Médicos Argentinos

La Medicina en el Renacimiento Investigaciones Cientificas Medicas

Médicos del Renacimiento
Investigaciones Científicas de Medicina

La medicina alcanzó gran desarrollo durante el Renacimiento, sobre todo en Europa occidental. Los tratamientos médicos, tan primitivos en la Edad Media, se convirtieron en verdadera ciencia. Gracias a sus infatigables investigaciones y a su lucha contra métodos anticuados, sabjos como Andrés Vesalio, Ambrosio Paré y Miguel Servet fueron figuras cumbres de este poderoso desarrollo. Sin embargo, todavía se ponían en práctica tratamientos ridículos, dolorosos, e incluso criminales

La Edad Media había menospreciado la cultura de la Antigüedad, pero el Renacimiento trató de restablecer el contacto con la Roma clásica y con Grecia. Al principio, este retorno al espíritu clásico se limitó al arte y a la literatura. Pero al cabo de un tiempo se extendió también a las ciencias. En efecto, éstas experimentaron gran desarrollo en los siglos XV y XVI. Su florecimiento fue tan evidente que se puede decir que para las ciencias nació una nueva era, que contrastaba con la paralización e incluso el retroceso característicos de la Edad Media.

Italia fue el país del renacimiento de las artes y las letras, mas no del de las ciencias, que en esta época alcanzaron su máximo desarrollo en naciones situadas más al norte: Países Bajos, Francia y el Sacro Romano Imperio. La medicina también cobró gran incremento en estos países.

Es indudable que Leonardo de Vinci ya se había interesado vivamente por la anatomía, pero este interés sólo era una de las facetas de su genio universal. En el terreno de la medicina fue mucho más importante la aportación de su más joven contemporáneo, el alemán Paracelso (1493-1541), cuyo verdadero nombre era Felipe Aurelio Teofrasto Bombast de Hohenheim.

Fue uno de los más grandes viajeros de su época. Además de sus vastos conocimientos médicos, era versado en filosofía, alquimia, magia, etc. Leibniz (siglo XVIII), el más grande filósofo alemán, dijo de él: «Es el más grande loco de los médicos, pero también el más médico de todos los locos.»

medico edad media

Paracelso dio poca importancia a la anatomía. Se dedicó, sobre todo, al estudio de la patología y la bioquímica (química de las materias vivas).

El bruselense Andrés Vesalio (1514-1564) lo superó en popularidad. Instauró el estudio de la anatomía humana. Antes de cumplir treinta años publicó un atlas anatómico con ilustraciones dibujadas por John Stefan de Calcar. En 1543 publicó su obra maestra De humani corporis fábrica, que abrió nuevas perspectivas a la medicina. En esta obra, Vesalio emite observaciones críticas sobre ciertas opiniones en materia de anatomía. Estas opiniones habían sido profesadas por Galeno en la Antigüedad y comúnmente aceptadas desde entonces.

En su obra, el joven sabio bruselense insistió, entre otros, en los detalles concretos que diferencian el cuerpo humano del de los monos y perros. Esta diferencia no se había establecido hasta entonces porque no se conocía suficientemente la anatomía humana. Vesalio fundó sus teorías en experiencias personales y pudo concluir que, con frecuencia, Galeno se había equivocado.

Éste sostenía, por ejemplo, que el maxilar inferior del hombre constaba de dos partes, unidas por una articulación. Esta teoría se había admitido durante siglos. Vesalio demostró, por el contrario, la ausencia de toda articulación. A diferencia de sus colegas, Vesalio siempre disecaba él mismo los cuerpos humanos.

medicina edad media

De este modo podía realizar un concienzudo examen. El gran mérito de Vesalio no sólo estriba en no haber estado de acuerdo con conceptos caducos ni en elaborar una anatomía renovada sino, sobre todo, en haber encauzado la medicina por caminos distintos, gracias a nuevos métodos de pensamiento y trabajo.

A pesar de las críticas de algunos medios conservadores, Carlos I tuvo en gran estima las notables cualidades de Vesalio, que fue el médico personal del emperador. En la corte de Felipe II siguió desempeñando sus funciones, pero las intrigas de palacio se convirtieron en una carga para él. Además, deseaba regresar a su cátedra de profesor en la universidad de Padua. Pero antes hubo de ir a Jerusalén, y en el viaje de regreso murió.

Cuando le sobrevino la muerte, en la isla de Zante, apenas tenía cincuenta años, su coetáneo, el francés Ambrosio Paré (hacia 1510-1590), también adquirió gran reputación, sobre todo en lo concerniente a la cirugía. Tras haber perfeccionado sus conocimientos prácticos como alumno cirujano en el Hótel-Dieu de París, obtuvo el título de barbero-cirujano, y en calidad de tal acompañó al ejército francés que marchó a Italia, lo que le permitió adquirir gran experiencia cuidando a los heridos.

Basándose en estos conocimientos, elaboró nuevas teorías en materia de cirugía y las consignó en un manual. Se oponía a los brutales tratamientos practicados por sus antecesores y se esforzaba en cuidar a los enfermos con la mayor delicadeza posible.

También inventó numerosos instrumentos ingeniosos, no sólo para uso de la cirugía, sino también con otros fines, como por ejemplo el baño de vapor  fue uno de sus múltiples inventos. Se trata de una bañera cerrada que se comunica con una estufa llena de agua. Cuando el agua se calienta llena la bañera de vapor.

Durante mucho tiempo Paré ejerció gran influencia. A él se debe la fundación de la escuela de cirugía de Francia.

Al lado de estas dos grandes figuras hubo muchas más que encauzaron la medicina por caminos nuevos. En primer lugar debemos citar al médico y teólogo español Miguel Servet (1511-1553), descubridor de la circulación sanguínea pulmonar, de lo que dio cuenta en su obra Christianismi Restitutio (1553), pero anatematizado por Roma y perseguido por Calvino, éste logró que el Gran Consejo de Ginebra lo condenase a morir en la hoguera, en la que ardió también su libro. Su descubrimiento fue olvidado hasta los trabajos del médico inglés William Harvey (1578-1657).

Otro español, Francisco Valles (1524-1592), a quien se denominó el Divino, se destacó como clínico en esa época. Es, pues, indudable que el Renacimiento aportó, principalmente fuera de Italia, una profunda renovación en el campo de la medicina. Sin embargo, todavía subsistían algunos viejos conceptos, unas veces cómicos y otras criminales.

Así, por ejemplo, las ropas especiales que en el siglo XVIII usaban los médicos que cuidaban de los apestados habrían sido más adecuadas para una procesión de carnaval que para un hospital. Llevaban un traje largo y una máscara puntiaguda que llenaban con toda clase de ingredientes destinados, según creían, a purificar el aire que respiraban. Incluso en esa época, las personas de quienes se sospechaba que podían propagar la peste eran martirizadas hasta la muerte.

En sus métodos terapéuticos aún se aplicaban algunos sistemas dolorosos. Por ejemplo, cuando un miembro encogido no se dejaba extender, se colocaba al paciente en una especie de banco de tortura en el que se estiraba el miembro deformado hasta que se distendía.

http://historiaybiografias.com/archivos_varios4/fuente_tomo2.jpg

Guerra del Chaco Bolivia Paraguay Causas del Conflicto Historia

Guerra del Chaco Boreal: La Guerra Entre Bolivia y Paraguay:

La antigua controversia de límites entre Paraguay y Bolivia, que dio origen a diversas negociaciones, entre ellas, el Pacto Soler-Pinilla en 1907, por el que ambos países se comprometían a respetar el “statu-quo”, y las conferencias de Buenos Aires y Washington, en las que varias naciones americanas concertaron una mediación para tratar de resolver el pleito, constituía una amenaza constante y peligrosa para la paz del continente.

Se habían registrado en los últimos años frecuentes escaramuzas fronterizas que, si bien se resolvían después pacíficamente, lo eran por acuerdos que parecían constituir sólo una tregua, pues los incidentes volvían a repetirse.

La intervención de otros países de América procuraba también poner fin al diferencio, tratando de hallar la fórmula conciliatoria que terminara con la peligrosa tirantez. En el protocolo de abril de 1927 se había establecido la decisión arbitral del diferendo, y en Buenos Aires, el 12 de julio de 1928, se resolvió, con la firma de ambas partes, que el conflicto sería resuelto pacíficamente. No obstante todos esos convenios, los encuentros fronterizos se repetían con frecuencia.

Había entre ambos países un clima evidentemente bélico, que haría crisis en cualquier momento, con el peligro que entrañaba para la paz de todo el continente. Cualquiera de esos incidentes podía constituir la chispa que encendiera la hoguera, envolviendo en una sangrienta guerra a pueblos americanos. La situación era cada vez más crítica. Todas las gestiones de conciliación y los esfuerzos por dar una solución pacífica al largo diferendo, terminaban, indefectiblemente, en el fracaso. La crisis estaba cada vez más próxima, y la aceleró un suceso registrado en el fortín Vanguardia. Hubo acusaciones mutuas.

Nido de ametralladora, fue una larga guerra de posiciones

El encargado de Negocios del Paraguay en La Paz era invitado a dejar Bolivia, y lo mismo ocurría con el ministro de Bolivia en Asunción, quien ese mismo día entregaba el archivo al ministro argentino y salía en lancha para Formosa con el fin de seguir luego viaje a Buenos Aires. De inmediato inició sus gestiones la Comisión Permanente de Montevideo, creada por el Tratado Gondra.Se procuró nuevamente la intervención de otros países, pero todo fue inútil. El 7 de diciembre de 1928, el gobierno paraguayo declara su propósito de acogerse al Pacto Gondra, provocando la reunión de la Comisión Investigadora a que el mismo se refiere. La crisis se consideraba inminente. Al día siguiente, es decir, el 8 de diciembre, se producía la ruptura de relaciones entre ambos países.

Hubo ofrecimiento de mediación por parte de varios países. Todo fue inútil. De hecho existía el estado de guerra. No se había declarado oficialmente el conflicto, pero los choques se hicieron más continuos durante el año siguiente. Corría sangre en los campos americanos. Todo el continente se esforzaba por poner fin al conflicto y evitar que la guerra sé declarara, en forma oficial y con sus naturales consecuencias. Los encuentros se sucedían y después de más de 2 años de ese estado de incertidumbre, en cuyo lapso se libraron numerosos combates entre patrullas de ambos países, la guerra comenzó el 15 de junio de 1932 con las batallas que tuvieron por escenario Pitiantuta.

La contienda se prolongó casi tres años, durante los cuales se registraron muchos y muy sangrientos combates que costaron numerosas vidas. Duras luchas se registraron en Herrera, Gondra, Nanawa, Campo Vía, Pampa Grande, el Carmen, Ballivián y otros muchos lugares. Ya declarada la guerra y en pleno desarrollo, el 3 de agosto se reunieron en Washington representantes de 19 países americanos que recordaron que no se reconocería arreglo territorial alguno que no fuera obtenido por medios pacíficos, ni la validez de las adquisiciones territoriales logradas mediante ocupación y conquista por la fuerza de las armas.

Por iniciativa de Argentina y Chile, se constituyó, un grupo mediador de naciones americanas, que integraron, además de los citados países, Estados Unidos, Perú, México y Brasil. La propuesta del grupo mediador, basada en la suspensión de las hostilidades y en el arreglo de la cuestión de límites por una Conferencia de Paz, fue aceptada por los beligerantes.

Con ello se dio término a la llamada “guerra del Chaco”, en 1935 que, virtualmente, se había iniciado a fines del año 1928.

Termina la Guerra: En el infierno verde del Chaco Boreal corre la sangre americana. Desde 1928 se ha velado en los legendarios fortines, aguardando el ataque, anticipándose a la sorpresa. Desde Asunción partieron decenas de barcos colmados de muchachos paraguayos, para regresar vacíos y ser cargados nuevamente.

Desde La Paz, la hermosa capital del altiplano, se puso en marcha una bizarra juventud en aquellos días de esperanzas, en instantes en que el amor a la patria hace ver el cielo más azul y más brillante el sol. Pero la guerra no es sólo eso. Tras las ventanas, hoy cerradas, desde las cuales caían ayer lluvias de flores, ahora hay alguien que espera o que llora. La guerra lo consume todo: hombres, materiales, dinero.

Los pueblos, empobrecidos, ya no miran con iguales ojos lo que miraban la víspera. Y ya no sólo son muchachos los que van al frente. Las sucesivas levas incluyen a hombres maduros que van dispuestos a. matar y a morir en la lucha.

Los presidentes de Argentina y otros países del continente asisten a la Conferencia Interamericana de Buenos Aires. Desde el Norte ha llegado Franklin Delano Roosevelt. Los pueblos miran con fe la labor de esos hombres para quienes el problema candente es uno solo: Hacer la paz.

Es un reclamo que no es posible desoír. Luego de varios años, tras superar una serie de dificultades, se constituye al fin, el 19 de julio de 1935, en Buenos Aires, la Conferencia de la Paz. Entre los inconvenientes con que se tropezó, tuvieron preponderante influencia las variaciones en el régimen de gobierno imperante en ambos países beligerantes, fluctuaciones que gravitaron en la política en parecida medida que lo hicieron en la opinión de los pueblos. Pero además existía una base firme: la impopularidad de la guerra y la sólida decisión americana de poner fin a las hostilidades. Varias cancillerías, en primer lugar la argentina, procuraron influir en Asunción y La Paz, abriendo, al fin, brechas en una posición irreductible. Hacia mediados de octubre se llegó a un acuerdo.

Fuente Consultada: LA RAZÓN 75 AÑOS – 1905-1980 Historia Viva – Año 1928

AMPLIACIÓN DEL TEMA
CRÓNICA DE LA ÉPOCA
GUERRA DEL CHACO BOREAL
NOTA DEL HISTORIADOR ROLANDO BEL
EL BICENTENARIO N° 7 PERÍODO 1930-1949

El recientemente iniciado conflicto del Chaco amenaza con convertirse en la más grande y sangrienta de las guerras acontecidas en nuestra América latina. Miles de soldados bolivianos y paraguayos se enfrentan en los cañadones chaqueños. Quizás, el principal factor de mortalidad no sea el ataque enemigo sino la malaria y la sed.

El área disputada, de una extensión aproximada de 455 mil kilómetros cuadrados, es una zona agreste y semidesértica, casi despoblada e inexplorada. Una de las regiones más inhóspitas del mundo para librar una guerra intensa.

¿Cómo explicar esta guerra fratricida entre dos de los países más pobres de nuestro continente, que además sufren una profunda crisis económica y social?

Para Bolivia, que ha perdido la salida al mar en la Guerra del Pacífico (1879-1883), el acceso al río Paraguay le permitiría, salir de su forzada mediterraneidad. También el descubrimiento de yacimientos petrolíferos en la pre-cordillera andina motiva el interés del gobierno boliviano, urgido de salir de su debacle económica y crisis sociopolítica. La compañía estadounidense Standard Oil tiene los derechos de explotación en la zona occidental del Chaco y se sospecha que la riqueza de los yacimientos se extiende hacia el Este. El problema es que esta región es controlada por los paraguayos y los derechos de exploración pertenecen a la compañía anglo-holan-desa Royal Dutch Shell.

Los antecedentes de las tensiones en la región se remiten a la época colonial y si bien durante este siglo se firmaron varios tratados entre Paraguay y Bolivia, la mediación de otros países limítrofes sólo pudo evitar (o demorar) el conflicto armado, sin lograr una solución definitiva.
Bolivia, gobernada por Daniel Salamanca, nacionalista orgulloso y agresivo, cuenta con una población de tres millones en comparación con el millón de paraguayos. Además de una economía basada en ricas minas de plata y estaño, tres veces más grande que la economía paraguaya, sustentada casi exclusivamente en las exportaciones ganaderas y algodoneras.

Ante el avance masivo de las tropas bolivianas, más numerosas y equipadas, que implementan la estrategia de la ocupación extensiva del espacio, las brigadas paraguayas, más pequeñas pero dotadas con mejor espíritu de combate, han comenzado a implementar una resistencia casi guerrillera, atacando en los puntos más débiles, retirándose para volver a atacar. Estrategia de desgaste que ya comenzó a dar sus frutos.

Spinoza La Inferioridad de las Mujeres Filosofo Racionalista

Spinoza La Inferioridad de las Mujeres
Filosofo Racionalista

filosofo renacentistaBaruch de Spinoza (1632-1677) fue un filósofo que creció en la relativamente tolerante atmósfera de Amsterdam. Fue expulsado de la sinagoga de la ciudad a los veinticuatro años por rechazar los principios del judaísmo.

Condenado al ostracismo por la comunidad judía local, lo mismo que por las principales iglesias cristianas, Spinoza vivió una vida tranquila e independiente, ganándose la vida en  la preparación de lentes ópticos, y se negó a aceptar la cátedra de filosofía en la Universidad de Heidelberg por temor a comprometer su libertad de pensamiento.

Spinoza leyó gran cantidad de obras científicas y experimentó la influencia de Descartes.

Si bien apoyaba la aproximación racional cartesiana al conocimiento, Spinoza era reacio a aceptar las implicaciones de las ideas Descartes, en particular la división de mente y materia y la aparente separación de un Dios infinito del finito mundo material. Dios no era sólo el creador del universo, era el universo.

Todo está en Dios y nada puede separarse de él. Esta filosofía del panteísmo (otros la han clasificado como panenteísmo o monismo) fue formulada el libro de Spinoza Ética demostrada al modo geométrico, la cual no se publicó hasta después de su muerte.

Para Spinoza, los seres humanos no están “situados en la naturaleza como un dominio dentro de otro dominio”; sino que son tan parte de Dios o de la naturaleza, o del orden universal, como otros objetos naturales. El que no se haya podido entender a Dios ha conducido a malas interpretaciones, una de las cuales sostiene que la naturaleza existe sólo para el provecho personal.

“A medida que encuentran dentro y fuera de ellos mismos muchos de los medios que tanto los ayudan en su búsqueda de lo que es útil, digamos, los ojos que miran, los dientes que mastican, hierbas y animales que los proveen de comida, el Sol que les dá la luz, el mar que cría a los peces,llegan a ver la totalidad de la naturaleza como un medio para obtener innumerables conveniencias”

Además, por ser incapaces de encontrar otra causa de la existencia de estas cosas, las atribuyen a un Dios-creador al que deben vene­rar para conseguir sus propósitos: “De ahí se deduce que cada cual considerara para si mismo, de acuerdo con sus capacidades, una manera diferente de devoción hacia Dios, por lo que el Señor debería amarlo más que a sus iguales, y dirigir todo el curso de la naturaleza a la satisfacción de su ciega avidez e insaciable avaricia”.

Luego, cuando la naturaleza se presentó de manera hostil en forma de tormentas, terremotos y enfermedades, “declararon que ciertas cosas suceden porque los dioses están molestos por algún mal que les fue hecho a ellos por los hombres, o por alguna falta en su culto”, en lugar de comprender “que la buena y la mala suerte alcanzan a fieles e infieles por igual”? Del mismo modo, los seres humanos condenan moralmente las faltas ajenas al no poder entender que las emociones humanas, “pasiones de odio, ira, envidia y demás, consideradas en sí mismas, se siguen de la propia necesidad y eficacia de la naturaleza” y que «nada llega a suceder en la naturaleza que contravenga sus leyes universales”

Para explicar las emociones humanas, como todo lo demás, necesitamos analizarlas como lo haríamos con el movimiento de los planetas: “Trataré, en consecuencia, sobre la natura-fuerza de mis emociones conforme al mismo método que hasta este punto en mis investigaciones respecto a Dios y a la mente. Consideraré los actos humanos y los deseos exactamente del mismo modo que si estuviera ocupándome de líneas, planos y sólidos.

Todo tiene explicación racional y los seres humanos son de encontrarla. Valiéndose de la razón, la gente puede hallar la felicidad verdadera. Su libertad real llega cuando entienden el y la necesidad de la naturaleza y logran desprenderse de los intereses pasajeros.

La “natural” inferioridad de las mujeres
A pesar del desmoronamiento de antiguos conceptos y del surgimiento de una nueva visión del mundo en la Revolución Científica del siglo XVII, las actitudes hacia las mujeres seguían atadas a las perspectivas tradicionales. En esta selección, el filósofo Baruch de Spinoza arguye sobre la “natural” inferioridad de las mujeres ante los hombres.

Baruch de Spinoza, Tratado político

“Empero, preguntará acaso alguien, ¿están las mujeres bajo la autoridad de los hombres por naturaleza o por institución? Porque si ha sido por mera institución, entonces no tendríamos razón de para excluir a las mujeres del gobierno. Mas, si consultamos la experiencia, encontraremos que el origen de ello está en su debilidad. Porque nunca ha habido el caso de hombres y mujeres reinen juntos, sino en cualquier parte de la Tierra donde haya hombres, vemos que los hombres gobiernan, y las mujeres son gobernadas, y que en este plan ambos sexos viven en armonía. Pero, por otra parte, las amazonas, que se refiere que tenían el desde antiguo, no toleraban hombres en su país, pues criaban sólo a sus hijas hembras, y mataban a los varones que nacían de ellas. No obstante, si por naturaleza las mujeres fueran iguales a los hombres, y fueran distinguidas por la fuerza de carácter y la capacidad, en los cuales consiste principalmente el poder humano y, por ende, el humano derecho, seguramente entre tantas y diferentes naciones se encontrarían algunas en las que ambos sexos gobernaran por igual, y otras donde los hombres estuvieran gobernados por las mujeres, y así, criados de modo que puedan hacer menos uso de sus capacidades.

Y como este es el caso en ninguna parte, se puede aseverar con perfecta propiedad que las mujeres no tienen por naturaleza iguales derechos que los hombres: sino que necesariamente deben ceder ante ellos y que  no puede suceder que ambos sexos deban gobernar por igual  y mucho menos que los hombres deban ser gobernados por mujeres. Pero, si reflexionamos aún más sobre las pasiones humanas, como los hombres, de hecho, aman a las mujeres por la pasión del deseo, y estiman su astucia y sabiduría en proporción a la excelencia de su belleza, y también cuán opuestos son  los hombres a sufrir que las mujeres a las que aman muestren cualquier clase de favor a otros, así como otros hechos de esta clase, veremos fácilmente que los hombres y las mujeres no pueden gobernar por igual sin gran daño a la paz.”

Fuente Consultada: Filosofía David Papineaud Editorial BLUME

Matematico Argentino Manuel Sadosky Investigador Cientifico Argentino

Matemático Investigador Argentino Manuel Sadosky

Manuel Sadosky
Dr. en Ciencias Físico-Matemático
1914 – 2005

Hijo de una familia de inmigrantes rusos llegados al país en 1905, el gran matemático argentino, que fue pionero de la informática, acaba de cumplir 90 años. Encarnación de la Argentina pujante, mantiene intacta su fe en el futuro.

Manuel Sadosky nació en Buenos Aires el 13 de abril de 1914, hijo de inmigrantes rusos llegados al país en 1905. Se graduó como Doctor en Ciencias Físico-Matemáticas de la Universidad de Buenos Aires en 1940. Perfeccionó sus estudios en el Instituto Poincaré de París en 1946 y 1947, becado por el gobierno francés.

”Manuel Sadosky fue un perfecto exponente de la eficacia educativa de aquel sistema: su padre era zapatero; su madre era analfabeta, y tanto él como sus hermanos terminaron los estudios universitarios.

En 1940 se doctoró en ciencias físicas y matemáticas en la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad de Buenos Aires (UBA), junto a Cora Ratto, su primera esposa. Ejerció la docencia y se perfeccionó en Francia (Instituto Henri Poincaré de París) e Italia (Instituto del Cálculo, en Roma), donde se orientó hacia la matemática aplicada, que lo llevaría más tarde a ser un pionero de la informática en la Argentina.

Cuando regresó, fue perseguido por el gobierno peronista y recién a la caída del régimen pudo volver a la facultad en 1956, de la cual fue vicedecano mientras el meteorólogo Rolando García ejercía el decanato.

Desde ese cargo, compró la primera computadora científica que tuvo la Argentina, a la que se llamó ‘Clementina’ siguiendo la costumbre de aquellas épocas en que las computadoras eran objetos verdaderamente raros” (Fuente Consultada: Leonardo Moledo)

Fue vicedecano de la Facultad de Ciencias Exactas entre 1958 y 1966. En ese período creó el Instituto de Cálculo y, con el apoyo de Bernardo Houssay, importó la popular computadora Clementina, la primer del país, ingresó a la Facultad en 1961 de la mano de Manuel Sadosky, que la instaló en el recién construido Pabellón I. Aquella pionera del supercálculo trabajaba a válvulas, sus doce paneles estaban repletos de circuitos y condensadores que ocupaban una superficie de 20 metros de largo por 2,3 metros de alto y debió ser ubicada en una sala acondicionada con temperatura y humedad controladas.

Fue asesor de la Unesco, y en 1983 asumió como secretario de Ciencia y Técnica. Desde este cargo impulsó en 1985 la creación de la Escuela Superior Latinoamericana de Informática –ESLAI–, inauguró el Observatorio El Leoncito y el Laboratorio Nacional de Insulina; creó Puerto Curioso, un museo de la ciencia para chicos; promovió la construcción de un satélite científico para estudiar el Sol, y convenció a César Milstein de que dirigiera el Instituto Tecnológico de Chascomús.

Fue designado Profesor Emérito de la Universidad de Buenos Aires en 1985. Fue galardonado como “Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires (Ley 1095, 2 de octubre de 2003).

Su influencia en el progreso de la ciencia y de la enseñanza de la ciencia en el país se manifestó desde hace muchísimo tiempo. Sin ir más lejos, basta observar por ejemplo el libro Causalidad de Mario Bunge para encontrarse con un reconocimiento a las discusiones en el Círculo Filosófico de Buenos Aires, en la década del cincuenta, con Manuel como uno de los protagonistas.

Su prestigio en los círculos científicos, universitarios y educativos del país se mantuvo durante más de sesenta años. Creó la computación en Argentina. Impulsó la matemática aplicada. Apoyó la ciencia, la educación, y la divulgación científica. Ayudó a cuanto joven le pidiera consejo y asesoramiento. Su influencia se sintió, además de en nuestro país, en Uruguay, en Venezuela, en España, y en muchos otros países. Y me da mucha alegría que, con el tiempo, haya podido recibir en vida los honores que merecía, entre ellos los de profesor emérito de la Universidad de Buenos Aires, Doctor Honoris Causa de la Universidad de la República, y Ciudadano Ilustre de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. (Fuente Consultada:http://www.scielo.org.ar)

Murió el 18 de junio de 2005, a los 91 años de edad.

Biografía del Marqués de Sade Literatura Erotica Descargar Libros

Biografía del Marqués de Sade

Biografía del Marqués de Sade

Esta biografía se divide en:

  1. Introducción

Los personajes extraordinarios, al adelantarse o simplemente separarse de su época, suelen ser objeto del odio, producto del temor, de sus conciudadanos. Ocurre esto porque el pueblo, que ha sido educado en unas costumbres concretas y es demasiado simple como para concebir otras, observa con miedo cualquier actitud que se aparta de ellas; las personas importantes, en cambio, las conciben, pero las envidian y las temen, no vaya a ser que su influencia se vea afectada por la pujanza de estos nuevos protagonistas. Sin embargo, una vez han muerto, no se les ve ya como a seres peligrosos, sino como a rarezas que resultan interesantes e incluso atractivas. Entonces, las leyendas que se forjaron a su alrededor para calumniarlos, no hacen más que aumentar su aureola y volverlos más interesantes, y la sociedad acaba admirando al personaje muerto tanto como odió a la persona viva. A lo que antes se le llamó extraña manera de comportarse y actitud desafiante, ahora se le llama grandeza y fuerza de carácter; y lo que antaño fue considerado justo castigo por sus actos, palabras o pensamientos, ahora es heroico sufrimiento ante la incomprensión y la bajeza de sus contemporáneos. Así ocurrió, entre otros, con Sócrates, quien tras haber sido condenado por los atenienses, fue admirado por ellos como el más grande de los filósofos, viéndose de este modo hasta qué punto su muerte había sido provocada por la envidia y la calumnia.

Pero al abordar la tarea de narrar la vida del marqués de Sade, me doy cuenta de que la leyenda que se ha forjado alrededor de su persona resulta tan odiosa para las sociedades de casi cualquier época y lugar, que incluso después de muerto es difícil obtener para él el reconocimiento que merece. Pero si intentamos conocer su vida basándonos, no en noticias poco fiables y creadas, a menudo, por la imaginación popular, sino en los hechos que se sabe que ocurrieron, quizás entonces podamos juzgarlo más equitativamente, si es que nos consideramos capacitados para ello, porque no creo que haya existido otro personaje capaz de llegar más lejos, aunque sea con la imaginación, dentro del terreno de la moral y la valoración de la libertad del ser humano.

Sobre su aspecto físico se cuenta que era de mediana estatura, y bien proporcionado, pero su larga estancia en prisión le hizo engordar y acabó siendo un tanto obeso. Tenía una imagen agradable, los ojos azules y el pelo rubio. La dulzura de su carácter, que muchos alababan en su juventud, se vió siempre perjudicada por su prepotencia y sus aires de superioridad. Él mismo criticaba, siendo ya mayor, los mimos y los favores de que fue objeto siendo niño. Creía que todos los demás debían plegarse a sus caprichos y esto, unido, a su carácter impulsivo y romántico, le perjudicó enormemente durante toda su vida.

A menudo se deja a un lado su entorno histórico y familiar, como si narrar su vida consistiese en analizar la demencia de un loco extraño que nada tiene que ver con su época, formado por personas totalmente ajenas a sus extravíos. Sade fue, sin duda, un personaje singular, pero no un caso aislado. Él mismo lo expresa así: Perdonad mis defectos, es el espíritu de la família que me domina, y si debo hacerme un reproche, es de haber tenido la desgracia de nacer en ella. Dios me guarde de todas las ridiculeces y los vicios de que está infestada. Me creería casi virtuoso si Dios me concediera la gracia de no adoptar más que una parte.

En efecto, su padre, el conde de Sade, ofreció un buen ejemplo de libertinaje a su hijo. Tras algunos años junto a su família, en Provenza, decidió probar suerte en el gran mundo y se marcho a París. No se abstuvo de intrigas en la corte y aspiró siempre a lo más alto, dilapidando una buena parte de su fortuna en bailes y fiestas de la más alta sociedad y llegando a pretender a algunas de las mujeres más famosas de su tiempo, como madame de Pompadur o madmoiselle de Charolais. Tampoco se abstuvo del vicio con los jóvenes de su mismo sexo que se prostituían por las calles de París. Sin embargo, no fue una persona ciertamente vulgar, sino un hombre ingenioso y culto que se dedicó también la literatura, aunque fuese a título privado y sin intención de publicar. Por lo que se cuenta, hubo muchos hombres en aquella época que, pese a su excelente formación, demostraron un gran apego al vicio, aunque no por ello dejaban de ser ingeniosos y de poseer un cierto encanto. Uno de estos hombres fué el tío del marqués de Sade, Jacques-François Paul Aldonse, al que se suele conocer como el abad de Sade. Este cura libertino fue un auténtico prototipo del religioso de vida alegre, que por la mañana se entretenía rezando a Dios, por la tarde leyendo a Horacio y por la noche fornicando a una prostituta. Tanto él como su hermano el conde fueron amigos personales de Voltaire y de madame de Châtelet. A Voltaire sin duda le debió resultar atractivo conocer a miembros de la família de Sade, pues se cuenta que Laura, la amada del poeta Petrarca, inspiradora de sus versos, perteneció a esta família.

Vale la pena conocer a estos hombres singulares junto a los que se educaría el divino Marqués. Dejemos, pues, que sea el mismo conde de Sade, padre del marqués, el que nos describa su situación en sus últimos años, cuando la edad ya le había apartado de sus primeros desvaríos:

Lo que me ha impedido hacer fortuna es que siempre he sido demasiado libertino para permanecer en la antecámara, demasiado pobre para poner a los criados al srvicio de mis intereses, demasiado orgulloso para rendir homenaje a los favoritos, a los ministros, a la amante. Que les hagan la cote los que esperan o desean llegar por sus propios medios, he dicho cien veces. Yo soy libre. No lo he sido siempre, porque las pasiones me dominaban, pero jamás he tenido la de la ambición.

He vivido mucho tiempo en el torbellino de las mentiras y las maledicencias. Hasta ahora no he podido gozar de algo que los reyes no podrían dar, porque no lo poseen: la libertad.

Después de muchas aventuras, acabó casándose con Marié-Éléonore, una princesa de la família Condé, que por aquel entonces tenía una gran influencia en Francia. Fruto de este matrimonio nacería su hijo Donatien, que pasaría a la historia como el marqués de Sade.

    VOLVER ARRIBA 

Los Primeros Años

El 2 de Junio de 1740, el conde de Sade, Jean-Baptiste, y su esposa Marié-Éléonore vieron nacer al heredero de la casa, al futuro conde de Sade, al que pusieron de nombre Donatien Alphonse François. Mientras viviese su padre, el título que ostentaría sería el de marqués, con el que la Historia acabaría conociéndolo.

El conde mantuvo siempre una gran preocupación por la educación de su hijo, intentando relacionarlo con lo más elevado de la sociedad francesa y realizando enormes sacrificios para que no le faltase nada, ni siquiera de lo que no es necesario. Esto tuvo un efecto muy negativo en su formación, y el propio marqués será quien diga, unos años más tarde, que con tantos cuidados no se consiguió otra cosa que desarrollar sus vicios. A esto contribuyeron también algunas mujeres amigas y parientes del conde de Sade, que en diferentes épocas estuvieron al cuidado del jovencito (que, por lo que se cuenta, les resultaba encantador).Dado que su madre pertenecía a la família de los Condé, tuvo la ocasión de pasar los primeros años de su vida en un palacio cercano a París, rodeado de todo el lujo y los cuidados que él mismo criticará más tarde.

Vale la pena mencionar aquí a un personaje que tuvo la ocasión de conocer en aquel tiempo: el conde de Charolais, cuyo recuerdo sin duda debió resultar útil al Marqués cuando, años más tarde, escribiese sus obras. De entre otras muchas anécdotas espantosas, se cuenta que se divertía probando su puntería sobre los obreros que reparaban los tejados de la vecindad. Cuando más tarde se le detenía por asesinato, se libraba pidiendo el indulto al rey de Francia, hasta que un día Luis XV le dijo: “Señor, el perdón que me pedís se lo debo a vuestro rango y a vuestra calidad de príncipe de la sangre, pero lo concedería más de buen grado al hombre que os hiciese lo mismo”.

Al cumplir cinco años, su padre decide que ya es hora de que se traslade a Provenza, donde están las posesiones de la casa de Sade, de modo que marchó al castillo de Saumane, muy diferente al palacio donde se había criado hasta entonces, y mucho más parecido a los escenarios de su futuras novelas: aislado, sombrío y lleno de mazmorras. Allí pasó algunos años felices en compañía de unas mujeres amigas de su padre que lo empeoraron, mimándolo, y de su tío el abad, que tanto le ayudaría en su formación humanística y que tanto le inspiraría en el futuro, pues allí pudo comprobar también el Marqués el libertinaje de este buen ministro de Dios, que siempre estaba bien abastecido de prostitutas. Junto a su tío, el marqués recibió una gran fromación cultural. En la biblioteca de la família podrá leer a los más grandes autores antiguos y modernos, y aprender de ellos lo suficiente para superarlos.

Volvió a París al cumplir los diez años, para entrar en el colegio Louis-le-Grand, uno de los más prestigiosos del momento, regentado por los jesuitas. Su padre debió realizar un gran esfuerzo económico para ello, pues aquí se educaban los hijos de las más nobles famílias de Francia. Aquí nació la pasión del marqués por el teatro, pues era una práctica habitual de la escuela realizar representaciones periódicamente. También sugieren algunos que aquí recibió las primeras impresiones en lo referente a la fustigación y también en lo referente a la sodomía. Se consideraba en aquella época que el castigo del látigo o las varas era un castigo noble, en contraposición a las bofetadas o los tirones de orejas, por ejemplo. Incluso existían tratados sobre ello, y realmente era una práctica habitual en los colegios, para reprimir a los alumnos que no cumplían las normas disciplinarias. Respecto a la sodomía, también existían muchas sospechas de que se practicaba más o menos habitualmente y de que los maestros la fomentaban entre sus alumos y la practicaban con ellos. Es difícil decir hasta qué punto estaba extendida esta práctica, porque este tipo de cosas siempre se quieren exagerar o minimizar. Sin embargo, habiendo leído las obras del marqués, parece difícil dudarlo.

Durante los periodos de vacaciones, pasa temporadas en el castillo de Longeville, junto a una tal Mme. de Raimond y otras damas encantadoras (a juzgar por los testimonios que nos han quedado) que se dedican a juguetear con los sentimientos del jovencito y hacerle sentir los primeros arrebatos de amor.

A los catorce años su padre lo saca el colegio para que se incorpore al ejército. Poco tiempo después estalló la guerra con Prusia y, según parece, Sade cumplió valerosamente con sus deberes militares. Todo el mundo alaba en esta época “la extrema dulzura de su carácter”. Su padre se preocupa mucho por apartarle de las malas compañías, pues parece ser que el ejército también estaba infestado de todos los vicios. Sin embabrgo, el joven ya comenzaba a dar muestras de sus inclinaciones, y ya nunca sería posible apartarlo de ellas. Vale la pena reproducir una descripción que escribió el propio marqués de sí mismo a su padre durante esta época:

“Me preguntáis sobre mi plan de vida y mis ocupaciones. Os lo detallaré con sinceridad. Me reprochan que me guste dormir y es cierto que tengo un poco ese defecto: me acuesto temprano y me levanto tarde. Monto a caballo muy a menudo para examinar la posición del enemigo y la nuestra. Cuando hemos estado tres días en un campamento, conozco hasta el menor barranco, tan bien como el señor mariscal. Obro en concordancia con mis ideas, ya sean buenas o malas; las digo y soy elogiado o censurado en proporción con el escaso o ningún sentido común que contengan. A veces hago visitas, pero sólo a M. de Poyanne o a casa de mis antiguos camaradas de los carabineros o del regimiento del rey. No las rodeo de ceremonia porque no me gustan las ceremonias. De no ser por M. de Poyanne, no pondría los pies durante toda la campaña en el cuartel general. Sé que esto no me favorece; hay que hacer la corte para tener éxito, pero no me gusta hacerla. Sufro cuando oigo a alguien decir a otro, para halagarle, mil cosas que a menudo no piensa. Soy incapaz de interpretar un personaje tan tonto. Ser cortés, honrado, orgulloso sin arrogancia, solícito si palabras insulsas; satisfacer con frecuencia la pequeñas voluntades cuando no nos perjudican, ni a nosotros ni a nadie; vivir bien, divertirse sin arruinarse ni perder la cabeza; pocos amigos, quizás porque no existe ninguno verdaderamente sincero y que no me sacrificara veinte veces si entrara en juego el más ligero interés por su parte; igualdad en el carácter, que me haga vivir bien con todo el mundo, sin entregarme , sin embargo, a nadie, porque ya en el momento de hacerlo te arrepientes; decir lo mejor, hacer los mayores elogios de personas que, a menudo sin fundamento, han hablado muy mal de ti sin que lo sospecharas (porque casi siempre engañan más los que tienen el aspecto más atractivo y parecen buscar tu amistad). Estas son mis virtudes o aquellas a las que aspiro”.

En 1763, al acabar la Guerra de los Siete años, se licencia. Su padre, que ya le buscaba esposa desde hacía tiempo, consigue casarlo con Renée-Pélagie, hija del presidente de Montreuil, una joven no muy agraciada, pero de buena posición económica y de un caracter prudente y sincero. Ya por esta época el marqués era un libertino rematado, y seguramente su padre pretendía apaciguar sus costumbres por medio de esta unión.

    VOLVER ARRIBA 

El Marqués Libertino

Una vez casado, Sade se traslada a París, con su esposa, al palacio de Montreuil. En un primer momento consigue ganarse su afecto y el de toda su familia. Incluso la presidenta de Montreuil, dama autoritaria y de moral estricta, se muestra encantada con él, y el reciente embarazo de la señora de Sade hace aumentar la felicidad familiar. Pero pronto su libertinaje empieza a salir a flote y a crearle problemas.

A los tres meses sufre su primera detención: las declaraciones de una joven con la que se había entregado a ciertos actos sacrílegos le conducen al torreón de Vicennes, donde permanece 15 días. Las gestiones de su suegra le permiten escapar airosamente de la situación y durante una temporada se dedica a una de sus grandes pasiones: el teatro. Pero se encuentra ya demasiado ligado al libertinaje como para abandonarlo durante mucho tiempo. Los episodios con ciertas damas o con prostitutas se suceden, alcanzando uno de sus puntos culminantes con su viaje a La Coste junto a Mlle. Beavousin, una famosa cortesana.

Pero el auténtico escándalo llega a consecuencia de una escena sádica ocurrida en Alcueril. Allí, el marqués practica algunas torturas (azotes, cortes, cera incandescente, …) con una joven llamada Rose Keller, y ésta se atreve a denunciarlo. Es encarcelado y, después de siete meses de gestiones, traslados y declaraciones, recupera la libertad, gracias, una vez más, a las maniobras de su suegra, más preocupada por evitar el escándalo que por ayudar a su yerno.Este caso tuvo especial importancia porque hasta entonces, aunque muchos conocían el libertinaje del marqués, se consideraba que formaba parte de la habitual conducta licenciosa de los nobles. Pero a raíz de este suceso de Alcueril, la prensa francesa y la extranjera se cebaron en Sade y explotaron al máximo el escándalo. Es a partir de este momento cuando comienza a surgir la leyenda del marqués de Sade como símbolo del mal.

Maurice Lever considera (y le creo) que muchas de estas acusaciones eran injustas, no tanto porque fuesen infundadas (y en parte lo eran, pues el pueblo siempre quirere que los malvados parezcan peores de lo que son para poder castigarlos), sino porque, en todo caso, había muchas otras personas a las que se podría haber denunciado por hechos parecidos o mucho peores, pero que, gracias a sus influencias, permanecían inmunes e incluso con fama de buenos ciudadanos. Sade tenía el inconveniente de ser demasiado orgulloso para ir a la corte a arrastrase a los pies de las personas influyentes. A pesar de su alta cuna y su fortuna, era un personaje relativamente débil y aislado. Era, en fin, la cabeza de turco perfecta: noble y libertino, pero sin poder suficiente para enfrentarse a sus enemigos. El país necesitaba un personaje así para crucificarlo y él fue ese personaje. Más tarde, estando, encarcelado, ya se quejaría de esta injusticia.

Ante tal situación, el rey le obliga a permanecer en su residencia de La Coste, en la que se dedica muy activamente al teatro. Pero en seguida vuelve, aprovechando un permiso real para hacerse cuidar sus hemorroides, y esto le permite asistir al nacimiento de sus segundo hijo. También realiza un viaje de un mes a Holanda y se reincorpora al ejército durante una corta temporada. En esta época la hermana de su esposa, Anne Prospère, que era canonesa en un convento de jovencitas, visitó La Coste con la intención de recuperarse de su delicado estado de salud. Allí, la joven llama la atención del abad de Sade, que naturalmente es rechazado; Donatien, en cambio, parece ser que sí consiguió conquistarla. Pero cuando la presencia de su mujer, de sus hijos, de su cuñada y de su apreciado tío le pueden devolver la alegría, cuando su afición al tetro, a la que dedica tanto tiempo cada vez que se retira a La Coste, puede contribuir también a darle la felicidad, un suceso estúpido dio al traste con todo y marcó definitivamente su vida.

Un buen día el marqués decide hacer una escapada a Marsella, con la intención de dar rienda suelta a su libertinaje. Lleva con él a su criado Latour y le encarga que reclute a unas cuantas prostitutas para una orgía. La orgía se produce y, a juzgar por los testimonios es relativamente “normal”, teniendo en cuenta los gustos del marqués. Un poco de fustigación, activa y pasiva, unas cuantas escenas sodomitas entre él y su criado, y únicamente la curiosidad de hacer ingerir a dos de las cuatro jóvenes a las que invitó, pastillas de anís que contenían cantárida, un afrodisíaco bien conocido desde la antigüedad, que el marqués pretendía usar para provocar la excitación anal de las jóvenes e incluso producirles ventosidades. Pero cometió el error de excederse en la dosis, y las jóvenes enfermaron durante unos días. El caso se denunció como si el marqués hubiese intentado asesinarlas, y el resultado fue que al poco tiempo las autoridades se presentaron en La Coste para conducirlo a presencia de la justícia. Sade creyó que todo estaba perdido y huyó. Los jueces, por su parte, obraron con una cierta mala fe y acabaron declarándolo culpable, aunque las jóvenes se recuperasen unos días más tarde y no se dispusiera de pruebas concluyentes. A él y a su criado se les acusaba del gravísimo delito de sodomía y a él en particular de envenenamiento. Por ello fue quemado en efigie en Aix y se le persiguió.

Esta condena agravó aún más el odio que siempre sintió por los jueces. El marqués fue siempre un defensor de la libertad individual; le molestaba que el estado, representado por un grupo de seres insensibles que basaban su a autoridad en adoptar un aire grave, pusiese barreras a los placeres del individuo. Esta repugnancia se nota especialmente en que muchos de sus libertinos, pero sobre todo los más repulsivos, son jueces o ejercen alguna actividad ligada con la justicia. Curval, el más detestable de todos sus personajes es, probablemente el mejor ejemplo. Este odio hacia los jueces y especialmente, el resentimiento hacia el tribunal de Aix puede comprobarse en la descripción que se incluye en uno de sus Cuentos, historietas y fábulas del sigloXVIII, El presidente burlado:

Poca gente puede imaginarse a un presidente del parlamento de Aix; es una especie de bestia de la que se ha hablado a menudo, pero sin conocerla a fondo; rigorista por profesión, meticuloso, crédulo, testarudo, vano, cobarde, charlatán y estúpido por carácter, estirado en sus ademanes como un ganso, pronunciando la erres como un polichinela; enjuto, largo, flaco y hediondo como un cadaver, por lo general. Se diría que toda la bilis y toda la severidad de la magistratura del reino habían buscado cobijo bajo la Temis provenzal, para trasladarse desde allí en caso de necesidad cada vez que un tribunal francés tiene que presentar alguna queja o ahorcar a algún ciudadano.

Escapó a Italia en compañía de su cuñada, que al cabo de unos días volvió a Francia con su hermana. El marqués también vuelve al cabo de un tiempo, pero comete el error de revelarle a la presidenta su situación, creyendo que le ayudará. Ésta se ha transformado en su peor enemigo, sin duda enfadada por el idilio que mantenía con Anne-Prospère, por lo que hace detener a Sade, que es enviado a Miolans. El marqués era una persona especialmente sensible a la pérdida de libertad. Obsesionado con la idea de salir de la cárcel, planea escaparse y lo consigue.

Durante una larga temporada se ve obligado a ir de un lugar a otro, huyendo de los esbirros e la presidenta, y dejando a su esposa la administración de sus asuntos. Ésta da muestras de una gran devoción y se esfuerza al máximo para que sea perdonado, enfrentándose continuamente a su madre. Durante el invierno de 1774-1775, Sade se instala en La Coste junto a ella y contrata a varios jóvenes de uno y otro sexo para tareas tan diversas como “ama de llaves”, “secretario”, etcétera, pero en realidad, según suele admitirse, para montar sus orgías particulares. Algunas de las jovencitas se quejan del trato del marqués e intentan denunciarle, presentando como pruebas las marcas que conservan en sus cuerpos, pero Sade y su mujer, que le ayuda en todo, consiguen, tras muchos esfuerzos, impedir que las niñas hablen antes de que sus cuerpos estén totalmente curados.

Pero por si acaso, Sade escapa a Italia, y se dedica a recorrer sus ciudades, interesándose por todo, con vistas a escribir un Viaje a Italia. También dedicó su tiempo a otros menesteres como seducir a una madre de família, a la que naturalmente tuvo que abandonar, dejándola en una profunda desesperación, o alternar con otros libertinos y sinvergüenzas como Ange Gourard o el cardenal de Bernis, amigos también del famoso Casanova. ¿Se conocieron personalmente Casanova y el marqués de Sade?. No dispongo de ninguna noticia al respecto, aunque no parece del todo improbable. Ciertamente, el encuentro de los dos libertinos más famosos de la historia habría sido una escena curiosa.

En junio de 1776, se ve obligado a volver a Francia. Cierto estafador francés había huido a Italia bajo el pseudónimo de “conde de Mazan”, que era justamente el mismo que usaba el marqués de Sade. La policía italiana lo buscaba para devolverlo a su país, lo cual dejaba a Sade en una difícil situación, por lo que decidió irse por su propio pie. Una vez allí, vuelve a reclutar jovencitas para su castillo de La Coste. El padre de una de ellas, que hacía de cocinera y a la que Sade llamaba “Justine”, se presenta en el castillo y pretende llevársela a punta de pistola. Como no lo consigue, se apresura a denunciar el caso. Sade, en ese momento, viaja a París para visitar el lecho de su madre, que acaba de morir. Naturalmente, la presidenta no pierde esta ocasión para apresarlo. Sade es detenido y conducido a Vicennes.

Al poco tiempo se reabre el caso de Marsella y los nuevos jueces se dan cuenta de que ha sido tratado de una manera un tanto arbitraria, por lo que piden que el marqués se presente de nuevo ante el tribunal, para reabrir el caso. Así se hace y con éxito, pues la sentencia acaba diciendo que todo se reduce a una cuestión de libertinaje, y únicamente le condenan a no poner los pies en Marsella durante tres años y a pagar una multa. Pero cuando Sade ya se cree liberado, la presidenta consigue que se mantenga su detención por otras causas y el inspector Marais se prepara para conducirlo de nuevo a Vicennes. Ante tal perspectiva, el marqués se escapa en cuanto encuentra una ocasión y se esconde en La Coste, pero la policía se presenta allí a los pocos días y es conducido de nuevo a su celda.

    VOLVER ARRIBA 

La Cárcel

Aunque ya había estado encerrado en varias ocasiones, es ahora cuando Sade experimenta con más crudeza y durante más tiempo su estancia en prisión. Su reclusión está marcada por una atuténtica serie de obsesiones que expresa en sus cartas, la mayoría de ellas dirigidas a su mujer. La más importante de esas obsesiones es, lógicamente, la fecha de su salida de prisión. Constantemente abruma a quienes le rodean con preguntas y el más mínimo signo modifica sus suposiciones en uno u otro sentido. Le pide a su mujer una gran cantidad de tarros de confitura y ésta le pregunta que para qué quiere tantos: ya cree que su liberación es inmediata. Su mujer deja de escribirle durante una temporada o le oculta datos al respecto: ya se cree condenado para toda la vida.

Sobre todo, llama la atención la extraña manía que tiene el marqués con ciertas cuestiones aritméticas. En cada cifra cree ver un signo, constantemente compara, suma, resta y cree obtener respuestas a ciertas preguntas, como si quienes le rodean hablasen un extraño lenguaje numérico. De nada sirven las repuestas de su mujer asegurándole que todo eso son imaginaciones suyas y que ella no tiene intención de comunicarle nada a través de un juego tan extraño. Para ver hasta dónde había llegado la paranoia del marqués en este aspecto, voy a citar un ejemplo, tomado de una de sus cartas, al que se podrían añadir muchos otros similares:

“He adivinado vuestro odioso enigma. El día de mi salida es el 7 de febrero del 82 u 84 (la diferencia es muy grande, y vos veis que no he adelantado más); el detestable e imbécil juego de palabras es el nombre del santo de ese día, que es San Amand, y como en febrero se encuentra Fèvre, habeis unido el nombre de ese granuja con las cifras 5 y 7. Y de ahí vuestro juego de palabras, tan vil como estúpido, por el cual, si mi salida es para dentro de 5 años (o 57 meses), el día de San Amand, 7 de febrero, Lefèvre unido al 7 y al 5 era vuestro amante”.

¿Realmente se cree Sade todas esas historias aritméticas? Parece que sí. Por otro lado, bien es cierto que su mujer y él se veían obligados a utilizar medios un tanto exóticos de despistar a los espías y comunicarse, ya que el correo era abierto y revisado. A veces utilizaban zumo de limón o simplemente recurrían a pseudónimos para referirse a ciertas personas que ambos conocían. Pero todos estos extraños juegos de números nunca existieron, evidentemente, en otro lugar que en la cabeza del pobre preso, al que la reclusión le resultaba cada día más inaguantable.

Hay que tener en cuenta, además, que Sade siempre fue muy aficionado a todas estas combinaciones numéricas. Las cifras representaron siempre algo muy importante para él. Una de las cartas que escribió a su mujer desde prisión, por ejemplo, comienza así:

“Hoy, jueves 14 de diciembre de 1780, hace 1400 días, 200 semanas y casi 46 meses que estamos separados. He recibido sesenta y ocho provisiones por quincenas y cien cartas tuyas, y esta es la que hace 114 de las mías”.

También en las escenas libertinas plasma a menudo su obsesión por las combinaciones de números; las mismas orgías que inventa no parecen a menudo otra cosa que un intento por agotar todas las combinaciones posibles. Así, por ejemplo, al ser detenido por el caso de Marsella, la policía encontró escrita en la pared de la habitación donde ocurrrieron los hechos, la cuenta que el marqués iba haciendo de los azotes que recibía: 215, 179, 225 y 240. Cuatro series de azotes que completan 859 en total.

Otra de sus obsesiones más importantes es la del paseo y el ejercicio físico, que dice necesitar como el aire que respira. Para un hombre tan activo como él, interesado por todo, ávido de experiencias y acostumbrado a la libertad total, la reclusión debió ser un castigo muy duro, y en sus cartas se puede comprobar que, dejando a un lado su tendencia natural a exagerarlo todo, realmente sufría muchísimo.

También intenta, por supuesto, justificar su conducta y demostrar que es inocente, al menos lo suficiente como para no merecer una reclusión tan larga y en estas condiciones. Ya he mencionado antes que el marqués de Sade fue empleado, probablemente, como cabeza de turco para contentar al pueblo, que estaba ya harto de los abusos de los nobles. El marqués era consciente de ello y se queja amargamente de que otros peores que él anden libres, mientras él se encuentra encerrado por culpa de unos hechos relativamente insignificantes. Vale la pena reproducir, a pesar de su extensión, un fragmento de una de sus cartas a la señorita de Rousset, en la que desplega toda su retórica sobre el tema, no sólo porque expresa la opinión que tenía sobre su proceso y los jueces que lo habían llevado, sino porque es una auténtica manifestación de sus opiniones sobre las libertades de los individuos.

“Si me remonto a la época de mis desgracias, de vez en cuando me parece oír a estas siete u ocho pelucas empolvadas de blanco, con quienes estoy en deuda, uno volviendo de acostarse con una joven honesta a la que deshonró, otro de hacerlo con la mujer de su amigo, éste escapándose totalmente avergonzado de un callejón, pues le perjudicaría mucho que alguien descubriese lo que acaba de hacer, aquel de allá huyendo de un tugurio a menudo mucho más infame aún. Me parece verlos, repito, colmados de lujuria y de crímenes, sentándose ante los documentos de mi proceso, y a su jefe exclamando lleno de entusiasmo por el patriotismo y el amor a la ley: ¡Cómo! ¡Voto al diablo, colegas míos! ¿Este pequeño aborto que no es ni presidente ni magistrado en el tribunal de cuentas, ha querido gozar como un consejero de la cámara alta? ¿Este pequeño hidalgo campesino ha osado creer que le estaba permitido parecerse a nosotros? ¡Vamos! ¡Es el colmo! Sin tener armiño ni ribete, se le metió en la cabeza que había una naturaleza para él, del mismo modo que para nosotros, como si la naturaleza pudiese ser analizada, violada, por otros que no sean los intérpretes de sus leyes y como si pudieran haber otras leyes que no fueran las nuestras. ¡La cárcel, voto a bríos! ¡La cárcel, señores! No hay más que eso en el mundo, sí, seis o siete años en un cuarto cerrado para ese pequeño insolente… Sólo allí, señores, es donde se aprende a respetar las leyes de la sociedad, y el mejor de todos los remedios para quien se atreve a infringirlas es obligarle a maldecirlas. Además, hay aquí otra cosa… para el señor de… que, como sabeis, tiene que ver con todo esto (eso era entonces, a Dios gracias ya no es así).

Es una magnífica oportunidad para hacer un pequeño obsequio a su amante: la extorsión podrá valorarse entre doce y quince mil francos… No dudemos un minuto… Pero, ¿y el honor del tipo… su mujer, sus bienes… sus hijos? ¡Pardiez, hermosas razones!… ¡Acaso ha de ser eso lo que debe impedirnos ceder ante el ídolo del prestigio!¿Honor…, mujeres…, hijos? ¿No son esas las víctimas que inmolamos todos los días?… ¡La cárcel, señores! ¡La cárcel, os digo!, y mañana nuestros primos, nuestros hermanos serán capitanes de barco.-Cárcel, sea, reponde con lengua pastosa el presidente Michaut, que acaba de hacer un cálculo.-¡Cárcel, señores, cárcel!, dice con voz un tanto áspera el bello Darval, garabateando ocultamente bajo un abrigo un billete amoroso para una muchacha de la ópera.-Cárcel, sin réplica, agrega el pedagogo Damon, con la cabeza todavía embotada por la comida de la cantina.-¡Eh! ¿Quién puede dudar de la cárcel?, concluye con una voz chillona el pequeño Valère, alzándose de puntillas y mirando su reloj para no llegar tarde a la cita con madame Gourdane.

Véase pues en qué consisten el honor la vida, la fortuna y la reputación del ciudadano en Francia. La bajeza, la adulación, la ambición, la avaricia empiezan su ruina y la imbecilidad la termina.

Miserables criaturas arrojadas un instante sobre la superfície de este pequeño montón de lodo, ¿está pues escrito que la mitad del rebaño persiga a la otra mitad? ¡Oh hombre! ¿es a ti a quien corresponde juzgar lo que está bien y lo que está mal? ¡Nada tiene de extraño que sea un mezquino individuo de tu especie quien quiera asignar límites a la Naturaleza, decidir lo que ella tolera, anunciar lo que ella prohíbe! Tú, a cuyos ojos la más fútil de las operaciones está aún por resolver, tú, que no puedes explicar ni el menor de sus fenómenos, defíneme el origen de las leyes del movimiento, las de la gravitación, y desarróllame la esencia de la materia: ¿es o no es inerte? Si no se mueve, dime cómo la Naturaleza, que nunca está en reposo, ha podido crear algo que exista desde siempre, y si se mueve, si es la causa cierta y legítima de las generaciones y mutaciones perpétuas, dime qué es la vida y demuéstrame qué es la muerte; dime qué es el aire, razona con exactitud sobre sus diferentes efectos, explícame por qué encuentro caracolas en lo alto de las montañas y ruinas en el fondo del mar. Tú que decides si una cosa es crimen o no lo es, tú que haces ahorcar por aquello que en el Congo vale coronas, esclarece mis ideas sobre el curso de los astros, su suspensión, su atracción, su movilidad, su esencia, sus periodos, demuéstrame a Newton antes que a Descartes, y a Copérnico antes que a Ticho-Brahé; explícame solamente por qué una piera cae cuando se lanza desde lo alto, sí, hazme palpable este hecho tan simple y te perdonaré el ser moralista cuando seas mejor físico.

Tú quieres analizar las leyes de la Naturaleza, y tu corazón, tu corazón donde ella se graba es en sí mismo un enigma que tú no puedes resolver. Tú pretendes definir estas leyes y no puedes decirme por qué motivo cuando las arterias se hinchan demasiado pueden trastornar al instante una cabeza y convertir el mismo día al hombre más honesto en un malvado. Tú, tan infantil en tus sistemas como en tus descubrimientos, tú, que desde hace tres o cuatro mil años inventas, cambias, das vueltas, argumentas, no nos has ofrecido aún como recompensa a nuestras virtudes más que el Eliseo de los griegos, y como castigo por nuestros crímenes su fabuloso Tártaro; tú, que, tras tantos razonamientos diversos, tantos trabajos, tantos volúmenes polvorientos compilados sobre esta materia sublime, únicamente has logrado poner un esclavo de Tito en e lugar de Hércules, y una mujer judía en el de Minerva, quieres profundizar, filosofar sobre los extravíos humanos, quieres dogmatizar sobre el vicio y la virtud, mientras te es imposible decir que son uno u otro, cuál es más ventajoso para el hombre, cuál conviene más a la Naturaleza, y si no nacería tal vez de este contraste el equilibrio profundo que los hace a ambos necesarios.

Tú quieres que el universo entero sea virtuoso, y no te das cuenta de que todo perecería al instante si en la Tierra tan sólo hubiera virtudes; tú no quieres entender que, al ser necesario que haya vicios, es tan injusto de tu parte castigarlos, como lo sería burlarte de un tuerto… ¿Y cuál es el resultado de tus falsas combinaciones, de las barreras odiosas que querrías imponer a la que se burla de tí?… Desgraciado, me estremezco al decirlo: hay que llevar a la rueda a quien se venga de su enemigo, y colmar de honores a quien asesina a los de su rey; hay que destruir a quien te roba un escudo y colmarte de recompensas, a ti, que te crees con derecho a exterminar en nombre de tus leyes a quien no tiene otra culpa que la de haber nacido para el sagrado mantenimiento de sus derechos. ¡Ah! ¡Abandona tus insensatas sutilezas! Goza, amigo mío, goza y no juzgues… goza, te digo, deja a la Naturaleza el cuidado de moverte a su antojo, y al Ser Eterno el de castigarte. Si crees no ser más que un infractor, una pobre hormiga podrida sobre este pedazo de tierra, arrastra tu pajilla hasta el almacén, haz incubar tus huevos, alimenta a tus hijitos, ámalos, sobre todo no les arranques la ceguera del error: las quimeras recibidas, te lo concedo, hacen más feliz que las tristes verdades de la filosofía. Goza de la antorcha del universo: no es por sofismas, sino para iluminar placeres por lo que su luz brilla ante tus ojos. No pierdas la mitad de tu vida para hacer desgraciada a la otra, y tras algunos años de vegetar bajo esta forma un tanto extraña, pese a lo que tu orgullo pueda pensar respecto a ello, duérmete en el regazo de tu madre para despertar bajo otra constitución, gracias a nuevas leyes que no entiendes mejor que las primeras. Piensa, en una palabra, que es para hacer felices a tus semejantes, para cuidarlos, para ayudarlos, para amarlos, que la Naturaleza te coloca entre ellos, y no para juzgarlos ni castigaros, y menos aún para encerrarlos”.

En Vicennes permanece encerrado entre 1778 y 1785. Luego es trasladado a la Bastilla hasta pocos días antes de la revolución. Lo que impidió que el marqués de Sade se encontrase en la Bastilla el histórico día en que fue asaltada es curioso y guarda incluso una cierta relación con el propio asalto.

Es bien sabido lo maniático que era el marqués con ciertos detalles y costumbres, una de las cuales era la del paseo. Siempre necesitó moverse, estar al aire libre y realizar ejercicio; pero especialmente durante su encierro, el paseo diario se había convertido en una necesidad. Un día, las autoridades de la Bastilla decidieron negárselo y el marqués, furioso, cogió un hierro y comenzó a golpear los barrotes de su celda, que daba a la calle, para llamar la atención de las personas que paseaban por allí, gritando que los presos estaban siendo degollados por sus carceleros. Ante los enormes problemas que ocasionaba, las autoridades decidieron trasladarlo al manicomio de Charenton. No duró mucho tiempo allí, ya que a los pocos días, el pueblo toma la Bastilla y libera a los pesos del antiguo régimen, devolviendo al maqués de Sade, como a tantos otros franceses, la libertad.

     VOLVER ARRIBA 

El Período Revolucionario

Nada más ser liberado el marqués, su mujer se apresura a separarse de él, no se sabe bien por qué. El caso es que el ciudadano Sade se encuentra totalmente libre y desligado de sus anteriores vínculos, pero al mismo tiempo aislado y sin recursos. Ante las nuevas ideas que dominan Francia y la situación tan peligrosa para un antiguo noble, decide adoptar la profesión de escritor. A partir de ahora será “M. Sade, homme de lettres”. Se apunta en la Sociedad de Autores y dedica todos sus esfuerzos a que se representen sus obras de teatro.

Vale la pena dedicar un poco de atención a estas obras, porque sin ellas nuestro concepto sobre la calidad literaria del marqués y el análisis de su personalidad podrían quedar deformados. Son obras de teatro inocentes y “normales”, como las que habría podido escribir cualquier otro autor, y no peores, por lo que se dice. Desgraciadamente, la fama de las novelas sádicas es tan grande que las ha ocultado hasta el punto de que a menudo se las ignora. Yo, al menos, no sé ni siquiera si existe alguna traducción al castellano de alguna de ellas, y no lo creo. Parece como si nuestro siglo se esforzase en fijarse en lo que el siglo de Sade quiso ignorar y viceversa. Se critica a Sade por su libros escandalosos, cuyas ediciones y traducciones se multiplican y, en cambio, se ignoran estos otros, considerándolos poco interesantes. El caso es que, a pesar de su inocencia, algunas de estas obras fueron rechazadas por cuestiones morales, con unos argumentos que hoy nos parecerían inauditos, pero que en ese momento, con los ánimos tan exaltados como estaban ante la situación del país, eran comprensibles. Curiosamente, la más inmoral de todas, la historia del conde Oxtiern, fue la primera en representarse, no sin un cierto escándalo.

Paralelamente, pero a escondidas, Sade trabajaba en la redacción y publicación de sus novelas (Justine, Aline y Valcour, Juliette,..). El carácter radical de muchas de estas obras obligó siempre a Sade a esconderse y a negar ser el autor de tales manuscritos. La misma Justine, a pesar de ser indiscutiblemente suya y su obra más famosa, siempre sufrió este rechazo. Ya estaba la situación bastante delicada como para atreverse a declararse autor de libros como estos. Si los publicaba era, en gran parte, porque necesitaba el dinero. Ocurre que, aunque de manera más o menos velada, las novelas picantes gozaban de cierto prestigio en una parte del público, y Sade ve en ello una buena oportunidad de conseguir el dinero que tanto necesita. Sin embargo, no quiere que se le confunda con la mayoría de escritores eróticos, a los que desprecia extraordinariamente. En la Historia de Juliette comenta las obras de estos autores, considerándolas miserables folletos hechos en los cafés y burdeles, que prueban en sus mezquinos autores dos vacíos a la vez: el de la mente y el del estómago. La lujuria, hija de la opulencia y la superioridad, sólo puede ser tratada por personas de cierto temple,… por individuos en fin, que, acariciados primero por la naturaleza, lo sean a continuación después por la fortuna por haber ensayado ellos mismos lo que nos traza con su pincel lujurioso; y esto es absolutamente imposible para los granujas que nos inundan con los despreciables folletos de los que hablo.

En este momento es cuando conoce a Marie-Constance Renelle, a la que dedica Justine. Esta mujer a la que el apoda “Sensible”, estaba casada con un tal Quesnet, que marchó a las indias, dejándola a ella y a su hijo en Francia. Sade sintió un gran afecto por ella y la contrató como ama de llaves. Incluso le leía sus obras para que ella diese su opinión, igual que hacía Rousseau. Constance se convirtió a partir de entonces en su mujer de hecho, y le ofreció un valioso apoyo en los momentos difíciles. Vale la pena reproducir unas frases que el marqués dirigió al hijo de Constance:

“Piensa, amigo mío, que la existencia de tu madre se ha repartido para componer la tuya: esta existencia de que disfrutas sólo es, hablando con propiedad, una emanación de la suya… Piensa, amigo mío, que el tributo de ternura y respeto que le debes no es nada comparado con los cuidados que te ha prodigado… Te he dicho a menudo que una madre es una amiga que la naturaleza sólo nos da una vez y que nada en el mundo puede sustituir cuando tenemos la desgracia de perderla. Entonces no encontramos nada que pueda ocupar su lugar; los rasgos envenenados de los hombres, su maldad, sus calumnias, su perversidad, nos alcanzan sin obstáculo. Nos refugiamos en el seno de una amigo, de una esposa, pero ¡qué diferencia, mi querio Quesnet! Ya no encontramos las atenciones desinteresadas de una madre, esta sensibilidad preciosa, no alterada por ningún interés particular. En una palabra amigo mío, ya no son las manos de la naturaleza.”

Durante los difíciles años de la revolución francesa, se ve obligado, como tantos otros, a abandonar las viejas costumbres e ideales y acoplarse a los nuevos tiempos. Sin embargo, Sade nunca dejó de ser un aristócrata. Ya fuese un niño jugando en el palació de los Condé, un marqués provenzal residente en el castillo de la Coste, un prisionero en Vicennes o un ciudadano en las calles de París, siempre fue un noble y siempre despreció al pueblo. Cuando se le dice que hay que fijarse en los méritos de la persona, y no en su pasado, responde:

“Es cierto cuando las virtudes hacen olvidar su nacimiento; entonces hay que estimarles incluso más que al noble inútil o ignorante que, al no ofrecer a la sociedad más que el pergamino merecido por sus antepasados, sólo se presenta para hacer notar más la diferencia entre él y sus abuelos. Pero cuando el hijo de un jardinero de Virty, el de un banquero de Avignon, o el de un alguacil de esclavos de galera, recién salidos de la bajeza y la crápula, sólo aportan a los puestos donde su bajeza les ha colocado los vicios vergonzosos de su origen, todo los sumerge de nuevo sin que se den cuenta en el fétido pantano adonde les condenó la Naturaleza, y su nariz que asoma a la superficie de la tierra les da el aspecto, creo yo, de un sapo asqueroso y sucio que intenta salir del fango y sólo consigue hundirse todavía más y confundirse con él.”

Se cuenta también una anécdota por sí misma insignificante, pero que permite hacerse una idea de la visión tan romántica de la vida que tenía el marqués. Un día trasladaban a Luis XVI en su carroza, poco antes de ser condenado, y en ese momento un hombre se acerca rápidamente a ella, echa una carta por la ventanilla y desaparece entre la multitud. Este hombre era el marqués de Sade. La carta se titulaba Petición de un ciudadano de París al rey de los franceses, y en ella el marqués le reprochaba el despotismo de su reinado y le pedía que, si volvía a reinar como antes, lo hiciese pensando más en la nación y no en los propios intereses de la corte.

Otra muestra de su carácter la dio en el momento en el que el pueblo decide quemar los archivos en los que se guardan los títulos nobiliarios. Su primera reación entonces es escribir a Gaufridy, su notario, pidiéndole que abandone cualquier otra tarea (a pesar de lo apurado de la situación) y se ocupe ante todo de conservar sus papeles.

Sin embargo, dadas las circunstancias, decide ejercer en la práctica el oficio de actor que tanto le gusta, y se hace pasar por un revolucionario. Se une a la causa aportando sus dotes literarias e incluso llega a ser presidente de su sección. Los discursos que redacta en aquella época, defendiendo las ideas revolucionarias, la mayoría de las cuales son diametralmente opuestas a las suyas, revelan, por un lado el riesgo al que estaba sometido, y por otro lo mucho que se debió divertir representando esa pantomima. Sobre sus opiniones respecto a la revolución, se ha conservado una carta que, probablemente, es más sincera que sus declaraciones públicas:

“A este respecto, no vayais a tomarme por un “enragè”. Os aseguro que soy simplemente imparcial, enfadado de haber perdido mucho, más enfadado aún de ver a mi soberano con grilletes, desconcertado por lo que vos, caballeros de provincias, no conoceis ni por las tapas: que es imposible hacer y seguir haciendo bien las cosas mientras las sanciones del monarca sean reprimidas por treinta mil espectadores armados y veinte piezas de artillería; pero añorando muy poco, por otra parte, al antiguo régimen. Está claro que me ha hecho demasiado desgraciado para que lo llore. Tal es mi profesión de fe, y la hago sin temor.”

Un buen día, sin embargo, se ve obligado a abandonar su puesto de presidente. Se discutía sobre la pena de muerte y al marqués le impresionó tanto la sola idea de la guillotina, que se mareó y tuvo que abandonar la sala. Este y otros incidentes minúsculos e insignificantes por sí mismos, pero que, en épocas como estas, resultan tan importantes, acabaron haciendo sospechar a sus camaradas, que comenzaron a mover hilos para que fuese condenado como enemigo de la revolución.

Sorprende sin duda ver al marqués marearse ante la idea de la pena de muerte, él que ha escrito obras plagadas de crímenes y atrocidades. ¿A qué se debe esta disparidad? Nunca se sabrá, pero quizás resulte más comprensible si pensamos en la diferencia que separa al crimen del libertino, realizado por placer, con premeditación, y con mil detalles destinados a excitar la sensibilidad, del crimen de estado, frío y seco, que pretende justificarse a sí mismo como necesario, como una consecuencia de ciertas leyes que limitan la libertad del hombre y que, bajo la apariencia de defender el orden y la paz de la sociedad, esconden la tiranía de quienes tienen poder suficiente para imponerlas. El marqués de Sade fue, más que un ilustre libertino, un ilustre defensor de la libertad del ser humano, un enemigo de las restricciones impuestas por la sociedad, un hombre que se planteó siempre la cuestión de hasta dónde puede llegar una persona que pueda llevar a la práctica sus caprichos, sin que las pesadas normas que le imponen sus conciudadanos vengan a restringirlos. De ahí que para él la pena de muerte fuese la máxima aberración.

Bajo el Terror de Robespierre, Sade es arrestado y se le envía a la guillotina. Varias acusaciones estúpidas, que pretenden desenterrar los hechos por los que ya cumplió condena bajo la monarquía, vienen a desembocar en una acusación que lo considera enemigo de la revolución. Con eso basta en esta época para morir. El propio marqués escribió:

“Es preciso ser prudente con la correspondencia, jamás el despotismo abrió tantas cartas como abre ahora la libertad.”

     VOLVER ARRIBA 

De este modo, el terrible marqués, que ya ha pasado media vida en prisión por culpa de ciertas faltas insignificantes y que no ha perjudicado a nadie tras la toma de la Bastilla e incluso ha apoyado la causa revolucionaria, es conducido hacia la muerte, al igual que muchos otros inocentes, por los discípulos de Rousseau, por los defensores de la libertad. Sin embargo, en el último momento, cuando ya le llevaban en el carro junto a los otros condenados, las autoridades le dejan en libertad. ¿Por qué? Se especula con hipótesis referentes a la incompetencia burocrática del momento, al caos reinante, o también a las acciones de Constance que, desde fuera, hacía cuanto podía para que el marqués fuese liberado. Sea como fuere, Sade se libró de la muerte y decidió apartarse totalmente de la política, en vista de lo inestable de la situación.

El Escritor

Durante todo el periodo revolucionario, Sade tuvo importantes problemas de dinero. Todos los nobles y los defensores del antiguo régimen fueron perseguidos y aún tuvo suerte de no acabar guillotinado. Sus hijos habían emigrado a Alemania, y ser padre de emigrados era, en ese moemto, casi un sinónimo de enemigo de la revolución. Pero ha conseguido librarse de la muerte y ahora le toca librarse de la pobreza. Se ve obligado a vender sus posesiones y, al no tener otra profesión, recurre a la de escritor. Es en esta época cuando publica muchas de sus obras (La nueva Justine, seguida de la historia de Juliette, su hermana, Los crímenes del amor, La filosofía en el tocador, …), pero aún así, pasa una gran necesidad.

Además, otro problema viene a sumarse al económico: cada vez más gente sospecha que él es el autor de Justine, e incluso aparecen artículos en los periódicos que le atribuyen la obra y arremeten contra él. La aparición de otras novelas libertinas como la Historia de Juliette no hace más que agravar la situación. Hace poco que ha vuelto a cambiar el régimen político: ahora es el cónsul Bonaparte el que dirige el destino del país. No importa: la monarquía encarceló a Sade por motivos morales, la revolución aprovechó los mismos argumentos y no va a ser Napoleón quien vaya a perdonarle. En 1801, Sade es detenido y juzgado por haber escrito Justine y la Historia de Juliette. Él lo niega, pero su fama es más fuerte que su palabra y acaba siendo recluido en el manicomio de Charenton.

Allí acabó su vida pública. En este horrible lugar permanecerá hasta su muerte, en 1814. Pero antes de que llegase ese momento, aún tuvo tiempo de realizar una actividad curiosa: organizar representaciones de teatro con los locos del manicomio. M. Coulmier, director del centro, era un hombre activo que se esforzaba por mejorar las condiciones de los reclusos tanto como podía. La idea de organizar representacioes le pareció buena y así, el marqués se encontró llevando a la práctica una de sus mayores aficiones en uno de los lugares que menos hubiese imaginado. Sin embargo, la idea tiene éxito y mucha gente viene desde París para contemplar la nueva “terapia contra la locura”. Una de estas personas, un joven llamado Armand de Rochefort, nos ha dejado un testimonio que nos permite tener una visión de Sade en sus últimos años y de la que sus contemporáneos tenían de él. Mientras asistía al espectáculo.

“A mi izquierda se sentó un anciano de cabeza baja y mirada de fuego. La cabellera blanca que le coronaba prestaba a su rostro un aire venerable que imponía respeto. Me habló varias veces con una elocuencia tan calurosa y una inteligencia tan variada que me inspiró mucha simpatía. Cuando nos levantamos de la mesa, pregunté a mi vecino de la derecha el nombre de este cordial caballero y me respondió que era el marqués de S***. Al oírlo me alejé de él con tanto terror como si me hubiera mordido la serpiente más venenosa. Sabía que este detestable anciano era el autor de una novela monstruosa en que estaban publicados todos los delirios del crimen en nombre del amor. Había leído este libro infame, que me había dejado la misma impresión de repugnancia producida por una ejecución en la place de Grève, pero ignoraba que un día vería a su creador admitido a la mesa del director de una institución pública.”

Aún tendrá que enfrentarse con algunas dificultades, pues todavía hay quienes le consideran peligroso, e intentan enviarlo a otro lugar en el que no tenga contacto con otras personas. Afortunadamente, estas gestiones no progresan y permanece en Charenton hasta el final de sus días.

Su epitafio (que, por lo que yo sé, fue escrito por él mismo) revela perfectamente en qué consistio su vida:

Epitafio a D.A.F. de Sade,

arrestado bajo todos los regímenes.

Paseante,

arrodíllate para rezar

por el más desdichado de los hombres.

Nació en el siglo pasado

y murió en el que vivimos.

El despotismo, con su horrible mueca

en todo momento le hizo la guerra.

Bajo los reyes, ese monstruo odioso

se apoderó de su vida entera;

bajo el Terror reaparece

y pone a Sade al borde del abismo;

Bajo el Consulado revive:

Sade vuelve a ser la víctima.

Efectivamente, fue apresado bajo todos los régimenes bajo los que vivió, aunque sus hechos probablemente no lo merecieran. Escuchemos lo que el propio marqués decía a este respecto:

“Sí, soy un libertino, lo reconozco; he concebido todo lo que puede concebirse en este sentido, pero ciertamente no he hecho todo lo que he concebido, ni lo haré jamás. Soy un libertino, pero no soy un criminal ni un asesino, y, ya que se me fuerza a colocar mi apología junto a mi justificación, diré pues que, tal vez, sería posible que aquellos que me condenan tan injustamente como lo han hecho pudieran contrapesar sus infamias con mis buenas acciones tan probadas como las que yo puedo oponer a mis errores.”

En efecto, su primera detención ocurrió por entregarse a actos sacrílegos con una prostituta. La llevó a una habitación y la obligó a relizar ciertos actos como los que se leen en sus obras (pisar un cruzifijo, maldecir, fornicar poniendo una hostia consgrada en la entrada, etc.). También practicó un poco la fustigación con ella, pero parece ser que eso no impresionó mucho a los tribunales: todo radicaba en el sacrilegio. Pero, ¿acaso no habría ocurrido hoy en día lo contrario?¿Qué tibunal moderno se atrevería a condenar a alguien por sacrilegio? Una pequeña multa o un corto arresto por azotar a la prostituta y nada más.

El caso de Alcueril, que tantos problemas le causó, sí que merecía realmente alguna temporada en prisión, pues parece ser que las torturas que ejerció sobre la joven eran de una cierta importancia. Sin embargo, ¿cuantas personas practican este tipo de torturas voluntariamente, incluso hoy en día? Además, hay pocas dudas respecto a que la joven se estuviese prostituyendo y, por lo tanto, aceptase hasta cierto punto someterse a los caprichos de su cliente, como ha ocurrido siempre, ocurre hoy en día, y seguirá ocurriendo en el futuro.

Sobre el caso de Marsella, la acusación de envenenamiento cae por su propio peso y las mejores pruebas son que las mujeres no murieron y que el mismo tribunal de Aix, cuando años más tarde reabrió el caso, encontró inocente al marqués. La acusación más grave que se hacía sobre él era la de sodomía, que pocos jueces se atreverían a sostener en nuestra época, ante el riesgo de ser acusados a su vez de discriminación. Una muestra más de lo débiles y cambiantes que son los juicios humanos.

En cuanto a sus detenciones tras la revolución francesa, básicamente debidas a Justine no deja de sorprender que una misma persona fuese arrestada tantas veces y bajo tantos gobiernos distintos, e incluso estuviese a punto de ser guillotinada por escribir un libro que hoy podemos encontrar en cualquier librería.

En general, no parece que los actos del marqués hayan sido tan espantosos como los que tanto abundan en sus obras, y la leyenda que lo presenta como un monstruo sanguinario parece ser más fruto de la imaginación de ciertas personas que del análisis exhaustivo de sus actos. Nunca fue acusado, al menos con un mínimo fundamento, de asesinar a nadie ni de haberlo intentado. Los hechos libertinos de los que se le acusa no parecen haber sido peores que los de cualquier noble libertino de la época, e incluso menos graves que los de otros, como el conde de Charolais, y si bien algunos de sus actos pueden considerarse vergonzosos, la reacción de los gobiernos y los jueces sobre él no fue menos desmesurada e injusta.

(Podrás encontrar mucha mas información en esa completa página)

    VOLVER ARRIBA  

Biografia de Gabriela Sabatini Tenista Argentina Figura del Tenis

Biografía de Gabriela Sabatini:
La pasión del tenis

tenista argentina

Su talento quedó totalmente demostrado desde el primer momento en que piso la cancha de polvo de ladrillos. Aquella pequeña niña delgada y de cabellos oscuros sorprendió gratamente a sus entrenadores, y poco después debutó en el circuito del tenis internacional, con tan sólo 15 años de edad.

Su estilo único, su método, su disciplina hicieron que la raqueta se convirtiera en una extensión de su brazo derecho, y con el correr de los años se transformara en un orgullo para el deporte argentino, siendo una de las representantes más destacadas a nivel mundial.

La historia de Gabriela Sabatini se inició el 16 de mayo de 1970, cuando llegó a este mundo luego de que su madre diera a luz en el Hospital Italiano de Buenos Aires. Con su familia, que la apoyo constantemente para alcanzar su máximo sueño, vivió toda su infancia en el barrio porteño de Villa Devoto.

Tenía tan sólo seis años de edad cuando le pidió a sus padres que le compraran su primera raqueta, y poco después comenzó a practicar un deporte que para ella fue su vocación, improvisando partidos de tenis en el frontón del Club Atlético River Plate.

En realidad, fue su hermano Osvaldo el que la instó a practicar tenis, ya que desde hacía unos meses él había comenzado a disfrutar de este deporte en River, bajo las directivas del profesor Daniel Fidalgo.

Poco después de que Gabriela comenzara a tomar clases, su entrenador vislumbró el talento innato que poseía la niña, por lo que no dudo en invitarla a ser parte de la escuelita de tenis del club. Los años pasaban y mientras Gabriela continuaba sus estudios, la pasión por el tenis crecía en su interior de manera avasallante.

Al cumplir los 12 años participó de uno de los primeros grandes torneos de su vida, precisamente el llamado Mundialito Infantil, que tuvo lugar en Caracas. Allí, la pequeña Sabatini demostró su capacidad, logrando quedarse con el primer lugar de la competencia, y ratificando una vez más el talento que ya había exhibido durante su participación en certámenes infantiles metropolitanos y nacionales.

Dos años más tarde, Gabriela logró consagrarse como Campeona Mundial Juvenil en singles y dobles, cuando participó y ganó el Roland Garros de Francia y otros cinco torneos internacionales de menor importancia. Allí, la joven Sabatini hizo su debut triunfal dentro del ámbito profesional del tenis, además de convertirse en la semifinalista más joven de la historia de Roland Garros.

No obstante, fue recién al año siguiente, precisamente en octubre de 1985, cuando Sabatini se adjudicó su primer triunfo total a nivel profesional, con su participación en el Abierto de Japón.

Fue para el año 1988 que se comenzaron a suceder los más importantes triunfos de la carrera de la tenista a nivel internacional, y al mismo tiempo logró alcanzar la medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Seúl. Por otra parte, durante esos años comenzó a tomar cada vez mayor preponderancia los partidos disputados por Sabatini frente a una de sus máximas rivales: Steffi Graf. Aquello dio lugar al fanatismo, colocando la pasión del público en favor de alguna de las dos competidoras.

Es que para la década del noventa, que recién comenzaba, las máximas representantes del tenis a nivel mundial eran sin lugar a dudas Gabriela Sabatini y Steffi Graf, quienes también en alguna oportunidad participaron en torneos dobles como pareja.

Por otra parte, de acuerdo a la opinión de la mayoría de los avezados en el tema, a partir de la década del noventa comienza uno de los mejores períodos de la carrera de Sabatini, algo que muchos aseguran está ligado al entrenador brasileño Carlos Kirmair, quien se encargó de preparar a la tenista a partir de 1990.

A partir de aquel momento, una nueva competidora había comenzado a opacar a la figura de Gabriela Sabatini. Se trataba de la imbatible Mónica Seles, quien a pesar de su gran performance fue derrotada por la tenista argentina en el año 1992, durante la final del Abierto de Italia.

Sin embrago, a pesar de los logros conseguidos hasta el momento, y luego de aquel gran triunfo frente a una de sus más importantes rivales, la carrera de Gabriela Sabatini ingresó en un declive paulatino y permanente. Fue el 20 de noviembre de 1994 que la tenista logró alcanzar su último título profesional, durante el Masters femenino disputado en el Madison Square Garden de Nueva York. Luego de aquello decidió retirarse del ámbito profesional.

Hoy, Gabriela Sabatini disfruta de las ganancias económicas que le han dejado sus triunfos, con una fortuna valuada en los 8.785.850 dólares, pero sobre todo del cariño de la gente, que a pesar de los años continúan recordando su grandeza como jugadora.

Biografia de SAAVEDRA LAMAS Argentino Premio Nobel de la Paz

Biografía de SAAVEDRA LAMAS
Premio Nobel de la Paz

CARLOS SAAVEDRA LAMAS

Con una profunda y sólida formación jurídica Saavedra Lamas representó desde la Cancillería los intereses argentinos en la difícil coyuntura internacional de la década de 1930. Su habilidad diplomática le permitió poner fin a la cruenta guerra del Chaco y prestigiar a su país.

Carlos Saavedra Lamas fue el primer argentino en recibir un premio Nobel. Se le otorgó el de la Paz por su mediación en a guerra del Chaco.

BRILLANTE JURISCONSULTO:
Carlos Saavedra Lamas, nació en Buenos Aires, el 1° de noviembre de 1878, siendo sus padres Mariano de Saavedra Zavaleta y Luisa Lamas. Era nieto de doctor Mariano Saavedra, que fuera senador, diputado, y gobernador de la provincia de Buenos Aires durante dos periecos y bisnieto de Coronel e Saavedra, presidente de la Primera Junta de Gobierno. Su madre era hija del político y diplomático uruguayo Andrés Lamas, que fuera ministro de Relaciones Exteriores, de Gobierno y de hacienda de su país, ejerciera el periodismo y tuviera singular protagonismo durante las negociaciones previas a la guerra de la Triple Alianza. Sus raíces familiares arrancaban desde los a albores de la conquista de América.

Realizó sus estudios primarios y secundarios en el Colegio Lacordaire, y los universitarios en a Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Ares, donde en 1903 obtuvo modal medalla de oro por su tesis sobre “El Régimen municipal de la Capital Federal”. Se destacó en el campo docente: profesor de Derecho Público Provincial y de Historia Constitucional en la Facultad de Ciencia Jurídicas y Sociales de La Plata; profesor la carrera de Sociología en la Facultad d Filosofía y Letras de Buenos Aires; profesor de Finanzas, de Economía Política y Derecho Constitucional en la Facultada Derecho y Ciencias Sociales.

En el periodo 1941-1943 fue rector de la Universidad de Buenos Aires, y más tarde, profesora Legislación del trabajo. Antes de cumplir los treinta años, Saavedra Lamas resultó elegido diputado nacional (1908-1912), legislador de la provincia de Buenos Aires (1912-1915). Fue el primer presidente i la Comisión de Negocios Constitucionales y, posteriormente, de la de Presupuesto y Hacienda en la legislatura.

De su labor surgió un proyecto de ley sobre la importación del azúcar, que establecía una medida proteccionista. También elaboró proyectos sobre sistema fiscal y régimen ferroviario. Su pensamiento conservador no le impidió tener una excelente relación con legisladores de otras corrientes políticas, como Juan B. Justo.

En 1915 asumió como Ministro de Justicia e Instrucción Pública durante presidencia de Victorino de la Plaza. Así el 9 de julio de 1916 representó al presidente en la conmemoración del Centenario de la Independencia, celebrada en San Miguel de Tucumán. Durante el gobierno de T. de Alvear (1922-1928), intervino código del Trabajo, basado en el proyecto de Joaquín V. González de comienza siglo XX.

Propuso transformar en Ministerio al entonces Departamento Nacional Trabajo. Por su conocimiento desplegado en esa área fue elegido en 1928 presidente de XI Conferencia Internacional del Trabajo (OIT) ; era la primera vez que un argentino llegaba a esa destacada posición.

Recibió importantes condecoraciones de los gobiernos de Bolivia, Perú, Holanda Francia, Alemania. Brasil y el Vaticano. Su labor de publicista registra mas de treinta títulos, muchos de ellos de significativa importancia. Murió en Buenos Aires el 7 de mayo de 1959, a los 80 años.

UN DIPLOMÁTICO, POLÍTICO, ACADÉMICO Y ESCRITOR

Su etapa como ministro de Relaciones Exteriores del presidente Agustín P. Justo calificada como de las más activas y jales en la historia de la política exterior argentina. Hábil diplomático, supo mediar en el sangriento conflicto militar entre Paraguay y Bolivia por el Chaco donde se había descubierto petróleo, se extendía con toda crudeza desde junio de 1932, y evitó la injerencia estadounidense en la zona, firmándose el 12 junio de 1935 el protocolo de Buenos s, que puso fin a la guerra. Justamente su mediación recibió en 1936 el premio Nobel de la paz.

Ese mismo año ocupó en inebra, Suiza, la presidencia de la Asamblea de la Sociedad de Naciones y deslumbró en la conferencia pro Consolidación de Paz en América, a la que asistió el presidente Franklin D. Roosevelt. Asimismo, hábil en la política de acercamiento al Brasil, entre los mandatarios Agustín P. Justo y Getúlio Vargas. Defendió la neutralidad del país en la guerra civil española (iniciada en 1936), tema muy delicado la cantidad de españoles que residían la Argentina.

También se desempeñó como vicepresidente y luego presidente de la Academia de Derecho y Ciencias Sociales (1952- 1954). destacan sus trabajos: Economía colonial, asalariados de la República Argentina, Tratados Internacionales de tipo social; Por la paz las Américas y Las huelgas en las minas de carbón de Inglaterra.

Entre sus condecoraciones figuran la Gran Cruz de la Legión de Honor de Francia, la orden del Cruceiro Do Sul de Brasil y la orden al Mérito Civil de Chile. Saavedra Lamas falleció en la Capital Federal durante los agitados tiempos de la presidencia de Arturo Frondizi, el 5 de mayo de 1959. Sus restos fueron sepultados con honores en el cementerio de la Recoleta.

FIRMA DEL TRATADO DE PAZ, BOLIVIA-PARAGUAY: “Luego de la firma en Buenos Aires del tratado de fin del conflicto parecía como si la paz necesitara de la canción inmortal, para constituirse, al fin, en una realidad, el himno comenzó a escucharse. Arriba, mirando hacia el cielo americano, ondeaban junto a la nuestra, las banderas de Bolivia y Paraguay. Otra vez hermanas, como ayer. Esa noche, la capital argentina se pobló de rumores jubilosos, que parecieron encontrar resonancias en lo mejor del espíritu de sus ciudadanos. Mientras tanto, el cable transmitía esta grata nueva a las alborozadas poblaciones de La Paz y Asunción, que se dieron a demostraciones entusiastas, aun antes de conocerse las bases del acuerdo.

Es que, lo importante, era terminar con el estéril derramamiento de sangre; cerrar la arteria abierta, cauterizarla, y a partir de entonces, en mesa redonda, dictaminar lo que en justicia correspondía. Manifestaciones con banderas nacionales recorrieron las calles de las ciudades y pueblos de la tierra guaraní y el altiplano. Y, bajo ese signo augural, se inició otra era de comprensión entre pueblos, sin diferencias y sin rencores, anhelosos de forjar en la paz su destino. Los años darían fe de la buena voluntad que asistió a los hombres que actuaron en las negociaciones de paz, y al sincero y mutuo deseo de que aquellos ideales fructificaran para felicidad de las naciones americanas.”

EL BICENTENARIO PERÍODO 1930-1949 FASC. N°7
CARLOS SAAVEDA LAMAS PAZ Y AMOR

El premio Nobel que le fue otorgado este año al canciller argentino Carlos Saavedra Lamas, por su trabajo de mediación que puso fin a la guerra entre Paraguay y Bolivia, es un justo galardón para un hombre que siempre bregó por la paz. Desde su raíz católica, e influido por la encíclica Rerum Novarum, Saavedra Lamas entendió que la mejor manera de encontrar la armonía entre los pueblos es a través de la justicia. Además de lograr la pacificación entre dos pueblos hermanos, con la firma del Protocolo de Paz, el canciller argentino evitó la injerencia de Estados Unidos en la región a partir del hallazgo de petróleo en el Chaco boreal.

Saavedra Lamas ha sido siempre un defensor de los derechos sociales y, desde su formación como abogado, desplegó todo su conocimiento y convicciones en el Código Nacional de Trabajo, redactado en 1928. Poro tiempo después presentó su obra en La Conferencia de la Organización Internacional del Trabajo, en Ginebra, y tuvo tan buena recepción que fue elegido por unanimidad presidente de la misma en un gesto de reconocimiento a su “intelectualidad magistral”.

Su vocación diplomática se despertó a partir del Tratado de Versalles, donde se sintió plenamente identificado cuando declaró que la paz universal sólo podría basarse sobre la idea de justicia para todos, y que debía respetarse al hombre como persona y no como una mera mercancía. Para Saavedra Lamas representa uno de los documentos más nobles de la comunidad internacional y la coronación de lo que da en llamar “período constituyente del derecho obrero”.

Fuentes Consultadas:
Biografía de Carlos Saavedra Lamas-
Hicieron La Historia Tomo II La Nación (Biografías)
LA RAZÓN 75 AÑOS – 1905-1980 Historia Viva – Año 1928

 

Mitos sobre la Salud Estudio Cientifico Sobre el Mitos del Cuerpo Humano

Mitos sobre la Salud – Estudio Científico

Cien años atrás empezó a circular la creencia de que usamos tan sólo el 10 por ciento de nuestros cerebros. Algunos se la atribuyeron al físico Albert Einstein, pero no hay prueba de que la haya sostenido. Otros aprovecharon para promocionar la posibilidad de «desarrollar» poderes psíquicos. Sin embargo, la creencia no tiene evidencia científica. Muy por el contrario, ningún área del cerebro queda inactiva cuando alguien piensa, habla o toma decisiones.

Mitos sobre la Salud Estudio Cientifico El mito sobre el funcionamiento del cerebro no es el único. Dos investigadores de los Estados Unidos derribaron otros seis. «Incluso algunos médicos los creen verdaderos», dijo Rachel Vreeman.

Junto a Aaron Carroll, Vreeman, que trabaja en la Facultad de Medicina de la Universidad de Indiana, se ocupó de recopilar una lista de creencias que la gente piensa como verdaderas. Después identificaron si había evidencias científicas para confirmarlas. Los siete mitos que derribaron fueron publicados esta semana en la revista British Medical Journal.

El primero dice que «hay que tomar al menos 8 vasos de agua por día». En 1945, hubo un consejo de un comité de nutrición de EE.UU. que daba esa idea. «No hay evidencia que demuestre que necesitemos tanta agua. El organismo sí necesita líquido —aclaró Vreeman— y puede conseguirlo al ingerir también frutas, verduras, jugos, leche, u otras bebidas».

La segunda creencia sin justificación consiste en que el pelo y las uñas continúan creciendo después de la muerte. Es falsa. Antropólogos forenses y dermatólogos explican que la deshidratación del cuerpo después de la muerte puede conducir a la retracción de la piel alrededor de uñas y cabe lbs. Esto puede dar la apariencia de que crecieron, en contraste con los tejidos hundidos.

Otra idea equivocada es pensar que leer con poca luz arruina la vista. Hasta ahora, no hay evidencia que lo compruebe. Se sabe que cuando se lee con poca luz, se produce un estrés temporal que puede resecar-los o irritarlos. Pero no queda un daño permanente, según el consenso entre oculistas. Hay aun más mitos sobre los pelos. Se piensa que la afeitada hace que vuelvan más rápidos o más gruesos. Sin embargo, ya en 1928 un ensayo demostró que no tenía efecto alguno sobre el crecimiento del pelo. Lo que hace es «remover la parte muerta del pelo, no la sección viva por debajo de la superficie, por lo que es improbable que afecte la tasa o el tipo de crecimiento», afirmaron Vreeman y Carroll.

El cerebro humano —como ya se mencionó— y los celulares no se salvaron de estar en la lista de los mitos. «El argumento de que usamos el 10% de nuestro cerebro es falso. Por el contrario, las técnicas de neuroimágenes muestran que el cerebro trabaja en red y se activa en forma masiva en toda función cognitiva compleja», dijo Facundo Manes, director de Ineco y del Instituto de Neurociencias de la Fundación Favaloro. 

Con respecto a los celulares, en 2002 una página en Internet de un organismo estadounidense le dio crédito a una anécdota: decía que el uso de un celular había afectado el funcionamiento de una bomba de infusión de terapia intensiva y que había perjudicado a alguien. Esto hizo que varios hospitales prohibieran el uso de los celulares. Esa medida no estaría tan justificada, y los autores recopilaron estudios que demuestran que la interferencia de los celulares es mínima. Los teléfonos deben estar muy cerca de los equipos para causar un error. Y esos errores —aunque sean detectables— no son clínicamente importantes.

Último en la lista aparece el pavo, que tradicionalmente se come en el Día de Acción de Gracias en EE.UU. Se cree que como tiene un aminoácido, llamado triptofano, puede ser un inductor del sueño. Pero su cantidad no es lo suficientemente alta como para afectar a una persona. Entonces, es probable que el vino que acompaña al pavo u otros manjares sean los responsables del sueñito. Los autores publicarán pronto un libro con más de 100 mitos. «Queremos -dijo Vreeman- que el público y los médicos no asuman las creencias como verdades, aunque es difícil que cambien el pensamiento».

Biografia de Hume David Resumen Pensamiento e Historia de Filosofo

Biografía de Hume David – Pensamiento e Historia

  Grandes Pensadores de la Historia Ideas Politicas y Economicas Grandes Pensadores de la Historia Ideas Politicas y Economicas Grandes Pensadores de la Historia Ideas Politicas y Economicas Grandes Pensadores de la Historia Ideas Politicas y Economicas Grandes Pensadores de la Historia Ideas Politicas y Economicas Grandes Pensadores de la Historia Ideas Politicas y Economicas
René Descartes
(1596-1650)
Voltaire
(1694-1778)
Montesquieu
(1689-1775)
Rousseau
(1712-1778)
Locke
(1632-1704)
Hume
(1711-1776)

Hume se refugia en la idea más querida por la Ilustración: lo normativo es lo más común, lo que con máxima  generalidad se considera saludable y sano. 

El Mundo Exterior y la Imaginación: Hume opina que la creencia en la existencia de los cuerpos supuesto con el que funcionamos. Las causas que icen esta creencia es lo que él desea investigar. Que causas no son las impresiones sensibles resulta obvio.

George Berkeley (Kilkenny, Irlanda – Oxford 1753): Filosofo y obispo anglicano irlandés. Negó la realidad las sustancias materiales, sosteniendo que el ser de material se reduce a ser percibido, y que solo existen realmente los espíritus y Dios, que es el que produce ellos el sueño coherente de un mundo corpóreo Su obra fundamental es el Tratado sobre los principios del conocimiento mano (1710).

Pues la creencia en la existencia de los cuerpos supone la existencia continua, que excede el tiempo en que tenemos impresiones de ellos. Si vemos una mesa, no creemos como el obispo Berkeley, un filósofo ligeramente anterior a Hume, que su ser es ser percibida, y que deja de existir cuando la dejamos de percibir. Lo que creemos es que existe incluso cuando no la percibimos. Pero esta creencia no podemos fundarla en las impresiones que tenemos de ella, pues creemos que también existe cuando no tenemos impresiones. 

Nuestras impresiones tienen una existencia discontinua en nuestra mente. Pero creemos que los cuerpos tienen una existencia continua. ¿Cómo pasamos de lo primero a lo segundo? Hume cree que no mediante una deducción lógica, pues la idea de discontinuidad es lógicamente distinta de la idea de continuidad. Ninguna discontinuidad  puede dar como resultado la continuidad. Será entonces otra capacidad humana la que esté implicada aquí. Esta capacidad no es el hábito, ni la razón lógica, sino la imaginación. 

La identidad personal y la memoria: Entre nuestras impresiones no está la de un yo único a lo largo de toda nuestra vida. Nuestras percepciones nos dan noticia de colores, de sonidos, de impenetrabilidad de solidez, de extensión, de movimiento. Entre estas percepciones nunca están las impresiones de mi yo. Ni siquiera podemos pensar que este yo es una proyección de la imaginación sobre la base de cambios continuos, graduales y constantes.

A veces, nuestras impresiones cambian de forma desordenada, discontinua,  inconstante. Pero sobre todo, nunca tenemos una impresión del yo, y por tanto, no podemos tener una idea de sus cambios. Y, sin embargo, hablamos con plena legitimidad de nosotros mismos y decimos yo con plenas garantías. Reflexivamente juego ya con el supuesto de que las representaciones son mis representaciones. Ese mis no aparece en ninguna impresión concreta, pero las reúne todas como formando un conjunto. ¿En qué se basa esta atribución de pertenencia de las impresiones a un yo, como

Las impresiones e ideas de Hume

Según Hume, en el hombre existen dos facultades básicas: la percepción inmediata y la reflexión. La primera nos da impresiones diferentes, mientras que la segunda está en condiciones de diferenciar lo distinto que se nos da en aquellas impresiones. Además, la reflexión nos permite distinguir entre la forma en que se nos dan las impresiones y la forma en que se nos dan las reflexiones. 

Las percepciones inmediatas se dan con mucha fuerza y vivacidad, y pueden serias sensaciones (impresiones de los sentidos), las emociones y las pasiones. Las percepciones reflexionadas, por el contrario, se nos presentan con más suavidad. A las primeras Hume las llama impresiones, y a las segundas, ideas.

La relación de causa y efecto: Al decir que «El sol saldrá mañana» no se tiene la impresión del «sol» ni de la «mañana», y sí de que el sol salió ayer, y antes de ayer, y la semana pasada. Sin embargo, aunque no se tiene la impresión dada, la frase tiene significado, aunque es posible que el sol no salga mañana. 

El significado de la frase se fundamenta en que establecemos una conexión entre el hecho pasado y presente de que ha salido el sol y el hecho que anticipamos, a saber, que saldrá mañana.

Esta conexión que lanza el pasado sobre el futuro es la experiencia. Esta no es una impresión ni una reflexión. Es algo distinto: se trata de afirmar una cosa porque es constante. El significado de la frase «El sol saldrá mañana» procede de la constancia de que hasta ahora ha salido todos los días. 

Lo mismo sucede con la relación de causa y efecto. En una partida de billar, cuando se dice que «la bola roja es causa del efecto de movimiento que vemos en la bola azul», esta frase, que es una idea compleja, tiene significado. Al analizar sus ideas simples se ve que todas se corresponden con impresiones simples, excepto las palabras causa y efecto. Estas palabras son ideas aparentemente simples, pero de hecho son muy complejas. Su significado encierra que la bola roja se mueve antes que la bola azul, que en un momento hay contigüidad de tiempo y lugar con la bola azul y, finalmente, que siempre que la bola roja se mueva y choque con la azul, esta se moverá. Así que en la palabra causa se dan tas ideas simples de prioridad, de contigüidad y de conexión constante.

Su Biografía: (Edimburgo, 1711 – ibí., 1776)

Filósofo empirista inglés. Desde niño, mostró tener un talento por encima de los demás estudiantes de su edad y a los 12 años ingresa en la Universidad de su ciudad natal. Al cabo de dos o tres años dejó la carrera para estudiar Leyes y Comercio, que más tarde también abandonó para dedicarse definitivamente al estudio de la Filosofía en el Colegio de los jesuitas de La Fleche (Francia).

En 1747 entró al servicio del general James Siclair como abogado y juez. En 1752 es nombrado bibliotecario del Colegio de Abogados de Edimburgo. Fue miembro de la Embajada británica de París en 1765 y prestó servicios como subsecretario de Estado en 1767.

Gracias a su «History of England» (1754-1762), que tuvo en su tiempo gran aceptación, goza aún Hume de prestigio como historiador. Sin embargo, es más conocida e importante su faceta de filósofo, cuya teoría ha derivado en lo que hoy llamamos «humismo». Hume pretende ser el filósofo de la naturaleza humana, que se caracteriza fundamentalmente por la tendencia a formar hábitos; el aspecto cognitivo es, por tanto, menos importante que el práctico. No hay ningún conocimiento seguro si no se da en el marco de las percepciones reales, que son las que proporcionan las ideas y en general todo el raciocinio.

Sostiene Hume que el conocimiento humano es incapaz de avanzar si no es por medio de la experiencia; también las normas morales tienen como base la experiencia; la justicia, la religión, cualquier tipo de normas de conducta éticas o estéticas responden a un sentimiento de utilidad, modificándose según el tipo de sociedad y época en que se den.

«A treatise of human nature» («Tratado de la naturaleza humana») aparece en 1739-1940, primera obra sobre filosofía de Hume, en la que expone los principios fundamentales de la escuela empírica. Su siguiente libro se titula «Essays, moral and political», en dos volúmenes; fue escrito en el año 1471 y reeditado en 1748 con el título de «Essays, moral, political and literary» («Ensayos morales, políticos y literarios»). A continuación publicó dos obras filosóficas: «An inquiry Concerning Human Understanding» («Investigacion sobre el conocimiento humano») (1748) y «An inquiry concerning the Principles of Moral» («Investigaciones sobre los principios de moral») en 1751. Otros trabajos forman un volumen de ensayos: «Political discourses» (1751), «Four dissertations» («Cuatro disertaciones») (1757) y una publicación póstuma: «Dialogues concerning natural religión» («Diálogos sobre religión natural).

Con Hume, el empirismo llega a la más radical de sus manifestaciones; en contra absolutamente de las tendencias racionalistas de su tiempo, y, en ese sentido, a pesar de las diferencias existentes, puede considerársele como continuador de Berkeley; sin embargo, el sistema profundamente escéptico de Hume, llevado a sus últimas consecuencias, puede ser incluso negativo para el desarrollo de la ciencia. Niega cualquier tipo de conocimiento racional en sí mismo y toda impresión que podamos recibir en ese sentido debe considerarse como absolutamente errónea.

En cuanto a su atomismo asociacionista, Hume afirma que nuestra vida psíquica es una continua consecución de impresiones e ideas, de las que no podemos nunca afirmar su veracidad e inmutabilidad. Para él la relación entre causa y efecto no responde más que a una asociación: la de semejanza y la de contigüidad en espacio y en tiempo.

Biografía de Rousseau Contrato Social Resumen Filosofia e Ideas

Biografía de Rousseau Contrato Social
Resumen Filosofía e Ideas

  Grandes Pensadores de la Historia Ideas Politicas y Economicas Grandes Pensadores de la Historia Ideas Politicas y Economicas Grandes Pensadores de la Historia Ideas Politicas y Economicas Grandes Pensadores de la Historia Ideas Politicas y Economicas Grandes Pensadores de la Historia Ideas Politicas y Economicas Grandes Pensadores de la Historia Ideas Politicas y Economicas
René Descartes
(1596-1650)
Voltaire
(1694-1778)
Montesquieu
(1689-1775)
Rousseau
(1712-1778)
Locke
(1632-1704)
Hume
(1711-1776)

Rousseau puso en duda que las ciencias y las artes sirviesen para liberar al hombre de la opresión y de la infelicidad

Crítica a las ciencias y las artes

En el pensamiento de Rousseau hay dos elementos fundamentales: su profundo ascendente calvinista y su formación en la lectura del autor griego Plutarco.

El calvinismo le conduce a considerar las ciencias y las artes de todos los tiempos y países como ejercicios de la misma curiosidad que llevó al hombre a salir del Paraíso.

En este sentido son obra de la debilidad humana, del orgullo, de la voluntad de destacar, de hacerse igual a Dios. Así los vicios humanos son los verdaderos motores de las ciencias la ambición y la mentira generaron la elocuencia del orador la avaricia del comerciante produjo la aritmética; la superstición produjo la astronomía, etcétera.

Rousseau habla como un moralista, pero en el fondo su lenguaje es una reproducción del lenguaje religioso que en otro tiempo lanzó Lutero contra la ciencia y la razón. Para esta vieja tradición, la ignorancia era el estado que la sabiduría divina había previsto para el hombre.

Pero si las ciencias y Las artes eran fruto de la vanidad y del orgullo: ¿con qué llenarían los hombres su vida? Aquí interviene su lectura de los grandes hombres de la Antigüedad según los pintó Plutarco en sus Vidas Paralelas. Ante él pasan ahora los grandes hombres ce Esparta, Persia, la antigua Roma.

Los grandes forjadores de Estados, rudos, primitivos, sencillos, patriotas, virtuosos, austeros y ascetas, creadores de orden político que mantienen con rigor, con leyes estrictas. Estos hombres odiaban el lujo, la vanidad, el engaño, La doblez. En la idealización de Rousseau, estos hombres eran generosos al sacrificarse por la humanidad, al defender la libertad de su patria, al derramar su sangre en el combate por sus hijos, al honrar a los dioses de la polis griega.

Si se mezclan los dos elementos, se tiene la tesis más básica de Rousseau: la vida entregada a las artes y las ciencias no es sino la falsa libertad que los poderosos conceden a los hombres para que estos no sientan lo que realmente son,«esclavos de un orden político despótico».

Desigualdad entre los hombres:

[…] si eliminamos del pacto social lo que no le es esencial, nos lo encontramos reducido a los términos siguientes: Cada uno de nosotros pone en común su persona y todo su poder bajo la suprema dirección de la voluntad general y nosotros recibirnos corporativamente  cada miembroo como parte invisible del todo. Este acto de asociación  produce inmediatamente, en lugar de la persona particular de cada contratante, un cuerpo moral y colectivo compuesto de tantos miembros como votos tiene la asamblea, el cual recibe de este mismo acto su unidad, su yo común, su voluntad y su vida. 

J.J. Rousseau, El contrato social

Jean-jacques Rousseau (Ginebra 1712- Ermenonville 1778): De formación autodidacta, cultivó distintos campos del saber. Llegó a París en 1741, donde frecuentó el círculo de los enciclopedistas, con quienes más tarde rompió. Rousseau se opone a la idea ilustrada de progreso, puesto que concibe que en la cultura y la civilización radican todos los males que aquejan al hombre, el cual, siendo bueno por naturaleza, se ha visto conducido a un estado de corrupción.

Frente al pensamiento ilustrado, que cifraba en la razón la conquista de la felicidad, Rousseau mantuvo que la dicha solo se alcanza atendiendo a los propios sentimientos, que permiten recuperar la armonía y justicia perdidas. En toda la obra de Rousseau se aprecia una exaltación del sentimiento, que se refleja en sus teorías sobre la religión, la estética y la educación.

En política, afirmó que la sociedad civil es un cuerpo único nacido de un pacto social y defendió sin restricciones la soberanía popular. De su vasta producción cabe resaltar las entradas sobre música de la Enciclopedia, Discurso las ciencias y las artes (1750), Discurso sobra origen de la desigualdad de los hombres (1755), Emilio (1762), El contrato social (1762); y desde  un punto de vista literario, Ensoñaciones de un paseante solitario (1782) y Confesiones  (1782-89).

El origen de los Estados: Según Rousseau, la inseguridad de la vida entre propietarios ricos y pobres fue creciendo al compás de sus diferencias. Unos querían defender lo que tenían con la fuerza, otros querían tomarse lo que necesitaban también con violencia. Así que caían en luchas continuas. Esas luchas eran aprovechadas por otras comunidades extranjeras para dominar a las dos partes. Así cree Rousseau que se formaron los Estados: con el objetivo de pacificar las luchas internas y para defenderse de los extranjeros. 

De este modo, en lugar de fundarse sobre la igualdad natural, sobre el derecho natural a la vida y a la libertad, los Estados se fundaron sin eliminar el derecho meramente convencional a la propiedad, que estaba en el origen de la misma guerra y violencia que se quería superar. Los hombres se sometieron a los poderosos para conservar la vida y sus bienes, entregando la igualdad y la libertad. En este sentido, Rousseau admiraba la fundación del Estado de Esparta, pues los espartanos supieron anular las diferencias de propiedad y edificar sus instituciones sobre la igualdad.

Como la igualdad primitiva dio paso a una desigualdad anti-natural?: Si el hombre natural es un ser entregado a su instinto de conservación y dotado de un sentido de compasión por el dolor ajeno, si la mezcla de estos instintos garantiza que el hombre sea por naturaleza un ser independiente y pacífico, ¿cómo se convierte en un ser gregario, sociable, dependiente, violento, esclavizado?

Rousseau explica la diferencia entre el hombre natural y el hombre civilizado actual por un instinto diferente del de conservación y del de compasión. Este instinto es la perfectibilidad.

Antes de la propiedad tuvo que producirse una institución, la familia, y con ella tuvo que introducirse la estabilidad de relaciones humanas y, finalmente, la agricultura y la tecnología de los minerales. Solo entonces se desplegó algo fundamental: la división del trabajo. Rousseau funda luego el derecho de propiedad a la tierra en el continuo trabajo sobre ella. De este modo, el trabajo es la forma de perfectibilidad humana que produce la desigualdad social. Como en los viejos relatos bíblicos, el trabajo es así una condena y una maldición para el hombre.

Su Biografía: (Ginebra, 28 de junio de 1712 – Erménonville, 2 de julio de 1778)
Filósofo, literato y pedagogo suizo. A principios del siglo XVIII nace Jean-Jacques Rousseau; justo cuando comienza el tan conocido Siglo de las Luces. Si bien la mayoría de los intelectuales de la época asumieron enteramente los presupuestos filosóficos de la Ilustración, Rousseau, que incluso llegará a colaborar con la Enciclopedia, años despues cortará sus colaboraciones e incluso su relación con algunos de los ilustrados.Su padre, Isaac Rousseau, de profesión relojero, se encargó de su primera instrucción. Ya de niño, se interesó por la literatura, leyendo toda clase de libros, incluido Plutarco.

A raíz de una disputa, tras la cual quedó herido un adversario, Isaac Rousseau tiene que huir de Ginebra, dejando a su hijo en manos de unos familiares. Pero las dificultades económicas de estos hacen que Rousseau abandone los estudios primarios, que cursaba junto a su primo, y se traslade de nuevo a Ginebra, donde comienza a trabajar como aprendiz de grabador en un taller. No satisfecho con su empleo, decide huir y se traslada a Saboya. Allí, mediante la ayuda de un párroco, conoce a Madame Warens que lo envía al Instituto de Catecúmenos en Turín, donde es bautizado como católico. Después de algunos meses en esa ciudad, vuelve junto a Madame Warens, con la que pasaría 11 años de su vida.

En 1740, se dirige a Lyon en calidad de preceptor y luego a París. En esta ciudad, se relaciona por vez primera con los enciclopedistas; entre otros, conocería a Diderot y Condillac. Aparte de algunos trabajos hechos en el terreno musical y de algunas comedias, colabora en la Enciclopedia redactando artículos sobre música. En esta época, trabaja también como secretario de algunas familias nobles.

A raíz de las relaciones que mantiene con Teresa Levasseur le nacerán cinco hijos, que irá abandonando en el hospicio. En 1749, la Academia de Dijon convocó un concurso sobre el tema «si el restablecimiento de las ciencias y las artes ha contribuido a la depuración de las costumbres», y lo gana con un «Discurso» en el que responde negativamente. Su respuesta provoca confusiones y asombros y Rousseau empieza a ser un hombre polémico en la sociedad en que vive. En 1753, también la Academia de Dijon, propone otro tema: «Cuál es el origen de la desigualdad de los hombres y si lo autoriza la ley natural». Rousseau responde con un «Discurso» en el que explica y desarrolla las ideas del primero.

Por razones no muy claras, seguramente por diferencias de orden intelectual, corta sus relaciones con los enciclopedistas. Vive en esta época en casa de unos amigos en l’Ermitage y, producto de esta estancia, son sus obras más importantes: «La nueva Eloísa», «El contrato social» y «Emilio».

«La nueva Eloísa» se publica en 1761 con bastante éxito. En 1763, se publican el «Contrato social» y «Emilio», obra que el Parlamento de París condenará, ordenándose el arresto del autor Rousseau consigue escapar. Se refugia en Suiza, pero las dificultades que se presentan le obligan a trasladarse a Inglaterra, donde, aceptando una invitación de Hume, residirá en su casa durante algún tiempo. Sus manías persecutorias, debidas a su carácter huraño e irritable, le hacen desconfiar de Hume y decide, a pesar del riesgo que ello supone, volver a Francia. Allí reanudará sus relaciones con Teresa y, en 1770, regresa a París. Poco después, se traslada a Erménonville, donde vive gracias a la hospitalidad de un admirador, y en ese mismo lugar morirá.

Su vida la conocemos por medio de dos obras autobiográficas, las «Confesiones» y las «Divagaciones de un paseante solitario».

Con Rousseau puede decirse que empieza el Romanticismo. «La Nueva Eloísa» se opone al pesimismo y escepticismo que, en general, en toda la literatura de su época es preponderante. El «Emilio o de la educación» es quizás su obra más importante. Carece casi totalmente de elementos novelescos y su fin es el de exponer los criteros educativos del autor. Fustiga enérgicamente la educación que una sociedad con intereses y clases imparte, esclavizando intelectualmente al individuo y cortando progresivamente el desarrollo natural de este. La educación natural de Rousseau se basa en que en el niño existe un principio innato, «principio activo», el cual, por medio de la experiencia («educación de las cosas»), se vaya formando de manera gradual, conforme a sus propios intereses.

Hitos De Su vida:
1712: Nació el 28 de junio, en la ciudad de Ginebra, hijo de Isaac Rousseau y de Susana Bernard, quien falleció pocos días después de haberlo traído al mundo.

1725: Realizó sus primeras tareas como aprendiz en el taller de un grabador.

1728: En Annecy, un sacerdote le presentó a madame de Warens. Luego fue recibido en el hospicio del Espíritu Santo, en Turín; allí abjuró del calvinismo y se hizo católico.

1735: Se instaló, acompañado por la señora de Warens, en Saboya, donde continuó sus estudios, hasta que fue tomado, como preceptor, en casa del magistrado Mably.

1742: Presentó a la Academia de Ciencias, de París, su proyecto sobre un nuevo sistema de notación musical, que publicaría, al año siguiente, con el título de “Disertación sobre la música moderna”.

1743: Contratado como secretario por el conde P. de Montaigu, lo acompañó a Venecia, donde el aristócrata había sido designado embajador de Francia. 1744: Después de un desacuerdo con Montaigu, dejó su cargo en la embajada y volvió a París.

1745: Inició su amistad con Condillac y Diderot. Hizo interpretar su obra musical “Las musas galantes”. Mantuvo correspondencia con Rameau y con Voltaire. Comenzó sus relaciones con Teresa Levasseur.

1747: Escribió la comedia “El compromiso audaz”. Fue secretario de los Dupin. 1749: Recibió un premio, de la Academia de Dijon, por su “Discurso sobre las ciencias y las artes”.

1751: Al publicarse el primer volumen de la Enciclopedia, d’Alembert mencionó, en el prólogo, las tareas desarrolladas por Rousseau.

1752: Hizo representar, en Fontainebleau, ante el rey, su ópera cómica “Le dévin du village” (El adivino del pueblo) y, en el Teatro francés, su comedia “Narciso o el enamorado de sí mismo”. Comenzó a trabajar como copista de música.

1753: Cuando estalló, en París, la llamada “guerra de los bufones”, participó escribiendo su “Carta sobre la música francesa”.

1754: Regresó a Ginebra, donde fue readmitido en la Iglesia calvinista y recuperó sus derechos como ciudadano.

1755: Publicó su “Discurso sobre el origen de la desigualdad humana”.

1756: Terminó de escribir varias obras y los borradores del “Contrato social”, llamado “Manuscrito de Ginebra”.

1757: Rompió relaciones con Grimm, Diderot y los enciclopedistas. Se enamoró de raadame d’Houdedot.

1758: Envió su “Carta a d’Alembert sobre los espectáculos”. Dio término a “Julia o la nueva Eloísa”.

1762: Publicó “Emilio” y el “Contrato social”, libros que fueron condenados en París y en Ginebra. Debió refugiarse en Motiers, territorio que pertenecía a Federico II de Prusia, quien le brindó asilo político, en compañía de Teresa Levasseur.

1766: Se trasladó a Londres, en compañía de Teresa, bajo la protección de David Hume. Escribió la primera parte de sus “Confesiones”.

1767: Regresó a Francia, donde se publicó su “Diccionario de la Música”.

1772: Compuso sus “Consideraciones sobre el régimen de Polonia” y sus diálogos titulados: “Rousseau, juez de Juan Jacobo”.

1774: Terminó la ópera “Dafnis y Cloe” y retocó la partitura de “El adivino del pueblo”.

1775: Estrenó en la Comedie Francaise su obra con música, en un acto, “Pigmalion”.

1776: Distribuyó, por las calles de París, personalmente, su mensaje “A todo francés que todavía ame la justicia y la verdad”.

1777: Escribió las “Ensoñaciones de un paseante solitario”, obra que dejó inconclusa.

1778: El marqués Rene de Girardin lo invitó a pasar unos días en Ermenonville, donde imprevistamente falleció el 2 de junio. Fue sepultado en la Isla de los Paupliers y luego, en 1794 -seis años después de la Revolución Francesa-, sus restos fueron trasladados al Panteón.

Libertad e igualdad

Si se busca en qué consiste el bien más preciado de todos, y cuál debe ser el objetivo de toda legislación, encontraremos que todo se reduce a dos cuestiones principales: la libertad y la igualdad, y sin esta última, la libertad no puede existir. Renunciar a la libertad es renunciar a ser hombre, a los derechos y a los deberes de la Humanidad […].

La verdadera igualdad no reside en que la riqueza sea la misma para todo el mundo, si no en que ningún ciudadano sea tan rico como para poder comprar a otro ciudadano y que ninguno sea tan pobre que se vea obligado a venderse. Esta igualdad, se dice que no puede existir en la práctica. Pero si el abuso es inevitable. ¿Quiere decir esto que debemos renunciar a regularlo? Como precisamente la fuerza de las cosas tienden siempre a destruir la igualdad, es necesario que la fuerza de la legislación tienda siempre a mantenerla.

ROUSSEAU, J. J.: El contrato social.

PARA SABER MAS…
EL CONTRATO SOCIAL

La noción de contrato social surge de la doctrina filosófico-jurídica que individualiza el origen de la sociedad civil y del Estado en una convención, un contrato estipulado entre sus miembros. Esta perspectiva ya fue defendida en la Antigüedad por los sofistas y Epicuro, en contraposición al naturalismo político de Aristóteles, según el cual no cabe suponer ningún pacto social originario porque sociedad y Estado son realidades naturales y necesarias, independientes de la voluntad de los individuos y siempre presentes en toda comunidad, humana o animal. El contrato social volvió a estar de actualidad en la época moderna como consecuencia de la caída de las teorías medievales relativas al fundamento divino del poder político.

La cuestión se debatió sobre todo en la Inglaterra del s. XVII, en conexión con los avalares de la «gloriosa revolución» (1668). Tanto Thomas Hobbes, teórico del absolutismo monárquico, como John Locke, defensor del constitucionalismo liberal (parlamentario y democrático) coincidieron en la idea del carácter no natural del Estado, basándose en el presupuesto de que los hombres habían vivido inicialmente en una condición pre-social, en un estado de naturaleza primitivo, desorganizado e individualista. Muy diferente, sin embargo, era la manera en que ambos filósofos supieron describir dicho contrato originario.

Hobbes lo imaginaba como un pacto de sujeción por el que cada individuo renuncia a su libertad individual en nombre de la seguridad colectiva. De modo decididamente pesimista, consideraba la condición del salvaje presocial según la máxima homo homini lupus: en ausencia de toda ley, rige sólo la lucha por el dominio de unos sobre otros. El único medio para anular cualquier forma de prepotencia es que todos renuncien a la libertad delegando el poder en un individuo (un soberano o una asamblea) que decida por el bien de todos (y, por lo tanto, de nadie en particular).

En el Leviatán (1651), Hobbes propuso el siguiente texto como fórmula contractual: «Yo transmito mi derecho a gobernarme a mí mismo a este hombre, a condición de que tú también cedas tu derecho de la misma manera».

Distinta es la solución de Locke, para quien en un estado igualmente presocial la agresividad humana habría llegado a moderarse por el principio de reciprocidad: también en un estado de naturaleza vale la regla racional de que quepa esperar de los demás lo mismo que se les brinde.

Según Locke, el paso a la sociedad organizada y al Estado es un proceso gradual y no traumático, un progresivo perfeccionamiento de las reglas de convivencia. El ciudadano cede sus propias libertades no en bloque, sino limitadamente, en función de la necesidad de no invadir las libertades ajenas y de garantizar la seguridad colectiva, a la vez que permanece como el dueño de todas aquellas opciones de vida, de pensamiento y de fe religiosa que no amenazan la convivencia civil.

Además, y como garantía de que el poder atribuido a los hombres que se ocupan de las estructuras e instituciones públicas se mantenga siempre dentro de los límites prefijados, es necesaria la separación entre los poderes (legislativo, ejecutivo, judicial) y está prevista la posibilidad de rebelión (incluso violenta) cuando estén amenazadas las libertades civiles fundamentales.

El Contrato Social

“El principio de la vida política está en la autoridad soberana. El poder legislativo es el corazón del Estado, y el poder ejecutivo es el cerebro del mismo, el cual da movimiento a todas sus partes. (…) El Estado no subsiste por las leyes, sino por el poder legislativo: la ley cíe ayer no obliga hoy; pero el silencio supone un consentimiento tácito, y se presume que el soberano confirma continuamente las leyes que no abroga, pudiendo hacerlo (…) si el soberano no las hubiese encontrado siempre saludables las hubiera anulado mil veces. He aquí porque las leyes, lejos de envejecer, adquieren sin cesar nueva fuerza en todo Estado bien constituido. (…) Como el soberano no posee otra fuerza que el poder legislativo, aquél obra por medio de leyes; y como estas son actos auténticos de la voluntad general, el soberano no podría obrar mas que cuando el pueblo está reunido. Algunos creerán que es una quimera el reunir al pueblo: actualmente lo es; pero no lo era hace dos mil años. ¿Han cambiado de naturaleza los hombres? Los límites de lo posible, en las cosas morales son menos estrechos de lo que pensamos; nuestras debilidades, nuestros vicios y nuestras preocupaciones son los que los estrechan.

No basta que el pueblo reunido haya fijado una vez la constitución del Estado sancionando un cuerpo _.r leyes; no basta que haya establecido un gobierno perpetuo o haya cuidado de la elección de magistrados  aparte las asambleas extraordinarias exigidas por los casos imprevistos, es preciso que haya otras periódicas que nacía pueda abolir ni prorrogar; de tal modo que, en un día fijo, el pueblo sea legítimamente convocado por la ley sin que haya necesidad para esto de ninguna otra convocatoria formal. (…) Desde el momento en eme el pueblo se halla legítimamente reunido en asamblea soberana, cesa toda jurisdicción del gobierno, se suspende el poder ejecutivo, y la persona del último ciudadano es tan sagrada : inviolable como la del primer magistrado; porque allí donde se encuentra el representado ya no hay representante.”

Jean Jacques Rousseau, El contrato social

Biografía Rene Descartes Resumen El Discurso del Metodo Pensador

Biografía Rene Descartes – Resumen de su Vida y Obra Científica

  Grandes Pensadores de la Historia Ideas Politicas y Economicas Grandes Pensadores de la Historia Ideas Politicas y Economicas Grandes Pensadores de la Historia Ideas Politicas y Economicas Grandes Pensadores de la Historia Ideas Politicas y Economicas Grandes Pensadores de la Historia Ideas Politicas y Economicas Grandes Pensadores de la Historia Ideas Politicas y Economicas
René Descartes
(1596-1650)
Voltaire
(1694-1778)
Montesquieu
(1689-1775)
Rousseau
(1712-1778)
Locke
(1632-1704)
Hume
(1711-1776)

Este filósofo y matemático francés ejerció una gran influencia en el pensamiento europeo del siglo XVIII. Su Discurso del Método, para conducir la correctamente a la razón y buscar la verdad en la ciencias sirivó de fundamento para que los intelectuales europeos tuvieran una profunda confianza en la razón y en la ciencia.

Es considerado el padre de la Metodología, especialmente por su famosa obra “Discurso sobre el método para bien guiar la razón y buscar la Verdad en la Ciencia” (1637), nació en 1596 en La Haya, pueblo de Turena, Francia, situado entre las ciudades de Tours y de Poitiers.

René Descartes (La Haya de Turena, 31 marzo 1596 – Estocolmo, 11 febrero 1650).

Filósofo francés. Fue hijo de Joaquín Descartes, consejero del Parlamento de Rennes. Éste le animaría para que hiciera una carrera jurídica, como su hermano y su hermanastro (su madre murió cuando tenía un año, y su padre volvió a casarse).

Se educó en un colegio de jesuitas, La Flèche, centro importantísimo en la vida francesa de la época, con un interés especial por las lenguas y la literatura clásicas, que Descartes estudió a fondo.

En el año 1614 abandona La Flèche y va a París, donde se dedica a una vida de placer. Toda su vida sería un sincero católico. Tenía una inteligencia prodigiosa y un carácter amable, que le hicieron ser apreciado por todos los que le conocieron. En 1616 obtuvo el título de bachillerato y la licenciatura de derecho en Poitiers. Se sintió inclinado primero a la carrera de armas y fue a la escuela militar más prestigiosa de la época, la de Breda. Su curiosidad por todo le llevó a realizar numerosos viajes.

Pronto manifestó un genio especial para las matemáticas, y fue perfilando una clasificación ordenada de las curvas y de las ecuaciones. Vio a su alcance la posibilidad de unir ciencia y sabiduría, esperando vencer los secretos de la naturaleza, utilizando las matemáticas.

Empezó varias obras: Reglas para la dirección del espíritu o Pensamientos privados, apuntes personales escritos durante su estancia en Breda y Alemania. Vivió en Francia el invierno de 1627 a 1628. A finales de este año se instalaría en los Países Bajos y desde 1629 se establecería en Holanda, donde amó la tranquilidad, libertad e independencia de este país.

Esta fue su época de mayor actividad, cuando escribió sus obras más importantes y tuvo relación intensa con los hombres de ciencia y los filósofos de Europa. En 1649 marchó a Estocolmo. Sólo volvería a Francia los veranos de 1644, 1647 y 1648.

Su obra ocupa indudablemente un lugar fundamental en la filosofía francesa del siglo XVIII. Fue el primero en romper con la Escolástica, sustituyendo el libre examen y creando el mecanicismo científico. Ortega dijo de él que había sido <<el primer hombre moderno>>. Su obra más importante El discurso del método, escrita en 1637, nos presenta la metafísica cartesiana. Nada le parecía merecer confianza. Todo el pasado filosófico se contradice, según él. Los sentidos nos engañan con frecuencia y, en muchas ocasiones, caen en el error. Descartes hizo de la duda el método mismo de su filosofía.

Para él Dios, al ser absolutamente libre, en un acto único crea todas las cosas, las esencias y las existencias, las <<verdades eternas>>, que son las que gobiernan el universo y regulan nuestra razón. Dios está por encima del principio de contradicción. Concluyó que no sabemos si existe Dios, pero tampoco lo contrario. No sabemos si hay Dios, pero, si lo hay, no puede engañarse.

Prueba su existencia diciendo que es una idea que encuentras en la mente y es la de un ser infinito, perfectísimo, omnipotente; si esta idea no puede proceder de la nada, ni de mí mismo, que soy finito, imperfecto y lleno de duda, el efecto sería entonces superior a la causa y esto es imposible. Por tanto, la idea de Dios tiene que haber sido puesta en mí por algún ente superior, es decir, por Dios mismo, con lo que prueba su existencia.

En 1641 escribió Las Meditaciones, tratando de construir su metafísica de acuerdo con el método. Partió de la duda crítica y creyó que sólo había algo seguro, la certeza de la existencia por el pensamiento (cogito, ergo sum: pienso, luego existo). Soy, decía Descartes, en la medida en que pienso. Soy una realidad pensante y, efectivamente, sólo hay una cosa que no puede ser falsa: su existencia. En esta misma obra afirmaba que si concibo la definición de un ser perfectisimo, incluye su existencia, la conclusión es indudable.

Su obra Los Principios la escribió en 1644. En 1649, su Traité des passions de l’âme, y en 1701, las Regulae ad directionem ingenii. Escribió en latín, como casi todos los pensadores de su época, pero también en francés, siendo uno de los primeros prosistas franceses y de los cultivadores de la filosofía en lengua vulgar. El mundo físico está determinado en Descartes por la extensión.

Junto a la <<res infinita>> que es Dios, aparecen las dos sustancias finitas, el hombre y el mundo. Como estas realidades no tienen contacto ni semejanza entre sí, se plantea el problema de su comunicación, concluyendo que tiene que ser Dios el que efectúe esta imposible comunicación de las sustancias.

En Amsterdam, escribió un “Tratado sobre la luz”, basado en el sistema de Copérnico y allí, también, compuso sus “Meditaciones metafísicas”. Por esta época, quiso separar la Filosofía de la Teología, según expuso en sus “Principios de Filosofía”, que dedicó a la princesa Isabel, hija de Federico V, de Bohemia. Introdujo en su sistema lo que él llamó “duda metódica” y, basándose en que somos seres pensantes, extrajo su famoso aforismo “Cogito, ergo sum” (Pienso, luego existo).

Por otro lado, los animales son para Descartes puras máquinas autómatas (res extensa). Máquinas, desde luego perfectísimas como hechas por Dios, pero sin semejanza con la sustancia espiritual y pensante que es el hombre. Descartes funda su especulación en el criterio de evidencia, la evidencia de la razón. Su método es, por tanto, el racionalismo. El hombre es sustancia pensante. El racionalismo cartesiano influirá decisivamente en todo el siglo siguiente, culminando en la Revolución Francesa.

Su amigo Chanut, embajador de Francia en Estocolmo, le puso en relación con la reina de Suecia que, deseosa de escuchar sus lecciones, le insistió para que se trasladase a Suecia. Él quiso volver a su soledad, iniciando una obra sobre La búsqueda de la verdad mediante la luz natural. Murió en Estocolmo en 1650 <<contento de la vida>>, según constataron sus amigos.

Dejó parte de su obra inacabada, inédita. Sus discípulos se encargaron de difundirla y completarla. Su trabajo y su obra tuvo una enorme repercusión en los medios intelectuales de su época. Fue la primera vez que la filosofía se acercaba a la gente ilustrada o curiosa, fuera de las escuelas universitarias. Sus teorías despertaron recelos en algunos medios católicos y las universidades de Francia y de Holanda llegaron a prohibirlas.

EL MÉTODO: Descartes ha dado al hombre la certeza de que la razón puede descubrir las leyes del mundo y de la vida. Pero !a razón no puede trabajar al azar. Por eso, él mismo estableció “el método” con el que hay que razonar para no caer en error. Es decir, que ha fijado estas reglas:

EVIDENCIA – No se debe admitir como verdadero sino lo que se ve clara y distintamente.

ANÁLISIS – Cuando se presenta un problema de difícil solución, es necesario dividido en muchos problemas más simples, y resolverte uno por uno.

SÍNTESIS – Halladas las soluciones de cada uno de los problemas simples, hay que fundirlos, razonando con ellas, para ver cómo se unen las unas con las otras.

ENUMERACIÓN O COMPROBACIÓN – Finalmente, cuando hemos encontrado la respuesta de nuestro problema, hay que rehacer procedimiento, para aseguramos de haber olvidado en nuestro razonamiento signo importante.

Algunas de sus frases célebres:

1-Daría todo lo que sé, por la mitad de lo que ignoro.

2-Vivir sin filosofar es, propiamente, tener los ojos cerrados, sin tratar de abrirlos jamás.

3-La matemática es la ciencia del orden y la medida, de bellas cadenas de razonamientos, todos sencillos y fáciles.

4-Lo poco que he aprendido carece de valor, comparado con lo que ignoro y no desespero en aprender.

5-La filosofía es la que nos distingue de los salvajes y bárbaros; las naciones son tanto más civilizadas y cultas cuanto mejor filosofan sus hombres.

6-Para investigar la verdad es preciso dudar, en cuanto sea posible, de todas las cosas.

7-No hay nada repartido de modo más equitativo que la razón: todo el mundo está convencido de tener suficiente.

PARA SABER MAS…

Renato Descartes nació en La Haya, el  31 de marzo de 1596. Siempre fue un niño tranquilo y silencioso, jugaba solo en el jardín. Estudió en el colegio de La Fleche, donde los padres jesuitas que dirigían el colegio comenzaron en seguida a llamarle en broma “el pequeño filósofo” a causa de su inteligencia rápida y viva. Eran indulgentes con él y, frecuentemente, cerraban los ojos si no era puntual a la hora de levantarse por la mañana: ¡era tan delicado! Y además, sabían que, incluso en la cama, Renato Descartes no se descuidaba en los estudios ni en realizar todas sus tareas de escolar.

En La Fleche, el pequeño filósofo aprendió muy bien el latín, las matemáticas, la filosofía de Aristóteles, muy estudiada entonces, y una gran cantidad de nociones útiles. Pero cuando, ya joven-cito, dejó el colegio para inscribirse en la facultad de Derecho de Poitiers, no estaba muy satisfecho de lo que había aprendido.

Desde luego, sabía leer y escribir correctamente el latín, podía sostener cualquier discusión científica y no ignoraba las leyes de todas las ciencias conocidas en su época. Sin embargo, se preguntaba: todo esto que conozco lo sé porque antes de mí lo han dicho sabios y filósofos. Pero, ¿cómo puedo estar seguro de que no se han engañado? ¿Cómo puedo estar seguro de que la ciencia que me han enseñado es la verdadera? El joven Descartes no se contentaba sólo con estas dudas: iba mucho más allá.

Se preguntaba también: ¿cómo puedo estar seguro de que todo lo que veo, todo lo que es realidad, existe verdaderamente? ‘En ocasiones, por ejemplo, sucede que se sueña y se ven personas, cosas, sucesos que, naturalmente, no existen; pero en el sueño son tan reales que parecen verdaderos.

Entonces, ¿cómo puedo saber si mi razón, cuando ve una cosa o trata de descubrir una ley científica, está soñando o se encuentra bien despierta? ¿Cómo puedo decir “este árbol que veo, existe”, si no estoy seguro de que el árbol no es un sueño de mi mente?

En esencia, Renato Descartes buscaba un método para descubrir la verdad de las cosas que veía y estudiaba. Pero, ¿dónde podía encontrarlo? Pronto comprendió que no podía hallarlo en los libros de colegio, sino que tenía que buscarlo por sí mismo, en lo que ya sabía, en lo que estaba escrito “en el gran libro del mundo”, como él decía.

PIENSO, LUEGO EXISTO

Licenciado en leyes, Descartes comenzó una agitada vida de soldado, de viajero incansable. Sirvió bajo las banderas de Mauricio de Nassau, primero, y de Maximiliano de Baviera, después; recorrió toda Europa, a lo largo y a lo ancho. Para distraer los ocios de la vida de guarnición, leía las aventuras de los Paladines de Francia y los poemas de los poetas latinos. Sin embargo, entre tanto, no abandonaba los estudios de matemáticas y de física, siempre con la esperanza de resolver la duda que lo asaltaba: cómo encontrar una certeza sobre la cual fundar toda la ciencia.

La inspiración le vino de repente, en noviembre de 1619. Descartes era soldado en Alemania; la estación fría y con muchas nieblas, le obligaba a pasar todo su tiempo libre en una habitación calentada por una enorme estufa de porcelana. Allí pensando, encontró finalmente la verdad cierta y segura que no podía ser puesta en duda.

Yo puedo pensar —éste era su razonamiento— que todo el mundo no es mas que un sueño de mi mente, que nada existe. Pero, en este momento, tengo que admitir que existe, al menos, mi pensarte arto. Por ejemplo, pienso en un caballo. S animal puede ser verdadero o imaginario  puede ser real o una fantasía mía, pero nadie puede poner en duda un hecho: que en este momento yo estoy pensando, que yo pienso. Si estoy seguro de que por lo menos, mi pensamiento existe —continuaba Descartes—, ello significa que y: existo, porque el pensamiento es la esencia misma del yo. Pienso, luego existo.

SOBRE LA MUERTE DEL FILÓSOFO

Recibido ceremoniosamente en Estocolmo, Descartes fue asignado para escribir versos en francés para un ballet. Pero su principal obligación fue ser tutor de la reina Cristina a lo que para él era la incivilizada hora de las 5:00.

Esto era un cruel castigo para alguien que dormía hasta 10 horas diarias y pasaba las mañanas en cama, leyendo y pensando. Su estudiante real resultó ser brillante y se empeñó en adquirir conocimientos, pero Cristina no era una profunda pensadora y la vida en la corte ofrecía poco estímulo intelectual para el filósofo francés.

El invierno le resultó intolerable y se quejó de la estación diciendo que “se hielan hasta los pensamientos de los hombres”. El 1° de febrero de 1650, a sólo cuatro meses de su llegada a Suecia, Descartes enfermó de un resfrío que se convirtió en pulmonía, o así se dijo entonces; murió 10 días después.

¿Envenenamiento con arsénico?
En su época, se anunció que Descartes murió de pulmonía a principios de 1650. Esta enfermedad se inicia con resfrío, temblores, fiebre y agudos dolores de pecho; los subsecuentes síntomas incluyen tos, jadeos y expectoración color óxido. En contraste, la carta de la época del médico de la corte, Johann van Wullen, a un colega holandés, muestra un cuadro totalmente distinto al que presentaba el filósofo: “Durante los primeros dos días, su sueño fue profundo y no comió, bebió ni tomó medicamento.

El tercero y cuarto días estaba agitado y no durmió, aún sin comer o medicarse. Al quinto día fui llamado a su lecho, pero Descartes no quiso que le diera tratamiento. Como las señales inequívocas de la muerte próxima eran obvias, acepté gustosamente mantenerme alejado del moribundo.

Al pasar el quinto y sexto días, se quejó de mareo y de fiebre interna. Al octavo día, de hipo y vómito negro. Luego tuvo respiración inestable y la mirada extraviada, presagiando la muerte. Al noveno día, todo estaba perdido. A la mañana del décimo día su alma regresó a Dios.”

Esta descripción del avance de la enfermedad final de Rene Descartes coincide mucho mejor con los síntomas de intoxicación aguda por arsénico que con los que son característicos de la pulmonía. Si se confía en la carta del médico Johann van Wullen, Descartes pudo ser víctima de un asesinato.

Biografía de Voltaire Francois Marie Arouet Filosofo de la Ilustracion

Biografía de Voltaire Francois Marie Arouet Filósofo de la Ilustración

Grandes Pensadores de la Historia Ideas Politicas y Economicas Grandes Pensadores de la Historia Ideas Politicas y Economicas Grandes Pensadores de la Historia Ideas Politicas y Economicas Grandes Pensadores de la Historia Ideas Politicas y Economicas Grandes Pensadores de la Historia Ideas Politicas y Economicas Grandes Pensadores de la Historia Ideas Politicas y Economicas
René Descartes
(1596-1650)
Voltaire
(1694-1778)
Montesquieu
(1689-1775)
Rousseau
(1712-1778)
Locke
(1632-1704)
Hume
(1711-1776)

(París, 21 de noviembre de 1694 – 30 de mayo de 1778)

Escritor francés, de nombre François-Marie Arouet.
Era hijo de un notario retirado de Chatelet y de María Margarita Daumast, perteneciente a una familia burguesa de excelente reputación.

Muy pronto saltó su carácter audaz e irreligioso, conquistando reputación de indisciplinado ante sus profesores. En el colegio trabó amistad con compañeros que luego llegarían a ser grandes señores de Francia.

Terminada la escuela pasó a estudiar Leyes por imposición de su padre, aunque nunca asistió a clase, yéndose a teatros y salones que frecuentaban artistas y literatos. De esta época es su obra «Oedipe». Su padre, desesperado, le intentó colocar infructuosamente en infinidad de oficios, pero la rebeldía del joven Voltaire pudo más y las puertas del mundo se le abrieron gracias a sus amistades. Su segunda obra, «Henriade», salió a la luz.

Pasó un tiempo encerrado en La Bastilla, en 1717, por escribir una sátira contra el regente. En 1724 escribio la tragedia «Mariamme2 y en 1725 «L ‘indiscret». Los rumbos que tomaba la vida de Voltaire eran de un libertinaje atroz y contra toda estructura, sobre todo las religiosas, llegando incluso a atacar con sus publicaciones a Juana de Arco por su religiosidad, acusándosele por ello de antipatriota. Se enemistó con toda clase de personas, pero, a la vez, adquiría una gran fortuna con sus escritos. En 1731 escribe «Historia de Carlos XII» y «Cartas filosóficas»: organizaron tal escándalo que fueron condenadas por el Parlamento y quemadas por el verdugo. Otro tumulto supuso «Pandora», que nunca se representó.

Todos sus escritos provocaron críticas y amenazas contra él. Se rodeó de gran lujo, viviendo alejado de París, cerca de la frontera suiza, en villas que compraba y ornamentaba con ostentación; sin embargo, debido a su carácter filantrópico, donaba dinero para obras sociales. En el año 1756 escribe «Cándido o el optimismo». Su fisonomía moral ha sido discutidísima, pues según sus detractores corrompía escandalosamente a la juventud y era irrespetuoso e irreverente con las autoridades y la Iglesia, llegando incluso a escribir blasfemias. No obstante, desde el terreno puramente humanista, consiguió desembarazarse de la superstición y el fanatismo existentes. Fue también filósofo e historiador, interesándole, en el primer aspecto, el lado pragmático de la vida, más que el razonamiento especulativo y los dogmas e inspiraciones que debían desecharse por completo según él. En cuanto historiador, predicaba que había que ser crítico y estar bien informado. Sus ideas políticas fueron las de propugnar como ideal el sistema de gobierno inglés, que emparentaba la Monarquía con leyes de rango republicano. También, como buen burgués, aceptaba la desigualdad social. Alegaba que la revolución debía hacerse desde arriba, ya que el pueblo no tenía preparación.

La figura de este personaje es complejísima por todas las facetas que desarrolló. Entre las numerosas personas con quienes llegó a tener una verdadera lucha dialéctica se encuentra Juan Jacobo Rousseau, del que fue amigo y a quien atacó en numerosos artículos.

VOLTAIRE Y LA TOLERANCIA RELIGIOSA: En 1752, cuando Voltaire todavía estaba apreciando las delicias de Potsdam, dos notables pensadores franceses, Diderot y d’Alembert, lanzaban el primer volumen de una obra que señalaría una época: la Enciclopedia. El grupo de intelectuales que trabajó en ella, inclusive Voltaire, sería más tarde conocido como los enciclopedistas.

La obra era tremendamente ambiciosa. Intentaba sintetizar en una serie de artículos todo el conocimiento humano, tal como la ciencia de ese .entonces y los pensadores más avanzados de la época lo podían transmitir. Colaboraban en los diversos temas empiristas y librepensadores.

Los cinco primeros volúmenes de la Enciclopedia fueron sistemáticamente confiscados a pedido de la Iglesia y se convirtieron en rarezas bibliográficas desde los primeros días de su aparición. A pesar de ello, fueron muy leídos. Desde Ferney, Voltaire contribuyó asiduamente con una serie de artículos. También escribió individualmente un Diccionario filosófico (1764) completo.

En 1761, a la mitad de ese trabajo, Voltaire continuaba con la sonrisa pesimista en los labios y su “contemplación superior” sobre el mundo. Hasta que recibió en su casa la visita de una familia atemorizada, que le relató la tremenda historia de su persecución. Un muchacho de Toulouse se había suicidado. Existía una ley por la cual el cuerpo del suicida debía ser arrastrado por las calles y después colgado. Para evitar ese horror, Jean Calas, el padre, un comerciante protestante, consiguió que algunos amigos atestiguasen una muerte natural. Pero, entre tanto, corrió el rumor de que se ocultaba un asesinato, y de que el padre había matado al hijo para impedir que se convirtiese al catolicismo. Calas fue aprisionado, torturado y muerto. La familia, arruinada, huyó a Ferney, donde narró a Voltaire la horrenda historia.

En 1765, el joven caballero de la Barre, de dieciséis años, otro protestante, es acusado de mutilar crucifijos. Tras confesar, después de ser torturado, fue decapitado, quemado, y con él un libro de Voltaire, que estaba en su poder cuando fue apresado: el Diccionario filosófico.

A d’Alembert, igualmente disgustado con esos hechos, y quien le escribía acerca de la necesidad de ridiculizar las persecuciones religiosas, Voltaire le respondió que ya no era momento para hacer bromas.

“El espíritu no rima bien con las matanzas. ¿Es éste el país de la filosofía y del placer? Diría mejor que es el país de la matanza de San Bartolomé”. Y, por primera vez en su vida, Voltaire se queda serio.

“Durante todo ese tiempo —escribiría más tarde— no reí una sola vez sin que me pareciese un crimen.” Protestó contra el rigor de las penas establecidas en nombre de la religión, exigió más respeto por la vida humana, llamó públicamente a sus colegas Diderot y d’Alembert a la batalla. “Aplasten a los fanáticos y-a los malvados, sus insípidas declaraciones, sus miserables sofismas, la historia mentirosa … el amontonamiento de absurdos. No permitamos que los poseedores de inteligencia sean dominados por los que no la tienen, y la generación venidera nos deberá la razón y la libertad.”

Voltaire defendió a los amigos de Calas y la Barre cuando fueron perseguidos, y a los campesinos del Franco-Condado y de Gex, inundando a Francia con un torrente de escritos incendiarios —como el Tratado sobre la tolerancia—, la mayoría anónimos (aunque todos sabían quién era el autor) . Sus enemigos intentan responder por otros métodos: primero, desprestigiándolo. Sus libros fueron quemados en la plaza pública, pero era imposible impedir su lectura. Jamás la pluma de un intelectual fue instrumento político más importante. Algunos de sus panfletos llegaron a la cifra de 300.000 copias, monumental para la época. Estaban escritos en un lenguaje claro y cortante, y cada uno de sus sarcasmos —en un público predispuesto a aceptarlos— valía por un ejército de verdugos.

Como era imposible acallar a ese viejo demonio, decidieron comprarlo. Madame de Pompadour intenta una vez más intervenir en el curso de su vida, y le ofrece un cargo de cardenal a cambio de su silencio. Voltaire ni siquiera se dignó responder.

Por fin, sus adversarios fueron reducidos al silencio, y gente de todas las clases sociales —incluso del clero y la nobleza— salió en defensa de Voltaire. El había resumido en forma inteligente y aguda aquello que millones de personas estaban sintiendo y que no tenían capacidad ni coraje para decirlo. Voltaire —excepto en sus trabajos históricos— nunca creó ideas nuevas. Fue, eso sí, un extraordinario vulgarizador y propagandista, el vehículo por el cual las nuevas ideas llegaron a las multitudes.

En 1770 sus amigos iniciaron una suscripción pública para erigirle un monumento en París. Fue tal la lista de contribuciones, que decidieron limitar la cantidad de cada donación a una sola corona, para que todos pudiesen participar.

A los 83 años, la victoria estruendosa de los enciclopedistas le devolvió la sonrisa. No todo estaba perdido. Sabía que las nuevas generaciones lo aclamaban y que las futuras reconocerían su papel reformador. Pero sabía también que había llegado su fin. Quiso volver a París, incluso contra los consejos médicos, y hacia allí se encaminó. Al día siguiente de llegar, quebrantado por el cansancio del viaje, recibió visitas: casi trescientas personas invadieron sus aposentos, entre ellas Benjamín Franklin, representante de la revolución norteamericana. Trajo a su nieto para que Voltaire le diese su bendición. Un sacerdote también vino a verlo para la confesión:

—¿Quién lo envió, señor cura?
—Dios en persona …
—Bien, bien …, veamos entonces sus credenciales…

Más tarde pidió al abate Gauthier que viniese a confesarlo. Gauthier le rehusó la absolución, a menos que Voltaire confirmara públicamente su fe en la doctrina católica. El moribundo lo despachó y dictó a su secretario esta declaración: “Muero adorando a Dios, amando a mis amigos, sin odiar a mis enemigos y detestando la superstición. Febrero 28, 1778”.

Casi a la muerte, hizo una visita a la Academia Francesa, donde habló y recibió tremenda ovación de su público aglomerado dentro y fuera del edificio. Fue a ver su pieza Irene en el teatro, mientras el médico imploraba que se cuidase. Voltaire le pidió que al menos lo dejase morir en paz. Quería morir exactamente así: rodeado por sus amigos y disfrutando de la vida.

Murió el 30 de mayo de 1778. Y sobre su tumba pidió que sólo escribiesen: “El defendió a Calas”. Era la acción de la cual más se enorgulleció en la vida. En París rehusaron darle sepultura cristiana. Los amigos cargaron el cuerpo en un carruaje, haciendo creer que todavía estaba vivo, y consiguieron enterrarlo en Salliers.

Doce años después, la Asamblea Nacional de la Revolución Francesa obligó a un disgustado Luis XVI a traer sus restos al Panteón de París. Setecientas mil personas acompañaron el cortejo. Y, sobre el coche fúnebre, escribieron dos pensamientos: “El dio a la mente humana una gran impulso. El nos preparó para la libertad”.

Frases de Voltaire (Provervio.net)

Buscamos la felicidad, pero sin saber dónde, como los borrachos buscan su casa, sabiendo que tienen una.
Felicidad

Todo les sale bien a las personas de cáracter dulce y alegre.
Alegría

La idiotez es una enfermedad extraordinaria, no es el enfermo el que sufre por ella, sino los demás.
Idiotez

No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé con mi vida tu derecho a expresarlo.
Derechos

Quienes creen que el dinero lo hace todo, terminan haciendo todo por dinero.
Dinero

Una de las supersticiones del ser humano es creer que la virginidad es una virtud.
Virtud

La ignorancia afirma o niega rotundamente; la ciencia duda.
Ciencias

Es peligroso tener razón cuando el gobierno está equivocado.
Gobierno

La esperanza es una virtud cristiana que consiste en despreciar todas las miserables cosas de este mundo en espera de disfrutar, en un país desconocido, deleites ignorados que los curas nos prometen a cambio de nuestro dinero.
Esperanza

Suerte es lo que sucede cuando la preparación y la oportunidad se encuentran y fusionan.

Fortuna

Ideas de Voltaire Sobre el Parlamento Inglés

“A los miembros del Parlamento cíe Inglaterra les gusta compararse con los antiguos romanos en todo lo que pueden. (…) Hay un Senado en Londres, de algunos de cuyos miembros se sospecha, equivocadamente, sin duda, que venden sus votos llegado el caso, como se hacia en Roma: ése es todo el parecido. (…) El fruto de las guerras civiles en Roma fue la esclavitud, y el de los disturbios en Inglaterra la libertad. La nación inglesa es la única que ha llegado a regular el poder de los reyes resistiéndoles, y fue, de esfuerzo en esfuerzo, ha establecido finalmente ese gobierno, sensato, en que el Príncipe, todopoderoso para hacer el bien, tiene las manos atadas para hacer el mal; en el que los señores son grandes sin insolencia y sin vasallos y en que el pueblo comparte el gobierno sin confusión. La Cámara de los Lores^s y la de los Comunes son los árbitros de la nación, el rey es el supcrárbitro. (…) su meta no es la brillante locura de hacer conquistas, sino impedir que sus vecinos las hagan. Usté pueblo no es solamente celoso de su libertad, lo es también de la de los otros. Los ingleses se encarnizaron contra Luis XIV únicamente porque le creían ambicioso. Le hicieron la guerra jubilosamente, sin duda sin ningún interés. Ha costado ciertamente establecer la libertad en Inglaterra; en mares de sangre se ha ahogado el ídolo del poder despótico; pero los ingleses no creen en absoluto haber comprado demasiado caro las buenas leyes. Las otras naciones no han tenido menos disturbios, no han derramado menos sangre que ellos; pero esta sangre que han derramado por la causa de la libertad no ha hecho más que cimentar su servidumbre.”

Voltaire (1694-1778). Cartas Filosóficas

La Democracia Liberal Principios Concepto Sufragio Restringido Resumen

El régimen político es el conjunto de reglas, normas e Instituciones que en una sociedad regulan la lucha por el ejercido del poder. La vigencia de un régimen político de democracia liberal —tanto en una monarquía constitucional como en una república— significa, en primer lugar, Ja aceptación de que la fuente del poder reside en el pueblo y que éste la delega a los gobernantes.

De acuerdo con este principio, los gobernantes aceptan que su poder tiene límites. Estos límites se derivan del reconocimiento de un conjunto de derechos y garantías en relación con la vida, bienes y actividades de los habitantes del país.

La vigencia de un régimen político de democracia liberal significa también la división de las funciones legislativas, judiciales y ejecutivas de gobierno; y el reconocimiento y vigencia del derecho de los ciudadanos de participar en la elección y ejercicio del gobiérnela través, del sufragio en elecciones periódicas.

Desde el siglo XIX en adelante, los regímenes políticos de democracia liberal fueron más restringidos o más amplios de acuerdo con el menor o mayor número de habitantes reconocidos como ciudadanos con derecho a voto.

EL CAMINO HACIA LA DEMOCRACIA LIBERAL
En el período comprendido entre 1850 y 1914, la sociedad burguesa debió enfrentar un problema político fundamental: el de su democratización. Para los gobiernos de la segunda mitad del siglo XIX la democracia política era un problema porque permitía la participación en el gobierno de la mayor parte de la población. Y como esa mayoría era pobre —y cada vez más a partir del desarrollo del capitalismo—, los grupos sociales con poder económico y político pensaban que no estaba capacitada para dirigir los asuntos públicos en una dirección que asegurara un mayor bienestar para todos los integrantes de la sociedad.

En diferentes momentos de la segunda mitad del siglo XIX, la democracia liberal se consolidó como régimen político en los Estados Unidos de América y en casi toda Europa —en los países de la región occidental antes que en los de Europa oriental—, poco a poco, se fue difundiendo también en otras regiones del planeta, como América Latina y el Japón, por ejemplo. Sin embargo, los gobiernos que impulsaban el establecimiento de constituciones liberales y asambleas soberanas elegidas por sufragio, por otro lado, limitaban el derecho a votar y a ser elegido de la mayor parte de los ciudadanos varones y de todas las mujeres.

Esta contradicción reflejaba el sentimiento de los grupos sociales más poderosos: aceptaban la democratización como inevitable pero temían sus resultados. En cada sociedad, el problema de establecer un régimen político de democracia liberal y avanzar en la democratización real de la política tuvo desarrollos particulares y las situaciones resultantes fueron también diversas.

El liberalismo se había ido conformando como una corriente ideológica a partir de las ideas del filósofo inglésJohn Locke (1632-1704) y de los franceses Montesquieu (1689-1755) y Jean Jacques Rousseau (1712-1778). A mediados del siglo XIX, afirmaba los siguientes principios como los fundamentales que debían organizar la vida de los hombres en sociedad: el reconocimiento de que los hombres son libres e iguales en derechos: a la vida, a la libertad, a la seguridad, a la felicidad y a la propiedad privada, individual e ilimitada; la aceptación de que la autoridad del Estado se originaba en el acuerdo o pacto que los integrantes de una sociedad realizaban entre sí para poner límites a sus propios derechos y asegurar la convivencia; la vigencia de un Estado de derecho limitado en su poder y en sus funciones por la Constitución y las leyes que protegen jurídicamente los derechos de los individuos. El liberalismo fue la ideología de los grupos burgueses cuyo poder social y económico crecía junto con el desarrollo del capitalismo industrial.

Desde mediados del siglo XIX, entre los liberales comenzó a desarrollarse un movimiento democrático que, sin dejar de lado los principios del liberalismo, se propuso avanzar hacia un mayor grado de igualitarismo en la organización política de las sociedades. Los liberales .reformistas comenzaron a proponer reformas en la organización política de sus sociedades con el objetivo de permitir una mayor participación del conjunto de la población en la elección y en el ejercicio del gobierno a través del sufragio universal.

Fue frente a este movimiento democrático que, a partir de la segunda mitad del siglo XIX, comenzó a afirmarse el conservadurismo. En las primeras décadas del siglo, los conservadores se diferenciaban de los liberales afirmando que la monarquía, la organización eclesiástica, la familia, la propiedad privada, el sistema de privilegios y las corporaciones profesionales eran instituciones divinas y que la autoridad del Estado existía para defenderlas. Estas ideas expresaban, en esa época, los intereses de los grupos privilegiados del antiguo régimen.

Más tarde, a medida que avanzaba el reformismo democrático, se consideró conservadores a los grupos de la burguesía que se oponían al establecimiento del sufragio universal y a otras reformas políticas, que tendían hacia la democratización. Frente a este problema, los conservadores justificaban su oposición afirmando que las mayorías sólo podían expresar la voluntad de los más ignorantes pero en ningún caso la verdad.

lucha por los derechos civiles

La lucha por el sufragio femenino. Desde mediados del siglo XIX, un número cada vez más grande de mujeres se incorporaban a las actividades laborales. Y al tiempo que lo hacían, comenzaban a reclamar por la igualdad de sus derechos cívicos. Una de las demandas principales fue el derecho al voto. Y para lograrlo organizaron su lucha a través de huelgas de hambre y manifestaciones callejeras. Sin embargo, recién a principios del siglo XX alcanzaron el derecho al sufragio: en Estados Unidos fue en 1920 y en Gran Bretaña en 1928. En otros países las reformas recién se produjeron hacia 1940. En la imagen podemos observar una concentración pública de mujeres sufragistas realizada en Nueva York, en 1915.

LAS DEMOCRACIAS LIMITADAS

“Entre 1880 y 1914 la mayor parte de los Estados occidentales tuvieron que resignarse a lo inevitable. La política democrática no podía posponerse por más tiempo. En consecuencia, el problema era cómo conseguir manipularla… Por ejemplo, se podían poner límites estrictos al papel político de las asambleas elegidas por sufragio universal. Se podían mantener también elementos -del sufragio calificado, que exigía un determinado nivel de educación para poder votar. Además se podía influir en el número de votos que cada partido podía obtener manipulando los límites de los distritos electorales (teniendo en cuenta que en las diferentes regiones del territorio vivían mayoritariamente miembros de un determinado grupo social). Finalmente, las votaciones públicas podían suponer una presión para los votantes, especialmente cuando había señores poderosos u otros jefes que vigilaban el proceso.”

Eñe J. Hobsbawm, historiador inglés contemporáneo, La era del Imperio

Fuente Consultada: Historia Argentina y el Mundo Contemporáneo Alonso-Elisalde-Vázquez

Causas y consecuencias de la expansión colonial:el imperio britanico y francés

CONSECUENCIAS EN LAS COLONIAS

La repercusión sobre los países colonizados fue inmensa. Miége dice gráficamente que surge una nueva geografía. El impacto de Europa se deja sentir en primer lugar en las costas, donde se construyen puertos con instalaciones modernas; más tarde en el interior, al que se accede por vías férreas. Surge una nueva estructura de las comunicaciones.

En todas partes se intentó fomentar un cultivo básico, por ejemplo el caucho en Indochina, el cacao en Nigeria, el café en Tanganika. La producción aumentó. En Argelia los viñedos se multiplicaron por cuatro entre 1881 y 1895; Indochina exportaba en 1900 un millón de toneladas de arroz. Las colonias compran productos a la metrópoli; la economía de mercado suscita la necesidad del papel moneda, con lo que la economía monetaria se yuxtapone a la de subsistencia, característica del período precolonial.

En el orden demográfico se consiguen las primeras victorias contra las enfermedades tropicales, se instalan hospitales y se aplican terapéuticas europeas; pero, al mismo tiempo, el progreso de las comunicaciones permite una difusión más rápida de las epidemias, y el contacto con los europeos provocó en algunas sociedades una disminución de la población, como en Nuevas Hébridas, donde se redujo a 1/20 desde principios del siglo XIX. En general, el descenso de la mortalidad, con mantenimiento de una natalidad alta, favoreció el incremento de la población.

Las sociedades indígenas experimentaron transformaciones profundas. La vida urbana rompió las estructuras tribales. Una burguesía de negociantes y funcionarios se instaló en los niveles más altos de la escala social. Incluso en el campo se produjeron cambios, con la introducción de nuevas plantas, la extensión de la agricultura comercial y la moneda.

En el orden intelectual misioneros, escuelas, edición de periódicos produjeron un retroceso del analfabetismo. Pero, por otra parte, el impacto de la cultura occidental hizo perder su identidad a las culturas indígenas, perturbó sus creencias y tradiciones. Este drama de la aculturación explica que los movimientos nacionalistas hayan levantado como bandera en la descolonización la recuperación de la cultura nacional.

Es indudable que pueden hallarse bastantes aporta-clones positivas, pero en el conjunto predominan las negativas; las viejas civilizaciones fueron destruidas, sus lenguas desplazadas, la industrialización prohibida, en algunas zonas se produjo la segregación racial, el mantenimiento de los indígenas en empleos inferiores y barrios apartados.

CONSECUENCIAS EN LAS METRÓPOLIS

Por el contrario, las potencias europeas, sin otro sacrificio que el riesgo de lo desconocido, obtuvieron ventajas indudables.

En el orden demográfico las colonias de poblamiento constituyeron áreas geográficas para resolver los excedentes de mano de obra en una crisis económica, como ocurrió en los años difíciles para la economía británica.

En otros casos fue la salida de urgencia en crisis políticas. Muchos franceses huyeron a Argelia tras la represión de 1848. Y bastantes alsacianos prefirieron vivir en África antes que bajo dominio alemán después de la guerra de 1870. No obstante, hay que aclarar que el núcleo principal de la emigración europea no se dirigió a las nuevas colonias sino a las naciones independientes, ex colonias como Estados Unidos, Canadá y Argentina.

En el orden económico, ultramar incrementó las posibilidades de inversión de capitales y multiplicó los beneficios. Gran Bretaña obtuvo rentas de 35 millones de libras esterlinas en 1870 y más de cien millones en 1900, en una espiral de rentabilidad que alcanzó los doscientos millones en 1913. Un aspecto básico fue la obtención de materias primas a bajo coste. Caucho, algodón, fosfatos, lana, proveyeron a la industria europea. Las colonias suponían un área preferente para las metrópolis. A pesar de ello no deben exagerarse las ventajas, porque en el caso francés se ha comprobado que sólo una parte de los negocios galos se hacia en las colonias en vísperas de la Primera Guerra Mundial.

También habrían de anotarse repercusiones psicológicas, en torno a la idea de la supremacía blanca y europea. Rudyard Kipling seria el máximo cantor de la supremacía inglesa, apoyada en el Imperio.

En el orden de las relaciones internacionales, las potencias coloniales, por el mero hecho de su condición de metrópolis de imperios, disfrutaron durante la era del imperialismo de un rango que les proporcionaba ventajas en los Congresos, aunque su agenda no incluyera asuntos de la colonización; más se escuchaba a Londres o a Paris, o a Berlín cuando Alemania se convirtió en potencia colonial, que a gobiernos europeos que no administraban colonias o que habían perdido posiciones, como ocurrió al gobierno de Madrid.

No obstante, en el momento de hacer un balance, habría que distinguir entre los beneficios públicos y privados. Sin duda la hacienda de las metrópolis se vio beneficiada, aunque al tiempo que ingresos tenía que contabilizar costos. No obstante, los principales beneficiarios de la colonización fueron compañías privadas. Se ha estudiado la acumulación de beneficios obtenida por bancos franceses con sus inversiones en colonias, pero fueron todavía superiores los recogidos por ingleses, holandeses y belgas.

Causas del Imperialismo:el reparto de africa Expansion Colonial

LÍNEAS MAESTRAS DEL REPARTO

Mientras América se emancipa y Asia presenta zonas de colonización bien delimitadas —los ingleses en el Sur, los franceses en el Sudeste—, África es en el siglo XIX el continente en el que confluyen, de forma confusa, las apetencias de todas las potencias colonizadoras; es el continente del reparto, no exento de tensiones y choques. En África con parecen ingleses y franceses, superpotencias del imperialismo, pero también belgas, alemanes, italianos, portugueses y españoles.

En 1880 era un continente desconocido, en el que los europeos ocupaban únicamente una serie de posiciones costeras; en 1914 está totalmente repartido entre las potencias europeas y sólo subsisten dos Estados independientes: Liberia y Etiopía. En la complicada historia del reparto podemos encontrar algunas líneas maestras:

  1. a)     Ocupación inicial de la costa. Desde las posiciones costeras se penetra hacia el interior. El objetivo ideal sería alcanzar la costa opuesta y formar un imperio continuo, ambición que sólo estuvo a punto de con seguir Inglaterra.
  2. b)     Aspecto legal. ¿Es el descubrimiento o la ocupación efectiva la que otorga derecho de explotar un territorio? La conferencia de Berlín de 1885 se inclina por la ocupación, lo que acelera el ritmo de la colonización y la aparición apresurada en el mapa africano de los países que todavía no habían iniciado la formación de un Imperio.
  3. c)     Penetración por los valles de los ríos. Con la ocupación del valle se considerará que se tiene derecho a la ocupación de la cuenca entera y a la formación de una coloniasobre ella. Es el caso del Nilo, del Niger y del Congo.
  4. d)     La ocupación es paulatina, casi lenta. Al principio no se piensa en colonias, sino en factorías, en bases costeras de aprovechamiento. La doctrina imperialista es tardía, empírica, se forma tras la ocupación real de las primeras colonias.
  5. e)     La clave de la ocupación africana está en Egipto y en el valle del Nilo. Aunque hubo problemas complicados, como el del Congo, la base de todos los planteamientos es la defensa inglesa del valle del Nilo y el intento francés de llegar a él. En general, todos quieren llegar al Ni lo, tanto si parten del Atlántico como del Indico.

La complejidad del reparto de África quedó reflejada en el Acta de la Conferencia de Berlín, en la que se habla de territorios, pero también de la libertad de comercio en la cuenca del Congo y de navegación en el Níger, así como la protección a los indígenas, y a viajeros y misioneros en el ejercicio de su actividad.

COSTAS Y RIOS, EJES DE LA COLONIZACION DE AFRICA

La costa mediterránea
La costa mediterránea parece ser una zona reservada a Francia hasta la aparición de los ingleses en Suez. Los franceses han iniciado la ocupación de la costa argelina en 1830, bajo Carlos X. Va a ser una colonia de poblamiento europeo: en 1870 viven en Argelia 250.000 franceses y en 1914 ya 800.000. Sobre Túnez se volcaban las apetencias francesas, inglesas —tras la construcción del canal de Suez— y alemanas. Son los franceses los que consiguen instalar una especie de protectorado. La doctrina del protectorado tarda en elaborarse; por el Tratado del Bardo (1881) se establece una ocupación militar temporal; en la convención de La Marsa (1883) se habla de tutela, con la que se priva al protegido de autogobierno.

Suez y el valle del Nilo
La presencia de los ingleses en Suez se produce cuando, en 1878, Egipto no puede pagar los intereses de las acciones inglesas y francesas del Canal y se ve obligado a confiar la gestión de sus finanzas a las dos potencias europeas. Un movimiento nacionalista provoca una matanza de europeos en Alejandría: es el momento esperado por los ingleses para ordenar el desembarco de Wolseley y la ocupación militar del país, con la ficción del mantenimiento de la administración egipcia. Los ataques de los sudaneses obligan posteriormente a los ingleses a avanzar hacia el Sur, a lo largo del valle del Nilo

Vías de penetración en la costa occidental
En la costa occidental tres grandes ríos señalan la penetración de tres países: por el Congo se expansionan los belgas, que heredan los derechos de la sociedad internacional —presidida por el rey Leopoldo II— que ha explorado la zona; los franceses remontan el Senegal, por medio de Faidherbe; los ingleses el Níger, dirigidos por Goldie. Las cuencas del Senegal y el Níger no plantean problemas.

 No ocurre lo mismo con el Congo, en cuya orilla derecha se ha establecido el francés Brazza, y en cuya desembocadura los portugueses han instalado el enclave de Cabinda. La complejidad de la colonización en el Congo provoca la convocatoria del Congreso de Berlín (1885), en el que se determina la existencia de un Esta do libre del Congo —en realidad controlado por los belgas—, se delimita la zona francesa, en la orilla derecha, y se dibuja otra zona que quedará bajo control internacional. Después del Congreso la mayor actividad en la costa Oeste es la francesa; con la penetración hacia el interior se empieza a pensar en la unión con la costa mediterránea y en la constitución de un África Occidental Francesa.

En la costa oriental africana no existían grandes Esta dos en tierra firme, ni tampoco un comercio intenso, a excepción del marfil, que era transportado por esclavos. Por este motivo, Inglaterra no deseaba establecer en Zanzibar un protectorado británico. Pero la presencia ale mana, representada por la Compañía Alemana del África Oriental, incita a los ingleses a defender sus bases y a declarar que los puertos de Mombasa y Zanzíbar son vitales para las comunicaciones con la India. Ante esta situación, Salisbury y Bismarck se dividen en el año 1886 la tierra firme, el Norte para los ingleses, el Sur para los alemanes.
Es la hora de los italianos, espoleados por las ansias colonizadoras de Francesco Crispi; desde el puerto de Massaua en el mar Rojo se expansionan hacia Eritrea y posteriormente hacia Etiopía, lo que provoca el recelo de los ingleses ante la aproximación al valle del Nilo. Los italianos son obligados a detener su avance, aunque se les reconoce, como compensación, la posesión de una parte del territorio somalí.

Conflicto anglo-francés. Incidente de Fachoda
Los últimos capítulos de la ocupación africana se localizan en el valle del Nilo. Los franceses, con apoyo ruso, exigen el abandono del valle por los ingleses, mientras penetran desde el Sahara Occidental hasta el Chad, camino del alto Nilo. En 1895, Grey avisa a los franceses de que un avance hasta el Nilo será considerado inamistoso.

Todavía existía en África una zona sin ocupar, el Sudán. Los ingleses la invaden para ayudar a los italianos, derrotados en Etiopía: Los franceses avanzan hacia el Sudán desde el Oeste, los ingleses desde el Norte y el Sur. En Fachoda se encuentran los ejércitos de Mar chand y Kitchener. La retirada del francés Marchand permite el control del valle del Nilo exclusivamente por los ingleses y la constitución de un imperio casi continuo, Norte-Sur, como soñaba Cecil Rhodes, de El Cairo a El Cabo, únicamente interrumpido por el África Oriental Alemana.

Reparto consumado: África ha sido ya totalmente repartida; los ingleses se han llevado la parte del león: el valle del Nilo con su algodón y el Sur del continente con su oro y diamantes, dos zonas que tienen además el valor estratégico de apoyos en las dos rutas de la India. Francia ha constituí-do un imperio sólido en la zona occidental. Los belgas han podido reservarse una colonia de inmensas riquezas.  Los portugueses se han establecido en Angola y Mozambique, pero no han podido unirlas por rutas terrestres, por la presencia inglesa en Rhodesia; es un conflicto similar al de Fachoda, el cruce de un imperio que intenta extenderse de Oeste a Este con otro que lo hace de Norte a sur.

África vio llegar oleadas de misioneros, exploradores y comerciantes, que llevaban la Biblia y la “civilización” en una mano, y en la otra armas y productos de comercio, y, poco después, las columnas armadas que ocuparían el interior. Era frecuente que unos y otros se dedicaran a hacer firmar a jefes iletrados cartas de concesión de nuevos territorios, que estaban destinados a redondear las cabezas de puente ya adquiridas.

Gracias a estos procedimientos, los franceses, los ingleses y los belgas se quedaron con la parte del león y dejaron muy poco disponible para los que venían detrás. Alemania e Italia llegaron más tarde y sus posesiones no fueron ni tan extensas ni tan duraderas como las de las demás metrópolis. Al terminar la primera guerra mundial las colonias alemanas pasaron a manos de sus vencedores y al terminar la segunda las italianas adquirieron rápidamente la independencia. Completado el reparto, África entraba en la historia por haber perdido su libertad.

Todas las colonias padecieron el flagelo del “trabajo forzoso” disfrazado como contribución personal para la puesta en marcha de la infraestructura, o como adquisición de salario para el pago de impuestos. Por la otra, puesto que no poseían una población abundante, se aplicó una política generalizada, que tendía a “fabricar negros”, con el objeto de aumentar el ejército de trabajadores.

No era otro el fin de las medidas adoptadas para erradicar las enfermedades endémicas, evitar la muerte de niños, contrarrestar las prácticas anticonceptivas y prolongar la vida de los adultos. Es probable que también intervinieran en este caso consideraciones de tipo humanitario, pero la frase citada es suficientemente elocuente como para despojar al evidente esfuerzo sanitario de propósitos altruistas. Lo cierto es que en África la curva demográfica se modificó, mostrando un neto predominio de los grupos más jóvenes, que desde entonces fueron empleados localmente o enviados a las metrópolis cuando escaseaban allí los obreros no especializados.

Francia albergaba, en la década de 1950, más de medio millón de norafricanos carentes de toda calificación, que desempeñaban las tareas despreciadas por los obreros metropolitanos y constituían un subproletariado indeseable, relegado a condiciones económicas y sociales que ningún europeo hubiera acepado. Pero más todavía: la abundancia de trabajadores permitía fijar los salarios locales a un nivel estrictamente fisiológico. Los abusos en este sentido fueron tan desorbitados, que los gobiernos intervinieron en varias oportunidades para establecer salarios mínimos.

En las zonas más industrializadas, donde había obreros europeos —los “pequeños blancos”— o coexistían varias comunidades de diferente nacionalidad (como en África del Sur y oriental),la colonización impuso tasas de salarios diferentes para cada grupo, aun si las condiciones de trabajo eran las mismas. “A cada raza su salario”, era el principio, y en esta escala descendente, el negro ocupaba siempre el lugar inferior. El caso extremo se observó en Sudáfrica: en 1926 se sancionó legalmente la “barrera de color”.

Esta implicaba innumerables vejaciones sociales y limitaciones políticas para los autóctonos, pero, lo que era más grave todavía, implicaba que tenían vedada toda perspectiva de especialización laboral y que los trabajos calificados sólo podían ser desempeñados por los blancos. De este modo, la masa de trabajadores, constituida por los negros, estaba siempre peor pagada que la estrecha y exclusivista capa de proletarios blancos.

La colonización fue, pues, un todo coherente. Un sistema creado para el exclusivo enriquecimiento de las metrópolis y en el que todas y cada una de sus manifestaciones concretas actuaba como disolvente de las sociedades tradicionales. Pero el capitalismo, que en el siglo XIX había sido capaz de reordenar la sociedad de Europa occidental sobre bases modernas, no ofreció al África del siglo XX idénticas posibilidades y se limitó a crear una economía específica sin gran poder de estructuración social.

En Kalanga una sola empresaempleaba el 42%
de la población masculina adulta

Los rebeldes primitivos africanos
A pesar de que la trata de esclavos (practicada casi sin interrupción desde el siglo XVI, en la costa occidental por los europeos y en la oriental por los árabes), debilitó a muchos reinos, y los conflictos internos terminaron con otros, a comienzos del siglo XIX estaban nuevamente en pie, gracias sobre todo a dos hombres extraordinarios, Usman dan Fodio, el musulmán, y Chaka, el zulú, que lograron el apoyo de inmensas masas populares. Sus sucesores e imitadores prolongaron y multiplicaron la acción de estos precursores,
volcando contra el extranjero la fuerza que aquéllos habían desatado.

El primero predicó en la zona sahelosudanesa. Fue un reformador religioso, difusor de un islam purificado que despertó el entusiasmo de las poblaciones y las lanzó a la guerra santa contra los infieles y a la conquista de nuevos territorios. De este impulso nacieron vastos Estados teocráticos, regidos por místicos gobernantes que lucharon contra los invasores con espíritu de cruzada. Es probable que tal reacción obedeciera más al deseo de conservar sus posesiones qué al de defender la independencia local, pero tal consideración no echa sombra sobre su papel de brillantes antecesores de los movimientos de liberación.

Entre los más notables de estos expertos jefes de guerra, que estuvieron muy lejos de ser los brutos sanguinarios que se empeñaron en mostrar los historiadores del colonialismo, cabe señalar a El Hadj Ornar, el legendario enemigo del francés Faidherbe, pertinaz defensor de sus posiciones sobre el río Senegal; a Samory, que contuvo a los franceses durante seis largos años en la zona oriental de la actual Guinea, y a Rabah, un soldado que se había tallado un imperio en las cercanías del lago Chad y que sólo pudo ser vencido cuando tres columnas galas lo atacaron simultáneamente desde tres puntos cardinales. Mejor entroncados con la tradición histórica y más homogéneos en su constitución, puesto que nada debían a la influencia islámica, fueron el reino de Abomey (Dahomey actual) y la confederación Ashanti (norte de Ghana).

Aquél asombró a los franceses por la disciplina y el valor de su ejército y ésta exigió a los ingleses tres guerras sucesivas antes de declararse vencida y entregar el trono de oro, símbolo de los espíritus de todo el pueblo. En cuanto a Chaka, el Napoleón zulú, tuvo como escenario el África austral. Con sus hombres transformados en implacable máquina de guerra, arrasó el territorio de Natal, sometiendo o expulsando a sus primitivos habitantes, y gracias a él, la “nación” zulú entró en la historia.

Sus sucesores se dedicaron a ampliar sus conquistas, logrando dominar toda la región desde Natal al lago Victoria. En sus desplazamientos —que abarcaron más de tres mil kilómetros— empujaron a otras tribus y provocaron profundas conmociones en Sudáfrica. Puesto que simultáneamente se estaba introduciendo la migración de los boers y la penetración de los ingleses, los avances europeos tuvieron que realizarse lenta y paulatinamente, dejando para los bantú islotes de relativa independencia en medio de las posesiones blancas.

Imperio britanico y francés:colonialismo europeo Resumen Imperialismo

FORMACIÓN DEL IMPERIO FRANCÉS 

Francia es la otra potencia que consiguió formar un Imperio colonial de importancia mundial. De todas formas, sus bases eran más precarias que las del Imperio Británico. Los franceses tenían menos tendencia a emigrar; sólo unos 20.000 anuales en los años 90 (frente a los 300.000 ingleses). Y ninguna de sus colonias ofrecía una importancia económica semejante a la de Canadá, Australia o la India. La expansión francesa se orienta en primer lugar al control del África mediterránea; Argelia es la zona de colonización a la que emigran las familias francesas.

La importancia estratégica excepcional de Suez la comprendieron antes que los ingleses; con capital francés y proyecto del ingeniero Fernando de Lesseps, se construyó el canal, que se inaugura en 1869. Aparte del espacio mediterráneo y las posesiones africanas, los franceses se establecieron en el Sudeste asiático: una colonia en el delta del Mekong —Cochinchina— y un protectorado en un reino vecino: Camboya.

Hasta 1870 Francia no tenía una política colonial de amplias perspectivas. También en Francia una crisis económica, provocada por la derrota en la guerra contra Prusia, empuja a los sucesivos gobiernos —Gambetta, Ferry, Delcassé— a procurar la recuperación del país con la explotación de colonias.  

Jules Ferry es no sólo el político imperialista por excelencia sino también uno de los mejores teóricos del colonialismo. La colonización de Argelia, el protectorado sobre Túnez y la penetración en África, datan de este periodo de fin de siglo.  

A partir de 1873 los franceses, partiendo de Cochinchina, remontan el no Mekong y buscan una vía de penetración hacia China. Ocupan Annam, Tonkin (panes del Vietnam actual) y Laos. Con todos los territorios ocupados se forma la Unión Indochina. En los deltas se expansionan los arrozales, la población crece rápidamente. Por el puerto de Haiphong sale carbón, estaño y zinc para Francia, que dispone además de grandes cantidades de arroz indochino.

Pieza clave en el Imperio Francés será la extensa isla de Madagascar. La ocupación comienza con una intervención en 1883. La figura destacada de la colonización es Galliéní, que preconiza una ocupación lenta y progresiva con un mínimo de destrucciones, funda escuelas, impulsa los traba los portuarios y ferroviarios.

En menor escala que Inglaterra, Francia entra en el siglo XX con un Imperio que supone el control de algunas líneas comerciales y la abundancia de materias primas y alimentos.

 OTRAS EXPERIENCIAS COLONIZADORAS

Otras potencias consiguieron territorios sin la cohesión de un imperio multicontinental, porque no llegaron a tiempo o carecían de fuerza suficiente para su control.

Bélgica se anexionó el riquísimo Congo en 1908, con lo que multiplicaba su territorio y sus riquezas. No se trató de una empresa nacional sino de una empresa privada pilotada por el rey Leopoldo II, quien formó una compañía, absorbió la mayoría de las acciones y a su muerte legó a su país esta gigantesca colonia.

Holanda, al igual que Portugal, tuvo la ventaja del apoyo en posesiones ocupadas desde la Edad Moderna. Dos notas deben resaltarse en la colonización de la Insulindia holandesa: un rápido e inteligente proceso de sustitución de producciones, al promover la de los artículos de plantación tradicionales, azúcar, café, nuez moscada, índigo, por productos nuevos de la era industrial: quinina, caucho y petróleo; y una auténtica explosión demo gráfica en las islas índicas, que le proporcionó abundan te mano de obra.

Alemania compareció tarde en el reparto del mundo. La presión de los comerciantes contribuyó al viraje de la política colonial de Bismarck, quien en el Congreso de Berlín (1884-1885) maniobró para conseguir reservas en África. Y efectivamente parte del África oriental se convertiría en el botín colonial alemán.

Formación del imperio Británico y Frances Nuevos Estados en Europa

LAS BASES DEL IMPERIO

Inglaterra se anticipa a las restantes potencias en la toma de posiciones; después de la desaparición del primerImperio colonial francés y de la emancipación de la América española permanece como el único imperio colonial europeo. Hacia 1850, dispone:

a)  De una cadena de escalas, conquistadas en su mayoría a franceses, holandeses y españoles durante los siglos XVIII y XIX: Malta, Corfú y las islas Jónicas en el Mediterráneo; Gibraltar, Santa Elena, El Cabo, isla Mauricio, Adén, Ceilán, en la ruta de las Indias; Singapur y Hong Kong en la ruta de China.

b)    Establecimientos comerciales en la costa africana:

Sierra Leona y Gambia, que en el siglo XVIII habían sido centros de la trata de esclavos, ahora abolida.

c)   Colonias de plantación, que suministran productos tropicales: Antillas, Honduras, Guayana.

d)  Colonias de poblamiento blanco, destinadas por sus condiciones climáticas, a absorber excedentes de población emigrante: Canadá, Australia, Nueva Zelanda, África del Sur, zona esta última inestable, de continuos conflictos con los

e)    Una colonia de explotación típica, la India, administrada desde 1777 por la Compañía de las Indias Orientales, y que juega un papel creciente en la economía británica, especialmente como proveedora de algodón. Inglaterra se afana en controlar sus accesos, por esta razón ordena Disraeli en 1875 la compra de 176.000 acciones del canal de Suez, y en aislarla de otras colonias europeas con Estados tapones, como los protectorados de Cachemira, Beluchistán y Afganistán. La India es, por tanto, el eje del Imperio.

La crisis económica de 1882, en la cual confluyen años de malas cosechas y la competencia de los productos baratos que sitúan en los mercados Estados Unidos y Alemania, obliga a muchos ingleses a buscar fortuna lejos de la metrópoli. De 200.000 a 300.000 ingleses salen todos los años, primero hacia Estados Unidos, más tarde preferentemente hacia las colonias, aunque no desaparezca la emigración hacia Norteamérica. Disraeli habla con entusiasmo del Imperio; Gladstone titubea, pero se ve obligado en muchos puntos a continuar la política de los conservadores, quienes desde 1886 dan nuevo impulso, con Salisbury y Chamberlain, a la expansión imperial. Lord Curzon exclama: “El Imperio Británico es, después de la Providencia, el bien más grande que ha habido en el mundo.”

A principios del siglo XX, Inglaterra dispone de un Imperio de 33 millones de km2 con 450 millones de habitantes , aproximadamente la cuarta parte de la población mundial. Los problemas de tan vastos territorios llegan a ser un peso para sus finanzas y debilitan su posición in­ternacional en Europa. Es el momento de poner fin a la expansión y de frenar a Alemania, para lo cual rompe su tradicional aislamiento y se aproxima diplomáticamente a Francia y Rusia. En todas partes ha podido construir la infraestructura ferroviaria y de puertos, o efectuar traba­jos de irrigación en la India y Egipto, puesto que capita­les no faltan en la isla. Las colonias de plantación han al­canzado su rendimiento máximo: algodón en la India y Egipto, yute en la India, té en Ceilán, hevea en Malasia. Los territorios de población blanca, débilmente poblados, le envían excedentes de carne, trigo y lana. Las minas de Africa del Sur, Australia y otros países ponen a su dispo­sición oro y diamantes, estaño, cobre.

 DOMINIOS Y COLONIAS 

En este Imperio, base de la potencia económica inglesa, pueden distinguirse dos tipos de territorios: los “dominios” y las “colonias de explotación”.

Los dominios eran zonas de poblamiento, es decir, las preferidas para instalarse de modo definitivo los emigrados de Inglaterra. Disfrutaban de amplia autonomía y tenían instituciones de gobierno semejantes a las inglesas: Parlamento, partidos políticos.

Canadá, Australia, Nueva Zelanda y la Unión Sudatricana, pertenecen a este grupo. En Canadá se trataba de retener a los inmigrantes que se proponían pasar a Estados Unidos; para ello se distribuyeron tierras gratuitas o a bajo precio. La pradera canadiense se convirtió en uno de los graneros del mundo. En Australia se procuró evitar la inmigración amarilla; en sus inmensos espacios desiertos empezaron a aparecer granjas; el descubrimiento de minas de oro, las posibilidades de explotación de los rebaños de ovejas y de dar otra vez popularidad en Inglaterra a los tejidos de lana, atrajeron a hombres de la metrópoli. Eran casi totalmente libres en política interior; sólo un gobernador general representaba al rey de Inglaterra. La política exterior estaba controlada por la metrópoli, pero ésta trataba de armonizar los intereses de estos territorios con los propios, por medio de las Conferencias Imperiales, que reunían al primer ministro inglés y a los de los distintos “dominios”. La estructura del Imperio era, prácticamente, federal.

En la historia del Imperio Británico Africa del Sur supone un capítulo complicado. Los descubrimientos mineros de diamantes y oro atraen a los ingleses desde sus posiciones costeras en El Cabo y Natal hacia el interior, donde viven negros en las zonas más pobres, y blancos boers, descendientes de holandeses, en Orange y Transvaal; los boers son agricultores puritanos, hostiles al capitalismo industrial. Los ingleses les bloquean al anexionarse Basutolandia y Swazilandia alrededor de 1880

Disraeli proclama la incorporación de los Estados boers, pero una revuelta obliga a los británicos a abandonarlos. El cerco lo completa Cecil Rhodes, que soñaba con una África británica “desde el Cabo al Cairo’, al conquistar Bechuanalandia y Rodesia. La guerra de los boers dura tres años (1899-1902). Con la paz de Pretoria pierden su independencia pero conservan su lengua y obtienen promesas de cierta autonomía.

Las colonias de explotación, la India, África (excepto la Unión Sudafricana), suministran materias primas y carecen de la autonomía política de los dominios. La India, con sus casi cinco millones de km2 y sus 300 millones de habitantes, es la más importante. Desde mediados de siglo se sustituye la administración de la Compañía de las Indias por la directa de la metrópoli. Suministra a Gran Bretaña algodón, yute, trigo, aceites, té y algunos minerales, pero las hambres y la ruina del artesanado indígena provocan un movimiento nacionalista, del que es exponente la revuelta de los cipayos en 1859, que tardó dos años en ser dominada, en el Sur de la India.

En 1877 la reina Victoria es proclamada emperatriz de las Indias. En 1885 nace un partido político nacionalista, el Congreso Nacional Indio, que solícita la conversión en dominio, tomando como modelo a Canadá. Inglaterra se resistió a aflojar el control de un territorio cuya economía suponía tanto para su industria, pero concedió a jefes indígenas la administración local contribuyendo a la prosperidad comercial de ciudades, como Bombay y Calcuta.

Causas de la expansión colonial:imperio britanico y francés Resumen

CAUSAS DE LA EXPANSIÓN COLONIAL 
Se pueden señalar como motores de la expansión la demografía, la economía, la política y, finalmente, aspectos culturales e ideológicos.

  1. a) El crecimiento de la población europea provoca en muchos países una fuerte presión demográfica, que no tiene otra salida que el intento de muchas familias de iniciar una nueva vida en otros continentes.

Cuarenta millones de europeos abandonan sus patrias desde comienzos del siglo XIX hasta 1930, plazo que podría reducirse a 1850-1914; se trata de las migraciones más intensas de la historia. En los años 80 se alcanza la cifra de medio millón anual, en 1887 se llega a los ochocientos mil; es un proceso cada vez más acusado, en e! que incide el progreso del transporte —Leroy Beaulieu ha estudiado el papel decisivo que juegan

 los barcos de vapor— y fenómenos psicológicos de imitación; América se convierte en un señuelo, en una palabra prometedora de fortunas rápidas. En los puertos se señala la presencia de esta marea humana; las compañías transatlánticas hacen sus negocios con la afluencia de viajeros.

Este flujo migratorio fue estimulado también por los países de recepción, cuyas rutas estaban determinadas en gran parte por la identidad lingüística de las naciones de emigración e inmigración.

  1. b) Los factores económicos han sido sobre valorados, pero no pueden subestimarse. En otros continentes encuentran Inglaterra, Francia, Alemania, Holanda, Bélgica, campos de inversión para sus capitales; construyen la red de ferrocarriles, modernizan las instalaciones de los puertos, efectúan préstamos a los gobiernos que carecen de fondos para iniciar el desarrollo; son los aspectos financieros de la expansión.

La crisis económica de 1873 y el cambio de Trend, con un descenso de los precios, incline a las potencias al proteccionismo, con lo que se suscita la necesidad de encontrar nuevos mercados que no estén protegidos por barreras aduaneras; expansión colonial y proteccionismo suelen aparecer juntos. La búsqueda de materias primas para la industria contribuye a la aparición de europeos en minas y plantaciones; Los belgas encuentran en el Congo enormes riquezas mineras, los franceses se abastecen de seda en el Extremo Oriente tras la ruina de su sericicultura a mediados de siglo, los ingleses buscan algodón egipcio, especialmente precioso durante el “hambre de algodón provocada por la Guerra de Secesión norteamericana, los holandeses hacen de Insulindia un imperio de industrias de extracción.

  1. c) Los factores políticos, de prestigio, son muy claros en la expansión francesa, inspirada por el deseo de olvidar la vergüenza de la derrota de 1870. Las preocupaciones estratégicas determinan las líneas marítimas del Imperio Británico y están siempre presentes en el reparto de Africa. Para España la derrota del 98 señaló el inicio de una mayor preocupación por Africa.

La navegación a vapor exige disponer alrededor del mundo de depósitos de carbón donde puedan avituallarse las flotas. Política y estrategia se dan la mano; un imperio es una red de comunicaciones con múltiples bases de apoyo, cada conquista exige una conquista nueva; en ocasiones son los colonos los que reclaman la continuación de la actividad colonizadora: los de Nueva Zelanda presionan sobre Londres para la adquisición de las islas vecinas, los franceses de Argelia inducen a la conquista del Sur de Marruecos.

  1. d) Las razones ideológicas se aducen con frecuencia, evo cando la historia; Gran Bretaña habla de su misión civilizadora, Italia recuerda nostálgicamente el Imperio Romano, España, el Siglo de Oro. Los misioneros católicos y protestantes se Sienten llamados por la urgencia de la evangelización de los pueblos atrasados; escrito res e intelectuales hablan de la misión civilizadora de los blancos, que llevan a otros continentes su instrucción, su higiene, la mejora del nivel de vida, la matemática europea, el estilo de la arquitectura, la ingeniería y los hospitales europeos.

    Los grupos de presión son numerosos: sociedades geográficas en Francia, Italia y España; sociedades misioneras, utilizadas por Leopoldo II en la exploración del Congo; asociaciones coloniales. Las resistencias también lo son: oposiciones locales, movimientos nacionalistas, quejas por los abusos coloniales, ascenso de los partidos socialistas que consideran la colonización un despojo. Pero la superioridad técnica y militar de las potencias acelera un proceso que parece irreversible.

 MODALIDADES DE LA COLONIZACIÓN

Tres fases pueden distinguirse en la formación de una colonia: conquista, organización y explotación económica.

La conquista no resulta difícil para países dotados de notables adelantos militares, que penetran en territorios de pueblos sin armamento moderno ni organización. Al lado de las tropas europeas, y de tropas especiales (Legión Extranjera>, se utilizan cuerpos armados indígenas. El barco de vapor permite llevar tropas con relativa celeridad a cualquier punto del globo y remontar los ríos hasta el interior de los continentes Kitchener remonta el Nilo, Stanley desciende por el Congo; los progresos en la navegación fueron un instrumento valioso para el descubrimiento y la ocupación.

Algunas potencias tienen fuerza suficiente para afrontar la tarea de ocupación militar en todas las partes del mundo; ingleses, franceses y alemanes configuran un Imperio pluricontinental. Otras potencias se limitan a acantonarse en un sector geográfico determinado: los portugueses y belgas en África ecuatorial, los italianos en Africa oriental, los rusos y japoneses en Extremo Oriente.

La organización de la colonia ocupada plantea diver problemas administrativos. No pueden tomarse todas las decisiones desde las metrópolis, por lo que se acumulan resortes y poderes en los gobernadores, verdaderos procónsules. En algunos casos se resucita el sistema mercantilista de compañías privilegiadas: una sociedad privada se encarga de organizar la colonia y explotar sus recursos. Pero más frecuente es la implantación de la administración estatal con modalidades varias, como la asociación, que mantiene los cuadros administrativos indígenas —así se hizo en África negra—, y el protectorado, estatuto que en teoría respeta a las autoridades locales, cuya gestión se reduce a la política interior, mientras las autoridades coloniales se hacen cargo de la política exterior y el ejército.

Aunque el protectorado supone el respeto de la integridad del territorio ocupado, la diferencia entre colonia y protectorado en la realidad no difirió apenas; los franceses en Indochina establecieron una colonia, la Cochinchina, y dos protectorados, Vietnnam y Camboya, sin que el estatuto de los indígenas fuera esencialmente diferente entre los habitantes de los tres territorios. En las colonias de población blanca se intentan formas nuevas de organización, como los dominios ingleses o la asimilación a departamentos por los franceses.

 La explotación es la primera preocupación de los colonizadores. Se produce siempre una asimilación aduanera, los productos entre la colonia y la metrópoli circulan libres de aranceles mientras tarifas proteccionistas mantienen alejados productos de otras naciones. Pero el “pacto colonial” no es una relación comercial entre iguales en un ámbito de preferencias mutuas. La colonia se encuentra en una situación de inferioridad. La extracción de productos es particularmente intensa cuando se organiza por medio de compañías privadas, como la Unión Minera del Alto Katanga en el Congo.

La primera oleada colonizadora, que se inicia hacia 1876, tiene sus figuras en el inglés Disraeli, el francés Ferry y el rey belga Leopoldo II. Las primeras fricciones territoriales hacen ver la necesidad de una regulación internacional de la expansión colonial. La conferencia de Berlín de 1885 decide que sólo la ocupación efectiva y no únicamente la instalación en la costa, otorga derecho a la posesión de un territorio; esta decisión acelera la carrera colonizadora con la entrada de Alemania, Italia y países no europeos. En 1914 el 60% de las tierras emergidas y el 65% de la población mundial, la casi totalidad de África, Oceanía, Asia del Sur y Sudeste y Siberia, dependen de Europa.

Diferencias y colonialismos
La exploración de América, África y Asia por parte de Europa ayudó a conformar creencias y valores en los países que emprendían la ocupación de los territorios de lo que luego pasaría a convertirse en colonias. Los relatos de los viajeros, los mapas y los trabajos realizados por científicos buscaban hacer comprensibles para los europeos las nuevas realidades que aparecían ante sus ojos. Gran parte de esa producción no hacía más que resaltar la pretendida superioridad de la naturaleza, las costumbres, y la forma de organización social y política de las potencias coloniales sobre los territorios de ultramar. Por ejemplo, Buffon, uno de los naturalistas franceses más destacados del siglo XIX, sostenía que los animales del Nuevo Mundo eran más chicos y débiles; por lo tanto, en el Nuevo Mundo las especies eran imperfectas. En realidad, lo que demuestra el pensamiento de Buffon es la imposibilidad de estudiar las especies americanas tomando como modelo las especies europeas.

Justamente, en esa conciencia de superioridad residía la justificación de la conquista y ocupación de los territorios. Se sostenía que bajo la tutela de los países europeos, las poblaciones americanas, asiáticas o africanas alcanzarían la civilización (lo cual, desde luego, implicaba el desconocimiento o la desvalorización de toda otra civilización que no fuera la propia).

La descripción de los nuevos territorios como exóticos, vírgenes o salvajes, así como su asociación con imágenes de mujeres sensuales dispuestas a ser conquistadas, eran recursos literarios o gráficos destinados a estimular la ocupación. Del mismo modo que la posesión de territorios ultramarinos acrecentaba el poder de las potencias coloniales, el conocimiento de las tierras conquistadas y las imágenes y los textos que sobre ellas se produjeron también aumentaron, desde el punto de vista simbólico, el poder de las metrópolis.

Los mapas y las descripciones de los imperios
Para los imperios europeos, contar con mapas de sus colonias significaba una demostración de poder. En ellos aparecían los territorios que ya habían sido explorados o colonizados o aquellos que se pretendía ocupar. Si en un mapamundi se representaban las áreas del mundo que estaban bajo la dominación de un imperio, se podía visualizar en forma sintética la expansión colonial. La presentación de estos territorios como despoblados transmitía la imagen de que estaban vacíos y esperaban ser ocupados por la población europea, que podían ser divididos y explotados económicamente.

La Ilustracion y La Revolucion Francesa Resumen Historia

La Revolución francesa asume poco a poco las ideas ilustradas con el fin de obtener un nuevo orden político que se base en el principio fundamental de la razón.

En Francia, como en toda Europa, se había mantenido durante muchos siglos el feudalismo, lo que producía una profunda desigualdad económica, social y cultural. La monarquía francesa, (en la imagen Luis XVI) como antes la española, se había convertido en una fuerza extraordinariamente poderosa que había arruinado al país en continuas guerras por dominar Europa. París era una ciudad inmensa en la que la corte reunía todo el lujo imaginable, en perfecto contraste con la miseria de las capas más humildes de la población. Las desigualdades sociales impedían que germinase el espíritu de fraternidad que toda religión pretende y que segùn la fe católica, debía alcanzar a todos, y no a una pequeña secta, como había sucedido con las comunidades americanas.

Francia sufría una vida social caótica. Mientras que las élites americanas querían, ante todo. mantener una ciudadanía homogénea, las élites francesas exigían una política racional que eliminara el caos social y organizara la vida de la sociedad entera. Mientras que en América el Estado se limitaba a poner de acuerdo a los diferentes parlamentos, en Francia el Estado, las manos del rey, era muy poderoso y ahogaba a la sociedad con impuestos, intervenía un territorio muy unificado, y se esperaba de él que regulara la vida de todos los hombres.

La previsión sensata había sido la de una Ilustración paulatina, progresiva; pero el presente puso ante los espíritus ilustrados una situación revolucionaria, para la que no estaban preparados. El antiguo Estado omnipotente se hundió y el vacío debía ser llenado revolucionarnariamente. La razón debía ir por grados, paso a paso, pero la Revolución, por el contrario, no podía esperar. De esta forma se le exigió a la razón ilustrada algo imposible, insensato para ella misma. Por mucho que los fines de la Ilustración fueran las consignas de la Revolución, esta no era el escenario previsto por la propia llustraciòn.

El idealismo de los dirigentes de la Revolución prendió con entusiasmo en las clases populares y se transformó a menudo en exaltación incontrolada.

Ilustración y Revolución

La Revolución se inició con medidas radicales, pero en sí as esperanzadoras. Se exigió una nueva constitución politica para Francia. Se rompieron las diferencias entre los, burgueses y plebeyos. El pueblo llano fue la nacíón y se definió como el soberano. Muchos bienes de la lglesia fueron puestos al servicio de ese pueblo llano. Los bienes de lanobleza tenían que legitimarse por su productividad, por el beneficio que producían y así podían venderse y comprarse. Muchos fueron confiscados y cambiaron de manos.

Se afirmó el derecho del hombre a la igualdad, educación, a la propiedad, a la cultura. Nadie podía dudar de que se trataba de una causa noble. Como dijo Kant los hombres no quisieron ser solo felices, sino ser y dignamente felices. (imagen el tercer estado en Francia, los humilde, llamados Sans Culotte, por que no usaban calzoncillos)

El caos social y político determinó el dogmatismo de los adores, inclinados a tomar decisiones drásticas y radicales sin pestañear. Esa violenta situación, llena de riesgos e inseguridad, reclamaba una forma de vida parecida a la de los viejos fanáticos religiosos. La Ilustración no había querido esta situación , pero tampoco pudo impedirla. Con la Revolución emergió lo imprevisible , lo impredecible de a historia, lo que ninguna teoría podia anticipar ni dominar en su concreción

Sin embargo, ese hecho cambió la realidad social e histórica de Europa. Por primera vez, las masas sociales tuvieron acceso a la acción política y la determinaron. Se alteró tanto a vida europea y mundial que el movimiento de la Ilustración se vio obligado a transformar-se profundamente. La Revolución creó poderes nuevos, los Estados contemporáneos, que no se dejaron influir por las consignas ilustradas en su totalidad. El siglo XIX produjo los primeros intentos de esa transformación de la Ilustración bajo el nuevo contexto de la sociedad de masas y del Estado moderno.

¿Cuál fue la razón más profunda de la Revolución?
¿La Revolución formaba parte de la propia Ilustración o era más bien una consecuencia de algo ajeno a ella? Los jóvenes revolucionarios, como Marat, Robespierre o Danton, no se vieron a sí mismos como los prudentes ilustrados de la generación anterior, como Voltaire, Hume, Kant o Diderot.

No se vieron como los hombres confiados en la experiencia, sino como los legisladores romanos antiguos, los forjadores de nuevos Estados. No se vieron como los reformadores, que cuentan con mucho tiempo por delante para realizar sus planes, sino como los apocalípticos que tienen poco tiempo, que lo quieren todo aquí y ahora. Es verdad que la llustración no supo ordenar la situación revolucionaria.

En este sentido fracasó históricamente al ser incapaz de ordenar el presente. La Revolución, con su sentido absoluto de la razón política, no fue una consecuencia necesaria de la ideología ilustrada.

Algo Mas…

El materialismo ilustrado no trató de convertirse en un sistema cerrado como el de Spinoza, para deducirlo todo desde los átomos en movimiento. Solo los más estrechos de los pensadores ilustrados, como Helvetius o D’Holbach, fueron por ese camino, cercano al cartesianismo y criticado por los más lúcidos, como Diderot o Kant.

Los pensadores más sobresalientes o bien se mostraban escépticos respecto de la posibilidad de conocer los componentes últimos de la realidad, o bien se limitaban a afirmar que el mundo era una realidad evolutiva, sin comprometerse mucho con enunciados concretos. De esta forma, la Ilustración nunca fue especialmente fundamentalista, pues su materialismo no era capaz de formar un sistema. Se entendía, más bien, que lo que hubiese de orden o desorden en el universo procedía de él mismo.

Primera Enciclopedia de Diderot Origen y Autores de la Creacion

La Era de la Enciclopedia Autores y Antecedentes

En el siglo XVIII, Europa sufrió una nueva influencia en el terreno cultural: la de los enciclopedistas. Esta nueva óptica de ver la realidad cultural se vulgarizó, es decir, se dirigió a la masa de la población. Al mismo tiempo manifestó prevención e incluso hostilidad contra toda religión y, sobre todo, contra la religión católica. Estos dos elementos la distinguen de la cultura del siglo XVII.

Ya a fines de este siglo nacieron en Francia sus primeras manifestaciones, pero, sin embargo, sus orígenes ideológicos se deben buscar en Inglaterra, aunque en Francia alcanzó su mayor difusión.

Las razones fueron tres. En primer lugar, Francia, que se había liberado del régimen absolutista y riguroso de Luis XIV, reaccionó violentamente. La libertad de pensamiento se expresó con tanta más fuerza cuanto que había permanecido mucho tiempo sojuzgada. En segundo lugar, contó con numerosos escritores de talento que pusieron su pluma al servicio de las nuevas teorías. Por último, la difusión de la lengua francesa hizo que el país estuviera más capacitado que ningún otro para propagar estas nuevas ideas. En efecto, entonces el francés llegaba mucho más allá de sus fronteras que el inglés.

En 1752 , dos notables pensadores franceses, Diderot y d’Alembert, lanzaban el primer volumen de una obra que señalaría una época: la Enciclopedia. El grupo de intelectuales que trabajó en ella, inclusive Voltaire, sería más tarde conocido como los enciclopedistas. La obra era tremendamente ambiciosa. Intentaba sintetizar en una serie de artículos todo el conocimiento humano, tal como la ciencia de ese .entonces y los pensadores más avanzados de la época lo podían transmitir.

Colaboraban en los diversos temas empiristas y librepensadores. Los cinco primeros volúmenes de la Enciclopedia fueron sistemáticamente confiscados a pedido de la Iglesia y se convirtieron en rarezas bibliográficas desde los primeros días de su aparición. A pesar de ello, fueron muy leídos. Desde Ferney, Voltaire contribuyó asiduamente con una serie de artículos. También escribió individualmente un Diccionario filosófico (1764) completo.

Interesado por todas las ciencias y las artes, Diderot concibió con D’Alembert la idea de publicar la Enciclopedia, el primer gran diccionario hecho hasta ese momento. Los principios de la Ilustración se recogieron en la Enciclopedia, que se considera el exponente más claro de la nueva filosofía. Este gran diccionario, iniciado en 1751 por D’Alembert y Diderot, resume en sus artículos los temas esenciales de la filosofía de las Luces y abraza todos los ámbitos del conocimiento.

La lectura y la discusión de estos artículos actuó como un verdadero revulsivo cultural y social, que hizo entender las nuevas ideas a sectores sociales hasta entonces marginados de la vida intelectual.

Los enciclopedistas creían que un hombre bien informado ya era un hombre nuevo, y que el mal no era nada más que una consecuencia de la ignorancia. Por eso lucharon por la máxima difusión de estas ideas, y los artículos de la Enciclopedia también se difundieron en periódicos y gacetas, y fueron muy discutidos en las tertulias y en los salones.

La vuelta a Bacon

Diderot (imagen) se fijó en Francis Bacon como inspirador de la filosofía que necesitaba su época. Por ello, el mismo año que aparecía el III volumen de la Enciclopedia, Diderot editaba su importante ensayo De la interpretación de lo naturaleza, verdadero Discurso del método del siglo XVIII, dirigido contra Descartes y también, relativamente, contra D`Alembert.

Pues allí se comenzaba diciendo que el mundo de las matemáticas podía ser muy riguroso, muy exacto, muy preciso, pero que dejaba de valer con toda su precisión y exactitud cuando se refería a las cosas que pasan en nuestra tierra. Las matemáticas son como una especie de metafísica general. Nos hablan de un mundo de abstracciones que no tiene nada que ver con el nuestro.

Era una especie de juego que exigía no tener en cuenta lo que verdaderamente era el elemento de nuestro mundo: los individuos reales. Estos solo se podían conocer por la experiencia que tenemos de ellos. Por eso Diderot se aventuraba a presumir que en menos de cien años no quedarían geómetras en Europa. El futuro era de los filósofos experimentales, de los filosofos racionalistas, que pretendían deducirlo  de sus propios axiomas abstractos. Esta era la gran revolución que deseaba impulsar Diderot en ciencia.

Naturalmente, la filosofía experimental era el verdadero campo de progreso inacabado -que reclamaba el afán infinito del conocimiento humano. No solo porque, a! recoger la experiencia directa de individuos, era un campo infinito en sí mismo. También era el más útil, dado que solo lo concreto puede ser útil. Por último, porque a naturaleza aspira siempre a agotarse en la producción de todas las variaciones posibles de un prototipo o un modelo antes de abandonarlo, conocer estas variaciones era la única manera de conocer el modelo. Lo concreto así era anterior siempre a lo abstracto.

En el siglo XVIII, Europa experimentó una nueva corriente de ideas. El hombre se liberó de la religión y se apoyó sobre todo en la razón y en el retorno a la naturaleza. En el plano económico, la atención se centra en la agricultura, mientras que las ciencias positivas también emprenden una nueva dirección. En Inglaterra nace la francmasonería, y la vida social alcanza su apogeo en numerosos salones franceses e inglesesEn el siglo XVIII, Europa experimentó una nueva corriente de ideas. El hombre se liberó de la religión y se apoyó sobre todo en la razón y en el retorno a la naturaleza. En el plano económico, la atención se centra en la agricultura, mientras que las ciencias positivas también emprenden una nueva dirección. En Inglaterra nace la francmasonería, y la vida social alcanza su apogeo en numerosos salones franceses e ingleses

Excelencia de la Filosofía Experimental (Por Didertot Tesis XX)

Hemos distinguido dos tipo de filosofías: la experimental y la racional. La una tiene loojos vendados, avanza siempre a tientas, coge toda lo que le cae en las manos y encuentra al final cosas preciosas. La otra recoge estas materias preciosas e intenta hacer con ellas una antorcha. Pero esta pretendida antorcha te ha servido hasta el presente menos que el tantear de su rival, como no podía ser de otra manera. La experiencia multiplica sus movimientos al infinito; ella está en acciòn sin cesar, busca fenómenos todo el tiempo que la razón emplea en buscar analogías. La filosofía experimental no sabe lo que le ocurrirá ni lo que resultará de su trabajo, pero se ocupa sin descanso. Al contrario, la filosofía racional sopesa las -posibilidades, juzga y sedetiene inmediatamente. Dice con descaro: no puede descomponer la materia. La filosofía experimental la escucha y se calla ante ella durante siglos enteros. Despues de  repente, muestra elprisma dice: la luz se descompone

La Enciclopedia

En 1751 vio la luz la primera edición del primer volumen de la Enciclopedia, el primer gran diccionario. Asì se expresaba con claridad la seguridad de la época de que la humanidad había producido el suficiente saber como para ordenarlo, distribuirlo masivamente y promover su uso por todos los rincones de Europa.

Con esta iniciativa, la vieja república de los hombres de letras, los estrechos círculos de intelectuales, aspiraban a convertirse en guía de la renovación y del progreso social. Se recogía así una cosecha que se venía produciendo desde el Renacimiento.

Los editores de la obra, los filósofos Diderot y D’Alembert, eran muy conscientes de la continuidad histórica que se acumulaba ya a lo largo de dos siglos y que ahora pasaba a ser su patrimonio. Pero no se propusieron únicamente transmitir en libros el saber de otros libros.

Al contrario: en las páginas de esta obra, además de todas las palabras importantes para la cultura, las ciencias, as artes, además de todos los saberes y ciencias, debían publicarse todas las máquinas realizadas por el hombre, todos los inventos, las técnicas, los artefactos.

Solo los siete primeros volúmenes conformaban un diccionario normal, en el que colaboraban los más importantes hombres de letras y ciencias, ofreciendo cada uno el estado actual de una disciplina o de una temática. El resto de volúmenes se dedicaban a grabados y dibujos de todos los útiles para promover actividades económicas y productivas. Finalmente, la Enciclopedia no era un libro resumen de otros libros, sino un legado de experiencias de todo tipo. El título completo era Diccionario razonado de los ciencias, de los artes y de los oficios.

La democratización de la filosofía y de la ciencia

Diderot pensaba que la filosofía experimental, siempre pendiente de la observación y de la experimentación con las cosas concretas, era el verdadero campo para una ciencia democrática. Primero, porque no necesitaba el largo aprendizaje matemático de la filosofía racionalista ni el dominio de sistemas conceptuales complejos, por o que estaba al alcance de todos. Segundo, porque en todo hombre existía esta curiosidad por trabajar lo concreto, por no perder de vista lo que sucede en su campo de acción, sin abandonarse a  especulaciones. De este trato permanente entre el hombre y las cosas concretas podía emerger lo desconocido.

Diderot creía sobre todo en el azar como fuente de conocimiento, no en la previsión racional y ordenada.Mientras que la filosofía tradicionalista se esforzaba por evitar el error, Diderot no lo temía, pues si era un error concreto, siempre llevaría consigo alguna consecuencia valiosa. Y pensaba que el azar surgía más en este encuentro entre dos realidades individuales, el hombre y la cosa, que en el encuentro con la realidad a través de una teoría.

No se trataba de ceder ante formas de ser perezosas y conservadoras, como las que podía encarnar alguna pamela del pueblo llano. En este ensayo de democratizar la filosofía no se trataba de hacer popular la filosofía, sino de fortalecer esa forma de actuar que hace al pueblo próximo a la filosofía.

Era preciso desarrollar el espíritu abierto, curioso, inquieto, (aliente, que es capaz de aceptar el desorden relativo, que no se refugia en la tradición por cobardía para hacer frente a lo nuevo. Si el desorden que había producido la eexperiencia nueva era limitado, se podían alterar las circunstancias, combinar entre sí algunas le ellas, aumentar o disminuir algunos elementos aislados para reducirlo o controlarlo, con que siempre sería un desorden productivo de nuevos conocimientos. En cierto modo, investigador debía imitar la naturaleza: producir cambios y alteraciones experimentales ara conocer la forma de proceder de la naturaleza en sus propios cambios y metamorfosis.

En suma se debía investigar la naturaleza sin negarle su libertad de operación. Lo que en el fondo reclamaba Diderot era un «mundo fluido», donde no se gastaran energías en mantener lo que ya se veía gastado. Este principio, que Diderot aplicaba mundo físico y material, tenía también una clarísima aplicación al mundo político y social. Supo predecir, como nadie, que Francia, y Europa entera, vivía la víspera de una tremenda agitación cuyo resultado era muy incierto.

A fínales del mes de octubre de 1750 se publicó en París, con una tirada de 8.000 ejemplares, un Prospecto de Denis Diderot, en el que brindaba a sus lectores algo bastante nuevo en la época, una suscripción en ayuda de un sindicato de libreros, es decir, de editores, para que pudiesen publicar una «Enciclopedia o Diccionario razonado de las ciencias, artes y oficios, compilación de los mejores autores y, especialmente, de los diccionarios ingleses de Chambers, Harris, Dyche, etcétera». Según Diderot, los libreros pretendían formar un cuadro general de los esfuerzos del espíritu humano en todos los géneros y en todos los siglos; presentar esos objetos con claridad; dar a cada uno de ellos la extensión conveniente. Plan ambicioso que no ocultaba su propósito de superar anteriores intentos análogos: si la Cyclopaedia de Efraín Chambers constaba de dos tomos, Diderot prometía una de ocho volúmenes de texto y dos de láminas, a un precio de 280 libras, cifra importante, pues, como se verá, equivalía a dos meses de sueldo del director.
Pese a lo cual, cuando el 28 de junio de 1751 salió el primer tomo de la imprenta, con una tirada de 2.050 ejemplares, ya se contaba con un millar de suscriptores. Aventura intelectual de primer rango y operación comercial arriesgada, varios años de preparación precedían a esta empresa, que se prolongaría durante veinte años, tras peripecias y altibajos folletinescos. Mas antes de revivir su historia, conviene saber quiénes estaban comprometidos con ella, a qué medio sociocultural pertenecían y sobre qué bases ideológicas y científicas construían su edificio… Para ello, habrá que trazar algunas semblanzas y retroceder en el tiempo.

ALGUNAS ENTRADAS DE LA ENCICLOPEDIA:

Democracia. Es una de las formas simples de gobierno, en la cual el pueblo, como un cuerpo único, posee la soberanía. Toda república en la que la soberanía reside en las manos del pueblo es una democracia. […] Me parece que no está fuera de razón que las democracias se vanaglorien de ser nodrizas de los grandes hombres; […] todos los individuos se aplican en el deseo del bien común, puesto que no pueden originarse cambios que no sean útiles o perjudiciales para todos; además, las democracias elevan los espíritus, porque muestran el camino de los honores y de la gloria, más abierto a todos los ciudadanos, más accesible y menos limitado que el gobierno de unos pocos o de uno solo, donde mil obstáculos impiden darse a conocer. Son estas honrosas prerrogativas de las democracias las que forman a los hombres en las grandes acciones y virtudes heroicas.

Soberanos. Son aquellos a los que la voluntad de los pueblos ha conferido el poder necesario para gobernar la sociedad. […] Tal es el origen de los soberanos. Se contrasta que su poder y sus derechos no se fundamentan más que en el consentimiento de los pueblos; los que se establecen por la violencia son sólo usurpadores; no se convierten en legítimos más que cuando el consentimiento de los pueblos ha confirmado a los soberanos los derechos que habían usurpado.

Los hombres han entrado en sociedad para ser más felices; la sociedad se ha otorgado soberanos para atender más eficazmente su felicidad y su conservación. El bienestar de una sociedad depende de su seguridad, de su libertad y de su poder para procurarse estas ventajas. Ha sido necesario que el soberano tuviera un poder suficiente para establecer el buen orden y la tranquilidad entre los ciudadanos, para asegurar sus posesiones, para proteger a los débiles de los ataques de los fuertes, para reprimir las pasiones mediante las penas y estimular las virtudes con recompensas. […]

Los pueblos no han concedido siempre la misma cantidad de poder a los ciudadanos que han elegido. La experiencia de todos los tiempos enseña que mientras mayor es el poder de los hombres, más les empujan sus pasiones a abusar de él: esta consideración ha impulsado a algunas naciones a fijar límites al poder de aquellos a quienes encargan de gobernarles.

ALGO MAS… En cuanto a Cartas persas, de Montesquieu, constituye una sátira de las costumbres de la sociedad de su tiempo. En su Espíritu de las leyes compara las constituciones de diversos países y propone como ejemplo el parlamentarismo inglés.

El Contrato social, de Jean-Jacques Rousseau, establece las bases de un Estado democrático y justifica, al mismo tiempo, la revolución. Su Emilio preconiza una nueva pedagogía.

También debemos citar a Condorcet, que en su Bosquejo de los conocimientos humanos resume toda la ideología de los filósofos.

En Italia, J. B. Vico elaboró un nuevo concepto de la historia, visto desde el ángulo filosófico. La subdividió en tres períodos: edad divina, edad de los héroes y edad del hombre. Beccaria, que abogó en favor de la abolición de la tortura y la pena capital, propuso un nuevo derecho penal.

La filosofía del siglo XVIII se basaba, a la vez, en la razón y la experiencia, para encontrar el camino de la verdad. Por este motivo, la prosa francesa se convirtió en un mero instrumento de trabajo para difundir las ideas. Condillac declaró que el arte del razonamiento se limita a un buen lenguaje, y Rivarol afirmó que «todo lo que no es francés no es explícito».

La filosofía de entonces se caracteriza también por una profunda veneración por la naturaleza, a la que casi se consideraba como divinidad eterna e inmutable. Los filósofos rechazaron todo concepto teológico y separaron la moral de la religión. Con ellos, «vivir según la naturaleza» se convirtió en el precepto moral que más concordaba con la razón.

Esta doctrina fue difundida, sobre todo, por Jean-Jacques Rousseau. De esa idea nació la teoría del «salvaje bueno»: el hombre primitivo y los «salvajes» de los países no civilizados, porque viven más cerca de la naturaleza.

Este movimiento de retorno a la naturaleza repercutió en el plano económico: hizo que la atención se centrara en la agricultura, pues el mercantilismo había insistido durante mucho tiempo en la importancia del comercio, dejando a un lado la agricultura. Afortunadamente, un grupo de economistas, llamados fisiócratas, empezaron a criticar esta doctrina. Exigieron la supresión del mercantilismo y preconizaron un régimen de libre producción. Su divisa era el famoso «Dejad hacer, dejad pasar».

Los filósofos creían en una sociedad en la que todos los hombres serían buenos y en la que reinarían la justicia y la prosperidad.

Esta renovación filosófica fue a la par con el desarrollo de las ciencias positivas. Newton en matemáticas, Herschel en astronomía, Franklin en física y Lavoisier en química encauzaron las ciencias por caminos modernos.

El siglo XVIII fue el de la oposición: oposición al absolutismo real, a la Iglesia católica, a los abusos de toda índole y a la opresión del individuo en todos sus aspectos. Fue, al mismo tiempo, un siglo de lucha por la libertad, la tolerancia y el retorno a la naturaleza.

Sólo algunos filósofos eran realmente ateos (es decir, totalmente opuestos a toda religión), pero la mayoría eran deístas, partidarios de una religión natural. Encontramos sus principios en los francmasones, que a comienzos de siglo organizaron sociedades secretas en Inglaterra. Entre sus miembros figuraron soberanos, como Federico II, nobles, militares, burgueses y numerosos sabios y escritores, como Lessing, Goethe, Herder, Mozart, Voltaire y Franklin.

El deísmo es la postura filosófica que acepta el conocimiento de la existencia y la naturaleza de Dios a través de la razón y la experiencia personal, en lugar de hacerlo a través de los elementos comunes de las religiones teístas como la revelación directa, la fe o la tradición. Dios es un creador u organizador del universo, es la primera causa.

Los francmasones profesaban gran amor a la humanidad, pero lo reservaban únicamente para las clases selectas. Se interesaban poco por el pueblo, los campesinos y los obreros. Esto constituye una característica de las convicciones morales y políticas de Europa en vísperas de la Revolución francesa.

La vida social experimentó también gran expansión durante el siglo XVIII. La vida mundana se desarrollaba en casinos, ciudades balnearias como Bath y Spa, cafés y restaurantes, en los castillos y, especialmente, en los salones, verdaderos centros de vida intelectual, donde artistas y sabios constituían su nutrida y mimada concurrencia. En ellos, las mujeres desempeñaron un gran papel, animando las conversaciones y protegiendo a artistas y escritores.

http://historiaybiografias.com/archivos_varios4/fuente_tomo2.jpg – La Era de la Enciclopedia –