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Biografía de Manzoni Alessandro Resumen de LOS NOVIOS Poeta Italiano

Resumen Biografía de Manzoni Alessandro
Prosa Cumbre “Los Novios” del Poeta Italiano

La vida de Alejandro Manzoni (1785-1873) ofrece pocos motivos al biógrafo; carece de rasgos notables o hechos espectaculares, encerrada en el triste cerco de los muros milaneses. Manzo-ni vive en sus obras, y solamente en ellas revela la profunda e invisible intensidad de una vida hecha de meditación y de inagotable y fecunda inspiración artística.

LOS NOVIOS escrita por primera vez entre 1821 y 1823, rehecha lentamente y publicada por segunda vez en 1840-42, es aún hoy el mayor éxito de la literatura romántica italiana y también universal. Es una obra perfecta y terminada, admirablemente armónica, en la que la inventiva poética fluye suave e igual, sin monotonía ni ampulosidad; de frases sobrias y brillantes como una imagen dantesca recurre por momentos a un sutil sentido del humor que nunca aflora abiertamente, pero que da vida al relato como un reflujo de aguas escondidas.

Manzoni Alejandro Poeta Italiano

Manzoni Alejandro: De joven se sintió atraído por el racionalismo y el escepticismo, corrientes que dominaban en la literatura francesa del Siglo de las Luces, y por las ideas jacobinas y anticlericales, filosofía que aparece en su poema El triunfo de la libertad (1801), en el que canta la derrota del despotismo y de la superstición gracias a la labor de Napoleón. Sin embargo, a partir de 1808 sus ideas cambiaron. Contribuyeron a ello varios hechos. El más importante fue su matrimonio con Enrichetta Blondel, que aunque calvinista se convirtió al catolicismo y arrastró a la Iglesia católica al marido, el cual hizo pública y notoria su nueva adhesión religiosa.

Cada uno de sus protagonistas está muy bien delineado, desde don Abundio, despiadadamente analizado, hasta el sastre que hospeda a Lucía, apenas esbozado. Los episodios se suceden enlazándose uno con otro, siempre vividos y exactos, interrumpidos de vez en cuando por largas digresiones que atenúan la intensidad del relato sin interrumpir su ilación.

El mundo de 1600, lejano en todo sentido del nuestro, revive con tan genuina frescura que no se advierte esa distancia, aun conservando una adecuada perspectiva histórica. Es obvio que sólo puede ofrecerse al lector un resumen de los hechos, es decir el argumento en sí. Los novios debe ser leída y releída, para descubrir los infinitos y delicados matices que escapan a primera vista, y que dan, aun a quien cree conocer perfectamente la novela, la sensación maravillosa de encontrarse frente a una obra siempre nueva y fresca.

A lo largo de una de esas callejuelas encerradas entre dos muros que corren junto a la orilla del lago de Lecco, cruzando por campos y prados, paseaba, un atardecer de noviembre de 1628, don Abundio párroco de una aldea de los alrededores. Era éste uno de esos hombres perezosos y bonachones, que tratan de ahorrarse molestias y responsabilidades. Es fácil pues imaginar su sorpresa cuando, precisamente esa tarde, vio frente a si dos hombres armados que parecían esperarlo y en los que reconoció a dos “bravos”. Dominándolo con su estatura y su arrogancia, le informaron con pocas palabras que no debía celebrar al día siguiente cierta boda: el casamiento entre un modesto tejedor de seda, Renzo Tramaglino, y Lucía Mondella, obrera del lugar.

El pobre don Abundio no sabía en qué mundo se encontraba; temblando de miedo, balbució algunas palabras de protesta, pero al oír mencionar el nombre de don Rodrigo, amo de los “bravos” y señor sin discusión del lugar, calló e inclinó la cabeza. Cuando poco después volvió a la iglesia, estaba tan pálido y tembloroso que su ama de llaves, Perpetua, lo interrogó cautamente, y don Abundio le narró lo sucedido.

A la mañana siguiente; la entrevista con el novio resultó difícil; debió recurrir a pretextos vagos, a oscuras disposiciones de los superiores (todo ello reforzado con algunas frases latinas), para tratar de obtener una postergación de la boda. Pero Renzo, con todo ese embrollo de medias palabras y argumentos rebuscados, nada entendió y no se conformó, por lo que trató de sonsacar algo más claro a Perpetua que no era precisamente una tumba. Así supo parte de lo sucedido, obligando al párroco a referirle lo demás. Furioso, el joven corrió a casa de Lucía a contarle el hecho y tratar de descubrir la razón por la cual don Rodrigo se oponía a su casamiento.

La supo y demasiado bien. Lucía le dijo que don Rodrigo la había molestado repetidas veces con ofertas galantes que ella no había aceptado. Tampoco el padre Cristóbal, el viejo capuchino que los campesinos de los alrededores consideraban un santo y que protegía con particular solicitud a Lucía y a Inés, su madre, pudo darles una solución; prometió que haría todo lo posible, pero, desgraciadamente, él también sabía lo poco que contaban las palabras persuasivas y los derechos contra los prepotentes señores feudales de la época.

Inés, en medio de tanto desconcierto, tuvo una idea que comunicó con gran secreto a los jóvenes: si, como se decía, para que la ceremonia fuese válida, bastaba pronunciar las palabras rituales ante el sacerdote y dos testigos, se podría intentar sorprender a don Abundio en su casa, y celebrar el matrimonio a pesar suyo. Lucía, llena de escrúpulos religiosos, dudaba, pero Renzo, todavía indignado por la ofensa sufrida, aceptó inmediatamente el plan, preparó los detalles y buscó los testigos.

Mientras tanto el padre Cristóbal se había dirigido al palacio de don Rodrigo a quien encontró de sobremesa, rodeado de amigos. Don Rodrigo, aun ignorando el motivo de la visita, se sintió molesto al ver al padre capuchino y, para terminar cuanto antes la entrevista, se levantó prontamente y lo invitó a pasar a otra habitación. El padre Cristóbal con toda cautela empezó a explicarse, pero desde las primeras palabras se dio cuenta de que el señor no lo escuchaba con la debida humildad; entonces él también empezó a acalorarse y el diálogo se tornó violento.

Como era de prever, el buen fraile se vio obligado a irse sin haber sacado nada en limpio; todavía más, debió agradecer al cielo el haber salido sano y salvo, y recomendó a los dos jóvenes que se mantuvieran tranquilos confiando en la divina Providencia. Los novios, por el contrario, se prepararon para actuar: Renzo había pedido a dos amigos que le sirvieran de testigos, y juntos habían preparado el plan para sorprender a don Abundio.

Así pues, la noche siguiente, Inés, Renzo y Lucía llegaron a la casa parroquial acompañados por Antonio, un joven despierto y activo, y por su hermano Gervasio, un muchacho algo tonto, pero que en esta emergencia serviría muy bien como segundo testigo. Con una estratagema, consiguieron eludir la vigilancia de Perpetua, pero don Abundio no se dejó sorprender y, con insospechada rapidez, se encerró en una habitación próxima, sin pronunciar las palabras sacramentales. Después, mientras los cuatro jóvenes, a oscuras, buscaban la salida, abrió la ventana y pidió auxilio.

Le oyó el sacristán que, somnoliento y asustado, no atinó a otra cosa que a tocar las campanas, poniendo en conmoción a todo el poblado. El azar quiso que precisamente esa noche don Rodrigo tratara de llevar a cabo el proyecto de apoderarse de Lucía, enviando a tal fin un grupo de “bravos”, capitaneados por un tal Griso. Los malhechores penetraron en la casita de Inés encontrándola vacía, y estaban discutiendo entre ellos cuando se oyó el alboroto.

Manzoni Alejandro

La noche de los engaños y subterfugios. Lucía y Renzo habían entrado con una estratagema a la casa de don Abundio; en lugar de pronunciar las palabras sacramentales, el párroco vuelca la lámpara y arroja el tapete a la cabeza de Lucía, impidiéndole hablar, y se atrinchera en su habitación.

Un vecino, despierto por tanta alarma, los vio escapar por el camino, seguidos por los toques de campana. Así los valientes que acudieron en ayuda del sacerdote se enteraron también de esa misteriosa invasión. Renzo y Lucía, advertidos por el padre Cristóbal que conocía el plan del rapto por un servidor de don Rodrigo, se refugiaron en el convento de los capuchinos, de Pescarénico; y aquella misma “noche, no estando ya seguras en el pueblo, las dos mujeres fueron a un convento de Monza, y Renzo a Milán, con una carta del padre Cristóbal que lo recomendaba a un capuchino de esta ciudad.

Para su desgracia, Renzo llegó a la ciudad en un momento crítico. El pueblo, hambriento a causa de una larga escasez, se había sublevado y se volcaba a la calle decidido a hacerse justicia por sus manos. Renzo se encontró en medio del tumulto y trató, con algunos voluntarios, de contener la violencia de la plebe; durante todo el día no hizo más que agitarse y gritar, olvidando su misión y sus preocupaciones personales.

Avanzada la tarde se alojó en un hotel al que le acompañó un amigo ocasional. Durante la cena nuestro joven bebió más de la cuenta y no advirtió que su nuevo amigo le hacía decir toda clase de despropósitos; mucho menos advirtió que su solícito amigo era un delator de particular que buscaba una víctima expiatoria para ofrecer a la autoridad. Lo supo a la mañana siguiente cuando lo despertaron bruscamente y se encontró rodeado de policías que venían a arrestarlo. Por suerte, el pueblo continuaba convulsionado y los policías que lo escoltaban camino a la cárcel tenían más miedo que él. No tuvo, pues, más que gritar para encontrarse rodeado de una muchedumbre dispuesta a liberarlo.

En vista que llevaban las de perder, los policías se ocultaron y Renzo hizo otro tanto. Media hora después se hallaba fuera de la ciudad, y se dirigía rápidamente hacia el río Adda, que señalaba el límite del ducado de Milán, con la intención de buscar luego refugio en un pueblo de Bérgamo.

Dejemos por ahora a Renzo ya a salvo, y volvamos a los otros personajes de nuestra historia. Don Rodrigo, como es de imaginar, no quiso resignarse a la derrota sufrida. Informado del nuevo domicilio de Inés y Lucía, recurre al consejo y ayuda de un hombre poderoso y temido, una especie de príncipe bandido que, desde su viejo y ruinoso castillo de los confines, dirigía las aventuras más riesgosas y malvadas.

Tomó a su cargo el raptar a Lucía del convento de Monza, empresa que le resultó fácil con la ayuda de amigos del lugar. La pobre muchacha llegó al castillo del señor, que llamaremos el “Innominado”, más muerta que viva: el rapto, el aspecto de los “bravos”, el viaje en carruaje, el lugar salvaje al que fue conducida, la llenaron de espanto. Cuando se vio ante el “Innominado”, de quien ignoraba la identidad, se desesperó, lloró, rogó, que la dejaran volver junto a su madre. Tanto suplicó y con tan vivo dolor, que finalmente llegó al corazón de ese hombre que no conocía la piedad.

La noche en que Lucía llegó al castillo, algo ocurrió en el alma del “Innominado” ; un cambio que quizás estuvo preparado desde tiempo atrás y que ahora, ante el desesperado llanto de la joven, se operaba lentamente. El hecho es que a la mañana siguiente, sabiendo que el cardenal Federico Borrcmeo. arzobispo de Milán, estaba de visita en un pueblo de los alrededores, se presentó allí y solicitó una entrevista con el prelado. Salió transformado; la poderosa personalidad de Federico había completado la obra que las palabras de Lucía habían iniciado.

Lleno de remordimientos, el “Innominado” se dispuso a reparar el inmenso daño hecho hasta ese momento; ante todo, liberó a Lucía, la restituyó a su madre y le obsequió una gran suma de dinero que le permitiría casarse. Madre e hija, después de la alegría del reencuentro, estuvieron poco tiempo juntas. Inés quedó en el pueblo, esperando noticias de Renzo, mientras Lucía se dirigía a Milán, sin peligro ya, en compañía de una noble señora (doña Práxedes) que le había ofrecido hospitalidad. Mientras tanto, la guerra por la sucesión al ducado de Mantua que ya amenazaba a Europa se acercaba a la región en que se desarrolla nuestra historia.

Los ejércitos de esa época eran, tocante a disciplina y respeto de los bienes ajenos, peores que una banda de forajidos; su paso era desastroso aun por territorios neutrales o aliados, que saqueaban sin misericordia. Es fácil suponer el terror que se apoderó de las poblaciones de Lombardía cuando se supo que el ejército imperial (los tristemente famosos soldados aventureros alemanes) había entrado en Valtellina y bajaba a la llanura. Las, calles se llenaron de gente que huía, cargada de bultos, a buscar refugio en la montaña, abandonando los pueblos desiertos a los saqueadores. Pero lo peor fue cuando advirtieron que las tropas traían consigo un flagelo más terrible: la peste.

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Cuando Renzo llegó a Milán, el tumulto estaba en su apogeo. Aquí vemos el asalto al “Horno de las muletas”, uno de los mas céntricos de-la ciudad, del que el pueblo sublevado roba no sólo pan y harina, sino también artesas v bancos, quemandólos en la plaza. Renzo, en medio de esa confusión, se conserva lúcido, lo cual no impide que lo arresten.

En efecto, apagados los ecos de los tambores alemanes, y cuando se empezaba a reparar los destrozos causados por el paso de los soldados, comenzó a manifestarse aquí y allá, sn los alrededores y en los pueblos devastados, una peste rápida y casi siempre mortal a la que los médicos no sabían o no osaban dar nombre.

La epidemia terminó por invadir Milán, donde rápidamente se propagó con virulencia. Por fin, tarde ya, se decidieron a aislar a los enfermos en un recinto especial, el lazareto, y a organizar un cuerpo sanitario adecuado. El aspecto de la ciudad, en lo más intenso de la epidemia, era desolador; por todas partes ventanas cerradas, enfermos que agonizaban por las calles, carros cargados con muertos, conducidos por monatti (por lo general gentuza que se dedicaba a esa tarea para robar a los muertos).

Y por todas partes el terror a los “untadores” de los que se decía que untaban la ropa y las puertas con un ungüento pestífero, por orden del demonio o de imaginarios mandatarios. Renzo, escondido siempre en un pueblo de Bérgamo, enfermó y, felizmente, logró salvarse. Cuando se restableció, comprendió que aquél era el momento de volver a su pueblo en busca de noticias, en la seguridad de que, después de aquella pesadilla y de tanta tragedia, nadie recordaría sus pasados contratiempos. Así fue, en efecto: Renzo llegó preocupado a su pueblo, encontrándolo casi desierto, y se enteró de que Inés había buscado refugio en una villa vecina, y Lucía estaba aún en Milán.

El joven se dirigió allí, con el corazón oprimido por una duda atroz: ¿la encontraría viva, precisamente cuando era mayor la virulencia del mal? En Milán le dijeron que Lucía había sido llevada al lazareto y Renzo entró en aquel terrible lugar, del que pocos salían vivos, con escasa esperanza. La primera persona que allí vio fue el padre Cristóbal, que se prodigaba entre los enfermos, grave él mismo, pero aún en pie. El padre Cristóbal trató de serenarlo a la vez que le mostraba sobre un camastro destartalado a don Rodrigo agonizante.

Al ver postrado a su enemigo, miserable ahora como todos, Renzo se sintió invadido por una inmensa piedad y una profunda resignación a la voluntad del cielo. Continuó buscando a Lucía, pero con el ánimo de quien no espera ya un milagro y acepta lo inevitable. Pero el milagro se produjo: en un cuartucho del lazareto, y al pasar allí por casualidad, Renzo encontró a Lucía, apenas convaleciente pero ya fuera de peligro.

Pocos días después, los dos jóvenes se encontraron de nuevo en su pueblo; la peste ya se extinguía y las poblaciones diezmadas comenzaban a organizarse y a retomar las costumbres de otros días. Don Abundio, atormentado todavía por el terror que le habían infundido don Rodrigo y sus ‘”bravos”, tuvo aún algunas dudas; sólo cuando estuvo seguro de la muerte del señor, accedió a celebrar el matrimonio. Lucía y Renzo no quisieron permanecer ya en ese lugar que les recordaba tantas amarguras; emprendieron viaje a Bérgamo y allí vivieron en paz y felices.

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo IV Editorial Larousse – Biografía Alejandro Manzoni y Su Obra Máxima: Los Novios –
Enciclopedia Electrónica ENCARTA Microsoft
Historia Universal de la Civilización  – Editorial Ramón Sopena Tomo II del Renacimiento a la Era Atómica

Biografía de Ludovico Ariosto Resumen de Orlando Furioso

Biografía de Ludovico Ariosto
Descripción Argumento de Orlando Furioso

Luis Ariosto. — Este famoso poeta italiano nació en Reggio en 1474 y murió en Ferrara en 1533. Procedía de una familia noble. Estudió la carrera de Derecho, que abandonó para dedicarse a la literatura. Al tratar Carlos VIII de invadir Italia, dirigió una invectiva a sus compatriotas reprochándoles de envilecidos y viciosos. Fue después militar, asistiendo a varias batallas y desempeñando cargos de cierta importancia. Se dedicó después a su obra literaria, no obstante lo cual le fueron conferidos mandos de gobierno que le acreditaron de enérgico y justo.

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En Ludovico Ariosto, el espíritu del Renacimiento halla el más elevado y perfecto exponente de la poesía.
El amor que sintió por la vida y la naturaleza se expresa en el Orlando furioso, como pura y universal manifestación artística. Ludovico Ariosto nació en Reggio de Emilia, en el año 1474. siendo sus padres Nicolás, capitán de la fortaleza de aquella ciudad, y Daría Malaguzzi.

Su labor poética y literaria ejerció mucha influencia en las letras italianas. Su obra magistral es el célebre poema Orlando furioso, que tardó diez años en componer y publicó en 1515. Es un poema épico y caballeresco en el que ocurren portentosas peripecias a sus personajes, apareciendo entremezcladas fábulas de guerra y de amor, entes imaginarios y personas vivientes. A él dedicó toda su atención Ariosto, consiguiendo producir un imperecedero monumento literario. Mereció ser llamado El Divino Ariosto y fue coronado por Carlos V en Mantua.

Sus cualidades morales eran parejas con sus facultades poéticas. Era de carácter bondadoso y digno, de simpática figura, y fomentó considerablemente el renacimiento de la lengua italiana.

Cuando tenía cerca de diez años de edad, se trasladó con la familia a la ciudad de Ferrara, continuando allí su educación. Su padre quiso primerjo que estudiara leyes, y sólo después de cinco años (1489-1494) le permitió dedicarse a estudios literarios. Hasta el año 1499, su maestro fue Gregorio Elladio de Espoleto. Ludovico debió a la vez subvenir a las necesidades de cinco hermanas, y costeó la educación de cuatro hermanos, uno de los cuales, Gabriel, paralítico, permaneció con él toda su vida.

El poeta obtuvo en la casa de los Estensi un empleo con el cual pudo hacer frente a los gastos de la familia. En 1503, entró al servicio del cardenal Hipólito de Este, hijo de Hércules I y hermano de Alfonso I, duque de Ferrara desde 1505 hasta 1534. El cardenal, hombre activo, siempre ocupado en manejos políticos, confió al poeta sus embajadas y misiones, mientras Ariosto, que soñaba con una existencia plácida y retirada, dedicada a los estudios y a la poesía, se quejaba de la vida errante e inestable que se veía obligado a llevar.

A pesar de ello, hizo uso, en cada ocasión, de toda su energía y perspicacia; estuvo particularmente ocupado en los años 1509 y 1512, durante las guerras de la Liga de Cambrái y de la Liga Santa. Combatió contra los venecianos en el séquito del cardenal; en ocasiones fue enviado a Roma para solicitar ayuda al papa Julio II. Acompañó al duque en el viaje que éste hiciera a Roma en 1512. Alfonso I era aliado de Francia durante la guerra de la Liga Santa, e iba a visitar al papa Julio II con el objeto de aplacar su ira; pero no tuvo éxito y debió alejarse precipitadamente de la ciudad, junto con el poeta, huyendo a través de los Apeninos, a fin de sustraerse a la cólera del Pontífice.

En 1513, habiendo sido elegido papa Juan de Médicis, quien sentía vivo afecto por el poeta, éste fue a Roma con la esperanza de obtener una ocupación más cómoda y tranquila. Empero León X, que lo trató con toda amabilidad, no le dio esperanza alguna de lograr lo que deseaba. Ariosto se resignó, pues, a volver al servicio de su inquieto señor. En 1517, Hipólito de Este fue nombrado obispo de Buda, en Hungría, pero el poeta rehusó seguirlo y perdió el puesto.

Al año siguiente pasó al servicio del duque; una ocupación de cualquier modo preferible, según él misino decía, ya que no le obligaba a viajar constantemente de un lugar a otro y, por el contrario, le permitía quedarse en Ferrara. En 1522 hubo de aceptar, sin embargo, el cargo de delegado del duque en la Garfagnana, y residió en aquella región infestada de bandoleros, en permanente inquietud, a causa de las discordias de los señores locales. Gobernó sabia y enérgicamente, en la medida en que se lo permitían sus recursos ya que, con frecuencia, el duque desoía los pedidos de soldados y armas para restablecer el orden.

En el año 1525 volvió a Ferrara, y en 1527 se separó de sus hermanos y fue a vivir en la casa que había hecho construir en la comarca Mirasole, reconfortado por el afecto de Alejandra Benucci; la había conocido en Florencia, en 1513, y casó secretamente con ella en 1527.

Estos últimos años fueron los más felices, pues transcurrieron en la tranquilidad del hogar componiendo el poema que le diera tanta fama; nunca se cansaba de esta tarea. Falleció el 6 de julio de 1533, dejando para la posteridad una obra de la más alta perfección artística: Orlando furioso.

La acción más importante de este poema es la guerra entre Oriente y Occidente, el gran conflicto entre el paganismo y el cristianismo. Esta guerra fue la que muy probablemente encendió la fantasía de Ariosto; los numerosos hechos heroicos inspiraron el marco y la trama del grandioso cuadro. El poema, especialmente en su comienzo, és una verdadera continuación del Orlando enamorado de Boiardo.

Angélica, la bellísima hija de Galofrone, rey de Catay, llega a Francia, a la corte de Carlomagno, acompañada de un noble que desafía a los más valerosos paladines de Francia. Los más famosos guerreros al servicio del rey se enamoran de ella: entre ellos los primos Reynaldo de Montalbán y Orlando de Bretaña, sobrino de Carlomagno.

Estos caballeros se baten a duelo por el amor de la joven cuyo deseo es, en realidad, rechazar a ambos. A fin de evitar disputas, Carlomagno confía a Angélica al viejo Namo, duque de Baviera, prometiéndola a aquel noble que diera mayor prueba de valor durante la inminente batalla que tendría lugar en los alrededores de París.

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Al recibir la noticia del matrimonio de Angélica, un inmenso dolor embarga el corazón de Orlando, quien, durante tres días y tres noches, se abstiene de tomar alimentos. Al cuarto día sufre un ataque de furor; arranca su armadura y, con imprevista fuerza, desarraiga árboles y arroja enormes piedras.

Los cristianos son derrotados y Angélica logra huir de la tienda de Namo. Aquí se inician las aventuras de la joven y de los nobles que la pretenden.
Orlando abandona el ejército para estar más cerca de Angélica. Durante su viaje encuentra a Olimpia, hija del rey de Holanda, quien había sido obligada, por el malvado Cimosco, a casarse con el hijo de éste. Orlando logra que Olimpia .se reúna con su amado Biren, duque de Zelandia, y esta acción lo colma de alegría.

Sin embargo, para la buena Olimpia, tampoco este matrimonio debía ser fuente de felicidad: en efecto, Biren se enamora de la joven hija del rey Cimosco y abandona a su esposa; confinada en la isla Ebuda, la desdichada Olimpia está destinada a ser alimento de las orcas.

Una vez más Orlando la salva, y Olimpia casa con el rey de Hibernia, encontrado así paz y felicidad. A través de riesgosas aventuras, duelos y peligrosas travesías, el paladín se encontrará nuevamente en el camino de Angélica. De sugestiva belleza es la escena que describe a Orlando en el umbral de la casa en que se hospeda Angélica en compañía de su esposo Medoro, joven soldado africano al servicio de Dardinello; sorprendido por los enemigos durante una acción arriesgada, cae herido gravemente; es socorrido por Angélica, quien se enamora y se casa con él.

Luego deciden embarcarse para España y volver juntos a Catay. Pero un día, mientras pasean a caballo por un bosque de la ribera española, son sorprendidos por Orlando, quien, trastornado por las revelaciones que le hizo el pastor que había alojado a Angélica y Medoro, se entrega nuevamente a manifestaciones de locura furiosa, caracterizadas por una fuerza hercúlea que le permite desarraigar árboles, quebrar piedras y matar el caballo del sarraceno de un puñetazo.

Los episodios de la demencia de Orlando dan el título a la obra, pero en torno a la misma, y con frecuencia independientemente, millares y millares de otros hechos se suceden y entretejen. Con notable relieve resalta la figura de Astolfo, hijo del rey Otón de Inglaterra y primo de Orlando y Reynaldo. Es un joven vivaz, bromista, jactancioso, dotado de buen sentido, calidad ésta de la que carecen a menudo los más insignes caballeros del poema. Lo distingue la virtud inestimable de decir siempre la verdad.

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Dominado por su locura devastadora, Orlando viaja de un lugar a otro y, habiendo llegado a una playa de España, decide preparar un lecho en la arena. Entretanto, Angélica y Medoro pasan a su lado y la joven no reconoce al noble que tiene el rostro demacrado y la cabellera larga y enmarañada.

Montando el Hipogrifo, entrará en el Paraíso Terrenal y, en compañía de San Juan Evangelista, subirá hasta la Luna donde pueden ser halladas todas las cosas que se pierden en la Tierra, y de donde él traerá la ampolla del juicio que devolverá a Orlando la razón perdida.

Es imposible establecer con seguridad el propósito de la obra, cuya trama está formada por una gran variedad de sucesos. Sin embargo, junto al episodio fundamental de la demencia de Orlando y a las notas que lo acompañan, esencialmente constituidas por la guerra entre Carlomagno y los sarracenos, el tercero e importante núcleo narrativo es el amor entre Ruggiero, noble sarraceno, descendiente del troyano Astianacte, y Bradamante, hermana de Reynaldo, episodio que concluye con el matrimonio de éstos.

De esta unión proviene la familia de los Estensi, al menos según lo imagina el poeta quien desea, sin duda, halagar a la ciudad que lo acogió en su juventud y le ofreció la posibilidad de una vida exitosa, cerca de los poderosos señores que le brindaron su apoyo.

Bradamante, en la gruta del mago Merlino, se entera de la profecía relativa a su gloriosa progenie: su hijo Ruggiero, después de vengar la muerte de su padre, combatirá en Italia en las filas de Carlomagno contra Desiderio, y obtendrá en feudo, Este y Calaone, en el territorio de Padua.

No es fácil hallar en el vastísimo poema arióstico, cuál es el sentimiento que le confiere unidad poética, además de la unidad de acontecimientos y acción. Ante todo, si bien el Furioso debe catalogarse entre los poemas caballerescos, no puede decirse que su inspiración sea la hermosura de un mundo heroico, el sentimiento religioso, o cualquier recurso épico que resulta evidente en los poemas caballerescos.

Por otra parte, tampoco puede decirse que la intención del poema sea la ridiculización de estos temas, ya que las notas irónicas en el Orlando furioso son sólo ocasionales y apenas advertibles en la totalidad de la obra.

La multiplicidad de asuntos y la falta de un hilo conductor de la acción, no permiten definir con exactitud el género del poema.

En efecto, en él hallamos el gusto por la aventura y lo fantástico, el amor y el odio, la prudencia y la temeridad, lo trágico y lo cómico, lo patético y lo elegiaco; pero no puede afirmarse que uno u otro de estos aspectos espirituales prevalezca, sino que aflora cada uno como expresión de un momento particular de la obra, sin llegar a ser motivo unificador; podría concluirse que falta allí una verdadera unidad poética, pero a un juicio de esta naturaleza se opone la nítida impresión, que recibe hasta el más joven e inmaduro lector, de una luz resplandeciente y difusa, de una belleza risueña que invade toda la fábula, mientras el poeta, con destreza y gracia maravillosas, mueve los hilos de las distintas escenas.

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Bradamante, hermana de Reynaldo y enamorada de Ruggiero, llega a la gruta del mago Merlino; se entera por la maga Melisa de que de su matrimonio con Ruggiero descenderán los Estensi.

El crítico literario De Sanchis, que fue el primero en suponer con nitidez y afrontar el difícil problema crítico de la búsqueda del motivo de inspiración del Furioso, afirmó que el elemento animador del poema es la alegría misma del cantar, el gusto de fingir una fábula variada y de sumergirse en ella, y que, en suma, el fin estético del poema es el arte mismo.

La primera edición del Orlando furioso, cuya composición fuera iniciada entre 1502 y 1503, fue publicada en Venecia en 1516; los gastos fueron solventados por el cardenal Hipólito de Este, a quien está dedicado, y comprendía sólo cuarenta cantos en octavas. Este número, que no varió para la segunda edición del 1521, fue llevado a cuarenta y seis en la última edición de 1532, que es la que nosotros leemos.

La obra del poeta fue el fruto de casi treinta años de dedicación, y oculta, bajo su sencillez, un inapreciable esfuerzo y un intenso y esmerado trabajo de artista, que revelan a menudo, por otra parte, los manuscritos de Ariosto.

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo V Editorial Larousse – Biografías: Ludovico Ariosto –
Enciclopedia Electrónica ENCARTA Microsoft
Historia Universal de la Civilización  – Editorial Ramón Sopena Tomo II del Renacimiento a la Era Atómica

Arquitectura del Renacimiento y Sus Arquitectos

Arquitectura en el Renacimiento

El siglo XV trajo consigo un renovado gusto por el arte clásico; esta tendencia, que se mantuvo latente durante la Edad Media, se manifestó en Italia tanto en la literatura como en las artes decorativas. El estilo románico tenía su punto de partida en el arte romano (la bóveda románica derivaba de un sistema ya empleado en Roma), y el gótico había sido siempre atemperado en la península, modificándose según los principios de ese equilibrio formal que caracteriza los monumentos clásicos. El interés por la antigüedad griega y romana, se intensifica y disciplina en el curso del siglo XV  y llega a influir marcadamente sobre el nuevo estilo arquitectónico.

El Renacimiento es una creación típicamente italiana. Esto se explica si se considera que Italia había conservado el patrimonio clásico del que era heredera directa, y que durante todo el siglo XV, su riqueza artística no habría de franquear las fronteras alpinas. Pero en el curso del siglo XVI, gracias a numerosos grupos de arquitectos italianos, se difundiría en los países vecinos con un alcance sólo comparable al de la arquitectura gótica del siglo XIII.

En el curso de los siglos XV y XVI, nacen en Italia las señorías, y los papas se convierten en protectores de las artes, llamados mecenas.

Una manifestación del espíritu de aquella época la constituye la evolución de la arquitectura, que influye sobre toda la vida civil y crea sus obras maestras no sólo en el dominio de los monumentos religiosos, sino también en el sector de los edificios públicos y privados.

Esto tiene proyecciones tales, que en todas las ciudades nacen espléndidos palacios y, en la campaña, las casas de descanso. No debe olvidarse que en el curso del Renacimiento se desarrolló en Italia la ciencia del urbanismo, es decir, de una arquitectura nacional en el recinto urbano, según el plan general y el ordenamiento de la ciudad.

El Renacimiento recurre al arte antiguo en busca de elementos arquitectónicos, de concepciones planimétricas, de principios sobre las proporciones y los sistemas de construcción. Sin embargo, la arquitectura del Renacimiento no es una mera imitación de la que se desarrolló en la antigüedad. Los arquitectos, teniendo en cuenta los viejos modelos, los transforman a la luz de un ideal estético que les es propio.

En el lenguaje artístico Florencia sufrió radicales transformaciones a partir  del siglo XV por obra de unos cuantos artistas, cuyo número y calidad resultan sobresalientes en la Historia del Arte. En el primer tercio del siglo el arquitecto Brunelleschi, el escultor Donatello y el pintor Masaccio desplegaron una actividad que sirvió de base y punto de partida para ulteriores desarrollos en Florencia y en otras ciudades de Italia a partir del segundo tercio del siglo y para la progresiva difusión e implantación del nuevo estilo en el resto de Europa occidental, con los naturales matices e incluso importantes diferencias por razones geográficas y cronológicas. En sus inicios, el arte que denominamos renacentista tuvo como característica común su preocupación por el hombre, entendido como ser individual y libre, y por el espacio que le rodea.

En el siglo XV aparece una nueva concepción arquitectónica que subsiste aún en nuestros días. A diferencia de los constructores de los períodos románico y gótico, el arquitecto del Renacimiento no sale de entre los albañiles y escultores.

Es un hombre de formación más teórica que práctica; a menudo, proviene de otras ramas del arte, y sólo se consagra a la arquitectura de tiempo en tiempo. Él dibuja los planos del edificio y, en la mayoría de los casos, encarga a otros la realización de los mismos. Ello explica que el aporte del Renacimiento sea no de orden constructivo, como en el románico y el gótico, sino puramente estético. Si apartamos la común derivación de la arquitectura clásica, las creaciones del Renacimiento se presentan bajo tantos aspectos como, arquitectos han trabajado en ellas.

Este fenómeno se explica por la preparación misma del arquitecto de este período, quien, en razón de su cultura, no podía limitarse a reconstruir un modelo ya existente, sino que aspiraba a distinguirse imponiendo a su obra el sello de su personalidad.

Desde el punto de vista del estilo, conviene dividir el Renacimiento italiano en dos períodos bien distintos: en el primero, que comprende todas las manifestaciones arquitectónicas del siglo XV, los elementos clásicos son interpretados con una armonía, simplicidad y elegancia que no se repetirán en el segundo, es decir, el que corresponde al siglo XVI, durante el cual la arquitectura buscará efectos monumentales y espectaculares.

Durante el siglo XV predomina y se difunde por toda Italia la tendencia marcada por los artistas florentinos; éstos siguen las enseñanzas de Felipe Brunelleschi y León Bautista Alberti. En el curso del siglo XVI, las directivas estéticas serán impartidas por los arquitectos de Roma.

cupula brunesllechi

La cúpula de Santa María de las Flores es un milagro de la arquitectura, pues el equilibrio de esta obra gigantesca es obtenido sin ninguna armazón, gracias al simple y perfecto enlace de los dos casquetes. El proyecto inicial es obra de Lorenzo Ghiberti y de Felipe Brunelleschi, pero es a este último a quien corresponde él mérito de la realización.

El siglo XV se inaugura con los trabajos del artista y escultor Brunelleschi (1377-1446). Si la prodigiosa cúpula de Santa María de las Flores, inspirada en la cúpula clásica del Panteón, nos lo revela aún entusiasmado con el verticalismo gótico, sus obras ulteriores prueban, de manera incontestable, que su nueva modalidad es típicamente latina. A la cúpula florentina sucede la iglesia de San Lorenzo, con una nave techada y las naves laterales terminadas en crucero.

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Iglesia de Santa María de Novella en Florencia

Leon Battista Alberti (1404-1472), arquitecto y escritor italiano, fue el primer teórico del arte del renacimiento, y uno de los primeros en emplear los órdenes clásicos de la arquitectura romana.Alberti nació en Génova el 14 de febrero de 1404. Hijo de un noble florentino, recibió una educación acorde con su clase social, primero en la escuela de Barsizia (Padua) y luego en la Universidad de Bolonia. Allí estudió griego, matemáticas y ciencias naturales. Como poeta, filósofo y organista —uno de los mejores de su tiempo— ejerció una gran influencia entre sus contemporáneos. En 1432 fue nombrado secretario del papa Eugenio IV.

Vienen luego, en orden cronológico, la Sagrestiú vecchia, que responde a un plano cuadrado con teche en cúpula, y la galería del Hospital de los Inocentes, financiada por los tejedores de seda. Sin embargo, es en la capilla de los Pazzi donde Brunelleschi revela más claramente el sentido de la medida, de la armonía y de las proporciones.

En la iglesia del Espíritu Santo, comenzada por el arquitecto en 1436 y terminada después de su muerte, el sentido más desarrollado de la profundidad y del espacio hace presentir la arquitectura del siglo XVI, En las dos iglesias florentinas que acabamos de mencionar, señalaremos la acentuación del eje longitudinal del edificio que vuelve al plano tradicional de la basílica paleo-cristiana, y el aligeramiento de las arcadas, mucho más esbeltas que las del medievo italiano.

arquitectura El palacio Rucellai

Florencia: El palacio Rucellai fue edificado entre 1447 y 1451 por Bernardo Rossellino, sobre un proyecto de León Bautista Alberti. Este edificio, en el cual se notará la admirable fusión de elementos clásicos con elementos de la más pura tradición medieval y el resurgimiento de los órdenes superpuestos (ventanas con dintel, que comprenden al mismo tiempo un almohadillado liso y de doble cristal), volverá a ser tomado como modelo por los arquitectos del siglo XV.

Esto último pudo lograrse gracias a la inserción de arcos entre el capitel y el pie derecho (pilar que soporta el arco o el dintel). La misma luminosidad y la misma elegancia aparecen en la capilla de los Pazzi, donde el arquitecto ha repetido con ciertas modificaciones el motivo del pronaos griego.

Entre las construcciones civiles del Renacimiento se admira el espléndido palacio Pitti, diseñado por Brunelleschi y realizado por varios arquitectos, entre los cuales citaremos a Lucas Fancelli (siglo XV) y Bartolomé Ammannati (siglo XVI). La simplicidad de las líneas y la sobriedad de los ornamentos contribuyen a dar al edificio mayor majestuosidad y armonía.

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Palacio Pitti, diseñado por Brunelleschi

Los trabajos arquitectónicos de León Bautista Alberti revelan menos elegancia y ligereza; se caracterizan por una mayor amplitud, que los emparenta con las construcciones grecorromanas. La figura de este artista aparece como el ideal vivo del arquitecto de la época. Alberti (1404-1472), es antes que nada, un teórico de la arquitectura.

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Florencia: Hospital de los Inocentes. Es una de las primeras realizaciones de Brunelleschi; en ella se admira la armonía de las proporciones, característica de los comienzos del Renacimiento florentino. Son fácilmente observables los elementos clásicos (columnas griegas, arco romano, el cornisamento acentuado por el frontón y la orla).

Se conocen sus tratados De la Escultura, De la Pintura y De la Arquitectura, en los cuales expresa su deseo de retornar al arte clásico, pero con un nuevo espíritu; cuando se le encomienda la ejecución de los planos de los edificios, no es él quien se ocupa de su realización: el arquitecto confía el diseño de los mismos a sus alumnos: Mateo de Pasti, Bernardo Rossellino, Pier de Gennari, Mateo Nuzio y Lucas Fancelli.

Además del templo Malatestiano en Rímini, el proyecto de cuya fachada (que no ha sido ejecutada) se conserva en una medalla grabada por Mateo de Pasti, Alberti nos ha dejado: el palacio Rucellai en Florencia, la iglesia de San Andrés de Mantua, en cuyas paredes laterales se abren numerosas capillas que confieren a la construcción la magnificencia de los edificios romanos; también merece mencionarse la restauración de la fachada de Santa María la Nueva en Florencia.

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En el siglo XV, en Venecia, los elementos góticos sufrieron grandes transformaciones, tal como puede verse en la iglesia de los Milagros, obra de Antonio Rizzo y de Pedro Lombardo; allí la simplicidad del Renacimiento toscano ha sido realzada por las marqueterías de mármol y los rosetones.

Luciano Laurana fue otro de los grandes arquitectos del siglo XV; nació en Zara y murió en Pésaro. No se tiene lamentablemente una información precisa en cuanto a la ciudad donde recibió su formación artística. Se sabe solamente que entre 1460 y 1470 permaneció en Urbino, donde ejercía su actividad en el palacio Ducal, y que en 1468, Federico II de Montefeltro lo nombró arquitecto en jefe de su corte.

El nuevo estilo arquitectónico se difunde en Toscana y en el centro y norte de Italia, gracias a los arquitectos toscanos, que inspirándose en las obras de Brunelleschi y Alberti, realizaron trabajos llenos de originalidad.

Michelozzo Michelozzi, joyero y grabador (1396-1472), edifica en Florencia el convento de San Marcos y el palacio Médicis Riccardi, y en la campiña toscana las casas de Cafaggiolo y de Careggi, que lo enfrentan con el problema de las construcciones privadas; el arquitecto lo resuelve inspirándose en las moradas medievales.

En Milán, donde trabaja hacia 1462, construye la capilla Portinari de San Eustaquio y el palacio del Banco Mediceano, cuyo portón se conserva en el museo del castillo de esa ciudad.

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Pocos son los ejemplares de la arquitectura del siglo XV en Roma. Citaremos la iglesia de Santa María del Pueblo, construida por Baccio Pontelli y M. del Caprina e inspirada en la obra de Brunelleschi y de Alberti.

El palacio Strozzi y el pórtico de la iglesia de Santa María de la Gracia en Arezzo, obras realizadas en Florencia por Benedicto da Maiano, nos muestran la original interpretación de los cánones entonces vigentes, y cuya aplicación en las proporciones caracteriza todas las manifestaciones del siglo XV, expresándose por una tendencia hacia lo monumental.

Citaremos también a Giuliano da Maiano, Giuliano da Sangallo, Antonio da Sangallo (conocido principalmente por sus construcciones militares), Agostino di Duccio (cuya habilidad de decorador se pone de manifiesto en el oratorio de San Bernardino en Perusa), Bernardo Rossellino, arquitecto, escultor y,  urbanista, a quien el papa Pío II confió la tarea de transformar su ciudad natal en una ciudad artística modelo.

En el norte de Italia, donde subsistía la tradición románico-gótica, los arquitectos modifican las enseñanzas del arte florentino, multiplicando los elementos decorativos.

SOBRE LOS ALGUNOS ARQUITECTOS

Filippo Brunelleschi
(1377-1446)
Las piezas realizadas por los escultores Ghiberti y Brunelleschi en el concurso de 1401 para la segunda puerta de bronce del Baptisterio de Florencia muestran la distancia entre la estética formalista del primero y la preocupación del segundo por el trasfondo humano de la escena representada. Tras negarse a colaborar en esta obra con su contrincante, Brunelleschi viajó a Roma y allí, en contacto con los monumentos antiguos, se encaminó a la práctica arquitectónica.

Su primera obra, la gran cúpula de la catedral de Florencia, que supuso la resolución de complejos problemas técnicos, se convirtió en un símbolo de la primacía de la ciudad y de su entronque histórico con la antigua Roma. Desde entonces, Brunelleschi mostró una clara concepción del arquitecto moderno distinguiendo proyecto intelectual y ejecución material, facetas que se confundían en el maestro de cantería medieval.

En el Hospicio florentino (iniciado en 1419) se observa ya el dominio de las proporciones que caracterizaría toda su obra frente a la infinitud gótica. La aplicación de un módulo explica la precisa geometría de San Lorenzo, mientras en la capilla Pazzi alcanza un punto culminante en el ritmo medido y contrastado de los elementos arquitectónicos resaltados en piedra gris sobre el muro blanco. Su última obra -la iglesia del Espíritu Santo- presenta un espacio unificado, pues las capillas rodean por completo el templo y sus arcos de entrada son de proporción idéntica a los que separan las naves: la visión es unitaria y el hombre resulta centro del edificio.

Vignola
(1507-1573)
Pocos edificios han alcanzado la repercusión que tuvo en Europa occidental la iglesia de la Compañía de Jesús en Roma -el Gesú- comenzada en 1568 por Jacopo Barozzi llamado Vignola. Siguiendo ideas de Alberti en San Andrés de Mantua, Vignola relaciona una nave longitudinal cubierta con gran bóveda de cañón con la planta central de gran crucero; las capillas laterales, sin embargo, se ven reducidas a pequeños nichos enfrentados a la nave.

Similar contraste manierista se produce en la iluminación del templo desde la luz tamizada de la nave, que proviene de las capillas laterales, a la mayor oscuridad del tramo que antecede al crucero y, finalmente, a la explosión luminosa del espacio bajo la cúpula.

La fachada, concebida por el mismo Vignola apoyándose también en concepciones albertianas, permitía trasponer la distinta altura de las naves sin romper la proporción y el orden clásicos mediante un cuerpo superior con frontón y aletones de unión con el frente inferior. La arquitectura del interior y de la fachada, aunque manierista, contenía en sí misma posibilidades de unificación y dinamismo barrocas -por ejemplo: desarrollo continuo del entablamiento o valoración de la luz-que explican su difusión como iglesia contrarreformista a lo largo de los siglos siguientes.

Juan de Herrera
(hacia 1530-1597)
Como Vignola se identifica con el Gesú, Herrera se recuerda sobre todo por su intervención en el monasterio de El Escorial, aunque proyectó, entre otros, edificios de tanta trascendencia como la catedral de Valladolid en 1585. Comenzó a trabajar en El Escorial en 1563 bajo la dirección de Juan Bautista, y desde 1572 dirigió la obra escurialense de modo definitivo hasta su conclusión en 1584, mostrando una visión práctica y una habilidad para combinar e interpretar ideas y pareceres variados poco comunes.

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Sus conocimientos humanistas y de ciencias ocultas, así como su admiración por Ramón Llull le llevaron a reforzar la concepción de El Escorial como templo de Salomón y también como imagen de la Iglesia. Formalmente acentuó su manierismo elevando la fachada principal y construyendo una portada sin trasfondo, encerrando un patio ante la iglesia y utilizando en ésta un lenguaje de obsesionante e intelectualizada geometría, en extremo pura y simple dentro de su difícil hermetismo.

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo II Editorial CODEX Arquitectura del Renacimiento
Maestros del Arte Editorial SALVAT Cuadernillo de Aula Abierta N°5

Biografia de Cellini Benvenuto Escultor Italiano Obras de Arte

Biografía de Cellini Benvenuto

Benvenuto o Bienvenido Cellini nació en Florencia en 1500 y murió en la misma ciudad en 1571. Fue escultor, cincelador, joyero, medallista y escritor. Su padre, que era constructor de órganos y de otros instrumentos musicales, quería que Bienvenido fuese músico, y éste, para contentar a su padre, aprendió a tocar la flauta y otros instrumentos de viento, habilidades que, más tarde, le sirvieron para formar parte de la orquesta vaticana en la corte de Clemente VII Era de temperamento violento y versátil, por lo que tuvo muchos contratiempos en su vida.

Viajó por Italia. Aprendió joyería en el obrador de Miguel Ángel Viviano y después en el de Antonio di Sandro, ambos de Florencia; después pasó a Pisa, donde trabajó con Oliverio della Chiostra y de allí a Siena y a Bolonia, colaborando con afamados maestros; pasó después a Roma, donde se estableció.

La descripción minuciosa de la azarosa vida de este gran artista ocuparía muchas páginas. Baste consignar que sus bronces cincelados, sus medallas, esculturas, encuademaciones preciosas, etc., le han dado una imperecedera fama. Algunas de sus obras merecieron juicio elogioso por parte de Miguel Ángel.

Entre sus obras notables citaremos la Ninfa de Fontainebleau, que se encuentra en el Museo del Louvre; Andrómeda, en el Museo Nacional de Florencia; el famoso crucifijo labrado en mármol blanco y negro que se halla en el Monasterio de El Escorial, y el Verseo, que lo está en la Logia dei Lanzi de Florencia.

Además de las reseñadas esculturas existen, como muestra de su arte, muchos relieves, medallas y bandejas. Fue grabador de la moneda pontificia y dejó escritas unas memorias de su vida, usando un estilo claro y ameno.

Benvenuto Cellini

Benvenuto Cellini nació en Florencia (Italia) en 1500 y falleció en la misma ciudad a la edad de 71 años. Considerado como un prototipo de un hombre del renacimiento italiano, es recordado en la historia por su talento como orfebre y grabador de joyas y monedas en esa etapa floreciente del arte. De un carácter apasionado y sanguíneo, participó en diversas disputas violentas y duelos, llevando una vida agitada , de locas aventuras,  por lo que debió exiliarse en otros lugares ya que era perseguido por sus enemigos.

Desde muy joven aprendió el oficio de orfebre, y llegó a ser alumno de Miguel Ángel por un corto plazo. Además trabajó para los papas Clemente VII y Pablo III, Francisco I de Francia y Cosme I de Medici. Francisco I lo invitó a ir a París en 1540, donde realizó los relieves en bronce de la Ninfa de Fontainebleau (Louvre, París). También creó para él un elaborado salero de oro y esmalte (1539-1543, Kunsthistorisches Museum, Viena).

salero de Francisco I - cellini

Salero de Francisco I:La única obra de orfebrería que se conserva del escultor y orfebre italiano Benvenuto Cellini es el salero (1540, Museo de Viena) que hizo para Francisco I. Las figuras representan a los dioses del Mar y de la Tierra, cuya unión produce la sal.

Fuente Consultada:
Historia Universal de la Civilización  Editorial Ramón Sopena Tomo II del Renacimiento a la Era Atómica

Biografia de Bernardo Palissy Artista Francés

Biografía de Bernardo Palissy

Bernardo Palissy. — Artista y filósofo francés. La fecha y lugar de su nacimiento son inciertos. Su natalicio debió ocurrir entre 1500 y 1510 y su muerte fue en el año 1589. Se sabe que viajó por Francia, los Países Bajos, Alemania e Italia. Trabajó como pintor de retratos y de vidrieras y ejerció, también, de agrimensor.

Pero su principal afición fue la cerámica, en la que logró adelantos notables en la ejecución, pues poseía una técnica propia, consistente en el prensado a molde por separado del objeto que había que producir y de los adornos que habían de aplicársele, y una vez conseguido el molde del conjunto, se obtenía la obra por el mismo procedimiento.

Berbardo Palissy

El filósofo naturalista francés Bernard Palissy escribió sobre la naturaleza y el estudio científico de los suelos, de las aguas subterráneas y de los fósiles.

Tanto en el esmalte blanco como en el de color consiguió notables ejemplares. Pasó grandes privaciones y disgustos familiares, pues, para mantener el fuego de sus hornos y por carencia de recursos para adquirir combustible, hubo algunas veces de quemar sus propios muebles.

Era de religión protestante y pudo li brarse de las persecuciones que sus correligionarios sufrieron en Francia, gracias a la protección que le dispensó Montmorency, que era uno de sus admiradores. Catalina de Médicis también le protegió, y él pudo instalar sus hornos en los terrenos que más tarde habían de ser ocupados por el Palacio de las Tullerías (es decir, Tejerías).

Estudió química, geología y ciencias naturales, y pronunció algunas conferencias en París sobre tales temas, en las que expuso algunas de sus ideas sobre los manantiales y aguas subterráneas, muy adelantadas para su tiempo. Sin haber cursado de joven estudios especiales, ni aun siquiera completado su educación, por su capacidad intelectual y su tesón estudioso, este hombre autodidacta, fue un ilustre pensador y educador, y un escritor de claro y conciso estilo.

Estudió los fósiles; formuló acertadas teorías sobre ellos, y fue en este particular uno de los primeros en manifestarse. Pero no cabe duda de que el empeño que obsesionó a Palissy fue el de encontrar el secreto de la fabricación de la porcelana, al que dedicó todos sus esfuerzos, sin conseguirlo.

Por sus creencias religiosas fue encarcelado en la Bastilla en 1588; ofrecióle Enrique III la libertad, si se retractaba, y habiéndose él negado a ello, fue condenado a muerte, pero falleció de muerte natural antes de que llegara el trance de la ejecución. Su edad estaba comprendida entre los 80 y 90 años.

Fuente Consultada:Historia Universal de la Civilización  Editorial Ramón Sopena Tomo II del Renacimiento a la Era Atómica

Ravena: Historia, Arte , Arquitectura y sus Mosaicos Bizantinos

Ciudad de Ravena:Historia, Arte, Arquitectura y sus Mosaicos Bizantinos

A primera vista, nada hacía suponer que la ciudad de Ravena estuviera predestinada a convertirse en uno de los grandes centros del turismo mundial.

El motivo de la atracción que Ravena ejerce sobre los visitantes no debe buscarse en calles o plazas públicas famosas, ni en distritos que sorprendan por su riqueza arquitectónica. En este sentido Ravena es más bien monótona: está sembrada de calles rectas y casas anónimas y oscuras. Pero, situada a unos 11 kilómetros del mar Adriático, es una de las más antiguas ciudades de Italia: su origen se remonta a la colonización griega.

Durante siglos, Ravena fue un centro de poca importancia, hasta que Augusto instaló una base naval en el Adriático. Sin embargo, no conocemos monumento alguno de esa época ni de los siglos siguientes. La división del imperio en un imperio de Occidente y un imperio de Oriente fue de gran importancia para esta ciudad.

En efecto, a principios del siglo V, el emperador Honorio hizo de ella la capital del imperio de Occidente. Probablemente, el emperador tomó esta decisión debido a la circunstancia de que los visigodos amenazaban gran parte de Italia, y Ravena ocupaba una excelente posición defensiva en el centro de una región pantanosa. También contaba con un puerto excelente.

Como capital del imperio de Occidente, Ravena conocería un período de esplendor. Varios emperadores residieron en ella antes de que pasara a ser la capital de los ostrogodos. Su soberano, Teodorico (456-526), contribuyó en mucho al renombre de la ciudad. En 540, ésta cayó en manos del emperador de Bizancio, que hizo de ella la capital del exarcado de Italia.

Pronto finalizaría el período fastuoso de Ravena. Tomada en 751 por Astolfo, rey de los lombardos, cinco años después fue ofrecida a la Santa Sede por Pipino el Breve, que acababa de derrotar a los lombardos. Hasta 1860 la ciudad no fue integrada al reino de Italia.

Ravena ha conservado numerosos recuerdos de la época en que era el centro de la historia. Es rica en monumentos de los siglos V y VI, y posee los más bellos mosaicos bizantinos. Los más antiguos y mejor conservados se han encontrado en la tumba de Gala Placidia, hermana del emperador Honorio.

La historia dice que Gala Placidia cayó en manos de los visigodos que habían invadido Roma al mando de Alarico.

Éste se la llevó y la obligó a seguirlo en todas sus expediciones guerreras. Al final, el soberano bárbaro la casó con su sucesor. A la muerte de éste, Gala Placidia fue a Ravena, donde se casó por segunda vez.

Como su hermano Honorio había muerto, se estableció en Roma después de haber estado un tiempo en Bizancio. Murió allí en 450 y fue enterrada en Ravena; su tumba, en forma de cruz, parece desde fuera una construcción de ladrillos de poca importancia. Sin embargo, el interior es sorprendente.

En cuanto uno se ha habituado a la semioscuridad del lugar, pues las ventanas son pequeñas y sólo dejan que se filtre una luz amarillenta, parece como si se estuviera en el centro de una piedra preciosa. Los muros desaparecen bajo el mármol hasta el arranque de las bóvedas, cubiertas de mosaicos. Es un centelleo de pequeñas piedra doradas sobre un fondo azul intenso que forma un con junto de incomparable riqueza cromática. En los brazos de la cruz constituida por el mausoleo se hallan diversos sarcófagos entre los cuales se encuentra el de Gala Placidia.

Gala Placidia

Mausoleo de Gala Placidia.

El ejemplo dado por la hermana de Honorio tuvo seguidores, y pronto Ravena se vio enriquecida con numerosos edificios adornados con mosaicos.

Así, la iglesia de Sant’Apollinare Nuovo, edificada en el año 500 por orden de Teodorico, tiene espléndidos mosaicos. El ábside, destruido durante los temblores de tierra, fue reconstruido varias veces y sus mosaicos no han sido reemplazádos.Los tonos oro, blanco y verde evocan un sistema de vida sereno y misterioso.

La basílica de San Vital es otra joya de Ravena. De forma octogonal, se empezó en 525. Está cerca del mausoleo de Gala Placidia. De colores más diversos que los del mausoleo, los mosaicos reciben también más luz, lo que les confiere un brillo que hace dudar de su edad. En efecto, nada inclina a suponer que tengan casi quince siglos, pues han conservado sorprendente viveza.

En la basílica de San Vital, el emperador Justiniano y la emperatriz Teodora están representados uno al lado del otro.

Basilica de San Vital Ravena

La iglesia de San Vital de Ravena, construida entre los años 526 y 547 d.C., está considerada como uno de los mejores ejemplos de la arquitectura bizantina. Su planta centralizada, de núcleo octogonal cupulado, está trazada siguiendo modelos de la arquitectura bizantina más antigua de Constantinopla, capital del Imperio. Los mosaicos de su interior muestran temas religiosos y profanos, entre ellos, al emperador Justiniano I y al resto de la corte bizantina.

La iglesia de Sant’Apollinare in Classe es también notable. Este acaricio de ladrillo se construyó sobre la tumba de San Apolinar y se encuentra a lo largo de la carretera que va de Ravena a Rimini. Su interior es sobrio pero impresionante. Los frescos y mosaicos figuran entre los más famosos del arte bizantino. Sin embargo, no son tan antiguos como los de la basílica de San Vital o la tumba de Gala Placidia. En efecto, se cree que se ejecutaron en el siglo IX, durante la fase final del apogeo de los mosaístas de Ravena.

La iglesia de Sant’Apollinare in Classe

La visita a Ravena sería incompleta si no se ve el mausoleo de Teodorico, sin duda el más famoso. Teodorico, fundador del remo de los ostrogodos en Italia, se había casado con Aldofleda, hermana de Clodoveo, y quiso ser enterrado en Ravena.

Su mausoleo, llamado la Rotonda, está coronado por una cúpula monolítica que pesa 50.000 kg. Dante, que murió en 1321, también está enterrado en Ravena. Descansa en una tumba que Pietro Solari terminó en 1483.

Todas estas riquezas y estos testimonios de lo pasado confieren a Ravena un clima que no se podría hallar en ningún otro sitio.

El Baptisterio Ortodoxo ofrece especial interés. Construido hacia el siglo IV, como la catedral (reconstruida en el XVIII), posee los más antiguos mosaicos de Ravena. Citemos también San Juan Evangelista, cuyos frescos del Giotto sufrieron graves daños durante la Segunda Guerra Mundial.

Ver: Mosaicos Bizantinos

Fuente Consultada:
Enciclopedia Juvenil AZETA Editorial Credsa Tomo 2 Los Mosaicos de Ravena

Italia en la Edad Media Desarrollo e Historia Gibelinos y Güelfos

Italia en la Edad Media
Desarrollo Histórico

Después de la caída del imperio romano de Occidente en 476, los pueblos germánicos se disputaron la península italiana. A continuación, los emperadores de Bizancio dominaron el sur, y los lombardos fundaron un reino en el norte. Italia no tardó en ser dividida en una serie de pequeños Estados, y los conflictos que surgieron entre el papado y el imperio agravaron esta desintegración. Repúblicas independientes fueron escenario de las luchas entre güelfos y gibelinos

En el siglo V de nuestra era, Italia fue invadida por tribus germánicas. La península cayó en manos de hérulos, visigodos y vándalos. En 476 esta invasión provocó la caída del imperio romano de Occidente, y Odoacro se proclamó «rey de los germanos» en Italia. Sin embargo, no era un «reino» bien organizado.

Además, en 481, Teodorico apareció en el escenario político al frente de los ostrogodos. Éstos cercaron Ravena, donde vivía Odoacro, y sitiaron la ciudad. En 493 Ravena cayó en manos de Teodorico. Era el fin del imperio de los hérulos.

Teodorico había prometido a Odoacro que le salvaría la vida, pero esto no impidió que fuese asesinado durante un festín. Entonces Teodorido extendió su hegemonía a toda Italia, incluida Sicilia, pero siguió viviendo preferentemente en Ravena, Pavía y Verona.

El reino de los ostrogodos no sobrevivió a la muerte de Teodorico: Justiniano, emperador de Bizancio, conquistó la mayor parte del país e hizo de él un exarcadoo provincia. Siracusa, en Sicilia, fue su capital. La influencia de Bizancio se dejó sentir de modo especial en Calabria.

Durante el reinado de Justiniano, los lombardos, pueblo de origen germánico, invadieron la península y a partir de 568 se hicieron dueños de casi toda Italia. Los bizantinos sólo conservaron algunos pueblos costeros y unas cuantas ciudades del interior. En el sur su influencia no disminuyó en absoluto. En el norte, el reino de Lombardía formaba un territorio bien delimitado, mientras que la parte central de la península italiana estaba en manos del papa y constituía una zona más o menos autónoma.

La expansión de este nuevo poder fue motivo de rivalidad y de guerra entre los reyes lombardos y los carolingios. Pipino el Breve ya había emprendido una victoriosa expedición a Italia. Después de él, Carlomagno entró triunfalmente en el norte de la península y se hizo coronar rey de los lombardos en Pavía, donde ciñó la corona de hierro de Monza. Sin embargo, no pudo conquistar la parte meridional de Italia.

guelfos y gibelinos

Detalle de los frescos que representan la batalla de Campaldino (11 de junio de 1289) entre güelfos y gibelinos.

En vez de restituir a Bizancio los territorios de que habían despojado a los lombardos, los francos se los entregaron al papa, quien, en el año 800, proclamó a Carlomagno emperador y protector del poder pontificio.

Después del reparto del imperio carolingio en 843, el norte de Italia, Borgoña y las regiones del Mosela y el Rin volvieron a pertenecer a Lotaringia. Este reino se desmoronó rápidamente y nacieron diversos pequeños Estados independientes. Entretanto, los sarracenos no tardaron en imponerse en el sur.

Los condes y duques carolingios rivalizaron en intentar que Roma reconociera su poder, e incluso a algunos les fue conferido el título de emperador, pero nunca llegaron a reinar sobre un territorio digno de ser llamado imperio. Consecuentemente, no se puede hablar de un verdadero reino de Italia, por cuanto en la parte carolingia de la península, donde este título estaba desprestigiado, abundaban los pequeños reinos.

En 962, Italia cayó en manos de Otón I, llamado el Grande, rey de Germania. No contento con haber sido coronado emperador por el papa Juan XII, se atribuyó el título de rey de Italia. Título honorífico, ciertamente, pues desde el momento en que empezó a decrecer el poder de los emperadores «romanogermánicos», el control de Italia ya no correspondió a estos soberanos.

Las ciudades lombardas, que se desarrollaban a un ritmo más rápido que las de Alemania, se transformaron rápidamente en pequeñas repúblicas independientes, mientras que los vasallos se comportaban también como soberanos. En el sur, durante los siglos X y XI, los normandos expulsaron a los sarracenos y fundaron numerosos pequeños Estados separados que se reunieron en un reino: el de Nápoles. Mientras tanto, en el norte, los condes de Verona y los marqueses de Friul y Toscana se habían hecho muy poderosos.

Cuando, en el siglo XI, el emperador quiso oponerse al papa,estalló con toda su violencia la querella de las investiduras». Esta larga pugna de influencia minó la autoridad del emperador en Italia, a pesar de que Enrique VI logró controlar toda la península italiana gracias a su matrimonio con Constanza, hija de Guillermo el Bueno, rey de Napóles y Sicilia. Su obra no le sobrevivió.

En varias ciudades de Italia estalló una lucha entre gibelinos y güelfos. Los primeros, de tendencia aristocrática, eran los defensores del emperador. Los segundos, de tendencia democrática, militaban en favor del naciona-lismo italiano y del papa. Por otra parte, el poder papal creció considerablemente con Alejandro III e Inocencio III. En cuanto a las ciudades lombardas, habían adquirido total autonomía.

Güelfos y gibelinos, nombre de dos facciones políticas del norte y centro de Italia desde el siglo XII hasta el siglo XV. Estas facciones surgieron a principios del siglo XII en Germania y apoyaron a los pretendientes al trono del Sacro Imperio Romano Germánico correspondientes a dos casas nobiliarias: los Welf, duques de Sajonia y Baviera, y los Hohenstaufen, duques de Suabia. A principios del siglo XIII, cuando Otón de Brunswick, miembro de los Welf, estuvo involucrado en una contienda por la corona imperial con Federico II de Hohenstaufen, el conflicto entre los bandos germanos se trasladó a Italia.

El emperador Federico II, que había fundado un Estado notablemente organizado, se sirvió del juego de las alianzas para ejercer en Italia influencia cada vez mayor. Pero a su muerte nadie pudo seguir sus pasos.

En el centro del país, el papa reinaba como un verdadero monarca. Toscana y Lombardía fueron divididas en repúblicas: las de Florencia, Siena, Pisa, Milán y Mantua. Al nordeste se formó Venecia, que con sus 200.000 habitantes se convertiría en una de las ciudades más importantes de Europa. Todos estos Estados y ciudades gozaron de total independencia, y durante los siglos XIVy XV fueron prósperos centros comerciales.

Hacia el siglo XV, sosegadas las luchas que enfrentaban a las pequeñas fracciones, la prosperidad llevó el bienestar a la mayoría de ciudadanos y sólo los mercenarios intervenían en las guerras. Inicióse entonces un período de esplendor al que se le daría el nombre de Renacimiento.

Esta riqueza y la corriente de civilización que resultó de ella provocaron la envidia de toda Europa. A finales del siglo XV y principios del XVI los Habsburgo, los reyes de Francia y los de España, que tenían posesiones en Italia, se esforzaron en asegurar su hegemonía en la península.

 

Fuente Consultada:
La Enciclopedia del Estudiante La Nación (Santillana) y Wikipedia
Enciclopedia Juvenil AZETA Editorial Credsa Tomo 2 El Mármol de Carrara

Mármol de Carrara Utilizado Por Miguel Angel en el Moisés y David

El Mármol de Carrara Utilizado Por Miguel Ángel en el David y Moisés

La región septentrional de Italia es la más floreciente del país, contrariamente a lo que ocurre con el centro y sur de la península.

Sus canteras de mármol gozan de reputación mundial, sobre todo las de la región de Carrara, al norte de Italia. Esta ciudad se encuentra a 80 m. por encima del nivel del mar, pero las canteras —que son alrededor de quinientas— se hallan situadas entre los 1000 y 1500 m. de altitud.

El mármol es una piedra caliza de grano fino, de excepcional dureza. Su cristalización se debe a un fenómeno de metamorfismo. El mármol es, por tanto, una piedra caliza que ha perdido su forma original a causa del calor y de las presiones a las cuales ha sido sometida. La luz penetra en el mármol hasta 2 ó 3 cm. de profundidad y es entonces reflejada, lo que da cierta vida a las estatuas esculpidas en esta materia.

El mármol más extendido es el blanco, pero existen muchas variedades coloreadas por óxidos metálicos o por materias orgánicas. Así, hay mármoles amarillos, rojos, negros, verdes o veteados.

La explotación del mMiguel Ángelármol debe practicarse con precaución para evitar que la piedra se resquebraje. La invención del hilo helicoidal por el ingeniero belga Paulin Gay ha sido de capital importancia para la explotación económica de las canteras.

El aparato de Paulin Gay se compone de un cable continuo obtenido mediante la torsión en hélice de tres hilos de acero. Cuatro poleas guían el hilo helicoidal, cuyo frotamiento, facilitado por arena húmeda, corta los bloques.

Algunas canteras de los alrededores de Carrara fueron explotadas ya en tiempo de los etruscos. También los romanos extrajeron las piedras necesarias para construir, entre otros edificios, el Panteón de Roma y algunas partes de las termas de Pompeyo.

Después de la caída del imperio romano de Occidente cesó la explotación. Sin embargo, a partir del siglo XII la demanda de mármol fue cada vez mayor, y no tardó en ser la piedra preferida para los escultores.

Miguel Ángel estuvo en Carrara en varias ocasiones. Cuando, por su trabajo, se hallaba en cualquier otro lugar, alguno de sus discípulos, como Piero Urbano di Pistoia, vigilaba los primeros trabajos a que eran sometidos los bloques, así como su transporte.

escultura de miguel angel Moises

La imponente figura de Miguel Ángel, que fue a la vez escultor, pintor, poeta y arquitecto, domina el período del Renacimiento artístico en Roma y Florencia.

Michelangelo Buonarroti había nacido en Caprese en 1475 y empezó la carrera de escultor en Florencia. A la caída de los Médicis en 1496, emigró a Venecia y después a Bolonia. Nuevamente en Florencia en 1501, esculpió un enorme David de mármol, así como las estatuas de los doce apóstoles. En 1505, el papa Julio II lo llamó a Roma para confiarle la ejecución de su tumba, obra que no llegó a terminarse, pero de la que subsisten un colosal Moisés y dos esclavos.

Un contemporáneo de Miguel Ángel, Giorgio Vasari, que fue además su discípulo y se distinguió como pintor, arquitecto y escritor, nos ha dejado un interesante documento sobre la ejecución del famoso Moisés: «Era tanta la fama de Miguel Ángel,   especialmente  gracias   al colosal David de Florencia, que a la edad de veintinueve años fue llamado para ejecutar la tumba del papa Julio II, que había sucedido a Alejandro VI.

David de Miguel Angel

Decidió dar el testimonio supremo de su genio, superando cualquier sepultura antigua o real en belleza, grandeza, riqueza y número de estatuas. El papa se entusiasmó ante este proyecto y decidió reconstruir totalmente la basílica de San Pedro de Roma para instalar en ella su tumba.

»Miguel Ángel empezó a trabajar febrilmente. En primer lugar, para extraer el mármol necesario, se dirigió a Carrara con dos aprendices suyos. Volvió a Florencia, donde cobró mil escudos. Se quedó ocho meses en las montañas de Carrara y luego, cuando hubo escogido los mármoles que necesitaba, los hizo transportar por mar a Roma, donde llenó con ellos lamitad de la plaza de San Pedro. Instaló en la plaza su taller y para que el papa pudiera ir fácilmente a ver cómo trabajaba, se habilitó un pasaje desde el castillo de Sant’Angelo a la plaza.

»Pero, de toda la obra proyectada, Miguel Ángel sólo ejecutó cuatro estatuas, que terminó totalmente, y ocho bosquejos.

»El Moisés, una de esas obras terminadas, tiene cinco brazas de altura. Ninguna obra, ni moderna ni antigua, podrá igualarlo en belleza».

Entre 1508 y 1512, Miguel Ángel decoró el techo de la Capilla Sixtina. El inmenso fresco —nueve escenas que ilustran el Génesis, sostenidas por doce figuras de profetas y sibilas— constituye la expresión más completa del genio del artista.

En” 1515, Miguel Ángel volvió a Florencia para ejecutar la capilla funeraria de los Médicis, que tampoco se terminó, y para la cual esculpió las famosas estatuas alegóricas que representan la Aurora, el Crepúsculo, el Día y la Noche.

En 1534, Miguel Ángel se trasladó definitivamente a Roma. Escribió poemas y, entre 1536 y 1541, pintó el famoso Juicio final para la Capilla Sixtina. En esta obra de visionario logró expresar todo el terror de los condenados.

A partir de 1546, Miguel Ángel se dedicó a la arquitectura. Así volvió a dibujar y construyó hasta el tambor la inmensa cúpula de la basílica de San Pedro. También trazó los planos de la plaza del Capitolio. Sus tres últimas estatuas fueron tres Pietá.

Miguel Ángel, genio desmesurado y atormentado, ejercería profunda influencia en el arte.

Fuente Consultada:
La Enciclopedia del Estudiante La Nación (Santillana) y Wikipedia
Enciclopedia Juvenil AZETA Editorial Credsa Tomo 2 El Mármol de Carrara

Biografía de Monet Claude Pintor Impresionista Vida y Obra

Vida y Obra de Monet Claude Pintor Impresionista

Un frío día del otoño de 1840 nacía en París el segundo hijo de Adolphe y Louise-Justine Monet. Un día, el 14 de noviembre, que pasaría a la historia: Claude Oscar,  sería considerado el padre de un estilo artístico que legó algunos de los cuadros más bellos de la historia: el impresionismo. Parisino, sí, pero educado en la ciudad portuaria de Le Havre, adonde su familia se trasladó cuando Claude tenía 5 años. Allí, a la orilla del mar, se impregnaría del paisaje marino, de la brumosa luz del norte que tanta influencia tendrá sobre su obra.

Claude Oscar Monet  (1840-1926), pintor impresionista francés que llevó a su máxima expresión el estudio de los estados transitorios de la luz natural y se convirtió  más tarde en uno de los líderes del movimiento “Impresionista”

Nació en París el 14 de noviembre de 1840, su familia se trasladó a Le Havre en 1845 y creció sintiendo un gran amor por el mar y su ambiente. Esta fascinación quedó demostrada en muchos de los paisajes marinos que” pintó durante su vida.

Estudió dibujo en su adolescencia y pintó marinas al aire libre con Eugène Louis Boudin. Qunice años tenía este joven y ya era conocido como caricaturista en Le Havre. Allí le hacían encargos por los que recibía 20 francos.

Hacia 1859 había decidido firmemente comenzar su carrera de artista y para ello pasaba largas temporadas en París, en donde solicitó una beca de estudios en la Escuela de Bellas Artes de París. A los 18 años, sin saber que su solicitud de beca había sido rechazada, el joven ya era habitué en el ambierte artístico parisino, donde conoció a quien sería su gran amigo: el periodista y político Georges Clemenceau.

En 1861 fue llamado a realizar el servicio militar y asignado al cuerpo de caballería en Argelia, de donde regresó antes de tiempo, enfermo de fiebre tifoidea. Aunque breve, la experiencia africana fue importante: “Las impresiones de color que recibí allí —dirá luego— no iba a asimilarlas hasta más tarde, pero el germen de mi búsqueda ya existía”.

Nuevamente en París, Monet ingresó en el atelier de Charles Gleyre, donde conoció a Pierre-Auguste Renoir, Frédéric Bazille y Alfred Sisley Éstos fueron tiempos de gran apremio económico para el artista, pues su padre redujo y luego suprimió el apoyo.

Claude Oscar Monet Pintor Impresionista

MONET CLAUDE OSCAR(1840-1926)- Claude Monet, quien fue más tarde uno de los líderes del movimiento “Impresionista”, nació en París el 14 de Noviembre de 1840. En 1859 Monet visitó París, donde trabajó en la Academia Suiza. Allí conoció a Camille Pissarro y se unió a la nueva ola de artistas que trataban de liberarse de las actitudes tradicionales en la pintura.En la década de 1860 se le asoció con el pintor pre-impresionista Édouard Manet y con otros pintores franceses que más tarde formarían la escuela impresionista: Camille Pissarro, Pierre Auguste Renoir y Alfred Sisley.

Después, en 1863, estuvo una vez más en París donde conoció a Renoir, Sisley, Cezanne, Whistler y Manet. En 1870, visitó Inglaterra donde hizo estudios más amplios de la luz al aire libre. Por esta época tenía una esposa y un hijo y su talento había sido reconocido, aunque en 1874, en la primera gran exhibición “Impresionista” de París, su obra fue atacada.

Fue uno de sus cuadros, llamado Impresión, que le dio a la Prensa una denominación convenientemente despreciativa para todo el movimiento. Más adelante Monet pintó una serie de impresiones del valle de río Sena, por las cuales es famoso, y continuó con la idea de estudiar un objeto particular bajo diferentes luces y ángulos.

Entre estas series están las de Los Álamos, Mañanas en el Sena y La Catedral de Rouen. Su interés en el arte Japonés le condujo a diseñar su propio jardín de aguas en Giverny, con un puente japonés. Este jardín fue el motivo de su trabajo en sus últimos años, y pese a su deficiente visión continuó haciendo estudios con él hasta su muerte, ocurrida el 5 de Diciembre de 1926.

CRONOLOGÍA POR ETAPAS DE SU VIDA:

1840-1858: Aunque nace en París, pasa su infancia en Le Havre. Allí destaca como caricaturista, y en el medio artístico de la ciudad conoce a Boudin, un paisajista que será su primer mentor.

1841-1843 Se populariza el uso de pintura al óleo envasada en tubos de estaño, lo que revoluciona las técnicas pictóricas y favorece a los paisajistas que trabajan al aire libre.

1858-1870: París: Decidido a hacer carrera como actor, se traslada a París donde, en la academia Suisse, coincide con los pintores que integrarán el movimiento impresionista. Conoce los primeros éxitos como pintor en los Salones de 1865 y 1866.

1870 Monet se casa con Camille La guerra franco-prusiana les obliga a refugiarse en Londres.

1871-1878: Argenteuil. Instalado en Argenteuil, se convierte en elgran aglutinador de los impresionistas, quienes realizan su primera exposición en 1874. Tiene su primer hijo con Camille Doncieux. Conoce a Alice Hoscliedé.

1874 Inauguración de la Opera Garnier, uno de los edificios más destacados del Plan Haussmann, que moderniza París poniendo fin a su trazado medieval.

1879-1880: Nace su segundo hijo y, poco después, muere su primera esposa. Monet vive con sus doshijos. Alice Hoschedé y los seis hijos de ésta. Su situación económica es, como siempre, apurada, pero sigue trabajando con absoluta pasión y la crítica empieza a reconocerle como el representante más destacado del movimiento impresionista.

1881-1882: Poissy: Esta población no le inspira tanto como lo hicieran sus residencias anteriores. Realiza numerosas expediciones de pintura para inmortalizar los paisajes de Dieppe.Varengeville, Pourvilleylos acantilados de la isla de Saint-Martín, además de sus cuadros de l’Etretat.

1882 El médico alemán Robert Koch descubre el bacilo de la tuberculosis. Al año siguiente descubriría el del cólera.

1883-1891: En Giverny establecerá su hogar definitivo, dando rienda suelta a sus dos pasiones: la pintura y la horticultura. El reconocimiento artístico viene acompañado de la bonanza económica.

1892-1898: Ruán: La década de los años noventa inaugura una nueva etapa dentro de su pintura, que da paso a las series. De éstas, una de las más famosas es la que dedica a la catedral de Ruán, que le consagra como pintor ante las nuevasgeneraciones.

1892 La muerte el año anterior de Ernest Hoschedé facilita que Monet y Alice regularicen su situación el 16 de julio.

1899-1926: Jardín de Agua.En sus últimos años trabaja con ahínco en la serie de las Ninfeas, que donará al Estado francés en 1922 ante la Insistencia de Clemenceau.

Monet participó en la revolución de la pintura de paisaje, practicada en lo sucesivo al aire libre mediante una ejecución rápida y en contacto directo con la naturaleza para preservar la espontaneidad del gesto, la fidelidad al motivo y la autenticidad de las impresiones transcriptas sobre el lienzo. Sus obras encuadradas, si no compuestas, y a menudo retocadas en el taller, no dejaban de expresar fenómenos atmosféricos transitorios y evanescentes. En efecto, además de los temas tomados de la vida moderna (cafés, diversiones, trenes), Monet se dedicó principalmente a pintar las aguas (mar y ríos), la nieve, el cielo y el aire, “lo que se encuentra entre el motivo y yo”, a saber, el efecto producido por la luz y la atmósfera.

SOBRE EL MOVIMIENTO IMPRESIONISTA:

Durante el último cuarto del sigloXIX, el realismo de Courbet, después de vivificar todos los géneros sobrevivió renovándose con la denominación muy acertada de “impresionismo”. El realista quería captar la realidad, el impresionista se conforma con anotar la impresión que recibe.

Atento a la apariencia, naturalmente tendía a considerar ante todo la luz, que es el elemento primordial en este dominio. El objeto   solo   es   una   pantalla  que   recibe   diversas luces; su color interesa menos que el de los rayos.

Los “impresionistas”, que salieron del taller donde Courbet pintaba aún objetos sólidos modelados por luces directas y sombras negras, captaron al  aire libre el cambiante desorden de los rayos solares, los múltiples reflejos que se mezclan, e incluso las “impresiones” de deslumbramiento y de irisación, todas las fantasías del dominio óptico que dependen tanto de las reacciones imprevisibles de nuestro órgano visual como de una realidad objetiva. Esa búsqueda de efectos, hasta entonces dejados de lado por considerarse que ocultaban la verdad de las cosas, ha llevado a  una  transformación  fundamental  de  la técnica de la pintura.

El arte pictórico eliminó deliberadamente lo esencial  de  lo  que  constituía  su ley desde el Renacimiento: el color local, la pincelada subordinada al modelado, la continuidad de los tonos y su sumisión al dibujo, el sacrificio de la forma   escultórica   al   juego   de   la  policromía.   Eí beneficio de esta conmoción fue la revelación de una naturaleza mucho más colorida, más tornasolada que ese universo usual que ha perdido la frescura debido a hábitos seculares.

Claude Monet nos ha mostrado que las viejas piedras de una catedral desgastada por el tiempo brillan bajo la luz como un torrente de pedrerías. El impresionismo renovó también nuestra visión de las actitudes de la vida. Degas no dejó de revelar aspectos de humanidad en los cuales no habían reparado las miradas. Es indiscutible que estos descubrimientos, amargos o divertidos y a veces indiscretos, han enriquecido nuestros juicios con matices irónicos.

obra de monet Impresion sol naciente

Impresión, Sol Naciente, una de las obras mas famosas de Monet

Cuadro mítico  del movimiento, quizás el más popular de la historia de la pintura: en 1874, Impresión, sol naciente hace su entrada en la historia. El público lo descubre en la primera exposición colectiva del Grupo de Batignolles. Existe constancia de la reacción que provocó en la prensa de la época. Leroy, de Le Charivari, titula su artículo «La Exposición de los impresionistas», y elige este lienzo como blanco preferido.

Para él «el papel pintado en estado embrionario estarnas acabado que esta marina». Por el contrario, Philippe Burty da las gracias a Monet «por captar impresiones tan fugaces». Armand Silvestre, otro amigo de los pintores, se aproxima a la visión de Monet, Pissarro y Sisley para explicar: «Sólo persigue un efecto de impresión, la búsqueda de la expresión se la deja a los apasionados de la línea.» Se comenta además la similitud de este lienzo con una acuarela.

En la actualidad se comprenden con más precisión las intenciones de este cuadro que el artista ejecuta en el hotel de l’Amirauté en Le Havre. El lienzo plasma el instante más fugitivo, cuando el sol emerge de la bruma.

El lienzo restituye exactamente el sentimiento de lo efímero ligado a una hora incierta de la mañana en que los humos contaminan el color de las nubes, y los mástiles se tifien con los colores del agua.

ALGUNOS PASAJES DE SU VIDA:

Con 26 años, luego de pintar otra de su grandes obras, llamada “Mujeres en el Jardín“, regresa a Honfleur y durante el invierno 1866-1867 crea sus primeros paisajes nevados con diferentes versiones de La carretera de la granja Saint-Simeón.

Obra de Monet Mujeres en el Jardín

En primavera, llega una decepción: el Salón rechaza sus obras, ya que el jurado considera su técnica demasiado brutal. Monet se dedica entonces, como Renoir, a pintar vistas de París, temas que deberían de venderse en aquel año de exposición universal.

Al mismo tiempo, viaja a menudo entre la capital, donde Camille está esperando un hijo, y Sainte-Adresse, donde su familia, que no quiere ni oír hablar de su relación sentimental, le brinda apoyo económico. «Tengo una veintena de lienzos que progresan a buen ritmo, unas marinas impresionantes, figuras, jardines, en fin, de todo», dice a Bazille el 25 de julio de 1867. Precisamente, Bazille será el padrino de su primer hijo, Jean, que nace el 8 de agosto; la madrina es la compañera de Pissarro.

El cuadro Barcos zarpando de los muelles de Le Havre destaca en el Salón de 1868, donde es admitido gracias al apoyo de Daubigny Zola subraya la modernidad y la originalidad del pintor en un artículo premonitorio: «No me preocupo por él; domará a las multitudes en cuanto se lo proponga.» Poco después, Monet pasa algún tiempo en una aldea a orillas del Sena, Glotón.

Obra de Monet Barcos Zarpando del Muelle de Havre

Barcos zarpando de los muelles de Le Havre fue comprado en la Exposición  Marítima Internacional por un familiar de Saint-Simeón, Louis-Joachim Gaudibert, yerno de un rico notario de Le Havre. Este primer mecenas del pintor le encarga unos cuantos retratos -Monet hace uno, magistral, de su mujer: La señora Gaudibert y le asigna una renta que le permite instalarse con Camille y Jean en Étretat.

Aquí pinta uno de los cuadros que anuncian mejor la inminente evolución de su estilo: Bennecourt, nombre de la aldea que se ve en la orilla opuesta del río, en la cual Daubigny atraca a menudo su barcaza taller, acompañado de Coroty Guillemet.

Viaje por Francia: Monet se instaló primero en lle-de-France (Bougival, Argenteuil, Vétheuil, Poissy), y luego en Giverny; también residió frecuentemente en el extranjero (Gran Bretaña, Países Bajos e Italia) y recorrió Francia de Norte a Sur, pintando el campo (serie de Almiareó, el valle de la Creuse), los puertos (Le Havre y Honfleur), la costa en Normandía (Etretat y Varengeville), en Bretaña (Belle-lle), en el Sur (Antibes) y, por último, los lugares destacados (la catedral de Rúan).

Siempre en busca de las transformaciones de un lugar por la luminosidad, las estaciones y el paso del tiempo, esbozó de este modo en su obra una imagen caleidoscópica del paisaje francés, y terminó incluso por encarnar la pintura francesa a los ojos de los extranjeros, en particular de los estadounidenses, que pronto se convirtieron en apasionados coleccionistas de sus telas asegurándole, así, renombre internacional.

Atento al paisaje: A lo largo de su vida, Monet visitó muchos pequeños poblados, fascinado por los paisajes y las vistas que capturaba para sus cuadros. De los pueblos portuarios tomó la esencia de los movimientos del agua, y de los rurales, las imágenes cotidianas del campo. Su residencia final, a la que dedicó años de cuidado y estudio, fue fijada en Giverny. En la primavera, numerosos turistas la visitan para apreciar las flores del estanque, aquellas que Monet Inmortalizó.

Ver Mapa Arriba: Los Caminos del Artista

6:Londres (1870 y 1888): Claude Monet y su mujer Camilie buscaron asilo en la capital británica durante la guerra franco-prusiana.

5-Étretat(1868): Gracias a una renta que recibe de su mecenas Gaudibert, Monet se instala junto a Camilie y su pequeño hijo Jean en este pequeño poblado de playas y acantilados.

1-París: En esta ciudad, donde nació y vivió durante largos períodos, Monet conoció la gloria como pintor en las exposiciones impresionistas.

9-Giverny (1883-1926): En esta pequeña comunidad rural, Monet estableció su residencia definitiva. Allí construyó su célebre jardín y vivió hasta su muerte, en 1926.

7-Argenteuil (1871-1878): En esta ciudad, situada a orillas del Sena y a pocos kilómetros de París, Monet realiza algunas de sus obras más características.

2-Le Havre (1845-1857): En esta ciudad portuaria pasó su infancia e ingresó en el medio artístico como caricaturista.

4-Honfleur (1863-1865): Esta pequeña ciudad fue retratada más de una vez por Monet, quién se mostró muy interesado por las vistas del puerto en la desembocadura del Sena.

8-Ruán (1892-1894): En esos años visita tres veces la capital de la Alta Normandía, donde se consagra a estudiar su catedral; así comienza una nueva etapa en su pintura, que tendrá gran aceptación en los ambientes artísticos parisinos.

1-Argelia (1861-1862): Se dirige a esta colonia francesa para realizar el servicio militar, y regresa antes de tiempo a causa de la fiebre tifoidea.

Con 31 años,  ya instalado en Argenteuil en 1871,Monet hizo de su casa un centro artístico de gran vitalidad. Allí perfeccionó su estudio de la relación entre la luz y las aguas, y comenzó a trabajar a bordo de su pequeño barco-taller, con el que se acercaba a las aguas del Sena para obtener vistas tan novedosas como originales.

Por esa época, Monet participó en la constitución de una sociedad de pintores, escultores y grabadores que se pronunciaron en contra de los dictámenes de los Salones y decidieron organizar una exposición independiente. Fue allí donde su famoso cuadro: Impresión, sol naciente, pasaría a la historia del arte por haber dado nombre a uno de los movimientos más importantes de la pintura occidental.

obra de monet

Almuerzo Campestre
Claude Monet, 1865-1866 (Fragmento central de la composición) Oleo sobre tela, 192 x 217 cm Colección particular Del motivo al taller. En esta obra, fragmento central de una composición inconclusa, el artista unió sesiones de pose al aire libre con el trabajo de composición y de ampliación en el taller. El espacio y la atmósfera resultaron de los efectos de luminosidad en el follaje, en los vestidos y en el mantel blanco que acompasaron la composición. La vida familiar. Monet pintó aquí un homenaje y, a la vez, un reto a Manet, y se orientó hacia la representación de la vida moderna: imagen de las distracciones, decorado natural, vestimenta contemporánea y simplicidad de la escena (actitudes y accesorios).

RSGATAS EN ARGENTEUIL Claude Monet, hacia 1872
Oleo sobre tela, 48 x 75 cm Museo de Órsay, París
Una precisión topográfica. Este boceto, realizado sin duda enteramente en el lugar, revela la atenta observación del artista, al Igual que las variaciones de intensidad y de cualidad luminosas según las zonas y la naturaleza de los objetos. La realidad y su reflejo, a través de una composición en espejo, coexisten en el plano del lienzo, fundidos en una misma gama cromática (azul-blanco, verde-rojo). La pincelada fragmentada disolvió con sus espaciamientos el contorno de los objetos.

Autorretrato

Alamos a orillas del Epte
Claude Monet, 1891
Oleo sobre tela, 80 x 92 cm Colección particular
El sentido del espacio. Monet
construyó un espacio cadencioso y ágil mediante un juego de líneas (verticales y curvas) donde los planos se escalonan y donde la mirada se pierde en el encogimiento de los árboles y sus límites confusos.
El trabajo en serie. Este lienzo pintado probablemente desde una embarcación, pertenece a una serie de veinticuatro variaciones sobre el tema de los árboles, de sus reflejos en el agua y de la transparencia del aire.

NENUFARES AZULES
Claude Monet, 1916
Oleo sobre tela, 200 x 200 cm Museo de Orsay, París
Inmersión en el color. Monet desplegó un conjunto de contrastes cromáticos: colores fríos interrumpidos por destellos de blanco, rosado y amarillo. La luz brota de la sombra con gran intensidad. Las pinceladas libres y largas se amoldan a las formas y tejen a superficie. Sin un horizonte, a mirada se pierde en la extensión del estanque de nenúfares que Monet creó en Giverny: un jardín que el pintor diseñó inspirado en el paisajismo japonés. El espacio autónomo en lo sucesivo, se concreta con trazos verticales y horizontales, y con juegos cromáticos que sugieren efectos de superficie y de profundidad.

Fuentes Consultadas:
Historia Visual del Arte Edit. Larousse La Nación Entrada: Impresionismo-Monet
Grandes Pinturas de la Historia Cuadernillo “Mujeres en el Jardín” MONET Editorial Clarín
Grandes Maestros de la Pintura MONET  Editorial SOL S.R.L.
Historia de la Pintura Louis Houticq Editorial Universitaria de Buenos Aires
Pintores Célebres Biblioteca Fundamental Editorial Ariel Entrada: Monet Claude Oscar

Vision Medieval del Universo Las Esferas Celestes y el Hombre

Cosmología Medieval del Universo
Las Esferas Celestes

Tenemos en nuestra mano una bola de marfil labrado. Es obra de un artesano chino y tiene taladrado un diseño por el que podemos ver en su interior otra bola más pequeña y dentro de ésta, otra. Hay diez bolas en total y sólo la menor es sólida. Estamos sosteniendo lo que un hombre medieval consideraría como la verdadera representación del Universo; nuestra mano simboliza  el poder de  Dios.

10 bolas de marfil representan el universo medieval

La idea básica de esta concepción del Universo era ya muy antigua hace mil años. Parte de los escritos de Aristóteles, ampliados y extendidos por Ptolomeo, un griego del siglo II de la era cristiana. Los detalles ulteriores se tomaron de otros pensadores a través de los siglos, especialmente por lo que se refiere a las propiedades e influencias de los diversos planetas.

La característica de nuestro mundo que más había atraído al brillante intelecto especulativo de Aristóteles era su constante cambio, frente a la aparente inmutabilidad del resto del Universo. Al carecer de telescopio o cámara fotográfica para ayudarse en sus observaciones, las estrellas le parecían eternas e inalterables. Por ello, consideró que el Universo estaba dividido en dos partes: naturaleza (fisis) y cielo (uranos).

El primero terminaba antes de empezar el segundo, en la órbita de la Luna, donde el aire de la naturaleza dejaba paso a una atmósfera más pura e inalterable a la que llamó éter.

Edad Media Venus

Venus era un planeta afortunado que ejercía una influencia beneficiosa sobre la Tierra. En su pabellón, el poeta inglés Chaucer vio «instrumentos de cuerda y cantos, fiestas y danzas … y toda la circunstancia del amor».

Los cuatro elementos
¿De qué se creó el mundo en un principio ? La respuesta es los cuatro Contrarios: caliente, frío, mojado y seco. Toda vida y toda materia procede de diversas formas de equilibrio o desequilibrio entre éstos, pues para el pensador medieval toda materia tiende hacia el lugar que le corresponde y donde podría estar en reposo.

Ello quedó claramente expresado por Macrobio, filósofo que vivió a principios del siglo V. Los Contrarios —decía— se combinan para formar cuatro elementos, que constituyen la materia. Lo caliente y lo seco se unieron para formar el fuego; lo caliente y lo mojado constituyen el aire; lo frío y lo seco, la tierra; lo frío y lo mojado, el agua.

Mientras pudieron moverse libremente, la gravedad, o pesadez, de la tierra y el agua les hicieron buscar el centro de la Tierra, mientras que la levedad, o ligereza, del fuego y el aire, los elevaron.

El elemento más ligero, el fuego puro (y, por tanto, invisible), formó una esfera por debajo de la órbita de la Luna y es a ella a la que las llamas, que eran impuras (y, por tanto, visibles), aspiraban al elevarse. El aire, que tenía un cierto grado de peso, estaba debajo y el agua, que es lo suficientemente gruesa como para poder tocarse, más abajo todavía, mientras que los restos más pesados de la materia creada se hundían en el punto más bajo de todos, unidos al frío eterno, para formar la Tierra.

La Tierra, que el hombre medieval culto sabía que era redonda, constituía el punto más bajo de todo el Universo. Estaba colocada en el centro sólo para que los demás cuerpos celestes tuvieran un punto alrededor del cual girar.

Éstos eran las esferas, sin peso, huecas, transparentes y lo suficientemente fuertes como para soportar el peso de un planeta, que estaba fijado a cada una de ellas. El cuerpo más cercano a la Tierra era la Luna; más allá, por orden de distancia creciente, Mercurio, Venus, el Sol, Marte, Júpiter y Saturno.

La octava esfera era la de las «estrellas fijas», siempre en la misma posición con relación a los planetas, llamada stellatum. Más allá estaba la Esfera Cristalina y a continuación el Primum Mobile o Primer Móvil, una esfera que no contenía ningún planeta y que, por tanto, no podía ser trazada por el ojo humano. Se creía que era la responsable del movimiento de las otras esferas.

Para el poeta italiano Dante y toda la cristiandad medieval, más allá del Primer Móvil brillaba el Empíreo, «ese Cielo que es pura luz, luz intelectual, lleno de amor», la morada de Dios, el Primer Motor y la única Existencia verdadera.

Por tanto, el poder de Dios causaba la rotación del Primer Móvil, que giraba de este a oeste, completando su órbita cada veinticuatro horas. Sin embargo, las esferas más bajas estaban ligadas al «gran año», una revolución de oeste a este que tardaría 36.000 años en completarse. De hecho, su movimiento real era hacia el oeste, al ser empujadas hacia atrás en el camino que trataban de tomar por impulso del Primer Móvil, que las atraía.

Se sabía que la Tierra es pequeña e insignificante entre los cuerpos creados. El Universo era enorme, pero podía ser comprendido; dentro de él, el hombre era lo más bajo, pero conocía sus límites.

Edad Media, la alquimia

El intento de convertir los metales inferiores en oro era una importante ocupación medieval. Estos alquimistas contemplan el resultado   de  su  fracaso.

Las predicciones astrológicas
Estas esferas afectaban en gran medida a los habitantes de la Tierra. Gobernaban las plantas y los minerales, los temperamentos y los sucesos históricos a través de las influencias que transmitían, que la «ciencia» de la astrología se encargaba de interpretar.

Dicha ciencia, basada en la regularidad de los movimientos celestes, afirmaba que, partiendo del conocimiento del Universo, podían predecirse los acontecimientos relacionados con el hombre. Tales creencias fueron condenadas por la Iglesia, pero, a pesar de ello, tenían numerosos partidarios. En la Edad Media estaban extendidas y subsistieron en el Renacimiento.

Saturno ejercía una influencia siniestra sobre la Tierra. Producía el plomo, el carácter melancólico en el hombre y los acontecimientos desastrosos en la historia. Era el más terrible de los planetas, y por ello recibía el nombre de Infortuna Major o el Mayor Infortunio.

El metal de Júpiter era el brillante estaño; traía la paz y la prosperidad e inspiraba en el hombre una disposición alegre, noble y equilibrada. Era el mejor de los planetas y se le llamaba la Mayor Fortuna.

Marte era otro planeta desgraciado. Se le denominaba Infortunio Menor. Su metal era el hierro y su temperamento belicoso.

Por el contrario, el Sol era un planeta afortunado. Confería a los hombres la sabiduría y la liberalidad y gobernaba los sucesos felices. Su metal era el oro, en torno al cual surgió la ciencia de la alquimia. Se creía que, si llegaba a producirse un oro en forma apta para beber, el «oro potable», sería el elixir de la inmortalidad.

Venus o Afrodita también era afortunada: la Fortuna Menor. Su metal era el cobre o cyprium, el metal chipriota, y Afrodita era una diosa especialmente consagrada a Chipre. Concedía la belleza, el amor y los sucesos dichosos.

Mercurio era el planeta de la rapidez, la actividad y la inteligencia. Dotaba a todas las profesiones de entusiasmo y habilidad, incluyendo el propio aprendizaje, y su metal era naturalmente el mercurio. También gobernaba la estudiada prosa retórica de los filósofos.

La Luna marcaba la frontera entre la antigua división de Aristóteles en aire y éter, entre el mundo mortal y el inmortal. Por encima de la Luna todo era incorruptible y necesario; por debajo, corruptible, mudable y contingente ante la actuación del «azar» y el destino. Encima estaba el reino de la gracia; debajo, el de la naturaleza.

En los reinos situados por encima de la Luna no  existía el «azar» ni,  consecuentemente, el cambio. El metal lunar era la plata y su carácter la inconstancia, la afición a la vida errante y la tendencia a los accesos de locura (de los lunáticos).

Los habitantes de las esferas etéreas
Todo el universo celestial fue creado por Dios y las esferas mantenían su círculo eterno para demostrar su aspiración de amor por Él. Esta capacidad de amor sugiere algo sensible y, efectivamente, se creía que cada esfera estaba animada por una Inteligencia, una criatura movida por «amor intelectual» hacia su Creador. Regocijándose en la gloria de Dios, lanzaban sus planetas alrededor del cielo en una gran danza.

Las Inteligencias eran sólo una pequeña parte de los moradores de la esfera etérea: también había nueve órdenes de ángeles. Estaban divididos en tres jerarquías de tres órdenes cada una. El primero y más cercano a Dios era el orden de los Serafines, que descollaban en inteligencia, y de los Querubines y Tronos, que se abrasaban en el ardor del amor.

El Querube era el terrible poder de la caritas pura, el amor libre de debilidades o imperfecciones humanas. Los ángeles de la segunda jerarquía se ocupaban de gobernar la naturaleza: las Dominaciones formulaban sus leyes, obedeciendo la voluntad de Dios; las Virtudes, cuyo nombre latino significa más bien «eficacias» o «eficiencias», las ponían en acción y las Potestades preservaban de la desgracia a todo el proceso.

Sólo la tercera jerarquía, la más baja, se preocupaba por los asuntos de los simples seres humanos. Los Principados vigilaban los negocios de las naciones. Los Arcángeles y Ángeles, los dos últimos órdenes, cuidaban de los seres humanos individualmente considerados y, como consecuencia, son los que han sido recordados por más largo tiempo.

El hombre, ser racional
¿Y el hombre? Era animal como las bestias, pero racional como los espíritus.

Era el espejo del mundo, «que comprende, como los ángeles, que vive, como los árboles, que  existe,  como  las  piedras»,  como  dijo san Gregorio Magno. El alma del hombre procede directamente de Dios y tiende a volver a Él. Por tanto, todas las esperanzas del hombre son una manifestación de la ley general de gravedad y levedad.

El alma tiene tres partes y las tres se encuentran en el hombre. La más baja, el alma vegetativa, es la facultad que gobierna los procesos vitales: nutrición, crecimiento, digestión, cicatrización de las heridas y también generación. Ésta es la única alma de las plantas.

Los animales tienen también un alma sensitiva (su significado actual es más bien sensorial) con cinco sentidos, que son la vista, oído, etc., y cinco juicios: el sentido común, que convierte la mera sensación en consciencia localizada; la imaginación, o facultad que presenta ante la mente lo que no tiene delante, en el sentido de que un «hombre imaginativo» considera todas las posibilidades prácticas; la fantasía, que estaba más próxima a lo que ahora llamaríamos imaginación ; la memoria, y la estimación, que ahora llamaríamos instinto.

Sólo el hombre poseía además un alma racional, compuesta de dos facultades: el intellectus (intelecto) y la ratio (razón). La primera era el don más alto;  se ocupaba de las causas originariasde las cosas, de investigar y aprehender la verdad. Era una versión brumosa de la inteligencia pura de los ángeles. La ratio realizaba la tarea más pesada de establecer relaciones de causalidad, pasando de la premisa a la consecuencia.

El alma tripartita del hombre era paralela a la organización global del cosmos y de la sociedad. Todas las partes quedaban resueltas en esa armonía que era la aspiración y el deseo del pensamiento medieval. En el cosmos, Dios, por medio de sus órdenes de ángeles, gobernaba al hombre; en la sociedad, el rey, por mediación de sus caballeros, gobernaba al pueblo, y en e! hombre, el alma racional (razón), por medio del alma sensitiva (emoción), ejercía el gobierno sobre el alma vegetativa (apetito).

Los cuatro temperamentos

En cuerpo y alma, el hombre era un microcosmos. Lo mismo que los cuatro Contrarios primarios del mundo se combinaron para producir los elementos, así también en el hombre dieron lugar a cuatro fluidos o humores.

Caliente más seco producía el humor colérico (bilis amarilla); caliente más mojado, el sanguíneo (sangre); frío más seco, el melancólico (bilis negra), y frío más mojado, el flemático.

Un hombre de salud perfecta tenía los cuatro humores mezclados exactamente en la proporción correcta, pero esto era muy raro. Normalmente predominaba uno. La mezcla daba al hombre su «complexión» o «temperamento». Un mal carácter significaba una mala mezcla que salía al exterior, y un hombre bueno, cuando estaba irritado, podía sufrir un cambio de complexión y perder la calma.

El   hombre  de   complexión  colérica  erauna persona muy tensa, que se dejaba llevar fácilmente por cualquier camino, excitable y vindicativo. Se creía que los sueños eran un modo de determinar la complexión de un hombre. El colérico tendería a soñar con cosas brillantes y peligrosas: fuego, relámpagos, espadas.

personalidad segun los cuatro humores

Uno de los cuatro humores dominaba a cada hombre, dándole su especial «complexión» o «temperamento». 1. El hombre de complexión sanguínea tenía las mejillas sonrosadas y era equilibrado. 2. El hombre flemático era lento y pálido. 3. El hombre colérico era muy tenso. 4. El hombre melancólico era delgado y se obsesionaba por las dificultades. Estas ideas subsistieron hasta el siglo   XVIII.

El humor dominante del hombre sanguíneo era la sangre, el más noble, amigo de la naturaleza y la vida. Sería corpulento, de mejillas sonrosadas, ligeramente mordaz, con facilidad para dormir y soñar con caballos, flores rojas, mujeres rubias: un gran contraste con el hombre flemático, grueso, lento y pálido, con sus sueños de peces. La complexión melancólica era la más «neurótica» en el sentido moderno: individuos delgados, nerviosos, que padecen insomnio  y  pesadillas.

Ni que decir tiene que los humores eran pura materia y, por tanto, no podían verse afectados por el alma, que es completamente inmaterial. Para salvar el abismo, se pensó en unas exhalaciones llamadas «espíritus» (en sentido químico) que surgían de lo mejor de la sangre. Si no brotaban, el individuo se sentía abatido. Los espíritus vitales del hombre le unían a su alma vegetativa; los espíritus animales, a su alma sensitiva, y los espíritus intelectuales, a su alma racional. Cuando éstos últimos se desordenaban, se volvía loco.

Tal era el hombre medieval en su atestado y ordenado universo. Su concepción total parece tan ajena a la era científica que la reacción inmediata puede ser la risa o el desdén. No cabe duda de que los hombres de la Edad Media eran crédulos; les resultaba difícil admitir que el contenido de los preciosos libros podía no ser cierto y atribuían una indebida autoridad a sus fuentes. Pero lo que hicieron fue construir, a partir de la información recibida, una síntesis comprensiva de todo el Universo. A ello aspiraban Dante en su Divina Comedia y Santo Tomás en su Summa Theologica.

La necesidad de explicar los misterios del Universo es la clave del pensamiento de la Edad Media, pues engendraba un sentido de confianza mezclado con humildad al definir la situación exacta del hombre en la Creación.

Fuente Consultada:
La LLave del Saber Tomo II – La Evolución Social – Ediciones Cisplatina S.A.

Arte Gótico y Románico en la Edad Media Resumen Descriptivo

BREVE DESCRIPCIÓN DEL ARTE GÓTICO Y ROMÁNICO MEDIEVAL

Fundamentada en la tradición romana, pero formada en la escuela carolingia, la arquitectura románica es la prueba irrefutable de la mentalidad profundamente cristiana que dominaba al hombre de la Edad Media a través de los movimientos políticos. Durante unos tres siglos, su crecimiento constante y armonioso estuvo caracterizado por el paso de la preponderancia alemana hacia Francia que logró superarla. Por su parte, España también aportó obras románicas únicas en su género, muchas de las cuales aún subsisten

Con su nombre, el estilo “románico” pretendió subrayar que era una continuación del que fue propio de la Roma republicana e imperial. Nació a principios de la Edad Media y se extendió, principalmente, por los países latinos. De construcción sólida, pesada y compacta, estuvo basado en algunos principios clásicos, a los cuales agregó otros, diferentes. Mantuvo, por ejemplo, casi intacta la planta de las tradicionales basílicas romanas, pero transformó sus muros, haciéndolos más consistentes. Reemplazó los techos de madera por bóvedas y cúpulas, hechas con piedras y ladrillos porosos.

Los ingleses lo llamaron “normandos“, porque fueron los normandos quienes, desde el norte de Francia, lo introdujeron en Gran Bretaña. En lacatedral de Durham, en Inglaterra, se aplicaron, para abovedar, procedimientos similares a los empleados en Normandía, copiados, a su vez, de otras construcciones francesas, italianas y españolas. Así, los lombardos, usaban vigas transversales y rellenaban los intersticios de las bóvedas con materiales más livianos.

El estilo lombardo se aligeró, en el Piamonte y en Liguria, por influencia de lamodalidad francesa. En Venecia, se relacionó con Oriente, como puede verse en la iglesia de San Juan de Rialto o en la catedral de Murano. En Florencia, Pisa, Lucca, etc., se evitó la bóveda y se dejó de lado la técnica ciclópea.

En Roma y en el Lacio, al igual que en Umbría, se reemplazó la solidez de la primera etapa con una tendencia menos pesada. Los adornos -que los bizantinos habían descartado del templo- reaparecieron y proliferaron los candelabros, las pilas bautismales ricamente labradas, las pinturas, las esculturas, los trabajos de orfebrería, las miniaturas y las piezas de madera tallada.

arte romanico edad media

Catedral de Durham (Inglaterra), comenzada en 1093.

arte romanico edad medio

Castillo de Rochester (Inglaterra). Comenzado en el s. XI, sólo subsiste el torreón. Es uno de los más bellos ejemplos de arquitectura románica.

edad media arquitectura gotica

Nave central de la Catedral de Maguncia.

arquitectura edad media

Monasterio de Sania María en Ripoll (España). Construido en 888, fue restaurado 1.000 años después, en 1888.

Hasta el siglo II , por lo general los arquitectos eran monjes anónimos. Después, debido a la constante multiplicación de sus deberes, tuvieron que recurrir a los laicos. Como su nombre indica, el estilo románico emanó de la tradición arquitectónica romana, renovada durante la época de Carlomagno. Este estilo fue empleado en la construcción de castillos y, sobre todo, de iglesias. Éstas no sólo se utilizaban para el culto, sino también como mercado cubierto, pretorio y fortaleza.

Bajo la influencia bizantina, las iglesias desterraron el techo de madera de las primeras basílicas romanas y adoptaron pesadas bóvedas de medio punto, talladas en piedra y reposando a todo lo largo de los muros laterales, que apenas podían sostener un peso tan enorme. Los arquitectos de entonces: hicieron los muros muy gruesos, los sostuvieron por medio de contrafuertes exteriores, practicaron únicamente las estrechas aberturas de puertas y ventanas y reforzaron su resistencia con arcos de medio punto. A pesar de estas precauciones, temían que se vinieran abajo y, por prudencia, se limitaron a construcciones de dimensiones modestas, excepto en el caso de las iglesias de conventos y de las que eran centros de peregrinación.

A pesar de que la arquitectura románica se desarrolló de modo armonioso y constante, sufrió cambios tan importantes y violentos que parece indicado hacer una subdivisión en períodos distintos, la cual, sin embargo, no puede aplicarse a toda Europa, pues desde la segunda mitad del siglo xn Francia ya empezó a encaminarse hacia el gótico para llegar al gótico puro a principios del siglo XIII.

En la misma época, Inglaterra también dio comienzo a nuevos sistemas, pero Alemania todavía se mantuvo fiel a las formas tradicionales del arte románico. Sin embargo, intentaremos esbozar esta evolución.

En el siglo X, Alemania marcó la pauta en el terreno de la arquitectura. Las formas carolingias se respetaron de modo escrupuloso, casi servil, y esto constituye una de sus características. Los primeros cambios aparecieron en la segunda mitad de este siglo, y son la bóveda y el sistema de alternación. Pero no modificaron —por lo menos durante un tiempo— ni el volumen ni la forma de las construcciones. Siguió reinando la basílica de fondo plano, con apoyos uniformes (columnas o pilares), muros lisos y linterna sin redondear. De 1000 a 1100, en la primera época del románico, la piedra sin labrar fue progresivamente sustituida por la piedra de sillería.

A partir de 1090, aproximadamente, sólo se abovedó la nave central y se construyó una torre sobre la linterna. Mientras Alemania y Normandía seguían marcando la pauta, en Borgoña y el mediodía de Francia aparecían los primeros grandes edificios románicos.

De 1100 a 1180, durante el románico medio o alto, se sustituyó el techo plano por múltiples naves abovedadas. Aparecen las primeras bóvedas de aristas, columnas y arcos en haces, el deambulatorio y el triforio (estrecha galería que corre por encima de las arcadas de la nave central) y aumenta el número de torres y fachadas.

La aparición de la ojiva en Borgoña y de un nuevo arte en el mediodía de Francia proporcionó a este país la supremacía en materia de arquitectura. De 1180 a 1240, los edificios abovedados alcanzaron su máximo apogeo, la ojiva reemplazó al arco de medio punto y se desarrolló el sentido de las composiciones decorativas. Francia, que ya antes de finalizar el siglo xn había optado por el gótico, se impuso por lo que respecta a este estilo.

En España el arte románico dejó obras únicas en su género, como Santa María de Naranco (848), en Asturias; Santa María de Amer (941); el monasterio de Ripoll, y ese grupo de iglesias catalanas de torre cuadrada de la que es típico ejemplo San Clemente de Tahull. Joya del románico, iniciada en estilo asturiano, es la iglesia de San Isidoro, en León, así como la de San Martín de Frómista, en el camino de Santiago, ambas iniciadas en los primeros años de la segunda mitad del siglo XI. Notable es asimismo el grupo de iglesias románicas segovianas (San Millán, San Juan de los Caballeros, San Martín, San Lorenzo y San Esteban).

Durante este período se construyeron en España las catedrales de Jaca (hacia 1054-1063), Lugo (1129), Zamora (1151-1174), Santiago, los monasterios de San Pedro de Roda, San Juan de Duero, la Colegiata de Toro, etc.

El despertar de la arquitectura gótica estuvo íntimamente vinculado al rápido crecimiento de las ciudades. La ojiva simbolizaba la audaz vitalidad y la progresiva prosperidad de la joven burguesía. Nacido en las catedrales del norte de Francia, este nuevo estilo no tardó en conquistar victoriosamente toda  Europa occidental

ARTE GÓTICO MEDIEVAL: A fines del siglo XII y comienzos del XIII nació en el norte de Francia un arte nuevo que los germanos llamaron, posteriormente, gótico, palabra derivada de “Gott”, que significa Dios, ya que las agujas en que terminaban sus torres parecían apuntar hacia el cielo.

El gótico, en sus comienzos, tomó en cuenta algunos de los principios del estilo románico. Pero aportó un cambio fundamental: hizo que las vigas de las bóvedas se apoyasen sobre pilares, en lugar de hacerlo sobre los muros. Las paredes dejaron de ser imprescindibles, reemplazándoselas, entre pilar y pilar, por coloridos vitrales.

Como se carecía de vigas de hierro, las estructuras tuvieron que hacerse de piedra, lo que obligó a realizar minuciosos cálculos para lograr una resistencia adecuada. Esa red de sutiles vigas, en el interior de la bóveda, recibió el nombre de “tracería”. Se abandonó el arco redondo, de medio punto, característico del románico y se lo reemplazó por dos segmentos de arco destinados a encontrarse en un punto dado, que podía variar de ubicación según que el arco apuntado fuese más chato o más puntiagudo, originando la ojiva.

Después, en lugar de los contrafuertes con que se solían reforzar los pilares para que aguantasen, lateralmente, la presión de las piedras de la bóveda, se recurrió a los llamados “arbotantes” (arcos que sirvieron para contrarrestar el empuje de los principales), los cuales completaron el andamiaje de la bóveda gótica.

La tracería, por dentro, y los arbotantes, por hiera, apoyados sobre pilares, aliviaron la estructura de los edificios, sin perjudicar la solidez del conjunto. Los múltiples adornos, como las trabajadas esculturas de los pórticos del crucero, en las catedrales góticas de Chartres o de Estrasburgo, y las estatuas —como, por ejemplo, las de los fundadores en la catedral de Naumburgo, cuya nobleza y vigor son notables-combinaban su serena riqueza con el prodigioso juego de los vitrales multicolores, con la minuciosa ilustración de los libros manuscritos y con la pintura “al fresco” en las paredes.

Finas piezas labradas -en metal o en marfil-, como una estatuilla en plata de la Virgen, realizada en 1339 por el orfebre francés Jean de Evreux (que puede verse en el Museo del Louvre), completaban el estilizado conjunto.

La pintura “al fresco” recibió este nombre porque se decoraban las paredes de ese modo, es decir cuando el estuco aún estaba húmedo. Así lo hizo, por ejemplo, sobre los muros de la capilla dell’Arena, en Padua, el famoso pintor florentino Giotto di Bondone, que vivió entre los años 1266 y 1337 o sea en plena culminación de la Edad Media.

Para quitarle rigidez a las figuras, se les imprimió una forma ondulada, a la manera de una S. Hay trabajos imbuidos de una soltura y de una espontaneidad naturales que, a veces, mediante el agregado de un simple toque, invaden el campo de lo anímico y de lo temperamental. Esa naturalidad se reflejó en los pliegues de una túnica, en la tersura o en las arrugas de la piel, en la delicadeza de un gesto.

Por eso el estilo gótico -cuya importancia, durante la parte final de la Edad Media, fue equivalente a la del románico durante la primera- lo superó en grandeza, convirtiéndose en el modelo más acabado de la magnificencia medieval. La fuerza y la sugestión del estilo gótico, que sella e identifica toda una época y le da carácter no solamente en el campo del arte sino, también, en el de la historia, irradia más allá del foco nordeuropeo de su nacimiento y, adaptándose a los antecedentes y tradiciones de otras lejanas tierras, llega a los confines del mundo medieval. Tal expansión se plasma, por ejemplo, en Suecia: la catedral de Upsala lo representa con acusadas líneas no exentas de fervor.

Y en los Países Bajos la catedral de Utrech lo patentiza hacia fines del año 1300. Pero no iba a quedar circunscripto solamente a estos ámbitos. Por influencia de las Cruzadas penetró en Medio Oriente y en Siria reaparecen sus testimonios, concretados arquitectónicamente en fortalezas como la de Krak de los Caballeros y en varias iglesias latinas. También en la isla de Chipre este influjo se hace nítido, como para probar su universalidad y la vigencia de su mensaje. Y así, la catedral de Nicosia y la de San Nicolás, en el peñón de Famagusta, recogen en plena área mediterránea el impulso que, en sus comienzos, fue de indudable concepción septentrional.

 

Catedral de Chartres

Interior de la Catedral de Chartres

Catedral de Well en Inglaterra

ALGO MAS SOBRE EL ESTILO GÓTICO:

En Francia, el desarrollo del nuevo estilo arquitectónico, el gótico, coincidió con una sorprendente evolución en el terreno político. En efecto, en esta misma época (1150) los reyes empezaron a extender y consolidar su autoridad. Junto a esta tendencia a establecer el orden y la estabilidad política, se esbozó también un fuerte impulso económico favorecido por la prosperidad de las poblaciones urbanas. Además, la Iglesia atravesaba un período próspero, y la vida intelectual adquirió un amplio desarrollo que culminó con la fundación de la universidad de París, a principios del siglo XIII.

En la segunda mitad del siglo XII se construyeron algunos edificios, como la iglesia abacial de Saint Denis y Notre-Dame de París. En otros lugares florecieron los elementos característicos del nuevo estilo, como la bóveda sobre crucero de ojivas, que estaba formada por aristas reforzadas por arcos empotrados en la manipostería.

Las secciones triangulares entre las nervaduras se rellenaban con un material más ligero. En los edificios góticos, la ojiva representó por último un papel constructivo. Los planos arquitectónicos pudieron ser más audaces con la ojiva que con el arco de medio punto, pues permitía que gran parte del peso de la bóveda descansara sobre los pilares. Sin embargo, al principio los edificios góticos adoptaron importantes elementos románicos.

En la famosa catedral de Chartres, construida durante la primera mitad del siglo XIII, no aparece ninguno de estos elementos. En ella el gótico florece en todo su esplendor. Esta famosa iglesia comprende tres naves y un hondo coro, con deambulatorio y capillas o absidiolas. Las molduras de las columnas acentúan más aún la sensación de fuga hacia lo alto.

En algunos puntos, los gruesos muros del arte romanico han sido reemplazados por maravillosas vidrieras (como el rosetón que corona la fachada principal).

Desde este momento se abre paso el gótico. En todas las grandes ciudades aparecen espléndidos edificios, tanto en París (la Sainte Chapelle recibe, con frecuencia, el sobrenombre de «joya del arte gótico») como en Reims o Amiens. La iglesia de Beauvais, cuyo coro es tan grande como una catedral (48,20 m), representa el punto culminante alcanzado por la arquitectura gótica.

El estilo de las catedrales francesas superó al de los demás países. En Inglaterra, el coro de Can-terbury, construido en 1175, según las ideas fundamentales de Gui-llaume Sens, abrió nuevos horizontes. Otro francés, Geoffroy des Noyers, trazó los planos de la catedral de Lincoln. En el siglo xiv, debido a la riqueza de su ornamentación, el gótico inglés, del que constituye un bello ejemplo la catedral de York, recibió el nombre de decorated style. En el siglo xv se construyeron las ricas bóvedas del King’s College de Cambridge y la capilla de San Jorge de Windsor.

A partir de 1220, España también contribuyó al florecimiento del gótico. A este estilo pertenecen las catedrales de León, Burgos, Toledo, Palma de Mallorca, etc. El mudejar influiría en el gótico en la catedral de Sevilla. En Portugal incluso se mezclaron elementos indios, como en el convento de Batalha. En Alemania, él arco de medio punto se mantuvo durante más tiempo, pero con la construcción de la catedral de Colonia, a mediados del siglo xm, el gótico acabó implantándose definitivamente.

El estilo particular de las catedrales de Siena, Orvieto y Florencia demuestra que los italianos no comprendieron del todo el partido que se podía sacar del nuevo estilo. Sólo el domo de Milán, que, sin embargo, fue en gran parte obra de arquitectos alemanes, se puede comparar a las demás catedrales góticas. Más tarde, un historiador del arte italiano, Giorgio Vasari (1511-1574), pensando en estos arquitectos germanos, dio despectivamente a este estilo el nombre de «gótico», palabra derivada de «godos», es decir, «bárbaros».

El gótico también fue muy brillante en los Países Bajos, gracias a la prosperidad de las ciudades. Difundiéndose, sobre todo, a través del valle del Escalda, este nuevo estilo entró en el condado de Flandes. Algunas veces, este gótico primitivo que aparece en la iglesia de San Nicolás de Gante y de Nuestra Señora de Pamel en Aude-narde, recibe el nombre de gótico alanceado.

Pero en Flandes la arquitectura gótica no se limitó a la construcción de iglesias: la fastuosa vida urbana permitió que se aplicase a edificios de utilidad pública. Así nacieron los mercados, atalayas y casas consistoriales, entre las que merece citarse la de Alost, construida en la primera mitad del siglo xm. Hacia mediados de este siglo, el gótico puro triunfa en el coro de la catedral de Tournai. Sin embargo, este estilo no alcanzó su plena madurez hasta el siglo xv, en Brabante. Numerosas iglesias, como la de Saint Rombaut en Malinas y las casas consistoriales de Bruselas y Lo-vaina, testimonian la excepcional brillantez del gótico en estas regiones.

Como cierto poeta dijo, el gótico es un cántico de alabanza que la arquitectura de Europa elevó al Señor.

Fuente Consultada:
Enciclopedia Ciencia Joven Tomo II Edit. Cuántica
Enciclopedia Juvenil AZETA Editorial Credsa Tomo 3 Arte Gótico y Románico Medieval

Biografía de Brunelleschi Arquitecto de la Catedral de Florencia

VIDA Y OBRA DE FELIPE BRUNELLESCHI, ARTISTA DEL RENACIMIENTO

Filippo Brunelleschi (1377-1446), nació en Florencia (Italia) en  1377, fue un gran artista italiano, y se lo considera uno de los maestros fundamentales de la transición hacia el renacimiento. Sus aportaciones, como la recuperación de los motivos clásicos y la capacidad para trasladar a sus obras las leyes matemáticas de la proporción y la perspectiva, le convirtieron en el primer arquitecto de la edad moderna.

Recibió una formación de escultor como numerosos arquitectos del Renacimiento (Miguel Ángel, Sansovino). Formó parte del gremio de los orfebres y participó en 1404 en el concurso para la nueva puerta del baptisterio de Florencia. Ese mismo año, el artista alcanzó la fama con el encargo de la construcción del duomo que corona la catedral. La altura del edificio, la amplitud de la cúpula, su peso, hicieron de esta empresa una hazaña, un proyecto arquitectónico que sólo un ingeniero podía enfrentar.

Felipe Brunelleschi

FLORENCIA EN EL SIGLO XV: A comienzos del siglo XV, Florencia salió de una dolorosa crisis política y bancaria. Su resistencia a los ataques exteriores fue estratégica, pero también cultural y artística. La ciudad buscaba imponerse como el centro de un mundo nuevo, tomando como referencia el modelo de la Antigüedad.

Las corporaciones florentinas, que reunían un número creciente de artistas, convocaron numerosos concursos para responder a importantes encargos públicos y privados, con lo que dieron inicio a un nuevo tipo de mecenazgo. El carácter “comercial” del contrato que ligaba el encargo al artesano-artista tuvo gran éxito en la historia de las artes.

En los concursos, los artistas más dotados se destacaban. Y entre ellos se produjo una fuerte competencia. Tal es el caso de la iglesia de Orsanmichele: llamaron a los mejores escultores (Donatello, Lorenzo Ghiberti, Nanni di Banco) para decorar una serie de hornacinas (nichos) originales y ostentosas en el exterior del edificio. Pero los concursos más famosos fueron los de la cúpula de Santa María del Fiore y el de las puertas del baptisterio.

Corría el año 1401. En Florencia, ciudad que estaba alcanzando la cumbre de su desarrollo económico, la vida artística bullía intensamente. Una de las consecuencias de esa efervescencia artística fue el concurso abierto para la segunda puerta del Bautisterio, en el que participaron los más grandes escultores de la época. Entre ellos se presentó un joven, Felipe Brunelleschi, que interpretó el tema propuesto: “El sacrificio de Isaac”, representándolo en una placa de marco mixtilíneo con una violencia dramática, un vigor de formas y un preciso sentido del espacio completamente nuevos e inesperados en la escultura florentina.

La placa sorprendió mucho a los jueces: en efecto; se trataba del primer paso hacia la revolución artística que poco después desencadenaría el mismo Brunelleschi, junto con Donatello y Masaccio, en la capital toscana. Sin embargo, el concurso fue ganado por Lorenzo Ghiberti, cuyo gusto, con tendencias aún góticas y sensible a las elegancias estilísticas de Andrés Pisano, era más fácilmente comprensible para los florentinos de su tiempo.

Sacrificio de Isaac

El sacrificio dc Isaac Lorenzo Ghiberti, 1401-1402 Museo del Bagello, Florencia
De la simplicidad a la tensión dramática. El abandono del estilo gótico (es decir, “bárbaro”) a partir del siglo xv condujo a los artistas a buscar en la Antigüedad para renovar su lenguaje plástico. No obstante, el dominio de la perspectiva fue considerado el verdadero progreso. Una obra innovadora. Ghiberti organizó su composición en torno de la diagonal formada por el saliente rocoso, dividiendo el espacio terrestre que concentra la dimensión anecdótica (los dos sirvientes, el asno y la lagartija) y el espacio donde se desarrolla la acción divina, cuyos protagonistas son Abraham, Isaac y el ángel. Con este relieve de gran fluidez, que evidencia un dominio del arte del bronce (el relieve fue fundido en una sola pieza), el joven Ghiberti creó una fórmula Innovadora, verdadero manifiesto de los nuevos tiempos, legitimado por el jurado.

El SACRIFICIO DE ISAAC Felipe Bruneileschi, 1401-1402 Museo del Bargello, Florencia La maestría de la técnica. Por el contrario, Bruneileschi inscribió la escena en un triángulo. En la base se encuentran los dos sirvientes encorvados. En lo alto, Abraham, con el cuerpo y los brazos estirados, sostiene firmemente la cabeza de Isaac en su mano, mientras que un soplo divino levanta su toga. A la Izquierda aparece un ángel. Este sujeta el brazo de  Abraham y le muestra el carnero para el sacrificio. El juego de manos y el intercambio de miradas confieren a esta enérgica escena toda su tensión. Sin embargo, la técnica empleada por Bruneileschi fue menos innovadora que la de Ghlberti, ya que las piezas fundidas en forma separada fueron posteriormente montadas sobre la plancha de bronce. La fineza del pulido de los más mínimos detalles revela, no obstante, un gran dominio de la técnica del bajorrelieve.

Felipe Brunelleschi había expresado claramente sus ideas reformistas con la placa presentada en el famoso concurso de 1401. Desgraciadamente han desaparecido los testimonios de los estudios que siguieron a dicha placa en el campo de la escultura, y también los de sus primeras pinturas. Pero no hay duda que estaban destinados a confirmar, como las dos tablillas en que representó en perspectiva el Bautisterio y el Palacio de la Señoría, los nuevos principios en que se fundaba su lenguaje artístico.

Y fue luego en el campo de la arquitectura, con la Cúpula de Santa María de la Flor (o Fiore), con el Hospital de los Inocentes, con la Basílica de San Lorenzo, donde dio la medida plena de su genio creador.

En abierto contraste con las delicadezas rítmicas del gótico, a la sazón consideradas ya como germánicas y “bárbaras”, concibió un arte que fuera una manifestación nacional, o, mejor aún, un exponente de la latinidad. Por otra parte, corresponde a Brunelleschi el mérito de haber inventado la perspectiva científica; es decir, de haber organizado sobre sólidas bases matemáticas la representación, en un plano bidimensional, de los elementos tridimensionales de un edificio. Se trataba de crear un orden, fijando relaciones y proporciones claras y armónicas entre los diferentes órganos de la construcción, agrupándolos en una unidad de espacio de modo tal que todas las líneas esenciales del edificio parecieran confluir naturalmente hacia un único punto de fuga.

El límpido y racional equilibrio propio de las primeras construcciones de Brunelleschi, no es sino el reflejo de la claridad intelectual de sus concepciones arquitectónicas. Fiel a dichas concepciones, Brunelleschi prosiguió su actividad proyectando la Sacristía Vieja de San Lorenzo y la Capilla de los Pazzi, una obra maestra absoluta del arte, en la que la serena geometrización, especialmente en el interior del edificio, determina un ritmo maravilloso. La Iglesia del Espíritu Santo, en la que perfecciona el plano de San Lorenzo,  fue la última  de  sus  grandes  obras.

La construcción de Santa María del Fiore
Después de la demolición de Santa Reparata, en 1296, Arnolfo di Cambio emprendió ios trabajos de la nueva catedral, Santa Maria del Fiore, concebida para ser la más bella de la Toscana. La elección de una larga nave con cúpula octogonal fue adoptada definitivamente en 1357, pero la construcción de la cúpula planteó rápidamente problemas técnicos y quedó pendiente.

En 1418 se realizó un concurso, seguido por otro en 1420. Brunelleschi y Ghiberti fueron premiados en abril de 1420 y nombrados “expertos de la cúpula” con el contramaestre Battista de Antonio. En 1436, la construcción de la linterna fue también motivo de un concurso. El jurado escogió el modelo de Brunelleschi, destacando la calidad de su iluminación, su ligereza y su resistencia a las intemperies.

Cupula Catedral de Florencia

León Battista Alberti escribió a propósito de esta monumental empresa arquitectónica que debía ser el símbolo del esplendor de Florencia en el Renacimiento: “¿Qué arquitecto antes de ti, Filippo [Brunelleschi], osó construir un conjunto de tales dimensiones, erigido hacia el cielo y tan grande como para poder cubrir con su sombra a todos los toscanos y ejecutarlo sin cimbra ni envigado? Tu habilidad es tan grande […] que parece increíble para los contemporáneos como ignorada por los antiguos”.

Obras del Arquitecto  Brunelleschi

La maestría de la arquitectónica. Brunelleschi, inspirándose en técnicas de la Antigüedad, consiguió hacer la cúpula más ligera: creó un doble cascarón (interno y externo) con una vía de circulación entremedio, eliminando así los contrafuertes exteriores y ofreciendo una lectura simple de los volúmenes. Un zuncho de madera fue colocado sobre el borde del tambor, en el cual se levantaron una estructura de ladrillos “en espina de pez” y tres niveles de largas piedras, unidas entre sí por cadenas de hierro. En la cima, la linterna cumple la función de clave de bóveda de la cúpula: su peso asegura la estabilidad del conjunto del sistema estructural.

FELIPE: BRUNEL-LESCHI (1377-1446): Nave central de la Basílica de San Lorenzo.Florencia. La suprema claridad lineal de los perfiles de piedra y la maravillosa concepción perspectiva de la Basílica de San Lorenzo, revelan el talento de Felipe Brunelleschi, que entre 1421 y 1428 se dedicó a la reconstrucción del hermoso  edificio.

FELIPE BRUNELLESCHI   (1377- 1446): Palacio Fitti. Florencia.
Entre las varias construcciones civiles atribuidas a Felipe Brunelleschi, se puede contar con cierto fundamento e! Palacio Pitti, a pesar de los substanciales agregados  posteriores.

FELIPE BRUNELLESCHI (1377- 1446):Hospital de los Inocente Florencia (1419-1424)

La influencia de Brunelleschi fue enorme entre sus contemporáneos y sus sucesores inmediatos, como Michelozzo, Donatello o el propio Ghiberti, e incluso ha llegado hasta el siglo XX, dado que los críticos modernos le han destacado como el primer arquitecto racionalista. En su tiempo ya fue considerado como una de las figuras más decisivas del renacimiento italiano, el gran genio que reformó el arte medieval y definió el nuevo orden interno y el lenguaje arquitectónico. Murió en Florencia en 1446.

Fuentes Consulatadas:
ARTERAMA  Fasc. N°53 Editorial CODEX Enciclopedia de las Artes
Enciclopedia Electrónica ENCARTA
Historia Visual del Arte Edit. Larousse

 

Bramante Donato Vida y Obra del Arquitecto Italiano

BIOGRAFÍA Y OBRAS DEL ARTISTA BRAMANTE DONATO

Donato Bramante (1444-1514), arquitecto y pintor italiano, el más influyente junto a Rafael del alto renacimiento, desarrollado en Roma como nuevo estilo clásico a principios del siglo XVI. Nació el año 1444 en Monte Andruvaldo, cerca de Urbino, y su nombre auténtico era Donato di Pascussio d’Antonio.

Al principio se formó como pintor, y de su obra más temprana se conservan los frescos de la fachada del Palacio del Podestá en Bérgamo, realizados en el año 1477. Bramante está considerado uno de los grandes genios artísticos del alto renacimiento italiano. Consiguió fundir con éxito los ideales de la antigüedad clásica y los de la cristiandad.

Bramante Donato

En el ambiente cerrado y autónomo de Lombardía (Italia) , las novedades del Renacimiento se abren camino lentamente pero, afines del siglo XV, se afirman con las actividades de Donato Bramante y del genial Leonardo de Vinci. Donato Bramante, es el artista que mas contribuye a la plena afirmación del arte del Renacimiento en tierra lombarda. Nacido en 1444, en Monte Asdrualdo (Urbino), había absorbido las enseñanzas de los artistas que actuaban en la corte de los Montefeltro.

El estudio de los clásicos y de la obra de Alberti, a quien conoció en Rímini y Mantua, completó su cultura. Así preparado compareció de improviso en el ambiente lombardo, incidiendo profundamente en la evolución del arte local. Durante buena parte del siglo XV, la Lombardía había permanecido ajena a la renovación artística y había mantenido, especialmente en pintura y en escultura, el espíritu y las formas de la tradición gótica internacional, en la particular variante ya elaborada durante el siglo XIV.

La edificación de la Catedral de Milán, que se extendió durante todo el siglo XV y aún más adelante, junto con los prolongados y complejos trabajos que demandó la Cartuja de Pavía, iniciada en estilo gótico y reformada gradualmente de acuerdo con formas más típicas del siglo XV, absorbieron durante mucho tiempo el interés artístico de toda la región lombarda, contribuyendo a conservar un gusto retardatario que las continuas relaciones con el Norte alimentaban sin descanso.

Hacia 1480 aparece en este ambiente Donato Bramante, que inicia su actividad en el campo de la pintura ejecutando los frescos de la fachada del Palacio del Podestá, en Bérgamo, y del Palacio Panigarola, en Milán, donde se reveló como un seguidor de Melozzo de Forlí. De 1482 es su primera obra arquitectónica: la Iglesia milanesa de San Sátiro y el bautisterio anexo.

Partiendo de elementos de tradición románico-lombarda -la planta octogonal del bautisterio, la superposición de la tribuna sobre la arquería del piso bajo- o de esquemas del tipo de los creados por Alberti, consigue, en el interior, un solemne equilibrio espacial gracias a la armoniosa y coherente correspondencia entre los arcos de medio punto y la cúpula hemisférica, apoyada sobre ágiles pechinas.

También los relieves de estuco, que en San Sátiro sugieren la existencia de un coro simulado detrás del altar, se halla en función de este equilibrio espacial. Otro importante testimonio del período milanés de Bramante es el conjunto del ábside de Santa María de las Gracias, iglesia en cuyo exterior el equilibrio de los volúmenes es turbado por el adorno de terracotas lombardas, pero en cuyo interior asistimos al triunfo de una concepción espacial unitaria, como lo demuestra su amplia cúpula hemisférica, superpuesta a las sólidas estructuras del templo. La actividad de Bramante proseguirá en Milán, pero sólo alcanzará su cumbre en el siglo XVI, durante su estada en Roma, que fue tan fecunda.

Con la caída del duque Ludovico Sforza en 1499, Bramante huyó a Roma, donde trabajó casi en exclusiva a las órdenes del ambicioso papa Julio II.

DONATO BRAMANTE (1444-1514): Iglesia de Santa María, anexa a San Sátiro – Milán  (1482).
La perspectiva ilusoria del falso ábside (obtenida con un audacísimo escorzo y realzada por los relieves de estuco) confiere a la parte trasera de la Iglesia de San Sátiro un efecto espacial que se hace necesario como recurso de ensanchamiento irreal por la amplitud del crucero y el ímpetu de las bóvedas de cañón.

DONATO BRAMANTE (1444-1514): Cúpu la de Santa María de las Gracias (1492) y abajo Bautisterio de San Sátiro (1482)  – Milán. Nacido en las cercanías de Urbino y formado por el ejemplo de Luciano Laurana y de Piero della Francesca, Donato Bramante lleva a Milán (adonde llega alrededor de 1480) una concepción arquitectónica de límpida y rigurosa racionalidad, renovando así profundamente los esquemas y las fórmulas de la arquitectura lombarda   tradicional.

DONATO  BRAMANTE   (1444-1514):   Cristo   atado   a  la  columna  –  Pinacoteca  del Brera.  Milán.
La actividad de Bramante como pintor, ya iniciada en los años que pasó en Urbino, donde posiblemente decoró en parte el Pequeño Estudio del Duque Federico de Montefeltro, señala notablemente la influencia de Melozzo de Forlí. De todas maneras, entre los pocos legados de Bramante como pintor, resalta esta sugestiva imagen, en la cual puso mano también el Bramantino.

 SOBRE LA AMPLIACIÓN DE LA BASÍLICA DE SAN PEDRO:

La edificación de la basílica de San Pedro respondió la política de prestigio emprendida por Julio II, que aspiraba a reforzar el poder pontificio y a afirmar el predominio espiritual y temporal del Vaticano asegurándole un rol destacado entre los diferentes Estados de Italia.

basilica de san pedro

Cuando en 1452 el papa Nicolás V decidió ampliar la basílica de Constantino, construida en el siglo IV sobre la supuesta tumba de San Pedro, no imaginó la gigantesca obra que resultaría ni la concentración de talentos que en ella participarían. El sólo pensaba añadir un nuevo ábside detrás de la basílica existente. Pero la obra de San Pedro en Roma se desarrolló realmente durante el pontificado de Julio II (1503-1513). Con su impulso, el arquitecto Bramante emprendió una obra mucho más ambiciosa, que lamentablemente quedó inconclusa.

Hizo destruir los vestigios que quedaban, adoptó una planta de cruz griega y formuló el proyecto de una cúpula imponente sobre monumentales pilastras, según el modelo del Panteón Romano. Aunque los sucesores de Julio II, León X (1513-1521) y Clemente VII (1523-1534), mostraron una menor capacidad política, actuaron como avezados mecenas. Rafael sucedió durante estos pontificados a Bramante, muerto en 1514.

En su búsqueda de una iglesia ideal, Rafael se alejó del plano inicial y optó por uno en cruz latina. Necesitó, pues, construir una nave central y naves laterales. Murió en 1520, después de haber terminado la nave transversal sur.

plano basilica de san pedro en roma

Plano Basílica de San Pedro En Roma

Las diferentes etapas de la construcción. Este plano permite conocer las múltiples etapas de una construcción en que la coherencia arquitectónica se sostiene a pesar de los cambios y las vacilaciones de los numerosos arquitectos que participaron. El plano original de Bramante constituye la base de un diseño que fue enriqueciéndose con el tiempo. Los últimos aportes de Bemini llevaron la longitud de la nave central a 187 metros y su superficie, a 15.160 metros cuadrados. Se puede observar que los sucesivos proyectos conservaron los cuatro pilares centrales de Bramante, lo que facilitó la circulación durante las ceremonias religiosas.

Obra de Bramante Donato Bramante

Una de las primeras obras romanas maduras de Bramante es el templete del convento de San Pietro in Montorio (1502), un pequeño templo circular cubierto por una cúpula semiesférica, quizá inspirado en el desaparecido templo de la Sibila, en Tívoli. Esta pequeña obra maestra está rodeada por una columnata de orden toscano

Cuadro de Obras de Bramante

Murió en Roma el 11 de marzo de 1514.

 

Historia de la Orden del Cister Bernardo de Claraval

Historia de la Fundación de la Orden del Cister

La orden del clster es unaorden monástica católica reformada, cuyo origen se remonta a la fundación de la Abadía de Cister por Roberto de Molesmesen 1098. Debe su considerable desarrollo a Bernardo de Claraval. su influencia y su prestigio personal hicieron que se convirtiera en el cistercíense Más Importante del Siglo XII, aún no siendo el fundador sigue siendo todavía hoy el maestro espiritual de la Orden.El Císter proporcionó numerosos santos a la Iglesia, comenzando por  san Roberto de Molesme, san Esteban Harding, y san Bernardo de Clairvaux (o de Claraval).

Todo empezó en el ano 1098, cuando un grupo de 21 monjes benedictinos, con su abad Roberto al frente, salieron del Monasterio de Molesme, movidos por el Espíritu Santo, en busca de un lugar solitario, Citeaux (Cister), donde poder buscar a Dios con mayor autenticidad y sencillez, llevando una vida en pobreza y soledad, y proveyéndose de lo necesario con su propio trabajo. Su norma de vida seña el Evangelio y la Regla de San Benito en toda su pureza.

El 21 de marzo fue la fecha elegida para establecerse en el Nuevo Monasterio. Los comienzos no fueron fáciles; la pobreza material y la escasez de vocaciones se prolongarían varios años. Pero esto no arredró el ánimo de los monjes, que trabajaron por convertir aquel lugar inhóspito en un vergel.

El santo fervor de los hermanos hizo que Odón, el duque de Borgoña, les favoreciera abundantemente, contribuyendo a lo construcción del Monasterio y entregándoles tierras y ganados para su sustento. Cister fue elevado al rango de Abadía, bajo el patrocinio del Obispo de Chalons, titular de aquella diócesis (en la actualidad Dijon).

primer monasterio de cister

Este monasterio situado al sur de Navarra, a 34 kilómetros de Tudela, es el primer monasterio que la
Orden del Císter construyó en la Península Ibérica.

HISTORIA DE SU FUNDACIÓN: En Lombardía, se inició a un movimiento que exigía un retorno a la pobreza y abstinencia de la Iglesia primitiva.En el siglo XI, el obispo Pedro Damián estimuló esta acción, y creó, a su vez, comunidades de clérigos, en las cuales la vida monástica se desplegó en una asombrosa austeridad.

De todas partes surgieron tendencias extremistas que, superando la experiencia de Cluny, buscaban otras vías de salvación. Así procedieron los que, influidos por la lectura de los Padres del desierto, llegaron a preconizar una vida solitaria.

En 1084, un monje llamado Bruno fundó la orden de los cartujos, partiendo de un monasterio organizado por él cerca de Grenoble: la Gran Cartuja. Después, ante los desórdenes internos que se produjeron en el monasterio, varios monjes, bajo la dirección del abad Roberto de Molesme, quien ya había cuestionado y alejado de la Orden de Cluny , decidieron abandonarlo en 1098.

Encontraron el sitio adecuado en la árida región borgoñona de Citeaux, (traducida al español como Císter) donde levantaron una capilla y un modesto cenobio. Los primeros tiempos no fueron fáciles, debido a lo inhóspito del lugar. Aparte de las privaciones inherentes a la vida monacal, su ignota ubicación no atraía nuevos monjes para aumentar su número o emprender nuevas fundaciones. La falta de agua obligó a Roberto a trasladarse a un emplazamiento cercano que pertenecía a la diócesis de Dijon, ciudad capital del ducado de Borgoña. Tanto el obispo como el duque Eudes de Borgoña prestaron ayuda a aquellos monjes tan virtuosos, contribuyendo a la erección del monasterio y entregándoles tierras y ganado para su subsistencia.

Esta orden fundada en 1098 por Roberto de Molesme, la comunidad cisterciense vivirá en una austeridad voluntaria y total, sin ningún regalo en el vestido o en la comida.

Estos monjes vestidos de blanco, que dormían en una sala común y comían juntos en un refectorio, se consagraron a la oración y al trabajo de los campos, pero, a diferencia de los de Cluny, no percibían ninguna renta de sus tierras. Los monjes estaban divididos en dos categorías: los más instruidos y aquéllos cuyo origen social era elevado, llegaban a ser monjes de coro y no estaban obligados más que a los ejercicios espirituales, a diferencia de los «conversos», vestidos con hábitos pardos, a quienes su pobreza de procedencia conducía a trabajar los campos, y, por ello, se convertían en la mano de obra de los padres blancos.

El papa Urbano II concedió a la nueva Orden el estatuto de Privilegio Romano, al tiempo que exigía a Roberto que reasumiera su antiguo puesto en Molesme, a pedido de los monjes que habían permanecido en esa abadía. Su sucesor fue el hasta entonces prior del Císter, un monje llamado Alberico, que gobernó con acierto la congregación consolidando su prestigio y sus bienes.

Otro destacado abad de esa época fue Esteban Harding, resultó un gran promotor del Císter, que bajo su guía experimentó una notable expansión. Fue autor del Exordio Parvo y de la «Carta de Caridad», escritos que fijaron definitivamente las normas de vida de la Orden, su organización interna y, en definitiva, su Regla. Bajo la conducción de Esteban Harding (posteriormente canonizado) se fundaron las primeras cuatro nuevas abadías, conocidas como «las cuatro hijas del Císter».

En 1112 se presentó en Citeaux un grupo de treinta laicos encabezados por un joven llamado Bernardo, que pidieron ingresar como monjes. Esteban aceptó ese ruego y tres años después envió a Bernardo a fundar una nueva abadía en Clairvaux (Claraval). Esta congregación fue una inesperada y brillante estrella en la aún escasa constelación del Císter.

El Císter alcanzó renombre en toda Europa, gracias al ingreso de este joven noble de excepcional valor, seguido de sus compañeros: San Bernardo. En 1115, San Bernardo fundó cerca de Troyes su propia abadía: la de Claraval. Excelente polemista, San Bernardo representó, en el siglo XII, un papel muy importante en las famosas discusiones entre teólogos, en las cuales fue el adversario de Abelardo; después representó, igualmente, un gran papel en la segunda cruzada.

Su comunidad interna llegó a reunir 700 monjes, más otros miles en los 160 monasterios que dependían de ella. El polifacético Bernardo de Clairvaux obtuvo un particular poder dentro de la Iglesia, que le permitió tanto inspirar la fundación de la Orden del Temple como intervenir con autoridad en los conflictos del Vaticano.

Cuando murió, en 1153, la orden cisterciense estaba ya sólidamente implantada y tenía a su cabeza una direción colectiva: el Capítulo General, que reunía todos los años a los abades de las diferen tes casas. Durante casi dos siglos, las abadías aparecieron como puertos donde se refugiaba lo más noble y elevado del hombre medieval: el trabajo, la cultura y la fe.

Fuente Consultada:
HISTORAMA Tomo III La Sociedad Feudal La Gran Aventura del Hombre Edit. CODEX
Más Allá de los Pilares de la Tierra  Ken Follett Edit. Hermética Robinbook

Historia de la Orden de Cluny Fundación y Reformas

FUNDADOR DE LA ORDEN DE CLUNY: PROPÓSITO ESPIRITUAL

Monasterio de Cluny, abadía benedictina situada en la región de Borgoña, Francia, que desempeñó un papel importante en la renovación monástica francesa y europea durante los siglos X y XI. Desde un punto de vista arquitectónico, la iglesia de Cluny fue el mayor templo románico de la edad media

ANTECEDENTES: En el paisaje de la Baja Edad Media, los monasterios y conventos eran una imagen habitual, día a día la cantidad de abadías se agrandaban muy pronto, gracias a las numerosas donaciones. Se levantaban generalmente en lo alto de un peñón, en lo profundo de un bosque, o en otros sitios aislados del mundo para favorecer el recogimiento y la oración. En teoría, las órdenes religiosas y sus monasterios representaban la opción más pura y radical de quienes se sentían predestinados para servir pacíficamente a Dios, con la mayor pureza y devoción. Para que lo representara cerca de los poderes laicos, el abad nombraba a un procurador. Paralelamente a esas actividades, las abadías no tardaron en convertirse en centros culturales de primer orden, de donde salieron, como en Bizancio, múltiples obras de arte, flor y nata de la cultura medieval.

Por otro lado en la práctica eran muchos los que, sin gran vocación religiosa, elegían el monacato como manera de escapar de la inseguridad, la violencia y la miseria que impregnaban el Medievo.

Eso llevó a un paulatino relajamiento de los votos de castidad y obediencia que obligaban a los monjes; mientras los abades y priores se saltaban las reglas de pobreza y humildad acumulando riquezas y convirtiéndose en verdaderos señores feudales. Se produjo entonces un efecto contrario porque la nobleza comenzó a colocar a sus miembros al frente de los monasterios importantes, para obtener más tierras y poderío. La enco nada querella de las investiduras alcanzó así a las ordenes religiosas, que llegaron a sufrir un gran desprestigio ante la po blación.

En aquel siglo de barbarie, donde todas las conquistas de la civilización estaban en peligro de desaparecer para siempre, es admirable el paciente trabajo de aquellos monjes copistas que habían consagrado toda su vida a transmitir a los siglos venideros las obras maestras de los tiempos pasados. En el siglo X, en la región de Macón, surgió una abadía cuyo renombre iba a extenderse rápidamente por toda Europa. Un nuevo período se abrió para los monasterios: el de la organización de órdenes jerarquizadas.

LA NUEVA ABADÍA DE CLUNY
Fundada en el año 910 por un gran señor, Guillermo, duque de Aquitania, la abadía apareció como la ciudadela de la ortodoxia benedictina, frente a la degeneración que siguió al enriquecimiento de los otros monasterios. El abad Bernon decidió, pues,   introducir  la   Regla de San Benito, tal como había sido interpretada en el siglo IX por el abad aquitano Benito de Aniano. Este último, en una capitular fechada en el año 817, había impuesto a los monasterios el retorno a una vida más estricta, que implicaba, entre otras cosas, la reducción de los estudios y el incremento de los oficios litúrgicos. Los monjes, vestidos, de negro, repartían la jornada entre la oración y el trabajo manual.

abadia de cluny

Quince años después, el segundo abad de Cluny, san Odón, encaró una reforma sustancial con el fin de recuperar las virtudes evangélicas. Centró la vida monacal en el Oficio Divino (Opus Dei), aumentó el tiempo dedicado a la oración, fomentó el canto gregoriano en las ceremonias litúrgicas e hizo cumplir severamente las normas de clausura y de silencio.

Consiguió para su nueva Orden la calidad de prelatura independiente, es decir, que en lo religioso obedecía directamente al papa, y en lo terrenal sólo al emperador. En su apogeo la Orden de Cluny llegó a poseer mas de mil casas regulares en toda Europa, dirigidas desde la poderosa abadía fundadora.

guillermo de aquitania

En el año 893, la villa de Cluny, en la Borgoña francesa, fue adjudicada por Carlomagno al duque Guillermo de Aquitania. Éste la donó a la Orden de San Benito en 910, para que se levantara allí una abadía en honor de san Pedro y san Pablo.

Los monjes hacían voto de castidad, y se habían comprometido a vivir pobremente, renunciando a toda posesión personal. Desde entonces, se sucedieron, al frente de la abadía, abades de gran valor, tales como Odón, Aymard, Maíeul. Rápidamente, las donaciones afluyeron a la abadía. Poco a poco, los monjes sufrieron la terrible atracción del siglo; al vivir en la opulencia, abandonaron el trabajo de la tierra a colonos, para no consagrarse más que a la oración litúrgica «Opus Dei». Directamente dependiente de Roma, para evitar toda ingerencia laica, la abadía recibió el privilegio de la exención, lo cual la sustraía de la intervención del episcopado.

Al final del siglo X, varias congregaciones religiosas recurrieron a los abades de Cluny, para que reorganizasen sus monasterios según las reglas cluniacenses. De esta forma, se creó una orden cluniacense constituida por una serie de congregaciones, sometidas todas ellas a la autoridad única y total del abad de Cluny. A finales del siglo XI, varios cientos de casas difundieron la extraordinaria celebridad de la que llegó a ser la más poderosa institución de la Iglesia católica. Este formidable desarrollo, que correspondía a un deseo de renovación espiritual, condujo, finalmente, a una lenta corrupción de las costumbres cluniacenses.

La obra de Cluny destacó por su acción a favor de la paz, el fomento de las peregrinaciones y la hospitalidad, la dedicación a la enseñanza en las escuelas cluniasensis y la protección e impulso de las artes. Pero lamentablemente a esta última inclinación debió tanto su esplendor como su decadencia.

Comprometida en la culminación de la arquitectura religiosa románica, encaró sucesivamente tres reformas de la gran abadía, cada cual más ambiciosa en dimensiones y en esplendor que la anterior. En la última versión, la iglesia presentaba cinco naves con doble crucero y un ábside con un am plio coro y una giróla de capillas radiales, coronada por una im ponente bóveda de cañón ojival.

Las dos poderosas torres latera les y la suntuosa decoración expresaban una mundana admiración por la belleza y un pecaminoso deseo de ostentación Por lo menos esa era la opinión de Roberto, abad cluniacense de Molesme, cuya pía indignación lo llevó a desvincularse de su descarriada casa central.

Por otro lado en la Edad Media, la riqueza era una fuerza corruptora que ningún obstáculo podía detener, si no era el apasionado deseo de pureza que animaba a numerosos cristianos, por lo que Cluny sufrió los ataques de los fieles, indignados por la vida fácil y cómoda de los cluniacenses. Desde entonces, fue una forma de monarquía aristocrática, integrada en el medio feudal, la que reinó en el edificio coronado por cuatro campanarios. Aparecieron nuevas corrientes rigoristas que llegarían a superar,  necesariamente, la Gregoriana.

Entre los numerosos religiosos cluniacenses que fueron canonizados, se cuentan el abad san Odón y el ex monje san Gregorio VII, el gran pontífice de la Edad Media. También fue abad de Cluny san Pedro el Venerable, que casi se pierde la canonización por haber respaldado al monje intelectual y polémico Pedro Abelardo.

Fuente Consultada:
HISTORAMA Tomo III La Sociedad Feudal La Gran Aventura del Hombre Edit. CODEX
Más Allá de los Pilares de la Tierra  Ken Follett Edit. Hermética Robinbook

Organización de la Iglesia y la Invasión de los Bárbaros Edad Media

LAS INVASIONES BÁRBARAS Y LA IGLESIA EN LA EDAD MEDIA

La Iglesia en la Edad Media, teniendo en cuenta las experiencias del pasado, llegó a asegurarse el monopolio de las actividades intelectuales, artísticas y educativas. La Reforma de Cluny purificó la vida monástica, pero la Iglesia secular estaba afectada por grandes vicios y los clérigos se hallaban demasiado íntimamente mezclados con el mundo y amenazados por su corrupción. El Papa Gregorio VII, en su deseo de reforma, chocó con el imperialismo dominador de Enrique IV de Alemania.

Después de la invasión de los bárbaros, la civilización occidental parecía haber retrocedido varios siglos; las estructuras de la sociedad fueron desmanteladas, las reglas elementales de la justicia romana desaparecieron, arrastradas por las hordas bárbaras, que se esforzaron en imponer sus propias concepciones por medio del Wehrgeld o precio de sangre.

En ese ambiente de degradación, de saqueo y de matanzas, la Iglesia apareció como el último baluarte de la civilización. Desde el siglo VII, el cristianismo, implantado ya en numerosas ciudades, penetró en los medios rurales, llevado por las antiguas clases dominantes, que buscaban lugares tranquilos y apacibles. Poco a poco, surgieron y se multiplicaron en el campo los lugares dedicados al culto, dirigidos por los nuevos terratenientes; los oratorios, y las capillas   bautismales   se   convirtieron   rápidamente en los centros de las comunidades cristianas: las parroquias.

La Iglesia, sin embargo, en ese contexto de violencias y de rudeza, no se limitó a una simple reorganización, sino que pasó a la ofensiva contra el paganismo renaciente y contra todas las supersticiones que se habían desarrollado entre los pueblos incultos y aterrorizados. Los reyes cristianos no escatimaron su ayuda a esta obra, que muy pronto se identificó con una tarea de reconstrucción del Estado.

Fue ésta la época de las grandes giras pastorales de los obispos contemporáneos del rey Dagoberto: San Eloy, San Omer, San Sulpicio. Prelados y misioneros partieron a evangelizar el norte de la Galia, y la cruz fue plantada de nuevo a lo largo del Mosa y del Escalda. En el siglo IX, la iglesia medieval francesa alcanzó su madurez. Tres concilios nacionales se celebraron entre los años 742 y 744, en el curso de los cuales San Bonifacio dio a la Iglesia franca su verdadera fisonomía.

La Iglesia se vio obligada a asumir, poco a poco, las tareas que los príncipes no estaban en condiciones de llevar a cabo; así, se hizo cargo de la instrucción pública, del cuidado de los enfermos, de la justicia y, en algunas ocasiones, incluso, de la paz.

Estas nuevas funciones hicieron de la Iglesia una fuerza real y confirmaron su creciente autoridad; pero, desde ese momento, un inmenso peligro surgió para el clero: el de su integración pura y simple en la sociedad   feudal.

La Iglesia, para realizar su misión, tenía necesidad de un mínimo de riquezas. Ciertamente, las donaciones y las limosnas se multiplicaban; numerosos eran los señores que, a la hora de la muerte, intentaban redimir las fechorías de una vida guerrera y apasionada, ofrendando a los monasterios vastas extensiones de su propiedad. Sin embargo, la Iglesia no podía vivir de estos recursos solamente.

El comercio y la moneda estaban poco desarrollados en la época feudal, la tierra era aún la única fuente de riquezas, la sola garantía de seguridad, el único medio de cambio. En estas condiciones, el clero no dudó en adquirir múltiples propiedades. Para estar más cerca de sus fieles, el clero secular se instaló entre ellos. Las comunidades religiosas se alejaron de los hombres, y, a menudo, ocuparon tierras abandonadas, dedicándose con entusiasmo a roturarlas, en una época en la que roturar se había convertido en una imperiosa necesidad de supervivencia para una población en pleno crecimiento.

Desde el siglo IX, todas las propiedades de los obispados y de las abadías fueron sustraídas a la ingerencia de los príncipes y de los condes. El dignatario eclesiástico se convirtió, para los hombres libres establecidos en su tierra, en el único representante del rey. En general, la propiedad se benefició de la inmunidad de las cargas fiscales.

Los señores del castillo no tuvieron ya ningún derecho sobre las tierras y los hombres de la Iglesia. De esta forma, las propiedades eclesiásticas se convirtieron en verdaderos enclaves independientes. Pero, en la práctica, esta independencia fue puesta en tela de juicio, debido a las nuevas funciones del clero. Según las estructuras feudales, el prelado propietario de fincas rústicas llegó a ser, en sus relaciones con la población que vivía en sus tierras y las trabajaba, un verdadero señor, animado frecuentemente por la sola preocupación de la ganancia y del beneficio.

Estas tentaciones fueron tanto mayores cuanto que se dieron en gente cuya selección y reclutamiento no obedecieron siempre a piadosas referencias. Y éste es el segundo aspecto de tal integración de la Iglesia en la economía feudal. A menudo, los señores laicos, fundadores de iglesias o donadores de bienes, se otorgaron una gran cantidad de privilegios sobre sus obras. Valiéndose del «patronato», pronto llegaron a designar ellos mismos, entre su propia clientela, a los titulares de los cargos eclesiásticos de la diócesis.

EL MONACATO: LAS TAREAS DE LOS MONJES
Para escapar a las tentaciones inherentes a la vida social, numerosos cristianos abandonaron el siglo, dejaron aquella sociedad en pleno derrumbamiento, para ir a refugiarse en solitarios lugares de retiro, propicios a la meditación y a la plegaria. El monacato no fue un fenómeno particular de la Europa’Occidental; fue, sobre todo, su desarrollo el que ofreció condiciones específicas. Llegadas de Egipto en el siglo V, las primeras comunidades se instalaron, hacia el año 418, en el sur de Francia.

Desde entonces, después de la fundación de los monasterios de Lérins y de San Víctor de Marsella, apareció toda una serie de comunidades que practicaban el ascetismo  más riguroso, unido a una nueva concepción de la penitencia y de la salvación. Así en el año 615, se fundaron los monasterio de Luxeuil, de Saint Gall, de Bobbio. Entre tanto, en el año 525, un italiano , Benito de  Nursia, decidió pro-movervun estilo de vida menos riguroso en sus monasterios,   para   transformarlos   en refugios más accesibles a los cristianos.

Fue entonces cuando se desarrolló un verdadero y vasto movimiento monacal, que aplicó por todas partes la regla de San Benito. Los centros benedictinos, al seguir esa regla, se convirtieron en remansos de paz, pero también en auténticos instrumentos de evangelización.

Fueron monjes benedictinos,   dirigidos   por   Agustín,   losque marcharon a convertir a los anglosajones. En Canterbury se instaló el primer monasterio benedictino situado fuera de Italia. En esos monasterios, la vida era bastante ruda y, esencialmente, estaba consagrada a la oración colectiva; los monjes organizados en verdaderas milicias, se habían comprometido solemnemente por escrito a llevar una vida parecida a la del soldado-campesino, bajo la férula absoluta del abad, jefe de la comunidad.

Además de dedicarse a la oración, los monjes se ocupaban en trabajos manuales, destinados a asegurarles la existencia. No queriendo depender en absoluto de la sociedad, por miedo a contaminarse, San Benito había impuesto el laboreo de los campos. Esta vida, tranquila y austera, atrajo a un gran número de señores y de campesinos, deseosos de asegurar la salvación de su alma. (seguir leyendo sobre Los Monasterios de San Benito de Nursia)

Fuente Consultada:
HISTORAMA Tomo III La Sociedad Feudal La Gran Aventura del Hombre Edit. CODEX
Más Allá de los Pilares de la Tierra  Ken Follett Edit. Hermética Robinbook

La Educación en el Imperio Carolingio La Escuelas Medievales

PRIMERAS ESCUELA DEL REY CARLOMAGNO EN LA EDAD MEDIA

Bajo los primeros carolingios, la Galia se hallaba en un estado de decadencia intelectual inquietante. Desde hacía mucho tiempo, habían desaparecido las escuelas públicas de la época romana, siendo reemplazadas por escuelas eclesiásticas, destinadas a la formación del clero; pero resultaban insuficientes para llevar a cabo su labor, aunque la lectura y la escritura se tenían por un lujo entre los clérigos e, incluso, entre los obispos.

Más aún, la lengua latina, única lengua escrita que perduraba, estaba completamente corrompida y el libro se había convertido en un objeto muy raro. Los manuscritos prueban la torpeza tanto de los escribas como de los miniaturistas encargados de ornamentarlos. Sin embargo, el caso de Italia, donde el ostrogodo Teodorico se había esforzado en conservar y desarrollar la cultura antigua, ejemplo seguido por los lombardos, cuyos reyes y duques se comportaban como verdaderos mecenas, era mucho menos desconsolador.

escuelas edad media con Carlomagno

También en España, la Iglesia, que rápidamente se hizo poderosa, se había esforzado en crear una nueva enseñanza capaz de reemplazar a las antiguas escuelas romanas, preservando de esta manera, la cultura clásica. Pero, más que estos países, fue Irlanda el foco de intensa vida intelectual, gracias a la actividad de los monjes.

La vieja enseñanza romana de humanidades se conservó en los monasterios, casi pura de toda mezcla, con las siete ramas del saber: gramática, retórica, dialéctica, aritmética, astronomía, ciencia musical y geometría. A esta enseñanza tradicional, fue ajustada la teología que formará como su coronación. Los monjes irlandeses, hechos misioneros, habían difundido por Escocia e Inglaterra su enseñanza y su gusto por la cultura. Antes de finalizar el siglo VII, habían fiorecido grandes escuelas anglosajonas que crearon maestros notables, tales como Be-da, denominado «el Venerable», en la época carolingia, versado en todas las ciencias. Los misioneros anglosajones, lo mismo que en otro tiempo los monjes irlandeses, extendieron, a su vez, por todo el continente, el conocimiento de la antigüedad latina. Así, San Bonifacio, el reformador de la escuela franca, no concibió la reforma moral del clero  sin una  reforma  intelectual.

LAS PRIMERAS ESCUELAS
En sus comienzos, el programa de Car-lomagno se confundió con el que había inaugurado San Bonifacio. Desde el comienzo de su reinado, se alzó contra la ignoran cia de los sacerdotes y tomó a su cargo la organización de los estudios en el reino. Recurrió a maestros italianos, anglosajones y españoles: Pablo Diácono, Alcuino, Teodulfo y sus émulos. Alcuino, el maestro más famoso de la gran escuela episcopal de York, fue el principal colaborador de Carlomagno. De este modo, el sistema inglés de enseñanza penetró en el reino franco, y después en todo el Imperio. Sin embargo, este movimiento de estudios no quedó por mucho tiempo confinado en la Iglesia. Car-lomagno trabajó por su difusión entre los laicos.

Así, ordenó la institución de cursos elementales destinados a un público más amplio, es decir, al mismo pueblo, aunque sólo fuera por darle algunas nociones de instrucción religiosa. En la corte, hizo crear «la escuela palatina» para formar en el servicio del Estado a la gente joven que le rodeaba. De esta manera, el palacio del soberano se convirtió en el verdadero centro intelectual del Imperio. Carlomagno y sus cortesanos, incluso los de edad avanzada, dieron ejemplo y se pusieron a estudiar. En la primera fase de este renacimiento intelectual, no hubo obras verdaderamente originales.

Se trata de una literatura latina que es una transposición de las obras clásicas, tanto en la forma como en el fondo. Egui-nardo calcó su «vida de Carlomagno», de las «Vidas» de Suetonio. Teodulfo imitó los versos de Ovidio o de Fortunato. Angilberto siguió la Eneida de Virgilio. También en materia artística, la imitación fue la norma. Se utilizaron, frecuentemente, trozos de monumentos antiguos para hacer el remedo más completo. En este aspecto, fue más Rávena que Roma la que sirvió de modelo. Para la capilla de Aquisgrán, construida a imitación de la de San Vital de Rávena, Carlomagno mandó llevar de Italia columnas, mármoles y mosaicos para decorarla.

Fuente Consultada:
HISTORAMA Tomo III El Rey Carlomagno  Editorial CODEX Tomo III
La Gran Aventura del Hombre

Biografia de Juan Pablo II Características de su Pontificado

RESUMEN BIOGRAFÍCO Y  LOS HECHOS MAS IMPORTANTES  DE SU PONTIFICADO

Juan Pablo II (1920-2005), papa (1978-2005), el primero no italiano desde 1523. El pontificado de Juan Pablo II confirmó la evolución de la Iglesia desde el concilio Vaticano II. La orientación enérgica y eficaz de su pontificado, sus declaraciones doctrinales y sus viajes por todo el mundo (sin precedentes) realzaron la importancia del Papado tanto dentro como fuera de la Iglesia católica.

El papa ratificó su vocación de ser un actor del siglo, principalmente a través de su compromiso contra el comunismo, e internacionalizó su acción por medio de frecuentes viajes apostólicos. Por primera vez desde 1552, un cardenal no italiano accedió al pontificado. Adoptó el nombre de Juan Pablo II.

Papa Juan Pablo II

Papa Juan Pablo II

Juan Pablo II sucedió a Juan Pablo I cuyo  pontificado sólo había durado treinta y tres días, quioen había sucediendo  a los quince años del de Paulo VI. El impacto fue profundo en la cristiandad. La Iglesia atravesaba por un período de incertidumbres ligado en especial a los efectos de la conmoción causada por el concilio Vaticano II. Su pontificado se inscribe en la continuidad de la onda de choque  propagada por el concilio Vaticano II. La adaptación de la Iglesia católica al siglo XX, iniciada de manera voluntarista por Paulo VI, planteó importantes debate; además de la oposición tradicional entre los “conservadores” y “progresistas”.

De nombre Karol Wojtyla nació en Wadowice, Galitzia , cerca de Cracovia en Polonia, el 18 de mayo 1920, el segundo hijo de un padre militar y una madre maestra. Wojtyla fue marcado en su juventud por la desaparición de todos sus parientes. A los 9 años su madre muere y unos años más tarde, su hermano mayor muere prematuramente. Su padre murió en 1941.

Estos eventos familiares tuvieron lugar en un contexto histórico difícil. Karol Wojtyla ha compartido el destino de Polonia particularmente afectados por las tragedias del siglo XX. En 1939, Polonia volvió a perder su autonomía con su partición entre la Alemania nazi y la Unión Soviética.

Después de la guerra, Polonia experimentará el totalitarismo comunista hasta 1989. Wojtyla visitará Polonia comunista en el inicio de su pontificado en 1979 y de nuevo en 1983 y 1987. Las manifestaciones desencadenadas por sus visitas, su apoyo explícito al Solidarnosc sindicato, han jugado un papel decisivo en la caída del poder comunista en Polonia (1989), el primer acto de la debacle del bloque oriental.

La acción polaca de Juan Pablo II ha sido una de las ilustraciones de un pontificado marcado por los derechos humanos y la propagación de los conflictos armados. En 1979, en su primera encíclica, Juan Pablo II declaró: “La paz se reduce al respeto de los derechos humanos inviolables […], Cuando se acepta sin reaccionar la violación de uno cualquiera de los derechos humanos fundamentales, todos los demás están en peligro.”.

Una de las últimas batallas de Juan Pablo II ha sido su oposición al estallido de la guerra en Irak por parte de Estados Unidos. El 13 de enero de 2003, al cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede, dijo: “No a la guerra Nunca inevitable Siempre es una derrota para la humanidad ..!”

Antes de entrar en el seminario, Karol Wojtyla siguió la literatura estudiada en la Universidad Jagellónica de Cracovia. El trabajo forzoso impuesto por los ocupantes nazis hicieron interrumpir sus estudios. Desde el otoño de 1940 y durante casi 4 años, Karol Wojtyla trabajó como obrero en una cantera de piedra primero (para una industria química Solvay) , y luego en una fábrica química. Juan Pablo II mantendrá esta experiencia con una gran preocupación por los problemas sociales.

En 1979, durante su viaje a México, dijo a los trabajadores de Monterrey: “No me he olvidado de los difíciles años de la Primera Guerra Mundial , yo mismo tengo experiencia directa de trabajo físico como el suyo […]. Sé perfectamente lo necesario que es que el trabajo abusivo,  responde a la dignidad superior del hombre “.

En Centesimus annus (1991) Juan Pablo II también advierte contra una forma radical del capitalismo: “La solución marxista ha fracasado, pero persisten en el mundo fenómenos de marginación y explotación especialmente en el Tercer Mundo , así como fenómenos de alienación humana, especialmente en los países más avanzados […]. Hay incluso un riesgo de propagación de una ideología radical de negarse capitalista para su consideración, admitiendo A priori que cualquier intento de tratar directamente está condenado al fracaso, y que, en principio, espera que la solución para el libre desarrollo de las fuerzas del mercado “.

Juan Pablo II refiriéndose a los países más pobres del mundo, dice que muchos hombres viven en ambientes donde la lucha por lo necesario es absolutamente prioritaria, donde están vigentes todavía las reglas del capitalismo primitivo junto con una despiadada situación que no tiene nada que envidiar a la de los momentos más oscuros de la primera fase de industrialización.

Se unió a un grupo de teatro de vanguardia que extenderá sus actividades bajo tierra. Karol Wojtyla escribió varias composiciones poéticas y teatrales, algunas de las cuales, al igual que la obra de teatro La tienda del orfebre, había hecho eco posteriormente fuera de las fronteras de Polonia. La creación literaria no ha sido abandonado por Juan Pablo II será el primer papa a publicar una colección de poemas (Tríptico Romano, 2003).

La ocupación nazi y más tarde las autoridades comunistas tratan de romper las raíces culturales de la identidad polaca. Las actividades de los estudiantes y teatrales de Karol Wojtyla será una forma de resistencia a la opresión ideológica y política.

Cuando se  convirtió en el Papa Juan Pablo II, declaró el 02 de junio 1980, en la UNESCO en París: “Soy hijo de una nación que ha vivido las mayores experiencias de la historia, que ha sido condenada a muerte por sus vecinos en varias ocasiones, pero que ha sobrevivido y que ha seguido siendo ella misma. Ha conservado su identidad y, a pesar de haber sido dividida y ocupada por extranjeros, ha conservado su soberanía nacional, no porque se apoyara en los recursos de la fuerza física, sino apoyándose exclusivamente en su cultura. Esta cultura resultó tener un poder mayor que todas las otras fuerzas.”

En 1982, se creó el Consejo Pontificio de la Cultura, y en 1993 se unió a ella el Pontificio Consejo para el Diálogo con los no creyentes (creados por Pablo VI en 1965). La creación de este nuevo dicasterio (tribunal compartido), presidido desde el inicio por el cardenal francés Paul Poupard, recibió la misión de promover el encuentro entre las culturas y el Evangelio.

En diciembre de 2000, Juan Pablo II dijo: “Una cultura que rechaza referirse a Dios, pierde la propia alma y se desorienta transformándose en una cultura de muerte, como atestiguan los trágicos acontecimientos del siglo XX y como demuestran los efectos nihilistas actualmente presentes en importantes ámbitos del mundo occidental»..” (Mensaje para la 34ª Jornada Mundial de la Paz).

Karol Wojtyla en 1942 entró al seminario de Cracovia, que debido a la ocupación nazi el seminario se redujo a la clandestinidad.

El 1° de noviembre de 1946, el arzobispo de Cracovia, el arzobispo Sapieha (que Pío XII lo había declarado cardenal) dirige al sacerdote Karol Wojtyla, y lo envía a continuar sus estudios en Roma, en la Pontificia Universidad de la Angelicum.

Defiende  su tesis en junio de 1948, en 1953, apoyará una tesis sobre el filósofo alemán Max Scheler, en la Universidad Jagellónica de Polonia, que cerró el año siguiente por el poder comunista. Siendo profesor asistente en la Universidad de Lublin en 1954, se convierte en el titular de la Cátedra de Ética en 1957. En 1958 fue nombrado arzobispo de Cracovia y el 26 de junio de 1967 cardenal.

Las actividades intelectuales de Padre Wojtyla no impidieron desarrollar una actividad pastoral. Se orienta a los jóvenes. Juan Pablo II se mantendrá durante toda su vida, una proximidad real con los jóvenes  que hablará de manera particularmente fuerte en  la Jornada Mundial de la Juventud o “Día Mundial de la Juventud” (en París en 1997, Roma en 2000 y Toronto en 2002 ). Este contacto privilegiado con la juventud presentará una doble nota de confianza y exigencia.

En el “Día de la Juventud” en Roma, Juan Pablo II declaró: «En el año 2000, ¿es difícil creer?». Esta es la pregunta que planteó Juan Pablo II a los dos millones de jóvenes reunidos en la vigilia de las Jornadas Mundiales de la Juventud. «Esta tarde os entregaré el Evangelio –dijo en respuesta al interrogante–. Es el regalo que el Papa os deja en esta vigilia inolvidable. La palabra que contiene es la palabra de Jesús. Si la escucháis en silencio, en oración, dejándoos ayudar por el sabio consejo de vuestros sacerdotes y educadores con el fin de comprenderla para vuestra vida, entonces encontraréis a Cristo y lo seguiréis, entregando día a día la vida por Él».

El Padre Wojtyla fue ordenado obispo auxiliar de Cracovia 28 de septiembre de 1958. Al igual que cualquier obispo católico, fue convocado al Vaticano II, inaugurado por el Papa Juan XXIII el 11 de octubre 1962 y clausurado por el Papa Pablo VI el 07 de diciembre 1965. El Obispo Wojtyla fue invitado a hacer una contribución personal al Consejo, por estar involucrado en el trabajo de redacción de la Constitución pastoral Gaudium et Spes.

El 13 de enero de 1964, Pablo VI nombró al obispo Wojtyla arzobispo de Cracovia. El nuevo arzobispo tomó posesión del cargo el 8 de marzo de 1964. Pablo VI murió el 6 de agosto de 1978, 20 días después Wojtyla es elegido Papa el 26 de agosto de 1978.

Mensaje Inicial de Juan  Pablo II: Ante los fieles sorprendidos por la juventud de este papa polaco, desconocido para todos, y cuyo nombre era difícil de pronunciar.Juan Pablo II lanzó un mensaje de esperanza y confianza hasta hoy famoso: «¡No tengáis miedo! ¡Abrid las puertas a Cristo de par en par! A su poder salvador abran las fronteras de los Estados, de los sistemas económicos y políticos, los vastos dominios de la cultura». A través de esta primera homilía, Juan Pablo II anunció la fuerza de los valores apostólicos que pronto estremecerían Europa del Este, y reafirmó el espíritu de cruzada que caracterizó de muchas maneras su pontificado.

El Papa Juan Pablo II tuvo como objetivo la puesta en práctica del Concilio Vaticano II. El día después de su elección, dijo: “Queremos en primer lugar destacar la importancia permanente del Concilio Ecuménico Vaticano II, y esto significa para nosotros un compromiso formal para implementarlo a fondo.”

Es en esta perspectiva que Juan Pablo II va a reformar el derecho de la Iglesia Católica a través de la promulgación del nuevo Código de Derecho Canónico en 1983. Él quizo ofrecer una presentación de los fundamentos de la fe católica, con la publicación de Catecismo de la Iglesia Católica en 1992. En la encíclica Ut unum sint 1995, proclama la  apertura a las comunidades cristianas no católicas y a la discusión sobre los procedimientos para el ejercicio del ministerio papal.

ECUMENISMO: Uno de los objetivos principales del concilio Vaticano II fue «promover la restauración de la unidad entre todos los cristianos». El Vaticano reconoció como primer interlocutor al Consejo ecuménico de las Iglesias, pero autorizó a sus representantes para que participaran en ciertas conferencias ecuménicas. Iniciada durante el pontificado de Paulo VI, esta tendencia se aceleró tras la iniciativa de Juan Pablo II, que estableció explícitamente la plena comunión «como objetivo para el diálogo entre las distintas religiones cristianas». Durante los últimos veinte años, este movimiento ha pasado por etapas importantes: en 1986, los cristianos separados participaron junto al papa en el primer encuentro entre religiones, organizado en Asís (Italia). En 1987, el patriarca de Moscú fue recibido en el Vaticano, reanudó las relaciones con la Santa Sede y recitó junto con Juan Pablo II el Credo de Nicea. Sin embargo, el ecumenismo se ha enfrentado desde hace algunos años al deterioro de las relaciones entre el papa y la Iglesia anglicana (debido al problema de la ordenación de mujeres) y a las tensiones a raíz del magisterio político ejercido en ciertos países por la Iglesia ortodoxa.

Los esfuerzos de reconciliación con el judaísmo y el diálogo interreligioso también aspectos del pontificado de estar en el punto de vista del Consejo. Respecto del judaísmo, Juan Pablo II planteará gestos altamente simbólicos, cuyo objetivo será promover la reconciliación con la Iglesia Católica. Para ello, Juan Pablo II dirigió un “examen de conciencia” sobre los pecados cometidos contra Judíos en la historia de la Iglesia.

Por otra parte, Juan Pablo II ha dado visibilidad al diálogo interreligioso, por ejemplo a través de su encuentro con los jóvenes musulmanes en el estadio de Casablanca en 1985, visitó la Mezquita de los Omeyas en Damasco, 6 de mayo de 2001 y de nuevo ambas reuniones de oración interreligiosa en Asís en 1986 y 2002. Todos estos actos procedieron de la convicción del Papa Juan Pablo II que el despliegue de la herencia del Concilio era la manera correcta de llevar a la Iglesia Católica en el tercero milenio.

Juan Pablo II canonizó por Francisco 27 ​​de abril 2014, junto con Juan XXIII.

CRONOLOGÍA DE JUAN PABLO II

1920 Nacimiento de Karol Wojtyla, el 18 de mayo. Las tropas alemanas invaden Polonia.

1946  Karol Wojtyla es ordenado sacerdote.

1958 Es nombrado obispo de Ombi.

1962-1965 Concilio Vaticano II.

1963 Wojtyla, arzobispo de Cracovia.

1967 Es nombrado cardenal por Paulo VI.

1978 Muerte de Paulo VI y luego de Juan Pablo I.   Karol Wojtyla, elegido papa.

1979 Viaje apostólico a Polonia.

1980 Grandes huelgas en Gdañs

1981 Atentado contra Juan Pablo II en la plaza de San Pedro. Encíclica Laborem Exercens legítima la reivindicación de la libertad sindical.

1986 Jornada ecuménica de oración por  la paz, en Asís.

1988 Monseñor Lefebvre es declarado cismático.

1989 Victoria de Solidarnosc en las elecciones legislativas en Polonia. Caída del muro de Berlín. Encuentro histórico entre el papa y Mijaíl Gorbachov.

1991 Publicación de la encíclica Centisimus Annus que constata el fracaso del socialismo, pero critica el capitalismo.

1997 Jornadas mundiales de la juventud en París.

1998 Viaje de Juan Pablo II a Cuba.

2000 Año del Jubileo declarado por Juan Pablo II.

Viajes apostólicos a Egipto y Tierra Santa.

2002 -2003 Viajes apostólicos a Canadá, Guatemala, México y España.

2005 Muerte de Juan Pablo II.

Fuente Consultada:
Hicieron Historia Larousse Tomo II Entrada: Biografía Juan Pablo II

Cultivos en América Colonial Trabajos Forzados a Aborígenes

LOS CULTIVOS COLONIALES Y EL COMERCIO
Desde el principio, Cortés había dado ejemplo en sus inmensos dominios mexicanos de Cuernavaca, plantando alrededor de su espléndido palacio, caña de azúcar, cáñamo, moreras. La llegada de los europeos revolucionó el orden animal y vegetal, introduciendo el cerdo, el carnero, el caballo, el asno y el mulo. Los rebaños aumentaban rápidamente, devastando las tierras de cultivo de los indios, que se retiraban a las montanas; América comienza a exportar su cuero y tejer su lana.

Cultivo de los aborígenes

Cultivo de los aborígenes en América Colonial

El trigo, la viña, el olivar vinieron a suministrar su alimentación habitual a los europeos; no obstante, los cultivos coloniales se desarrollaban en las zonas tropicales: cacao, caña de azúcar, índigo, cultivados en las haciendas, grandes propiedades de tipo capitalista, que empleaban cientos de hombres y un material de transformación considerable. Pero hasta el siglo XVIII la economía de la plantación no desempeñará un papel determinante. La prueba es que la América española equilibra sus importaciones con el envío del oro y de la plata. Doscientos navios salidos de Sevilla aseguran cada año los cambios.

Al ir, trigo, vino, aceite, hasta 1570; después, en el siglo XVII, todos los productos manufacturados cuya fabricación estaba reservada a la metrópoli. Al retorno, el cuero, índigo, azúcar y, sobre todo, los metales preciosos. Sólo estaban abiertos a los convoyes españoles tres puertos coloniales: Veracruz, Cartagena, Portobelo, que redistribuían las mercancías importadas hasta La Plata, a pesar de su magnífico estuario.

LA SITUACIÓN DE LOS INDIOS
Desde el punto de vista demográfico, la llegada de los europeos fue una catástrofe. Después de las matanzas de la conquista, el exterminio de las tribus irreductibles a toda asimilación, como las de los chichimecas en México o los araucanos de Chile, las muertes debidas al trabajo forzado en las minas y las enfermedades microbianas, ocasionaron terribles epidemias. En las Islas de las Antillas, desaparecieron los indios casi en su totalidad.

Con la supresión progresiva de la encomienda, el trabajo forzado temporal evolucionó poco a poco hacia el trabajo libre asalariado. Los indios llegaron a no tener más obligación que la de ir a alquilar sus brazos a los empleadores que eligieran ellos mismos, con los que podían discutir su salario sin que éste descendiera nunca de un mínimo marcado por la ley. Entonces se abrió en algunos puntos de las Indias de Castilla una era de prosperidad para los supervivientes, bastante reducidos después de las grandes epidemias.

La ley de la oferta y la demanda estaba a su favor. En el siglo XVIII llegó a ser habitual el espectáculo de los indios reuniéndose con sus empleadores en la plaza pública. Al mismo tiempo, habían sido tomadas medidas para proteger a los indígenas contra trabajos demasiado duros: el de los molinos de azúcar y talleres de tejidos. En fin, en 1632, fue totalmente suprimido el trabajo obligatorio en toda la América Latina.

Esta decisión demostrativa de una real inquietud humanitaria fue fácilmente soslayada: los propietarios necesitados de mano de obra intentaron atraer a sus dominios a los trabajadores libres, sacándolos de las comunidades de vecinos; para reternerlos, les adelantaban dinero, que los indígenas gastaban muy rápidamente; entonces se les obligó a trabajar para reintegrarlo. Este fue el trabajo por deudas.

Los poderes reales españoles se preocuparon de esta nueva situación y prohibieron todo adelanto de dinero a los indios, bajo pena de perder las sumas prestadas. Pero la aplicación de esta ley era muy difícil; esta nueva forma de servidumbre por deudas que se manifiesta en América Latina a mediados del siglo xvn, es ya el «peonaje», que tomará su forma definitiva en el siglo siguiente, y del cual intentaron las masas liberarse, de una u otra forma, en más de un país de la América Central y del Sur.

Las leyes liberales, promulgadas por Madrid para la salvaguardia de los indios, iban a llevarlos involuntariamente a la peor de las condiciones: la de parias, la de indeseables, la de parados. Pero entretanto surgió la gran desgracia de los indios. Esta fue la trata de negros que estudiaremos de manera más detallada en la historia del Brasil. Los principales países que suministraron esta mano de obra fueron desde el principio los de África Occidental y Central y, a partir de 1630, de Mozambique.

Se puede cifrar, aproximadamente, en más de un millón el número de esclavos negros importados en la América Latina antes del siglo xvm, de los cuales 500.000 corresponden al Brasil. Los esclavos negros fueron empleados en trabajos agrícolas, principalmente en las regiones de clima tropical-ecuatorial: costas del Brasil, Venezuela y países de América Central, así como en las Antillas. Santo Do mingo llegó a ser una verdadera tierra africana en el continente americano.

EL PAPEL DE LA IGLESIA LAS REDUCCIONES
La obra de evangelización acompañó a la colonización; en 1528 había ya 28 obispados y, a mediados del siglo, tenían arzobispados México y Lima. La obra misionera fue acometida, sobre todo, por las órdenes franciscana, dominicana, agustina y, más tarde, por los jesuítas.

Los frailes realizaron un trabajo lingüístico y etnológico extremadamente precioso. El franciscano Ber-nardino Ribera de Sahagún es el padre de la etnología india en Nueva España, de la que ha sido el gran explorador. En todas partes fueron edificados numerosos conventos rodeados de murallas fortificadas. Buscando aislar a los indios de los europeos, los monjes les enseñaron a cultivar los nuevos productos de Europa, a leer, escribir y a vestirse. Como los conventos limitaban el reclutamiento del trabajo forzado, se vio a los propietarios luchar contra sus actividades.

Esclavos brasil

Esclavos africanos en el traslado por barcos

Ellos preferían indios paganos para hacerlos trabajar el domingo. Hubo después rivalidades entre conventos, a veces verdaderas batallas donde los indios servían de soldados. Las tribus hostiles atacaban los monasterios, los saqueaban, mataban a los frailes. Otros monjes se adentraban en los bosques y en las montañas para terminar la evangelización. En el siglo XVIII, los jesuítas desempeñaron un papel capital en la región del Plata.

Controlaban inmensos distritos donde ejercían la autoridad espiritual y temporal, defendiendo a los indios de sus «reducciones» contra los cazadores de esclavos. A finales del siglo xvn, Paraguay había llegado a ser un estado jesuíta, una verdadera teocracia. Los tupis-guaraníes estaban agrupados en ciudades fortificadas, donde los cultivos eran de propiedad común. Bien alimentados y disciplinados, escaparon a la destrucción, pero su asimilación fue muy superficial.

La Iglesia tuvo entonces una influencia decisiva en el desarrollo del arte y la civilización. En la «Plaza», corazón de cada ciudad, se levantaban, frente a frente, la catedral y el palacio de la administración colonial. El arte de la América española combina las formas del Renacimiento con reminiscencias góticas, románicas y «mudejares», y el barroco empujó a un grado extremo de audacia y complicación los modelos españoles.

Inmediatamente después de la conquista, se construyeron los conventos de las órdenes religiosas: iglesias monumentales, capillas de tránsito para las procesiones, jardines, acueductos. La iglesia dominaba siempre por su tamaño al convento. Cada Orden religiosa impuso un estilo, pero la tradición india no llegó  a manifestarse  apenas.

LA IMPORTACIÓN DE ESCLAVOS NEGROS
Como en la América española, las leyes de protección de los indios, siempre mal aplicadas debido a la oposición de los colonos, condujeron rápidamente al desarrollo de la trata de negros. La extensión del cultivo de la caña de azúcar provocó en la primera mitad del siglo XVI una necesidad urgente de esclavos, tanto más cuanto que los holandeses se habían hecho dueños de Angola, principal proveedor, relevado muy pronto por la Guinea.

Los portugueses habían practicado la trata en las costas de África, desde el final del siglo XV. Un contratador la arrendaba al gobierno a cambio del monopolio en una región, determinada. Los tratantes debían dar por otra parte, dos negros al rey cada año y entregar dinero para las «obras pías» y las Ordenes religiosas.

Ellos se procuraban los esclavos o se los adquirían a los jefes indígenas, a los que las guerras tribales suministraban numerosos prisioneros. En los períodos de hambre, los negros se vendían ellos mismos. En fin, los aventureros, los «pourbeiros», negros y mulatos, efectuaban cacerías en el interior.

Los esclavos eran concentrados en la costa, bien alimentados, después de marchas agobiantes en la maleza, engrasados de aceite de palma para darles aire de llenos de salud y vigor. Es cierto que algunos eclesiásticos protestaron y, en 1639, el papa Urbano VIII prohibió la esclavitud de negros como la de indios, pero la bula no fue aplicada.

Los traficantes eran pagados en pólvora y en armas, en tejidos, tabaco y quincallería. A veces, son víctima de la astucia de los jefes indígenas que les atraen, anunciándoles un lote importante de esclavos, para robarles sus artículos de intercambio.

Dejando África, y pasando por Lisboa, o entrando en el Brasil, los mercaderes debían pagar tasas por cada cabeza transportada. Estaba prohibido embarcar un negro no bautizado. Por lo tanto, un convoy era bautizado sumariamente, «en bloque»; los barcos negreros eran denominados «tumbeiros», enterradores. Un franciscano italiano que hizo la travesía en uno de estos barcos escribió: «Los hombres estaban apilados al fondo de la cala, encadenados para que no se sublevasen y matasen a todos los blancos de a bordo.

Se reservaba a las mujeres un segundo entrepuente. Las mujeres encintas eran reunidas en la cabina de popa. A los niños se les amontonaba en el primer entrepuente como sardinas en barril. Si querían dormir caían unos sobre otros. Para satisfacer sus necesidades había sentinas, pero como temían perder su sitio se aliviaban donde se encontraban, sobre todo los hombres “cruelmente amontonados”, de tal manera que el hedor y el calor llegaban a ser intolerables.» La travesía del Atlántico duraba de 35 a 50 días. La mortandad era muy elevada; debido a la asfixia y las epidemias, el índice de mortalidad venía a ser sobre el 50%.

Para «luchar» contra las epidemias sé mataba, muchas veces, a los enfermos. A la llegada, los supervivientes eran de nuevo bien cuidados para obtener un precio satisfactorio en las subastas. Vendido en Angola en 22.000 reales, un esclavo podía ser comprado en 80.000 reales en el Brasil. Los precios varían, naturalmente, según la talla, edad, fuerza, sexo, etc.

En 1570, no había más que 2 ó 3.000 negros en el Brasil, en 1600 se les puede estimar en 50.000 y, hacia 1650, en 100.000. Remunerador a despecho de los riesgos y de las pérdidas, el tráfico suscitaba el contrabando de los ingleses, franceses, italianos, holandeses. Navios ingleses atacaban a los negreros para apode-
rarse de sus cargamentos, como lo harán posteriormente los holandeses en el curso de su ensayo de conquista del Brasil.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo VI La Gran Aventura del Hombre