Más De La Ilustración

Los Filosofos Naturales Toma de la Bastilla Pensamiento Ilustrado

¿Qué es la Ilustración?  La Ilustración no es un suceso concreto, sino un movimiento histórico, también llamado «de las luces» o «Iluminismo». Con él se hace famosa la expresión latina sopere cude!, «atrévete a saber»; el hombre se invita a sí mismo a «saber», a «conocer» y así, se pretende conseguir una expansión del conocimiento semejante a la luz cuando brilla libremente y destruye las zonas de tinieblas, es decir, de ignorancia. Se abre así una época histórica.

Previamente a la Ilustración se había empleado muchas veces la metáfora de la luz, pero en estas tradiciones anteriores la fuente de donde emergía la luz era Dios o la divinidad. Si el hombre, mediante su esfuerzo y su fe, alcanzaba a liberarse de las cadenas de sus deseos, de todo lo que le unía a la tierra y al mundo de las cosas, entonces, en el último rincón de su alma, podía recibir la luz que le llegaba desde el espíritu de Dios. Esta metáfora era tan platónica como cristiana y así acompañó a toda la historia de Occidente.

En contraste con esta tradición, los ilustrados del siglo XVIII querían decir otra cosa. La luz que recibía el hombre no procedía de una divinidad, sino del propio trabajo y esfuerzo del hombre. Era el propio hombre el que proyectaba luz a su alrededor, con su trabajo, con su esfuerzo constante, con la mejora permanente de su atención, de su mirada, de su crítica.

En el fondo se trataba de una fe del hombre en sí mismo, como si el hombre hubiera tenido que creer en Dios mientras se hacía mayor de edad, y, una vez maduro, tuviera que emprender su por sí mismo.

Los intelectuales de la Ilustración eran conocidos por el término francés de philosophes, aun cuando no todos ellos fueran franceses y pocos fueran filósofos, en el sentido literal de la palabra. Eran literatos, profesores, periodistas, estadistas, economistas, científico; de la política y, sobre todo, reformadores sociales.

Venían de la nobleza y de la clase media, y unos cuantos, incluso, de la clase media baja.  Aunque era un movimiento verdaderamente internacional y cosmopolita, la Ilustración realzaba, asimismo, el papel dominante representado por la cultura francesa. París fue su capital reconocida,  y muchas cabezas de la Ilustración fueron francesas.

Los philosophes franceses influyeron en los intelectuales de todas partes y crearon un movimiento que afectó al mundo occidental entero, incluyendo las colonias inglesas y españolas en América. Si bien los filósofos encaraban diversas circunstancias políticas, según el país en que vivieran, compartían vínculos comunes como parte de un movimiento verdaderamente internacional.

Aun cuando se les llamara filósofos, ¿qué significaba la filosofía para ellos? El papel de la filosofía era cambiar el mundo, no sólo razonar sobre él. Como dijera un escritor, filósofo es “aquel que se aplica al estudio de la sociedad con el propósito de mejorar a los de su especie y hacerlos más felices”.

Para los filósofos, el racionalismo significaba relación de un grandioso sistema de pensamiento para explicar todas las cosas. La razón era el método científico y significaba un llamado a los hechos y la experiencia. Un espíritu de criticismo racional había de aplicarse a todo, incluidas la religión y la política.

LA ILUSTRACIÓN EN FRANCIA LA ILUSTRACIÓN EN FRANCIA LA ILUSTRACIÓN EN FRANCIA LA ILUSTRACIÓN EN FRANCIA LA ILUSTRACIÓN EN FRANCIA LA ILUSTRACIÓN EN FRANCIA
Rousseau Spinoza Descartes Pascal Leibniz Vesalio
           

LA TOMA DE LA BASTILLA: El 14 de julio de 1789, las multitudes parisienses en busca de armas atacaron y tomaron la armería real conocida con el nombre de la Bastilla. Ésta también había sido una cárcel estatal y la toma de la fortaleza señalaba el triunfo de la “libertad” sobre el despotismo. La intervención del pueblo parisino salvó al Tercer Estado de un intento contrarrevolucionario de Luis XVI.

Relato en un periódico parisino sobre la Toma de la BASTILLA: Primero la gente intentó penetrar en la fortaleza por la calle de Saint -Antoine, fortaleza en la que nadie jamás ha penetrado, en contra de  los deseos de este despotismo espantoso y donde el monstruo aún residía. El gobernador traidor había puesto fuera una bandera dera en señal de paz. Así, se realizó un adelanto confiable; un destacamento de de guardias franceses, quizás de cinco a seis mil burgueses armados, penetró en los patios exteriores de la Bastilla; pero tan pronto como unas seiscientas personas traspasaron el primer puente levadizo, el puente fue alzado y el fuego de artillería segó  la vida a varios guardias franceses y algunos soldados; el disparaba contra la ciudad y la gente se sobresaltó; gran  de individuos fue muerto o herido; pero entonces se recuperaron y se pusieron a salvo de los disparos… mientras tanto, trataron de localizar algún cañón; atacaron desde el lado del agua a través de los jardines del arsenal, y desde allí llevaron a cabo un asedio ordenado; avanzaron desde varias direcciones en medio de un incesante tiroteo.

Era una escena terrible… la lucha fue arreciando con intensidad; los ciudadanos se habían endurecido contra el fuego; de todas direcciones treparon hasta el techo o irrumpieron en las habitaciones; en cuanto un enemigo aparecía entre las almenas de la torre era blanco de cientos de disparos y derribado al instante; mientras tanto, los disparos de cañón se dirigieron precipitadamente contra el segundo puente levadizo, que estalló en pedazos, rompiéndose las cadenas; en vano respondió el cañón en la torre, puesto que casi toda la gente se hallaba protegida de sus disparos; la furia arreciaba al máximo; la gente valientemente enfrentó la muerte y toda clase de peligros.

Las mujeres, en su vehemencia, nos ayudaron con todas sus fuerzas; incluso los niños, después de la descarga de fuego desde la fortaleza, corrían aquí y allá recogiendo balas y disparando; [y así cayó la Bastilla y su gobernador, de Launey, fue capturado]… Serena y bendita libertad, por vez primera ha sido, por fin, introducida en esta morada de los horrores, en este espantoso refugio del despotismo monstruoso y de sus crímenes.

Mientras tanto, se aprestan a marchar; salen entre una enorme multitud; los aplausos, los estallidos de alegría, los insultos, los juramentos arrojados contra los prisioneros de guerra traidores; todo es confuso; gritos de venganza y de placer salen de los corazones; los vencedores, gloriosos y cubiertos de todo el honor, portan sus armas y los despojos de los vencidos, las banderas de la victoria, la milicia se mezcla con los soldados de la patria, laureles de victoria les son ofrecidos desde todos los rincones, todo lo cual crea un espectáculo aterrador y a la vez espléndido.

Al llegar a la plaza, la gente, ansiosa de tomar venganza por su propia mano, no permitió a de Launey ni a sus oficiales llegar al lugar del juicio; los arrebataron de las manos de sus conquistadores y los arrojaron para pisotearlos sin descanso. De Launey recibió miles de golpes; su cabeza fue cortada y prendida en el extremo de una pica mientras la sangre manaba a borbotones… Este glorioso día debe asombrar a nuestros enemigos y traernos finalmente el triunfo de la justicia y de la libertad. Al atardecer, hubo celebraciones.(ampliar sobre la toma de la Bastilla)

Monarquia Parlamentaria en Inglaterra Monarquia Constitucional

En el siglo XVIII Inglaterra constituía, junto con Holanda, una isla dentro de la Europa absolutista. La revolución del siglo XVII había dado lugar a una monarquía de poder limitado. En primer lugar, con el reconocimiento del Habeas Corpus de 1679, fundamentó el principio de la libertad individual, que garantizaba que nadie podría ser detenido e inculpado sin ser puesto a disposición de un juez a las 74 horas de su detención, quien debería notificarle la causa de la misma y poner a su disposición un abogado. Se ponía freno así a la arbitrariedad del poder y se institucionalizaba una justicia independiente, que garantizaba la libertad de los ciudadanos.

En el año 1689, tras acabar con la monarquía absoluta de los Estuardo, el Parlamento inglés obligó al nuevo monarca, Guillermo de Orange, a jurar la Declaración de Derechos (The Bill of Rights), en la cual se limitaba los poderes del monarca y se sometía algunas de sus decisiones al Parlamento.

parlamento britanico

Toda una serie de medidas, a lo largo del siglo XVIII, fueron precisando los poderes del Parlamento frente al monarca, aunque éste conservó muchas atribuciones: designaba ministros, podía gobernar sin el apoyo del Parlamento y, hasta finales de siglo, el gobierno no fue plenamente responsable ante el Parlamento.

Por tanto, no se puede hablar de régimen parlamentario, es decir, de un sistema en el que el gobierno no puede ejercer sus poderes sin el apoyo de la mayoría del Parlamento, compuesto por diputados elegidos.

Pero a pesar de ello Inglaterra fue el primer país en el que no existió monarquía absoluta: el soberano debía tener en cuenta la voluntad nacional que se expresaba en el Parlamento y los poderes ejecutivo y legislativo se habían separado.

Asimismo, un tercer poder, la justicia, era independiente a los ciudadanos tenían garantizada la defensa de su libertad individual. Además, poco a poco una serie de reformas fueron ampliando los poderes del Parlamento y sometiendo al gobierno a su control.

Sin embargo, el régimen inglés no era en absoluto una democracia: sólo una minoría (grandes propietarios, burgueses, rentistas) tenía derecho de voto (15% de la población), los habitantes de las colonias no estaban representados y la esclavitud continuaba siendo aceptada.

A pesar de ello, el control del poder absoluto del monarca y la división de poderes inglesa constituyeron un ejemplo y una inspiración para los filósofos franceses.

MONARQUÍA ABSOLUTA Y MONARQUÍA CONSTITUCIONAL
La monarquía es absoluta cuando todos los poderes se concentran en manos del monarca, y los restantes órganos de Estado sólo tienen funciones ejecutivas, limitándose a aplicar las órdenes del soberano (pensemos, por ejemplo, en la figura del Rey Sol); es, en cambio, constitucional, cuando los poderes se reparten entre el rey y sus colaboradores, según los principios vigentes en los Estados constitucionales.

La monarquía constitucional se divide, a su vez, en constitucional pura y parlamentaria. La monarquía constitucional pura es aquella en la que el soberano nombra y destituye personalmente a sus ministros, sin tener en cuenta la voluntad del Parlamento. En otras palabras: los ministros sólo deben responder de su actuación ante el rey y no ante el Parlamento, que se limita a aprobar las leyes.

En la monarquía parlamentaria, en cambio, los ministros son nombrados por el soberano después de haber conseguido la confianza del Parlamento; y, si pierden esta confianza, es decir, si el Parlamento lo cree necesario, el rey tiene la obligación de sustituirlos. En la monarquía parlamentaria, por tanto, los ministros deben responder de su actuación no sólo ante el monarca, sino también, y sobre todo, ante el Parlamento (que representa al pueblo).

Ejemplos de monarquía constitucional pura han sido la Francia de la Restauración (1814) y la Alemania anterior a 1918. El reino de Italia fue, desde 1861 a 1946, una monarquía parlamentaria, lo mismo que la mayor parte de las monarquías modernas.

Fuente Consultada: Historia del Mundo Contemporáneo M.Garcia/C.Gatell Primer Curso Bachillerato

Origen del Estado Liberal Conquistas de la Burguesía en 1848

Origen del Estado Liberal
Conquistas de la Burguesía en 1848

ANTECEDENTES DEL ESTADO LIBERAL: Después de la derrota definitiva de Napoleón, los monarcas absolutos del continente europeo mediante el Congreso de Viena, buscaron regresar a la etapa anterior a la Revolución Francesa, conocida cpomo el Antiguo Régimen, lo que significó la supresión de las medidas sociales, políticas y económicas dictadas por los ideales revolucionarios del siglo XVIII, principalmente las referentes a las constituciones y al postulado de la soberanían acional, para dar paso otra vez al poder ilimitado de los reyes, devolver a la nobleza y al clero sus privilegios, reconstruir el mapa de Europa que había sido desfigurado por las conquistas y anexiones ocasionadas por la guerra, y replantear la vida internacional con base en un sistema de seguridad conjunta y equilibrada que no permitiera más revoluciones ni intentos de cualquier país por lograr la hegemonía continental.

Como respuesta al movimiento que apoyaba la Restauración monárquica, se produjeron en las más importantes naciones europeas una serie de procesos revolucionarios en su contra, en los que la burguesía luchó por su derecho a crear gobiernos constitucionales adecuados a sus intereses y mentalidad liberal.

Aun cuando entre los liberales hubo ruptura, pues la alta burguesía (industriales, banqueros, grandes comerciantes, etc.) proponía reformas moderadas con la instauración de monarquías parlamentarias y constitucionalistas, mientras que la baja burguesía (artesanos, profesionales, pequeños comerciantes) y las clases obreras, con base en ideas democráticas, aspiraban a instauración de repúblicas, en las cuales abrir las posibilidades de participación en la esfera política para conseguir mejores condiciones de trabajo. Aunado a esto apareció, aunque de manera limitada, una nueva ideología, el socialismo que pretendía una reforma más radical de la sociedad en beneficio de las clases trabajadoras.

El periodo histórico que en Europa abarcó los años posteriores al Congreso de Viena recibió el nombre de restauración, porque la dinastía   de orbón fue restaurada en el trono de rancia, y también recuperaron sus tronos todos  los  monarcas que habían   sido   desposeídos   por Napoleón y restablecieron la monarquía absoluta.

1848: Revolución Burguesa en Francia: Una desastrosa cosecha de trigo y de patata dio origen, en 1846, a disturbios en el campo   francés;   bandas   hambrientas   recorrían Jos caminos reales, saqueando castillos y panaderías,  sembrando el terror en los pueblos. La enorme alza de precios que siguió, alcanzó a todas las capas de la sociedad, que tuvieron que reducir sus compras, lo que favoreció, así, la crisis, los despidos y el paro en la industria.

A esta gravísima crisis económica se unió una serie de escándalos,  de asesinatos, de corrupción, de tráfico de empleos, que envolvió a los personajes más destacados del régimen. La oposición aprovechó el desafecto general hacia el Gobierno, para reclamar una reforma electoral que redujese el censo a cien francos, y una reforma parlamentaria que disminuyera el número de diputados y funcionarios, siempre  dispuestos  a sostener  al  régimen….esta situación dió lugar a que en febrero 1848 se inicie un violento movimiento en defensa de los principios liberales mas básicos, como la defensa de la propiedad privada, la soberanía popular, la división de poderes en legislativo, ejecutivo y judicial y el establecimiento de una Constitución liberal que defiendan los derechos de la alta y baja burguesía. (Ver: Revoluciones Burguesas)

Orígenes del liberalismo político y liberalismo económico: Las revoluciones burguesas en Europa, al destruir el Antiguo Régimen, dieron lugar a un nuevo tipo de Estado que los historiadores denominaron Estado liberal, y la ideología que sustentaba estos regímenes burgueses es lo que se ha dado en llamar liberalismo, liberalismo que en el siglo XIX poseía un doble aspecto, claramente diferenciado en la mayor parte de los países: liberalismo político y liberalismo económico.

cuadro Movimientos Rvolucionarios de 1848

Movimientos Rvolucionarios de 1848

Liberalismo político significaba respeto a las libertades ciudadanas e individuales (libertad de expresión, de asociación, de reunión); existencia de una Constitución inviolable que determinase los derechos y deberes de ciudadanos y gobernantes; separación de poderes —legislativo, ejecutivo y judicial— para evitar cualquier tiranía; y derecho al voto, bien en forma de sufragio censitario, bien como sufragio universal, aunque en este último caso más que de liberalismo político habría que hablar de democracia.

Junto a este liberalismo político, el Estado burgués del siglo XIX estaba también asentado en el liberalismo económico: un conjunto de teorías y  de prácticas al servicio de la alta burguesía dominante y que, en gran medida, eran consecuencia de la Revolución Industrial. Desde el punto de vista de la práctica, el liberalismo económico significó la no intervención del Estado en las cuestiones sociales, financieras y empresariales. A nivel técnico supuso, además, un intento de explicar racionalmente y justificar el fenómeno de la industrialización y sus más inmediatas consecuencias: el gran capitalismo y la miseria de la clase trabajadora.

La alta burguesía europea, cada día más poderosa y rica, con el poder político ya firmemente asido, veía con inquietud cómo alrededor de las ciudades industriales iba surgiendo una masa proletaria. también cada día más espantosamente pobre. Necesitaba, por tanto, una doctrina que explicase este hecho como inevitable y, en consecuencia, sirviese para tranquilizar su propia inquietud. Tal doctrina la encontró en dos pensadores ingleses, Adam Smith (1723-1790) y Thomas R. Malthus (1766-1834), que pasaron así a ser los pilares ideológicos del liberalismo económico.

Smith pensaba que todo el sistema económico debía estar basado en la ley de la oferta y la demanda. Para que un país prosperase, los gobiernos debían abstenerse de intervenir en el funcionamiento de esa ley: los precios y los salarios se fijarían por sí solos, sin necesidad de intervención alguna del Estado. Y ello, entendía, no podía ser de otro modo, por cuanto si se deseaba una absoluta libertad económica. cada hombre, al actuar buscando su propio beneficio, provocaba el enriquecimiento de la sociedad.

Malthus partía del supuesto de que, mientras el aumento creciente de población seguía una proporción geométrica, la generación de riquezas y alimentos sólo crecía aritméticamente. Resultaba por ello inevitable que, de no ponerse remedio, el mundo se hundiría en la pobreza. Ese remedio no podía ser otro que el control de natalidad en los obreros, y que estos puedan ser abandonados a su suerte, para que así su número disminuyese.

En resumen, tanto Malthus como Smith lo que estaban pidiendo era la inhibición de los gobernantes en cuestiones sociales y económicas. Y eso fue lo que ocurrió: el Estado burgués europeo del siglo XIX se limitó a garantizar el orden público en el interior de sus fronteras, renunciando a cualquier tipo de política social, de justicia redistributiva y de intervención en la economía. Nada mejor para los grandes capitalistas, que quedaron con las manos libres para enriquecerse al máximo. La riqueza se convirtió en una virtud, y los clérigos, desde el púlpito, presentaban la pobreza como una consecuencia del vilo y el pecado, con lo cual estaban testificando de hecho su existencia.

Frente a este Estado liberal y en la sociedad burguesa, el proletariado se encontró indefenso. Por ello, su lucha por la vida y por los derechos que se les negaban tenía que convertirse necesariamente en una lucha contra el liberalismo económico y la burguesía capitalista.

El Proletario y el Proletariado: «El cambio fundamental que ha sobrevenido en la sociedad, en el seno de la lucha universal creada por la concurrencia y como resultado inmediato de su lucha, es la introducción, entre las condiciones humanas, del proletario, cuyo nombre, tomado de los romanos, es antiguo, pero cuya existencia es completamente nueva. Los proletarios eran, en la República romana, los hombres sin bienes que no pagaban el Denso y que no estaban vinculados a la patria más que por la progenitura (proles) que e daban; al igual que nosotros, los romanos habían observado que son quienes no poseen nada los que tienen familias más numerosas, ya que no les produce ninguna

inquietud criarlas. Además, el proletariado romano no trabajaba, puesto que, en una sociedad que admite la esclavitud, el trabajo es deshonroso para los hombres libres; vivían casi por completo a costa de la sociedad, de la distribución de víveres que hacía la República. Casi podría decirse que la sociedad moderna vive a costa del proletario, de la parte que le quita de la recompensa del trabajo. En efecto, según el orden que tiende a implantar la crematística, debe cargarse al proletario con todo el trabajo de la sociedad, permaneciendo ajeno a toda propiedad, viviendo sólo de su salario.» (SISMONDI: Estudios sobre Economía Política, 1836.)

Fuente Consultada: Revoluciones del Mundo Moderno Alfonso Lazo Aula Abierta Salvat

Nuevos Paises Industriales Industrializados Crecimiento Paises Oriente

Nuevos Países Industriales del Mundo

Se denomina “Nuevos Países industrializados” (NPI) o “tigres del sudeste asiático”, a quienes durante las últimas décadas constituyeron un caso particular de desarrollo económico. Junto con una modernización tecnológica, trasformando en un lapso de tiempo, economías netamente agrarias a industriales y consecuentemente, convirtiendo estados antes marginales en actores claves del escenario mundial.

Los primeros Tigres o llamados “Tigres de Primera Generación”, fueron Taiwán, Corea del Sur, Singapur y Hong Kong (esta paso de ser una antigua colonia británica, a actualmente pertenecer a China).

Nuevos Países Industriales del Mundo

El precursor de este increíble ascenso fue Japón, del cual estos países tomaron elementos económicos para su propio desarrollo.  Por ejemplo, apostaron al máximo ahorro y a la inversión, creyeron en el impulso de una industria que esté orientada especialmente a la exportación, con largas jornadas de trabajo y junto a ello una fuerte disciplina laboral.  Además, Estados Unidos fue quien ayudó militar y financieramente a Taiwán y Corea del Sur, para concretar sus proyectos.  Algo característico y sobresaliente fue que siempre privilegiaron la capacitación y la calificación de la mano de obra a emplear.

Todos ellos, durante la década de 1980 y principios de 1990, ahorran en producto bruto interno (PBI) entre un 30% y 45%, lo cual reinvirtieron del mismo un 25% y un 40%.  Esto países fructificaron aquella infraestructura manufacturera que les cedió Japón cuando los ocupó, durante la Segunda Guerra Mundial.

Los nuevos Países Industrializados, de una manera muy rápida y sorprendente se pusieron al día con los adelantos tecnológicos. Desde mediados de 1950 su política se orientó hacia la sustitución de importaciones, cuestión que con el correr de los años se terminó encaminando hacia una industria plenamente exportadora.

Los Tigres del sudeste asiático, en poco tiempo pasaron a ser países fuertemente industrializados, dejando atrás su escaso desarrollo y la economía agrícola  de la que eran parte tradicionalmente.  Pero, este proceso de crecimiento tuvo su contrapartida en los bajos salarios de quienes trabajaban industrialmente largas jornadas laborales, hecho que explica el porque de su atractivo.  Es decir, que las empresas extranjeras veían en esta situación lo beneficiosos de instalarse en dicha región.  Una de las medidas, exactamente consistió en favorecer la llegada de empresas multinacionales y de capitales extranjeros, con especial énfasis en japoneses y estadounidenses. Eso si, siempre y cuando esta fuera compatible con los intereses nacionales y no desmantelara la competitividad y las expectativas del empresario local.

Un actor importante y que no estuvo al margen de la situación, fue el Estado. Ya que al igual que Japón, su papel fue intervenir llevando a cabo procesos de modernización, incluso controlando las inversiones que provenían del extranjero. Política que hacía frente a las ideas frecuentes de asociación “globalización/ capitalismo” triunfante, con apocamiento del Estado nacional. Tal es así que las industrias mecánicas y petroquímicas de Taiwán, consideradas para ellos como estratégicas, pertenecían a empresas públicas; controlándose que sus exportaciones sean superiores a las importaciones. También existe un fuerte proteccionismo del sector industrial, en Corea del Sur ya que se cuida la competencia extranjera y la entrada de capitales externos.  Situación contraria de la de Singapur, quien considera que las multinacionales deben ocupar el lugar más importante.

La industria en estos países orientada al mercado interno tanto como al externo, fue el factor clave, ya que su crecimiento general no podía a poyarse en otro sector debido a su limitación en cuanto a cantidad de tierras y recursos naturales.

Tigres de Segunda Generación

Los tigres de segunda generación o también denominados “tigrecitos”, son aquellos países que comenzaron más tardíamente su trayecto hacia la industrialización; tomando como modelo a los nuevos países industrializados (NPI).  Estos son Malasia, Indonesia, Tailandia y Filipinas.  De quienes se dice que los tres primeros fueron “inventos” de Japón por el volumen de las inversiones realizadas.  Estos además, forman la ASEAN (Asociación de Naciones del Sudeste Asiático), junto con Singapur y Vietnam.

En sus comienzos, todos ellos se dedicaban a los productos textiles, plásticos y juguetes; productos con mayor exportación, pero actualmente sobresalen las industrias electrónicas y las de tecnologías de la información. En la mayoría de ellos, Japón monta sus productos electrónicos, debido a los bajos salarios que destina a los trabajadores, con largas horas laborales y pocos beneficios sociales.

Cabe aclarar que la contracara de éxito económico, es que en alguno de estos países, persisten importantes conflictos sociales, consecuencia de las malas condiciones laborales, conflictos étnicos y sobre todo el papel autoritario de sus propios gobiernos.

Profesora de Geografía: Claudia Nagel
Fuente: Territorios y sociedades en el mundo actual, Editorial Aique.

Gran Bretaña y las reformas liberales: Era Victoriana Imperialismo

GRAN BRETAÑA: LA ÉPOCA VICTORIANA Y LAS REFORMAS LIBERALES

En el período que comprende 1837 a 1904, la reina Victoria de Hannover, con sólo dieciocho años de edad, gobierna Gran Bretaña. País, que bajo este gobierno vivenció importantes cambios en el ámbito político, y que desencadenaron de manera paulatina en la reformas liberales.

Durante este período, la clase gobernante inglesa esta representada políticamente por dos grupos: los whigs y los tories. Estos debieron emprender importantes transformaciones, consecuencia de las demandas sociales y políticas impulsadas por la pequeña burguesía y la clase obrera.

El reinado Gran Bretaña y las reformas liberales:Era Victoriana Imperialismode la Reina Victoria fue el más extenso de la historia británica (64 años).Ese período fue llamado por los historiadores la era victoriana, y en él Gran Bretaña se consolidó como una monarquía parlamentaria y como el impero colonial más extenso del planeta

Así, la ampliación del derecho al voto en 1832 se efectivizó como la primera reforma realizada. Sin embargo, quienes solamente tenían la plena participación de ella eran el 15% de los varones adultos. El sector que salió más favorecido de todo ello fue el campo, ya que en la ciudad los obreros no podían votar. Lo más sobresaliente de esta reforma fue que los tories, es decir la aristocracia conservadora y un sector de los whigs, los liberales moderados ingleses, estuvieron de acuerdo en la misma.

Sin embargo, la participación de la pequeña burguesía y de los obreros calificados, se produce en 1867 con una nueva reforma electoral que duplicó el derecho al voto. No obstante, esta reforma en 1874 se completa con el establecimiento del voto secreto. Y es el 1884 y 1885, cuando las leyes amplían el voto al 70% de los varones adultos.

La alta burguesía inglesa frente a esta serie de transformaciones reaccionó y finalmente las rechazó. Rechazo que este sector manifestó a través de la búsqueda de acuerdos con la aristocracia conservadora y que tenían como objetivo, combatir con más fuerza a los liberales reformistas y evitar así la sanción del voto universal.

Años después, se comenzaron a representar los intereses de la clase obrera con la creación de un nuevo partido político: el laborista. Ello fue en 1906, junto con el planteamiento de la necesidad de realizar reformas sociales y políticas que acrecentaran las bases del sistema político inglés.

Gran Bretaña y las reformas liberales:Era Victoriana Imperialismo

William Gladstone: Durante el reinado de Victoria este político liberal ocupó el cargo de Primer Ministro entre 1868 y 1874. Durante su gobierno se llevaron a cabo reformas que cambiaron el sistema electoral, ampliando el número de ciudadanos admitidos para votar.

Un grupo de mujeres se reunieron con este Ministro reclamándole el derecho al sufragio, pero a pesar de sus insistencias, no lo lograron hasta principio del siglo XX. La política reformista continuó también durante el gobierno del conservador Disraelí perteneciente al Partido Conservador (Tory) entre 1874 y 1880

 

 

Gran Bretaña y las reformas liberales:Era Victoriana Imperialismo

 

Disraelí: Aunque Gladstone y Disrelí pertenecían a partidos opuesto y compitieron por el cargo de Ministro, ambos impulsaron la política expansionista británica. Este Ministro fue el favorito de la reina Victoria, quien le concedió el título de Conde

 1901: Muere la Reina Victoria I

El 22 de enero de 1901, muere Victoria, tras un reinado de casi 64 años. El dolor de esta pérdida alcanzó a casi todos los ciudadanos británicos, tal es así que por las calles de Londres, hasta las prostitutas vestían de luto. Quien describe con palabras justas este hecho es el poeta Robert Bridges: «Parece como si se hubiera caído la clave del arco del cielo». Gran bretaña, bajo su reinado acentuó de una manera increíble su propia personalidad y además expandió los límites de su imperio.

Tal es así que reorganizó  los dominios de Australia y Nueva Zelanda, en 1856; del Canadá, en 1867; y de la India, en 1877.  Además, se afianzó en lugares clave para el tráfico marítimo internacional, como el estrecho de Gibraltar, las islas Malvinas, Santa Elena, las Antillas y la Ciudad del cabo, entre otras. Victoria fue un ejemplo en un determinado sentido de la moral basada en la austeridad y de un ardiente imperialismo, resultando su vida ser elegida como un verdadero modelo para su tiempo y su patria. Acompañando así la construcción del imperio más poderoso del mundo.

La antigua época victoria acaba de manera oficial, con la ascensión de Eduardo VII, segundo hijo de la reina Victoria y del príncipe consorte Alberto.  Lugar que ocupó un nuevo espíritu liberal del siglo XX. Este trono fue ocupado por el gordo, calvo y envejecido Eduardo, que con 59 años poseía una reputación de libertino. Colocado entonces en la mira de la atención pública, se aludía a su larga e intensa vida sentimental, afirmándose: «No podemos pretender que no haya nada en su larga vida que los que le respetamos y admiramos deseemos que hubiera sido de otro modo».

Sin embargo, el pueblo británico aunque Eduardo fuera un libertino, pero profundamente moderno, lo acepto y quiso así.  Aportando a la corona una vitalidad y refrescante alegría, lo que le faltaba a esta tras 64 años de estricta moral victoriana. Eduardo además, vestía de forma espontánea pero con suma elegancia. Sin dudas, con euforia una multitud aplaudió tras el triunfo de su caballo en un Derby, manifestando la población: “el monarca despliega gran actividad”.

Adoptando un papel contrario al de su madre que intervenía activamente en la política, Eduardo optó por ser plenamente ceremonial, logrando así su perdurabilidad en la vida política inglesa. Finalmente en 1910, finaliza esta época eduardiana signado por la muerte del monarca. Nueve años que sirvieron para preparar el terreno hacia las monarquías constitucionales modernas.

La Democracia Liberal Principios Concepto Sufragio Restringido Resumen

El régimen político es el conjunto de reglas, normas e Instituciones que en una sociedad regulan la lucha por el ejercido del poder. La vigencia de un régimen político de democracia liberal —tanto en una monarquía constitucional como en una república— significa, en primer lugar, Ja aceptación de que la fuente del poder reside en el pueblo y que éste la delega a los gobernantes.

De acuerdo con este principio, los gobernantes aceptan que su poder tiene límites. Estos límites se derivan del reconocimiento de un conjunto de derechos y garantías en relación con la vida, bienes y actividades de los habitantes del país.

La vigencia de un régimen político de democracia liberal significa también la división de las funciones legislativas, judiciales y ejecutivas de gobierno; y el reconocimiento y vigencia del derecho de los ciudadanos de participar en la elección y ejercicio del gobiérnela través, del sufragio en elecciones periódicas.

Desde el siglo XIX en adelante, los regímenes políticos de democracia liberal fueron más restringidos o más amplios de acuerdo con el menor o mayor número de habitantes reconocidos como ciudadanos con derecho a voto.

EL CAMINO HACIA LA DEMOCRACIA LIBERAL
En el período comprendido entre 1850 y 1914, la sociedad burguesa debió enfrentar un problema político fundamental: el de su democratización. Para los gobiernos de la segunda mitad del siglo XIX la democracia política era un problema porque permitía la participación en el gobierno de la mayor parte de la población. Y como esa mayoría era pobre —y cada vez más a partir del desarrollo del capitalismo—, los grupos sociales con poder económico y político pensaban que no estaba capacitada para dirigir los asuntos públicos en una dirección que asegurara un mayor bienestar para todos los integrantes de la sociedad.

En diferentes momentos de la segunda mitad del siglo XIX, la democracia liberal se consolidó como régimen político en los Estados Unidos de América y en casi toda Europa —en los países de la región occidental antes que en los de Europa oriental—, poco a poco, se fue difundiendo también en otras regiones del planeta, como América Latina y el Japón, por ejemplo. Sin embargo, los gobiernos que impulsaban el establecimiento de constituciones liberales y asambleas soberanas elegidas por sufragio, por otro lado, limitaban el derecho a votar y a ser elegido de la mayor parte de los ciudadanos varones y de todas las mujeres.

Esta contradicción reflejaba el sentimiento de los grupos sociales más poderosos: aceptaban la democratización como inevitable pero temían sus resultados. En cada sociedad, el problema de establecer un régimen político de democracia liberal y avanzar en la democratización real de la política tuvo desarrollos particulares y las situaciones resultantes fueron también diversas.

El liberalismo se había ido conformando como una corriente ideológica a partir de las ideas del filósofo inglésJohn Locke (1632-1704) y de los franceses Montesquieu (1689-1755) y Jean Jacques Rousseau (1712-1778). A mediados del siglo XIX, afirmaba los siguientes principios como los fundamentales que debían organizar la vida de los hombres en sociedad: el reconocimiento de que los hombres son libres e iguales en derechos: a la vida, a la libertad, a la seguridad, a la felicidad y a la propiedad privada, individual e ilimitada; la aceptación de que la autoridad del Estado se originaba en el acuerdo o pacto que los integrantes de una sociedad realizaban entre sí para poner límites a sus propios derechos y asegurar la convivencia; la vigencia de un Estado de derecho limitado en su poder y en sus funciones por la Constitución y las leyes que protegen jurídicamente los derechos de los individuos. El liberalismo fue la ideología de los grupos burgueses cuyo poder social y económico crecía junto con el desarrollo del capitalismo industrial.

Desde mediados del siglo XIX, entre los liberales comenzó a desarrollarse un movimiento democrático que, sin dejar de lado los principios del liberalismo, se propuso avanzar hacia un mayor grado de igualitarismo en la organización política de las sociedades. Los liberales .reformistas comenzaron a proponer reformas en la organización política de sus sociedades con el objetivo de permitir una mayor participación del conjunto de la población en la elección y en el ejercicio del gobierno a través del sufragio universal.

Fue frente a este movimiento democrático que, a partir de la segunda mitad del siglo XIX, comenzó a afirmarse el conservadurismo. En las primeras décadas del siglo, los conservadores se diferenciaban de los liberales afirmando que la monarquía, la organización eclesiástica, la familia, la propiedad privada, el sistema de privilegios y las corporaciones profesionales eran instituciones divinas y que la autoridad del Estado existía para defenderlas. Estas ideas expresaban, en esa época, los intereses de los grupos privilegiados del antiguo régimen.

Más tarde, a medida que avanzaba el reformismo democrático, se consideró conservadores a los grupos de la burguesía que se oponían al establecimiento del sufragio universal y a otras reformas políticas, que tendían hacia la democratización. Frente a este problema, los conservadores justificaban su oposición afirmando que las mayorías sólo podían expresar la voluntad de los más ignorantes pero en ningún caso la verdad.

lucha por los derechos civiles

La lucha por el sufragio femenino. Desde mediados del siglo XIX, un número cada vez más grande de mujeres se incorporaban a las actividades laborales. Y al tiempo que lo hacían, comenzaban a reclamar por la igualdad de sus derechos cívicos. Una de las demandas principales fue el derecho al voto. Y para lograrlo organizaron su lucha a través de huelgas de hambre y manifestaciones callejeras. Sin embargo, recién a principios del siglo XX alcanzaron el derecho al sufragio: en Estados Unidos fue en 1920 y en Gran Bretaña en 1928. En otros países las reformas recién se produjeron hacia 1940. En la imagen podemos observar una concentración pública de mujeres sufragistas realizada en Nueva York, en 1915.

LAS DEMOCRACIAS LIMITADAS

“Entre 1880 y 1914 la mayor parte de los Estados occidentales tuvieron que resignarse a lo inevitable. La política democrática no podía posponerse por más tiempo. En consecuencia, el problema era cómo conseguir manipularla… Por ejemplo, se podían poner límites estrictos al papel político de las asambleas elegidas por sufragio universal. Se podían mantener también elementos -del sufragio calificado, que exigía un determinado nivel de educación para poder votar. Además se podía influir en el número de votos que cada partido podía obtener manipulando los límites de los distritos electorales (teniendo en cuenta que en las diferentes regiones del territorio vivían mayoritariamente miembros de un determinado grupo social). Finalmente, las votaciones públicas podían suponer una presión para los votantes, especialmente cuando había señores poderosos u otros jefes que vigilaban el proceso.”

Eñe J. Hobsbawm, historiador inglés contemporáneo, La era del Imperio

Fuente Consultada: Historia Argentina y el Mundo Contemporáneo Alonso-Elisalde-Vázquez

Causas y consecuencias de la expansión colonial:el imperio britanico y francés

CONSECUENCIAS EN LAS COLONIAS

La repercusión sobre los países colonizados fue inmensa. Miége dice gráficamente que surge una nueva geografía. El impacto de Europa se deja sentir en primer lugar en las costas, donde se construyen puertos con instalaciones modernas; más tarde en el interior, al que se accede por vías férreas. Surge una nueva estructura de las comunicaciones.

En todas partes se intentó fomentar un cultivo básico, por ejemplo el caucho en Indochina, el cacao en Nigeria, el café en Tanganika. La producción aumentó. En Argelia los viñedos se multiplicaron por cuatro entre 1881 y 1895; Indochina exportaba en 1900 un millón de toneladas de arroz. Las colonias compran productos a la metrópoli; la economía de mercado suscita la necesidad del papel moneda, con lo que la economía monetaria se yuxtapone a la de subsistencia, característica del período precolonial.

En el orden demográfico se consiguen las primeras victorias contra las enfermedades tropicales, se instalan hospitales y se aplican terapéuticas europeas; pero, al mismo tiempo, el progreso de las comunicaciones permite una difusión más rápida de las epidemias, y el contacto con los europeos provocó en algunas sociedades una disminución de la población, como en Nuevas Hébridas, donde se redujo a 1/20 desde principios del siglo XIX. En general, el descenso de la mortalidad, con mantenimiento de una natalidad alta, favoreció el incremento de la población.

Las sociedades indígenas experimentaron transformaciones profundas. La vida urbana rompió las estructuras tribales. Una burguesía de negociantes y funcionarios se instaló en los niveles más altos de la escala social. Incluso en el campo se produjeron cambios, con la introducción de nuevas plantas, la extensión de la agricultura comercial y la moneda.

En el orden intelectual misioneros, escuelas, edición de periódicos produjeron un retroceso del analfabetismo. Pero, por otra parte, el impacto de la cultura occidental hizo perder su identidad a las culturas indígenas, perturbó sus creencias y tradiciones. Este drama de la aculturación explica que los movimientos nacionalistas hayan levantado como bandera en la descolonización la recuperación de la cultura nacional.

Es indudable que pueden hallarse bastantes aporta-clones positivas, pero en el conjunto predominan las negativas; las viejas civilizaciones fueron destruidas, sus lenguas desplazadas, la industrialización prohibida, en algunas zonas se produjo la segregación racial, el mantenimiento de los indígenas en empleos inferiores y barrios apartados.

CONSECUENCIAS EN LAS METRÓPOLIS

Por el contrario, las potencias europeas, sin otro sacrificio que el riesgo de lo desconocido, obtuvieron ventajas indudables.

En el orden demográfico las colonias de poblamiento constituyeron áreas geográficas para resolver los excedentes de mano de obra en una crisis económica, como ocurrió en los años difíciles para la economía británica.

En otros casos fue la salida de urgencia en crisis políticas. Muchos franceses huyeron a Argelia tras la represión de 1848. Y bastantes alsacianos prefirieron vivir en África antes que bajo dominio alemán después de la guerra de 1870. No obstante, hay que aclarar que el núcleo principal de la emigración europea no se dirigió a las nuevas colonias sino a las naciones independientes, ex colonias como Estados Unidos, Canadá y Argentina.

En el orden económico, ultramar incrementó las posibilidades de inversión de capitales y multiplicó los beneficios. Gran Bretaña obtuvo rentas de 35 millones de libras esterlinas en 1870 y más de cien millones en 1900, en una espiral de rentabilidad que alcanzó los doscientos millones en 1913. Un aspecto básico fue la obtención de materias primas a bajo coste. Caucho, algodón, fosfatos, lana, proveyeron a la industria europea. Las colonias suponían un área preferente para las metrópolis. A pesar de ello no deben exagerarse las ventajas, porque en el caso francés se ha comprobado que sólo una parte de los negocios galos se hacia en las colonias en vísperas de la Primera Guerra Mundial.

También habrían de anotarse repercusiones psicológicas, en torno a la idea de la supremacía blanca y europea. Rudyard Kipling seria el máximo cantor de la supremacía inglesa, apoyada en el Imperio.

En el orden de las relaciones internacionales, las potencias coloniales, por el mero hecho de su condición de metrópolis de imperios, disfrutaron durante la era del imperialismo de un rango que les proporcionaba ventajas en los Congresos, aunque su agenda no incluyera asuntos de la colonización; más se escuchaba a Londres o a Paris, o a Berlín cuando Alemania se convirtió en potencia colonial, que a gobiernos europeos que no administraban colonias o que habían perdido posiciones, como ocurrió al gobierno de Madrid.

No obstante, en el momento de hacer un balance, habría que distinguir entre los beneficios públicos y privados. Sin duda la hacienda de las metrópolis se vio beneficiada, aunque al tiempo que ingresos tenía que contabilizar costos. No obstante, los principales beneficiarios de la colonización fueron compañías privadas. Se ha estudiado la acumulación de beneficios obtenida por bancos franceses con sus inversiones en colonias, pero fueron todavía superiores los recogidos por ingleses, holandeses y belgas.

Causas del Imperialismo:el reparto de africa Expansion Colonial

LÍNEAS MAESTRAS DEL REPARTO

Mientras América se emancipa y Asia presenta zonas de colonización bien delimitadas —los ingleses en el Sur, los franceses en el Sudeste—, África es en el siglo XIX el continente en el que confluyen, de forma confusa, las apetencias de todas las potencias colonizadoras; es el continente del reparto, no exento de tensiones y choques. En África con parecen ingleses y franceses, superpotencias del imperialismo, pero también belgas, alemanes, italianos, portugueses y españoles.

En 1880 era un continente desconocido, en el que los europeos ocupaban únicamente una serie de posiciones costeras; en 1914 está totalmente repartido entre las potencias europeas y sólo subsisten dos Estados independientes: Liberia y Etiopía. En la complicada historia del reparto podemos encontrar algunas líneas maestras:

  1. a)     Ocupación inicial de la costa. Desde las posiciones costeras se penetra hacia el interior. El objetivo ideal sería alcanzar la costa opuesta y formar un imperio continuo, ambición que sólo estuvo a punto de con seguir Inglaterra.
  2. b)     Aspecto legal. ¿Es el descubrimiento o la ocupación efectiva la que otorga derecho de explotar un territorio? La conferencia de Berlín de 1885 se inclina por la ocupación, lo que acelera el ritmo de la colonización y la aparición apresurada en el mapa africano de los países que todavía no habían iniciado la formación de un Imperio.
  3. c)     Penetración por los valles de los ríos. Con la ocupación del valle se considerará que se tiene derecho a la ocupación de la cuenca entera y a la formación de una coloniasobre ella. Es el caso del Nilo, del Niger y del Congo.
  4. d)     La ocupación es paulatina, casi lenta. Al principio no se piensa en colonias, sino en factorías, en bases costeras de aprovechamiento. La doctrina imperialista es tardía, empírica, se forma tras la ocupación real de las primeras colonias.
  5. e)     La clave de la ocupación africana está en Egipto y en el valle del Nilo. Aunque hubo problemas complicados, como el del Congo, la base de todos los planteamientos es la defensa inglesa del valle del Nilo y el intento francés de llegar a él. En general, todos quieren llegar al Ni lo, tanto si parten del Atlántico como del Indico.

La complejidad del reparto de África quedó reflejada en el Acta de la Conferencia de Berlín, en la que se habla de territorios, pero también de la libertad de comercio en la cuenca del Congo y de navegación en el Níger, así como la protección a los indígenas, y a viajeros y misioneros en el ejercicio de su actividad.

COSTAS Y RIOS, EJES DE LA COLONIZACION DE AFRICA

La costa mediterránea
La costa mediterránea parece ser una zona reservada a Francia hasta la aparición de los ingleses en Suez. Los franceses han iniciado la ocupación de la costa argelina en 1830, bajo Carlos X. Va a ser una colonia de poblamiento europeo: en 1870 viven en Argelia 250.000 franceses y en 1914 ya 800.000. Sobre Túnez se volcaban las apetencias francesas, inglesas —tras la construcción del canal de Suez— y alemanas. Son los franceses los que consiguen instalar una especie de protectorado. La doctrina del protectorado tarda en elaborarse; por el Tratado del Bardo (1881) se establece una ocupación militar temporal; en la convención de La Marsa (1883) se habla de tutela, con la que se priva al protegido de autogobierno.

Suez y el valle del Nilo
La presencia de los ingleses en Suez se produce cuando, en 1878, Egipto no puede pagar los intereses de las acciones inglesas y francesas del Canal y se ve obligado a confiar la gestión de sus finanzas a las dos potencias europeas. Un movimiento nacionalista provoca una matanza de europeos en Alejandría: es el momento esperado por los ingleses para ordenar el desembarco de Wolseley y la ocupación militar del país, con la ficción del mantenimiento de la administración egipcia. Los ataques de los sudaneses obligan posteriormente a los ingleses a avanzar hacia el Sur, a lo largo del valle del Nilo

Vías de penetración en la costa occidental
En la costa occidental tres grandes ríos señalan la penetración de tres países: por el Congo se expansionan los belgas, que heredan los derechos de la sociedad internacional —presidida por el rey Leopoldo II— que ha explorado la zona; los franceses remontan el Senegal, por medio de Faidherbe; los ingleses el Níger, dirigidos por Goldie. Las cuencas del Senegal y el Níger no plantean problemas.

 No ocurre lo mismo con el Congo, en cuya orilla derecha se ha establecido el francés Brazza, y en cuya desembocadura los portugueses han instalado el enclave de Cabinda. La complejidad de la colonización en el Congo provoca la convocatoria del Congreso de Berlín (1885), en el que se determina la existencia de un Esta do libre del Congo —en realidad controlado por los belgas—, se delimita la zona francesa, en la orilla derecha, y se dibuja otra zona que quedará bajo control internacional. Después del Congreso la mayor actividad en la costa Oeste es la francesa; con la penetración hacia el interior se empieza a pensar en la unión con la costa mediterránea y en la constitución de un África Occidental Francesa.

En la costa oriental africana no existían grandes Esta dos en tierra firme, ni tampoco un comercio intenso, a excepción del marfil, que era transportado por esclavos. Por este motivo, Inglaterra no deseaba establecer en Zanzibar un protectorado británico. Pero la presencia ale mana, representada por la Compañía Alemana del África Oriental, incita a los ingleses a defender sus bases y a declarar que los puertos de Mombasa y Zanzíbar son vitales para las comunicaciones con la India. Ante esta situación, Salisbury y Bismarck se dividen en el año 1886 la tierra firme, el Norte para los ingleses, el Sur para los alemanes.
Es la hora de los italianos, espoleados por las ansias colonizadoras de Francesco Crispi; desde el puerto de Massaua en el mar Rojo se expansionan hacia Eritrea y posteriormente hacia Etiopía, lo que provoca el recelo de los ingleses ante la aproximación al valle del Nilo. Los italianos son obligados a detener su avance, aunque se les reconoce, como compensación, la posesión de una parte del territorio somalí.

Conflicto anglo-francés. Incidente de Fachoda
Los últimos capítulos de la ocupación africana se localizan en el valle del Nilo. Los franceses, con apoyo ruso, exigen el abandono del valle por los ingleses, mientras penetran desde el Sahara Occidental hasta el Chad, camino del alto Nilo. En 1895, Grey avisa a los franceses de que un avance hasta el Nilo será considerado inamistoso.

Todavía existía en África una zona sin ocupar, el Sudán. Los ingleses la invaden para ayudar a los italianos, derrotados en Etiopía: Los franceses avanzan hacia el Sudán desde el Oeste, los ingleses desde el Norte y el Sur. En Fachoda se encuentran los ejércitos de Mar chand y Kitchener. La retirada del francés Marchand permite el control del valle del Nilo exclusivamente por los ingleses y la constitución de un imperio casi continuo, Norte-Sur, como soñaba Cecil Rhodes, de El Cairo a El Cabo, únicamente interrumpido por el África Oriental Alemana.

Reparto consumado: África ha sido ya totalmente repartida; los ingleses se han llevado la parte del león: el valle del Nilo con su algodón y el Sur del continente con su oro y diamantes, dos zonas que tienen además el valor estratégico de apoyos en las dos rutas de la India. Francia ha constituí-do un imperio sólido en la zona occidental. Los belgas han podido reservarse una colonia de inmensas riquezas.  Los portugueses se han establecido en Angola y Mozambique, pero no han podido unirlas por rutas terrestres, por la presencia inglesa en Rhodesia; es un conflicto similar al de Fachoda, el cruce de un imperio que intenta extenderse de Oeste a Este con otro que lo hace de Norte a sur.

África vio llegar oleadas de misioneros, exploradores y comerciantes, que llevaban la Biblia y la “civilización” en una mano, y en la otra armas y productos de comercio, y, poco después, las columnas armadas que ocuparían el interior. Era frecuente que unos y otros se dedicaran a hacer firmar a jefes iletrados cartas de concesión de nuevos territorios, que estaban destinados a redondear las cabezas de puente ya adquiridas.

Gracias a estos procedimientos, los franceses, los ingleses y los belgas se quedaron con la parte del león y dejaron muy poco disponible para los que venían detrás. Alemania e Italia llegaron más tarde y sus posesiones no fueron ni tan extensas ni tan duraderas como las de las demás metrópolis. Al terminar la primera guerra mundial las colonias alemanas pasaron a manos de sus vencedores y al terminar la segunda las italianas adquirieron rápidamente la independencia. Completado el reparto, África entraba en la historia por haber perdido su libertad.

Todas las colonias padecieron el flagelo del “trabajo forzoso” disfrazado como contribución personal para la puesta en marcha de la infraestructura, o como adquisición de salario para el pago de impuestos. Por la otra, puesto que no poseían una población abundante, se aplicó una política generalizada, que tendía a “fabricar negros”, con el objeto de aumentar el ejército de trabajadores.

No era otro el fin de las medidas adoptadas para erradicar las enfermedades endémicas, evitar la muerte de niños, contrarrestar las prácticas anticonceptivas y prolongar la vida de los adultos. Es probable que también intervinieran en este caso consideraciones de tipo humanitario, pero la frase citada es suficientemente elocuente como para despojar al evidente esfuerzo sanitario de propósitos altruistas. Lo cierto es que en África la curva demográfica se modificó, mostrando un neto predominio de los grupos más jóvenes, que desde entonces fueron empleados localmente o enviados a las metrópolis cuando escaseaban allí los obreros no especializados.

Francia albergaba, en la década de 1950, más de medio millón de norafricanos carentes de toda calificación, que desempeñaban las tareas despreciadas por los obreros metropolitanos y constituían un subproletariado indeseable, relegado a condiciones económicas y sociales que ningún europeo hubiera acepado. Pero más todavía: la abundancia de trabajadores permitía fijar los salarios locales a un nivel estrictamente fisiológico. Los abusos en este sentido fueron tan desorbitados, que los gobiernos intervinieron en varias oportunidades para establecer salarios mínimos.

En las zonas más industrializadas, donde había obreros europeos —los “pequeños blancos”— o coexistían varias comunidades de diferente nacionalidad (como en África del Sur y oriental),la colonización impuso tasas de salarios diferentes para cada grupo, aun si las condiciones de trabajo eran las mismas. “A cada raza su salario”, era el principio, y en esta escala descendente, el negro ocupaba siempre el lugar inferior. El caso extremo se observó en Sudáfrica: en 1926 se sancionó legalmente la “barrera de color”.

Esta implicaba innumerables vejaciones sociales y limitaciones políticas para los autóctonos, pero, lo que era más grave todavía, implicaba que tenían vedada toda perspectiva de especialización laboral y que los trabajos calificados sólo podían ser desempeñados por los blancos. De este modo, la masa de trabajadores, constituida por los negros, estaba siempre peor pagada que la estrecha y exclusivista capa de proletarios blancos.

La colonización fue, pues, un todo coherente. Un sistema creado para el exclusivo enriquecimiento de las metrópolis y en el que todas y cada una de sus manifestaciones concretas actuaba como disolvente de las sociedades tradicionales. Pero el capitalismo, que en el siglo XIX había sido capaz de reordenar la sociedad de Europa occidental sobre bases modernas, no ofreció al África del siglo XX idénticas posibilidades y se limitó a crear una economía específica sin gran poder de estructuración social.

En Kalanga una sola empresaempleaba el 42%
de la población masculina adulta

Los rebeldes primitivos africanos
A pesar de que la trata de esclavos (practicada casi sin interrupción desde el siglo XVI, en la costa occidental por los europeos y en la oriental por los árabes), debilitó a muchos reinos, y los conflictos internos terminaron con otros, a comienzos del siglo XIX estaban nuevamente en pie, gracias sobre todo a dos hombres extraordinarios, Usman dan Fodio, el musulmán, y Chaka, el zulú, que lograron el apoyo de inmensas masas populares. Sus sucesores e imitadores prolongaron y multiplicaron la acción de estos precursores,
volcando contra el extranjero la fuerza que aquéllos habían desatado.

El primero predicó en la zona sahelosudanesa. Fue un reformador religioso, difusor de un islam purificado que despertó el entusiasmo de las poblaciones y las lanzó a la guerra santa contra los infieles y a la conquista de nuevos territorios. De este impulso nacieron vastos Estados teocráticos, regidos por místicos gobernantes que lucharon contra los invasores con espíritu de cruzada. Es probable que tal reacción obedeciera más al deseo de conservar sus posesiones qué al de defender la independencia local, pero tal consideración no echa sombra sobre su papel de brillantes antecesores de los movimientos de liberación.

Entre los más notables de estos expertos jefes de guerra, que estuvieron muy lejos de ser los brutos sanguinarios que se empeñaron en mostrar los historiadores del colonialismo, cabe señalar a El Hadj Ornar, el legendario enemigo del francés Faidherbe, pertinaz defensor de sus posiciones sobre el río Senegal; a Samory, que contuvo a los franceses durante seis largos años en la zona oriental de la actual Guinea, y a Rabah, un soldado que se había tallado un imperio en las cercanías del lago Chad y que sólo pudo ser vencido cuando tres columnas galas lo atacaron simultáneamente desde tres puntos cardinales. Mejor entroncados con la tradición histórica y más homogéneos en su constitución, puesto que nada debían a la influencia islámica, fueron el reino de Abomey (Dahomey actual) y la confederación Ashanti (norte de Ghana).

Aquél asombró a los franceses por la disciplina y el valor de su ejército y ésta exigió a los ingleses tres guerras sucesivas antes de declararse vencida y entregar el trono de oro, símbolo de los espíritus de todo el pueblo. En cuanto a Chaka, el Napoleón zulú, tuvo como escenario el África austral. Con sus hombres transformados en implacable máquina de guerra, arrasó el territorio de Natal, sometiendo o expulsando a sus primitivos habitantes, y gracias a él, la “nación” zulú entró en la historia.

Sus sucesores se dedicaron a ampliar sus conquistas, logrando dominar toda la región desde Natal al lago Victoria. En sus desplazamientos —que abarcaron más de tres mil kilómetros— empujaron a otras tribus y provocaron profundas conmociones en Sudáfrica. Puesto que simultáneamente se estaba introduciendo la migración de los boers y la penetración de los ingleses, los avances europeos tuvieron que realizarse lenta y paulatinamente, dejando para los bantú islotes de relativa independencia en medio de las posesiones blancas.

Imperio britanico y francés:colonialismo europeo Resumen Imperialismo

FORMACIÓN DEL IMPERIO FRANCÉS 

Francia es la otra potencia que consiguió formar un Imperio colonial de importancia mundial. De todas formas, sus bases eran más precarias que las del Imperio Británico. Los franceses tenían menos tendencia a emigrar; sólo unos 20.000 anuales en los años 90 (frente a los 300.000 ingleses). Y ninguna de sus colonias ofrecía una importancia económica semejante a la de Canadá, Australia o la India. La expansión francesa se orienta en primer lugar al control del África mediterránea; Argelia es la zona de colonización a la que emigran las familias francesas.

La importancia estratégica excepcional de Suez la comprendieron antes que los ingleses; con capital francés y proyecto del ingeniero Fernando de Lesseps, se construyó el canal, que se inaugura en 1869. Aparte del espacio mediterráneo y las posesiones africanas, los franceses se establecieron en el Sudeste asiático: una colonia en el delta del Mekong —Cochinchina— y un protectorado en un reino vecino: Camboya.

Hasta 1870 Francia no tenía una política colonial de amplias perspectivas. También en Francia una crisis económica, provocada por la derrota en la guerra contra Prusia, empuja a los sucesivos gobiernos —Gambetta, Ferry, Delcassé— a procurar la recuperación del país con la explotación de colonias.  

Jules Ferry es no sólo el político imperialista por excelencia sino también uno de los mejores teóricos del colonialismo. La colonización de Argelia, el protectorado sobre Túnez y la penetración en África, datan de este periodo de fin de siglo.  

A partir de 1873 los franceses, partiendo de Cochinchina, remontan el no Mekong y buscan una vía de penetración hacia China. Ocupan Annam, Tonkin (panes del Vietnam actual) y Laos. Con todos los territorios ocupados se forma la Unión Indochina. En los deltas se expansionan los arrozales, la población crece rápidamente. Por el puerto de Haiphong sale carbón, estaño y zinc para Francia, que dispone además de grandes cantidades de arroz indochino.

Pieza clave en el Imperio Francés será la extensa isla de Madagascar. La ocupación comienza con una intervención en 1883. La figura destacada de la colonización es Galliéní, que preconiza una ocupación lenta y progresiva con un mínimo de destrucciones, funda escuelas, impulsa los traba los portuarios y ferroviarios.

En menor escala que Inglaterra, Francia entra en el siglo XX con un Imperio que supone el control de algunas líneas comerciales y la abundancia de materias primas y alimentos.

 OTRAS EXPERIENCIAS COLONIZADORAS

Otras potencias consiguieron territorios sin la cohesión de un imperio multicontinental, porque no llegaron a tiempo o carecían de fuerza suficiente para su control.

Bélgica se anexionó el riquísimo Congo en 1908, con lo que multiplicaba su territorio y sus riquezas. No se trató de una empresa nacional sino de una empresa privada pilotada por el rey Leopoldo II, quien formó una compañía, absorbió la mayoría de las acciones y a su muerte legó a su país esta gigantesca colonia.

Holanda, al igual que Portugal, tuvo la ventaja del apoyo en posesiones ocupadas desde la Edad Moderna. Dos notas deben resaltarse en la colonización de la Insulindia holandesa: un rápido e inteligente proceso de sustitución de producciones, al promover la de los artículos de plantación tradicionales, azúcar, café, nuez moscada, índigo, por productos nuevos de la era industrial: quinina, caucho y petróleo; y una auténtica explosión demo gráfica en las islas índicas, que le proporcionó abundan te mano de obra.

Alemania compareció tarde en el reparto del mundo. La presión de los comerciantes contribuyó al viraje de la política colonial de Bismarck, quien en el Congreso de Berlín (1884-1885) maniobró para conseguir reservas en África. Y efectivamente parte del África oriental se convertiría en el botín colonial alemán.

Formación del imperio Británico y Frances Nuevos Estados en Europa

LAS BASES DEL IMPERIO

Inglaterra se anticipa a las restantes potencias en la toma de posiciones; después de la desaparición del primerImperio colonial francés y de la emancipación de la América española permanece como el único imperio colonial europeo. Hacia 1850, dispone:

a)  De una cadena de escalas, conquistadas en su mayoría a franceses, holandeses y españoles durante los siglos XVIII y XIX: Malta, Corfú y las islas Jónicas en el Mediterráneo; Gibraltar, Santa Elena, El Cabo, isla Mauricio, Adén, Ceilán, en la ruta de las Indias; Singapur y Hong Kong en la ruta de China.

b)    Establecimientos comerciales en la costa africana:

Sierra Leona y Gambia, que en el siglo XVIII habían sido centros de la trata de esclavos, ahora abolida.

c)   Colonias de plantación, que suministran productos tropicales: Antillas, Honduras, Guayana.

d)  Colonias de poblamiento blanco, destinadas por sus condiciones climáticas, a absorber excedentes de población emigrante: Canadá, Australia, Nueva Zelanda, África del Sur, zona esta última inestable, de continuos conflictos con los

e)    Una colonia de explotación típica, la India, administrada desde 1777 por la Compañía de las Indias Orientales, y que juega un papel creciente en la economía británica, especialmente como proveedora de algodón. Inglaterra se afana en controlar sus accesos, por esta razón ordena Disraeli en 1875 la compra de 176.000 acciones del canal de Suez, y en aislarla de otras colonias europeas con Estados tapones, como los protectorados de Cachemira, Beluchistán y Afganistán. La India es, por tanto, el eje del Imperio.

La crisis económica de 1882, en la cual confluyen años de malas cosechas y la competencia de los productos baratos que sitúan en los mercados Estados Unidos y Alemania, obliga a muchos ingleses a buscar fortuna lejos de la metrópoli. De 200.000 a 300.000 ingleses salen todos los años, primero hacia Estados Unidos, más tarde preferentemente hacia las colonias, aunque no desaparezca la emigración hacia Norteamérica. Disraeli habla con entusiasmo del Imperio; Gladstone titubea, pero se ve obligado en muchos puntos a continuar la política de los conservadores, quienes desde 1886 dan nuevo impulso, con Salisbury y Chamberlain, a la expansión imperial. Lord Curzon exclama: “El Imperio Británico es, después de la Providencia, el bien más grande que ha habido en el mundo.”

A principios del siglo XX, Inglaterra dispone de un Imperio de 33 millones de km2 con 450 millones de habitantes , aproximadamente la cuarta parte de la población mundial. Los problemas de tan vastos territorios llegan a ser un peso para sus finanzas y debilitan su posición in­ternacional en Europa. Es el momento de poner fin a la expansión y de frenar a Alemania, para lo cual rompe su tradicional aislamiento y se aproxima diplomáticamente a Francia y Rusia. En todas partes ha podido construir la infraestructura ferroviaria y de puertos, o efectuar traba­jos de irrigación en la India y Egipto, puesto que capita­les no faltan en la isla. Las colonias de plantación han al­canzado su rendimiento máximo: algodón en la India y Egipto, yute en la India, té en Ceilán, hevea en Malasia. Los territorios de población blanca, débilmente poblados, le envían excedentes de carne, trigo y lana. Las minas de Africa del Sur, Australia y otros países ponen a su dispo­sición oro y diamantes, estaño, cobre.

 DOMINIOS Y COLONIAS 

En este Imperio, base de la potencia económica inglesa, pueden distinguirse dos tipos de territorios: los “dominios” y las “colonias de explotación”.

Los dominios eran zonas de poblamiento, es decir, las preferidas para instalarse de modo definitivo los emigrados de Inglaterra. Disfrutaban de amplia autonomía y tenían instituciones de gobierno semejantes a las inglesas: Parlamento, partidos políticos.

Canadá, Australia, Nueva Zelanda y la Unión Sudatricana, pertenecen a este grupo. En Canadá se trataba de retener a los inmigrantes que se proponían pasar a Estados Unidos; para ello se distribuyeron tierras gratuitas o a bajo precio. La pradera canadiense se convirtió en uno de los graneros del mundo. En Australia se procuró evitar la inmigración amarilla; en sus inmensos espacios desiertos empezaron a aparecer granjas; el descubrimiento de minas de oro, las posibilidades de explotación de los rebaños de ovejas y de dar otra vez popularidad en Inglaterra a los tejidos de lana, atrajeron a hombres de la metrópoli. Eran casi totalmente libres en política interior; sólo un gobernador general representaba al rey de Inglaterra. La política exterior estaba controlada por la metrópoli, pero ésta trataba de armonizar los intereses de estos territorios con los propios, por medio de las Conferencias Imperiales, que reunían al primer ministro inglés y a los de los distintos “dominios”. La estructura del Imperio era, prácticamente, federal.

En la historia del Imperio Británico Africa del Sur supone un capítulo complicado. Los descubrimientos mineros de diamantes y oro atraen a los ingleses desde sus posiciones costeras en El Cabo y Natal hacia el interior, donde viven negros en las zonas más pobres, y blancos boers, descendientes de holandeses, en Orange y Transvaal; los boers son agricultores puritanos, hostiles al capitalismo industrial. Los ingleses les bloquean al anexionarse Basutolandia y Swazilandia alrededor de 1880

Disraeli proclama la incorporación de los Estados boers, pero una revuelta obliga a los británicos a abandonarlos. El cerco lo completa Cecil Rhodes, que soñaba con una África británica “desde el Cabo al Cairo’, al conquistar Bechuanalandia y Rodesia. La guerra de los boers dura tres años (1899-1902). Con la paz de Pretoria pierden su independencia pero conservan su lengua y obtienen promesas de cierta autonomía.

Las colonias de explotación, la India, África (excepto la Unión Sudafricana), suministran materias primas y carecen de la autonomía política de los dominios. La India, con sus casi cinco millones de km2 y sus 300 millones de habitantes, es la más importante. Desde mediados de siglo se sustituye la administración de la Compañía de las Indias por la directa de la metrópoli. Suministra a Gran Bretaña algodón, yute, trigo, aceites, té y algunos minerales, pero las hambres y la ruina del artesanado indígena provocan un movimiento nacionalista, del que es exponente la revuelta de los cipayos en 1859, que tardó dos años en ser dominada, en el Sur de la India.

En 1877 la reina Victoria es proclamada emperatriz de las Indias. En 1885 nace un partido político nacionalista, el Congreso Nacional Indio, que solícita la conversión en dominio, tomando como modelo a Canadá. Inglaterra se resistió a aflojar el control de un territorio cuya economía suponía tanto para su industria, pero concedió a jefes indígenas la administración local contribuyendo a la prosperidad comercial de ciudades, como Bombay y Calcuta.

Causas de la expansión colonial:imperio britanico y francés Resumen

CAUSAS DE LA EXPANSIÓN COLONIAL 
Se pueden señalar como motores de la expansión la demografía, la economía, la política y, finalmente, aspectos culturales e ideológicos.

  1. a) El crecimiento de la población europea provoca en muchos países una fuerte presión demográfica, que no tiene otra salida que el intento de muchas familias de iniciar una nueva vida en otros continentes.

Cuarenta millones de europeos abandonan sus patrias desde comienzos del siglo XIX hasta 1930, plazo que podría reducirse a 1850-1914; se trata de las migraciones más intensas de la historia. En los años 80 se alcanza la cifra de medio millón anual, en 1887 se llega a los ochocientos mil; es un proceso cada vez más acusado, en e! que incide el progreso del transporte —Leroy Beaulieu ha estudiado el papel decisivo que juegan

 los barcos de vapor— y fenómenos psicológicos de imitación; América se convierte en un señuelo, en una palabra prometedora de fortunas rápidas. En los puertos se señala la presencia de esta marea humana; las compañías transatlánticas hacen sus negocios con la afluencia de viajeros.

Este flujo migratorio fue estimulado también por los países de recepción, cuyas rutas estaban determinadas en gran parte por la identidad lingüística de las naciones de emigración e inmigración.

  1. b) Los factores económicos han sido sobre valorados, pero no pueden subestimarse. En otros continentes encuentran Inglaterra, Francia, Alemania, Holanda, Bélgica, campos de inversión para sus capitales; construyen la red de ferrocarriles, modernizan las instalaciones de los puertos, efectúan préstamos a los gobiernos que carecen de fondos para iniciar el desarrollo; son los aspectos financieros de la expansión.

La crisis económica de 1873 y el cambio de Trend, con un descenso de los precios, incline a las potencias al proteccionismo, con lo que se suscita la necesidad de encontrar nuevos mercados que no estén protegidos por barreras aduaneras; expansión colonial y proteccionismo suelen aparecer juntos. La búsqueda de materias primas para la industria contribuye a la aparición de europeos en minas y plantaciones; Los belgas encuentran en el Congo enormes riquezas mineras, los franceses se abastecen de seda en el Extremo Oriente tras la ruina de su sericicultura a mediados de siglo, los ingleses buscan algodón egipcio, especialmente precioso durante el “hambre de algodón provocada por la Guerra de Secesión norteamericana, los holandeses hacen de Insulindia un imperio de industrias de extracción.

  1. c) Los factores políticos, de prestigio, son muy claros en la expansión francesa, inspirada por el deseo de olvidar la vergüenza de la derrota de 1870. Las preocupaciones estratégicas determinan las líneas marítimas del Imperio Británico y están siempre presentes en el reparto de Africa. Para España la derrota del 98 señaló el inicio de una mayor preocupación por Africa.

La navegación a vapor exige disponer alrededor del mundo de depósitos de carbón donde puedan avituallarse las flotas. Política y estrategia se dan la mano; un imperio es una red de comunicaciones con múltiples bases de apoyo, cada conquista exige una conquista nueva; en ocasiones son los colonos los que reclaman la continuación de la actividad colonizadora: los de Nueva Zelanda presionan sobre Londres para la adquisición de las islas vecinas, los franceses de Argelia inducen a la conquista del Sur de Marruecos.

  1. d) Las razones ideológicas se aducen con frecuencia, evo cando la historia; Gran Bretaña habla de su misión civilizadora, Italia recuerda nostálgicamente el Imperio Romano, España, el Siglo de Oro. Los misioneros católicos y protestantes se Sienten llamados por la urgencia de la evangelización de los pueblos atrasados; escrito res e intelectuales hablan de la misión civilizadora de los blancos, que llevan a otros continentes su instrucción, su higiene, la mejora del nivel de vida, la matemática europea, el estilo de la arquitectura, la ingeniería y los hospitales europeos.

    Los grupos de presión son numerosos: sociedades geográficas en Francia, Italia y España; sociedades misioneras, utilizadas por Leopoldo II en la exploración del Congo; asociaciones coloniales. Las resistencias también lo son: oposiciones locales, movimientos nacionalistas, quejas por los abusos coloniales, ascenso de los partidos socialistas que consideran la colonización un despojo. Pero la superioridad técnica y militar de las potencias acelera un proceso que parece irreversible.

 MODALIDADES DE LA COLONIZACIÓN

Tres fases pueden distinguirse en la formación de una colonia: conquista, organización y explotación económica.

La conquista no resulta difícil para países dotados de notables adelantos militares, que penetran en territorios de pueblos sin armamento moderno ni organización. Al lado de las tropas europeas, y de tropas especiales (Legión Extranjera>, se utilizan cuerpos armados indígenas. El barco de vapor permite llevar tropas con relativa celeridad a cualquier punto del globo y remontar los ríos hasta el interior de los continentes Kitchener remonta el Nilo, Stanley desciende por el Congo; los progresos en la navegación fueron un instrumento valioso para el descubrimiento y la ocupación.

Algunas potencias tienen fuerza suficiente para afrontar la tarea de ocupación militar en todas las partes del mundo; ingleses, franceses y alemanes configuran un Imperio pluricontinental. Otras potencias se limitan a acantonarse en un sector geográfico determinado: los portugueses y belgas en África ecuatorial, los italianos en Africa oriental, los rusos y japoneses en Extremo Oriente.

La organización de la colonia ocupada plantea diver problemas administrativos. No pueden tomarse todas las decisiones desde las metrópolis, por lo que se acumulan resortes y poderes en los gobernadores, verdaderos procónsules. En algunos casos se resucita el sistema mercantilista de compañías privilegiadas: una sociedad privada se encarga de organizar la colonia y explotar sus recursos. Pero más frecuente es la implantación de la administración estatal con modalidades varias, como la asociación, que mantiene los cuadros administrativos indígenas —así se hizo en África negra—, y el protectorado, estatuto que en teoría respeta a las autoridades locales, cuya gestión se reduce a la política interior, mientras las autoridades coloniales se hacen cargo de la política exterior y el ejército.

Aunque el protectorado supone el respeto de la integridad del territorio ocupado, la diferencia entre colonia y protectorado en la realidad no difirió apenas; los franceses en Indochina establecieron una colonia, la Cochinchina, y dos protectorados, Vietnnam y Camboya, sin que el estatuto de los indígenas fuera esencialmente diferente entre los habitantes de los tres territorios. En las colonias de población blanca se intentan formas nuevas de organización, como los dominios ingleses o la asimilación a departamentos por los franceses.

 La explotación es la primera preocupación de los colonizadores. Se produce siempre una asimilación aduanera, los productos entre la colonia y la metrópoli circulan libres de aranceles mientras tarifas proteccionistas mantienen alejados productos de otras naciones. Pero el “pacto colonial” no es una relación comercial entre iguales en un ámbito de preferencias mutuas. La colonia se encuentra en una situación de inferioridad. La extracción de productos es particularmente intensa cuando se organiza por medio de compañías privadas, como la Unión Minera del Alto Katanga en el Congo.

La primera oleada colonizadora, que se inicia hacia 1876, tiene sus figuras en el inglés Disraeli, el francés Ferry y el rey belga Leopoldo II. Las primeras fricciones territoriales hacen ver la necesidad de una regulación internacional de la expansión colonial. La conferencia de Berlín de 1885 decide que sólo la ocupación efectiva y no únicamente la instalación en la costa, otorga derecho a la posesión de un territorio; esta decisión acelera la carrera colonizadora con la entrada de Alemania, Italia y países no europeos. En 1914 el 60% de las tierras emergidas y el 65% de la población mundial, la casi totalidad de África, Oceanía, Asia del Sur y Sudeste y Siberia, dependen de Europa.

Diferencias y colonialismos
La exploración de América, África y Asia por parte de Europa ayudó a conformar creencias y valores en los países que emprendían la ocupación de los territorios de lo que luego pasaría a convertirse en colonias. Los relatos de los viajeros, los mapas y los trabajos realizados por científicos buscaban hacer comprensibles para los europeos las nuevas realidades que aparecían ante sus ojos. Gran parte de esa producción no hacía más que resaltar la pretendida superioridad de la naturaleza, las costumbres, y la forma de organización social y política de las potencias coloniales sobre los territorios de ultramar. Por ejemplo, Buffon, uno de los naturalistas franceses más destacados del siglo XIX, sostenía que los animales del Nuevo Mundo eran más chicos y débiles; por lo tanto, en el Nuevo Mundo las especies eran imperfectas. En realidad, lo que demuestra el pensamiento de Buffon es la imposibilidad de estudiar las especies americanas tomando como modelo las especies europeas.

Justamente, en esa conciencia de superioridad residía la justificación de la conquista y ocupación de los territorios. Se sostenía que bajo la tutela de los países europeos, las poblaciones americanas, asiáticas o africanas alcanzarían la civilización (lo cual, desde luego, implicaba el desconocimiento o la desvalorización de toda otra civilización que no fuera la propia).

La descripción de los nuevos territorios como exóticos, vírgenes o salvajes, así como su asociación con imágenes de mujeres sensuales dispuestas a ser conquistadas, eran recursos literarios o gráficos destinados a estimular la ocupación. Del mismo modo que la posesión de territorios ultramarinos acrecentaba el poder de las potencias coloniales, el conocimiento de las tierras conquistadas y las imágenes y los textos que sobre ellas se produjeron también aumentaron, desde el punto de vista simbólico, el poder de las metrópolis.

Los mapas y las descripciones de los imperios
Para los imperios europeos, contar con mapas de sus colonias significaba una demostración de poder. En ellos aparecían los territorios que ya habían sido explorados o colonizados o aquellos que se pretendía ocupar. Si en un mapamundi se representaban las áreas del mundo que estaban bajo la dominación de un imperio, se podía visualizar en forma sintética la expansión colonial. La presentación de estos territorios como despoblados transmitía la imagen de que estaban vacíos y esperaban ser ocupados por la población europea, que podían ser divididos y explotados económicamente.

La Ilustracion y La Revolucion Francesa Resumen Historia

La Revolución francesa asume poco a poco las ideas ilustradas con el fin de obtener un nuevo orden político que se base en el principio fundamental de la razón.

En Francia, como en toda Europa, se había mantenido durante muchos siglos el feudalismo, lo que producía una profunda desigualdad económica, social y cultural. La monarquía francesa, (en la imagen Luis XVI) como antes la española, se había convertido en una fuerza extraordinariamente poderosa que había arruinado al país en continuas guerras por dominar Europa. París era una ciudad inmensa en la que la corte reunía todo el lujo imaginable, en perfecto contraste con la miseria de las capas más humildes de la población. Las desigualdades sociales impedían que germinase el espíritu de fraternidad que toda religión pretende y que segùn la fe católica, debía alcanzar a todos, y no a una pequeña secta, como había sucedido con las comunidades americanas.

Francia sufría una vida social caótica. Mientras que las élites americanas querían, ante todo. mantener una ciudadanía homogénea, las élites francesas exigían una política racional que eliminara el caos social y organizara la vida de la sociedad entera. Mientras que en América el Estado se limitaba a poner de acuerdo a los diferentes parlamentos, en Francia el Estado, las manos del rey, era muy poderoso y ahogaba a la sociedad con impuestos, intervenía un territorio muy unificado, y se esperaba de él que regulara la vida de todos los hombres.

La previsión sensata había sido la de una Ilustración paulatina, progresiva; pero el presente puso ante los espíritus ilustrados una situación revolucionaria, para la que no estaban preparados. El antiguo Estado omnipotente se hundió y el vacío debía ser llenado revolucionarnariamente. La razón debía ir por grados, paso a paso, pero la Revolución, por el contrario, no podía esperar. De esta forma se le exigió a la razón ilustrada algo imposible, insensato para ella misma. Por mucho que los fines de la Ilustración fueran las consignas de la Revolución, esta no era el escenario previsto por la propia llustraciòn.

El idealismo de los dirigentes de la Revolución prendió con entusiasmo en las clases populares y se transformó a menudo en exaltación incontrolada.

Ilustración y Revolución

La Revolución se inició con medidas radicales, pero en sí as esperanzadoras. Se exigió una nueva constitución politica para Francia. Se rompieron las diferencias entre los, burgueses y plebeyos. El pueblo llano fue la nacíón y se definió como el soberano. Muchos bienes de la lglesia fueron puestos al servicio de ese pueblo llano. Los bienes de lanobleza tenían que legitimarse por su productividad, por el beneficio que producían y así podían venderse y comprarse. Muchos fueron confiscados y cambiaron de manos.

Se afirmó el derecho del hombre a la igualdad, educación, a la propiedad, a la cultura. Nadie podía dudar de que se trataba de una causa noble. Como dijo Kant los hombres no quisieron ser solo felices, sino ser y dignamente felices. (imagen el tercer estado en Francia, los humilde, llamados Sans Culotte, por que no usaban calzoncillos)

El caos social y político determinó el dogmatismo de los adores, inclinados a tomar decisiones drásticas y radicales sin pestañear. Esa violenta situación, llena de riesgos e inseguridad, reclamaba una forma de vida parecida a la de los viejos fanáticos religiosos. La Ilustración no había querido esta situación , pero tampoco pudo impedirla. Con la Revolución emergió lo imprevisible , lo impredecible de a historia, lo que ninguna teoría podia anticipar ni dominar en su concreción

Sin embargo, ese hecho cambió la realidad social e histórica de Europa. Por primera vez, las masas sociales tuvieron acceso a la acción política y la determinaron. Se alteró tanto a vida europea y mundial que el movimiento de la Ilustración se vio obligado a transformar-se profundamente. La Revolución creó poderes nuevos, los Estados contemporáneos, que no se dejaron influir por las consignas ilustradas en su totalidad. El siglo XIX produjo los primeros intentos de esa transformación de la Ilustración bajo el nuevo contexto de la sociedad de masas y del Estado moderno.

¿Cuál fue la razón más profunda de la Revolución?
¿La Revolución formaba parte de la propia Ilustración o era más bien una consecuencia de algo ajeno a ella? Los jóvenes revolucionarios, como Marat, Robespierre o Danton, no se vieron a sí mismos como los prudentes ilustrados de la generación anterior, como Voltaire, Hume, Kant o Diderot.

No se vieron como los hombres confiados en la experiencia, sino como los legisladores romanos antiguos, los forjadores de nuevos Estados. No se vieron como los reformadores, que cuentan con mucho tiempo por delante para realizar sus planes, sino como los apocalípticos que tienen poco tiempo, que lo quieren todo aquí y ahora. Es verdad que la llustración no supo ordenar la situación revolucionaria.

En este sentido fracasó históricamente al ser incapaz de ordenar el presente. La Revolución, con su sentido absoluto de la razón política, no fue una consecuencia necesaria de la ideología ilustrada.

Algo Mas…

El materialismo ilustrado no trató de convertirse en un sistema cerrado como el de Spinoza, para deducirlo todo desde los átomos en movimiento. Solo los más estrechos de los pensadores ilustrados, como Helvetius o D’Holbach, fueron por ese camino, cercano al cartesianismo y criticado por los más lúcidos, como Diderot o Kant.

Los pensadores más sobresalientes o bien se mostraban escépticos respecto de la posibilidad de conocer los componentes últimos de la realidad, o bien se limitaban a afirmar que el mundo era una realidad evolutiva, sin comprometerse mucho con enunciados concretos. De esta forma, la Ilustración nunca fue especialmente fundamentalista, pues su materialismo no era capaz de formar un sistema. Se entendía, más bien, que lo que hubiese de orden o desorden en el universo procedía de él mismo.

Primera Enciclopedia de Diderot Origen y Autores de la Creacion

La Primera Enciclopedia

En 1752 , dos notables pensadores franceses, Diderot y d’Alembert, lanzaban el primer volumen de una obra que señalaría una época: la Enciclopedia. El grupo de intelectuales que trabajó en ella, inclusive Voltaire, sería más tarde conocido como los enciclopedistas. La obra era tremendamente ambiciosa. Intentaba sintetizar en una serie de artículos todo el conocimiento humano, tal como la ciencia de ese .entonces y los pensadores más avanzados de la época lo podían transmitir.

Colaboraban en los diversos temas empiristas y librepensadores. Los cinco primeros volúmenes de la Enciclopedia fueron sistemáticamente confiscados a pedido de la Iglesia y se convirtieron en rarezas bibliográficas desde los primeros días de su aparición. A pesar de ello, fueron muy leídos. Desde Ferney, Voltaire contribuyó asiduamente con una serie de artículos. También escribió individualmente un Diccionario filosófico (1764) completo.

Interesado por todas las ciencias y las artes, Diderot concibió con D’Alembert la idea de publicar la Enciclopedia, el primer gran diccionario hecho hasta ese momento. Los principios de la Ilustración se recogieron en la Enciclopedia, que se considera el exponente más claro de la nueva filosofía. Este gran diccionario, iniciado en 1751 por D’Alembert y Diderot, resume en sus artículos los temas esenciales de la filosofía de las Luces y abraza todos los ámbitos del conocimiento.

La lectura y la discusión de estos artículos actuó como un verdadero revulsivo cultural y social, que hizo entender las nuevas ideas a sectores sociales hasta entonces marginados de la vida intelectual.

Los enciclopedistas creían que un hombre bien informado ya era un hombre nuevo, y que el mal no era nada más que una consecuencia de la ignorancia. Por eso lucharon por la máxima difusión de estas ideas, y los artículos de la Enciclopedia también se difundieron en periódicos y gacetas, y fueron muy discutidos en las tertulias y en los salones.

La vuelta a Bacon

Diderot (imagen) se fijó en Francis Bacon como inspirador de la filosofía que necesitaba su época. Por ello, el mismo año que aparecía el III volumen de la Enciclopedia, Diderot editaba su importante ensayo De la interpretación de lo naturaleza, verdadero Discurso del método del siglo XVIII, dirigido contra Descartes y también, relativamente, contra D`Alembert. Pues allí se comenzaba diciendo que el mundo de las matemáticas podía ser muy riguroso, muy exacto, muy preciso, pero que dejaba de valer con toda su precisión y exactitud cuando se refería a las cosas que pasan en nuestra tierra. Las matemáticas son como una especie de metafísica general. Nos hablan de un mundo de abstracciones que no tiene nada que ver con el nuestro.

Era una especie de juego que exigía no tener en cuenta lo que verdaderamente era el elemento de nuestro mundo: los individuos reales. Estos solo se podían conocer por la experiencia que tenemos de ellos. Por eso Diderot se aventuraba a presumir que en menos de cien años no quedarían geómetras en Europa. El futuro era de los filósofos experimentales, de los filosofos racionalistas, que pretendían deducirlo t de sus propios axiomas abstractos. Esta era la gran revolución que deseaba impulsar Diderot en ciencia.

Naturalmente, la filosofía experimental era el verdadero campo de progreso inacabado -que reclamaba el afán infinito del conocimiento humano. No solo porque, a! recoger la experiencia directa de individuos, era un campo infinito en sí mismo. También era el más útil, dado que solo lo concreto puede ser útil. Por último, porque a naturaleza aspira siempre a agotarse en la producción de todas las variaciones posibles de un prototipo o un modelo antes de abandonarlo, conocer estas variaciones era la única manera de conocer el modelo. Lo concreto así era anterior siempre a lo abstracto.

Excelencia de la Filosofía Experimental (Por Didertot Tesis XX)

Hemos distinguido dos tipo de filosofías: la experimental y la racional. La una tiene loojos vendados, avanza siempre a tientas, coge toda lo que le cae en las manos y encuentra al final cosas preciosas. La otra recoge estas materias preciosas e intenta hacer con ellas una antorcha. Pero esta pretendida antorcha te ha servido hasta el presente menos que el tantear de su rival, como no podía ser de otra manera. La experiencia multiplica sus movimientos al infinito; ella está en acciòn sin cesar, busca fenómenos todo el tiempo que la razón emplea en buscar analogías. La filosofía experimental no sabe lo que le ocurrirá ni lo que resultará de su trabajo, pero se ocupa sin descanso. Al contrario, la filosofía racional sopesa las -posibilidades, juzga y sedetiene inmediatamente. Dice con descaro: no puede descomponer la materia. La filosofía experimental la escucha y se calla ante ella durante siglos enteros. Despues de  repente, muestra elprisma dice: la luz se descompone

La Enciclopedia

En 1751 vio la luz la primera edición del primer volumen de la Enciclopedia, el primer gran diccionario. Asì se expresaba con claridad la seguridad de la época de que la humanidad había producido el suficiente saber como para ordenarlo, distribuirlo masivamente y promover su uso por todos los rincones de Europa. Con esta iniciativa, la vieja república de los hombres de letras, los estrechos círculos de intelectuales, aspiraban a convertirse en guía de la renovación y del progreso social. Se recogía así una cosecha que se venía produciendo desde el Renacimiento.

Los editores de la obra, los filósofos Diderot y D’Alembert, eran muy conscientes de la continuidad histórica que se acumulaba ya a lo largo de dos siglos y que ahora pasaba a ser su patrimonio. Pero no se propusieron únicamente transmitir en libros el saber de otros libros. Al contrario: en las páginas de esta obra, además de todas las palabras importantes para la cultura, las ciencias, as artes, además de todos los saberes y ciencias, debían publicarse todas las máquinas realizadas por el hombre, todos los inventos, las técnicas, los artefactos.

Solo los siete primeros volúmenes conformaban un diccionario normal, en el que colaboraban los más importantes hombres de letras y ciencias, ofreciendo cada uno el estado actual de una disciplina o de una temática. El resto de volúmenes se dedicaban a grabados y dibujos de todos los útiles para promover actividades económicas y productivas. Finalmente, la Enciclopedia no era un libro resumen de otros libros, sino un legado de experiencias de todo tipo. El título completo era Diccionario razonado de los ciencias, de los artes y de los oficios.

La democratización de la filosofía y de la ciencia

Diderot pensaba que la filosofía experimental, siempre pendiente de la observación y de la experimentación con las cosas concretas, era el verdadero campo para una ciencia democrática. Primero, porque no necesitaba el largo aprendizaje matemático de la filosofía racionalista ni el dominio de sistemas conceptuales complejos, por o que estaba al alcance de todos. Segundo, porque en todo hombre existía esta curiosidad por trabajar lo concreto, por no perder de vista lo que sucede en su campo de acción, sin abandonarse a  especulaciones. De este trato permanente entre el hombre y las cosas concretas podía emerger lo desconocido.

Diderot creía sobre todo en el azar como fuente de conocimiento, no en la previsión racional y ordenada.Mientras que la filosofía tradicionalista se esforzaba por evitar el error, Diderot no lo temía, pues si era un error concreto, siempre llevaría consigo alguna consecuencia valiosa. Y pensaba que el azar surgía más en este encuentro entre dos realidades individuales, el hombre y la cosa, que en el encuentro con la realidad a través de una teoría.

No se trataba de ceder ante formas de ser perezosas y conservadoras, como las que podía encarnar alguna pamela del pueblo llano. En este ensayo de democratizar la filosofía no se trataba de hacer popular la filosofía, sino de fortalecer esa forma de actuar que hace al pueblo próximo a la filosofía. Era preciso desarrollar el espíritu abierto, curioso, inquieto, (aliente, que es capaz de aceptar el desorden relativo, que no se refugia en la tradición por cobardía para hacer frente a lo nuevo. Si el desorden que había producido la eexperiencia nueva era limitado, se podían alterar las circunstancias, combinar entre sí algunas le ellas, aumentar o disminuir algunos elementos aislados para reducirlo o controlarlo, con que siempre sería un desorden productivo de nuevos conocimientos. En cierto modo, investigador debía imitar la naturaleza: producir cambios y alteraciones experimentales ara conocer la forma de proceder de la naturaleza en sus propios cambios y metamorfosis.

En suma se debía investigar la naturaleza sin negarle su libertad de operación. Lo que en el fondo reclamaba Diderot era un «mundo fluido», donde no se gastaran energías en mantener lo que ya se veía gastado. Este principio, que Diderot aplicaba mundo físico y material, tenía también una clarísima aplicación al mundo político y social. Supo predecir, como nadie, que Francia, y Europa entera, vivía la víspera de una tremenda agitación cuyo resultado era muy incierto.

A fínales del mes de octubre de 1750 se publicó en París, con una tirada de 8.000 ejemplares, un Prospecto de Denis Diderot, en el que brindaba a sus lectores algo bastante nuevo en la época, una suscripción en ayuda de un sindicato de libreros, es decir, de editores, para que pudiesen publicar una «Enciclopedia o Diccionario razonado de las ciencias, artes y oficios, compilación de los mejores autores y, especialmente, de los diccionarios ingleses de Chambers, Harris, Dyche, etcétera». Según Diderot, los libreros pretendían formar un cuadro general de los esfuerzos del espíritu humano en todos los géneros y en todos los siglos; presentar esos objetos con claridad; dar a cada uno de ellos la extensión conveniente. Plan ambicioso que no ocultaba su propósito de superar anteriores intentos análogos: si la Cyclopaedia de Efraín Chambers constaba de dos tomos, Diderot prometía una de ocho volúmenes de texto y dos de láminas, a un precio de 280 libras, cifra importante, pues, como se verá, equivalía a dos meses de sueldo del director.
Pese a lo cual, cuando el 28 de junio de 1751 salió el primer tomo de la imprenta, con una tirada de 2.050 ejemplares, ya se contaba con un millar de suscriptores. Aventura intelectual de primer rango y operación comercial arriesgada, varios años de preparación precedían a esta empresa, que se prolongaría durante veinte años, tras peripecias y altibajos folletinescos. Mas antes de revivir su historia, conviene saber quiénes estaban comprometidos con ella, a qué medio sociocultural pertenecían y sobre qué bases ideológicas y científicas construían su edificio… Para ello, habrá que trazar algunas semblanzas y retroceder en el tiempo.

ALGUNAS ENTRADAS DE LA ENCICLOPEDIA:

Democracia. Es una de las formas simples de gobierno, en la cual el pueblo, como un cuerpo único, posee la soberanía. Toda república en la que la soberanía reside en las manos del pueblo es una democracia. […] Me parece que no está fuera de razón que las democracias se vanaglorien de ser nodrizas de los grandes hombres; […] todos los individuos se aplican en el deseo del bien común, puesto que no pueden originarse cambios que no sean útiles o perjudiciales para todos; además, las democracias elevan los espíritus, porque muestran el camino de los honores y de la gloria, más abierto a todos los ciudadanos, más accesible y menos limitado que el gobierno de unos pocos o de uno solo, donde mil obstáculos impiden darse a conocer. Son estas honrosas prerrogativas de las democracias las que forman a los hombres en las grandes acciones y virtudes heroicas.

Soberanos. Son aquellos a los que la voluntad de los pueblos ha conferido el poder necesario para gobernar la sociedad. […] Tal es el origen de los soberanos. Se contrasta que su poder y sus derechos no se fundamentan más que en el consentimiento de los pueblos; los que se establecen por la violencia son sólo usurpadores; no se convierten en legítimos más que cuando el consentimiento de los pueblos ha confirmado a los soberanos los derechos que habían usurpado.

Los hombres han entrado en sociedad para ser más felices; la sociedad se ha otorgado soberanos para atender más eficazmente su felicidad y su conservación. El bienestar de una sociedad depende de su seguridad, de su libertad y de su poder para procurarse estas ventajas. Ha sido necesario que el soberano tuviera un poder suficiente para establecer el buen orden y la tranquilidad entre los ciudadanos, para asegurar sus posesiones, para proteger a los débiles de los ataques de los fuertes, para reprimir las pasiones mediante las penas y estimular las virtudes con recompensas. […]

Los pueblos no han concedido siempre la misma cantidad de poder a los ciudadanos que han elegido. La experiencia de todos los tiempos enseña que mientras mayor es el poder de los hombres, más les empujan sus pasiones a abusar de él: esta consideración ha impulsado a algunas naciones a fijar límites al poder de aquellos a quienes encargan de gobernarles.

Pensamiento de la Ilustracion Francesa Objetivos y Obra La Enciclopedia

La Ilustración surge y se difunde bajo una consigna que reúne a todos los grandes pensadores europeos. Se abandona el orden basado en Dios y se instaura un orden basado en el hombre.

¿Qué es la Ilustración?

La Ilustración no es un suceso concreto, sino un movimiento histórico, también llamado «las luces» o «Iluminismo». Con él se hace famosa la expresión latina sopere cude!, «atrévete a saber»; el hombre se invita a sí mismo a «saber», a «conocer» y. así, se pretende conseguir una expansión del conocimiento semejante a la luz cuando brilla libremente y destruye las zonas de tinieblas, es decir, de ignorancia. Se abre así una época histórica.

Previamente a la Ilustración se había empleado muchas veces la metáfora de la luz, pero en estas tradiciones anteriores la fuente de donde emergía la luz era Dios o la divinidad. Si el hombre, mediante su esfuerzo y su fe, alcanzaba a liberarse de las cadenas de sus deseos, de todo lo que le unía a la tierra y al mundo de las cosas, entonces, en el último rincón de su alma, podía recibir la luz que le llegaba desde el espíritu de Dios. Esta metáfora era tan platónica como cristiana y así acompañó a toda la historia de Occidente.

En contraste con esta tradición, los ilustrados del siglo XVIII querían decir otra cosa. La luz que recibía el hombre no procedía de una divinidad, sino del propio trabajo y esfuerzo del hombre. Era el propio hombre el que proyectaba luz a su alrededor, con su trabajo, con su esfuerzo constante, con la mejora permanente de su atención, de su mirada, de su crítica. En el fondo se trataba de una fe del hombre en sí mismo, como si el hombre hubiera tenido que creer en Dios mientras se hacía mayor de edad, y, una vez maduro, tuviera que emprender su por sí mismo.

Fe en el ser humano

La fe en el ser humano no fue un acto caprichoso o infundado. Tenía sólidos puntos de apoyo. En los últimos siglos, desde que hacía 1525 estallaran las guerras civiles religiosas y Europa se desangrara en el vano intento de reconstruir una sociedad desde la autoridad de la religiòn se había avanzado mucho. La humanidad había visto quereligión era motivo de separación y de guerra y por eso buscó otros campos donde se pudiera cooperar sin violencia. Así, los mejores espíritus se entregaron al de la ciencia, al principio de una forma bastante condescendiente con la vieja teología y luego, ya en el empirismo, de una forma solo dependiente de las propias capacidades humanas.

La Revolución y la emigración

Con la Revolución se quería demostrar que toda persona podía intervenir en los asuntos públicos, votar a sus representantes, debatir en asamblea sus problemas Puesto que la naturaleza humana era común, nadie podía apelar a su origen noble, ni a la herencia familiar como privilegios. Si todos eran hijos de sus obras, la procedencia familiar era, teóricamente, un prejuicio irracional y un atentado contra la igualdad humana.

LA ILUSTRACIÓN EN FRANCIA

Voitaire almorzando con los filósofos Abate Maney, Diderot, DAlembert, Condorcet y Adan La Harde.
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rabado de Aubert. Paris Biblioteca Nacional

Los puritanos escoceses, alemanes, holandeses o franceses, que habían formado sectas, casii siempre perdedoras en las grandes luchas religiosas del siglo XVII, solo conocieron una vía de expansión y de libertad: la emigración a América. Allí crearon comunidades basadas en el trabajo libre, en la explotación racional de los recursos, en la igualdad de creencias religiosas, en la homogeneidad de riqueza y de estatuto social.

Estas comunidades funcionaron con plena igualdad, y en cada uno de los pequeños territorios formaron asambleas parlamentarias donde se elegían a sus cargos. La vida democrática de las pequeñas comunidades religiosas se transformó en vida democrática en el orden político. Ninguna de estas pequeñas comunidades americanas imaginó jamás conceder sus propios derechos a todo el género humano. Los derechos de que disfrutaban eran exclusivos de ellas. De hecho, tenían plena conciencia de su condición de elegidos de Dios y veían con naturalidad fenómenos como la esclavitud o la desigualdad fuera de su comunidad.

Separación de la corona británica

Cuando hacia 1768, un siglo más tarde de sus principales asentamientos, el Parlamento de Londres comenzó a tomar medidas económicas contra ellos, comprendieron que la cámara londinense no era superior a su propio Parlamento y exigieron al rey que se mantuviera neutral entre los Parlamentos, puesto que el soberano lo era de todos por igual. El rey prefirió dar la razón al Parlamento de Londres y entonces los Parlamentos de las colonias americanas consideraron roto el juramento de fidelidad al monarca.

Tras la separación de la corona británica, la vida social de las colonias americanas siguió exactamente igual. Cierto que ahora las colonias americanas se representaban soberanas y libres, y en este sentido cumplían la consigna de la Ilustración: no depender de nadie, superar la minoría de edad. Tenían resuelto el problema social, en la medida en que eran comunidades muy recientes y bastante igualitarias por aquel entonces. AHi los principios de libertad igualdad y fraternidad significaban mucho, entre otras cosas porque la unidad religiosa era muy fuerte. Pero la democracia interna de estas comunidades guardaba mucho del espíritu restrictivo de las sectas de origen.

La importancia de Newton y Locke para la Ilustración

A finales del siglo XVII ya estaba claro que la ciencia de Newton era una construcción estable, aceptada por todos, y Locke había mostrado que la filosofía era fruto de las operaciones del espíritu humano, elaborando las impresiones mis sencillas en complejos sistemas de ideas.

Estas dos grandes construcciones, una científica y otra filosófica, habían ganado suficiente aceptación en toda Europa como para convencer a los mejores hombres de que aquel era el camino para ordenar el mundo. En estas dos grandes hazañas el hombre de primeros del siglo XVIII encontró el punto de apoyo para creer en si mismo. Estas fueron las palancas de la nueva fe. Ambas empresas trazaban el camino a seguir.

La ciencia de Newton mostraba que era posible extender el conocimiento del mundo. La filosofía de Locke mostraba que esta expansión era posible desde las únicas fuerzas humanas. El conocimiento del mundo se basaba en el autoconocimiento del hombre. El hombre, por fin, estaba solo y era responsable de sus obras. Conociendo sus capacidades, podría usarlas de forma responsable, sin llevarlas mis allá de sus límites. El hombre producía el orden desde sí mismo.

El origen del poder
Ningún hombre ha recibido de la naturaleza el derecho de mandar sobre los otros. La libertad es un regalo del cielo y cada individuo de la misma especie tiene el derecho de disfrutarla de la misma forma que disfruta de su razón. Si la naturaleza ha establecido alguna autoridad, es sólo la potestad paterna; pero incluso la potestad paterna tiene sus límites […]. Cualquier otra autoridad tiene orígenes diferentes dentro de la naturaleza. Si lo examinamos bien, veremos que la autoridad proviene de una de estas dos fuentes: o la de la fuerza y la violencia de los que la ejercen, o del consentimiento de los que son gobernados mediante un contrato establecido o supuesto entre el pueblo y los que ejercen la autoridad.

DIDEROT, D.: Autoridad política. La Enciclopedia

Clemenceau George Visita Argentina Notas de Viaje Por América del Sur

Clemenceau George : Visita Argentina   George Clemenceau

Comentarios de George Clemenceau cuando
visitó Argentina para su Centenario en 1910.

El control Clemenceau nos informa acerca de los medios para controlar el flagelo del terrorismo anarquista: «Durante una rápida visita que tuve ocasión de hacer al departamento de la policía (…) pude convencerme de que la organización (…) estaba a la vez fuertemente constituida muy bien dirigida por jefes enérgicos contra los factores de violencia». Estos, como también apunta el francés, eran «todos o casi todos extranjeros, por otra parte, a la nacionalidad argentina».

Como curiosidad, señala que «la policía argentina ha perfeccionado y extendido la práctica de la huella del pulgar para identificar a los criminales». El proceso, aunque engorroso, es efectivo: «En primer lugar, toma la impresión de los diez dedos para evitar toda causa de error. Después, partiendo del principio de que puede ser tan útil identificar a un hombre honrado como a un bandido, ha constituido libretas de identidad que ha puesto a disposición del público (mediante una módica retribución) donde se encuentra inscrita la impresión ampliada del pulgar».

La medida estaba siendo implenentada con éxito: «Un agrupamiento de gente a la muerta de la oficina que expide dichas libretas identificatorias indicaba que el público aprecia las ventajas de este documento de identidad. Jóvenes y viejos se prestaban ;n silencio a embadurnarse los diez dedos con una especie de betún que el agua caliente y el jabón no podían quitar, después de la operación, sino con alguna dificultad».

Reivindicado junto al dulce de leche, las biromes o el colectivo por los defensores a ultranza del protagonismo argentino, el método dactiloscópico también fue parte de «lo que estaba bien»: «la moda exige, según parece, que se vaya a hacer inscribir su pulgar a la policía antes de partir de viaje. M. Güiraldes nos dice que su hijo, que está en Europa, no se embarcó sin haber tomado esta precaución». Y nuevamente la lengua acida del «Tigre» Done las cosas en su lugar, sugiriendo a los anfitriones que deberían poner ciertos límites a su orgullo nativo, y “espetar la prosapia y los logros de los europeos.

No siempre un instante de éxito iguala a centurias de esfuerzos. Ante la eventualidad de accidentes o abusos, la novedosa identificación permitirá al joven evitar «las inconstancias de los elementos, o los gestos poco ceremoniosos de los apaches del viejo continente». 

Clemenceau, Georges, Notas de viaje por América de Sur, Buenos Aires, Hispamérica, 1986. Las citas incluidas en esta nota corresponden al capítulo IV.

Como veian los extranjeros a Argentina en 1910 Centenario de la Revolucion

Como veían los extranjeros a Argentina en 1910
Centenario de la Revolución Argentina en 1910  george clemenceau

Comentarios de George Clemenceau cuando
visitó Argentina para su Centenario en 1910.

Los descontentos Según Clemenceau, la pujanza exagerada del puerto era la causa del descontento y la agitación: «La mayor parte de los emigrantes se asentaban a destiempo en Buenos Aires, cuya población aumenta así fuera de toda proporción con el desarrollo de la colonización en el conjunto del territorio argentino.

Esta masa obrera, que por necesidad es muy accesible a los impulsos del espíritu europeo, parece ofrecer un vasto campo de acción a la propaganda revolucionaria. Anarquistas y socialistas propiamente dichos no economizan ningún esfuerzo para hacer sus conquistas en estos elementos».

Con ironía, el francés nos dice que también en este terreno la emulación ha sido exitosa, ya que «violencias de palabra y de hecho han dado a ciertas huelgas un aspecto verdaderamente europeo». Sin embargo, las protestas no se justifican, puesto que «en un país donde el ofrecimiento de trabajo es constante, no parece que una agitación (…) pueda reaccionar de aquí a tiempos indeterminados en notables partes del territorio».

No obstante Clemenceau estaba en Buenos Aires cuando se produjo un grave atentado: «En el mes de junio último (…) fue lanzada una bomba por un desconocido en el teatro Colón, y cayó en medio de las butacas, donde hirió más o menos gravemente a un gran número de personas (…)En tal lugar, se imagina lo que pudo ser la catástrofe de una bomba. Todo cuanto se dijera es poco. Un alto funcionario me ha dicho que jamás había visto tales charcos de sangre.

Se recogió a los heridos como se pudo, la sala se vació entre gritos de furor, y reparados los desperfectos al día siguiente, ni una sola señora faltó a la representación aquella noche». Clemenceau aprovecha para hacer un cumplido a los anfitriones: «Este es un bello rasgo de carácter que hace honor particularmente al elemento femenino de la nación argentina. No tengo completa seguridad de que en París, en un caso igual, se hubiera llenado la sala».

Este hecho justificaba las medidas de represión establecidas por el gobierno aunque, como dijimos, en realidad ya estaban en vigencia: «Se explicará sin embargo que la cólera se demostrase por ei voto de una ley terriblemente represiva, que fue inmediatamente dirigida contra todas las agrupaciones sospechosas (…)

Se instituyó una especie de estado de sitio, que duraba aún en el momento de mi partida, que investía al gobierno de poderes extraordinarios, del que no hizo uso sino contra las organizaciones presuntamente anarquistas». Según pudo comprobar, la repercusión de estos incidentes había sido más bien escasa. Los festejos seguían y «ni los atentados anarquistas, ni la ley de represión eran objetos de conversación.

Varias veces he provocado la conversación sobre la materia, pero se me ha respondido siempre que esta era una cuestión de fuerza pública, que el gobierno tenía medios para obrar, que obraría, y que, si reclamaba otros poderes, nadie se los negaría».

George Clemenceau en Argentina Para el Centenario Mirada Extranjera

George Clemenceau: Para el Centenario – Mirada ExtranjeraGeorge Clemenceau

Comentarios de George Clemenceau cuando
visitó Argentina para su Centenario en 1910.

Ciudad cosmopolita y argentina A principios de siglo, más de dos tercios de los trabajadores de nuestro país eran extranjeros, y se concentraban sobre todo en Buenos Aires. La ciudad debía ofrecer un espectáculo fascinante.

Sin embargo, Clemenceau también notó que «si el porteño (…) está más impregnado de cultura europea (…) si los juicios de Europa sobre su país le importan en el más alto grado, si su legítima ambición es que la República Argentina cause buena impresión entre los viejos pueblos de civilización fatigada (…) sería un error singular creer que la frecuentación de Europa, no menos que la filiación, aún próxima, pueda inducir al ciudadano, o hacendado, porteño o estanciero, a subordinar, en sus sentimientos de admiración o de amor, la bella tierra virgen que él fecunda con su labor al viejo continente».

No hay que engañarse: «Mientras que el aspecto de las calles de Buenos Aires es verdaderamente europeo, tanto por la disposición y la fisonomía de todas las cosas cuanto por la dominación de nuestras modas y la expresión de las caras, todo este mundo es argentino hasta la médula de los huesos, exclusivamente argentino».

¿En qué radica esta exclusividad? Para Clemenceau, «lo picante de Buenos Aires es presentarnos, bajo velos de Europa, un argentinismo desatinado. Y lo más curioso quizás es que este patriotismo intratable, que con gusto se atestigua de una manera ofensiva en tantos pueblos que no quiero nombrar, toma aquí aires tan amables, tan candidos me atreveré a decir, que nos dejamos arrastrar bien pronto por el deseo de verlo justificarse».

El orgullo nacional lleva a que los rioplatenses «no contentos de ser argentinos de pies a cabeza, si se dejara hacer a estos diablos de gentes, nos argentinizarían en un abrir y cerrar de ojos».

Esta sensación no es exagerada, y tuvo su prolongación en políticas de gobierno tendientes a incorporar a los miles de inmigrantes a un tronco cultural común. En el terreno social, esta necesidad era más urgente, puesto que «hay insatisfechos sistemáticos que, para realzarse en su propia estima, tienen necesidad de rebajar todo lo que los rodea».

El político francés expresó seguramente la opinión de muchos cuando sostuvo que «a los que no están satisfechos de su permanencia en país extranjero, nada les impide volver a toda prisa a su patria».

El Clima Social en Argentina de 1910 segun Clemenceau George

El Clima Social en Argentina de 1910 según Clemenceau GeorgeClemenceau George, argentina 1910

Comentarios de George Clemenceau cuando
visitó Argentina para su Centenario en 1910.

EL CENTENARIO: LOS DISCONFORMES Los festejos del Centenario coexistieron con un tenso clima social.  Poco antes del 25 de Mayo el Congreso, ante la amenaza de una huelga general para boicotear las celebraciones, había establecido el estado de sitio. Nada debía enturbiar el esplendor de los eventos y agasajos a los que habían sido invitados artistas, políticos e intelectuales de todo el mundo.

Entre ellos, la figura de Georges Clemenceau (1841-1929) era particularmente querida. A su trayectoria y veteranía (y aún cuando lo aguardaban los trances épicos de la gran guerra) sumaba el ser francés, es decir: nativo del país que a principios de siglo concentraba el afán de emulación de muchos argentinos.

Probablemente, el hecho de que George Clemenceau haya sido hospedado por miembros de los sectores altos de la sociedad argentina, sea la causa de que en sus opiniones acerca del problema social se note la influencia del razonamiento común a la élite que atribuía los conflictos, fundamentalmente, a la gravitación de elementos extranjeros, y que ya había tenido consecuencias prácticas, por ejemplo, con la Ley de Residencia (1902).

Fray Luis Beltran Biografia Vida Herrero del Ejercito de los Andes

Fray Luis Beltran: Herrero del Ejercito de los AndesFray Luis Beltran, Vulcano de los Andes

FRAY LUÍS BELTRÁN: Fray Luis Beltrán es conocido como el artesano o el Vulcano del Ejército Libertador por su ingenio para proveer el armamento necesario para enfrentar a los realistas.

Vicente Cutolo, Nuevo diccionario biográfico argentino, lo llama Mago”. Y en verdad lo era Mc Gyver, al lado del mendocino Beltrán, sería un mísero ayudante. “Todo el caudal de ciencia lo había adquirido por sí en sus lecturas, o por su observación y la práctica”.

Así se hizo matemático, físico, químico, artillero, relojero, pirotécnico, carpintero, herrero, dibujante, cordonero, bordador y médico; siendo entendido en todas las artes manuales; y lo que no sabía, lo aprendía con aplicar sus extraordinarias facultades mentales”, escribió Mitre en su Historia de San Martín.

Con el Ejército Libertador se fue a Chile y luego a Perú. Cuando San Martín regresó, Beltrán permaneció en Lima. En 1824 estaba encargado del parque de armas de Simón Bolívar y seguía dando muestras de sus “extraordinarias facultades mentales”.

Cierta vez que el fraile le hizo observaciones a Bolívar acerca de los pertrechos el General reaccionó mal y lo desaprobé con altanería en público. Amargado por el desaire, Fray Luis Beltrán —tenía treinta años— intentó suicidarse asfixiándose. Lograron salvarlo, pero perdió la razón.

Andaba por las calles de Lima vendiendo estampitas y corriendo como un desaforado. Atropellaba a la gente y daba miedo a las mujeres. Varios meses le duró la enajenación. Restablecido, viajó a Buenos Aires y murió un par de años después.
Fuente Consultada: Espadas y Corazones de Daniel Balmaceda

Resumen Entrevista de Guayaquil entre San Martín y Bolivar

Entrevista de Guayaquil entre San Martín y BolivarEntrevista de Guayaquil entre San Martín y Bolivar

LA ENTREVISTA DE GUAYAQUIL:
Luego de la crisis fiscal y militar desatada en el territorio peruano recién liberado, San Martín buscó en Bolívar una opción para derrotar a los realistas que seguían acantonados en el Cuzco y dominando la serranía peruana. Con este propósito San Martín solicitó ayuda militar de Bolívar, para lo cual pactaron una entrevista en Guayaquil por cuatro días que se inicio el 26 de julio de 1822. En esta cita se encontraron dos grandes personajes de carácter e ideas políticas diferentes; Bolívar impetuoso y la serenidad de San Martín. Se reunieron dos días en donde abordaron tres temas:

– La guerra contra la Serna: Simón Bolívar, ofreció ayudar solamente con 1400 soldados para luchar contra el virrey.

– La forma de gobierno: Sobre la forma de gobierno, san Martín era partidario de una Monarquía y Bolívar de una República.

– El destino de Guayaquil: Bolívar ya lo había anexado a la gran Colombia.

No habiendo llegado a ningún acuerdo San Martín se retiro mortificado, mientras tanto en Lima Bernardo Monteagudo ministro de Guerra, de clase media expresaba desprecio contra los aristócratas por lo que fue sacado del cargo, una vez San Martín al llegar a Lima convocó a un Congreso Constituyente con el objetivo de establecer la forma de gobierno del Perú y dar una Constitución Política.

Luego cargado de fracasos decidió alejarse del país el 21 de setiembre de 1822 rumbo a Valparaíso, siendo criticado por peruanos de aquella época de haber ocupado el protectorado y no un peruano.

Otra vez los Andes, estuvo unos días en Mendoza y pidió autorización para entrar en Buenos Aires para poder ver a su esposa, que estaba gravemente enferma. Su enemigo de siempre en Buenos Aires, Rivadavia, que entonces era ministro de gobierno del gobernador Martín Rodríguez, le negó el permiso argumentando que no estaban dadas las condiciones de seguridad para que San Martín entrara a la ciudad. Rivadavia, temía que el general entrase en contacto con los federales del Litoral.

Ante el agravamiento de la salud de Remedios, pese a las amenazas, San Martín decidió viajar igual a Buenos Aires pero lamentablemente llegó tarde. Su esposa había muerto sin que él pudiera compartir sus últimos momentos. Difamado y amenazado por el gobierno unitario, San Martín decidió abandonar el país en compañía de su pequeña hija Mercedes rumbo a Europa.