Máximas de Epicteto

Biografía de Virgilio y su Obra Literaria Poeta Romano

Biografía de Virgilio Poeta Romano
y su Obra Literaria

Publio Virgilio Marón nació en una modesta familia de agricultores, en Andes, cerca de Mantua, el 15 de octubre del año 70 a. de C. Desde su más tierna infancia había aprendido a amar él campo, cuyas bellezas celebraría más tarde en sus poemas. Es considerado como el poeta más grande de la Roma antigua, Virgilio, que vivió entre los años 70 y 19 a.C., compuso la Eneida, un poema épico de carácter mitológico, durante los últimos once años de su vida. Modelado siguiendo la Iliada y la Odisea del poeta griego Homero, fue la primera obra maestra del estilo épico.

Numerosos escritores posteriores la consideraron un modelo tanto de temas como de técnicas, y le rindieron homenaje en sus textos y dibujos. Esta pintura de 1469 le representa escribiendo el poema Geórgicas (36-29 a.C.) delante de la estatua de la diosa griega Artemisa.

Poeta romano virgilio

No lejos de las orillas del Mincio, en Andes, una localidad situada en las cercanías de Mantua, nacía el 15 de octubre del año 70 a. de C, Publio Virgilio Marón.Era la suya una familia modesta y de austeras costumbres, lo aue la diferenciaba de las del resto de la ciudad. El padre poseía algunas tierras que cultivaba con la ayuda de un pequeño grupo de esclavos; la madre, Magia, era asistida en las tareas de la casa por dos servidoras. Madre abnegada, se consagró a la educación de sus hijos: Virgilio, el mayor, Flaco y Silón, muerto a temprana edad.

Las abejas zumbaban en las colmenas, los rebaños pastaban en los fértiles prados, cada año las cosechas se elevaban en los surcos, y el niño crecía descubriendo los encantos del campo, del trabajo y la sana alegría de los paisanos, y la belleza de todo aquello que más tarde habría de celebrar en sus poemas.

Aprendió a amar los matorrales que limitaban los generosos campos, el arroyo que corría oculto en la hierba, la sombra del imponente oleastro, el prado oloroso de tomillo y de violeta, los bosquecillos de robles y avellanos, las grutas tapizadas de hiedra, los pequeños estanques bordeados de sauces y enebros… y ese amor sería expresado por Virgilio” en la más bella poesía.

En la escuela de Sirón, Virgilio conoció a Horacio, con quien inició una estrecha amistad y hacia quien sintió un profundo afecto, que se manifiesta en las descripciones que hace el poeta del carácter de su amigo, totalmente opuesto al suyo.

El padre, agricultor, deseaba que su hijo mayor se consagrara a la carrera política. Es así cómo vemos al joven Virgilio en Cremona primero, en Milán después y desde el año 52 al 50 en Roma, estudiando elocuencia y formándose en la disciplina necesaria a todos aquellos que se destinaba a la vida de los “honores”, es decir, la vida pública.

Este joven precoz, que vestía ya la toga viril, debía sin duda sentirse un tanto azorado con su aspecto de campesino y su innata timidez en la disipada Roma de aquellos tiempos. Sin embargo, en el transcurso de los cinco años que pasó en la escuela de Elpidio, maestro de elocuencia, Virgilio supo granjearse la estima de sus educadores y el afecto de sus elegantes camaradas. Quiso su buena estrella que entre éstos se hallara Octavio, el sobrino de Julio César, que se inmortalizaría en la historia con el nombre de Octavio Augusto.

La crisis política que estalló en el año 49, surgida de la rivalidad entre César y Pompeyo, pero sobre todo su natural inclinación por la poesía, impulsaron a Virgilio, quien había dejado la escuela de Elpidio, a renunciar definitivamente a la vida política. Frecuentó entonces la amistad de los poetas y comenzó   a  componer  versos.

http://historiaybiografias.com/archivos_varios5/virgilio1.jpg

La distribución de las tierras de Cremona y de Mantua a los veteranos que habían participado en la campaña llevada a cabo por Antonio y Octavio contra Bruto y Casio, obligó a Virgilio a abandonar su morada para buscar asilo en Roma. La expropiación, fue hecha de manera brutal y nada pudieron hacer por evitarla sus influyentes amistades.

Recibió la fuerte influencia de un grupo de jóvenes que Cicerón llamaba despectivamente neotéricos, es decir, poetas nuevos, y también, haciendo alusión a un oscuro poeta de la escuela de Alejandría, cantores de Euforión.

Entre los poetas nuevos se encontraban: Cátulo, el más apasionado y elegante de entre los escritores latinos que exaltaron el amor en sus versos; Valerio Catón, El Cinna y Cornelio Galo, gran amigo de Virgilio   Estos jóvenes autores habían declarado la guerra a las formas y a la técnica de los antiguos poetas romanos, e inspirándose en la gracia de los bardos de Alejandría habían introducido en la lírica romana grandes innovaciones, sobre todo en lo referente a métrica y argumentos.

Virgilio, en sus primeras obras, es decir, las de su juventud, se muestra fiel a las tendencias del grupo; prueba de ello es esa serie de pequeños poemas reunidos en 1573 por José Esealígero bajo el título de Apéndice virgiliano.

Este Apéndice (así designado por los sabios, pues no puede afirmarse con certeza que todas esas obras pertenezcan a Virgilio, a tal punto que el estilo que cultivó en su juventud se asemeja al de los otros poetas del grupo) comprende: el Catalepton (miscelánea), compuesto de catorce obras de diferente métrica: el Moretum (pastel de ajo) y la Copa (la mesonera), dos elegantes composiciones en verso que describen una escena de campo; el Culex (el mosquito) y el Ciris (la garceta), que son dos fábulas mitológicas, y un pequeño poema científico sobre los fenómenos volcánicos: Aetna.

El Culex se inspira en gran parte de cierta moda literaria de Alejandría: un pastor se ha quedado dormido a la sombra de un árbol, cuando la oportuna picadura de un mosquito le advierte que está a punto de ser mordido por una serpiente. Poco tiempo después, el pequeño insecto aparece en sueños al paisano y se lamenta de que, luego de haber sido involuntariamente aplastado por éste, su cuerpo haya quedado sin sepultura y esté por ello obligado a errar en el mundo de las tinieblas.

El paisano despierta y busca afanoso el pequeño cuerpo del insecto, lo halla por fin y lo entierra piadosamente. Con esta fábula, Virgilio, o uno de sus homónimos de la época de Augusto, ha querido tal vez ilustrar el culto de los muertos que en aquella época se practicaba en Iliria.

En Ciris se narra la dramática historia de Escila, hija de Niso, rey de Mégara, quien para liberar a Minos, prisionero del rey, cortó de la cabeza de su padre un cabello púrpura al que éste debía la cualidad de ser invencible.

Minos recupera de esta manera su libertad, pero sólo horror experimenta frente a la joven a quien debe su salvación. Se apodera inmediatamente de Mégara y luego hace encadenar a Escila a la proa de su navio, donde habría sin duda perecido, víctima de las olas, si los dioses, compadecidos, no la hubieran transformado en garceta, pájaro marino.

La Copa y el Moretum son de inspiración rústica y realista, razón por la cual numerosos vates creyeron ver en estos dos pequeños poemas la pluma de Virgilio, que, como estudiaremos a continuación, fue autor de magníficas obras sobre temas agrestes. En la Copa describe una posada de campo donde el viajero, cansado y sediento, encuentra placentero reposo gracias a la amabilidad de la joven y alegre mesonera.

En el Moretum pinta el despertar matinal de un campesino, quien, antes de iniciar sus tareas, prepara con la ayuda de un esclavo un sabroso pastel de ajo.

Pertenezcan o no a Virgilio, es evidente que estas dos composiciones están muy alejadas de las que, por su belleza, hicieron de su autor el príncipe de los poetas.

Después de estos tanteos literarios de juventud, en los que las virtudes del poeta comienzan a afirmarse, Virgilio se siente atraído hacia la filosofía y la medicina. Decide abandonar provisoriamente su actividad, y se ínstala cerca de Napóles, deseoso de recibir las enseñanzas de Sirón, maestro de filosofía, cuyas lecciones versaban sobre la doctrina de Epicuro.

Llega allí en el año 45 y conoce a Horacio, que se convertirá en su amigo de toda la vida. En el año 41 encontramos a Virgilio en Andes. En esta ciudad compone las Bucólicas, que habrá de terminar en el año 39. Quien lo estimuló para que escribiera las diez églogas que componen esa obra fue su amigo Asinio Folión, gobernador de la Galia Transalpina. Puede decirse con justeza que es la primera de sus obras maestras.

    Égloga: Composición poética del género bucólico, caracterizada generalmente por una visión idealizada del campo, y en la que suelen aparecer pastores que dialogan acerca de sus afectos y de la vida campestre.

http://historiaybiografias.com/archivos_varios5/virgilio2.jpg

El poeta compuso gran parte de la Eneida en Napóles, frente
al mar; tenía la costumbre de dictar sus versos a un escriba
para corregirlos al día siguiente.

Estas églogas están compuestas en versos hexámetros de rara elegancia; los personajes son pastores a quienes ha visto, no con la observación realista, como diríamos hoy, sino abandonándose a los placeres de su imaginación, que actúan en un decorado admirablemente descripto por el poeta, se expresan con palabras escogidas y se consagran a discusiones poéticas o filosóficas sobre la vida, la vanidad de las ambiciones, la belleza de una existencia simple o el dolor que reina sobre el universo.

La filosofía de Epicuro y la lectura del libro De rerurn natura habían dejado en Virgilio una profunda tristeza, que se haría aún más honda cuando, en el año 40, se vio obligado a ceder sus tierras de Mantua a los veteranos que dos años antes habían luchado contra Filipo.

Este episodio es recordado en la égloga con que Virgilio encabeza las Bucólicas. La tercera y la séptima se refieren a un concurso poético en el que participaron Damato, Tersis y Coridón. En el cuarto, Virgilio expresa su deseo de que el mundo latino, ensangrentado por las guerras, conozca por fin la paz.

La finura del estilo de las diez églogas ha sido siempre muy apreciado, y particularmente por los escritores del Renacimiento, en quienes despertó el gusto por la poesía, por el teatro y aun por la ópera musical sobre temas pastoriles.

Las Bucólicas constituyeron un gran éxito en los medios literarios romanos y valieron a Virgilio la amistad de Mecenas, caballero romano y protector de los artistas.

Estimulado por Mecenas, Virgilio emprende la composición de las Geórgicas, en el año 37. El poema fue escrito en su mayor parte en Napóles, donde el poeta se había refugiado buscando el reposo que no hallaba en Andes. Esta obra, en cuya creación empleó Virgilio siete años, comprende en su versión definitiva cuatro libros, con un total de 2.188 versos (514 versos para el primer libro, 542 para el segundo, 566 para el tercero y 566 para el cuarto).

El libro I comienza con una invocación a los dioses protectores de las tareas agrestes; luego dirige una súplica a Octavio para que lleve la paz al mundo desgarrado por las guerras y considera con benevolencia el destino de los agricultores, cuyo trabajo es tan importante para la economía romana; por último, el poeta habla del cultivo de los campos, de la astronomía, del cumplimiento de los prodigios por los que se había anunciado la muerte de César; el libro II trata del cultivo de los árboles, y en especial de la vid y el olivo; el III, de la cria del ganado, con una detallada mención de las enfermedades epidémicas; el IV está consagrado a las abejas.

Para componer esta obra, Virgilio se basó, sin duda, en su propia experiencia; sin embargo, otros antes que él escribieron obras de ese género, en las cuales pudo haberse inspirado; mencionemos, por ejemplo, a Hesío-do, Nicandro, Eratóstenes y Catón.

El tema de este pequeño poema, amenazado de aridez, es constantemente vivificado por la riqueza poética de su autor y la elegancia de su estilo, de manera que la lectura de esta obra, escrita con intenciones didácticas (pues Virgilio sabía la importancia que Octavio otorgaba, por aquel entonces, a la reforma agraria), resulta interesante aun para quien no se ha inquietado jamás por los problemas agrícolas; además, son frecuentes las dísgresiones en las que el poeta logra infundir a los versos una real fuerza emotiva.

La narración de los prodigios que acompañaron la muerte de Julio César (libro I, versos 463-514); la célebre  evocación  de Roma  generadora  de las   cosechas —Magna Parens Frugum (versos 136-176); la descripción de una enfermedad que causa estragos entre los animales (libro III, versos 478-566), figuran entre las partes más bellas, pues el poeta ha sabido relatar los acontecimientos con tal fuerza, que éstos se tornan presentes más allá de los siglos.

Deseoso de dar más precisión histórica y geográfica a su poema, Virgilio visitaba los monumentos y las localidades donde habían podido desarrollarse los episodios que narraba en la Eneida.

El último de los episodios que acabamos de citar fue inspirado a Virgilio por una descripción análoga e igualmente conmovedora que se encuentra en el De rerum natura de Lucrecio. La misma tristeza, la misma visión pesimista, se desprende de la doble fábula mitológica de Aristeo, Orfeo y Eurídice, que Virgilio ha ubicado en el libro IV (versos 315-558). Son éstas hermosas páginas de las que emana, como de casi toda su creación, un profundo sentimiento religioso.

El poema fue leído por Virgilio y por Mecenas a Octavio, quien después de la batalla de Accio descansaba en Campania. El futuro emperador acogió la obra con gran entusiasmo, y comprometió a su autor a componer otra más vasta, celebrando, con la pacificación universal que aseguraba su poder, los fastos de Roma; así nació la Eneida.

A partir del año 29 hasta su muerte, Virgilio habría de consagrarse a la creación de este poema. Buscó para ello el retiro de su casa de Napóles. Recibió los frecuentes estímulos de Octavio, quien elevado a la dignidad imperial había adoptado el nombre de Augusto, y de sus numerosos amigos, hombres de letras y poetas residentes en Roma, quienes le solicitaron la gracia de poder leer la obra a medida que ésta iba surgiendo de la inspiración de su autor; mas Virgilio, con una modestia inigualable, dudando del valor de sus trabajos declinaba toda invitación.

Finalmente, en el año 19, la obra estaba casi terminada; mas., temiendo que la misma encerrara alguna inexactitud, decidió emprender un viaje a Grecia y a Oriente para verificar ciertos datos históricos y arqueológicos.

En el año 19, el poeta partió con destino a Grecia, visitando todos los sitios y comarcas del Asia Menor, en donde Homero encuadró y emplazó las acciones de sus epopeyas gigantes. Mas, al llegar a Atenas encuentra a Augusto con quien decide volver a Roma. Durante la travesía enferma gravemente y de sembarca en Bríndisi donde falleció a consecuencia de su complexión débil y enfermiza, menoscabada por las fatigas de una turbulenta navegación.

Al llegar a Atenas, encontró a Augusto, y decidió volver con él a Roma. Mas en el transcurso del viaje cayó enfermo y se vio obligado a desembarcar en Bríndisi, donde murió el 22 de septiembre del año 19 a. de C. En los últimos instantes fue asistido por sus amigos Vario y Tueca, a quienes Virgilio confió la tarea de destruir la Eneida, pues pensaba que esta obra era indigna de ser publicada.

Mas la Eneida fue apreciada en toda su magnificencia por los amigos de Virgilio, quienes conservaron celosamente esta obra maestra, testimonio de la eterna gloria de Roma, de la literatura latina y de la genialidad de su autor.

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo II Biografía de Virgilio Principe de los Poetas Editorial CODEX

Los Intercambios Culturales Entre Civilizaciones

Historia de los Intercambios Culturales

Desde la Antigüedad más lejana, las civilizaciones han influido unas en otras. La cultura occidental, tal como ha llegado hasta nosotros por intermedio de los griegos y los romanos, ha tomado prestados muchos conceptos al viejo Oriente. En la Edad Media la influencia de los árabes en Europa fue muy grande. Después del Renacimiento, la corriente de intercambios entre Europa y el resto del mundo fue muy intensa.

Las civilizaciones han influido en todo tiempo unas sobre otras; pero esta interpenetración ha sido especialmente notable entre Europa y Asia. En las antiguas fortalezas griegas de Micenas y Tirinto hay elementos decorativos orientales. Los puertos griegos del mar Negro y del Mediterráneo oriental sufrieron la influencia innegable de Persia. El arte, la mitología y la filosofía griegos tomaron prestados de Oriente muchos conceptos.

Las concepciones anatómicas de los sofistas, al igual que las de Platón, vienen probablemente de Asia. Lo mismo sucede con gran parte de los conocimientos astronómicos de los helenos. De hecho, la ciencia de los griegos se edificó sobre la base formada por ideas procedentes de la India, Mesopotamia o Egipto.

En efecto, en todos los dominios del saber, las ideas persas, egipcias e indias contribuyeron a la elaboración de la civilización griega, que más tarde influiría sobre Roma y se extendería por toda Europa. La civilización griega irradió igualmente su influencia hacia Asia; en Gandhara, en la India, surgió un arte greco-budista. Sabios griegos enseñaban en la India, e indios y chinos acudían a sus cursos; estos sabios tradujeron al griego libros budistas.

El imperio romano mantuvo también relaciones culturales constantes con Extremo Oriente, particularmente con la India y China. Hay quien dice que el Mahabharata, la gran epopeya de la India antigua, fue la fuente de inspiración de la Eneida, obra del poeta latino Virgilio. Los mongoles influyeron poderosamente en Bizancio y Rusia.

La cultura árabe influyó en la Europa del siglo VIII al XII, especialmente en España, donde aún subsisten numerosos monumentos árabes como la mezquita de Córdoba, la Alhambra de Granada y la Giralda de Sevilla. La obra de algunos sabios árabes como Averroes y Avicena gozaron de gran favor en toda Europa.

En España, las costumbres árabes influyeron asimismo en la vida de la corte. Algunos reyes españoles quisieron incluso que a sus hijos los instruyeran sabios musulmanes. Se crearon escuelas de traductores, la más importante de las cuales fue la de Toledo, fundada en 1130. Allí tradujeron al latín los escritos de los sabios árabes y los pusieron al alcance de Europa occidental.

Los reyes normandos de Sicilia adoptaron el derecho civil musulmán. La poesía siciliana, precursora de la italiana, se desarrolló gracias a los trovadores de la corte de Palermo, que imitaban a los ministriles musulmanes. Muchos estudiantes italianos, franceses y españoles, después de seguir los cursos de las escuelas árabes, enseñaron en las primeras universidades occidentales, calcadas del modelo árabe. Se ha dicho, y con justicia, que los árabes fueron los educadores de la Europa medieval.

Después de la toma de Constantinopla por los turcos, nació en Europa una nueva forma de la cultura: el Renacimiento, caracterizado por el retorno a las culturas griega y romana. Por otra parte, los grandes descubrimientos geográficos trastornaron la vida económica, y el individualismo reemplazó al ideal comunitario de la Edad Media.

La idea del lucro fue a menudo el móvil que incitó a las naciones de Europa a fundar colonias. Si a causa de ello las antiguas civilizaciones de los aztecas y de los incas fueron destruídas en gran parte, en contraposición debemos citar como ejemplo la obra admirable de los misioneros en la India, China y América. Sus incansables esfuerzos contribuyeron a la mejora de las condiciones de vida de la población indígena.

En el dominio de las ciencias y de las artes se produjo una compenetración recíproca: los miniaturistas y retratistas de la India y América se vieron influidos por las biblias ilustradas que llegaban de Europa y por los retratos realistas. En compensación, en iglesias de España y Portugal encontramos elementos típicos de la India.

De este período datan las traducciones de obras filosóficas de autores indios y orientales. En las obras de Leibniz, de Montesquieu y de Voltaire gravitan influencias chinas y persas. En la época en que el visir turco Ibrahim introducía en la corte de su padre político, el sultán, la atmósfera del  Versalles del siglo XVIII, se ponían de moda en Francia y otros países los cuadros de escenas turcas.

La literatura, la pintura y la música sufrieron también la influencia de Asia. En esta época las lacas de Japón y la porcelana de China gozaban de gran favor en Occidente. Moliere con su Burgués gentilhombre, Mozart con su ópera El rapto del serrallo y Beethoven con su Marcha turca, sancionaron esta extremada afición.

El importante movimiento cultural del siglo XVIII estuvo igualmente influido por Asia. Los antiguos moralistas chinos, especialmente Confucio, fueron citados por los deístas en muchas ocasiones.

Los filósofos ilustrados evocaban frecuentemente la sublime moral tradicional de China, que se había propagado sin intervención de la revelación. Goethe y Hegel sintieron profundamente el influjo de Oriente. Pintores como Watteau, Ingres y Delacroix; escritores como Mallarmé, Flaubert, Baudelaire y Loti, y músicos como Debussy y Francis Poulenc, estaban fuertemente penetrados de orientalismo.

El filósofo alemán Nietzsche tituló su principal obra: Así hablaba Zaratustra. En ella desarrolla su teoría del superhombre y la pone —sin motivo alguno aparente— bajo la égida de Zaratustra o Zoroastro, reformador de la antigua religión irania que vivió en el siglo VII antes de Jesucristo.

Más cerca de nuestros días, Claudel, Pearl S. Buck, Malraux y tantos otros se dejan hechizar por Oriente, y en todo Occidente se conoce y aprecia al pensador indio Rabindranath Tagore.

Desde hace unos decenios, el Nuevo Mundo ejerce considerable influencia sobre el Viejo Mundo, especialmente en el terreno de la publicidad, del cine y de la música moderna. La vida diaria se ha americanizado  también  notablemente, y de ello pueden dar testimonio los tocadiscos que funcionan echando una moneda, los pantalones téjanos, las barbacoas, los supermercados, los alimentos congelados, los libros de bolsillo y las técnicas de investigación de mercados y de relaciones públicas.

Historia de los Germanos o Bárbaros Vida y Costumbres

Historia de los Germanos
Pueblos “Bárbaros” de Europa

Los germanos, que representaron un papel tan importante en la historia de Europa, proceden de Escandina-via y del norte de Alemania. Eran feroces guerreros que pusieron en un brete al imperio romano, cuya caída acabaron por provocar, aunque también mantuvieron con ellos relaciones pacíficas. Su vida familiar era de tipo patriarcal, pero la mujer ocupaba en ella un lugar importante. Adoraban a las fuerzas de la  naturaleza.

Cuando, en el año 55 antes de Jesucristo, los romanos invadieron la Galia al mando de Julio César, entraron en contacto con los germanos a lo largo del Rin. Éstos no les eran totalmente desconocidos, pues se habían visto frente a frente cuando los cimerios y los teutones, dos de las tribus germánicas, marcharon sobre Roma (113 a 101 a. de J. C).
A partir de este momento, los germanos representaron un papel importante en la historia del imperio romano. Fueron para los romanos una constante amenaza, y acabaron provocando la caída de Roma.

¿Quiénes eran esos temibles germanos? Venían de Escandinavia y del norte de Alemania, y empezaron a extenderse hacia el año 1700 antes de Jesucristo. A principios de la era siguiente, hacia el 750 antes de Jesucristo (edad de hierro), ocupaban un territorio que se extendía del Weser al Vístula. Allí experimentaron la influencia de otros pueblos más civilizados, entre los que figuraban los celtas, representantes de la cultura de Hallstatt, de quienes adoptaron, entre otras cosas, la forma de sus espadas de hierro y la costumbre de edificar templos a sus dioses.

Germanos atacando

Germanos atacan a soldados romanos

Al principio, los germanos se hallaban divididos en gran número de pequeños grupos. El historiador Tácito, que en el año 98 dedicó a ese pueblo una de sus obras, los clasificó en tres grandes familias: la de los ingevones, que habitaba la parte nororiental de la Germania; la de los hermiones, que residía en el centro, y la de los istevones, que se extendía a lo largo del Rin. Resulta difícil en la actualidad verificar la exactitud de la división propuesta por Tácito.

Entre las tribus de la época mejor conocidas figuran los frisones y los bátavos, que ocupaban la  desembocadura  del  Rin;  los tencteros, entre el Ruhr y el Lahn; los queruscos, en los alrededores de Minden, y los lombardos y los suabos, a lo largo del Elba. Según Tácito, los germanos eran de elevada talla y robusta constitución, pelirrojos y con ojos azules de mirada feroz.

Después de cierto tiempo, los grupos crecieron y algunas de las tribus se fusionaron. Así nacieron los sajones, los francos, los alamanes y los godos, que desempeñaron un importante papel en la historia de la antigua Europa. Atraídos por los seductores relatos sobre las realizaciones de los romanos y por la fertilidad del suelo en ciertas comarcas del imperio, arrollaron la línea fronteriza Rin-Danubio, que los romanos establecieran para contenerlos.

Hacía ya mucho que los germanos habían dejado de ser verdaderos nómadas vestidos con pieles de animales; cuando los romanos se pusieron en contacto con ellos, vieron que aquellos a los que habían considerado siempre como «bárbaros» sabían cultivar la tierra, criaban ganado y llevaban vestidos cuya confección requería cierta habilidad.

En las regiones originalmente habitadas por los germanos se encontraron algunos aperos de labranza e incluso varios arados anteriores a sus primeros contactos con los romanos. Entre las plantas que cultivaban podemos citar la avena.

Pero su ocupación principal era la guerra. Habitaban una región poco fértil que pronto hubieron de defender contra los invasores. Un jefe, que siempre estaba en primera línea, les guiaba en la batalla. Se dirigían al combate llevando su espada y su escudo, pero raramente ceñían casco y coraza.

Eran magníficos luchadores, y los romanos acabaron por apreciar en su justo valor la fogosidad con que luchaban. Llegaron incluso a incorporar a sus propias legiones soldados germanos, ofreciéndoles la posibilidad de escalar los puestos más altos de la jerarquía militar.

Había príncipes germanos que iban a Roma a instruirse en el arte de la guerra, experiencia que no siempre tuvo un final feliz para sus maestros, los romanos.

Recordemos, a propósito de ello, a Arminio, príncipe querusco que fue el primer resistente en la historia de los germanos y tomó el mando de un grupo de guerreros exasperados por la despiadada gestión de Quintilio Varo, cónsul de las legiones romanas en Germania durante el reinado de Augusto. El propio Varo y gran número de soldados romanos perecieron en el desastre del bosque de Teutoburgo (año 9 d. de J. C). De no haber caído víctima de una conjuración en el año 21, Arminio habría puesto los cimientos de un poderoso reino germánico.

La vida familiar de los germanos era esencialmente patriarcal. Como padre y esposo, el hombre ejercía gran autoridad sobre la mujer, aunque no tenía derecho de propiedad sobre la dote que ésta aportaba, sino sólo de usufructo.

De acuerdo con las leyes en vigor, esa dote debía componerse únicamente de bienes muebles, A pesar de ese sistema de vida, la mujer ocupaba entre los germanos un lugar importante. En casa era la que regentaba la familia, ocupándose de la educación de los niños y de que no faltara la comida. Velaba también por la salud de los suyos, pues entre los germanos la medicina era tarea propia de mujeres.

Sus alojamientos estaban hechos de madera y arcilla con techo de chamiza; no conocieron las casas de piedra hasta que entraron en contacto con los romanos. Tácito cuenta que no conocían el mortero ni las tejas, y que incluso llegaban a excavar en la tierra sus moradas, recubriéndolas de estiércol; las ocupaban en invierno, pues se sentían mejor protegidos contra el frío.

De ellos provienen los idiomas llamados germánicos: el inglés, el alemán, el holandés, el dialecto que hablaban los bóers de Sudáfrica, el sueco, el noruego, el danés y el islandés. El gótico, lengua desaparecida, era también de origen germánico, y en él escribieron sus textos más antiguos, entre los que debemos mencionar una traducción de la Biblia que data del siglo iv y que empezó allá por los alrededores del año 370 el obispo visigodo Wulfila. Este era uno de los representantes más eminentes del arrianismo, herejía muy extendida entre los germanos.

Wulfila, inspirándose en las runas germánicas tanto como en los caracteres griegos y romanos, compuso un alfabeto gótico. En esta época existían ya diversas lenguas germánicas, pero la producción literaria no empieza hasta la Edad Media.

En lo que concierne a las artes menores, los germanos conocieron una época de prosperidad durante la edad de bronce. Se han encontrado numerosas armas y joyas pertenecientes a esta época.

Al principio, como todos los pueblos primitivos, los germanos adoraban a las fuerzas de la naturaleza.

Mito De La Lucha Entre Dioses,Titanes y Ciclopes Zeus y Cronos

MITOLOGÍA GRIEGA:LA BATALLA ENTRE DIOSES Y TITANES

Los pueblos más primitivos y, luego, las primeras civilizaciones, tenían diversas creencias sobre las cosas que los rodeaban. La mayoría de las veces asistían temerosos, asombrados, a las fuerzas potentes de la naturaleza; en otras ocasiones, la grandeza y la belleza de los hechos que presenciaban los emocionaban. Poco a poco trataron de dar una explicación a lo que sucedía.

Mas, como no encontraban razones y no eran aún capaces de relacionar los hechos, recurrieron a la imaginación. Y esta fértil imaginación del hombre tejió historias increíbles, relatos maravillosos, plenos de belleza y de sentimientos. De estos relatos y de las prácticas mágicas y religiosas que los hechos les inspiraban, nacieron los mitos y la mitología.

Cada pueblo posee su mitología, pero los mitos griegos están considerados como los más bellos y refinados que se conocen de todos los pueblos antiguos. Ellos forman parte de la herencia literaria y cultural que nos han legado los griegos.

Mitos, leyendas, historias, hazañas, aventuras entre dioses, héroes y hombres. Esos relatos llenaron la vida cotidiana de los griegos. Era una época donde los hombres vivían con sus dioses inmortales que, según ellos, moraban en el monte Olimpo y desde allí presidían todos los actos humanos.

lucha de titanes y dioses

EL MITO DE LA BATALLA ENTRE TITANES Y DIOSES

homero

Homero, el mayor poeta de la antigua Grecia (vivió, probablemente, en el siglo IX a. de C), recogió mitos y tradiciones populares muy antiguos. Él nos cuenta que el gigante Atlas o Atlante sostenía las altas columnas que separaban el cielo de la tierra. El poeta griego Hesíodo (siglo VIII a. de C), que se ocupó de la historia de los dioses griegos y de la formación del mundo, relata el mito de los Titanes y el castigo que impuso Zeus a Atlas.
El mito comienza en una época muy remota, en un pasado muy lejano, tan lejano como fueron los comienzos del mundo.

En esos primeros tiempos, cuando ya estaban creados la tierra, el cielo, las montañas y los mares, ei dios más poderoso del mundo para los griegos era Urano. Este dios casó con la diosa Tierra y tuvieron muchos hijos inmortales. Entre éstos estaban los Titanes, dioses enormes y dueños de un temible poder, y los feroces Cíclopes, grandes dioses que tenían un solo ojo en el centro de la frente.

Por entonces, el poder de Urano era inmenso; todos le obedecían y pudo reinar durante muchos años felices, ya que por aquellos tiempos no existían la muerte, ni el mal, ni el odio.

Pero… siempre hay un pero que suele cambiar la situación…

Un día, los Titanes se mostraron desobedientes e irrespetuosos con Urano, y éste decidió castigarlos. Con el enojo de Urano, cielo y tierra se estremecieron.

Viendo la furia de Urano, Tierra le suplicó que perdonara a estos hijos desobedientes: “Señor de todo el mundo, perdona a nuestros hijos y no traigas desgracias a la familia de los dioses”.

Respondió Urano: “Madre de los dioses, cuando los hijos no respetan a su padre, deben ser desterrados de la luz del día”.

Y arrojó a los gigantes al Tártaro, la región tenebrosa y profunda de los infiernos.

La esposa de Urano, sin embargo, pensando que eran sus hijos, decidió animarlos para que resistieran. Y, con la ayuda de la madre, Cronos -el más ambicioso de ellos- escapó de la prisión y volvió al mundo luminoso del día. Ya había pensado arrebatar el trono a su padre; de modo que, en cuanto se le presentó la oportunidad, encontrándolo dormido, golpeó a su padre y lo dejó sin poder. Así usurpó Cronos el trono de Urano.

El reinado de Cronos desató grandes desgracias en el mundo, ya que su poderío provenía de un hecho maligno. Dejó en libertad a los Titanes y el mundo se llenó de terror, odio, miedo, venganza y guerra.

Andando el tiempo, Cronos casó con Rhea y tuvieron hijos. De ellos, fue Zeus el señalado por el oráculo para destronar y suceder en el poder a su padre.

Zeus creció hasta llegar a ser un joven hermoso, fuerte y valiente. Cuando se enteró de que el mal y la injusticia continuaban existiendo en el reino de su padre, decidió expulsar a Cronos del trono de los dioses. Se repetía la historia, el hijo contra el padre, pero ahora para bien de todos.

Entonces, comenzó la batalla más imponente que conoció el mundo: la de Zeus y los dioses contra los Titanes.

La lucha causó una tremenda destrucción en el mundo. Zeus descendió al Tártaro y puso en libertad a los Cíclopes, convirtiéndolos en aliados suyos. Los Cíclopes pusieron la fuerza destructora del rayo en su poder. Entonces, la tierra fue sacudida por los terribles rayos y relámpagos que lanzaba Zeus sobre los Titanes. Éstos, con una fuerza descomunal, descargaban rocas gigantescas sobre sus enemigos.

A su vez, los Dioses del Olimpo, armados con lanzas y espadas, cayeron sobre los gigantes con ímpetu feroz. La tierra, el mar y el cielo se habían convertido en un gigantesco infierno. Nunca se había presenciado una guerra tan despiadada como la sostenida entre dioses y Titanes.

Finalmente, los dioses resultaron vencedores.

Cuando Zeus regresó victorioso al monte Olimpo comenzó la tarea de reconstrucción del mundo: fertilizó la tierra destruida, devolvió la paz a los hombres, restableció el orden y la justicia.

Entre otras cosas, impuso un eterno castigo a Atlas o Atlante por haber participado a favor de los gigantes.

Zeus transformó a Atlas en altísima montaña, condenándolo a sostener la bóveda del cielo, representada por una esfera, sobre sus hombros.

zeus dios griego

Zeus, en la mitología griega, dios del cielo y soberano de los dioses olímpicos. Zeus corresponde al dios romano Júpiter. Según Homero, se consideraba a Zeus padre de los dioses y de los mortales. No fue el creador de los dioses y de los hombres; era su padre, en el sentido de protector.

Ver: Mitologia Griega – Los Dioses del Olimpo

Fuente Consultada:
DIMENSION 2007 Manual 7° Grado de Alberto Pogliaro Edit. Kapelusz

Historia de los Longobardos Origen Religion Costumbres

Germanos es una palabra celta cuyo significado es: “hombres que lanzan el grito de guerra” y fue utilizada por los romanos para designar a todas las poblaciones que tenían su residencia en la margen derecha del Rin, y, en general, al este de ese río. Los germanos habitaban en la Europa Central: a lo largo de la ribera derecha del Rin, y en ambas riberas de los ríos Elba, Oder, Danubio y Vístula.

A partir del siglo II de nuestra era, algunos pueblos germánicos (también llamados “bárbaros” por los romanos, que denominaban así a todo lo que no era romano) comenzaron a hacer irrupciones a través de las fronteras del imperio.

Hacia el fin del siglo VI, casi todos los pueblos germánicos no sólo habían entrado en contacto con la civilización romana, sino que, en muchas invasiones, habían evidenciado tener una aplastante superioridad militar sobre el decadente y debilitado imperio de los romanos. Por otra parte, el prolongado contacto con muchas instituciones romanas les había inducido a adoptarlas, y llegaron así a adquirir un grado de civilización bastante elevado.

Uno de los pocos pueblos que todavía conservaba las instituciones tradicionales de las tribus germánicas de allende el Rin, en razón del poquísimo contacto tenido con las poblaciones sometidas a la autoridad imperial, era el de los llamados longobardos.

Vesrtidos del Pueblo Longobardo

Soldado

POR QUÉ SE LLAMABAN  LONGOBARDOS
El origen de los longobardos es un tanto oscuro; sin embargo, en la actualidad se considera como su más probable lugar de origen la península escandinava. De haber sido así, los estudiosos estiman probable que su migración hacia el continente se haya verificado hacia el siglo I antes de Cristo.

Primeramente habrían poblado la parte inferior del curso del Elba, donde instalaron moradas permanentes, hasta que, en el siglo VI, consiguieron penetrar hacia el centro de Europa, y exactamente en la región occidental de la llanura húngara.

Parece ser que antiguamente las gentes de este pueblo eran llamadas vinilos (nombre derivado de la palabra escandinava vina, combatir), que significa “guerreros”, y que sólo cuando se instalaron definitivamente en el territorio de la Alemania actual cambiaron su nombre por el de longobardos.

Y como en Escandinavia se llamaba “longobardiz” (guerreros que atraviesan el mar) a todos los soldados mercenarios que dejaban su patria para ir en busca de una fortuna mejor, se presume que los “vinilos” tomaron para sí tal nombre cuando abandonaron para siempre su tierra.

Otros creen que los longobardos comenzaron a ser llamados así porque usaban barba larga (“langbarte”), y no faltan los que afirman que el origen del nombre reside en que combatían usando una larga lanza, la cual, en lengua alemana, es llamada “hallbard”   (alabarda).

SUS CREENCIAS Y COSTUMBRES
El dios supremo de los pueblos germanos era Odín, símbolo de la tempestad. Se lo representaba con vestiduras de guerrero, con un yelmo de oro en la cabeza y la terrible alabarda en la mano.

Odín era, sobre todo, el dios de los guerreros; tomaba parte en la batalla, daba la victoria a quien quería y decidía quién debía morir en el combate.

Los longobardos creían que los guerreros muertos con honor en el combate eran conducidos por el mismo Odín al Walhalle (la morada de los muertos), una especie de paraíso en el cual los héroes habrían de gozar de una gloria eterna.

Y en razón de hallarse convencidos de ser el pueblo más belicoso de entre las tribus germánicas, los longobardos se consideraban los predilectos de Odín.

Sustentaban la creencia de que Odín, para hacerlos invencibles durante las batallas, enviaba en su ayuda a los cinocéfalos (del griego “kinos”, perro y “kefalé”, cabeza; o sea, hombres con cabeza de perro), los cuales, con su terrible aspecto, esparcían el terror entre las filas adversarias.

Los longobardos habitaban cabañas de madera con techo de paja, detrás de las cuales solía haber una parcela rodeada por un seto vivo o un vallado. Los utensilios de uso diario se limitaban a lo estrictamente necesario: un molino portátil para moler el grano, algunas ollas de cobre o de barro, cuernos de buey indistintamente usados para conservar el aceite o para beber, y algunas pieles sobre las cuales dormían. Los más bravos guerreros colgaban, de las paredes de sus cabanas, cráneos de enemigos muertos por ellos.

El año 568, guiados por su joven rey Albuino, abandonaron la llanura húngara y se dirigieron hacia la península italiana: sumaban tal vez 250.000 personas, entre hombres, mujeres y niños. La parte que ocuparon tomó el nombre de Longobardia (tal como Andalucía lo tomó de otros invasores bárbaros, los vándalos, que la llamaron “Vandalucía”). De aquel nombre deriva el actual de Lombardía, dado a una extensa región septentrional de la península italiana.

Las tropas de este pueblo conquistador no se hallaban totalmente integradas por los longobardos, sino que formaban parte de las mismas el pueblo de los gépidós (a cuyo rey había matado Albuino algunos años atrás), así como también numerosos aventureros sármatas, búlgaros, bávaros y sajones, atraídos todos ellos por las perspectivas de combate y pillaje.

El ejército cruzó la cordillera alpina por el paso de Predil (hacia el norte de Venecia) y avanzó rápidamente por la llanura del Po, siempre en marcha hacia el sur. Tras algunos combates, de los cuales salió victorioso, ocupó la región de Venecia (donde fundó el ducado de Friule), tomó Milán en setiembre de 569, y toda la cuenca del Po, la Emilia y Toscana (570), el ducado de Benevento y la ciudad de Pavía, donde constituyó la capital de su nuevo reino.

Este reino habría de durar hasta 774, fecha en que fue conquistado por Carlomagno e incorporado al imperio de Occidente. Los territorios conquistados fueron divididos en 36 ducados, cuyos poseedores elegían al nuevo rey, pues no existía un régimen de sucesión hereditaria. A la muerte de Albuino (572) los duques implantaron un gobierno colectivo, pero al año siguiente volvieron al régimen monárquico, designando como soberano a Clefis, quien apenas logró gobernar algo más de un año.

Bajo relieve Siglo VI Representa a Odín

LA CONVERSIÓN AL CRISTIANISMO
Rústicos, inciviles, y sólo interesados por el saqueo, los longobardos no manifestaron interés por aceptar ninguna de las limitaciones que las leyes romanas imponían a los pueblos extranjeros, y, naturalmente, no apreciaron instituciones que, como la esclavitud, eran fundamentales dentro de la vida romana. Durante el primer período de su invasión, igualmente, se manifestaron irrespetuosos hacia el cristianismo y su jerarquía, habiendo sido señalados como enemigos encarnizados de la fe cristiana.

En su obra de saqueo, entonces, no hallaron motivo alguno para excluir las iglesias, de cuyos bienes se apropiaron sin escrúpulos de conciencia, ni vacilaron tampoco, cuando lo consideraron conveniente, en asesinar a los sacerdotes y dignatarios eclesiásticos de todas las categorías. Cuando arrasaban una ciudad, las iglesias sufrían la misma suerte de los restantes edificios que en ella había.

Gregorio Magno

Pero, a comienzos del siglo vn, se produjo un acontecimiento de importancia que cambió por completo su modo de vivir. En 591, la reina Teodolinda (viuda de Autario, rey de los longobardos) contrajo nuevas nupcias con el rey longobardo Agilulfo, y, desde entonces, con ayuda del papa Gregorio Magno, se consagró a la tarea de lograr que su pueblo se convirtiese al cristianismo.

Su obra fue coronada por el éxito: hacia el fin del siglo VII, casi todos los longobardos habían abrazado la religión de Cristo. Y de este modo se volvieron menos feroces y comenzaron a apreciar los valores de la civilización romana, europea y occidental.

Los longobardos hicieron construir muchos edificios en Italia: la basílica de San Pedro en Cielo de Oro, de Pavía, y la catedral de Monza, se hallan entre los más famosos. Este último fue levantado en 602 por la reina Teodolinda. Además de los sepulcros de esta reina y de su esposo Agilulfo, en la catedral de Monza se custodian muchos tesoros de los reyes longobardos. Uno de los más famosos es la “corona de hierro”, así llamada porque en su parte interior lleva un aro de ese metal, confeccionado, según lá leyenda, con el hierro de uno de los clavos de la cruz de Cristo. Esta corona fue usada para la ceremonia de coronación de varios soberanos, el último de los cuales fue Napoleón.

LAS LEYES DE ROTARIO: Asi como otros pueblos que no han alcanzado un cierto grado de civilización, los longobardos consideraban la venganza como una forma natural de la justicia. Cuando un longobardo era asesinado, todos sus parientes tenían el derecho de vengarlo matando al asesino o a su familia. Ésta y otras sanguinarias disposiciones fueron abandonadas cuando se convirtieron al cristianismo, adoptando, en este orden, las prácticas que son comunes a todos los pueblos cristianos.

Un rey que se preocupó por hacer más humanas las leyes que regulaban la vida de su pueblo fue Rotario. Éste, en 643, promulgó en lengua latina un edicto según el cual la venganza fue sustituida por el “guidrigildo” o sea la compensación monetaria por el daño causado. He aquí algunas de sus leyes.

“Si alguno provocara tumulto en la iglesia pagará una multa de 40 sueldos en beneficio del venerable lugar. Y los 40 sueldos de dicha multa serán depositados sobre el sagrado altar donde la ofensa hubiese sido cometida.

Si alguno hubiera apaleado a otro hasta el punto de romperle los huesos, por cada hueso quebrantado pagará la suma de 12 sueldos. Si un hombre hubiera matado a otro pagará a los deudos una indemnización compensatoria de la pérdida ocasionada. Si alguno hubiera cortado la mano a otro, pagará la mitad del precio que sería fijado para el caso de haberío muerto.”

Cuando en 774 los francos arrollaron a los longobardos en la península italiana, éstos constituían ya un pueblo civilizado que fue poco a poco fundiéndose con el resto de la población peninsular.

Fuente Consultada:
Enciclopedia Ilustrada del Estudiante Tomo IV  – Historia de los Longobardos –

Tribuno Tiberio Graco Guerra de Yugurta Los Hermanos Gracos Proyecto

roma antigua

LECCIÓN X
LOS GRACOS (134-100)

  1.   Primera guerra de los esclavos. Se había aumentado de una manera extraordinaria el número de esclavos, procedentes de los prisioneros que se hacían en las guerras extranjeras, de la piratería, y hasta de los mismos plebeyos, que por su pobreza venían  a caer en tan miserable estado; y que por la desaparición de los colonos y pequeños propietarios libres, todas las faenas agrícolas vinieron a ser desempeñadas por los esclavos.

El trato que estos desgraciados recibían de sus señores no podía ser más cruel e inhumano: mal alimentados, albergados en hediondos calabozos, arrastrando pesadas cadenas, y aplicándoles los más terribles castigos por las faltas más insignificantes; el sufrimiento y la paciencia llegaron a acabarse, y se levantaron contra sus dominadores en Sicilia.

La mayor fertilidad de aquella isla, que continuaba siendo el principal granero de Roma, había aglomerado allí de tal manera los esclavos, que se contaban diez por cada  hombre libre. Allí fue donde Euno, esclavo sirio, se puso al frente de sus compañeros, tomó el título de rey Antíoco, y pasaron a cuchillo a sus amos, reuniendo en poco tiempo un ejército de 70.000 hombres, que se aumentó después con los esclavos sublevados en Agrigento por el siciliano Cleon, hombre enérgico y activo, que hizo causa común con Euno.

Durante cuatro años los pretores mandados por Roma fueron derrotados por Euno, que se apoderó de Enna, Tauromenium y otras plazas, preparándose a pasar a Italia, donde los esclavos comenzaban a agitarse. Por fin el cónsul Pison les obliga a levantar el sitio de Mesina, se apodera de Tauromenium, quitando la vida a cuantos prisioneros caen en su poder; y venciéndolos cerca de Enna, donde perecieron 20.000 esclavos, y muerto poco después su jefe Euno, la guerra quedó concluida.

  1. Tiberio Graco: su tribunado. La decadencia de la sociedad amenazaba destruir el poder romano, si no se ponía pronto y eficaz remedio: los que lo habían intentado, faltos de valor, cedieron en su empeño para evitar los graves peligros que había que arrostrar al realizarlo. En estas circunstancias aparecen los Gracos.

Tiberio y Cayo Graco eran hijos de Sempronio Graco, que se había distinguido en las guerras de España, y de Cornelia hija de Escipión el Africano. Muerto Sempronio, la virtuosa Cornelia dedicó toda su atención y sus cuidados a proporcionar a sus hijos la mas esmerada educación, consiguiendo hacer de sus dos joyas, como les llamaba, hombres instruidos, elocuentes, y virtuosos republicanos.

Tiberio Graco:

Tiberio, el mayor, que se había señalado por su valor en el sitio de Numancia, y que en sus campañas había observado la miseria de los pueblos y la ruina de la agricultura en poder de los esclavos, se propuso remediar los males de su patria, y con este fin solicitar el nombramiento de tribuno.

  1. Proyectos de Tiberio Graco: su muerte. Tiberio, ayudado del consejo de los ciudadanos más prudentes de la República, propuso el restablecimiento de la ley agraria de Licinio Estolon, como único medio de reparar los males de la patria; pero para hacerla aceptable por los nobles, que se habían apoderado del ager publicus, cuya propiedad era del Estado, se acordó que a cada ciudadano se le dejarían 500 yugadas de tierra, además de su patrimonio, y 250 a cada uno de los hijos; debiendo abandonar todo lo restante, cuyo importe les abonaría el Estado, para repartirlo en pequeños lotes de 30 yugadas entre los ciudadanos pobres y aliados italianos.

A pesar de las moderadas pretensiones de esta ley, los  nobles que por ella perdían parte de su influencia y de su fortuna, se oponían tenazmente, consiguiendo que el otro tribuno, Octavio, interpusiera su veto en el momento de la votación. Indignado Tiberio, propuso una ley por la cual los nobles habían de abandonar todas las tierras usurpadas al Estado. La oposición de la nobleza fue entonces mayor, y Octavio interpuso nuevamente su veto. En esta situación Tiberio acude al pueblo, y, sin respetar la inviolabilidad de su cargo, consigue que sea depuesto su colega, votándose la ley, y nombrándose una comisión encargada de hacerla cumplir.

Con estas medidas, Tiberio se había enajenado las simpatías de toda la nobleza, cuya hostilidad hacia el tribuno aumentó por haber mandado éste distribuir al pueblo los bienes de Atalo rey de Pérgamo, legados a Roma. Para completar su obra, Tiberio pretende ser reelegido en el cargo de tribuno; pero los nobles, dirigidos por Escipión Nasica, promueven en el momento de la elección un gran alboroto, en el cual pierden la vida Tiberio y 300 de sus parciales.

  1. Cayo Graco su primer tribunado. A la muerte de Tiberio, el senado y la nobleza persiguen cruelmente a todos sus partidarios. Hostigado así el partido popular, presenta el tribuno Carbon algunas leyes contrarias a los intereses de la nobleza, pero fueron combatidas por Escipión Emiliano, que se atrajo por esta causa y por haber aprobado en público la muerte de Tiberio, la enemistad popular: poco después el destructor de Cartago fue asesinado en su propio lecho, sin que se supiera por quién.

Mientras estas luchas se sostienen en Roma, el senado había conseguido alejar a Cayo Graco, nombrándole cuestor de Cerdeña; pero éste, abandonando su cargo, volvió a Roma, y a pesar del senado, y de la influencia de toda la nobleza, fue elegido tribuno, recibiéndole el pueblo con el mayor entusiasmo.

Cayo Graco, estaba animado de las mismas ideas, y acariciaba los mismos proyectos de su hermano. Así es que el primer acto de su magistratura fue poner en vigor la ley agraria, y promulgar otras varias, todas en favor de los pobres, y en menoscabo del prestigio del senado y de la nobleza tales fueron, la venta del trigo a bajo precio, la reparación de los caminos y la construcción de otros nuevos, el establecimiento de colonias, el equipo de las tropas a cargo del Estado, y el aumento del impuesto sobre los objetos de lujo. Por otra parte, propuso la concesión del derecho de ciudad a los latinos, y del derecho itálico a todos los aliados de Italia; pero su mayor triunfo consistió en privar a los senadores del poder judicial, que pasó al orden de los caballeros.

Todas estas medidas, así como su honradez y severidad de costumbres, y la moralidad que procuró introducir en la administración de la república, le conquistaron el entusiasmo del pueblo y el apoyo del ejército y de los caballeros, sin que el senado ni la nobleza se atreviesen a poner obstáculos a tanta popularidad. Así es que, terminando su primer tribunado, fue reelegido por el pueblo.

  1. Segundo tribunado de Cayo Graco: su muerte. La actividad, la inteligencia y la energía no le abandonaron en el segundo año de su tribunado, promulgando nuevas leyes en favor de los caballeros, limitando la influencia de los cónsules en las provincias y confiriendo el derecho de ciudad a los Latinos aliados. No pudiendo luchar de frente con el célebre tribuno, el senado se valió de su colega Livio Druso, que de acuerdo con la nobleza, y con el fin de minar el crédito de su rival, propuso leyes mas favorables al pueblo que las de Cayo, aumentando el número de colonias, rebajando mas todavía el precio del trigo, y dispensando a los pobres del pago del canon por las tierras que aprovechaban del Estado. Con estas medidas el prestigio de Graco se fue debilitando ante la multitud inconstante, que ya encontraba poco beneficiosas sus leyes.

Para recobrar su popularidad, Gayo Greco aceptó el encargo del senado de marchar a Cartago, para organizar allí una colonia; pero cuando a los 70 días volvió a Roma, pudo comprender cuánto le había perjudicado aquella ausencia, que había servido a los nobles para destruir toda su influencia, viéndose rechazado por el pueblo cuando solicitó por tercera vez el tribunado.

El senado revistió al cónsul Opimio de poderes ilimitados, el cual propuso la anulación de todas las reformas de Cayo y oponiéndose éste con sus partidarios, el cónsul los derrotó en el monte Aventino, pereciendo hasta 3.000 y el mismo Cayo Graco a manos de los aristócratas, que persiguieron de una manera implacable a todos los amigos del tribuno.

Con la muerte de Gayo Graco, todas sus reformas quedaron anuladas; la democracia quedó al parecer ahogada en sangre, y Roma entregada a los oligarcas.

  1. Resultados del tribunado de los Gracos. A pesar de los esfuerzos del senado, para abolir cuanto habían hecho los Gracos, aquellas reformas en cuanto tenían de justas y necesarias, sobrevivieron a sus autores, y dieron inmensos resultados.

Así, todos los esfuerzos de la reacción no fueron bastantes, para arrancar a los caballeros el poder judicial que se les había concedido, no consiguiendo otra cosa que indisponerlos con la nobleza y con el senado. Las leyes agrarias que habían hecho conocer al pueblo el mecho de salir de la miseria, al ser abolidas, produjeron en esta clase una animosidad profunda contra los nobles, que bien pronto había de dar sus frutos en las guerras civiles de Mario y Sila. Por último, los italianos llamados por los Gracos al derecho de ciudad, no cesarán en sus exigencias, pacificas ó a  mano armada, hasta ver cumplidos sus deseos.

De manera, que casi todos los grandes acontecimientos políticos del último siglo de la República, tienen su raíz y fundamento en las reformas planteadas por los Gracos.

Ampliar Este Tema

  1. Juicio sobre el tribunado de los Gracos. La revolución de los Gracos es quizá el hecho mas importante de la historia de la República romana, no tanto por lo que significa en si misma, y en sus inmediatas consecuencias, como por lo que representa en los destinos de Roma.

Las pretensiones de los Gracos se reducían a mejorar las condiciones de los plebeyos pobres, y a extender el derecho de ciudad a los italianos. En cuanto a lo primero, nada era mas justo que sacar de la miseria a los que habían derramado su sangre en las continuas conquistas de Roma, y que venían siendo victimas de la tiranía y de la avaricia de los nobles. El mal era tan grande que, antes de los Gracos, todos los personajes honrados é imparciales lo habían comprendido, aunque les faltara el valor para corregirlo, quizá por el temor de las complicaciones a que había de dar lugar una reforma semejante. Los Gracos, mas atrevidos y mas patriotas, acometieron esta empresa colosal, no llevados de la esperanza de medro personal, sino con las mas puras y rectas intenciones, movidos exclusivamente por el bien del pueblo y la salud de la República. Los oligarcas oponiéndose tenazmente a las reformas, y procurando destruirlas tan luego como fueron sacrificados sus autores, agravaron esta llaga social por el encono que estas medidas produjeron en los plebeyos, é hicieron necesarias las luchas sangrientas que tuvieron lugar en el siglo siguiente.

En cuanto a la extensión del derecho de ciudad a los italianos, los Gracos tenían igualmente de su parte la justicia y la conveniencia de Roma. La justicia por cuanto Roma los había igualado a sus ciudadanos en todo lo que constituía una carga, un servicio, ó un deber, hasta el punto de que la mayoría en los ejércitos que habían llevado a cabo tantas conquistas, eran italianos; y es justo que los que son iguales en los deberes y sacrificios, lo sean también en las ventajas y en los derechos. La intransigencia y el orgullo del senado hicieron estériles en este punto los esfuerzos de los Gracos, costando después ríos de sangre lo que entonces pacíficamente se hubiera podido practicar.

Así se comprende que la extensión del derecho de ciudad a los italianos, era conveniente para Roma. La misión de ésta era asociar todos los pueblos a su propio destino. Esa fusión que tarda seis siglos en realizarse dentro de Roma, por los esfuerzos de los reyes primero, y por la lucha de los plebeyos contra los patricios después, comienza desde los Gracos a extenderse fuera de la gran ciudad, y se comunicará con el tiempo, gracias a César y a la amplitud de ideas del Imperio, a todos los pueblos que vendrán a formar así un solo cuerpo, cuya cabeza será Roma.

Lo anterior dicho  justifica a los Gracos y sus reformas; y si bien es cierto que debe censurarse la fuerza y la violencia de que se valieron para emprenderlas, no es menos cierto que a ello fueron provocados por la obstinada resistencia de los oligarcas.

  1. Guerra de Yugurta. Después de la destrucción de Cartago, Masinisa reinó en Numidia, protegido siempre por los romanos. A su muerte, le sucedieron sus hijos Micipsa, Gulusa y Mastanabal, pero por muerte de los dos últimos, quedó Micipsa como único rey, y adoptó a Yugurta, hijo de Mastanabal, que se había distinguido en las guerras de los romanos en España. Micipsa dejó dos hijos, Hiempsal y Aderbal, dividiendo su reino entre éstos y su sobrino, por iguales partes.

Descontentos los hijos de Micipsa por la parte asignada a Yugurta, y aspirando éste a reinar solo, la guerra estalló entre ellos, penetrando Yugurta en el territorio de Hiempsal, que fue asesinado por su mandato. Aderbal que implora la protección de los romanos, ve sin embargo invadido su país por Yugurta, y sitiado en su capital Cirta, tuvo que rendirse, perdiendo también la vida por orden de su primo, a pesar de la presencia de los comisarios romanos vendidos al oro del africano.

Guerra de Yugurta

Indignada Roma con los crímenes de Yugurta, le declara la guerra, enviando contra él un ejército a las órdenes de Calpurnio Bestia, que se dejó sobornar y concertó la paz con el africano, que llamado a Roma para justificarse, encontró medio de ganar a los principales personajes a fuerza de dinero; pero el asesinato de otro de sus primos, hijo de Gulusa, le obligó a salir de Roma, exclamando; ciudad venal, tú te venderías si encontraras comprador.

  1. Derrota y muerte de Yugurta. Después de la derrota de Aulo Postumio, que tuvo que pasar bajo el yugo él y su ejército, y firmar un nuevo tratado de paz, Roma cansada de tanta inmoralidad en sus generales, y de los crímenes de Iugurta, mandó contra él al incorruptible Metelo, que en poco tiempo se apoderó de varias plazas, y venció en varios encuentros al enemigo, obligándole a pedir la paz. Metelo con animo de apoderarse de su persona, le exige que se presente él mismo en su campamento, y conocida la estratagema por Yugurta, se renueva la guerra; pero el general romano, después de varias victorias, tuvo que entregar el mando a Mario, su lugarteniente, que había obtenido en Roma el consulado.

Al frente de un ejército de proletarios y de la gente más perdida del pueblo, Mario se presentó en África, apoderándose de varias plazas y derrotando al mismo Yugurta, unido con su suegro Bocco rey de Mauritania, que lo entrega a Sila, cuestor de Mario. Yugurta fue conducido como prisionero a Roma, y encerrado en la prisión Mamertina, donde se dejó morir de hambre. Numidia fue dividida por los romanos, dando la parte accidental a Bocco, y colocando en el pequeño Estado de la oriental a Goda hermano de Yugurta.

  1. Juicio sobre la guerra de Yugurta. Nada prueba mejor el rebajamiento y la inmoralidad de Roma a  fines del siglo II, que la guerra de Yugurta. Aquellos generales, aquellos cónsules, y hasta aquel senado, se dejan sobornar por el oro del rey de Numidia, posponiendo los intereses, el honor y la dignidad de Roma a su sed de riquezas. Pueblos que de tal manera pierden el sentido moral, no son dignos de gobernar el mundo; ó han de desaparecer, ó vendrán indefectiblemente a parar a la tiranía. Afortunadamente esto último es lo que sucede en Roma, que ensaya el poder personal con Mario, Sila y César, para concluir en el despotismo del Imperio.

La guerra yugurtina casi concluida por el aristócrata Metelo, pero que tuvo la fortuna de terminarla Mario, que era el ídolo del pueblo, contribuyó a enconar mas y mas los odios de los dos partidos, atribuyéndose ambos la gloria del triunfo. De todas maneras es indudable que Mario consiguió en ella asentar la base de su futura dominación.

Por otra parte, la costumbre introducida por primera vez en esta guerra, de reclutar el ejército entre los hombres sin propiedad y sin derechos, que por consiguiente no tenían lazo alguno que los uniera al Estado, trajo funestos resultados a la República; pues los ejércitos así constituidos, esperándolo todo de su general, se unían estrechamente a él, dispuestos a secundarle en todas sus empresas. Así comienzan a formarse  los partidos, cuyas sangrientas luchas abreviaron los días de la República.

  1. Conquista de  Galia Narbonense. Marsella, antigua aliada de Roma, había extendido su comercio por todo el Mediterráneo occidental, cuando se vio libre de la competencia cartaginesa, después de las guerras púnicas.

Tanta prosperidad la hizo pensar en la dominación da los pueblos del interior de Galia; pero careciendo de ejércitos de tierra para combatirlos, tuvo que apelar a Roma, que mandó en seguida sus legiones, logrando en poco tiempo apoderarse de los territorios entre el Var y el Ródano (Provenza), aumentando los dominios de Marsella, y estableciéndose los romanos en los puntos mas importantes.

Pasando después el Ródano, se apoderaron de Narbona, haciéndola capital de todo aquel país, que con el nombre de Galia Narbonense, fue la primera y única provincia que por algún tiempo poseyeron los romanos en Galia Transalpina.

  1. Invasión de los Cimbrios y Teutones. Los Cimbros, procedentes del Jutland (Quersoneso Címbrico), y los Teutones, de Germania, huyendo tal vez de las inundaciones del Báltico en las tierras bajas de la Dinamarca y Prusia actual, se dirigieron en número de 300.000 a las regiones meridionales, devastando cuanto encuentran a su paso, llegando hasta Nórica y Panonia, donde derrotaron un ejército romano.

Corriéndose después estos bárbaros a Helvecia (Suiza) y a l Galia, vencen cerca de Aix (Aquax Sextice) al cónsul Silano, y poco después sufren la misma suerte las armas romanas en Agen y en Orange: los bárbaros en vez de penetrar en Italia se dirigen a los Pirineos, inundando la parte septentrional de la península española.

En tanto Roma, terminada la guerra de Yugurta, y siendo entonces Mario el general de mas prestigio, le confía el mando del ejército de Galia. Mario, aprovechando la ausencia de los bárbaros, se ocupa en restablecer la disciplina, y habituar a sus tropas a los más rudos trabajos.

Cuando al cabo de tres años, los bárbaros volvieron a Galia y a Bélgica, obligados por la falta de subsistencias, se dividen para penetrar en Italia, los Teutones por Liguria, y los Cimbros por Helvecia y el Tirol. Mario derrota a los primeros en la sangrienta batalla de Aix, y pasando a Italia para oponerse a los segundos, los destruye por completo en Vercelli.

  1. Segunda guerra de los esclavos. Mientras combatía Mario a los bárbaros, se insurreccionaron por segunda vez los esclavos de Sicilia.

En los 30 años que habían transcurrido desde la muerte de Euno, la situación de los esclavos en aquella isla no había mejorado. Su número creció de día en día, a pesar de las órdenes del senado para que se diese la libertad a todos los que ilegalmente hubieran sido reducidos a la esclavitud: los tratamientos de los amos eran cada vez más duros é insoportables.

Y esto dio lugar a una sublevación, dirigida por un italiano, Salvio, que tomó el nombre de Trifon, y por Atenion, de origen griego. Después de haber derrotado a tres generales romanos, fueron vencidos y muertos por el cónsul Manio Aquilio, colega de Mario. En esta insurrección y en la de Euno, perdieron la vida un millón de esclavos.

RESUMEN  DE LA LECCIÓN X.

  1. El número extraordinario de esclavos en Sicilia, y el trato cruel de los amos, provocaron una sublevación dirigida por Euno que durante cuatro años derrotó a cuatro pretores mandados por Roma, siendo al fin vencido por el cónsul Pison cerca de Enna.
  2. Tiberio y Cayo Graco eran hijos de Sempronio y de Cornelia, y nietos por ésta, de Escipión el Africano. Para remediar los males de la sociedad romana, Tiberio, el mayor de ellos, pidió y obtuvo el nombramiento de tribuno.
  3. Tiberio propuso el restablecimiento de la Ley Agraria, como medio de dar a los pobres una pequeña propiedad; pero el otro tribuno interpuso su veto, y Tiberio consigue que sea depuesto y votada la ley; pero con motivo de una nueva elección, los nobles promueven un tumulto, en que pierden la vida Tiberio y 300 de los suyos.
  4. Cayo Graco fue elegido tribuno a pesar del senado y de la nobleza: puso en vigor la ley agraria, y otras igualmente favorables al pueblo; propuso la concesión del derecho de ciudad  a los latinos, y del derecho itálico a todos los italianos. y privó al senado del poder oficial, que pasó a los caballeros.
  5. En su segundo tribunado continuó favoreciendo a los pobres y no a  los caballeros. Su colega Livio Druso, de acuerdo con la nobleza, propuso leyes aun mas favorables al pueblo que las de Cayo, cuyo prestigio disminuyó hasta el punto de no ser reelegido tribuno, anulando sus leyes el cónsul Opimio, que además lo derrotó en el Aventino, pereciendo Cayo Graco y 3.000 de sus partidarios.
  6. A pesar de la muerte de los Gracos, sus reformas subsistieron en lo que tenían de justas y los esfuerzos de los oligarcas para abolirlas, no consiguieron mas que ahondar el odio y la animosidad del pueblo y de los caballeros contra la nobleza, y de los italianos contra Roma.
  7. La pretensión de los Gracos de mejorar la situación de los pobres era justísima, como ya lo hablan comprendido antes otros personajes; y por no realizarse entonces pacíficamente, se originaron después sangrientas luchas. En cuanto a la extensión del derecho de ciudad a los italianos, era conveniente para Roma, por cuanto contribuía al cumplimiento de su misión de asociar los pueblos.
  8. Micipsa dividió al morir su reino de Numidia entre sus hijos Hiempsal y Aberdal, y su sobrino Yugurta. Este vence y manda quitar la vida a sus primos; soborna a los generales romanos mandados contra el, y llamado a. justificarse a Roma. Encontró con el oro el medio de aplacar a los senadores.
  9. Metelo fue incorruptible al oro de Yugurta: lo vence en varios encuentros; sustituyéndole Mario en el mando del ejército, quien derrotó a Yugurta, siendo esto entregado por su suegro Bocco a Sila, y llevado a Roma, donde se dejó morir de hambre.
  10. Los acontecimientos de la guerra de Yugurta prueban el rebajamiento y la inmoralidad de Roma, que estaba destinada a pasar por el poder personal de Mario y Sila, para terminar en el despotismo del Imperio. Esta guerra, por sus resultados, enconó mas los odios de la nobleza y el pueblo; y el reclutamiento de les proletarios para el ejército dio origen a  los partidos y a las guerras civiles del siglo siguiente.
  11. Auxiliando Roma a Marsella en sus guerras con los pueblos del interior de Galia, se hizo dueña de Narbonense, primera provincia que poseyeron los romanos en Galia Transalpina.
  12. Los Cimbrios y Teutones, procedentes de Dinamarca y de Germania, derrotaron varios ejércitos romanos, y pasaron hasta Espada. A su regreso consiguió Mario vencer a los Teutones en Aix, y a los Cimbros en Verceil.
  13. Sublevados por segunda vez los esclavos en Sicilia a las órdenes de Sabio, derrotaron a tres generales romanos, pero fueron destruidos por Manio Aquilio, colega de Mario.

Ampliar Este Tema

Segundo Triunvirato Romano Caida de la Republica El Imperio

roma antigua

LECCIÓN XIV: SEGUNDO TRIUNVIRATO.

  1. Estado de Roma a la muerte de César. — Los crímenes son siempre inútiles, y el asesinato de César en nombre de la libertad, no produjo el resultado que se proponían los conjurados, porque el restablecimiento de la República era imposible, en las condiciones en que se encontraban tanto los patricios como los plebeyos. Así es que el pueblo, lejos de aplaudir la muerte de César, pedía a gritos el castigo de los culpables; y el senado, participando de la consternación general, abandonó también a los asesinos; y éstos que no tenían nada dispuesto para sustituir el gobierno de César, viéndose además rechazados por la opinión general, se refugiaron en el Capitolio.

  En tanto el cónsul Marco Antonio, con los partidarios de César, y entre ellos Lépido, general de la caballería, se apoderan del gobierno; y aunque el senado intenta reconciliar a los dos partidos, la irritación y el odio del pueblo llegó a su colmo, cuando Antonio desde la tribuna leyó el testamento de César, y mas todavía cuando hizo el elogio del dictador con motivo de sus funerales. Los asesinos no creyéndose seguros en vista de la exasperación del pueblo, tuvieron que salir de Roma.

 Antonio, dueño de la ciudad, se hizo dar por el senado una guardia de 6,000 hombres, y decidió a que se amnistiara a Bruto y Casio, los cuales tomaron posesión de los gobiernos de Galia, Cisalpina y de Macedonia respectivamente, para los cuales eran nombrados en el testamento de César.

  1. Octavio en Roma. Guerra de Módena. — César en su testamento nombraba por heredero a su sobrino Octavio, hijo de su hermana Julia, joven entonces de 18 años y que se hallaba completando su educación en Grecia. Al saber la muerte del dictador, Octavio se presenta en Roma, consiguiendo en poco tiempo atraerse el afecto del pueblo y del ejército, y aun de la mayor parte de la nobleza.

  Antonio consiguió que el senado le confiriese el gobierno de Cisalpina, y marchó con un ejército a desposeer a Bruto de aquella provincia, pero su conducta anterior le había enajenado todas las voluntades en Roma, hasta de los mismos partidarios de César; y el senado cediendo a la elocuencia de Ciceron, que en sus célebres Filípicas puso de manifiesto los proyectos ambiciosos de Antonio, declaró a éste enemigo de la patria, encargándose de combatirlo el joven Octavio, con los cónsules Hircio y Pansa.

  Alcanzado Antonio, que estaba sitiando a Bruto en Módena, fue derrotado por Octavio, perdiendo los dos cónsules la vida en la batalla; con cuyo motivo le fue conferido el consulado al vencedor, a pesar de sus pocos años.

En tanto Antonio por medio de una hábil retirada había salvado los restos de su ejército, y Lépido encargado de combatirle, se había unido con él. En esta situación el senado confía a Octavio el mando de las tropas contra Antonio y Lépido; pero en lugar de combatirlos, tuvo con ellos una conferencia en Bolonia, que dió por resultado la formación del segundo triunvirato.

  1. Segundo Triunvirato: proscripciones. — Los triunviros se repartieron las provincias como cosa propia; pero aspirando cada uno de ellos, por lo menos Octavio y Antonio, a la dominación exclusiva en la República, y mutuamente recelosos, dejaron Italia pro indivisa, adjudicándose Octavio Sicilia, Cerdeña y África, Antonio las dos Galias, y Lépido Narbonense y España; conviniéndose además en que este último quedaría en Roma, mientras los dos primeros irían a combatir contra los asesinos de César que eran dueños del Oriente.

  Antes de emprender esta guerra, los triunviros, para deshacerse de sus enemigos, y proporcionarse dinero para pagar al ejército, comenzaron aquellas terribles proscripciones mil veces más crueles e inhumanas que las de Mario y Sila, conviniéndose en inmolar cada uno a sus enemigos, sin que los otros dos pudieran evitarlo.

Así fueron sacrificados, Cicerón por Antonio, y un tío de éste, un hermano de Lépido, y uno de los tutores de Octavio. En las listas de la proscripción figuraban los ciudadanos mas ricos, y entre ellos 300 senadores y 2,000 caballeros.

  Los triunviros pusieron a precio las cabezas de los proscritos, otorgando grandes premios a los asesinos.

  Hartos de sangre y de riquezas, y ahuyentados de Italia los republicanos, los triunviros se proponen hacer la guerra a Bruto y Casio.

 emperador octavio  emperador
Lépido Octavio Marco Antonio
  1. Batalla de Filipos. — Los conjurados consiguieron reunir en Oriente un ejército de 400,000 hombres. Casio consiguió apoderarse de Siria, y Asia Menor; y Bruto se hizo dueño de Tracia, Macedonia y Grecia; uniéndoseles además los restos del ejército de Pompeyo, derrotado en Farsalia. Por otra parte, una escuadra poderosa, aumentada con la de Sexto Pompeyo que dominaba en Sicilia, les aseguraba el dominio del mar.

  Los triunviros desembarcaron en Grecia, y después de ligeras escaramuzas, favorables a los conjurados, los dos ejércitos pasaron a Macedonia, obligando Antonio a sus enemigos a aceptar la batalla en los campos de Filipos. Los dos ejércitos contaban casi iguales fuerzas; el primer combate fue rudo y sangriento, y Casio creyéndose vencido, se dió la muerte; y reanudada la batalla en el mismo lugar veinte días después, fue derrotado el ejército de Bruto, que se quitó también la vida, atravesándose con su espada. Así concluyeron los últimos defensores de la República.

  Los triunviros libres de enemigos en el continente, se repartieron de nuevo las provincias, tocando el Occidente a Octavio, y el Oriente a M. Antonio. Lépido, que en esta primera división no tuvo participación alguna, recibió más adelante el África.

  1. Guerra de Persa; tratado de Brindis. — Para recompensar al ejército victorioso en Filipos, Antonio se dirige al Oriente a fin de exigir en aquellas provincias crecidas contribuciones, y Octavio en Italia se apoderó de los bienes comunes, robó los templos y las ciudades, y despojó de sus tierras a un gran número de particulares. A consecuencia de estos hechos vandálicos, Virgilio comenzó a darse a conocer en Roma.

  Con estas medidas nació el descontento en Roma y en Italia contra Octavio, a la vez que el ejército puso más de una vez en peligro su vida. Aprovechándose del disgusto general Lucio Antonio, hermano del triunviro, y Fulvia su mujer, y madre de Claudia, repudiada por Octavio, le declaran la guerra, y se apoderan de Roma, de donde fueron arrojados por Agripa, yendo a encerrarse en la ciudad de Perusa, que tuvo que rendirse por hambre, señalándose entonces Octavio por sus crueldades, mandando degollar trescientos caballeros y senadores sobre el altar de César.

  Mientras estos acontecimientos se realizaban en Italia, M. Antonio se entregaba a la vida muelle y a los placeres en Egipto donde reinaba la célebre Cleopatra. Pero cuando conoció el resultado de la guerra de Perusa, y supo que Octavio se había hecho dueño de las provincias de Occidente, se embarco para Italia, haciendo a la vez alianza con el hijo de Pompeyo que continuaba dominando en Sicilia. Al desembarcar en Brindis, negándose las legiones a pelear, Antonio y Octavio hicieron un nuevo tratado, encargándose el primero de gobernar el Oriente y de hacer la guerra a los Partos, Octavio del Occidente y de combatir a Sexto Pompeyo, y a Lépido se le dió el África. Como garantía de la paz entre los triunviros, Antonio, por haber fallecido su mujer Fulvia, se casó con la bella y virtuosa Octavia, hija de Octavio.

  1. Guerra con Sexto Pompeyo. — El hijo de Pompeyo, dueño de Sicilia de donde Roma se surtía de trigo, era un constante peligro y un enemigo temible para los triunviros. Estos, después del tratado de Brindis, establecieron un concierto con Sexto, por el cual éste permitiría surtir de grano Italia, dejándole en cambio la posesión de Sicilia, Córcega y Cerdeña.

Después de lo cual Antonio se encaminó al Oriente para hacer la guerra a los Partos, y Octavio fue a someter algunos pueblos galos que se habían sublevado.

  El tratado celebrado entre los triunviros y Sexto Pompeyo no podía ser duradero, aspirando Octavio a vencer a su enemigo, para poder combatir más ventajosamente contra Antonio, y proponiéndose el hijo de Pompeyo extender su dominación a toda la República. Más para empeñar la guerra con este enemigo, necesitaba Octavio una poderosa escuadra, que consiguió reunir con las naves mandadas construir por el célebre Agripa, y con las que le proporcionaron Antonio y Lépido.

Cuando todo lo tuvo dispuesto, le declaró la guerra; y aunque los primeros encuentros fueron favorables a Sexto, últimamente fue deshecha su escuadra merced a los talentos y al valor de Agripa, en la batalla de Nauloc, al N. de Sicilia, huyendo Pompeyo al Asia, donde le mandó matar el prefecto de Siria.

  Poco después Octavio despojó a Lépido de su gobierno de África, y de la dignidad de triunviro, quedando así único dueño del Occidente.

  1. Marco Antonio en Oriente: guerra contra los Partos. — Aunque la reina de Egipto había sido acusada de prestar su apoyo a Bruto y Casio, Antonio en lugar de castigarla, prendado de su belleza como ya antes lo estuvo César, se olvidó a su lado de su mujer, la virtuosa Octavia , y cedió a la seductora Cleopatra las provincias romanas vecinas del Egipto.

  Entre tanto sus lugartenientes alcanzaron algunas victorias contra los Partos; y Antonio queriendo recoger la gloria de aquellas guerras, se propone llevar sus armas al corazón de Partia, haciendo antes alianza con el rey de Armenia pero sufrió una gran derrota, y tuvo que emprender una desastrosa retirada, que bien puede compararse con la de los 10,000, pues en el espacio de cien leguas por países desconocidos y enemigos, y en veinte y siete días, libró diez y ocho batallas, llegando al cabo de este tiempo a Siria con los pocos restos del ejército que pudo salvar.

Sin embargo, celebró en Alejandría con una pompa inusitada sus imaginarios triunfos sobre los Partos: y repudió a Octavia, casándose con Cleopatra.

  1. Ruptura entre Octavio y Antonio. Batalla de Actium. — La conducta de Antonio en Egipto, y sus desastres en la guerra contra los Partos, causaron profunda indignación en Roma; y la irritación contra el triunviro llegó a su colmo, cuando se supo que había repudiado a Octavia para casarse con Cleopatra. En vista de lo cual, los comicios privaron a Antonio de la potestad triunviral, encargando a Octavio de dirigir la guerra contra Cleopatra.

  Se hicieron grandes preparativos por una y otra parte para esta guerra; pero eran mayores los elementos con que contaba Antonio. Cleopatra que le acompañaba con las naves egipcias, lo decidió a dar la batalla en el mar, cuando era casi segura su victoria, si hubiera combatido en tierra. Encontráronse las dos escuadras casi de iguales fuerzas en el promontorio de Actium, a la entrada del golfo de Ambracia.

Pero al comenzar la acción, Cleopatra se huyó con sus naves. Antonio la siguió también, abandonando su ejército de tierra, que tuvo que entregarse a Octavio.

  1. Muerte de Antonio y de Cleopatra. — Los fugitivos llegaron al Egipto, entregándose Antonio a la vida mas desenfrenada. Octavio, después de contener en Italia una sublevación militar, se dirige al Egipto; y Cleopatra pensando seducirle, como antes lo hiciera con César y Antonio, procuró desembarazarse de éste, haciéndole decir que se había quitado la vida.

  El desdichado Antonio; ciego por su pasión, no quiso sobrevivir a su amada, y se quitó la vida atravesándose con su espada.

  Cleopatra no consiguió su objeto: Octavio no quiso verla, y estaba dispuesto a llevarla cargada de cadenas a Roma: pero ella se libró de esta ignominia, dándose la muerte con un áspid.

De esta manera el Egipto, concluida en Cleopatra la dinastía, de los Lagidas, fue declarado provincia romana por Octavio, encargando su gobierno a un prefecto.

  1. Fin de la República. — Con la muerte de Antonio quedó Octavio libre de enemigos, y único dueño de la República. El antiguo régimen, la antigua Roma, quedó aniquilada por César en los campos de Farsalia, comenzando entonces su agonía, que viene a terminar en los llanos de Filipos, y en la batalla naval de Actium.

  La aspiración de los Gracos, de Mario y Sila, de Pompeyo y César: la marcadísima tendencia de política romana en los últimos tiempos de la República, a constituir un poder único, fuerte y enérgico, que pueda hacer entrar en orden los moribundos elementos de la sociedad romana, se realiza en Octavio, que por encima del senado, de los tribunos y de los comicios, inaugura el poder personal que Roma necesitaba, y sin el cual hubiera perecido. Octavio pone fin a la República, y da nacimiento al Imperio.

  1. Causas de la caída de la República. — Varias veces hemos dicho que Roma tenía la misión de establecer la unidad material en el mundo antiguo, como antecedente necesario para la unidad moral que había de realizar el cristianismo. Para conseguir este resultado, Roma necesitó ante todo una fuerte y poderosa constitución, en cuya obra se ocupó la República en los primeros siglos, contribuyendo a ella por igual patricios y plebeyos, el senado y el pueblo.

  Fuerte Roma dentro de sí misma, pudo comenzar la conquista y sumisión de todos los pueblos, tomando parte en ella los dos órdenes, el senado que manda y dirige, y el pueblo que obedece y ejecuta. Pero si hasta aquí el senado había sido fiel representante de los destinos de Roma, contribuyendo a la constitución romana, y afianzando las conquistas; cuando llegó la hora de comunicar a Italia los derechos de ciudadanía, el senado se opuso tenazmente a esta concesión, que cercenaba sus privilegios y sus riquezas; originándose de aquí la guerra social y las guerras civiles.

Como esa concesión era Justa, y como justa necesaria, y el senado, dada su organización aristocrática y privilegiada, no podía prestarse a ella; comenzó entonces su decadencia, que aunada con la corrupción y la inmoralidad, patente desde la guerra de Iugurta, trajeron aquella corporación, antes asamblea de reyes, a su completa desorganización y a su ruina. Perdido su prestigio, se constituye en rémora para la marcha de Roma, que era la de la civilización; y debía desaparecer, abandonando la dirección a otro poder más en armonía con las nuevas necesidades

  Por otra parte, la plebe después de igualarse en derechos con los patricios, había perdido también sus antiguas virtudes y su patriotismo. Abandonando la vida de la ciudad para hacer la vida de los campamentos, durante el largo periodo de las conquistas, se unió estrechamente con sus generales, que la conducían a la victoria, y de los cuales todo lo podía esperar, olvidándose cada día más de Roma, y de los asuntos y poderes de la gran ciudad.

De este modo comenzó a elevarse el poder militar enfrente del poder civil; el prestigio que perdía el senado, lo recogían los generales. Así es que desde Mario y Sila el poder de Roma no está en la ciudad, sino en los campamentos: la lucha de patricios y plebeyos está ahora representada en las sangrientas guerras civiles entre los partidos y sus generales.

  Desde entonces la cuestión toma otro carácter: se trata en ella si ha de vencer el espíritu estrecho que representa el senado, negándose a comunicar a los otros pueblos su derecho quiritario, cuya bandera levantan Sila, Pompeyo y los asesinos de César; o si habrá de triunfar la política expansiva de Mario, César y Octavio, representantes de la democracia en Roma, y de los intereses de los italianos, como preparación a una extensión mayor en el porvenir de los derechos a todos los pueblos.

  Y vencieron estos últimos porque su causa estaba conforme con el destino de Roma, que era el de la civilización. Y desapareció la República del senado y de los aristócratas, que en sus últimos tiempos condujo a Roma al borde de su ruina, porque era incompatible con las nuevas ideas y las nuevas exigencias de la gran ciudad, y porque le era imposible realizar sus nuevos destinos. Y le sucedió el despotismo del Imperio, como único y necesario remedio contra los excesos de la oligarquía, y como institución más conforme con la nueva vida y el porvenir de Roma.

  Por otra parte, perdida la fuerza de la constitución romana, desorganizados los elementos que le habían dado vida en sus primeros tiempos, el senado, con toda corporación, y más las aristocráticas, era impotente para gobernar un Estado, cuyos limites se extendían desde el Eúfrates al Atlántico se necesitaba para ello una grande y enérgica unidad en el poder, la concentración de todas las fuerzas en un solo hombre, como lo realizó el Imperio.

  1. Cultura romana en tiempo de La República. —Cada pueblo tiene una misión especial que desenvolver en la historia de la humanidad; y Roma no estaba llamada a influir en el mundo por el arte y la literatura; que ya antes que ella Grecia había producido los más acabados modelos. Así es que en los primeros siglos de la República, Roma ocupada en constituirse y después en conquistar, se cuidó bien poco de la cultura del espíritu, hasta la época de la conquista de Italia meridional y de Grecia.

  Ya hemos manifestado en otra parte la profunda impresión que produjo en Roma el conocimiento de la cultura y civilización helénica, y el afán con que los Escipiones, y otros principales personajes, procuraron apropiarse el saber de los griegos, especialmente en aquellas materias que más relación tenían con la manera de ser y el carácter romano; sin que fueran bastantes a contener esta afición las severas censuras de Catón, que terminó pagando tributo a lo mismo que había condenado, aprendiendo el griego en su vejez.

  Despertada así la afición a la literatura, y teniendo delante los modelos acabados de Grecia, los romanos no pudieron hacer otra cosa que imitarlos, como puede observarse en Plauto, poeta cómico, que se distingue por las agudezas y los chistes vulgares, por el plan, la exposición más adecuada, es imitador de la comedia nueva griega en Terencio, tomó por modelo en sus comedias a Menandro, y es más culto y artístico que Plauto. Además de estos poetas, cultivaron el género dramático, Livio Andrónico, griego de Tarento, Cneo Nevio, Q. Ennio, M. Pacuno, y S. Attio, aunque de sus obras sólo han llegado a nosotros algunos fragmentos. En el género épico florecieron los mismos Cneo Nevio, y Q. Ennio.

  La primera historia se escribía en forma de Anales; más adelante M. Porcio Caton escribió sobre los orígenes de Roma, cuya obra por desgracia no ha llegado hasta nosotros. Polibio, llevado en rehenes como otros griegos a Roma, escribió una historia universal, de la que se conservan cinco libros. En los últimos tiempos de la República la historia alcanzó un vuelo extraordinario con César, G. Nepote y Salustio, como veremos más adelante. En el último siglo de la República floreció el poeta Lucrecio Caro, autor del poema didáctico titulado De rerum natura.

  A la vez que la literatura, penetró en Roma la filosofía griega, especialmente la escuela estoica, que por su sentido práctico, se acomodaba mejor al carácter romano y la oratoria fue muy cultivada, distinguiéndose los Gracos, Craso, M. Antonio y César.

  En las otras ciencias y en las bellas artes, los romanos durante la República no hicieron otra cosa que apropiarse los conocimientos de los griegos; sólo la arquitectura produjo en aquel tiempo gran número de marcada utilidad.

  Pero merece especial mención entre los romanos la ciencia del derecho. Roma, nacida para dominar, cultivó con particular esmero los ramos del saber que más directamente se relacionaban con la especialidad de su carácter; entre los cuales ninguno alcanzó la importancia que el derecho, sin duda porque de él se valieron como arma poderosa de dominio, primero los patricios contra los plebeyos, y después Roma con los italianos y con los demás pueblos.

Ya hemos visto cómo llegó a redactarse el código de las Doce Tablas, primera ley escrita entre los romanos pero como el conocimiento del derecho encerraba un interés vital dada la organización de Roma, bien pronto se fundaron escuelas para su enseñanza, siendo la primera la de Coruncano, y se distinguieron gran número de jurisconsultos, entre los que merecen citarse Mucio Escévola, Trebacio Testa. Q. Tuberon y otros.

  1. Agricultura, industria y comercio. — Pasados aquellos primeros tiempos en que cada ciudadano cultivaba por sí mismo su pequeña heredad, con la miseria del pueblo agobiado de deudas, el aumento de la esclavitud a consecuencia de las conquistas, y la aglomeración de grandes propiedades en poder de los ricos, la agricultura decayó notablemente en toda Italia, encargándose los trabajos a los esclavos, y convirtiendo hasta las tierras mas fértiles en campos de pastos, donde pudieran apacentar a poca costa los ganados.

Así es que, a pesar de la escasa población de Italia, este país tan fértil en todos tiempos, no producía entonces, ni con mucho lo que necesitaba para el consumo, convirtiéndose Roma en tributaria de Sicilia y de África primero, y de Egipto después, de cuyos países sacaba el primer artículo de la subsistencia los cereales, Y en vano fue que Catón escribiera un trabajo de agricultura, y en vano que por las leyes agrarias se pidiera el restablecimiento de las pequeñas propiedades; la política llevaba a los romanos por otros caminos, y cada día fue mayor la decadencia de la agricultura.

  La industria bien escasa en los primeros tiempos de la república, porque eran entonces sencilla la vida y limitadas las necesidades, tomó un vuelo extraordinario cuando, por la conquista de Grecia y del Oriente, penetraron en Roma el lujo y el refinamiento de la civilización. Pero también en este movimiento permanecieron pasivos los romanos, que se hacían traer los objetos fabricados de aquellos países: pues en Roma en aquel tiempo los ricos eran bastante poderosos para sufragar aquellos gastos, y los pobres en todo pensaban, menos en trabajar.

  El comercio adquirió un desarrollo inmenso, como hasta entonces no se había conocido. La reunión bajo un solo gobierno de todo los pueblos del Mediterráneo, (Mare nostrum); la seguridad que por esta razón alcanzaron las comunicaciones, sobre todo desde las guerras de Pompeyo contra los piratas; las necesidades que crearon tantas conquistas, y el desarrollo del lujo y el aumento de los goces y comodidades; todo contribuyó a que eso multiplicaran de un modo extraordinario las relaciones comerciales. Pero tampoco fueron los romanos los sostenedores de aquella actividad mercantil; Marsella en Occidente, y las ciudades de Grecia en el Oriente, desempeñaron entonces el papel de Fenicia y Cartago en tiempos anteriores.

RESUMEN DE LA LECCIÓN XIV.

 —1.  La muerte de César produjo una consternación general en Roma, y los asesinos rechazados por la opinión, se refugiaron en el Capitolio, y huyeron de Roma, cuando M. Antonio leyó el testamento de César, e hizo su elogio durante sus funerales; pero fueron amnistiados, y Bruto quedó gobernando Cisalpina, y Casio Macedonia, mientras Antonio era dueño de Roma.

—2. Octavio, nombrado heredero por César, se atrajo en poco tiempo el afecto del pueblo y del ejército. Encargado por el Senado de combatir a Antonio que se había apoderado de Cisalpina, consiguió derrotarlo en Módena, y fue nombrado cónsul. Antonio salva los restos de su ejército; Lépido que había de combatirlo, se une con él; y Octavio que marcha contra ambos, en lugar de perseguirlos, celebra con ellos una conferencia, que dió por resultado la formación del segundo triunvirato.

—3. Los triunviros se repartieron las provincias de Occidente, mientras los asesinos de César dominaban en Oriente; y antes de dirigirse contra éstos, se deshicieron de sus enemigos en Roma, por medio de las proscripciones, pereciendo en ellas Cicerón y otros muchos personajes.

—4. Los triunviros marcharon contra los conjurados, y en la doble batallada Filipos fueron éstos vencidos y se quitaron la vida Casio y Bruto. Los triunviros se repartieron nuevamente las provincias, tocando a Octavio el Occidente, a Antonio el Oriente, y a Lépido se le dio después el África.

— 5. Para recompensar al ejército, ordenó Octavio un despojo casi general en Italia; y aprovechándose los partidarios do Antonio de estas circunstancias, le declaran la guerra; pero fueron arrojados de Roma por Agripa, obligados a rendirse por hambre en Perusa. En esto regresa Antonio de Egipto; pero negándole las tropas a combatir, se celebró un nuevo tratado en Brindis entre los triunviros, repartiéndose nuevamente, y de la misma manera que antes, las provincias.

—6. Cneo Pompeyo dominaba en Sicilia; y Octavio, para combatirlo, consiguió reunir una poderosa escuadra, que a las órdenes de Agripa derrotó en Nauloc la de Cneo, que huyó al Asia donde fue muerto poco después. Octavio despojó además a Lépido del África; y quedó único dueño del Occidente.

7. Antonio, prendado de la reina de Egipto, le cedió varias provincias. Haciendo la guerra a los Partos, fue por éstos derrotado, emprendiendo una peligrosísima retirada, en la que perdió la mayor parte de su ejército. De vuelta en Egipto, repudió a su mujer Octavia, hija de Octavio, y se casó con Cleopatra.

—8. Por la conducta de Antonio en Egipto, los comicios lo privaron de la dignidad triunviral, y encargaron a Octavio la guerra contra Cleopatra. En la batalla naval de Actium, se huyeron Cleopatra y Antonio, su ejército y parte de su escuadra se entregaron a Octavio.

—9. Llegados a Egipto, Cleopatra hizo decir a Antonio que se había suicidado, y éste se quitó la vida atravesándose con su espada. La reina de Egipto, no pudiendo seducir a Octavio, que había marchado en persecución de los fugitivos, se dio la muerte con un áspid. El Egipto fue declarado provincia  romana.

—1O. En la batalla naval de Actium concluyó la república romana, quedando Octavio único dueño de los destinos de Roma, realizándose de esta manera la tendencia marcada de la política romana desde tiempo de los Gracos.

—11. En los primeros siglos de la República, Roma adquirió una fuerte y poderosa constitución con la cual pudo extender sus conquistas por el Mediterráneo pero después el Senado, negándose a conceder la ciudadanía a los italianos, era una rémora para la marcha de la civilización, y tuvo que ceder el gobierno al imperio. A la vez se iba encumbrando el poder militar desde los tiempos de Mario y Sila; naciendo las luchas entre la política estrecha del Senado, y las tendencias expansivas de la democracia, triunfando ésta última con César y Octavio. Por otra parte, el Senado por su propia naturaleza, era impotente para gobernar un Estado que se extendía desde el Eúfrates al Atlántico.

 —12. La literatura romana fue en aquel tiempo una imitación de la griega, como puede observarse en los poetas cómicos Plauto y Terencio. En la historia se distinguió el griego Polibio: y en la poesía didáctica Lucrecio que escribió el poema De rerum saturo. En filosofía los romanos aceptaron la escuela estoica; y en la oratoria brillaron los Gracos, Craso y César. De las bellas artes, sólo cultivaron la arquitectura; pero adquirió grande importancia el estudio del Derecho, fundando la primera escuela para su enseñanza Coruncano, y distinguiéndose como jurisconsultos Escévola, Trebacio Testa y Tuberon.

—13. Con las grandes propiedades de los ricos, la miseria de los pobres y el aumento de la esclavitud, decayó considerablemente la agricultura, dedicando a pastos hasta las tierras más fértiles. La industria escasa al principio, creció en gran manera por el lujo y la corrupción de costumbres: pero estaba en poder de los griegos y de los orientales. El comercio se extendió de un modo considerable por la unión de tantos pueblos bajo un solo gobierno y por la seguridad de las comunicaciones; siendo Marsella y las ciudades de Grecia, las que sostenían el movimiento mercantil en aquel tiempo.

Formación del Primer y Segundo Triunvirato en Roma Antigua

Segunda Guerra Punica Causas Consecuencias Batallas Cartago Roma

roma antigua

LECCIÓN VIII
SEGUNDA GUERRA PÚNICA.
 

  1. Los cartagineses en España, Amílcar y Asdrúbal. La pérdida de Sicilia, Córcega y Cerdeña, había sido fatal para el comercio y el poder marítimo de Cartago. Por aquel tiempo, y a consecuencia de las victorias de Amílcar, el partido popular capitaneado por los Barcas, adquirió gran preponderancia sobre la aristocracia acaudillada por Hannon.

Contando con la confianza de la democracia, que era partidaria de la guerra, y deseando resarcir a Cartago de las pérdidas sufridas en las guerras anteriores, y colocarla en disposición de combatir con Boina y recuperar lo perdido, Amílcar se dirige a España desembarcando en Cádiz; y después de varias campañas contra los naturales, logró apoderarse de la mayor parte de la península, poniendo por límites de su dominación los ríos Duero y Ebro, y aun mas allá de este último, fundó en lugar ventajoso la ciudad de Barcino (Barcelona), muriendo poco después en un combate con los españoles.

Sucediole su yerno Asdrúbal que, mas dado a las artes de la paz, fundó a Cartago Nova (Cartagena), procuró mejorar la administración, y aumentó considerablemente las riquezas de los cartagineses. Los progresos de la dominación cartaginesa en España alarmaron al senado romano, que consiguió imponer un tratado a Cartago, por el cual ésta se comprometía a no pasar en sus conquistas al otro lado del Ebro, y respetar además los pueblos de origen griego y aliados de Roma, entre los cuales estaba Sagunto. Asdrúbal murió asesinado por un esclavo, sucediéndolo Aníbal hijo de Amílcar.

  1. Segunda guerra púnica: sus causas. La causa fundamental de las guerras púnicas fue la ambición de Roma y Cartago, y que dado el carácter de las dos repúblicas, la guerra no podía terminar sino cuando una de ellas sucumbiera .Esta causa general, lejos de desaparecer se había aumentado por la primera guerra, cuyos resultados multiplicaron la ambición de Roma, y enconaron más el odio de Cartago, que a toda costa deseaba recuperar su antiguo prestigio.

Este odio parecía haberse concentrado en los Barcas, de tal manera que Amílcar al conquistar España sólo pensaba en la guerra futura contra Roma y a fin de que este proyecto no fracasara por su muerte, le hizo jurar a su hijo Aníbal, cuando todavía era niño, odio eterno a los romanos.

Con estos antecedentes, y con la preponderancia de los cartagineses en España, y los recelos de Roma, la guerra era inminente, presentándose muy luego el motivo que la hizo estallar, que fue la toma de Sagunto por Aníbal.

  1. Aníbal: sus campañas en España: sitio y tema de Sagunto. A la edad de 25 años Aníbal sucedió a su cuñado Asdrúbal. A pesar de sus pocos años habíase distinguido por su audacia y su valor; mostrándose siempre infatigable en el trabajo, intrépido en el peligro, capaz de concebir los mas vastos planes, y enérgico y rápido en su ejecución.

Resuelto a llevar la guerra a Italia, antes quiso asegurar la dominación de Cartago, en España; y a este fin se dirigió contra los pueblos del centro de la península, alcanzando completa victoria sobre los Ólcades, los Carpetanos y los Vetones que habían tratado de sacudir la dominación cartaginesa. Y tomando pretexto de una querella entre los Turboletas sus aliados, y las Saguntinos que no eran de Roma, puso sitio á Sagunto, que después de una heroica resistencia, en la que perecen todos sus habitantes, fue tomada y destruida por Aníbal, a pesar de las protestas tardías é ineficaces de los romanos.

Destruida Sagunto, Roma mandó una embajada para pedir satisfacción a Cartago, que ésta se negó a dar, entonces el embajador O. Fabio, recogiendo su toga, les dijo ¨ Aquí os traigo la paz y la guerra para que elijáis ¨. ¨ Podéis vos elegir ¨, contestaron los senadores cartagineses. ¨ Sea así, yo os declaro la guerra, fue la respuesta del embajador, que se volvió a Roma, comenzando ésta los preparativos para la campaña.

  1. Expedición de Aníbal a Italia. Contra el parecer del senado cartaginés, Aníbal se decidió llevar la guerra a Italia; y dejando el gobierno de España a su hermano Asdrúbal, partió de Cartago Nova con un ejército de 60.000 hombres, dirigiéndose por la costa del Mediterráneo hasta los Pirineos; atravesó Galia, y derrotando las tribus que intentan estorbarle el paso del Ródano, llegó al pié los Alpes.

Después de vencer las mil dificultades que ofrece la naturaleza en aquellas montañas, y derrotar a los montañeses, llegado a la cumbre de la cordillera, Aníbal muestra a sus soldados las fértiles llanuras que riega el Po, y aunque sufriendo mas peligros en la bajada que había tenido a la subida, a los quince días se encuentra en el territorio de Italia, en Galia Cisalpina; si bien su ejército después de tantas penalidades, quedó reducido a 26.000 hombres, número bien escaso teniendo en cuenta que Roma, con quien iba a combatir, podía poner sobre las armas 800.000.¨ Sea así, yo os declaro la guerra, fue la respuesta del embajador, que se volvió a Roma, comenzando ésta los preparativos para la campaña.

  1. Batallas del Tesino, Trebia, Trasimeno y Canas. Mientras Aníbal se dirigía a Italia, los romanos, suponiéndole en España, mandan a esa península con un poderoso ejército, al cónsul Publio Cornelio Escipion, que, sabiendo en la travesía la expedición de Aníbal, desembarcó en Marsella para estorbarle el paso del Ródano, que el cartaginés había atravesado días antes; por lo que, enviando a su hermano Cneo Escipion con parte del ejército y de la escuadra para hacer la guerra a los enemigos en España, él regresó desde Marsella a Italia con ánimo de salir al encuentro de Aníbal cuando bajara de los Alpes.

El pequeño ejército de Aníbal, aumentado con los auxilios de los galos de Cisalpina, encuentra a los romanos en las orillas del Tesino, afluente por la izquierda del Po, sufriendo éstos una completa derrota, salvándose con dificultad Escipion, que a pesar de haber sido herido en la batalla, repasó el Po con los restos de su ejercito. Como resultado de la batalla del Tesino se declararon por Aníbal los galos de Traspadana, mal avenidos con el yugo romano.

En persecución de los romanos, Aníbal pasó el Po, alcanzándoles en las orillas del Trebia junto a Placencia. No habiendo todavía curado de sus heridas, Escipion cedió el mando del ejército a su colega Sempronio, que pierde en la batalla 30.000 hombres. Los galos hasta ahora remisos en declararse por Aníbal, le aclaman libertador de Italia, incorporándose a su ejército, que de esta manera se elevó a 90.000 hombres.

El general cartaginés pasó los Apeninos, penetrando en Etruria come libertador. Al atravesar los terrenos pantanosos del Arno con agua hasta la cintura, pereció gran número de soldados, y el mismo Aníbal perdió un ojo; pero poco después alcanzó una completa victoria junto al lago Trasimeno haciendo una horrible carnicería en el ejército romano mandado por el cónsul Flaminio.

Después de ésta batalla, Aníbal en vez de dirigirse a Roma, repasó los Apeninos, penetrando en el Piceno, donde se vio constantemente molestado por las estratagemas del cónsul Q. Fabio Cunclator (el Contemporizador). Con este motivo el cartaginés se corrió a Apulia, llegando hasta Canas: Roma en tanto, cansada de la lentitud y escaso resultado de las operaciones de Fabio, levantó un ejército de 90.000 hombres, que puso a las órdenes de los cónsules Paulo Emilio y M. Terencio Varron. Este último, a pesar de las prudentes observaciones de su colega, presentó la batalla junto al rió Aufido cerca de Canas, sufriendo tal derrota que mas de 70.000 hombres, la mayor parte ciudadanos romanos, quedaron en el campo, contándose entre ellos 80 senadores, 21 tribunos militares, y el cónsul Paulo Emilio.

  1. Guerra de los romanos en Sicilia toma de Siracusa. Las consecuencias de la batalla de Canas fueron desastrosas para Roma. Toda Italia meridional pasó al dominio de Aníbal, y con  Galia Cisalpina que ya le obedecía desde las batallas del Tesino y del Trebia, quedó reducido el poder de Roma a Italia central. Por otra parte, el Cartaginés hacia alianza con Filipo de Macedonia, que ofrece auxiliarle con 200 naves; y por su iniciativa se sublevan Córcega, Cerdeña y Sicilia. Jamás se había visto Roma en un trance semejante; a cada momento podía esperar ver el enemigo a sus puertas.

Sin embargo Roma no desmayó; la actividad y el patriotismo de todos, pusieron en pocos días la ciudad en disposición de resistir un sitio; levantando al mismo tiempo un ejército que a las órdenes de Marcelo y Fabio, persiguió al general cartaginés, que se vio obligado a levantar el sitio de Nápoles, siendo batido su lugarteniente Hannon en Nola por Marcelo.

El senado se propuso en primer término recobrar  Sicilia y castigar a Siracusa que se había unido con Aníbal; y Marcelo fue encargado de esta empresa. Pasando a Sicilia, puso sitio a Siracusa, que se resistió tres años, gracias a las máquinas inventadas por el célebre geómetra Arquímedes, con las cuales los sitiados rechazaban ventajosamente los ataques de los sitiadores; pero al cabo de este tiempo Marcelo se apoderó por sorpresa de la ciudad, mientras los siracusanos celebraban una gran fiesta; pereciendo Arquímedes, a quien un soldado atravesó con su espada sin conocerlo ; pues Marcelo había dado orden a sus tropas de respetar la vida del célebre matemático. La toma de Siracusa dio por resultado la sumisión de toda  Sicilia, que fue declarada provincia romana.

Al mismo tiempo, Filipo de Macedonia, antes de haber podido llevar a Italia el auxilio prometido a Aníbal, vio su escuadra derrotada cerca de Apolonia por los romanos, que alentaron además a los pueblos de la Grecia para sublevarse contra la autoridad de Filipo.

  1. La guerra en Italia: batalla del Metauro. Mientras los romanos combatían en Sicilia y Macedonia, continuaba la guerra en Italia entre Aníbal y los ejércitos romanos. Estos consiguieron apoderarse de la Campania y pusieron sitio a Capua, siendo inútiles todos los recursos que puso en juego el cartaginés para obligar a los romanos a levantar el sitió de su ciudad predilecta. Como medio supremo Aníbal se dirigió a Roma para obligarla a llamar a los sitiadores de Capua pero el senado se preparó a la defensa con sus fuerzas propias y las que pudo recuperar de otras partes, sin llamar a las que sitiaban la ciudad campania, que por fin fue tomada por hambre, y cruelmente tratada por los romanos.

Entre tanto Aníbal, que veía mermarse continuamente su ejército, había pedido auxilios a Cartago y a su hermano Asdrúbal que combatía en España contra los generales romanos. Cartago, dominada por la facción enemiga de los Barcas, se hizo sorda a las peticiones de Aníbal; pero Asdrúbal equipó un ejército de españoles y africanos, y dejando a sus generales la prosecución de la guerra en la península, se puso en marcha para Italia, siguiendo el mismo camino que años antes llevara Aníbal. Llegado a Placencia, que estaba en poder de los enemigos, se detuvo a sitiarla, perdiendo un tiempo precioso.

Roma en tanto, advertida de los proyectos de Asdrúbal, levantó dos ejércitos que a las órdenes de los cónsules Levio y Neron, salieron a estorbar la unión de los dos hermanos. Asdrúbal, alcanzado por Levio en las orillas del Metauro, en  Umbria, perdió la vida en la batalla, y su ejército quedó completamente destruido. Los romanos anunciaron esta derrota a los cartagineses, cortando la cabeza de Asdrúbal, y arrojándola al campamento de Aníbal.

El héroe cartaginés, viéndose abandonado en país enemigo, pudo pensar con razón que la estrella de Cartago se eclipsaba. Sin embargo, apelando a todos los recursos de su poderoso genio, todavía se mantuvo por espacio de cinco años en la Italia meridional, sin que todo el poder de Roma fuera bastante para vencerlo, ni menos para obligarlo a abandonar la península.

  1. Los romanos en España. Cuando Aníbal emprendió su expedición A Italia, Roma envió a España para hacer la guerra a los cartagineses a los hermanos Publio y Cneo Escipión. Publio regresó desde Marsella a Italia para oponerse a Aníbal a la bajada de los Alpes y Cneo, con el título de procónsul, llegó a España, comenzando las hostilidades contra Asdrúbal hermano de Aníbal, y apoderándose de buena parte de la península.

Al año siguiente, Publio Escipión después de haber sido derrotado por Aníbal en la batalla del Tesino, vino también a España, y uniendo sus fuerzas a las de su hermano, derrotaron a los cartigeneses en varios encuentros. Mas, separados imprudentemente para combatir a la vez a los celtiberos y a los cartigeneses, perdieron las acciones respectivas en que tomaron parte, muriendo ambos en la pelea.

Para sustituir a los Escipiones, Roma nombró a Publio Cornelio Escipión, hijo de Publio y sobrino de Cneo, que a la sazón no contaba mas de 24 años. Vino en efecto a España, pero no pudo evitar que Asdrúbal se dirigiera a Italia con su ejército para socorrer a Aníbal.

Sin embargo, por su valor, por la habilidad de su política y la dulzura de su carácter, venció a los cartagineses, en varios encuentros, se apoderó de los territorios que ocupaban, tomándoles además la ciudad de Cartago Nova y obligándoles a abandonar a España.

  1. Escipión en África: batalla de Zama: fin de la segunda guerra púnica. Nombrado cónsul por sus victorias contra los cartagineses en España, Escipion propuso al senado llevar la guerra al África, con el propósito de que Cartago llamase en su socorro a Aníbal, que se encontraba en el Abruzo, de donde no habían podido desalojarlo los romanos. El senado, a instancias de Fabio Máximo se negó a su pretensión, pero le concedió permiso para alistar voluntarios en Italia y en Sicilia, reuniendo por este medio en muy poco tiempo hasta 30.000 hombres, con los cuales pasó al África.

Salió al encuentro de Escipión el general cartaginés Asdrúbal con un poderoso ejército, ayudado por la caballería de Syfax rey de Numidia, que amigo antes de los romanos, se unió ahora con los cartagineses a instancias de su mujer Sofonisba, hija de Asdrúbal. Escipión consiguió incendiar el campamento de Asdrúbal y el de Syfax, y derrotó las tropas que pudieron escapar de la catástrofe. El númida Masinisa, aliado de Roma, se apoderó de Cirta capital de los Estados de Syfax, cayendo en su poder Sofonisba, que se envenenó para no ser esclava de los romanos.

Escipión se apoderó de Túnez, casi a las puertas de Cartago que, como el romano había previsto, tuvo que llamar apresuradamente a Aníbal. Este abandonó con honda pena el territorio de Italia, teatro de sus victorias. Con un poderoso ejército se dirige en busca de Escipión; poco antes de combatir, tuvo una conferencia con el general romano para hacer la paz .Esta fue imposible por las exageradas exigencias de Escipión, y fue necesario dar la batalla; y a pesar del genio de Aníbal y del valor de sus tropas, fueron los cartagineses completamente derrotados por Escipión en Zama.

Cartago vencida tuvo que aceptar las duras condiciones que le impuso el vencedor, que fueron renunciar a su dominación en España, Sicilia y las otras islas del Mediterráneo; entregar a Roma su escuadra, pagar una fuerte indemnización, comprometiéndose a no emprender guerra alguna sin el consentimiento de Roma.

Así concluyó la segunda guerra púnica, quedando Cartago atada de pies y manos en poder de Roma. Escipion, que fue llamado el Africano, adquirió en elLa una gloria imperecedera.

  1. Últimos años de Aníbal. Después de la batalla de Zama, y de la paz con Roma, el partido democrático de Cartago dirigido por Aníbal, consiguió sobreponerse a la aristocracia, emprendiendo radicales reformas en el gobierno, en la administración y en el ejército, para devolver a su país la unidad y la fuerza que había perdido.

Quizá soñaba Aníbal por estos medios tomar algún día la revancha de Roma. Pera estos proyectos se desvanecieron por la envidia del partido aristocrático, cuyo jefe, Hannon, denunció a Aníbal a los romanos; por lo cual el senado exigió que se lo entregasen, teniendo que huir a la corte de Antisco, rey de Siria, para librarse de sus enemigos.

Aníbal en Oriente no desistió de sus propósitos de destruir la República romana; pero sus grandiosos planes no podían tener acogida entre aquellos pueblos corrompidos, y Antioco derrotado en Magnesia por los romanos, prometió a éstos entregarles al general cartaginés, que tuvo que huir, acogiéndose a la corte de Prusias, rey de Bitinia.

El odio romano le persiguió basta su último refugio; y no pudiendo conseguir por medio alguno que el rey se lo entregase, el general Flaminio concertó a unos asesinos, que se encargaron de quitarle la vida; Aníbal, por no caer en sus manos, tomó un veneno que puso fin a su existencia.

  1. Juicio de Aníbal. Historiadores antiguos y modernos afirman de consuno que Aníbal es uno de los primeros genios que ha tenido la humanidad, y que figura dignamente al lado de Alejandro y César; y ciertamente que si atendemos a sus dotes militares, quizá los excede a todos ; pues Alejandro y Cesar, dirigiendo ejércitos de ciudadanos animados por el santo fuego del patriotismo, combaten contra pueblos esclavos y corrompidos, ó mas atrasados en civilización; mientras que Aníbal cuenta sólo con un ejército de mercenarios, sin fe ni entusiasmo por la causa que defienden, y tiene que combatir contra los ejércitos mas aguerridos y disciplinados de la antigüedad.

Para juzgar a Aníbal como hombre, nos falta; datos imparciales, pues todo lo que sobre él nos refieren los historiadores, se debe a los escritores romanos, sus enemigos. Estos le acusan de crueldad y de perfidia; y sin embargo fue menos cruel que los romanos y no faltó ni una sola vez a la fe prometida.

Aníbal, defendiendo una causa tan justa como la independencia de su patria, estaba animado por un odio perfectamente explicable contra la opresora de Cartago; y sin embargo, hace una guerra franca y leal a los romanos. Roma, por el contrario, le persigue desterrado y fugitivo, con un odio implacable, y no descansa sino cuando por los medios mas reprobados consigue deshacerse de su rival.

  1. Escipión. Para juzgar a Escipion con acierto, no se le debe comparar con Aníbal, porque son genios y caracteres distintos. Si Aníbal brilla quizá como ninguno por sus dotes militares, Escipion sobresale por su bondad y por sus sentimientos humanos, que le colocan por encima de todos los hombres de su tiempo y que honrarían a muchos generales modernos; y estas cualidades son tanto mas de notar cuanto que el carácter de Roma fue por el contrario la severidad y la dureza.

Estas condiciones de Escipion se manifestaron en la conquista de España, singularmente en la toma de Cartago Nova, dando libertad a los prisioneros; en su conducta con el rey de Numidia y      con Cartago, aun después de la batalla de Zama.

Escipion, como Marcelo, y alguno otro de su tiempo, debían  su humanidad de sentimientos y la dulzura de  su carácter, a la cultura griega, que por entonces comenzaba a penetrar en Roma.

  1. Consecuencias de las guerras púnicas. Las guerras púnicas no han concluido todavía; después de la segunda vendrá la tercera y última. Pero la importancia histórica de aquel hecho, termina en esta segunda guerra; porque en ella se resuelve de una manera decisiva la cuestión que en ellas se ventilaba, cine era la preponderancia de Roma ó de Cartago. La república africana, después de la batalla de Zama y de la muerte de Aníbal, ha dejado de ser un obstáculo para la marcha de Roma. Por esta razón debemos examinar aquí las consecuencias de aquellas guerras.

Las guerras púnicas son el hecho más importante y trascendental de la historia de la república romana. Antes de estas guerras, Roma encerrada en la  península Italiana, no pudo pensar siquiera en la conquista del mundo; pero vencida Cartago, esta idea no sólo es acariciada por Roma, sino que su realización se presenta fácil y hacedera.

El Oriente corrompido y en decadencia, y el Occidente bárbaro y dividido, constituyen ahora el objeto de la ambición de Roma, que con menos sacrificios de lo que le han costado las guerras púnicas, y en poco tiempo extenderá su dominación desde el Eúfrates al Atlántico. Así la consecuencia mas importante de aquellas guerras consiste en el carácter universal que toma desde entonces la historia de Roma.

  1. Juicio sobre Cartago y Roma. Ahora, si querernos investigar la razón del triunfo de Roma sobre Cartago, y el por qué la república cartaginesa con mas elementos y mas poder que Roma, es sin embargo vencida por ésta, encontraremos que a través de los mil vaivenes de la política y de los accidentes sin cuento que llevan consigo las guerras y conquistas, la causa de la civilización, a la corta ó a la larga, triunfa siempre de la barbarie.

Cartago, ciudad comerciante, había concluido su misión de relacionar los pueblos del Mediterráneo occidental, y desde entonces desaparecieron en ella todas las virtudes y se multiplicaron los defectos y los vicios que son inseparables del espíritu mercantil la sed del oro, aprovechando hasta los medios mas reprobados para conseguirlo ; la crueldad y la tiranía con los otros pueblos; y en el interior la corrupción y los vicios, cortejo casi obligado de las riquezas; tal es el estado en que se encontraba Cartago al comenzar las guerras púnicas. Cuando el comercio se convierte en explotación del pobre por el rico, y del pueblo vencido por el vencedor, en lugar de unir los pueblos los divide; por eso Cartago, que era ya un obstáculo a la civilización, desapareció de la historia, sin que la humanidad tenga por que sentir su desaparición.

Cuando Cartago decae, Roma se levanta; y con su genio aristocrático y su espíritu conquistador; con su exaltación del honor y su acendrado patriotismo; con su constancia en las adversidades y su fe entusiasta en la grandeza de sus destinos; con, su carácter dominador y su política de asimilación de los vencidos Roma tiene condiciones bastantes y virtudes suficientes para recoger la bandera de la civilización, y dirigir por nuevos derroteros a la humanidad en prosecución de su destino.

  1. Amílcar, desembarcando en Cádiz, extendió la dominación cartaginesa hasta el Duero y el Ebro, y murió combatiendo con los españoles. Asdrúbal, su yerno, fundó a Cartago Nova y mejoró la administración, celebrando un tratado con los romanos, por el cual quedaba Ebro como limite de las conquistas cartaginesas.
  2. Las causas de la segunda guerra púnica, son las mismas de la primera, ahora aumentadas por la creciente ambición de Roma, y por el mayor odio de Cartago, deseosa de recuperar su antiguo prestigio.
  3. Aníbal, que sucedió a su cuñado Asdrúbal, derrotó a los Olcades, Carpetanos y Vetones, y sitió y destruyó la ciudad de Sagunto, aijada de los romanos; y negándose Cartago a dar por esto hecho satisfacción a Roma, se declaró la guerra entre ambos pueblos.
  4. Partiendo de Cartagena, se dirigió Aníbal por la Costa del Mediterráneo, atravesó los Pirineos y el Ródano y llegó al pié de los Alpes; el paso de esta cordillera le costó sacrificios y penalidades sin cuento, por los obstáculos de la naturaleza y la hostilidad de los montañeses, reduciéndose su ejército a 23.900 hombres.
  5. Publio Cornelio Escipion, viniendo a España a combatir a los cartagineses, sabiendo en el camino la expedición de Aníbal, y no pudiendo estorbarle el paso del Ródano, regresó desde Marsella a  Italia para salirle al encuentro a la bajada de los Alpes, siendo derrotado en las orillas del Tesino, y poco después su colega Sempronio en el Trebia. Pasando Aníbal a Etruria venció al cónsul Flaminio en el lago Trasimeno; y mas adelante desbarató en Canas el ejército de P. Emilio y Terencio Varron.
  6. Estas batallas redujeron el poder de Roma a la Italia central. Marcelo, encargado de reducir Sicilia, tomó a Siracusa después de tres años de sitio, muriendo con este motivo el célebre Arquímedes. Al mismo tiempo la escuadra romana derrotó la de Macedonia, cerca de Apolonia.
  7. Entre tanto los romanos se apoderan de la Campania, y después de largo sitio tomaron a Capua, sin que Aníbal pudiera evitarlo. Asdrúbal con un ejército pasó de España a Italia para socorrer a su hermano; pero alcanzado por los romanos junto al Metauro, fue su ejército destruido y él mismo perdió la vida. Aníbal, sin embargo, se mantuvo todavía cinco años en la Italia meridional.
  8. Cneo Escipión y su hermano Publio vencieron en varios encuentros a los cartagineses en España; pero habiendo separado sus fuerzas, fueron derrotados y perdieron la vida. Nombrado para sustituirles Publio Cornelio Escipión, hijo de Publio, venció a los cartagineses y les tomó a Cartagena, obligándoles a repasar al África.
  9. Nombrado cónsul Escipion, al frente de 30.000 voluntarios de Italia y Sicilia, pasó al África y derrotó a Asdrúbal y se apoderó de Túnez. Cartago llamó entonces a Aníbal, que tuvo igual suerte en la batalla de Zama. Hecha la paz, Cartago renunció a sus posesiones de España y del  Mediterráneo, entregó su escuadra, pagó una fuerte indemnización, comprometiéndose a no emprender guerra alguna sin el consentimiento de Roma.
  10. Aníbal en Cartago se hizo sospechoso a los romanos; y para no caer en poder de sus enemigos, huyó a la corte de Antioco, rey de Siria, de donde tuvo también  que fugarse , acogiéndose a  Prusias, rey de Bitinia; perseguido en todas artes por el odio romano, tomó un veneno que puso fin a su existencia.
  11. Como genio militar Aníbal tal vez es superior a Alejandro y a César, por la naturaleza de los ejércitos de que dispone, y por las condiciones del enemigo a quien tenía que combatir: los historiadores romanos le acusan injustamente de crueldad y de perfidia: hizo siempre una guerra franca a Roma, y ésta le persiguió en su  destierro da una manera implacable é indigna.
  12. Escipion se distingue por su carácter bondadoso y humanitario, como puede notares en la conquista de España, y en su conducta con el rey le Numidia y con Cartago.
  13. Las guerras púnicas son el hecho mas importante de la historia de la República: vencida Cartago, en poco tiempo Roma extendió su poder desde el Eúfrates al Atlántico, y su historia toma un carácter universal.
  14. Roma triunfa sobre Cartago, porque representa la causa de la civilización. Cartago había terminado su misión, y cayó en  la corrupción y en los vicios, que acompañan al comercio: Roma tiene virtudes suficientes para continuar la marcha de la civilización.

Romulo primer gobernante de Roma Leyenda Romana Fundacion Roma

PRIMER PERÍODO DE ROMA (754-510)— LOS REYES.

  1.  1. Reinado de Rómulo: robo de las Sabinas: guerras con los pueblos vecinos: muerte de Rómulo. Según la tradición, después de la muerte (de Remo, quedó Rómulo único jefe de Roma, que por entonces no era mas que una reunión de pobres cabañas. Dícese que para aumentar la población, Rómulo ofreció asilo a los vagabundos y gente de mal vivir de las naciones vecinas, prometiéndoles su protección; y que no teniendo mujeres, Rómulo invitó a una fiesta a los sabinos y a los pueblos comarcanos, y en medio del espectáculo los romanos se apoderaron de las esposas y de las hijas de sus vecinos, originándose de este hecho criminal una guerra entre los sabinos y los romanos.

El rey sabino Tacio se dirigió contra los romanos, que sorprendidos, aceptaron la batalla dentro de los muros de su ciudad; y cuando los soldados de Rómulo se pronuncian en derrota, intervienen las sabinas, separando a los combatientes, y consiguiendo el restablecimiento de la paz, con la condición de que los sabinos ocuparían la roca Tarpeya, nombrarían de su seno cien senadores, y su rey Tacio compartiría el trono con Rómulo.

Cinco años después muere Tacio asesinado, quedando otra vez Rómulo como único rey. Para ocupar la turbulenta población de Roma, dirige sus armas contra los pueblos comarcanos, y aumentó tanto su poder, que dejó de consultar al Senado; por lo que la nobleza le quitó la vida durante la confusión producida por una gran tempestad, que estalló mientras se celebraba la asamblea del pueblo. Los senadores, sin embargo, extendieron la voz de que había sido arrebatado al Olimpo, y que se le debía adorar con el nombre de Quirino.

A Rómulo se le atribuían las mas antiguas instituciones sociales de Roma.

  1. Numa Pompilio: instituciones religiosas: A la muerte de Rómulo los senadores intentaron suprimir la monarquía, turnando ellos en el poder; pero los desórdenes que con este motivo se originaron, hicieron necesario elegir un nuevo rey, ocupando el trono el sabino Numa Pompilio, hombre sabio y virtuoso, poco dado a las guerras y conquistas, que dotó Roma de instituciones religiosas, favoreció la agricultura y las ocupaciones pacíficas, contribuyendo eficazmente a modificar la rudeza de las costumbres salvajes de los romanos.

La tradición atribuyó a Numa la creación de los sacerdotes Salios, guardadores del escudo del dios Marte; de los Flámines que cuidaban del culto, de los Augures y de las Vestales. Construyó el templo de Vesta y el de Jano, que estuvo cerrado durante su reinado, porque la paz no se alteró en su tiempo.

Numa corrigió el calendario de Rómulo, añadiendo los meses de Enero y Febrero a los días fastos y nefastos: introdujo el culto de los dioses Lares, guardadores de la familia, y del dios Término, custodio de las propiedades. Para dar mas prestigio a estas instituciones, decía habérselas comunicado la ninfa Egeria.

  1. Tulo Hostilio: los Horacios y Los Curiacios: su misión de Albalonga. Después del pacifico reinado de Numa, ocupó el trono el latino Tulo Hostilio, en cuyo tiempo los romanos vuelven a sus costumbres guerreras.

La lucha se entabló principalmente con los albanos, por las mutuas y casi constantes querellas entre los habitantes de ambas ciudades: para poner fin a esta guerra se concertó el combate de los tres hermanos Horacios, romanos, con los tres Curiacios, albanos; muriendo en la pelea estos últimos, y quedando vencedor uno solo de los Horacios.

Como  consecuencia, Albalonga fue destruida, su territorio incorporado al romano, y los habitantes trasladados a Roma, donde ocuparon con los etruscos el monte Celio, siendo algunos admitidos a la ciudadanía, y aun al Senado: atribuyéndose también a este rey la construcción de la Curia Hostilia ó palacio donde se reunían los senadores.

  1. Anco Marcio: A la muerte de Tulo Hostilio, sucediole Anco Marcio, sabino, prudente, sabio y religioso como su abuelo Numa, pero a la vez guerrero como su antecesor.

En sus guerras con los pueblos comarcanos, derrotó a los sabinos y a los etruscos, sometiendo varios pueblos del Lacio, cuyos habitantes vinieron a establecerse en Roma, en el monte Aventino. Construyó la prisión Mamertina, abierta en la roca debajo del Forum; comenzó la explotación de las salinas de la costa; la construcción del primer puente de madera (sublicio) sobre el Tíber, para poner a Roma en comunicación  con Etruria.

A este rey se debe también la fundación de Ostia en la desembocadura del Tíber, sirviendo desde entonces de puerto a Roma.

Anco Marcio fundó la institución de los Feciales, destinados a evitar las guerras con otros pueblos, pidiendo una satisfacción pacífica de las ofensas recibidas; y autorizados para declararla, valiéndose de lanza quiris que arrojaban al campo enemigo, si a los 30 días no obtenían la debida satisfacción.

  1. Dinastía etrusca: Tarquino el antiguo: Después de los tres reyes sabinos, suceden otros tres etruscos hasta la conclusión de la monarquía.

Tarquino, de origen griego, pero establecido en Etruria donde había adquirido grandes riquezas, pasó a Roma, atrayéndose el favor popular por su generosidad y por su ilustración; adquiriendo por estos medios tal prestigio, que de tutor de los hijos de Anco Marcio, a la muerte de éste, fue elevado al trono.

El reinado de Tarquino constituye el periodo más brillante de la monarquía romana. Este rey introdujo en Roma las artes y la civilización etrusca; construyo las murallas, la Cloaca Máxima, el Forum romano, el Circo Máximo, y puso los cimientos del famoso templo de Júpiter en el Capitolio, donde se habían de reunir las divinidades de las tres razas de las que se componía Roma, y donde mas adelante fueron acogidos los dioses de todos los pueblos. Tantas y tan magnificas construcciones hicieron de Roma una gran población, cuando antes de Tarquino no eran otra cosa que un conjunto de miserables habitaciones.

No se olvidó Tarquino de extender la dominación de Roma por los pueblos comarcanos. Derrotó sucesivamente a los sabinos y a los latinos, y obligó a los etruscos, después de una larga guerra, a reconocer la supremacía de Roma.

Tarquino se propuso realizar la fusión de los tres pueblos, Ramnes, Lúceres y Ticios, que habían contribuido a la formación de Roma y elevó a 300 el número de senadores.

Los hijos de Anco Marcio, a quienes Tarquino había suplantado para subir al trono, instigados tal vez por los sabinos, consiguieron que dos asesinos le quitaran la vida; a pesar de lo cual no lograron sucederle.

  1. Servio Tulio: Aunque de origen humilde, Servio Tulio, que en vida de Tarquino llegó a ser su yerno, fue elevado al trono después de su muerte por los votos del Senado y de la plebe. Venció a los latinos sublevados contra Roma; y dedicó toda su actividad al establecimiento de sabias instituciones para completar la fusión de todos los romanos y la grandeza de Roma.

Servio Tulio reorganizó el gobierno, basándolo en la propiedad, creando así la aristocracia de la riqueza: introdujo reformas ventajosas para los pobres y plebeyos, tanto en la repartición de los impuestos como en la administración de la justicia.

A este rey se atribuye la creación de las feriales latinas en honor de Júpiter; la conclusión de las murallas de Roma, la introducción de la escritura, y la modificación del valor de la moneda y de las pesas y medidas.

Amado de los plebeyos y de los pobres, pero aborrecido por los patricios, éstos concitaron contra él a su propio yerno, Tarquino, que lo hizo asesinar, pasando las ruedas del carro de su hija sobre el cadáver ensangrentado de su padre, en la calle que desde entonces lleva el nombre de Via Scellerata (funesta).

  1. Tarquino el Soberbio: conclusión de la monarquía: Muerto Servio Tulio fue elevado al trono su yerno y asesino Tarquino, que se propuso gobernar prescindiendo del pueblo y del senado, a los que debía la corona.

La tiranía, de su gobierno le hizo odioso tanto a los patricios, como a los plebeyos; pero consiguió hacerse respetar por todos, extendiendo su dominación hasta el país de los volscos, apoderándose de su capital Suessa Pomelia y de la ciudad de Gabies en el país de los latinos, por medio de la traición de su hijo Sexto, que fingiendo haber caído en desgracia de su padre, se acogió a esta población, donde le confiaron la defensa de uno de los puntos mas importantes, después de lo cual quitó la vida a los jefes de la ciudad y la entregó a las tropas romanas. Durante estos acontecimientos Tarquino recogió un inmenso botín que empleó en la continuación del Capitolio.

Creciendo el descontento de los patricios y de los plebeyos por las crueldades de Tarquino, y hallándose éste sitiando la ciudad de Ardea, capital de los Rútulos, cerca de la costa, estalló el odio de los romanos con motivo del ultraje inferido por Sexto a la bella y virtuosa Lucrecia, mujer del patricio Tarquino Colatino. Los romanos indignados juran exterminar toda la familia del tirano; y cuando Tarquino, al tener noticia de estos acontecimientos, vuelve precipitadamente a Roma, se le cierran las puertas de la ciudad, y tiene que refugiarse en Etruria. Los romanos entre tanto declaran abolida para siempre la monarquía.

  1. Constitución social de Roma durante la monarquía: La constitución romana tiene su origen y  fundamento en los primeros tiempos de la monarquía quizá en los mismos tiempos de Rómulo.

Desde los primeros tiempos, aparece la sociedad romana dividida en tres clases, los patricios, los  plebeyos y los esclavos. Los patricios eran los representantes de las antiguas familias latinas, sabinas y etruscas, que habían contribuido a la fundación de la ciudad, pero dominando siempre el elemento sabino. Estos eran los únicos ciudadanos de pleno derecho, correspondiéndoles el poder y los honores, la mayor parte de las tierras y del botín que se tornaban a los enemigos.

La plebe romana procedía de las familias latinas, obligadas a domiciliarse en Roma por la destrucción de sus ciudades, durante la conquista del Lacio en tiempo de los reyes los plebeyos ocuparon en Roma los montes Palatino, Celio y principalmente el Aventino; se les concedieron desde el principio los derechos civiles, pero no los políticos, y sólo recibían una porción insignificante de las tierras conquistadas. Los esclavos en Roma procedían de los prisioneros que durante las guerras se hacían de los enemigos, y no tenían derecho alguno.

Además de estas tres clases de personas, existían en Roma los clientes, protegidos por algún ciudadano padre de familia (patrono), ó por el jefe del Estado: procedían generalmente de los extranjeros domiciliados en Roma, y aun de esclavos que recibían de su señor la libertad; pero sus derechos eran muy limitados. Por último, los caballeros, que después constituyeron un orden intermedio entre los patricios y plebeyos, y que tanta influencia alcanzaron en los destinos de la República, no tuvieron importancia política en tiempo de los reyes; pues aunque se tomaban indistintamente de los patricios y los plebeyos, no tuvieron entonces participación alguna en el gobierno del Estado.

  1. Constitución política: Durante la monarquía los poderes estaban distribuidos entre el rey, el senado y el pueblo.

La monarquía era en Roma electiva; y los derechos de los reyes muy limitados. Puede decirse que les correspondía el poder ejecutivo y gubernativo, disponiendo del mando del ejército, de la administración de justicia, cuando se trataba de los grandes crímenes; y eran por otra parte los soberanos sacrificadores, auxiliados en estas funciones por los sacerdotes.

Al lado de los reyes existía el Senado, que en un principio no fue mas que un cuerpo consultivo sin autoridad alguna; y se componía de 300 senadores, 100 por cada tribu, elegidos por los monarcas entre los patricios de su mayor confianza, resultando así un cuerpo eminentemente aristocrático.

Pero la verdadera soberanía residía en el pueblo y en sus asambleas solemnes, ó comicios, compuestos de todos los ciudadanos, tanto patricios como plebeyos; pues les correspondía la elección de monarca, la sanción de las leyes, la declaración de la guerra y de la paz.

  1. Reformas de Servio Tulio: La primitiva constitución de  Roma en armonía con los reducidos límites de su dominación, resultó defectuosa cuando por las conquistas de los pueblos del Lacios se aumentó considerablemente la población y se alteraron Las relaciones que entre las clases existían. Se hizo, pues, necesaria una modificación de la constitución, que la llevó a cabo Servio Tulio.

servio tulioServio Tulio comenzó sus reformas, formando un censo ó inscripción de todas los habitantes de la ciudad sin distinción de tribus, ni de clases, señalando a cada uno la fortuna ó la riqueza que poseía; sirviéndole esta especie de estadística de la propiedad para repartir equitativamente los tributos según el haber de cada uno, y para la distribución del poder entre los ciudadanos.

Con arreglo a su fortuna, todos los ciudadanos fueron repartidos en seis clases, divididas a su vez en 192 centurias, comprendiendo en cada una tantos ciudadanos como fueron necesarios para que la suma de los tributos fuese igual en todas ellas; resultando por esta razón que los ricos formaban gran número de centurias, mientras que era necesario reunir en una sola un número muy considerable de familias pobres.

La primera clase comprendía los ciudadanos que tenían una fortuna de 100,000 ó más ases, dividiéndose en 98 centurias. Las demás clases habían de poseer, 75,000 ases la segunda, 50,000 la tercera, 15,000 la cuarta, y mas de 11,000 la quinta; comprendiéndose en la sexta y última los que poseían menos de esta suma, y los que no tenían ninguna propiedad.

Dividida así la población, Servio Tulio sustituyó en los Comicios el voto individual, con el voto por centurias, creando de este modo los Comicios Centuriados, en los cuales tenia toda la influencia la aristocracia de la riqueza, que por mucho tiempo no se distinguió de la nobleza de nacimiento. De esta manera, los primitivos Comicios Curiados fueron muy luego reemplazados por los Centuriados, que llegaron a entender en la elección de los reyes, en la votación de las leyes, en los asuntos de la paz y de la guerra, y en las causas criminales de grande importancia.

Además la legislación de Servio Tulio, basándose en el censo, imponía a cada clase de ciudadanos el número de centurias con que había de contribuir para la formación de un ejército respetable, la mitad compuesta de hombres mayores de 40 años, para la defensa de la ciudad, señores; y la otra mitad de 17 a 45 que eran los juniores, y que constituían los ejércitos encargados de la conquista.

Con estas reformas que ligeramente acabamos de apuntar, consiguió Servio Tulio fundir en una unidad fuerte y poderosa los elementos diversos que hasta entonces habían predominado en Roma; organizando al mismo tiempo las fuerzas militares, destinadas a vencer primero en Italia y después en todas partes.

  1. La legislación en tiempo de los reyes: patria potestad: Los reyes presentaban las leyes a los Comicios, y éstos tenían el derecho de aceptarlas ó rechazarlas; pero es lo cierto que apenas quedan indicaciones de las leyes de esta manera formuladas en tiempo de la monarquía. Los romanos en aquellos primeros tiempos, como todos los pueblos en iguales condiciones, más que por leyes escritas, debieron regirse por costumbres.

Entre estas costumbres dejaron más profunda huella en la organización de la sociedad romana y en la legislación, las que se referían a la familia. En ella el poder del padre se extiende sobre la mujer, los hijos y los nietos, con todo lo que son y poseen: y ese poder es absoluto, pudiendo venderlos, y quitarles la vida, considerándolos como una cosa, res.

Sin embargo, este poder no es tan absoluto en lo que se refiere a la mujer, pues que bajo cierto aspecto existía la igualdad entre los esposos, y aun era considerada corno la dueña en los asuntos interiores de la casa.

  1. Religión, culto y sacerdotes: La religión y el culto de los romanos, era como la sociedad, procedente de diferentes pueblos, especialmente de los griegos y de los etruscos; desde los tiempos de Numa puede asegurarse que se había ya completado el sistema religioso y las formas del culto.

Como los griegos, personificaron los romanos las acciones y las aptitudes humanas, a la vez que los fenómenos de la naturaleza: pero aquella religión completamente exterior y sensible, no tenia doctrinas, ni enseñanza moral, y era por tanto incapaz para mejorar a los hombres.

Los dioses principales fueron: Marte, dios de la guerra; Saturno, de los campos; Término, de los límites; Vesta, del fuego; y además la Fe, la Salud, la Juventud, la Concordia, etc.

En Roma se generalizó el culto de los genios protectores de la ciudad, de la casa, de la habitación; y aun cada familia tenia sus dioses Lares y sus Penates, cuidadores del hogar doméstico.

Con las conquistas aumentó extraordinariamente el número de los dioses, adoptando los de los pueblos vencidos, que venían a formar parte del Olimpo romano, aunque colocados en un lugar secundario.

Los sacerdotes no constituían una casta, ni tenían el carácter de representantes de la divinidad; eran sólo los encargados del culto. Su número se extendió considerablemente a medida que se fueron admitiendo en Roma los dioses de los países conquistados. Distinguíanse los Flámines, conservadores del fuego sagrado, que pertenecían a la clase patricia; los Salios, encargados de custodiar el escudo de Marte, caído del cielo, y que celebraban a este dios con cantos y danzas; los Arvales, que en el mes de Mayo impetraban la protección de la diosa fecunda (Dea Dia) para las sementeras; las Vestales ó sacerdotisas de Vesta; y los Feciales, personajes sagrados a quienes competían la declaración de guerra. Además existían los cuatro Pontífices, presididos por el Pontífice Máximo, que cuidaban de la celebración de las fiestas y de las ceremonias del culto, y señalaban los días hábiles para la administración de justicia (días fastos y nefastos).

En la religión romana tenia una parte muy principal la adivinación, de que estaban encargados los Augures y los Arúspices ; los primeros conocían los misterios del porvenir examinando el vuelo, el canto y el apetito de las aves, y los fenómenos celestes; y los Arúspices observaban las entrañas de las victimas y las circunstancias exteriores de los sacrificios. Estas instituciones tuvieron grande influencia en los destinos de Roma, porque no se acometía ninguna empresa importante, ni se emprendía nunca la guerra, sin consultar antes a los Augures y Arúspices.

  1. La literatura y las artes en tiempo de los Reyes: La lengua latina pertenece al tronco de los idiomas indo-germánicos, y es hermana, no hija de la griega, como por mucho tiempo se ha creido.

De la época de los Reyes sólo se han conservado algunos restos de cantos religiosos y satíricos; como el canto de los Salios en honor a Marte, que  tal vez era común a los Arvales; y los cantos de alabanza y de burla, llamados de los Satura; y tal vez las fesceninas y las atelanas.

Las artes acusan en aquel tiempo el mismo atraso que la literatura. Sólo nos han quedado algunas obras de arquitectura, como el muro de Servio Tulio, las Cloacas, etc., en las cuales puede observarse la semejanza con las construcciones de los griegos primitivos, y la influencia de la arquitectura etrusca.

  1. Agricultura, industria y comercio: La vida de los primeros romanos se repartía entre la guerra y las ocupaciones agrícolas cada ciudadano cultivaba su propiedad, ayudado de sus hijos y de sus esclavos.

Entre las instituciones más antiguas, atribuidas generalmente a Numa, se cuentan los siete oficios siguientes los tocadores de flauta, los plateros, trabajadores en cobre, los carpinteros, bataneros, tintoreros, alfareros y zapateros.

El comercio en Roma, como en casi todos los pueblos antiguos, fue reputado corno ocupación indigna de los ciudadanos honrados; dejándolo por esta razón en manos de los esclavos y de la clase pobre del pueblo. Pero a medida que aumentaron el poder de Roma y las necesidades de los romanos, el comercio se desarrolló considerablemente con los pueblos comarcanos, especialmente con la Etruria, con las colonias griegas y con la Sicilia.

  1. Juicio sobre la época de los Reyes: Ya hemos dicho que Roma, nacida de las circunstancias, y debiendo su origen a un contrato, carece de infancia, y no tuvo que pasar por ese periodo de organización, que en los demás pueblos se llama época heroica. Roma al nacer tiene las condiciones de un pueblo adulto, así es que al día siguiente de su nacimiento tiene ya formado su carácter, y cuenta con los medios é instituciones para realizar su misión, emprendiendo resueltamente desde luego el camino que en la vida de la humanidad le corresponde recorrer.

Roma habla nacido para extender por todo el mundo su dominación, y necesitaba para esto ser un Estado fuerte é inquebrantable por su organización. Debía constituirse enérgicamente en el interior, para poder imponer a los otros pueblos esa misma constitución, única y necesaria base de los grandes Estados; y estos dos fines los persiguen los reyes con una constancia admirable desde Rómulo hasta Tarquino. Así es que al concluir la monarquía estaba ya constituido todo cuanto hay de fundamental en la vida é historia de Roma.

La organización de Roma, efecto de las condiciones de su nacimiento, es desde el principio casi republicana, puesto que los ciudadanos tienen todos mas ó menos participación en el gobierno. Por esta razón la monarquía, que en los otros pueblos nace fuerte y poderosa, absorbiendo todos los derechos, como natural consecuencia de los gobiernos patriarcales, aparece en Roma con los caracteres opuestos, limitada por el pueblo y en cierto modo accidental; no es ni siquiera hereditaria; teniendo su origen en el pueblo, debe existir únicamente para el bien del pueblo: por esa razón cuando, olvidando su origen, se hace tiránica con Tarquino, el pueblo la suprime con un pretexto cualquiera, sin luchas ni violencias, y se pasa sin ella, sin que esto afecte en nada a la organización romana, que continúa siendo la misma con los Cónsules que había sido con los Reyes.

Sin embargo, la monarquía cooperó fielmente en general a los fines de Roma, contribuyendo unos reyes a la organización del Estado, y conquistando su dominación sobre los pueblos del Lacio. De este modo la República encuentra ya perfectamente trazado el camino de la historia romana.

Los Reyes, por otra, se muestran en general mas inclinados a los intereses de la clase plebeya, y opuestos a los de los patricios, inaugurando la larga lucha de los dos órdenes, que tantos accidentes han de presentar durante la República.

RESUMEN DE LA LECCIÓN III

  1. Rómulo, único jefe de Roma, después de la muerte de Remo ofreció asilo en su ciudad a la gente vagabunda, y en una fiesta los romanos se apoderaron de las mujeres y las hijas de los Sabinos, originándose de aquí una guerra entre los dos pueblos, que terminó por la intervención de las mismas sabinas. Rómulo murió asesinado por la nobleza.
  2. Sucediole el sabino Numa Pompilio, que dotó a Roma de instituciones religiosas y favoreció las ocupaciones pacíficas; se le atribuye la creación del cuerpo de los sacerdotes Salios, de los Flámines, de los Augures y de las Vestales, la construcción de los templos de Vesta y de Jano: corrigió el calendario, etc., manifestando que estas instituciones se las había comunicado la ninfa Egeria.
  3. En tiempo de Tulo Hostilio, el combate de los Horarios con los Curiaceos, terminó la guerra entre Roma y Albalonga, siendo esta ciudad destruida y sus habitantes trasladados a Roma.
  4. Anco Marcio triunfó de los pueblos vecinos, incorporando los habitantes a Roma: construyó la prisión Mamertina y el puerto de Ostia, y fundó la institución de los Feciales.
  5. Comienzan los reyes etruscos con Tarquino el Antiguo, de origen griego, que construyó la Cloaca Máxima, el Forum, el Circo Máximo, y comenzó la construcción del Capitolio; venció a los sabinos, latinos y etruscos: elevó a 300 el número de senadores; y fue asesinado por los hijos de Anco Marcio.
  6. Servio Tulio venció a los latinos, y por medio de sabias instituciones reorganizó el gobierno y la sociedad; introdujo en Roma la escritura y modificó el valor do la moneda; su propio yerno Tarquino lo hizo asesinar en la Via Scellerata.
  7. Tarquino el Soberbio se hizo odiar por los  patricios y plebeyos debido a su  crueldad: se apoderó de la capital de los Volscos y de Gabies y por el ultraje de su hijo Sexto a Lucrecia, fueron expulsados los Tarquinos y abolida la monarquía.
  8. La sociedad romana comprendía tres clases de personas: los patricios poseían todos los derechos y la mayor parte de las riquezas; los plebeyos tenían derechos civiles, pero no políticos; y los esclavos, que carecían de todo derecho. Existían además los Clientes y los Caballeros, con escasos derechos y casi ninguna influencia en la gobernación del Estado.
  9. La monarquía era electiva, y los derechos de los reyes estaban muy limitados; el Senado, que se componía de 300 senadores, era sólo un cuerpo consultivo y aristocrático; y el pueblo, que era en verdad el soberano, se reunía en los comicios para tratar todos los asuntos importantes.
  10. Servio Tulio comenzó sus reformas por el censo, dividiendo los ciudadanos en seis clases con arreglo a su fortuna: creó los Comicios Centuriados, en sustitución de los Curiados, y señaló a cada Centuria su contingente para la formación del ejército.
  11. Apenas quedan leyes de la época de la Monarquía, pues aquella sociedad debió regirse principalmente por la costumbre. El padre tenía todos los derechos sobre los descendientes y sobre la mujer, si bien ésta conserva cierto prestigio en los asuntos interiores de la casa.
  12. La religión era completamente exterior, sin doctrinas ni enseñanza moral: el número de los dioses, al principio muy reducido, se aumentó considerablemente con las conquistas. Los principales colegios de Sacerdotes eran los Flámines, los Salíos, los Arvales, las Vestales y los Feciales; y además los Pontífices. De la adivinación estaban encargados los Augures y los Arúspices.
  13. La literatura de esta época sólo presenta algunos restos de cantos religiosos y Satíricos; y de las artes sólo han llegado hasta nosotros algunos monumentos de arquitectura, como Las Cloacas.
  14. Aparte de la guerra, la principal ocupación de los romanos fue la agricultura: la industria alcanzó bastante desarrollo y el comercio, aunque menospreciado, se extendió considerablemente con los  pueblos comarcanos.
  15. Desde su origen Roma se halla constituida con un carácter propio y con las instituciones adecuadas para llenar su misión. Los Reyes dieron a Roma su constitución fuerte é inquebrantable, y extendieron sus conquistas por el Lacio, que oran las dos tendencias de la vide romana. La organización de Roma era casi republicana, y por esa razón la supresión de la monarquía se llevó a cabo sin trastornos ni violencias, y de una manera casi natural. Los Reyes siguieron una política favorable a la clase plebeya.

Reformas de Diocleciano Tetrarquía Organización del imperio por Diocleciano

roma antigua

LECCIÓN XIX:  TETRARQUÍA – ORGANIZACIÓN DE LA MONARQUÍA IMPERIAL.
DESDE DIOCLECIANO HASTA JOVIANO
(285-364).

La guerra civil, la inestabilidad de la sucesión imperial, la simultaneidad y persistencia de las invasiones bárbaras, la amplitud del territorio imperial, el desorden fiscal, la escasez de alimentos, la inflación, así como la decadencia cultural y religiosa impulsaron a Diocleciano a adoptar una política reformista que, aprovechando la experiencia de sus predecesores, basó en la descentralización y el fortalecimiento de la burocracia y del ejército.

Siguiendo la iniciativa absolutista de Aureliano, adoptó el título de Júpiter y nombró a su general y amigo Maximiano cesar y Hércules, y le confió el gobierno de Occidente, con sede en Milán. Cuando formó la tetrarquía, en 296, Diocleciano equiparó a Maximiano con el rango de augusto. Las sucesivas divisiones del poder no entrañaron, aunque sí anunciaron, la ruptura de la unidad del Imperio, afirmada como patrimonium indivisum.

  1.   Organización del imperio por Diocleciano.— Aunque de un origen humilde, nacido en Dalmacia, Diocleciano, dotado de grandes talentos militares, se había elevado a los primeros puestos por su propio mérito; y proclamado emperador a la muerte de Numeriano y de Carino, manifestó en el trono sus grandes dotes de hombre político y de gobierno.

  Los males que aquejaban al imperio tenían muy diverso origen. La escasa importancia del poder imperial, cuyas atribuciones no estaban bien determinadas; el desorden y la tiranía de la administración provincial; y las exigencias crecientes cada día de los pueblos bárbaros en las fronteras. Estas tres causas podían estimarse como las principales y más influyentes en la decadencia de Roma, y Diocleciano se propuso remediarlas, empleando con este fin su poderosa iniciativa y su incansable actividad.

  Diarquía. En primer lugar rodeó su persona del fausto y de la pompa de los monarcas orientales; y tomó como asociado a Maximiano, con el título de Augusto, distribuyéndose entre ambos las provincias, reservándose Diocleciano el Oriente, y eligiendo para su residencia la ciudad de Nicomedia; y quedándose en Occidente Maximiano, que se estableció en Milán.

Ambos se rodearon de una corte numerosa, teniendo a sus órdenes las legiones correspondientes para contener a los bárbaros. Entre tanto, Roma fue abandonada; el senado y las magistraturas romanas perdieron por esta causa la escasa importancia que aun conservaban; y fue abolida la guardia pretoriana.

  1.   Guerras en Oriente y Occidente. — La división del imperio tenía por objeto facilitar la guerra contra los pueblos que habitaban en las fronteras; con cuyo fin se eligieron por capitales las dos ciudades mejor situadas, Nicomedia y Milán.

  En la primera guerra Maximiano sometió y castigó duramente a los paisanos de la Galia (Bagodas) que agobiados por la miseria se habían sublevado contra los romanos. Tuvo que hacer la paz con Carausio, que se había declarado emperador independiente en la Bretaña; y derrotó a los  Francos en las orillas del Rhin, reparando las fortalezas entre este río y el Danubio. En el Oriente, Diocleciano venció a los Persas y Sarracenos; también a los Godos y Sármatas en las orillas del Danubio.

   La Tetrarquía. — No bastando la actividad de los dos Augustos para contener las frecuentes irrupciones de tantos pueblos que por diferentes puntos atacaban el imperio, Diocleciano creyó necesario dar participación en el gobierno a dos nuevos auxiliares, con el nombre de Césares, que venían a desempeñar las funciones de lugartenientes de los dos emperadores, a quienes habían de suceder.

Fueron nombrados Galeno, César de Diocleciano, y Constancio Cloro de Maximiano, repartiéndose las provincias entre los cuatro de la manera siguiente: Diocleciano se encargó del Asia y el Egipto, y dejó a Galeno Grecia, Tracia, Mesia, Panonia, etc., estableciéndose en Sirmium: Maximiano se reservó la Italia y el África, y encomendó a Constancio Cloro la España, las Galias y la Bretaña, eligiendo por capital a Tréveris (Augusta Treverorum).

El tránsito de Diodeciano hacia la tetrarquía fue obligado por las circunstancias, más que por una decisión intencionada. Su deseo de garantizar una sucesión sin incidentes y fortalecer la defensa de las fronteras lo llevaron, primero, a nombrar augusto a Maximiano y compartir la administración del Imperio con él. Pero la presión invasora y los problemas internos requerían una mayor descentralización. Entonces, hizo emperadores a Galerio y Constancio Cloro; les dio el título de cesar y los convirtió en herederos. A los veinte años de gobierno, Maximiano y él mismo abdicaron, cediendo a sus sucesores el título de augusto. Ellos debían nombrar nuevos cesares. Pero el sistema se quebró debido a las ambiciones de los hijos de Maximiano y Constancio Cloro, que se autonombraron emperadores.

  1. Reformas administrativas de Diocleciano. — La Tetrarquía, o división del imperio en cuatro gobiernos, se relacionaba con la administración de las provincias, que Diocleciano se propuso reformar. En primer lugar igualó a Italia con las provincias, despojándola del privilegio que siempre había tenido de no pagar tributos. Disminuyó la autoridad de los prefectos, y de los gobernadores, dividiendo las grandes provincias, y estableciendo los vicarios o subprefectos.

  Diocleciano llevó los beneficios de su gobierno a las letras y al derecho, ordenando las primeras codificaciones que se conocen en la historia con el nombre de Gregorio y hermógenes. Favoreció la industria y el comercio; y procuró con singular esmero los adelantos de la agricultura, mejorando la condición de los colonos.

  1.   Nuevas guerras en Oriente y Occidente. — Los dos Augustos y los dos Césares, comenzaron la guerra con los pueblos limítrofes a sus respectivos gobiernos. En Oriente Diocleciano venció a Achileo que se había apoderado del Egipto; y Galerio fue encargado de la guerra con los Persas, que al mando de Narsés, habían invadido Armenia, aliada de Roma: y aunque en una primera expedición estuvo en peligro de perder su ejército en los desiertos de la Persia, consiguió después vencer a Narsés, que tuvo que pedir la paz, cediendo la Mesopotamia y quedando el Tigris como limite del imperio. La paz de Nisibis se celebró con gran solemnidad en Roma.

  Entre tanto, en Occidente Maximiano derrotó en África al usurpador Juliano; y Constancio Cloro venció a los bárbaros en las orillas del Rhin persiguiéndolos hasta el Weser; pasó a Bretaña y concluyó con el gobierno independiente de Carausio.

  1. Abdicación de Diocleciano y Maximiano. — Cansado de los negocios, debilitado por las enfermedades, insensible a los goces y hastiado de las ilusiones del mando, Diocleciano resolvió abdicar el imperio, cediendo además a las vivas instancias de Galerio; y puesto de acuerdo con su colega Maximiano, en un mismo día abandonaron ambos el trono, sucediéndoles los dos Césares, Galerio y Constancio Cloro.

  Diocleciano se retiró a su pueblo natal de Salona en Dalmacia, donde pasó los últimos años de su vida, dedicado exclusivamente al cultivo de sus jardines.

  Galerio y Constancio Cloro nombraron Césares a Maximino Daia y a Severo. Constantino, hijo de Constancio, permaneció algún tiempo al lado de Galerio que, envidioso de sus relevantes condiciones, le hubiera quitado la vida a no temer una sublevación en el ejército, entusiasta del hijo de Constancio. Este llamó a su hijo a Bretaña, donde se encontraba; muriendo poco después en Evoracum (York) dejando por sucesor a Constantino, que fue nombrado Augusto por las legiones.

  1. Juicio sobre el reinado de Diocleciano. — No se puede negar la grandeza del reinado de Diocleciano. Cuando el mundo romano se hundía bajo el inmenso desorden de la anarquía militar, Diocleciano, dotado de grande energía y de mayor actividad, consiguió evitar por el pronto su ruina, y comunicar nuevos alientos a aquel cuerpo moribundo, merced a lo cual pudo prolongar todavía cerca de dos siglos su existencia.

  Pero Diocleciano, que no era un talento de primer orden, a pesar de sus grandes dotes, no podía conocer, y no conoció las causas principales de la decadencia del imperio; así es que sus disposiciones contribuyeron unas a mejorar grandemente la situación de la sociedad, mientras que otras produjeron el efecto enteramente contrario.

Diocleciano consiguió dar unidad y moralizar un tanto la administración provincial; realizó con valor la igualdad en los impuestos; concluyó con el despotismo de los pretorianos, y favoreció la agricultura, la industria y el comercio. Pero no acertó a rodear la monarquía de las instituciones políticas que le eran necesarias contentándose con encumbrar la persona del monarca, revistiéndola de la pompa y del fausto oriental; pero dejando la institución tan expuesta como estaba antes a los vaivenes de la política y a la fuerza ciega de los acontecimientos.

  La diarquía, y después la tetrarquía, si bien es cierto que eran el único medio de contener las irrupciones de los bárbaros, sembraron también el germen de división en el imperio, que dará sus frutos más adelante en tiempo de Teodosio. Y esta división por una parte, y por otra el abandono de Roma, concluyeron con la fuerte unidad, característica de la política romana, que siempre había estado representada en la gran ciudad como cabeza del mundo.

  Por último, aunque compelido por Galerio, Diocleciano cometió la torpeza y la inhumanidad de ordenar la última y más cruel persecución contra los cristianos.

  1. Seis emperadores a la vez. — A la muerte de Constancio Cloro, según el orden establecido por Diocleciano, quedó ocupando el primer lugar de la Tetrarquía el otro Augusto, Galerio, quien se dio por colega a Severo que era ya César; mientras que Constantino el hijo de Constancio, a pesar de haber sido proclamado Augusto por las legiones de Bretaña, tuvo que resignarse a desempeñar el papel de César.

  Por otra parte, el disgusto general en Italia contra Galerio, por la exacción de los tributos que ordenaba la ley de Diocleciano, y el descontento de los romanos por haber perdido su ciudad la preeminencia de capital del imperio, dio por resultado una sublevación general en Roma, en la que fue proclamado emperador Majencio, hijo de Maximiano, quien volvió a tomar el titulo de Augusto que antes había tenido como colega de Diocleciano. Severo, el Augusto nombrado por Galerio, desde Milan se dirige contra Majencio y Maximiano, pero no pudiendo penetrar en Roma, abandonado por sus tropas, y perseguido por Maximiano, tuvo que encerrarse en Rayana, y tomada la ciudad, fue condenado a muerte.

  Galerio intentó vengar la muerte de su colega, pero mal recibido en Italia, hizo la paz con Majencio y Maximiano, reconociéndolos como soberanos, y nombró Augusto a Licinio en sustitución de Severo. De esta manera se elevó a seis el número de Augustos, que fueron, Maximiano y Majencio en Italia y África, Constantino en las Galias, Galerio y Licinio en Iliria, y Maximino Daia en Oriente.

  1. Guerras entre los Augustos. — Semejante división no podía subsistir, porque todos los Augustos aspiraban a la dominación única en el Imperio. Las luchas comenzaron entre Majencio y su padre Maximiano: vencido este último, se refugió al lado de su yerno Constantino, en busca de su apoyo para recuperar el trono. Constantino se negó a esta pretensión, y el ambicioso anciano conspira contra él; descubiertas sus maquinaciones, tuvo que huir de Tréveris, y perseguido por su yerno, se quitó la vida en Marsella. Poco después acaba Galerio sus días, publicando antes de morir el edicto de tolerancia en favor de los cristianos.

  Vencedor de Maximiano, Constantino pasa a Italia, donde su cuñado Majencio se había hecho odioso por sus crueldades; y entablada la guerra entre ellos, Constantino sustituye la antigua bandera romana por el Lábaro con la cruz y el nombre de Jesucristo, en recuerdo de un sueño, en el cual se le apareció un anciano manifestándole una cruz con esta inscripción, In hoc signo vinces. Constantino derrota en Turin, en Verona y en el Puente Milvio, a Majencio, que murió ahogado en el Tíber; siendo recibido con trasportes de alegría en Roma, donde consiguió restablecer el orden, y atraerse los ánimos del pueblo y del senado, y procuró alejar las legiones mandándolas a pelear contra los bárbaros de Germania.

  Licinio, dueño del Oriente, había establecido alianza con Constantino, casándose con su hermana Constancia; y derrota en Andrinópolis a su César, Maximino Daia, que se suicidó poco después.

  De los seis Emperadores sólo restaban Constantino en Occidente, y Licinio en Oriente. Reunidos ambos en Milan, publicaron el edicto de tolerancia religiosa para todos los cultos, poniendo fin de esta manera a las persecuciones contra los cristianos. Pero aspirando ambos a dominar en todo el imperio, la guerra no se hizo esperar. Licinio fraguó una conspiración contra su cuñado, y descubierta por éste, se entabló la lucha, en la que Licinio después de haber sido derrotado, pidió y obtuvo la paz, cediendo a Constantino Panonia, Iliria, Macedonia y Grecia.

  Después de algunos años de tranquilidad entre los dos emperadores, que Constantino emplea en combatir a los Godos en la Panonia, la Iliria y la Dacia, la guerra estalla entre ellos, bajo el pretexto de que Licinio perseguía a los cristianos, a pesar del edicto de Milan. Licinio fue derrotado en Andrinópolis y en Calcedonia, y muerto poco después en Tesalónica de orden de Constantino, quedando éste como único emperador.

  1. Constantino único emperador. Fundación de Constantinopla. — Por la muerte de Licinio quedó Constantino como único dueño del Imperio; con objeto de terminar las cuestiones religiosas entre Arrió y san Atanasio, obispo de Alejandría, reunió el primer concilio ecuménico en Nicea.

  De regreso en Roma, Constantino manchó su historia mandando quitar la vida a Crispo, su hijo más querido, y a su madrastra Fausta, acusados de incesto y adulterio; cuyo hecho fue severamente reprobado por su virtuosa madre santa Helena, y del cual se arrepintió bien pronto el mismo Constantino.

Emperador Constantino

  Estos acontecimientos contribuyeron quizá a confirmar a Constantino en su idea de fundar una nueva capital del Imperio, Roma apegada a sus antiguas instituciones, y centro del paganismo, no podía convenir al fundador de una nueva monarquía, ni al protector de una nueva religión.

Y esto unido con la magnifica situación de Bizancio; colocada entre dos mares y uniendo dos continentes; y su proximidad al Danubio por una parte, donde constantemente amenazaban los Godos, y por otra al Eúfrates donde acampaban los Persas, decidió a Constantino o elegir aquel lugar para su nueva residencia; en muy poco tiempo Bizancio se aumentó considerablemente, se embelleció con magnificas construcciones, y Constantino estableciéndose en ella, y dándole el nombre de Constantinopla, la enriqueció con todos los privilegios de la antigua capital del mundo.

  1. Reorganización del Imperio por Constantino. — Constantino se propuso completar la organización política de Diocleciano, centralizando el poder en manos del emperador, igualando la condición de todas las provincias, y concluyendo con el predominio de la fuerza militar.

  En primer lugar rodeó su persona de altos dignatarios, y funcionarios privilegiados que vinieron a sustituir a la antigua nobleza, dándoles los nombres pomposos de ilustres, nobilísimos, patricios, honorables y perfectísimos. Creó un consejo privado, una especie de ministerio, formado de siete personajes de la principal nobleza, encargados de la alta administración del Estado, y de los cuales dependían un gran número de funcionarios de distintas categorías.

  Para la mejor administración y gobierno del Imperio, Constantino lo dividió en cuatro prefecturas del pretorio, que fueron, Galia, Italia, Iliria y Oriente, poniendo al frente de cada una un prefecto. Las prefecturas fueron divididas en diócesis, gobernadas por subprefectos; y las diócesis en provincias, dirigidas por procónsules o gobernadores. Esta división, sin embargo, no destruía la unidad del Imperio; pues si esas autoridades eran iguales entre si, sobre ellas existía el dominio soberano del emperador, del que todas dependían. Era, pues, la misma tetrarquía de Diocleciano, pero no expuesta a la división, por la existencia de un poder supremo que todo lo domina. Con objeto de evitar las sublevaciones de los prefectos, Constantino les concedió funciones administrativas y judiciales, pero les privó del poder militar.

  Para concluir con el predominio de la fuerza militar, Constantino comenzó suprimiendo la guardia pretoriana, y disminuyendo el contingente de las legiones de 6,000 a 4,500 hombres. Dividió las tropas en palatinas, las que daban guarnición en las ciudades, y fronterizas las que ocupaban campamentos fortificados para contener a los bárbaros en los confines del Imperio. Los jefes superiores de la milicia, llamados magistri militum, fueron dos al principio, y cuatro después; teniendo bajo sus ordenes los condes y los duques, etc. Desde este tiempo los bárbaros, como los romanos, eran admitidos igualmente en las legiones.

  Una administración relativamente tan complicada aumentó considerablemente los gastos, y hubo necesidad de aumentar también los tributos, y crear nuevos impuestos, que todos vinieron a pesar sobre los propietarios, los senadores y el comercio, por estar exentos de moda tributación el clero, la nobleza y la milicia.

  1.   Últimos actos de Constantino. — Constantino completó la organización monárquica y consiguió remediar los males que corroían el Imperio: habían vencido a los Francos, Alemanes Godos y Sármatas: recibió embajadores hasta de pueblos lejanos solicitando su amistad; pero a pesar de haber presidido el Concilio de Nicea, en sur últimos años prestó su apoyo al hereje Arrio, desterró a san Atanasio, y fue bautizado, según se cree, poco antes de morir, por el obispo arriano Eusebio de Cesárea.
  2.   Juicio sobre el reinado de Constantino. — Pocos personajes presenta la historia, sobre los cuales se hayan emitido juicios tan diversos y contradictorios, como respecto de Constantino ensalzándolo e deprimiéndolo, según el aspecto bajo el cual se considere su reinado. Y la verdad es que sus actos dan motivo suficiente para esa diversidad de Opiniones.

  No es posible negar a Constantino dotes superiores como hombre político y de gobierno, actividad incansable en sus propósitos, amor a la cultura y civilización; ni seria justo desconocer los servicios inmensos que prestó al mundo romano, y con él a la humanidad, no sólo por la organización dada al Imperio, y por los beneficios de una larga paz, sino más principalmente por haber dado la libertad a los cristianos en la predicación y propaganda del Evangelio, prestando así su poderoso amparo a la única idea que podía salvar a la sociedad moribunda.

  Pero en cambio de tantos beneficios, su memoria está manchada por la muerte de su hijo Crispo, acusado tal vez sin razón por su madrastra, y por la muerte de esta misma; y si favorece a los cristianos, no por eso se despoja por completo de sus preocupaciones paganas, levantando por un lado magníficos templos al Dios verdadero, y reparando por otro el templo de la Concordia, y consultando a los arúspices.

  Sin embargo, estas inconsecuencias tienen su explicación. Constantino había sido educado en el paganismo, que estaba llamado a desaparecer, y tenía delante de si una religión que lo había de sustituir: no son de extrañar sus dudas y vacilaciones entre el mundo que se iba, pero que era conocido, y la nueva idea, cuyo alcance moral y político no era dable a Constantino prever.

  1.   Los hijos de Constantino. — Por el testamento de Constantino había de dividirse el Imperio entre sus tres hijos, dando a Constancio el Oriente, a Constante la Italia y África, y a Constantino II el Occidente; señalándose algunas provincias a sus sobrinos Dalmacio y Annibaliano.

  Creyéndose perjudicados con esta repartición los hijos de Constantino, y descontentos los nobles y el ejército, en una sublevación de la guardia de palacio perdieron la vida los sobrinos y parientes de Constantino, salvándose únicamente Galo y Juliano, niños todavía.

  Libres de la concurrencia de sus parientes, Constancio, Constante y Constantino, se repartieron el Imberio. Constancio en Oriente, para defender a Cosroes, rey de Mesopotamia y aliado de Roma, se empeñó en guerra contra Sapor II, rey de Persia, perdiendo la batalla de Singara; pero la defensa de Nisibis, y una invasión de los Masagetas en la Persia, obligaron a Sopor a hacer la paz con los romanos.

  En Occidente Constantino II, como el mayor de los hermanos, pretendió despojar de la Italia a Constante, y perdió la vida en una batalla cerca de Aquileya. Dueño Constante de todo el Occidente, provocó con su tiranta una sublevación en las Galias, por la cual fue proclamado emperador Magnencio, perdiendo la vida el hijo de Constantino. Constancio, libre de la guerra de los persas, se dirigió contra Magnencio, que perdió la batalla de Mursa, suicidándose después.

  1. Constancio único emperador. — Por la muerte de Magnencio quedó Constancio único dueño de todo el Imperio que había regido su padre Constantino. Incapaz para gobernar, entregó al eunuco Eusebio la dirección del Estado cruel y supersticioso, persigue a los obispos, y destierra al papa Liberio, que se niegan a aprobar algunos dogmas del concilio arriano de Sirmium.

  Constancio había nombrado César a su primo Galo; y desconfiando de su lealtad, lo hizo decapitar en Pola de Istria. Entre tanto, la conducta de Constancio había producido un disgusto general en el Imperio, a la vez que los Bárbaros intentan pasar la frontera en Oriente y Occidente.

  En esta situación, Constancio nombró César a su otro primo Juliano, encargándole la guerra contra los francos y alemanes, y él se encaminó a combatir a los Godos en el Danubio, y a los persas en Oriente.

  1. Juliano en las Galias. — Suspicaz y receloso, Constancio había dejado muy escasas fuerzas a Juliano para combatir a los Bárbaros. Sin embargo, después de algunos descalabros, logró reunir un pequeño ejército, con el cual consiguió derrotar a los Francos y alemanes, les tomó a Colonia y les obligó a pasar el Rhin.

  Asegurada de este modo la frontera, Juliano volvió a Lutecia (París) que era su residencia habitual, dedicándose a mejorar la administración y promover la prosperidad de las Galias. Entre tanto, su primo Constancio, envidioso de sus triunfos y temeroso de su poder, le ordena el envío de sus mejores tropas a Oriente para combatir a los Persas. Su ejército se niega a marchar, y proclama Augusto a Juliano. Entabla éste negociaciones con Constancio para que aprobara el nombramiento; y negándose a ello, se dirigió contra Juliano, muriendo de enfermedad en Tarso do Cilicia, dejando por sucesor al mismo Juliano.

  1. Juliano el Apóstata. — Siendo el único individuo que quedaba de la familia de Constantino, y habiéndose distinguido tanto en su gobierno de las Galias, Juliano fue proclamado con entusiasmo en todo el imperio.

  En el poco tiempo que dirigió los destinos de Roma, reformó la fastuosa prodigalidad de la corte, expulsando los eunucos, cocineros, barberos, y mujeres de mal vivir, que había imperado en los tiempos anteriores, disminuyendo por estos medios una quinta parte de los impuestos. Restableció el orden en el imperio, mejoró la administración y gobernó con justicia, mostrando su gran capacidad en el trono, combates había manifestado sus talentos militares combatiendo los Bárbaros.

  Sin embargo, abjurando el cristianismo, se propuso restablecer el culto pagano; y aunque no empleó la crueldad de las persecuciones de Decio y Diocleciano se valió de Otros medios pacíficos, pero más perjudiciales a la fe que las mismas persecuciones.

  En su persecución solapada contra el cristianismo, comienza proclamando la libertad religiosa, favoreciendo sin embargo el paganismo, alejando a los cristianos de los cargos públicos, cerrándoles sus escuelas, privando de sus bienes y privilegios a las iglesias, y concediéndolos a los templos y al culto pagano.

  Poco después en guerra contra los persas, pasó Eúfrates y Tigris, internándose en desiertos, y aunque consigue a unas ventajas, perdió la vida en una batalla.

  1. Juicio sobre el reinada de Juliano el Apóstata. — Juliano había sido educado en sus primeros años en las máximas del cristianismo; y completó sus estudios en Atenas, dedicándose con verdadero afán a conocer la literatura y la filosofía griega, adoptando los principios del estoicismo.

  Como general y como César en las Galias, su conducta merece los mayores elogios, conciliándose por ella la afección del ejército y de los pueblos. Como emperador procuró entronizar las costumbres y los principios de los estoicos. Como cristiano, con sus procedimientos maquiavélicos, con el ridículo y con la sátira, hizo mas daño a la nueva religión que los más crueles perseguidores.

JUliano el apóstata

  1.   Joviano. — No habiendo designado sucesor Juliano, en el mismo campo de batalla fue proclamado por los generales Joviano, que tuvo que aceptar la paz de Dara, cediendo a los persas algunas provincias del Imperio, y que reintegró a los cristianos en los derechos que tenían antes de Juliano. Murió antes de llegar a Constantinopla, sucediéndole Valentiniano.

 RESUMEN DE LA LECCIÓN XIX.

 —1. Diocleciano procuró remediar los males que aquejaban al imperio. Rodeo su persona del fausto de las monarquías orientales tomó por asociado a Maximiano, encargándole el gobierno de Occidente, y él se reservó el Oriente.

—2. Maximiano venció a los Bagodas, paisanos de la Galia; reconoció a Carausio emperador de la Bretaña; derrotó a los francos y reparo las fortalezas entre al Rbin y el Danubio. Diocleciano venció a los godos y sármatas, a los persas y a los sarracenos.

—3. Para atender mejor a la guerra contra los Bárbaros, fueron nombrados dos nuevos, auxiliares con el titulo de Césares, que fueron Galeno y Constancio Cloro; creándose de esta manera la Tetrarquía o gobierno de cuatro, repartiéndose entre ellos las provincias.

—4. Diocleciano igualó a Italia con las provincias en lo relativo a tributos, disminuyó la autoridad de los prefectos y gobernadores; y favoreció las letras y el derecho, la agricultura, industria y comercio.

 —5. Diocleciano venció a Achileo en Egipto, y Galeno derrotó a Narsés rey de Persia, obligándolo a pedir la paz, cediendo a Roma la Mesopotamia. En Occidente Maximiano derrotó en África al usurpador Juliano, y Constancio Cloro venció a los Bárbaros, y concluyó con el gobierno de Carausio en la Brotada.

—6. En un mismo día abdicaron Diocleciano y Maximiliano, sucediéndoles los dos Césares, los cuales tomaron el título de Augustos, y nombraron nuevos Césares a Maximino Daia y a Severo. AL morir Constancio Cloro dejó por sucesor a su hijo Constantino, que fue nombrado Augusto por las legiones.

— 7. Diocleciano consiguió prolongar por algún tiempo la existencia del imperio: realizó grandes reformas beneficiosas, pero no acertó a rodear la monarquía de las instituciones que necesitaba; la Tetrarquía sembró el germen de división, que se aumentó con el abandono de Roma: y los cristianos sufrieron en este tiempo una cruel persecución.

—8. A la muerte de Constancio Cloro, el otro Augusto, Galerio, se dio por colega a Severo: en Roma fue proclamado Augusto Majencio, hijo de Maximiano, y este mismo volvió a tomar ese título, que tuvo antes con Diocleciano; Severo, en guerra con Maximiano y Majencio, se encerró en Ravena, y tomada la ciudad, fue condenado a muerte. Galerio se dio entonces por colega a Licinio. Además Constantino era Augusto en las Galias, y Maximino Daia en Oriente.

—9. Majencio derrotó a su padre Maximiano, que perseguido también por su yerno Constantino, se quitó la vida. Este último vence a Majencio, que muere ahogado en el Tiber. Maximino Daia, derrotado por Licinio en Andrinópolis, se quitó la vida: Galerio había muerto tiempo antes. Constantino y Licinio, solos emperadores, publicaron en Milán el edicto de tolerancia religiosa: declarada la guerra entre ellos, fue vencido Licinio, y perdió la vida poco después en Tesalónica.

— 10. Constantino, único emperador, reunió el Concilio en Nicea; mandó quitar la vida a su hijo y a su esposa; y trasladó la corte a Bizancio que tomó el nombre de Constantinopla.

—11. Constantino rodeó su persona de altos dignatarios y funcionarios privilegiados: creó un Consejo privado, o ministerio. Dividió el imperio en cuatro prefecturas, éstas en diócesis, y las diócesis en provincias; suprimió la guardia pretoriana, dividió las tropas en palatinas y fronterizas; y aumentó considerablemente los impuestos.

—12. Constantino venció a los Bárbaros y organizó el imperio; pero en sus últimos tiempos desterró a San Atanasio, protegió el arrianismo, y fue bautizado poco antes de morir por Eusebio de Cesárea.

—13. Constantino tenía dotes superiores como hombre de gobierno y prestó inmensos servicios al imperio y a la humanidad; pero su memoria está manchada por la muerte de su hijo, y por sus preocupaciones paganas.

— 14. Constantino dejó el imperio a sus hijos Constancio, Constante y Constantino. Constancio hace la paz con el rey de Persia; Constantino pierde la vida al querer despojar a Constante de la Italia; y éste muere poco después en las Galias donde fue proclamado Majencio, que en guerra a su vez con Constancio, fue derrotado y se suicidó.

— 15. Constancio, único emperador, entrega el gobierno a los eunucos, persigue a los obispos, y destierra al papa: manda decapitar a su primo Galo, y nombra César a Juliano.

— 16. Juliano venció a los francos y alemanes, y promovió la prosperidad de las Galias. El ejército lo proclama Augusto: Constancio se niega a reconocerlo como tal, y marchando contra él, muere de enfermedad en Tarso.

—17. Juliano fue reconocido con entusiasmo en todo el imperio. Reformó la prodigalidad de la corte, disminuyó los impuestos, restableció el orden, mejoró la administración y gobernó con justicia. Abjuró el cristianismo y persiguió de una manera solapada a los cristianos; muriendo poco después en guerra con los persas.

— 18. Juliano es digno de elogio por su conducta en las Galias, y por su política en el trono. Como cristiano es digno de reprobación por estos procedimientos maquiavélicos contra la nueva religión.

—19. Joviano reintegró a los cristianos en sus derechos y firmó la vergonzosa paz de Dara, cediendo algunas provincias a los persas.

Primeros Pobladores de Roma Antigua Etruscos Evolucion de Roma

roma antigua

LECCIÓN II: PRIMEROS POBLADORES DE ITALIA.
FUNDACIÓN DE ROMA:

1.Descripción geográfica de Italia: Italia forma una península del continente de Europa, situada en el centro del mar Mediterráneo, que tiene al E. el mar Adriático (Mare Superum), al S. el mar de Sicilia (Mare Sieulum), al O. el mar Tirreno (Mare Inferum), y al N. O. y N. E. se enlaza con el continente por la ele­vada cordillera de los Alpes., de los cuales se derivan por occidente los montes Apeninos que recorren toda la península hasta su extremo meridional, dividiéndola en dos vertientes que mandan sus aguas á los mares que la rodean.

Por la angostura de esta península, sólo se encuentra una cuenca de grande extensión al N. entre los Alpes y los Apeninos, por donde corre el río Po (Padus), que lleva sus aguas al Adriático; y otras meno­res, como la del Tíber (Tiberis), Arno, (Arnus) y otros, que las dirigen al Tirreno. En cambio existen muchos ríos de pequeño curso y escasa importancia física, pero célebres en la historia, como el Rubicon y el Metauro al E., el Macra y el Volturno al O.

Las costas de la Italia presentan menos variedad que las de Grecia; sin embargo, se encuentran en ellas el gran golfo de Génova (Sinus Ligusticus), y otros muchos menores, y gran número de bahías, especialmente en el mar Tirreno; y el golfo de Tarento, (Mare Ausonium, postea Sinus Tarentinas) en el Jó­nico.

Pertenecen a esta península las mayores islas del Mediterráneo, la Sicilia (Trinacria, Sicania), separa­da del extremo meridional de Italia por el estrecho de Mesina (Fretum Sieulwn); la de Córcega. (Cyrnos, postea Corsica), y la de Cerdeña (Ichnusa, postea Sardinia), separadas por el estrecho de Bonifacio (Fre­turn Taphro.s), y muchas otras menores, como la de Malta (Melita) al. 5. de Sicilia, las de Lípari (/Eoliw) al N. y las Egades (Egattes) al O.; la de Elba (uva), las de Ischia, Prócida y Capri, a la entrada del golfo de Nápoles.

El clima de Italia es el más agradable, y su territorio de los mas fértiles de Europa.

De cuanto acabamos de exponer puede deducirse que Italia es el país mas ventajosamente situado en el Mediterráneo, por su posición central, y por la proximidad de la isla de Sicilia al continente Africano ; reuniendo así las mejores condiciones para extender su dominación por todos los pueblos que habitan en sus costas.

PRIMEROS POBLADORES DE ITALIA. — FUNDACIÓN DE ROMA:

  1. Posición de Roma: Podemos decir que Roma ocupa la misma situación en Italia, que Italia en el Mediterráneo.En el centro de la península, a igual distancia de los Alpes y de la Sicilia, se asienta Roma á orillas de Tíber; bastante cerca de la costa para disfrutar de la ventajas de un puerto de mar, y bastante lejos para no estar expuesta á una sorpresa.Edificada al principio sobre el monte Palatino, sucesivamente se le fueron agregando el Quirinal, el Cello, el Aventino, el Janiculo, el Esquilmo y el Viminal, todos situados a la izquierda del río, excepto el Janiculo, que se encuentra á la derecha. De estos sietes montes, tomó Roma el nombre de ciudad de las saete colinas, Septimontium.
  2. Primeros pobladores de Italia: Los primeros orígenes de los habitantes de Italia, como sucede en todos los pueblos, están envueltos en la oscuridad de antiguas tradiciones que los romanos recogieron mucho tiempo  después; y que por lo mismo no pueden inspirar confianza, ni constituir segura base para la historia. La certeza científica comienza en este asunto en los tiempos de la fundación de Roma, en que ya es posible fijar la situación de los diferentes pueblos que ocupaban la península; pero enlazando estos hechos ciertos con aquellas tradiciones, puede introducirse alguna luz en materia tan oscura.

Debemos advertir, ante todo que el nombre de Italia correspondía primitivamente a la parte más meridional de la península habitada por los Italos; y sólo se generalizó a toda ella en los últimos tiempos de la República.

Situada la Italia entre la Galia y Germania al N., la Grecia al E. y la España al O., sus antiguos pobladores se refieren a las razas que primitivamente habitaron estos países. Parece indudable que los primeros pobladores de Italia pertenecen a la raza aria, aunque de diferentes ramas; y es también casi seguro que penetraron en la península por la parte septentrional pues caminaban siempre por tierra, en oposición a las colonias cuyos viajes casi siempre se han realizado por mar.

Según los mas recientes trabajos sobre la etnografía y la lingüística de Italia, el pueblo mas antiguo que ha dejado rastros de su existencia en distintos puntos de la península, fue el de los Yapigas, venidos no se sabe de donde, y que algunos piensan que eran de la misma raza de los Pelasgos de la Grecia; pero es lo cierto que penetraron en Italia por el Norte, acompañados de los Liburnos y de los Sicanos, y que se extendieron por el valle del Po y por la Italia central.

Después del establecimiento de los Yapigas, aparecen también por el Norte los Italiotas, pertenecientes a la familia de los pueblos griegos; obligando a los anteriores habitantes a retirarse a los extremos meridionales de la península, situándose los Yapigas entre el golfo de Tarento y el mar Jónico, cuyo país tomó el nombre de Yapigia.Y pasando los Sicanos a la isla Trinacria, que entonces se llamó Sicania.

Compelidos por la invasión de los Etruscos y de los Galos, los Italiotas abandonaron las fértiles llanuras del Po, y se extendieron por el centro y el sur de Italia, ocupando por una parte las costas occidentales desde el Tíber ó sea el Lacio, la Campaña y hasta la Lucania y la Sicilia, y por otra toda la región central de la península a uno y otro lado de los Apeninos, tomando la denominación general de pueblos sabelios, que comprendía los Equos, Volscos, Sabinos, Samnitas, Frentanos, etc.

  1. Los Etruscos sus establecimientos  y civilización: Siguió a los ltaliotas el pueblo Etrusco, de raza germánica, que hizo su primer asiento en las vertientes meridionales de los Alpes Réticos, descendiendo después al valle del Po, donde fundaron una confederación de doce ciudades y atravesando los Apeninos, se establecieron en la región comprendida entre el Arno, el Tíber y el mar Tirreno, que de ellos tomó el nombre de Etruria.

Los Etruscos fueron los más civilizados de los antiguos pobladores de Italia. Las ciudades de la confederación etrusca, llamadas Lucumonias, eran entre si independientes pero sus reyes ó jefes (Lars) se reunían periódicamente en Vulsinii para tratar los asuntos comunes.

Esta confederación alcanzo un poder marítimo temible hasta para los mismos cartagineses y los griegos; y realizó grandes progresos en la industria y en las bellas artes, distinguiéndose principalmente de todos los pueblos de Italia por el gran prestigio que entre ellos tenía la religión, y el cuerpo sacerdotal, célebre por el conocimiento de los auspicios y presagios. No obstante, los etruscos eran el país mas civilizado de Italia en la época de la fundación de Roma.

  1. Los restantes pueblos de la Italia antigua: Otro de los pueblos mas antiguos de la Italia es el de los Ligurios, hermano según algunos piensan, de los Sículos, y Limbos tal vez procedentes de los iberos del mediodía de Galia y de España; los primeros se establecieron en las regiones superiores del Po y en las costas del golfo de Génova, tomando aquellos países el nombre de Liguria; y los Sículos recorrieron la península hasta pasar a la isla que de su nombre se llamó Sicilia.

Por otra parte los Vénetos procedentes de la Iliria, penetraron en Italia por el N. E, apoderándose de los territorios al N. de la desembocadura del Po sobre el mar Adriático, que en adelante llevaron el nombre de Venecia y los Galos, atravesando los Alpes por el N. O., desalojaron a los Ligurios y a los Etruscos, quedando como únicos poseedores del valle del Po.

Por último, después de establecidos todos estos pueblos en Italia, comienza hacia el siglo VIII la colonización griega en las costas meridionales y en Sicilia, llegando poco después a ser predominante el elemento helénico en todas aquellas regiones.

De manera que en los tiempos de la fundación de Roma, se encontraban en la Italia, al N. los Ligurios, los Galos y los Vénetos; en el centro los Etruscos, y los pueblos de la raza Italiotas, Sabinos, Latinos, Frentanos, Samnitas, etc., al S. de las colonias griegas, con los Sicanos y Sículos en Sicilia.

Es probable que además de los pueblos que acabamos de designar, arriban  en diferentes puntos de las costas de Italia, y en tiempos muy antiguos, colonias pelásgicas venidas del Asia Menor y aun de la Grecia, sobre todo en la época de la invasión de los helenos; pues es lo cierto que en distintos Lugares de la península se encuentran restos de las construcciones que caracterizaban a este pueblo.

  1. El Lacio organización del pueblo latino: El Lacio que fue la cuna del pueblo romano, se extendía por la costa occidental de Italia desde el Tíber que lo separaba de la Etruria, hasta el Liris (Garellano) en los confines de la Campaña. En el interior el Lacio confinaba por el E. con el Samnium, y por el N. se hallaba separado de la Sabinia por el pequeño río Anio, afluente del Tíber.

Dentro de estos límites se encontraban varios pueblos de raza Italiotas, como los Volscos y los Rútulos en la costa, los Equos y Hérnicos en el interior, y los Latinos cerca del Tíber.

Sin embargo, hay que advertir que el primitivo Lacio tenía límites más reducidos, extendiéndose únicamente desde el Tíber al territorio de los Equos donde se encontraba la confederación latina, cuya capital era Albalonga, y donde después fue fundada Roma. Por las conquistas de los Reyes, el nombre de Lacio se extendió mas adelante a los países comprendidos dentro de los limites antes indicados.

Las 30 ciudades que formaban la confederación latina se gobernaban con completa independencia, teniendo cada una sus reyes propios y sus asambleas; reuniéndose sus representantes en Albalonga para tratar de los asuntos comunes.

7.Fundación de Roma: Mas abajo de la confluencia del Anio con el Tíber, y en la orilla izquierda de este no, se encontraban establecidas desde tiempos muy anteriores dos tribus latinas, la de los Ramnes y la de los Lúceres, en el monté que después se llamó Palatino.

Tal vez con estas tribus se mezclaran en otro tiempo algunos emigrantes de origen pelásgico, arribados a aquellos lugares después de la guerra de Troya. Andando el tiempo una tribu sabina, la de los Ticios, pasó el Anio, y vino a establecerse no lejos de las dos latinas, en el monte Quirinal, uniéndose con ellas, si bien conservando cada una su independencia y su organización é instituciones particulares.

Las dos tribus latinas debieron al principio mantenerse hostiles con la inmediata de los sabinos ; que tal es el carácter de las primeras relaciones entre los pueblos antiguos; pero con el tiempo desapareciendo las pequeñas diferencias que entre ellas podían existir por su diverso origen, hubieron de entrar en comunicación pacífica, constituyendo entre las tres una ciudad importante, Roma.

  1. Juicio sobre el origen de Roma: De lo que acabamos de exponer se deduce que Roma no se formó como los demás pueblos, de una manera natural, y en cierto modo espontánea, pasando insensiblemente de la tribu al Estado, y transformándose el gobierno del patriarca en monarquía; sino que su origen fue debido al cálculo y a la conveniencia de las tribus que la componían, pactando con plena conciencia las condiciones de la asociación, que fueron el mutuo interés de las tres tribus, bajo la base de igualdad y libertad, aportando todas ellas sus instituciones y su religión.Esta manera tan anómala de constituirse Roma, es la causa y única explicación de muchos hechos de su historia. En primer lugar, Roma no tuvo en su historia, como otros pueblos, un periodo de infancia, ni una edad heroica; porque desde su origen nace adulta, dominando en todos sus actos el cálculo y la reflexión.Debiendo su existencia a la incorporación de las tribus; Roma, basó en este hecho toda su historia. Conquistar para incorporarse todos los pueblos; esta es su vida. La conquista no es el fin del pueblo romano, es sólo el medio que constantemente emplea para llenar su misión  de enlazar el mundo con su propio destino.
  2. Tradiciones sobre el origen de Roma: El origen de Roma que hemos indicado, conforme a las investigaciones modernas, se fue oscureciendo y olvidando en tiempos posteriores entre los mismos romanos, no quedando otra cosa que ligeras reminiscencias, modificadas y alteradas por las generaciones durante siglos, embellecidas y desfiguradas mas adelante por los poetas y los historiadores.

Mas como esas tradiciones y fábulas han pasado hasta hace poco por verdades inconclusas, explicándose por ellas el origen de la gran ciudad, debemos aunque brevemente recordarlas.

Según la tradición, Eneas, después de la destrucción de Troya, acompañado de su hijo Julio Ascanio, arribó a las costas del Lacio junto a la desembocadura del Tíber, siendo muy bien recibido por el rey Latino, que le ofreció por esposa su hija Lavina, prometida antes a Turno, rey de los Rútulos, que con este motivo declaró la guerra al jefe troyano perdiendo la vida en la primera batalla.

Desapareciendo Eneas algún tiempo después en medio de una nueva batalla con sus enemigos, le sucedió su hijo Ascanio; éste fundó la ciudad de Albalonga en el monte Albano, que llegó a ser capital del Lacio, antes de la fundación de Roma.

La corona se mantuvo en los descendientes de Eneas y Lavinia, hasta Proca, que dejó dos hijos, Numitor y Arnulio :éste usurpó la corona que correspondía a su hermano, mató a su hijo, y obligó a su hija Rea Silvia a consagrarse al culto de Vesta, a pesar de lo cual tuvo de un solo parto dos gemelos. Amulion mandó enterrar viva a la madre, y arrojar al Tíber a los gemelos; pero salvados milagrosamente, fueron alimentados por una loba hasta que los recogió un pastor, que les dio los nombres de Rómulo y Remo ocupándolos en su mismo oficio.

Llegado a la mayor edad, y habiendo sabido el secreto de su nacimiento, dieron muerte a su tío Arnulio, y colocaron en el trono de Albalonga a su abuelo Numitor; después de lo cual se propusieron fundar una ciudad en el mismo lugar donde habían sido salvados milagrosamente, en las orillas del Tíber. Llegados allí se suscitaron algunas cuestiones entre ellos sobre la designación del lugar, de cuyas resultas Rómulo quitó la vida a su hermano Remo, y quedó por único dueño de la ciudad fundada sobre el monte Palatino.

Tal es el conocimiento tradicional sobre el origen de Roma que se ha venido sosteniendo desde la antigüedad hasta los últimos tiempos. Hoy está completamente averiguado que estas leyendas, si encierran algo de verdad, está tan velada por la fábula, que no es posible distinguirla; por cuya razón van relegándose al olvido.

  1. División de la historia de Roma: Roma realiza su historia bajo dos formas de gobierno, la monarquía y la república; pero como la monarquía existió en dos épocas distintas y separadas por la república, puede y debe dividirse esta historia en tres períodos perfectamente marcados, que son, La Monarquía ó el gobierno de los reyes, la República y el Imperio.

El primer período se extiende desde la fundación de Roma hasta la caída de la Monarquía (753 a 510).

El segundo comprende desde el establecimiento de la República hasta la fundación del Imperio (510-30).

Y el tercero, desde la fundación del Imperio hasta la caída de Roma en poder de los Bárbaros del Norte (30 a. J.C.-476 p.J.C.).

Los tres períodos de la historia de Roma se enlazan además con ciertos personajes cuyos nombres conviene tener presentes.

La fundación de Roma se relaciona con Rómulo; la caída de la Monarquía con Tarquino el Soberbio; el fin de la República y comienzo del Imperio, con Augusto; y el fin del Imperio, con Rúmulo Augústulo, último emperador romano de Occidente, destronado por los Hérulos.

RESUMEN:

1.Italia se encuentra situada en el centro del Mediterráneo, limitándola el Adriático, el mar de Sicilia, el Tirreno y los Alpes. Sus ríos principales son el Po, el Tíber y el Arno: sus golfos el de Génova y el de Tarento; las islas mas notables son Sicilia, Córcega y Cerdeña; el clima de Italia es el mas agradable y su territorio es de los más fértiles de Europa. Esta península ocupa una situación ventajosísima en el Mediterráneo.

  1. Roma ocupa la misma situación central en Italia, que ésta en el Mediterráneo: tiene Las ventajas de un puerto de mar, y no está expuesta a una sorpresa: fue edificada sobre siete colinas en las orillas del Tíber.
  2. Reina grande oscuridad sobre los primeros pobladores de Italia. Parece lo más seguro que los Yapigas con los Sicanos penetraron por el Norte, yendo a establecerse al Sur de la península y en la Sicilia: siguieron a éstos los ltaliotas que se extendieron por el centro y el sur de la Italia.
  3. Llegaron después los Etruscos, que se establecieron primero en las orillas del Po, y mas adelante pasaron al país, que de ellos tomó el nombre de Etruria este pueblo era en aquellos tiempos el mas civilizado de Italia, teniendo entre ellos gran prestigio la religión y el cuerpo sacerdotal.
  4. Además de estos pueblos vinieron de Occidente los Ligurios que se establecieron en Liguria, y los Sículos que pasaron a Sicilia; y de Iliria los Vénetos. Por último, los Galos se posesionaron de casi todo el valle del Po, y las colonias griegas inundaron las costas del mediodía. Es probable que en tiempos muy antiguos los Pelasgos abordasen a distintos puntos de la península.
  5. El Lacio estaba situado entre el Tíber, la Sabinia, el Samnium, el río Liris y el mar Tirreno. El primitivo Lacio tenía sus límites mas reducidos, y comprendía la confederación de 30 ciudades latinas, cuya capital era Albalonga.
  6. El origen de Roma es debido a dos tribus latinas, Ramnes y Lúceres, establecidas en el monte Palatino, con las que se unió después otra de Sabinia, los Ticios, conservando cada una su independencia y su organización.
  7. La fundación de Roma fue debida al interés y a la conveniencia de las tribus que la componían .Por eso Roma no tuvo infancia, dominando en su historia desde el principio el cálculo y la utilidad; derivándose igualmente de su anómalo origen su tendencia a la conquista como medio de incorporar todos los pueblos a su propio destino.
  8. Las tradiciones sobre el origen do Roma se refieren al arribo del troyano Eneas al Lacio, sus guerras con Turno y la fundación de Albalonga por su hijo Ascanio ; y después las crueldades de Amulio con la familia de su hermano Numitor, y los hechos fabulosos de Rómulo y Remo hijos da Rea Silvia. Estas tradiciones van cayendo en el olvido con las investigaciones modernas.
  9. La historia do Roma se divide en tres grandes periodos 1. los Reyes (753.510); 2. la República (510-30); y 3. El Imperio (30 a. J. C.-426 p.J. C.); ó  sea desde Rómulo hasta Tarquino el Soberbio ; desde Tarquino hasta Augusto; y desde Augusto hasta Rómulo Augústulo.

Politica de Expansion del Senado Romano Guerras Control del Mediterraneo

roma antigua

LECCIÓN IX
GUERRAS Y CONQUISTAS DE ROMA HASTA LOS GRACOS.

  1. La política romana después de la segunda guerra púnica. Reducida  Cartago a la impotencia, el senado y el pueblo romano acarician más y más la idea de dominación universal. Para su realización cuenta Roma con su propio valer, y con el prestigio que en todas partes le ha  proporcionado su triunfo sobre Cartago; y además con el rebajamiento y debilidad de los pueblos orientales, y con la división y la barbarie de los occidentales.

Mas para combatir y vencer a tantos pueblos de costumbres y civilización diferente, Roma encuentra un auxiliar poderoso en la doblez de su sistema político, introduciendo en todas partes la división, presentándose como defensora de los débiles, y libertadora de los oprimidos; proclamando el respeto a la justicia y al derecho, cuando está de su parte; pero hallándolo, cuando se opone a sus intereses, y mistificándolo en estos casos para aparecer justificada ante los vencidos.

  1. Guerra de los romanos  en Macedonia y Grecia. Dada la política inmoral del senado romano, Filipo III de Macedonia era considerado como enemigo de Roma, desde que hizo alianza con Aníbal después de la batalla de Canas ; y aunque por entonces fue derrotada su escuadra cerca de Apolonia, la venganza romana no estaba satisfecha: así es que apenas terminada la segunda guerra pánica, el senado aprovechándose de las rivalidades entre Grecia y Macedonia, manda al cónsul T. Q. Flaminio, que se presenta en Grecia como protector de los oprimidos, consiguiendo que casi todos los pueblos abandonasen al rey de Macedonia.

Aislado, y contando únicamente con sus propias fuerzas; Filipo tuvo que aceptar la batalla en Cinoscéfalos, contra los romanos ayudados de los etolios, sufriendo una completa derrota, que le obligó a comprar la paz, entregando mil talentos y toda su escuadra al vencedor, y renunciando a toda influencia en Grecia.

Vencido el rey de Macedonia, Flaminio proclamó en los juegos ístmicos la libertad de  Grecia; pero dado el carácter de los griegos, el concederles la libertad era tanto como dividirlos, aislarlos entre si para mejor dominarlos, cuando el senado lo creyese oportuno. Los únicos elementos de poder que quedaban en Grecia eran, la liga aquea, y la liga etolia, y a fin de conservar entre ellas la división y las luchas, los romanos hicieron la paz con Esparta, que, gobernada entonces por el tirano Nabis, se había hecho odiosa a todos los griegos.

  1. Guerras con Antíoco rey de Siria. Vencida Macedonia, y dividida, fraccionada y reducida a la impotencia Grecia, los romanos comienzan sus guerras en el Asia.

Los etolios que habían contribuido en primer término a la victoria de Cinoscéfalos, y que no obtuvieron de Flaminio la recompensa que esperaban, se apartaron de la alianza romana, y llamaron en su apoyo a Antíoco el Grande, rey de Siria, que con su ejército de 10.000 hombres, y los etolios que se le reunieron, se apoderé de una parte de Tesalia, y pasó el invierno en Calcis.

Entre tanto los romanos mandaron un ejército á las órdenes de Caten, que alcanzó completa victoria en las Termópilas sobre el de Antíoco, que tuvo que huir precipitadamente al Asia, quedando solos los etolios, que se entregaron a merced de los romanos. Antíoco vio poco después invadida el Asia Menor por Lucio Escipion, hermano del Africano, que desbarató por completo el ejército del rey de Siria en la batalla de Magnesia, por cuyo hecho es conocido con el nombre de Escipion el Asiático. Autíoco compró bien cara la paz con los romanos cediéndoles toda el Asia Menor hasta el Tauro, su escuadra y 15.000 talentos de indemnización; comprometiéndose además a entregarle a Aníbal, que tuvo que acogerse a la corte del rey de Bitinia.

El pequeño reino de Pérgamo, fiel aliado de Roma, se vio aumentado con una buena parte del Asia Menor, cedida por el senado a su rey Eumenes II después de la batalla de Magnesia.

  1. Guerra contra Perseo de Macedonia: batalla de Pidna. Cuando Filipo, mal avenido con la supremacía de Roma, se preparaba para sacudir su yugo, le sorprendió la muerte, sucediéndole su hijo Perseo, que aunque aparentó amistad al senado, promovió una coalición contra Roma, que le declaró la guerra. Por espacio de tres años se mantuvo indecisa la victoria; pero puesto al frente de los romanos Paulo Emilio, derrotó completamente a los macedonios en la batalla de Pidna, y Perseo hecho prisionero, fue conducido a Roma, donde murió poco después.
  2.   Macedonia y Grecia reducidas a provincias romanas. Años adelante un aventurero llamado Andriscos, haciéndose pasar como hijo de Perseo, consiguió levantar un ejército, pero fue derrotado por Metelo, y Macedonia declarada provincia romana.

Después de la batalla en Pidna y de la derrota de Andriscos, Roma creyó llegado el momento de concluir el disimulo y la doblez en sus relaciones con Grecia; y el senado decreta la disolución de la liga aquea, último baluarte de la libertad helénica. Los griegos indignados, tomaron las armas, pero fueron vencidos en Escarfía (Lócrida), y en Leucopetra, última y solemne batalla de la libertad. Corinto cayó poco después en poder del cónsul Mummio, que la arrasó y Grecia fue declarada provincia romana con el nombre de Acaya.

  1. Tercera guerra púnica. La tercera y última guerra entre Roma y Cartago fue una consecuencia del tratado que había puesto fin a la segunda. El odio de Roma a su rival no se había extinguido, ni aun después de la muerte de Aníbal: su venganza no había de quedar satisfecha hasta que Cartago desapareciera de la haz de la tierra.

Después de la batalla de Zama, Masinisa aliado de los romanos, recibió del senado Numidia que había pertenecido a Sifax. Seguro de la tolerancia y del apoyo de los romanos, se apoderó Masinisa de algunas provincias pertenecientes a Cartago; y ésta que, según el tratado concluido con Roma, no podía hacer la guerra sin el consentimiento de su rival, apeló al Senado de la conducta del rey de Numidia. Caton enviado para arreglar estas querellas entre los Estados africanos, sorprendido de la riqueza y de la prosperidad que en tan poco tiempo había recobrado Cartago, por efecto de las reformas de Aníbal, al volver a Roma proclamó repetidas veces en el senado la necesidad de destruirla, Delenda est Cartago.

Apurada la paciencia de los cartagineses por la impunidad en que dejaba el senado romano las usurpaciones de Masinisa, declaran a éste la guerra; pero Roma se interpone, preparándose a castigar a Cartago por haber violado el tratado, y sólo accede a la paz, llevándose 300 rehenes de las principales familias cartaginesas.

Roma, sin embargo, no está todavía satisfecha; la frase inhumana de Catón se ha de cumplir. Cartago se ve obligada a entregar las armas y su escuadra á los romanos; y después de todo, el senado en su implacable venganza, ordena a los habitantes abandonar su ciudad y establecerse a diez millas de la costa. Semejante perfidia llenó de indignación a los cartagineses, que en pocos días pusieron la ciudad en estado de defensa, y 70.000 hombres se reúnen junto a Cartago y sitian a los mismos romanos; los númidas, advertidos por las iniquidades de Roma, se unen con los cartagineses; y los romanos que no podían esperar semejante resistencia, ponen sitio a Cartago siendo rechazados por el esfuerzo de los habitantes.

  1. Escipión Emiliano destrucción de Cartago. En esta situación fue nombrado cónsul a la edad de 27 años, Escipion Emiliano, nieto adoptivo del vencedor de Aníbal, encargándole la dirección de la guerra. La destrucción de la escuadra cartaginesa y un terrible asalto, franquearon la entrada del ejército romano en la ciudad, defendiéndose aun los habitantes en las calles y en los templos por espacio de seis días, al cabo de los cuales la gran ciudad de Cartago, arruinada e incendiada, quedó en poder de Escipion, que no pudo contener las lágrimas en presencia de tan gran desastre, presintiéndolo igual para su patria. Este presentimiento se cumplió seis siglos adelante, con el saqueo de Roma por los Vándalos, establecidos entonces en Cartago.
  2.   Sumisión de Galia Cisalpina. La invasión de Aníbal en Italia, y sus victorias en el Tesino y en el Trebia, habían sublevado Galia Cisalpina, no bien sometida por los romanos. Así es que tan luego como, después de la batalla de Zama, Roma se vio desembarazada de la guerra con Cartago, volvió las armas contra los galos, que por espacio de tres años se defendieron heroicamente, y derrotaron en varios encuentros a los romanos.

La constancia de Roma consiguió triunfar: los Cenomanos se sometieron: los Insubrios y los Boios fueron derrotados, sufriendo la misma suerte los Ligurios y los Venetos. De esta manera, Galia Cisalpina fue declarada provincia romana, viéndose Roma obligada a transportar tribus enteras a Italia meridional, para evitar nuevas sublevaciones, estableciendo además gran número de colonias en puntos fortificados de Umbría y del Piceno, mas principalmente en las inmediaciones del Po, como Placencia, Cremona, Bononia, Mutina, etc.

  1. Guerras en España. Arrojados los cartagineses de España por Escipión, Roma, ocupada en otras guerras, no pudo dedicar una atención preferente a los asuntos de la península española, contentándose por entonces con dividirla en dos provincias, Citerior y Ulterior, separadas por el Ebro. Pero hay que tener en cuenta que la dominación de los romanos sólo se extendía a la parte oriental y a la meridional, conservándose independientes el centro, el norte y el oeste; y que aun en los países sometidos, los españoles frecuentemente les disputaron esa dominación, como sucedió con Indibil y Mandonio, en tiempo todavía de la segunda guerra púnica.

Esta primera sublevación, fue ahogada en sangre por los romanos; pero bien pronto la insurrección se hizo general, el pretor de Ulterior fue derrotado y muerto, y el de Citerior estuvo a punto de sufrir la misma suerte.

En esta situación fue a España el cónsul M. Catón, que derrotó a los naturales en la batalla de Ampurias, recobrando por ella la parte comprendida entre el Ebro y los Pirineos. Mas adelante Sempronio Graco llegó a dominar en Celtiberia, mas por la dulzura y moderación de su carácter, que por sus victorias pero después de algunos años de paz, la crueldad y las exacciones de los pretores provocaron la sublevación de varios pueblos, principalmente los celtíberos y los lusitanos, siendo derrotado el cónsul Novilior, hasta que Claudio Marcelo, con sus victorias y con su hábil política, consiguió restablecer la dominación romana.

  1. Viriato. Los sucesores de Marcelo se distinguieron por su crueldad y su perfidia con los españoles. El cónsul L. Lúculo degolló la guarnición de Cauca (Coca) después de haber capitulado, y Galba hizo los mismos con una multitud de lusitanos.

Viriato, escapado de la matanza de Galba, se puso al frente de los lusitanos para defender su independencia, y vengar a sus compatriotas. El pastor lusitano, ahora general, derrotó consecutivamente cinco pretores romanos, y obligó al cónsul Fabio Serviliano a negociar un tratado. No encontrando medios de deshacerse de Viriato por la fuerza de las armas, el cónsul Cepion le mandó a asesinar.

La muerte de Viriato introdujo la división entre los lusitanos, que poco después fueron sometidos por Junio Bruto. 

  1. Guerra de Numancia. En el país de los Pelendones, comprendido en la denominación general de Celtiberia, se encontraba la ciudad de Numancia, a orillas del Duero, en la moderna provincia de Soria.

Sublevados los Arevacos contra la tiranía de los romanos, fueron sometidos por Metelo, acogiéndose los fugitivos a Numancia. Con este pretexto los rotan, y conducen a la ruina de la República, y por manos le declararon la guerra; pero los numantinos se defendieron heroicamente por espacio de siete años contra todo el poder de Roma, en cuyo tiempo derrotaran varias veces a los ejércitos de la República, obligaron al cónsul Mancino a aceptar un tratado vergonzoso para Roma.

 Numancia llegó a ser el terror de los romanos; los legionarios no podían sostener la mirada de un numantino; y los ejércitos huían despavoridos ante los habitantes de la ciudad celtibera. Roma avergonzada con tantas derrotas, mandó a España a Escipión Emiliano, el destructor de Cartago, que después de restablecer la disciplina en el ejército, tuvo que rodear su campamento con un triple muro, para librarse de las salidas de los numantinos. Esta pequeña ciudad, que por espacio de nueve años tuvo en jaque a los ejércitos de Roma, sucumbió por hambre después de quince meses de bloqueo, pereciendo todos sus habitantes, unos durante el sitio, y otros pegando fuego a la ciudad, se arrojaron a las llamas. Escipion, entrando en Numancia, no hizo un solo prisionero.

  1. Grandeza de la República: juicio sobre las conquistas romanas. Durante el siglo II antes de J.C., Roma extiende su dominación por la mayor parte de los pueblos que rodean el Mediterráneo, apoderándose de Grecia y Macedonia y de parte del Asia Menor, y sometiendo en Occidente  España y la costa africana.

Tantas conquistas en setenta años (201-129) acusan la gran actividad y el vigor y la energía del pueblo romano; mucho mas si se tiene en cuenta que aquellas conquistas no eran pasajeras, sino definitivas, quedando aquellos pueblos incorporados a Roma por muchos siglos. En este tiempo se realiza la grandeza de Roma; en los que vendrán no se hará otra cosa que completarla.

Pero si tantas conquistas revelan la virilidad de Roma, no hay que olvidar que entra por mucho en ese resultado la política artera, cruel y poco escrupulosa del senado, engañando a los griegos, faltando a la fe de los tratados con Cartago, sacrificando poblaciones enteras en España, mandando asesinar a Viriato, arrasando a Corinto, Cartago y Numancia; y hollando en todas partes el derecho y la justicia, cuando se oponen a la ambición y a los intereses de Roma.

  1. Señales de decadencia en Roma. Al mismo tiempo que la República llega al apogeo de su poder, comienzan a manifestarse señales evidentes de decadencia, por el olvido de la antiguas virtudes que tanto han contribuido a su grandeza, sustituyéndolas con los vicios que corroen y arruinan todo Estado por fuerte y poderoso que parezca.

Tantas y tan súbitas, y  relativamente fáciles conquistas, cambian la  noble ambición de Roma, en orgullo desmedido, en soberbia intolerable, mirando con el mas alto desprecio, y tratando con la mas opresora tiranía, a todos los pueblos conquistados y la antigua sencillez y hasta rudeza de costumbres, fue decayendo por virtud de tantas riquezas acumuladas, a la vez que se despertaba la afición a los goces del sentido, a los vicios y a la corrupción y se olvida y se desprecia la religión, sustituyéndole el descreimiento y el indiferentismo: y el desprendimiento y el amor a la patria degeneran en avaricia y en amor a las riquezas, que lleva a explotar a los pueblos vencidos en lugar de gobernarlos en justicia.

Y todos estos gérmenes de decadencia, crecen como la espuma, se desarrollan con otras nuevas conquistas. Así la misma causa de grandeza de Roma, que son las conquistas, es el origen de su ruina.

Escipión Emiliano primero, y Catón el Censor después, intentaron, aunque por diferentes medios reformar la sociedad romana, persiguiendo el vicio y corrupción y procurando restablecer la severidad de las antiguas costumbres. Pero sus esfuerzos generosos fueron ineficaces, y el mal, lejos de disminuir, aumentó con las nuevas conquistas y las mayores riquezas que cada día se acumularon en Roma.

  1. Modificaciones políticas y sociales en Roma. La influencia de las conquistas romanas no se limitó a las costumbres, sino que alcanzó también a la constitución política.

En primer lugar, el antiguo patriciado casi desaparece por completo, perdiendo la vida en las guerras la mayor parte de sus individuos, y mezclándose los restantes con los plebeyos, después que la ley Canuleya permitió los matrimonios entre ambos órdenes. Y aquella antigua aristocracia fue ahora sustituida por la nobleza del dinero y de las riquezas (nobilitas), a la que pertenecían tanto los patricios como muchos plebeyos que se habían hecho poderosos, apoderándose de las tierras comunes, arrendando los impuestos, explotando todos los cargos públicos y principalmente esquilmando como gobernadores las provincias.

Esta aristocracia de la riqueza, mas orgullosa y tiránica que el antiguo patriciado, restableció los comicios por centurias, anulando casi por completo las asambleas de las tribus, privando así al pueblo de le única garantía de su independencia, y haciéndolo esclavo, como en otro tiempo, de los ricos y poderosos. Por otra parte, el senado fue arrogándose uno tras otro todos los derechos, que tan penosamente habían adquirido los plebeyos. De esta manera quedan ahora frente a frente los ricos y los pobres; entablándose una lucha, no para conquistar derechos como anteriormente, sino de la miseria contra la avaricia, que dio funestos resultados, y trajo muchos días de luto a la República.

Hízose mas profunda la separación entre los ricos y los pobres, por haber desaparecido, en aquellas guerras incesantes, la clase media en Roma, y la población libre de los campos, que formaban el núcleo de las legiones; resultando de aquí la decadencia de la agricultura, convirtiendo en dehesas de pastos las tierras de labor, y entregando todas las faenas del campo a los esclavos, cuyo número se aumentó de una manera extraordinaria durante las guerras, contribuyendo poderosamente a la corrupción y a la decadencia de la República.

Se deduce que, a consecuencia de las guerras y conquistas, comienza en Roma la disolución social, la confusión de todos los principios que hasta ahora habían mantenido el equilibrio político, la relajación y la inmoralidad, todo lo cual acaba por desquiciar el gobierno y conmover profundamente la República.

RESUMEN DE LA LECCIÓN IX.

  1. La política romana después de la segunda guerra púnica. Para combatir y vencer a los pueblos del Mediterráneo cuenta Roma con su gran poder y su prestigio, con la debilidad de los pueblos orientales, y la barbarie y división de los occidentales y principalmente con la doblez de su política, y esta disposición a hollar en todas partes el derecho y la justicia, cuando están en contra de sus intereses.
  2. Guerra de los romanos  en Macedonia y Grecia. Dada la política inmoral del senado romano, Filipo III de Macedonia era considerado como enemigo de Roma, desde que hizo alianza con Aníbal después de la batalla de Canas ; y aunque por entonces fue derrotada su escuadra cerca de Apolonia, la venganza romana no estaba satisfecha: así es que apenas terminada la segunda guerra pánica, el senado aprovechándose de las rivalidades entre Grecia y Macedonia, manda al cónsul T. Q. Flaminio, que se presenta en Grecia como protector de los oprimidos, consiguiendo que casi todos los pueblos abandonasen al rey de Macedonia.
  3. Guerras con Antíoco rey de Siria. Vencida Macedonia, y dividida, fraccionada y reducida a la impotencia Grecia, los romanos comienzan sus guerras en el Asia.

El pequeño reino de Pérgamo, fiel aliado de Roma, se vio aumentado con una buena parte del Asia Menor, cedida por el senado a su rey Eumenes II después de la batalla de Magnesia.

  1. Guerra contra Perseo de Macedonia: batalla de Pidna. Cuando Filipo, mal avenido con la supremacía de Roma, se preparaba para sacudir su yugo, le sorprendió la muerte, sucediéndole su hijo Perseo, que aunque aparentó amistad al senado, promovió una coalición contra Roma, que le declaró la guerra.
  2. Macedonia y Grecia reducidas a provincias romanas. Mas adelante el cónsul Metelo derrotó al aventurero Andriscos, y declaró Macedonia provincia romana, igual suerte tuvo Grecia, después de la batalla de Leucopetra y de la toma de Corinto por el Mummio que fue convertida en provincia romana con el nombre de Acaya.
  3. Tercera guerra púnica. La tercera y última guerra entre Roma y Cartago fue una consecuencia del tratado que había puesto fin a la segunda. Después de la batalla de Zama, Masinisa aliado de los romanos, recibió del senado Numidia que había pertenecido a Sifax. Seguro de la tolerancia y del apoyo de los romanos, se apoderó Masinisa de algunas provincias pertenecientes a Cartago; y ésta que, según el tratado concluido con Roma, no podía hacer la guerra sin el consentimiento de su rival, apeló al Senado de la conducta del rey de Numidia. Catón enviado para arreglar estas querellas entre los Estados africanos, sorprendido de la riqueza y de la prosperidad que en tan poco tiempo había recobrado Cartago, por efecto de las reformas de Aníbal, al volver a Roma proclamó repetidas veces en el senado la necesidad de destruirla, Delenda est Cartago. Roma, sin embargo, no está todavía satisfecha; la frase inhumana de Catón se ha de cumplir.
  4. Escipión Emiliano destrucción de Cartago. Este presentimiento se cumplió seis siglos adelante, con el saqueo de Roma por los Vándalos, establecidos entonces la Cartago.

8.Sumisión de Galia Cisalpina. Así es que tan luego como, después de la batalla de Zama, Roma se vio desembarazada de la guerra con Cartago, volvió las armas contra los galos, que por espacio de tres años se defendieron heroicamente, y derrotaron en varios encuentros a los romanos. Arrojados los cartagineses de España por Escipión, Roma, ocupada en otras guerras, no pudo dedicar una atención preferente a los asuntos de la península española, contentándose por entonces con dividirla en dos provincias, Citerior y Ulterior, separadas por el Ebro.

  1. Viriato. El pastor lusitano, ahora general, derrotó consecutivamente cinco pretores romanos, y obligó al cónsul Fabio Serviliano a negociar un tratado.
  2. Guerra de Numancia. Numancia, que había dado acogida a los fugitivos, se ve sitiada por los romanos; pero sus habitantes derrotaron varias veces a los romanos, e impusieron un tratado vergonzoso al cónsul Mancino: cuando cayó en poder de Escipión Emiliano, después de quince meses de bloqueo, todos sus habitantes habían perecido por el hambre ó en el incendio a la ciudad
  3. Grandeza de la República: juicio sobre las conquistas romanas. Durante el siglo II antes de J.C., Roma extiende su dominación por la mayor parte de los pueblos que rodean el Mediterráneo, apoderándose de Grecia y Macedonia y de parte del Asia Menor, y sometiendo en Occidente  España y la costa africana. Tantas conquistas en setenta años (201-129) acusan la gran actividad y el vigor y la energía del pueblo romano; mucho mas si se tiene en cuenta que aquellas conquistas no eran pasajeras, sino definitivas, quedando aquellos pueblos incorporados a Roma por muchos siglos. Pero si tantas conquistas revelan la virilidad de Roma, no hay que olvidar que entra por mucho en ese resultado la política artera, cruel y poco escrupulosa del senado, engañando a los griegos, faltando a la fe de los tratados con Cartago, sacrificando poblaciones enteras en España, mandando asesinar a Viriato, arrasando a Corinto, Cartago y Numancia; y hollando en todas partes el derecho y la justicia, cuando se oponen a la ambición y a los intereses de Roma.
  4. Señales de decadencia en Roma. Así la misma causa de grandeza de Roma, que son las conquistas, es el origen de su ruina.
  5. Modificaciones políticas y sociales en Roma. Durante las guerras desaparece casi por completo el antiguo patriciado, sustituyéndole la aristocracia del dinero, que tiranizó ahora y esclavizó á la clase pobre, arrebatándolo casi todos sus derechos. Juntamente desapareció la clase media y los hombres libres del campo; decayendo por esta razón la agricultura, cuyas faenas hubo que encargar a los esclavos.

Mario y Sila Partido Popular Luchas Internas en Roma Causas Mitriades

LECCIÓN XI. MARIO Y SILA (-100 a -81).

1. Estado de los partidos en Roma al comenzar el siglo I antes de J.C. — Durante los acontecimientos de la época de los Gracos se habían ido marcando cada vez más las aspiraciones y tendencias opuestas de los dos partidos aristocrático y democrático. A la muerte de Cayo Graco quedaron triunfantes los aristócratas, a cuyo frente se encontraban Metelo y Escévola; los demócratas recobran sus esperanzas con las victorias de Mario sobre Lugurta, y sobre los Cimbros y Tentones, considerándolo como su jefe natural, por su origen, por su educación, y por la protección que concedió a los proletarios admitiéndolos en los ejércitos.

Al regresar Mario a Roma, después de sus victorias sobre los bárbaros, dirigían el partido popular el demagogo Apuleyo Saturníno y Glaucia. Con objeto de adquirirse mayor popularidad, Saturnino propuso vacías leyes favorables a los pobres, y principalmente la repartición de tierras en la Galia entre los soldados vencedores de los bárbaros, declarando culpable al senador que no jurase la ley después de votada por las tribus. Todos los senadores transigieron, votando una ley tan depresiva para ellos; y sólo Metelo prefirió marchar al destierro, antes que votarla.

Pasando más adelante, Saturnino hizo asesinar a Memmio competidor de Glaucia en la elección de cónsules: y este atentado sublevó contra él a todo el pueblo, y el mismo Mario tuvo que combatirlo, pareciendo Saturnino en la refriega. Triunfantes otra vez los aristócratas, fueron abolidas las leyes de Saturnino, perseguidos sus parciales, y el mismo Mario tuvo que expatriarse, volviendo Metelo a Roma, donde fue recibido con entusiasmo.

2. Tribunado de Livio Druso. — La reacción aristocrática se opuso, como siempre, a la extensión del derecho de ciudad a los italianos, y éstos comenzaron a agitarse en toda la península. Por otra parte los caballeros, dueños de los tribunales, se manifiestan hostiles a los aristócratas, que procuran por todos los medios recuperar la administración de justicia.

Elegido tribuno Livio Druso, hijo del otro Druso competidor de los Gracos, se propuso por medio de una transacción, concluir con el estado de violencia de los partidos, y atajar los males que amenazaban a la patria.

A este fin propuso que la administración de justicia volviese al senado; que fuesen nombrados senadores 300 caballeros, que se repartiesen tierras a los pobres en Italia y Sicilia, y que se concediese el derecho de ciudad a todos los italianos.

Pero estas reformas fueron mal recibidas por todos los partidos que se sublevaron contra ellas, y Druso fue asesinado.

Solos los italianos velan su salvación en las proposiciones de Druso; así es que, muerto éste, comprendieron que su causa estaba perdida en Roma, y apelaron a defenderla con las armas en la mano.

 3. Guerra social: causas y consecuencias. — Las causas de la guerra social se encuentran en obstinación de la nobleza en no conceder a los italianos el derecho de ciudadanos romanos; expulsando a Roma a los que fraudulentamente se introducían en las tribus, y haciendo perecer a todos los que, convencidos de la justicia de su petición, se convertían en defensores de su causa, como los Gracos, Druso, etc. Apurados todos los recursos, y sin esperanza de obtener satisfacción pacifica a sus justas pretensiones, los italianos apelaron a la guerra.

Los Marsos, los Samnitas, los Apulios, Campanios y Lucanienses; en suma toda Italia central y meridional, se levantaron, constituyendo una república llamada itálica, a semejanza de la de Roma, y cuya capital era Corfinium. En esta guerra tomaron parte los principales generales de Roma, J. César (padre del dictador), Pompeyo Estrabon, Mario, Metelo y Sila; figurando al frente de los italianos sus dos cónsules Pompedio Silo y Afranio.

Por espacio de tres años combatieron con el mayor encarnizamiento: romanos e italianos, sin que la victoria se manifestase decididamente por unos ni por otros. Por lo cual el senado, deseando concluir una guerra en que hallan ya perecidos 300,000 hombres después de algunas victorias importantes de Sila sobre los aliados, comenzó a introducir la división entre ellos, concediendo el derecho de ciudad a los que habían permanecido fieles a Roma, y a todos los que se sometieron voluntariamente.

Esta concesión, terminada la guerra, se hizo extensiva a todos los aliados: debilitando sin embargo los efectos de esta medida, por haber colocado a los nuevos ciudadanos en las últimas tribus.

4. Juicio sobre la guerra social. — Ya hemos expuesto la justicia que asistía a los italianos solicitando que se les concediera el mismo derecho que a los ciudadanos romanos, puesto que estaban sometidos a los mismos deberes y obligaciones.

Roma, sin embargo, resistió sus pretensiones; y aunque esta resistencia procedía en primer lugar de la nobleza, que por orgullo y por interés se negó a todo trance a abrir el santuario de sus privilegios a los otros pueblos de Italia, conviene tener presente que hasta el partido popular en su mayor parte sentía la misma aversión a igualarse con los italianos.

De manera que la resistencia era igual en todos los partidos; era la resistencia de Roma, que en su estrechez de miras, como sucedía en todos los pueblos antiguos, creía una abdicación de su soberanía el asimilarse los pueblos vencidos. Así se comprende que los pocos romanos que se opusieron a ese exclusivismo, perecieran en la demanda, arrollados por el orgullo de la gran ciudad.

La guerra social fue en realidad la primera guerra civil, que no en vano llevaban tanto tiempo de vida común en los campamentos los romanos y los italianos. Así se explican los horrores y las crueldades que unos y otros cometieron, y que exceden a toda ponderación.

La justicia de la causa italiana vino a ser reconocida por Roma después de la guerra, concediendo sucesivamente a todos aquellos pueblos el derecho de ciudad, por el cual habían combatido.

Esta concesión destruyó la antigua organización del poder de Roma, desapareciendo la distinción entre los municipios, las colonias y los aliados, igualándose todos en la unidad general con el goce de los mismos derechos políticos. Roma en adelante no será sólo Roma, sino toda Italia; en espera de otros tiempos que llevarán el espíritu y la vida da la gran ciudad a todo el imperio.

5. Causas de la rivalidad de Mario y Sila. — A pesar de tantos esfuerzos generosos para borrar la antipatía entre el pueblo y la aristocracia en Roma, los dos órdenes continúan siempre opuestos en ideas, aspiraciones e intereses, convirtiéndose esta oposición, por los últimos acontecimientos, en motivo perenne de rivalidad y de lucha, que bien pronto ha de dar fatales resultados.

Esta misma rivalidad del pueblo y de la nobleza se reflejó en sus dos representantes Mario y Sila, plebeyo aquel, grosero, ignorante, pero valiente y dotado de las más relevantes condiciones militares, y por último, decidido por la causa popular; y Sila, aristócrata, culto y civilizado, de costumbres corrompidas, cruel e inaccesible a todo humanitario sentimiento. Entre estos dos personajes tan distintos, exacta representación cado uno de la clase a que pertenece, había de surgir necesariamente la oposición y la rivalidad.

Y no era de ahora la enemistad de Mario y Sila. Había comenzado desde que ambos habían tomado parte en la carrera de las armas; y había crecido en la guerra de Yugarta, y en la de los Cimbros; y se aumentó con los triunfos de Sila en Asia y llegó a su colmo con su participación en la guerra social.

De manera que Mario y Sila, por sus dotes personales, por sus antecedentes por la clase que representan, y por la ambición de ambos a dominar en Roma, estaban llamados a encontrarse siempre frente a frente, luchar sin tregua ni descanso, hasta que uno de ellos sucumbiera.

6. Tribunado de Sulpicio Rufo: huida de Mario. — Los triunfos de Sila en la guerra social, y el haber sido elegido cónsul en oposición a Mario, obligaron éste a retirarse de Roma.

Pero cuando el senado confía a Sila el mando del ejército en la guerra contra Mitrídates, Mario vuelve a Roma, se gana a los caballeros e italianos, y el partido popular, dirigido por el tribuno Sulpicio Rufo, consiguió en los comicios anular el nombramiento de Sila, y conferírselo a Mario.

Colocado al frente de las legiones en Campania, Sila desobedece las órdenes de Roma, se dirige contra la capital, y vence en medio de las calles a los partidarios de Mario y de Sulpicio, que tienen que apelar a la fuga para salvarse. Sila condena a muerte a sus enemigos; y anula todo lo hecho por Sulpicio, que poco después perece a manos de los sicarios del dictador.

Mario en tanto huye a Minturnia, y de allí pasa al África, corriendo mil peligros, hasta refugiarse en la isla de Cercina.

Poco después de estos acontecimientos, fue elegido cónsul Cina, partidario de Mario, sin oposición por parte de Sila éste, después de algunas reformas para favorecer a los aristócratas, marchó al Oriente para combatir a Mitridates, rey del Ponto.

7. Consulado de Cina: Guerra civil. — Poco después de abandonar Sila Italia, el cónsul Cina, amigo del pueblo a pesar de su origen aristocrático, restableció la ley de Sulpicio en favor de los italianos, proponiendo que se levantara el destierro a los amigos de Mario. La oposición de los nobles a estas medidas produjo un motín en Roma, en el que Cina fue vencido, perdiendo el consulado, y saliendo para el destierro.

Cina se dirige a la Campania, donde subleva las legiones; únase con Sertorio y Carbón, levantan un ejército entre los aliados italianos, y a las órdenes de Mario que había regresado de África, penetran en Roma, entregándose durante cinco días al saqueo y al degüello de los partidarios de Sila. Mario fue nombrado cónsul por sétima vez, muriendo al poco tiempo víctima de los excesos.

Le sucedió Cina que restableció las leyes de Sulpicio, y encargó a su colega Lucio Valerio Flaco el mando del ejército para combatir a Sila y a Mitridates; poco después murió a manos de los soldados.

8. Primera guerra contra Mitrídates. — Mientras los romanos consumen sus fuerzas en las luchas de los partidos, se les presenta en el Oriente uno de los enemigos más terribles que encontraron en la larga historia: Mitrídates VI rey del Ponto, en Asia Menor.

Mitrídates había extendido su dominación sobre casi toda Asia Menor, menospreciando las quejas y las amenazas del senado. Declara la guerra a Roma, ordenando degollar a todos los romanos del Asia y de Grecia, pereciendo con este motivo 80,000 hombres y al frente de un poderoso ejército y protegido por numerosa escuadra, se apodera de Tracia, Macedonia y Grecia, y derrota las primeras legiones romanas que salen a su encuentro.

En estas circunstancias se presenta Sila en Grecia, entregándosele todas las poblaciones, excepto Atenas, que después de un largo sitio, fue tomada y saqueada, y sacrificados un gran número de sus habitantes. Dirigiéndose entonces contra los generales del rey del Ponto, destruye un primer ejército en Queronea, y otro poco después en Orcomena: con lo que Mitridates perdió Grecia, Macedonia y Tracia, y vio sublevarse contra él los pueblos del Asia Menor.

Mientras Sila se prepara para llevar la guerra al Asia, el ejército mandado por Cina a las órdenes de Flaco, y muerto éste a las de Fimbria, vence al hijo de Mitrídates; y éste acosado por Sila, Fimbria y Lúculo, pidió la paz que Sila le concedió, quedando reducido a su antiguo reino del Ponto, entregando a lo romanos 2,000 talentos, y una escuadra de 80 naves.

9. Sila en Roma: continuación de la guerra civil. — Sabiendo Sila los acontecimientos que se habían realizado en Italia durante su ausencia, no tuvo inconveniente en aceptar la paz que Mitrídates le propuso, con objeto de abreviar su regreso a Roma, donde se dirige con 40,000 veteranos, desembarcando en Brindis.

Muertos Mario y Cina, el partido popular estaba ahora dirigido por el cónsul Carbon, Sertorio, Escipión y Mario el joven, quienes levantan un ejército de 100,000 hombres para detener a Sila. Este recibió en su campo a los aristócratas perseguidos, entre ellos Metelo, Craso y Pompeyo; y dirigiéndose contra sus enemigos, derrota a Norbano en Campania, se pasa a su campo el ejército de Escipión, vence a Mario en Preneste y en Sacriport, y se encamina a Roma que le abre las puertas. Sertorio poco antes había huido a España; Norbano derrotado nuevamente abandona Italia marchándose a Rodas, y Carbon al África.

Sólo quedaba a Sila un enemigo que combatir: Poncio Telesino, el jefe de los samnitas, que al frente de 80,000 hombres, se dirigió contra Roma, siendo derrotado y muerto en la Puerta Colina, mandando Sila degollar en el campo de marte 6,000 prisioneros cogidos en la batalla.

10. Dictadura y proscripciones de Sila. — Libre de enemigos y pacificada Italia, Sila fue investido por el senado de poderes extraordinarios sin duración determinada, comenzando entonces aquellas célebres proscripciones, por las cuales se deshizo de todos sus enemigos, pereciendo más de 4,000 ciudadanos, salvándose únicamente Cesar, sobrino de Mario y yerno de Cina.

No hay seguramente en la historia una época del terror que se pueda comparar con las proscripciones de Sila. Por espacio de muchos meses apareció diariamente en los lugares públicos, una lista de las personas entregadas a la crueldad y venganza de los sicarios del dictador. Los esclavos mataban a sus amos para obtener el premio ofrecido por sus cabezas, y hubo hijos que con igual objeto quitaron la vida a sus padres.

No se limitó a Roma la matanza de los enemigos, sino que se extendió a tecla Italia, principalmente al país de los Samnitas y a la Etruria, que quedaron entonces deshabitados. Y no sólo los partidarios de Mario fueron en todas partes sacrificados; sino que sufrieron igual suerte las personas distinguidas por su reputación, y sobre todo, los ricos, cuyos bienes se apropiaron los amigos de Sila, fabricando de esta manera su fortuna el célebre Craso, y otros muchos.

11. Administración de Sila: su abdicación y su muerte. — Con la misma energía con que había sabido deshacerse de todos sus enemigos, harto ya de matanza, se dedicó Sila a consolidar su triunfo, restablecer la supremacía de los patricios, anular el partido democrático, y a ordenar la administración.
En primer lugar, devolvió a los comicios por centurias las atribuciones legislativas que correspondían a los comicios por tribus; privó a los tribunos de todo su poder, dejándoles únicamente el veto; restituyó senado el poder judicial; y privó a los pueblos de Italia del derecho de ciudad.

En sus últimos tiempos se dedicó a restablecer orden y mejorarla administración, por medio de útiles reglamentos que reprimían la avaricia de los gobernadores de las provincias; publicó leyes contra el asesinato (después de las proscripciones), y regularizó administración de justicia, la policía, etc. Al mismo tiempo dio la libertad a 10,000 esclavos cuyos amos habían perecido en las proscripciones, y estableció gran número de colonias militares en toda Italia, premiando a sus veteranos con las tierras de los que habían sido sacrificados.

Por último, cuando creyó que su obra estaba concluida, a los dos años de dictadura, abdicó voluntariamente sus poderes en los cónsules, y se retiró Cumas, cerca de Nápoles, donde murió poco después a consecuencia de un vómito de sangre.

12. Juicio sobre Mario y Sila. — Mario y Sila son la personificación de la democracia y de la aristocracia en los últimos tiempos de la República. Mario como el pueblo, era inculto y rudo, pero dotado de grandes talentos militares, empleó todo su prestigio en humillar a la nobleza y sobreponerse a ella. Arrastrado por el encono del pueblo contra los oligarcas y por el odio que a esta clase él mismo profesaba durante su mando en Roma, sacrificó millares de sus enemigos.

Sin embargo, Sila excede en crueldad a Mario, por que sus proscripciones, llevadas a cabo con frialdad e indiferencia, no pueden excusarse ni aun por los arrebatos de la pasión o del odio: son matanzas perfectamente pensadas y calculadas, que revelan la inhumanidad del monstruo que las ordena. Sila llega aún más allá, otorgando públicas recompensas a los asesinos, concediendo la libertad a los esclavos que matan a sus amos, y premiando a los hijos que sacrifican a sus padres.

Mario y Sila son dos monstruos de la humanidad; pero entre la crueldad del uno y la del otro, hay la misma diferencia que existe entre el pueblo ignorante que mata cegado por la pasión, y la aristocracia civilizada que aniquila con cálculo y sistema a sus enemigos: el primero desconoce o se olvida de los sentimientos humanos; el segundo ha perdido por completo esos sentimientos.

RESUMEN DE LECCIÓN XI: MARIO Y SILA (-100 a -81).

—1. Al comenzar el siglo I la aristocracia romana tenía a su frente a Metelo y Escévola: el partido popular, triunfante por las victorias de Mario, estaba dirigido por Saturnino, que propuso varias leyes favorables a los pobres, desterrándose Metelo por no votarlas. El asesinato de Memmio por Saturnino, sublevó a todo el pueblo contra esto, que pereció en la refriega, quedando triunfante la aristocracia, y teniendo Mario que expatriarse.

—2. Livio Druso por medio de una transacción se propuso atajar los malos que amenazaban a Roma por la violencia de los partidos; pero desagradó a torios, y perdió la vida en una sublevación.

—3. Las causas de la guerra social fueron la obstinación de la nobleza en no conceder a los italianos el derecho de ciudad, y la muerte darla a los Gracos y a Druso. Los aliados constituyeron una república a semejanza de la de Roma, y combatieron por espacio de tres años, hasta que fueron vencidos por Sila, y el senado accedió en parte a sus pretensiones.

—4. La pretensión de los italianos era completamente justa: y la resistencia de Roma era debida tanto a los nobles, como al partido popular. El resultado de aquella guerra destruyó la organización del poder de Roma, igualándose todos en la unidad general.

—5. La rivalidad de Mario y Sila tiene por causa la oposición de ideas, aspiraciones e intereses de los dos partidos que representaban, y las condiciones personales de ambos, y su ambición a dominar en la República.

—6. El tribuno Sulpicio Rufo consigue anular el nombramiento de Sila como general del ejército contra Mitrídates, confiriéndoselo a Mario. Sila entró en Roma al frente de sus legiones, huyendo Sulpicio y Mario, refugiándose esta último, primero en Minturnia y después en África.

—7. Cina, que quiso restablecer la ley le Sulpicio, fue desterrado; pero unido con Mario, volvieron a Roma al frente de un ejército de aliados, y la entregaron al saqueo. Mario y Cina murieron poco después.

—8. Mitridatos declara la guerra a Roma haciendo perecer 80,000 italianos en Asia Menor; y penetrando en Tracia y Macedonia, llega a la Grecia. Sila que marcha contra él, después de tomar a Atenas, derrota un ejército en Queronea y otro en Orcomena. Mitridatos, obligado a volver al Asia, y allí cercado por los ejércitos romanos, pidió la paz a Sila, renunciando a todas sus conquistas anteriores.

—9. Sila vuelve a Italia con 40,000 veteranos; y unido con los aristócratas, vence sucesivamente a Norbano, Escipion y a Mario el joven, y entra triunfante en Roma, venciendo poco después en la Puerta Colina al samnita Poncio Telesino.

—10. Dueño Sila de Roma, fue investido por el senado de poderes extraordinarios: comenzando entonces las proscripciones, en las que perecieron más de 4,000 de sus enemigos, llegando el caso de tratar los esclavos a sus señores y los hijos a sus padres. Esta matanza se extendió por toda Italia, y no sólo alcanzó a los partidarios de Mario, sino a las personas distinguidas especialmente por su riqueza.

— 11. Harto de matanza, se dedicó Sila a consolidar su triunfo, restableciendo el prestigio de los patricios, anulando al partido democrático, y poniendo orden en la administración. Dio la libertad ti 10,000 esclavos, y estableció varias colonias militares, y después de dos años de dictadura, abdicó sus poderes, y se retiró a Cumas, donde murió poco después.

—12. Mario, ignorante como el pueblo que representa, sacrificó millares de enemigos, llevado de su odio ti la nobleza. Pero son mayores las crueldades de Sila porque eran ejecutadas con frialdad, sin que existiera pasión que las pueda excusar. Él primero desconoce o se olvida de los sentimientos humanos, y el segundo ha perdido por completo esos sentimientos.

Influencia de Grecia en la Historia de Roma Historia de Roma Antigua

roma antigua

  1. Necesidad de relacionar la historia de Grecia con Roma: Al comenzar el estudio de la historia de Roma, hay que examinar ante todo sus relaciones con la historia del pueblo griego; pues no todo lo que Roma y su civilización representa en los destinos de la humanidad, se debe a ella misma, a su genio y carácter; sino que entra por mucho, como elemento modificador de ese carácter la influencia da la cultura helénica.

La historia griega y la romana se suceden en el tiempo, como dos grandes periodos de la vida de la humanidad, no aislados é independientes, sino en relación inmediata, y derivándose el uno del otro. La historia de Roma es la continuación y consecuencia en cierto modo de la de Grecia.

Como pueblo mas adelantado, la Grecia ejerció sobre Roma una grande influencia, transmitiéndole su brillante civilización. Por tanto, debemos fijar ante todo los términos y condiciones en que esa trasmisión se verifica, y el alcance y trascendencia que le corresponde en la historia y en los destinos de la misma Roma.

  1. Decadencia del pueblo griego: Sabemos de  la descomposición y decadencia a que había llegado el pueblo griego en vísperas de la conquista romana.

EL espíritu de división que tanto había contribuido en tiempos anteriores al desarrollo de las fuerzas activas de aquel pueblo privilegiado, fue después la causa que mas influyó en su decadencia y su ruina. Desde la guerra del Peloponeso la descomposición y la muerte de la Grecia eran inminentes. El genio de Alejandro consiguió por un momento comunicarle nueva, vida; pero después de su breve reinado, las luchas entre sus sucesores, y la corrupción y los vicios, las violencias y los crímenes, la debilidad y el rebajamiento, conducen aquellas monarquías al último extremo.

El mismo fenómeno puede observarse en la cultura y civilización; que habiendo alcanzado su época mas brillante en los tiempos de Pericles, comenzó desde entonces a decaer, conservándose difícilmente en los últimos tiempos los progresos anteriores.

  1. Necesidad de un nuevo pueblo que recoja la civilización de la Grecia: Grecia había cumplido su destino desarrollando todos los elementos de la cultura humana; pero esta magnifica obra no podía ni debía quedar circunscripta a los estrechos limites de aquella nacionalidad; sino que debía comunicarse a todos los pueblos, así al Oriente como al Occidente; que los tesoros de la civilización no son patrimonio exclusivo de hombre ni pueblo alguno, sino que pertenecen a la humanidad.

Alejandro con sus conquistas había hecho partícipe a los pueblos orientales de la civilización griega; pero quedaba en Occidente todo un mundo sumido en las tinieblas de la barbarie, al cual debía iluminar igualmente el sol de aquella civilización.

Y como Grecia por sus condiciones no podía llenar esta parte de su misión, y no podía tampoco esperarse un genio como el de Alejandro que la realizase, era necesario que otro pueblo se apresurara a recoger aquella herencia, encargándose de trasmitirla hasta las mas apartadas regiones; ese pueblo no podía ser otro que Roma.

  1. 4. Italia su posición geográfica en relación con la  de Grecia: Viniendo de Grecia hacia Occidente, se encuentra en primer lugar la península italiana, con su prolongación meridional de la isla de Sicilia. Entre las dos penínsulas la distancia es bien corta, y fáciles las comunicaciones, por el canal de Otranto y el mar Jónico.

Así es que desde muy temprano los griegos extendieron sus colonias por la parte meridional de Italia y por Sicilia, de tal manera, que los pueblos ribereños del mar Jónico, griegos é italianos, podían considerarse como una misma familia, por haberse extendido entre ellos la misma civilización.

Por tanto, bajo el aspecto geográfico, era la Italia el pueblo de occidente llamado en primer término a recoger la herencia de la civilización griega.

  1. Condiciones políticas de Italia en la época de decadencia de la Grecia: No sólo por su posición estaba Italia llamada a ser la continuadora de la civilización griega, sino que las circunstancias política contribuían también al mismo resultado.

Cuando la Grecia por sus desaciertos estaba llamada a desaparecer de la escena política, y a hundirse tal vez con ella en el olvido su brillante civilización, comienza a elevarse en Italia el poder romano, extendiendo con sus conquistas la dominación por el medio día de la península; mientras que en la parte septentrional, y en el resto de Europa, los pueblos aislados y divididos no tenían representación alguna.

Nada diremos de Cartago; pues aunque mas poderoso que Roma en ciertos tiempos; su mayor alejamiento, la diferencia de raza y de civilización, y la misma enemistad que siempre tuviera con los pueblos comerciantes de la Grecia, dominando por completo en la cuenca occidental del Mediterráneo, y hasta la misma hostilidad que venia sosteniendo con las colonias griegas de Sicilia; todo contribuía a separarla de los destinos de la Grecia.

De manera que sólo Roma y la Italia se hallaban en condiciones de recoger la herencia de la Grecia, para extenderla por los pueblos occidentales.

  1. Elementos de civilización que Roma recibe de la Grecia: Aun antes que los acontecimientos políticos llevasen las legiones romanas a la Grecia, la conquista de las colonias helénicas del mediodía de Italia, había despertado en los romanos la afición a la cultura y civilización griega.

Sin embargo, la grande influencia de una en otra civilización, comienza en la época de la conquista de la Grecia y se extiende hasta el fin de la República y aun durante el imperio; llevando desde entonces los griegos a Roma sus artes, sus ciencias, su religión y su filosofía, educándose en Atenas los hombres mas eminentes; de manera que en poco tiempo la cultura y civilización helénica parecía haberse trasplantado a las orillas del Tíber.

  1. La civilización griega y la romana en relación con la naturaleza:  La civilización griega tan variada y tan brillante como la naturaleza del país en que se había desarrollado, se modificó profundamente al pasar a Roma, en armonía con el genio especial de esta nación, asimilándose y desarrollando todos aquellos elementos que mas directamente se relacionan con el fin y carácter propio de los romanos, mientras que el cultivo de algunas ciencias y artes quedó en poder de los mismos griegos, siendo muy escasos los adelantos que en ellas hicieron los romanos.
  2. Instituciones  comunes a  Grecia y Roma: A pesar de las grandes diferencias que los separan, el Oriente, Grecia y Roma, desarrollan bajo cierto aspecto una vida común, representada en determinadas instituciones, propias de los primeros tiempos de la humanidad; tales son el aislamiento, la hospitalidad y la esclavitud.

No obstante, esas mismas instituciones se modifican con el  trascurso del tiempo y los progresos de la civilización, perdiendo su rudeza primitiva y amoldándose cada vez más con la naturaleza y los sentimientos humanos.

Por eso al pasar de Grecia a Roma el aislamiento y la consideración de enemigos a los extranjeros, no tiene ya la fuerza que alcanzó en los pueblos orientales, puesto que esos mismos extranjeros, aunque con ciertas condiciones, son admitidos en la sociedad griega :la hospitalidad se hace tan general que las leyes tienen que regularla; y la esclavitud además humanizarse perdiendo su carácter de dureza y tiranía de los amos, se transforma radicalmente convirtiéndose de perpetua é inalterable en estado accidental y transitorio.

  1. Instituciones  políticas y religiosas que Roma recibe de la Grecia: Respecto a la gobernación de lo pueblos, el Oriente comunicó a la Grecia únicamente la idea de despotismo; mientras que Roma hereda de esta última el desenvolvimiento completo de todas las formas políticas, así como las ideas de igualdad y libertad de todos los ciudadanos.

Por otra parte, Roma recibe de la Grecia la verdadera idea del Estado, aunque circunscripta a la ciudad. En cuanto a la religión, el grosero naturalismo del Oriente cambia de carácter en Grecia, convirtiéndose en religión puramente humana, influyendo bajo este respecto en las creencias romanas.

  1. Influencia de la literatura y el arte griego en Roma: Cuando los romanos extendieron su dominación por las colonias griegas, y aun después, cuando conquistaron la Grecia, la literatura romana sólo había tenido escasas manifestaciones. Ocupados constantemente en combatir a los pueblos de la Italia, y preocupados con la larga lucha de patricios y plebeyos, muy poco se dedicaron al cultivo de las letras, que sólo prosperan en tiempos pacificas y serenos. Así es que la aparición de la brillante literatura griega, causó en Roma una maravillosa sorpresa, dedicándose con verdadera avidez a su cultio los principales personajes; y aun cuando no le faltaron adversarios, acabó por triunfar, marcando  nuevos derroteros a la literatura latina.

Y no podía suceder de otra manera; pues así como las demás instituciones estaban ya formadas en Roma con arreglo a su carácter, y la influencia griega se limitó a imprimirles algunas modificaciones, el campo de la literatura se encontraba virgen todavía, dejándose influir mas poderosamente por la ciencia y la literatura griega, que como un río desbordado inundaron la República romana.

El mismo fenómeno puede observarse respecto de las artes, que apenas nacidas en Roma, se vieron invadidas por los grandes adelantos que la Grecia había realizado en arquitectura, pintura y escultura, convirtiéndose desde entonces los grandes artistas griegos en maestros de los romanos, y Grecia, y principalmente Atenas, en museo y escuela del arte, como era a la vez el centro y universidad donde educaban su inteligencia todos los magnates romanos.

  1. Carácter de la civilización romana: Roma aparece en la historia después del Oriente y de la Grecia: está llamada a recoger los elementos de aquellas civilizaciones, para extenderlos por Occidente, después de haberlos fundido en el molde de su propio genio y carácter, tan distinto del de aquellos pueblos.

Los primeros actos de los pueblos deciden casi siempre de su vocación y su carácter; y Roma, que debe su origen al cálculo, y que pasa los primeros siglos de su existencia en constante lucha con los pueblos de Italia, discurriendo y calculando a la vez los medios de mantenerlos en su obediencia, adquirió con estos hechos un carácter eminente conquistador y político, positivo y calculador, que no le abandona durante su larga historia. Roma emplea ocho siglos en conquistar el mundo, y otros cinco en conservarlo conquistado .Tal fue la vida de la gran ciudad.

RESUMEN DE LA LECCIÓN PRIMERA:

  1. La historia de Roma se enlaza con la de Grecia, representando dos grandes periodos sucesivos de la vida de  la humanidad y es conveniente y necesario investigar las relaciones que las unen y la Influencia que la una haya ejercido en la otra, si se ha de conservar la organización que la ciencia exige.
  2. Desde la guerra del Peloponeso la Grecia se encontraba en marcada decadencia: siendo inminente su descomposición y su ruina desde la muerte de Alejandro; igual fenómeno puede observaran respecto de la cultura y civilización , desde los tiempos de Pericles hasta los sucesores del héroe macedonio .
  3. Los tesoros de la civilización helénica debían extenderse por todo el mundo, Alejandro los había comunicado a los pueblos del Oriente; y era necesario que un nuevo pueblo los trasmitiese a las regiones occidentales sumidas hasta entonces en la barbarie.
  4. Entre los pueblos occidentales Italia, por su proximidad a Grecia y las fáciles comunicaciones que unieron siempre a las dos penínsulas, estaba llamada en primer término a recoger la civilización helénica.
  5. Por otra parte, entre los pueblos de Occidente el Único importante en la época de la decadencia de Grecia, era Roma, que por esta razón también debía ser la continuadora de la civilización helénica.
  6. Desde la conquista de la Italia meridional comenzó Roma a conocer la civilización helénica; pero después de la sumisión de la Grecia penetraron en Roma las artes y las ciencias, la religión y la filosofía, y todos los elementos de cultura qué tanto desarrollo habían alcanzado entre los griegos.
  7. 7. La civilización griega, tan brillante como la naturaleza del país en que se habla desarrollado, se modificó, al pasar a Roma en armonía con el genio especial de esta nación, tan opuesto al de Grecia, como, son diferentes las condiciones naturales de ambos países.
  8. Las instituciones comunes a todos los pueblos antiguos se modifican profundamente, haciéndose cada vez mas humanas, hasta llegar a Roma; el aislamiento se rompe, y los extranjeros son admitidos en la sociedad griega; se extiende y regulariza la hospitalidad, y la esclavitud llega a ser un estado accidental y transitorio.
  9. Roma recibió de la Grecia completamente desarrolladas todas las ideas y formas políticas, así como su politeísmo puramente humano, infinitamente superior al grosero naturalismo oriental.
  10. Ocupados en sus guerras los romanos y poco dedicados al cultivo de las letras, recibieron con verdadero entusiasmo la literatura griega, que por esta razón ejerció un poderoso influjo en loe progresos de la latina. Otro tanto sucedió respecto de las bellas artes, viniendo a ser los grandes artistas griegos maestros de los romanos, y Atenas el museo y centro de sus estudios.
  11. En conformidad a su constante ocupación por algunos siglos, Roma desenvuelve un carácter conquistador y político, que sólo fue ligeramente modificado por la influencia de la civilización griega, apropiándose únicamente las ideas que mas cuadraban a su espirito dominador y positivo.

Historia de la civilizacion Roma Antigua Grecia Imperio Romano

roma antigua

LECCIÓN XXIII. JUICIO SOBRE LA EDAD ANTIGUA.

  1. Camino que recorre la civilización antigua. — Desde los primeros asientos de la familia humana en las extensas llanuras cercanas al Bolor y al Indu-Kus, hemos acompañado a las tribus principales de la raza blanca en sus emigraciones al S. E. y al O. hasta dejarlas establecidas en las regiones meridionales y occidentales del continente asiático.

En estos nuevos establecimientos hemos visto a cada pueblo desarrollar laboriosamente los primeros gérmenes de civilización en armonía con las condiciones de la naturaleza en los respectivos países; concentrándose en su decadencia toda la vida e historia del Asia en los pueblos costaneros del Mediterráneo, el imperio persa, la Fenicia, el pueblo hebreo y el Egipto.

Hemos hecho notar después como los principales elementos de la civilización  asiática vinieron a reunirse en el pequeño y accidentado territorio de la Grecia, encontrando allí la privilegiada raza helénica que, amaestrada con esta enseñanza, desenvolvió portentosamente su actividad, realizando progresos extraordinarios en todas las manifestaciones de la vida humana.

Y por último, hemos manifestado que cuando la Grecia concluyó su historia, y su civilización  se hallaba en decadencia, aparece Roma para recoger aquella brillante cultura, fundirla en el crisol de su propio genio, y comunicarla a los pueblos más apartados de Occidente.

Así, pues, la civilización  antigua que tuvo su origen en el remoto Oriente, recorriendo diferentes estaciones en la larga duración de aquella edad, se fue comunicando siempre hacia Occidente hasta llegar a los últimos límites del mundo entonces conocido; siguiendo de este modo la civilización  o el desarrollo de las luces intelectuales, la misma marcha que lleva la luz del sol en su movimiento aparente desde el Oriente al Ocaso.

  1. La historia y la civilización oriental. — Los pueblos orientales que representan la infancia de la humanidad, hallándose por esta causa más sometida y esclavizada a la naturaleza, desarrollaron aptitudes tan variadas como eran diferentes las condiciones de los países que habitaban. Pero en medio de esa diversidad de tendencias y caracteres puede notarse como general y suprema la idea religiosa, que domina en absoluto en la India, entre los hebreos y aun en Egipto, y que ejerce una grande influencia en los demás países.

En efecto, las especulaciones teológicas, las relaciones del hombre con la divinidad, alcanzaron en Oriente un desarrollo desconocido en los otros pueblos, naciendo allí y desenvolviéndose todos los sistemas religiosos, desde el fetichismo de los pueblos salvajes, hasta el monoteísmo de los hebreos. Sin embargo, por su limitación intelectual, y por la influencia avasalladora de la naturaleza en aquellos países, la religión oriental se hizo panteísta, confundiendo en unos  pueblos a Dios con la naturaleza y admitiendo por consiguiente tantos dioses como son los seres (politeísmo), y absorbiendo en otros la naturaleza de Dios (monoteísmo).

Entregados aquellos pueblos a la vida contemplativa, se ocuparon bien poco de los demás fines humanos ni conocieron la personalidad, el valor del hambre como hombre, ni pugnaron jamás por conquistar su libertad, perpetuándose por esta razón sin gran violencia el sistema de las castas en los pueblos teocráticos, y la esclavitud en los restantes sometidos al despotismo militar. En la ciencia y en el arte hicieron escasos adelantos; y aun sus decantados progresos en la industria eran debidos únicamente a la fuerza de la costumbre, a la repetición de unos mismos actos, transmitiéndose de padres a hijos las mismas ocupaciones.

  1. La historia y civilización  griega. — Las condiciones especiales que reviste la naturaleza en Grecia, obligando a los habitantes desde un principio a trabajar y desarrollar las fuerzas físicas, y como consecuencia las espirituales, despertaron en aquel pueblo una alta idea de su personalidad, y comunicaron a su civilización  un carácter puramente humano.

Como el hombre desaparece ante la grandiosidad de la naturaleza en Oriente, en Grecia se eleva sobre ella, la domina por completo, y no encontrando obstáculos a su prodigiosa actividad se cree con razón el rey de la tierra.   Dios y la naturaleza lo son todo en Oriente: en Grecia lo son el hombre y la humanidad.

Así se comprende que Grecia, sin preocupaciones de ningún género, y con entera libertad, consagre toda su actividad a desarrollar los fines humanos; y que su religión y su ciencia, el arte, la literatura, la industria y el comercio, y todas las manifestaciones de su vida, se relacionen inmediatamente con el hombre, que es el único ídolo de la raza helénica.

  1. La historia y civilización romana. — El Oriente con su preocupación teológica, y Grecia desarrollando casi todos los fines humanos, viven sin embargo en el aislamiento, fraccionados y divididos, cuidándose bien poco, antes bien repeliendo toda idea de asociación humana.

El hombre nada vale por sí mismo y Grecia ensalzando tanto la naturaleza humana, no le concede sin embargo otro valer que el que le presta su cualidad de ciudadano; más allá de estos estrechos limites sólo domina la división y la lucha, el odio y la repulsión.

Faltaba, pues, a la humanidad antigua el conocimiento y la práctica de más amplias ideas de asociación, el desarrollo de la unidad y fraternidad humanas.

  Roma aparece en la historia con la misión de borrar los odios y antipatías entre los hombres, haciendo de tantos pueblos enemigos un solo pueblo, comunicando a todas sus instituciones, su derecho y el tesoro inapreciable de su civilización, haciéndoles vivir en paz y extendiendo por todas partes los remansos beneficios de la vida social.

De esta manera Roma funda la unidad material de todos los pueblos; los une, aunque exteriormente en vida común, preparando así y disponiendo el reinado de la unidad moral humana, y de la fraternidad de todos los hombres.

5.Qué debe la civilización universal a la edad antigua. — Concretemos ahora los progresos y adelantos que realizó la humanidad en la edad antigua, los servicios que aquellos pueblos prestaron a la civilización, y los motivos consiguientes de agradecimiento que tiene la humanidad de hoy con la humanidad de aquellos tiempos.

La antigüedad desarrolló por completo la idea religiosa en el Oriente, y desenvolvió la unidad de Dios en el pueblo hebreo, alcanzando ésta su complemento y perfección en la doctrina de Jesucristo, enseñada por la Iglesia desenvolvió la idea de libertad aplicada a casi todos los fines humanos por la Grecia; y realizó la idea social por Roma. El Oriente nos ha enseñado en conocimiento de Dios, Grecia el conocimiento del hombre, y Roma el conocimiento de la sociedad.

Tal es el resultado de la historia antigua; esta es la herencia que deja aquella edad a la edad medía; estos los servicios que debe la humanidad a los primeros pueblos civilizados.

—1. Las tribus principales da la raza blanca, partiendo del Turquestán, se establecieron al S. y O. del Asia; la civilización que en estos asientos desarrollaron, se concentro después en los pueblos a orillas del Mediterráneo, pasando a Grecia, y de aquí a Roma, que la comunicó a los pueblos occidentales. De esta manera siguió la civilización antigua la misma marcha que lleva el sol, desde el Oriente al Ocaso.

— 2. La civilización oriental fue tan variada, como los países habitados por aquellos pueblos; sin embargo la idea dominante fue allí la religión bajo sus diferentes formas, cayendo casi todos en el panteísmo, ya monoteísta, ya politeísta. Los demás linos humanos alcanzaren escaso desenvolvimiento en los pueblos orientales.

— 3. Como consecuencia de las condiciones de la naturaleza se desarrollo en Grecia una civilización realmente humana, revistiendo este carácter la religión, la ciencia. La literatura y el arte, y todas las esferas de la actividad que allí se desenvuelven en completa libertad.

— 4. Faltaba a la humanidad antigua el desarrollo de la idea social, y esto lo trajo Roma, borrando los odios y antipatías entre los pueblos, haciéndoles vivir en paz, y fundando de esta manera la unidad material del mundo antiguo, y preparando la unidad moral y la fraternidad de todos los hombres.

— 5. Concretando lo que acabamos de exponer, diremos que la antigüedad desarrolló en Oriente la idea religiosa, elevándose por los hebreos y el cristianismo a la unidad de Dios; desenvolvió la idea humana en Grecia, y realizó la idea social en Roma. Tal es el resultado de la historia antigua, que la humanidad de entonces transmite a la edad media.

— 6. Pero al mismo tiempo se perpetuaron allí ciertas imperfecciones sociales, que se comunicaron después a la edad media: tales son el aislamiento de los pueblos, a pesar de los esfuerzos de Roma y de la predicación cristiana sobre la igualdad y fraternidad de todos los pueblos; la esclavitud, o la falta de consideración al hombre por ser hombre; cuyas preocupaciones sociales pasaron a la edad media, y han llegado sus débiles manifestaciones hasta los últimos tiempos.

Historia de Cristianos en Roma Antigua Nacimiento de Cristo

roma antigua

LECCIÓN XXII. JUICIO SOBRE LA CIVILIZACIÓN ROMANA.

  1. Misión de Roma en relación con la naturaleza. — Para concluir la historia de Poma procuraremos en esta lección examinarla en conjunto y en sus relaciones con la civilización universal.

Los pueblos orientales, encerrados en el aislamiento, y cultivando aptitudes exclusivas y determinadas, habían, sin embargo, desarrollado todos los gérmenes de la civilización humana. Tras de aquel tiempo de repulsión de pueblos e ideas, se presenta Grecia recogiendo todos los elementos de cultura y de progreso que encerraban aquellos pueblos, desenvolviéndolos de una manera admirable, gracias a los dotes excepcionales de la raza helénica. Las conquistas de Alejandro habían hecho refluir la brillante civilización griega, hasta las más remotas regiones del Oriente. Pero quedaba, en tanto, todo un mundo el Occidente, dividido y fraccionado, envuelto en las tinieblas de la barbarie, esperando la luz del espíritu, los tesoros de la civilización, que le habían de iniciar en la carrera de su perfeccionamiento y en la realización de sus destinos.

Para el cumplimiento de tan altos fines, ningún pueblo reunía las condiciones de la península italiana, y dentro de ésta la ciudad de Roma. Roma, situada en el centro de Italia, estaba llamada a extender su dominación por toda aquella península; y ésta, unida por el Norte al centro de Europa, tocando casi por el Sur al África, y a igual distancia próximamente de los extremos oriental y occidental del Mediterráneo, reunía las más ventajosas condiciones para recoger por una parte los tesoros de la civilización griega y oriental, y comunicarla por otra a los pueblos de Occidente.

Esta era la misión superior y grandemente trascendental que Roma estaba llamada a cumplir en la historia de la humanidad.

  1. Carácter de la civilización romana. — Como cada pueblo realiza en la vida una sola idea, después del Oriente con su absolutismo religioso y político, y después de Grecia con su libertad aplicada a todas las esferas de la vida humana, aparece Roma desarrollando la idea política en sus múltiples aplicaciones a la vida social.

En efecto, como en otra parte hemos manifestado, Roma emplea la mitad de su historia en conquistar el mundo fabricando al mismo tiempo el sólido edificio de su constitución interior; y dedica la otra mitad a consolidar sus conquistas, comunicando a todos los pueblos los tesoros inapreciables de su organismo social, haciendo de tantos pueblos divididos y aislados un solo pueblo y de tantas naciones antagónicas y hostiles una sola nación.

A diferencia de los conquistadores asiáticos, Roma no conquista únicamente por satisfacer su ambición, antes bien, aspira a un fin más alto, a regir y gobernar todos los pueblos, tu regere imperio populos, romane, memento, que dijo el poeta.

Este es el carácter más saliente de la civilización romana; y a esa idea social y de gobierno se subordinan en su larga historia todas las  manifestaciones de la vida humana. Roma no es un pueblo religioso, ni se distingue por la ciencia y por el arte, ni se dedica al comercio, ni a la industria; todos estos fines son allí secundarios, como dependientes y subordinados al fin supremo de Roma, la unión de todos los pueblos bajo el gobierno y las leyes de la gran ciudad.

  1. Gobierno. Organización política y social. — Roma practicó las dos formas fundaméntales de gobierno, la monarquía y la república; comenzó por el gobierno de los reyes, que fue de corta duración, sustituyéndole una república aristocrática, más en armonía con la índole y el carácter de Roma, que consiguió realizar una fuerte y robusta constitución en el interior, y extender sus conquistas por todos, los pueblos que circundan el Mediterráneo; y vino a terminar en el Imperio, llamado a completar las conquistas y más principalmente a organizar el mundo romano.

Habiendo subsistido cinco siglos la República y otros cinco el Imperio, y con el carácter eminentemente práctico y utilitario que distingue al pueblo romano, ambas formas de gobierno alcanzaron allí un completo desarrollo, tocándose en su larga duración los inconvenientes y todas las ventajas que encierran, pudiendo servir por esta razón la historia de Roma de lección constante para el gobierno de los pueblos futuros.

Pero en lo que Roma lleva una inmensa ventaja al Oriente y a Grecia, es en la organización política y social del imperio; nada igual, ni parecido hicieron sus antecesores de manera que Roma por sí misma, y sin enseñanza ajena, completó su organismo político, y llegó a constituir un sistema administrativo tan perfecto, que viene siendo desde entonces la constante escuela de todos los hombres de gobierno.

  1. Religión. — La religión que es el primer elemento civilizador en la infancia de los pueblos, no tuvo nunca una influencia tan decisiva, por cuanto Roma nació adulta, sin haber pasado por los períodos naturales en la organización de los pueblos primitivos.

Así es que aquella religión politeísta, nacida de las circunstancias mismas que dieron origen a Roma, fue política desde su principio, se enriqueció con los dioses de los pueblos vencidos creció extraordinariamente con la incorporación del Olimpo griego; pero quedó siempre en un lugar secundario, y como sometida a la vida política de Roma.

Sin embargo, la historia romana se desenvuelve al amparo del paganismo, cuyo carácter adquieren todas las instituciones políticas y sociales. Así es que, cuando el paganismo va perdiendo su influencia ante la verdad cristiana, las instituciones romanas decaen también, porque eran incompatibles con la nueva religión.

  1. Ciencia, literatura y bellas artes. — La cultura romana fue toda ella procedente de Grecia, tanto a lo que se refiere a la ciencia y la filosofía, como en la literatura y en las bellas artes. Pero cultivaron con particular predilección aquellas ciencias que más se relacionaban con el espíritu y tendencia de Roma, y que más posan contribuir a sus fines políticos de gobernar y dirigir todos los pueblos.

Por eso adquirió tanto desarrollo el estudio de la historia y del derecho, que conservaron una grande importancia, aun después que los otros ramos del saber se encontraban en marcada decadencia

  Las artes revisten también en Roma un carácter político, cultivándolas únicamente bajo su aspecto utilitario, y en cuanto podían servir a los fines de la gran ciudad. Admiraron la pintura, y más todavía la escultura griega, pero no trataron de imitarlas; y si fueron notables sus trabajos en arquitectura, carecían no obstante de la idealidad de la belleza y de la brillantez del genio, que tanto distingue a los monumentos de Grecia.

  1. Causas de la caída de Roma. — El Estado político más grande y poderoso que se conoció en la antigüedad desapareció, cono antes dijimos, de una manera natural, sin violencias ni revoluciones. Cayó Roma, porque había concluido su misión de unificar los pueblos y preparar el mundo para recibir el cristianismo.

Y como la sociedad romana estaba fundada en el paganismo, y las ideas cristianas, aunque triunfantes, no podían regenerar a un pueblo decrépito, corrompido y acostumbrado al puro formalismo religioso, fue necesario cruel organismo político del imperio desapareciera, arrollado por nuevos pueblos, mejor dispuestos para recibir la Buena Nueva.

El hecho de la desaparición del Imperio romano, por verificarse de una manera natural y en cierto modo pacífica, no por eso deja de ser uno de los acontecimientos más trascendentales que registra la historia, por cuanto cierra y termina la edad antigua y comprende y abarca los primeros gérmenes de la vida e historia moderna. Por estas razones, se hace necesario explicar un hecho tan importante, para lo cual apuntaremos aquí las causas fundamentales y remotas que lo vinieron preparando desde mucho tiempo antes así como las causas próximas u ocasionales que determinaron su ruina.

  1. Causas principales de la caída del Imperio romano. — La primera causa, y quizá la más influyente en la caída del imperio fue seguramente su demasiada extensión, y la imposibilidad consiguiente de gobernar países tan lejanos.

  En efecto, el imperio se extendía más de 4,200 leguas de Oriente a Occidente, y 1,200 de Norte a Sur; y dentro de estos límites se comprendían pueblos y naciones diferentes, de distinto origen y costumbres y hasta de razas diversas.

Así es que la acción del gobierno de Roma, a pesar de su posición central, se debilitaba considerablemente en las provincias lejanas; no siendo bastante a remediar este mal, el establecimiento de la diarquía primero y de la tetrarquía después. La situación ventajosa de Roma, su hábil política y perfecta administración, pudieron prolongar por cinco siglos la existencia de aquel inmenso imperio; pero debilitándose cada día su poder cayó al fin en ruinas, abrumado por su misma pesadumbre.

  1. Inadecuidad de las instituciones. — Otra de las causas que de tiempos lejanos venían minando la existencia del imperio, era la falta de armonía entre las instituciones y la política que regia los destinos de Roma.

Roma se había constituido durante la República, y todas sus instituciones, nacidas entonces, respondían a los fines propios de su historia en aquella época. Esas instituciones, que constituían la fuerza del organismo romano, y sirvieron de base a su engrandecimiento por medio de la conquista, resultaron inadecuadas y deficientes cuando, sometidos todos los pueblos, y establecido el imperio, Roma estaba llamada a comunicarles los tesoros de su derecho y de su civilización, en contra del carácter y de las tendencias egoístas de la República, que los tenia vinculados en la gran ciudad.

 Faltó el imperio de las instituciones inherentes a la monarquía, y apoyándose por consiguiente en las republicanas, nació de aquí una dualidad de aspiraciones que entorpeció grandemente el cumplimiento de los fines de Roma, aumentó su debilidad, y preparó desde mucho antes su caída.

Por otra parte, las instituciones romanas fundadas en el paganismo, eran antagónicas con el espíritu y tendencias del cristianismo, dominante desde Constantino y perdiendo aquellas desde entonces su prestigio, y no arraigadas todavía las instituciones cristianas, quedó el Imperio huérfano de creencias, y sin el fundamento religioso, tan necesario en la vida de las naciones.

  1. La esclavitud y el estado económico del Imperio. — Contribuyó también en gran manera a la ruina del Imperio, el aumento de la esclavitud y el desequilibrio económico que es su legítima consecuencia.

 Las continuas guerras en los últimos tiempos de la República habían agotado casi por completo las clases acomodadas y ricas; en Roma casi no existía en aquellos tiempos la clase de pequeños propietarios; y en cambio el número de esclavos había crecido de una manera prodigiosa, encargándose a éstos por necesidad toda clase de trabajos, especialmente los de la agricultura, con lo que decayó notablemente esta primera fuente de riqueza y bienestar, disminuyendo de un modo considerable los productos, y haciéndose general la miseria y la pobreza.

Por otra parte, la esclavitud había influido poderosamente en la corrupción, en los vicios, y en la pérdida casi completa de la moralidad en las clases elevadas; quedando así reducida la población del Imperio a un corto número de familias que vivían en la opulencia y en el refinamiento de los placeres, y una multitud innumerable de esclavos, que tenían menos consideración que los mismos animales. Un estado de cosas semejante iba minando la existencia de la sociedad romana, y empujándola sin cesar a su perdición y a su ruina.

  1. El Cristianismo y los Bárbaros. — Además de las causas anteriores, existen otras que de una manera más eficaz contribuyeron a la ruina del Imperio; tales son la religión cristiana y los Bárbaros del Norte.

Aun cuando el cristianismo no aparece en lucha manifiesta con el Imperio, sin embargo atacaba directamente al paganismo, consiguiendo al fin debilitarlo y en cierto modo destruirlo, desde los tiempos de Constantino y de Teodosio decayendo al mismo tiempo, y por esta causa, las instituciones y la vida del imperio, falto de la base religiosa que le había comunicado desde su origen las ideas y el culto pagano.

Pero la causa próxima, directa e inmediata de la caída del Imperio fue la invasión de los bárbaros, que desde los tiempos de Mario venían acosándolo por las fronteras del Rhin y del Danubio. Mal avenidos en las selvas de Germania, formando parte de los ejércitos romanos en los últimos tiempos del Imperio, y llegando por este medio a conocer la fertilidad y la riqueza de Galia, Italia y España; aquellos pueblos débilmente contenidos en las fronteras, pugnaron constantemente por avanzar hacia el Mediodía y concluir con el Imperio de Occidente.

 Tales son las causas principales, próximas y remotas, de la caída del Imperio romano.

  1. Qué debe la civilización al pueblo romano. — Hemos concluido la historia de Roma; y antes de poner término a nuestro trabajo, es necesario concretar los servicios que la humanidad ha recibido del pueblo rey, y los progresos que le debe la civilización universal.

Nada provechoso hizo Roma bajo el aspecto de la religión apegada al paganismo, desconoció al principio la verdad cristiana, la persiguió después, y vino a reconocerlo demasiado tarde, cuando ya para ella no había salvación posible.

  No alcanzó, tampoco Roma una cultura original, contentándose con recibir de Grecia la ciencia, la literatura y el arte; pero hay que reconocer que si la brillante civilización helénica iluminó en la edad antigua el mundo occidental, esto se debe exclusivamente a Roma que extendió por todas partes con su dominación los tesoros inapreciables de la cultura griega.

  Pero Roma ejerció una influencia decisiva en la humanidad por el desarrollo de las instituciones políticas y sociales, creando la justicia y el derecho por el que se vienen rigiendo hasta hoy todos los pueblos civilizados.

  Roma, por otra parte, reuniendo todos los pueblos bajo una patria común, y concediéndoles a todos su derecho, extendió de tal manera la fraternidad humana que casi llega a tocar los límites de la unidad a los hombres.

  Además de esto la reunión de tantos pueblos bajo una misma dominación y unas mismas leyes; y la extensión del idioma griego en las regiones orientales y del latín en las occidentales, favoreció considerable mente la propagación del Evangelio. Y por último Roma, apropiándose la civilización griega y aumentándola con su derecho y sus instituciones, fue la única educadora de los pueblos de la edad medía, cuya tarea viene compartiendo, desde el Renacimiento, con la civilización helénica.

  Tales son los servicios prestados por Roma a la humanidad. Si el Oriente nos enseñó a pensar en Dios, y  Grecia no hizo conocer al hombre, a Roma debemos los incalculables beneficios de la vida social.

 Tales son las causas principales, próximas y remotas, de la caída del Imperio romano.

RESUMEN LECCIÓN XXII. JUICIO SOBRE LA CIVILIZACIÓN ROMANA.

— 1. Extendidos por Oriente los tesoros de la civilización griega merced a las conquistas do Alejandro, Roma admirablemente situada en el centro del Mediterráneo, reunía las condiciones más apropiadas para comunicar aquella civilización a los pueblos de Occidente, hasta entonces sumidos en las tinieblas de la barbarie punitiva.

— 2. La civilización romana tiene un carácter eminentemente político y social; sus conquistas se encaminan a Gobernar todos los pueblos, unificándolos bajo el poder incontrastable de su idioma, de sus leyes.

— 3. Las dos formas fundamentales de gobierno, la República y la Monarquía, alcanzaron en Roma un completo desarrollo, gracias a su larga aspiración y al carácter eminentemente práctico del pueblo romano: y en cuánto a la organización político-social, Roma aventajó a los griegos, y viene siendo desde entonces la maestra de todos los hombres de gobierno.

— 4. La religión no alcanzó en Roma la influencia que en otros pueblos, apareciendo siempre subordinada a la política.

— 5. La cultura romana carecía de originalidad; era toda ella una imitación de la de Grecia, Lauto en la ciencia, como en la literatura y en las bellas artes. Roma sobresalió únicamente en la Historia y en el Derecho, como ciencias más relacionadas con sus fines políticos y sociales.

— 6. Concluida su misión de preparar el mundo para recibir el cristianismo, Roma debía desaparecer, cediendo el lugar a otros pueblos mejor dispuestos para recoger las luces del Evangelio. La caída del imperio cierra y termina la edad antigua y da comienzo a la edad medía; y es conveniente conocer las causas próximas y remotas de un hecho tan importante.

— 7. Una de las cansas que más contribuyeron a la decadencia y ruina del Imperio, fue su demasiada extensión, y la imposibilidad consiguiente de gobernar pueblos tan lejanos.

— 8. Fue otra causa la falta de adecuidad entre el gobierno monárquico del Imperio y las instituciones por que se regía, que como originadas en tiempo de la República, tenían un carácter marcadamente republicano.

— 9. Disminuidas las clases acomodadas, y habiendo desaparecido los pequeños propietarios, todos los trabajos se encomendaron a los esclavos, decayendo por esta causa la agricultura, y haciéndose general la pobreza y la miseria.

— 10. Las Causas que más directamente influyeron en la caída del imperio, fueron, el cristianismo que combatiendo y destruyendo el paganismo, destruyó al mismo tiempo las instituciones y la vida de Roma; y los pueblos bárbaros que desde los tiempos de Mario venían asediándolo, y que después de una lucha de seis siglos, consiguieron destruirlo.

— 11. A Roma debe la civilización el haber extendido la cultura helénica por el Occidente; el desarrollo de las instituciones políticas y sociales, creando la justicia y el derecho la preparación del mondo para recibir el Evangelio; y el haber sido la única educadora de los pueblos de la edad medía, cuya tarea viene Compartiendo con la civilización griega, desde la época del Renacimiento.

Gobiernos post Augusto en Roma Antigua Tiberio Nerón Calígula

roma antigua

LECCIÓN XVI.
EMPERADORES DE LA CASA DE AUGUSTO (44-68).
EMPERADORES FLAVIOS (68-98).

  1. Reinado de Tiberio. — A la muerte de Augusto, le sucedió Tibero hijo de Livia, su segunda mujer, y que se había ya distinguido combatiendo en las orillas del Rhin y del Danubio contra los bárbaros. Imitando la conducta de su antecesor, aparentó que sólo aceptaba el Imperio por obedecer al pueblo y al senado.

  A la noticia de la muerte de Augusto se sublevaron las legiones del Danubio, que fácilmente fueron sometidas por Druso, hijo del emperador. Igualmente se insurreccionaron las de Germania, que intentaron proclamar emperador a su jefe Germánico.

Este hombre valiente y generoso se opuso a sus pretensiones hasta con peligro de su vida, y penetró al frente de aquel ejército en Germania para vengar el desastre de Varo, consiguiendo dar honrosa sepultura a los huesos de los que perecieron en tan funesta jornada, derrotar los Queruscos y otros pueblos enemigos del nombre romano, venciendo a Herman o Arminio en la sangrienta batalla de Idistaviso, sacrificando a todos los germanos que cayeron en su poder. Poco después Tiberio, envidioso de los triunfos de Germánico, le llamó a Roma, para encargarle los asuntos de la parte oriental del Imperio, donde murió envenenado por Pison gobernador de Siria.

  1. Política astuta y cruel de Tiberio. — En los primeros nueve años de su reinado, Tiberio procuró seguir las huellas de la política de Augusto, halagando al senado y al pueblo, administrando con rectitud y justicia las provincias, y perdonando hasta a sus mismos enemigos.

Pero al mismo tiempo abolió los comicios, confiriendo el derecho de nombrar los magistrados al senado, que vino a quedar como un cuerpo consultivo; y puso en vigor las acusaciones de lesa majestad, y favoreció las delaciones, como medio el más fácil de deshacerse de todos sus enemigos.

  Entre los cortesanos aduladores de Tiberio se encontraba Elio Sejano, a quien confió el gobierno del Imperio y el mando de las legiones; este hombre funesto se convirtió en instrumento ciego de las crueldades del emperador; y con el propósito de sucederle en el trono, consiguió desembarazarse de cuantos podían estorbarle en su camino, haciendo que Druso hijo de Tiberio fuese envenenado por su misma esposa, y desterrando a los hijos de Germánico, y a su viuda Agripina, que murió de hambre en la isla Pandataria.

  Por estos medios llegó Sejano a ser el dueño de Roma, mientras que Tiberio retirado en la isla de Tiberio se entrega a todo el desenfreno de los vicios y de la corrupción.

  Pero la mal disimulada ambición del favorito, llegó bien pronto a conocimiento del emperador; quien dió secretamente orden al senado de quitarle la vida, pereciendo con todos sus partidarios a manos del populacho, que arrojó su cadáver al Tíber.

  1. Últimos años y muerte de Tiberio. — Con la muerte de Sejano se aumentaron las sospechas, las inquietudes y crueldades de Tiberio. En su retiro de Caprea, pasa los últimos años de su vida ordenando el saqueo de las provincias, el despojo de los bienes a los ricos, y condenando a muerte a un gran número de personas, recreándose en los tormentos de sus victimas.

  Aborrecido por el senado y por el pueblo, por el ejército y por las provincias, fue ahogado en su propio lecho por su favorito Macron, por sugestiones de Calígula que había de sucederle.

  1. Reinado de Calígula. — A la edad de 25 años ocupó el trono Cayo Calígula, hijo de Germánico, siendo recibido con vivas aclamaciones por el senado y por el pueblo, que creyeron encontrar en él todas las virtudes de su padre.

  Calígula, como Tiberio, comenzó su reinado ocupándose exclusivamente del bien del pueblo; dio una amnistía a los desterrados, perdonó a sus enemigos prohibió las delaciones, y devolvió a los comicios la elección de los magistrados. A los ocho meses de reinado sufrió una enfermedad que puso en peligro su vida; y desde entonces, tal vez porque quedara perturbada su razón, se entregó a las mayores locuras y a todo género de crueldades.

  Entre sus locuras y extravagancias se cuenta, el haberse casado con su propia hermana, el proponerse elevar su caballo Incitato a la dignidad consular, etc., y de sus crueldades dan testimonio la muerte de Macron a quien debía la corona, la de Gemelo hijo adoptivo de Tiberio, y un gran número de personas principales y ricas, de cuyos bienes se apoderaba el tirano para atender a sus prodigalidades, presenciando con gran complacencia las angustias y tormentos de sus víctimas.

  Este hombre insensato que tenia la pretensión de ser superior a los demás hombres, quiso distinguirse como gran capitán, y emprendió una expedición a Germania, haciendo en ella prisioneros a sus propios soldados, y otra a Bretaña llevando a Roma como trofeos algunas conchas recogidas en el Océano.

  Por último, Casio Chereas, tribuno de los pretorianos, le quitó la vida, librando de este monstruo al mundo romano.

  1. Reinado de Claudio: Mesalina y Agripina. – El asesino de Calígula, de acuerdo con el senado, intenta restablecer la República: pero los pretorianos se adelantaron nombrando emperador a Claudio, hermano de Germánico, y tío de Calígula.

  Hombre anciano y de buenos sentimientos, pero de carácter débil y apático, Claudio comenzó perdonando a los desterrados, aboliendo las leyes inicuas y absurdas de su antecesor, reformando la administración de justicia y las costumbres, gobernando equitativamente las provincias, y empleando grandes sumas en obras públicas de reconocida utilidad; pero dejándose dominar por sus favoritos y libertos, y por su esposa, la impúdica Mesalina, fue causa de que se cometieran por éstos en su reinado tantos crímenes como en el de Calígula.

  Después de explotar el poder imperial para satisfacer sus pasiones y sus odios, Mesalina abandonó a Claudio y se casó con un joven patricio, llamado Silio, quitándole la vida poco después los favoritos por orden del emperador.

  Agripina. Claudio se casó después con Agripina, hija de Germánico, atropellando la ley que prohibía el matrimonio entre tío y sobrina. Dotada esta mujer de grandes talentos y de grandes vicios, la situación de Claudio en este nuevo matrimonio, vino a ser tan desairada como en el primero, siendo Agripina la dueña del gobierno, y repitiéndose los crímenes y desórdenes anteriores.

  En su primer matrimonio con Domicio Enobarbo había tenido Agripina a su hijo Nerón: y Claudio tenia de Mesalina a Británico y Octavia. Y aunque era natural que Británico sucediese a Claudio en el Imperio, los manejos y de las intrigas de Agripina consiguieron que su marido adoptase a su hijo Neron, cuya educación fue confiada al filósofo Séneca y a Burro general de los pretorianos: casándose después con Octavia, la hija de Claudio. Conseguido su objeto, y temiendo que Claudio revocara esta adopción, Agripina le dió un veneno que puso fin a su vida, y Burro con sus pretorianos proclamaron emperador a Neron.

  El reinado de Claudio merece citarse por las conquistas de Bretaña hasta el Támesis y el Saverna, verificada por Plaucio; la de Frisia, por Corbulon; y la incorporación al imperio de Licia y Judea en Asia, y de Mauritania en África.

  1. Reinado de Nerón. — Comenzó Nerón su reinado bajo los mejores auspicios, haciendo concebir a todos las más lisonjeras esperanzas. Dócil a los consejos de sus maestros, respetuoso con el senado, al que devolvió todas sus prerrogativas, espléndido y generoso con el pueblo y con el ejército, bien pronto se hizo el ídolo de Roma. Pero, como si pesara una ley fatal sobre los emperadores de la casa de Augusto, a los cinco años de un reinado feliz tanto en Roma como en las provincias, comenzó Nerón una serie de locuras, y tal cúmulo de iniquidades, que difícilmente se encuentra una época tan calamitosa en la historia de todos los pueblos.

  Agotados sus recursos por sus prodigalidades, el orgullo y la ambición de su madre Agripina, la fogosidad de sus pasiones, la condescendencia de sus maestros con sus primeros vicios, y la adulación de sus favoritos, todo contribuyó a lanzar a Nerón en el camino de los vicios, de los crímenes y del desorden. Intentando, por consejo de Séneca y de Burro, poner un límite a la ambición de su madre, ésta le amenazó con dar a Británico el trono de que lo había despojado, semejante amenaza causó la muerte de su rival, que fue envenenado en un festín: y la muerte de la misma Agripina, ordenando su propio hijo que fuese ahogada en el mar, echando a pique la nave que la conducía en el golfo de Nápoles; y como este medio no diese resultado, mandó asesinos que le quitaron la vida a puñaladas.

  Lanzado en la carrera de los crímenes, hizo perecer a su esposa Octavia, ya antes abandonada para unirse con Popea, mujer de su favorito Oton; y mandó quitar la vida a Burro a Séneca, y a los poetas Petronio y Lucano; y en medio de una orgía, manda incendiar a Roma, acusando después a los cristianos como autores de este crimen con cuyo motivo ordenó contra ellos la primera persecución, en la que perecieron entre otros, san Pedro y san Pablo.

  Si tantos y tantos crímenes hacen de Neron el tipo odioso de los tiranos, sus locuras le colocan a la cabeza de los monarcas extravagantes. Tenía la pretensión de ser el primero entre los actores y cantantes, el más hábil cochero del circo; quería figurar a la cabeza de los poetas, y emprendió una expedición a Grecia para tomar parte y triunfar en todos los juegos públicos.

  Sin embargo, las legiones mandadas por Suetonio Paulino, vencieron una insurrección en Bretaña: y las de Galia sublevadas por Vindex, ofrecen la corona al anciano Galba, gobernador de Tarraconense. Neron, a su vuelta de Grecia, se ve abandonado hasta por el senado; y para no caer en poder de Galba que invadió Italia y se atrajo a los pretorianos, se hizo matar por un liberto, exclamando al morir. ¡Qué gran artista pierde el mundo!

  1. Juicio sobre los emperadores de casa de Augusto. — El Imperio reunió en un solo hombre todos los poderes del Estado, haciendo depender la felicidad general de los talentos y de la conducta de los emperadores. Así se vio florecer el Imperio bajo el gobierno hábil y paternal de Augusto, y decaer notablemente cuando príncipes incapaces y perversos vinieron a ocupar el trono.

  Es digno de llamarla atención el hecho de que, comenzando su gobierno como buenos y honrados los emperadores de la familia de Augusto, todos ellos concluyen tiranizando al pueblo, y sumiéndose cada vez más en la crueldad y en la corrupción.

La constancia de este hecho, en medio de la diversidad de caracteres de esos emperadores, prueba que su causa debe atribuirse más que a las personas, al estado de la sociedad. En primer lugar tenemos el engreimiento natural de los monarcas, cuando los pueblos perdiendo su sentido moral, se convierten en aduladores de sus actos, hasta de los mas criminales; la corrupción de costumbres que a la sazón dominaba en Roma, principalmente entre las clases superiores y ricas, y mas todavía en la familia imperial; la extensión que alcanzaron los espectáculos sanguinarios del circo, constituyendo la más grata diversión de la juventud romana, que perdía en ellos la dulzura, delicadeza y humanidad de sentimientos.

Todas estas causas reunidas hacían de los romanos en general, y de los emperadores mas especialmente, hombres igualmente dispuestos al bien y al mal, pasando del uno al otro sin violencia y de un modo casi natural, permaneciendo indiferente y casi impasible el pueblo ante sus crueldades, y violando ellos las leyes divinas y humanas, sin que jamás pueda notarse señal alguna de arrepentimiento.

  En esta disposición general de los espíritus en aquella época, sólo faltaba un estimulo, un motivo o causa ocasional, para que los emperadores mas benévolos y humanitarios, cayeran en el extremo opuesto de la crueldad y corrupción. Y ese motivo existía en la necesidad Imperiosa de dinero que tenían los emperadores, no sólo para satisfacer sus caprichos o sus locuras, sino para alimentar y divertir al pueblo y al ejército, que en número de seis millones de personas, exentas de todo tributo, pesaban constantemente sobre el jefe del Estado. Y como éste no podía imponer nuevas contribuciones, con que atender a tan perentoria necesidad, acudía como supremo recurso al despojo, y a la confiscación de los bienes de los particulares, inaugurando de este modo la carrera de sus crímenes y la larga serie de sus violencias y crueldades. Sólo el gobierno arreglado y económico de Augusto pudo salvar estos peligros y dificultades menos discretos sus sucesores, no pudieron evitarlos.

  Desde esta época, por la decadencia del senado y de la nobleza, y por la miseria del pueblo, la fuerza y el poder de Roma reside en el ejército, en el cual se apoyan los sucesores da Augusto para ocupar el trono; arrogándose después el derecho de elegir el monarca, naciendo de aquí la larga serie de guerras civiles que, con ligeros intervalos, ensangrentaron todo el imperio.

  Añadiremos, sin embargo, que los males sociales que acabamos de señalar, como causas de la corrupción del imperio en tiempo de los sucesores de Augusto, sólo afectaban a Roma, pero sin trascender  las provincias. Estas gozaban de los beneficios de la paz, y aumentaban cada día su prosperidad y su bienestar: las escasas comunicaciones que mantenían con Roma las libraron por algún tiempo de las desgracias y calamidades de la gran ciudad.

  1. Galba, Otón y Vitelio. — Proclamado por las legiones, Galba ocupó el trono, siendo aceptado por el senado, y reconocido por el pueblo; pero bien pronto los pretorianos, a quienes negó el donativo acostumbrado, se manifestaron descontentos; y dirigidos por

Otón, le quitaron la vida en el campo de Marte á los siete meses de reinado, pereciendo después muchos de sus partidarios.

Otón, sin otros méritos que haber sido compañero de libertinaje de Nerón, y marido de Popea la querida de aquel emperador, comenzó, sin embargo, su reinado perdonando á sus enemigos, y dando una amnistía á los desterrados. Pero á poco de subir al trono. las legiones de Germania eligieron emperador á Vitelio, cuyos generales Valente y Cecina pasaron á Italia, y obligaron a Otón á combatir en Bedriacum (entre Mantua y Cremona), donde fue completamente derrotado su ejército, y él mismo pocos días después se quitó la vida en Brixéllum, por no prolongar las disensiones y desventuras de su patria.

Vitelio no se distinguió mas que por su glotonería, gastando en pocos días sumas inmensas en la preparación de las comidas mas extravagantes. Y mientras pasa el tiempo en comilonas, las legiones de Siria y de la Iliria proclamaron emperador á Flavio Vespasiano, y pasando á Roma Antonio Primo, se apoderó de la ciudad, después de incendiar el Capitolio y vencer en el campo de Marte á los partidarios de Vitelio, pereciendo éste en la refriega, siendo su cadáver arrastrado por las calles, y después arrojado al Tíber.

  1. Juicio sobre el reinado de estos tres emperadores. — En el corto tiempo de poco mas de un año que reinaron Galba, Otón y Vitelio, el Imperio que hasta aquí babia tenido un carácter casi aristocrático por pertenecer los emperadores á las familias mas distinguidas de Roma, comienza ya á comunicarse á las clases menos elevadas, y hasta á las provincias, como sucedió con Vespasiano, que no era romano, y como sucederá después con los Antoninos de origen español. Esto procedía de que las antiguas familias habían llegado á extinguirse en las guerras y proscripciones, y por la tiranía de los emperadores.

Por otra parte, los últimos emperadores para atraer á su causa los partidarios que necesitaban, extendieron el derecho de ciudad á muchos pueblos. Así se iba cumpliendo la misión de Roma, de comunicar á los otros pueblos, todos los elementos de vida y civilización, antes concentrados en la gran ciudad.

  1. Los Flavios. Vespasanio.—Flavio Vespasiano, natural de Reate, que se babia distinguido en’ las guerras de Bretaña, y había recibido de Nerón el encargo de la guerra contra los Partos y contra los judíos, fue el fundador de la dinastía de los Flavios, á la que pertenecieron sus hijos Tito y Domiciano.

Vespasiano consiguió restablecer la gloria del Imperio, introduciendo la justicia en el gobierno, la moralidad en la administración  de las provincias, y la disciplina en las legiones restableció el orden y la tranquilidad, aumentó con prudentes economías las rentas públicas, favoreció las artes y las letras, y de volvió al senado su prestigio, separando los miembros incompetentes ó indignos. A él se deben gran ni5mero de magníficos monumentos en Roma, corno el Coliseo, el templo de la Paz y la restauración del Capitolio; y puentes, acueductos, vías militares, y otras obras de marcada utilidad en las provincias.

  1. Guerras en la Galia y en Judea. — Desde los tiempos de Pompeyo la Judea se encontraba bajo la protección de los romanos y gobernada por virreyes en nombre de Roma Augusto la redujo á provincia romana; pero los judíos, amantes siempre de su independencia, promovieron varias insurrecciones –que obligaron á Nerón á mandar contra ellos á Vespasiano Sometida la Galilea, marchaba éste á sitiar á Jerusalén, cuando, nombrado emperador y teniendo que marchar á Roma, encargó la prosecución de aquella guerra á su hijo Tito.

Sitiada Jerusalén, y resistiéndose siete meses valerosamente los judíos, á pesar de sus divisiones intestinas, de los estragos de la peste y del hambre, la ciudad fue tornada por asalto, saqueada y reducida a cenizas. Esta guerra costó la vida á mas de un millón de judíos, y los que sobrevivieron á ella fueron unos reducidos á la esclavitud, y otros obligados á abandonar su patria, diseminándose por todos los pueblos, sin haber vuelto á formar después un cuerpo de nación.

La guerra de las Galias tuvo origen en la sublevación de los Bátavos, habitantes de una isla formada por dos brazos del Rhin, siendo su jefe el valiente Civilis. Esta insurrección se propagó á los pueblos ved— nos, galos y germanos, que alcanzaron algunas victorias sobre los romanos, y se hicieron independientes. Sabino que se proclamó emperador de las Galias, fue vencido por los Secuanos; y los pueblos restantes, divididos entre sí, fueron sometidos por Cerealis, general de Vespasiano, consiguiendo los Bátavos una paz honrosa y su independencia por la energía y el valor de Civilis.

Después de esta guerra, comenzó la de la Bretaña, mandando los ejércitos romanos primero el mismo Cerealis y después Agrícola.

  1. Imperio de Tito. — Durante su juventud Tito se habla entregado á los mayores desórdenes en la corte de Nerón. Pero asociado al gobierno por su padre Vespasiano, cambió completamente de conducta.

Cuando llegó á ocupar el trono procuró por todos los medios hacer la felicidad de su pueblo M clemente y mas humano que su padre, y amante ante todo de la justicia, reformé la administración, concedió al senado y al pueblo una prudente libertad; distinguiéndose principalmente por sus esfuerzos para remediar las desgracias que en su tiempo experimento Roma, por la invasión de la peste, por un incendio que destruyó el Panteón y el Capitolio ; y sobre todo por la gran erupción del Vesubio (79) en que quedaron sepultadas las ciudades de Herculano, Pompeya Estables, y en la que pereció Plinio el naturalista.

Tito que consideraba perdido el día que no había hecho algún bien á sus semejantes, fue llamado pi sus contemporáneos delicias del género humano.

  1. Imperio de Domiciano. — Hijo de Vespasiano hermano de Tito, Domiciano comenzó gobernando de justicia, aumentando la prosperidad del imperio, embelleciendo á Roma, y tratando á todos con human dad y clemencia. Pero muy luego cambió de conducta y arrastrado por la pasión de la envidia, y por su carácter cruel y sanguinario, restableció la ley de lesa majestad, con lo que Roma se poblé de delatores; despreció al senado, y condenó á muerte á los ciudadanos mas distinguidos, entre otros a Cerealis y al ilustre Agrícola, a quienes debía la conquista de Bretaña expulsé de Roma á los filósofos y á los hombres d letras, y ordenó la segunda persecución contra lo cristianos.

Este hombre sanguinario, que como Calígula y Neron, se complacía en el tormento de sus víctimas, fu asesinado, por orden de su propia esposa y por lo principales oficiales de su corte, librándose así de 1 muerte contra ellos decretada, y librando de un monstruo a la humanidad.

 Fue notable, sin embargo, el reinado de Domiciano, por la conquista de la mayor parte de Gran Bretaña que llevó a cabo su general Agrícola, extendiendo la dominación romana hasta los límites de la Caledonia, construyendo una línea de fortalezas desde el golfo de Fort al Clyde, para evitar las incursiones de los Pictos y Caledonios. A la vez sostuvo guerras en las fronte­ras del Danubio, venciendo a los Catos; y poco después a los Dacios establecidos en la orilla izquierda, y que pasando el río habían penetrado en la Mesia; pero fue derrotado por los Marcomanos, y tuvo que pagar un tributo a Decébalo rey de la Dacia.

  1. Juicio sobre los emperadores Flavios. — Desde que el imperio pertenece a un solo hombre, y éste es dueño de las vidas y haciendas de sus súbditos, la felicidad o la desgracia de tantos hombres y pueblos, está pendiente de las condiciones del emperador. Así pueden notarse las alternativas y cambios casi repentinos entre la prosperidad y la decadencia, la gloria y el rebajamiento, la humanidad y la crueldad, según las circunstancias personales del que regia los destinos de Roma.

  Vespasiano, con sus altas dotes de gobierno, con su actividad y rectas intenciones, hace florecer el imperio Tito, con su natural bondadoso, y la humanidad de sus sentimientos, hace las delicias del género humano pelo Domiciano, cruel y sanguinario, hace renacer los calamitosos tiempos de Calígula y de Nerón siendo perdidos, durante su reinado, los nobles y generosos esfuerzos para labrar la felicidad del imperio, llevados a cabo por su padre y por su hermano.

  Por otra parte, en la época de Domiciano se inaugura una política calamitosa para Roma en sus relaciones con los bárbaros. Tal fue el comprar la paz a Decébalo, en lugar de combatirlo con todas las fueras de que el imperio podía disponer. Este ejemplo, muchas veces repetido por los siguientes emperadores, reveló la debilidad de Roma a los bárbaros, cuyas exigencias fueron en aumento, hasta la invasión general que concluyó con el imperio de Occidente.

RESUMEN DE LA LECCIÓN XVI. 

 —1. A Augusto sucedió Tiberio su reinado. Su hijo Druso sometió las legiones sublevadas del Danubio; y Germánico venció a los germanos mandados por Herman, y dio sepultura a los huesos de los soldados de Varo; pasó después a Oriente por orden de Tiberio, y fue envenenado por el gobernador de la Siria.

—2. Tiberio gobernó al principio con moderación y justicia pero entregando después el mando a su favorito Sejano, éste consiguió deshacerse de todos los que podían estorbarle el acceso al imperio, mientras el emperador después de cometer grandes crueldades, se retiró a Caprea entregándose a todos los vicios. Sejano, de orden de Tiberio, pereció en manos del populacho.

— 3. Después de la muerte de Sejano, no tuvo límites el desenfreno y la crueldad de Tiberio, atrayéndose de esta manera la odiosidad general, y pereciendo ahogado en su propio lecho por sugestiones de Calígula.

—4. Después de algunos meses de un gobierno paternal y humanitario, Calígula, a consecuencia de una grave enfermedad, se tornó cruel, sanguinario y extravagante, complaciéndose en el tormento de sus victimas, y emprendiendo ridículas expediciones a Germania y a la Bretaña; y fue asesinado por Chareas.

—5. Fue nombrado emperador por las legiones el viejo Claudio, tío de Calígula, que inaugura su reinado por medidas prudentes y justas; pero sus favoritos y su esposa Mesalina, valiéndose le su debilidad, cometieron innumerables crímenes. Mesalina perdió la vida poco despees de orden de Claudio. Este se casó entonces con Agripina, que repitió los crímenes y desordenes anteriores, y que consiguió del débil é irresoluto emperador que adoptara a su hijo Neron en perjuicio de Británico, hijo de Tiberio y Mesalina. Agripina envenenó a Claudio, y las legiones proclamaron a Neron.

— 6. La moderación y justicia de Neron en los primeros años de su reinado, le hicieron el ídolo de Roma; pero después su vida fue un cúmulo de vicios, de crímenes e       iniquidades, mandando quitar la vida a Británico y a su propia madre Agripina, a su esposa Octavia, a Séneca, Burro, Lucano etc., incendió a Roma, y ordenó la primera persecución contra los Cristianos. A estas crueldades hay que añadir una larga serie de locuras y extravagancias, pretendiendo ser el primero en todas las artes y letras, etc. Sublevadas las legiones, Neron se hizo matar por un liberto.

—7. Todos los emperadores de la casa de Augusto comienzan gobernando con justicia, y terminan entregándose a las mayores crueldades y un hecho semejante debe atribuirse al estado de la sociedad, y principalmente a la necesidad de proporcionarse recursos con que atender a la subsistencia del ejército y el pueblo. Desde esta época el ejército se arroga el derecho de elegir los emperadores. Entre tanto las provincias permanecían ajenas a los desordenes de Roma.

—8. Galba proclamado por las legiones, se vio poco después arrojado del trono, por Oton al frente de los pretorianos. Este a su vez, fue derrotado en Bedriacum por las legiones de Vitelio, y se quitó la vida. Vitelio, que no se distinguió más que por su glotonería, se vio atacado en Roma por las legiones que habían elegido en Oriente a Vespasiano, pereciendo en la refriega.

—9. En este tiempo, por haberse extinguido las antiguas familias patricias, comienzan a ser elegidos emperadores, personajes de Italia y de las provincias, extendiendo éstos al derecho de ciudad a muchos pueblos.

— 10. La dinastía de los Flavios comienza con Vespasiano, que con su prudente y acertado gobierno hizo renacer en Roma y en las provincias la prosperidad y la grandeza del imperio de Augusto.

—11. Vespasiano en la guerra de Judea se apoderó de Galilea; y su hijo Tito después de un horroroso sitio tomó a Jerusalén y la destruyó, obligando a los judíos a expatriarse. La insurrección de los Bátavos mandados por Civilis, se propago a la Galia y Germania; pero fueron sometidos por Cerealis, quedando independientes los Bátavos.

—12. Tito procuró por todos los medios hacer la felicidad de sus pueblos, y reparar en lo posible las calamidades que por aquel tiempo experimentó Roma, y las que se originaron por la erupción del Vesubio.

— 13. Domiciano, al principio imitó por algún tiempo la prudencia del gobierno de su padre y de su hermano, pero cometió después toda clase de crueldades, mandando quitar la vida a Cerealis, Agrícola y otros ilustres personajes; arrojó de Roma a los sabios, y ordenó la segunda persecución contra los cristianos. Fue asesinado por instigaciones de su propia esposa. En su tiempo Agrícola conquistó la Bretaña hasta la Caledonia: y sus ejércitos alcanzaron algunas victorias en las orillas del Danubio; pero tuvo que comprar la paz a los Dacios.

— 14. Desde que el imperio está en manos de un solo hombre, la felicidad o la desgracia de tantos pueblos están pendientes de las condiciones de los emperadores. Así Vespasiano y Tito reproducen la prosperidad y la grandeza del imperio de Augusto, y Domiciano renueva las calamidades y desgracias de tiempo de Nereo, inaugurando a la vez la política calamitosa para Roma da comprar la paz a los bárbaros.

Gobierno de Trajano y Adriano Roma Marco Aurelio Guerras

roma antigua

LECCIÓN XVII
LOS ANTONINOS (96-193).
 

  1.   Imperio de Nerva: adopción de Trajano. — A la muerte de Domiciano, el senado eligió al anciano cónsul, Nerva, distinguido por su honradez y por su prudencia, y que fue aceptado por los pretorianos.

  El reinado de Nerva comenzó bajo los mejores auspicios. Prometió no quitar la vida a ningún senador, volvió a sus dueños los bienes confiscados, permitió a los desterrados volver a Roma y repartió tierras a los pobres. Los desmanes cometidos por los pretorianos, dando la muerte a los asesinos de Domiciano, hicieron comprender a Nerva la necesidad de una mano más fuerte que la suya para el gobierno del Imperio; y poco antes de morir adoptó a Trajano designándole como sucesor.

  Con Nerva comienza el siglo de oro del Imperio.

  1. Reinado de Trajano. — Nacido en Itálica (junto a Sevilla) Trajano se había distinguido en Oriente en tiempo de Vespasiano, y era reputado como el primer general del Imperio, cuando, gobernando la Germania, fue designado por Nerva para ocupar el trono. De costumbres sencillas, pero de carácter firme y enérgico; administrador sabio y prudente, consumado político y esforzado capitán, Trajano fue uno de los más grandes emperadores de Roma.

  Durante su imperio el senado recobró sus atribuciones; devolvió a los comicios la elección de las magistraturas, rebajó los impuestos, favoreció las artes y las letras, la agricultura, industria y comercio, y protegió en grande escala las obras, públicas, construyendo en todas partes caminos, puertos, acueductos y escuelas para la educación de los niños pobres. Por todos estos medios consiguió aumentar extraordinariamente la prosperidad del Imperio, entronizar la moralidad en la administración, y hacer felices a sus súbditos, que reconocidos a tantos beneficios, les dieron el titulo de Optimo. 

  1.   Guerras en tiempo de Trajano. — Envalentonados los Dacios desde el reinado de Domiciano, invadieron en este tiempo el territorio del Imperio. Trajano consiguió vencerlos en tres batallas, se apoderó de su capital, y Decébalo tuvo que pedir la paz haciéndose tributario de Roma. Una nueva insurrección de los bárbaros, obligó a Trajano a pasar el Danubio, construyendo un puente gigantesco, y después de derrotar a Decébalo, que se quitó la vida, Dacia fue declarada provincia romana. En memoria de aquella guerra se construyó en Roma la columna trajana que todavía existe.

  En los últimos años de su reinado Trajano dirigió una expedición al Oriente para castigar a los Partos que habían invadido la Armenia; y después de arrojarlos de aquel país, se apoderó de la Iberia y la Albania al S. del Cáucaso. En una segunda expedición incorporó al Imperio algunas provincias a la izquierda del Tigris, llegó al mar de la India, y sometió la Arabia Feliz. Y cuando, dominada una insurrección de los judíos, regresaba a Roma, le sorprendió la muerte en e en Selinonte, ciudad de Cilicio.

  Trajano había ordenado la tercera persecución contra los cristianos.

  1. Imperio de Adriano. — Adoptado por Trajano al morir, Adriano, también de Itálica, fue proclamado emperador por los soldados, confirmando el senado la elección. Se había distinguido como general en tiempo de su antecesor; pero desde que ocupó el trono, se dedicó más principalmente al mantenimiento de la paz, para lo cual abandonó a los Partos las provincias recientemente conquistadas, dejando así el Imperio con sus antiguos límites en el Eúfrates.

En Dacia, aumentó la defensa de sus fronteras contra los bárbaros, y cortó el puente construido por Trajano sobre el Danubio, para evitar una invasión. Y en Bretaña mandó construir una muralla de veinte y dos leguas, desde el Tine al golfo de Solway, contra las incursiones de los caledonios.

  Asegurada con estas medidas la paz del Imperio, Adriano se ocupó durante diez años en recorrer las provincias, sin aparato ni ostentación, caminando casi siempre a pie, enterándose por si mismo y detalladamente de las necesidades de los pueblos, y procurando por todos los medios el satisfacerlas. A él se debían entre otras obras grandiosas, la reedificación de Atenas, Cartago y Jerusalén, el anfiteatro  de Nimes, la continuación del canal entre el mar Rojo y el Mediterráneo, y en Roma el templo de Venus, y el mausoleo conocido con el nombre de moles Adriani, hoy castillo de Santángelo.

  1.    Reformas políticas y administrativas de Adriano. — El Imperio, hasta ahora revestido con formas republicanas, comienza en tiempo de Adriano a prescindir de esas formas, creando otras mas apropiadas a la monarquía, como fueron, la separación de los oficios del Estado y los del emperador, y la creación de un consejo de Estado compuesto de los senadores y de los jurisconsultos más notables de Roma.

  Al mismo tiempo Adriano ordenó al pretor Salvio Juliano que reuniese en colección los monumentos esparcidos de la jurisprudencia romana. Se llamó a esta colección Edicto perpetuo. Adriano dotado de grandes talentos y muy versado en la literatura y filosofía griega, pero envidioso de los demás, estaba siempre rodeado de astrólogos, retóricos, y filósofos, que encontraron a su lado la protección más decidida y abundantes riquezas. Se distinguió entre ellos Plutarco, maestro del mismo emperador.

  En los últimos años de su vida Adriano se hizo cruel contra los cristianos, y vengativo contra supuestos enemigos.

  1. Antonino Pio. — Adriano adoptó a Antonino, natural de Nimes, que le sucedió en el trono. Su reinado representa la época más floreciente y de mayor felicidad en el Imperio romano. Hombre virtuoso, justo y humano, se entregó por completo a labrar la felicidad de sus súbditos.

En los veinte y tres años que rigió el Imperio, se disfrutó de completa paz; no hubo sublevaciones, ni guerras exteriores, ni luchas civiles. Se dedicó con singular predilección a extender por todas partes la justicia y la moralidad administrativa, generalizar la enseñanza y la educación, y proteger la beneficencia y la caridad.

  Respetuoso con sus padres, con los ancianos y con los dioses, clemente hasta con sus enemigos, espléndido y generoso con los desgraciados, y amante sincero de la felicidad del pueblo, Antonino fue un modelo de príncipes, y mereció el nombre de padre del género humano. 

  1. Marco Aurelio. —. Antonino adoptó a Marco Antonio, que tomó el nombre de Aurelio Antonino, y es conocido en la historia con el de Marco Aurelio. Este príncipe educado en los principios de la filosofía estoica, y dotado de grandes virtudes, procuró seguir en todo las huellas de su antecesor, amparando la justicia, protegiendo la educación y la beneficencia, perdonando a sus enemigos, y extendiendo los beneficios de su inagotable caridad a todos los hombres.

Pero no bastaron las virtudes de Marco Aurelio, y sus generosos esfuerzos para hacer la felicidad del Imperio: pues casi todo su reinado fue una larga serie de calamidades y desgracias, en que la naturaleza y los hombres pusieron a dura prueba la virtud del estoico y del emperador. Terremotos, inundaciones, el hambre y la peste, sucedieron en Roma y en las provincias; y para colmo de desventura la guerra se presentó amenazante tanto en Oriente como en Occidente.

  1. Guerras en Oriente y Occidente. — Animados los Partos por el estado aflictivo del Imperio, pasaron las fronteras, comenzando una encarnizada lucha con los romanos. Marco Aurelio asoció en el mando Lucio Vero, encomendándole la guerra de Oriente, en unión con el general Avidio Casio. Este después de cuatro años de guerra se apoderó y destruyó Babilonia, Ectesifonte y Seleucia, y fortificó a Nisibis obligando a los Partos a pedir la paz. El ejército a su regreso importó en Italia la peste que causó una gran mortandad en Occidente.

  No bien terminada la guerra de los Partos, penetraron en el Imperio los Cuados y Marcomanos, llegando hasta Aquileya. Con un ejército de esclavos y gladiadores, los dos emperadores consiguieron derrotarlos, obligándolos a repasar el Danubio. Al regresar a Roma, murió L. Yero; y Marco Aurelio tuvo que hacer frente a una nueva invasión de esos mismos pueblos, que vuelven a presentarse en Aquileya. Después de haberlos derrotado, marchó en su persecución hasta el interior de la Germania; y engañado por una falsa retirada de los bárbaros, penetró con su ejército en un desfiladero, donde fácilmente hubieran sido exterminados, a no sobrevenir una gran tempestad que puso en precipitada fuga a los enemigos; cuyo acontecimiento se atribuyó a las oraciones de la legión Melitina, llamada desde entonces Fulminante, compuesta casi toda ella de cristianos; por cuyo motivo se suspendió la persecución que contra éstos había ordenado antes el emperador.

  Algunos años después se reprodujo la guerra contra estos bárbaros; y cuando Marco Aurelio marchó a combatirlos, le sorprendió la muerte en Vindobona (Viena). Juntamente con tantas calamidades, Marco Aurelio tuvo que sufrir los desordenes de su esposa, la emperatriz Faustina. Antes de morir había adoptado a su hijo Cómodo, que educado por su madre revelaba ya las malas condiciones de su carácter.

  1.   Reinado de Cómodo. — Desde Viena donde se encontraba a la muerte de su padre, Cómodo Antonino se apresuró a hacer las paces con los bárbaros, prometiéndoles un tributo, y regresó a Roma, inaugurando su carrera de crímenes con la muerte de sus hermanas y de su esposa, reproduciendo y quizá excediendo en crueldad a Nerón y Domiciano.

  Dotado de gran fuerza física, se propuso aventajar a los gladiadores, con los cuales luchó en el circo más de setecientas veces.

  Para entregarse por completo a los placeres, abandonó el gobierno en manos de sus favoritos Perennis y Cleandro, que se enriquecieron con los bienes de un gran número de ciudadanos sacrificados a su ambición, y que murieron asesinados. El mismo Cómodo pereció envenenado por Marcia, una de sus concubinas.

  1. Juicio sobre los Antoninos. — La época de los Antoninos, que ocupa casi todo el siglo II de nuestra era, ya hemos dicho que constituye el periodo más brillante del Imperio romano. La virtud reinaba en el trono, la justicia y la moralidad en el gobierno, y la paz, el orden y la prosperidad en todas partes. Y todo esto, después de los emperadores monstruos de la casa de Augusto, y después del feroz Domiciano. Se necesitó la reunión de tan bellas cualidades en aquellos emperadores de origen español, para reanimar el mundo romano, amenazado de próxima ruina al advenimiento de Nerva.

  Sin embargo, los Antoninos no pudieron desarraigar los vicios que minaban la sociedad romana, y que la llevaban fatalmente a su perdición. Aunque procuraron mejorar la condición de los esclavos, la esclavitud continuó en aumento; a pesar de sus virtudes personales y de sus generosos esfuerzos para moralizar las costumbres, La corrupción fue cada día mayor: y aunque restablecieron la disciplina del ejército y tuvieron a raya a los pretorianos, éstos continuaron después disponiendo y hasta vendiendo el trono al mejor postor; y por último, el mayor enemigo de Roma, los bárbaros, contenidos durante este tiempo en las fronteras, no por esto pueden olvidar que Roma les ha pagado tributo, y que la Italia y la España encierran riquezas y comodidades y placeres, de que ellos carecen en las selvas de la Germania.

  Y todos estos gérmenes de descomposición y de muerte para Roma, ocultos o acallados pero no extinguidos, en tiempo de los Antoninos, reaparecen con más fuerza en el reinado del último representante de esta dinastía, el cruel y sanguinario Cómodo Antonino; y desde entonces con ligeros intervalos, Roma asediada por tantos elementos de destrucción, camina irremisiblemente a su ruina.

  Los Antoninos hicieron cuanto humanamente se podía hacer para salvar a Roma. Sus desvelos por las clases desheredadas, sus cuidados por los pobres, la fundación de escuelas para los niños huérfanos, sus esfuerzos para mejorar la condición de los esclavos y de los gladiadores, todo revela que los Antoninos, por sus sentimientos y por su conducta humanitaria, son los primeros emperadores de Roma, y figurarían dignamente al lado de otros reyes de tiempos posteriores. Si Roma, a pesar de todo esto, no se salvó, forzoso es comprender que su salvación no estaba en la mano de los hombres.

—1. A la muerte de Domiciano, el Senado eligió a Nerva, aceptándolo los pretorianos. En su breve reinado procuró reparar los desordenes de tiempos anteriores; pero los desmanes de los pretorianos le hicieron comprender la necesidad de un gobierno enérgico en el Imperio, y antes de morir, adoptó a Trajano.

—2. Trajano era el primor general del imperio, y fue uno de los más grandes emperadores. Respetó al Secano y a los comicios, moralizó la administración, favoreció las artes y las letras, la agricultura, industria y comercio y protegió las obras públicas, aumentando así la prosperidad del imperio.

—3. En guerra con los Dacios, obligó a Decébalo a pedir la paz y en una nueva insurrección, derrotó a los bárbaros. Decébalo se quitó la vida, y la Dacia fue declarada provincia romana. En Oriente Trajano derrotó a los Partos, se apoderó de Iberia y de Albania, de algunas provincias a la izquierda del Tigris, y de Arabia Feliz dominé una insurrección de los judíos, y murió en Selinonte.

—4. A Trajano sucedió Adriano, que abandonó a los Partos las conquistas de su antecesor, fortificó las fronteras de la Dacia, y construyó en Bretaña una muralla contra los Caledonios. Después de lo cual recorrió todo el imperio, procurando en todas partes satisfacer las necesidades de los pueblos, ejecutándose por su orden gran número de obras públicas.

—5. En tiempo de Adriano comienza el imperio a revestir las formas de la monarquía se redactó el Edicto perpetuo, y los astrólogos, retóricos y filósofos encontraron la más decidida protección; pero en los últimos años de su reinado se hizo cruel Contra los cristianos y vengativo con sus enemigos.

—6. Antonino Pio se entregó por completo a labrar la felicidad de sus súbditos, siendo su reinado la época más floreciente del imperio; extendió por teclas partes la justicia y la moralidad, protegió la educación, la caridad y la beneficencia disfrutándose completa paz en todo el imperio; por estas cualidades mereció Antonino el nombre de padre del género humano.

— 7. Marco Aurelio siguió en todo las huellas de su antecesor pero necesito toda la virtud de la filosofía estoica que profesaba, para sobrellevar la larga serie de calamidades y desgracias que en su tiempo afligieron al imperio.

—8. Marco Aurelio asoció en el mando a Lucio Vero, encargándole la guerra contra los Partos, que fueron vencidos por el general Avidio Casio, obligándolos a pedir la paz. En Occidente los dos emperadores vencieron a los Cuados y Marcomanos que habían penetrado hasta Aquileya, muriendo Vero poco después. En una nueva expedición contra los bárbaros, cayó Marco Aurelio con su ejército en una emboscada, da la que difícil y casi milagrosamente pudo salvarse. En una tercera expedición murió Marco Aurelio en Viena.

— 9. Le sucedió su hijo Cómodo, cruel y sanguinario, que lució más de 700 veces en el circo con los gladiadores. Abandonó el gobierno a sus favoritos que cometieron todo género de violencias, y murió envenenado por una de sus concubinas.

—10. La época de los Antoninos constituye el periodo mas brillante y de mayor prosperidad del imperio; pero no pudieron desarraigar la esclavitud y la corrupción; y después de ellos los pretorianos continúan disponiendo del imperio, y los bárbaros se muestran cada día más exigentes con Roma. Estos gérmenes de descomposición y de muerte reaparecen en tiempo de Cómodo. Las virtudes y los humanitarios sentimientos de los Antoninos no salvaron a Roma, porque su salvación no estaba en manos de los hombres.

El Imperio de Augusto Nace el Imperio Romano Octavio Primer Principe

roma antigua

LECCIÓN XV. TERCER PERIODO (30a. — 476 p. J. C.).—
EL IMPERIO AUGUSTO (30a. — 44 p. J. C.).

  1. Establecimiento del Imperio Romano. — Puestos en orden los asuntos de Oriente, después de la muerte de Cleopatra y Antonio, reducido el Egipto a provincia romana, y libre Octavio de los enemigos que pudieran oponerse a sus designios, vuelve éste a Roma, inaugurando desde entonces una conducta generosa, clemente y humana; perdonando a sus enemigos, y haciendo olvidar por esos medios las crueldades del triunvirato, cuyos decretos quedaron abolidos.

  Desde la batalla de Actium todo el poder de Roma estaba en las manos de Octavio; siendo el ídolo del pueblo, y teniendo gran prestigio en el ejército, nadie podía disputarle la soberanía; sin embargo, conociendo el odio que inspiraba a los romanos el nombre de rey, y aleccionado con el fin trágico de César, sólo aceptó el nombre de Imperator (emperador), cuya autoridad entonces estaba reducida al mando del ejército, y el de príncipe (el primero) o jefe del senado.

  En lugar de destruir la antigua organización política, procuró conservar todas las magistraturas, haciéndose conferir por el senado el consulado, por cuyo medio obtenía el mando de las legiones, y por los comicios el tribunado, cuyo cargo hacia su persona sagrada e inviolable. Además fue investido de la prefectura de las costumbres o antigua censura, de la que se valió para no dejar en el senado más que los senadores que le eran adictos, rebajando su número de 900 a 600. Y por último obtuvo la prefectura de la ciudad, el pontificado máximo, el título de padre de la patria, y el nombre de Augusto, hasta entonces sólo atribuido a las personas y cosas sagradas.

  Como se deja comprender, subsistió toda la organización republicana, y Augusto, reuniendo en su persona todas las principales dignidades, no era otra cosa que el primer magistrado de la República. Sin embargo, fingiendo no desear el poder, y manifestando muchas veces su deseo de abdicarlo; con su hábil política, y el rebajamiento del senado y del pueblo, le fueron renovadas periódicamente todas las magistraturas, aparentando aceptarlas sólo por las vivas instancias de los que se las ofrecían, y con el único fin de conservar y afirmar el orden.

  1. Límites y división del Imperio en tiempo de Augusto. — Se extendía el imperio por el N. hasta el Ponto Euxino, el Danubio, el Rhin y el mar entre Galia y Bretaña (Canal de la Mancha); al O. el Atlántico; al S. el Atlas, los desiertos de Libia y Arabia; y al E. el Eúfrates. Dentro de estos límites estaba comprendido todo el Mediterráneo, con razón llamado por los romanos Mare nostrum (nuestro mar).

  El Imperio se divide en 25 provincias, y Augusto deferente con el senado, le cedió el gobierno de todas las que estaban completamente pacificadas, como la Bética en España. Estas provincias se llamaban senatoriales, y eran administradas por procónsules en nombre del senado.

Augusto se reservó las demás que no estaban completamente sometidas, y en las que era necesario sostener un poder militar para sujetarlas; las cuales se llamaron imperiales, y eran gobernadas por legados o pretores. Los procónsules tenían sólo atribuciones civiles; y los pretores reunían el poder civil y el militar.

  1. Reformas de Augusto. — La reforma que hizo Augusto en el senado, rebajando el número de senadores a 600, eliminando todos aquellos que podían tener una tacha legal, y sustituyéndoles con los que le eran mas adictos. Además intentó reformar las costumbres, y dió leyes para favorecer los matrimonios. Estableció la policía y el orden en la ciudad; se abrieron gran número de vías militares que ponían en comunicación todas las provincias con Roma; facilitando la administración general por medio de correos. Se moralizó la administración provincial, castigando severamente la avaricia y rapacidad de los pretores: y el comercio encontró toda la seguridad apetecible tanto por tierra, como por mar, adquiriendo por esta causa una importancia extraordinaria.

  Como consecuencia de la división de las provincias en senatoriales e imperiales, Augusto, conservando el tesoro público, cerarium, administrado por los pretores y a disposición del senado, creó el tesoro del emperador, fiscus, que con el tiempo llegó a absorber al erario.

  Augusto introdujo radicales reformas en la organización del ejército, creando cuerpos de tropas permanentes que dependían directamente del emperador, y que estaban convenientemente distribuidas en Roma, en Italia y en las provincias.

  1. Expediciones de Augusto al Occidente y al Oriente. — Comprendiendo perfectamente el papel que en la historia de Roma estaba llamado a desempeñar el imperio, Augusto no pensó jamás en nuevas conquistas, contentándose con acabar la sumisión de algunos pueblos que, radicando dentro de los limites del imperio, no estaban completamente vencidos, asegurar y defender su dominación en los demás.

  No le fue fácil la sumisión de algunos pueblos de Occidente. En España después de dos siglos de luchas casi constantes los romanos no habían podido penetrar en las regiones montañosas de Cantabria, Asturias y Galicia. Augusto empleó primero todos los medios pacíficos para reducir a los fieros habitantes de estos países; y sólo cuando estos recursos no fueron suficientes, apeló a la guerra, consiguiendo Agripa exterminar a los mas tenaces, tomándoles la ciudad de Lancia, cerca de León, que fue su último baluarte.

  Dirigiéndose después al Oriente, y con sólo el prestigio de su nombre, consiguió allí más ventajas que sus antecesores en tantas y tan desastrosas campañas. El rey de Armenia aceptó la protección romana; los Partos devolvieron las banderas cogidas a Craso y a M. Antonio y pusieron en libertad algunos prisioneros que todavía existían de aquellas guerras: Agripa impuso un rey a los Cimerianos; y Augusto recibió embajadas de Sarmacia, Escitia y de India.

  1. Estado de Germania en tiempo de Augusto. — Los romanos dieron el nombre de Germania a los países situados al N. del Danubio, al E. del Rhin y al S. del mar Germánico (mar del Norte) y del mar de los Suevos (Báltico); los límites orientales eran entonces menos determinados, y completamente desconocidos por los romanos.

  Dentro de esos límites estaban comprendidos grandes números de pueblos, todos de raza indo—europea, algunos de los cuales se habían ya dado a conocer a los romanos, como los Cimbros y Teutones en tiempo de Mario, y los Germanos de las orillas del Rhin, con los cuales César más de una vez tuvo que combatir.

  Las luchas de Roma con estos pueblos fueron casi continuas durante todo el Imperio; porque el Danubio y el Rhin no constituían una barrera infranqueable para la impetuosidad de los bárbaros; y Roma no podía contenerlos, sino apoyándose en esos ríos, construyendo fortalezas, y manteniendo siempre allí numerosas legiones.

  Era, pues, de interés capital en tiempo de Augusto extender los límites del Imperio hasta el Danubio, como lo consiguieron Druso y Tiberio apoderándose de Retia, Nórica, Vindelicia y Mesia, y sometiendo Agripa la Panonia. Por la parte del Rhin, aunque César había extendido sus conquistas hasta este río, las incursiones de los Germanos (Usipetas, Sicambros, Teucteros y Catos) obligaron a Augusto a mandar contra ellos a Druso, que en cuatro campañas logró vencerlos, llegando victorioso hasta el Elba; y muerto éste, su hermano Tiberio derrotó a los Sicambros, y trasladó 40,000 a la otra orilla del Rhin.

  Tal fue el Imperio constituido por Augusto; especie de república unitaria con un jefe vitalicio a la cabeza. Pero sus sucesores fueron prescindiendo de las formas del antiguo régimen, y bien pronto fue de hecho y de derecho su poder absoluto, degenerando a veces en el mas cruel despotismo.

  1. Nacimiento de Jesucristo. — Después de estas guerras, la paz reinó por algunos años en todo, el Imperio, y se cerró el templo de Jano. En este tiempo se realizó un hecho que pasó desapercibido para los dominadores del mundo, pero que estaba llamado a adquirir más importancia que otro alguno en la historia. En un oscuro rincón de Judea, en Belén, nació JESUCRISTO, el Enviado por Dios para salvar al mundo, el fundador de la Religión Cristiana, el Redentor de la humanidad.

  La importancia capital de este acontecimiento en los destinos humanos, hizo que se adoptase después como punto de partida para contar el tiempo; terminando en él los años de mayor a menor, y comenzando la era vulgar o cristiana a que se ajusta la cronología de todos los pueblos civilizados, contando los años de menor a mayor.

  1. Nuevas guerras con los bárbaros. — En los últimos años de Augusto los pueblos inquietos de Germania se sublevaron contra la dominación romana en las orillas del Rhin y del Danubio. Tiberio consiguió contener a los Brúcteros y Cheruscos, y restableció la dominación romana hasta el Elba. Pasó después a las orillas del Danubio para combatir a los Dálmatas y Panonios, que se habían sublevado contra Roma; y al frente de un numeroso ejército, y acompañado de Germánico, en tres campañas consecutivas, venció a los rebeldes, y sometió todos los países a la derecha del Danubio.

  Pero mientras Tiberio restablecía la dominación del Imperio con sus victorias, sufrieron las armas romanas un gran desastre por la parte de Germania. Después de la sumisión de aquel país, Tiberio había encargado a Varo, el gobierno de los pueblos a la derecha del Rhin.

Con el fin de introducir pacíficamente la civilización en aquellas regiones, Varo dividió su ejército en pequeños campamentos, que entraron en comunicación con los bárbaros; pero el jefe de los Cheruscos, Herman o Arminio, consiguió atraer a los romanos a los desfiladeros de la selva montañosa de Teuteberg, donde perecieron todos después de tres días de inútil resistencia, y el mismo Varo se dió la muerte. Desde entonces los romanos tuvieron que replegarse a la orilla izquierda del Rhin, que continuó siendo la frontera entre el Imperio y Germania hasta la época de la invasión general de los Bárbaros.

  1. Muerte de Augusto. — La derrota y la muerte de Varo y la pérdida de las legiones, causaron profunda impresión en el ánimo del anciano Augusto y aunque Tiberio y Germánico marcharon con un poderoso ejército para vengar aquella derrota, después de ligeras escaramuzas con la multitud de germanos que capitaneaba Arminio, no atreviéndose a penetrar en las selvas de Germania, Tiberio se volvió a Roma, dejando a Germánico el gobierno de los países sometidos en las orillas del Rhin.

  Augusto asoció en el mando a Tiberio, hijo de su segunda mujer Livia, y disponiendo del Imperio como de cosa propia, lo dejó por sucesor, muriendo poco después en Nola, ciudad de Campania.

  1. Juicio sobre el reinado de Augusto. — Poco antes de morir preguntaba Augusto a sus amigos: ¿He representado bien mi papel? Pues aplaudidme. Y en efecto, el reinado de Augusto es verdaderamente una comedia, y sólo considerándolo de esta manera, puede ser convenientemente juzgado.

  Como triunviro, Octavio había sido tan cruel y sanguinario como Sila; y sin embargo como emperador, Augusto aparece tan humano que se atrajo todos los corazones por su inagotable benevolencia el triunviro que con calma y sangre fría autoriza las terribles matanzas de las proscripciones, llegado al Imperio olvida todas las ofensas y perdona a todos los culpables. Y aun puede observarse el mismo contraste entre su vida privada relajada e inmoral, y su vida pública como emperador, amparando y protegiendo las buenas costumbres y la más severa moral.

  En tiempo de Augusto, el orden y la paz reinaron en todo el Imperio; las guerras fueron sólo ligeros accidentes; y sin embargo extendió considerablemente sus dominios, y concluyó con los enemigos de Roma, siendo su nombre respetado hasta en las más apartadas regiones. Pero el mayor mérito de Augusto ante la historia consiste en su talento político, en sus dotes de hombre de gobierno, aplicándose constantemente a la organización administrativa, transformando todo el sistema de la República, y dejando a sus sucesores un imperio perfectamente constituido. No hubo ramo alguno de la administración pública, al cual no llevara Augusto su poderosa iniciativa, tanto en Roma como en las provincias.

  Por otra parte, la asimilación de los pueblos con Roma, que el imperio estaba llamado a realizar, recibe en tiempo de Augusto un grande incremento, con la creación de municipios y gran número de colonias, concediendo privilegios a muchas ciudades, y derecho de ciudadanía a muchos provincianos.

 De esta manera Roma, sin violencias y por iniciativa del que todo lo puede, comienza a comunicar su vida propia a los pueblos que le están sometidos, la obra de la asociación humana, contenida hasta ahora por la estrechez de miras de la aristocracia romana, toma desde Augusto un vuelo extraordinario, encargándose sus sucesores de extender a todos los súbditos del grande imperio los mismos derechos de los ciudadanos romanos.

  1. Siglo de oro de la literatura latina. — Si Augusto no era un genio como César, tuvo sin embargo el talento y el acierto necesario para rodearse de personas de un mérito relevante, que contribuyeron eficazmente a la gloria de su reinado entre éstos merecen citarse, como general y político Agripa, como protector de las letras y las artes, Mecenas.

  Llamase siglo de oro de la literatura latina, el tiempo en que florecen los más notables escritores en el idioma del Lacio: y aunque algunos de ellos son anteriores y otros posteriores a Augusto, como la mayor parte vivieron durante su reinado, y alcanzaron la protección y el favor especial de Mecenas y del mismo Augusto, se llama también con razón siglo de Augusto a la época del mayor florecimiento de las letras latinas.

  1. Poesía. — El género dramático, poco en armonía con las costumbres romanas, no tuvo cultivadores dignos de mención después de Plauto y Terencio.

  En la poesía lírica sobresalieron en primer término, Horacio, cuyas odas le colocan entre los primeros poetas de todos los tiempos, siendo dignas de admirar por su originalidad sus sátiras, y entre sus cartas poéticas la conocida con el nombre de Epístola a los Pisones, donde establece con exactitud todas las reglas del buen gusto. Ovidio, el más fecundo y el más inmoral de los poetas latinos, cuyas obras principales son, las Heróidas, o cartas amorosas, las Metamorfosis o tradiciones religiosas de los griegos y romanos, los Tristes o cartas de quejas, escritas desde Escitia, adonde había sido desterrado por Augusto. En la poesía elegiaca, además de Horacio y de Ovidio, florecieron, Propercio, Catulo y Tibulo, y adquirió renombre como fabulista Fedro. Como poetas satíricos citaremos al mismo Horacio, a Persio y a Juvenal.

  La poesía épica tuvo en Roma en primer lugar a Virgilio, que siguió las huellas de Homero, en su obra inmortal titulada Eneida, en la que se propone glorificar los orígenes del pueblo romano y de la familia Julia: escribió además las Bucólicas o poemas pastorales, y las Geórgicas, poema didáctico sobre la agricultura.

  1. Prosa. — Durante el siglo de oro alcanzaron su mayor florecimiento tanto la historia, como la oratoria. Como historiadores merecen citarse, César, por sus Comentarios sobre la guerra de las Galias y sobre la guerra civil; Salustio por la guerra de Iugurta y Conjuración de Catilina; Tito Livio que se presenta como el primero de los historiadores de la antigüedad en su Historia romana.

  En la oratoria citaremos un solo nombre, Cicerón, el primero entre los latinos, y uno de los primeros oradores de todos los tiempos, tanto en la oratoria judicial (Verrinas, pro Milone, pro Archia poeta, pro Roscio Amerino), como en la política con sus Catilinarias y sus Filípicas; sentando además los principios del gusto y de la elocuencia en sus tratados del Orador, de los oradores ilustres, etc. Este hombre verdaderamente extraordinario, escribió también varias obras filosóficas, como el libro de república, las tusculanas, el libro sobre el bien supremo y el supremo mal, el libro de los deberes, y el de las leyes.

  Bellas artes; agricultura, industria y comercio. Entre las bellas, artes sólo fue cultivada en la época de Augusto la arquitectura, erigiéndose magníficos monumentos tanto en Roma como en las provincias.

RESUMEN DE LA LECCIÓN XV.

 —1.  Para evitar el odio de los romanos, Octavio después de la muerte de Antonio, sólo aceptó el nombre de Emperador y Príncipe. Además le fue conferido el Consulado, el tribunado, la censura y todas las demás dignidades; renovándoselas periódicamente, a pesar de su aparente repugnancia.

—2. El Imperio romano se extendía desde el Rhin y el Danubio por el N., hasta el Atlas y el desierto por el S.; y desde el Eúfrates al E., hasta el Atlántico por el O. Estaba dividido en 25 provincias, de las cuales unas gobernaba el senado y se llamaban senatoriales, y otras que no estaban completamente pacificadas, dependían directamente del emperador, con el nombre de imperiales.

—3. Augusto reformó el senado, y dió leyes para mejorar las costumbres y la administración, aumentando la prosperidad, la riqueza y el comercio, tanto en Roma como en las provincias. Creó el fisco o tesoro del emperador, y organizó el ejército creando cuerpos de tropas permanentes.

—4. En España combatió Augusto a los Cántabros, Astures y Galaicos, que fueron sometidos por Agripa. En Oriente, Armenia se puso bajo su protección; los partos devolvieron las banderas tomadas a Craso; y Augusto recibió embajadas de Escitia y de India.

—5. Germania estaba ocupada por diferentes pueblos, separados del imperio romano por el Rhin y por el Danubio. Druso y Tiberio se apoderaron de la Retia, Nórica, Vindelicia y Mesia; Agripa de Panonia: y por la parte del Rhin, Druso llegó victorioso hasta el Elba.

—6. Después de estas guerras, se cerró el templo de Jano, en señal de la paz universal. En este tiempo nació en Belén, de Judea, Jesucristo, el Salvador del mundo: cuyo acontecimiento se ha adoptado como punto de partida para contar los años, tanto anteriores como posteriores.

—7. En los últimos años de Augusto, Tiberio sometió los pueblos sublevados de las orillas del Rhin y del Danubio. Pero encargado Varo del gobierno de la Germania, fue derrotado por Antonio en la selva de Teuteberg, pereciendo sus legiones, y quitándose él mismo la vida.

— 8. No pudiendo Tiberio someter a los germanos, se estableció la frontera en el Rhin. Augusto, impresionado por la muerte da Varo y la pérdida de las legiones, murió después en Nola, dejando por sucesor a Tiberio.

— 9; Augusto, cruel y sanguinario como triunviro, fue benévolo y humanitario como emperador. En su tiempo reinó la paz en el Imperio; y se distinguió principalmente por su talento político y sus dotes de hombre de gobierno, dejando el imperio perfectamente constituido. Por otra parte, Augusto continuó en grande escala la obra de la asimilación de los pueblos con Roma.

—10. Se llama siglo de oro de la literatura latina a la época de Augusto, porque en ella florecieron los más notables escritores en el idioma del Lacio.

—11. En la poesía lírica sobresalieron Horacio, Ovidio, Propendo, Catulo y Tibulo: en la épica Virgilio, que escribió la Eneida, las Bucólicas y las Geórgicas.

—12. Como historiadores deben citarse, César, Salustio y Tito Livio: y como orador a Cicerón, que además escribió obras filosóficas. En las artes los romanos cultivaron de preferencia la escultura.

Consulado Romano Ciceron Conjuración de Catilina Pompeyo Craso

roma antigua

LECCIÓN XII.

  1. Consulado de Lépido. — Los excesos y violencias de todo género cometidos durante la dictatura de Sila hicieron necesaria una reacción contra la nobleza, tan luego como faltó el dictador.
  2. Emilio Lépido, nombrado cónsul viviendo Sila, se propuso, muerto éste, restablecer el prestigio del partido popular, anulando las usurpaciones realizadas en la época anterior, llamando a los desterrados, y devolviendo a los tribunos sus antiguas atribuciones. Estas pretensiones no llegaron a realizarse por la oposición del otro cónsul Catulo.

   Concluido su consulado fue nombrado Lépido pro-cónsul de Cisalpina, levantando bien pronto un ejército, con el cual, aumentado en la Etruria, se dirigió sobre Roma, siendo derrotado por Catulo y Perpena en el Puente Milvio. Lépido huyó a Cerdeña, donde murió poco después; y los restos de su ejército a las órdenes de Perpena, pasaron a unirse con Sertorio en España.

  1. Guerra contra Sertorio. — Derrotados por Sila los partidarios de Mario, Sertorio se vino a España dispuesto a combatir en la península contra el dictador. Después de recorrer las costas del Estrecho, y vencer a los romanos en Tingis (Tánger), los lusitanos, mal avenidos con el yugo romano, le ofrecieron un pequeño ejército, que unido con los pocos romanos que le acompañaban, no sumaban más de 7,000 hombres. Con tan escasas fuerzas venció a Metelo y a sus lugartenientes en varios encuentros, apoderándose de la mayor parte de España y aun de Galia Narbonense.

  Dotado de talentos muy superiores a los de Mario, y de más rectitud y honradez que Sila, Sertorio supo atraerse el afecto de los españoles, y estableció en Evora un gobierno semejante al de Roma, y una universidad o escuela superior en Huesca.

  Entretanto, Perpena se une con Sertorio, mientras el senado encarga la guerra de España a Pompeyo, quien después de ligeros triunfos, fue derrotado cerca de Laurona (tal vez Liria). Desconfiando los generales romanos de conseguir la sumisión de Sertorio, apelaron a la traición, valiéndose de su lugarteniente Perpena, que en un banquete le hizo asesinar. El asesino, vencido poco después por Pompeyo, pagó con la cabeza su traición.

  1. Los gladiadores: Espartaco: guerra social.- Se llaman gladiadores los esclavos cuya profesión era batirse en el circo, ya unos contra otros o ya con las fieras, para servir de diversión a los romanos. Este espectáculo repugnante e inmoral se había multiplicado considerablemente, a medida que había crecido el poder de Roma, y se había aumentado el número de esclavos. En varias ciudades de Italia existían escuelas para adiestrar a los gladiadores en el manejo de las armas, siendo una de las principales la de Capua en Campania.

  Espartaco, esclavo tracio, hombre de talento y de valor, prefiriendo morir en los campos de batalla a servir de diversión a los rumanos, huyó de Capua con otros 70 gladiadores, uniéndoseles bien pronto gran número de esclavos de toda Campania, con los cuales derrotaron en las montañas, donde se habían refugiado, un ejército de 3,000 romanos. Corriéronse a Lucania, y su número se aumentó hasta 40,000, alcanzando nuevos triunfos sobre las huestes republicanas, y haciéndose dueños de Lucania y de Campania.

  Creciendo de día en día el ejército de Espartaco, que llegó a reunir 100,000 hombres, se dirige al norte de Italia para franquear los Alpes, y volver libre a su patria; pero después de batir a los dos cónsules y a otros generales romanos, se ve obligado a volver a Italia meridional, por la resistencia de sus tropas a abandonar la península. Espartaco entonces intenta en vano pasar a Sicilia para sublevar los esclavos.

  Roma en tanto encarga el mando del ejército a Craso, que consiguió encerrar a los gladiadores en la península del Brucio; Espartaco, sin embargo, rompió el bloqueo y pasó a Lucania, donde obligado por sus tropas tuvo que aceptar la batalla junto al río Silaro, donde perdió la vida, con la mayor parte de los suyos. Pompeyo, que volvía entonces de España, destruyó los últimos restos de los gladiadores, llevándose la gloria de haber concluido la guerra.

  1. Consulado de Pompeyo y Craso. — A pesar de la pequeña participación que tuvo en la guerra de los gladiadores, Pompeyo recibió en Roma los honores del triunfo, y fue nombrado cónsul juntamente con Craso.

Estos dos personajes, enemigos irreconciliables, en su deseo de apoderarse del mando supremo de la República, cada uno según sus condiciones procuró atraerse el favor del pueblo, abandonando la causa de la aristocracia que antes habían defendido. Pompeyo por el camino de la política, hizo que se devolviesen a los tribunos sus antiguas prerrogativas, a los caballeros la administración de justicia, y que se restableciese la censura: y Craso, que poseía inmensas riquezas, distribuye a los pobres grandes cantidades de trigo, ofreciendo además banquetes en el Foro.

El pueblo, agasajado por los dos hombres más importantes a la sazón en Roma, mostró su preferencia por Pompeyo, confiándole el mando de la escuadra en la guerra contra los piratas que infestaban el Mediterráneo.

  1. Guerra contra los Piratas. — Aniquiladas las potencias marítimas del Mediterráneo, Cartago, Grecia y Siria, y no teniendo la misma Roma escuadras bastantes ni aptitud para vigilar el mar, había crecido la piratería a consecuencia de las guerras, de tal manera, que llegaron a dominar en la mayor parte de las costas y de las islas, interceptando todas las comunicaciones, apoderándose de las flotas que conducían víveres a Roma, e imponiendo tributos a todos los buques que quisieran navegar por el Mediterráneo. La mayor parte de los piratas procedían de Coria, Licia, Cilicia y Chipre, cuyos países les servían de refugio, si alguna vez se veían perseguidos.

  El decoro de Roma y los intereses de su comercio, no podían consentir un estado de cosas semejante. M. Antonio, enviado contra los piratas de Creta, huyó sin librar batalla alguna; pero Metelo consiguió arrojarlos de aquella isla, por lo cual recibió el nombre de Crético.

  En tal estado, el tribuno Gabinio consiguió, aunque a disgusto del senado y de la nobleza, que se encargase de aquella guerra a Pompeyo, confiriéndole el poder y todos los recursos que él mismo creyese necesarios.

  Pompeyo hizo construir una escuadra de 500 naves, con 120,000 hombres, y dividiendo el Mediterráneo en 13 regiones, comenzó la persecución de una en otra, consiguiendo en tres meses, limpiar el mar de tan molestos enemigos, acorralándolos en las costas de Cilicia, venciéndolos allí definitivamente y destruyendo las ciudades que les servían de guarida.

  1. Segunda guerra contra Mitrídates: Lúculo en Asia. — Los pueblos del Asia Menor, no bien sometidos por Roma, y explotados duramente por los pretores y los usureros, se ofrecieron al rey del Ponto, Mitirídates, que ambicionando tomar venganza de los romanos, y recuperar los anteriores dominios que la paz de Sila le había  arrebatado, levantó un poderoso ejército, se apoderó de Capadocia y de Paflagonia; disciplinó sus tropas, y buscó la alianza de Tigranes rey de Armenia, y de Sertorio, que por entonces combatía en España contra los romanos. Con estos elementos, Mitrídates declara la guerra a Roma, alcanzando completa victoria sobre el cónsul Aurelio Colla, e incendiando la escuadra romana en el puerto de Calcedonia.

  En esta circunstancia el Senado encargó a Lúculo la continuación de la guerra contra Mitrídates. Dotado de grandes talentos militares, y conocedor de la organización de los ejércitos del Asia, Lúculo obliga a Mitrídates a levantar el sitio de Cizico, apoderándose de sus víveres; lo derrota en el Gránico, se apodera de Bitinia, arroja de Capadocia a su enemigo que tiene que encerrarse en su reino del Ponto, y aun allí lo derrota en la batalla de Cabira, obligándolo a refugiarse en Armenia, donde reinaba su suegro Tigrane.

  Dueño Lúculo del Ponto, y sometida toda el Asia Menor, se encamina a Armenia al frente de un pequeño ejército de 40,000 hombres, derrota a Tigranes, entra en su capital Tigranocerta, y una nueva victoria, cerca de esta ciudad, le hace dueño de la mayor parte de Armenia, huyendo Tigranes a Grande Armenia, y volviendo Mitrídates al Ponto. Disponíase Lúculo a llevar la guerra contra los Partos, cuando sus soldados indisciplinados se niegan a seguirle; y esto unido con algunos pequeños triunfos obtenidos por Mitrídates contra las cortas guarniciones romanas del Ponto, y con las intrigas de sus enemigos en Roma, pusieron en el caso al senado de retirarle el mando de la guerra de Asia, que fue confiado al cónsul Glabrion, y poco después a Pompeyo.

  1. Conclusión de la guerra contra Mitrídates. —los triunfos mas o menos dudosos de Pompeyo sobre Sertorio, sobre los gladiadores y sobres los piratas, le habían hecho el hombre necesario y el ídolo del pueblo en Roma.

El tribuno Manilio propuso también ahora que se le encargase la guerra contra Mitrídates; y apoyado por Cicerón y César, y por el pueblo y los caballeros, a cuya clase pertenecía Pompeyo, la proposición llegó a ser ley, y éste recibió el mando de todo el ejército y el de la escuadra, encaminándose en seguida al Asia Menor.

   Pompeyo, al frente de 60,000 hombres, llegó al Ponto, derrotando muy luego en la batalla de Nicópolis a Mitrídates, que tuvo que huir a Albania en el Cáucaso, mientras Tigranes firma la paz con el general romano, entregando todas sus posesiones a la derecha del Eúfrates, y una indemnización de 6,000 talentos.

   Pompeyo, dirigiéndose contra Mitrídates, derrota a los albanos e iberos, y el rey del Ponto tuvo que refugiarse en Panticapea en el Bósforo Cimeriano, proponiéndose levantar los pueblos bárbaros Sármatas y Escitas que habitaban Rusia actual, y con ellos dirigirse contra Roma. La sublevación de su ejército, que proclamó rey a su hijo Farnaces, le obligó a suicidarse, mandando a un soldado galo que le atravesase con su espada.

   Concluida la guerra de Mitrídates y Tigranes, Pompeyo declara provincias romanas Bitinia, Paflagonia y Ponto, se apodera casi sin lucha del reino de Siria, convirtiéndolo también en provincia romana: penetra en Judea, colocando en el trono a Hircano II baja la protección de Roma, en contra de su hermano Aristóbulo que lo había destronado. De esta manera extendió Pompeyo los límites de República romana hasta Eúfrates.

  1.   Conjuración de Catilina. — Mientras Pompeyo triunfaba en Asia y extendía los límites de República, acaecían en Roma hechos de la mayor importancia.

   El partido popular se encuentra al frente del gobierno; la aristocracia, vencida y quizá cansada, deja de tomar parte en los negocios públicos; el orden de los caballeros, dueño ahora de la riqueza, aspira a la dominación; los pobres, arruinados por la usura en Roma y en toda Italia, dispuestos siempre a sublevarse contra los ricos: y todo esto unido a la corrupción moral y social de todas las clases, colocaban a Roma en uno de esos momentos críticos que preceden siempre a las grandes revoluciones.

  La democracia romana que había contribuido al encumbramiento de Pompeyo, temerosa ahora del extraordinario poder que éste adquiriera en Oriente, le vuelve la espalda, y dirigida por César y Craso busca la alianza de los demagogos y anarquistas, con el fin de anular todo lo existente, abolir las deudas, concluir con el senado, y apoderarse de todos los cargos públicos.

  Lucio Catilina, que pertenecía a una de las primeras familias de Roma y que se encontraba al frente del partido demagógico, se había rodeado de la gente más perdida de Roma, gente sin reputación y sin fortuna, y que todo lo esperaba de una revolución general.

  Se tramó una primera conjuración, en la que se proponían asesinar a los senadores y a los cónsules, y en la que según parece tomaron parte César y Craso; pero este complot fracasó, y hubo que aplazarlo para más adelante, si bien continuaron los preparativos tanto en Roma como en otras regiones de Italia, con tal disimulo y con tal cautela que ni los cónsules ni el senado pudieron sospechar tales proyectos.

  1. Consulado de Cicerón. — En este estado las cosas, fue elegido cónsul M. T. Cicerón apoyado por el senado, en contra de Catilina, que aplazó para las elecciones del año siguiente el apelar a las armas, asesinar al cónsul e incendiar a Roma, si no triunfaba de su enemigo. Estaba a punto de estallar la conjuración, cuando una mujer, Fuina, reveló al cónsul todo el complot.

Llegado el fin de la elección, Cicerón fortifica la ciudad y toma las más enérgicas disposiciones: Catilina es vencido, y cuando creyendo poder salvarse a fuerza de audacia, se presenta en el senado, Cicerón pronuncia aquella célebre arenga, Quousque tandem abutere, Catilina, patientia nostra! etc., poniendo de manifiesto toda la trama de la conjuración. Catilina no pudo resistir la indignación general, y salió de Roma para unirse en la  Etruria con las tropas de Los conjurados.

  En Roma los principales conjurados Léntulo, Cetego Gabinio y otros, fueron sometidos al juicio del senado, y decapitados. Catilina al frente de los conjurados, se vio rodeado por tres ejércitos romanos, y obligado a combatir en Pistoia, perdiendo la vida en la batalla. Cicerón al dejar el consulado fue proclamado padre de la patria.

  1. Juicio sobre la conjuración de Catilina. — Para juzgar con acierto la conjuración de Catilina, es necesario examinar separadamente el hecho en si de la conjuración, y las condiciones personales de su autor.

  La conjura de Catilina representa una etapa de la gran revolución que se venia operando en Roma desde tiempo de los Gracos; es la tendencia del pueblo a despojar a la nobleza de sus preeminencias y de sus riquezas mal adquiridas, y la incesante lucha de los italianos por alcanzar la igualdad de derechos con los ciudadanos romanos. Así se comprende que tomaran parte en la conjuración todos los desheredados de Roma, y la mayor parte de los pueblos de Italia; y así se explica que hombres de gran valer en Roma, y que no participaban de la estrechez de miras de la aristocracia, antes por el contrario, entendían que eran justas las exigencias de los pobres, y las pretensiones de los italianos; hombres que no pueden ser tachados de crueles ni inhumanos, como César, estuvieran comprometidos en la conjuración.

  De manera que el hecho en si, no puede condenarse, porque seria condenar toda la vida e historia de Roma, desde las primeras luchas de patricios y plebeyos, hasta los tiempos en que el Imperio extiende la ciudadanía a todos los pueblos sometidos, cumpliendo así la misión de la gran ciudad, que no era otra que unificar el mundo y disponerlo para recibir el Evangelio.

  Por otra parte, las revoluciones son tanto mas violentas y crueles, cuanto los que las dirigen están más poseídos de la justicia del derecho que defienden. El pobre, ignorante de su derecho, se contenta con pedir lo que de justicia le corresponde, pero no apela generalmente a la violencia para usurparlo. Así se presenta la lucha pacífica entre patricios y plebeyos en los primeros tiempos de Roma.

Pero cuando los hombres de inteligencia, conocedores de la justicia, se ponen al frente de los desheredados, haciéndoles comprender que tienen perfecto derecho a lo que antes sólo por gracia recibían, entonces la lucha toma otro carácter de marcada violencia, exigiendo por la fuerza la reparación de la justicia. Esto es precisamente lo que sucedió en Roma desde la época de los Gracos, acentuándose cada vez mas la guerra, y enconándose mas las pasiones, a medida que el pueblo se va penetrando más y más de la justicia de su causa.

  1. Juicio sobre Catilina. — Más, aunque en principio esté justificada la conjuración de Catilina, no podemos menos de condenar los procedimientos y las  formas bajo la cuales se intentaba llevar a cabo. Es verdad que las proscripciones de Sila debieron apurar el sufrimiento de cuantos se interesaban por la causa popular; pero aun así y todo, no se legitima el asesinato y el incendio con que Catilina pretendía hacer triunfar la conjuración. Los medios que la moral reprueba, no pueden ser aceptados como buenos por la política, sean cuales fueren las circunstancias porque atraviesen los pueblos.

  Catilina es uno de los hombres mas depravados, en aquel siglo tan fecundo en depravaciones. Una reprobación general viene pesando sobre la memoria de este funesto personaje, desde Salustio su contemporáneo, que escribió la historia de la conjuración, hasta los tiempos presentes, sin que nadie con recto juicio haya osado defenderlo.

Ambicioso, cruel e inhumano; audaz, libertino y malvado, todos los dicterios se han apurado contra aquel monstruo de perversidad; cuyos crímenes en proyecto hizo abortar oportunamente, la política enérgica y prudente de Cicerón.

RESUMEN LECCIÓN XII.    

  Lépido, nombrado cónsul, intenta restablecer el  prestigio del partido popular, a lo que se opuso su colega Cátalo. Apelando a las armas con el mismo fin, concluido su consulado, fue vencido en el puente Milvio, huyendo a Cerdeña, donde murió poco después.

—2. Sertorio huyendo de las proscripciones, se fue a España; y atrayéndose el afecto de los naturales, se le unieron los lusitanos descontentos, consiguiendo vencer a los generales romanos Metelo y Pompeyo, y murió asesinado por Perpena.

— 3. Los gladiadores eran esclavos amaestrados en el arte de combatir unos contra otros o con las fieras, para servir de diversión a los romanos. Espartaco gladiador en Capua, se sublevó contra los romanos, llegando a reunir un ejército numeroso, que venció a los romanos y se apoderó de Lucania y Campania. Creso consiguió derrotarlo en la batalla del Silaro; y Pompeyo concluyó con los últimos restos de los gladiadores.

— 4. Pompeyo y Craso, nombrados cónsules, procuran atraerse, cada uno por diferentes medios, el favor popular; el pueblo sin embargo, se decide por Pompeyo, confiándole el mando de la escuadra en la guerra contra los piratas.

— 5. En este tiempo los piratas en gran número infestaban el Mediterráneo, interceptando todas las comunicaciones. Los generales romanos mandados contra ellos habían obtenido escaso resultado; cuando fue nombrado Pompeyo, que en tres meses concluyó con la piratería, apoderándose de las poblaciones de Cilicia que les servían de guaridas.

— 6. Mitridates al frente de un ejército numeroso y disciplinado declara la guerra a Roma, y vence en los primeros encuentros a los romanos, pero Lóculo lo derrota en varias batallas, obligándole a refugiarse en Armenia; general romano lo persigue, se apodera de Tigranocerta, y derrota a Tigranes; pero fue detenido en la carrera de sus triunfos, por haber nombrado el senado a Pompeyo para continuar aquella guerra.

— 7. Pompeyo derrota a Mitridates; se le somete Tigranes rey de Armenia; y vence a los Albanos o Iberos. Mitridates huyendo a Panticapea, se quitó la vida por haberse sublevado su ejército, que nombró rey a su hijo Farnaces. Pompeyo, además de concluir aquella guerra, extendió los límites de la República hasta el  Eúfrates.

— 8. Roma se encontraba en uno de esos momentos críticos que preceden siempre a las grandes revoluciones. El partido popular se unió con los demagogos mandados por Catilina para destruir todo lo existente y apoderarse de los cargos públicos; habiendo fracasado estos proyectos, hubo necesidad de diferirlos para más adelante.

— 9. Elegido cónsul Ciceron, Catilina aplazó nuevamente sus designios para las elecciones consulares del año siguiente. Pero conocidos todos sus planes por Ciceron, y echándoselos en cara rudamente en el senado, Catilina tuvo que huir y fue derrotado y muerto en Pistoia, mientras sus cómplices eran condenados a muerte en Roma.

— 10. La conjugación de Catilina es una nueva fase de la revolución iniciada por los Gracos, en contra de la nobleza, por la tiranía que venia ejerciendo sobre la plebe y sobre los aliados italianos. Si en este tiempo la revolución se hace cruel y sanguinaria, esto se debe al mayor conocimiento que el pueblo y los italianos adquieren de la justicia de sus pretensiones, y a la resistencia siempre tenaz de la nobleza a satisfacer sus justas exigencias.

— 11. Pero es justo condenar los medios de que Catilina intentó valerse para el triunfo de su causa; así como hay que reconocer que este personaje era uno de los hombres más depravados, en aquel siglo tan fecundo en depravaciones.