Napoleón Bonaparte

Resumen sobre los Tipos de Imperialismos y sus Consecuencias

Resumen Sobre los Tipos de Imperialismos y sus Consecuencias

Los imperialismos, sus clases.
Abusos del sistema liberal

En la historia de la humanidad hemos tomado conocimiento de la existencia de imperios o sea grandes Estados formados por varias naciones que le están sometidas. Así en la edad antigua recordamos los imperios asirio, persa, chino, japonés, medo, romano, etc.; en la edad media, el Imperio Carolingio, el de Alemania, los imperios de Occidente y de Orieste, el de los seleucidas, el otomano, el de los mogoles, etc.; en la edad moderna, e imperio austrohúngaro, el alemán, el francés, el británico, etc.

imperialismo politico

Por imperialismo entendemos la tendencia de ciertos Estados a extender su dominio sobre otras naciones. De ello se deduce que el imperialismo no es un fenómeno exclusivo de los Estados totalitarios sino también de los Estados democráticos.

No obstante debemos recalcar que todo imperialismo, es, en si mismo, antidemocrático dado que se encuentra en pugna con los principios de igualdad jurídica de los Estados y el de no intervención en los asuntos internos de las naciones soberanas.

Existen diversas clases de imperialismos, a saber:

a.  Imperialismo económico
b. Imperialismo político
c.  Imperialismo ideológico.

A)    IMPERIALISMO ECONÓMICO

Es aquel que se lleva a la práctica con el fin de dominar el mercado de productos o financiero de otros Es tados ejerciendo su acción sobre pueblos económicamente débiles. Una de las formas más comunes de llevarlo a cabo es mediante la adquisición de las más poderosas empresas industriales y comerciales del país que se desea anexar económi camente como así también de sus servicos públicos esenciales (electricidad, gas, transportes, teléfonos, etc.).

B)     IMPERIALISMO POLÍTICO

Es el imperialismo clásico que tiene por objeto anexar al país imperialista territorios de otras naciones. Sin embargo no siempre la invasión armada o la conquista son las formas de llevar a cabo este tipo de imperialismo; a veces la celebración de tratados o acuerdos o la infiltración ideológica y la presión, que puede ejercerse sobre un determinado país obliga a países débiles políticamente a solicitar la anexión de todo o parte de su territorio a una potencia poderosa. Ejemplos de estas últimas tácticas fueron utilizadas por Hitler y la Unión Soviética. La anexión de las islas Malvinas a Inglaterra es otra de las formas de llevar a la práctica el imperialismo político.

C)    IMPERIALISMO  IDEOLÓGICO

Esta forma de imperialismo se ejerce mediante la penetración de ideas de un país a otro con el fin de ampliar su zona de influencia. Él fascismo italiano y el nazismo alemán son pruebas elocuentes de ello; en la actualidad el comunismo ha puesto en ejecución una de las mayores campañas de penetración ideológica hasta hoy conocidas.

Abusos del sistema liberal
Las dos grandes doctrinas políticas son: el liberalismo y el estatismo.

En el liberalismo se otorga un gran predominio a la libertad individual actuando en tal emergencia el Estado como un simple guardián de las cosas comunes e interviniendo sólo en aquellas actividades que no están en condiciones de asumir los particulares.

Deja librado a éstos el manejo de todos los recursos económicos y, por lo tanto, desprotegida a la comunidad de los abusos que pequeños grupos de individuos pueden llegar a cometer con miras a la satisfacción de sus minúsculos intereses.

La Humanidad ha contemplado en el pasar de su existencia numerosos ejemplos de tales abusos y de las consecuencias que ellos han tenido en la marcha de ios pueblos.

Pueblos sacrificados en base al mantenimiento de una minoría que impuso condiciones infrahumanas en aras de sus propios beneficios, clases sociales enfrentadas entre sí que convulsionaron el orden y la armonía de sus respectivos países y, por último, la reacción ante tremenda injusticia con el consiguiente accionar de una fuerza incontrolable que no siempre trajo en sus e-fectos el bienestar deseado.

De allí entonces que el liberalismo como doctrina de aplicación absoluta ha presentado grandes grietas en el tiempo que si bien ha permitido incursionar en la organización social moderna otras doctrinas de carácter no menos violentas como algunas socialistas ha tenido que soportar el freno de la intervención de la Iglesia que a través de su Doctrina Social ha tratado de poner las cosas en su lugar.

CONSECUENCIA DE LOS IMPERIALISMOS
El marxismo
Se conoce como marxismo una serie de interpretaciones y ensayos de Carlos Marx que tienden a explicar distintos fenómenos, entre los cuales se encuentra la concepción materialista de la historia (Materialismo histórico). Se conoce como concepción materialista de la historia o como materialismo histórico al estudio de los principios generales del materialismo dialéctico en el campo de la sociología, y de la historia. Es decir, a una interpretación científica de los procesos sociales en una forma ordenada, según la dialéctica y que permite explicar la evolución histórica.

Para Marx la historia del hombre en sociedad no es otra cosa que la relación fundamental hombre-naturaleza-hombre. La Historia nace y se desarrolla a partir de la primera mediación que pone en relación al hombre con la naturaleza y al hombre con los otros hombres: el trabajo. El primer hecho histórico de la historia es la producción de los medios indispensables para la satisfacción de las necesidades básicas del hombre (comer, beber, procrear). La Historia es, por consiguiente, la historia de las fuerzas productivas y den los hechos históricos básicos que derivan de esta relación.

Se llama materialismo porque se encara la naturaleza desde el punto de vista material y se dice dialéctico porque permite la comprensión, de una manera dinámica, de los procesos que sufre la materia, Así el materialismo dialéctico establece las leyes generales, según las cuales, la materia se transforma.

Es interesante consignar que la base del materialismo dialéctico más que una creación de Marx es de su amigo Engels quien inició, aunque no terminó, una Dialéctica de la Naturaleza mediante la cual se propuso formalizar las leyes del movimiento y la evolución de la naturaleza, la sociedad y el pensamiento humano.

Como puede interpretarse, los campos de aplicación del materialismo dialéctico son muy amplios y, en ese sentido Marx, por ejemplo, lo utilizó ampliamente en el estudio de la economía.

Sería sumamente difícil exponer detalladamente la totalidad de los trabajos de Marx y sus continuadores, pero estimamos que existen algunos puntos interesantes que son imprescindibles para comprender las ideas marxistas que fueron adoptadas por el Partido comunista y sobre todo aquellas que fueron inter-Ínretadas por Lenin y constituyen os fundamentos del actual marxismo-leninismo.

La posición del Marxismo y del marxismo leninismo será clasificada ubicándola dentro de una versión general de las distintas formas de socialismo.

Ver: El Socialismo

Origen del Proletariado Industrial Revolución Agraria

LA REVOLUCIÓN AGRARIA EN INGLATERRA: NACE EL PROLETARIADO INDUSTRIAL

A lo largo del siglo XV la agricultura europea se reconstituyó. Muchas de las tierras abandonadas durante la crisis del siglo XIV fueron puestas otra vez en producción y se incorporaron otras nuevas. Una gran novedad fue que los productos rurales se convirtieron en una atracción para los hombres de negocios, quienes comenzaron a invertir su dinero en la compra de tierras. La comercialización de esos productos tuvo un gran impulso debido al aumento de sus precios. La producción rural comenzó a ser vista como un negocio, como una fuente de enriquecimiento, por parte de algunos comerciantes urbanos y propietarios de tierras.

El país europeo en el que más se notaron estos cambios fue Inglaterra. Muchos propietarios se interesaron por comercializar lo que se producía en sus tierras. Esto los llevó a introducir innovaciones técnicas para aumentar la productividad. En muchos casos los adelantos técnicos provocaban desocupación, ya que reducían la necesidad de mano de obra. Por lo tanto, gran cantidad de campesinos se vieron obligados a abandonar sus tierras, condenados a refugiarse en los bosques o a emigrar a las ciudades para hallar un modo de subsistencia.

nacimiento prolteariado industrial

 Surgimiento del proletariado industrial
¿Cómo transcurrió el proceso de formación del proletariado industrial en Inglaterra? El punto de arranque de este proceso es la revolución agraria de la cual hablamos anteriormente, y cuyo rasgo principal fue el desalojo de la tierra de los campesinos. En el siglo XV el rasgo determinante del sistema económico de Inglaterra era el predominio del minifundio.

El régimen de servidumbre había sido liquidado en aquel tiempo y las diversas categorías de campesinos contaban con una economía independiente aunque formal y jurídicamente,; en virtud de las leyes vigentes a la sazón en el país, toda la tierra pertenecía a los terratenientes feudales. A fines del siglo XV y comienzos del XVI se produjeron serios cambios en el agro inglés. El desenvolvimiento de las relaciones mercancía-dinero y, en particular, del comercio exterior impelían a los terratenientes a incrementar sus rentas, particularmente en dinero.

Por aquel tiempo proporcionaba cuantiosas ganancias la producción de lana que se exportaba en enormes cantidades al continente europeo. A medida que se desarrollaba en Inglaterra la fabricación de paños, se precisaba mayor cantidad de lana. El aumento de la demanda de lana inglesa en los mercados exterior e interior dio lugar a un fuerte desarrollo del ganado lanar en Inglaterra. Los lores feudales ingleses se afanaban cada vez más por convertir las tierras de cultivo en pastizales para las ovejas y emprendieron la expulsión de los campesinos de la  tierra (“cercamiento”).

Pero el desarrollo de la ganadería y la consiguiente expulsión de los campesinos de la tierra no fue un fenómeno general y, hasta cierta época, el desalojo de los campesinos de sus tierras fue lento, si bien sumamente penoso. Este proceso se aceleró a fines del siglo XVI y comienzos del XVII bajo el influjo del desarrollo del capitalismo.

El Estado acudió en ayuda de los terratenientes, llamados en Inglaterra íandlords. La monarquía constitucional inglesa del siglo XVIII era formalmente y de hecho un instrumento del dominio de clase de los grandes terratenientes aristócratas, que-Vincularon estrechamente su suerte al desarrollo de las-formas capitalistas de economía. Los land-lords, que predominaron en el Parlamento en el transcurso del siglo XVIII, obtuvieron de esta institución más de 1.700 “sentencias de cercamiento”, a consecuencia de las cuales los campesinos fueron desalojados por completo de sus tierras. Según la aguda observación de Marx, “los landlords se regalaron a sí mismos las tierras del pueblo”.

Como resultado de tan generosos “regalos”, el campesinado libre e independiente desapareció totalmente de Inglaterra. De los 180.000 pequeños labriegos que había en el país a fines del sigilo XVII, a finales del XVIII quedaron muy pocos. Un historiador inglés progresista del siglo XIX, A. Toynbee, escribió a este respecto: “Asombra la mera constatación de dicho contraste. Quien no conozca nuestra his-, toria de ese período podría creer que hubo una gran guerra exterminadora, o alguna revolución social violenta, que traspasó de una clase a otra la propiedad de la tierra”.

La inmensa mayoría de los campesinos arruinados, desalojados de la tierra, podían obtener los medios de süFsis-tencia como peones de los terratenientes enriquecidos o como obreros asalariados en las ciudades y las zonas industriales, que demandaban constantemente mano de obra. Si los hombres de ciencia burgueses resaltan sobre todo el hecho de que los campesinos despojados de la tierra, en la sociedad capitalista, se liberaron de la opresión feudal en todas sus formas, nosotros no debemos olvidar que fueron asimismo “liberados” de los medios de producción: la tierra, su fuente principal de subsistencia.

La mayoría de los campesinos esquilmados por los terratenientes y el Estado se dirigió a las ciudades, cuya población, en un plazo relativamente breve, se decuplicó varias veces.  Ejemplo’ de ello   son los siguientes datos:

Incremento de la población urbana en Inglaterra:

AÑO: 1688
Manchestér      ………….    6.000
Birmingham…………    4.000
Liverpool      ……………    4.000
Sheffield……………..    4.000
Leeds………………    7.000

AÑO: 1760
Manchestér      ………….    40.000
Birmingham…………    30.000
Liverpool      ……………    35.000
Sheffield……………..    25.000
Leeds………………    20.000

AÑO: 1816
Manchestér      ………….    140.000
Birmingham…………    90.000
Liverpool      ……………    100.000
Sheffield……………..    60.000
Leeds………………    75.000

Los trabajadores arruinados, arrancados violentamente de la tierra, puestos fuera de la ley, se convertían en masa en mendigos, vagabundos y bandoleros. No es casual que en el período en que se establecen las premisas de la revolución industrial, se dicte en todos los países de Europa Occidental todo un cúmulo de leyes sanguinarias contra el vagabundaje. “Los padres de la clase obrera actual fueron sometidos a castigos, ante todo, por haberlos convertido por la fuerza en vagabundos y depauperados”, escribió Marx. La legislación de la época consideraba a aquellas gentes delincuentes “voluntarios”, que, de desearlo, podían en contrar ocupación.

En el siglo XVI, es decir, cuando comienza lá expulsión violenta de los campesinos de la tierra, se promulgó en Inglaterra la ley contra el vagabundaje, que prescribía enganchar al vagabundo a una carretilla, azotarlo hasta que la sangre le corriese por el cuerpo, y luego, hacerle jurar que retornaría a su patria y se dedicaría al trabajo. Si el vagabundo era apresado por segunda vez, el castigo aumentaba; la tercera vez era condenado a muerte como criminal peligroso y enemigo de la sociedad.

Las leyes contra los vagabundos, cuya promulgación  prosiguió, se aplicaban con implacable crueldad. Durante el reinado de Enrique VIII (1509-1547) fueron ejecutados 72.000 “grandes y pequeños ladrones”. En tiempos de la reina Isabel (1558-1603), “los vagabundos eran ahorcados en masa —dice un contemporáneo— y no transcurría un año sin que en uno u otro lugar fuesen ahorcadas 300 ó  400 personas”.

Leyes semejantes fueron dictadas también en Francia. El 13 de julio de 1777, el rey Luis XVI, posteriormente ejecutado por el pueblo, promulgó una ley en virtud de la cual toda persona sana de 16 a 60 años, que careciese de medios de existencia y de ocupación, debería ser enviada a galeras, elpeor castigo de la época.

Así los trabajadores honrados, privados violentamente de la tierra y de otros medios de existencia y convertidos de este modo en vagabundos, se veían obligados a trabajar como asalariados en cualesquiera condiciones, incluso las más duras. La ruina de los modestos campesinos fue la fuente principal, pero no la única, para la formación del proletariado industrial.

Qtra fuente sumamente importante de formación del proletaria industrial fue la ruina del artesanado de la producción manual, es decir, la ruina de los artesanos de las ciudades, de los tejedores rurales, de los hiladores y de otros muchos representantes de los artesanos labriegos. Su arruinamiento en masa se produjo también cuando el trabajo de la máquina triunfó sobre el trabajo a mano en las ramas principales de la industria. Este proceso se operó en forma particularmente evidente en la industria algodonera.

Antes de la introducción dé las máquinas, el proceso de transformación de la materia prima en hilados y, luego, en tejidos, se hacía en casa del obrero, con la participación de toda la familia. Por lo general, la madre y las hijas hilaban y el padre tejía o, de no tejer, sólo intervenía en la preparación de la hilaza, que se vendía después en el mercado local. Las familias de los trabajadores habitaban preferentemente en el campo, pero trataban de acercarse a la ciudad, pues solo en el mercado urbano podían vender sus artículos.

Por lo general, el tejedor artesano era también labriego. Tomaba en arriendo una parcela que, si bien no proporcionaba un ingreso sustancial, convertía al tejedor en habitante sedentario y permanente.

Los predecesores del proletariado industrial vivieron mucho mejor que sus sucesores. Trabajaban cuanto podían y ganaban lo suficiente para cubrir sus necesidades. Tenían tiempo libre para el sano trabajo en el huerto o en el campo, trabajo que era de por sí una forma de descanso. Según los recuerdos de los contemporáneos, eran en su mayor parte gente fuerte y robusta, se diferenciaban muy poco o nada de los campesinos de los alrededores. Los hijos se criaban en un ambiente sano, y si bien tenían que ayudar a sus padres en la labor, sólo era de tiempo en tiempo y no en jornadas de ocho o doce horas de trabajo.

El nivel intelectual de estas gentes era sumamente bajo. Los tejedores artesanos llevaban una vida aislada. Raramente sabían leer y escribir, no se ocupaban de política y frecuentaban regularmente la iglesia. Su asistencia a las lecturas de la Biblia era casi su única actividad intelectual. Aunque.eran sanos y fuertes, en el aspecto espiritual estaban muertos,pues sólo tenían intereses mezquinos, puramente personales. Su telar y su huerta eran para esta gente mucho más importantes que el pujante movimiento del progreso que abarcaba a toda la humanidad. Este transcurría fuera de su aldea y si llegaban algunos rumores a través del comerciante que venía todas las semanas de la ciudad en busca de la mercancía, interesaba a poca gente.

De no ser por la revolución industrial, ninguno de aquellos tejedores hubiese abandonado jamás dichq vida, sumamente tranauila y cómoda, pero completamente indigna del hombre. Tampoco eran hombres en la verdadera acepción de la palabra, sino máquinas de trabajo al servicio de unos pocos aristócratas qué regían el destino del Estado. La revolución industrial no hizo más que rematar la obra: terminó de convertir a los obreros en simples máquinas y les privó del   último   resto   de   actividad   independiente.   Pero,   conello, les obligó a pensar, los obligó a luchar por una situación digna del hombre. Esto dice Engels en su obra La situaeión de la clase obrera en Inglaterra.

La invención de la primera máquina, muy imperfecta, la hiladora mecánica “Jenny”, construida por el tejedor Jaime Hargreaves, en 1764, mostró las incomparables ventajas de la producción a máquina sobre el trabajo manual y sentó la base para la ruina en masa de los hiladores; las siguientes invenciones arruinaron a los tejedores. Fue un proceso duro y doloroso. “La historia universal —escribió Marx— no ofrece un espectáculo más horrible que el hundimiento lento, prolongado durante decenios y que culminó por fin en 1838, de los tejedores de algodón ingleses”.

Un proceso análogo se operó, con mayor lentitud, en las industrias de la lana, la seda y el lino.

Así pues, la pérdida de la tierra por parte del campesinado y la ruina del artesanado condujeron a la formación del gran ejército de los proletarios, hombres carentes de propiedad y sin otros medios de existencia que la venta de su fuerza de trabajo.

Fuente Consultada:
LA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL M.I. Mijalov

El Imperio de los Cien Días de Napoleón ¿Porqué Regresó?

Las naciones europeas antibonapartistas — Inglaterra, Austria, Prusia, Rusia, Suecia y otras — hicieron una serie de alianzas durante los años del dominio napoleónico. Aunque los líderes de esos países solían desconfiar unos de otros, recelaban más de Napoleón. Tras el desastre de la invasión a Rusia, Napoleón era vulnerable. Sus enemigos invadieron Francia en 1814.

Los ejércitos comandados por Alejandro I de Rusia depusieron al autoproclamado emperador francés aquel año. Napoleón fue desterrado a la isla de Elba, situada en el Mediterráneo, pero Bonaparte no estaba acabado: escapó de la isla, tomó el poder en París y combatió a los aliados de nuevo.

Napoleón Bonaparte

Napoleón Bonaparte (1769-1822)

EL FRACASO DE SU ÚLTIMA CAMPAÑA: Bonaparte atraviesa Europa y llega a las puertas de Moscú sin encontrar resistencia, excepto en Borodino. Después de un duro combate, penetra en la capital tradicional, la Ciudad Santa de Rusia. Mas no hay nadie allí para sufrir la ocupación. Moscú está en llamas, y el zar no se rinde.

En ese momento entra en escena el peor enemigo de Napoleón: el “General Invierno”. Sin víveres ni ropas para enfrentar el riguroso frío de Rusia, los franceses tienen que batirse en retirada. Una famosa marcha de 1.500 kilómetros por planicies heladas los espera, y 400.000 hombres van a perecer en el trayecto, fin del “Gran Ejército”.
Napoleón siente que tamaña derrota coloca en peligro su prestigio y, consecuentemente,   su   corona.

Noticias inquietantes ya están llegando de París: reina allí una atmósfera de conspiración contra el emperador, y hasta se ha anunciado su supuesta muerte. Deja entonces a sus tropas y se dirige de prisa hacia la capital.

En una tentativa de recuperar posiciones, Napoleón reorganiza el ejército y lanza una nueva campaña en territorio germánico. En Lützen y Bautzen consigue todavía vencer a sus adversarios. Pero, en la batalla de Leipzig, es nuevamente obligado a retirarse ante el ataque fulminante de la caballería rusa y prusiana.

En diciembre de 1813, los ejércitos coligados penetran en territorio francés. En marzo de 1814, el Zar Alejandro y el Rey de Prusia desfilan en París al frente de sus tropas. Refugiado en Fontainebleau, Napoleón abdica. Los vencedores le conceden un minúsculo territorio: la isla de Elba.

Dormitorio de Napoleón en la Isla de Elba

EL IMPERIO DE LOS CIEN DÍAS:

Bajo la protección de los aliados, Luis XVIII recibe el trono de Francia. El país no permanecería ocupado por mucho tiempo. Se trataba simplemente de borrar los vestigios de la Revolución Francesa. Una atmósfera de guerra civil envuelve a todo el país.

Al volver a Francia, la nobleza exiliada reclama la restitución de sus privilegios. Era una verdadera provocación: en las ciudades y en los campos, la población vela por los derechos mínimos conquistados en  1789. Sólo un hombre aparece todavía como una esperanza: Bonaparte. Desde el retiro de Elba, él sigue los acontecimientos, consciente de la transformación de la opinión pública.

Estando en Elba, construyó carreteras, un hospició y un teatro. Hizo roturar tierras para cultivos. Tal vez se hubiera resignado por completo si su mujer y su hijo hubieran estado con él. Pero sólo apareció María Waleswka con el hijo de ambos, Napleón, contrariado, rechazó este ofrecimiento de cariño.

¿Por qué motivo, a principios de 1815, había ya decide volver a Francia? Sólo tenía 45 años y aún se sentía capaz de desafiar a Europa. Además, tenía muchas razones para estar descontento, entre ellas la permanencia de su mujer en Viena y impago de la renta que le habían prometido. Pero sobre todo, tenía causas fundadas para temer por su vida.

Talleyrand decía con frecuencia: «Hay que deshacerse del hombre de la isla de Elba.» Su hermano José, desde Suiza, alertaba a Napoleón  frente a los posibles asesinos. Las noticias que Napoleón recibía de Francia confirmaban la impopularidad de los Borbones. Su retorno impuesto por las potencias extranjeras había herido  el orgullo de la nación.

Los oficiales y soldados que habían combatido con la Grande Armée y que ahora sólo recibían la mitad de sus sueldos para poder subvencionar a los emigres, se sentían furiosos por la claudicación. Bebían «a la salud du petit tondu» (Napoleón). E1 15 de Agosto de 1814 celebraron el cumpleaños del emperador. «Le petit caporal vendrá y nos librará de estos lilas», decía el pueblo llano. Algunos visitantes procedentes de Francia hicieron saber al emperador que los republicanos y bonapartistas conspiraban contra Luis XVIII y que, si Napoleón no se apresuraba, el duque de Orleans le tomaría la delantera.

Esta posibilidad aceleró su decisión. Napoleón preparó su marcha con toda la minuciosidad de un jefe de Estado. En la isla se publicó un manifiesto rotundo. «El águila con los colores nacionales volará de campanario en campanario hasta las torres de Notredame.» Su retorno fue espectacular. El emperador sólo contaba con un millar de hombres y no disponía de recursos bélicos. Sus auténticas armas eran el recuerdo de quince años de gloria, el amor del pueblo y el afecto de sus soldados.

El 1 de marzo de 1815 desembarcó en el golfo Juan (cerca de Cannés). Su plan consistía  en seguir la carretera de los Alpes hasta Grenoble, ciudad en la que tenía muchos partidarios, evitando a los monárquicos de Provenza, de los cuales guardaba muy mal recuerdo. Al toparse con unos soldados que tenían orden de detenerle, descubrió su pecho di-¡i riéndoles: «Si entre vosotros hay alguien que quiera matar a su emperador, aquí estoy…» Nadie disparó.

Grenoble le abrió sus puertas; Lyon hizo ló mismo. Regimientos enteros se unían al emperador hasta formar un pequeño ejército. Ya disponía de bastantes hombres para tomar París; pero ¿se defendería París?. Luis XVIII rechazó el consejo de Chateaubriand de esperar al usurpador «sentado en el trono, con el título real en la mano». «No estoy de humor para eso», decía el viejo rey gotoso.

Ney juró que iría a buscar a Napoleón y lo traería en una jaula de hierro. Pero una carta y dos palabras fueron suficientes para hacerle desistir. El 20 de marzo el emperador durmió en las Tullerías. Se había adueñado de París «sin disparar un solo tiro.» El rey y sus ministros habían huido.

El genio había triunfado, ¿pero qué se podía hacer con este triunfo? Era indudable que los monarcas aliados, reunidos en Viena, denunciarían a Napoleón como usurpador e invadirían Francia. ¿Podría Napoleón hacerles frente? Empeñado en ganarse a todo el mundo, Napoleón se mostraba indulgente y liberal. «No guardo rencor a nadie.»

Le encomienda la redacción de un capítulo adicional a las leyes constitucionales del Imperio en el que se establezca la convocatoria de elecciones libres, la responsabilidad de los ministros ante las Cámaras y la libertad de prensa.

Estas concesiones disminuían su prestigio ante los jefes militares, que preferían la estricta restauración del Imperio. Eran los mismos hombres. No tenía elección. Debía utilizar a los mariscales, que le habían traicionado, poner al frente de la policía a Fouché, que había dicho: «Napoleón es para Francia lo que el Vesubio par, Napóles», y llamar a Carnot para tranquilizar a los viejos repúblicanos. Entre todos no constituían un equipo muy fuerte.

Los antiguos dignatarios, desacreditados por su incesante cambio de lealtades carecían de convicciones y de autoridad. La nueva constitución fue  aprobada en plebiscito, pero hubo muchas abstenciones. Napoeón quiso que su jura de la constitución fuera una ceremonia similar la de los campos de mayo de Carlomagno. Él y sus hermanos se presentaron vestidos a la usanza romana. El pueblo de París sonrió.

Lo verdaderamente necesario hubiera sido la declaración de estado de emergencia, una llamada general a las armas, la dictadura militar. Pero este recurso había sido usado muchas veces y ya no servía.

Entre mayo y junio de 1815 el emperador consiguió reunir  medio millón de hombres; los aliados, más de un millón. Ademán Wellington promovía nuevos disturbios en la Vendée, inmovilizando allí a veinticinco mil hombres que eran muy necesarios en otra parte.

El enfrentamiento empezó en Ligny el 16 de junio, después en Waterloo, una sombría llanura belga, el 18 de junio de 1815. La estrategia de Napoleón fue brillante. Los historiadores todavía discuten los errores cometidos por Ney, por Grouchy y por el propio Napoleón, quien, después de vencer en Ligny, no persiguió a los prusianos al amanecer del día siguiente.

El mismo día 18, el último ejército francés, vencido, se replegaba desde Waterloo hacia París Toda Francia pedía ahora la abdicación del emperador. Napoleón fue primero a la Malmaison, a casa de su hijastra Hortense; después se traladó al puerto de Rochefort y a la isla de Aix. Pudo haberse escapado y huir a Estados Unidos. Sus admiradores de Nueva Orleans le ofrecían asilo, pero prefirió entregarse a los ingleses. La idea misma de huir escondido en un barco, arriesgándose a sel capturado, le parecía indigna. Por el contrario, entregarse sin con diciones a sus peores enemigos era un gesto digno de Plutarco.

Después de Waterloo, Luis pudo asumir la corona y permanecer por un tiempo. Francia era de nuevo una monarquía. ¿Qué ocurrió con Luis XVII? Se dice que el hijo de Luis XVI y María Antonieta (y sobrino de Luis XVIII) murió en prisión sin tener siquiera un mueble del estilo que lleva su nombre. El hecho de que no fuera guillotinado dio lugar a rumores de que se hallaba todavía vivo. Muchos impostores que pretendían ser Luis XVII surgieron durante los años posteriores a la revolución.

Ultimos días de Napoleón en Santa Elena

A los ministros ingleses les preocupaban menos las leyes de la hospitalidad que las reglas de la prudencia. La mala experiencia de Elba les impedía caer en la tentación de ser indulgentes. Decidieron enviar al general Bonaparte a Santa Elena, una pequeña isla perdida en el océano, «lejos, más allá de África».

Fuente Consultadas:
Grandes Biografías NAPOLEÓN de André Maurois Editorial SALVAT
Grandes Personajes de la Historia Universal NAPOELÓN BONAPARTE Editorial Abril

Biografia del Conde Camilo de Cavour Reino de Piamonte

HISTORIA DE ITALIA: INDEPENDENCIA DE AUSTRIA

Camillo Benso, conde de Cavour (1810-1861), político y diplomático sin par, además de economista sagaz, Camilo Cavour transformó el reino de Piamonte-Cerdeña que se había sublevado contra la dominación austríaca. En pocos años fue el artífice de la unidad italiana. Desde el reino de Piamonte-Cerdeña, del cual fue su principal administrador, Cavour trabajó para reunir toda Italia bajo un mismo Estado moderno.

Su participación en la Guerra de Crimea al lado de Francia permitió a Cavour estar presente en el congreso de París, efectuado en 1856 y de esta manera aprovechó la ocasión para plantear el problema de la presencia austríaca en Italia y trató de encontrar una solución pacífica.

Fue primer ministro del reino de Cerdeña en los períodos 1852-1859 y 1860-1861, la historia lo recuerda como principal artífice de la unificación italiana y primer jefe de gobierno del Estado surgido de ésta, el reino de Italia (1861). Amplió los dominios de Cerdeña y fue la base para la pretensión de Cavour de constituir el reino italiano sobre la base de aquél.

Bajo su gobierno, el reino adquirió un impulso poderoso, se contruyeron canales y ferrocarriles , se fomentó la agricultura, la industria y el comercio por medio de tratados de libre cambio con Francia, Inglaterra , la Confederación Alemana, se reforzó el ejército y la marina y se construyó el puerto militar de Spezia.

Conde de Cavour, defensor de la unidad italiana

VIDA Y POLÍTICA: Camilo Benso, conde de Cavour, nació en Turín en 1810 en una Italia anexada al Imperio napoleónico. Aunque su padre, un aristócrata piamontés, estaba al servicio del emperador, el joven Cavour no conservó recuerdo alguno de la presencia francesa que concluyó en 1815.

Procedía de una antigua familia de servidores de la monarquía; su madre era una protestante ginebrina, y Camilo recibió una educación francesa y liberal. Fue un oficial inteligente, pero dimitió, en 1830, al hacerse sospechoso por sus ideas políticas; después de viajar por Inglaterra y Francia, estudió las cuestiones económicas, lo que le valió para transformar sus tierras según los métodos agronómicos más modernos. A comienzos de 1848, participó en la fundación del periódico «II Risorgimento»; elegido diputado, hombre muy destacado, rico, fue nombrado ministro de Agricultura, de Comercio y de Marina, en el Gabinete de dAzeglio.

Con posterioridad, el congreso de Viena dividió Italia y la mayor parte quedó bajo dominio austríaco. Los Habsburgo reinaban sobre el Véneto y la Lombardía. Indirectamente, también ejercían un poder efectivo sobre los ducados de Parma, de Módena y de Toscana.

Durante la dominación francesa Italia tuvo buenas consecuencias, pues se había proclamado la igualdad civil, se habían establecido sobre una base racional con el Código de Napoleón, los principios del Derecho público y privado, las obras públicas recibieron un gran impulso y algunas poblaciones rivales quedaron unidas por los lazos de una administración única.

De todas maneras no conformes con estos avances, los italianos sintiéronse estimulados y recobraron nuevos bríos al presenciar el triunfo del movimiento liberal español de 1820 y el francés de 1830. Pese a que en los siete Estados de Italia imperaba un absolutismo despiadado, las nuevas corrientes de libertad , transmitidas en esas revoluciones, continuaron abriéndose paso.

En 1852, el  Rey Víctor Manuel II lo nombró Primer Ministro, a la sazón, tenía cuarenta y dos años de edad; de carácter alegre y jovial, se convirtió en el popular «papá Camilo». Constituyó el «Connubio», un Gobierno de unión nacional, con Rattazi, jefe de los moderados, y dirigió, activamente, las nuevas reformas: supresión de conventos, construcción de vías férreas y de carreteras, para mejorar el tráfico con Francia; reorganización del ejército por el ministro Lamarmora.

Conocido de todos el odio de Cavour a Austria, los patriotas se fueron apartando cada vez más de Mazzini, para volver sus ojos hacia Piamonte, unidos en la «Sociedad Nacional» del exiliado siciliano La Fariña. Sólo quedaba un problema por resolver: vencer a Austria, pero se necesitaba un poderoso aliado, y Cavour contaba con Francia.

HISTORIA DE ITALIA:
EN BUSCA DE LA UNIFICACIÓN:
En 1850, Austria seguía siendo el poder hegemónico sobre la península italiana. Los intelectuales italianos iniciaron un movimiento literario denominado «il Risorgimiento» encaminado a conseguir la unidad de Italia, liberándola de la dominación extranjera.

 Tras el fracaso de la revolución de 1848-1849, un creciente número de partidarios de la unificación centraron en el estado septentrional de Piamonte sus esperanzas para conseguir tal fin. La casa real de Saboya gobernaba el reino de Piamonte, el cual también incluía la isla de Cerdeña. Y si bien fueron estrepitosamente derrotados por los austríacos en 1848-1849, bajo el rey Carlos Alberto, Piamonte realizó un valiente esfuerzo. Por ello, era razonable que podría asumir el papel de vanguardia en la causa de la unidad nacional.

El pequeño estado parecía no ser el adecuado para proporcionar el necesario liderato, sin embargo, incluso el nuevo rey, Víctor Manuel II (1849-1878), nombró al conde Camilo de Cavour (1819-1861) como su primer ministro en 1852.

Cavour era un noble de criterio liberal que había hecho fortuna en la agricultura y que aumentó aún más sus riquezas con negocios en la banca, los ferrocarriles y la industria naviera. Era un moderado que se mostraba a favor de un gobierno constitucional. Fue un político consumado, con capacidad de persuadir a otros de lo correcto de las convicciones que él abrigaba.

Después de llegar a primer ministro, en 1852, practicó una política de expansión económica, aliento a la construcción de caminos y canales, tendido de vías de ferrocarril y fomento de las empresas de negocios, ampliandoel crédito y estimulando la inversión en nuevas industrias. El cremiento de la economía piamontesa y el subsecuente aumento de los ingresos del gobierno le permitieron a Cavour verter dinero en el equipamiento de un gran ejército.

Rey Víctor Manuel II

Rey Víctor Manuel II de Italia

Las tropas del rey piamontés Carlos Alberto, en acuerdo de Cavour, en su intento de expulsar a los austríacos fueron aplastadas en Novara el 23 de marzo de 1849. El soberano abdicó entonces y cedió el trono a su hijo Víctor Manuel II. Víctor Manuel II, el primer rey de Italia. Monarca liberal, supo entregar su confianza a Cavour sin ser jamás desposeído de su autoridad.

Cavour no se hacía ilusiones sobre la fuerza militar del Piamonte y era sobradamente consciente de que no podía lanzar un reto directo a Austria. Necesitaría de los franceses. En 1858 llegó a un acuerdo con Napoleón III. El emperador convino en aliarse con el Piamorte para expulsar a los austríacos de Italia. Una vez que los austriacos se viesen fuera, Italia sería reorganizada.

El Piamonte sería extendido hacia el reino de la Alta Italia, añadiendo la Lombardía, Venecia, Parma, Módena y parte de los Estados Pontificios a su territorio. En compensación por sus esfuerzos, Francia recibiría las provincias  piamontesas de Niza y Saboya. Se crearía un reino de Italia Central para el primo de Napoleón III, el príncipe Napoleón, que se casaría con la hija menor del rey Víctor Manuel. Este convenio entre Napoleón y Cavour parecía asegurarle al gobernante francés la oportunidad de controlar Italia.

Confiado en que el plan funcionaría, Cavour provocó a los austríacos para que invadieran el Piamonte en abril de 1859. La historia siguiente no fue la planeada, los franceses fueron derrotados y Napoleón III decidió retirarse pues los costos superaban a los estimados inicialmente. Además Prusia decidió ayudar a Austria y de este modo Francia tendría enemigos en dos frentes situación que ponía en peligro el orden político francés. Napoleón III,  abandona a los italianos y firma un acuerdo con los austríacos, dejando  en sus manos  a Venecia.

Mientras tanto un nuevo líder aparecía en el sur de Italia, Giuseppe Garibaldi (1807-1882), un patriota italiano que había apoyado la causa revolucionaria de Mazzini , para la Unificación Italiana.

Garibaldi, reunió un ejército voluntario, el de los “camisas rojas”, que acudió en ayuda de la rebelión siciliana. Cavour aparentó condenar el movimiento (no era partidario de actos revolucionarios), pero ayudó a Garibaldi, que, partiendo de Génova en mayo de 1860, tomó a Napóles y en seguida las Dos Sicilias. Entre tanto, Víctor Manuel intervino desde el Norte, invadió los Estados Pontificios y se unió a Garibaldi en Nápoles.

Era necesario evitar el enfrentamiento que podía plantearse entre la Cerdeña monárquica y el republicano Garibaldi. A fines de septiembre de 1860, Cavour proclamó la anexión de los Estados Pontificios, exceptuados Roma y una pequeña extensión a su alrededor. Garibaldi aceptó la unidad bajo el mandato de Víctor Manuel. Así se unieron Sicilia, Napóles y los Estados Pontificios al reino de Cerdeña. Sólo Roma y Venecia quedaban al margen de la unión.

El 18 de febrero de 1861, el primer parlamento italiano se reunió en Turín, donde Víctor Manuel II abandonó el título de rey de Cerdeña y fue proclamado rey de Italia. Sin embargo, Cavour no pudo disfrutar por mucho tiempo de la obra de unificación, de la cual había sido el principal artífice, ya que falleció el 6 de junio de ese mismo año.

Debido a su temprana desaparición, Cavour no alcanzó a ver la unificación de Italia: todavía faltaban Venecia y Roma. Sólo en 1866 el Véneto, a excepción de la ciudad de Trieste, fue anexado al joven reino después de la derrota de los austríacos frente a los prusianos en Sadowa.

En cuanto a la cuestión romana, ésta no podía solucionarse debido a la inflexibilidad de Napoleón III. Gracias a la derrota del Imperio francés en 1870, las tropas italianas entraron finalmente en Roma el 20 de septiembre. Se organizó un plebiscito y una gran mayoría se pronunció a favor de la anexión de la Ciudad Santa.

Víctor Manuel II esperó hasta el 13 de mayo de 1871 para entrar en Roma, cuando se votó la ley de Garantías que estableció el estatuto de la Santa Sede. El papa siguió siendo soberano y conservó sus posesiones del Vaticano, de Letrán, la Conserjería y de Castel Gandolfo. Sin embargo, detrás de los muros del Vaticano, rehusando todo contacto con el Estado italiano que no había reconocido, Pío IX quedó aislado, prisionero de su intransigencia.

CRONOLOGÍA VIDA DE CAMILO CAVOUR

1810 Nacimiento de Camilo Benso, conde de  Cavour, en Turín, el 10 de agosto.

1847 Fundación del periódico Il Risorgimento. 

1848 Cavour es elegido diputado por Turín.

1849 El 23 de marzo, las tropas de Carlos Alberto son derrotadas por Radetzky. Fracaso de la revolución. Carlos Alberto abdica en favor de su hijo Víctor Manuel II.

1850 Cavour es nombrado ministro de agricultura, y luego de finanzas.

1852 La alianza de Cavour con la izquierda lo obliga a dimitir. El 4 de noviembre,Víctor Manuel II lo llama de regreso y lo nombra presidente del Consejo.

1854 Guerra de Crimea, en la cual participan 21.000 soldados piamonteses.

1858 Entrevista de Plombiéres.

1859 Intervención francesa en el norte de Italia.  Victorias de Magenta y de Solferino. El armisticio deVillafranca es tildado de traición. Lombardía es anexada al Piamonte.

1860 El Piamonte cede Niza y Saboya a Francia. Los ducados de Parma, Módena y Toscana son anexados al Piamonte. La expedición de los Mil, comandada por Garibaldi, se apodera de Napóles el 7 de septiembre. El 11 las tropas piamontesas entran en Umbría y las Marcas.

1861  Se proclama el reino de Italia. Camilo Cavour muere en Turín, el 6 de junio.

Fuentes Consultadas:
HICIERON HISTORIA Biografía de Larousse Entrada: Napoleón III
CONSULTORA Enciclopedia Temática Ilustrada Tomo VIII El Mundo Actual
HISTORAMA Tomo IX – La Unificación Italiana y Alemana – Editorial CODEX
LA AVENTURA DEL HOMBRE EN LA HISTORIA Tomo II La Unificación Italiana Edit. El ATENEO

Biografía de Monroe James Gobierno y Política Externa

RESUMEN VIDA Y GOBIERNO DE JAMES MONROE – LA COMPRA DE LUISIANA

James Monroe (1758-1831), quinto presidente de Estados Unidos (1817-1825). Es recordado por haber proclamado la doctrina que determinaría por mucho tiempo la política exterior de su país y que prepararía su hegemonía en el continente americano, pues al liberar a su país de la diplomacia europea, preparó el camino para que Estados Unidos se transformase en una gran potencia mundial. Fue uno de los negociadores de la compra de Luisiana.

Participó como fundador del Partido Republicano, también llamado Partido Demócrata-Republicano. En 1794 fue embajador en Francia y Gran Bretaña y Ministro de Asuntos Exteriores con el presidente James Madison.

James Monroe, presidente de EE.UU.

James Monroe, autor de la declaración que lleva hoy su nombre (1823). Durante sus dos presidencias
puso término a las luchas entre republicanos y federalistas, admitió el ingreso de los Estados de Misuri y Maine a la  Confederación, reforzó las defensas de las costas y adquirió, en 1819, la Florida.

Nacido en el condado de Westmoreland, el 28 de abril de 1758, el joven Monroe fue admitido en el prestigioso William and Mary College de Williamsburg debido a sus brillantes resultados escolares. Se reveló allí como un alumno un poco indisciplinado, sobre todo deseoso de frecuentar los círculos acomodados de la capital de Virginia, donde en medio de la efervescencia se tramában los acontecimientos que pronto preludiarían la independencia de las colonias inglesas.

Al estallar en 1776 la guerra de la Independencia, Monroe se enroló en el 3er regimiento de Virginia en calidad de cadete, para luego incorporarse al cuartel general de George Washington. Se distinguió en los campos de batalla de Harlem Heights, White Plains y sobre todo de Trenton, donde su conducta heroica, que permitió a los colonos norteamericanos lograr la victoria, le valió ser promovido al grado de capitán.

Una vez finalizados los violentos combates de 1777 y 1778, Monroe era un soldado aguerrido, respetado, que Washington elevó al rango de oficial superior. Se le auguraba entonces una brillante carrera militar; sin embargo, después de la victoria decisiva de Yorktown sobre los ingleses en 1781, Monroe prefirió abandonarla carrera de las armas por las aulas universitarias. Durante dos años tendría como profesor de derecho a su ilustre compatriota Thomas Jefferson, autor de la Declaración de la Independencia, y que fue su mentor político.

Antecedentes de la Época: Bajo la presidencia de Washington se inicio el rápido desarrollo de los Estados Unidos de América. En íntima colaboración con el Congreso, se promulgó el sistema de Cortes Federales, la ley de impuestos aduaneros, la ley monetaria y la creación del Banco de los Estados Unidos. En 1790, un censo de población registró casi 4.000.000 de habitantes, y se estableció un ejército regular de 15.000 hombres.

Luego de un segundo mandato y rechanzando la posibilidad de un tercero, le sucedió John Adams (1797-1801), cuyo gobierno debió enfrentar dificultades políticas surgidas de la consolidación de los dos partidos tradicionales: los federalistas y los democrático-republicanos.

Estos últimos triunfaron en las nuevas elecciones presidenciales, llevando al cargo a Thomas Jefferson por dos períodos consecutivos (1801-1809). Durante el gobierno de Adams, la capital, establecida en Filadelfia, se trasladó a la nueva ciudad de Washington, donde fue inaugurada la White House (Casa Blanca).

Mas tarde bajo el gobierno de James Madison (1809-1817), se ocupó por la fuerza la Florida española, situación que fue solucionada en 1817 mediante la adquisición de los derechos sobre esos territorios. Entre los años 1812-1814, el gobierno de Madison debió enfrentar una guerra contra Gran Bretaña, conflicto terminó con la paz de Gand.A partir de entonces comenzó a perfilarse la potencia de la joven nación.

La conciencia nacional se robusteció, aumentó la población con inmigrantes del Viejo Continente que acudían a millares para radicarse en las tierras que, día a día, se arrancaban a los indios en una incontenible marcha hacia el Far West.

En 1816 es elegido James Monroe, candidato por el partido republicano, que durante el gobierno (1817-1825) se produjo la definición de la postura de EE. UU. ante los problemas coloniales en el continente americano. El anuncio de Monroe comprometía a la nación septentrional en el apoyo a sus hermanas hispanoamericanas en plena guerra por la Independencia.

Adquisición de Florida: Posesión española desde 1513, Florida fue ocupada por su ingleses durante la guerra de 1812, pero fueron los indígenas creek sus verdaderos amos. Al desinteresarse España de una colonia lejana, a los estadounidenses les pareció natural hacer valer su derecho sobre esta región.

So pretexto de una expedición contra los indígenas, y sin orden alguna del Congreso, el general Andrew Jackson se apoderó de Florida en 1814 sin disparar un solo tiro. Ante el hecho consumado, España aceptó las ofertas de compra que se le hicieron por una provincia definitivamente perdida. En 1819 por un tratado España cedió Florida a Estados Unidos por cinco millones  de dólares. El estado recién ingresaría a la Unión en 1845.

La Doctrina Monroe: Para 1825, después de que Portugal hubo reconocido la independencia de Brasil, casi toda América Latina se había liberado de la dominación colonial. Animados por su éxito en la sofocación de las rebeliones en España e Italia, las victoriosas potencias continentales se manifestaron en favor del uso de tropas para restaurar el control español en América Latina.

Esta vez prevaleció la oposición británica a la intervención. Ávidos de obtener el acceso a un continente entero para inversión y comercio, los británicos propusieron una acción conjunta con Estados Unidos contra la interferencia europea en América Latina.

Desconfiado de los motivos británicos, el presidente estodounidense James Monroe actuó solo en 1823, garantizando en la famosa Doctrina Monroe la independencia de las nuevas naciones latinoamericanas y advirtiendo contra cualquier intervención europea posterior en el Nuevo Mundo.

En realidad, los barcos británicos fueron más importantes para la independencia latinoamericana que las palabras estadounidenses. La armada británica se interpeponía entre América Latina y cualquier fuerza europea de invasión, y potencias continentales se mostraban en extremo renuentes a desafiar al poderío naval inglés.

Como presidente a partir de 1816, trató de representar a toda la nación, por lo que durante sus dos mandatos se apaciguaron las tensiones políticas entre federalistas y republicanos. Aunque cuestionó la competencia del Congreso para restringir la esclavitud en los diferentes Estados, aceptó el equilibrio pactado entre los intereses del Norte y los del Sur por el Compromiso de Missouri (1820), que dividía el país en Estados esclavistas y Estados abolicionistas. La Administración Monroe fijó también las fronteras con el Canadá británico (Convención de Londres, 1818) y extendió el territorio estadounidense mediante la compra de Florida a España (1819).

Al final de su segundo mandato, en 1825, James Monroe cedió su sillón en la Casa Blanca a John Quincy Adams. Retirado en sus tierras de Virginia, sin gran fortuna, se esforzó exigiendo al gobierno que aceptase indemnizarlo por sus misiones en Europa. No obtendría recompensa, por lo que pasaría modestamente sus últimos años en Nueva York, donde murió el 4 de julio de 1831.

CRONOLOGÍA DE SU VIDA

1758 Nacimiento de James Monroe  en Virginia, el 28 de abril.

1774 Ingresa al William and Mary College.

1776 Comienzo de la guerra de la Independencia.  Monroe se enrola en el 3er regimiento  de Virginia y se distingue en la   batalla de Trenton.

1781 Victoria decisiva deYorktown. Monroe retoma los estudios de derecho.

1783 Es elegido representante de Virginia ante el Congreso.

1790 Monroe es elegido senador de Virginia.

1796 Es ministro plenipotenciario en Francia.

1799 Llega a ser gobernador de Virginia.

1803 Nueva misión en Francia. Negocia   la compra de Luisiana.

1803-1807 Ministro plenipotenciario en  Gran Bretaña y luego en España.

1810 Monroe ocupa un asiento en la   Asamblea de Virginia.

1811-1814 Es secretario de Estado del  presidente Madison.

1816 Monroe, candidato republicano, es elegido 5° presidente de los Estados Unidos.

1819 Adquisición de Florida.

1820 «Compromiso» de Missouri. Monroe es reelegido presidente.

1823 Proclamación de la  «doctrina Monroe».

1825 Monroe se retira a Oak Hill.

1831 Muerte de James Monroe, el 4 de Julio.

Fuente Consultada:
Civilizaciones de Occidente Tomo B Jackson J. Spielvogel
Hicieron Historia Biografías Tomo II James Monroe Editorial Kapelusz

Biografía de Giussepe Garibaldi Los Mil Camisas Rojas en Italia

LA UNIDAD DE ITALIA  – RESUMEN DE LA VIDA MILITAR DE GIUSEPPE GARIBALDI

Giuseppe Garibaldi, nació en Niza el 4 de julio de 1807 y murió en Caprera (Reino de Italia) un 2 de junio de 1882, fue un general y político italiano. Fue un revolucionario nacionalista  y líder de la lucha por la unificación e independencia de Italia, por lo que se lo considera una figura clave del Risorgimento italiano por haber conducido y luchado en muchas campañas militares que llevaron a la Constitución de la Italia. Es apodado el Héroe de Dos Mundos, porque su acción  militar fue tanto en América del Sur como en  Europa.

Giuseppe Garibaldi

Giuseppe Garibaldi fue un patriota italiano que, tras acaudillar distintas tropas en Sudamérica, regresó a la lucha de su país por la independencia, en la que colaboró decididamente. Al final de su vida escribió una serie de novelas y sus propias memorias desde su retiro en la isla de Caprera.

Es conocido como el “Héroe de Dos Mundos” porque sus empresas militares las realizó tanto en América del Sur como en Europa, lo que le valió una reputación considerable tanto en Italia como en el extranjero. Los más grandes escritores, entre ellos el francés, Victor Hugo, Alejandro Dumas, George Sand mostraron su admiración y lo consideraron un héroe del romanticismo épico de esa época. También el Reino Unido y  Estados Unidos han sido de gran ayuda en sus campañas, ofreciéndoles, en circunstancias difíciles, su apoyo financiero y militar.

Fue un convencido republicano, pero reconociendo la autoridad monárquica de Carlos Alberto y Víctor Manuel II, la columna vertebral de la acción unitaria. La famosa expedición de los Mil será el elemento culminante de su acción, pues conquista el sur de la península que convirte en rey de Italia a Víctor Manuel II, Sus últimas luchas para la la integración de los romanos en el reino de Italia fracasaron, por lo que la monarquía confió  a otros la tarea de conquistar Roma.

La ciudad natal de Garibaldi, Niza, se mantiene muy unida durante toda su vida. Esta ciudad pertenecía al reino de Cerdeña, y se convirtió en francesa entre 1793-1814, durante el período napoleónico (campaña de Italia). Durante el período francés, los registros civiles están escritos en francés, y el niño Giuseppe está registrado con el nombre de José María Garibaldi. Fue bautizado 19 de julio 1807 en el Saint-Martin-Saint-Augustin, ubicado en el distrito actual de la antigua Niza: su padrino fue José Garibaldi y su madrina Julie Marie Garibaldi.

Su padre Domenico, nacido en Chiavari en la zona de Génova,  es un capitán de la marina mercante, su madre Rosa Raimondi es de Loano, en Liguria. De su unión nacieron seis hijos,  Angelo , Giuseppe, Michele y Felice, y dos hijas que murieron en la infancia.

Sus padres querían que Giuseppe fuese abogado, médico o sacerdote, pero al niño no le gustaba la escuela y se centra en las actividades físicas y el mar era su gran pasión, que lo consideraba “como su mejor amigo en la infancia”. Un día, toma un barco y zarpa a Liguria con algunos compañeros, pero fueron arrestados y llevados de vuelta a casa de sus padres. Realizó cursos de italiano y de historia antigua por parte de su tutor, el señor Arena, un veterano de las campañas napoleónicas, y nace en el joven Giuseppe una fascinación especial por la antigua Roma.

Convence a su padre para que le permitiera seguir una carrera marítima y, a los quince años, y a los 17 años se embarca en el Costanza controlado por Angelo Pesante Sanremo. Su primer viaje lo llevó a Odessa, en el Mar Negro y llegó hasta Taganrog en el mar de Azov, para comerciar  trigo.

En 1825, con 18 años junto a su padre descubrió Roma, llevando un cargamento de vino destinado a los peregrinos en el jubileo del Papa León XII. Este viaje fue una decepción, pues la Roma de los papas, era un ambiente corrupto y de obstentación, muy diferente de lo que se imaginaba.

En 1827 se embarcó desde Niza hacia el Mar Negro, su barco fue atacado por piratas griegos que los saquearon, pero el viaje continúa hacia su destino, en 1828, cae enfermo y al llegar a Constantinopla, permanece  en la comunidad italiana hasta 1832, donde se  gana la vida enseñando italiano, francés y matemáticas.

En febrero de 1832, recibió la licencia de capitán de segunda clase y abordó el bergantín Clorinde para el Mar Negro, donde conoce otros intelectuales que le trasmiten las ideas de la unificación italiana.

La península italiana desde la caída del Imperio Romano estaba formada por una multitud de pequeños estados independientes. La ideas de libertad e independencia de la Revolución Francesa  atraen el sentimiento nacional y republicano de este joven marino. Nacieron también simultáneamente algunos movimientos insurreccionales en 1820 y 1831, que despiertan aun mas ese sentimiento nacional italiano.

La historiografía oficial afirma que Giuseppe Garibaldi conoció a Giuseppe Mazzini  en 1833 en Marsella y se une a la Joven Italia, una  asociación política secreta de Mazzini, que pretendía transformar a Italia en una república unitaria democrática.

Como marinero Garibaldi debe cumplir el servicio militar durante cinco años en la Marina de Cerdeña; se alistó en diciembre de 1833, pero debió desertar en 1834 cuando se negó a actuar contra un  movimiento insurreccional mazziniano en Génova. Reconocido como parte de la conspiración, fue condenado “a la pena de muerte ignominiosa” en ausencia, como un enemigo de la patria y del Estado. Garibaldi se convierte en un “bandido”,  huyó a Niza y luego cruzó la frontera para unirse en Marsella, a su amigo Giuseppe Pares.

Para evitar ser descubierto, tomó el nombre de Joseph Pane; en julio se embarcó hacia el Mar Negro y en marzo de 1835 se dirige a Túnez. Italia se ha convertido en un lugar prohibido debido a la pena de muerte que pesa sobre él, y sólo la contempla desde lejos con sus recuerdos. Pronto, en ese mismo año,  se le presenta una oportunidad de  viajar a Río de Janeiro, Brasil, y se embarca bajo el nombre de Giuseppe Pane, con la intención de difundir los ideales Mazzini en el nuevo continente.

Después de la conquista napoleónica de España, las colonias de América del Sur participan en un proceso de independencia que termina con la derrota de España. Los virreinatos se dividen en una serie de repúblicas independientes,  como la Confederación Argentina, Paraguay, etc.

En cuanto a Brasil, después de la invasión de Portugal por Napoleón, la familia real se exilió en Río de Janeiro y la colonia se transforma en un reino. Juan VI regresó a Lisboa debido a la revolución liberal de 1820, mientras que su hijo Pierre se convirtió en regente de Brasil. En 1822 se convirte en emperador de Brasil bajo el nombre de Pedro el Grande.

Cuando Garibaldi, que a pesar de su distanciamiento, siempre se mantuvo en contacto con los patriotas italianos, se entera de los trastornos y conflictos que tienen lugar en Italia, decide regresar inmediatamente a su Italia, porque además comienza un período de una relativa paz en las excolonias españolas de america del sur. En enero de 1848, después de 14 anos de luchas, Garibaldi regresa a Niza acompañado de 63 compañeros.

A finales del siglo XIX , Montevideo contaba con seis calles con el nombre del héroe y el país tiene al menos cinco monumentos. El 4 de julio de 1907, para el centenario del nacimiento de Garibaldi, el presidente decretó un día de fiesta nacional y se celebró ante 40.000 personas. El 2 de junio de 1882, cinco días antes de la muerte del héroe, se crea el Círculo Legionarios Garibaldinos que todavía hoy  existe en forma de una asociación.

Europa está experimentando en el curso de 1848, una serie de revoluciones por el que las manifestaciones demandan más libertad y que se llama la Primavera de las Naciones. Comenzó en Francia dando luz a la Segunda República, y estas revoluciones se extiendes a Alemania, Rumania, Hungría, Polonia y Austria, pero fracasan.

En 1848, ya en Niza Garibaldi  con 150 voluntarios ofrece  ayuda al rey de Piamonte-Cerdeña, Carlos Alberto. El otrora republicano luchaba entonces al servicio del rey. Junto con sus voluntarios, Garibaldi combatió contra Austria, en el Milanesado, pero sin éxito, antes de marchar sor Roma donde proclamó la República en 1849.

Sin embargo, el triunfo fue efímero, Napoleón III acudió en ayuda del papa Pío IX y expulsó a Garibaldi de la Ciudad Eterna. Para el aventurero italiano comenzaba  nuevamente el exilio en Londres, Estados  Unidos, e incluso, China.

A su regreso a Italia en 1854, Garibaldi. aún soñaba con aventuras y se puso de inmediato al servicio del nuevo rey de Piamonte-Cerdeña, Víctor Manuel II, que le confió el mando de los cacciatori delle Alpi, los cazadores alpinos. A la cabeza de este regimiento, Garibaldi se hizo famoso en la lucha contra Austria que, en 1859 terminó con la anexión de la Lombardía al Piamonte, seguida de cerca por los ducados de Parma, Toscana, Módena y las legaciones de Bolonia y Ferrara.

La prensa italiana e internacional después de las acciones de Garibaldi, lo retrataron como un héroe nacional con el título “Garibaldi el general romano.” En cuanto al diario británico The Times, envió a un enviado especial para expresar la gran admiración por Garibaldi.

LOS MIL, CONQUISTA DE SICILIA

Víctor Manuel ayudó a Garibaldi a reclutar y armar a sus voluntarios, los «Mil» camisas rojas. La expedición partió de Genova en dos barcos, y desembarcó en Marsala, el 11 de mayo de 1860. Los camisas rojas fueron bien recibidos por los campesinos pobres, pero mal por los nobles. Muchos voluntarios sicilianos se unieron a Garibaldi, quien proclamó la dictadura en nombre de Víctor Manuel.

El 27 de mayo, entró en Palermo, que se rindió el 6 de junio. El problema social vino a complicar la situación: la insurrección se había extendido por el interior, pero, para los campesinos, unidad y libertad significaban también la posesión de la tierra. Varios propietarios fueron ejecutados; en Palermo, Garibaldi tomó la medida de vender los bienes comunales, y abolió el «macinato», es decir, los detestados impuestos sobre la molienda del trigo.

Pero esto no era suficiente: durante tres meses, se incubó la guerra civil, la guerra de clases, «cafoni» contra barones, «gorros» contra «sombreros». Una famosa novela de Giovanni Verga, titulada «Libertad», pinta a la multitud campesina, enarbolando sus guadañas, congregada en la plaza de Bronte, lanzando gritos de muerte contra los «caballeros», contra sus guardabosques y contra sus guardias particulares.

Los aristócratas, feroces autonomistas, se convirtieron en seguida en unitarios, por miedo a quedarse solos frente a la sublevación. Crespi tomó en sus manos la represión, con ayuda de la Guardia Nacional y de los consejos de guerra. Centenares de campesinos y de artesanos fueron fusilados o encarcelados. La novela de Verga concluye con estas exclamaciones de una de las víctimas:   «¿Adonde me lleváis?   ¿A galeras? ¿Por que? No he tocado un solo palmo de tierra! Y nos habeís asegurado que esto es la libertad!

En los últimos días de Julio, caía Mesina: toda Sicilia estaba bajo el control de Garibaldi.

El partidario de la República italiana: Si Garibaldi fue el brazo armado de la unificación italiana, Mazzini fue uno de los promotores y su principal teórico. Fundador del movimiento «Joven Italia», Mazzini soñaba con reunir a toda Italia bajo la bandera de la República. Promotor de las insurrecciones de 1848, que no prosperaron, conoció una gloria efímera en Roma donde fue uno de los triunviros, antes del restablecimiento de la autoridad papal en 1849. En Fe y porvenir (1835) y Deberes del hombre (1837), publicados durante su exilio en Londres, predicó la rebelión en un tono que hizo del ideal republicano una verdadera profesión de fe. Mazzini sembró en el espíritu de toda una generación la esperanza de la unidad republicana de Italia. Garibaldi perteneció a esta generación y cumplió, por cuenta de la monarquía de Piamonte-Cerdeña, con los deseos de Mazzini.

En 1850  escribe Sus memorias,  y al cabo de unos meses, el 27 de Junio ​​de 1850, viaja a Nueva York con la esperanza de reanudar su actividad marina. Hasta marzo de 1851, trabajó en la fábrica de velas de Antonio Meucci, conocido por inventar el teléfono antes de Alexander Graham Bell.

Se fue a Perú para participar como capitán en la marina y viajar por el mundo. En enero de 1852, obtuvo la ciudadanía peruana y el mando del Carmen barco con el que salió a la venta a China de guano y luego se fue a Manila y Australia.En enero de 1853, se encuentra en Lima y de regreso a Boston el 6 de septiembre y luego a Nueva York, donde dejó su posición de capitán debido a un desacuerdo financiero con el armador. Su madre murió 20 de marzo 1852.

Cuando falleció, el 2 de junio de 1882, su leyenda ya era conocida: la del héroe que había luchado por la independencia en Sudamérica, del artífice de la unidad italiana y de un romántico que consagró su vida combatiendo valerosamente por las causas nobles. Fue un personaje legendario, Garibaldi fue por mucho tiempo objeto de un ferviente culto popular en su país. Se le alababa particularmente su clemencia hacia el enemigo.

En todos los lugares donde luchó, tanto en América como en Italia y en Francia, se convirtió en un héroe de la independencia de los pueblos. Aventurero romántico, Garihaldi dirigió sus combates tratando de no depender jamás de los intereses políticos.

CRONOLOGÍA DE SU VIDA

1807 Nacimiento de Giuseppe Garibaldi  en Niza, el 4 de julio.

1833 Adhesión al movimiento «Joven Italia» de Mazzini.

1835Viaje a Sudamérica.

1843 Garibaldi funda los Camisas rojas en Montevideo, Uruguay.

1848 Regreso a Italia.

1849 Garibaldi se apodera de Roma en febrero y proclama la República.Es expulsado en abril.

1849-1854 Nuevo exilio.Viajes por América y Asia.

1859 Garibaldi combate contra los austríacos para Víctor Manuel II.

1860 Expedición de los Mil.

1861 Víctor Manuel II es proclamado rey de Italia.

1870 Las tropas del general Cardona entran en Roma. Culminación de la unidad italiana.

1870-1871 Garibaldi combate en Francia contra los prusianos.

1872 Garibaldi se retira a la isla de Caprera.

1874 Es elegido diputado de Roma.

1882 Muerte de Garibaldi, el 1 de junio en Caprera.

Fuente Consultada:
Hicieron Historia Biografías de Larousse Tomo II Entrada Giuseppe Garibaldi

Las Colonias Francesas en Norteamérica Colonizacion

LA COLONIZACIÓN DE FRANCIA EN AMÉRICA DEL NORTE

Despúes de las terribles Guerras de Religión, el reinado reparador de Enrique IV volvió a ranudar las tentativas ed colonización en esta Nueva Francia, que Rovelvano había conseguido establizar por largo tiempo. Primero Richeliue y despúes Colbert continuaron la obra iniciada por Samuel Champlain, verdadero fundador del Canadá.

Enviado por una compañía mercantil instala en 1604 el primer grupo de colonos, funda Quebec en 1608 (en el mismo momento en que la colonia de John Smith comenzaba a organizarse en Virginia) y, durante ocho años, lo mismo en París que en la Nueva Francia, vela por el desarrollo de su obra.

Practica una política de alianza con los hurones y los algonquinos, contra sus enemigos los iraqueses, sostenidos por los ingleses, lo que arrastra a los colonos, poco numerosos (no llegaban a 2.000 en el año 1660), a interminables guerras indias. En el transcurso del conflicto contra Inglaterra, a la que apoyaban los protestantes de la Rochela, Quebec fue tomada por los ingleses y restituida en el año 1632. Richelieu y Colbert querían hacer del Canadá una provincia próspera que les abasteciera de ganado, de madera de construcción, de navios. Agricultores y ganaderos se instalaron a lo largo del San Lorenzo.

El rey de Francia estimaba, contrariamente a los británicos, que los protestantes no debían establecerse en la colonia (temiendo que, siendo demasiado numerosos, hiciesen secesión para unirse a sus correligionarios anglosajones). Después de la revocación del Edicto de Nantes, millares de hugonotes emigraron a Holanda y a Inglaterra, en lugar de aportar su trabajo y sus capitales al Canadá.

Desde el principio, la Iglesia Católica fue allí muy influyente; sobre todo, después de la muerte de Champlain, el obispo y el superior de los jesuítas se sentaban a ambos lados del gobernador en el consejo de la colonia. Los misioneros recibieron inmensas concesiones. El cierre del país a los protestantes y la primacía concedida a la pequeña nobleza de Bretaña y Normandía, que trasplantaron un sistema señorial y feudal arcaico, desalentaron a muchos emigrantes.

Al lado de los agricultores, otros colonos aventureros se hicieron «corredores de los bosques», penetrando hacia el interior para comprar pieles (de castor, de zorro) a los indios; y sus canoas cargadas de pieles se reunían todos los años en Montreal. En el año 1663, la Carta de la Compañía de la Nueva Francia fue revocada y la colonia devuelta al dominio real.

Ocupación francesa de Carolina—Miniaturas ejecutadas en 1564 por Jacobo le Mayne de Morgues en «Estampas contemporáneas y ritos de esta parte de América llamada Virginia»—Reproducidas con la autorización del Servicio Hidrográfico de la Marina, París.

EL PADRE MARQUETTE. CAVELÍER DE LA SALLE EL MISSISSIPI
El conde de Frontenac fue el primer gran gobernador enviado por Francia (1672-1682). Dio un vivo impulso a los viajes de descubrimiento a lo largo de las corrientes fluviales, tan importante desde el punto de vista estratégico y económico.

El jesuíta padre Marquette y Luis Joliet exploraron en una canoa el Wisconsin y fueron arrastrados hasta el Mississipí, comprobando entonces que el gran río no iba hacia el Oeste, sino hacia el Sur; después de haber alcanzado la confluencia del Arkansas, volvieron por el Illinois y la región de Chicago (1673). Un alumno de los jesuítas, Cavelier de la Salle, preparó cuidadosamente una expedición con la finalidad de bajar por el Mississipí hasta el mar. Con el caballero de Touty y el padre Hennepin, sale de Quebec en 1676 y, cruzando los Grandes Lagos y el Illinois, alcanza el río y levanta los dos fuertes de Crévecoeur y de San Luis.

En 1682, construye otro fuerte en la confluencia del Ohío, toma posesión del Arkansas y desemboca por fin en el inmenso Golfo de México, bautizando el nuevo descubrimiento con el nombre de Luisiana en honor de Luis XIV, y haciendo alianza con los indios natchez. Tardó año y medio en llegar de vuelta al Canadá.

De regreso en Francia, volvió a partir para llegar por mar a la desembocadura del Mississipí, pero erró en vano a lo largo del Golfo sin llegar a conseguirlo. Fue miserablemente asesinado a consecuencia de un motín de sus hombres (1627). Hasta comienzos del siglo XVIII no comenzó Luisiana a organizarse con la fundación de Nueva Orleáns (1718). Así, entre las colonias inglesas del Este y el interior del país, se interponían vastos territorios franceses jalonados por los fuertes de los Grandes Lagos, del Ohío y del Míssissipi.

Por otra parte, los franceses se habían instalado, a partir de 1635, en las islas de las Antillas, que los españoles habían descuidado: Martinica, Guadalupe, Santo Domingo, Santa Cruz, etc. Plantaciones de azúcar, de tabaco, de café, etc., se establecieron en ellas a fines del siglo, gracias a la mano de obra negra. Había en las «Islas» más de 50.000 esclavos, tratados con brutalidad y despreciados a pesar del «código negro» que había promulgado Colbert en 1685. Entre tanto, las colonias inglesas no habían cesado de crecer, mucho más rápidamente que el Canadá francés.

El Canadá tardó en poblarse por la falta de inmigrantes. En 1663 no contaba nada más que con 2.500 franceses, de los cuales 800 se hallaban instalados en Quebec. Campesinos y burgueses rehusaron expatriarse a un país que les parecía un desierto. Los primeros en llegar son los «comprometidos». «Entre la gente honesta viene terrible gentuza», apunta en 1642 María Guyard, primera superiora de las Ursulinas de Quebec.

EL DESENVOLVIMIENTO DEL SUR: MARYLAND Y CAROLINAS
Sir Georges Calvert era un gentilhombre católico amigo del rey Carlos I que no podía confiarle altas responsabilidades en Inglaterra a causa de su religión. En el año 1629, el rey le concedió el título de Lord Baltimore y le otorgó en propiedad las tierras que se extendían desde el norte del Potomac hasta los límites de la Nueva Inglaterra (aproximadamente, en la latitud de la futura Filadelfia).

El hijo de Lord Baltimore bautizó la región con el nombre de Maryland en honor de la reina Enriqueta María, esposa del rey de Inglaterra Carlos I, y emprendió la tarea de mejorar el dominio legado por su padre, que murió prematuramente.

Los primeros colonos llegaron en 1634. Cecil Calvert, soberano feudal, jefe tanto de la administración como de las fuerzas armadas, dio tierras a todos los gentileshombres que llevaran con ellos por lo menos cinco hombres; trató de mantener un buen entendimiento entre católicos y protestantes, lo que no siempre fue fácil después de la guerra civil en Inglaterra, donde los puritanos eran cada vez más influyentes; en 1649, fue votada un Acta de Tolerancia por la asamblea de colonos, la cual garantizaba la libertad de conciencia para todos aquellos que creían en Jesucristo.

Calvert tuvo, igualmente, muchas dificultades con los virginianos, que miraban a las gentes de Maryland como intrusos dentro de sus territorios. En el trascurso de la dictadura de Cromwell, Lord Baltimore fue privado de su gobierno y dominaron los puritanos; pero volvió a recuperar todos sus derechos después de la restauración de los Estuardos, en el año 1660.

La revolución de 1688 y el advenimiento de Guillermo III de Orange tuvieron importantes consecuencias: Lord Baltimore tuvo que convertirse al protestantismo para conservar la propiedad de sus tierras, y a la Iglesia Católica le fue prohibido celebrar públicamente sus ceremonias. La capitalidad pasó de Saint Mary’s City a la ciudad protestante de Annapolis y, en lo sucesivo, la corona de Inglaterra controlaría el gobierno. Inspirándose en el ejemplo de su padre, Carlos II quiso recompensar a los fieles que le habían ayudado a reconquistar su trono después de la muerte de Cromwell, tales como Monk, Clarendon, Carteret, etc., y les dio territorios al sur de Virginia, los cuales fueron bautizados con el nombre de Carolina en homenaje al rey y muy pronto divididos en Carolina del Norte y Carolina del Sur.

Estos aristócratas pidieron al célebre John Locke (1669) que redactara una Constitución para sus Estados en la que se establecía una verdadera servidumbre ¡mientras tantas tierras estaban libres! Las Carolinas pasaron a ser colonias de la corona en 1729. Lord Berkeley y Sir Georges Carteret obtuvieron una región entre el Hudson y el Delaware, a la que llamaron Nueva Jersey, donde fueron fundadas Newark y Elisabethtown. Nueva Jersey pasó a la corona en el año 1702.

Los franceses de Canadá están agrupados en tres poblaciones principales: Quebec, Trois Riviéres y Montreal. En Quebec tenían su sede las casas comerciales que mantenían relaciones con los puertos franceses. Los negociantes de Quebec habitaban de forma permanente en la ciudad.

En cambio, en Montreal tenían su base de operaciones los comerciantes nómadas que recorrían el país en busca de mercancías -pieles, especialmente- para enviar a la metrópoli. Una red de fuertes, a la vez puestos militares y factorías comerciales, fue construida por los franceses a partir de 1675. Junto a la orilla oriental del lago Ontario se levantaba el fuerte Frontenac, avanzadilla francesa en los territorios de los iroqueses, los indígenas que habitaban aquellas tierras.

Entre los lagos Erie y Ontario estaba el fuerte Niágara; entre el lago Erie y el Michigan, el fuerte de San José de los Miamis, y en la confluencia de los lagos Superior, Michigan y Hurón se alzaba el fuerte Michillimackinac. De esta manera, la región de los Lagos quedó sometida a la dominación de los franceses.

En 1682 la población dé Canadá abarcaba 12.000 colonos, entre los que vivían más de un millar de indios. Uno de estos colonos, René-Robert Cavelier, señor de La Salle, conseguiría aumentar las posesiones de Luis XIV con una nueva colonia: Luisiana.

Ver: Fundación de New York

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo VI La Gran Aventura del Hombre

Gladstone Primer Ministro de Inglaterra Obra Política

LAS REFORMAS POLÍTICAS EN INGLATERRA

Palmerston murió en 1865. La autoridad del viejo líder liberal no se discutía, pero su muerte vino a descubrir ambiciones nuevas, que esperaban, impacientes, a la sombra del poder. Los liberales encontraron un jefe que se impuso rápidamente: Gladstone. Hijo de un negociante muy rico, había nacido en 1809. Siguió la pauta ya clásica de la buena educación británica, en que la alta burguesía se codea con la aristocracia: Eton y Oxford moldeaban la clase dirigente inglesa.

Lord Palmerston fue ministro de Asuntos Exteriores y del Interior antes de convertirse en 1855, por primera vez, en primer ministro británico. Fue un firme defensor del principio de preeminencia que su país debía desempeñar en el ámbito de las relaciones internacionales.

A los 21 años, la fortuna de Gladstone le permitió obtener —o casi comprar— un escaño de diputado, pero su talento no tardó en manifestarse. Cinco años después, era ya secretario de estado, miembro del partido Tory. Sin embargo, estaba a favor de Peel, y la cuestión del libre cambio le llevó al campo de los liberales. En 1852, fue canciller del Echiquier, es decir, ministro de hacienda. En 1868, a los 59 años  de  edad,  sería primer  ministro.

Gladstone, primer ministro ingles
Gladstone, líder del Partido Liberal, fue primer ministro en cuatro legislaturas durante el reinado de Victoria I. Era el rival político de Benjamin Disraeli, ante quien perdió el cargo de primer ministro en una ocasión para recuperarlo más tarde.

Gladstone era un orador extraordinario, que conseguía dar una claridad luminosa a los más complejos problemas. Su inteligencia y su estilo conquistaron muy pronto a Inglaterra, pero Gladstone no pudo admitir jamás que las reglas de la moral no se aplicasen estrechamente a la política.

Su vida privada, austera, rígida (en la tarde de su noche de bodas, pasó muchas horas leyendo la Biblia con su joven esposa), se reflejaba, intacta, en su vida pública.

Aquella integridad podía estimular a los ingleses a confiar en Gladstone, pero, a la larga, algunos empezaron a pensar que llevaba a Inglaterra a la ruina, porque si Gladstone creía que el poderío inglés no debía deseansar sobre una inmoralidad, ¿no llegaría a parecerle necesaria la devolución de todas las conquistas inglesas, que podían ser tachadas de «inmoralidad»? Así lo hizo con Irlanda, y sus adversarios temían que fuese a hacer lo mismo con el resto del Imperio. Se le describía como a un liquidador del Imperio, y los humoristas le imaginaban respondiendo favorablemente a una reclamación de los chinos acerca de Escocia.

Si Gladstone podía parecer un ángel, su adversario, Disraeli, tenía que parecer un demonio. De origen judío y de nacimiento humilde, Disraeli —al contrario que Gladstone— hubo de vencer grandes dificultades hasta alcanzar riqueza y honores. Para ser admitido en la alta casta aristocrática inglesa, Disraeli tuvo que hacerse una personalidad: refinar su acento, sus maneras, su forma de vestirse.

Durante muchos años, fue incluso un dandy. ¿Fue porque él habría querido ser más «viejo inglés» que los aristócratas de larga tradición, por lo que se dedicó, más que ningún otro, a mantener la  superioridad  inglesa,  a  acentuar  su  carácter altivo e insular? Gladstone, aristócrata, quería imponer la democracia y la justicia. Disraeli, de origen humilde, quiso afirmar la grandeza inglesa por la vía aristocrática.

El conflicto de aquellas dos brillantes personalidades caracterizaría la vida política inglesa durante veinte años, le daría un notable relieve, y, sobre todo, iniciaría el camino de profundas reformas, pues cada uno de ellos adoptaba las reformas propuestas por el otro, para asegurarse el mayor número de sufragios. La primera mitad del siglo había visto nacer la potencia industrial británica. Gracias a Disraeli y a Gladstone, la rica Inglaterra podía permitirse ahora el lujo de un poco de justicia social.

Durante los 16 años posteriores a la muerte de Palmerston en 1865, la rivalidad entre William Ewart Gladstone y Benjamin Disraeli dominó la vida política británica. Ambos habían comenzado su carrera política en el Partido Tory, pero Gladstone acabó pasándose al campo liberal. Disraeli se había convertido en el líder de los proteccionistas en la Cámara de los Comunes entre 1840 y 1850 y a partir de este año sirvió en los breves gobiernos de lord Derby, a quien sucedió como primer ministro a principios de 1868, pero una victoria liberal en las elecciones de diciembre de ese año dió el puesto a Gladstone.

disraeli, primer ministro ingles

Disraelí fue primer ministro, por primera vez, en 1867. Gladstone y los liberales dirigieron el país, desde  1868  a   1874. A continuación, volvió Disraeli, hasta 1880. Luego, Gladstone recobró el poder hasta 1886. En efecto, si Disraeli y los conservadores lograron formar gobierno en 1867, fue porque supieron aprovechar una discordia pasajera surgida en el grupo de los liberales, acerca de la reforma electoral.

Gladstone, que trataba de modificar la ley en un sentido más liberal, no logró la mayoría entre sus «tropas», y los Tories, deseosos de obtener una mayoría en la Cámara, aprovecharon la ocasión. ¿Qué podían perder ellos ampliando el cuerpo electoral?. Nada, porque, de todos modos, desde Peel, los escrutinios les habían sido sistemáticamente desfavorables. Nada podía, pues, empeorar la actual situación: por el contrario, extendiendo el derecho de voto, Disraeli podía esperar el agradecimiento de los nuevos electores. Por otra parte, él sabía que los nuevos electores no mantendrían una posición inmutable, como los precedentes.

Los conservadores querían que aquella situación cambiase, y así se votó, en 1867, con la ayuda de algunos liberales, la primera reforma electoral. Un cierto número de puestos fue retirado de los «burgos podridos» y trasladado a localidades que habían tenido un gran desarrollo, gracias al progreso de la industria: era un primer esfuerzo por hacer coincidir el país legal (hasta entonces, esencialmente rural) con el país real (cada vez más industrial).

Al mismo tiempo, la reforma preveía un aumento del censo electoral: todavía no se pensaba en el sufragio universal, pues se consideraba que los impuestos del Estado sólo podían ser votados por los que pagaban los impuestos y que, en consecuencia, estaban ligados, por su propia fortuna y por las responsabilidades que de ella se derivaban, al destino de las finanzas públicas. Con el aumento del censo, se pasó de 1.300.000 a 2.500.000 electores. Esta nueva masa de electores defraudó, sin embargo, las esperanzas de Disraeli.

En 1868, en los Comunes se sentaba una mayoría liberal pero Gladstone continuó la obra de Disraeli. En 1872, se promulgó el «Ballott Act», que instituía el voto secreto: una ley capital, porque permitía evitar fraudes y presiones. En efecto, ¿cómo comprar el voto de un elector cuando no se puede saber qué nombre ha metido en la urna? Además, el aumento del número de electores, por sí solo, modifica ya la vida política.

Comprar a un centenar de electores era posible para un candidato rico, pero, desde que las circunscripciones estaban mejor distribuidas, se precisaban millares de votos, y esto desbordaba las posibilidades de las fortunas privadas. Serían elegidos los que obtuviesen la investidura y el apoyo de un partido, pues los partidos, en efecto, disponían de fondos, podían promover candidaturas rivales contra los recalcitrantes, y simbolizaban una ideología, lo cual, entre las masas, tiene más peso que una reputación local.

La reforma benefició, pues, a los dos partidos, que aumentaron su ascendiente. En 1884, Gladstone proseguirá esta apertura: el cuerpo electoral se duplicará una vez más, pasando de 2.500.000 a 5.000.000 de votantes. Sólo quedan excluidos 2.000.000 de peones industriales y agrícolas, los más desgraciados del país, a quienes todos —tanto los aristócratas como los obreros acomodados— consideran «políticamente incapaces».

Las mujeres, desde luego, estaban excluidas todavía del censo electoral. La política seguía siendo un asunto de hombres.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IX La Gran Aventura del Hombre

Primeras Asociaciones de Trabajadores en Inglaterra Sindicatos

SINDICATOS: PRIMERAS ASOCIACIONES DE TRABAJADORES

La aparición del proletariado, su rápido crecimiento y su constitución como clase son algunos de los aspectos esenciales de la sociedad del siglo XIX. La industrialización generó un nuevo tipo de relaciones sociales en las que la desigualdad económica y la miseria obrera se convirtieron en el centro de una nueva conflictividad social.

En un primer momento, la burguesía y el nuevo Estado liberal se negaron a aceptar las reivindicaciones del proletariado y su derecho a tener un papel en la vida social y política. Pero, poco a poco, los sindicatos y las nuevas ideas sociales (marxismo y anarquismo) se fueron extendiendo. En la segunda mitad del siglo XIX, la voluntad de unir al proletariado dio origen a una organización obrera de carácter internacional: la AIT (Asociación Internacional de Trabajadores).

En el último tercio del siglo, la clase obrera entró en su fase de madurez. El sindicalismo se consolidó como una fuerza presente en todos los países industrializados y el socialismo y el anarquismo se afirmaron como las dos ideologías con más influencia dentro de la clase obrera.

La necesidad de conseguir una gran acumulación de capital por parte de los empresarios tuvo como consecuencia el mantenimiento de unos salarios muy bajos y de unas pésimas condiciones de trabajo. Las jornadas laborales eran largas y agotadoras y, en muchos casos, superaban las quince horas diarias. Además, el trabajo se hacía en lugares insalubres, ya que muchas fábricas eran oscuras y malsanas y, en el caso de la industria textil, muy húmedas . En cuanto a los salarios, éstos eran tan bajos que sólo permitían la estricta subsistencia. En el año 1825 un médico francés describió esta situación diciendo: «para los obreros vivir es no morir».

Toda prosperidad material de la burguesía industrial y financiera de aquella etapa, se apoya en la miseria de los proletarios, tal como la han descrito los grandes autores, sobre todo Dickens.  En  realidad, parece que el nivel de vida de los obreros, incluso el de los más miserables, se ha elevado, pues los salarios, entre 1850 y 1900, han aumentado más que el coste de la vida.

Pero, a pesar de aquella ligera mejora, lo que impresionó a los ingleses fue que la miseria se manifestaba por todas partes. Antes, en la Inglaterra rural, la miseria se ocultaba, o, por lo menos, estaba muy diseminada para poder imponerse como un fenómeno social. Con el desarrollo de las ciudades, las masas proletarias se hacinaban en los slums, las zonas de los tugurios.

La promiscuidad daba orígen a todos los vicios. La prostitución, el crimen y el alcoholismo reinaban en algunos barrios obreros, favorecidos por la repugnante insalubridad de los alojamientos. La burguesía urbana, de pronto, tomaba conciencia de la miseria del pueblo, pero la mayor parte de los obreros no podía mejorar su condición, y la filantropía de algunos burgueses no bastaba para atender a tanta miseria. Los sentimientos de piedad animados por los escritores tardaron mucho en desembocar en medidas prácticas. Sin embargo, los obreros calificados lograron tomar parte en la prosperidad general, agrupándose en las Trade Unions, los conocidos sindicatos.

trabajo infantil en inglaterra, revolución industrial

Era un hecho corriente que niños y mujeres trabajasen, tanto en las fábricas como en las minas. Sus sueldos eran necesarios para completar la economía familiar, pero eran inferiores a los de los hombres. En Inglaterra, el sueldo de los niños equivalía a un 10% del masculino, y el de las mujeres entre un 30 y un 40% .. También era normal cobrar por jornada trabajada o por trabajo a destajo. Finalmente, la disciplina laboral era muy rígida, los obreros podían ser despedidos en el momento en que el empresario lo quisiera, y los castigos y penalizaciones eran también frecuentes.

Decepcionados por el fracaso de todos los movimientos violentos o políticos que, como el cartismo, caracterizaron la primera mitad del siglo, aquellos obreros optaron por una vía más realista. Frente a los patronos que les ofrecían empleos, ellos decidieron considerarse como hombres de negocios que ofrecían trabajo. Los obreros especializados, indispensables para la marcha de la economía, se reunieron en asociaciones de oficios, cuyos miembros tenían que pagar una cotización muy alta, a cambio de la ayuda que la Union les ofrecía en casos de enfermedad o de retiro, con casi todas las ventajas de una Seguridad Social moderna.

Además, los obreros que no encontraban un trabajo con el salario mínimo establecido por la Union, recibían de ésta un subsidio de paro. Los miembros de las Trade Unions no podían aceptar trabajos con salarios inferiores, pues toda infracción de la solidaridad implicaba la expulsión, sin reembolso de las cotizaciones ya abonadas. Así, disponiendo de sumas importantes y seguras de la cohesión de sus miembros, las Unions podían imponer sus precios a los patronos, con bastante facilidad.

Además, cada Union trataba de limitar el número de miembros de una misma profesión, mediante un sistema de aprendizaje que terminaba en la concesión de un diploma.  En  resumen,  esto no era muy distinto de lo que todavía hoy se hace en algunas profesiones liberales. De este modo, en Inglaterra se formó una aristocracia obrera, capaz, por su homogeneidad, de ejercer presión sobre los industriales, sobre los grupos políticos y sobre el Estado.

Hasta la muerte de Palmerston, la vida política no fue muy activa. Los conservadores se habían adherido al libre cambio, y los jefes liberales, Russell y Palmerston, el «Viejo Palm», no querían más reformas. Palmerston no se interesaba más que por la política exterior, muy activa a causa de la guerra de Crimea, de las expediciones a China y de los. asuntos italianos y polacos. La reforma electoral de 1867, al ampliar el número de electores, modificaría profundamente los datos tradicionales.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IX La Gran Aventura del Hombre

La Edad de Oro de EE.UU. Produccion y Economia Siglo XIX

LA EDAD DE ORO AMERICANO EN EL SIGLO XIX
La «Golden age», la edad de oro, es el nombre que los norteamericanos dan al período que, desde 1875 hasta fin de siglo, asiste al fantástico desarrollo de su producción industrial, a la aparición de los grandes «truts», del «mundo de banqueros y de millonarios», como escribió Henry Adams.

La riqueza del subsuelo, un amplio mercado interior que crecía sin cesar, poblado por millones de emigrantes, la energía y la audacia de tanto «self-made-man», nuevos héroes del día, se conjugan para explicar aquel espectacular progreso. Del cuarto lugar en 1861, América pasa al primero, a fin de siglo. De 2 millones de toneladas de hierro fundido y 400.000 toneladas de acero (1875), pasa, respectivamente, a 10 millones y 5 millones de toneladas en 1890, superando a Inglaterra. El carbón (7 millones de toneladas en 1850), llega a 250 millones en 1900.

Los EE. UU. producen las tres cuartas partes del petróleo, del cobre, del cinc, del plomo, etc., de la producción mundial. Este desarrollo va acompañado de la concentración de empresas, «trusts» o «cartels», dependientes también de los enormes grupos ferroviarios y bancarios. Rockefeller controla el 90% del mercado del petróleo. El «rey» del acero, Carnegie, tiene una fortuna de mil millones de dólares.

Los Gould, los Vanderbilt, los Pierpont-Morgan, los Harriman controlan inmensos imperios industriales o financieros, y, a pesar de la «Sherman Anti Trust Act» de 1890, que trata de impedir la constitución de monopolios capaces de imponer los precios, despreciando la competencia y el principio «sacrosanto» de la libre iniciativa (free enterprise), los «trusts» burlan fácilmente la ley, multiplicando los distintos nombres que, de hecho, encubren a la misma sociedad.

A pesar de las protestas de los reformadores o de los intelectuales, el gran público sufre la fascinación de los éxitos individuales, cree que todos tienen sus posibilidades, y quecon talento y trabajo, hasta el más humilde puede llegar a la fortuna.

trilladora americana siglo xix

Trilladora Utilizada en Dakota Por Los Agricultores

La industria americana se caracteriza, además, por el empleo intensivo del maqumismo (el hierro es barato), por la racionalización de los métodos de producción, y las mercancías «standard», fabricadas en serie, porque el consumo aumenta al ritmo de la inmigración: de 32 millones de habitantes en 1860, la población pasa a 76 millones en 1900, y a 95 en 1914. Veinte millones de europeos se establecen en los EE. UU., desde 1860 a 1914. Hasta 1890, los inmigrantes son esencialmente irlandeses, ingleses, alemanes, escandinavos.

Después llegan los italianos, los eslavos, los judíos de Rusia y de Austria-Hungría. Sólo se limita la inmigración de los chinos y de los japoneses. La agricultura se beneficia de las técnicas industriales: en las inmensas llanuras del Oeste, se necesitaban máquinas sembradoras y cosechadoras. La ganadería era estimulada por la industria conservera, que contaba con los mataderos gigantes y mecanizados de Chicago. Por último, la clase obrera aumentó numéricamente y se concentró en nuevas metrópolis industriales.

Los «Caballeros del Trabajo» (sociedad secreta de trabajadores) , después de una victoria alcanzada contra las. empresas ferroviarias, se enfrentan con el poderoso «trust» de máquinas agrícolas. Mac Cormick, en Chicago. En 1886, en el curso de una reunión en Haymarquet Square, una bomba lanzada por unos desconocidos mató a siete policías; cuatro anarquistas sospechosos fueron ejecutados, y el conflicto resultó fatal para los «Caballeros».

El mismo año, se creó la A. F. L. (American Federation of Labour), que renunció a la idea de un sindicato único por cada rama industrial. Decididamente   reformista,   apoyándose   en las categorías especializadas y dejando de lado a la gran masa de la mano de obra, la A. F. L. edificó la primera organización duradera, bajo la dirección de Samuel Gompers, tabacalero, de origen londinense.

inmigrantes europeos en ee.uu.

Inmigrantes en la estaciones de tren de esa época

Gompers reconocía el sistema capitalista; para él, los sindicatos debían tener como único objetivo el de aumentar la parte de los asalariados en el reparto de beneficios. Ningún principio ideológico animaba a Gompers, cuya norma era: «recompensa a tus amigos y castiga a tus enemigos». La A. F. L. estuvo dirigida, esencialmente, por una aristocracia obrera que dispuso de fondos importantes (dos millones de afiliados en 1914) para el sostenimiento de las huelgas y de la burocracia sindical.

El sindicato de los mineros es el único adherido a la A. F. L. que agrupa a todos los obreros de la mina, sin distinción de su especialidad, hasta los más humildes peones. Contra aquel espíritu de «negocio», hostil al socialismo, los radicales anarco-sindicalistas fundaron, en 1905, los I. W. W. (Industrial Workers of tbe World), que trataron de unir a los no organizados, pero sus efectivos fueron siempre muy débiles: los obreros americanos, en general, separados por sus orígenes nacionales, seguían siendo indiferentes al espíritu socialista y revolucionario.

Desarraigados, cortaban sus lazos con las tradiciones revolucionarias europeas, sobre todo porque un gran número de inmigrantes recientes temían ser rechazados, expulsados, a causa de sus opiniones extremistas. La situación era difícil,   pero   no   desesperada:   se   creaban nuevos centros, se ofrecían tierras a quienes querían abandonar las fábricas, y había la ilusión de que las oportunidades eran iguales en aquella tierra de pioneros y de que todos podían «triunfar».

Por eso, los partidos socialistas fracasaron también, a pesar de los duros períodos de crisis, y jamás pudo organizarse un verdadero partido obrero entre los republicanos y los demócratas. Los socialistas nunca alcanzaron más del 5% de los votos en las elecciones presidenciales.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IX La Gran Aventura del Hombre

La Reconstrucción de EE.UU. Ferrocaril Transcontinental Resumen

PERÍODO DE RECONSTRUCCIÓN DE ESTADOS UNIDOS
CONSTRUCCIÓN DEL PRIMER TREN TRANSCONTINENTAL

Terminada la Guerra de Secesión (abril de 1865), era necesario reconstruir la Unión, devastada por las duras campañas de Grant y de Sherman, cubierta de ruinas, de odios y de rencores. Los historiadores americanos llaman «período de reconstrucción» a los años que van desde 1865 a 1877, fecha en que los ejércitos federales evacúan el Sur, poniendo fin al estado de excepción que siguió a la derrota de los esclavistas.

Tras el asesinato de Lincoln, fue proclamado presidente Andrew Johnson, un hombre del Sur, de origen «pobre blanco», que había llegado a la vicepresidencia, a pesar de su modesto nacimiento, por su fidelidad a la Unión. Rudo, obstinado, dio muestras de equilibrio y buen sentido, siguiendo la política decidida por Lincoln.

El presidente Johnson vetaba las leyes que le parecían nefastas, atrayéndose las iras de los radicales, que le acusaron ante el Senado, constituido en Tribunal Supremo, pero Johnson fue absuelto (1868). Perdida por el presidente toda posibilidad de reelección, el candidato de los radicales, el ilustre General Grant, uno de los vencedores de la guerra civil, fue elegido decimoctavo presidente de los Estados Unidos, en 1868; después sería reelegido para un segundo mandato.

El Sur se transformó profundamente con el final de la esclavitud y con la reconstrucción. Arruinados por la guerra e incapaces de pagar a los esclavos convertidos en trabajadores libres, los plantadores tuvieron que parcelar sus grandes propiedades, dividiéndolas en pequeños lotes.

El dueño adelantaba al llevador abonos, simientes, aperos de labranza, vivienda, y recibía a cambio dos tercios de la cosecha. Al lado de los aparceros negros, cuyas condiciones de vida no habían mejorado mucho respecto a los esclavos, se desarrollaron los «pobres blancos», igualmente miserables, pero violentamente racistas.

Desaparecida la esclavitud, el problema negro continuaba en pie; a pesar de los esfuerzos legislativos, los blancos negaban la igualdad a los cuatro millones de negros (a finales de siglo, serían 10 millones). Cuando se levantó el estado de excepción, con la marcha de las últimas tropas federales en 1877, los gobiernos y las legislaturas del Sur encontraron los medios de apartar de la vida política a los negros.

La «cláusula del abuelo» (el derecho de voto se reservaba a aquéllos cuyos antepasados   habían  votado  en   1860)  y   las pruebas electorales (saber leer, escribir, interpretar correctamente un artículo de la Constitución), privaron de la cédula electoral a la mayoría negra.

La segregación fue sistemáticamente aplicada en las escuelas, en los transportes, en las iglesias, en los restaurantes, etc. Se recurrió, incluso, al terror, al linchamiento, a las ejecuciones sumarias de negros. Sociedades secretas como el Ku-Klux-Klan, cuyos miembros llevaban capuchones y aterrorizaban a los negros, hicieron ilusoria la igualdad teórica de los derechos civiles, y el Norte cerró los ojos. Así se constituyó el «solid South», bastión de la superioridad blanca, feudo del partido demócrata.

El 10 de mayo de 1869, las dos compañías se unieron en Utah, y las locomotoras fueron regadas con champán.

CONEXIÓN COSTA A COSTA: No sólo el Sur sufrió trastornos a continuación de la guerra de Secesión:  la industrialización acelerada del Norte y la colonización del Oeste darían un nuevo aspecto a los EE. UU. En 1860, las Grandes Llanuras y las Montañas Rocosas eran inmensos espacios vacíos; sólo California, Oregón y el Estado de Washington habían atraído a los colonos.

Las tribus indias (sioux, cheyennes, apaches, utahs, pies-negros, etc.) seguían trashumando en las praderas secas por el duro clima. Los ferrocarriles abrieron a los pioneros el interior del continente; hasta entonces, los representantes del Sur se habían opuesto a la construcción de un transcontinental, porque no querían que los créditos se invirtiesen en nuevas orientaciones, pero los partidarios del ferrocarril, una vez eliminados sus adversarios por la Secesión, hicieron votar una serie de leyes y, a partir de 1863, las compañías, con la garantía de millones de dólares y de terrenos gratuitos, empezaron a construir la red que uniría los dos océanos, la «Union Pacific», que partía de Nebraska, y la «Central Pacific», de San Francisco.

Se emplearon emigrantes irlandeses, indios, chinos. A través de desiertos y montañas, los equipos de trabajo tendían cuatro rieles por minuto, y eran seguidos por campamentos con bares, «dancings» y casas de juego, de los que luego surgirían verdaderas ciudades, a lo largo de la vía. El 10 de mayo de 1869, las dos compañías se unieron en Utah, y las locomotoras fueron regadas con champán. Nueva York celebró el acontecimiento con cien cañonazos, Filadelfia hizo sonar la campana de la libertad, y entusiastas desfiles recorrieron las ciudades.

El Oeste quedaba abierto a los emigrantes, a quienes se ofrecían tierras. Primero, fue la época de los criadores de bueyes resistentes y de largos cuernos, alrededor de los ranchos, y estos pioneros acabaron con los bisontes salvajes.

A partir de 1875, el alambre de picos en que se encerraba a los rebaños. Y el desarrollo del dry farming (cultivo de cereales en clima seco, gracias a profundas aradas) permitieron a los granjeros ampliar sus zonas de labor.

Por último, el descubrimiento de las minas de oro, de plata y de cobre de las Montañas Rocosas provocó nuevas afluencias, y fueron constituyéndose, sucesivamente, los Estados de Nevada, Nebraska, Colorado, de las dos Dakota, Wyoming, Idaho, Montana, Utah, Oklahoma… Todos estos nombres son indios, y las tribus, que se veían despojadas de sus tradicionales territorios, incapaces de adaptarse a la agricultura sedentaria, emprendieron la lucha contra los «rostros pálidos», a pesar de su inferioridad en armamentos.

Innumerables «westerns» han evocado las guerras de los indios y hecho famoso los nombres de Sitting Bull, Crazy Horse y Gerónimo, el jefe de los apaches. La lucha fue implacable. Los indios, exterminados o acorralados en zonas salvajes, atacaban los puestos aislados y tendían emboscadas: el general Custer fue muerto, con todo su regimiento, en Montana, en Little Mig Hom River, en junio de 1876.

La pradera tuvo sus héroes, como William Cody, llamado Buffalo Bill, de profesión cazador de bisontes, tirador excepcional, y también sus bandidos, saqueadores de trenes y de diligencias. Ladrones, jugadores profesionales, aventureros y hombres violentos hicieron famosos los saloons, fuente inagotable de películas y de novelas.

No puede comprenderse el «espíritu americano» —esa curiosa mezcla de audacia, de optimismo y de violencia—, si se ignora que a la religiosidad y al orgulloso ideal de independencia que animaba a los  puritanos de Nueva Inglaterra vinieron a unirse los caracteres y las costumbres de los conquistadores del interior, rancheros, mineros, pioneros, aventureros, hombres del Oeste que, durante treinta años, hicieron retroceder, incesantemente, los límites de la «frontera».

La movilidad americana, esa facultad de cambiar de Estado para ir a establecerse a otra parte, procede directamente de aquella época de la «pista», en que la atracción de nuevos filones, de tierras más fértiles, de praderas más ricas, llevaba cada vez más lejos a los emigrantes, con sus caravanas. Recordemos, para terminar, que, en 1867, los Estados Unidos aumentaron su extensión con un inmenso territorio desértico, Alaska, comprado a Rusia por siete millones de dólares.

Ver: La Conquista del Oeste

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IX La Gran Aventura del Hombre

Invasión de Napoleón a Rusia Incendio de Moscú Resumen

Napoleón estaba bien preparado: un formidable ejército había sido concentrado desde el Báltico a los Cárpatos, compuesto de 700.000 hombres. El más poderoso ejército conocido hasta entonces por la Historia. ¿Quién habría podido predecir, por tanto, la victoria del zar, dado que Napoleón disponía, a la vez, de su genio, intacto, y de tropas tan gigantescas?.

Emperador Napoleón Bonaparte

En realidad, esta nueva versión del «Gran Ejército» tenía, sin embargo, sus puntos débiles: no había en él más que 200.000 franceses, que formaban, en su mayoría, el centro del dispositivo, al mando de Davout y del mismo emperador. La guardia también se encontraba allí, pero las alas habían sido dejadas, sin vigilancia alguna sobre ellas, a los cuerpos aliados, de cuya combatividad había razones para dudar, y que Napoleón sabía perfectamente que eran capaces de desertar en plena batalla.

Este ejército estaba constituido por contingentes de veinte naciones: había alemanes e italianos, holandeses y croatas, suizos y austríacos; toda Europa se hallaba representada en él. Por otra parte, se había reunido un material considerable: 1.350 cañones. Este aumento de la artillería permitía a Napoleón compensar la mediocridad de algunos cuerpos de ejército. Pero esto se traducía también en una falta de confianza en la posibilidad de sorprender al adversario mediante la legendaria movilidad de sus tropas.

La campaña comenzó con el verano. La situación del suelo permitía al convoy de aprovisionamiento avituallar regularmente al ejército hasta en el centro del país. Además, el tiempo de la cosecha no tardaría en llegar, y, en caso de que la campaña hubiera de prolongarse, podría habilitarse el avituallamiento en los mismos lugares de la guerra, por medio de requisas. Ni siquiera se suponía que la llegada del invierno pudiera sorprender a los ejércitos en lucha hasta entonces, las campañas napoleónicas habían sido siempre muy rápidas.

LA MARCHA SOBRE MOSCÚ:
Ante tal despliegue de fuerzas, el zar había de contentarse con mantenerse a la defensiva. No disponía, al principio, más que de 150.000 hombres; aceptar el combate le habría conducido, inevitablemente, al desastre. Era, pues, necesario que los rusos renunciasen a su ofensiva en dirección a Polonia, y aceptasen la invasión de su territorio.

Fiel a su táctica, Napoleón desplaza su centro con toda rapidez: espera hacer penetrar una cuña entre los ejércitos rusos y batirlos después, uno tras otro. Pero el zar había confiado el mando de sus tropas al anciano mariscal Kutusov, el cual rehuye sistemáticamente el combate. A pesar de sus marchas forzadas, Napoleón no consigue alcanzar a las tropas rusas. A fin de cortar en dos el país, deja a un lado San Petersburgo y avanza directamente hacia Moscú, la santa capital. Sin embargo, se da cuenta en seguida de que la intendencia se interrumpe.

Los depósitos se muestran pronto insuficientes para alimentar a 700.000 soldados. Las requisas ordenadas entre los aliados prusianos y aun entre los polacos, chocan con una especie de resistencia pasiva. Según van penertando los ejércitos napoleónicos en territorio ruso, se hacen más largas las distancias que los convoyes de avituallamiento deben recorrer.

Y la retaguardia marcha jadeante, cuando todavía no han comenzado los combates, cuando únicamente han sido rebasadas Vilna y Smolensko. ¿Se esperaba encontrar alimentos en el país? En su retirada, los rusos hacen que los campesinos abandonen los pueblos antes que ellos, y prenden fuego a los campos, a las casas y a los graneros. Napoleón no conquista más que tierra calcinada.

Mal nutridos, sus soldados avanzan con menos rapidez, pues pierden tiempo en buscar alimentos. Todas estas dilaciones favorecen aún más la retirada rusa, que puede efectuarse en buen orden. Sólo hay una esperanza: que caiga Moscú, y que el choque psicológico tal vez sea suficiente, pues ¿podrá seguir imponiendo el zar a su pueblo aquel suicidio colectivo ante el invasor? Ningún pueblo del mundo —se piensa— puede olvidar durante mucho tiempo la idea de que nada hay mejor que una paz, incluso la más dura.

Aunque lenta, la marcha del ejército francés proseguía: en septiembre, ya se encontraba cerca de Moscú. Y, en este punto, el ejército ruso se detiene para defender la capital de su religión. La primera batalla de la guerra tiene lugar en Borodino. Tolstoi, en su novela «Guerra y Paz», supo describir las terribles escenas de estos combates, en los que el ejército ruso volvió a suscitar el heroísmo de los hombres dispuestos a morir por la patria.

Frente al «ogro», despreciado, denigrado, verdadero anticristo, los rusos se aprestan a ofrecer una resistencia sin debilidades. La batalla de Borodino del 7 de septiembre de 1812 fue la más sangrienta de todas las libradas hasta entonces por el ejército francés. 30.000 hombres le costó a Napoleón el paso del Moscova y ver abrirse ante él el camino de Moscú, y 50.000 a los rusos su resistencia.

Y 30.000 hombres eran muchos si se piensa que no se había producido ningún resultado decisivo. Tanto más, teniendo en cuenta que, durante toda la ofensiva, el ejército había perdido ya millares de hombres por enfermedad, y, sobre todo, por deserción. Una división de Wurtemberg no contaba ya más que con 1.500 soldados, cuando, al principio de la campaña, estaba formada por ¡16.000!

EL INCENDIO DE MOSCÚ
El 15 de septiembre de 1812, Napoleón y su ejército entran en Moscú. No encuentran más que una ciudad vacía. Al día siguiente, ésta, construida casi enteramente de madera, estaba en llamas. Toda Rusia reconoció en ello la mano nefasta de Napoleón, la barbarie característica de los franceses. Y, sin embargo, ni Napoleón ni los franceses habían tenido parte en la destrucción de la ciudad. El incendio había sido preparado por el gobernador de la ciudad, Rostopchin: era la lógica continuación de la política de tierra calcinada. Pero, ¿quién podría creer que los mismos rusos hubieran prendido fuego a la santa capital de la Santa Rusia?.

Napoleón y los 500.000 hombres que le quedan resultan vencedores en un desierto de cenizas. Ni ellos mismos saben qué hacer. Al menos, confiaban en el cansancio del adversario. Los enviados franceses reciben la orden de proponer al zar una paz muy conciliadora. Pero el zar ya ha dado las suyas: Rusia se batirá hasta el fin. Los emisarios franceses no son autorizados a atravesar las líneas. La guerra no puede, pues, concluir: no hay adversario que combatir, ni negociaciones de paz que entablar.

Ante Napoleón se abre todo el territorio ruso, pero la ruina y el fuego preceden siempre al avance de sus tropas. No existe para los franceses más que un serio adversario, y muy presente: el invierno, que sorprende a un ejército solamente equipado para realizar una fulgurante campaña de verano. ¿Qué hacer, entonces, sino batirse en retirada, a fin de evitar, al menos, que las naciones satélites de Europa se aprovechen de la ausencia del emperador y de su ejército, para sublevarse?.

Napoleón ordena la retirada el 18 de octubre. 400.000 hombres habían de perecer en una marcha de 1.500 kilómetros. Es el clima, el famoso «general invierno», quien logra alcanzar, por lo que se refiere a los rusos, las mayores victorias.

LA TRÁGICA RETIRADA
Falto de botas y de mantas, hundiéndose en la nieve al caminar, el ejército francés pierde cada día unos 5.000 ó 6.000 hombres. Los caballos que no han podido ser herrados especialmente para sostenerse sobre el hielo, no son de utilidad. Por otra parte, las tropas se ven embarazadas por el enorme botín que llevan, tomado en Moscú.

En largas y desorganizadas columnas, se van desperdigando  por  el  camino   de  regreso, ofreciendo así sus flancos a los ataques enemigos: campesinos inflamados por un patriotismo feroz y animados por una mística fe en la lucha contra los agentes del diablo; cosacos, más numerosos cada vez, que encuentran la ocasión de demostrar el valor de su caballería, especializada en atacar rápidamente a un enemigo que no tiene tiempo de reaccionar; atraídos todos por los tesoros que lleva el ejército francés, por lo cual cada incursión reporta a sus autores una pequeña fortuna.

Por el contrario, el ejército ruso apenas si atacaba. Se contentaba con mantener encauzada la retirada de Napoleón, impidiéndole sólo que se desviase hacia el sur, donde las tropas podrían encontrar algunas provisiones. Por lo cual, los franceses habían de volver a pasar por el camino de tierras calcinadas atravesado en el verano.

La Trágica Retirada de Rusia

Esta pasividad del ejército ruso se explica, sin duda, por el temor a establecer un combate en línea, a provocar la acción de los franceses. Por otra parte, los rusos no tenían necesidad de someterse al peligro de un combate semejante: era suficiente para ellos contemplar el progresivo hundimiento del ejército francés.

Uno de los más famosos episodios de la retirada fue el paso del Beresina, un afluente del Dniéper. Como había sucedido con d cruce de todos los demás ríos desde su salida de Moscú, el ejército francés esperara poder pasar este otro, también, caminando sobre su espesa capa de hielo.

Pero un súbito cambio de temperatura provocó un deshielo ocasional, el río creció y no existían barcas para atravesarlo. El famoso ejército estaba en peligro de hallarse ante un obstáculo infranqueable: parecía condenado a perecer por completo. Pero, entonces, el cuerpo de pontoneros del general Eblé tuvo el suficiente valor para, poniéndose a trabajar entre las gélidas aguas y bajo el fuego de la artillería rusa, lograr construir dos puentes sobre el río, dejando libre así el tintino hacía el Oeste.

El 16 de diciembre, es decir, dos meses despúes de haber dejado Moscú, los restos del Gran Ejército volvían cruzar el Niemen. De los 27.000 italianos que tenía al principio de la campaña solo regresaron 233.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IX La Gran Aventura del Hombre

La Economia de Francia con Napoleón Imperio Napoleónico

Aunque Bonaparte restablecía la paz de las almas y se ocupaba activamente de la instrucción pública, le faltaba aún demostrar a sus compatriotas que la industria de Francia no era inferior a la de otros países. Para ello, tuvo como acólito a Chaptal, ministro del interior cuya voluntad igualaba a la de su señor.

Ordenó que cada año, en los departamentos, los fabricantes expusieran los productos de sus manufacturas, y estas exposiciones fueron una revelación inesperada de los recursos de las fábricas y de la habilidad de la mano de obra.

Guadañas, segadoras, sierras, hasta entonces importadas de Inglaterra, fueron, a partir de entonces, fabricadas en Francia —al mismo tiempo, el ministro instituía premios para los inventores de las máquinas más apropiadas para «trabajar, peinar y cardar las diferentes especies de lanas».

Se emprendió la excavación del canal de Borgoña Faltaba aún dar el agua a todos los barrios de París, terminar los muelles, multiplicar los puentes sobre el Sena.

La agricultura también se modernizó: se concedieron primas a quienes repoblaran los bosques destrozados, después a los ganaderos de carneros merinos, importados de España, y, por último, a todos aquellos que modificasen la rutina de la rotación de cultivos. Se envió a buscar toros y terneros a Suiza para repoblar los establos vacíos y se proscribió la importación de los caballos ingleses con el fin de proteger la ganadería  francesa.

El  genio  renovador del Primer Cónsul se extendía hasta las prisiones y los hospitales, para los que había creado un comité de inspección, y hasta las panaderías y las farmacias.

En los comienzos del Imperio, se podía escribir: «Si Francia no ha recobrado su anterior prosperidad, la espera. Empresas, negocios y especulaciones de todo tipo se reanudan». La agricultura había continuado el bienhechor camino iniciado por el Consulado.

Las tierras señoriales, fraccionadas por las particiones de los bienes nacionales, se idtáan vuelto más fecundas. La patata, introducida en el cultivo, proporcionaba a los campesinos una nutrición más abundante y más sana. El azúcar extraído de la remocha estimulaba a los cultivadores, que la introdujeron, en adelante, en las siembras de sus tierras. Las plantaciones de tabaco habían vuelto, y el mismo capricho se manifestaba hacia la cría del gusano de seda.

También la industria se había hecho audaz: la guerra había interrumpido las importaciones de cáñamo y de lino de Inglaterra o de Suiza, y, a consecuencia de ello, las hilaturas habían tenido que aprender a tejer los algodones menos finos, procedentes de Italia o de España. De esta manera, la hilatura se enriquece con la fabricación de organdíes y de tules.

La química aplicada había alcanzado una extensión admirable: el cloro era empleado en el blanqueo de la ropa, la fabricación del alquitrán había sido perfeccionada, el carbón era utilizado en la decoloración. Se regeneraron los cueros, y la marroquinería de París fue tan bella como la del Levante. Se llegó a hacer, con los esqueletos de los animales sacrificados en los mataderos, materiales muy valiosos para los ejércitos.

Se puso en circulación un nuevo metal, el cromo, con lo que la alfarería se enriqueció con un verde brillante. Inglaterra y Holanda abastecían a Francia del blanco del plomo: éste fue muy pronto fabricado en Pontoise, mientras que los címbalos y los tambores, tradicionalmente importados de Constantinopla, eran fabricados en Chalons. Se explotaron nuevas minas de hulla.

Los trabajos ininterrumpidos de París y de provincias parecían testimoniar la gloria del Imperio. El bosque de Bolonia estaba atravesado por nuevas alamedas, y se trazaba la calle de Rívoli. Muelles de mampostería encauzaban el Sena, haciendo su lecho más profundo.

Sin embargo, despúes de varios años a a medida que el Imperio se aproximaba a su caída, las señales de desequilibrio se acentuaban. No se recluían impunemente cada año a 80, 100 ó 200.000 hombres que casi nunca vuelven más. No se impone a un país el esfuerzo de una guerra constantemente renovada, sin conducirlo a la ruina.

En 1805, a las dudas, a la fatiga, a la inquietud, se unía la escasez de moneda, agravada por los daños causados por los ayuntamientos y los especuladores. El malestar será muy pronto crisis, casi pánico; los billetes de banco se verán amenazados con ser, de nuevo, «asignados».

El Bloqueo Continental, decretado en Berlín en 1806, prohibiendo a Francia y a sus aliados el comercio con Inglaterra, si bien estimulaba, como ya hemos visto, la imaginación y el espíritu de empresa de algunos, arruinaba los puertos, privada a los comerciantes de sus mercados.

Los campos quedaron, poco a poco, despoblados. Finalmente, el millón de hombres que costaron a Francia las guerras del Imperio y el agotamiento del país, le colocaron en una situación tal, que la supremacía francesa en materia económica y comercial se perderá para siempre.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IX La Gran Aventura del Hombre

La Indepedencia de Brasil Historia Colonias de Portugal

RESUMEN DE LA HISTORIA DE LA INDEPENDENCIA DE BRASIL DE PORTUGAL

SINTESIS: Eludiendo la invasión napoleónica, Don Juan de Portugal trasladó en 1808 la corte al Brasil, donde permaneció hasta 1821. Al regresar dejó como regente a su hijo Pedro, de quien se despidió con este consejo: “Bien entreveo que Brasil no tardará en separarse de Portugal. En ese caso, si no pudieras conservarme la corona, guárdala para ti y no la dejes caer en manos de aventureros”.

Poco después, incitado Don Pedro por los patriotas a desobedecer a las cortes lusitanas que le mandaban trasladarse a Portugal, manifestó al presidente de la cámara municipal: “Como es para bien de todos y felicidad general de la nación, diga al pueblo que me quedo”. Esa fue la memorable declaración del “fico” (me quedo), del 9 de enero de 1822, comienzo de la independencia del Brasil. En efecto, encontrándose en el paraje de Ipiranga, el 7 de setiembre de 1822, exclamó el príncipe después de leer inauditas órdenes de la metrópoli: “Es tiempo. ¡Independencia o muerte! Estamos separados de Portugal”.

Poco después de este histórico pronunciamiento se reunió la Asamblea General Constituyente. Brasil era libre y se organizaba siguiendo las inspiraciones. de un gran estadista, José Bonifacio de Andrada e Silva, a quien la posteridad llamaría “el patriarca de la independencia”.

Antecedentes: Bajo la doble influencia de las revoluciones americana y francesa y de las ideas liberales, los imperios coloniales que España y Portugal habían levantado a lo largo de los siglos se rebelan a principios del s.XIX. A la burguesía criolla de Iberoamérica le bastan unos años, de 1810 a 1825, para terminar con el régimen de opresión económica y política impuesto por las metrópolis. Dicha burguesía se rebela contra el acaparamiento de los altos cargos coloniales, siempre en manos de hombres de la metrópoli.

Estas insurrecciones son también obra de los héroes románticos, impregnados de ideales revolucionarios, que las encabezan, como Miranda en Venezuela o San Martín en Chile y en Perú. Pero es sobre todo Simón Bolívar el que desempeña un papel fundamental en la emancipación de Iberoamérica.

La liberación se lleva a cabo en dos etapas: la primera ola de insurrección, en los años 1810 a 1811, se salda con un fracaso y provoca una represión sangrienta; la segunda, que comienza en 1817, resulta decisiva y desemboca en la creación de numerosos pequeños Estados independientes. Pero esta fragmentación aumenta la fragilidad del continente, y sus naciones quedan a merced de las influencias exteriores.

Brasil es el único país de Iberoamérica que logra su independencia de forma pacífica. En 1808, en plena guerra napoleónica, la corte portuguesa, amenazada por las tropas francesas de Junot, se ve obligada a trasladarse a Río. La presencia del gobierno portugués en el seno de la colonia tiene la propiedad de acallar las reivindicaciones de los brasileños, que se sentían enteramente subditos portugueses. En 1821, cuando el rey portugués vuelve a Lisboa, su hijo Pedro que había sido educado en Brasil, acepta ser emperador y proclama la independencia en 1822.

HISTORIA DE LA INDEPENDENCIA: El territorio de Brasil había sido colonizado por Portugal. Esta colonia había crecido a partir de la explotación del palo, un árbol de madera dura utilizada para la construcción y para la obtención de productos para teñir, del azúcar y de la extracción de oro. Estas actividades se realizaban utilizando mano de obra esclava. La Corona portuguesa había organizado el territorio en capitanías hereditarias que conservaban una gran autonomía respecto del poder central.

A pesar de los intentos de la corona para confiscar o comprar las capitanías, los empresarios privados fueron fundamentales en la colonización de Brasil. Organizaban bandeiras, ejércitos particulares que en ocasiones podían reunir hasta 3.000 hombres. Estos ejércitos de bandeirantes emprendían expediciones en busca de metales preciosos o para la recuperación de esclavos fugados. También estaba en manos de particulares la recaudación de impuestos. Así, los propietarios rurales tenían amplios poderes militares y ejecutivos.

El crecimiento del poder de los propietarios rurales fue favorecido, además, por la política de la corona portuguesa de debilitar al virrey, cuya autoridad estaba reducida al mínimo.

EL REY Y SU CORTE LLEGA A BRASIL: Durante las guerras napoleónicas, Portugal no había aceptado adherirse al bloqueo impuesto por Francia a Inglaterra. Por tal razón, Napoleón decidió invadir el reino portugués.

Para no caer en manos de los franceses, la corte portuguesa decidió trasladarse al Brasil donde se instaló en 1808. Este traslado se produjo con la protección de la flota Inglesa. Inglaterra había sido fundamental para que Portugal, reino pequeño y escasamente poblado, pudiera mantener su colonia. Esta protección era pagada por Portugal con el oro extraído de Brasil.

Pero no sólo se había trasladado el rey, Juan VI, a Río de Janeiro, capital de Brasil. Toda la corte, incluyendo la nobleza y sus servidores, viajó con la familia real. Sin embargo, el rey cuidó de incorporar a las familias tradicionales de las colonias a la nueva corte, distribuyendo cargos y honores.

Nada predisponía a las colonias lusitanas (portuguesas) de América a una suerte diferente de la de las Indias españolas. En el siglo XVIII, los criollos soportaban también a duras penas la dominación de la metrópoli portuguesa y el despotismo ilustrado del ministro Pombal.

El 22 de enero de 1808, el regente Don Juan —ejercía el poder en nombre de su madre, loca, María de la Gloria—, su mujer Carlota Joaquina, hija del rey de España, sus hijos los príncipes y las princesas, la corte y una gran parte de los cargos superiores del reino, desembarcaron en Bahia.

El 7 de marzo, estaban en Rio. A partir de este momento, el Brasil dejaba de ser una colonia, reuniendo todo lo concerniente al gobierno central en torno a la capital. Los puertos brasileños se abrieron a los buques y al comercio extranjeros, siendo firmado en 1810 un tratado comercial con Inglaterra; el gobierno ilustrado del regente da al país algunos de los órganos de un estado moderno.

Rey Juan VI de Portugal

La alianza inglesa permitió, por poco tiempo, la ocupación efímera de la Guayana francesa (el país ganó con ello la introducción del mango, de la nuez moscada y de la caña de azúcar de Cayena), como pago por su contribución en la coalición antinapoleónica.

La liberación de la metrópoli de la ocupación francesa, en 1814, no cambió en nada la situación, y el Brasil conservó su autonomía en el seno del «Reino Unido de Portugal, del Brasil y de los Algarves» (20 de marzo de 1816).

Juan VI, el regente convertido en rey a la muerte de su madre, parecía poco deseoso de dejar el país. La revolución liberal de 1820, sin embargo, eco de la revolución española, le llamaba a Portugal. Juan VI dejó entonces la regencia brasileña a su hijo menor, Don Pedro.

Extraordinariamente tranquilo, en comparación con las tempestades de las independencias vecinas, Brasil tenía, sin embargo, sus problemas interiores. La región del nordeste (Bahia), la antigua zona próspera de las grandes plantaciones, sufría una profunda crisis económica ya señalada en el siglo XVIII y que acentuaba la desvalorización de los precios de los productos coloniales en el mercado mundial, al acabar las guerras napoleónicas. Tendencias políticas radicales se desarrollaron, terminando en la sublevación de Pernambuco (Recife), del 6 de marzo al 23 de mayo de 1817, que fue rápidamente sofocada.

Algunos precursores partidarios de los «ilustrados», como el cirujano Silveira y sus amigos, soñaban con reformas; los fermentos de republicanismo y regionalismo estaban presentes: las tendencias secesionistas del nordeste (Bahia) y del extremo sur (Rio Grande do Sul) fueron idea fundamental y permanente de la vida política brasileña en sus principios Brasil debe la suerte de una independencia sin dolor y sin daño, a circunstancias muy particulares En 1807, en el cuadro de su política de bloqueo continental, Napoleón se decidió a invadir Portugal, fiel aliada de Gran Bretaña.

Al caer Napoleón, el rey Juan VI regresó a Portugal, dejando a su hijo Pedro al frente del gobierno de Brasil. El propio Pedro declaró, en 1822, la Independencia de Brasil respecto de Portugal. El apoyo que logró entre los colonos le permitió imponerse a las fuerzas portuguesas que habían quedado en América. Ese mismo año, Pedro I fue proclamado emperador de Brasil.

Ceremonia de la coronación de Don Pedro, primer emperador del Brasil, celebrada en Rio de Janeiro, el 1 de diciembre de 1822. Grabado—París, Biblioteca Nacional.

La sociedad colonial brasileña era esencialmente partidaria de la esclavitud: sobre una población de 3.600.000 habitantes hacia 1800, y de 5.300.000 en 1830, los dos tercios estaban compuestos por esclavos negros importados de África. Las ideas secesionistas de un gran número de criollos estaban fuertemente moderadas por un reflejo de conservadurismo social. Hacia 1820, el grupo partidario de la independencia sin república se agrupó alrededor de un notable criollo, José Bonifacio de Andrade.

Sin embargo, el regente Don Pedro se encontró pronto en una situación difícil. En efecto, las Cortes portuguesas pretendían establecer en la antigua colonia una autoridad caída en desuso. Rehusando volver a Portugal, como le pedían las Cortes a comienzos de 1822, Don Pedro se apoyó en la fracción criolla moderada y tomó como ministro a Andrade.

En junio y a propuesta de la Cámara de Rio, aceptó el título de «Defensor perpetuo» del Brasil. En septiembre fue la crisis final. Regresando de sofocar un levantamiento en Bahia, Don Pedro, en las puertas de Sao Paulo, cerca del río Ipiranga, se pronunció abiertamente por la independencia («la independencia o la muerte» es el «grito de Ipiranga», frecuentemente representado en la iconografía oficial brasileña).

La independencia fue proclamada el 7 de septiembre, y, el 12, Don Pedro se convirtió en emperador constitucional del Brasil. Las últimas guarniciones portuguesas fueron expulsadas al año siguiente, gracias a la flota de lord Cochrane.

La solución brasileña fue bastante bien acogida en Europa. En agosto de 1825, bajo la enérgica presión de Inglaterra, Portugal se resignó a reconocer la independencia de su colonia. El Vaticano la sigue en 1826 (este reconocimiento evitó en el Brasil las largas ausencias de los obispos, como pasó en el caso de la América española).

A diferencia de sus vecinos, el nuevo estado brasileño comenzó su existencia con el considerable privilegio que supone el nacnimiento de su unidad política y territorial, herencia del período colonial.

Entre 1821 y 1831 Pedro I incorporó el modelo político británico, ratificado en la Constitución de 1824, pero no pudo solventar los problemas la incorporación brasileña al comercio y a la política internacional, por lo que renunció en favor de su hijo, Pedro II.

La minoridad del príncipe propició que la dirección política fuese emprendida por la regencia (1831-1841), período en el que se asentaron las primeras experiencias republicanas, no materializadas hasta 1889. La Constitución de 1834 originó una mayor actividad política, así como la descentralización del estado sobre tres coordenadas: Parlamento, Consejo de Ministros y el poder moderador del emperador. En esos años se configuraron también los primeros partidos políticos.

En julio de 1840, los liberales, escépticos ante el poder adquirido por la regencia, propusieron que la mayoridad del príncipe se adelantara y que fuera él quien llevara la dirección del país. Pedro II demostró a partir de entonces una gran capacidad para gobernar, lo que hizo apoyándose en la Constitución de 1834.

La crisis económica de la década de 1840-1849 se reflejó en revueltas como las de Para, Maranhao y Santa Catalina, la rebelión de Minas Gerais y Sao Paulo y el levantamiento protagonizado por Giuseppe Garibaldi en Rio Grande do Sul.

Pedro II se presentaría como la figura a través de la cual se podía generar una solución. Con el apoyo del Consejo de Regencia asumió el mando y trató de equilibrar las fuerzas que estaban representadas en el parlamento: a través de su influencia se formó un parlamento cuyos miembros debían su participación en él al poder de la Corona y del ejército. Este último había alcanzado una fuerza nueva con motivo de su actuación en las guerras civiles de la década del 40.

Así comenzó una etapa en la que los conflictos políticos se atenuaron. No obstante, una situación de fondo ligada a la economía brasileña generaría tensiones permanentes: la mano de obra esclava. Tanto la economía azucarera del norte y del centro como el comienzo de la expansión del café, que se produjo primero en Río de Janeiro para afianzarse luego en San Pablo, se apoyaban en el trabajo esclavo.

Fuentes Consultadas:
Historia Universal ESPASA Siglo XXI Independencia de México
SOCIEDADES 8° Año Vicens Vives de M. González y M. Massone
Sociedad, Espacio y Cultura Kapelusz EGB 3° Ciclo Prislei-Tobio-Geli
La Aventura del Hombre en la Historia Tomo II Editorial ATENEO

Europa De La Restauración Monárquica Mapa Político

LA NUEVA EUROPA
Sin aguardar el resultado de la campaña contra Napoleón, el Congreso resolvió con rapidez todas las cuestiones pendientes. El 9 de junio, las diferentes decisiones tomadas son recogidas en el «Acta final del Congreso de Viena»: una obra de vigilancia «policíaca» sobre Francia.

En la frontera norte de ésta, se crea el reino de los Países Bajos, que engloba a Holanda, a Bélgica y a Luxemburgo, en beneficio del príncipe de Orange, que se convierte en el rey Guillermo I, quedando, por tanto, resuelta esta cuestión conforme al deseo inglés, y recibiendo Inglaterra, por otra parte, como premio a sus buenos oficios, las antiguas colonias holandesas del Cabo y de Ceilán. En su frontera sur, Francia ve alzarse el reino de Cerdeña, que recobra Saboya, Niza y Piamonte, y adquiere la antigua república de Genova.

Y en su frontera del este, el reino de Prusia afirma sus bases con la posesión de la mayor parte de la orilla izquierda del Rhin y de Westfalia, de los ducados de Posen, de Thorn y de Dantzig, arrebatados a Polonia, de la Pomerania sueca y del norte de Sajonia.

La Confederación Helvética es neutralizada, bajo la garantía de Europa, a fin de levantar una barrera más a las ambiciones francesas. Austria restablece su preeminencia en Italia, mediante el reino lombardo-véneto y los ducados de Parma, de Módena y de Toscana, regidos por miembros de la familia de los Habsburgo. Recupera las provincias ilíricas y el Tirol, y arrebata Galitzia a Polonia. Rusia domina más que nunca en la Europa oriental, debido a la anexión de Finlandia, tomada a Suecia, de Besarabia, tomada a Turquía, y, sobre todo, de la mayor parte de Polonia.

De la Polonia independiente, no queda más que la minúscula república de Cracovia, que es neutralizada. En el norte, Suecia, que con Bernadotte había prestado grandes servicios a los aliados, recibe Noruega, arrebatada a Dinamarca, que había seguido fiel a Napoleón. España y Portugal vuelven a pertenecer a sus antiguas dinastías.

Un solo punto débil queda en la nueva Europa: la Confederación Alemana. Agrupa 39 estados alemanes, y Austria ejerce en ella la presidencia de la Dieta. Federal de Francfort. Pero los lazos de unión entre estos estados son poco sólidos. El deseo de unidad, explotado por Prusia, se estrella contra la política de Metternich: la diplomacia francesa puede actuar en esos estados, libres de alianzas.

Inglaterra es, en último término, la gran ganadora del desbarajuste napoleónico. Lord Castlereagh ha hecho triunfar la concepción inglesa del equilibrio entre las fuerzas de los Estados europeos, contra las pretensiones hegemónicas del zar, o el retorno de una Francia poderosa. El ministro inglés ha conseguido mejorar las posiciones de su patria en el mar: la adquisición de Malta y de las islas Jónicas, asegura, con Gibraltar, que ya estaba en poder de Inglaterra, el dominio de ésta en el Mediterráneo; mediante tratados, ha reservado la explotación comercial del nuevo mundo a los navios ingleses.

Queda por arreglar la situación de Francia. Después de Waterloo, y a pesar de la restauración de Luis XVIII, los aliados, cuyos ejércitos se despliegan de nuevo sobre Francia, abrigan la intención de hacerle pagar caro esta alarma, en nombre de la «tranquilidad de Europa». El rey de Prusia quiere nada menos que la desmembración de Francia, pero su ambicioso deseo asusta a Rusia y a Inglaterra.

A un mismo tiempo, estas dos potencias se muestran menos rigurosas con Francia, sobre todo Rusia:  de este modo, Francia no pierde territorios muy extensos, pero se ingenian por hacer sus fronteras vulnerables, arrebatándole plazas estratégicas, como Philippeville, Marienburgo, Sarrelouis, Sarrebrück, Landau; y, en el tratado de París del 20 de noviembre de 1815, le imponen una prolongada ocupa-: » de sus fronteras y una indemnización ¿e setecientos millones.

La opinión francesa siente dolorosamente este nuevo retroceso de su poderío político y la tutela de los aliados sobre su Gobiemo. Debido a ello, se desarrollará en Francia un espíritu de desquite, atizado por los mantenedores de la “leyenda napoleónica” , apasionadamente liberal y apasionadamente nacional a la vez. Y Francia, interesada sobre todo, en la revisión de un tratado tan humillante, sabrá estimular los nacionalismos cuyas aspiraciones fueron ignoradas   en   Italia.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IX La Gran Aventura del Hombre

Napoleon Emperador de Francia Principales Hechos del Siglo XVIII

Coronación de Napoleón Emperador de Francia
1804:coronacion de napoleon

La carrera política de Napoleón culminó en su coronación como emperador. En este fastuoso rito de la coronación imperial los contemporáneos percibieron una contradicción: el Imperio era lo opuesto a la República, aunque el artículo 12 de la nueva Constitución afirmaba alegremente: “El Gobierno de la República se confía a un emperador”.

Napoleón Bonaparte (1769-1821). Nativo de la isla de Córcega, su padre lo envió a la escuela militar de Francia, de suerte que el muchacho entró al servicio de la nación francesa a la edad de 16 años. La Revolución Francesa de 1789 llegó en el momento oportuno para este inteligente y joven oficial, puesto que casi todas las coronas europeas declararon la guerra al gobierno revolucionario de Paris.

Napoleón logró importantes victorias, llegó a ser general, y se unió en 1799 al grupo de conspiradores que dieron el golpe de estado (coup d’état), debido la heterogénea oposición a su gobierno que desmanteló mediante drásticas represiones a derecha e izquierda, a raíz de fallidos atentados contra su persona.

Cuando Napoleón se convirtió en cónsul en 1799, Francia estaba en guerra con una segunda coalición europea, formada por Rusia, Gran Bretaña y Austria. Napoleón, entonces, se percató de la necesidad de una pausa. Observó lo siguiente al hablar con un diplomático prusiano: “La Revolución Francesa no habrá terminado mientras exista el azote de la guerra… Yo deseo la paz, tanto para asentar y dar solidez al actual gobierno francés, como para salvar al mundo del caos”.

La paz que buscaba se firmó en Amiens en marzo de 1802, dejando a Francia con fronteras nuevas y diversos territorios clientes desde el Mar del Norte hasta el Adriático. Sin embargo, la paz no duró porque tanto los británicos como los franceses la veían como algo temporal y abrigaban escasas intenciones de atenerse a sus términos. La guerra se reinició, en 1803, con Gran Bretaña, a la que pronto se adhirieron Austria, Rusia y Prusia en la Tercera Coalición.

En una serie de batallas en Ulm, Austerlitz, Jena y Eylau, entre 1805 y 1807, el Gran Ejército de Napoleón derrotó a los miembros continentales de la coalición, lo cual le dio la oportunidad de crear un nuevo orden europeo.

Consultado el pueblo francés mediante un plebiscito, la Constitución del año XII (1804) convierte a Napoleón en emperador de Francia, regula la transmisión del título por herencia y la regencia en casos de ausencia, le otorga una nómina de 25 millones de francos y reduce los poderes de las asambleas al tiempo que aumenta los del emperador.

Pero la visión de Napoleón no se circunscribe a las fronteras de Francia; sueña con hacer de París la capital del mundo y unir a Europa entera en una constelación de Estados. “Europa es una provincia del mundo y una guerra entre los europeos es una guerra civil”, dice en alguna ocasión. Y en Santa Elena: “uno de mis más grandes pensamientos fue la aglomeración de los mismos pueblos geográficos que han disuelto, despedazado, las revoluciones y la política”. Al servicio de esta idea unitaria pondrá su genio militar.

LA CORONACIÓN: El corolario de este proceso fue el ofrecimiento que le hizo el Senado al día siguiente de la corona imperial. La ceremonia de coronación se llevó a cabo el 2 de diciembre en Notre Dame, con la asistencia del papa Pío VII, aunque Napoleón se ciñó la corona a sí mismo y después la impuso a Josefina; el pontífice se limitó a pedir que celebrasen un matrimonio religioso, en un sencillo acto que se ocultó celosamente al público. Una nueva Constitución el mismo año afirmó aún más su autoridad omnímoda.

Así surgió como líder único de Francia y conquistador de los países vecinos hasta cerca de 1807, y gobernó el mayor imperio europeo desde los romanos. Sus reformas mejoraron la educación, la banca y el sistema legal (muchos países basan todavía sus leyes en el Código Napoleónico). Su esposa Josefina no le dio herederos, así que la repudió y desposó a María Luisa, una princesa austriaca. Cuando su hijo nació, el emperador nombró al bebé Rey de Roma.

UN BREVE RESUMEN DE LA ERA NAPOLEÓNICA
La Europa Napoleónica

Las colonias americanas se habían independizado de Inglaterra en 1783 con la ayuda de Francia, que quería vengarse de la perdida de muchos de sus territorios americanos a manos de los británicos en 1763. Pero la Revolución Americana inspiró al pueblo francés para buscar su propia libertad y, en 1789, también estalló la revolución en Francia.

Los demás reinos de Europa pronto se sintieron amenazados por la Revolución Francesa, y en 1793 formaron una alianza para luchar contra Francia. Pero esta nación contaba con un ejército de más de 750.000 hombres -el mayor de Europa- y en 1797 ya había derrotado a todos sus enemigos, excepto a Gran Bretaña.

Este éxito se debió en gran medida al genio de los militares franceses, especialmente de Napoleón Bonaparte, que en 1796, a los 26 años de edad, ya mandaba todo el ejército. En 1799 se hizo con el control del gobierno Francés y en 1804 se coronó a sí mismo Emperador de los Franceses.

Napoleón reorganizó las leyes, la administración, la enseñanza y la economía de Francia.

Por otra parte, su ejército era invencible y, en 1812 , había conquistado la mayor parte de Europa. Pero sus intentos de dominar España encontraron gran resistencia; además, en 1812 invadió Rusia sin demasiado éxito y su ejército sufrió grandes perdidas al retirarse de Moscú en pleno invierno.

A partir de ahí comenzó el retroceso del Imperio de Napoleón , que fue finalmente derrotado en Waterloo (1815) por los ingleses y sus aliados. Entonces fue condenado al destierro en una pequeña isla del Sur del Atlántico, Santa Elena, donde murió en 1821.

Hombres Revolucionarios de la Historia Grandes Lideres de Movimientos

Hombres Revolucionarios de la Historia

GRANDES HOMBRES REVOLUCIONARIOS DE LA HISTORIA: El objetivo de cualquier revolución política es expulsar a la gente que detenta el poder para reemplazarla por otra. Los líderes de una revolución suelen convertirse en los gobernantes del nuevo orden político. Pero formar un gobierno y restablecer el orden es cosa muy distinta de derrocar el viejo régimen.

La gente de esta sección luchó por suplantar a los opresores, y luego se enfrentó a nuevos desafíos como líder de la nación. La influencia de la transición sobre cada uno de ellos ilustra lo complicado que resulta ser el manejo sabio y elegante del poder. (ver: Concepto de Revolución)

Revueltas, rebeliones y revoluciones constituyen tipos de movimientos colectivos desarrollados por los sectores subalternos en una sociedad. Las primeras poseen escasa organización, son esporádicas, espontáneas y de corta duración, ocupan un área reducida del territorio y se extinguen cuando los reclamos puntuales que efectúan sus líderes son satisfechos, o bien, cuando las fuerzas del orden proceden a la represión violenta.

Las rebeliones, en cambio, poseen un nivel mayor de organización y se prolongan en el tiempo, pudiendo integrar los reclamos y demandas de diferentes sectores. En éstas, el ejercicio de la violencia por parte de los rebeldes es mucho más amplio, al igual que los alcances de la represión. Cuando logran triunfar, obtienen algunas modificaciones parciales en el orden sedal, que satisfacen las demandas, aunque no significan cambios en sus aspectos centrales. En otras ocasiones, el objetivo de las acciones es ir cambio de los elementos esenciales que hacen posible que el orden se mantenga y se reproduzca, es decir, se propone un cambio “de” orden.

Se cuestiona quién domina y por qué o qué se produce, cómo y para el beneficio de quién, etc. En este caso, si las acciones son exitosas llevan a la destrucción del orden social vigente y al comienzo de la construcción de une nuevo, sobre otras bases. Éstas son las que los investigadores denominan revoluciones.

Algunos personajes destacados en la historia por su actitud y pasión para tomar los pedidos sociales de los pueblos e iniciar grandes cambios políticos, económicos y sociales.

Oliver Cromwell (1599-1658). Cromwell era puritano leal, disciplinado oficial de la milicia y miembro persuasivo del parlamento inglés durante el reinado de Carlos I (1600-1649). Las políticas religiosas y económicas del rey condujeron a la guerra civil. Al principio Cromwell defendió al monarca, pero luego llevó a Carlos a juicio y firmó su sentencia de muerte en 1649. De pie ante el cuerpo sin vida del rey, Cromwell murmuró: “¡Qué cruel necesidad!”

Cromwell reemplazó la monarquía por un protectorado gobernado por el parlamento. Como Lord Protector del protectorado, Cromwell detentaba un poder enorme, razón por la cual el parlamento le ofreció la corona, que sin embargo él rechazó. Pero no dudó en ejercer el poder como un rey, reprimiendo a los opositores, reorganizando la iglesia de Inglaterra según una línea más protestante y dando representación parlamentaria a Escocia e Irlanda (una vez que sus tropas aplastaran sin miramiento la resistencia irlandesa). Después de su muerte los opositores restauraron la monarquía.

Vladimir Ilich Lenin (1870-1924). Lenin llevó a la práctica la filosofía económica marxista en Rusia. Siendo estudiante de leyes en San Petersburgo, sus actividades izquierdistas clandestinas lo condujeron a Siberia. De vuelta de la cárcel lideró la facción de extrema izquierda del partido social demócrata de los trabajadores rusos. Durante casi toda la primera guerra estuvo en el exilio. Al desintegrarse en 1917 el gobierno ruso, Alemania, enemiga del régimen zarista, lo ayudó a volver a su país natal.

 Lenin se unió a los rusos agitando las consignas “Paz y pan” y “Todo el poder a los soviets” (un soviet es una asamblea de obreros, campesinos y soldados). En octubre de 1917 condujo la Revolución Bolchevique para convertirse en cabeza del primer gobierno de los soviets.

Las fuerzas contrarrevolucionarias trataron de anular lo que Lenin había hecho y esto generó la guerra civil rusa de 1918a 1921. Los comunistas de Lenin, así llamados por el comunismo, estado ideal de la teoría económica marxista que anhelaban construir, ganaron la guerra, después de nacionalizar la banca y las grandes industrias y y tomar el control de las granjas. Estas medidas ayudaron a Lenin í derrotar a los contrarrevolucionarios, pero condujeron a la biseca Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) al colapso económico y la hambruna.

Lenin reaccionó lanzando la Nueva Política Económica, que permitía producción privada. Este retroceso del socialismo extremo disgustó a algunos de sus colegas comunistas de la línea dura, pero con el agravante de que la nueva política llegó demasiado tarde porque la agricultura se recuperó lentamente, y muchos miles de rusos murieron en la hambruna de los años 1922 y 1923.

Ho Chi Ming (1892-1968). Con el nombre de Nguyen That Tranh era un joven bien educado de la Indochina francesa (así se llamaba e! Vietnam dominado por los franceses), que viajó mucho, y vivió en Inglaterra, Estados Unidos, Francia y China.

En Paris fue activista del recién fundado partido comunista francés. Fue a la novísima Unión Soviética , en donde el gobierno lo reclutó como agente extranjero y lo envió a Guanzhou, en el sur de China. Allí Ho Chi Ming, cuyo nombre significa “el que ilustra”, organizó a los exiliados vietnamitas que habían huido del régimen colonial francés para fundar el partido comunista de Indochina.

Tras los primeros intentos de su partido contra el gobierno francés de Indochina, que fracasaron en 1940, Ho se refugió en China, sólo para ser enviado a la cárcel por el gobierno nacionalista y anticomunista de la gran nación asiática. Los japoneses ocuparon Indochina durante la segunda guerra mundial; entonces él volvió a casa en 1945, para organizar las fuerzas guerrilleras del Vietminh y contraatacar.

El Vietminh tuvo éxito y Ho proclamó en 1945 la República Democrática de Vietnam, pero las fuerzas francesas volvieron y derrocaron al nuevo gobierno. Ho volvió a la carga contra los franceses y los expulsó en 1954, pero su lucha no estaba ganada. Líderes rivales vietnamitas tomaron el control de la parte sur del país.

La Conferencia de Ginebra de 1954, con la que terminó oficialmente la guerra franco-indochina, dividió la nación a lo largo del paralelo 17. dejando a Ho encargado de Vietnam del Norte. Pero el líder siguió comprometido con la causa de la reunificación de su país. Después de un golpe de estado militar ocurrido en 1963 en Vietnam del Sur, la región quedó a merced de una invasión de las tropas nordvietnamitas; entonces Estados Unidos (como parte de su política exterior anticomunista) envió asistencia militar a Vietnam del Sur.

La guerra resultante, marcada por una escalada militar de Estados Unidos durante los años 60 y 70, estaba en su furor a la muerte de Ho, pero con el tiempo su bando logró la victoria, con el retiro de las fuerzas estadounidenses del sur en los años 70. La anterior capital sudvietnamita, fue rebautizada Ciudad Ho Chi Ming, en memoria del tenaz líder.

Robert Mugabe (nacido en 1924). Cuando era un joven maestro. Mugabe ayudó a formar organizaciones políticas democráticas en Rhodesia, colonia británica de África meridional con independencia restringida y gobierno de los blancos. En compañía de Ndabaning Sithole (nacido en 1920), Mugabe fundó la Unión Nacional Africana de Zimbabue para luchar por la liberación de los negros. Las actividades de esta unión lo llevaron varias veces a la cárcel, a medida que aumentaba la presión en demanda de cambios políticos.

El gobierno blanco de Rhodesia rompió con Inglaterra en 1965, pero continuó subyugando a los negros. Mugabe, detenido en Rhodesia entre 1964 y 1974, se desplazó luego a Mozambique para preparar invasión de su país.

Aunque aliados por temporadas, Mugabe y Joshua Nkomo (1917-1999), fundador de la Unión del Pueblo Africano de Zimbabwe, compartieron también una historia de rivalidades por el poder. A fines de la década del 70 sus fuerzas se fusionaron en el Frente Patriótico de Zimbabue para establecer en 1980 la nueva nación de Zimbabue Mugabe fue primer ministro, pero su rivalidad con Nkomo se intensificó hasta desembocar casi en una guerra civil. Tras años  de frecuente violencia entre las dos facciones, los dos hombres se reconciliaron en 1987 con un pacto formal entre sus organizaciones.

Mugabe se convirtió en presidente después de una reorganización gubernamental, abandonando en 1991 su insistencia en un estado de partido único, al desintegrarse el gobierno de la Unión Soviética; y con ello la ayuda a los países alineados con el comunismo. Sobrevivió a las cruciales elecciones del año 2000, pero los partidos de oposición salieron reforzados.

Fuente consultada: Historia del Mundo Peter Haugen.

Batalla de las Naciones o Leipzig Guerras Napoleonicas Fin Napoleon

 Guerras Napoleónicas
Batalla de las Naciones o Leipzig

Leipzig, o la batalla de las naciones

 Guerras Napoleonicas

Para Napoleón, la campaña de 1813 empezó con los mejores auspicios. El 2 de mayo vencía a los ejércitos ruso y prusiano en Gross-Górschen, cerca de Leipzig, y semanas después lograba una nueva victoria en Bautzen, en Silesia. Parecía que Napoleón no había perdido su genio estratégico.

Sin embargo, algo fallaba, algo había cambiado; antes, el emperador explotaba sus victorias con la rapidez del rayo; en cambio, en junio de 1813, aunque la acción de Bautzen demostrara que sabía vencer todavía, acto seguido el emperador firmaba un armisticio del que se arrepintió siempre.

En la primera mitad de 1813. Prusia promovió una sacudida sensacional al sublevarse contra Napoleón. En marzo, el rey Federico Guillermo se unió a Rusia, declaró la guerra a Francia publicó su célebre proclama: “A mi pueblo”, redactada a pesar suyo.

Como siempre, Federico Guillermo era pesimista, de una prudencia exagerada, y su pueblo hubo de empujarle, encarnado por estadistas como Stein y Hardenberg, soldarlos como Gneisenau, Scharnhorst y Blücher —el “Mariscal Adelante” “viejo guerrero de mirada adolescente”, poetas y filósofos Ernst Moritz Arndt, y la juventud, los estudiantes, que enfebrecidos de entusiasmo nacionalista se presentaban voluntarios en masa. A ejemplo de los españoles, querían librar su patria de invasores y tiranos extranjeros: librar a Prusia y a Alemania entera.

Cuando Federico Guillermo dictó esta proclama a su pueblo se proponía restaurar las fronteras prusianas anteriores a 1806, pero la juventud y sus jefes tendían a una finalidad mucho más amplia: su ideal era la unidad de Alemania, la creación de un nuevo imperio germánico.

Todo lo nuevo en la Alemania de aquella época se debía a Prusia, y las iniciativas crearon una bola de nieve: en agosto, y gracias a las maniobras de Metternich, Austria se adhirió a la coalición y pronto se constituyeron tres ejércitos contra Francia: el de Bohemia, al mando del príncipe Schwarzenberg; el de Silesia, al de Blücher, y el ejército del Norte, a las órdenes del príncipe Carlos Juan de Suecia, es decir, de Bernadotte, encargado de proteger Berlín.

Se cerraba el circulo: en el frente europeo meridional y en junio de 1813, los anglo-españoles de Wellington vencían a los franceses en Vitoria y avanzaban hacia la frontera pirenaica, terminaba la guerra de España, y la de Alemania duraría poco tiempo. En efecto, Napoleón fue vencido en Leipzig, el 16 de octubre, por los ejércitos aliados unidos. Después de tres días de encarnizada lucha, el emperador ordenó la retirada a sus tropas y se sintió derrotado.

En noviembre, Napoleón. con el resto de sus tropas, atravesaba el Rin y regresaba a Francia. Empezaba la desintegración. La Confederación del Rin fue disuelta, Baviera y Sajonia se separaron de Napoleón y Jerónimo Bonaparte fue arrojado de Westfalia al igual que José de España. Los holandeses se sublevaron y Murat, rey de Nápoles, negoció por su cuenta con Austria tratando de salvar su trono. A finales de 1813, los ejércitos aliados entraban en Francia.

El segundo imperio frances Gobierno de Napoleon III Gobierno Liberal

ANTECEDENTES DE LA ÉPOCA: La segunda mitad del siglo XIX, en el campo político, se caracteriza por la tendencia nacionalista y de estructuración estatal. Una serie de movimientos de independencia triunfaron y se concretaron en la formación de Estados nuevos. Al mismo tiempo el movimiento liberal se manifestó en forma de nacional-liberalismo, y de una tendencia a encontrar fórmulas democráticas que tuvieron su máxima expresión entre los años 1870 y 1914.

El nacionalismo ofrecía dos aspectos: el conservador, que significaba un retorno a viejas tradiciones, respetar y cultivar la historia y las costumbres del país, reverenciar a sus héroes y defender la cultura patria de toda intrusión extranjera, y por otra parte un aspecto revolucionario, ya que para conseguir el camino de la unidad nacional no se rechazaba la violencia y, si era preciso, la guerra.

Los dos Estados que antes consiguieron fortalecerse y unificarse, y que a su vez influyeron en gran manera en la vida de Europa, fueron Italia y Alemania. Y esta preponderancia se consiguió, en gran parte, a costa de Francia.

NAPOLEÓN III: Cuando apenas tenía veinte años, Luis Bonaparte tenía en su mente programa excepcional: resuelto a llegar a jefe supremo del Estado francés, pensó nada menos que en preparar una revolución para expulsar del trono al rey Felipe de Orleáns. Tan pronto llegó a saber que casi todos los militares que habían prestado servicio en el gran ejército napoleónico estaban dispuestos a ayudarlo, decidió actuar.

Sin embargo, los dos golpes de estado (el primero llevado a cabo en Estrasburgo en 1836 y el segundo en Boulogne en 1840), estaban destinados al fracaso. Los oficiales que permanecieron fieles al rey lograron imponerse a los insurrectos mandados por Bonaparte.

El 6 de octubre de 1840 la corte de París pronunció la sentencia, condenando a Luis Bonaparte a “prisión perpetua”. Éste, sin embargo, no era de los que se resignan: el 25 de mayo de 1846 logró fugarse de la prisión y, ya en Londres, comenzó a meditar en un nuevo golpe de estado.

LA SEGUNDA REPÚBLICA FRANCESA: Fue instaurada a consecuencia de la Revolución de 1848, gracias a la acción de los republicanos burgueses y los socialistas. En el fondo, todos coincidían en que era necesaria la libertad de prensa y de asociación, estructurar un programa social y económico y defender el sufragio universal, pero en la forma de llevar a cabo estos ideales las discrepancias eran totales.

Napoleón al enterarse de la revolución, abandonó inmediatamente la capital inglesa, y el 26 de febrero se encontraba ya en París, y allí obtuvo el primer éxito: en las elecciones del 4 de junio, Luis Bonaparte fue elegido diputado por el Departamento del Sena. Pero él tenía otras miras: soñaba con ser emperador de Francia, como lo fuera su tío. Un camino le parecía el más viable para alcanzar la meta: lograr que lo nombraran presidente de la república, que lo consigue en ese mismo año.

Una de las primeras medidas adoptadas por la segunda República Francesa fue ordenar que en las banderas y en los muros de las casas campeara el triple lema: «Libertad, Igualdad y Fraternidad».

El 25 de febrero de 1848 el Gobierno provisional, presionado por las nuevas doctrinas socialistas y para dar satisfacción a los trabajadores, publicó la siguiente proclama: «La República se compromete a procurar a los obreros el necesario sustento por medio del trabajo y reconoce que deben unirse en sociedades para asegurarse el resultado de sus esfuerzos.»

Con ello se proclamaba el «derecho al trabajo» y para ello se puso en práctica el establecimiento de los llamados «Talleres nacionales», ideados por el economista socialista Louis Blanc.

Estos talleres, que agrupaban a sastres, ebanistas, albañiles, cerrajeros, etcétera, tuvieron corta vida, pues realizaban trabajos inútiles y a los cuatro meses ya habían costado al Estado 44 millones de francos. Los contribuyentes y campesinos, que eran los que trabajaban de verdad, se oponían a los citados talleres, y como eran mayoría en la nueva Asamblea decidieron acábar con los 120.000 «vagabundos» enrolados en los mismos. Ello ocasionó una nueva lucha de barricadas que duró cuatro días.

El general Cavaignac recibió poderes extraordinarios de la Asamblea y consiguió sofocar la rebelión (26 de junio de 1848), en vista de lo cual la Asamblea redactó una nueva Constitución en la que el presidente de la República debía ser elegido cada cuatro años por sufragio universal.

Los republicanos votaron por Cavaignac, pero los realistas, católicos y campesinos, se dejaron sugestionar por el nombre de Napoleón y eligieron al príncipe Luis Napoleón Bonaparte, sobrino de Napoleón el grande, e hijo del antiguo rey de Holanda. El nuevo presidente se instaló en el palacio del Elíseo y supo captarse las simpatías y el afecto de todas las clases y estamentos sociales. Protegió las sociedades obreras, dispuso la construcción de viviendas para los trabajadores y realizó continuos viajes de inspección a los Departamentos.

Al acercarse el fin del mandato presidencial, Napoleón, deseoso de ser reelegido, quiso que la Constitución fuese reformada, pero la Asamblea nacional se negó y en vista de ello dio un golpe de Estado e invitó al pueblo francés a unas nuevas elecciones para adoptar una Constitución nueva.

Napoleón III

Napoleón III y su esposa Eugenia de Montijo

Después de haber realizado una gira por Francia y haberse asegurado, sobre todo, las simpatías de los campesinos y de los obreros de las provincias, presentó su candidatura a la presidencia de la república, en diciembre de 1848. La victoria resultó abrumadora: sobre 7.517.811 electores, 5.572.834 votaron a favor de Bonaparte, quien se convirtió en Napoelón III de Francia.

EL EMPERADOR NAPOLEÓN III:
SUEÑOS DE GRANDEZA: Siendo emperador, Napoleón III se trazó un programa ambicioso: devolver a Francia la grandeza que le hábil otorgado Napoleón I. La tarea no era por cierto de las más fáciles: Rusia Austria estaban dispuestas a oponerse a los planes del emperador. Napoleón III, sin embargo, no se desanimó: pensaba en enfrentar a las dos potencias por separado.

En 1854 intervino en la guerra ruso-turca en Crimea, ata cando a Rusia. Vencidos los rusos, Napoleón III llevó a la práctica un plan para poder atacar al imperio austríaco Se alió al pequeño Piamonte y, en 1859, se hallaba junio a éste para ayudarle en la lucha contra Austria.

Napoleón I, con su genio militar, hubiera por cierto abatido definitivamente el poderío de Austria; Napoleón III tuvo que conformarse con Niza y Saboya, a cambio de la ayuda militar ofrecida al Piamonte.

Inmediatamente el Emperador emprendió la ruta de las conquistas coloniales. Después de algunos éxitos en África (fundación de la colonia del Senegal) y en Asia (conquista de la Indochina), emprendió la expedición a México, que costó a Francia grandes pérdidas de hombres y dinero, y que terminó en un ruidoso fracaso.

Mientras tanto, otra nación alcanzaba gran poderío en Europa: Prusia. Confiando todavía en hacer de Francia la más fuerte potencia europea, Napoleón III decidió hacer frente al ejército prusiano. Era el 4 de agosto de 1870. A los prusianos bastárosles tan sólo cuatro semanas para derrumbar definitivamente los sueños de grandeza del emperador. El ejército francés fue destruido completamente en Sedán, y el mismo Napoleón III cayó prisionero. Era el final: el 4 de setiembre de 1870 se proclamó la república en Francia.

EL SEGUNDO IMPERIO FRANCÉS:

El segundo imperio frances Gobierno de Napoleon III Gobierno LiberalDurante el Segundo Imperio Francia vivió una gran expansión industrial, se completó su red ferroviaria y se embelleció París, en parte por razones de prestigio y en parte por razones de estrategia, haciendo desaparecer las estrechas callejuelas que se podrían bloquear con barricadas y abriendo amplias avenidas donde, en caso de necesidad, podría maniobrar el ejercito con la artillería y caballería.

En todo caso fue la contracción de Paris actual, reflejaba el prestigio de gran potencia nuevamente adquirido por Francia. El desarrollo de los barcos y de la industria hizo aumentar el comercio exterior y la exportación de capitales, con el consiguiente aumento de las clases medias.

La característica de su Gobierno fue una alianza entre las fuerzas del Ejército y el Catolicismo que al principio apoyó en todo momento a Luis Napoleón. La clase media y los campesinos le secundaron casi siempre, pero no así los obreros, que aumentaban en gran número al incrementarse el desarrollo industrial de Francia.

Su ideal era resucitar el imperio de su tío, pero Napoleón III no tenía ni la inteligencia ni la energía del genial corso. Sin embargo, como enemigo declarado del Congreso de Viena y todo lo que representaba, al principio permitió el engrandecimiento de Alemania y su unificación, y finalmente apoyó a los nacionalistas piamonteses que iban a dar a Italia la unidad. Como de este modo se enfrentaba con el Papa, cuyos intereses se lesionaban, al incorporarse los Estados Pontificios a la corona de Víctor Manuel, los conservadores y los católicos se le opusieron y este hecho contribuyó a su caída, al carecer de apoyo frente a las crecientes exigencias de los extremistas.

Napoleón gobernó como monarca absoluto, restringiendo las libertades públicas de reunión, asociación y prensa. Además, impuso el juramento de «fidelidad» a los profesores universitarios, diputados, funcionarios, jefes y oficiales del Ejército, etc. Sin embargo, atendió al desenvolvimiento de la prosperidad pública y dedicó especial interés a París, que se convirtió en la capital más hermosa del mundo; sus parques, avenidas y boulevares nacieron bajo la dirección del barón de Haussmann. El formidable impulso económico que recibió el país permitió realizar la célebre exposición de París de 1855.

En los primeros años del Imperio, Francia se vio envuelta en la Guerra de Crimea, más por razones de prestigio internacional que por motivos materiales o estratégicos, como era el caso de Inglaterra; a pesar de la desafortunada dirección de la campaña y del elevadísimo número de víctimas, la victoria final y la celebración del Congreso de Paz en París, le sirvieron a Napoleón III (foto) para reforzar su prestigio personal dentro y fuera de Francia.

El emperador mantuvo una política exterior de apoyo a los movimientos nacionalistas que acabaría por destruir la obra del Congreso de Viena, y que, al favorecer la unidad de Italia y de Alemania, terminó por ser perjudicial para la política francesa.

Napoleón III en Italia cayó en una contradicción política a causa de su apoyo a los nacionalistas de Piamonte y a la defensa de la independencia de los Estados Pontificios frente a este mismo Estado. Dicha situación le llevó a perder partidarios entre los católicos, que siempre le habían apoyado, y entre los nacionalistas y los liberales.

La segunda época del Imperio tuvo un carácter progresivamente más liberal. Se inició en 1859 con la concesión de una amnistía que permitió el regreso de numerosos exiliados, además de facilitar que la asamblea votase los presupuestos generales del Estado. Una mayor tolerancia con la prensa permitió la aparición de periódicos republicanos y orleanistas.

Estas medidas no aumentaron la popularidad del emperador, y en las últimas elecciones, en 1869, el triunfo de la oposición le convenció de la necesidad de crear un imperio liberal inspirado en la monarquía constitucional británica.

La política exterior en Europa tampoco ayudó mucho a la consolidación del Segundo Imperio. Con su contradictoria presencia en Italia se ganó sucesivamente la enemistad de Austria e Italia, sin conseguir ninguna ventaja con ello, y así, cuando, debido a un grave error diplomático, estalló la guerra con Prusia, Francia se halló aislada frente a su poderoso enemigo.

Al caer Napoleón III prisionero en Sedán, el Segundo Imperio dejó de existir, y se proclamó la Tercera República sin derramar una sola gota de sangre en defensa de la emperatriz o las instituciones imperiales.

El triunfo liberal se explica por la progresiva pérdida de popularidad de Napoleón, a causa de su desastrosa política exterior.

Sin duda, el mayor fracaso en este terreno fue el quimérico intento de constituir un Imperio liberal en México, gobernado por Maximiliano de Habsburgo, bajo la protección de un ejército expedicionario, que acabé con la ejecución de Maximiliano por los revolucionarios mexicanos al retirarse las tropas francesas. régimen.

Luego del desastre de Sedán, obligaron al emperador, enfermo, a capitular en Sedan el 2 de septiembre. Dos días después era proclamada la Tercera República. La emperatriz, regente desde el 28 de julio, se refugió en Inglaterra donde Napoleón III, liberado de su cautiverio en Hesse, se reunió con ella. Falleció en el castillo de Chislehurst, en Kent, el 9 de enero de 1873.

Los trabajos de embellecimiento de Haussmann: Nombrado prefecto del Sena en 1853, Georges Eugéne Haussmann ocupó este cargo hasta 1869. En su calidad de tal, emprendió los grandes trabajos que llevan su nombre. En 1860, la zona de París fue modificada con la anexión de las comunas periféricas (Belleville, Auteuil, Passy, Montmartre, Grenelle y Vaugirard) que se convirtieron en distritos externos de la ciudad.

En el centro, la capital fue destripada para habilitar amplias arterias en el corazón del viejo París, en torno a la reconstruida Ile de la Cité. Hacia el oeste se edificaron barrios nuevos, alrededor del arco de triunfo de l’Étoile.

Las obras de aseo y sanidad fueron muy importantes: se reconstruyeron los mercados, se iluminaron las calles con lámparas de gas, se construyó una inmensa red de alcantarillado y un acueducto que en adelante abasteció a París de agua potable. También se acondicionaron áreas verdes en la periferia de la capital: los bosques de Boulogne y Vincennes, y los parques de Butte-Chaumont, Monceau y Montsouris fueron inaugurados para el esparcimiento.

Fuentes Consultadas:
HICIERON HISTORIA Biografía de Larousse Entrada: Napoleón III
CONSULTORA Enciclopedia Temática Ilustrada Tomo VIII El Mundo Actual

CRÓNICA DE LA ÉPOCA
El Mundo – Crisis y Autogolpe de Luis Napoleón :
Luis Napoleón llamó a un plebiscito que le fue favorable y ahora tiene todas las riendas del poder, tal como quería.

Comoconsecuenciadel enfrenamiento que mantiene desde hace dos años con la Asamblea Nacional, dominada por la oposición conservadora, el presidente francés Luis Napoleón llevó adelante el 2 de diciembre último un golpe de Estado.

Para superar la crisis institucional que originóestadecisión, el mandatario llamó a un plebiscito popularque íefue favorable y le permite ahoramanejar el poder con un mayor grado de autoritarismo, tanto contra I republicanos extremistas como contra los monárquicos legitimistas, Tras la revolución de 1848, fue depuesto el rey Luis Felipe I y quedó establecida la Segunda República.

Las nuevas circunstancias le permitieron a Luis Napoleón dejar su exilio en Gran Bretaña y pasar a ocupar un escaño en la Asamblea Nacional, En las elecciones presidenciales se impuso por abrumadora mayoría, gracias a los votos de las masas rurales, Sin embargo, producto de las elecciones parlamentarias del año siguiente, los monárquicos legitimistas tomaron el control de la Asamblea Nacional.

Fue así que este cuerpo legislativo aprobó una ley electoral que eliminó el sufragio universal masculino y marcó el retorno del voto censitario, lo que eliminó a tres millones de personas del electorado, entre las que se encontraban artesanos y obreros estacionales.

Por otra parte, Luis Napoleón presionó para aumentar la duración de su mandato, mientras que la Asamblea se opuso a todo proyecto de reforma constitucional, Siguiendo con la escalada de enfrentamientos entre el mandatario y el Parlamento, laceíebración del 15 de agosto como la fiesta nacional le permitió a Luis Napoleón empezar la transición hacia el segundo imperio, e impuso con éxito un modelo de fiesta nacional popular quefue preludio de la República.

En este marcóse dio el golpede Estado, en el que Luis Napoleón se presentó ante los franceses como el defensor de la democracia que garantiza el sufragio universal, frente al proyecto excluyente de la Asamblea, basado en un sistema censitario.

Fuente: Colección El Bicentenario Período 1850-1869 Fasc. N° 3 – Presidencia de la Nación –

La Unificacion de Italia y Alemania Causas y Consecuencias Mazzini

La Unificación de Italia y Alemania Causas y Consecuencias Mazzini
La formación de un estado nacional italiano tuvo algunas similitudes con el caso alemán. Era un territorio, hasta el siglo XIX, caracterizado por la existencia de múltiples reinos, ducados y pequeños estados.

Los tres principales artífices de la unidad italiana fueron el rey del Píamente, Víctor Manuel II, el conde de Cavour y Giuseppe Garibaldi. Cavour era un hombre culto, había residido en Inglaterra y Francia, y fue un político astuto.

Garibaldi (1807-1882) era un hombre del pueblo, luchador nato, pues en su juventud había estado en América, donde peleó al frente de una «legión italiana» en auxilio de Montevideo. En 1848, en Italia de nuevo, reclutó un grupo de voluntarios con los cuales peleó contra los austríacos. Finalmente ocupó Sicilia y la ciudad de Nápoles, donde gobernó como dictador, pero siempre en nombre de Víctor Manuel II. Sus hombres, los garibaldinos, le adoraban.

Pero la unidad de Italia, si bien necesitaba hombres de combate como Garibaldi, no hubiese sido posible sin la astucia de Cavour.

Italia en la segunda mitad del siglo XIX. Entre las principales regiones de Italia en esta época, se destacaban: el reino de Piamonte y Cerdeña, en el norte; las tierras del Papado, en el centro, y los dominios borbones, de origen español, en Nápoles y Sicilia, además de múltiples territorios pertenecientes a la aristocracia terrateniente, en el sur de la península. Una parte importante de los territorios del noreste (Venecia, Trento, por ejemplo) se encontraban bajo el dominio de los austríacos.

Giuseppe Mazzini (1805-1872)
Fue un político nacionalista y liberal fundador de la agrupación la Joven Italia. Participó en los movimientos revolucionarios de 1830 y se destacó en su lucha por la unificación italiana en la primera mitad del siglo XIX Su pensamiento influyó en e/proceso de unficación defines de siglo.

Giuseppe Garibaldi (1807-1882)Su actividad política comenzó en la agrupación revolucionaria llamada la Joven Italia en 1830. Tras fracasar en su intento revolucionario en Génova, huyó a Sudamérica, donde participó en otros movimientos políticos. En 1848 volvió a Italia para luchar en la revolución y en 1860 encabezó la marcha de Los mil camisas rojas, con el objetivo de liberar Nápoles y Sicilia del dominio francés.

Conde de Cavour

El Reino de Piamonte y Cerdeña se convirtió en el principal impulsor de la creación de un Estado nacional unificado. La burguesía piamontesa, representada por industriales, políticos e intelectuales, fue la principal gestora de los movimientos nacionalistas que surgieron en este período. En esta región se concentraba la mayor parte del potencial económico de la península y era la única zona industrialmente integrada al resto de Europa. Políticamente era gobernada por el rey Víctor Manuel y su ministro liberal, Camilo Cavour.

Este proceso tuvo la oposición de las fuerzas conserva doras principalmente, la aristocracia terrateniente del sur y el Papado, en el centro de Italia. El Papad fue uno de los sectores que mayor resistencia impusieron a los intentos de unidad, ya que temía la pérdida de sus territorios y aumento de la influencia del liberalismo en la región.

El crecimiento industrial permitió el fortalecimiento de la burguesía, que empezó a unir sus aspiraciones económicas y políticas y vio en la unidad política una eficaz vía para desarrollar mejor sus negocios y su actividad económica. Así, la burguesía de los Estados del norte, y fundamentalmente del Piamonte, se convirtió en el motor del movimiento nacionalista, un primer paso para la unificación económica, para convertir Italia en un verdadero mercado nacional, fue la construcción del ferrocarril, que se realizó a partir de 1840. El ferrocarril permitió la conexión de regiones aisladas, transformó la vida cotidiana y permitió el intercambio de mercancías, pero sobre todo la difusión de noticias y de ideas.

En el plano internacional, la unificación italiana contó con el respaldo decisivo de las, principales potencias  Gran Bretaña y Francia. Pero tuvo la oposición de los gobiernos conservadores de Austria y Rusia. Esta situación concluyó con la guerra entre Piamonte y Austria. El triunfo piamontés le permitió incorporar gran parte de los territorios del norte dominados por los austríacos.

En los territorios del sur, la iniciativa nacionalista estuvo encabezada por Giuseppe Garibaldi. Qrganizó un movimiento popular y republicano que venció a los borbones y le permitió recuperar Nápoles y Sicilia.

La unificación italiana dejó planteados dos graves problemas. El primero de ellos fue la marginación de los sectores radicales democráticos encabezados por Garibaldi. Estos fueron derrotados políticamente por la alta burguesía liberal de Piamonte, que finalmente instauró una monarquía constitucional en la región, respaldada por las potencias europeas.

El otro problema fue la relación con la Iglesia Católica. Una vez que sus dominios fueron conquistados y ocupada Roma en 1870, el Papa se consideró “prisionero en el Vaticano”, lo que con el tiempo le trajo al nuevo Estado italiano serios problemas con los sectores católicos europeos.

PENSAMIENTO DE MAZZINI SOBRE ITALIA DEL SIGLO XIX: Somos un pueblo de 21 a 22 millones de hombres, llamados, desde tiempos inmemoriales, con un mismo nombre-el de pueblo italiano-, delimitados por las fronteras naturales más precisas que Dios ha trazado, el mar y las montañas más altas de Europa, que hablamos la misma lengua […], tenemos las mismas creencias y las mismas costumbres, herederos del más glorioso pasado político, científico y artístico conocido en la historia de Europa […].

No tenemos bandera, no tenemos nombre político, ni disfrutamos de un lugar entre las naciones europeas. No tenemos centro común, no tenemos ninguna Carta, ni un mercado unificado. Estamos desmembrados en ocho Estados […]. Ocho líneas de aduanas limitan nuestro mercado y nos impiden la industria y la actividad comercial […]. Ocho sistemas diferentes de moneda, de pesos y de medidas, de legislación civil y de organización administrativa nos han separado y nos hacen sentir extranjeros los unos de los otros. Y todos estos Estados están en manos de gobiernos despóticos […]. No existe libertad de prensa, ni de asociación, ni de palabra […].
MAZZINI, G.: Italia, Austria y el Papa, 1845.

Para saber mas….

LA UNIDAD DE ITALIA. Los tres principales artífices de la unidad italiana fueron el rey del Píamente, Víctor Manuel II, el conde de Cavour y Giuseppe Garibaldi. Cavour era un hombre quito, había residido en Inglaterra y Francia, y fue un político astuto. Garibaldi (1807-1882) era un hombre del pueblo, luchador nato, pues en su juventud había estado en América, donde peleó al frente de una «legión italiana» en auxilio de Montevideo.

En 1848, en Italia de nuevo, reclutó un grupo de voluntarios con los cuales peleó contra los austríacos. Finalmente ocupó Sicilia y la ciudad de Nápoles, donde gobernó como dictador, pero siempre en nombre de Víctor Manuel II. Sus hombres, los garibaldinos, le adoraban. Pero la unidad de Italia, si bien necesitaba hombres de combate como Garibaldi, no hubiese sido posible sin la astucia de Cavour.

En 1855 concertó Cavour un tratado de alianza con Francia e Inglaterra, unidas contra Rusia en la guerra de Crimea, a cuya península fue enviado un ejército expedicionario piamontés. El astuto Cavour consiguió el apoyo de Napoleón III y la promesa de que Francia acudiría en socorro de la Casa de Saboya en el caso de que Austria atacase el Piamonte.

En 1859, Víctor Manuel hizo un llamamiento a la unidad italiana mientras Garibaldi organizaba un cuerpo de cazadores alpinos. Austria, alarmada, ocupó la frontera contigua al Piamonte y exigió la desmilitarización del territorio. El ultimátum equivalía a una declaración de guerra. Los ejércitos franco-piamonteses derrotaron a los austríacos en Magenta Solferino, mientras en los restantes Estados italianos estallaban revoluciones que expresaban el propósito de unirse a la dinastía de Víctor Manuel.

Súbitamente Napoleón cambió de política y firmó una tregua (julio de 1859) que fue seguida por la Paz de Zurich. Garibaldi, por su parte, y al frente de un millar de «camisas rojas», conquistó Sicilia, Palermo, Mesina y Nápoles, tras lo cual intentó la total conquista de los Estados Pontificios al grito de: «O Roma o morte»; pero el Gobierno italiano, temeroso de la protección que Francia dispensaba al Pontífice, desautorizó la campaña y decretó el arresto de Garibaldi.

El Parlamento italiano de 1861, establecido en Turín, proclamó a Víctor Manuel «rey de Italia por la gracia de Dios y la voluntad del pueblo». En 1866 Italia se aprovechó de las diferencias entre Prusia y Austria para anexionarse el territorio véneto. Para completar la unidad italiana era preciso ocupar Roma, guarnecida por tropas francesas, pero el rey Víctor Manuel, que no quería exponerse a una guerra contra Napoleón III, creyó prudente aguardar. La ocasión propicia se presentó en 1870 al estallar la guerra franco-prusiana.
El 20 de septiembre de dicho año, tras una breve lucha en la Puerta Pía, las tropas italianas entraron en Roma, que pasó a ser la capital del nuevo reino. La ley de garantías aseguraba al Papa la más completa independencia en el ejercicio de su autoridad espiritual; además, fue reconocido al Pontífice el derecho a los honores soberanos en todo el territorio italiano y se le permitió que tuviera una guardia personal. Se determinó que los lugares de residencia habitual o temporal del Papa gozasen de inmunidad, se le autorizó a establecer oficinas de Correos y Telégrafos, y finalmente se le asignó una renta anual de 3.225.000 liras, a la que el Pontífice renunció siempre.
«El papa Pío IX —según Pietro Orsi— fue muy útil a la causa italiana, tanto cuando dio el primer impulso al movimiento nacional, como cuando retardó y rehusó obstinadamente llegar a una inteligencia, pues así pudo realizarse la unidad italiana sin hacer al Papa más concesiones que las relativas a la libertad de la Iglesia.» Sin embargo, el Papa, hasta el Tratado de Letrán de 1929 se consideró siempre prisionero en el Vaticano.

Con ello la unidad italiana no se había logrado por completo, toda vez que subsistían el Tirol y Trieste dependientes de Austria; Córcega y Niza. de Francia, y Malta de Inglaterra. Estos territorios constituyeron la Italia irredenta.

A la muerte de Víctor Manuel II le sucedió su hijo Humberto I (1878-1900), que envió varias expediciones a las costas del Mar Rojo, que fueron causa de la desastrosa guerra con Abisinia, en la que los italianos fueron derrotados. Firmó la Triple Alianza con Austria y Alemania, y en la tarde del 29 de julio de 1900 murió víctima de un atentado anarquista. Sucedióle su hijo Víctor Manuel III, casado con Elena de Montenegro.

Es digno de recordarse que a consecuencia de la batalla de Solferino (1859) se creó la Cruz Roja Internacional. Enrique Dunant, escritor y comerciante suizo, quedó tan impresionado al contemplar el campo de batalla después de la lucha, sembrado de cadáveres, de caballos destrozados por la metralla y de moribundos que gemían sin esperanza, que decidió instar a todos los Gobiernos su apoyo para crear un cuerpo de sanitarios que atendiera a los heridos y enterrara a los muertos en el campo de batalla.

Su idea fue bien acogida, y gracias a Dunant la suerte de los que caían en la lucha no fue tan triste como hasta entonces, pero había sido preciso que el siglo XIX hubiese entrado en su segunda mitad para que esta idea cobrase cuerpo. Algo parecido hizo Florencia Nightingale en la guerra de Crimea al atender los hospitales de campañas aliados.