Las Ciencias

El Conocimiento Científico La Fisica y el Estudio de la Naturaleza

El Conocimiento Científico
La Física y el Estudio de la Naturaleza

Ciencia es un término que en su sentido más amplio se emplea para referirse al conocimiento sistematizado en cualquier campo, pero que suele aplicarse sobre todo a la organización de la experiencia sensorial objetivamente verificable a traves de la estricta observación. Para ello se recurre al llamado método científico que estipula y organiza los pasos para experimentar sobre un fenómeno natural y desarrollar una teoría rigurosa de su esencia.

Para la Ciencia, la naturaleza se manifiesta siguiendo determinadas pautas que revelan una estructura de relaciones entre sus partes. Estas pautas o leyes, que el científico intenta descubrir, no son modificables por la voluntad humana pero su conocimiento puede servir para eliminar, alterar o producir determinados acontecimientos. Podríamos decir que la sospecha de la existencia de una legalidad inherente al Universo es un “mito”o creencia que hace posible la Ciencia.

La Ciencia actual no debe considerarse como un saber completo, acabado y absoluto. Muy por el contrario, los enigmas y misterios que enfrenta son múltiples e inacabables. Creer que la Ciencia puede brindar una respuesta definitiva para todo también es superstición.

Podemos decir que el conocimiento científico es por su misma esencia dinámico y cambiante: cada nuevo avance genera una multiplicidad de inéditos interrogantes y posibilidades de investigación, haciendo que en la práctica el proceso resulte de duración indefinida.

HISTORIA: Los antiguos solucionaron problemas de física, pero sin extraer conclusiones, sin establecer leyes. Y así fue por miles de años. Luego, entre los siglos VII y VIII a. de C., apareció la ciencia que por primera vez estudió los fenómenos de la naturaleza; y entonces nació la física. El coloso de la física antigua fue Arquímedes (287-212 o. de J. C). Después de él prácticamente hubo un vacío. Su sistema de estudio y de investigación, que podemos llamar experimental, se perdió, y durante siglos, la física no fue sino un conjunto, un poco caótico, de distintas observaciones.

En la segunda mitad del siglo XV, Leonardo Da Vinci comenzó a estudiar los fenómenos reproduciendolos artificialmente , a fin de intentar establecer leyes fisicas estrictas.

Finalmente a mediados del siglo XVI nació el hombre que fundó, virtualemente, la física moderna , Galileo Galilei demolió practicamente toda la teoría aristotélica que había dominado el saber durante toda la Edad Media. Creó de esta manera a través de la experimentación y observación, las técnicas de la ciencia actual, que permite obtener resultados precisos y formulados de los fenòmenos naturales estudiados en el laboratorio.

La obra de Galileo fue continuada por Torricelli (1608-1647). En el mismo año de la muerte de Galileo , nacia en Inglaterra que habría de ser una figura cumbre en la historia de la ciencia, Isaac Newton. Estableció entre otras, la famosa Ley de Gravitación Universal, que explica como se mueve los cuerpos celestes en el universo.

Los estudios sobre mecánica, astrofísica, óptica y matemática fueron muy profundo, creando el calculo superior, una nueva matematica que le sirvió como herramienta fundamental para describir cuantitativamente el estudio de sus observaciones y teorías. Murió en 1727, siglo XVIII, siglo considerado como el siglo de las ciencias, ya que en él, se estudiaron los fenómenos eléctricos, magnéticos y caloríficos, llegando a correcto resultados para interpretar la naturaleza y poder avanzar en el estudio de nuevoa fenómenos.

Fue durante el siglo XIX, naturalmente, donde la física se desarrolló en todo sentido, cumpliendo señalados progresos en sus distintas ramas. Se difundió, también, la física aplicada especialmente a las máquinas, a los motores de vapor, de explosión y eléctricos. El siglo XIX es el siglo de la óptica (fotografío, cinematografía, etc.) y de la electricidad (motor eléctrico). Y puso los fundamentos dé la electrónica.

Del siglo XIX se ha pasado, sin altibajos, a nuestro siglo, en que, desde el punto de vista científico se están repitiendo los “milagros” de Galileo y de Newton. En los primeros cincuenta años del siglo XX, el “hombre más importante de la física fue Alberto Einstein, el sabio investigador alemán, que con sus profundísimos estudios sobre la luz, el tiempo, el espacio y la energía, ha hecho avanzar considerablemente los conocimientos de la humanidad, y ha descubierto muchas leyes que regulan la naturaleza y el universo.

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ESTE relato pertenece a un escritor del siglo pasado. Una vez, en casa de un agricultor acomodado, el hijo mayor regresó de la escuela con un cero en el cuaderno. —¡Cero! —exclamó el padre furioso— ¿Y se puede saber por qué has sacado un cero en las clasificaciones de este bimestre?.

—Porque no he sabido explicar al profesor qué es la física —balbuceó el muchacho entristecido.

—¡Ah! ¿sí? Sin embargo, es una cosa bastante sencilla. Mira: esta vara está quieta, apoyada en la pared. Ahora yo la tomo y esto es física, porque una ley física dice que un cuerpo permanece inmóvil hasta que intervenga una fuerza que lo mueva. Si la suelto caerá al piso en caída libre con una velocidad cada vez mayor. Si la rozo en tu espalda  la vara se dobla, y este es un fenómeno físico. Tú sientes un escozor es debido a la fricción, y la fricción pertenece a la física. Aprende, hijo mío, la física no es difícil, porque tiene relación con casi todas las acciones que forman parte de nuestra vida. . .

fenómeno físico

fenomeno quimico

El objetivo de la Ciencia es, por una parte, una comprensión, lo más completa posible, de la conexión entre las experiencias de los sentidos en su totalidad y, por otra, la obtención de dicho objetivo usando un número mínimo de conceptos y relaciones primarios.” Albert Einstein.

La Ciencia intenta comprender el Universo,  esto significa que pretende ordenar conceptualmente el aparente caos de los hechos naturales, para descubrir el orden subyacente en los fenómenos de la realidad. Por eso todas las Ciencias naturales (Física, Química, Biología, Geología, Meteorología) parten de la observación de la naturaleza.

Y permiten extraer los datos necesarios para la enunciación de explicaciones tentativas. Pero esta observación no es imparcial, porque siempre aparece condicionada por el conjunto de ideas adquiridas previamente y que orientan nuestra actitud. La observación por sí sola no es garantía de explicación científica, pues sin un ordenamiento metodológico no permite arribar a conclusiones fehacientes a partir de los fenómenos estudiados.

Observar implica recortar la realidad arbitrariamente, elegir determinados hechos y desechar otros de la multiplicidad de fenómenos que propone la naturaleza.

No todos los observadores de un mismo hecho “verán” y registrarán lo mismo, porque cada uno lo hace con una intención y desde un punto de vista diferente, que modula sus respectivas percepciones. Con Galileo Galilei comenzó a planificarse el estudio de fenómenos, es decir, la experimentación metódica. Todas las Ciencias naturales recurren a ella en mayor o menor medida.

La experimentación consiste en la producción deliberada de un hecho, el cual puede ser repetido siempre que se den las mismas condiciones. Por supuesto, la repetibilidad de un hecho es relativa, ya que en un sentido muy estricto, cada hecho es único e individual. Por eso el científico, al preparar el experimento, debe cuidar de mantener invariables las condiciones de producibilidad del fenómeno en estudio, con el fin de poder investigar las características que él considera relevantes.

Un aspecto fundamental de la experimentación en Ciencias Naturales es su carácter cuantitativo. Los datos que se obtienen provienen del registro de los resultados emergentes de la observación experimental. La Ciencia se expresa a través de los conceptos y relaciones de la Matemática. El lenguaje matemático es claro, no presenta ambigüedades y permite una comunicación eficaz.

La Ciencia se expresa a través de los conceptos y relaciones de la Matemática.
El lenguaje matemático es claro, no presenta ambigüedades y permite una comunicación eficaz.

EL ESTUDIO DE LA NATURALEZA
Volviendo al ejemplo del enérgico e inteligente padre tenía realmente razón: la física “está” por doquier, alrededor nuestro. Un gran número de acciones, hechos y fenómenos que tienen lugar en el mundo, pertenecen a la física. Cuando permanecemos quietos es un fenómeno físico; lo mismo cuando nos movemos, nos paramos, saltamos, estrechamos las manos, miramos alrededor, damos vuelta una manija, llevamos una valija, esci’ibimos, nos sentamos, hablamos, etc., etc. Así podríamos seguir empleando centenares y miles de términos. La “terrible” física ¿no es, en realidad, nuestra propia vida?.

Los antiguos griegos llamaron física (de “phisis”, naturaleza) al estudio o ciencia de la naturaleza. Pero con el progreso del conocimiento humano, esta ciencia se ha extendido en tal forma que ha sido necesario dividirla en varias ramas: zoología, botánica, química, mineralogía, geografía, geología, etc. Él nombre de física ha sido destinado, así, para señalar exclusivamente la ciencia que estudia los fenómenos en los cuales la materia, las sustancias, no son transformadas. Esta definición sirve para distinguir los fenómenos físicos de los químicos.

En el fenómeno físico, como dijimos, las sustancias no son cambiadas, no son transformadas. Son fenómenos físicos, por ejemplo, la caída de an cuerpo, la ebullición de un líquido, el reflejo de un rayo luminoso sobre un espejo, etc.

En el fenómeno químico las sustancias Son transformadas en otras sustancias. Por ejemplo, son fenómenos químicos: la combustión (en la cual el carbón —supongamos— es transformado en anhídrido carbónico) ; la descomposición del agua en hidrógeno y oxígeno, etc.

Conviene aclarar que esta división no es rigurosa, porque hay fenómenos —especialmente en la física nuclear— en los cuales la materia, la sustancia, es igualmente transformada de modo que son a la vez físicos y químicos. La división indicada tiene, pues, sólo un valor indicativo, de orientación, y de ningún modo, de separación total.

FENÓMENOS, LEYES Y PRINCIPIOS:

Aquí, antes de proseguir nuestra incursión en el mundo de la física, es necesario comprender el significado de tres palabras que se encuentran a menudo: fenómeno, ley y principio.

Para la física, el término fenómeno no tiene el mismo significado que en el lenguaje común, es decir, algo extraordinario, inexplicable, fuera de lo habitual. Al contrario: en física, fenómeno es cualquier hecho que sucede en la naturaleza. Son fenómenos: la caída de una piedra, el vuelo de un pájaro, etc. De modo que los hechos más comunes y normales, para la física son fenómenos.

fenomeno plano inclinado

Fenómeno natural, caída de un cuerpo sobre un plano inclinado, estudiado por Galileo

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Caída libre de un cuerpo, otro tipo de fenómeno natural, también estudiado por Galileo

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Principio de Arquímedes, empuje sobre un cuerpo sumergido en un fluído, Arquímedes logró entender este fenòmeno natural

Las leyes, dicho en palabras simples, son las reglas generales según las cuales suceden siempre los fenómenos. Si yo tengo una piedra en una mano y abro esta, la piedra cae siempre hacia abajo, exactamente de acuerdo con la ley de la gravedad. Si yo repitiera la acción mil veces, tendría siempre el mismo resultado, porque la causa que produce el fenómeno es siempre la misma y no puede variar: la atracción terrestre.

Naturalmente, las leyes existen aunque nadie las defina. A veces, determinadas leyes son enunciadas, formuladas con un principio. Cuando se enuncia el famoso principio de Arquímedes: un cuerpo sumergido en un líquido recibe de abajo un empuje hacia arriba igual al peso del líquido desplazado, se enuncia en forma científica una ley, una regla general, a la cual todos los cuerpos sumergidos en un líquido obedecen. Así es, y así sucederá siempre.

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Caída en el vacío de un cuerpo pesado y una plema, ambos caen en el mismo tiempo.

FÍSICA CLÁSICA Y FÍSICA NUCLEAR

Hasta fines del siglo pasado, aproximadamente, la física era aún la tradicional, la clásica, la que se enseñaba en las escuelas desde tres siglos antes, por lo menos. La física que se refería a objetos y fenómenos de cierta magnitud, visibles y observables directamente, sin la ayuda de ningún instrumento. Ejemplo: el movimiento de una bola que desciende por un plano inclinado bajo la acción de la fuerza de la gravedad, es un fenómeno de la física clásica.

Pero ya a fines del siglo pasado apareció en escena una “cosa” de una pequenez increíble, pero que se volvió sumamente importante: el átomo, tan diminuto en sí y dotado de tanta potencia.

Como sabemos, el átomo es invisible, lo mismo que la molécula. Así nació la física que se ocupa de los fenómenos moleculares, atómicos y nucleares, que no siguen las leyes de la física clásica, sino que se comportan obedeciendo otras leyes, generalmente más complicadas. Esta es la física nuclear, que se está convirtiendo en una de las ciencias más importantes para la humanidad.

Por ejemplo: la escisión de un átomo de uranio, fenó¿neno absolutamente invisible a simple vista, es un fenómeno de la física nuclear.

EL MÉTODO EXPERIMENTAL
Los antiguos, y en primer término el gran Aristóteles, pensaban que cuanto más pesado es un cuerpo, más velozmente cae. Una bola que pesa treinta kilos —decían— caerá a una velocidad tres veces mayor que una que pesa diez. Durante siglos nadie osó contradecir esta ley porque la había formulado el consagrado sabio Aristóteles.

Pero Galileo no fue de este parecer. Era un joven profesor en Pisa cuando anunció que, según sus observaciones, Aristóteles estaba muy equivocado. El anuncio produjo gran escándalo. Los hombres de ciencia se preguntaron quién sería ese jovenzuelo presuntuoso que deseaba derribar las bases de la ciencia. Pero Galileo demostró, en forma sencillísima, que los seguidores de las antiguas doctrinas se hallaban en un error. Parecía que la famosa torre inclinada de Pisa hubiera sido puesta allí precisamente para facilitar los experimentos del joven profesor.

Un día, seguido de un séquito de docentes y discípulos, Galileo subió a la torre, rogó a loa curiosos que dejaran libre el espacio necesario, y dejó caer simultáneamente dos bolas: una de una libra de peso y otra de diez. Ambas tocaron el suelo simultáneamente, quedando demostrado de una vez para siempre que los cuerpos de dis tinto peso caen con igual velocidad (si se hiciera la objeción que, al tirar una pluma y una pesa de hierro, la primera cae mucho más lentamente, se lia do advertir que ello es debido a la resistencia del aire, pues en el vacío ambas caerían juntas).

Aquellos hombres volvieron a sus casas avergonzados, y el genial Galileo señaló el nuevo camino que la ciencia, desde entonces, habría de recorrer siempre: el método experimental. Es decir, que la verdadera investigación científica no debe basarse solamente en el razonamiento, sino también en el experimento. Los fenómenos físicos deben ser experimentados concretamente, en forma de poder extraer de ellos conclusiones —o sea, leyes y principios— seguras y probadas reiteradamente.

Ver: Pasos del Método Científico

DIVISIÓN DE LA FÍSICA CLÁSICA
Por razones prácticas, la física clásica se divide en cinco grandes partes:

1) Mecánica (del griego “mekhane”, máquina) que estudia el movimiento de los cuerpos.

2) Termología (del griego “thermos”, calor, y “logos”, estudio) que estudia el calor.

3) Acústica (del griego “akoustieos”, que se refiere a oír, escuchar) que estudia el sonido.

4) Óptica (del griego “ópticos”, derivado de “ops”, vista) que estudia la luz y los fenómenos luminosos.

5) Electrologia (del griego ”elektron”, ámbar, que se electriza por frotamiento) que estudia los fenómenos eléctricos y magnéticos.

A estas cinco partes deben agregarse la geofísica y la astrofísica.

LA FÍSICA APLICADA
Supongamos que un ingeniero —o un grupo de ingenieros— debe proyectar un motor de automóvil. Efectuarán centenares de cálculos, diagramas, proyectos y bosquejos. Queremos ver uno? He aquí: “Cálculo del coeficiente de dilatación“; es decir, en palabras simples, en la proyección del motor habrá que tener en cuenta la dilatación que las distintas partes metálicas sufrirán por la acción del calor. Y la dilatación, naturalmente, es un problema que atañe a la física, y más precisamente, a la termología.

Este es un ejemplo; pero podrían citarse miles y miles: todos los casos en que la física es aplicada a problemas técnicos y científicos: la proyección de un motor, de una máquina cualquiera, de un lente, de un aparato óptico, de un vehículo, de un avión, de un dique, y otras creaciones de la técnica.

En la actualidad, el físico trabaja en la planta fabril, en el astillero, en el laboratorio, etc. Es uno de los tantos hombres que contribuyen al progreso de la ciencia.

LA GEOFÍSICA: Pensemos durante unos instantes en una tormenta. ¿Qué es? Se dirá: es un fenómeno atmosférico en el que hay viento, lluvia, descargas eléctricas, etc. Exacto, Pero si tuviéramos que responder qué tipo de fenómeno es, según la física, nos veríamos en un aprieto. ¿Es un fenómeno de la mecánica?; ¿de la termología?; ¿de la electricidad?.

La respuesta es: la tormenta es un conjunto de fenómenos de todos estos tipos. Y más que nada, corresponde a la Tierra. La ciencia que estudia los diferentes fenómenos terrestres desde el punto de vista de la física se llama geofísica (del griego “geo”, tierra). Esta se divide en distintas ramas: sismología (estudio de los terremotos) ; geodesia (estudio de la forma de la Tierra) ; meteorología (estudio de la atmósfera terrestre y sus fenómenos) ; etc.

LA ASTROFÍSICA: Sabemos, por ejemplo, que la “atmósfera” de Saturno, la de Urano, o la de Plutón, es decir, la de planetas distantes miles de millones de kilómetros, está compuesta de diversos gases, como hidrógeno, metano, amoníaco, etc. ¿Cómo ha sido posible establecer esto, a tal distancia? Haciendo pasar la luz que reflejan estos planetas ñor prismas de vidrio, que la descomponen en los diversos colores que la forman (espaetro).

Se sabe que cada cuerpo luminoso o incandescente produce ua espectro característico. Produciendo el espectro délas radiaciones luminosas que se reciben de los cuerpos celestes más lejanos, es posible establecer de qué elementos están compuestos. Esta tarea pertenece a la astrofísica, la ciencia que estudia los aspectos de la astronomía estelar según las leyes de la física.

De la Física Aplicada a la Ingeniería

Fuente Consultada:
FISICA II Dinámica, Fluídos, Física Cuántica, Astronomía – Aristegui-Baredes-Fernández-Silva-Sobico Editorial Santillana
Enciclopedia Estudiantil Fasc. Nº72 Editorial CODEX

Gobierno de Clístenes y Pisístrato en Atenas Reformas

LAS REFORMAS DE CLÍSTENES EN GRECIA ANTIGUA

Clístenes (c. 570-507 a.C.) fue un político ateniense que introdujo el gobierno democrático en la antigua Atenas. Era miembro del partido aristocrático y llegó al poder en Atenas tras el derrocamiento del tirano Hipias. En el año 580 a.C., introdujo reformas que desembocaron en un sistema político conocido como democracia. Introdujo igualmente el sistema del ostracismo en la ciudad. Para lograr sus objetivos políticos realizó  aproximadamente el 508 a.C.,  una reconstrucción fundamental del sistema político ateniense, lo que le llevó a figurar entre los principales legisladores de la antigüedad, cronológicamente después del ateniense Solón, cuya legislación defendió.

Clístenes

Con las leyes implementadas por Solón se buscó un equilibrio tendiente a satisfacer a todos. Pero esto no se logró. La aristocracia se vio perjudicada por la pérdida de su monopolio político. Los campesinos no tenían solucionado su problema de falta de tierras. Por lo tanto, el descontento estaba en ambas partes. Surgieron los desórdenes y la inestabilidad política, comenzó a destacarse un noble con inclinaciones populares: Pisístrato, sobrino del reformador Solón. Pisístrato logró formar una guardia armada y se apoderó del gobierno; comenzó así un período de tiranía.

En Grecia, se llamaba “tiranos” a quienes llegaban al poder no por vía legal sino por intermedio de la astucia o la violencia. Es decir, gobernaban sin tener derecho a ello. Durante el siglo VI a.C. este sistema se extendió por Grecia. Además de Atenas, Corinto, Somos y las ciudades jonias estuvieron gobernadas por tiranos. Pisístrato se declaró defensor de ¡as reivindicaciones del pueblo.

Pisístrato, en general, respetó las reformas políticas de su tío Solón, pero tomó una medida de caracter social que le reportaría gran popularidad: confiscó las tierras a sus enemigos nobles derrotados y las repartió entre sus seguidores campesinos. Convirtió de esta forma el Ática en una región de pequeños labradores, quienes entonces vieron cómo se cumplían sus reclamos tan esperados.

reformas de solon

Las leyes escritas por Solón provocan resistencia en Atenas, pues no pudieron complacer a las diversas clases sociales.
El grabado muestra a Solón defendiendo sus leyes ante un grupo de atenienses.

La Economía Con Pisístrato:

• Dio trabajo a sus seguidores urbanos, con la construcción de grandes obras públicas, como templos y bibliotecas.
•  Impulsó el tráfico marítimo, manteniendo buenas relaciones con las otras ciudades griegas y creando una poderosa flota.

Con sus reformas sociales y económicas, Pisístrato convirtió a Atenas en una de las polis más florecientes de Grecia.

A su muerte, en el 527 a.C, el poder pasó a sus hijos Hipias e Hiparco. En el 514 a.C. surgió una conspiración contra ambos y fue asesinado Hiparco. Su hermano entonces endureció su posición. Pero la tiranía en Atenas tenía como sistema de gobierno sus días contados. El golpe final se da en el 510 a.C, cuando una conspiración de nobles apoyada por guerreros espartanos derrocó a Hipias.

Clístenes y sus reformas
Clistenes, se puso al frente del pueblo y fue el fundador del verdadero régimen popular (507 a. C). Miles de libertos y de colonos extranjeros adquirieron el derecho de ciudadanía, pues Clístenes hizo conocer su máxima: “todo hombre libre, domiciliado en una localidad del Ática, será considerado como ciudadano ateniense”.

Hasta esa época, por obra de Solón, el pueblo estaba dividido en cuatro clases. Clístenes fraccionó el territorio en cien demos (pueblos o aldeas) que a su vez, formaban diez tribus cuyos integrantes eran iguales ante la ley.

Para evitar divisiones sociales cada tribu comprendía igual número de habitantes urbanos, del litoral y de la campaña. Tenían derecho a enviar 50 miembros al Senado y 500 a la Asamblea popular.

Durante su mandato, todos los ciudadanos podían llegar a desempeñar funciones públicas.

Para impedir el surgimiento de nuevos tiranos, Clístenes introdujo la institución del ostracismo (de ostrakón: valva de ostra para votar, en la que se escribía el nombre) que consistía en el destierro, por diez años, de todo ciudadano que se tornara indeseable para la tranquilidad pública. Sólo la Asamblea estaba facultada para dictaminarlo y el acusado podía regresar al cabo de ese lapso. No era una pena, sino una medida política; por esa causa no eran confiscados sus bienes ni perdía sus derechos de ciudadano

Al conceder a la mayoría del pueblo la participación en el gobierno, Clístenes introdujo la democracia.

El gobierno ateniense:
A partir del año 503 (a. C), época en que comenzaron a aplicarse las reformas de Clístenes, el gobierno ateniense fue una democracia. El pueblo se transformó en soberano de sus propios destinos y todos los ciudadanos tenían idénticos derechos.  Las magistraturas eran electivas; los funcionarios, elegidos por sorteo, duraban generalmente un año al frente de su cargo y, transcurrido ese lapso, la Asamblea juzgaba su actuación.

Anuló la división de la sociedad en cuatro clases de acuerdo con la riqueza, ideada por Solón: estableció una nueva distribución social basada en el domicilio de las personas. Dividió a la polis ateniense en comunas o circunscripciones llamadas demos. Se pertenecía a un demos por habitar en una determinada zona, no por ser de una familia de la aristocracia o tener fortuna. Todos los ciudadanos, nobles o no, ricos y pobres, debían estar inscriptos en el demos. Los demos, a su vez, se agrupaban y formaban una tribu o distrito. En las tribus se incluía tanto a campesinos como a comerciantes y terratenientes.

El gobierno ateniense comprendía las siguientes instituciones: el Arcontado, el Consejo o Senado (Bulé), la Asamblea del pueblo, los estrategos y, además, dos tribunales: del Areópago y de los Heliastas.

a)   El Arcontado. Con el desarrollo de la democracia, los nueve arcontes, que desde los tiempos primitivos dirigían todos los asuntos de Estado, fueron perdiendo autoridad. Finalmente, conservaron atribuciones de carácter judicial y religioso.

b)  El Consejo o Senado (Bulé). Luego de las reformas de Clístenes, lo integraban 500 miembros (buleutas), sorteados anualmente, entre ciudadanos mayores de treinta años. Para deliberar —debido a su número— se dividían en diez secciones con 50 miembros cada una, que trabajaban una décima parte del año.Este consejo tenía muy amplias atribuciones, especialmente legislativas. Estudiaba todas las cuestiones de Estado, preparaba y discutía los proyectos de ley y se ocupaba de las relaciones con el extranjero.

c)   La Asamblea del pueblo (Ecclesia). La componían todos los ciudadanos mayores de veinte años y era convocada, generalmente, cada ocho días; se reunía al aire libre, en la plaza (Agora) o bien en las proximidades de la Acrópolis. La Asamblea estaba facultada para declarar la guerra, elegir anualmente los funcionarios y examinar su actuación; además, condenar al ostracismo y otorgar la ciudadanía.

d)  Los estrategos. A partir del siglo V (a. C), diez estrategos reemplazaron al arconte polemarca en el mando del ejército y de las fuerzas navales.Podían ser reelectos y en caso de guerra uno solo dirigía las operaciones. Con el transcurso del tiempo, aumentaron su prestigio y algunos -como Pericles– ocuparon las más altas dignidades.

e)   El Areópago. A pesar de que conservó su autoridad moral, prácticamente perdió muchas atribuciones. Juzgaba los crímenes y a los culpables de incendios; además, vigilaba la educación y las costumbres.

f)  El tribunal de los Heliastas. Lo integraban 6.000 jueces (600 por tribu) sorteados entre los ciudadanos mayores de treinta años. Como era un cuerpo demasiado numeroso, para sus deliberaciones se dividía en diez secciones de 500 miembros cada una y elegían 1.000 suplentes. Esta cantidad excesiva de jueces fue perjudicial para el  recto cumplimiento de la justicia. Las atribuciones de este tribunal eran muy amplias, pues entendía en todas las causas judiciales, exceptuando los asesinatos, que correspondían al Areópago.

Fuente Consultada:
HISTORIA 1  Edit. Troquel José Cosmelli Ibañez

Historia del Imperio Romano Trabajo Minero y Agricola Mineria Tecnicas

HISTORIA DE ROMA ANTIGUA: TRABAJO MINERO

la vida cotidiana en roma antigua

Los romanos asimilaron rápidamente los avances técnicos realizados por griegos y egipcios en la minería. Las minas eran explotadas a cielo abierto y en pozos o galerías como se puede comprobar en España, con los distritos mineros de Las Omañas, Las Médulas, Cástulo o La Valduerna.

mineria roma antigua

Una de las técnicas más empleadas era el derrumbe de montañas, procediendo después al lavado de mineral con agua, en ocasiones procedente de 40 kilómetros. De los diferentes distritos mineros salía el metal puro fundido, por lo que se realizaban in-situ todas las operaciones, lo que conllevaba la participación de un amplio número de trabajadores.

No en balde, sabemos que en las minas de Cartagena llegaron a trabajar unas 40.000 personas. Como es lógico pensar, el trabajo en la mina era tremendamente duro. La mayoría de los mineros eran esclavos o trabajadores dependientes e incluso libres que trabajaban por el beneficio obtenido o como una forma de liberación de impuestos. Las tropas acantonadas en las cercanías de las minas, además de proporcionar seguridad a la explotación, servían para realizar tareas de asesoramiento técnico y construcción de infraestructuras. Este tipo de tareas eran dirigidas por los procuradores imperiales que también tenían a su cargo la administración y la vigilancia de la explotación.

La gestión de las minas dependió del momento. En un principio, el Estado tenía bajo su control la explotación pero desde los primeros años del siglo II a.C. se utilizó un sistema mixto: arrendamiento para todos los metales excepto las minas de oro que dependían directamente del Estado (las de plata en algunas ocasiones también eran de propiedad estatal). Los servicios que rodean a las minas -baños, zapatería, ferretería, etc.- eran ofrecidos por el Estado en régimen de alquiler.

Euripides Obras Tragedias Literatura en Grecia Clásica Resumen

EL TEATRO GRIEGO


Eurípides

Eurípides, el joven rival del gran Sófocles, había nacido en Salamina el mismo día, dícese, en que se desarrolló la famosa batalla. Sus padres, que se habían refugiado allí procedentes de Fila, eran gente de la buena clase media, si bien Aristófanes haya insinuado después que ella, la mamá, vendía flores por la calle.

El chico creció con la pasión de la filosofía, estudió con Pródico y Anaxágoras y se vinculó con tan estrecha amistad con Sófocles, que más tarde le acusaron de haberse hecho escribir por éste sus dramas, lo que es ciertamente falso.

No se sabe cómo se convirtió en escritor de teatro. Pero aparece claro, por las dieciocho obras que de él nos han llegado, sobre setenta y cinco que se le atribuyen, que Eurípides se burlaba del teatro en sí y que lo consideró tan sólo como un medio para exponer sus tesis filosóficas. Aristóteles tiene razón cuando dice que, desde el punto de vista de la técnica dramática, representa un paso atrás respecto a Esquilo y a Sófocles. En vez de desarrollar una acakSn, mandaba un mensajero a resumirla en el escenario  en forma de prólogo, confiaba al coro largos parlamentos pedagógicos y, cuando el enredo se embarullaba, hacía bajar del techo un dios que lo resolvía con un milagro.

Recursos de dramaturgo no cuajado, que le habrían conducido a rotundos fracasos, si Eurípides no los hubiese compensado con un agudísimo sentido psicológico que prestaba veracidad y autenticidad a los personajes, acaso incluso contra sus intenciones. Su Electra, su Medea, su Ifigenia, son los caracteres más vivos de la tragedia griega. A lo cual debe sumarse la fuerza polémica de sus argumentaciones sobre los grandes problemas que se planteaban a la conciencia de sus contemporáneos.

Había en Eurípides un Shaw de gigantescas proporciones, que se batía por un nuevo orden social y moral, siendo cada uno de sus dramas un redoble de tambor contra la tradición. Conducía esa cruzada con habilidad, consciente de los peligros que entrañaba, pues la Grecia de entonces no era la Inglaterra de hoy. Así, por ejemplo, para desmantelar ciertas tendencias religiosas, finge exaltarlas, pero lo hace de manera tal que muestra su absurdidad. De vez en cuando interrumpe en la boca de un personaje un razonamiento peligroso para permitir que el coro eleve un himno a Dionisio, destinado a tranquilizar la censura y a calmar las eventuales protestas de los auditores santurrones.

Pero de vez en cuando se le escapan frases como: «Oh Dios, admitiendo que exista, pues de Él solo sé de oídas…», que desataban tempestades en la platea. Y cuando enHipólito pone en boca de su héroe: «Sí, mi lengua ha jurado, pero mi ánimo ha permanecido libre», los atenienses, que estaban acostumbradísimos al perjurio, pero que no admitían oírselo decir, querían lincharle; y el autor tuvo que presentarse en persona para calmarlos diciendo que tuviesen la paciencia de aguantar: Hipólito sería castigado por aquellas sacrílegas palabras.

En el Louvre hay un busto de Eurípides que le muestra barbudo, grave y melancólico y que corresponde a la descripción que han dejado sus amigos. Éstos le pintan como un hombre taciturno y más bien misántropo, gran devorador de libros, de los que era uno de los raros coleccionistas.

Su polémica modernista le había acarreado hostilidad de los bien pensantes. Los conservadores y odiaban y Aristófanes le tomó directamente como blanco en tres de sus comedias satíricas. Índice de la gran civilización de Atenas es, sin embargo, el hecho de que cuando Eurípides y Aristófanes se encontraban en el ágora o en e café, se comportaban como los mejores amigos del mundo. Solamente cinco veces los jurados se atrevieron otorgarle el primer premio. En cuando a los espectadores se indignaban o fingían indignarse. Pero en sus «estrenos no se encontraba un asiento ni pagándolo con oro.

En 410 le procesaron por impiedad e inmoralidad entre los testigos de la acusación figuraba también su mujer, que no le perdonaba, dijo, el pacifismo en el momento que Atenas estaba empeñada en una lucha a vida o muerte contra Esparta. Entre los documentos de la acusación fu exhibido el discurso de su Hipólito. El imputado fue absuelto. Mas la acogida que inmediatamente después el público hizo a su drama, Las mujeres troyanas, le hizo comprender que en adelante sería un extranjero en su patria Por invitación de Arquelao se trasladó a Pella, capital de Macedonia. Y allí murió despedazado, contaron los griegos, por los perros, vengadores de los dioses ofendidos.

Sócrates había dicho que para un drama de Eurípides no le molestaba ir a pie hasta El Pireo, lo cual, para un perezoso de su calaña, significaba un gran sacrificio. Y Plutarco cuenta que cuando los siracusanos hicieron prisionero a todo el cuerpo expedicionario ateniense, devolvieron vida y libertad a los soldados que sabían recitar alguna escena de Eurípides.

Según Goethe, ni siquiera Shakespeare le iguala. Ciertamente, él fue el primer dramaturgo «de ideas» que ha tenido el mundo y quien llevó a la escena, en términos de tragedia, el gran conflicto de aquél y de todos los tiempos: el conflicto entre el dogma y el libre examen.

Esquilo Sófocles Eurípides

Fuente Consultada: Historia de los Griegos de Indro Montanelli

Sofocles Edipo Rey Tragedia Griega Obras de Sofocles Poesia griega

EL TEATRO GRIEGO

SÓFOCLES: Escritor (495-405 a. C.)
Poeta dramático griego, el más fecundo entre ellos, ya que escribió cerca de ciento treinta obras de las cuales sólo siete han llegado hasta nosotros. Cuando tenía 15 años, fue elegido director del coro de niños que habría de entonar los cánticos de celebración de la victoria de Salamina. Doce años después se dio a conocer como autor dramático; desde entonces ganó numerosos premios y ocupó el primer lugar entre los trágicos griegos luego de la muerte de Esquilo. Sus obras tienen quizá menos grandiosidad que las de aquél, pero sus personajes son más conmovedores y humanos. Obras; Antígona, Electra, Las Traquinias, Edipo rey, Edipo en Colona, Ayax, Filoctetes, En el año 1911 se descubrió otra obra de Sófocles: Los rastreadores, a la que le falta el final.


Sófocles

El padre de quien le sucedió en el favor de los atenienses es poco conocido, mas ciertamente dos cosas, en su vida, le llamaron a engaño: la profesión y el nombre de hijo. Era armero en Colono, un suburbio de Atenas, de modo que las guerras con los persas, que empobrecían casi todos los ciudadanos, le enriquecían a él y le permitieron dejar una hermosa renta a su vástago, que se llamaba Sófocles, es decir, «sabio y honrado».

A este hermoso nombre y a aquel hermoso patrimonio Sófocles añadía también el resto: era guapo, sano como una manzana, atleta perfecto y excelente músico. Aun antes que como dramaturgo, consiguió popularidad como campeón de pelota y de tocador de arpa; y tras la victoria de Salamina fue designado para dirigir un ballet de jóvenes desnudos, elegidos entre los más hermosos de Atenas, para festejar el triunfo.

Por otra parte, además de en el teatro, hizo también una espléndida carrera en política: Pendes le nombró ministro del Tesoro, y en 440 le confirió galones de general al mando de una brigada en la campaña contra Samos. Hemos de creer, sin embargo, que, como estratega, no debió de dar grandes resultados, pues el propio autokrator dijo más tarde que le prefería como dramaturgo.

Sófocles amó la vida, a la griega, o sea sin dar cuartel a todos los placeres que aquélla ofrecía. Venido al mundo en la edad feliz de Atenas, se aprovechó ampliamente, como se lo permitían sus medios de fortuna, una buena salud y un robusto apetito. Amaba el dinero, administró sabiamente el que le dejara su padre y ganó otro tanto por sí mismo.

Era devoto de los dioses y a ellos dirigía plegarias y hacía sacrificios con escrupulosa puntualidad. Mas en compensación exigió de ellos el derecho de engañar a su mujer y a frecuentar los más ambiguos niños bonitos de Atenas. Sólo de viejo se «normalizó», volviendo a cortejar a las mujeres y se enamoró de una cortesana, Teorida, que le dio un hijo bastardo.

El legítimo, Jofonte, temiendo que su padre le desheredase en provecho de su hermanastro, le citó ante el tribunal para hacerle desautorizar por chochez. El anciano se limitó a leer a los jueces una escena de la tragedia que estaba componiendo en aquel momento: Edipo en Colonna. Y los jueces no solamente le absolvieron, sino que le escoltaron hasta su casa en señal de admiración.

Tenía casi noventa años cuando murió, en 406. La belle époque de Atenas había terminado y los espartanos asediaban la ciudad. Entre el pueblo cundió la voz de que Dionisio, dios del teatro, se había aparecido en sueños a Lisandro, rey de los sitiadores, y le había ordenado que concediera un salvoconducto para franquear las líneas a los amigos de Sófocles, cuyo cadáver querían llevar a Deceleia para darle sepultura en la tumba familiar. Fantasías, se comprende; pero que sirven para demostrar la enorme popularidad de que había gozado aquel extraordinario personaje.

Había escrito ciento trece tragedias, las cuales no se limitó a poner en escena: intervino también en ellas corno actor, y siguió haciéndolo hasta que la voz se le enronqueció. Con él los personajes se habían convertido en tres y el coro perdió cada vez más su importancia. Era un natural desarrollo técnico, pero a él contribuyó también la pie pensión de Sófocles por la psicología. A diferencia de Esquilo, que era en todo partidario de la «tesis», él estaba por los «caracteres»: el Hombre le interesaba más que la Idea, y en esto estriba sobre todo su modernidad.

Las siete obras que de él nos quedan demuestran que aquel hombre, afortunado entre todos los hombres, ingenioso, jacarandoso y gozador de la vida, era después, en poesía, un sombrío pesimista. Consideraba, como Solón, que la mayor ventura para el hombre era no nacer o morir en la cuna. Pero expresaba estos pensamientos con un estilo tan vigoroso, sereno y contenido, que nos hace dudar de su sinceridad. Era un «clásico» en el sentido más completo de la palabra. Sus intrigas son perfectas como técnica teatral. Y los personajes que las animan, en vez de sermonear como en Esquilo, tienden a demostrar. «Yo los pinto como debieron ser —decía—. Eurípides es quien los pinta como son.»

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Esquilo Sófocles Eurípides

Fuente Consultada: Historia de los Griegos de Indro Montanelli

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EL TEATRO GRIEGO

La Tragedia Griega Esquilo

«Aquí yace Esquilo, de cuyas proezas son testigos los bosques de Maratón y
los persas de largos cabellos, que las conocieron bien.»


Éste es el epitafio que el propio Esquilo dictó para su tumba poco antes de morir. Evidentemente, él no atribuía mucha importancia a sus méritos de dramaturgo y prefirió subrayar los que había alcanzado en el campo de batalla como soldado, como si solamente estos últimos pudiesen cualificarlo a la gratitud y a la admiración de la posteridad.

En efecto, Esquilo aun antes que un incomparable artista fue un ciudadano ejemplar. Y el primer premio lo ganó no en la escena sino en la guerra, donde con sus dos hermanos realizó tales actos de heroísmo, que el gobierno encargó a un pintor que lo celebrase en un cuadro.

En el teatro había debutado nueve años antes, en 499 antes de Jesucristo, cuando él tenía veintiséis; y en seguida se impuso a la atención del público y crítica. Pero cuando la guerra contra Darío llamó a las puertas de Atenas, trocó la pluma por la espada y no regresó más que tras haber sido alcanzada la victoria y ultimada la desmovilización. Nadie mejor que él, que había participado en aquello, podía sentir la orgullosa exultación de la posguerra y hacerse el intérprete de ella.

Para festejar el triunfo sobre los persas, el Estado financió espectáculos dionisíacos nunca vistos, y todo permite creer que Esquilo debió de tomar parte también en su organización. En 484 ganó el primer premio. Cuatro años después, los persas volvieron con Jerjes a intentar el desquite. Esquilo de cuarenta y cinco años y poeta laureado, podía haberse sustraído a la llamada.

En cambio, volvió a tirar lejos la pluma para empuñar la espada y combatió con el entusiasmo de un hombre de veinte años en Artemisium, en Salamina y en Platea. En 479 reanudó su actividad de dramaturgo y, regularmente, año tras año, ganó el primer premio hasta 468, cuando hubo de cedérselo a un jovenzuelo de veintiséis años, un tal Sófocles. Se rehízo al año siguiente. Mas volvió a ser batido en los sucesivos, hasta 458, cuando obtuvo e1 triunfo con la Orestíada.

Sin embargo, en adelante le sucedió ser desposeído por Sófocles, y acaso por esto emigró a Siracusa donde ya había estado y donde Gerón le tributó grandes honores. Allí murió a los setenta y dos años por culpa, decía la gente, de un águila que, vagando por el cielo con una tortuga entre las garras, la dejó caer sobre la calva cabeza del poeta tomándola por una piedra. Atenas quiso oír las tragedias que había compuesto en Sicilia y volvió a darle, una vez muerto, el primer premio.

A Esquilo se le debe antes que nada una gran reforma técnica: la introducción de un segundo actor, en añadidura al que ya había desarrollado Tespis. Fue gracias a esto que el canto dionisíaco se transmutó definitivamente de oratoria en drama. Pero más importante aún fue el tema que eligió y que después quedó como de pragmática de todo el teatro sucesivo: la lucha del hombre contra el des tino, o sea del individuo contra la sociedad, del libre pensamiento contra la tradición.

En sus setenta (o noventa) tragedias, Esquilo asigna regularmente la victoria al destino, a la sociedad y a la tradición. Y no se trataba de tartifismo, pues su vida constituía un ejemplo de espontánea sumisión a estos valores. Pero en las siete obras que de nos han llegado, y sobre todo en el Prometeo, asoma 1 simpatía del autor para el condenado rebelde.

Esta simpatía debía de ser compartida por el público que, al parecer, acogió mal la Orestíada por considerar demasiado beatas sus conclusiones y silbó a los jurados que la premiaron. Pero Esquilo procedía de buena fe al pone en boca de sus protagonistas esos latiguillos moralizado res que a menudo hacen pesados sus diálogos y atascan la acción: tenía pasta de predicador cuáquero, de «cuaresma lista».

Y más de dos mil años después, el filósofo alemán Schlegel, que en muchas cosas se parecía a él, dijo que Prometeo no era «una» tragedia, sino «la» tragedia.

Esquilo Sófocles Eurípides

Fuente Consultada: Historia de los Griegos de Indro Montanelli

La Familia en Roma Antigua El Matrimonio y los hijos en Roma

HISTORIA DE ROMA ANTIGUA: LA FAMILIA – EL MATRIMONIO

la vida cotidiana en roma antigua

EL HOMBRE Y LA MUJER LIBRE: El romano en su casa era dueño absoluto de su familia y de sus esclavos. La autoridad paternal era muy grande, y durante mucho tiempo tuvo el padre derecho de vida y muerte sobre los suyos.

En la ciudad era ante todo un ciudadano. No se dedicaba, como el griego, al comercio, sino a los negocios públicos. Si era acaudalado, recibía por la mañana a sus clientes, escuchaba sus peticiones y les distribuía consejos o socorros. Después iba al Foro, donde tomaba asiento en el senado o en el tribunal. Si era pobre, se inscribía como cliente de un rico, lo escoltaba en público y lo sostenía con su voto en las elecciones.

Las distracciones eran raras. Por la tarde jugaba a la pelota o iba a los baños que eran, como el café moderno, la cita de los ociosos. Sólo algunas procesiones religiosas y algunos juegos del circo alteraban a veces la monotonía del año. Esa vida convenía a un pueblo de propietarios rurales; pero las costumbres fueron modificándose muy de prisa en Roma como se verá más adelante, hasta que en la época del Imperio se convirtió en verdadera ciudad de placeres.

El papel de la mujer era más importante en Roma que en Grecia. Gobernaba también la casa, pero tenía más autoridad que la mujer griega, porque estaba más asociada a la vida de su marido. Se la felicitaba porque cuidaba del gobierno de la casa e hilaba la lana, pero en realidad hacía más que eso. Compartía los honores que se tributaban a su esposo, aparecía con él en público, en las ceremonias y los juegos, y estaba rodeada de consideraciones; era en fin la señora, la matrona. En la casa, no estaba confinada en sus habitaciones, sino que tomaba parte en las comidas y recepciones. Su influencia, aunque no reconocida por la ley, de hecho era muy grande. Catán tuvo la prueba cuando quiso acabar, por medio de una ley, con el lujo de las mujeres. Los ciudadanos no se atrevieron a votar el proyecto a vista que sus esposas estaban en la Asamblea.

LA FAMILIA EN LA REPUBLICA : El fundamento del estado romano era la familia, y el de la familia, el matrimonio. Cuando los patricios eran los únicos ciudadanos, sólo existía un matrimonio el matrimonio religioso, la confarreación, que consistía en ofrecer un sacrificio esparciendo farro sobre la víctima y en comer después los esposos una torta de farro Esta ceremonia la presidía el flamen de Júpiter. En seguida, la esposa vestida de blanco y cubierta la cara con un velo rojo, era conducida a son de flautas y cánticos a casa del esposo, que la hacia transponer el umbral levantándola en vilo, para simular un rapto. De esa manera la separaba de los dioses de su propia familia y la unía a los de su nueva casa.

Cuando los plebeyos conquistaron la igualdad, se instituyó para ellos un matrimonio civil, la coemptio, que fué substituyéndose poco a poco por el matrimonio religioso. Consistía en una venta simulada hecha delante de un magistrado: el esposo tocaba una balanza con una moneda de cobre que seguidamente ofrecía a los padres de la prometida, como precio de su mujer.

Las mujeres tenían una dote que el marido habla de devolver en caso de divorcio; y los divorcios, raros en su origen, fueron aumentando a medida que las antiguas costumbres iban alterándose. Primitivamente, el marido podía, en virtud de su derecho de jefe de familia, repudiar a su mujer. La mujer, a su vez, pudo más tarde pedir la separación. El filósofo Séneca, en tiempo del Imperio, decía indignado: e Las damas nobles se divorcian para volver a casarse, y contraen nuevo matrimonio para divorciarse otra vez.

EL HIJO: El hijo recibía el apellido del padre, es decir era reconocido por éste una semana después de su nacimiento, el día llamado de la purificación. Era generalmente criado y educado por la madre, hasta el momento en que iba a la escuela. Se le suspendía al cuello una bolsita o bula, que contenía amuletos contra el aojo, y que conservaba hasta el día en que abandonaba la toga pretexta para ponerse la viril. Esta ceremonia de la mayor edad se verificaba ante el altar de los lares, cuando tenía diez y siete años; pero aun declarado mayor de edad, continuaba bajo la potestad de su padre.

En la escuela, aprendía a leer, a escribir y a contar bajo la dirección de profesores severos que lo castigaban con azotes por la menor falta. Los niños ricos tenían preceptores en casa de sus padres. La música y la gimnasia eran artes de entretenimiento y lujo. Después de la enseñanza primaria, los jóvenes romanos recibían la literaria que comprendía el estudio de la Ley de las Doce Tablas , el de los poetas griegos y el de los escritores latinos, porque se trataba de formar administradores y oradores. Así el que un joven romano explicara poco más o menos los mismos textos latinos y griegos que un joven de la época actual, que hace sus estudios clásicos.

familia romana

LA FAMILIA ROMANA EN EL BAJO IMPERIO: Alrededor del siglo II d. de C., ocurrieron cambios significativos en el seno de la familia romana. Los fundamentos de la autoridad del paterfamilias sobre su familia —que ya habían comenzado a debilitarse en los últimos días de la República— se socavaron todavía más. El paterfamiliasya no tenía autoridad absoluta sobre sus hijos; ya no podía venderlos como esclavos o matarlos. Es más, la autoridad absoluta del esposo sobre su cónyuge se había desvanecido, práctica que también comenzó en las postrimerías de la República. En el Antiguo Imperio, la idea de un cónyuge guardián se debilitó de manera importante, y para finales del siglo u d. de C. se había vuelto una mera formalidad.

Las mujeres romanas de las clases altas disfrutaban de considerable libertad e independencia. Habían adquirido el derecho a poseer, heredar y disponer de propiedades. Las mujeres de las clases altas eran libres para asistir a las carreras, al teatro y a espectáculos del anfiteatro, aunque en los dos últimos lugares se les obligaba a sentarse en secciones para mujeres.

Es más, las damas de alcurnia se hacían acompañar de doncellas y de matronas cuando salían. Algunas mujeres manejaban negocios, como compañías de embarques. Las mujeres todavía no podían participar en la política, pero el Antiguo Imperio fue testigo de un número importante de mujeres que influyeron en la política a través de sus esposos, por ejemplo: Livia, la esposa de Augusto; Agripina, la madre de Nerón, y Plotina, la esposa de Trajano.

A finales del primer siglo y comienzos del segundo hubo una disminución apreciable en el número de niños, tendencia que se había iniciado al final de la República. Fue particularmente evidente el incremento de matrimonios sin hijos. A pesar de las leyes imperiales dirigidas al incremento de niños, la baja tasa de nacimiento persistía.

La clase alta romana no sólo continuó utilizando el infanticidio; utilizaba también los anticonceptivos y el aborto para limitar la familia. Existían muchas técnicas anticonceptivas. Aunque muy solicitados, los amuletos, las fórmulas mágicas y las pociones para inducir la esterilidad temporal demostraron ser ineficaces, al igual que el método del ritmo, ya que los médicos romanos creían que una mujer era más fértil justo cuando la menstruación estaba concluyendo.

Una práctica más confiable consistía en el uso de aceites, ungüentos y lana suave para obstruir la abertura del útero. También se utilizaban técnicas anticonceptivas para varones. Una primitiva versión de condón sefabricaba con la vejiga de una cabra , pero su precio loo hacia prohibitivo. Aunque las fuentes medicas no lo mencionan , los romanos también practicaban el ubicuo coitus interrumptus. También se practicaba el aborto ya sea por la ingestión de drogas o mediante instrumentos quirúrgicos. Ovidio fustiga a Corina: “Oh, mujer porque apuñaláis y agujereáis con instrumentos  y ofreces venenos espantosos a vuestros hijos aun no nacidos”

La fama atribuye a los romanos cometer grandes excesos en la comida y la bebida. Pero sólo el patriciado gozaba de tanta abundancia. El romano medio tenía dificultades para conseguir comida barata y fresca. En el mercado, la oferta era de mala calidad. Por eso se apelaba a distintos recursos para olvidar que se ingería comida en descomposición: las hierbas aromáticas ayudaban a disimular el olor desagradable y el “garum“, salsa de pescado muy fuerte, compensaba el mal gusto.

Por lo general, el desayuno consistía en pan y agua, y el almuerzo, en carne y fruta con vino. La comida principal era la cena, que, para los patricios, constituía un pequeño acontecimiento social. El panorama era radicalmente distinto entre los necesitados. Los pobres carecían de cocina en sus viviendas, lo que los obligaba a adquirir en el mercado productos idóneos para ser consumidos en el momento. El descontento por la escasez de comida era tan grande, que los emperadores instituyeron días de reparto de alimentos gratuitos.

 

Los Dioses Romanos Creencias Religiosas en Roma Antigua Cultos Romanos

HISTORIA DE ROMA ANTIGUA: DIOSES, CULTOS Y CREENCIAS

la vida cotidiana en roma antigua

La religión oficial se centraba en rendir culto a un panteón de dioses y diosas, entre otros a Juno, la diosa patrona de las mujeres; Minerva, la diosa de los artesanos; Marte, el dios de la guerra; y Júpiter Optimus Maximus (el mejor y el más grande), que se convirtió en la divinidad patrona de Roma y asumió un lugar central en la vida religiosa de la ciudad.

Conforme Roma se desarrollaba y entraba en contacto con otros pueblos y dioses, la comunidad, simplemente, adoptó nuevos dioses. Así, el Mermes griego se convirtió en el romano Mercurio, y la griega Démeter se transformó en Ceres.

En las postrimerías del siglo III a. de C., ocurrió más bien una completa fusión de las religiones griega y romana. En general, los romanos fueron tolerantes con los nuevos cultos religiosos y sólo en forma ocasional los prohibieron.

Las Creencias Religiosas y Los Dioses Romanos:

Cada aspecto de la sociedad romana estaba permeado por la religión. La religión romana se centró en la adoración de los dioses debido a una razón muy práctica: los seres humanos creían que dependían por completo de los dioses. El desempeño exacto del ritual resultó crucial para establecer una relación correcta con los dioses. Lo que era cierto para los individuos, lo era también para el estado.

Cuando, con todas las creencias ancestrales, llegaron aportes etruscos e influencias griegas en un lento proceso de fusión y asimilación, se constituyó por fin el Panteón romano, tan poblado, que un escritor del siglo I a. de J. C. habla de 30.000 divinidades, y solía decir, que había mas dioses que mortales.

El espíritu práctico y formalista de los romanos organizó el culto público en un sistema preciso de ceremonias y preceptos. El pensamiento central que orienta y da sentido a las prácticas piadosas públicas y privadas de los romanos es que entre la divinidad y el hombre media una suerte de contrato: el hombre rinde a los dioses un servicio con las prácticas de su culto y éstos retribuyen debidamente con su amparo, favor y concesiones especiales la ofrenda que los obliga.

La enorme expansión de  Roma incidió profundamente en la vida religiosa romana, ya que fueron asimilando los dioses de los pueblos vencidos. Por ejemplo, la extensión de sus dominios al norte de África, Asia Menor y la Mesopotamia franqueó las puertas a la incorporación de varios cultos de origen oriental. Por ejemplo, Roma asumió el culto de Cibeles, originario de Frigia (actual Turquía), que a su vez procedía de un culto de Anatolia, ya existente en el Neolítico.

Cibeles se asociaba con la tierra fértil y vivía en cavernas, montañas, murallas y fortalezas. Deidad de vida, muerte y resurrección, era representada sobre un carro que simbolizaba la superioridad de la madre Naturaleza, a la que incluso se subordinaban los poderosos leones que tiraban del carro. Del antiguo Egipto procedían los cultos de Isis y Osiris.

En el panteón de los habitantes del Nilo, Isis había sido la Gran Maga, la gran Diosa Madre, reina de los dioses subterráneos, fuerza fecundadora de la naturaleza, regente de la maternidad y del nacimiento y Señora de las Pirámides en Gizeh. Parte de este culto se transfirió a la diosa griega Deméter y, posteriormente, al culto de la deidad romana Ceres.

Osiris había sido el dios egipcio de la resurrección, de la regeneración y la fertilidad del Nilo, y presidía el tribunal del juicio de los difuntos en su tránsito hacia el mundo de los muertos. Entre los romanos, Osiris fue el primero que hizo trepar la vid por una estaca y pisó los racimos, con lo cual enseñó a la humanidad a cultivar la vid, vendimiar la uva y guardar el vino.

Durante la Roma monárquica, los reyes habían asumido el carácter de jefes religiosos máximos; pero mas adelante, tras  el derrocamiento de último rey Tarquino el Soberbio y la instauración de la República, el Senado procuró evitar la centralización de todas las funciones -también las religiosas- en manos de una sola persona. En consecuencia, pasó a crear cargos dedicados a distintas ocupaciones. Es así como los pontífices se encargaron del culto público, bajo la dirección general de un “Pontifex Maximus”.

La etimología del término “pontifex” es “constructor de puentes”, lo que demuestra la importancia que poseía en Roma la ingeniería civil, hasta el punto de adquirir ribetes de religiosidad. El “Pontifex Maximus” establecía el calendario -decisivo para la administración de la agricultura-, los días de fiesta, las jornadas propicias, las celebraciones religiosas, los días de culto y los destinados a la justicia. Con el tiempo los pontífices se convirtieron en los guardianes supremos del culto y sus diversas derivaciones.

En esta etapa republicana de Roma se puso de manifiesto que el frío formalismo de la religión tradicional (heredada de los primeros pueblos originarios) no satisfacía el sentimiento y la esperanza de las gentes. Faltaban en ella respuestas a los problemas últimos que los hombres se plantean acerca de la vida y de la muerte. Para suplirlas, ya desde los tiempos finales de la República comenzaron a llegar a Roma religiones misteriosas. De Anatolia, de Irán, de Siria o de Egipto provienen místicos cultos a divinidades como Cibeles, Atis, Mitra, Dea, Siria, Isis y Serapis.

En estas religiones el iniciado recibía, junto con una doctrina acerca del mundo, del hombre y de la vida, un saber supremo: cómo salvarse. Pronto la palabra latina salus significó algo más que la mera salud física; aludía a la salud del alma, a su salvación: a su liberación de la cárcel corpórea y a su beatitud en la eternidad de los cielos.

El Colegio de los Pontífices era elegido entre personajes respetados por todos y obviamente de origen patricio. A los dioses se les dedicaron santuarios (“aedicula“) y templos (“templum“), donde se encontraba la estatua de la deidad correspondiente.

Para su mantenimiento, los diversos templos disponían de tierras propias y participaban del comercio de sus productos -como un antecedente de los monasterios medievales-, además de recibir ingresos procedentes de los depósitos judiciales.

Numerosas congregaciones y hermandades tomaban parte de las fiestas romanas, como los “frates arvales”, encargados de pedir en el mes de mayo los favores de la diosa Ceres. Los “flamines curialis” eran los sacerdotes encargados de la vigilancia de los fuegos sagrados de cada curia y los “salii” eran sacerdotes jóvenes que se encargaban de bailar y cantar la danza de las armas durante las campañas militares.

A su vez, los augures eran los responsables de adivinar el futuro en las entrañas de animales, el vuelo de las aves y otros signos considerados de origen divino. Tenían autoridad para ordenar la suspensión de ciertos actos y decisiones si declaraban que los auspicios no eran favorables, y hasta podían lograr la anulación de votaciones, lo que los hacía muy influyentes.

Otra institución vinculada a la vida religiosa era la de los “feciales”, mensajeros estatales que actualizaban por vía oral -al modo de los pregoneros- los pactos concertados con otras ciudades, y emitían dictámenes sobre violaciones de acuerdos y derechos relativos a los tratados.

Muchas eran las prácticas místicas que en la Roma del siglo II d. de J. C. prometían la salvación a los iniciados. Los colegios de salud reunían a gran cantidad de gentes, que, desengañadas de este mundo, proyectaban sus esperanzas en el más allá.

La palabra “panteón” lo dice todo, pues significa “de todos los dioses“. El Panteón de Agripa o de Roma es un templo circular construido a comienzos del Imperio y dedicado a todos los dioses. Se lo conoce popularmente como La Rotonda. Miguel Ángel lo definió como “angélico y no humano”. Modificado varias veces, sus restos más antiguos nos permiten saber que el templo original guardaba semejanzas con el actual.

EL PANTEÓN DE AGRIPA El primer templo era rectangular, al igual que el de la Concordia del Foro romano. Estaba construido con bloques de travertino y revestido en mármol. Los capiteles eran de bronce y la decoración incluía cariátides y estatuas frontales. En el interior del pronaos, había sendas estatuas de Augusto y Agripa. Por Dio Casio se sabe que la denominación de Panteón no era la oficial del edificio, y que la intención de Agripa era crear un culto dinástico, probablemente dedicado a los protectores de la “gens” Julia: Marte, Venus y el “Divo” Julio, es decir, Julio César divinizado. El edificio padeció los daños de un incendio en el año 80 y fue reparado por Domiciano, aunque sufrió una nueva destrucción en tiempos de Trajano, en 110.

Dentro del panteón romano encontramos cuatro agrupaciones que tenían la función de representar al Estado: la triada Júpiter-Marte-Quirino, la triada capitolina constituida por Júpiter, Juno y Minerva; y los doce dioses principales: Vesta -diosa del fuego del hogar-, Juno -diosa del matrimonio y del hogar, hermana y esposa de Júpiter-, Minerva -diosa de la inteligencia, de la sabiduría y de las artes-, Ceres -diosa de la agricultura-, Diana -diosa de las doncellas, de los bosques y de la caza-, Venus -diosa de la belleza y del amor, esposa de Vulcano y amante de Marte-, Marte -dios de la guerra-, Mercurio -dios del comercio, de la elocuencia y de los ladrones, mensajero de los dioses-, Júpiter -dios supremo-, Neptuno -dios del mar-, Vulcano -dios de los infiernos, del fuego, del metal y de la fragua- y Apolo -dios de los oráculos, de la juventud, de la belleza, de la poesía, de la música y de las artes-.

En la mitología romana, Minerva es la diosa de la sabiduría, las artes y las técnicas de la guerra, además de protectora de Roma y patrona de los artesanos. Se corresponde con Atenea en la mitología griega. Ovidio llamó a Minerva la “diosa de las mil obras” Fue adorada en toda Italia, aunque sólo en Roma se asoció con la guerra. En una ocasión, se enfrentó a Aracne para comprobar cuál de las dos tejía más rápidamente y mejor. Según cuenta Ovidio en “Las metamorfosis” cuando Minerva vio la superioridad de Aracne, le entraron tantos celos que decidió convertirla en una araña, lo cual le dio fama de cruel. Esta escena fue representada por Velázquez en su famoso lienzo “Las hilanderas”

La triada Ceres-Libero-Libera representaba a los plebeyos. Con el fin de festejar a todos los dioses en los templos y los lugares sacros, los romanos establecieron un calendario, originalmente ligado a la agricultura. El mes se dividía en dos fases, siguiendo el esquema del calendario lunar.

Cada mes estaba dedicado a una divinidad, existiendo días festivos propios para cada dios. Los meses de febrero y diciembre correspondían a los inicios del año por lo que se celebraban las llamadas fiestas caóticas. También se consideró que el 21 de abril era otro comienzo de año para festejar el nacimiento de Roma. Junto al culto público, los romanos presentaban un culto privado, más personal e intimista. El pater familias era el responsable de los ritos dirigidos a las divinidades domésticas: los lares y los penates.

Además, cada individuo rendía culto a su genio personal. Las ideas de ultratumba apenas influían en el conjunto de la religión ya que bastaba con que el difunto fuera enterrado con las debidas honras fúnebres. El cadáver se transformaba en sombra y pasaba a formar parte del reino de los manes, los dioses de la muerte. (Este concepto sufrirá una profunda transformación cuando en el Imperio Romano entre con fuerza el cristianismo).

Casi inadvertidos entre los practicantes de tantas religiones prometedoras de vida eterna, perdidos en el fárrago de la Roma imperial de los cesares Antoninos, algunos hombres se reunían clandestinamente para celebrar con unción los sencillos oficios exigidos por una nueva fe que ellos habían abrazado: el cristianismo.

EL CRISTIANISMO: Sobre este trasfondo religioso “pagano” avanzó el cristianismo. A su culto se incorporaron no pocos elementos de las antiguas creencias. A principios del siglo IV, Constantino I puso fin a la clandestinidad de los cristianos, otorgándoles ciertos privilegios y permitiéndoles la construcción de grandes templos.

En 313, a través del Edicto de Milán, el emperador decretó la libertad de culto para los cristianos y el fin del paganismo como religión oficial del Imperio. El Edicto de Tesalónica fue hecho público por el emperador romano Teodosio el 24 de noviembre de 380. Mediante este texto legal, el cristianismo se convirtió en la religión oficial del Imperio Romano. (ver: Cristianismo)

PARA SABER MAS…

EL IMPERIO ROMANO era tolerante con las religiones mientras no pusieran en duda el culto oficial a los viejos dioses romanos o la divinidad del emperador. La religión romana era más bien fría, por lo que no es de extrañar que las religiones más emocionales y espirituales empezaran a ganar popularidad.

OTRAS RELIGIONES
El culto a Mitra, el dios persa de la luz, concedía una gran importancia al amor fraternal y era especialmente popular entre los soldados romanos. El culto a Isis, una diosa egipcia, atraía a muchas mujeres romanas. En cambio, el cristianismo se extendió rápidamente entre las clases menos privilegiadas porque proclamaba que Dios consideraba iguales a todos los hombres, ya fueran esclavos, hombres libres o mujeres.

OPOSICIÓN
Los primeros grupos de cristianos eran vistos con recelo por las personas de religión politeísta (que adoraban a más de un dios). Algunas de las razones para estas sospechas eran que los cristianos no consumían la carne sacrificada en templos paganos (se creía que se reunían en secreto para celebrar extraños banquetes caníbales) y tampoco asistían a los violentos espectáculos públicos. Las persecuciones eran constantes y algunos cristianos eran torturados e incluso llegaban a morir; sin embargo, el cristianismo siguió extendiéndose por todo el imperio.

INQUIETUD
En las épocas de incertidumbre, con la amenaza de las invasiones de los persas y los bárbaros, todos los emperadores buscaban el apoyo de un dios poderoso que librara a Roma del desastre. El emperador Diocleciano (tt 245-h. 313) declaró a Mitra, su dios favorito, como el protector del imperio. En cambio el emperador Constantino (280-337) eligió al dios de los cristianos.

CONSTANTINO
En el 312, mientras se dirigía hacia Roma para arrebatársela a un enemigo, Constantino vio un signo cristiano sobre la superficie del sol y en latín pronunció estas palabras: “En este signo estará tu conquista”. El ejército de Constantino venció la batalla en el puente Milvio, sobre el río Tíber. En poco tiempo el cristianismo se convirtió en la religión oficial del imperio romano.

El Derecho Romano Filosofia y Religion Historia de Roma Antigua

HISTORIA DE ROMA ANTIGUA: EL DERECHO ROMANO

la vida cotidiana en roma antigua

La consolidación del extendido imperio romano se acompaño en su proceso del nacimiento de un nuevo tipo de Derecho, el fundado por los prácticos romanos, quienes supieron amalgamar bajo su dominio a pueblos y culturas disímiles por medio de una armazón de normas jurídicas de tal consistencia que posibilitó la organización social, económica y administrativa de inmensos territorios.

Asimismo, el aspecto político e institucional tampoco fue descuidado por este sistema normativo y esta dimensión significó, junto con las ya mencionadas, una de las fundamentales en el logro de la unificación de dicho Imperio. La enorme trascendencia de este Derecho radica, precisamente, en su fuerza como leyes para el funcionamiento del cuerpo social y del sistema político. A través de los siglos, su ejemplo perdura y proporciona la base sobre la que se asienta, en virtud de! legado histórico recibido, el andamiaje jurídico y legal en todos los órdenes de la vida de las naciones modernas.

Senado Romano

EL DERECHO ROMANO: Si de Grecia hemos heredado la idea de armonía, el sentido de la belleza expresada en su arte, en sus leyendas, en su literatura, y al mismo tiempo una concepción de la vida y el mundo reflejadas en los conceptos de democracia, libertad y en su pensamiento filosófico, Roma es la organización, el sentido político, la administración casi perfecta, el derecho, el idioma y la estructura total del Estado que, fundido con la idea del Cristianismo, tenía que perdurar hasta nuestros días.

Roma fue un pueblo ordenador. Prueba de ello es que supo mantener durante siglos bajo un mando único a pueblos muy dispares y distanciados. Una gran parte de esta prodigiosa organización se debe al Derecho Romano.

Ya hemos citado la compilación llamada Ley de las Doce Tablas, refundición del derecho consuetudinario. Más tarde apareció en la sociedad la clase llamada «juris prudentes» o letrados, hombres entendidos en leyes.

Los distintos gobernantes promulgaron leyes adecuadas a cada circunstancia. Así, por la Ley Valeria, por ejemplo, Sila consiguió legalmente hacerse con el poder. César fue un gran legislador, pues reorganizó la vida municipal y financiera, dictó leyes contra el lujo excesivo y reformó los presupuestos. En una de sus leyes daba premios al matrimonio que tuviera mayor número de hijos.

El jurisconsulto Juliano publicó el Edicto Perpetuo, que fue una codificación del Derecho Civil. En los últimos siglos del Imperio se promulgaron numerosas leyes y el Derecho adquirió una importancia extraordinaria. Los principales jurisconsultos establecieron que todo el poder radicaba en el Emperador. En parte fueron dulcificadas las leyes republicanas que daban una autoridad demasiado grande a los «pater familiae», y el trato con los esclavos resulté también mejorado. Grandes hombres de leyes fueron Papiniano y sus discípulos Ulpiano, autor de Disputationes y de Instituciones, y Julio Paulo. En la época de Diocleciano se publicó el Código Gregoriano y el Hermogeniano.

Se comprende que esta intensa tradición legal fuese continuada por Justiniano, soberano del Imperio Romano de Oriente.

La influencia del Derecho de Roma en todos los códigos del mundo y en las ordenaciones legales es tan intensa que incluso en nuestros días todas as legislaciones de países civilizados se basan, en sus líneas fundamentales, en las leyes romanas.

Aunque las leyes tendían a asegurar el poder militar y la autoridad absoluta del Estado, se tenía t la familia en muy alta estima; en ella no existía más autoridad que la del padre, «pater». A él debían sujetarse los demás miembros: esposa, hijos, clientes, etc. Poco a poco, la autoridad de la madre fue igualando a la que poseía el padre, y exponente de ello son las palabras simbólicas que dirigía la recién casada al marido, en el instante de penetrar con él en el atrio: «donde tú eres el amo, yo soy el ama». En el hogar, la mujer se dedicaba a labores propias de su sexo, a manejar la rueca y el huso, pero no tenía que entregarse a trabajos rudos; cuidaba además del fuego sagrado mantenido ante los dioses lares y, en ciertos cultos, era sacerdotisa exclusiva (Bona Dea, Vesta).

La unión entre los esposos era indisoluble y la poligamia no estaba permitida; la castidad era muy estimada, y la filiación, el ideal de su vida, hasta tal punto que el que no tenía hijos podía adoptar los ajenos. El culto de los dioses protectores y de los dioses lares se hallaba tan grabado en las costumbres, que los esposos acostumbraban a dirimir sus contiendas ante la diosa protectora de los cónyuges.

El derecho romano: El derecho romano comprende las normas establecidas para regular la vida social: las relaciones familiares, comerciales, laborales, privadas o públicas.

El sujeto del derecho romano era el ciudadano. En Roma había dos tipos de ciudadanía, la completo (la gozaban los ciudadanos romanos que tenían plenos derechos políticos y civiles> y la incompleta (correspondía a los ciudadanos habitantes de las provincias, que tenían solamente derechos civiles, como casarse, tener propiedades y celebrar contratos comerciales>.

te sólo existía el derecho consuetudinario’ o no escrito, regido por las costumbres y controlado por pontífices. La importancia de la Ley de las 12 Tablas radico en el hecho de consagrar las normas escritas, que se hicieron de este modo públicas y conocidas por todos. A partir de aquí se sumaron con el correr del tiempo otras leyes, decretos del Senado, de las Asambleas, etcétera.

Durante la época republicana tuvo mucha importancia la actividad realizada por los pretores, magistrados anuales encargados de la administración de justicia. Al asumir su cargo, dictaban un conjunto de leyes o “edictos” por los cuales se iban a regir, o confirmaban los de sus antecesores.

Las normas dictadas por el pretor urbano dieron origen al “derecho civil”. Es decir, al que se ocupaba de regular las relaciones entre los ciudadanos romanos. Las normas dictadas por el pretor peregrino dieron origen al llamado “derecho de gentes”, que regulaba las relaciones de los habitantes de las provincias del imperio (ciudadanos incompletos).

En la época imperial, el “derecho” continuó con su desarrollo. Las resoluciones del emperador se transformaban en fuente de derecho. En el año 121 Adriano ordenó la recopilación de todas las leyes vigentes en un Edicto Perpetuo. A partir de aquí no era necesario renovar todos los años las normas legales.

Con este documento también se eliminaron las contradicciones existentes entre los edictos de los pretores, que se habían acumulado. En el siglo III se suprimió la distinción entre el derecho civil y el derecho de gentes, cuando el emperador Caracalla otorgó la ciudadanía romana a todos los habitantes del imperio. Mediante nuevas recopilaciones posteriores se complementó la tarea realizada.

PARA SABER UN POCO MAS…
LEYES EL DERECHO ROMANO
La balanza de la diosa romana lustitia se mantenía recta (de rectum, de donde deriva nuestra expresión “”derecho”), como símbolo del equilibrio de la justicia. Ahora bien, en el Derecho Romano, se partía del concepto de la desigualdad humana, de forma que no amparaba de la misma manera a los ciudadanos y a los que – no lo eran, a los libres y a los esclavos, a los .hombres y a las mujeres.

En Roma, la mujer era considerada mental y físicamente débil, así que no podía participar en las actividades . civiles y públicas. De hecho, estaban privadas de casi todos los derechos reconocidos a los varones. Uno de los romanos más conservadores. Catón, afirmaba refiriéndose a las mujeres: “En cuanto tengan la igualdad, se nos impondrán . No obstante, el derecho es uno de los mayores legados de Roma. Desde el primer código escrito, las Doce Tablas promulgadas en 451 a. C, hasta los últimos (Digesto, Código e Instituciones), redactados por orden de Justiniano en el siglo VI, transcurrieron once siglos.

El respeto a la tradición impuso que las antiguas leyes no fueran derogadas por otras posteriores, es más, continuaron aplicándose a situaciones nuevas, conservando la letra y ampliando el espíritu. Esta era la tarea de los juristas, expertos en la interpretación del derecho y en su adecuación a la realidad.

Así, en las Doce Tablas se establecía que un padre podía vender a su hijo como esclavo hasta tres veces, norma que terminó sirviendo para un fin muy distinto: la emancipación del hijo de la tutela paterna. Así se conformó el Derecho Romano, compendio de leyes que regulaba todos los aspectos de la vida privada y pública de los habitantes del Imperio. En suma, en Roma nació el derecho en sentido moderno, puesto que sigue siendo la base de los actuales códigos legales vigentes en la mayoría de los países occidentales.

Fuente Consultada: La Consultora Tomo 7

La filosofia en Roma Antigua Imperio Romano de Occidente

HISTORIA DE ROMA ANTIGUA: FILOSOFÍA

la vida cotidiana en roma antigua

Una política tan agitada como fue la romana, forzosamente tuvo que dar origen a grandes oradores públicos que pudieron hacer sus primeras armas en el Senado y en el foro. Catón, Escipión el Africano, y los Gracos alcanzaron fama en la época anterior al nacimiento de Cristo, pero ninguno de ellos tuvo el renombre de Marco Tulio Cicerón (107-43), escritor, soldado, político y orador, una de las figuras más preclaras de la Roma anterior al Imperio.

Había nacido el año 107 a. J. C., y mientras ejerció el cargo de cónsul atacó duramente a Catilina, que pretendía rebelarse, en sus famosas Catilinarias. Del mismo modo fustigó a Marco Antonio en sus Filípicas, ya que Cicerón era enemigo del triunviro Marco Antonio.

Marco tulio Cicerón

Entre sus escritos didácticos destacan De la vejez, La República y numerosas epístolas. En el Siglo de Oro de la literatura latina aparecieron notables historiadores, como Julio César, que relató la Guerra de las Galias de la que fue protagonista y que no siempre transcribió con imparcialidad. En el siglo anterior a nuestra Era, Tito Livio (58-17 a.C.) escribió una Historia de Roma que consta de 142 libros, de estilo muy depurado y más imparcial que las obras de César.

A partir del siglo I de nuestra Era se inicia la decadencia romana, pero aún surgen figuras extraordinarias, entre las cuales no es posible olvidar a un español, el cordobés Séneca (4-65) que había sido maestro de Nerón y a quien éste obligó a cortarse las venas el año 65. Fue un filósofo estoico y un hombre recto y noble. Escribió De la ira y Epístolas a Lucilio.

Fruto de la época fue la aparición de numerosos escritores satíricos, entre los cuales los más conocidos quizá sean el español Marcial (40-102), autor de Epigramas, y el romano Juvenal (54-138).

Otro español notable fue Quintiliano (35-95), considerado como uno de los primeros escritores de Pedagogía y autor de uno de los primeros libros de Educación: Instituciones Oratorias.

Tácito y Suetonio fueron importantes historiadores, mientras los dos Plinios, Columela y Pomponio Mela, se dedicaron a la literatura didáctica.

En todos los pueblos la novela es el último género que suele aparecer, mientras que el primero es casi siempre la poesía épica.

Lo mismo ocurrió en Roma. En tiempo de Nerón, Petronio escribió una narración cuyo título es El satiricón, de la que sólo se conservan algunos fragmentos. Más divulgada es la novela El asno de oro, de Apuleyo. En ella se relata la aventura de Lucio, convertido en asno al querer imitar a una bruja que por arte de encantamiento se transformó en pájaro. Es una obra satírica.

Los financista romanos Historia y vida de los romanos Imperio Romano

HISTORIA DE ROMA ANTIGUA: LOS FINANCISTAS

la vida cotidiana en roma antigua

El elevado coste de las empresas militares llevó a la República a solicitar ayuda a la iniciativa privada. Serán los publicanos quienes presten la ayuda necesaria al Estado en estos momentos de necesidad. Estos publicanos eran una institución de origen helenístico que tenían arrendado un servicio comunitario (publicum) que podía tratarse desde la adjudicación de contratas de obras públicas al cobro de algún impuesto.

En unos momentos de expansión como vive Roma durante los siglos III y II a.C. las regiones y provincias que eran conquistadas debían pagar un impuesto que una vez delimitada su cuantía, se sacaba a pública subasta.

El Estado cobraba de manera anticipada la cantidad estipulada y los adjudicatarios tenían que recaudar directamente los tributos.

En numerosas ocasiones existían asociaciones de publicanos para pujar por el arrendamiento fiscal de un lugar determinado. Esas sociedades tenían sus estatutos y estaban dirigidas por un magister que tenía su residencia en Roma, donde trataba directamente con los funcionarios públicos. De esta manera el Estado contaba por adelantado con el dinero durante un período de cinco años y se ahorraba un buen pellizco en sueldos.

El riesgo que corrían los publicanos era muy alto por lo que el Estado protegía con mimo a estos suministradores de dinero. Sin embargo, cuando el negocio resultaba fructífero, los beneficios eran tremendamente elevados. Este sistema de recaudación fiscal plantea numerosos defectos siendo las corrupción el más corriente.

No olvidemos que los publicanos tenían la protección de los magistrados, quienes debían proteger incluso militarmente a los recaudadores si fuera necesario. El Senado no podía permitir que sus sostenes materiales dejaran de percibir beneficios.

En la provincia de Asia los publicanos se embolsaban unos diez millones de denarios al año por los peajes de mercancías, la misma cantidad que recibía el Estado. En numerosas ocasiones los propios publicanos prestaban el dinero necesario a los contribuyentes insolventes, recibiendo un elevado interés por el crédito. En otras ocasiones cobraban varias veces el tributo o exigían diez veces la cantidad prevista. La usura alcanzaba límites insospechados -a veces hasta del 4 % mensual- por lo que Sila tuvo que establecer un tope del 12 % de interés anual.

Estas corruptelas contaban en buen medida con el apoyo de algún magistrado. Sin embargo, conocemos más de un proceso por corrupción como el de Verres, Sereno o Bebio Massa, siendo las penas muy leves en relación con los hechos imputados. Será en época imperial cuando las quejas de las provincias surjan efecto, estableciéndose un cierto control estatal. Se recuperará la figura del publicano como figura aislada, huyendo de grandes sociedades, con el fin de evitar la consolidación de potentes fortunas que se conviertan en ámbitos de poder.

Los procuradores controlaban la gestión de estos recaudadores lo que benefició a los contribuyentes. En la crisis del siglo III será el Estado quien recaude directamente los impuestos. Nadie quiere arrendar el cobro de tributos, ya que no hay de donde recaudar, ni participar del transporte de tropas o víveres al asegurar con su propio dinero lo transportado. Paradójicamente, la actividad que mayores fortunas creó en época republicana en los últimos momentos del Imperio no era desempeñada por nadie.

Los comerciantes en Roma Antigua Financistas y el costo de vida

HISTORIA DE ROMA ANTIGUA: LOS COMERCIANTES

la vida cotidiana en roma antigua

En las calles y plazas de Roma  se apiñaba una colorida y bulliciosa multitud de tiendas: panaderías, carnicerías, pollerías, pescaderías, tabernas, barberías, librerías, perfumerías, mueblerías, herrerías, zapaterías y muchas más. Algunas eran prósperas, pero la mayoría eran chozas abarrotadas y mal iluminadas, tan desvencijadas que se ladeaban hacia las viviendas o que se desparramaban hacia callejones y mercados.

Se colocaban pintorescos cartelones para atraer la atención del público, y frecuentemente se exhibían las mercancías en las aceras, que se hacían casi intransitables por los vendedores que caminaban pregonando sus productos.

La congestión llegó a ser tan grave que el emperador Domiciano prohibió los puestos callejeros, forzando a los vendedores y tenderos a regresar a sus locales.

Buena parte de la actividad comercial era realizada por los mismos productores. Los excedentes agrarios eran llevados a la ciudad por el campesino que adquiría -o cambiaba- en los talleres los productos necesarios.

El propio Estado era el encargado de llevar a los campamentos militares todo lo necesario para su manutención. Pero a pesar de estas limitaciones ya existía la figura del intermediario, dedicándose a las actividades comerciales un buen puñado de romanos e itálicos.

El comercio se realizaba preferentemente por vía marítima -más rápido y más barato- siendo hombres libres los propietarios de los barcos, habitualmente organizados en sociedades mercantiles. Para evitar desplazamientos continuos, el armador solía delegar cierta responsabilidad en un esclavo de su confianza que representaba jurídicamente al comerciante.

Los grandes emporios comerciales del Imperio eran las principales ciudades – Roma, Alejandría, Marsella, Antioquía- y en ellas podíamos encontrar expertos de diferentes orígenes -judíos, hispanos, sirios-. La manera de conseguir una fortuna con mayor facilidad era dedicarse al comercio.

comercio en roma antigua

En Roma, el gran Foro era el principal centro comercial, con un enorme conjunto de locales, mercados y lugares de reunión. Los cambistas tenían sus negocios en este sitio, y hacían destellar, sonar y bailar sus pilas de monedas para atraer a la clientela. Se podían obtener pingües ganancias con los préstamos, aunque los romanos de la alta sociedad lo consideraban un negocio despreciable, al igual que toda otra forma de comercio: “Ningún caballero puede ser prestamista”, escribió el estadista conservador Catón.

Sin embargo, incluso los aristócratas sucumbían al encanto de las ganancias fáciles. El objetivo era pedir prestado con intereses bajos y prestar con intereses altos. Para combatir la especulación, en tiempos imperiales se decretó una tasa legal de interés de 12% anual. Gozaba de más respetabilidad el ser propietario de tierras, y esto convirtió en multimillonarios a muchos ciudadanos. Se cuenta que el acaudalado político Marco Craso dijo que un hombre no podía considerarse rico a menos que pudiera pagar, de su propio ingreso, la manutención de una legión (unos 6,000 hombres).

Los bancos prosperaban en la capital, en tanto que los pobres guardaban sus magros ahorros en alcancías de barro. La unidad monetaria básica era una moneda de cobre llamada os; un sestercio valía dos ases y medio, y un denario de plata, 4 sestercios o 10 ases. Un soldado común recibía como sueldo 225 denarios anuales; un saco de trigo pequeño costaba medio denario.

Uno de los comercios más prósperos era el del aceite de oliva. No sólo se usaba para cocinar, sino también para lámparas y como sustituto de jabón para el baño. Diario se compraban y vendían colosales cantidades de aceite: en el año 300 a.C., había 2,300 vendedores tan sólo en Roma.

Las alfarerías producían millones de vasijas de vino y aceite, y también se produjeron en masa recipientes de vidrio, una vez que se introdujo la técnica de soplado, posiblemente por vidrieros sirios inmigrantes durante el siglo I d.C.

LA TIENDA DE “TONSURA”
“Todas estas cicatrices que podéis contar sobre mi mentón, tantas como las de un viejo luchador, me las hizo el barbero con su hierro y su infame mano. Sólo el chivo, entre todos los seres vivientes, es inteligente: porque se deja la barba y escapa al carnicero”. Así exclamaba Marcial, un chispeante escritor hispano-romano, a propósito de los “tonsores” (peluqueros) de su tiempo.

Sus palabras no son precisamente un cumplido, pero es de creer que se ajustan un poco a la realidad: basta pensar en cuan rudimentarias eran las herramientas que los pobres peluqueros empleaban.

Las tijeras, de hierro, no tenían ni el perno que une las dos hojas ni los aros en los que se introducen los dedos: cabe imaginar que cortarían más a la buena suerte que a la voluntad del peluquero. Los rasuradores eran también de hierro y, aunque se afilaban cuidadosamente sobre una piedra especial, que se importaba de España, con seguridad no tenían el “filo” de las modernas navajas de acero. Se han encontrado muy pocos rasuradores romanos; como eran de hierro, la herrumbre los destruyó. En cambio, se encontraron muchos rasuradores etruscos y de otras poblaciones más antiguas, que estaban confeccionados con bronce.

Parece ser que los primeros peluqueros llegados a Roma fueron sicilianos. Sus peluquerías comenzaron a difundirse hacia el siglo ni a. C. Hasta entonces, los romanos se dejaban crecer libremente los cabellos, la barba y los bigotes. Poco a poco la moda de afeitarse y de tener cortos los cabellos se fue afirmando y, hacia el siglo II de nuestra era, la práctica era habitual en toda la población.

Las tiendas de peluqueros proliferaron; las más famosas estaban emplazadas al aire libre, en el cruce de las arterias. Así, pues, las condiciones en que el artesano ejecutaba su delicado trabajo, en medio del tumulto de la vía pública, no eran, precisamente, los más adecuados. Alrededor de la tienda estaban los escaños para los clientes que esperaban su turno. El “paciente” estaba en medio de la tienda. Sin la menor jabonadura, ni ungüento que ablandara el pelo, comenzaba la afeitada. Lo más que se hacía era humedecer la cara con un poco de agua fría.

Al margen de estos inconvenientes, concurrir a la tienda del tonsor no resultaba muy desagradable: allí, reunidos en círculo, estaban los hombres dispuestos para las más animadas tertulias: se hablaba de las últimas elecciones consulares, o de las victorias de un “auriga” (conductor de bigas) en el circo, o algún legionario narraba sus aventuras.

Y, como muchas veces el peluquero intervenía en las discusiones, los cortes de cabello y el rasurado de barba se prolongaban largo tiempo: “Mientras el peluquero corta el cabello a su cliente, a éste le vuelve a crecer de nuevo la barba…”, dice al respecto el agudo Marcial.

Fuente Consultada:
Wikipedia –
Enciclopedia Estudiantil Tomo IV CODEX

Historia de Roma Antigua Los Artesanos, Trabajo agricola y minero

HISTORIA DE ROMA ANTIGUA: LOS ARTESANOS

la vida cotidiana en roma antigua

El trabajo artesanal solía realizarse en talleres, algunos llegaban a reunir hasta 70 trabajadores. No debemos olvidar que también se realizaban trabajos domésticos como la panadería, confección, etc. elaborados en su mayoría por los esclavos en las grandes casas señoriales, alcanzando algunas a ser autosuficientes. Normalmente existían dos tipos de talleres: los destinados al consumo local que producían objetos menos elaborados y más baratos y los destinados a la exportación que servían productos sofisticados y a precios elevados.

Algunas ciudades solían especializarse en productos concretos, alcanzando fama la cerámica de Arezzo o los bronces de Mantua. Los talleres solían ser propiedad de hombres libres mientras que la mano de obra era en su mayoría esclava. Tejidos, vidrio, calzados, monedas, carámica,… todo tipo de productos podía encontrarse en la mayoría de las ciudades del Imperio, ciudades que debían su urbanismo y la edificación a un amplio número de artesanos que demostraron su buenas maneras. El trabajo en la construcción solía ser realizado por hombres libres aunque también encontramos esclavos y asalariados.

La mayoría de los artesanos se unían en “collegia” para la defensa de sus intereses, germen de los gremios medievales.

Las comidas en el imperio romano de occidente Roma Antigua

Las comidas en el imperio romano

Agricultura
Minería
Artesanos
Comerciantes
Financistas
Viviendas
Las Ciencias
Prostitución
Las Mujeres
Literatura
Filosofía
Diversión
Educación
El Derecho
Arte
Religión
Familia
Costos
Portal de Roma
Portal de Grecia

Sabido ya a qué actividades dedicaba su vida el habitante humilde de Roma, que era el más abundante y el que, por tanto, servía como criado en casa de los poderosos, veamos cuáles eran sus hábitos alimentarios. Se ha dicho que la historia del mundo dio un viraje cuando, en el siglo II a. de J.C., tras la conquista de Grecia por Roma, los griegos enseñaron a sus conquistadores el arte de comer bien.

comidas en roma

Es cierto que la frugalidad de los primeros romanos, que se alimentaban fundamentalmente a base de pan, ileso, legumbres, verduras y fruta, había desaparecido por completo en la época imperial, hasta tal punto que la cocina se convirtió en un arte muy difícil. Pero no conviene exagerar, ya que la abundancia de manjares dependía siempre del poder adquisitivo del comensal.

Los manjares que, según escritores de la época, se compraban a precio de oro en puertos lejanos para ser comidos en Roma eran ostras, champiñones, pescados del Adriático y gansos de la Galia.

Los romanos de clase elevada desayunaban (ientaculum) a base de pan, queso, huevos y leche, y hacia las doce almorzaban (prandium) ligeramente con los restos de la cena del día anterior o con algunos fiambres. Séneca reflejaba en una sentencia la poca importancia que tenía esta segunda comida, cuando dice que el praidium se puede tomar sin sentarse a la mesa y que al finalizar no hace falta lavarse las manos.

La comida principal se tenía hacia la hora décima, es decir, las cuatro de la tarde. Las importantes solían durar hasta el anochecer y continuaban luego con conversaciones y, en algunos casos, incluso con atracciones circenses.

La cena era la ocasión normal que tenía un romano para reunirse con sus amigos por la noche, así como las termas eran el escenario de las reuniones diurnas. Dispuestos todos en una sala llamada tridinium, se descalzaban y un esclavo les lavaba las manos y los pies. Luego se recostaban en los lechos, también llamadostridinium, alrededor de la mesa, de forma que cada uno pudiera conversar con los demás.

El plato se sostenía con la mano izquierda, cuyo codo correspondiente, apoyado en un cojín, soportaba el peso del cuerpo. Con los dedos de la mano derecha, libre para cualquier movimiento, se llevaban los alimentos a la boca.

Una comida importante comenzaba siempre con entremeses picantes y huevo. La expresión de Horacio oh ovo, que luego ha pasado a expresar la idea temporal de principio, no significaba otra cosa que “desde los huevos” que se servían al comenzar la comida.

El plato principal, casi siempre carne de cerdo, jabalí procedente de caza o de aves, era abusivamente condimentado con especias, pimienta, comino, perejil, etc., con lo que se lograban sabores muy fuertes, y salsas picantes de estilo oriental. Como postres se tomaban pasta, queso, almendras y toda clase de frutas, las comunes hoy en día en la cuenca mediterránea, menos la naranja y el limón.

Durante la comida se consumía vino en abundancia, pero, según costumbre heredada de los griegos, se servía aguado y caliente.

PARA SABER MAS… Seiscientos cerebros de avestruz, con chícharos y granos de oro: éste fue uno de los platillos servidos en un banquete del emperador Heliogábalo. Se cuenta que en otra de sus fiestas cayeron tantos pétalos de rosa por las aberturas de los techos que varios comensales se asfixiaron. La extravagancia de los banquetes romanos es legendaria, y aunque no todos los anfitriones eran tan licenciosos como Heliogábalo, las grandes cenas eran uno de los placeres en la vida de los hogares adinerados.

Mientras que los pobres se alimentaban con una dieta de pan y un potaje de trigo llamado puls, los ricos convirtieron los festines en un arte. Sus banquetes se prolongaban durante horas, desde las tres o cuatro de la tarde hasta la madrugada. Entre platillos, la fiesta era animada por acróbatas, bailarines, enanos, músicos y payasos.

Abanicos de plumas de pavorreal
Batallones de esclavos atendían a los comensales: les quitaban los zapatos al entrar y les calzaban sandalias; los ventilaban con abanicos de plumas de pavorreal para ahuyentar a las moscas; les lavaban las manos con agua perfumada, y servían deslumbrantes y aromáticos platillos en la mesa central. Se acostumbraba que los esclavos más bellos vertieran el vino y cortaran la comida, mientras que los huéspedes se reclinaban, a veces tres en un diván, posando el brazo izquierdo sobre una almohada.

Con tales comodidades, es sorprendente que los comensales debieran llevar sus propias servilletas. Un agraviado anfitrión dijo de un invitado: “Hermógenes nunca trae su propia servilleta a las cenas, pero siempre se las ingenia para llevárselas a casa.”

El banquete tenía lugar en el tríclinium (salón donde comían), iluminado con velas, y comenzaba luego de invocar a Júpiter y a los dioses domésticos. La cena consistía en aperitivos, platillos principales y postres.

El escritor Marcial, al planear una modesta cena para siete invitados, compartió sus pensamientos acerca del menú, en la siguiente invitación a un amigo:

“Veamos: Estela, Nepos, Canius, Cerlialis, Flaccus y yo sumamos seis. Mi diván acomoda a siete, por lo que también invito ‘. a Lupus. Ahora el ; menú: pues bien, hay tuétanos que trajo mi diligente esposa, más la guarnición: lechugas, puerros, menta y achicoria. Luego comeremos huevos duros y caballa servida con perejil, y panza de cerda en salmuera de atún. Eso para empezar. De platillo principal, cordero (¡más barato si fue destrozado por un zorro!), albóndigas (¡no hay que cortarlas!), porotos y germen. Además habrá pollo y lo que quedó del jamón que comimos el otro día. Cuando quedemos satisfechos, habrá manzanas maduras y un vino, reposado durante un año o dos. Para cerrar con broche de oro, vendrá un cómico: no te preocupes, será de buen gusto. La gente puede soltarse el pelo sin que lo lamente al día siguiente, y no es necesario preocuparse por lo que se dice. Pueden hablar de los Verdes o los Azules, o cualquier otro equipo de carreras de cuadrigas. ¡Nadie nos citará a juicio por habernos emborrachado en mi casa!”

Los entremeses más populares eran platillos de huevo, aceitunas y lechuga; por lo demás, la cocina romana tenía poco en común con la actual cocina italiana. En ese entonces se desconocían los tomates y la pasta, y no era común cocinar con ajo.

El principal ingrediente de muchos platillos era una salsa picante, llamada liquamen, destilada de las entrañas y humores de pescado. Su sabor era parecido a la esencia de anchoas, y con ella se aderezaban platillos como lechones, caracoles alimentados con leche y gansos hervidos.

TESTIMONIO DE LA ÉPOCA: Petronio, escritor latino de la época de Nerón, nos describe un banquete celebrado en la casa de un ricachón de la época. A su personaje da el nombre de Trimalción, que significa “tres veces potentísimo”; se cree por ello que, bajo este personaje imaginario, Petronio quería ocultar la figura del emperador mismo. La descripción es tal como la transcribimos a continuación.

“Trimalción no había llegado aún, pero nosotros nos pusimos igual a reposar en el triclinio. Algunos criados nos echaban agua fresca en las manos, para lavárnoslas, en tanto que- otros, con gran destreza, nos lavaban los pies. Mientras prestaban estos servicios, los sirvientes cantaban; quise probar si todos los siervos sabían cantar y pedí a uno de beber: aquél se puso a servirme y entretanto comenzó una canción indicada para lo que estaba haciendo. ¡Parecía que nos encontrábamos en un coro teatral, más bien que en el banquete de un señor!.

En este momento fue colocado en la mesa un espléndido entremés. Sobre la bandeja se veía erguido un asnillo de bronce portador de dos alforjas; por una parte había aceitunas blancas; por la otra, negras. Arriba, como techo, había dos platos, en el reborde de los cuales se leía el nombre de Trimalción y el peso de la plata con la que estaban hechos. Llevaban lirones cocinados con salsa de miel y amapola. Sobre una rejilla de plata freían las salchichas y, abajo, para imitar los carbones ardientes, había ciruelas negras de damasco cubiertas de granos de granada.

Fue llevada después a la mesa una cesta, en la que, sobre la paja, había una gallina de madera cual si estuviera poniendo. Se acercaron dos esclavos que hurgaron entre la paja y sacaron grandes huevos que distribuyeron entre los convidados. Con la cuchara abrí el casco, hecho de harina empastada con tocino, y encontré un papafigo cubierto de huevo con pimienta. Así terminaron los entremeses; los esclavos retiraron los residuos y entretanto nosotros nos dispusimos a beber vino mezclado con miel.

Si éstos eran los entremeses, ya podemos figurarnos en qué consistirían los platos fuertes… Los citaremos rápidamente: por empezar, se llevó una bandeja monumental consistente en doce platones colocados sobre un gran disco; querían representar los doce signos del zodíaco, y así cada uno de ellos tenía un manjar relacionado con el símbolo de una constelación: higos africanos sobre Leo, carne de buey sobre Tauro, langostas sobre Capricornio, una liebre sobre Sagitario, etc. En el centro de todo, una bandeja contenía una liebre adornada con plumas, en forma que pareciera alada, y rodeada de aves y cabezas de cerdo.

En los ángulos de la bandeja había cuatro estatuillas que sostenían pequeñas vasijas, desde las que se volcaba una salsa picante: ésta caía en un recipiente en el que los pescados cocidos se movían romo si nadaran en un pequeño lago artificial. Después llegó una lechoncita tostada rodeada de jabatos rellenos con tordos; luego un cerdo relleno de salchichas, y a continuación un ternero hervido, presentado como un guerrero, que -;;.e cortado y repartido por un esclavo, también vestido con los atavíos de un soldado.

Finalmente llegaron los dulces: éstos tenían forma de estatuas que llevaban canastos llenos de frutas. Pero la comida no había terminado aún: los esclavos levantaron las mesas, barrieron el piso lleno de .desperdicios (porque era costumbre tirarlos al suelo) y llenaron las ánforas con vinos: comenzaron los brindis, que constituían el cuarto tiempo de un banquete que podía durar hasta el amanecer.”

LAS COMIDAS
Desayuno: se consumía a primeras horas de la mañana y podía consistir en pan con miel y queso, uvas, aceitunas y leche.

Almuerzo: tenía efecto a mediodía y era asimismo sobrio y rápido; tanto que a menudo se consumía sin necesidad de sentarse. Se comía con el pan, carne fría, peces, legumbres y fruta. Se bebía vino con miel o vino aromatizado o hirviente.

Cena: comenzaba al anochecer; era la comida principal, que se consumía estando recostados en lechos ad hoc; nunca duraba menos de tres horas y constituía un descanso y un motivo para reuniones. Como habíamos visto en casa de Trimalción, se dividía en tres partes: el entremés, la cena propiamente dicha y el postre, constituido por fruta y dulces. Si no se trataba de una simple cena doméstica, sino de un auténtico banquete, seguían los brindis.

Los romanos brindaban sólo con vino mezclado con agua, según proporciones establecidas por el más experto entre los invitados. Era muy difundida la costumbre, en los brindis, de beber tantas copas de vino según eran las letras del nombre del festejado. ¡Ahí, por Baco, ¡qué suerte llamarse T-e-r-t-u-l-i-a-n-o!

El Costo de Vida en Roma Antigua

HISTORIA DE ROMA ANTIGUA: EL COSTO DE VIDA

la vida cotidiana en roma antigua

Según Plinio la vida era increíblemente barata en Roma (250 a.C.) al poder comprar con un as (moneda de bronce) un celemín de trigo (8,75 litros), un congio de vino (3,3 litros), 30 libras de higos secos, 10 libras de aceite y 12 de carne, considerando que la libra eran 330 gramos. Las noticias sobre salarios y precios en el Imperio Romano son difíciles de conseguir ya que las fuentes apenas tratan estos asuntos.

Según el poeta satírico Marcial los proconsulares tenían unos ingresos anuales de un millón de sestercios (la moneda de bronce), mientras que un médico reputado podía alcanzar los 400.000, un profesor estatal de retórica, 100.000 ó los altos cargos de la administración entre 200.000 y 60.000 sestercios.

Los legionarios vieron subir sus salarios desde los 900 sestercios que cobraban en época de César hasta los 2.000 de Septimio Severo. Los sueldos de los centuriones rondaban entre 40.000 y 20.000. San Mateo menciona en el Evangelio que el sueldo de un jornalero agrícola es de cuatro sestercios diarios, posiblemente incluyendo la manutención -comidas e incluso alojamiento, en algunos casos-.

En un contrato de trabajo del año 164 se menciona un salario de dos sestercios y un as a diario, más el alojamiento y la manutención. Los especialistas consideran que estos datos podrían variar en una proporción de uno a tres dependiendo de los puestos laborales. Los ingresos anuales de un jornalero fluctuarían entre 720 y 2.200 sestercios.

Si lo multiplicamos por tres obtendremos el sueldo aproximado de un artesano. Según unas tablillas encontradas en Pompeya donde aparece la lista de la compra de una familia de dos miembros y un esclavo -posiblemente artesanos- el gasto medio en alimentación diario sería unos seis sestercios. Bien es cierto que el menú no era pantagruélico, sino más bien frugal, consistente en pan, vino, verduras, queso y dátiles. Juvenal nos dice que un zapatero come cebolletas y morro de cerdo hervido.

Según Marcial, una familia pobre se alimenta de gobios, cebollas y queso. Pan negro mojado en un tazón de caldo y coles podría ser un ejemplo de menú para una familia de obreros romanos. Marcial dice que los alimentos más baratos que se vendían en las calles de Roma eran salchichas y garbanzos. Un tercio de litro de aceite constaría un sestercio y el trigo se vendía a tres sestercios el celemín (6,5 kilos).

Para evitar conflictos sociales, el Estado alimentaba a más de 150.000 familias. Los gastos en vestido y calzado rondarían los 30 sestercios ya que la túnica oscilaría hacia los 15 sestercios, al igual que los zapatos. Limpiar una túnica costaba cuatro sestercios.

El alquiler en la ciudad de Roma era tremendamente caro. Unos 2.000 sestercios anuales serían el alquiler más barato en el siglo I lo que motivaba que parte de la vivienda fuera subalquilada por el inquilino a otra familia. La operación se podía repetir creando verdaderas situaciones de hacinamiento en la insulae, las casas de inquilinos que ocupaban una manzana con cinco o seis pisos de endeble construcción.

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HISTORIA DE ROMA ANTIGUA: ARTE ROMANO

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LA ORIGINALIDAD ROMANA: Si bien es cierto que el arte de los romanos imitó al de los griegos, una íntima originalidad terminó por liberarlo de la concepción helenística, en tiempos del Imperio. Los griegos habían tratado de exaltar la belleza en sí misma con obras inspiradas en su religión y en sus mitos. Los romanos subordinaron el arte a su» política y a su grandeza, inspirando sus obras en el humano realismo de la historia: escenas guerreras, arcos triunfales, retratos de generales y emperadores, en vez de la belleza ideal de las diosas.

ARTE ROMANO: Las artes romanas se concibieron en una época en la cual las obras griegas habían llegado a su máximo esplendor. Fue difícil entonces librarse de tan magnífica influencia, complementada por ciertos elementos etruscos que marcaron la base del posterior desarrollo artístico.

No obstante los aportes recibidos, a comienzos del siglo II a.C. comenzó a manifestarse un verdadero arte romano. Sus obras se enriquecieron con el correr de los siglos y tomaron la uniformidad característica de un arte propio. En sus creaciones prevaleció un carácter técnico y práctico, resultante del espíritu del pueblo romano. No se persiguió, como en Grecia, un fin estético en sí mismo.

Resulta de las influencias etruscas y griegas, alcanzó su mayor esplendor en la época del Imperio. Se desarrolló en Italia desde el año 200 antes de C., hasta el siglo IV después de C., algunos lo consideran inferior al arte griego, pero en realidad fue más variado, más flexible y en ciertos aspectos se acerca más al arte moderno; así, su influencia en el arte de la Edad Media y del Renacimiento fue notable. Sus mayores logros los presenta en el desarrollo de la arquitectura; por ello, el dibujo y la pintura la realizaban a servicio de esta, predominando los murales. Los temas eran asuntos bélicos, eróticos, leyendas heroicas, paisajes, marinas, naturaleza muerta y el retrato. A partir del siglo I, se observan dos corrientes pictóricas o estilos: el estilo Neoático, que se preocupa por la forma humana, resaltando asuntos de la mitología y epopeya y el estilo Helenístico – Alejandrino, que pone de manifiesto la preocupación por la pintura rural, se cultivan el paisaje y las marinas. Al iniciarse el siglo II hasta el 79 de nuestra época (pintura en Pompeya), se observan cuatro estilos: de incrustación, alejandrino o arquitectónico, ornamental y fantástico.

El arte romano toma como referencia los modelos griegos de la época helenística.  Debido a su carácter práctico, el pueblo romano desarrollará la arquitectura para establecer un sensacional programa constructivo que primero afectará a la ciudad de Roma y luego se extenderá por todo el Imperio. El arco y la bóveda tendrán un papel principal en la concepción de la arquitectura romana. Se utiliza el ladrillo y el mortero, realizado con cantos rodados o piedras pequeñas, con una consistencia eterna. Su aspecto pobre exige un revestimiento de apariencia opulenta como suelen ser mosaicos o simplemente ricas pinturas. Otra importante aportación romana será la amplia difusión del arco de medio punto que frecuentemente es encajado entre las columnas y el dintel, estableciendo un sistema constructivo de gran originalidad que aporta solidez al edificio.

Roma fue un pueblo de labradores, de comerciantes, de guerreros. Los romanos mostraron mayor interés por las cosas prácticas y sus obras artísticas llevan siempre un sello utilitario. Pueblo dominador, fundador de un vasto imperio, el romano tuvo por preocupación fundamental mantener el dominio sobre los territorios colonizados, para lo cual movilizó poderosos ejércitos, dio vida a un denso cuerpo de leyes que apretó los lazos entre la metrópoli y las provincias, y desarrolló una gigantesca labor constructiva con un variado repertorio de formas arquitectónicas perfectamente adaptadas a sus fines. Sus dos grandes realizaciones fueron el Derecho y la Arquitectura, pero su mérito principal es haber extendido la civilización grecolatina por una vasta parte del mundo conocido.

ARQUITECTURA: Su finalidad es utilitaria, está concebida en función de las necesidades privadas y públicas. Expresa la voluntad de poder y de mando del Estado romano, que se erige como rector de la vida privada y pública de sus ciudadanos. Es monumental, hecha pensando en la glorificación de Roma y para resistir el paso y el peso del tiempo. Más que la belleza busca la majestad y la robustez, por lo que se muestra en grandes masas sólidas y pesadas. Expresa el ideal de uniformidad del Imperio, que aspira a que todos los pueblos sujetos a su dominio asuman una fisonomía material a imagen y semejanza de la Urbe. Alterna dos sistemas conocidos: el de la columna y dintel (copiado de los griegos), y el arco y bóveda (tomado de los etruscos). Sus principales monumentos fueron: el templo, la basílica, las termas, los teatros, los anfiteatros, los circos, etc. (Ver Acueductos Romanos)

LA ESCULTURA: Se mueve entre los polos contrarios de idealismo y realismo y su tema casi central es el retrato. En sus comienzos, la influencia etrusca se hace presente en algunos bronces, luego la influencia griega a través de los escultores helénicos que vivían en Roma o en la Magna Grecia, así como de las obras descubiertas en suelo griego y llevadas a Roma, impulsa la corriente idealista. El enfrentamiento de ambas tendencias se advierte en obras del período republicano.

PRINCIPALES CARACTERÍSTICAS: Creada con un destino utilitario que se cumple en su función narrativa, honoraria o descriptiva. Más que un arte es una artesanía supeditada a exigencias religiosas honoríficas o conmemorativas. Cultiva con preferencia el retrato llevándolo a su máxima identificación con el modelo. Es un arte naturalista. Es una obra anónima.

La ilustración de la derecha representa una estatua ejecutada en Roma imitando una escultura de un artista griego: Policleto. Estamos en la época en que Roma trataba de imitar el arte griego. Pero mientras que el modelo griego expresaba sólo calma y belleza, en esta obra romana aparecen energía  y movimiento. Obsérvese también con qué delicado arte está trabajada la coraza. Así glorificaban a sus guerreros y emperadores. De Octavio Augusto se conservan medio centenar de estatuas.

En los bajos relieves la escultura romana alcanza sus mejores obras, y en ellos el carácter geométrico del arte etrusco se une a la armonía de los griegos con el realismo de los romanos para crear obras sólidas y dramáticas.

Los romanos acostumbraban conservar en el santuario familiar máscaras de cera de sus antepasados, realizadas prolija y directamente sobre el rostro de los muertos. De esta manera cada familia podía conocer y venerar la imagen de sus antecesores. De esta costumbre nació la predilección de los romanos por los bustos y los retratos de arcilla, de mármol o de bronce, que reproducían la fisonomía exacta de los rostros.

Cabeza de bronce llamada de Bruno, hermoso exponente del arte del retrato (siglo III antes de Cristo).

Estatua del emperador Augusto, del Museo Vaticano 20 antes de Cristo).

Fragmento del bajo relieve de la columna de Trajano,
erigida en el año 113 en celebración de la conquista de Dacia.

PINTURA: La conocemos a través de los frescos hallados en la ciudad de Pompeya, que suelen ser copias griegas o caprichos decorativos de gracia picaresca como cupidos, pájaros, cintas, flores, etc. Los temas son históricos, mitológicos paisajísticos y marineros. También en ciertos períodos se hizo una pintura arquitectónica, que imita a los elementos constructivos. Lo interesante de la pintura romana es la técnica de manchas de color al temple, aplicadas con brochazos sueltos, sin detallar, a la manera impresionista y con efectistas toques de sombra y luz. También en la pintura domina el gusto realista por lo que los temas preferidos, son el retrato, la caricatura y el paisaje.

Casi todo lo que conocemos sobre la pintura romana se lo debemos a los miles de frescos sacados a la luz en Pompeya y Herculano. Y en primer lugar se ha comprobado que los romanos no pintaban sobre tela o tablillas, sino que lo hacían casi exclusivamente sobre las paredes de sus casas. Pintaban imitaciones de mármoles, columnas y, sobre todo, paisajes, jardines y escenas campestres. Así aquellos hombres que vivían en casas que apenas tenían ventanas llevaban a su interior la ilusión de estar en un espacio más amplio abierto y pintoresco.

Los romanos adinerados alegraban los interiores de sus habitaciones con pinturas murales
figurando motivos arquitectónicos y bonitos paisajes.

La “Primavera”, fresco del siglo I de nuestra era, hallado en Estabia.
Es una de las mejores obras de la pintura romana. Es una de las mejores obras de la pintura romana.

El arte del mosaico. Un maravilloso mosaico que decoraba la entrada de un establecimiento termal.

AMPLIACIÓN DE ESTE TEMA: ARTE ROMANO

Se puede afirmar que los romanos fueron “un pueblo de artistas”. Con todo, enamorados de la belleza del arte griego, no se preocuparon por crear uno propio: se declararon discípulos de los helenos y adoptaron su arte aunque marcándolo con su sello inconfundible de utilidad, solidez y grandiosidad.

De todas las ramas, la Arquitectura fue el “arte romano” por excelencia, en el que pudieron lucir su genio, especialmente dotado para los grandes proyectos. Fue además, el único campo en que aportaron importantes novedades, como la bóveda y el arco, elementos que a su vez habían recibido de los etruscos, pero que ellos perfeccionaron realizando algunas de las más grandes creaciones del espíritu humano.

Roma prácticamente sembró el mundo de grandes construcciones, pero entre ellas merecen destacarse:

« Las Termas, monumentales edificios con magníficos salones para conferencias, lecturas o juegos, a la par de suntuosas salas de baños fríos, tibios y calientes: en ellos los romanos pasaban gran parte del día como en nuestros actuales clubes. En Roma aún impresionan al visitante las ruinas de las Termas de Caracalla y de Diocleciano.

  • Los Anfiteatros estaban destinados a los combates de gladiadores, luchas de fieras y hasta batallas navales en miniatura. El más famoso es el de Vespasiana, llamado posteriormente “Coliseo”; en él cabían más de 50.000 espectadores.

  • Los Circos eran enormes pistas ovaladas destinadas a la gran pasión de los romanos: las carreras de carros. El Circo Máximo de Nerón medía más de 600 metros de largo y en sus gradas de mármol tenían entraban 350.000 personas.

  • Los Foros constituían el centro de la vida política de la ciudad. En estas plazas públicas se hallaban los monumentos, templos, mercados, tribunas para los oradores, y en ellas se reunía el pueblo para deliberar en las Asambleas o para enterarse de la marcha de los acontecimientos, Entre todos se destacan las ruinas del Foro de Trajano, desde el que, durante siglos, se manejó la suerte del mundo.

  • Los Arcos de Triunfo conmemoraban las principales victorias militares. Aún se conservan unos 150, y entre ellos los famosos Arcos de Tito, Septimio Severo y Constantino en la capital del imperio.

  • Las Basílicas romanas eran grandes construcciones divididas por columnatas, en las que funcionaban los tribunales, mercados y ferias. Posteriormente, cuando los cristianos necesitaron edificios para sus reuniones, convirtieron algunas de ellas en iglesias, y desde entonces las Basílicas fueron consideradas como lugares dedicados al culto. Entre todas sobresale la de Majencio, en Roma.

  • Los Templos romanos prestan aún sus servicios, transformados en iglesias cristianas El más notable de todos es el Panteón construido por Agripa, ministro de Augusto, y considerado como la más perfecta de todas las construcciones romanas. Su incomparable cúpula de 40 metros de diámetro sirvió de modelo a Miguel Ángel para la iglesia de San Pedro del Vaticano.

  • Los Acueductos fueron verdaderas obras de ingeniería que desde las montañas traían el agua que las ciudades necesitaban. Roma contó con 19 de estas solidísimas construcciones de piedra.

Las Carreteras romanas fueron magníficas construcciones como ningún otro país las ha conocido hasta nuestro siglo. Eran de lajas de piedra o de granito, de hasta ocho metros de ancho sobre un contrapiso de un metro de espesor. Cada mil pasos dobles había una “piedra miliar” que indicaba la distancia que la separaba desde el centro del mundo: el Foro de Trajano. Roma enlazó así todo su imperio con una vastísima red caminera que posibilitó la extensión de su poderío. En la actualidad se conservan más de 500 de estas rutas, muchas de las cuales prestan aún sus servicios, luego de 2.000 años de uso.

La escultura romana fue prácticamente una imitación de la griega y felizmente que haya sido así, porque de esta manera conservamos copias y reproducciones de las obras maestras de Grecia desaparecidas.

Sin embargo, debe reconocerse que los romanos fueron los mejores artífices de Bustos del mundo, y en ellos lograron alcanzar casi la perfección artística, superando grandemente a sus maestros.

La pintura, del mismo modo, fue también de neta inspiración helena, como se comprueba en los Frescos conservados en las mansiones de Pompeya y Herculano, ciudades enterradas en el año 78 durante la erupción del Vesubio, y que las modernas excavaciones han logrado desenterrar.

Ver: Grandes Obras Romanas

La Educacion en Roma Literatura, Filosofia y Religion en Roma

HISTORIA DE ROMA ANTIGUA: LA EDUCACIÓN

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La educación va a experimentar una profunda evolución a lo largo de la historia de Roma, determinada en primer lugar por la influencia griega que se produce desde el siglo III a.C. y en segunda lugar por la estrecha relación del sistema educativo con la sociedad del momento y con la configuración estatal.

Bien es cierto que encontramos una serie de elementos que se manifiestan a lo largo de todos los momentos históricos: el carácter aristocrático del sistema educativo y su relación con la ciudad, configurando una educación netamente urbana, por lo que debemos advertir que la educación se circunscribe a la población ciudadana y libre del Imperio al tiempo que la mayoría de las escuelas se instalan en los municipios.

Bien es cierto que en las aldeas o pequeños pueblos existían rudimentarias escuelas pero con escaso éxito. Podemos distinguir tres periodos educativos en la historia de Roma: el primero correspondería a siglos VIII-III a.C. -la Monarquía y los primeros momentos de la República-; el segundo al periodo comprendido entre los siglos III a.C. y II d.C.; y el tercero al Bajo Imperio.

En el primer periodo la educación se circunscribe al ámbito familiar, involucrando especialmente al patriciado y a la nobilitas. M. Porcio Catón enseñó a su hijo “las letras, le daba a conocer las leyes y lo ejercitaba en la gimnasia, (…) a manejar las armas y a gobernar un caballo”.

La educación en el hogar se extiende hasta los 17 años, cuando pasa la adolescencia. La madre será la encargada de los primeros momentos, hasta los siete años. Desde esa edad queda a cargo del pater familias con quien acude a diversas actividades. A los 17 años adopta la toca viril e inicia una nueva fase educativa, fuera de la familia pero controlada por ésta. El ejército y la política serán las dos direcciones que tome nuestro joven noble y su enseñanza correrá a cargo de algún conocido o amigo del pater.

El primer año está destinado a conocer la vida pública y después pasa al servicio militar donde aprenderá a luchar por la patria, subordinando el individuo a la comunidad. A partir del siglo III a.C. el mundo romano vivirá un contundente proceso de helenización que en un primer momento afectará a los círculos nobiliarios para irse diluyendo entre toda la sociedad paulatinamente.

El proceso se acentuará tras la Tercera Guerra Macedónica al difundirse la utilización del griego entre los miembros de la nobilitas, al tiempo que un amplio número de retóricos y filósofos griegos desembarcan en la península Itálica, muchos de ellos como esclavos. Este acercamiento al mundo helenístico no estuvo exento de polémica como el decreto de expulsión de todos los filósofos y retóricos griegos que dictó el Senado en el año 161 a.C., expulsiones que se sucederán en el tiempo. Pero a la helenización de la sociedad no se le podía poner freno y el propio Catón, uno de los más encendidos defensores de la tradición romana, estudiará a los maestros griegos.

Como es lógico pensar, este proceso de helenización tendrá su reflejo en la educación. Desde los últimos años de la República lo educativo abandona el entorno familiar para convertirse en algo público. Algunos emperadores regularán el proceso educativo o reducirán los impuestos a los gramáticos y retóricos. Vespasiano creará en Roma sendas cátedras de retórica latina y griega. Este mecenazgo pedagógico se extiende desde los emperadores a las aristocracias locales que también participan de la educación en sus ciudades, financiándola si es necesario.

El sistema educativo se establecería en tres niveles: elemental, secundario a cargo del grammaticus y superior, dirigida e impartida por los retóricos. Al nivel elemental se acedía con siete años y se abandonaba con doce, situándose la escuela en el foro. Allí los alumnos reciben las clases del magister, quien percibe por cada alumno un sueldo de 50 denarios. La mayoría de los alumnos van acompañados a la escuela por un esclavo llamadopaedagogus y disfrutan de vacaciones entre los meses de agosto y septiembre. Lectura, escritura, cálculo y recitación serán las enseñanzas impartidas. Las enseñanzas secundaria y superior presentan unos caracteres más clasistas. La secundaria abarca entre los doce años y los diecisiete, momento que el joven toma la toga viril.

El grammaticus es el encargado de impartir las enseñanzas que versan sobre la lengua y el conocimiento y estudio de los clásicos, recibiendo por cada alumno 200 denarios al mes. El lugar donde se imparte es en los pórticos abiertos del foro. La enseñanza superior estaría dirigida por el rethor quien llegaba a cobrar hasta 2.000 sestercios anuales por alumno. Las reglas del arte de la oratoria y su práctica serán las enseñanzas impartidas, a pesar de que desde Augusto este arte no era vital para participar en política. Sin embargo, las escuelas superiores surtirán a la administración de altos funcionarios y prestigiosos juristas. Durante el Bajo Imperio observamos una serie de modificaciones en el sistema educativo, especialmente por el intervencionismo estatal y la influencia cada vez más manifiesta del cristianismo. Las mayores necesidades burocráticas del Estado supondrán un aumento de los estudiantes de enseñanza superior al tiempo que los emperadores restauran las escuelas.

En el año 425 Teodosio II creará una universidad en Constantinopla donde los profesores sólo podrán ejercer la docencia en esta institución. En referencia al cristianismo, las escuelas cristianas irán sustituyendo paulatinamente a la educación helenística, anticipando el orden medieval incluso en su estructura ya que se establecían diversos niveles: monásticas, episcopales y presbiteriales.

Diversion y juegos romanos Historias del Imperio Romano

Diversión y Juegos Roma Antigua

Agricultura
Minería
Artesanos
Comerciantes
Financistas
Viviendas
Las Ciencias
Prostitución
Las Mujeres
Literatura
Filosofía
Diversión
Educación
El Derecho
Arte
Religión
Familia
Costos
Portal de Roma
Portal de Grecia

La diversión con mayúsculas del mundo romano es el circo o los juegos circenses. En el circo encontramos deporte, pasión e incluso ideas religiosas o políticas por lo que algunos especialistas lo consideran como algo más que espectáculo. La tradición hace referencia a los reyes etruscos como los creadores de los juegos en Roma, ya en el lugar donde posteriormente se instalaría el Circo Máximo. Estas ceremonias posiblemente tuvieran un origen funerario, con el fin de conjurar los poderes de ultratumba.

Los emperadores recreaban al pueblo con grandes y repetidas fiestas. En Roma había ciento sesenta y cinco días de fiesta al año, algunas, la inauguración del Coliseo verbigracia, duraron cien días seguidos. Dichas fiestas eran espectáculos que se celebraban en el el teatro, en el circo y en el anfiteatro. Empezaban por la mañana y se terminaban a la puesta del sol. Cuando asistía el emperador se repartían sorpresa, golosinas y vino.

TEATROS: En los teatros, el mayor de los cuales era el de Pompeyo, se representaban comedias, tragedias, farsas y pantomimas. Las comedias eran las obras dramáticas que Plauto y Terencio traducían o imitaban del griego, y que tanto gustaron a los romanos hasta el siglo IV. Las tragedias eran menos apreciadas por aquel pueblo, poco refinado;a la postre eran funciones en que el asunto importaba menos que el aparato escénico  lo propio sucede con las óperas modernas y las comedias de magia. Pero los espectadores preferían las farsas y las pantomimas. Las farsas o atelanas, asi llamadas porque, según Diomedes, ese género dramático se creó en Atela, ciudad de Campania, eranpiezas en un acto, muy jocosas, parecidas al entremés o al sainete. La pantomima era una pieza dramática en que el actor, mimo o pantomimo, en vez de hablar, explicaba lo que sentía por medio de gestos. La perfección a que llegaron, en este género, los actores griegos, parece que no la han alcanzado nuestros contemporáneos. El teatro romano era, pues, un espectáculo que recreaba la vista, mas que el espíritu.

CIRCO ROMANO: En el circo se daban carreras de carros y de caballos. circo Máximo, así llamado por su magnitud y porque e él se celebraban los juegos consagrados a lo dios magnos, tenía cabida para 300,000 espectadores.La planta tenía la forma de un paralelogramo alargado, cerrado por un lado  en semicírculo, ahí se abría la puerta triunfal, y en el lado opuesto, por una línea convexa, ahí estaban las cocheras.

Las gradas ocupaban tres lados, y la arena o pista estaba dividida longitudinalmente, aunque no por completo, por un muro de poca altura, llamado espina (espina dorsal de la pista) en cuyos extremos se alzaban sendos hitos cónicos, bastante altos y dorados, que eran las metas. La pista tenía casi un kilómetro de extensión y era preciso darle la vuelta siete veces en cada carrera

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Gladiador, juegos en el circo romano

Cada día habla veinticuatro carreras, comprendiendo cada una cuatro carros tirados por dos  caballos (biga) o por cuatro (cuadriga). Los cocheros circenses o aurigas lucían túnicas muy cortas ceñidas al cuerpo con correas para evitar que flotaran con la velocidad de la carrera. Los aurigas se distinguían por el color de la túnica, según: la cuadra, orden o bando a que pertenecían verde alusivo a la primavera; rojo al verano; azul, al otoño y blanco, al invierno. Esos cocheros a más de ganaban mucho dinero, eran muy populares. Sus partidarios no sólo apostaban contra el competidor en la carrera, sino que también, ello era frecuente, reñían y armaban verdaderos motines en el circo. El oficio de auriga tenía sus peligros; los carros al dar la vuelta de la espina, uno muy estrecho, en que estaban las metas, volcaban con suma facilidad.

Los emperadores dieron gran solemnidad a las carreras. Ellos hicieron que los juegos comenzaran con una procesión que dirigía el magistrado que presidía los juegos, y que a partir de Calígula, dirigió el emperador; procesión en la que figuraban los magistrados, los clientes, la flor y nata de la juventud romana, los aurigas, los luchadores, cerrando la comitiva, los sacerdotes y las corporaciones religiosas, las cuales acompañaban las imágenes de los dioses, con sus símbolos y atributos.

Los anfiteatros (el más notable fue el Coliseo o anfiteatro Flavio) eran circos cuya pista, más oval, no tenía espina. En ellos se celebraban varios espectáculos, especialmente los combates de gladiadores. Se atribuye el origen de estos combates a los sacrificios humanos que hacían los etruscos en los funerales de los grandes personajes para aplacar los manes de éstos. La moda influyó para que se reemplazaran con luchas entre dos esclavos. Bajo el imperio, esos juegos se reglamentaron y se llegaron a dar combates en que quinientas parejas de gladiadores venían a las manos. Los gladiadores eran condenados a muerte, esclavos, cautivos de guerra y a veces también hombres libres ansiosos de celebridad. Se les ejercitaba en ludus gladiatorius. El que fundaba una escuela de este género obtenía magníficas ganancias.

Los gladiadores combatían a pie, a caballo y en carros se les hacia luchar en parejas o en grupos. Generalmente habían de enfrentarse hombres que tuvieran armas diferentes. Entre los gladiadores se distinguían los samnitas, que se presentaban casi desnudos, y llevaban un gran escudo cuadrado y un sable corvo; los mirmillones, armados como los legionarios; los hoplitas, cubiertos de hierro como los caballeros de la Edad Media; los tracios, cubierta la cabeza con casco de anchas alas; los reciarios, armados solamente con una red de pescar y un tridente. Toda esa gente iba, antes de comenzar los juegos, a colocarse en fila delante de la tribuna del emperador para gritar «Ave, César Imperator, morituri te salutant» (Salve, César emperador; los que van a morir te saludan).

Los esclavos sacaban los cadáveres de la pista prendiéndolos con ganchos y tirando de ellos; un hombre vestido de Mercurio comprobaba la muerte de aquellos infelices, tocándolos con un hierro candente; a los heridos que no podían curar se les daba la muerte. Esos juegos sangrientos, que con sólo imaginarlos nos horripilamos, eran deliciosos para el pueblo romano.

Había días en que la pista se convertía en lago, y entonces se daban batallas navales; había otros en que, los gladiadores llamados bestiarios, luchaban con animales feroces. Por último, a aquellos anfiteatros se llevaba a los condenados a muerte, para que fueran devorados por tigres y leones, suplicio que cupo frecuentemente a los mártires cristianos.

LOS BAÑOS PÚBLICOS: (VER Termas de Caracalla)

El mediodía era la hora del almuerzo, especialmente frugal en tiempos de canícula. Cuando el calor apretaba, se imponía la siesta, en horas en que, como cuenta Cicerón, el “venturoso silencio” reinaba en la bulliciosa ciudad.  Recuperadas las fuerzas, cuando el sol comenzaba a bajar llegaba la hora de ir a los baños, para los cuales los arquitectos trazaban cómodas instalaciones, siempre bien abastecidas por los excelentes acueductos que se levantaban en extramuros. Las piscinas para disfrutar del baño también eran un escenario apropiado para el encuentro con los amigos y el abordaje de nuevos negocios, tanto económicos como políticos. Si las horas destinadas al baño no eran suficientes, las negociaciones y las transacciones continuaban alrededor de la mesa, ya que invitarse a cenar era un hábito propio de patricios. Los romanos no tenían fines de semana inactivos.

Lengua y Literatura en Roma Antigua Etapas y Representantes

Lengua y Literatura en Roma Antigua – Etapas y Protagonistas

la vida cotidiana en roma antigua

INTRODUCCIÓN AL TEMA: La historia de la Literatura romana puede dividirse en tres etapas: orígenes, plenitud y decadencia. La primera etapa no fue muy rica en manifestaciones trascendentes. Después de algunos cantos religiosos y campestres anónimos, de tipo popular, aparecieron los primeros poetas: entre ellos el itálico Nevio y los griegos romanizados Livio Andrónico y Ennio.

La edad de oro de la literatura latina se extendió desde comienzos del siglo I antes de nuestra era hasta el año 14 después de Cristo, fecha de muerte del emperador Augusto, gran protector de los escritores. Cinco grandes poetas –elegíacos, líricos y satíricos- caracterizaron esta época ilustre.

Fueron ellos: Catulo, que dedicó encendidos versos de amor a la mujer de sus sueños; Virgilio, autor de dos poemas fundamentales sobre la vida rural (“Las bucólicas” y “Las geórgicas”) y una magna epopeya que escribió -durante doce años- a pedido del emperador Augusto: “La Eneida”; luego, Horacio, que estudió en Roma y en Atenas y cuyas Odas, Sátiras y Epístolas pasaron a la posteridad; después, Tíbulo y Propercio, que murieron jóvenes y, finalmente, Ovidio, el último de los grandes elegiacos latinos. Ovidio se consagró con el largo poema titulado “Las metamorfosis” y con los versos que integran la serie de “Tristes” y de “Elegías políticas”, escritas en el destierro, mientras se hallaba en el Ponto Euxino, cerca del Danubio.

Los prosistas latinos cultivaron diversas especialidades. Algunos, como Tito Livio, se dedicaron a la Historia; otros, como Cicerón, a la Retórica y a la Oratoria; Lucrecio siguió la filosofía de Epicuro y escribió un tratado: “De rerum natura” (Sobre la naturaleza de las cosas); el emperador Julio César también se ocupó de Gramática y de Estilística; Salustio, el autor de “La guerra de Yugurta” fue, según se afirma, una mezcla de alta inteligencia y de bajos instintos; Vitruvio, con su tratado “De arquitectura”, realizó un aporte en el campo de la Estética.

La época de la decadencia, después de la muerte de Augusto, presenta una mezcla de raros escritores.

Entre ellos Fedro, esclavo liberto de Augusto, que imitó las fábulas de Esopo.

Hubo varios escritores nacidos en España: Marco Anneo Séneca y Lucio Anneo Séneca, el retórico y el filósofo. Y Lucano, nieto del primero de los nombrados, autor del poema épico “La Farsalia”.

Persio, Juvenal y Marcial (este último nacido también en España) fueron poetas en tiempos del emperador Nerón. Cultivaron, en especial, el género satírico. En cambio, la poesía lírica y la poesía épica no tuvieron, durante esta tercera etapa, representantes mayores.

La prosa latina contó, por esta época, con historiadores destacados, como Tácito (“Vida de Agrícola”, “Germania” y “Anales”) y Suetonio. Quintiliano (otro español) presentó, en su “De institutione oratoria”, un tratado de Retórica. Marco Aurelio, el sexto de los emperadores romanos, pasó a figurar en la Historia de la Literatura por sus célebres “Pensamientos”, serie de máximas morales.

Y Aulo Gelio, en “Las noches áticas”, se distinguió como agudo observador de costumbres. También pertenecen a este período dos novelas muy conocidas, aunque moralmente poco recomendables: “El satiricón”, de Petronio, y “El asno de oro”, de Apuleyo.

CUADRO RESUMEN: LA LITERATURA LATINA
1-Desde los orígenes al  14 d.C.

Principales Representantes

Etapa I: Orígenes al -88

Primeras manifestaciones de la poesía.
La épica: Nevio y Ennio (introduce el hexámetro)
Teatro. Fábula togata (140 a. de C.): Plauto, Terencio
Prosa. Catón el Censor

Etapa II:  -88 al 14 d.C.

Poesía. Los «nuevos» poetas: Cátulo.
Poesía didáctica: Lucrecio (epicureismo)
Época de Augusto: Virgilio (Eneida), Horacio (Odas) y Ovidio. Poetas elegiacos: Tibulo, Propercio
Historia. Julio César, Salustio, Tito Livio
Retórica. M. T. Cicerón
Erudición. Varrón, Vitrubio

2-De 14 d.C. a al 476 (fin  de Roma)

Principales Representantes

Etapa I:
De 14 al 117

Poesía. La épica: Lucano, Estado.
Sátira: Juvenal. Epigrama: Marcial.
Fábula: Fedro
Teatro. L. A. Séneca (estoicismo)
Historia. Tácito
Erudición.
Plinio el Viejo,
Novela.  Satiricón (¿Petronio?)

Etapa II:
117 al 476

Paganismo

Poesía: Nemesiano, Comodiano, Ausonio, Avieno
Historia: Suetonio
Novela: Apuleyo
Erudición: Aulio Gelio
Cristianismo Apologética: Tertuliano, Lactancio
Poesía: Prudencio, Sidonio Apolinar
Historia: Amiano, Marcelino
Gramática: Elío Donato

PRIMEROS TIEMPOS DE ROMA ANTIGUA: Los romanos produjeron poca literatura antes del siglo III a. de C. La literatura latina que surgió en esa época estaba muy marcada por los modelos griegos. La demanda de obras para los festivales públicos, a la larga, condujo a la aparición de un creciente número de escritores nativos. Los más conocidos fueron Plauto y Terencio.

Plauto (c. 254-184 a. de C.) utilizó argumentos de la Nueva Comedia Griegapara sus propias obras  Los actores vestían atuendos y máscaras griegos, y representaban los mismos personajes base: los viejos verdes, los astutos esclavos, las prostitutas y el joven enamorado.

Si bien estaba en deuda con los griegos, Plauto se las arregló para infundir a sus obras su propia cualidad terrena latina, al incorporar elementos que complacían a los romanos: embriaguez, glotonería y afeminación. Plauto escribió para las masas y llegó a ser un autor muy popular en Roma.

Un segundo autor de obras de teatro que obtuvo distinción fue Terencio (185-159 a. de C.), nacido en Cartago y conducido a Roma como esclavo por un senador romano, quien lo liberó. Terencio murió a temprana edad, después de haber escrito seis obras. También utilizó argumentos de la Nueva Comedia Griega, pero sus obras contenían menos bufonerías que las de Plauto. Terencio estaba más preocupado por lograr el retrato sutil del carácter y por la maestría de su lenguaje. El refinado estilo de su lengua latina atraía más a una audiencia cultivada que a las masas.

La comedia en Terencio
Más moralista que autor dramático fue Publio Terencio Afer (n. hacia 185 a. de C.). Nació en Cartago y fue llevado a Roma como esclavo del senador Terencio Lucano. Disfrutó de una esmerada educación y fue pronto emancipado. Perteneció al círculo elitista de Escipión Emiliano y por ello su obra de comediógrafo no alcanzó tanta resonancia popular como la de Plauto.

Su primera comedia, Andria, imitada de Menandro, se representó con ocasión de los Ludi Megalenses del año 166, y al igual que Hecyra o La suegra no atrajo particularmente a los espectadores, que abandonaron su representación para asistir a un espectáculo de funámbulos. Más éxito lograron las siguientes: Eunuco, Heautoníimorúmenos o El verdugo de sí mismo, Phormio(el nombre del parásito que desempeña un importante papel en la obra) y su mejor pieza cómica Adelphoe o Los hermanos, resultado de la «contaminación» o fusión de dos piezas griegas: una de Menandro y la otra de un autor también griego llamado Dífilo.

Cicerón, César, Horacio y Quintiliano nos han dejado su opinión acerca del teatro de Terencio, valorando virtudes y defectos. Terencio representa la comedia mesurada, sin el vigor que le confirió Plauto, con un lenguaje que se consideró modelo de «elegancia» e inspirado en el de la conversación entre gentes de la «buena sociedad». Destacó en la pintura de caracteres y sentimientos y llegó a la cima de la fama en la época del Renacimiento. Montaigne lo situó muy por encima de Plauto y Fénelon lo consideró mejor que Moliere, aunque .más recientemente estas estimaciones hayan disminuido en beneficio de la obra dramática de Plauto.

La sátira y la prosa
También a esta época, llamada arcaica, pertenece la figura de Cayo Lucilio (180-103 a. de C.), quien dio forma definitiva al género satírico. En Lucilio la sátira se encaminó a la crítica de la sociedad y adoptó como molde métrico el tantas veces aludido hexámetro. De sus treinta libros de Sátiras sólo restan fragmentos en que se abordan cuestiones poéticas, morales y literarias. Horacio tildó su estilo de mediocre, pero en tiempos de Tácito mereció un mayor aprecio. Satirizó la institución familiar, la avaricia, la ostentación de la gente adinerada, las supersticiones y las costumbres femeninas.

Cicerón y Lactancio nos han transmitido textos definitorios de su estilo: el uno relativo a la exagerada pasión por todo lo griego y el otro a la definición de la virtud (en la que parece anteponer el bien de la patria al familiar y al propio).

En el campo de la prosa el escritor más relevante fue Catón el Mayor, ya anteriormente citado. Entre los historiadores cabe citar los nombres de Q. Fabio Pictor (nacido en 259 a. de C.), L. Cincio Alimento, Cornelio Escipión, Cayo Acilio y Postumio Albino, entre otros. Más que historiadores fueron todos ellos analistas y lo que escribieron lo escribieron generalmente en griego.

De los oradores, género en el que el más brillante fue también Catón el Mayor, merecen señalarse algunos de los que menciona Cicerón: sobre todo, los nombres de Marco Antonio y de Marco Licinio Craso, a los que él dio el papel de interlocutores en De oratore.

En otras actividades como la gramática y la crítica literaria incipientes descuellan Espurio Cervilio y L. Elio Preconiano Estilón, que se ocupó, según parece, del lenguaje de las comedias de Plauto.

LA REPÚBLICA: LA EDAD DE ORO DE LA LITERATURA LATINA: El máximo esplendor de la literatura latina se produce en la época de Augusto, es decir, en los primeros pasos de la república romana, y fue de tal importancia que se la reconoce como la “Edad de oro

VIRGILIO, OVIDIO Y HORACIO: Los elementos principales de la literatura latina fueron Roma y “el hombre. El pasado, el futuro y la gloria de su patria ilustraban las obras literarias de los romanos. El hombre, su actividad política, su conducta, Fueron otras de las preocupaciones dominantes. La influencia griega fue de suma importancia, los grandes literatos griegos fueron los modelos por seguir.

Roma fue también el tema dominante en la historia latina. Esta tuvo un fin literario de carácter ‘patriótico-moralista’. Los historiadores romanos le rindieron homenaje a su ciudad, considerada por ellos como el corazón del mundo. Trataron entonces de mantener vivo el orgullo nacional y de exaltar los deberes cívicos de sus ciudadanos.

Setenta años antes de Cristo nació en Mantua Publio Virgilio Marón (-70 a -19), el más grande de los poetas latinos. Fue autor de las Bucólicas, colección de cantos en los que ensalza la vida del campo, completados después por las Geórgicas, que describen las labores agrícolas, la vida de las abejas, del ganado y de los árboles.

Pero su obra cumbre fue la Eneida, que consta de doce libros en los que, imitando a Homero, describe las aventuras de Eneas, fugitivo de Troya, una vez destruida la ciudad por los griegos. El libro es un relato mitológico, épico, poético y dramático, en el que al mismo tiempo se va siguiendo paso a paso el periplo del príncipe troyano a través del Mediterráneo. La intervención de los dioses en los combates que se describen recuerda las páginas de la Iliada y la Odisea.

El poeta mas brillante fue Virgilio, hijo de un pequeño campesino de norte de Italia, escribió su obra maestra en honor al emperador Augusto Octavio, poema épico conocido como La Eneida, y que rivalizó con la obra de Homero, en donde se establece una conexión explícita entre Troya y Roma. Troya y Roma. Eneas, el hijo de Anquises de Troya, sobrevive a la destrucción de su ciudad y, a la larga, se establece en el Lacio; por consiguiente, la civilización romana se anuda con la historia griega.

El carácter de Eneas es descrito en términos que recuerdan el ideal romano: sus virtudes son el deber, la piedad y la lealtad. El propósito general de Virgilio fue mostrar que Eneas había cumplido su misión de establecer a los romanos en Italia y, por consiguiente, que Roma comenzara su divina misión de gobernar el mundo

Ovidio (43 a. de C.-18 d. de C.) fue el último de los grandes poetas de la Edad de oro. Perteneció a un grupo privilegiado de jóvenes romanos a los que les gustaba ridiculizar los viejos valores romanos. Para conservar el espíritu de este grupo, Ovidio escribió una serie de frívolos poemas amorosos, conocidos como Amores. Pensados para entretener e impresionar, lograron su cometido.

La obra más popular de Ovidio, Las metamorfosis, es una serie de quince narraciones mitológicas complejas que incluyen la transformación de formas, como el cambio del caos en orden. Fuente inagotable de información mitológica, Las metamorfosis inspiraron a muchos pintores, escultores y escritores occidentales, sin olvidar a Shakespeare.

Otra de las obras de Ovidio fue El arte de amar. Ésta era esencialmente una imitación de los poemas didácticos. En tanto que los autores de anteriores poemas didácticos escribieron guías para sembrar, cazar o actividades semejantes, la obra de Ovidio era un manual para seducir a la mujer (véase el recuadro de la página 139). El arte de amar parecía aplaudir la relajación moral de las altas clases romanas, justo cuando Augusto trataba de purificar la vida sexual de dichas clases. Al princeps no le agradó esto. Ovidio eligió ignorar los deseos de Augusto y pagó el precio.

En el año 8 d. de C., se e implicó en un escándalo sexual, que tal vez también involucraba a la hija del emperador, Julia. Ovidio fue desterrado a una pequeña aldea en las costas del mar Negro.

Contemporáneo de Virgilio fue Publio Ovidio Nasón  romano a quien Augusto desterró a Ponto Euxino a orillas del Mar Negro. Sus obras más conocidas son El arte de amar, de tema netamente erótico, y Las metamorfosis, de carácter mitológico.

Otro prominente poeta de la época de Augusto fue Horacio (65-8 a. de C.), amigo de Virgilio. Horacio fue un escritor muy complejo cuya absorbente preocupación pareció ser señalar a sus contemporáneos las “insensateces y vicios de su época”. En las Sátiras, mezcla de poemas sobre una variedad de temas, Horacio se rebela como un desapasionado observador de la debilidad humana.

Dirigió sus ataques contra actitudes, no contra personas vivas, y abordó temas como la inmoralidad sexual, la avaricia y la insatisfacción en el trabajo (“¿Cómo es posible, Mecenas, que ni un solo hombre esté contento con su suerte?”).

UN TRÁGICO ERROR: Mas el ritmo tranquilo y placentero de su vida se ve perturbado por un auténtico rayo en cielo sereno. Una tarde, un centurión le lleva una orden inesperada. Augusto le ordena que abandone inmediatamente “Roma, y se traslade a Tomi, en el .mar Negro, Era enviado al exilio. ¿Por qué? Aún hoy permanece todo en el misterio. Ovidio, en sus escritos, alude sólo a un fatal “error” cometido. ¿Cuál?: no sabemos.

Es invierno cuando se embarca en Brindisi; el mar está tempestuoso. Llega extenuado a Tomi, un pueblecillo perdido, donde nadie habla ni sabe latín, donde no hay médicos. Además, la zona está amenazada por las poblaciones bárbaras vecinas: los escitas, que intentan invadir la colonia romana.

Ovidio, que siempre ha alardeado de no haber prestado nunca servicio militar, se ve obligado, ya casi viejo, a proveerse de yelmo y coraza y a embrazar el escudo. Es una vida imposible para el poeta. Una gran tristeza le agobia, y, muchas veces, durante el exilio, invoca la clemencia de Augusto. Pero es inútil: el emperador no perdona.

Ovidio necesita un médico, un poco de sol.. . pero no puede tener lo uno ni lo otro. No tiene ni el consuelo de recibir cartas de los seres queridos, pues las comunicaciones con Roma son lentísimas. Y así será hasta el fin: ruegos, peticiones, nostalgia, soledad.

A los sesenta años, el más brillante poeta de la corte de Augusto desapareció para siempre.

SUS OBRAS: La poesía de Ovidio no es particularmente rica en significados profundos ni en valores universales. Pero este poeta es el más grande narrador de aventuras amorosas, de historias fabulosas y de maravilla y de sentimientos nostálgicos de que pueda alardear la literatura latina. Sus mayores méritos radican en la limpia exactitud y en la ágil musicalidad de su verso. Sus obras más importantes son:

Amores” – En esta obra, Ovidio canta la belleza y la dulzura de sus sentimientos por Corinna, la mujer amada.

Ars amatoria” – Es una obra curiosa: en ella enseña el poeta, muchas veces con ironía sutil, cómo comportarse cuando se está enamorado.

Remedia Amoris” – “Medicamina faciei” – Éstas son las obras más “frívolas” de Ovidio. En la primera da consejos para curarse del “mal de amores”. En la segunda enseña a las mujeres… recetas de belleza.

Las Metamorfosis” – Su obra más célebre. En ella se cantan quince historias de transformaciones acaecidas por obra de los dioses, como hombres transformados en animales o plantas, y concluye con la apoteosis del César, que se transforma en una estrella brillante.

Fastos” – Es la obra más “seria” del poeta, en la que celebra la gloria de Roma narrando sus fiestas más importantes.

Tristia” – Como las demás pequeñas obras, escritas durante su exilio en Tomi, expresa la soledad y la tristeza de sus últimos años de vida.

Quinto Horacio Flaco  (65-8) escribió odas, sátiras y epístolas. De estas últimas, la titulada A los Pisones ha sido considerada como un tratado de preceptiva literaria. Fue protegido de Mecenas.

Horacio se ríe en gran medida de la debilidad del ser humano y hace un llamado al dominio sobre sí mismo: “Suponiendo que mi amigo se haya embriagado y haya mojado mi lecho… ¿será por ese desliz que deba tenerle menos aprecio como amigo, o porque me arrebató un pollo que estaba al lado de mi plato cuando tenía hambre?

En su última obra, las Epístolas, Horacio se valió de otra forma griega —la carta imaginaria compuesta en verso— para ofrecer un retrato de sus amigos, de la sociedad y de aquellas cosas por las que tenía más aprecio: una vida sencilla, los buenos amigos y su amado país.

Siguiendo La línea del griego Esopo, en Roma encontramos a Fedro, contemporáneo de los poetas antes mencionados, a quien se debe una colección de fábulas.

Salustio (86-34 a.C.) Escribió con estilo conciso y metódico sobre los tiempos de las crisis de la república y sus problemas. Sus obras: La guerra de Yugurta y La conspiración de Catílina.

Tito Livio (59 a. C- 17 d.C.) Escribió Historia de Roma, importante obra en la que recogió el testimonio de antiguos cronistas. No obstante la falta de crítica en sus relatos, en donde mezcló la leyenda con la realidad, su obra fue importante para conocer los primeros tiempos de Roma.

La obra latina en prosa más famosa de la Edad de oro la escribió un historiador, Livio (59 a. de C.-17 d. de C.). La obra maestra de este escritor fue la Historia de Roma, que abarcaba desde su fundación hasta el año 9 a. de C., y que comprendía ciento cuarenta y do; libros. Sólo treinta y cinco de éstos han llegado hasta nosotros, aunque tenemos breves resúmenes de toda la obra, escritos por otro; autores. Livio concibió la historia como lecciones morales.

Para Livio, el carácter humano era un factor determinante en la historia. La historia de Livio celebró la grandeza de Roma. Construyo escena tras escena, que no sólo revelaba el carácter de las principales figuras, sino que demostraba las virtudes que habían hecho grande a Roma. Por supuesto, acusaba serias fallas como historiador. No siempre se atenía a la exactitud de los hechos de las miríadas de su; historias, y no era muy crítico respecto de sus fuentes. Pero narró, en verdad, una buena historia, y su obra fue considerada por mucho tiempo como la historia ejemplar de Roma.

La época de Augusto se prolongó mucho tiempo. Él murió en el año 14 d. de C., después de dominar el mundo romano por cuarenta y cinco años. Creó un nuevo orden, al mismo tiempo que pacificaba el anterior, restaurando y conservando los valores tradicionales, lo cual constituyó una combinación adecuada para el hombre cuy¿ máxima fue “apresúrate despacio”. En el momento de su muerte, su nuevo orden estaba tan bien establecido, que pocos romanos fuero-los que se rebelaron para buscar una alternativa de gobierno.

LA EDAD DE PLATA:  se llama así, porque pesar que los esfuerzos literarios de esta etapa fueron buenos, no alcanzaron a superar la calidad de la primera etapa de la cual hablamos anteriormente, que llamamos Edad de Oro

Educado en Roma, Séneca (c. 4 a. de C.-65 d. de C.) estuvo fuertemente vinculado con la filosofía del estoicismo. Después de cumplir sus funciones de tutor de Nerón, él mismo se encargó de que el gobierno funcionara en los primeros cinco años del reinado de Nerón. Séneca comenzó a desligarse de la política cuando Nerón inició un papel más activo en el gobierno. En el año 65 fue acusado de estar involucrado en una conspiración en contra ce Nerón y, obedeciendo las órdenes de Nerón, se suicidó.

En sus cartas, dirigidas a un joven amigo, expresó los principios básicos del estoicismo: vivir de acuerdo con la naturaleza, aceptar los acontecimientos desapasionadamente, como parte de un plan divino, para profesar un amor universal por toda la humanidad. Así, “la primera cosa que la filosofía nos promete es el sentimiento de compañerismo, de pertenecer a la humanidad y de ser miembros de una comunidad”

 La filosofía llama a una vida sencilla, pero no penitente, y la forma sencilla de vivir no necesita ser una vida grosera. Analizado en retrospectiva, Séneca incurre en algunas inconsistencias notorias. Si por un lado predicó las virtudes de la simplicidad, por el otro amasó una fortuna, y aun llegó a comportarse con rudeza para protegerla. Sus cartas reflejan humanismo, benevolencia y entereza, pero sus sentimientos a menudo se ven deteriorados por su intención de ser astuto con las palabras.

Tácito (55-120 d.C.) Se lo consideró uno de los historiadores más importantes de Roma; fue autor de numerosas obras, entre ellas Anales y Germania. Figura relevante de este largo período es la de un historiador: Cayo Cornelio Tácito.

Tácito, roma antiguaAunque carecemos de las fechas exactas de nacimiento y de muerte, cabe fijar la primera en torno al año 55 de nuestra era y la segunda alrededor del año 120. Era probablemente hijo de un caballero romano, Cornelio Tácito, que ocupó el cargo deprocurator en Bélgica hacia el año 55, y se conjetura que nació en una provincia del norte de Italia.

Frecuentó las escuelas de retórica, ejercitándose en la práctica de las célebres declamaciones, y recibió la influencia de la filosofía de los estoicos, que gozaba entonces en Roma de gran predicamento. Con fervorosa admiración de discípulo, escuchó a los grandes oradores de su tiempo, Marco Apery Julius Secundus, impregnándose de sus consejos y enseñanzas. Adquirió temprana reputación de jurisconsulto elocuente y prudente, de lo que nos ha transmitido su personal testimonio Plinio el Joven.

En su producción se incluyen: Diálogo de los oradores, escrito hacia el año 81; Vida de Agrícola, panegírico de su suegro que compuso ante la imposibilidad de pronunciar el elogio fúnebre del fallecido por encontrarse Tácito ausente de Roma; la Germania (De moríbus Germanorum), monografía en dos partes sobre las costumbres germanas, que compuso fundándose en informes orales directos y en la lectura de Plinio el Viejo; las Historias de las que se han conservado cuatro libros y una parte del libro V y que incluían los hechos acaecidos desde el año 69 (ya muerto Nerón) hasta el año 96 (asesinato de Domiciano y advenimiento de Trajano) narrados en catorce libros, y los Anales (Librí ab excessu divi Augusti), que según se deduce abarcarían desde la desaparición de Octavio Augusto el año 14 de nuestra era hasta el año 69, enlazando así con las Historias.

Alrededor del segundo siglo de nuestra era, los autores latinos —aunque todavía bajo la influencia de los modelos griegos familiares— imitaban cada vez más a los grandes escritores latinos de las primeras épocas. Juvenal (c. 55-c. 128) escribió cinco libros de sátiras, en los que ponía en la picota las costumbres y los vicios de su generación.

En ellas fustiga los vicios y corrupción de la Roma de su tiempo: censuran vicios, describen costumbres, ensalzan virtudes, etc. El tono vehemente de que hace gala el autor le valió un prestigio que traspasó los límites cronológicos de la Antigüedad, para perdurar en los siglos posteriores

Atacó los amaneramientos de las mujeres romanas, el abuso de los esclavos, los excesos de los emperadores, los inmigrantes griegos y orientales, su propia pobreza y las injusticias de la sociedad romana.

Por ejemplo: “Exigen que el maestro moldee esas mentes tiernas… Se le dice a uno: ‘Encargúese’, y cuando finaliza el año escolar, uno obtiene tanto como lo que obtiene el jinete de una sola carrera”.

Sin embargo, Juvenal no fue un reformador. A pesar de que atacó muchos vicios, no brindó una crítica sustancial de su sociedad.

Las Mujeres en Roma Antigua Imperio Romano

Las Mujeres en Roma Antigua

El papel principal que desempeñarán las mujeres en Roma será el de fiel y abnegada esposa ya que dependían en todo momento de su marido. Los enlaces matrimoniales solían ser concertados por las familias y el padre de la joven debía entregar una dote a la muchacha.

Ella tenía derecho de sucesión respecto a su padre e incluso capacidad de testar por lo que se dieron matrimonios donde la esposa era más rica que el marido y rehusaba su autoridad, recibiendo en ocasiones todas las clientelas del padre.

roma antigua prostitucion

Pero lo habitual era que la mujer estuviera absolutamente supeditada a su esposo. Si tradicionalmente es el pater familias el que dirige la casa, quien da las órdenes a los esclavos y dirige la administración del hogar, ¿cuál es el papel de la mujer en las casas respetables de Roma? Lo habitual es que las matronas mataran la mayor parte del tiempo en los trabajos relacionados con la costura y el tejido.

Paulatinamente la mujer irá ocupando un papel protagonista en la organización de la familia, incluso por prescripción médica ya que los galenos consideraban que las mujeres debían desarrollar alguna actividad. Algunos hombres empezaron a dejar en manos de sus esposas la dirección del hogar, incluso la llave de la caja de caudales.

El contar con varios esclavos permitía a la matrona poder delegar en ellos todos los trabajos de la casa, incluso los relacionados con su propia higiene personal. El esclavo viste y calza a la dama, aunque no lava sus dientes.

Los esclavos acompañan a la señora en la alcoba, aunque la matrona duerma sola o en compañía de su esposo. Era frecuente que los esclavos durmieran en las puertas de las alcobas, contándonos un poeta satírico que “cuando Andrómaca hacía el amor con Héctor, sus esclavos, con la oreja pegada a la puerta, se masturbaban”.

Esta omnipresencia de los esclavos en las vidas de las clases acomodadas romanas provocarán que las infidelidades fueran públicas en la mayor parte de los casos. Para mantener una relación amorosa secreta lo mejor era alquilar una habitación a un sacristán ya que estaba obligado a guardar silencio. Si el esposo fallecía, la matrona vería protegida su virtud por su familia, ante la inminente llegada de una legión de pretendientes que deseaban hacerse con su fortuna.

Previamente debía haber muerto el padre porque sino como pater familias era dueño de todo lo que pertenecía a la familia. El sino de esta viuda es volver a contraer matrimonio o buscarse un amante que la complazca en el lecho, a pesar de la indignación de los moralistas romanos. Si era el hombre el que quedaba viudo podía buscarse una concubina, mujer o mujeres con los que un hombre solía acostarse habitualmente. No olvidemos que los emperadores contaban con un amplio harén de concubinas en palacio. Pero llegaría un momento en que ese hombre viudo decidiera establecer un vínculo más estrecho con esa concubina de inferior rango social por lo que se produce una unión de hecho entre ambos denominada concubinato. La concubina debía ser una mujer libre y la unión monogámica.

Este concubinato no da lugar a consecuencias jurídicas, siendo libres los hijos nacidos de esa relación.