Música en el Barroco

Breve Historia de los Instrumentos Musicales Con Imágenes

 Resumen de la Historia de los Instrumentos Musicales

Instrumentos musicales, objetos utilizados para aumentar el limitado campo de los sonidos musicales —tales como palmadas, patadas, silbidos, zumbidos y canto— que puede producir el cuerpo humano. En las diferentes latitudes los instrumentos varían mucho en propósito y diseño, desde los objetos naturales no elaborados, como las caracolas, a los complicados productos de la tecnología industrial.

El dios Tot, de quien se dice que su voz creó el universo, paseábase un día a orillas del Nilo cuando oyó una extraña modulación procedente de un cañaveral agitado por la brisa. Trató de conocer la fuente de esa melodía y, al acercarse, halló un caparazón vacío de tortuga, al cual se adherían aún nervios y tendones secos. El viento, al acariciarlos, producía esas notas armoniosas.

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Entusiasmado, creó el dios con su hallazgo un instrumento que, modificado a través del tiempo, se transformó en la lira. Esto, que no es más que una levenda, tiende, sin embargo, a destacar el hecho cierto de que fue la naturaleza quien se encargó de sugerir los primeros instrumentos musicales.

En efecto, la flauta nació de los sonidos que el viento producía al penetrar en las cañas. Las manos, que se golpeaban acompasadamente para acompañar el canto, originaron el primer instrumento de percusión: el tambor, y los metales que vibraban bajo los golpes del martillo que les daba forma, sugirieron la idea de los címbalos o platillos.

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Desde la antigüedad los instrumentos se clasificaron en: instrumentos de percusión, de cuerda y de viento. Como la danza y el canto, la música instrumental sedujo al hombre desde los tiempos más remotos.

Los griegos atribuyeron el invento de la lira ya a Hérmes, ya a Apolo, de quien también se dice que otorgó el arpa a los primeros hombres. Se conserva en el Louvre un bajorrelieve sumerio que se remonta a 4.000 años antes de la era cristiana, en el que aparece una cítara muy bien construida y una flauta tañida por un pastor. (ver: Música en Grecia Antigua)

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Los asirios y caldeos dejaron numerosos documentos que atestiguan la importancia que, en esa época, tuvieron los instrumentos musicales tales como arpas, sistros, salterios, dobles flautas, trompetas, tamboriles.

Se considera que fueron los asirios quienes hicieron conocer a los egipcios muchos de los instrumentos nombrados. La música ocupó un lugar más importante aún entre los judíos. Cuéntase que el rey David, muy aficionado al canto, organizó un coro de 4.000 voces dirigidas por 288 directores.

Los chinos y los hindúes emplearon una cantidad tan grande de instrumentos que ningún pueblo llegó a igualarlos en ese campo. Uno de los más antiguos es el pienking formado con dieciséis placas de piedra que se golpeaban con un mazo.

Fueron, sin duda, los hindúes los primeros que utilizaron instrumentos de arco en que las cuerdas, ni golpeadas ni pellizcadas, eran acariciadas con un arco que producía sonidos prolongados. Es probable que haya nacido en las Indias el lejano precursor del violín: el ravanastron, uno de los numerosos instrumentos de cuerda usados en ese inmenso país.

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La cultura de los griegos los llevó muy lejos en los conocimientos musicales. En sus ceremonias, especialmente en las fiestas de Dionisio (Baco), se oían trompas, cuernos, tambores y címbalos. Prestaron, además, particular atención al perfeccionamiento de la lira y de la flauta. En un principio la lira tuvo cuatro cuerdas, luego doce y hasta dieciocho. Tañíase con un plectro (pequeña hoja de escamas, marfil, madera o metal que los mandolinistas emplean aún hoy).

La caja de resonancia de la lira tenía el dorso encorvado, mientras que la de la cítara —el más importante de los instrumentos de la Grecia antigua— tenía el dorso chato.

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Cítara

El megadis tenía veinte cuerdas sobre las cuales se tocaba en octavas. El pectis, el simikion y el espinonia eran otros instrumentos de cuerdas muy numerosas y análogos al arpa. Aunque se atribuyó a la poetisa Safo el invento del megadis, parece más verosímil que haya sido importado de Asia.

La pandora y la nahla pertenecían a la familia de los laúdes. En cuanto a las flautas, los griegos tenían varios tipos: la siringa o flauta de Pan era el instrumento de los pastores y el preferido de las divinidades de los bosques.

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La flauta de Pan era el instrumento de los pastores. Estaba formada por varios tubos de distinta longitud. Los poetas la hicieron símbolo de la vida pastoril. Ciertas leyendas griegas atribuyen a Hermes el invento de la lira. Otros la atribuyen a Apolo, divinidad que hizo a los hombres el don del arpa. En ese instrumento se puede descubrir la idea de los futuros órganos por la cantidad de tubos que se insertaban en una caja en la que se introducía el aire por medio de un fuelle.

Los romanos, al conquistar Grecia, se apropiaron muchos instrumentos de esa nación, particularmente losde viento, que parecían gozar de preferencia en aquellos tiempos. Entre ellos, los cuernos en forma de círculo que se colocaban alrededor de la cintura, y las tubas, trompetas derechas de boca ancha. En la campiña romana los pastores acostumbraban tañer el caramillo, instrumento de doble lengüeta que originó la gaita y más tarde el oboe.

La música de acompañamiento se reducía a un redoblamiento de la melodía, ya fuese al unísono o en octava. Los instrumentos de cobre se empleaban especialmente en los cortejos y sacrificios.

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Los sonidos de los instrumentos musicales son producidos y modificados por tres componentes: 1) la materia que vibra (como la cuerda del violín), que entra en movimiento por el frotamiento, el soplado, el golpeado o cualquier otro método; 2) el cuerpo resonador, amplificador o reflector (caja de resonancia o tubo); y 3) mecanismos asociados para la variación del sonido como llaves, válvulas, trastes y sordinas.

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Numerosos instrumentos antiguos perduraron hasta la Edad Media; otros se transformaron, y algunos aparecieron por primera vez. En la época de los troveros que iban de castillo en castillo para cantar las hazañas de los héroes y de los personajes legendarios, se tocaba un instrumento de la familia del arpa: la rotta.

Junto a esos troveros o trovadores, que eran de origen noble, estaban los ministriles, quienes acompañaban los cantos de sus amos con la viola o la gaita.

Esos ministriles se transformaron luego en cantores populares. En esa época aparecieron el rabel, la guzla y la viola. El rabel era un instrumento de arco de origen oriental, sin mango independiente. La caja sonora que se adelgazaba hasta el clavijero estaba cubierta con una tablilla cuya parte inferior constituía la tabla de armonía destinada a reforzar la sonoridad de las cuerdas. En los bajorrelieves romanos se observó un instrumento intermedio entre la lira y el rabel.

historia de los instrumentos musicales

De izquierada a derecga: Guzla con caja de resonancia de tres o cuatro cuerdas, rabel del siglo XI, otro del siglo XVI.
Viola antigua. Viola del siglo XVI.

La guzla se asemejaba a las violas, pero su caja de resonancia era redondeada como la de los mandolines. Las cuerdas eran frotadas con un arco. Las violas de forma chata se distinguían de las guzlas por su mango independiente. Su fabricación era más esmerada, y bajo el mismo nombre se incluían muchos instrumentos de esa clase pero más perfeccionados.

Su origen se hacía remontar a la vídula de los romanos. Se poseen composiciones musicales del siglo XIII escritas para tres violas.

Hasta el siglo XIV, los vocablos guzla y viola fueron empleados, a menudo, indistintamente. Pero a partir de esa época se aplicó la palabra guzla tan sólo a una viola con rueda que se tocaba girando una manivela a la que estaba fijado un hilo que al pasar sobre las cuerdas desempeñaba la función de arco.

En los siglos XV y XVI se produjo un gran cambio en la afinación y dimensión de las violas. Fueron las principales: la viola propiamente dicha que se colocaba sobre las rodillas y tenía cinco cuerdas.

El “bajo de viola”, llamado por los italianos viola da gamba, tenía de tres a seis cuerdas. El violone tenía siete cuerdas y el accordo llevaba de doce a quince cuerdas. Varias de esas cuerdas no se rozaban con el arco y sólo vibraban por resonancia.

Entre otras variedades de viola mencionaremos la “viola bastarda”, algo más grande que la viola da gamba, y la “viola de amor”, de dimensión algo mayor que un violín moderno, con cuatro o siete cuerdas principales y de cinco a quince secundarias cuya afinación podía variarse.

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Viola con Manivela que hace vibrar las cuerdas

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Desde el siglo XVI hasta el XVIII los maestros de baile usaron para sus clases un instrumento tan pequeño que podía caber en un bolsillo; se lo llamó “bolsillito” y era un pequeño violín.

En esas transformaciones de las violas debemos buscar el origen del violín. Parece que el tipo de viola llamada lira de braccio estaba muy cerca del nuevo instrumento que aparecería decididamente alrededor del año 1520, el cual se diferenciaba de las violas por la caja de resonancia rebajada, por el fondo abombado, por la voluta y por la cantidad de cuerdas (fijada en cuatro) afinadas en quintas.

El laúd fue el instrumento que gozó de mayor favor en la Edad Media. Su origen se considera muy antiguo, pues se ve reproducido en bajorrelieves de tumbas egipcias donde nacieron al arquilaúd, la tiorba, la bandola y la mandolina. El laúd es también el antepasado de la guitarra. Al principio, las dimensiones del laúd fueron pequeñas, pero paulatinamente se agrandaron y la cantidad de cuerdas llegó a once.

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Trovadores ejecutando el laúd

Alrededor del año 1400 se consideró un instrumento perfecto y no hubo compositor que no escribiera música para laúd, ya fuese en el género profano o en el sagrado.

Desde el siglo XV al XVIII el laúd desempeñó un papel muy importante en las reuniones sociales, y las transcripciones de composiciones vocales para ese instrumento desempeñaron el mismo papel que, en la vida musical moderna, desempeñan obras vocales u orquestales en las adaptaciones para piano. Es así como, en la música de conjunto, el laúd habría de ocupar un lugar cada vez más importante.

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De izquierda a derecha: una de las primeras violas; viola del siglo XVI; viola bastarda; viola de amor.

Se lo halla con el clavicordio y el órgano en ciertas piezas instrumentales de forma libre, imitaciones del motete polifónico; en las fantasías de estilo en fuga, cortadas con intermedios; en las canciones para tocar con trombones y violas y en muchas piezas en las que ya se vislumbra lo que habrán de ser las futuras sonatas.

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Al clavicordio sucedió el clavicímbalo cuyas cuerdas vibraban estimuladas por regletas provistas de plumas de cuervo.
Se lo llamó: “el instrumento emplumado”. Tenía dos teclados. Estuvo muy de moda en el siglo XVIII.

Las tocatas, escritas para instrumentos de teclado, derivan sin duda de piezas para laúd.

En un comienzo fueron preludios libres, especie de introducciones que se improvisaban, con laúd, al iniciarse el concierto. Los laúdes están hoy en los museos, y la guitarra es la que ha sobrevivido como instrumento popular.

La diferencia entre el laúd y la guitarra consiste en la forma abombada de la caja de resonancia de esta última. La cantidad de cuerdas ha variado mucho. Los moros introdujeron la guitarra en España de donde pasó a Italia y al sur de Francia inspirando una abundante literatura.

Desde el siglo XVII la evolución de la música ha sido determinada por la transformación de los instrumentos ya existentes y el nacimiento de otros. Empezaremos por el violín. Su origen debe buscarse en las sucesivas transformaciones de la viola.

En Francia la primera mención del violín se halla en el Epítome musical de tonos y acordes, publicación aparecida en el año 1523. En esa fecha, aproximadamente, los fabricantes italianos de instrumentos de cuerdas llevaron la construcción del violín a su más alta perfección.

Con Gasparo Bertolotti de Saló, nacido en el año 1542, se inició la era gloriosa de los instrumentistas de cuerdas con la famosa “escuela bresciana”. Casi al mismo tiempo se creó, en Cremona, otro centro donde constructores como Amati, Guarneri y Estradivario (Stradivarius) produjeron verdaderas obras maestras.

El más célebre entre todos, Antonio Estradivario (Stradivarius), nació en el año 1644, en Cremona, de ilustre familia. Fabricó más de 1.200 violines y otros instrumentos de cuerdas. Modificó las curvas de los instrumentos, estudió las cualidades de las diferentes maderas, solucionó delicados problemas de acústica y buscó los barnices más convenientes.

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El más famoso constructor de instrumentos de cuerda fue Antonio Estradivario (Stradivarius) nacido en Cremona, en el año 1644, de familia ilustre. Además de violines construyó: violoncelos, laúdes, guitarras y violas.

Sin embargo, esos violines que hoy alcanzan precios fabulosos, fueron vendidos por el mismo fabracante a precios muy bajos.

El violín lleva un mango o mástil generalmente de madera de acacia. El cuerpo del instrumento se compone de dos tablas, una superior, la tabla armónica, la otra, inferior, el fondo. Las fajas son unas hojas de madera que reúnen la tabla armónica y el fondo. Un trozo de madera ligeramente encorvado y de poco espesor es el puente sobre el que pasan las 4 cuerdas fijadas al cordal por un lado y a las clavijas por el otro.

Las clavijas sirven además para estirar y afinar las cuerdas. Sobre el mango o mástil está fijado el diapasón. El alma es una varita de madera ubicada debajo del puente, entre la tabla armónica y el fondo. Su misión es muy importante: hace vibrar todas las partes del instrumento y mantiene la tabla armónica bajo la presión de las cuerdas.

No tardó el violín en ser considerado como un instrumento insustituible y capaz de permitir al ejecutante la más alta virtuosidad.

Entre los grandes virtuosos citaremos a uno de los más célebres, Arcángelo Coreli (1653-1713), apodado el príncipe del violín. Corelli fue,asimismo,gran compositor. Pero quien llegó a ser el más grande violinista de todos los tiempos fue Nicolás Paganini, nacido en el año 1782, en Génova. Paganini nunca concurrió a escuelas y no quiso comunicar a nadie los secretos de su técnica.

El violoncelo, instrumento de sonoridad grave, construido teniendo por modelo el violín, ocupó al principio un lugar secundario. Pero desde el siglo XVII se transformó en el compañero del violín. La viola, semejante a un violín de gran tamaño, desempeña el papel que, en la música vocal, corresponde al barítono.

El arpa sufrió, desde la antigüedad, numerosas transformaciones, sobre todo por obra de Hochbrucker (1720), Cousineau (1782) y Erard (1801). El instrumento más completo es sin duda alguna el piano, cuyo origen se hace remontar al monocordio utilizado en los tiempos antiguos. En las escuelas pitagóricas se conoció y usó el monocordio.

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El piano comprende una caja que contiene la tabla armónica sobre la que están estiradas las cuerdas, un teclado, y dos pedales que sirven para aumentar o apagar la sonoridad.

A ese instrumento de una sola cuerda se fueron añadiendo otras, pero se continuó con el viejo sistema de pulsar las cuerdas para extraer los sonidos
Así nació el helicón y, mucho más tarde, en el siglo XIV, otro instrumento de 19 cuerdas. Se cree que la palabra monocordio formó el nombre manichordión con el cual se designó el clavicordio. Es éste un instrumento provisto de una cantidad de teclas doble o triple de la de las cuerdas. Unas lengüetas de metal fijadas en la extremidad de las teclas golpeaban las cuerdas haciéndolas vibrar.

Una nueva etapa se inició con la creación del clavicímbalo que tuvo por cada tecla una cuerda afinada al sonido que le correspondía. Fue el primer instrumento de teclado cuyas cuerdas vibraban por la simple caída de las teclas. Éstas, al bajar, ponían en movimiento los mácillos (pequeñas regletas de madera) provistos de plumas de cuervo. Por eso el clavicímbalo fue llamado “el instrumento emplumado”.

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Clavicímbalo fue llamado “el instrumento emplumado”.

La gloria del invento del piano se debe a Bartolomé Cristófori, de Padua, clavicordista de la corte de los Médicis en Florencia. Este instrumento permitió tocar piano y forte,y de ahí surgió el pianoforte o piano.

Luego el piano fue perfeccionado por los hermanos Erard, en Francia, y por el vienes Streicher quien imaginó un nuevo mecanismo gracias al cual habría de surgir el primer piano vertical.

Considerado en sus partes esenciales, el piano está constituido por una caja que contiene la tabla armónica destinada a reforzar la sonoridad de las cuerdas, y cuya disposición varía según se trate de piano vertical o de cola.

Comprende además las teclas, el disparador (que levanta el maculo cuya cabeza hiere las cuerdas), los apagadores, que forman una especie de teclado paralelo al teclado visible, los pedales (el de la derecha levanta los apagadores y deja vibrar las cuerdas hasta extinguirse las vibraciones; el de la izquierda, llamado sordina, disminuye la intensidad del sonido). La historia del piano, con los grandes músicos que compusieron especialmente para ese instrumento y los ejecutantes que interpretaron esas obras, es verdaderamente grandiosa.

Entre los concertistas célebres de clavicordio, precursores de la escuela pianística actual, recordaremos a Chambonniéres (1602-1672), fundador de la escuela francesa del teclado, a Francisco Couperin, el Grande (1668-1733), y a Rameau. Entre los italianos a Domingo Scarlatti (1658-1695), y en Alemania a Juan Sebastián Bach (1685-1750), cuyo Clave tempéralo es bien conocido por profesionales y aficionados del mundo musical.

El fundador de la escuela de piano en Italia fue Muzio Clementi (1752-1832); la escuela alemana, por su parte, se enorgullece con J. Haydn (1732-1809), W. A. Mozart (1761-1791), y Beethoven (1770-1827), maestro excelso en el arte de la sonata.

A todos esos nombres debemos añadir los de Mendelssohn, Schubert, Schumann, Brahms, Liszt y Chopin (1810-1849), llamado el “poeta del piano”. Más tarde Debussy fue honrado con el mismo título. Si puede considerarse el piano como un instrumento relativamente moderno, el órgano es en cambio muy antiguo. Se atribuyó a Clesibius (200 años antes de J. C.) el empleo de la presión del agua para accionar los fuelles. De ahí el nombre de hydraulis (literalmente flauta de agua) con que se designó este instrumento.

El órgano neumático es mucho más reciente, y el primero que apareció en Francia fue uno que el emperador Constantino V, Coprónimo envió, en 757, a Pipino el Breve, quien dispuso su colocación en la iglesia de San Cornelio de Compiegne.

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Antiguo Órgano

Actualmente tenemos el órgano eléctrico o electrónico. Las principales partes de un órgano son: Los teclados superiores que se tocan con las manos y que pueden llegar a ser 5, con 58 teclas cada uno; el teclado de pedal que se toca con los pies y que lleva de 27 a 30 pedales (a veces, en los órganos monumentales hay dos teclados de pedal); la mancha, los fuelles, el bocarón, la entonadera y los tubos.

Los fuelles pueden ser 7 u 8, accionados a mano o a motor. Los tubos, casi siempre metálicos, tienen distintas dimensiones. Cuanto más largo es el tubo, más grave es la nota que emite. El armazón que contiene al órgano de iglesia se llama caja.

Los registros son reglas móviles de madera perforadas de modo tal que la distancia entre los agujeros es la misma que la que media entre los agujeros del distribuidor de aire; sirven para abrir o cerrar los diferentes juegos o series de tubos.

Los registros se accionan por medio de varillas que el organista tira o empuja según el juego que desea obtener. Algunos de esos juegos se llaman de “boca”, otros de “lengüeta”.

El acordeón, inventado en el año 1829 por Danciaus, de Viena, tiene lengüetas libres dispuestas en las extremidades de un doble fuelle. Unas responden cuando el fuelle se abre, otras cuando se contrae.

Entre los instrumentos de importancia primordial en las orquestas modernas recordaremos la flauta (antes construida con madera de boj, ahora con metal), el oboe, el cuerno inglés, el clarinete, el contrabajo, y el fagot así llamado por el nombre de su inventor, el canónigo Phagotus, de Ferrara, que vivió en el siglo XVI. En las orquestas sinfónicas modernas se emplean asimismo varios instrumentos de percusión como: xilófonos, timbales, triángulos, címbalos, tambores, tamboriles y castañuelas.

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El saxófono, que debe su nombre a su inventor, Adolfo Sax, conquistó el favor del público aficionado al jazz. Hoy ocupa un lugar aun en las orquestas sinfónicas.

Terminemos nuestro post recordando el trombón, inventado en Alemania. Este instrumento tiene su origen en la antigua bocina romana. Por su forma actual, el trombón de varas recuerda el sacabuches de la Edad Media.

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo V Editorial Larousse – Historia:La Evolución de los Instrumentos Musicales –
Enciclopedia Electrónica ENCARTA Microsoft
Historia Universal de la Civilización  – Editorial Ramón Sopena Tomo II del Renacimiento a la Era Atómica

Biografía de Paganini Violinista Italiano Anecdotas de su Vida Niccolo

Biografía de Paganini Violinista Italiano

EL GRAN VIOLINISTA ITALIANO:

Compositor italiano y virtuoso del violín. Nació en Génova el 27 de octubre de 1782. Considerado un genio de la música.  Su padre le compró un violín de segunda mano, y con él el pequeño Niccoló descubría aspectos insospechados del arte musical.

Estudió con músicos locales y a los cuatro años conocía perfectamente los rudimentos de la música. Su habilidad en tocar el violín era extraordinaria. Tenía largos dedos y largos brazos lo que le permitió hacerse construir un arco más largo de lo normal y abarcar más espacio en las cuerdas.

Tenía doce años cuando su padre le mandó al maestro Alessandro Rolla para que siguiese sus lecciones. A los pocos días el maestro vio que Paganini seguía a primera vista un concierto, harto difícil, y no pudo menos de decirle: -Has venido para aprender; pero no tengo nada que enseñarte.

Hizo su primera aparición pública a los nueve años y realizó una gira por varias ciudades de Lombardía a los trece. No obstante, hasta 1813 no se le consideró un virtuoso del violín. En 1801 compuso más de veinte obras en las que combina la guitarra con otros instrumentos. De 1805 a 1813 fue director musical en la corte de Maria Anna Elisa Bacciocchi, princesa de Lucca y hermana de Napoleón.

Niccolo sentía una sensación de abuso por parte de su padre que manejaba sus presentaciones y a la vez el dinero. Éste siempre le mangoneó y se aprovechó de él para conseguir pingües beneficios. Harto de todo, Paganini se lanzó a una carrera de desenfreno en la que todo tenía cabida, derrochando en el juego el dinero conseguido con los conciertos.

Tras estos breves años de disipación y desidia, abandonó todo para irse a vivir con una noble italiana, bastante mayor que él, y deseaba dejar la música para dedicarse a al agricultura. Cuando sucede esto aún no tiene ni veinte años, y ya ha vivido momentos de grandes excesos que más adelante le pasarán factura.

Una anécdota de Paganini: En Ferrara, una tal Pallerini, de oficio bailarina, había cantado en sustitución de la soprano Marcolini, ídolo del público, que se encontraba indispuesta; los espectadores la silbaron y Paganini, a quien le tocaba actuar inmediatamente, decidió vengarla.

Ante el público y con su violín imitó el trino de diversos pájaros, el grito de diferentes animales y por fin el rebuznar del asno, y dijo: -Ésta es la voz de aquellos que han silbado a la Pallerini.

El alboroto que se armó fue muy grande y Paganini tuvo que presentar excusas y no volvió a tocar en Ferrara.

Era tan extraordinaria la habilidad de Paganini al tocar el violín, que se creyó que no era posible haberlo alcanzado por medios naturales y se creó una leyenda a su alrededor. Se dijo que Paganini había matado a un rival y condenado por ello a presidio y que en él había pactado con el diablo entregándole su alma a cambio de la libertad y la maravillosa técnica violinista que mostraba. El vulgo creyó en la leyenda y no faltó quien asegurase que, durante un concierto, había visto con sus propios ojos al diablo al lado del violinista ayudándole en los momentos difíciles.

Tuvo fama de avaro, y no era verdad. No fue dispendioso, pero tampoco avariento, como lo prueba el caso de Berlioz, que era entonces un desconocido, y que a duras penas consiguió que en un concierto se ejecutara su misa. En la sala se encontraba Paganini, quien se dio cuenta en seguida del valor del joven compositor. Cuando terminó el concierto fue a verle, se arrodilló a sus pies -no se olvide que se estaba en la época romántica y estas efusiones hoy risibles eran corrientes entonces y le dijo que era el rey de los músicos. No contento con esto, aquella misma noche hizo llegar a Berlioz un pagaré de veinte mil francos contra la Banca Rothschild para ayudarle económicamente.

A Paganini le molestaba mucho que le invitasen a comer para luego tener que ejecutar algunas piezas gratis ante sus anfitriones. Cuando le invitaban y le decían: «No olvide el violín», respondía invariablemente: -Mi violín no come nunca fuera de casa.

Se unió sentimentalmente -como ahora suele decirse a una cantante llamada Antonia Bianchi, de la que tuvo un hijo al que llamó Aquiles.

Un día, cuando estaba en Milán, pasó por una calle y un tentador olor a pescado frito le llamó la atención y se dispuso a entrar en el local cuando el dueño del mismo, señalando el estuche de su violín del que casi nunca se separaba, le mostró al mismo tiempo un letrero fijado en la puerta: «Prohibida la entrada a los músicos ambulantes.» Y aquel día Paganini no comió pescado frito.

Durante su estancia en París, en 1831, en la cual cosechó triunfos muy sonados, tuvo una noche que alquilar un coche de punto para que le llevase a la sala donde debía dar el concierto. Al llegar allí le preguntó al cochero:
-¿Cuánto le debo? -Veinte francos. -¿Veinte francos? ¿Tan caros son los coches en París? -Mi querido señor -respondió el cochero, que le había reconocido-. Cuando se ganan cuatro mil francos en una noche por tocar con una sola cuerda, se pueden pagar veinte francos por una carrera.

Paganini se enteró por el portero de la sala del precio justo y volvió al coche. -He aquí los dos francos, que es lo que le debo; los otros dieciocho se los daré cuando sepa conducir el coche con una sola rueda.

Era vanidoso, pero se reía de su propia vanidad. Un día, conversando con un pianista, éste le dijo que, en un concierto que había dado, el gentío era tan numeroso que ocupaba los pasillos del local. -Esto no es nada -replicó Paganini-: cuando yo doy un recital hay tanta gente que hasta yo debo estar de pie.

Sobre su muerte corrieron muchas versiones. Una de ellas aseguraba que el sacerdote que le atendía en sus últimos momentos, influido por la leyenda demoníaca que aureolaba al gran músico, le preguntó qué contenía, en realidad, el estuche de su violín. Paganini se incorporó en el lecho gritando: -¡El diablo! ¡Esto es lo que contiene, el demonio! y tomando el violín en sus manos lo empezó a tocar hasta que lo lanzó contra la pared, expirando al tiempo que el instrumento se rompía. La historia es falsa. El violín de Paganini se conserva, en el museo de Génova.

Lo cierto es que, aquejado de laringitis tuberculosa, el músico se trasladó a Niza y de allí a Génova. Vuelto a Niza, murió allí el 27 de mayo de 1840. Tenía 56 años. Pero también es verdad que su fama de endemoniado le persiguió después de su muerte.

El obispo de Niza le negó la sepultura eclesiástica y tuvo que ser enterrado en el cementerio del lazareto de Villefranche. Su cadáver fue trasladado después por su hijo Aquiles a varias poblaciones hasta encontrar definitivo reposo en el cementerio de Parma.

Fuente Consultada: Historias de las Historia de Carlos Fisas

HISTORIA DE LA MÚSICA Clasica Origenes de la musica clasica

HISTORIA DE LA MÚSICA CLÁSICA
Orígenes de la musica clasica

EL DESARROLLO DE LA MÚSICA: Los siglos XVII y XVIII  fueron el periodo formativo de la música clásica y vieron nacer la opera y el oratorio, la sonata, el concierto y la sinfonía. Los italianos fueron los primeros en desarrollar estos géneros, pero les siguieron pronto los alemanes, austriacos e ingleses.

Como en los siglos anteriores, muchos músicos dependían de un mecenas: algún príncipe, algún eclesiástico bien provisto de fondos, o un aristócrata. Los numerosos príncipes, arzobispos y obispos cada uno con su propia corte, proporcionaron los patrocinios que hicieron de Italia y Alemania los adelantados musicales de Europa.

HISTORIA DE LA MÚSICA Clasica Origenes de la musica clasicaMuchas técnicas del estilo musical barroco, que dominaron Europa entre 1600 y 1750, fueron perfeccionadas por dos compositores, Bach y Haendel, quienes brillaron como genios musicales. Johann Sebastian Bach (1685-1750) (foto izq.) venía de una familia de músicos; ocupó el puesto de organista y director musical en gran número de pequeñas cortes germanas, antes de convertirse en el maestro de capilla de la iglesia de Santo Tomás en Leipzig, en 1723. Allí compuso la Misa en si menor, la Pasión según San Mateo y las cantatas y motetes que fijaron su reputación corno uno de los más grandes compositores de todos los tiempos.

Como el arquitecto Balthasar Neumann, Bach podía transitar con facilidad de lo religioso a lo secular. De hecho, su música profana refleja un espíritu turbulento, su era un diálogo entre padre e hija sobre el deseo de ésta de beber el nuevo brebaje. Para Bach no representaba problema alguno añadir textos religiosos a la música secular que había compuesto en las cortes principescas para convertirla en música sacra, para él toda la música era un medio para adorar a Dios; se sus propias palabras, su tarea en la vida era hacer “música bien ordenada en honor de Dios”.

El otro gigante de la música de principios del siglo XVIII, G. Frederick Haendel (1685-1759) (foto derecha) , nació, como Bach, en Sajonia, Alemania, y en el mismo año. En contraste con la tranquila vida provincial de Bach, Haendel experimentó una agitada carrera internacional y fue profundamente secular por temperamento. Tras estudiar en Italia, donde comenzó su carrera escribiendo ópera la manera italiana, en 1712 se mudó a Inglaterra, donde dedica mayor parte de su vida a tratar de dirigir una compañía de ópera.

Aunque lo patrocinaba la corte real inglesa, Haendel compuso música para auditorios más amplios y no tenía inconveniente en escribir piezas colosales de sonido inusitado. Por ejemplo, se suponía que la banda para su Música para los reales fuegos de artificio debía acompañarse de ciento un cañones. Si bien escribió más de cuarenta óperas y mucha música secular, es irónico que el mundano Haendel probablemente sea conocido más por su música religiosa. Su ha Mesías ha sido llamado “una de esas extrañas obras que atraen de inmediato a cualquiera y que, sin embargo, es indiscutiblemente una obra maestra del más elevado orden”.

Aunque Bach y Haendel compusieron muchas suites instrumentales y conciertos, la música orquestal se situó en primer hasta la segunda mitad del siglo XVIII, al aparecer nuevos instrumentos, como el piano. Una nueva era musical, el periodo (1750-1830), surgió también, representada por dos grandiosos innovadores, Haydn y Mozart. Su renombre dio lugar a que el de Europa se trasladara de Italia y Alemania al Imperio Austríaco.

Joseph Haydn (1732-1809) pasó la mayor parte de su vida adulta trabajando como director musical para los acaudalados príncipes húngaros, los hermanos Esterhazy. Haydn fue un creador increíblemente prolífico; compuso ciento cuatro sinfonías, además de de cuerdas, conciertos, canciones, oratorios y misas. Sus visitas a Inglaterra en 1790 y 1794 lo introdujeron en otro mundo en músicos escribían conciertos para el público, más que para principescos. Esta “libertad’ como él la llamó, lo animó a escribir dos de sus más importantes oratorios, La creación y Las estaciones dedicados ambos a la gente común.

El concierto, la sinfonía y la ópera atestiguaron un clímax en las obras de Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791), niño prodigio que dió su primer concierto de clavicordio a los seis años de edad y escribió su primera ópera a los doce. También él buscó un mecenas, pero su descontento con con las desmedidas exigencias del arzobispo de Salzligaron lo obligaron a mudarse a Viena, donde, al no poder encontrar un protector permanente, hizo su vida miserable. Con todo, escribió música abundante y apasionadamente hasta su muerte a los treinta y cinco años,hundido en la pobreza y abrumado por las deudas.

Mozart llevó la tradición de la ópera cómica italiana a nuevas dimensiones con Las bodas de Fígaro, obra basada en una puesta en escena parisina en la década de 1780, en la que un criado supera en ingenio y encantos a sus señores nobles, y Don Juan, una “comedia negra” acerca de los estragos que este personaje hizo en la tierra antes de descender al infierno. Las bodas de Fígaro, La flauta mágica y Don Juan son tres de las más grandes óperas de todos los tiempos. Mozart componía con una mezcla de facilidad melódica, gracia, precisión y emoción que indiscutiblemente nadie ha superado. Haydn dijo al padre que «su hijo es el más grande compositor que yo haya conocido en persona o por reputación”.-

En el siglo XIX,  Johannes Brahms fue el único compositor alemán contemporáneo de Wagner que tuvo jerarquía suficiente para ponerse más o menos a la misma altura. Wagner fue el revolucionario, el hombre del futuro. Brahms fue el clasicista que abordaba las formas abstractas, y en el curso de su vida nunca escribió una nota de música de programa, y mucho menos una ópera. Wagner ejercería enorme influencia sobre el futuro. Con Brahms, la sinfonía, en la forma que le confirieron Beethoven, Mendelssohn y Schumann, llegó a su fin.

A semejanza de Bach, Brahms resumió una época. A diferencia de Bach, contribuyó poco al desarrollo de la música, pese a que algunas de sus texturas y armonías encuentran un débil eco en Schoenberg. Incluso en tiempos de Brahms, los progresistas no tenían una elevada opinión de él. Mahler decía de Brahms que era “un maniquí con un corazón un tanto estrecho”.

Algunos impetuosos dominados por Wagner, como Hugo Wolf, se arrojaban gozosamente sobre cada nueva composición de Brahms, y se burlaban de ella. En una crítica de la Tercera Sinfonía para el Wiener Salonblatt, Wolf proclamó que “Brahms es el epígono de Schumann y Mendelssohn, y por lo tanto ejerce sobre la historia del arte casi tanta influencia como el finado Robert Volkmann un compositor académico otrora popular, y ahora olvidado], es decir, en la historia del arte tiene tan escasa importancia como Volkmann, o sea que no ejerce ninguna influencia… El hombre que ha compuesto tres sinfonías, y al parecer se propone continuar con seis más… es sólo una reliquia de los tiempos primitivos y no una parte esencial de la gran corriente del tiempo”.

Tres creadores de música ligera del siglo XIX han sobrevivido de un modo tan triunfal al tiempo y las modas que es legítimo llamarlos inmortales. El vals y la opereta vienesa de Johann Strauss (h), la ópera bufa de Jacques Offenbach y la opereta de sir Arthur Sullivan perduran entre nosotros, y son obras tan encantadoras, atrevidas y plenas de inventiva como lo fueron otrora. Meyerbeer prácticamente ha sido olvidado; Gounod perdura sobre todo a través de la ópera; y figuras otrora tan encumbradas como Goldrnark, Rubinstein, Heller y Raff no son más que nombres en los libros de historia. Pero el mundo continúa entreteniéndose e incluso encantándose con Strauss, Offenbach y Sullivan.

En primer lugar fue el vals. Se originó en el Landler, una danza austro-alemana de tres por cuatro. Entre 1770 y 1780 se asistió a la primera aparición del vals. Casi de inmediato se convirtió en el furor de Europa, y no sólo en Viena, pese a que esa ciudad fue su centro principal. Michael Kelly, el tenor irlandés que cantó en el estreno mundial de Las bodas de Fígaro, se refirió a este furor en 1826, cuando escribió sus memorias.

“Los habitantes de Viena”, observó, “en mis tiempos [la década de 1780] bailaban enloquecidos cuando se aproximaba el Carnaval, y la alegría comenzaba a manifestarse por doquier… La propensión de las damas vienesas a la danza y a la asistencia a los bailes de disfraces era tan firme, que no se permitía que nada interfiriese en el goce de su diversión favorita.” Para demostrar fehacientemente su afirmación, Kelly citaba una disposición adoptada por los vieneses.

Tan abrumador era ese furor, decía, que en beneficio “de las damas embarazadas, a quienes no podía persuadirse de que permanecieran en el hogar, se preparaban apartamentos con todas las comodidades necesarias para el parto, ante la posibilidad de que lamentablemente fuesen necesarias”. Kelly, que era buen conocedor, juzgaba atractivas a las damas vienesas, pero “por mi parte me parecía que valsar desde las diez de la noche hasta las siete de la mañana, en un torbellino permanente, era sumamente fatigoso para el ojo y el oído”.

Naturalmente, el vals se convirtió en artículo de uso corriente, y a lo largo del siglo XIX ni siquiera los más grandes compositores se mostraron tan orgullosos como para negarse a satisfacer la demanda. Habían existido precedentes, en la historia anterior de la música, incluso remontándose hasta los isabelinos, los compositores se aplicaban industriosamente a crear música de danza para el público que la recibía complacido.

Haydn y Mozart habían compuesto considerable cantidad de música de danza. Schubert compuso varios volúmenes de valses para atender la demanda creada por el nuevo furor. La Invitación a la danza, para piano solista (después Berlioz la orquestó) de Weber creó el vals de concierto. Chopin compuso valses idealizados, que no estaban destinados a la danza. Brahms aportó un conjunto para piano y dos conjuntos para cuarteto vocal. Dvorak compuso varios hermosos valses. El caballero de la rosa, de Richard Strauss, utiliza mucho el vals. Ravel compuso un gran vals para orquesta, y un conjunto para piano titulado Valses nobles y sentimentales. Debussy compuso varios valses. Incluso hay un vals en la sombría Wozzeck de Berg.

Poco después de la aparición del vals se suscitó un clamor que imputaba inmoralidad a este género. El primer gran exponente del vals luí Johann Strauss (padre), y las naciones puritanas supieron entonces a quién achacar la culpa.

Igor Stravinsky nació el 17 de junio de 1887 en San Petersburgo, y vivió para ser reconocido universalmente como el compositor más grande de su tiempo. Puede afirmarse que desde su iniciación estuvo en la cumbre. Después de los tres ballets rusos que compuso para Serge Diaghilev entre 1910 y 1913, en París, no hubo dudas acerca de su jerarquía.

El pájaro de fuego, estrenado el 25 de junio de 1910, fue el primero y el compositor de veintiocho años alcanzó la fama de la noche a la mañana, tal como había pronosticado Diaghilev la víspera del estreno.

La partitura era un brillante ejercicio de nacionalismo ruso, derivado de Rimsky-Korsakov en general y de una obra suya en particular, El gallo de oro. Pero era mucho más audaz y original que todas las obras de Rimsky, y todos comprendieron que había aparecido un compositor poco común.

El agudo oído de Debussy percibió la cualidad esencial de El pájaro de fuego. “No es una pieza perfecta, pero a causa de ciertos aspectos puede considerársela de todos modos, excelente, pues en ella la música no es la dócil servidora de la danza, y a veces uno descubre reunidas desusadas combinaciones de sonidos.”

El 13 de junio de 1911 fue estrenada Petruchka, que consolidó la posición de Stravinsky como la 5gura en ascenso de la música europea. A semejanza de El pájaro de fuego, Petruchka fue un ballet de tema ruso pero se desarrollaba con más confianza y dominio, y aportaba algunas ideas -especialmente su politonalidad– que habrían de influir sobre el curso de la música europea.