Muerte de Timoteo Vandor

Nueva Política Económica de Lenin La Formación de URSS (NEP)

FORMACIÓN DE UNIÓN DE PAÍSES SOCIALISTAS (URSS)
LA NUEVA POLÍTICA ECONÓMICA DE LENÍN

ANTECEDENTES: Luego de la Revolución Rusa, una de las primeras decisiones de los soviets fue retirarse de la Primera Guerra Mundial, en 1918. Rusia firmó con las potencias centrales de Europa el tratado de Paz de Brest-Litovsky para dedicar todos sus esfuerzos a la transformación revolucionaria del país, como fue la transformación del Partido Bolchevique en Partido Comunista.

La industria pasó a ser controlada por los soviets, los bancos se nacionalizaron y se suprimieron los latifundios. El nuevo gobierno se enfrentó a los partidarios del antiguo régimen durante una guerra civil de tres años. Por otro lado, la nacionalización de todos los medios de producción provocaron una crisis económica que llevó a Lenin a tomar conciencia de que la revolución llevaba un ritmo rápido y decidió detener su proceso con la Nueva Política Económica (NEP). En la que se respeten ciertas formas de propiedad.

En Guerra Civil, de varios años de duración, los bolcheviques habían vencido, pero la nueva Rusia comenzaba mal: desde 1918 a 1920, siete millones de hombres habían sido víctimas del hambre, de las epidemias y de la guerra civil. Además, las esperanzas de Lenin de que la revolución se extendería en el exterior resultaron vanas. Lenin era un internacionalista y creía firmemente que, después de la gigantesca matanza de la guerra mundial, los obreros de Occidente se lanzarían también a la revolución comunista.

Por otra parte, muchos bolcheviques creían  que Rusia estaba demasiado débil, demasiado atrasada, insuficientemente industrializada y cultivada para realizar el socialismo de una manera decisiva y que éste no triunfaría, si no se imponía en Occidente. Según las teorías marxistas, eran, en efecto, los países occidentales, con su proletariado numeroso, concentrado, bien organizado y rico en tradiciones, los que darían la señal de la revolución contra un capitalismo llegado a su «última fase».

Lenin en Rusia, crea la nueva politica economica

Lenin había exhortado a los socialistas de izquierda del mundo entero a que rompiesen con la vieja social-democracia reformista, denunciada a causa de su «traición» nacionalista y belicista de 1914, y en muchos países europeos —Francia, Alemania, Italia— había partidos comunistas en vías de formación o constituidos ya.

En marzo de 1919, se había creado la III Internacional Comunista (o Komintern), centro director revolucionario que debía educar, orientar y ayudar a los nuevos partidos comunistas (incluso financieramente), decidir la estrategia y la táctica de la revolución mundial. (Con eso justificaban los gobiernos su intervención en la guerra civil contra los bolcheviques, que proclamaban su intención de destruir el mundo burgués).

En 1918, se creyó en Moscú que el contagio revolucionario se extendía. Trotsky declaraba: «O la revolución rusa origina un movimiento revolucionario en Europa, o las potencias europeas aplastarán a la revolución rusa». El movimiento espartaquista en Alemania, la revolución húngara de Bela Kun, las formidables huelgas en Inglaterra, en Francia y en Italia septentrional parecían, en efecto, confirmar las esperanzas de Lenin, pero no tardó en producirse el reflujo.

El «Capitalismo en descomposición» estaba mucho más fuerte de lo que se pensaba: el espartaquismo fue aplastado en Berlín, la dictadura de Bela Kun no duró más de cinco meses, y las huelgas en Occidente no prosperaron. Por el contrario, fue Rusia la que sufrió la más terrible crisis: oposición de los campesinos, pérdida de las cosechas, hambre y tifus en 1921, «el año negro», y disminución del 70% de la producción industrial.

La población moría por millones o se veía reducida a un estado esquelético, y bandas de muchachos abandonados saqueaban y mataban para no morir. América envió socorros, y el explorador Nansen hizo colectas en toda Europa, con la bendición del Papa. Y estalló la crisis política: los marinos de Kronstadt, la base naval de Petrogrado, que habían sido la punta de lanza de la revolución y de la guerra civil, decepcionados por la inactividad y «olvidados» por el gobierno, que se había trasladado a Moscú, y en contacto con el sufrido campesino, se sublevaron, en febrero de 1921: «¡Vivan los soviets, mueran los bolcheviques!».

Anarquistas y antiguos guardias blancos se unieron a ellos. Sobrevino el desastre: las tropas rojas leales, dirigidas por Tujachevsky, y los delegados del X Congreso del partido comunista aplastaron a los héroes de la revolución, después de atravesar el Golfo de Finlandia helado: los jefes de la revuelta fueron pasados por las armas. Lenin se dio cuenta de que el paso inmediato al socialismo era un error, y decidió’ dar marcha atrás, proclamando una nueva política económica (NEP).

LA NEP Y LA REORGANIZACIÓN
Se suprimieron las requisas agrícolas, sustituidas por un impuesto en especie, se restableció la libertad de comercio, y los campesinos pudieron vender sus artículos en los mercados. El derecho de herencia fue restablecido también. Las pequeñas empresas industriales fueron desnacionalizadas y reaparecieron los artesanos.

El Estado conservó, ciertamente, la industria pesada, el monopolio del comercio exterior y la dirección general de la economía, pero se recurrió al capitalismo extranjero, por medio de sociedades mixtas en las que el Estado Soviético se reservaba el 50 96 del capital. Se admitieron también especialistas extranjeros, los spets, ingenieros u obreros altamente cualificados.

Los resultados fueron favorables: los campesinos se dedicaron de nuevo a sus trabajos, en los mercados reaparecieron los productos, se estabilizó el nuevo rublo y la industria volvió a ponerse en marcha, aunque sus productos seguían siendo caros. Los nepmans y los kulaks ganaban dinero y lo gastaban con ostentación, y el desorden y la miseria subsistían, pero el país salía lentamente del infierno y volvía a vivir. Al mismo tiempo, el Estado se había reorganizado.

En 1922, Rusia, que, con la pérdida de Finlandia, de los Estados Bálticos y de la Besarabia, se había quedado reducida a 130 millones de habitantes, se rigió por una nueva organización territorial: la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), basada en cuatro grandes Repúblicas, que eran la República Federativa de Rusia (las nueve décimas partes del país, incluyendo Siberia), Rusia Blanca en el Oeste, Ucrania al Sur, y Transcaucasia (Azerbayán, Armenia y Georgia, incorporada a la Unión, después de haber constituido, durante poco tiempo, una república independiente).

La unión quedaba abierta y podía ampliarse: a ella se unieron después las repúblicas del Turkestán musulmán, formadas por las poblaciones kazakas, turkmenas, uzbecas, tagikas y kirghises, todas parientes de los turcos. Por último, hubo también numerosos territorios autónomos, correspondientes a diferentes grupos étnicos (carelios, moldavos, alemanes del Volga, etc. Y hubo, incluso, un estado judío, el Birobiyán).

Al año siguiente se elaboró la Constitución de la URSS: un Soviet de la Unión elegido delegaba sus poderes en un Comité ejecutivo central, Tsik, dividido en dos cámaras: Soviet Federal y Soviet de las Nacionalidades. En los intervalos de unas sesiones a otras, un praesidium ejercía el poder y designaba el órgano ejecutivo permanente, el Consejo de los Comisarios del Pueblo. En realidad, no había más que un jefe: el partido comunista. Tenía en su poder todos los resortes, no había oposición, designaba los candidatos oficiales y las votaciones se hacían por el sistema de levantar la mano.

EL PARTIDO COMUNISTA-STALIN, SECRETARIO GENERAL
El Estado era el partido: todos los organismos administrativos y judiciales estaban controlados por sus células, y todas las decisiones importantes eran adoptadas por los dirigentes del partido. La poderosa personalidad de Lenin dominaba a hombres de tendencias y temperamentos muy diferentes, como Trotsky, Stalin, Rykov, Zinoviev, Kamenev, etc.

Si la NEP devolvió una cierta libertad a la economía, la sublevación de Kronstadt tuvo una influencia decisiva en los trabajos del X Congreso: no sólo fueron oficialmente suprimidos los partidos de la oposición (mencheviques y socialistas revolucionarios), sino que se prohibió la oposición organizada en el seno del partido, cuando antes había estado’ admitida, del misrtro modo que se admiten diversas tendencias en los partidos democráticos.

En el Congreso se había manifestado la Oposición Obrera de Alejandra Kolontai, que quería dar el poder a los sindicatos y condenaba ya la dictadura del partido, el centralismo burocrático. Por el contrario, Trotsky defendía la integración de los sindicatos en el Estado que representaba el interés general, comprendido  el  de  los  obreros,  y  Lenin, que recelaba del anarcosindicalismo, se unió a los centralizadores autoritarios. Al votar contra el derecho a la oposición, Trotsky preparaba su propia derrota.

En vida de Lenin, se mantenía un cierto equilibrio, así como una cierta libertad de crítica y de opinión, pero, ante las dificultades, el partido tendía a endurecerse, a imponer una lisciplina de hierro, en nombre de la sagrada causa. En abril de 1922, Stalin fue nombrado secretario general del Comité Central.

José Vissarionovich Dyugachvili (ver Biografía) era un georgiano, nacido en Gori, en 1879. Hijo de un zapatero remendón, que se había convertido en obrero de una fábrica, y de una campesina cuyos padres habían sido siervos, se quedó huérfano muy pronto. Gracias a los sacrificios de su madre y a una beca, el niño, voluntarioso, tenaz, inteligente, fue enviado al seminario ortodoxo de Tiflis.

Adolescente aún, simpatizó con las ideas revolucionarias marxistas y se unió a los círculos socialistas clandestinos. Expulsado reí seminario, se convirtió, a partir de 1901, en un «permanente», en un «ilegal», en un propagandista del movimiento, tomando el seudónimo de Stalin, «el hombre ce acero», así como Lenin era «el hombre de Lena». Organizó huelgas, células, im-rreuras clandestinas.

Detenido en 1902, fue deportado a Siberia, se evadió y reunió su actividad militante; conoció a Lenin en 1905, y participó en el Congreso del partido socialdemócrata en Estocolmo. Desde 1907 a 1910, trabajó en Bakú.

Detenido y deportado de nuevo, llegó a ser, después de su liberación, miembro del Comité Central y editó el primer número de «Pravda». Desde 1913 a 1917, estuvo desterrado en Siberia, hasta que la revolución de febrero abrió las prisiones y los penales. – Durante la revolución de octubre, su actividad fue menos importante que la de Lenin y la de Trotsky.

Era metódico, paciente, prudente, más hombre de acción y organización que teórico; escribía con un estilo denso, estudiado, lleno de repeticiones, con palabras y giros de la lengua litúrgica aprendida en el seminario. Un ensayo sobre el problema nacional visto a. través del marxismo le valió el nombramiento de Comisario de las Nacionalidades. Lenin apreciaba su calma, su serenidad, su ardor en el trabajo.

Se distinguió en Tsaritsin, durante la guerra civil, donde ya, con su amigo Vorochilov, un incidente le enfrentó con Trotsky. En 1919, fue nombrado Comisario de inspección obrera y campesina, encargado del control del aparato administrativo. Su nombramiento de secretario general, tres años después, le situaba en una posición de privilegio y le daba vara alta en la «máquina» del partido, al nivel de los dirigentes del «buró» político: Lenin, Trotsky, Kamenev Bujarin, el teórico, Zinoviev y Tomsky, jefe de los sindicatos.

Ver: La Muerte de Lenín

Fuente Consultada:
HISTORAMA Tomo 12 La Gran Aventura del Hombre Editorial CODEX

Historias de estafadores ladrones fraudes falsificadores Estafas Famosas

 DIVERSOS CASOS FAMOSOS DE ESTAFAS EN LA HISTORIA: LADRONES Y FALSIFICADORES

grandes estafadores de la historia

LA ESTAFA MAS FAMOSA Y ANTIGUA:
ARQUÍMEDES Y EL ROBO DEL JOYERO

ARQUIMEDES , robo de oro de la corona

A muchos les resultará familiar la historia de Arquímedes corriendo desnudo por las calles y gritando: ¡Eureka! Pero pocos saben que en realidad descubría falsificaciones. Arquímedes (287-212 a. C.) era un matemático e inventor griego que había nacido en Slracusa (Sicilia). Es famoso por un descubrimiento conocido como Principio de Arquímedes.

Hierón II, rey de Siracusa, había preguntado a Arquímedes si podía determinar si una corona que le habían hecho era de oro puro, como le habían dicho, o era un mezcla inferior de oro y plata. Pesarla no demostraría nada porque no había modo de saber cuánto pesaría la corona si fuera de oro macizo.

Según dice la leyenda un día Arquímedes estaba dándole vueltas a este problema mientras se encontraba en los baños públicos, que entonces era un modo muy popular de pasar el tiempo en Siracusa. Cuando bajaba por las escaleras hacia el baño, se dio cuenta de que su cuerpo hacía que el agua rebosara.

De repente, cayó en la cuenta de que si el oro era más denso que la plata, él podría probar la corona «de oro» metiéndola en un recipiente lleno de agua y midiendo la cantidad de agua que desplazaba. Si el mismo peso de oro macizo desplazaba más agua, entonces la corona era falsa.

Se dice que Arquímedes se emocionó tanto con este descubrimiento que olvidó vestirse y corrió desnudo por las calles hasta su casa, gritando «¡Eureka!» («¡Lo he encontrado!»).

Fuente Consultada:Fraudes, Estafas y Falsificaciones Brian Innes

CRIMINOLOGÍA: LA CIENCIA CONTRA EL CRIMEN
Los falsificadores, ladrones, criminales, etc. oponen frecuentemente a las acusaciones de la policía un sólido sistema de defensa, apoyado en coartadas perfectamente urdidas, que en muchas ocasiones parecen irrefutables. Para descubrir las posibles fallas de este entramado, y poder presentar hechos rigurosamente objetivos que hayan de ser utilizados judicialmente, existe una disciplina, denominada criminología, qus utiliza conjuntamente datos biológicos, químicos, físicos y matemáticos.

Un capítulo muy importante y muy conocido de esta ciencia es el dedicado al estudio y clasificación de las huellas dactilares. Como es sabido, las huellas dactilares de un individuo permanecen idénticas desde su formación en el período uterino hasta su muerte. Esta inmutabilidad ha sido confirmada con experimentos y es un hecho perfectamente establecido.

Las variedades que pueden adoptar los pliegues cutáneos que las forman son tan numerosas que es casi imposible que dos individuos presenten las mismas huellas. Éstas se clasifican con arreglo a los dibujos que presentan, a fin de facilitar su identificación. Del mismo modo, se encuentra actualmente muy desarrollada la técnica del “revelado” de las huellas atribuidas al presunto malhechor.

Otra técnica muy utilizada, y que oímos mencionar con frecuencia en los periódicos y en las películas, es la foto-robot. Como es bien conocido, la foto-robot consiste en una superposición de distintos rasgos tipo, con objeto de reconstruir un rostro definido. Aunque la eficacia de esta técnica descansa en la subjetividad del testigo ocular que trata de identificar el rostro que ha de reconstruirse, ha producido ya resultados suficientemente satisfactorios para que se siga trabajando en su sistematización.

Otro de los capítulos más importantes de esta ciencia es el dedicado al estudio de las estrías que todo proyectil presenta sobre su superficie, después de haber sido disparado. El cañón de un arma de fuego tiene ciertas irregularidades o imperfecciones que producen sobre el proyectil una serie de rayas y trazos, a través de los cuales puede determinarse con gran precisión la marca y el modelo del arma utilizada.

Una vez que se conocen éstos, es posible determinar por comparación el arma que ha disparado el proyectil en estudio. De esta forma, se puede decir que todo proyectil tiene su propia “huella dactilar”.

La criminología estudia también la detección de falsificaciones. Muchas y muy variadas técnicas físico-químicas ayudan al criminólogo en el cumplimiento de este cometido. Las áreas de un documento que han sido lavadas, con objeto de borrar las palabras que contienen, pueden detectarse fácilmente por medidas de absorción luminosa, ya sea visible, ultravioleta o infrarroja.

En algunos casos, estas áreas se detectan con medidas de conductividad eléctrica. La cromatografía interviene en el análisis de las tintas empleadas en sustituciones de palabras, pudíendo determinarse fácilmente la composición de éstas, e incluso la fecha aproximada de su utilización.

Actualmente, se encuentra en desarrollo un método de análisis por activación nuclear, que consiste en determinar cualitativa y cuantitativamente la presencia de pequeñísimas cantidades de ciertos elementos, exponiéndolos a las radiaciones emitidas por un ciclotrón o un reactor nuclear.

Estos elementos se trasforman en radioisótopos, los cuales presentan un espectro de desintegración muy característico, que puede utilizarse con propósitos de comparación o identificación. Parece que este método sirve para identificar automovilistas que se dan a la fuga, así como para determinar la persona que ha disparado una cierta pistola, usando como elementos de análisis pequeñísimos vestigios de antimonio y bario, que siempre quedan en la mano del que dispara.

Esto no es más que un leve esbozo de las posibilidades de la criminología, la cual pone al servicio de nuestra sociedad los progresos de la ciencia moderna.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de la Ciencia y la Tecnología Fasc. N°41

Bonnie y Clyde Historia de amor y violencia Leyenda Bonie and Clyde

Bonnie y Clyde Historia de Amor y Violencia 

Origen de la mafia Logia Propaganda Due Lucky Luciano Sociedades de la Iglesia

Esta historia es imposible de contar sin tener en cuenta cómo era el Sur en los años treinta. Era una época diferente: Bonnie y Clyde no eran las únicas personas que rompían la ley y que deparaban nuestra atención. Fue una época de depresión económica y frustración que incrementó los delitos.


Bonnie Parker y Clyde Barrow:
(Texas, EE.UU.) Estos dos amantes del crimen hicieron suyo aquel mandamiento utilizado en otros momentos por quienes adoraban «vivir peligrosamente». Esta era la única meta, la única diversión de Bonnie y Clyde.

Y así lo admitieron ellos mismos —o, al menos, Bonnie Parker— cuando ella escribió una especie de poema póstumo (para ser publicado tras su muerte) que un diario de Dallas imprimió, efectivamente, bajo el título deHistoria de Bonnie y de Clyde. La publicación y, por lo tanto, la muerte de sus protagonistas ocurrió en la primavera de 1934.

Y, como toda historia, la de sus protagonistas se inició obviamente con su nacimiento. Clyde Barrow había nacido en 1910. Sus primeros años fueron, sobre todo a las puertas de la adolescencia, tan iguales a otros de idénticos malhechores, que casi resultó aburrido sugerirlos: robos de coches, asaltos a tiendas, peleas entre bandas, además de detenciones, correccionales y, después, interrogatorios en comisarías. También como tantos otros, Clyde salió de cada encierro con ambiciones más insoslayables y de mayor calado. Su siguiente ascenso en la escala del delito lo llevó al atraco de oficinas bancarias, en un puro ejercicio de «precalentamiento» para el crimen, ya que no vivía en una miseria que justificara, en parte, sus latrocinios.

Clyde Barrow nació el 24 de marzo de 1909, el cuarto de una familia de ocho hijos, en una granja de las afueras de Teleco, en el sudeste de Dallas. Bonnie Parker nació el primero de octubre de 1910, segunda de tres hijos; su padre era albañil. Familias analfabetas, que vivían a los saltos, y que sufrieron el perjuicio de una intensa depresión económica.

En estas estaba, trabajando a su aire, cuando se cruzó en su camino Bonnie Parker, una mujer nada corriente que llamaba la atención por un cierto atractivo descarado y una cabellera pelirroja espectacular. Era una mujer amante de las sensaciones fuertes, con una necesidad constante de vivir en una alteración emocional, y apasionada por los automóviles espectaculares (deportivos, de gran cilindrada), mucho mejor si sus ocupantes —ella misma— manejaban también armas rotundas y lo conducían personas, como ella, ávidas de violencia gratuita.

Curiosamente, la asociación entre ambos no se produjo por motivos sentimentales o sexuales (quizás porque aun siendo ella una ninfómana, él sufría su impotencia mezclada con cierta bisexualidad difusa en la que su pelirroja amiga apenas tenía nada que hacer). Sin embargo, la simbiosis y las afinidades en cuanto a una compartida idolatría para con las guerras urbanas, los disparos, las peleas y la sangre, los uniría con lazos aún más fuertes que los del placer sexual.

En diciembre de 1926, Clyde fue acusado por primera vez de haber robado un auto. Pero recién cuatro años después, en marzo de 1930, fue condenado a cumplir 14 años de prisión, por hurtos menores y robo de autos. Escapó de la cárcel con la ayuda de Bonnie, que logró introducir armas en su celda; pero lo arrestaron poco tiempo después en Ohio. No pasó más de dos años en prisión, siempre visitado por Bonnie. Consiguió la libertad condicional en febrero de 1932.Clyde regresó a su casa en Dallas, y se reunió con Bonnie. Su intención era abandonar la delincuencia, y vivir del trabajo. Bonnie soñaba con ser cantante y poeta. Clyde viajó a Massachusetts para trabajar en la construcción. Pero sólo aguantó unas pocas semanas. Su suerte ya estaba echada, la delincuencia seria el camino.

Una vez que comprobaron que habían nacido el uno para el otro, decidieron formar su propia banda de malhechores; una banda que destacaba por un carácter casi familiar, ya que estaba formada por el hermano de Clyde, Buck, la mujer de este, Blanche, y otros tres individuos: Hamilton, Jones y Methvin.

Con su flamante organización a punto empezaron las acciones. Una de las más espectaculares tuvo lugar en Joplin (Missouri) y, por primera vez, tuvieron que hacer frente a un cerco de la policía del que, tras un diluvio de tiros, lograron escapar, con un saldo de tres policías muertos. Durante el resto del año 1933, se sucedieron las persecuciones y los delitos en diversos estados y ciudades de toda la Unión, no siempre coronados con éxito.

Porque, realmente, estos gángsters se diría que trabajaban «artesanalmente», por el puro placer de delinquir, y no tenían ni la influencia ni la sangre fría de los grandes prebostes mafiosos del país. Así, en el mes de julio, nuevamente fueron cercados por la policía en el mismo estado, ahora en Platte City. Así cayó herido el primer miembro de la banda, Buck Barrow. Pero lograron huir hasta Iowa, donde, de nuevo, fueron asediados por unos policías que parecían reproducirse como las setas.

En esta ocasión Buck murió a causa de las heridas precedentes y su mujer, Blanche, fue detenida. Entonces, tan sólo con la compañía de Jones, Bonny y Clyde escaparon campo través perseguidos por una jauría de policías y de perros policías. Los agentes consiguieron, al menos, la captura de Jones. Los dos «amantes» se quedaron solos frente a todos y, como era de esperar, se defendieron matando. En los primeros días de 1934, casualmente se cruzaron en una carretera con un furgón policial donde iban cinco presos camino de una penitenciaría. El furgón fue detenido, mataron al guardián y liberaron a los cinco presos. Ebrios de velocidad y de sangre, asaltaron un banco cualquiera (que no tenía fondos) y, en Texas, asesinaron a dos policías que les habían solicitado la documentación. Otros dos agentes cayeron en Oklahoma, uno por varios tiros a bocajarro, mientras su compañero fue secuestrado por los malhechores como rehén.

Tras un frustrado asilo en la casa de uno de sus chicos, Methvin (cuyo familiar acabó llamando a la policía) huyeron a tiempo una vez más. Pero, sin saberlo, el 22 de mayo de 1934 se toparon con una enésima persecución, un asedio y cerco, que serían definitivos. Se les conminó a la rendición y la respuesta fue la esperada: el plomo disparado a dos manos. Cayeron en plena carretera de Acadie. Después, un periódico publicó el poema enviado por la poetisa Bonnie Parker y que empezaba: «Un día de estos, caerán codo con codo..

“Un grupo de seis policías los esperó durante dos días muy tensos, iban a matar a una de las parejas más célebres de la delincuencia estadounidense.A las 9.15, el Ford V-8, conducido por Clyde, apareció por la ruta. Sus ojos marrones escudriñaban el camino, pero parecía confiado. La bella Bonnie masticaba un sándwich, recostada sobre el asiento del coche. Los policías empezaron a disparar a quemarropa. Cuando los dos cadáveres fueron examinados en Arcadia, 32 kilómetros al este de Gibsland, el informe del forense precisó que cada uno de los cuerpos había recibido más de 50 balazos. El Ford tenía 167 orificios.”

Uno de los policias Ted Hinton, escribió en su libro “abrí la puerta del auto, y ví a la muchacha en medio de la sangre, pero aún olía a perfume y su peinado no se había arruinado. Sobre el piso del Ford estaban la pistola con la que Bonnie había alcanzado a disparar, un mapa de carreteras de Louisiana, y el sándwich a medio comer. En el auto se encontraron, también, muchas municiones, algunos elementos de camping, el saxo de Clyde, y quinientos dólares. Había, también, algunas patentes de autos falsificadas de Texas, Louisiana y Arkansas.” 

Fuente Consultada: Crónica Negra del Siglo XX- José María López Ruiz

LA NOCHE DE LOS BASTONES LARGOS Gobierno Ongania

LA NOCHE DE LOS BASTONES LARGOS 

REVOLUCIÓN ARGENTINA:
Caída del Gobierno de Arturo Illia Y El Golpe Militar de Juan Carlos Onganía

Ver: Gobiernos Post Peronista

Durante el Gobierno de Onganía el episodio más dramático a que dio lugar esta política fue la “noche de los bastones largos”: cientos de profesores y estudiantes de la Universidad de Buenos Aires fueron apaleados delante de la prensa mientras se los desalojaba de las facultades que habían tomado en protesta por la intervención de la universidad.

Muchos de los docentes involucrados fueron despedidos o renunciaron a sus cargos y emigraron para seguir desarrollando sus actividades en los Estados Unidos y Europa. Por su parte, muchos estudiantes se convencieron de que sólo una acción igualmente violenta, de signo inverso, modificaría la situación.

El efecto inmediato de estas demostraciones de fuerza fue el silenciamiento de las voces opositoras. Pero el costo fue muy alto para la relación del régimen con la sociedad, que se mostraría cada vez menos dispuesta a acatar el consenso pasivo que se le imponía.

Para colmo de males, el gobierno de facto continuó tomando medidas represivas de ribetes ofensivos y hasta ridículos contra la publicación de libros y revistas, la proyección de películas y la representación de obras de teatro. Los policías recibieron instrucciones de detener a jóvenes con pelo largo, minifalda o cualquier otra señal de rebeldía y liberalidad.

Los censores oficiales ni siquiera se detuvieron frente a la prensa moderada o la que era francamente- favorable a las metas económicas del régimen: los editores y directores recibían presiones de toda índole para abstenerse de publicar imágenes que reflejaran “la alarmante evolución de las costumbres” o de informar sobre las tensiones internas en las Fuerzas Armadas.

Clausura de la universidad autónoma e inicio de la “fuga de cerebros”
La “noche de los bastones largos” fue el comienzo de una serie de persecuciones y purgas que se prolongaría por más de tres lustros. Fue también el fin de Eudeba, el proyecto cultural más ambicioso emprendido por la Universidad de Buenos Aires.

Como consecuencia, su impulsor Boris Spivacow fundaría en esa misma primavera de 1966 el Centro Editor de América Latina, que se transformaría en una fenomenal usina de difusión cultural y científica en los años siguientes. Mientras tanto, las editoriales de Buenos Aires se convirtieron en plataforma de lanzamiento de la nueva literatura latinoamericana (autores como Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa publicaron en ellas algunas de sus primeras obras).

La represión en los ámbitos públicos contrastó así con la explosión de la actividad editorial privada, atenta a una demanda que era producto de los mismos esfuerzos modernizadores que Onganía decía continuar.

Las universidades públicas no recuperaron la calidad académica ni la gravitación social que habían alcanzado en la década anterior, debido en parte a cómo se saldó en este contexto el debate entre “politizados” y “cientiflcistas”: los profesores y estudiantes más activos tendieron cada vez más a relegar los intereses académicos con el objetivo de transformar la universidad en una trinchera más de la lucha revolucionaria, considerando reaccionarlo todo lo que no sirviera a esos fines.

(…) Para la clase media, el golpe de Onganía supuso más que una pérdida de representación política. Significó un violento ataque a lo que sus componentes habían considerado tradicionalmente como su coto privado, incluso durante la década infame de los años treinta: las universidades y el mundo de la cultura en general. (…) las ocho universidades nacionales fueron ‘intervenidas”, al tiempo que se anulaba su autonomía.

El violento ataque de Onganía —en teoría, una redada contra la “infiltración comunista y, en la práctica, un asalto a la libertad académica y un intento de reformar la educación superior en interés de los grupos económicos dominantes— contribuyó muchísimo a empujar a la juventud de la clase media hacia el campo de la oposición nacional-popular.

Se prohibió la actividad política de los estudiantes y se anuló su derecho a participar, junto con los académicos y los graduados, en el tradicional sistema tripartito de la administración universitaria.

Carecían incluso de la representación simbólica de que habían gozado al principio del período peronista. Unos tres mil académicos, entre ellos algunos de los estudiosos más eminentes de la Argentina, dimitieron y abandonaron el país en tropel; los estudiantes protestaron y fueron reprimidos sin contemplaciones.

El 29 de julio de 1966, un mes después del golpe derechista, la “Noche de los Bastones Largos” causó una profunda impresión en los ánimos estudiantiles. Los Policías Montados Federales irrumpieron a caballo en la Universidad de Buenos Aires, ordenaron a los estudiantes y a los docentes que la desalojaran, usaron sus porras con indiscriminada ferocidad contra los desobedientes y, finalmente, hicieron centenares de detenciones.

Sesenta estudiantes tuvieron que ser hospitalizados. Vistas las cosas retrospectivamente, el acontecimiento, comparado con la represión sufrida bajo el régimen de Videla. no fue particularmente terrible, pero los estudiantes implicados conservaron un vivo recuerdo de la noche en que fueron “víctimas” de un brutal ataque.

Dos meses después, la policía de Córdoba proporcionó a las fuerzas de protesta su primer mártir al herir mortalmente a Santiago Pampillón durante una manifestación estudiantil; pero dos años más tarde los más tenaces de los descontentos, apoyados por la intelectualidad radical, hacían ya decididos esfuerzos para superar la impotencia de su estrategia, estableciendo lazos de solidaridad con las organizaciones obreras militantes.

PARA SABER MAS…: Como ampliación del tema publicamos una nota en El Bicentenario Fasc. N° 8 período 1950-1969 a cargo de María Seoane, Periodista y Escritora.

La noche del 29 de julio se inició la represión sobre la UBA. que la voz popular ya bautizó la Noche de los Bastones Largos. Fue ideada por los generales Mario Adolfo Fonseca y Eduardo Señorans, el jefe de la policía federal titular de la Secretaría de Informaciones del Estado, y ordenada por el gobierno militar de Onganía.

El operativo se inició en las facultades de Filosofía y Letras, Ingeniería y Arquitectura y Urbanismo, donde hubo alrededor de 130 detenidos. Pero fue en Exactas donde se desató la más violenta represión y donde hubo la mayor cantidad de detenidos. Allí la policía ingresó cerca de las 23.

Los estudiantes, autoridades y docentes decidieron resistir pacíficamente en el edificio de la calle Perú 222. Sin embargo, el grupo de Infantería ingresó luego a arrojar gran cantidad de gases y armado con bastones largos.

Todos fueron brutalmente golpeados, incluso el vicedecano Manuel Sadosky y el profesor norteamericano Warren Arthur Ambrose, que escribió una carta a las agencias internacionales para dar a conocer el suceso. Hubo alrededor de 150 detenidos, más 50 docentes que fueron liberados esa madrugada y no figuraron en la lista de detenidos.

La UBA tuvo su ”primavera1′ entre 1956 y esta noche del 29 de julio. Bajo el rectorado de Risieri Frondizi, a partir de 1957, desde varias cátedras destacados científicos propendían al desarrollo de la alta calidad de la ciencia aplicada para el beneficio nacional e independiente.

Así nacieron las carreras de Psicología y Sociología, y se crearon el Conicet y Eudeba. Se incorporó la primera computadora latinoamericana para el Instituto de Cálculo de Ciencias Exactas, y se crearon el Departamento de Orientación Vocacional y de Extensión Universitaria.

En ese marco, muchos estudiantes desarrollaron una conciencia política. Instalado el gobierno de Onganía, el 29 de julio se promulgó el decreto-ley 16.912: se intervinieron las universidades nacionales, se anuló el gobierno tripartito universitario de docentes, estudiantes y graduados, subordinándose las autoridades de las ocho universidades nacionales al Ministerio de Educación que, a su vez, fue convertido en una secretaría dependiente del Ministerio del Interior.

El rector de la UBA, Hilario Fernández Long, y las autoridades de Exactas, Rolando García y Sadosky, se opusieron. En exactas, los estudiantes y docentes tomaron los edificios. Lo mismo sucedió en Filosofía y Letras, Ingeniería y Arquitectura y Urbanismo. Pero una orden no escrita planteó que desde ese momento no se tolerarían protestas o acciones de movimiento universitario. (Fuente:El Bicentenario Fasc. N° 8 período 1950-1969 a cargo de María Seoane, Periodista y Escritora.)

Fuente Consultada:
Richard Gillespie Soldados de Perón. Los Montoneros
Historia de la Argentina (1955-2010) Marcos Novaro

Los Enigmas de los asesinatos de JACK EL DESTRIPADOR

Los Enigmas de los Asesinatos de: Jack el Destripador

Entre septiembre y noviembre de 1888 un asesino mató y mutiló salvajemente a cinco prostitutas en el empobrecido East End londinense. De identidad desconocida, la prensa lo convirtió en una leyenda que aun continua. Jack El Destripador, no fue el primer asesino en serie de la historia, pero sin dudas fue el primero en alcanzar unos niveles de semejante fama mundial ,en donde diarios de lugares tan alejados como México, y Nueva Zelanda, hablaban de sus crímenes.

¿Porque tanta fascinación?. Resulta difícil decir que ha sido, pero muchos coinciden en que el nombre ha creado el inicio de toda esta polémica e intrigante historia que lleva mas de un siglo de antigüedad. Para otros fue los detalles escabrosos, ampliamente difundidos por periódicos, acerca de como atacaba y descuartizaba a sus víctimas, mutilando y arrancando sus órganos “íntimos”.

Jack el destripador¿Fue Jack el Destripdor una mujer?
Ya en tiempos de los asesinatos de Whitechapel, sobre todo tras la carnicería hecha a Mary Kelly, se oyó hablar entre la policía de que Jack el Destripador podía ser una mujer. El testimonio de una vecina llamada Caroline Maxwell, que no fue incluido en ningún informe, resulte) determinante para que el inspector jefe Abberline se acercara a su colega Thomas Dutton diciéndole: “¿No crees que este caso podría ser el de Jill la Destripadora en vez de Jack el Destripador?”.

En 1939, William Stewart escribió un libro con una nueva teoría basada en aquella suposición policial. Según él, Jill era una mujer de mediana edad, especialista en provocar abortos, que había sido denunciada a la policía por otra mujer a la que ayudó a abortar. Aquella traición femenina, por la que pasó un tiempo entre rejas, le hizo despertar un sentimiento de venganza contra las personas de su propio sexo, especialmente prostitutas, que eran sus mejores dientas.

Stewart creyó que Jill se llamaba en realidad Mary Pearcy, ahorcada en 1890 por haber acuchillado y degollado a la mujer de su amante y a su hijo. Medio siglo antes, Arthur Conan Doyle, el célebre creador del investigador Sherlock Holmes, también había advertido a la policía sobre la hipótesis de que el asesino de Whitechapel podía ir vestido con ropa de mujer para evitar sospechas y así escapar sin problemas. Adelantó incluso que se podía tratar de una comadrona, en cuyo caso ni la existencia de manchas de sangre en sus ropas ni su presencia a altas horas de la noche habrían resultado sospechosas.

¿Fue Jack el destripador, un primo de Virgia Woolf?
En su obra Cláreme: He was Jack theRipper?, publicada en 1972 y dedicada a la vida del duque de Clarence, el novelista Michael Harrison, cultor del género criminal y fantástico, puso a James Stephen (1859-1892) en el ojo del huracán. El duque no era otro que el príncipe Albert Víctor, nieto de la reina Victoria, heredero de la corona. Por su parte, Stephen fue un brillante historiador, periodista y poeta, educado en Eaton y Cambridge, y primo de la escritora Virgina Woolf, a quien se encargó la tutela de su alteza en el verano de 1883.

Según Harrison, autor de pastiches de Sherlock Holmes y Auguste Dupin, el tutor cayó enamorado del príncipe, pero este prefería andar con prostitutas, lo que provocó un ataque de celos y la transformación de Stephen en el Destripador. Harrison basó su teoría en la similitud entre la letra de Stephen y la de la carta Desde el infierno, considerada durante tiempo la más auténtica de las misivas del Destripador.

¿Influyó la Luna en los crímenes?
En agosto de 1895, durante un congreso de medicina forense celebrado en Nueva York, el reputado alienista -nombre que recibían los psiquiatras antes de la consagración de esta disciplina médica- británico Lyttleton Stewart Forbes Winslow postuló la teoría de la influencia de la Luna como el agente que impulsó a Jack el Destripador a cometer los asesinatos. Explicó que estos habían ocurrido mientras el satélite atravesaba las fases de luna nueva o de cuarto menguante. Además, aventuró que el asesino debía ser un aplicado estudiante de medicina, miembro de una respetable familia, delgado, de tez pálida, cabellos claros, ojos azules y de aspecto irreprochable. Forbes añadió también un retrato psicológico.

Se trataría de un joven desorientado, de dogmáticas creencias religiosas -que asistía puntualmente a los oficios matinales de la catedral de San Pablo-, persuadido de estar llamado a cumplir una misión aniquiladora, que obedecía a un programa de moralización y saneamiento social encargado por Dios y que le impulsaba a cometer las masacres en los cuerpos de las prostitutas.

¿Hubo Más de un Asesino?
Esta es una hipótesis que, aunque poco probable, no se ha descartado. De hecho, aunque se adjudican a Jack por lo menos cinco de los once asesinatos que se registraron en el East End entre 1888 y 1891, ni los propios “destripólogos” se ponen de acuerdo en cuáles de ellos son realmente obra del más famoso asesino de la historia .del Reino Unido. La inmensa mayoría acepta que de los cinco asesinatos “canónicos” hay al menos tres que responden sin duda al modus operandi de Jack el Destripador: Mary Ann Nichols, Annie Chapman y Catherine Eddowes. Además, en la actualidad se tiende a incluir a Martha Tabram entre las más que probables primeras víctimas del «monstruo de White-chapel».

Esta indefinición ha permitido sugerir que la atroz secuencia de homicidios se debió a una singular “epidemia” de imitadores, fomentada por el clima de histeria suscitado por la prensa, que hizo circular interesadas versiones sobre la forma en que se cometieron los asesinatos. Fuere como fuere, está probado que tras el asesinato de Mary Kelly hubo otros homicidas que intentaron imitar las formas del Destripador. No obstante, crímenes como el “doble evento” son difícilmente atribuibles al hecho casual de que dos asesinos desconocidos entre sí coincidieran en la misma noche para salir a matar a dos prostitutas. Pero…

¿Procedía el destripador de EE.UU.?
Sir Arthur Conan Doyle (1859-1930), mundialmente famoso por sus historias del detective Sherlock Holmes, aconsejó a la policía londinense que buscara a Jack el Destripador en Estados Unidos. Dijo que había llegado a esta conclusión después de la lectura de la primera carta enviada a la Central News Agency por el asesino, donde aparecían algunas expresiones propias del inglés estadounidense. De hecho, el célebre escritor no fue el único en sospechar de la pista estadounidense.

En 1993, el escritor y “destripólogo” Stewart Evans hizo pública una carta del inspector jefe de la Policía Metropolitana de Londres John G. Little-child, fechada en septiembre de 1913 y dirigida a George R. Sims, periodista, en la que, al tiempo que revelaba la identidad del reportero que había escrito la carta Querido Jefe, atribuida al asesino de Whi-techapel, admitía que Scot-land Yard había sospechado de un curandero, aventurero y misógino estadounidense de origen irlandés llamado Francis Tumblety, entre cuyas extravagantes costumbres estaba la de coleccionar úteros de mujer.

La sospecha debió ser fundamentada porque Scotland Yard envió a un experimentado inspector, Walter Andrews, a Estados Unidos para pedir la extradición de Tumblety, detenido en Nueva York. Las autoridades estadounidenses, sin embargo, no satisficieron la petición británica al estimar que no había pruebas suficientes que incriminaran al detenido con los asesinatos de Whitechapel.

¿El Asesino pudo haber sido un policía?
Nada menos que Frederick Abberline, inspector jefe de la Policía Metropolitana en 1888, mereció ser considerado el Destripador por un «destripólogo» español, José Luis Abad, especialista en grafología, en su libro Jack el Destripador, el asesino más inteligente de la historia (2011).

Abberline, que se retiró en 1892 para acabar su carrera trabajando en la delegación europea de la famosa agencia estadounidense de detectives Pinkerton, tenía al clásico envenenador George Chapman, ejecutado en 1903, por principal sospechoso. Pero Abad, en base a sus propios exámenes grafológicos, sostiene que Abberline era el célebre asesino.

No obstante, las sospechas de que Jack el Destripador fuera un policía también recaen sobre otros agentes de la ley como el sargento Eugene Charles Bradshaw, quien participó en todas las investigaciones de los asesinatos. Miembro de la logia masónica Príncipe Leopoldo, que celebró asambleas las noches de los asesinatos.

¿El cadaver de Miller´s Court era el de Mary Kelly?
De los cinco asesinatos canónicos de Jack el Destripador, el que menos se ajusta al patrón de los anteriores es el de Mary Kelly. La víctima no solo era mucho más joven que las otras cuatro desafortunadas, sino también más alta y fuerte. El homicidio ocurrió en el interior de una vivienda y no en la vía pública. Ni siquiera la influencia lunar fue la misma, puesto que el 9 de noviembre de 1888 el astro avanzaba hacia el cuarto creciente y no estaba en luna nueva o cuarto menguante como ocurrió con los cuatro asesinatos precedentes. Además de los factores ambientales, tampoco la biografía de Mary Kelly es precisa.

La mayoría de los datos fueron suministrados a la policía por Joseph Barnett, el hombre de 30 años que convivía con ella y que también nutrió la lista de sospechosos. Por otra parte, las versiones de algunos testigos que dijeron verla con vida sobre las ocho de la mañana del mismo día 9 de noviembre, contradijeron los resultados forenses sobre la hora de su muerte. En definitiva, todos estos datos equívocos han dado pie a varias teorías sobre si el cadáver desollado encontrado en el número 13 de Miller’s Court era realmente el de Kelly.

En los últimos tiempos, y a tenor de algunas noticias sobre la negativa del Ministerio del Interior británico a abrir los archivos sobre los informadores de la policía durante los crímenes de Whitechapel, ha surgido la teoría de que Mary Kelly podría ser una agente británica infiltrada en los bajos fondos para recoger información sobre las actividades de los “Fenians”, los temidos radicales irlandeses que en 1887 intentaron asesinar a la reina Victoria con motivo de los 50 años de su reinado.

¿Es posible que Kelly fuera descubierta por los irlandeses y que los servicios especiales de Scot-land Yard intentaran ponerla a salvo simulando un brutal asesinato, solo atribuible a un anónimo asesino llamado Jack el Destripador? La teoría puede parecer descabellada, pero tanto el asistente del comisionado, Robert Anderson, como el inspector jefe John G. Littlechild y el inspector Frederick Abberline, trabajaron en la división especial contra el terrorismo irlandés. La desfiguración del rostro y el cadáver de Mary Kelly cobraría así otro sentido, como lo tendría también la detallada descripción que George Hutchinson, el amigo a quien la prostituta pidió dinero, hizo del presunto asesino de Kelly.

Además, también se sabía que el propietario enviaría el día 9 a alguien a cobrar los atrasos del alquiler y que descubriría el cadáver. Es posible que la operación se dirigiera a proteger a Kelly del doctor Francis Tumblety, presunto agente de los «Fenians» detenido apenas unos días antes por actos antinaturales con otro hombre -¿una excusa para preparar la operación de protección con un cadáver extraído de una morgue con el beneplácito de los forenses?-, quien tras conocer el asesinato de la joven prostituta decidió huir a Francia.

Basado en: Asesinos Seriales “Crónicas del Horror” A. B. Pesce
Fuente Consultada: Asesinos en Serie Pili Abeijon
El Caso de Jack el Destripador Grandes Enigmas de la Humanidad

JACK EL DESTRIPADOR Asesinatos Famosos y Crueles de la Historia

Jack el Destripador: Asesinatos Famosos y Crueles de la Historia

JACK “EL DESTRIPADOR”, Asesino Serial
Su Historia

Entre septiembre y noviembre de 1888 un asesino mató y mutiló salvajemente a cinco prostitutas en el empobrecido East End londinense. De identidad desconocida, la prensa lo convirtió en una leyenda que aun continua. Jack El Destripador, no fue el primer asesino en serie de la historia, pero sin dudas fue el primero en alcanzar unos niveles de semejante fama mundial ,en donde diarios de lugares tan alejados como México, y Nueva Zelanda, hablaban de sus crímenes.

¿Porque tanta fascinación?. Resulta difícil decir que ha sido, pero muchos coinciden en que el nombre ha creado el inicio de toda esta polémica e intrigante historia que lleva mas de un siglo de antigüedad. Para otros fue los detalles escabrosos, ampliamente difundidos por periódicos, acerca de como atacaba y descuartizaba a sus víctimas, mutilando y arrancando sus órganos “íntimos”.

JACK EL DESTRIPADOR Asesinatos Famosos y Crueles de la HistoriaEn el otoño de 1888 se sembró el terror en las calles del East End de Londres. Durante 10 semanas este barrio fue el escenario de una serie de crímenes, lo que años más tarde fue denominado el otoño del terror, nombre con el que bautizó un autor de la época a estos días sangrientos, que conmovieron hasta a la reina Victoria, quien encomendó al Ministro del Interior en un documento, que era prioridad apresar al asesino de prostitutas.

Es así como los crímenes perpetrados por el siniestro personaje Jack The Ripper (nombre con el cual firmó las cartas que enviaba a Scotland Yard) se pierden en las transitadas calles de una marginal zona de Londres y llenan de espanto y conmoción a una sociedad victoriana que nunca supo, en definitiva, quien fue en realidad «El Destripador».

Su primer crimen oficial, por así decirlo, el que reconocen todas las crónicas, tuvo lugar el 31 de agosto, aunque en su día se sospechó que por lo menos dos asesinatos anteriores menos publicitados habrían sido también obra suya.

Mucho se ha dicho sobre este famoso asesino, se han intentado reconstruir perfiles considerando a Jack un desequilibrado mental y obseso sexual, con fuertes motivaciones sádicas.En realidad, el asesino de Whitech construye de sí mismo una historia prosaica puesto que nunca habrá certezas sobre sus genes, por qué empieza a matar y tal vez lo mas interesante: por qué deja de hacerlo.

Jack el destripador es el paradigma asesino serial, un fantasma que se pierde en noche y la bruma londinense, un hombre q nunca fue visto, que no pudo ser detenido y que su repentina desaparición no implica en absorto que haya muerto.

Por este motivo este caso en particular en los anales de la historia de Scotland Yard es un enigma, un misterio que terminó convirtiéndo casi en una leyenda.

Al destripador han llegado a atribuírsele 14 asesinatos algunos anteriores a 1888 y otro posteriores al mismo año. Es sólo en 5 crímenes donde no existen dudas que fueron cometidos por el mismo homicida.

Muchos criminólogos y especialistas en asesinos seriales no están de acuerdo acerca de la verdadera lista  de crímenes, generalmente se habla de 5 a 6 muertes. De las seis victimas que se consideran de autoría, existen dudas acerca de la primera, una prostituta de 35 años, Martha Tumer, que aparereció con la garganta cortada en una escalera del edificio George Yard de Whitechapel, el 6 e agosto de 1888.

Esta mujer, que fue ferozmente atacada, o mostraba las mutilaciones características de s asesinatos siguientes. Las desafortunadas que clasifican como victimas perteneciente a Jack Destripador fueron: Mary Ann Nicholls, Annie Chapman, Elizabeth Stríde, Catheríne Eddowes y finalmente Mary Kelly.

El lunes 6 de agosto, varias semanas antes del primer crimen oficial del Destripador, Marta Tabram, una prostituta de 39 años, había sido hallada muerta con 39 puñaladas; y algunos meses antes, Emma Smith, una prostituta 45 años, había sido agredida salvajemente en la cabeza y le habían introducido un objeto en la vagina. Seguramente estos dos crímenes no tenían nada que ver con nuestro asesino, más que nada porque la firma del Destripador era más ritualista que los simples golpes y puñaladas, pero aún así, el terror ya se había apoderado de las almas de los habitantes del distrito londinense.

El asesinato final de la lista de cinco fue el mas terrorífico. En dicha ocasión, por única vez, Destripador» estuvo solo con su víctima en cuarto, teniendo todo el tiempo para desarrollar su macabra tarea. Del informe ofrecido por la policía se des-ende que la prostituta fue mutilada en forma errante:

La garganta había sido cortada de tajo con cuchillo, casi separando la cabeza del cuerpo, el abdomen fue parcialmente rasgado y ambos s separados a cuchillazos del cuerpo; el brazo derecho como la cabeza, colgaba del cuerpo solo por la piel. La nariz había sido desprendida, la frente despellejada, y los muslos descarnados hasta los pies.

El abdomen había sido cortado de arriba hacia abajo, con un cuchillo y el hígado y las entrañas, arrancados. Las entrañas y otras partes del cuerpo habían desaparecido pero el hígado y los intestinos… según se dice estaban colocados entre los pies de la pobre víctima. El asesino había puesto encima de una mesa la carne de los muslos y de las piernas, junto con los pechos y la nariz, y una de las manos de la víctima había sido hincada en el estómago.

Mientras Jack asolaba los barrios de prostitutas sin dejar rastros, el pasatiempo favorito de los londinenses era descubrir quién se encontraba detrás del criminal, hasta que en el mes de septiembre de 1888 el asesino se da a conocer enviando una carta a la Agencia Central de Noticias de Londres, la cual llevaba la firma de Jack The Ripper.

La esquela decía: «Anduve oyendo que la policía ya sabe quién soy. Me he reído al verlos decir que están en la dirección correcta […] Amo mi trabajo y ya quiero empezar de nuevo. Pronto volverá a escuchar de mis divertidos juegos /. . .. Suyo sinceramente, Jack, el destripador».

Ese mismo mes, el destinatario de otra carta es Charles Lusk, jefe del comité que patrullaba el barrio de los crímenes, esta decía:

«Lusk puede buscar en todo el infierno pero no me encontrará aunque estoy frente a su nariz todo el tiempo. Su viejo amigo Jacky».

Eso no fue todo: también le envió un paquete y una nota: «Desde el infierno. Mister Lusk, le envío la mitad de un riñón que tomé de una mujer. La otra la freí y la comí. Estaba muy bien.Agárreme si puede.

Durante octubre envía un postal manchada con sangre, que es publicada por el periódico Star, decía: «Van a escuchar del trabajo de Jacky mañana, un evento doble esta vez. Jack.

Finalmente, Jack salió de escena tan anonimamente como había entrado. Sobre la verdadera identidad de este homicida se barajaron finitas hipótesis.

Según una teoría, Jack The Ripper practicaba la magia negra y como parte de un ritual debía asesinar a siete mujeres de forma tal que sus siete cuerpos formaran una «Cruz del Cal no de siete puntas», con la punta superior ha el oeste.

Aparentemente, después de matar a la tercera o cuarta, el asesino adquirió el poder hacerse invisible. Este hecho puede probarse y que en uno de los casos la policía escuchó los alaridos de una de las víctimas, pero al llegar había rastros del asesino a pesar que la calle tenía solo una vía de escape. Esta teoría no pudo sostenerse ya que las mujeres únicamente fueron cinco. Pudo ser un médico quien cometió los crimenes, enfurecido con las prostitutas que habrían contagiado a su hijo con una enfermedad venérea que luego le causó la muerte.

El domingo 30 de septiembre, se descubría otro cadáver en la calle Berner sobre la una de la mañana. Tras pedir ayuda a la policía, vieron que se trataba de una mujer, cuyas faldas habían sido levantadas por encima de sus rodillas. Un forense llegó a la escena del crimen con su ayudante un cuarto de hora más tarde. Entre los dos detallaron sus conclusiones de la exploración:

“La difunta yace sobre su lado izquierdo, su cara mira hacia la pared derecha. Sus piernas han sido separadas, y algunos miembros están todavía calientes. La mano derecha está abierta sobre el pecho y cubierta de sangre, y la izquierda está parcialmente cerrada sobre el suelo. El aspecto de la cara era bastante apacible, la boca ligeramente abierta. En el cuello hay una larga incisión que comienza sobre el lado izquierdo, 2 ½ pulgadas por debajo del ángulo de la mandíbula casi en línea recta, seccionando la tráquea completamente en dos, y terminándose sobre el lado contrario… ”

El asesino no se había ensañado tanto esta vez como en las anteriores. Posiblemente había sido interrumpido mientras la degollaba y hubiese huido antes de completar su ritual.

La joven prostituta fue identificada como Elizabeth Stride, de origen sueco, que había venido a Inglaterra para ganarse la vida tras el fallecimiento de su marido y sus dos hijos en un accidente marítimo.

Esta vez, varios testigos declararon haberla visto momentos antes de su muerte acompañada por un hombre de unos treinta años con pelo y bigote negros, vestido con un abrigo negro y un sombrero alto, que portaba un bulto, como un maletín.

Mientras la policía se enfrentaba al hallazgo de este nuevo cadáver, a pocas calles allí un guarda nocturno descubría el cuerpo de otra víctima degollada. Su abdomen había sido abierto y los intestinos se encontraban en el suelo, además tenía varias heridas por todo el cuerpo. Los miembros estaban todavía calientes, la data de la muerte no debía ser de más de media hora desde el descubrimiento del cadáver.

No había otros indicios más que un escrito con tiza blanca sobre una pared que decía: “No hay porque culpar a los judíos”, supuestamente obra del asesino. Antes de que la inscripción pudiese ser fotografiada, el Comisario de la Policía londinense Charles Warren ordenó que fuese borrada, según él porque se trataba de una falsa pista del criminal tratando de culpabilizar a la comunidad judía, y si algún londinense lo leía, podía provocar una revuelta contra ellos.

La víctima era Kate Eddowes, quien como las demás, tenía por oficio el de la prostitución y como afición, la bebida. Sus padres habían muerto cuando ella era joven y a los 16 años se fue a vivir con un hombre, con quién tendría tres hijos. Los malos tratos por parte de éste obligaron a que se fuera de casa, y su adicción al alcohol la obligó a alquilar su cuerpo en las calles.

Como en las muertes de Polly Nichols y Annie Chapman, la garganta de Kate había sido degollada de izquierda a derecha, le habían seccionado el vientre y extraído algunos órganos, entre ellos uno de los riñones.

Después de esto, las cosas parecieron volver a la normalidad en Whitechapel. No hubo ningún otro asesinato durante un mes y las prostitutas regresaron a las calles más tranquilas. Desgraciadamente, la paz duró poco, pues el 9 de noviembre, otra mujer apareció salvajemente asesinada.

Se trataba de Mary Kelly, una atractiva joven de 21 años que se dedicaba a la prostitución para poder mantenerse a ella misma y a su pareja, que se encontraba sin trabajo.

Esa mañana, el locatario subió a la habitación de Mary para cobrar el alquiler mensual, pero nadie contestó a su llamada. Decidió abrir la puerta él mismo, horrorizándose por lo que descubrió…

¿Por qué se llevaba el útero de sus víctimas?
De acuerdo con el perfil psicológico que hizo el PB1, Jack sentía un profundo odio hacia las mujeres, porque habría sido criado por una madre alcohólica y violenta, que se habría dedicado a la prostitución en la calle y que, incluso, habría abusado o permitido abusar sexualmente de él. Ante este cuadro es fácil deducir el odio que el asesino debía de sentir hacia las prostitutas borrachas y de mediana edad, en las que podría reconocer la figura de su madre. La extirpación del útero, el órgano de la maternidad, se interpretaría entonces como la voluntad del asesino de negar a sus víctimas

Sin duda era el crimen más violento de Jack el Destripador. El cadáver estaba tumbado sobre la cama con múltiples heridas de arma blanca, completamente mutilado y con la arteria carótida seccionada. La ferocidad de este asesinato asombró a los cirujanos veteranos de policía. El médico forense necesitó varias páginas para redactar el informe de las lesiones y órganos extraídos.

Este asesinato creó el pánico absoluto en el barrio, haciendo estallar episodios esporádicos de violencia en la muchedumbre. La actividad policial era frenética, cada rincón fue registrado, cada sospechoso detenido e interrogado a fondo, pero no por eso la policía dejaba de ser duramente criticada. Nunca más se volvió a saber del asesino. No hubo más cartas ni más crímenes, parecía que Jack el Destripador hubiese abandonado la escena del crimen para siempre, y finalmente el caso fue cerrado en 1892, el mismo año en que el Inspector encargado del caso se retiró.

Lo cierto es que nadie puede saber si ésta es la verdadera historia o si es otro de los relatos que inspira este terrible personaje. Lo único que hoy en día tenemos claro es que no se trataba de un delincuente cualquiera. Sus hechos demuestran que era una persona con gran inteligencia y tal vez una educación superior a la población de Withechapel, incluso puede que fuese alguien de clase alta.

Tal vez tuviese un trastorno de la sexualidad o un trastorno mental que le provocase esa compulsividad y obsesión a la hora de cometer los crímenes. Su afán de reconocimiento y el hecho que resaltase con las cartas enviadas a la prensa su inteligencia, demuestra que también era una persona insegura y llena de complejos. Pero mientras Scotland Yard mantenga sus archivos en el más absoluto secreto, otros autores seguirán suscitando sospechosos que mantengan la leyenda del Destripador viva.

SOSPECHOSOS: “Entre los sospechosos no estuvieron ausentes algunas celebridades. Por ejemplo, el polifacético Lewis Carroll, creador de Alicia en el país de las maravillas, de quien se dijo que sus obras literarias incluían mensajes crípticos que anticipaban los crímenes. Otro fue el artista impresionista Walter Sickert, señalado porque, en teoría, aquellos horrendos crímenes eran su inspiración para conformar algunas de sus oscuras obras.

El caso más renombrado fue el del duque de Clarence, Alberto Víctor, nieto de la reina Victoria. El duque habría tenido cierta afición por el “bajo mundo”. A tal punto, que se le adjudicó un hijo, producto de su relación con una prostituta. Como la noticia debía mantenerse oculta, el duque habría “silenciado” de manera macabra a todas aquellas meretrices que habrían sabido del hecho.

En medio del desconcierto, los periódicos de la época sumaban una cuota de sensacionalismo que mantenía en vilo a la sociedad. Las cartas anónimas, adjudicándose el hecho o sembrando pistas falsas, pululaban por doquier. De todas formas, las principales líneas investigativas, en cierto momento, apuntaron a un reducido núcleo de sospechosos.

Entre ellos, un pseudo médico estadounidense, de nombre Francis J. Tumblety, que llegó a Inglaterra en junio de 1888, habiendo partido raudamente en noviembre -casi el mismo lapso en que ocurrieron las muertes-, lo que habría explicado el repentino cese de la ola de crímenes, que nunca más se repitieron con la impronta de Jack. Aunque todos creían seguir viendo en la niebla su tan temida figura.” (Fuente: El Diario de National Geographic N°31)

Basado en: Asesinos Seriales “Crónicas del Horror” A. B. Pesce
Fuente Consultada: Asesinos en Serie Pili Abeijon

Peter Kurten Asesino Serie Vampiro de Dusseldorf Asesinatos Famosos

Peter Kurten Asesino Serie: Vampiro de Dusseldorf – Asesinatos Famosos

Asesino Serial Perter Kurten Vampiro de Dusseldorf PETER KURTEN: Nació el 26 de mayo de 1883, en Kóln-Mülheim. Fue el quinto hijo de trece hermanos que vivían hacinados en un solo cuarto, razón que desencadenó una importante promiscuidad sexual e incluso incesto. Su padre tenía como ocupación el moldeado de arena y era adicto a la bebida, además de golpear frecuentemente a los miembros de su familia. Su madre, además, lo acosaba sexualmente.

Cuando su padre es condenado a trabajos forzados en 1897 por intento de incesto, Peter comienza a criarse vagabundeando y con poca atención; amaba a los animales que se criaban en su granja pero un día comprendió que sentía más placer degollándolos.

Peter tuvo que educarse en la calle, comenzando así su vida criminal muy tempranamente. A los cinco años de edad además de la crueldad con los animales mató a un perro y a uno de sus compañeros de juegos que no sabía nadar lo tiró desde una barca en la que navegaban, intentando ahogarle. A los 8 años, después de una paliza que le dio su madre, huyó de la casa, viviendo del producto de sus robos. Regresó a casa y trabajó como aprendiz en una fábrica.

Su contacto con lo criminal fue a temprana edad, ya que cuando sólo contaba con cinco años intenta ahogar a un compañero que jugaba con él en una pequeña embarcación, asimismo le gustaba colaborar con el empleado municipal que atrapaba perros vagabundos, quien le enseñó a masturbarlos y torturarlos llegando en una oportunidad a matar él mismo a uno de los pobres animales.

Practicó la zoofilia con cabras, ovejas y cerdos, descubriendo que obtenía mayor placer si los acuchillaba durante el acto sexual. Además, estaba fascinado con los incendios y se dedicaba a leer extasiado sobre Jack el Destripador y sus asesinatos.

En 1894 se muda con su familia a la ciudad de Düsseldorf, don de trabaja como aprendiz de moldeador en una fábrica, a los 14 años asalta a una joven. que casi estrangula en los bosques de Grafenberger. Esa zona sería luego el escenario de sus  crímenes. De allí en más deambulará por el río Rin con una prostituta.

Durante ese período es condenado por arios delitos pero finalmente vuelve a Düseldorf. Unas vez allí consigue alojamiento en la casa de la señora M, que tenía una hija de 16 años. Esta mujer era adicta al sadismo, lo que aumentó el innato gusto por el maltrato  que poseía Peter. Esta relación no prospera y la mujer lo denuncia, motivo por el cual vuelve a la cárcel, por este y otros delitos como robo y deserción de sus obligaciones militares. Kürten pasa casi 20 años en prisión o realizando trabajos forzados.

Su primer homicidio tuvo lugar en 1913 cuando ingresa a la casa de Peter Klein con intenciones de robo. Al entrar al dormitorio, buscando joyas o dinero, encuentra a una niña de 8 años —Christine Klein— y sin poder controlarse la estrangula y luego le corta la garganta. El contacto con la sangre tibia le produjo satisfacción, y limpió el cuchillo con su pañuelo, que llevaba el monograma PK. Las sospechas, por supuesto, recayeron sobre el padre de la niña, que poseía las mismas iniciales.

Peter contrae matrimonio en 1923 se instala en una casa de la calle Mettmanner Strasse Nro 71. No tuvo hijos y era considerado por sus vecinos como una persona seria, honesta y amable, con la única particularidad de maquillarse para disimular sus edad. Desde su casamiento y hasta 1929, asaltó y casi estranguló a varias mujeres, pero estas no lo denunciaron por vergüenza.

Su sed de sangre no se detendría y el 9 de enero de 1929, en horas de la noche, atacó a Apollonia Kuhn hundiéndole unas tijeras que se rompieron por la presión impuesta por Peter. Los gritos desgarradores de la mujer alertaron a unos paseantes, que pudieron rescatarla pero Kürten lograría escapar. El 8 de febrero engaña a Rosa Ohlinger de 9 años a quien lleva a una zona oscura de las cercanías de la iglesia Vinzenz, la rede violentamente con las tijeras hasta mala. Horas más tarde regresa al lugar del crimen para verter petróleo sobre el cuerpo y lo incendia, logrando así nuevamente el orgasmo.

Otras de sus víctimas sería Rudolf Scheer, quien deambulaba alcoholizado y tiene un encuentro con Kürten. Tras un airado cruce de palabras, el asesino lo ataca con las tijeras y bebe la sangre que mana de las heridas. Un domingo de agosto de 1929 organiza una cita con la prostituta María Hahn. Durante el encuentro la estrangula, le clava las tijeras en la garganta, y absorbe la sangre de la víctima. El cuerpo de la joven es encontrado gracias a un carta que envía el propio Kürten a la policía con un poema y un plano indicando el lugar exacto. Siempre se alejaba del lugar de los hechos con una sonrisa o canturreando una canción ya que no era la penetración o el contacto físico erótico lo que lo satisfacía sino el asesinato y la sangre,

Vuelve a matar el 24 de agosto, cuando seduce a las jovencitas Luise Lenzem de 13 años y Gertrud Hamacher de 5, que son llevadas a un campo cercano donde las estrangula y las apuñala, seccionando la garganta de una de ellas. Posteriormente intenta asesinar a una criada, Gertrud Schulte, quien recibe varias heridas. En el mes de septiembre mata a Ida Reuter a golpes de martillo, después de haberla violado. La siguiente desafortunada fue Elizabeth Dorrier, que recibió golpes de martillo, y finalmente Gertrud Alberman de 5 años, a quien estrangula y acuchilla con las tijeras 35 veces.

Su mayor traspié lo comete cuando se encuentra en la calle con Maria Butlies. Ese 14 de mayo de 1930 la joven llegaba a Düsseldorf en busca de un albergue estudiantil. Temerosa, porque ya se conocían las andanzas del «vampiro», buscaba la dirección del lugar en sus bolsillos y un señor que observaba la escena se acerca para ayudarla, pero es interrumpido por Peter, quien se ofrece a acompañar a la muchacha. Así, la joven caía en sus garras. Kürten la lleva primero a su casa, donde nunca había llevado a ninguna víctima, le ofrece pan y leche, y luego, con la excusa de conducirla hasta el albergue, la lleva a un bosque cercano donde intenta estrangularla. Después de un forcejeo, ella logra librarse y él se da cuenta que logró alcanzar el goce y su víctima estaba viva y se retira del lugar murmurando: «Así es el amor».

Sólo podía excitarse sexualmente matando mujeres. El Prof. Berg describió a Kürten como “el rey de los pervertidos sexuales”, necrófilo, sádico, incendiario y practicaba el bestialismo. Bebía la sangre de sus víctimas. Sentía gran admiración por Jack “El Destripador”.

La joven finalmente llega a la dirección de la pensión, pero tarda varios días en denunciarlo. Peter consideró, frente a los acontecimientos que debía contarle toda la verdad a su esposa y así lo hace una mañana de mayo de 1930, con voz serena le dice que él era la Bestia que estaban buscando, le describe el placer que sentía al cometer sus horribles asesinatos, la utilización de tijeras o martillos que guardaba en el bolsillo, de su saco.

Por supuesto, su mujer no podía cree lo que escuchaba. Su esposo, un modesto empleado y amable vecino no podía ser un homicida. Finalmente él le propone un pacto debido a que la Informacion  sobre el Vampiro o la Bestia de Düsseldorf tenía precio muy alto, le pide que lo entregue. De esta manera la recompensa serviría como indemnización por todos los sufrimientos vividos por su culpa. Ambos tenían un plan y la mañana del 24 de mayo de 1930 se presenta a la policía la señora

Kürten, que dijo saber a quién buscaban y que los guiaría hasta él. Los agentes estuvieron de acuerdo, y a las tres de la tarde fueron acompañados hasta la Iglesia de Saint Rochus. Allí se encontraba Peter, de 47 años que, mirando a los policías, dijo: «No tienen por qué temer», y se entregó.

El juicio se abrió el 13 abril de 1931, el imputado alegó locura y su abogado intentó convencer al jurado de que su cliente había estado dominado por una fuerza diabólica que lo obligaba a cometer los repugnantes asesinatos. Guando el juez le pregunta en una oportunidad si tenía conciencia de sus actos, Kürten le responde: «No tengo ninguna. Nunca he sentido un mal presentimiento en mi alma; nunca pensé que lo que hice estuviera mal, a pesar de que la sociedad humana me condene. Mi sangre y la sangre de mis víctimas caerán sobre la cabeza de mis torturadores. Debe haber un Ser supremo que dio en primer lugar la primera chispa vital a mi vida. Ese ser supremo considerará mis buenas acciones porque vengué la injusticia.

Los castigos que he sufrido han destruido todos mis sentimientos como ser humano. Es por ello que no tuve piedad para mis víctimas)). Y agregó: «No tengo ningún remordimiento. Cuando recuerdo mis actos no me avergüenzo, recordar todos los detalles me hace disfrutar.

El 22 de abril fue declarado culpable de asesinato en nueve casos, y de intento de asesinato en siete. Fue sentenciado según el Código Penal alemán de esa época a morir nueve veces y a una condena de quince años. Su ejecución se produjo el 2 de julio de 1931, cuando fue guillotinado en la prisión de Klingelputz previa confesión con el capellán y la redacción de varias cartas a los familiares de sus víctimas.

Después de que me decapiten, podré oír por un momento el sonido de mi propia sangre al correr por mí cuello… Ese será el placer para terminar con todos los placeres.

La policía trató de averiguar quién era el hombre que aterrorizaba a la ciudad, sin conseguirlo, hasta que en cierta ocasión, viendo que iba a ser descubierto cualquier día, confesó sus crímenes a su mujer, que horrorizada le denunció a la policía. Así pudo ser capturado, y juzgado en un proceso que comenzó el 13 de abril de 1931, durante el cual intentó su abogado defensor probar que era un demente para salvarle de la pena capital. No le sirvió de nada y el 2 de julio de 1931 fué ejecutado en la guillotina a las seis de la mañana. Durante los días que estuvo en prisión recibió miles de cartas, muchas de ellas cartas de amor y en la mayoría de las cuales le pedían su autógrafo.

ALGO MAS SOBRE ESTE ASESINO….

¿De dónde venía entonces esta necesidad de asesinar y a veces de beber la sangre de sus víctimas? Es el mismo Kürten quién aporta las explicaciones. Kürten era hijo de un padre alcohólico que lo había batido a golpes desde sus primeros años. Además había sido testigo de la violación de su padre a su hermana mayor y de las palizas rutinarias que propinaba^ a su madre. Esta realidad fue la que contemplaron sus ojos durante toda su niñez. Este patético relato explica en buena parte las cosas y según el mismo Kütner, lo absuelve de todo cargo ya que él no es otra cosa que una víctima de la sociedad y que sólo ha actuado en consecuencia. Kürtner defenderá esta tesis hasta el último instante.

A los treinta años Kütner había logrado dejar su pasado. Encontró trabajo en una empresa de camiones y se casó con una dulce y candida muchacha que trabajaba en una cervecería. Su vida era un ejemplo de la existencia rutinaria y plana de la baja burguesía alemana. Esto al menos, hasta el mes de febrero de 1929, en que algo se gatillo en la mente de este hombre. Algún oscuro comportamiento, relegado en las zonas más sombrías del pensamiento, se abrió dando paso a este caudal sanguinario que no saciaría sino con su fatal reguero de víctimas.

En la prisión, Kütner se arrepintió de sus actos ante el capellán Fassbaender, sin renunciar nunca, eso sí, a la idea de que él era solo un producto lógico del sistema. La última noche la pasó en una larga plática con el capellán. Al parecer su estado de ánimo era del todo reconciliado. No solo encontraba justo el castigo sino lo creía necesario. En la penitenciaría de Colonia, hasta donde había sido trasladado desde Dusseldorf, el condenado reconoció haberse desembarazado de las fuerzas del demonio que pugnaban en él. Ese 8 de julio de 1931, en el cadalzo, segundos antes que la guillotina cayera sobre su cuello, Peter Kürten expresó su último deseo: “Solo quiero -dijo- oír la sangre como mana de mi cuerpo”.

Peter Kürten, el Vampiro de Dusseldorf, se había inscrito en la negra lista de los criminales más abominables de la historia, esos que vienen a plantear una y otra vez los enigmas no resueltos de los oscuros designios de alma humana.

Basado en:
Asesinos Seriales “Crónicas del Horror” A. B. Pesce
HECHOS, Sucesos que estremecieron el siglo Tomo N°14

Bathory La Condesa Asesina Mujeres Malvadas Malas

Bathory La Condesa Asesina
Mujeres Malvadas Malas

ASESINO SERIAL: Bathory La Condesa Asesina: Nació en 1560 en Hungría. Su familia célebre y distinguida pertenecía a la aristocracia, su primo era Primer Ministro, y su tío Rey de Polonia, entre varios otros príncipes de Transilvania. Los Báthory descendían de un poderoso clan de los hunos y comenzaron a ganar relevancia a partir de mediados del siglo XIII. Abandonando sus costumbres tribales, la familia adoptó el nombre de sus estados como apellido (Bátor significa, de hecho, «valiente»). Su poder e influencia iría  desvaneciéndose paulatinamente, hasta desaparecer completamente hacia la segunda mitad del siglo XVII.

Más conocida como “La Condesa Sangrienta”, debido a los macabros y sádicos crímenes que cometió, Erzsebet Bathory fue una aristócrata húngara perteneciente a una de las más ilustres familias de Europa. De hecho, de esta misma familia también fueron Esteban y Sigmund Bathory que ocuparon los tronos de Polonia y Transilvania, respectivamente, además de varios dignatarios de la Iglesia y ministros de Hungría.

Condesa asesina
Retrato de Erzsebet Bathory

Como en otras tantas familias de la nobleza europea de la época, los Báthory contrajeron matrimonio entre ellos en numerosas ocasiones, y esta conducta endogámica trajo consecuencias fatales como la aparición de diversos grados de enfermedades mentales y psicosis de diferente índole, de entre las que sin duda se destaca la de Erszebet Báthory.

A muchos de los familiares de la condesa les gustaban el esoterismo  la magia negra, y  la alquimia. La propia condesa desde niña recibió influencias de su nodriza, quien le enseñaba prácticas de brujería y otras habilidades relacionadas con estas artes prohibidas.

Dueña de una excepcional belleza, cuando Erzsebet tenía 15 años, el conde Ferencz Nádasy, conocido como “El Héroe Negro” por sus cuantiosas victorias en los habituales campos de batalla de la Europa del este de ese tiempo, se convierte en su esposo y el matrimonio se muda al recóndito Csejthe, a uno de los 17 castillos que poseían en los Cárpatos.

Obviamente, el lugar estaba alejado de cualquier centro urbano de importancia, reduciendo de manera drástica el abanico de diversiones al que podía acceder una joven aristócrata de la época.

La «Doncella de Hierro»

La «Doncella de Hierro», un sofisticado aparato de tortura de la condesa Báthory.

Esta joven era, como dijimos, una mujer muy hermosa pero aburrida, debido a las largas ausencias de su esposo que participaba en cuanta batalla se produjera en los alrededores, que era sin duda una de las zonas de mayor conflicto del momento ya que en esas tierras se encontraban los limites entre los reinos cristianos y el Imperio Otomano.

Así, la condesa utilizaba su tiempo ocioso dedicándose cada vez con más entusiasmo al esoterismo, y se rodeó de brujos, hechiceros y alquimistas, amén de todo tipo de charlatanes y pendencieros.

Paralelamente comienza a manifestar su perversidad; ella sostenía que sus dolores de cabeza desaparecían al morder las doncellas, por lo tanto, cada vez que sufría una de esas jaquecas las pobres muchachas eran mordisqueadas por la condesa.

También ocupaba su tiempo libre con pasatiempos igualmente deleznables, que consistían en pinchar a sus jóvenes costureras con agujas y mirar como fluía la sangre; además le gustaba untar el cuerpo de alguna sirvienta con miel y observar cómo las hormigas la torturaban.

La condesa tuvo tiempo para criar y educar a cuatro hijos, pero los sucesivos embarazos la hacían verse vieja y fea, condición que ella rechazaba en forma enfermiza, deseaba no perder nunca la belleza y la juventud que la caracterizaban.

Estas preocupaciones se las manifestó a su nodriza que aún la acompañaba esta le dijo que los poderes de la sangre los sacrificios humanos daban muy bueno resultados, aconsejándole que se bañara co sangre de doncella para conservar eterna, mente la juventud.

Esta solución mágica pronto se puso de manifiesto. Cierto día en que una de sus doncellas la acicalaba le tiró el pelo y la condesa la abofeteó con tanta fuerza que hizo sangrar su rostro la sangre salpicó la mano de Erzsebet y ella, al observarse, creyó que la piel interesada estaba más blanca y tersa que el resto de su cuerpo, confirmando los dichos de su nodriza.

La Virgen de Hierro, una muñeca de tamaño natural que Erzsebet utilizaba en sus ritos de sangre.
Convencida de que la única forma para anular el envejecimiento era bañarse o beber sangre de doncellas jóvenes, desparramó toda la maldad de la que ella era capaz en pos de obtenerla y disfrutarla. Manipulada por su dueña, la Virgen de Hierro era un objeto de tortura. Era de metal, con cabellera rubia, joyas, maquillaje y siempre se presentaba desnuda. Con falsa y perversa amabilidad, la autómata recibía y luego abrazaba a las jóvenes víctimas de la condesa. Cuando las tenía entre sus brazos, sus falsos senos se abrían y apuñalaban a la presa. Estando las víctimas malheridas, eran degolladas y su sangre era bebida por Erzsebet. Y, si la cantidad era suficiente, hacía llenar una gran bañera con la sangre de las doncellas y se sumergía en ella, buscando desesperadamente la fuente de la juventud.

Teniendo certeza de que la sangre rejuvenecía los tejidos, inmediatamente mando a que cortaran las venas de la desafortunada sirvienta se vertieran la sangre en la bañera para que pudiera sumergirse en ella. Luego de este momento los baños de sangre serian su obsesión, así como los placeres lésbicos ya que su esposo fallece en 1604 dejandola libre y haciéndola dueña de todos sus bienes.

Sus sádicos gustos eran consentidos por el enano bufón, Ficzk, y un grupo de brujas que la acompañaban para reclutar jóvenes guapas y de buena salud que eran llevadas al castillo y, una vez allí, eran sometidas a todo tipo de suplicios y tormentos: eran azotadas hasta que morían, quemadas en los pechos, los pies y los genitales con hierros candentes, etc.

El carruaje negro con el emblema de la Condesa Báthory recorría los Cárpatos en busca de nuevas victimas, que eran engañadas con la promesa de trabajo en el castillo y, si se resistían, eran drogadas y llevadas a la fuerza.

En los aposentos de la condesa cortaban las venas y las arterias de las desafortunadas, que tenían las bocas cosidas para que no molestaran con sus gritos.

La sangre llenaba lentamente la bañera para que ella tomara sus baños rejuvenecedores. A veces hacía derramar la sangre directamente sobre su cuerpo y, para evitar el roce de las toallas sobre su piel, ordenaba a sus sirvientas que la lamieran suavemente, En muchas ocasiones, las jóvenes raptadas debían esperar su turno en las cárceles de la fortaleza, donde vivían en condiciones infrahumanas pasando frío y hambre o comiendo la carne chamuscada de sus compañeras.

La jóvenes que parecían más saludables eran encerradas en el sótano, y su sangre era drenada periódicamente para que Erzsebet la bebiera.

Le gustaba jugar con las desdichadas, si era invierno, las empapaba con agua y dejaba que murieran afuera, aprisionadas por el hielo, pero el más famoso entretenimiento fue la a Doncella de Hierro, una estatua hueca provista en su interior con afilados cuchillos que permitían desangrar lentamente a las muchachas.

Durante once años la condesa disfrutó de esta vida, sepultando los cuerpos en las afueras del castillo y guardando los huesos para que sus hechiceros los utilizaran es sus experimentos alquímicos.

Tan largo tiempo de desapariciones sin explicación hicieron caer todas las sospechas sobre su castillo. Los campesinos estaban aterrados y no dejaban salir a sus hijas, otros eran involuntarios testigos de los desgarradores gritos que provenían de las torres del macabro lugar.

Pero ella era una mujer de la nobleza y por lo tanto intocable, sólo a partir de que unos lobos desenterraron los cuerpos de cuatro jóvenes, en las cercanías del castillo, la justicia comenzó a actuar. El rey Matías en persona se ocupó del caso y visitó imprevistamente, junto con su corte, el castillo de Csejthe, en 1610.

Al entrar encontraron el cuerpo pálido y desangrado de una mujer; otra, aún con vida; y una más muerta debido a las torturas, azotes y pinchaduras. En las habitaciones había gran cantidad de elementos de tortura y una libreta en la cual la condesa había anotado prolijamente el nombre de 610 victimas.

En los calabozos, algunas de las jóvenes aún permanecían con vida pero totalmente débiles, debido al permanente sangrado de que eran objeto; en otra ala del castillo la condesa y su séquito de brujos fueron sorprendidos realizando un sangriento ritual. Inmediatamente fueron detenidos y llevados a juicio.

Frente a las evidencias no pudieron defenderse, sus cómplices fueron quemados y su bufón decapitado. El Tribunal Supremo, considerando la alcurnia de la condesa, le perdonó la vida pero fue emparedada en una habitación del castillo con sólo una ranura por donde pasaba el alimento y el agua. Finalmente y después de soportar, asombrosamente, cuatro años esta sepultura en vida, Erzsebet Báthory muere a la edad de 54 años.

La crónica oficial de su muerte deci «Erzsebet Bcithory, esposa del influyente sen Ferencz Nádasdy, magistrado del rey y gran maestre de los caballos, viuda e infame y homicida, ha muerto en prisión en Csejthe. Muerta repentinamente sin luz y de 1614».

Gran parte de los investigadores achacan los malvados instintos de Erzsebet a la degeneración genética a la que habían llegado los miembros de esta familia debido a la endogamia, pues la única manera de mantener las posesiones era el matrimonio entre familias nobles húngaras.

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Asesino Serial Friedrich Haarman: Historia Famosos Asesinatos en Serie

ASESINO SERIAL: FRIEDRICH HAARMAN: Nació en Alemania en 1879, su madre lo protegía y consentía, y por lo tanto tenia uncarácter caprichoso y disconforme, con un amor enfermizo hacia ella. Desde temprana edad demostró inclinaciones sexuales hacia su mismo sexo. Habitualmente jugaba con muñecas y esta actitud enfurecía a su padre quien lo azotaba despiadadamente. Cuando cumple 16 Friedrich Haarman, asesino serialaños, su padre, como último recurso para reformarlo, lo envía a la escuela militar. Esto gestó en Fritz una ira hacia su padre para toda la vida.

Permaneció un tiempo en una Institución para enfermos mentales a los 17 años, al ser acusado de corrupción de menores, pero su conducta fue ejemplar y salió en 1903, con 24 años.

Ya instalado en la ciudad de Hannover se dedica al robo, hurtos pequeños y pone de manifiesto su homosexualidad abusando de menores. Por estos hechos pasa cierto tiempo en prisión. Nuevamente en la calle, en 1918 se asocia con unos contrabandistas y comienza a desarrollar un próspero negocio: venta ilícita de carne. Por esos años, Alemania estaba saliendo de la guerra y la carencia de alimentos era más que penosa, la miseria y el desempleo habían aumentado considerablemente la criminalidad.

Esta situación hacia engordar el negocio gracias al «mercado negro» de carne. Haarmari consigue, además, ganarse la confianza de la policía trabajando como soplón; amparado por este marco más que favorable despliega toda su perversión y sed de sangre para calmar su más bajos instintos.

No estaba solo en la tarea, su cómplice Hans Grans, pedófilo y homosexual como él, lo secundaba en todas sus repulsivas actividades. Eligiendo incluso algunas de las víctimas tan solo por el color de la camisa, Haarman escogía a los infortunados en las estaciones de trenes, su blanco eran los jóvenes que llegaban a la ciudad en busca de trabajo, adolescentes fugados de sus hogares o aquellos que bajaban de los trenes de refugiados. En el lugar actuaba como un inspector de policía, se acercaba, les hablaba amablemente para ganar su confianza, luego les ofrecía un cigarrillo, comida caliente y alojamiento.

Cuando aceptaban los llevaba a su casa en cortandoles la carótida, mordiéndoles la garganta o ahorcándolos con una soga. Los cuerpos eran desmembrados y cortados en trozos que esparcía por la ciudad, la ropa era vendida por su secuaz Hans y la carne vendida en el mercado negro como carne de cerdo.

La policía visitó el lugar debido a una denuncia de los padres de Friedel Rothe, quien había sido visto en compañía de Haarman, pero los agentes no encontraron evidencia a pesar de que la cabeza del joven, envuelta en periódico, se encontraba en la casa escondida detrás de la cocina. En otra oportunidad, uno de los clientes del «Carnicero de Hannover» se presentó ante las autoridades porque sospechaba que la carne que había comprado no era de

cerdo sino que tenía aspecto humano. Los policías desestimaron la denuncia, considerando lo afortunado que era el denunciante por haber conseguido un trozo de carne de tan alta calidad. Las desapariciones de jóvenes iban en aumento pero nada hacía sospechar del carnicero y su pareja, a pesar de que los vecinos veían entrar a muchos y no salía ninguno. Ni siquiera les despertaba curiosidad los ruidos de la sierra y los golpes  provenían del lugar.

En el año 1924 comenzó a ser investigado por la policía ya que los rumores sobre la venta de carne humana eran cada vez más persistentes. Este hecho, asociado a las desapariciones misteriosas, desató una serie de dudas sobre Haarman.

El 17 de mayo, un niño que jugaba en el parque Herrenhausen descubrió un cráneo humano. Al registrarse el lugar descubrieron varías bolsas que contenían esqueletos mutilado Los restos anatómicos estaban triturados o ase rrados, y pertenecían a muchachos de entre 14 y 25 años de edad que, según los análisis habrían muerto entre 1918 y 1924.

Sumado a este descubrimiento, hubo otros en diferentes partes de la ciudad y en el río Leine que fue secado para facilitar el trabajo. De allí se extrajeron, en un sólo día, más de quinientos huesos humanos perteneciente a veintidós cuerpos distintos.

El 22 de junio el «Carnicero fue detenido su piso registrado. En el lugar los agentes p dieron observar manchas de sangre en las paredes resultó ser humana y no de res, quería justificar Haarman. Se encontraron, además, con abundante materiales de carnicería así como también ropas que más tarde fueron reconocidas por los familiares de las victimas.

Ante tales evidencias, Friedrich confiesa sus crímenes relatando todos los detalles con pasmosas complacencia. El juicio se inicia el 4 de diciembre de 1924 en el Tribunal de Hannover , prolongandose durante 14 dias, en donde declararon 130 testigos.

El abogado general Wilde le imputó 24 víctimas que habían podido ser identificadas y le preguntó si había más. El Carnicero contestó: «Cómo quiere que lo sepa? Usted dice veinticuatro… Pongamos veinticuatro. Puede que más, puede que menos».

Durante las audiencias, Haarman hizo declaraciones propias de un asesino: <Mis crímenes no eran para sacar beneficio con la venta de carne humana, sino que estaba motivado en un momento de frenesí erótico que me conducía a matar para satisfacer mis irrefrenables deseos…

El Carnicero temía ser considerado loco y que lo enviaran a una Institución para enfermos mentales y pidió ser condenado a muerte, a pesar de que su abogado trató de justificar su accionar como consecuencia de la infancia traumática que había vivido.

De todo modos, los psiquíatras citados alegaron que el acusado era lúcído y consciente de sus actos. Después de trece audiencias se conoció el veredicto: Hans Grans estaba condenado a una pena de muerte y Friedrich Haarman a veinticuatro penas de muerte. Una vez en prisión y a la espera de la ejecución, se mostró muy nervioso y solicitó el auxilio espiritual de un sacerdote.

Además escribió una carta asumiendo la responsabilidad de todas las muertes, en un intento por salvar a su cómplice que, gracias a esta actitud, logra que su caso sea revisado y en razón de sus veinte años, su pena fue conmutada por doce años de reclusión. El Carnicero de Hannover fue guillotinado el 15 de abril de 1926, su cerebro fue enviado a la Universidad de Goettin para su estudio. Su última voluntad fue pedir el siguiente epitafio para su tumba: Aquí yace El Exterminador». Este deseo no fue cumplido y la azarosa vida de Haarman inspiró la película Tenderness of the Wolves, de 1974.

Albert Fish Asesinatos Serie Famosos y Crueles de la Historia

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ALBERT FISH, el maníaco de la luna: Nació el Washington en mayo de 1870, hijo de una familia con diez hermanos. Entre sus antepasados existían antecedentes de perturbaciones mentales: su madre oía voces y tenía alucinaciones, dos de sus tíos fueron internados en institutos mentales, tuvo una hermana demente y un hermano alcohólico.

Albert Fish, asesino loco El no quedó ajeno a esta heredad, como explica su informe psiquiátrico: masoquismo, sadismo, castración y autocastración, exhibicionismo, voyeurismo, pedofilia, homosexualidad, coprofagia, fetichismo, canibalismo, etc.

Fish nace en 1870. En su familia existen numerosos antecedentes de perturbación mental, empezando por su madre que oye voces por la calle y tiene alucinaciones, dos de sus tíos internados en un psiquiátrico, un hermana demente, un hermano alcohólico, etc.

A los 26 años se casa con una joven de 19 años, con la que tiene seis hijos y lleva una vida normal, siendo considerado como un hombre apacible, religioso, abstemio y amable, muy amante de sus hijos, de quienes debe hacerse cargo cuando su esposa finalmente lo abandona, llevándose todo. A pesar de esta situación siempre trató de mantener un hogar saludable.

Su personalidad se manifiesta sadomasoquista, ya que se autoflagelaba, en castigo por sus perversiones, incrustándose astillas bajo las uñas, clavándose agujas en los escrotos, masturbándose con cabos de rosas introduciéndose palillos en la uretra, así como también bolas de algodón con alcohol en su ano que luego encendía, además de beber su propia orina y comer sus heces.

Tenía como hobby coleccionar artículos periodísticos de asesinos en serie, sobre todo de canibalismo, ya que era un tema que lo atraía particularmente. A los 55 años alucina que veía a Cristo y que éste le dice que tiene que lavar sus culpas a través del sufrimiento físico, la tortura y los sacrificios humanos. De allí en más atormentaría a jóvenes varones, haciendo su propia interpretación de lo leído. El abuso y asesinato de niños lo llevaría a mudarse a 25 estados diferentes.

Oficialmente, fue detenido ocho veces: la primera por tentativa de estafa, luego por robo, por pago con cheques sin fondos,
por cartas obscenas a los anuncios de agencias matrimoniales de los periódicos.

Sus víctimas eran fundamentalmente niños afroamericanos o de clase social baja. Amparado en su aspecto de abuelo seducía con dinero y golosinas, golpeaba a los desafortunados hasta matarlos o los mutilaba hasta que morían, bebía su sangre y cocinaba las partes.

Es arrestado cuando envía un anónimo a la madre de una de sus víctimas: «[…] lo desnudé y até sus manos y pies y lo amordacé con un trapo sucio que tomé de la basura […] corté uno de mis cinturones por la mitad e hice seis tiras de esas mitades. Con ellas le golpeé el trasero hasta que la sangre corrió. Le corté las orejas y la nariz y le rajé la boca de oreja a oreja. Le saqué los ojos. Entonces se murió. Le clavé un cuchillo en la barriga y puse mi boca en su cuerpo y me bebí su sangre […] Corté una parte de su trasero y me fui a casa con mi comida. Lo que más me gustó fue la parte de su vientre. El culito lo tenía para hacerlo al horno. Hice un guisado con las orejas, la nariz, trozos de la cara y el vientre […] estaba delicioso».

Personalmente en el tribunal confiesa la autoría de los crímenes y otras aberraciones que había llevado a cabo. Su deseo de comer carne cruda las noches de luna llena le valió el apodo de «Maníaco de la Luna». Estos otros recuerdos macabros, que refiere sin atisbo de arrepentimiento, convencen al tribunal par declararlo culpable por crímenes con premeditación, tras diagnosticarlo psicótico pero cuerdo.

También confesó las emociones que experimentaba al comerse sus propios excrementos, y el obsceno placer que le producía introducirse trozos de algodón empapado en alcohol dentro del recto y prenderles fuego. Los hijos de Fish contaron cómo habían visto a su padre golpeándose el cuerpo desnudo con tablones claveteados hasta hacer brotar sangre.

El Dr Wertham, testigo de la defensa, alega insania durante el juicio, y sugiere que e autocastigo que Físh se imponía, era una racionalización de la paranoia psicopática en sus propósitos de perversión sexual. Fue sentenciado a la silla eléctrica, y electrocutado el 16 de enero de 1936 en la prisión de Sing Sing, en un segundo intento, ya que las agujas que tenía incrustdas en los escrotos produjeron un corto circuito en la primera instancia. Al conocer el veredicto decidido por el jurado, se asegura que dijo: «Que alegría morir en la silla eléctrica! Será el últí escalofrío, uno de los pocos todavía no he experimentado».

Desire Landru Asesinatos de Mujeres en Serie Famosos y Crueles de la Historia

Desire Landrú: Famosos Asesinatos de Mujeres en Serie

asesinos manson

ASESINO SERIAL:
Desire Landru Asesinatos de Mujeres
: Nació en 1869 en Paris, hijo de una familia  burguesa y religiosa. Su padre Asesino Desire Landrúera un pequeño industrial y su madre costurera. Durante su adolescencia trabajó en un estudio de arquitectura.

Su prima, Mademoisehle Remy, fue su primera conquista amorosa, de cuya unión nació una hija y, como no podía deshonrar a la muchacha, contrajo matrimonio.

Cumplió con sus obligaciones militares sus compañeros lo recordarían como el sargento Landru: obsesivo, meticuloso, acicalándose su barba en plena batalla en el río Mame, y también. recordarían cómo en virtud de su distracción un esquirla de mortero lo hiere y es dado de baja.

Su primer empleo después de su experiencia militar fue como empleado de una tienda, cuyo dueño era un personaje bastante inescrupuloso que en reiteradas ocasiones abusa de Henri y  estafa en materia de dinero. En ese momento, el antiguo sargento del ejército francés toma la decisión de vengase a. través de la comisión de sus propios delitos.

Para Landrú, cuya inclinación a la estafa ya había desencadenado la muerte de su padre, la Gran Guerra de 1914-1918 le proporcionó la oportunidad de refinar este talento. Y es que, las bajas que a diario se producían en el frente de batalla, aumentaba constantemente el número de viudas; quienes colocaban en los periódicos anuncios matrimoniales. Esta lectura fue para Désiré una revelación. Comprendió que un hombre como él, atractivo y joven aún, podía aprovecharse de esta situación.

Fue entonces que instaló un estudio de arquitectura para mantener a su familia ,y es en esos tiempos cuando comienza a realizar pequeñas estafas. En ocasión de una de estas maniobras e descubierto y sentenciado a cumplir dos año de cárcel. Algunas fuentes aseguran que, en dicho período y situación, Landrú intentó quitas, la vida.

Con su prima tuvo tres hijos más, cometió varios delitos menores más que lo mantuvieron en prisión por algún tiempo, y esta situación de deshonestidad afectó tanto a su padre que, para evitar la vergüenza, se suicidó.

Durante la Primera Guerra Mundial su ingenio funcionò al  máximo. Debido a las grandes bajas de hombres en el frene de batalla, abundaban las mujeres solas y viudas que publicaban avisos en los diarios para formar pareja nuevamente. Estos singulares avisos despertaron en Landrú una gran codicia, un enfermizo afán de riqueza. Para alcanzar sus objetivos, el incipiente asesino pergeñó un plan a prueba de fallos

Desde entonces publicaba en los diarios un aviso que decia:  «Señor serio desea casarse con viuda o mujer incomprendida entre treinta y cinco y cuarenta y cinco años» o «Viudo, dos hijos, cuarenta y tres años, solvente, afectuoso, serio y ascenso social, desea conocer a viuda con fines matrimoniales».

Las cartas de las frituras consortes lo inundaron y las f clasificando en un fichero seguin la importancia: aquellas que estaban muy apuradas las catalogaba SF (sin fortuna), a las otras les enviaba cartas para sondear los beneficios económicos que podrían beneficiarlo con la relación.

Landru utilizó un viejo truco para hacer saber que era un viudo de buena posición que deseaba casarse: simplemente puso un anuncio en los periódicos. Recibió miles de contestaciones. Seleccionó las que le parecieron más interesantes, alquiló una villa aislada en las afueras llamada “Ermitage”, y empezó a hacer contacto con las pretendientes. Atento y encantador se ganaba su confianza, especialmente mujeres solitarias, viudas y con algún capital.

Jeanne Cuchet fue la primera incauta que cayó en sus redes: era una viuda de 39 años, que tenía un hijo de 17 y, fundamentalmente, una fortuna bastante atractiva. Fue fácil para Landrú seducirla con sus modos amables de señor respetable, sostuvo que su nombre era Diard, que había sido expulsado de Lila por la ocupación alemana, y que ejercía el oficio de inspector de reos —llegó a ofrecerle un trabajo para el hijo de la viuda—.

La joven, totalmente obnubilada, lo siguió hasta un piso que Landrú había alquilado en Vernouillet. Madre e hijo desaparecieron sin dejar rastros y lo peor fue que la policía, ocupada en detener desertores, no investigó absolutamente nada.

Esta situación alentó al asesino, que comprobaba que su proyecto era perfecto. Seguro de su accionar desarrolló varias conquistas sentimentales entre los años 1915 y 1919, sin apartarse del personaje que había creado.

Las incautas tenían todas el mismo perfil: jóvenes, solas y adineradas, que quedaban deslumbradas con este hombre culto que les ofrecía amparo y contención.

Su personalidad era tan subyugante que las mujeres no dudaban en darle el manejo de sus negocios, sus joyas, ahorros y hasta los muebles. Después las llevaba a una romántica luna de miel en el campo…

En cierta ocasión sintió que los vecinos de Vernouillet sospechaban de él, entonces decidió mudarse a una casa en Gambais, 11 da «La Ermita, que estaba rodeada de muro de ladrillos, cuando se encontraba en el lugar, la estufa funcionaba sin parar.

Su vida transcurría normalmente, intercalaba sus días en París con su esposa e hijos, a quienes no descuidaba atendía muy bien, con su «vida paralela» para la que adoptaría diferentes nombres: Dupont, Frémyet, George Cuchet, Raymond Diard y otros.

Las mujeres ausentes eran varias, por lo tanto algunos familiares de las victimas habían denunciado sus desapariciones. Obviamente, por los datos filiatorios falsos que aportaba Landrú, era imposible ubicarlo, y sólo se tenía una descripción fisica del seductor (abundante barba negra, estatura mediana y calvo).

Su juego comenzó a finalizar cuando la hermana de Celeste Boisson conto que la última vez que la había visto, estaba acompañada por un hombre calvo, muy amable y de barba negra, y que había vuelto a ver ese hombre comprando en un negocio, acompañado por una joven.

Como las características correspondían con las de Henil Landrú, se da aviso a la policía y el comisario Dautel, que ya estaba investigando logra averiguar su dirección. De esta manera simple fue detenido el 12 de abril de 1919 por la Brigada Móvil en París, bajo los cargos de robo y estafas reiteradas.

Al presentarse la policía en su domicilio, asesino niega los cargos, presentado un documento con identidad falsa, luego simula un desmayo se deja llevar.

Mientras lo conduce la policía carita un aria de la ópera Manon, de Jules Massenet: «Adieu, notre petit table… » Este aspecto actoral, mordaz y humorístico también lo pondrá de manifiesto durante el juicio.

Al mismo tiempo, se realizó un inspección en la casa de Gambais. Allí se encontraron gran cantidad de muebles, ropas de mujer y cien kilos de sustancias incineradas, un kilo de huesos humanos (103 pedazos de cráneos, 4 apófisis y 48 falanges) dos cuerdas, dos hachas, una sierra un martillo, tres puñales, tijeras, tenazas, pinzas, dos valijas y la famosa estufa.

El proceso de Landrú, duró dos años. El público cambió las preocupaciones de la reciente guerra por el juicio del hombrecito calvo, barbudo y con perfil de pájaro que negaba con calma, bromeaba con cinismo y daba en todo momento muestras de la más delicada cortesía.

Sus ficheros terminaron de inculparlo, así como una libreta de ahorros donde anotaba el nombre de la acompañante de turno, el valor de los dos pasajes de ida y el valor de uno sólo de regreso.

Henri Desiré Landrú había enamorado a 293 mujeres, y acumulado entre 1915 y 1919 nada menos que 35.642 francos con 50 centavos (cada franco equivalía, por entonces, a 290 gramos de oro puro).

El proceso duró 4 años. Allí el asesino se dirigió a Gilbert, presidente del tribunal y dijo: «Me procesan por diez mujeres, cuando he conocido centenares… ¡Qué generoso es este tribunal!… Estafador lo admito pero asesino, no. Ellas estaban solas y yo les he dado un poco de esperanza. Las he amado, las he despojado, pero no las he matado. ¿Qué fue de ellas? No sé. ¡Es increíble cómo, pueden desaparecer tantas mujeres sin dejar rastros…! ¡Que me traigan las pruebas!».

En otra oportunidad sostuvo: «No me crean si no quieren, pero nunca he sabido encender un fuego!».

El fiscal Godeffroy fue categórico, acusándolo de estrangular, descuartizar e incinerar en la esa a muchas mujeres de las cuales sólo 10 fueron identificadas. Mientras esperaba el veredicto en prisión, recibió bombones, puros y propuestas matrimoniales de parte de sus muchas admiradoras.

La sentencia se dictó el 30 de noviembre d 1921, y Landrú permaneció inmutable y se dirigió su abogado con estas palabras: «Le he confiado una causa dificil.. digamos desesperada… En verdad  es la primera vez que se condena a un inocente». El día de la ejecución se mostró tranquilo, se vistió elegantemente y se perfumó, se despidió de su familia y dirigiéndose al sacerdote dijo: «Vamos no hagamos esperar a estos señores». En la madrugada del 22 de febrero de 1922, su cabeza rodó bajo la hoja de la guillotina.

En 1697, Charles Perrault escribió una fábula referida a un tal Barba Azul. En dicho cuento, una pareja de hermanas se ve tentada con la oferta de matrimonio de un portentoso ejemplar de hombre. Las muchachas temen porque ese mismo hombre había desposado a 7 viudas con anterioridad y nunca se supo más de ellas.

Si bien se llegó a especular en cifras exageradas que Landru pudo asesinar a casi 300 mujeres, el secreto de sus asesinatos se enterró con él, pues en ningún momento reconoció su culpa ni dió ningún tipo de pista que pudiera esclarecer su caso. En todo caso con casi total seguridad estos nombres que a continuación se citan pertenecen a las “hazañas” de tan frío asesino

Finalmente, Fátima, la menor y más hermosa de las hermanas, se casa con Barba Azul, y en ausencia de su mando descubre su terrible secreto: el sótano de su casa de campo esconde los cadáveres desangrados de las siete viudas desaparecidas. El hombre regresa y descubre que su esposa conoce su secreto, con lo que la íntima a reunirse con sus otras victimas En el último momento, Fátima es rescatada por sus hermanos hereda la fortuna del asesino, que es ultimado. Como se puede apreciar Landrú no fue precisamente un innovador , aunque su destino fue precisamente lo mismo que del villano de la historia de Perrault.

Webster Mudget Asesinatos Famosos El Doctor Torturador Asesino

Webster Mudget: Asesinatos Famosos – El Doctor Torturador 

ASESINO SERIAL: Webster Mudget El Doctor Torturador: Nació en 1860 en Gilmanton. Su familia honrada y puritana, a temprana edad Li se manifestó en él un interés enfermizo por las mujeres, que lo transformó en un obseso sexual y un sádico.

Webster Mudget: El Doctor Torturador A la edad de dieciocho años se casó con una joven adinerada, Clara Louering. Se aprovechó de la fortuna de su esposa para terminar sus estudios de medicina y recibirse con honores en la Universidad de Michigan.

Una vez cumplido su objetivo y con su esposa en la ruina, huye y se instala en la casa de huéspedes de una respetable y guapa viuda que lo mantiene gracias a la renta de sus pequeño hotel, pero no conforme con sus atenciones, luego de un tiempo también la abandona y se instala durante un año en el estado de Nueva York para ejercer su profesión de medico.

Finalmente se radica en Chicago, donde gracias a su imagen de hombre distinguido, alto y elegante, consigue incontables conquistas amorosas.

En sus redes cae una joven bonita y millonaria llamada Myrta Belknap, pero esta joven no correspondía a sus galanteos, por lo tanto decide cambiar su nombre por el de Dr. Holmes, gracias a lo cual consigue desposar a la joven y de este modo estafar a su familia en cinco mil dólares, con los cuales construye una fastuosa casa en Wilmette.

El Dr. Holmes, cuyo verdadero nombre era Herman Webster Mudgett, nació en 1860 en Gilmanton, en una honrada y muy puritana familia de New Hampshire. Muy pronto manifestó hacia las mujeres -y sobre todo hacia las mujeres de fortuna- el interés poco corriente que iba a hacer de él un auténtico donjuán del crimen.

Mientras tanto y fiel a su impulso amoroso y ávido de riquezas, consigue la gerencia de una farmacia en Englewood, cuya propietaria era una viuda crédula a quien Holmes convirtió en su amante para lograr que ella depositara toda su confianza en él.

Mediante este ardid tuvo en sus manos toda la contabilidad del lugar, lo que le permitió la falsificación de los libros contables y la apropiación de los fondos; cuando su plan estuvo concluido y él se adueñó de la totalidad de los bienes, hizo «desaparecer» a la infortunada enamorada.

Corría el año 1893, estaba en ciernes la Exposición de Chicago (La Feria Mundial), y el Dr. Holmes pensó que esa seria la  oportunidad de su vida ya que dicho evento atraería al lugar J una gran cantidad de mujeres  jóvenes, bellas, millonarias y solteras.

A través de una serie de estafas compró un terreno e inició la construcción de un gran hotel que semejaba una fortaleza medieval, él personalmente diseñó el interior del lugar pero las empresas encargadas de los trabajos nunca cobraban, por lo cual abandonaban la obra. De esta manera, Holmes era el único que conocía todos los escondrijos y recovecos de su faraónica arquitectura.

La exposición de 1893 se estaba preparando y debía atraer a Chicago una muchedumbre considerable, entre la cual habría, por supuesto, multitud de mujeres guapas, ricas y solas. Ingeniosamente, Holmes decidió por lo tanto aprovechar aquella situación. Gracias a una serie de hábiles estafas adquirió un terreno y emprendió la construcción de un enorme hotel con aspecto de fortaleza medieval, cuya disposición interior concibió él mismo.

Las habitaciones contaban con trampas y puertas corredizas que desembocaban en un laberinto de pasillos secretos, en las paredes de estos pasillos había mirillas disimuladas por donde el doctor observaba a las desprevenidas huéspedes deambular.

Debajo de lo pisos de madera instaló una conexión eléctrica que le permitía, mediante un panel indicador instalado en su oficina, rastrear a sus futuras víctimas. Manejaba, además, los grifos de gas que, conectados a las habitaciones le permitían matar a varias mujeres sin moverse de su lugar.

Este aberrante ingenio estuvo finalizado año antes de que se inaugurará la exposición, e V’ de mayo de 1893 y el Dr. Holmes puso en funcionamiento su casa de la muerte llevando a ella y a todas las jóvenes solas y ricas que conocía en la Feria, trataba que fueran de estados alejados a Chicago, para evitar la visita de amigos y familiares.

Muchas eran llevadas al lugar con la promesa de matrimonio y luego eran forzadas por tortura a firmar poderes en su favor, cediéndole toda la fortuna. Otras eran asesinadas para cobrar los seguros.

En el truculento hotel, las víctimas eanr violadas, torturadas y asesinadas, luego los cuerpos eran transportados por montacargas hasta, los sótanos donde eran disueltos en grandes piletas con ácido sulfúrico, o convertidos en polvo en una gran estufa, o sumergidos en cal viva.

Todo estaba preparado para satisfacer sus instintos sádicos: había construido una habitación donde se encontró gran cantidad de herramientas de tortura, entre ellas una máquina par, hacer cosquillas en los pies con la cual mataba de risa a sus victimas.

Antes de deshacerse de los cuerpos, en muchas oportunidades los desmembraba despellejaba para luego experimentar con ellos.

Las ganancias de su hotel mermaron considerablemente con la finalización de la exposición, por lo cual tuvo que buscar una salida a su empobrecida economía.

Decide entonces incendiar el último piso para que la compañía de seguros le pagara la prima de sesenta mil dólares, pero no tuvo en cuenta que la aseguradora investigaría antes de pagar y el fraude fue descubierto, por lo cual se escapa y se refugia en Texas.

En esta ciudad comete varias estafas que lo llevan a la cárcel por primera vez, sale bajo fianza y trama una nueva defraudación.

Junto con un cómplice de nombre Pitizel ideó un plan. Su compañero debía contratar un seguro de vida en Filadelfia y, después de un tiempo, la señora Pitizel se presentaría en ;la aseguradora, con un cadáver anónimo que estaría desfigurado, para reclamar la prima contratada.

Pero el Dr. Holmes va más allá y mata a Pitizel para no tener que compartir la prima. También tenía pensado deshacerse de la mujer y de los hijos de su cómplice.

Una vez cometido el primer asesinato se presenta como amigo del difunto en la morgue, para reconocer el cuerpo, y busca a la viuda para que cobre el dinero, pero no tuvo en cuenta que un ex compañero de celda lo delataría, sembrando dudas en la compañía aseguradora.

La policía comenzó una minuciosa y paciente investigación hasta que el Dr. Holmes confiesa el asesinato de Pitizel y sus hijos.

El detective que develó el caso fue Frank P. Geyer, de la agencia Pinkerton, quien luego escribió sobre el caso en el libro The Holmes-Pitizel Case, a History of the Greatest Crime of the Century.

Frente al tribunal, Holmes sorprendió a todos por su habilidad para mentir, cuando asesinó a los hijos de Pitízel escribió a la madre de estos: «Usted me conoce, ¿me cree capaz de asesinar a niños inocentes, sin ningún motivo?»

Se divertía adjudicándose asesinatos de personas que aún estaban con vida. No existe una cifra cierta de sus víctimas, él confesó 27 asesinatos pero segun las pruebas recogidas en su Hotel, las victimas serian más de 200. Holmes fue condenado a muerte por el Tribunal de Filadelfia, y ahorcado el 7 de mayo de 1896, a la edad de 35 años.

Ante el tribunal, Holmes afirmó haber asesinado a veintisiete personas a lo largo de su vida. Eso es poco creíble. El acusado disfrutaba burlándose de la justicia; confesaba, por ejemplo, el asesinato de personas que estaban vivas. Por lo tanto nunca sabremos con certeza el número de sus víctimas. A juzgar por los descubrimientos hechos en su castillo, es considerable. La cifra de doscientas es propuesta por los criminólogos como la más verosímil.

Asesinatos Famosos y Crueles Barbazul Giles de Reis Asesino Serial

Asesinatos Famosos y Crueles: Barbazul Giles de Reis Asesino Serial

ASESINO SERIAL: Giles de Reis: Nació en el año 1404 en Francia, en el castillo de Champtocé cerca de Nantes. Su padre, Guy de Laval, pertenecía a una ilustre familia (Laval-Montmorency) y su madre, Marie de Craon, formaba parte de una de las familias más ricas del reino.

Asesino Serial Giles de ReisCuando muere su padre, asesinado en Azincourt en 1415, y tiempo más tarde su madre, Giles de Rais se transforma en el único heredero de los dominios familiares que se extendían desde Bretaña hasta Poitou, y desde Maine hasta Anjou.

Desde entonces, su educación estuvo en manos de su abuelo materno, Jean de Craon, que si bien era un hombre afable y cariñoso no supo manejar al joven, quien se entregó a sus  perversas inclinaciones.

De su infancia, se sabe muy poco, que fue un niño muy inteligente, capaz de leer el latín con fluidez y amante de la música, además recibió el entrenamiento militar que todos en su familia de caballeros medievales habían tenido. Entre tanto, secretamente leía ávidamente Suetonio, extasiado por los detalles de la vida de los emperadores romanos y sus excesos sexuales. Gilles admitió, más adelante en su vida, durante su juicio que las historias relatadas por el autor latino habían exaltado su tendencia a las fantasías sexuales, más aún siendo él homosexual.

Su prima, Catherine de Thouars contra matrimonio con él y se instalan en el castillo de Tiffauges. Su pobre esposa deberá soportar s indiferencia, ya que Giles pasaba la mayor parte del tiempo en compañía de sus pajes dedicado a una vida ociosa y relajada satisfaciendo su gustos por los jóvenes.

Pudo alejarse de esta licenciosa vida cuando es llamado a la corte de Carlos VII, al presentarse se desempeñó como Teniente de los ejércitos del rey durante la Guerra de los Cien Años; en estas circunstancias conoce a Juana de Arco y queda mediatamente sub gado, transformando en su devoto e intrépido compañero. Cuando Juana es capturada en Ruan y es ejecutada en la hoguera, el joven Mariscal de 28 años se derrumba ante la pérdida de la mujer que idolatraba, a lo que se suma también la muerte de su abuelo.

Sus afiebrados pensamientos no le permiten encauzar su vida y se recluye en su castillo, evitando todo contacto sexual con las mujeres. Dueño de una poderosa fortuna se ocupa de gastarla en la compra de objetos de arte y en ostentosas fiestas para sus pajes. De esta forma, en poco tiempo, ve que sus riquezas habían menguado considerablemente, por lo cual se inclina hacia la alquimia.

Con la finalidad de subsanar su situación económica convoca a su castillo a los más renombrados especialistas en la piedra filosofal. A través de uno de ellos, Preslati, se inicia en la magia negra y se acerca al demonio. Para lograr lo que ambicionaba, celebraba misas negras donde sacrificaba jóvenes que raptaba en las cercanías. Estos eran mutilados para presentar los sacrificios de ojos, corazón o manos. Las ceremonias no dieron ningún resultado, sus riquezas no aumentaban pero sí su sed de sangre y su perversión, a partir de este momento secuestrará a hijos de campesinos para saciar sus instintos satánicos.

Sus frenéticos días los compartía con sus pajes que participaban del horroroso entretenimiento. Su gusto por los niños y adolescentes hicieron que muchos desaparecieran de los alrededores de sus propiedades en Champtocé, Machecoul y Tiffauges.

Su ritual era llevarlos a las torres y, una vez allí, sodomizarlos, estrangularlos o decapitarlos. Los cuerpos eran desmembrados y las cabezas separadas. Otras veces los abría en canal para observar las entrañas o los colgaba de ganchos de hierro.

En algunas oportunidades, Giles de Rais no estaba con humor para participar de las matanzas pero sí gustaba observar como las realizaban sus cómplices, destripando las víctimas y masturbándose sobre los cadáveres.

Uno de los jóvenes que fue llevado al castillo, Etiène Corillaut, llamado Poitou fue violado, pero cuando el marques se preparaba para cortar su garganta, Gilles de Sille, su primo allí presente, le sugirió que era un muchacho demasiado atractivo y que podrían hacer de él un formidable paje. Así salvo su vida, pero se convirtió en uno de los secuaces de más confianza del noble.

Como habia alarma por los rumores de las cosas extrañas que sucedían en el castillo, el obispo de Nantes, Jean de Malestroit, ordenó una investigación. Debian ser discretos, pues una persona con el poder y la reputación del Barón seria difícil de acusar sobre estos sucesos.

Gules de Rais caería sólo como consecuencia de su omnipotencia, el día de Pentecostés, interrumpió la misa en la iglesia Saint tienne de Mer Morte con sesenta hombres armados para secuestrar al fraile Jean Le Féron.

Este delito fue aprovechado por el obispo que, mediante una carta abierta, el 13 de septiembre lo acusa de herejía, asesinatos de niños, crímenes contra natura y pacto con el diablo. Estos delitos se pagaban con la excomunión y la pena de muerte.

Durante sus años de asesinatos, Gilles estuvo a punto de ser descubierto. En 1493, llego a oídos de su familia que había intentado vender el castillo Champtoce, a pesar del interdicto del rey. Sin embargo, lo único que aterrorizaba a Gilles, era la posibilidad de que el nuevo dueño descubriera los restos mutilados de niños que había dejado allí, por lo que mando a sus ayudantes a retirar los restos de los cadáveres, los cuales casi fueron sorprendidos por el personal del nuevo propietario.

El asesino se entregó ante el capitán del duque de Bretaña que se presentó en Machecoul, el 15 de septiembre. Al ser excavado su lugar de residencia se hallaron restos mutilados de 50 adolescentes.

El juicio, que duró todo un mes, se c en Nantes, y allí Giles de Rais negó los cargos pero luego demostró pesadumbre y reconocio accionar.

Confesó sus aberraciones delante de la iglesia de Nantes el 22 de octubre de 1440 frente aya; una muchedumbre, dio detalles y relató: «Por mi ardor y mi deleite sexual he tomado y hecho tomar tantos niños que no sabría precisar el número. Lo he matado y he cometido el pecado de sodomía al mismo antes que después de su muerte, pero tambien durante ella».

La cantidad de víctimas se presumía en trescientas pero él sólo confesó 140. Fue ejecutado el 26 de octubre de 1440, en la horca. Su cuerpo y el de dos de sus secuaces fueron también quemados en la hoguera. Giles de Laval-Montmorency, capitán dex Rais, habría legado en su testamento todas sus posesiones a Satanás, pero no su alma.

A pesar de las dudas, y de las evidencias, Gilles de Rais no pudo descansar en paz. Durante la revolución su tumba, ubicada en la Iglesia de Notre Dame du Carmel en Nantes, fue destruida, quizás, como una venganza póstuma de los revolucionarios al noble más cruelmente recordado y odiado de sus historias orales.

Basado en: Asesinos Seriales “Crónicas del Horror” A. B. Pesce y un articulo de Carolina Fernández

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Asesinos Seriales de la Historia: Asesinato Serial 

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FAMOSOS ASESINOS SERIALES DE LA HISTORIA

Cualquier persona tiene la capacidad de actuar de manera violenta, lo que no significa que lleve a la práctica esa posibilidad. Hay individuos, sin embargo, más propensos que otros para orientar la agresividad innata de nuestra especie hacia la resolución de los problemas con los que se encuentran en la vida o, simplemente, para conseguir metas que desean.

Tales personas piensan de forma violenta y sus emociones y conductas se ajustan a esas ideas y actitudes. Los seres humanos más preparados para la violencia son los psicópatas y cuando su bienestar psicológico se centra de manera dominante en el control total y el terror de sus víctimas, estamos ante la peor clase de psicópatas: los asesinos en serie. El estadounidense Dennis L. Rader, alias BTK, es un ejemplo extremo de esta aberración de la naturaleza humana.

Un popular pastor que con su verborrea y fuerte personalidad seduce a un grupo de descerebrados para que asesinen a cuchilladas a una estrella de Hollywood, embarazada de ocho meses, y a los amigos que cenaban en su casa. Un individuo que viola y asesina a más de doscientos niños en la Colombia profunda. Una mente calenturienta que envía al crematorio a seis millones de personas por el mero hecho de ser judíos, además de provocar la mayor guerra del planeta Tierra.

Y otro líder, contemporáneo del anterior, que «congela» literalmente a millones de sus compatriotas, condenados a trabajos forzados en los gélidos «gulags» siberianos. Un millonario árabe que idea y financia el «derribo» de las Torres Gemelas en Nueva York, el mayor atentado terrorista de la historia.

Dos hermanos casi ancianos que se lían a tiros en un tranquilo pueblo de Extremadura, para cobrarse con varias vidas (dos niñas incluidas) una venganza contenida varias décadas. Una condesa medieval que se bañaba en sangre de cientos de desdichadas vírgenes con la absurda creencia de así poder engañar al paso del tiempo…

¿Monstruos? No, hombres y mujeres que tuvieron un padre y una madre, fueron niños, crecieron y se convirtieron en las peores personas de la historia de la humanidad. Por miles podemos contar Las malas gentes que hicieron del crimen una forma de vida. Asesinos natos, reyes y jefes de Estado, Papas, terroristas, mafiosos, forajidos e, incluso, gente de a pie como curas, médicos, policías, suegras, niños, padres de familia y, por supuesto, mayordomos. Todos ellos tiñeron de rojo la tierra que pisaron, para terror y vergüenza de sus contemporáneos.

Las crónicas registran criminales de este tipo desde la Edad Media, pero ha sido a partir del siglo XIX cuando se producen muchos casos célebres, desde Henri Désiré Landru hasta Marcel Petiot. En el siglo siguiente, el teatro de los sucesos se traslada a la joven Norteamérica, donde Lacassagne comenzó a tener razón: el medio y su circunstancia generan al criminal.

¿Qué convierte a un ser común, sin relevancia alguna, en un criminal en serie? ¿Es posible prevenir su gestación? La policía no puede detectar a priori al asesino y detener su raid sangriento. La Medicina Legal lo explicará, una vez apresado o muerto. La bacteria de la que hablaba el médico legal Lacassagne, ¿está en la sociedad y es imposible desterrarla?.

La fabulosa ciencia moderna, ¿alcanzará a descubrir un antibiótico eficaz contra ella? Es posible que un asesino serial se origine en un estallido patológico nacido de su propia psicosis social, su inadaptabilidad y aun ante el rechazo; que una depresión combativa lo lleve a una neurosis de venganza hacia lo que lo motiva; que un mesiánico religioso, de cualquier signo , lo envuelva en su liturgia mortal. Una vez lanzado a su tarea destructiva, el asesino poda ser estudiado por sus vicios, aparentes modus operandi u obsesiones fijas, pero todavía no es posible prevenir lo que un vecino cualquiera puede realizar cuando algo hiere su razón y emerge la bestia o el Mr. Hyde que llevamos dentro.

Desde la condesa Báthory hasta los asesinos de nuestros tiempos, detectives, científicos y estudiosos de los casos de homicidio han tratado de desentrañar cómo funciona la personalidad, el cuerpo y la mente de los asesinos seriales, qué factores influyen en sus vidas para transformarlos de ciudadanos respetables en máquinas de matar sin sentimientos, caníbales o torturadores.

Muchas respuestas se encontraron a través de los tiempos, desde Franz Joseph Gall hasta Cesare Lombroso, pasando por tantos otros como los actuales psicólogos, perfiladores y estudiosos del tema que dedicaron su experiencia y años de investigación a develar la mente de un asesino serial.

Franz Joseph Gall (1758-1828): Médico vienes creador de la Frenología o «craneología», basó sus estudios de los criminales tomando como punto de partida las características de la personalidad y cómo se relacionaba esto con la forma del cráneo. Esta teoría se oponía al pensamiento científico tradicional, que separaba el cuerpo de la mente. El Dr. Gall pensaba que los caracteres y las funciones intelectuales de un individuo dependían de la conformación externa del cráneo, es decir, que podían analizarse las facultades y funciones de la mente porque ciertas áreas del cerebro se correspondían con caracteres psicológicos, guardando relación con el tamaño y la formación externa del cráneo. Estas tendencias se reducían a las de naturaleza amativa, adquisitiva, destructiva o combativa. Johann Cristoph Spurzheim (1776-1832), discípulo de Gall, popularizó esta teoría que interesó a los criminólogos, que trataban de definir la localización de la función criminal.

Cesare Lombroso (1835-1909) La teoría del criminal nato Este médico italiano nació en Verona el 6 de noviembre de 1835. Además de su carrera en medicina también se interesó por la Psiquiatría y cursó estudios en la Universidad de Pavía. Al ponerse en contacto con la obra de Darwin Del origen de las especies por vía de selección natural queda totalmente fascinado y la traduce al italiano. Allí, los estudios de Darwin sobre la evolución del hombre, partiendo del mono y pasando por el pithecanthropus erectus y otros humanoides más o menos inteligentes, influyen en Lombroso para la búsqueda de la relación que podría existir entre esta teoría y la criminología.

Lombroso, mediante sus observaciones, había concluido que tanto el criminal, como algunas ardillas y castores, presentaban hundimiento de la fosa occipital; a este rasgo Darwin lo llamaba «evolución atávica», que hacía regresar a la especie humana a la animalidad. El comportamiento criminal, entonces, no era consecuencia del mundo exterior sino una disposición natural en algunos sujetos, «criminales natos».

Durante casi diez años, Cesare Lombroso trabajó arduamente para demostrar su teoría: coleccionó grandes cantidades de cráneos y estudió la morfología de por lo menos 25.000 criminales o anormales.

Su profusa investigación fue volcada en su libro L’Uomo Delincuente (El hombre delincuente] de 1889, una obra que se explayaba sobre los rasgos característicos de los criminales. Además del hundimiento de las fosas occipitales, la lista incluía: caja craneana demasiado pequeña, muelas del juicio demasiado grandes, escasa vellosidad en el cuerpo, frente huidiza, arcos temporales pronunciados, mandíbulas fuertes y marcadas, fuerte desarrollo de cigomas (malares —huesos de las mejillas—), prognatismo (mandíbulas marcadas), fuerte pigmentación, cabello enrulado y espeso, defectos en las orejas, asimetría de la cara, y labios carnosos o hinchados.

Sumó a estas características antropométricas otras de índole psicológica e intelectual; según este médico, los delincuentes carecían de sensibilidad y eran «psicópatas incapaces de sentir piedad y paradójicamente muy sentimentales Agrega que eran perezosos, versátiles e hipócritas.

El criminal nace criminal y está predestinado a delinquir. Para Lombroso es una especie humana distinta, que no podrá eludir su destino de criminalidad.

Clasifica a los criminales en:
1- Criminales natos
2- Criminales locos
3- Criminales por pasión
4- Delincuentes ocasionales
a-Pseudo criminales, actos en defensa del honor
b-Delincuentes Habituales
c-Criminaloides (estados intermedios)

A pesar de su riguroso trabajo, la teoría no tenía sustento científico y fue atacada por su contemporáneo Jean Alexandre Lacassagne, fundador de la escuela lyonesca de la criminología que oponía a la teoría de Lombroso del «criminal nato», la del «medio social», es decir, que la sociedad era el caldo de cultivo de la criminalidad.

Para los criminólogos de esa escuela, como el Dr. Edmond Locard, no hay criminales congénitos sino medios y circunstancias que favorecen el crimen. A pesar de sus detractores y de que su teoría fue ampliamente superada, se debe reconocer a Lombroso el haber inventado una nueva ciencia: la Antropología Criminal, que no sólo se ocupa de la parte física sino también del estudio del comportamiento de los criminales, ya que hasta entonces la criminología se había interesado nada más que por el crimen Y sus circunstancias.

A partir de Lombroso, el enfoque estaría en el criminal, su personalidad, su psicología y sus taras mentales. La obra de este médico fue prolífica, ya que publicó varias títulos además de El hombre delincuente, como por ejemplo El crimen político y las revoluciones, Las mujeres criminales y las prostitutas y El crimen: causas y remedios.

Algunos jóvenes que nacen en contextos marginales cometen actos de crueldad con apenas siete u ocho años de vida. Antonio Anglés, asesino de tres niñas de la localidad valenciana de Akásser (desaparecida), de pequeño ya mostraba una gran crueldad, y su propia madre le tenia miedo. Antes de cometer ese triple crimen había torturado durante días a una mujer a la que acusaba de haberlo estafado en un negocio de drogas.

Otros individuos explotan en la adolescencia y producen entonces una violencia extrema, cuando coincide una personalidad psicopática con un ambiente insoportable. Eric Harris, uno de los autores de la masacre del Instituto Columbine, en Colorado (EE.UU.), en la que murieron varios alumnos y profesores baleados, había escrito en su diario: “¿No se supone que América es el país de la libertad? Pues entonces, si soy libre, puedo quitarle a un jodido imbécil sus cosas si las deja descuidadas en su asiento. (…) Yo aplico la selección natural. A los jodidos imbéciles se los debería tirotear”.

Porque no es una cuestión solo del cerebro. Este órgano está expuesto desde el seno materno a las influencias del ambiente, ya sea el intrauterino o el del exterior, y un buen cuidado emocional y físico es necesario para que sus funciones cognoscitivas y emocionales se desarrollen normalmente.

Se ha comprobado que muchos asesinos en serie han crecido en ambientes marcados por los malos tratos físicos, psicológicos y/o sexuales, lo que ha dado pie a que algunos autores hagan énfasis en esas experiencias para explicar por qué un ser humano llega a despersonalizar a los otros hasta el punto de hacerlos objeto de la tortura y el asesinato. En particular, se ha comprobado que una falta de apego entre el hijo y la madre durante los primeros dos años de vida puede afectar el crecimiento normal del mundo moral y emocional del niño, como demostró el Bobby Frankseminente psiquiatra británico John Bolwy (1907-1990) en sus estudios de niños desasistidos del calor humano en las cunas de los orfelinatos donde los habían depositado sus padres anónimos. No obstante, está claro que no todos los psicópatas y asesinos en serie han vivido esas experiencias, y que la inmensa mayoría de los niños que son víctimas de abusos no se convierten por ello en asesinos.

Esto es algo que se hizo patente ante los ojos del mundo con el brutal crimen que perpetraron en Chicago, en 1924, Richard Loeb y Nathan Leopold, dos jóvenes ricos y talentosos que mataron al niño Bobby Franks -hijo de unos amigos de sus padres- únicamente para mostrar a todos que eran verdaderos super hombres, capaces de cometer el crimen perfecto, secuestraron al salir de su casa engañándolo para que subiera a su auto, le dieron un golpe  en el cráneo y luego pidieron un rescate a sus padres para enmascarar el homicidio. Nadie rudo demostrar nunca que esos jóvenes de 19 y 18 años, respectivamente, hubieran vivido en un ambiente enfermizo o violento durante su infanta: su crimen era algo incomprensible porque nada lo podía explicar con criterios basados en el sentido común.

EL PSICÓPATA MODERNO:
La mente del asesino en serie sigue siendo un enigma porque nunca podemos saber a priori dónde va a surgir esa adicción al crimen múltiple. Ted Bundy es un ejemplo supremo por varias razones. En primer lugar, dado que su aparición, en los primeros años de la década de 1970, marcó el inicio de la época moderna del asesino serial, al comienzo de la era de la tecnología cibernética, cuando el asesino vive en un mundo opulento y se adapta con extraordinaria pericia a los nuevos tiempos de relajación moral y hedonismo, rasgos que van a definir a nuestras sociedades en contraste con el puritanismo de los años de la posguerra.

Bundy estudió unos cursos de Derecho y de Psicología, trabajó para una asociación de ayuda a víctimas, se empleó como voluntario en campañas para la elección del gobernador del estado de Washington, era inteligente, atractivo, de maneras agradables… Pero él personifica como nadie al sádico sexual, especializado en mujeres jóvenes, lindas, universitarias: las engañaba para que subieran a su auto, las golpeaba y neutralizaba, y a continuación las llevaba a una guarida alejada en el campo donde las torturaba y, finalmente, asesinaba; en varias ocasiones, además, regresaba al lugar donde había abandonado el cadáver para volver a tener sexo con ellas.

Bundy es el personaje real en el que se basó Thomas Harris para la parte de El silencio de los inocentes en la que Hannibal Lecter colabora con la agente Sterling para capturar al asesino Buffalo Bill. Ocurrió que en aquellos años, cuando ya Bundy esperaba su ejecución en una cárcel de Florida, el FBI estaba desesperado por capturar a otro psicópata serial, el Asesino del Río Verde, quien había matado a numerosas prostitutas. Bundy los llamó y les ofreció un trato: que negociaran una demora en su ejecución y él, a cambio, les daría pistas para atraparlo.

El asesino en serie más famoso en la historia de la ciudad de Nueva York actualmente cumple una condena de 365 años por matar a seis jóvenes y herir de gravedad a otros siete. Entre julio de 19P6 y julio de 1977, David Berkowitz se dedicó a asesinar a parejas de jóvenes que estaban haciéndose arrumacos en el interior de sus autos, disparándoles con una pistola del calibre 44. Había escrito a la policía: “fue encanta cazar.

Deambuló por las calles buscando mis presas”. Luego de ser capturado, cuando explicó que mataba siguiendo las instrucciones del demonio que emanaban de los ladridos del perro de su vecino, Sam Carr, la prensa lo bautizó como “el Hijo de Sam”.

En el juicio, tres psiquiatras declararon que era un esquizofrénico que se creía poseído por los demonios, pero el cuarto, el famoso psicoanalista David Abrahamsen (1903-2002) dijo que, aunque se trataba de un hombre atormentado, estaba fingiendo, situación que el propio Berkoujitz reconoció posteriormente.

Sin embargo, en la actualidad, el Hijo de Sam vuelve a sostener que era verdad que Satanás se había apoderado de él, “en un sentido psicológico”, ahora es el pastor del módulo en el que habita en la cárcel (pertenece a la Iglesia de los Cristianos Renacidos) y además ayuda como consejero en los programas de rehabilitación.

Cuenta con su propia página web y tiene el apoyo de fieles poderosos. Para ellos es un icono, la prueba de que la misericordia de Dios es infinita y de que puede arrebatarle a Satanás uno de sus hijos más perversos. Berkoujitz ha dicho: “El Señor me alcanzó con sus manos piadosas y me salvó la vida. yo solo puedo darle las gracias”.

CRIMINOLOGÍA: LA CIENCIA CONTRA EL CRIMEN

Los falsificadores, ladrones, criminales, etc. oponen frecuentemente a las acusaciones de la policía un sólido sistema de defensa, apoyado en coartadas perfectamente urdidas, que en muchas ocasiones parecen irrefutables. Para descubrir las posibles fallas de este entramado, y poder presentar hechos rigurosamente objetivos que hayan de ser utilizados judicialmente, existe una disciplina, denominada criminología, que utiliza conjuntamente datos biológicos, químicos, físicos y matemáticos.

Un capítulo muy importante y muy conocido de esta ciencia es el dedicado al estudio y clasificación de la/s huellas dactilares. Como es sabido, las huellas dactilares de un individuo permanecen idénticas desde su formación en el período uterino hasta su muerte. Esta inmutabilidad ha sido confirmada con experimentos y es un hecho perfectamente establecido.

Las variedades que pueden adoptar los pliegues cutáneos que las forman son tan numerosas que es casi imposible que dos individuos presenten las mismas huellas. Éstas se clasifican con arreglos a les dibujos que presentan, a fin de facilitar su identificación. Del mismo modo, se encuentra actualmente muy desarrollada la técnica del “revelado” de las huelles ct-;ee:ces ; presunto malhechor.

Otra técnica muy utilizada, y que oímos mencionar con frecuencia en los periódicos y en las películas, es le foto-robot. Como es bien conocido, la foto-robot consiste en una superposición de distintos rasgos tipo, con objeto de reconstruir un rostro definido. Aunque la eficacia de esta técnica descansa en la subjetividad del testigo ocular que trata de identificar el rostro que ha de reconstruirse, ha producido ya resultados suficientemente satisfactorios para que se siga trabajando en su sistematización.

Otro de los capítulos más importantes de esta ciencia es el dedicado al estudio de las estrías que todo proyectil presenta sobre su superficie, después de haber sido disparado. El cañón de un arma de fuego tiene ciertas irregularidades o imperfecciones que producen sobre el proyectil una serie de rayas y trazos, a través de los cuales puede determinarse con gran precisión la marca y el modelo del arma utilizada. Una vez que se conocen éstos, es posible determinar por comparación el arma que ha disparado el proyectil en estudio. De esta forma, se puede decir que todo proyectil tiene su propia “huella dactilar”.

La criminología estudia también la detección de falsificaciones. Muchas y muy variadas técnicas físico-químicas ayudan al criminólogo en el cumplimiento de este cometido. .Las áreas de un documento que han sido lavadas, con objeto de borrar las palabras que contienen, pueden detectarse fácilmente por medidas de absorción luminosa, ya sea visible, ultravioleta o infrarroja.

En algunos casos, estas áreas se detectan con medidas de conductividad eléctrica. La cromatografía interviene en el análisis de las tintas empleadas en sustituciones de palabras, pudiendo determinarse fácilmente la composición de éstas, e incluso la fecha aproximada de su utilización.

Actualmente, se encuentra en desarrollo un método de análisis por activación nuclear, que consiste en determinar cualitativa y cuantitativamente la presencia de pequeñísimas cantidades de ciertos elementos, exponiéndoles a las radiaciones emitidas por un ciclotrón o un reactor nuclear.

Estos elementos se trasforman en radioisótopos, los cuales presentan un espectro de desintegración muy característico, que puede utilizarse con propósitos de comparación o identificación. Parece que este método sirve para identificar automovilistas que se dan a la fuga, así como para determinar la persona que ha disparado una cierta pistola, usando como elementos de análisis pequeñísimos vestigios de antimonio y bario que siempre quedan en la mano del que dispara. Esto no es más que un leve esbozo de las posibilidades de la criminología, la cual pone al servicio de nuestra sociedad progresos de la ciencia moderna.

Basado en: Asesinos Seriales “Crónicas del Horror” A. B. Pesce
Los Seres Mas Crueles y Siniestros de la Historia
Wikipedia – Asesinos en Serie –
Revista Hechos Mundiales
Revista Muy Interesante N°8 Año: 4
Revista TECNIRAMA N°41

Asesino Insolito Muerte de por Gula Fallecimiento por Exceso de Comida

Asesino Insólito: Muerte de por Gula Fallecimiento por Exceso de Comida

El asesino que invitaba a los hombres a cenar hasta que morían
Difícilmente pueda encontrarse mejor alimento para la imaginación en los anales del crimen o de la cocina que la historia del asesino francés Pére Gourier.

gula, asesino insolitoLa historia de la «cuisine» francesa está llena de personajes increíbles: Louis XIV, el Rey Sol, cuyo estómago era tres veces más grande que el de un hombre común; el chef Vatel, que se suicidó cuando le salió mal un banquete que él había preparado; el gourmand Desessart, cuyo estómago era tan grande que un oponente a duelo dibujó graciosamente un círculo sobre él puesto que el primero estuvo de acuerdo en que ése sería su único blanco; el cocinero anónimo que sirvió «Sesos de burro a la Diplómate» a Napoleón III; el chef Jules Maincave, quien inventó entre otros manjares la manteca de cacahuete y la sopa de gelatina.

La lista es interminable, pero ningún gourmand o asesino francés fue más increíble que Gourier, quien invitaba a los hombres a cenar hasta que morían.

Gourier, conocido en la historia sólo como Padre Gourier, asesinó realmente a sus muchas víctimas dándoles de cenar. Su técnica no tenía nada que ver con un veneno raro o con algo ilegal. No, Gourier, un rico terrateniente, siempre se mantenía estrictamente dentro del marco de la ley. Cada año elegía una víctima y la mataba en la mesa de cena. A veces le llevaba un año, otras veces le llevaba dos meses, pero Gourier se las ingenió para dar muerte a 7 o 9 hombres antes de ser descubierto.

El método de Gourier consistía en saciar a sus invitados con comidas ricas y pesadas no una vez sino todos los días en todas las comidas durante el tiempo que le llevara matarlos. La gula y la glotonería eran sus cómplices. Puesto que podían comer cuanto quisiesen, sus víctimas comían felices todo lo que podían.

El dinero no tenía importancia para Gourier. El maitre del hotel y los camareros del Brébanl, el Véjour, el Tortoni’s, el Café de París y otros caros restaurantes parisinos conocían bien a Gourier. Los camareros descubrieron inmediatamente el gusto de Gourier por el asesinato pero no podían hacer nada al respecto.

El gourmand comenzó a jactarse de sus hazañas. Aparecía repentinamente con un nuevo invitado y el camarero le preguntaba por su compañero de la noche anterior. «Oh, lo he enterrado esta mañana», decía Gourier. «No era nada extraordinario Lo obtuve en menos de dos meses». Cayó a causa de su jactancia y no porque lo atrapara la ley. Gourier halló su fin a manos de un tal Ameline, el segundo asistente del verdugo público.

Eugéne Chavette, el hijo de Vachette, el propietario de un restaurante, realizó un estudio exhaustivo del caso hacia fines del siglo XVIII, pero nunca pudo determinar el primo nombre de Ameline ni si había sido el 7.°, 8.° o 9.° «invitado» de Gourier. Quizá Gourier haya pensado que resultaba irónico pasar de verdugo a víctima.

Si así fue, la elección demostró ser más irónica de lo que pudiera imaginar. En primer lugar, Ameline tenía un apetito aún mayor que Gourier. Aquellos que observaron a este hombre juraban que debía tener  huecos que le sirvieran de estómagos de reserva. Gourier le dió de comer durante un año y luego durante otro. Ameline se veía mas saludable que nunca y no había aumentado ni una libra. Gourier elegía los platos más pesados, platos que él mismo digería trabajosamente, pero que Ameline aún apetecía después de la tercera o cuarta porción. El asesino prometió que mataría a Ameline como a los otros aun que en ello empeñase toda su fortuna. Pero no había reparado cu un segundo factor.

Ameline conocía los planes de Gourier y estaba preparado para morder la mano que lo alimentaba. Christian Guy, en su History of French Cuisine, sugiere que algún mozo pudo haberlo prevenido, pero sea como fuere, Ameline, siguiendo un plan propio, desaparecía periódicamente durante 2 o 3 días para purgar su estomago con aceite de castor y otros laxantes. Las excusas que daba eran siempre verosímiles y Gourier nunca sospechó nada de él. 

Gourier tuvo su fin gracias al verdugo asistente, pero no en la guillotina. Ocurrió una noche en el restaurante más caro de París. Esa noche Ameline se sentó a comer solomillo y como siempre los hacía sin esfuerzo mientras Gourier intentaba en vano alcanzar a su invitado. Pero finalmente la carrera demostró ser excesiva, pues, Gourier, después de haberse servido la 14° porción, comenzó a ponerse rojo y luego blanco. Ameline, que cortaba su 15° porción, soltó una carcajada cuando Gourier echó atrás la cabeza, pensó que que su anfitrión estaba a punto de estornudar. Pero entonces  se inclinó hacia adelante.

Sin poder hablar intentó incorporarse pero no pudo, sus ojos y su boca estaban por cerrarse para siempre. Sus labios esbozaron una sonrisa irónica mientras caía sobre el piano. El gourmand asesino debe haber pensado que era de lo más apropiado que él tuviera su justo postre durante el curso de su última  comida.

Caso Petiot Asesinatos del Medico Frances durante la Guerral Mundial

Caso Petiot Asesinatos del Médico Francés durante la Guerral Mundial

ASESINATOS HISTÓRICOS: CASO PETIOT

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UNO de los más extraños criminales que registra la historia policial del siglo XX es el Dr. Marcel Petiot, guillotinado en mayo de 1946, y quien confesó haber asesinado nada menos que a 63 personas, haciéndose pasar durante la Segunda Guerra Mundial por miembro de la Resistencia Francesa.

Petiot consiguió hacerse de una cuantiosa fortuna mediante el sistema de ofrecer onerosa ayuda a sus víctimas para salir del país y luego administrarles una inyección mortal, previa una explicación de que se trataba de una vacuna inmunizante contra las enfermedades infecciosas propias del país a que querían huir. Todos los asesinatos fueron cometidos en su casa del N.° 21 de la Rué Lesueur, cerca del Arco de la Estrella, en París, dirección a la cual los infortunados clientes recibían instrucciones de presentarse al atardecer, llevando todas sus pertenencias.

Marcel PetiotMEDICO Y ALCALDE Marcel Petiot, hijo de un oficial de correos, nació en Auxerre, en 1897 mostrando ya desde sus tiempos de escolar tendencias delictuosas, hurtando frecuentemente a sus compañeros. Su primer delito de cierta importancia fue el robo reiterado de buzones de correspondencia.

En 1917, cuando fue movilizado, se acostumbró a substraer morfina del botiquín de su regimiento y a venderla a precios del mercado negro en Dijon.

Al ser licenciado del Ejército, se dedicó a estudiar medicina, obteniendo en 1921 el título de doctor. El hecho de que parte de aquel año lo pasara recluido en un asilo mental y parte en casa junto a su madre, sin abrir jamás un libro en ese período, revela que se trataba de un hombre de extraordinaria inteligencia.

Hacia 1928, Petiot se instaló en Villeneuve, donde llegó a ser nombrado alcalde de la ciudad. Pronto contrajo matrimonio y tuvo un hijo. Sin embargo, a pesar de su investidura continuó cometiendo delitos de poca monta, como, por ejemplo, defraudar en una pequeña cantidad a la compañía eléctrica. Hasta que en 1930 fue destituido de su cargo alcaldicio, a raíz de haber sido acusado de participar en un robo cometido en uno de los almacenes de la localidad. Ese mismo año, una de sus pacientes, Madame Debauve, fue a su vez robada y asesinada.

Algunos rumores señalaron a Petiot como responsable del crimen; estas voces acusadoras cesaron repentinamente cuando su principal promotor, también paciente del médico, falleció repentinamente. Asimismo, otra dama que le había acusado de fomentar en su hija la afición por la morfina, desaparecía también misteriosamente. En 1945, durante el proceso de Petiot, cuando quiso investigarse sobre estas muertes, se descubrió que los respectivos informes habían sido sustraídos de los archivos policiales de Villeneuve.

Poco después, en París, al resultar convicto del robo de un libro, Petiot fue absuelto y sometido al tratamiento de un psiquiatra. Más tarde, a comienzos de la Segunda Guerra Mundial, fue juzgado por traficar en drogas, descubriéndose que él mismo era morfinómano. Sin embargo, el desequilibrado médico logró que la sentencia quedara reducida a una multa mínima. Esta fue la época en que Petiot decidió iniciar su terrorífica serie de asesinatos, aprovechándose de la dolorosa situación que advino poco después: la Francia doblegada por los nazis.

ARRESTADO POR LA GESTAPO Para llevar a cabo sus crímenes más fácilmente, Petiot adquirió expresamente una casa en el N.° 21 de la Rué Lesueur. Un albañil se encargó de efectuar en ella algunas modificaciones, entre las que se contaba una cámara triangular sin ventanas. Según se supo después, en ella el criminal introducía a sus víctimas después de aplicarles la inyección correspondiente, observando por una mirilla su agonía. Asimismo, dicho albañil recibió la orden de aliar unos centímetros el muro del jardín, con el objeto de que los vecinos no pudieran asomarse a mirar por encima de éste.

Aunque no se conoce la lista detallada de los crímenes de Petiot, al parecer, su primera víctima fue un peletero polaco llamado Joachim Gusbinov. En enero de 1942 el polaco liquidó sus negocios y, retirando dos millones de francos de su cuenta bancaria, se dirigió a la consulta del Dr. Petiot, en la Rué Lesueur, no volviendo a vérsele nunca más. Al peletero siguieron probablemente primero un colega de Petiot, el Dr. Paul Braunberger, y después una familia entera, los Kneller. Parece ser que Petiot empleaba a cuatro hombres, que recorrían los cafés parisienses buscando a personas que desearan huir del país. Dichos individuos no tenían idea de lo que sucedía después a los “clientes”.

Los crímenes de Petiot se sucedieron durante todo el año 1942, hasta mayo de 1943, fecha en que el médico fue arrestado por la Gestapo por sospechas de que ayudaba a escapar a los saboteadores. A su detención había precedido un hecho curioso.

La Gestapo obligó a un ciudadano judío a presentarse ante Petiot solicitándole que le facilitara su salida de Francia. El solicitante desapareció y los alemanes dedujeron de esto que el médico lo había hecho huir del país, cuando en realidad lo había hecho abandonar este mundo. Petiot permaneció encarcelado hasta diciembre de 1943. Tal vez la Gestapo descubrió sus actividades criminales y pasó a considerarlo un aliado del régimen nazi. Sea como fuere, el hecho es que Petiot salió en libertad y pudo continuar su interrumpida seguidilla de asesinatos.

HALLAZGO Y FUGA El 11 de marzo de 1944 M. Jacques Marcáis denunció a la policía que la chimenea de su vecino, el Dr. Petiot, despedía un humo espeso y negro que inundaba su casa. Dos agentes se presentaron en la consulta de la Rué Lesueur, encontrándose con una nota clavada en la puerta, en la que el médico rogaba a sus clientes dirigirse a la Rué Caumartin N.° 66, donde Petiot tenía su residencia privada y también un pequeño consultorio. Los policías le telefonearon y Petiot respondió que acudiría en el acto. Entretanto, un sargento, alarmado por la cantidad de humo, daba aviso a los bomberos. Pronto, la chimenea empezó a arder. Ante esto, los bomberos forzaron la entrada de la casa y se introdujeron en ella, hasta dar en el sótano con la estufa causante de la humareda y junto a ella los restos de veintisiete mutilados cadáveres.

Mientras la policía practicaba el registro llegó Petiot, identificándose tranquilamente como el dueño de casa. Cuando el sargento le comunicó que en vista del macabro hallazgo no tenía más remedio que proceder a su arresto, el médico le respondió sin inmutarse que dicho descubrimiento correspondía, ni más ni menos, que “a la cámara de ejecución de la Resistencia francesa”, y que los cadáveres eran de pronazis y colaboracionistas.

El policía, pecando de ingenuidad, lo dejó partir. Petiot volvió rápidamente a su morada en la Rué Caumartin, y tras hacer su equipaje con atropellada prisa, se dio a la fuga con su esposa Georgette y su hijo de 17 años. La policía logró averiguar que había pasado la noche en Auxerre, donde el hermano del asesino poseía un establecimiento de venta de aparatos eléctricos. Allí encontraron sólo a su mujer, que dijo al respecto no saber nada de las actividades de su cónyuge.

Cuando en junio de 1944 se produjo el desembarco de Normandía y el 24 de agosto París fue liberado, nada se sabía acerca del paradero de Petiot, quien parecía haberse hecho humo. La prensa le dedicó sus primeras páginas, expresando las más “variadas teorías acerca del doctor: que su cuerpo había sido encontrado en un río; que había sido médico de un campo de concentración nazi, etc. Algunos se inclinaban a creer lo que su esposa había afirmado, esto es, que trabajaba para la Resistencia. Sin embargo, la mayoría de los periódicos coincidía en que era más verosímil pensar que actuara al servicio de la Gestapo.

EL METICULOSO PROCESO DE PETIOT En octubre de 1944 Petiot cometió un grueso error que habría de significarle su arresto. Decidió enviar un remitido al periódico “Resistence“, declarando que la Gestapo había utilizado su casa como “depósito de cadáveres”, mientras él permanecía recluido en sus cárceles. Afirmaba^ además, que aún se desempeñaba como oficial de la Resistencia Francesa. La escritura de esta carta fue comparada por la policía con la de cada uno de los miembros alistados en las Fuerzas Libres Francesas, encontrándose que coincidía con la de un capitán de nombre Henri Valery, destinado en Reuilly, el cual se había alistado hacía apenas seis semanas.

El supuesto capitán Valery, que encubría la identidad del siniestro asesino, fue arrestado el 2 de noviembre de 1944, cuando salía de la estación del metro de St. Mande Tourelle, en los arrabales parisienses. Más tarde se supo que había permanecido oculto durante el último tiempo en un piso de la Rué Faubourg St. Denis, dejándose crecer la barba.

Su protector era un pintor de interiores llamado Georges Redoute, a quien el médico había solicitado alojamiento diciéndole que su casa había sido destruida durante un bombardeo. Petiot fue escrupulosamente interrogado en el “Quai des Orfebres”. Entre otras cosas, se hizo el descubrimiento de que se había alistado en el Ejército el 27 de diciembre del año anterior, encomendándosele entonces el trabajo de hacer hablar a los prisioneros. Llamada a declarar, su secretaria, de 25 años, Mlle. Cécile Dyfana, lo describió como un hombre tranquilo, “pero con ciertas inclinaciones sádicas”.

El criminal sostuvo que los veintisiete cadáveres encontrados en su casa correspondían en su mayoría a soldados alemanes. Admitió, asimismo, haber ultimado a sesenta y tres personas, pero trabajando al servicio de la Resistencia. Dijo también haber prestado ayuda a muchos patriotas franceses, facilitándoles su huida al extranjero, para lo cual invocó el testimonio de varios conocidos jefes del movimiento de liberación. Pero todos ellos habían muerto.

El proceso de Petiot comenzó el 18 de marzo de 1946, después de dieciocho meses de investigaciones previas y cuidadosa acumulación de antecedentes, y se prolongó durante tres semanas. El fiscal designado fue M. Pierre Duval, asumiendo la defensa del acusado Rene Floriot, un brillante abogado. En larga y triste sucesión fueron desfilando por la sala los deudos de las víctimas. Asimismo fue citado un oficial de la Resistencia, quien se encargó de probar que Petiot ignoraba completamente la mayoría de las materias que tan bien pretendía conocer, al insistir en su coartada de que había actuado al servicio de las Fuerzas Libres de Francia.

El quinto día del proceso, el tribunal y el jurado en pleno se trasladaron al N.° 21 de la Rué Lesueur, donde examinaron meticulosamente la cámara triangular mandada construir expresamente por el médico. En esa ocasión fue cuando se descubrió la mirilla en la cual Petiot aplicaba un periscopio para observar con mayor comodidad cómo agonizaban sus víctimas.

A las 9.30 de la noche del 4 de abril de 1946 los tres jueces y el jurado, compuesto de siete miembros, se retiraron a deliberar. A medianoche ya tenían su veredicto: Petiot fue declarado culpable de veinticuatro de los veintisiete asesinatos descubiertos. Un gran revuelo se levantó en la sala, ahogando la voz del juez Leser, que lo sentenciaba a muerte.

Cuando el acusado escuchó el veredicto, intentó en vano escapar, siendo sujetado por los guardias del tribunal. Aunque Petiot apeló, la sentencia no fue revocada y el 26 de mayo de 1946 el criminal moría en la guillotina. Al parecer, los beneficios materiales que le había reportado al médico su impresionante serie de crímenes alcanzaron a una suma equivalente a varios millones de francos.

Sin duda, la codicia de ir aumentando esta fortuna constituyó el estímulo fundamental que lo impulsó a seguir matando más allá de todo límite, hasta llegar a la abismante y sobrecogedora cifra de 63 asesinatos.

Grandes Asesinos de la Historia Sumergia sus victimas en acido

Grandes Asesinos de la Historia: Sumergía a sus Vctimas en Ácido

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“Mrs. Durand-Deacon ya no existe. He destruido su cuerpo con ácido… No podrán probar mi culpabilidad sin encontrar su cadáver.” El que en media de una crisis nerviosa así ‘barbotaba en el puesto de policía de Chelsea respondía al’ nombre de John George Haigh, delincuente habituó! de 39 años de edad, detenido en Londres el 28 de febrero de 1949 por fundadas presunciones de que era el responsable de la desaparición de una viuda de cierta fortuna.

John George Haigh asesinoCRIMEN, ARRESTO Y CONFESIÓN John George Haigh, hijo del capataz de una mina de carbón, había nacido en Yorkshire en 1909, desempañándose primeramente como organista de la catedral de aquella ciudad, oficio que más tarde había cambiado por la más lucrativa actividad del delito. Sus robos, fraudes y estafas le habían significado dos condenas a prisión: quince meses en 1934 y seis años en 1937.

Finalmente, al quedar en libertad, en 1943, se instaló en un elegante hotel de South Kensington, el “Oinslow Court”, frecuentado por gente de la mejor sociedad de Londres, granjeándose les simpatías de las allí residentes merced a su carácter agradable y sus maneras educadas.

Mientras tanto, continuaba ganándose la vida mediante diversas formas de fraude que planeaba en su cuartel general ubicado en el N.°79 de Glbucester Road, Kensington, donde había instalado un taller en el que trabajaba en sus “invenciones”. En febrero de 1949 la viuda Mrs. Olivia Durand-Deacon, huésped del hotel “Onslow Court”, participó a Haigh sus planes para la fabricación dé un nuevo esmalte de uñas.

Como consecuencia de ello, el’ experimentado delincuente no -tardó en invitarla a visitar “su fábrica” de Crawl-wey (Sussex), en realidad un almacén que pertenecía a la firma “Productos Hurst’lea” y del cual Haigh poseía una llave. En la tarde del 18 de febrero Haigh condujo a la dama hasta aquel local, donde la ultimó de un tiro en la nuca. Después de despojarla de sus joyas y objetos de valor, sumergió el cadáver en una cuba de ácido sulfúrico preparada al efecto con antelación, disolviéndolo completamente.

Hecho esto, se retiró con toda tranquilidad, como si nada hubiese sucedido. Dos días más tarde, mientras desayunaba en el comedor del “Onslow Court”, exteriorizó cínicamente su preocupación por el desaparecimiento de Mrs. Durand-Deacon, explicando que había quedado citado con ella el día anterior en un almacén cercano a la estación Victoria y que la dama no había acudido. Luego, ante la sugerencia de otra huésped del’ hotel, Mrs. Constance Lañe, ‘ se presentó en el cuartel de policía de Lucan Place pana informar del hecho. Pero una sargento de apellido Lambome, de vasta experiencia en casos criminales, desconfió inmediatamente de Haigh, más aún cuando averiguó su nutrido prontuario.

La policía londinense se dedicó a vigilar los pasos de John George Haigh, hasta que finalmente descubrió el almacén de Leopold Road y en su interior un revólver Webley de calibre 38 oculto en una sombrerera, amén de huellas de sangre en una pared. A ello siguió el hallazgo de la venta de las joyas de Mrs. Du-rand-Deacon, efectuada por Haigh en un establecimiento de Horshatn. Arrestado el 28 de febrero de 1949, el ex organista trató de permanecer sereno ante los interrogatorios, pero los nervios lo traicionaron e hizo la dramática confesión de su crimen.

VEREDICTO EN 15 MINUTOS Bajo la acusación de asesinato en la persona de Mrs. Durand-Deacon, comenzó el 18 de julio de 1949 el proceso a John George Haigh. Durante su transcurso el acusado confesó haber dado muerte a otras siete personas, deshaciéndose de sus cadáveres en la misma forma que en el caso de la viuda. Y agregó que en aquellas ocasiones había sentido un deseo vehemente e irrefrenable de matar y beber la sangre de sus víctimas.

A todas luces, Haigh intentaba convencer al jurado de su anormalidad mental, recalcando ad máximo su conducta sádica. A la vez, confiaba en que no podría condenársele al no ser encontrado resto alguno de Mrs. Durand-Deacom, ya que había vaciado la cuba de ácido sobre la tierra del patio trasero del local, confundiéndolo con ella. Pero se equivocaba: un peritaje sobre aquel lodo ya seco permitió detectar quince kilos de grasa ‘humana, parte de un ‘hueso del talón, una pelvis un tobillo, una horquilla femenina, cálculos de riñón y una bolsita de plástico rojo que había pertenecido a la dama desaparecida.

Con estas pruebas y sin dejarse impresionar por lo que consideraba un simulacro de locura de parte del acusado, el jurado tardó solo un cuarto de hora en decidir el veredicto de culpabilidad. Y así fue como John George Haigh fue ejecutado en la prisión de Wandsworth el’ 6 de agosto de 1949.

Asesinos de Viudas Fernandez y Beck Pareja de Asesinos Corazones Solitarios

Asesinos de Viudas: Fernandez y Beck Pareja de Asesinos – Corazones Solitarios

ASESINOS SERIALES DE LA HISTORIA

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Aprovechando la escasez de hombres que sufría EE. UU. hacia 1947 —se cálcula que en ese entonces las representantes del bello sexo excedían en 1 millón 250 mil a los varones—, un explotador de mujeres de nombre Raymond Fernández alcanzó por aquellos días triste fama en el complejo mundo del delito.

Asesinos de Viudas Fernandez y Beck Pareja de AsesinosDe origen hispanoamericano y nacido en Hawai, Fernández se dedicó al provechoso negocio de seducir mujeres maduras y solitarias, cual un nuevo Landrú, estableciendo contacto con ellas a través del club llamado “Corazones Solitarios”.

Muy pronto, en una joven enfermera, Martha Beck, encontraría su digna cómplice y juntos llevarían esta ilícita actividad hasta los extremos doblemente repudiables del crimen.

“HERMANOS” EN EL CRIMEN En 1947, cuando contaba con 31 años de edad y lucía ya una peluca para ocultar su prematura calvicie, Raymond Fernández conoció a la enfermera Martha Beck, de 26 años.

Esta, pese a su juventud, había estado casada nada menos que tres veces, exhibiendo otros tantos divorcios. Lucía también el poco recomendable antecedente de que no se le había confiado la custodia de sus hijos por considerarla el juez poco indicada para educarlos recta y moralmente. Por razones misteriosas, Raymond y Martha se sintieron fuertemente atraídos «1 uno por el otro.

Y así, cuando la enfermera se enteró de las actividades y los métodos de su amante, en vez de escandalizarse y censurarlo, decidió lisa y llanamente colaborar con él. Desde ese momento, haciéndose pasar como hermana de Fernández, puso en juego todos sus recursos para ayudarle a estafar a las infortunadas mujeres que se cruzaban en su camino. La incorporación de Martha a los negocios de Fernández pronto dio un trágico fruto.

Sea por sadismo, o por celos, la mujer convenció al explotador que añadiera el crimen a sus prácticas delictuosas. Así fue como en un lapso de apenas dos años la pareja homicida asesinó a más de veinte mujeres. A (fines de 1948 los (fingidos hermanos se instalaron en la casa de una joven viuda de 28 años,Mrs. Delphine Dowling, cuyo esposo había perecido víctima de un accidente ferroviario, y que tenía una hijita de dos años. Cinco semanas más tarde, en febrero de 1949, Mrs. Delphine Dowling desapareció abruptamente, presentándose la policía en su domicilio para interrogar a Fernández y su compañera.

Estos, que se encontraban en ese momento en el cine, al volver declararon no saber absolutamente nada acerca de aquella desaparición. Como no opusieron ninguna resistencia a que se revisara la casa, los agentes policiales procedieron a practicar en el acto un cuidadoso registro.

Al poco rato encontraron en el sótano restos de cemento fresco que encubrían una fosa en el piso, con apariencias de haber sido cubierta no hacía macho. Removiéndola, salieron a luz los cadáveres de Mrs. Dowling y su hija. Fernández y Martha Beck fueron arrestados y acusados del crimen, no tardando en hacer una completa confesión. Reconocieron que (habían matado a la mujer de un balazo, estrangulando dos días más tarde a la pequeña niña, la cual no había cesado de llorar desde te muerte de su madre.

Mrs. Beck declaró haber sido ella la autora del crimen, así también del de otra dama, Mrs. Janet Fay, ultimada en 1948, a la que había golpeado en la cabeza con un martilló después de apoderarse de su dinero.

LOS MAS ODIADOS No existiendo en el Estado de Michigan —donde se cometieron la mayoría de los crímenes— la pena de muerte, la policía obtuvo que el juicio se trasladara a la Corte de Nueva York, a pesar de las reiteradas protestas de los acusados.

A medida que avanzaba el proceso fueron conociéndose nuevos crímenes, la mayoría de los cuales tuvieron en Martha Beck su ejecutora material. Entre otros asesinatos, ésta admitió haber envenenado a una viuda llamada Myrde Young, la cual les había acompañado a Chicago, y de la que se sentía tan celosa que había exigido compartir su cama durante el tiempo que vivieron los tres juntos. El proceso de Fernández y Martha dio lugar a que durante su transcurso se revelara el tipo ^de relaciones sexuales que mantenían ambos, lo que evidenció que se trataba de dos completos degenerados.

Salieron a luz detalles tan repugnantes, que la corte acordó prohibir su publicación. Finalmente, el 22 de agosto de 1949 una sentencia de muerte recaía sobre la sádica y extraviada pareja. Encarcelados ambos en la prisión de Sing Sing, Fernández y su cómplice Martha Beck provocaron durante su permanencia en ella continuos revuelos. Tan pronto como se les autorizaba verse fugazmente en el patio del penal, seguían intercambiando apasionadas promesas de amor eterno.

Los reos compañeros de Fernández, enterados de la clase de relaciones que lo habían ligado a Martha, se solazaban en martirizarlo con la historia de que éste tenía un “affaire” en la cárcel. El delincuente casi se volvió loco de rabia y celos, haciendo más infernal aún el poco tiempo que le faltaba para marchar con su compañera al patíbulo, finalmente, los asesinos de los “Corazones Solitarios” fueron ejecutados el 7 de marzo de 1951.

Tras de sí habían dejado un amargo recuerdo que la prensa y luego la opinión pública se encargaron de sintetizar, al bautizarlos como “los criminales más odiados de América”.

El detalle completo de sus homicidios, que sobrepasaron la veintena, permaneció ignorado, pues sólo se investigaron tres de los que confesaron.

Asesinatos del Doctor Muerte Practicaba Eutanasia con sus Enfermos Terminales

Asesinatos del Doctor Sander: Practicaba Eutanasia con sus Enfermos Terminales

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El caso del Dr. Sander, que practicó la eutanasia en una enferma incurable de cáncer generalizado. EL proceso contra el Dr. Hermán Sander despertó el interés del mundo entero. La vista de la causa se inició el 20 de febrero de 1950. El médico fue acusado de dar muerte a una enferma por piedad. El problema de te eutanasia había sido largamente discutido en los Estado» Unidos y hasta el famoso Instituto Gellup sondeó a la opinión pública sobre esta controvertida materia.

El tema de la eutanasia, sin embargo, casi no fue discutido en el juicio mismo. El doctor Sander tenía 41 años de edad y era uno de los facultativos más conocidos de la ciudad de Manchester, en Nueva Hampshire. Era médico del Hospital de Manchester. Fue conducido ante la Corte por haber inyectado aire en las venas de una paciente de 59 años de edad, Ms. Borroto, víctima de un cáncer generalizado y sin ninguna esperanza de sobrevivir, por compasión.

Mrs. Borroto, esposa de un empleado de comercio, había estado hospitalizada durante largas semanas. Fue operada quince veces, ‘hasta que los médicos se convencieron de que era un caso perdido. En sus últimos dos meses de vida, de une mujer robusta de 62 kilos de peso se había transformado en una suerte de esqueleto con piel de 35 kilos. Ya no estaba en condiciones de’ alimentarse con sus manos.

Toda la comida se le daba por medios artificiales. En su estado, ninguna de las drogas calmantes surtía ningún efecto debido el acostumbramiento de su organismo. Durante sus últimos días, de acuerdo con el testimonio de médicos y enfermeras, pedía a gritos que la aliviaran de sus sufrimientos.

En te tarde del 4 de diciembre dé 1949 el doctor Sander echó un vistazo a te moribunda que parecía inconsciente y pidió a la enfermera una jeringa esterilizada. Según la enfermera, inyectó 10 centímetros cúbicos de aire, dos o tres veces, en el antebrazo de te enferma. Unos minutos después, de acuerdo con este testimonio, ‘la paciente moría. El médico señaló que él se encargaría de avisar a la familia y poco después entregó un certificado atribuyendo el deceso al cáncer.

De inmediato no se produjo ningún problema. Pero una semana más tarde la secretaria del médico, miss Connor, encontró en la libreta de notas de su patrón un párrafo que decía: “La enferma recibió diez centímetros cúbicos por vía intravenosa. La inyección fue renovada cuatro veces. La muerte sobrevino en diez minutos.”

La secretaria preguntó el significado. El Dr. Sander contestó: —La “enferma tuvo una muerte indolora”.

La muchacha rumió el significado de estas palabras durante una quincena, ‘basta que el 29 de diciembre habló con el director del Hospital, a quien le comunicó lo que sabía. Este a su vez Hamo al legista Dr. Biron y puso el hecho en conocimiento de las autoridades judiciales. El Dr. Biron sostuvo una larga conversación con el Dr. Sander. Este contestó: —No he infringido ninguna regla moral.

El mismo día el Dr. Sander fue interrogado por el Sheriff. Sander Se mostró tranquilo. Dijo que el marido le había pedido que pusiera fin a los dolores de la enferma. Pero además, señaló, ella no habría vivido más que una semana, a lo sumo. —Pero, doctor, no hay ninguna ley que permita eso —replicó el sheríff. —Ya lo sé.

Todos los médicos lo saben. Mi acto es quizá contrario a la ley, pero desde el punto de vista moral estoy convencido de no haber cometido ninguna infracción. Todos estos antecedentes fueron esgrimidos con posterioridad en el juicio y provocaron un debate muy agudo, ya que el Dr. Sander negó haber pronunciado tales palabras y dijo haber sido mal interpretado. Sander quedó el mismo día bajo prisión preventiva, pero el 31 de diciembre, en vísperas de Año Nuevo, fue dejado en libertad pagando urna fianza de 25 mil dólares.

El Colegio Médico de New Hampshire, ente la conmoción despertada por el caso, entregó una declaración en la cual señaló que la institución no deseaba pronunciarse por el hecho en sí mismo, pendiente de una resolución judicial. Puntualizó, en todo caso, que el Dr. Sander era un “médico capaz y de altas cualidades morales” y que, mientras no se probaran las acusaciones, podía perfectamente seguir ejerciendo su profesión. LoS preliminares del juicio fueron largos.

El Dr. Sander encargó de la defensa a un viejo amigo de su padre, el abogado Wynann. Este recusó a los jurados y dijo que no podría serlo ningún católico —hay gran cantidad de católicos en la población de esa zona norteamericana vecina al Canadá—, dada la conocida posición de la Iglesia en contra de la eutanasia.

En definitiva, sin embargo, el jurado quedó compuestos por nueve católicos y tres protestantes. El Dr. Sander fue llevado ante el Gran Jurado bajo la acusación de asesinato en primer grado. ‘Este delito significa cadena perpetua en el Estado de New Hampshire.

El desfile de los cinco primeros testigos puso al Dr. Sander en una situación crítica. Ellos fueron el sheriff, la enfermera, ‘la secretaria, el marido de Mrs. Borroto y el Dr. Biron. Mr. Borroto declaró, causando sensación en la sala, que él jamás había pedido ni autorizado al Dr. Sander para que diera “muerte piadosa” a su mujer.

El Dr. Biron, por su parte, recordó detenidamente la conversación tenida con el Dr. Sander, quien, según dijo, estaba convencido de haber realizado una buena acción moral y que, en cualquier caso, podría ser objeto de una reprobación, pero no de una condena judicial. Poco antes, en un tenso silencio de la audiencia, la enfermera, miss Rose, relató los últimos momentos de la paciente. Dijo que el estado de la enferma era desesperado, pero luchaba contra la muerte.

Poco después de que el Dr. Sander le aplicó la inyección de aire, la mujer pareció debatirse y luego se oyó un breve estertor. Prácticamente todo el mundo estaba convencido de que el abogado buscaría la salvación de su cliente aludiendo a la eutanasia, causa que despertaba simpatía en el público norteamericano.

UNOS veinte años antes se había realizado una encuesta entre los médicos de Nueva York sobre el tema. De las 3.700 respuestas recibidas el 80 por ciento se pronuncióe por regularizar la muerte piadosa”. Otra encuesta realizada por el Instituto Gallup, el 48 por ciento del público adoptó el mismo partido. En Inglaterra un sondeo semejante había arrojado un 68 por ciento de contestaciones favorables.

En el Parlamento británico se había presentado recientemente un proyecto de ley para legalizar y reglamentar la eustanasia. Uno de dos argumentos que se esgrimían era que se trataba de algo aplicado innumerables veces en la historia de la medicina y que se trataba, simplemente, de reconocer una situación de hecho. El defensor, sin embargo, escogió otra ruta.

Su alegato fue que el Dr. Sander había puesto la inyección a la paciente siguiendo un impulso irracional cuando la mujer ya estaba muerta. Comenzó por presentar una anotación hecha por la enfermera, la misma cuyo testimonio —por haberle entregado la jeringa al medico— era uno de los más importantes de la acusación.

La nota, fechada el mismo 4 de diciembre, decía: “Enferma inconciente. Cuerpo rígido. Extremidades frías”.

Llamó también a un testigo, otro médico del mismo hospital, el Dr. Snay: —Reconocí a Mrs. Borroto poco antes de que llegara el Dr. Sander —dijo éste—. Mostraba todos los signos de la muerte. Le apliqué el estetoscopio. No tenía pulso ni tampoco latía el corazón.

El defensor resumió también el informe de la autopsia. Mrs. Borroto padecía de un cáncer generalizado que se había extendido desde el intestino grueso a los riñones, la glándula tiroides, los ganglios linfáticos y otros órganos internos. —¿Qué se entiende por la muerte? —preguntó el abogado—. ¿En qué momento, execranenie, Bobreríette? ¿Ciertas células y órganos pueden continuar viviendo algunos instantes, aunque la persona ya esté clínicamente muerta? ¿Cuando cesa la vida realmente?.

En su opinión, la exhalación de aire del “estertor” que testimonió la enfermera) es algo que se produce con cierta frecuencia en los cadáveres minutos después de que el corazón deja de latir. Si Mrs. Borroto ya estaba muerta, —¿por  qué le aplicó la inyección el Dr. Sander?.

Esta fue una de las preguntas claves de la acusación. El médico contestó: —No puedo decirlo. Fue cosa de segundos. Un gesto instintivo. Una idea fija que duró unos segundos.

Durante el juicio se discutió, asimismo, en qué condiciones una inyección de aire en las venas puede provocar la muerte (por embolia cardíaca). El Dr. Biron opinó que la cantidad necesaria para surtir efecto mortal “oscila entre diez cm. y quinientos cm.”.

A pesar de que existía manifiesta contradicción entre lo aseverado por la defensa y los testimonios recogidos por el Ministerio Público, el jurado, después de deliberar poco más de una hora, el 9 de mayo de 1950, emitió un veredicto de “no culpable”.

El fallo despertó manifestaciones de entusiasmo en la sala. Diez días después el Colegio Médico de New Hampshire retiró la licencia al Dr. Sander “por no haber observado las obligaciones morales que le imponen la profesión y la ley”. La resolución, sin embargo, daba a entender que la prohibición era sólo temporal y, en el hecho, cuando se acalló la conmoción pública, el Dr. Sander volvió a ejercer su profesión.

Asesinos Mas Memorables de la Historia El Hipnotizador de Heidelberg

Asesinos Más Memorables de la Historia: El Hipnotizador de Heidelberg

DURANTE SIETE AÑOS ABUSO DE UNA SEÑORA JOVEN, CAMBIANDO EL CONCEPTO DE QUE LA HIPNOSIS NO DABA RESULTADO CUANDO SE OBLIGABA A UNA PERSONA A COMETER ACTOS REÑIDOS CON SUS PRINCIPIOS MORALES

AFINES de 1934 un empleado alemán, Heinrich E., se presentó ante la policía de Heidelberg para contar una extraña historia: —Mi mujer está bajo el dominio de un hipnotizador. Se halla totalmente privada de la voluntad.

Creo que abusa de ella. No he podido saber quién es. Se hace llamar profesor Schnee, o doctor Dennick, o doctor Bergen. Tiene su estudio en alguna parte de esta ciudad, pero mi mujer, totalmente dominada por ese sujeto, no ha podido decirme dónde. La policía escuchó con cierto escepticismo la denuncia, pero más adelante pidió un informe al reputado psiquiatra doctor Ludwig Meyer.

El psiquiatra, también experto en hipnotismo, sometió a la mujer a un prolongado interrogatorio. Ella, joven y hermosa, trató de buen grado de colaborar, pero no recordaba nada de lo ocurrido. Sólo que en ciertas oportunidades, en estado de hipnosis, experimentaba el impulso de dirigirse donde el estafador, pero no podía recordar dónde vivía ni lo que ocurría durante esos encuentros.

El marido agregó que la mujer actuaba como una persona que es dirigida por otra a la distancia. No estaba enferma, pero había perdido por completo el control de sí misma. Cuando le pedía explicaciones, se conmovía y lloraba, pero no daba ninguna explicación. Con él se mostraba u veces agresiva; en otras ocasiones, llena de amor y solicitud. En el hecho había estado hipnotizada durante los últimos siete años.

El doctor Meyer preguntó a la mujer si accedería a ser hipnotizada por él. Ella contestó afirmativamente. Durante más de un año el psiquiatra la hipnotizó 4 mil veces, siempre en presencia de un magistrado o de un policía. Poco a poco fue venciendo las resistencias acumuladas en el subconsciente, y fue contando toda su relación con el I O había conocido en un viaje en ferrocarril a Heidelberg.

El hombre le dijo inmediatamente que estaba enferma y en seguida le colocó una mano sobre la írente y la hipnotizó. La llevó a un hotel de Heidelberg, donde luego abusó de ella y la mantuvo en estado hipnótico durante los próximos siete años, período durante el cual se reunía frecuentemente con la mujer y le cobraba sumas variables de dinero, como pago por las “consultas” o los medicamentos.

En una oportunidad, deseoso de librarse de ella, le pidió que se arrojara de un tren en marcha. Por primera vez ella desobedeció. Más adelante le pidió que se lanzara al Rhin. La mujer alcanzó a introducirse al agua, pero se contuvo a tiempo. Entretanto, el marido había entrado en sospechas. El hipnotizador le ordenó que lo matara. -Todos los intentos resultaron fallidos.

Primero le dijo que le diera a comer setas venenosas dentro de un plato de champiñones. Más adelante, que le dejara caer ciertos polvos que le entregó, en el café. (En las dos ocasiones el marido sufrió fuertes dolores de estómago, pero se recuperó. La orden siguiente fue coger una pistola Browning del marido y matarlo durante el sueño. La mujer cumplió todas las instrucciones, pero afortunadamente el arma estaba descargada. Una cuarta tentativa los mismos momentos en que su mujer lo apuntaba con la pistola.

El falso doctor Bergen fue descubierto por azar. El 27 de julio de 1934 fue arrestado un empleado de banco, Franz Walter, a raíz de un robo. La policía averiguó que se hacía pasar por médico y lo envió a Heidelberg. La mujer lo reconoció inmediatamente y dio a la policía una serie de indicaciones que sólo podía conocer una persona en trato íntimo con él. Walter, sin embargo, negó tenazmente y la acusó de ser una mitómana. Walter tenía antecedentes criminales desde 1925, cuando cometió estafas en Suiza.

Fue procesado junto con un cómplice, Allfred Bodmer. Durante el juicio, realizado ante una corte de Heidelberg, desfilaron eminencias médicas que analizaron el sorprendente caso y sometieron a diversos exámenes a la mujer. La conclusión fue que se trataba de una persona normal, pero muy influenciable, fácilmente presa del hipnotizador. La sentencia fue: 10 años de prisión para Franz Walter y 4 años para Alfred Bodmer, su cómplice.

El doctor Meyer, al hacer el resumen del caso, manifestó: —Hasta ahora estábamos convencidos de que una persona en estado hipnótico, no podía ser obligada a cometer actos que, en su opinión, son contrarios a la moral. Después de conocer a fondo este hecho, hemos cambiado de opinión.