Papa Alejandro Borgia

Arte Gótico y Románico en la Edad Media Resumen Descriptivo

BREVE DESCRIPCIÓN DEL ARTE GÓTICO Y ROMÁNICO MEDIEVAL

Fundamentada en la tradición romana, pero formada en la escuela carolingia, la arquitectura románica es la prueba irrefutable de la mentalidad profundamente cristiana que dominaba al hombre de la Edad Media a través de los movimientos políticos. Durante unos tres siglos, su crecimiento constante y armonioso estuvo caracterizado por el paso de la preponderancia alemana hacia Francia que logró superarla. Por su parte, España también aportó obras románicas únicas en su género, muchas de las cuales aún subsisten

Con su nombre, el estilo “románico” pretendió subrayar que era una continuación del que fue propio de la Roma republicana e imperial. Nació a principios de la Edad Media y se extendió, principalmente, por los países latinos. De construcción sólida, pesada y compacta, estuvo basado en algunos principios clásicos, a los cuales agregó otros, diferentes. Mantuvo, por ejemplo, casi intacta la planta de las tradicionales basílicas romanas, pero transformó sus muros, haciéndolos más consistentes. Reemplazó los techos de madera por bóvedas y cúpulas, hechas con piedras y ladrillos porosos.

Los ingleses lo llamaron “normandos“, porque fueron los normandos quienes, desde el norte de Francia, lo introdujeron en Gran Bretaña. En lacatedral de Durham, en Inglaterra, se aplicaron, para abovedar, procedimientos similares a los empleados en Normandía, copiados, a su vez, de otras construcciones francesas, italianas y españolas. Así, los lombardos, usaban vigas transversales y rellenaban los intersticios de las bóvedas con materiales más livianos.

El estilo lombardo se aligeró, en el Piamonte y en Liguria, por influencia de lamodalidad francesa. En Venecia, se relacionó con Oriente, como puede verse en la iglesia de San Juan de Rialto o en la catedral de Murano. En Florencia, Pisa, Lucca, etc., se evitó la bóveda y se dejó de lado la técnica ciclópea.

En Roma y en el Lacio, al igual que en Umbría, se reemplazó la solidez de la primera etapa con una tendencia menos pesada. Los adornos -que los bizantinos habían descartado del templo- reaparecieron y proliferaron los candelabros, las pilas bautismales ricamente labradas, las pinturas, las esculturas, los trabajos de orfebrería, las miniaturas y las piezas de madera tallada.

arte romanico edad media

Catedral de Durham (Inglaterra), comenzada en 1093.

arte romanico edad medio

Castillo de Rochester (Inglaterra). Comenzado en el s. XI, sólo subsiste el torreón. Es uno de los más bellos ejemplos de arquitectura románica.

edad media arquitectura gotica

Nave central de la Catedral de Maguncia.

arquitectura edad media

Monasterio de Sania María en Ripoll (España). Construido en 888, fue restaurado 1.000 años después, en 1888.

Hasta el siglo II , por lo general los arquitectos eran monjes anónimos. Después, debido a la constante multiplicación de sus deberes, tuvieron que recurrir a los laicos. Como su nombre indica, el estilo románico emanó de la tradición arquitectónica romana, renovada durante la época de Carlomagno. Este estilo fue empleado en la construcción de castillos y, sobre todo, de iglesias. Éstas no sólo se utilizaban para el culto, sino también como mercado cubierto, pretorio y fortaleza.

Bajo la influencia bizantina, las iglesias desterraron el techo de madera de las primeras basílicas romanas y adoptaron pesadas bóvedas de medio punto, talladas en piedra y reposando a todo lo largo de los muros laterales, que apenas podían sostener un peso tan enorme. Los arquitectos de entonces: hicieron los muros muy gruesos, los sostuvieron por medio de contrafuertes exteriores, practicaron únicamente las estrechas aberturas de puertas y ventanas y reforzaron su resistencia con arcos de medio punto. A pesar de estas precauciones, temían que se vinieran abajo y, por prudencia, se limitaron a construcciones de dimensiones modestas, excepto en el caso de las iglesias de conventos y de las que eran centros de peregrinación.

A pesar de que la arquitectura románica se desarrolló de modo armonioso y constante, sufrió cambios tan importantes y violentos que parece indicado hacer una subdivisión en períodos distintos, la cual, sin embargo, no puede aplicarse a toda Europa, pues desde la segunda mitad del siglo xn Francia ya empezó a encaminarse hacia el gótico para llegar al gótico puro a principios del siglo XIII.

En la misma época, Inglaterra también dio comienzo a nuevos sistemas, pero Alemania todavía se mantuvo fiel a las formas tradicionales del arte románico. Sin embargo, intentaremos esbozar esta evolución.

En el siglo X, Alemania marcó la pauta en el terreno de la arquitectura. Las formas carolingias se respetaron de modo escrupuloso, casi servil, y esto constituye una de sus características. Los primeros cambios aparecieron en la segunda mitad de este siglo, y son la bóveda y el sistema de alternación. Pero no modificaron —por lo menos durante un tiempo— ni el volumen ni la forma de las construcciones. Siguió reinando la basílica de fondo plano, con apoyos uniformes (columnas o pilares), muros lisos y linterna sin redondear. De 1000 a 1100, en la primera época del románico, la piedra sin labrar fue progresivamente sustituida por la piedra de sillería.

A partir de 1090, aproximadamente, sólo se abovedó la nave central y se construyó una torre sobre la linterna. Mientras Alemania y Normandía seguían marcando la pauta, en Borgoña y el mediodía de Francia aparecían los primeros grandes edificios románicos.

De 1100 a 1180, durante el románico medio o alto, se sustituyó el techo plano por múltiples naves abovedadas. Aparecen las primeras bóvedas de aristas, columnas y arcos en haces, el deambulatorio y el triforio (estrecha galería que corre por encima de las arcadas de la nave central) y aumenta el número de torres y fachadas.

La aparición de la ojiva en Borgoña y de un nuevo arte en el mediodía de Francia proporcionó a este país la supremacía en materia de arquitectura. De 1180 a 1240, los edificios abovedados alcanzaron su máximo apogeo, la ojiva reemplazó al arco de medio punto y se desarrolló el sentido de las composiciones decorativas. Francia, que ya antes de finalizar el siglo xn había optado por el gótico, se impuso por lo que respecta a este estilo.

En España el arte románico dejó obras únicas en su género, como Santa María de Naranco (848), en Asturias; Santa María de Amer (941); el monasterio de Ripoll, y ese grupo de iglesias catalanas de torre cuadrada de la que es típico ejemplo San Clemente de Tahull. Joya del románico, iniciada en estilo asturiano, es la iglesia de San Isidoro, en León, así como la de San Martín de Frómista, en el camino de Santiago, ambas iniciadas en los primeros años de la segunda mitad del siglo XI. Notable es asimismo el grupo de iglesias románicas segovianas (San Millán, San Juan de los Caballeros, San Martín, San Lorenzo y San Esteban).

Durante este período se construyeron en España las catedrales de Jaca (hacia 1054-1063), Lugo (1129), Zamora (1151-1174), Santiago, los monasterios de San Pedro de Roda, San Juan de Duero, la Colegiata de Toro, etc.

El despertar de la arquitectura gótica estuvo íntimamente vinculado al rápido crecimiento de las ciudades. La ojiva simbolizaba la audaz vitalidad y la progresiva prosperidad de la joven burguesía. Nacido en las catedrales del norte de Francia, este nuevo estilo no tardó en conquistar victoriosamente toda  Europa occidental

ARTE GÓTICO MEDIEVAL: A fines del siglo XII y comienzos del XIII nació en el norte de Francia un arte nuevo que los germanos llamaron, posteriormente, gótico, palabra derivada de “Gott”, que significa Dios, ya que las agujas en que terminaban sus torres parecían apuntar hacia el cielo.

El gótico, en sus comienzos, tomó en cuenta algunos de los principios del estilo románico. Pero aportó un cambio fundamental: hizo que las vigas de las bóvedas se apoyasen sobre pilares, en lugar de hacerlo sobre los muros. Las paredes dejaron de ser imprescindibles, reemplazándoselas, entre pilar y pilar, por coloridos vitrales.

Como se carecía de vigas de hierro, las estructuras tuvieron que hacerse de piedra, lo que obligó a realizar minuciosos cálculos para lograr una resistencia adecuada. Esa red de sutiles vigas, en el interior de la bóveda, recibió el nombre de “tracería”. Se abandonó el arco redondo, de medio punto, característico del románico y se lo reemplazó por dos segmentos de arco destinados a encontrarse en un punto dado, que podía variar de ubicación según que el arco apuntado fuese más chato o más puntiagudo, originando la ojiva.

Después, en lugar de los contrafuertes con que se solían reforzar los pilares para que aguantasen, lateralmente, la presión de las piedras de la bóveda, se recurrió a los llamados “arbotantes” (arcos que sirvieron para contrarrestar el empuje de los principales), los cuales completaron el andamiaje de la bóveda gótica.

La tracería, por dentro, y los arbotantes, por hiera, apoyados sobre pilares, aliviaron la estructura de los edificios, sin perjudicar la solidez del conjunto. Los múltiples adornos, como las trabajadas esculturas de los pórticos del crucero, en las catedrales góticas de Chartres o de Estrasburgo, y las estatuas —como, por ejemplo, las de los fundadores en la catedral de Naumburgo, cuya nobleza y vigor son notables-combinaban su serena riqueza con el prodigioso juego de los vitrales multicolores, con la minuciosa ilustración de los libros manuscritos y con la pintura “al fresco” en las paredes.

Finas piezas labradas -en metal o en marfil-, como una estatuilla en plata de la Virgen, realizada en 1339 por el orfebre francés Jean de Evreux (que puede verse en el Museo del Louvre), completaban el estilizado conjunto.

La pintura “al fresco” recibió este nombre porque se decoraban las paredes de ese modo, es decir cuando el estuco aún estaba húmedo. Así lo hizo, por ejemplo, sobre los muros de la capilla dell’Arena, en Padua, el famoso pintor florentino Giotto di Bondone, que vivió entre los años 1266 y 1337 o sea en plena culminación de la Edad Media.

Para quitarle rigidez a las figuras, se les imprimió una forma ondulada, a la manera de una S. Hay trabajos imbuidos de una soltura y de una espontaneidad naturales que, a veces, mediante el agregado de un simple toque, invaden el campo de lo anímico y de lo temperamental. Esa naturalidad se reflejó en los pliegues de una túnica, en la tersura o en las arrugas de la piel, en la delicadeza de un gesto.

Por eso el estilo gótico -cuya importancia, durante la parte final de la Edad Media, fue equivalente a la del románico durante la primera- lo superó en grandeza, convirtiéndose en el modelo más acabado de la magnificencia medieval. La fuerza y la sugestión del estilo gótico, que sella e identifica toda una época y le da carácter no solamente en el campo del arte sino, también, en el de la historia, irradia más allá del foco nordeuropeo de su nacimiento y, adaptándose a los antecedentes y tradiciones de otras lejanas tierras, llega a los confines del mundo medieval. Tal expansión se plasma, por ejemplo, en Suecia: la catedral de Upsala lo representa con acusadas líneas no exentas de fervor.

Y en los Países Bajos la catedral de Utrech lo patentiza hacia fines del año 1300. Pero no iba a quedar circunscripto solamente a estos ámbitos. Por influencia de las Cruzadas penetró en Medio Oriente y en Siria reaparecen sus testimonios, concretados arquitectónicamente en fortalezas como la de Krak de los Caballeros y en varias iglesias latinas. También en la isla de Chipre este influjo se hace nítido, como para probar su universalidad y la vigencia de su mensaje. Y así, la catedral de Nicosia y la de San Nicolás, en el peñón de Famagusta, recogen en plena área mediterránea el impulso que, en sus comienzos, fue de indudable concepción septentrional.

 

Catedral de Chartres

Interior de la Catedral de Chartres

Catedral de Well en Inglaterra

ALGO MAS SOBRE EL ESTILO GÓTICO:

En Francia, el desarrollo del nuevo estilo arquitectónico, el gótico, coincidió con una sorprendente evolución en el terreno político. En efecto, en esta misma época (1150) los reyes empezaron a extender y consolidar su autoridad. Junto a esta tendencia a establecer el orden y la estabilidad política, se esbozó también un fuerte impulso económico favorecido por la prosperidad de las poblaciones urbanas. Además, la Iglesia atravesaba un período próspero, y la vida intelectual adquirió un amplio desarrollo que culminó con la fundación de la universidad de París, a principios del siglo XIII.

En la segunda mitad del siglo XII se construyeron algunos edificios, como la iglesia abacial de Saint Denis y Notre-Dame de París. En otros lugares florecieron los elementos característicos del nuevo estilo, como la bóveda sobre crucero de ojivas, que estaba formada por aristas reforzadas por arcos empotrados en la manipostería.

Las secciones triangulares entre las nervaduras se rellenaban con un material más ligero. En los edificios góticos, la ojiva representó por último un papel constructivo. Los planos arquitectónicos pudieron ser más audaces con la ojiva que con el arco de medio punto, pues permitía que gran parte del peso de la bóveda descansara sobre los pilares. Sin embargo, al principio los edificios góticos adoptaron importantes elementos románicos.

En la famosa catedral de Chartres, construida durante la primera mitad del siglo XIII, no aparece ninguno de estos elementos. En ella el gótico florece en todo su esplendor. Esta famosa iglesia comprende tres naves y un hondo coro, con deambulatorio y capillas o absidiolas. Las molduras de las columnas acentúan más aún la sensación de fuga hacia lo alto.

En algunos puntos, los gruesos muros del arte romanico han sido reemplazados por maravillosas vidrieras (como el rosetón que corona la fachada principal).

Desde este momento se abre paso el gótico. En todas las grandes ciudades aparecen espléndidos edificios, tanto en París (la Sainte Chapelle recibe, con frecuencia, el sobrenombre de «joya del arte gótico») como en Reims o Amiens. La iglesia de Beauvais, cuyo coro es tan grande como una catedral (48,20 m), representa el punto culminante alcanzado por la arquitectura gótica.

El estilo de las catedrales francesas superó al de los demás países. En Inglaterra, el coro de Can-terbury, construido en 1175, según las ideas fundamentales de Gui-llaume Sens, abrió nuevos horizontes. Otro francés, Geoffroy des Noyers, trazó los planos de la catedral de Lincoln. En el siglo xiv, debido a la riqueza de su ornamentación, el gótico inglés, del que constituye un bello ejemplo la catedral de York, recibió el nombre de decorated style. En el siglo xv se construyeron las ricas bóvedas del King’s College de Cambridge y la capilla de San Jorge de Windsor.

A partir de 1220, España también contribuyó al florecimiento del gótico. A este estilo pertenecen las catedrales de León, Burgos, Toledo, Palma de Mallorca, etc. El mudejar influiría en el gótico en la catedral de Sevilla. En Portugal incluso se mezclaron elementos indios, como en el convento de Batalha. En Alemania, él arco de medio punto se mantuvo durante más tiempo, pero con la construcción de la catedral de Colonia, a mediados del siglo xm, el gótico acabó implantándose definitivamente.

El estilo particular de las catedrales de Siena, Orvieto y Florencia demuestra que los italianos no comprendieron del todo el partido que se podía sacar del nuevo estilo. Sólo el domo de Milán, que, sin embargo, fue en gran parte obra de arquitectos alemanes, se puede comparar a las demás catedrales góticas. Más tarde, un historiador del arte italiano, Giorgio Vasari (1511-1574), pensando en estos arquitectos germanos, dio despectivamente a este estilo el nombre de «gótico», palabra derivada de «godos», es decir, «bárbaros».

El gótico también fue muy brillante en los Países Bajos, gracias a la prosperidad de las ciudades. Difundiéndose, sobre todo, a través del valle del Escalda, este nuevo estilo entró en el condado de Flandes. Algunas veces, este gótico primitivo que aparece en la iglesia de San Nicolás de Gante y de Nuestra Señora de Pamel en Aude-narde, recibe el nombre de gótico alanceado.

Pero en Flandes la arquitectura gótica no se limitó a la construcción de iglesias: la fastuosa vida urbana permitió que se aplicase a edificios de utilidad pública. Así nacieron los mercados, atalayas y casas consistoriales, entre las que merece citarse la de Alost, construida en la primera mitad del siglo xm. Hacia mediados de este siglo, el gótico puro triunfa en el coro de la catedral de Tournai. Sin embargo, este estilo no alcanzó su plena madurez hasta el siglo xv, en Brabante. Numerosas iglesias, como la de Saint Rombaut en Malinas y las casas consistoriales de Bruselas y Lo-vaina, testimonian la excepcional brillantez del gótico en estas regiones.

Como cierto poeta dijo, el gótico es un cántico de alabanza que la arquitectura de Europa elevó al Señor.

Fuente Consultada:
Enciclopedia Ciencia Joven Tomo II Edit. Cuántica
Enciclopedia Juvenil AZETA Editorial Credsa Tomo 3 Arte Gótico y Románico Medieval

Principales Filosofos de la Historia Destacados Pensadores del Mundo

Grandes pensadores, filosofos y cientificos de las historia Grandes pensadores, filosofos y cientificos de las historia Grandes pensadores, filosofos y cientificos de las historia
Siddhartha Gautama (Buda) c. 563-483 a. C. India Fundador del budismo como vía para lograr el nirvana (iluminación espiritual) y liberarse así del ciclo terrenal de la reencarnación. Laozi VI a.C.
China Fundador del taoísmo, interesado por la actitud vital del individuo.
Dao De Jíng.
Confucio
551-479 a. C. China Fundador del confucianismo, que promueve la armonía social mediante las costumbres.
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Sócrates 17.469-399 a.C. Grecia
Uno de los fundadores de la filosofía occidental, a quien se atribuye la frase:
«Una vida sin examen no merece ser vivida». No dejó escritos.
Platón c. 427-347 a.C.
Grecia Discípulo de Sócrates; afirmó que todo lo que percibimos es una sombra de su forma ideal, abstracta. La república (c. 360 a.C.).
Aristóteles 384-322 a.C.
Grecia Filósofo de obra muy amplia con gran interés por la clasificación lógica. Metafísica (350 a.C.).
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Plotino 205-270 d.C. Grecia
Imperio romano Fundador del neoplatonismo, desarrollo de las ideas originales de Platón. Enéadas (c. 253-270).
San Agustín 354-430 d.C. N. de África.
Transmisor del platonismo a través de la teología cristiana. La ciudad de Dios (413-426).
Tomás de Aquino 1225-1274 Italia
El mayor teólogo medieval. Suma teológica (1259-1269).
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Nicolás Maquiavelo (1469-1527) Italia
Afirmó que el estado debe promover el bien común sin tener en cuenta la evaluación moral de sus actos. El príncipe (1513).
Francis Bacon (1561-1626) Inglaterra
Sostuvo que mediante el conocimiento científico se puede controlar la naturaleza. Novum organum (1620).
John Locke (1632-1704) Inglaterra
Defensor del empirismo, según el cual el conocimiento de lo existente debe proceder de la experiencia. Ensayo sobre el entendimiento humano (1690).
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Thomas Hobbes (1588-1679)
Inglaterra Padre de la filosofía política inglesa, que estudia la organización de la sociedad. Leviatán (1651).
Rene Descartes (1596-1650 )
Francia Subvirtió el escolasticismo
medieval y renacentista.
Meditaciones metafísicas (1641).
Baruch Spinoza (1632-1677) Holanda
Uno de los racionalistas más importantes del s. XVII; afirmó que el conocimiento del mundo puede obtenerse a partir de la razón.
Tratado teológico- político (1670).
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Gottfried Wilhelm Leibniz
1646-1716 Alemania Matemático
y filósofo racionalista.
Monadología (1714).
George Berkeley 1685-1753 Inglaterra Empirista que desarrolló un sistema metafísico idealista: en última instancia, la realidad consiste en algo no material. Tratado sobre los principios del conocimiento humano (1710). David Hume 1711-1776
Gran Principal exponente del escepticismo metafísico. Bretaña Tratado sobre la naturaleza humana
(1734-1737).
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Jean-Jacques Rousseau 1712-1778
Suiza Defensor de la soberanía del cuerpo social (el pueblo).
El contrato social (1762)
Immanuel Kant (1724-1804)
Alemania Buscó establecer la autoridad de la razón a través del examen crítico.
Crítica de la razón pura (1781).
Thomas Paine Bretaña (1737-1809 )
Gran Afirmó que los gobiernos deben respetar los derechosnaturales de sus ciudadanos.
Los derechos del hombre (1791-1792).
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G. W. F. Hegel
(1770-1831)
Alemania El más influyente de los idealistas alemanes. La fenomenología del espíritu (1807).
Arthur Schopenhauer
(1788-1860)
Alemania Postuló el idealismo trascendental: la creencia de que la experiencia humana de las cosas consiste en cómo se nos aparecen. El mundo como voluntad y representación (1818).
Soren Kierkegaard
(1813-1855)
Dinamarca Precursor del existencialismo, subrayó la posición única del individuo como agente de la autodeterminación. Apostilla conclusiva no científica a las «Migajas filosóficas» (1846).
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Karl Marx
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Alemania Teórico social radical y
filósofo del comunismo.
El Capital (1867).
Friedrich Nietzsche
(1844-1900)
Alemania Rechazó las interpretaciones religiosas y metafísicas de la condición humana a través del concepto de «superhombre».
Así habló Zaratustra (1883-1885).
Bertrand Russell
(1872-1970)
Gran Fundador de la filosofía analítica, que enfatiza la Bretaña claridad
y la argumentación.
Principia mathematica (1921).
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Ludwig Wittgenstein
(1889-1951)
Austria El más prominente de los filósofos analíticos. Tractatus logico-philosophicus (1921).
Jean-Paul Sartre
(
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Francia Líder del existencialismo, centrado en la totalidad de la libertad humana. El servia nada (1943).
Epicteto
Filósofo estoico.
En Roma fue esclavo de Epafrodito, liberto de Nerón, y siguió las lecciones del estoico Musonio Rufo

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Artistas y cientificos renacentistas Artistas y cientificos renacentistas Artistas y cientificos renacentistas
Miguel Ángel Van Gogh Pablo Picasso

 Los hombres hacen su historia y construyen civilizaciones. Desde hace millares de años, y a partir del momento en que los primates comenzaron a utilizar las manos, los ojos y el cerebro racionalmente, diferenciándose de los otros animales, millones de hombres pasaron por la superficie de la Tierra.

La mayoría de ellos, limitada por sus condiciones personales y sociales, no dejó rastros en la Historia. Otros, en cambio, políticos, científicos, filósofos, religiosos y artistas lucharon, innovaron y modificaron el mundo y la realidad que los rodeaba y, al proceder así, hicieron Historia.

Esos personajes se proyectaron más allá de su mera condición de individuos, para conquistar un puesto destacado en la transformación del destino colectivo de la humanidad. Algunos de ellos desempeñaron un papel más trascendente que otros. Pero todos, indistintamente, con el aporte que brindaron de acuerdo con sus posibilidades, forjaron las bases del gran edificio de la civilización contemporánea.

¿Por qué Mozart, Bach, Beethoven, Shakeaspeare, Miguel Ángel, y otros tantos personajes históricos se hicieron famosos?. ¿Lo fueron gracias a su talento o también debido a las circunstancias históricas que les tocó vivir? ¿Fueron más  afortunados que los demás o tuvieron más sensibilidad e intuición que sus contemporáneos?. Leer sus biografías, significa sobre todo conocer la vida y la obra de los grandes hombres de la historia.

Aquí solo presentamos algunas de las vidas de los individuos que, en mayor medida, han contribuido a hacer la Historia en el Arte. Estos protagonistas son también los protagonistas de nuestra memoria colectiva, aquellos a quienes se recuerda (con independencia de que la importancia real que tuvieran en su época fuera quizá menor que la que tuvieron otros, a quienes hemos preferido olvidar).

La literatura, las artes y la música tienen ahí también su influencia, así como la toponimia e incluso las canciones infantiles, perdurando hasta nosotros nombres y figuras que quizá de otro modo se habrían perdido con el paso del tiempo.

La celebridad ha sido, por tanto, un criterio de inclusión de algunos personajes en esta página, en atención al lector que pudiera interrogarse por esos nombres conocidos. Y es que, en definitiva, es la curiosidad del lector el elemento que dará a este post su sentido último, al guiar la lectura de un personaje a otro.

Agregamos otro gran personaje, que merece estar en esta lista y es importante que leas sobre su vida, se trata de Leonardo Da Vinci, haz clic para llegar a su biografía.

Biografia de Lucrecia Borgia Hija de Alejandro VI Papa Historia Vida

Biografía de Lucrecia Borgia
Hija de Alejandro VI

Biografia de Lucrecia Borgia Hija de Alenjandro VI Nacida en Roma el 18 de abril de 1480 fue la tercera hija natural del Papa Alejandro VI Borgia y de su amante Rosa Vanozza Catanei.

Lucrecia tenía un carácter más bien alegre y desinteresado, fuera parecía noble y sensible ,con apariencia frágil y muy bella; en una sola palabra “la buena hija y la buena esposa” pero por dentro, era una mujer mucho más ambiciosa de lo que pudiera aparentar. Amaba las fiestas y era muy enérgica.

Llegó a dominar a su hermano César, lo cual nunca a él le agradó. Sus pasiones favoritas fueron lsa matemáticas, las artes, la lectura y la música. Murió en 1519.

Lucrecia Borgia, Duquesa de Ferrara, era la tercera hija natural del Papa Alejandro VI (“El Nerón de los Papas”) y Vanozza Catanei, nació en Subiaco (cerca de Roma) el 18 de abril de 1480. La conexión de la familia con el mundo de la Sede Papal provenía de sus antepasados: Alonso de Borja, ya había ocupado el trono de San Pedro con el nombre de Calixto III. Además, ella misma, sería la abuela de un santo de la Iglesia: San Francisco de Borja. En cuanto a su madre, Vanozza Catanei, podía exhibir una numerosa lista de maridos: Antonio de Brixia, Domingo de Arignano (o Carinano), Jorge della Croce y Carlos Canale. Esta situación era alentada por el mismo Rodrigo Borgia (Alejandro VI) para ocultar la situación atípica que mantenía con Vanozza. No obstante, ésta los igualó a todos al darles algún hijo a cada uno, regalo que repitió también con su principesco (príncipe de la Iglesia) amante, siendo ese fruto de las relaciones con Rodrigo Borja (uno de ellos) el nacimiento de Lucrecia. Sobre Vanozza, por su proximidad a la familia Borgia, cayó también el vilipendio de la Historia, siendo para unos una honrada dama renacentista muy típica de la época, y para otros, simplemente, una cotizada cortesana que transitó por los mejores lechos romanos.  

Ahora bien, el carácter de Lucrecia era alegre y desinteresado, incluso hasta parecía noble y sensible, de apariencia frágil y muy bella. Sin embargo, aunque pareciera ser “la buena hija y la buena esposa” por dentro era una mujer ambiciosa. Amaba las fiestas y era muy enérgica. Llegó a dominar a su hermano César, lo cual despertó su desagrado. Sus pasiones favoritas fueron las matemáticas, las artes, la lectura y la música. Murió en 1519.

Claramente, en Lucrecia Borgia se reunía la belleza (llamaba la atención su deslumbrante cabellera dorada) y el talento, una conjunción a la cual se sumaban la crueldad y el libertinaje. Esta última acusación tuvo su punto álgido unos años más tarde, con el rumor de que había quedado embarazada como resultado de unas hipotéticas relaciones con su padre, el Papa, o con su hermano, el duque de Nepi.

Dadas las características de estas acusaciones, en vano resultarían los intentos por limpiar el nombre de Lucrecia Borgia, que había sido expuesta al flagelo de semejantes difamaciones. Incluso, algunas biografías posteriores, incidían también en el retrato en negro de esta bella mujer que, por ejemplo, sobresalió de las de su tiempo con un bagaje de conocimientos notables como eran el dominio de varias lenguas (valenciano, castellano, italiano, latín, griego), o la pasión por diversas artes como el dibujo y, sobre todo, la música.  

Cuando se casó por primera vez era todavía una niña, el matrimonio había sido concertado cuando tenía once años, convirtiéndose en la prometida de Querubín Juan de Centelles, aunque el compromiso seria roto por su progenitor para poder ubicarla con un mejor partido: Gasparo de Procida (o Próxita) que sería su primer esposo. Al poco tiempo, en 1492 por su padre ya convertido en Papa.

A la edad de doce años, recién separada, tuvo un nuevo pretendiente, el conde de Prada, que no pudo concretarse. Además, el tercer candidato, el conde Gaspare di Aversa formaría parte de la lista de pretendientes frustrados de la pequeña Lucrecia.   Cuando cumplió trece contrajo matrimonio con Juan Sforza, señor de Pésaro, de 28 años de edad y viudo. El novio había sido elegido por el cardenal Ascanio Sforza, pariente del joven Juan, un alto dignatario de la Iglesia con mucho poder en la corte vaticana. Su padre, Alejandro VI lo había considerado un excelente partido, debido a que su familia ejercía el poder en buena parte del norte de Italia. El día del casamiento, el desfile de la novia congregó a miles de personas que admiraron el lujo excesivo que acompañaba al cortejo y que adornaban a Lucrecia. Asimismo, el suntuoso banquete de este enlace duró varios días, y a él asistió la nueva amante de su padre, Julia Farnesio, llamada la Bella, la misma que durante toda su existencia gozará de la amistad, que la Bella le devolvió, de Lucrecia. No obstante, al poco tiempo su padre anuló también este enlace por impotentia coeundi del esposo, curiosa impotencia cuando había engendrado anteriormente tres hijos de su primera esposa.

 Al poco tiempo, Juan Sforza se vengaría de tal infamia: si él se alejaba de Lucrecia, era porque el papa Alejandro, su padre, la quería para él. En realidad, lo que haría su padre sería buscar un nuevo esposo, Alfonso de Aragón, duque de Biscaglie (como ella misma, también hijo natural, en su caso del rey Alfonso II de Aragón). Alfonso, un joven de belleza deslumbrante, tenía 17 años y Lucrecia dieciocho. Alfonso era hijo de Alfonso II el Bizco y de una concubina de este llamada Trussia Oazullo.  

El matrimonio fue legal desde el día 14 de julio de 1498, siendo celebrado y consumado ese mismo día de forma secreta. Así se mantuvo hasta el 5 de agosto, en que se celebró la ceremonia pública con los acostumbrados festejos. Un detalle curioso de esta ceremonia ostentosa, es que en el gran banquete, el Papa Alejandro tenía al alcance de su mano una dorada fuente en la que se movían, repulsivos, algunos reptiles, en especial culebras y serpientes sin duda venenosas. Por su parte, César, su hermano fue director de un baile pagano de disfraces acompañado de representaciones y excesos que se prolongarían hasta el amanecer.

La vida de la familia Borgia estaría marcada por las traiciones y la tragedia. En 1499, Alfonso de Aragón sería estrangulado por los sicarios de César, previamente había sido atacado y malherido por estos mismos sujetos en la escalinata de la basílica de San Pedro.  A su vez, Lucrecia había dado a luz un hijo poco tiempo antes del asesinato. Este hecho llevó a una serie de conjeturas e hipótesis en cuanto a la paternidad del recién nacido. En este sentido, al margen de la paternidad hipotética del asesinado, otras versiones consideraban a su hermano César como el verdadero padre. Evidentemente, toda una sucia historia pasaría a formar parte de la crónica de aquellos tiempos renacentistas.

En realidad, César Borgia sentía una fuerte atracción por su hermana, pasión que desataba esta furia criminal contra sus esposos y amantes, ya que también había estado César detrás de otra muerte: la de Perotto, amante fugaz de Lucrecia y, según la misma vox populi, padre de un hijo de ésta (aunque Aretino fue más allá y llegó a decir que César también era querido de su padre, el papa Alejandro VI). Perotto, apareció ahogado en las ya habituales aguas del Tíber, un río que también había sido líquido sudario para su también hermano Juan Borgia.

Lucrecia había presenciado la muerte de su esposo, lo que la llevó a permanecer encerrada en una habitación tapizada de negro durante un año, rezando y recordando al marido muerto tan ignominiosamente. Sin embargo, el Sumo Pontífice rápidamente se ocupó de organizar, en 1501, el cuarto matrimonio de su hija. En esta ocasión, contrajo matrimonio con Alfonso II de Este, duque de Ferrara, de 24 años de edad. Durante estos meses transcurridos entre su viudez y su nuevo matrimonio, algunos historiadores sitúan el tiempo más oscuro y más susceptible de invenciones de su biografía. En ese interregno Lucrecia llevó directamente, en tres ocasiones, los negocios del Vaticano ante la ausencia, por diversos viajes, del Papa. En realidad, Lucrecia se limitó a llevar los asuntos particulares de su padre y su correspondencia privada, siendo aconsejada tan sólo en temas de Estado y en su toma de decisiones, por un cardenal español llamado Jorge Costa.

También en esta época sitúan los historiadores sus tiempos más desenfrenados, coincidentes con sus grandes crímenes y sus inefables orgías, incluidas las organizadas en familia, con la participación de su padre, y —aquí la leyenda— con el resultado de un vástago de aquellas incestuosas relaciones, un bebé de éste, Rodrigo, nacido en 1499, y que sería conocido como el infante romano. Lucrecia ejerció el poder también fuera de Roma y el Vaticano, entre otros en Spoleto y Nepi, lugares donde ejerció de gobernadora y donde mandó celebrar con el boato tradicional, el jubileo del año 1500.

La historia de esta familia renacentista demarca un panorama oscuro y apasionante, en el cual habría que ubicar la segunda papisa de la historia de la Iglesia Católica. En este sentido, Lucrecia ejerció ese mandato, en más de una ocasión, ante la ausencia de su padre. Al aparecer, llevó con discreción esta responsabilidad a diferencia del Sumo Pontífice que ocupaba su tiempo en exhibirse junto a su nueva amante, Julia Farnesio (hermana de Alejandro, curiosamente futuro Papa también con el nombre de Pablo III), una mujer nada menos que cuarenta años más joven que su enamorado.

La vida de Lucrecia Borgia pronto se estabilizó. Tenia 21 años cuando se casó con el primogénito de Ercole d’Este, dejando atrás los anteriores y sucesivos esposos impuestos por su padre. De esta manera, este nuevo enlace entre Alfonso de Este y Lucrecia Borgia parecía augurar una mayor estabilidad que los anteriores, a pesar de que el nuevo esposo no era excesivamente simpático ni amante de contactar con su pueblo. El casamiento se celebró el 28 de diciembre de 1501, en el cual no faltó el desfile por las calles de la ciudad del cortejo nupcial, como en los anteriores enlaces. Este ceremonial fue un regalo para los sentidos, el encanto y simpatía de la novia, era seguida por medio centenar de damas de alcurnia, más numerosas doncellas alineadas en una doble fila, luciendo los mejores tocados y vestidos.

En esta nueva boda, César (tan próximo a ella y ella de él) organizó una fiesta taurina, que acompañaba el espectáculo. En esta fiesta, además de la muerte de los toros habituales, contó con la sorprendente lidia de dos búfalos. Además, antes de la corrida, César había organizado una carrera pedestre por estamentos muy singular: de jóvenes, niños, viejos, prostitutas y judíos…  A los dos últimos grupos, el director de escena obligó a que corrieran desnudos, para mayor humillación de los mismos, y mayor vergüenza, pues aquellas extrañas carreras finalizaban en una meta situada en la misma santa Plaza de San Pedro. Este tipo de prácticas formaba parte de la cotidianeidad de esta particular familia, así, formalizado el compromiso entre Lucrecia y su prometido, los miembros de la familia Borgia intervinieran en una de sus continuas fiestas-orgías, organizadas dentro de los muros del Vaticano. A esta reunión fueron invitadas nuevas hetairas, medio centenar, que acabaron por ser obligadas a bailar desnudas con otros tantos criados. En estas fiestas, conjuntamente con el componente humillante para las prostitutas, había otro de un muy acusado resultado erótico, por la forzada posición de las participantes. Parece, también, que estas fiestas licenciosas celebradas en familia, tenían su parte individual, y que Lucrecia intervenía con mayor gusto en estas últimas, ya que de camino, daba satisfacción a sus sentidos. Por sus brazos se dijo que pasaron numerosos amantes, sin importar su estado civil, y que muchos fueron personajes pertenecientes a las elites. Como, por ejemplo, el Oran Capitán, militar español de nombre Gonzalo Fernández de Córdoba, quien estando de campaña por Italia, fue invitado por Lucrecia a un paseo en barca por el Tíber en una noche de amor alumbrada por la luna.   

Por otra parte, Lucrecia y Alfonso gobernaron desde 1505 en Ferrara, convirtiéndola en una de las cortes más brillantes de toda Italia. De este matrimonio nacieron cuatro hijos, tres mujeres y un varón. Desde el primer momento, Lucrecia se vio mimetizada con el lugar, cuando hizo su entrada triunfal en 1502, era seguida por un cortejo de más de 90 mulas que transportaban su vestuario, joyas y muebles más amados. Allí intentó rodearse de una sociedad de poetas como Ariosto entre los literatos, que haría un canto entusiasta de su señora que incluyó en su celebérrimo libro Orlando furioso, y de pintores entre los cuales se destacaba Tiziano.  Incluso, la misma duquesa era apasionada por las artes, escribiendo poemas en varios idiomas. En cierto sentido, Lucrecia Borgia no fue mejor ni peor que cualquier otra princesa o aristócrata de la época. Lo que resultaba evidente era que funcionaba como moneda de cambio en intereses políticos inconfesables por su padre, el Papa, y su hermano César. Incluso, para los que la conocieron o escribieron sobre ella, esta hermosísima mujer destacaba por su generosidad y protección para con las artes, sobresaliendo también de entre un mundo de despilfarros, su gran corazón, que la mostraba caritativa con los más desgraciados.

Además, algunos historiadores la describen como una víctima, a la que le impusieron todos sus maridos. Capturada por las imposiciones familiares sólo tuvo, como mínima venganza,  la posibilidad de elegir a sus amantes: Perotto, César (su hermano), Juan (su otro hermano), Rodrigo (su padre), Francisco de Gonzaga y Pietro Bembo. De entre los dos últimos, el primero era pariente de Lucrecia, perteneciente a la nobleza en la que figuraba como marqués de Mantua. En cuanto a Bembo, se trataba de un gran humanista que, sobre todo, amó a Lucrecia a través de apasionadas y, a veces, diarias cartas de amor.  

Con Bembo se habían conocido en una villa de las afueras de Ferrara, por medio de otro amante de la Reina, Hércules Strozzi, un poeta cojo que la idealizó llamándola Bárbara. Stozzi murió a manos de un Alfonso de Este, en el papel de marido ultrajado, que le propinó 23 puñaladas para limpiar su honor.

En cuanto al resto de los hombres que estuvieron cerca de Lucrecia, Perotto que en realidad se llamaba Pedro Calderón, era un español que estaba al servicio de Rodrigo Borja, al que afeitaba a diario, era muy cercano a toda la familia Borgia. Pedro fue con quien Lucrecia tuvo sus primeras relaciones sexuales. Ello ocurrió cuando Lucrecia contrajo por primera vez matrimonio, en aquella ocasión, la novia, agitada y nerviosa luego de una noche de bailes y excesos, había llegado a su casa en el momento en el que el criado Perotto le entregaba un recado de su padre. Bajo los efectos, sin duda, del alcohol y la abundancia de manjares ingeridos, la tímida princesa se decidió a pedirle a su criado que se quitara la ropa, ya que nunca había visto a un hombre totalmente desnudo. Poco duró la duda de Perotto, que accedió a la petición de su señora, acabándose así para ella aquel misterio.

Luego de ese día, Lucrecia continuó la relación con Perotto hasta que fueron descubiertos por César. El criado aterrado, se vistió lo más rápido que pudo y huyó. Sin embargo, no pudo escapar de los sicarios de César Borgia, quienes lo mataron de inmediato, arrojando su cadáver al río Tíber. A pesar de la muerte del barbero del Papa, Lucrecia lleva en sus entrañas un hijo suyo, que sería conocido como el infante Romano. Sin embargo, algunas versiones atribuyen la paternidad al mismisimo  Alejandro VI. La posible relación incestuosa entre padre e hija (Alejandro VI y Lucrecia), además de la propalada por un despechado Juan Sforza, tuvo, sin duda, su base en la bula secreta Spesfiuturae, en la que el Papa había escrito de su puño y letra que él era el padre del que será conocido como infante romano (como se sabe, atribuido también al desgraciado Perotto).  

Incluso, esta relación prohibida se atribuye a los comentarios realizados por un burócrata del Vaticano, Birckard, el cual en su diario reflejaba el interés con el que, padre e hija, estando asomados un día a sus balcones, presenciaron, divertidos, el acoplamiento entre un caballo que montaba, excitado, a una mula. Tan mínima anécdota llegaría a convertirse en detonante del incesto. Ciertamente, logró transmitirse como hecho consumado en compañía de comentarios y frases como: Lucrecia Borgia «hija, esposa y nuera del Papa». Como si estos rumores no fueran suficientes, a Lucrecia se le adjudicó ser una experta envenenadora de sus adversarios, utilizando magistralmente el correspondiente veneno impregnando todo tipo de objetos desde una fruta, una flor, un pañuelo o, incluso, a través de un beso.

A poco de casarse, Alfonso, duque de Ferrara, convenció a Lucrecia de que se trasladara a Regio, para reponerse de la tristeza por la muerte prematura de un bebé, Alejandro. En ese lugar, entablará una relación amistosa en principio, e íntima más tarde, con Francisco de Gonzaga, duque de Mantua y su cuñado.

Esta relación se interrumpió cuando la duquesa retornó a Ferrara, manteniéndose una correspondencia continua entre ambos, a través de cartas escritas en clave, imposibles de descifrar por los espías de su esposo, que continuamente la vigilaban. Tras dos años de idilio, fueron descubiertos, llegando la noticia del adulterio hasta Alfonso. Por su parte, los colaboradores de su marido intentaron suavizar la noticia, afirmando que Gonzaga estaba enfermo de sífilis y, por tanto, era impotente.

En cuanto a Pietro Bembo, era embajador veneciano en Roma y pulcro poeta, sensible, culto, y diez años mayor que Lucrecia. Bembo, había sido deslumbrado por la rubia y bella soberana, constituyendo este amante la otra cara de su brutal esposo, el duque de Ferrara.  En principio, era una simple atracción espiritual y platónica, pero que pronto se convertiría en una gran pasión que, de nuevo, obligaría a los amantes a la utilización de las epístolas en clave. Ambos vivían en pueblos muy próximos, lo que facilitaba sus encuentros íntimos. Todo acabó con la subida al papado del nuevo Pontífice, Julio V, enemigo de los Borgia, aunque, a pesar de las nuevas dificultades, continuaría por un tiempo aquella relación epistolar.

Bembo, autor de unos diálogos de amor titulados Asolani, no tuvo inconveniente en dedicarle el libro a la duquesa de Ferrara. Pasados los años,  pasaría a la historia como un gran humanista del Renacimiento, además de formar parte de la diplomacia vaticana como secretario del papa León X y ser él mismo cardenal en el siguiente pontificado.   

Con el Romanticismo en apogeo, se produjo una suerte de agigantamiento de los pecados de Lucrecia Borgia: en esta otra historia, su protagonista —sucia, cruel, auténtico sujeto de «deformación moral» (palabras de Víctor Hugo en su drama Lucrecia Borgia)— se sobrepondría a la otra, poco a poco, estaba a punto de nacer un monstruo. De esta forma, a partir de Hugo, llegarían en tromba, la ópera del mismo título al año siguiente (compuesta por Donizzetti) y estrenada a bombo y platillo en la Scala milanesa en 1833. También retratada por Alejandro Dumas. Incluso en España, la incursión por la Italia renacentista del gran fabulador Manuel Fernández y González, lo convertiría en autor de una inefable Lucrecia Borgia en Memadas de Satands.  

Evidentemente, estos rumores y preconcepciones se trasladarán hasta nuestros días, sin poder evitar la polémica que desata esta singular dama renacentista. Lo curioso es que, más allá de la veracidad de las acusaciones que se ciñeron sobre Lucrecia, nadie pueda bajar a la rubia princesa del pedestal de maldad que le tenían reservado los siglos.

A partir del rescate del siglo XIX, Lucrecia será presentada como un ser amoral, amancebada con sus dos hermanos, provocadora de la muerte del primogénito y hermano de ambos, Juan. Otra versión presentará a Lucrecia como experta en venenos, especialista en el uso y abuso de las tomaínas, que utilizaría en pócimas letales preparadas ex profeso para sus amantes. La duquesa de Ferrara, al mezclar en sus copas dosis de agua tofana —que sólo con nombrarla producía estremecimientos de honor en mucha gente— o la cantarella  (veneno preferido por los Borgia, que se obtenía de la masa putrefacta y licuada de un cerdo colgado boca abajo y apaleado hasta morir, más las entrañas de un sapo sazonadas con arsénico). Una característica —perversa— añadida de este veneno era que mejoraba extraordinariamente el sabor de la comida o bebida con la que se mezclaba, haciendo que la víctima se olvidara del peligro en aras del placer gastronómico.  

Así, como bien lo demuestra este apartado, la leyenda se sobrepuso a su verdadera historia de vida, nada santa desde luego, fue producto de su época y de un ambiente tan fétido moralmente como el que la rodeó. Milagrosamente, y dada la época y los métodos utilizados normalmente para la eliminación de los enemigos, Lucrecia sobrevivió a toda su familia, muriendo en 1519. Su madre moriría poco antes, con la cual Lucrecia no había perdido contacto (en sus cartas se despedía siempre como «tu afortunada e infortunada madre»), tras su desaparición, se hundió más en la soledad y la tristeza los últimos meses de su vida. No obstante, nunca perdió el gusto por las grandes fiestas, acudiendo a todas las que se celebraban en la ciudad, así como a las representaciones teatrales y a los espectáculos de danza.  

Además, defendió y alentó las actuaciones de una hermosa bailarina llamada Dimitria, a la cual le proporcionaba una indumentaria lujosa y  hasta sus propias joyas, para realzar la belleza de las sesiones de baile que alentaba sin descanso. Sin embargo, en sus últimos siete años, y como suele suceder a los que han llevado una existencia tumultuosa, intentó vivir de forma discreta, rodeándose de una inesperada religiosidad, con comuniones y confesiones diarias, que la llevarían a ingresar en el convento de San Bernardino como terciaria franciscana.

Fuente Consultada: Basado en Seres Crueles y Siniestros de la Historia- La Vida de los Papas S. Fontana- Traidores de Cristo René Chandelle.

Cesar Borgia Historia de ambicion y poder en Italia Renacentista

Cesar Borgia Historia de Ambición y Poder en Italia

Tercer hijo natural de Rodrigo Borgia (más conocido por el nombre de Alejandro VI, Papa) y de una dama romana llamada Rosa Vanozza. Nació hacia 1457; murió frente al castillo de Viana el 12 de marzo de 1507, o en 1513 según otros. Poco es lo que se sabe del primer período de su vida.

César BorgiaCésar Borgia fue el tercer hijo natural de Rodrigo Borgia (el Papa Alejandro VI) y de Juana Catanei (llamada Vanozza). Nacido hacia 1457; no hay acuerdos respecto al año de su muerte, algunos estiman que murió en el castillo de Viana de 1507 y otros en 1513. Gozó de la estima de su padre, compartiendo un vinculo mas o menos fraternal con otros cinco hermanos, producto del romance de su padre con Vanozza Catanei, mujer con la cual convivió el Pontífice durante un cuarto de siglo.

 Por ser hijo de un pontífice, César no podía presumir provenir de una buena familia. Como toda su familia era de origen español, al localizarse en Italia cambiaron la pronunciación del apellido Borja por Borgia.

Lamentablemente, César será recordado como el príncipe sin escrúpulos, aquella figura que inspiró a Maquiavelo para escribir su célebre tratado y por su pertenencia a una familia frívola y amoral para la cual no contaban los principios elementales.

En César se conjugan cómodamente la generosidad, la valentía y la inteligencia junto a la perfidia y el asesinato. Años más tarde, el florentino Maquiavelo llamaría, precisamente, «sublime perfidia», a la fría y calculadora actitud política del hijo de Alejandro VI. Sin embargo, César vivió poco pero intensamente, alternando su incansable actividad entre Marte y Eros, utilizando en ambas especialidades todas las armas a su alcance, incluidas —y sobre todo— las de la traición y el crimen.

Cesar incursionó por el cardenalato, lugar reservado por su padre para él (durante muchos años sería conocido como el cardenal de Valencia), sin

 embargo, abandono este cargo para casarse con Carlota, la hija de la reina de Navarra, Juana de Albret.

Tras pasar brevemente por el cardenalato para el que, en principio estaba destinado por su padre (durante muchos años sería conocido como el cardenal de Valencia), abandonó esta dignidad eclesiástica para casarse con Carlota, la hija de la reina de Navarra, Juana de Albret.

Por otra parte, el rey de Francia Luis XII lo beneficio con una pensión de 20.000 ducados, además de otorgarle el titulo de duque de Valentinois, por el cual sería conocido, desde entonces, como el Valentino. César, coleccionista de dignidades, será vicario de las tierras que conquistaba por las armas, magistrado supremo y capitán general de la Iglesia Católica.

César era una mezcla ambigua de maldades y cualidades, sensible a todo tipo de idolatría, sobretodo la que provenía de su pueblo. En este sentido, en ocasión de su regreso a Roma como triunfador de una trifulca política y bélica, la ciudad festejó sus triunfos durante varios días con fiestas y espectáculos en los que el propio César participó activamente. Además, sentía auténtica pasión por los toros. Y este apartado de los festejos eran los más cuidados y mejor organizados por el hijo de Rodrigo Borja, que podía dedicarse a torear y matar hasta siete toros para él sólo en la plaza de San Pedro César convertida en un circo romano.

 Su hermano Juan, el primogénito de Alejandro VI, apareció flotando en las aguas del río Tíber, se estima que su muerte se debió a que su mayorazgo representaba un obstáculo para los planes de César. Por otro lado, algunos interpretan la muerte de Juan como fruto de riñas amoroso-familiares entre el occiso y César, que se disputaban el amor de su hermana Lucrecia.

César volvió a rozar el incesto con sus amores dirigidos hacia Sancha de Aragón, hermana de Alfonso, esposo de su hermana Lucrecia, y esposa a su vez de Jofré, hermano de él mismo y de Lucrecia. Sin embargo, estos pedidos eran practicas comunes para el Cardenal de Valencia: a él se debieron las muertes de un navarro llamado Juan de Armenteros (para otros historiadores, Juan Petit), debido a que, hasta sus oídos habían llegado ridículos chismes sobre el desgraciado, cotilleos de cortesanos y poco más, aunque suficientes para que sus sicarios lo apuñalaran.

Otra víctima sería un camarero del Papa llamado Troche, quien huyó hacia España al conocer su condena, César envió gente a su servicio que le aseguraron al fugitivo que si regresaba a Roma no le ocurriría nada. Troche confiado, cuando entraba en Roma, fue empujado por los soldados de César hasta las celdas de San Ángelo, donde permaneció preso durante un tiempo hasta que, condenado en firme, recibió la muerte por garrote.

 Cesar Borgia combinaba dos pasiones, el hedor de los campos de batalla con las intrigas dentro de su red de allegados. Asi, una de las audacias de César Borgia fue cuando, lujosamente ataviado y a lomos de un fogoso corcel, ordenó a la guardia que sacaran a la plaza a un número determinado de prisioneros de guerra y delincuentes comunes, sin distinción de sexo ni edad.

Una vez atados a unos postes, el caballero arremetió contra ellos, disparando su arcabuz sobre unos, atravesando con la espada a otros o, a los que aún no habían muerto, los aplastó con los cascos de su cabalgadura. En realidad, sin negarle el ser un gran capitán utilizaba la guerra en su propio beneficio.

Con respecto al campo de las intrigas, César colaboró con su hermana Lucrecia, no se sabe si de buen grado o forzadamente, a la que casó y descasó según sus intereses de cada momento. Por último, era tan avaro y ambicioso de las riquezas ajenas que no dudó en tender una emboscada en Sinigaglia a sus colaboradores, haciendo ahorcar a todos sus generales, de manera que quedó como beneficiario único del botín que poseían los defenestrados.

 Con un ritmo de vida tan intenso como el que tenía Cesar, no podía dedicarse a tantas cuestiones él solo, por eso siempre tuvo un colaborador a su lado, Miguel Comella, que funcionará durante toda su vida como el brazo ejecutor de todos los crímenes atribuidos a su señor.

Comella era valenciano, César lo había traído de tierras levantinas españolas y rápidamente se había puesto a su disposición. De esta manera,  además de conjuntas correrías por mancebías y palacios, el criado y su señor no tuvieron escrúpulos en mancharse las manos de sangre cuantas veces fueran necesarias.

Cesar Borgia era un capitán, que cuando no estaba en guerra se transformaba en un príncipe totalmente entregado al lujo y lo fastuoso, de tal manera que tenia un gran sentido estético para las puestas en escena. En este sentido, le gustaba organizar grandes espectáculos para su propia exaltación, haciendo dispendios inimaginables como los efectuados con la excusa de su viaje a Francia.

Así, ingresaron a Francia a través del puerto de Marsella, de la cual partió la comitiva de Borgia y como muestra del boato irresistible de que se hacía rodear el hijo del Papa, llegó a herrar todos los caballos de su cabalgata con herraduras de plata maciza, eso sí, apenas sujetas por un clavo que posibilitaba su pronto desprendimiento con el doble resultado de, por un lado, deslumbrar literalmente a todos con aquella extravagancia, y después, al desprenderse las argénteas herraduras, contentar a la plebe, que se empujaba para adueñarse de una de aquellas piezas. Era, sin duda, una forma sibilina de ganarse a gran parte de la población.

 Como repetidas veces se expresó a lo largo de este apartado, César Borgia no paró un instante, pasando de las batallas bélicas a las diplomáticas y, también, a las que tenían como campo de batalla las alcobas y como contrincantes, a las mujeres. Efectivamente fue un hombre de guerra, sin embargo, se sentía a gusto entre artistas e intelectuales. De hecho, en algunas de sus correrías fue acompañado por nombres tan preclaros como Miguel Ángel Buonarrotti, Leonardo da Vinci, Nicolás Maquiavelo o el gigante español García de Paredes. Vitalista e incansable, en sus raros ratos de ocio se ocupaba de su pasatiempo preferido: el alanceamiento de reses bravas.

 Incluso, organizaba suntuosas y extraordinarias corridas de toros, como la que se produjo en ocasión del enlace de su hermana con Alfonso de Aragón. Ese día, ante una masa vociferante (público de 10.000 personas reunidas en el parque romano de Monseñor Ascanio), Cesar alanceó a caballo, durante cinco horas a ocho toros.

Sin embargo, cuando su padre, el papa Alejandro VI, abandonó el mundo de los vivos, a César se le acabaron muchas de sus prebendas, siendo desterrado por el nuevo pontífice Julio II. Su vida peligró cuando su padre y él se envenenaron, situación de la cual Alejandro VI no pudo escapar. El papa Alejandro fue envenenado con un vino letal servido en un banquete ofrecido al padre y al hijo juntos en el palacio del cardenal Adriano de Cometo. Tras la comida, ambos se sintieron muy mal, y el Sumo Pontífice falleció tras dolorosa y larga agonía.

 César logró sobrevivir, debido a que inmediatamente se metió en un barreño de agua helada, de tal forma que sufrió una extraordinaria reacción, tras la que mandó abrir en canal una mula viva en la que se introdujo hasta que se sintió mejor. Antidotos bastante extraños pero que lo salvaron de la muerte.

No obstantes, otras versiones señalan que la malaria fue la causa de ambos fallecimientos. En el caso de César, puede que algo tuviera que ver también la sífilis. Durante su febril existencia, César Borgia se lanzó a unas guerras caprichosas: cercando Florencia, conquistando la Romaña o amenazando con su presencia otros lugares estratégicos en la geopolítica del momento, hasta tal punto, que obligaron al Gran Capitán (Gonzalo de Córdoba) a apresarlo y librarse de tan engorroso enemigo.

Aunque capturado en varias batallas, por ejemplo, en España fue encerrado sucesivamente en los castillos de Chinchilla y de la Mota, de ambas situaciones logró escapar. Sin embargo, sus enemigos lo encontraron y se procedió a ejecutarlo. Ocurrió en el camino entre Viana y Pamplona, junto a las murallas de esta última ciudad. César recibió hasta 23 heridas en su cuerpo. Su muerte se produjo el 12 de julio del año 1507, a la temprana edad de 31 años.

Triste fue el destino de aquel guerrero que había deseado —y conseguido con creces— no pasar inadvertido en todos y cada uno de sus pasos por la vida. César Borgia murió oscuramente a manos de unos soldados que parecieron desconocer el valor del guerrero al que le arrebatan la existencia. Así, Garcés, un soldado modesto perteneciente a las fuerzas del conde de Lerín, le dio muerte. Contradiciendo toda su vida cargada de lujo y fastuosidad, sus funerales y su entierro fueron modestos. Con cierta ironía su tumba en Viana de Navarra reza una inscripción, probablemente apócrifa para algunos: «Aquí yace en poca tierra el que toda le tenía, y el que la paz y la guerra, en la palma de su mano tenía».

Fuente Consultada: Crueles Siniestros de la Historia- La Vida de los Papas S. Fontana- Traidores de Cristo René Chandelle