Pecados Sociales

Virtudes Cardinales Valores Civiles Para Vivir en Democracia

VIRTUDES CIUDADANAS NECESARIAS A LA DEMOCRACIA
VIRTUDES CARDINALES

Prudencia: Prudencia es la virtud que lleva a juzgar, según conciencia, qué se debe hacer o evitar en determinadas circunstancias.
La prudencia es la virtud moderadora de todas las otras: regula la acción, y evita que se caiga en excesos perjudiciales. El hombre juzga y discierne lo que, en cada caso particular, es más a propósito para conseguir lo que se propone. Para obrar con prudencia se requiere: deliberar con madurez, decidir con sabiduría y ejecutar bien. De la prudencia deriva la tolerancia.

Justicia: Justicia es la virtud que inclina a dar a cada uno lo suyo. La justicia pone orden y produce la paz tanto en la vida individual como en la social. “Porque, según A. Tanquerey, respeta los derechos de cada uno, hace que reine la honradez en los negocios, contiene el fraude, defiende los derechos de los pequeños y de los humildes, refrena las rapiñas y las injusticias de los poderosos, y pone orden en la sociedad. Sin ella vendría la anarquía, la lucha entre los intereses opuestos, la opresión de los débiles por los fuertes, el triunfo del mar. De la justicia derivan la veracidad, la lealtad, la fraternidad y el patriotismo.”

Fortaleza: Fortaleza es la virtud que lleva a un comportamiento racional frente al peligro, para no dejarse arrastrar ni por el temor, ni por la audacia.
El que es moralmente fuerte, sabe resistir al temor, que pretende apartarlo del cumplimiento del deber, y es también capaz de frenar los impulsos de la audacia, que lo incita a arremeter contra el mal cuando no es necesario. De la fortaleza derivan el espíritu de trabajo (laboriosidad) y la perseverancia.

Templanza: Templanza es la virtud que inclina a un comportamiento racional frente al placer.
La templanza tiene por objeto moderar toda clase de placer sensible, pero especialmente el que va unido con las dos principales funciones de la vida orgánica: el comer y el beber, que conservan la vida del individuo, y los actos que tienen por fin la conservación de la especie.
Como el placer es seductor y arrastra fácilmente más allá de los justos límites, la templanza asegura el imperio de la razón sobre la pasión. De la templanza derivan la austeridad y la abnegación.

Las virtudes en particular
A. – Austeridad
Sinónimos de austeridad son moderación, severidad y temperancia.

¿Que es la austeridad? La austeridad es aquella virtud por la cual el hombre prescinde de lo superfluo, y es siempre moderado en el uso de las cosas; más, todavía: es un tanto mesurado, aun en el uso de las cosas necesarias.

La austeridad excluye el lujo, el boato, la ostentación y el despilfarro. El hombre austero es sobrio en su persona y en su comportamiento. No hace ostentación de trajes lujosos ni de alhajas; viste con sencillez. No se excede en palabras, ni en gestos, ni en los manjares, ni en su tren de vida.

Esto puede ser realizado con naturalidad y sencillez, sin faltar al decoro de su persona ni a sus obligaciones sociales, y sin adoptar poses de misántropo ni actitudes excéntricas. El hombre austero está animado por un gran ideal de limpieza moral y de elevación de espíritu.

La austeridad puede ejercitarse, no solo en la vida privada, sino también en la vida pública. Interesa mucho a la democracia la austeridad en la vida pública. El funcionario austero cuida de los bienes de la nación mejor que si fueran propios. No se deja llevar por seducciones, halagos o ventajas que lo aparten del cumplimiento de su deber. Evita el despilfarro en los gastos públicos; no distrae dinero en propaganda innecesaria, ni en ostentación y exhibicionismo inútiles…
“La administración pública del Estado debe necesariamente desenvolverse con una prudencia y sobriedad tan grandes, que sirva de ejemplo a todos los ciudadanos…”
San Martín y Belgrano constituyen dos grandes ejemplos de austeridad.

B. – Veracidad
La veracidad es la disposición habitual de las personas a decir la verdad. Se opone a la mentira, a la falsedad y al engaño. Se puede ser veraz aun cuando se digan errores, siempre que haya conformidad de lo que se dice con lo que se piensa.

“La veracidad es uno de los deberes que el hombre tiene para con sus semejantes. Los hombres son seres inteligentes, y la inteligencia tiene derecho a la verdad. “Propagar el error a sabiendas, es corromper la inteligencia ajena, y rebajar la dignidad del que escucha. “El hombre que no es veraz —o que no es digno de crédito, por su hipocresía y simulación—, priva a los demás y se priva a sí mismo de uno de los goces más intensos de la vida: la posesión de la ciencia y de la verdad.

“Además, abusa de la palabra.
“El instrumento o vehículo natural del pensamiento es la palabra, que ha sido dada al hombre para que pueda hacer partícipes a los demás de su propia vida interior, y recibir en justa reciprocidad las ideas o sentimientos de sus semejantes.” Cuando los gobernantes .hablan al pueblo con veracidad se conquistan su estima, su confianza y su adhesión. La democracia exige veracidad a los gobernantes.

C. – Lealtad
Lealtad es aquella virtud por la cual una persona se mantiene fiel en las relaciones con los demás, y en el desempeño de su oficio o cargo.

Hombre leal es aquel que observa las leyes de la fidelidad,’ del honor y de la hombría de bien. Es leal consigo mismo aquel que obra de acuerdo con sus propias convicciones. La lealtad lleva a no traicionar a los demás, a respetar la palabra dada, y al cumplimiento de las obligaciones y compromisos, a la fidelidad recíproca de los esposos. En la vida social y pública se jura fidelidad a la bandera, a la Constitución y a las instituciones republicanas. Los militares juran lealtad a la bandera, a la autoridad, a las fuerzas armadas.

Los funcionarios juran desempeñar con fidelidad sus cargos. De modo particular, los jueces, encargados de administrar justicia, juran hacerlo con toda lealtad.

El Presidente y el Vicepresidente, al tomar posesión de sus cargos, juran ante Dios y los Santos Evangelios “desempeñar con lealtad y patriotismo el cargo”, y “observar y hacer observar fielmente la Constitución de la Nación Argentina”.

D. – Tolerancia
Tolerancia, en sentido estricto, significa permisión de un mal para evitar males peores.
Tolerar es lo mismo que sobrellevar o soportar con paciencia más o menos benévola, una cosa desagradable, dolorosa, injusta, infamante, que por lo mismo se desaprueba y aborrece. Así, por ejemplo, se toleran los agravios de un ebrio, para evitar un homicidio.

El concepto de tolerancia supone siempre la idea de un mal que se soporta. Por eso se dice que se toleran en el prójimo el vicio, la deshonra, la ignorancia y el error. El bien se acepta, el mal se tolera. Tolerar lo bueno, tolerar la virtud, son expresiones erróneas.

Tolerancia, en un sentido más amplio, indica el deber, tanto de la autoridad pública como de los particulares, de respetar las conciencias y el libre albedrío en tanto sus manifestaciones externas no choquen con derechos ciertos y con normas esenciales de la vida civil. Este respeto se funda en la dignidad de las conciencias, que no pueden ser forzadas.

El deber de la tolerancia se extiende a las relaciones interpersonales: también el que se halla en error, de buena o mala fe, debe ser respetado en su persona, no porque el error o él mal puedan ostentar derechos, sino por la dignidad de la conciencia y del libre albedrío del hombre. Esta tolerancia se manifiesta en el respeto de las opiniones ajenas, y en la exclusión de todo procedimiento injurioso para defender las propias ideas o combatir las ajenas. Pero la tolerancia no es ilimitada: tiene su límite preciso; nunca debe llegar a la convivencia con el error o el mal. Una cosa es tolerar y otra aceptar y aprobar.

E. – Espíritu de trabajo
El espíritu de trabajo se llama laboriosidad. Es la virtud que inclina a realizar con decisión y entusiasmo los trabajos que se emprenden.

El hombre está sujeto a la ley del trabajo. Unos la cumplen con gusto; otros, a regañadientes, y otros huyen de todo trabajo.

Estos últimos son los perezosos, los poltrones, los haraganes, parásitos de la sociedad, que viven a costa del esfuerzo ajeno. La democracia necesita que los ciudadanos tengan mucho espíritu de trabajo.

Desde niño, cada uno debe adquirir esta virtud que se llama laboriosidad. La laboriosidad se manifiesta en el estudiante por el amor al estudio. El estudiante que no se aplica, que no realiza esfuerzos para ahondar en los estudios, no cumple con su deber. Desgraciadamente, desde hace unos cuantos años ha habido en la Argentina un notable retroceso en el espíritu de trabajo.

La productividad ha disminuido, y el nivel de los estudios ha descendido en todos los niveles de la enseñanza. Los destrozos que no se reparan, las obras que se construyen con desesperante lentitud, la irresponsabilidad en el cargo y en la labor que se ejecuta, hablan a las claras de esa dejadez e indolencia que está en los antípodas de la laboriosidad. Países como Italia y Alemania, que han sufrido los horrores de una guerra espantosa, se han recuperado en pocos años, merced al espíritu de trabajo de sus hijos. La Argentina, que se ha visto libre de semejante flagelo, y que debería nadar en la prosperidad y la abundancia, no logra aún salir del estado de postración en que se encuentra Falta espíritu de trabajo y de sacrificio.

Piénsese que el totalitarismo comunista impone al pueblo el trabajo obligatorio y controlado en condiciones desfavorables.

F. Perseverancia
Una manifestación de la fortaleza se halla en la virtud de la perseverancia. La perseverancia es la firmeza y constancia en la ejecución de los propósitos y resoluciones.

Nada más perjudicial que la inconstancia, que impide toda acción seria en provecho propio y en provecho de la comunidad. Desgraciadamente, la inconstancia es un mal muy generalizado. Muchos conciben hermosos proyectos y generosas resoluciones; pero pocos son los que perseveran hasta verlos cumplidos. Muchos son los que comienzan una obra, pocos los que perseveran hasta el fin.

¡Cuántos jóvenes inician estudios secundarios o universitarios, y qué pocos son los que tienen la perseverancia de llevarlos a feliz término!
La perseverancia supone fortaleza para superar los obstáculos y vencer las dificultades que se presentan.
Toda actividad, para que sea eficaz, exige perseverancia: firmeza para continuar hasta el fin en el camino emprendido, en la obra comenzada.

Conspira contra la perseverancia el tedio que se apodera de quienes no ponen entusiasmo y decisión en lo que emprenden, o se dejan vencer por el ansia de novedades.

G. – Fraternidad
¿Que es fraternidad? Fraternidad es la virtud por la cual los hombres se aman entre sí, y se consideran como hermanos, pues son miembros de la gran familia humana.

El fundamento de esta virtud no está en la simpatía ni en la afabilidad, y mucho menos en el interés. Arranca de una razón más profunda de la filiación de todos los hombres respecto de Dios.

La primera manifestación de la fraternidad es la benevolencia: querer bien y desearle el bien al prójimo; y la segunda es la beneficencia: ayudar al prójimo en todas sus necesidades.

Si se practicara más la virtud de la fraternidad, habría más paz y menos guerras.
La fraternidad lleva a “pensar bien de todos, hablar bien de todos y hacer el bien siempre y a todos”.

H. Patriotismo
Patriotismo es el amor a la propia patria. Es un sentimiento que brota natural y espontáneamente del corazón humano. Y es al mismo tiempo un deber.

Regímenes totalitarios, como el fascismo y el nazismo, exaltaron exageradamente este sentimiento, hasta tornarlo exclusivo y belicoso, y transformarlo en odio a las otras patrias. El totalitarismo comunista en la actualidad azuza los nacionalismos. Pero en general combatió el patriotismo como si fuera algo ilegítimo, y le opuso el internacionalismo, el cosmopolitismo, el humanitarismo, etcétera.

El patriotismo es un afecto muy legítimo, que conduce no solo a la defensa de la propia patria, sino también a realizar grandes obras y sacrificios por su desarrollo. El amor a la patria es un amor de preferencia pero no excluyente.

I. Abnegación
Etimológicamente, abnegación proviene del latín abnegatio. que significa renuncia, negación de sí misino.
Abnegación es la virtud por la cual una persona está dispuesta al sacrificio espontáneo de su voluntad, intereses y deseos, y aun de su propia vida, en beneficio de otro.

La abnegación supone caridad, desinterés y altruismo. Todo ser humano debe estar provisto de una mayor o menor dosis de abnegación, porque la vida es una continua abnegación, y siempre se sacrifican algunos bienes para alcanzar otros.

La vida en sociedad obliga a realizar una serie de renuncias: de los propios gustos e inclinaciones, de ciertas comodidades, de los propios puntos de vista…

Las “fuerzas morales”. Su valor prevalente
Como la vida social es dinámica, actúan en ella varias fuerzas.

Fuerza significa vigor, robustez, resistencia. Fuerza significa también, poder de influir en la marcha del país,
o facultad de mover a la acción.

Existen en la sociedad las denominadas fuerzas vivas. Las fuerzas vivas son todas aquellas que trabajan por el bienestar del país: comerciales, políticas, industriales, económicas, religiosas, culturales, sindicales, científicas, artísticas, técnicas; armadas: ejército, marina, aeronáutica, etc.

Su poder o influjo radica en la gravitación que ejercen en el ordenamiento o marcha de la nación.
Esa gravitación se debe a su potencial económico, científico, técnico, de masas o de armamentos, etc. Existen unas fuerzas, cuyo poder sobrepasa a todas, pues radica en el plano del espíritu, superior a la materia, y a las cuales todas las demás fuerzas deben estar subordinadas: son las fuerzas morales.

Las fuerzas morales residen en lo más noble, profundo e íntimo que posee el hombre: en su espíritu.
Las fuerzas morales consisten en el conjunto de virtudes religiosas, éticas, cívicas, familiares y personales que adornan al conglomerado social y, naturalmente, a cada individuo en particular.

Es casi universal el convencimiento He que la moralidad —o sea la fuerza de voluntad regida por normas éticas— representa el supremo valor natural para los individuos y la sociedad.

Una sociedad que no posea un rico patrimonio de fuerzas morales, so halla desprovista de reservas y desguarnecida para los momentos do crisis sociales o institucionales.

Son precisamente las fuerzas morales las que logran superar las crisis y encauzar a la nación.
Las fuerzas morales suponen desapego de las cosas terrenas, sentido de la responsabilidad, voluntad de aceptar las restricciones, espíritu de sacrificio personal, aprecio de los más altos valores humanos, comprensión de la personalidad espiritual, idea de servicio, reconocimiento de la fraternidad que debe reinar entre los hombres —sin acepción de razas o nacionalidades— y amor al prójimo; cosas, todas ellas, que no puede proporcionarlas ninguna filosofía utilitaria y materialista.

Una Gran Potencia Moral: Todas esas razones mueven a mencionar entre la primera fuerza moral, a la Iglesia.
Hasta los mismos enemigos reconocen que la Iglesia es la mayor potencia moral.

Quienes intentan promover una conducta ética y altruista vaciándola de su sentido religioso, se ven condenados al fracaso, pues le quitan todo fundamento racional y lógico. Solo una religión sobrenatural puede promover una renovación profunda del espíritu humano, y ser generadora de fuerzas que ejerzan en el más alto grado su redentora influencia social. Esto explica el prestigio creciente de la Iglesia, que aparece como la fuerza moral de mayor gravitación en el mundo.

Su palabra es escuchada con respeto e interés. Sus últimas encíclicas: “Mater et Magistra” (Madre y Maestra), “Pacem in Terris (Paz en la tierra) y “Populorum progressio” (Desarrollo de los pueblos), han alcanzado resonancia mundial. Ha superado ya la Iglesia, esta última época en que se la miraba con desdén. (1)

La fuerza poderosa de la Iglesia radica en la naturaleza de su institución, en su doctrina, en su moral y en su acción. Su doctrina es una explicación concluyente de la realidad: ilumina los problemas humanos, nacionales y universales, da un sentido espiritual y sobrenatural a la vida del hombre sobre la tierra.
Su moral orienta acertadamente para distinguir lo bueno de lo malo, lo justo de lo injusto, lo verdadero de lo falso, lo quo está permitido de lo que no está.

Su acción se extiende a todas las ramas de la actividad humana: religiosa, científica, cultural, técnica, social, etc.; pero sobre todo se ocupa con renovado ardor en elevar sobrenaturalmente a los espíritus; en velar con especial cuidado, como Madre y Maestra, por la felicidad temporal de sus hijos -que lo son todos los hombres de la tierra-, para conducirlos venturosamente a sus destinos eternos.

(1) “Gracias a Dios, se pueden juzgar ya pasados los tiempos en los cuales el llamamiento a los principios múrales y evangélicos para la vida de los Estados y los pueblos, era desdeñosamente despreciado como pretensión irreal. Los acontecimientos de estos años de guerra se han encargado de refutar, en la forma más dura que jamás hubiera podido pensarse, a los propagadores de semejantes doctrinas. El desdén que estos manifiestan contra aquel pretendido irrealismo, se ha convertido en una espantosa realidad: brutalidad, injusticia, destrucción, aniquilamiento…
“Si el porvenir ha de pertenecer a la democracia, uña parte esencial en su realización deberá corresponder a la religión de Cristo y a la Iglesia, mensajera de la palabra del Redentor y continuadora de su misión salvadora. La Iglesia de hecho enseña y defiende la verdad, y comunica las fuerzas sobrenaturales de la gracia para realizar el orden establecido por Dios de los seres y de los fines, ultimo fundamento y norma directriz de toda democracia” (Pío XII).

IMPORTANCIA DE LOS VALORES  HUMANOS

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Las Virtudes Civiles Valores Morales Para la Vida en Democracia

VIRTUDES CÍVICAS NECESARIAS PARA LA VIDA EN DEMOCRACIA

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VIRTUDES CIVICAS NECESARIAS A LA DEMOCRACIA
Virtudes públicas y privadas. Austeridad, veracidad, lealtad, tolerancia, espíritu de trabajo, perseverancia, fraternidad, patriotismo, abnegación, etc. • Las fuerzas morales. – Su valor prevalente. • El materialismo.
Los vicios • individuales y sus efectos sociales. • Formas de mentira, de deslealtad, de intolerancia, de egoísmo, etc. – Carencia de patriotismo.

I. – Virtudes públicas y privadas

A. – Las virtudes
Virtud es la disposición habitual del espíritu para obrar el bien.
Se dice “disposición habitual”, porque la virtud supone estabilidad y continuidad en el bien obrar. No es virtuoso aquel que ejecuta uno que otro acto bueno.
“Un acto de virtud —dice Aristóteles— no constituye la virtud, del mismo modo que una golondrina no hace verano. Tocando la cítara es como uno se hace tocador de cítara; haciendo con frecuencia buenas acciones es como se adquiere una disposición constante al bien. Á la virtud le son indispensables el número, la continuidad, la repetición.”
*La virtud lleva en sí bondad. Pertenece a la esencia de la virtud el que se refiera solamente al bien.

Como se adquiere la virtud
La virtud se adquiere por la repetición de actos moralmente buenos.
Para adquirir el hábito, los actos buenos deben repetirse con cierta frecuencia.
Cada acto realizado, deja como una huella en el espíritu, cierta facilidad para ejecutar el acto subsiguiente. Aunque algunas personas nacen con mayor disposición que otras para practicar determinadas virtudes, es regla general que las virtudes morales se adquieren y se consolidan por el esfuerzo personal y la repetición de actos moralmente buenos.

El hombre se perfecciona por el ejercicio de las virtudes; por eso las virtudes son muy importantes en la vida del hombre y de la sociedad.

Importancia de la Virtud
La sociedad será tanto más perfecta y gozará de mayores bienes cuanto más virtuosos sean los miembros que la integran. Las virtudes son verdaderas fuerzas psíquicas, que inclinan constantemente la voluntad a obrar bien.
Al hombre virtuoso le resulta más fácil, agradable, espontáneo y, a veces, casi necesario realizar el bien. Esta facilidad no disminuye sus méritos; antes bien, los aumenta, porque su bondad es voluntaria.
En la vida intelectual, no es perfecto aquel que anda fluctuando entre incertidumbres y titubeos, sino el que actúa con seguridad por tener bien asimilada y radicada la ciencia. Así también en la vida moral no es perfecto aquel que lucha con las dificultades de los principiantes —aunque haya realizado algunos actos buenos—, sino aquel que ha logrado una disposición constante para obrar el bien.
Se comprenderá, entonces, la importancia de adquirir desde niños la costumbre de proceder rectamente, y de ir consolidándola.


B. – Influencias ambientales
El hombre es un ser sociable: nace en la sociedad familiar y posee la tendencia a vivir en sociedad. Normalmente la vida del hombre, desde su nacimiento hasta su muerte, transcurre en sociedad con sus semejantes.
Los ambientes que ejercen mayor influencia en la adquisición de las virtudes son: el hogar, la escuela, los colegios y universidades y la sociedad civil.

El Hogar
El primer ambiente para la formación de hábitos virtuosos, es el hogar.
La influencia del hogar es decisiva en la vida del niño: la formación o deformación hogareña deja una señal indeleble en el alma del hombre.
La elevación moral del pueblo, requiere que sean morales los hogares.
Indudablemente la madre es la principal educadora de la humanidad. Con verdad se ha dicho que los grandes hombres se han formado sobre las rodillas de la madre.
También el padre, los hermanos y cuantos componen una familia, ejercen ascendiente poderoso sobre la formación moral de los niños.

Es sobremanera importante preservar y defender de malignas influencias a las familias.
Es terrible el resentimiento que acumulan los niños y jóvenes abandonados, y los hijos de padres divorciados o, a menudo, de padres tan solo separados. Estos problemas familiares repercuten perniciosamente en los niños.
La juventud argentina debe reflexionar seriamente acerca de la grave responsabilidad que asume cuando se dispone a formar una familia, y sobre la necesidad que tiene de ir consolidando las virtudes que requiere la gran misión de la paternidad y la maternidad.

La Escuela
Después del hogar, corresponde a la escuela primaria una gran misión moralizadora.
Para cumplir la delicada misión que se le confía, la escuela no puede reducirse a transmitir conocimientos, sino que debe inculcar verdaderos principios morales, orientadores de la vida.

La escuela es una extensión de la familia: no por nada se la llama “segundo hogar”.

La escuela debe, entonces, completar lo que falta a la acción familiar, suplir las deficiencias, pero nunca neutralizar el influjo familiar si es bueno y, mucho menos, torcer esa orientación, como hacen los regímenes totalitarios. De ahí la necesidad d-e que la familia tenga libertad para elegir el tipo de educación que desea para sus hijos. Por eso, en una democracia, la escuela, nacional, provincial o municipal; pública o privada, que es para todos: ricos y pobres, argentinos y extranjeros, debe desenvolverse con libertad.

El monopolio estatal, característico de los regímenes totalitarios, resulta fatal para la cultura y el progreso del país. Alemania hitlerista, Italia fascista y actualmente, por nombrar algunos, Cuba, Rusia y todos los países sometidos por la dictadura roja comunista, son tristes ejemplos del mal que produce el monopolio .estatal.
La democracia no soporta que se tiranice a las inteligencias. El germen de autonomía que lleva en su seno, exige una amplia libertad de enseñanza.
Felizmente, la Argentina se ha renovado en este aspecto, y ha comenzado a alinearse con las grandes democracias, que no pueden ser tales sin el ejercicio sincero de esa libertad fundamental.

Colegios y Universidades
Los institutos de enseñanza secundaria: colegios nacionales; liceos de señoritas; escuelas de comercio, industriales y normales; liceos militares y navales, etc., deben continuar y perfeccionar la acción formativa y moralizadora.
Sería de desear que se estableciera la obligatoriedad de la enseñanza media, al menos en su primer ciclo, para que todo el pueblo tuviera acceso a la cultura y se pudiera consolidar la virtud de tantos niños, víctimas de la perniciosa influencia de la calle.
La democracia exige necesariamente un pueblo culto. Toca a los institutos superiores y a las universidades la delicada misión de formar la clase dirigente: hombres y mujeres que orienten el pensamiento y los sentimientos colectivos. Es indispensable que todos aquellos que han recibido una cultura superior, y una formación intelectual y moral más esmerada, sean como los modelos en los cuales la gran masa de la población se refleje.
Por ser el Parlamento el centro de gravedad de una democracia normalmente constituida, es imprescindible que sus componentes tengan elevación moral, conocimiento de los problemas nacionales y capacidad intelectual. Para todo pueblo organizado democráticamente, estas condiciones son cuestión de prosperidad o decadencia, de salud o perpetua enfermedad, de vida o muerte.

Otras Influencias
También corresponde al ambiente extrafamiliar y extraescolar una misión educadora.
De poco valdría la acción de los factores de educación antes mencionados, si la pertinaz acción de otras influencias fuese negativa, y los destruyese o neutralizase.
Diarios, revistas, espectáculos, radio, cine, televisión, bibliotecas, partidos políticos, centros de cultura…, todos los elementos formadores del ambiente social deben contribuir a elevar la cultura popular, y a procurar que florezcan y arraiguen las virtudes ciudadanas.

C. – Sede de las virtudes
Las virtudes radican en la facultad del hombre llamada voluntad.
Era opinión de Sócrates y Platón, antiguos filósofos, que la virtud residía en la inteligencia, y que se obtenía la virtud por la ciencia. De modo que la instrucción hacía al hombre bueno. Según esa teoría, todo aquel que obra el mal, lo hace porque no lo conoce como a verdadero mal: si lo conociera, no lo cometería. De ahí que la educación deberá consistir en ilustrar la inteligencia del hombre acerca de lo que es su bien. Y eso conocimiento, esa ciencia, lo luirá bueno; es decir, le dará una inclinación estable para lo bueno. En una palabra, lo hará virtuoso.

Es verdad que la iluminación de la mente acerca del verdadero bien y del verdadero mal, y la representación al vivo del ideal, tienen suma importancia, por su eficacia para mover al hombre hacia el bien; y por consiguiente, deben ocupar un lugar de preeminencia en la educación. Pero eso no es suficiente. Se olvida que el hombre es libre, y por lo tanto, a pesar de conocer el bien, puede elegir lo malo. ¡Cuántas veces conoce con toda claridad su deber, y sin embargo, la fuerza de la pasión, el atractivo del placer, lo arrastran a obrar el mal!

No falta el conocimiento de la inteligencia: falta la fuerza de la voluntad.

El no tener en cuenta ese importante aspecto, hace que mucha gente sencilla se haga cruces cuando se entera de que alguna persona inteligente, que ha realizado estudios y que hasta posee títulos profesionales, ha cometido fechorías. No llega a comprender cómo puede suceder eso. Es que confunden ciencia con virtud; iluminación de la mente con formación de la voluntad. Sin embargo, hace muchísimos años lo había puesto en claro el poeta latino Ovidio, en aquellos famosos versos:

Veo lo mejor y lo apruebo,
y, sin embargo, hago lo peor…

Además, la experiencia personal de cada uno confirmará lo dicho. ¡Cuántas veces deberá reconocer haberse comportado como dice Ovidio! ¡Cuántas veces se falta al cumplimiento de las más elementales obligaciones, a pesar de conocer claramente el propio deber, y hasta, quizá, después de haberlo ponderado!…

D. – Las virtudes y la democracia
La forma democrática de gobierno impone altas exigencias, que interesan a la madurez moral de cada persona. Porque en la democracia, la vida se desenvuelve en ambiente de gran libertad; todos están llamados a ejercer las funciones públicas, y todos tienen cierta participación en el gobierno, por lo menos, cuando eligen a quienes deben regir la cosa pública. Este ambiente de amplia libertad exige severo autocontrol. La participación en las funciones públicas exige que se esté dispuesto a promover el interés general y no el propio provecho particular.

Para proceder así se necesita poseer un no pequeño grado de virtud. Cuando no hay virtud, el ejercicio del sufragio puede transformarse en una compraventa de votos, y los dineros públicos, en un recurso para comprar las conciencias. Las virtudes que reclama la democracia, no son solo las virtudes públicas, sino también las privadas. Las virtudes privadas se reflejan en la vida pública. El hombre es uno: tiene una sola conciencia; y la moral también es una.

La honestidad de su vida privada debe ser también su norma en la vida pública.
Y viceversa, la rectitud de conducta que muestra en la vida pública, debe observarla en la vida privada. Hay virtudes que son más propias de la vida privada, mientras otras lo son más de la vida pública. Y hay otras que son a la vez privadas y públicas; por ejemplo, la veracidad.

E. – Principales virtudes que interesan a la democracia
Las principales virtudes ciudadanas que interesan a la democracia, son las siguientes: austeridad, veracidad, lealtad, tolerancia, espíritu de trabajo, perseverancia, fraternidad, abnegación y patriotismo.
Todas ellas derivan de las cuatro virtudes morales denominadas cardinales, por ser como los cuatro quicios sobre los cuales gira toda la vida moral: prudencia, justicia, fortaleza y templanza.

VIRTUDES CARDINALES
Prudencia: Prudencia es la virtud que lleva a juzgar, según conciencia, qué se debe hacer o evitar en determinadas circunstancias.
La prudencia es la virtud moderadora de todas las otras: regula la acción, y evita que se caiga en excesos perjudiciales. El hombre juzga y discierne lo que, en cada caso particular, es más a propósito para conseguir lo que se propone. Para obrar con prudencia se requiere: deliberar con madurez, decidir con sabiduría y ejecutar bien. De la prudencia deriva la tolerancia.

Justicia: Justicia es la virtud que inclina a dar a cada uno lo suyo. La justicia pone orden y produce la paz tanto en la vida individual como en la social. “Porque, según A. Tanquerey, respeta los derechos de cada uno, hace que reine la honradez en los negocios, contiene el fraude, defiende los derechos de los pequeños y de los humildes, refrena las rapiñas y las injusticias de los poderosos, y pone orden en la sociedad. Sin ella vendría la anarquía, la lucha entre los intereses opuestos, la opresión de los débiles por los fuertes, el triunfo del mar. De la justicia derivan la veracidad, la lealtad, la fraternidad y el patriotismo.”

Fortaleza: Fortaleza es la virtud que lleva a un comportamiento racional frente al peligro, para no dejarse arrastrar ni por el temor, ni por la audacia.
El que es moralmente fuerte, sabe resistir al temor, que pretende apartarlo del cumplimiento del deber, y es también capaz de frenar los impulsos de la audacia, que lo incita a arremeter contra el mal cuando no es necesario. De la fortaleza derivan el espíritu de trabajo (laboriosidad) y la perseverancia.

Templanza: Templanza es la virtud que inclina a un comportamiento racional frente al placer.
La templanza tiene por objeto moderar toda clase de placer sensible, pero especialmente el que va unido con las dos principales funciones de la vida orgánica: el comer y el beber, que conservan la vida del individuo, y los actos que tienen por fin la conservación de la especie.
Como el placer es seductor y arrastra fácilmente más allá de los justos límites, la templanza asegura el imperio de la razón sobre la pasión. De la templanza derivan la austeridad y la abnegación.

Las virtudes en particular
A. – Austeridad
Sinónimos de austeridad son moderación, severidad y temperancia.

¿Que es la austeridad? La austeridad es aquella virtud por la cual el hombre prescinde de lo superfluo, y es siempre moderado en el uso de las cosas; más, todavía: es un tanto mesurado, aun en el uso de las cosas necesarias.

La austeridad excluye el lujo, el boato, la ostentación y el despilfarro. El hombre austero es sobrio en su persona y en su comportamiento. No hace ostentación de trajes lujosos ni de alhajas; viste con sencillez. No se excede en palabras, ni en gestos, ni en los manjares, ni en su tren de vida.

Esto puede ser realizado con naturalidad y sencillez, sin faltar al decoro de su persona ni a sus obligaciones sociales, y sin adoptar poses de misántropo ni actitudes excéntricas. El hombre austero está animado por un gran ideal de limpieza moral y de elevación de espíritu.

La austeridad puede ejercitarse, no solo en la vida privada, sino también en la vida pública. Interesa mucho a la democracia la austeridad en la vida pública. El funcionario austero cuida de los bienes de la nación mejor que si fueran propios. No se deja llevar por seducciones, halagos o ventajas que lo aparten del cumplimiento de su deber. Evita el despilfarro en los gastos públicos; no distrae dinero en propaganda innecesaria, ni en ostentación y exhibicionismo inútiles…
“La administración pública del Estado debe necesariamente desenvolverse con una prudencia y sobriedad tan grandes, que sirva de ejemplo a todos los ciudadanos…”
San Martín y Belgrano constituyen dos grandes ejemplos de austeridad.

B. – Veracidad
La veracidad es la disposición habitual de las personas a decir la verdad. Se opone a la mentira, a la falsedad y al engaño. Se puede ser veraz aun cuando se digan errores, siempre que haya conformidad de lo que se dice con lo que se piensa.

“La veracidad es uno de los deberes que el hombre tiene para con sus semejantes. Los hombres son seres inteligentes, y la inteligencia tiene derecho a la verdad. “Propagar el error a sabiendas, es corromper la inteligencia ajena, y rebajar la dignidad del que escucha. “El hombre que no es veraz —o que no es digno de crédito, por su hipocresía y simulación—, priva a los demás y se priva a sí mismo de uno de los goces más intensos de la vida: la posesión de la ciencia y de la verdad.

“Además, abusa de la palabra.
“El instrumento o vehículo natural del pensamiento es la palabra, que ha sido dada al hombre para que pueda hacer partícipes a los demás de su propia vida interior, y recibir en justa reciprocidad las ideas o sentimientos de sus semejantes.” Cuando los gobernantes .hablan al pueblo con veracidad se conquistan su estima, su confianza y su adhesión. La democracia exige veracidad a los gobernantes.

C. – Lealtad
Lealtad es aquella virtud por la cual una persona se mantiene fiel en las relaciones con los demás, y en el desempeño de su oficio o cargo.

Hombre leal es aquel que observa las leyes de la fidelidad,’ del honor y de la hombría de bien. Es leal consigo mismo aquel que obra de acuerdo con sus propias convicciones. La lealtad lleva a no traicionar a los demás, a respetar la palabra dada, y al cumplimiento de las obligaciones y compromisos, a la fidelidad recíproca de los esposos. En la vida social y pública se jura fidelidad a la bandera, a la Constitución y a las instituciones republicanas. Los militares juran lealtad a la bandera, a la autoridad, a las fuerzas armadas.

Los funcionarios juran desempeñar con fidelidad sus cargos. De modo particular, los jueces, encargados de administrar justicia, juran hacerlo con toda lealtad.

El Presidente y el Vicepresidente, al tomar posesión de sus cargos, juran ante Dios y los Santos Evangelios “desempeñar con lealtad y patriotismo el cargo”, y “observar y hacer observar fielmente la Constitución de la Nación Argentina”.

D. – Tolerancia
Tolerancia, en sentido estricto, significa permisión de un mal para evitar males peores.
Tolerar es lo mismo que sobrellevar o soportar con paciencia más o menos benévola, una cosa desagradable, dolorosa, injusta, infamante, que por lo mismo se desaprueba y aborrece. Así, por ejemplo, se toleran los agravios de un ebrio, para evitar un homicidio.

El concepto de tolerancia supone siempre la idea de un mal que se soporta. Por eso se dice que se toleran en el prójimo el vicio, la deshonra, la ignorancia y el error. El bien se acepta, el mal se tolera. Tolerar lo bueno, tolerar la virtud, son expresiones erróneas.

Tolerancia, en un sentido más amplio, indica el deber, tanto de la autoridad pública como de los particulares, de respetar las conciencias y el libre albedrío en tanto sus manifestaciones externas no choquen con derechos ciertos y con normas esenciales de la vida civil. Este respeto se funda en la dignidad de las conciencias, que no pueden ser forzadas.

El deber de la tolerancia se extiende a las relaciones interpersonales: también el que se halla en error, de buena o mala fe, debe ser respetado en su persona, no porque el error o él mal puedan ostentar derechos, sino por la dignidad de la conciencia y del libre albedrío del hombre. Esta tolerancia se manifiesta en el respeto de las opiniones ajenas, y en la exclusión de todo procedimiento injurioso para defender las propias ideas o combatir las ajenas. Pero la tolerancia no es ilimitada: tiene su límite preciso; nunca debe llegar a la convivencia con el error o el mal. Una cosa es tolerar y otra aceptar y aprobar.

E. – Espíritu de trabajo
El espíritu de trabajo se llama laboriosidad. Es la virtud que inclina a realizar con decisión y entusiasmo los trabajos que se emprenden.

El hombre está sujeto a la ley del trabajo. Unos la cumplen con gusto; otros, a regañadientes, y otros huyen de todo trabajo.

Estos últimos son los perezosos, los poltrones, los haraganes, parásitos de la sociedad, que viven a costa del esfuerzo ajeno. La democracia necesita que los ciudadanos tengan mucho espíritu de trabajo.

Desde niño, cada uno debe adquirir esta virtud que se llama laboriosidad. La laboriosidad se manifiesta en el estudiante por el amor al estudio. El estudiante que no se aplica, que no realiza esfuerzos para ahondar en los estudios, no cumple con su deber. Desgraciadamente, desde hace unos cuantos años ha habido en la Argentina un notable retroceso en el espíritu de trabajo.

La productividad ha disminuido, y el nivel de los estudios ha descendido en todos los niveles de la enseñanza. Los destrozos que no se reparan, las obras que se construyen con desesperante lentitud, la irresponsabilidad en el cargo y en la labor que se ejecuta, hablan a las claras de esa dejadez e indolencia que está en los antípodas de la laboriosidad. Países como Italia y Alemania, que han sufrido los horrores de una guerra espantosa, se han recuperado en pocos años, merced al espíritu de trabajo de sus hijos. La Argentina, que se ha visto libre de semejante flagelo, y que debería nadar en la prosperidad y la abundancia, no logra aún salir del estado de postración en que se encuentra Falta espíritu de trabajo y de sacrificio.

Piénsese que el totalitarismo comunista impone al pueblo el trabajo obligatorio y controlado en condiciones desfavorables.

F. Perseverancia
Una manifestación de la fortaleza se halla en la virtud de la perseverancia. La perseverancia es la firmeza y constancia en la ejecución de los propósitos y resoluciones.

Nada más perjudicial que la inconstancia, que impide toda acción seria en provecho propio y en provecho de la comunidad. Desgraciadamente, la inconstancia es un mal muy generalizado. Muchos conciben hermosos proyectos y generosas resoluciones; pero pocos son los que perseveran hasta verlos cumplidos. Muchos son los que comienzan una obra, pocos los que perseveran hasta el fin.

¡Cuántos jóvenes inician estudios secundarios o universitarios, y qué pocos son los que tienen la perseverancia de llevarlos a feliz término!
La perseverancia supone fortaleza para superar los obstáculos y vencer las dificultades que se presentan.
Toda actividad, para que sea eficaz, exige perseverancia: firmeza para continuar hasta el fin en el camino emprendido, en la obra comenzada.

Conspira contra la perseverancia el tedio que se apodera de quienes no ponen entusiasmo y decisión en lo que emprenden, o se dejan vencer por el ansia de novedades.

G. – Fraternidad
¿Que es fraternidad? Fraternidad es la virtud por la cual los hombres se aman entre sí, y se consideran como hermanos, pues son miembros de la gran familia humana.

El fundamento de esta virtud no está en la simpatía ni en la afabilidad, y mucho menos en el interés. Arranca de una razón más profunda de la filiación de todos los hombres respecto de Dios.

La primera manifestación de la fraternidad es la benevolencia: querer bien y desearle el bien al prójimo; y la segunda es la beneficencia: ayudar al prójimo en todas sus necesidades.

Si se practicara más la virtud de la fraternidad, habría más paz y menos guerras.
La fraternidad lleva a “pensar bien de todos, hablar bien de todos y hacer el bien siempre y a todos”.

H. Patriotismo
Patriotismo es el amor a la propia patria. Es un sentimiento que brota natural y espontáneamente del corazón humano. Y es al mismo tiempo un deber.

Regímenes totalitarios, como el fascismo y el nazismo, exaltaron exageradamente este sentimiento, hasta tornarlo exclusivo y belicoso, y transformarlo en odio a las otras patrias. El totalitarismo comunista en la actualidad azuza los nacionalismos. Pero en general combatió el patriotismo como si fuera algo ilegítimo, y le opuso el internacionalismo, el cosmopolitismo, el humanitarismo, etcétera.

El patriotismo es un afecto muy legítimo, que conduce no solo a la defensa de la propia patria, sino también a realizar grandes obras y sacrificios por su desarrollo. El amor a la patria es un amor de preferencia pero no excluyente.

I. Abnegación
Etimológicamente, abnegación proviene del latín abnegatio. que significa renuncia, negación de sí misino.
Abnegación es la virtud por la cual una persona está dispuesta al sacrificio espontáneo de su voluntad, intereses y deseos, y aun de su propia vida, en beneficio de otro.

La abnegación supone caridad, desinterés y altruismo. Todo ser humano debe estar provisto de una mayor o menor dosis de abnegación, porque la vida es una continua abnegación, y siempre se sacrifican algunos bienes para alcanzar otros.

La vida en sociedad obliga a realizar una serie de renuncias: de los propios gustos e inclinaciones, de ciertas comodidades, de los propios puntos de vista…

Las “fuerzas morales”. Su valor prevalente
Como la vida social es dinámica, actúan en ella varias fuerzas.

Fuerza significa vigor, robustez, resistencia. Fuerza significa también, poder de influir en la marcha del país,
o facultad de mover a la acción.

Existen en la sociedad las denominadas fuerzas vivas. Las fuerzas vivas son todas aquellas que trabajan por el bienestar del país: comerciales, políticas, industriales, económicas, religiosas, culturales, sindicales, científicas, artísticas, técnicas; armadas: ejército, marina, aeronáutica, etc.

Su poder o influjo radica en la gravitación que ejercen en el ordenamiento o marcha de la nación.
Esa gravitación se debe a su potencial económico, científico, técnico, de masas o de armamentos, etc. Existen unas fuerzas, cuyo poder sobrepasa a todas, pues radica en el plano del espíritu, superior a la materia, y a las cuales todas las demás fuerzas deben estar subordinadas: son las fuerzas morales.

Las fuerzas morales residen en lo más noble, profundo e íntimo que posee el hombre: en su espíritu.
Las fuerzas morales consisten en el conjunto de virtudes religiosas, éticas, cívicas, familiares y personales que adornan al conglomerado social y, naturalmente, a cada individuo en particular.

Es casi universal el convencimiento He que la moralidad —o sea la fuerza de voluntad regida por normas éticas— representa el supremo valor natural para los individuos y la sociedad.

Una sociedad que no posea un rico patrimonio de fuerzas morales, so halla desprovista de reservas y desguarnecida para los momentos do crisis sociales o institucionales.

Son precisamente las fuerzas morales las que logran superar las crisis y encauzar a la nación.
Las fuerzas morales suponen desapego de las cosas terrenas, sentido de la responsabilidad, voluntad de aceptar las restricciones, espíritu de sacrificio personal, aprecio de los más altos valores humanos, comprensión de la personalidad espiritual, idea de servicio, reconocimiento de la fraternidad que debe reinar entre los hombres —sin acepción de razas o nacionalidades— y amor al prójimo; cosas, todas ellas, que no puede proporcionarlas ninguna filosofía utilitaria y materialista.

Una Gran Potencia Moral: Todas esas razones mueven a mencionar entre la primera fuerza moral, a la Iglesia.
Hasta los mismos enemigos reconocen que la Iglesia es la mayor potencia moral.

Quienes intentan promover una conducta ética y altruista vaciándola de su sentido religioso, se ven condenados al fracaso, pues le quitan todo fundamento racional y lógico. Solo una religión sobrenatural puede promover una renovación profunda del espíritu humano, y ser generadora de fuerzas que ejerzan en el más alto grado su redentora influencia social. Esto explica el prestigio creciente de la Iglesia, que aparece como la fuerza moral de mayor gravitación en el mundo.

Su palabra es escuchada con respeto e interés. Sus últimas encíclicas: “Mater et Magistra” (Madre y Maestra), “Pacem in terris” (Paz en la tierra) y “Populorum progressio” (Desarrollo de los pueblos), han alcanzado resonancia mundial. Ha superado ya la Iglesia, esta última época en que se la miraba con desdén. (1)

La fuerza poderosa de la Iglesia radica en la naturaleza de su institución, en su doctrina, en su moral y en su acción. Su doctrina es una explicación concluyente de la realidad: ilumina los problemas humanos, nacionales y universales, da un sentido espiritual y sobrenatural a la vida del hombre sobre la tierra.
Su moral orienta acertadamente para distinguir lo bueno de lo malo, lo justo de lo injusto, lo verdadero de lo falso, lo quo está permitido de lo que no está.

Su acción se extiende a todas las ramas de la actividad humana: religiosa, científica, cultural, técnica, social, etc.; pero sobre todo se ocupa con renovado ardor en elevar sobrenaturalmente a los espíritus; en velar con especial cuidado, como Madre y Maestra, por la felicidad temporal de sus hijos -que lo son todos los hombres de la tierra-, para conducirlos venturosamente a sus destinos eternos.

(1) “Gracias a Dios, se pueden juzgar ya pasados los tiempos en los cuales el llamamiento a los principios múrales y evangélicos para la vida de los Estados y los pueblos, era desdeñosamente despreciado como pretensión irreal. Los acontecimientos de estos años de guerra se han encargado de refutar, en la forma más dura que jamás hubiera podido pensarse, a los propagadores de semejantes doctrinas. El desdén que estos manifiestan contra aquel pretendido irrealismo, se ha convertido en una espantosa realidad: brutalidad, injusticia, destrucción, aniquilamiento…
“Si el porvenir ha de pertenecer a la democracia, uña parte esencial en su realización deberá corresponder a la religión de Cristo y a la Iglesia, mensajera de la palabra del Redentor y continuadora de su misión salvadora. La Iglesia de hecho enseña y defiende la verdad, y comunica las fuerzas sobrenaturales de la gracia para realizar el orden establecido por Dios de los seres y de los fines, ultimo fundamento y norma directriz de toda democracia” (Pío XII).

Los vicios individuales y sus efectos sociales
A. Los vicios
Vicio es una disposición habitual de la voluntad a obrar mal. Así como un acto bueno no constituye la virtud, tampoco un acto malo constituye el vicio. Se requiere repetición. El que se embriagó una vez, no por eso es alcoholista, ni tampoco es vicioso.

El vicio se contrae por la repetición de actos reñidos con la moral, actos malos o reprobables.
El vicio es malo por oponerse al recto orden de la razón. Nadie se torna vicioso de improviso, su relajamiento se produce gradualmente, pues, por lo general, el vicio en sus comienzos es poca cosa; pero no se ha do olvidar que un  inmenso toma su origen de una chispa. El primero a quien daña el vicio, es aquel que lo posee.

Dice Boecio (3) que así como la languidez es una enfermedad del cuerpo, así el vicio es una enfermedad del alma, y que la peor enfermedad de los hombres es la de entregarse a los vicios.

Todos los vicios son malos. Pero los más perniciosos, más fáciles de contraer y más difíciles de desarraigar, son: el alcoholismo, la lujuria, el tabaquismo y la toxicomanía. Los vicios no quedan circunscriptos al individuo, sino que repercuten en los demás: tienen efectos sociales. Baste nombrar los enfermos mentales, por ser hijos de alcoholistas, o los débiles constitucionales, por descender de padres tarados por los vicios.

El alcoholismo, la toxicomanía, el juego, la vagancia, la lujuria, el robo, el crimen, son vicios que repercuten en la sociedad, y son causa de perturbación y degeneraciones sociales.

B. – Formas de mentira
Mentira es una expresión contraria al pensamiento.
Por expresión debe entenderse, no solo la palabra hablada, sino también la escrita y los actos y gestos. Con la mentira se pervierte la finalidad de estos medios de manifestar el pensamiento.

La clasificación más común de la mentira es la siguiente:
Mentira oficiosa es la que se dice en utilidad propia o ajena, para evitar algún mal. La gravedad dependerá del daño que cause a terceros.

Mentira perniciosa es la que se dice con intención de causar daño a otro.

Mentira jocosa es la que se dice por diversión, para animar la conversación. No reviste mayor importancia, cuando los oyentes advierten la falsedad de lo que se dice, y, además, no ofende a nadie.

No es exagerado afirmar que se vive en un mundo de mentiras. Miente el comerciante en sus negocios, engañando, adulterando mercaderías; miente el demagogo embaucando a las masas con falsas doctrinas e irrealizables promesas; mientras el estadista y el funcionario; miente el hombre en su vida privada y en sus relaciones sociales… Las más graves son las mentiras de los gobernantes. Los Estados totalitarios tienen organizada la mentira, por medio de la propaganda, la falsificación de la historia, la deformación de los hechos en las noticias, comunicados, partes oficiales …

Una de las formas más cínicas de mentir, es la que emplea el comunismo, que no tiene empacho en afirmar y presentar como ciertas las cosas más inverosímiles y más opuestas a la verdad.

Es que el comunismo parte de este principio: es bueno y lícito todo lo que favorece al comunismo; es malo todo lo que se le opone.

Las mentiras, las torturas, los crímenes, el terrorismo, si favorecen, al comunismo, son cosas buenas. No hay Estado más imperialista, armamentista y provocador de revoluciones y hasta de guerras, que la Rusia Soviética; y, no obstante, tiene el cinismo de proclamarse campeón de la paz y del antimperialismo.

C. – De deslealtad

Deslealtad es la negación de la lealtad, la falta de fidelidad y exactitud en el cumplimiento
de los propios deberes y compromisos
.

Los individuos son desleales a la sociedad, cuando burlan las leyes o no cumplen los compromisos contraídos con sus semejantes.

Una muy grave deslealtad, es la traición a la patria. Se puede traicionar a la patria cuando se revelan secretos concernientes a su seguridad, cuando se toman las armas contra ella, o cuando se pasa a las filas enemigas y se les presta ayuda o socorro.

Los gobernantes cometen deslealtad para con el pueblo, cuando no cumplen con fidelidad los deberes del cargo que ocupan. Ejemplos de deslealtad son la malversación dé los caudales públicos, el enriquecimiento ilícito con los dineros del Estado, el dejarse sobornar con dádivas o dinero, etc.

D. – De intolerancia
Como la misma palabra lo indica, intolerancia significa falta de tolerancia.

Intolerancia es la falta de respeto y tío consideración hacia las opiniones o conducta ajena porque o no coinciden con las propias o las contrarían.

Hay una intolerancia doctrinaria que debe ser admitida porque es una necesidad de la naturaleza: es la intolerancia de la verdad y de los principios.
Quien está seguro de poseer la verdad, es —y debe serlo— intolerante con el error.
Así el maestro no puede aceptar, por tolerancia, que el alumno afirme que cinco más cinco son doce; que el ángulo agudo es mayor que el recto; que el general Belgrano nació en Bogotá, cruzó los Andes y libertó a Bolivia… Los examinadores son intolerantes con los errores que los malos alumnos dicen en sus exámenes; es intolerante el médico, cuando prescribe las medicinas que deben devolver la salud; son intolerantes los jueces, cuando condenan a ladrones, depravados y criminales…

No se trata aquí de esa intolerancia doctrinaria —que nadie razonablemente puede dejar de admitir, y que nunca debe ser agresiva—, sino de la intolerancia con las personas. La intolerancia puede existir en las personas particulares, en los grupos y en las personas investidas de autoridad.

Las personas particulares son intolerantes cuando adoptan una actitud de intransigencia, no en los principios, sino en el comportamiento, en el trato, de lo cual resulta difícil la convivencia.

Hay quienes no soportan nada: opiniones opuestas a la suya, inconvenientes, actitudes molestas… Cualquier cosa los irrita, y les hace perder el autodominio.

Pretenden que todo el mundo piense como ellos, y que todas las cosas se hagan según sus indicaciones. Se creen infalibles en sus juicios.

Les falta comprensión y amplitud de miras por su intolerancia. Tales personas hacen muy difícil y penosa la convivencia. La intolerancia se manifiesta también en los grupos, sea entre diversas clases sociales, como entre asociaciones o partidos políticos antagónicos.

Por la intolerancia de clase, los grupos que se consideran superiores desprecian a los otros, y no admiten nada de bueno en ellos; las clases consideradas inferiores suelen’ atribuir todos los vicios y defectos a las superiores, y no toleran nada de lo que juzgan ofensivo. Se prodigan insultos recíprocos, y anidan odios y resentimientos.

La intolerancia de grupo ha hecho que partidos de fútbol denominados “amistosos”, degenerasen en poco menos que batallas campales.

La intolerancia entre los partidos políticos puede llegar a tener consecuencias gravísimas: persecuciones, torturas, vejámenes, venganzas y hasta crímenes.
Cuando la intolerancia es ejercida por personas investidas de autoridad, resulta terrible. Ejemplos elocuentes pueden verse en el terror de la Revolución Francesa, las tremendas represiones y purgas comunistas, las persecuciones de los regímenes totalitarios…

E. – De egoísmo

Etimológicamente, egoísmo proviene de ego, que quiere decir yo. Egoísmo significa el amor exagerado de sí mismo. El egoísmo es lo opuesto al altruismo. El egoísta piensa solo en sí. Su lema es, en los hechos: “Primero yo, después yo y siempre yo”.

Expresión de egoísmo es el “individualismo”, sistema que pone al individuo, al propio yo, a la propia persona, como centro y eje de toda la vida social.

Puede afirmarse que la mayoría de los males que aquejan a la humanidad, provienen del egoísmo, de esa falta de generosidad que impide pensar en los demás y buscar el bien común.

Una crítica seria que se formula a la Revolución s Francesa, es el haber acentuado en el mundo ese individualismo egoísta que tantas injusticias y tantos males ha traído a la sociedad.

F. Carencia de patriotismo

La carencia de patriotismo es una de las consecuencias del egoísmo.

El patriotismo supone generosidad, olvido de sí mismo, renuncia a las ventajas particulares en favor del bien común. El egoísta piensa y se preocupa de sí mismo, y se desentiende de todo lo demás. De ahí resulta esa apatía e indiferencia por todo lo que interesa a la patria.

En una democracia, la falta de patriotismo lleva a consecuencias funestas: los ciudadanos, en lugar de elegir a los mejores para los cargos públicos, son capaces de sufragar a veces por los ineptos: los problemas públicos no son solucionados de la forma más conveniente para la patria —lo que redundaría en bien de todos—, sino, teniendo en vista los propios intereses particulares.

LOS VALORES HUMANOS

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Solidaridad Valor Humano Ayudar al Prójimo Compartir

LA SOLIDARIDAD COMO VALOR HUMANO

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Todos pueden ser grandes… porque todos pueden servir. Para servir no hace falta un título universitario. Para servir no hay por qué hacer concordar el sujeto y el verbo. Sólo se necesita un corazón lleno de gracia. Un alma generada por el amor. Martín Luther King, Jr.

frase de solidaridad

Los humanos somos seres sociales: necesitamos de los demás para vivir, debemos relacionarnos, dar y recibir. Desde pequeños, los niños van aprendiendo sobre esta interdependencia: los adultos somos responsables de ayudarlos a sentir, pensar y actuar con los otros.

LA IMPORTANCIA DE UN SIMPLE GESTO SOLIDARIO: Un día, Pedro volvía caminando del colegio cuando vio que el chico que iba adelante había tropezado y se le habían caído todos los libros que llevaba, además de dos abrigos, un bate de béisbol, un guante y un grabador pequeño. Pedro se arrodilló y colaboró con el chico en recoger los artículos diseminados.

Como iban en la misma dirección, lo ayudó a llevar parte de las cosas. Mientras caminaban, Pedro descubrió que el chico se llamaba Iván, que le encantaban los videojuegos, el béisbol y la historia, que tenía muchos problemas con las demás materias y que acababa de romper con su novia.

Llegaron a la casa de Iván, y Pedro fue invitado a tomar una Coca-Cola y a mirar un poco de televisión. La tarde fue agradable, con risas y charla compartidas y Pedro regresó a su casa.

Siguieron viéndose en el colegio, y almorzaron juntos una o dos veces, hasta que los dos terminaron el ciclo básico. Completaron los estudios del ciclo medio en la misma secundaria donde mantuvieron sus breves contactos a lo largo de los años. Finalmente, llegó el esperado último año y, tres semanas antes de recibirse, Iván le preguntó a Pedro si podían hablar.

Entonces le recordó el día en que se habían conocido muchos años antes. “¿Nunca te preguntaste por qué llevaba tantas cosas a casa aquel día?”, preguntó Iván. “Sabes, había limpiado mi armario porque no quería dejarle un revoltijo a nadie. Había guardado algunas píldoras para dormir de mi madre y me iba a casa a suicidarme.

Pero después de pasar un tiempo juntos, hablando y riéndonos, me di cuenta de que si me hubiera matado, habría perdido esa oportunidad y muchas otras que podrían aparecer. De modo que ya ves, Pedro, cuando recogiste mis libros ese día, hiciste muchísimo más. Me salvaste la vida.”

John W. Schlatter

la solidaridad

Qué es La solidaridad?
Es el valor que consiste en mostrarse unido a otras personas o grupos, compartiendo sus intereses y sus necesidades. Nace en principio simplemente de nuestra esencia humana: reconocemos al otro como parte de nuestra propia especie, de nuestra gran familia y entendemos que somos todos esencialmente iguales. Nada de lo que es humano nos es ajeno y cada uno de nosotros es capaz de sentir en carne propia lo que le pasa al otro. Por eso, ser solidarios implica que reconocemos el valor de cada persona y contribuimos a que pueda realizar sus proyectos de vida.

Cómo se aprende
Según numerosas investigaciones, los humanos venimos “preparados” para ser solidarios. Contamos con mecanismos en nuestro propio cerebro que nos permiten reconocer las emociones de los demás. Los científicos han identificado un grupo de neuronas, a las que denominaron “neuronas espejo”, que se activan cuando un individuo realiza una acción, pero también cuando observa una acción similar realizada por otro individuo.

Esto implica que somos capaces de poner en práctica la empatía; es decir, la capacidad de pensar y sentir la vida interior de otra persona como si fuera propia. Claro que empatía y solidaridad también se aprenden. Desde pequeños, Los niños pueden no solo sentir lo que le sucede al otro sino actuar basados en esa percepción.

Los adultos podemos entonces apoyar su crecimiento, por ejemplo, alentando sus iniciativas solidarias, a que expresen sus sentimientos y a entender los de los demás. Tanto en casa como en los ámbitos educativos podemos proveer experiencias de relacionamiento con personas de diferentes culturas, entornos sociales o edades, para que puedan conocer las distintas realidades en Las que se vive. Y al mismo tiempo, brindar el ejemplo de nuestra propia solidaridad. Incluso pequeños gestos (desde colaborar en una campaña para juntar alimentos hasta donar sangre) pueden ser importantes para que eLlos vayan construyendo sus ideales, su idea de lo que está bien y lo que está mal, de Lo justo e injusto.

Juan Pablo II y la solidaridad

En palabras del Papa Juan Pablo II: “La solidaridad no es un sentimiento superficial, es La determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común, es decir, el bien de todos y cada uno para que todos seamos realmente responsables de todos”.

Al ser parte de una comunidad, nada de lo que le suceda a un semejante podrá sernos totalmente ajeno. Todo lo que les pasa a los demás nos despierta algún sentimiento, nos genera alguna actitud. Hay quienes aparentan cierta indiferencia ante sus semejantes, pero en realidad esta actitud tiene más que ver con la desconfianza y el miedo, que suelen paralizar a las personas hasta el punto de anular sus sentimientos originales.

Quien es capaz de gozar con el dolor y el sufrimiento ajenos padece una gravísima enfermedad que lo lleva irremediablemente a la deshumanización. Pero la persona sana, cuando descubre que un semejante está en problemas, acude en su ayuda sin esperar nada a cambio. Siente que al ayudar a otros se ayuda a sí misma, que al colaborar para satisfacer las necesidades de alguien, satisface las propias y su alma se engrandece. Se siente bien consigo misma porque no se siente sola: ha creado un vínculo, una unión con el otro, aunque jamás lo haya visto ni lo vaya a conocer.

Hacer un favor o recibirlo es uno de los actos más gratificantes que podemos
vivenciar. Desde el favor más pequeño hasta el más grande, son actitudes de
incalculable valor, no tienen precio; su única recompensa es el agradecimiento.
La solidaridad se manifiesta en acciones concretas y hace más
fuertes los vínculo con los demás.

Los rasgos de quienes están dispuestos a ayudar son:
• Empatia: capacidad de sentir lo que siente el otro. A mayor empatia, mayor ayuda.

• Creencia en un mundo justo: el mundo es equitativo; el buen comportamiento se premia y el inadecuado se castiga.

• Sentido de responsabilidad social: es un deber colaborar con otros.

• Poco egocentrismo: estas personas piensan más en los demás que en sí mismos.

• Nurturance: significa ser cuidadoso, capaz de “nutrir” espiritualmente.

Tal vez, más allá de entender a quienes hacen de la contribución a otros una forma de vida, o en lugar de desentrañar sus motivaciones con modelos teóricos, sólo haya que admirarlos y, ¿por qué no?, sumarse a sus múltiples cruzadas cotidianas.

LA SOLIDARIDAD COLECTIVA:

A veces, la solidaridad no consiste en una actitud personal. Pensemos en cualquier proyecto colectivo, como un trabajo en equipo en la escuela, o acciones benéficas dentro de una comunidad, un barrio… Cuando se ponen en marcha este tipo de proyectos, el compromiso, la reciprocidad y la solidaridad son fundamentales para conseguir un objetivo. Cada uno ofrece su apoyo y, de este modo, se realiza como persona, pero también colabora para que la comunidad o el grupo avance y crezca. Una sociedad solidaria es aquella en la que todas las personas son consideradas valiosas.

A veces se presentan situaciones muy duras para la gente,
como pueden ser las catástrofes naturales. Es en esas situaciones cuando
más se expresa la solidaridad colectiva.

Fuente Consultada;
Chocolate Caliente Para El Alma Canfield y Hansen
El Libro de las Virtudes
Con Francisco a mi Lado La Solidaridad

Vivir en Sociedad Respetando a Nuestros Semejantes La Sensibilidad Humana

LA SENSIBILIDAD COMO VALOR HUMANO

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Sensibilidad

frase sobre sensibilidad

El valor de la sensibilidad reside en la capacidad que tenemos los seres humanos para percibir y comprender el estado de ánimo, el modo de ser y de actuar de las personas, así como la naturaleza de las circunstancias y los ambientes, para actuar correctamente en beneficio de los demás. Además, debemos distinguir sensibilidad de sensiblería, esta última siempre es sinónimo de superficialidad, cursilería o debilidad.

Sin embargo, en diferentes momentos de nuestra vida cotidiana hemos buscado afecto, comprensión y cuidados, y a veces no encontramos a esa persona que responda a nuestras necesidades e intereses. ¿Qué podríamos hacer si viviéramos aislados? La sensibilidad nos permite descubrir en los demás a ese “otro yo” que piensa, siente y requiere de nuestra ayuda.

Ser sensible implica permanecer en estado de alerta de todo lo que ocurre a nuestro alrededor, va más allá de un estado de animo como reír o llorar, sintiendo pena o alegría por todo.

¿Acaso ser sensible es signo de debilidad? No es blando el padre de familia que se preocupa por la educación y formación que reciben sus hijos; el empresario que vela por el bienestar y seguridad de sus empleados; quien escucha, conforta y alienta a un amigo en los buenos y malos momentos. La sensibilidad es interés, preocupación, colaboración y entrega generosa hacia los demás.

No obstante, las personas prefieren aparentar ser duras o insensibles, para no comprometerse e involucrarse en problemas que suponen ajenos a su responsabilidad y competencia. De esta manera, las aflicciones ajenas resultan incómodas y los padecimientos de los demás molestos, pensando que cada quien tiene ya suficiente con sus propios problemas como para preocuparse de los ajenos. La indiferencia es el peor enemigo de la sensibilidad.

Lo peor de todo es mostrar esa misma indiferencia en familia, algunos padres nunca se enteran de los conocimientos que reciben sus hijos; de los ambientes que frecuentan; las costumbres y hábitos que adquieren con los amigos; de los programas que ven en la televisión; del uso que hacen del dinero; de la información que reciben respecto a la familia, la moda, la religión, la política… todas ellas son realidades que afectan a los adultos por igual.

Actuando de esta manera, se pierde la posibilidad de construir un futuro diferente. Puede parecer extraño, pero en cierta forma nos volvemos insensibles con respecto a nosotros mismos, pues generalmente, no advertimos el rumbo que le estamos dando a nuestra vida: pensamos poco en cambiar nuestros hábitos para bien; casi nunca hacemos propósitos de mejora personal o profesional; trabajamos sin orden y desmedidamente; dedicamos mucho tiempo a la diversión personal.

En este sentido, la vida marcada por lo efímero y el placer inmediato o dejarse llevar por lo más fácil y cómodo, es la muestra más clara de insensibilidad hacia todo lo que afecta nuestra vida. Reaccionar frente ante las críticas, la murmuración y el desprestigio de las personas, es una forma de salir de ese estado de pasividad e indiferencia, para crear una mejor calidad de vida y de convivencia entre los seres humanos.

Debemos emprender la tarea de conocer más las personas que nos rodean: muchas veces nos limitamos a conocer el nombre de las personas, incluso compañeros de trabajo o estudio, criticamos y enjuiciamos sin conocer lo que ocurre a su alrededor: el motivo de sus preocupaciones y el bajo rendimiento que en momentos tiene, si su familia pasa por una difícil etapa económica o alguien tiene graves problemas de salud. Todo sería más fácil si tuviéramos un interés verdadero por las personas y su bienestar.

En otro sentido, vivimos rodeados noticias y comentarios acerca de los problemas sociales, corrupción, inseguridad, pobreza, distribución de la riqueza de manera desigual etc… estas cuestiones progresivamente las naturalizamos, dejamos que formen parte de nuestra vida sin intentar cambiarlas, dejamos que sean otros quienes piensen, tomen decisiones y actúen para solucionarlos. La sensibilidad nos hace ser más previsores y participativos, pues no es correcto contemplar estos problemas creyendo que somos inmunes y que no nos afectarán.

Por el contrario, la sensibilidad nos hace despertar hacia la realidad, descubriendo todo aquello que afecta en mayor o menor grado al desarrollo personal, familiar y social. Con sentido común y un criterio bien formado, podemos hacer frente a todo tipo de inconvenientes, con la seguridad de hacer el bien poniendo todas nuestras capacidades al servicio de los demás.

 Los Siete Pecados  Capitales

La Solidaridad

Pecados  Sociales

 

Misteriosa Muerte Papa Juan Pablo Banco Vaticano Logia P2 Asesinato?

Plaza del VaticanoBasta con echar una mirada a su historia reciente para comprobar que la sede mundial del catolicismo apostólico romano es un hervidero de intereses, intrigas, secretos, conspiraciones y muertes extrañas, así como campo de batalla de distintas sociedades secretas y sectas infiltradas. No sólo se inmiscuye en asuntos de tipo social, sino que intenta influir en la política interna de los países, ya sean democracias o dictaduras.

Para la jerarquía de este «Gran Reino de Enlil», es necesario imponer las mismas normas morales a las sociedades modernas que a las antiguas, mientras que en ciertos altos cargos de la Iglesia, todo vale para obtener sus fines que no son otros que el poder y el control sobre la gente. (foto:Plaza del Vaticano)

En Angeles y Demonios, el escritor Dan Brown idea una trama en la cual los Illuminati se infiltran en el Vaticano para vengar la muerte de sus miembros ejecutados por la Inquisición. Aunque estos ficticios Illuminati nada tienen que ver con los tratados en este libro, la infiltración de diferentes sociedades en el Vaticano es un hecho. Por un lado están los masones, los Illuminati y los satánicos y, por otro, sectas ultracatólicas como el Opus Dei y los Legionarios de Cristo.

La sospechosa muerte de Juan Pablo I

juan pablo IEn relación con la masonería es interesante repasar los acontecimientos que rodearon la misteriosa muerte de Juan Pablo 1. Para comprender las fuerzas que estaban en juego en el momento de su muerte, hay que retroceder hasta el siglo XIX, cuando la Iglesia pierde su poder terrenal sobre los Estados Pontificios durante la revolución nacional italiana. El resultado de este cambio es que, a partir de 1870, los papas se convirtieron en «prisioneros del Vaticano». Gracias a su papel en la entrega de Italia a Mussolini, el papa Pío Xl (1922-1939) recibió el equivalente a 80 millones de dólares y la restauración temporal del papado en el Estado de la Ciudad del Vaticano bajo los términos del tratado de Letrán, de 1929. Pío XI y sus sucesores explotarían este tratado para crear un banco Vaticano, más allá de todo control por parte de las autoridades civiles.

La doctrina totalitaria del Concilio Vaticano 1 estableció que cualquier desviación de las enseñanzas morales del Papa era un error. Durante su estancia

en el Vaticano, Juan XXIII luchó para poner en marcha el Concilio Vaticano II, a pesar de la fuerte oposición de los conservadores, que temían cualquier pérdida de su poder absoluto y como consecuencia, la pérdida de sus privilegios y riquezas terrenales que la Iglesia había amontonado. Al morir Pablo VI, se eligió al cardenal Albino Luccani como sucesor, considerado por el cónclave como un candidato de compromiso, fácilmente controlable por las facciones mas conservadoras.

Pero cuando el Cardenal Luccani fue elegido Papa con el nombre de Juan Pablo I, empezó a mostrar una inteligencia privilegiada y una determinación que había permanecido oculta por su carácter reservado. Desde el primer momento decidió revolucionar el papado y devolverte sus orígenes espirituales. En su coronación, rehusó ser llevado en el papamóvil y no quiso ponerse una tiara incrustada de piedras preciosa; tampoco aceptó seguir el guión de la Curia para sus audiencias y conferencias de prensa. El supremo organismo de control Vaticano quedaba así desafiado, pero no tardó en reaccionar censurando sus comentarios en el diario oficial del Vaticano, sobre todo cuando expresó su opinión favorable al uso de los anticonceptivos.

Michele SindonaSin embargo, su mayor «pecado» fue indagar en los negocios del banco del Vaticano (es decir, el Instituto para las Obras de Religión, IOR), que en 1969 entró en negociaciones de la mano de Pablo VI con Michele Sindona, un financiero siciliano. (foto izquierda)

El desmesurado ascenso de Sindona desde la pobreza hasta el control de un imperio internacional de banca, se debía parcialmente al apoyo de patrocinadores de la mafia y la logia P2 (Propaganda Due), una sociedad secreta masónica controlada por Lucio Gelli. Éste financió su imperio mediante el saqueo sistemático de una cadena de banco adquiridos por su socio, Roberto Calvi.(foto abajo)  Con la ayuda de Gelli y Calvi, Sindona obtuvo el control de uno de los grupos financieros más antiguos y prestigiosos de Italia y Suiza, incluso otras instituciones financieras relacionadas con el Vaticano.

Pablo VI pidió consejo financiero a Sindona en 1968Pablo VI pidió consejo financiero a Sindona en 1968, cuando el Gobierno italiano revocó la exención tributaria que la Santa Sede disfrutaba sobre los ingresos recibidos de inversiones italianas.

Ya que el Vaticano no quería hacer pública la cuantía de su cartera de valores, decidió suprimir muchas de sus inversiones domésticas. Sindona le ofreció una solución, sus patrocinadores de la familia Gambino limpiarían su dinero procedente del comercio de heroína por activos legales. Huelga decir que el Vaticano no iba a negociar directamente con la Mafia y se estableció una compañía tapadera cuya misión era recibir el dinero de los Gambino.

Después de penetrar en este laberinto de corrupción, Juan Pablo 1, llamó a su despacho privado al jefe de la Curia, el Cardenal Villot, la tarde del 28 de septiembre. Quería discutir ciertos cambios que haría públicos al día siguiente. Iba a aceptar las dimisiones del jefe del banco del Vaticano, de varios miembros de la Curia implicados en las actividades de Sindona y del mismo Villot. Además, también iba a declarar su intención de celebrar una reunión el 24 de octubre con una delegación estadounidense para tratar el terna del control de la natalidad.

Cuando el papa Juan Pablo I se retirò a su habitación aquella noche del 28 de septiembre. decidido a tirar de la manta que cubría las negociaciones entre el Vaticano y la Mafia, no podía imaginar que no vería el nuevo amanecer.

A las 04:45 horas del 29 de septiembre, la hermana Vicenza encontró al Papa muerto. Según dice el investigador británico David Yallop, en su libro En nombre de Dios, la hermana Vicenza dio dos versiones ambiguas de cómo encontró al Papa. Según sus primeras y entrecortadas declaraciones a un grupo de sacerdotes franceses aquella misma mañana, le había encontrado sin vida en su cuarto de baño. Sin embargo, la otra versión (sin duda maquillada por Villot), habla de un hombre sentado en la cama con signos de agonía en el rostro cuando la hermana entró en su habitación. Yallop insiste en que esta discrepancia es muy importante: si se determinara que la monja lo encontró muerto en el cuarto de baño, aún con sus vestiduras papales, este hecho apuntaría a que falleció poco después de su «brindis» con el cardenal Villot aquella noche del 28 de septiembre.

 cardenal VillotDavid Yallop reconstruye las acciones del cardenal Villot(foto izquierda) y consigue una trayectoria muy sospechosa. Se dice que este cardenal informó de la muerte a las 05:00horas. Las gafas y zapatillas del Papa desparecieron misteriosamente y se especula que pudiera haber restos de vómitos, que en un hipotético análisis explicarían las causas de su muerte.

Justo a las 05:00, Villot o un ayudante, llamó a los embalsamadores, que a esa misma hora estaban curiosamente preparados para el evento. Lo que ocurrió entre las 05:00 y las 06:00 sigue siendo un misterio, y a esa hora, el doctor Buzzonati (y no el profesor Fontana, jefe del Servicio Médico del Vaticano) llegó para confirmar la muerte, aunque sin emitir el correspondiente certificado de defunción. Según este facultativo, la causa del fallecimiento fue un infarto. Sobre las 06:30, Villot empezó a informar a los cardenales, una hora y media después de la llegada de los embalsamadores. Antes de las 6 de la tarde de ese día, los apartamentos del Papa ya se habían limpiado y cerrado; sus secretarios habían retirado su ropa, incluso sus cartas, apuntes, libros y recuerdos personales. En otras palabras, a las 6 de la tarde, las 19 habitaciones del papa Juan Pablo 1 no guardaban ningún recuerdo de su corto papado de 33 días.

De nuevo el número masónico por excelencia y relacionado a su vez, con los Illuminati; además de un breve mandato que terminó el 29 de septiembre de 1978. Aquí hay otra contraseña de los Illuminati; el numero 29 se reduce a 11, y en la numero logia todos los números que cumplen esta condición se asimilan a él, es decir, 29, 38, 47, 56, 65, 74, 83 y 92.

Siguiendo las órdenes de Villot, el Papa fue embalsamado esa misma tarde, un procedimiento no sólo irregular sino ilegal. Se dice que durante el proceso de embalsamamiento, no se permitió la extracción de órganos ni sangre. Yallop afirma que «una pequeña cantidad de sangre» habría sido suficiente para que un experto forense estableciera la presencia de cualquier sustancia venenosa.

Según el Abad de Nantes, la sentencia de muerte cayó sobre Juan Pablo I el día que abrió los dosieres secretos de Pablo VI, y la forma en que murió tenía todos los visos de una ejecución masónica, planeada ese mismo día por Licio Geelli y Roberto Calvi.

Fuente Consultada:El Gran Complot de Robert Goodman

Los archivos secretos del Vaticano Juicio a Galileo y Bruno Papisa Juana

Los archivos secretos del Vaticano

LA IGLESIA ENEMIGA: ¿Fueron los Evangelios Apócrifos los únicos textos silenciados por la Iglesia? ¿Es la descendencia de Cristo el único secreto que guarda esta institución y que no quiere que se conozca porque disminuiría enormemente su poder? De ninguna manera. El Vaticano siempre ha siglo lugar de secretos, intrigas, conspiraciones, misterios. …y al igual que los servicios secretos de cualquier estado, ha movido y sigue moviendo hilos que los ciudadanos no tienen posibilidad de conocer.

De todo el enorme abanico al respecto daremos cuenta de dos cuestiones, los archivos secretos del Vaticano (ya que se encuentran vinculados al secreto de Cristo) y el escándalo más sonado en que se vio envuelta la Santa Sede en las últimas décadas: el supuesto asesinato del papa Juan Pablo I a manos de la misma gente del Vaticano, en un escenario donde no estaban ausente ni la mafia, ni la masonería, ni los escándalos financieros.

LOS ARCHIVOS SECRETOS DEL VATICANO

Cincuenta kilómetros de estanterías subterráneas; libros, códices y pergaminos varios, inaccesibles para el público; registros escritos almacenados por dos milenios que nadie sabe a ciencia cierta en qué consisten. ¿Por qué se conserva esa documentación secreta y misteriosa en el Vaticano? ¿Qué arcanos esconde esta red? Si bien resulta imposible dar cuenta de ella en su totalidad (ya que la inmensa mayoría de lo allí guardado resulta una incógnita para quien no pueda transitar sus vetustos y misteriosos pasillos), se ofrece a continuación una breve lista del material que, a ciencia cierta, se sabe que se encuentra en los archivos secretos de la Santa Sede.

• Documentación sobre el cristianismo primitivo, que incluye estudios sobre los rollos del Mar Muerto.

El juicio de los Templarios. Volumen de 1309 acerca del proceso a los caballeros de la Orden del Temple. Se trata de una copia, no de la edición original, pero se la considera absolutamente fidedigna y realizada inmediatamente a la redacción del original.

• Cisma de Occidente (1378-1417), con años en los que hubo tres Papas a la vez, cada uno con sus misterios, sus secretos, sus archivos y documentos confidenciales.

• La Bula de Inocencio VII (1484), con la que promovía la caza de brujas.

• Todos los libros prohibidos expresamente por el Vaticano a través de su Índice; libros que, lógicamente, se han leído y archivado. El Índice surgió a raíz de la Institución de la Sagrada Congregación del Santo Oficio (1542), testamento que instauró la Inquisición a semejanza de la ya establecida en España. Sin embargo, es necesario aclarar que la prohibición de impresión, copia y lectura de ciertos libros comenzó con el Concilio de Nicea  donde, por ejemplo, se prohibió y quemó el Thalia de Arrio.

• Toda la documentación sobre la reforma del calendario romano (del que hoy nos servimos) promovida por Gregorio XIII en 1582.

• Gran cantidad de material con temáticas “normales” (eclesiástica, civil y política) y, sin duda, otra buena parte con temas paranormales. Muchos investigadores (entre ellos, Huc de Sant Joan de Mata) coinciden en que los Archivos Secretos con, tienen muchísima documentación sobre la fenomenología para normal y, particularmente, sobre parapsicología. Lógicamente, fenómeno de ese tipo registrado, por ejemplo, en el siglo X, no S expondría como “fenómeno parapsicológico”, sino como anatema, o milagro. En los siglos posteriores, el mismo fenómeno sería vinculado a la brujería.

• Toda la documentación sobre Giordano Bruno (siglo XVI) dominico italiano al que se le enjuició por heterodoxia en un proceso que duró siete años. De éste último hecho, sólo se conserva un sumario de 55 páginas que fue hallado en 1940.

• Dentro del sector catalogado como “Archivo de miscelánea”, se encuentra todo el proceso acerca de la monja de Tercera Orden de Santo Domingo, Cristina de Rovales (llevado a cabo en el siglo XVI), que da cuenta de posesiones diabólicas estigmas, apariciones y fenomenología que hoy se considera puramente parapsicológica, como la levitación y la telepatía.

• Textos procedentes de países no cristianos visitados por misioneros. Por ejemplo, en el siglo XVII, los jesuitas que encontraban misionando en China mandaron una cantidad verdaderamente asombrosa de material.

• Documentos acerca de el Juicio de Galileo (Siglo XVII)

• Cartas de Pío XII que develan datos de la relación Vaticano-Hitler.

Los Archivos secretos fueron abiertos a la investigación, en parte y por primera vez, en 1881. Desde entonces, se han publicado y analizado diferentes libros y documentos. En los últimos años se está procediendo a microfilmar, grabar en video y. por supuesto, archivar en computadoras.

El Vaticano abre sus archivos secretos

El Vaticano anunció que el 15 de febrero abrirá parcialmente sus archivos secretos de la época previa a la Segunda Guerra Mundial. Los documentos, que estarán disponibles para aquellos investigadores que eleven una petición oficial, cubrirán el período 1922- 1939, Dé asta forma, la Iglesia Católica quiere limpiar el nombre del Papa Pío XII, acusado por organizaciones judías de haber hecho muy poco para denunciar el Holocausto. Durante los años previos a la guerra quien luego sería Pío XII se desempeñó como embajador vaticano ante Berlín.

Documentos destruidos

Los primeros 640 documentos que se pondrán a disposición de las estudiosos el próximo año cubren las relaciones entre la Santa Sede y Alemania desde 1922 hasta 1939. Sin embargo el Vaticano dejó constancia que muchos de los legajos del período 1931 – 1934 fueron prácticamente destruidos o dispersados durante los bombardeos aliados contra Berlín y por un incendio, informa la agencia de noticias Reuters. Entretanto, los documentos que abarcan el perdido entre 1939y 1949, y que tratan sobre los prisioneros de guerra, saldrán del archivo en una segunda instancia. Los materiales que contienen información sobre las relaciones entre Pío XII y Alemania hasta su muerte en 1958, serán puestos a disposición de los estudiosos en tres años.

Apertura parcial

El Vaticano siempre ha defendido la posición de Pío XII, explicando que su silencio se debió al temor de poner aún más en peligro la vida tanto de católicos como judíos. En un comunicado de inicios de 2002, la Santa Sede informó que espera que los documentos demuestran ‘el enorme trabajo de caridad y asistencia emprendido por el Papa Pío XII, para los prisioneros y las víctimas de guerra, sin distinción de nacionalidad, religión o raza”.

Este anuncio llegó tiempo después de que los estudiosos judíos y católico que examinaban los documentos suspendieran sus actividades porque el Vaticano no abría sus archivos de forma completa. La Santa Sede aceptó que una apertura parcial resultaba verdaderamente frustrante para los estudiosos. Sin embargo, argumentó qUe esto se debió a la necesidad de proteger a las víctimas del Holocausto que aún estaban vivas.

firma de Galileo Galilei

Firma de Galileo Galilei en el acta del proceso en su contra. Se guardó en el Archivo Secreto del Vaticano.
El observatorio guardó sus instrumentos de observación.

AMPLIACIÓN DEL TEMA:
Los tesoros de la Biblioteca

Según informa el sitio oficial del Vaticano, el Scrinium (escritorio) de la Iglesia Romana, que servía a la vez de biblioteca y archivo, data de fines del siglo IV. El primer Bibliothecarius, Teofilatto, aparece mencionado en un documento del año 784. En el siglo XIII se produjo la dispersión de la preciosa colección —aunque se conservan inventarios de aquel tesoro— hasta que Juan XXII, en el siglo XIV, reinició la colección. Esta, habiendo sumado a su patrimonio un enorme caudal de materiales de familias nobles o aristocráticas, fue conservada por la poderosa familia Borghese, y volvió a la Santa Sede en 1891.

El Papa León XIII (1878-1903) abrió la biblioteca a un público más amplio de historiadores e investigadores; el jesuita Franz Ehrle (1895-1914) inició la clasificación y catalogación erudita de los manuscritos que rige todavía hoy; suyo es el mérito del primer laboratorio de restauración y la adquisición de fondos como la Biblioteca Barberini, con más de 36 mil volúmenes, además de una colección de once mil manuscritos griegos, latinos y de lenguas orientales. Desde los años 50, se vienen microfilmando algunos de estos manuscritos.

Por supuesto que los materiales que un investigador puede hallar en la Biblioteca Apostólica Vaticana exceden los límites del pensamiento y la literatura religiosas. Allí ha buceado el erudito Tiziano Dorandi para su flamante edición de Las vidas de los filósofos griegos, de Diógenes Laercio (siglo II d.C). Mientras que el año pasado los investigadores Pina Totaro y Leen Spruit hallaron entre sus tesoros el único manuscrito que ha sobrevivido del texto completo de la. Ética demostrada según el orden geométrico (1677) de Baruch de Spinoza.

Los secretos del Archivo
Por fuera del material “literario”, los mil años más recientes de la historia vaticana están condensados en los documentos del Archivo Secreto, “memoria histórica de la actividad milenaria de la Iglesia” poseedora y custodia de los “instrumentos para la investigación de los estudiosos”, como señala el sitio oficial (www. vatican.va). En sus 85 kilómetros de estantes no es sólo esto lo que se conserva: Paulo VI afirmó que aquellos “trozos de papel son ecos y vestigios (…) del paso del Señor Jesús por el mundo”.

Si es así, entonces este Archivo contiene algo más decisivo que documentación administrativa —por compleja y llena de matices que ésta pudiera ser—; contiene una prueba metafísica, por así decirlo, de la presencia de aquel a quien todos los cristianos consideran Hijo de Dios. Los archivos, decía Paulo VI, son “el reflejo” que permitirá a las generaciones venideras reconocer “el paso, el transitus Domini por el mundo”.

Accesible para investigadores acreditados (deben tener título de doctorado, por lo menos) entre octubre y junio de cada año, la documentación que se puede consultar es la que llega hasta febrero de 1939, con el papado de Pío XI. Sin embargo, al margen de las condiciones para los especialistas, el Vaticano organizó el año pasado, durante el pontificado de Benedicto XVI (intelectual de renombre internacional, más allá del Vaticano), una muestra inédita de documentos secretos.

Titulada Lux in arcana, la muestra comprendía cartas, manuscritos, órdenes de condena y diferentes autógrafos de los más curiosos personajes. Desde documentos de los casos Giordano Bruno y Galileo, hasta cartas en las que María Antonieta, la reina de Francia decapitada tras la Revolución, revela la profunda insatisfacción de su matrimonio… Es de esperar que estos eventos se repitan, para dicha de curiosos irredentos. (Fuente: El Diario de National Geographic n°26)

TESOROS DEL VATICANO:

SEPULCRO PAPAL

Sepulcro Papal, la tumba de Pío XI en las grutas vaticanas, situadas en los sótanos de la basílica de San Pedro. donde también descansó san Benedicto XV, Pío X y JUan Pablo II.

tesoros del vaticano documentostesoros del vaticano estatuilla

Documentación: El sello de Napoleón Bonaparte, dispuesto sobre el Concordato de 1801 firmado por el Papa Pío VII.tesoros del vaticano anfora

Arte eterna: Un ánfora del siglo VIa.C, en el Museo Etrusco fundado en 1837 por el Papa Gregorio XVI.

tesoros del vaticano, Pio XII

Pío XII (1938-1958) , obra esculpida en bronce por Francesco Messina, inaugurada en 1964 en la Capilla de San Sebastián.

Fuente Consultada: Más Allá del Código Da Vinci – René Chandelle

Valores a enseñar a los niños Honestidad Responsabilidad y Puntualidad

Valores a enseñar a los niños Honestidad

LA HONESTIDAD: Es aquella cualidad humana por la que la persona se determina a elegir actuar siempre con base en la verdad y en la auténtica justicia (dando a cada quien lo que le corresponde, incluida ella misma).

Ser honesto es ser real, acorde con la evidencia que presenta el mundo y sus diversos fenómenos y elementos; es ser genuino, auténtico, objetivo. La honestidad expresa respeto por uno mismo y por los demás, que, como nosotros, “son como son” y no existe razón alguna para esconderlo. Esta actitud siembra confianza en uno mismo y en aquellos quienes están en contacto con la persona honesta.

La honestidad no consiste sólo en franqueza (capacidad de decir la verdad) sino en asumir que la verdad es sólo una y que no depende de personas o consensos sino de lo que el mundo real nos presenta como innegable e imprescindible de reconocer.

Lo que no es la honestidad:

– No es la simple honradez que lleva a la persona a respetar la distribución de los bienes materiales. La honradez es sólo una consecuencia particular de ser honestos y justos.

– No es el mero reconocimiento de las emociones “así me siento” o “es lo que verdaderamente siento”. Ser honesto, además implica el análisis de qué tan reales (verdaderos) son nuestros sentimientos y decidirnos a ordenarlos buscando el bien de los demás y el propio.

– No es la desordenada apertura de la propia intimidad en aras de “no esconder quien realmente somos”, implicará la verdadera sinceridad, con las personas adecuadas y en los momentos correctos.

– No es la actitud cínica e impúdica por la que se habla de cualquier cosa con cualquiera… la franqueza tiene como prioridad el reconocimiento de la verdad y no el desorden.

Hay que tomar la honestidad en serio, estar conscientes de cómo nos afecta cualquier falta de honestidad por pequeña que sea… Hay que reconocer que es una condición fundamental para las relaciones humanas, para la amistad y la auténtica vida comunitaria. Ser deshonesto es ser falso, injusto, impostado, ficticio. La deshonestidad no respeta a la persona en sí misma y busca la sombra, el encubrimiento: es una disposición a vivir en la oscuridad. La honestidad, en cambio, tiñe la vida de confianza, sinceridad y apertura, y expresa la disposición de vivir a la luz, la luz de la verdad.

LA PUNTUALIDAD

El valor que se construye por el esfuerzo de estar a tiempo en el lugar adecuado.

El valor de la puntualidad es la disciplina de estar a tiempo para cumplir nuestras obligaciones: una cita del trabajo, una reunión de amigos, un compromiso de la oficina, un trabajo pendiente por entregar.

El valor de la puntualidad es necesario para dotar a nuestra personalidad de carácter, orden y eficacia, pues al vivir este valor en plenitud estamos en condiciones de realizar más actividades, desempeñar mejor nuestro trabajo, ser merecedores de confianza.

La falta de puntualidad habla por sí misma, de ahí se deduce con facilidad la escasa o nula organización de nuestro tiempo, de planeación en nuestras actividades, y por supuesto de una agenda, pero, ¿qué hay detrás de todo esto?

Muchas veces la impuntualidad nace del interés que despierta en nosotros una actividad, por ejemplo, es más atractivo para un joven charlar con los amigos que llegar a tiempo a las clases; para otros es preferible hacer una larga sobremesa y retrasar la llegada a la oficina. El resultado de vivir de acuerdo a nuestros gustos, es la pérdida de formalidad en nuestro actuar y poco a poco se reafirma el vicio de llegar tarde.

En este mismo sentido podríamos añadir la importancia que tiene para nosotros un evento, si tenemos una entrevista para solicitar empleo, la reunión para cerrar un negocio o la cita con el director del centro de estudios, hacemos hasta lo imposible para estar a tiempo; pero si es el amigo de siempre, la reunión donde estarán personas que no frecuentamos y conocemos poco, o la persona –según nosotros- representa poca importancia, hacemos lo posible por no estar a tiempo, ¿qué mas da…?

Para ser puntual primeramente debemos ser conscientes que toda persona, evento, reunión, actividad o cita tiene un grado particular de importancia. Nuestra palabra debería ser el sinónimo de garantía para contar con nuestra presencia en el momento preciso y necesario.

Otro factor que obstaculiza la vivencia de este valor, y es poco visible, se da precisamente en nuestro interior: imaginamos, recordamos, recreamos y supuestamente pensamos cosas diversas a la hora del baño, mientras descansamos un poco en el sofá, cuando pasamos al supermercado a comprar “sólo lo que hace falta”, en el pequeño receso que nos damos en la oficina o entre clases… pero en realidad el tiempo pasa tan de prisa, que cuando “despertamos” y por equivocación observamos la hora, es poco lo que se puede hacer para remediar el descuido.

Un aspecto importante de la puntualidad, es concentrarse en la actividad que estamos realizando, procurando mantener nuestra atención para no divagar y aprovechar mejor el tiempo. Para corregir esto, es de gran utilidad programar la alarma de nuestro reloj o computadora (ordenador), pedirle a un familiar o compañero que nos recuerde la hora (algunas veces para no ser molesto y dependiente), etc., porque es necesario poner un remedio inmediato, de otra forma, imposible.

Lo más grave de todo esto, es encontrar a personas que sienten “distinguirse” por su impuntualidad, llegar tarde es una forma de llamar la atención, ¿falta de seguridad y de carácter? Por otra parte algunos lo han dicho: “si quieren, que me esperen”, “para qué llegar a tiempo, si…”, “no pasa nada…”, “es lo mismo siempre”. Estas y otras actitudes son el reflejo del poco respeto, ya no digamos aprecio, que sentimos por las personas, su tiempo y sus actividades

Para la persona impuntual los pretextos y justificaciones están agotados, nadie cree en ellos, ¿no es tiempo de hacer algo para cambiar esta actitud? Por el contrario, cada vez que alguien se retrasa de forma extraordinaria, llama la atención y es sujeto de toda credibilidad por su responsabilidad, constancia y sinceridad, pues seguramente algún contratiempo importante ocurrió..

Podemos pensar que el hacerse de una agenda y solicitar ayuda, basta para corregir nuestra situación y por supuesto que nos facilita un poco la vida, pero además de encontrar las causa que provocan nuestra impuntualidad (los ya mencionados: interés, importancia, distracción), se necesita voluntad para cortar a tiempo nuestras actividades, desde el descanso y el trabajo, hasta la reunión de amigos, lo cual supone un esfuerzo extra -sacrificio si se quiere llamar-, de otra manera poco a poco nos alejamos del objetivo.

La cuestión no es decir “quiero ser puntual desde mañana”, lo cual sería retrasar una vez más algo, es hoy, en este momento y poniendo los medios que hagan falta para lograrlo: agenda, recordatorios, alarmas…

Para crecer y hacer más firme este valor en tu vida, puedes iniciar con estas sugerencias:

– Examínate y descubre las causas de tu impuntualidad: pereza, desorden, irresponsabilidad, olvido, etc.

– Establece un medio adecuado para solucionar la causa principal de tu problema (recordando que se necesita voluntad y sacrificio): Reducir distracciones y descansos a lo largo del día; levantarse más temprano para terminar tu arreglo personal con oportunidad; colocar el despertador más lejos…

– Aunque sea algo tedioso, elabora por escrito tu horario y plan de actividades del día siguiente. Si tienes muchas cosas que atender y te sirve poco, hazlo para los siguientes siete días. En lo sucesivo será más fácil incluir otros eventos y podrás calcular mejor tus posibilidades de cumplir con todo. Recuerda que con voluntad y sacrificio, lograrás tu propósito.

– Implementa un sistema de “alarmas” que te ayuden a tener noción del tiempo (no necesariamente sonoras) y cámbialas con regularidad para que no te acostumbres: usa el reloj en la otra mano; pide acompañar al compañero que entra y sale a tiempo; utiliza notas adheribles…

– Establece de manera correcta tus prioridades y dales el lugar adecuado, muy especialmente si tienes que hacer algo importante aunque no te guste.

Vivir el valor de la puntualidad es una forma de hacerle a los demás la vida más agradable, mejora nuestro orden y nos convierte en personas digna de confianza.

LA RESPONSABILIDAD

La responsabilidad (o la irresponsabilidad) es fácil de detectar en la vida diaria, especialmente en su faceta negativa: la vemos en el plomero que no hizo correctamente su trabajo, en el carpintero que no llegó a pintar las puertas en el día que se había comprometido, en el joven que tiene bajas calificaciones, en el arquitecto que no ha cumplido con el plan de construcción para un nuevo proyecto, y en casos más graves en un funcionario público que no ha hecho lo que prometió o que utiliza los recursos públicos para sus propios intereses.

Sin embargo plantearse qué es la responsabilidad no es algo tan sencillo. Un elemento indispensable dentro de la responsabilidad es el cumplir un deber. La responsabilidad es una obligación, ya sea moral o incluso legal de cumplir con lo que se ha comprometido.

La responsabilidad tiene un efecto directo en otro concepto fundamental: la confianza. Confiamos en aquellas personas que son responsables. Ponemos nuestra fe y lealtad en aquellos que de manera estable cumplen lo que han prometido.

La responsabilidad es un signo de madurez, pues el cumplir una obligación de cualquier tipo no es generalmente algo agradable, pues implica esfuerzo. En el caso del plomero, tiene que tomarse la molestia de hacer bien su trabajo. El carpintero tiene que dejar de hacer aquella ocupación o gusto para ir a la casa de alguien a terminar un encargo laboral. La responsabilidad puede parecer una carga, y el no cumplir con lo prometido origina consecuencias.

¿Por qué es un valor la responsabilidad? Porque gracias a ella, podemos convivir pacíficamente en sociedad, ya sea en el plano familiar, amistoso, profesional o personal.

Cuando alguien cae en la irresponsabilidad, fácilmente podemos dejar de confiar en la persona. En el plano personal, aquel marido que durante una convención decide pasarse un rato con una mujer que recién conoció y la esposa se entera, la confianza quedará deshecha, porque el esposo no tuvo la capacidad de cumplir su promesa de fidelidad. Y es que es fácil caer en la tentación del capricho y del bienestar inmediato. El esposo puede preferir el gozo inmediato de una conquista, y olvidarse de que a largo plazo, su matrimonio es más importante.

El origen de la irresponsabilidad se da en la falta de prioridades correctamente ordenadas. Por ejemplo, el carpintero no fue a pintar la puerta porque llegó su “compadre” y decidieron tomarse unas cervezas en lugar de ir a cumplir el compromiso de pintar una puerta. El carpintero tiene mal ordenadas sus prioridades, pues tomarse una cerveza es algo sin importancia que bien puede esperar, pero este hombre (y tal vez su familia), depende de su trabajo.

La responsabilidad debe ser algo estable. Todos podemos tolerar la irresponsabilidad de alguien ocasionalmente. Todos podemos caer fácilmente alguna vez en la irresponsabilidad. Empero, no todos toleraremos la irresponsabilidad de alguien durante mucho tiempo. La confianza en una persona en cualquier tipo de relación (laboral, familiar o amistosa) es fundamental, pues es una correspondencia de deberes. Es decir, yo cumplo porque la otra persona cumple.

El costo de la irresponsabilidad es muy alto. Para el carpintero significa perder el trabajo, para el marido que quiso pasarse un buen rato puede ser la separación definitiva de su esposa, para el gobernante que usó mal los recursos públicos puede ser la cárcel.

La responsabilidad es un valor, porque gracias a ella podemos convivir en sociedad de una manera pacífica y equitativa. La responsabilidad en su nivel más elemental es cumplir con lo que se ha comprometido, o la ley hará que se cumpla. Pero hay una responsabilidad mucho más sutil (y difícil de vivir), que es la del plano moral.

Si le prestamos a un amigo un libro y no lo devuelve, o si una persona nos deja plantada esperándole, entonces perdemos la fe y la confianza en ella. La pérdida de la confianza termina con las relaciones de cualquier tipo: el chico que a pesar de sus múltiples promesas sigue obteniendo malas notas en la escuela, el marido que ha prometido no volver a emborracharse, el novio que sigue coqueteando con otras chicas o el amigo que suele dejarnos plantados. Todas esta conductas terminarán, tarde o temprano y dependiendo de nuestra propia tolerancia hacia la irresponsabilidad, con la relación.

Ser responsable es asumir las consecuencias de nuestra acciones y decisiones. Ser responsable también es tratar de que todos nuestros actos sean realizados de acuerdo con una noción de justicia y de cumplimiento del deber en todos los sentidos.

Los valores son los cimientos de nuestra convivencia social y personal. La responsabilidad es un valor, porque de ella depende la estabilidad de nuestras relaciones. La responsabilidad vale, porque es difícil de alcanzar.

¿Qué podemos hacer para mejorar nuestra responsabilidad?

El primer paso es percatarnos de que todo cuanto hagamos, todo compromiso, tiene una consecuencia que depende de nosotros mismos. Nosotros somos quienes decidimos.

El segundo paso es lograr de manera estable, habitual, que nuestros actos correspondan a nuestras promesas. Si prometemos “hacer lo correcto” y no lo hacemos, entonces no hay responsabilidad.

El tercer paso es educar a quienes están a nuestro alrededor para que sean responsables. La actitud más sencilla es dejar pasar las cosas: olvidarse del carpintero y conseguir otro, hacer yo mismo el trabajo de plomería, despedir al empleado, romper la relación afectiva. Pero este camino fácil tiene su propio nivel de responsabilidad, porque entonces nosotros mismos estamos siendo irresponsables al tomar el camino más ligero. ¿Qué bien le hemos hecho al carpintero al despedirlo? ¿Realmente romper con la relación era la mejor solución? Incluso podría parecer que es “lo justo” y que estamos haciendo “lo correcto”. Sin embargo, hacer eso es caer en la irresponsabilidad de no cumplir nuestro deber y ser iguales al carpintero, al gobernante que hizo mal las cosas o al marido infiel. ¿Y cual es ese deber? La responsabilidad de corregir.

El camino más difícil, pero que a la larga es el mejor, es el educar al irresponsable. ¿No vino el carpintero? Entonces, a ir por él y hacer lo que sea necesario para asegurarnos de que cumplirá el trabajo. ¿Y el plomero? Hacer que repare sin costo el desperfecto que no arregló desde la primera vez. ¿Y con la pareja infiel? Hacerle ver la importancia de lo que ha hecho, y todo lo que depende de la relación. ¿Y con el gobernante que no hizo lo que debía? Utilizar los medios de protesta que confiera la ley para que esa persona responda por sus actos.

Vivir la responsabilidad no es algo cómodo, como tampoco lo es el corregir a un irresponsable. Sin embargo, nuestro deber es asegurarnos de que todos podemos convivir armónicamente y hacer lo que esté a nuestro alcance para lograrlo.

¿Qué no es fácil? Si todos hiciéramos un pequeño esfuerzo en vivir y corregir la responsabilidad, nuestra sociedad, nuestros países y nuestro mundo serían diferentes.

Sí, es difícil, pero vale la pena.

Los Valores Humanos La honestidad, la tolerancia, la sinceridad, la generocidad

DESCRIPCIÓN DE LOS VALORES HUMANOS

los valores humanos dibujo solidario

valores humanos: virtudes civiles

bullet valores humanos La Honestidad bullet valores humanos Gratitud
bullet valores humanos La Puntualidad bullet valores humanos Sinceridad
bullet valores humanos La Responsabilidad bullet valores humanos Generosidad
bullet valores humanos Familia bullet valores humanos Honestidad
bullet valores humanos Decencia bullet valores humanos Solidaridad
bullet valores humanos Aprender bullet valores humanos Prudencia
bullet valores humanos Docilidad bullet valores humanos Autodominio
bullet valores humanos Sensibilidad bullet valores humanos Sacrificio
bullet valores humanos Critica Constructiva bullet valores humanos Desprendimiento
bullet valores humanos bullet valores humanos Optimismo
bullet valores humanos Compasión bullet valores humanos Amor
bullet valores humanos Servicio bullet valores humanos Superación
bullet valores humanos Voluntad bullet valores humanos Responsabilidad (II)
bullet valores humanos Paciencia bullet valores humanos Comprensión
bullet valores humanos Sencillez bullet valores humanos Bondad
bullet valores humanos Amistad bullet valores humanos Lealtad
bullet valores humanos Respeto bullet valores humanos Perdón
bullet valores humanos Alegría bullet valores humanos Empatía
bullet valores humanos Humildad bullet valores humanos Patriotismo
LA HONESTIDAD LA PUNTUALIADAD LA RESPONSABILIDAD

Es aquella cualidad humana por la que la persona se determina a elegir actuar siempre con base en la verdad y en la auténtica justicia (dando a cada quien lo que le corresponde, incluida ella misma).

Ser honesto es ser real, acorde con la evidencia que presenta el mundo y sus diversos fenómenos y elementos; es ser genuino, auténtico, objetivo. La honestidad expresa respeto por uno mismo y por los demás, que, como nosotros, “son como son” y no existe razón alguna para esconderlo. Esta actitud siembra confianza en uno mismo y en aquellos quienes están en contacto con la persona honesta.

La honestidad no consiste sólo en franqueza (capacidad de decir la verdad) sino en asumir que la verdad es sólo una y que no depende de personas o consensos sino de lo que el mundo real nos presenta como innegable e imprescindible de reconocer.

El valor que se construye por el esfuerzo de estar a tiempo en el lugar adecuado.

El valor de la puntualidad es la disciplina de estar a tiempo para cumplir nuestras obligaciones: una cita del trabajo, una reunión de amigos, un compromiso de la oficina, un trabajo pendiente por entregar.El valor de la puntualidad es necesario para dotar a nuestra personalidad de carácter, orden y eficacia, pues al vivir este valor en plenitud estamos en condiciones de realizar más actividades, desempeñar mejor nuestro trabajo, ser merecedores de confianza.

La falta de puntualidad habla por sí misma, de ahí se deduce con facilidad la escasa o nula organización de nuestro tiempo, de planeación en nuestras actividades, y por supuesto de una agenda, pero, ¿qué hay detrás de todo esto?

La responsabilidad (o la irresponsabilidad) es fácil de detectar en la vida diaria, especialmente en su faceta negativa: la vemos en el plomero que no hizo correctamente su trabajo, en el carpintero que no llegó a pintar las puertas en el día que se había comprometido, en el joven que tiene bajas calificaciones, en el arquitecto que no ha cumplido con el plan de construcción para un nuevo proyecto, y en casos más graves en un funcionario público que no ha hecho lo que prometió o que utiliza los recursos públicos para sus propios intereses.Sin embargo plantearse qué es la responsabilidad no es algo tan sencillo. Un elemento indispensable dentro de la responsabilidad es el cumplir un deber. La responsabilidad es una obligación, ya sea moral o incluso legal de cumplir con lo que se ha comprometido.La responsabilidad tiene un efecto directo en otro concepto fundamental: la confianza.

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PARA TENER EN CUENTA: EJEMPLOS DE ESFUERZO, SUPERACIÓN Y FE EN SU TRABAJO

•   Después de la primera prueba artística de Fred Astaire, el informe del director de pruebas de MGM, fechado en 1933, decía: “¡No sabe actuar! ¡Poco audaz! Puede bailar un poco”. Astaire conservaba este informe sobre la chimenea de su casa de Beverly Hills.
•   Sócrates fue calificado de “corruptor de jóvenes inmoral”.
•   Louise May Alcott, la autora de Mujercitas, era impulsada por su familia a conseguir trabajo como mucama o costurera.
•   Beethoven tocaba mal el violín y prefería ejecutar sus propias composiciones en vez de mejorar su técnica. Su profesor consideraba que no tenía futuro como compositor.
•   Los padres del famoso cantante de ópera Enrico Caruso querían que fuera ingeniero. Su profesor decía que no tenía voz y que no podía cantar.
•   Charles Darwin, padre de la teoría de la evolución, abandonó una carrera médica y el padre le dijo: “Lo único que te interesa es cazar, capturar perros y ratas”. En su autobiografía, Darwin escribe: “Todos mis profesores y mi padre me consideraban un chico común, más bien por debajo del nivel común de intelecto”.
•   El director de un diario despidió a Walt Disney por falta de ideas. Walt Disney también quebró varias veces antes de construir Disneylandia.
•   Los maestros de Thomas Edison decían que era demasiado tonto para aprender.
•   Albert Einstein no habló hasta los cuatro años y no leyó hasta los siete. Su maestra lo describió como “mentalmente lento, insociable y encerrado siempre en sueños tontos”. Lo expulsaron y no lo dejaron ingresar en la Escuela Politécnica de Zurich.
•   Louis Pasteur fue un alumno mediocre y ocupaba el puesto número quince sobre veintidós.
•   Issac Newton no rindió nunca demasiado en el colegio.
•   El padre del escultor Rodin decía: “Tengo un hijo idiota”. Descrito como el peor alumno de la escuela, Rodin fracasó tres veces en su intento por ingresar en la escuela de Bellas Artes. Su tío decía que era ineducable.
•   León Tolstoi, el autor de Guerra y paz, abandonó el colegio. Era considerado “sin capacidad ni voluntad para aprender”.
•   El autor teatral Tennessee Williams se enfureció cuando su obra Yo, Vasha no fue elegida en un concurso en la Universidad de Washington donde estaba inscripto. El profesor recordaba que Williams cuestionó las decisiones de los jueces y su inteligencia.
•   Henry Ford fracasó y quebró cinco veces hasta que finalmente tuvo éxito.
•   Babe Ruth, considerado por los historiadores del deporte como el mayor atleta de todos los tiempos y famoso por batir el record local de carrera, también ostenta el record de lanzamientos fallados.
•   Wnston Churchill no aprobó sexto grado. Llegó a Primer Ministro recién a los sesenta y dos años y luego de una vida de derrotas y reveses. Hizo sus mayores contribuciones cuando era un “hombre mayor”.
•   Dieciocho editores rechazaron el cuento de Richard Bach Juan Salvador Gaviota sobre una gaviota  envuelo, antes de que Macmillan lo publicara finalmente en 1970. Para 1975, había vendido más de siete millones de ejemplares solamente en los Estados Unidos. Richard Hooker trabajó durante siete años en su novela de humor sobre la guerra, M*A*S*H que luego fue rechazada por veintiún editores hasta que Morrow decidió publicarla. Se convirtió en un bestseller aplastante, una película muy taquillera y una exitosa serie de televisión.

Jack Canfieldy Mark V. Hansen

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TEXTOS PARA REFLEXIONAR SOBRE ÉTICA Y LOS VALORES HUMANOS:
Nuestras obligaciones con los demás

El hermano de un amigo mío padece una grave enfermedad renal. Resultó que mi amigo disponía de una absoluta compatibilidad de tejidos con su hermano y la familia comenzó a presionarlo para que le donara un riñon. Para ellos la situación estaba clara: mi amigo podría salvar la vida de su hermano mediante la donación de uno de sus dos ríñones sanos y en perfecto funcionamiento. Aunque mi amigo amaba a su hermano, no se hallaba preparado para someterse a una cirugía dolo-rosa y de tanta importancia, sobre todo porque la enfermedad de su hermano iría destruyendo el riñon donado y, al cabo de unos cinco años, requeriría que todo el proceso comenzara de nuevo. Al final, cedió y donó el riñon.

En tu opinión, ¿en qué consistían sus obligaciones éticas? De negarse a donar el riñon, ¿habría quedado justificado? ¿Exigía el derecho a la vida de su hermano que él donara un riñon? Una pareja cuya hija adolescente desarrolló leucemia tomó la decisión de concebir otro hijo con el fin de que (si los tejidos resultaban compatibles) las células del cordón umbilical del bebé pudieran utilizarse para salvar la vida de la adolescente. Muchos criticaron las acciones de la pareja sobre la base de las teorías kantianas, y argumentaron que estaban utilizando al bebé nonato como medio para un fin.

Aunque la historia tuvo un final feliz, pues las células fácilmente donadas del bebé salvaron la vida de la hermana mayor, el caso suscita interesantes cuestiones éticas. ¿Qué sucede si una pareja elige procrear un bebé con el fin de utilizar su corazón o su hígado para salvar la vida de otro hijo? ¿Qué validez tendría el derecho a la vida en situaciones como ésta?.

Éstas son preguntas inquietantes que no parecen tener soluciones fáciles. Como observábamos en otras páginas es difícil decidir dónde terminan los derechos de una persona y comienzan los de otra. En una cultura profundamente defensora de la libertad y la individualidad, pedirle a alguien que tenga en cuenta el mayor bien social puede provocar una respuesta airada.

Los avances tecnológicos de las décadas pasadas han hecho cada vez más probable que, en algún punto de nuestras vidas, cada uno de nosotros tenga que enfrentar desgarradoras decisiones de vida o muerte o los problemáticos dilemas morales que describimos antes. Sin embargo, es importante recordar que la ética interviene en todas las elecciones morales, incluso en las que se toman en el curso de la vida ordinaria y cotidiana.

Ética cotidiana: ¿Mentirías para proteger a un amigo? ¿Trabajarías para una empresa que está involucrada en lo que consideras prácticas sucias? ¿Le dirías a una persona que la amassólo para tener sexo con ella? ¿Le pedirías a tu familia que te encubriera si te involucraras en actividades prohibidas? ¿Venderías a una revista o periódico información secreta sobre una persona ahora famosa? En la vida diaria enfrentamos desafíos éticos inesperados que jamás aparecerán en primera plana. Ahora que sabes algo acerca de las teorías éticas de toma de decisiones, revisemos algunos de los retos cotidianos que podrías estar enfrentando ahora.

La amistad aligera nuestras cargas y multiplica nuestras alegrías. Un amigo puede ser un confidente, un hombro sobre el cual llorar. Ligados por un lazo que no es sanguíneo ni legal, casi todos estaríamos dispuestos a hacer mucho por nuestros amigos; la amistad parece sagrada. Por eso mucha gente enfureció cuando Linda Tripp grabó las conversaciones telefónicas, emotivas e íntimas, de su amiga Monica Lewinsky, y luego las hizo públicas. La misma Tripp argumenta que era su deber patriótico exponer la conducta inmoral del presidente.

¿Acaso un deber como éste justifica haber traicionado la amistad? ¿Puedes imaginar una situación en la que la obediencia a un principio moral más alto podría llevarte a traicionar a un amigo? ¿Qué pasaría si ai mejor amigo o, peor aún, tu hermano fuera uno de los criminales más buscados por la policía?.

En en plano laboral, sonsideramos que el trabajo es la clave del estatus, la prosperidad material y, con frecuencia, de la autoestima. Tener un trabajo bien remunerado, que nos ofrezca recompensas tangibles e intangibles, es el pináculo del sueño americano. De manera ideal, el trabajo que amas debe ser posible bajo condiciones que no desafíen tu moral personal. Pero, ¿qué ocurriría si fueras el director de relaciones humanas en un prestigioso bufete de abogados y supieras que tu compañía está involucrada en prácticas que consideras poco éticas?.

Tú no contribuyes de manera directa a ninguna de esas prácticas ocultas. ¿Tu conciencia te permitirá seguir trabajando ahí? ¿Qué pasaría si la compañía sólo maltrata a algunos de sus empleados, por ejemplo, les paga menos o les niega la promoción debido a prejuicios de alguna índole? Es posible que los empleados mismos lo ignoren, pero tú lo sabes. ¿Te sentirías moralmente obligado a renunciar? ¿Y si fueras el contador, el supervisor de mantenimiento o el velador? ¿Una responsabilidad menor hace más fácil tu decisión?.

 

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EL AMOR DE UNA MADRE…
“Soy el resultado de lo que una gran madre quiso hacer de mi”

“La clave del Éxito es el Trabajo Duro”
Charles Edison
La historia de Thomas Alva Edison (1847-1931) es la estofa de que está hecha el sueño americano. Este joven inquisitivo abandonó su escuela de Port Hurón, Michigan, pocos meses después de empezar, cuando su maestra lo tildó de “inepto”. Su madre continuó enseñándole en casa, y el niño instaló un laboratorio químico en el sótano.

A los doce años, Edison se puso a trabajar como vendedor de emparedados y maníes en el ferrocarril, para obtener dinero para sus elementos químicos y su equipo. Mudó su laboratorio a un vagón de equipajes y, tras comprar una pequeña imprenta, comenzó a editar el primer periódico que se publicó en un tren en movimiento. Lo arrojaron del tren cuando sus sustancias químicas estallaron e incendiaron el vagón.

En 1869 Edison llegó a Nueva York, sin un céntimo pero resuelto a ganarse la vida como inventor. Varios meses después recibió cuarenta mil dólares por mejoras que había hecho en un teleimpresor para la Bolsa, y con este dinero inició su larga carrera de inventor. Trabajó sin cesar hasta patentar más de mil inventos a través de los años. Este maravilloso retrato de su hijo Charles nos permite vislumbrar el temperamento de una de las mentes más lúcidas de los Estados Unidos.

Fuente: El Libro de la Virtudes William J. Bennet

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El REY CANUTO Y LOS RIDICULOS ADULADORES
Adaptación de un texto de James Baldwin
Canuto II, que reinó durante el siglo once, fue el primer rey danés de Inglaterra. En esta famosa anécdota demuestra que es un hombre que sabe dominar su vanidad. Es una buena lección para todos los que aspiran a un puesto elevado.
Hace mucho tiempo, Inglaterra era gobernada por un rey llamado Canuto. Como muchos poderosos, Canuto estaba rodeado por aduladores. Cada vez que entraba en una sala, comenzaban las lisonjas.
—Eres el hombre más grande que jamás vivió —decía alguien.
—Oh, rey, nunca puede haber otro tan poderoso como tú —alegaba otro.
—Alteza, no hay nada que tú no puedas hacer —añadía otro.
—Gran Canuto, eres monarca de todo —canturreaba otro—. Nada en este mundo se atrevería a desobedecerte.
El rey era un hombre sensato, y se cansó de oír tantas tonterías.
Un día caminaba por la costa y sus funcionarios y cortesanos lo acompañaban, alabándolo como de costumbre. Canuto decidió darles una lección.
—¿Conque soy, según vosotros, el hombre más grande del mundo? —preguntó.
—Oh rey —exclamaron—, nunca ha habido nadie tan poderoso como tú, y nunca más lo habrá.
—¿Y decís que todas las cosas me obedecen? —preguntó .el rey.
—¡Por cierto! El mundo se inclina ante ti, y te honra.
—Entiendo —dijo el rey—. En ese caso, traedme mi silla, e iremos al agua.
—¡De inmediato, majestad!
Y trajinaron por la arena cargando con el real asiento.
—Llevadlo más cerca del mar—ordenó Canuto—. Ponedlo allí, justo en la orilla.
Canuto se sentó y oteó el mar.
—Veo que se acerca la marea. ¿Pensáis que se detendrá si se lo ordeno?
Los cortesanos quedaron desconcertados, pero no se atrevieron a decir que no.
—Imparte la orden, oh gran rey, y la marea obedecerá —le aseguró uno de ellos.
—Muy bien, mar—gritó Canuto—, te ordeno que no avances más. ¡Olas, dejad de rodar! ¡Rompiente, deja de golpear! ¡No oses tocarme los pies!
Aguardó un momento en silencio, y una ola diminuta subió por la arena y le lamió los pies.
—¿Cómo te atreves? —exclamó Canuto—. ¡Océano, retrocede de inmediato! Te he ordenado que te retires, y debes obedecer. ¡Retírate!
Y  en respuesta otra ola se adelantó y rodeó el pie del rey. La marea avanzó como de costumbre. El agua se elevó cada vez más, llegó hasta la silla del rey, y no sólo le mojó los pies sino el manto. Sus cortesanos lo miraban alarmados, preguntándose si estaba loco.
—Bien, amigos míos —dijo Canuto—, parece que no tengo tanto poder como queréis hacerme creer. Tal vez hoy hayáis aprendido algo. Quizás ahora recordéis que hay un solo rey todopoderoso, y que es él quien gobierna el mar, y quien sostiene el océano en la palma de su mano. Os sugiero que reservéis vuestras alabanzas para él.

Los funcionarios y cortesanos agacharon la cabeza, sintiéndose ridículos. Y algunos dicen que Canuto se quitó la corona, y nunca más la usó.

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Sabiduría: No nos es dada la sabiduría; debemos descubrirla por
nosotros mismos tras un viaje que nadie puede evitarnos ni recorrer por nosotros.
MARCEL PROUST

LA SABIDURÍA: “El destino final del camino de tu vida es la sabiduría, que es el grado más alto y profundo de conocimiento, perspicacia y comprensión. Te proporciona la más amplia perspectiva vital, el propósito de la vida y las lecciones que has de aprender a lo largo de ella. Cuando encuentras tu sabiduría, vives en la luz.

La sabiduría no es una disposición que se adquiera, sino más bien un estado que ha de ser recordado. Llegas a este planeta completamente equipado con la sabiduría sin fronteras inherente a todos los seres humanos; para recordarla lo único que necesitas es acceder a ese lugar dentro de ti que te conecta a la fuente divina e infinita. Tú eres tan sabio como Buda, Aristóteles o Confucio; ellos lo único que han hecho es acceder a ellos mismos, a los lugares donde tú aún no has llegado.

La sabiduría no es la inteligencia. No tiene nada que ver con tu coeficiente intelectual o con los buenos resultados que hayas obtenido en la escuela. Por el contrario, es el más alto nivel de evolución emocional, espiritual y mental; y en él se valora la intuición tanto como la información, la determinación tanto como la habilidad y la inspiración tanto como el conocimiento. Es el lugar donde se produce la sinergia entre tu comprensión más profunda y tus actos cotidianos.

El camino más directo hacia tu sabiduría está pavimentado con las lecciones de tu vida. Aprendiendo esas enseñanzas que se te presentan cada día, te acercas a la identificación, es decir, lo que Emerson llamaba «la sobrealma» y Cari Jung «el inconsciente colectivo». Ésas son las fuerzas universales que nos atan a los unos con los otros y a cada individuo con la fuente inagotable de su conocimiento. Es muy simple: aprende tus lecciones para que puedas descubrir esa conexión con la fuente primigenia y así recordar tu sabiduría.

La verdadera belleza de la sabiduría es que, una vez la recuerdes, te inspirará a proseguir con tu camino. Recordarás la lección de la abundancia y sabrás que la sabiduría no tiene límites ni carencias. Es como el amor: cuanto más das, más recibes. Tu capacidad para la sabiduría aumenta a medida que la compartes con otros. Quienes son célebres por su sabiduría son aquellos que la comparten con los demás de forma gratuita para ayudarles a crecer.

Descubrir la sabiduría en tu interior y alcanzar tu más alto nivel de evolución puede ser una de las lecciones mas generosas que puedes aprender. Será un aprendizaje que te elevará y te elevará a lo largo de tu camino para que puedas aportar al resto del mundo los resultados de todas tus otras lecciones”

El Juego de la Vida

Nelson Mandela
“Nadie nace odiando a otra persona por el color de piel, su origen o su religión. La gente tiene que aprender a odiar, y si ellos aprender a odiar, también se les puede enseñar a amar. El amor llega mas naturalmente al corazón humano que su contrario”

FUERZAS MORALES: Existen unas fuerzas, cuyo poder sobrepasa a todas, pues radica en el plano del espíritu, superior a la materia, y a las cuales todas las demás fuerzas deben estar subordinadas: son las fuerzas morales. Podrían mencionarse la solidaridad, el mérito, y tantas otras. Basten como ejemplo las enunciadas a continuación:

Bondad: La bondad consiste, no solo en la ausencia del mal, sino en la inclinación natural a hacer el bien. Se debe pensar más en hacer el bien que en estar bien, y así se conseguirá que todos estén mejor.

Ciencia: Es un conjunto de conocimientos armónicamente relacionados acerca de un mismo tema. La ciencia es una fuerza moral que libera al hombre de la ignorancia, lo induce al conocimiento sistemático y reflexivo de la realidad y lo conduce al planteamiento de los problemas fundamentales de la existencia.

Deber: El deber tiene su base en un buen sentido de justicia, inspirada por el amor y esta es la forma más bella de la bondad. El deber da al hombre energía suprema.

Dignidad: La dignidad es la excelencia que tiene la persona y que la hace acreedora al respeto de sus semejantes y la obliga a un comportamiento decoroso.

Disciplina: La disciplina lleva al cumplimiento puntual de las leyes y pone orden en la sociedad, condición indispensable de todo progreso.

Educación: “La educación es como un bautismo moral que arranca al hombre del seno originario de la ignorancia, y lo alza a ese grado de honor que lo hace ser grato a su celestial autor, a la sociedad y a sí mismo”. La educación es fuerza moral que perfecciona.

Obediencia: La obediencia es la virtud por la que uno somete su voluntad a la autoridad legítima. Es principio fecundo de grandes realizaciones”. La desobediencia genera el desorden, la anarquía; rinde ineficaces las mejores iniciativas, y causa grandes perjuicios.

Patriotismo: Otra fuerza moral generadora de grandes renunciamientos y atrevidas empresas, es el amor a la patria.
Encierra en sí un anhelo grande de ser útil a la patria, de prestigiarla, defenderla, de ennoblecerla cada vez más.

Perfección: “Un ser es perfecto cuando alcanza su propio fin, que es la perfección última de las cosas”. Entonces está terminado, completo. Nada es más doloroso en la línea del ser, que el quedar incompleto. El deseo de perfección es una fuerza moral que acucia al hombre a mejorar constantemente.

Rebeldía: No se toma aquí rebeldía en el sentido de insubordinación, desobediencia o indisciplina, sino en el sentido de no conformismo. La rebeldía se ejerce contra la injusticia, la opresión o el despotismo; contra las imposiciones arbitrarias. Hay circunstancias en que la rebeldía es un deber, y el conformismo, un crimen.

Religión: La religión es la fuerza moral generadora de las mayores abnegaciones y de los más grandes heroísmos. El ideal religioso ha llevado a escribir las páginas más gloriosas de la historia de la humanidad. Trabajo: El trabajo es el antídoto contra muchos males. La experiencia secular enseña que “la ociosidad es la madre de todos los vicios”. El trabajo es fuente de bienestar individual y social.

Verdad: La verdad es lo que es. “La verdad os hará libres”. El conocer lo que son los seres contribuirá a valorarlos y a establecer la verdadera escala de valores, síntesis del auténtico progreso. La pasión por la verdad estimula las investigaciones de los sabios.

Voluntad: La voluntad es en el hombre la potencia dominadora, la reina de todas las otras potencias y facultades, y la que las gobierna. Debe obrar con decisión, firmeza y constancia. Él hombre vale según sea su voluntad. Los hombres provistos de energía perseverante en la voluntad, arrastran a los demás y realizan grandes empresas.

El filósofo argentino Mario Bunge define el valor como una propiedad relacional, es decir, como una propiedad que es atribuida a las cosas por ciertas personas o instituciones en determinadas circunstancias. Por ejemplo, en nuestra sociedad, atribuimos valor a la higiene; pero podríamos imaginar una sociedad en la que esto no fuera así. El ámbito de los valores es, desde este punto de vista, el ámbito de las relaciones entre ciertos objetos o procesos y personas o grupos que manifiestan intereses en diversos campos de actividad. Para decirlo con otras palabras, los valores son siempre relativos a las personas que realizan las valoraciones de acuerdo con sus intereses en determinadas circunstancias. Así, dos personas pueden estar de acuerdo sobre las características de una acción y discrepar en cuanto a su calificación valorativa. Por ejemplo, pueden coincidir en que correr durante una hora es una actividad física exigente, en la que intervienen los grupos musculares a una resistencia sostenida, y que quema calorías; sin embargo, una puede considerar que llevarla a cabo todos los días es bueno para la salud mental y otra puede creer lo contrario. (Fuente: Formación Ética y Ciudadana Ética, Ley y Derechos Humanos 3° EGB )

LA VIDA ES MUCHO MAS SIMPLE QUE LO QUE PENSAMOS

Poema sobre la vida de Susan Polis Schutz

PROYECTOS DE VIDA:
Esta expresión se repite mucho pero no siempre con el mismo significado. En realidad, lo que se quiere decir es que, para sentirse bien, las personas necesitan tener algo interesante que hacer, para disponer entonces de algo bueno que recordar y algo promisorio que esperar. Necesitan poner a prueba sus fuerzas y afirmar su identidad, que es la memoria de aquello que se es, más la esperanza de lo que se puede llegara ser. Tener un proyecto de vida implica construir una historia en la que se es el autor y, a la vez, el protagonista.

Definido así el proyecto, como parte de lo que hoy se denomina salud, es importante porque da la posibilidad de verse a uno mismo en el tránsito entre “el que no era capaz de” y “el que ahora sí soy capaz”.

Además, el proyecto de vida implica la posibilidad de llevar a cabo una modificación en el medio en que se vive, incluido el protagonista del proyecto mismo, y la alternativa de ser capaz de influir en el curso de las cosas. Esto dará lugar a la autonomía y constituirá un alimento espiritual para las personas. Pensar un proyecto de vida es también un antídoto contra los sentimientos de pasividad, de dependencia extrema y de aburrimiento que suelen conducir a situaciones de desdicha.

Un proyecto saludable es el que permite aunar Asentido de las acciones con el bienestar de los individuos, y puede servir de mapa o de brújula cuando se recorre el territorio de la vida. Lógicamente construir un proyecto y llevarlo adelante no implica la ausencia de problemas o presuponer que todo “saldrá” color de rosa.

Cuando un arquitecto diseña una casa comienza por soñarla, por imaginarla. Llevar eso al papel requiere esfuerzo, dedicación, paciencia, precisión. Luego debe dar directivas a quienes van a materializar su proyecto, lo que implica comunicarse con ellos, solucionar malentendidos, conciliar diferentes puntos de vista y, finalmente, evaluar el trabajo propio y ajeno para, eventualmente, corregirlo.

A su vez, los constructores y albañiles deben luchar con la resistencia de los materiales, resolver imprevistos y diferencias entre el cálculo previo y la ejecución final. Nada de eso es fácil ni totalmente placentero, pero ver la casa terminada, fruto del trabajo conjunto de esas mentes y de esos cuerpos será, seguramente, una satisfacción mayor y más entrañable que sólo ver el bosquejo en el papel o acumular ladrillos uno sobre otro arbitrariamente.

VIVIR CON VALORES: Los incorporamos desde la niñez y nos ayudan a trazar nuestro camino. Sumar valores en todos los ámbitos de nuestra vida nos permitirá, poco a poco, mejorar la realidad. ¿Estás listo para este desafío?. Se trata de aquellos principios que orientan y motivan nuestras acciones.

No hay acción que no tenga su razón de ser en algo que consideremos un valor para nuestra vida personal o social: si elegimos ser solidarios, estimular en nuestros vínculos la confianza o enseñarle a nuestros hijos la importancia de decir la verdad, es porque éstas u otras decisiones son promovidas por nuestro sistema de valores.

Muchos de estos principios nos llegan a través de la educación familiar e institucional (la escuela, la religión a la que Dertenezcamos. otras instituciones en las que participamos); otros, los vamos incorporando a medida que nuestra vida se enriquece y se hace más compleja, y comenzamos a enfrentarnos con nuevas dimensiones que nos requieren una reflexión y una toma de posición de nuestra parte.

En épocas de crisis y transformación como la que nos toca vivir en la actualidad, surgen nuevos problemas y cuestiones que nos llevan a pensar si los valores que tenemos nos sirven como marco para las nuevas respuestas que nos demanda el mundo. Por ejemplo, los avances de la ciencia y de la tecnología, impactantes y acelerados, nos proponen nuevos debates y planteos; el uso que estamos dando a nuestros recursos naturales y a nuestro planeta nos impone pensar que mundo queremos dejarles a nuestros hijos, preguntas que tal vez no se formulaban hombres y mujeres del siglo XX.

SEIS PISTAS
Hace algunos años, el pensador Josef Seinfert, rector de la Academia Internacional de Filosofía de Liechtenstein, enunció los seis valores que considera esenciales para dar sentido a la vida. Los compartimos:

1. El respeto. Aplicado a las personas, a las criaturas vivas de todas las especies y al entorno en el que vivimos.

2. La gratitud. Como forma de registrar la existencia de los otros y de reconocer todo lo que recibimos y sobre lo que, a veces, poco recapacitamos.

3. La paciencia. Para reconocer la existencia de límites para aprender a vivir con ellos y para salir de la inmediatez y de la urgencia como patrones de conducta.

4. La humildad. Otra forma de reconocer nuestras limitaciones, de saber que, así como tenemos, podemos no tener, y de no olvidar a los otros.

5. El perdón y el arrepentimiento. A través de ellos aceptamos nuestra falibilidad y ejercitamos nuestra capacidad de reparar.

6. El amor y la esperanza. Son los valores de donde emanan los más profundos sentimientos de la vida. El amor es la máxima aceptación hacia el otro y la esperanza es la base de nuestro estar en la vida.

Fuente Consultada: Revista Psicologia(+) Tiempo de Reencuentro

naki, el medico negro

el perdon valor humano

EL PERDÓN SEGÚN EL PAPA FRANCISCO

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“No existe familia perfecta. No tenemos padres perfectos, no somos perfectos, no nos casamos con una persona perfecta ni tenemos hijos perfectos. Tenemos quejas de unos a otros. Nos decepcionamos los unos a los otros. Por lo tanto, no existe un matrimonio saludable ni familia saludable sin el ejercicio del perdón.

El perdón es vital para nuestra salud emocional y sobrevivencia espiritual. Sin perdón la familia se convierte en un escenario de conflictos y un bastión de agravios. Sin el perdón la familia se enferma.

El perdón es la esterilización del alma, la limpieza de la mente y la liberación del corazón. Quien no perdona no tiene paz del alma ni comunión con Dios.
El dolor es un veneno que intoxica y mata. Guardar una herida del corazón es un gesto autodestructivo. Es autoflagia. Quien no perdona enferma físicamente, emocionalmente y espiritualmente.

Es por eso que la familia tiene que ser un lugar de vida y no de muerte; territorio de curación y no de enfermedad; etapa de perdón y no de culpa. El perdón trae alegría donde un dolor produjo tristeza; y curación, donde el dolor ha causado enfermedad”.

OTROS VALORES HUMANOS
Valor Humano: Decencia
Valor Humano: Sana Diversión
Valor Humano: Docilidad
Valor Humano: Comunicación
Valor Humano: Orden
Valor Humano: Servicio
Valor Humano: Voluntad
Valor Humano: Serenidad
Valor Humano: Experiencia
Valor Humano: Autenticidad
Valor Humano: Felicidad
Valor Humano: Fidelidad
Valor Humano: Sociabilidad
Valor Humano: Objetividad
Valor Humano: Ecología
Valor Humano: Sacrificio
Valor Humano: Consejo
Valor Humano: Patriotismo
Valor Humano: Desprendimiento
Valor Humano: Magnanimidad
Valor Humano: Flexibilidad
Valor Humano: Amor
Valor Humano: Sobriedad
Valor Humano: Obediencia
Valor Humano: Liderazgo
Valor Humano: Superación
Valor Humano: Autoestima
Valor Humano: Compromiso
Valor Humano: Laboriosidad
Valor Humano: Carácter
Valor Humano: Comprensión
Valor Humano: Confianza
Valor Humano: Lealtad
Valor Humano: La Paz
Valor Humano: Perseverancia
Valor Humano: Valentía

Diferencia entre Generosidad y Solidaridad

VALORES HUMANOS: DIFERENCIA ENTRE GENEROCIDAD Y SOLIDARIDAD

¿Por qué se considera que algo es valioso? Los valores tienen una fuente de origen social. Emergen de las necesidades y los deseos humanos, que son de naturaleza física, menta! y social. Dado que vivir en sociedad supone satisfacer necesidades y deseos básicos, aquello que satisface esas necesidades y esos deseos se vuelve valioso.

Así, son valiosas para nosotros las acciones y las cosas que satisfacen nuestras necesidades biológicas, garantizan nuestro bienestar como Individuos o responden a nuestras aspiraciones humanas legítimas. De ahí que, en las sociedades contemporáneas, el conocimiento, el trabajo y el arte resulten valiosos.

Por otra parte, los valores, entendidos relacionalmente, pueden ser de dos clases: objetivos o subjetivos. Se atribuyen valores objetivos a aquellas clases de cosas que satisfacen necesidades humanas universales; por ejemplo, el abrigo o la alimentación.

En cambio, asignamos valores subjetivos a aquellas clases de cosas que son valiosas para cada uno de nosotros, con independencia de que tengan o no algún valor objetivo; por ejemplo, una persona puede considerar que es valioso expresar enojo en determinadas circunstancias, y otra, que se debe evitar el enojo a toda costa; una puede atribuir valor a la risa y otra no. En este caso, se trata de una apreciación meramente individual. (Fuente: Formación Ética y Ciudadana Ética, Ley y Derechos Humanos 3° EGB )

diferencia solidaridad con la generocidad

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LOS  VALORES HUMANOS

valores humanos sinceridad generocidad paciencia

Que son los Valores Humanos? Definicion Importancia en la Sociedad

¿Qué son los Valores Humanos? Definición
Importancia en la Sociedad

¿Por qué se considera que algo es valioso? Los valores tienen una fuente de origen social. Emergen de las necesidades y los deseos humanos, que son de naturaleza física, menta! y social. Dado que vivir en sociedad supone satisfacer necesidades y deseos básicos, aquello que satisface esas necesidades y esos deseos se vuelve valioso.

Así, son valiosas para nosotros las acciones y las cosas que satisfacen nuestras necesidades biológicas, garantizan nuestro bienestar como Individuos o responden a nuestras aspiraciones humanas legítimas. De ahí que, en las sociedades contemporáneas, el conocimiento, el trabajo y el arte resulten valiosos.

Por otra parte, los valores, entendidos relacionalmente, pueden ser de dos clases: objetivos o subjetivos. Se atribuyen valores objetivos a aquellas clases de cosas que satisfacen necesidades humanas universales; por ejemplo, el abrigo o la alimentación.

En cambio, asignamos valores subjetivos a aquellas clases de cosas que son valiosas para cada uno de nosotros, con independencia de que tengan o no algún valor objetivo; por ejemplo, una persona puede considerar que es valioso expresar enojo en determinadas circunstancias, y otra, que se debe evitar el enojo a toda costa; una puede atribuir valor a la risa y otra no. En este caso, se trata de una apreciación meramente individual. (Fuente: Formación Ética y Ciudadana Ética, Ley y Derechos Humanos 3° EGB )

frase sobre el valor humano

Valor Humano: Todo objeto tiene un valor, mayor o menor, en la medida en que sirve mejor para la supervivencia y prosperidad del ser humano, ayudándole a conseguir la armonía y la independencia que necesita y a las que aspira.

Es por esto, que los valores que se elijen y se persiguen en la propia vida se corresponden con la realidad del hombre, es decir, verdaderos. Porque solo los valores verdaderos pueden conducir a las personas a un desarrollo pleno de sus capacidades naturales. Puede afirmarse que, en el terreno moral, un valor será verdadero en función de su capacidad para hacer más humano al hombre.

El valor más básico, es el valor de toda vida humana, de todo humano es la dignidad humana.

Este valor posee dos aspectos muy importantes, y los cuales debe entenderse por separado para comprender finalmente su acepción. Es decir por un lado, “el valor” es decir todo aquello que apreciamos, estimamos, deseamos. Y por otro lado, “lo humano”; es decir las acepciones que hacemos de la concepción en relación a la sociedad en la que nos desarrollamos. A partir de aquí, uno tiende a modelar formas de vida y actuar de determinada manera ante las situaciones que se les plantean.

El valor humano en nuestras vidas es fundamental, ya que nos permite alcanzar determinadas cosas y por sobre todo adquirir otras actitudes tan relevantes para actuar como sujetos más comprometidos. Por ejemplo: responsabilidad, respeto, compromiso, amor, justicia, sencillez, optimismo, entre otros.

En la actualidad, estamos inmersos en una sociedad que ha perdido muchas de estas actitudes y que hacen al valor humano como el eje central de una sociedad más equitativa. Es decir, nos estamos rigiendo por la pérdida de metas, objetivos claros, para tornarnos más consumistas y materialistas; lo cual crea en nosotros una falsa felicidad y nos enceguece ante los verdaderos y simples hechos que nos permiten ser más humano, en esta sociedad global.

Lo más importante, es valorarse uno mismo y tal cual es. Porque ello nos permitirá aceptar y querer a las demás personas por lo que son y no por lo que tienen. Debemos ser más generosos y más capaces de prestar ayuda al prójimo ante determinadas circunstancias, sin esperar algo a cambio, sino por el solo hecho de sacar de uno mismo valores tan importantes para nuestro ser. No seamos superficiales, sino seamos nosotros mismos, porque ello nos ayudará a rescatar el valor humano.

Es decir, a la capacidad que tiene cada persona de actuar libremente junto a la toma de decisiones, sin que estos perjudiquen a los demás. Primemos en cada uno de nosotros este valor, porque debemos velar y obrar por el bien de todos.

UNA LISTA DE LOS VALORES HUMANOS

Lista de los valores humanos

QUE SON LOS VALORES HUMANOS

Cuales son los Siete Pecados Capitales? y Su Significado Soberbia Lujuria

LOS 7 PECADOS CAPITALES Y VALORES HUMANOS

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Los Siete Pecados Capitales son una clasificación de los vicios mencionados en las primeras enseñanzas del Cristianismo y Catolicismo para educar e instruir a los seguidores sobre la moral. La Iglesia católica romana divide los pecados en dos categorías principales:

Pecado venial aquellos que son relativamente menores y pueden ser perdonados a través del sacramento. Pecado mortal los cuales, al ser cometidos, destruyen la vida de gracia y crean la amenaza de condenación eterna a menos que sean absueltos mediante el sacramento de la penitencia, o siendo perdonados después de una perfecta contrición por parte del penitente.

Comenzando a principios del siglo XIV, la popularidad de los Siete Pecados Capitales como tema entre los artistas europeos de la época eventualmente ayudó a integrarlos en muchas áreas de la cultura y conciencia Cristiana a través del mundo.

En el libro “los Siete pecados Capitales” Fernando Savater explica:

Según el historiador inglés John Bossy, “los siete pecados capitales son la expresión de la ética social y comunitaria con la cual el cristianismo trató de contener la violencia y sanar a la conflictiva sociedad medieval. Se utilizaron para sancionar los comportamientos sociales agresivos y fueron, durante mucho tiempo —desde el siglo XIII hasta el XVI—, el principal esquema de penitencia, contribuyendo en modo determinante a la pacificación de la sociedad de entonces”.

En un principio, los pecados eran una advertencia respecto de cómo administrar la propia conducta. No se trataba como en los diez mandamientos de ofrecer las tablas de la ley, sino de mostrar los peligros higiénicos que podrían asechar a las almas. Se trató de un listado de advertencias sobre los peligros que puede acarrear la desmesura frente a lo deseable. Hoy existe una versión más simplona de esas advertencias, que son los libros de autoayuda, donde encuentras unas fórmulas para no engordar y otras para ser feliz en tres lecciones.

Según Bossy, la suerte de estos pecados terminó en la época moderna, cuando la penitencia dejó de ser la forma de resolución de los conflictos sociales para transformarse en algo psicológico e interior a la conciencia de cada individuo. Fue el momento en que se abandonaron los siete pecados capitales para pasar a los diez mandamientos, que privilegiaban una relación vertical de cada individuo respecto de Dios, en vez de la horizontal entre los hombres, lo cual favorece la introspección personal. Bossy interpreta el paso del Medioevo a la Edad Moderna como un pasaje de lo social a lo individual.

Los pecados adquieren la categoría de capitales cuando originan otros vicios. Santo Tomás describe: “Un vicio capital es aquel que tiene un fin excesivamente deseable, de manera tal que en su deseo un hombre comete muchos pecados, todos los cuales se dice son originados en aquel vicio como su fuente principal…”.

Para el especialista en temas islámicos Ornar Abboud “el pecado no es algo inamovible. Varía de acuerdo con el punto de vista del observador y en referencia a la evolución del contexto social y cultural. La mayoría de las acciones consideradas como pecado hace dos siglos —un periodo ínfimo en la historia de la humanidad— hoy no tienen entidad pecaminosa. En el Islam no tenemos la visión del pecado original, lo que sí existen son definiciones sobre lo que es lícito o no. Llamamos haram a aquellas cosas que están vedadas y halal a las que están permitidas”.

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pecados capitales

Ser soberbio es básicamente el deseo de ponerse por encima de los demás. No es malo que un individuo tenga una buena opinión de sí mismo —salvo que nos fastidie mucho con los relatos de sus hazañas, reales o inventadas—, lo malo es que no admita que nadie en ningún campo se le ponga por encima.

En general, podemos-admitir que tenemos cierto lugar en el ranking humano, y que hay otros que son más prestigiosos. Pero los soberbios no le dejan paso a nadie, ni toleran que alguien piense que puede haber otro delante de él. Además sufren la sensación de que se está haciendo poco en el mundo para reconocer su superioridad, pese a que siempre va con él ese aire de “yo pertenezco a un estrato superior”.

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pecados capitales

El pecado de la gula es el ansia inmoderada de comer, de beber, ese afán de asimilarse Codo el universo por la vía digestiva. Es un pecado que nos deja un poco perplejos en este mundo dietético en el que estamos, choca tanto con la ética como con la estética y quizá tengan más contra él los médicos que los propios clérigos.

A mi juicio, el problema de la gula es mucho más una cuestión de higiene que de moral. Se trata de ver cómo administramos nuestros placeres y cómo podemos comer para vivir satisfactoriamente. No debemos obsesionarnos con vivir para comer, ni con vivir para evitar las calorías. Lo peor de la gula hoy es que, mientras algunos tenemos la suerte de poder comer y ayunar a nuestro albedrío, muchas personas están privadas de lo imprescindible y no pueden siquiera alimentar a sus hijos con lo mínimo necesario.

La gula se transforma en pecado cuando ofende el derecho y las expectativas del otro al comer lo de los. demás, acaparar y dejarlo con poco o nada. Olvidar eso sería el peor pecado o la peor forma de gula en nuestro tiempo.

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pecados capitales

El pensador alemán Arthur Schopenhauer decía que el dinero es felicidad abstracta. Ser feliz porque tienes una gran cuenta en el banco, o porque guardas un gran saco con oro debajo de la cama, es algo completamente imaginario.

Comprendo que alguien se sienta feliz porque tiene en sus brazos a una mujer hermosa, en su mesa una comida estupenda y una botella de vino incomparable. Yo no termino de entender a aquellos que se sienten felices cuando ven un cheque, míe. sólo son unas palabras y algunos números.

Lo que da fuerza al dinero es la necesidad de intercambio, que los seres humanos requieran cosas unos de otros. Si no se deseara nada, no habría tenido sentido inventar el vil metal. El dinero permite generar un elemento que te da acceso a algo que tiene otro y tú quieres. De no existir, las variantes serían pocas: el trueque, pero allí necesitas que al otro le interese lo que tú le ofreces, o lisa y llanamente sacárselo por la fuerza, robarle o estrangularlo.

Pero el avaro es el que convierte este acuerdo social en una idolatría, sin entender la utilidad del dinero, que es absolutamente virtual. Si se tratase de cupones que dijeran: “Vale por un refrigerador” o “Vale por una merluza en salsa verde”, tendría un interés más limitado, ya que si no te gusta la merluza no sabrás qué hacer con ese vale. La gracia del dinero es que tiene un número y no te dice qué puedes hacer con él.

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pecados capitales

La ira, esa pasión arrebatadora, esa furia que de vez en cuando nos convierte en auténticas fieras. En apariencia somos personas como las demás, y ante un pequeño estímulo, o una provocación, nos transformamos en auténticos salvajes.

El pecado de la ira es una cuestión de grados. Es un movimiento, una reacción que puede indicar simplemente que estamos vivos y, por lo tanto, nos revelamos contra injusticias, amenazas o abusos.

Cuando el movimiento instintivo pasional de la ira se despierta, nos ciega, nos estupidiza y nos convierte en una especie de bestias obcecadas. Ese exceso es perjudicial, pero yo creo que un punto de cólera es necesario.

El escritor peruano Alfredo Bryce Echenique se reconoce admirador de los iracundos “cuando se ponen rabiosos ante una situación infame por la que callan los demás. El que se rebela, habla, grita y muchas veces se juega el pellejo es muy distinto del que tiene un colerón porque le sirvieron la carne fuera de punto”.

Como en muchas cosas de la vida, con los pecados primero hay que tener la experiencia. Si eres una persona tan pacífica que nunca te has enfadado, aunque te describan mucho la ira nunca la entenderás. Si eres justo, puedes sentirte arrebatado por la ira. Ahí nos topamos con el pecado.

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pecados capitales

La lujuria es uno de los pecados más escandalosos, y también de los más tentadores. Gracias a ella, todos vinimos al mundo.

¿Pero cuál es realmente la esencia mala de la lujuria? ¿En qué sentido quienes no tenemos especial afán puritano podemos encontrar algo defectuoso en el exceso de la lujuria? Tengo claro que si hay algo bueno en ella es precisamente el placer. Creo que el placer es bueno, sano y recomendable. Si hay algo malo en la lujuria, será el daño que podamos hacer a otros para conseguir goce, al abusar de ellos, aprovecharnos de la inocencia de menores o de gente que por su situación económica tiene que someterse.

No creo que, a pesar de lo que San Agustín y otros santos padres han dicho de la sexualidad, hayamos venido a este mundo a sufrir. La sexualidad no es un instrumento que debamos utilizar casi con repugnancia sólo para la reproducción, sino que es una fuente de relación humana y de contento en un mundo donde las alegrías no abundan.

Pero, como en todos los casos a los que estamos refiriéndonos, el límite de la lujuria desde el punto de vista humanista es causar daño a otro. El sexo con niños es malo por el daño que se les hace. No es malo disfrutar, pero sí es censurable causar mal a otro. Antes se condenaba al placer, ahora al daño y el dolor que se producen. Es la visión progresista de los pecados.

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pecados capitales

La pereza es la falta de estímulo, de deseo, de voluntad para atender a lo necesario e, incluso, para realizar actividades creativas o de cualquier índole. Es una congelación de la voluntad, el abandono de nuestra condición de seres activos y emprendedores.

Un viejo cuento narra cómo un padre luchaba contra la pereza de su hijo pequeño, que no quería nunca madrugar. Un día llegó muy temprano por la mañana, lo despertó y le dijo: “Mira, por haberme levantado temprano he encontrado esta cartera llena de dinero en el camino”. El niño, tapándose, le contestó: “Más madrugó el que la perdió”.

La pereza siempre encuentra excusas. Es perezoso quien renuncia a sus deberes con la sociedad, con la ciudadanía, quien abandona su propia formación cultural. La persona que nunca tiene tiempo para leer un libro, para ver una película, para escuchar un concierto, para prestar atención a una puesta de sol. Aquel que tiene pereza de convertirse en más humano.

El escritor y humorista argentino Roberto Fontanarrosa tiene una teoría: “La pereza ha sido el motor de las grandes conquistas del progreso. El que inventó la rueda, por ejemplo, no quería empujar y caminar más. Detrás de casi todos los elementos del confort supongo que ha habido un perezoso astuto, pensando cómo hacer para trabajar menos”.

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pecados capitales

La envidia, definida como la tristeza ante el bien ajeno, ese no poder soportar que al otro le vaya bien, ambicionar sus goces y posesiones, es también desear que el otro no disfrute de lo que tiene.

¿Qué es lo que anhela el envidioso? En el fondo, no hace más que contemplar el bien como algo inalcanzable. Las cosas son valiosas cuando están en manos de otro. El deseo de despojar, de que el otro no posea lo que tiene, está en la raíz del pecado de la envidia. Es un pecado profundamente insolidario, que también tortura y maltrata al propio pecador. Podemos aventurar que el envidioso es más desdichado que malo.

El envidioso siembra la idea, ante quienes quieran escucharlo, de que el otro no merece sus bienes. De esta actitud se desprenden la mentira, la traición, la intriga y el oportunismo.

La envidia es muy curiosa porque tiene una larga y virtuosa tradición, lo que parecería contradictorio con su calificación de pecado. Es la virtud democrática por excelencia.

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“Los Siete Pecados Capitales” de Fernando Fernández-Savater Martín (San Sebastián, 21 de junio de 1947) es un filósofo, activista y prolífico escritor español. Novelista y autor dramático, destaca en el campo del ensayo y el artículo periodístico. En 2008 fue galardonado con el Premio Planeta por su novela La hermandad de la buena suerte. En 2012 se le otorgó el Premio Octavio Paz de Poesía y Ensayo.