PLANETA

Ecuación de Drake Posibilidades de Vida Extraterrestre

La detección de vida en otro punto del universo sería el mayor descubrimiento de todos los tiempos. El profesor de física Enrico Fermi se preguntó por qué, teniendo en cuenta la y la vastedad del universo, así como la presencia de miles  millones de estrellas y planetas que han existido durante de millones de años, ninguna civilización alienígena se ha puesto en contacto con nosotros. Esta era su paradoja.

Mientras charlaba con sus colegas a la hora del almuerzo en 1950. Fermi, al parecer, se preguntó: «¿Dónde están?». Nuestra galaxia contiene miles de millones de estrellas y hay miles de millones de galaxias en el universo, así que hay billones de estrellas. Si sólo una pequeña fracción de ellas tuviera planetas, eso suponía un gran número de ellos. Si una parte de esos planetas albergaba vida, debería haber millones de civilizaciones ahí afuera. Así que, ¿por qué no las hemos visto? ¿Por qué no se han puesto en contacto con nosotros?

Así pensaba Carl Sagan, respecto a la vida extraterrestre: ¿hay alguien ahí fuera con quien hablar? ¿Es posible, habiendo una tercera parte o una mitad de un billón de estrellas en nuestra galaxia Vía Láctea, que la nuestra sea la única acompañada por un planeta habitado?.

Es mucho más probable que las civilizaciones técnicas sean una trivialidad, que la galaxia esté pulsando y vibrando con sociedades avanzadas, y por lo tanto que no esté muy lejos la cultura de este tipo más próxima: quizás esté transmitiendo con antenas instaladas en un planeta de una estrella visible a simple vista, en la casa de al lado.

Quizás cuando miramos el cielo nocturno, cerca de uno de esos débiles puntos de luz hay un mundo en el cual alguien muy distinto de nosotros esté contemplando distraídamente una estrella que nosotros llamamos Sol y acariciando, sólo por un momento, una insultante especulación.

Es muy difícil estar seguros. Puede haber impedimentos graves en la evolución de una civilización técnica. Los planetas pueden ser más raros de lo que pensamos. Quizás el origen de la vida no es tan fácil como sugieren nuestros experimentos de laboratorio. Quizás la evolución de formas avanzadas de vida sea improbable. 0 quizás las formas de vida compleja evolucionan fácilmente pero la inteligencia y las sociedades técnicas requieren un conjunto improbable de coincidencias: del mismo modo que la evolución de la especie humana dependió del fallecimiento de los dinosaurios y de la recesión de los bosques en la era glacial; de aquellos árboles sobre los cuales nuestros antepasados se rascaban y se sorprendían vagamente de algo. 0 quizás las civilizaciones nacen de modo repetido e inexorable, en innumerables planetas de la Vía Láctea, pero son en general inestables; de modo que sólo una pequeña fracción consigue sobrevivir a su tecnología y la mayoría sucumben a la codicia y a la ignorancia, a la contaminación y a la guerra nuclear.

Ecuación de Drake: En 1961, Frank Drake trasladó a una ecuación la probabilidad de que una civilización alienígena con la que pudiéramos contactar viva en otro planeta de la Vía Láctea. Se conoce como la ecuación de Drake. Nos dice que existe la posibilidad de que coexistamos con otras civilizaciones, pero la probabilidad es bastante incierta. Carl Sagan sugirió una vez que hasta un millón de civilizaciones alienígenas podrían vivir en la Vía Láctea, pero más adelante rechazó su propia afirmación, y desde entonces otros científicos han considerado que esa cifra se reducía a una civilización, concretamente, la humana.

 número de estrellas en la galaxia Vía Láctea;  fracción de estrellas que tienen sistemas planetarios número de planetas en un sistema dado que son ecológicamente adecuados para la vida, fracción de planetas adecuados de por sí en los que la vida nace realmente, fracción de planetas habitados en los que una forma inteligente de vida evoluciona, fracción de planetas habitados por seres inteligentes en los que se desarrolla una civilización técnica comunicativa; fracción de una vida planetaria agraciada con una civilización técnica. =N

FORMULA DE DRAKE: Es posible continuar explorando este gran tema y hacer una estimación basta de N, el número de civilizaciones técnicas avanzadas en la Galaxia. Definimos una civilización avanzada como una civilización capaz de tener radioastronomía. Se trata desde luego de una definición de campanario, aunque esencial. Puede haber innumerables mundos en los que los habitantes sean perfectos lingüistas o magníficos poetas pero radioastrónomos indiferentes. No oiremos nada de ellos. N puede escribirse como el producto o multiplicación de unos cuantos factores, cada uno de los cuales es un filtro y, por otro lado, cada uno ha de tener un cierto tamaño para que haya un número grande de civilizaciones:


Nt, número de estrellas en la galaxia Vía Láctea;
fp, fracción de estrellas que tienen sistemas planetarios,
ne, número de planetas en un sistema dado que son ecológicamente adecuados para la vida,
fj, fracción de planetas adecuados de por sí en los que la vida nace realmente,
f¡, fracción de planetas habitados en los que una forma inteligente de vida evoluciona,
fc, fracción de planetas habitados por seres inteligentes en los que se desarrolla una civilización técnica comunicativa; y
fL, fracción de una vida planetaria agraciada con una civilización técnic
a.

Esta ecuación escrita se lee N = N*. fp . ne . f1 . fi . fc . fL Todas las efes son fracciones que tienen valores entre 0 y 1; e irán reduciendo el valor elevado de N0.

Para derivar N hemos de estimar cada una de estas cantidades. Conocemos bastantes cosas sobre los primeros factores de la ecuación, el número de estrellas y de sistemas planetarios. Sabemos muy poco sobre los factores posteriores relativos a la evolución de la inteligencia o a la duración de la vida de las sociedades técnicas. En estos casos nuestras estimaciones serán poco más que suposiciones. Os invito, si estáis en desacuerdo con las estimaciones que doy, a proponer vuestras propias cifras y ver cómo afectan al número de civilizaciones avanzadas de la Galaxia. Una de las grandes virtudes de esta ecuación, debida originalmente a Frank Drake, de Cornell, es que incluye temas que van desde la astronomía estelar y planetario hasta la química orgánica, la biología evolutiva, la historia, la política y la psicología anormal. La ecuación de Drake abarca por sí sola gran parte del Cosmos.

Conocemos N*, el número de estrellas en la galaxia Vía Láctea, bastante bien, por recuentos cuidadosos de estrellas en regiones del cielo, pequeñas pero representativas. Es de unos cuantos centenares de miles de millones; algunas estimaciones recientes lo sitúan en 4 x 1011. Muy pocas de estas estrellas son del tipo de gran masa y corta vida que despilfarran sus reservas de combustible nuclear. La gran mayoría tienen vidas de miles de millones de años o más durante los cuales brillan de modo estable proporcionando una fuente de energía adecuada para el origen y evolución de la vida de planetas cercanos.

Hay pruebas de que los planetas son un acompañamiento frecuente de la formación de estrellas. Tenemos los sistemas de satélites de Júpiter, Saturno y Urano, que son como sistemas solares en miniatura; las teorías del origen de los planetas; los estudios de estrellas dobles; las observaciones de los discos de acreción alrededor de estrellas, y algunas investigaciones preliminares de las perturbaciones gravitatorias de estrellas cercanas. Muchas estrellas, quizás la mayoría, pueden tener planetas.

Consideramos que la fracción de estrellas que tienen planetas, es aproximadamente de 1/3. Entonces el número total de sistemas planetarios en la galaxia sería N. fp = 1,3 x 1011 (el símbolo = significa aproximadamente igual a ). Si cada sistema tuviera diez planetas, como el nuestro, el número total de mundos en la Galaxia sería de más de un billón, un vasto escenario para el drama cósmico.

En nuestro propio sistema solar hay varios cuerpos que pueden ser adecuados para algún tipo de vida: la Tierra seguro, y quizás Marte, Titán y Júpiter. Una vez la vida nace, tiende a ser muy adaptable y tenaz. Tiene que haber muchos ambientes diferentes adecuados para la vida en un sistema planetario dado. Pero escojamos de modo conservador ne = 2. Entonces el número de planetas en la Galaxia adecuados para la vida resulta
N. fp
ne = 3 x 1011.

Los experimentos demuestran que la base molecular de la vida, los bloques constructivos de moléculas capaces de hacer copias de sí mismas, se constituye de modo fácil en las condiciones cósmicas más corrientes. Ahora pisamos un terreno menos seguro; puede haber por ejemplo impedimentos en la evolución del código genético, aunque yo creo que esto es improbable después de miles de millones de años de química primigenio.

Escogemos f1=1/3, implicando con esto que el número total de planetas en la Vía Láctea en los cuales la vida ha hecho su aparición por lo menos una vez es N* fp ne f1 = 1 x 1011, un centenar de miles de millones de mundos habitados. Esta conclusión es de por sí notable. Pero todavía no hemos acabado.

La elección de fi y de fc es más difícil. Por una parte tuvieron que darse muchos pasos individualmente improbables en la evolución biológica y en la historia humana para que se desarrollara nuestra inteligencia y tecnología actuales. Por otra parte tiene que haber muchos caminos muy diferentes que desemboquen en una civilización avanzada de capacidades específicas.

Tengamos en cuenta la dificultad aparente que para la evolución de grandes organismos supone la explosión del cámbrico, y escojamosfi x fc = 1/100; es decir que sólo un uno por ciento de los planetas en los cuales nace la vida llegan a producir una civilización técnica.

Esta estimación representa un punto medio entre opiniones científicas opuestas. Algunos piensan que el proceso equivalente al que va de la emergencia de los trilobites a la domesticación del fuego se da de modo fulminante en todos los sistemas planetarios; otros piensan que aunque se disponga de diez o de quince mil millones de años, la evolución de civilizaciones técnicas es improbable.

Se trata de un tema que no permite muchos experimentos mientras nuestras investigaciones estén limitadas a un único planeta. Multiplicando todos estos factores obtenemos: N* fp ne f1 fi fc = 1 X 109, mil millones de planetas donde han aparecido por lo menos una vez civilizaciones técnicas. Pero esto es muy distinto a afirmar que hay mil millones de planetas en los que ahora existe una civilización técnica. Para ello tenemos que estimar también fL.

¿Qué porcentaje de la vida de un planeta está marcado por una civilización técnica? La Tierra ha albergado una civilización técnica caracterizada por la radioastronomía desde hace sólo unas décadas, y su vida total es de unos cuantos miles de millones de años. Por lo tanto, si nos limitamos a nuestro planeta fL es por ahora inferior a 1/108, una millonésima de uno por ciento. No está excluido en absoluto que nos destruyamos mañana mismo. Supongamos que éste fuera un caso típico, y la destrucción tan completa que ninguna civilización técnica más o de la especie humana o de otra especie cualquiera fuera capaz de emerger en los cinco mil millones de años más o menos que quedan antes de que el Sol muera.

Entonces N = N* fp ne f1 fi fc fL = 10 y en cualquier momento dado sólo habría una reducida cantidad, un puñado, una miseria de civilizaciones técnicas en la Galaxia, y su número se mantendría continuamente a medida que las sociedades emergentes sustituirían a las que acababan de autoinmolarse. El número N podría incluso ser de sólo 1.

Si las civilizaciones tienden a destruirse poco después de alcanzar la fase tecnológica, quizás no haya nadie con quien podamos hablar aparte de nosotros mismos, y esto no lo hacemos de modo muy brillante. Las civilizaciones tardarían en nacer miles de millones de años de tortuosa evolución, y luego se volatilizarían en un instante de imperdonable negligencia.

Pero consideremos la alternativa, la perspectiva de que por lo menos algunas civilizaciones aprendan a vivir con una alta tecnología; que las contradicciones planteadas por los caprichos de la pasada evolución cerebral se resuelvan de modo consciente y no conduzcan a la autodestrucción; o que, aunque se produzcan perturbaciones importantes, queden invertidas en los miles de millones de años siguientes de evolución biológica. Estas sociedades podrían vivir hasta alcanzar una próspera vejez, con unas vidas que se medirían quizás en escalas temporales evolutivas de tipo geológico o estelar.

Si el uno por ciento de las civilizaciones pueden sobrevivir a su adolescencia tecnológica, escoger la ramificación adecuada en este punto histórico crítico y conseguir la madurez, entonces fL = 1 / 100, N= 107, y el número de civilizaciones existentes en la Galaxia es de millones. Por lo tanto, si bien nos preocupa la posible falta de confianza en la estimación de los primeros factores de la ecuación de Drake, que dependen de la astronomía, la química orgánica y la biología evolutiva, la principal incertidumbre afecta a la economía y la política y lo que en la Tierra denominamos naturaleza humana. Parece bastante claro que si la autodestrucción no es el destino predominante de las civilizaciones galácticas, el cielo está vibrando suavemente con mensajes de las estrellas.

Estas estimaciones son excitantes. Sugieren que la recepción de un mensaje del espacio es, incluso sin descifrarlo, un signo profundamente esperanzador. Significa que alguien ha aprendido a vivir con la alta tecnología; que es posible sobrevivir a la adolescencia tecnológica. Esta razón, con toda independencia del contenido del mensaje, proporciona por sí sólo una poderosa justificación para la búsqueda de otras civilizaciones.


Si hay millones de civilizaciones distribuidas de modo más o menos casual a través de la Galaxia, la distancia a la más próxima es de unos doscientos años luz. Incluso a la velocidad de la luz un mensaje de radio tardaría dos siglos en llegar desde allí. Si hubiésemos iniciado nosotros el diálogo, sería como si Johannes Kepler hubiese preguntado algo y nosotros recibiéramos ahora la respuesta.

Es más lógico que escuchemos en lugar de enviar mensajes, sobre todo porque, al ser novicios en radioastronomía, tenemos que estar relativamente atrasados y la civilización transmisora avanzada. Como es lógico, si una civilización estuviera más avanzada, las posiciones se invertirían.

Más de medio siglo después de que Fermi planteara su pregunta, todavía no hemos oído nada. A pesar de nuestros sistemas de comunicación, nadie ha llamado. Cuanto más exploramos nuestro vecindario local, más solitario parece. Ni en la Luna, ni en Marte, ni en asteroides ni en los planetas del sistema solar exterior se ha encontrado rastro alguno de signos concretos de vida, ni siquiera de la bacteria más simple. Tampoco hay signos de interferencia en la luz de las estrellas que pudieran indicar máquinas gigantes orbitando a su alrededor y cosechando energía de ellas. Y no es porque no haya mirado nadie. Dado lo que está en juego, se presta mucha atención a la búsqueda de inteligencia extraterrestre.

Búsqueda de vida ¿Cómo saldríamos a buscar signos de vida? La primera manera es buscar microbios en nuestro sistema solar. Los científicos han escudriñado las rocas de la Luna, pero son basalto inanimado. Se ha sugerido que los meteoritos de Marte podrían contener vestigios de bacterias, pero todavía no se ha probado que las burbujas ovoides de esas rocas hayan albergado vida alienígena o no se hubieran contaminado después de haber caído a la Tierra, o bien que se hayan producido por procesos naturales.

Las cámaras de naves y sondas han recorrido las superficies de Marte, de asteroides y ahora incluso de una luna del sistema solar exterior (Titán, que órbita Saturno). Pero la superficie de Marte está seca, y la de Titán está empapada de metano líquido y, por ahora, desprovista de vida. Europa, una luna de Júpiter, puede albergar mares de agua líquida debajo de su superficie congelada. Por tanto, el agua líquida tal vez no sea un artículo extraño en el sistema solar exterior, lo que aviva las esperanzas de que pueda encontrarse vida algún día.

Sin embargo, los microbios no van a venir a llamar a nuestra puerta. ¿Y qué hay de los animales o plantas más sofisticados? Ahora que se están detectando planetas alrededor de estrellas lejanas, los astrónomos planean diseccionar la luz que proviene de ellos en busca de algún vestigio de vida.

Fuente Consultada: COSMOS Carl Sagan

EL Tamaño del Universo Distancias del Sistema Solar Planetas

Si se pudiera reducir el globo terráqueo al tamaño de una manzana, el hombre mediría en proporción una cienmilésima parte de milímetro. Ante él cualquier ínfimo bacilo o bacteria alcanzaría dimensiones verdaderamente monstruosas. Por otra parte, como el Sol es una esfera de materia incandescente, que supera en ciento nueve veces el diámetro de la Tierra, si mantuviéramos las proporciones anteriores este Sol estaría representado por un globo de nueve metros de diámetro, situado a casi 1 Km. del planeta que, con el tamaño de una manzana, significaría la Tierra. Pero en los límites de la familia solar, Plutón, el último y más distante de los planetas, figuraría como una bola de billar a 40 kilómetros del citado Sol de! ejemplo.

Ahora bien; sobre la bóveda infinita del espacio brillan las estrellas, enormes masas globulares de gases ardientes. La más próxima, denominada Alfa del Centauro, es otro sol similar al que nos ilumina, con casi su mismo peso y dimensiones. Al igual que todas las estrellas. Alfa del Centauro no permanece inmóvil. Surca el firmamento a una velocidad de 22 kilómetros por segundo, y debido a la enorme distancia que nos encontramos de ella, solamente a lo largo de siglos se apreciaría un movimiento casi imperceptible, puesto que dista de nosotros ¡42 billones de kilómetros!

Si se aplicara a esta distancia la misma proporcionalidad que se empleó al equiparar la Tierra con una manzana y se viera dónde habría que situar la estrella vecina, como se hizo con la distancia del Sol y Plutón, saltaría a la vista la imposibilidad de concretar el objetivo, ya que se necesitaría para esta escala un mapa de unos 260.000 kilómetros de amplitud, es decir, casi las dos terceras partes de nuestra distancia al satélite de la Tierra. Se puede comprobar, de este modo, que la proporción entre la estatura de un ser humano y su distancia a la estrella más cercana es igual a la que existe entre un organismo ultramicroscópico y 260.000 kilómetros.

Un poco más distante, otra brillante estrella de azul tonalidad atrae nuestra atención. Se trata de Sirio, notable por su magnitud en el espacio y por una estrellita que la acompaña y que constituyen con aquélla un sistema físico similar al que forman los planetas del sistema solar El diámetro de Sirio es 1,8 veces el del astro mayor, lo que no significa mucho; sin embargo, situado en el lugar de éste proporcionaría 40 veces más luz y calor del que actualmente suministra.

El misterio revelado
Con respecto a la diminuta estrella que gira en torno de Sirio corresponde aclarar someramente su singular historia. Poco luminosa y lejana, fue ignorada durante siglos por los estudiosos, quienes por razones de tipo especulativo intuían su existencia. Intentaremos explicarlo: la altura del Sol sobre ei horizonte varía con la hora del día; del mismo modo, respecto del movimiento de las estrellas se puede establecer exactamente la hora correspondiente a un momento determinado.

Debido a su gran luminosidad Sirio era utilizada por los astrónomos como estrella horaria. Pero en el firmamento ésta resultaba un astro poco puntual, que se retrasaba o adelantaba temporalmente. Observaciones posteriores permitieron constatar que la estrella describía en el firmamento una levísima órbita elíptica. Sin duda alguna, un astro perturbador, aún invisible, era el causante, con la atracción de su masa, del titubeante comportamiento de Sirio. Apelando a la ley de la gravitación universal se admitió la existencia de un nuevo astro, cuya órbita y posición fueron determinadas en 1850 por el astrónomo alemán Frederick Peters.

En 1862, mediante el uso de un anteojo, a la sazón recién fabricado, se lo descubrió inesperadamente y comenzó a plantearse un nuevo interrogante referido a la especial naturaleza de la materia que lo compone.

La incógnita fue revelada en 1924, cuando el astrónomo estadounidense Walter Adams, empleando el interferómetro de Michelson, logró la doble comprobación del efecto Einstein, y la confirmación de la extraordinaria densidad (23.000 veces más que la del platino) de la diminuta estrella. El “misterio” de la substancia radicaba en lo siguiente: en tamaño, el satélite de Sirio es sólo tres veces más grande que la Tierra, pero su masa es casi igual a la del Sol.

A fin de que toda esta materia pueda caber en tan escaso volumen hay que someterla a una intensa presión, comprimirla enormemente. Los átomos, elementos que componen toda materia, tienen un límite de resistencia mecánica, tras lo cual son deshechos en un confuso montón de núcleos y electrones que invaden y desbordan los espacios interatómicos. Roto el equilibrio interno del átomo, los espacios vacíos son cubiertos por los componentes de otros átomos triturados.

Así, el espacio ocupado disminuye y por lo tanto la densidad media (relación entre volumen y masa) se acrecienta. Era éste, pues, el íntimo secreto que guardaba en su seno la estrella más brillante del cielo.

La “fuga” del universo
Se se miden las velocidades de esos universos-islas se llega a la conclusión de que parecen alejarse entre sí, acrecentando su velocidad a medida que se van distanciando. Esta fuga desordenada no afecta las dimensiones propias de las galaxias, que, alejándose, siguen conservando su tamaño.

Habida cuenta de esto, y calculando el tiempo necesario para que todas esas islas estelares volvieran a juntarse marchando a idéntica velocidad, pero inversamente, se necesitarían unos 13.000 millones de años para volver a reunirse en un conjunto de estrellas distribuidas en un solo universo de manera uniforme.

Si a partir de este conjunto único de densidad estelar se han condensado en grupos de estrellas de modo similar a como suponemos que el gas primitivo se fue condensando en estrellas, sigue aún en pie uno de los tantos interrogantes que se plantea la astronomía, para cuya respuesta el hombre acude con su ciencia al más allá.

Con el misterio de la creación ha quedado atrás en el tiempo y sumida en las sombras del espacio, a 1.500millones de años de luz, una imperceptible manchita nebulosa: es nuestro universo. Confundido entre corpúsculos titilantes hay un sol que nos es familiar, y como un punto minúsculo, donde el hombre lucha por penetrar en el misterio de lo infinito, está la Tierra, nuestro planeta.

La mediciones indicadas mas abajo van variando según se logran técnicas
e instrumentos mas precisos para su medición

Magnitud
Visual
Distancia
Años-Luz
Diámetro
Años-Luz
Vía Láctea 97.800
Nube de Magallanes (mayor) 0,9 156.480 32.600
Nube de Magallanes (menor) 2,5 182.560 26.080
Sistema de la Osa Menor 228.200 3.260
Sistema del Escultor 8,0 270.580 7.170
Sistema del Dragón 326.000 4.560
Fornax 8,3 619.400  21.520
Sistema del León II 12,04 749.800 5.220
Sistema del León I 12,0 912.800 4.890
NGC 6822 8,9 1.500.000 8.800
NGC 147 9,73 1.858.000 8.780
NGC 185 9,43 1.858.000 7.500
NGC 205 8,17 2.217.000 16.300
NGC 221 (M 32) 8,16 2.217.000 7.820
IC 1613 9,61 2.217.000 15.300
Andrómeda (M 31) 3,47 2.217.000 130.400
NGC 538 (M 33) 5,79 2.347.200 55.420
Maffei I 11,0

3.260.000

 

Estrella Constelaciones Magnitud
Aparente
Distancia
Año-Luz
Sirio +
Canope +
Rigil Kent
Arturo
Vega
Rigel +
La Cabra +
Proción
Achernar
Hadar +
Altair.
Aldebarán +
Acrux +
Betelgeuse + + +
Antares +
La Espiga +
Pólux
Fomalhaut
Deneb
Mimosa
Régulo +
Adhara +
Bellátrix
Shaula
Alnath
Alfa del Can Mayor
Alfa de Argos (Carina) .
Alfa del Centauro
Alfa del Boyero
Alfa de la Lira
Beta de Orión
Alfa del Cochero (Auriga)
Alfa del Can Menor
Alfa de Erídano
Beta del Centauro
Alfa del Águila
Alfa del Toro
Alfa de la Cruz del Sur
Alfa de Orión
Alfa del Escorpión
Alfa de la Virgen
Beta de los Gemelos
Alfa del Pez Austral
Alfa del Cisne
Beta de la Cruz del Sur
Alfa del León
Epsilón del Can Mayor
Gamma de Orion
Lamda del Escorpión
Beta del Toro
-1,47
-0,71
-0,27
-0,06
0,03
0,08
0,09
0,34
0,49
0,61
0,75
0,78
0,80
0,85
0,92
0,98
1.15
1.16
1,26
1,28
1,33
1,42
1,61
1,61
1,64
8.7
300
4
36
26
850
45
11
75
300
16
65
270
650
400
220
35
23
.500
370
85
620
450
300
270
(+):Estrella Doble  (+++): Estrella Variable

Fuente Consultada: Mundorama Geografía General Tomo I

El Vuelo de Gordon Cooper Faith 7 Viajes de la Exploración Espacial

Historia de la Exploración Espacial El Vuelo de Gordon Cooper Faith 7

El vuelo espacial de la “Faith 7”, además de ser el primero de importancia (en relación con los efectuados por los soviéticos), resultó de suma trascendencia ya que dio respuesta a distintos interrogantes.

Asimismo, su tripulante, Gordon Cooper, fue él primer astronauta que debió prescindir para el reingreso a la atmósfera y descenso en la Tierra del sistema automático maniobrado desde el centro espacial, resolviendo un problema estimado en ese entonces de la mayor gravedad.

Cooper estaba llamado a realizar luego proezas relevantes en el programa Géminis (junto a Conrad completó 120 órbitas), .pero fue, sin duda, en aquellos días de mayo de 1963. cuando resultó de una utilidad mayor para los técnicos y científicos de la NASA. Por otra parte, develó un enigma que se mantenía desde el vuelo de Johh Glenn: la presencia de partículas luminosas que, a manera de luciérnagas, seguían o aparecían cerca de las cápsulas espaciales.

Cooper demostró que no se trataba de partículas congeladas que se desprendían del vehículo —como se supuso en un primer momento— Sino que provenían de los pequeños motores de reacción de la cabina

Por todas estas circunstancias, trataremos de revivir los momentos vividos a bordo de la “Faith 7”, cuyas 22 orbitas indicaron que las diferencias se estaban acortando en relación con la URSS, no obstante que en ese mismo año, 1963, la astronáutica soviética seguiría sorprendiendo al mundo  con nuevos éxitos.

UN INSTANTE DRAMÁTICO: El lanzamiento se cumplió sin inconvenientes el 15 de mayo, en las condiciones Casi cosmonauta dentro de la cápsulade rutina en el centro espacial norteamericano. Lo que distó de ser “rutina” fueron las cosas que le ocurrieron al cosmonauta dentro de la cápsula. (imagen )

El primer problema se produjo en las instalaciones de eliminación de vapor de agua que se condensaba en el interior de su pesado traje de vuelo. Tuvo que accionar durante más tiempo que el previsto una bomba especial pero, aún así, el agua se acumuló en la escafandra, molestándolo bastante. A pesar de este inconveniente, realizó otro de los objetivos previstos lanzando un satélite: una pequeña esfera luminosa que tomó una órbita muy cercana a la de la astronave.

En la cuarta órbita, preocupado en la atención de otros aspectos de su misión, Cooper observó de pronto un resplandor atravesando la noche, Esto le causó un breve sobresalto hasta que comprobó que, simplemente, se trataba de dicho satélite.

Por un momento, supuso que se trataba de un cohete que pudiera haber sido disparado desde Tierra y no precisamente desde territorio norteamericano. Posteriormente estudió el misterio de las “luciérnagas” logrando establecer su procedencia.

Luego se dedicó a dormir. Sus periodos de sueño no superaron una hora, aunque posteriormente declaró que no recordaba nada de sus “siestas” en el espacio. Al despertaste se sintió un poco confuso, y por un momento no supo si se hallaba en un vuelo simulado; en la punta del cohete Atlas aguardando el momento de la partida o en su propia casa. Esta confusión fue la causa de que en tierra se le registrase una aceleración del pulso y una mayor presión sanguínea.

Durante las 34 horas 20 minutos que estuvo volando a alturas oscilantes entre los 161 (perigeo) y 272 kilómetros (apogeo) tuvo perfecta visibilidad y reconoció sin mayor esfuerzo los distintos accidentes geográficos que abarcaba su campo visual.

LA FALSA SEÑAL:

En la órbita 18, a 28 horas 59 minutos desde el momento del lanzamiento, una falla eléctrica dejó a oscuras la cabina. Cooper debió apelar a todas sus reservas para mantener la serenidad y solucionar el desperfecto. Cuando volvió la luz, advirtió que se habla encendido espontáneamente la “05G”. Esta solo debía encenderse cuando la nave espacial registrara el primer indicio de gravitación, o sea una vigésima parte de la gravedad terrestre. En consecuencia, de ser cierto lo que estaba viendo el astronauta, su nave habla comenzado a descender (lo cual era falso).

El mismo Cooper relatara la tremenda experiencia: “Al principio pensé que simplemente no le haria caso, pero luego decidí que eso no me convenía, pues el problema no se resolverla solo.” Al confirmársele que no estaba reingresando a la atmósfera terrestre, demostración de que el sistema, automático no funcionaba bien, realizó algunas pruebas. Así llegó a la conclusión de que dicho sistema, más que dañado, en realidad había dejado de funcionar. Asimismo, al fallas  del dispositivo eléctrico que dejó a oscuras la cabina, todos los controles automáticos quedaron eliminados (“Entonces decidí que reingresaría prescindiendo de todo lo que no fuera el instrumental manual”).

Tomar este tipo de decisiones “allá abajo”, en nuestro mundo, puede revelar un mayor o menor  grado de rapidez mental. Pero hacerlo a más de 200 kilómetros de altura sin saber si el vehiculo en el que se viaja está  o no cayendo o puede precipitase, convertido en una tea, en cualquier momento resulta sin duda una experiencia estremecedora.”

Y quien la pasa, revela un temple mucho más allá de lo común, casi sobrehumano. Lo importante es que la decisión confirmó algo que estaba previsto, pero no demostrado:hasta que punto el entrenamiento puede convertir a un hombre en un ser capacitado para las anís fantásticas empresas.

Cooper se mantuvo sereno. En Tierra no se registró una sola pulsación que demostrara temor frente al riesgo. Tranquilamente cumplió la órbita 22 estipulada y, de inmediato, anunció que descendería. Manualmente disparó los retrocohetes. La cana del cono apuntó hacia la superficie del planeta. Y allá fue.. (“La multiplicación de la fuerza de la gravedad al reingresar no presentó ningún problema. La oscilación no fue objetable. La maniobra resultó lo más fácil del mundo. … en verdad, más fácil de lo que  esperaba. Al soltar el paracaídas de estabilización, este se abrió con un traqueteo, un rugido y un golpe sordo…”)-

UN BARCO TRASTORNADO

Descendió muy cerca del portaaviones “Kearsarge”. En las partes altas de la nave, la marinería le saludaba agitando sus gorras “(Yo suponía, mejor aún, estaba seguro de que el barco se trastornaría”). Se sintió muy bien al comienzo, pero mientras le tomaban la presión sanguínea experimentó un ligero vahido.  Le tomaron de los brazos para que no cayese, y enseguida volvió a sentirse bien, Luego bebió varios litros de liquido (“Estaba completamente deshidratado y con una sed increíble”).

Más tarde fueron los agasajos, los honores, la familia, El astronauta que había estado más cerca de la muerte; el que abrió los caminos para la gloria de otros de sus camaradas, volvió a vivir. Una trampa del destino quedó atrás.

En la dimensión fantástica de la “era espacial”, una coincidencia sellé los avances prodigiosos de poco más de una década. Cooper cumplió su vuelo casi exactamente a 36 años del día en que Charles Lindbergh, en su “Sprit of Saint Louis” saltaba sobre el océano en vuelo sin etapas para unir Nueva York con Paris. ‘El Águila Solitaria”, en 33 horas 29 minutos, volando a lo largo de 5800 kilómetros, abrió un camino en una fecha en la que Cooper tenía dos meses de edad. El intrépido de la “Faith 7”, en sus 22 órbitas, habla cubierto 960.000 kilómetros, los suficientes, para ir y volver a la Luna, Y todo ello en una hora más que el asombroso piloto de aviones correo que estremeció al mundo con su hazaña.

John Glenn Primer Americano en Orbitar Terrestre Carrera Espacial

John Glenn Primer Americano en Orbitar Terrestre Carrera EspacialEL VUELO DEL CORONEL GLENN:
El 20 de febrero de 1962 los norteamericanos, después de haberlo aplazado varias veces y anunciado sin reserva a todo el mundo, pusieron en órbita el cohete Friendship VII que llevaba una cápsula dentro de la cual se encontraba el astronauta piloto John H. Glenn de 40 años de edad.

A la hora prevista la cápsula se desprendió de los cuerpos del cohete Atlas y entró en órbita. Después de dar tres vueltas a la Tierra, el astronauta pulsó los mandos que le llevaron a descender en aguas del Atlántico donde fue recogido por el destructor “Noah”. El vuelo había durado 4 horas, 55 minutos.

Durante el mismo, millones de espectadores habían podido seguir, gracias a la televisión, todos los detalles del lanzamiento. Glenn había comunicado constantemente sus impresiones y repitiendo muchas veces que se sentía bien. Este vuelo, que causó gran impresión por su preparación, anuncio y exhibición, demostró que el astronauta puede dirigir las fases de marcha y controlar los mecanismos para su propia recuperación y la de la cápsula.
Hasta aquí la historia, con sus datos, sus hechos concretos y sus cifras irrebatibles. Al iniciarse 1962, las dos grandes potencias espaciales, Estados Unidos y la URSS, se preparaban para emprender otras proezas. El presupuesto para investigación espacial y tecnológica para dicho año en los Estados Unidos se elevó a 2.400 millones de dólares.
A partir de este año se suceden en forma ininterrumpida los vuelos espaciales tripulados.

Salida del cohete Atlas-Mercury MA6

Salida del cohete Atlas-Mercury MA6 llevando a bordo al primer astronauta americano John Glenn

1962John Glenn fue el primero en orbitar la Tierra 1998
Aunque fue el tercer norteamericano en el espacio,John Glenn fue el primero en orbitar la Tierra. Aquí algunas cifras sobre su vuelo El año pasado, el senador Glenn regresó a la órbita como miembro de un viaje espacial. Como lo demuestra este informe algunas cosas —no todas— han cambiado.
El astronauta
Altura: 1,80 metro
Color de pelo: colorado

Edad: 40 años

Salario: 12.000 dólares.
Entrenamiento diario:
3,2 kilómetros trote
El astronauta
Altura: 1,80 metro
Color de pelo: blanco

Edad: 77 años

Salario: 136.672 dólares.
Entrenamiento diario:
3,2 kilómetros de caminata rápida
La nave
Nombre:  Friendship 7 (Amistad 7)
Tripulación:         1
Ventanas:   1
Computadoras: 0
Peso:    1,930 kilos
La nave
Nombre:  Discovery
Tripulación:         7
Ventanas:   10
Computadoras: 5
Peso:    69,770 kilos
La misión
Nombre:  Mercury 6

Despegue:  20 de Febrero de 1962.
a las 9h 47, 39″
La misión
Nombre:  STS-95

Despegue:  29 de octubre de 1998
a las 14 h.

 

Duración:
4
h. 55’ 23”.
Velocidad orbital:
28.234 kilómetros por hora
Tiempo por órbita:
1 h.28’29”.
Distancia recorrida:
121 .794 kilómetros
Lugar de aterrizaje:
Océano Atlántico, 800 kilómetros al sudeste de Bermudas
Rescate:
Un barco de la Armada recuperó la nave luego de caer al océano.

  Duración:
Aproximadamente 8 días y 20 h.

Velocidad orbital:
8.164 kilómetros por hora

Tiempo por órbita:
90 minutos

Distancia recorrida:
5.800.000 kilómetros

Lugar de aterrizaje:
Centro espacial Kennedy, Florida

Rescate:
No fue necesario

 

Cronología de las
Misiones Espaciales
 Hitos de la
Carrera Espacial

Porque la Luna Tiene Fases? Formacion de las fases lunares

Fases de la Luna
Su revolución completa la real iza la Luna en 27 días (la tercera parte de las que efectúa en un año).
Tanto ésta como la Tierra carecen de luz propia y reflejan la que reciben del Sol. Por ello hay siempre en ellas una cara iluminada que en la Tierra denominamos día, y otra obscura, que llamamos noche. Combinados los movimientos lunar y terrestre se produce el ocultamiento permanente de una cara del satélite. Hasta octubre de 1959 ningún terrícola había podido ver la parte oculta. Pero en esa fecha fue fotografiada mediante un satélite artificial lanzado por la Unión Soviética.

Las variaciones que experimenta la Luna se denominan fases: en ocasiones vemos el disco lunar completo, en otras sólo una especie de hoz, y a veces nos resulta totalmente invisible, cuando se halla en con junción con el Sol decimos que se halla en fase de Luna nueva. Al otro día surge por occidente cual un delgado creciente luminoso cuya convexidad está siempre del lado del Sol en el ocaso.

El ancho creciente va aumentando hasta que, transcurridos seis días, aparece en forma de semicírculo cuya parte luminosa termina en una línea recta. En tal situación se dice que está en cuarto creciente (dicótoma). Se la observa con facilidad durante la tarde y en el anochecer. A medida que sigue su camino y se va alejando del Sol adquiere figura oval y su brillo va en aumento, hasta que al cabo de siete u ocho días se torna completamente circular. Esta fase se I lama de Luna llena, después de la cual la parte iluminada comienza a disminuir y las mismas fases se van repitiendo en sentido inverso. Es decir que, primeramente, toma la forma oval y después la de semicírculo en que llega al cuarto menguante, fácilmente observable al alba.

Por último, tras haber dado una vuelta completa al cielo, sale por la mañana un poco antes que el Sol, y ya cerca de éste, se pierde entre sus rayos y vuelve a la posición original de Luna nueva. Esta posición oculta se denomina conjunción, porque en ella se encuentra entre la Tierra y el Sol. De manera similar, las épocas de la Luna llena reciben el nombre de sicigias y las de los cuartos creciente y menguante, cuadraturas.

Movimientos lunares
Dijimos que la Luna emplea 27 días y cuarto en dar una vuelta en torno de la Tierra: es su revolución sidérea. Pero como durante este lapso el Sol está en movimiento, transcurren 29 días y medio hasta que la Luna vuelve a ocupar el mismo lugar respecto del Sol y repetir sus fases: es su revolución sinódica.

Resultado de la gran lentitud en la rotación lunar es la enorme duración del día y de la noche en su superficie, los cuales son casi quince veces más largos que los nuestros. La ausencia de atmósfera da lugar a que durante el día, con el Sol en el cénit, la temperatura llegue a 100°C. Al pasar del día a la noche, ésta desciende rápidamente hasta los 150°C bajo cero. La órbita que sigue el satélite de la Tierra en torno de ella es elíptica.

El punto en que la Luna está más cerca de la Tierra se denomina perigeo. Por consiguiente, ésta la atrae más que cuando se halla mas lejos (apogeo). Así, para contrarrestar la mayor atracción terrestre se traslada a más velocidad, la cual es mínima cuando se halla en su apogeo.

Su movimiento de traslación varía; en cambio, el de rotación es uniforme y por tal razón desde la Tierra se advierte un balanceo merced al cual se perciben, en el borde occidental del astro cuando pasa del perigeo al apogeo, detalles que van apareciendo hasta una amplitud máxima de 8° en el momento en que su velocidad y su distancia a la Tierra son las promedias. Ello ocurre también en el borde oriental, cuando pasa del apogeo al perigeo. Este fenómeno se denomina libración en longitud o transversal.

El plano de la órbita de la Luna forma un ángulo de 5° con el terrestre. Desde la Tierra se descubre un ancho de 6° 30′ del suelo lunar más allá de cada polo: del Polo Norte si la Luna está en la parte sur de su órbita, y del sur cuando se halla en su parte norte. Este fenómeno recibe el nombre de libración en latitud. Las dos libraciones citadas y una tercera llamada diurna, que solamente alcanza un grado, dan origen a que se reconozca el 59% de la superficie lunar en lugar de la mitad exacta que se vería si aquéllas no existiesen.

Información sobre La Luna
La Luna, que gira alrededor de la Tierra, es su vecino espacial más cercano, y el único otro cuerpo solar sobre el cual han caminado los seres humanos.

El tamaño de la Luna es solamente 1/4 del de la Tierra. La gravedad lunar es sólo 1/6 de la terrestre. Esto hizo a los astronautas norteamericanos 5/6 más ligeros durante sus paseos lunares, de lo que eran sobre la Tierra. Una persona que pesase 90 Kg. en la Tierra, pesaría únicamente 15 Kg. en la Luna. Debido a esta débil atracción gravitatoria, el campeón de salto de altura Dwight Stones, que superó los 2,30 m en la Tierra (Munich, Alemania Occidental, 1973) hubiese saltado 13,80 m si hubiera estado en la Luna.

Puesto que la gravedad lunar es demasiado débil para capturar y retener una atmósfera, en la Luna no hay en absoluto fenómenos meteorológicos —en realidad, ni viento, ni sonido, ni vida.

Durante un día lunar, el calor en la superficie de la Luna alcanza la temperatura del agua hirviente. Pero con la llegada de la noche lunar, desciende hasta los 160° C bajo cero.

La Luna tarda 27,3 días aproximadamente en recorrer una órbita alrededor de la Tierra.

Solamente el 5 9 % de la Luna es visible para los habitantes de la Tierra.
Desde la Tierra, se han observado 32.000 grandes cráteres en la Luna. Uno de los mayores cráteres visibles, Clavius, tiene 235 Km. de diámetro.

El meteorito que golpeó la Luna y excavó Clavius se cree que pesaba 200 mil millones de t. De todas las muestras de suelo traídas desde la superficie por los astronautas de EE.UU., la mas antigua revela una edad de unos 4.600 millones de años.

Buscando Vida Extraterrestre Emisiones Ondas de Radio Buscar Vida

Buscando Vida Extraterrestre – Ondas de Radio

PROGRAMA SETI, ENTRE LA CIENCIA Y LA FANTASÍA

De la Universidad de Harvard al australiano Observatorio de Parkers, grupos de científicos de todo el mundo pretenden detectar emisiones de radio de civilizaciones extraterrestres

extraterrestreLa noche del 22 de octubre de 1998 empezaron a correr rumores sobre la recepción de una señal de origen inteligente proveniente del sistema estelar binario EQ Pegasi, situado a 22 años luz. Decía que había sido detectado por un ingeniero británico llamado Paul Dore que trabajaba para una empresa de telecomunicaciones.

Los datos se difundieron por Internet y la paranoia se desató. Ningún radiotelescopio del mundo detectó nada de EQ Pegasi. “Durante 10 días hemos estado buscando un fantasma”, comentaba Paul

Shuch, director de SETI Lea que, una organización de 900 aficionados repartidos por 49 países, dedicados a la búsqueda de señales extraterrestres. El asunto empezó a oler a fraude al saberse que el supuesto descubridor no se había atenido a los protocolos de actuación establecidos por la Academia Internacional de Astronáutica y el Instituto Internacional de Leves del Espacio.

Una falsa alarma

A esto le sumamos que quien lo anuncié en Internet, en un grupo de discusión ligado a SETI League, lo hizo anónimamente… El informante también decía que el radiotelescopio alemán deEffelsberg —el mayor de Europa— había confirmado la señal, pero fue desmentido por los responsables de operación del instrumento. Cada vez la historia se parecía más a una tomadura de pelo. Incluso en la elección de EQ Pegasi.

Esta binaria hizo saltar las alertas ese mismo septiembre por una observación hecha desde el radiotelescopio de Arecibo (Puerto Rico) englobada dentro del programa de trabajo del SETI Institute, la organización que recogió la antorcha de la NASA cuando el Congreso cancelé la financiación pública al proyecto de búsqueda de civilizaciones extraterrestres. Terminó siendo una interferencia terrestre.

De esta broma —o tomadura de pelo— se sacaron dos conclusiones: primera, los protocolos de detección funcionaron; segunda, que enseguida aparecieron pseudocientíficos y autotitulados investigadores de misterios que, viendo cómo los científicos involucrados negaban la información, empezaron a hablar de conspiraciones científicas mundiales.

Una cosa es clara: gracias a que dominamos la comunicación mediante ondas electromagnéticas, somos la única especie del planeta capaz de anunciar su presencia en el cosmos. ¿Somos también únicos en la galaxia? ¿Existen otros seres inteligentes en el universo? Esto es lo que tratan de responder los científicos vinculados al SETI.

La radio de ET

La comunicación con otros planetas usando ondas de radio es tan antigua como la propia radio. En 1899, dos años después de descubrirlas H. Flerzt, a Nicolás Tesla se le ocurrió esta posibilidad luego de observar que el Sol también las emitía. Dos años más tarde, el nombre de Guglielmo Marconi acaparaba la tapa del New York Times: “El anhelo de Marconi es usar la radio con las estrellas”.

Allí, el inventor italiano manifestaba que ésta sería la mejor forma de comunicarnos con seres de otros planetas. De hecho, al año siguiente afirmaba que sus estaciones de radio habían recibido señales que podrían ser extraterrestres. Claro que toda esperanza se desvanecía cuando uno se daba cuenta de que eran letras del alfabeto Morse: ¿no sería fascinante que los extraterrestres lo usaran en sus comunicaciones? Marconi no se desalentó y en la primavera de 1922 se dedicó a la caza de señales de marcianos —en el sentido estricto— con su barco Electra por todo el Atlántico.

Un teléfono y un marciano

Un teléfono y un marcianoLa martemanía alcanzó su máximo esplendor los días 22 y 23 de agosto de 1924 cuando, bajo la dirección del astrónomo David P. Todd, el ejército y la marina de EE.UU. realizaron un apagón total de sus comunicaciones, salvo las estrictamente necesarias, con el loable propósito de detectar cualquier emisión proveniente de Marte.

Los habitantes del planeta rojono podían defraudarnos y se recibieron “misteriosas señales” en distintas estaciones. ¿Estarían preparando una invasión?

El desarrollo de la radioastronomía marcó el futuro de lo que en la década de los 70 se conocería por SETI, la búsqueda de inteligencias extraterrestres. El puntapié inicial lo dieron en 1959 dos físicos de la Universidad de Cornell, Giuseppe Cocconi y Philip Morrison, al publicar en la prestigiosa revista Nature un trabajo que se convertiría en un clásico: Searching for interstellar communications.

En él proponían que la mejor manera de buscar extraterrestres era escuchando en la longitud de onda de radio de 21 cm. ¿Por qué? Porque si existen y poseen una ciencia al menos tan avanzada como la nuestra, sabrán que es una de las mejores formas de conocer el universo, puesto que el hidrógeno emite preferentemente a esa longitud de onda.

De hecho, es básica en radioastronomía. Sin tener ni idea del trabajo de estos físicos, un joven radioastrónomo llamado Frank Drake había llegado a la misma conclusión. Contratado para operar los radiotelescopios del recién fundado National Radio Astronomy Observatory (NRAO), en Virginia Occidental, Drake comenzó el 8 de abril de 1960 su Proyecto Ozma: apuntar el radiotelescopio Tatel, de 26 metros de plato, a dos estrellas cercanas y parecidas a nuestro Sol, Tau Ceti y Epsilon Eridani.

Un libro de texto para SETI

En el verano de 1971, la NASA auspició un encuentro de trabajo donde se debía diseñar la mejor estrategia para detectar posibles señales extraterrestres: el Proyecto Cyclops. También conocido como La Biblia de SETI, fue el documento-base durante todo el siglo XX. Hoy existen numerosos programas de búsqueda afiliados a distintas universidades y centros de investigación. Incluso se han ampliado al rango óptico (OSETI), ya que algunos piensan que las comunicaciones entre civilizaciones avanzadas podrían realizarse con láseres de alta potencia, algo así como fibras ópticas cósmicas…

Con todo, la cuestión pendiente es qué pasará el día que realmente recibamos un mensaje de origen extraterrestre. En este sentido, tenemos un ensayo de lo que podría ocurrir. En febrero de 1992, dos equipos se dispusieron a jugar un sorprendente juego de rol: simular el primer contacto de radio entre humanos y extraterrestres. Este interesante ejercicio ya había sido realizado con anterioridad por miembros de la organización Contact, pero ésta era la primera vez que se llevaba a cabo meticulosamente; bueno, tan meticulosamente como se pueda hacer este tipo de experimentos.

Simular un primer contacto

Un año antes, el plantel de directores de Contact había decidido que esta vez el juego sería bastante sofisticado, de manera que pudiera atraer a patrocinadores de prestigio. Al final pudieron constituir dos equipos compuestos por físicos, psicólogos, artistas, geólogos, escritores de: Ciencia-ficción.

El objetivo era muy simple: el equipo humano debía ser capaz de interpretar el mensaje del equipo extraterrestre, que trabajó durante un año para preparar el mensaje. Y llegó el momento de la transmisión el equipo humano, compuesto por unas 16 personas, estaba, además, conectado vía correo electrónico con un gran número de posibles consultores.

Todo parecía listo, pero la primera transmisión, el primer contacto entre dos razas alienígenas, no resultó. ¿El motivo? Bien sencillo. Los extraterrestres utilizaban computadoras PC mientras que los humanos usaban Macintosh. A nadie se le ocurrió incorporar el software necesario para poder traducir el mensaje de un equipo informático a otro.

Todos aprendieron la moraleja: si las propias computadoras humanas presentan problemas a la hora de comunicarse entre sí, ¿qué inimaginables problemas aparecerán cuando logremos comunicarnos con extraterrestres de verdad?

¿QUE PASARÍA SI DESCUBRIÉRAMOS UNA CIVILIZACIÓN EXTRATERRESTRE?

Primer contacto: El descubrimiento de vida inteligente en otros mundos sería uno de los grandes hitos de la historia de la Humanidad. ¿ Cómo nos influiría ? ¿ Entraríamos en una Edad de Oro o sería una catástrofe?

Era la noche del 30 de octubre de 1938. CBS Radio transmitía música de Ramón Raquello y su orquesta, en directo desde el Salón Meridian Room en el Park Plaza de Nueva York. De pronto interrumpieron la emisión para anunciar que se habían visto destellos azules en la superficie de Marte. Poco después se informaba que un meteorito acababa de caer cerca de una granja en Nueva Jersey. La invasión marciana había comenzado.

La recreación de La Guerra de los Mundos dirigida por Orson Welles fue tomada en serio por millones de estadounidenses. Una mujer reconoció no haber abrazado una radio tanto como esa noche, mientras apretaba contra su pecho un crucifijo. Adaptaciones similares también han provocado pánico: en 1944, en Santiago de Chile, el gobernador sacó los militares a las calles, y en 1949, en Quito, decenas de miles de personas huyeron asustados.

Después, en represalia, quemaron la emisora y mataron a 20 personas. ¿Reaccionaremos así ante un contacto? ¿Cómo responderíamos? ¿Cambiaría en algo nuestra visión del mundo? Estas y otras preguntas han rondado la cabeza de los científicos del programa SETI desde sus comienzos.

 La sociología al ataque

En 1961, la NASA patrocinó un estudio donde se discutió sobre “las implicaciones del descubrimiento de vida extraterrestre”. Los autores resaltaron que las reacciones dependerían del sustrato religioso, cultural y social del momento.

El mero conocimiento de la existencia de vida en el universo podría provocar tanto un fuerte sentimiento de unidad de la raza humana como una reacción global a algo extraño. Y advertían que la antropología había mostrado que muchas sociedades, “seguras de su lugar en el universo, se han desintegrado cuando se han tenido que asociar con otras que no conocían, con ideas distintas y diferentes modos de vida”. Sugerían que serían los científicos quienes más se verían afectados por el descubrimiento de una inteligencia superior.

Las consecuencias de un encuentro intrigaba a la mayoría de los científicos y fue tema central en el simposio celebrado en 1972 en la Universidad de Boston. Para el premio Nobel George Wald, no concibo peor pesadilla que establecer comunicación con una civilización de las que llamamos tecnológicamente superiores”

Otros, como Carl Sagan, hablaban de los grandes beneficios que tal contacto nos aportaría: “Restablecería un contexto cósmico a la Humanidad”. Evidentemente, los temores de Wald encontraron poco apoyo entre los participantes.

Entre los científicos sociales, el único que se hizo eco del tema fue Lewis W. Beck, que propuso que tanto la ciencia popular como la ciencia-ficción nos habían preparado sobradamente para este tipo de encuentro, de modo que cualquier señal extraterrestre sería completamente olvidada a las pocas semanas de su descubrimiento. Pero éste no sería tan importante como la cadena de consecuencias posteriores, que cambiarían nuestra visión del mundo de modo no previsible.

El optimismo se desató a principios de los 70. Se hablaba de nuestra “herencia galáctica” y de “la salvación de la raza humana” gracias al contacto, en un escenario tipo Enciclopedia Galáctic, donde cada civilización aportar su granito de arena a esta macropedia; significaría el final de nuestro aislamiento cósmico.

Durante los 80, poco se hizo por entender sociológicamente lo que sucedería: todo quedaba en las buena palabras de Sagan o en las más pesimistas de Stephen Jay Gould “Un resultado positivo sería el evento más cataclísmico de toda nuestra historia intelectual”,

En los primeros años de los 90 se lanzaron estudios sistemáticos para evaluar los efectos de una detección, pero todavía hay muy pocas investigaciones, en forma de encuestas, sobre la llamada Cuestión Impacto y la mayoría se han realizado en Estados Unidos, donde mucha gente cree que la existencia de vida es muy probable.

Una encuesta realizada en España confirma este punto: más del 80 por ciento piensa que hay vida, aunque sólo sea bacteriana, en el universo. Sin embargo, en general, somos más escépticos a la hora de creer en seres inteligentes y aún más en la existencia de civilizaciones más avanzadas que la nuestra.

 Los lectores responden

La encuesta, realizada entre los visitantes de la página web de la revista Muy Interesante de España, contabilizó más de 3.500 respuestas tanto de aquel país como Hispanoamérica. Han aparecido correlaciones interesantes. Los ateos y agnósticos sor más proclives a pensar que existe vida extraterrestre.

Entre los creyentes, son los protestantes los más escépticos. Es posible que la imagen de Jesús viajando de planeta en planeta para redimir a los extraterrestres del pecado sea la causa de esta postura. Esta hipótesis también explicaría el hecho de que es entre los practicantes de cualquier religión cristiana donde encontramos un mayor número de escépticos.

No se encontraron diferencias significativas entre hombres y mujeres. La creencia en fenómenos paranormales sí influye en las opiniones sobre el tema. Entre quienes creen en la astrología y los espíritus no hay nadie que afirmara que estamos solos.

Indiferentes al contacto

¿Qué impacto tendría en la sociedad el descubrimiento de vida en otros mundos? Sólo para el 25 por ciento de los encuestados sería poco o nada importante. Pero la sorpresa surge cuando se les preguntó si ese descubrimiento cambiaría su visión del mundo desde el punto de vista religioso y filosófico: casi el 40 por ciento contestó que poco o nada.

Sobre si deberíamos contestar a un mensaje recibido del espacio, cerca de 8 de cada 10 piensa que sí, al igual que no es peligroso que nosotros enviemos mensajes dando a conocer nuestra existencia. Otro ante un contacto cara a cara. Son más los que piensan que si vinieran a la Tierra, lo harían en son de paz, mientras que seríamos nosotros los que responderíamos de forma violenta. También se preguntó dónde creían que podrían aterrizar. Aquí las respuestas fueron muy diversas, pero la más habitual fue un lugar deshabitado —los desiertos y los polos fueron los lugares recurrentes— y el océano.
Fuente Consultada:
Revista Muy Interesante

El Origen del Universo El Big Bang Teoria del Big Bang Evolucion

El Origen del Universo – El Big Bang

EL BIG BANG: Durante casi todo el transcurso de la historia de la Física y de la Astronomía modernas no hubo fundamentos adecuados, de observación y teóricos, sobre los cuales construir una historia del Universo primitivo. Desde mediados de la década del ‘60, todo esto ha cambiado.

Se ha difundido la aceptación de una teoría sobre el Universo primitivo que los astrónomos suelen llamar “el modelo corriente”. Es muy similar a lo que a veces se denomina la teoría del Big Bang o “Gran explosión”, pero complementada con indicaciones mucho más específicas sobre el contenido del Universo.

Si escuchamos el silbato de un tren que se aleja rápidamente, su silbido nos parecerá más grave que si el tren estuviera quieto. El sonido parece tener una mayor longitud de onda cuando el tren se aleja. Esta situación corresponde al fenómeno señalado primeramente por Johann Doppler en 1842. De la misma manera, la luz de una fuente que se aleja es percibida como si tuviese una longitud mayor: si el color original fuera naranja, la luz se percibiría más rojiza.

Esto se llama “corrimiento hacia el rojo” y es una manifestación del efecto Doppler en las ondas luminosas. Ciertos análisis de la luz proveniente de estrellas y galaxias muestran que, en la inmensa mayoría de los casos, hay un corrimiento hacia el rojo. Esto puede explicarse suponiendo un Universo en expansión en el que cada galaxia se aleja de las otras; como si fuese el resultado de algún género de explosión.

A mediados de los años ‘60, A. Penzias y R. Wilson detectaron ondas de radio de longitudes cercanas a los 10 cm (microondas), procedentes del espacio exterior con una particularidad singular. La intensidad de estas señales era la misma independientemente de la dirección en que se situara la antena.

Por lo tanto, no podían ser adjudicadas a ninguna estrella, galaxia o cuerpo estelar en particular. Estas microondas parecían llenar todo el espacio y ser equivalentes a la radiación emitida por un cuerpo negro a 3K. Los astrofísicos teóricos comprendieron que esta “radiación cósmica de fondo de microondas” era compatible con la suposición de que en el pasado el Universo era muy denso y caliente.

En el comienzo hubo una explosión. No como las que conocemos en la Tierra, que parten de un centro definido y se expanden hasta abarcar una parte más o menos grande del aire circundante, sino una explosión que se produjo simultáneamente en todas partes, llenando desde el comienzo todo el espacio y en la que cada partícula de materia se alejó rápidamente de toda otra partícula.

“Todo el espacio”, en este contexto, puede significar, o bien la totalidad de un Universo infinito, o         bien la totalidad de un Universo finito que se curva sobre sí mismo como la superficie de una esfera. Ninguna de estas posibilidades es fácil de comprender, pero esto no debe ser un obstáculo; en el Universo primitivo, importa poco que el espacio sea finito o infinito.

 EL ORIGEN DEL UNIVERSO Y DEL HOMBRE - TEORÍA DEL BIG BANG Y DE LA EVOLUCIÓN

 Representación ilustrada del Big Bang.

  TEORÍA DEL BIG BANG Y DE LA EVOLUCIÓN

Telescopio espacial Hubble (NASA). El corrimiento hacia el rojo en la composición espectral de la luz estelar
puede ser interpretado suponiendo que el Universo está en expansión.

Al cabo de un centésimo de segundo aproximadamente, que es el momento más primitivo del que podemos hablar con cierta seguridad, la temperatura fue de unos cien mii millones (1011) de grados centígrados.

Se trata de un calor mucho mayor aún que el de la estrella más caliente, tan grande, en verdad, que no pueden mantenerse unidos los componentes de la materia ordinaria: moléculas, átomos, ni siquiera núcleos de átomos. En cambio, la materia separada en esta explosión consistía en diversos tipos de las llamadas partículas elementales, que son el objeto de estudio de la moderna Física nuclear de altas energías.

  un radiotelescopio para demostrar la TEORÍA DEL BIG BANG Y DE LA EVOLUCIÓN

Las microondas que se detectan con igual intensidad en cualquier dirección en que se apunte la antena, no pueden provenir de un cuerpo celeste en particular. Son propias del conjunto del Universo y hacen suponer que en el pasado éste era denso y caliente.

Un tipo de partícula presente en gran cantidad era el electrón, partícula con carga negativa que fluye por los cables transportadores de corriente eléctrica y constituye las partes exteriores de todos los átomos y moléculas del Universo actual. Otro tipo de partículas que abundaban en tiempos primitivos era el positrón, partícula de carga positiva que tiene la misma masa que el electrón.

En el Universo actual, sólo se encuentran positrones en los laboratorios de altas energías, en algunas especies de radiactividad y en los fenómenos astronómicos violentos, como los rayos cósmicos y las supernovas; pero en el Universo primitivo el número de positrones era casi exactamente igual al número de electrones.

Además de los electrones y los positrones, había cantidades similares de diversas clases de neutrinos, fantasmales partículas que carecen de masa y carga eléctrica. Finalmente, el Universo estaba lleno de fotones de luz.

Estas partículas eran generadas continuamente a partir de la energía pura, y después de una corta vida, eran aniquiladas nuevamente. Su número, parlo tanto, no estaba prefijado, sino que lo determinaba el balance entre los procesos de     creación y de aniquilamiento.

De este balance, podemos   inferir que la densidad de esta “sopa cósmica”, a una temperatura de cien mil millones de grados, era cuatro mil  millones (4. 10 a la 9) de veces mayor que la del agua. Hubo   también una pequeña contaminación de partículas más pesadas, protones y neutrones, que en el mundo actual son los constituyentes  de los núcleos atómicas.

Las proporciones eran más o menos de un protón y un neutrón por cada mil millones de electrones, positrones, neutrinos o fotones. A medida que la explosión continuaba, la temperatura fue disminuyendo, hasta llegar a los treinta mil millones (3. 10 a la 10) de grados centígrados después de undécimo de segundo, diez mil millones de grados después de un segundo y tres mil millones de grados después de unos catorce segundos.

Esta temperatura era suficientemente baja como para que los electrones y positrones comenzaran a aniquilarse más rápidamente de lo que podían ser recreados a partir de fotones y los neutrinos. La energía liberada en este aniquilamiento de materia hizo disminuir temporalmente la velocidad a la que se enfriaba el Universo, pero la temperatura continuo disminuyendo, para llegar a los 1000 millones de grados al final  de los tres primeros minutos.

Esta temperatura fue entonces suficiente para que los protones y neutrones empezaran a formar núcleos complejos, comenzando con el núcleo del hidrógeno pesado (o deuterio), que consiste en un protón y un neutrón. La densidad era aún bastante elevada (un poco menor que la del agua), de modo que estos núcleos ligeros pudieron unirse rápidamente en el núcleo más estable del helio, que consiste en dos protones y dos neutrones.

EL ORIGEN DEL UNIVERSO Y DEL HOMBRE - TEORÍA DEL BIG BANG Y DE LA EVOLUCIÓN

 Al final de los tres primeros minutos, el Universo contenía principalmente luz, neutrinos y antineutrinos. Había también una pequeña cantidad de material nuclear, formado ahora por un 73 % de hidrógeno y un 27 % de helio, aproximadamente, y por un número igualmente pequeño de electrones que habían quedado de la época del aniquilamiento entre electrones y positrones.

Esta materia siguió separándose y se volvió cada vez más fría y menos densa. Mucho más tarde, después de algunos cientos de miles de años, se enfrió lo suficiente como para que los electrones se unieran a los núcleos para formar átomos de hidrógeno y de helio. El gas resultante, bajo la influencia de la gravitación, comenzaría a formar agrupamientos que finalmente se condensarían para constituir las galaxias y las estrellas del Universo actual. Pero los ingredientes con los que empezarían su vida las estrellas serian exactamente los preparados en los tres primeros minutos.

El universo en expansión: Edwin Hubble varió el concepto que la humanidad tenía del cosmos. Primero presentó un punto de vista radicalmente nuevo sobre el papel de la Tierra en el universo al demostrar que existían otras galaxias más allá de la Vía Láctea. Luego, en 1929, cinco años más tarde, Hubble provocó otra conmoción cuando publicó un artículo que confirmaba lo que había sido una teoría marginal: que el universo se expandía.

Hubble, como director del observatorio del monte Wilson de California, contaba con la ventaja de un telescopio nuevo, de 2,5 metros, el de mayor alcance del mundo. (El telescopio espacial Hubble, lanzado al espacio desde el transbordador Atlantis, llevó su nombre). A través de sus cálculos, Hubble concluyó que la velocidad aparente de alejamiento de una galaxia es directamente proporcional a la distancia de su observador.

Esta fórmula se conoce como la Ley de Hubble, uno de los fundamentos de la teoría del Big Bang del origen cósmico y una herramienta básica para determinar la edad, el tamaño y el futuro del universo. Con el tiempo, los cálculos de Hubble sobre las distancias y las velocidades han sido revisados por completo, pero sus descubrimientos fundamentales y su ley permanecen inmutables.

UN POCO DE HISTORIA:

La crónica del descubrimiento de esta gran explosión (EL BIG BANG) como fenómeno generador del Cosmos, se remonta a los primeros años de este siglo. Entonces se estaba construyendo en Monte Wilson (Los Ángeles, Estados Unidos), el telescopio más potente del mundo de esa época. Las grandes piezas de este aparato eran cargadas hasta la cima en recuas de muías.

HUMASON

Seguramente ninguno de los doctos astrónomos e ingenieros que en esos días hacían frecuentes viajes montaña arriba, sospecharon que uno de sus muleros, el joven Milton Humason, iba a jugar un papel decisivo en la historia de la ciencia, hasta el punto de cambiar la imagen que el hombre tiene del Universo en que vive.

Humason no había pasado más allá de la educación media, era un hábil jugador de cartas y un don Juan todavía más diestro. Le gustaba mascar tabaco, lanzar maldiciones y escupir; es decir, era la imagen misma de esos rudos americanos de antaño.

Pero además poseía una inteligencia superior, era vivaz y estaba animado por una curiosidad insaciable. Gracias a esas virtudes lo incorporaron a la planta estable del personal de servicio del telescopio que había ayudado a construir. Empezó como aseador y desde ahí ascendió a operador del artefacto y luego a ayudante de observación.

Un día llegó a Monte Wilson el astrónomo Edwin Hubble. Fue él quien en 1925 aportó la prueba definitiva de que el Universo está formado por galaxias. En realidad esta idea era antigua y ya en 1755 el filósofo alemán Inmanuel Kant había propuesto la teoría de universos islas.

Pero hasta antes de Hubble la idea científica más aceptada era que el Universo se reducía a nuestra galaxia. La Vía Láctea, y que más allá no había nada.

Hubble descubrió unas estrellas variables y al medir sus distancias encontró que éstas se situaban lejos de la Vía Láctea. Por lo tanto debía haber muchos otros dominios galácticos en el espacio. De esa forma Hubble se encontró con que el Universo era más vasto y complejo de lo que hasta entonces se pensaba. Pero ese no iba a ser el único descubrimiento del astrónomo.

Al llegar a Monte Wilson, Hubble hizo muy buenas migas con Humason. Ambos formaron una dupla capaz de trabajar en los mejores términos. De esa asociación iba a derivar un hallazgo escalofriante, que aumentaría el vértigo que el hombre siente cuando se asoma al Cosmos.

Hubble y Humason comenzaron a observar otras galaxias y a analizar los espectros de luz procedente de éstas. Notaron con asombro que todas las galaxias distantes presentaban el llamado “corrimiento hacia el rojo”. Comprobaron además que este fenómeno se acentuaba en la medida en que la galaxia observada estaba más alejada de la nuestra.

El dúo Hubble & Humason sabía que por el denominado efecto Doppler, el desplazamiento hacia el rojo en el espectro de una fuente luminosa indica que ésta se aleja del punto en que se encuentra el observador. Los datos observacionales indicaban, así, un fenómeno extraordinario: todas las galaxias se alejaban de la nuestra y las más distantes lo hacían cada vez con mayor velocidad.

-Pero ¿qué tiene la Vía Láctea que todas las demás galaxias huyen de ella? -se preguntaron entonces los dos investigadores. Luego repararon en que no había una maldición que afectara a la Vía Láctea y que si se pararan en cualquiera otra galaxia verían a las demás escapando. Es decir, todas y cada una de las galaxias escapan de todas las demás.

La explicación de este fenómeno era obvia y pavorosa. En algún momento el Universo entero explotó y actualmente la totalidad de las galaxias que lo forma, incluida la nuestra, se expanden como las esquirlas de una granada.

En 1965, los radioastrónomos Arno A. Penzias y Robert W. Wilson, mientras trabajaban con una poderosa antena de radio de la Bell Telephone, tratando de medir la intensidad de las ondas de radio emitidas por nuestra galaxia, hicieron otro hallazgo de enorme importancia cosmológica.

Ambos científicos descubrieron accidentalmente el llamado Fondo de radiacción cósmica de microondas, que no es otra cosa que una especie de radiación fósil que se produjo durante los primeros minutos de la gran explosión inicial. Este descubrimiento vino a afianzar la validez científica de la teoría del big bang.

Fuente Consultada:
Los tres primeros minutos del Universo. Steven Weinberg (Premio Nobel). Barcelona. Salvat, 1993.
Hechos, Sucesos que estremecen el siglo XX El Universo en Expansión Tomo N°18