La Sociedad Estamental

Extensión del Imperio Británico en el Siglo XIX Mapa Territorial

LA EVOLUCIÓN DEL IMPERIO BRITÁNICO – CECIL RHODES –

Durante todo el siglo XIX —y, ciertamente, durante buena parte del XX—, Gran Bretaña fue la potencia imperial por excelencia. Llamamos Imperio Británico, conjunto de territorios vinculados por su lealtad a la monarquía británica, compuesto principalmente por aquellas áreas que quedaron sometidas a la jurisdicción oficial de Inglaterra (Gran Bretaña a partir de 1707) desde finales del siglo XVI hasta el siglo XX, aunque el tipo de dominio ejercido por la metrópoli varió considerablemente a lo largo del tiempo.

A partir de finales del siglo XVII, Gran Bretaña hizo grandes progresos. En las postrimerías del reinado de Victoria, los ingleses se jactaban de que era soberana de un imperio «en el que nunca se pone el sol», expresión materialmente veraz porque el imperio británico estaba tan extendido por el planeta que, a lo largo de las veinticuatro horas, siempre había un sitio donde era de día.

Las bases de este Imperio se sentaron durante su reinado, gracias al desarrollo de la Marina inglesa, donde debemos destacar a Francis Drake quien dió la vuelta al mundo entre 1577 y 1580, el inicio de una ofensiva comercial en ultramar (la Compañía de las Indias Orientales se fundó en 1600) y la rivalidad con la Monarquía Hispánica.

La supremacía imperial británica durante el siglo XIX se debió, parcialmente, a la decadencia de antiguos rivales. Es cierto que el imperio británico había sufrido un grave contratiempo cuando en 1783 se separaron las colonias americanas. Sin embargo, más adelante estallaron la revolución y las guerras napoleónicas, al final de las cuales Francia perdió buena parte de las conquistas de sus luchas coloniales del siglo XVIII con los ingleses y los holandeses tuvieron que entregarles el cabo de Buena Esperanza y Ceilán (actualmente Sri Lanka). Pocos años más tarde se independizaron casi todas las posesiones que las naciones europeas aún tenían en el continente americano, lo que supuso una reducción drástica de los viejos imperios español y portugués, los primeros creados en la gran era de la expansión europea de ultramar.

Durante el curso de sus guerras contra la Revolución Francesa y contra Napoleón, Inglaterra había podido juzgar el valor de su imperio. Este se había visto aumentado por las conquistas realizadas a costa de Francia y de sus aliados holandeses y españoles: Guayana, Trinidad, Tobago, Santa Lucía, El Cabo, la isla de Francia, Ceilán. En unión de Gibraltar, las islas Jónicas y la de Malta le aseguraban el dominio del Mediterráneo. Además de valor estratégico que tenían, las colonias reforzaban el poderío comercial inglés. Por el «Pacto Colonial», estaban obligadas a proveer las materias primas que utilizaban las industrias de la metrópoli, o las distribuidas, con grandes beneficios, por el mundo, y a comprar después los productos manufacturados ingleses.

El más rico de los dominios era la India. Establecidos sólidamente en los países del Ganges y del Dekán meridional, en 1815 los ingleses no dominaban aún todo el sub-continente. La lucha contra los jefes mahratas (1817), la conquista de las regiones del Indo, y la lucha contra los rudos sikhs del Punjab, llenaron la primera mitad del siglo (1849). Ahora faltaba proteger este inmenso imperio y las rutas que conducían a él: Santa Helena, El Cabo, la isla Mauricio, Aden (1839), Ceilán y Singapur (1819) se convirtieron en bases inexpugnables.

El ejército inglés emprendió, igualmente, la tarea de construir un verdadero glacis de protección: después del fracaso de la conquista de Afghanistán (1842), los ingleses se contentaron con fortificar los pasos montañosos del noroeste. Por el contrario, Birmania, al Nordeste, fue ocupada, en parte, después de dos campañas (1826 y 1825), junto con el puerto de Rangún. Al norte, el Himalaya formaba un obstáculo capaz de descorazonar a cualquier ejército.

La India servía también como base para la dominación del Extremo Oriente. Ya publicamos en este sitio la «guerra del opio» (1840-1842) habría de obligar a China a abrir cinco puertos al comercio británico (entre ellos los de Cantón y Shanghai), y a ceder el islote de Hong-Kong, ciudadela-depósito y notable puesto de observación.

imperialismo británico

En todos estos territorios tropicales, ya superpoblados y de clima penoso, no se trataba apenas de instalar colonos. Por el contrario, el sur de África, Australia, Nueva Zelanda y el Canadá, sí podían atraer a los emigrantes. Partiendo de El Cabo, los ingleses presionaron a los ocupantes holandeses del interior, los boers. Estos, aislados y faltos de ayuda, no pudieron oponerse a la abolición de la esclavitud por Inglaterra, en 1833; esta medida amenazaba con privarles de la mano de obra negra.

En 1833, un éxodo, el gran Trek, condujo a los boers a una y otra parte del Vaal, afluente del río Orange, y a Natal. Cuando, en 1844, Natal fue anexionado, los boers emigraron de nuevo, e Inglaterra reconoció entonces la independencia de las repúblicas de Orange y del Transvaal: todavía no se habían descubierto las minas de diamantes.

Entre 1850 y 1930, las ambiciones imperiales transformaron el mundo. Liberados de las limitaciones de las fuerzas naturales de la Tierra, ahora los barcos de vapor podían viajar por todas partes independientemente de los vientos; los ferrocarriles podían transportar mercancías a gran velocidad sin necesidad de energía humana o animal, y los industriales podían manufacturar números infinitos de baratos productos acabados mediante materiales naturales y artificiales, trabajo no cualificado y máquinas automáticas.

En Australia, país casi vacío de habitantes, y en Nueva Zelanda, después de exterminar a los maoríes, se establecen los blancos; ricas tierras se ofrecen a los colonos. Y Australia se lanza a la cría de corderos, cuya lana es vendida muy bien en Inglaterra. Partiendo de Nueva Gales del Sur, al sudeste de la gran isla, la población crece incesantemente hacia el oeste.

En Canadá, los habitantes de origen francés no habían aceptado de buena voluntad la dominación inglesa. Pero fueron desbordados, poco a poco, por la masa de inmigrantes. Y es en Canadá donde Inglaterra, ilustrada, sin duda, por el precedente americano, intenta por primera vez la implantación de una política liberal en sus colonias, en 1847, a Canadá le es concedida una gran autonomía, con un Parlamento propio y un ministerio responsable. Era el esbozo de la Commonwealth.

Los ingleses conocían perfectamente que la comunidad del idioma y de la civilización era algo tan fuerte como los lazos políticos. Pero este liberalismo político debía reservar se cuidadosamente para los territorios de población europea. En cambio, segura de su superioridad industrial, Inglaterra va abandonando, poco a poco, el viejo sistema del pacto colonial. A partir de 1825, a Canadá le es permitido comerciar con el extranjero, y, en 1849, la supresión de las Actas de Navegación extiende el librecambio a todas las colonias.

A mediados de siglo, Inglaterra, la pequeña isla llena de bruma, que no tenía treinta millones de habitantes, regía mundialmente el destino de doscientos cuarenta millones de hombres.

Los ferrocarriles volvieron logística y económicamente viable la extracción minera de materias primas, como el cobre, los diamantes y el oro, en el interior del continente. Las potencias europeas consideraron que la riqueza natural de África podía proporcionar un triplete de oportunidades: riquezas primordiales para pagar sus nuevas máquinas (diamantes y oro); materias primas para alimentarlas (algodón y caucho), y mercados para sus productos acabados (ropa, té, café, chocolate y armamento). El misionero y explorador escocés David Li-vingstone descubrió grandes zonas del misterioso interior de África entre 1852 y 1856: fue el primer europeo en ver las cataratas Victoria, que lealmente bautizó en honor a su reina.

mapa imperio britanico siglo xix

CECIL RHODES fue un colonizador, un magnate de las minas y un político británico en el sur de África cuya ambición no tenía límites. Fue capaz de ver que los ferrocarriles, los barcos de vapor y la fabricación en serie habían iniciado una nueva era de la supremacía humana sobre la naturaleza. Su sueño era construir una vía ferroviaria desde Ciudad del Cabo, en la punta meridional de África, hasta Alejandría, en la costa mediterránea.

Pero, a diferencia de Alejandro Magno, Rhodes no sólo quería conquistar el mundo, sus pueblos y sus riquezas. En un anticipo profético de la carrera espacial que iba a comenzar medio siglo después de su muerte, sus metas estaban mucho más lejos, incluso fuera de la propia Tierra. Tal como él mismo escribió en su testamento:

El mundo ya se ha repartido casi por completo y lo que aún queda está siendo dividido, conquistado y colonizado ahora mismo. Pensar en esas estrellas que vemos en el cielo por la noche, esos vastos mundos que nunca podemos alcanzar. Si pudiera me adueñaría de los planetas; pienso a menudo en ello. Me entristece verlos tan claramente y, sin embargo, tan lejanos.

Fuente Consultadas:
Todo Sobre Nuestro Mundo Christopher LLoyd
HISTORAMA La Gran Aventura del Hombre Tomo X La Revolución Industrial
Historia Universal Ilustrada Tomo II John M. Roberts
Historia del Mundo Para Dummies Peter Haugen
La Revolución Industrial M.J. Mijailov

El Tratado de Pintura de Leonardo .PDF Resumen Contenido

Leonardo nació en Vinci, en Toscana, en 1452. Era hijo natural de un notario y de una aldeana. Su padre llegó a ser notario de Florencia. A la edad de 15 años entró en el taller de Andrés Verrochio, donde aprendió el cálculo, la perspectiva, el arte de tallar la piedra, fundir el bronce, levantar planos, fortificar ciudades y construir carreteras y canales. Pintó algunas obras y comenzó la «Virgen de las Rocas» (Museo del Louvre).

Leonardo Da Vinci

En 1483, a los treinta años de edad, llega a Milán. Contrariamente a la leyenda, vive allí largo tiempo en la pobreza y la oscuridad, obligado a asociarse con otros artistas, como era costumbre. Los artistas estaban, en efecto, considerados como obreros y sometidos a contratos rigurosos que regulaban sus encargos hasta en los menores detalles: tema, composición, vestido, color, etc.. Pero el saldo de sus créditos llega siempre muy lentamente. Así, para sobrevivir, les era necesario agruparse.

En 1483 entrega a la Escuela de la Concepción la «Virgen de las Rocas», actualmente en el Louvre. A pesar de este primer encargo, la situación de Vinci es muy penosa; carece hasta de calzado y lentes.

En 1489, Ludovico el Moro le encarga un trabajo que nadie quería: el modelo para la estatua ecuestre de su padre, Francisco Sforza. Vinci presenta en 1493 un modelo colosal, en yeso o en barro, que provoca el entusiasmo. Pero no se arte vio jamás a fundirlo en bronce. Después de la caída de Ludovico, el modelo se deterioró, y, finalmente, terminó sirviendo de blanco a los ballesteros de Luis XII durante la ocupación francesa. Sin embargo, Vinci comienza a ser conocido.

En 1490, monta el escenario y los decorados para la «Fiesta del Paraíso», ofrecida en ocasión de la boda del hijo de Ludovico. Da consejos y hace dibujos para la catedral de Pavía y el palacio de Vígevano, situado cerca de Milán, e influye, profundamente, en Bramante, que trabaja en el mismo proyecto. A finales de 1496, Ludovico el Moro le encarga «La Cena» para el Convento de Santa María de las Gracias, de Milán. En 1498, trabaja en la decoración del Castillo de Milán.

Realiza también los planos para la transformación de los barrios pobres de la ciudad, conservados en el «Codex atlanticus,». Tuvo una concepción profética del urbanismo, imaginando un sistema triple de calles superpuestas: las calles altas, provistas de pórticos y reservadas al paso de las gentes de calidad; las intermedias, reservadas al pueblo y a la circulación de carruajes, y las bajas, destinadas a caballerizas y alcantarillas, que desaguaban su carga en un sistema de canales unidos a los ríos de la llanura lombarda.

En este período, Vinci vive agradablemente con una pensión de 2.000 ducados anuales; pero pronto el duque de Milán fue obligado a huir ante el avance de las tropas francesas. Leonardo de Vinci parte para Florencia, donde pinta, en 1501, «Santa Ana y la Virgen» (Museo del Louvre). En 1502 pasa al servicio de César Borgia y pinta la «Mona Lisa», mujer de Gherardini del Giocondo.

En 1506 vuelve a Milán, al servicio de Luis XII, y se convierte en uno de sus pintores favoritos, realizando el «Juan Bautista» y el «Baco». De 1513 a 1516 reside en Roma; después, acepta la invitación y la hospitalidad de Francisco I, que lo aloja en la mansión de Cloux, en Turena, donde muere en 1519.

EL TRATADO DE LA PINTURA
Leonardo de Vinci expone su concepción del arte en el «Tratado de la pintura» —compilación de sus escritos dispersos—; concepción muy influida por sus orígenes florentinos.

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Platónico auténtico, quiere encontrar «el alma de las cosas y el alma del Universo», es decir, la idea divina, la forma perfecta que  está  en la intención de la naturaleza. Pero par; encontrar el arquetipo, el modelo divino, se necesita un trabajo científico, pues el arte es una ciencia: así, crea una ciencia anatómica cuando quiere construir un cuerpo; una teoría de la sombra, cuando quiere colorear; una botánica, cuando necesita representar una planta, porque es preciso concebir el modelo divino a través de la diversidad de ejemplares.

Su arte, eminentemente espiritual, es, a sus ojos, la proyección del espíritu humano que toma contacto con el espíritu de Dios. Es el promotor de una nueva estética, la del arte considerado como un «algo mental». Leonardo de Vinci abandona la línea neta y precisa de los florentinos, demasiado abstracta y demasiado alejada de la vida para penetrar en las superficies coloreadas, que, en realidad, determinan la separación de los objetos, por un juego de claridades y de sombras: el difuminado.

De este modo, da la impresión de movimiento, que es alteración y cambio; el mismo cambio de la vida. «La pintura es sombra», dice. Gracias a ello, el objeto se espiritualiza y vuelve a encontrar la vida. Más adelante veremos su papel como sabio.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo V La Gran Aventura del Hombre

Vida y Pensamiento de Marsilio Ficino Filósofo Italiano

MARSILIO FICINO Y LA ACADEMIA DE FLORENCIA
En  Florencia  se  despliega  el  genio  de uno de los grandes talentos del Quattrocento, Marsilio Ficino (1433-1499). Ya no se trata solamente del culto a la antigüedad y a las buenas letras, sino de una profunda filosofía de la vida, que acaba por legitimar esta exaltación del hombre a la que tendían todo el pensamiento y la sensibilidad italianos. «No es sólo la antigüedad, sino su alianza íntima con el carácter italiano, lo que ha regenerado al mundo de Occidente», ha dicho Burckhardt.

Marsilio Ficino:Nacido cerca de Florencia en 1433, se formó en Medicina y Filosofía y fue ordenado sacerdote en 1473, llegando a ser canónigo de la catedral de Florencia.

Bajo la influencia del Humanismo, el platonismo y el aristotelismo, conocidos y estudiados durante la Edad Media, fueron sensiblemente modificados. Desde 1463 a 1468, Ficino tradujo al latín la obra de Platón, por consejo de Cosme de Médicis, poco satisfecho con la enseñanza aristotélica que predominaba entonces en Florencia. Sus tratados de teología y sus comentarios sobre Platón hacen de él el hombre de más influencia del siglo XVI sobre las cortes, los poetas y los artistas.

A la traducción de Platón añade, en 1492, la del neo-platónico alejandrino Plotino. Da varios cursos públicos en Florencia. Sin llegar a ser profesor de la Universidad, su influencia es tal que, desde 1471, la mayor parte de los puestos docentes son ocupados por sus amigos. Su correspondencia universal con los humanistas de Roma, Venecia, Alemania, Francia, Bélgica, Polonia y Hungría —reunida e impresa en 1495— es un formidable medio de acción sobre el pensamiento internacional; la Academia de Florencia, su reino, no tiene, absolutamente, nada de oficial; no celebra sesiones regulares, esencialmente, es un grupo de amigos personales de Ficino que se reúnen en su villa de Careggio, cerca de Florencia, ofrecida en 1462 por Cosme de Médicis.

Hacia 1490, el jardín, adornado con inscripciones y estatuas antiguas, donde se celebran la mayor parte de estas reuniones, se convierte en lugar de peregrinación para los humanistas de toda Europa. La doctrina de Ficino busca una síntesis entre el cristianismo y la sabiduría griega.

Inspirándose en Platón, hace del amor una búsqueda de la belleza, que no es más que un reflejo del esplendor de Dios. La búsqueda de la belleza es, por consiguiente, un camino hacia el conocimiento de Dios.

Su catolicismo se aproxima a una religión natural, en la que el sentimiento del pecado tiene escaso papel. Ficino ejerció una considerable influencia en Europa, y todos los grandes artistas del Renacimiento, Botticelli, Vinci, Miguel Ángel, Rafael fueron influidos por su neoplatonismo: como el filósofo, el artista inspirado por Dios, ayuda a los hombres a acercarse a lo divino a través de la visión de la belleza.

Pico della Mirándola (1463-1494), otro florón de la Academia, célebre por la universalidad de sus conocimientos, completó a Ficino, realizando la síntesis de Platón, Aristóteles, la escolástica, la mística cristiana y las doctrinas judías. Llega tan lejos que Inocencio VIII declara: «este mozo desea terminar mal, quiere que, un día, se le queme».

En Leonardo de Vinci y Miguel Ángel encontramos dos ejemplos de artistas de una nueva especie, formados por el Humanismo, de una cultura prodigiosa. Pintores, escultores, poetas, arquitectos, ingenieros, teóricos, sabios y genios universales son los más brillantes testimonios del Renacimiento.

Artistas del Quattrocento Humanismo y Obras de Arte

LOS ARTISTAS DEL QUATTROCENTO
Siguiendo las huellas de la antigüedad, los arquitectos tomaron prestados de las ruinas romanas el medio punto, que reemplazó al arco partido ojival, la columna clásica de capiteles jónicos y corintios, en vez del haz de columnatas de las catedrales del siglo XIII, los frontones griegos coronando puertas y ventanas, en lugar de los remates góticos dentados, las decoraciones geométricas, etc..

Tipos de Capiteles

Buscaron formas regulares, equilibradas y de proporciones armoniosas. En escultura, los modelos fueron las estatuas greco-romanas o los bajorrelieves; el esplendor de los cuerpos desnudos desplaza a las formas veladas de la Edad Media. La Historia Antigua y la Mitología proporcionan nuevos temas a los pintores que, hasta entonces, no habían representado más que escenas del Antiguo y Nuevo Testamento, o de vidas de santos.

Ciertamente, el catolicismo siguió siendo fuente principal de inspiración, pero los temas sagrados fueron manejados, a menudo, «a la antigua», y los artistas trataron con el mismo estilo y el mismo fervor las Anunciaciones y las anécdotas mitológicas, glorificando tanto a la Sagrada Familia como a Baco o Venus.

En la abundancia, única en la historia, de obras maestras inspiradas en el nuevo espíritu, Florencia ocupa un lugar privilegiado, como Atenas en la época de Pericles.

Brunelleschi (1377-1446), al construir San Lorenzo y el Duomo (la catedral), abrió el camino a los Bramante y a los Palladio, utilizando lo principal de griegos y romanos: fachadas a la antigua, frontones geométricos y arcos de medio punto. San Lorenzo evoca las basílicas romanas. Ghiberti (1378-1455), en los diez bajorrelieves de la segunda puerta del Baptisterio, crea la ilusión del espacio y vuelve a encontrar la ciencia de la flexibilidad y del modelado de los bajorrelieves romanos.

Duomo,

Donatello (1386-1466) osa, con el David en bronce del Bargello, esculpir un cuerpo desnudo de adolescente, vibrante de vida. En pintura, si Fra Angélico es el último de los grandes artistas de la Edad Media, Masaccio (1401-1428) puede ser considerado corao uno de los padres del arte moderno.

Con Pablo Uccello (1397-1475), se vuelven a encontrar las leyes de la perspectiva, el relieve plástico de los cuerpos, el realismo y la preocupación por la verdad. Botticelli (1445-1510) es uno de los representantes más típicos de este arte preciso, descriptivo, imbuido de antigüedad, pero cargado de significación intelectual y abstracto, que le confieren una rara originalidad. Se puede considerar la «Primavera» como el símbolo de este Renacimiento.

La LLegada de la Primavera , Botticelli

Mantegna, que inicia su carrera en Padua y muere en Mantua, merece el sobrenombre de «Viejo Pagano», hasta tal punto estuvo impregnado del sentimiento profundo de la antigüedad, ya sea en el «Triunfo de César» o en las escenas de la «Vida y muerte de Cristo». ¿Y quién puede olvidar la perspectiva de frontones y columnatas que acompaña la «Flagelación» de Piero della Francesca?

Obra de Mantegna, Cristo Sostenido por Ángeles

Federico de Montefeltre, Obra de Piero de la Francesca

En su origen, el término designa, solamente, los estudios liberales, litterae humaniores, por oposición a la Teología.

El Humanismo es, por consiguiente, el estudio profano. Ahora bien, en cuestión de cultura profana, la única materia entonces disponible es el estudio literario de los textos greco-latinos.

Ciertamente, el Humanismo se propone, en principio, poner las nuevas luces al servicio de la fe y del estudio religioso; pero, por un movimiento natural, se empieza a estudiar este legado, por sí mismo, hasta que este análisis del hombre no cristiano inspira una confianza tal en la naturaleza humana que puede limitar la participación de Dios.

Nacidos en los albores del siglo XIV, Petrarca (1304-1374) y Boccaccio (1313-1375) fueron los primeros humanistas. Petrarca debió su gloria, en vida, a su epopeya latina, «África», donde narra la segunda guerra púnica, y fue honrado en Roma, en el Capitolio, con un verdadero triunfo (1341).

Petrarca

En el siglo XIV había nacido, con Petrarca en  particular,  una profunda corriente que será designada con el nombre de Humanismo por oposición a la teología. El humanista debe, según Raleigh, «cultivase como una rosa y entrenarse como un caballo de carreras». Un siglo después, surge toda una generación de grandes espíritus  científicos.

Dio el primero el ejemplo de pasión por la antigüedad, al escribir un auténtico himno a Cicerón, y al celebrar a Homero. «Los recuerdos, las hazañas, los hombres ilustres de los antiguos, me producen una alegría magnífica y de tal modo inestimable que, si el mundo pudiera saberlo, se asombraría de que me agrade tanto conversar con los muertos y tan poco con los vivos» (Epístolas Familiares, VI). Boccaccio fue, asimismo,  apasionado de la antigüedad;   su Decomerón”, primera obra maestra de la prosa italiana, es ya el anuncio de una época febril, sensual y ávida de placeres y de diversiones. Se impone una nueva ética: aunque respetuosa de la religión establecida, rebasa la ética cristiana.

La filosofía griega, aprendida por Petrarca y Boccaccio a través de Cicerón y Séneca, les lleva a buscar la paz en la vida y no en la oración, en el culto del factor individual y personal y no en una sublimación de la personalidad para llegar a Dios.

Tal curiosidad e independencia, no podían ser satisfechas por la enseñanza caduca y anquilosada de la escolástica, que dispensaban las universidades de tipo clásico, más o menos antiguas: Bolonia, Padua, Florencia, Siena, Perusa, Roma… De este modo, toda una enseñanza se desarrolla al margen de estas universidades, a expensas de las cortes de los príncipes o de las comunidades.

De todos los rincones de Europa afluyen los humanistas a estos focos intelectuales, activos y brillantes, que llegan a ser las cortes italianas, asegurando una difusión general del Renacimiento. Los libros y las bibliotecas particulares se ponen de moda, como la Biblioteca Vaticana fundada por Nicolás V, punto de cita de los humanistas. Hay una verdadera pasión por descubrir manuscritos de los autores antiguos.

El famoso Poggio Bracciolini (1459), empleado de la Cancillería Pontificia y después favorito de los Médicis y Secretario de Florencia, recopila gran cantidad de ellos. El Cardenal Bessarion funda en Venecia la Biblioteca Marciana; Lorenzo Valla, con la crítica de textos, funda la filología moderna. La revelación de los textos antiguos adquiere, gracias a la imprenta, las proporciones de una auténtica invasión.

Entre 1465 y 1480, la imprenta se introduce en los principales países de la Europa occidental. Los grandes impresores, los Aldo en Venecia, Plantin en Amberes, Froben en Basilea, los Tournes en Lyon, los Estienne en París y Ginebra, son los artesanos del Renacimiento.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IV La Gran Aventura del Hombre

Renovación Espiritual e Intelectual del Quattrocento

Se puede dar el nombre de Renacimiento (sobre todo, en el terreno artístico) al período que se extiende desde finales del siglo XV, llamado Quattrocento por los italianos, hasta el último cuarto del siglo XVI, hacia 1560. En realidad, no tiene límites precisos. Esta época prodigiosa que supone una renovación  de la vida intelectual, de las artes y de la visión del mundo por el hombre, hunde sus raíces en el Medievo, y sus efectos, dá origen a la civilización moderna, que se hacen sentir aún en nuestros días.

Este movimiento va unido a los grandes fenómenos de la época: la formación de las monarquías centralizadas de Occidente, los descubrimientos marítimos, el auge de las burguesías mercantiles y del capitalismo, la imprenta y el desarrollo de las vías de comunicación europeas.

Los contemporáneos tuvieron conciencia de estar viviendo una nueva era, liberadora, que señalaba el fin de las tinieblas «góticas» y el triunfo del individuo, la luz, el saber, la ciencia, la investigación audaz, gracias, sobre todo, a un retorno apasionado a las fuentes antiguas.

LA EXALTACIÓN DEL HOMBRE
El Renacimiento fue la expresión de un cambio de mentalidad: los italianos elaboran una nueva concepción del hombre en la naturaleza, que va a durar, con modificaciones y atenuaciones, hasta finales del siglo XVIII.. La exaltación del hombre es la base de las concepciones que invaden la filosofía, el arte y la literatura.

El Renacimiento pretende realizar un tipo de hombre excepcional mediante el desarrollo de sus cualidades físicas e intelectuales, la belleza de sus formas estéticas, su valor consciente, su voluntad y su soberbia. Más conscíente de su autonomía en el mundo y de su libertad, se desprende de los lazos espirituales del pasado. El ideal caballeresco de la Edad Media, había llevado a una exaltación del hombre, pero fue integrado por la Iglesia en su ideal cristiano: fuerza y poder proceden de una gracia divina y deben ser puestos al servicio de Dios y de la Iglesia.

El Renacimiento es, por consiguiente, un engrandecimiento en la concepción del hombre, que debe mucho a la influencia de la antigüedad. Los adjetivos enfáticos abundan en la correspondencia de los humanistas: «magnífico», «suntuoso», «soberbio», «divino». El decoro, la majestad y el predominio de la razón son la norma de conducta.

Esta glorificación del hombre, de sus posibilidades de dominio sobre el mundo y de su libertad, condujo al desarrollo. de todas sus facultades: la virtus, tan exaltada, es la energía creadora, unida a la personalidad o bien a grandes obras. Pero esta visión glorificadora del hombre no carece de un carácter espiritualista y religioso. «Magnanimitas», «Humanitas», «Pietas», son las tres palabras favoritas. 

Por la afirmación del carácter espiritual del hombre, por la convicción de su dignidad, por su esfuerzo sin descanso y consciente para aproximarse a lo divino, la religión será purificada y sublimada. Julio II y León X hicieron la soldadura del Renacimiento con la religión. El movimiento de renovación espiritual de la iglesia, ya sea la Reforma protestante o la Reforma católica, encuentra sus raíces en la revolución espiritual operada, a partir del siglo xv, por los humanistas italianos que vamos a estudiar a continuación.

LA VUELTA A LA ANTIGÜEDAD
De este modo, un nuevo tipo de hombre y una sociedad en transformación imponen una nueva visión del mundo, un nuevo estilo de vida. Pero lo que había sido, en sus comienzos, experiencia de la vida, se iba a transformar en doctrina, por el redescubrimiento de la cultura antigua (grecoromana), en la que la sociedad italiana encuentra, a la vez, su justificación y la legitimación de su exaltación del hombre. Después del largo período de la Edad Media, los italianos vuelven a tomar contacto con el mundo físico y con el mundo intelectual, a través de la Antigüedad.

Históricamente, el término Renacimiento traduce la fórmula «renascentes bonae litteráe», «restauración de las buenas letras», empleada en la época, que implica la idea de que la cultura, muerta en el siglo V con las invasiones bárbaras, ve, entonces, su resurrección. De hecho, la Edad Media estaba impregnada de cultura antigua, pero había obedecido a un movimiento inverso: se había alejado de ella para mirar en sí misma o en los Textos Sagrados. Este fenómeno del Renacimiento de la Antigüedad fue favorecido por la llegada a Italia, después de la toma de Constantinopla por los turcos, de gran número de eruditos griegos que traducen y ponen al alcance de los occidentales las obras latinas y, sobre todo, griegas.

No hay que olvidar que los italianos tienen ante los ojos un conjunto innumerable de monumentos y de obras de arte legados por la civilización romana: el Foro, el Coliseo, el Capitolio, las Termas de Caracalla y Tívoli, suscitan ferviente admiración. Pío II se hacía transportar a Frascati, Albano y Ostia; el Apolo de Belvedere, el Laocoonte, la Venus del Vaticano, el busto de Belvedere, los bajorrelieves paganos, los sarcófagos y los mosaicos ofrecen a los artistas italianos una verdadera gramática de formas, cuyas reglas seguirán, más o menos dócilmente.

LOS ORÍGENES ITALIANOS
Desde el siglo XIV, se aprecian en Italia los primeros síntomas de renovación, en las ciudades enriquecidas como consecuencia de las Cruzadas, y que habían progresado considerablemente, mientras que la Guerra de los Cien Años desgarraba a Occidente. Aunque el país estuviera dividido, las divisiones y las rivalidades suscitan entre las ciudades una competencia no solamente económica, sino intelectual y artística.

Estas sociedades ricas y ambiciosas que se enfrentan en luchas perpetuas (dirigidas por profesionales, los condottieros) habían forjado personalidades excepcionales: tiranos, guerreros, grandes banqueros y comerciantes audaces e individualistas y abiertos a todo lo nuevo. La cualidad esencialmente apreciada es la virtus (mérito, valor, capacidad individual) que permite clasificar al individuo, no según su origen, sino según su fortuna (su suerte) y sus éxitos.

Nobles, burgueses, caballeros, aventureros y plebeyos de origen humilde, se mezclan en un mundo cambiante, brutal y refinado a la vez, cruel y civilizado, enamorado del lujo y del ornato suntuosos.

Para un banquero tanto como para un tirano, su palacio, su corte, sus colecciones, su biblioteca y los artistas e intelectuales que lo rodean son factores de prestigio y de poder. La plebe de las ciudades es igualmente sensible a este tipo de gloria y se entusiasma por la arquitectura y la grandeza de los palacios e iglesias de su ciudad.

La mayoría de los dirigentes italianos del siglo XV son meceñas; tratan familiarmente a los artistas y escritores, les conceden pensiones y los admiten en su intimidad, respetando su genio, hasta tal punto que, posteriormente, el papa Paulo III podría decir a propósito de Benvenuto Cellini, convicto de asesinato: «los hombres tínicos en su arte, como Cellini, no debieran estar sometidos a las leyes».

En Florencia, Cosme y, más tarde, Lorenzo el Magnífico, son un ejemplo de lo que fue el mecenazgo durante el Renacimiento. Humanistas ellos mismos y coleccionistas, llaman a los artistas de fama. Los Médicis tienen imitadores en toda Italia: los Strozzi, los Rucellai, los Pitti y los Pazzi, en la misma Florencia; los Este en Ferrara, los Malatesta en Rímini; los Visconti y, después, los Sforza, en Milán; en Napóles, Alfonso de Aragón, llamado el «Magnánimo». La adhesión del pueblo engendra el entusiasmo cívico y suscita rivalidades y oposiciones. De este modo nacen las Escuelas: Siena y Florencia son los ejemplos más típicos, pero las hay también en Pisa, Urbino, Ferrara, Milán, Verona, etc..

En Roma, el Papado continúa su lento trabajo de reconquista y de apaciguamiento que ha seguido al Gran Cisma. Victoriosa en los Concilios, la Iglesia se afirma como monarquía. Semejantes, en todo, a los demás príncipes, los Papas recurren a las artes para confirmar su poder. Nicolás V y Pío II son Papas ilustrados; Paulo III, Inocencio VIII y Sixto IV, anuncian, por su ciencia y afición a las artes, los reinados de los grandes Papas del Renacimiento: Alejandro VI Borgia, Julio II y León X.

El lujo y el fausto de los Papas son inigualables. Se destinan sumas prodigiosas a esta ostentación. Los pontífices llegan a un barroco, casi pagano, en sus fiestas y en la decoración de sus palacios. Alejandro VI se hace célebre por sus desenfrenos; Julio II es un guerrero ávido de gloria; León X, un amable epicúreo; el Sacro Colegio cuenta tantos aficionados y coleccionistas como miembros. Pero por su sentido de lo grandioso y por la amplitud de sus proyectos, son los Papas quienes estimulan a los artistas y les proporcionan los medios para hacer de Roma el centro del Renacimiento. En el siglo XV, el movimiento se extenderá, desde el foco italiano, hasta más allá de los Alpes.

Los intercambios aumentan considerablemente. Se establecen colonias de comerciantes y banqueros italianos en los grandes centros de Occidente, y los hombres de la época viajan con frecuencia. La imprenta permite la multiplicación de libros difundiendo el nuevo espíritu. Finalmente, al terminar el siglo XV, Italia se convierte en campo de batalla internacional y los caballeros franceses se admirarán del esplendor de sus riquezas (que saquearán, por otra parte). Soberanos y príncipes extranjeros llaman a su lado, como Francisco I, a los italianos del Renacimiento, que harán brillar su genio en toda Europa.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo V La Gran Aventura del Hombre

Cambios Sociales en el Renacimiento Fin de la Servidumbre

LOS PROGRESOS DE LA BURGUESÍA
El desarrollo urbano, característico de los siglos XII y XIII , recibió nuevo impulso en el siglo, XVI , pero sobre bases muy distintas. La burguesía que lo estimuló, ya no era la misma que había constituido los primeros municipios. Esta es mucho más potente y ambiciosa. Industríales y comerciantes enriquecidos, compran tierras y adoptan un modo de vida lo más semejante posible al de la nobleza.

Por el contrarío, el alza de precios afecta, duramente, al proletariado, obreros y artesanos. De ahí los fenómenos de motín, de huelga (en Lyon, por ejemplo, en 1539, entre los impresores).

En no pocos casos la organización de los artesanos en «cofradías» o asociaciones profesionales se prohibe o considera ineficaz, mientras que la nueva clase social urbana, que no se identifica en ninguno de los grupos tradicionales y que no se define más que por su poder financiero y el uso que hace del mismo, va adquiriendo una autoridad cada vez mayor. A partir del siglo XVI la nueva burguesía se orienta, particularmente, hacía las carreras jurídicas y el servicio del Estado.

La nobleza feudal, al menos la que no encuentra el medio de asociarse a las nuevas operaciones lucrativas del comercio, se ve afectada por la evolución económica. Se empobrece y disminuye en número. Aquellos señores hacendados que no mueren en la guerra, ven reducirse su importancia social al mismo ritmo que sus rentas. En efecto, mientras el alza de precios es favorable a la nueva burguesía, perjudica a la nobleza que vive de rentas invariables. Sí los precios se han cuadruplicado en un siglo, la renta de un terrateniente ha resultado reducida a un cuarto en el mismo período.

Esta ruina progresiva de la pequeña nobleza dependiente de la tierra es general en Europa: alcanza al hidalgo español, al chevalier francés, al Ritter alemán. En todos estos casos, los empuja hacia la aventura para remediar esta decadencia social, que fue particularmente grave en Alemania, donde se interfiere con la Reforma luterana. Esto explica la rebelión armada de la pequeña nobleza exasperada o apasionada, como la Liga de Smalkalda, que fue deshecha por Carlos V, y la ferocidad de la represión de los campesinos.

fin de la servidumbre y la nobleza

DISMINUCIÓN DE LA SERVIDUMBRE
Los siervos son, por otra parte, la única clase cuyo destino no fue modificado más que muy lentamente por la revolución económica del siglo XVI, que les afectó desde muy lejos y de rechazo. El final de la Edad Media se caracterizó, en el campo, por una despoblación masiva de numerosas provincias, como resultado de las guerras y las epidemias. Por el contrario, en el siglo XVI la estabilidad de los censos favorece a algunos, a los que pueden vender una parte de su producción y beneficiarse con el alza de los precios.

Muchos campesinos se libran entonces de la servidumbre en Europa occidental. Sus lazos de dependencia personal, por otra parte, se habían aflojado sensiblemente en muchos casos. A partir de entonces tienen acceso a una categoría más acomodada, la de los «labradores», que ya no se prestará a ningún trabajo gratuito y que, en ocasiones, consigue completar sus medios de existencia con una actividad al margen de la agrícola, como la industria textil.

La rebelión de los campesinos alemanes, episodio de la Reforma luterana, fue severí-símamente condenada por Martín Lutero, y tanto más duramente reprimida por el terror que había inspirado a nobles y burgueses. El progreso fue, pues, lento y limitado a una minoría de campesinos privilegiados.

Los factores de progreso que actuaban en Europa occidental eran, por lo demás, casi inexistentes más allá de Alemania o de Bohemia. Así, en Polonia y en Rusia, en particular, los campesinos de Europa oriental sufrieron, por el contrarío, un endurecimiento y una generalización de la servidumbre en el momento en que el renacimiento económico comenzaba a introducirse en estos países.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IV La Gran Aventura del Hombre

Industrias en el Renacimiento Tecnologias y Materiales

UN TÍMIDO MAQUINISMO: El siglo XVI y los primeros años del siglo xv, con sus largas guerras, la peste negra y el retroceso demográfico conocieron pocos progresos tecnológicos. Por el contrario, la segunda mitad del siglo xv y el siglo xvi, se caracterizan por un evidente desarrollo de las técnicas industriales; los hombres de esta época manifestaron un vivo interés por las máquinas; los cuadernos de notas de Leonardo de Vinci son la mejor prueba de ello.

La biela y la manivela, el volante, los engranajes de ruedas dentadas, los gatos, las ruedas hidráulicas y los sistemas de relojería ideados o perfeccionados aumentan la producción en numerosos campos, en particular, en la industria minera.

Los ingenieros alemanes e italianos desempeñaron un papel importantísimo. El empleo de la pólvora y de la artillería revoluciona el arte de la guerra. La invención de la imprenta hace nacer una nueva industria. Cierto es que el trabajo de los metales progresa muy lentamente, pero aparecen tipos nuevos de martillos hidráulicos, así como laminadoras o máquinas (todavía rudimentarias) para calibrar cañones.

La industria textil conserva la preeminencia, pero aparte de la adopción de un torno de aletas perfeccionado no se puede hablar de progresos técnicos con relación a la Edad Media, y los grandes centros textiles siguen siendo los mismos de los siglos precedentes, manteniéndose la primacía italiana y flamenca. Habrá que esperar al siglo xviii para que el maquinismo se imponga en la fabricación de  hilados  y tejidos.

industria en el renacimiento

DECADENCIA DE LAS CORPORACIONES URBANAS
Las manufacturas de tapices de lana alcanzan el desarrollo suficiente para reproducir asuntos en lugar de utilizar solamente superficies lisas. Desde Inglaterra, los telares se extienden por París y Normandía, el Languedoc y España.

El cambio más importante es el fin del monopolio de los artesanos textiles que trabajaban en las ciudades en el seno de los gremios. Al socaire de estas novedades técnicas, el tejido de punto y los hilados comienzan a extenderse en el medio rural. Después de haber aprendido a torcer y alisar la lana los campesinos adquieren una rueca de pedales (invento del Renacimiento) y se inician en la hilatura.

Esta difusión del trabajo a jornal en el campo fue el germen de la concentración industrial. Si la industria textil quería desarrollarse debía escapar en primer lugar, a las normas de los gremios, que, poco a poco, se habían ido anquilosando hasta quedar reducidos a un código de limitaciones y prohibiciones. Sus complicados reglamentos eran un obstáculo para la baja de los precios de fabricación de telas baratas, que, debido a la competencia, se habían hecho imprescindibles.

Cada vez con más frecuencia, los industriales fueron confiando las distintas fases de la fabricación a los talleres rurales, arrendando, en caso de necesidad, telares y ruecas a los campesinos y suministrándoles la materia prima.

Desde Ruán, por ejemplo, la pañería se extiende por los valles del país de Caux y desde Gante, Brujas, Malinas, etc.. gana, igualmente, las campiñas circundantes.

Artesanos Renacentistas Fabricando Cañones

LA IMPRENTA Y LAS MINAS
Otras industrias experimentaron modificaciones decisivas: la del papel, en particular, consiguió producirlo a bajísimo precio, utilizando para ello el trapo como materia prima. Este progreso contribuyó, a su vez, al de la imprenta. Los antiguos materiales, como, la vitela o el pergamino, eran demasiado costosos y no habrían permitido jamás esta revolución del libro, que es un aspecto del Renacimiento.

La técnica de la imprenta, fue perfeccionándose, ininterrumpidamente, desde Gutenberg. Los primeros caracteres utilizados eran poco resistentes al uso y desgarraban el papel. Posteriormente los caracteres hechos con una aleación de antimonio y plomo, el descubrimiento de una nueva tinta y de la utilización de prendas más manejables —las prensas roscadas—, permitieron superar estos inconvenientes.

La explotación sistemática de las minas y el perfeccionamiento de la extracción datan del siglo XV, pero hasta más tarde no tuvieron repercusión, creando fortunas como la de los Fugger, por ejemplo. Los subsuelos alemanes y bohemios, especialmente, fueron los más explotados: la hulla, la sal, el cinc, el plomo, el estaño y la plata. Asimismo, los obreros especializados alemanes, los «maltres de montagne» (la palabra alemana «berg» designa a la vez la mina y la montaña) fueron, en Francia, los animadores de explotaciones análogas a las de su país.

A medida que se hace imprescindible no limitarse, solamente, a la explotación a cielo abierto, el aspecto técnico del trabajo de la mina se complica; las galerías se multiplican alrededor del pozo estrecho por donde suben y bajan las espuertas de mineral.

En el fondo, los «obreros del martillo» atacan el yacimiento a la luz de las candelas. Diversos procedimientos para la criba y el tratamiento de los minerales se pone a punto para la depuración del oro o para la extracción de la plata. En este último aspecto, el descubrimiento de los yacimientos peruanos desempeñó un papel decisivo y la plata peruana se extendió por Europa en cantidades crecientes, a partir del año 1557. Para drenar y airear las galerías de las minas, se usaban bombas aspirantes e impelen tes, aparecidas en Alemania e Italia. Muy pronto, los soberanos se interesan por estas riquezas naturales.

Artesanos del Renacimiento

El rey de Francia, Luis XI estimula el trabajo de las minas, consciente de la necesidad del metal para los ejércitos modernos. Jacques Coeur explota yacimientos de plata, de cobre y de plomo, cerca de Lyon y en Borgoña.

El descubrimiento de un yacimiento de alumbre cerca de Roma, permitió a Europa suprimir, por completo, sus importaciones de este mineral desde Turquía:  la extracción de minerales dio lugar a monopolios y quiebras. Testimonio de ello es la de los Hoechstetter que habían querido suprimir toda competencia con sus minas de mercurio de Carniola.

Del mismo modo que la industria textil favoreció, en el siglo xvi, la formación de empresas de tipo capitalista, el nuevo interés por el metal encontró eco en una de las grandes industrias del alumbre: la fabricación de piezas de artillería. Desde la conquista turca comenzó una especie de carrera entre los grandes ejércitos por equiparse mejor.

Tratamiento del capullo del gusano de seda

A comienzos del siglo XV, Mohamed II, futuro conquistador de Constantinopla, posee una bombarda de setenta toneladas. Cien años más tarde, Miguel de Montaigne señala, en Ferrara, una pieza de 8,40 metros de longitud. En el campo de batalla de Marinan eran necesarios diez, quince caballos y aún más para tirar de las culebrinas utilizadas por el ejército de Francisco I.

Otra novedad, destinada más tarde a un brillante porvenir, es la sustitución del carbón de encina por la hulla, como combustible de forja. Esta sustitución se produjo poco a poco. Habiendo comenzado en Flandes en el siglo xn, se extendió por todos los rincones donde afloraban yacimientos de hulla, haciendo posible la explotación a cielo abierto.

Asimismo, aunque en el siglo XVI la primera riqueza de Inglaterra sigue siendo la lana, ya se vislumbra el porvenir carbonero de este país; bajo el reinado de la reina Isabel, hará su aparición el coke y la elaboración del hierro fundido comienza a mecanizarse. Pero a finales de siglo, las forjas rurales, instaladas cerca de los yacimientos de mineral de hierro y que obtienen la fundición con carbón de encina, siguen produciendo casi todo el hierro usado en Europa.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo V La Gran Aventura del Hombre

Concilio de Letran Vida de los Judios en la Edad Media Reglas

CONCILIO DE LETRÁN: La persecución de los judíos durante la Edad Media fue un hecho corriente. Generalmente se basó en el pretexto de que los judíos merecían ser perseguidos porque eran la raza que había negado y crucificado a Jesucristo, fundador de la religión cristiana. (A nadie se le ocurrió pensar que los primeros cristianos y, el propio Cristo, fueron judíos.) Semejante acusación sirvió para enardecer a las sociedades medievales supersticiosas en las que, además, había otros motivos que explicaban el odio a los judíos.

Por ejemplo, durante mucho tiempo fueron los únicos prestamistas y ocuparon una posición destacada en el comercio, lo que llevó a que la gente les debiera dinero y a que durante mucho tiempo no ocuparan una posición clara en la sociedad mayoritariamente rural de la Europa medieval. Los judíos se congregaron en las ciudades y practicaron su propia religión y ritos. Pese a que en términos comparativos eran pocos, llamaron mucho la atención, a menudo por su vestimenta.

No se conoce con precisión el número de judíos que había en Europa. Inglaterra tenía una población relativamente pequeña, tal vez entre 2500 y 3000 judíos, lo que representa uno de cada mil habitantes. Había una mayor cantidad en el sur de Italia, España, Francia y Alemania. En el sur de Europa los judíos desempeñaban una importante función como intermediarios culturales e intelectuales ‘ntre el mundo musulmán y el cristiano.

El entusiasmo religioso de la Alta Edad Media produjo un brote de intolerancia contra los supuestos enemigos del cristianismo. Aunque esto fue evidente en las cruzadas contra los musulmanes , los cristianos también se ocuparon de buscar a los enemigos en casa, persiguiendo a los judíos en Francia y en el área del Rin durante la primera cruzada.

El Cuarto Concilio de Letrán de 1215 decretó que los judíos debían usar ropas que los distinguieran de los cristianos. El mismo concilio fomentó el desarrollo de los ghettos judíos, o recintos amurallados, no para protegerlos, sino para aislarlos de los cristianos. Las persecuciones y la nueva imagen del odiado judío alentaron una tradición antisemita que llegó a ser una de las peores contribuciones de la Europa cristiana al legado occidental.

El desarrollo de nuevas sensibilidades religiosas que  surgieron en la Alta Edad Media tuvo un aspecto negativo:la revuelta de los cristianos contra sus supuestos enemigos. Aunque las cruzadas proporcionan el ejemplo más evidente, los cristianos también se volvieron contra sus supuestos enemigos, los “asesinos de Cristo” (los judíos). Como resultado, los judíos sufrieron una creciente persecución. Los siguientes tres documentos muestran diferentes facetas de la situación.

El primero es el Canon 68, de los decretos del Cuarto Concilio de Letrán, convocado por el papa Inocencio III en 1215. El decreto especifica la necesidad de que tuvieran vestimentas especiales, una de las formas como los cristianos trataron de separar a los judíos de sus comunidades. El segundo fragmento es la narración de un cronista del más aniquilador cargo imputado a los judíos: culpables de cometer asesinatos rituales de niños cristianos con el fin de conseguir sangre cristiana para el servicio de la pascua judía. Esta acusación provocó el asesinato de muchos judíos.

El tercer documento, tomado de una lista de regulaciones —decretadas por la ciudad de Avignon, Francia— ilustra e desprecio que la sociedad cristiana sentía hada los judíos.

 Canon 68
En algunas provincias una vestimenta diferente distingue a los judíos, o sarracenos, de los cristianos; pero en otras ha crecido tal confusión que no puede apreciarse diferencia alguna. Así, a veces sucede que por error los cristianos entablan relaciones con las mujeres de los judíos, o sarracenos, y éstos con las mujeres cristianas.

Por consiguiente, con el fin de que en el futuro no haya excusa, bajo el pretexto de haber cometido un error de esta clase, para el exceso de tales relaciones prohibidas decretamos que esos judíos, y sarracenos, de ambos sexos deberán distinguirse en cada provincia cristiana, y en todo momento, ante los ojos del público de las otras personas mediante el carácter de su vestimenta…

Además, durante los últimos tres días antes de las Pascuas y, sobre todo, en el viernes santo, no deberán aparecer en público en absoluto, por razón de que algunos de ellos, como hemos escuchado, no se sonrojan por aparecer en público con sus mejores ropas —sobre todo en esos días— y no temen mofarse i-cristianos que conservan la memoria de la Pasión mas sagrada ataviándose con signos de pesar.

Ricas y Poderosas Familias Italianas del Renacimiento Los Papas

RICAS Y PODEROSAS FAMILIAS ITALIANAS DEL RENACIMIENTO

A partir del siglo XV, la estructura de la sociedad feudal (los que oran los que trabajan y los que guerrean) se va transformando gradualmente. Entre los dos estamentos medievales mas importantes comenzó a surgir un tipo de individuos que, por vivir en los burgos (ciudades), fueron llamados burgueses. La producción artesanal y el comercio les proporcionó un cierto enriquecimiento, que a partir del siglo XII tendrá dos consecuencias bien visibles. La primera es el surgimiento de “ciudades-estado” o “comunas” que llegan a ser dominadas por comerciantes, como ocurrió en la Antigüedad.

Son las ciudades del Norte de Alemania y de los Países Bajos (las ciudades de la Hansa, Amberes, Brujas,, etc.) y, después, las del Norte y Centro de la actual Italia: Florencia, Siena, Milán, etcétera. La segunda es el préstamo de parte de la riqueza acumulada por muchos de ellos a los soberanos de algunos viejos reinos feudales, como el de Francia. Estos monarcas habrán de utilizar las fortunas burguesas para fortalecer la corona y el Estado.

Negocios con el Dinero: la Banca. Las rápidas y crecientes operaciones comerciales llevaron a las ciudades italianas del Norte (Florencia especialmente) a saldar sus operaciones mediante letras de cambio, y la aparición de banqueros que recibían depósitos y efectuaban préstamos sobre prendas e hipotecas, o aseguraban navíos, se hizo expediente común en las operaciones comerciales. La banca florentina extendió sus operaciones a todo el Occidente cristiano, y la Santa Sede no permaneció ajena en modo alguno a esta política bancada, que tendría una influencia recíproca sobre la actividad industrial.

Si se considera el robustecimiento de los Estados nacionales, el papel reservado al capital resulta más revelador. Los Estados, cada vez más necesitados de numerario para hacer frente a sus empresas militares o financieras, recurrieron a la banca internacional: banqueros italianos, en Inglaterra, Países Bajos o Francia; judíos portugueses convertidos, en Alemania; los Fugger para los Habsburgos, etcétera.

La mayor contribución de las postrimerías medievales al nacimiento del capitalismo moderno estuvo constituida, sin duda, por el desarrollo en la organización de las transacciones de moneda extranjera y por los progresos de la técnica bancaria, evidenciados por las casas de Genova y Florencia, que extendieron sus agencias por todos los confines. Por otra parte, no existía una moneda definida, sino monedas metálicas con su dominio de acción fijado. El oro correspondía al nivel superior; el cobre, a la vida cotidiana de los humildes, y la plata era de amplia circulación en la vida normal. Se trataba de un trimetalismo sin relaciones fijas de los valores respectivos, verdadera herramienta y “motor” del capitalismo de tipo comercial.

En el siglo siguiente se crearon los grandes bancos públicos, que permitieron la utilización generalizada del papel moneda, dotando así a la economía de intercambio de un instrumento flexible v adecuado.

PRÍNCIPES, MERCADERES, BANQUEROS Y PARLAMENTOS
En los despachos de los mercaderes se acumulan monedas de oro y de plata. Dinero que en toda Europa es aceptado a cambio de bienes y servicios. Al comienzo, los comerciantes italianos de la Baja Edad Media son tímidos y respetan a los señores feudales. Pagan derechos de peaje para cruzar sus feudos e impuestos para comerciar en sus tierras. Mas, a medida que hacen fortuna, contratan guardaespaldas para que los acompañen en sus viajes, dando con ello origen a pequeñas milicias particulares.

Van percibiendo su fuerza, dejan de pagar derechos a los señores más débiles, los expulsan de la ciudad, eligen para gobernarla a gente de su confianza y crean concejos ciudadanos. Los burgos bien fortificados, defendidos por milicias permanentes y bien pagas (al contrario de las feudales),con dinero para comprar informaciones y conciencias, se convierten en verdaderas potencias que escapan del control de los nobles y con las cuales el rey, a veces, se alía.

Ese capitalismo inicial, que se puede llamar protocapitalismo (otros lo denominan “capitalismo aventurero”) nacido del comercio, las industrias incipientes, los préstamos de dinero y la navegación ultramarina, es el principal responsable del gran florecimiento del arte y la cultura conocido como Renacimiento italiano.

En las ciudades, los ricos banqueros que constituyen la cúspide de este grupo circulan entre el pueblo, rodeados por sus guardias personales, y con frecuencia sus espadachines se trenzan en luchas sangrientas por el dominio del pequeño “Estado”. Cuando alguno de ellos, o sus familias, llegan a controlar una “Ciudad-Estado”, se transforman en señores, duques y príncipes que imitan a la nobleza hereditaria, pero su origen es otro, como es otra la fuente de su
poderío: el dinero y no las batallas.

Estamos en la época de las señorías, “principados” independientes donde adquieren fama duques como Lorenzo, el Magnífico, de la familia Medicis, primero comerciantes, después industriales, más tarde banqueros, incluso de la Santa Sede; Ludovico, el Moro, de la familia Sforza; y condottieri (jefes guerreros mercenarios) como Gattamelata, Giovanni dalle Bande Nere, Ferruccio Castracani. Hombres que se hacen por el dinero, por la intriga y por la fuerza; semejantes a cometas resplandecientes surgidos de la nada que cruzan rápidos el firmamento político y cultural y caen asesinados, envenenados o depuestos por aventureros igualmente audaces. Con ellos, concluye la inmovilidad medieval y ansias de cambio transforman la sociedad.

El dinero no debe ser atesorado. Debe ser invertido para producir más dinero y más poder. Hasta entonces, esos banqueros comerciaban y se inmiscuían solamente en la política “casera”. Pero ocurrió que sus fortunas crecieron tanto que comenzaron a ser empleadas en la política exterior.

PODER CENTRALIZADO, ORIGEN DE LOS ESTADOS NACIONALES
Francia es un buen ejemplo de un reino feudal que se transforma gradualmente en monarquía centralizada.
Filiales de bancos italianos en París financiaron al Rey Felipe el Hermoso. Con esas sumas, Su Majestad pudo sostener grandes ejércitos semipermanentes, tornarse menos dependiente de los grandes nobles y destruir el poder de sus rivales. La Orden de los Templarios, instituto religioso-militar con casas en muchos de los países católicos de entonces, y de gran riqueza, había sido aniquilada. Sus bienes fueron absorbidos en parte por el Tesoro real, y en parte por las cajas fuertes de los banqueros lombardos.

Después Felipe se volvió contra sus pares y les impuso la voluntad de la corona. Pero no empleaba sólo dinero de afuera; el comercio se estaba expandiendo en la propia Francia. El rey había impulsado su desarrollo, protegiendo a los burgueses franceses y extranjeros que negociaban en sus dominios.

Al beneficiarlos, dispone de una fuente permanente de recursos para acrecentar su poder: los burgueses son gente que le presta dinero, que paga impuestos y lucha por él. Dos de sus principales ministros son burgueses ennoblecidos. Y más aún: fortalece una institución reciente, el parlamento (en Francia, tribunal judicial) de los burgueses, favorece el ascenso de legistas y otros burgueses y robustece la representación de las ciudades —el “Estado llano”— en los Estados Generales. Así, además de los dos “Estados” existentes —de los nobles y de los eclesiásticos, que se reúnen en asambleas propias— se fortalece el “Tercer Estado”, que tendrá enorme importancia en la historia de Francia y del mundo.

Mas, para beneficiar a los burgueses, el rey tiene que perjudicar a los nobles. Los burgueses voluntariamente pagan impuestos, a cambio de que él los proteja del arbitrio local de los señores feudales. Por eso el rey anula las leyes basadas en costumbres locales y crea una legislación única que sirva para todo el país. Todo cuanto perjudica al comercio, fuente de rentas para la corona —peaje sobre .ciertos territorios, asaltos que los nobles cometen contra los comerciantes—, debe ser juzgado por tribunales de la corona y no por tribunales locales, donde los propios nobles son jueces.

Al ejército semipermanente del rey se añade una hacienda centralizada y una máquina judicial uniforme en escala nacional: es el embrión de un Estado en el cual la corona será el arbitro absoluto.

Una reforma tan amplia no podría realizarse sin la lucha de varias generaciones. Los señores feudales se sienten dejados de lado y heridos en sus intereses. Al morir Felipe el Hermoso, la liga de los grandes nobles asume el poder lanzando como lema el “regreso a los usos de San Luis”, esto es, la vuelta a las costumbres feudales. Pero poco duró esa “contrarrevolución”.

Los nuevos soberanos no podían gobernar a Francia sin tener en cuenta la enorme riqueza que el comercio iba creando. Cualquier noble que asuma el papel de rey, incluso con la finalidad de “dar una lección a esos labriegos”, precisará luego de su dinero no sólo para hacerse independiente de sus rivales sino también para expandir el poderío del Estado. Francia será el primer poder centralizado que la Iglesia enfrentará en Europa. A ella seguirán Bohemia, España, Inglaterra y Holanda. En lugar de integrar un gran “imperio” paneuropeo, realización abortada de Carlos V, preparada por su abuelo’ Maximiliano, se convierten en Estados nacionales con intereses particulares.

Los emperadores de viejo estilo, tan característicos del Sacro Imperio, no habían encontrado una sólida base en que apoyarse; los nuevos soberanos nacionales disponen de una clase social interesada en ayudarlos. Y, cuando la Iglesia, como los grandes nobles, resiste al poder real, se expropian los bienes de la Santa Sede y se interviene en la organización de la jerarquía eclesiástica para someterla a la monarquía absoluta. Es el fin de los sueños de soberanía mundial, no sólo de los emperadores, sino también de los papas, y el principio del Estado nacional moderno.

El proceso que se inicia con la muerte de los Templarios y que obligó a los papas a vivir casi un siglo en Aviñón, bajo la tutela del rey de Francia, se concretará en los grandes cismas, que terminarán por dar origen a las Iglesias nacionales del tipo de la anglicana (de Enrique VIII), a los movimientos de protesta social y autonomía religiosa, como la rebelión hussita o la anabaptista, al luteranismo y al calvinismo de Francia, Suiza, Holanda, Escocia, etc.

ALGO MAS…
LOS BANQUEROS MÁS GRANDES DEL MUNDO

En el lenguaje bancario es muy común utilizar vocablos italianos como: banco, débito, caja, cuenta, cuenta corriente, descuento neto, etcétera. Estos términos fueron creados y difundidos por los grandes financieros italianos que en los siglos XIII, XIV y XV ejercieron actividades bancarias con una riqueza de medios y una técnica tan avanzada, que hasta ese momento no se habían visto.

El centro de la finanza era la ciudad de Florencia. En el siglo XIV había en esta ciudad no menos de cien compañías financieras, con decenas de filiales y centenares de agentes esparcidos por toda Europa occidental. Los Bardi, los Peruzzi, los Strozzi, los Pitti, los Médicis, los Alberti, los Acciaiuoli, eran banqueros florentinos. Pero también debemos Recordar a los Bonsignori y los Frescobaldi, de Siena; los Pisani y ios Tiépolo, de Venecia.

Como se ve por los nombres, se trataba, en su mayoría, de sociedades familiares, es decir, poseídas y dirigidas por los miembros de familias enriquecidas con el comercio. ¿Qué actividad desarrollaban estas bancas?

mercader aleman del renacimientoEn primer lugar facilitaban los pagos y todos los cambios de dinero, instituyendo cuentas corrientes, realizando operaciones de giro, y permitiendo los pagos a distancia por medio de cheques y letras. De este modo, los mercaderes-viajantes dejaban de viajar llevando consigo grandes cantidades de dinero, y evitaban así el peligro de ser robados. Exhibiendo una simple hoja de papel, retiraban en la filial de la banca el dinero necesario, que era luego descontado de sus depósitos existentes en la casa matriz.

Mercader alemán que operó en Milán en el siglo XVI.

En la práctica, casi todas las operaciones financieras desarrolladas por un banco moderno eran realizadas también por estas bancas de hace cinco siglos, que no disponían de calculadoras electrónicas, pero que, no obstante, conocían perfectamente el sistema de “partida doble”, y otros métodos avanzados de teneduría de libros contables.

Además de esto, esas bancas acaparaban por intermedio de sus agentes, en la mayoría de los mercados internacionales de Europa, todos los negocios en los cuales hubiera posibilidades de grandes ganancias, como ser: importaciones en Italia de lanas y tejidos, exportación de trigo de Apulia y Sicilia y de productos orientales, seguros, cambio de valores, armamento y flete de barcos. Pero el aspecto más espectacular de las actividades de estas bancas fueron los préstamos.

Que una banca prestara sumas de dinero a la administración del Estado era una cosa normal, y constituía para el rico banquero una forma de prepararse el camino al señorío sobre la ciudad. Pero pronto recurrieron a las bancas, para obtener financiaciones, los príncipes de otros Estados, y hasta los reyes de Francia e Inglaterra, que se hallaban en permanente necesidad de dinero para mantener sus ejércitos. Y así, los ciudadanos de Florencia comenzaron a prestar dinero a los reyes.

En 1435 prestaron a Eduardo III de Inglaterra un millón trescientos setenta y cinco mil florines… que el rey nunca pudo devolver. Sin embargo, cuando Eduardo IV pidió un nuevo empréstito a Cosme de Médicis, éste se lo concedió, y le fue devuelto el dinero junto con apoyo político.

Fuente Consultada:
Enciclopedias Consultora Tomo 7
Enciclopedia del Estudiante Tomo 2 Historia Universal
Enciclopedia Encarta
La Aventura del Hombre en la Historia Tomo I “El Ateneo”
Historia Universal Gomez Navarro y Otros 5° Edición
Atlas de la Historia del Mundo Parragon

Edad Moderna las nuevas instituciones en los estados modernos

Nuevas Instituciones en los Estados Modernos

EL DERECHO: A partir del siglo XV las monarquías de Europa occidental comenzaron a organizar los sistemas de leyes necesarias para el gobierno de los estados. De este modo los soberanos pusieron en conocimientos de los habitantes que acciones estaban permitidas y cuales estaban prohibidas en el territorio de cada reino.

Además muchos principios del antiguo derecho romano fueron incorporados a esos sistemas de leyes. El Derecho Romano resultó útil  porque contenía dos principios que la sociedad de esa época necesitaba: la propiedad privada y la soberanía absoluta de los príncipes y reyes.

EL EJÉRCITO. Los Estados modernos, sometidos exclusivamente a las Órdenes de la autoridad centralizada del rey o príncipe. Ésta fue la primera forma de ejército profesional, el que estuvo compuesto por extranjeros que cobraban por sus servicios, llamados mercenarios. Los reyes necesitaban contar con ejércitos para llevar adelante la expansión territorial de sus dominios y, al mismo tiempo, defender el’territorio propio de ataques extranjeros.

LA BUROCRACIA ADMINISTRATIVA. La burocracia era e! conjunto de administradores que trabajaban bajo las órdenes del rey y que se fueron especializando en la atención de los problemas del gobierno. El número de los administradores fue ‘creciendo a medida que el poder real centralizaba la resolución de’ todos los asuntos económicos, sociales, judiciales y políticos, con el objetivo de someter al país a una voluntad única.

Los cargos de mayor jerarquía y más cercanos al soberano, generalmente estuvieron ocupados por los miembros más poderosos de la nobleza. Pero el sistema que se generalizó para formar parte de la administración fue la venta de cargos, que benefició sobre todo a los burgueses ricos. Consistía en comprar un cargo en la administración real del Estado y considerar como retribución del trabajo los beneficios que se podían obtener del ejercicio de ese cargo.

EL SISTEMA DE IMPUESTOS. La organización de u&sistema general de impuestos sirvió para integrar la sociedad y el territorio de los nuevos Estados. Se establecieron impuestos regulares y obligatorios. Se generalizó un impuesto que debían pagar todas las personas por ser habitantes del país, y varios impuestos sobre las transacciones comerciales que debían pagar los burgueses y los campesinos. Estos últimos frecuentemente fueron recaudadosa por la fuerza. En cambio los nobles, aunque pertenecían al país, en la práctica no pagaban el impuesto directo.

LA DIPLOMACIA. Como cada Estado moderno  pretendía delimitar su territorio, cada vez fueron mas frecuente los conflictos entre ellos. Por esto y para conseguir ese objetivo, pero evitando las guerras cuando fuera posible, los reyes y príncipes nombraron embajadores encargados de mantener las relaciones diplomáticas. Un objetivo no desdeñable fue así la obtención de territorios por medio de alianzas matrimoniales entre reyes de diferentes países. Las uniones matrimoniales fueron las formas pacíficas de expansión territorial, eran menos costosas que las guerras, pero también más seguras.

La sociedad estamental

En el siglo XVI, los tres órdenes en que se consideraba dividida la sociedad feudal —los que luchan, los que rezan, los que trabajan— no reflejaban los cambios que se estaban produciendo en la economía y en la sociedad. Además de los nobles, del clero y de los campesinos, también los burgueses formaban parte de la nueva sociedad.

En la mayoría de los países de Europa occidental, desde mediados del siglo XVI, la sociedad se dividió en estamentos. En el orden estamental la población se dividía en grupos con diferentes derechos y obligaciones según el origen, el poder y el prestigio, sin tener en cuenta la riqueza o los méritos.

Los burgueses comenzaron a ser aceptados como integrantes del tercer estado. Así comenzó a llamarse al estamento que integraban todos aquellos individuos que no eran ni nobles ni clérigos. Formaban parte de él tanto el vagabundo como el rico comerciante, el campesino y el artesano. Poco a poco, las monarquías y los miembros de la nobleza reconocieron algunos derechos a los burgueses y, sobre todo, establecieron los límites de las acciones que éstos podían desarrollar.

El clero siguió siendo considerado como un estamento privilegiado, que en la jerarquía social se ubicaba por encima de la nobleza.

A cada estamento le correspondían símbolos sociales propios, que mantenían su unidad y los separaban de los demás. Aunque un burgués o un campesino fueran tan ricos como un noble, este último tenía que diferenciarse de aquéllos. Una ordenanza de 1612 establecía: “Cada cual debe seguir, pues, las huellas de sus antepasados, a fin de que entre la nobleza, los burgueses y los campesinos se pueda encontrar una diferencia”

Una sesión de los Estados Generales, en la Haya.

“La soberanía de un monarca no se altera ni disminuye en modo alguno por la existencia de los Estados. Por el con trario, su majestad es más grande e ilustre cuando su pueblo lo reconoce como soberano, incluso si en esas asambleas los príncipes, no deseosos de enemistarse con sus súbditos, conceden y permiten muchas cosas a las que no habrían consentido sin las peticiones, plegarias y justas quejas de su pueblo…”

Jean Bodin, Les six livres de la Republique, París, 1578.

Estamentos privilegiados y poder político

La nobleza, el clero y los burgueses que formaban parte de las comunas de las ciudades, eran estamentos privilegiados porque tenían el derecho de participar en la Asamblea de los Estados. Esta institución estaba obligada a prestar consejo y ayuda al príncipe o al rey, quien podía reclamarla cuando los intereses del país lo hicieran necesario.

Además otros privilegios eran, por ejemplo, que la nobleza y parte del clero no estaban obligados a pagar impuestos; o que los burgueses de alguna región tenían algunas libertades y derechos que los príncipes debían respetar. Por esto, la relación entre la monarquía y los estamentos privilegiados fue diferente en cada Estado: dependió concretamente del grado de poder que tenía cada príncipe, cada nobleza y cada burguesía, y de la situación económica y social del país.

La Asamblea de los Estados no se reunía en forma continua sino cuando los príncipes la convocaban con el fin de tratar ciertos asuntos trascendentales para el país, como ser la creación de impuestos o de leyes. Estas asambleas tuvieron diferentes nombres según las regiones de Europa: Dietas en Alemania, Cortes en España, Parlamentos en Inglaterra, Estados Generales en Francia.

Parlamento Inglés: durante la segunda mitad del siglo XVI Las asambleas de los Estados fueron instituciones que permitieron a la nobleza que tomara algunas decisiones junto al Rey.

La expansion maritima europea y los descubrimientos geograficos

LA ERA DE LOS DESCUBRIMIENTOS DE LA EXPANSIÓN EUROPEA
Las hazañas marítimas de los siglos XV y XVI abren un nuevo horizonte a la humanidad: se comprueba la redondez de la Tierra y descubrimiento de nuevos mares que se interconectan. Por ejemplo,  Bartolomé Días emprende un viaje bordeando África hasta llegar a su parte más meridional, en 1487.

La salida de Europa provocó un gran impacto en la mentalidad de una población que, durante el extenso período feudal, había vivido relativamente aislada e ignorante de lo que ocurría en otras tierras.

En apenas cincuenta años (muy pocos, comparados con los siglos que abarcó el feudalismo) los europeos tuvieron que asimilar la realidad de un mundo distinto: la antigua sospecha de la redondez de la Tierra, por siglos olvidada, volvía a tener vigencia, y se descubrían nuevos pueblos que no conocían la palabra de Cristo.

Los descubrimientos pusieron a los europeos en contacto con pueblos cuyas creencias eran muy diferentes. Sorprendidos al ver que la cristiandad quedaba reducida a Europa, algunos se pregun­taron si esos pueblos tenían alguna espiritualidad, si tenían alma, y por lo tanto si también pertenecían al género humano.

La realidad de una Europa rodeada de hombres que vivían alejados del verdadero dios hizo que el rey de Portugal —Enrique el Navegante— y los Reyes Católicos de España, consideraran la expansión territorial como un medio para llevar el mensaje cristiano a todo el mundo. De esta manera, el impulso misionero le dio una justificación ideológica a la conquista de otras tierras y de otros hombres.

reina isabel

EL APOYO DE ISABEL LA CATÓLICA
Luego de sucesivas insistencias, Colón logra en abril de 1492 que los Reyes Católicos, Isabel de Castilla (derecha) y Fernando de Aragón, financien su anhelado sueño. Fue quizás la reina quien más confió en el navegante, ya que tras su muerte, en 1504, fue difícil para Colón obtener la recompensa prometida en su último viaje a América. (Abajo). Mapa del Nuevo Mundo que data de mediados del siglo XVI.

mapa antiguo

Éste es el tipo de mapa con que los europeos representaban el mundo, antes de los grandes descubrimientos de los siglos XV y XVI. Su observación nos permite comprender la noción que los hombres tenían de las distintas regiones del planeta, de acuerdo con el conocimiento de que disponían, proporcionada por los viajes marítimos y terrestres.

Los viajes europeos de exploración comenzaron a principios del siglo XV, cuando los navegantes avanzaron hacia el sur bordeando la costa de África en busca de oro, esclavos y especias, hasta que en 1487 Días y De Covilha llegaron hasta el océano Indico.

De allí en adelante los viajes de exploración se multiplicaron, especialmente después de que las victorias otomanas hicieron peligrosa la antigua ruta hacia el este vía Alejandría y el mar Rojo.

Mientras los portugueses exploraban la ruta oriental a Asia, los españoles zarpaban hacia el oeste. Una vez en el océano índico, los primeros alcanzaron rápidamente su objetivo: Calicut (1498), Malaca (1511) y las Molucas (1512).

La búsqueda española de una ruta occidental hacia las Islas de las Especias tuvo menos éxito. Su involuntario pero trascendental resultado fue el descubrimiento del Nuevo Mundo por Colón en el año 1492, seguido por la conquista española de América.

Empero no fue sino hasta 1524, cuando Verrazano escudriñó la costa de América del Norte hasta Nueva Escocia, que se aceptó en forma general la existencia de un nuevo continente. Mientras tanto, la búsqueda de una ruta occidental a Asia continuaba conduciendo a la exploración intensiva del Caribe.

Finalmente, en 1521 Magallanes dio la vuelta por América del Sur, ingresó al Pacífico y alcanzó las Filipinas, pero la ruta era demasiado larga y peligrosa para fines comerciales. En 1557 los portugueses ocuparon Macao y después de 1564 los galeones españoles comerciaron entre Manila y Acapulco en México; aparte de estas rutas, la exploración del Pacífico quedó pospuesta hasta el siglo XVIII.

En el intertanto, Inglaterra y Francia, renuentes a reconocer el monopolio reclamado por España y Portugal en el Tratado de Tordesillas (1494), se habían embarcado en una serie de viajes con el propósito de llegar a Asia por una ruta septentrional.

Todos resultaron infructuosos y fueron abandonados después de 1632, pero dieron lugar a la apertura de Norteamérica a la colonización europea. Los ingleses, franceses y holandeses se mostraban asimismo reacios a dejar el rentable comercio con Asia meridional y sudoriental en manos de los portugueses y españoles y, en los últimos años del siglo XVI y la primera mitad del XVII, se observó un esfuerzo decidido y finalmente exitoso para minar su posición privilegiada.

Sin embargo, todos estos viajes no se habrían podido realizar sin el perfeccionamiento en la construcción de las embarcaciones, los adelantos en los instrumentos náuticos y el desarrollo de la cartografía.

En los siglos XTV y XV la arquitectura naval experimentó un notable avance al integrarse los conocimientos heredados de los romanos, árabes y vikingos, con lo que se incorporó la vela cuadrada, un tercer mástil y el timón perfeccionado, que mejoraron la maniobrabilidad y dieron mayor velocidad a las embarcaciones.

La carabela y la carraca son típicas embarcaciones en las que se combinaron estos tres elementos y son las naves que hicieron realidad la navegación atlántica.

Los instrumentos náuticos, al igual que la cartografía, se perfeccionaron también en el siglo XV, paralelamente con los viajes de reconocimiento. La brújula y el cuadrante, el astrolabio, las tablas de diferencia, los derroteros y las cartas marinas se convirtieron en un gran apoyo.

Las escuelas de cartografía, ubicadas en Genova, Venecia, Mallorca, Lisboa, Sagres y el noroeste europeo, elaboraron importantes cartas de navegación. Los conocimientos cartográficos medievales habían quedado compilados en el llamado Compasso da navigare y en el Atlas catalán, obras en las que se hacía referencia al mundo conocido en los siglos XIII y XIV. Con los nuevos viajes de exploración se hizo necesario actualizar y rehacer las cartas y, así, aparecieron muchas que incorporaban las costas e islas atlánticas. La primera carta que consigna tierras americanas es la elaborada en 1500 por Juan de la Cosa, cartógrafo que acompañaba a Colón en sus viajes.

La creación del mapa mundial como nosotros lo conocemos fue una de las grandes obras de la ciencia aplicada de la era del Renacimiento. El descubrimiento de los océanos interconectados y del verdadero tamaño del planeta fue comparable a los manifiestos de Lutero o los descubrimientos de Galileo en cuanto a separar el mundo medieval del moderno y el mapamundi continúa siendo, de muchas formas, una de las imágenes abstractas más importantes que jamás se hayan creado. Para los europeos tuvo una importancia inapreciable porque fue la herramienta básica que los guió a medida que estampaban su huella en todos los continentes y océanos del mundo.

instrumentos navegacion

INSTRUMENTOS PARA LA NAVEGACIÓN
Con la ayuda de instrumentos astronómicos de gran utilidad, los navegantes pudieron llevar a cabo los viajes de exploración marítima. a) Esfera armillar del siglo XVI. Los anillos representan las proyecciones sobre la bóveda celeste de es círculos de referencia que los cosmógrafos definen en la Tierra. b) Astrolabio, instrumento que determina posiciones y alturas de los cuerpos celestes. c) Brújula, artilugio que indica la orientación de la nave con respecto al norte magnético.

LAS GRANDES EXPLORACIONES DE LA EXPANSIÓN EUROPEA (puede ampliar)

Viajes emprendidos a Asia Meridional por una ruta sudoriental: (bordeaban África)
1 Días, 1487-1488, a Cape Agulhas (parte más meridional de África)
2 Vasco de Gama, 1497-1499 a la India
3 Cabral en 1500 a la India vía Brasil
4 Primer viaje portugués a Malaca en 1509
5 Abreu, 1512-1513, a las Molucas
6 Primer viaje portugués a China en 1514

Viajes emprendidos hacia China y  Asia Meridional por el oeste o una ruta  sudoccidental:
7 Colón, 1492-1493, a las Bahamas
8 Colón, 1493-1494, a Cuba
9 Colón en 1498 a Venezuela
10 Colón, 1502-1504, a Panamá
11 Ojeda y Vespucra, 1499-1500, al río Amazonas
12 Coelho y Vespucio en 1501 a Uruguay
13 Sois en 1515 al Río de la Plata
14 Magallanes y Elcano, 1519-1522, primera circunnavegación del mundo
15 Saavedra en 1527 desde México a las Molucas
16 Urdaneta en 1565 hacia el este a través del Pacifico
17 Schouten y Le Maire en 1616 alrededor del Cabo de Hornos

Viajes emprendidos a Asia mediante una ruta por el norte:
18 Cabot en 1497 a Terranova
19 Corte real en 1500 a Groenlandia
20 Verrazano en 1524a América de! Norte
21 Cartier en 1534 y 1535 al río San Lorenzo
22 Willoughby y Chancellor en 1553 a Arcángel
23 Frobtsher en 1574 a la Isla de Baffin
24 Davis en 1587 al borde de los hielos
25 Barents, 1596-1597, a Nueva Zembla
26 Hudsonen 1610 a la Bahía de Hudson
27 Button en 1612 a la Bahía de Hudson
28 Baffin y Bylot en 1616 a la Bahía de Baffin

Las décadas y siglos que siguieron a etapa de expansión y de descubrimientos, presenciaron la destrucción de estas culturas tradicionales por las conquistas y colonización europea. El proceso comenzó en África occidental en 1469 con las exploraciones de Fernáo Gomes; hacia 1488 las naves portuguesas habían llegado al cabo de Buena Esperanza. Iban principalmente a comerciar, atraídas por el oro de la tierra de Akan. Sin embargo, pronto fue la riqueza humana, más que la mineral, la que se transformó en su principal cargamento.

Este siniestro comercio comenzó en el siglo XV con el transporte de unos cuantos centenares de africanos occidentales a Europa y las islas del Atlántico. Fue la conquista del Nuevo Mundo la que estimuló la espectacular expansión del comercio de esclavos.

La colonización y sobre todo las nuevas enfermedades importadas diezmaron las poblaciones nativas de América: se estima que la población nativa del Perú disminuyó de 9 millones de personas en 1533 a sólo medio millón, dos siglos más tarde. En Brasil y el Caribe, donde los colonos europeos establecieron plantaciones en la jungla, la disminución de la mano de obra local creó un déficit que fue suplido con la importación de hombres desde África occidental. Hacinados en condiciones insalubres, los esclavos eran transportados a través del Atlántico en números crecientes, desde principios del siglo XVI hasta que su comercio llegó a su fin en 1870.

Los trastornos causados por la conquista, las enfermedades y la esclavitud abrieron una gran brecha entre el mundo de las civilizaciones antiguas y el de los nativos africanos e indios americanos bajo el dominio europeo. Algunas délas tradiciones antiguas sobrevivieron, pero la mayoría se perdieron y fue con cierta dificultad que los exploradores y antropólogos europeos del siglo pasado reconocieron en estos empobrecidos pueblos nativos a los descendientes de los grandes constructores de imperios ya fenecidos.

Muchas de las grandes ciudades de América Central y Sudamérica estuvieron perdidas —por lo menos para el conocimiento europeo— en los siglos que siguieron a la conquista española, como las espectaculares ruinas de Machu Picchu, que sólo fueron redescubiertas en 1911. Se pensaba que otros monumentos como el Gran Zimbabue y las estatuas de Isla de Pascua eran obra de civilizaciones desaparecidas que no tenían relación con los habitantes actuales de esas regiones. No obstante, se sabe ahora que fueron el producto de civilizaciones aborígenes que desaparecieron o decayeron con posterioridad.

La civilización es a menudo un fenómeno frágil, cuya complejidad la hace vulnerable a los trastornos ocasionados por la agitación social, las crisis económicas o las invasiones extranjeras. Ello resultó particularmente cierto para las civilizaciones de América o África al sur del Sahara, comparativamente aisladas del contacto con los principales centros de desarrollo concentrados hacia el año 1500 esencialmente en Europa. Cuando la expansión de Europa puso por primera vez a todos los continentes en contacto directo entre sí, muchas de las civilizaciones no eurasiáticas no pudieron adaptarse con la suficiente rapidez o eficacia.

La triunfadora fue Europa, impulsada en los siglos siguientes hacia la dominación del mundo. El contacto entre concepciones de vida tan distintas dio origen a un difícil, y a veces doloroso, proceso de asimilación cultural. Las fronteras de lo conocido se ampliaron a niveles insospechados y el hombre moderno debió enfrentar desafíos políticos, económicos y sociales.

Exploradores Antiguos

La vida cotidiana en la edad moderna Costumbres Renacimiento

La Vida Cotidiana en la Edad Moderna

La mayoría de las mujeres en el Renacimiento acababan siendo madre, y la maternidad era su profesión y su identidad. Sus vidas como adultas (desde aproximadamente los veinticinco años en casi todos los grupos sociales y desde la adolescencia entre las familias más ricas) eran un ciclo continuo de embarazo, crianza y embarazo.

Las mujeres pobres daban a luz cada 24 ó 30 meses. Las mujeres ricas tenían más hijos que las pobres. La necesidad de asegurar la descendencia, para garantizar una transmisión efectiva de la riqueza, las forzaba a ser fértiles.

Tener hijos constituye una carga y un privilegio de las mujeres. En Italia y en Francia la mujer que paría era festejada y mimada. La madre, por un momento, ocupaba un puesto estelar inigualable. Era por tanto un auténtico honor estar embarazada.

El parto era un momento temible, fruto del castigo especial de Dios a Eva por su falsedad en el Paraíso. Las madres que sobrevivían se enfrentaban a menudo a la muerte de la criatura que habían traído a este mundo con tanto sufrimiento. La mortalidad infantil era muy alta. Los recién nacidos tenían unas posibilidades de supervivencia que oscilaban, en Europa occidental, entre el 20 y el 50 por ciento. Eran presas fáciles de las plagas, la diarrea, la gripe, los catarros, la tuberculosis y el hambre.

Los niños que sobrevivían eran amamantados entre 18 y 2’J meses. En los pueblos y ciudades de toda Europa lo mayoría de las mujeres tenían que dar pecho a uno o más lactantes durante casi toda su vida adulta.

Algo más que una simple falta de inclinación se esconde tras la negativa amamantar generalizada entre las mujeres ricas. A sus maridos frecuentemente no les gustaba la apariencia de una madre dando pecho a su hijo. Sea cual fuere la razón última, casi todas las mujeres ricas rechazaban amamantar a sus hijos. Los niños de los ricos mamaban de los pechos de los pobres. Las familias más ricas tenían sus propias amas de cría.

Con más frecuencia, los recién nacidos de las ciudades de Italia, Francia, Alemania e Inglaterra, eran enviados al campo al tiempo del parto para que los amamantaran las mujeres campesinas. Algunas amas de cría tenían una abundancia de leche tal que podían hacer frente sin problemas a las nuevas bocas. Otras acababan de enterrar a sus propios niños, o los habían destetado ya, o —seducidas por salarios que llegaban a ser dos veces mayores que los del servicio doméstico— se los traspasaban a su vez a otras amas.

Las madres que no podían hacerse cargo de sus hijos, fueran éstos legítimos o ilegítimos, podían abandonarlos, con la esperanza de que el abandono fuera menos grave que el asesinato, y de que algún extraño caritativo haría posible la su pervivencia del niño.

Si las mujeres pobres abandonaban a veces a sus hijos en los hospitales, y las ricas en manos de las amas de cría, ¿dónde quedaba la feliz imagen de la madre y el niño que ofrecían los cuadros renacentistas? El dolor del parto, la desesperación por la muerte del niño, la tensión de la pobreza, la inseguridad de la riqueza, y la ferocidad de la ley engullían a ambos, madre y fino.

(Tornado de La mujer en el Renacimiento, de Margaret L.King historiadora norteamericana contemporánea)

El siglo de oro español en la edad moderna Arte Español Siglo XVI

El Siglo de Oro Español – Edad Moderna

ANTECEDENTES HISTÓRICOS: Los viajes y los descubrimientos de los marinos portugueses y españoles cambiaron de manera radical la relación de Europa con el mundo. Desde la Antigüedad, cada una de las grandes civilizaciones mantuvo vínculos con una región limitada del globo. Las exploraciones europeas permitieron por primera vez que todos los continentes se relacionaran entre sí. En este sentido, la circunnavegación de la Tierra realizada por Magallanes resulta ejemplarizadora.

La llegada de los portugueses no rompió los equilibrios locales, ya que éstos sólo establecieron factorías en el litoral. Sin embargo, la colonización de América por los españoles representó un viraje decisivo, una redistribución de los recursos humanos y económicos. A fines de siglo, los planisferios trazados por Mercator consagraron la extensión de los conocimientos y las pretensiones de los europeos de apoderarse del mundo. Entre tanto, los ingleses, holandeses y franceses cuestionaban la hegemonía ibérica.

El predominio español
En 1580, Felipe II de España fue coronado rey de Portugal y reunió bajo su soberanía los dos dominios. El imperio marítimo lusitano multiplicó sus factorías en las costas de África, India, Malasia e Indonesia, y envió expediciones a China y a Japón. Además, la corona velaba celosamente por su monopolio del comercio con las Indias (pimienta, especias, seda, porcelana, perfumes, perlas y piedras preciosas). Las Azores, Madera y Brasil iniciaron su transformación económica con las plantaciones azucareras.

Con excepción de las Filipinas, el imperio español era americano y continental. Después de explorar el mundo caribeño, los conquistadores se apropiaron, entre 1520 y 1533, de México, que estaba en manos de los aztecas, y luego de Perú, gobernado por los incas. Como los indígenas fueron diezmados por la violencia, los trabajos forzados y las epidemias, se inició la importación de esclavos africanos.

La lucha de los misioneros, como fray Bartolomé de las Casas, que intentaban defender a los indios oprimidos, no encontró mucho apoyo. La trata de negros no escandalizaba a nadie. En cambio, muchos intelectuales sentían una gran curiosidad por la descripción de los “salvajes”, de los cuales se formaron una imagen idealizada que fomentó la creación de utopías.

No hay duda, que los siglos XVI y XVII fueron de una extraordinaria riqueza y creatividad en la producción artística en todos los países europeos. En España y en los Países Bajos, este período de la historia del arte se denomina el Siglo de Oro. Los artistas de esta época no se ocuparon ya exclusivamente de temas religiosos y, poco a poco, la literatura y el arte comenzaron a reflejar la sociedad de su tiempo.

EL RENACIMIENTO ESPAÑOL:
Traducciones de la Eneida y de la Divina Comedia, tratados sobre el arte del “bien rimar”, libros de medicina, de magia, de ocultismo, de arte culinaria: éstos y otros temas parecidos cultivó Enrique de Aragón, marqués de Villena, escritor de la primera mitad del siglo XV. La personalidad de tan extraño individuo, que llegó a ser famosísimo (pero cuya biblioteca, debido a la acusación de herejía que pesaba sobre él, fue quemada después de su muerte), puede darnos una idea del clima literario que se respiraba en la España de aquel tiempo.

Aunque la vida había llegado a ser lujosa, e incluso corrompida, la fuerza militar de los poderosos ejércitos de tierra y de las casi invencibles flotas españolas continuó creciendo, y el papel de España en el cuadro de la política europea, sobre todo tras las conquistas en Italia, se hizo primordial. Al mismo tiempo, la espléndida atmósfera de riqueza que empezaba a respirarse en los ambientes nobiliarios influyó notablemente sobre la cultura. El Renacimiento español, como el italiano, consistió, fundamentalmente, en la extensión del campo de acción de la literatura y en el despertar de la curiosidad de los escritores hacia los más dispares temas.

En este sentido, la influencia italiana fue de gran importancia durante este período: los poetas, prosistas y estudiosos del país de Dante fueron traducidos, imitados, seguidos. Paralelamente, sin embargo, se afirmó una forma literaria típicamente española, en la que debemos ver uno de los frutos más válidos de esta época: el romance.

El romance es una forma de poesía popular, descendiente directa de los “cantares” de otros tiempos^ á diferencia de éstos, sin embargo, su destino no era el de ser cantada por los juglares en la corte de los nobles, ya que tenía un carácter estrictamente popular. La forma era fija: versos de ocho sílabas con rima asonante alternativa, según un sistema de versificación muy sencillo y común a otras formas de poesía popular europea.

Hay algo, sin embargo, que hace inconfundible el Romancero (así se llama la recopilación de todos los romances, inicialmente transmitidos de viva voz y luego escritos), y es lo que sigue: aunque la materia tratada procedía, en muchas ocasiones, de relatos y leyendas extranjeros, el “Romancero” se halla típica y profundamente ligado al espíritu del pueblo español.

Víctor Hugo, el gran escritor francés, lo definió “Ilíada de España”, exponiendo así la opinión de que los romances significaban para la nación ibérica lo que el poema homérico para la antigua Grecia: una auténtica epopeya de toda la historia nacional.

Muchos autores de los siglos siguientes encontraron ideas para sus novelas, dramas y poemas en este inagotable caudal de mitos, leyendas y hechos heroicos, que durante tanto tiempo supo encender la fantasía del pueblo.

Portada de la edición de La Celestina aparecida en Sevilla en 1523. En esta Tragicomedia de Calisto y Melibea, de autor anónimo, la incitación a concebir la vida como goce está presente en todos los personajes. Celestina exclama: Dios no hizo cosa mala!

La arquitectura de estos años produjo obras de carácter monumental. El monasterio de San Lorenzo de El Escorial es uno de los más reconocidos. Los planos para su construcción fueron realizados por el arquitecto Juan de Herrera y su construcción llevó más de veinte años de trabajo. En ¿1 residió el rey Felipe u con su corte

El período que en la literatura española se conoce con el nombre de Siglo de Oro abarca, en realidad, casi doscientos años. Sin duda, el momento de mayor esplendor correspondió a la época de Carlos I. El rasgo original que permite diferenciar la producción de los artistas españoles de la de otros europeos, fue el indeleble sabor  cristiano. Una de las características del Siglo de Oro fue la variedad de géneros literarios que se desarrollaron: la poesía mística y lírica, con San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Jesús; y el teatro con Lope de Vega y Calderón de la Barca. En la narrativa se diferenciaron tres corrientes: la historia de caballería; la anécdota pastoril y la crónica picaresca. El desarrollo de la novela se inicia con La Celestina y culmina con el Quijote de Cervantes. Otros escritores como Quevedo y Gracián extendieron su labor al ensayo, la teoría política o el tratado moral.

Página inicial de la primera edición de Don Quijote. Miguel de Cervantes Saavedra (1547-1609) fue el creador del Quijote, una de las novelas muís importantes de la literatura universal. Después de la Biblia, ésta fíe la obra más leída en el mundo y de la que más ediciones se han hecho. Fue traducido a casi todas las lenguas. En la actualidad se calcula que hay unas 1.500 ediciones del Quijote en diversos idiomas. Don Q uijote y su escudero Sancho son los protagonistas principales de la obra

Diego Velázquez (1599-1669) fue una de las figuras más notables de la pintura española del Siglo XVII. Fue pintor de la corte del rey Felipe II y, por ello, una gran cantidad de sus obras tienen como protagonistas a miembros de la familia real. En la imagen podernos apreciar Las Meninas, una de las obras más fumosas de Velázquez.

La Virgen del Rosario y Muchachos comiendo uvas de Bartolomé Esteban Murillo

La Virgen del Rosario y Muchachos comiendo uvas de Bartolomé Esteban Murillo. Murillo (1618-1682) fue otro de los grandes pintores españoles del siglo XVII. Logró dar a sus obras una gran expresividad que se observa, especialmente, en los rostros de sus imágenes religiosas; también el realismo en las composiciones facilité una clara comprensión de ellas. La Virgen del Rosario es uno de los mejores ejemplos de su obra. Muchachos comiendo uvas es una pintura dedicada a tenias de la vida cotidiana a los que consagró la última etapa de su producción

EL SIGLO DE ORO               Siglo de Oro Italiano
Toda la potencia, la grandeza y el brillo de la nación española “explotaron” en el siglo XVI. La orgía de gloria del imperio español, desde la primera mitad del siglo XVI hasta la segunda del XVII, es sólo comparable al esplendor del Imperio Romano. Y mientras se estabilizaba la preponderancia política de España en Europa y sus naves surcaban los océanos a la conquista de nuevos continentes, también la vida espiritual y cultural de la nación florecía. Estamos en el período “clásico” de la literatura y el arte español: un período en el que la fe religiosa y la conciencia de la propia grandeza produjeron grandes obras maestras.

En este breve retrato de una época, nos limitaremos a dar los nombres de los artistas más famosos, resumiendo así los diversos “filones” existentes en la producción literaria de este “siglo de oro”.

La poesía – Bajo el influjo de la escuela italiana, y también como reacción ante ella, la lírica alcanzó una riqueza expresiva y una fuerza estilística fuera de lo común. El camino fue señalado, a principios del siglo, por Garcilaso de la. Vega, poeta de azarosa existencia que ejerció una enorme influencia en la evolución del estilo. Pero el mayor lírico de este período fue Luis de Góngora, “genio máximo”, “Hornero español”, “príncipe de la poesía”.

La mística – En el candente clima religioso de la época, los espíritus más fervientes se entregaron a la fe con un impulso casi sobrehumano. Entre los místicos españoles, el nombre más importante fue una mujer, santa por añadidura: Teresa, de Cepeda y Ahumada, que ha pasado a la posteridad con el nombre de Teresa de Jesús. Sus obras, dejando aparte el contenido espiritual, ocupan un lugar preferente en el campo literario, por la fuerza, el calor y la riquísima espontaneidad con que expresan su fe.

El Teatro: A finales del siglo XV, el pueblo español, despertando a la conciencia de su genio nacional, permitirá al teatro un desarrollo igualmente decisivo. El Imperio español está en pleno auge. Tras la influencia italiana, la originalidad profunda y radiante del teatro español florece en obras gracias a las cuales el mundo entero llamará a esta centuria el Siglo de Oro, uno de los más gloriosos de la historia universal del teatro.

Es un teatro obsesionado, como lo era el hombre de su época, por la idea del honor. La Iglesia se halla, por su parte, en plena lucha contra la herejía. La todopoderosa Inquisición conseguirá suprimir toda libertad religiosa o política. Sin embargo, renuncia a luchar contra el teatro, prefiriendo servirse de él en la medida de lo posible. Y lo hará, esencialmente, sugiriendo temas a los autores dramáticos, y censurándolos después.

El período heroico del teatro empieza realmente con el remado de Felipe II, que verá el florecimiento de la poesía lírica y de la épica, y el esplendor de los grandes místicos, como Teresa de Jesús y Juan de la Cruz. Los grandes nombres del teatro son: Miguel de Cervantes -genial novelista, y no tan grande como dramaturgo-, Tirso de Molina, Pedro Calderón de la Barca, Juan Ruiz de Alarcón y, por supuesto, Lope de Vega.

De todas las artes, el teatro fue el que manifiestamente sirvió mejor a los fines de la política interior de Felipe IV. La reputación del fasto y el esplendor de una corte que todavía pretendía asombrar al mundo, y en la que se representaban tantas obras y comedias palaciegas, servía para enmascarar ante el pueblo la decadencia política y social de la monarquía de los Austrias, comenzada con guerras desgraciadas y tratados desastrosos que culminaron en el agotamiento de las arcas reales.

El teatro de toda esta época, amado por los reyes, por la aristocracia y por el pueblo, quiere ser, y lo consigue, eminentemente popular. Los dramaturgos viven profundamente su época, y la reflejan. Todos los historiadores están de acuerdo en que la aristocracia ocupa los altos cargos pero tiene poca influencia. El rey, seguido por su pueblo, tiene toda la autoridad material, mientras que la Iglesia, que ha mantenido durante ocho siglos una encarnizada pugna contra el Islam, lucha ahora contra el protestantismo y posee toda la autoridad espiritual y moral, que impone por medio de la Inquisición. Se puede situar en el reinado de Carlos II, es decir, en los últimos años del Siglo de Oro, el fin, al menos en bloque, del gran genio dramático español, uno de los más grandes que hayan existido.

El fin del Siglo de Oro Español
La decadencia política y económica de la España de los sucesores de Felipe II estaba disimulada por los fastos de la corte y por una producción artística brillante, tanto en el ámbito literario como en el pictórico. Pero el país se debilitaba: el enrarecimiento de los metales preciosos de América agravó el déficit de las finanzas reales, mientras que el dominio de territorios dispersos, la conservación de su hegemonía y la defensa del catolicismo exigían fuertes gastos militares.

El ejército sufrió reveses en la guerra contra Francia; estallaron revueltas en Cataluña, Nápoles y Sicilia; Portugal recuperó su independencia. La sucesión de Carlos II desencadenó luchas encarnizadas entre las familias principescas, que, temiendo la hegemonía francesa, rehusaron reconocer a Felipe V, nieto de Luis XIV. Si el príncipe Borbón pudo finalmente, después de un conflicto ruinoso, instalarse en Madrid, ello fue a costa del desmembramiento de las posesiones españolas de Italia y de Flandes.

También: Grandes Escritores del Siglo XVII

Inglaterra Dinastia Tudor Enrique VIII e Isabel I El Anglicanismo

En el siglo XV, la nobleza inglesa era menos numerosa que en otros países del continente y estaba unificada; no existían señores con dominios territoriales independientes. Las ciudades, desde su origen, dependieron del rey, y por esto tuvieron libertades económicas y comerciales. Como en el resto de las sociedades europeas occidentales, durante el siglo XIV la nobleza inglesa —reunida en el Parlamento— enfrentó a la monarquía.

Sin embargo, la administración y la autoridad real en Inglaterra fueron mucho más fuertes y estuvieron centralizadas mucho antes que en el resto del continente. Además, la lealtad de la nobleza a la monarquía estuvo asegurada durante más de cien años (entre 1339 y 1453 se desarrolló la Guerra de los Cien Años) por las victorias inglesas en los campos de batalla, en territorio francés.

Pero cuando los ingleses fueron expulsados de Francia, los nobles más poderosos comenzaron a luchar entre sí por la sucesión al trono. Entre 1455 y 1485 se desarrollé la Guerra de las Dos Rosas entre la Casa de Lancaster (rosa roja) y la Casa de York (rosa blanca), las dos más grandes familias de terratenientes del reino.

Los Tudor y la nueva monarquía absoluta

En 1485, Enrique VII, heredero de la Casa de Lancaster y de la Casa de York, resulté vencedor en la Guerra de las Dos Rosas y fundó la dinastía Tudor. Su objetivo más importante fue concentrar y reforzar, nuevamente, el poder de las instituciones centrales de la monarquía, debilitadas por los enfrentamientos entre los nobles. Bajo su administración, los dominios reales se ampliaron y los ingresos de la corona se triplicaron.

El Parlamento, que se reunía todos los años, dejó de ser convocado. Finalmente, el poder absoluto del rey se consolidó cuando Inglaterra se enfrenté con la Iglesia Católica de Roma, y Enrique VIII se convirtió en el jefe de la Iglesia inglesa reformada, que se llamó anglicana.

William Shakespeare

William Shakespeare (1564-1616) fue un escritor inglés. y uno de los más grandes dramaturgos de todos los tiempos. Escribió dramas históricos inspirados en la tradición inglesa y en la antigüedad, como Ricardo III, Enrique V, Julio César, Antonio y Cleopatra, y también comedias de intriga y tragedias como Romeo y Julieta, Hamlety Rey Lear, entre otras.

“La monarquía se había convertido bajo los Tudor en un poder absoluto. La alta nobleza, al fin de la Guerra de las Dos Rosas, estaba aniquilada casi por completo; la nobleza interior, los campesinos propietarios de tierras y los burgueses ciudadanos querían ante todo paz y orden. Shakespeare, en sus obras, ve el mundo con los ojos de un burgués. Su defensa de la monarquía, lo mismo que la de sus contemporáneos, se explica por su miedo al caos.” Arnold Hauser, historiador húngaro-inglés contemporáneo, especialista en historia del arte.

Los Tudor y la nueva monarquía absoluta    (ampliar:  Enrique VIII       Isabel I: La Reina Virgen)

En 1485, Enrique VII, heredero de la Casa de Lancaster y de la Casa de York, resultó vencedor en la Guerra de las Dos Rosas y fundó la dinastía Tudor. Su objetivo más importante fue concentrar y reforzar, nuevamente, el poder de las instituciones centrales de la monarquía, debilitadas por los enfrentamientos entre los nobles. Bajo su administración, los dominios reales se ampliaron y los ingresos de la corona se triplicaron. El Parlamento, que se reunía todos los años, dejó de ser convocado. Finalmente, el poder absoluto del rey se consolidó cuando Inglaterra se enfrenté con la Iglesia Católica de Roma, y Enrique VIII se convirtió en el jefe de la Iglesia inglesa reformada, que se llamó anglicana.

  rey Enrique VIII

En 1527, sin heredero varón de ni esposa española Catalina de Aragón, el rey Enrique VIII hizo pública su decisión de divorciarse, pero el papa Clemente VII rechazó su pedido. En 1531 el Parlamento reconoció al rey como cabeza suprema de la Iglesia de Inglaterra. Cuando se casó con Ana Bolena, Enrique VIII fue excomulgado por el papa. El rey contrajo matrimonio, sucesivamente, cuatro veces mas.

 Isabel I y el origen del poder naval inglés

 Isabel I y el origen del poder naval inglés

Otra diferencia entre Inglaterra, España y Francia durante el siglo XVI, fue que el Estado inglés bajo los Tudor no organizó un ejército regular. En la primera mitad del siglo, mientras Carlos V y Francisco I luchaban por Italia, los ingleses, protegidos por su situación insular, se mantuvieron a la defensiva. Esta política tuvo una consecuencia muy importante en la sociedad inglesa: una parte de los nobles ingleses abandonaron la actividad guerrera y se dedicaron a actividades comerciales mucho antes que en cualquier otra región del continente.

Cuando en la segunda mitad del siglo XVI, Inglaterra participó de las guerras de religión que originaron nuevos conflictos entre los países europeos, La monarquía inglesa impulsó la modernización de la flota real equipándola con barcos de guerra muy superiores a los españoles y portugueses. Después de la destrucción de la Armada Invencible española en 1588, quedaron establecidas las condiciones para el dominio inglés de Los mares.

Este dominio marítimo tuvo una consecuencia muy importante: la flota se podía usar para la guerra pero también para el comercio. Desde entonces la mayor parte de la flota inglesa estuvo compuesta por barcos mercantes adaptados temporalmente para la batalla mediante cañones y que podían volver al comercio una vez terminada la guerra. En su reinado, Isabel promovió el desarrollo naval y “llegó a ser la dueña de la flota más poderosa que Europa haya visto nunca”. Además, el costo total de la armada y su mantenimiento era mucho más bajo que el de un ejército permanente. En 1603 Isabel murió sin descendencia y la dinastía Tudor fue reemplazada por la dinastía Estuardo.

Dos siglos de guerras:

Europa se convirtió en un gran campo de batalla durante los siglos XVI y XVII. A comienzos del siglo XVI, el motivo más frecuente de las guerras era el conflicto entre dinastías que luchaban por el dominio de un mismo territorio.

Entre 1550 y 1650, el conflicto religioso entre los Estados que apoyaban la reforma protestante y los que luchaban contra ella, se superpuso a las luchas por la ampliación de los territorios. Este conflicto frecuentemente intensificó las rivalidades originadas por otros motivos (La Guerra de los Treinta Años —entre 1618 y 1648— en la práctica enfrentó a la totalidad de los Estados europeos. Comenzó como un conflicto religioso pero se convirtió en una lucha por el poder en Europa entre los Estados territoriales, el imperio, las ciudades y los príncipes).

Se provocaron enfrentamientos marítimos durante la segunda mitad del siglo XVII por los conflictos originados debido al dominio de mercados y rutas comerciales. Estas disputas se produjeron entre los Estados en los que los grupos burgueses eran más poderosos (como por ejemplo, la guerra entre Inglaterra y Holanda que, con intervalos, se desarrolló entre 1652 y 1674).

Francia Origen del Estado Moderno-Enrique IV Borbón Fin absolutismo

Francia:Origen del Estado Moderno
Enrique IV Borbón

Después de las sangrientas guerras de religión qué se sostuvieron durante el reinado de los Valois, Enrique IV aportó a Francia una era de prosperidad. En colaboración con Sully, se dedicó a sanear la hacienda pública. También concedió mucha importancia a la agricultura y la industria. Al mismo tiempo, Francia estableció las bases de su imperio de ultramar. Enrique IV fue asesinado en 1610

La formación del Estado moderno en Francia fue un proceso muy diferente del que se dio en España. La monarquía no tuvo el problema de tener que unir reinos diferentes con tradiciones políticas y culturales opuestas. Además, como no tuvo la ventaja de ingresos provenientes de un imperio colonial, se vio obligada a llevar adelante la centralización fiscal y administrativa del reino, lo que reforzó la centralización de su poder.

La monarquía de los Capetos extendió lentamente su soberanía, durante los siglos XIII y XIV, desde el centro de Francia hasta Flandes y el Mediterráneo.

Los Valois y la Consolidación del Estado Moderno Francés

A mediados del siglo XIV, la dinastía de los Capeto se extinguió e Inglaterra pretendió el trono de Francia. Pero la mayoría de la nobleza francesa se opuso a tener un rey inglés y apoyó a Felipe de Valois.

La lucha por imponer a la dinastía Valois, de origen francés, y expulsar a los ejércitos ingleses, facilitó el proceso de formación de un Estado moderno. Hacia finales del siglo XV, el poder real estaba fortalecido por un ejército regular y un impuesto directo que no podía ser discutido, pero todavía no se había logrado organizar una administración unificada.

 Carlos V

El prestigio de la dinastía de los Valois creció cuando Francisco I decidió enfrentar a Carlos V y dirigió a la nobleza bacía guerras exteriores, para conquistar Italia. Pero después de la decisiva victoria española de San Quintín (1557), en 1559 se firmó la Paz de Cateau-Cambrésis. Francia debió renunciar a sus pretensiones sobre Italia y desde entonces Felipe II de Epaña intenvino en la política francesa.

Enrique IV de Borbón

Enrique IV de Borbón

Enrique IV de Borbón declaró «París bien vale una misa” cuando en 1593 se convirtió al catolicismo, con lo que se puso fin a la guerra entre católicos y protestantes. La política se separó de la religión y la nueva monarquía francesa se afianzó por encima de todas las facciones. (VER MAS ABAJO SU GOBIERNO)

Las guerras de religión y el origen del absolutismo

Luego de la muerte de Enrique II de Valois, comenzó un largo conflicto religioso entre los hugonotes (protestantes franceses) y los católicos, dando origen a una guerra civil con la monarquía vacante. Esta lucha desencadenó conflictos sociales más profundos; y pronto se enfrentaron por el poder las familias más importantes de la nobleza francesa.

Para sobrevivir los pequeños propietarios rurales sin recursos se unían a los ejércitos católicos o protestantes. Los impuestos reales que había que pagar para la guerra, llevaron a las ciudades a la miseria. Se originó levantamientos entre los campesinos hambrientos por la devastación del campo de las constantes campañas militares.

Hacia 1590, la nobleza se reunificó por el descontento rural y urbano. El hugonote Enrique de Borbón, en 1593, aceptó convertirse al catolicismo y desde entonces fue reconocido por los nobles católicos y protestantes como Enrique IV de Francia, fundador de la dinastía de los Borbones. Enrique IV reconstruyó la ciudad de París y la convirtió en capital permanente del reino y sede de la monarquía.

 Se tomaron medidas para lograr la recuperación de la agricultura y el comercio de exportación y la monarquía recuperó su prestigio entre la sociedad medio siglo después. En 1598 cuando el Edicto de Nantes garantizó a los hugonotes libertad de conciencia, una limitada libertad de culto, y derechos políticos y militares, se consolidó la paz. Sobre estas bases, y a lo largo de todo el siglo XVII, se consolidó el poder absoluto de la monarquía francesa.

El absolutismo es una forma de gobierno en la cual el poder del dirigente no está sujeto a ninguna limitación institucional que no sea la ley divina. Es un poder único desde el punto de vista formal, indivisible, inalienable y libre.

EL GOBIERNO DE ENRIQUE IV

Enrique IV ganaba reputación de rey fuerte, implacable con los podemos, generoso con los pobres y desamparados. Aunque su “generosidad” mayor se manifestase hacia los burgueses, también el pueblo lo tenía por buen monarca.
“Si conquistara el corazón de mi pueblo —dice el rey— tendría lo que anhelo. Y, si Dios me concede bastante tiempo, trataré de que no haya campesino en mi reino que no tenga una gallina en su olla”. Para los campesinos, mayoría de la población, Enrique es el soberano que trajo paz a los campos, el gobernante que alivió los impuestos.

El rey toma otras medidas favorables al desarrollo de la agricultura: prohíbe a los nobles cazar en las viñas y campos de trigo durante la primavera, impidiendo que se destruya el trabajo de meses de los agricultores: prohíbe a los recaudadores de impuestos la confiscación de animales o instrumentos de trabajo, en caso de deudas o impuestos atrasados; facilita a los campesinos en mejor situación financiera y la adquisición de tierras. Tras esas disposiciones está la figura de Sully.  El superintendente de las finanzas considera la riqueza agrícola como la salvación de Francia.

Esta no es la opinión de Laffemas, también consejero del rey. Francia pierde millones en oro y plata al importar de Italia artículos de lujo, tales como sedas, tapices y objetos de adorno, dice. Aboga por la instalación inmediata en Francia de manufacturas, no sólo para consumo interno, sino también para producir cupos exportables. Mediante este sistema —conocido como mercantilismo— el dinero entrará a Francia en lugar de abandonarla, explica Laffemas.

En un punto, al menos, se llega a una forma de acuerdo que satisface a los dos consejeros: se desarrolla el cultivo de la morera, cuyos hojas sirven de alimento al gusano de seda. En consecuencia, se instalan grandes manufacturas textiles en París, Lyon y otras ciudades. “Cubriremos la Europa del Norte de hilos de seda francesa”, afirma Enrique IV. No se llega a la realización de un objetivo tan ambicioso, pero ,el hecho es que los tejidos franceses rivalizan muy pronto con los italianos y flamencos.

Las diferentes manufacturas se benefician con el monopolio de fabricación y venta, y gozan de créditos y privilegios fiscales. Así, nacen fábricas de vidrio en París, de tejidos finos en Rúan, y las célebres manufacturas de tapices y alfombras de los Gobelinos. Son las primeras industrias, bastante primitivas y no siempre económicamente rentables. Pero representan un comienzo, una tentativa de reducir el atraso francés, en una época en que otros países europeos ya tienen industrias bien organizadas, lanzándose por el camino más rápido de desarrollo de la economía nacional.

UN RICO OBJETIVO: LOS PAÍSES BAJOS
A pesar de no haber guerra declarada, continúa la rivalidad entre Francia y España. Los franceses venden en España los productos que importan de los Países Bajos: en su calidad de intermediarios, logran grandes lucros sin mayor esfuerzo. Para impedir este comercio, los españoles imponen una tasa complementaria’ del 30 % sobre las mercaderías de origen flamenco procedentes de Francia.

A veces, el conflicto parece estallar. El peligro es evitado merced a la mediación ejercida por Inglaterra.

Enrique IV planea la expansión territorial de Francia y su transformación en una potencia a la altura de España o Inglaterra. Empero, carece de los medios financieros para una empresa de tal envergadura. En el ambito de la .política colonial, se confirma con conceder su autorización a navegantes independientes, ya que no hay modo de financiar la colonización de nuevas tierras.

Por iniciativa particular, Champlain explora el Nuevo Mundo, en la región del río San Lorenzo, donde funda dos colonias, bases del futuro Canadá francés. Al no poder ejercer el dominio efectivo sobre tierras tan extensas, Enrique IV se ve forzado a circunscribir las pretensiones a Europa. Procura entonces apoderarse de una parte de los Países Bajos, región rica y de floreciente comercio.

Una óptima oportunidad se presenta en 1609, a la muerte de Juan Guillermo, señor de un conjunto de ducados y condados situados en el límite entre los Países Bajos españoles y católicos y las Provincias Unidas protestantes e independientes. Hay muchos candidatos a la sucesión de Juan Guillermo: dos príncipes alemanes protestantes, de las proximidades; el emperador Rodolfo de Austria; la monarquía española, que planeaba extender sus dominios de los Países Bajos.

La empresa es arriesgada, y se corre el albur de que degenere en una guerra conjunta contra varios enemigos. Enrique IV vacila, y la situación de tensión persiste hasta el momento en que un asunto sentimental precipita los acontecimientos.

EN EL CARRUAJE HAY SOLO UN CADÁVER
En ese mismo año de 1609, él se apasiona por una joven, Carlota de Montmorency, pero ella está a punto de casarse con el apuesto caballero Bassompierre. Enrique no tiene intención de desposarla. Prefiere verla casada con otro y mantener con ella relaciones clandestinas. Pero el marido no debe ser muy bello ni joven, pues de ese modo la competencia podría resultar difícil.

La obliga entonces a casarse con el Príncipe de Conde, quien es joven pero está lejos de ser guapo. Una vez casados, Conde desconfía de la asiduidad del rey junto a su esposa… Decide por ello esconderla en los Países Bajos, donde cuenta con amigos influyentes. Enrique tratará de raptarla de Bruselas repetidas veces, pero sin éxito.

La guerra se le presenta de pronto como una solución viable para dos problemas: conquistar la herencia de Juan Guillermo y, de paso, recuperar a su elegida. Propone alianza a la Unión Evangélica, coalición de príncipes protestantes alemanes. Se inician, así, los preparativos para un conflicto armado contra España y el emperador de la Casa de Austria.

El 14 de mayo de 1610 Enrique sale de palacio y se dirige al arsenal para inspeccionar los armamentos. Su carruaje debe atravesar una callejuela atestada de gente. Una persona se destaca de entre la multitud y, sin dificultad, se aproxima al soberano. En pocos segundos todo está consumado: Enrique es apuñalado por dos veces en el corazón. “No es nada”, murmura el monarca. El carruaje continúa su camino; pero sólo transporta el cadáver del rey. El criminal, Francisco Ravaillac, fue condenado y ajusticiado por regicidio.

La muerte de Enrique IV deja un gran vacío. Súbitamente, aquellos que lo combatían descubren en él un gran monarca, el “más querido” de los reyes franceses.

Como el futuro rey Luis XIII, su heredero, tiene nueve años, se da la regencia a María de Médicis. A su sombra varios clanes políticos esperan tomar las riendas del poder.

Seguirá a partir de entonces un largo período de anarquía hasta que llega a imponerse una personalidad fuerte, a la altura del monarca muerto: la del cardenal Richelieu.

RESUMEN FINAL: A pesar de la represión religiosa ordenada por Enrique II, en la época de su muerte, en 1559, había más de 2.000 iglesias protestantes en Francia. La expansión del calvinismo conduce a las llamadas guerras de religión, que resultan de diferencias políticas y sociales. Los litigios comienzan en 1562, tras la masacre de Vassy; los Guisa, católicos, dirigen su ataque contra los protestantes. En 1570, éstos obtienen del rey (Tratado de St. Germain) las plazas fuertes de La Rochela, Cognac, Montauban y La Charité.

La Noche de San Bartolomé (24 de agosto de 1572), cuando son asesinados millares de protestantes, hace recrudecer la lucha. Aunque derrotados, los hugonotes reciben algunas concesiones de Enrique III que, por eso, se torna sospechoso a los ojos de los católicos. Y como Enrique de Navarra, hugonote, es el legítimo heredero del trono, aquéllos organizan la Santa Liga, comandada por Enrique de Guisa, que se alía a Felipe II en 1584.

Se inicia así la Guerra de los Tres Enriques. Enrique III manda matar a Enrique de Guisa, y él mismo es asesinado por un fanático. Enrique de Navarra sube al trono con el nombre de Enrique IV. Combate a la Liga y al ejército de ocupación, pero en 1593, se convierte al catolicismo y, a través del Edicto de Nantes (1598), pone fin a las guerras religiosas: concede a los hugonotes relativa libertad de culto e igualdad de derechos políticos. Empero, Francia permanece mayoritariamente católica.

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El imperio Español Carlos V Felipe II Habsburgo Los Comuneros

ESPAÑA EN EL SIGLO XVI
España, la primera gran potencia de la Europa moderna:

La importancia que España logró en Europa en el siglo XVI estuvo basada en el poder y la inmensa riqueza  que tenía a su disposición a través de los dominios descubiertos y conquistados en América. Y ese poder y riqueza afectaron la forma y la dirección en que se desarrollaron los otros Estados europeos que se estaban consolidando.

La monarquía española combinó dos conjuntos de recursos. Por una parte, se benefició más que ninguna otra de la política matrimonial dinástica. Y por otra, la conquista de América le proporcionó una superabundancia de metales preciosos. En el siglo XVI, el Estado español contó con un volumen de territorio, influencia y tesoros, que ninguna monarquía rival podía igualar.

Los Reyes Católicos y la unidad política de España

A fines del siglo XV (1469) , el matrimonio de Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón —los dos reinos más importantes— sentó las bases de la unidad política de España. Sin embargo, el poder de la monarquía no fue reconocido del mismo modo en todas las regiones del reino. Isabel y Fernando pusieron en práctica un programa de reorganización económica y política para fortalecer su autoridad, pero no lograron la fusión administrativa entre Aragón y Castilla. Los Reyes Católicos no pudieron establecer una moneda única ni un sistema fiscal y legal común dentro de sus reinos.

Los reyes católicos.

Los reyes católicos.

 Los reyes católicos. En Castilla se concentraba la mayor parte de la población de España. Era tierra de una aristocracia con enormes posesiones, en las que el cultivo de cereales había sido abandonado progresivamente para dar lugar a la cría de ovejas.  Esta producción conectó a las ciudades castellanas con la industria textil de Flandes. En el reino de Aragón, a diferencia de castilla, la aristocracia local todavía ejercía sus poderes feudales sobre un campo estéril y en el que sobrevivía la servidumbre.  La actividad económica de la región era el comercio en el Mediterráneo y la ciudad de Barcelona era el centro de un imperio mercantil donde residían los grupos comerciales más ricos de la región.

 

El imperio de Carlos V Habsburgo. Dinastías y política matrimonial. Desde 1438, miembros de la casa de Austria y de la familia de los Habsburgo, ocuparon el trono del Imperio Germano. Ellos siguieron una hábil y afortunada política matrimonial. Maximiliano I se casó con Maria de Borgoña. Esto significó que a los Estados patrimoniales de Maximiliano —Austria, Estiria, Carintia, Canijola Tirol y Alsacia meridional— se añadieron Flandes, Países Bajos, Brabante, Luxemburgo, Artois y el Franco Condado. Pero el matrimonio decisivo fue el de Felipe el Hermoso —hijo de Maximiliano— con Juana la Loca —hija y heredera de Fernando e Isabel- los Reyes Católicos—. Por parte de Aragón, eran Estados patrimoniales de Juana: Sicilia, Cerdeña, Nápoles y Navarra; y por parte de Castilla, las colonias de América. De este matrimonio nació el que después será Carlos V de Alemania y I de España.

Carlos V Habsburgo

Carlos V Habsburgo fue el creador del primer imperio colonial moderno.
Sobre su imperio nunca se ponía el sol: era un Imperio sin crepúsculo.

Durante la primera mitad del siglo XVI, Carlos de Habsburgo, el nieto de los Reyes Católicos, fue elegido emperador del Imperio Germánico.

Sobre la base de los territorios de la Casa de Austria (a la que pertenecía su padre, Felipe de Habsburgo)  y los territorios de Castilla y Aragón (que había heredado su madre Juana), Carlos V se propuso reconstruir un imperio universal  cristiano. Amplió su base territorial en Europa y justificó la extensión de su dominio en la defensa de la religión católica.

Sin embargo, la tentativa de Carlos V de unificar política y culturalmente los Estados que formaban el Imperio Germánico, se enfrentó con una pluralidad de lenguas, tradiciones y costumbres. También contribuyeron al fracaso del imperio europeo los enfrentamientos que originó la Reforma protestante. Este fue un movimiento que se originó en Alemania en 1517 y dividió a los miembros de la Iglesia cristiana en católicos y protestantes.

El emperador no logró establecer la monarquía hereditaria ni una administración centralizada. Pero el intento de Carlos V de organizar un imperio provocó la reacción de los otros Estados. Muchos reyes y príncipes lucharon contra él para asegurarse el dominio en su territorio. Desde esta época se fueron estableciendo las fronteras que separaban los territorios de cada Estado.

División religiosa de Europa a fines del siglo XVI

El emperador Carlos V intentó contener la reforma religiosa por medio de la negociación, pero finalmente estalló la guerra entre católicos y protestantes. En 1555, por la Paz de Augsburgo, Carlos V reconoció a los Estados del Imperio Germánico el derecho a elegir su religión y a que los súbditos profesaran la misma fe que su príncipe. De este movimiento surgieron diversas iglesias: la luterana en Alemania, la calvinista en Francia y la anglicana en Inglaterra. Poco a poco los europeos fueron abandonando la idea de la unidad del cristianismo..

 La rebelión de los Comuneros

En 1520 y 1521, Segovia, Toledo, Guadalajara, Madrid, Ávila, Burgos, Valladolid y otras ciudades, se sublevan. ¿Qué piden aquellos rebeldes que, además, son burgueses? En primer lugar, que el rey viva en España. que se case pronto y con una princesa portuguesa, a fin de realizar la unidad ibérica. Además, reducción de impuestos, derecho a llevar armas… Pero la revuelta no es contra el rey ni contra el Estado; es una revuelta nacional, de la nación española, contra los grandes —extranjeros en su mayoría— de la corte de Carlos V El jefe de los comuneros, Juan Padilla, consiguió una serie de éxitos militares. Después fue ejecutado. La sublevación de los comuneros, sublevación de una conciencia española, quedó así rápidamente truncada.” Los fundamentos del mundo moderno, de R.Romano y E. Tenenti, historiadores italianos contemporáneos.

Los Habsburgo en España:

La división administrativa del Estado español se acentuó con la llegada de Carlos I de Habsburgo al trono.  Al morir su abuelo materno, Fernando, en 1516, Carlos de Habsburgo se hizo coronar rey de Castilla y Aragón e inició el viaje a la península.

El nuevo rey no conocía el castellano y vino acompañado de consejeros flamencos que ocuparon los más importantes puestos en la Corte y en la Iglesia. Esto originó un violento rechazo por parte de la población de Castilla, la cual no apoyó las continuas campañas militares del monarca para extender y asegurar los dominios de su imperio, que eran costeadas con crecientes impuestos a las producciones del país.

Se produjo entonces una rebelión de los burgueses de las ciudades de Castilla contra el rey, entre 1520 y 1521. La rebelión de los comuneros fue sofocada por el ejército real al que se había unido la mayor parte de la aristocracia. La victoria sobre los comuneros fue fundamental para la monarquía española que intentaba fortalecer su poder, pero la derrota militar de los burgueses alejó la posibilidad de una alianza entre la monarquía y ese grupo social que impulsaba los cambios hacia el mundo moderno.

Carlos V: expansión territorial y debilitamiento del Estado español

Uno de los mayores logros de Carlos V fue la ampliación de los dominios de los Habsburgo. Pero fue inevitable la delegación de poderes en consejos y virreyes a cargo de la administración de las diferentes posesiones debido a la expansión territorial. La gran extensión del imperio de los Habsburgo hizo imposible su integración y obstaculizó el proceso de centralización administrativa.

Además, el Estado español se endeudó con préstamos para costear las guerras europeas. En 1556, cuando dejó el trono a su hijo, los ingresos de Carlos V se habían triplicado, pero como las deudas reales eran tan grandes, su heredero, Felipe II, tuvo que declarar la bancarrota del Estado un año después. Su gobierno es ejemplo de centralización y absolutismo. Establece definitivamente la capital del estado en Madrid. Símbolo de su poder es el Escorial, mausoleo, monasterio y residencia real.

Felipe II: ventajas y desventajas del tesoro americano

A partir de 1560, se descubrió en América del Sur las minas del Potosí:

VENTAJAS: aumentó fabulosamente la cantidad de metales preciosos recibidos en el puerto de Sevilla. La gran cantidad de plata que llegaba desde América fue una ayuda decisiva para el Estado español, porque le proporcionó ingresos extraordinarios.

El aumento de los ingresos reales gracias a los metales americanos influyó decisivamente en la política exterior española. El oro y la plata se podían utilizar para financiar los movimientos de tropas o las maniobras diplomáticas en toda Europa. Además, proporcionaba a los monarcas Habsburgo posibilidades de obtener préstamos y créditos por unas sumas que ningún otro príncipe obtenía.

DESVENTAJAS: el tesoro debilitó todavía más las bases de su poder porque la monarquía pudo sostenerse económicamente sin verse obligada a realizar la unificación fiscal y administrativa del reino.

Las campañas militares de Felipe II, Rey Prudente, continuaron a las de Carlos V Tuvo que enfrentar la rebelión de Holanda que estalló cuando Felipe II intentó restringir su autonomía política. La pérdida de los Países Bajos significaba una amenaza directa para los intereses económicos españoles, porque ambas economías eran complementarias: España exportaba lana y metales preciosos a los Países Bajos, y de ellos importaba productos textiles, material de guerra, cereales y pertrechos navales.

Además, su dominio aseguraba el cerco español sobre Francia. La guerra con los Países Bajos se extendió entre 1566 y 1598; España pudo reconquistar una parte de ellos pero las llamadas Provincias Unidas —Holanda— se independizaron. Además se empeñó en luchar contra la monarquía protestante de Inglaterra, e intervino en las guerras de religión de Francia para asegurar el catolicismo. La Armada Invencible fue derrotada por la flota de Isabel I de Inglaterra, pero Felipe II logró su objetivo con Francia.

El impacto de los metales americanos sobre la economía española. Los metales americanos llegaban a España por dos vías. Una eran los ingresos reales directos: entre el 30% y 40% de la producción que los productores americanos tenían que entregar en concepto de impuestos y cargas reales.

La otra era el uso de los metales preciosos como moneda para pagar las mercaderías indispensables —como aceite, vino y textiles— que no se producían en América. La llegada de los metales preciosos americanos influyó negativamente sobre las manufacturas de Castilla. Los textiles castellanos no pudieron competir ni en el mercado colonial ni en el interior de España. Los paños holandeses e ingleses eran más baratos. Los comerciantes de Holanda e Inglaterra comenzaron a satisfacer la demanda americana y de la misma España.

Por esto, los metales preciosos que llegaban a Castilla terminaron en manos de los extranjeros productores de bienes manufacturados y de alimentos. La economía española, agriada y urbana, quedó herida por las ventajas del tesoro americano

 

El fin del poder español en Europa

A finales del siglo XVI los envíos de plata desde América habían llegado a sus niveles más altos entre 1590 y 1600, pero los costos de las guerras habían crecido todavía más por lo que las finanzas del reino y la economía del país se encontraban en crisis. En 1596, Felipe II tuvo que decretar una nueva quiebra oficial.

Durante el siglo XVII, España fue perdiendo la mayor parte de sus dominios europeos a pesar de nuevas guerras para impedirlo, y se agravaron los problemas internos económicos y sociales.

Los tres reyes Habsburgos sucesores de Felipe II que ocuparon el trono de España durante el siglo XVII, fueron: Felipe III, Felipe IV y Carlos II. Recibieron el nombre de Austrias menores en oposición a sus antecesores, ya que fueron los peores monarcas de su tiempo, débiles y holgazanes; entregaron el poder a sus favoritos, quienes, gobernando en provecho propio, hundieron a España.

LOS REYES DE LA DINASTÍA DE LOS HABSBURGO

Austrias mayores

1516-1556: Carlos

1556-1598: Felipe II

Austrias menores

1598-1621: Felipe III

1621-1665: Felipe IV

1665-1700: Carlos II

Durante los reinados de los Austrias menores, el gobierno del reino quedó en manos de algunos nobles muy poderosos: el duque de Lerma primero, y el conde-duque de Olivares más tarde.

Estados Modernos: Fortalecimiento del poder real en la edad moderna

HACIA UNA NUEVA FORMA DE ORGANIZACIÓN POLÍTICA: EL ESTADO MODERNO

En Europa a mediados del siglo XV, ocurrieron transformaciones en la economía y en la sociedad, tales como la reconstitución de la agricultura, cambios en la organización del trabajo artesanal, un gran desarrollo del comercio y descubrimientos de nuevas tierras y por otro lado se produjeron cambios en la forma de organización política. Las monarquías de España, Inglaterra y Francia, por medio de diferentes caminos, lograron centralizar progresivamente el poder político.

Se descubrieron nuevas fuentes de riqueza, las rutas comerciales de la Europa medieval eran limitadas y hacia el final del siglo XIV e inicios del siglo XV, se descubrieron nueva zonas (India, África y América) y rutas comerciales, lo que trajo aparejado el ingreso de metales preciosos como la plata, oro y especias; también a la vez se desarrollaron las finanzas internacionales debido al nuevo comercio y nació una nueva clase social: la burguesía, una nueva clase adinerada, que tenía como profesión la acumulación de la riqueza.

Hubo una revolución en los métodos de cultivo de la tierra, gracias al progreso de la ciencia y de la tecnología, y, en consecuencia, en la distribución de la propiedad territorial. Por último se llevó a cabo un movimiento en contra de la corrupción de la iglesia.

En esta ilustración un duque adopta la postura de “los justos deberes” y reconoce como legitimo a un nuevo rey de Francia. Sin embargo era frecuente que los señores encuentres excusas y no realizaran estas ceremonias

De la fragmentación a la centralización de la autoridad

La fragmentación de la autoridad se produjo en el plano político, y fue una de las características más importante del feudalismo. En cada señorío, los señores dictaban y aplicaban la justicia, imponían y cobraban los tributos a los campesinos, imponían las obligaciones a los siervos y formaban ejércitos. Pero la desaparición gradual de la servidumbre, a partir de la crisis del siglo XIV, amenazó directamente la autoridad de los señores feudales.

La producción agrícola comenzaba a destinarse al mercado, y el trabajo, en algunas regiones rurales, ya no estaba asegurado por obligaciones personales. Los ejércitos privados de los señoríos (a veces, sólo bandas armadas) resultaron cada vez más insuficientes para asegurar el trabajo y el orden en las tierras de los señores, ya que los campesinos se trasladaban en diferentes direcciones a escala regional.

Una autoridad centralizada, en cambio, podía organizar un ejército también centralizado. Por esto, la centralización de la autoridad política fue un instrumento eficaz para mantener al campesinado bajo la dependencia y explotación de la aristocracia feudal. De esta manera el poder del rey se fue fortaleciendo.

El fortalecimiento del poder real

El poder político de los reyes se fortalece y se sustenta gracias a la idea del origen divino del poder del rey, contribuyendo de esta manera, al régimen de monarquía absoluta. La Monarquía constituyó un Estado moderno basado en una fuerte dirección de gobierno, con un territorio definido y con una comunidad de individuos obedientes y sometidos al poder real.

Las monarquías tuvieron que enfrentarse con la nobleza feudal para consolidar la autoridad real. Los señores no estuvieron fácilmente dispuestos a ceder al rey su autoridad. Pero el mantenimiento del dominio de la nobleza como grupo sobre los campesinos, hizo necesaria la destrucción de aquellos señores que se opusieron a los avances de la monarquía. Al mismo tiempo la tierra pasó a ser propiedad privada de los señores para compensar la pérdida de autoridad política de la nobleza feudal.

A partir del siglo XV, las características de los Estados modernos fueron las siguientes:

la centralización del poder político y su concentración en un soberano —el rey o príncipe—, que era el único que tomaba las decisiones;

la obligación de obediencia al rey por parte de todos los habitantes de los territorios del reino (incluidos los que vivían en los territorios de los señoríos);

la creación y utilización de instrumentos nuevos para asegurar la obediencia al poder centralizado: las nuevas instituciones políticas como el derecho, la burocracia administrativa, el ejército, y la diplomacia, entre otras.

Un Estado territorial y soberano:

En los inicios de esta transición (sistema feudal – monarquía) la soberanía del rey dependía de obtener la obediencia de un número cada vez mayor de habitantes del reino y para consolidar su poder, las monarquías tuvieron que luchar contra los señores feudales, en sus señoríos, y las comunas de algunas ciudades que en otras épocas habían obtenido esa libertad.

Cada Estado tuvo que establecer su independencia y autonomía frente a los demás Estados para definir el territorio que le pertenecía.

Según el jurista francés Jean Bodin en su obra “Los Seis Libros de la República” (1576) la soberanía significaba:

• El control absoluto del poder por parte del soberano;

• El ejercicio vitalicio del reinado;

• El rey podía dictar leyes y derogarlas, según su voluntad.

Pero, según Bodin, el rey debía respetar las llamadas normas inquebrantables del derecho natural (la familia, la propiedad privada), y las leyes fundamentales del país.

El jurista francés Jean Bodin contribuyó con su obra a la fundamentación del nuevo Estado de los inicios de la Edad Moderna. Su obra Los seis libros de la República se publicó en 1576, en una época en que peligraba la unidad del país y del reino de Francia. Por esto, sus lecciones de soberanía tuvieron como primer objetivo el mantenimiento de Francia y de la monarquía francesa.

Las nuevas instituciones: Desde el siglo XVI, se fueron consolidando nuevas instituciones políticas en los nuevos Estados, que fueron (y son) los instrumentos a través de los cuales los gobernantes ejercen su autoridad sobre los gobernados y que, además, les permiten obtener la efectiva obediencia de éstos.

Las instituciones son, por ejemplo, las normas y las leyes; y también forman instituciones las personas empleadas por los gobernantes para cumplir funciones de gobierno, un ejército permanente, una burocracia administrativa, un sistema de impuestos, y la diplomacia internacional.

Los Estados sirvieron para proteger la propiedad privada y los privilegios de la nobleza feudal, y para mantener a los campesinos bajo su dominio. Pero las nuevas instituciones políticas también beneficiaron a los grupos burgueses dedicados al comercio y a las manufacturas. La centralización económica, la expansión ultramarina y la unificación de un sistema legal, contribuyeron al proceso de transición del feudalismo al capitalismo.

El escritor florentino Nicolás Maquiavelo (1469-1527) en su obra El Príncipe, sostuvo que en la política los principios deben someter-se a las exigencias fortuitas del momento y a una táctica oportunista.

Su ideal ya no era el soberano moderado, justo y generoso de los teóricos medievales, sino el príncipe que sólo tiene en cuenta el interés del Estado, que es el suyo propio. En la dedicatoria que Maquiavelo escribió en El Príncipe, afirmó: “No puede un señor prudente, ni debe, observar la fe cuando tal observancia se le vuelve en contra.”

 (ver su biografía y pensamiento)

Formacion de los Estados Modernos:alemania,inglaterra,españa

Los Estados Modernos en Europa Occidental:

Los campesinos agobiados de cargas, cansados de una vida miserable, no soportan más las exigencias siempre en aumento del señor feudal. Las ciudades, ya muy prósperas con el desarrollo del artesanado, peligran por la codicia del señor. ¿Cómo librarse de él? Piensan entonces en fortificar la monarquía. El feudalismo va llegando a su fin. En la Baja Edad Media, la autoridad del rey aumenta lentamente. Los señores feudales, muchos de ellos más poderosos que el mismo soberano, se debilitan con sus luchas e intrigas.

Los grandes feudos desaparecen, se borran. Comienzan a dibujarse las naciones que serán gobernadas por el rey con poder absoluto. Estas naciones se llamarán España, Francia o Inglaterra. Habrá un rey de España, de Inglaterra, de Francia. El Imperio alemán no cuenta en esta transformación; continúa dividido, disgregado por celosos e inquietos señores y pierde importancia.

Italia es un mosaico de ricas y turbulentas repúblicas burguesas. Sin unidad, no podrá competir con los nuevos reinos más fuertes y más ricos, con reyes todopoderosos. Rusia apenas se insinúa .. . ¿Cómo nacen estas naciones, es decir los futuros estados modernos?

Formación de los primeros estados

Durante los siglos XV y XVI, el mapa de Europa occidental comenzó a mostrar estados con territorios
cada vez más amplios unificados en torno de un poder central.

NUEVOS MEDIOS PARA CENTRALIZAR EL PODER:
El fin de la Edad Media fue un período de profundos cambios para la historia europea. Hasta ese momento, los fuertes localismos impedían la consolidación de los estados en la mayor parte del continente.

A mediados del siglo XV, comenzaron a desarrollarse monarquías centralizadas en algunos países europeos; es decir, estados que alcanzaron su unidad política en torno de la figura de un rey. Estas monarquías protegieron los intereses de los nobles urbanos y de los burgueses acomodados, pero no beneficiaron a las clases más pobres.

En ciertos casos, a estos reyes se les opusieron algunos sectores de la nobleza feudal, que no querían perder sus privilegios. Sin embargo, los monarcas lograron afirmar su autoridad frente a los localismos y consolidar lo que llamamos estado moderno, es decir un territorio delimitado y unificado, un poder centrado en el rey y una autoridad basada en la obediencia de todos los grupos sociales al monarca.

Para lograr esta centralización del poder, los reyes se valieron de cuatro elementos fundamentales:
• el
derecho romano, que les brindó las normas jurídicas para una nueva organización del estado;
• una
burocracia al servicio del monarca, formada por un conjunto de funcionarios (secretarios, embajadores), de origen noble o burgués;
• un ejército permanente, compuesto por soldados a los que se pagaba por su tarea, llamados mercenarios;
impuestos obligatorios, pagados, sobre todo, por los campesinos y los habitantes de las ciudades, que permitieron solventar la burocracia y las guerras.

Si bien este estado moderno se consolidó en algunos países de Europa occidental (la Francia de Luis XI, la Inglaterra de Enrique VIII), otras regiones, como las actuales Alemania e Italia, no lograron esta unidad nacional. En España se produjo la unidad política del reino con el matrimonio de la reina Isabel de Castilla y el rey Fernando de Aragón -los Reyes Católicos-.

En 1492, los Reyes Católicos expulsaron a los moros de su último reducto en Granada y en 1512, con la anexión de Navarra, completaron la unificación. En 1492, la acción de los reyes posibilitó también el descubrimiento de América. España ingresó al siglo XVI con un reino unido y expandiéndose en el océano Atlántico. Fue el siglo de su mayor esplendor y de su predominio en Europa.

PARA SABER MAS…
LA EVOLUCIÓN DEL CONCEPTO DE ESTADO

La idea del Estado que tenemos hoy es fruto de una evolución lentísima y secular. Sin remontarnos demasiado en el tiempo, podemos distinguir tres tipos diferentes de Estado que, en el curso de la historia, se han sucedido uno a otro: el.Estado ”patrimonial”, el Estado “de policía” y el Estado “de derecho”.

EL ESTADO “PATRIMONIAL”
Después de la caída del Imperio Romano y cuando, con la monarquía carolingia, se afirmó el sistema feudal, el soberano era dueño absoluto del Estado. Su voluntad era ley; era suyo el territorio nacional con todos los bienes que en él se encontraban; en cuanto a los habitantes —que no eran “ciudadanos”, es decir, titulares de derechos, sino simples “súbditos”—, tenía sobre ellos poder de vida y muerte; con mucha frecuencia, el que deseaba concertar un contrato o tomar esposa debía pedir permiso al rey, y éste podía negárselo. Así, pues, no se reconocía a los súbditos ningún derecho, ni civil ni político. En otras palabras: territorio, bienes y súbditos constituían el patrimonio personal de un monarca, del mismo modo que, actualmente, uno de nosotros posee una casa o un automóvil. Debido a ello, a ese tipo de Estado se lo llamó “patrimonial”. Por lo demás, la historia nos demuestra que en aquella época el soberano disponía del Estado como de una propiedad privada cualquiera: lo dejaba por testamento a un solo heredero o lo dividía entre sus hijos; confiscaba los bienes de un vasallo considerado infiel; asignaba tierras, casas y campesinos a quienes quería premiar, etcétera.

EL ESTADO “DE POLICÍA”
Con el ocaso del feudalismo terminó también el  Estado patrimonial, y se dio un paso adelante por el camino del progreso civil. En el siglo XVIII se afirmó como sistema de gobierno el “despotismo ilustrado” de María Teresa de Austria y de Federico II de Prusia.

En ese nuevo tipo de Estado, el soberano era siempre un monarca absoluto: no obstante, proclamaba solemnemente gobernar no por interés propio, sino por el bien del pueblo. Así, a Federico II de Prusia le gustaba autodefinirse como “primer servidor del Estado”. Mas el pueblo no podía participar en el gobierno. No se celebraban elecciones y el poder permanecía en manos del soberano, quien nombraba y destituía, a su antojo, a los ministros y a otros funcionarios del Estado, sin tener que dar cuenta a nadie.

Por tanto, los habitantes seguían siendo considerados como “súbditos” y no como “ciudadanos”. Pero, a diferencia de lo que sucedía en el Estado patrimonial, se les reconocían derechos civiles y podían disponer de lo suyo, etc., sin tener que pedir permiso al soberano. A este tipo de Estado se le llamó “de policía” porque, según los estudiosos de la época, policía correspondía a administración interior.

EL ESTADO “DE DERECHO”
Después de la Revolución Francesa y de los movimientos liberales del siglo XIX, la idea del listado sufrió una nueva trasformación y, en el siglo actual, se ha llegado, por fin, a la concepción moderna y justa del Estado de derecho.

¿Por qué “de derecho”? Porque todas las relaciones entre las personas y el Estado se regulan por el derecho y no por el arbitrio de un monarca absoluto, y porque la ley obliga también al Estado, que es el primero que debe respetarla.

En el Estado “de derecho” las personas ya no pertenecen al patrimonio personal de un emperador; ya no se las considera como subordinadas que no tienen derechos, pero sí el deber de obedecer las órdenes del soberano iluminado. Ya no hay súbditos, sino ciudadanos. Y decir “ciudadanos” quiere significar personas que tienen derechos civiles y políticos que el Estado no puede violar, sino que debe reconocerlos y tutelarlos.

Por lo tanto, los ciudadanos pueden participar activamente en la administración del Estado, eligiendo sus representantes para ocupar los cargos más importantes del mismo. Y no sólo eso: los ciudadanos representan, sin duda alguna, un: de los elementos que constituyen el Estado, desde el momento que el Estado, como ya dijimos, está formado, ante todo, por un “pueblo”.

Fuente Consultada: Historia de Europa Moderna y América Colonial
Alonso/Elisalde/Vázquez

La descolonizacion de China Mao Tze Tung

La descolonización de China Mao Tze Tung

Aunque China no se ajustaba al modelo clásico de país colonizado —en el sentido de dominación política y económica total de una metrópoli—, si había sufrido continuas injerencias de otras potencias en sus asuntos internos, sobre todo a través de la colonización económica inglesa, francesa y alemana; también vivió la obligada internacionalización de algunas de sus ciudades más importantes como Shanghai, y cedió extensas concesiones europeas.

La descolonizacion de China Mao Tze Tung
Shangai Hoy

Considerando su sobrepoblación Japón intentó implantarse en el este de China. En 1932 emancipó Manchuria, y en 1937 se apoderó de diez provincias e instaló en Pekín un gobierno sometido a su influencia. Se originó entonces una larga guerra chino-japonesa desde 1937 hasta 1945, cuando las tropas japonesas fueron vencidas en Nankín por nacionalistas comandados por Mao Tse Tung.

El primer partido político moderno creado en China en 1912, el Kuomintang, se dedicaba a la lucha contra los señores de la guerra y los restos coloniales. Formé un frente común con el Partido comunista hasta 1927 en que el Kuomintang, bajo el mando de Chiang Kai Check, se convirtió en el partido “nacionalista” defensor de los terratenientes. Hasta 1937 nacionalistas y comunistas se enfrentaron en una dura guerra civil.

Las luchas entre ambas fracciones políticas repercutió desfavorablemente en el progreso tecnológico y económico de China. Ello, aunado a los afanes expansionistas que Japón tenía para lograr el control económico de Asia Oriental, generé la invasión nipona a Manchuria.

El Kuomintang entonces solicité ayuda a Naciones Unidas, logrando que empresas estadounidenses le abastecieran material bélico. Desde 1937 el ataque japonés a China fue sistemático, bloqueando las salidas al mar para evitarles el contacto con Occidente. Para sobrevivir a la intervención militar se organizó la resistencia campesina, por medio de las guerrillas y de una propaganda revolucionaria con carteles destinados a la población.

El partido comunista, dirigido por Mao Tse Tung, por ser el más organizado se presentó como el único capaz de salvar al país de la situación. Así el ejército popular, unido a los nacionalistas, enfrentaron a los japoneses venciéndolos en Nankín en 1945.

Sin embargo, la guerra civil reinicié y la represión en contra de maestros, estudiantes e intelectuales no se hizo esperar. A pesar de la ayuda recibida por Estados Unidos para mantenerse en el poder, Chang Kai Chek huyó a la isla de Formosa y el primero de octubre de 1949 Mao Tse Tung proclamó la República Popular China y estableció el sistema socialista en colaboración con la URSS, con lo cual logró gran desarrollo agrícola, industrial, político, social y educativo. Finalmente llegó la ruptura entre los comunistas chinos y los soviéticos. Años más tarde Mao sería el gran líder de la revolución cultural china.

Fuente Consultada: Historia Universal – Navarro,Gargari,Gonzalez y otros

La descolonizacion de Africa Egipto, Angola y Argelia

La Descolonización de África

Se ha llamado “descolonización” al proceso histórico que puso fin al sistema colonial en el mundo, durante el cual lograron su independencia política las colonias que en Asia y África habían estado bajo el dominio imperialista de las potencias europeas. “La descolonización es el proceso de liquidación del sistema colonial en el mundo y la creación de Estados independientes en los antiguos territorios dependientes.”

Este proceso, que constituye un fenómeno de gran trascendencia en la formación del mundo actual, dio comienzo en el periodo de entreguerras, pero habría de alcanzar mayor fuerza con los cambios políticos resultantes de la Segunda Guerra Mundial. Así, la descolonización consistió en una lucha de los pueblos asiáticos y africanos contra el predominio de los países europeos, ya fuera por la vía pacífica del entendimiento y el diálogo entre ambas partes, o por los medios violentos de la revolución armada.

ANTECEDENTES:
El fin de los imperios coloniales:

LAS POTENCIAS EUROPEAS que poseían colonias en 1939 eran Gran Bretaña, Francia, los Países Bajos, Italia, Bélgica, España y Portugal. Las tres primeras se habían comprometido, en diversos grados, a que sus territorios comenzaran a gobernarse por sí solos. Este compromiso se vio reforzado en el caso de Gran Bretaña y Francia por las condiciones de los mandatos otorgados por la Liga de las Naciones sobre los territorios que habían pertenecido a los imperios germano y otomano. Sin embargo, Gran Bretaña había ido más allá en su concepción de autogobierno y pensaba otorgar la independencia a sus colonias, dentro de un marco flexible de adhesión a la Mancomunidad (Commonwealth) establecida por los Estatutos de Westminster en 1931.

En 1939, Canadá, Sudáfrica, Australia y Nueva Zelandia ya habían alcanzado esta meta y se pensaba que la India marchaba en esa dirección. La idea de las potencias continentales era más bien llegar a establecer una ciudadanía común y, por lo general, consideraban que las colonias eran regiones de ultramar de su territorio metropolitano.

No obstante, esta situación se fue complicando, tanto por la oposición de importantes minorías de colonos europeos, con las consiguientes tensiones raciales, como por los enfrentamientos entre el ideal europeo de la evolución en términos occidentales y las poderosas culturas islámica, hindú, budista y confuciana de los súbditos de las colonias.

La necesidad de incorporar al gobierno colonial a las élites autóctonas que habían recibido educación occidental, aunque fuese en cargos de segunda categoría, ya había dado origen a importantes movimientos nacionalistas, algunos de los cuales se inspiraron en los modelos soviético, chino y japonés. La renuencia de los legisladores metropolitanos o del electorado a financiar administraciones absolutamente europeas en las colonias los impulsó a confiar la administración a autoridades de origen local en todos aquellos países donde éstas eran suficientemente fuertes como para ser usadas por los gobiernos europeos.

Los acontecimientos de la Segunda Guerra Mundial tuvieron un efecto revolucionario sobre el lento proceso de desarrollo en los principales imperios coloniales.

DESCOLONIZACIÓN: Túnez y Marruecos se independizaron de Francia fácil y pacíficamente. Argelia tuvo una independencia muy difícil. Las fuerzas nacionalistas argelinas (Frente de Liberación Nacional -FLN-) iniciaron una guerra de liberación en 1954. En 1962 se constituyó la República Popular y Democrática de Argelia, socialista.

Los británicos abandonaron sus colonias voluntariamente. Ghana, Nigeria, Sierra Leona, Tanzania y Uganda consiguieron sin problemas la independencia, entre 1960 y 1965. En Kenya se tuvieron que enfrentar con una guerrilla nacionalista, que consiguió vencer a los ingleses. En 1963 alcanzaban la independencia. Los colonos ingleses de Sudáfrica se negaron a abandonar sus privilegios y, en el año 1961 proclamaron la República Sudafricana, gobernada por una minoría blanca que practicaba un régimen de segregación racial (apartheid). En 1990, Nelson Mandela, de raza negra, subió al poder y se democratizó la vida política de este país.

Los procesos de independencia de Congo, Angola y Mozambique fueron problemáticos. Hubo guerra con Portugal. Al final, consiguieron la independencia, el Congo en 1960 y Angola y Mozambique en 1975.

La rápida descolonización asiática influyó en la acelerada toma de conciencia de los pueblos de Africa. Las etapas más importantes de la descolonización africana se cumplieron entre 1956 y 1962; estos pocos anos bastaron para terminar con una forma de dominación que llevaba establecida, en ocasiones, hasta un siglo. Ghana, la antigua Costa de Oro, fue el primer Estado independiente en 1957. Siguió una ininterrumpida racha de independencias, sobre todo en 1960: Nigeria, Somalia, Sierra Leona y Tanganica.

El Congo, dominio belga, desencadenó uno de los procesos de descolonización más problemáticos. La rápida huida de los colonos belgas (técnicos, oficiales y funcionarios) dejaron al país sumido en el caos. Después, se vivió la separación de una de las provincias congoleñas, Kananga. El asesinato del líder independentista Lumumba, junto con todo ese conjunto de factores creó un clima de guerra civil, donde incluso llegaron a intervenir tropas de la ONU. Las provincias secesionistas acabaron reintegrándose y, con ello, se firmaría la paz.

La descolonización africana tendría un carácter distinto de la asiática. La falta de grandes núcleos de población homogénea en raza, cultura, religión, etcétera, ocasionó enfrentamientos tribales, sece1siones de provincias y, en gran cantidad de nuevos países, dictaduras personales, ante la imposibilidad de que funcionara un sistema liberal o parlamentario. Las secuelas de la colonización —falta de cultura, nula práctica por parte de los africanos en asuntos de gobiernos de naciones, atraso económico y social— se hicieron evidentes con negros ribetes en los países independizados.

Lo anterior, en grandes líneas, es aplicable a casi toda África, especialmente la central. Al sur encontramos países, como Rhodesia y Sudáfrica, donde la supremacía blanca encontró una fórmula de dominación, el apartheid, mediante el cual se mantenía una absoluta política de segregación para apartar a los blancos de4los negros, sin dejar intervenir a estos últimos, para nada, en la vida pública. En el norte, África vivió un proceso descolonizador más parecido al asiático, pues contaba con poblaciones más unificadas culturalmente, sobre todo lo referente a su arabismo. Destacan tres importantes procesos de independencia: Egipto, Argelia y Angola.

Egipto
Egipto y el panarabismo

En los países descolonizados hay una burguesía que mantiene relaciones económicas con las antiguas metrópolis. Las potencias árabes siempre estuvieron aliadas a EE.UU., pero con la creación del estado de Israel, se cambiaron de bando, pasaron a la URSS.

Un ejemplo de esto es el caso del Canal de Suez. En 1952 se produjo un Golpe de Estado y Nasser llega a la presidencia. Nacionaliza el canal de Suez y se produce un conflicto. Tras esto, Egipto pasa a estar en la órbita de la URSS.

El panarabismo era un movimiento de cooperación entre los países árabes, que defendía su identidad cultural y buscaba separarse de las influencias americanas y rusa. Siria, Libia, Irak y otros países pasan a ser comunistas.

Inglaterra reconoció la independencia de Egipto en 1932, con la contrapartida de contar en la zona con importantes posiciones militares y navales. Durante la Segunda Guerra Mundial, aun sin declarar formalmente la guerra a Alemania, Egipto puso sus recursos más importantes en manos de Inglaterra. Las reivindicaciones de los partidos nacionalistas en torno a la menor presencia inglesa tomaron fuerza después de la contienda. Estas reivindicaciones se concretaron, sobre todo, en la retirada de las tropas inglesas del Canal de Suez, nudo vital de comunicaciones en esa región del mundo.

Un paso de ruptura importante fue la caída de la monarquía egipcia. El poder pasó a manos de un consejo revolucionario y, desde 1959, Nasser (foto) presidió la nueva república. El régimen político que llevarían a la práctica fue el llamado ‘sociaIismo árabe”: reforma agraria, industrialización, creación de puestos de trabajo. En 1956 nacionalizó el Canal de Suez, garantizando la libre navegación por él.

A partir de mediados de la década de 1950 se presentaron nuevos hechos: una política panárabe en contra del nuevo Estado israelí y un acercamiento a las naciones socialistas de Europa oriental.

Estas dos vías de política exterior, unidas a su situación estratégica, hicieron de este núcleo geográfico un área persistente de conflictos hasta nuestros días. Los problemas comenzaron cuando Estados Unidos se negó a aportar el financiamiento necesario para la presa de Assuan, cuyo crédito se obtuvo de la Unión Soviética. Éste fue el principio de la intervención soviética en la zona, si bien Nasser pretendió mantener una posición neutral entre los dos bloques.

Los proyectos de unión entre los distintos países árabes no consiguieron evitar las diferencias entre naciones pobres y ricas (productoras de petróleo), ni entre la vieja mentalidad feudal y los nuevos líderes, provenientes de la intelectualidad y el ejército. Influirían continuamente en esta zona los intereses de Estados Unidos y los países europeos. La intervención en sus asuntos internos se volvió bastante frecuente. El problema de Israel vendría a agravar aún más la situación.

Argelia: Es uno de los países donde la lucha por la independencia nacional se convirtió en un proceso largo y duro, donde la lucha armada, e incluso el terrorismo, fueron un factor muy importante y definitivo. Dos eran las causas que propiciaron dichos fenómenos: por un lado, el alto número de colonos franceses instalados en Argelia, desde hacía incluso varias generaciones; y por otro, el importante nivel de organización política de los líderes argelinos, reunidos en el Frente de la Liberación Nacional.

Después de la Segunda Guerra Mundial, también en Argelia se escucharon frecuentemente las voces de independencia. La metrópoli concedió algunas ventajas, entre ellas cierto grado de administración autónoma, que fueron sistemáticamente saboteadas por los colonos franceses. En 1954 se creó el Frente de Liberación Nacional (FLN), que inmediatamente comenzó la lucha por la liberación. Las unidades francesas más importantes (legión extranjera, paracaidistas) fueron enviadas ahí, y no escatimaron ningún medio (torturas, asesinatos) para intentar destruir al FLN y a la lucha que él dirigía. A pesar de la intensa represión, que parecía aniquilar al FLN, éste reapareció en las ciudades o en las guerrillas del campo.

La intensa lucha provocó fuertes reacciones en la metrópoli, que llevaron a De Gaulle al poder. Los colonos franceses y una fracción del ejército altamente colonialista crearon la Organization de l’Armee Secréte (OAS), que con el terrorismo intentaron anular los pasos descolonizadores. Tras la concesión de la autodeterminación a los argelinos, aprobada por el pueblo francés, se firmó la independencia de Argelia en 1962. Ben Bella fue elegido presidente de la república.

Guerra Civil Por la Independencia de Argelia

Angola

Bajo el ambiente de lucha existente en todo el continente, nació el Partido de la Lucha Unida de los Africanos de Angola (PLLJA), primera organización que, a pesar de tener características de partido político nacionalista, adoptaría la lucha clandestina. Más tarde, al unirse éste con el Movimiento para la Independencia Nacional de Angola (MINA), se fundaría el Movimiento Popular de Liberación de Angola (MPLA), el cual tenía como objetivo luchar, por cualquier medio, por la independencia de su nación.

El arresto de Agostinho Neto (foto), figura principal dentro del MPLA, en 1960, despertaría la lucha. El reclamo de su libertad desató la masacre, que incitó a la preparación de acciones armadas y la convocatoria para que se generaran huelgas y paros en contra del colonialismo, la pobreza, la discriminación y la desigualdad.

La lucha duró más de una década, hasta diciembre de 1974, cuando se firmaron los acuerdos que reconocían el derecho del pueblo de Angola para lograr su independencia. Entonces se fijó el 11 de noviembre de 1975 como fecha para la salida de las tropas portuguesas y la proclamación independentista que dio origen a la nueva nación.

AMPLIACIÓN DEL TEMA

LAS NACIONES africanas iniciaron su etapa de independencia con muchas expectativas. Querían ser los administradores exclusivos de sus gobiernos y mejorar las condiciones de vida. Sin embargo, las terribles guerras y el hambre truncaron en muchos casos estas esperanzas.

EL HAMBRE
Antes de la independencia, muchos países africanos podían abastecerse suficientemente de alimentos. Después, la población creció muy deprisa y muchas ciudades se convirtieron en metrópolis. La distribución de los alimentos empezó a ser más difícil y África siguió dependiendo en gran parte de los países más ricos, dependencia creada por la desestructuración del modo de vida tradicional fomentada por los europeos. Devastadoras hambrunas asolaron países como Etiopía y Somalia cuando la sequía arruinó las cosechas, y a causa del hambre estallaron las guerras.

EL PROBLEMA TRIBAL Uno de los problemas más graves de África es el tribalismo. Los países africanos pasaron a ser independientes respetando los límites establecidos por el reparto colonial. Sin embargo, estos límites ignoraban las divisiones territoriales de las diversas tribus y naciones del continente, y eran tan artificiales que los europeos para repartirse África habían aprovechado las líneas imaginarias de meridianos y paralelos. Gentes con diferentes lenguas y credos se vieron obligados a convivir en un mismo estado. En Nigeria, por ejemplo, existen muchos y muy diversos grupos étnicos. En 1967, los igbo, uno de esos grupos, pretendieron formar el estado independiente de Biafra, pero este intento sucumbió tras una guerra larga y devastadora, y Nigeria se convirtió en un país unificado.

GUERRAS: Algunas de las peores manifestaciones de violencia tuvieron lugar en Burundi y Ruanda, estados independientes desde 1962. Ambos países se hallaban divididos entre dos tribus, los hutu y los tutsi. Las matanzas entre estas dos tribus fueron salvajes. En algunas partes de África, la guerra se convirtió en un mal endémico. La antigua colonia portuguesa de Angola se enzarzó en una guerra civil tan pronto como obtuvo la independencia en 1975, y este enfrentamiento duró hasta 1994. Mozambique, Etiopía y Sudán también sufrieron cruentas guerras.

GOBIERNOS TIRÁNICOS
El cariz de los gobiernos africanos fue diverso. Algunos fueron tiranías absolutas. En Uganda, el general Idi Amin (nacido en 1925) detentó el poder de 1971 a 1979. Hombre capaz de las crueldades más extremas, Amin fue responsable de la muerte de miles de ugandeses. Asimismo, arruinó económicamente al país y lo sumió en la miseria. En Zaire (ant. Congo), el presidente Mobutu Sese Seko (nacido en 1930) amasó una enorme fortuna personal a expensas de la explotación de su pueblo. No obstante, otros gobernantes africanos, como el tanzanio Julius Nyerere (nacido en 1922) y el senegalés Leopold Senghor (nacido en 1906) fueron gobernantes preparados e íntegros.

DEMOCRACIA PLURIPARTIDISTA: Pocos países africanos independientes subsistieron como democracias. En su mayoría fueron gobernados por dictaduras militares. Pero en la década de los años noventa, la idea de la democracia pluripartidista se expandió por gran parte del continente. En algunos países, como Zambia, los gobiernos dictatoriales fueron derrocados y se intentó una lucha contra la corrupción desde posiciones democráticas.

Fuente Consultada: Historia Universal – Navarro, Gargari, González y otros