LOS TUAREG

Tuareg y Bereberes Vida y Costumbres Poblaciones de Africa

Tuareg y Bereberes Poblaciones de África
Vida ,Costumbres y Ubicación

África, tercer continente más grande de la Tierra, con islas adyacentes, que ocupa una superficie de unos 30.243.910 km², alrededor del 20% del total de la masa terrestre. Bañado por las aguas del océano Atlántico al oeste y del Índico al este, está separado de Europa y Asia por el estrecho de Gibraltar y el mar Mediterráneo, al norte, y por el canal de Suez y el mar Rojo, al noreste.

La población del continente en 2010 superaba  los 1000 millones de habitantes. A finales del siglo XIX se produjo el reparto de África, hecho determinante en la evolución económica y social del continente a lo largo de la pasada centuria.

Tres veces mayor que Europa, África sólo cuenta con 1.000 millones de habitantes. Sin embargo, debido a su favorable situación en relación con Europa y Asia, este continente parecía estar predestinado a albergar una población numerosa. África tiene grandes ríos (el Nilo, el Congo, el Níger, el Zambeze).

Dispone de enormes riquezas minerales y considerables reservas de energía hidráulica. Pero África es también el continente más caluroso y su clima no está hecho para atraer poblaciones. El desierto tropical y la selva ecuatorial debilitan mucho.

El Sahara divide África en dos mundos totalmente distintos: el norte blanco y la zona ecuatorial negra. Por tanto, es impropio llamar a África el «continente negro». El Sahara sufre una perpetua falta de agua, y no es de extrañar que, a pesar de su superficie, cuente con sólo dos millones de habitantes. Por otra parte,  las poblaciones se agrupan en las proximidades de los oasis y que si ciertos territorios están prácticamente deshabitados, la densidad de la población es, a veces, de 1.000. personas por km² en los oasis.

Las tribus tienen pocos contactos entre sí, y el sistema de vida, la lengua y las costumbres difieren notablemente. En África el elemento blanco está bastante bien representado. Así, los bereberes, los tuareg y los tibbu pueden ser considerados miembros del tronco blanco que han sufrido una transformación y se han cruzado con otras poblaciones para llegar a estar más o menos arabizados.

Actualmente se tiende a considerar bereberes todas esas poblaciones del norte de África, porque hablan beréber y tienen ciertas costumbres comunes. Por ejemplo, el privilegio del matriarcado. El término es, quizás, algo abusivo, pues literalmente significa mando de la madre.

mapa ubicacion tuareg y bereberes

En realidad, este matriarcado es una disposición familiar en virtud de la cual los parientes de la parte materna tienen una importancia preponderante. El hijo lleva el nombre de la madre, y a un soberano no le sucede su hijo, sino su sobrino, es decir, el hijo de su hermana.

En semejante sociedad, la mujer está considerada como la igual del hombre, cosa que no ocurre entre los árabes. A juzgar por el nivel general de civilización, las mujeres bereberes gozan de cierta cultura. Tocan con gran sensibilidad instrumentos de cuerda muy sencillos.

Puede decirse que existe un arte beréber, especialmente característico en alfarería, esteras, alfombras y joyas a las que no se puede negar cierto valor artístico.

Los tuareg constituyen el grupo beréber más importante y también el de más interés. Se diferencian de los demás grupos por su vida nómada. Su número se calcula en 350.000. Se han extendido por la mayor parte del Sahara, pero de un modo especial en el macizo de Ahaggar, en el Tassili del Norte, en Air y hacia el Sudoeste hasta el Níger.

Los tuareg se llaman a sí mismos imouhagh. Crían camellos, asnos blancos y cabras. Éstas, que se consideran propiedad de las mujeres, no se apartan de las proximidades de las tiendas. Algunos tuareg incluso llegan a criar búfalos, pero el dromedario sigue siendo el recurso principal. No sólo es un excelente animal de carga, sino un buen productor de leche, carne y cuero.

Las mujeres, contrariamente a los hombres, no llevan velos. ¿ Acaso éstos creyeron necesario protegerse la cara del ardiente viento del desierto, o quisieron simplemente ocultar sus rostros a los extranjeros?.

Los tuareg se opusieron durante mucho tiempo a la presencia francesa en el Sahara y eran temidos por sus saqueos. Los franceses habían reprimido con violencia la trata de esclavos y arrumado el comercio caravanero con la instalación de la línea de ferrocarril que une el Senegal con el Sudán.

Bereber, es también el nombre que reciben la lengua y algunos pueblos no árabes que habitan grandes zonas del norte de África. A lo largo de los siglos, los bereberes se han mezclado con numerosos grupos étnicos, sobre todo árabes; por ello, actualmente se les distingue más por los rasgos lingüísticos que por los raciales. La lengua bereber es una rama de la familia lingüística afroasiática y comprende unos 300 dialectos estrechamente emparentados. Se trata principalmente de una lengua hablada; su forma escrita apenas se conoce y rara vez se utiliza

Estas medidas hicieron que los tuareg se sintieran amenazados. Algunos entraron al servicio de Francia como meharistas y así contribuyeron a la policía del desierto. Otros centraron sus actividades en la agricultura, animados por los franceses. No obstante, la mayoría permaneció el al nomadismo, llevando a sus dromedarios a los mercados de mayor importancia. Tamanrasset es un centro importante que cuenta con unos 2.000 habitantes.

Entre los tuareg la mujer goza de gran consideración. De niña recibe cierta instrucción. No se le elige marido, como en muchas tribus, y después de su matrimonio sigue siendo la propietaria de todas sus posesiones. Es contraria a la poligamia, a pesar de que el Corán la permite, pero debemos decir que los tuareg no siguen sus mandamientos con un fervor ejemplar.

Otro grupo beréber digno de interés es el constituido por los re-guibat, los hombres azules de Mauritania en el Sahara occidental.-Su piel es azul porque no se quitan nunca sus vestidos de algodón teñidos de este color. Los reguibat también se han cruzado con otras tribus, si bien puede decirse que han conservado cierta independencia con respecto a los árabes, como también la mayoría de los pueblos del norte de África.

A pesar de que la influencia del Islam ha sido importante y duradera, por lo general los nómadas no son musulmanes muy ortodoxos.

casa de bereber en marruecos
Casas bereberes en Marruecos:Los bereberes han vivido en la cordillera del Atlas de Marruecos durante más de 3.000 años, muchos de ellos en casas hechas de ladrillos de barro, madera o piedra. Las casas bereberes consisten típicamente en un gran aposento que sirve como cocina, cuarto de estar, alcoba y granero. La mayoría de los bereberes se gana la vida cultivando la tierra o criando ganado

El nomadismo se encuentra en constante regresión, no sólo porque los franceses han introducido la técnica moderna en el corazón del Sahara, sino también porque han hecho desaparecer la estructura feudal que dominaba las relaciones humanas. Naturalmente, semejante evolución no se realiza sin riesgo, sobre todo si el proceso de modernización se ve interrumpido en un momento dado.

En primer lugar pensemos en la agricultura: el Sahara tiene muy pocas tierras de labrantío y el rendimiento es siempre muy débil. La transformación de las zonas incultas en tierras de labor exige que se pongan en práctica considerables medios técnicos, ya que el problema de la irrigación es el más difícil de resolver.

Numerosos habitantes de los oasis abandonaron los territorios que siempre han ocupado. Han entrado en contacto con un mundo exterior que ofrece mayor atractivo. El fin de su aislamiento ha hecho que estos hombres y estas mujeres se sintieran conscientes de una vida mejor. ¿Significa esto que, en un plazo  más o menos corto, el Sahara será un territorio absolutamente vacío de habitantes? No, porque el descubrimiento de campos petrolíferos ha abierto insospechadas posibilidades.

Ver: Vida en el Desierto

Fuente Consultada: Enciclopedia Juvenil Editorial Credsa AZETA Entrada: Bereberes y Tuareg

 

Vida del Hombre en el Desierto Vivir con Altas Temperaturas

LA VIDA EN CLIMAS EXTREMOS: EL DESIERTO

vida en condicones extremas

La vida en los desiertos Restos fósiles encontrados en el desierto del Sahara indican que hace más de 4.000 años, animales de hábitos acuáticos, como los hipopótamos y los elefantes, habitaban esas regiones. Estos hallazgos indican que estas regiones no fueron desiertos en otras épocas. En la actualidad, unos 30 millones de km2 de la superficie terrestre corresponden a zonas desérticas.

Además del desierto del Sahara y el de Kalahari, en África, existen grandes desiertos en regiones de vientos cálidos y secos muy alejados del mar, como en el Asia, o vecinos a cadenas montañosas que no permiten el paso de las nubes, como en el caso de la Puna argentina, vecina a los Andes.

La explotación de los recursos naturales del desierto —petróleo, metales y minerales— ha promovido un proceso de población y de desarrollo económico en estas regiones. Especialmente en el desierto arábigo, la explotación del petróleo permitió que algunos países crecieran industrialmente y levantaran ciudades en medio del desierto.

La preocupación del hombre del desierto sigue siendo el aprovisionamiento de agua. El agua de las ocasionales lluvias se canaliza para acercarla a los campos próximos. Se construyen embalses, como el del río Colorado en los Estados Unidos, El agua se transporta por canales subterráneos, tal como lo hacían los antiguos persas- Estos canales recogen el agua subterránea de las regiones montañosas y la transportan hasta tierras más bajas gracias a un suave declive del terreno.

En Israel, para aprovechar al máximo el agua de riego, se cubren las plantaciones con plástico transparente. El plástico protege los sembrados del calor excesivo y disminuye la evaporación del agua. De esta manera, se ha conseguido transformar un antiguo desierto en una floreciente zona de cultivo.

LOS TUAREG:

la vida en el desiertoSahara es el desierto más grande del mundo. A pesar las adversas condiciones, los tuareg se atreven a hallar las zonas menos áridas de este desierto. Deben llevar una vida nómada, trasladándose de un lugar a otro n el fin de proveer de pastos a sus rebaños y de agua para su gente y sus animales.

Construyen sus tiendas estacas de madera cubiertas con pieles de cabra. En un campamento, todos pertenecen a la misma familia. cada tienda viven el hombre con su mujer y sus hijos, aunque los hijos varones ya crecidos duermen al aire libre.

El gran problema en el desierto es conseguir agua. Las mujeres son las encargadas de partir, todas las mañanas, hacia los pozos de agua, distantes algunos kilómetros del campamento. Del mismo pozo se abastecen varios grupos de pobladores, de manera que es necesario esperar turno hasta el momento de poder sumergir los grandes bolsos de cuero con los que levantan hasta 40 litros de agua.

Las diferencias de temperatura en el desierto son muy marcadas. Durante el día, el termómetro puede llegar a los 50 °C, pero al atardecer desciende bruscamente a los 0 °C. Los tuareg se visten con largas túnicas que apenas los defienden del frío. Por las noches se cubren con mantas y beben mucho té para calentarse.

Para desplazase a través del desierto utilizan dromedarios. Estos animales resultan irremplazables en el desierto, ya que pueden recorrer hasta 50 kilómetros en un día y permanecer varios días sin tomar agua, con sólo alimentarse de comidas jugosas. Las hembras de los dromedarios dan leche, que sirve de alimento, y los excrementos se utilizan como combustible.

Los tuareg comercializan en el desierto. Venden la sal que recogen en las zonas en las que la evaporación del agua salobre deja la preciada sal corno residuo, y a cambio obtienen maíz, mijo y telas. La sal ayuda a retener el agua del cuerpo y a soportar el calor en mejores condiciones.

PARA SABER MAS…
EL HOMBRE Y EL DESIERTO:
Sólo el cuatro por ciento de la superficie de los desiertos, prescindiendo de los oasis, está habitada. Desde tiempo inmemorial, sobre todo en Asia y África, ha existido el hombre del desierto, por ejemplo, el beduino, en grupos tribales o familiares que arrastran una existencia miserable. Con una tienda de pieles por casa, y por todo capital algunas armas, pocas herramientas y un camello, unos asnos o quizás un caballo.

Los hombres del desierto sólo han podido dedicarse a tres empresas. Han sido ganaderos, conductores de caravanas o bien ladrones. Todos ellos han considerado, pues, el desierto como un lugar de paso y su meta ha sido el oasis, donde hay agua, sombra y una temperatura soportable. Pero el oasis no fue nunca lugar adecuado para establecer un cultivo agrícola, una industria o un trabajo sedentario.

El oasis ha sido siempre un albergue, un lugar de reposo, para hacer acopio de nuevas energías o bien para preparar un largo viaje. El hombre del desierto ha sido en todo momento de la historia un hombre desarraigado, silencioso, extremadamente austero, leal a la tierra seca donde vive, hospitalario, a veces cruel, pero dispuesto a todos los sacrificios porque no hay vida más dura que la del desierto.

En el Sahara, ya se atraviese una «hamada» o meseta, ya un «erg» o llanura, puede andarse durante días enteros sin avistar el menor rastro de vegetación, ni un árbol, ni un edificio que rompa la tediosa monotonía de las dunas y las arenas.
Los nómadas del desierto han ejercido un papel muy importante en la política, desde los tiempos che Mahoma, cuando contribuyeron a que las tribuí dispersas adoptaran la fe del Profeta. En la actualidad, tanto en Irán, Irak, Egipto, como en Marruecos, suelen ser siempre las tribus semisalvajes, indómitas, valerosas y fieles a sus jefes nativos, las que han inclinado la balanza de las decisiones políticas en un sentido determinado.

Es posible vivir en las orillas del desierto o bien en los oasis, islas de vegetación, de tierra acogedora. perdidas en la inmensa soledad, pero solamente los nómadas, conductores de caravanas o pastores de rebaños, han podido hacer del desierto su patria. puesto que en él pasan la mayor parte de su vida aunque no se detengan jamás en su constante peregrinar.

El oasis es un vestigio de otros tiempos en los que el agua y la vegetación eran abundantes. Como un mar cuyas aguas se retiran y va dejando charcos en el lugar que ocupó, así el oasis suele ser un recuerdo, un núcleo de vida alrededor de un pozo, de un pequeño lago o de un río. Allí crecen los árboles, la vegetación atenúa el calor del sol y permite alimentar a los animales y a los hombres que en él buscan refugio.

Muchas veces se ha hablado de inundar el Sahara, cuyo nivel, en grandes extensiones, es inferior al del mar Mediterráneo para convertirlo en un oasis inmenso.

Egipto sería un desierto si el Nilo no lo convirtiera, siquiera en parte, en un espléndido oasis. Ya los antiguos egipcios intentaron regular las crecidas del Nilo y guardar parte del agua como reserva para afrontar los tiempos de sequía. En 1902 se levantó la presa de Assuán, bajo dirección británica, una obra de ingeniería de grandes proporciones que hoy se intenta modernizar y ampliar. La transformación de la presa de Assuán permitiría regular el suministro de aguas y ampliar la extensión de los oasis del valle del Nilo.

Grandes obras de irrigación de desiertos se han emprendido en Norteamérica, especialmente en los ríos Grande, Columbia y Colorado. Numerosas presas escalonadas como las de Hoover, Imperial y Parker en este río, la de Coolidge en el Río Grande y el Grand Coulee en el Columbia han transformado lo que antes eran zonas desérticas en prósperos valles donde las huertas y los naranjales se extienden hasta perderse de vista.

Fuente Consultada:
Enciclopedia CONSULTORA Tomo I El Hombre en el Desierto
Ciencias Biológicas de Santillana