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Glosolalia El Don de las Lenguas Hablar en Idiomas Desconocidos

GLOSOLALIA, EL DON DE LAS LENGUAS – HABLAR EN IDIOMAS DESCONOCIDOS

El catolicismo, la iglesia Pentecostal el espiritismo y otras manifestación religiosas coinciden en la creencia fenómeno. Se trata de la Glosolalia: la capacidad de una persona para hablar un idioma desconocido como consecuencia de una experiencia sobrenatural.

De todos los fenómenos paranormales, pocos resultan tan atractivos como la posibilidad de comenzar a hablar otro idioma de un momento a otro, como por arte de magia. A este fenómeno se lo conoce como Glosolalia y se caracteriza porque quien lo experimenta puede hablar una lengua que desconoce. Puede tratarse de un idioma vivo o muerto, conocido o desconocido, real o imaginario. En cualquier caso, la Glosolalia no es nueva en el mundo e incluso forma parte de registros religiosos.

También llamada Xenoglosia o Don de lenguas, en la Iglesia Pentecostal se le da una interpretación dogmática, mencionando al espíritu santo como causa. En realidad, el origen de este fenómeno es bíblico y, desde las páginas de los evangelios, se expandió a lo largo de la historia y las creencias.

Lo que dice la Biblia
La Glosolalia es esencial en la Biblia, donde se conoce como “Don de lenguas” y es uno de los poderes que el Espíritu Santo les brinda a los apóstoles. En el día de Pentecostés, cincuenta días después de la crucifixión de Jesús, los discípulos estaban reunidos en la ciudad de Jerusalén cuando, de acuerdo con la promesa hecha por su Maestro, el Espíritu Santo se hizo presente.

La Biblia dice que los apóstoles “comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen” (Hechos 2;4). Así, estos hombres pudieron salir por el mundo a predicar los evangelios en las lenguas nativas de cada región. Pero eso no era todo: los discípulos de Jesús podían sanar y realizar otros milagros que sirvieran para demostrar la verdad cristiana.

En la Biblia se especifica que, como los dones del Espíritu Santo eran impartidos solamente por la imposición de las manos de los apóstoles, con la muerte del último de ellos (Juan) los dones cesarían gradualmente de manifestarse. Así es como ocurrió, y el don de lenguas dejó de atraer la atención de los fieles durante cientos de años.

San Agustín enseña en sus escritos que en el comienzo de la Iglesia este don era necesario para que el Evangelio se comunicara rápidamente a todas las naciones, así todos podían recibirlo y se daba testimonio del origen divino de su doctrina. Pero cuando la Iglesia ya hablaba los diferentes lenguajes por medios convencionales, el don se hizo menos necesario.

Santo Tomás, en su Summa Thelogia, confirma que este don milagroso de lenguas no es tan común como lo era antes. Sin embargo, parece no haber desaparecido: entre los santos que lo ejercieron se encuentran San Pacomio (siglo IV), San Norberto (siglo XII), San Antonio de Padua (siglo XIII), San Vicente Ferrer (Siglo XIV), San Bernardino de Siena (siglo XV) y San Francisco Javier (siglo XVI)

glosolalia

El sorprendente don de entender lenguas extrañas de Teresa Neumann. El ‘carisma de lenguas’ de una estigmatizada Hay diferentes dones que se engloban en el “carisma de lenguas”, que se deben distinguir. Uno es el que tuvo la mística Teresa Neumann, que podía hablar y comprender lenguas que no conocía, a la perfección, en estado de éxtasis. Otro es pronunciar y comprender profecías dichas en lenguas.

La larga historia del Don de lenguas
Tras la Reforma de Lutero y Calvino, la Glosolalia comenzó a expandirse. El Don de lenguas era considerado entonces una expresión de tensión. La controversia entre jesuítas y jansenistas, que duró casi 80 años, provocó la aparición de gloso-lalistas entre estos últimos. Algo similar ocurrió con los camisards, los franceses protestantes que vivían en las montañas de las Cévennes.

Cuando su libertad de culto fue revocada en 1685 y se intentó imponerles la fe católica, se sublevaron. Tres mil de ellos resistieron frente a las tropas monárquicas de casi sesenta mil hombres. Tras una larga batalla, fueron derrotados en 1705. Se dice que entre los camisards acosados por la monarquía había niños de 15 meses en adelante que predicaban sermones en francés, utilizando el lenguaje con corrección a pesar de no tener edad ni siquiera para hablar en su holandés maternal.

Muchos de esos camisards emigraron a Inglaterra y tuvieron una fuerte influencia sobre los Cristianos Carismáticos. Pasaron dos generaciones hasta que la fundadora de la Sociedad Unida de Creyentes en la Segunda Aparición de Cristo, Ann Lee, tuvo ella misma el Don de lenguas. Esta sociedad era conocida como “shakers” y era perseguida por las autoridades británicas.

Lee fue interrogada por cuatro sacerdotes anglicanos y les respondió en varias lenguas entre las cuales se contaban el latín, el hebreo y el francés. Los sacerdotes se acobardaron ante la mujer y recomendaron que no se la persiguiera.

De todas maneras, Ann Lee tuvo que dejar Inglaterra y partió hacia América. Durante la expansión de los shakers en Estados Unidos, era común que sus danzas rituales finalizaran con los participantes hablando en lenguas desconocidas. El mismo fenómeno se repetía con los mormones pertenecientes a la Iglesia de Jesucristo de los Santos Modernos. Se dice que su fundador, Joseph Smith (1805-1844), tenía el Don de lenguas.

Por aquellos años se hizo muy conocida entre los fieles la historia de un mormón que pronunció una disertación sobre la caza en la lengua de los indios choc-taw. En esa oportunidad, se interpretó que el discurso era una venia para terminar de construir un templo en la localidad de Salt Lake City, en plena región choctaw. En la actualidad, los mormones creen que la glosolalia es un fenómeno que existe, pero limitan su uso y su valor espiritual.

Una “epíciemia cristiana”
Hacia 1830 el fenómeno se popularizó de tal manera que se llegó a hablar de una epidemia del “mal del sermón”. En efecto, a partir de ese año la glosolalia se repitió cientos de veces en múltiples lugares de la Iglesia Cristiana. En Escandinavia se daba en fieles durante la ceremonia, algo que las autoridades consideraron un “entusiasmo histérico”.

En el año 1850, la expansión de la Iglesia Ortodoxa rusa en Armenia impulsó con fuerza la glosolalia, que se repitió en muchos fieles hasta comienzos del siglo XX. Durante esos años el Don de lenguas formó parte esencial del Movimiento Carismático y alcanzó a fieles de Estados Unidos y Estonia.

La moda de la Glosolalia llegó con fuerza a Estados Unidos y se coló en una escuela de Kansas, en donde 40 estudiantes decidieron unánimemente que para completar su experiencia cristiana les faltaba el bautismo del Espíritu Santo, cuya señal era el Don de lenguas. El 31 de diciembre de 1900, el pastor C. F. Parham, impuso las manos a un estudiante. Al cabo de algunos minutos, el joven comenzó a hablar en una lengua desconocida.

Otros treinta estudiantes hicieron lo mismo durante los días siguientes. Así nació el Pentecostalismo. Para el culto Pentecostés, la glosolalia es especialmente importante. Pero hablar una lengua desconocida requiere de un intérprete. Por esa razón, así como un fiel comienza a hablar en un idioma que nadie conoce, en el mismo instante otro fiel recibe el don para poder traducirlo a los demás. Actualmente, unas 20 millones de personas que pertenecen a este culto creen que el Don de lenguas es una señal del Espíritu Santo.

¿Una práctica espiritista?
Simultáneamente a la expansión del Don de lenguas entre las religiones, el mismo fenómeno comenzaba a hacerse popular en el mundo del espiritismo. Durante el siglo XIX y la primera mitad del siglo XX, los médiums espiritistas aseguraban que podían hablar con los espíritus utilizando lenguas desconocidas.

En muchas ocasiones, el médium entraba en un estado de trance y entablaba un diálogo en donde ninguno de los asistentes podía ser capaz de entender el significado de las palabras, de manera que resultaba necesario convocar a un lingüista que interpretara la conversación.

Uno de los casos más extraordinarios de glosolalia en un marco espiritista fue el de la médium inglesa Rosemary, quien hacia 1930 comenzó a tener visiones de sus vidas pasadas. Rosemary relataba experiencias en el antiguo Egipto y pronto pudo hablar en la lengua de los faraones. Según la médium, el espíritu de una egipcia que había conocido en su vida anterior, llamado Nona, hablaba a través de ella.

El hecho no sería tan sorprendente si no hubiera sido estudiado por el egiptólogo Howard Hulme, quien presenció y grabó las sesiones.

En una de ellas, Rosemary le prestó su voz a Nona, quien respondió las preguntas de Hulme sobre la vida en el antiguo Egipto con llamativa exactitud. En la grabación de ese diálogo se pueden escuchar sonidos como aspiraciones guturales, consonantes desconocidas y construcciones peculiares de una lengua que murió hace 3.000 años y que ningún hombre sabe a ciencia cierta cómo sonaba.

La Glosolalia suele estar relacionada con posesiones demoníacas. Es común que quienes son poseídos por espíritus hablen en otras lenguas mientras dura el fenómeno.

La combinación de voces de ultratumba que hablan en lenguas antiguas, a menudo ya muertas, constituye uno de los misterios más escalofriantes de la humanidad y un enigma que todavía no pudo ser resuelto.

Ver: Los Estigmas en el Cuerpo

Fuente Consultadas:
Trabajo enviado por Fermín D. Hetze como colaborador
Basado en una nota de la Revista Vivir en Armonía N°34 – Glosolalia-

La Vida Despúes de la Muerte Según Las Religiones Reencarnación

LA VIDA DESPÚES DE LA MUERTE SEGÚN RELIGIONES Y EXPERIENCIAS VIVIDAS

Desde antes del comienzo de la historia el ser humano ha considerado a la muerte como un paso al más allá. Las diferentes religiones sostienen que el mundo espiritual es tan tangible y real como el mundo material. Pero, ¿qué es lo que pasa cuando abandonamos lo que lamamos vida?

¿QUE NOS ESPERA EN EL MÁS ALLA?: Los yoguis tibetanos afirman que los vivos provienen de los muertos, sentencia que no procede de simples tradiciones o creencias, sino de testimonios de personas que aseguran haber muerto y reingresado conscientemente en el útero humano.

YOGUI MAHARISHL MAHESH

El legado de los monjes tibetanos puede ser una guía digna de confianza a la hora de la muerte, un estado que a todos los seres que vivimos en el planeta nos espera al final del camino. Distinta es la concepción de la muerte que tienen las religiones occidentales: explican que la vida del más allá es un estado espiritual eterno sostenido por las acciones que los hombres realizaron en su vida carnal.

Así, el cielo será ganado por aquellos seres justos y probos; pero aquellos que erraron en el camino de la vida y se desenvolvieron entre el odio, la codicia y el rencor, serán enviados a las tinieblas, lugar donde expiarán sus culpas.

El libro Egipcio de los muertos
Los egipcios imaginaban que el mundo de los muertos era semejante a aquel en que vivían, es decir, al valle del Nilo. Para la religión Egipcia, el más allá es una especie de desierto dividido por un largo río que fluye en medio de una faja de tierras cultivables de unos treinta kilómetros.

Este mundo inferior llamado Duat comprendía doce regiones, al igual que el Egipto faraónico, El Doble Reino del Lirio y del Papiro, que estaba dividido en doce nomos. Cada una de las regiones del mundo inferior correspondía a una de las doce horas de la noche. Las regiones estaban separadas las unas de las otras por portones resguardados por serpientes erguidas sobre su cola, ocultas tras los tabiques y atentas a no dejarse sorprender de ninguna manera por muertos insólitos.

Estas doce regiones del mundo inferior se encontraban habitadas por una innumerable población de dioses, espíritus y muertos ordinarios. En cuanto al alma, los egipcios la representaban bajo la forma de un pájaro con el rostro del difunto. En el instante de la muerte esta alma voladora dejaba el cuerpo momentáneamente privado de su Ka, es decir, su vida.

El pájaro-alma se escapaba por los pozos de las mastabas y regresaba para visitar los parajes familiares. Se las podía ver por las ramas de los árboles y en los jardines a orillas del río Nilo. Tenía presentes los deseos elementales pero siempre era capaz de reflexionar, de juzgar y de decidir.

A esta alma viajera y preparada para la felicidad, había que nutrirla y llenarla de ofrendas, porque su existencia en el más allá dependía de la piedad y de los cuidados materiales que le dedicaban los vivos. Si los vivos olvidaban a sus muertos, éstos se convertían en Bennu, el pájaro de los estanques, que volvía a su casa terrestre para hacer gritar de terror a los que debían nutrirles.

La reencarnación del alma en la creencia Hindú
Según las antiguas creencias hindúes, el alma después de la muerte pasa de forma temporal al plano astral, para después entrar en otro cuerpo que puede ser otro ser humano, un animal inferior, un insecto e incluso una planta. El nuevo cuerpo en donde se materializará el alma será definido por el Karma de cada una.

El karma está determinado por las acciones, buenas o malas, que esa persona realizó en vida. Así, cuanto más virtuosa haya sido la persona, su alma pasará a un ser más noble y perfeccionado. Por el contrario, si la persona muerta había seguido los caminos del mal, su alma será castigada reencarnándola en un ser poco iluminado. Para los hinduistas, este proceso de reencarnación se repite hasta que el alma no se sienta liberada totalmente del Karma, perdiendo así todo el interés por la vida corporal.

Así pues el alma humana se unirá con el Brahma o se disolverá en el Nirvana. La  religión  hinduista  explica  que  así como hubo un tiempo en que el hombre no existía sobre la faz de la tierra, llegará el día en que él ya no esté más. De la misma forma que el ser humano evolucionó desde las formas de vida más primitivas, como las plantas y los peces, llegará a un punto que se convertirá en un ser superior, en un súper hombre.

El humano actual está considerado como un ser en etapa transitiva que se encuentra bajo la directa influencia de las fuerzas cósmicas. Estas fuerzas lo llevarán hacia una meta incomprensible para la actual naturaleza del hombre, y de aquella alma que naciera en un principio, ya no quedará nada humano.

El Bardo Thodol de los lamas Tibetanos
Para los tibetanos el Bardo es el estado post mortem de las personas, quienes desde el momento mismo de su deceso, se hallarán en estado de sueño o trance durante tres o cuatro días, tiempo durante el cual es separado el cuerpo del plano humano. Este periodo es el primer bardo y se llama Chikkai Bardo o estado transitorio del momento de la muerte, donde aparece la Clara Luz que es percibida de forma kármica por el alma que aún no es capaz de reconocerla.

El segundo bardo, llamado Chonyid Bardo o estado transitorio de la realidad, es aquel en donde el alma comienza a vislumbrar y reconocer su nuevo entorno. Esta última experiencia se funde con el último Bardo denominado Sidpai Bardo o Estado transitorio del renacimiento, que termina cuando el principio de la conciencia renace en el mundo humano, en algún otro mundo o en uno de los reinos paradisíacos celestiales.

El Bardo Tnodol es la gran doctrina de la liberación mediante la audición y la visión. Para los lamas tibetanos, el ser humano difunto se convierte en el único espectador de un prodigioso panorama de las visiones alucinatorias. El Bardo Thodol es el estado típico y sugestivo de todas las experiencias post mortem.

El difunto, si no es un iniciado, se halla bajo la ilusión de que todavía posee su cuerpo de carne y sangre. Cuando llega a comprender que carece de ese cuerpo, comienza a gestar un avasallante deseo de poseer uno y al buscarlo, el incorpóreo entra en el estado de renacimiento, en donde vuelve a convertirse en carne. El lamanismo explica que los yoguis más iluminados no sufren las alucinaciones de los Bardos y pueden pasar directamente a un reino paradisíaco o reencarnar en este mundo de forma consciente y en un lapso de continuidad ininterrumpida.

Desde el siglo XVIII existen testimonios sobre el Cielo y el Infierno, escritos por personas que afirman haber abandonado temporalmente el mundo corporal y viajado hacia el mundo de los espíritus. Una de esas personas, tal vez la más famosa, ha dejado uno de los relatos más espeluznantes del Infierno; su nombre era Emanuel Swedenborg, religioso al servicio de Carlos XII, rey de Suecia. Swedenborg afirma que todos los moradores del infierno están inmersos en el mal y que allí no hay nadie que asuma al mismo tiempo maldades y verdades. Explica además que el espíritu maligno posee una fisonomía y un rostro de acuerdo al interior de su mente, es decir que se convierte en un ser horroroso. Por lo tanto -continúa- todos los espíritus infernales aparecen bajo la forma de su maldad, su interior y su exterior se convierten en la misma cosa. Por regla general sus rostros son espantosos e incluso hay algunos que llamean como antorchas. Swedenborg explica que los espíritus infernales viven en una sociedad en donde cada uno se ama a sí mismo y no tiene capacidad de amar a nadie. Allí se llega por los delitos y aberraciones cometidos en la tierra, ya sean públicos o privados, y por los suicidas que son quienes más sufren.

Testimonios de quienes cruzaron el umbral
Los testimonios de personas que, entrando en un estado de muerte clínica, conocieron el límite espiritual de la vida y la muerte cuentan por cientos. La mayoría de ellos fueron estudiados y confirmados por psicólogos y científicos. Algunos ejemplos: un adolescente de 16 años, al que llamaremos simplemente Juan Manuel, tuvo una insuficiencia renal aguda que lo llevó a un estado de muerte clínica por algunos minutos.

En ese período, en el cual los médicos trabajaban en su reanimación, el jovencito explicó que en un instante se vio parado sobre sus pies y moviéndose a gran velocidad a lo largo de un espacio oscuro. Allí él no podía divisar paredes pero tenía toda la sensación de un túnel y, aunque no había viento, podía sentir que se movía a gran velocidad. “A pesar de no entender hacia dónde me dirigía, ni para qué, sentía que al final de mi intenso vuelo, me esperaba algo muy importante y quería llegar cuanto antes a la meta”, explicó luego el joven.

Al final se encontró en el medio de un lugar lleno de luz en donde había un ser muy alto de largos cabellos dorados y vestido de blanco, quien irradiaba desde su silencio una gran sensación de amor y paz. Después de esta experiencia Juan Manuel se tornó un joven muy religioso que influyó benéficamente sobre toda su familia. El estudio de estas experiencias hizo cambiar el punto de vista de muchos hombres de ciencia.

El pediatra norteamericano Melvin Morse, autor del libro Hacia La Luz, describe el caso de una niña de nueve años a quien revivió luego de entrar en muerte temporal debido a ahogamiento por inmersión. La niña relató que durante su estado espiritual se encontró con una dama muy amable llamada Elizabeth, quien podría haber sido su ángel guardián. La dama la recibió muy cariñosamente y conversó unos momentos con ella para explicarle que aún no era su hora, ya que no estaba preparada para el mundo espiritual. Así Elizabeth le permitió volver a su cuerpo en el momento en que el doctor Morse terminaba la reanimación.

El relato de la pequeña conmovió de tal manera al facultativo, que dejó de lado su natural escepticismo científico para comenzar a estudiar de forma profunda qué es lo que nos ocurre en el preciso momento en que dejamos de lado nuestra existencia corporal.

El doctor Morse asegura, a través de las páginas de su libro, que todos los niños con los que tuvo contacto luego de que pasaron por una experiencia de muerte clínica, se convirtieron en jóvenes creyentes, serios y moralmente más justos que el común de las personas de la misma edad. Al ser consultados, todos los jóvenes que relataron sus experiencias la describían como una gracia de Dios, y estaban convencidos de que el camino de la vida es hacer el bien sin miramientos.

El camino al más allá
Los numerosos libros publicados que estudiaron el fenómeno de las experiencias vividas por personas en estado de muerte clínica que visitaron el otro mundo, muestran diferentes etapas que a continuación detallamos:

La mirada del doble
El hombre no se percata de forma inmediata que ha muerto sino hasta que ve a su propio cuerpo yaciendo sin vida bajo de sí y se da cuenta de que no se puede comunicar con el mundo del cual hasta hace minutos era parte. En ese instante comprende que su alma salió de su cuerpo. Muchas veces el reconocimiento de su doble no es instantáneo y el alma se niega a creer que ya pasó al plano astral.

Es el caso de los accidentes, cuando la muerte es inesperada por la persona y la separación del cuerpo es instantánea. La experiencia de la incomunicación y de la doble visión, crea un estado de duda en esta alma que no sabe si lo que observa es la realidad o está viviendo un sueño.

La conciencia interrumpida
En los relatos de las personas que experimentaron muerte clínica temporal, aseguran que conservaron todos y cada uno de sus sentidos y sus capacidades intelectuales. Inclusive algunos manifiestan haber notado que la vista y el oído se agudizan, la memoria se aclara recordando momentos perdidos, y el pensamiento es mucho más nítido. Algunas otras personas que habían perdido algunas de sus facultades, sienten que las recuperan.

Existen varios testimonios de personas ciegas que durante su muerte clínica ven o personas sordas que oyen perfectamente. Por supuesto que al volver a sus cuerpos, el ciego no vuelve a ver ni el sordo a oír. Los médicos que han reanimado a estas personas, reunieron los datos de las experiencias vividas, y no es descabellado asegurar que estos datos serían de gran utilidad a médicos psiquiatras y otros estudiosos de los procesos químico-eléctricos del cerebro humano.

Consuelo
Normalmente son la enfermedad, el sufrimiento y la agonía quienes anteceden a la muerte. Cuando se abandona el cuerpo, el alma ya no siente el dolor, el ahogo y, en contrapartida, percibe sus pensamientos claros y sus sentidos sosegados. Desde ahí el espíritu comienza a despedirse de su forma material y de su vida terrenal y se preparará para comenzar una nueva forma de existencia. Lo único que le preocupará es el amor por las personas que conoció en vida, ya que mantiene intactos sus sentimientos terrenales. Tampoco se van a producir cambios importantes en la personalidad del individuo, llegará al nuevo mundo tal cual salió del viejo.

El túnel de la Luz
Quienes volvieron del mundo espiritual describen el pasaje a aquel como un espacio oscuro similar a un túnel. Al final de este túnel se llega a un lugar lleno de luz, que se puede considerar luz supraterrenal. Los testimonios de las personas que pasaron por esta experiencia cuentan por cientos y todas las descripciones concuerdan en la sensación de viajar por un túnel y una bella conmoción cuando se llega a la luz final.

Para todos ellos es muy difícil describir con palabras terrenales la espectacularidad de esa luz, ya que es distinta y no genera sombras. Para las personas piadosas o creyentes, esa luz fue considerada como un ángel o el mismo Jesucristo. Desde la luz no se emiten palabras en ningún idioma, sino que se comunica a través del pensamiento.

Evaluación y juicio
De la luz parte una especie de demanda hacia el alma de la persona, no como cuestionario, ya que la luz lo conoce todo, sino para recordar lo realizado en vida. Así, delante de los ojos del hombre pasan las imágenes de los actos de su vida terrenal, desde su infancia más tierna, reviviendo y revalorizando todo el pasaje de su existencia sobre la tierra. La experiencia de este examen muestra que todas las personas que pasaron por él, al volver a la vida terrena cambiaron su actitud ante las demás personas.

Durante esta evaluación el hombre se ve obligado a rever sus actos para poder juzgarse a sí mismo. De esta manera el hombre puede verse como es en realidad y no como lo considera la sociedad terrenal. Las personas que en su vida han realizado actos de maldad y egoísmo de todas las índoles verán sus malas acciones y sentirán en carne propia el dolor que causaron. Serán increpados por su propia conciencia y ese será el comienzo de su suplicio.

Un mundo nuevo
Aquel lugar a donde llegan las personas una vez que se despiden de la vida terrenal es muy difícil describir por quienes pudieron volver para narrarlo. Allí las distancias parecen no existir así como se conciben en este mundo, y muchos afirmaron poder ir de uno a otro lugar sólo con pensarlo.

Existen otros relatos que describen al mundo espiritual como un lugar de prados y colinas llenas de plantas de colores vivos inexistentes en la tierra. Sin embargo los relatos de quienes vieron este mundo muchas veces se dificulta ya que no encuentran la forma de describirlo con palabras.

¿Cómo se ve el alma?
El aspecto que tiene el alma no siempre es el mismo que el del cuerpo que deja. Los niños se ven adultos y muchos adultos vuelven al aspecto de su primera niñez. Muchas personas que habían perdido alguno de sus miembros en accidentes o por enfermedad, afirman que los recuperaron como seres incorpóreos. Por esto, muchas personas, al momento de morir, no pueden reconocer de forma     inmediata que ese ser etéreo son ellos mismos.

Los reencuentros
El alma del ser humano en su viaje hacia el más allá podrá encontrarse con aquellos seres queridos que ya hayan partido. Algunas personas explican que después de haber abandonado su cuerpo y elevarse, se encontraron con sus parientes más cercanos, quienes las saludaban y se mostraban muy felices de verlos.

En el otro mundo el alma se reencuentra con quienes fueron afines a ella, ya que las almas se atraen las unas a las otras. Sin embargo los reencuentros no son una regla, ya que muchas personas afirmaron que no se encontraron con nadie, aunque constantemente sintieron una presencia cercana.

El regreso al mundo corporal
Muchas veces el recién muerto tiene la posibilidad de elegir entre quedarse en el mundo del más allá o volver a su cuepo terrenal. Las personas que decidieron volver sintieron la necesidad de terminar alguna misión en la tierra o asumieron que aún tenían mucho por dar a sus seres queridos. Otros recibieron la orden de volver aunque se encontraban deseosos de quedarse en aquel lugar, ya que se les explicó que todavía no estaban listos. Por más oposición que pudieron haber puesto para quedarse allí, una fuerza inexplicable los arrastraba hacia atrás.

La vuelta al cuerpo significa un shock para la persona, ya que todas esas percepciones desaparecen y regresan empujados con fuerza. Quienes vivieron esta experiencia coinciden en que en el retorno a la vida se siente mucho frío. Muchos se desmayan por un corto lapso. Aún así, la experiencia de volver al cuerpo no es del todo traumática, sino que se siente paz y seguridad.

Fuentes Consultadas:
Trabajo enviado por el colaborador: Agustín W. Palloti basado en nota Revista Vivir en Armonía N°17 -La Vida Despúes de la Muerte-

Los Estigmas o señal en el cuerpo Señales Heridas San Francisco

Los Estigmas o Heridas en el Cuerpo

enigmas de la historia

A Jesús lo clavaron en la cruz por los pies y las manos. Además, le pusieron una corona de espinas y una vez muerto, le clavaron una lanza en el costado. En siglos posteriores se han repetido las noticias de personas vivas con heridas espontáneas que coinciden con una o varias de las llagas de Cristo. 

ESTIGMAS: Marca o señal en el cuerpo. En su sentido religioso se refiere al fenómeno de llevar las llagas de la crucifixión de Cristo físicamente. Estas llagas se manifiestan en las manos, pies, el costado y la cabeza de ciertos santos como signo de su participación en la pasión de Cristo.

Los estigmas pueden ser: Visibles o invisibles; sangrientos o no; permanentes, periódicos (generalmente resurgiendo en días o temporadas asociadas con la pasión de Cristo) o transitorios. Los estigmas invisibles pueden causar tanto dolor como los visibles. Los estigmas pueden permanecer muchos años, como el caso del Padre Pío, quien los llevó por 50 años y fue el primer sacerdote que se conoce estigmatizado. (San Francisco tenía las estigmas pero no era sacerdote). Al morir sus estigmas desaparecieron milagrosamente.

Los Estigmas o señales en el cuerpo

Therese Neumann (1898-1962) le aparecieron por primeras vez en 1926, provocando una avalancha de curiosos

LOS ESTIGMAS SAGRADOS:

Los estigmas (del griego stigma. picadura, punto, señal) pueden adoptar diversas formas. Algunos de ellos no pasan de ser hematomas o manchas en la piel, pero en otros casos pueden llegar a causar dolor. Lo más habitual es que sean heridas abiertas que al cabo de un tiempo terminan sanando, pero en algunos casos son permanentes aunque no supuran ni se infectan. El fenómeno de la estigmatización parece estar limitado casi exclusivamente a ios católicos romanos, y afecta en particular a mujeres.

LOS PORTADORES DE LAS HERIDAS

Hasta el momento han sido santificadas 80 de las personas estigmatizadas. Los estigmas por si solos no son motivo de santificación para la Iglesia, que se rige según otros criterios. La autenticidad de los estigmas es cuestionada una y otra vez, sobre todo debido a la poca fiabilidad de las fuentes históricas. En algunos casos se da por sentado que la descripción de los estigmas de una persona es una prueba del vínculo de dicha persona con Jesús.

Uno de los primeros que habló de las «señales de Cristo» fue el apóstol Pablo en su epístola a los Gálatas. No obstante, aunque algunas fuentes posteriores lo afirman, no está del todo claro que se refiriera a los estigmas. En cambio, san Francisco de Asís (hacia 1181-1226) es un caso comprobado de estigmatización.

LAS HIPÓTESIS

Existe una teoría que sostiene que el hombre es capaz de influir sobre su cuerpo a través de su mente. Se tiene noticia de personas que han sido capaces de realizar actos sobrehumanos en situaciones extremas, como levantar objetos pesadísimos. Dado que los estigmas aparecen principalmente entre los católicos, seria lógico pensar que esas personas son tan devotas que su cuerpo se provoca de alguna forma esas heridas. Sin embargo, también se han dado unos cuantos casos de estigmas en no cristianos. Otra posibilidad es que los afectados padezcan una forma peculiar de histeria, es decir, una sobreexcitación que puede provocar distintos síntomas, como hemorragias subcutáneas. Se ha intentado respaldar esta teoría con sesiones de hipnosis y, en efecto, a las personas objeto de estudio les salieron manchas oscuras en los lugares de las llagas de Cristo.

Los estigmas pueden ser don de Dios (como en los santos) o falsificación o causados por el sujeto por problemas mentales. En algunos casos de carácter diabólico. Es por eso que la iglesia ha establecido criterios para determinar la autenticidad de los estigmas.
Algunos criterios: Las llagas están localizadas en los lugares de las cinco llagas de Cristo.

¿HERIDAS AUTENTICAS?

Alrededor de los estigmas también ha habido impostores. Hay quien se contenta con explicar que una vez llevó los estigmas sagrados, pero otros llegan a infligírselos ellos mismos para poder mostrar las cicatrices como prueba. Los casos más extremos están protagonizados por personas que mantuvieron abiertas durante mucho tiempo las heridas que ellos mismos se habían causado, en perjuicio de su salud. A pesar de no ser un fenómeno demasiado frecuente, en fechas recientes se han conocido algunos ejemplos de estigmatización, que, además, han sido documentados por la ciencia. No obstante, todavía no se ha podido ofrecer una explicación del todo convincente.

Ver: La Vida Después de la Muerte

Ver: Glosolalia o Dón de las Lenguas

Fuente Consultada: Grandes Enigmas de Nigel Blundell-Wikipedia-Diccionario Insólito-Grandes Aventuras del Hombre

La Gran Pirámide Gizeh El Poder de las Piramides Enigmas Egipto

La Gran Pirámide Gizeh – El Poder de las Piramides

enigmas de la historia

LA GRAN PIRÁMIDE GIZEH
Una edificación ante cuya construcción se hubieran acobardado los ingenieros modernos

La gran pirámide de Gizeh, en Egipto, debía ser el último monumento, un gran monumento, digno del hombre al que conmemorada: el rey Khufu, más conocido por su nombre griego, Keops; uno de los gobernantes más poderosos que haya conocido el mundo antiguo. A lo largo de los terraplenes del Nilo, se elevan alrededor de cuarenta pirámides, pero una de ellas puede ser comparada con la gran pirámide de Gizeh. Este monumento mide más de 137 metros de altura y abarca una superficie cuadrada de unos doscientos treinta metros de lado.

Los bloques de piedra usados en su construcción —2.300.000— fueron cortados con gran precisión y tienen un peso que varía de 2 a 15 toneladas. Los grafos de Napoleón calcularon que contiene piedra suficiente como para construir un muro de 2,73 metros de altura y 91 centímetros de grosor alrededor toda Francia. base de la pirámide es un cuadrado perfecto; los cuatro lados encaran exactitud a los cuatro puntos cardinales. Las esquinas constituyen ángulos os que rozan la perfección.

La Gran Pirámide Gizeh El Poder de las Piramides

Pirámide de Gizeh

Todavía hoy, a pesar de la difusión de la fotografía, resulta difícil imaginar imponente es la pirámide sin haberla visto con los propios ojos. Pero O años atrás el monumento era todavía más impresionante: estaba revestida con una reluciente caliza blanca (saqueada desde hace mucho tiempo para utilizada como material de construcción en otras zonas) y coronada por un casquete de oro batido, que medía nueve metros…muchos se preguntan si la gran pirámide es sencillamente una maravilla técnica de la antigüedad o un monumento que posee una significación más profunda, una significación mística. medida que se conocen nuevos aspectos de la antigüedad, surgen pruebas irrefutables de que las civilizaciones pretéritas alcanzaron, frecuentemente, asombrosos niveles de sabiduría científica. Algunas de ellas parecen haber poseído, incluso, conocimientos de los que hoy carecemos.

Por ejemplo: Como se las arreglaron los antiguos egipcios, que ni siquiera habían descubierto rueda, pera levantar la gran pirámide, valiéndose solamente de palancas y rodillos? ¿Cómo pudieron tallar los gigantescos bloques de granito con  asombrosa precisión? ¿Cómo pudieron endurecer el bronce de sus herramientas hasta dotarlo de una resistencia que hoy resulta inimitable? ¿Cómo adquirieron la audacia que les permitió acometer un proyecto de tal magnitud Intimidada incluso a los más inquietos y aventurados arquitectos o ingenieros modernos? gran pirámide está asentada sobre una meseta rocosa, a 16 kilómetros de Cairo. Se cree que, antes de levantarla, los egipcios construyeron una base exactamente nivelada, para lo cual debieron edificar un muro de barro alrededor de la meseta.

Luego, seguramente inundaron el área cercada. A medida que el agua fue luego gradualmente drenada, aparecieron los sitios salientes, protuberancias, que emparejaron hasta que quedó una vasta superficie plana. Sobre esta base, más profunda que la que sostiene nuestros rascacielos modernos, las cuadrillas de trabajadores comenzaron a arrastrar los gigantes bloques de arenisca, desde las canteras. El material para construir la cobertura de caliza brillante tuvo que ser traído desde más lejos: de las canteras situadas en los terraplenes del Nilo. Las rocas fueron arrastradas en trineos, través de suaves rampas; una vez llevadas al sitio adecuado, los canteros se encargaron de cortarlas con toda exactitud.

La tumba se cavó, como un profundo túnel, en el basamento de roca maciza sobre el que se levantaría la pirámide; ésta fue la tumba que se previó utilizar en el caso de que el emperador muriera antes de que el monumento estuviera terminado. Luego se construyó otra tumba, ya dentro de la pirámide, pero a un nivel inferior a la que debería ser la verdadera cámara funeraria: ésta fue emplazada en el corazón mismo de la pirámide, a unos cuarenta y dos metros sobre el nivel del suelo. A esta cámara mortuoria se llegaba por un pequeño pasadizo, que desembocaba en una majestuosa galería de 7,5 metros de altura.

Dentro del pasadizo fueron emplazados enormes «tapones» de granito. de manera que éste pudiera ser bloqueado para siempre una vez que los sacerdotes hubieran completado los ritos fúnebres dentro de la cámara funeraria. Pero a pesar de todos estos complicados preparativos, parece que jamás se depositó un cadáver en la gran pirámide. Los egiptólogos están divididos en dos grandes grupos: los que creen que os monumentos poseen alguna significación profunda y misteriosa y los que creen que son simples tumbas. Pero, si la gran pirámide es una mera tumba, por qué esa ausencia de un cuerpo sepultado y por qué esa matemática precisa de cada muro, de cada pendiente, corredor y cavidad.

Tal como demuestran las tumbas del Valle de los Reyes —donde los arqueólogos encontraron la tumba de Tutankamon— los cadáveres eran habitualmente enterrados junto con obras de arte y objetos de valor. Cuando los ladrones hacían sus incursiones en las tumbas, robaban lo que encontraban de valioso, difícilmente se llevarían un cadáver. Sin embargo, cuando la gran pirámide fu violada por primera vez, en el año 800 de nuestra era (el violador fue un joven califa de Bagdad, Al Mamun), no se encontró ningún cuerpo eh ella. De hecho, después de penetrar en la pirámide, Al Mamun no se convirtió e un saqueador.

El califa había oído leyendas según las cuales la gran pirámide contenía cartas y mapas astronómicos, el cristal que no se rompía y los metales más puros. Después de una peligrosa y ardua perforación de las grande defensas de granito, llegó finalmente a la cámara mortuoria del rey.

Todo lo que encontró en ella fue un sarcófago vacío y sin tapa y el ataúd de piedra Al califa le parecía imposible, después de haber visto los grandes tapones d roca, inviolados hasta ese momento, que alguien le hubiera precedido en si penetración en el monumento. Investigó en busca de pruebas, tales como un entrada forzada o rastros de saqueo, pero no encontró nada de eso. De manera que se fue, decepcionado y perplejo, preguntándose para qué fines se habían construido el vasto monumento. Desde ese momento, la gran pirámide no volvió a ser perturbada durante siglos, hasta que los científicos y matemáticos británicos y franceses comenzaron a interesarse por ella, en los siglos XVII y XVIII.

En 1683, John Greaves, un estudiante de Oxford, exploró la cámara mortuoria del rey y quedó maravilla do ante la precisión de sus medidas, que no se apartaban de la simetría «n siquiera en una milésima parte de un pie».

Los descubrimientos de Greaves atrajeron la atención de otros universitarios británicos, entre los que se contaba sir Isaac Newton; todos trabajaron empeñosamente para descubrir el secreto de la pirámide, pero fracasaron. En la década de 1830, un aventurero inglés, el coronel Richard Howard Vyse, dirigió un equipo de investigadores; su principal hallazgo fue el de los dos conductos, de 23 centímetros de diámetro, que comunican los frentes norte sur de la pirámide con la cámara mortuoria real. Cuando estos conductos fueron despejados, el clima dentro de la cámara mortuoria permaneció inamovible, a -2°C, cualquiera que fuese la temperatura que reinaba fuera de la pirámide. Se trata de una temperatura ideal para la preservación de los modelos de pesas y medidas científicas que, según las narraciones legendarias acerca de la tumba, habían sido guardados en ella.

Treinta años más tarde, otro inglés, John Taylor —hijo del director y editor del periódico The Observer— realizó otros descubrimientos sin siquiera mover-se de su gabinete. Taylor sometió a un examen crítico todo lo que hasta entonces se sabía acerca de la gran pirámide y escribió su libro- The Great Pyrarnié Why Wes It Built ond Who Built It?; en él llegó a la conclusión de que los egipcios que construyeron la pirámide «sabían que la Tierra era una esfera’. mediante la observación del movimiento de los cuernos celestes en relación a la superficie terrestre, calcularon la circunferencia del planeta. Deseaban dejar para la posteridad el más correcto e imperecedero registro que pudieran conseguir».

Los estudios de Taylor revelaron que la relación entre la altura de la pirámide y su perímetro es la misma que la que existe entre el radio de un círculo y su circunferencia. Esto parece demostrar que los egipcios conocían el valor de Pi,  el inapreciable principio matemático que, hasta hace poco, todos creían que se había descubierto 3500 años después del florecimiento de la civilización egipcia. Los análisis de Taylor fueron confirmados por el brillante matemático Charles Piazzl Smyth, que fue astrónomo real de Escocia. A partir de entonces, surgieron a raudales nuevas teorías acerca de las pirámides. Algunas eran realmente Interesantes, otras sólo excéntricas; algunas tenían un profundo sentido místico y religioso, otras se mostraban prácticas y científicas.

Una de las explicaciones que se propusieron consistía en que la gran pirámide había sido diseñada como un reloj gigantesco. En 1853, el físico francés Jean Baptiste Biot dedujo que el ancho y nivelado pavimento que se extiende junto a las caras sur y norte de la gran pirámide eran en realidad una superficie graduada para recibir la sombra del monumento. En invierno, la pirámide proyectaría su sombra sobre el pavimento norte; en verano, el revestimiento de caliza pulida reflejaría el sol sobre el pavimento sur. De esta manera, era posible leer en ellos el día del año y la hora del día. David Davidson, un ingeniero británico de Leeds especialista en estructuras, y su colega de Yorkshire, Moses E. Cotsworth, adoptaron y profundizaron la propuesta de Biot.

Según ellos, los egipcios, utilizando la pirámide, podían medir la duración real del año con una exactitud de milésimas de segundo. Otra de las explicaciones afirmaba que la gran pirámide constituye en realidad un inmenso observatorio astronómico. En el siglo XIX, el astrónomo británico Richard Proctor demostró que uno de los corredores de la gran pirámide, conocido como pasaje descendente, estaba exactamente alineado con la estrella que señala el polo norte de la Tierra. En los días en que la pirámide fue construida, el papel actual de la estrella Polar correspondía a Alfa Draconis, pero el leve desplazamiento del eje de la Tierra a través de los siglos modificó las cosas.

A medida que la gran pirámide se ha movido con la Tierra, el pasaje descendente aparece ahora alineado con la estrella Polar, Proctor conjeturís que las diversas muescas y ranuras que aparecen en el interior de la gran pirámide, en la galería mayor, pudieron haber tenido la función de sostener bancos y plataformas móviles, para que los observadores estudiaran, con sus instrumentos ópticos, el paso de las estrellas a través de la entrada de la galería.

Los miembros del Instituto de Piramidología, de Londres, creen que la gran pirámide profetiza con precisión el futuro de la humanidad. Según este instituto, puede demostrarse, mediante un complicado sistema de mediciones y cálculos matemáticos, que el gran monumento egipcio predijo el éxodo de los judíos desde Egipto, la crucifixión de Cristo, el estallido de la Primera Guerra Mundial (episodio que, según los miembros del instituto, constituyó el comienzo de la desintegración de antiguo orden, tal como profetizaron Daniel y Jesús) y el comienzo del milenio en el otoño de 1979. Esta fecha —postula el instituto -londinense— marca el comienzo de los 1000 años (milenio) en que Cristo reinará sobre la Tierra; esta era terminará con Armagedon y el día del juicio  en 2979.

El escritor Peter Tompkins, autor de un exhaustivo estudio sobre los mistes de Gizeh, publicó en 1971 un libro en el que intentaba resolver el enigma e rodea a la gran pirámide. Tompkins asegura que los sacerdotes egipcios metieron al faraón Khufu o Keops una tumba gigantesca. Pero una vez que monarca sancionó y doté de fondos el proyecto, los sacerdotes comenzaron construir no una tumba, sino un inmenso edificio destinado al conocimiento científico. Y, cuando murió, el iluso Khufu no fue enterrado allí.

En colaboración con el doctor Livio Strechini, profesor de historia antigua en Wliliam Paterson College de Nueva Jersey, Tompkins resumió las conquistas científicas de los constructores de las pirámides y llegó a las siguientes conclusiones:

La gran pirámide constituye un centro, cuidadosamente elegido, desde el cual pudo establecerse toda la geografía del mundo antiguo.

El monumento fue utilizado como observatorio, desde el cual se trazaron los mapas y las clasificaciones de las estrellas con una precisión notable.

Los lados y ángulos de la pirámide se utilizaron como medidas base en toda la cartografía antigua.

La estructura de la gran pirámide tuvo en cuenta el valor matemático Pi,

El monumento pudo ser una “biblioteca» práctica del sistema de pesos y medidas vigente en el mundo antiguo

Los  constructores conocían la circunferencia exacta de la Tierra y la duración exacta del año (incluyendo unos márgenes de error calculables en la dos mil cuatrocientos veintidós avas parte de un día). Es probable que los egipcios conocieran también la medida de la órbita de la Tierra alrededor el Sol, el peso especifico del planeta, el ciclo de 26 000 años de los equinoccios, la aceleración de la gravedad y la velocidad de la luz. – hecho de que los antiguos egipcios, 3000 años antes del nacimiento de o, hayan podido saber todo esto constituye un enigma. Y, si realmente dan estos conocimientos ¿cómo los consiguieron y por qué fue olvidado ate tantos siglos?.

Para todo aquel que contempla la gran pirámide, resulta evidente que fue construida por una civilización muy avanzada. Y uno no puede menos que preguntarse si esa civilización poseyó también poderes con los que los hombres hoy sólo pueden soñar.

El «poder» de las pirámides

Durante mucho tiempo se ha afirmado que las pirámides generan misteriosas fuerzas, cuya naturaleza no puede explicarse. Se han efectuado numerosas pruebas a fin de demostrar que las estructuras piramidales constituyen imanes para los rayos cósmicos, o que obran como verdaderas centrales de electricidad estática. También existen abundantes relatos acerca de personas que, tras visitar las pirámides, han adquirido el poder de predecir su propio destino. A menudo, los turistas sufren un shock o se desmayan cuando visitan los monumentos del antiguo Egipto.

El 12 de agosto de 1799, Napoleón visitó la cámara mortuoria del faraón en la gran pirámide. Después de un rato, Napoleón pidió a su guía que lo dejara solo. Cuando finalmente salió, el conquistador de Europa se mostraba pálido y perturbado. Cuando le preguntaron qué le habla sucedido, respondió bruscamente: «No quiero referirme nunca más a este asunto.» Luego, en distintas etapas de su vida, él mismo confesarla que habla previsto su futuro mientras permanecía solo en el interior de la gran pirámide. Poco antes de morir, parece que estuvo a punto de revelar su secreto a uno de sus ayudantes.

Pero se interrumpió para decir: «De qué sirve hablar de esto? no me creería.» Pero los casos más extraordinarios que parecen poner de manifiesto el poder de las pirámides han sido protagonizados por gente común, sin mentalidad científica, que nunca han estado en Egipto. Se trata de gente que confiesa haber obtenido notables éxitos utilizando modelos de cartón, metal o plástico construidos a la escala exacta de la gran pirámide. Se afirma que estos modelos tienen el poder de mantener afiladas las hojas de afeitar durante largo tiempo, de conservar frescos los alimentos, de promover sentimientos de paz y de armonía e Incluso de ayudar a predecir el futuro.

En la década de 1850, un francés llamado Bovis visitó la gran pirámide y, entre los habituales desperdicios que dejan los turistas, descubrió el cuerpo de un gato muerto: un cuerpo notablemente bien conservado, como si hubiera sufrido un proceso de momificación. Cuando regresó a Francia, Bovis experimentó con modelos de pirámides, construidas a escala, y comprobó que ayudaban a conservar frescos los alimentos. Cien años después, el ingeniero checoslovaco Karel Drbal leyó las investigaciones de Bovis.

En los países de allende el telón de acero había una aguda escasez de bojas de afeitar, y Drbal quiso averiguar si el poder de las pirámides alcanzaba también a los metales. Construyó un modelo de pirámide y comprobó que las hojas de afeitar que guardaba en el modelo no se desafilaban nunca. Cuando se presentó ‘en la oficina de patentes de Praga, en 1959, los funcionarios no le creyeron. Pero, una vez el jefe de la oficina hubo comprobado la eficacia del procedimiento, Drbal recibió la patente número 91.304. Nadie sabe mediante qué mecanismos operan las pirámides. La única pista al respecto es una vieja leyenda, que data de la Primera Guerra Mundial, según la cual las hojas de afeitar que se dejan a la intemperie, a la luz de la Luna, amanecen desafiladas.

El filo de esas hojas está compuesto de diminutos cristales; y, si la energía generada por los rayos de la Luna puede desafilar una hoja de afeitar, ¿por qué no puede la energía generada por una pirámide ayudar a mantenerla afilada? Para que una pirámide funcione, existen ciertas reglas invariables a -seguir. Debe ser construida de modo que la base y una cara guarden la relación 15,7 a 14,94; y sus caras deben estar alineadas con los cuatro puntos cardinales. La hoja de afeitar debe descansar a 3,33 unidades de altura, y los filos deben orientarse en la dirección este-oeste. Nadie puede explicar cómo funciona el secreto poder de las pirámides, pero hay miles de personas en todo el mundo que juran haber  comprobado su eficacia.

Fuente Consultada: Grandes Enigmas de Nigel Blundell-Wikipedia-Diccionario Insólito-Grandes Aventuras del Hombre

La Maldicion de la Pirámide de Tutankamon Leyenda Egipcia Faraon Egipto

LA MALDICIÓN DE “TUTANKAMON”

enigmas de la historia


La muerte cayó sobre quienes osaron perturbar el sueño de los faraones.
 

De pronto, en medio de la noche, un perro comenzó a aullar en aquella casa decampo de Inglaterra. El constante, lastimero aullido terminó por despertar la familia que ocupaba la casa. Pese a los esfuerzos de la familia, el perro no pudo ser calmado: el desdichado animal siguió aullando hasta que sin aliente, exhausto, cayó muerto.

Este extraño suceso ocurrió en Hampshire, en la casa que poseía lord Carnarvon, un arqueólogo aficionado de 57 años, perteneciente a la nobleza. En el momento en que el perro comenzó a aullar, el propio lord Carnarvon agonizaba, a miles de kilómetros de su casa, en una habitación del hotel Continental, de El Cairo. La maldición del rey niño, el faraón Tutankamon, se cobraba a sus dos primeras víctimas, a las que seguirían muchas mas.

La maldición faraónica era algo que lord Carnarvon conocía bien; no solo porque el aristócrata era un entusiasta egiptólogo, sino porque alguien se recordó cuando todavía estaba en Inglaterra preparando la última y más ambiciosa de sus expediciones a Egipto: la que debía llevarlo hasta la fabulosa tumba de Tutankamon, llena de inapreciables tesoros.

Lord Carnarvon recibió un, misteriosa advertencia, formulada por un célebre místico de aquella época, el conde Hamon. Su mensaje decía: «Lord Carnarvon. No entre en tumba. Peligroso desobedecer. Si ignora advertencia enfermará sin recuperación. La muerte lo reclamará en Egipto.» El aristócrata tomó tan en serio esta advertencia que consultó dos veces a una adivina. Las dos veces, la vidente le predijo que moriría muy pronto y en misteriosas circunstancias.

Faraón Tutankamon

Faraón Tutankamon

A pesar de todo, Lord Carnarvon siguió adelante con la expedición; es que con ella se hacía realidad una ambición que lo habla absorbido durante largos años. Cuando llegó a Egipto, se mostró airosamente valiente, restando importancia a la maldición faraónica; en ese mismo momento, la maldición de Tutankamon tenía aterrorizados a los trabajadores nativos, empleados en la excavación de Luxor. Arthur Weigall, uno de los socios más importantes de expedición, se sintió impulsado a declarar: «Si Carnarvon baja a la tumba con ese humor despreocupado, no le doy mucho tiempo de vida.» 

El 17 de febrero de 1923, Carnarvon y su equipo se abrieron camino has! la cámara funeraria del rey niño egipcio. En ella, lord Carnarvon y su colega norteamericano, Howard Carter, se encontraron tesoros que ni siquiera hubieran sido soñados: oro, piedras y gemas preciosas, así como el ataúd de oro  macizo que contenía el cuerno momificado de Tutankamon. Sobre la tumba había una inscripción, que los expedicionarios consiguieron traducir. Rezaba: «La muerte llegará a los que perturben el sueño de los faraones.» 

Dos meses más tarde, el ya famoso lord Carnarvon despertó en su habitación del hotel Continental y dijo: «Me siento muy mal.» Cuando su hijo acudió verlo, Carnarvon estaba inconsciente. Murió esa misma noche. El hijo del aristócrata estaba descansando en el cuarto contiguo en el momento en que Carnarvon moría. Tiempo después, el muchacho recordó que «las luces se apagaron en toda la ciudad de El Cairo; encendimos velas y rezamos». 

La muerte de Carnarvon fue atribuida a la infección que le transmitió un mosquito; la infección, se dijo, lo debilitó y causó el comienzo de una pulmonía. Se agregaba un dato extraño: el cuerpo momificado del faraón egipcio tenía una pequeña mancha sobre la mejilla izquierda, exactamente en el mismo sitio donde el mosquito había picado a lord Carnarvon.

Poco tiempo después se produjo otra muerte en el hotel Continental. El arqueólogo norteamericano Arthur Mace, uno de los miembros más destaca dos de la expedición Carnarvon, comenzó a quejarse de cansancio y súbita mente entró en coma; murió antes de que los médicos pudieran diagnosticar el mal que padecía.

 Los egiptólogos comenzaron a morir uno tras otro. Un íntimo amigo de lord Carnarvon, George Gould, viajó precipitadamente a Egipto tan pronto como se enteró de la muerte del aristócrata inglés. Gould visitó la tumba del faraón y al día siguiente sufrió un colapso, caracterizado por la fiebre alta. Murió doce horas más tarde.

 El radiólogo Archibald Reid, que examinó con rayos X el cuerpo de Tutankamon, fue enviado a su casa, en Inglaterra, apenas comenzó a quejarse de agotamiento. Murió poco después. Richard Eethell, que durante la expedición actuó como secretario personal de Carnarvon, fue encontrado muerto en la cama, víctima de un ataque cardíaco.

El industrial británico Joel Wool fue uno de los primeros invitados oficiales, ver la tumba del faraón; murió poco después, víctima de una misteriosa, fiebre. En un lapso de seis años —los que duró la excavación de la tumba d, Tutankamon—, murieron doce de los arqueólogos presentes en el momento del descubrimiento. Y, al cabo de siete años, sólo dos de los miembros del equipo original de excavadores estaban aún con vida. No menos de otras veintidós personas vinculadas a la expedición murieron de manera prematura entre ellas figuran lady Carnavon y el hermanastro del aristócrata arqueólogo Este último se suicidó, aparentemente en medio de una crisis de locura súbita.

Uno de los afortunados supervivientes fue el codirector de la expedición, Howard Carter. El arqueólogo siguió mofándose de la legendaria maldición faraónica y murió por causas naturales en 1939.

Pero la maldición de los faraones siguió cobrando su precio en víctimas. muchos años después de la desaparición de Carter. En 1966, el gobierno de El Cairo encargó a Mohammed lbrahan, director de Antigüedades de Egipto que organizara una exposición de los tesoros de Tutankamon en París. lbraham se opuso a esa decisión y tuvo un sueño premonitorio, según el cual debería enfrentarse personalmente a un peligro de muerte silos tesoros del faraón salían de Egipto.

Cuando lbraham salía de la última reunión, en la que había tratado infructuosamente de convencer a los funcionarios gubernamental, fue atropellado y muerto por un coche. Tres años después, el único superviviente de la expedición Carnarvon a la tumba faraónica, Richard Adamson, de 70 años de edad, concedió a la televisión británica una entrevista. En ella se proponía «demoler el mito de la maldición egipcia».

Adamson, que habla actuado como guardia de seguridad de loo Carnarvon, explicó a los telespectadores: «No creo y no he creído en ese mito, ni por un solo momento.» Más tarde, cuando abandonaba los estudios de televisión, el taxi que lo llevaba chocó; Adamson fue arrojado sobre la carretera un camión, que giraba en ese momento, estuvo a escasos centímetros de aplastarle la cabeza.

Era la tercera vez que Adamson hablaba en público para desmentir la leyenda faraónica. La primera en que explicó francamente su incredulidad, su mujer murió veinticuatro horas más tarde. La segunda vez, su hijo se fracturó la columna vertebral en un accidente de aviación.

Después de su choque en la carretera, Adamson, que se restablecía de su heridas craneales en un hospital, confesó: «Hasta ahora me he negado a creer que mis desgracias familiares tuvieron algo que ver con la maldición de lo” faraones. Pero ya no me siento tan seguro.»

El temor a la maldición de los faraones volvió a surgir en 1972, mientras la máscara de oro de Tutankamon era embalada antes de viajar a Londres, don de había de ser exhibida en el Museo Británico. El hombre que tenía a su cargo en El Cairo la operación del traslado era el doctor Gamal Mehrez, que había sustituido al malogrado Mohammed lbraham en el cargo de director de Mil antigüedades de Egipto.

El doctor Mehrez no creía en la maldición faraónica. Decía: «Yo, más que ninguna otra persona en el mundo, he estado en contacto con las tumbas y las momias de los faraones; sin embargo, todavía estoy vivo. Soy la prueba viviente de que todas las tragedias vinculadas con los faraones han sido una simple coincidencia. Por el momento, al menos, no creo en la maldición.» 

El doctor Mehrez estaba en el Museo de El Cairo, organizando los último detalles de la mudanza, el día que los exportadores llegaron para instalar la inapreciable carga en los camiones. Esa tarde, después de haber observado la operación de carga, Mehrez murió. Tenía 52 años; las causas de su muerte fueron atribuidas a un colapso circulatorio.

 Imperturbables, los organizadores de la exposición continuaron con los preparativos. Un avión del Comando de Transportes de la Real Fuerza Aérea,  destinado a la tarea de llevar las reliquias a Gran Bretaña. En los cinco año que siguieron al día del vuelo, seis miembros de la tripulación de la aeronave fueron víctimas del infortunio o fueron visitados por la muerte.

El oficial Riel Laude, piloto jefe del avión Britannia, y el ingeniero de vuelo gozaban de un excelente salud. Pero ambos estaban destinados a morir muy pronto. La esposa Parkinson informó que, a partir del vuelo, el aviador habla sufrido un ataque cardíaco anual, siempre en la misma época del año en que había transpor­tado las  reliquias egipcias. El último ataque acabó con él, en 1978; tenía ente 45 años.

El comandante Laurie había muerto dos años antes también víctima de un ataque cardíaco. Cuando Laude murió, su esposa dijo: «Es maldición de Tutankamon, esa maldición lo ha matado.» Laude no tenía que 40 años.

Durante el vuelo del Britannia, el oficial que mandaba a los técnicos, Ian Landsdowne, golpeó con el pie, en broma, la caja que contenía la máscara mortuoria de Tutankamon. Comentó, riendo: «Acabo de patear el objeto más del mundo.» La pierna con la que dio el golpe estuvo escayolada durante meses: sufrió graves fracturas cuando, de manera inexplicable, una escalera la que había subido se derrumbó bajo su peso.

 El oficial de navegación, teniente aviador Jim Webb, perdió todas sus pertenencias cuando su casa resultó destruida por un incendio. Una joven que viajó a bordo del avión Britannia en aquel vuelo tuvo que abandonar la RAF después de sufrir una e operación.

Un  camarero del Britonnia, el sargento Brian Rounsfall, reveló,  en el vuelo de regreso a Londres jugamos a las cartas utilizando el ataúd como mesa. Por turno, nos sentábamos sobre la caja que contenía la máscara mortuoria, do y bromeando acerca de ella. No fuimos irrespetuosos: sólo nos divertíamos un poco.» En la época del vuelo, Rounfall tenía 35 años de edad. En los años siguientes sufrió dos ataques de corazón.

Existe alguna manera lógica de explicar esas muertes misteriosas y esa acumulación de desgracias sobre tantas personas vinculadas a las reliquias de Tutankamon?

El periodista Phillip Vandenburg estudió, durante años, la leyenda sobre la maldición de los faraones y aportó dos sugerencias interesantes. En su libro The Curse of tire Pharaohs, demuestra que las tumbas, dentro de las pirámides, eran ambientes propicios para la supervivencia de bacterias; a lo largo de los siglos, dice el autor, éstas podrían haber desarrollado nuevas y desco­cidas especies cuyo poder se hubiese mantenido hasta la actualidad.

Vandenburg señaló también que los antiguos egipcios eran expertos en el o de venenos; y algunas drogas no necesitan ser ingeridas para matar: pueden ser letales por contacto, por penetración en la piel. Así sugiere que los egipcios podrían haber mezclado sustancias venenosas con la pintura de las redes interiores de las tumbas, que luego fueron selladas y convertidas en reductos herméticos.

Por esta razón, los antiguos ladrones de tumbas, que incursionaban en éstas, practicaban un pequeño orificio en la pared de la cámara, a fin de que el aire fresco circulase, antes de atreverse a forzar la cámara.

Pero la explicación más extraordinaria acerca de la maldición de los faraones fue propuesta en 1949. Su autor fue el profesor Louis Bulgarini, quien aclaró: “Es definitivamente posible que los antiguos egipcios hayan usado radiaciones atómicas para proteger sus lugares sagrados.”

Fuente Consultada: Grandes Enigmas de Nigel Blundell-Wikipedia-Diccionario Insólito-Grandes Aventuras del Hombre

El Rostro de Jesus Jesucristo El Sudario de Turin Enigmas Históricos

ENIGMA DEL ROSTRO DE JESUCRISTO

enigmas de la historia

La imagen que aparece sobre el sudado de Turín asombra al mundo cristiano

En 1898, la fotografía sólo era un hobby, un entretenimiento para quienes se dedicaban a ella.

El arqueólogo italiano Secundo Pia era uno de esos meros aficionados; pero la fotografía que obtuvo en la capilla de los duques de Saboya, en la catedral de Turín, alcanzó para el conjunto de la cristiandad una profunda significación.

Porque el negativo conseguido por Pia parecía mostrar el rostro de Cristo. El joven arqueólogo era la primera persona a la que se permitió fotografiar más famosa reliquia de la catedral, el sudario de Turín, en el cual —se afirmaba— Cristo fue envuelto después de la crucifixión.

Siempre se dijo que el darlo contenía el contorno borroso del cuerpo de Cristo, aunque lo mismo afirmaba de cuarenta o más piezas de lino conservadas en diversas iglesias de toda Europa. Pero cuando  tomó su fotografía, obtuvo como resultado un neto negativo fotográfico que muestra a un hombre crucificado.

Debido a que la fotografía científica era una disciplina relativamente nueva desconocida, la sorprendente placa obtenida por Pia no fue al principio acertada como genuina por todos.

Rostro de Cristo

Hubo que esperar hasta 1931, cuando el sudario fue nuevamente fotografiado, esta vez por el fotógrafo profesional Giusepe Enri,. que contaba con medios técnicos más adecuados- Y la sorprendente placa que éste obtuvo terminó por convencer a los escépticos, al mismo tiempo que llamaba la atención de todo el mundo sobre la reliquia de Turín.

Hoy, después de largos años de investigación científica, el Santo Sudario d Turín puede ser «lerdo» casi como un libro. Y nana una historia que se prolonga durante 2000 años.

El sudario de Turín tiene 4,25 metros de largo y 1 metro de ancho. Su tela una mezcla de algodón y de lino, tejido con una trama en forma de espiga, u estilo propio de Palestina durante el primer siglo de nuestra era.

Los científicos suizos han llegado incluso a analizar el polen que contenía la tela, y lo ha datado también del siglo La tela, de color crema, aparece marcada con u borroso contorno castaño que dibuja el cuerpo de un hombre; tiene también manchas de sangre, más oscura y del color de la herrumbra Las marcas indican que el hombre estaba desnudo, medía 1,55 metros de estatura, tenía un cabellera que le llegaba hasta los hombros y llevaba barba. También muestra claramente que el hombre fue torturado y crucificado.

as manos fueron clavadas por las palmas; los pies fueron fijados juntos, con un solo clavo Las manchas de la tela muestran que el cuerpo recibió más de cien latigazos, muchos de ellos infligidos con un tipo de látigo formado por un mayal, al que se sujetaban bolas de metal pesado. Y muestran también que el hombre recibió un lanzazo en el costado.

Es fácil aceptar que la sangre haya manchado el sudario, pero no resultó sencillo comprender cómo pudo la sangre marcar el contorno del cuerpo en -tejido y permanecer visible durante tantos siglos. Una explicación popular indica que la resurrección provocó una liberación sobrenatural de energía que marcó perdurablemente la tela.

Más científica parece la teoría de que las manchas fueron fijadas al sudario por las emanaciones de la piel (probablemente amoníaco), o por el sudor, mezclado con las esencias funerarias del ritual judío.

La más reciente y la más asombrosa de las teorías, sin embargo, es la que han propuesto los científicos de la Fuerza Aérea de Estados Unidos de América; para ellos, la imagen que aparece en el sudario fue grabada por un estado, calculable en microsegundos, de intensa radiación. Se han llevado a cabo numerosas investigaciones, tratando de rastrear los sus orígenes el viaje del sudario.

La primera referencia al sudario de la crucifixión aparece en el Evangelio de San Marcos, donde se nana que la vestimenta en la que Cristo había sido envuelto apareció en la tumba vacía- Transcurrieron trescientos años antes de que el sudario volviera a ser mencionado:  reencuentra en los relatos de los peregrinos a Jerusalén. Por aquel entonces prenda sagrada pasó de Palestina a Constantinopla, y de allí a Francia, adonde llegó en el siglo XIII. A fines del siglo XV, el sudado pasó a manos de Luis I, quien se comprometió a resguardarlo de todo peligro; a tal fin construyó una capilla en Chambeiy, donde el sudado permaneció un tiempo.

Pero en 1532, el fuego arrasó la capilla y dañó la arquilla de plata en la que reposaba la reliquia. Se supone que fue entonces cuando el sudado plegado recibió las marcas simétricas de que madura que ahora ostenta. La tela fue cuidadosamente zurcida por las monje. y finalmente, en 1572, se trasladó a la catedral de Turín.

Si la historia del sudario, como hemos visto, es tan incierta, ¿por qué tanto, cristianos están convencidos de que representa el único retrato genuino le Jesucristo? Miles de personas fueron crucificadas por los romanos en Palestina: ¿Por qué pensar que justamente esta prenda sepulcral es la de Cristo? La respuesta a esta pregunta la han proporcionado los científicos. Éstos sostienen que la figura impresa sobre el sudario demuestra que os cabellos de le víctima estaban intensamente manchados de sangre.

La fuente de esa sangre eran rasguños a lo largo de su frente. Es una evidencia que concuerda con el relato del Nuevo Testamento acerca de la corona de espinas que fue clavad,,, con cruel soma, alrededor de la cabeza del “Rey de los judíos”.

Fuente Consultada: Grandes Enigmas de Nigel Blundell-Wikipedia-Diccionario Insólito-Grandes Aventuras del Hombre

El Naufragio del Lusitania Barco Hundido por Submarinos Alemanes

HUNDIMIENTO DEL LUSITANIA Y LA DECLARACIÓN DE GUERRA A ALEMANIA

enigmas de la historia

HISTORIA DEL EL NAUFRAGIO DEL “LUSITANIA”
La Teoría de la conspiración bélica acerca del lujoso trasatlántico torpedeado

Torpedo!… Torpedo a estribor!» Ése fue el aterrorizado grito que lanzó el vigía del trasatlántico británico Lusitania, que surcaba las aguas a gran velocidad, a la altura de la costa meridional de Irlanda, el 7 de mayo de 1915. Pero no hubo tiempo para corregir el rumbo, para tratar de evitar la acción del proyectil, que se estrelló contra su objetivo.

A veinte kilómetros de distancia, en la Old Head Kinsale, una punta que se ama al mar, al sur de Cork, una multitud admiraba el paso del gigantesco trasatlántico construido por la Cunard Steam Ship Co. Quienes tenían prismáticos quedaron perplejos al ver cómo empezaba a elevarse del barco una débil columna de humo. Un hombre controló su reloj: eran las 2:11 de la tarde. Dieciocho minutos después, el Lusitania se había hundido bajo las olas arrasando consigo a 1198 personas, 124 de las cuales eran americanas.

El último dato terminó por cambiarle curso de la historia, porque la muerte los pasajeros norteamericanos condujo a la intervención de Estados Unidos América en la Primera Guerra Mundial y aseguró así la victoria de los aliados.

El hundimiento del Lusitania no fue sólo uno de los sucesos clave en el cruda la guerra más sangrienta que el mundo hubiera conocido hasta entonces, también enfrentó a los historiadores con un misterio que hasta hoy todavía no sido resuelto. El misterio puede ser descrito en pocas preguntas: ¿Era el tonto un barco de pasajeros o era un buque de guerra? ¿Es cierto que transportaba armas? ¿Fue el trasatlántico sacrificado de intento, a fin de obligar Estados Unidos de América a intervenir en la guerra?

El Lusitania fue proyectado con el objetivo de ganar la Cinta Azul, condición reservada al barco que cruzaba el Atlántico en menos tiempo; dos líneas marítimas alemanas se habían repartido el trofeo anual desde 1897. La construcción del trasatlántico fue subvencionada por el almirantazgo británico mediante acuerdos secretos con la Cunard, que no fueron revelados hasta mucho tiempo más tarde. El buque medía 203 metros de largo; estaba capacitado para transportar, con gran lujo, a 2300 pasajeros y a los 900 tripulante Navegaba a 25 nudos y estaba artillado con doce cañones de 6 pulgadas.

El último viaje del trasatlántico, de Nueva York a Liverpool, comenzó el de mayo de 1915. Los alemanes advirtieron a los pasajeros que pensaban viajar en el Lusitania que desistieran de su propósito y cancelaran sus reserva Subrayaron que todo barco de pasajeros perteneciente a un país enemigo que entrara en aguas de la zona de guerra se exponía a ser atacado. Se prevenía los gobiernos neutrales de que no deberían permitir que sus «tripulaciones, pasajeros o mercancías» utilizaran esos barcos.

La embajada alemana en Washington llegó incluso a publicar en los periódicos americanos anuncios que advertían: «A los viajeros que proyecten embarcarse en una travesía por el Atlántico, se les recuerda que existe estado de guerra entre Alemania y Gran Bretaña, y que los barcos de bandera británica pueden ser destruidos. Los pasajeros que viajen por la zona de guerra en bu cos de Gran Bretaña o de sus países aliados, lo harán bajo su propia responsabilidad»

A pesar de todo, 188 americanos reservaron pasajes a bordo del Lusitania en cuya “inocente» declaración de carga no figuraban las más de 4000 cajas de municiones que transportaba, destinadas a contribuir al esfuerzo de guerra de los aliados.

Mientras el trasatlántico se alejaba de Nueva York, muchas personas, a otro lado del Atlántico, temían por la suerte del Lusitania.

Winston Churchill por entonces primer lord del almirantazgo, organizó una reunión en la que participaron lord Fisher, jefe de la marina, y varios expertos en inteligencia naval; éstos habían recibido el encargo de preparar un informe sobre las consecuencias probables del hundimiento de un trasatlántico con pasajeros norteamericanos a bordo. Casi al mismo tiempo, el embajador de Estados Unidos da América en Londres se preguntaba, en una carta dirigida a su hijo, qué baila ‘<el Tío 5am si un trasatlántico lleno de pasajeros americanos fuera volado en pedazos». Por su parte, el rey Jorge V concedió una audiencia al cornijal Edward House, enviado especial del presidente Woodrow Wilson; durante la entrevista, se dice, el rey formuló al coronel esta pregunta: ¿Qué haría Amén’ a si los alemanes hundieran el Lusitania?

Todos los elementos estaban preparados para el desastre. El 7 de mayo, al Lusitania se aproximaba a la costa irlandesa; el capitán, comandante Willliam Turner, apodado Bowler Bill, (Bill, el Lanzador), sólo había recibido un aviso del peligro que tenía delante: se trataba de un radiomensaje firmado por al vicealmirante sir Henry Coke —cuyo cuartel general estaba situado en Queenstown, Cork— que rezaba: «Submarinos en actividad a la altura de la costa meridional de Irlanda.»

Buque Lusitania

Buque Lusitania, Hundido por los Alemanes

Uno de esos submarinos era el U20, y estaba bajo el mando del comandante, Schwieger; el U20, que había permanecido en el mar desde el 30 de anterior y viajaba de regreso a su base, en Wilhelmshaven fue el primero avistar el barco. Pero al principio Schwieger no reconoció el trasatlántico; solo pudo describirlo como “un bosque de mástiles y chimeneas»: por entonces Lusitania era el más imponente de los bancos del mundo.

Cuando se acercaba a la punta de Kinsale, el trasatlántico cambió de rumbo “A partir de ese momento se dirigió en línea recta hacia nosotros —contaría Schwieger—; no podía haber elegido un rumbo más perfecto si hubiera tratado deliberadamente, de ofrecemos un blanco.»

Cuando el barco se hubo acercado a solamente 365 metros, el capitán Schwieger ordenó que se disparara el torpedo. Hizo blanco en el barco, sobre estribor debajo del puente. El agua entró con una presión demasiado fuerte y pudo ser contenida por los 119 compartimentos estancos de que estaba ido, La proa desapareció bajo un mar calmo, al tiempo que el barco comenzaba a inclinarse hacia estribor.

Cuando la proa chocó con el fondo del mar, a 96 metros de profundidad, la it quedó un rato al aire, con sus enormes hélices apuntando hacia el cielo.

Luego, el inmenso casco del trasatlántico se deslizó, arrojando humo y burbujas, hacia el fondo del mar. La superficie marina se pobló de pronto con patéticas figuras; el Lusitania estaba bien equipado con salvavidas, pero no hubo tiempo de usarlos. De las 1198 personas que perecieron, 785 eran pasajeros, y de éstos 125 eran niños, Una mujer embarazada, que dio a luz durante el viaje, pereció junto con su pequeño hijo.

A partir de entonces, se ha desarrollado una rigurosa controversia entre los historiadores. Se trata de saber silos alemanes tenían razón al juzgar al Lusitania como un objetivo de guerra legítimo; también se intenta aclarar si el trasatlántico iba armado y si transportaba un cargamento bélico. Pero la pregunta 1 más inquietante es ésta: ¿Envió el gobierno británico al Lusitania a u a ruta suicida, a través de aguas infestadas de submarinos alemanes, con el objeto de forzar a los americanos a entrar en la guerra?

Los misterios que rodean el hundimiento del Lusitania han sido exhaustiva mente examinados por los historiadores, de manera especial por el escritor Colin Simpson, cuyo libro sobre el tema propone varias y polémicas conclusiones acerca de la tragedia del Lusitania.

La primera de ellas indica que el barco iba armado con, por lo menos, doce cañones de 6 pulgadas y que transportaba un abundante cargamento de municiones y explosivos. Simpson dio cuenta de que el Lusitania fue sometido, en un dique seco de Liverpool, en 1913, a modificaciones que lo capacitaban para ser dotado de artillería pesada en caso necesario. Así el trasatlántico quedó en realidad transformado en crucero de guerra auxiliar. El autor sostiene que una de las calderas del buque fue convertida en un depósito de cartuchos, dotado de montacargas que podían elevar los proyectiles hasta la cubierta.

Más discutible es la segunda aseveración de Simpson, según la cual el almirantazgo británico (y esto culpa directamente a Churchill) retiró los destructores escolta que protegían el Lusitania, a pesar de que se sabia que los submarinos alemanes interceptarían su ruta.

Lo cierto es que el capitán Turner no recibió nunca la información de que los barcos de guerra que custodiaban barco habían sido desviados y enviados a otro destino.

El propio Turner, que sobrevivió al hundimiento, afirmó durante el resto de su vida que había recibido un mensaje en código naval, con la orden de modificar el rumbo de la nave y dirigirla hacia el punto donde el submarino alemán la estaba esperando.

Durante los años que dedicó a la investigación, Simpson exhumó documentos hasta entonces no publicados, procedentes de los archivos nacionales le Washington, del almirantazgo y de la empresa naviera Cunard. Estos documentos lo llevaron a creer, igual que a otros muchos historiadores, que después del desastre norteamericanos y británicos se pusieron de acuerdo para tender sobre el caso un tupido velo encubridor. Se afirma hoy que la declaración de carga del buque fue falsificada; además, en los partes oficiales de Henry Coke, tanto como en el registro de señales del almirantazgo, faltan las entradas correspondientes al 7 de mayo: son las únicas páginas perdidas de los documentos oficiales en todo el periodo de la guerra.de los grandes misterios que ha dejado perplejos a los investigadores es a de que el Lusitania se hundiera tan rápidamente.

El torpedo dispara el submarino alemán era del tipo G, cuyo poder de destrucción y de penetración es sólo moderado. Sin embargo, ese único torpedo hundió un o transatlántico en sólo 18 minutos: este hecho no ha sido explicado. Afirma que el transatlántico tenía un peligroso defecto de diseño en su estructura. Los motores y la maquinaria ocupaban demasiado espacio, por lo arte del carbón que transportaba el barco tenía que ser almacenado en armamentos que no habían sido proyectados para ese fin.

Fueron los mecánicos quienes eligieron, para almacenar el carbón, los compartimentos estancos especiales, un elemento destinado a aumentar la seguridad del barco, compartimentos o cámaras de aire, que deberían haber mantenido el rilo a flote, estuvieron, durante el trágico viaje, cargados de carbón hasta el tope.

Pero hay otra razón, más siniestra, que explicaría el rápido hundimiento del buque. Los buzos que descendieron hasta el fondo del mar para revisar el transatlántico hundido, informaron que uno de los costados y la parte inferior del o habían sido destruidos por una explosión producida en el interior de la nave.

Esta explosión debió haber sido mucho más poderosa que la causada un torpedo de tipo G. Lo que pudo causar una explosión de esa naturaleza es lo que continúa siendo un misterio.

Una explicación plausible sería que, en las bodegas del Lusitania, a pesar de lo que aseguraba la declaración oficial de carga, no sólo se almacenaba manteca y queso, planchas de latón y conservas de carne. ¿Estaban allí las 4000 cajas municiones que, como se admitió más tarde, viajaban clandestinamente a o? ¿Era el Lusitania en realidad un transporte de material bélico, que camuflaba su verdadera naturaleza detrás de 1198 personas inocentes y vidas al sacrificio?

Fuente Consultada:
Grandes Enigmas de Nigel Blundell-Wikipedia-Diccionario Insólito-Grandes Aventuras del Hombre

Grandes Enigmas de la Historia El Buque fantasma Mary Celeste

ENIGMA DEL BUQUE FANTASMA LLAMADO “MARY CELESTE

enigmas de la historia

La tripulación que ha desaparecido sin dejar rastros

La tripulación del bergantín Dei Gratia, reunida en cubierta, observó el rumbo errático que llevaba el misterioso barco, al que un tiempo antes había visto emerger como una pequeña mancha blanca en el horizonte grisáceo. Morehouse advirtió que el barco misterioso era, como el suyo, un bergantín sólidamente aparejado; pero éste sólo mantenía desplegadas dos velas; las otras aparecían hechas jirones o estaban recogidas.

Pero el capitán Morehouse no tardó en averiguar por qué ese barco no navegaba en línea recta y uniforme: cuando el Dei Gratia se acercó al barco misterioso, el capitán pudo comprobar que no habla nadie al timón, no aparecía nadie en la cubierta y, en general, no se observaban signos de vida. Morehouse hizo señales, pero nadie contestó desde ese velero fantasmal desconocido.

Ordenó que se bajara una lancha y que tres hombres trasbordaran; los tres marineros, cuando se hubieron aproximado al velero, gritaron «Ah del barco!… iAh del barco!» Pero no obtuvieron respuesta. En la lancha se desplazaron hasta la popa del velero y leyeron el nombre que allí estaba pintado: Mary Celeste, Nueva York.

La última vez que se había visto al Mary Celeste había sido un mes atrás, el 1 de noviembre de 1872, cuando el barco zarpó de Nueva York con rumbo Génova, portando una carga de 1700 barriles de alcohol en bruto. A bordo estaban el capitán, Benjamin Spooner Briggs —un americano de 37 años— isu primer oficial, Albert Richardson, que comandaban una tripulación compuesta por siete marineros. También viajaban a bordo Sarah, la esposa del capitán, y su pequeña hija de dos años, Sophie. Briggs, un hombre barbudo, honesto y creyente, hacía su primer viaje en el Marv Celeste; anteriormente habla sido, capitán de un barco y luego de una goleta; obtuvo su oportunidad de mandar el Mary Celeste cuando el consorcio dueño del barco le ofrecía tener una participación, la tercera parte del velero que anteriormente ostentaba el nombre de The Amazon.

El Mary Celeste zarpó del East River de Nueva York y puso proa hacia las Azores, que según el libro de a bordo fueron avistadas el 24 de noviembre. Soplaba una considerable galerna, algo que no era suficientemente serio como para preocupar a un capitán experimentado.

Diez días después, el bote del Dei Gratia atracó a un costado del Mary Celeste. Deveau y Wright examinaron el barco, y lo que encontraron no hizo más que profundizar el misterio. En el camarote del capitán estaba el armario de la señora Briggs, fabricado de palo de rosal; sobre el instrumento aparecía una partitura abierta.

En los camarotes de la tripulación, la escena era igualmente normal; la ropa lavada colgaba de una cuerda, donde la habían puesto a secar, y la ropa seca se apilaba sobre las literas en orden, tal como la hablan dejado. Deveau y Wright volvieron a su bergantín e informaron a Morehouse de sus descubrimientos. El capitán sugirió que tal vez el Mary Celeste hubiera sido abandonado por su tripulación durante una tormenta.

Buque Fanstama “Mary Celeste”

Pero Deveau preguntó ¿Por qué, entonces, la botella con jarabe para la tos permaneció abierta sobre la mesa sin derramarse? ¿Y cómo no se rompieron los platos y los adornos encontrados en el camarote del capitán? Un motín, sugirió Morehouse; pero en el Mary Celeste no se encontraron indicios de que se hubiera producido una lucha; y además ¿no era improbable que los amotinados abandonaran el barco junto con sus víctimas? Quizá el barco había comenzado a hacer agua, Deveau admitió que en la bodega el agua subía casi a un metro y que en la cubierta yacía abandonada la vara de sondeo.

El capitán sólo podía utilizar a tres de sus siete tripulantes para conducir a  puerto al Mary Celeste. Eligió para esa tarea a Deveau y a los marineros Augustus Anderson y Charles Lund. En lo que constituye una proeza de habilidad náutica, los tres hombres consiguieron conducir al Mary Celeste, a lo largo de 1.100 kilómetros. Al llegar, as autoridades británicas de Gibraltar se hicieron cargo del Mary Celeste y ordenaron una investigación. Morehouse, Deveau y sus hombres fueron sometidos a largos interrogatorios.

La investigación comprobó que nueve barriles de alcohol estaban vacíos y que otro estaba abierto: ¿no se habría sublevado la tripulación mediante una borrachera? Deyeau explicó pacientemente a la comisión investigadora que bajo las cubiertas el barco estaba en perfecto orden. Pero el problema que más desconcertó a los investigadores lo constituyó el encontrar respuestas convincentes para estas preguntas: ¿Cómo pudo el Mary Celeste mantener el rumbo, sin tripulación, durante diez días y 926 kilómetros?

Cuando el Dei Gratia se emparejó con el misterioso velero, Morehouse navegaba rumbo a un puerto; el Mary Celeste estaba rumbo a estribor. Según la comisión, resultaba inconcebible que el Mary Celeste hubiera navegado un trayecto tan largo con el velamen tal corno lo encontró Morehouse. Las autoridades de Gibraltar estaban seguras de que el bote salvavidas del Mary Celeste aparecería pronto, para dar respuesta a todas las preguntas.

Cuarenta años más tarde, en 1913. Howard Linford, director de un colegio de Hampstead, Londres, dio a conocer un manuscrito sorprendente que un antiguo empleado del colegio le había dejado en herencia. El empleado se llamaba Abel Fosdyk y en su juventud había realizado numerosos viajes en el Mary Celeste.

En el documento que en su lecho de muerte entregó al director del colegio, Fosdyk revelaba que, aunque no quedó registrado oficialmente entre los pasajeros, había sido uno de los hombres que viajó en el Mary Celeste, de cuya tragedia era el único sobreviviente. El manuscrito de Fosdvk dice que durante el viaje el capitán Briggs encontró a su pequeña hija jugando cerca del bauprés, la yerga que sobresale de la proa en los veleros. Como no era muy seguro pidió al carpintero del barco que le haga una plataforma y ese era el origen de las misteriosas marcas que, ciertamente, fueron observadas en el Mary Celeste.

Mas tarde debido a una discusión sobre la capacidad humana para nadar en el mar con ropa, el excéntrico capitán, en el calor de la discusión, saltó del barco al agua para probar su teoría. La pequeña tripulación se arrimó a la plataforma de la nena para una mejor visión del capitán, cuando la misma no soportó su peso y se cayeron al océano donde fueron comidos por los tiburones.

Veamos qué destino tuvo el barco. Cuando el tribunal de la comisión investigadora de Gibraltar dio por finalizada su labor, el Mary Celeste volvió a estar disponible pero los marineros se negaban a trabajar en ese barco creían que era un barco maldito. Allí, un día claro y con la mar en calma, el capitán puso proa hacia un arrecife de coral, donde el barco se hizo pedazos.

 El intento de fraude fue descubierto y el capitán y los empresarios tuvieron que comparecer ante un tribunal. Mientras tanto, el viejo casco de madera del Mary Celeste se pudría, invisible, en un remoto arrecife caribeño.

Fuente Consultada: Grandes Enigmas de Nigel Blundell-Wikipedia-Diccionario Insólito-Grandes Aventuras del Hombre

Robin Hood Historia y Leyenda Enigmas Históricos

ENIGMA HISTÓRICO: ¿EXISTIÓ REALMENTE ROBIN HOOD?

enigmas de la historia

Quien fue realmente este personaje de legendario de la Edad Media?

A principios del Siglo XIV por las profundidades del bosque de Sherwood vagaba un proscripto cuyas hazañas lo convirtieron en el principal héroe  popular de su época. Su nombre es hoy conocido como Robin Hood. La historia de sus hazañas ocupan muchos volúmenes Pero es cierta? Existió realmente este hombre?

Robin era un nombre que los paganos daban generalmente a los seres sobrenaturales, y el color verde, que era el que distinguía la vestimenta del héroe, es el color tradicional atribuido al espíritu del bosque.

Robin Hood

Robin Hood, Leyenda o Historia?

También está extendida la teoría según la cual Robin Hood era sencillamente uno de los personajes de las antiguas ceremonias del primer día de mayo, que a través de los años pasó a ser primero una leyenda y luego un presunto personaje histórico. Sin embargo, las pruebas documentales indican que entre los siglos XIII y XIV un hombre llamado Robin Hood vivió en Wakefield, en el condado de York; él puede haber sido el proscrito de la romántica leyenda. Robin Hood (cuyo nombre de bautismo era Roberto) nació alrededor de 1290; su padre, Adam Hood, era un guardabosque al servicio de John, conde de Warenne y lord del señorío de Wakefield.

En 1322, el amo del país de Robin era Thomas, conde de Lancaster. Robin se ocultó en el bosque de Barnsdale, que en esa época cubría unos 48 kilómetros cuadrados y terminaba uniéndose al bosque de Sherwood, que ocupaba otros 40 kilómetros cuadrados en el condado de Nottingham. Los bosques estaban atravesados por la Gran Ruta del Norte, construida por los romanos; esa ruta proporcionaba pingües ganancias a los ladrones de caminos. En esta región nació la leyenda de Robin Hood.

Los proscritos le contestaron con toda calma que no los molestase, porque estaban a punto de cenar, entonces el obispo de Nereford ordenó a los guardias de su escolta que apresaran a Robin Hood y los suyos. En Barnsdale y Sherwood hay otros nobles vinculados a Robin Hood y su banda: del llamado Árbol Central, a mitad de camino entre Thoresby y Welbeck, se dice que constituía el punto desde el cual surgía la red de caminos secretos de Robin Hood, que se extendía por todo el bosque.

 Pero el árbol más famoso es el Roble Mayor, en Birkland. Entre las anécdotas que se han transmitido a lo largo de los siglos acerca de la valentía de Robin Hood, figura la visita que Robin, acompañado de su íntimo amigo Pequeño John hizo a la abadía de Abbey. Los campos donde cayeron las flechas fueron llamados desde entonces Cercado de Robin Hood y Cercado de Pequeño John.

Pequeño John, segundo de Robin, recibió su irónico apodo a causa de su gran estatura. Robin y sus hombres se hicieron célebres, entre otras razones, porque desplegaron una actividad incesante en un territorio muy amplio.

La bahía de Robin Hood, que dista muchos kilómetros de las costas del condado de York, fue bautizada así en recuerdo del proscrito, cuya banda tenía fondeadas allí  numerosas barcas, que utilizaba para pescar y, eventualmente, para huir de las autoridades. Durante uno de sus viajes, Robin visitó la iglesia de St. Robin echó mano a su espada y, antes de ser capturado, mató a 12 soldados.

Pero lo que transformó a Robin Hood en un héroe popular fue su defensa de los desamparados. Uno de los más célebres relatos surgidos de los robledales de Shetwood, es la leyenda sobre el encuentro de Robin Hood con el rey Eduardo II. Narra que el rey, al saber que el número de ciervos reales de Whetwood disminuía debido al apetito de Robin Hood y su banda, decidió limpiar de proscritos el bosque. Cuando encontraron a Robin Hood y a parte de su banda, éstos les exigieron dinero; el rey les dio 40 libras y afirmó que eso era todo lo que tenía.

Robin tomó entonces 20 libras para distribuir entre sus hombres y devolvió las otras 20 al rey. En ese momento, Eduardo II mostró a Robin el sello real y comunicó al proscrito que el rey quería verlo en Nottingham; Robin pidió a sus hombres que se arrodillaran ante el sello real y juraran fidelidad al rey.

El nombre de Robin Hood aparece meses después, en 1324, en los registros de la casa de Eduardo II. Allí figuran constancias de los salarios que se pagaron a Robin hasta noviembre de ese mismo año. A partir de esa fecha, el nombre de Robin desaparece de los documentos oficiales para sumergirse nuevamente en el folklore. Es posible que, después de disfrutar durante tanto tiempo de la libertad en el bosque, Robin fuera incapaz de ponerse al servicio de nadie, ni siquiera de su rey.

Las aventuras de Robin Hood en los bosques continuaron hasta cerca de 1346; se dice que murió en ese año, en el monasterio de Kirkiees.  

La historia termina cuando Robin Hood consigue hacer sonar por última vez su cuerno de caza, aportado por su fiel compañero, Pequeño John. Antes de morir, Robin disparó una flecha desde la ventana de su habitación, en dirección al bosque, y pidió que lo enterraran en el sitio donde la flecha hubiese caído. Aún hoy es posible ver el sitio que Robin eligió como tumba. La de Robin Hood es una historia romántica, que se ha mantenido viva y ha sido narrada y vuelta a narrar durante 600 años.

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La Atlantida La Ciudad Perdida de Platon Civilizacion Sumergida

ENIGMA HISTÓRICO: EN BUSCA DE LA CIUDAD PERDIDA DE LA ATLÁNTIDA:

enigmas de la historia

Era una tierra ubérrima, bendecida por una vegetación exuberante y por la existencia de valiosos yacimientos minerales, entre ellos los de plata y de oro. Su pueblo gozaba de un alto nivel científico y cultural. El nombre de ese fabuloso reino y de su gran ciudad es Atlántida.

La única descripción de la Atlántida que nos ha dejado la antigüedad es obra del filósofo griego Platón, y data de 347 a. de C. Pero ni siquiera Platón es un testigo de primera mano; el filósofo no hizo más que repetir los relatos escritos por un viajero ateniense, Solón, quien a su vez repetía lo que había nido contar a los sacerdotes egipcios.

La historia narrada por Platón indica que la Atlántida era una gran nación, pero que entró en un periodo de decadencia; su pueblo, entonces, cayó en abominables formas de corrupción y se mereció mal un terrible castigo. «En un día y una noche», la isla entera, de 560 kilómetro de anchura, fue destruida por una catástrofe de magnitud incomparablemente mayor que todas las conocidas.

La isla fue destrozada por una explosión volcánica a la que siguió un maremoto; en veinticuatro horas desapareció bajo el mar. Platón situaba ese trágico momento de la historia de la Atlántida en un periodo que hoy podemos fechar en 9600 antes de la era cristiana.

Esto permitirla localizar la isla en algún lugar del océano Atlántico; pero esta teoría, afirman los geólogos, no puede ser correcta, porque en el lecho del Atlántico no existe ninguna masa terrestre susceptible de haber sido alguna vez la isla de Platón ¿Significa esto que Platón utilizaba datos erróneos?

Ciudad Sumergida de la Atlantida

Ciudad Sumergida de la Atlantida

O que simplemente Inventó toda la historia, como una fábula moralizadora? Todo parece indicar que la narración épica de Platón tiene sólidas apoyaturas en una realidad histórica, a pesar de que sus datos sobre cronología y geografía de la Atlántida fuesen erróneos. De cualquier manera, la isla perdida constituye un enigma que durante siglos ha intrigado a los hombres.

Éstas son algunas de ellas: Atlántico central. A lo largo del fondo marino del Atlántico norte y sur, se extiende un vasto dorsal en forma de 8, desde Islandia hasta la isla de Tristán da Cunha. Algunos sugieren que las partes más altas de esta cadena montañosa, sobre todo las de alrededor del arco de las Azores, estuvieron alguna vez por encima del nivel del mar, formando la tierra de Atlántida. América del Norte.

El interés público por el reino perdido de la Atlántida si reavivó tan pronto como Cristóbal Colón regresó a Europa con sus relato!, acerca de las tierras del otro lado del océano. El filósofo inglés Francis Bacón relacionó íntimamente la leyenda y la realidad histórica en su obra La Nueva Atlántida. Por su parte, el historiador John Sevain dejó escrito: «Se puede tener que en un tiempo América formó parte de esa gran región que Platón Mié la isla Atlántida, y que los monarcas de esa isla mantenían relaciones comerciales con los pueblos de Europa y África.»

Los puentes continentales. Se han propuesto diversas teorías acerca de puentes continentales que, en tiempos remotos, pueden haber vinculado África con América del Sur, o Europa —a través de las Islas Británicas, Islandia y Orodrilandia— con América del Norte. El mar de los Sargazos. La palabra portuguesa sargoso designa a una alga flotante; esas algas constituyen, precisamente, el mar de los Sargazos. Durante mucho tiempo, los marineros creyeron que las algas cubrían bajíos; éstos podrían haber sido alguna vez la Atlántida hundida. Pero no hay bajíos debajo te los sargazos: el mar tiene allí 456 metros de profundidad media.

Las islas Scilly. Los historiadores fenicios, griegos y romanos coinciden en referirse a ciertas «islas de estaño”, situadas cerca de las costas británicas. Esas islas existen realmente, a la altura de Cornualles, y constituyen los únicos centros. Pero no tienen parentesco alguno con la exuberante isla descrita por Platón.

Bimini. Cayce agregó que la Atlántida fue destruida por una explosión atómica, ya que sus habitantes dominaban la ciencia de la fisión nuclear. El vidente americano situó geográficamente la Atlántida en la isla de Bimini septentrional, pequeña integrante de las Bahamas, y pronosticó que en 1968 o 1969 «podrían descubrirse algunos aspectos de los antiguos templos» de la civilización perdida.

Sin embargo, en 1968, un veterano zoólogo y experto buzo americano, el doctor J. Manson Valentine, descubrió bajo el mar, a la altura de la costa de Bimini septentrional, una extraña estructura pétrea. El muro principal de alrededor de 600 kilómetros de longitud, estaba construido con inmensos bloques de piedra, de más de cinco metros cuadrados cada uno.
Las expediciones posteriores —y hubo muchas— apoyaron y refutaron, alternativamente, las conclusiones del doctor Valentine. Estas conclusiones, en lo fundamental, decían que la estructura pétrea era un puerto construido por el hombre. Una nueva Atlántida ha sido desechada-»

Sin embargo, las dos últimas expediciones americanas a Bimini, realizadas en 1975 y 1977, regresaron con hallazgos que inducen a conclusiones muy diferentes. A pesar de todo, el lugar más probable donde tal vez haya existido alguna vez la Atlántida, entre los numerosos sitios que se han propuesto, no está en el Caribe. En la actualidad, muchos arqueólogos creen que Platón cometió dos errores de bulto, en su descripción de la isla perdida.

Sin embargo, hoy sabemos que alrededor de esa fecha el centro de la isla de Minos de Kalliste —que se conoce actualmente como Santorín y está a mitad de camino entre Creta y Grecia continental— estalló por obra de una erupción volcánica de incalculable poder destructivo. El cráter abierto en medio de la isla fue cubierto de inmediato por el mar.  Los arqueólogos excavan en la actualidad los depósitos de ceniza volcánica, de 30 metros de profundidad, que cubren lo que una vez fuera la fabulosa isla descrita por Platón.

El cráter lanzó al aire roca fundida y vomitó ceniza y piedra pómez sobre las embarcaciones hacinadas; la gente de los barcos, imposibilitada de escapar, sufrió una muerte lenta, horrible, mientras el torrente de lava ardiente crecía hacía irrespirable la atmósfera. Para algunos, la agonía terminó con la llegada de una ola gigantesca, tal vez de 60 metros de altura, que Sarrió la isla y destrozó las embarcaciones.

La enorme ola, que viajaba a más de 240 kilómetros por hora, alcanzó pronto Creta, corazón del imperio minoico; el agua arrasó todas las ciudades y aldeas a lo largo de la costa septentrional y destruyó el puerto que abastecía a la capital, Knossos. La lluvia de cenizas abarcó un área de más de 16.000 kilómetros cuadrados. Hoy, cuando figura en los mapas con el nombre de Santorín, la isla aparece dividida en fragmentos y desolada bajo una estéril capa de cenizas; en realidad, se ha convertido en un grupo de pequeñas islas: las dos principales, Thesa y Therasia, se caracterizan por sus inaccesibles acantilados, de 300 metros de altura; está” divididas por una vía de agua de doce kilómetros de ancho, qué en algunos tramos tiene 300 metros de profundidad.

El agua del mar ha cubierto la caldera, el corazón muerto del volcán, formada cuando la roca fundida se enfrió y se desplomó. Están constituidos por rocas de lava negra, y a de ellos se elevan perezosas columnas de humo: pálido pero amenazas recuerdo del cataclismo que tal vez destruyó el legendario reino de Atlántida.

La Atlántida de Platón: En el centro de la Isla (Atlántida) extendiese una llanura, reputada como la más bella y fértil de todas las llanuras. Alrededor de la colina, como medas de cano, aparecían dos anillos de tierra, rodeados de tres anillos de mar. En el centro de la colina estaba situado un santuario consagrado a Poseidón ya Cleito; rodeaba al templo un muro de oro, que estaba vedado traspasar. Todo esto producía en abundancia aquella; isla santificada, cuando aún estaba bajo el sol.

Otro templo, dedicado sólo a Poseidón, estaba hecho enteramente de plata excepto las estatuas, que eran de oro. Dos fuentes, una cálida y otra fría, proveían a la isla de ilimitadas cantidades de agua; junto a ella se habían construido cálidas termas, destinadas a los reyes y a los plebeyos, a las mujeres y a los caballos.

En los anillos exteriores de tierra se asentaban los astilleros y los puertos, rodeados por un muro denso de edificios, de casas. De esta área, donde vivía una población muy numerosa, surgía un constante estrépito de voces y ruidos, durante e día tanto como durante la noche. Más allá se extendían las llanuras donde alcanzaban la perfección esas aromáticas sustancias que también hoy produce la tierra y están hechas ya de raíces, ya de hierbas de árboles, flores o frutos. Todo esto producía en abundancia aquella; isla santificada, cuando aún estaba bajo el sol. Critias y Timeo, de Platón

El resurgimiento de la Atlántida
El adivino y curandero americano Edgar Cayce (1877-1945) profetizó en junio de 1940 que la Atlántida reaparecería pronto: «Poseidia será una de las primeras zonas de la Atlántida que resurgirán. Se espera que ocurra en el 68 o 69. No falta mucho.»

Llegó incluso a concretar el sitio: en las Bahamas. Por una extraordinaria coincidencia, unos aviadores fotografiaron en 1968 lo que parecían ser edificios hundidos frente a la costa de Bimini del Norte, en las Bahamas.

Las exploraciones submarinas han revelado la existencia de formaciones rocosas parecidas a anchas calles empedradas en el fondo del mar, y también se han mencionado murallas ciclópeas, pirámides y círculos de piedra. Hasta el momento, no existen pruebas tangibles de estas descripciones.

Por cierto, es ésta una zona adecuada para buscar la Atlántida. Hace mucho que se cree que el mar de los Sargazos, al otro lado de las Bahamas, era los «bajíos innavegables» que quedaron tras el hundimiento de la Atlántida de Platón. Pero durante siglos se ha hablado asimismo de «calles» y «murallas» sumergidas a lo largo de la costa atlántica europea, como supuestas pruebas de la veracidad de las leyendas acerca de «ciudades hundidas».

De hecho, todo lo que se parezca a una estructura artificial acaba siendo relacionado, tarde o temprano, con la idea de una «ciudad sumergida». El tremendo impacto de la Atlántida de Platón tiene mucho que ver al respecto.

EL PADRE DE LA ATLANTOLOGIA
El escritor, investigador y político estadounidense Ignatiys Donnelly (1831-1901) fue, con mayor propiedad que cualquier otro , quien  resucitó el interés por la Su obra La Atlántida: el mundo antidiluviano, publicada en 188B, se convirtió en la «biblia» de todos los que creían en el continente perdido. La tesis de Donnelly parecía explicar misterios tales como las similitudes entre las culturas precolombinas y la civilización del antiguo Egipto, la misteriosa migración de las anguilas y los orígenes del pueblo vasco, Donnelly consiguió desencadenar una controversia tan fuerte y duradera que sólo la Ciencia y la tecnología modernas ten podido desmentir muchas de sus afirmaciones
REINA DE LOS OCULTISTAS
Helena Blavatsky (1831-18911. espiritista rusa y cofundadora de la Sociedad Teosófica, a quien muchos consideran una charlatana. Para ella  su corte de ocultistas la Atlántida y Lemuria eran hechos perfectamente establecidos.
Madame Blavatsky sostenía que la Atlántida estuvo en el  Atlántico Norte, y que sus pobladores fueron una raza muy civilizada, la cuarta «raza raíz» de la humanidad descendientes de los lemurianos. Los seres humanos actuales seríamos la  quinta «raza raíz», que pronto evolucionará, por valimiento de los estadounidenses, hasta que se origine 1a  sexta «raza raíz». Con el tiempo la  última surgirá en América del Sur.
EL HOMBRE QUE SOÑÓ CON LA ATLÁNTIDA
El fotógrafo estadounidense Edgar Cayce (1877-1945), que se convirtió en curandero, profeta y clarividente. En sus frecuentes trances, tuvo sueños y visiones de la Atlántida y su avanzada civilización.
Cayce creía que los atlantes habían dominado la energía atómica y el vuelo, pero su brillante civilización acabó siendo destruida en tres catástrofes nucleares: la primera, 50.000 años a.C, y la última, 10.000 a.C, Muchos atlantes que supieron advertir; la catástrofe habrían huido con anterioridad a Egipto y América  Central.

Fuente Consultada: Grandes Enigmas de Nigel Blundell-Wikipedia-Diccionario Insólito-Grandes Aventuras del Hombre

Buscar Oro en una Mina de Arizona Grandes Enigmas de la Humanidad

En Busca del  Oro Perdido en una Mina de Arizona

enigmas de la historia

EL ORO PERDIDO DE ARIZONA:
Quienes buscan la Mina Perdida del Holandés solo encuentran la muerte

La historia de América esta llena de episodios de descubrimiento de oro, pero ninguna resulta tan enigmática como la de la Mina Perdida del Holandés, situada en algún lugar de las inhóspitas montañas Supertition , en Arizona. Desde 1890 , nadie ha podido localizar positivamente esa mina. en esta búsqueda han dejado la vida mas de 20 hombres.

Mina de oro en Arizona

Los indios apaches fueron casi con seguridad los primeros en descubrir la mina. Mucho antes de que aprendieran a temer al hombre blanco y advirtieran su insaciable apetencia de oro, los apaches mostraron el yacimiento, aurífero a los monjes hispánicos de México. Fueron numerosos los hombres que realizaron, con éxito expediciones a la mina, hasta que, años más tarde, ésta pasó a ser propiedad de un español, don Miguel Peralta.

En 1871, su nieto, también llamado Miguel, comunicó el secreto emplazamiento de la mina a dos Inmigrantes alemanes, Jacob Waltz y Jacob Weiser, que le habían salvado la vida durante una, refriega que se produjo en Arizpe, en el estado mexicano de Sonora. Don Miguel contó a sus salvadores que sus antepasados habían obtenido grandes fortunas extrayendo oro de la mina; para ello —narró— tuvieron que valerse de un ejército privado de guardias y de trabajadores, suficientemente poderoso para que los apaches no se atrevieran a atacarlos. Por lo tanto, pidió a Waltz y a Weiser que lo acompañaran, junto con un puñado de hombres: se proponía realizar una incursión por sorpresa al sitio donde el oro, guardado por los apaches, sólo esperaba ser recogido.

Antes de partir para su incursión por sorpresa, don Miguel impuso una condición: él recibiría la mitad del oro que consiguieran arrebatar a los apaches Pero, cuando regresaron a México, don Miguel cambió de parecer y selló un nuevo acuerdo con Waltz y Weiser, por el cual los alemanes renunciaban a su parte de botín a cambio de la propiedad de la mina. Antes de que Waltz y Weiser consiguieran regresar al yacimiento, otro hombre blanco’ recibió la revelación de que la mina existía. Se trataba del doctor Abraham Thorne, un médico que había atendido a algunos apaches; a fin de retribuir su bondad, los Indígenas le dijeron que le compensarían con un regalo consistente en oro. Si estaba dispuesto a recorrer 30 kilómetros —le dijeron podría— llevarse tanto oro como pudiese transportar.

Los apaches no le mostraron la mina; pero, mientras cargaba el oro en sus alforjas, el doctor Thorne tomó nota de dos puntos identificables en el. Cuando Waltz y Wesier consiguieron finalmente regresar a la región aurífera estaban solos. Encontraron la mina usando como guía el mapa de don Miguel Peralta; inmediatamente comenzaron a excavar en una de las vetas de cimiento. Pero cierto día Weiser se quedó solo por un rato; cuando su compañero Waltz regresó, Weiser había desaparecido, debido a un ataque de los indios.

Weiser parece que salvó su vida milagrosamente, gracias a que logró refugiarse en la casa de un médico quien lo ayudo a recuperarse. Weiser contó al médico todo que sabía del yacimiento aurífero de las montañas y le pagó su ayuda con el mapa de don Miguel Peralta. Es muy probable que haya sido el último hombre blanco que visitó el yacimiento donde murió, poco después, el secreto de la localización da la mina fue enteo con él. Antes de morir, Waltz le contó- a un amigo que el yacimiento estaba situado en una región tan intrincada, que un hombre puede estar en el mismo centro mina y no darse cuenta de su existencia. Narró también que la veta era tremendamente rica y el metal podía ser fácilmente separado de la roca.

La mina tiene la forma de un embudo, pero alguien había excavado un túnel a través de la ladera hacia el fondo de la mina para facilitar la extracción del oro. Waltz confesó también que cierta vez, durante una visita que él y su compañero Weiser hicieron a la mina, solo encontraron a dos trabajadores mexicanos, antiguos miembros de una de sus expediciones. Algún tiempo después, sus cadáveres fueron encontrados, desnudos, en las montañas.

En 1882, contó Apache Jack, se les encomendó a los pieles rojas la tarea de rellenar la mina con rocas. En 1931, un tal Adolph Ruth emprendió el viaje hacia las montañas, después de comunicar a sus parientes y amigos que había comprado un mapa del camino hacia la Mina Perdida del Holandés a un miembro de la familia de don Miguel Peralta.

En los innumerables relatos acerca de la forma y de sus enormes filones de oro, existe una multitud de pistas sobre su localización.

En 1912, dos aventureros encontraron pepitas de oro en un pastizal, en el mismo sitio donde el padre de don Miguel Peralta y sus hombres fueron brutalmente asesinados, en 1864. No lejos de la Aguja del Tejedor, un punto de referencia que surge constantemente en los relatos acerca del yacimiento, existían pruebas de que muchos hombres habían hecho excavaciones.

Entre los indicios de que la mina estaba cerca, figuraba una gran cantidad de sandalias mexicanas escondida en una cueva. Pero a pesar de todas las pistas y de todos los relatos, esa enorme acumulación de riqueza aurífera oculta bajo la tierra sigue haciendo honor a su nombre: la Mina Perdida del Holandés.

Fuente Consultada: Grandes Enigmas de Nigel Blundell-Wikipedia-Diccionario Insólito-Grandes Aventuras del Hombre

El Dorado Busqueda Ciudad Perdida Grandes Misterios de la Humanidad

ENIGMAS HISTÓRICOS: BÚSQUEDA DEL DORADO Y SUS TESOROS

enigmas de la historia

Después de todo puede no haber sido un lugar, sino una persona

Todo empezó cuando los españoles invadieron el imperio de los incas, en el Perú, en 1532 y descubrieron una fastuosa acumulación de oro que incluía muchas y bellísimas obras de arte.

En Cuzco, las paredes del templo del emperador estaban enchapadas en oro, e incluso las cañerías que conducían el agua estaban hechas del precioso metal. Los mitos y las leyendas que rodeaban El Dorado eran muchas y variadas: algunos afirmaban que se trataba de una ciudad perdida; otros, que era un templo repleto de tesoros, escondido en lo profundo de la selva; hubo incluso quienes afirmaban que El Dorado era una montaña de oro macizo. Una de las teorías que actualmente gozan de mayor aceptación, sin embargo, sostiene que El Dorado era una persona: probablemente el jefe del pueblo chibcha (o muisca).

El Dorado recibió ese nombre debido a la ceremonia chibcha que señalaba u ascenso al trono. El rito comenzaba cuando el pueblo se reunía a orillas del lago de Guatavita, de forma circular y rodeado de altas montañas; las celebraciones duraban varios días; en el momento culminante, el jefe que ascendía al oro, rodeado por sus sacerdotes, embarcaba en una balsa de juncos, que era conducida hasta el centro del lago. Una vez la balsa estaba en el centro del lago, el nuevo jefe chibcha era desnudado y todo su cuerno se revestía con polvo de oro.

Ciudad Perdida El Dorado

Ciudad Perdida El Dorado

El lago habría sido identificado como el lago Guatavita, un cráter profundo lleno de agua y rodeado de densa selva. En 1580, un comerciante de la recientemente fundada ciudad de Bogotá, habría intentado drenar el lago construyendo un canal con la mano de obra esclava de cientos de indígenas. El intento fracasó al derrumbarse el canal y costar la vida de cientos de trabajadores.

El ejemplo del jefe era seguido luego por el pueblo reunido en las orillas; cada uno aportaba su tributo, arrojando objetos de oro al agua. Así fue como el fondo del lago Guatavita llegó a contener una de las más ricas colecciones de objetos de oro del Nuevo Mundo. Curiosamente, el pueblo chibcha, el pueblo de El Dorado, no poseía yacimientos de oro propios.

Cuando la expedición regresó a Venezuela con 300 de sus integrantes habían perecido; por una ironía del destino, los expedicionarios habían estado a sólo 100 kilómetros del lago de oro. Al año siguiente, el formidable conquistador español Sebastián de Benalcázar  partió también en busca del lago; unos meses después, un aventurero alemán, Nicholaus Federmann, se embarcó en la misma misión.

Condujo a sus hombres hasta una región rica en sal y ocupé una serie de poblaciones chibcha. Un indio le dijo a Jiménez de Quesada que «el lugar del oro” en, el pueblo de Hunsa. El conquistador se apoderó del pueblo y descubrió que en las casas chibcha, construidas de madera y mimbres, había numerosas placas de oro. También descubrió grandes montones de esmeraldas y sacos que contenían oro en polvo.

Al saquear la casa del jefe de la población, hallaron que estaba revestida con láminas de oro macizo y que contenía un fabuloso trono, hecho de oro y esmeraldas. Jiménez de Quesada continué su búsqueda de El Dorado y finalmente se reunió con Benalcázar y Federmann en la región central de Colombia; allí fundaron la ciudad de Santa Fe de Bogotá. La suerte jugó a los cazadores de fortuna una irónica mala pasada: llegaron al lago de oro, pero no encontraron El Dorado.

Simplemente porque El Dorado ya no existía, la dinastía de los jefes chibcha que celebraban la ceremonia del oro en la balsa habla sido derrocada tras una dura lucha por el poder unos años antes.

En 1545, el hermano de Jiménez de Quesada, Hernán, realizó un enérgico intento para apoderarse de los tesoros que contenía el lago Guatavita. Esta operación se llevó a cabo durante tres meses y el nivel del lago descendió 2,70 metros; varios cientos de objetos de oro quedaron al descubierto con el descenso de las aguas, cerca del borde del lago, antes de que el intento fuera abandonado.

Un comerciante español reclutó un ejército de 8.000 indígenas y los lanzó a construir un profundo canal, para drenar el Guatavita. El intento tuvo más éxito que el de Hernán Jiménez de Quesada: el nivel de las aguas descendió 18 metros.

 El comerciante pudo apoderarse de numerosos objetos de oro y de valiosas esmeraldas; pero los corrimientos de tierra obstruyeron finalmente el canal de drenaje y también este proyecto tuvo que ser abandonado. Sin embargo, las fabulosas riquezas de El Dorado continúan atrayendo a los aventureros. Por lo tanto, el espíritu de El Dorado sigue vivo, como vivo permanece el misterio de su fabuloso tesoro.

Ampliación del Tema
El tesoro del lago Guatavita
La ceremonia de El Dorado fue el origen de la leyenda. Aunque los conquistadores habían arrebatado ya a los muisca y sus vecinos cientos de Kg. de oro, imaginaban que aún les quedaba el mayor botín: el inmenso tesoro que debía existir en el fondo del lago Guatavita.

El primer paso para dragar el lago fue dado en 1545, pero la más seria de las iniciativas iniciales fue la de un comerciante de Bogotá, Antonio de Sepúlveda, quien comenzó sus operaciones de drenaje hacia 1580. Utilizando la mano de obra de 8.000 indios, abrió una gran muesca en el borde del lago —todavía perfectamente reconocible— para permitir su desagüe, rebajando el nivel en veinte metros, hasta que el canal se hundió, originando la muerte de numerosos excavadores.

Hubo que abandonar la idea, a pesar de que se había encontrado oro: el envío al rey Felipe II incluía un peto de oro, un bastón cubierto de placas de oro y una esmeralda que tenía el asombroso tamaño de un huevo de gallina.

La búsqueda de riquezas que superasen todo lo imaginable no se limitó únicamente a las orillas del lago Guatavita. Ya en los tiempos de los conquistadores se había extendido la creencia en el Hombre Dorado y su mística ciudad de Manoa, donde hasta las cacerolas eran fabricadas en oro. Se creyó que el mismo podía ser localizado en las selvas inexploradas de la cuenca amazónica, y por ello numerosos exploradores y aventureros se adentraron en la jungla año tras año. Muchos no regresaron jamás.

Uno de los que sí lo lograron fue sir Walter Raleigh, pero tuvo motivos para lamentarlo. Enviado por la reina Isabel I de Inglaterra en 1595, se adentró en la selva de la Guayana, en busca de Manoa y su oro, y se propuso entablar alianza con los habitantes de Manoa para así derrotar a los españoles. Pero la expedición no tuvo éxito, y el fracaso de una segunda expedición en 1617-1618 sirvió de pretexto para su ejecución.

El Hombre Dorado fue esfumándose en la memoria y su nombre terminó siendo usado para designar el lugar donde aguardaban riquezas inconmensurables: El Dorado, oculto en los Andes o en la selva amazónica. Durante dos siglos continuó la búsqueda; y en cierto sentido se lo encontró, aunque no del modo que habían soñado los conquistadores, pues esculcar este reino fabuloso permitió que exploradores y prospectores revelaran, más allá de su esfuerzo y crueldad, el corazón secreto de América del Sur.

Posibles Ubicaciones de la Ciudad de la Atlántida

Fuente Consultada: Grandes Enigmas de Nigel Blundell-Wikipedia-Diccionario Insólito-Grandes Aventuras del Hombre