misteriosos simbolismos que se completan en el sublime heroísmo del Crucificado.

David, Donatello 1432

David, Donatello, hacia 1432
Bronce, altura: 159 cm Museo del Bargello, Florencia. La renovación de la escultura y el desnudo. Este David, ejecutado para el jardín del Palacio de los Medici, es considerado la primera escultura de un desnudo en bronce desde la Antigüedad clásica. El delicado modelado d las formas y serenidad del personaje están más cerca de su maestro Ghiberti que de la fuerza expresiva de sus obras más tardías.

David de Verrocchio

Cuarenta años después de Donatello, Verrocchio ofreció a los Medici una nueva versión del David. Menos sensual y menos atemporal que la estatua de lonatello, el bronce representa un joven atleta, vestido, con los músculos aún tensos por el esfuerzo. La delicada expresión y el estilo meticuloso del artista evidencian su extraordinaria destreza en el manejo del bronce.

cristo en el limbo de donatello

Cristo en el limbo: DONATELLO, HACIA 1458 (Detalle de la parte izquierda del relieve)
Bronce, altura del friso: 137 cm. San Lorenzo, Florencia Una escultura llena de expresividad. Las obras de
los últimos años de Donatello testimonian la evolución de su estilo. La imaginación febril del escultor no tuvo una influencia inmediata. El tratamiento casi pictórico del relieve, el impulso dinámico de la composición, su carácter agitado y altamente dramático anuncian las obras más tardías de un Tintoretto o de un Rembrandt.

San Jorge de Donatello, 1417

San Jorge DONATELLO, 1417 Marmol, 39 x 120 cm Museo del Bargello, Florencia. Corporaciones y mecenazgo. En 1339, las corporaciones que administraban la iglesia de Orsanmichele confiaron a sus miembros la decoración de doce nichos que rodeaban el edificio. Si en el siglo XIV los gremios respondían con poco entusiasmo a esta costosa demanda, en el siglo XV convocaron a los artistas más innovadores: Ghiberti, Nanni di Banco, sin duda Brunelleschi y Donatello, el que ejecutó tres estatuas (San Marcos, San Luis de Toulouse y San Jorge).

Un santo hecho hombre.
El escultor otorgó al santo protector del gremio de los armeros una amplitud heroica. Menos clásica que algunas estatuas de Orsanmichele, la del santo se distinguió por el carácter profundamente realista y humano de su mirada. “En su cabeza se lee la belleza de la juventud, el ardor de la valentía, una energía salvaje y una maravillosa sensación de movimiento al interior de la piedra” (Vasari).

ALGUNOS TÉRMINOS SOBRE PLÁSTICA

Cantona: tribunilla para el órgano.

Condottiero: jefe militar mercenario. Iconografía: disciplina de la historia del arte que se ocupa del asunto o significación de obra artística.

Relieve: labor escultórica en que se hace resaltar las figuras y objetos sobre el plañe Puede ser: altorrelieve, aquél en que las figuras sobresalen del plano más de la mitac de su bulto; medio relieve, en el que sobresalen la mitad de su grueso; bajo relieve, en el que las figuras resaltan poco del plano (relieve aplastado).

Sfumato: Modelado vaporoso destinado a sugerir por medio de la gradación del color y de la luz la profundidad de los objetos y los personajes en la atmósfera.

Sillar Cada una de las piedras labradas en forma de paralelepípedo rectángulo que forman parte de una obra de sillería.

Studiolo: Pequeño gabinete de meditación y de trabajo en la Italia del Renacimiento.

Tabique Pared divisoria en el interior de un edificio, generalmente no soportante.

Talla dulce Conjunto de procedimientos de grabado en hueco sobre metal o madera.

Temple Técnica pictórica en la que los pigmentos se diluyen en agua y se engruesan o templan con huevo, caseína, goma o una solución de glicerina al momento de pintar.

Terracota Arcilla trabajada y cocida al horno a baja temperatura que no ha recibido ningún esmalte; el objeto hecho con este material.

Tesela Pedazo pequeño de mármol, piedra, pasta de vidrio o terracota coloreada, generalmente cúbico, que se utiliza para elaborar un mosaico.

Tracería Decoración arquitectónica que suele hacerse sobre piedra calada. Es uno de los elementos más característicos de la arquitectura gótica.

Tramo Espacio comprendido entre dos puntos de apoyo principales de una construcción.

Transepto En una iglesia en cruz latina, nave transversal que separa el coro de la nave y forma los brazos de la cruz.

Tres colores Técnica que emplea piedra negra, tiza blanca y sanguina.
Triangulo de descarga Triángulo dispuesto en el muro sobre un dintel para aliviarlo parcialmente del peso del muro que soporta.

Triforio En una iglesia, serie de ventanas en claraboya abiertas en la galería alta situada sobre las naves laterales, la tribuna, que dan al interior de la nave.

Triglifo Elemento arquitectónico con tres acanaladuras verticales que se alterna con las metopas en el friso de orden dórico.

Tríptico Conjunto pictórico o escultórico formado por tres paneles, generalmente plegables; los postigos laterales montados sobre bisagras se cierran sobre el panel central.

Vaciado 1. Formación y solidificación de un objeto en un molde. 2. Figura de yeso o estuco formada de este modo. 3. En arquitectura, fondo que queda en el neto del pedestal bajo la moldura que lo guarnece. 4. Excavación arqueológica.

Vanitas Composición alegórica, generalmente una naturaleza muerta, que evoca la fragilidad de la existencia y el fin último del hombre.

Veladura Capa muy fina de pintura traslúcida, diluida al óleo, transparente “como un velo”, que modifica el aspecto o la coloración de los fondos agregándoles brillo y luminosidad.

Vernacular Arte que se practica solamente al interior de una comunidad, a veces restringida.

Vitela 1. Pergamino de color blanco que se obtiene de la piel de ternera, cordero o vaca, preparado para la escritura o la pintura. 2. Papel de lujo que imita dicha textura.

Vitral Composición traslúcida formada por piezas de vidrio coloreadas y ensambladas mediante una red de plomo o de estuco; está destinado a cerrar un vano creando una pared luminosa y un efeclo de luz.

Voluta Adorno en forma de espiral o caracol que se coloca para decorar los capiteles de los órdenes jónico y corintio.

Fuente Consultada:
Historia Visual del Arte Larousse La Nación El Arte Renacentista
ARTERAMA N°53 Enciclopedia de las Arte Editorial CODEX S.A.

Ejércitos y Armas del Rey Sol de Francia Absolutista Luis XIV

EL DINERO Y LA GUERRA
Para el Estado absolutista, es importante tener un ejército y una marina potentes, por lo que necesita un tesoro bien repleto. El metal precioso (oro o plata) es el único medio de intercambio, la «sangre» de la economía. Su cantidad es relativamente reducida, y los países intentan atraerlo al interior de sus fronteras por medio de un comercio exterior favorable.

De ahí toda una política proteccionista para reducir las importaciones y estimular las exportaciones, realizada frecuentemente a costa del salario de los obreros. De aquí se deriva el Pacto Colonial. Las colonias tienen que proporcionar las materias primas a un precio reducido y absorber exclusivamente los productos fabricados en la metrópoli. El mercantilismo es un estatismo económico, sobre todo en su forma francesa. La política belicosa de Luis XIV impuso una verdadera economía de guerra, con intervención directa del Estado.

luis xiv rey sol en francia

En Inglaterra, esta intervención resultó más discreta a causa de la mayor potencia y la mayor autonomía de los grandes comerciantes o fabricantes. Pero los privilegios otorgados a las Compañías, las Actas de Navegación de 1660 y 1663, los Tratados de Comercio, la exclusiva colonial, son otros tantos elementos de una política mercantilista, que también se manifiesta en España. Junto a la corte, el ejército absorbe la parte más importante de los presupuestos.

Durante la primera mitad del siglo, los ejércitos de la Guerra de los Treinta Años (a excepción del de Gustavo Adolfo, de reclutamiento nacional, unido por la ley religiosa) no se diferencian mucho todavía de las tropas privadas del siglo XVI, dirigidas por los condotieros, dispuestos a venderse al mejor postor, a desmandarse o a pasarse al campo enemigo si la soldada tarda demasiado.

Posteriormente, los soberanos tratan de tener un ejército disciplinado y fiel, intervenido directamente por sus servicios. Pero la noción del servicio militar obligatorio no existe; el reclutamiento sigue basándose en el alistamiento voluntario y serán los soldados de oficio los que continuarán dominando. Los mercenarios extranjeros disminuyen, aunque en Francia los suizos, los irlandeses y los alemanes continúan formando regimientos.

Durante el invierno, los reclutadores recorren los campos y las ciudades, frecuentan las tabernas, invitan a beber, exaltan los encantos de la vida militar: buena paga, vino abundante, los amos en el baile, hermosos uniformes. Se colocan carteles de este género: Regimiento de Mosqueteros del Duque de Borgoña.

Se hace saber a todos los gentileshombres o a otros jóvenes de buena familia que vivan noblemente, burgueses con conocimientos que puedan demostrarlos, desde la edad de diez y ocho años hasta los treinta, que midan más de cinco pies de altura y que quieran servir al Rey, que no tienen más que dirigirse al palacio de Carignan, calle de las Vieilles-Estuves, próxima a la Croix du Tiroir; allí encontrarán al comandante, el cual les dará toda clase de satisfacciones. Es un nuevo regimiento de mosqueteros de la guardia del duque de Borgoña: durante la campaña, tendrán doble paga y veinte sueldos al día, hasta su partida, y se les proporcionarán sus equipos.

Necesita también un maestro de matemáticas, un maestro escribano, un maestro de armas y un ayudante, un maestro de baile, dos maestros cirujanos, dos barberos y tres músicos». Atraídos por tal proclama, los jóvenes se dan cuenta, después de haber firmado su contrato, que formarán parte de un simple regimiento de infantería, en lugar del de gloriorosos mosqueteros.

El capitán responde a los descontentos que, efectivamente, tendrán mosquetes, ¡por lo tanto serán «mosqueteros» como se les ha prometido! Al final del reinado de Luis XIV, el ejército cuenta con más de 400.000 hombres, cifra enorme para su tiempo. Felipe V de España pudo reclutar 132 batallones de infantería y 130 escuadrones de caballería. El Elector de Prusia, Federico Guillermo, mantienen un ejército permanente de 30.000 hombres.

Pedro el Grande gasta sin cuenta para sostener su ejército de soldados de oficio. La mayoi parte de los oficiales se recluían entre le nobleza. Los jóvenes de la nobleza francesa hacían su aprendizaje en las compañías de cadetes o en los regimientos de la Casa Real. Los «Maestres de Campo» y los coroneles continúan comprando sus cargos, pero el resto de los oficiales son por nombramiento.

Los oficiales sin fortuna o los plebeyos pueden escalar los puestos jerárquicos gracias al cuadro de ascensos instituido por Louvois. Muchos oficiales, a pesar de los inspectores generales, prefiriendo divertirse en París a ocuparse de sus hombres, declaran fraudulentamente un efectivo superior al que mandan con el fin de disponer de sueldos y de víveres suplementarios.

Cuando se celebraban las «pruebas», las revistas de inspección, contrataban «falsos soldados», simples comparsas que desaparecían en cuanto la inspección se terminaba. Madame de Sévigné transcribe un diálogo entre el severo Louvois, Secretario de Estado para la Guerra de 1661 a 1691, enemigo de Colbert, pero inteligente y gran trabajador, y un joven oficial negligente, el señor de Nogaret. El estilo es muy a lo «gran siglo».

—Señor, su compañía se encuentra en muy mal estado.
—Señor, no lo sabía. —Hay que saberlo. ¿La ha visto usted? —No.
—Debería haberla visto, señor. —Señor, daré la orden. —Debería haberla dado.  Es preciso  tomar una decisión, señor: o se es cortesano o se cumple con su deber cuando se es oficial».

La disciplina es enérgica y los castigos corporales siguen estando en uso en todos los ejércitos: latigazos, potro (a caballo en un banco de madera con pesas en los pies), multas, etc. Los cuarteles no aparecen hasta finales de siglo y las tropas se alojan en las casas de los vecinos.

Heridos y mutilados dependen de la caridad de la iglesia. Sin embargo, para ellos hizo construir Luis XIV, a partir del año 1670, el admirable palacio de los Inválidos. La eficacia del fuego crece a partir del año 1660 con el empleo del fusil con piedra, en el que la pólvora se encendía por medio del choque del pedernal con una varilla de acero, y no por medio de una mecha como los mosquetes. Francia no lo adoptó.

El arma era mucho más manejable y el tiro más rápido (un disparo por minuto). Las bayonetas, sujetas por medio de una abrazadera al extremo del fusil, reemplazaban a las picas. También se extendió el empleo de las granadas demano. Gracias a estas armas, la infantería se convirtió en la «reina de las batallas», dispuesta en líneas paralelas (cinco hombres en fondo), alternando en las descargas.

La caballería pesada de los coraceros y la caballería ligera de los húsares, se completaron con los dragones, infantería montada que se desplazaba a caballo y combatía a pie, con el fusil y la bayoneta. En Francia, Louvois mejoró la artillería, que antes era trasladada al campo de batalla por empresas privadas. En adelante, los cañones de bronce eran manejados por artilleros. Su alcance sobrepasa los 500 metros.

Los progresos de la artillería condujeron a Vauban, discípulo del holandés Coéhorn, a enterrar las fortificaciones y a protegerlas con macizos cubiertos de musgo.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo VII La Gran Aventura del Hombre

Persecuciones Religiosas con Luis XIV de Francia Consecuencias

RESUMEN LA REVOCACIÓN DEL EDICTO DE NANTES EN FRANCIA

LAS PERSECUCIONES DE LOS PROTESTANTES
Mucho más dramáticas fueron las persecuciones dirigidas contra los protestantes. La unidad religiosa era el corolario del absolutismo: «Una fe, una ley, un rey». Por otra parte, el éxito de la Contrarreforma, el renacimiento católico, iban a la par de un cierto debilitamiento del protestantismo.

Entre los reformados había un grupo, del que formaban parte algunos de sus pastores, en el que se esbozaba una corriente favorable a la reunión con el catolicismo, al precio de concesiones recíprocas. La proliferación de iglesias y de sociedades protestantes, la dureza de los calvinistas, habían descorazonado a los fieles.

Luis XIV de Francia

A partir del reinado de Luis XIII, los nobles protestantes se habían ido convirtiendo. En 1668, el retorno al catolicismo de un gran guerrero, Turena, fue resonante. La burguesía protestante, muy activa en los negocios, enriquecida, era menos religiosa y sus miembros practicaban la idolatría regia con tanto fervor como la mayoría de los subditos. Luis XIV pudo, pues, pensar que le sería relativamente fácil reducir el protestantismo, y añadir a todos sus triunfos el del restablecimiento de la unidad cristiana en su reino. No fue el único en decirlo: eclesiásticos y cortesanos actuaron por su parte.

En 1661 el Edicto de Nantes de Enrique IV, que aseguraba la libertad religiosa y la igualdad política de los protestantes, comenzó a ser interpretado de manera restrictiva. En 1663, se prohibió a los católicos convertirse y se suprimieron los templos recientemente edificados. Una caja especial, dirigida por el escritor Pellison, distribuía fondos a los hugonotes que querían abjurar (1676). Se excluyó a los protestantes de las funciones públicas; sus hijos podían abjurar desde la edad de siete años y ser educados, a partir de entonces, por católicos.

Marillac, intendente de Poitou, dio pruebas de su celo: discurrió acantonar regimientos de dragones en las localidades protestantes, con licencia para los soldados de hacer lo que quisieran, violaciones, saqueos, destrucciones. Espantadas por la idea de sufrir las «dragonadas», las aldeas abjuraban en bloque, y Marillac pudo felicitarse de 30.000 «conversiones» en 1681. La indignación fue tal, que el Rey destituyó a Marillac.

LA REVOCACIÓN DEL EDICTO DE NANTES
La muerte de Colbert, que frenaba las persecuciones por razones económicas (importantes sectores manufactureros estaban en manos de los reformados), agravó la intolerancia. Louvois, secretario de Estado para la Guerra, persuadió al Rey de los grandes resultados obtenidos. A esto vinieron a mezclarse razones de «alta política». Luis XIV soñaba con ser candidato al Imperio y comenzaba a asegurarse los votos de algunos electores alemanes.

Pero la derrota de los turcos ante Viena, con el concurso del rey de Polonia Juan Sobieski, hacía del emperador Leopoldo I su salvador, el cual, ayudado por el franciscano Spinola, soñaba con reducir a los protestantes del Imperio a la Iglesia.

Luis XIV quiso, mediante una maniobra por sorpresa, aparecer como el verdadero gran restaurador de la religión (esperaba igualmente que su aliado Jacobo II, rey de Inglaterra desde 1685, restablecería el catolicismo en Inglaterra). Las «dragonadas» fueron renovadas sistemáticamente, y, el 2 de octubre de 1685, se dio el golpe decisivo mediante el Edicto de Fontainebleau: la Iglesia reformada no tendría en adelante existencia legal. Todos los templos serian, destrídos y los pastores exiliados.

La Iglesia  ostentaría el registro civil, los protestantes obstinados quedarían «fuera de la ley», sin identidad. La revocación fue celebrada con entusiasmo por los poetas, los grabadores, los pintores oficiales. Vauban fue uno de los pocos en protestar discretamente.

Las consecuencias fueron desastrosas para Francia: unos 300.000 reformados se marcharon, con peligro de sus vidas, llevando a Holanda, a Inglaterra, a Alemania, su experiencia, sus capitales, su trabajo. Los extranjeros se beneficiaron de su cultura intelectual, de su energía, de sus tradiciones y de su odio hacia Luis XIV. Así se perdió un grupo escogido que daba trabajo a gran número de franceses. El resultado de esta medida fue una crisis económica y social.

En cuanto a los protestantes que se quedaron, ni las persecuciones ni las burlas pudieron con ellos. Difícilmente contenidos hasta 1702, acabaron por rebelarse en masa, resucitando, para el viejo Rey, la pesadilla de la guerra civil.

La región de las Cévennes sublevada, exaltada por los pastores del «desierto», sufrió un régimen de terror: hizo falta movilizar contra ios «camisards» y su jefe un verdadero ejército, bajo las órdenes del ilustre mariscal de Villars.

De un lado y de otro, se golpeaba, se quemaba, se aplastaba. Por último, las tropas reales acabaron con la resistencia de los «camisards». En 1710, se apagó el fuego de la revuelta. Este fue el epílogo de las luchas fratricidas que la nueva religión había encendido en Francia ciento cuarenta años atrás.

LA PARTE DE ATRÁS DE LA FACHADA
A las pérdidas considerables causadas por la emigración protestante, se unieron los gastos de las incesantes guerras: guerras de la Liga de Augsburgo (1689-1697) y de Sucesión de España (1702-1713). El edificio de Colbert se había derrumbado; sólo quedaba un proteccionismo minucioso e ineficaz. Todo el peso de la deuda recaía sobre los campesinos, que representaban las nueve décimas partes de la población.

En 1688, La Bruyére escribió su célebre descripción de la población campesina: «Se ven algunos animales feroces, machos y hembras, negros, lívidos, completamente quemados por el sol, ligados a la tierra, que cavan y remueven con una obstinación invencible.»

Grandes catástrofes habían agravado esta miseria:   malas   cosechas,   carestías,   epidemias, transformaban rápidamente a los campesinos prósperos en mendigos. Además, la intransigente política aduanera había degradado los precios agrícolas y la renta de Sos bienes raíces había disminuido en la mitad. El numerario servía para pagar los gastos de los ejércitos; era sustraído así de su función económica. La baja de los precios era continua.

Luis XIV procuró hacer participar a cada francés en el esfuerzo común, proporcionalmente a su renta. Creó, en 1695, la capitación o impuesto por cabeza, y en 1710, el diezmo sobre las rentas. Falto de funcionarios para verificar las declaraciones, y a causa de la resistencia de los privilegiados, el peso recayó finalmente sobre el bajo pueblo. El rey, entonces, apeló a los impuestos indirectos: aduanas, derechos de timbre. Pero todo era insuficiente. Hubo que recurrir a los préstamos, al papel moneda, a la venta de cartas de nobleza, a la organización de loterías…

El invierno de 1709 fue «de hielo, de hambre y de peste». El ganado perecía, y ocurría lo mismo, en el fondo de sus madrigueras, con los conejos. La población francesa sufrió una reducción de dos millones de habitantes. Mientras que la burguesía de los negociantes y de los banqueros continuaba relativamente próspera, el pueblo y la pequeña aristocracia campesina eran duramente afectados.

Así, se exasperó el odio de clases: en 1709, numerosos parisienses marcharon hacia Versalles; el bandidaje se desarrolló de una manera aterradora; conventos y castillos fueron atacados. El Rey hizo llevar a la Casa de la Moneda su vajilla de oro y sus muebles de plata, lo que no impidió que sus estatuas fueran ultrajadas, y que carteles injuriosos contra su persona, su conducta y su gobierno fueran fijados en las puertas de París, en las iglesias, en las plazas públicas. Se recitaba la famosa letanía: «Padre nuestro impío que estás en Versalles…»

El Rey procuraba seguir apareciendo con el mismo rostro de sol inmutable, esforzándose por guardar una serenidad constante, no soportando ni la sombra de una contradicción, de una coacción. Su insensibilidad parecía crecer, como se puso de manifiesto durante la discusión del «proyecto del diezmo real» de Vauban (1707).

Este gran hombre había meditado sobre los defectos del sistema, y sobre los medios de restablecer la economía. Tras evocar patéticamente en su proyecto la miseria de los humildes, Vauban proponía un remedio revolucionario:   la  supresión de  todas las  tasas  y  su reemplazo por un «diezmo» calculado en función de las rentas de cada uno. Nadie, ni aun el Rey, quedaría exento.

En 1706 apareció la obra, con gran escándalo de los privilegiados. Los ministros convencieron a Luis de que se atentaba contra su autoridad, y cuando Vauban acudió candidamente a ofrecer su libro al soberano, éste lo recibió con desagrado. El «Diezmo Real» fue prohibido. Se habló de encarcelamiento. Vauban murió descorazonado, el 30 de marzo de 1707. Esta muerte fue reprochada al viejo rey, y acabó de sembrar la turbación en los espíritus.

Luis se enclaustró en Versalles, que no cesaba de embellecer, y que permanecería como un arca preservadora del pasado; ante el esplendor de los árboles alineados como en un desfile, en medio de las estatuas, de los estanques, de las fuentes, de los bosquecillos, de los macizos de flores, de las ninfas y de las góndolas doradas, ¿cómo creer en las desgracias?

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo VI La Gran Aventura del Hombre

Biografía de Jacobo I Estuardo Rey de Inglaterra Resumen Gobierno

VIDA Y GOBIERNO DE JACOBO I ESTUARDO REY DE INGLATERRA

ANTECEDENTES: A su muerte, en 1603, Isabel dejaba a Inglaterra próspera y en paz. El país había escapado milagrosamente a la guerra civil, a la guerra religiosa que devastaba tantos países del continente, y, en particular, Francia. Entre los católicos romanos y los protestantes puritanos, la reina había sabido imponer una solución intermedia: el anglicanismo. Este se parecía al protestantismo en la doctrina, y se mantenía católico conservando la jerarquía y el fasto de sus ceremonias.

Y sobre todo, el soberano, como jefe de la Iglesia, había podido colocar el ideal patriótico por encima del religioso. Ciertamente, todo esto no se había producido sin desgarrones, sin conspiraciones procedentes de diversas facciones. Pero esto afectaba solamente a pequeñas minorías; la gran masa del pueblo encohtraba en la religión anglicana lo suficiente para su sed religiosa y estimaba que el «statu quo» le traería la paz.

Una paz feliz, por lo demás; después de las incursiones de Drake y de Raleigh, después de la victoria de 1588 contra la Armada Invencible, los navios ingleses podían surcar los mares: el poderío comercial inglés se halla en lo sucesivo bien establecido, proporcionando a Inglaterra la prosperidad comercial e industrial.

Jacobo I Estuardo Rey de Inglaterra joven

Jacobo I Estuardo Rey de Inglaterra (1566-1625) Reinó desde 1603-1625

La dinastía de los Estuardo, restablecida a la muerte de Isabel en el trono de Inglaterra, no va a durar más que
de 1603 a 1688. Su voluntad absolutista y la limitación del poder ejercida sobre el Parlamento suscitarán en este  período  dos  acontecimientos dramáticos.

Inglaterra y el surgimiento de la monarquía constitucional
Uno de los más prominentes ejemplos de resistencia a la monarquía absoluta se dio en la Inglaterra del siglo xvn, donde el rey y el Parlamento pelearon para determinar el papel que cada uno debería desempeñar en la conducción de Inglaterra. Pero la lucha en torno a este asunto político se complicó por una profunda y sustancial controversia religiosa. A finales del siglo XVII, con la victoria del Parlamento, sobrevino la fundación de la monarquía constitucional.

JACOBO I ESTUARDO, REY DE INGLATERRA

Jacobo I Estuardo (1566-1625), rey de Inglaterra (1603-1625) y, con el nombre de Jacobo VI, rey de Escocia (1567-1625). Nacido el 19 de junio de 1566 en el castillo de Edimburgo (Escocia), Jacobo fue el único hijo de María I Estuardo y de su segundo esposo, lord Darnley. Cuando María fue obligada a abdicar en 1567, él fue proclamado rey de Escocia.

La muerte de la Reina Virgen sumió, sin embargo, a su pueblo en la aflicción y el temor. Isabel había sabido hacerse amar por su pueblo: se había establecido una especie de acuerdo tácito, sobre la base del respeto de los derechos mutuos.

Su heredero, Jacobo I, era ya rey de Escocia. Cuando se anunció la llegada del nuevo rey, toda Inglaterra se aprestó a recibirlo. Era el hijo de María Estuardo y de Darnley. Pero, si bien su madre era católica, él era calvinista, y, lo que es más, tenía ya la reputación  de un príncipe enamorado de la teología.

Esto tranquilizó a Inglaterra, porque pensó que no tendría que volver a cambiar de religión oficial. Pero el entusiasmo inicial de los ingleses se enfrió bastante rápidamente: el nuevo rey les decepcionó. Admitiendo, incluso, que fuera feo, el hecho de que babease, chocó a los que recordaban el espléndido porte de Enrique VIII o la magnífica prestancia de Isabel. Además, era aficionado a hacer discursos teológicos sin fin, perdiéndose en los meandros de sus propios razonamientos y aburriendo a los que le escuchaban.

En el fondo lo único que pretendía era ocultar una coquetería exagerada: el rey iba cubierto de joyas; Isabel era, efectivamente, un poco viril, pero Jacobo I era un monarca afeminado. Empezando a desconfiar ya sobre la persona del rey, los ingleses no vieron con buenos ojos su primer acto de autoridad.

En el curso del viaje que lo llevaba desde Escocia a Londres, la escolta real descubrió a un ladrón: Jacobo I le hizo ahorcar al instante, sin juicio. Creía poder prevalerse en el derecho de justicia supremo: pero Inglaterra, en el curso de los últimos siglos de su historia, había aprendido a temer la arbitrariedad; un hombre no podía ser condenado sin juicio.

Este acto, aislado, no hubiera sido grave, pero se vio en seguida que Jacobo I no tenía del papel de monarca las mismas ideas que los Tudor, sus predecesores. Omitiendo las lecciones de la historia inglesa, queriendo ignorar la gran carta de 1215, pretendió ser un monarca absoluto. «El rey es la ley», afirmaba.

Estimando que, bendecido por Dios, él era su representate sobre la tierra, y que los ingleses, en consecuencia, no podían considerarse más que como subditos sometidos a su buena voluntad. El conflicto político era, a la larga, inevitable entre el rey y el Parlamento. Al principio, sin embargo, era la situación religiosa la que parecía levantar el mayor número de dificultades.

Sintesís: Con la muerte de la reina Isabel, en 1603, la dinastía Tudor se extinguió y se inauguró la línea gobernante de los Estuardo con la ascensión al trono del primo de Isabel: el rey Jacobo VI de Escocia (hijo de María, reina de los escoceses), quien se convirtió en Jacobo I de Inglaterra (1603-1625). Aunque acostumbrado al poder real como rey de Escocia, Jacobo no entendía nada de las leyes, instituciones y costumbres de los ingleses. Abrazó la doctrina del derecho divino de los reyes, la creencia de que los reyes recibían su potestad directamente de Dios y que, por tanto, eran responsables sólo ante Él. Este punto de vista enajenó al Parlamento, el cual se había desarrollado acostumbrándose, bajo los Tudor, a actuar bajo la premisa de que el Parlamento y la monarquía gobernaban en conjunto a Inglaterra como una “forma de gobierno equilibrada”.  El Parlamento expresó su desacuerdo con los reclamos de Jacobo rechazando sus demandas de dinero extra que el rey necesitaba para satisfacer los crecientes cortos gubernamentales. El poder del Parlamento sobre el tesoro resulté ser su carta de triunfo en sus relaciones con el rey.

EL COMPLOT DE LA PÓLVORA:

«Antes de que hubiera un Estado, había reyes de donde se deduce que son los reyes los que han hecho las leyes y no las leyes las que han hecho a los reyes… El rey obtiene su derecho de Dios y a nadie más que a Dios tiene que rendir cuentas…» Esta teoría absolutista provoca descontentos. En 1605 es descubierta la «Conjuración de la Pólvora».

Sin duda alguna, Inglaterra era anglicana en su inmensa mayoría, pero los católicos representaban todavía una fuerte minoría; las guerras que, en el continente, enfrentaban a reyes católicos y príncipes protestantes, permitían mantener esperanzas. Desde el comienzo del reinado de Jacobo, un cierto número de conjurados, dirigidos por Guido Fawkes, se propuso eliminar de un solo golpe al rey y a todas las personalidades protestantes del país.

En 1605, los conjurados lograron alquilar una cueva situada exactamente bajo el palacio donde debía celebrarse la sesión inaugural del Parlamento, y la llenaron de explosivos. Pero fue preciso poner al corriente a todos los que debían intervenir en el atentado para dar un golpe de Estado, aprovechando el vacío político y la perturbación que no dejaría de producirse. Las denuncias permitieron detener, «in extremis», a Guido Fawkes.

El fracaso de la «conjuración de la pólvora», arruinó la causa católica: en lo sucesivo no se consideró a los «papistas» más que como peligrosos terroristas que serían vivamente perseguidos. Jacobo I estaba, pues, salvado de la amenaza católica. Pero, entre los protestantes, eran numerosos los que no se hallaban conformes con la autoridad del rey sobre la Iglesia. También reprochaban a la iglesia anglicana su fasto y el carácter ostentoso de su culto.

Para ellos, la pobreza, la sencillez de costumbres y de vida constituían la piedra angular de la religión cristiana. Estos «puritanos» tenían horror a la sensualidad, a la alegría, a todo lo que pudiera haber de cálido en la religión. Tristes y austeros, estos hombres reivindicaban para sus fieles el derecho de ser liberados de toda tutela que no fuera la de su Dios, su Fe y su Biblia. Pero Jacobo I conocía a esos «demócratas» de la religión; su madre había tenido que sufrir durante mucho tiempo los sermones y después las amenazas de Juan Knox; él mismo había soportado muy mal, en Escocia, la presión de los grupos presbiterianos.

No admitía despojarse de la extraordinaria fuerza que le daba la dirección de la Iglesia oficial. La lucha, pues, era inevitable entre Jacobo, representante de la autoridad, y los puritanos, apóstoles de las libertades. Numerosos puritanos prefirieron buscar un país que conviniera mejor a su fe. En 1620, un centenar de ellos se embarcaron a bordo del navio llamado «Mayflower», y desembarcaron en América del Norte, donde esperaban fundar un país de hombres libres, decididos a seguir el camino de Dios. Este puñado de hombres, junto con los colonos de Virginia, fueron la primera semilla de lo que sería el pueblo de los Estados Unidos.

JACOBO I Y EL PARLAMENTO
Las dificultades de Jacobo I serían provocadas por un debate político. Bajo Enrique VIII e Isabel, el Parlamento de Londres había recibido las mayores muestras de respeto de parte de los soberanos, que se esforzaban en gobernar con el apoyo de los representantes del pueblo inglés. En Londres el Parlamento, en su gran mayoría, estaba compuesto de burgueses comerciantes y pequeños propietarios rurales. Celosos de sus prerrogativas, estimaban que el rey no podía manifestar ninguna pretensión al absolutismo.

Le reconocían el derecho de criticar abiertamente todos los actos de la administración real, y desaprobaban cada vez mi, al rey Jacobo I había querido rodearse de una corte suntuosa. «Todos los reyes tiran el dinero por la ventana el día de su coro nación; éste es el primero que lo tira todos los días», escribió un contemporáneo.

En efecto, sus. gastos particulares costaban dos veces más que los de Isabel. Para comprar joyas empleaba tanto como para su marina de guerra. Gastaba en total 600.000 libras por año, mientras que sus rentas no sobrepasaban las 400.000 libras. Ante la falta de dinero, los monarcas pueden siempre utilizar el medio supremo: el impuesto. Pero sus relaciones con el Parlamento eran lo bastante malas como para que éste no aceptara votar esos impuestos. Entonces, ¿había que obligarlo?

El ejército del rey era débil para enfrentarse con las milicias burguesas y un levantamiento de la pequeña nobleza. No le quedaba más solución que dar bienes del Estado, praderas o bosques y atribuirse monopolios. El Parlamento reclamó, pero no fue convocado. El rey era cada vez más sensible a los consejos de los ministros aduladores. Uno de ellos hizo una carrera sorprendente: Jorge Villiers.

EL DUQUE DE BUCKINGHAM
Jorge Villiers se convirtió, a los veintidós años, en primer ministro. Era pobre, pero de buena figura. El rey le hizo duque de Buckingham y su íntimo favorito. Sin ser inteligente, el duque de Buckingham era de una vanidad tal que cometió muchas imprudencias y colocó a Jacobo en las peores situaciones.

La Hacienda real era muy pobre para que el rey pudiera pensar en una guerra. Pero el pueblo inglés se apasionaba por la valerosa lucha que mantenían los protestantes alemanes contra los católicos. Uno de ellos, el Elector Palatino, que era yerno del rey de Inglaterra, solicitó la ayuda inglesa. Pero la flota británica, descuidada, no era la de los tiempos de Isabel y Drake. No se podía concebir una intervención en favor de los alemanes si el Parlamento no concedía créditos. En 1621, Jacobo se vio, pues, obligado a convocarlo de nuevo. Sabiéndose indispensables, los parlamentarios exigieron, a cambio de su ayuda, que el rey aceptara reformas y consejos.

El rey rehusó toda idea de reforma y se encontró sin dinero. Pero parecía ofrecérsele otra solución más brillante: su hijo, el príncipe Carlos, era joven y bien parecido. ¿Por qué no casarlo con una hija del muy rico rey de España? Así se podrían matar dos pájaros de un tiro: enriquecerse y obtener una paz ventajosa para el Elector Palatino y los príncipes alemanes. Carlos y Buckingham partieron paea España en 1623. Pero en seguida, los ingleses consiguieron hacerse detestables, ultrajando a los españoles con sus malos modos.

Un noble del séquito llegó a abofetear a un sacerdote español. La infanta se negó a casarse con Carlos si éste no se convertía al catolicismo. Por su parte, Jacobo I se sentía «como una viuda» lejos de Buckingham. Se creyó entonces que era Buckingham quien había provocado la ruptura. Con gran asombro del propio duque, los ingleses, que habían temido una alianza española favorable al partido católico, lo acogieron como a un héroe. Esto bastó para hacer de este vanidoso un antiespañol ardiente.

Resumiendo podemos deicr que Jacobo trató en vano de lograr la paz religiosa en Europa, acordando el matrimonio de su hija Isabel con el elector del Palatinado, Federico V, líder de los protestantes alemanes. También trató de poner fin al conflicto con España, principal potencia católica, concertando el matrimonio de su hijo Carlos con la hija del rey Felipe IV de España. Tras ser rechazado, firmó una alianza con Francia y declaró la guerra a España, atizando así el fuego que había tratado de apagar.

Jacobo I murió el 27 de marzo de 1625 y heredó el trono su hijo, Carlos I.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo VII  La Gran Aventura del Hombre

La Corrupción de Fouquet en el Gobierno de Luis XIV de Francia

Cuando fallece el cardenal Mazarino, tutor y jefe de ministros en el gobierno de Francia, Luis XIV acaba de cumplir 22 años, y debe tomar las riendas de su gobierno.

Entre sus decenas de frentes para gobernar, hay uno que lo preocupa mucho, y es por el excesivo poder de su ministro de Finanzas, Nicolás Fouquet. Además, éste —que había llegarlo al ministerio con los bolsillos vacíos—, se ha hecho muy rico; es dueño, entre otras posesiones, de un suntuoso castillo (Vaux-le-Vicomte), construído especialmente por los mejores artistas y arquitectos del reino, y en él da una fiesta en que el rey ve claramente que el lujo que despliega su ministro supera enojosamente el tren de vida que se lleva en el Palacio del Louvre, morada oficial del rey y su familia.

Nicolas Fouquet

Nicolas Fouquet, Ministro de Hacienda

Al invitar al rey a su magnífico castillo de  Vaux,  el superintendente de las finanzas Fouquet firmó su perdición: «¿Es que no vamos a ser capaces de obligar a esta gente a restituir lo mal adquirido?» Fouquet iba a morir en prisión, pero a pesar de ello el lujo iba a volver con su magnífico esplendor en el Palacio de Versalles.

—El no puede haber adquirido tantas propiedades honestamente —comenta el monarca—. No tenía un solo centavo al ser nombrado para ese cargo…

Luis  XIV  promulga,   entonces,  su primer decreto: destituye a Nicolás Fouquet y decide que el señor dArtagnan, comandante de los mosqueteros, se encargue de prenderlo y conducirlo a la fortaleza de Pignerol, donde   pasará   el   resto   de   su   vida.

El soberano experimenta por primera vez su propia fuerza. Comprende que necesita asesores, pero que no debe permitir que acumulen poderes excesivos, pues correría el riesgo   de  que   escaparan   a  su   control.

Se previene también contra la “nobleza de toga”, que había adquirido durante los reinados anteriores cargos administrativos con carácter hereditario. Nombra funcionarios para cargos transitorios, de duración sólo determinada por los deseos del propio monarca. Tales hombres, como lo había recomendado Mazarino, son escogidos entre los representantes más hábiles de la burguesía.

El más conocido de los ministros de Luis XIV es Colbert, hijo de un comerciante de tejidos, nombrado secretario de Estado, superintendente de las Manufacturas e inspector general de Finanzas, Colbert se convierte, en el brazo derecho del monarca, digno sucesor de Richelieu y de Mazarino. Tiene ideas bien definidas sobre la economía en general y sobre la política económica necesaria al reino. Para él, la sociedad se apoya sobre el trabajo, “fuente de todos los bienes espirituales y materiales”, inclinación natural, pero que el Estado tiene el derecho de imponer.

Colbert quiere limitar el número de los que no trabajan: los “oficiales” de la corte, las personas nobles o burguesas que viven de rentas, los clérigos, etc. Mientras muchos de sus contemporáneos creen tan sólo en la riqueza agrícola, él considera los productos del suelo como inseguros y poco susceptibles de mejora. La industria es para Colbert el gran factor de la prosperidad, ya que no se sujeta a las inconstancias del clima, sino que depende, sobre todo, de la capacidad de los hombres.

Otras ideas de Colbert corresponden a la doctrina económica dominante en su tiempo: el mercantilismo. Lo que hace la riqueza de un Estado son sus recursos en metales preciosos. Como la cantidad de oro y plata existente en el mundo es limitada, Colbert cree que sólo puede aumentar las reservas y riquezas de Francia a costa de sus vecinos. Francia debe bastarse a sí misma, exportar el máximo posible e impedir la entrada al país de productos manufacturados por competidores,   principalmente   europeos.

La industria del reino era incipiente. En su mayor parte, estaba representada por pequeños talleres artesa-nales, incapaces de fabricar productos de calidad a bajo precio y en cantidades suficientes para permitir la exportación. Por eso, Colbert inaugura una política de intervención directa del Estado en la producción. Se crean las manufacturas estatales, reuniendo en un solo local a artesanos de varios talleres. El nuevo sistema es mucho más rentable para el gobierno.

La reunión de los artesanos en grandes grupos aumenta la productividad del trabajo. Además, los trabajadores reciben apenas un magro salario y están sujetos a un régimen opresivo: cualquier divergencia en cuanto a la  paga es  castigada severamente.

EL CORRUPTO FOUQUET: El 10 de marzo de 1661, el canciller Séguier, los secretarios de Estado y los miembros del Consejo fueron reunidos por Luis XIV, que se dirigió a ellos en estos términos: «Os he reunido para deciros que hasta este momento he dejado que mis asuntos fueran gobernados por el señor Cardenal. Ya es tiempo de que los gobierne yo mismo. Vosotros me ayudaréis con vuestros consejos, cuando yo os los pida».

Estas palabras fueron acogidas con un estupor incrédulo. Significaban el establecimiento de una dictadura como Francia no la había conocido nunca. Pero el reino pedía ardientemente un monarca absoluto.

La Fronda dejaba un recuerdo de horror, y de ninguna manera habían sido curadas todas sus heridas. Las victorias sobre el extranjero excitaban el apetito de gloria y hacían desear un gran reinado. Además, los años 1660 y 1661 habían conocido malas cosechas; el pueblo tenía hambre, la mortalidad aumentaba. En las ciudades volvía el paro y el antagonismo de clases. Todos se volvieron hacia el rey como hacia un salvador, y se encontraron con que el rey respondía perfectamente a estas aspiraciones.

Desde el primer día de su gobierno demostró a la escéptica corte una pasión por el trabajo que no cesaría nunca, experimentando una profunda alegría al dirigir, y dominando, sin esforzarse, a sus ministros. Entre estos, el más brillante era cierto Nicolás Fouquet, superintendente de Hacienda, quien se burlaba de la energía del joven monarca, persuadido de que la atracción de la vida amable no tardaría en separar a Luis de sus deberes. Y para la corrupción y los placeres, Fouquet era maestro consumado. Inmediatamente después de la guerra civil, traficantes y tratantes dominaban el gobierno y la sociedad. El Gran Maestre de la Hacienda los protegía y participaba en sus negocios, confundiendo alegremente el dinero del Estado con el suyo.

Su castillo de Vaux le Vicomte, decorado por Le Notre, Le Brun, Poussin, era de una belleza y de un fasto inauditos, y sus colecciones procedían de todos los rincones del mundo; encantador, elegante, perverso, todas las mujeres le estaban sometidas, y los salones de su esposa y de su amante eran los más solicitados de Francia. Hombre atrevido, además, había concebido las principales ideas del programa aplicado más tarde por Colbert.

Colbert había sido recomendado al rey por Mazarino en su lecho de muerte. Hijo de un pañero de Reims, moreno, hosco, siempre malhumorado, el fiel servidor del Cardenal se había enriquecido junto a este último. Sin embargo, si bien entonces se había prestado a turbios manejos, el ministro de Luis XIV sacará más tarde provecho de su integridad, de su amor a la cosa pública.

Colbert no era un desconocido para Luis: cuando los amores del rey con María Mancini, había llevado en propia mano las cartas que la italiana dirigía al soberano desde su exilio de Brouage, donde estaba relegada. Después de la muerte de Mazarino, el sagaz empleado fue nombrado Interventor de la Hacienda, viéndosele trabajar cada noche frente a frente con el rey. Allí, desenredó las cuentas de Fouquet, aclarando sus malversaciones.

Luis necesitó dos meses para decidirse. En mayo, estaba resuelto a hundir al superintendente. Este se condujo con seguridad y orgullo, trabajando en su propia perdición: vendió su cargo de Procurador General en el Parlamento, que le hacía casi inviolable, y ofreció a Su Majestad una fiesta incomparable en su castillo. Deseaba impresionar así al joven rey, por su gloria y su fasto. Pero el espectáculo de los jardines, de los bailes, de los fuegos, de los juegos de agua, irritó al rey, que comparaba sus vetustas estancias con este palacio de sátrapa.

El odio de Luis XIV persiguió entonces al superintendente hasta su fortaleza de Belle Isle, donde el 5 de septiembre fue detenido por los mosqueteros. Tres años después se abrió el proceso de Fouquet. Queriendo Luis ofrecer un terrible ejemplo a los malos servidores de la corona, dejó a Colbert escarnecer injuriosamente a la justicia: el ministro desapareció en el fondo de la fortaleza de Pignerol y jamás salió de ella.

Juzgado demasiado importante el cargo de superintendente, fue suprimido y reemplazado por el de «interventor de hacienda». Una época se había acabado. Después del último sobresalto del feudalismo, Luis XIV iba a gobernar con la «plebe y la baja burguesía», como escribió el duque de Saint Simón.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IV La Gran Aventura del Hombre

Cardenal Mazarino Ministro y Tutor de Luis XIV de Francia Obra

RESUMEN DE LA VIDA Y OBRA DEL CARDENAL MAZARINO, MINISTRO DE LUIS XIV

ANTECEDENTES: La segunda parte del siglo XVII francés, período que sería llamado el «Gran Siglo» por los historiadores, se caracteriza durante sus diez primeros años por una crisis que conmovió a la monarquía como raramente lo había sido antes ni lo volvería a ser después, hasta la Revolución de 1789.

Es una de las pocas veces, durante toda la historia de Francia, en que la monarquía encuentra levantados frente a ella, tanto al Parlamento burgués como a los Príncipes, sostenidos por el pueblo. Todos se sentían cansados de la mano de hierro que Luis XIII había mantenido sobre ellos por medio de su ministro Richelieu. Para defender la corona real se encontró un prelado extranjero, el italiano Mazarino, cuya inteligencia y energía redujeron las intrigas y violencias.

Cuando el pequeño Luis XIV llegó a la edad de ocupar el poder, conservaba de su infancia el horror al desorden y a toda veleidad de independencia. Con una voluntad sistemática establecerá los fundamentos de un absolutismo como Francia no le había sufrido jamás.

cardenal frances mazarino

Giulio Mazarino
Giulio Mazarino o Jules Mazarin (1602-1661), político y cardenal francés que controló el gobierno francés durante la minoría de edad deLuis XIV y ayudó a transformar a Francia en la potencia predominante de Europa.El poderoso cardenal francés de origen italiano Giulio Mazarino gobernó el reino
durante la minoría de edad de Luis XIV.

DOS ESPECIALISTAS  PARA UNIFICAR   UN   REINO
Mientras en Alemania los señores feudales aún tenían fuerza suficiente para impedir la unificación del Imperio, en Francia las cosas marchaban en sentido inverso: la nobleza se debilitaba gradualmente, consolidándose el poder de la monarquía sobre todo el reino.

Desde tiempos de Felipe IV el Hermoso, quien afianzó la obra de Felipe II Augusto, la idea de país iba cobrando cuerpo. Hasta entonces en la Edad Media, cada señor o noble tenía control absoluto sobre sus dominios —los feudos—. Pero, durante los tres últimos siglos, el poder de la nobleza iba siendo limitado. Aunque conservaban todavía algunos privilegios, barones y condes eran obligados a respetar una única autoridad “nacional”, el rey. Aun así, periódicamente la nobleza se rebelaba, reclamando o restableciendo sus antiguos privilegios y creando dificultades a las iniciativas del monarca.

Richelieu procuró subordinar enteramente la nobleza al poder central. Pero el tiempo era corto. El rey envejecía y el propio Richelieu sentía disminuir sus fuerzas, sin que la monarquía francesa hubiese alcanzado el poder absoluto que consideraba indispensable para el fortalecimiento del Estado.

Se hacía imprescindible crear condiciones para que el futuro monarca pudiese continuar la obra. Uno de los obstáculos ya habla sido sorteado: la falta de un heredero directo del trono. Si Luis XIII hubiera muerto sin dejar hijos, la situación se habría complicado, pues la corona habría pasado al hermano del rey, en quien Richelieu no confiaba.

Había ahora una criatura de algunos días de vida. Pero eso solo no bastaba para asegurar la continuidad de la política incitada por el cardenal. Richelieu pensaba que sin un buen consejero ningún soberano se podría conducir con eficacia. Por eso necesitaba preparar con urgencia un sucesor para su propio cargo.

Había un solo hombre que estaba en condiciones de sucederlo: Giulio Mazarino, experto diplomático italiano que había sido soldado en los ejércitos del papa y que por entonces representaba al pontífice en París. En la larga convivencia con el italiano, Richelieu comprobó la perfecta identificación que Mazarino iba adquiriendo con él. La probada habilidad de Mazarino haría de él un continuador ideal de sus proyectos.

Era necesario “afrancesarlo” y aumentar su prestigio, para tornarlo en un consejero viable para el futuro rey de Francia. En 1640, Richelieu manda cambiar su nombre por el de Jules Mazarin y consigue su elevación al rango de cardenal. Esto se produce en el momento preciso: Richelieu fallece dos años más tarde y, al año siguiente, deja de existir también Luis XIII.

Ana de Austria

EL ULTIMO DESAFIO DE LA NOBLEZA
“¡Luis XIII ha muerto, viva Luis XIV!”. Resuenan nuevamente los tambores en las plazas públicas, mientras los heraldos proclaman el nombre del nuevo rey. El monarca tiene sólo cinco años. Corresponde a su madre gobernar provisionalmente, hasta que el rey alcance la mayoría de edad. No muy interesada en los asuntos políticos, la Reina Ana entrega el poder efectivo a ese personaje todavía relativamente oscuro, el cardenal Mazarino. Consta que las relaciones de la reina con su primer ministro eran más que amistosas. El hecho es que Mazarino no pierde tiempo y aplica paso a paso la política de Richelieu.

Luis XIII de Francia

Crea nuevos impuestos y tasas para los nobles, a fin de obtener fondos y reducir  aún   más  sus   privilegios.   Y concentra en sus manos una gran cantidad de poderes que, según explica, serán transferidos a Luis XIV en cuanto éste suba al trono. Mazarino se destaca pronto. Concluye con Alemania los tratados de Westfalia, poniendo fin a la llamada Guerra de los Treinta Años, que a partir de un conflicto entre los príncipes alemanes y los Habsburgo se había transformado en un conflicto continental, pues comprometía prácticamente a todos  los  países  europeos.

Los obispados de Metz, Toul y Ver. dún eran reconocidos como parte del reino de Francia y lo mismo ocurría con Alsacia, que se convertía en un enclave francés en medio de territorios germánicos. El poderío español también se reducía, ya que perdía gran parte de su influencia en los Países Bajos.

La guerra fue financiada por medio de pesados tributos, que afectaban tanto a los varios sectores de la nobleza como a los comerciantes, campesinos y artesanos. A partir de 1646, por ejemplo, todas las mercaderías que entraron en París fueron tasadas. Apoyándose en la burguesía, con la cual entablaron un pacto momentáneo (ambas clases tenían intereses opuestos), los nobles se rebelaban contra Mazarino con el concurso de la población de París.

Sintiéndose poco segura en palacio, la regente manda aprontar un carruaje y, llevando consigo a su hijo, logra atravesar la ciudad y refugiarse en la pequeña villa natal de Luis XIV, Saint-Germain-en-Laye (el pequeño rey no olvidará jamás el miedo que le produjo el levantamiento de París y de la nobleza: toda la vida tratará de domesticar a esta última y nunca se encontrará a gusto en la capital).

Se trataba de la llamada Fronda, rebelión capitaneada por la nobleza contra el poder creciente de la monarquía. Expulsado de París por los nobles, el joven rey Luis XIV fue, no obstante, traído de regreso por un príncipe, Conde. En desacuerdo con la revuelta, Conde afirmaba no tener nada contra el futuro soberano, y sí contra Mazarino. Exigió que fuese echado de Francia. En condiciones de inferioridad, Mazarino se exilió voluntariamente y comenzó a preparar  cuidadosamente   su  retorno.

Mantenía intensa correspondencia con la reina y su hijo, y daba instrucciones precisas en cuanto a la manera de enfrentar a la Fronda. En setiembre de 1651, probablemente debido a su consejo, Luis XIV declara oficialmente terminado el período de la regencia materna y asume todos los poderes de monarca. Tiene apenas trece años.

No tardará en llamar a París al fiel consejero de la corona (fiel, aunque se enriquezca a su nombre). Desde entonces, Mazarino se convierte en la “eminencia gris” del reino, el verdadero gobernante y preceptor del rey. Sólo otra personalidad se hace tan conocida —y odiada— como la suya en los años siguientes: la de Nicolás Fouquet, superintendente de Finanzas, a quien Mazarino encarga la importante tarea de recaudar los impuestos.

Mazarino enseña a Luis XIV a mantener siempre equilibrado el tesoro real, a rodearse de hombres competentes, interesados en desarrollar el comercio y las manufacturas, y a escoger a sus asesores sobre todo entre los burgueses, que, según él. merecen más confianza que la gente de  la   nobleza.

Luis XIV de Francia

No podía haber mejor alumno que Luis XIV. El monarca participaba de las reuniones del consejo a título de “enseñanza práctica” y daba su parecer sobre los asuntos en discusión.

A partir de cierto punto, su opinión divergía frecuentemente de la de los consejeros, lo que provocaba algún malestar en la sala del conseje en definitiva, Luis no era más que un muchachito. Empero, se hacía difícil distinguir dónde terminaba el entrenamiento y dónde comenzaba a expresarse   la   soberana   voluntad   real.

CUANDO  EL  DISCÍPULO APLICA LAS DOCTRINAS DEL MAESTRO
Antes de “diplomarlo”, Mazarino juzgó necesario escoger para él una esposa. Luis ya tenía su elección hecha: María Mancini, joven y bella sobrina del cardenal. Pero éste era contrario a las complicaciones que estos amores podían aportar. “¡Señor, os he recomendado apoyaros sobre los burgueses —dice— pero no sobre las burguesas! …” Mazarino insiste en que el monarca encuentre esposa en las familias reales de Europa. El casamiento es un asunto de Estado, un asunto por demás complicado para confiarlo exclusivamente a los sentimientos.

Mazarino ha iniciado gestiones ante Felipe IV de España: Luis XIV se casará con la princesa María Teresa, recibiendo a cambio territorios españoles de los Países Bajos, además de una pequeña dote de… ¡medio millón de escudos de oro! Al menos teóricamente, la transacción deberá asegurar la paz entre los dos reinos. La ceremonia se realiza en 1660.

Boda de Luix XIV y María Teresa

Boda de Luix XIV y María Teresa

Luis, que había jurado a María una fidelidad eterna, la dejó marchar, entre lágrimas. El corrió a ocultar sus lágrimas a Chantilly, enviando a su bienamada patéticas cartas de amor. Hizo falta, durante meses, toda la ternura de Ana de Austria, toda la sutileza, todas las reprensiones del Cardenal para que el rey consintiese, por fin, en renunciar a María, aceptando ofrecer su mano a la insípida María Teresa. El 9 de junio de 1660, unos esponsales dignos de un cuento de hadas unían a la Infanta de España y al Rey de Francia. María Teresa, desde el día siguiente de su boda, manifestó por su esposo una adoración ingenua y enojosa, que se prolongaría hasta sus últimos días.

EL FIN DE MAZARINO
El rey fue siempre un dócil alumno de Mazarino. Este se comportaba como verdadero monarca. Nadie tenía acceso libre a él, quien solicitaba una gracia debía dirigirse al Cardenal y no a Luis; su salud declinaba de día en día, pero su fasto jamás había aparecido tan esplendoroso. Victorioso frente a Austria y España, todavía encontró tiempo para pacificar el norte de Europa, restableciendo el equilibrio entre Suecía, Polonia y Dinamarca.

Sintiendo entonces próximo su fin, contempló la muerte con grandeza, suspirando solamente a la vista de las maravillas de su colección de cuadros: «Es necesario, pues, dejar todo esto». «Nunca, dijo más tarde Voltaire, hubo en una corte más intrigas y esperanzas que durante la agonía del cardenal Mazarino».

El superintendente Fouquet, protegido por la reina madre, creyó que sucedería al italiano, pero Colbert estaba firmemente resuelto a obstaculizarle el camino y a aprovechar la oportunidad. El día 7 de marzo, Mazarino se despidió noblemente del rey y de la reina madre.

Luis XIV lloró mucho, pero cada uno de sus ministros, acechando en su rostro una señal sobre la que fundar sus esperanzas, quedó decepcionado. El Cardenal se extinguió el 9 de marzo, habiendo llevado a fin la obra de Luis XIII y de Richelieu. Entre las manos del rey de Francia ponía la corona más poderosa de Europa.

PARA SABER MAS…
LAS DIFICULTADES FINANCIERAS EN LA ÉPOCA DE MAZARINO
Mazarino se encontraba frente al enojo de la nobleza y, además, frente a las dificultades económicas que había heredado de su predecesor. Este había concedido a estas cuestiones un mediano interés. El «estado de previsión» establecido cada año no comprendía todos los gastos ni todos los ingresos. Había cajas distintas, cuentas especiales a las cuales estaba afectado un ingreso determinado.

El paso de gente de guerra o una mala cosecha comprometían su percepción, por lo que se imponía encontrar nuevos recursos. Los gastos impagados, los ingresos no cobrados eran diferidos de año en año. Hubieron de aumentarse los impuestos de 17 a 69 millones, acrecentar el número de gravámenes. Pero todo fue insuficiente. La productividad del país era mediocre: el reino estaba siempre en el límite de la subsistencia y al borde del hambre endémica; la población permanecía subalimentada.

Para mantener sus ejércitos, Mazarino hubo de recurrir a métodos detestables, pidiendo prestado dinero a los banqueros, autorizando a éstos a percibir determinados impuestos. El rey ponía entonces a su disposición agentes del fisco y, a veces, hombres armados oprimían con impuestos a los campesinos hambrientos. En 1643 y 1644 hubo revueltas y motines en Rouer-gue, Poitou, Saintonge y el Angoumois. Pero la crisis financiera, lejos de disminuir, se agravaba. Particelli d’Emery, financiero de origen italiano, nombrado superintendente, se las ingenió para encontrar recursos nuevos mediante la venta de oficios inútiles y reducciones de emolumentos.

Exhumó una vieja ordenanza de Enrique II prohibiendo la construcción de casas junto a las murallas de París por razones militares; los propietarios de los suburbios hubieron de pagar una multa en virtud de este Edicto (Edit du Toisé), lo que provocó motines (1644). Una nueva tasa, la de los «Acomodados», afectó a los financieros, pero fue necesario renunciar a ella rápidamente ante las protestas generales.

El Parlamento de París se puso a la cabeza de los descontentos. En 1647, cuando habían comenzado las negociaciones de Westfalia, se promulgó otro Edicto que gravaba los derechos de consumo sobre todas las mercancías que entraran en París.

En fin, en 1648, con ocasión de la renovación de la Paulette (tasa anual pagada por los magistrados, que garantizaba la herencia de sus cargos), se decidió que, en lugar de pagar este derecho anual, los oficiales de los Tribunales (Tribunal de Cuentas, Tribunal de Impuestos Indirectos, Gran Consejo) abonarían cuatro años de sueldo. Aunque el Parlamento de París había sido exceptuado de esta medida, un poco excesiva, no impidió que se solidarizara con sus colegas.

Historia Moderna Renovacion cientifica, grandes exploraciones marítimas, inventos

Historia Moderna Renovacion Científica, Grandes Exploraciones Marítimas

 Resumen de la Edad Moderna
La Imprenta
El Renacimiento
Leonardo Da Vinci y Miguel Ángel
El Humanismo
La Guerra de los Treinta Años
La Guerra de Los Siete Años
Independencia  de los EE.UU.
Las Reformas y Contrarreforma
La Renovación Científica
Los Matemáticos y Físicos
Exploradores y Aventureros
La Formación de los Estados Modernos
La Casa de Austria y sus Reyes
Civilizaciones Americanas: Mayas Aztecas Incas
El Siglo de Oro Italiano
El Siglo de Oro Español
La Inquisición Española
Vida Cotidiana en la Edad Moderna: Madre e hijos
Inglaterra: Gloriosa Revolución
Francia: El Absolutismo
La Compañía de las Indias Orientales
La Ilustración
El Despotismo Ilustrado
La Casa de Borbón
La Revolución Industrial
La Revolución Francesa
Napoleón Bonaparte
Inventos Destacados de la Edad Moderna 
Genios del Arte
Ricas y Poderosas Familias Renacentistas

Biografia de Gutenberg Impresión de la Biblia Caracteres Moviles

Biografía de Gutenberg – Impresión de la Biblia

Johannes Gutenberg (hacia 1398 – 3 de febrero de 1468) fue un herrero alemán,
inventor de la imprenta de tipos móviles en Europa (hacia 1450).
Su primer y mejor trabajo fue la Biblia de 42 líneas.

gutenberg, inventor de la imprenta

“La imprenta es un ejército de veintiséis soldados de plomo con el que se puede conquistar el mundo”

La invención de la imprenta es el último eslabón de una larga cadena de descubrimientos. Comienza con el papel, fabricado por los chinos primero con los desechos de seda o con corteza de los morales, que apareció en el mundo occidental en el s. XII, ya mejorado con la utilización del cáñamo.

La xilografía, también de origen chino, llega a Europa en el s. XIV y permite la impresión en tela o papel a partir dé los relieves tallados sobre madera. Los progresos de la metalurgia preparan el último descubrimiento.

El orfebre maguntino Johannes Gutenberg es el primero en fabricar líneas con caracteres metálicos. A partir de entonces se abren talleres de imprenta en toda Europa.

Los primeros maestros fundidores, como Elzevier en La Haya o Aldo Manuzio en Venecia, construyen sus propios caracteres: los pioneros de la imprenta, en la encrucijada entre el arte, el pensamiento y la técnica, son, a su manera, unos auténticos humanistas.

Son ellos los que favorecen la difusión de los autores antiguos, que interesan a un público cultivado, cada vez más numeroso en los a. XV y XVI. El desarrollo de la imprenta coincide, efectivamente, con la creación de muchas escuelas y universidades.

La prensa de Gutenberg amplió las posibilidades de las técnicas de impresión mediante grabados de madera en uso al permitir imprimir varios materiales de forma rápida. Gutenberg, era un obrero metalúrgico de Maguncia, produjo su primer libro impreso, la llamada Biblia de Gutenberg, en 1454.

Dedicó tres años a imprimir 180 ejemplares de esta Biblia en latín, el mismo tiempo que hasta la fecha habían dedicado los amanuenses a producir una única versión manuscrita. En la Feria del Libro de Frankfurt de 1455, una de las ferias del sector más antiguas del mundo, Gutenberg vendió sus ejemplares producidos en serie y obtuvo pingües beneficios. Sin embargo, siempre fue un hombre de negocios pobre y, cuando la muerte le sorprendió en 1468, se hallaba casi en la ruina, pues la imprenta estaba en manos de su antiguo socio, Johann Fust.

El invento de Gutenberg no solo contribuyó a la difusión de la teología, sino que propició la proliferación de las publicaciones científicas y con ello echó a rodar la revolución científica que acontecería en los siglos venideros.

PROVOCÓ UN ENORME
CAMBIO CULTURAL
LA IMPRENTA ES LA BASE DE LA
LIBERTAD DE EXPRESIÓN
MANTIENE SU VIGENCIA EN PLENA ERA ELECTRÓNICA

 ¿Cuándo y dónde comenzó Johannes Gutenberg a concebir su imprenta? Aunque las noticias sobre su vida son escasas, la documentación que se conserva dice que la historia de su invento comienza en la ciudad de Estrasburgo (actual Francia). Gutenberg se habría establecido allí en 1434, procedente de Maguncia (Alemania), su ciudad natal. En Estrasburgo, Gutenberg formó un taller de orfebrería junto con otros socios.

Además de las técnicas propias de su oficio -el tallado de gemas y la manufactura de lentes y espejos-, el inventor dedicaba parte de su tiempo a explorar técnicas de impresión, a las que calificaba como “Nuevo Arte”. Llevado por su interés, Gutenberg no dudó en tomar cien gulden (moneda de los Países Bajos) de la caja de caudales del taller para continuar, en el mayor de los secretos, con sus experimentos.

Cuando sus socios en el negocio de orfebrería, los hermanos Georg y Klaus Dritzehn, conocieron el hurto, interpusieron una demanda judicial contra Gutenberg por el uso indebido de los fondos. Es probable que los Dritzehn aportaran como pruebas algunos materiales impresos creados por Gutenberg en horas de trabajo.

Se sabe que el juez anotó que Gutenberg “había comprado plomo para fabricar piezas que se separaban y se fundían”.

En el documento judicial también se citaba la existencia de un “artilugio para prensar”. Las pruebas fueron concluyentes: Gutenberg perdió el pleito y tuvo que abandonar Estrasburgo.

Mucho antes de que Gutenberg iniciara sus experimentos tipográficos, los hombres de las primeras civilizaciones ya se interesaron en fijar las letras y los signos de sus primitivos alfabetos en soportes adecuados que facilitaran la lectura.

Uno de los primeros pictogramas de que se tienen noticia data del año 3.500 a.C y es una tablilla de piedra caliza grabada que fue hallada en el país de Kush (actual Sudán). Más tarde los sumerios desarrollaron ideogramas -símbolos que representaban ideas- en un número cercano a los 2.000, que grababan con sellos sobre tablillas de barro cocido. Más tarde, los egipcios primero, y luego los romanos, perfeccionaron la técnica de esculpido sobre piedras, arcillas y mármoles con la creación de los primeros tipos de letra. No faltaron quienes vieron en estos intentos los precedentes de la moderna tipografía.

En la Europa medieval, los primeros grabados de madera realizados aparecieron después de las Cruzadas (1200). Se usaban para imprimir naipes. calendarios v estampas.

LOS PRIMEROS EN USAR LA TINTA, LOS MOLDES Y EL PAPEL FUERON LOS CHINOS Pero, sin duda, el precedente inmediato a la imprenta de Gutenberg hay que buscarlo en China. Se sabe que mucho antes de que la imprenta llegara a Occidente los chinos ya disponían de los tres elementos básicos para poder imprimir un texto: el papel, tintas y colorantes, y los moldes de los signos o imágenes que debían fijarse sobre la superficie que serviría para la lectura.

¿Cómo se fabrica el papel? El pergamino, debido a su poca flexibilidad y finura, no se puede utilizar en la imprenta, lo que hace indispensable el papel. Los italianos de Fabriano aportan las mejoras necesarias, utilizando para la pasta pedazos de lino y de cáñamo. Las nuevas colas de origen animal dan al papel la tersura necesaria.

Desde Fabriano, estas técnicas se extienden por toda Europa, beneficiándose de la abundancia de trapos, debida al uso generalizado de la lencería. ¿Quiénes son los precursores de Gutenberg? La novedad de la imprenta reside en la noción de «composición», o sea, en la utilización de caracteres móviles. Ahora bien, la idea hacía tiempo que estaba en el aire. Los chinos ya habían construido matrices en madera.

En Europa, el holandés Laurens Janszoon, llamado Coster, lo intentó entre 1423 y 1437, pero la madera no es un material lo suficientemente dúctil y los progresos vendrán con el uso del metal, gracias al trabajo de acuñadores y orfebres. Aunque Gutenberg es el primero en realizarlos, no hay que olvidar la importancia de Schóffer, colaborador suyo, ni la de Procopio Waldoffel, que en la misma época realizaba en Aviñón las mismas investigaciones.

La invención de la imprenta no es obra de Gutenberg. Pero suyo es el mérito del descubrimiento de lo tipografía, que permite la impresión de un conjunto de caracteres móviles en relieve. Un obrero coloca las motrices de manera que formen líneas; después Otro entinto los caracteres y pone uno hoja de papel. La tinta esté hecha de negro de humo, de trementina y de aceite de nuez o de lino.

A pesar de la indignación de los copistas parisienses, la universidad de París llama a los colaboradores de Gutenberg: la primera prensa Se instalo en la Sorbona en el alto 1470. Pero los libros cuestan curas; una Biblia en latín, 10 ducados (6.000 pesos de ahora),, y los textos de Virgilio, 2 ducados (1.200 pesos).

¿Cuáles son los primeros caracteres? El diseño de los caracteres de las primeras imprentas imita la escritura manual de la época, que el Renacimiento llama con cierto desprecio escritura gótica: el tipo utilizado en Renania, la redonda italiana y la cursiva. El gótico dejará pronto de utilizarse en Francia y en Italia, ocupando su lugar nuevos tipos. Entre éstos, los más célebres son el romano, llamado así porque fue grabado por primera vez en el monasterio de Subiaco, cerca de Roma, y el itálico, los caracteres inclinados impuestos por Aldo Manuzio.

¿Existía el libro antes de la imprenta? Si bien el invento de Gutenberg extendió rápidamente el número de lectores, éste era ya considerable. La lectura fue más bien causa que consecuencia del descubrimiento. La demanda de libros baratos aumentó desde el s. XIII, paralelamente al desarrollo de la vida universitaria. Algunas librerías tienen verdaderos talleres de producción con que aprestan el pergamino, otros que copian el  texto y los que se encargan de las ilustraciones. A comienzos del s. XV, un librero de París pudo ofrecer 300 ejemplares manuscritos a la Facultad de Arte.

¿Cuáles son las tiradas de la época? La imprenta, al abaratar el precio de los libros, permite una importante labor de difusión. En el s. XV, las tiradas medias son de 500 ejemplares; en el s. XVI, de 3000. La producción a finales del XV se sitúa entre 15 y 20 millones de libros; para el conjunto del siglo siguiente se estima entre 150 y 200 millones.

¿Qué debe el Renacimiento a la imprenta? El retomo a los antiguos valores tiene un eco favorable entre los impresores. En Venecia. la imprenta Aldine publica, de 1495 a 1515. 27 ediciones de autores griegos. En Francia, sólo en 1530, aparecen textos de 40 autores griegos de los que 32 se publican en. lengua original

¿Cuándo aparece la prensa? Las “noticias”  existen mucho antes que la imprenta. Se trata de hojas manuscritas, probablemente de origen italiano y a menudo relacionadas con el gran comercio. Los bancos, para facilitar sus operaciones, hacen circular boletines de filial en filial, los avisi. Marino Sanudo sistematiza esta práctica imprimiendo en Venecia, a finales del XV, sus famosos diarii.

En Alemania, con ocasión de las grandes ferias hanseáticas, se publican las Messenrelationen, que informan a los mercaderes sobre todo lo que puede afectar a su negocio. La imprenta posibilita también en el s. XVI una floración de folletos que narran acontecimientos tales como la subida de un rey al trono o el paso de un cometa. La invención de las matrices de impresión de tipos móviles fue vital para el progreso cultural e intelectual de Europa, ya que puso la literatura de la época al alcance de un público mayor y permitió la difusión de distintas versiones de la Biblia.

¿Hay una literatura polular? El primer libro impreso es la célebre Biblia a «42 líneas» de Gutenberg, y la religión y los autores antiguos alimentan las primeras tiradas. Pronto aparecen, junto a vidas de santos, almanaques y narraciones de caballerías, más o menos inspiradas en la Chanson de Roíand o en el ciclo del rey Arturo. Los gustos de los lectores provocan la aparición de un género nuevo. la obra de actualidad, los relatos de guerra o de viajes maravillosos, que el público se rifa. Para los que no saben leer, los narradores locales se inspiran en toda una literatura de buhonería llena de princesas prisioneras y de valientes caballeros.

¿Qué es la tafia dulce? Nuevos métodos de impresión logran una más amplia difusión de las obras de arte, Transformando las relaciones entre artistas y público. Ya en el s. XIV se podían imprimir dibujos gracias a los relieves tallados en la madera. El xv ve aparecer, en Italia, el grabado en talla dulce. La técnica consiste en grabar un dibujo con un buril sobre una placa de cobre, consiguiendo, gracias a las entalladuras más o menos profundas, reproducir las tonalidades de una pintura. Más adelante, con Durero como pionero, el aguafuerte reemplaza el trabajo del buril por el del ácido, que ataca a las partes de la placa que no están protegidas con un barniz.

CURIOSIDADES:
POR SIEMPRE SOLTERO A Johannes Gutenberg lo persiguió el infortunio. En 1449, harto de los problemas judiciales por su proyecto de imprenta de tipos móviles y traicionado por sus socios, se fue de Estrasburgo y regresó a Maguncia. Allí no tuvo mejor suerte: fue acusado de faltar a una promesa de matrimonio. Gutenberg perdió el juicio sobre ese asunto, y nunca se casó.

UN FIEL PROTECTOR Al final de su vida, Gutenberg quedó parcialmente ciego. El elector Adolph von Nassau, que apreciaba la prodigiosa difusión e importancia de su invento, lo protegió y le proporcionó los medios necesarios para subsistir.

IRONÍA DEL DESTINO El nombre de Gutenberg no sólo fue empleado por Me Luhan para definir una “Galaxia” basada en los medios de comunicación: ahora se usa para el Proyecto que pondrá, a disposición de todo el mundo, miles de libros digitales en Internet (www.promonet.pg). Bautizar al proyecto con el nombre del inventor puede ser considerado paradojal pero, también, como un homenaje.

LA VENTA DE LIBROS No se conoce con exactitud la fecha en que comenzó la venta de los primeros documentos tipográficos. Una opinión generalizada apunta al llamado Calendario astronómico, cuya fecha de edición es 1498.También se conservan dos bulas papales caracterizadas con los cánones tipográficos y compositivos empleados por Gutenberg. Su publicación fue establecida entre 1452 y 1455. En cuanto a los tirajes de la época, se sabe que la impresión de 300 ejemplares era bastante para el siglo XV.

LA BIBLIA, EN INTERNET La Biblia de Gutenberg, o Biblia de 42 líneas, puede consultarse en la Red gracias a una iniciativa de la Biblioteca Británica que, desde 1829, guarda dos copias completas y un importante fragmento de otro de los pocos ejemplares que quedan en el mundo. En marzo de 2000, técnicos y expertos de la universidad japonesa de Keio y de la compañía NTT digitalizaron las páginas de este incunable. De esta manera, se garantiza que los valiosos originales no se deterioren y, además, que estén al alcance de todos. Más información-,www.prodigi.bl.uk/gutenbg

PRIMEROS BEST SELLERS

Tapa de primeros librosTratándose del período anterior a la invención de la imprenta, para tener una idea aproximada de la difusión de una obra hay que averiguar el número de manuscritos de la misma que se han conservado y hacer conjeturas sobre los que debieron de existir; así, por ejemplo, sabemos que las Etimologías de San Isidoro fue uno de los libros más divulgados de la Edad Media porque de él se conservan más de mil manuscritos, lo cual permite suponer que existirían más de diez mil.

A partir de la época de Gutenberg, basta conocer el número de ediciones y la tirada de cada una de ellas para tener una noción mucho más exacta de los ejemplares de un libro determinado que llegaron a circular; pero no siempre estos datos son tan fáciles de averiguar, ni son tan reveladores como podría suponerse a simple vista: de una parte, porque a menudo se ignoran las cifras de tirada, y de otra, porque en determinados casos estas cifras no reflejan el entusiasmo de muchos lectores por una obra, sino la necesidad de ésta debido a su carácter de libro de consulta o de texto escolar para algunos sectores especializados de público. Portada de una edición de 7 780 del Elogio de la locura, de Erasmo de Rotterdam.

Sería, pues, abusivo considerar como best seller las citadas Etimologías para la Edad Media o, en los primeros años de la imprenta, ciertos manuales como las gramáticas latinas, de las que un impresor de Colonia llegó a publicar veinte ediciones en sólo cuatro años.

En la segunda mitad del siglo XV, la tirada de un libro solía ser de unos doscientos ejemplares como término medio, y el veneciano Aldo Manuzio fue el primero en hacer ediciones mayores con regularidad, aproximadamente del orden del millar de ejemplares. Estas cifras fueron aumentando progresivamente.

En el siglo XIX se consideraba como un gran best seller el libro que tenía una venta de unos cincuenta mil ejemplares en un año, y hoy día los best seller de alcance universal sobrepasan holgadamente el millón de ejemplares anuales vendidos.

El primer best seller de la historia de la imprenta fue un libro de devoción, la Imitación de Cristo, atribuido a Tomás de Kempis; la edición príncipe de esta obra está fechada en 1473, dos años después de la muerte de su autor, y antes de terminar el siglo XV se habían hecho de ella noventa y nueve ediciones.

A comienzos del siglo XVI es Erasmo de Rotterdam quien bate todos los récords de edición: sus Adagio, conocen treinta y cuatro ediciones de mil ejemplares cada una entre 1500 y 1520, y los Coloquios familiares, veinticinco ediciones entre 1518 y 1522. El Elogio de la locura supera aún estas cifras, enormes para la época.

A medida que avanza el siglo XVI hay otras obras que gozan de una inmensa popularidad entre el público lector y que van desplazando a los libros de Erasmo; entre las obras propiamente literarias o de imaginación, cabe citar al modelo de todos los libros de caballerías, el Amadís de Gaula, con más de treinta ediciones españolas en el curso del siglo, y el poema de Ludovico Ariosto Orlando furioso, que en los diez años siguientes a su versión final (1532) fue objeto nada menos que de treinta y seis reimpresiones.

primeros librosPero, sin duda alguna, los libros que tuvieron más difusión en esta época no fueron novelas ni poemas, sino obras de carácter estrictamente religioso, y en este género Lutero se convirtió en el autor más vendido de su siglo.

Ya en 1517 sus 95 tesis aseguraron la prosperidad de la pequeña imprenta que Hans Lufft poseía en Wittenberg, y sus obras posteriores tuvieron un éxito sin precedentes: del Sermón sobre las indulgencias se hicieron treinta ediciones y, en 1520, de su exhortación a la nobleza cristiana sólo en cinco días se vendieron cuatro mil ejemplares.

Pero el gran best seller de Lutero fue su traducción de la Biblia; del Nuevo Testamento se sabe que se vendieron cinco mil ejemplares en pocas semanas, y en los dos años siguientes se hicieron ochenta ediciones más, la inmensa mayoría de ellas piratas.

Portada del Amadís de Caula, una de las novelas de caballerías más
difundidas en el siglo XVI en Europa, en una edición veneciana de 1533.

El Antiguo Testamento tuvo también mucho éxito, pero no se conocen las cifras de ventas. En conjunto, de toda la versión luterana de la Biblia, solamente en vida del reformador se hicieron cuatrocientas treinta ediciones.

Primeras Armas de Fuego Uso de la Polvora Mosquete Pistolas Usos

El origen de las armas de fuego es oscuro, parece que los chinos en el siglo XI ya conocían la polvora (salitre, azufre y carbón)  pero su uso no era bélico. Los árabes la introdujeron en Occidente en le siglo XIII, y el erudito Roger Bacón habla de ella en el año 1249. Los primeros cañones eran muy rudimentarios y muchas veces fallaban y eran mas peligrosos para los que los usaban que para los enemigos.

El invento más importante es el del arcabuz de mecha que apareció rápidamente en ese mismo siglo y se convirtió en la principal arma de fuego de la infantería durante los doscientos cincuenta años siguientes. Introducida en Japón y en Oriente hacia el año 1600. este arma se emplea todavía en nuestro tiempo en ciertas regiones retrasadas. El arcabuz (del alemánHakenbüchse. o arcabuz de garfio—el sentido de garfio no está muy claro) se componía de un cañón de hierro montado sobre una culata que se apoyaba en el pecho.

Aplicado a una llave, el gatillo caía sobre la cazoleta y el oído, que contenían la pólvora de cebo, por la acción del resorte. El estrépito y la nube de humo sulfurosa que se producían cuando se inflamaba la carga era suficiente para convencer a cualquiera del carácter diabólico de este invento.

Aun cuando los soldados dilapidaban su dinero para proveerse de talismanes que les protegieran de sus destrozos, el arcabuz no era un arma de precisión. Un observador avisado dice que “no mataban a nadie, porque los arcabuceros se contentaban con hacer ruido y disparar al azar”. Además, la mecha incandescente, que medía 9 pies de largo, se estropeaba con la lluvia y servía de punto de referencia al enemigo. Su peso y el hecho de que el polvorín podía humedecerse o desprenderse, planteaban verdaderos problemas. A pesar de todo, el arcabuz representaba un avance considerable sobre el cañón de mano tan poco manejable.

En el siglo XVI, fue perfeccionado con una línea de mira y una mecha más corta. En la larga lucha esporádica que enfrentó a Carlos V con los turcos durante la primera mitad del siglo XVI, los infantes españoles iban armados de picas y de arcabuces, a pesar de que las tropas de choque de los turcos, los jenízaros, eran igualmente unos arcabuceros de excepción.

Con una larga tradición en su haber, los españoles eran maestros en la utilización de la artillería masiva. Cañones y arcabuces tuvieron una gran importancia en la batalla de Lepanto, en 1571, que dio al traste con todas las ambiciones de los turcos.

MOSQUETE: Pero ya mucho antes de esta batalla, los españoles habían inventado un arcabuz de un nuevo tipo,el mosquete. Era un pequeño cañón de mano y de mecha, con un calibre de 2.54 cm. Debido a su peso, para dispararlo debía apoyarse sobre una horquilla y cargarle requería tres buenos minutos.

El mosquetero de esta época, cargado con una impedimenta de saquitos de pólvora, de cartucheras, de cuatro pies de mecha, tenía que hacer muchos preparativos antes de disparar. Aun cuando muy pronto se redujeron las dimensiones del mosquete, fue utilizado hasta finales del siglo XVIII en formaciones bastante similares; la primera fila hacía fuego al oírse la voz de mando y después se retiraba a un segundo plano para cargar de nuevo, mientras que la fila siguiente se adelantaba. Unidades especiales de piqueros protegían a los mosqueteros y se encargaban de dar el último asalto en la batalla.

La llave de rueda, inspirada, se dice, en un dibujo de Leonardo de Vinci, apareció en Nuremberg en 1520. Funcionaba como un eslabón’ una rueda movida por un resorte arrancaba chispas de un sílex; estas chispas encendían la pólvora de la cazoleta: actuaba con mayor rapidez que la mecha y resultaba menos embarazosa.

Pero el mecanismo era complejo y costoso y de hecho nunca mereció una gran aceptación como arma militar. Como compensación, estaba al alcance de quienes no podían adquirir otras armas más caras que eran verdaderas obras de arte. Carlos V, que gustaba mucho del fusil, hizo grandes esfuerzos por introducir el arte de su fabricación en Alemania y en España.

Demasiado complicada para convertirse en arma de guerra, la llave de rueda probó que tenía grandes posibilidades como fusil manejable con una sola mano y en 1540 se convirtió en lo que se llamaría pistola.

Hacia finales del siglo, la pistola, que medía al menos un pie de largo, era el armamento típico de los jinetes europeos, que semejantes a los reiter alemanes, equipados con una coraza, un casco y altas botas de cuero, comenzaban a sustituir a los suizos y a los lasquenetes.

De hecho, el papel de la caballería, incapaz de resistir al arcabuz y al mosquete, había ido eclipsándose hasta la aparición de la pistola.

Durante las guerras de religión francesas, después de 1562, la caballería recuperó su posición, y los hugonotes la empleaban en sus columnas armadas de pistola y de espada, mientras que los jinetes católicos, hombres de caballo profesionales, practicaban la difícil caracola y cada fila disparaba por turno, para después retirarse a cargar de nuevo las armas.

Estas guerras, agotadora y larga secuela de ignominiosas matanzas, duraron hasta el edicto de Nantes, en 1598. Los hugonotes, faltos de artillería y de piqueros para proteger a los tiradores mientras volvían a cargar —lo que entonces tenía mucha importancia— recurrieron a tácticas sutiles, improvisando fortificaciones, utilizando pesados mosquetes en filas cerradas, casi como en batería y colocando en las alas y entre la caballería a grupos de arcabuceros con el fin de romper las formaciones de caballería enemigas.

La misma historia se repitió durante la sublevación de los Países Bajos contra el dominio español (1568-1609), cuando los holandeses abrieron sus diques para inundar al enemigo, realizaron furtivos ataques en patines sobre los canales helados y fortificaban sus ciudades de forma tan eficaz que resistieron durante años. Su jefe, el joven Mauricio de Nassau, hijo de Guillermo el Taciturno, organizó el primer ejército holandés regular, al que exigía un largo entrenamiento y una disciplina severa y al que pagaba con regularidad.

Las compañías eran pequeñas y ágiles, provistas por partes iguales de picas y de mosquetes; los piqueros se mantenían a tres pies de distancia. Los diversos cambios debidos a la aparición de las armas de fuego alcanzaron su apogeo en la guerra de los Treinta Años (1618-1648), religiosa, para contaminar a toda Europa.

El soldado tipo era un mercenario de baja calidad, tan irregularmente empleado como pagado, que no tenía ni moral ni disciplina y sembraba el terror entre la población civil. Desde el tiempo de los vikingos no se había vuelto a ver un cúmulo tal de violencias. Sólo el ejército de Gustavo Adolfo de Suecia. allá por los años 1630, fue una excepción a esta regla. Era el primer ejército realmente nacional, con su uniforme amarillo y azul; tenía sus propias tropas permanentes, estaba bien entrenado y sus avances eran mérito exclusivamente suyo.

El principal acierto de Gustavo Adolfo radicó en la inteligente forma en que dispuso las armas, artillería, piqueros, mosqueteros y caballería, especialmente en la batalla decisiva de Breitenfeld. Se le deben también muchas innovaciones: los cartuchos preparados (en una camisa de papel) para sus mosqueteros, la munición pronta (en cajas de madera) para los cañones.

Los mosqueteros eran dragones a caballo ligeramente armados, que atacaban a pistola y después desmontaban para combatir a espada, maniobra militar copiada de los holandeses. Trató de aligerar el cañón, creando y después desechando una pieza de campaña recubierta de cuero que pesaba sólo 90 libras, equipando a cada regimiento de una pieza de cuatro, montada sobre ruedas, que lanzaba balas dobles.

Las guerras civiles de Inglaterra (1642-1649) no pueden ser comparadas con las del continente ni por su ferocidad ni por su técnica. Protegida por la flota, Inglaterra había postergado el desarrollo del arte militar. Las nuevas armas eran el fusil de cañón atornillado (que se abría para introducir la pólvora y la bala) y la llave de piedra. Hacia 1750, como probable resultado de las guerras, Inglaterra había conquistado un puesto preponderante en la fabricación de armas.

La llave de piedra, aparecida hacia 1630, quedaría incorporada a las armas de fuego hasta finales del siglo XIX. Presentaba la enorme ventaja de tener la cazoleta cubierta, con lo que la pólvora se conservaba siempre seca. La caída del sílex empujaba la tapa mientras producía la chispa que inflamaba el cebo.

Aunque resulta extraño, el fusil de batería “a la chenapan“, inventado un siglo antes, tuvo muy poco empleo militar. El fusil de batería “a la miquelete”, en el que la varilla sustentadora del gatillo formaba parte de la batería, fue empleado con éxito por los españoles, pero, por diversas razones, la llave de piedra no sustituyó a la llave de mecha en los ejércitos continentales hasta 1680 aproximadamente.

En Inglaterra, el mosquete de piedra “Brown Bess” fue oficialmente adoptado en 1690. Desde entonces se impuso el mecanismo de piedra, que demostró ser particularmente práctico para las pistolas. Cuando en 1660 terminaron las guerras de Inglaterra, Europa, por reacción contra el sangriento desorden de la época anterior, conoció un período de relativa calma.

Emerich de Vattel pudo escribir entonces: “Hoy es el ejército regular el que hace la guerra, y el pueblo, los campesinos y los ciudadanos no toman parte en ella y generalmente no tienen nada que temer de la espada enemiga.”

Las preocupaciones eran puramente políticas, la maniobra era preferida a la destrucción, ya que el soldado era un profesional disciplinado cuya vida no se podía arriesgar inútilmente. Louvois, ministro de la Guerra cíe Luis XIV, introdujo la formación en línea. Entrenadas por el famoso Jean Martinet, las tropas avanzaban en líneas de tres, al ritmo de ochenta pasos al minuto, todos los fusiles encañonados en un ángulo preciso y disparando un fuego de pelotón en cuanto se daba la orden. Una sola salva perfecta, como la de Wolfe, en Quebec, podía decidir el resultado de una acción. La pica había desaparecido y la reemplazó hacia 1700 la bayoneta de mango, mientras que el fusil de piedra seguía siendo el arma que respondía a todas las necesidades. Había nacido la infantería moderna.

La labor del gran ingeniero militar francés Sébastian Lepreste, conde de Vauban, ilustra el arte de la guerra en esta época. Construyó treinta y tres fuertes, ideó las paralelas, los caballeros y el tiro de rebote. Luis XIV y su corte solían instalarse en una colina cercana para seguir las últimas operaciones de Vauban.

Otro maestro en el arte de la guerra fue Federico de Prusia, cuyas tropas, reclutadas y no mercenarias, eran sometidas a una disciplina tan rigurosa que temían más a sus oficiales que al enemigo. El fue quien introdujo la artillería montada, una de las mayores innovaciones tácticas de aquel tiempo y utilizó eficazmente el mortero de campaña.

La batalla de Fontenoy (1745) llevó al lado de Federico a uno de los soldados y tratadistas militares más competentes de aquellos tiempos, Mauricio de Sajonia. Característico de aquellos tiempos era también la popularidad de los duelos, que generalmente se celebraban a pistola de piedra del mismo tipo, armas ligeras y seguras cuyo cañón octogonal medía 25 cm.

Durante la revolución americana reaparecieron ciertas pasiones ideológicas y métodos poco ortodoxos que caracterizaron el final de la época napoleónica. También es cierto que en Valley Forge, el barón von Steuben introdujo la disciplina en el ejército americano.

El mosquete de cañón liso era el arma de los dos bandos. Un regimiento inglés de quinientos “redcoats“, armado con Brown Bess, podía hacer salvas de ciento cincuenta disparos cada quince segundos lo que siempre producía un gran impacto en los americanos.

Por otra parte, los “redcoats” se encontraban con frecuencia ante situaciones en que la técnica del “riego” no servía gran cosa, por ejemplo cuando se enfrentaban en terreno accidentado con los americanos fronterizos que disparaban sus ráfagas mortíferas emboscados tras cada árbol o cada cerro al estilo de los indios.

He aquí la descripción que pudo hacerse de los carabineros de Daniel Morgan: “Salvajes y analfabetos, semejantes a pumas… calzados de botas grasientas de piel de gamo y vestidos con camisas de caza y gorros de piel.” A pesar de todo, fueron ellos quienes detuvieron a los ingleses en Freeman’s Farm en 1777.

Su famoso long-rifle Kentucky (la rotación imprimida a la bala por el rayado del cañón garantizaba la seguridad del tiro hasta 140 m.) procedía de la carabina más pesada, empleada durante mucho tiempo por los inmigrantes alemanes, que la habían introducido mucho antes en América, para la caza y el tiro al blanco. Ligera y graciosa, tenía una caja delgada, un ánima estrecha (calibre 40-45) y un cañón afilado de 5 pies de largo. A pesar del éxito de esta arma, no fue utilizada militarmente durante mucho tiempo.

Historia de los Primeros Tuneles Bajo Montañas Perforaciones

CONSTRUCCIÓN DE GRANDES TÚNELES BAJO MONTAÑA

Los caldeos, egipcios, indios, aztecas, griegos y romanos fueron famosos por sus trabajos bajo tierra, y las obras por ellos construidas parecen irrealizables cuando se piensa sólo disponían de útiles sencillos, no contando con perforadoras, compresores de aire, dinamita y tantas otras herramientas e inventos de la ingeniería moderna. Hoy todos los trabajos que parecían sueños para los antiguos se ejecutan tan fácilmente y con tanta frecuencia, que apenas se hace mención de ellos.

Veloces trenes transportan millares de pasajeros bajo altas montañas y sobre estuarios, puertos y ríos; se lleva el agua a las ciudades por túneles de kilómetros de longitud, y la tierra, bajo nuestros centros metropolitanos, es una colmena formada por pasajes subterráneos que sirven para transportar al tráfico o para conducir el agua, el calor, gas, electricidad y el correo.

Uno de los más antiguos túneles en el mundo fue construido por los romanos bajo el monte Salvanio, para transportar el exceso de agua del lago Pucino, sin salida natural. Tenía 5.600 metros de longitud, y en ciertos lugares corría a 181 metros debajo de la superficie. Se proyectó con un ancho de 2,70 metros y 4,50 de altura; pero cuando en 1862 fue abierto de nuevo, después de haber estado obstruido por siglos, se encontró que su sección era’ muy irregular. Según dice Plinio, se ocuparon en la construcción 30.000 hombres durante once años, y la mayor parte de los movimientos de tierra y rocas se hicieron con cestos cuya cabida no llegaba a 0,05 metros cúbicos.

El túnel de mayor longitud en el mundo es el del Simplón, bajo los Alpes, teniendo 20 kilómetros. Le sigue en longitud otro en Schemnitz (Hungría), construido para el abastecimiento de aguas de unas minas. Este tiene 16.432 metros de longitud, y su construcción duró noventa y seis años, desde 1782 a 1878, siendo, por tanto, la obra de esta clase que se ejecutó más despacio. En sección mide 4,35 metros de altura y 2,30 metros de ancho. Su coste fue de 5.000.000 de dólares aproximadamente, o sea unos 3.044 dólares por metro de longitud.

Los túneles como el del lago Pucino y el de Schemnitz son de fatigosa construcción, y a veces peligrosa, pero muy sencillos, comparados con la perforación a través de grandes montañas o bajo el mar o los ríos. En el primer caso generalmente se abren pozos verticales a distancias diversas y a lo largo de la línea proyectada, no sólo para sacar por ellos el material excavado, es decir, los escombros, sino también para alinear el túnel y ventilarlo durante los trabajos. Una buena ventilación a lo largo de los túneles es un factor de la mayor importancia.

Los pozos claro que no pueden construirse en el caso de perforar las montañas altas o en trabajos bajo el agua. Por tanto, hay que seguir otros métodos y procedimientos de construcción más o menos atrevidos.

La gran época de la construcción de túneles comenzó con los perfeccionamientos y desarrollo de los ferrocarriles; el aumento creciente de tráfico y la necesidad de transportarlo ha sido lo que estimuló a los ingenieros y constructores.

La perforación de los primeros túneles debió presentar grandes dificultades y dura labor, por no tener ia experiencia adquirida en nuestros días. Los hombres trabajaban con picos y barrenos de mano, a la luz de un candil, rodeados por la obscuridad, sin protección para los desprendimientos de tierras o rocas, corrientes de agua ocultas y con temperaturas sofocantes. No contaban con el auxilio de aplicaciones mecánicas, y la enfermedad o la muerte era muy a menudo el último premio del obrero.

Por ejemplo: en la construcción del gran túnel de San Gotardo, bajo los Alpes, las pérdidas por accidentes llegaron a 800. Hoy la perforación de los túneles es un trabajo comparativamente bastante seguro. Esto se ha conseguido con las entibaciones y el empleo del aire comprimido para suministrar aire puro y fresco a los trabajadores y fuerza a las máquinas perforadoras.

Los triunfos más .sorprendentes logrados por el hombre fueron la perforación de los Alpes por cuatro diferentes túneles: Mont Ceñís, Arlberg, San Gotardo y Simplón. Estos son los nombres de las grandes rutas en las que se han construido cuatro túneles, empleando perforadoras mecánicas y explosivos de gran fuerza. En Mont Cenis, que fue el primero, se inició el sistema, y las perforadoras trabajaban movidas por el aire comprimido en una instalación especial, desde donde se enviaba por tuberías.

Pocas veces se perforan los túneles con toda su sección a la vez. Primero se abre una galería <<de avalice», y el resto de la obra es tarea relativamente fácil. Si la roca es sólida, no es necesario alisar las superficies laterales, a menos que no se destinen al paso de las aguas.

El túnel de Mont Cenis se complete en 1871, y tiene 12 kilómetros de longitud, atravesando el punto más alto de te montaña, a una profundidad de 2.393 metros. El San Gotardo, con 14.760 metros de longitud, se abrió a la explotación en 1881. El de Arlberg, en 1885, tiene 10.400 metros, y el Simplón, de 19.60c metros, se terminó en 1905.

Como se dijo anteriormente, es el túnel más largo de los ferrocarriles del mundo, y si coste fue, poco más o menos, de uno: 60 millones de francos. El precio por metro longitudinal (aproximadamente 30c francos) fue, sin embargo, la mitad del de Mont Cenis, construido treinta y cuatro años antes.

El avance medio diario llegó a ocho metros, contra 2,50 en el primero, a pesar de las interrupciones en la ejecución de las obras, que fueron bastante serias y frecuentes. Esto da idea de los rápidos progresos alcanzados en los métodos de ejecución y maquinismos. La perforación del túnel de San Gotardo llevó nueve años y un cuarto de trabajo continuo, durante el día y la noche, avanzando, por tanto, poco más de un kilómetro y medio por año.

Empleó continuamente cerca de 3.500 hombres, y se establecieron instalaciones hidroeléctricas para hacer mover los compresores de aire en las dos bocas. Para ello se aprovecharon 1.500 caballos de fuerza en Góschenen y 1.100 en el extremo de Airólo. Para el transporte de los productos de la excavación se emplearon locomotoras de aire comprimido. Este túnel costó 4 000 franco s, aproximadamente, por metro longitudinal.

La construcción del túnel del Simplón llevó siete años. Se compone de dos túneles paralelos, siendo uno de ellos, en realidad, sólo una galería de ventilación. El túnel principal tiene 4,50 metros de ancho a nivel de los carriles y unos 5,50 metros de altura en su centro.

En la construcción de los túneles alpinos se encontraron dificultades excepcionales. Según aumentaba la profundidad en el avance, es decir, la altura de la montaña era mayor, así subía la temperatura. En el San Gotardo, antes de encontrarse los dos grupos, llegó a 33,89 grados centígrados. Esto hizo retrasar bastante las obras, pues los hombres no podían trabajar mucho tiempo.

La ventilación resultó también insuficiente, y algunos obreros y caballerías murieron asfixiados a causa de los gases que se formaban al explotar los barrenos cargados con dinamita. Se calcula hubo durante las obras cerca de 1.500 accidentes de todas clases. Se precisaban todos los días unos 126.650 metros cúbicos de aire. Sin embargo, asombra pensar cuántas no serían las víctimas sacrificadas y las dificultades vencidas en los túneles construidos en épocas anteriores, cuando el gran desenvolvimiento de la ciencia no había llegado a la altura que alcanzó en el siglo pasado y no existían los mecanismos perfeccionados, haciéndose todo por el esfuerzo humano únicamente; como, por ejemplo, en el Oberer Wilderenanners-tollen, que fue comenzado en 1535 y terminado en 1685; esto es, invirtiéndose ciento cincuenta años en perforar 9.168 metros. O bien en las ciclópeas perforaciones subterráneas de la Edad Media. La ventilación del San Gotardo es por tiro natural.

La diferencia de presión barométrica entre las dos bocas produce la corriente. La perforación de una sección, apenas 100 metros de longitud, fue sumamente difícil en este túnel, pues la roca, de naturaleza caliza, se descomponía con el agua y daba lugar a enormes desprendimientos. Esta parte tuvo que ensancharse y hacer un revestimiento de mampostería granítica de gran espesor. Otro famoso túnel es el construido en el antiguo ferrocarril Troy y Greenfield (ahora formando parte del de Boston y Maine), bajo el monte Hoosac, en la parte oeste de Massachusetts. Duró su construcción diez y seis años, pues comenzó en 1858 y se terminó y empezó a funcionar en 1874.

Su longitud es 7.600 metros y el coste fue de 10 millones de dólares. Aunque de construirse ahora sería una obra fácil, debe decirse que para su tiempo fue realmente extraordinaria. Se perforó atravesando capas de esquistos, casi tan duros como el granito, y al principio usando barrenos a mano y pólvora negra ordinaria; pero más tarde se instalaron perforadoras mecánicas y se empleó la dinamita, que comenzó a conocerse por esta época.

Se construyó al mismotiempo que el Mont Cenis, y muchos de los hombres que trabajaron en él viajaron de Suiza a su terminación y aportaban a la gigantesca obra el valioso caudal de experiencias adquirido.

Los retrasos e interrupciones fueron numerosos, debido principalmente al fracaso de las primeras máquinas perforadoras, los cambios de dirección y contratistas. El trabajo para sacar el material arrancado, así como el replanteo, se facilitó mucho con la apertura de pozos desde la superficie en la montaña hasta el nivel del túnel. De esta manera se consiguió la ventilación necesaria durante las obras.

En ellas aconteció un horroroso accidente. Al llegar a la profundidad de 177 metros en el pozo central, es decir, la mitad de la calculada, se declaró un incendio en el casetón construí-¿do en la boca, que servía como almacén general y oficinas. En el pozo había trece obreros trabajando, y claro que se hicieron toda clase de esfuerzos para subirlos con los cubos y cajones, pero sin resultado.

El fuego quemó los cables, cayendo aquéllos, y poco después la plataforma para la carga y descarga de los materiales, con los martillos, mazas, barrenos y otras pesadas herramientas sobre ella apiladas. Esta tremenda carga de acero, seguida a los pocos momentos delos maderos de la cubierta ardiendo, sepultó a los desdichados obreros. Meses después, cuando se quitaron los escombros, aparecieron los cuerpos de los trece mineros.

Todos los grandes túneles pagaron su tributo a la muerte, y en el de Hoosac llegó éste a 95. Pero los métodos modernos y las diversas disposiciones protectoras para asegurar la vida de los obreros han disminuido extraordinariamente el número de muertos, si bien no se ha podido llegar todavía a una perfecta seguridad, ya que se trata de un trabajo en el que actúa, con frecuencia, lo imprevisto, y es fácil encontrar fuerzas desconocidas.

Una protección contra derrumbes, a medida que los obreros perforaban, la misma se iba
introduciendo en el túnel con prensas hidráulicas. Fueron apareciendo distintos sistemas de protección para evitar accidentes en las obras, que muchas veces también retrasaban los tiempos dispuestos según contratos.

La mayor dificultad con que se tropieza en el arriesgado trabajo de los túneles de gran longitud es el conocimiento incierto de la naturaleza de las capas en los terrenos que han de horadarse. Aunque, en general, los geólogos pueden fijar la índole y condición de los estratos a través de los cuales pasa el túnel, sus previsiones no son siempre seguras; y a pesar de haberse ejecutado ya muchos, no es posible saber exactamente lo que en los sucesivos puede aparecer. Los más peligrosos de todos los terrenos son los formados por materiales sueltos, las arenas y las corrientes de agua. En ellos tuvieron origen la mayoría de los accidentes.

Desde mego no se hubieran podido perforar los Alpes de no haber hecho antes los geólogos un estudio minucioso del carácter de los estratos que habían de encontrarse.

En la parte norte del túnel de San Gotardo, y en toda una longitud de 1.828 metros, la excavación se hizo en roca dura granítica y completamente seca. Pero en la parte sur, la corriente de agua naciente en la roca descompuesta cortada llegó a 18.000 litros por minuto, es decir, lo que pueden descargar 30 medianas bombas de vapor para incendios. A veces las corrientes torrenciales que se encuentran tienen medio metro de profundidad e inundan los bastidores de las perforadoras mecánicas. Los hombres trabajan continuadamente bajo una lluvia tropical que cae del techo, mientras chorros de agua tan gruesos como sus brazos saltan de los costados y el suelo.

Hay que añadir a estas molestias las que resultan de trabajar siempre a temperaturas altas, y que aumentaban con las explosiones de los barrenos, llegando así a 29 grados centígrados y a veces más. En la parte sur fue más alta que en la norte, debido probablemente a la mayor altura de las montañas allí. Aun peor que todo esto es la aparición de manantiales de agua caliente, tal como aconteció en el túnel del Simplón. Los hombres fueron derribados a tierra y la temperatura del aire subió de tal manera, que, para continuar el trabajo, fue necesario mezclar esta corriente con otra de agua a menor temperatura.

Además de los varios cientos de túneles en los ferrocarriles de este país, se han construido otros muchos para saneamientos y abastecer de agua a las poblaciones, no debiéndose considerar completo un artículo que trate de esta clase de obras si no se cita el terminado en 1913, junto a la montaña Storm Kinig, para canalizar las aguas de Catskill para el abastecimiento de la ciudad de Nueva York. Era preciso atravesar el río Hudson; y después de estudiar las ventajas y desventajas de los proyectos para conducir las aguas, bien por un puente, bien por tuberías de acero tendidas en el fondo del río, o bien por la construcción de un túnel, se adoptó este último sistema, perforando la roca que forma el lecho en casi toda su extensión.

Explosivos Aplicados A La Guerra

 

Logros cientificos Siglo XIX Teoria Electromagmetica de Maxwell

La caída del principio de “libre competencia”, bajo la aplastante tendencia a la concentración de la producción y los capitales en la segunda fase de la Revolución Industrial, supuso también una transformación importante en el desarrollo del quehacer científico y en la elaboración de las nuevas técnicas. Durante el proceso de la industrialización, el desarrollo científico y técnico no conocía más ritmos que el de un progreso lineal constante. Sin embargo, la producción científica caminaba dentro de los márgenes de una cierta autonomía, pero siempre bajo la tutela del empresario capitalista emprendedor.

El estímulo económico de la libre competencia repercutía, sin duda, en el campo de la investigación. Por otra parte, las fuertes crisis cíclicas del capitalismo industrial, fundamentalmente de superproducción, forzaban a condicionar la técnica a una continua depuración. Había un hilo común que iba de estas crisis de superproducción, a través de la caída de los precios y el desempleo que produce el maquinismo, hasta la caída del nivel de consumo de las clases trabajadoras.

JAMES C. MAXWELL En la historia de la ciencias  hay algunos científicos virtualmente desconocidos para el gran público, aunque sus logros sean casi tan importantes como los de los de Einstein, Darwin y Newton. Éste es el caso del físico escocés James Clerk Maxwell.

Los científicos profesionales, y los físicos en particular, lo reconocen como uno de los más inteligentes e influyentes que hayan vivido nunca, pero fuera de los círculos científicos su nombre apenas es conocido.

Maxwell nació en Edimburgo, en 1831, el mismo año en que Faraday logró su máximo descubrimiento, la inducción electromagnética, en 1831. Descendiente de una antigua familia de nobles blasones, Maxwell era un niño prodigio. En 1841 inició sus estudios en la Academia de Edimburgo, donde demostró su excepcional interés por la geometría, disciplina sobre la que trató su primer trabajo científico, que le fue publicado cuando sólo tenía catorce años de edad.

A pesar de que su madre murió cuando tenía ocho años, tuvo una infancia feliz. A una edad temprana ya demostró ser una promesa excepcional, sobre todo en matemáticas. Cuando tenía quince años, sometió un escrito sobre matemáticas a la Royal Society de Edimburgo, que asombró a todos los que lo leyeron. Al año siguiente tuvo la suerte de conocer al físico de setenta años William Nicol, que también vivía en Edimburgo.

Nicol había hecho un trabajo importante utilizando cristales para investigar la naturaleza y la conducta de la luz, y las conversaciones adolescentes de Maxwell con él hicieron que sintiera un interés por la luz y otras formas de radiación que le duró toda la vida.

Estudió matemáticas con sobresaliente en Cambridge y se graduó en matemáticas en 1854; siendo estudiante, tuvo la experiencia intelectual que definió su vida: la lectura de las Investigaciones experimentales en electricidad de Faraday. Todavía estudiaba cuando realizó una gran contribución al desarrollo del tema con un brillante escrito titulado Sobre las líneas de fuerza de Faraday.

Más tarde fue asignado a la cátedra de filosofía natural en Aberdeen, cargo que desempeñó hasta que el duque de Devonshire le ofreció la organización y la cátedra de física en el laboratorio Cavendish de Cambridge. Tal labor lo absorbió por completo y lo condujeron a la formulación de la teoría electromagnética de la luz y de las ecuaciones generales del campo electromagnético.

En 1856, a los veinticinco años, fue nombrado profesor en el Marischal College de Aberdeen; y en 1860 se trasladó al Kings College de Londres como profesor de filosofía natural y astronomía. Fue en esa época de la mudanza a Londres cuando realizó su primera gran contribución al avance de la física.

En tal contexto, Maxwell estableció que la luz está constituida por ondulaciones transversales del mismo medio, lo cual provoca los fenómenos eléctricos y magnéticos. Sus más fecundos años los pasó en el silencioso retiro de su casa de campo. Allí maduró la monumental obra «Trealise on Electricity and Magnetism» (1873).

James Clerk Maxwell falleció en Cambridge, el 5 de noviembre de 1879.

ALGO MAS…

1-Formuló la hipótesis de la identidad de la electricidad y la luz.

2-Inventó un trompo para mezclar el color y un oftalmoscopio, instrumento que permite ver el interior del ojo de una persona viva, o de un animal. Experimentalmente demostró que la mezcla de dos determinados pigmentos de pintura constituía un proceso diferente a la mezcla de los mismo colores de luz. Sus principios fundamentales sobre la mezcla de colores se emplea en la actualidad es la fotografía, la cinematografía y la televisión.

3-Maxwell corrigió a Joule, Bernouilli y Clausius que habían sostenido que propiedades de los gases como la densidad, la presión, le temperatura eran debidas a que un gas está compuesto de partículas de movimiento rápido y velocidad constante. Maxwell demostró que la velocidad no es constante y que varía de acuerdo con la curva de frecuencia en forma de campana que se conoce como ley de Maxwell. Sus descubrimientos han servido de fundamento a las teorías de las física del plasma. Maxwell inventó la mecánica estadística para analizar las velocidades moleculares de los gases.

Leyes de la Herencia de Mendel Historia de sus Experiencias

Historia de las Experiencias de Mendel y El Auge de la Genética

A partir de 1856  y después de nueve años de trabajo, en que estudió la reproducción en 28.000 plantas de guisantes, Mendel presentó en 1865 sus resultados a la citada sociedad de historia natural. La comunicación, en la que establecía las leyes de la herencia, fue publicada al año siguiente en los anales de la sociedad. ¿Cómo pudo pasar inadvertida durante treinta y cuatro años? Es un enigma de la historia de la ciencia. Una de las razones pudo consistir en que Mendel no se preocupó de publicar sus trabajos en alguna revista científica de amplia difusión. Pero también hay que tener en cuenta, sobre todo, que sus descubrimientos contradecían radicalmente las ideas que entonces se tenían sobre la herencia: según Mendel, los determinantes genéticos de los caracteres provenientes de los padres no se «mezclaban» en sus descendientes, cuando la teoría más común era la de la herencia por mezcla. En otras palabras: la obra de Mendel era prematura en relación a los conocimientos prácticos y teóricos de su época.

Mendel tuvo la fortuna de contar, en su propio monasterio, con el material necesario para sus experimentos. Comenzó sus trabajos estudiando las abejas, coleccionando reinas de todas las razas, con las que llevaba a cabo distintos tipos de cruces.

Entre 1856 y 1863 realizó experimentos sobre la hibridación de plantas. Trabajó con más de 28.000 plantas de distintas variantes del guisante oloroso o chícharo, analizando con detalle siete pares de características de la semilla y la planta: la forma de la semilla, el color de los cotiledones, la forma de la vaina, el color de la vaina inmadura, la posición de las flores, el color de las flores y la longitud del tallo.

Sus exhaustivos experimentos tuvieron como resultado el enunciado de dos principios que más tarde serían conocidos como «leyes de la herencia». Sus observaciones le permitieron acuñar dos términos que siguen empleándose en la genética de nuestros días: dominante y recesivo. Factor e hibrido son, asimismo, dos de los conceptos establecidos por Mendel de absoluta vigencia en la actualidad.

El descubridor de Mendel: Después de realizar sus estudios en Viena,Tschermak decidió adquirir experiencia en agricultura y trabajó en la granja Rotvorwerk, cerca de Friburgo (Sajonia). Luego retomó sus estudios de botánica en la universidad de Halle y se doctoró en 1896. En la primavera de 1898, Tschermak comenzó a estudiar la reproducción del guisante en el jardín botánico de Gante, y luego en Esslingen, cerca de Viena.

En 1900, con la intención de publicar sus resultados, encontró las huellas de los trabajos de Mendel y reconoció con sorpresa que éstos ya exponían e incluso sobrepasaban sus investigaciones personales. Eminente genetista de plantas, Tschermak aplicó seguidamente las leyes de la herencia de Mendel al desarrollo de nuevas plantas y logró perfeccionar los híbridos trigocenteno y un híbrido de avena de crecimiento rápido resistente a las enfermedades.

UN RECONOCIMIENTO TARDÍO
Mi las dos ponencias sobre sus descubrimientos ante la Asociación de ciencias naturales de Brünn en febrero y marzo de 1865, ni el texto publicado en el volumen y de las actas de la asociación fueron objeto de comentarios. Sin duda, esta indiferencia del mundo científico se explica por el carácter insólito del pensamiento mendeliano, que podía parecer «antibiológico», sobre todo en 1865; por el corte”secular que separaba, a los ojos de los naturalistas, los problemas de la herencia de aquellos de la hibridación, y quizás también por el aspecto aparentemente «inmutable» de las conclusiones del autor, en una época marcada por la repercusión de El origen de las espicies.

El propio Mendel, elegido en 1868 superior de su convento, abandonó hacia 1870 sus investigaciones sobre la hibridación, limitó sus observaciones a la meteorología y consagró sus fuerzas, hasta su muerte, en los asuntos de su comunidad. Murió siendo totalmente desconocido el 6 de enero de 1884. Debieron transcurrir treinta y cuatro años para que se reconociera el verdadero alcance de sus descubrimientos.

En 1900, tres botánicos europeos, Cari Correns, Erich Tschermak von Seysenegg y Hugo de Vries, obtuvieron en forma independiente resultados similares a los de Mendel y, al investigar en la literatura sobre el tema, sacaron a la luz sus trabajos, asegurando al padre de la genética un tardío reconocimiento.

EL AUGE DE LA GENÉTICA
EL descubrimiento de las leyes de Men-del siguió una verdadera floración de investigaciones sobre genética. De entrada, desde 1902, Lucien Cuénot (1866-1951), en Francia, y William Bateson (1861-1926), en Gran Bretaña, demostraron que dichas leyes eran válidas también para el reino animal (hasta entonces, tanto en los trabajos de Mendel como en los de H. De Vries, C. E. Correns y E. Tschermak, habían sido establecidas sólo para los vegetales). Paralelamente, el biólogo norteamericano W. S. Sutton (1877-1916) y el alemán T. Boveri (1862-1915), al advertir que los cromosomas se distribuyen en la reproducción exactamente igual que lo hacen los genes, dedujeron que aquéllos son el soporte físico de éstos (aunque hubo que esperar a los trabajos de T. H. Morgan, en la década de 1910, para que esta hipótesis se aceptara sin reticencias). En 1909, el biólogo danés W. L. Johannsen (1857-1927) fue el primero en usar el término gen, diferenciando genotipo y fenotipo, y al año siguiente el norteamericano E. M. East (1879-1938) demostró que los caracteres sujetos a variación continua (como el tamaño) están controlados por varios genes a la vez. Entre tanto, el matemático británico G. H. Hardy (1877-1947) y el biólogo alemán W. Weinberg (1862-1937) determinaron la más fundamental de las leyes de la genética de poblaciones (principio de Hardy-Weinberg), que permitió a los matemáticos y biólogos posteriores plantear, sobre bases sólidas, un análisis genético de la evolución de las especies.

Nobel y la Nitroglicerina

Desde la fundación de la primera fábrica de nitroglicerina, Nobel comienza a realizar sus estudios sobre la nitroglicerina, con el objetivo de disminuir su sensibilidad, característica que hacía imposible su uso en forma pura.

La nitroglicerina fue descubierta por el químico italiano Ascanio Sobrero, el año 1846, y ocho años más tarde Crawford Williamson establece su composición química, , lo que facilitó que años más tarde, con un completo dominio de su estructura, Nobel pudiera ensayar con diversas sustancias para conocer, cuales podían atenuar su gran sensibilidad.

Después de un arduo proceso de experimentación, en el que estuvo a punto de no continuar los estudios emprendidos debido a una violenta explosión en 1864 que destruyó sus laboratorios, mató a cinco personas, entre los que figuraba su hermano menor Emil, y corrió gran peligro su vida.

Pero un día, por casualidad, notó que la tierra de infusorios o trípoli (tipo de piedra caliza porosa) ofrecía la propiedad de ser muy absorbente respecto de la nitroglicerina, pues retenía en sus poros un gran porcentaje de dicha sustancia lo que daba paso a una nueva mezcla, que continuaba siendo un gran explosivo, pero que hacía menos peligroso su manejo.

Corría el año 1867 y Nobel acababa de descubrir la dinamita, con lo que hacía posible el uso industrial de la nitroglicerina y se convertía en el creador de la pirotecnia moderna.

Consciente de que la dinamita no había aportado a la humanidad ni la felicidad ni la paz que él preveía, Alfred Nobel decidió en 1893 que su fortuna podría quizá contribuir a ello. En su primer testamento instituyó un premio destinado a recompensar algún descubrimiento científico que fuera en esa dirección, decisión que no contó a los herederos, que se inquietaron al verse desposeídos. Aun así, Nobel se obstinó, y sería en París, el 27 de noviembre de 1895, que redactaría un segundo testamento.

Una vez que los herederos fueron favorecidos según lo que él consintió en legar, Alfred Nobel dispuso que el resto de su fortuna fuera invertida en instrumentos seguros, y que los intereses generados fueran distribuidos «a las personas que hayan aportado el mayor beneficio a la humanidad».

PREMIOS NOBEL: Cuando el testamento de Alfred Nobel fue revelado, en enero de 1897, no dejó de provocar revuelo, partiendo por el enojo de sus hermanos, que se consideraron expoliados. Nobel menospreciaba las fortunas por herencia, que según escribió, «no aportan más que calamidades, por la tendencia a la ociosidad que engendran en los herederos». Y sobre todo, al confiar la entrega de los premios a Suecia y a Noruega, Nobel provocó una crisis diplomática entre los dos países.

Fue sólo el 29 de junio de 1900 que los estatutos de la fundación Nobel serían promulgados, y los primeros Nobel, dotados de 150.800 coronas suecas, fueron concedidos al año siguiente, el día del aniversario de la muerte del inventor.

El físico alemán Roentgen, descubridor de los rayos X, el químico neerlandés Van’t Hoff, el médico alemán Von Behring y el poeta francés Sully Prudhomme fueron los primeros en recibir los premios Nobel. En cuanto al premio de la paz, fue compartido entre el suizo Henri Dunant, creador de la Cruz Roja, y el economista francés Frédéric Passy, fundador de la Liga internacional de la paz. Un sexto premio Nobel, en economía, fue instituido en 1968.

Historia del Reloj Primer Reloj a Pendulo Tipos y Evolución

Historia del Reloj – El Reloj a Péndulo
Tipos y Evolución

El Sol es el supremo regulador del tiempo y permite al hombre ordenar el ritmo de los años, de los días y de las horas. Si desapareciera, toda nuestra existencia se vería trastornada y viviríamos como perdidos en medio de una noche sin fin.

En el tercer milenio antes de Jesucristo los chinos empleaban ya el reloj solar. También los egipcios en África y los incas en América conocían su uso. Sin embargo, generalmente se atribuye el invento del primer reloj solar de cierta exactitud. al filósofo jonio Anaximandro (siglo VI a. de J. C.), a pesar de que los griegos, según afirmaciones de Heródoto, conocían ya ese instrumento originario de Caldea.

El primero que apareció en Roma (en el año 291) fue colocado delante del templo de Quirino. Vitruvio, arquitecto romano, en su famoso libro De Architectura (año 88 a. de J. C.), describe la mayoría de los relojes solares conocidos en esa época. Diese el nombre de gnomónica a la ciencia que trata y enseña el arte de hacer relojes solares. Éstos consisten esencialmente en una superficie sobre la cual la sombra proyectada por una escuadra metálica, llamada gnomón (en griego: indicador), marca las horas sobre las líneas allí trazadas.

Fue arquitecto de Julio César durante su juventud, y al retirarse del servicio entró en la arquitectura civil, siendo de este periodo su única obra conocida, la basílica de Fanum (en Italia). Es el autor del tratado sobre arquitectura más antiguo que se conserva y el único de la Antigüedad clásica, De Architectura, en 10 libros (probablemente escrito entre los años 23 y 27 a.d.C).

Inspirada en teóricos helenísticos, la obra trata sobre órdenes, materiales, técnicas decorativas, construcción, tipos de edificios, hidráulica, mecánica y gnomónica (Libro IX). Vitruvio describió por primera vez la rueda hidráulica. La rueda de Vitruvio era vertical y el agua la empujaba por abajo; unos engranajes tenían la finalidad de cambiar la dirección del giro y aumentar la velocidad de las muelas; se calcula que con la energía producida por una de estas ruedas se podían moler 150 Kg. de trigo por hora, mientras que dos esclavos solo molían 7 kg (Wikipedia) (Imagen Arriba: RELOJ DE SOL).

La clepsidra, reloj de agua, era un instrumento mucho más perfecto, puesto que su funcionamiento no dependía del sol. Consistía en un vaso, en cuya extremidad inferior se encontraba un tubo angosto por donde goteaba el agua que caía en otro vaso. Sobre este recipiente, una escala graduada, al llenarse, indicaba las horas transcurridas.

Los sacerdotes egipcios la usaban en sus observaciones astronómicas; los griegos y los romanos, en los tribunales. En Atenas, por ejemplo, las audiencias judiciales se dividían, vaciando doce clepsidras, en tres períodos iguales: el primero se destinaba a la acusación, el segundo a la defensa, el tercero era empleado por los jueces para dictaminar. Cicerón hablaba de las “horas legítimas” que se le debían como honorarios por sus alegatos.

El físico griego Herón el Antiguo (siglo II de nuestra era) utilizaba una clepsidra bastante exacta que le permitía contar las pulsaciones de los enfermos. Ctesidio, matemático egipcio al servicio de Alejandro, concluyó hacia el año 130 antes de Jesucristo el primer reloj hidráulico. El agua al caer hacía girar unas ruedas dentadas cuyo movimiento se transmitía a una pequeña estatua que llevaba una varita en la mano. La estatuilla se levantaba paulatinamente junto a una columna en la que estaban marcadas las horas que indicaba con su varita.

Hacia la segunda mitad del siglo VIII el italiano Pacífico, arcediano de Verona, construyó un pequeño reloj accionado por contrapesas que fue ofrecido luego a Pipino el Breve por el papa Pablo I. A principios del siglo siguiente, Carlomagno recibió del Califa Harún al-Raschid un reloj que Eginhardo describía así: “En el momento de cumplirse cada hora, una cantidad igual de pequeñas bolitas de bronce caía sobre un timbre colocado debajo, haciéndolo vibrar con su caída. También poseía una docena de caballeros que, al marcar las doce horas, se asomaban por igual cantidad de ventanas.”

Carlos V poseía un reloj de arena, es decir una especie de clepsidra en la que la arena reemplazaba al agua, y que además permitía encender en su capilla un cirio que indicaba cada hora del día. Sabemos que, desde un siglo antes, los instrumentos para medir el tiempo habían alcanzado cierta perfección.

Dante, el gran poeta florentino, lo demuestra en unos versos (escritos entre 1315 y 1318) donde describe un despertador conventual de 10 cm. por 15 cm., diciendo que estaba formado por el motor (una pesa), la coronaria (compuesta de ruedas), el escape (rueda dentada), el compensador (un balancín).

El primer reloj público de Milán fue ubicado sobre la torre de San Eustorgio, en 1309. Al final del siglo XIV, París poseía por lo menos dos: el del Palacio, y el del Castillo de Vincennes.

En 1462, Bartolomé Manfredi habla del primer “reloj para llevar consigo”. Sin embargo, la verdadera industria de relojes de bolsillo estaba todavía muy lejana.

En sus viajes, Luis XI llevaba un baúl en el cual había un reloj que daba las horas. Se conserva aún un pequeño reloj para dama, tan gracioso como los modernos que perteneció a María Estuardo (1542-1587). En 1595, el duque de Este recibió como regalo un reloj de carillón, el primero mencionado por la historia.

Más tarde, Catalina la Grande poseyó uno que tenía la forma y dimensiones de un huevo y tocaba una corta melodía de órgano. Hacia el 1600, Galileo Galilei (1564-1642), al descubrir la ley del péndulo, señaló una gran fecha en la historia de la relojería. Cuéntase que el gran sabio era aún muy joven cuando observó asombrado, en la catedral de Pisa, la uniformidad de las oscilaciones de una lámpara que se mecía suavemente y fue el origen de su descubrimiento, pero no lo aplicó a los relojes. (ver Leyes del Péndulo)

En 1672 Jean Richer, haciendo observaciones astronómicas, llevó un reloj de péndulo de Paris a Cayena (América) y comprobó que atrasaba 2,5 minutos / día Ello era consecuencia de las diferencias del valor de “g”.

Fue Christian Huyghens quien, el 16 de junio de 1657, presentó el primer péndulo a los Estados Generales de Holanda. Más tarde reguló la fuerza motriz, para volverla constante y facilitar la posibilidad de darle cuerda. Aplicó luego un resorte espiral al balancín, lo que representó una verdadera revolución en el arte de la relojería.

El descubrimiento del movimiento isocrónico de las oscilaciones pendulares se hace en 1583. Galileo, en sus últimos años de experimentación, alrededor de 1641, proyectó un reloj de péndulo, que fue terminado por sus continuadores. El diseño original fue conocido por el físico holandés Juan Cristiano Huygens y descubrió que el péndulo debe describir un arco y no un círculo. La cicloide la señaló entre dos segmentos que delimitan su trayectoria para lograr el perfecto período. Y en 1675 él mismo creó el resorte en espiral regulador, mecanismo muy simple para hacer funcionar los relojes de bolsillo. La forma en espiral ha perdurado hasta la actualidad.

Hacia el 1670 apareció un invento de William Clement, relojero londinense, que se inspiró en los estudios de Robert Hook (biólogo, astrónomo…) Es un dispositivo que en la forma se asemeja al ancla (o áncora) de un buque.

El vaivén del péndulo, mece el áncora de tal manera que traba y después destraba cada uno de los dientes de la rueda de escape, lo que a su vez permite que la rueda gire un ángulo preciso, a diferencia del escape de paleta utilizado en los primeros relojes de péndulo, el escape de áncora deja que el péndulo recorra un arco determinado, más pequeño. (péndulo)

En 1675 Huygens se anotó otro hallazgo muy importante, el volante con muelle en espiral. Es un regulador. El volante es un disco finamente equilibrado, que gira primero en un sentido y después en el otro, repitiendo el ciclo una y otra vez, impulsado por el muelle que tiene en el centro. Tiene una rueda de escape que mantiene (muelle) también el ritmo, se adaptó la de áncora. La imprecisión de los relojes con este mecanismo era sólo de un minuto diario. (ver figura aquí abajo)

Un siglo después, el inglés John Harrison construyó el primer cronómetro, y Jorge Graham inventó una pieza capaz de regular la marcha de la máquina: el escape. El escape con cilindro permitió la supresión de la rueda, con espiral. Eso disminuyó el espesor del instrumento y permitió la fabricación de relojes chatos. Harrison dedicó casi toda su vida a perfeccionar un cronómetro para la navegación que resolviera el problema de la determinación de la longitud. Llegó a la conclusión de que un reloj de gran precisión (o cronómetro), puesto en hora en el meridiano de Greenwich, podría llevarse a bordo del barco y su indicación comparada con la hora local, determinada astronómicamente, daría la longitud en la que se halla el barco en cualquier lugar.

Como la Tierra gira 360° en 24 horas o, lo que es lo mismo, 15° por hora, la diferencia en horas multiplicada por 15 sería la longitud en la que se halla la embarcación medida en grados. El cronómetro de Harrison ‘Número Cuatro’ ganó tardíamente el premio (en 1773), mucho después de que realizara, en 1761, una prueba de cinco meses en el mar que fue un rotundo éxito. Este experimento se realizó en el Atlántico, en una travesía desde Inglaterra hasta Jamaica, ida y vuelta. Se comprobó que el reloj de Harrison retrasaba cinco segundos de tiempo, lo que se corresponde con un error de longitud de sólo 1,25 minutos de arco.

En 1680, los relojeros suizos perfeccionaron el escape a áncora. La electricidad encontró rápidamente aplicación y el reloj eléctrico, en su forma más conocida, está constituido por un regulador central de precisión que, cada minuto, cierra un circuito eléctrico (del que dependen todos los relojes colocados en los diferentes puntos de un mismo edificio o de una ciudad), haciendo progresar un diente de la rueda.

El reloj eléctrico de mesa es un pequeño motor sincrónico que marcha al compás de las oscilaciones de la corriente alternada y mueve las agujas. El cronómetro atómico puede, por su precisión, considerarse perfecto. El error máximo previsto es de un segundo por cada doscientos años. El movimiento perpetuo de los átomos, que encierran las moléculas de los gases de amoníaco, regula el movimiento de sus agujas con ritmo uniforme, a pesar del tiempo y de los cambios de presión y temperatura.

RELOJ ELÉCTRICO: La construcción de relojes eléctricos se inició a mediados del s. XIX. Inicialmente se recurrió a distintos sistemas que levantaban las pesas cuando éstas llegaban al final de su recorrido o tensaban el muelle espiral. Finalmente se consiguió mantener directamente las oscilaciones del órgano regulador (péndulo, volante, diapasón metálico) con ayuda del magnetismo y electromagnetismo. En este último caso, el oscilador se convierte también en órgano motor y mueve el sistema de ruedas engranadas que gobierna las saetas. El oscilador establece la conmutación de la corriente necesaria para el mantenimiento de las oscilaciones y la corta en el momento oportuno. La energía es facilitada por unas pilas o unos acumuladores en forma de corriente continua. Existen relojes equipados con motores sincrónicos que funcionan con la corriente alterna de la red (50 Hz).También pueden emplearse corrientes eléctricas para mantener varios relojes secundarios sincronizados con el péndulo de un reloj principal.

Los relojes electrónicos incorporan en uno o varios de sus componentes elementos electrónicos. En 1952, Marius Lavet introdujo un transistor en los sistemas con oscilaciones mantenidas, para sustituir por una conmutación electrónica los dispositivos con contactos eléctricos, que se deterioran por efecto de la chispa de la extracorriente de la ruptura debida a la inductancia de la bobina.

RELOJ A CUARZO: El reloj de cuarzo aparece en sus primeras manifestaciones en 1920; pero recién en 1929, el relojero norteamericano Warren Alvin Marrison creó un reloj que funcionaba con un resonador de cuarzo. Los relojes de cuarzo fueron desarrollados por Lip pero la comercialización la realizó a partir de 1969 la firma Seiko. En 1988 la empresa Seiko suprime la pila en los relojes de cuarzo y es reemplazada por una dínamo pequeñita que produce la energía que el reloj consume.  Estos relojes utilizan un anillo de cuarzo conectado a un circuito eléctrico, al que se le hace oscilar a 100.000 Hz (hercios, o ciclos por segundo). Esta oscilación de alta frecuencia se convierte en una corriente alterna, se reduce a una frecuencia más adecuada para la medida del tiempo y se emplea para alimentar el motor de un reloj síncrono. El error máximo de los relojes de cuarzo más precisos es de 1 segundo en 10 años.

El campo de la relojería eléctrica es hoy vastísimo, pues muchas más ramificaciones y aplicaciones que la relojería clásica. Los relojes marcadores de fichas para el personal, los relojes de exterior. Existen relojes eléctricos de pulsera, en los que la pila se ha miniaturizado; hay otro tipo de reloj electrónico sin escape ni volante, que utiliza la frecuencia de un diapasón vibrador como regulador.

relojes antiguos de arte

CRONOLOGÍA:

SlGLO X — Se le atribuye la invención del reloj de pesas a Gerbert d’Aurillac, el papa Silvestre.
1410 — Se atribuye a Brunelleschi la invención del primer reloj que sustituye las pesas por un resorte y por lo tanto es transportable.
1524 — Peter Henlein crea el primer reloj de bolsillo, aunque al principio sólo tenían una manecilla, la de las horas.
1657 — Christian Huyguens fabrica el primer reloj de péndulo.
1675 — Christian Huyguens fabrica el primer reloj con un resorte oscilante que sustituye al péndulo.
1838 — La marca suiza Patek Philippe fabrica relojes de bolsillo.
1868 — La marca suiza Patek Philippe fabrica el primer reloj de pulsera.
1888 — Cartier fabrica relojes de pulsera para damas con diamantes y la correa de oro.
1914 — Eterna fabrica en 1914 el primer reloj de pulsera con alarma.
1923 — John Hardwood inventa el primer reloj automático de pulsera, al que no hay que dar cuerda.
1925 — Patek Philippe inventa el primer reloj de pulsera con calendario perpetuo.
1927 — Rolex Oyster produce el primer reloj sumergible.
1930 — Tssot fabrica el primer reloj antimagnético.
1933 — Ingersoll fabrica para Disney el primer reloj hecho exclusivamente para niños.
1957 — Hamilton produce el primer reloj eléctrico.
1961 — Primer reloj en el espacio, un Poljot Shturmanskíe en la muñeca del ruso Yuri Gagarin.
1962 — Primer reloj digital con un dial de 24 horas para evitar confusiones entre AM y PM, el Breitling Navitimer Cosmonaute, que llevará por primera vez el astronauta americano Scott Carpenter.
1966 — Girard-Perregaux fabrica los primeros relojes de cuarzo de alta frecuencia.
1969 — Neil Amstrong aluniza con un Omega Speedmaster en la muñeca. Ese año, Longines produce el primer reloj de pulsera de cuarzo.
1972 — Longines lanza el primer reloj de pulsera con pantalla digital LCD de cuatro dígitos. El primero con seis dígitos será el Seiko 06LC.
1987 — Tissot lanza el primer reloj con pantalla analógica y digital.
1994-1995 — Valen Poliakov, el hombre que ha permanecido más tiempo en el espacio, un total de 438 días, lleva un reloj Poljot 3133.

Fuente Consultada: PIONEROS, Inventos y Descubrimientos claves de la historia – Teo Gómez.

Primeros Explosivos Usado en la Guerra Historia T.N.T. Glicerina

HISTORIA DE LOS PRIMEROS EXPLOSIVOS PARA USOS BÈLICOS

Cuando investigando Nobel hace una mezcla de nitroglicerina y algodón-pólvora (idea que se le ocurre cuando se corta un dedo y pide a su ayudante colodion), dá con un nuevo explosivo que llamó: gelatina explosiva.  Este nuevo explosivo resultó una mitad más enérgico que la dinamita, y se ha utilizado en grandes cantidades para la perforación de montañas como los Alpes, donde la roca es tan dura, que con dificultad se hubiera podido llevar a cabo la obra sin él. La gelatina explosiva es una de las fuerzas más violentas de que disponen los hombres.

En su forma pura, sólo se puede emplear en roca muy dura. Nobel encontró pronto la manera de modificar su terrible acción, añadiendo salitre y serrín a la mezcla de algodón-pólvora y nitroglicerina. Al presente, en muchos países, los explosivos gelatinosos han ido reemplazando a la dinamita.

uso de tnt

Historia de los Explosivos

Fue preciso pasasen muchos años antes de poder llegar a conocer la manera de aplicar los explosivos modernos a las necesidades de la guerra, y reemplazar la pólvora por los preparados mucho más enérgicos en la artillería. Aun después de conseguir pulverizar la nitroglicerina por medio de substancias reductoras de su fuerza explosiva, no pudo emplearse para los disparos de los cañones. Se verificaba tan rápidamente la formación de gases, que las piezas reventaban en lugar de salir el proyectil por la boca.

Dos son las clases o tipos de explosivos que se necesitan en el ejército, clasificándose en «impulsores o lentos» y «rompedores, alto-explosivos o rápidos». Los primeros se emplean en los fusiles y cañones, donde se precisa dar una gran fuerza de impulsión a la bala, no debiendo explotar demasiado rápidamente. Los altamente explosivos o rompedores se colocan dentro de las granadas, de suerte que revienten, destrozándolas en pedazos, sobre el enemigo. Deben explotar instantáneamente, de manera que su acción sea destructora y mucho más violenta que la explosión que se precisa en los disparos.

Los principales componentes de casi todos los explosivos impulsores utilizados para fines militares son generalmente el algodón-pólvora y la nitrocelulosa. Estos se consiguen tratando el algodón, o materiales semejantes, tales como la lana, yute, paja, almidón, azúcar, etc., con el ácido nítrico y de la manera como describiremos más adelante. En su estado natural, el algodón-pólvora es muy inestable y explota demasiado rápidamente para poder emplearle en los cañones. Los inventores de todos los países lograron modificarle de diferente manera. El primer producto perfeccionado, y que se empleó con éxito en los fusiles, lo consiguió un francés en 1884, Pablo Vieille, adoptado por el Gobierno con el nombre de «pólvora B», inicial del general Boulanger, entonces ministro de la Guerra.

La pólvora B se preparaba añadiendo algún disolvente al algodón-pólvora, que le convertía en una masa pastosa. Prensándola, se la hacía pasar por una especie de hileras para darla la forma de cintas o bastones, que se cortaban después en trozos de pequeña longitud. Evaporado el disolvente, adquiría cierta dureza y un color pardo obscuro, y los trozos pequeños explotaban con la lentitud necesaria para poder utilizarse bastante satisfactoriamente.

Barcos de guerra destruidos por las modernas pólvoras sin humo
Esta mezcla, es decir, la pólvora B, ha sido también modificada de modos diversos, muy especialmente agregando substancias para hacerla más estable y ensayando diferentes reactivos con ella. Si se emplea la acetona, el producto es muy frágil; así que es mucho más frecuente utilizar una mezcla de éter y alcohol.

La pólvora B alcanzó tristísima notoriedad, debido a los muchos y terribles accidentes que causó su empleo, entre ellos la completa destrucción de los dos grandes acorazados franceses el Jéna, en 1907, y el Liberté, en 1911, tremendas catástrofes ocurridas dentro del mismo puerto de Tolón y a la vista de toda la ciudad. Verdaderamente, antes del desastre del Jéna habían ocurrido veinticuatro casos de explosión espontánea de la pólvora B. Estos accidentes impidieron la adoptasen otros países, siendo los únicos que emplean compuestos derivados del algodón-pólvora, para todos los tipos de sus cañones, Francia, Rusia y los Estados Unidos. Las pólvoras sin humo, sin embargo, se usan en la artillería de pequeño calibre en todas las grandes potencias, a excepción de Inglaterra e Italia.

Cuando se vio que el algodón-pólvora daba lugar a tan desastrosos accidentes, todos los químicos especialistas de Francia, Rusia y los Estados Unidos pusiéronse a estudiar la causa de su descomposición, así como buscaron los medios de evitarla. De este esfuerzo combinado resultaron infinidad de perfeccionamientos y mejoras relacionados con la limpieza del algodón, nitrificación del mismo, lavado y expulsión de los ácidos, etc., etc. Se vio también era conveniente tratar con reactivos frescos las pólvoras de tres o cuatro años.

Con tales precauciones, se cree que las pólvoras sin humo provinentes de la nitrocelulosa son tan seguras como cualesquiera otras, y por esta causa, Francia, Rusia y los Estados Unidos continúan empleando exclusivamente estos tipos para todos sus cañones. Todas las potencias, a excepción de Inglaterra e Italia, la emplean también en los fusiles y piezas de pequeño calibre. Tiene la ventaja de que el desgaste de los cañones es menor cuando se utiliza en lugar de otras pólvoras.

COMO ESTÁN COMPUESTOS LOS EXPLOSIVOS
Les explosivos producen un gran volumen de gas con desarrollo de calor por medio de una combustión inmediato; por ello es claro que todos contienen una parte que cede el oxígeno necesario (comburente u oxidante) y una parte destinada a unirse con el oxígeno (combustible o reducente). Los elementos comúnmente utilizados como combustible son el carbono, el hidrogeno, el azufre y el aluminio. El carbono se encuentra en casi todos los explosivos; el hidrógeno, en. la mayor parte, y el azufre y el aluminio, en algunos solamente. Además de estos elementos, los explosivos contienen sustancias más o menos inertes (o sea que no se combinan con el oxígeno) cuya función es la de servir (digámoslo así) de armadura para la estructura de las moléculas. Sustancias inertes utilizadas son, principalmente, el nitrógeno (en su compuesto de ácido nítrico, NO3H), el cloro, el sodio y el potasio.

Relativa ventaja de la cordita y otros explosivos
El Gobierno británico nunca ha podido convencerse de que los explosivos obtenidos directamente del algodón-pólvora fuesen tan seguros como la cordita, que ellos han conseguido partiendo de otro invento de Alfredo Nobel. Este químico encontró que mientras la nitroglicerina es demasiado rápida al accionar como explosivo para poder ser utilizada en los disparos de cañón, una mezcla de nitroglicerina con algodón-pólvora gelatinizado resulta un compuesto muy satisfactorio. Abel y Dewar, trabajando ambos por el Gobierno inglés, descubrieron poco a poco el siguiente procedimiento para obtener este explosivo. El algodón-pólvora y la nitroglicerina se mezclan a mano, disolviendo todo en acetona hasta formar una pasta, que se hace pasar por prensas muy semejantes a las máquinas para fabricar ciertas formas de pasta para sopa. Por este motivo tomó el nombre de «cordita», que quiere decir tirilla, cordoncillo o cilindrillo.

Durante muchos años, su composición fue de 58 partes de nitroglicerina, 17 de algodón-pólvora y 5 de vaselina; pero como en la guerra contra los boers se vio que el desgaste de los cañones era excesivo, se varió la mezcla a 30 partes de nitroglicerina y 65 de algodón-pólvora. Aun así y todo, la vida de los cañones de grueso calibre es la mitad de la media de los que utilizan, como los nuestros, el algodón-pólvora directamente; pero el Gobierno inglés cree que esto se compensa por la mayor economía, buen funcionamiento y seguridad del explosivo cordita.

Tanto una como otra clase de estas pólvoras se conocen con la denominación de «pólvoras sin humo», porque no dejan residuos sólidos y se transforman totalmente en gases. Estos nuevos explosivos impulsores han revolucionado por completo los suministros para el ejército y la marina. Cuando se disparan los cañones no producen humo, y, por tanto, no se oculta el lugar de la batalla, lanzando los proyectiles y granadas a distancias nunca soñadas por los artilleros de los tiempos viejos. Se fabrican ahora cañones que pueden disparar, desde cada borda, proyectiles de acero pesando 5.500 kilogramos a una distancia de. 33.600 metros, y a menudo bombardean fuertes y barcos tan alejados, que no pueden verse a simple vista los hombres que luchan. Naturalmente, los disparos se van regulando por las indicaciones de los aviadores.

Pero aún más terribles que éstos son los enérgicos altos explosivos llamados rompedores, que se emplean para hacer reventar las granadas, has substancias utilizadas con este objeto deben tener dos propiedades, al parecer contradictorias: primero es necesario que exploten con choque violento, como se efectúa en las pólvoras propulsoras, para lanzar a distancias considerables las pesadas granadas; y segundo, cuando llegue su preciso momento, al término de su recorrido, estalle instantáneamente y con ta1 fuerza, que el casco de la granada se desparrame en pedazos sobre las cabezas del enemigo. No todas las substancias, naturalmente, cumplen estos requisitos.

El ácido pícrico es un explosivo muy enérgico, aplicado en otras industrias hasta hace poco, ha «melinita» francesa, la japonesa «shimocita» y las «lidita» y «perlita» inglesas son compuestos en los que entra el ácido pícrico. Es una preparación del alquitrán utilizada frecuentemente en las tintorerías, pues da un brillante color amarillo a los tejidos.

Fue empleado durante muchos años como tinte, sin que, a excepción de algunos hombres de ciencia, se conocieran sus propiedades explosivas. Una terrible explosión en cierta tintorería de Manchester atrajo la atención pública a estas propiedades. El ácido pícrico puede liquidarse, y en este estado, de color amarillento muy parecido a la miel, se introduce en las granadas, donde se solidifica. El fulminante colocado en la espoleta, artificio destinado a producir la inflamación de la carga interior, es casi la única cosa que puede hacer que explote.

Recientemente ha sido fabricado un nuevo explosivo, denominado «trinito de tolueno». Es éste también un producto de alquitrán, muy semejante en su composición al ácido pícrico. Aunque el trinitro de tolueno, conocido en todo el mundo por «T. N. T.», es aún más enérgico que el ácido pícrico, su manejo es mucho menos peligroso que los demás explosivos. Cuando el proyectil gigante, cargado de T. N. T, llega al lugar y momento en su trayectoria y explota, realmente ensordece, y al desaparecer las nubes de polvo y humo parece como si hubiera cambiado la faz de la Tierra. En ella ahonda enormes cráteres, arranca de cuajo los árboles y deshace la roca más dura en polvillo.

Puesto que la mayoría de los explosivos empleados en los suministros militares y fines industriales se preparan con nitroglicerina y algodón-pólvora, o mezclando estas dos substancias, será de gran interés dar a conocer la forma, procedimientos y algún detalle de su fabricación.

barcos explotados

Fuente Consultada:
Colección Moderna de Conocimientos Universales – Tomo II W.M. Jackson, Inc.

Historia del Premio Nobel Origen y Objetivos de la Entrega

Historia del Premio Nobel: Origen y Objetivos

EL TESTAMENTO DEL ALFRED NOBEL

“La totalidad de mis bienes realizables deberá ser utilizada de la manera siguiente: el capital, invertido en valores seguros por mis albaceas, constituirá un fondo cuyos intereses serán distribuidos cada año en forma de premios a las personas que, durante el año anterior, hayan aportado los mayores beneficios a la humanidad.

Los citados intereses serán divididos en cinco partes iguales que serán repartidas como sigue: una parte a la persona que haya hecho el descubrimiento o el invento más importante en el campo de la física; una parte a la persona que haya hecho el descubrimiento o mejora más importante en química; una parte a la persona que haya hecho el descubrimiento más importante en el dominio de la fisiología o de la medicina; una parte a la persona que haya producido, en el campo de la literatura, la obra más notable de tendencia ideal; y una parte a la persona que haya llevado a cabo la mayor o mejor labor en favor de la fraternidad entre las naciones, por la abolición o reducción de los ejércitos permanentes y por la celebración y el fomento de congresos por la paz.

Los Premios de Física y de Química serán concedidos por la Real Academia Sueca de Ciencias; el de Fisiología o Medicina por el Karolinska Institutet de Estocolmo; el de Literatura por la Academia Sueca en Estocolmo, y el de los paladines de la Paz por un comité de cinco personas elegidas por el Parlamento noruego.

Es mi voluntad expresa que, en la adjudicación de los premios, no se considere en forma alguna la nacionalidad de los candidatos, sino que deberá recibir el premio el más digno, independientemente de que sea escandinavo o no “

París, 27 de noviembre de 1895.

LOS PRIMEROS AÑOS

El testamento de Alfred Nobel, escrito sin ayuda legal, fue firmado en noviembre de 1895, en presencia de cuatro de sus amigos en el Club Sueco de París: Thorsten Nordenfelt, Sigurd Ehrenborg, R.V. Strehlenert y Leonard Hvass. Lejos estaba de imaginar los varios años de luchas testamentarias y de múltiples dificultades que se agazapaban en aquel documento. No sólo el carácter poco usual del testamento, sino también sus términos tan generales -en él se omitieron las más mínimas precisiones formales y legales-, propiciaron amplios debates en sectores diversos de la sociedad.

En el testamento, del cual se reproduce aquí sólo la cláusula que da origen a los premios Nobel nombró como ejecutores testamentarios de sus bienes a Ragnar Sohlman -su ayudante particular en los últimos años- y a Rudolf Liljeqvist -industrial sueco-. además, una parte de su patrimonio a algunos de sus familiares más cercanos Sin embargo, no estableció -como hubieran querido sus albaceas- indicaciones particulares para la aplicación y normatividad de la cláusula creadora de los premios.

El primer inconveniente de tipo práctico lo encontraron Sohlman y Lilljeqvist, en las diligencias correspondientes al registro y aprobación legal del propio testamento: el tribunal judicial que habría de dirimir sobre la homologación del mismo debía corresponder al lugar de residencia legal de Alfred Nobel; así, cualquier inventario financiero y las ejecuciones testamentarias en general debían ser amparados por la verificación oficial. Las objeciones por parte de la familia Nobel -formales unas y bastante pasionales otras- no se hicieron esperar.

Si bien Alfred Nobel canceló expresamente sus disposiciones testamentarias anteriores, no faltó la alusión reiterada a ellas en vista, principalmente, a la forma legal más depurada de las anteriores y, por supuesto, al evidente perjuicio causado, en la última voluntad del testador, al monto de la herencia familiar. La diferencia de opinión entre los dos bloques más grandes de la familia Nobel, comprendidos principalmente por sus parientes suecos y por sus parientes rusos, se convirtió en la base de una polémica ante la opinión pública, expresada en una especie de “campaña” de la prensa escrita de la época. Todo se inició con tintes de “normalidad” apenas cuatro días después del funeral de Nobel, cuando un diario de Estocolmo publicó la cláusula referente a los premios y se extendió en comentarios valorativos sobre la voluntad de Alfred Nobel. Calificaron dicha cláusula como “una merced hecha al género humano, con el propósito de fomentar su desarrollo futuro y promover su bienestar, así como para servir a designios puramente idealistas; probablemente la más espléndida en su clase que una persona particular hubiera tenido nunca el propósito y la capacidad de realizar”.

Sin embargo, el interés y difusión de la prensa tomaría caminos hacia la polémica. Los diarios suecos no sólo dudarían de la aplicabilidad real de los deseos de Alfred Nobel, sino que llegarían inclusive a instar a la impugnación del testamento en favor de la familia y a apoyar los temores expresados por las instituciones requeridas por Nobel para la asignación de los premios. De esta manera, proliferaron las objeciones al testamento. Este fue, incluso, llamado “magníficas intenciones, magnífico desatino”.

Los “cargos” más importantes contra él fueron así recogidos por su leal ayudante y albacea: “la clara falta de patriotismo mostrada por un sueco que, mientras despreciaba los intereses nacionales de Suecia, había querido, en cambio, apoyar ciertas actividades internacionales; la incapacidad de las instituciones designadas como adjudicadoras de los premios para cumplir satisfactoriamente las tareas que se le encomendaban, que interferirían, además, en sus actividades normales y expondrían a sus miembros al intento de soborno y corrupción, y, finalmente, la disposición por la cual el Premio de la Paz tenía que ser concedido por una comisión nombrada por el Parlamento noruego podría acarrear los mayores peligros para los intereses suecos, especialmente en vista de las tirantes relaciones entre Suecia y Noruega acerca de la unión que estaba entonces vigente”.

Los albaceas, en su afán de actuar de conformidad con los deseos de Nobel, se encontraron con otros problemas más: la validez del testamento estaba supeditada a la aceptación, por parte de las organizaciones legatarias de los premios, de las donaciones respectivas. En los primeros momentos algunas de éstas se concentraron en debates acerca de la conveniencia de aceptar tal responsabilidad y, por supuesto, se vieron retrasadas las negociaciones, respecto a los términos de dicha aceptación y a las implicaciones de tipo legal y social.

Fueron el apoyo y la justeza de proceder de Emanuel Nobel los que comenzaron a romper el muro de complicaciones al que se enfrentaron sus albaceas. Emanuel no sólo les recordaba a éstos constantemente la importancia de su papel (solía referirse a la “obligación implicada en la palabra rusa de albacea, Dushe Prikashshik, que quiere decir “el portavoz del alma” y a la importancia de que los dos seleccionados por su tío obrasen en consecuencia), sino que junto con Carl Lindhagen -consejero legal y judicial- se constituyó en elemento clave en la consolidación definitiva de la voluntad Nobel.

De esta manera, Emanuel Nobel -como representante de la parte rusa de la familia-, después de declarar oficialmente el 11 de febrero de 1898, su desinterés por impugnar la voluntad testamentaria de Alfred Nobel y, por ende, su apoyo irrestricto a sus disposiciones-, colaboró en las negociaciones con los restantes parientes.

Paralelamente a las discusiones con los parientes de Nobel, los albaceas realizaron aproximaciones a las organizaciones legatarias de los premios y argumentaron correctamente los aspectos relacionados con la residencia legal de Alfred Nobel quien no había tenido realmente ninguna. Esto complicaba el hacer efectivos los bienes en tanto no estuviera clara la “nacionalidad” del patrimonio, que, en el momento de morir Nobel, se encontraban distribuidos por Francia, Alemania, Suecia, Rusia, Escocia, Inglaterra, Italia, Austria y Noruega

Ahora bien, la conveniencia determinada por los albaceas -en aras de cumplir estrictamente la voluntad del testador e, igualmente, de evitar a toda costa los descuentos de impuestos de cada país-, apuntaba a formalizar en Suecia la jurisdicción sobre el testamento. Se propuso, entonces, como domicile de fait la casa de campo deBjórkborn (en cercanías de Bofors), pues allí había vivido Nobel sus últimos años.

Para esta época las instituciones previstas por Alfred Nobel para la adjudicación de premios se mostraban menos reacias a colaborar con la causa. Aunque la Real Academia de Ciencias se negó reiteradamente a nombrar delegatarios para las reuniones y trabajos relacionados con la constitución de la futura Fundación Nobel -pese a la insistente solicitud de los albaceas-, su presencia, de todas formas, fue decisiva en el momento de solicitar la legalización del testamentó en cuestión.

En 1897 el testamento fue presentado para su homologación en el Juzgado Provincial de Karlskoga (en cuya jurisdicción se incluía tanto Bofors como Bjórkborn), por parte del propio gobierno sueco, los albaceas respectivos, la Academia Sueca, la Real Academia de Ciencias, el Karolinska Institutete, incluso, por el Parlamento Noruego.

Sin embargo, fueron necesarios varios meses más para que dicha legalización fuera posible: se necesitó, en primer lugar, la aprobación del testamento de la familia en pleno y, en segunda instancia, superar el escepticismo de las instituciones respecto a los lineamientos generales estipulados en el convenio con dichos parientes.

El convenio contenía varias cláusulas especiales -incluidas más tarde en los propios estatutos de la Fundación Nobel-, las cuales debían ser aprobadas, además, por las asociaciones en cuestión y por el gobierno sueco. Después de aceptado plenamente, por aprobaciones oficiales sucesivas durante junio y julio de 1898, el 9 de septiembre del mismo año el gobierno sueco admitió la legalidad y viabilidad del testamento de Alfred Nobel.

Dos meses después se reiniciaron las reuniones con la presencia de los delegatarios de la Real Academia de Ciencias, con quienes se habría de perfilar definitivamente la Fundación Nobel. Se necesitaron nuevas energías para superar con éxito las nuevas polémicas: la problemática respecto a la organización de la Fundación en general y de los Institutos Nobel por un lado; así como también la referente a la normatividad y finanzas concernientes a la adjudicación de los premios. Finalmente, el 29 de junio de 1900, fueron promulgados por decreto gubernamental los estatutos bajo los cuales funcionaría la Fundación y que habían sido propuestos por la comisión encargada.

Fueron necesarias algunas adaptaciones ala voluntad final de Nobel. La más significativa provenía de las palabras de Nobel, según la cual, el premio debía otorgarse a obras o trabajos del “año precedente”. La idea original de Alfred Nobel era posibilitar a los galardonados la continuación de sus actividades con cierta tranquilidad económica.

Las condiciones reales no permitieron, sin embargo, la realización práctica de esta cláusula. Los trabajos preparatorios de los estatutos de la Fundación Nobel necesitaron de muchas vueltas al problema. Al final, se solucionó con los términos del apartado siguiente: “la disposición testamentaria de que la adjudicación anual de premios se referirá a obras realizadas durante el año precedente se entenderá en el sentido de que las adjudicaciones se harán para las obras más recientes en los campos culturales aludidos en el testamento, y para obras anteriores sólo si su importancia no se ha hecho notar hasta hace poco”, (Fines de la Fundación. Estatutos de la Fundación Nobel).

De todas maneras, sigue manteniéndose la intencionalidad de Alfred Nobel. Sus palabras verificarían este hecho: “Extender el conocimiento es extender la prosperidad -y me refiero a una prosperidad real, no a la riqueza individual- y con esa prosperidad desaparecerá la mayor parte del mal. Los progresos de la investigación científica nos hacen abrigar la esperanza de que los microbios, tanto del alma como del cuerpo, serán gradualmente exterminados y que la única guerra que librará la humanidad en el futuro será contra esos microbios”

Con este criterio general se comenzaron a otorgar los premios Nobel a partir de 1901: tradicionalmente la ceremonia de entrega se ha realizado en el aniversario de la muerte de Alfred Nobel, el 10 de diciembre.

Explosivos Aplicados A La Guerra

Biografia de Alfred B. Nobel Descubrimiento de la Dinamita Los Quimicos

LA DINAMITA Y OTROS EXPLOSIVOS – BIOGRAFÍA DE ALFRED NOBEL

ALFRED NOBEL
Durante los últimos años del siglo XIX, Estocolmo era una gran ciudad silenciosa, donde vivían ricos comerciantes noruegos y suecos, que monopolizaban los intercambios comerciales entre Rusia y los otros países del norte de Europa.

Era una ciudad que se iba extendiendo progresivamente; las primeras industrias nacían en el límite de los inmensos bosques suecos y, en los astilleros, se trabajaba con una actividad incesante en la construcción de barcos.

Alfredo Nóbel nació al comienzo de tal prosperidad, el 21 de octubre de 1833.  Su padre, ingeniero muy apreciado por su viva inteligencia, se había consagrado durante largos años al estudio de los explosivos, interesándose por conocer su composición química y sus efectos.  Fue el primero que logró construir una mina submarina (torpedo  fijo o flotante que estalla al menor choque y se emplea para atacar barcos enemigos y como defensa de los puertos) que despertó el interés de todas las naciones europeas, deseando cada una de ellas adquirir la respectiva patente para poseer los derechos de explotación exclusiva. Cuando Alfredo Nóbel era todavía un niño, el gobierno ruso propuso a su padre que se trasladara a San Petersburgo para instalar allí una fábrica destina da a la producción, en gran escala, de este tipo de aparatos de guerra.  El padre aceptó, haciendo que el destino de Alfredo fuese crecer y formar su espíritu entre explosivos.  No resulta sorprendente por lo tanto que, años más tarde, se dedicara él también a profundizar y revelar los secretos de esta clase de investigaciones.

Comenzó sus estudios en Estocolmo, los continuó en San Petersburgo y, cuando sólo contaba diecisiete años, su padre lo hizo viajar sin compañía por Alemania, Francia, Inglaterra y Estados Unidos; hablaba ya, con la misma perfección: sueco, francés, inglés, alemán e italiano. Su genio se manifestó tempranamente.  Bajo la sabia dirección de su progenitor, que fue el mejor de sus guías, no tardó en ser conocido, sobre todo por algunos inventos relacionados con diferentes sectores de la industria mecánica.  No tenía aún veinte años, cuando hizo patentar un tipo especial de medidor (contador) de gas y un modelo de medidor de agua. Pero, por esta misma época, un período difícil se iniciaba para los Nóbel.  Europa, que hasta el año 1815 había vivido angustiada por la guerra, deseaba ahora paz y tranquilidad; las razones militares que habían llevado a Rusia a contratar los servicios del ingeniero sueco perdieron importancia, y el gobierno imperial decidió suspender la fabricación de minas submarinas y cerrar las fábricas.

Cuando regresó a Suecia con su padre y su hermano, Alfredo quiso intentar la fabricación de nitroglicerina en grandes cantidades, estableciendo una verdadera manufactura; esto era algo que nadie había osado imaginar, pues la producción de esta materia presenta numerosos peligros. Se trata, en efecto, de un explosivo extremadamente sensible, descubierto en el año 1847, en los laboratorios de la Universidad de Turín, por quien habría de implantar, más tarde, la utilización de la dinamita en la agricultura: el químico italiano Ascanio Sobrero (1812-1888), que se había adelantado a Alfredo Nóbel en el descubrimiento de la nitroglicerina.

En 1864, cuando el éxito parecía seguro, una tragedia enlutó a la familia Nóbel.  La imprudencia de algunos obreros, que trabajaban en la fábrica recién terminada, provocó una tremenda explosión que hizo saltar todas las instalaciones y causó la muerte de cinco trabajadores y de Emilio Nóbel, el hermano menor de Alfredo.  Fue una dura prueba para el joven sabio.  Solo, privado de su querido compañero, sin apoyo y sin recursos, tuvo que alquilar una vieja embarcación en la que instaló su laboratorio.

En 1865, la fortuna parecía volver a sonreírle; fundó la primera fábrica en Alemania y, algún tiempo más tarde, otra en Suecia.  Pero siempre estaba expuesto al riesgo que ofrecía, en todo momento, la manufactura de este tipo de explosivo esencialmente peligroso.  Tuvo entonces la idea de mezclar la nitroglicerina con una sustancia permeable inerte. Obtuvo, de este modo, la dinamita’, mucho menos peligrosa en su fabricación que la nitroglicerina.

Para poder satisfacer los pedidos que recibía de todos los puntos de la Tierra, Nóbel estableció numerosas fábricas en toda Europa; pero el éxito no lo alejó del estudio y de la investigación.  Agregando otras sustancias a los explosivos que ya había descubierto, el gran sabio sueco logró nuevos productos: la dinamita-goma, obtenida gelatinizando 92 partes de nitroglicerina por 8 partes de nitro celulosa; y la balistita, que contiene partes casi iguales de nitroglicerina y nitrocelulosa, con un 10 % de alcanfor. Las patentó en 1887 y 1888; luego las ofreció al gobierno francés que las rechazó.  Este acontecimiento, aparentemente sin importancia, marcó el punto de partida de una sucesión de hechos que habrían de complicar su existencia.  Cuando sus experiencias comenzaban a proporcionarle tanto dinero como para convertirlo en el hombre más rico de su época, se desató una campaña en contra suya.

Periódicos, políticos, medios comerciales e industriales hicieron recaer sobre él la responsabilidad de los horrores de las guerras futuras.  Olvidaban o desdeñaban los notables servicios que podrían prestar la dinamita y otros explosivos, empleados con fines pací icos.  Nóbel no había trabajado para acrecentar las matanzas, sino para impulsar la ciencia en su camino hacia el progreso; aún más: conservaba la ilusión de contribuir a descartar los peligros de nuevos conflictos bélicos, mediante los resultados de su labor. ¿Cómo hubiera sido posible llevar a buen fin los trabajos de los túneles del Simplón, de 20 kilómetros de largo, o del San Cotardo, de 15 kilómetros, sin el auxilio de la dinamita?

En 1891, Alfredo Nóbel estaba en París.  Una mañana, mientras hojeaba un periódico, leyó con asombro la noticia de su muerte.  Se trataba de una horrible broma, pero más afectado se sintió aún por los comentarios que acompañaban la noticia, los cuales llegaban hasta el ensañamiento.  Algunos lo calificaban de “ser maléfico”; otros, de “autodidacta que lleva a los hombres a su destrucción”.  Todos sus detractores afirmaron que se respiraba una atmósfera de alivio, pues por fin desaparecía un hombre que había dedicado toda su vida a descubrir los medios que permitirían a la humanidad provocar más cruelmente su propia perdición.

Abatido por semejantes lecturas, Nóbel abandonó París y marchó a San Reino, donde continuó sus trabajos. Hizo nuevos descubrimientos en un terreno que no pertenecía a la química ni a la física, pero las campañas que se habían levantado en contra de él altera ron profundamente su salud.  En 1895, a pesar de que jamas había tenido otro fin que el bien de sus semejantes, sintió a su alrededor un clima de injusta incomprensión y hasta de odio.  Hizo testamento y, con las inmensas riquezas que había reunido, decidió crear una Institución que sería famosa.  Deseaba borrar todo recuerdo del odio de sus contemporáneos y que la posteridad le rindiera justicia.

El 10 de diciembre de 1896, a la edad de sesenta y tres años, Alfredo Nóbel murió en su residencia de invierno de San Remo, dejándonos, además de sus grandes inventos, el claro ejemplo de su fuerte y valiente personalidad.  El 31 de diciembre se abrió su testamento.  En él establecía que, con su fortuna, la más grande que un sueco reuniera individualmente, ya que sobrepasaba los 9 millones de dólares, se premiase cada año, sin distinción de nacionalidad, credo, raza o color, el mejor descubrimiento en el campo de la física, la química, la medicina y la fisiología, la obra literaria animada del mejor ideal y el trabajo más eficaz para el acercamiento y el desarme de los pueblos (obra en pro de la paz universal).

El premio consiste en la entrega de una medalla, un diploma simbólico y una suma en efectivo que varía de año en año; así, por ejemplo, en 1915 fue de 50.000 dólares y, en 1935, de 42.000. Sin embargo, no es el dinero lo más importante del premio; el honor y el prestigio que confiere significan mucho más.

Según disposición testamentaria, los premios de física y de química los discierne la Real Academia Sueca de Ciencias; los de medicina y fisiología, la Facultad de Medicina de la Universidad de Estocolmo; los de literatura y los de la paz, un comité de cinco miembros nombrados por el Parlamento.

Asistamos a una elección del Premio Nóbel de Literatura.  Son las cuatro de la tarde de un jueves del mes de octubre.  Los “dieciocho inmortales” que integran la Real Academia Sueca se reúnen en su sesión semanal en la sala de deliberaciones, blanca y oro, de su local situado en la planta alta de la Bolsa de Valores.  Los académicos ocupan sus sitios, en sillones numerados que rodean una mesa cubierta de damasco azul.  Delante de cada miembro hay una vela encendida y una copa de agua azucarada.  Los académicos votan por medio de unas bolitas blancas de marfil, que depositan silenciosamente en un gran tibor (vaso grande de barro o porcelana oriental) japonés.

Una vez conocido el resultado, mientras los periodistas corren a los teléfonos para dar la noticia al mundo, el secretario de la Academia entrega a cada uno de los miembros presentes el medallón de plata que el fundador de la misma, el gran rey sueco Gustavo Adolfo, creara en 1786 para recompensar a los que concurrían a las sesiones.  En el anverso del medallón está estampada la imagen del Rey, y en el reverso, el lema de la Academia, “genio y gusto”.  Algunos guardan el medallón y otros, según la tradición, lo cambian por coronas en la conserjería.  Luego, los académicos van a comer en la vecina cervecería-restaurante propiedad de la Academia, y discuten allí los alcances de su reciente elección.

El 10 de diciembre, aniversario de la muerte de Nóbel, a las cinco de la tarde, los nuevos ganadores asisten, en la ópera de Estocolmo, a la entrega de los premios.  La ceremonia es presidida por el Rey, hallándose presentes los miembros de la familia real, oficiales de la corte, el cuerpo diplomático, representantes de la Fundación Nóbel, ministros del gobierno y otros personajes ilustres.  Es una solemne reunión, en la cual el traje de etiqueta es obliga torio.  Se toca música clásica y cada etapa de la ceremonia se señala con toques de cometa.

El presidente de la Fundación presenta a cada ganador con un corto discurso en el que se exponen los motivos por los cuales se les otorgó tan alta distinción, y el Rey les entrega el premio.  Después de esta ceremonia tradicional, la Fundación ofrece un banquete al que concurre toda la, familia real, excepto el Rey.  Se brinda por el soberano y cada ganador pronuncia unas palabras en su propia lengua.  A la noche siguiente, el Rey ofrece un banquete en el Palacio Real.

En el año 1901 se entregaron por primera vez los Premios Nóbel.  Los cinco ele jdos para recibir tan importante galardón fueron: ciencias físicas, Guillermo Roentgen, alemán, descubridor de los rayos X; ciencias químicas,Jacobo van Hoff, holandés; fisiología y medicina, Emilio ven Behring, creador de la moderna sueroterapia que sirvió de base para la curación de la difteria; literatura, Armando Sully-Prudhonune, poeta francés; obra de la paz, Juan Enrique Dunant, filántropo suizo, fundador de la Cruz Roja Internacional, y Federico Passy, economista francés, fundador de la Sociedad Francesa de Arbitraje Internacional y de la Liga Internacional de la Paz.

Recordemos, entre los laureados con tan alta distinción, a Pedro Curie (francés) y María Curie (polaca), física, 1903; Iván Petrovich Pavlov (ruso), medicina y fisiología, 1904; Santiago Ramón y Cajal (español), medicina, 1906; Guillermo Marconi (italiano), física, 1909; Rabindranath Tagore (hindú), literatura, 1913; Alberto Einstein (alemán), física, 1921; Anatole Franco (francés), literatura, 1921; Jacinto Benavente (español), literatura, 1922; Federico Joliot e Irene Joliot-Curie (franceses), química, 1935; Carlos Saavedra Lamas (argentino), paz, 1936; Eugenio O’Neill (norteamericano), literatura, 1936; Roger Martin du Gard (francés), literatura, 1937; Sir Alejandro Fleming (inglés), química, 1945; Gabriela Mistral (chilena), literatura, 1945; Bernardo A. Houssay (argentino), fisiología, 1947; André Gide (francés), literatura, 1947; Alberto Schweitzer (francés), paz, 1954; Juan Ramón Jiménez (español), literatura, 1956.

Fuente Consultada: Lo Se Todo Tomo 3 Pag.460

DEL ALGODÓN PÓLVORA A LA “CORDITA” Y A LA “GELATINA EXPLOSIVA”

Si, por ejemplo, se hace hervir el algodón en una disolución de agua y ácido nítrico diluido, el producto, después de seco, será un polvo blancuzco, insoluble, que no servirá para nada. Por el contrario, tratando el algodón a frío con la solución concentrada del mismo ácido, conteniendo además un poco de ácido sulfúrico, y al sacarlo del baño se lava cuidadosamente y seca, el resultado es el algodón-pólvora, uno de los explosivos modernos más enérgicos. Aunque en apariencia cambia muy poco el algodón y el ácido reaccionó sobre la celulosa, el producto se denomina ácido nítrico «ester» de celulosa o nitrato de celulosa.

Este material es muy inflamable, arde con gran rapidez, desarrollando considerables cantidades de gases calientes. Cuando estos gases se forman en un espacio reducido, tal como la recámara de un cañón, impulsan a la bala o granada con tremenda presión y velocidad. Mas el algodón pólvora no puede emplearse para disparos de la artillería, pues su acción explosiva es tan rápida, que probablemente reventarían las piezas antes de disminuir la presión al salir el casco por la boca.

Así, con objeto de rebajar su fuerza explosiva, o mejor, hacer más lenta su acción, se disuelve el algodón-pólvora en una mezcla de éter y alcohol o en acetona, para convertirlo en una pasta plástica. Moldeada esta pasta en pequeños cubos, cilindros o en forma granular, se puede hacer arda con la lentitud que se desee. La inflamación es casi completa, no dejando apenas residuos ni dando lugar a gases, por cuya razón se la llamó «pólvora sin humo».

Mezclando el algodón-pólvora con la nitroglicerina, otro enérgico explosivo, y un poco de vaselina, se obtiene la «cordita». Esta materia fue descubierta en 1878 por el célebre químico sueco Alfredo Nobel. Hay muchos explosivos activos y eficaces, entre ellos el «TNT», y varios picratos; pero a la cordita se le considera como el mejor de todos.

Con la enorme fortuna acumulada con sus invenciones, Nobel fundó el premio que lleva su nombre, con el objeto de promover el avance de la ciencia y recompensar a aquellas personas que más se distinguieron por sus trabajos en favor de la paz universal.

La dificultad e inconveniente de la dinamita, desde el punto de vista moderno, es su pequeño rendimiento como explosivo. Su seguridad resulta precisamente de que una cuarta parte de sus componentes son materias absorbentes que no engendran gases.  Reconociendo esto, Nobel trató de encontrar, durante muchos años, otra substancia activa para su nitroglicerina, que al mismo tiempo que absorbiese el aceite explosivo formase una especie de pasta química.

Una mañana, al hacer sus ensayos, se cortó en un dedo. Envió a un ayudante para que le trajese un poco de colodión y proteger su herida. Recubierta la cortadura, iba a tirar el resto del frasco cuando se le ocurrió mezclarlo con la nitroglicerina.

El colodión se prepara disolviendo el algodón-pólvora en éter. Cuando se combina con alcanfor, el algodón-pólvora, disuelto, se convierte en celuloide. Para fabricar esta clase de algodón-pólvora comercial sólo se emplea ácido nítrico moderadamente concentrado; es por veces muy inflamable; pero el alcanfor le hace inexplosible y puede ser trabajado con pesados martillos y laminadores sin el menor peligro.Suprimiendo el alcanfor, Nobel obtuvo una mezcla de algodón-pólvora y nitroglicerina, la cual resultó aún más segura y con notable mayor energía explosiva. El accidente de cortarse en un dedo hizo que el inventor ensayase con el algodón-pólvora, un nuevo explosivo conocido luego como: gelatina explosiva

Testamento de Alfred Nobel

“La totalidad de lo que queda de mi fortuna quedará dispuesta del modo siguiente: el capital, invertido en valores seguros por mis testamentarios, constituirá un fondo cuyos intereses serán distribuidos cada año en forma de premios entre aquéllos que durante el año precedente hayan realizado el mayor beneficio a la humanidad. Dichos intereses se dividirán en cinco partes iguales, que serán repartidas de la siguiente manera:

Una parte a la persona que haya hecho el descubrimiento o el invento más importante dentro del campo de la Física.

Una parte a la persona que haya realizado el descubrimiento o mejora más importante dentro de la Química.

Una parte a la persona que haya hecho el descubrimiento más importante dentro del campo de la Fisiología y la Medicina.

Una parte a la persona que haya producido la obra más sobresaliente de tendencia idealista dentro del campo de la Literatura.

Una parte a la persona que haya trabajado más o mejor en favor de la fraternidad entre las naciones, la abolición o reducción de los ejércitos existentes y la celebración y promoción de procesos de paz.

Los premios para la Física y la Química serán otorgados por la Academia Sueca de las Ciencias, el de Fisiología y Medicina será concedido por el Instituto Karolinska de Estocolmo, el de Literatura, por la Academia de Estocolmo, y el de los defensores de la paz por un comité formado por cinco personas elegidas por el Storting (Parlamento) noruego. Es mi expreso deseo que, al otorgar estos premios, no se tenga en consideración la nacionalidad de los candidatos, sino que sean los más merecedores los que reciban el premio, sean escandinavos o no”.

Biografía II: (Estocolmo, 21 de octubre de 1833 – San Remo, 10 de diciembre de 1896)

Químico sueco. Su infancia transcurrió enfermiza y en medio de los fracasos económicos de su padre. La familia de su madre costeó sus estudios, en los que sobresalió por sus altas calificaciones. En 1844 se traslada con su familia a San Petersburgo, donde su padre trabaja en la confección de bombas, minas y proyectiles. El éxito económico permitió la instalación de un taller propio. Alfred continuó sus estudios, adquiriendo una vasta formación intelectual y tecnológica, y a los 16 años inició viajes por el extranjero que la completaron.

Viajó por Alemania, Italia, vivió en París, Nueva York… Dos años después comenzó a trabajar en la fábrica de su padre, que con la guerra de Crimea incrementó su produccion y prosperidad. Imprimió con sus conocimientos y su inventiva un poderoso impulso a la industria bélica de los Nobel. Sin embargo, la paz y un incendio desastroso cambiaron el rumbo de las cosas. Su padre trabajó entonces en un explosivo nuevo, después de regresar de Estocolmo, como medio de reemprender el negocio.

Alfred inició gestiones con el Ejército ruso. Los experimentos fracasaron y el mismo Alfred comenzó a trabajar en el nuevo explosivo para no defraudar el interés que habían provocado sus promesas. Y comenzó a trabajar con la nitroglicerina, cuya utilización no era aún controlable. Experimentó e investigó largamente sin resultados totalmente satisfactorios. Decidió dedicarse a las aplicaciones comerciales y en 1864 halla un socio capitalista dispuesto a financiarle, pero una explosión en el laboratorio donde trabajaba, que acaba con la vida de cinco personas, le vale la prohibición de continuar sus experiencias. Pero Nobel y su socio se instalaron sobre un lago en el que no ejercía autoridad la jurisdicción de Estocolmo y formaron compañía.

En 1865 se abría la primera fábrica de fuertes explosivos: el negocio fue bueno desde el primer momento y la industria experimentó un desarrollo continuo. En pocos meses se instalaron sucursales en Noruega, Finlandia y Alemania. La utilización industrial de nitroglicerina adquirió gran difusión; sin embargo, era sumamente delicado su transporte y fue causa de graves catástrofes. Nobel abordó, pues, este problema e intentó la solidificación del explosivo. La mezcla definitiva fue con tierra arcillosa de un tipo especial: la dinamita había sido descubierta: su propagación fue inmediata y la compañía Nobel se constituyó en el más poderoso de los monopolios del mundo. Alfred se hizo millonario y poderoso.

Se estableció en París. Alfred y sus hermanos invirtieron en las prospecciones petrolíferas del Cáucaso en 1878, y pronto Baku fue casi de su pertenencia. Presentaron importantes innovaciones en la extracción, conducción por oleoductos, e inventaron un método de destilación más perfecto que los existentes. En 1879 fueron los primeros en la utilización de barcos petrolíferos, teniendo en 1884 una auténtica flota. La intervención de Nobel en la política de Francia a través de Paul Barbe fue clarísima en la década de 1880. En su testamento dispuso que toda su fortuna se destinase a la concesión de cinco premios (física, fisiología y medicina, química, literatura y paz) destinados a recompensar, cada año, a los grandes bienhechores de la humanidad.

Biografía de Nobel Alfred –
Fuente Consultada: Enciclopedia Temática Electrónica (Biografías)

Explosivos Aplicados A La Guerra

Nitroglicerina, Historia, Inventor, Caracteristicas y Fabricaciòn

NITROGLICERINA: DESCUBRIDOR Y PRECAUCIONES EN LA ELABORACIÓN

NITROGLICERINA  Ester (compuesto orgánico) nítrico de la glicerina, de fórmula C3H5N3O9, en el que sus tres grupos alcohólicos han sido esterificados por otros tres de ácido nítrico. Es un líquido aceitoso, incoloro e inodoro, más pesado que el agua e insoluble en ella, que se prepara tratando la glicerina con una mezcla fría de ácidos nítrico y sulfúrico concentrados. Arde sin explosión cuando está en capas delgadas, pero detona con gran violencia por efecto del calor, del roce o de un choque; estalla con una fuerza siete veces mayor que la de la pólvora.

La nitroglicerina fue el primer explosivo práctico producido nunca más fuerte que el polvo negro. La nitroglicerina fue sintetizada por el químico italiano Ascanio Sobrero en 1847, trabajando bajo Théophile-Jules Pelouze en la Universidad de Turín.

Sobrero inicialmente llamó a su pyroglycerine descubrimiento, y advirtió enérgicamente en contra de su uso como explosivo. Más tarde fue adoptado como un explosivo comercialmente útil de Alfred Nobel. Nobel experimentó con varias formas más seguras para manejar la nitroglicerina peligrosa después de que su hermano menor Emil Oskar Nobel y varios obreros murieron en una explosión de nitroglicerina en la fábrica de armamentos del Nobel en 1864 en Heleneborg, Suecia.

Un año más tarde, Alfred Nobel fundó Alfred Nobel y Company en Alemania y construyó una fábrica aislada en el Krmmel colinas de Geesthacht, cerca de Hamburgo. Este negocio exporta una combinación de líquido de la nitroglicerina y la pólvora llamado “Aceite de voladura”, pero esto era extremadamente inestable y difícil de manejar, como se muestra en numerosas catástrofes

Las operaciones en la industria de la nitroglicerina fueron siempre bastante peligrosas. Se llevan a efecto en una serie de talleres establecidos en terrenos cuyas proximidades se consideran siempre como peligrosas. Los edificios se sitúan a diferentes niveles y más bajos que las tuberías de plomo, forradas de madera, por las que corre el líquido explosivo desde un taller a otro. En estas peligrosas construcciones no debe emplearse ni el hierro ni ladrillos.

Se hacen de madera, pues ésta ofrece mucha menos resistencia que los materiales antes citados. Cuando, por desgracia, acontece una explosión, saltan los costados y vuela la cubierta, cayendo destrozados y en pedazos sobre los muros deshechos. Si la explosión ocurriere en un edificio de mampostería, los trozos de los materiales serían lanzados contra las otras construcciones que le rodeasen.

Así, se ha visto que la mejor disposición para establecer los talleres es instalarlos en grandes zanjas o pozos, defendiéndolos, además, con terraplenes de mayor altura que los techos de aquellos casetones en los cuales se efectúan trabajos expuestos. De este modo, los efectos de la explosión se limitan al lugar donde sobrevino.

En las fábricas de nitroglicerina se trata de evitar por todos los medios imaginables la posibilidad de cualquier choque, por pequeño que sea, golpes de las herramientas metálicas con la piedra y la menor perturbación o desorden que pueda producir una explosión. Los obreros calzan zapatos de suela cosida, pues los clavos son más peligrosos que encender una cerilla; todos los útiles se hacen de bronce o latón, y los edificios se aseguran con estaquillas y clavijas de madera o clavos de bronce. Causas tan insignificantes, como, por ejemplo, el reflejo de la luz del Sol en el agua contenida en un balde que habrá servido para lavar nitroglicerina, han dado lugar a diversas explosiones.

A pesar de todo lo dicho, la vida del obrero en las factorías donde se prepara este producto no es tan desagradable como parece. Poco a poco fue mejorando la índole de los trabajos, y desde luego es mucho menos peligroso ahora el proceso que cuando comenzó la industria. Los obreros están obligados a cambiar el traje a la entrada en la fábrica, y no se les permite tener consigo ningún útil o pieza de metal, cerillas o cigarros. No pueden volver a sus casas con la blusa de faena, pues esto sería tan peligroso como el llevar un torpedo, que estalla al menor descuido.

La primera operación en las fábricas de explosivos se efectúa en el taller de nitrificación, que es indispensable conservar escrupulosamente limpio de tierra, arena y polvo. El encargado vigila por una abertura del gran tanque de plomo el chorro de nitroglicerina que cae sobre la mezcla de ácido sulfúrico y nítrico, regulando al mismo tiempo una corriente de aire comprimido que agita los líquidos durante el proceso de nitrificación.

Un termómetro indica la temperatura de la mezcla, debiendo tenerse especial cuidado en que ésta no suba al grado que se considera peligroso, por efecto del calor desarrollado en la reacción. Alrededor del tanque circula constantemente una corriente de agua para enfriar la mezcla.

El aire comprimido también sirve para rebajar la temperatura. La nitrificación dura unos treinta minutos, y una vez terminada, la materia que podríamos llamar «nitroglicerina cruda» está en disposición de pasar al taller de separación.

Esta nitroglicerina es un líquido oleoso, pesado, de coloración pajiza pálida, con sabor azucarado y cualidades venenosas: muchas personas, sólo con tocarlo, sienten dolor de cabeza; y por último,en caliente explota con gran facilidad. Una vez en el taller de separación es menos peligroso.

El tanque separador tiene también una abertura, y según corren los desperdicios, ácidos desprendidos de la nitroglicerina cruda, un obrero vigila también observando si aparecen vapores de color rojo vivo, que es la señal de peligro. Si los humos van enrojeciéndose debe aumentarse la presión de la corriente de aire para mezclar más intensamente la masa, pues esto es a causa de que el compuesto tiene una temperatura superior a la precisa para que no se descomponga.

Esta descomposición es provocada por el agua, con la cual se lava la nitroglicerina dos o tres veces. Si el vapor no disminuye y se teme, por tanto, pueda ocurrir una explosión, se abre rápidamente el cierre entre los tanques de separación y sumersión. La nitroglicerina corre a este último, que es una amplia cisterna refrigeradora instalada fuera de la caseta o taller.

Pero si la operación sigue su marcha normal, la carga, libre de ácidos y bien lavada con agua, corre por tuberías deplomo al gran departamento de filtración. Aquí se hace pasar por dos franelas, y, recogida en cubos de caucho, la analiza un químico. Muchas veces tiene que lavarse de nuevo, por no satisfacer a las condiciones exigidas. Cuando cumple estas condiciones, se envía, también por tubería, al taller de sedimentación, donde reposa un día o más, hasta que aparece el agua en la superficie.

Algunas veces se hace pasar a través de la sal común, que absorbe el agua, y de esta manera se economiza el tiempo empleado en la sedimentación. En las fábricas de pólvoras hay otras muchas disposiciones ingeniosas que disminuyen el riesgo de la manipulación y producen un compuesto más puro, químicamente considerado.

Preparación actual de los explosivos para hacerlos menos peligrosos
Después de terminada la sedimentación, la nitroglicerina puede ya servir para preparar la dinamita, cordita, nitrogelatina y otros varios compuestos explosivos, ha dinamita se hace mezclando la nitroglicerina con tierra infusoria o kieseiguhr, que absorbe tres veces su peso de aquella materia; pero para las explotaciones de canteras y minas se emplea una materia inerte más débil.

Se cargan los cartuchos en casetas o chozas, en las que trabajan tres mujeres: una, en la prensa, que es un cilindro con pistón de marfil que comprime la carga en el cartucho; las otras dos mujeres los envuelven, y un chico recoge el peligroso producto cada diez minutos, transportándolo al almacén.

En la explotación de minas la dinamita ha sido en gran parte suplantada por la gelatina explosiva y varias otras pólvoras especiales, en general conteniendo nitroglicerina, pues son más enérgicas, económicas, menos sensibles a la acción de la humedad y más seguras. Muchas de las llamadas «pólvoras sin peligro» son muy semejantes a la dinamita; pero contienen alguna otra substancia para reducir la temperatura y longitud de la chispa en el momento de la explosión. Aunque esto disminuye la fuerza explosiva, es una modificación conveniente, pues se ha comprobado que la acción de la chispa en una pequeña carga de dinamita, sobre las cenizas o el polvillo de carbón, ha sido causa de desastrosos accidentes, ha dinamita se va reemplazando en otros diferentes trabajos por varios tipos de explosivos estudiados especialmente para las condiciones particulares de cada obra.

Es tan conocida por los especialistas la acción de los diversos ingredientes que entran en la composición de la dinamita, que pueden preparar las mezclas de suerte que satisfagan a la calidad que se desee. En la práctica moderna del empleo de explosivos hay en realidad muy poco peligro, si las personas que los manejan son cuidadosas, pues todas las diversas calidades se ensayan de varias maneras antes de lanzarlas al mercado. Generalmente los barrenos o explosiones industriales, en obras públicas y explotaciones mineras, se descargan por medio de la chispa eléctrica y desde lugares distantes, al abrigo de todo peligro.

Poco se deja a la casualidad, pues los hombres saben muy bien, por triste experiencia, la tremenda fuerza que desarrollan los gases. Conocen también la manera de barrenar la roca o el carbón que desean destrozar o arrancar, la profundidad y dirección que deben dar, así como la cantidad y clase de explosivo necesario para conseguir determinado trabajo, que pueden fijar con exactitud completa. Algunos explosivos rajan el material duro en que se utilizan, mientras otros actúan como grandes y potentes martillos de vapor, por compresión, machacando y despedazando la roca.

Explosivos Aplicados A La Guerra