La República Romana

Historia del Imperio Romano Trabajo Minero y Agricola Mineria Tecnicas

HISTORIA DE ROMA ANTIGUA: TRABAJO MINERO

la vida cotidiana en roma antigua

Los romanos asimilaron rápidamente los avances técnicos realizados por griegos y egipcios en la minería. Las minas eran explotadas a cielo abierto y en pozos o galerías como se puede comprobar en España, con los distritos mineros de Las Omañas, Las Médulas, Cástulo o La Valduerna.

mineria roma antigua

Una de las técnicas más empleadas era el derrumbe de montañas, procediendo después al lavado de mineral con agua, en ocasiones procedente de 40 kilómetros. De los diferentes distritos mineros salía el metal puro fundido, por lo que se realizaban in-situ todas las operaciones, lo que conllevaba la participación de un amplio número de trabajadores.

No en balde, sabemos que en las minas de Cartagena llegaron a trabajar unas 40.000 personas. Como es lógico pensar, el trabajo en la mina era tremendamente duro. La mayoría de los mineros eran esclavos o trabajadores dependientes e incluso libres que trabajaban por el beneficio obtenido o como una forma de liberación de impuestos. Las tropas acantonadas en las cercanías de las minas, además de proporcionar seguridad a la explotación, servían para realizar tareas de asesoramiento técnico y construcción de infraestructuras. Este tipo de tareas eran dirigidas por los procuradores imperiales que también tenían a su cargo la administración y la vigilancia de la explotación.

La gestión de las minas dependió del momento. En un principio, el Estado tenía bajo su control la explotación pero desde los primeros años del siglo II a.C. se utilizó un sistema mixto: arrendamiento para todos los metales excepto las minas de oro que dependían directamente del Estado (las de plata en algunas ocasiones también eran de propiedad estatal). Los servicios que rodean a las minas -baños, zapatería, ferretería, etc.- eran ofrecidos por el Estado en régimen de alquiler.

El Sacro Imperio Romano Germanico Reformas Esclesiasticas de Gregorio VII

El Sacro Imperio Romano Germánico

El Sacro Imperio Romano Germánico (en alemán: Heiliges Römisches Reich Deutscher Nation «Sacro Imperio Romano de Nación Alemana»; o Sacrum Romanum Imperium Nationis Germaniae en latín) fue la unión política de un conglomerado de estados de Europa Central, que se mantuvo desde la Edad Media hasta inicios de la Edad Contemporánea.

Formado en 962 de la parte oriental de las tres en que se repartió el reino franco de Carlomagno en 843 mediante el Tratado de Verdún, el Sacro Imperio fue la entidad predominante de Europa central durante casi un milenio, hasta su disolución en 1806 por Napoleón I.

A partir del imperio de Carlomagno, Alemania quedó anarquizada y dividida en numerosos Estados independientes: entre ellos se destacaban los grandes Ducados de SAJONIA, TURINGIA, FRANCONIA, SuARIA, BAVIERA y LORENA, además de las importantes provincias fronterizas o Marcas del Este (AUSTRIA), de BOHEMIA y del BRANDEBURGO.

Sabemos también cómo los Señores feudales, a la muerte de Luis EL Niño, último descendiente de Carlomagno, se pusieron de acuerdo y en el año 910 eligieron como rey a CONRADO, DUQUE DE FRANCONIA, comenzando así a gobernar el país reyes alemanes.

Y ya desde un comienzo, tanto este monarca como su sucesor, ENRIQUE, DUQUE de SAJONIA, llamado el “Pajarero” por su afición a la caza de aves, estuvieron en perpetua lucha contra los Señores. Sólo el siguiente monarca pudo cimentar verdaderamente la grandeza de Alemania.

OTON EL GRANDE: Este príncipe, tan notable como Carlomagno, llegó al trono en el año 940, y resuelto a lograr la unidad del país, pasó los primeros años sometiendo a diversos príncipes, logrando finalmente que todos reconocieran su dependencia al reino.

Luego hizo frente a varias amenazas exteriores: contuvo con gran energía varias incursiones de los normandos y de los eslavos, e incluso salvó a Europa de los húngaros, destrozándolos en la batalla de Lech.

Más tarde tuvo que intervenir en Italia. Este país, desde la muerte de Carlomagno se hallaba en el mayor desorden, dividido en innumerables principados  enemistados entre sí, y, además, devastado por los árabes, húngaros y normandos que lo saqueaban a su  gusto.

Otón llegó a la península en el año 960 llamado por ADELÁIDA, reina de la Lombardía, que había sido destronada por varios príncipes sublevados: la repuso en el trono y luego se casó con ella, convirtiéndose así en soberano del norte de Italia.

EL NUEVO IMPERIO: Poco después, Otón volvió nuevamente a Italia. Los príncipes feudales se habían alzado contra el Papa JUAN XII y éste de inmediato solicitó su ayuda. El rey entró en Roma en el 962, repuso al Pontífice en sus funciones y luego en una solemne ceremonia fue coronado como Emperador de Occidente

Así, por segunda vez, la Iglesia restauraba el Imperio, con- el fin de conseguir la unidad del Continente.

El Emperador y el Papa serían las dos columnas de la nueva Europa Cristiana y se apoyarían mutuamente para imponer el orden en esos tiempos tan calamitosos. Ambos se juraban fidelidad: el Emperador sería el protector de la Cristiandad, y el Papa, por su parte, sólo podía ser elegido contando con su aprobación.

Lamentablemente estas buenas intenciones no se cumplieron, por el contrario, comenzó desde entonces una lucha que duró más de 200 años para dilucidar la superioridad del Papa o del Emperador: finalmente concluyó con el aniquilamiento político de ambos.

Ya desde los primeros momentos hubo complicaciones: durante los cien primeros años ocuparon el trono imperial varios excelentes monarcas, pero que tuvieron la constante pretensión de intervenir en los asuntos internos de la Iglesia, creyéndose los dueños de la Cristiandad, en vez de sus defensores.

LA REFORMA ECLESIÁSTICA-Nicolás II: Por ese mismo tiempo, la Sede Pontificia Romana se hallaba gravemente comprometida. Hasta Carlomagno, los Papas habían sido elegidos por el pueblo de Roma; luego, con el feudalismo, cayeron bajo la influencia de los señores; y ahora, bajo el Imperio, debían contar con la aprobación de los Soberanos. De esta manera se originaron los graves problemas, algunos tratados en este sitio.

Evidentemente so necesitaba una doble reforma: independizar la Iglesia de la influencia de los emperadores, y renovar la disciplina interna. Ambas cosas se consiguieron en muy poco tiempo.

En el año 1059 fue elegido Papa Nicolás II, quien de inmediato y sorpresivamente reglamentó la elección de los futuros Pontífices: en adelante los elegirían los cardenales, sin necesidad de la aprobación del Emperador. La medida fue muy alabada, pero parecía constituir un desafío al poder Imperial.

De acuerdo al nuevo sistema aprobado, en el año 1073 fue elegido Papa el monje cluniacense HILDEBRANDO, quien tomó el nombre de Gregorio VII: fue el personaje destinado a ser el gran reformador y una de las figuras cumbres de la Iglesia.

Hombre culto y muy piadoso aunque sumamente enérgico, Gregorio desde el comienzo de su gobierno se sintió llamado no sólo a purificar la Iglesia de todas sus fallas, sino además a imponer la Supremacía Pontificia sobre todos los reyes y príncipes cristianos.

De inmediato Convocó un Concilio que aprobó sus famosas reformas: bajo pena de excomunión se prohibió a los civiles entrometerse en los asuntos internos de la Iglesia y Conceder cargos eclesiásticos. Igualmente se penaba a los clérigos que los aceptaban o que- vivían casados.

Al mismo tiempo, numerosos Legados Pontificios se desplazaron por toda Europa controlando el cumplimiento de estas directivas y deponiendo a los transgresores. Entonces fue cuando intervino en la lucha el Emperador.

Ocupaba el trono imperial Enrique IV, príncipe prepotente y ambicioso, poco dispuesto a perder sus privilegios. En un principio desconoció las órdenes pontificias y siguió confiriendo dignidades eclesiásticas como si nada hubiera pasado. El Papa Gregorio le envió amistosos avisos y luego protestas más enérgicas. Finalmente, se vio en la necesidad de excomulgarlo, y —cosa nunca vista— lo destituyó de emperador.

El resultado fue tremendo: los príncipes alemanes se reunieron en Tribur y apoyaron al Papa desligándose del soberano.

Entonces Enrique, viéndose perdido, se dirigió a Canosa, en el norte de Italia, en donde se encontraba el Papa, para pedirle el levantamiento del castigo. Gregorio, luego de tres días de espera, le concedió el perdón y lo restituyó en el trono. 5u triunfo había sido completo.

Con todo, la lucha aun prosiguió unos años hasta que con el “Concordato de Worms” se llegó a un acuerdo: el Papa y el Emperador reconocían su mutua independencia en sus respectivas esferas.

La Vida En Roma Antigua Historia de Roma Imperio Romano de Occidente

La Vida En Roma Antigua

LA SOCIEDAD ROMANA: EN ROMA era muy importante ser un cives (ciudadano). En un principio la ciudadanía romana estaba reservada a los que vivían en la ciudad de Roma, pero en el 89 a.C. se extendió a todos los que vivían en la península Itálica. En el 212 d.C. se incluyó a todos los hombres libres que vivían dentro de los límites del imperio. Sin embargo, ni las mujeres ni los esclavos estaban incluidos.

EL ORDEN SOCIAL ROMANO La sociedad romana estaba organizada siguiendo una estricta jerarquía. Esta división social empezó muy pronto en la historia de Roma, alrededor del s. VI a.C. Los ciudadanos más poderosos y privilegiados eran los patricios. Muchos de ellos descendían de terratenientes romanos y familias de políticos. De estas familias provenían casi todos los senadores que gobernaban Roma. En el segundo peldaño del escalafón estaban los equites (caballeros), que solían ser banqueros o ricos mercaderes que habían servido en el ejército o en la administración del estado.

PLEBEYOS
El gran grupo, formado por los ciudadanos más pobres, era el de los plebeyos, que en cierto momento ganaron la igualdad política con los patricios y los equites, y pudieron ser elegidos para formar parte del ejército u ocupar puestos en la administración.

ESCLAVOS
Los esclavos ocupaban el escalón más bajo de la sociedad romana y hacían los trabajos más duros. Muchos de ellos eran prisioneros capturados durante las conquistas romanas. No tenían ningún derecho, pero incluso entre los esclavos había distintas clases. La dura vida de un esclavo que trabajaba en las minas no se parecía en nada a la de un esclavo griego que trabajaba como tutor de los niños romanos. A partir del s. I d.C. las condiciones de los esclavos empezaron a mejorar y algunos consiguieron la libertad.

via publica en roma

He aquí una de las vías públicas del centro de Roma. Como se ve, presenta un aspecto animadísimo. Estamos a media mañana, la “hora clave” de los romanos. Esclavos y ciudadanos se apresuran a efectuar sus tareas, el vendedor ambulante de agua pregona su mercancía en busca de compradores, los comerciantes y artesanos trabajan en sus locales abiertos.

A la izquierda, vemos el establecimiento de un “tonsor“, o peluquero. Un cliente, sentado en un escabel, espera ser… “desollado” por la tosca navaja del barbero. Al lado hay un “termopolio“, un bar, como decimos hoy. El mostrador, una losa de mármol, da a la calle: un transeúnte se ha detenido para tomar una taza de vino caliente (la bebida preferida por los romanos), aromatizado con hierbas y resina de pino.

En todo el lado izquierdo de la calle aparecen altos edificios de amplios portales, siempre colmado degente que entra y que sale. Estos grandes edificios son las “insulae“, esto es, casas de varios pisos en que habitaban Ias familias  plebeyas. Pero no todas las casas romanas eran míseras como las “insulae”. A la derecha tenemos la “domus” de un rico patricio. Por fuera no parece muy hermosa: consta sólo de planta baja y se abre a la vía pública mediante un estrecho portal  además, no tiene ventanas. Pero veámosla por dentro. Pasada la entrada , nos hallamos en el “atrio” , una gran pieza con una extraña particularidad: en su techo hay una abertura cerca de seis metros cuadrados, y bajo ella, excavado en el  pavimento, un receptáculo llamado “impluvio”.

A los romanos no les gustaba que su casa se abriera al exterior por medio de ventanas; para dar aire y luz a la misma, dejan el atrio parcialmente descubierto; cuando llovía, el agua, corriendo por los tejados inclinados, caía en el “impluvio” .

El atrio era, al principio, la habitación más importante de la “dormís”: en él estaba el hogar, símbolo de la unidad de la familia; en la época que nos ocupa, guardaba el altar de los Lares, las divinidades que “protegían” la casa, y también los bustos de los antepasados. Los lados del atrio se abren a distintas habitaciones: la del vigilante o portero, la biblioteca , el escritorio, el guardarropa.

El “tablino”  separa el atrio del jardín. Muchos romanos hacían de esta otra habitación el centro de la vivienda, el lugar de reunión de la familia, donde permanecía el amo de la casa y la señora se retiraba para hilar. Hacia la derecha se encuentra el “triclinio” , el comedor de la “domus” romana. Aquí, dispuestos a lo largo de las paredes, en forma de herradura, se hallaban los característicos lechos llamados “triclinia”, en los que se tendían los romanos para comer.

Más allá del comedor un pasillo conduce al “peristilo” , bello jardín rodeado de galerías cubiertas. A estas galerías  dan otras habitaciones: la alcoba de dormir los señores y las de sus hijos, y los alojamientos de los esclavos.
Nuestra visita ha terminado.

La ciudad romana de Pompeya Bajo Las Cenizas del Vesubio Tragedia

En el año 79 d.C. Pompeya era una ciudad que en la actualidad consideraríamos pequeña (ocupaba unas 80 hectáreas), pero bastante importante en opinión de sus habitantes y de otros romanos.

Su historia se remonta a la época etrusca, y sus ciudadanos —unos 20.000— descendían de los pueblos prerromanos y de los colonos romanos que se establecieron en la zona cuando Roma extendió su dominación sobre la Campania, región fértil y rica. (imagen de un esqueleto de aquella época sepultado bajo las cenizas durante 1900 años).

Se alzaba a orillas del río Sarno, que en la actualidad carece de importancia pero que entonces permitía que Pompeya fuera el puerto en el que atracaban los buques mercantes que recogían los productos agrícolas y las manufacturas de la ciudad. Pompeya constituía uno de los centros a través de cuyos mercados y muelles la Campania mantenía contactos con el mundo exterior.

Las casas, en su tipo más sencillo, tenía una sola puerta a la calle, y estaba cerrada todo alrededor por altas paredes, privadas de ventanas y provistas sólo de altos y estrechos respiraderos hacia el exterior, que servían para la ventilación. Parecía, pues, una pequeña fortaleza. Desde la entrada , tras haber recorrido un estrecho corredor, se llegaba al patio central o atrio; alrededor de éste se abrían las habitaciones de alojamiento, los “cubicula”, y frente a la puerta estaba el “tablinum”, lugar de reunión de toda la familia.

Este tipo sencillo y austero de casa pompeyana, usado en los siglos IV y III a. C., se transformó, gracias a la influencia griega, en una casa más suntuosa, en una especie de verdadero y auténtico ‘palacio. Pero, junto a la lujosa casa del rico patricio o del mercader enriquecido, estaba siempre la modesta habitación del pequeño artesano o del comerciante.

Estas habitaciones estaban reservadas para una sola familia, porque en Pompeya todavía no había hecho su aparición la gran casa de alquiler, característica de la Ostia antigua y muy corriente en la Roma imperial.

Junto a las casas había tiendas, pequeños albergues, garitos, establos, hornos y hosterías; todos estos edificios contribuyen a revelarnos el aspecto de la vida en aquellos tiempos.

Han contribuido a la reconstrucción del ambiente las pocas inscripciones de carácter público y monumental grabadas en mármol y las inscripciones ornamentales pintadas o esgrafiadas sobre los muros. Este era un rasgo verdaderamente característico de la vida ciudadana; de hecho, los acontecimientos grandes o pequeños (las elecciones para los cargos municipales, los espectáculos del anfiteatro, los alquileres de casas o terrenos, la búsqueda de un animal perdido) se anunciaban mediante carteles pecados en las paredes.

Aparte de estas inscripciones, que podemos llamar públicas, se grababan en la pared, con la punta del estilo o de cualquier instrumento aguzado, las cuentas del hostelero, las deudas de la clientela, las fechas de los viajes del hombre de negocios, los pensamientos, las invitaciones, los recuerdos de los enamorados, los signos del abecedario de los escolares, los ultrajes, las caricaturas, las aclamaciones o los insultos de los espectadores del anfiteatro.

casa en pompeya

Caso de toreius Tiburtinus – La señorial mansión de Loreius Tiburtinus nos ofrece una imagen de cómo debía ser la vida de los ricos pompeyanos. Un gran portal se abría al atrio por el que se llegaba a un pequeño peristilo. De allí se pasaba a una larga galería con pórticos y cubierta por un emparrado. Esta galena, elevada como una terraza, se asomaba sobre el jardín que estaba abajo; a lo largo de ella corría un canal en cuyas márgenes se habían colocado unas estatuillas. Las habitaciones más lujosas daban, precisamente, a esta galería. Una fuente brotaba en medio de este oasis de paz, y el agua corría más abajo por un largo canal que atravesaba el jardín. ‘En éste había extensas filas de árboles frutales: en efecto, se han encontrado huellas de raíces

En las cercanías de la ciudad, a unos 1.200 metros sobre el nivel del mar, se erguía el Vesubio, el último volcán activo del continente europeo. La pequeña población se encontraba a unos 9 kilómetros de la cima y a unos 6 de otra ciudad, Herculano, situada en la costa al oeste del volcán. El Vesubio es uno de los pocos supervivientes de una serie de antiguos volcanes de la región; también se han mantenido en actividad otros situados en las islas cercanas (como el Etna, en Sicilia).

La última erupción del Vesubio se produjo en 1944 y, teniendo en cuenta los testimonios históricos y la frecuencia de las erupciones, existen numerosas posibilidades de que vuelva a producirse otra dentro de poco tiempo. Pero la más famosa y catastrófica fue la que tuvo lugar el 24 de agosto del año 79 d.C.

Conocemos bien los detalles de este acontecimiento gracias al testimonio de Plinio el Joven. La zona sufrió temblores de tierra durante varios días y se secaron los manantiales, señales inequívocas del aumento de presión en el interior del cráter. Después, probablemente un poco antes del mediodía del 24 de agosto, hubo una gran explosión.

En el monte se abrió otro cráter y un chorro de gas caliente arrojó millares de toneladas de piedras, en gran parte al rojo vivo, a miles de metros de altura, fenómeno que se prolongó cierto tiempo. Una nube en forma de paraguas (seguramente parecida a la que desencadenan las explosiones nucleares) ocultó el sol, y a continuación los detritos empezaron a caer al suelo.

A media tarde, Pompeya quedó enterrada bajo seis metros de piedra pómez y cenizas. Herculano se libró de esto, pero fue arrollada por el barro ardiente, que la sepultó a 15 metros de profundidad, endureciendo como una roca todo cuanto en ella había. El proceso fue lo suficientemente lento como para que la gente tuviera tiempo de huir: en Herculano sólo se han encontrado 20 ó 30 esqueletos. En Pompeya, las cosas sucedieron de otro modo: murieron unas 2.000 personas, algunas aplastadas por las piedras, pero sobre todo asfixiadas por los gases o sofocadas por las cenizas. También quedaron arrasadas varias ciudades y aldeas cercanas, y en un par de horas desapareció de la faz de la tierra una sociedad entera. Pompeya siguió sepultada hasta que en 1763 se descubrió su emplazamiento, tras 15 años de excavaciones.

horno

Molino con horno – El hallazgo de un molino con horno testimonia el carácter, todavía doméstico y primitivo, que en la antigüedad tenía la industria del pan. Las piedras de molino estaban formadas por dos bloques de lava volcánica y sustentadas por unos cimientos. La piedra inferior actuaba de eje de rotación fijo, y a la superior se le hacía girar a fuerza de brazos o mediante asnos, con una armadura de madera y dos barras que sobresalían. Se hacía caer el trigo entre las dos superficies de contacto, y la harina se recogía en el borde de la base circular. Junto a las muelas se pueden ver todavía, bien conservados, los bancos para amasar el pan, el horno para cocerlo y el lugar para venderlo.


Casa del Fauno – Por su amplitud, por su estructura arquitectónica, por las pinturas y mosaicos que adornaban las. paredes, la casa del Fauno debía de ser una vivienda principesca (se cree que la habitó P. Sila, sobrino del dictador). Se remonta al siglo II a. C, y está considerada como el más bello ejemplo de residencia privada que ha llegado desde la antigüedad hasta nosotros. •£! nombre le viene de la maravillosa estatuilla de bronce de un Fauno danzante que estaba colocada en el centro del atrio (la que reproducimos es una copia; el original se encuentra en él Museo Nacional de Napóles),

En Pompeya, en una terraza que se encuentra entre Puerta Marina y la plaza de la Exedra, se alza un edificio moderno que ningún turista ni investigador deja de visitar. Es el Antiquarium, único edificio de esta ciudad (toda ella un gran museo) que desempeña las funciones de museo propiamente dicho. Efectivamente, en cuatro grandes salas y dos salitas se muestra allí una colección de utensilios, esculturas, fragmentos arquitectónicos y objetos sumamente raros e interesantes, que merecen ser conservados con especial cuidado por su valor de documento histórico y humano.

Entre todos los objetos expuestos, los que más llaman la atención de los visitantes son los vaciados en yeso. Reproducen, con absoluta fidelidad, In form:i de todo aquello que el yeso para reproducir la forma de los árboles, animales, cuerpos humanos, alimentos, utensilios de madera, etc., sé le ocurrió por primera vez a Giuseppe Fiorelli, el hombre que, en 1860, inició, metódica y diligentemente, las excavaciones. Se fijó en que la ceniza de la erupción volcánica que destruyó a Pompeya, ceniza que con el transcurso de los siglos se había vuelto dura y compacta como la piedra, presentaba extrañas cavidades. Fiorelli advirtió que éstas correspondían a los espacios ocupados, en el momento de la erupción, por los cuerpos de las víctimas y diversos objetos que, después, se habían ido convirtiendo en polvo. Luego pensó que colando yeso desleído en las cavidades se podía reproducir fielmente, hasta en sus más pequeños detalles, el aspecto de los cuerpos y cosas sepultados por la erupción.

Vaciado en yeso de un perro – En la angustia de la huida, nadie pensó en el perro de Vesonio, que quedó atado a la cadena. Mientras caía la ardiente ceniza el pobre animal intentó liberarse por todos los medios posibles, retorciéndose para romper la cadena, que resistió  a sus esfuerzos. Las emanaciones se produjeron la muerte y permaneció para siempre junto a su puerta.

rueda

Vaciado en yeso de una rueda – Esta rueda fue, quizá, montada en su eje con demasiada prisa y puede haber saltado mientras el vehículo intentaba abandonar la ciudad; fue tal vez obra de un artesano que la habría dejado provisionalmente a la puerta de su tienda. La madera se fue deshaciendo lentamente, y sólo quedó ^su huella en la lava. El vaciado en yeso, obtenido de ese molde, nos revela la técnica constructiva de los operadores pompeyanos del siglo I

arbol
Vaciado en yeso de un árbol – Más allá de la Puerta Stabiana crecía un frondoso laurel. ¡Cuántos forasteros, antes de entrar en la ciudad, descansarían a su sombra! Quizá sirvió también como punto de cita: “Nos encontraremos en el laurel, pasando la Puerta Stabiana…” El vaciado en yeso de este árbol se halla en un ángulo de la última sala, que dá a Puerta Marina.

imagen pompeya

Vaciado en yeso de un mulatero – He aquí el vaciado de una figura humana: la de un mulatero que había buscado refugio contra la lluvia de ceniza y de casquijo de lava, acurrucándose en un rincón. El pobre hombre intentó protegerse envolviéndose en su tosca capa y tapándose la boca con un borde de ella, para defenderse de los gases mefíticos. En este vaciado no se observa el dramatismo que muestran el del perro y el de la joven: el hombre parece dormido.

PLINIO, el joven le escribió con detalle el caos apocalíptico que se produjo. Sus famosas cartas a Tácito constituyen el primer testimonio conocido de un testigo visual de una erupción volcánica. Las ciudades enterradas se sumieron en un olvido casi absoluto hasta el inicio de excavaciones en el siglo XVIII. Desde entonces, las palas han desenterrado, un inestimable tesoro arqueológico y geológico: dos florecientes poblaciones romanas, paralizadas en le momento en que se produjo su destrucción.

El viento transportó la nube de ceniza del Vesubio a la ciudad de Pompeya. Herculano, situado al oeste del volcán, apenas sufrió el embate de la ceniza. Pero las nubes ardientes y plininas que vinieron a continuación rodearon por todas las laderas del volcán y acabaron enterrando a ambas poblaciones.

Pasado el tiempo, e! Vesubio tuvo unas cincuenta erupciones más. En 1631 y en 1794, la villa Jorre del Greco fue alcanzada por la lava. En 1872 se produjo otra violenta erupción, mientras que en 1900, sin que hubiera emisión de lavas, ocurrieron violentas explosiones con expulsión de rocas y piedras que cayeron en las inmediaciones del volcán. Así, su cono terminal, que media 1.014

metros, en 1882 alcanzó 1.242 metros y en la actualidad llega a 1.335. En 1906 destruyó la villa Busco Trecase y llegó hasta Torre Annunciata. En julio de 1913 sobrevino otro período de actividad que duró hasta 1925, En 1929 ruidos subterráneos anunciaron su próxima actividad y el 2 de junio se produjeron sacudidas sísmicas. El alud de lavas descendió hasta el denominado valle del Infierno a razón de 3 metros por segundo, Por último, en 1944 se produjo otra erupción qué se caracterizó por una importante emisión de lavas incandescentes y por una capa de cenizas ardientes.

Actualmente, un ferrocarril de cremallera conduce hasta el mismo cráter del volcán, siempre lleno de sugestión, pero siempre también humeante y amenazador. Nada hace suponer que el Vesubio haya cesado su actividad. Un observatorio vulcanológico situado próximo a él lo vigila atentamente, para prevenir al instante cualquiera de sus reacciones. La actividad del Vesubio no se ha extinguido, y su poder destructivo permanece latente, aunque Pompeya, Herculano y Stabia hayan quedado muy atrás…

Martires Cristianos en Roma Antigua Todas las Persecuciones Cristianas

El cristianismo resultó atractivo para todas las clases. La promesa de la vida eterna se ofrecía a todos: ricos, pobres, aristócratas, esclavos, hombres y mujeres. Como Pablo enunció en su Epístola a los colosenses: “Deben revestirse del hombre nuevo, que se va renovando hasta alcanzar un conocimiento perfecto a imagen de su Creador, donde no existen el griego o el judío, el circunciso o el incircunciso, el bárbaro, el escita, el esclavo o el hombre libre, sino que “Cristo es todo y está en todo”.  Aunque no hizo un llamado a la revolución o a la revuelta social, el cristianismo puso énfasis en un sentido de igualdad espiritual para todos los pueblos.

Muchas mujeres se dieron cuenta de que el cristianismo ofrecía nuevas actividades y otras formas de compañía con otras mujeres. Las mujeres cristianas practicaban la nueva religión en su propia casa y predicaban sus convicciones ante otras personas en sus aldeas. Muchas otras murieron por su fe.

Perpetua fue una mujer aristócrata que se convirtió al cristianismo. Su familia pagana le suplicó que renunciara a su nueva fe, a lo que ella se rehusó. Las autoridades la apresaron, pero ella eligió morir por su fe y fue una de las que formaban el grupo de cristianos masacrados por las bestias salvajes en la arena de Cartago el 7 de marzo de 203.

cristianos en el coliseo romano

Cristianos en el coliseo romano

Las persecuciones y los Mártires de la Fe: Durante el s. I las comunidades cristianas se extienden por todo el Imperio romano, y muy especialmente en la capital, Roma, sin que las autoridades se preocupen por ello. Sin embargo Nerón en el año 64, con el fin de apartar de sí la cólera de su pueblo, acusa a los cristianos de haber sido los responsables del incendio de Boma. La multitud se lanza contra ellos, si bien esta persecución pasará pronto. En el s. II, la nueva  religión, en principio prohibida, goza, de hecho de una tolerancia que era mayor o menor según las distintas provincias del Imperio.

Esta situación cambiaría al final del siglo, a medida que el poderío del Imperio comienza a disminuir y que el pueblo, exasperado por las guerras, el hambre y las epidemias, busca un responsable de este deterioro. A los cristianos —culpables de haber irritado a los dioses—, se les acusa tanto más cuanto más numerosos son y mejor organizados están, y en la medida en que cada vez practicaban su culto más abiertamente. Así, en época de Marco Aurelio, conocido, sin embargo, como el emperador-filósofo, se producen numerosos mártires, fruto de estas persecuciones, que continúan esporádicamente hasta la subida al poder de Decio, que reprime rigurosamente las prácticas cristianas.

El temor y el recelo, indujo a los romanos a perseguir a los cristianos, comenzando por la acusación formulada por Nerón en el año 64, por la que los hizo responsables del incendio de gran parte de la ciudad de Roma. Entre los que murieron martirizados, se cuentan San Pedro, que fue crucificado y San Pablo, decapitado. Este último, en un principio había perseguido a los cristianos, pero luego se convirtió en uno de los más fervorosos apóstoles.

Desde entonces se sucedieron las persecuciones hasta contabilizar una decena, todas ellas caracterizadas por una gran crueldad.
La primera (54-68), ya mencionada, se inició durante el reinado de Nerón y continuó con sus sucesores, Galba, Vitelio, Vespasiano y Tito.
La segunda (89-96), llevada a cabo por Domiciano, que se destacó por la forma de exterminio de todos los cristianos.
La tercera (98-117), que tuvo lugar durante el reinado del español Trajano, que consideraba criminal a la profesión del cristianismo.
La cuarta (164-180) efectuada en tiempo de Marco Aurelio.
La quinta (193-211), ordenada por Septimio Severo.
La sexta (235-238), realizada por Maximiano.
La séptima (249-251), ejecutada por Decio.
La octava (253-260), propiciada por Valeriano.
La novena (275), originada en un nuevo edicto de Aureliano.
Y finalmente, la décima (303-313), en tiempos de la tetrarquía, originada en un decreto de Diocleciano.

Los primeros cristianos dieron pruebas de lealtad al emperador, pero rechazaron ofrecer sacrificios a los dioses para obtener su salvación. Del rechazo de estos sacrificios, que los cristianos consideraban como actos de idolatría, surgieron las persecuciones. No obstante, fueron muchos los que aceptaron realizar dichos sacrificios o bien obtuvieron certificados de que los habían hecho (libelos), y, por lo tanto, renegaron de su fe. Estos últimos recibieron el nombre de libellatici. Posteriormente, pasado el período de las persecuciones, la integración de estos perjuros en la iglesia cristiana originará numerosos cismas.

Los mártires
Tal vez algunos hermanos, que desconocen la lengua griega, ignoran cómo se dice en griego testigos, siendo como es nombre usado y venerado por todos. Porque lo que en latín decimos testes se dice en griego martyres. ¿O en qué boca de cristiano no suena todos los días el nombre de los mártires? y plega a Dios que no sea sólo nuestra boca la que lo pronuncie, sino que more igualmente ese nombre en nuestro corazón. De modo que imitemos los sufrimientos de los mártires y no los pisemos con nuestros pies. Decir, pues, Juan: Vimos y somos testigos, tanto fue como decir: Vimos y somos mártires. Los mártires, en efecto, sufrieron todo !o que sufrieron por dar testimonio o de lo que ellos por sí mismos vieron o de lo que ellos oyeron, toda vez que su testimonio no era grato a los hombres contra quienes lo daban. Como testigos de Dios sufrieron. Quiso Dios tener por testigos los hombres, a fin de que los hombres tengan también por testigo a Dios.

Epístola de San Martín en Acta de los Mártires


El martirio de Policarpo
La Iglesia de Dios establecida en Esmirna a la Iglesia de Dios establecida en Filomeleón y a todas cuantas establecidas donde quiera, forman parte de la Iglesia santa y católica: que la misericordia, la paz y la caridad de Dios, Padre de Nuestro Seño Jesucristo, nos sean dadas en abundancia.

Os escribimos, hermanos, a propósito de los que han dado testimonio y sobre todo del bienaventurado Policarpo. que con su martirio ha sellado la persecución deteniéndola. Todos los acontecimientos que han precedido su martirio no han sobrevenido sino para permitir al Señor de los Cielos mostrarnos una imagen del martirio según el Evangelio. Policarpo ha aguardado a ser traicionado, como el Señor, para enseñarnos a imitarle, también nosotros, a no considerar cada uno nuestro propio interés, sino ante todo el de los demás. Porque la caridad verdadera y eficaz consiste para cada cual en querer no sólo su salud personal, sino la de todos sus hermanos.

Felices y valientes han sido todos los ejemplos que contamos; han sido según la voluntad de Dios, porque nos hacen atribuir a El, cuyo poder es soberano y universal, nuestro progresos en la piedad. ¿Quién no admirará la intrepidez de esos confesores, su resistencia y su amor a Dios? Estaban destrozados por los látigos hasta el punto de verse la estructura de su carne hasta las venas y las arterias del interior. Sin embargo; se mantenían firmes, aunque los espectadores tenían piedad de ellos y les lloraban. Mas ellos habían llegado a tal grandeza de alma que no se les escapaba un grito ni un gemido. Al verlos, todos comprendieron que en aquella hora de su tortura los mártires de Cristo eran arrebatados de su cuerpo o, mejor, que el mismo Señor les asistía con su presencia.

Por la gracia de Cristo, despreciaban los tormentos del mundo; en una hora conquistaban la vida eterna. El mismo fuego les refrescaba; el fuego de los verdugos inhumanos; porque tenían ante sí otro fuego que evitar, el fuego eterno que jamás se apagará. Contemplaban con los ojos de su alma los bienes reservados a los que hayan sufrido, bienes tales que el oído no ha escuchado, el ojo no ha visto y el corazón del hombre no ha soñado jamás. El Señor les mostraba estos bienes a ellos, que no eran ya hombres, sino ángeles. Por fin, condenados a las fieras, los confesores tuvieron que sufrir tormentos espantosos. Tendidos sobre los potros, se les infligían toda clase de torturas, a fin de hacerles renegar de su fe por la prolongación de sus suplicios.

Acta de los Mártires

El mayor castigo que los paganos infligían a los mártires era dejar sus cuerpos sin enterrar. Pero antes de esto, les hacían sufrir las torturas más humillantes. En Lyon, abandonaban sus cuerpos a merced de las aves rapaces. En Roma se les arrojaba a las fieras, o se les entregaba a crueles gladiadores. Una joven esclava, Blandina, que fue sacrificada en Lyon, dejó tras de sí una aureola de celebridad por el coraje y la resistencia que demostró ante sus verdugos: tras haber sido flagelada y tener despedazada la espalda, fue expuesta a las fieras, que se la desgarraron todavía más, sin causarle la muerte. Tras haber pasado por una hoguera, fue arrojada como presa a un toro furioso; sin embargo, todavía vivía. Finalmente, para acabar con ella, sus verdugos decidieron degollarla.

La paz religiosa de Constantino
Esta situación va a cambiar en el año 311. El emperador Galeno, gravemente enfermo, se da cuenta de que las persecuciones no han bastado para quebrantar la fe de los cristianos. Prohibirles su culto significaba impedirles dar gracias a su Dios, o sea, convertirlos en ateos, lo que era aún más perjudicial para el Imperio. A partir de ahí, el cristianismo iba a convertirse en una religión autorizada. Poco a poco se extiende la tolerancia hacia los cristianos en el conjunto de los dominios imperiales.

En el año 313, Constantino promulga el edicto de Milán, que supone para la iglesia de los mártires salir definitivamente de sus catacumbas. El mismo emperador fiel a sus propias creencias, adoptó la vez la religión romana y la cristiana y, si accede a bautizarse —hecho que no está totalmente confirmado — no lo hará mas que en el lecho de muerte. Pero, en esas fechas, los cristianos son ya muy numerosos en la corte y, en el 324, el emperador promulga unas leyes que tienen una clara inspiración cristiana.

Origen de Roma La Monarquia Los Reyes Etruscos y Latinos Romanos

ORIGEN DE ROMA Y LA MONARQUÍA

ORIGEN DE ROMA Y LA MONARQUÍAEL MEDIO GEOGRÁFICO: La civilización romana, la más grande y duradera de la antigüedad, se desarrolló en la península itálica, situada al Occidente de Grecia y en el centro del mar Mediterráneo, al que en cierto modo divide en dos cuencas. Dicha península tiene la forma de una bota y está limitada al norte por los Alpes, un semicírculo de montañas muy altas, cubiertas le nieve, que encierra un valle de naturaleza muy fértil, regado por el río Po, que desemboca en el mar Adriático.

En forma longitudinal se extienden los montes Apeninos, que descienden hacia los mares laterales, el Adriático y el Tirreno, dando lugar, en la margen occidental, a la existencia de múltiples llanuras, algunas muy feraces, como las surcadas por los ríos Amo y Tíber.

Próximas al continente, se encuentran tres grandes islas: Córcega, Cerdeña y Sicilia, esta última apenas separada de la península por el estrecho de Mesina y escasamente distante del continente africano. El clima es benigno, sobre todo en el Sur, con un sol brillante y permanente, lo que favorece el establecimiento del hombre y el cultivo le! suelo.

LOS PUEBLOS QUE LO HABITARON

Los primitivos habitantes de este privilegiado territorio, fueron los ligures, que hacia el año 1500 a.C. se establecieron en el Norte, en la región que hoy se conoce precisamente como la Liguria. Luego aparecieron los italiotas, procedentes del centro de Europa —indoeuropeos, como los pueblos que invadieron Grecia por la misma época— que se impusieron sobre los ligures y se radicaron en la región central, donde se integraron en numerosas tribus, entre las que podemos mencionar a los sabinos, que fueron los que iniciaron el asentamiento en la Campania; en seguida los siguieron los latinos, que ocuparon el valle del Tíber y su zona adyacente, que se llamaba el Lacio; más tarde arribaron los umbrios, que se quedaron en la llanura del Po; y finalmente, los ilirios, que se localizaron en el Véneto. Otros grupos menores ocuparon distintas posiciones.

Los etruscos: Sin embargo, los habitantes de mayor repercusión en la península itálica, fueron los etruscos, a quienes los griegos llamaron tirrenos, cuyo verdadero origen se desconoce, pero se supone llegados del mar Egeo, hacia el año 1000 a.C., como consecuencia de la gran expansión griega que los empujó hacia el Oeste y los obligó a establecerse en las ostas itálicas, en la región de la Toscana, entre los ríos Amo y Tíber.

Los etruscos fundaron varias ciudades independientes entre sí, aunque unidas federativamente, y rápidamente se extendieron desde los Alpes hasta la Campania, alcanzando elevados niveles culturales, en cuyas expresiones se advierte la combinación de elementos de origen griego y cretense.

Las ciudades tenían un rey, que concentraba la suma del poder. Los descendientes de los invasores constituían la nobleza, en tanto que el resto de la población vivía en servidumbre. La principal actividad económica fue la agricultura, que prosperaba en las tierras fértiles, debido a las importantes obras de desecación de los pantanos que llevaron a cabo.

Su religión, como la de los pueblos orientales —salvo los hebreos—, fue politeísta, aunque reconocían una trinidad común, integrada por Júpiter, Juno y Minerva. Los muertos eran objeto de un culto especial, a la manera de los egipcios. Además ofrecían a los dioses sacrificios de animales y, en ocasiones, de seres humanos, como resultado de combates singulares. Creían también en los presagios, que se hacían sobre la observación del vuelo de las aves o del análisis de las entrañas de los animales sacrificados; y efectuaban plegarias de impetración a los dioses. Los arúspices estaban encargados de interpretar las recopilaciones en las que estaban contenidas las normas para la organización de la comunidad y las relaciones entre sus miembros.

Las manifestaciones artísticas también tuvieron reminiscencias de los griegos y orientales, pero con el aporte de nuevos elementos de gran originalidad. En arquitectura se destacaron por la construcción de puentes, acueductos y cloacas, cuya excelencia los hace valederos hasta la actualidad. También fue muy importante la construcción de carreteras y la erección de murallas hechas de piedras, sin cemento. En estas construcciones aplicaron el arco y la bóveda, que luego tanto difundieron los romanos.

Los Esposos-Arte Etrusco

La civilización etrusca floreció hasta el año 600 a.C. aproximadamente, en que al chocar con los italiotas y con los griegos, terminó por desaparecer. La decadencia comenzó con la derrota en la batalla naval de Cumas, en el año 520 a.C., librada contra la flota griega en un intento de apoderarse de las colonias próximas a Nápoles.

Aprovechando esta circunstancia, en el año 509 a.C. se sublevaron los latinos y lograron que los etruscos se retiraran de la margen opuesta del Tíber, abandonando la región del Lacio.

Para esa época penetraron los galos por el Norte de Italia, obligando a los etruscos a desalojar la rica zona del Po, que desde entonces se conoció como la Galia Cisalpina (de este lado de los Alpes). De esta manera, los etruscos quedaron reducidos a sus primitivas posesiones en la Toscana, hasta ser dominados por los romanos. (ampliar sobre los etruscos)

Mural de una tumba etrusca. Al igual que los egipcios, los etruscos llenaban sus tumbas con muebles, tazones y otros objetos de la vida cotidiana, así como murales que muestran diversiones experimentadas en vida y esperando la muerte en la vida después de morir. En este mural encontrado en una tumba etrusca en Tarquinia se observa a los sirvientes y músicos en un banquete. Este mural data de la primera mitad del siglo V a. de C.

LA MONARQUÍA: Como vimos, los latinos, se establecieron en el valle del Tíber y su comarca circundante, que se llamaba el Lacio, llanura escasamente fértil que se recostaba sobre el mar Etrusco, que más tarde se denominó mar Tirreno. La región no era muy favorable, por sus terrenos bajos y pantanosos, y estaba cercada al Norte por los etruscos y al Sur por los griegos. Esta circunstancia hizo que sus habitantes buscaran la forma de poder defenderse mejor de sus vecinos.

En el año 753 a.C., un grupo de familias procedentes de Alba Longa resolvió establecerse en el monte Palatino, donde fundaron una aldea, llamada en un principio Germal, y más tarde conocida como Palatina.

Con la llegada de otras familias, fueron ocupando los montes vecinos, hasta completar siete poblaciones, las cuales se unieron federativa-mente, a la manera de los etruscos, constituyendo el Septimontium o Liga de los Siete Montes, que conservó una relación muy estrecha con Alba Longa, que era la ciudad de origen de sus miembros.

Sin embargo, poco después aparecieron los etruscos, quienes conquistaron toda la región del Lacio y sometieron a Alba Longa y a todas las ciudades de la Liga, que se unificaron en una sola ciudad a la que llamaron Roma, nombre que deriva de la palabra etrusca rumón, que significa río.

La leyenda: Según la leyenda, narrada por el famoso escritor Virgilio en su obra La Eneida, el príncipe troyano Eneas, después de la toma de su ciudad por los griegos, huyó hacia Italia en busca de refugio, y llegó hasta el Lacio, donde se estableció y fundó la ciudad de Lavinio.

Ascanio, hijo de Eneas, que había acompañado a su padre, lo sucedió como rey de Lavinio y, a su vez, erigió otra ciudad a la que llamó Alba Longa.

Mucho tiempo después, Numitor, descendiente de Ascanio, fue derrocado por su hermano Amulio, quien ordenó que R5mulo y Remo, hijos de Rea Silvia, hija, a su vez de Numitor, fueran abandonados en las márgenes del Tíber para que murieran de hambre. Sin embargo, los niños fueron alimentados por una loba, hasta que un pastor los encontró y los crio en su casa. Cuando Rómulo y Remo crecieron, fueron reconocidos por su abuelo Numitor, y al enterarse de su origen noble, derrocaron a Amulio y restablecieron a Numitor en el trono de Alba Longa

Fue entonces cuando Rómulo y Remo decidieron fundar una nueva ciudad en el monte Palatino, a escasa distancia del mar, de manera tal que pudiera recibir por el Tíber las mercaderías necesarias y a la vez estuviera suficientemente alejada para resguardarse del ataque de los piratas.

Ambos hermanos trazaron los límites de la ciudad a la que llamaron Roma— y abrieron un foso que la rodeaba. Rómulo dio aviso que castigaría severamente a quien se atreviera a cruzarlo, y como Remo lo hizo, le dio muerte sin piedad.

Además, como la ciudad se fue poblando de pastores, sin el aporte necesario de mujeres para fundar familias, Rómulo organizó una fiesta e invitó a sus vecinos, los sabinos, que confiadamente fueron, acompañados de sus mujeres y sus hijas. Durante el transcurso de la misma, a una señal convenida, los romanos raptaron a las mujeres, lo que dió origen a una guerra con los sabinos, que terminó por mediación de las mismas mujeres raptadas, las que habiéndose convertido en esposas de los romanos, se interpusieron entre los combatientes y los reconciliaron.

Posteriormente, en el año 715 a.C., el fundador de Roma desapareció en forma misteriosa. En cierta ocasión en que pasaba revista a sus tropas, se produjo una terrible tempestad, pasada la cual nadie volvió a verlo, lo cual dio lugar a que se tejieran muchas conjeturas, entra ellas la de su asesinato y, finalmente, a que se lo adorara como a un dios.

A Rómulo le sucedió Numa Pompilio, un jefe de origen sabino, que era famoso por su sabiduría. Durante su reinado se dictaron las primeras leyes que rigieron a los romanos. Además dió forma definitiva a su religión.

A Numa Pompilio le siguió Tulio Hostilio, de inspiración guerrera, quien atacó a los albanos y los venció por completo después de una larga contienda, con lo que Alba Longa quedó subordinada a los romanos.

La guerra se definió por el enfrentamiento de tres hermanos, los Horacios, que combatieron por los romanos, con los tres Curiacios, que lo hicieron por los albanos. En el primer choque murieron dos Horacios y fueron heridos los tres Curiacios. Entonces el último Horacio fingió huir y ultimó por separado a los Curiacios, que estando heridos no pudieron perseguirlo a la misma velocidad.

Luego ocupó el trono Anco Marcio, también de origen sabino, que ordenó la construcción del puerto de Ostia.

Después fue encumbrado Tarquino el Antiguo, nacido en Tarquinia, ciudad de Etruria, que introdujo en Roma las costumbres etruscas. Tuvo especial preocupación por el embellecimiento de Roma y ordenó la construcción de un templo consagrado a Júpiter, que se llamó el Capitolio, debido a que cuando se estaba excavando para colocar los cimientos del edificio, se encontró una cabeza (capitis en latín), lo que según los augures, indicaba que Roma’ llegaría a ser la capital o cabeza del mundo. Durante su reinado también se construyeron el Circo, el Foro y la Cloaca Máxima.

A Tarquino el Antiguo le sucedió su yerno, Servio Tulio, que era hijo de una esclava y había sido criado en el palacio de Tarquino. Este rey incorporó los distritos etruscos a la alianza romana y dividió a la sociedad en clases, según su fortuna. Además rodeó a la ciudad de una fortificación y creó registros para los ciudadanos. Debido a este hecho, que perjudicaba a las antiguas familias, pereció víctima de una conspiración.

Le siguió Tarquino el Soberbio quien desvirtuó la obra realizada por su antecesor y pretendió gobernar con poderes absolutos. Con el propósito de conquistar a las colonias griegas del Sur, organizó una campaña que, como vimos, le resultó adversa. No obstante, según la leyenda, su caída se produjo por una tropelía cometida por su hijo Sexto quien, abusando de la hospitalidad de su pariente Tarquino Cola tino, violó a su esposa Lucrecia, quien se mató de desesperación. Su esposo ultrajado, que se encontraba en campaña, y Lucio Junio Bruto, sublevaron al pueblo y derrocaron a Tarquino el Soberbio, quedando abolida la monarquía (510 a.C.). El rey fue reemplazado por los cónsules y comenzó la República.

Biografia de Marco Aurelio Emperador de Roma Emperador Filosofo

Biografía de Marco Aurelio
Emperador de Roma

Biografia de Marco Aurelio Emperador de Roma Filósofo estoico  y emperador romano (161-180), nacido en Roma, conocido como el emperador-filósofo. De una familia de gran prestigio: su abuelo paterno fue cónsul y prefecto de Roma, su abuela materna heredó una de las mayores fortunas de Roma y una tía paterna, se casó con Tito Aurelio Antonino, que se convirtió en emperador y tomó como un hijo de crianza y uno de sus sucesores.

Estudió retórica griega y latina con Herodes Ático y Marco Cornelio Frontón, el cual desde entonces habría de ser su amigo y consejero espiritual. Seducido por el estoicismo, vistió muy pronto el manto de filósofo (133).

El emperador Adriano anunció (136) A Lucio Cómodo como sucesor, pero con su muerte (138), Adriano, eligió A Marco Aurelio para sucederle, con el compromiso de adoptar como dos hijos a Lucio Vero, hijo de Marco Aurelio y Cómodo.

Bien socializados con la riqueza y el poder y recibió una amplia educación humanística maestros griegos. Fue tres veces cónsul y se casó con la hija del emperador (145), Faustina. Dos años más tarde recibió la tribunicia potestas y el imperium, los más grandes  poderes formales del imperio.

Con la muerte de Antonino (161), asumió el trono con Lucius Verus. Controlado por Vero, los romanos lucharon contra los partos (162-166), que habían invadido Siria. A pesar de la victoria, trajo la plaga que diezmó a muchos romanos. Mientras que ambos estaban en una expedición de castigo a lo largo del Danubio (168), hordas invadieron Italia fue invadida por los alemanes pusieron sitio a Aquileya, pero el retorno de los gobernantes de comer a los invasores fueron derrotados (169). Vero murió repentinamente poco después, pero el nuevo emperador siguió luchando y restauró la frontera del Danubio. Luego trató de pacificar las provincias de Oriente.

Visitó Antioquía, Alejandría y Atenas, pero en este viaje, perdió la emperatriz Faustina. Luego divide el gobierno con su hijo Cómodo (177), que reanudaron las guerras del Danubio. Murió en Viena, y a pesar de las muchas guerras y los asuntos de gobierno, era un hombre de buena conversación, misericordioso con el enemigo, justo en sus decisiones, y profundamente dedicados a la filosofía. Considerado el más noble de los emperadores paganos, muchos historiadores de su reinado coincidió con la época dorada del Imperio Romano.

Considerado el último gran estoico de la antigüedad, escribió cartas y dejó un pequeño libro de sus recuerdos y meditaciones, que condensa todo su pensamiento. Escrito en griego en sus momentos de meditación, incluso en tiempos de feroces batallas, una obra clásica del estoicismo, consistió en una serie de máximas, sentencias y reflexiones, lo que refleja el mensaje general como un acto de fe en la razón y el coraje contra la adversidad. Él enseñó que el ideal que se buscaba no era la felicidad, pero la facilidad y el dominio de las pasiones y las emociones que se obtendrían por la armonía con la naturaleza y la aceptación de sus leyes. No se puede decir que fue un pensador original, porque las ideas están claramente inspirados en el estoicismo de Epicteto, con matices de neo-platonismo.

Filosóficamente predicó que el hombre estaba compuesto de tres principios: el cuerpo (más que carne), el alma (pneuma) y alma (más alto principio).

Algunos Pensamiento de Marco Aurelio:

“No obres como si tuvieras diez mil años para vivir: la muerte nos está tocando con los codos. Procura, mientras vivas, servir para algo que esté dentro de tus aptitudes. Pronto has de ser devuelto a esa fuerza directora del Universo que te dio la vida.

“Un buen sistema de vivir es el de desprenderse de las cosas innecesarias. La mayor parte de lo que hacemos y decimos no es necesario. Si prescindiéramos de ello, tendríamos más tiempo y menos disgustos. El hombre ciego es el que deja sin ojos a su pensamiento. El pensamiento es lo que da la vida, y no el cuerpo -dice Epicteto-; eres un alma viviente que arrastra consigo un cuerpo.

“Si queremos conocer bien el exacto valor de las personas, habremos de estudiar lo que piensan, qué persiguen y cuáles son las cosas que desprecian. El hombre vale más o menos según sea el valor de aquellas cosas a las cuales ha consagrado su vida.”

LA MORAL ROMANA: DOCTRINA DE LOS ESTOICOS

LA SOLIDARIDAD CON TODOS LOS HOMBRES: “Encontraras mas fácilmente un átomo de tierra separado de los otros átomos, que un hombre separado riel hombre… A los hombres, con los cuales tienes un destino en común, ámalos, pero de verdad… Es pariente mío (el pecador también) porque participa de la misma inteligencia y destino divino… Hemos nacido para la cooperación, con los pies, las manos, los párpados… Todo lo racional está emparentado, y preocuparse por todos los hombres es propio de la naturaleza del hombre” (Marco Aurelio).

LA BONDAD, VIRTUD INVENCIBLE: “Invencible es la bondad cuando es sincera, y no de mala gana ni hipócrita. ¿Qué podrá hacerte el hombro más insolente si te mantienes bueno con él y, si es menester, lo exhortas dulcemente y te ocupas de instruirlo en la ocasión misma en que intenta hacerte mal?… Pero es necesario hacerlo sin ironía y sin injuria, más bien con completa ternura y sin nada de mordacidad en el alma…, cuando estuvieses solo con él y sin testigos” (Marco Aurelio!

LA ACEPTACIÓN DE LA MUERTE: “Hombre, has sido ciudadano en esta gran dudad: ¿qué importa si sólo durante cinco años o tres? Pues  aquello que es conforme a las leyes, es igual para todos. ¿Qué temes, pues, si de la ciudad te despide no un tirano, ni un juez inicuo, sino la naturaleza, que te había admitido en ella? ‘Pero no he recitado cinco actos, sino solamente tres. Has recitado bien: en la vida, tres actos equivalen ya a todo el drama entero… Marcha sereno, pues, ya que está sereno quien te despide” (Marco Aurelio).

VIVIR CON LOS HOMBRES
“Aquel que abandona su puesto y el que se aleja de quienes, por naturaleza, son parientes y amigos suyos, son Igualmente desertores” (Marco Aurelio).

LA TOLERANCIA, UNA CUALIDAD NECESARIA
“¿Con qué te indignas? ¿Con la maldad de los hombres?… La tolerancia es parte de la justicia y pecan involuntariamente…” (Marco Aurelio).

LA INJURIA ES UN SACRILEGIO
“Aquel que Injuria comete una impiedad. La naturaleza universal ha creado los animales racionales los unos para ¡ los otros, de manera… que se ayuden mutuamente, pero jamás que se molesten recíprocamente. Entonces, aquel I que infringe tal precepto comete un evidente sacrilegio en contra de la más venerable divinidad…” (Marco Aurelio).

LAS COSAS HUMANAS SON EFÍMERAS
“La duración de la vida humana es un instante; la composición del cuerpo, sujeta a putrefacción; la fuerza vital, un torbellino; Incierta la fortuna; la fama, injusta. En suma, un río todas las cosas del cuerpo; las del alma, sueño j y estupor; la vida, guerra y peregrinación; olvido la fama póstuma…” (Marco Aurelio).

MIRAR EL MAS ALLÁ SIN TEMOR: “Te has embarcado, has navegado, has llegado, desciende. Si es en otra vida, ninguna está vacía de dioses, ni aun | ésta. SI es en la insensibilidad, cesarás de soportar dolores y placeres, y de servir a semejante vaso, que es tan inferior ,1 quien lo sirve: pues éste es intelecto y alma; aquél, tierra y podredumbre” (Marco Aurelio).

El Incendio de Roma Neron Incendia Roma? Hechos Triste de la Antiguedad

EL PRIMER INCENDIO PAVOROSO DE LA HISTORIA

En la noche del 18 al 19 de julio del año 64 d.C., la Ciudad Eterna se convirtió en un mar de llamas. Gran parte de la metrópoli quedó destruida. Cuando se alude al inductor del fuego se menciona siempre el nombre del emperador Nerón, aunque en el momento en el que se inició no se encontraba en la dudad. No obstante, son muchos los historiadores que están convencidos de que se trató de un incendio normal, que comenzó en los alrededores del Circo Máximo y pudo devorar la ciudad debido a las malas condiciones arquitectónicas, La catástrofe se utilizó como desencadenante para la persecución de los cristianos, a quienes se achacó la culpa. Después del incendio, la ciudad se volvió a diseñar completamente según los planos de Nerón.

La mayor ciudad del mundo conocido En el año 64 d.C. Roma tenía alrededor de un millón de habitantes. La gente se apiñaba a menado en casas de van os pisos. Según loS informes de los historiadores, en aquella época se producían casi a diario incendios de diferente magnitud, ya que la mayoría de las casas se construía con madera, las callejas eran estrechas, la gente cocinaba en hogares abiertos y, especialmente en los barrios pobres de la ciudad, no existía  ningún sistema que pudiera sofocar o impedir los fuegos. El incendio más devastador de la historia se produjo probablemente a causa de una distracción al cocinar en uno de los puestos de comida de un barrio de tiendas en tomo al Circo Máximo.

La mayoría de los comercios eran de madera y rápidamente se convirtieron en pasto de las llamas. Además, los fuertes vientos favorecieron la expansión del fuego, que pasando de tienda en tienda se apoderó de calles enteras. Durante seis días asoló por completo 14 distritos de Roma y otros siete quedaron seriamente dañados; sólo cuatro distritos permanecieron intactos. Se destruyeron dos tercios de la ciudad.

Testimonio presencial del historiador Tácito En las callejuelas de la ciudad en llamas remaba un caos inimaginable. El historiador Tácito describió la catástrofe con gran vivacidad: «A ello había que sumar los gritos de lamento de las mujeres aterrorizadas, los ancianos sin fuerzas, los niños indefensos y la gente que intentando salvarse a sí misma o a otros, ya fuera arrastrando a los desvalidos o esperando los, a veces deteniéndose y a veces corriendo, provocaban auténticos obstáculos; y a menudo, mientras miraban hacia atrás, quedaban cercados por los lados o por el frente; o cuando se abrían paso hasta el vecindario, éste era también pasto del fuego, y veían aquél víctima también de la misma desgracia, de la que uno creía huir Por último, incapaces de elegir de qué escapar o hacia dónde dirigirse, se apelotonaban en las calles, se postraban en el campo, algunos despojados de todas sus pertenencias, también del alimento del día».

El pueblo quiere un culpable Como siempre en la historia de la humanidad se exigió un culpable de la catástrofe. El poder siempre ha estado dispuesto a satisfacer este deseo, e incluso en la mayoría de los casos lo ha fomentado. A menudo se han inventado culpables, pues de esta manera podían iniciarse determinados procesos políticos y se conseguían ciertos objetivos; la catástrofe servía como instrumento político. El emperador Nerón (54-68 a.C.) sufrió la presión de sus consejeros y finalmente se acusó de pirómanos a los enojosos cristianos: comenzó así su persecución. Pero esta persecución de una minoría, que en un Estado politeísta como Roma realmente se integraba muy bien, no fue ni mucho menos tan violenta como han pretendido los historiadores posteriores.

Inició el fuego Nerón? Actualmente existe el convencimiento de que las leyendas en torno a los mártires de los primeros cristianos no aparecieron hasta el siglo IV, transcurrido un amplio margen de tiempo. Éstas necesitaban a Nerón en el papel de petulante pirómano., que finalmente había achacado la culpa a los cristianos. Entre tanto sé duda también de las atrocidades que las generaciones posteriores le atribuyeron.

Probablemente, avivaron los rumores su crueldad en el trato con los cristianos; la propaganda acerca de que quería reconstruir a su Roma» más hermosa, como de hecho hizo; el fastuoso edificio nuevo de su palacio, que decoró con una estatua propia de 40 m de alto; su violencia y su incipiente locura. Así, parece ser que dos días antes del pavoroso incendio discutió con Ofonio Tigelino, uno de sus consejeros, al respecto de la traducción de uña obra griega.

El drama no debía comenzar diciendo: «Cuando yo muera, que el fuego devore al mundo», sino «Mientras yo viva, el fuego ha de devorar el mundo». También se le atribuye la afirmación de que la fealdad de los edificios de la ciudad ofendía sus ojos imperiales. Lo que es seguro es que dos días antes del comienzo del incendio Nerón viajé a su lugar de nacimiento, Antium, situado  en la costa del Lacio, al sur de Roma..

Cuando regresó al cabo de cuatro días y encontró Roma ardiendo, parece ser que contempló la ciudad de 800 años de antigüedad desde una torre de su palacio y habló de la belleza de las llamas, del embriagador espectáculo de la destrucción. Se dice que tomó la lira y cantó versos sobre la caída de Troya: sé acababa de crear Nerón, el monstruo.

Otra Visión de la Situación: El celo puesto por Nerón para crear comisiones de expertos que diseñaran una rápida reconstrucción de la ciudad manifiesta su interés por mantener unas buenas relaciones con el pueblo de Roma; dice Tácito (Ann., XV,39) que “para alivio del pueblo desplazado de su hogar, mandó abrir el Campo de Marte y los monumentos de Agripa así como sus propios jardines y mandó levantar construcciones provisionales para acoger aquella multitud que quedó sin recursos”. Para calmar los ánimos y contar con un chivo expiatorio, se culpó a los cristianos de haber provocado el incendio. “Nerón presentó como culpables y sometió a los más rebuscados tormentos a los que el vulgo llamaba cristianos, odiados por sus ignominias.

La Iglesia cristiana fomentó la imagen del monstruoso Nerón Comparado con otros emperadores romanos como Augusto (27 a.C.-37 d.C.), Tiberio (14-37 d.C.) o Calígula(37-41 d.C.), Nerón fue más bien inofensivo. Como se puede de hecho comprobar, Nerón perdió a causa de la catástrofe mucho más que su palacio: su colección de arte y sobre todo dinero, pues como emperador era responsable del alojamiento y la alimentación de sus súbditos.

Por ello, los críticos suponen que la teoría incendiaria fue obra de Suetonio (70-140 d.C.), un autor que en lugar de reflejar los hechos reales se hizo eco de historias, y entre ellas expandió anécdotas y rumores no contrastados, que atrapaba al vuelo. Otro dato seguro es que en la época del proceso a los cristianos Nerón se encontraba en Grecia.

Es muy posible que ni siquiera supiera nada de las persecuciones. Además, no le gustaba la violencia organizada y quería incluso abolir las luchas de gladiadores. Fue sobre todo la Iglesia cristiana, cada vez más fuerte, la que a partir del siglo IV fomentó los rumores sobre su crueldad y especialmente sobre su autoría del incendio.

Claudio César Augusto Germánico, llamado Nerón Nació en Antium el 15 de septiembre del año 37 d.C comoLucio Domicio Ahenobarbo. Cuando su madre se casó con e/posterior emperador Claudio (41-54 d.C), recibió el nombre de Claudio César Augusto Germánico. Su madre, Agripina, siempre ambicionó ver a su hijo en el trono imperial. Nerón lo consiguió o los 17 años de edad, tras la muerte de Claudio en 54 d.C. A los 16 años se casó con su hermanastra Octavia, más tarde, en 62 d.C. con Popea Sabina, con quien tuvo una hija, Claudia, y finalmente en 66 d.C con Statilia Mesalina. En los últimos años de su vida ordenó cada vez con mayor frecuencia asesinar a sus rivales, incluido su hermanastro, y finalmente también a su mujer Octavia e incluso a su propia madre. Ensombrecido por estos crímenes y a causa de su creciente paranoia, el senado lo declaró enemigo pública El 9 de junio de 68 se suicidé y sobre él recayó la damnatio memoriae (la condena de su memoria), por lo que sólo se han conservado unos pocos bustos de su persona; el resto, la mayoría, se destruyeron.

La plaza de San Pedro en el Estado Vaticano, en Roma, vista desde la cúpula de la basílica.
Probablemente, lo Iglesia católica describió la persecución de los primeros cristianos con más dramatismo del que tuvo.

Fuente Consultada: Grandes Catástrofes

Las conquistas de los plebeyos en roma antigua Guerra Civiles Cronologia

Las Conquistas de los Plebeyos en Roma Antigua-Guerra Civiles

CONFLICTOS CIVILES EN ROMA ANTIGUA:
PATRICIOS Y PLEBEYOS
CRONOLOGÍA DE LAS CONQUISTA PLEBEYAS

El camino emprendido por la plebe hacia su plena equiparación política y jurídica con el patriciado, conoció dos éxitos esenciales con la codificación del derecho romano y el acceso de los tribunos militares al poder consular.

A mediados del siglo V a. C., la plebe romana proseguía la lucha por la igualdad política y jurídica con el patriciado. Las exigencias plebeyas abogaban por la clarificación del ámbito del derecho y su participación en la política romana, a la vez que mantenían las aspiraciones del reparto de tierras del ager romanus -tierras del estado- y la abolición del nexum para acabar con la esclavitud por deudas.

conquistas de roma antigua

En el año 451 a. de C. la presión de los plebeyos condujo a la creación de una comisión especial formada por diez hombres, que se responsabilizó de la codificación de las leyes romanas y de hacerlas públicas. Al llevar a cabo esto, los plebeyos abrigaban la esperanza de restringir el poder arbitrario de los magistrados patricios, los cuales tenían acceso exclusivo a las leyes. Las Doce tablas representan la primera codificación formal de leyes y costumbres romanas. Las leyes abordan asuntos de procedimientos de litigio, deudas, relaciones familiares, propiedad y otras serias concernientes a las leyes públicas y sagradas. El código estaba grabado en placas de bronce, las cuales a la larga se destruyeron.

CRONOLOGÍA DE LAS CONQUISTAS DE LOS PLEBEYOS

494 a.C. Primera Secesión de los plebeyos, creación de los tribunos de la plebe
471 a.C. Creación de la Asamblea de Plebeyos
451- 450 a.C.  Compilación de las leyes recogidas en la Ley de las Doce Tablas por los decenviros.
449 a.C. Las leyes Horaciae-Valeriae legitiman la provocation ad poulum (capacidad de apelar a los comicios contra las decisiones de un magistrado)
447 a.C. Los cuestores se convierten en administradores de la Hacienda pública.
445 a.C. Aprobación de la lex Canutela, que anulaba la prohibición de los matrimonios mixtos. Primeros tribunos militares con poder consular.
444 a.C. Primeros tribunos militares con poder consular.
443 a.C. Aparición de la figura del censor, que adscribe a los ciudadanos a las centurias en función de su patrimonio. Más tarde también supervisará la moral pública.
367 a.C. La aprobación de las leyes Liciniae Sextiae permite el acceso de los plebeyos al consulado y la aparición de la nobilitas.
366 a. C. La magistratura se hace más compleja; aparecen los pretores y los ediles cumies.
318 a.C. Lex Ovinia: los censores elaboran la lista para la composición del Senado cada 5 años.
304 a. C. El liberto Cneo Flavio da publicidad a las fórmulas del derecho civil (legis actiones).
300 a. C. Aprobación de la lex Valeria sobre la provocatio ad populum y de la lex Ogulnia, que abre los colegios sacerdotales a la plebe.
287 a.C. Aprobación de la lex Hortensia, que otorga fuerza de ley a los plebiscitos. Acaba oficialmente la lucha de clases.

La consecución de la igualdad política y jurídica a principios del siglo III a. C. acabó con el conflicto entre patricios y plebeyos, pero el igualitarismo democrático inicial fue perdiendo fuelle en beneficio de la nueva clase oligárquica, la nobilitas.

En el siglo IV a. C, las guerras de la república acentuaron M la pobreza de la plebe agraria. Mientras tanto, la classis plebeya, a pesar de los logros obtenidos durante el decenvirato, insistía en eliminar las trabas que le impedían su pleno acceso a la magistratura. Con la aprobación de las leyes Liciniae Sextiae, que resumían las reivindicaciones más ansiadas del conjunto de la plebe, la lucha de clases en Roma tomó un giro decisivo.

Estas leyes hicieron posible la plena participación de la élite plebeya en la magistratura y recogían las demandas revolucionarias sobre la cuestión de las deudas y el reparto del ager romanus, las tierras propiedad del estado. Durante diez años, de manera reiterada, habían sido propuestas para su aprobación en el Senado por los tribunos de la plebe Cayo Licinio y Lucio Sextio, de quienes tomaron el nombre.

Las asambleas (comitia) fueron la tercera institución más importante de la república -a través de ellas se encauzaba la participación popular-, aunque los resultados estaban siempre controlados por el Senado o la clase pudiente, debido a los sistemas de contabilización del voto.

Dos fueron heredadas del pasado, las comitia curíala y las comitia centuriata, y otras dos fueron creaciones republicanas, las concilla plebis (que sólo representaban al estamento plebeyo) y las comitia tributa (fruto de la reforma que agrupó por tribus a la ciudadanía, sin distinción de estamento). Las comitia centuriata y tributa eran las más importantes, ya que elegían a los magistrados o declaraban guerras.

La sociedad romana se hizo más compleja cuando se rompió la dicotomía patricios- plebeyos. Junto a la nóbilitas, se afianzaron otras clases. Los grupos mercantiles se reforzaron conforme avanzaban las conquistas hasta terminar formando, en el s. II a. C, el orden ecuestre, de gran influencia económica y política. El campesinado englobaba desde el latifundista hasta el jornalero agrícola. La tranquilidad que aportó la expansión territorial hizo de los campesinos el máximo puntal del orden establecido.

En la plebe urbana hay que destacar al grupo de libertos, que seguían ligados a sus antiguos amos por lazos de clientela. Finalmente, estaban los esclavos. Desde que la lex Poetelia-Papiria suprimió la esclavitud por deudas, eran sobre todo prisioneros de guerra.

Continua: EL IMPERIO ROMANO

Fuente Consultada:
Historia Para 1er. Año de José María Ramallo
Civilizaciones de Occidente Toma A Jackson Spielvogel
Historia Universal Tomo 6 Salvat
Historia Universal Tomo 5 El Imperio Romano Clarín

Biografia de Augusto – Cayo Octavio Emperador Romano Imperio Roma

Biografía de Augusto Cayo Octavio: Emperador Romano Imperio de Roma

Gobernante enérgico y eficaz, Augusto fue el verdadero fundador del Imperio romano, aunque nunca adoptó el título real, sino que mantuvo la ficción republicana. Durante su mandato, el ámbito mediterráneo vivió una etapa de tranquilidad y prosperidad, la denominada Pax romana, auténtica edad dorada de esta civilización.

Juventud y triunvirato

Cayo Octavio Emperador Cayo Octavio, nacido el 23 de septiembre de 63 a. C. en Roma, era hijo de un pretor y de África, sobrina de César, quien impulsó los comienzos de la carrera política del joven Octavio. Recibió la noticia de la muerte del dictador (44 a. C.) mientras completaba su formación en Apolonia. Vuelto a Italia, descubrió que César lo había adoptado y nombrado su principal heredero, y acudió a Roma, donde tuvo que hacer frente a las intrigas de los senadores.

Cicerón trató de utilizarlo y Marco Antonio, sucesor político de aquél, de arrebatarle su herencia. Octavio adoptó el nombre de Cayo Julio César Octaviano y, maniobrando hábilmente, logró ganarse la confianza del Senado (convencido por Cicerón> y la estima de los soldados de César; obtuvo así su nombramiento como senador y como cónsul (43) y consiguió expulsar a Marco Antonio de Italia.

No obstante, ese mismo año alcanzó un acuerdo con éste, y con Lépido, otro de los antiguos partidarios de César, para formar un segundo triunvirato de dictadores —el primero fue el constituido por Pompeyo, César y Craso—, repartiéndose el poder. Los triunviros decretaron la divinidad de César, lo que convirtió a Octaviano en hijo de un dios, y se dedicaron a perseguir y eliminar a los enemigos de César, entre ellos Cicerón; Bruto y Casio, los asesinos, fueron derrotados en Filipos (42).

A partir de ese momento, Lépido fue progresivamente alejado del poder y relegado a África, mientras Antonio asentaba su autoridad en Oriente y Octaviano se quedaba con Occidente. Allí tuvo que hacer frente a la rebelión de Sexto Pompeyo (hijo de Pompeyo el Grande), al tiempo que su rivalidad con Antonio se hacía más patente cada día.

La presión del ejército obligó a ambos a firmar un nuevo pacto en Brindisi (40>, y Antonio se casó con Octavia, hermana de su rival, a pesar de que SU relación con la reina Cleopatra de Egipto era ya conocida. Octavio, por su parte se casó con la viuda Livia Drusilla, lo que le permitió conseguir apoyos en los círculos más selectos de la nobleza romana.

Poco después cambió el equilibrio de fuerzas. Antonio fracasó en su expedición contra los partos, mientras Marco Agripa, almirante de Octaviano, derrotaba definitivamente a la flota de Sexto Pompeyo en el cabo Nauloco (36).

Lépido trató de enfrentarse a su creciente poder, y fue depuesto como triunviro, aunque conservo el cargo sacerdotal de pontífice máximo. Desde ese momento, Octavio emprendió una cuidadosa campaña de propaganda, presentándose como defensor de las libertades y tradiciones romanas; recibió el cargo de tribuno vitalicio (importante porque le otorgaba influencia sobre la plebe romana) y el título de imperator, que normalmente le concedía a los generales victoriosos.

Además, presentó a Antonio, que acaba por divorciarse de Octavia, como un traidor al espíritu de Roma, llegando incluso a mostrar como prueba su testamento, en el que hacía concesiones territoriales a a (33). La ruptura era inevitable, y ambos líderes se prepararon para el inminente enfrentamiento.

En el año 31, la flota de Octavio, mandada por Agripa, venla la de Antonio y Cleopatra en la batalla naval de Accio. Los amantes se suicidaron al año siguiente, cuando las tropas de su enemigo entraron en Egipto. El vencedor ejecutó también a Cesarión, el hijo de César y Cleopatra, y se adueñó del país. Gracias al tesoro egipcio pudo pagar a su ejército y convertirse en el nuevo amo de todo el mundo grecorromano.

El principado

A partir de ese momento se dedicó a organizar con una paciencia y una habilidad extraordinarias el nuevo régimen. Licenció a la mitad de las legiones, repartiendo al resto en las provincias fronterizas, que mantuvo bajo su control, mientras los territorios pacificados eran cedidos a la autoridad del Senado, institución que quedó reducida a 600 miembros y de la que se hizo nombrar presidente (princeps Senatum).

A pesar de que retuvo el poder efectivo en sus manos, su prudencia y la experiencia de las guerras civiles le hicieron mantener la apariencia de un régimen republicano. Entre 31 y 23 a. C. basó su autoridad en su designación interrumpida Como cónsul, y en 27 se hizo nombrar gobernador por diez años de Hispania, Galia y Siria, donde se acantonaba la mayor parte del ejército. Añadió también a su nombre el de «Augusto», dotado de un halo religioso y sobrehumano, que se completó cuando asumió el pontificado máximo tras la muerte de Lépido (12 a. C.).

Se preocupó por establecer el orden en las provincias, e incluso dirigió temporalmente la guerra contra los cántabros (27-19) y contra las tribus alpinas (26-14), al tiempo que convertía Mauritania en un reino aliado. En 23, su crónica mala salud hizo temer por su vida. Abandonó entonces el mecanismo de los consulados sucesivos, recibiendo el imperium proconsular con carácter vitalicio, al que asoció a su colaborador Agripa.

Éste fue el encargado de dirigir las impresionantes obras públicas y monumentales de Roma, que contribuyeron a su gloria tanto como los elogios de los grandes escritores de la época, Horacio, Tito Livio y Virgilio, ganados para SU Causa por su amigo Mecenas, conocido protector de artistas.

EL PROBLEMA AGRARIO: Los gobernantes romanos sabían mucho de la guerra y poco de economía. Augusto no fue una excepción. Como todos los emperadores, exigió mucho a la agricultura y gastó el rédito , en el ejército, los templos y los juegos. Una vez que cesó la expansión del Imperio y dejaron de afluir nuevos botines de las naciones conquistadas, la economía empezó a estancarse. 01 reinado de Augusto se considera así, en cierta manera, como el punto de inflexión del poderío y la prosperidad de Roma. Pero, aunque Augusto entregó tierras a los soldados jubilados en un esfuerzo por reactivar la agricultura, la capital siguió dependiendo del grano traído de Egipto y la propiedad agraria continuó en manos de los latifundistas.

Augusto reguló el matrimonio, la familia y la procreación, a la vez que desalentó el lujo, la práctica de orgías, la prostitución, la homosexualidad y el adulterio. La campaña resultó un fracaso. . A poco de morir, Augusto fue deificado (“consecratio”) y dos de sus nombres, César y Augusto, se convirtieron en títulos permanentes de los emperadores de los siguientes 400 años. PONTIFEX MAXIMUS: Este título se le otorgaba al principal sacerdote. En los inicios de la República sólo tenía influencia religiosa, pero ganó poder político, hasta que Augusto lo asoció a la dignidad imperial.

La búsqueda de un sucesor

El año 23 moría el sobrino de Augusto, Marcelo, casado con su hija Julia y previsto como su sucesor; dos años después Agripa ocupaba su puesto, tanto como esposo de julia como en el terreno político. Mientras, Augusto aumentaba su prestigio al alcanzar la paz con los partos (20), al tiempo que Agripa completaba el sometimiento de Hispania (19). Por esa época, Augusto se embarcó en un esfuerzo por restaurar los valores de la antigua sociedad romana en la institución familiar, la moral y la religión.

También trató de asegurar la continuidad de su obra, y dado que no tenía descendencia masculina, adoptó a los hijos de Agripa, Cayo y Lucio, y otorgó importantes cargos a sus hijastros Druso y Tiberio —hijos del primer matrimonio de su mujer Livia—, que quedaron encargados de dirigir al ejército en la anexión de los territorioS al norte de los Alpes.

En esta misma época incrementó el número de sus auxiliares en las tareas administrativas, principalmente procedentes de la clase media de los caballeros, germen del futuro aparato burocrático romano. Se reorganizó el sistema monetario y aumentó la efectividad del fiscal, lo que se tradujo en una hacienda fuerte y constituyó una favorable influencia en el comercio, alentado también por la paz generalizada y la mejora de las comunicaciones.

El año 12 a. C., el mismo en que Augusto adoptó la máxima dignidad sacerdotal, Agripa murió, obligando al princeps a apoyarse aún más en sus hijastros Druso Y Tiberio, y casando a la fuerza a este último con su hija Julia, nuevamente viuda. Druso fue enviado a conquistar Germania, donde murió en 9 a. C., mientras su hermano sometía Panonia (actual Hungría). Mecenas falleció al año siguiente, hecho que aumentó la soledad de Augusto.

Investido con el título de «padre de la patria», introdujo a sus nietos Cavo y Lucio en la vida pública lo que provocó el resentimiento Y tiro de Tiberio. La prematura muerte de ambos jóvenes, sin embargo, hizo que volviera a la actividad política y fuera adoptado por Augusto, al tiempo que él taba a su sobrino Germánico, convirtiéndose en la mano derecha y en sucesor viejo gobernante (4 d. C.). Tiberio y Germánico fueron enviados a completar la conquista de Germania, pero la rebelión desatada en Panonia e Iliria forzó su retorno -tardarían tres años en sofocarla.

El caudillo germano Hermann aprovechó esta circunstancia para unir a varias tribus y asestar un terrible golpe a la presencia romana en Germania. Augusto frenó el avance en el territorio y Tiberio y Germánico fueron encargados de asegurar la frontera del Rhin.

En los últimos años de Augusto su actividad administrativa prosiguió, especial-te en Roma, donde organizó una brigada urbana de extinción de incendios, con iones policiales, y convirtió el cargo de prefecto de la ciudad en una magistratura permanente. También creó una tesorería militar para poder pagar las licencias de veteranos, y en las provincias, se anexionó Judea (6 d. C.) tras la muerte de su antiguo aliado, Herodes el Grande.

En el año 13 se renovaron sus cargos por una década, y Tiberio fue equiparado él en todos los ámbitos. Ese mismo año depositó su testamento y su autobiografía (Res Gestae DIvii Augustíi) en el templo de las vestales. Tras su fallecimiento, un año más tarde, fue divinizado por el Senado.

Una de las bases del poder de Augusto fue el control que ejerció sobre todas las fuerzas militares romanas. Tenía el dinero para pagarles los salarios, y sólo a él respondían. El emperador desplegó 1.500 hombres en Roma, a cuya organización adjudicó el papel de policía.

También distribuyó 10.000 soldados por toda Italia, conformando la guardia pretoriana, nombre que deriva depraetor, o sea, guardia personal. Este cuerpo constituyó la fuerza privada de Augusto y un elemento disuasorio de primer nivel. El grueso del ejército, veintiocho legiones de 6.000 hombres cada una, más fuerzas auxiliares que elevaban el número de soldados a 400.000, fue enviado a las fronteras, donde podían generarse problemas con las tribus bárbaras vecinas.

Esto era una táctica de defensa, pero también una forma de mantener a las tropas ocupadas y a sus generales alejados de Roma, con pocas posibilidades de conspirar. Oficiales y soldados eran itálicos, lo que indicaba y establecía la superioridad de la península sobre las provincias. Además, así se aseguraba que el ejército estuviese compuesto por personas que adherían a la tradición romana.

Muerte de Julio Cesar Asesinato Marco Bruto Porque mataron a Cesar?

Muerte de Julio Cesar: Asesinato Marco Bruto ¿Por qué mataron a Cesar?

Cuando fue evidente que Julio César no tenía intención de  restaurar la República, tal y como lo concebían ellos,
aproximadamente sesenta senadores —muchos de ellos, amigos suyos o enemigos que habían sido perdonados— tramaron una conspiración para asesinar al dictador.

La dirigieron Cayo Casio y Marco Bruto, quienes ingenuamente supusieron que este acto restauraría la República tradicional. Los conspiradores decidieron los Idus de marzo (el 15 de marzo) del año 44 a. de C, como la fecha para el asesinato. César se encontraba en medio de los preparativos de una campaña que emprendería en la parte oriental del imperio. Aunque se le había advertido del complot contra su vida, decidió ignorarlo. El siguiente relato de la muerte de César está tomado de la biografía escrita por el autor griego Plutarco.

Muerte de Julio César en Roma

LA CONJURACIÓN
¿Por que los senadores romanos mataron a César?.El gran general romano, de  vuelta en Roma después de haber sometido La mitad de Europa, había llegado a concentrar en si todos los poderes del gobierno. De hecho se había constituido en soberano absoluto; su ambición era, quizá, la de instaurar en Roma nada menos que una monarquía universal, que gobernase el imperio que él había contribuido a forjar.

Sin embargo, César sabía que para los romanos la palabra “rey” era muy odiosa y no quería hacerse llamar con ese nombre. Muchas veces había demostrado rechazar, con un gesto desdeñoso, la corona de rey.

Pero esto no cambiaba el fondo del asunto. Los jóvenes patricios ya lo habían comprendido: las instituciones democráticas de la República Romana poco a poco se habían venido a menos, carentes de todo poder; todo estaba en manos de César. La democracia prácticamente naufragaba. Buscando detener el curso de los sucesos, los jóvenes senadores conjuraron contra César y decidieron matarlo.

El dictador tenía algunas noticias de que algo se estaba tramando en su contra, pero no les dio mayor importancia. Así se cumplió su destino. Mas su muerte, por cierto, no resolvió la situación política de Roma. En efecto: antes de que pasasen catorce años, Octavio se proclamaría emperador y se arrogaría la suma de todos los poderes. Los tiempos, desdichadamente, habían madurado para una dictadura, y el atentado del 15 de marzo no pudo mudar el curso de la historia.

Plutarco, Vida de César
Empero, el destino es, en todos aspectos, más inevitable que inesperado. Se dijo que se observaron muchos prodigios extraños y apariciones poco tiempo antes de este acontecimiento… Ocurre también que muchos relatan que un augur le expresó [a César] que estuviera preparado para enfrentar un gran peligro en los Idus de marzo. Cuando llegó ese día, César, mientras se dirigía al senado, se topó con este adivino, y le dijo burlándose “Los Idus de marzo ya llegaron”, a lo que respondió apaciblemente, “Sí, ya llegaron, pero no se han ido…”

Todas estas cosas quizá hayan sucedido. Pero el lugar que estaba destinado para la escena de su asesinato, donde se iba a reunir el senado ese día, era el mismo donde estaba la estatua de Pompeyo y era uno de los edificios que Pompeyo había construido y dedicado, junto con su teatro, al uso público, mostrando rotundamente que hubo algo de influencia sobrenatural que guió la acción y la ordenó en ese sitio particular.

Se dice que Casio, justo antes del suceso, miró hacia la estatua de Pompeyo y, en silencio, imploró su ayuda… Cuando César entró, el senado se puso de pie mostrándole respeto; y uno de los confederados de Bruto acercó su silla y la colocó detrás de él; otros lo rodearon fingiendo añadir sus solicitudes a las de Tilio Cimber, en nombre de su hermano, quien estaba exiliado; y lo siguieron con sus solicitudes conjuntas hasta que llegó a su lugar.

Cuando se sentó, rechazó satisfacer sus demandas y, al sentirse presionado por ellos, comenzó a reprocharles severamente a causa de sus peticiones, cuando Tilio —agarrando su túnica con ambas manos— lo agarró del cuello, lo cual era la señal para el asalto.

Casca fue el primero en hacer el primer corte en su cuello, el cual no fue grave ni de peligro, seguramente porque provenía de uno que estaba muy perturbado debido a que era el comienzo de una acción brutal; de inmediato, César se volvió y puso la mano sobre la daga y la retuvo. Y ambos gritaron al mismo tiempo; el que recibió el golpe dijo en latín “Ruin Casca, ¿qué significa esto?”, y el que lo propinó llamó a su hermano en griego, “¡Hermano, ayúdame!”.

Después de la primera arremetida, los que no tenían conocimiento particular del complot, quedaron sorprendidos, y su horror y sorpresa por lo que presenciaron fueron tan grandes que no se atrevieron a huir ni a ir en auxilio de César, asimismo, tuvieron miedo de pronunciar palabra alguna. Pero los que venían preparados para la cuestión, se acercaron a él por todos lados con sus dagas desnudas en las manos.

Por cualquier lado al que se dirigiera recibía golpes y veía sus espadas a la altura de su cara y de sus ojos, y lo cercaron con sus trampas por todos lados, como a una bestia salvaje. Como se había acordado que cada uno de ellos debería infligirle una estocada, y ensuciarse con su sangre, por esa razón, Bruto también le propinó una cuchillada en la ingle.

Algunos dicen que peleó y -resistió en todo momento, moviendo al cuerpo para esquivar los golpes y solicitando ayuda, pero cuando vio la espada de Bruto desenvainada, se cubrió la cara con su manto y se rindió, dejándose caer —quizá por coincidencia o porque sus asesinos lo empujaron en esa dirección— a los pies del pedestal donde estar: la estatua de Pompeyo, la cual se manchó con su sangre.

De modo  que Pompeyo mismo parecía que hubiera presidido, como aconteció, la revancha sobre su adversario, el cual yacía ahí a sus pies, v exhaló su alma a través de la gran cantidad de heridas, pues se dijo que había recibido veintitrés. Y muchos de los conspiradores mismos se hirieron entre sí, al dirigir todas sus estocadas a la misma persona.

Plutarco

Cerca de 1.600 años después de este hecho, el gran poeta inglés Guillermo Shakespeare evocó en una de sus tragedias la figura y muerte de César. Después del asesinato del dictador, Bruto, uno de los criminales, y Antonio, fidelísimo amigo de César, se dirigieron al pueblo romano en sendos discursos para explicar, cada uno a su modo, lo que había sucedido.

Reproducimos las palabras con que Shakespeare ha formulado estos discursos: ellas nos ilustran perfectamente sobre los sentimientos de aquellos grandes personajes, en los trágicos momentos en que debían justificar la propia conducta delante del pueblo.De la reacción del pueblo dependería el destino de la ciudad, y el personal de cada uno de ellos.

BRUTO
“Romanos, pido que se dé fe a la sinceridad de mis palabras… Yo, que he matado a César, declaro que lo he amado mucho. Mas entonces, ¿por qué le he dado muerte? Para todo el que desee inquirir la verdad, yo respondo: no porque amase poco a César, sino porque amaba mucho a Roma. Cuando César fue afortunado, me he congratulado con él; cuando fue valiente lo he exaltado; cuando se convirtió en tirano lo maté.

Eso es justamente: lágrimas por su amor, alegría por su fortuna y por su suerte, honor por su valentía, y… muerte por su ambición. ¿Quién desea ser esclavo? ¿Habríais preferido quizá que César viviera y ser todos vosotros sus esclavos, o acaso mejor no preferís ver muerto a César y ser hombres libres?”

ANTONIO: “¡Amigos, romanos, conciudadanos, escuchadme! El noble Bruto afirma que César fue un ambicioso y por eso le dio muerte. Pero, ¿se puede decir que César haya sido verdaderamente tal? ¿Acaso no llenó con el botín de sus victorias los cofres del tesoro público? ¿No acudió en ayuda de los pobres? ¿No rechazó tres veces la corona que se le ofreció? ¿Y a esto se le puede llamar ambición? He aquí su testamento: escuchad.

Está escrito que a cada ciudadano romano César le deja en herencia 75 dracmas… Además César dispone que sus jardines y sus árboles frutales estén a disposición de todos. Así amaba César. ¿Cuándo jamás el pueblo romano podrá encontrar un jefe más generoso?”