Periodo Entre Guerras

Exilio de Cientificos y Artistas Durante el Nazismo Fugas de Cerebros

LA FUGA DE CIENTIFICOS A ARTISTAS DURANTE EL NAZISMO

“Hitler es mi mejor amigo”, declaraba WalterCook, quien diri gió, durante la década del treinta, el Instituto de Bellas Artes de la Universidad de Nueva York. “Él sacude el árbol y recojo las manzanas.”

Apasionado antinazi, ese hombre, complacido, se refería a la multitud de talentos que huían de Alemania, de la Italia fachista y de la España desgarrada por la guerra civil, para encontrar refugio y trabajo en institutos como el de Cook. Entre 1930 y 1941, más de 25.000 artistas, músicos, escritores, cientificos y eruditos, todos de primer orden, se establecieron en los Estados Unidos. Otros miles emigraron a Gran Bretaña.

La gran mayoría eran judíos, cuyas vidas, bienes y otros re cursos estaban amenazados por regímenes de derecha y por las bandas que actuaban con el apoyo de Hitler y Mussolini. Otros eran comunistas, socialistas y liberales que partían para a salvar se de las persecuciones desatadas contra los disidentes ideológicos.

Algunos se iban para conservar valores artísticos o inte lectuales que el nazismo y el fascismo habían rechazado  o pro hibido. Algunos se expatriaban para labrarse mejores carreras en países ansiosos por acogerlos, o simplemente para travajar en ambientes que aún no habían sido alcanzados por el terro rismo y la guerra.

Eso significó una pérdida incalculable para Europa —en be neficio de Gran Bretaña y los Estados Unidos— de figuras tan prominentes como el físico teórico Albert Einstein, el director de orquesta Arturo Toscanini y el novelista Thomas Mann Mensurable con más precisión en términos históricos fue el im pacto producido por el éxodo de un grupo de físicos nucleares entre éstos, Hans Bethe, James Franck y Enrico Fermi, que con tribuyeron a desarrollar la bomba atómica.

Cuando esa emigración de científicos estaba aún sus co mienzos, hubo, en los países totalitarios, personas se sensibles que trataron de impedirla. Hitler no escuchó a nadie. En 1933 el ilustre físico Max Planck —fundador de la teoría de Ios cuan ta— protestó ante él por haberse dejado cesantes a 1.500 do centes de universidades germanas. El Führer replicó: “Si el despido de científicos judíos significa la destrucción de la alemana de hoy, prescindiremos de la ciencia durante algunos años”.

freud exiliado en ee.uu.

Sigmund Freud, el fundador del moderno sicoanálisis, era judio. En junio de 1938 voló de Austria a Gran Bretaña, pasando por París, acompañado por su hija Anna.

Artista de cine exiliado por el nazismo

El director teatral y cinematográfico Max Reinhardt se embarcó en el “Normandie” para Nueva York en (937. En los Estados Unidos, ya se lo conocía por su película “Sueño de una noche de verano”.

artista exiliado en ee.uu por los nazis

Novelista alemán Erich Maria Remarque llegó New York el 4 de setiembre de 1939, a bordo trasatlántico “Queen Mary”. Su país había atacado a Polonia tres días antes. Los nazis descofiaban de este escritor después del éxito tenido en 1929 por su novela “Sin novedad en el frente”, una descripción de todos los horrores fas en el frente durante la Primera Guerra Mundial. En 1939, Hitler mandó quemar publiicamente ejemplares del libro ante la Universidad de Berlín, afirmando que esa obra era la “Traición” a los soldados que habían combatido 1914-1918

exiliado de nazismo

Franz Werfel era famoso en la década del treinta por su novela “Los 40 días del Musa Dagh” y su drama “Jacobowsky y el coronel”. De origen checo, pero residente en Viena desde hacia tiempo, se hallaba en Italia en 1938, cuando los nazis se apoderaron de Austria. Como era judío, buscó refugio en París. Cuando los alemanes invadieron Francia, estuvo escondido siete semanas en Lourdes y allí formuló un voto: si lograba llegar a América, rendiría un homenaje especial a santa Bernadette, patrona de ese santuario. A fines de 1940, ya estaba sano y salvo en Nueva York. Cumpliendo con su promesa, escribió “La canción de Bernadette”

exiliado por le nazismo de 1933

El novelista Lion Feuchtwar: dando una serie de conferencias en los Estados Unidos declaró que el libro “Mi Lucha”, de Hitler “contenía unos 139.900 errores sobre un total de 140.000 palabras”. El vengativo dictador mandó a confiscar su casa berlinesa. Se estebleció entonces en Francia, donde, en 1939, los franceses lo arrestaron y encarcelaron como extranjero enemigo. En 1940, después de la caida de ese país-aprovechó la confusión general y logró huir a América desde Lisboa-

artistas exiliados

El poeta y dramaturgo Bertolt Brecht era un marxista famoso por sus ideas
igualitarias y por la hostilidad hacia Hitler. En la “Jungla de cemento”, los canallas
eran los industriales; en “La ópera de tres centavos”, los héroes eran los plebeyos. En 1933, cuand Hitler conquistó el poder, huyó hacia Dinamarca y Suecia. Dejó abandonados muchos manuscritos, pero un amigo ‘las escondió  para luego enviárselos a través  de Siberia hasta el sur de California donde se había refugiado

exiliado por la guerra en alemania de 1939

André Maurois, célebre escritor francés de origen judío y declarado antinazi, actuó como oficial de enlace entre la FEB y los franceses a comienzos de la Segunda Guerra Mundial. Después de la derrota de Francia, fue a Londres a título personal, en caracter de portavoz de su país. Como carecía de recursos y no podía volver a París
—ya  ocupado por los alemanes— se trasladó a Boston a fines de 1940 donde consiguió la cátedra universitaria.

fermi exiliado por lo nazis

El físico Enrico Fermi, casado con una judía, abandonó Italia en diciembre de 1938, después que Mussolini, presionado por Hitler, promulgó leyes que privaban a los hebreos de muchos derechos políticos y económicos. Se detuvo en Estocolmo apenas lo suficiente para recibir un premio Nobel, merecido por su original trabajo analítico sobre los neutrones, y arribó a los Estados Unidos en enero de 1939. En América, con la colaboración de otros físicos nucleares exiliados -entre ellos, los húngaros Edward Teller y Leo Szilard— trabajó en el desarrollo de la bomba atómica.

Einstein exiliado por los nazis

El matemático Albert Einstein era el mas famos de los científicos prófugo; de Alemania. En 1921 obtuvo el premio Nobel. Su teoría de la relatividad y sus trabajos posteriores en el campo de la física jura le valieron el reconocimiento de todo el mundo que lo consideraba un genio. Vilipendiado Dor Hitler en su calidad de judío, dejó su puesto de director del Instituto Kaiser Wilhelm en Berlín. Renunció a la ciudadanía alemana y viaje en 1933. a los Estados Unidos, donde continuó sus investigaciones en el Instituto para Estudios de Avanzada en Princeton.

exiliado cientifico

La política Hannah Arendt era estudiante en la Universidad de Heidelberg cuando ios nazis se preparaban para conquistar el poder. Asustada por el servilismo de los secuaces de Hitler y en peligre por ser judia, se fue de su pais en 1933. En los Estados Unidos, en 1940, ejercía la docencia en un instituto neoyorquino de investigaciones sociológicas y escribió mucho sobre la Alemania nazi.

cientifico exiliado en ee.uu.

El físico Hans Bethe, llegó en 1935 a los Estados Unidos donde obtuvo una cátedra y un cargo como investigador en Cornell. Había sido expulsado de su cargo de profesor auxiliar en la Universidad alemana de Tubinga pero él lo tomó filosoficamente. “Puesto que mi madre era judía” decía “comprendí que me vería obligado a irme, tarde o temprano y no quise aguardar demasiado tiempo.  En 1943, por sus conocimientos en materia de energía termonuclear, entró a formar parte del equipo que trabajaba en el proyecto atómico. Hasta 1946, dirigió la división de física teórica del laboratorio científico de Los Álamos, centro de operaciones para las pruebas atómicas.

cientifico en el nazismo

El fisicoquímico James Franck renunció en 1933 a su cátedra en la Universidad de Gotinga, como protesta contra la política racista de Hitler. Aunque acusado  por los nazis de “sabotear al Estado”, era un científico tan prestigioso (también él un premio Nobel) que las autoridades germanas le ofrecieron permanecer en su cargo, pese a ser judío, pero prefirió emigrar. Fue primero a Copenhague; luego, en 1935, se trasladó a los Estados Unidos, donde se reunió con otros exiliado europeos para trabajar en proyectos.

artista exiliado por el nazismo

El compositor Kurt Weil,l casado con la cantante y actriz vienesa Lotte Lenya;  fueron acusados por los nazis en 1933 de “bolcheviques de la cultura” es decir, artistas peligrosamente radicales. El mayor delito de él era su asociación con el escritor izquierdista Bertolt Brecht, para quien compuso la partitura de “La ópera de tres centavos”. Su mujer fue considerada igualmente culpable: ella se había hecho famosa al desempeñar el papel de lenny en la misma obra musical. Los hitleristas prohibieron las creaciones de Kurt Weill e impidieron a Lotte Lenya seguir actuando en teatro. Poco después la pareja se fue de Alemania; y, a los dos años ya estaba en Nueva York, donde ella reanudo su carrera y él compuso la música para el drama bíblico de Franz Werfel.

El director de orquesta Arturo Toscanini declaró que el himno fascista “Giovinezza” era un absurdo musical y se negó a ejecutarlo en sus conciertos en Italia. Debido a esa actitud, algunos matones del partido lo golpearon en Bolonia en 1930. Esa experiencia intensificó su odio por Mussolini, sentimiento que solía manifestar frecuentemente en voz alta. Pero, enamorado de su país, no quiso expatriarse hasta 1938, cuando la Compañía Nacional de Radiodifusión la NBC, con sede en Nueva York, le ofreció dirigir una orquesta creada expresamente para él.

El compositor Igor Stravinsky, un ruso que vivía en París en ¡a década del treinta, detestaba prejuicios culturales de los nazis, que ya hab an condenado las obras de otros compositores modernos, como Paul Hlndemith, por ejemplo. En 1939, cuando se le ofreció una cátedra en Harvard, se alegró de poder poner cierta distancia entre él y Hitler. Partió para los Estados Unidos en el verano de ese año, justo en vísperas de la Segunda Guerra Mundial.

El director de orquesta Otto Klemperer viajó con su esposa a los Estados Unidos, después de perder su puesto en la Ópera del Estado, de Berlín, durante la purga antisemita de 1933. En Los Ángeles, llegó a ser director de la orquesta sinfónica local. Pero los nazis continuaron maltratándolo: lo acusaron injustamente de evasión fiscal  y confiscaron todos sus bienes en Alemania.

El director  de orquesta Erich Leinsdorf tenía veintesies años en 1937, pero, protegido por Arturo Toscanini dirigía desde 1933 la orquesta del festival de  Salzburgo. Recomendado por el mismo Toscanini a Edward Johnson, director del Metropolitan, lo contrataron como director auxiliar del teatro neoyorquino. Aunque Hitler aún no había anexado a Austria la política pronazi y el gusto musical, al igual que en Alemania ya estaban limitando las oportunidades para hombres como Leindorf quien pronto comprendió que su seguridad y su futuro económico estaban en América, pues, se incorporó al Metropolitan, donde en 1939, llegó a ser director principal y especialista del repertorio de Wagner.

exiliados

Los arquitectos Walter Cropius (a la derecha) y Marcel Breuer fundaron una escuela denominada Bauhaus, que llegó a ser un centro de enseñanza para otros artistas de vanguardia, durante la década del veinte, y ejerció una poderosa influencia en toda Europa en el ámbito del diseño. En 1928, la hostilidad alemana hacia las  innovaciones estéticas, estimulada por la creciente propaganda nazi, obligó al arquitecto Cropius y al diseñador de muebles Breuer a dejar su instituto y trasladarse a otros países. Breuer fue a España, Suiza y Gran Bretaña; y Cropius a Londres. En 1937, ambos llegaron juntos a los Estados Unidos, zonde obtuvieron cátedras en la Escuela de Diseño de Harvard.

dali exiliado de alemania

El pintor surrealista Salvador Dalí se destacaba por su inconformismo entre los artistas europeos de primera línea de la década del treinta. En 1929, dejó su nativa España para ir a París, quizá debido a un conflicto familiar. Más tarde, mientras muchos de sus colegas tomaban partido apasionadamente en la Guerra Civil de su país, manifestó que ésta lo tenía sin cuidado. Pero cuando los alemanes amenazaron París en 1940, se marchó de Francia y se estableció en los Estados Unidos, donde de tanto en tanto se aislaba en la tranquilidad de su bañera.

El pintor abstracto Josef Albers se las arregló para permanecer ajeno a las dificultades políticas desde 1923 hasta 1933, pese a que los nazis se esforzaban por suprimir todo estilo de arte vanguardista. Finalmente, como se negaba tercamente a alinearse con el realismo pregonado por el gobierno, la hostilidad oficial lo obligó a
renunciar a su cargo de docente en la Bauhaus. Al quedarse sin trabajo, resolvió establecerse en los
Estados Unidos, donde se incorporó al “Black Mountain College”, una escuela de Carolina del
Norte que acogió a muchísimos científicos y artistas exiliado.

El arquitecto Ludwig Mies van der Rohe dirigió la Bauhaus desde 1928, después de retirarse Walter Cropius y Marcel Breuer. Logró mantenerlo a flote durante cinco años más, pese a la creciente hostilidad de los nazis. En 1938, sin embargo, se dio por vencido y salió para los Estados Unidos

El caricaturista Ceorge Crosz atacaba a los nazis con tal feroz sátira socio-política que lo calificaron de “bolchevique cultural número uno”. En efecto, sus dibujos de gordos burgueses y sanguinarios militaristas dejaban muy pocas dudas acerca de sus simpatías ideológicas. En un principio, ignoró todas las presiones del partido, que incluían cartas anónimas de amenaza. Pero, en 1932, cuando un asistente de confianza lo visitó en su taller berlinés, llevando puesta una camisa parda de las tropas de asalto, y lo exhortó a ser más prudente, Grosz resolvió empacar y trasladarse a Nueva York, donde ejerció la docencia en el “Art Students League”, hasta que instaló una escuela propia en la misma ciudad.

Fuente Consultada:
La Segunda Guerra Mundial Tomoa: La Guerra Relámpago – Edit CODEX – “Exiliados Ilustres”

La Raza Superior Aria en el Arte Nazi Ideal de Hombre Para Hitler

La Raza Superior Aria en el Arte Nazi
Ideal de Hitler del Hombre Alemán

Adolf Hitler fue el crítico de arte quizá más seguro de si mismo y por cierto el más eficiente de toda la historia. Como dictador del Reich, sabía lo que le gustaba en pintura y escultura. Y el país obtuvo productos acordes con sus gustos.

El Führe adoraba toda obra de propaganda en que aparecieran alemames heroicos u hogareños, desempeñando las funciones propias de  una superraza nórdica, dedicada a la patria, al hogar y al orden. Al igual que muchos críticos de arte, era un pintor fracasado que apreciaba cuanto había admirado en su juventud: figuras clásicas, con frecuencia desnudas, con motivos alegóricoso  trasfondos rurales.

Consideraba como locos o delincuentes, a los cubistas, los surrealistas y otros innovadores que pintaban prados azules y nubes amarillas.

raza aria superior ideal de Hitler

Si hacer caso a una pegajoda Venus, un Adonis teutónico y patriota corre a las armas en esta alegoría realizada en 1924 por Arthur Kampf, cuya carrera prosperó durante  la era nazi

Ateniéndose a tales pautas, consiguió que el arte germano retrocediera con paso de ganso hasta el siglo XIX. Se sacaron de los museos y se vendieron en el extranjero obras deVan Gogh, Cauguin, Picasso, Chagall y Modigliani y se quemaron unos 5.000 cuadros menos comerciables. Simultáneamente Hitler constituyó una burocracia para empadronar a los artista; trabajos se amoldaban a su criterio.

Los elegidos eran  libres de pintar o esculpir lo que a él le gustaba. El ministro de proganda, Joseph Goebbels, prohibía criticarlos. Los favoritos del Führer se salvaban del servicio militar.

Gozaban de particular favor escultores como Amo Breker y Josef Thorak, cuyos bustos halagüeños y estatuas gigantescas dominaban con frecuencia las exposiciones anuales de la maciza Casa del Arte Alemán en Munich, para cada una cuales se requería el imprimatur de Hitler. Además, se apreciaba a pintores como Adolf Wissel, especializado en la representación de campesinos leales y laboriosos, y Sepp Hilz y Adolf  Zeigler, cuyos óleos conferían a las muestras el picante de algún desnudo aprobado por las autoridades.

Todos exaltaban la nueva misión del artista alemán: volver a despertar elorgullo de de la estirpe teutónica para que se orientara hacia una guerra total; y, una vez llegada ésta, sostener el espíritu nacionalista del país.

frase hitler sobre la raza aria superior

Arte degenerado, término genérico peyorativo utilizado en Alemania por el movimiento nacionalsocialista para designar las obras de arte y las diferentes tendencias del arte moderno prohibidas por razones ideológicas. La campaña de política cultural nacionalsocialista contra el arte moderno cobra forma con la exposición de Arte degenerado organizada en 1937 en Munich, donde se exhibieron 650 de las 16.000 pinturas, grabados y esculturas confiscadas a los museos alemanes por no cumplir el ideal estético de la “grandeza de la “raza aria” exigido por los nacionalsocialistas.

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Berlín, 1940. Este bajo relieve de granito, esculpido por Arno Breker para un edificio diseñado y nunca construido, simboliza la resurrección de la Alemania derrotada en 1918

PENÉLOPES DESNUDAS QUE GUSTABAN A UN PURITANO
En la estatuaria heroica del arte nazi había desnudos, como verduras aromáticas en un estofado, para que las exposiciones resultasen más sabrosas y la gente mirase también las obras menos llamativas. Durante la década del treinta, Alemania se destacó por cierto puritanismo militante. Pero nadie protestaba en esas muestras, ni siquiera el puritano —aunque en otros aspectos— de Adolf Hitler, cuya aceptación de ciertos óleos con desnudos sorprendía incluso al cínico Dr. Goebbels.

De cualquier modo, esa aceptación dependía de cómo los pintores se ajustaban a los conceptos del Führer. Éste pretendía que las mujeres representadas tuviesen cuerpos limpios, con pechos exuberantes, vientre chato, muslos largos y piernas esbeltas, de acuerdo con el modelo ideal de la virgen nórdica. Y si se las mostraba en un escenario rural o en el contexto de algún mito consagrado, como, por ejemplo, una parejade diosas que simbolizaran las fuerzas de la naturaleza, los rendimientos reales de los desnudos podían ser bastante sugestivos.

La propaganda nazi esperaba que esa pornografía oculta ayudara a incrementar el número de nacimientos y a estimular a los combatientes con la promesa implícita de Penélopes voluptuosas que aguardarían su retorno de la guerra. Al volver del frente —decía Hitler— tienen la necesidad física de olvidar toda la suciedad y admirar la belleza de las formas.”

La raza aria ha sido considerada como la raza mejor capacitada para el desarrollo de civilizaciones y sus respectivos adelantos tecnológicos y culturales. El origen de la raza aria se remonta a miles de años atras en rutas provenientes del centro de Asia que con sucesivas migraciones fué ocupando toda Europa y que con el paso del tiempo se fueron creando nuevas culturas y diversificando los lenguajes indoeuropeos.

HUMILDES MIEMBROS DE LA RAZA SUPERIOR
Los artistas de Hitler no sólo llevaron el arte ai pueblo, sino que también procuraron que la gente común participase en el arte como nunca lo había hecho. Cientos de pinturas y estatuas, realizadas por simples trabajadores, reiteraban el mensaje de que todos los alemanes formaban una gran familia laboriosa, más unida por la tierra, la sangre y sus firmes ideales que cualquier otra nación.

Los personajes de esos himnos visuales raras veces sonreían: presentaban mandíbulas apretadas, expresiones severas. Hasta los niños y los animales parecían imbuidos por un grave sentimiento de determinación u obediencia.

Pocos sujetos se mostraban en actitudes ociosas. Los operarios usaban o, por lo menos, empuñaban sus herramientas. Los labradores, aún descansando y luciendo sus trajes dominicales, sugerían la idea de que estaban listos para reanudar sus tareas en el campo.

A partir de la guerra, la canonización de obreros y campesinos cobró más impulso. En obras dedicadas al heroísmo del ejército, fornidos trabajadores se alinearon con los combatientes en metros cuadrados de lienzo y en toneladas de piedra, indicando que ellos también eran soldados, encargados de suministrar a las tropas los alimentos y las armas vitales para los triunfos del Reich.

hombre ario segun Hitler raza aria

Este centinela de piedra caliza, esculpido en 1936 por Willy Meller se d estacaba frente al “Ordensburg Vogelsang”, una de las cuatro escuelas para formación de futuros líderes nazis. La inscripción reza: “Vosotros sois los portadores de antorchas de la nación. Lleváis delante de vosotros la luz del espíritu en nombre de Adolf Hitler”

raza aria super hombre de hitler

Arno Breker retoca una de sus obras más sobrias: un busto de Albert Speer, el arquitecto favorito de Hitler. La mayoría de sus estatuas exhibían figuras gigantescas con musculaturas sobrenaturales, aun mis realizadas que las de su colega Josef Thorak. Como no podía encontrar alemanes bastante robustos que le sirvieran de modelos, tuvo que basarse en las imágenes de tratados de anatomía.

raza aria de hitler esculturas

Grupo familiar de 6 metros de alto.

escultura nazi super hombre
Una composición titulada “Camaradería”, en escala similar. El autor de ambos trabajos es el prolífíco losef Thorak. Esculpió el provocativo trío para el pabellón alemán en la Feria Mundial que tuvo lugar en París en 1937: y, ese mismo año, los dos camaradas de bronce dominaron en Munich la apertura de la llamada “Casa del Arte Germano”, escenario de las mayores exposiciones nazis. Tal como Breker, Thorak era un veterano de la Primera Guerra Mundial: una circunstancia, ésta, que tal vez lo ayudó a granjearse la simpatía del ex combatiente Hitler. Cuando funcionarios del régimen descubrieron un manifiesto comunista que él había firmado en su juventud, el dictador no se preocupó demasiado por ese hallazgo. Se limitó a hacer un comentario sorprendente y paternal: “Los artistas son almas ingenuas. Hoy firman una cosa; mañana, otra”

arte nazi una pintura

El pintor Sepp Hilz, trabajando en su taller en Babiera, trasforma hábilmente a una agraciada modelo en una “Venus campesina”: mezcla artesanal de sencillez rural, ideal racial y concupiscencia.

arte nazi de bronce

En este bronce realizado en 1938 por Hans Breker, hermano menor de Amo, un minero de firme mandíbula empuña su piqueta cual si fuera un arma, sugiriendo que él también, como todo soldado de uniforme, es un combatiente importante para la patria.

obra pictorica de Hitler

Hitler estimaba mucho los cuadros como éste de Adolf Wissel, donde se exalta la vida de hogar que él recomendaba y que nunca tuvo. El padre irradia una fuerza patriarcal que su hijo ya empieza a compartir; y la mirada humilde o plácida de las mujeres sugiere una segura docilidad.

Ver: Cientificos y Artistas Exiliados del Régimen NAZI

Fuente Consultada:
La Segunda Guerra Mundial Tomo: La Guerra Relampago – Edit CODEX – “Arios Por Tonelada”

Territorios Perdidos Por Alemania en la Primera Guerra Mundial

Territorios Perdidos Por Alemania en la Primera Guerra Mundial

El 7 de mayo de 1919, los alemanes conocieron las conclusiones de la conferencia de Versalles, y quedaron horrorizados, convencidos de que jamás una paz había sido tan dura. Algunos querían, incluso, volver a empuñar las armas, pero los jefes militares demostraron la insensatez de tal actitud.

Obligada a aceptar, Alemania conservó un profundo rencor contra la hipocresía de sus vencedores, que, fingiendo hacer una paz justa, habían resuelto el problema reduciendo a Alemania a la impotencia. Aquel rencor comenzó a pensar ya en el desquite: los alemanes se preparaban a no tener piedad ellos tampoco.

El Tratado de Versalles, en realidad, es el resultado de muchos compromisos. La mayoría de las potencias había pedido el máximo, para poder renunciar después, aceptando algunas concesiones. En total, Alemania perdía cerca de la séptima parte de su territorio y la décima parte de su población: Alsacia y Lorena volvían a Francia, sin que nadie encontrara en ello un motivo de censura. Bélgica, por su parte, obtenía Eupen y Malmédy: una pequeña rectificación de su frontera.

Pero las pretensiones habían sido muy amplias. Haciendo valer el célebre principio de la Revolución Francesa, el de las «fronteras naturales», Francia había reivindicado toda la orilla izquierda del Rhin. Afirmaba, no sin ciertas razones aparentes, que la posesión de aquel territorio la pondría al abrigo de toda invasión germánica. (Los belgas, a su vez, reclamaban la desembocadura del Escalda: otra frontera natural, constituida a costa de los Países Bajos y que ofrecía la ventaja de liberar al puerto de Amberes, cuya salida al mar se encontraba encerrada entre las tenazas de dos territorios holandeses.)

Pero Wilson y Lloyd George se opusieron a las pretensiones francesas. Aquello equivaldría a convertir la Renania en una nueva Alsacia-Lorena, con el peligro* inmediato de provocar nuevos conflictos, pero, como los franceses afirmaban que la reivindicación de tal territorio no obedecía más que a razones de seguridad, americanos e ingleses aceptaron firmar un tratado de garantías, mediante el cual se comprometían a que las nuevas fronteras de Francia serían respetadas siempre. Además, si la Renania seguía siendo alemana, sería desmilitariza.

No se permitiría ningún soldado alemán , ni fortificación militar alguna en la orilla izquierda del Rhin, ni en una franja de 50 kilómetros de ancha sobre la orilla derecha. Aquellas cláusulas ofrecían a Francia, en efecto, una posición favorable. Cualquier ataque por sorpresa le permitiría penetrar sin dificultades en territorio alemán y ocupar lo que constituía la fuerza viva de Alemania: el Ruhr.

Además, el territorio del Sarre era también reivindicado por Francia, interesada en las riquezas carboníferas intactas y por el potencial siderúrgico de aquella nación, pero la anexión pura y simple a Francia fue rechazada también: el Sarre sería administrado, durante quince años, por una comisión de la Sociedad de Naciones.

Después, en 1935, un plebiscito permitiría a la población elegir entre el mantenimiento del «statu quo», la unión a Francia, o la vuelta pura y simple al seno de la nación alemana. Hacia el oeste, pues, los territorios alemanes desmilitarizados constituían una especie de glacis de protección entre Alemania y Francia.

ALEMANIA: PERDIDAS TERRITORIALES E INDEMNIZACIONES
También en el Este se vio privada Alemania de una parte de sus territorios. A favor del reconstituido Estado polaco, perdió la Posnania, pero las que más fuertes controversias levantaron fueron dos zonas: la Alta Silesia, aunque poblada por alemanes, fue anexionada por Polonia, y, en el Norte, se creó un «pasillo polaco» que» daba al nuevo Estado una salida al mar. Además, el único puerto aprovechable, el de la ciudad alemana de Dantzig, recibió un estatuto internacional.

El problema del pasillo polaco era importante, por dos razones: porque en aquellas regiones vivían muchos alemanes, y, sobre todo, porque separaba a Alemania de su provincia de Prusia oriental. En el Schleswig del Norte se organizó un plebiscito que decidió’ la unión de aquel territorio a Dinamarca. Además de aquellas pérdidas territoriales, resultaron especialmente dolorosos para los alemanes el desarme y el problema de las indemnizaciones.

Como primera medida de un desarme general, al que todo el mundo se comprometió, se le prohibió a Alemania todo armamento pesado y la aviación militar. Su ejército no podría pasar de los 100.000 hombres, los necesarios para defender el país contra una revolución bolchevique que todos temían. Por otra parte, considerada como única responsable del desencadenamiento de la guerra, Alemania fue condenada, en principio, a «pagar la cuenta», a reparar lo que por su culpa había sido destruido.

Una primera valuación ascendía 700 mil millones de marcos oro. Pero, ante las dificultades del problema, se nombró una comisión encargada de formular propuestas concretas, de modo que, en Versarles, Alemania fue condenada a aceptar el pago de una suma que aún no había sido fijada.

Las Cámaras inglesas y francesas ratificaron el Tratado de Versarles, y Alemania también, sólo que con reticencias. Sin embargo, el Senado americano, desoyendo a Wllson y negándose a unir a América a un tratado que hacía prever conflictos entre los europeos, decididamente incorregibles, se opuso a la ratificación del tratado, debilitando así su fuerza (noviembre de 1919).

Alemania, pues, lo aceptó contra su voluntad, Rusia no era signataria, y América lo rechazó: así, el Tratado de Versarles no fue, en fin de cuentas, más que un acuerdo entre las principales potencias de una Europa muy debilitada, que sólo podía durar mientras la fuerza de los aliados les permitiese hacerlo respetar.

Fuente Consultada: HISTORAMA TOMO XII La Gran Aventura del Hombre Editorial CODEX

Campaña al Norte de Africa en la Segunda Guerra Mundial

Campaña al Norte de África en la 2° Guerra Mundial –

De 1940 a 1943, África del Norte y el Sahara fueron escenarios de una de las más terribles guerras del desierto que haya conocido la historia de la humanidad. Los ejércitos alemanes, al mando del mariscal Rommel, amenazaron durante varios meses las posiciones aliadas en el Cercano Oriente y en Oriente Medio. Por fortuna, con la victoria de El Alamein, las fuerzas británicas, al mando de los generales Montgomery y Alexander, infligieron al régimen hitleriano su primer golpe, un golpe que sería de importancia trascendental.

La horrible campaña de África del Norte ha sido uno de los episodios más dramáticos de la segunda Guerra Mundial. La distancia entre Alejandría y Trípoli no tiene menos de 2.260 km. Sin embargo, entre los años 1940-43, los combatientes de ambos bandos efectuaron dos veces y media un movimiento pendular entre Egipto y Tripolitania, entonces posesión italiana y que hoy forma parte de Libia.

Las operaciones eran dificultosas debido al clima y la configuración del terreno. No tenían ninguna posibilidad de llegar a término sino a condición de utilizar la máxima rapidez y manejar fuerzas extremadamente móviles. Las campañas de África del Norte demostraron el gran valor estratégico de los tanques y los vehículos blindados.

También el abastecimiento de las tropas tropezó con dificultades desconocidas hasta entonces. El éxito de una campaña dependía, en gran parte, del normal aprovisionamiento de gasolina, aceite, agua para enfriar los motores, víveres, agua potable, ropas, productos farmacéuticos y municiones. Al partir, todo este material debía ser trasladado hasta el mismo terreno desde los depósitos, que, con frecuencia, estaban muy lejos. La consecuencia era la creación de una intendencia más importante que las fuerzas combatientes.

Había que emprender los ataques con fuerzas reducidas, un máximo de 30.000 hombres, porque ninguno podía realizarse más allá de cierta distancia de las posiciones de partida.

En esta guerra del desierto los puertos demostraron ser de capital importancia. ¿Debe verse en esto la razón de que las tropas italianas que luchaban al lado de Alemania no lograran nunca dejar fuera de combate a las fuerzas francobritánicas durante el período más favorable de la campaña de África ?.

No hay que olvidar que de junio a setiembre de 1940, las tropas aliadas se encontraban muy debilitadas por la guerra relámpago de los alemanes, sobre todo después del desastre de Dunkerque. A menos que las fuerzas del Eje se hubieran equivocado creyendo que la resistencia inglesa no duraría más allá del verano.

rommel campaña al norte de africa

Al comienzo de 1942, las fuerzas Aliadas en el norte de África fueron debilitadas al mandar destacamentos al Lejano Oriente. Rommel al mando del Áfika Korps recapturó Bengasi. Entonces derrotó a los Aliados en la Batalla de Gazala y conquistó Tobruk, haciendo miles de prisioneros y apoderándose de grandes cantidades de suministros, antes de continuar más profundamente dentro de Egipto.

Fuera como fuese, el general Wavell consiguió cambiar el giro de los acontecimientos a partir de diciembre de 1940, con sus ataques contra África central, donde las fuerzas italianas eran más numerosas y constituían una amenaza para el Oriente Medio y sus campos petrolíferos. Este éxito parcial ¿se debió acaso a la fuerte tradición colonial de Inglaterra que. sin seria preparación, pero frente a una necesidad imperiosa sabía dónde había de centrar sus esfuerzos?

Las fuerzas inglesas que se opusieron al Afrikakorps del general Rommel estaban especialmente equipadas para la guerra en el desierto. El Afrikakorps consiguió atravesar las líneas de Wavell y avanzar rápidamente hasta la frontera egipcio-libia. Los generales ingleses Auchinleck y Cunnimgham detuvieron a Rommel cerca de Sidi-Resseg.

En 1942, Rommel tomó de nuevo la iniciativa. Los puntos clave de los combates se situaron en Bir Hakeim y Tobruk. Ante este puerto transformado en plaza fuerte, Rommel destruyó 230 tanques en un día. Después, el 21 de junio, Tobruk cayó en sus manos, así como 28.000 prisioneros entre los que figuraba toda la división sudafricana.

Este magnífico hecho de armas le valió a Rommel el apodo de «zorro del desierto» y el título de mariscal. El primero se lo concedieron los ingleses; el segundo, Hitler. El camino hacia Egipto estaba libre, pero los alemanes chocaron entonces con el general Montgomery, que se convertiría en el popular «Monty», y el general Alexander. Éstos habían fortificado a toda prisa las posiciones de El Alamein, que serían las pinzas de la tenaza en las que los ejércitos alemanes gastarían sus últimos recursos.

La batalla de El Alamein empezó el 30 de junio. Por dos veces Rommel intentó en vano tomar las posiciones inglesas. El 23 de octubre, el VIII Ejército inglés, después de un formidable bombardeo de las líneas de comunicación de Rommel, se lanzó también al ataque.

Esto provocó la desbandada en las filas del Afrikakorps. La retirada de las fuerzas de Rommel fue una huida precipitada. Esta victoria aliada se debió en parte al desembarco en las costas del norte de África de un cuerpo expedicionario anglo-norteamericano al mando del general Eisenhower. Al mismo tiempo, en el estrecho de Gibraltar se habían reunido unos 800 buques ingleses para efectuar desembarcos en varios puertos norteafricanos.

La campaña finalizó con la conquista de Túnez en la que los generales Anderson, Clark, Montgomery, Alexander y Eisenhower acabaron con las últimas resistencias de las fuerzas alemanas.

Rommel se había defendido con desesperada energía, pero su estado de salud le obligó a ceder sus poderes a von Arnin quien, el 11 de mayo de 1943, hubo de abandonar una lucha que era ya inútil. Rommel volvió a enfrentarse con los aliados en Normandía, donde fue gravemente herido.

Después del “atentado contra Hitler, en julio de 1944, tuvo que elegir entre el suicidio por envenenamiento o verse ante un tribunal del pueblo. Rommel escogió el suicidio. Así desapareció un hombre a quien Winston Churchill había dado el título de «gran general».

Fuente Consultada:
Enciclopedia Juvenil – Tomo I – Sangre y Arena – A Zeta Editorial Credsa

Biografía Francisco Jose I Emperador de Austria Historia

FIN DE LA DISNASTÍA HASBURGO
FRANCISCO JOSE I: VIDA Y GOBIERNO DEL EMPERADOR DE AUSTRIA

Francisco José I. Emperador de Austria, nieto del Emperador de Alemania Francisco II, Nació en 18 de agosto de 1830 y murió en 21 de noviembre de 1916, en el palacio de Schoenbrunn, Viena (1830-1916). Subió al trono en 1848, sucediendo a su tío Fernando I, cuando éste abdicó durante la revolución de 1848. Fue el último gobernante de la dinastía de los Habsburgo. Su gobierno estuvo sellado por la tragedia personal y la lucha contra el liberalismo imperante en su ápoca. Como emperador, entre 1848 y 1850 apoyado por Rusia logró restablecer el orden político y  restableció el poder en la Confederación Alemana.

Emperador Francisco Jose I de Austria

Emperador Francisco Jose I de Austria

En los 68 años de su reinado, Francisco José I resguardó el prestigio de los Habsburgo, pero no pudo detener la decadencia del Imperio austríaco, junto con «el emperador de la Belle Epoque» desapareció una sociedad brillante en medio del estrépito de la Gran Guerra.

En 1859 hubo de ceder Lombardía a Italia; en 1866 quedó excluído de toda intervención en los asuntos de Alemania, como resultado de su guerra con Prusia, y hubo de ceder el Véneto a Italia. Se le nombró rey de Hungría en 1867.

La tragedia familiar siempre lo persiguió, pues en 1857 perdío a su primera hija Sofía, víctima de escarlatina. En 1867 su hermano Maximiliano I emperador de México, por voluntad de Napoleón III, fue ejecutado. En 1898 su esposa  Isabel asesinada y antes en 1889 su único hijo Rodolfo se suicidó. Mas adelante, en 1914 el asesinato del príncipe heredero Francisco Fernando y de la esposa de éste en Sarajevo,  fue causa de la Primera Guerra Mundial.

Desde su llegada al trono  ejerció un poder autoritario, reprimiendo toda oposición liberal o nacionalista. Dejando de lado la caza, su pasatiempo preferido, permanecía largas horas trabajando, escuchando a sus consejeros y ministros y preocupándose de todos los aspectos de su cargo. Siguiendo su ejemplo, la administración del imperio proyectaba una rigurosa imagen de eficacia, al igual que el ejército y la policía, cuyo celo y dedicación eran absolutos.

Su largo reinado conoció una sucesión de fracasos en política exterior que, poco después de su muerte, conducirían a la desintegración del Imperio de los Habsburgo. Para empezar, sus dudas con ocasión de la Guerra de Crimea (1854-56) le hicieron perder la alianza de Rusia.

Esa debilidad facilitó luego la intervención del Segundo Imperio francés de Napoleón III en apoyo del Piamonte, librando ambos emperadores la batalla de Solferino (1859): la derrota austríaca le hizo perder la Lombardía y abrió las puertas a la unificación de Italia en detrimento de la antigua influencia austríaca sobre los pequeños Estados de la península.

Otorgó al ejército un lugar de prestigio en una sociedad conservadora, trató siempre de dar una imagen de un imperio ordenado, controlado y organizado. Sin embargo, Francisco José I no despreciaba la modernidad. El nuevo Código penal de 1852, el Código de comercio de 1862 y las leyes sociales de 1880 testimonian su preocupación por hacer evolucionar el imperio, siguiendo los pasos de los países de Europa occidental, en particular de Alemania.

ANTECEDENTES HISTÓRICOS DE LA ÉPOCA: En 1815, luego de la derrota definitiva de Napoleón,  se restableció en toda Europa un orden conservador, y la cooperación de las grandes potencias, que tomó cuerpo en el concierto de Europa, que trató de asegurar su duración. Pero las oleadas revolucionarias de principios de las décadas de 1820 y 1830 dejaron ver que las ideologías del liberalismo y el nacionalismo, desatadas por la Revolución Francesa y reforzadas ahora por la propagación de la Revolución Industrial, estaban vivas aún y activas.

En 1848, explotaron una vez más en toda Europa. Y una vez más fracasaron. Pero no todo se perdió. Tanto liberalismo como el nacionalismo triunfarían en la segunda mitad del siglo XIX, pero en formas no previstas por los idealistas liberales y nacionalistas, totalmente convencidos de que su momento había llegado cuando se fueron a las barricadas en 1848.

El Imperio Austríaco era un conglomerado de nacionalidades bajo el dominio de la monarquía de los Habsburgo, uno de los bastiones más inexpugnables del tradicionalismo en Europa. El empeño imperial por mantener el absolutismo e impedir cualquier amago de participación de las nacionalidades en los asuntos del Estado propició el despertar de los movimientos nacionalistas, que protagonizaron en 1848 un movimiento insurreccional de carácter liberal y nacionalista. Fue la llamada «primavera de los pueblos».

Los Habsburgo reinaban sobre un territorio de 668.000 km² habitado por más de 28 millones de personas y que constituía un verdadero puzzle de etnias y naciones. Sus habitantes pertenecían a cinco grandes grupos étnicos: alemanes, magiares, eslavos del norte (checos, eslovacos, polacos y rutenos), eslavos del sur (serbios, croatas y eslovenos) y latinos (rumanos e italianos). Así, el Imperio Austríaco era el prototipo de Estado del Antiguo Régimen, sin unidad nacional definida y dominado por una nacionalidad minoritaria, los alemanes, que controlaban la vida política y económica y monopolizaban los cargos de la administración y del ejército imperial.

La revolución liberal se inició en Viena en marzo de 1848 y consiguió la destitución de Metternich, la abolición de los derechos feudales y la elección de una Asamblea Constituyente por sufragio universal. Finalmente, el Emperador abdicó y fue nombrado Francisco José I, de tendencia más negociador. En pocos días, la revuelta se extendió a otras zonas del Imperio.

Después de Viena y Praga, la revuelta llegó a Cracovia, principal foco del nacionalismo polaco y a Croacia, donde la Dieta, reunida en Zagreb, reivindicó el derecho a expresarse en serbo-croata y elaboró un programa autonomista.

En los territorios italianos de Lombardía y Véneto, los insurrectos reclamaron la retirada de los austríacos y en Venecia, los radicales proclamaron la República.

Pero fue en Hungría donde la revuelta alcanzó mayores dimensiones. El nacionalista Kossuth, líder de un partido demócrata y separatista, consiguió que la Dieta húngara votase la libertad de prensa, la abolición de los derechos feudales, la organización de una guardia nacional y la instauración de un sistema parlamentario. Se formó un gobierno húngaro, que se negó a aceptar la coronación del nuevo emperador como rey de Hungría y proclamó la independencia. Austria no la aceptó y estalló una guerra entre ambas naciones.

SU GOBIERNO: Fue el último soberano de derecho divino, pero, si pudo compararse con la Reina Victoria por la duración de su reinado (64 años) y por su alta conciencia profesional, el camino que tuvo que recorrer fue infinitamente más difícil. Donde habrían sido necesarios impulsos geniales, él no aportó más que el trabajo de un concienzudo burócrata.

Cuando el emperador se casó con Isabel de Baviera, fue como la unión de un pájaro heráldico, disecado por la etiqueta, con la gaviota de los océanos que la emperatriz hizo grabar, más adelante, en su sello. Isabel, con la que Francisco José se casó por amor, dada su excepcional belleza, su encanto y su personalidad aún mayores, fue, en la corte de Viena, la fantasía que rompe las normas, la sinceridad que se enfrenta con la hipocresía. Se interesó fervorosamente por la monarquía de los Habsburgo, y no tardó en diagnosticar la causa principal de su decadencia: la animosidad de Hungría.

Isabel de Baviera mujer de Francisco jose I

Isabel de Baviera

Se sabe que se sentía incómoda en la corte de los Habsburgo. En el Hofburgde Viena, que ella bautizó como el
«palacio calabozo», no toleraba el peso de la rígida etiqueta, y a menudo se escapaba para emprender incesantes viajes o se refugiaba en los numerosos castillos que había mandado construir o que alquilaba, sabiendo que su marido no le negaría nada. Su reconocida belleza, representada en los retratos pintados por Winterhaltery en numerosas fotografías, la obsesionaba, y para conservarla abusaba de los cosméticos, al punto de alterarla.

Pero su simpatía por los húngaros se convirtió en entusiasmo exagerado y la llevó demasiado lejos, por lo que fue duramente criticada. Llegó a ser la emperatriz errante, y, como dice Barres, «…era más bien el revoloteo de un espíritu perdido, que se debate en el aire, que no encuentra su nido y que no se sujeta a disciplina alguna».

Durante los primeros años de su reinado, Francisco José, dominado por el horror de las revoluciones, atormentado por la nostalgia hereditaria del imperio universal, no había comprendido que, para conservar su autoridad, tenía que limitarla, dando más libertades a sus subditos: ése fue el «sistema de Bach», así llamado, por el nombre de su fundador.

La administración estaba muy centralizada, germanizada. El idioma alemán se había impuesto en todas partes, incluso en Hungría. Tras las derrotas de Italia, en 1859, el emperador se dedicó a ensayos de régimen constitucional, con la intención de desacreditarlo, dando a sus pueblos una apariencia de satisfacción. Al Reichsrath (Parlamento), añadió un Reichsrath reforzado con la inclusión de treinta y ocho miembros seleccionados entre los notables de todo el imperio.

La tendencia federalista, que reclamaba el reconocimiento de los derechos históricos de Hungría, lo obtuvo, y el emperador creó entonces dos cámaras, la de los Señores y la de los Diputados. Esta se hallaba compuesta por 343 miembros elegidos por las dietas provinciales, pero mediante un sistema electoral en el que un pueblo alemán de 500 habitantes tenía un diputado, mientras que una localidad eslava de 8.000 no tenía ninguno: así se mantendría el predominio del elemento germánico en el imperio.

Esta constitución había sido elaborada por el ministro Schmerling, pero los pueblos no la tomaron en serio. Hungría, Véneto, Transilvania y Croacia respondieron con la huelga electoral, y sus diputados se negaron a tomar parte en las deliberaciones.

En 1866, el fracaso de las tropas austríacas a manos de los prusianos en Sadowa permitió al canciller Bismarck expulsar definitivamente a Austria de los asuntos alemanes. Para Francisco José I, los reveses se acumulaban al mismo tiempo que el imperio se reducía.

Más grave aún eran las pretensiones de Hungría, que amenazaba con separarse. Esta vez, Francisco José I aceptó un acuerdo con el fin de evitar la guerra. En 1867 se instituyó la doble monarquía austrohúngara. Si bien Francisco José I se ciñó la corona del reino de Hungría, al tiempo que Austria y Hungría mantuvieron ministerios en común, la doble monarquía no disimuló en nada el debilitamiento del imperio.

El resultado fue la Ausgleich negociada, o Mediación, de 1867, que creó la monarquía dual de Austria-Hungría. Cada parte del imperio tenía ahora su propia constitución, su propia legislatura bicameral, su propia maquinaria gubernamental para asuntos internos y su propia capital (Viena para Austria y Buda —muy pronto se uniría a Pest, al otro lado del río— para Hungría –

Para mantener los dos estados unidos había un solo monarca I Francisco José era emperador de Austria y rey de Hungría I y también eran comunes el ejército, la política externa y el sistema de finanzas. En asuntos internos, los húngaros se habían convertido en una nación independiente. Empero la  Ausgleich no satisfizo a las otras nacionalidades que componían  el multinacional Imperio Austro-Húngaro.

La monarquía dual simplemente les permitió a los austríacos de habla alemana y a los magiares húngaros dominar a las minorías, especialmente a los pueblos eslavos (polacos, croatas, checos, serbios, eslovacos, eslovenos,  pequeños rusos), en sus respectivos estados. Tal como comento el  nacionalista húngaro Luis Kossuth: “El dualismo es la alianza de los elementos conservadores, reaccionarios, y cualesquiera aparetemente liberales de Hungría, con los alemanes austríacos que desprecian la libertad, para oprimir a las otras nacionalidades y razas.” El problema de las nacionalidades persistió hasta la caída del imperio, al final de la Primera Guerra Mundial.

La familia imperial era la viva imagen de esta sociedad que se hundía de manera inexorable, y el largo reinado de Francisco José I estuvo marcado por numerosos dramas personales. Desavenencias, muertes prematuras, suicidios y locura se sucedieron en una corte caracterizada poruña etiqueta rígida, donde el deber a menudo era más importante que el afecto.

Durante una visita a Sarajevo, el 28 de junio de 1914 fue asesinado por un nacionalista serbio, Gavrilo Princip. Francisco José I se negó a que el crimen permaneciera impune y envió un ultimátum al gobierno serbio para encontrar al asesino. Serbia se indignó considerándolo una intolerable injerencia en sus asuntos internos, y recibió de inmediato el apoyo de Rusia, defensora proclamada de los pueblos eslavos. Por su lado, Alemania presionó al Imperio austro-húngaro para que diera muestras de mayor firmeza, sin ignorar el juego de alianzas diplomáticas europeas, dando lugar así al inicio de la P.G.M.

Francisco José murió en plena contienda y su Imperio sólo le sobreviviría dos años, pues sucumbió a la derrota militar de 1918.

CRONOLOGÍA DE SU VIDA

1830 Nacimiento de Francisco José en el palacio de Schónbrunn, el 18 de agosto.

1842 El húngaro se convierte en la lengua oficial del reino de Hungría.

1848 Agitación revolucionaria en Viena. Francisco José, emperador.

1849 Proclamación de la independencia de Hungría, bajo la dirección de Kossuth.  La secesión húngara es reprimida con la  ayuda de las tropas rusas.

1854 Francisco José se casa con  Isabel de Wittelsbach (Sissi).

1859 Derrota de Solferino y pérdida de la Lombardía.

1861 Se instaura una cámara elegida por sufragio censitario.

1866 Derrota austríaca de Sadowa a manos  de los ejércitos prusianos.

1867 Compromiso austrohúngaro.

1871 Proclamación del Imperio alemán (enero).

1879 Alianza entre Austria y Alemania,  la Dúplice Alianza.

1882 Italia se alia con Alemania y Austria, formando la Triple Alianza.

1889 Suicidio del archiduque Rodolfo.

1898 Asesinato de la emperatriz Sissi en Ginebra.

1906 El Parlamento introduce el sufragio universal masculino.

1914 El 28 de junio, asesinato del príncipe heredero Francisco Fernando en Sarajevo. Declaración de guerra a Serbia (28 de julio).

1916 Muerte de Francisco José I, el 21 de noviembre, y advenimiento de Carlos I.

Fuente Consultadas:
ACTUAL Historia del Mundo Contemporàneo García-Gatell Edit. Vicens Vives
HISTORAMA Editorial Codex Tomo XI
CIVILIZACIONES DE OCCIDENTE Tomo B Jackson J: Spielvogel
HICIERON LA HISTORIA Biografías Entrada: Francisco José I Edit. Larousse

Conferencia de Potsdam Acuerdos Logrados entre las Potencias Aliadas

Conferencia de Potsdam Acuerdos Logrados entre las Potencias Aliadas

Potsdam: final y comienzo: Al fin la paz se había logrado, pero faltaba delinear un acuerdo para la posguerra. A este fin, Churchill,  Harry S. Truman y Stalin (foto arriba) , sucesor de Roosevelt, se reunieron en Potsdam, ciudad próxima a Berlín, del 17 de julio al 2 de agosto de 1945. (Clement Attlee, nuevo primer ministro británico, sustituyó a Churchill en el transcurso de las conversaciones.) Se trataba de la última conferencia cumbre de la Segunda Guerra Mundial, pero los supremos dirigentes de los países aliados tampoco llegaron a un acuerdo sobre el futuro de Alemania y aplazaron los delicados problemas que planteaban las indemnizaciones y el trazado de la nueva frontera germanopolaca.

La división de Alemania en zonas de ocupación soviética y occidentales había comenzado, y Polonia se apropió unilateralmente de ciertos territorios de Alemania oriental, después de expulsar a todos los alemanes. Polonia, en realidad, debía limitarse a administrar provisionalmente las zonas al este de la línea Oder-Neisse.

En otras cuestiones, sin embargo, los aliados llegaron a un acuerdo. Se creó un Consejo de Ministros de Asuntos Exteriores para elaborar tratados de paz con Italia, Rumania, Finlandia, Hungría y Bulgaria. Se decidió eliminar en Alemania todo vestigio de nacionalsocialismo y militarismo y formar un tribunal internacional para juzgar a los responsables nazis por los crímenes cometidos mientras ejercían el poder. Se dispuso también que todos los alemanes residentes en Hungría, Checoslovaquia y Polonia fuesen trasladados a Alemania lo antes posible. Pero la importancia de estas cuestiones era sólo relativa. Problemas mayores quedaron sin resolver o fueron ignorados.

El ambiente de Potsdam no resultaba propicio y Truman estaba decidido a no admitir imposiciones. Mientras fue vicepresidente nunca tuvo completa información de las realidades de la guerra y ahora se propuso llevar a cabo la política de Roosevelt tal como él la entendía. Truman tenía poderes en su mano para adoptar una línea intransigente. La víspera del comienzo de la conferencia, los Estados Unidos experimentaron con éxito la primera bomba atómica y Truman sabía que ya no necesitaba de la URSS para vencer al Japón.

Fue aqui también donde Stalin confirmó su promesa de que, a los tres meses de terminada la guerra en Europa, la Unión Soviética declararía la guerra al Japón y atacaría a los ejércitos japoneses en Manchuria, a fin de acelerar la rendición del ya acorralado Tokio. Y fue también en Postdam donde Truman habló a Stalin, en términos muy vagos y herméticos, de la existencia de una “nueva arma” que en caso necesario se utilizaría. Stalin no pareció darse cuenta del significado de estas palabras. Eran el anuncio de los terribles holocaustos de Hiroshima y Nagasaki. Muchos han visto en ellos los comienzos de la “guerra fría”.

Los acuerdo logrados son:

a) Los Aliados desistían de los planes acordados en Yalta para fragmentar a Alemania, pero decidieron despojarla de la cuarta parte de su territorio, que sería cedida a Polonia y a la Unión Soviética.

b) Se estableció un consejo de control aliado con sede en Berlín, autorizado por los Tres Grandes y por Francia para encargarse del desarme definitivo de Alemania, así como de efectuar la “desnazificación” para lo cual se creó un tribunal militar internacional que habría de juzgar a los criminales de guerra.

c) Se firmaron acuerdos sobre las reparaciones de guerra que debería hacer Alemania y sobre los sistemas político y económico que deberían establecerse en este país.

d) Se acordó eximir a Austria de pagar reparaciones, pero quedaría sometida a la autoridad de una comisión aliada con sede en Viena.

e) A instancias de Traman, se acordó enviar un ultimátum al gobierno de Japón para exigirle la rendición incondicional bajo la amenaza de una destrucción rápida y total.

f) Se acordó que se firmarían tratados de paz, tan pronto fuese posible, con los Estados satélites de la Alemania nazi. La tarea de preparar dichos tratados fue encomendada a un Consejo de Ministros de Asuntos Exteriores que representaban a Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, la Unión Soviética y China.

Potsdam: final y comienzo Al fin la paz se había logrado, pero faltaba delinear un acuerdo para la posguerra. A este fin, Churchill, Stalin y Harry S. Traman, sucesor de Roosevelt, se reunieron en Potsdam, ciudad próxima a Berlín, del 17 de julio al 2 de agosto de 1945. (Clement Attlee, nuevo primer ministro británico, sustituyó a Churchill en el transcurso de las conversaciones.)

Se trataba de la última conferencia cumbre de la Segunda Guerra Mundial, pero los supremos dirigentes de los países aliados tampoco llegaron a un acuerdo sobre el futuro de Alemania y aplazaron los delicados problemas que planteaban las indemnizaciones y el trazado de la nueva frontera germano-polaca. La división de Alemania en zonas de ocupación soviética y occidentales había comenzado, y Polonia se apropió unilateralmente de ciertos territorios de Alemania oriental, después de expulsar a todos los alemanes. Polonia, en realidad, debía limitarse a administrar provisionalmente las zonas al este de la línea Oder-Neisse.

En otras cuestiones, sin embargo, los aliados llegaron a un acuerdo. Se creó un Consejo de Ministros de Asuntos Exteriores para elaborar tratados de paz con Italia, Rumania, Finlandia, Hungría y Bulgaria. Se decidió eliminar en Alemania todo vestigio de nacionalsocialismo y militarismo y formar un tribunal internacional para juzgar a los responsables nazis por los crímenes cometidos mientras ejercían el poder.

Se dispuso también que todos los alemanes residentes en Hungría, Checoslovaquia y Polonia fuesen trasladados a Alemania lo antes posible. Pero la importancia cíe estas cuestiones era sólo relativa. Problemas mayores quedaron sin resolver o fueron ignorados. El ambiente de Potsdam no resultaba propicio y Traman estaba decidido a no admitir imposiciones. Mientras fue vicepresidente nunca tuvo completa información de las realidades de la guerra y ahora se propuso llevar a cabo la política de Roosevelt tal como él la entendía.

Truman tenía poderes en su mano para adoptar una línea intransigente. La víspera del comienzo de la conferencia, los Estados Unidos experimentaron con éxito la primera bomba atómica y Truman sabía que ya no necesitaba de la URSS para vencer al Japón.

La división de Alemania
CONCLUIDA LA GUERRA, Alemania fue dividida en cuatro zonas de influencia: los rusos se instalaron en el este, los británicos en el noroeste, los norteamericanos en el sur y los franceses En diciembre de 1946, los norteamericanos e ingleses convinieron en fusionar la administración económica de sus dos zonas. La bi-zona fue el núcleo del futuro estado de Alemania Occidental. Dejó de funcionar el Consejo de Control Aliado y las conversaciones entre Este-Oeste prácticamente se paralizaron. La ruptura fue completa y, hacia la primavera de 1948, la partición de Alemania en dos era un hecho consumado. El bloqueo de Berlín por parte de los soviéticos fue la reacción ante la unión de los otros tres estados en una zona. A éste respondieron las potencias occidentales con un puente aéreo que abasteció a la sección occidental de la ciudad.

Esta costosa operación, montada con un fuerte apoyo publicitario tras de sí, fue un claro desafío por parte de Occidente a los países del este, que contaban con una débil economía. Además puso en juicio la capacidad de réplica de los rusos. Por la imposibilidad de mantener la situación, la URSS capituló el 21 de mayo de 1949 levantando el bloqueo, cuando el costo de éste comenzaba a ser también insostenible para los norteamericanos y los países aliados.

De los dos nuevos estados alemanes formados en 1949, la República Federal se unió a la Comunidad Europea del Carbón y el Acero (CECA) en 1951 y a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) en 1955, mientras que la República Democrática se asoció a la recién fundada Organización del Pacto de Varsovia. Durante muchos años las potencias occidentales se negaron a reconocer a la República Democrática, pero en 1972 el gobierno de Alemania occidental cambió de política y acordó su reconocimiento.

 

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La Batalla de Verdún en la Primera Guerra Mundial

«Verdún y el Somme simbolizan en un microcosmos toda la Primera Guerra Mundial, con su heroísmo y su futilidad, sus glorias y sus horrores. Fueron dos batallas no decisivas de una guerra no decisiva» (Alistair Home).

Planeada como una sangría del ejército francés, lo fue en efecto, pero tanto de los combatientes galos como de los germanos. El 21 de febrero de 1916, pocos minutos después de las siete y cuarto de la mañana, el general Passaga consignaba en su diario: «Percibo, en el suelo de mi refugio, un ruido que parece un redoble de tambor puntuado por numerosos golpes sordos, como los de un bombo». Su refugio estaba situado junto al Lago Negro, en los Vosgos, a 160 kilómetros de distancia de Verdún.

El redoble era la preparación artillera que se había desencadenado sobre el sector de Verdún puntualmente a las 7.15; los golpes sordos, las explosiones de los proyectiles de 305, 380 y 420 milímetros (uno de éstos cayó sobre el palacio episcopal de Verdún). El fuego se concentraba en el «frente de los bosques», situado al norte de la plaza y a la orilla derecha del Mosa: bosque de Haumont; «des Caures», de la Ciudad, de Herbebois… Era literalmente un tiro de aplastamiento, con una proporción de calibres pesados 11, 50, 210 milímetros muy elevada.

Las trincheras quedaron niveladas, los pueblos convertidos en montones de ruinas; los bosques, en una fronda de troncos desgajados y ramas semicalcinadas… A poco de haberse iniciado el fuego, los barrancos fueron sistemáticamente cañoneados con granadas de gases lacrimógenos e irritantes para dificultar más aún el envío de refuerzos a las primeras líneas. (Ver Las Trinchera en la Primera Guerra Mundial)

El saliente de Verdún, dividido en dos por el río Mosa, estaba formado por una planicie al este de la Woévre, (que fue abandonada por los franceses desde los primeros días de la ofensiva) y por un terreno quebrado y boscoso, los Altos del Mosa, con colinas de unos 300 metros de altitud y barrancos que cortan el terreno en distintas direcciones. Un escenario adecuado para la infiltración de los atacantes y también para una defensa a ultranza.

A las cuatro y media de la tarde la artillería alemana alargó el tiro y aisló las primeras líneas francesas mediante una barrera de fuego. De la zona batida se alzaba una enorme nube de humo y polvo que impidió la intervención de la artillería francesa -o de lo que quedaba de ella- por falta de visibilidad. (Al iniciarse la batalla, el sector de Verdún contaba con menos de trescientas piezas, en su mayor parte de calibre 75, (poco eficaces en un terreno quebrado, y con una dotación de unos trescientos proyectiles por batería.) La infantería, pues, tuvo que soportar sola, sin apoyo artillero, el choque inicial. Porque, a pesar de nueve horas de martilleo todavía quedaban supervivientes dispuestos a luchar…

La infantería alemana salió de sus posiciones pausadamente, en largas filas, «como los vendimiadores en un viñedo del Gard». Jules Romainsl: acentuaba esta semejanza el hecho de que en cabeza marchaban hombres con sendos depósitos a la espalda; pero no eran sulfatadores, sino lanzallamas.

En algunos puntos los atacantes ni siquiera se dieron cuenta de que habían rebasado la primera línea enemiga: trinchera y ocupantes habían desaparecido, La trinchera había sido nivelada; los soldados, habían muerto destrozados por la metralla o aplastados en sus refugios. («Desaparecido» es una palabra que se repetirá machaconamente durante toda la batalla y que significa eso: despedazado, volatizado. Sólo figuraron como muertos los soldados identificados.) En el bosque de Haumont, los alemanes hicieron prisionero a un grupo de franceses «dormidos»: el agotamiento nervioso les había sumido en un profundo sopor en cuanto la artillería alargó el tiro.

Pero las previsiones del Estado Mayor son una cosa y la realidad otra. En aquel paisaje arado, triturado, desgarrado por las granadas, quedaban supervivientes. Y supervivientes dispuestos a empuñar el fusil, a desenterrar la ametralladora cubierta de tierra por los obuses y a agruparse en centros de resistencia para hacer frente a la infantería enemiga. Los alemanes, muchísimo más numerosos, se infiltraban entre los huecos de la quebrantada línea francesa. En el «Bois des Caures», por ejemplo, los cazadores alpinos del coronel Driant (diputado y destacado escritor militar que murió el día 22), trescientos supervivientes de una semibrigada de casi 1.400 hombres, lucharon toda la noche, casi a ciegas, cuerpo a cuerpo. Cuando amaneció el día 22, los alemanes sólo habían ocupado el bosque de Haumont; en todos los demás puntos atacados proseguía la resistencia. La artillería alemana había seguido disparando durante toda la noche.

Este infierno tuvo una expresión más que lacónica en el comunicado difundido a las 15 horas del día 21 (febrero 1916) por el Gran Cuartel General francés: «Débil acción de ambas artillerías a lo largo del frente, salvo al norte de Verdún, donde se ha manifestado cierta actividad.

Si hay un ejemplo flagrante de falta de cultura histórica de un Estado Mayor es el que se desprende del hecho de que las dos bombas atómicas lanzadas por los norteamericanos sobre el Japón lo fueron precisamente sobre las dos ciudades niponas que tenían una mayor tradición de relaciones con Occidente. Mayor y en ocasiones, única: Nagasaki, en particular, es la ciudad de los veintiséis mártires cristianos japoneses y el único puerto que fue autorizado para conservar una factoría holandesa -la isla de Deshima- cuando, en 1941, fue cerrado a los extranjeros. Sabido es que el «Enola Gay» -la fortaleza volante portadora del artefacto- se dirigió hacia Hiroshima porque entre los diversos aviones de reconocimiento que le precedían para informar acerca de la situación meteorológica sobre las cuatro o cinco ciudades elegidas como posibles objetivos para la bomba atómica, fue el que sobrevolaba Hiroshima el primero que facilitó un comunicado, que era favorable. La historia de esta ciudad y la de Nagasaki, sede de las comunidades cristianas más numerosas del Japón, no parece que las calificara de manera especial para servir de blanco al mortífero artefacto.

Semejante carencia de cultura histórica no aquejaba al frío y distante jefe del Alto Estado Mayor imperial, general Erich von Falkenhayn, sucesor de Moltke tras el revés sufrido por las armas alemanas en el Marne. Decidido a montar en el Oeste una gran ofensiva, Falkenhayn escogió Verdún. Y lo hizo fundamentalmente porque estaba convencido de que esta ciudad, tan estrechamente vinculada al recuerdo de Carlomagno -figura reivindicada por Francia y por Alemania-, en ningún caso seria abandonada por los franceses. Verdún era un símbolo.

No fue ésta la única consideración, por supuesto. En orden a la marcha general de la guerra, Falkenhayn, con muy buen sentido y en oposición al tándem Hiqdemburg Ludendorff, no quería adentrarse en las inmensidades rusas, y mucho menos llevando casi a rastras al renqueante y desmoralizado ejército austro – húngaro. Además, esperaba acontecimientos en el Este; quizá, desde su mentalidad y perspectiva, un cambio de actitud del zar. En los Balcanes el ejército servio podía considerarse aniquilado y la entrada en guerra de Bulgaria junto a las potencias centrales le liberaba de toda preocupación en cuanto a las comunicaciones con Turquía. El cuerpo expedicionario francés estaba detenido en Salónica: Y el frente italiano, evidentemente secundario, no planteaba ningún problema serio.

Falkenhayn creía que la guerra sólo podía decidirse en el Oeste y que convenía hacerlo antes de que los reclutas británicos de Kitchener («los solteros de 18 a 40 años») nutrieran el frente occidental con varios centenares de miles de hombres. Era necesario poner fuera de combate a Francia antes del verano de 1916, tanto más cuanto que el bloqueo marítimo impuesto por la flota británica empezaba a dejar sentir sus efectos en Alemania.

El campo fortificado de Verdún constituía la chariela del frente Oeste. Formaba un saliente, a modo de baluarte, situación que permitiría a los alemanes concentrar el fuego de su artillería en tiro convergente.

Pero la gran superioridad germana era de índole logística: en tanto que el sector alemán de Verdún estaba servido por catorce líneas férreas (diez construidas por Flakenhayn para su ofensiva), más una completa red de carreteras, el saliente francés sólo disponía de una mala carretera de siete metros de anchura y de un ferrocarril local de vía estrecha, «le Meusien», pues de los dos ferrocarriles de ancho normal que afluían a Verdún desde la retaguardia francesa, uno estaba cortado por el saliente de Saint-Michel y el otro batido por los cañones enemigos. El plan de Falkenhayn era sencillo: utilizar a fondo su superioridad artillera, machacando a la infantería francesa, que el mando sacrificaría sin vacilaciones para evitar la caída de Verdún. Por decirlo con palabras del propio estratega, se proponía no ya «sangrar», sino «desangrar» al ejército galo, que tan pródigo de la vida de sus hombres se había mostrado ya en 1914 y 1915.

El frente alemán de Verdún estaba guarnecido por el V Ejército. La ofensiva de Falkenhayn era una excelente ocasión para que esta gran unidad, de actuación hasta entonces poco lucida, se coronara de marciales laureles, y con ella su jefe, el Konprinz Guillermo, blanco predilecto de los caricaturistas aliados por su figura desgarbada, su aire altanero y su afición a vestir uniforme de los Húsares de la Muerte.

La preparación de la ofensiva fue precedida por la construcción de una serie de enlaces y desvíos ferroviarios (la guerra de la que nos ocupamos fue, con la civil rusa, la última en que los transportes ferroviarios desempeñaron un papel fundamental). Seguidamente se procedió a concentrar en un área de doce kilómetros de frente por doce quince de profundidad, más de un millar de morteros y cañones, con predominio de calibres pesados (hasta 380 y 420 mml, una amplia dotación de municiones) 3.OOO proyectiles por batería, sólo para iniciar la batalla, materiales diversos (cemento, alambre de púas, estacas, etcétera), y ochenta batallones con los correspondientes parques de municiones, servicios sanitarios y depósitos de víveres. Para albergar las reservas alemanas de primera línea, fueron excavados numerosos Stollen, verdaderos cuarteles subterráneos de gran capacidad, a profundidades de diez y hasta de quince metros.

Pese a las precauciones tomadas por los alemanes para ocultar sus preparativos de «camufleo» (como escribía por aquellas fechas cierto corresponsal de guerra barcelonés), era imposible que tal acumulación de hombres y material pasara inadvertida a los franceses. En particular fue detectada la construcción de Stollen (el suelo transmite los sonidos a gran distancia). Pero ni estas informaciones ni las declaraciones de los desertores (alemanes que preferían el cautiverio a los albures del ataque, algún polaco y sobre todo alsacianos, hombres éstos que luchaban con desgana en las filas imperiales) conmovieron al Cuartel General francés.

La ofensiva, fijada para el día 12 de febrero, tuvo que ser aplazada hasta el 21 por causa de las desfavorables condiciones atmosféricas (visibilidad insuficiente para la observación artillera), pero en la noche del 11 al 12 fue leída a los soldados la orden de ataque del Kronprinz. Esta circunstancia permitió a los desertores ser explícitos y precisos. El Cuartel General -según se dijo más tarde hizo hincapié en las inevitables contradicciones que presentaban las declaraciones de los desertores e interpretó la construcción de Stollen como una prueba de que los alemanes reforzaban sus defensas en el sector. Pero el argumento irrefutable se lo proporcionó la observación aérea: no existían paralelas de aproximación en el sector de Verdún. ¿Quién seria tan loco como para lanzar un ataque sin abrir previamente paralelas que permitieran acortar el salto de la infantería en terreno batido? Hasta entonces siempre se había procedido de ese modo.

No cayeron en que Falkenhayn se proponía aplastar las primeras posiciones e impedir la llegada de refuerzos mediante un fuego artillero sin precedentes. La infantería se limitaría a ocupar lo que la artillería conquistara.

Sin embargo, la semilla de la inquietud quedó sembrada. Tanto más cuanto que a nivel de división, e incluso más arriba, se tenía plena conciencia de la precariedad de las defensas francesas eh aquel sector.

Los fuertes de Verdún, después del triste papel desempeñado por los de la frontera belga en 1914, habían sido desmantelados y su artillería pasó a reforzar la de las unidades de campaña. La medida era muy racional si se atiende a la angustiosa inferioridad de los franceses en cañones pesados y piezas de tiro curvo. Lo que resulta sorprendente es que los fuertes círculos concéntricos de fortificaciones, algunas excelentes, construidas después de la guerra franco-prusiana alrededor de la ciudadela de Verdún, (una de las obras maestras del infatigable Vauban), carecieran de guarniciones y estuvieran ocupados únicamente por un pelotón de territoriales encargados del cuidado de depósitos de municiones o de víveres. Y lo que rebasaba ya los limites de la comprensión es que nadie tuviera presente esta situación en plena batalla, cuando el más significante relieve del terreno era disputado con encarnizamiento feroz.

En cuanto a las trincheras, distantes entre ocho y doce kilómetros del cinturón exterior de fuertes, no estaban en buenas condiciones. Nunca el soldado francés fue un excavador metódico: en todos los frentes, las posiciones alemanas estaban mucho mejor organizadas, construidas y atendidas que las francesas; también eran más cómodas. Pero en Verdún la situación era preocupante. Por ello, el general Herr, comandante en jefe de la región fortificada verdunesa, solicitó una inspección.

De resultas de esta petición, en enero de 1916 llegó a Castelnau el mariscal Joffre, comandante en jefe del Ejército francés, quien redactó un informe alarmante para uso interno, mientras tranquilizaba a políticos y periodistas. Poco después visitó el sector el jefe del 30 Cuerpo de Ejército, general Chrétien; no estando tan arriba en el escalón de responsabilidades habló más claro: vio una primera línea discontinua y que no estaba organizada en profundidad; una segunda esbozada y una tercera inexistente (sobre el terreno, no sobre el papel); unas trincheras de acceso a las posiciones que eran simples surcos; escasez de alambradas; precarios refugios que sólo protegían de la metralla… Su conclusión fue pesimista y profética: «Un terreno catastrófico». El comunicado del Gran Cuartel General francés del día 21 de febrero, como hemos visto era tranquilizador. Así debe ser mientras no se sabe con certeza qué ocurre ni cuáles son las intenciones del enemigo, más vale callar. O, lo que es lo mismo, refugiarse en la ambigüedad y quitarle hierro -nunca mejor dicho- al suceso.

Pero el comunicado es significativo de un rasgo importante de la batalla de Verdún, a saber: que se riñó también un poco en las oficinas del Gran Cuartel francés donde Joffre, encariñado con su ataque en el Somme, aún nonato, tendía a minimizar lo que ocurría en Verdún. Primero se empecinó en que aquel ataque no era una ofensiva en regla; después lo calificó de diversión, de finta, y sostuvo que la ofensiva se produciría en otro lugar… La terquedad era uno de los defectos de Joffre. En el caso concreto de Verdún, le costaba aceptar la servidumbre de una operación en que la iniciativa estaba en manos del enemigo y que, a la vez, minaba la ofensiva en el Somme.

Lo importante, claro está, sucedía en el campo de batalla. Digamos ante todo que aquel escenario, incluso cuando los alemanes atacaron también por la orilla izquierda del Mosa, era muy restringido: «No más extenso que los parques de Londres», ha escrito un autor británico. De donde se deduce una consecuencia evidente: aquellas colinas y barrancos se transformaron en un paisaje inédito, en algo que el mundo nunca había conocido. Alrededor de Douaumont, el suelo había sido removido de tal manera que no quedaba ni rastro de madera. Incluso las raíces habían desaparecido. La tierra parecía muerta, enrojecida por la sangre que empapaba.» Y como quiera que se combatió una y otra vez durante meses en los mismos lugares, como quiera que centenares de millares de hombres penaron y murieron sobre los mismos barrancos y colinas, la tierra quedó amasada con cadáveres, transformada en una inmensa fosa común batida por los obuses, pisoteada por los combatientes. «Los bloques de podredumbre removidos de acá para allá fermentan al calor del sol. La atmósfera está tan cargada de partículas pútridas que parece haberse convertido en polvo de cadáver. Las náuseas nos ahogan cuando comemos. El pan, la carne, el café, todo sabe a cadáver…»

Poco a poco, en el curso de la batalla, la superioridad artillera alemana fue disminuyendo: durante las batallas finales (otoño e invierno) las fuerzas estaban equilibradas.

Pero desde febrero a julio de 1916, los franceses resistieron palmo a palmo, arrojando a la batalla una división tras otra, en un régimen de relevos, a la vez atroz y lógico, que hizo que casi todas las unidades del ejército francés pasaran por Verdún. El dominio del aire, que inicialmente correspondió a los alemanes y que era importante para la eficacia del fuego artillero (globos cautivos de observación, aviones de reconocimiento), les fue ásperamente disputado después por los aeroplanos galos. De modo que, muy pronto, lo que tenía que ser definitiva sangría del ejército francés, en los planes de Falkenhayn, se convirtió, por añadidura, en sangría del ejército alemán. Bajo una lluvia de obuses, entre nubes de gases tóxicos, se luchaba con encarnizamiento en acciones locales limitadas y violentísimas; en ofensivas que acababan disgregándose en una serie de combates confusos… Los fuertes (Vaux, por ejemplo), quedaron aislados por el fuego artillero como islas en un mar tempestuoso.

Los héroes de la batalla no serán sólo los combatientes de fusil y granada, de bayoneta y cuchillo, sino también, los enlaces, los telefonistas y los furrieles alemanes o los «hommes-soupe» franceses, que arriesgaban y perdían sus vidas para llevar agua y víveres a las primeras líneas. A dos kilómetros de los depósitos de intendencia se daba el caso de que unidades enteras permanecieran dos y tres días sin beber ni comer, en pleno combate. Será también la batalla de los relevos, de los refuerzos diezmados por la metralla: de una compañía francesa completa, sólo alcanzaron el fuerte de Souville, durante el último ataque alemán, en julio de 1916, sesenta hombres y dos oficiales.

Del sacrificio de la infantería no es preciso hablar más: para eso está. Pero veamos casos ocurridos en la artillería que, comparada con los «fantassins» es un arma más bien resguardada: en dos horas, una batería del 75 expuesta al fuego alemán, sufrió 22 bajas, entre muertos y heridos, de una dotación de 24 hombres. Un grupo de morteros de 240 milímetros, emplazado en el barranco de Haudremont, fue aniquilado: quedó un solo hombre que, maniobrando el tractor, retiró las piezas que no habían sido inutilizadas por el fuego enemigo. Numerosas baterías perdieron sus caballos, cegados y enloquecidos por los gases lacrimógenos… La galería de horrores podría prolongarse al infinito. Sin embargo, un lugar y un techo pueden sintetizar el horror de la batalla: la famosa trinchera de las bayonetas.

Según testimonio de un superviviente, el teniente Foucher, del Primer Batallón del 137 Regimiento de Infantería, procedente de la ciudadela de Verdún, relevó a fuerzas del 337 Regimiento en las posiciones cercanas a la granja de Thiaumont la noche del l0 de junio de 1916. A la mañana siguiente los alemanes iniciaron una fortísima preparación artillera. Elementos de la 3.a y 4.a compañías ocupaban una trinchera estrecha y profunda. Por la tarde, los soldados de aquella posición tuvieron la impresión de que se aproximaba el ataque alemán; en el momento en que preparaban sus granadas de mano y cuando tenían sus fusiles, con la bayoneta calada, apoyados en el parapeto, salvas de artillería pesada encuadraron la trinchera, aproximaron sus bordes y la derrumbaron, con lo cual los soldados que la ocupaban quedaron enterrados vivos. Existen otras versiones, algunas sobradas de fantasía; quizá debido a la circunstancia de que el 137 Regimiento estaba formado por bretones y vendeanos, gentes de brumosa y fértil imaginación céltica.

El 24 de febrero era evidente que la situación de las fuerzas francesas que guarnecían el Saliente de Verdún, bordeaban el desastre. Aquel mismo día, el jefe del 11 Ejército, Philippe Pétain, fue nombrado comandante del frente de Verdún. El 25, dos compañías del 24 Regimiento de Infantería de Brandeburgo ocuparon el desguarnecido fuerte de Douaumont en un golpe de mano audaz; su reconquista costaría a los franceses dos ofensivas y millares de muertos. La mano firme de Pétain (que tomó el mando efectivo la noche del 25) se hizo notar de inmediato: ordenó enlazar los fuertes por una línea continua de trincheras y dispuso una segunda y una tercera líneas llamada, por la malhumorada división que la excavaba, «la línea del Pánico»; reorganizó la artillería y ordenó la intervención sistemática de las baterías situadas a la izquierda del Mosa y que, por razón del avance efectuado por los alemanes, podían atacar de flanco al enemigo.

Simultáneamente organizó la circulación por la carretera denominada por algún plumífero de la retaguardia «la Voie Sacrée» (la Vía Sagrada). A su conservación fueron adscritos diez mil territoriales, es decir, hombres que ya habían cumplido su periodo de servicio militar y que eran movilizados para desempeñar trabajos auxiliares. Estas tropas abrieron canteras, prepararon grava y repararon diariamente la carretera, que era el cordón umbilical del frente de Verdún.

Por ella circuló la famosa «noria», formada por 3.5OO camiones, 8OO ambulancias, 200 autobuses y 2.OOO coches de turismo que llevaba a Verdún tropas de refresco, municiones, materiales para la construcción, cañones… Y que regresaban con las tropas relevadas, con heridos y prisioneros. Y también, en la primera fase de la batalla, con la población civil evacuada de la ciudad de Verdún y de los pueblos aledaños. Al «Meusien», ferrocarril de vía estrecha como ya se ha dicho, se le adjudicó principalmente el transporte de víveres. En la segunda fase de la batalla se construyó en uno de los ferrocarriles de vía ancha que afluían a Verdún, un desvío que evitaba la zona abatida por la artillería germana, y así se alivió la circulación de la «Voie Sacrée». Pero en las primeras semanas de la batalla fue esta carretera la que alimentó aquella tremenda vorágine.

Pétain impulsó las divisiones antes de que sufrieran un quebranto excesivo. Los alemanes, en cambio, cubrían bajas en las unidades empeñadas en la lucha; aunque, por supuesto, también efectuaron relevos de grandes unidades.

Pétain acabó convirtiéndose en la pesadilla del Gran Cuartel General: pedía más y más tropas, más y más cañones… Siempre con premura y dando muy pocas explicaciones. Joffre, amoscado, veía cómo Pétain, con su obstinación tranquila, le iba arrebatando, una tras otra, las piezas que precisaba para dar jaque mate a los alemanes en el Somme.

Finalmente, el Gran Cuartel General solucionó la papeleta ascendiendo a Pétain a jefe del Grupo de Ejércitos del Centro, con lo cual perdía el mando directo de la batalla.

En su lugar fue nombrado (30 de abril) el general Nivelle, destacado artillero y hombre «de elevado espíritu ofensivo». Con Mangin como brazo derecho -un espadón colonial, cosido de cicatrices y cargado de medallas-, Nivelle montó ofensivas que, con preparaciones artilleras insuficientes, costaron ríos de sangre y obtuvieron resultados insignificantes. Por su parte, los alemanes, tras llevar la iniciativa hasta abril, lanzarán las llamadas «tres ofensivas de verano». La última de ellas acabará bajo los muros del arrasado fuerte de Souville, el 12 de julio de 1916. Aquel mismo día el Kronprinz recibió la orden de mantenerse a la defensiva: los aliados habían iniciado la batalla de ruptura en el Somme.

En agosto de 1916, Hindenburg y su inseparable Ludendorff, los triunfadores del Este, sustituyeron a Falkenhayn al frente del Estado Mayor imperial y el 2 de septiembre decidieron que no habría más ofensivas en el frente de Verdún. Tres días más tarde, el Kronprinz coincidió con ellos en Charleville y les felicitó: hacia tiempo que estaba convencido de que Verdún era un matadero, no un campo de batalla.

La primera y más característica fase de la batalla, casi toda de iniciativa alemana, había terminado. Después vendrían las ofensivas francesas del 24 de octubre, del 15 de diciembre de 1916, y del 20 de agosto de 1917, y con ellas la reconquista de los fuertes perdidos y de buena parte del territorio cedido desde febrero: unos pocos kilómetros de tierra solada.

El historiador alemán Ettighoffer ha escrito: «Solamente durante los tres primeros meses, o sea, del 21 de febrero al 21 de mayo, los franceses tuvieron 190.OOO muertos; los alemanes exactamente 174.215». Entiéndase muertos, no bajas.

En diciembre de 1916, tras nueve meses de combates casi interrumpidos las pérdidas eran, en cada campo, del orden de cuatrocientos a quinientos mil muertos, desaparecidos y heridos graves, que morían en los hospitales de retaguardia. El resultado estratégico era prácticamente nulo: en diciembre, franceses y alemanes se encontraban muy cerca de las posiciones que ocupaban cuando se inició la ofensiva. Nunca en la historia de la Humanidad se ha derramado tanta sangre, se ha luchado tan ferozmente por unos pocos kilómetros de colinas y barrancos.

Hindenburg emitió un juicio severo sobre la batalla cuando en sus «Memorias» explica los motivos que le indujeron a suspender definitivamente los ataques en el sangriento frente de Verdún: «Aquella lucha consumía nuestras energías como una herida abierta. Se deducía claramente que la empresa no tenía esperanzas para nosotros y que su prosecución había de causarnos más pérdidas que las que pudiéramos producir al adversario». Y acaba con una muestra antológica de humor prusiano: «El campo de batalla era un verdadero infierno y, en este sentido, no era muy grato para la tropa».

Desarrollo de la Segunda Guerra Mundial Inicio:Invasion a Polonia

Desarrollo de la Segunda Guerra Mundial

La invasión a Polonia, causa inmediata : Una vez establecidas las alianzas que le garantizaban el apoyo militar necesario, Hitler se decidió a iniciar su plan. El 28 de abril exigió a Polonia la devolución de Danzig al Reich y el derecho a construir una carretera a través del corredor polaco. La negativa de Polonia, con el apoyo de Francia y de Gran Bretaña, constituyó la excusa para justificar la invasión.

El 1 de septiembre de 1939 las tropas alemanas invadieron Polonia y el día 3 Francia y Gran Bretaña declararon la guerra a Alemania. La Segunda Guerra Mundial había comenzado. El 1º de septiembre de 1939 la Wehrmacht (fuerza armada alemana) puso en práctica la estrategia de la blitzkrieg, o “guerra relámpago”, con el objetivo de invadir Polonia.  El día 28 del mismo mes el ejército polaco capitulaba y Polonia dejaba de existir al ser repartida entre Alemania y la UniDesarrollo de la Segunda Guerra Mundialón Soviética, de acuerdo con el pacto firmado entre estas dos naciones.

Ante esta nueva agresión, Inglaterra y Francia declaran la guerra a Alemania, pero poco hacer para evitar el desastre en Polonia. A esta irrupción alemana se suma la ocupación rusa de la zona del este polaco, y en virtud de un pacto firmado entre Stalin y Hitler, se fija la frontera entre las dos potencias restableciendo de hecho los viejos límites anteriores a la Primera Guerra (Rusia ocupa las dos terceras partes de Polonia y los estados de Estonia, Letonia y Lituania). 

La URSS recibió los territorios que antes habían formado parte del antiguo imperio zarista, en tanto que Alemania se incorporó el corredor polaco, Posnania y la Alta Silesia. Con el resto del territorio se formó un estado semiautónomo bajo el llamado Gobierno General de Polonia, que en realidad era un protectorado alemán.

Ante este hecho, que significaba la invasión nazi a uno de los países no alemanes de Europa oriental, las potencias aijadas de Polonia —Gran Bretaña y Francia— tuvieron que responder de manera inmediata a la agresión de Hitler y, al día siguiente de la entrada de las tropas alemanas en suelo polaco (2 de septiembre de 1939), emitieron la declaración de guerra que el Führer parecía estar buscando. Se había iniciado la Segunda Guerra Mundial.

La Guerra Relámpago del alemán (Blitzkrieg) es el nombre popular para una doctrina de guerra un bombardeo inicial rápido junto con el uso coordinado de fuerzas móviles en conjunto con velocidad y sorpresa con el fin de golpear con contundencia al enemigo antes de que este pueda organizar una defensa coherente.

Primera fase: La Guerra en Europa

 La primera fase de la Segunda Guerra Mundial se divide a su vez en dos periodos, el primero de ellos culmina al rendirse Francia a los alemanes en junio de 1940, y el segundo se extiende desde esa fecha hasta que la guerra se convierte en mundial con el ingreso de Estados Unidos a favor de los Aliados y de Japón con las Potencias del Eje en diciembre de 1941.

El primer periodo: septiembre de 1939 a junio de 1940: Después de la invasión a Polonia, Alemania intentó negociar con Francia e Inglaterra el reconocimiento de la nueva situación, pero, ante la negativa de éstas, fijó su objetivo en asegurar suministros para su ejército. Ello le obligó a incrementar sus acuerdos económicos con la Unión Soviética, que le proporcionaría materias primas, y a negociar la compra del hierro sueco. Desde octubre de 1939 hasta la primavera del siguiente año, se ambos bandos se preparan para una guerra que prometía ser larga y penosa.


Las naciones escandinavas intentaban mantenerse neutrales en la guerra y, para ello, tuvieron que hacer concesiones a ambos contendientes. Noruega dejaría pasar el mineral de hierro sueco con destino a Alemania y, al mismo tiempo, su flota mercante colaboraría con la inglesa. Sin embargo, Alemania quería asegurarse a toda costa ese suministro y temía una intervención aliada inmediata en Noruega.

Invasión alemana a Noruega y caída de Francia.

Fuerza Armada Alemana (Wehrmacht )

Hitler, alertado por sus almirantes, decidió emprender la conquista de Noruega antes de que Gran Bretaña pudiese ocuparla o bloquear sus aguas territoriales. Si los aliados controlaban Noruega, Alemania volvería a ser víctima del temido bloqueo, como sucediera en la Primera Guerra Mundial. Se vería privada incluso del mineral de hierro, que desde el norte de Suecia llegaba por ferrocarril hasta el puerto noruego de Narvik y proseguía por mar hasta Alemania, a lo largo de la costa noruega.

En abril de 1940 invadió Dinamarca y Noruega, dejando aislada a Suecia y como Estado “tapón” neutral ante la cercanía de la Unión Soviética. Su hierro estaba asegurado. Entretanto, en el frente occidental europeo la situación se estabilizó después de que los franceses intentaron sin éxito romper las líneas de defensa alemanas, luego de la invasión de Polonia. Siete meses pasaron los dos ejércitos frente a frente sin luchar.

Caída de Francia: Se trataba del Plan Amarillo, consistente en una acción coordinada contra Holanda y Francia, a cargo de tres cuerpos de ejército, desplegados a lo largo de un frente de 250 kilómetros. El cuerpo de ejército A, mandado por el general Gerd von Rundstedt, realizaría la acometida principal por el centro del frente, a través del bosque de las Ardenas; al norte, el cuerpo de ejército B, a las órdenes del general Fedor von Bock, lanzaría un ataque simultáneo sobre Holanda y Bélgica; al sur, el cuerpo de ejército C, bajo el mando del general Wilhelm von Leeb, permanecería a la defensiva frente a la Línea Maginot.

Los aliados, sin embargo, esperaban de los alemanes una estrategia semejante a la realizada en la Primera Guerra Mundial. En consecuencia, el general francés Maurice Gamelin, que se hallaba al frente de las tropas aliadas, concentró la mayor parte de sus fuerzas en el norte, a lo largo de la frontera franco belga, por donde tuvo lugar la penetración germana en 1914. La región de las Ardenas (donde los galos pensaban que el terreno resultaba excesivamente difícil para grandes movimientos de tropas), así como la Línea Maginot, quedaron peor defendidas.

Tanto en número como en material, los ejércitos contendientes estaban casi igualados. Las fuerzas francesas, inglesas, holandesas y belgas totalizaban alrededor de 135 divisiones; las germanas, 136. En carros de combate, los aliados superaban ligeramente a los alemanes. Estos, en cambio, poseían una pequeña ventaja en el aire, especialmente en cazabombarderos y en aviones de transporte.

Al tiempo que se efectuaban esas acciones en el Norte, los alemanes también avanzaban hacia el oeste y lograban invadir Holanda, Bélgica y Luxemburgo, en rápidas acciones que hicieron retroceder a las fuerzas franco-británicas, sorprendidas por el hecho de que los alemanes avanzaron a territorio francés a través de las Ardenas, en vez de cruzar el terreno donde se encontraba la “Línea Maginot”, sistema de fortificaciones construido en 1929 para proteger la frontera oriental de Francia.

Pero la organización, la táctica y la moral de los aliados eran sin duda alguna inferiores. Holandeses y belgas se mantuvieron estrictamente neutrales hasta el último momento , impidiendo, en consecuencia la coordinación de la defensa aliada. Los aliados no podía contener en absoluto las enorme y poderosas formaciones alemanas, de carros de combate combinado con ataques por aire y por tierra y con una asombrosa capacidad de coordinación y habilidad táctica y bélica. Además la moral alemana , estaba reforzada por las espectaculares victorias alcanzadas en Polonia y Noruega.

Las fuerzas combinadas germanas emprendieron la marcha hacia el sur con objeto de iniciar su ofensiva sobre Francia y hacia los primeros días de junio de 1940, las tropas de Hitler habían logrado vencer las defensas francesas en el río Somme y continuaban hacia París, ocupada por los alemanes el día 14 del mismo mes.

El día 22, a las seis semanas de haber iniciado Hitler su ofensiva sobre el oeste de Europa, Francia firmaba un armisticio. El lugar elegido fue el bosque de Compiégne, al norte de París, donde Alemania sufrió la humillación del 11 de noviembre de 1918. Para hacer honor a la ocasión, los alemanes sacaron de un museo de la capital de Francia el vagón de ferrocarril utilizado para los acuerdos de aquella fecha y lo trasladaron hasta Compiégne.

El armisticio fijaba la ocupación germana del norte de Francia, y respetaba una zona al sur bajo el gobierno dePétain. (En realidad el régimen de Vichy no pasaría de ser un gobierno títere.) Asimismo, la marina francesa sería desmovilizada y sus barcos internados en puertos galos.

El 25 de junio, el gobierno de Pétain firmó otro armisticio con Italia, la cual, diez días antes, había declarado la guerra a Francia para poder reclamar su parte en el botín. El ejército italiano, sin embargo, no pudo atacar hasta el día 21, y tan sólo había avanzado unos centenares de metros. El armisticio permitió a los italianos ocupar el pequeño territorio y estableció una zona desmilitarizada.

Según el armisticio cual Francia quedaría dividida en dos zonas: la atlántica ocupada por Alemania, con la ciudad de París como capital; y la mediterránea que constituiría la “Francia libre”, con capital en Vichy y con el mariscalPhilippe Pétain (foto izquierda) al frente de un gobierno supuestamente “colaboracionista” de Alemania, obligado a aceptar las condiciones del “nuevo orden europeo”. Tales condiciones consistían en romper relaciones con Inglaterra y proceder al desarme del ejército francés.

El papel de la Resistencia: Sin embargo, no todo fue negativo. La dolorosa derrota de Francia logró reavivar el espíritu nacionalista de sus ciudadanos, quienes organizaron movimientos de resistencia dirigidos desde Londres por el general Charles de Gaulle (foto izquierda). Consiguieron formar cuerpos de “guerrilla” que, aunque no alcanzaron un éxito definitivo, mantuvieron viva la esperanza del pueblo francés para liberarse del invasor. De manera semejante creció el nacionalismo en la Gran Bretaña, pues aun cuando las islas británicas no llegaron a ser ocupadas, los continuos ataques aéreos de los alemanes estimularon el deseo de los británicos por luchar contra el enemigo.

Así, se mostraron dispuestos a aceptar las medidas de su gobierno, representado entonces por el primer ministro Winston Churchill, quien pronuncia su famoso discurso en el que pidió al pueblo británico “sangre, sudor y lágrimas” para vencer al nazismo. La resistencia francesa y británica despertó la simpatía y la admiración del pueblo estadounidense que se fue preparando mentalmente para una posible intervención a favor de las democracias occidentales.

Segundo periodo, junio de 1940 a diciembre de 1941
La Batalla de Inglaterra:

El Führer comprendió mientras tanto que Alemania no estaría en condiciones de iniciar la conquista de Inglaterra hasta haber obtenido un dominio absoluto en el aire. En consecuencia, ordenó al mariscal de campo Hermann Goering, jefe de la Luftwaffe, que preparara una gran ofensiva aérea para destruir la RAF e inutilizar la marina británica. La batalla de la Luftwaffe (fuerza área alemana) contra Inglaterra comenzó el 10 de julio de 1940. Al principio, las incursiones aéreas germanas fueron un tanto limitadas, pero a partir del 2 de agosto empezaron a darse ataques masivos contra los aeródromos ingleses, las fábricas de material aeronáutico y, sobre todo, contra el poderoso y eficaz conjunto de la red inglesa de radar. (ampliar)

Luftwaffe (fuerza área alemana)

Churchill ordenó  a la RAF, que desde el 15 de mayo había bombardeado diversas ciudades alemanas, dirigirse hacia Berlín en sus incursiones nocturnas. A finales de agosto, Hitler ordenó de pronto a Goering que suspendiera los ataques a los aeródromos ingleses e iniciara un bombardeo masivo sobre Londres y otros centros industriales. El 7 de septiembre, un enorme contingente aéreo atacaba la capital británica, y envolvía en llamas un amplio sector de los muelles del East End. A partir de esta fecha, las incursiones se sucedieron diariamente.

Los alemanes dirigieron sus ataques contra la ciudad de Londres, que llegó a ser bombardeada durante cincuenta y siete noches consecutivas. Otras grandes ciudades británicas sufrieron también los efectos del ataque aéreo; en conjunto, sobre Inglaterra cayeron 190 mil toneladas de bombas y se tuvo que lamentar la pérdida de cerca de 44 mil vidas humanas y más de 50 mil heridos. En algunos momentos, la RAE (Royal Air Force) pareció estar cerca del colapso, pero Churchill pudo declarar más tarde:  “No hay, en la historia de las guerras, ningún otro ejemplo en que tan tantos seres humanos . debieron tanto a tan pocos.”

Mientras tanto, los ingleses, temiendo una invasión, comenzaron a bombardear a su vez los puertos del canal de la Mancha y del mar del Norte, donde la armada alemana había comenzado a reunir su flota.

El cambio operado en la táctica germana (en no bombardera mas los aeródromos y pistas) proporcionó a la RAF tiempo suficiente para reparar sus maltrechos cazas y aeródromos. Al fin, el 15 de septiembre, los aviones británicos infligieron graves pérdidas a la fuerza aérea de Goering. Cuatro días después, Hitler aplazaba de modo indefinido la Operación León Marino y ordenaba que la flota destinada a invadir Inglaterra se retirara a aguas más seguras. En octubre volvería a fijar la operación para la primavera o principios del verano de 1941, pero el plan, en la práctica, se había abandonado. Si bien los bombarderos germanos prosiguieron sus incursiones nocturnas sobre las ciudades inglesas, la batalla de Inglaterra había terminado. Los alemanes acababan de sufrir su primera gran derrota.

Discurso de Churchill llamando a la resistencia: Ésa es la decisión del gobierno de Su Majestad y de todos los hombres que lo componen. Esa es la voluntad del Parlamento y de toda la nación. El Imperio Británico y la República Francesa, unidos en la misma causa yen la misma necesidad, defenderán su tierra natal hasta la muerte, ayudándose fraternalmente hasta el límite de sus fuerzas. Aunque, en verdad, gran parte de Europa y más de un antiguo y famoso Estado hayan caído o puedan caer en las garras de la Gestapo (Foto: Hermann Goring creador de la Gestapo) y de todo el odioso aparato de opresión nazi, no nos someteremos ni nos doblegaremos. Seguiremos hasta el fin, lucharemos en Francia, lucharemos en los mares y océanos, lucharemos en los aires con una fuerza y una confianza crecientes, defenderemos nuestra isla a cualquier precio, lucharemos en las playas, lucharemos en los aeródromos, lucharemos en los campos y en las calles, lucharemos en las colinas; nonos rendiremos jamás. E incluso si esta isla (…), cosa que ni por un instante creo posible, fuera sojuzgada, en ese caso nuestros Imperio de ultramar; armado y vigilado por la flota británica continuaría el combate hasta que, en el momento que Dios desease, el Nuevo Mundo, con toda su fuerza y su poder, avance para socorrer y liberar al Antiguo.

Winston Churchill, 4 de juniio de 1940.

Formación de las Potencias del Eje:

Por intereses comunes los destinos de Alemania e Italia se mantuvieron inexorablemente unidos y en mayo 1939 , ambas naciones sellaron su alianza con un compromiso militar por un período de diez años: el Pacto de Acero.

Para uno y otro miembro, la alianza del Eje representaba una fuente de obligaciones y de seguridades. Mussolini no intervino en el conflicto hasta 1940, fecha en que la guerra ya era un hecho indubitable y la conquista de Europa parecía segura. El Duce no quería hallarse ausente a la hora del botín, pero ya desde entonces se consideró perjudicado en el reparto de los territorios. Por su parte, Hitler no le confiaba sus planes. La invasión de Noruega, por ejemplo, en abril de 1940, constituyó para Italia una total sorpresa.

En el transcurso de la guerra, Hitler se veía precisado a acudir, cada vez con más frecuencia, en apoyo de su aliado. A instancias del Führer, Italia atacó, en septiembre de 1940, a las fuerzas inglesas destacadas en el norte de África. Un año después, sin embargo, tropas alemanas acudieron apresuradamente en su ayuda a fin de evitar un descalabro. En octubre de 1940, el Duce atacó Grecia y, una vez más, hubo de solicitar auxilio de Alemania.

A pesar de todo, la alianza satisfacía a ambos líderes. Mussolini esperaba el resurgir de la Roma imperial, compartiendo con Alemania un destino histórico. Hitler necesitaba al italiano para que le protegiera, siquiera fuese de modo precario, el flanco meridional. El Führer mostró hacia Mussolini lealtad inquebrantable. Cuando a fines de julio de 1943 el Duce fue depuesto y encarcelado por su propio Gran Consejo, en plena conquista de Sicilia por los aliados, Hitler envió una unidad especial a rescatarlo, y a mediados de septiembre lo reinstauró en el poder —aunque ya falso y nominal— en el norte de Italia.

La alianza entre Alemania, Italia y Japón constituía un bloque compacto que se consolidaría con dos acuerdos más: el Pacto de Acero, firmado por Italia y Alemania en mayo de 1939, por el que estos países se comprometían a ayudarse mutuamente en caso de guerra y a colaborar para conseguir el espacio vital que ambos buscaban, y el Pacto Tripartita de septiembre de 1940 entre Alemania, Italia y Japón.

El ingreso de Japón, cuya ubicación en el océano Pacífico era estratégica para aislar a la Unión Soviética, facilitaba a Alemania el ataque por el extremo oriental de Rusia que Hitler tenía planeado realizar más adelante cuando hubiera derrotado a las potencias occidentales. El Führer creía posible contener la presión de Rusia en virtud del pacto de no agresión firmado con los soviéticos, y suponía que de esa manera podría evitar una guerra en dos frentes. Sin embargo, derrotar a Inglaterra no era empresa fácil, y la fuerza aérea de este país había ocasionado graves pérdidas a la Luftwaffe. En esas circunstancias Hitler decidió bloquear el Mediterráneo con ayuda de Mussolini, buscando interrumpir la comunicación de los británicos con los puntos estratégicos que poseían en esta zona, además de causarles daños económicos al bloquear el Canal de Suez.    

La guerra en Europa centro-oriental:
Mientras los alemanes organizaban la nueva situación de Francia, Stalin aprovechaba para continuar con la anexión de los territorios señalados en el pacto germano-soviético, en perjuicio de Rumania y de Letonia, Lituania y Estonia. Hitler decidió entonces avanzar hacia el este e intervino en Rumania; en septiembre de 1940, abdicó el rey rumano y tomó el poder el mariscal Ion Antonescu, quien impuso un régimen pronazi y permite la entrada de las tropas alemanas a Rumania, que ocupan los campos petroleros de su territorio.1 Estos movimientos ocasionaron la ruptura de las relaciones germano-soviéticas y favorecieron los planes de Hitler para invadir Rusia.

El 18 de diciembre de 1940, Hitler dictó la Operación Barbarroja en contra de Rusia, planeada para realizarse en la primavera del año siguiente. Sin embargo, los acontecimientos en los Balcanes obligaron a retrasarlo.

Operaciones en África y los Balcanes:
El 28 de octubre de 1940, Mussolini invadió Grecia sin previo aviso al Führer, cuya indignación fue mayor al enterarse de la derrota de los italianos al mes siguiente. Más tarde, el Duce sufrió un nuevo descalabro, aún más grave, ante las tropas inglesas que, procedentes de Egipto, penetraron en Libia y se apoderaron de la Somalia italiana, de Eritrea y, por último, de Etiopía, la reciente conquista italiana. Estas derrotas, que enardecieron aHitler, impulsaron al ejército alemán para crear el Africa Korps, destacamento militar especialmente equipado y adiestrado para la guerra en el desierto, bajo el mando del general Erwin Rommel (foto izquierda), quien logró romper el frente británico y cambió el rumbo de las operaciones del Mediterráneo a favor de las potencias del Eje. Las tropas alemanas avanzaron con rapidez, y en abril de 1941 se encontraban en Egipto, donde ocuparon el paso de Halfaya.

El Führer se propuso además avanzar hacia los Balcanes. Mediante el recurso de la guerra relámpago iniciada el 6 de abril de 1941, las fuerzas alemanas vencieron la resistencia de Yugoslavia y Grecia, que se rindieron en pocos días. A fines de mayo, los alemanes se apoderaron igualmente de Creta, y a partir de entonces, el Eje pudo pasar a la ofensiva en Libia Durante el verano de 1941, Alemania se había apoderado de los Balcanes, mientras que la Gran Bretaña dominaba en las regiones vecinas del Cercano Oriente y Gibraltar en el extremo oeste del Mediterráneo, gracias a que Francisco Franco se negó a aceptar la propuesta de Mussolini para que España participara en la guerra contra los aliados. Mientras tanto, la guerra continuaba en el norte de África y se mantendría durante dos años más, hasta la intervención de las tropas estadounidenses.

Invasión de Rusia:
En junio de 1941, ante la imposibilidad de vencer a Inglaterra en forma definitiva, Hitler decidió poner en práctica la Operación Barbarroja (foto) en contra de la Unión Soviética. Este plan de ataque consistía en una operación rápida destinada a eliminar las tropas rusas, aprovechando que ya Francia había sido sometida e Inglaterra se encontraba luchando sola en el Mediterráneo.

El 22 de junio de 1941 más tres millones de soldados alemanes irrumpieron en la URSS. su tremendo potencial bélico, magnitud de la invasión no te precedentes. Las divisiones manas se adentraron a lo largo lo ancho de cientos de kilómetros y barrieron literalmente la precaria resistencia soviética. Hitler, persuadido de que los rusos se hallaban al borde del colapso, decidió caer sobre Moscú.

A principios diciembre, sus tropas se hallaban sólo a 42 kilómetros de la capital soviética. Sin embargo, agotamiento, las temperatura bajo cero y la reacción militar r se cebaron esta vez en los alemanes. El 6 de diciembre, las tropas de la URSS se lanzaron repentinamente al contraataque, causaron estragos en el invasor  y obligaron a retroceder hasta kilómetros en algunos sectores. En marzo de 1942 los alemanes consiguieron reagruparse y, a mediados del verano, tomaron nuevo la iniciativa y amenaza los ricos yacimientos petrolíferos del Cáucaso, al tiempo que prefijaban la toma de Stalingrado como otra de sus metas. Pero la suerte había cambiado y la Unión Soviética se había repuesto formidablemente.

Además, Hitler suponía que al derrotar a Rusia, Japón podría dominar el Pacífico y amenazaría las costas de Estados Unidos para impedir que este país interviniera en la guerra de Europa. Aunque en los primeros momentos las tropas alemanas lograron importantes éxitos militares en Rusia, al ocasionar innumerables bajas en el ejército ruso y avanzar en territorio soviético hasta llegar a las puertas de Moscú, al llegar el invierno antes de lo previsto, las tropas germanas, que no estaban preparadas para afrontar el intenso frío, comenzaron a debilitarse. (Ver: Batalla de Stalingrado)

El 5 de diciembre de 1941, los rusos realizaron una contraofensiva frente a Moscú; la guerra se convertía en la contienda prolongada que Hitler creyó poder evitar para no verse en la necesidad de luchar en los dos frentes. El día 7 de ese mismo mes, la aviación japonesa atacaba con éxito la flota de Estados Unidos que se encontraba anclada en Pearl Harbor de las islas Hawai; esta acción japonesa dio al presidente Roosevelt la oportunidad que estaba esperando para que el Congreso aprobara la intervención de Estados Unidos en la guerra.

Segunda fase: intervención de Japón y Estados Unidos

La segunda fase de la guerra se caracteriza por la intervención de dos países de reciente crecimiento económico que comenzaban a participar, en las aspiraciones imperialistas del reparto mundial: Estados Unidos y Japón.

A finales de junio de 1940, las ofensivas relámpago de Alemania en Europa favorecieron a los japoneses, quienes se apoderaron de las colonias francesas, holandesas e inglesas del sudeste asiático. Eran tierras ricas en estaño, petróleo, caucho y otros recursos, imprescindibles para el continuo crecimiento nipón. En septiembre de 1940, el Japón, consecuente con su política expansionista, presionaba sobre el gobierno francés de Vichy para ocupar con sus tropas el norte de Indochina.

Allí construyeron poco después las bases aéreas desde donde bombardearon la carretera de Birmania, única comunicación de China con el mundo exterior. Los ingleses se vieron imposibilitados de utilizar esta vía. Los Estados Unidos, que se servían también de esta ruta para enviar suministros a Chiang Kai-shek, incrementaron en represalia la ayuda a China, y el 26 de septiembre bloquearon totalmente las ventas al Japón de petróleo, chatarra y acero. Al día siguiente, los nipones firmaban con el Eje el Pacto Tripartito.

La diplomacia japonesa fracasó en su intento de obtener concesiones de las autoridades coloniales de las Indias Orientales holandesas. En enero de 1941 los nipones se plantearon la cuestión de recurrir a la fuerza para procurarse sus imprescindibles recursos. El almirante Jsoroku Yamamoto, jefe de la Primera Flota japonesa, sugirió un ataque sorpresa a Pearl Harbor a fin de destruir las fuerzas navales norteamericanas mientras el Japón realizaba sus planes de conquista. Los japoneses proyectaron una estrategia en tres etapas, en donde la primera  pondría fin al poderío marítimo norteamericano en Pearl Harbor, la misma se consumó el 7 de diciembre de 1941, donde la flota estadoudinense fue atacada de sorpresa con 200 aviones japoneses, entre bombarderos, cazas y torpederos y con un balance de 2403 muertos, 1178 heridos y gran parte de la flota destruida.

El ataque japonés a Pearl Harbor  el 7 de diciembre de 1941, fue fotografiado por un piloto nipón. Las bombas, al detonar, levantaban del agua gigantescas montañas de espuma, al tiempo que aniquilaban gran parte del poderlo naval y aéreo estadounidense; no dañaron, sin embargo, los importantes depósitos de crudos

Por otra parte, desde mediados del año anterior, cuando la Luftwaffe iniciara sus ataques conTra Inglaterra, Roosevelt había pactado con el gobierno británico la entrega de 50 barcos destructores a cambio de una cesión de bases en varias colonias inglesas en el continente americano, y había logrado que el Congreso de Estados Unidos aprobara a Ley de Préstamos y Arriendos, destinada a prestar ayuda financiera a Gran Bretaña para costear los gastos de guerra, no obstante que tales acciones constituían una violación a la neutralidad estadounidense.

Además, en agosto de 1941, Roosevelt y Churchill (foto) habían celebrado una reunión a bordo de un crucero frente a las costas de Terranova, y el día 14 firmaban una declaración de principios contenida en la llamada Carta del Atlántico en la cual se ratificaban los ideales liberales y democráticos, y se insistía en el propósito de organizar un sistema efectivo de seguridad colectiva, mediante el establecimiento de un régimen de colaboración económica entre los pueblos, restaurando el principio de autodeterminación. A pesar de la magnitud de esa colaboración de parte de Estados Unidos, que convertía a este país en el gran arsenal de las potencias occidentales, no era suficientemente poderosa como para que éstas ganaran la guerra; así, el ataque japonés a Pearl Harborl dio al gobierno estadounidense la oportunidad de participar m el conflicto, que así tomaba un nuevo rumbo.

 La Carta del Atlántico

El presidente de los Estados Unidos de América y el Primer Ministro representante del Gobierno de S.M. en el Rino Unido, habiéndose reunido en el Océano (Atlántico), juzgan oportuno hacer conocer algunos principios sobre los cuales ellos fundan sus esperanzas en un mejor para el mundo y que son comunes a la política nacional de sus respectivos países.

1. Sus países no buscan ningún engrandecimiento territorial o de otro tipo.

2. No desean ver ningún cambio territorial que no esté de acuerdo con los votos libremente expresados de los pueblos interesados.

3. Respetan el derecho que tienen todos los pueblos de escoger la forma de gobierno bajo la cual quieren vivir, y desean que sean restablecidos los derechos soberanos y el libre ejercicio del gobierno a aquéllos a quienes les han sido arrebatados por la fuerza.

4. Se esforzarán, respetando totalmente sus obligaciones existentes, en extender a todos los Estados, pequeños o grandes, victoriosos o vencidos, la posibilidad de acceso a condiciones de igualdad al comercio y a las materias primas mundiales que son necesarias para su prosperidad económica.

5. Desean realizar entre todas las naciones la colaboración más completa, en el dominio de la economía, con el fin de asegurar a todos las mejoras de las condiciones de trabajo, el progreso económico y la protección social.

6. Tras la destrucción total de la tiranía nazi, esperan ver restablecer una paz que permita a todas las naciones vivir con seguridad en el interior de sus propias fronteras y que garantice a todos los hombres de todos los países una existencia libre sin miedo ni pobreza.

7. Una paz así permitirá a todos los hombre navegar sin trabas sobre los mares y océanos.

8. Tienen la convicción de que todas las naciones del mundo, tanto por razones de orden práctico como de carácter espiritual, deben renunciar totalmente al uso de la fuerza. Puesto que ninguna paz futura puede ser mantenida sin las armas terrestres, navales o aéreas continúan siendo empleadas por las naciones que la amenazan, o son susceptibles de amenazarla con agresiones fuera de sus fronteras, consideran que, en espera de poder establecer un sistema de seguridad general, amplio y permanente, el desarme de tales naciones es esencial. Igualmente ayudarán y fomentarán todo tipo de medidas prácticas que alivien el pesado fardo de los armamentos que abruma a los pueblos pacíficos.

Formación del bloque de los Aliados:
Solidarizándose con Japón, Alemania e Italia declararon la guerra a Estados Unidos el día 11 de diciembre, cuatro días después del ataque a Pearl Harbor; de esta manera estaba más que justificada la entrada en la guerra para los estadounidenses; después de esto todos los gobiernos del continente americano, con excepción de Argentina que lo haría más tarde, hicieron causa común con Estados Unidos, en la Conferencia Panamericana celebrada en Río de Janeiro, Brasil, en enero de 1942. Ese mismo mes, veintisiete naciones, incluidas las tres grandes potencias —Gran Bretaña, Estados Unidos y la Unión Soviética que había roto el pacto con Alemania— se integraban en una alianza contra el Eje a la que Roosevelt dio el nombre de Naciones Unidas.

Cada una de ellas se comprometía a utilizar todos los recursos para derrotar al Eje y a no hacer nunca una paz por separado. De tal forma quedaban integrados plenamente los dos bloques contrarios: el bloque de los Aliados, formado por Inglaterra, la Unión Soviética y Estados Unidos (Francia había quedado temporalmente fuera de la contienda) y el bloque del Eje, integrado por Alemania, Italia y Japón. El primero manifestaba una aplastante superioridad en caso de que la guerra se prolongase, aunque todavía a mediados de 1942 la supremacía de las Potencias del Eje era un hecho innegable.

A principios de ese año, Estados Unidos y Gran Bretaña formaron una organización llamada Jefes de Estado Mayor Combinados, con el propósito de unificar sus recursos, en una estrecha colaboración que por primera vez se daba entre las dos naciones y, en agosto se celebraba en Moscú un encuentro entre Stalin, Churchill y William Averell Harriman, este último en representación del presidente estadounidense, para discutir la apertura de un segundo frente en Europa.

Tres frentes de guerra:
A partir de diciembre de 1941 se efectuaron tres guerras, en forma casi independiente aunque incluidas en una sola guerra total: 1) en las llanuras de Rusia, entre los alemanes y el ejército soviético; 2) en el océano Pacífico, donde se enfrentaron estadounidenses y japoneses; y 3) en el océano Atlántico, el mar Mediterráneo y el norte de África, donde ingleses y estadounidenses combatían contra Alemania e Italia. Para los Aliados, el objetivo principal consistió en acelerar la derrota de Alemania, la nación más peligrosa de las Potencias del Eje, aun cuando tuvieran que retrasar la derrota sobre Japón.

Las batallas decisivas que harían cambiar de rumbo a la guerra, inclinando la victoria final al bando de los Aliados, ocurrieron, entre el otoño de 1942 y la primavera del siguiente año, en tres principales frentes de combate. Esas batallas fueron:

a) En el norte de África; en un sitio conocido como El Alamein, donde el mariscal británico Bernard Law Montgomery atacó a las fuerzas alemanas al mando del general Erwin Rommel y las obligó a retirarse; a los pocos días de este hecho, ocurrido el 23 de octubre de 1942, desembarcaban en el norte de África las tropas estadounidenses dirigidas por el general Dwight D. Eisenhower, para colaborar con Montgomery romper el cerco de las fuerzas de Rommel, las cuales se vieron forzadas a abandonar el territorio, y capitularon el 7 de mayo de 1943; África quedaba libre de las fuerzas del Eje y el Mediterráneo estaba abierto. El sueño de Mussolini de crear un imperio africano se había desvanecido.

b) En el frente oriental, Hitler desencadenaba una nueva ofensiva contra la Unión Soviética, buscando apoderarse de los territorios del Cáucaso, ricos en petróleo, a pesar de que las fuerzas alemanas se encontraban ya debilitadas. A mediados de noviembre de 1942, las tropas rusas —superiores en número a las alemanas y bien  equipadas no sólo con los propios recursos soviéticos sino con la ayuda proporcionada por Estados Unidos a través de la Ley de Préstamos y Arriendo— realizaron una contraofensiva que logró romper las líneas enemigas al norte y sur de Stalingrado y vencer a las fuerzas alemanas. Después de esta victoria, a pesar de algunos retrocesos, los rusos se mantuvieron a la ofensiva durante todo el resto de la guerra.

c) En el Pacífico, durante los primeros meses de 1942, los japoneses lograron importantes triunfos, llegando a dominar una extensa área del Pacífico, donde incluso conquistaron algunas bases estadounidenses. Pero a semejanza de Alemania, Japón no pudo sostener una guerra prolongada contra las fuerzas aliadas, cuya base de operaciones se encontraba en Australia, al mando del general estadounidense Douglas MacArthur (foto).

Durante la primavera de 1942, los Aliados obtuvieron importantes victorias navales y aéreas en las batallas del Mar del Coral y Midway, y desde entonces se manifiesta hacia el Pacífico central un gran avance de los Aliados. Meses más tarde, las fuerzas estadounidenses desembarcaron en Guadalcanal, en las islas Salomón.

La fase final de la guerra

Acuerdos para las ofensivas finales. Mientras se desarrollaban las campañas militares, los diplomáticos aliados llevaron a cabo importantes planes políticos con el fin de acordar las estrategias más adecuadas para derrotar al Eje. Desde 1941, los soviéticos pedían la creación de un segundo frente, es decir, un desembarco aliado en Europa occidental para contrarrestar la ofensiva alemana en el frente oriental. Pero en ese año y en el siguiente, las fuerzas occidentales todavía no estaban en condiciones de emprender tal operación.

Del 14 al 24 de enero de 1943, Churchill y Roosevelt celebraron la Conferencia de Casablanca y en ella se proyectó el desembarco en Francia para la primavera de 1944, pero no lograron establecer acuerdos concretos sobre las estrategias a seguir antes de esa fecha. Sin embargo, ambos mandatarios tomaron en Casablanca una decisión muy importante a la que pronto se sumó Stalin: la rendición incondicional que se exigía a las potencias del Eje, como único medio de poner fin a la guerra.

La campaña de Italia. Después que Montgomery y Eisenhower lograran vencer a las fuerzas de Rommel en África, luego de una espectacular campaña conjunta (julio-agosto de 1943), tropas inglesas, canadienses y estadounidenses desembarcaron en la isla de Sicilia, dispuestos a atacar las fuerzas de Mussolini. Así, lograron engañar a Hitler haciéndole creer que dirigían su ataque contra Grecia.

Ante la llegada de los ejércitos aliados a territorio italiano, Mussolini reunió al Gran Consejo Fascista, pero no consiguió su apoyo; por lo contrario, la gran mayoría de los miembros del Consejo le reprocharon haber llevado a Italia al desastre y decidieron restablecer un régimen constitucional, para lo cual pidieron al rey la destitución de Mussolini. El 25 de julio, el Duce fue relevado de su cargo y arrestado. Después de veintiún años, el régimen fascista llegaba a su fin. El poder fue ocupado por el mariscal Pietro Badoglio, quien se puso al frente de un gobierno militar del que fueron excluidos los fascistas, y empezó a realizar gestiones para capitular ante los Aliados, en tanto que Hitler se preparaba para atacar Italia, previendo una posible colaboración de este país con las fuerzas angloamericanas.

Durante el mes de septiembre de 1943, los alemanes liberaron a Mussolini, quien se instaló en la ciudad de Milán y proclamó la República Social Italiana —que en realidad sería un gobierno títere de Hitler— y decretó una nueva movilización militar. Con estas acciones se desencadenó en el norte de Italia una guerra civil entre los fascistas ayudados por los alemanes, y el Comité de Liberación Nacional dirigido por los comunistas que encabezaba el líder Palmiro Togliatti. De ahí en adelante daría comienzo la resistencia italiana en contra de los regímenes nazi-fascistas, cuyo desprestigio crecía considerablemente tanto entre el pueblo alemán como en el italiano. En octubre, el gobierno de Badoglio declaró la guerra a AJemania, e Italia fue reconocida por los Aliados como país “cobeligerante”. En abril del año siguiente, cuando Alemania era cercada en dos frentes y su derrota era inevitable, Mussolini agotó sus recursos para salvarse y decidió huir hacia Suiza, pero fue apresado  y fusilado por la resistencia antifascista italiana.

No obstante, la campaña de Italia se prolongó por varios meses porque los alemanes bloqueaban tenazmente el avance de las fuerzas angloamericanas hacia Roma. A partir de la liberación de esta ciudad el 5 de junio de 1944, el frente aliado en Italia quedó paralizado, pues hubo necesidad de retirar las tropas para utilizarlas en la campaña para liberar a Francia.

Conferencia de Teherán. Ante el nuevo curso que había tomado la guerra, los dirigentes de las potencias aliadas —Stalin, Roosevelt y Churchill— decidieron celebrar una nueva reunión, en Teherán, capital de Irán, a finales de noviembre de 1943. En la Conferencia de Teherán, Stalin planteó dos asuntos cuya discusión daría la característica esencial de esta reunión: uno se refería a la insistencia soviética en la necesidad de que las fuerzas angloestadoudinenses abrieran un segundo frente de guerra en Europa occidental, y el otro a la conveniencia de establecer un acuerdo sobre el problema de las nuevas fronteras, es decir, de los territorios que corresponderían a cada uno de los Aliados una vez que el Eje fuera derrotado. Para la fecha en que se celebraba esta reunión, Stalin ya podía imponer condiciones debido a los triunfos que la Unión Soviética había obtenido sobre el ejército alemán; por lo tanto, se empezaba a plantear una nueva correlación de fuerzas, derivada de la diferencia fundamental que había entre el sistema soviético y el de sus aliados circunstanciales. En esa misma conferencia, Gran Bretaña y Estados Unidos se comprometieron a realizar un desembarco al norte de Francia, con el fin de abrir el segundo frente solicitado por Stalin.

Por esas fechas (finales de 1943), tanto la aviación inglesa como la de Estados Unidos —cuya superioridad sobre la alemana ya se había hecho evidente— desencadenaron una gran ofensiva de bombardeo sobre Alemania y los territorios ocupados por este país, donde arrasaron varias ciudades importantes y ocasionaron serios daños a la industria bélica enemiga. Hitler a su vez realizó el ensayo de una serie de armamentos nuevos, aviones de reacción y cohetes teledirigidos, (las llamadas bombas V1y V2) con las que volvieron a atacar la ciudad de Londres; sin embargo, estas acciones alemanas no habrían de cambiar el curso de la guerra que ya se había  inclinado a favor de los Aliados.

40.000.000 millones de muertos fue el saldo de la 2° Guerra Mundial

El ocaso del Tercer Reich
A principios de febrero, los ejércitos aliados efectuaron un ataque coordinado sobre el Rin. Tropas británicas y canadienses lograron en el norte pequeñas conquistas, pero hallaron una fuerte resistencia. En otros puntos los aliados avanzaron con mayor rapidez a pesar de los vigorosos contraataques alemanes.

El 5 de marzo, los soldados estadounidenses ocuparon Colonia. Dos días más tarde, una división acorazada estadounidense descubrió que los alemanes habían dejado intacto un puente sobre el Rin y lo ocuparon mientras los alemanes intentaban volarlo. Hitler, enfurecido, destituyó a Rundstedt y nombró en su lugar al mariscal AlbertKesselring, que había estado al frente de los ejércitos alemanes en Italia. A finales de marzo, las tropas aliadas ocupan la ribera occidental del Rin desde la ciudad holandesa de Arnhem hasta la frontera suiza. Habían rebasado en su totalidad la legendaria Línea Sigfrido, con excepción de su sector más meridional, en la orilla oriental del Rin. En marzo, los aliados incrementaron su ofensiva aérea.

Parlamento Alemán Al Finalizar la Guerra

De día unas veces y de noche otras, llegaron a arrojar 245.000 toneladas de bombas sobre ciudades, fábricas, centrales de energía, líneas de ferrocarril y otros objetivos estratégicos.

Mientras los ejércitos aliados de Europa occidental entraban sin dificultad en Alemania, el ejército rojo cerraba el cerco desde el este. A finales de febrero, las tropas soviéticas alcanzaban la línea Oder-Neisse, situada a unos 65 kilómetros de Berlín. Mientras tanto, las fuerzas aliadas del norte de Italia rompían la línea gótica por varios puntos y se preparaban para una ofensiva final contra el maltrecho ejército de Hitler.

Entrada de los Aliados a Berlín

El 1 de abril, los ejércitos primero y noveno de los Estados Unidos cercaron el Ruhr, fuente de reservas carboníferas e industriales vitales para Alemania. Tras una serie de intentos frustrados por romper el cerco, las tropas alemanas quedaron reducidas a la impotencia y el 18 de abril los aliados invadieron la región, al tiempo que capturaban 320.000 soldados enemigos. A partir de aquel momento la resistencia alemana se vino abajo —exceptuando algunas zonas en que las tropas lucharon con fanatismo hasta la muerte— y los ejércitos aliados barrieron el país.

El 16 de abril los soviéticos lanzaron la ofensiva final sobre Berlín, mientras los ingleses se dirigían al nordeste, hacia Hamburgo y Lübeck, y los norteamericanos al sudeste, hacia Munich y las fronteras de Checoslovaquia y Austria. Hitler, que se negaba a aceptar la realidad, ordenó la creación de guerrillas para hacer frente a los invasores, y mandó a sus oficiales que destruyesen todas las instalaciones industriales y viarias del país; mientras tanto, se dedicaba a mover sobre su mapa divisiones inexistentes. La única buena noticia que recibió en aquellos días postreros fue la muerte de Roosevelt el 12 de abril.

La Bandera Roja en el Parlamento Alemán

Sin embargo, el 22 de abril, la mente del Führer pareció comprender que el fin se aproximaba. La mayoría de los altos oficiales alemanes huyó de Berlín, pero Hitler decidió permanecer en la ciudad. Finalmente, el 30 de abril, el dictador nazi se suicidó, convencido hasta el último momento de que había sido traicionado por los suyos y de que la historia le haría justicia. En su testamento nombraba como sucesor al almirante Karl Doenitz, artífice de las brillantes campañas de los submarinos alemanes.

El día anterior, 29 de abril, se rindieron las tropas alemanas de Italia y en días sucesivos siguieron el ejemplo los ejércitos nazis de Holanda, de Dinamarca y del noroeste y mediodía de Alemania. El 7 de mayo los alemanes firmaron en Reims la rendición incondicional v al día siguiente cesaron oficialmente las hostilidades. Ante la insistencia de Stalin, la capitulación se ratificó formalmente en una ceremonia que tuvo lugar el 9 de mayo en Berlín.

LA DERROTA DE JAPÓN: El 6 de agosto de 1945 se lanzó la primera bomba atómica sobre la ciudad de Hiroshima. Sus efectos fueron apocalípticos: causó casi 130.000 víctimas, entre muertos y heridos. Unos 48.000 edificios fueron completamente destruidos y 176.000 personas quedaron sin hogar. Tres días después, una segunda bomba cayó sobre Nagasaki, devastando 47 km2 y causando la muerte a cerca de 40.000 japoneses.

Transcurridos muchos años, las secuelas de la radiación seguirían engrosando la nómina de híbakushas, los afectados por el terror atómico.

Al día siguiente, Japón se rindió sin condiciones. El 2 de septiembre de 1945, en una solemne
ceremonia a bordo del acorazado Missouri, anclado en la bahía de Tokio, el general MacArthur, comandante supremo de las fuerzas aliadas, recibía la rendición de Japón. Era el fin de la Segunda Guerra Mundial.

Balance de la guerra
China perdió 6,4 millones de personas, entre civiles y militares; Japón tuvo 1,4 millones de muertos. Corea sufrió especialmente la dominación japonesa, con miles de muertos y la ominosa degradación de gran parte de su población femenina. Éste y otros crímenes fueron juzgados por un tribunal aliado -el “Nuremberg japonés”- que condenó a muerte a varios militares japoneses, entre ellos al general Tojo, ministro de la guerra y primer ministro de Japón durante el conflicto bélico. El emperador Hiro-Hito se mantuvo en el trono por decisión de los ocupantes estadounidenses.

Fuente Consultada: 
El Mundo Moderno y Contemporáneo de Gloria Delgado
Historia Universal Tomo 16 Primera y Segunda Guerra Mundial
Civilizaciones de Occidente Tomo B Jackson Spielvogel

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Introducción: La Segunda Guerra Mundial superó claramente a la Primera Guerra, tanto por la duración y la intensidad de los combates como por las pérdidas humanas y los recursos que se utilizaron: participaron 72 Estados, fueron movilizados 110 millones de hombres, el coste económico de la guerra fue cuantiosísimo y hubo más de 40 millones de muertos.

El norte de China, Japón y Europa quedaron devastados y su equipamiento industrial, ferroviario, portuario y viario quedó muy maltrecho. Además, la Segunda Guerra Mundial tuvo una extensión realmente mundial, ya que se combatió en casi todos los continentes (Europa, Asia, África y Oceanía) y en todos los océanos.

En el terreno armamentístico, las grandes potencias enfrentadas perfeccionaron y pusieron a punto instrumentos de ataque suficientemente terribles como para destruir a toda la Humanidad. La aparición de las grandes unidades blindadas, la utilización de los submarinos, de los portaaviones, de los misiles antiaéreos, del radar y de la aviación como recurso habitual para el transporte de tropas y para los bombardeos sobre la población civil, hicieron de este conflicto una verdadera carrera hacia a destrucción. Finalmente, la explosión de la primera bomba nuclear marcó un hito en la historia del miedo atómico, al demostrar que era posible destruir la humanidad.

Consecuencias de la Segunda Guerra: En la última fase de la guerra, Estados Unidos y la Unión Soviética pasan a ejercer el papel predominante, formándose dos bloques encabezados por ellos. Estados Unidos, que ya desde antes de la guerra era la primera potencia económica mundial, se consolidó como tal. Europa quedó muy debilitada del conflicto y estaba arruinada por la guerra. Estados Unidos se convirtió, además, en la primera potencia militar mundial gracias al esfuerzo bélico realizado. A partir de entonces asumiría la función de defensor de los valores de la civilización occidental, sustituyendo a Gran Bretaña en su papel de gendarme mundial.

La Unión Soviética, a pesar de las grandes pérdidas materiales y humanas que sufrió por el conflicto, salió muy fortalecida. El campo socialista se extendió a los países de Europa central y oriental, y la Unión Soviética se convirtió en su centro dirigente. La Revolución China estaba en curso y tampoco se haría esperar. Los próximos años mostrarían la intensidad de dicho enfrentamiento.

Para el conjunto del conflicto de 1939-1945, tanto en Europa como en Asia, las cifras de pérdidas humanas son impresionante, las mayores que una guerra haya producido en toda la historia. En total se calculan 55 millones, 25 millones de cuales era militares y el resto civiles, sin contar 5 millones de judíos asesinado en el Holocausto ocasionado por los Nazis. Pero esto es sólo una estimación aproximada , las destrucciones de registros civiles por bombardeos aéreos, la confusión provocada por los traslados de población –que imposibilita distinguir entre fallecido y desaparecidos- y la pérdida de parte de la documentación han impedido un mayor acercamiento a la cifra real de los muertos.

Alemania 8.000.000
Checoslovaquia 6.700
China 2.000.000
EE.UU. 405.399
Francia 600.000
Inglaterra 300.000
Japón 2.000.000
Polonia 6.000.000
URSS 22.000.000
Yugoslavia 1.500.000

A pesar de su falta de precisión, estas cifras aproximadas proporcionan una idea de la sangría demográfica que significó la Segunda Guerra Mundial, con un descenso poblacional casi cuatro veces mayor que el ocasionado por la de 1914-1918. Esta diferencia se explica por la considerable extensión del teatro de operaciones bélicas y por la implicación directa de toda la población en la guerra como efecto de los bombardeos aéreos. Todo ello agravado porque algunos países (Japón y la URSS principalmente) no respetaban la Convención de Ginebra de 1864 sobre prisioneros de guerra, y por las políticas racistas de exterminio sistemático llevadas a cabo por el Tercer Reich.

A estas cifras se deben añadir 35 millones de heridos y 3 millones de desaparecidos, así como las víctimas de la sub alimentación que sufrían de

 enfermedades como la tuberculosis y el raquitismo. Además, esa hecatombe demográfica tendría consecuencias a largo plazo; en las pirámides de edades correspondientes países como la Unión Soviética, Polonia, Yugoslavia y Alemania, se puede observar un desequilibrio en los indicadores de edad y sexo, que representa un notable descenso de la población activa que afectó de manera inmediata la reconstrucción de esos países y años después impactaría sobre el comportamiento del índice de natalidad.

Al final de la guerra se planteaba en Europa el problema de las personas desplazadas a causa de las vicisitudes de la guerra. En tanto que millones de hombres y mujeres vagaban de un punto a otro del Continente, ex prisioneros de los campos de concentración nazis que trataban de volver a sus respectivos países, ex colaboracionistas que esperaban escapar a las represalias y los castigos y, sobre todo, millones de personas que abandonaban los territorios anexionados por los vencedores. Unos 10 millones de alemanes sin recursos expulsados de Polonia, de Checoslovaquia o de Hungría, fueron transportados a una Alemania que había perdido 25% de su territorio, mientras que  cerca de dos millones de checos y eslovacos ocupaban los territorios abandonados por los alemanes. En Austria apenas si fueron dejados en sus hogares los descendientes de colonos alemanes.

En la región del Báltico, la suerte más cruel la sufrieron los letones, estonios y lituanos, quienes, deportados a campos de trabajo alemanes durante la guerra, al terminar ésta fueron llevados a Rusia al tiempo que su territorio era ocupado por colonos rusos. Siglos de lentos procesos demográficos fueron barridos en pocos meses; el mapa desplazamiento de etnográfico de Europa central y oriental fijado desde la Edad Media fue radicalmente remodelado.

Pérdidas materiales y financieras: El panorama de las destrucciones materiales era también desolador; numerosas viviendas y otras construcciones fueron destruidas. Las comunicaciones (puertos, ferrocarriles, puentes y viaductos) y las grandes ciudades sufrieron los daños mayores. Alemania perdió 20% de sus viviendas y Gran Bretaña 9%, a causa de los bombardeos que afectaron también numerosas fábricas. En Francia, Italia y Alemania, aparte de ciertos sectores como el de la siderurgia, las instalaciones industriales habían sufrido menores daños; en las naciones de tradición industrial lo que impediría la recuperación sería la falta de materias primas y recursos financieros.

Pero fue en la Europa oriental donde las destrucciones alcanzaron mayor magnitud: en la Unión Soviética 17.000 ciudades y 70.000 pueblos fueron arrasados y, en conjunto, este país perdió más de 20% de su potencial industrial e incalculables daños en la agricultura y la ganadería. Polonia quedó arruinada, casi no quedaba edificio en pie, había perdido más de un tercio de su capacidad de producción y se encontraba al borde de la hambruna. En Yugoslavia, pueblos y campos quedaron destruidos y el país había perdido aproximadamente 38% de su capacidad productiva.

En el aspecto financiero, los gastos de guerra y las muy pesadas exacciones monetarias impuestas por los alemanes en los países ocupados, particularmente en Francia, agravaron el déficit presupuestario y desencadenaron la inflación. Además, al finalizar la guerra apareció una gran masa de billetes atesorados durante el conflicto, cuya puesta en circulación constituyó otro factor inflacionario. Todo esto hacía inevitables las devaluaciones de las monedas, sobre todo en los países menos desarrollados como Hungría y Grecia.

Algunas consecuencias favorables. Sin embargo, la guerra tuvo en algunos países, junto a efectos catastróficos, otras consecuencias de carácter favorable. La Unión Soviética es el mejor ejemplo; aunque sufrió pérdidas humanas y materiales en mayor medida que los demás países europeos, al final pudo ampliar notablemente su territorio. Además, ante la invasión alemana, el traslado de las fábricas soviéticas de la zona europea a las regiones situadas al este de los montes Urales, sentó la primera piedra del desarrollo industrial del Asia soviética. Asímismo, la ocupación militar y el traslado de fábricas de Alemania y de otros países después de 1945, significaron para la URSS una oportunidad única para establecer un control político y eco­nómico sobre Europa oriental y sudoriental, mismo que constituyó la base de su política hegemónica frente a Occidente. Otros países que salieron fortalecidos económicamente de la guerra fueron Estados Unidos y los que pudieron man­tener su neutralidad, como Suecia, Suiza y los países de la Cornrnonwealth.

Efectos psicológicos y morales: Aparte de las destrucciones materiales y los desplazamientos de población, la guerra trajo consigo la ruina psicológica y moral, ocasionada por varios motivos: la utilización sistemática de la tortura por la Gestapo, la dominación de dictaduras militares y policíacas, la acentuación de los antagonismos de clases, la lucha enconada entre colaboracionistas y miembros de la resistencia. Otro elemento negativo en este sentido fue la creación de hábitos de violencia y pillaje que trastornaron incluso el orden interno en países que antes se habían destacado por el respeto a las leyes y a los derechos individuales.

Pero el extremo de la ruina moral y psicológica estaba en los campos de exterminio nazis, descubiertos tras la derrota alemana y la liberación de las naciones ocupadas. Se trataba de campos de concentración donde se llevaban a cabo los increíbles programas de exterminio del régimen nazi, “fábricas de la muerte” en las que se intentó la “solución final del problema judío” y se eliminaba también a los opositores políticos del nazismo, al tiempo que se ensayaban experimentos de esterilización y de eliminación de personas con defectos físicos o retraso mental, con miras a alcanzar la “pureza étnica” preconizada por las filosofías racistas alemanas.

Aparte de la terrible huella dejada en los supervivientes de los campos de concentración, el conocimiento de aquellas atrocidades provocó un verdadero trauma moral en la conciencia humana ante el hecho inexplicable e injustificable de que una barbarie tal se hubiera podido desarrollar en el mundo civilizado del siglo XX. Pero la humanidad todavía había de presenciar azorada otra barbarie más cuando, en el mes de agosto siguiente, las bombas atómicas estadounidenses convirtieron en un verdadero infierno las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki, provocando en ambas la muerte instantánea de cerca de 120 000 personas civiles y dejando una espantosa secuela de radiación nuclear que continuaría cobrando víctimas mortales por muchos años más.

fin de la segunda guerra mundial 1945

Diseño y organización de la paz:
Conferencias y tratados de paz

Una vez terminada la guerra, se hizo necesario ponerse de acuerdo para la forma en que se iba a reglamentar la paz entre vencedores y vencidos, lo cual no resultaba tarea fácil en virtud de los diferentes intereses de las naciones vencedoras y la desconfianza que existía entre ellas, sobre todo por el beneficio que representaba para Estados Unidos el poseer el secreto de la energía atómica y por la posición ventajosa de la Unión Soviética en la Europa oriental. Así pues, fue necesario celebrar varias reuniones para llegar a una decisión final sobre las condiciones de la nueva paz mundial. Las principales fueron dos conferencias celebradas en Moscú y París.

Conferencia de Moscú. A petición del gobierno estadounidense interesado en abrir nuevamente las conversaciones, se realizó en la capital soviética una nueva reunión en la que participaron ministros de Asuntos Exteriores de las tres grandes potencias. La Conferencia de Moscú, celebrada en diciembre de 1945, aunque no logró resolver los problemas diplomáticos entre las naciones vencedoras, pudo fijar el procedimiento a seguir para redactar los Tratados de Paz. De singular importancia fueron las decisiones tomadas respecto a la situación del Lejano Oriente, ya que se acordó la creación de gobiernos democráticos en Corea y se aprobó el establecimiento de una nación unificada y un gobierno democrático en China, el cual puso fin a la guerra civil que asolaba ese país. Al final, un asunto de gran trascendencia fue la decisión de crear una “comisión para el control de la energía atómica”, a cargo de la nueva organización internacional que habría de establecerse en sustitución de la fracasada Sociedad de Naciones.

Conferencia de París. Otra importante reunión internacional fue la Conferencia de París, celebrada en 1946 en la capital francesa en dos ocasiones, una entre el 28 de abril y el 16 de mayo, y la otra, del 15 de junio al 12 de julio, convocándose en esta última fecha la Conferencia de Paz. Los ministros de Asuntos Exteriores de las cuatro potencias después continuaron en la ciudad de Nueva York una última etapa de la Conferencia, entre los meses de octubre y diciembre del mismo año, en la que establecieron la fecha definitiva para la firma de los tratados de paz con Italia, Finlandia y con los tres países balcánicos: Hungría, Bulgaria y Rumania, que se llevó a cabo en París el 10 de febrero del año siguiente. El tratado con Austria no se firmaría hasta 1955, después de diez años de ocupación de las cuatro potencias vencedoras. Pero la solución del problema alemán fue eludida y no se alcanzó ningún acuerdo y, si a ello se agrega el hecho de que la URSS no firmó ningún tratado de paz con Japón, se puede llegar a la conclusión de que la Segunda Guerra Mundial no tuvo un final diplomático.

Modificaciones territoriales: En Europa, el conjunto de los países vencidos estaba constituido por Alemania, Italia, Finlandia, Rumania, Hungría y Bulgaria, y en el Extremo Oriente por Japón y Siam (Tailandia). Todas estas naciones quedaron ocupadas militarmente por los países vencedores: Finlandia, Rumania, Hungría y Bulgaria por la Unión Soviética; Italia, por los ejércitos angloamericanos; y Japón por Estados Unidos.

Las mayores modificaciones territoriales se dieron en Europa y Alemania fue la más afectada por ellas: perdió alrededor de 100000 kilómetros cuadrados de la superficie que tenía en 1937 y el territorio restante fue dividido en cuatro zonas de ocupación—soviética, estadounidense, británica y francesa—, división también aplicada a la ciudad de Berlín. Además, fueron anuladas todas las conquistas hitlerianas; Austria, Polonia y Checoslovaquia, que habían dejado de existir a causa del Anschluss de 1938, volvieron a constituirse como Estados nacionales. Austria sufrió la misma suerte que Alemania y fue subdividida en cuatro zonas de ocupación.

En la Europa central y oriental los principales cambios territoriales beneficiaron a la URSS y a Polonia. Este país restituyó a la URSS los territorios conquistados en 1921 a expensas de Ucrania y Bielorrusia, pero en compensación se anexó una parte de la Prusia Oriental, la Pomerania y la Silesia, tomadas a Alemania; de esta forma Polonia llegaba a tener una importante salida al mar y un territorio más homogéneo. La Unión Soviética, aparte de recuperar los territorios del este de Polonia, recuperó los países bálticos que Alemania había conquistado en su avance hacia Rusia, y se anexionó también la región alemana de Koenigsberg.

Italia tuvo que ceder varios territorios del continente europeo en favor de Grecia y de Francia, además de perder sus colonias en el norte de África. Rumania restituyó la Besarabia a la URSS y en cambio recuperó la Transilvania que había pasado a Hungría. Bulgaria perdió su salida al mar en beneficio de Grecia, en tanto que Checoslovaquia cedió a la URSS la región de la Rutenia.

Es importante destacar el hecho de Europa había quedado dividida no solamente por motivo de la desintegración de Alemania, sino porque al avanzar los ejércitos soviéticos sobre las fuerzas militares del Eje fueron ocupando los territorios de Europa oriental. La Unión Soviética se vio entonces muy favorecida con la ventaja de que al ser derrotados los gobiernos nazi-fascistas, los pueblos de Europa oriental que habían estado dominados por éstos se inclinaron por el socialismo, lo cual resultó claramente favorable para el expansionismo soviético que progresivamente convirtió esos países en satélites suyos.

Respecto al Lejano Oriente, la Conferencia de Yalta había previsto que Japón perdería todas sus posesiones. Pero los cambios territoriales y políticos dependieron de la cambiante situación en las últimas semanas de la guerra. El territorio de Manchuria —conquistado por Japón en 1931 y convertido en el Estado títere de Manchukuo bajo dominio japonés— fue ocupado por las tropas soviéticas, al tiempo que era reintegrado a China; pero se convirtió en un enclave de lucha entre comunistas y nacionalistas chinos. Corea, anexionada por Japón en 1910, quedó dividida en dos Estados: uno al norte del paralelo 38, ocupado por los soviéticos, y el otro al sur, ocupado por los estadounidenses. La URSS se anexó el sur de las islas Sajalín y las Kuriles, al norte de Japón. Estados Unidos, además de asegurarse los archipiélagos japoneses de las islas Marianas, Carolina y Marshall, ocuparonJapón y rehusaron compartir su autoridad sobre el territorio japonés con los otros Aliados.

China recibió Formosa (Taiwan), pero la derrota de Japón reanimó la guerra civil entre los comunistas dirigidos por Mao Zedong (Mao Tse-tung) y el gobierno de Chiang Kai-chek. En el Sudeste asiático, británicos, franceses y holandeses recuperaron sus colonias. Pero en 1945, Ho Chi Minh, líder comunista vietnamita, y Achmed Sukarno, dirigente del movimiento nacionalista de Indonesia, proclamaron la independencia en sus respectivos países, mientras que en la India avanzaba el proceso de emancipación hasta alcanzarla en 1947.

En el Medio Oriente, Etiopía recobró su independencia y le fue entregado el territorio de Eritrea, lo que le daba acceso directo al mar Rojo. Somalia y Libia, provisionalmente ocupadas por los ingleses, deberían obtener la independencia en poco tiempo. El retorno de la paz en la región estuvo marcado por el despertar del panarabismo, expresado en la creación de la Liga Árabe en marzo de 1945, y el inicio de la descolonización en los territorios bajo mandato británico y francés. Líbano y Siria alcanzaron su independencia en 1944 y 1946, respectivamente. Pero en Palestina, el problema se complicó con la creación del Estado de Israel en 1948, con el acuerdo de las grandes potencias y el patronazgo de la Organización de las Naciones Unidas.

Creación de organismos supranacionales

Organización de las Naciones Unidas (ONU)

La idea de establecer un sistema de seguridad colectiva más eficaz que la Sociedad de Naciones surgió durante la guerra. En el documento establecido por Churchill y Roosevelt bajo el nombre de Carta del Atlántico, se preveía la “institución de un sistema de seguridad general establecido sobre bases más amplias”. No se trataba de resucitar simplemente la Sociedad de Naciones, cuyo fracaso era evidente, además de que la URSS, expulsada de ese organismo en diciembre de 1939, se oponía enérgicamente a su restitución. La idea que prevaleció fue la de crear una institución totalmente nueva y la iniciativa emanaba mucho más de Estados Unidos que de la Gran Bretaña o de la Unión Soviética.

En la Conferencia de Yalta, Churchill, Roosevelt y Stalin se pusieron de acuerdo sobre el proyecto definitivo al que, después de largas controversias, se asoció Francia. Contrariamente a la Sociedad de Naciones, que había estado ligada a los tratados de paz de 1919, la nueva organización debía nacer de una conferencia internacional y de ninguna manera podía estar asociada a un reglamento de guerra.

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) fue definitiva­mente fundada el 25 de junio de 1945, en laConferencia de San Francisco. Los miembros originales fueron los 51 países firmantes de la Carta de fundación, con predominio de los Estados del continen­te americano (veintidós) y los europeos (quince), además de ocho asiáticos, cuatro africanos y dos de Oceanía. Los vencidos fueron por el momento excluidos, como ocurrió en 1919, al establecerse la Sociedad de Naciones.

En la Carta se enunciaban los Propósitos y los Principios de la ONU.

 Los Propósitos eran cuatro:

  1. a)  Mantener la paz y la seguridad internacionales;
  2. b)  Fomentar relaciones de amistad entre las naciones;
  3. c)  Realizar la cooperación internacional en la solución de problemas internacionales de carácter económico, social, cultural y humanitario, y en el desarrollo y estímulo del respeto a los derechos humanos y a las libertades fundamentales;
  4. d)  Servir de centro armonizador de los esfuerzos de las naciones para alcanzar estos propósitos comunes.

Los Principios, más numerosos, precisaban lo siguiente:

  1. La organización se basaba en la igualdad soberana de todos sus miembros.
  2. Todos los miembros cumplirían las obligaciones contraídas de conformidad con la Carta.
  3. Los miembros arreglarían sus controversias internacionales por medios pacífi­cos y sin poner en peligro la paz, la seguridad o la justicia.
  4. Los miembros, en sus relaciones internacionales, se abstendrían de recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza contra otros Estados.
  5. Los miembros prestarían a las Naciones Unidas toda la clase de ayuda en cual­quier acción ejercida de conformidad con la Carta, y no ayudarían a Estado ninguno contra el cual la Organización estuviera ejecutando acción preventiva o coercitiva.
  6. Ninguna disposición de la Carta autorizaría a la ONU a intervenir en los asun­tos que son jurisdicción interna de los Estados.
  7. Las Naciones Unidas harían que los Estados que no fueran miembros de la orga­nización, se condujeran de acuerdo con estos principios en la medida que fuera necesaria para mantener la paz y la seguridad internacionales.La estructura de la ONU incluía los siguientes órganos:El Consejo de Seguridad, órgano principal y con mayor poder de decisión de toda la institución, cuya función primordial es el mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales. Determina los actos de agresión y amenazas contra la paz que exigen medidas de carácter coercitivo para los miembros de la Organización que los hayan cometido, por lo que puede obligar al cumplimiento de sus resoluciones mediante el empleo de fuerzas armadas formadas por tropas de los Estados miembros de la ONU. A este Consejo le fue encargada la Comisión de Energía Atómica, cuyo propósito es evitar que la energía nuclear vuelva a ser utilizada en contra de la vida humana.La Asamblea General, integrada por representantes de todas los Estados miembros, que se reúne una vez al año, aunque puede ser convocada en sesión extraordinaria. Cada Estado miembro tiene cinco representantes, pero solamente un voto, no existiendo el derecho de veto. Esta Asamblea puede tratar cualquier asunto relacionado con el campo de acción de la ONU o de cualquiera de sus organismos internos. Goza de amplias competencias: elección de los miembros no permanentes del Consejo de Seguridad, admisión de nuevos miembros, nombramiento del secretario general a propuesta del mismo Consejo. Pero la Asamblea General sólo puede emitir “recomendaciones” que deben ser adoptadas por el voto de la mayoría de los dos tercios de los miembros presentes y votantes.

    La Secretaría General, órgano administrativo de la ONU, presta sus servicios a los demás órganos y administra los programas y políticas elaborados por ellos. Al frente de este organismo figura el secretario general, quien juega una labor de coordinación en toda la organización y puede llegar a tener un papel político importante en el ámbito mundial. (La primera persona que ocupó este cargo fue el noruego Trygve Halvdan Lie, entre 1946 y 1953.)

    Los organismos internos de la ONU, dependientes de la Asamblea General, son los siguientes:

    El Consejo Económico y Social, que se ocupa de las cuestiones relativas al progreso económico, social, cultural, de salud, etcétera, así como de velar por la observancia de las libertades y los derechos humanos entre los pueblos; no tiene poderes para legislar, y sus actividades son de estudio, investigación y recomendación hacia los países miembros, dentro del campo de su competencia.

    El Consejo de Administración Fiduciaria, que supervisa lo relacionado con terri­torios que existen en calidad de fideicomiso, que pueden ser antiguas colonias de algunos países miembros de la ONU o regiones que les fueron quitadas a las Potencias del Eje, colocados bajo este sistema de administración fiduciaria.

El Tribunal Internacional de Justicia, al que pertenecen todas las naciones miembros de la ONU, con sede en La Haya, Holanda. Este Tribunal o Corte internacional, es el principal organismo judicial de la ONU para tomar decisiones sobre asuntos relativos al derecho internacional y sobre interpretación de tratados y acuerdos entre las naciones miembros.

Por último, a la ONU se integrarían los llamados organismos especializados: la Organización Mundial de la Salud(oMs), la Organización para la Agricultura y la Alimentación (FAO), la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNEsco), la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Internacional de Reconstrucción y Desarrollo (BIRD).

EJ Sistema Monetario Internacional 

La Carta del Atlántico había previsto también la necesidad de una colaboración económica y social más estrecha entre las naciones, para establecer un nuevo sistema de relaciones económicas que evitara toda posibilidad de una nueva crisis general como la de 1929 en Estados Unidos. El esquema básico de este nuevo sistema económico internacional fue establecido en la Conferencia de Bretton Woods, en New Hampshire, Estados Unidos, enjulio de 1944, con la participación de 45 países.

La
Conferencia de Bretton Woods se polarizó en torno a dos posiciones anta­gónicas: una defendida por el economista británico John M. Keynes y la otra por el estadounidense H. D. White. El primero opinaba que el nuevo Sistema Monetario Internacional (SMI) ya no debía basarse en el patrón oro sino sobre una moneda de cuenta no convertible, el bancor, emitido por la Unión de Compensación Internacional. De acuerdo con Keynes, esta moneda respondería a las necesidades de los gobiernos y sería un mejor instrumento para garantizar elpleno empleo. Pero el representan­te estadounidense consideró esta propuesta muy arriesgada y, en cambio, expuso un plan que hacía descansar el SMI sobre el oro y el dólar estadounidense. Al final fue aprobada la opción de White, en virtud del peso económico de Estados Unidos, que controlaba las dos terceras partes de las reservas de oro en el mundo y su moneda era convertible en una relación de 1/35 de onza de oro puro.

De esta manera, el nuevo orden monetario establecido en Bretton Woods quedó definido en cinco puntos:

  1. El oro se mantenía en el centro del Sistema Monetario internacional. Aun sin restablecer la convertibilidad en oro, cada moneda era definida por un peso en este metal precioso que debía corresponder más o menos a su poder de compra real.2. Cada país tenía que esforzarse por restablecer lo antes posible la convertibilidad de su moneda en otras, lo que significaba la abolición del control de cambios.3. Cada país tenía que asegurar día a día la estabilidad de su moneda interviniendo en el mercado de cambios de manera que los cursos no se separaran, al alza o a la baja, más de 1% de la paridad fijada.4. Cada país tenía que esforzarse en mantener el equilibrio de su balanza de pagos; esta exigencia tenía como principal objetivo condenar las políticas presupuestales que pudieran llevar a la inflación y a la devaluación.

    5. Se creaba el Fondo Monetario Internacional (FMI) como un nuevo instrumento de cooperación internacional, encargado de proporcionar a los países miembros que tuvieran déficit en su balanza de pagos, los recursos necesarios para hacer frente a sus obligaciones, a la espera de que las medidas tomadas produ­jeran sus efectos. Se creaba asimismo el Banco Internacional para la Reconstrucción y el Desarrollo (BIRD), que ponía a disposición de los países recursos a largo plazo destinados a financiar grandes programas de inversión.

 Sin embargo, esta especie de “código de buena conducta” monetaria era inaplicable al final de la Segunda Guerra Mundial, cuando la inflación era incontenible y las balanzas de pagos estaban totalmente desequilibradas. En las condiciones de la posguerra, la falta de dólares era un mal que sufrieron casi todas las naciones y, para remediarlo, el gobierno de Estados Unidos tuvo que adoptar una política excepcional basada en la concesión de créditos distribuidos con urgencia para la reconstrucción económica y después organizar, a partir de 1947, una transferencia masiva de dólares a través del Plan Marshall.

Respecto al comercio internacional, Estados Unidos había ofrecido en varias ocasiones durante la guerra eliminar todas las formas de discriminación comercial y reducir las tarifas aduaneras. Para tal efecto, en diciembre de 1945, James Brynes, secretario de Estado de este país, propuso crear la Organización Internacional de Comercio(0IC) y puso en marcha las negociaciones. Pero tal organización no entró en vigor y sólo quedó como resultado de esos esfuerzos el llamado Acuerdo General Sobre Tarifas y Comercio (GATT, siglas de Gen eralAgreem ent on Tariffs and Trade), concluido en octubre de 1947, por 25 países que representaban 80% del comercio mundial de ese momento. Firmado en calidad de acuerdo provisional y como preludio de la OIC, el GATT se convirtió en un instrumento universal y permanente (hasta 1995, cuando fue sustituido por la Organización Mundial de Comercio), que contribuyó a la regulación del comercio mundial y se constituyó en el segundo pilar del nuevo sistema económico internacional.

Primeros organismos para la integración europea: Desde que se firmaron los tratados de paz con la consecuente división de las naciones de Europa, comenzaron a presentarse varios intentos de unión occidental, no sólo para coordinar los esfuerzos de recuperación económica y estrechar lazos culturales, sino sobre todo para que las naciones de Europa occidental contaran con un consejo militar permanente encargado de organizar su defensa común contra las agresiones provenientes del Este.

Con miras a lograr esa alianza, en 1948 se creó la Unión Aduanera del Benelux, y al año siguiente se estableció el Consejo de Europa. De mayor importancia fue la creación posterior de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CEcA), basada en un plan propuesto por el estadista francés Robert Schuman, quien en 1950 sugirió la conveniencia de formar una organización que manejara los recursos carboníferos y siderúrgicos de Francia y Alemania Occidental, e invitó a participar en dicha organización al resto de los países europeos. Esta comunidad europea quedó integrada en 1952, con la participación de Francia, Italia, Alemania Occidental y los países del Benelux (Bélgica, Holanda y Luxemburgo), los cuales establecerían en 1957 el Mercado Común Europeo o Comunidad Económica Europea (CEE) y la Comunidad Europea de Energía Atómica (EURATOM)

PARA SABER MAS…

A PESAR DE que la Unión Soviética y Estados Unidos lucharon juntos durante la segunda guerra mundial, sus sistemas políticos eran completamente opuestos. La Unión Soviética era un estado comunista de corte policial encabezado por Jósiv Stalin (1879-1953). Estados Unidos era una democracia constitucional.

LA OCUPACIÓN DE POSGUERRA Las victorias del ejército soviético durante la segunda guerra mundial llevaron su dominio territorial hasta el corazón de Europa. En las áreas ocupadas por sus ejércitos, la Unión Soviética instaló gobiernos comunistas. Polonia, Checoslovaquia, Hungría, Rumania y Bulgaria se convirtieron en estados comunistas. Estos regímenes se mantuvieron, en parte, gracias a un estricto control policial que incluía campos de reclusión, torturas y represión de las libertades de reunión y de prensa. Era evidente la superioridad jerárquica de Stalin sobre cualquier otro dirigente comunista, por lo que la Unión Soviética funcionaba, en realidad, como el centro de un gran imperio territorial.

RECONSTRUCCIÓN DE EUROPA OCCIDENTAL: La recuperación de Europa occidental después de la guerra fue posible gracias a la ayuda norteamericana, que benefició a Inglaterra, Francia y Alemania (plan Marshall, 1947), pero aumentó su dependencia política respecto a Estados Unidos. El clima de “guerra fría” que llevó al enfrentamiento con la URSS alineó a estos países al lado de Estados Unidos: se crea la OECE (Organización europea de cooperación económica) en 1948, que repartió la ayuda norteamericana; y en 1949 el pacto militar de la OTAN. Posteriormente la realidad económica europea se ha materializado en la creación de la CEE (Comunidad económica europea) y se han abierto las puertas hacia una difícil unidad política con la creación del Parlamento europeo. La difícil pertenencia al bloque de democracias occidentales de países dictatoriales como Grecia, Portugal o España, sólo se explica por el marcado anticomunismo de la política exterior norteamericana (doctrina de Truman de “cruzada anticomunista”) y por su objetivo de controlar Europa occidental en el contexto de la guerra fría.

DIVISIÓN DE ALEMANIA: Acabada la guerra, las potencias occidentales —Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia— y la Unión Soviética se distribuyeron el territorio de la vencida Alemania. Cada país controló una zona determinada. La capital, Berlín, cayó en la zona soviética, pero los cuatro aliados pasaron a controlarla. En 1948, el ejército soviético bloqueó las zonas occidentales de Berlín. Occidente respondió con el envío aéreo de combustible y alimentos a Berlín occidental. En 1949, los soviéticos levantaron el bloqueo. Alemania fue dividida en dos estados, cada uno con un gobierno independiente: la República Federal de Alemania (Alemania occidental) y la República Democrática Alemana (Alemania oriental). Berlín permaneció dividida.

DEL FRANQUISMO A LA DEMOCRACIA En 1939 los militares sublevados vencieron a la república española después de una cruenta guerra civil (1936-39), gracias a la ayuda que recibieron de Hitler y Mussolini. A pesar de ello, la España fascista se mantuvo neutral durante la segunda guerra mundial, si exceptuamos el envío de “voluntarios” al frente ruso en 1941 (División azul). La victoria aliada abrió la esperanza de la caída de la dictadura, pero el clima de “guerra fría” que caracterizó la postguerra y, sobre todo, el apoyo de Estados Unidos y su presidente Truman, hicieron posible que el franquismo, a pesar de su aislamiento internacional, perdurase hasta 1975. La dictadura mantuvo su carácter represivo hasta el último momento.

En 1974, un año antes de la muerte del dictador, aún se dictaban sentencias de muerte. La oposición política, el movimiento obrero y estudiantil, y las acciones de los exiliados en el extranjero mantuvieron vivas las aspiraciones democráticas del pueblo español, que no se pudieron hacer realidad hasta la transición. El 15 de junio de 1977 se realizaron las primeras elecciones democráticas, ganadas por Adolfo Suárez (Unión del centro democrático). El estado democrático, surgido de este proceso de transición, reconoció estatutos de autonomía a sus territorios. En 1982 el PSOE (Partido socialista obrero español) ganó las elecciones y Felipe González pasó a ser presidente del gobierno.

REVUELTAS: Los habitantes de los países comunistas de Europa sufrieron importantes privaciones. En 1956, Polonia y Hungría se rebelaron contra el poder soviético. Los húngaros llegaron a instalar un gobierno autónomo, lo que condujo a la invasión por parte de la Unión Soviética. Este intento de independencia le valió a Hungría unos 25.000 muertos.

NIKITA KRUSCHEV: A pesar de estos brutales acontecimientos, las condiciones del bloque soviético fueron mejorando. En 1953 murió Stalin. En 1956, su sucesor, Nikita Kruschev (1894-1971), denunció los crímenes de Stalin ante el Congreso de la URSS. El sistema comunista se hizo menos opresivo. Miles de prisioneros políticos fueron puestos en libertad y la apertura a la cultura occidental fue mayor. A su vez, mejoró el nivel de vida.

EL MURO DE BERLÍN: En 1961, los soviéticos construyeron el muro de Berlín, que dividía la ciudad en dos partes: occidental y oriental. La comunicación entre muchos de los habitantes de la misma ciudad quedó así bloqueada. Entre 1961 y 1989, 79 personas fueron asesinadas por intentar cruzar este muro.

LA PRIMAVERA DE PRAGA En 1968, el gobierno comunista de Checoslovaquia, encabezado por Alexander Dubcek (1921-93), emprendió reformas de tipo político y social durante el período conocido como “primavera de Praga”. Sólo duró unos meses. La invasión soviética y el consiguiente aplastamiento de la población checoslovaca no se hicieron esperar.

FIN DEL BLOQUE SOVIÉTICO A pesar de las acusaciones de disidentes como el físico Andrei Sajarov (1921 -89) y el escritor Alexander Solzhenitsyn (nacido en 1918) contra las autoridades soviéticas en la década de 1970, no fue hasta la década siguiente cuando la Unión Soviética comenzó su gradual disolución. El surgimiento del movimiento Solidaridad en Polonia, encabezado por Lech Walesa (nacido en 1943), produjo la primera fisura importante en el poder soviético. Cuando Mijail Gorbachev (nacido en 1931) fue elegido presidente de la Unión Soviética (en 1985), emprendió reformas decisivas que condujeron a la disolución del bloque soviético en 1990.

Para Ampliar Esta Información:

Fuente Consultadas:
El Mundo Moderno y Contemporáneo de Gloria Delgado
Historia Universal Tomo 16 Primera y Segunda Guerra Mundial
Civilizaciones de Occidente Tomo B Jackson Spielvogel

Causas de la Segunda Guerra Mundial Resumen Batallas Hombres Politicos

Causas de la Segunda Guerra Mundial-Resumen


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Introducción: La Segunda Guerra Mundial superó claramente a la Primera Guerra, tanto por la duración y la intensidad de los combates como por las pérdidas humanas y los recursos que se utilizaron: participaron 72 Estados, fueron movilizados 110 millones de hombres, el coste económico de la guerra fue cuantiosísimo y hubo más de 40 millones de muertos.

El norte de China, Japón y Europa quedaron devastados y su equipamiento industrial, ferroviario, portuario y viario quedó muy maltrecho. Además, la Segunda Guerra Mundial tuvo una extensión realmente mundial, ya que se combatió en casi todos los continentes (Europa, Asia, África y Oceanía) y en todos los océanos.

segunda guerra mundial

En el terreno armamentístico, las grandes potencias enfrentadas perfeccionaron y pusieron a punto instrumentos de ataque suficientemente terribles como para destruir a toda la Humanidad. La aparición de las grandes unidades blindadas, la utilización de los submarinos, de los portaaviones, de los misiles antiaéreos, del radar y de la aviación como recurso habitual para el transporte de tropas y para los bombardeos sobre la población civil, hicieron de este conflicto una verdadera carrera hacia a destrucción. Finalmente, la explosión de la primera bomba nuclear marcó un hito en la historia del miedo atómico, al demostrar que era posible destruir la humanidad.

La mayoría de los problemas que llevaron a la S.G.M. fueron conflictos que no se habían resuelto en la P.G.M. o que tenían origen en ella. La humillación de Alemania en el Tratado de Versalles, la crisis económica de los años 30 y el ascenso al poder del nazismo provocaron en este país un sentimiento de revancha que culminó en una actitud agresiva hacia el resto de Europa.

Esta guerra que estalló en 1939 fue el segundo conflicto que, iniciado en Europa, llegó a convertirse en una “guerra total”, porque directamente incluyó a países de otros continentes e influyó indirectamente en los aspectos políticos, sociales y económicos en el resto del mundo, de manera similar como sucediera con el enfrentamiento armado de 1914.

Pero a diferencia de éste, la Segunda Guerra Mundial lite un conflicto de escala mucho más grande y de mayor duración, que se propagó a territorios más extensos y llegó a ser más cruel e implacable. En su origen, aparte de la rivalidad internacional inherente a todo conflicto de esta naturaleza, intervinieron otros factores relacionados con los eventos ocurridos en el mundo durante los veinte años del periodo de entreguerras.

Causas o Factores de origen del Conflicto: En primer lugar, la Segunda Guerra Mundial surgió en función del enfrentamiento entre ideologías que amparaban sistemas político—económicos opuestos. A diferencia de la guerra anterior, enmarcada en un solo sistema predominante —el liberalismo capitalista, común a los dos bandos—, en el segundo conflicto mundial se enfrentaron tres ideologías contrarias: el liberalismo democrático, el nazi—fascismo y el comunismo soviético. Estos dos últimos sistemas, no obstante ser contrarios entre sí, tenían en común la organización del Estado fuerte y totalitario y el culto a la personalidad de un líder carismático, características opuestas al liberalismo que postula la democracia como forma de gobierno y la libertad e igualdad de los individuos como forma de sociedad.

En segundo lugar estaban los problemas étnicos que, presentes desde siglos atrás, se fueron haciendo más graves al llevarse a efecto las modificaciones fronterizas creadas por el Tratado de Versalles, que afectaron negativamente sobre todo a Alemania y a Austria —naciones pobladas por germanos— y redujeron de manera considerable sus territorios.

Este hecho fue determinante para difundir en esos pueblos el sentimiento de superioridad de la raza germana —identificada por Adolfo Hitler como “raza aria” de acuerdo con una idea desarrollada en la filosofía alemana del siglo XIX— frente a los grupos raciales, principalmente los judíos que controlaban la economía capitalista, y quienes, según la perspectiva de los nazis, habían dividido a los pueblos germanos e interrumpido su desarrollo económico.

Por otra parte, la insistencia de Hitler por evitar el cumplimiento del Tratado de Versalles provocó diferentes reacciones entre los países vencedores: Francia, que temía una nueva agresión de Alemania, quería evitar a toda costa que resurgiera el poderío bélico de la nación vecina. En cambio, el gobierno británico y el de Estados Unidos subestimaban el peligro que el rearme alemán representaba para la seguridad colectiva; consideraban que el Tratado de Versalles había sido demasiado injusto, y veían con simpatía la tendencia anticomunista adoptada por la Alemania nazi, porque podría significar una barrera capaz de detener el expansionismo soviético hacia Europa, calificado entonces por las democracias occidentales como un peligro mayor y mucho más grave que el propio nazismo. A causa de ese temor al comunismo, el gobierno británico adoptó una política de “apaciguamiento” respecto al expansionismo alemán, bajo la idea de que al hacer concesiones a Hitler podría evitarse una  nueva guerra y se obtendría, además, su colaboración contra el peligro soviético.

En tercer lugar, en la década de los años treinta la situación del mundo era muy distinta a la de 1914. Aparte de los trastornos ocasionados por la crisis económica iniciada en Estados Unidos, aún persistían los efectos devastadores de la Primera Guerra Mundial, que había producido una enorme transformación en todos los ámbitos de la vida humana y originado grandes crisis en prácticamente todos los países de la Tierra. Además, la secuela de tensiones internacionales que ese conflicto produjo, preparaban el camino para una nueva guerra, no obstante los intentos de la Sociedad de Naciones por evitarla. Por esta razón, puede decirse que la Segunda Guerra Mundial se originó directamente de la Primera; de ahí que ambos conflictos, enlazados por el periodo de entreguerras, constituyan lo que se considera como la “Segunda Guerra de los Treinta Años” en la historia moderna de la humanidad.

La crisis económica de la década de 1930 había estimulado a Japón a sustituir a Europa en el Lejano Oriente y a construir lo que ellos mismos llamaban «la gran Asia Oriental«, dominada por el nuevo orden japonés. Así, Japón inició una política expansionista que tenía un doble objetivo. Por un lado, controlar territorios para extraer materias primas y dominar sus exportaciones, y, por otro, reabsorber la crisis industrial mediante los encargos de armamento. La expansión «pacífica» de los años veinte se convirtió en la década de los treinta en expansión militar, que se inició en 1931 con la invasión de Manchuria, que se convirtió en Manchukuo, un estado satélite del Japón. La guerra en el Lejano Oriente comenzó, en realidad, en 1937, cuando se generalizó el conflicto chino japonés, y tuvo su momento decisivo en 1941, con el ataque a la base norte-americana de Pearl Harbour.

A semejanza de la Primera Guerra Mundial, la Segunda se presenta en dos fases:

a) desde 1939 a 1941 cuando se desarrolla fundamentalmente en Europa y muestra una orientación favorable a las potencias del Eje;

b) desde 1942 a 1945, cuando la guerra adquiere dimensiones mundiales y paulatinamente pasa a ser favorables a los países aliados encabezados por Gran Bretaña, EE.UU. y URSS.

Stalin se une a Hitler
Hitler invadió Polonia para abrirse paso hacia la Unión Soviética, pero lo hizo sólo después de intentar neutralizar a los polacos a través de negociaciones. En marzo de 1939, se ofreció para protegerlos de los soviéticos a cambio de la devolución de Danzig (actualmente Gdánsk), separada de Alemania al final de la Primera Guerra Mundial. Sin embargo, Polonia, desconfiando de sus dos poderosos vecinos, aceptó una oferta de defensa de Gran Bretaña.

Hitler se enojó. Siempre había contado con el consentimiento de Londres en sus planes contra la Unión Soviética. Cuando los británicos establecieron el servicio militar obligatorio se dio cuenta de que debía atacarlos para poder conquistar la URSS. Pero primero quería utilizarla contra Polonia. Tras revocar sus tratados de 1935 con Polonia y Gran Bretaña, envió al ministro de Asuntos Exteriores, Joachim von Ribbentrop, a Moscú.

Stalin, inseguro acerca de la ayuda de Occidente en caso de un ataque alemán, llegó a un acuerdo con Hitler. El líder soviético demostró su ansia de entendimiento al destituir a su ministro de Asuntos Exteriores, un judío. El 23 de agosto el nuevo ministro, Vyacheslav Molotov, se citó con Von Ribbentrop y firmaron un pacto de no agresión ante la sorpresa del mundo, que consideraba al fascismo y al comunismo como enemigos irreconciliables. La entrada en vigencia del protocolo secreto del tratado causó una sorpresa todavía mayor: en el caso de una «transformación territorial y política» en la región, los alemanes y los soviéticos se repartirían el este de Europa.

Hitler inició esa transformación unos días más tarde. Cuando culminó, la URSS había obtenido los prometidos dos tercios de Polonia como una zona tapón contra la invasión. Mientras, Alemania contaba con una plataforma de lanzamiento para este mismo propósito.

El Pacto de Acero
Benito Mussolini se sintió humillado por la victoria sin sangre de Hitler sobre los checos. Sin disparar un solo tiro, su «alumno» lo había superado como conquistador. Deseoso de ponerse a su altura, el Duce decidió la anexión
Ligados por el pacto, soldados Italianos y alemanes conversan en Tirana (Albania).

de Albania (sobre la que Italia ejercía un dominio de hecho desde 1934). Sin embargo, la campaña, lejos de ser gloriosa, llevó a Mussolini a una condición todavía más servil hacia el Führer al firmar el tratado de 1939 que Hitler llamó el Pacto de Acero.

El 7 de abril empezó la invasión en forma completamente desorganizada. En vez de entrar en primer lugar en la capital, Tirana, los comandantes italianos se detuvieron a negociar con enviados del rey Zog de Albania. Mientras, éste huyó a Grecia, se abrieron las prisiones de Tirana y una multitud saqueó la ciudad. El Consulado italiano envió una llamada de socorro a Roma, que no sirvió de nada.

A pesar de la incompetencia de los invasores y de su falta de equipamiento, los italianos superaron a una resistencia desorganizada. El 16 de abril, el país se convirtió en una provincia de Italia. Gran Bretaña protestó y Alemania felicitó al Duce. Convencido de que el Führer era imparable, Mussolini aceptó firmar una alianza formal.

Para Ampliar Esta Información:

Fuente Consultada:  El Mundo Moderno y Contemporáneo de Gloria Delgado

Biografia de Harry Truman Heroe de la Segunda Guerra Mundial

Harry Truman: El hombre contra el comunismo

Cuando el 12 de abril de 1945, Harry S. Truman se convirtió en Presidente de los Estados Unidos no tenía sospecha de lo que sucedería luego, ya que prácticamente no tuvo oportunidad de dialogar con el ex Presidente Roosevelt, y tampoco recibió información acerca del desarrollo de la bomba atómica o el nivel de los conflictos con la Rusia soviética.

Tiempo después Truman declararía ante la prensa: “Me sentí como si la luna, las estrellas, y todos los planetas hubieran caído sobre mí”.

Fue algo que sucedió de repente, y Truman dejó de ser Vicepresidente para ocupar el cargo de Presidente de su país, por lo que debió afrontar los vastos y diversos problemas en tiempos de guerra.

Harry Truman había nacido el 8 de mayo de 1884 en Lamar, Missouri, en medio de una familia de granjeros, y siendo el hijo mayor de John Anderson Truman y Martha Ellen Young Truman.

Durante la Primera Guerra Mundial luchó en Francia como Capitán de Artillería, y cuando regresó a su país natal contrajo matrimonio con Elizabeth Virginia Wallace, con quien instaló una mercería en la ciudad de Kansas.

Mientras tanto, Truman se mantuvo siempre activo en el Partido Demócrata, lo que en 1922 le permitió ser elegido juez de la Corte del Condado de Jackson. Más de una década después, precisamente en 1934, se convirtió en Senador, lo que le permitió durante la Segunda Guerra Mundial dirigir el Comité del Senado dedicado a investigar la guerra, es decir todo lo relacionado a los gastos injustificados y la corrupción que tuvieron lugar durante dicho período.

El 20 de enero de 1945 asumió como Vicepresidente de los Estados Unidos, con la fórmula que puso en el cargo de Presidente a Franklin D. Roosevelt. Sólo pasarían unos meses, y el 12 de abril de ese mismo año se convertiría en Presidente, luego de que Roosevelt muriera repentinamente. Truman se mantuvo en el cargo hasta el 20 de enero de 1953.

Como Presidente, Truman debió tomar algunas de las decisiones más cruciales de la historia. Entre otras cosas, poco antes de lograr la victoria en la guerra contra Japón, los Estados Unidos enviaron un comunicado a los japoneses solicitando la rendición, pero ante la negativa de los asiáticos, Truman ordenó que las bombas atómicas fueran lanzadas sobre las ciudades de Hiroshima y Nagasaki, logrando de esta forma la rendición inmediata de los japoneses.

Si bien durante los primeros tiempos Truman había continuado la política de su predecesor, lo cierto es que no se demoró en desarrollar su propia estrategia.

Una vez que la guerra pasó al olvido, por lo menos para los norteamericanos, Truman presentó al Congreso un programa conocido como el de los 21 puntos, en el cual proponía la ampliación de la plataforma de la Seguridad Social, un programa de empleo, una Ley permanente de Empleo, la erradicación de los asentamientos marginales y la generación de la vivienda pública. Aquello se hizo conocido como el “Fair Deal”, en español el trato justo.

Mientras tanto, el mundo se encontraba inmerso en una crisis, y ante los peligros reinantes, Truman llevó adelante su campaña de 1948 con total éxito, y desafiando a todos los pronósticos, se alzó con la victoria de los comicios de aquel año.

Durante el año 1947 la Unión Soviética presionó a Turquía, y sus guerrillas amenazaron con apoderarse de Grecia. Ante ello, Truman solicitó al Congreso enviar ayuda a ambos países, y a partir de allí se hizo popular la llamada Doctrina Truman. Asimismo, se puso en marcha el conocido Plan Marshall, por el nombre de su Secretario de Estado, que logró estimular la recuperación económica.

Cuando en 1948 los rusos bloquearon los sectores occidentales de Berlín, Truman ordenó crear un puente aéreo masivo, a fin de colaborar con los berlineses hasta lograr que los rusos se retiraran. Mientras tanto, Truman se mantenía ocupado con las negociaciones que buscaban crear una alianza militar cuyo objetivo fuera proteger a las naciones occidentales, la cual fue finalmente establecida en 1949 bajo el nombre de Organización del Tratado del Atlántico Norte.

Cuando en junio de 1950 el gobierno comunista de Corea del Norte invadió Corea del Sur, Truman volvió a enviar ayuda, siempre con la premisa de combatir el comunismo en cualquier rincón del mundo.

Finalmente, la ONU decidió establecer una línea que delimitara los espacios de Corea del Sur y del Norte, y a pesar de que Truman se sintió desalentando con aquella decisión, lo cierto es que prefirió mantenerse al margen, a fin de evitar que se generara un conflicto mayor con China y posiblemente con Rusia.

Decidido a abandonar la política para siempre, al finalizar su mandato volvió a Kansas, y finalmente murió el 26 de diciembre de 1972, a los 88 años.

Fuente Consultada: Graciela Marker Para Planeta Sedna

Salvo a Niños Judios Checoslovacos del Holocausto Judio Wilton

Extracto de la conferencia “Los Salvadores del Holocausto”.

En 1938 Nicholas Winton (19/5/1909) trabajaba como empleado de la Bolsa de Valores, en la localidad inglesa de Maidenhead, Berkshire. Unos días antes de la Navidad de ese año, Winton ultimaba los detalles de un viaje de vacaciones a Suiza. Era joven, ganaba buen dinero y podía permitírselo. Sin embargo, una simple llamada telefónica desbarató sus planes de esquiar en los Alpes.

Una llamada que cambiaría el curso de su vida para siempre. Su amigo Martin Blake, quien trabajaba en un comité de ayuda para refugiados adultos de Checoslovaquia, parcialmente invadida por el Tercer Reich, le pedía ayuda. Winton viajó por su cuenta a Praga; se alojó en el hotel Sroubek en Wenceslas Square y luego de algunos días de labor junto a su amigo cayó en la cuenta de que no había planes específicos para salvar las vidas de los niños.

Inmediatamente estableció contacto con el Refugee Children’s Movement (RCM) de Londres, movimiento que reunía a judíos, cuáqueros y diversos grupos de cristianos. La misión de esta organización era conseguir el alojamiento y el dinero que el gobierno británico exigía como garantías para aprobar el ingreso de refugiados europeos, perseguidos por el nazismo en virtud de una ley aprobada semanas antes del viaje de Winton a Checoslovquia.

El 21 de noviembre de 1938, poco después de “La Noche de los Cristales”, la Cámara de los Comunes del Reino Unido había aprobado, con el apoyo del Primer Ministro Neville Chamberlain, el Canciller Lord Halifax y el Ministro del Interior, Sir Samuel Haare, una medida que permitiría recibir a refugiados menores de 17 años en tanto tuvieran un lugar en donde alojarse y siempre y cuando se depositaran cincuenta libras esterlinas (alrededor de 1500 dólares de hoy) por niño, como garantía de pago del pasaje de vuelta ante un eventual regreso del refugiado al país de origen. Una iniciativa similar no prosperó en el Congreso de los Estados Unidos, resistida por el poderoso lobby anti-inmigración. Winton comenzó entonces una tarea frenética. Sabía que el tiempo jugaba en su contra.

Los nazis habían ocupado el Sudetenland, porción de territorio checo históricamente reclamado por Alemania pero -Winton lo intuía- pronto avanzarían por el resto del país, como más tarde ocurrió. El rumor del “Inglés de Wenceslas Square” se propagó y pronto se acercó un gran número de padres tratando de incluir a sus hijos en la lista que los pondría a salvo del avance nazi. “Era desesperante”, dijo después Winton, “cada grupo sentía que era el más urgente”.

A lo largo de nueve meses logró evacuar desde la estación Wilson de Praga a 669 niños en ocho trenes hacia Londres. Entre ellos, se encontraba Karel Reisz, a la postre consagrado director de cine, autor de la premiada película “La Amante del Teniente Francés”. Hoy se cree que ya son más de 5.000 los llamados “niños Winton”, descendientes de los salvados por Nicholas.

Un noveno tren con 250 niños debía partir el 3 de septiembre de 1939, si no fuera porque ese mismo día el Reino Unido le declaró la guerra a Alemania. El tren no abandonó la estación y los niños nunca volvieron a ser vistos. “Teníamos 250 familias esperando por los niños en la estación ferroviaria de la calle Liverpool, en Londres. Si el tren hubiera partido un día antes podría haber cumplido su trayecto”, contó Winton recientemente. Durante más de cinco décadas Nicholas Winton, hoy cerca de cumplir 95 años, no reveló a nadie su gesta.

No fue hasta 1988 cuando Greta, su mujer, encontró un viejo maletín de cuero escondido en el desván de su casa y, rebuscando entre los papeles que contenía, encontro fotos de 669 niños, una lista con el nombre de todos ellos y algunas cartas de sus padres. Tal descubrimiento provocó que Winton no tuviera más remedio que explicarle a su esposa lo que había acontecido décadas atrás. Sorprendida por la historia que le acababa de explicar su marido, Greta se puso en contacto con Elisabeth Maxwell, una historiadora especializada en el Holocausto nazi y mujer del magnate de la comunicación Robert Maxwell, propietario de periódicos como el Daily Mirror y el Sunday Mirror. Maxwell, cuyas raíces eran checas, quedó tan impresionado por la gesta de Winton que decidió publicar la historia en sus diarios. Poco después, la BBC se hizo eco de los sucesos que habían acaecido medio siglo antes y los acontecimientos se precipitaron. En unos días pasó de ser un personaje anónimo a convertirse en un héroe nacional, tanto en su país como en la antigua Checoslovaquia.

Tanto es así que en 1993 la Reina Isabel II le nombró Miembro del Imperio Británico; años más tarde, el 31 de diciembre del 2002, lo condecoró con el título de Caballero por sus servicios a la Humanidad; también ostenta el título de Liberador de la Ciudad de Praga y la Orden de T. G. Marsaryk, que recibió de manos de Vaclav Havel el 28 de octubre de 1998; el 9 de octubre del 2007 recibió la máxima condecoración militar checa, La Cruz de la 1ª Clase, en una ceremonia en la que el embajador checo mostró su apoyo público a una iniciativa impulsada por estudiantes del país que contaba ya con más de 32.000 firmas y en la que se solicitaba que le otorgaran el Premio Nóbel de la Paz.

La historia de Nicholas Winton ha servido de inspiración para la realización de dos filmes: All my loved ones, dirigida por el realizador checo Matej Mináč, y Nicholas Winton: The Power of Good, un documental que ganó un Emmy en el año 2002.

A sus 98 años de edad, Nicholas Winton reside en Maidenhead, una pequeña localidad situada en el sur de Gran Bretaña. Siempre lleva consigo un anillo que le regalaron algunos de los niños a los que salvó con la siguiente inscripción: “Salva una vida, salva el Mundo”.

Vera Gissing, un niña salvada por Winton, escribió su biografía y elaboró el guión del film Power of Humanity . “Rescató la mayor parte de los niños judíos de mi generación en Checoslovaquia. Muy pocos de nosotros nos reencontramos con nuestros padres: perecieron en los campos de concentración. Si no hubiésemos sido separados, habríamos muerto junto a ellos”, opinó Vera. En septiembre de 2001, fue el invitado de honor del presidente de Checoslovaquia Vaclav Havel para asistir a la presentación del film de su historia, en Praga.

Caso Watergate Presidencia de Nixon Escadalo de la Casa Blanca

Richard Nixon (imagen) realizaba su campaña electoral para un segundo mandato presidencial en junio de 1972 cuando un guardia de seguridad del Watergate, complejo de hoteles y oficinas de Washington, advirtió que se estaba cometiendo un robo en la sede nacional del Partido Demócrata.

La policía detuvo a cinco hombres (que portaban micrófonos) en el lugar y poco después a dos más, el antiguo agente del FBI, Gordon Liddy, y el antiguo agente de la CIA, Howard Hunt.

Pronto se descubrió que Liddy, Hunt y el  ladrón James McCord estaban relacionados con la Casa Blanca y el comité para la reelección del presidente, llamado CREEP. El torbellino de escándalos que siguió terminó en 1974 con la primera renuncia de presidente estadounidense.

Gobierno de Richard Nixon: Crisis política: el caso Watergate. Richard Milhous Nixon, del Partido Republicano, llegó a la presidencia en 1969 y se reeligió en 1972. Durante su primer periodo presidencial adoptó en política interior una conducta centralista e incluso personalista; reorganizó el sistema de modo que pudiera reforzar su control personal sobre el gabinete, a fin de que los ministros no pudieran oponerse a los proyectos de ley que elaboraba sin consultarlos siquiera. Además, Nixon llegó a oponerse al poder legislativo, compuesto en su mayoría por demócratas, con lo que dio lugar a un enfrentamiento entre el Congreso y la presidencia revestida por él de plenos poderes, al grado de que fue considerado por la crítica como imperial presidency. Pero con todo lo personalista que fuera el gobierno de Nixon durante su primer periodo, lo verdaderamente grave para la democracia estadounidense fueron las tácticas ilegales que se valió para reelegirse

Poco antes de que se iniciara la campaña para las elecciones presidenciales de 1972, la policía sorprendió a personas que extraían instrumentos electrónicos de las oficina del Partido Demócrata ubicadas en el hotel Watergate de la ciudad de Washington. Dichos instrumentos habían sido colocados evidentemente para escuchar las conversaciones y llamadas telefónicas celebradas en ese lugar; aquellas personas resultaron ser antiguos agentes de la CIA y del FBI que colaboraban en el comité para la reelección de Nixon. Sin embargo, el asunto trascendió por el momento debido a que el presidente se encargó personalmente de encubrirlo. En noviembre, Nixon reelecto mientras que el ministerio público acusaba de meros asaltantes a las cinco personas implicadas.

Pero una investigación llevada a cabo por dos reporteros del Washington Post llevó al descubrimiento de que el asalto de las oficinas demócratas en el Watergate había formado parte de un sabotaje bien planeado contra la campaña electoral de Partido Demócrata y de que Nixon y sus colaboradores más cercanos se habían conjurado para encubrir el delito. A pesar de que Nixon creyó poder negar su participación en el delito dejando que sus colaboradores fueran acusados y enjuiciados, en julio de 1973 se supo que el propio presidente había mandado a grabar todas las conversaciones en cintas magnetofónicas.

En marzo de 1974, el Gran Jurado federal consideró al presidente coparticipe sin cargos formales, en una conspiración para obstruir la acción de la justicia en la investigación del escándalo Watergate. El procurador general ejerció presión legal para obtener las grabaciones de la Casa Blanca, en tanto que comenzaba la investigación con la posibilidad de proceder a un impeachment (juicio político formal contra el presidente o algún alto funcionario del gobierno).

El 5 de agosto, se obligó a Nixon a entregar otro grupo de cintas, que lo vinculó directamente con el encubrimiento de actividades ilegales que involucraban a la Casa Blanca. El 8 de agosto, Nixon renunció…
«Nunca he sido un desertor; abandonar mi cargo antes de terminar el mandato es totalmente contrario a todos los instintos de mi cuerpo. Pero como presidente debo pensar en las necesidades de mi país antes que en las mías»,
dijo Nixon. Un mes después de convertirse en presidente, Gerald Ford indultó a su antiguo jefe, y le ahorró un proceso criminal.

Durante el verano de ese año, Nixon intentó restablecer su prestigio con viaje. al Oriente Próximo y a la URSS. Pero a su regreso encontró que las investigaciones del caso habían avanzado.

El 24 de julio, el Tribunal Supremo determinó, de forma unánime, la obligación del presidente de entregar las últimas grabaciones. Una de éstas, que recogía la orden dada por Nixon al FBI para que detuviera su investigación sobre las cinco personas descubiertas en el Watergate, constituyó la prueba concluyente del papel del presidente en el encubrimiento del caso.

En la tarde del 8 de agosto, ante la inminencia de ser sometido a juicio político, Nixon anunció por televisión a todo el país su decisión de dimitir. Fue reemplazado por Gerald Ford, nombrado vicepresidente el año anterior en sustitución de Spiro Agnew, obligado éste a renunciar al cargo por resultar culpable de soborno. La dimisión de Nixon constituyó un precedente en la historia de Estados Unidos, ya que sólo uno de sus antecesores, Andrew Johnson (sucesor de Lincoln), había sido sometido a un proceso de impeachment en 1868, pera fue absuelto y pudo terminar su mandato.

Con el caso Watergate, la clase política estadounidense —demócrata o republicana— sufría una nueva crisis de credibilidad ante el pueblo, no obstante que en política exterior Nixon había logrado poner fin a la Guerra de Vietnam y entablar relaciones con la China comunista. Gerald Ford gobernó hasta 1976, cuando, en las elecciones presidenciales de ese año, fue derrotado por el demócrata James Carter.

Nixon y Kissinger
Con Richard Nixon en la Casa Blanca y Henry Kissinger como su principal consejero áulico en política exterior, interesa mucho conocer algunos de los antecedentes de ambos personajes en relación con la “guerra fría”. Son antecedentes muy significativos, Nixon adquirió fama de belicoso “halcón” desde los comienzos de su carrera política. En 1948, como legislador novel, se erigió en el principal inquisidor que tuvo Alger Hiss en las audiencias de la Comisión sobre Actividades Antinorteamericanas de la Cámara de Representantes, unas dramáticas audiencias que llevaron al procesamiento y la condena del desdichado profesor adscrito al Departamento de Estado y procuraron un enorme impulso al maccarthysmo en todo Estados Unidos. Con tales méritos, Nixon pronto ascendió, en el ambiente de la “guerra fría”, a senador por California y luego a vicepresidente de su país, como segundo de Eisenhower.

Como vicepresidente, en 1958, en un prólogo a unos informes que publicó la Comisión de Desarrollo Económico para conmemorar el decimoquinto aniversario de su fundación, Nixon escribió: “Con la misma certidumbre con que entonces (1942) estábamos en guerra, estamos también en guerra ahora”. Y con referencia al doctor Edward Teller, el “padre de la bomba H”, el hombre que sostenía que “cualquier plan de desarme efectivo estaba condenado al fracaso”, Nixon manifestó: “Ninguna de las personas con las que he hablado ha mostrado una comprensión más clara de la lucha mundial presente”. Este mismo Nixon, en 1960, cuando el malhadado vuelo del avión espía U-2 echó por por tierra la conferencia cuatripartita de París, declaró, en discurso difundido por la televisión norteamericana, poniendo imprudentemente en evidencia al turbado Eisenhower, que las incursiones de los U-2 sobre territorio soviético eran muy útiles y continuarían a pesar de los pesares. En cuanto a Kissinger, judío de origen alemán que llegó de niño a Estados Unidos, cuando su familia huyó de los furores antisemitas hitlerianos, pronto se destacó como una “lumbrera de Harvard”, la universidad norteamericana donde se forman numerosos hombres públicos.

Director del Instituto de Estudios Internacionales de Harvard, Kissinger público muchos artículos y varios libros sobre política exterior que fueron muy leídos en determinados círculos. Siempre como un campeón, no solamente de la “guerra fría”, sino también de las “guerras limitadas”, inclusive nucleares. Porque entendía que “cualquier acuerdo sobre desarme era casi imposible” y que las armas nucleares “debían ser la base de la estrategia norteamericana”.

En un ensayo publicado en el número de marzo de 1955 de la “Yale Revieu”, Kissinger sostuvo que la estrategia norteamericana “debía fijarse dos objetivos: el inmediato de impedir cualquier nueva expansión soviética y el mediato de “reducir el bloque soviético hasta que no pueda triunfar en una guerra agresiva de tipo convencional y que quede disuadido de una guerra nuclear por la superioridad tecnológica norteamericana”. Y llegó a la siguiente conclusión: “Todo será inútil, sin embargo, … a menos que aumentemos nuestra fuerza militar; es imperativo que aumentemos nuestro ejército, nuestra defensa aérea, nuestra capacidad nuclear táctica y nuestros gastos militares, por la sencilla razón de que ninguna diplomacia es más fuerte que el poder que tiene detrás”.

Fuente Consultada: El Mundo Moderno y Contemporáneo de Gloria Delgado

Lawrence de Arabia Asalto a Akaba contra los Turcos Biografia Vida

En mayo de 1917, un oficial británico y una partida de guerreros árabes emprendieron una travesía de 965 km a través del desierto para sorprender a los turcos y capturar el puerto de Akaba en el mar Rojo. Esta victoria fue el mayor logro de un hombre que sería conocido como Lawrence de Arabia. (imagen)

En mayo de 1917, una partida de unos 50 hombres en camellos, salió de Al Wajh, el cuartel general de Feisal, líder de la revuelta árabe contra los turcos. Tres hombres compartían el liderazgo de la expedición. Nasir, el sherif exiliado de Medina, era el de mayor rango. Auda Abu Tayi, veterano de varias batallas, era el jefe de una de las tribus Howeitat, del norte, que la  expedición trataba de reclutar.

El tercero de los líderes era el capitán Thomas Edward Lawrence, un oficial de la inteligencia británica, consejero del agrado de Feisal. Este era el único miembro no árabe de la partida, pero hablaba la lengua árabe y se había adaptado con facilidad al estilo de vida y la vestimenta de los beduinos del desierto.

A pesar de su poca experiencia militar, Lawrence demostró ser un líder guerrillero ejemplar y un hábil estratega, realizando un plan para capturar Akaba de manos de los turcos (objetivo principal de la expedición). La idea era impedir que los turcos siguieran mandando refuerzos a Palestina, donde los británicos trataban de expulsarlos de sus posiciones alrededor de Gaza.

Engañar al enemigo

Con el duro viaje que les esperaba, Lawrence y los árabes tenían que viajar ligeros de equipaje. Estaban armados tan sólo con rifles y pistolas y sus provisiones consistían en cantidades de harina que podían ser transformadas en pan. También transportaban gelatina explosiva para utilizarla contra las vías férreas bajo control turco, así como 20.000 libras en oro para comprar amistades y pagar reclutas al llegar a su destino.

La expedición se dirieió hacia el noreste, saliendo de Al Wajh, con la intención de cabalgar a lo largo de una amplia curva de 965 km, para impedir ser detectados por los turcos o hacerles creer que la partida se dirigía hacia Siria, más al norte. Después de los primeros días de marcha sin problemas de agua, entraron en un territorio árido y desolado. Recorrieron senderos estrechos peligrosos alrededor de acantilados, a trabes de campos de lava en la altiplanicie, valles y pilares de arenisca hasta las llanuras abiertas.

Cada día montaban en sus camellos y la partida seguía viaje justo antes del amanecer. Durante las horas centrales del día se detenían y descansaban lo mejor que podían, utilizando sus mantas para cubrirse del ardiente sol. En 10 días alcanzaron el ferrocarril cerca de Diraa. Como no había turcos en la zona, Lawrence y sus ayudantes volaron un tramo de la vía férrea, cortaron los cables del telégrafo y arrastraron los postes antes de seguir viaje.

Lo peor del viaje aún no había comenzado. El 20 de mayo la partida comenzó a cruzar la árida llanura del El Houl, barrida por un viento caliente y cargado de arena que abrasaba la piel.

Un Riesgo Inutil

A medida que avanzaban, la arena y las llanuras dc lodo blanco que reflejaban el sol sin piedad, se añadían a la incomodidad. Retenida por las tormentas de arena y los movimientos de las dunas, comenzó a escasearles el agua.

En el cuarto día en este infierno, Lawrence se dio cuenta de que faltaba uno de sus hombres, Gasim. Su camello caminaba tras el grupo, por lo que Gasim debía ir a pie, sin posibilidad de encontrar a los otros o sobrevivir más de un día en las llanuras de lodo seco que estaban cruzando.

Lawrence pensaba que Gasim era un «proscrito cobarde y falso» y lamentaba haberlo llevado con él, pero se sentía obligado a retroceder para buscarlo.

Auda y los otros que podrían haberle ayudado, habían seguido viaje, por lo que Laxvrence volvió solo, confiando en lecturas detalladas del compás que le permitirían localizar al grupo principal posteriormente.

Después de cabalgar durante hora y media bajo el sol abrasador y cegador, Lawrence encontró a Gasim, balbuceando y medio loco por la sed. Fuera de sí, Lawrence lo hizo callar y se lo llevó.

En el camino encontró a Auda, que había vuelto para buscarlo. Auda se quejaba de que Lawrence hubiera arriesgado su vida por un ser tan despreciable.

En Busca de Reclutas

Cinco días más tarde, la expedición abandonó la zona de Elhoul y entró en Wadi Sirhan, un largo valle con suficientes pozos para proporcionarles el agua necesaria para el resto del viaje. Tres días después, establecieron contacto con los pastores de Howeitat y la partida continuó hasta alcanzar un lugar seguro. El oro y los explosivos habían llegado intactos y tan sólo habían perdido dos hombres. Lawrence, aunque sufría de forúnculos y fiebres, se había portado como un beduino.

La siguiente tarea consistía en contactar con los jefes locales y conseguir reclutar un pequeño ejército entre sus hombres, utilizando el oro de Feisal, con prudencia. Esta tarea concernía principalmente a Auda, por lo que Lawrence aprovechó esta oportunidad para realizar un largo y arriesgado viaje a Siria para conseguir información.

Asimismo, participó en un ataque al ferrocarril del norte, para hacer creer a los turcos que la expedición se dirigía contra Damasco en lugar de Akaba. Sin embargo, los turcos no estaban convencidos del todo y los árabes, que formaban ahora un grupo de 500 hombres, se percataron de que el enemigo había tratado de destruir los pozos en la ruta a Akaba. Afortunadamente el daño fue menor y finalmente consiguieron estar listos para entrar en accion.

Medidas Desesperadas

El plan de Lawrence era capturar los puertos de montaña que conducían hasta Akaha. Mientras los turcos dominaran los puertos, cualquier ataque desde el mar estaba condenado al fracaso ya que los turcos podrían bombardear el puerto de Akaba desde las montañas. Si. los turcos perdían el control de la montaña, serían incapaces de enviar refuerzos al puerto y como la armada británica controlaba el mar Rojo, Akaba quedaría sin alimentos. Las operaciones comenzaron con un ataque exitoso de las tribus locales contra Aba el Lis-san, el fuerte situado en el primer puerto de montaña. Mientras tanto los últimos explosivos fueron utilizados

en ataques de distracción contra el ferrocarril antes y después del cuartel general turco en Maan. Estos ataques confundieron a los turcos respecto a la intención de los arabes. Pero entonces un golpe de mala suerte amenazó la empresa. Llegó un batallón de refuerzo de la infantería turca y si bien los turcos no conocían la importancia del ataque contra Aba el Lissan, enviaron sus tropas a reconquistar el puerto. Las tribus tuvieron que huir del fuerte y perdieron el control del puerto de montaña.

Viendo que no tenían otra alternativa que atacar al batallón turco, Lawrence y un grupo de árabes, se movilizaron al instante, cabalgando toda la noche hasta Aba el Lissan. Encontraron a los turcos acampando en el valle y tomaron posiciones en las colinas circundantes.

Siguió un día de calor abrasador, en el cual los árabes dispararon contra los turcos sin conseguir forzarles a realizar una carga suicida montaña arriba. Finalmente irritado tras una discusión con Lawrence, Auda dirigió un ataque de caballería frontal, con sus hombres disparando continuamente desde sus monturas, y consiguió ahuyentar a los turcos.

Llegada Triunfal

Nasir y Lawrence completaron la derrota, atacando al enemigo en fuga. Lawrence, montado en su camello Naama, se destacó del grupo y entró en las filas turcas, disparando su pistola. De repente, Naama se derrumbó y Lawrence fue arrojado por los aires (en su entusiasmo, había disparado contra su propio camello).

Recuperó la conciencia y pensando que iba a ser ejecutado o pisoteado por los turcos, se alegró al ver que habían vencido. Auda, que también resulté ileso, mostraba los resultados de su insólita carga (sus ropas estaban completamente agujereadas por las balas).

Trescientos turcos habían muerto y 160 fueron tomados como prisioneros; unos pocos escaparon. Increíblemente, los árabes sufrieron sólo dos bajas. El puerto de montaña había vuelto a su poder y la suerte de Akaba estaba echada. Engañados por los misteriosos movimientos de sus enemigos, los turcos no habían reforzado la zona, y mientras las tropas árabes aumentaban continuamente, las guarniciones de defensa estaban desprovistas de soldados. De hecho, los turcos se habían retirado de gran parte de los puestos establecidos en los puertos de montaña en dirección a Akaba. Pronto sólo una posición turca, la de Khadra, detenía el avance árabe. Pero, frente a la posibilidad de morir de hambre o masacrados por las tribus, los turcos se rindieron.

La propia Akaba estaba indefensa. El 6 de julio de 1917, dos meses después del comienzo de su expedición en Alwajh, Lawrence y sus compañeros, luchando contra una terrible tormenta de arena recorrieron los últimos 6 km que los separaban del puerto, donde cabalgaron jubilosos hasta el mar.

mapa

Al estallarla Primera Guerra Mundial, el imperio otomano controlaba casi toda la
península arábiga, cuyo desierto central estaba casi deshabitado.

 L ATAQUE CONTRA EL FERROCARRIL: Lawrence se deleitaba conduciendo personalmente los ataques contra el ferrocarril turco. El ferrocarril era la arteria principal del enorme imperio turco en Oriente Medio, recorriendo un amplio territorio desde Medina, en Ambia, hasta Damasco y más allá.

A pesar de su entusiasmo por destruir las líneas férreas y el telégrafo y por volar puentes y trenes, Lawrence limitaba a propósito el daño que infligía a los turcos. Su estrategia consistía en mantenerlos en constantes dificultades, pero no obligarles a retirar sus guarniciones. Era importante mantener a las tropas turcas en sus puertos para que no fueran enviadas a Palestina, donde los británicos estaban tratando de echar a los turcos de sus posiciones alrededor de Caza.

Debido a la aridez del clima, los resultados de los ataques de Lawrence (locomotoras descarriladas y otros recuerdos de la revuelta árabe), pueden verse aún en el desierto.

PARA SABER MAS…

Su legendaria carrera empezó en 1916 cuando Husayn ibn Ali, emir de la Meca, proclamó una revuelta árabe contra el Imperio Otomano a cambio de garantías británicas para expandir el reino.

Lawrence, oficial de informaciones británico de 28 años, se convirtió en el enlace entre el ejército británico, entonces involucrado en su propia lucha contra el Imperio Otomano, y Faisal, el hijo de Husayn, que encabezaba una fuerza rebelde.

Lawrence había aprendido árabe durante las expediciones arqueológicas que hizo mientras estudiaba en Oxford y sentía una admiración romántica por los árabes. Frágil y de apariencia juvenil, fue un héroe sin comparación.

Después de vestir con ropas beduinas, los rebeldes lo aceptaron como uno de ellos y pronto, según explica en su libro Los siete pilares de la sabiduría (1926), transformó un grupo de hombres pertenecientes a tribus diversas en una fuerza guerrillera eficaz. Se convirtió en el estratega principal de todo el ejército rebelde.

Durante un tiempo consiguió que los jefes árabes, pendientes de sus propios intereses, compartieran su visión de una nación árabe unificada y persuadió a los comandantes británicos de que lo apoyaran. Las buenas intenciones de Lawrence inspiraron a sus hombres para compartir sus problemas, y él mismo luchó incluso después de ser forzado por soldados turcos.

O eso dijo él. La veracidad de sus memorias, una mezcla extraña y poética de glorificación y degradación personal, sigue siendo dudosa. Lo que es incuestionable es Arabia. Rechazó una medalla del rey Jorge V, pero durante un breve período prestó sus servicios a Winston Churchill como consejero de asuntos árabes (entonces Churchill era ministro de las colonias). En los años veinte, tras ejercer presiones en favor de la independencia árabe sin éxito, se alistó como soldado raso, bajo un seudónimo, en la RAF (Fuerza Aérea británica) y en el cuerpo de tanques. Murió en 1935.

Husayn también falleció sin gloria Reinó sobre el Hejaz hasta 1924, cuando Saud conquistó la región y lo obligó a exiliarse en Chipre. Sin embargo, sus hijos, Faisal y Abdullah, se convirtieron en reyes, Faisal en Iraq y Abdullah en lo que ahora es Jordania, donde la dinastía Husayn todavía gobierna 80 años más tarde.

Fuente Consultada:
True Action Adventures (BBC)

La Revolucion Cientifica del siglo XX: Descubrimientos y Avances Cientìficos

La Revolución Cientifíca del Siglo XX:

NECESIDAD DE LA TEORÍA CIENTÍFICA: De todas las ciencias, ha sido la física la que ha experimentado una transformación más profunda hasta el punto de adquirir una cierta hegemonía en el campo del conocimiento y de proporcionar las figuras más gloriosas de la ciencia del siglo XX.

Las investigaciones se orientaron hacia el conocimiento del espacio y del átomo; lo inmenso y lo minúsculo parecen haber sido los dos polos de atención a los que los sabios pudieron acercarse gracias al progreso de los instrumentos de análisis. Pero no fue la observación sino la construcción teórica el primer paso.

A diferencia de la Revolución Científica del siglo XVII, con Galileo y Newton como figuras relevantes, que postulaba una actitud empírica de observación de los fenómenos, la del siglo XX encuentra en la teoría, formulada a partir de postulados matemáticos y metafísicos, el punto de partida, la base que posteriormente permitirá la interpretación de los fenómenos observables.

Así, sin estar precedida por una comprobación empírica, se formuló la teoría de la Relatividad; la física del siglo XX no construye sus estructuras sobre leyes sino sobre teorías, con lo que incluso desde el punto de vista gnoseológico su posición es revolucionaria. La teoría de la Relatividad de Einstein y la teoría cuántica de Planck constituyen los dos capítulos fundamentales y al mismo tiempo el punto de partida para dos concepciones de la ciencia física.

DOS TEORÍAS SOBRE LA REALIDAD FÍSICA

Einstein, al continuar los estudios de Michelson y Morley sobre la luz, cuya velocidad consideraba una constante del universo, llegó a concluir que el tiempo es una variable que depende de la velocidad del espectador (Teoría de la Relatividad Restringida, 1905). Diez años más tarde consiguió medir la relación entre masa y energía (E= mc2); un cuerpo que irradia energía pierde masa, de donde deduce que la masa puede convertirse en energía y su equivalente es la cifra fabulosa obtenida al multiplicar su masa por el cuadrado de la velocidad de la luz (Teoría de la Relatividad General, 1915). Todas las futuras investigaciones sobre el átomo partieron de estas geniales formulaciones del joven científico alemán, que se trasladó posteriormente a Estados Unidos y adquirió la nacionalidad norteamericana.

Einstein demostró que el espacio es curvo y que la curvatura se intensifica en la proximidad de los cuerpos pesados, con lo que desmontó las concepciones newtonianas del espacio y justificó las geometrías no euclidianas, ya que en un espacio curvo las paralelas pueden unirse y todos los axiomas y postulados de Euclides sustituirse por otros. Al fotografiar la curvatura de la luz de las estrellas abrió nuevos horizontes interpretativos sobre la naturaleza de la luz y se encontró una prueba de la curvatura del espacio. Plank formuló en 1900 su teoría cuántica; de la misma manera que la materia es discontinua y está formada por una red de átomos, la energía irradia de forma discontinua en forma de cuanto o corpúsculos de valor variable según la intensidad de la radiación.

En 1924 Louis de Broglie fundó la mecánica ondulatoria, con la que concilió la teoría tradicional de la luz como onda continua y la cuántica de corpúsculo discontinuo. Las dos teorías suponen dos interpretaciones de la realidad física; la teoría cuántica la considera discontinua o corpuscular, la de la Relatividad la considera continua y constituida por una sustancia única espacio-tiempo que puede adoptar formas diversas. La teoría cuántica pretende conocer la naturaleza en términos observables, la Relatividad General en términos no observables, en cierto modo simbólicos, al afirmar que la naturaleza es una sucesión de formas geométricas de una sustancia única espacio-temporal.

INVESTIGACIONES SOBRE EL ÁTOMO

La concepción clásica del átomo como partícula indivisible había sido rechazada por los físicos del siglo XIX; desde finales de siglo hasta la actualidad los avances en el reconocimiento de las partículas elementales han sido constantes; Thompson, Rutherford, Bohr y De Broglie consiguieron trazar mapas nuevos en la estructura atómica. Thompson descubrió los electrones y demostró así que el átomo no es la partícula última; con las investigaciones de los esposos Curie sobre las radiaciones se inició otro camino que indagaba la energía contenida en el átomo. Rutherford diseñó un mapa del átomo en el que un núcleo, cargado con electricidad positiva, está rodeado por electrones con carga negativa.

cuadro del atomo

Esta imagen cobró movimiento en los estudios del danés Niels Bohr, quien postuló que los electrones giran alrededor del núcleo como si se tratara de un sistema solar en miniatura; el número y disposición de los electrones explicaba las propiedades químicas de los cuerpos y la sucesión de los elementos establecida a mediados del siglo XIX por Mendeleiev. Finalmente, De Broglie probó que las órbitas de los electrones no seguían una línea elíptica sino ondulatoria, oscilante, y que las ondas y los corpúsculos eran aspectos de una misma realidad. Otra línea de investigación se centró en la desintegración del átomo y en la energía que puede liberar. Rutherford rompió un núcleo de nitrógeno en 1919, al bombardearlo con partículas alfa mediante descargas eléctricas. Posteriormente, se descubrieron nuevos elementos en el átomo. Los neutrones eran obtenidos por Chadwick en 1932 al bombardear berilio con partículas alfa; Anderson el electrón positivo (positrón) y Neddermeyer el mesón, enlace entre los protones positivos y los neutrones.

En la década de los años 30 se investigó la radiactividad. Joliot Curie descubrió la radiactividad artificial, demostrando que los átomos bombardeados por neutrones se vuelven radiactivos. En 1936, Fermi obtuvo con este sistema cuerpos más pesados que los naturales y dos años después Hahn y Strassman descubrieron la posibilidad de la reacción en cadena, al comprobar que en los núcleos pesados como el del uranio de protón puede liberar varios neutrones, que al chocar con los nuevos núcleos los hacen estallar y proyectan nuevos neutrones; de esta forma un gramo de uranio puede liberar una energía equivalente a 2,5 tm de carbón. En 1939 con un ciclotrón se consiguió la fisión del átomo y la posibilidad de obtener reacciones en cadena en gran escala. La bomba atómica utiliza el uranio y la de hidrógeno el helio para producir esta reacción en cadena que libera una energía fantástica.

LAS ESCUELAS PROBABILISTA Y DETERMINISTA

Las teorías cuántica y de la Relatividad y las investigaciones sobre el átomo constituyen los capítulos más importantes de la nueva física. Pero los físicos se han sumido en incertidumbres que podríamos llamar de tipo metafísico, se han planteado en qué medida sus investigaciones se mueven en un nivel subjetivo o por el contrario les permiten un conocimiento no deformado de la realidad física. Dos escuelas, probabilista y determinista, afirman, respectivamente, la incertidumbre del conocimiento y la certeza de las leyes físicas.

Los probabilistas, con Bohr, Heisenberg y Dirac, parecieron en muchos momentos haber conseguido romper el “determinismo” de la física “clásica”. En 1925 Heisenberg planteó el dilema que fundamenta la postura probabilista, la imposibilidad de conocer simultáneamente la velocidad y posición de un electrón; si se conoce exactamente su posición, al obligarle a pasar por la pequeña abertura, no se conoce exactamente su velocidad al atravesarla, de lo que resulta que en un instante posterior será imposible precisar su situación. Con el principio de indeterminación Heisenberg afirma que el “espectador” modifica la realidad física al estudiarla, al aproximarse a contemplarlos deterministas se encuentran en minoría pero disponen de figuras tan gloriosas como Einstein, Schródinger, Blockinzev o De Broglie. La regularidad de las leyes físicas y la posibilidad de conocerlas con seguridad se resumen en la conocida fase de Einstein: “Dios no juega a los dados”. La Escuela de Copenhague, dirigida por Niels Bohr, se convirtió en la defensora del probabilismo, mientras la Escuela de París, dirigida por Louis De Broglie, ha sostenido el determinismo arguyendo que los probabilistas suministran una descripción incompleta de los fenómenos microfísicos. Como vemos, los científicos no se han limitado a escudriñar en los secretos del universo físico, sino que se han planteado la relación del hombre con ese universo desde atalayas “meta-físicas”.

EL CONOCIMIENTO DEL UNIVERSO

UNA VENTANA ABIERTA AL ESPACIO EXTERIOR

Capítulo fascinante de la ciencia del siglo XX es el cubierto por los progresos en el conocimiento del universo, posibilitados por la innovación de los instrumentos de observación y por la formulación de hipótesis filosóficas y físicas —la teoría de la Relatividad cambió sustancialmente la imagen del espacio— y modelos matemáticos. Hasta el siglo XVIII la astronomía se reducía al estudio del Sistema Solar y las estrellas se utilizaban como referencia, fondo invariable. Salvo Laplace, las teorías en boga hasta mediados de este siglo fueron elaboradas por filósofos; la más conocida es la de Immanuel Kant: Historia universal de la naturaleza y teoría del cielo (1755), cuyas ideas sobre el origen del Sistema Solar ejercieron prolongada influencia. Entre 1780 y 1820 se inició el estudio de nuestra galaxia, la Vía Láctea.

En 1842 el austríaco Doppler anunció un principio de fundamental importancia en astronomía: la luz de las estrellas produce un desplazamiento del espectro hacia el violeta cuando ésta se acerca, hacia el rojo cuando se aleja; con él se pudo medir la velocidad radial de las estrellas; en 1912 Slipher obtuvo el espectro de la nebulosa de Andrómeda y midió su aproximación a la Tierra a una velocidad de 200 km por segundo.

LA DIMENSIÓN DE LAS GALAXIAS

El conocimiento de nuestra galaxia recibió un impulso decisivo en 1918, cuando Harlow Shapley, a partir de los cúmulos globulares que se encuentran al Norte y al Sur del plano galáctico, consiguió determinar la posición y distancia del centro de gravedad de esta inmensa concentración de estrellas.

galaxia lejana

El Sol se encuentra situado en una posición marginal dentro de la galaxia, a 30.000 años luz del centro; de repente las soberbias geocéntricas y heliocéntricas quedaban barridas. Según los censos estelares se pensaba que disminuía la densidad de las estrellas en todas direcciones a partir de la Tierra, pero desde 1930 sabemos que es una simple impresión producida por la absorción de la luz por el polvo interestelar.

El diámetro de la galaxia es del orden de 100.000 años luz, lo que aumentaba espectacularmente las dimensiones hasta entonces concebidas, que no iban más allá de distancias diez veces menores. A continuación, comenzaron a medirse las velocidades de los astros en el espacio; el holandés Ort demostró que el Sol efectúa revoluciones circulares en torno al centro de la galaxia a 215 km por segundo, y posteriormente otros astrónomos, basándose en esta traslación solar, consiguieron determinar el orden de magnitud de la masa total de la galaxia en 200.000 millones de veces la masa del Sol. Estas dimensiones eran 2.000 veces superiores a las calculadas por Herschel, el primer astrólogo que, a finales del siglo XVIII, había intentado valorar el tamaño de la galaxia.

Se habìa llegado a dimensiones Impensables, pero todavía aguardaban nuevas sorpresas. La inmensidad de nuestra galaxia había hecho creer que ella sola constituía el universo. En 1924 Hubble demostró que nuestra vecina, Messier 31 de Andrómeda, constituía otra galaxia de estructura similar a la Vía Láctea pero mayor y más compleja, con estrellas dobles situadas a 2 millones de años luz. Por medio de los radiotelescopios se pudo comprobar la existencia de mil millones de estos paquetes de estrellas que llamamos galaxias, compuesto cada uno por miles de millones de cuerpos espaciales. Estas familias que pueblan el espacio son de diversas formas, esferoidales, elipsoidales, lenticulares, o prolongadas a modo de brazos, como la Vía Láctea.

Tras medir las dimensiones, otro capítulo atrajo la atención de los astrónomos: estos cuerpos espaciales se mueven a velocidades fantásticas dentro de las galaxias, mientras se produce otro movimiento de desplazamiento relativo entre éstas. Se comprobó primero, por el desplazamiento del espectro hacia el rojo, que las galaxias se alejaban del espectador terrestre; este alejamiento fue comprobado por Slipher entre 1912 y 1922. Pero la velocidad de desplazamiento no era constante; en 1928 Hubble publicó la ley de los desplazamientos espectrales, que afirma la relación distancia-velocidad; la velocidad de fuga parece aumentar con el alejamiento, 160 km por segundo por millón de años luz de distancia según la medida de Hubble, rebajada en la actualidad a 25 km por segundo. Se ha conseguido determinar la velocidad de más de mil galaxias, algunas se desplazan a 150.000 km por segundo, la mitad de la velocidad de la luz.

EL ORIGEN DEL UNIVERSO

el universo

Dimensiones, número de astros, velocidades de desplazamiento, alejamiento, todas las concepciones del universo han tenido que modificarse. En 1963 los objetos más lejanos cuyas distancias habían sido medidas se encontraban a 6.000 millones de años luz, pero entre las débiles imágenes captadas en Monte Palomar se sospechaba que podían encontrarse las correspondientes a galaxias que se situaban a 10.000 millones de años luz. Estas distancias introducen el factor tiempo en cosmología, porque el mensaje luminoso que recibimos corresponde a imágenes de otra época, incluso anteriores a la existencia de la Tierra, a la que se asignan 4,5 millones de años, de manera tal que el universo puede ser en la actualidad muy diferente a las imágenes que en este momento captamos.

¿Cómo es el universo?

Cada descubrimiento crea nuevas preguntas. ¿Se enfriará el Sol y morirá la Tierra de frío o, como parece más probable, se convertirá el Sol en una gigante estrella roja y achicharrará a todos los planetas de su Sistema? ¿Es la Tierra una curvatura del espacio? ¿Lo son todos los cuerpos celestes? ¿Qué es el espacio, qué respuesta

ha de darse tras la comprobación de que en las cercanías del Sol deja de ser euclidiano? ¿Qué geometría debe aplicarse al espacio? En 1917 Einstein demostró que la única posible era la de un espacio esférico de curvatura constante, cerrado, cuyo radio y cuya masa total podían obtenerse mediante fórmulas que propuso. Su modelo estable y estático ha planteado problemas casi insolubles, por lo que en 1922 Friedmann, matemático ruso, interpretando el efecto Doppler, se planteó la posibilidad de la modificación del radio del universo entre el instante de emisión de luz de una galaxia elevada y el instante de la observación; si el espectro se desplazaba hacia el rojo había que suponer que el universo se encontraba en expansión. Hemos indicado ya que así ocurre y que Hubble consiguió medir la velocidad de desplazamiento.

Otros teóricos aseguran que esta expansión es sólo una pulsación que será seguida de un período de contracción, con lo que el universo sería un enorme globo que se infla y desinfla periódicamente. La aportación de los teóricos (físicos y matemáticos) ha llegado a ser imprescindible, porque se nos plantea el problema de saber hasta qué punto la muestra de Universo que nos rodea resulta representativa. El modelo euclídeo de Newton, tanto tiempo útil, ha sido barrido desde el momento en que se abrió la ventana de las galaxias.

La teoría del Big Bang

big bang

La pregunta crucial se refiere al origen del universo. La teoría predominante en nuestros días es la denominada del Big Bang o explosión inicial. Su punto de partida se anda en la Teoría de la Relatividad General de Einstein. Un astrofísico, George Gamov, tras fechar esa explosión en un instante que se remonta a 15.000 millones de años, planteó la posibilidad de escuchar el eco de la misma cuando los instrumentos de medición permitieran acercarse a esa distancia. En 1964 dos radioastrónomos de los laboratorios Bell de Estados Unidos, Penzias y Wilson, que recibirían el premio Nobel en 1978, registraron un zumbido de fondo que posteriormente fue interpretado como el eco del Big Bang.

Otros científicos y desde 1992 el satélite COBE analizaron muestras de lo que se consideró la composición inicial del universo, concentraciones de hidrógeno y helio, a partir de las cuales se formarían estrellas y galaxias. Da la impresión de que se multiplican las pruebas del Big Bang, pero no todos los científicos aceptan esta teoría. Otro astrónomo eminente, Fred Hoyle, ha defendido la inexistencia de una explosión, afirmando que la materia se crea y destruye incesantemente en un universo estacionario. Doc. 3

El mejor procedimiento para elegir el modelo de expansión o el modelo estacionario consiste en estudiar la luz de los confines del universo, a miles de millones de años luz. En un universo en expansión esta luz sería “joven”, similar a la del momento de la explosión y diferente a la próxima a la Tierra; por el contrario, en un universo estacionario sería similar la luz próxima y la de los límites del universo.

DE LA VIDA A LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL

EL MISTERIO DE LA VIDA

La bioquímica descubre y estudia los elementos químicos de la actividad vital y sus procesos o modalidades de acción. El descubrimiento de las enzimas, cuerpos químicos que actúan en procesos de fermentación, oxidación y fotosíntesis, fue seguido por el de las vitaminas, sustancias muy complejas, como la vitamina B, que contiene a su vez 15 sustancias. Con las vitaminas se completa la concepción de la enfermedad generada por un virus patógeno con el de enfermedad de carencia, como escorbuto, beriberi, raquitismo o enfermedades provocadas por la no presencia en el organismo vivo de alguna sustancia necesaria. Además de las adquiridas por alimentación, el organismo vivo produce sus propias sustancias, generadas por las glándulas endocrinas. Así, se ha descubierto la importancia de las hormonas que intervienen en el crecimiento de animales y plantas y en el funcionamiento preciso de los órganos: Ja insulina del páncreas, las hormonas del tiroides, las hormonas sexuales, etc.

Con el progreso de la bioquímica cambia la concepción de la vida, que es considerada como una estructura química peculiar, en la que el intercambio de elementos químicos es constante. Los componentes de lo vivo y lo no vivo son los mismos, la diferencia está en su ordenación, en su estructura. Teilhard de Chardin ha distinguido la acumulación exterior de elementos químicos que se produce en lo no vivo —así se forman los cristales, los minerales— de otro tipo de acumulación interna, que supone

Formas de vida extraterrestre

Pienso que las formas de vida de muchos mundos estarán compuestas en principio por los mismos átomos que tenemos aquí, quizás también por muchas de las mismas moléculas básicas, como proteínas y ácidos nucleicos; pero combinados de modos desconocidos. Quizás, si hay organismos flotando en las.densas atmósferas planetarias tendrán una composición atómica muy ‘parecida a la nuestra, pero es posible que carezcan de huesos y que, por lo tanto, no necesiten mucho calcio. Quizás en otros lugares se utilice un solvente diferente del agua. El ácido fluorhídrico nos podría servir bastante bien, aunque no hay una gran cantidad de flúor en el Cosmos; el ácido fluorhídrico causaría mucho daño al tipo de moléculas de que estamos hechos; pero otras moléculas orgánicas, como las ceras de parafina, por ejemplo, se mantienen perfectamente estables en su presencia. El amoniaco líquido resultaría un sistema solvente todavía mejor, ya que el amoníaco es muy abundante en el Cosmos. Pero sólo es liquido en mundos mucho más fríos que la Tierra o que Marte. El amoníaco es normalmente un gas en la Tierra, como le sucede al agua en Venus. O quizás haya cosas vivas que no tienen ningún sistema solvente: una vida de estado sólido donde en lugar de moléculas flotando hay señales eléctricas que se propagan.

una estructura más compleja, proceso al que el famoso pensador e investigador francés llama “complexificación interiorizante”. En el mismo sentido ha escrito Charón:

“Es muy posible que ese umbral que permite distinguir la Materia de lo Vivo sólo pueda ser descrito en términos de lenguaje topológico, que se refieran al espacio-tiempo. La Naturaleza, después de haber realizado todas las uniones posibles (por campos físicos) en nuestro espacio ordinario de topología plana (el de la Materia) había inventado la topología cilíndrica. Esta transformación exige, en principio, poca energía, ya que en ambos casos el espacio sigue siendo euclidiano, es decir, de débil intensidad de energía. Con la nueva topología cilíndrica pueden realizar-se bruscamente tipos de uniones posibles en la Materia. Además, las ondas electromagnéticas pueden permanecer encerradas (y, por tanto, disponibles) en este nuevo espacio. Salvamos así el umbral que separa la Materia de lo Vivo; las nuevas propiedades no tienen medida común con las antiguas: lo Vivo, con su topología diferente, constituye un auténtico universo en pequeño, paralelo al universo en que se distribuye y se pone la Materia”

Al conocimiento de los procesos vitales ha contribuido la investigación sobre la célula, a la que se ha consagrado una rama de la biología, la citología. Desde principios de siglo se realizaron cultivos de tejidos separados de su organismo y en 1933 el oftalmólogo ruso Filatov utilizó tejidos congelados en sus intervenciones quirúrgicas. Casi inmediatamente se consiguió mantener vivos órganos enteros separados de los organismos en que habían funcionado; en 1936 Carrel y Lindbergh hicieron vivir y funcionar durante varias semanas algunos órganos de mamíferos (ovarios, glándulas).

Otra línea de investigación atendió el estudio de los seres vivos más elementales, los virus. En 1935 Bochian consiguió sintetizar en el laboratorio uno de los más sencillos, el llamado virus del “mosaico del tabaco”. Se trata sin duda de seres vivos, ya que se reproducen y viven a expensas del medio en que se hallan, no obstante se discute su condición de organismo, parecen ser simples moléculas proteicas a las que se ha asignado la calidad de etapa intermedia entre la materia inanimada y viviente. El estudio de estos organismos inferiores, como los virus y las bacterias, ya más complejas, han permitido delimitar ciertas condiciones del origen de la vida, los elementos, presión y temperatura indispensables para el nacimiento de las operaciones específicas de lo vivo.

LA CIBERNÉTICA

En el campo de la electrónica, la física ha conseguido igualmente progresos revolucionarios, aplicados a la transmisión de señales (radio, televisión, satélites de comunicaciones), a la óptica (microscopios electrónicos, fotoelectricidad, cine). El láser, haz de ondas luminosas de intensidad mil veces superior a la de la luz solar, conseguido, por medio de emisiones estimuladas, por Maiman en 1960, está llamado a ser una de las maravillas del futuro y tiene aplicaciones ya en la medicina (cirugía de la retina, tumores cancerosos), en la industria y en la guerra (proyectiles dirigidos, aviones). Pero la aportación más importante de la electrónica es la construcción de ordenadores, que permiten la realización de complejas operaciones matemáticas en un tiempo mínimo y se han convertido en auxiliares imprescindibles para la exploración del espacio, utilísimos para la estadística y la manipulación de toda clase de datos en las complejas organizaciones de las sociedades industriales.

La primera calculadora electromecánica, construida por Howard Aiken, entró en servicio en 1944, era la Mark 1, que realizaba sus operaciones matemáticas mediante impulsos eléctricos cuya información procedía de cintas perforadas y cuyos resultados se obtenía también en perforaciones que finalmente se traducían en cifras. Luego, cálculos más rápidos y complicados se obtuvieron sustituyendo los relés por válvulas electrónicas; así se construyó el primer calculador electrónico, llamado Eniac. Mientras la Mark  necesitaba un tercio de segundo para hacer una suma de 23 cifras, la Data file, construida en 1957, puede leer varios millones de signos en milésimas de segundo.

El americano Norbert Wiener descubrió en 1948 la analogía entre el cerebro electrónico y el cerebro humano y la similitud de los impulsos eléctricos que transmiten la información y las órdenes entre el sistema nervioso del ser humano y los circuitos eléctricos; así nacieron máquinas eléctricas, robots que pueden funcionar según una lógica binaria, mientras la industria comienza a recorrer la investigación en este campo de la “electricidad pensante”. El fenómeno de la automatización, de la sustitución del trabajo humano por máquinas programables mediante las posibilidades de la electrónica, encierra profundas repercusiones sociales, anuncia un mundo en el que el trabajo de los hombres puede descargarse en máquinas, en un grado hasta hace poco tiempo insospechable.

Por primera vez disponemos ahora de medios para establecer contacto con civilizaciones en planetas de otras estrellas. Es un hecho asombroso que el radiotelescopio de 30 m de diámetro del National Astronomy and lonosphere Center, dirigido por la Cornell University en Arecibo, Puerto Rico, fuese capaz de comunicarse con otro idéntico situado en cualquier lugar de la Vía Láctea. Disponemos de los medios de comunicarnos no sólo venciendo distancias de centenares de miles de años luz, sino que podemos hacerlo de esa manera en un volumen que contenga centenares de miles de millones de estrellas. La hipótesis de que existen civilizaciones muy avanzadas en otros planetas se está poniendo a prueba. Ya ha dejado de ser pura especulación. Ahora se halla en el terreno de la experimentación.

LAS GRANDES CONQUISTAS DE LA CIENCIA

Hemos visto cuáles son las bases de la Revolución Científica del siglo XX: la física atómica, la física del espacio, las aplicaciones de la electrónica, la química de la vida; sobre estos cuatro pilares se han montado prácticamente todos los avances de la ciencia y de la técnica. De manera esquemática apuntamos algunos de los avances que más han influido en la vida del ser humano.

LA CONQUISTA DEL ESPACIO

Estamos probablemente en las primeras páginas de esta apasionante aventura, aunque nos parezcan ya conquistas casi increíbles: el lanzamiento de los primeros satélites (Sputniks rusos), la llegada del hombre a la Luna, el envío de ingenios espaciales para la recogida de materiales y la exploración del sistema solar, el ensamblaje de naves espaciales, etc.

LA GENÉTICA

Las teorías de Darwin y las leyes de Mendel han sido comprobadas en el siglo XX y enriquecidas o modificadas con las observaciones que permiten los aparatos de que disponen los investigadores. El holandés De Vries estableció, a principios de siglo, el concepto de mutación, la alteración que puede sufrir la carga genética almacenada en los cromosomas de las células genéticas o genes; de esta forma, la evolución no se produciría por alteraciones somáticas o anatómicas, por la adaptabilidad morfológica de los órganos a condiciones exteriores, como habían supuesto Lamarck y Darwin, sino por cambios internos del patrimonio hereditario. Las diferentes escuelas y los diferentes genéticos, Lyssenko, Dunn, Dobzanski, han explicado de diferentes formas los mecanismos pero aceptando todos la realidad de la evolución biológica.

EN LA MEDICINA

Podemos hablar de revoluciones, en plural. En primer lugar, el perfeccionamiento de los aparatos y las técnicas —rayos X, anestesia— ha permitido éxitos nuevos en la lucha contra la enfermedad. Por otra parte, la bioquímica ha puesto a disposición de los médicos sustancias que combaten a las bacterias patógenas: la meningitis es combatida por el ácido para-amino-salicílico; la malaria ha sido vencida por la cloroquinína y la paludrina; las vacunas han arrinconado enfermedades antes terroríficas; las sulfamidas y antibióticos han sido quizás la aportación más importante en este campo y Fleming, descubridor de la penicilina en 1928, uno de los grandes benefactores de la Humanidad.

Pero quizás el más fascinante capítulo de las ciencias medicas lo esté escribiendo el psicoanálisis, punto de partida para la medicina psicosomática. A las enfermedades provocadas por virus y a las provocadas por carencias de alguna sustancia habría que añadir un tercer tipo de trastornos, los del psiquismo, que se reflejan en el organismo, de donde se deduce que algunas enfermedades no pueden ser curadas sin estudiar sus raíces anímicas. Por otra parte, el psicoanálisis ha permitido un conocimiento más profundo del hombre. En este sentido la obra de Freud en medicina es equiparable a la de Einstein en física, supone una renovación total, un giro copernicano en los conceptos básicos

La indagación del subconsciente, en el que se arrinconan los traumas que el consciente no se atreve a afrontar y que afloran en el mundo de los sueños, permitió a Freud elucidar dimensiones desconocidas del espíritu, e iniciar unos métodos que fueron completados y revisados por Adler y Jung.Finalmente, constituye la revolución de las técnicas quirúrgicas el capítulo quizá más popular, especialmente el de los trasplantes de órganos, posibilitados por las investigaciones citológicas y las técnicas de conservación de órganos separados del ser al que pertenecen; los trasplantes del corazón, iniciados por el cirujano sudafricano Barnard, suscitaron la atención mundial, no obstante los avances más seguros no se han obtenido en la cardiología sino en la urología, oftalmología y otras ramas.

LA APORTACIÓN DE LA MATEMÁTICA

Durante siglos los matemáticos se movieron por los axiomas y postulados de la matemática griega; Thales, Pitágoras, Euclides son referencias constantes. Pero la nueva física precisaba una nueva matemática y partiendo de la consideración de que sólo el lenguaje matemático permite construir la ciencia física se ha desembocado en la afirmación de la necesidad universal de las matemáticas, necesidad demostrada por la cibernética y la aplicación incluso a ramas de la filosofía (lógica matemática). Un matemático-lógico, Kurt Gódel, demostró que en la ciencia eran siempre posibles las contradicciones porque el lenguaje científico es el desarrollo lógico obtenido mediante determinadas reglas (estructuras) aplicadas a un número de conceptos que se conviene en aceptar como validos, pero es posible sustituir estos conceptos básicos y levantar un nuevo edificio científico. De esta manera, se puede reemplazar la geometría de Euclides, apoyada en el postulado de que por un punto no se puede trazar más de una línea paralela a una recta, por otro postulado diferente (exigible por la concepción esférica del espacio einsteniano) y construir una geometría diferente. Y así se ha hecho. La aportación de Gódel, Whitehead, Russell, ha supuesto una palanca para el progreso del conocimiento.

De la misma manera que la Revolución Industrial se caracterizaba no por un invento aislado sino por una serie coherente de inventos, o mejor todavía por el invento que suscita otro más perfecto, la Revolución Científica ha despertado en cadena métodos y revelaciones que plantean nuevos interrogantes y permiten vislumbrar al mismo tiempo la posibilidad de contestarlas en un futuro inmediato.

El desafío del espacio

No hay camino de retorno al pasado; las únicas opciones, como ya dijo Wells, son el universo o la nada. Aunque los hombres y las civilizaciones anhelen descansar, para Eliseo y los lotófagos existe un deseo que se funde imperceptiblemente con la muerte. El desafío de los grandes espacios entre los mundos constituye un desafío formidable, pero si no le hacemos frente, ello significará que la historia de nuestra raza llega a su fin. La Humanidad habrá vuelto la espalda a las alturas todavía vírgenes y descenderá de nuevo por la larga pendiente que conduce, a través de miles de millones de anos, a los mares primigenios.

Escritos de Albert Einstein

La democracia

Mi ideal político es la democracia. El individuo debe respetado como persona. Nadie debería recibir un culto idólatra (Siempre me pareció una ironía del destino el haber suscitado tanta admiración y respeto inmerecidos. Comprendo que surgen del afán por comprender el par de conceptos que encontré con mis escasas fuerzas, al cabo de trabajos incesantes. Pero es un afán que muchos no podrán colmar).

La riqueza

No hay riqueza capaz de hacer progresar a la Humanidad, ni aun manejada por alguien que se lo proponga. A concepciones nobles, a nobles acciones, sólo conduce el ejemplo de altas y puras personalidades. El dinero no lleva más que al egoísmo, y conduce irremediablemente al abuso. ¿Podemos imaginar a Moisés, a Jesús, a Gandhi, subvencionados por el bolsillo de Carnegie?

La educación

Dar importancia excesiva y prematura al sistema competitivo y a la especialización en beneficio de la utilidad, segrega al espíritu de la vida cultural, y mata el germen del que depende la ciencia especializada.

Para que exista una educación válida es necesario que se desarrolle el pensamiento crítico e independiente de los jóvenes, un desarrollo puesto en peligro continuo por el exceso de materias (sistema puntual). Este exceso conduce necesariamente a la superficialidad y a la falta de cultura verdadera. La enseñanza debe ser tal que pueda recibirse como el mejor regalo y no como una amarga obligación.

Cuestionamientos al Progreso Tecnológico del Siglo XX

ALBERT EINSTEIN:  Mi visión del mundo. Tusquets, Barcelona, 1980.

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1917: Nace El Comunismo                         1991:Cae El Comunismo

LA DESINTEGRACIÓN DE LA URSS

Mijaíl Gorbachov nació en Stávropol, en el sudoeste de Rusia. Participó activamente en política desde muy joven y pasó a ser líder de la URSS en 1985. Transformó radicalmente las relaciones de la URSS con Occidente y se le atribuye el mérito de frenar la carrera armamentista y de concluir la Guerra Fría.

Trató de solucionar los problemas políticos y económicos soviéticos con un programa de reformas internas y, tras el desmembramiento de la URSS en 1991, protagonizó varios intentos fallidos de regresar a la arena política en Rusia. Recibió el premio Nobel de la Paz en  1990. En 1989, con la esperanza de que el pueblo soviético aceptase un nuevo «comunismo de rostro humano», Gorbachov permitió elecciones libres a algunos puestos en el Congreso de los Diputados del Pueblo (el parlamento soviético). Sin embargo, pronto tuvo que enfrentarse a las demandas de ampliación de estas concesiones planteadas por un nuevo diputado electo, Boris Yeltsin.

El Fin del Mundo Bipolar:
Las tendencias hacia el fortalecimiento de las nacionalidades antes subsumidas en los estados comunistas no se limitaron a Europa oriental. La Unión Soviética también sufrió los efectos de las reivindicaciones nacionalistas largo tiempo reprimidas. La Unión Soviética era un estado multiétnico y plurilingüe: 92 nacionalidades y 112 lenguas reconocidas. (ver mapa de los países de la antigua URSS)

El régimen comunista había controlado férreamente los potenciales conflictos que pudieran afectar la unidad territorial. Pero las reformas de Gorbachov abrieron la oportunidad para que muchos grupos nacionales comenzaran a manifestar su voluntad de establecer estados nacionales separados de la Unión Soviética. Gorbachov se propuso modificar el estatuto federativo de la Unión Soviética, otorgando mayor autonomía a las repúblicas federadas pero manteniendo la unidad del estado soviético.

La política de Gorbachov enfrentó cada vez mayores resistencias. La situación económica empeoró y las elecciones realizadas en buena parte de los estados que componían la Unión Soviética dieron el triunfo a fuerzas de corte nacionalista y anticomunista, poco proclives a mantener los vínculos con Rusia. A fines de agosto de 1991, un intento de golpe militar contra el gobierno de Gorbachov fue frustrado con la decisiva actuación de Boris Yeltsin, presidente de la Federación Rusa.

Pocos meses después, fracasado el proyecto federalista de Gorbachov, la Unión Soviética fue disuelta y se creó la Confederación de Estados Independientes (CEI), una laxa unión entre once de las quince repúblicas soviéticas -las repúblicas bálticas y Georgia no forman parte de la confederación-. Boris Yeltsin desplazó a Gorbachov como líder del nuevo agrupamiento y Rusia se convirtió en la heredera institucional de la Unión Soviética.

Gorbachov y Yeltsin
Yeltsin se había hecho popular en la URSS por sus abiertas críticas a Gorbachov y la Perestroika. En 1990, fue elegido presidente de la Federación Rusa, la mayor de las repúblicas soviéticas, y se sirvió de esta posición para atacar a Gorbachov y al PCUS, insistiendo en que el Partido no podía monopolizar él gobierno por más tiempo. Su decisión de darse de baja del Partido en julio de 1990 fue un desafío público. Frente a Yeltsin, la figura de Gorbachov aparecía débil y anticuada.

Durante 1990, Gorbachov se esforzó en mantener unida a la URSS enviando tropas a Azerbaiyán para reprimir las luchas interétnicas y oponiéndose a la independencia de las repúblicas bálticas. El 19 de agosto de 1991, un grupo de la línea dura del PCUS intentó un golpe de estado: detuvieron a Gorbachov y a sus asesores, declararon el estado de emergencia y anunciaron su intención de restaurar el antiguo régimen soviético.

Yeltsin fue a la Casa Blanca (edificio del parlamento soviético) e hizo un llamamiento al pueblo para que acudiese a protegerlo. El apoyo popular puso fin al golpe. Gorbachov fue repuesto en su cargo cuatro días más tarde, pero su prestigio quedó dañado de forma irreversible.

En septiembre de 1991, el Congreso de los Diputados del Pueblo concedió a todas las repúblicas soviéticas la independencia, disolviendo la URSS. Desaparecida la URSS, Gorbachov carecía de función real. Renunció en diciembre de ese año.

Fuente Consultada:
Historia 3 El Mundo Contemporáneo
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Transformaciones Tecnologicas Socioculturales y Politicas del Siglo XX

A lo largo de la primera década del siglo XX, las relaciones internacionales se fueron haciendo cada vez más complicadas y tensas. Las rivalidades económicas y coloniales entre los Estados y el deseo de protagonismo en el concierto internacional, originaron la carrera de armamentos y la configuración de bloques antagónicos. Fue este engranaje de alianzas lo que hizo inevitable la Primera Guerra Mundial.

El atentado de Sarajevo fue el detonante de un conflicto que todos creyeron en un principio que iba a ser corto y limitado, pero,contra todo pronóstico, la guerra se prolongó durante cuatro años y movilizó a más de 70 millones de soldados. Además, el conflicto se mundializó al implicarse los imperios coloniales y se convirtió en una «guerra total» que movilizó a toda la población en el esfuerzo bélico.

Como consecuencia del conflicto, las fronteras europeas sufrieron una extensa remodelación, pero las duras disposiciones impuestas a los vencidos, fundamentalmente a Alemania, crearon las condiciones que condujeron a Europa a un segundo enfrentamiento generalizado en tan solo veinte años.

En el año 1917 tuvo lugar en Rusia un proceso revolucionario que culminó con la instauración del primer régimen socialista del mundo.
La Revolución Rusa de 1917 tuvo dos fases bien diferenciadas. La primera, en febrero, dio lugar a la caída del zarismo y a la instauración de un régimen parlamentario y constitucional. La segunda, en octubre, tuvo un carácter socialista y configuró un nuevo modelo de Estado a partir de las organizaciones obreras, de los soviets de obreros y campesinos. En ocho meses, Rusia pasó de una monarquía anacrónica y casi absoluta a la dictadura del proletariado.

Es evidente que, en este proceso, Vladimir llich Uliánov, «Lenin», jugó un papel de primer orden. El nuevo régimen, sin embargo, sólo consiguió consolidarse después de una cruenta guerra civil que se prolongó durante más de tres años. En un primer momento pareció que las revoluciones en Alemania y Hungría significarían la expansión de la revolución obrera por toda Europa, pero el aplastamiento de estas revueltas desvaneció el sueño bolchevique de una revolución mundial. La URSS tendría que iniciar en solitario la construcción del socialismo.

La Segunda Guerra Mundial superó claramente a la Primera, tanto por la duración y la intensidad de los combates como por las pérdidas humanas y los recursos que se utilizaron: participaron 72 Estados, fueron movilizados 110 millones de hombres, el coste económico de la guerra fue cuantiosísimo y hubo más de 40 millones de muertos.

El norte de China, Japón y Europa quedaron devastados y su equipamiento industrial, ferroviario, portuario y viario quedó muy maltrecho. Además, la Segunda Guerra Mundial tuvo una extensión realmente mundial, ya que se combatió en casi todos los continentes (Europa, Asia, África y Oceanía) y en todos los océanos.

En el terreno armamentístico, las grandes potencias enfrentadas perfeccionaron y pusieron a punto instrumentos de ataque suficientemente terribles como para destruir a toda la Humanidad. La aparición de las grandes unidades blindadas, la utilización de los submarinos, de los portaaviones, de los misiles antiaéreos, del radar y de la aviación como recurso habitual para el transporte de tropas y para los bombardeos sobre la población civil, hicieron de este conflicto una verdadera carrera hacia la destrucción. Finalmente, la explosión de la primera bomba atómica marcó un hito en la historia e inició el miedo atómico, al demostrar que era posible destruir la Humanidad.

El fin de la Segunda Guerra Mundial abrió una nueva etapa tanto en el terreno de la política internacional como en el del desarrollo económico. En el primero, la Guerra Fría dominó el escenario. En el segundo, los treinta años que siguieron al fin de la guerra se caracterizaron por una expansión económica sin precedentes. A partir de principios de la década del 70 se desencadenó una crisis y una profunda recesión.

Simultáneamente, se produjo una gran transformación tecnológica y organizativa basada en la microelectrónica, que en pocos años introdujo profundas modificaciones en los sistemas de producción y distribución de bienes y servicios y en las pautas de consumo en todo el mundo. El enfrentamiento político, ideológico y militar entre los Estados Unidos y la Unión Soviética marcó profundamente no sólo la política internacional sino también la política interna de muchos países durante la segunda posguerra.

Uno de los rasgos más gravosos de ese conflicto fue el enorme desarrollo —sostenido por cuantiosos gastos— de la industria armamentista, cuya expresión más terrible fue la producción de un arsenal nuclear con capacidad potencial para destruir toda forma de vida sobre el planeta. En la inmediata posguerra tuvo lugar la descolonización de la mayoría de los dominios europeos en ultramar. Asimismo, en 1949 se produjo la revolución que llevó al poder en China al líder del Partido Comunista Chino Mao Zedong.

Uno de los rasgos más destacados de la ciencia moderna es la rapidez con que lo imposible se convierte en algo cotidiano. En 1956, cuando el recién nombrado «astrónomo real» británico llegó a Londres procedente de Sudáfrica, la prensa le pidió su opinión sobre los viajes espaciales y él replicó que no le hablaran de «tonterías». Sin embargo, apenas cinco años más tarde, los soviéticos pusieron en órbita a Yuri Gagarin en el Vostok I, y sólo faltaban trece años para que Neil Armstrong y Edwin Aldrin pisaran la Luna ante un público estimado de unos 600 millones de televidentes. Este último servicio tenía entonces poco más de 30 años de edad, pero aun así había en el mundo 200 millones de aparatos de televisión. A principios de los 80, más de un centenar de personas se había aventurado a visitar el espacio.

El viaje tripulado a la Luna fue la culminación de una serie cuidadosamente planificada de complejos ensayos. El primero fue un espectacular fracaso. Ante el desafío del Sputnik soviético en 1957, Estados Unidos sólo disponía del cohete Vanguard, de la marina, para poner en órbita un satélite propio. En diciembre de 1957, el cohete estalló en la plataforma de lanzamiento. Un segundo intento, previsto para el mes siguiente, tuvo que ser cancelado a última hora. Estados Unidos inició entonces el proyecto de los satélites Explorer, lanzados por el cohete militar ICBM Júpiter C. El Explorer I entró en órbita en enero de 1958 y, en el curso de dos años, le siguieron casi una veintena de satélites, con toda una serie de aparatos experimentales.

Pero estos viajes no eran más que breves excursiones. En octubre de 1958, la NASA (National Aeronautics and Space Administration), fundada para coordinar todos los proyectos espaciales de carácter civil, lanzó el Pioneer I, cuyo objetivo era entrar en órbita alrededor de la Luna y enviar a la base información sobre su superficie. Por desgracia, uno de sus motores auxiliares falló y la nave cayó a la Tierra.
Mientras tanto, los soviéticos habían conseguido algunos éxitos espectaculares con sus sondas de la serie Luna. La primera pasó junto a la Luna a una distancia de 7.000 Km., para luego quedar en órbita alrededor del Sol, convirtiéndose así en el primer planeta artificial. El Luna III causó sensación en octubre de 1959 al sobrevolar la cara oculta de la Luna (que siempre está vuelta en dirección opuesta a la Tierra) y enviar fotografías de la superficie hasta entonces desconocida del satélite.

En ese momento la suerte dejó de sonreír a los soviéticos y tuvieron que esperar seis años para conseguir otro éxito importante, que una vez más fue espectacular. En Julio de 1969, la nave americana Apolo XI entró en orbita en la Luna y el Eagle se posó sobre la superficie de la Luna enviando a la Tierra una larga serie de fotografías y el famoso audio de Armstrong.

Si bien su virulencia no fue siempre la misma, la Guerra Fría mantuvo su vigencia hasta mediados de la década del ’80. La llegada de Gorbachov al gobierno de la Unión Soviética desencadenó un proceso de transformación en el sistema soviético, que escapó al control de sus impulsores. El resultado de ese proceso fue el fin del dominio soviético en Europa oriental, la caída del sistema comunista y el desmembramiento de la Unión Soviética; en síntesis, marcó el final de la Guerra Fría.

Una de las razones aducidas para explicar la decadencia del sistema soviético reside en su incapacidad para seguir el ritmo de las innovaciones tecnológicas e industriales de las economías de mercado occidentales, y para satisfacer las aspiraciones de consumo de la mayoría de sus habitantes. Las innovaciones tecnológicas occidentales que se generalizaran a partir de la década del 70 abarcaron un conjunto de áreas y sectores industriales diversos. En el corazón de dichas innovaciones se encontraba un notable esfuerzo de aplicación del conocimiento científico al terreno productivo y de mejoramiento constante de los sistemas de producción y distribución. En este último aspecto descolló Japón, que tuvo la capacidad para adaptar exitosamente desarrollos tecnológicos extranjeros, generalmente estadounidenses, al proceso productivo.

La crisis económica de principios de la década del 70 no sólo impulsó esta nueva ola de desarrollo tecnológico sino que también puso sobre el tapete la cuestión de los límites al crecimiento y el problema del medio-ambiente, que tomaron creciente importancia en la agenda de problemas internacionales y en la conciencia de las mujeres y los hombres de todo el mundo.

Batalla de Stalingrado Invasion alemana a Rusia Hitler ataca Rusia

Batalla de Stalingrado Invasión Alemana a Rusia

BATALLA DE STALINGRADO: El 22 de junio de 1941, Alemania invadió la Unión Soviética, su mayor error. Hitler y los mandos militares pensaban que sería una campaña breve que decidiría la guerra. Los alemanes ocuparon un gran territorio, pero sin ninguna victoria decisiva y con apuros invernales. Después de la primera paralización de Stalin, Rusia organizó un ejército llamando a la “guerra patriótica”, justificada por la brutalidad del invasor.

Las causas del enfrentamiento con Rusia provienen de las irreconciliables diferencias entre las ideologías de ambas naciones, además de la política y el sueño hitleriano del ” espacio vital ” que tanto ansía Hitler para que la población alemana se desarrolle sin límites. Bajo estas condiciones Adolfo Hitler lanza un violento ataque contra la unión soviética teniendo que pelear en frentes occidentales tanto orientales y sin embargo, consigue un incontenible avance hasta llegar a Stalingrado en 1943, misma que estuvo a punto de caer, salvada solo por el cruel general invierno, el mismo que haría morder el polvo a Napoleón.

Moscú fue atacada en octubre de 1941, un mes después de que empezase el sitio de Leningrado. La llamada «Operación Tifón” El ejército expedicionario alemán volcó todo su potencial en este ataque, pero los soldados estaban exhaustos, los suministros eran insuficientes y las tropas soviéticas hicieron gala de una extraordinaria determinación para salvar a la ciudad.

Gracias a la desesperada reorganización del ejército soviético, a un mando más eficiente y al titánico esfuerzo del pueblo soviético, los rusos lograron darle la vuelta a la situación. El hecho de que Stalin permaneciese en Moscú durante la batalla contribuyó enormemente a elevar la moral de los soviéticos. Los gritos de «Stalin está con nosotros» podían oírse en las calles. Cuando el Ejército Rojo contraatacó, en diciembre de 1941, los alemanes fueron expulsados de Moscú.

Para Hitler, Stalingrado era importante porque necesitaba proteger los campos petrolíferos de Rumania, de los que dependía todo su imperio del este. Esta batalla duró desde agosto de 1942 a febrero de 1943. El Ejército Rojo sólo empezó a ganar terreno a partir de noviembre de 1942, cuando rodeó al 60 Ejército alemán. Los jefes militares alemanes que dirigían la campaña pidieron autorización para lanzarse a un ataque que rompiese el sitio, pero Hitler les ordenó seguir donde estaban y hacer frente al Ejército Rojo desde una posición defensiva.

Hitler se proponía abastecer a los soldados sitiados desde el aire. El 60 Ejército necesitaba diariamente provisiones, municiones y otros suministros por un peso total de entre 1.600 y 2.600 toneladas, pero el comandante en jefe de la Luftwaffe, el mariscal Hermann Góring, recibió la orden de enviar sólo 300 toneladas diarias. En los últimos días la media diaria fue de 100 toneladas. Antes del final de aquel año, las tropas alemanas atrapadas morían de desnutrición, hipotermia y enfermedades tales como el tifus, las fiebres tifoideas y la disentería. (imagen: H. Góring)

El 10 de enero de 1943, como quiera que los alemanes se negasen de nuevo a rendirse, el Ejército Rojo atacó en la que acaso fue la batalla más sangrienta de toda la guerra. El 99 % de la ciudad de Stalingrado resultó destruida; y de sus 500.000 habitantes, sólo quedaron 1.500 después de la batalla.

Las bajas militares también fueron muy elevadas por ambos bandos. Murieron 500.000 soldados soviéticos, además de 150.000 alemanes y rumanos. Pero la cifra de muertos no se detuvo tras el final de la batalla, porque de los 91.000 alemanes hechos prisioneros, más de 50.000 murieron de hambre y de frío a lo largo del mes siguiente. El 60 Ejército de Hitler había sido prácticamente aniquilado. En palabras del generalSiegfried Westphal: «Jamás un ejército tan grande tuvo un final tan aterrador en toda la historia de Alemania».

Estas derrotas fueron muy amargas para los alemanes. Pero lo peor estaba por llegar. En las vastas llanuras de Rusia central los alemanes lanzaron la «Operación Ciudadela», conocida también como «la batalla de Kursk». Hitler tenía especial interés en conseguir la victoria en Kursk, porque le permitiría destruir dos frentes rusos en una sola batalla. También creyó que era un momento favorable para atacar. Los aliados no habían invadido Francia, como él creyó que harían, y esto le permitió disponer de algunas tropas de reserva. Además, estaba convencido de que sus unidades de panzers eran superiores a los tanques rusos. Para el ejército alemán, la «Operación Ciudadela» era una oportunidad de desquitarse de las humillantes derrotas en Moscú (1941) y Stalingrado (1942).

La batalla duró cincuenta días, desde el 5 de julio al 23 de agosto de 1943, y en ella se utilizaron más tanques, morteros, cañones y aviones que en cualquier otra de la Segunda Guerra Mundial. Participó un tercio de todas las divisiones que los alemanes tenían destacadas en el frente oriental.

Fue un ataque en tenaza, con dos cuñas alemanas que partieron de OriolKursk y Belgorod-Járkov, enviadas para conquistar las lomas de Kursk, un área de 65.000 kilómetros cuadrados que seguía en poder de las tropas soviéticas. También en esta ocasión los alemanes habían aventurado una rápida victoria que, al no producirse, les dejó mal preparados para una batalla de desgaste. En Kursk, el Ejército Rojo demostró su superior movilidad. Mientras que los alemanes dependían del ferrocarril para el transporte de sus divisiones, los rusos pudieron trasladar a sus tropas con flotas de camiones. La utilización de las carreteras dio a los rusos mayor velocidad y flexibilidad. El Ejército Rojo pudo asimismo sustituir los tanques perdidos en la lucha con mucha mayor rapidez que los alemanes.

A la postre, Hitler ordenó interrumpir la campaña, aterrado por las noticias de que los aliados habían desembarcado en Sicilia y de que Italia se disponía a abandonar la guerra. Además, Alemania necesitaba desesperadamente sus tropas en el Mediterráneo. La derrota de los alemanes en Kursk fue aplastante. Los colocó a la defensiva, dio la iniciativa a los soviéticos y resquebrajó la moral alemana. A partir de entonces, los militares alemanes tuvieron la premonición de que la derrota era inevitable. En palabras del capitán general Heinz Guderian, jefe de la junta de Jefes de Estado Mayor entre 1944 y 1945: «Innecesario es decir que los rusos explotaron a fondo su victoria. Ya no habría más períodos de calma en el frente oriental. En adelante, el dominio del enemigo fue incontestable». La batalla de Kursk significó el principio del fin de la guerra en el frente oriental.

Venganza: Una combinación de tácticas superiores, mejor utilización del material y espíritu de lucha, además de la combatividad de los partisanos, condujo a la victoria soviética. Después de la derrota alemana en Stalingrado, el conflicto se reanudó en dirección contraria. Las tropas alemanas fueron gradualmente empujadas hasta ser expulsadas de la Unión Soviética. En su persecución de los enemigos alemanes, el Ejército Rojo participó en atrocidades masivas. Algunas de las peores se cometieron en Ucrania y en Bielorrusia. En estos territorios, la violencia estalló incluso antes de la entrada del Ejército Rojo. El colapso de la administración polaca significó que el soterrado odio étnico y de clase emergiese con toda su virulencia. Los polacos, los panspolacos o beloruchi, fueron atacados con saña por los campesinos y los obreros, porque al considerarlos capitalistas y terratenientes los consideraban también enemigos de clase.

En las calles gritaban esta consigna: «A los polacos, a los pans y a los perros…hay que matarlos como perros».  Y El Ejército Rojo aprobó estas actividades. A medida que los soldados soviéticos avanzaban hacia el oeste y se adentraban en territorio alemán, se entregaron a una terrible venganza. La pauta la marcó el primer pueblo alemán que encontraron, Nemmersdorf, en el este de Prusia. Las tropas soviéticas entraron el 22 de octubre de 1944 y violaron, mutilaron y mataron a todas las mujeres. A algunas las abrieron en canal. A los prisioneros de guerra y a los obreros polacos los castraron.

Similares episodios de brutalidad tuvieron lugar en toda la Alemania ocupada por los soviéticos. Cuando las tropas soviéticas conquistaron Berlín, en mayo de 1945 después de largos y sangrientos meses de lucha, el pillaje, el asesinato y la violación a cargo de las fuerzas ocupantes fueron parte de la vida cotidiana de los berlineses. Del terror que sufrieron las mujeres alemanas da idea una brutal estadística: en algunos distritos de Berlín, el porcentaje de suicidios de las mujeres llegó al 21,5 %. 

Resumen del Conflicto: En junio de 1942, el ejército alemán lanzó una gran ofensiva en el frente del este para hacerse con los campos petrolíferos del Cáucaso y la ciudad de Stalingrado, centro de la industria militar soviética. En noviembre, el general Friedrich Paulus había conquistado casi toda la ciudad, obligando a las fuerzas soviéticas a retirarse hacia el río Volga después de feroces combates casa por casa.

Pero el 19 del mismo mes, el ejército soviético lanzó un fortísimo contraataque para romper el frente por norte y sur, que acabó cercando a los alemanes. Hitler ordenó a sus hombres no abandonar la plaza y prohibió la rendición. El general Friedrich Paulus y sus soldados resistieron un asedio de siete semanas.

El 2 de febrero de 1943, exhaustos, consumidos por el frío, las enfermedades y el hambre, los restos del VI Ejército alemán, con Paulus a la cabeza, se rindieron al mariscal Zhukov. Cuando Hitler lo supo, montó en cólera.

El Ejército Rojo hizo prisioneros a más de 90.000 alemanes, que emprendieron un penoso camino hacia los campos de concentración de Siberia. La derrota en Stalingrado marcó el inicio del hundimiento alemán en el frente ruso.

QUE PENSABAN LOS ALIADOS RESPECTO A LA INVASIÓN ALEMANA A RUSIA:

En aquel dramático junio de 1941, cuando 170 divisiones alemanas y otras muchas aliadas iniciaron sin declaración de guerra el asalto contra la Unión Soviética, se oyeron numerosas voces del mismo tenor. Aquel circunstancial aliado condenado a morir —¿no se expresaba un deseo más o menos subconsciente?— sólo podía servir para “ganar tiempo”.

Si la confianza de Hitler en los resultados de la invasión fue absoluta, no lo fue menos la seguridad con que las máximas autoridades militares de Londres y Washington vaticinaron el fin de la Unión Soviética. . . y el socialismo. E! estado mayor británico informó a su gobierno que “el nuevo esfuerzo nazi exigiría de seis a ocho semanas”, Y el secretario norteamericano de Guerra, H. L Stimson, comunicó al presidente Roosevelt que “Alemania estaría totalmente ocupada en el aplastamiento de Rusta durante un mínimo de un mes y un posible máximo de tres meses”. Predicciones análogas hacían los “entendidos” en la prensa británica y norteamericana.

Todos se equivocaron, desde luego. Y, al mismo tiempo que satisfacía contar con un aliado inopinadamente poderoso en la lucha contra la “voracidad” de Hitler, surgía el temor de lo que supondría una Unión Soviética victoriosa.

EL ATAQUE A RUSIA
Según Grigore Gafencu en “Guerra del Este”, 1945

“La idea de la guerra contra Rusia —que algunos políticos y ciertos militares alemanes había acariciado siempre, pero que no fue tomada seriamente en consideración por los dirigentes del Reich hasta la primavera de 1941— estaba, pues, enteramente condicionada por las necesidades de la lucha contra Inglaterra.

El problema de una campaña en el este se planteó en el espíritu del Führer con extrema claridad; necesitaba moverse a sus anchas en la guerra sin cuartel contra el enemigo británico; disponer de un extenso territorio, rico y fértil, para resistir mejor y por más tiempo en una “guerra de usura”, y permanecer solo hasta el fin; sobre todo al llegar éste. Tal idea tenía la ventaja de volver a Hitler a sus más caras teorías del Mein Kampf.

Satisfacía la necesidad de espacio extenso, ilimitado y, además, próximo y directamente unido al territorio del Reich; espacio que, por un esfuerzo de trabajo y de colonización del pueblo alemán, podía prolongar a la Gran Alemania hasta Crimea, el Cáucaso y aún más allá. Era el objeto de conquista más atrayente que los pequeños países europeos, pobres y díscolos, sin recursos y llenos de pretensiones, de los que era difícil conseguir —fueran cuales fuesen los métodos empleados por la potencia ocupante: brutalidad o tolerancia, violencia o persuasión— algo que no fuese odio, resistencia, incomprensión ni desprecio.

Instalado en Ucrania y en el Cáucaso, dueño de la tierra más fértil, del suelo más rico del mundo, disponiendo de un mar interior y dominando las grandes rutas que penetran en Asia o descienden hacia el golfo Pérsico y la India, el Reich no necesitaría más conquistas para tener a su merced no sólo a Europa, sino también a los otros continentes. Semejante perspectiva ofrecía tantas ventajas que incluso permitía entrever la posibilidad de una paz más fácil y más estrecha con la Gran Bretaña.

El efecto: si la resistencia británica se eternizaba, Alemania tendría siempre —puesto que dispondría de la riqueza y la inmensidad de los territorios rusos— posibilidad de apresurar la paz, renunciando a todas sus conquistas occidentales. Para lograr esa paz, que no pondría en litigio su potencia mundial, le convendría devolver su libertad a todo el oeste europeo, desde Noruega hasta la frontera española. De esta forma, la guerra del este suministraría a los alemanes una preciosa materia de cambio con la cual actuar a su antojo para conseguir la paz en el oeste.”

ALGO MAS….
LA HAMBRUNA EN LENINGRADO

El 17 de septiembre, el Führer ordenó el retiro de las divisiones panzer de los ejércitos del Norte, para desplazarlos junto con un contingente de tropas hacia el Sur, lo que implicaba que el ataque sobre Moscú sería iniciado, aun cuando Leningrado no estuviese derrotada.

El invierno se acercaba y los pronósticos señalaban que sería muy crudo. Los alemanes cesaron la ofensiva y se atrincheraron, pero continuaron con el fuego de artillería y los bombardeos aéreos, pues el área debía ser arrasada.

La preocupación se trasladó hacia el interior de la ciudad. Los primeros síntomas del hambre comenzaron a presentarse angustiosamente, como ocurre al cambiarse bruscamente de régimen alimenticio. Si bien durante las semanas anteriores el racionamiento había sido severo, en los días que siguieron al incendio de los almacenes Gostiny Vidor, fue haciéndose cada vez más riguroso.

Las punzadas que sentían los leningradenses en sus estómagos al ingerir sólo unas rebanadas de pan al día, los hacían desfallecer y cualquier esfuerzo, por mínimo que fuese, los dejaba exhaustos. Acostumbrarse a pasar hambre es un proceso que dura mucho tiempo, y los primeros días son los peores, hasta que pasa el dolor y es reemplazado por una debilidad y un desaliento que corroe el cuerpo y el alma. La contextura varía, adelgazándose paulatinamente, comenzando por la cara y los brazos y luego bajar a las piernas.

La gente empezó a buscar desesperadamente algo que llevarse a la boca, en un intento por mitigar los dolores y los verdaderos lamentos que emitían sus intestinos. Raspaban el pegamento de los papeles de los muros, algunos masticaban el papel, y otros comían el forraje de los caballos o también cola de carpintero. Los animales domésticos, como perros y gatos, poco a poco fueron desapareciendo…

El encargado de abastecimientos y una cuadrilla de jóvenes, lograron rescatar de entre los escombros de los almacenes quemados un par de miles de sacos de azúcar y de harina, elementos que estaban nauseabundos por el calor y la humedad a que habían sido expuestos, pero cada gramo era necesario, pues podían prolongar una vida.

El transporte de alimentos por el Ladoga utilizando navíos se efectuó hasta que quedó una décima parte de las 50 barcazas existentes, ya que los bombarderos alemanes vigilaban estrechamente las aguas del lago, por lo que los viajes debían realizarse de noche. Pero la travesía tomaba 16 horas y en algún momento quedaban expuestas a la luz del día y al fuego certero de los aviones enemigos. El sistema duró un mes, el de octubre, alcanzándose a trasladar en dicho lapso apenas diez mil toneladas de víveres, en circunstancias que sólo en harina la ciudad consumía más de quinientas toneladas por día.

UN PANORAMA DESOLADOR
Llegó noviembre y comenzó a nevar. El frío se agregaba al hambre, haciendo más lúgubre el ambiente de las casas y las calles de Leningrado. Los ancianos fueron las primeras víctimas, ya que cualquier dolencia que padecieran se agudizaba con la desnutrición.

Las tuberías del agua potable, ante la ausencia de calefacción en las casas, se fueron congelando, lo que obligó a que la gente tuviera que caminar penosamente hasta el Río Neva, que cruza la ciudad, para hacer un agujero en el hielo que ya estaba formándose sobre la superficie para extraer agua, la que se consumía sin hervirse, pues casi no existía leña ni otros combustibles para esos menesteres.

Las diarreas diezmaron ahora a los bebés. Por esta fecha ya se hablaba de más de trescientas muertes diarias causadas por el hambre. No existían féretros para las sepultaciones, pues toda la madera estaba requisada por el comisario de abastecimientos o era mantenida en secreto en algunas casas para procurarse un poco de calor o para calentar agua.

El espectáculo que ofrecían las calles era cada vez más siniestro: los trineos infantiles se utilizaban para llevar los cadáveres, envueltos en sábanas, hasta los cementerios. El pueblo parecía carecer de sentimientos, pues no se veía a nadie llorar en los entierros.

En el libro de Alexander Werth, “Rusia en la Guerra”, se lee un dramático recuerdo que esboza el Mayor Lozak, oficial de estado mayor del ejército ruso:

“Para llegar a mi puesto tenía que caminar tres kilómetros desde mi casa. Andaba unos cuantos metros y me sentaba a descansar. Y luego otra vez lo mismo. Muchas veces veía a alguien que, repentinamente, se desplomaba sobre la nieve. No se podía hacer nada, así que todos seguíamos nuestra marcha, pasábamos a su lado. Y al volver se observaba una forma humana vagamente cubierta de nieve, en el mismo lugar que en la mañana vimos derrumbarse una persona…”

A mediados de noviembre hubo de rebajarse todavía más las menguadas raciones de pan. 500 gramos diarios para los soldados que estaban en la primera línea; 300 gramos para los de retaguardia y para los obreros de las fábricas y 150 para el resto de los ciudadanos.

Síntesis 2° Guerra Mundial

La Sociedad de la Naciones Historia de la Creacion Guerra Mundial

FUNDACIÓN DE LA SOCIEDAD DE LAS NACIONES: (SDN)

La creación de una sociedad internacional que salvaguardara la paz del mundo era una idea apoyada en los principios del presidente Wilson de Estados Unidos, concretados en los Catorce Puntos promulgados en enero de 1918. Esta idea se centraba en el cumplimiento de tres grandes objetivos:

a) Asegurar la libertad individual mediante el desarrollo de las instituciones democráticas.
b) Conseguir la libertad nacional con base en el derecho de los pueblos a la autodeterminación.
c) Mantener la paz universal.

La Primera Guerra Mundial había demostrado que los sistemas reguladores de la vida internacional, prime-roel de Congresos propuesto en Viena en 1815, luego el de bloques inspirado por Bismarck, no habían puesto fin a uno de los azotes de la humanidad, el enfrentamiento armado entre las naciones.

Con la perfección técnica de las armas acuciaba encontrar un sistema arbitral. Algún diplomático pensó en el regreso al sistema de la Santa Alianza, el orden internacional regulado por las grandes potencias, pero su ideología reaccionaria resultaba inaplicable en un siglo de democracia.

En plena guerra, Woodrow Wilson se refirió en varias ocasiones a la necesidad de una organización internacional, con participación de todas las naciones, que garantizara la paz en el mundo. En su discurso al Senado el 22 de enero de 1917 alude a una “Liga para la paz”, y el último de sus catorce puntos (discurso al Congreso de 8 de enero de 1918) prevé la formación de una “asociación general de naciones”.

Inspirándose en las idealistas formulaciones del presidente norteamericano, el Tratado de Versalles recoge en su articulado el Pacto de la Sociedad de Naciones, que entra en vigor el mismo día que el Tratado, el 10 de enero de 1920.

La nueva institución se proponía el mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales. Aunque no prohibía el recurso a la guerra, los Estados miembros asumían ciertos compromisos de agotar primero todos los procedimientos pacíficos de solución de los conflictos (artículos 21 y siguientes).

Dos artículos ofrecen una especial complejidad interpretativa: el 10, que intenta definir la agresión, y el 16, que establece sanciones económicas y militares contra el Estado agresor. Pruebas de la casuística que provocaron son intentos de revisión a partir de 1924. Al no firmar el Pacto Estados Unidos, por oposición del Congreso, queda la flota inglesa como único instrumento para llevar a cabo las sanciones económicas.

Con su sede en Ginebra, la Sociedad de Naciones (SDN) montó su estructura orgánica a través de los siguientes organismos:

a) Asamblea General de todos los Estados miembros, que se reúnen anualmente.

b) Consejo de nueve miembros —más tarde 13—, de los cuales cinco son permanentes, a la manera de un directorio similar al establecido en el Congreso de Viena de 1815.

c) Secretario, que actúa de coordinador.

d) Tribunal Internacional de Justicia, con sede en La Haya.

e) Oficina Internacional de Trabajo (OIT), con personalidad jurídica independiente, encargada de defender los intereses de los trabajadores por medio de convenios internacionales.

Aunque se proponía ser una organización universal, su primera limitación fue su falta de universalidad, y aunque el inspirador había sido el presidente norteamericano, su primera ausencia trascendente fue la de Norteamérica. Los aliados se opusieron al ingreso de Alemania hasta 1926, y la URSS no fue admitida hasta 1934.

La cadena de agresiones-sanciones en los años 30 produjo la retirada de sucesivas potencias: Alemania y Japón en 1933, Italia en 1937. La URSS fue expulsada por su ataque a Finlandia en 1939. Efectivamente, nunca fue universal, ni consiguió evitar las anexiones y tendencias expansivas de los Estados totalitarios. Ni, sobre todo, pudo impedir la nueva conflagración mundial en 1939. Pero su balance no es negativo. No se limitó a ser una Santa Alianza de vencedores” , como la motejaron sus críticos. Solucionó algunos problemas internacionales con la aplicación de los mecanismos arbitrales de su articulado, constituyó una experiencia en la búsqueda de un nuevo orden mundial y algunas de sus instituciones han subsistido en la ONU de la segunda posguerra.

RELACIONES INTERNACIONALES DE ENTREGUERRAS:

Versalles no soluciona los complejos problemas que la guerra ha dejado como herencia; veinte años después, en 1939, se inicia otra contienda cuya capacidad de destrucción está potenciada por la modernización del aparato bélico. Las relaciones internacionales de estos veinte años de entreguerras ofrecen, por tanto, un particular interés para la historia de Europa. En conjunto la política internacional pasa por cuatro fases:

— Primera fase (1919-1924). Tensiones derivadas de la aplicación de las cláusulas de los Tratados de paz.

— Segunda fase (1925-1929). Tratado de Locarno; años de concordia, con la incorporación de Alemania a la Sociedad de Naciones y programas de renuncia a la guerra.

— Tercera fase (1929-1932). Está dominada por los recelos provocados por la insolidaridad durante la crisis económica.

— Cuarta fase (1932-1939). Tensiones de los años treinta, con la resurrección de los nacionalismos y la política exterior agresiva de los Estados fascistas, que derivan en bruscos cambios de alianzas, denominados por Pabón “virajes hacia la guerra

IMPOTENCIA DE LA SDN:

A partir del otoño de 1931 incidentes aislados demuestran la inoperancia de la Sociedad de Naciones. Los fracasos más resonantes son la crisis de Manchuria y el de la Conferencia de Desarme del año 1933.

La ocupación japonesa de Manchuria ha sido considerada como el primer eslabón de la política expansiva que desembocará en la Guerra del 39. Para Japón la necesidad de espacios se había convertido en imperiosa ante el crecimiento constante de su población. Un acontecimiento insignificante, el sabotaje de algún grupo chino a la línea férrea sur manchuriana, cuyo control correspondía a Tokyo según el Tratado de 1905, provoca la ocupación total de Manchuria y el nombramiento de un régimen títere. Las reclamaciones chinas y las recomendaciones de la Sociedad ginebrina no son escuchadas por el gobierno nipón.

Tokyo convoca en marzo de 1932 un plebiscito, controlado por el ejército de ocupación, proclama el Estado de Manchukúo, a cuya cabeza coloca al último emperador destronado de China, Po-Yi, y convierte el territorio en protectorado japonés. Se trata del primer capítulo en la expansión nipona por el continente.

Qué valor tendrían en lo sucesivo las resoluciones de la Sociedad de Naciones? Su único recurso, las sanciones, se reduce a medidas simbólicas de no aceptación de la moneda del nuevo Estado de Manchukúo en los pagos internacionales. Era claro que los conflictos no dependerían en lo sucesivo de acuerdos colectivos sino de las decisiones de las grandes potencias.

En 1933 el organismo ginebrino convoca una Conferencia de Desarme, a la que asiste Estados Unidos. Los rusos proponen la renuncia sin control a todo tipo de armamento, los americanos la reducción a un tercio del nivel existente, los ingleses la fijación de un nivel idéntico para las grandes potencias; los franceses, en el plan Herriot, la colocación del armamento pesado bajo control de la Sociedad de Naciones. No fue posible el acuerdo entre propuestas tan dispares.

Tras el fracaso de la Conferencia de Desarme las naciones se consideran con el derecho moral a volcar su potencia en el rearme. En esos meses un acontecimiento más grave, el inicio del régimen nazi en Alemania, va a definir, con el rechazo total del Tratado de Versalles y la política hitleriana de expansionismo territorial, una fase nueva en las relaciones internacionales, fase de tensión creciente y de conflictos que anuncian un nuevo enfrentamiento armado entre las naciones.

Una voz de esperanza había aparecido en el mundo. En mayo, el nuevo presidente norteamericano, Franklin Delano Roosevelt (foto) , hizo público un llamamiento a los jefes de los 54 Estados representados en la Conferencia para que no permitieran un fracaso, que sería letal para la paz y la estabilidad. No fue escuchado.

MUERTE DE WILSON

De una residencia de los alrededores de Washington, en la mañana del 3 de febrero, se puso en marcha un pequeño cortejo tras un furgón fúnebre. Woodrow Wilson, presidente de los Estados Unidos de Norteamérica hasta 1921, iba a recibir en la Casa Blanca el póstumo homenaje de sus conciudadanos. Discutido por amigos y adversarios, el desplazado de la vida política, el semiinválido a raíz de un ataque cerebral, afrontaba el juicio de la posteridad. Pero nadie podía discutirle que fue el primer mandatario que sacó a la República del Norte del aislacionismo, en los días difíciles de 1917. Un ideal de paz animó sus últimos años, y si la Sociedad de Naciones que inspirara no fue, como tampoco lo fue el tratado de Versalles, el fin de los males de la vieja Europa, esto ha de achacársele, más que a él, a la ambición de los hombres. Ciudadano honorario de diez naciones, vencedor de la gran conflagración en el 18, el mundo se inclinó, reverente, en la hora de su muerte y una multitud consternada y dolorida se sumó luego al humilde cortejo integrado por su familia y unos pocos amigos.

Fuente Consultada: Historia del Mundo Contemporáneo A. Fernández

Síntesis 2° Guerra Mundial