Métodos de Torturas

Pócimas Secretas de la Brujas Hierbas Usadas Para Los Hechizos

Bebidas Secretas y Mágicas de las Brujas
Hierbas Usadas en los Hechizos

bruja haciendo una bebida magicaSabemos que que desde el origen de los tiempos han existido quienes -mediante una aparente capacidad sobrenatural- manejaron, para mal o para bien, lo que hoy podemos llamar “magia”.

La magia surgió cuando los primeros humanos descubrieron la existencia de fuerzas invisibles a su alrededor. Los hombres fueron conscientes de los efectos de la gravedad, la electricidad y el magnetismo mucho antes de que estas palabras se usaran. Pero también, estos primeros hombres descubrieron más cosas de las que han pasado a formar parte de la ciencia.

Intuían la existencia de ciertas fuerzas que residían dentro de las plantas, los animales y las piedras. Se daban cuenta de que había ciertas “energías” en el interior de sus propios cuerpos, capaces de moverse según sus deseos y necesidades. La magia fue surgiendo a lo largo de siglos de experimentación, errores e inspiración. Evolucionó hasta convertirse en un instrumento de poder pesonal, una herramienta con un potencial fantástico, tanto para producir daño como para brindar ayuda.

Durante siglos, los “profesionales de lo oculto” han usado la magia con distintos objetivos, uno de los cuales fue -y sigue siendo- la curación de enfermedades, tanto físicas como mentales.

Brujería: magia y algo de química
“El poder de la magia brota de la propia tierra, las estrellas, el fuego, el agua y nuestro propio cuerpo”, sostiene un mago contemporáneo. “La puesta en práctica de la magia consiste en despertar y dirigir tales fuerzas”.

La magia de las hierbas es una especialidad que se sirve del “poder” de las plantas. Es el dominio de los inciensos, los ungüentos, las pócimas, los baños y las tinturas.

Hoy sabemos que, además de la magia, la utilización de ciertos vegetales en un aceite o en una pócima, tiene un efecto justificado sobre ciertas dolencias. En otros casos, no existe explicación alguna para resultados fehacientemente comprobados.

Tal es el caso de los ungüentos, usados por brujos y hechiceros para “aniquilar la enfermedad donde quiera que se apliquen”. Básicamente, el vehículo utilizado para sus componentes activos es la grasa animal, aunque lo importante sean las sustancias disueltas en ella, activas por vía cutánea (por ello se prefiere untar en zonas de la piel donde ésta es má fina, con rica irrigación sanguínea).

Así, el llamado “ungüento de las brujas”, usado para provocar un estado de analgesia y sopor, tenía la siguiente receta: grasa humana, hachís, cáñamo, amapola, eléboro y girasol. Al margen de su carga energética, el ungüento era un verdadero cóctel de narcóticos.

Una mezcla muy difundida en el siglo XVII para curar enfermedades “profundas” (no servía sobre heridas abiertas) consistía en agregar a una base de cera de abejas derretida “4 gotas de cedro, 2 de sándalo, 1 de eucalipto y 1 de cinamomo”. Con este ungüento -“cargado” durante su preparación con el deseo de sanar al enfermo- se recobraba, dicen, la salud en no más de una semana.

Para recuperar la capacidad sexual perdida se untaba la”zona afectada” con una mezcla vegetal que, en una base de grasa incorporaba jengibre, eneldo, hierbabuena y vainilla.

La “medicina oculta” hace uso también de aceites que se extienden sobre el cuerpo con el fin de provocar diversas alteraciones mágicas. Así, hechiceras francesas del siglo XVII eliminaban el cansancio extremo con un aceite a base de naranja, lima y cardamomo.

Quemaduras, úlceras y llagas eran curadas mediante la unción con un aceite que contenía partes iguales de escaramujo y agrimonia, dos vegetales que hoy se sabe contienen un principio activo cicatrizante. Para inducir “sueños psíquicos” y acelerar curaciones, aún hoy se usa el “aceite de la luna”, preparado con partes iguales de sándalo y jazmín; efectivo -al parecer- únicamente si se utiliza en plenilunio.

Como se puede ver, la mayoría de los métodos curativos usados en brujería, se basaban en elementos naturales, mayoritariamente vegetales. Esto no es casual, ya que actualmente no se discute el poder curativo de muchas hierbas, a punto tal que ya no es ningún secreto el hecho de que la mayoría de los principios activos de los medicamentos provenga de los vegetales.

brujas hechizeras trabajando

En la Europa de los siglos XV al XVII la brujería era algo real
y muy cercano a la gente del pueblo entre quienes estaba muy extendido el
uso de plantas con propiedades alucinógenas y todo tipo de pócimas.

Pócimas: entre la vida y la muerte
Aún más difundidas que ungüentos y aceites, se hallan las pócimas. También llamadas pociones o infusiones, pueden ser algo tan simple como un té de hierbas, o tan místico como “la pócima del arco iris”: usado como curativo universal, no es otra cosa que agua de lluvia recogida mientras se ve un arco iris. Mágicas o no, muchas de las bebidas que debían causar el “bien” no han hecho otra cosa que acabar de matar al “paciente”.

Así, en la literatura medieval se habla de complejas fórmulas que incluyen desde trozos de seres vivos -como el hombre- hasta hierbas de efecto letal comprobado, como la cicuta.

Las brujas italianas combatían el cáncer dándole al enfermo un té de raíz de jacinto, tres veces por día durante tres meses. Asimismo, una mezcla de tomillo, menta, pepermint, romero y perejil, era la bebida con que los brujos calmaban una crisis nerviosa. La “pócima curativa de Isis” es un brebaje de origen egipcio con romero, tomillo, salvia y cinamomo (todas hierbas) que acababa en el acto con todo problema digestivo.

El tema de la fertilidad también fue abordado por el ocultismo. Desde hace siglos son conocidas las pociones en base a pétalos de rosas rojas, para lograr vencer el problema de la esterilidad. Actualmente la ciencia aún no encuentra explicación a recientes casos de embarazos inducidos por la ingestión de mezclas vegetales (ver recuadro).

La hechicería casi contemporanea ofrece una solución a los problemas cardíacos dándole al enfermo el “vino del corazón”, en donde dos tazas de vino rojo se mezclan con cinamomo, jengibre y vainilla.

Al margen de las cuestiones mágicas, no son pocos los conceptos de farmacología actual que han surgido de este no pocas veces cruel método de “prueba y error”, en el que -la mayoría de las veces por intuición- se usaron sustancias que luego han demostrado poseer bases químicas para actuar sobre determinadas afecciones.

Así, una planta como la belladona, que abunda en bosques de hayas y robles, es un ingrediente casi obligado de cientos de pócimas y ungüentos. Hoy se sabe que esta planta contiene en su raíz, tallo, hojas y frutos varios alcaloides, como la L-hiosciamina, atropina y escopolamina. Estas sustancias poseen, según la dosis usada, un marcado efecto sobre el sistema nervioso, que puede pasar de una profunda relajación hasta una fatal parálisis.

En la India existen muchas plantas que son utilizadas hace milenios en curaciones mágicas. Durante siglos se usó una poción mágica que tanto servía de purga como antídoto contra el veneno de víboras. Hoy sabemos que esa milenaria poción hindú se hacía con una planta llamada Rauwolfia, una especie venenosa que empezó a usarse hace pocos años en Europa como tranquilizante.

Una bebida ritual de Nueva Guinea, es ofrecida por sus brujos como un “ahuyenta-tristezas”. Se hace en base a una planta, el kava-kava, con un componente activo que excita el sistema nervioso central y es usado en medicina como un eficaz antidepresivo.

La lista de curaciones realizadas a través de la historia por magos, brujos y hechiceros no tiene fin, y rastrear su efectividad es una tarea compleja. Pero una cosa es cierta: muchos de los hechos que hoy nos sorprenden por su magia podrán ser explicados por la ciencia del futuro; así como hoy sabemos que una planta del medioevo podía calmar el dolor no por el poder del brujo que la usara, sino porque ese vegetal contenía una sustancia que hoy la “brujería moderna” ha puesto en los estantes de una farmacia.

  • Durante milenios, magos, brujos y hechiceros realizaron curas mágicas utllzando pociones, ungüentos, aceites, etc. Muchas de estas curas pueden ser hoy explicadas por la ciencia.
  • La mayoría de los componentes de las sustancias usadas en los actos de curación eran de origen vegetal.
  • Muchas de las mezclas usadas tenían un efecto fuertemente narcótico; y era común el uso del hachís y la amapola.
  • Según los magos, el verdadero efecto de una pócima se debe a la energía transmitida al combinar los ingredientes, gueasí son “activados”.
  • El uso frecuente de plantas de elevada toxicidad como la belladona y la cicuta, fue causa frecuente de muerte en los rituales curativos del siglo XIV.
  • Hoy se sabe que la efectividad de muchos de los tratamientos mágicos de ciertas afecciones se deben a principios químicos activos, presentes en las hierbas utiIzadas por los hechiceros.

Ver: Brujas en la Edad Media

Fuente Consulatada:
Nota de la Revista Enciclopedia Popular  N°12 Año 1 Las Pócimas Secretas de las Brujas

Torquemada Crueldad del Fray Contra Los Herejes en España Inquisicion

Torquemada, el terrible inquisidor A finales del siglo XV, los reyes Católicos, en su afán de construir un Estado unitario y acorde con su apelativo, necesitaban erradicar de España a las otras religiones monoteístas. La reconquista ya tenía acorralados a los moros, que morían en combate, se replegaban a fincas o se convertían.

El gran problema eran entonces los judíos, arraigados desde hacia siglos en toda la Península. La solución fue el dominico fray Tomás de Torquemada, confesor de la reina Isabel, que en 1483 fue nombrado inquisidor general de Castilla y Aragón. Poco después, el tremendo fraile reorganizó la inquisición española y fue el mayor inspirador del decreto de expulsión de los judíos en 1492.

Dictó entonces nuevas ordenanzas que le daban carta blanca, y actué con feroz ensañamiento y crueldad contra aquellos que no aceptaban convertirse o contra los «marranos», como se llamaba a los que seguían practicando su credo en secreto.

La Santa Sede lo llamó varias veces a! orden, pero los cónyuges reinante siempre lo defendieron en su cargo y su forma de actuar. Se calcula que Torquemada condenó a unas 1011000 personas de ambos sexos a distintas penas, de las cuales alrededor de 4.000 fueron condenas de muerte? Murió en 1498 sin haber mostrado un signo de arrepentimiento, quizá porque él mismo era hijo de un judío converso.

La historia señala a Fray Tomás Torquemada como el símbolo de la intransigencia del catolicismo cristiano, un adelantado de las leyes racistas y de limpieza de sangre, que aparecieron después de él.

En el inconsciente colectivo, su nombre permanecerá ligado al de hoguera y Auto de Fe, y a una fecha particular: 1492. En ese año Torquemada estuvo a cargo de la expulsión de los judíos españoles, los cuales no pudieron regresar. Además, en esa misma fecha, se sucedieron dos hechos cruciales, la conquista de Granada y el “descubrimiento” de América.

Incluso, el papel de Torquemada seria trascendental en el Tribunal de la Inquisición. En este actor se conjugaban su pasión por ejercer el poder, incluso sobre los monarcas a los que repetidas veces sobrepasó, y su desapego a los mandatos del evangelio. Torquemada impulsó la gran purga que empobrecería y arruinaría los reinos de España recién reunificada.

Tomás de Torquemada nació en Valladolid y se convirtió en el primer Gran Inquisidor español después de su nombramiento en 1483. Este fraile dominico realizó una carrera política brillante: era confesor de los Reyes Católicos y a la vez, miembro del Consejo Real de ambos monarcas. A los 14 años ingresó al convento de los dominicos de San Pablo en su ciudad natal, obtuvo allí el titulo de bachiller en Teología y a la edad de 22 años se convirtió en prior del convento de Santa Cruz en Segovia. Estos primeros pasos en su formación, lo convirtieron en responsable del Tribunal de la Inquisición o Santo Oficio, establecido en 1478, que hasta ese momento llevaba a cabo actividades de fiscalización de judíos. Con la asunción de Torquemada (en sustitución de los dominicos Juan de San Martín y Miguel de Morillo) la gama de actividades y de perseguidos de la inquisición se amplió considerablemente, siendo procesados todos los herejes y gentes de fe dudosa en general.

Para poder evidenciar las atrocidades cometidas bajo la Inquisición, se transcribe el formulario de la parte dispositiva de las sentencias de tortura dictadas por la Inquisición bajo el mandato de fray Tomas de Torquemada:

Christi nomine invocato. Fallamos atentos los autos y méritos del dicho proceso, indicios y sospechas que del resultan contra el dicho…, que le debemos condenar y condenamos a que sea puesto a cuestión de tormento, en el cual mandamos esté y persevere por tanto tiempo cuanto a Nos bien visto fuere, para que en él diga la verdad de lo que esté testificado y acusado; con protestación que le hacemos, que si en el dicho tormento muriere, o fuese lisiado, o se siguiere efusión de sangre, o mutilación de miembros, sea a su culpa y cargo y no a la nuestra, por no haber querido decir la verdad. Y por esta nuestra sentencia, así lo pronunciamos y mandamos.

Presidido por Torquemada, el Santo Oficio extendería su jurisdicción por los reinos peninsulares desde Castilla. La situación de los reinos peninsulares se agravó porque en ellos no había tradición inquisitorial anterior, a diferencia de Europa, no habían implantado la anterior Inquisición Papal, de manera que a la brutal represión se le añadía el “factor sorpresa”.

No obstante, la acción de la Inquisición en otros reinos peninsulares estuvo expuesta a problemas: en Aragón se opusieron a las medidas, obligando al Gran Inquisidor a enviar a Zaragoza el canónigo Pedro Arbués, que antes de poder actuar fue apuñalado misteriosamente (se estima que a manos de conversos) en la catedral de la Seo mientras realizaba sus oraciones.

Este asesinato no impidió expandir el control de la Inquisición, imponiendo el reino del terror por toda España. Al mismo momento se produjo una reacción que resaltaba las bondades de la Inquisición, intentando justificar su presencia, igualándola con el poder de Dios de la Biblia: “La Inquisición —afirmaba un monje llamado Macedo— se fundó en el Cielo. Dios ejerce la función de primer inquisidor, y, como tal, castigó con el fuego celeste a los ángeles rebeldes». Esta teoría justificaría las acciones del Santo Oficio.

Fray Tomás fue un déspota, evitó e ignoró la ayuda que, legalmente, debía prestarle el Consejo Supremo o de la Inquisición (conocido como la Suprema), dependiente de Fernando e Isabel. Así, Torquemada dictó sus Instrucciones Antiguas a su libérrimo albedrío, sin consultar con nadie y según su parecer obsesivo para con los no puros en materia de religión. En algunas ocasiones, solía asistir a los autos de fe, y a la terrible puesta en escena de los mismos, se sumaba la figura angulosa y espectral de Torquemada, asegurándose de que, a los que él había condenado, fenecieran efectivamente en la hoguera.

Envestido de plenos poderes por los Reyes Católicos, Torquemada se propuso conseguir la unidad religiosa de una España recién “inventada y conformada”, para lo cual aconsejó la expulsión de los judíos en 1492. Esta petición se realizo en la emblemática ciudad de Granada, con cuya conquista se había culminado la unidad peninsular, y en la cual residían por entonces Femando e Isabel.

Su proyecto de expulsión podía considerarse hasta absurdo, porque según algunos historiadores, él mismo y el propio rey Fernando de Aragón, pertenecían al pueblo hebreo a través de sus antepasados. Sin embargo, como todos los puros (más si son conversos), el dominico no dejaba de enviar al brazo secular para el cumplimiento de las penas a toda clase de víctimas, tocadas con el sambenito negro, camino de la hoguera purificadora. Esta cuestión se puede observar al comienzo de la parte preceptiva del edicto dado en Granada por los Reyes Catolicos el 31 de marzo de 1492, expulsando de sus reinos a los judíos: Por ende, Nos en consejo e parecer de algunos prelados e grandes caballeros de nuestros reynos o de otras personas de ciencia e conciencia de nuestro Consejo, aviendo ávido sobre ello mucha deliberación, acordamos de mandar salir a todos los judíos de todos nuestros reinos, que jamás tornen ni vuelvan a ellos, ni alguno delios; e sobre ello mandamos dar esta nuestra carta, por la qual mandamos a todos los judíos e judías de cualquier edad que seyan, que viven e moran e están en los dichos nuestros reynos e señoríos, ansí los naturales delios como los non naturales (….) salgan con sus fijos e fijas, e  criados e criadas e familiares judíos, ansí grandes como pequeños, de quaiquier edad que seyan, e que no seyan osados de tornar a ellos (…) so pena incurran en pena de muerte e confiscación de todos sus bienes para la nuestra cámara e fisco…

Este inquisidor actuó como un déspota en estado puro, evitó dar cuenta de la expulsión a las Cortes, como era preceptivo, trabajando desde la impunidad de los hechos ya consumados. Fueron expulsados unos 165.000 judíos, se bautizaron a la fuerza 50.000 y murieron en el éxodo más de 20.000. Sin embargo, no todo el mundo estaba de acuerdo con las medidas adoptadas, porque el más perjudicado, después de los propios expulsados, era el reino de España que se veía empobrecido por aquella sangría humana. No obstante, la decisión era inclaudicable sobretodo por la ceguera y la inflexibilidad de fray Tomás. Esta ceguera se extendía hasta sobrepasar la voluntad de los propios monarcas.

En este sentido, una vez conocido el expediente de expulsión, algunos judíos habían ofrecido a los reyes hasta 30.000 ducados, por lo menos para prolongar el plaza de expulsión y morigerar el transito hacia el exilio.  Cuando Torquemada se enteró de esta propuesta, irrumpió en la audiencia portando un enorme crucifijo que había extraído de los pliegues de su habito de dominico, y amenazó a los monarcas: «Judas Iscariote vendió a su Maestro por treinta dineros de plata; vuestras altezas le van a vender por treinta mil…! ¡Ahí le tenéis; tomadle y vendedle!». Fray Tomás, de inmediato se retiro de la estancia, dejando a todos los presentes sorprendidos ante aquella interpelación.

La acción de Torquemada fue efectiva ya que los reyes desestimaron el pago de esa suma de dinero y la posibilidad de minimizar los efectos de la expulsión. Sobre España recién unificada se abría una era de horrores, que sólo finalizarían en 1834, en la ciudad de Cádiz, y en el enunciado de su Constitución, que abolía el tribunal inquisitorial. Sin embargo, esto se produciría tres siglos después, en 1492 los obligados a marcharse debieron sufrir el exilio, mientras que los que se quedaron no tuvieron mejor suerte, pues fray Tomás exigía obsesiva y tajantemente la limpieza de sangre, una aberración que, cinco siglos después, retomaría el nazismo.

Las purgas inquisitoriales afectaron a más de 150.000 personas. Para comprender el alcance de esta medida, se transcribe un segmento del estatuto de la Inquisición:

Los hijos y los nietos de tales condenados no tengan ni usen oficios públicos, ni honras, ni sean promovidos a sacros órdenes, ni sean Jueces, Alcaldes, Alguaciles, Regidores, Mercaderes, Notarios, Escribanos públicos, Abogados, Procuradores, Secretarios, Contadores, Chancilleres, Tesoreros, Médicos, Cirujanos, Sangradores, Boticarios, Corredores, Cambiadores, Fieles, Cogedores, Arrendadores de rentas algunas, ni otros semejantes oficios que públicos sean.

 Incluso Torquemada propició otras medidas, adelantándose al edicto del Papa de 1521 que imponía que todos los libros prohibidos debían ser entregados a la Inquisición y quemados públicamente. Fray Tomás, ya en 1490, había entregado a las llamas más de 600 volúmenes repletos, se dijo, de ideas heréticas y judaizantes. Por otro lado, personalmente fray Tomás fue un asceta que vivía modestamente y presumía de incorruptible. Pero si la parte del león en la represión correspondía a herejes y falsos conversos, el largo brazo del inquisidor llegaba también a la de los delitos comunes, aunque él los justificaba y bautizaba como herejías implícitas. En estas figuras confusas entraban los bígamos, los curas que se casaban, los que se acostaban con mujeres haciéndoles ver que eso no era pecado, los que preparaban filtros de amor, los guardianes que violaban a sus prisioneras, los místicos y los embaucadores, entre otros muchos.

De esta forma, Torquemada pasó a la Historia por su acción al frente de esta institución macabra, conjugando frente a él el odio de muchos siglos y de muchas personas.

No obstante, su vida privada es casi desconocida, no se sabe si en ella prolongaba el dominico aquel sadismo frío e inhumano que utilizaba en lo público. Algunos historiadores rescataron una curiosa historia, según aquéllos parece que fray Tomás, un hombre al fin y al cabo, sintió una gran pasión por una joven llamada Concepción Saavedra. De tal manera que ordenó a sus agentes que la buscaran allá donde viviera y la llevaran a su presencia. Cumplida la orden y estando la joven frente a él, el frío e insensible monstruo intentó seducirla, pero antes solicitó los servicios de una matrona para ver si, como creía, era virgen. La matrona asintió tras examinarla. Al día siguiente, y tras una noche de pesadilla, la joven fue trasladada a una estancia ricamente adornada en la que, además, aparecieron ante su vista ricos vestidos y costosas joyas. En un primer momento,  se ilusionó frente a aquellos presentes, pero enseguida se dio cuenta en qué situación y en qué lugar se hallaba, y se puso a temblar. Concepción era una bellísima joven andaluza, morena, de cuerpo grácil y atractivos innatos. Su padre había muerto en una emboscada tendida por las tropas castellanas a los moriscos, con los que su progenitor se hallaba. Entonces, comprendió que la habían llevado a la sede de la Inquisición y que se hallaba a merced del Gran Inquisidor.

Sin embargo, a la mañana siguiente la despertó el roce de unos labios y el olor penetrante de un perfume. Al abrir los ojos, vio junto a ella a Torquemada. Muy asustada, se tiró del lecho y se arrodilló ante el dominico, besándole el anillo que adornada su huesuda mano. La joven preguntó cuál era el motivo por el cual se encontraba allí. Al instante, le respondió con sentidas alabanzas a su belleza y a su cuello nacarado, a esos ojos turbadores y otras lindezas de enamorados. La víctima intentó huir, pero el inquisidor la persiguió y acorraló. Entonces llamó a sus criados y les ordenó que la desnudaran y ataran al lecho. Allí mismo acabó con la doncellez de Concepción. Tras aquel atentado al pudor de la joven, el monje pudo asegurarle que le había hecho feliz y que, sin duda, ella también lo había sido con él. Poco tiempo después, Concepción Saavedra moría achicharrada en una hoguera levantada en una céntrica plaza de Sevilla.

Fray Tomas de Torquemada, fue uno de los ocho inquisidores nombrados por el Papa Sixto IV en 1482. Durante sus quince años de mandato hizo funcionar con fiereza al Tribunal de la Inquisición. Incluso, fue relevado del cargo por el propio Pontífice, ya que Torquemada, con el consentimiento de los Reyes Católicos, hicieron funcionar la Inquisición de manera autónoma respecto al papado y en su exclusivo beneficio político. Es necesario destacar que Torquemada, atiborrado de poder, había traspasado ciertos límites al procesar a dos obispos, que según él, tenían contacto con los protestantes. Ante tanta arbitrariedad, y aunque fuesen voces en el desierto y se jugaran la vida, algunas, como las de fray Hernando de Talavera (confesor de la reina) y Hernando del Pulgar (secretado real), resonaron con fuerza denunciando los abusos del dominico. Es así que el Papa decidió poner fin a los abusos cometidos por este dominico.

Como compensación por su defenestración, le fueron ofrecidos los arzobispados de Sevilla y Toledo, que rechazó. Torquemada era un hombre contradictorio, combinaba su sed de sangre y de pureza por el fuego con una vida oficialmente “ejemplar”: vivía la vida conventual de manera similar a la del último lego, durmiendo sobre una tarima desnuda. Además, nunca comía carne y sus signos exteriores de riqueza eran inexistentes.

Su retiro se produjo al convento de Santo Tomás de Avila, donde murió en 1498. Su sucesor fue fray Diego de Deza, de su misma orden dominica, que siguió los pasos despiadados de su antecesor y hermano de orden fray Tomás.

Al morir, Torquemada, dejaba como herencia un abultado número de víctimas entre un desgraciado pueblo español: más de 100.000 procesados y cerca de 3.000 condenados a muerte y ejecutados en 15 años de actuación despiadada contra cualquier desviación de la más absoluta ortodoxia religiosa y política.

Las acciones del Santo Oficio nunca alcanzaron la crueldad y el desprecio por la vida humana como las que se cometieron en la época del dominico Torquemada, quien impulso la política de mano férrea. Los documentos demuestran que en sus primeros veinte años de existencia, el Santo Tribunal de la Inquisición, conminó a la muerte a las tres cuartas partes del total de víctimas en toda su historia de tres siglos. Quizás estas cifras representaban para Torquemada, el aval a las puertas de un Cielo que, seguramente, creyó merecer.

El Fin de los Templarios Conspiracion Papa Clemente Felipe el Hermoso

Al amanecer del 13 de octubre de 1307 se produjo en Francia un acontecimiento de un alcance considerable: todos los templarios franceses fueron arrestados en sus residencias. El rey de Francia, Felipe el Hermoso, de quien Bernard Saisset, obispo de Pamiers, dijo «no es ni un hombre ni un animal, sino una estatua», organizó la redada con mano de hierro.

El arresto Considerando inaceptable la presión política ejercida por los templarios, y deseoso de apoderarse de sus riquezas, como se había apoderado ya de las de los judíos franceses en 1306, el rey no dudó en destrozar una orden de caballería que contaba con doscientos años de antigüedad, fundándose en «presunciones e intensas sospechas».

Guillermo de Nogaret fue encargado de dirigir la investigación. El día 14 de octubre, el rey hizo difundir desde París un manifiesto en el que explicaba que los templarios detenidos eran culpables de idolatría, de apostasía, de prácticas sexuales vergonzosas y de ritos abominables. (imagen Mestre Jacques Molay)

El monarca tampoco dudó en utilizar a hermanos predicadores para convencer a la población parisina de lo bien fundado de dichas acusaciones, ni en escribir varias cartas para conseguir que los gobiernas extranjeros detuviesen a tos templarios en sus propios Estados. A pesar de ser yerno de Felipe el Hermoso, el rey de Inglaterra, Eduardo II, se apresuré a poner en guardia a varios soberanos a propósito de las calumnias propagadas por el rey de Francia. A partir del 19 de octubre, y hasta el 24 de noviembre de 1307, el inquisidor Guillermo de París interrogó a 138 templarios en la sala capitular del Temple de Paris, muriendo 36 de ellos como consecuencia de las torturas que les fueron infligidas.

La actitud del papa El papa Clemente V protestó débilmente contra estos suplicios en una carta del 27 de octubre de 1307, y el día 22 de noviembre ordenó a todos los príncipes cristianos la detención de los templarios que habitasen en sus territorios. En febrero de 1308, cuando iban a ser puestos a disposición del poder pontificio (pues Clemente V reclamaba también sus bienes,, los templarios franceses revocaron las confesiones hechas con anterioridad. En marzo de ese mismo año, Felipe el Hermoso convocó los Estados Generales en Tours, donde reiteré su condena. En mayo, el papa se entrevisté con el rey de Francia, que no se mostraba dispuesto a ceder la fortuna del Temple. Presionado por el rey para que juzgase a la orden con la mayor severidad, Clemente y fue cediendo. Repuso en sus cargos a los inquisidores a los que había depuesto, e instituyó comisiones eclesiásticas, la primera de las cuales abrió sus sesiones en Paris, en agosto de 1309.

La pira Después del juicio del maestre de la orden, Jacques de Molay, los templarios intentaron organizar su defensa. El rey reaccionó. El 12 de mayo de 1310, algunos templarios fueron quemados cerca de la puerta de Saint-Antoine. Durante el concilio de Viena, el 22 de marzo de 1312, y cediendo a las presiones de Felipe el Hermoso, Clemente V hizo aprobar la supresión de la orden, cuyos bienes fueron entregados a la del Hospital. Y el siniestro proceso alcanzó su punto culminante el 18 de marzo de 1314, día

¿Quiénes eran los templarios? Agrupados en torno a Hugo de Payens, algunos caballeros hicieron el voto de proteger los caminos que llevaban a Jerusalén, recuperados por los cruzados en el 1099. En 1119-1120, se fundó la orden del Temple en el mismo Jerusalén, donde se organizó y se dotó de su primera regla. Reconocida en 1128 por el concilio de Troyes, al que asistió San Bernardo, la orden conoció acto seguido un gran éxito, gracias sobre todo al notable organizador que fue Robert de Craon, quien obtuvo del papa numerosos e importantes privilegios, y en especial una total independencia con relación a los obispos. La expansión de aquellos «caballeros pobres de Cristo» fue extraordinaria Guerreros, protectores de los caminos, banqueros, administradores y constructores, los templarios se implantaron en toda Europa, llegando a reunir una fortuna considerable

¿Por qué se enfrentó el rey con ellos? En la época de Felipe el Hermoso, las finanzas reales tenían la consistencia de una verdadera vorágine. Además, el rey de Francia parecía obsesionado por el problema del dinero, que buscaba incansablemente allí donde pudiese encontrarse, no dudando en apoderarse de él mediante la manipulación en provecho propio de las leyes civiles y religiosas. La malsana avaricia del monarca, observada ya por sus contemporáneos, es reconocida en la actualidad por todos los historiadores objetivos La desgracia de los templarios consistió en poseer riquezas sobrestimadas, por otra parte, por el mismo rey. El papa Clemente y no parecía menos interesado en ellas que el rey de Francia, quien no logró plenamente su objetivo, pues una parte importante de los bienes de los templarios acabaría en manos o los hospitalarios.

¿Por qué no se defendieron? Los templarios se vieron traicionados sin duda, por miembros de la orden ávidos de los bienes materiales y espirituales a los que no tenían acceso, y confiados en que el rey de Francia sabría agradecerles su prevaricación La mayoría de las encomiendas de la orden en Europa eran grandes dominios rurales muy pacíficos de aspecto y fortificados en menor escasa medida. En realidad, los caballeros de] Temple no constituían una fuerza militar capaz de oponerse a una intervención de las tropas reales. Y, según parece, los templarios se vieron sorprendidos por la amplitud de las detenciones, y no adivinaron en ningún momento el trágico destino que de ellas derivaría

¿Como fue el proceso y de que lo acusaron? Más allá de ciertas rencillas del soberano contra el Gran Maestre y de la deuda del monarca, ambos (rey y papa) ansiaban la riqueza acumulada a lo largo de los siglos por los “pobres caballeros de Cristo”. Y nada mejor que aliarse para combatir un enemigo común y, luego, repartirse el botín. Además, la estrategia estaba servida: la Inquisición se encontraba en su apogeo y, por ende, bastaba con acusar de hechicería a la Orden y poner en marcha el macabro mecanismo, para que los Templarios fueran abandonando este mundo, la orden decayera y su inmensa riqueza pasara a mejores manos (por lo menos, en opinión del papa y del rey) Clemente V, sin un leve dejo de piedad cristiana y sin hacerse rogar, redactó una lista de acusaciones (basadas en testimonios de espías infiltrados en la Orden y en la confesión de un Templario arrepentido) y envió órdenes selladas y secretas con tales imputaciones con la imposición de ser abiertas el 13 de octubre de 1307.

Al amanecer de aquel día, los documentos sellados se abrieron y se encontraron acusaciones varias hacia los Templarios. Tiempo atrás, habían servido para defender el poder de la Iglesia y, por ende, del papa. En 1307, su poder y su riqueza eran excesivos y Clemente V no vaciló en ordenar su impiadosa matanza, justificada” por una larga lista de inculpaciones infundadas. Las acusaciones contenían 127 artículos, que se dividían en 18 bloques cuyos títulos fueron los siguientes:

Negación de Cristo en las recepciones.
Negación de la divinidad de Cristo.
Escarnio de la cruz
Adoración de un gato.
Negación de la eucaristía.
Omisión de las palabras de la consagración durante la misa.
Facultad de los grandes dignatarios de la orden para absolver los pecados.
Besos obscenos. Secretismo en las ceremonias de recepción.
Homosexualidad. Adoración de ídolos.
Cuerdas o collares para colgarse de los ídolos.

Las confesiones de los Templarios. Negligencia de los frailes en corregir sus errores. Juramentos sobre el progreso material de la orden. La fama general contra la orden. A partir de allí, lo que sigue es fácil de deducir: los caballeros de la Orden fueron detenidos, brutalmente torturados (como correspondía a la noble institución de la Inquisición) y, muchos de ellos quemados vivos en la hoguera con leña verde, atroz pena reservada para los herejes y los brujos. Por supuesto, bajo la tortura, los Templarios habían confesado ser culpables de las múltiples acusaciones que se les imputaban. Es difícil no darle la razón a alguien que utiliza como método de persuasión una tenaza para apretar los pulgares o carbones al rojo vivo sobre el cuerpo.

¿Se puede conceder crédito a sus declaraciones? Absolutamente ninguno. Los documentos del proceso, muy conocidos en la actualidad revelan tan sólo dos hechos esenciales: los acusados fueron torturados atrozmente, y las pretendidas «confesiones» no se obtuvieron más que en Francia. Muchos miembros de la orden declararon todo lo que se les exigió para salvarse del suplicio o de la muerte Sin embargo, algunos de ellos, con un notable valor aceptaron el sacrificio supremo para defender la reputación de la orden.

¿Existe Un Secreto de los templarios? Orden caballeresca, los templarios aplicaban en la práctica una regla que no era revelada más que a sus miembros, y celebraban también ritos cuyos fundamentos iniciaticos son innegables. En este sentido solamente se puede hablar de un «secreto», a saber, la propia regla vital del Temple, cuyos diversos aspectos eran comunicados a los adeptos a medida que se iba produciendo su ascenso en la jerarquía Los diferentes ritos de los templarios fueron conscientemente deformados en las acusaciones planteadas contra ellos, en las que se re— produjeron las calumnias utilizadas habitualmente por cualquier poder contra aquella comunidad que se desea destruir.

¿Se vengó Jacques de Molay? Solamente 31 días después del asesinato de Jacques de Molay, el papa Clemente murió en el castillo de Roquemaure, en el valle del Ródano. Y el 29 de noviembre del mismo año Felipe el Hermoso sucumbiría como consecuen3ia de una apoplejía. Estos dos fallecimientos constituyeron un giro tanto en la historia del papado como en la del reino de Francia. Según la leyenda, Jacques de Molay les habría maldecido, emplazándolos a comparecer ante el tribunal de Dios en el plazo de seis meses.

¿Desaparecieron los templarios? La destrucción de la orden del Temple en Francia no se vio acompañada, en otros lugares, por la muerte de todos los templarios. Algunas ramas de la orden continuaron existiendo en otros países de Europa. Y no se puede negar, por otra parte, las estrechas vinculaciones de los templarios con las comunidades de constructores que conocieron una prolongación histórica con los gremios y ciertos ritos masónicos.

Fuente Consultada: El Gran Atlas de la Historia Universal.

Cientificos Perseguidos y Condenados por la Inquisicion Monjes

CIENTÍFICOS PERSEGUIDOS POR LA IGLESIA O INQUISICIÓN

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JUAN HUSS CONDENADO POR LA IGLESIA

Jan Hus había nacido en 1369 en el sur de Bohemia. En 1398 pasó a ser profesor en la Universidad de Praga, donde se había ordenado. Allí daba clases de teología. Sus clases y sermones a favor de la reforma del clero tenían un fuerte apoyo, en parte porque muchos de quienes lo oían ansiaban liberarse de la dominación de Viena y de la supremacía alemana del Sacro Imperio Romano. Poco antes, en el siglo XIV, otros sacerdotes de Bohemia habían comenzado a pedir cambios. La lengua checa y la individualidad del pueblo checo formaban un movimiento nacionalista que pudo expresarse a través del lenguaje de sus sacerdotes.

Hus recibió la influencia del clérigo inglés John Wyclif, quien había comenzado a concebir de otro modo las religiones organizadas. Ambos nombres acudían directamente a las Escrituras, arguyendo que la Iglesia no debía tener posesiones ni ambicionar riquezas. La observancia de la religión debía basarse en las enseñanzas de los fundadores cristianos y nada más.

La Iglesia era un cuerpo de miembros predestinados a gozar de la salvación: su señor era Cristo y no el papa. Las opiniones de Hus ¿armaron a las autoridades eclesiásticas. El clérigo fue excomulgado en 1411 y un año más tarde debió esconderse para ponerse a salvo. En ese momento escribió su obra más conocida, De Eclesia. “La opinión de ningún hombre —decía—, sea cual sea su autoridad y, en consecuencia, la opinión de ningún papa, debe ser tenida en consideración si contiene falsedad o error”.

En 1414 el sacro emperador romano Segismundo convocó un concilio en la ciudad alemana de Constanza, a orillas del lago del mismo nombre. Su principal propósito era poner fin al cisma que había dividido a la Iglesia desde que Gregorio XI había regresado de Aviñón a Roma. Sabiendo que las opiniones de Hus habían hallado eco en muchos de sus súbditos de Bohemia, el emperador lo invitó al concilio para que explicara sus posturas. El gobernante le prometió a Huss una estadía segura y este aceptó, contrariando los consejos de algunos cercanos seguidores.

Su excomunión es suspendida; se le entrega un salvoconducto por medio del cual Segismundo le garantiza que, sean cuales fueren los resultados del debate entre el profesor checo y los doctores del concilio, aquél podrá volver incólume a Bohemia.

Huss —quien no desea otra cosa— se pone en camino hacia Constanza. Poco después de su llegada es hecho prisionero. Le explican que una comisión especial ya ha investigado sus doctrinas —las que fueron refutadas— y que nada le resta sino retractarse. Conducido a la asamblea del concilio, Huss intenta hablar, pero no puede. Su voz es acallada por la gritería de los presentes.

En la segunda sesión, Huss acepta retractarse en cuanto a un problema puramente teológico, pero se niega a reconocer el principio de que el papa es la cabeza de la Iglesia. Intimado a hacer una retractación completa, delante del perjuro Segismundo, Huss se niega y oye su condena a muerte. Intenta hablar nuevamente, pero se lo prohíben. Finalmente, arrodillado, reza silenciosamente y se deja llevar por los guardias, bajo los improperios del público. Pocas horas después —el tiempo para juntar la madera— es quemado vivo.

Cuando las llamas se tornan largas lenguas de fuego que envuelven su cuerpo, se oye al profesor de filosofía entonar el Kyrie Eleison. Sus cenizas fueron esparcidas al viento o arrojadas al Rhin para que no pudiesen servir de reliquias.

Poco después Jerónimo de Praga, otro profesor que acompañó a Huss hasta Constanza, sufrió el mismo destino. Terminada esa cuestión, los miembros del concilio volvieron al tema central del cónclave: elegir un nuevo papa, el cual recibió el nombre de Martín V. Segismundo mereció del nuevo pontífice la Rosa de Oro, la mayor condecoración de la monarquía vaticana.

huss juan jerónimo de praga

Juan Huss y Jerónimo de Praga, los dos universitarios martirizados en Constanza.
(Pintura anónima, Bibl.Pública y Universitaria de Ginebra.)

EN LA HOGUERA DE ESTE
CLÉRIGO COMIENZA EL INCENDIO DEL REINO

La noticia del martirio de Huss incendió a Bohemia. En todo el sur del reino, dirigido por curas indignados o por improvisados jefes, el pueblo se rebeló. Las ciudades mayores de Pilsen, Klatovy y Domalizlice se sublevaron. El alto clero, los grandes barones alemanes y los checos fieles a Wenceslao fueron expulsados y sus feudos tomados. En pocas semanas la porción meridional de Bohemia cayó en poder de los husitas.

Los fugitivos corrían a Praga, buscando la protección del rey Wenceslao. También allí, entretanto, la situación era insostenible. Los rebeldes desfilaban en desafío por las calles; el rey no confiaba ni en sus propias tropas. Lo husitas dominaron la Universidad, donde podían organizar procesiones llevando provocativamente un cáliz.

Huss había establecido que los fieles, al igual que los curas, debían recibir la comunión tanto por medio de la hostia como del vino. De ahí surgió la denominación de calistinos. El país estaba dividido: de un lado los grandes barones —en su mayoría alemanes— y el alto clero; del otro mercaderes, artesanos, labradores, el bajo clero y la pequeña nobleza.

Ampliar Sobre El Juicio Polémico de Juan Huss

España y el Oro Americano Carlos V y Felipe Oro de America Europa

España y el Oro Americano
Carlos V y Felipe de España

historia sobre el oro

Cabría pensar que hacia mediados del siglo XVI España tuvo que ser, con mucho, la nación más rica de Europa. Sin embargo, no lo fue. La repercusión de esta incorporación inmensa y súbita a la riqueza monetaria fue sentida en el resto de Europa e incluso en el Extremo Oriente, pero en España no subsistieron beneficios duraderos de las hazañas espectaculares de los conquistadores y de los ríos de sangre que fluyeron de blancos e indios.

El oro entraba por un lado y desaparecía por otro, sin dejar rastro. ¿Cómo fueron los españoles capaces de desbaratar estas riquezas? ¿Por qué tan gran porción de los frutos de esa primera fiebre del oro acabó en manos de otros? Parte de las respuestas a estas preguntas radica en las peculiaridades del carácter de la España del siglo XVI.

Carlos V reinó junto con su madre en todos los reinos y territorios de España con el nombre de Carlos I (1516-1556)

Otra, y quizá mayor, fue resultado del entorno dinámico e incansable de la época, en donde la sociedad española estaba mal preparada para intervenir.  Una vez que el oro comenzó a llegar en cantidad, los españoles se mostraron mucho más activos en el gasto que en la producción. Las enormes importaciones de oro y de plata estimularon las inclinaciones al gasto al mismo tiempo que ahogaban el incentivo hispano para la producción.

España se comportó como un individuo pobre que gana una fortuna en la mesa de juego, pero llega a creer que el dinero es su destino y no un acontecimiento aislado. Y desde luego no volvió a repetirse: por copiosos que fueran durante el siglo XVI los envíos de oro a España, alcanzaron un punto máximo hacia la mitad del siglo y cayeron en picado a partir de 1610; los envíos de plata lograron su cenit hacia el ario 1600 e iniciaron un marcado declive a partir de 1630.

Durante el siglo XVI , cinco sextas partes de las mercancías salidas de España, sobre todo a las colonias, eran bienes cultivados o manufacturados en otros países. A finales de ese siglo, las Cortes declaraban:

«Cuanto más [oro] llega, menos tiene el reino […]. Aunque nuestros reinos deberían ser los más ricos del mundo […] son los más pobres, porque sirven sólo como puente para que [el oro y la plata] vayan a los reinos de nuestros enemigos.» Un observador español, Pedro de Valencia, escribió en 1608: «Tanta plata y tanto dinero …] han sido siempre un veneno fatal para las repúblicas y ciudades. Creen que las mantendrá el dinero y no es cierto; lo que proporciona sustento son los campos arados, los pastos y las pesquerías.» Otro se quejaba: «La agricultura abandonó el arado y se vistió de seda, ablandando sus manos encallecidas E…]. Los oficios adquirieron aire de nobleza y se lucieron por las calles.»

En vez de transformar el oro y la plata en nueva riqueza productiva, los españoles pagaron a otros países con los metales preciosos y gastaron tanto que las deudas a países extranjeros se incrementaron en gran medida. En fecha tan temprana como la década de 1550, una sentencia popular afirmaba que «España es las Indias de los extranjeros» porque harto buen dinero español era pagado a los foráneos a cambio de «puerilidades»: fruslerías como ajorcas, cristalería barata y naipes.

España había cometido un costoso error económico en 1492, el año de Colón, aunque la decisión produjo alegría y orgullo en el tiempo en que fue tomada. Tanto los judíos como los musulmanes fueron expulsados en 1492. Luego de su conversión al cristianismo, permanecieron algunos judíos, pero rápidamente se desintegró la vibrante comunidad intelectual que tan gran contribución habla hecho a España durante centenares de años. La mayoría de los españoles cristianos de la época eran campesinos o soldados, analfabetos y sin conocimiento alguno de la aritmética elemental. Los nobles se mostraban ociosos o se consagraban a la guerra.

Judíos y musulmanes, en contraste, eran instruidos, encabezaban e progreso científico y eran inmunes a las estrictas reglas cristianas contra la usura Fueron diestros administradores públicos y hombres de negocios. Los musulmanes, en particular, poseían una larga tradición en el comercio, la importación y la exportación. Con su partida, España perdió casi toda su clase comercian autóctona, que resultaba esencial en una época de dinámico desarrollo económico en toda Europa. Cádiz y Sevilla, por el contrario, rebosaban de extranjeros: mercaderes y banqueros genoveses, prestamistas alemanes, fabricantes holandeses y suministradores de cualquier género de bienes, servicios y finanzas di toda Europa, incluso bretones y gentes de áreas tan lejanas como las costas dé mar del Norte. Casi todos los cuantiosos préstamos que recibió España durante el siglo XVI tuvieron financiados por extranjeros. La salida de judíos y musulmanes constituyó una pérdida en otro sentido.

En razón de su situación geográfica, España no se hallaba en la ruta que seguían comerciantes y viajeros para ir de un lugar a otro. La línea de países desde Francia hacia el este y la proyección de Italia y de Grecia hacia el Mediterráneo se encontraban en la encrucijada este-oeste de viajes y comercio a través de Europa. No había necesidad de cruzar España a no ser que se viniera de África y, aun así, la península no constituía la única posibilidad. Como resultado, el país tendió a quedarse más encerrado en sí mismo. Sólo Sevilla, Barcelona y Bilbao mantenían conexiones significativas con el resto de Europa. El ambiente cosmopolita procedía de judíos y musulmanes, quienes durante siglos habían mantenido contactos con otros países. Su partida cortó el vínculo con el mundo exterior, dejando a España dependiente de forkeos leales a otras potencias.

Un estudio autorizado ha resumido la situación de España como una terrible paradoja:

El oro y la plata adquirían simplemente su rango internacional en España sin hallarse en modo alguno vinculados a la economía española…] Existían una abundancia de metales sin ninguna evolución productiva y un alza de los precios sin alteración monetaria. En suma, la España del siglo XVI se caracterizaba por una separación entre el dinero y las mercancías.

El gran despilfarro inspirado por el oro de España no radicó en el afán de lujo o en la pérdida de una complejidad comercial y financiera. Se centraba en los sueños de gloria de los monarcas españoles. El oro había estado siempre vinculado al poder.  Una vez que los reyes de España comprendieron cuánto les proporcionaría la nueva riqueza de los descubrimientos en las colonias americanas, se convencieron de que su fortuna era lo bastante grande pasa imponer al mundo su voluntad, especialmente en la candente cuestión del catolicismo frente al protestantismo.

Hacia mediados de ese siglo, la mitad de todos los negocios en España se llevaban a cabo por cuenta del rey. Carlos V, que ascendió al trono en 1516 tras la muerte de su abuelo Fernando, estaba resuelto a hacer de España la potencia dominante en Europa. Pero no le bastaba el poder de España. También deseaba seguir los pasos de su otro abuelo y convertirse en emperador del Sacro Imperio Romano. A ese puesto no se llegaba por vía hereditaria; sólo era posible convertirse en emperador a partir de la elección de un grupo de alemanes designados por el Papa, los electores. Francisco I de Francia poseía ambiciones idénticas. Estalló una intensa guerra de pujas por la compra de votos, en un ilimitado certamen de sobornos. Francisco se hallaba respaldado por los banqueros genoveses y Carlos por los Fugger, la gran familia de banqueros de Augsburgo.

La Conquista del Peru Pizarro y el Oro de los Incas Tesoros Incas

La Conquista del Perú Pizarro y el Oro de los Incas

historia sobre el oro

Antes de la llegada de los conquistadores españoles a Perú, así como a toda América central y del Sur, los incas constituían un potente imperio que puede colocarse entre los grandes edificadores de la historia universal.

En la época en que llegaron los conquistadores españoles, en la primera mitad del siglo XVI, los incas se encontraban divididos; el trono y el poder estaban siendo disputados por dos pretendientes: Huáscar y Atahualpa, que contaban con el apoyo de parte de la aristocracia. Es en este momento cuando los españoles, conducidos por Francisco Pizarro, irrumpen en escena y comienzan sus campañas de conquistas en el año 1532. En principio se enfrentaron a las fuerzas de Atahualpa, mucho más numerosas que las españolas, pero muy impresionadas por el armamento y en especial por los caballos y trabucos de éstas.

Los españoles lograron ganar la confianza de Atahualpa y atraerle a su campamento de Cajamarca, donde mataron a sus acompañantes y le hicieron pasionero, veamos como fue la historia…

LA HISTORIA: Pizarro entró en la ciudad capital el 15 de noviembre de 1532 y, en una breve entrevista con Atahualpa, éste les instó a que le devolvieran las tierras tomadas y aplazaran la entrevista para el día siguiente. Aquella noche los españoles se escondieron alrededor de la plaza.

Cuando al otro día llego el Inca con su escolta y se empezó a impacientar, cayeron sobre ellos sin previo aviso, ahuyentándoles y apresando a Atahualpa; al amanecer siguiente saquearon el campamento de la ciudad.

El clérigo que acompañaba a Pizarro corrió hacia donde se hallaba el conquistador y le previno: «Actúa al instante. Yo te absuelvo.»

Pizarro agitó un pañuelo blanco, tronó un cañón desde la fortaleza y sus hombres, algunos montados y otros a pie, se precipitaron hacia la plaza, lanzando su grito de batalla que invocaba a Santiago, patrón de España: «Santiago y a ellos!»

Los indios fueron presa del pánico. Sorprendidos por el estruendo de la artillería y los mosquetes, y cegados por la humareda sulfurosa, no ofrecieron resistencia cuando los españoles los arrollaron con sus caballos y los acuchillaron indefensos.

La matanza de los indios continuó durante largo tiempo hasta que cayeron miles de ellos. Es discutible el número de  muertos, pero los prisioneros fueron incontables. Algunos de los soldados de Pizarro deseaban ejecutar a los prisioneros o al menos incapacitarles, cortándoles las manos. Pizarro se negó y liberó a todos con la acepción de un pequeño número de ellos que quedaron para atender las necesidades de los españoles.

Por su parte, Atahualpa observaba atentamente a los españoles. Pronto descubrió que sentían un deseo aún más poderoso que el de convertirle al cristianismo: su amor al oro. Un día Atahualpa propuso un trato. Si Pizarro le dejaba en libertad, el Inca dispondría que en el plazo de dos meses la estancia por él ocupada fuese colmada de oro hasta la altura donde alcanzara su mano; el oro procedería del palacio real, los templos y los edificios públicos.

La estancia tenía de 5 m. de ancho, 7 m. de largo y 3 m de alto. Ansioso de tantas riquezas, Pizarro aceptó la oferta. Cuando Atahualpa se puso de puntillas, trazaron una línea roja en el punto hasta donde llegó; un escribano redactó las cláusulas del acuerdo y Atahualpa despaché correos para la ejecución de la tarea.

Pizarro también envió a la capital, Cuzco, emisarios que hubieron de recorrer 900 Km. por un escarpado camino entre las montañas. Allí encontraron el gran templo del Sol cubierto de planchas de oro yen su interior momias reales, cada una sentada en un trono áureo.

Los españoles arrancaron de los muros del templo setecientas planchas del tamaño de la tapa de un cofre y un peso de algo más de dos kilos. Así constituyeron doscientas cargas de oro que serían trasladadas a Cajamarca sobre los hombros de los humillados indios. Esta fue simplemente una incursión preliminar; más tarde se llevaría a cabo una mayor y más rapaz expedición a Cuzco.

Mientras tanto llegaba oro de todo Perú, de los templos y palacios del Inca y de otros edificios públicos, para cumplir su pacto con Pizarro. El metal revestía muchas formas: copas, aguamaniles, bandejas, vasos de variedades múltiples, ornamentos y utensilios, baldosas y planchas, curiosas imitaciones de distintos animales y plantas y una fuente que alzaba un deslumbrante surtidor de oro.

Pizarro seleccionó una pequeña muestra de esos objetos para remitirlos al emperador, Carlos V nieto de Isabel. Éste había heredado de su madre, Juana la Loca, los reinos de España y era además emperador del Sacro Imperio Romano, cuyo trono ocupé su abuelo paterno. Sólo Napoleón y Hitler en la cumbre de su poderío gobernaron una superficie mayor de Europa.

Excepto la reducida muestra que Pizarro envié a España, ni una sola pieza de aquel tesoro de la estancia de Atahualpa ha sobrevivido en su forma original, pero resulta asombrosa la menguada cantidad de obras áureas peruanas que escapó de las manos de los españoles y ha llegado hasta nosotros.

Con tal facilidad se obtenía oro de gran pureza de los depósitos fluviales de Perú que muy pronto surgió la orfebrería. Hacia 500 a.C. se hacían ya diademas, pendientes, brazaletes y placas. Existen incluso objetos más antiguos con claras influencias chinas y vietnamitas, que sugieren que los marinos asiáticos cruzaban el Pacífico cuando los europeos apenas conseguían atravesar el Mediterráneo.

Bien es cierto que ignoramos si consiguieron regresar. Los peruanos de la época de la conquista recubrían con finos panes de oro vasijas y máscaras de gran variedad, complejidad y opulencia. Entre sus logros más espectaculares figuraron enormes copas de boca ancha con la forma de una efigie humana, difícil obra técnica con un efecto sorprendente en quien tas contemplaba. Algunas de ellas muestran la cabeza en una posición invertida; se bebía así del cuello, indicio de que tales recipientes representaban quizá cabezas de enemigos derrotados. Quien las utilizaba bebía simbólicamente en el cráneo de un adversario, al igual que los lombardos.

Se ha encontrado una túnica de lana que contenía 30.000 minúsculas placas de pan de oro. En el otro extremo de la escala, los orfebres crearon planchas de oro con dibujos repujados y destinadas a cubrir las paredes, como las que los españoles arrancaron de los muros del templo de Cuzco.3’ A excepción de la pequeña muestra reservada a Carlos V, todo el tesoro acumulado en forma de ornamentos fue convertido en dinero. Un objeto tras otro desapareció en los crisoles para ser transformado en lingotes de un tamaño uniforme. Pizarro asigné esta tarea a los orfebres indios, los mismos hombres que habían creado esas maravillosas obras. La tarea duré un mes entero, pero produjo 1.326.539 pesos de oro, cuyo valor fue calculado por Prescott en 15 millones de dólares cuando escribió su libro, durante la década de 1840.32 En dinero actual equivaldrían a 270 millones de dólares, que en cualquier circunstancia representarían una espléndida retribución por los esfuerzos acometidos. Mas esta cifra no puede revelar la repercusión de tal tesoro en las economías mucho más menguadas del siglo XVI.

El cálculo no incluye el trono en el cual el Inca hizo su tumultuosa llegada: 86 Kg. de oro de 16 quilates o el equivalente de la producción anual de las minas peruanas. Pizarro se reservé este botín. El tesoro que llenó la estancia de Atahualpa superaba el total de la producción anual en Europa en aquel momento o, dato todavía más impresionante, era comparable a veinte años de producción de las minas peruanas.34 En contraste, vale la pena recordar que Justiniano empleó el doble de oro en Santa Sofía y que los tres millones de coronas del rescate de Juan II suponían más del doble de la masa de oro en la estancia de Atahualpa. ¡No es extraño que Justiniano creyera haber superado a Salomón y que los franceses se rebelaran ante los gravámenes que soportaron!

Vasco Nuñez de Balboa y el Oro Descubrimiento del Oceano Pacifico

Vasco Nuñez de Balboa Descubre el Océano Pacífico

historia sobre el oro

VASCO NUÑEZ DE BALBOA: Este personaje de la conquista española del Nuevo Mundo, nacido en 1475 en Extremadura, España, inició su carrera como polizón. Primero marchó de España para instalarse en la isla La Española, de donde huiría por deudas, y en 1510, cuando Martín Fernández de Enciso preparaba una expedición al poblado de San Sebastián, en el golfo de Llrabá, costa oriental de la actual Panamá, Balboa se escondió en un barril a bordo.

Llevaba consigo a su perro mastín, Leoncico. Cuando la nave estaba en alta mar, Vasco se presentó ante la furia del capitán. Pero fue perdonado, especialmente, porque ya había estado en esas tierras y su experiencia podría ser útil. Al llegar a San Sebastián comprobaron que todos los colonos habían sido muertos tras un encuentro con los nativos. Uno de los pocos sobrevivientes era Francisco Pizarro, el futuro conquistador de Perú.

Balboa escondía un secreto sueño: quería llegar a la costa occidental porque había logrado informarse de que allí la tierra que supuestamente lo separaba del “otro mar” era escasa y angosta.

En 1511 partió con 100 hombres. En Careta trabó relación con los indios e incluso el cacique se convirtió al cristianismo y entregó a su joven hija a Balboa. Siguió la avanzada por tierras cada vez más tropicales y complejas. Toparon con otra aldea donde el jefe los recibió amablemente, luciendo corona de oro, rodeado de sus hijos y los atendió con manjares y bebidas fermentadas. Uno de los hijos del cacique advirtió la extraña mirada de los visitantes a todo lo que relucía y les regaló adornos de oro, lo que provocó la pérdida total de la compostura de los españoles que se trenzaron en furiosa pelea.

El cacique entonces —como ocurriría muchas otras veces— les señaló a lo lejos, lo más lejos posible, una tierra colmada de oro. Y les aseguró que detrás de las montañas, hacia el sur del istmo, yacía un inmenso mar quieto, donde desembocaban ríos de oro y sus playas estaban cubiertas de perlas.

Vasco Núñez de Balboa regresó a la base y se reorganizó. Reemprendió la búsqueda. Cruzó selvas intrincadas, espesura entramada, humedad permanente, tropezó con alimañas, insectos, pájaros gritones, todo siempre en la casi permanente oscuridad verde de la jungla tropical. Pero a medida que avanzaban la vegetación era menos densa.

Comenzaron a trepar. La tierra se elevaba y hacía más claro el día. Cuando Vasco vio la cima de la montaña, ordenó que sus 66 hombres lo esperaran. Subió solo. Allí arriba finalmente, con sus ojos desmesurados, la boca entreabierta y las manos crispadas, divisó el Mar del Sur. Quieto. Inmenso. Infinito. Era septiembre de 1513. Había llegado a lo que luego Magallanes llamada con más precisión Océano Pacífico.

Vasco había escuchado por primera vez el nombre de un mágico imperio, llamado Pirá. Encontrarían las islas de las perlas. Esta hazaña rindió una fortuna para el contingente que naturalmente repartió Balboa, separando la parte de la Corona y luego la del capitán y finalmente, la de los miembros de la delegación, por panes iguales, aunque una parte fue para Leoncico, el perro más rico del Nuevo Mundo, cuyos caninos bienes administraría el propio Núñez de Balboa.

La aventura de Balboa terminada con acusaciones de traición, crímenes contra los indios y conspiración contra la Corona. El 15 de enero de 1517 Vasco Núñez de Balboa fue decapitado en la plaza pública. Cuando su cabeza comenzó a rodar, sus ojos permanecieron abiertos, enormes, desmesurados, incrédulos, angustiados. Otra vez estaban viendo el infinito.

EL FIN DE BALBOA: Dos días más tarde (de descubrir el océano) , Balboa penetró en el Pacifico con la espada desenvainada y reivindicó para el rey de España «el gran Mar del Sur con todo que contiene». Luego, fijando la medida de crueldad con los indios que emularían muchos otros españoles, Nuñez de Balboa y sus hombres saquearon sin piedad el copioso tesoro de objetos de oro que encontraron en las aldeas indígenas de la zona.

A todas luces carecían de significado para ellos la elegancia la complejidad deslumbrante de esos objetos semi-abstractos. Se mostraron mucho más fascinados por los rastros de mineral áureo que descubrieron en las costas arenosas del mar.

Este deslumbrante acontecimiento no resolvió las dificultades de Balboa quien parece haberse hallado en constantes apuros frente a las autoridades.

Poco tiempo después del descubrimiento del Pacífico y cuando hacía planes para navegar hacia el sur por su mar recién descubierto, camino de Perú y en busca de más oro, el gobernador de Darién le acusó de traición y ordenó que lo decapitasen. Este gobernador que había sido enviado por el rey de España con 1.500 hombres tras conocer la espléndida noticia del descubrimiento de Balboa, era en realidad el suegro de éste. El ejecutor designado para la tarea por el gobernador fue nada menos que Francisco Pizarro.

Crisografia Escribir con Oro Técnica

Crisografía Escribir con Oro

historia sobre el oro

Los europeos imitaron a los bizantinos en el uso delicado de este metal (oro) , conocido como crisografia , en donde una pequeña cantidad de oro en polvo queda suspendida en la clara del huevo o goma.

De esta forma , el metal entonces aplicado a la ilustración de libros como caligrafía, que los europeos desarrollaron hasta constituir un arte de belleza excepcional. La propia técnica había llegado en el siglo II d.C., a través de Egipto y Grecia, para satisfacer la manda romana de artículos de lujo, pero fue Carlomagno quien apoyé el que tomé cuerno en los manuscritos iluminados.

escritura con oro

Carlomagno insistió en que los libros elaborados durante su reinado tuviesen una mejor calidad y asignó la responsabilidad principal de ello a un eclesiástico inglés,Alcuino de York. Los mas famosos entre los volúmenes logrados la supervisión de Alcuino fueron dos evangeliarios: el de Godescalc, escrito para Carlomagno en 783, y el de Saint-Méthard, ambos conservados ahora la Biblioteca Nacional de París.

Los libros de Saint-Méthard guardan toda caligrafía en oro y están ilustrados con miniaturas en oro y plata sobre fondo púrpura. Las letras están diseñadas con gran cuidado, en buena parte adap de la escritura romana de la época de Virgilio, con un trazado peculiar e invariable.

La letra cursiva que hoy se enseña en la escuela es descendiente directo de las letras doradas de Alcuino, con mil doscientos años de antigüedad. hoy escribimos con más rapidez; mediante la crisografía, la ejecución de sola inicial requería más de un día, lo que convirtió esta actividad en una de plena dedicación para los monjes encargados de realizarla.

Ordalías o Juicios de Dios Los castigos y torturas en la Edad Media

LA EDAD MEDIA: ORDALIAS O JUICIOS DE DIOS

resumen de la edad media 

Juicios de Dios en la Edad Media Europea:

Se llaman «ordalías» o «juicios de Dios» a aquellas pruebas que, especialmente en la Edad Media occidental, se hacían a los acusados para probar su inocencia. El origen de las ordalías se pierde en la noche de los tiempos, y era corriente en los pueblos primitivos, pero fue en la Edad Media cuando tomó importancia en nuestra civilización.

En el lento camino de la sociedad hacia una justicia ideal la ordalía representa el balbuceo jurídico de hombres que se esfuerzan por regular sus conflictos mediante otro camino que no sea el recurso de la fuerza bruta, y en la historia del derecho es un importante paso hacia adelante.

Hasta entonces lo que imperaba era la ley del más fuerte, y si bien con la ordalía la prueba de la fuerza continúa, se coloca bajo el signo de potencias superiores a los hombres.

Varios eran los sistemas que se usaban en las ordalías. En Occidente se preferían las pruebas a base del combate y del duelo, en los que cada parte elegía un campeón que, con la fuerza, debía hacer triunfar su buen derecho. La ley germánica precisaba que esta forma de combate era consentida si la disputa se refería a campos, viñas o dinero, estaba prohibido insultarse y era necesario nombrar dos personas encargadas de decidir la causa con un duelo.

La ordalía por medio del veneno era poco conocida en Europa, probablemente por la falta de un buen tóxico adecuado a este tipo de justicia, pero se utilizaba a veces la curiosa prueba del pan y el queso, que ya se practicaba en el siglo II en algunos lugares del Imperio romano. El acusado, ante el altar, debía comer cierta cantidad de pan y de queso, y los jueces retenían que, si el acusado era culpable, Dios enviaría a uno de sus ángeles para apretarle el gaznate de modo que no pudiese tragar aquello que comía.

La prueba del hierro candente, en cambio, era muy practicada. El acusado debía coger con las manos un hierro al rojo por cierto tiempo. En algunas ordalías se prescribía que se debía llevar en la mano este hierro el tiempo necesario para cumplir siete pasos y luego se examinaban las manos para descubrir si en ellas había signos de quemaduras que acusaban al culpable.

El hierro candente era muchas veces sustituido por agua o aceite hirviendo, o incluso por plomo fundido. En el primer caso la ordalía consistía en coger con la mano un objeto pesado que se encontraba en el fondo de una olla de agua hirviendo; en el caso de que la mano quedara indemne, el acusado era considerado inocente.

En 1215, en Estrasburgo, numerosas personas sospechosas de herejía fueron condenadas a ser quemadas después de una ordalía con hierro candente de la que habían resultado culpables. Mientras iban siendo conducidas al lugar del suplicio, en compañía de un sacerdote que les exhortaba a convertirse, la mano de un condenado curó de improviso, y como los restos de la quemadura hubiesen desaparecido completamente en el momento en que el cortejo llegaba al lugar del suplicio, el hombre curado fue liberado inmediatamente porque, sin ninguna duda posible, Dios había hablado en su favor.

En algunos sitios se hacía pasar al acusado caminando con los pies descalzos sobre rejas de arado generalmente en número impar. Fue el suplicio impuesto a la madre del rey de Inglaterra Eduardo el Confesor, que superó la prueba.

La ordalia por el agua era muy practicada en Europa para absolver o condenar a los acusados. El procedimiento era muy simple: bastaba con atar al imputado de modo que no pudiese mover ni brazos ni piernas y después se le echaba al agua de un río, un estanque o el mar. Se consideraba que si flotaba era culpable, y si, por el contrario, se hundía, era inocente, porque se pensaba que el agua siempre estaba dispuesta a acoger en su seno a un inocente mientras rechazaba al culpable. Claro que existía el peligro de que el inocente se ahogase, pero esto no preocupaba a los jueces. Por ello, en el siglo IX Hincmaro de Reims, arzobispo de la ciudad, recomendó mitigar la prueba atando con una cuerda a cada uno de los que fuesen sometidos a esta ordalía para evitar, si se hundían, que «bebiesen durante demasiado tiempo».

Esta prueba se usó mucho en Europa con las personas acusadas de brujería.

En todas las civilizaciones, las ordalías que tuvieron un origen mágico estaban encargadas a los sacerdotes, como comunicadores escogidos entre el hombre y la divinidad, y cuando la Iglesia asumió junto a su poder espiritual parcelas del poder temporal, tuvo que pechar con la responsabilidad de una costumbre que era difícil de hacer desaparecer rápidamente, y no pudiendo prohibiría bruscamente se esforzó en modificar progresivamente su uso para hacerle perder el aspecto mágico que la Iglesia consideraba demasiado vecino a la brujería.

La ordalía fue, pues, practicada como una apelación a la divina providencia para que ésta pesase sobre los combates o las pruebas en general, y los obispos se esforzaron en humanizar todo lo que en ella había de cruel y arbitrario.

Durante la segunda mitad del siglo XII el papa Alejandro III prohibió los juicios del agua hirviendo, del hierro candente e incluso los «duelos de Dios», y el cuarto concilio Luterano, bajo el pontificado de Inocencio III, prohibió toda forma de ordalía a excepción de los combates: “Nadie puede bendecir, consagrar una prueba con agua hirviente o fría o con el hierro candente.» Pero, no obstante estas prohibiciones, la ordalía continuó practicándose durante la Edad Media, por lo que doce años después, durante un concilio en Tréveris, tuvo que renovarse la prohibición.

Los defensores de la ordalía basaban su actividad en ciertos versículos del Ahtiguo Testamento, en los que algunos sospechosos de culpabilidad eran sometidos a una prueba consistente en beber una pócima preparada por los sacerdotes y de cuyo resultado se dictaminaba si el acusado era culpable o no.

Las ordalías a base de ingerir sustancias venenosas eran poco usadas en Europa debido a la dificultad de encontrar pócimas adecuadas debido a la escasez de sustancias venenosas, pero en pueblos de Asia o Africa, especialmente en este último continente, se usaron con profusión hasta nuestros días. Muchas veces las autoridades coloniales tuvieron que intervenir prohibiendo este tipo de actuaciones, pero sin gran resultado. Ignoro si hoy, con la independencia de las antiguas colonias y la subsiguiente de los tribunales coloniales, continúan practicándose ordalías con el veneno, tan frecuentes en otro tiempo.

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Historia de la Diáspora Judia Las Persecuciones y Castigos a Judios

Los hebreos dirigidos por Moisés se marcharon de Egipto en el siglo XIII a.C. y se asentaron en las Tierras de Canaán (Palestina actual), lugar en donde estaban asentados los filisteos. Los enfrentamientos empezaron enseguida y los hebreos se unieron en un reino monárquico, inicialmente bajo el poder de Seúl, luego de David y finalmente de Salomón (931 a.C.), hasta su muerte, para luego dividirse en dos reinos uno al norte con capital en Samaria y otro Judá , al sur con capital en Jerusalén.

Dispersión o diáspora son nombres sinónimos, aunque el segundo de origen griego, usados para referirse a la emigración de los judíos y la presencia de minorías suyas diseminadas fuera de Israel.

La primera diáspora se remonta al año 722 a.C. cuando las diez tribus del reino del norte fueron deportadas a Asiria, donde acabaron por ser asimiladas. En 586 a.C. los babilonios asaltaron y saquearon Jerusalén, y el Templo fue destruido e incendiado, deportando a Babilonia los judíos mas destacados de sus sociedad, como intelectuales, banqueros, funcionarios.

Fue durante este exilio donde la religión hebrea antigua fue cambiando a la religión judía actual. Por allá, en 521 a.C, los persas somete a los babilonios y el rey Ciro permite el retorno de los judíos a sus tierra natal, 50.000 judíos emprendieron el Primer Retorno a la Tierra de Israel, y iniciaron la reconstrucción del segundo Templo, en el mismo lugar que se encontraba emplazado el anterior.

Tras la muerte de Salomón, acaecida en el 935 a.C, Israel atravesó una etapa de decadencia. El reino se dividió en dos mitades: al norte Israel y al sur Judea, con capital en Jerusalén. Los asirios arrasaron Israel en el 722 a.C, y esclavizaron a sus habitantes. Judea se mantuvo hasta el 587 a.C, fecha en que el ejército babilonio destruyó el templo y obligó a los supervivientes a marchar al exilio. A partir de este momento podemos hablar de los «judíos», la nación definida por la religión que transmitieron los antiguos hebreos de Israel y Judea.

Cuando Palestina se encontraba bajo el dominio de los seléucidas, algunos judíos adoptaron costumbres helenísticas, pero pertenecían a una minoría de las clases altas, en las que no confiaba el pueblo, que se aferraba a sus tradiciones sin ponerlas jamás en entredicho. En el siglo II a.C. los judíos se rebelaron contra la «helenización» y a partir de entonces los reyes seléucidas empezaron a tratarlos con suma precaución.

Al finalizar el dominio seléucida, en el año 143 a.C, se inició un período de independencia que duró unos 80 años, y después Roma conquistó Judea. Transcurrirían 2.000 años hasta que resurgiera un estado judío independiente en el Oriente Medio. Sin embargo, en la época de Augusto vivían menos judíos en Judea que en el resto del imperio romano.

Tras el éxodo, y gracias a la libertad de movimientos y de comercio que ofrecieron primero los estados helenísticos y después Roma, los judíos se dispersaron por las costas del Mediterráneo y llegaron a los puertos del mar Negro y Mesopotamia. Fue la llamada «diáspora». Algunos se establecieron incluso en los puertos del oeste de la India (alrededor del 175 a.C).

En diversas ciudades romanas vivía un elevadísimo número de judíos; en Roma había probablemente unos 50.000, y en Alejandría también existía una importante comunidad. Su número aumentó gracias a la conversión de los gentiles, que se sentían atraídos hacia esta religión por su código moral, por las ceremonias que se centraban en la lectura de las escrituras sin necesidad de santuarios ni sacerdotes y sobre todo porque prometía la salvación. La visión judía de la historia era muy clara y alentadora: se consideraban el pueblo elegido por Dios, que se purificaría en el fuego para el Día del Juicio, pero que después se reuniría y alcanzaría la salvación.

Durante la dominación romana de Palestina la incomprensión de los romanos hacia el exclusivismo judío desembocó en dos sangrientas rebeliones que fueron aplastadas sin piedad por los romanos. La primera, en el año 70 d.C., vio la destrucción del Templo de Jerusalén a manos de Tito y cómo medio millón de hebreos morían en esta guerra y 100.000 eran reducidos a la esclavitud. Los supervivientes que abandonaron Palestina fueron a engrosar las comunidades de la diáspora.

La segunda rebelión, bajo el emperador Adriano, terminó con una estrepitosa derrota en 135 d.C., tras una guerra larga, cruenta y terrible. Los judíos que no murieron fueron dispersados y enviados a llenar los mercados de esclavos del imperio. Jerusalén se convirtió en una ciudad romana, Aelia Capitolina, a la que no se permitía entrar a los judíos. Mediante decretos imperiales fue prohibida bajo pena de muerte la observancia de las leyes sagradas: Más tarde durante el imperio romano, los judíos superaron la hostilidad inicial y consiguieron la plena ciudadanía con el edicto de Caracalla, en 212.

Pero un siglo después, cuando Constantino se convirtió al cristianismo, dio comienzo la sistemática, constante y creciente persecución a los judíos. Durante el Concilio de Nicea en el año 325, el mismo emperador pone fin a la controversia sobre la naturaleza de Cristo (se lo decreta divino y no un simple profeta) y continúa sus esfuerzos para separar al cristianismo del judaísmo declarando que la pascua cristiana no sería determinada por el pesaj o pascua judía. Declara: “Porque es insoportablemente irrespetuoso que en la más sagrada fiesta estemos siguiendo las costumbres de los judíos. De aquí en adelante no tengamos nada en común con esta odiosa gente…”.

También en plena Edad Antigua, numerosos santos (San Hilario, San Crisóstomo, San Efraín, etcétera) escriben en contra de los judíos. Algunos apelativos que reciben los semitas de parte de estos santos, nada compasivos por cierto, son: “Pérfidos asesinos de Cristo”, “Raza de víboras” y “compañeros del diablo”.

ODIO HACIA LOS JUDÍOS EN LA EDAD MEDIA

A partir del Siglo IV se le prohíbe la construcción de nuevos templos, y los en pie eran quemados por los cristianos.  Se los expulsa de algunas ciudades al menos que se conviertan al cristianismo, aunque después se desconfía de su fe, y siguen siendo perseguidos.  Se incita a la violencia para que sean atacados y marginados. Hacia finales del siglo VI se prohíbe a los cristianos tener amistades judías y consultar médicos de ese mismo origen.
Siglo V, se dictan leyes que se les prohíbe tener tierras, sirvientes, aparecer públicamente en la fiesta de Pascua. No puede acceder a ningún cargo público o tener autoridad sobre un cristiano.
Pueden convertirse y bautizarse, de lo contrario son expulsados, o bien tratados brutalmente al extremos de sacarles los ojos.
Siglo VIII: La situación sigue agravándose y los judío no pueden tener casi contacto con los cristianos. Se castiga toda relación, como la amistad hasta el diálogo.  San Agobard, arzobispo de Lyon, escribe en sus Epístolas que los judíos nacieron esclavos y que tienen el hábito de robar niños cristianos para vendérselos a los árabes.
Hacia el Siglo XI , en 1012, cuando los musulmanes atacan el Santo Sepulcro de Jerusalén, comienza un ataque sistemático en Francia hacia todo judío acusándolos de responsables. En 1081 son obligados a pagar altos impuestos para mantener la Iglesia a cambio de permitir su estadía en esa ciudad. Durante las sucesivas cruzadas, muchos soldados de Cristo asesinan sin piedad a miles de judíos e incendian sus templos. Algunas voces de la Iglesia se levantan contra eso y tratan de calmar los ánimos declarado que los judíos pueden ser tolerados y que la furia cristiana se debe dirigir hacia los musulmanes.
En el Siglo XII, aparece una nueva acusación, ahora son acusados de realizar rituales morbosos con asesinatos y consecuentemente son atacados y torturados hasta la muerte o quemados en la hoguera. Frecuentes pestes que asolaban a Europa por aquella etapa , y también se los culpaban de ser responsables por envenenar las aguas.

Siglo XIII, una resolución en el 4° Concilio de Letrán los obliga a distinguirse del resto de la sociedad, y para ello deben llevar un símbolo en su vestido, como una estrella o sombrero de color fuerte. Se inicia de esta manera en Europa un sistema de diferenciación a través de la vestimenta.

En 1267 se agudiza la ley, y ahora deben colocarse un sombrero raro de dos punta, llamado pileteum comutum, pues se afirma que son hijos del diablo y llevan cuernos. Mediante ese sombrero debían esconderlos.

Pasa los años y la presión cristiana continua, cerrando e incendiando sus templo, lastimando y torturándolos por impíos. Grupos de judíos son asesinados en las calles por la gente que se los cruza.

Siguen las acusaciones y ahora también por profanación de hostias, que es un delito cuya pena es la muerte, pues es un sacrilegio o ataque frontal directo al cuerpo de Cristo. Mucha gente se mofan de se asesinos de judío y hasta les gusta llevar un sobrenombre relacionado con su actitud asesina. Los encargados de las torturas o inquisidores queman los libros religiosos como el Talmud.

Llega el Siglo XIV con él, una peste que pasará a la historia por lo cruenta y desastrosa en cuanto a los estragos que hizo en la población. Ahora son culpados de planear una conspiración mundial para el dominio de los reinos.

Las persecuciones y violencia se incrementan y muchos se suicidan antes de ser castigados, torturados o quemados en hogueras. Se promulgan diversas bulas que prohíben a los capitanes de navío el transporte de judíos a Tierra Santa y que les impide asistir a la universidad.

En una bula papal, conocida como Cun nimis absurdum se asegura que los judíos, verdaderos asesinos de Jesús, han nacido esclavos y deben ser tratados con tales, y nace la modalidad que mas tarde utilizará Hitler para marginar a los judío, mediante la construcción de un pequeño predio, con una entrada en donde se hacinaba a todos los judío. Se lo llamó “guetto”.

A la vez fueron obligados a vender sus propiedades a los cristianos a precios verdaderamente irrisorios. El ghetto fue instalado en la orilla derecha del Tíber, frecuentemente anegado y, por ello, extremadamente insalubre.

Desde aquellas primeras normas del siglo IV, podemos decir que fueron siempre marginados de todas las actividades sociales, comerciales y culturales.

En lo religioso y según el ánimo del obispo de turno podía llegar a poseer solo una sinagoga, pero ante cualquier problema que afectara a la sociedad medieval podían ser atacados y quemados vivos adentro del mismo templo.

Sólo se le permitía hablar en latín, no podían asistir a médicos cristianos, no podían tener amigos cristianos y menos aun alguna autoridad sobre ellos. Hasta los mas humildes y pordioseros no podía tratarlos bien, ni siquiera llamarlos “Señor”

El guetto era un lugar asilado, con solo una entrada y salida de unos 500 m. de lado, en donde se aislaba y obligaba a vivir a grupos de miles de judíos. Debido a la concentración de gente, debieron intentar hacer viviendas en planta altas, de dos o mas pisos, pero al no contar con buenos materiales y herramientas adecuadas, los derrumbes estaban a la orden del día, y las muertes por accidentes también. Los materiales usados como la madera eran sumamente combustibles y cualquier error con el fuego de la cocción de los alimentos o para calefacción generaban verdaderas catástrofes humanas y materiales. También la higiene era un verdadero problema por la escasez de agua, situación que abonaba el antiguo mito que los judíos tenían un degradable olor corporal.

En 1559, Pablo IV moría. Sin embargo, su bula había instaurado y legitimado una pauta de conducta que duraría tres siglos.

Grandes Mestres (o Maestros) del Priorato de Sion Los Templarios

Grandes Mestres del Priorato de Sion

secretos del codigo davinci

María Magdalena José de Arimatea Templo de Salomón Los Templarios
Leonardo Da Vinci Priorato de Sión Sección Aurea Serie de Fibonacci
El Pentragama Santo Grial El Opus Dei Enigma Sagrado
Hombre de Vitrubio Los Cátaros Los Gnósticos La Última Cena

¿Qué sucedió después de la Edad Media con los Templarios y el Priorato de Sion?

Los Templarios, por ser el brazo armado que actuaba a la luz del día, y sin ocultarse, fueron prácticamente exterminados, aunque no del todo. Actualmente, varias organizaciones se adjudican la pertenencia a la Orden, por ejemplo la Ordo Supremus Militaris Templi Hierosolymitani (que reúne caballeros de Argentina, Colombia, Chile, Uruguay y Estados Unidos), los Rovers (de México), la Orden de Jacques de Molay (en Estados Unidos) y la Corte de Chevaliers Templarios de Sul de Minas.

Grandes maestros  del Priorato de Sion

Después del juicio del maestre de la orden, Jacques de Molay (imagen) , los templarios intentaron organizar su defensa. El rey reaccionó. El 12 de mayo de 1310, algunos templarios fueron quemados cerca de la puerta de Saint-Antoine. Durante el concilio de Viena, el 22 de marzo de 1312, y cediendo a las presiones de Felipe el Hermoso, Clemente V hizo aprobar la supresión de la orden, cuyos bienes fueron entregados a la del Hospital. Y el siniestro proceso alcanzó su punto culminante el 18 de marzo de 1314

Siempre en la sombra (aunque no tanto a partir de 1956, como se verá un poco más adelante) actualmente el Priorato de Sion tiene la misión de proteger los documentos de Sangreal, hacer otro tanto con la tumba de María Magdalena y proteger el linaje de Jesús, o sea, los miembros de la dinastía merovingia que se encuentran todavía entre nosotros.

Pero… ¿cómo llega La Prieuré de Sion desde sus tiempos de origen hasta los inicios del siglo XXI?.A lo largo de los siglos, y tal como se podrá apreciar más adelante, su subsistencia se hizo de manera secreta, entre bastidores, y con la presencia de un hombre o, eventualmente, una mujer importante ocupando el cargo de Gran Maestre.

En general, tal como se podrá observar en el listado que aparece más abajo, todo Gran Maestre estuvo vinculado al poder político de su época, perteneció a alguna sociedad secreta, participó de misterios alquímicos, fue un artista relevante e, incluso, varias de estas cosas a la vez.

El siguiente listado forma parte de los denominados Les Dossiers Secrets, hallados
en la Biblioteque Nationale de París.

Jean de Gisors    1188- 1220
Marie de Saint-Clair    1220-1266
Guillaume de Gisors    1266-1307
Edouard de Bar    1307-1336
Jeanne de Bar    1336-1351
Jean de Saint-Clair    1351-1366
Blanche d’Evreux    1366-1398
Nicolas Flamel    1398-1418
René de Anjou    1418-1480
Iolande de Bar    1480-1483
Sandro Botticelli    1483-1510
Leonardo Da Vinci    1510-1519
Connétable de Bourbon    1519-1527
Ferdinad de Gonzague    1527-1575
Louis de Nevers    1575-1595
Robert Fludd    1595-1637
Johann Valentin Andrea    1637-1654
Robert Boyle    1654-1691
Isaac Newton    1691-1727
Charles Radclyffe    1727-1746
Charles de Lorena    1746-1780
Maximilian de Lorena    1780-1801
Charles Nodier    1801-1844
Victor Hugo    1844-1885
Claude Debussy    1885-1918
Jean Cocteau    1918-1963

Francis Drake Pirata de la Reina Isabel I de Inglaterra Biografia

HISTORIA DE FAMOSO CAPITÁN FRANCIS DRAKE
historia sobre el oro

Las expediciones inglesas constituyen una página gloriosa en la historia de la navegación y preparan el predominio británico en los mares. El héroe admirado y temido de los españoles es Francis Drake, el lugarteniente de Hawkins en San Juan de Ulúa. Había nacido en Tavistock, en el condado de Devon, hacia 1540, a lo que se dice en la cala de un navío. Después de la derrota de John Hawkins en San Juan de Ulúa, había concebido contra los españoles un odio terrible, que con la codicia fue el móvil de toda su vida.

No tuvo España enemigo más tenaz, más peligroso y más inteligente. No nos es posible señalar sino un resumen muy somero de sus ataques al Imperio español. En 1572 saqueó a Nombre de Dios, en el Atlántico, llave del istmo de Panamá y lugar de concentración de los tesoros que del Perú venían a España; atravesó el istmo y dio vista al Pacífico.

Aún más atrevido fue el viaje efectuado en 1577. Pasó el estrecho de Magallanes, saqueó a Valparaíso y Arica, y en el Callao, el puerto de Lima, se apoderó de un galeón cargado de oro. Prosiguió el viaje por el Pacífico, hacia el Norte, saqueando ciudades y apresando navíos hasta la bahía de San Francisco, y luego regresó dando la vuelta al mundo por el océano Indico y por el Atlántico. El 3 de noviembre de 1580 llegaba a Plymouth. (Fuente Consultada: Historia de Canarias)

Biografía de Francis Drake: Nació en 1543 en Portobelo, Inglaterra. Fue un marino y navegante que se formó desde muy joven con John Hawkins, un famoso capitán de la marina inglesa. Inició su fama de pirata al atacar los puertos españoles del Caribe 1572 , que luego a entrar en el océano Pacifico saqueo el puerto de Nombre de Dios en Panamá apoderándose de un gran cargamento de oro y plata.

Al servicio de los Hawkins pudo Drake aprender todos los secretos de los océanos, la navegación
en alta mar y las principales rutas marítimas.

En 1577 partió con cinco naves y con una tripulación de mas de cien hombres, rumbo a las colonias españolas en el Pacifico, cumpliendo una misión secreta a pedido de la reina Isabel I de Inglaterra.

Llegó al Río de la Plata luego de cruzar el Atlántico, y se dirigió al estrecho de Magallanes para seguir viaje en 1579 rumbo a las Malucas , Java y Céleles en Indonesia, retornando a Inglaterra en 1580, y siendo recibido con honores como el primer marino inglés en circunnavegar el mundo, hazaña hecha por primera vez por España, iniciada por Magallanes y concluida por Sebastián Elcano.

Drake fue un pirata al servicio de la Reina Isabel I, saqueando enormes fortunas en oro y plata a los barcos españoles. Fue condecorado con el titulo de SIR en una ceremonia arriba de su famoso barco el Golden Hind. También fue ministro del Parlamento entre 1584 y 1585. (imagen del barco)

Fundó el primer asentamiento inglés del Nuevo Mundo, en la isla de Roanoke (a la altura de Carolina del Norte). La tradición atribuye a Drake la introducción del tabaco en Inglaterra, precisamente al regreso de este último viaje.

Golden Hind

Debido a las disputas entre Inglaterra y España, Drake también por encargo de la reina, atacó el puerto de Cadiz destruyendo parte importante de la flota. Dos años mas tarde cuando los españoles enviaron su Armada Invencible contra Inglaterra, Drake luchó contra ella como vicealmirante en la batalla del Canal de la Mancha.

Dirigió con acierto una de las divisiones de la armada Inglesa, mandada por lord Howard Effingham (1536-1624), a quien superaba con sus dotes de marino. Aprovechó la mayor maniobrabilidad de las naves inglesas y el mayor alcance de su artillería. Desempeñó también un papel importante en la decisiva acción de Gravelinas.

Drake se embarcó posteriormente en una larga y desastrosa campaña contra la América española, en la que sufrió varias derrotas consecutivas. Cuando cumplió con el encargo de atacar Puerto Rico, los artilleros españoles del castillo de El Morro alcanzaron el puente de su barco, pero Drake sobrevivió. Poco después, atacó de nuevo San Juan de Puerto Rico, volviendo a ser derrotado.

La historiografía actual considera que el gran talento de este irrepetible personaje no fue su capacidad de innovación, sino su brillantez como capitán y sus innumerables recursos a bordo

A mediados de enero de 1596, a los 56 años, enfermó de disentería. El 28 de enero murió frente a las costas de Portobelo, Panamá, después de haber hecho testamento en favor de su sobrino Francis; el mando de la expedición quedó a cargo de Sir Thomas Baskerville. A manera de entierro, su cuerpo fue lanzado al mar en un ataúd lastrado.

UN VIDEO SOBRE FRANCIS DRAKE

Las bases de una gran potencia: La derrota española de 1588 file el hecho fundamental para que Inglaterra, favorecida por las brillantes dotes de estadista de Isabel I, se convirtiese en una gran potencia naval y colonial. Previamente, la reina puso orden en el caos financiero que dejó María Tudor. El proceso expansíonista había empezado en 1555 con la creación de la Compañía de Moscú a raíz del descubrimiento y la explotación de los grandes bancos de pesca de Terranova. Una flota mercante cada día más grande abrió rutas comerciales, que incluyeron el ignominioso tráfico de esclavos africanos. La corona no vaciló en usar barcos piratas, capitaneados por Hawkins, Drake, Frobisher y otros, que no dieron tregua en las rutas comerciales que explotaban España y Portugal en el Atlántico sur y el Caribe. En 1584. sir Walter Raleigh fundo la primera colonia inglesa en America del Norte, en Virginia •nombre elegido en homenaje a Isabel, llamada la Reina Virgen, y en 1600 se creó la Compañía de las Indias Orientales. El capital obtenido se invirtió en nuevas empresas comerciales, industriales y financieras por acciones, lo que llevó a crear la bolsa de Londres, en 1571.

Los Juicios de la Inquisición Guía de Preguntas a los Sospechosos

El último episodio de la lucha del Papado y del reino de Francia contra los albigenses comienza con un hecho terrible diferente. Como en la mayor parte de los casos, los archivos de los inquisidores nos permiten reconstruir el caso. Se trata del asesinato, en el mes de mayo de 1242, de Guillermo Arnaud, de la orden de los Hermanos Predicadores y de Etienne de Narbonne, de la orden de Hermanos Menores, agentes de la Inquisición en las tierras de los condes de Toulouse.

Colocados directamente bajo la autoridad del Papa, escapando al control de los obispos locales, estos inquisidores gozaban de una terrible reputación. El mismo papa Gregorio IX había tenido que moderar su ardor, como lo atestigua una carta enviada por él al arzobispo de Vienne en febrero de 1237.

A la cabeza de un verdadero «comando» inquisitorial, el hermano Guillermo Arnaud recorría el territorio de Toulouse en busca de herejes. En compañía de sus colaboradores, que ascendían a una docena, realizaba rápidas encuestas de ciudad en ciudad, después juzgaba y condenaba con el máximo rigor.

Su método era simple. Con sus asesores, su escribano y su carcelero se instalaba en el obispado o en un convento de dominicos o, a falta de ambos, en un castillo requisado para el caso. Después hacía anunciar el día y hora de su primer sermón. No acudir a escucharlo era para cada habitante como dejar flotar una duda sobre sus convicciones católicas.

En este sermón anunciaba su voluntad de extirpar la herejía de la ciudad. Era un ultimátum a los herejes del lugar. Sin embargo les era concedido un período de gracia. Si se presentaban ellos mismos a los inquisidores, estos últimos les perdonaban todos sus pecados mediante simples penitencias canónicas. Estas penitencias eran por cierto un medio cómodo de alejar a los más molestos: era suficiente pedirle al antiguo hereje que emprendiera la peregrinación a Santiago de Compostela y desde allí que subiera a Canterbury para exiliarlo durante muchos meses. Pero durante ese período de gracia el tribunal no condenaba a los culpables.

No corrían, pues, el riesgo de incurrir en la pena de muerte, ni en la confiscación de sus bienes ni en la pena de prisión. La cosa ya era diferente después del período de gracia. Entonces los sospechosos eran convocados sin miramientos y tratados como malhechores.

Los más débiles, los que no tenían gran cosa que reprocharse, aquellos que podían temer a algún enemigo, aquellos, en fin, que no habían tenido más que relaciones de negocios o de circunstancias con los herejes, por haber sido sus proveedores o clientes, o por haber intercambiado con ellos alguna palabra en la calle, o por haber sido recibido por ellos, o incluso por haber asistido casual o voluntariamente a cualquier ceremonia sin participar en ella, todos ellos acudían voluntariamente a acusarse. Venían igualmente al hermano Guillermo Arnaud los culpables de delitos más graves deseando gozar de la impunidad, denunciándose por delitos menores.

Estas confesiones eran escuchadas por los inquisidores a puerta cerrada. El secreto era absoluto. No se trataba de indulgencia: era simplemente el mejor medio de obtener rápidamente información. El temor inspirado por la Inquisición y la pobreza de espíritu de gran número de habitantes facilitaba mucho el trabajo del tribunal. No era suficiente acusarse para ser absuelto sino que era necesario citar nombres y dar direcciones para no ser considerado posteriormente como cómplice.

De este modo se alargaba la lista con los enemigos personales de unos y otros, y, como ocurre de ordinario con ese procedimiento, con todos aquellos que destacaban por su talento, su originalidad, su carácter o sus… manías.

Llegaba entonces el final del período de gracia. El tribunal comenzaba por convocar a todos los que habían sido citados.

El método cambiaba brutalmente. El sospechoso era interpelado, arrojado en prisión e interrogado después. Existía una guía de la Inquisición y los jueces se contentaban con seguirla. Todos los interrogatorios, y existen millares en los archivos de la Inquisición, son del mismo tenor:

«—¿Os habéis visto con un hereje?»
«—¿Dónde lo habéis visto?»
«—¿En qué fecha?»
«—¿Sabíais que era un hereje u os lo hizo saber?»
«—¿Quién os lo dijo?»
«—¿Teníais con él relaciones regulares?»
«—¿Por quién lo conocisteis?»
«—¿Le habéis recibido en vuestra casa?»
«—¿Fue sólo o acompañado?»
«—¿Le habéis visitado?»
«—¿Ibais sólo o acompañado?»
«—¿Os habéis visto en un lugar diferente de vuestra casa o la suya?»
«—¿Solo o en grupo?»
«—¿Habéis oído una predicación?»
«—¿Qué decía?»
«—¿Conocéis el saludo de los herejes?»
«—¿Lo habéis vos mismo utilizado?»
«—¿Habéis asistido a la iniciación de un hereje?»
«—¿Habéis renegado de la religión cristiana?»

Como puede verse, el interrogatorio de los sospechosos era llevado como si los jueces pudieran tener ya respuestas. Conociendo el sistema de delación establecido por la Inquisición, las personas interrogadas tenían pocas posibilidades de ser absueltas, ya que, o se veían obligadas a confesar sus relaciones con los herejes o a negar toda culpabilidad, viéndose entonces confundidas por testimonios de valor muy desiguales.

LOS AUTO DE FE:

Replicaban las campanas y se hacían misas por las almas de los infortunados que estaban por morir en un auto de fe. El término  de origen portugués, se refería a un acto público y solemne en el que eran leídas las penas impuestas por el tribunal del Santo Oficio, creado para la represión de la herejía y demás delitos contra la fe cristiana (superstición, brujería, iluminismo. apostasía, etcétera). Hombres y mujeres condenados salían de sus celdas y eran llevados en una extraña procesión que encabezaba el portaestandarte de la Inquisición, seguido por tambores, trompetas, portadores de cruces, banderas y hachones encendidos, así como frailes de distintas órdenes.

A continuación desfilaba la lúgubre procesión de los condenados. Los acusados vestían una túnica penitencial. Algunos llevaban la cabeza rapada, en tanto que otros, con un toque de comedia negra, tenían puesta una coroza, un capirote puntiagudo que simbolizaba a los penitentes. Al final de la procesión marchaban los jueces y funcionarios, seguidos por el inquisidor local y el obispo de la diócesis.

Alineada en la calle, asomada por las ventanas o espiando por entre las rendijas, la multitud presenciaba el espectáculo con reverente temor. Algunos se arrodillaban, otros proferían insultos a los condenados y muchos acudían al lugar donde se desarrollaría el acto final del drama: una enorme plataforma con bancos para los condenados, un altar y estrados para los funcionarios.

Tras la oración pública, seguida de un sermón, se procedía a la lectura de los nombres de los condenados y de los cargos que se les imputaban. Finalmente se dictaba sentencia. Algunos sólo sufrían la humillación de llevar el sambenito —capotillo o escapulario que se ponía a los penitentes reconciliados— durante algún tiempo; otros recibían azotes y, algunos más, eran condenados a prisión. Muchos eran remitidos a la justicia civil, pues la Iglesia no podía quitar la vida a nadie.

Eran los jueces estatales quienes conducían a las víctimas a la hoguera, en las afueras de la ciudad. Los que se arrepentían de sus pecados en el último instante eran muertos a garrote. Los demás eran quemados vivos.

La inquisicion española Luchas contra los herejes Historia Resumen

La Inquisición Española:Los Herejes

INTRODUCCIÓN:
Inquisición
: Es un
tribunal eclesiástico establecido para perseguir la herejía y demás delitos contra la fe. Históricamente tuvo dos manifestaciones distintas: la Inquisición medieval, directamente vinculada al pontificado, y la Inquisición española, establecida por los Reyes Católicos.

El primitivo tribunal de la Inquisición fue creado por Gregorio IX en 1231 con el objeto de frenar el avance de la herejía de los albigenses en el S de Francia. En 1235 se constituyó en diferentes países de Europa con el consentimiento de Federico II. Encomendada a los dominicos, era una instancia extraordinaria cuyo poder procedía directamente del Papa. La tortura fue admitida por Inocencio IV (bula Ad Extirpártela, 1252) como procedimiento procesal para obtener la confesión. Posteriormente su utilización fue confirmada por Alejandro IV (1259) y Clemente IV (1265).

En España se introdujo en la Corona de Aragón, con Jaime I, a instancias de su confesor san Raimundo de Peñafort. Su constitución definitiva tuvo lugar en el concilio de Tarragona (1242). El establecimiento de la Inquisición en los diferentes reinos hispánicos y luego en América se debió a la iniciativa de los Reyes Católicos, tras una serie de negociaciones con Sixto IV, entre 1478 y 1483.

El primer gran inquisidor fue Tomás de Torquemada, confesor de la reina Isabel. A diferencia de la institución medieval, el nuevo tribunal o Santo Oficio se organizó con plena independencia de la Santa Sede, bajo la jurisdicción directa de la corona. Su actuación se centró, principalmente, en la represión del judaísmo, y, después de la expulsión de los judíos (1492), en la persecución de los falsos conversos, la bigamia, la blasfemia, la brujería, los libros prohibidos, etc.

El órgano rector era llamado Consejo Supremo de la Inquisición. De él dependían los tribunales provinciales, dirigidos por un inquisidor auxiliado por calificadores y familiares. Las sentencias eran hechas públicas en los llamados autos de fe y las condenas a muerte, ejecutadas por la justicia secular. Los reinados de Carlos V y Felipe II fueron los de mayor desarrollo del Santo Oficio, utilizado incluso como instrumento político, para decaer en los siglos siguientes.

La Inquisición fue suprimida por las Cortes de Cádiz en 1813. Fernando VII la reimplantó en 1814 y fue definitivamente abolida por María Cristina en 1834. (Fuente Consultada: Gran Enciclopedia Universal Espasa Calpe Tomo 21)

Tribunal de la Inquisición Española

La Iglesia católica romana

Uno de los apóstoles, san Pedro (llamado originalmente Simón o Simeón), organizó a los cristianos en la Iglesia primitiva. Es decir, parece haberlo hecho. Los relatos históricos hablan poco de la vida y las obras de Pedro. San Pablo, judío converso a quien se considera también apóstol, predicó extensamente entre los gentiles (es decir, no judíos), incluyendo a los romanos.

La Iglesia católica considera a Pedro el primer obispo de Roma, y allí, según la leyenda, fue crucificado por los romanos hacia el año 64 d.C. La Iglesia estableció su sede en Roma, donde los sucesivos papas (de la palabra latina papa que significa padre) han sido ungidos como los sucesores de Pedro y representantes de Dios en la tierra.

Convertirse en “la Iglesia”

Hasta la Reforma protestante la Iglesia católica romana era simplemente la Iglesia, al menos en Europa. La palabra católico significa universal o de gran alcance. La Iglesia católica romana era la iglesia de todo el mundo.

La doctrina católica romana se centra en una Santa Trinidad, en la que un dios toma la forma de tres personas distintas:

Dios Padre, Dios Hijo (Jesús) y Dios Espíritu Santo. Los católicos veneran también a la madre de Jesús, María, a quien consideran virgen después de haber dado milagrosamente a luz. (Los santos son seres humanos cuyas vidas ejemplares causan milagros divinos y cuya virtud, confirmada por la Iglesia, los hace acreedores a la condición de santidad.)

Aunque varios emperadores romanos persiguieron a los cristianos, Constantino el Grande dio media vuelta en el siglo cuarto d.C., y no solamente ordenó tolerar el cristianismo sino que convirtió a la Iglesia en una institución rica y poderosa.

Una fuerza unificadora

A la caída del Imperio Romano de Occidente, en el siglo quinto d.C. la Iglesia permaneció siendo la principal fuerza unificadora y civilizadora en Europa, llamada también la cristiandad.  Los reyes consideraban que su autoridad era un derecho concedido por el dios de los cristianos. El papa era no sólo un líder espiritual sino también político. León III (el futuro san León) coronó al rey franco Carlomagno como emperador de Occidente (o emperador del Sacro Imperio Romano) en el año 800 d.C.

Cuando el pontífice Urbano II hizo un llamado para la liberación de los Santos Lugares (el Israel actual) del dominio turco, su poder y prestigio impulsaron las Cruzadas en 1095.

Enfrentar disidencias y abandonos

Sin embargo, no todo el mundo estaba de acuerdo sobre si el rey respondía directamente ante Dios o ante el Papa, y esto produjo luchas de poder que duraron siglos. En la Inglaterra del siglo doce este desacuerdo causó el asesinato del arzobispo de Canterbury, a manos de los soldados de Enrique II, lo que fue un desastre de relaciones públicas para el rey. Enrique negó haber ordenado el hecho, pero se había quejado del arzobispo, Thomas Becket, quien había sido antes su canciller, y había manifestado en voz alta su deseo de verse librado de tan “turbulento clérigo”.

A veces surgían disputas acerca de quién era el verdadero papa. Cuando Federico 1, emperador del Sacro Imperio Romano, estuvo en desacuerdo con la elección de Orlando Bandínelli como el papa Alejandro III, ocurrida en 1159, simplemente decidió nombrar por su cuenta, uno tras otro, a sus propios candidatos, que recibieron el nombre de antipapas. Víctor IV, Pascal III, Calixto IV e Inocencio III se llamaron a sí mismos papas, pero Roma replicaba: “Vaya! ¡Ninguno de ustedes es el verdadero papa!”    

Las luchas de poder entre la Iglesia y los gobernantes nacionales causaron la Reforma protestante del siglo dieciséis

La Reforma produjo contiendas militares entre protestantes y católicos, la mayor de las cuales fue la guerra de los treinta años. Esta contienda comenzó en 1618, cuando los protestantes de Bohemia, región que formaba parte del Sacro Imperio Romano, trataron de nombrar un rey protestante. España se lanzó a la guerra, del lado católico, y como demostración de que las guerras religiosas suelen ocurrir por causas ajenas a la religión, la católica Francia se alió con los protestantes. (Los franceses estaban inquietos por el hecho de que los Habsburgo, familia católica que gobernaba España y el Sacro Imperio Romano, se estaba volviendo demasiado poderosa.)

Algunos conflictos entre protestantes y católicos, pero sólo de nombre, habrían de estallar mucho tiempo después. Uno particularmente enconado se centra en la disyuntiva de si Irlanda del Norte, en donde la mayoría de la población es protestante, debe seguir formando parte de la Gran Bretaña o unirse a la democrática y católica República de Irlanda.

Puesta en marcha de la Inquisición

Antes de que el clérigo alemán Martín Lutero desencadenara la Reforma protestante en 1517, ciertos funcionarios eclesiásticos intentaron abordar el problema de la percepción extendida y creciente de muchos europeos acerca de la corrupción, indolencia y arrogancia de sacerdotes y monjes. Algunos cardenales y obispos trataron de expulsar a los clérigos de conducta impropia. Estos ensayos reformistas tuvieron poco éxito, excepto en España, país que, al enfrentar desafíos diferentes de los de gran parte de Europa, produjo una solución extremista.

Los moros, que eran musulmanes, gobernaron España durante siglos. Los cristianos tomaron el último reino musulmán de la península en 1492, el mismo año en que Colón se hizo a la vela. Muchos judíos vivían también en España. Y como los moros eran más tolerantes que los cristianos europeos hacia los judíos, éstos preferían vivir en las regiones dominadas por los musulmanes.

Al perder los moros el poder, judíos y musulmanes quedaron paralizados. Podían salir del país, convertirse al cristianismo o, posiblemente, ser asesinados. Muchos se convirtieron, pero eran cuando mucho cristianos tibios: odiaban a la Iglesia y a todo lo que simbolizaba, y practicaban en secreto sus religiones.

Los cristianos españoles temían que estos cristianos nuevos se rebelaran si los moros de África del norte o los turcos musulmanes del oriente atacaban. Por su parte, la jerarquía eclesiástica temía que el resentimiento de los cristianos nuevos minara la autoridad de los sacerdotes.

Para aliviar estas inquietudes, los monarcas Fernando e Isabel pusieron en marcha la Inquisición española, campaña para detectar, exponer y castigar la herejía.

La Inquisición ganó bien su reputación de minuciosidad, imparcialidad (nobles, religiosos y gente del común eran todos vulnerables) y abominable crueldad. Operaba en secreto, empleando informadores anónimos y efectuando arrestos nocturnos, y recurría al confinamiento solitario y a la tortura para arrancar las confesiones.

La sentencia era pública, sin embargo, y tenía lugar en una llamativa ceremonia llamada auto da fe, en la cual los prisioneros aparecían vestidos con una túnica especial denominada sambenito. Las penas iban desde multas y azotes hasta el trabajo forzado como remero en una galera y la muerte por el fuego.

Tales tácticas y castigos no eran inusitados en ese tiempo, y de hecho la Inquisición era menos cruel que muchas cortes civiles: prohibía la tortura que produjera daño físico permanente y requería la presencia de un médico; los condenados a la hoguera debían morir primero, casi siempre por estrangulación.

Con todo, la institución era temible. Los marineros extranjeros tenían pavor de un arresto en España por piratería o contrabando, pues estaban seguros de que terminarían en manos de la Inquisición, y difundían historias sobre sus horrores.

Simultáneamente, la Iglesia española se volvió más rigurosa. Sacerdotes y monjes indolentes y corruptos fueron expulsados. Así que cuando las ideas de la Reforma protestante llegaron a España, no encontraron tierra fértil. La Inquisición se encargó de aquéllos pocos tentados por el protestantismo. Y sólo para asegurarse, mantuvo alejadas las ideas que consideraba peligrosas mediante la proscripción de libros y la prohibición, para los españoles, de estudiar en universidades extranjeras. El asunto funcionó y las ideas calvinistas y luteranas no encontraron eco en la península ibérica.

Se mantiene la continuidad

La Iglesia permaneció siendo una importante influencia civil en las naciones firmemente católicas y sus territorios, durante el siglo dieciséis, y en la actualidad continúa teniendo poder en muchos países. Los sacerdotes, que figuraron entre los primeros españoles presentes en muchas regiones del Nuevo Mundo , construyeron misiones y convirtieron a los nativos, con lo cual el catolicismo se convirtió en la religión mayoritaria de gran parte de Latinoamérica.

La Iglesia católica sigue ejerciendo influencia política. Sus normas influyen desde hace tiempo sobre las leyes civiles, especialmente en lo referente a problemas de orden moral como el divorcio y el control natal, en países católicos como Italia e Irlanda.

Algunas conductas en los asuntos políticos son contrarias a la política del Vaticano. En el siglo veinte, la Iglesia católica romana censuró a los clérigos latinoamericanos que predicaban la teología de la liberación y participaban en movimientos políticos populares.

Como Actuaban?: Los inquisidores se establecían por un periodo definido de semanas o meses en alguna plaza central, desde donde promulgaban órdenes solicitando que todo culpable de herejía se presentara por propia iniciativa. Los inquisidores podían entablar pleito contra cualquier persona sospechosa. A quienes se presentaban por propia voluntad y confesaban su herejía, se les imponía penas menores que a los que había que juzgar y condenar. Se concedía un periodo de gracia de un mes más o menos para realizar esta confesión espontánea; el verdadero proceso comenzaba después.

Si los inquisidores decidían procesar a una persona sospechosa de herejía, el prelado del sospechoso publicaba el requerimiento judicial. La policía inquisitorial buscaba a aquellos que se negaban a obedecer los requerimientos, y no se les concedía derecho de asilo. Los acusados recibían una declaración de cargos contra ellos. Durante algunos años se ocultó el nombre de los acusadores, pero el papa Bonifacio VIII abrogó esta práctica. Los acusados estaban obligados bajo juramento a responder de todos los cargos que existían contra ellos, convirtiéndose así en sus propios acusadores. El testimonio de dos testigos se consideraba por lo general prueba de culpabilidad.

Los inquisidores contaban con una especie de consejo, formado por clérigos y laicos, para que les ayudaran a dictar un veredicto. Les estaba permitido encarcelar testigos sobre los que recayera la sospecha de que estaban mintiendo. En 1252 el papa Inocencio IV, bajo la influencia del renacimiento del Derecho romano, autorizó la práctica de la tortura para extraer la verdad de los sospechosos. Hasta entonces este procedimiento había sido ajeno a la tradición canónica.

Los castigos y sentencias para los que confesaban o eran declarados culpables se pronunciaban al mismo tiempo en una ceremonia pública al final de todo el proceso. Era el sermo generalis o auto de fe. Los castigos podían consistir en una peregrinación, un suplicio público, una multa o cargar con una cruz. Las dos lengüetas de tela roja cosidas en el exterior de la ropa señalaban a los que habían hecho falsas acusaciones. En los casos más graves las penas eran la confiscación de propiedades o el encarcelamiento. La pena más severa que los inquisidores podían imponer era la de prisión perpetua. De esta forma la entrega por los inquisidores de un reo a las autoridades civiles, equivalía a solicitar la ejecución de esa persona.

Aunque en sus comienzos la Inquisición dedicó más atención a los albigenses y en menor grado a los valdenses, sus actividades se ampliaron a otros grupos heterodoxos, como la Hermandad, y más tarde a los llamados brujas y adivinos. Una vez que los albigenses estuvieron bajo control, la actividad de la Inquisición disminuyó, y a finales del siglo XIV y durante el siglo XV se supo poco de ella. Sin embargo, a finales de la edad media los príncipes seculares utilizaron modelos represivos que respondían a los de la Inquisición.

AMPLIACIÓN DEL TEMA:

La Inquisición se estableció a mediados del siglo XIII por la autoridad pontificia en los diversos países de Europa occidental. A fines del siglo XV, los Reyes Católicos instaron la creación de un nuevo tribunal del Santo Oficio como instrumento eficaz para consolidar la unidad religiosa y nacional de la península Ibérica, en peligro por la amenaza que representaban los judíos conversos, mantenedores en secreto de sus viejas prácticas y frecuentes autores de conspiraciones y desórdenes.

Durante el periodo de máxima grandeza de la Monarquía española, mientras los barcos regresaban del Nuevo Mundo cargados de plata, los inquisidores, en su mayoría frailes dominicos, censuraban libros e investigaban cualquier acusación de desviación de la ortodoxia católica. Tales acusaciones podían formularse en secreto, a veces por vecinos que se cobraban viejas rencillas. La presentación voluntaria de todo hereje o sospechoso que confesaba su culpa acarreaba tan sólo la imposición de leves penitencias. Pero la denuncia o actuación de oficio contra algún acusado originaba un proceso lento y minucioso, durante el cual quedaba incomunicado en prisión preventiva sin conocimiento de quiénes eran sus testigos o acusadores. Sólo cuando el resultado de las pruebas parecía dudoso, se recurría al tormento para obtener la confesión del acusado. No sólo la Inquisición usaba la tortura. En la época estaba autorizada en casi toda Europa: morir en la hoguera era un castigo de uso común en las cortes seculares.

torturas inquisicionLOS AUTO DE FE: Repicaban las campanas y se decían misas por las almas di’ los Infortuna dos que estaban a punto de morir en un auto de fe. El término, de origen portugués, se refería a un acto público y solemne en el que eran leídas las penas impuestas por el tribunal del Santo Oficio, creado para la represión de la herejía y demás delitos contra la fe cristiana (superstición, brujería, iluminismo, apostasía, etcétera).

Hombres y mujeres condenados salían de sus celdas y eran llevados en una extraña procesión que encabezaba el portaestandarte de la Inquisición, seguido por tambores, trompetas, portadores de cruces, banderas y hachones encendidos, así como frailes de distintas órdenes.

A continuación desfilaba la lúgubre procesión de los condenados. Los acusados vestían una túnica penitencial. Algunos llevaban la cabeza rapada, en tanto que otros, con un toque de comedia negra, tenían puesta una coroza, un capirote puntiagudo que simbolizaba a los penitentes. Al final de la procesión marchaban los jueces y funcionarios, seguidos por el inquisidor local y el obispo de la diócesis.

Frente al acto final
Alineada en la calle, asomada por las ventanas o espiando por entre las rendijas, la multitud presenciaba el espectáculo con reverente temor. Algunos se arrodillaban, otros proferían insultos a los condenados y muchos acudían al lugar donde se desarrollaría el acto final del drama: una enorme plataforma con bancos para los condenados, un altar y estrados para los funcionarios.

Tras la oración pública, seguida de un sermón, se procedía a la lectura de los nombres de los condenados y de los cargos que se les imputaban. Finalmente se dictaba sentencia. Algunos sólo sufrían la humillación de llevar el sambenito —capotillo o escapulario que se ponía a los penitentes reconciliados— durante algún tiempo; otros recibían azotes y, algunos más, eran condenados a prisión. Muchos eran remitidos a la justicia civil, pues la Iglesia no podía quitar la vida a nadie.

Eran los jueces estatales quienes conducían a las víctimas a la hoguera, en las afueras de la ciudad. Los que se arrepentían de sus pecados en el último instante eran muertos a garrote. Los demás eran quemados vivos.

Las Brujas en la Edad Media Persecución de la Inquisición Iglesia

Las Brujas en la Edad Media – Persecución de la Iglesia

Resulta innegable es que una buena parte de las supersticiones y creencias en misteriosos seres místicos actuales proceden del oscurantismo medieval. Diablos, brujas y hechiceros eran los que atentaban contra la fe y la ley divina que enarbolaba el cristianismo. Para combatirlos no sólo había que dar por sentada su existencia, sino también explicar su nefasta influencia en la vida diaria, que llegaba hasta provocar la misma muerte.

El libro medieval “Malleus maleficarum” o “Martillo de los brujos”, de Sprenger y Kramer, manual de la Inquisición aparecido entre 1485 y 1486 habla de la crueldad y peligrosidad de las brujas y explica:

“Las brujas de la clase superior engullen y devoran a los niños de la propia especie… causan a sus semejantes daños inconmensurables… conjuran y suscitan el granizo, las tormentas y las tempestades; provocan la esterilidad en las personas… pueden emprender vuelos, bien corporalmente, bien en contrafigura, y trasladarse así por los aires de un lugar a otro; son capaces de embrujar a los jueces y presidentes de los tribunales… inspirar odio y amor desatinados… pueden matar a personas y animales por otros varios procedimientos; saben concitar los poderes infernales para provocar la impotencia en los matrimonios o tornarlos infecundos, causar abortos o quitarle la vida al niño en el vientre de la madre con sólo un tocamiento exterior; llegan a herir o matar con una simple mirada, sin contacto siquiera, y extreman su criminal aberración ofrendándole los propios hijos a Satanás… En una palabra: pueden estas brujas, como antes decimos, originar un cúmulo de daños y perdición que sólo parcialmente estaría al alcance de las demás. Bien entendido que todo esto lo pueden con permisión de la justicia divina…”

Se puede argumentar que este manual, de cruenta predicación y peores consecuencias para buena parte de la humanidad, fue oportunamente desautorizado por la misma Iglesia que en su momento lo impulsó. Sin embargo, las afirmaciones que sostenía estaban legitimadas por la palabra sagrada de las Santas Escrituras, donde se insiste que los espíritus malignos son reales: la Biblia relata que uno de ellos se valió de una serpiente para comunicarse con la primera mujer, Eva, e inducirla a rebelarse contra Dios (Génesis 3:1-5).

Las Escrituras lo identifican como “la serpiente original, el que es llamado Diablo y Satanás, que está extraviando a toda la tierra habitada” (Revelación [Apocalipsis] 12:9). Él logró que otros ángeles se sublevaran (Judas 6), y se convirtieran así en demonios, enemigos de Dios…

Esos seres malignos, eran en gran parte mujeres y la llamaban brujas, y en estado de éxtasis, salían por la noche para reunirse con otras en un lugar apartado, con el fin de abjurar de la fe cristiana y adorar a un espíritu o al mismo diablo. Se dice que en estas reuniones nocturnas había orgías sexuales, se adoraba al demonio, se tomaba pócimas mágicas y drogas y que las mujeres se transforman en animales.

BRUJAS en la EDAD MEDIA

Estos informes son corroborados ante los tribunales por muchas mujeres, y se cree en ellos como hoy se cree a quien afirma que en un viaje nocturno se ha encontrado con alienígenas que lo han subido a su ovni para mantener relaciones sexuales sobrenaturales con él.

En la Edad Media este tipo de fiestas, que reciben el nombre de aquelarres, encuentran mucho eco en la literatura, por ejemplo en Macbeth, de Shakespeare, o en La noche de Walpurgis, del Fausto de Goethe. Pero en los siglos XIV y XV, se acusa a las brujas de fornicar con el diablo, y para salvar sus almas se las arroja al fuego purificador.

Estas persecuciones durarán hasta el siglo XVII. Durante la Peste Bubónica, con la intensión de buscar culpables de semejante castigo divino, se decía que en su intento de aniquilar a la humanidad a través de la peste, el diablo cuenta con un amplio grupo de colaboradores: los judíos. Como instrumentos del diablo que son, se sospecha que los judíos envenenan las fuentes y que de este modo ayudan a propagar la peste.

Todas estas brujas debían se eliminadas de la tierra a través de la purificación del fuego. Para ellos se amontonaba  ramas secas y crujientes, formando un montículo de más de un metro y medio de altura. En el centro había un poste de madera y, amarrada a él, una mujer joven con aspecto desgreñado y los ojos fuera de sus órbitas. Alguien dio la orden y dos hombres comenzaron a encender las ramas. En pocos minutos la hoguera crepitaba como una sucesión de quejidos diabólicos.

La mujer gritaba maldiciones en las que convocaba al demonio mientras las llamas la cubrían por completo y el centenar de personas que observaba la escena entre temeroso y subyugado guardaba un inusual silencio. Media hora después todo había terminado. Una nueva bruja había sido encontrada culpable y se había cumplido su castigo. Una nueva discípula del diablo, según sus verdugos. Oficialmente, hubo medio millón de ejecuciones idénticas a la relatada solamente entre los siglos XV y XVII.

De manera no oficial se calcula otro tanto. Ese millón de brujas condenadas a lo largo de dos siglos arroja un promedio de una persona cada dos horas muerta en la hoguera durante ese lapso. No eran sólo mujeres. Los hombres también eran encontrados culpables de brujería y seguían el mismo camino, pero el porcentaje de damas de la escoba fue siempre muy superior. ¿Qué hacía una bruja? ¿Por qué se la condenaba? ¿Cómo se la reconocía? Una bruja —según aquellas acusaciones— pactaba con el diablo. Su principal objetivo era atentar contra la religión y el Estado.

Se sabía que eran capaces de volar, montando una escoba porque detestaban y temían a los caballos; se reunían los sábados por la noche en grupos llamados “aquelarres”; recibían órdenes directas del maligno; mantenían relaciones íntimas con íncubos (diablos machos) y con súcubos (los femeninos); robaban y sacrificaban niños; destruían las cosechas y mataban al ganado con sólo desearlo; desparramaban el mal en todas sus formas y eran dueñas de poderes extraordinarios.

Por supuesto todo eso era lo que decían sus jueces y victimarios.
En los últimos años hubo especialistas internacionales que investigaron aquellos fenómenos y les dieron una explicación de hoy en día. Existieron, sí. Y según algunos aún existen.

Los aquelarres (reuniones de brujas y brujos) fueron descriptos por primera vez durante el siglo X. Cien años después la Iglesia advirtió el crecimiento de esas creencias demoníacas y se decretó la excomunión para los que participaran en aquellos extraños rituales. La batalla entre el bien y el mal, la más vieja y eterna batalla de la historia, fue creciendo y hasta se cometieron excesos por parte de gobernantes que aprovechaban las condenas para sacarse de encima a molestos opositores. Un sistema eficiente que más de un gobernante en el mundo quisiera poder reflotar, seguramente.

Uno de los casos más claros fue el de Juana de Arco, que luego sería reivindicada nada menos que con su canonización. Con respecto a los supuestos poderes brujeriles, el antropólogo norteamericano Michael Harner, estudioso del tema, cuenta que las brujas se untaban el cuerpo con una sustancia creada por ellas sobre la base de una cantidad de hierbas que tenían efectos hipnóticos y alucinógenos.

Este preparado llevaba el nombre de “menjunje“, una palabra que aún hoy usamos en otras aplicaciones. Y actuaba como una droga estimulante que producía euforia al mismo tiempo que aumentaba la fantasía y la imaginación. Harner dice también que en los aquelarres se consumían alucinógenos y que la palabra “viaje” (usada hoy para definir el climax de un drogadicto) era la misma con que aquellos personajes medievales definían sus sensaciones, confesión ésta que les era arrancada por las torturas.

La mayor autoridad en el estudio serio de este tema, el historiador Charles Henry Lea, pone en claro que la Iglesia se había limitado en los primeros siglos de la aparición del fenómeno a negarles la bendición a los considerados brujos y que, recién en 1448 —cuando esas prácticas habían avanzado de manera en extremo peligrosa— el papa Inocencio VIII emitió una bula por la cual el enfrentamiento del cristianismo con esos grupos esotéricos fue total. La tortura y la hoguera fueron autorizadas. Pero recién comenzaba la historia.

Durante la Edad Media el cristianismo tenía una muy poderosa influencia no sólo en cuestiones de fe sino también en las decisiones de Estado. Los pontífices eran guerreros que se ocupaban de las cosas mundanas al frente de sus ejércitos. Por una mera razón física que se repite en la vida desde siempre, ante una fuerza determinada aparece otra en sentido contrario que pretende ser tan poderosa. No es extraño, entonces, que fuera en esa época cuando el movimiento brujeril tuvo su mayor auge. Pero todo se mezcló demasiado.

La Iglesia se oponía a las brujerías con el poder de la fe, pero los grupos laicos de poder ya habían tomado la ley en sus manos desde mucho antes por motivos políticos. El antropólogo Marvin Harris, de la Universidad de Harvard y un serio especialista en la cuestión, afirma que todos los males de aquella época eran achacados a las brujas cuando en realidad solían provenir de la voracidad y la ambición desmedidas de príncipes o señores feudales.

Ellas fueron el chivo expiatorio. Harris da cifras: el 82% de los condenados en la Edad Media eran mujeres y entre miles hubo un solo caso de un noble y no fue condenado. Los hombres quedaban, estaban aterrados y trabajaban sin quejas. Aún en el siglo XVII seguían las ejecuciones y la cosa pasó de Europa a América, donde el caso del pequeño pueblo de Sa-lem es el más famoso: una caza de brujas interesada llenó de miedo y de inmovilidad a la población. La última vez en la historia que una bruja fue quemada en la hoguera en Europa ocurrió en Suiza, en 1793.

GATOS Y HECHIZOS
Es curioso, pero hace más de cuatro mil años, los egipcios consideraban a los gatos animales decididamente benéficos. Se los cuidaba en calidad de sagrados hasta el punto de ejecutar a todo aquel que matara a un gato. La historia registra que un hecho semejante ocurrió con un romano al que le quitaron la vida violentamente después de que el hombre hubiera asesinado a uno de estos peculiares felinos alegando que lo molestaba con los maullidos.

Las fiestas de Bast, que era una diosa con cabeza de gato, eran las más alegres y rebosantes de música, vino, danzas y sexo. No quieran anotarse porque ya no existen. También en religiones posteriores el gato fue culto cíe adoración especial. Y tal vez fue ese hecho el que lo con denó históricamente ya que en la época medieval, al luchar contra las sectas de herejes que pululaban por entonces, se señaló a este animalito como el compañero ineludible de brujos y brujas.

En rigor de verdad, eran por entonces muchos los ritos diabólicos que se llevaban a cabo con un gato como representación demoníaca. En el año 1566 una mujer llamada Elizabeth Francis fue acusada de brujería. Se la llevó a juicio y, con ella, a su gato manchado que —para hacer las cosas aún más difíciles— respondía al nombre de Satán. Se acusó al animal de haberle encontrado varios novios a la tal Elizabeth, de colmar mágicamente sus campos de buena siembra y de haberle procurado una cantidad envidiable de ovejas.

Si uno se guía por estas acusaciones parece ser que lo ideal en aquella época era que a uno le fuera mal. Si le iba bien podía sospecharse de la intervención del demonio y los acusadores eran muchos. Casi como ahora. La cosa se complicó en aquel juicio inglés cuando alguien testimonió que un joven que empezaba a llevarse mal con Elizabeth fue eliminado por el minino. Y se puso peor cuando otro aseguró que la mujer premiaba a Satán por su ayuda no con un pescadito sino con gotas de su propia sangre. Sé de más de un par de noticieros que de haber existido se hubieran lanzado con todo a cubrir la noticia.

Final del cuento: fueron a la hoguera los dos, ella y el gato. Y desde entonces ocurrió con todos los felinos de brujas. La historia, la tradición, las costumbres o la tontería humana llevaron esa funesta imagen hasta nuestros días. Muchos miran a los gatos con desconfianza y ellos, los gatos, nos miran igual.

 
EL DIABLO O DEMONIO:  Del griego daimónion; del latín, daemonium, el que sabe. Ángel malo. En tiempos muy lejanos, la palabra involucraba a deidades inferiores e incluso podía ser interpretada como diminutivo de dios, con minúscula. Familiarmente se llegó a usar con los niños traviesos a quienes se calificaba como “demonios” y la palabra no cargaba tintes graves.
Se lo representaba como un ser perverso, cornudo y lascivo, pero otras veces era un genio bueno. John Millón (1608-1674), poeta inglés autor de la muy célebre obra El paraíso perdido creó la expresión pandemónium, del griego pan, todo, y daimónion; demonios: la capital del infierno, o sea el lugar de encuentro de los demonios.

En Levítico (16:8), aparece Azazel como contrapartida del Señor, como personaje demoníaco, y el propio Milton lo convierte en su obra en Eblis, que significa desesperado. Lord Byron (1788-1824), uno de los grandes poetas románticos ingleses, en su obra Cielo y Tierra, llama Azaziel a un serafín que se enamora de Ana, meta de Caín, quien cuando viene el Diluvio, la carga en sus alas y la transporta a otro planeta.

Azrael es el ángel musulmán de la muerte que será el último en morir, cuando suene por segunda vez la trompeta del Arcángel Gabriel.

Esta curiosa aventura de la palabra ha mantenido una pizca de simpatía sólo en algunos rincones familiares: “Este chico es un demonio”, “¿Dónde demonios dejé mi carpeta?”.

Pero todos sus derivados fueron cubriéndose de sombras. Demonismo es la práctica de cultos o magias convocantes de los malos espíritus; demonolatría es la adoración de los demonios; demonomanía es la alteración mental que hace suponer estar endemoniado.

Y en algún renglón se ocultan “demontre” y “demoñuelo” como sinónimos suaves de demonio.

Tiempos de brujas. Cuando la brujería era una especie de religión en Europa y contaba con gran número de adeptos, hubo miles de sacrificios humanos. Se conocen cifras terroríficas de aquellas épocas: 14.000 supuestas brujas fueron sacrificadas en Tolosa y Traveris, 800 en Surtzburg, 1.500 en Bemberg.

Estos crímenes, obviamente, tenían un tras-fondo ritual. En 1513, en Ginebra, 500 supuestas brujas fueron sentenciadas en tres meses a morir en la hoguera, y las crónicas de entonces señalan que los pasos previos al sacrificio abundaban en solemnidad y costumbres. Por ejemplo, los habitantes del lugar, en absoluto silencio, rodeaban una cruz a la que era atada la víctima. Los jueces leían luego la sentencia y en unos minutos se concretaba la pena: los pobladores reían y gritaban de satisfacción.

Al ubicarse en la Edad Media es imposible separar del crimen cuestiones como el demonio, la brujería o el sacrificio. Una cosa justificaba a la otra y la Justicia obraba con los fundamentos del entorno.

Hay actualmente algunos sucesos que no comprueban el paso de tiempo: en las crónicas policiales de todo el mundo se lee todavía que un cadáver apareció a la orilla de un río con 13 puñaladas en el corazón, y la muerte ocurrió un sábado por la noche.

De esta forma, precisamente, “sacrificaban” a las brujas en forma clandestina durante la Edad Media. También se habla de ritos sospechosos en Tailandia, aunque se asegura que los animales -como en muchos otros casos- reemplazaron a los humanos a la hora de morir. Hay, además, extraños relatos que algunos exploradores del Amazonas cubren de misterio.

Pero, a fin de siglo, y entre los avances de la Humanidad, las dudas persisten, y nadie podría afirmar que, en algún lugar del mundo, los sacrificios humanos no continúan.

PARA SABER MAS…
LA CAZA DE BRUJAS EN LA EDAD MEDIA

Una bruja dotada supuestamente de poderes diabólicos para atraer la enfermedad y la mala fortuna debe haber sido objeto de temor para el no iniciado, pero debemos ser capaces de descubrir una urgencia más primitiva en la persecución de que fueron víctimas. La bruja, por lo común, aunque no siempre, era una mujer que poseía —se aseguraba— poderes sobrenaturales, era la corporización femenina del demonio.

Para un sacerdote célibe, para el ceñudo protestante que creía en el sometimiento de la mujer, era una especie de objeto de odio y de temor, ya que veían en los maleficios no sólo una parodia obscena de la religión sino un peligro para la supremacía masculina, La bruja se transformó así en el símbolo de la relación amor-odio, la contienda, en la edad adulta, de la dominación de los sexos.

El aumento real de las prácticas de brujerías ocurrido en tiempos de la represión produjo una mayor exageración. Con la proliferación del miedo y el odio, las brujas eran vistas en todos lados. El apacible e instruido Nicolás Remy de Lorraine envió a la cárcel entre 2.000 y 3.000 víctimas entre 1595 y 1616. El piadoso arzobispo de Trier quemó 368 brujas de dos aldeas entre 1587 y 1593, dejando sólo una mujer viva en cada una de ellas en 1595. Desde 1623 hasta 1631 el obispo príncipe de Würzburg quemó más de 900 personas acusadas de maleficios, incluyendo su propio sobrino, un número de niños y 19 sacerdotes.

Francia, Alemania, Suiza, España, Suecia y Escocia se pusieron de acuerdo en esta forma de asesinato en masa. Alemania fue el país más afectado, un hecho que tuvo cierto significado en la historia. En la cima del terror, creer en las hechicerías era un artículo de fe y negar la existencia de las brujas podían conducir a la condenación.

El peor exceso cometido en Inglaterra y las colonias americanas estaba asociado al puritanismo extremo. Sin embargo, allí la represión nunca igualó los resultados de dos notables acontecimientos producidos en e” continente europeo, durante dos brotes de histeria colectiva. El primero afectó regiones del este de Inglaterra en 1644-1647, cuando el ejército de” Parlamento puritano estaba en ascenso. Las denuncias histéricas y acusaciones fueron comisionadas por Mattew Hopkins, quien en 1645 instituye una Comisión General de Búsqueda de Brujas.

Un abogado de Ipswich viajaba por el país en busca de las brujas asistido por el abogado John Godboldt, quien había sido nombrado juez para ese propósito por voto del Parlamento. Ese año fueron colgados dos villanos en comparación con las sesenta mujeres sólo en Essex, más otras tantas en Norfolk y Huntingdonshire. Hopkins publicó un tratado titulado E. descubrimiento de las brujas en 1647; poco después fue denunciado como impostor y condenado a ser colgado por hechicero.

LAS BRUJAS DE SALEM: EL PEQUEÑO PUEBLO de Salem, en la colonia norteamericana de Massachusetts, se conmovió cuando en 1692 un grupo de mujeres aseguraron que estaban poseídas por el diablo. Varias criadas del nuevo primer ministro, Samuel Paris, fueron acusadas de brujería. Nueva Inglaterra era una zona muy religiosa y las acusaciones fueron tomadas en serio hasta el punto de que el gobernador de la colonia ordenó que las mujeres fueran juzgadas.

UN PUEBLO DIVIDIDO Salem era un pueblo dividido por terribles disputas. Los primeros habitantes estaban siendo suplantados por personas más ricas que provenían de otras áreas. Los historiadores han demostrado que los acusados de brujería eran personas recién llegadas o que habían colaborado con ellas de alguna manera. Los primeros colonos, incapaces de detener la llegada de nuevas personas, recurrieron a las acusaciones de brujería para vengarse de los recién llegados.

HISTERIA Y MUERTE
Bridget Bishop fue la primera persona acusada de brujería y fue ahorcada el 10 de junio de 1692. A ella la siguieron cinco personas más, incluido un sacerdote protestante llamado George Burroughs, que cometió el error de criticar los juicios. En aquel clima de histeria el menor comentario podía tener consecuencias funestas. Llegaron a morir 20 personas antes de que aquella ola de ejecuciones se calmara. Una de ellas recibió el castigo tradicional por negarse a declarar: fue aplastada entre dos piedras hasta morir. Aunque estos juicios supusieron un trágico episodio en la historia de Nueva Inglaterra, fue el último incidente de la caza de brujas registrado en las colonias norteamericanas de Inglaterra.

Fuente Consultada:
Historias Asombrosas Pero Reales de Víctor Sueiro
La Cultura de Dietrich Schwanitz
El Universo Secreto de la Superstición Rodolfo Mucheta
Diccionario Insólito Tomo 2
Grandes Pestes de la Historia Cartwright – Biddiss

Juicios de la Inquisición

Pócimas Secretas de la Brujas

La Ultima Bruja Condenada Por la Inquisicion Torturas por Herejia

La Ultima Bruja Condenada Por la Inquisicion

En las últimas semanas de 2007, el Parlamento suizo hizo justicia, aunque 225 años tarde. Pese a que resulte extraño, un hecho ocurrido hace más de dos siglos generó debate en Suiza. El Parlamento del cantón de Glaris proclamó la absolución y rehabilitación pública de Anna Góldi, a quien muchos historiadores consideran la última bruja ejecutada en Europa.

La rehabilitación de la supuesta bruja —ejecutada el 18 de junio de 1782, con 48 años de edad— fue posible tras un largo debate por 37 votos contra 29. Aun así, la Iglesia protestante de la región, que participó en la época de su proceso y ejecución, no está conforme con la medida parlamentaria.

Tampoco lo están las autoridades municipales de la pequeña localidad, quienes ofrecían financiar una investigación histórica sobre la vida de la condenada. Suiza, Alemania, los Países Bajos, Francia e Inglaterra fueron países donde el integrismo religioso no católico creó un cinturón de dureza equiparable al de los peores tiempos de la Inquisición católica, que tuvo su auge un siglo antes.

La Ultima Bruja Condenada Por la Inquisicion

 

La historia comienza cuando Anna Góldi, nacida en una familia uobre en 1734. se mudó de Sennwald a Glaris, donde ejerció modestos empleos de criada. Primero trabajó en casa de los Zwícky, y luego en la del doctor Johann Jacob Tschudi, donde fue finalmente denunciada.

La mujer había sido contratada para ocuparse de las cinco hijas del médico. La razón de su condena fue que una de las pequeñas de su patrón, Anne-Mígeli, de 8 años, habría encontrado agujas y objetos punzantes dentro de su comida. Finalmente, la niña cayó enferma tras hallar repetidamente cuerpos extraños en su leche y su pan.

Ante la imposibilidad de explicar el fenómeno, Góldi fue denunciada y arrestada. Sometida a tortura para que aceptara “sus pactos con el diablo”, Anna Góldi terminó por reconocer los hechos que se le imputaban. Aunque se supone que la verdadera razón de la acusación de su patrón habría sido que este y Góldi eran amantes. La excusa de la brujería aparece entonces como una salida del denunciante para librarse de una situción molesta.

Pero el tiempo ya no era tan propicio. Los juicios por brujería comenzaban a ser impoPulares en esa época, y Góldi pudo salvarse le ser quemada viva (castigo tradicional a as condenadas como brujas) y fue, en litigar le ello, decapitada como envenenadora.

El interés por el personaje no viene de hoy, al menos en Suiza. Ya en 1991 se rodó la ,elícula Anna Goldi, die letzte Hexe (La últina bruja), dirigida por Gertnad Pírikus.

Ahora se ha desatado una modesta “góldimania” que toma la forma de documentales televisivos, la inauguración de un museo en su honor donde se exponen las actas del proceso y los instrumentos de tortura utilizados, así como numerosos artículos en prensa, la publicación de libros y hasta la creación de una pequeña calle que llevará el nombre de la última bruja en la ciudad de Mollis.

Según diversos historiadores, a partir de 1490 dio comienzo la caza de brujas en Europa. Entre los siglos XV y XVII, unas 100 mil personas fueron quemadas vivas en el continente bajo acusaciones de brujería tras ser sometidas a tortura. Entre ellas, más del 80 por ciento eran mujeres.

Juicios de la Inquisición

LA MUJER EN LA HISTORIA

Fuente Consultada: revista Veintitrés Internacional

Como se construia una catedral? Tecnicas de Construción Edad Media

¿Cómo se construía una catedral? Técnicas de Construcción

En aquella época de dominación y servilismo, los aparejadores y artesanos que trabajaban en las grandes construcciones eran uno de los escasos ejemplos de hombres libres e independientes. Por su oficio llevaban una vida itinerante, sin adscripción a ninguna diócesis ni señorío, trasladándose en grupos de familiares que eran a la vez parientes y compañeros de trabajo.

El perfeccionamiento y especialización de la mano de obra, que se desarrolló precisamente en la Baja Edad Media, llevó a que el conocimiento de las técnicas y procesos de cada profesión manual se guardara celosamente, para transmitirlo sólo de maestro a discípulo.

Grua para construir catedralesA su vez, la consolidación de la familia como base del ascenso de las capas medias, motivó que el maestro escogiera como aprendices a sus propios hijos, sobrinos, yernos u otros parientes más jóvenes que él.

Esos equipos familiares comenzaron a asociarse entre ellos para establecer normas de trabajo, el reparto ecuánime de los encargos y la recepción de retribuciones justas, dando lugar a los primeros gremios organizados, que servían asimismo como autodefensa ante posibles abusos de los poderes dominantes.

Con el fin de impedir el intrusismo profesional por parte de los trabajadores

 espontáneos o forasteros, los gremios instituyeron un creciente secretismo y unos rígidos controles para el ingreso y formación de los nuevos miembros. Se transformaron así en verdaderas logias iniciáticas, que pronto fueron infiltradas y a veces absorbidas por las sociedades secretas y sectas ocultistas que proliferaban en esos tiempos. Pero esa es ya otra historia, que narraremos oportunamente en otro capítulo de este libro.

LOS ARQUITECTOS: En las obras de construcción romanas, quien dirigía los trabajos era un pedrero más veterano o más experto, que organizaba las tareas de sus colegas y otros artesanos en forma más o menos empírica. Pero erigir una catedral gótica era una empresa compleja, que exigía un alto nivel de conocimientos técnicos, tanto en su concepción como en su realización práctica y concreta.

El antiguo maître constructor se transformó entonces en un profesional polifacético, que era a la vez arquitecto, aparejador e ingeniero. A lo largo del siglo XII, la fiebre por construir catedrales creó una gran demanda de estos escasos profesionales, que llegaron a ser muy respetados y bien pagados.

El arquitecto gótico era no sólo un excelente técnico, sino también un auténtico artista creador, que traducía en formas, volúmenes y espacios la concepción teológica del obispo o del capítulo de canónigos que le encomendaba la catedral. Para ello debía diseñar con precisión los planos de la planta y los alzados, desde la visión general a los menores detalles, y presentarlos para su aprobación.

Luego, en su faceta de ingeniero, evaluaba la resistencia de los materiales, la distribución de los pesos de carga, la interacción de fuerzas en la estructura del edificio y las líneas de presión que determinaban la disposición de los contrafuertes.

De acuerdo con esto, debía prever la clase de material y de maquinaria que utilizaría en cada etapa de la construcción, así como el tipo y cantidad de operarios que serían necesarios. Sólo entonces pasaba a trabajar a pie de obra, ocupándose también de informar a la fábrica de los aspectos económicos y organizativos de la construcción.

Escogía los materiales y controlaba su entrega y utilización; dirigía los trabajos; coordinaba los diversos oficios que intervenían en cada fase constructiva; y se encargaba de contratar y pagar a los obreros y artesanos. Aparte de unos altos y variados conocimientos arquitectónicos, debía poseer una sólida formación teológica y filosófica, que le permitiera entender e interpretar el fundamento religioso del encargo y discutir con obispos y clérigos la forma de llevarlo a la realidad.

La posesión de tanta sapiencia motivó que los constructores de catedrales fueran considerados y tratados como hombres excepcionales. El epitafio de Pierre de Montreuil lo denomina «doctor en piedras», cuando el título de docteur, muy superior al de maître, sólo se otorgaba a los más eruditos profesores de universidad o, como es sabido, a los grandes teólogos de la Iglesia.

En la tumba de Hugues de Libergier, uno de los constructores de la Catedral de Reims, se puede ver la imagen del difunto llevando las vestimentas que se reservaban a los hombres muy sabios, rodeado por los instrumentos simbólicos de su profesión: la escuadra, el compás y la regla.

Ese prestigio profesional y social llevó al selecto colectivo de arquitectos a una actitud elitista, que los distanció definitivamente de su origen artesanal. Dirigían sus trabajos a través de un maestro de obras y, según narra Nicolás de Viarda comienzos del siglo XIII, «daban órdenes sólo por la palabra y jamás metían las manos, aunque recibían salarios mucho más altos que los demás… Sosteniendo su vara y sus guantes, decían a los otros: “Esta piedra me la cortas por aquí y la pones allá…».

El arquitecto negociaba personalmente el monto de sus honorarios y las facilidades que recibiría en especie, dependiendo de su mayor o menor reputación. El trato solía incluir un vestuario acorde con su posición, una vivienda gratuita con alimento para la familia y sus servidores, y en algún caso también la exención de pagar impuestos. Estos privilegios les ganaron la envidia y las críticas de otros estamentos, y en el plano laboral, frecuentes tensiones con los maestros de obra, que debían soportar sus desplantes y capear sus ausencias.

Esos arquitectos pluriempleados debían repartir su tiempo entre cada una de sus obras, y su ausencia no sólo irritaba al maestro aparejador sino que provocaba perjuicios y retrasos a la propia construcción. Los contratantes, advertidos de estos riesgos, redactaron entonces normas contractuales más rigurosas que, por ejemplo, impedían al arquitecto dirigir otras obras antes de terminar su compromiso, salvo que fuera dentro de la propia diócesis, a pedido y con autorización del obispo o el capítulo.

LOS OFICIOS Y SUS TRABAJOS: 

La construcción de una catedral gótica requería de la labor de diversos oficios, cuyos maestros, operarios y aprendices pasaban a vivir largas temporadas enlas proximidades del recinto de la obra. Los más destacados eran los que trabajaban los materiales básicos, que eran la piedra y la madera, pero todos tenían su función y eran tratados con respeto, tanto por los otros gremios como por los contratantes y la gente del pueblo.

La figura más representada en los relieves y miniaturas no era el maestro de obra, sino el humilde peón que preparaba la mezcla de mortero. Su trabajo era tanto o más importante que los otros, porque de su buen hacer dependía que no se produjeran derrumbes y accidentes en la obra, y que la catedral se mantuviera incólume a lo largo de los siglos.

Los talladores de piedras y los escultores formaban un gremio unido, ya que no era fácil establecer la frontera entre una y otra especialidad. En las miniaturas y pinturas que describen las obras de construcción de una catedral, ambos oficios aparecen juntos en un solo equipo.

Sin embargo, no siempre compartían el mismo espacio. Era frecuente que los talladores instalaran talleres junto a la cantera, para allí dar forma a las piedras de paramento, tambores de columna, molduras o dinteles, que luego llevaban a la obra evitando el traslado de la piedra en bruto y el esfuerzo de evacuar el material sobrante. Los escultores, en cambio, debían trabajar a pie de obra, para no arriesgarse a que sus imágenes y esculturas ornamentales se rompieran o deterioraran en el trayecto.

Al igual que los talladores, los carpinteros formaban una categoría de artesanos relativamente privilegiada. Considerados durante mucho tiempo los maestros absolutos de la construcción, su prestigio comenzó a decaer ya en el siglo XI con la generalización de las bóvedas de piedra, que ocultaban a la vista sus estructuras de madera. Desde entonces, ambos gremios se disputaron, a veces con violencia, la primacía en las obras de construcción. Pero debieron continuar estrechamente ligados porque, puestos a trabajar, no tenían más remedio que depender el uno del otro.

El maestro carpintero dirigía todos los trabajos en madera, que se desarrollaban desde el comienzo hasta el final de la obra. Era en verdad un técnico muy capacitado, que podía discutir con el arquitecto las estructuras de madera que debían levantarse, tanto permanentes como provisionales, y los aparejos, escaleras y andamios que utilizarían los albañiles, escultores y vidrieros para trabajar a distintas alturas, dentro y fuera del edificio.

A veces construía también la maquinaria de apoyo para elevar las piedras y otros materiales, como las «ardillas» giratorias y las cabrias de tres montantes. Pese a la hegemonía ostentada por la piedra, la madera jugó un papel fundamental en la construcción de las estructuras básicas que sostenían las cúpulas y tejados.

Se trataba de piezas que exigían una gran habilidad técnica, cuyos perfectos ensamblajes y combinaciones de fuerzas testimonian su relación con la carpintería naval. De hecho, en las regiones de fuerte tradición marítima, los maestros carpinteros compartían la construcción de catedrales con el trabajo en las atarazanas. Otra función importante de la madera era la de encofrar los muros y columnas mientras se estaban levantando, y sostener con cintras las formas curvas hasta que se secara bien la argamasa que unja sus piezas.

Quien levantara la vista al observar la obra de una catedral, podía ver en lo alto a los «cubridores», encargados de revestir la superficie de los tejados con tejas o pizarra y forrar con plomo las agujas que coronaban las torres o los pináculos que se elevaban sobre los arbotantes. Eran también los responsables de una tarea delicada: poner a punto la red de desagües y evacuación de las aguas pluviales, instalando canalones y bajantes en los aleros y repartiendo alrededor del tejado las famosas gárgolas de piedra real izadas por los escultores.

La batalla por la decoración de las catedrales fue ganada ampliamente por los vidrieros que, aunque recién llegados, pudieron plasmar dos conceptos fundamentales del ideario gótico: la luz y el colorido. Los ventanales de vidriera y los intersticios de los rosetones se cerraban con varios trozos de vidrio ensamblados entre sí, cuyas formas y colores componían escenas de temas diversos.

Contra lo que suele creerse, los vidrieros no fabricaban su material básico, que encargaban a vidrierías locales o de poblaciones próximas. Lo que sí hacían era cortar las piezas del vitral, a partir de un «cartón» o modelo a tamaño real, y colorearlas con polvos extra-idos del mundo vegetal y mineral.

Estas tinturas eran el gran secreto del gremio de los vidrieros, y los componentes y su preparación se transmitían sólo en forma oral, al punto que aún hoy se desconocen las fórmulas de algunos colorantes empleados en los vitrales.

Fuente Consultada: Más Allá de los Pilares de la Tierra René Chandelle

Ver: Construcción Catedral de Chartres