Primera Revolución Industrial

Origen del Conflicto entre Inglaterra e Irlanda La Religión

Historia y Origen del Conflicto
Entre Inglaterra e Irlanda

Los actuales problemas de Irlanda tienen su raíz en la discriminación social. El enfrentamiento entre las dos comunidades, la católica y la protestante, separó al país en dos partidos. Al triunfar los segundos en el aspecto político, los católicos se vieron en una situación precaria, hasta el punto de que no han tenido derecho al voto hasta hace muy poco tiempo.

La lucha por unos derechos civiles iguales a los del resto de los ciudadanos británicos ha desencadenado una situación que, además del religioso, presenta un carácter político-social, producto de los tiempos actuales. Estudiando la evolución histórica del país, se comprenderán mejor los problemas actuales.

El Imperio angevino o de la Casa de Anjou
Cuando hace 800 años Inglaterra fijó sus ojos en la tentadora Irlanda, comenzaron a establecerse amargas relaciones entre ambos países. Inglaterra, unida interiormente y con un imperio más allá de los mares, luchó durante siglos para obtener con razón el nombre de Islas Británicas y su único medio era dominar Irlanda. El tiempo ha demostrado su fracaso.

Los primitivos gobernantes ingleses tuvieron poco interés en aquellas tierras salvajes. Los romanos, aunque se sintieron tentados por la conquista, no pasaron de pensar en la posibilidad de añadir Irlanda a su imperio y se contentaron con dominar los campos ingleses.

La desgracia de Irlanda es que nunca obtuvo grandes ventajas de las civilizaciones que la invadieron. Durante la oscura Edad Media, su única luz provino de San Patricio, que le trajo la cultura y la religión cristianas. Más tarde, igual que Inglaterra, sufrió la barbarie de las invasiones nórdicas, pero ganó muy poco con su presencia, como no sea los puertos, de los que destacaba Dublín.

La invasión normanda de 1066, que tanto favoreció el desarrollo futuro de Inglaterra, no hizo ningún bien a Irlanda. Los adelantos que trajeron a Inglaterra los gobernantes normandos procedentes de la civilización que dejaban atrás, tales como un gobierno central, la unidad y un poder militar, le fueron negados durante siglos. Cuando, por fin, los reyes normandos, bajo Enrique II, empezaron a extender el imperio angevino, se comprendieron las ventajas de tener dominada a Irlanda. Pero la conquista no iba a ser fácil ni completa.

En 1166, la caótica política interna de una Irlanda dividida iba a dar su oportunidad a Enrique II; temeroso de que sus propios representantes en el país se hicieran demasiado poderosos, intervino personalmente en la situación y se hizo reconocer como señor por la Iglesia irlandesa y por los atemorizados jefes del país. Así Irlanda formó parte del imperio angevino; el feudo irlandés creado por Enrique duró cuatro siglos.

Atraídos por la explotación de aquellas tierras casi vírgenes, los señores anglonormandos se introdujeron en el interior de la isla. Pero no fue la suya una conquista como la de los normandos en Inglaterra un siglo antes. Se estableció una sociedad semi-feudal y un sistema jurídico, pero la conquista no aprovechó mucho a los reyes ingleses. No se pudo establecer un gobierno central y permanecieron vigentes todas las características de la vieja Irlanda. Surgió un elemento nuevo de esta situación: la aristocracia angloirlandesa, que, profundamente celosa de sus derechos y formada por señores anglonormandos, se apoderó de todas las tierras.

El rey inglés descuidó sus deberes para con Irlanda. Juan Sin Tierra, en su primera visita a los irlandeses, demostró por varios hechos imprudentes que su madurez como gobernante no había sido alcanzada, aunque varios años después, en su segunda visita, en 1210, consiguió que la autoridad real fuera aceptada y que el gobierno, centrado en Dublín, cobrara nueva eficacia. Para la permanente vergüenza de Inglaterra, hasta la visita de Ricardo II en 1394, ningún otro rey inglés puso los pies en tierra irlandesa.

Durante el reinado de Eduardo I hubo un período  de paz que permitió a Irlanda el desarrollo del comercio propio y la adaptación al nuevo sistema de «condados» importado de la metrópoli. Pero después de esta centuria de calma relativa, una invasión escocesa destruyó todas las esperanzas del país. 6.000 escoceses a las órdenes de Eduardo Bruce, ansioso de perturbar a los ingleses aún más después de algunas victorias obtenidas sobre ellos, se lanzaron sobre la isla en una guerra destructiva y salvaje.

Este Eduardo fue proclamado rey de Irlanda, pero lo mataron en el año 1318. Como resultado, los recursos del país se agotaron, el progreso fue detenido y el control inglés se redujo a una estrecha faja costera en los alrededores de Dublín. La isla quedó otra vez abandonada a los pillajes de los señores feudales y con el estallido de la Guerra de los Cien Años Inglaterra derivó su atención por completo hacia Francia.

La ley de Poynings
En el siglo XIV preocupaba a Inglaterra que su zona de influencia en Irlanda no se pudiera mantener ni extender. Los ingleses sostenían que eran los dueños de todo el país, pero la verdad era que el Pale consistía en un pequeño foco de civilización en medio de una tierra primitiva y salvaje.  Cuando los esfuerzos de Ricardo II por extender su dominio en la isla fracasaron, Irlanda se vio libre para seguir su propio camino.

Poco atractiva, inhospitalaria y arrinconada en un extremo de Europa, Irlanda se vio aislada de la vida del continente, oculta por Inglaterra. Mientras que esta última nación pasaba de la Edad Media al mundo moderno, la isla quedaba abandonada, sus recursos sin explotar y su pueblo dominado. Pero, por su posición, iba a ser crucial en la defensa estratégica de Inglaterra. Era casi un cuchillo clavado en la espalda de Gran Bretaña.

El gobierno de los Tudor significó poco para Irlanda, pero cuando Inglaterra se convirtió en una de las potencias europeas, los problemas internos de la isla pidieron una pronta solución. Enrique VII toleró un gran terreno independiente en el corazón de Irlanda, hasta que su creador se permitió la coronación de un rey como «Eduardo VI», que fue rápidamente eliminado. Enrique trató de gobernar el país por medio de un diputado inglés, apoyado por un ejército formado sólo por ingleses.

Después de varias luchas se procedió a la publicación de un estatuto llamado «ley Poynings» (nombre del diputado inglés), que, aprobado en 1494, ha permanecido en vigor hasta el siglo XIX. Este estatuto fue desvirtuado en favor de los ingleses y por él se establecía que no se podía abrir un parlamento en Irlanda hasta que el Rey y su consejo lo hubieran autorizado con su sello. Con esta ley los ingleses han podido controlar durante siglos los trabajos de la constitución irlandesa.

enrique viii rey de inglaterraEn 1534 cambió el aspecto de la historia de Irlanda. A partir de este momento, la metrópoli organizó un verdadero plan de reconquista. Enrique VIII se hizo llamar rey de Irlanda y al final del reinado de Isabel I casi toda la isla se hallaba bajo régimen militar.

A pesar del sistema represivo usado por los Tudor, en esa época es cuando Irlanda llegó a ser una verdadera amenaza para los ingleses. Cuando Inglaterra, le volvió la espalda a Roma durante la Reforma, los irlandeses prefirieron permanecer dentro de la religión católica. Isabel I tuvo que tener ejércitos dispuestos continuamente en el campo de batalla para aplastar la aparición de constantes rebeliones irlandesas.

La matanza de Drogheda
Los monarcas de la casa Tudor, ansiosos de acabar para siempre con el problema, intentaron colonizar las turbulentas tierras. Las protestas de los irlandeses fueron en vano y cuando Jacobo I fue aceptado como rey, grandes terrenos habían sido expropiados de sus poseedores irlandeses y entregados a los escoceses o a los ingleses.

Siguiendo la misma política, los seis condados del Ulster, en el norte, se entregaron a los colonizadores extranjeros en 1608. Como es natural, estos nuevos señores eran protestantes, y así empezó el conflicto entre las dos religiones, que todavía no se ha resuelto.

cronwellOliverio Cromwell fomentó aún más tan amarga realidad. Carlos I, para proteger su tambaleante trono, creó en Irlanda un ejército de reserva, que en la década de 1640 se rebeló en apoyo de su hijo, el príncipe Carlos. Oliverio Cromwell, principal apoyo del Parlamento inglés, fue a Irlanda en 1649 y derrotó al ejército realista en una cruel campaña.

La guarnición de Drogheda fue pasada por las armas, así como 1.500 ciudadanos y todos los sacerdotes del condado de Wexford. Al final de aquel año, toda la costa de la isla estaba en poder de Cromwell. Irlanda nunca olvidó aquellos amargos días y a partir de entonces sólo una pequeña zona del oeste del río Shannon siguió en poder de los señores irlandeses.

A pesar de ello, todos los monarcas ingleses tuvieron que dedicarse a la reconquista de Irlanda. Tras cada acción de guerra, se dictaban nuevas leyes que entregaban la tierra  a  los  protestantes  o  que  restringían la vida particular de los irlandeses para evitar que ganaran poder o influencia.

El Parlamento inglés trataba a la nación como enemiga y hasta 1793 no se les concedió derecho al voto a los católicos, ni podían tomar asiento en sus propias Cortes. El comercio, la industria y la agricultura estaban tan atrasadas que el país se hallaba sumido en la pobreza.

Como el predicamento de los protestantes aumentaba sin cesar, la Unión de Irlandeses, imitando la revolución francesa, se levantó contra la metrópoli y pidió ayuda a Francia. Los franceses no pudieron desembarcar por culpa de una tormenta y la rebelión fue aplastada por Inglaterra.

En 1800 se aprobó el Acta de Unión igualando los derechos de ambas comunidades, pero Jorge III la echó por tierra, obligando a William Pitt el Joven a anular la promesa de emancipación. Los irlandeses tuvieron que esperar hasta 1829 para obtenerla; pero; como es natural, ni la igualdad de derechos ni la emancipación extirparon la pobreza, que siguió haciende estragos en el país.

En 1846, el hambre causada por la destrucción de las cosecha? mató a más de un millón de habitantes Entonces empezaron las emigraciones a América.

william pitt

William Pitt el Joven, obligado por Jorge III a anular la promesa de emancipación que se hizo a los católicos para aplacar la rebelión   irlandesa   de   1798.

Los emigrantes influyeron de tal manera, que Gladstone, en 1868, permitió una mayor libertad religiosa y bajó los impuestos sobre las tierras. Intentó también conseguir para los irlandeses un gobierno nacional, pero le fue imposible. El partido liberal inglés, durante la Primera Guerra Mundial, siguió intentando la autodeterminación, encontrándose siempre con la oposición de los conservadores y en el año 1916 hubo nuevos mártires de sangre irlandesa.

Por fin, en 1921, aprovechando el cansancio de Inglaterra después de la guerra, se estableció el Estado libre de Irlanda, aunque el Ulster seguía fiel a la metrópoli por su carácter protestante.

Así está el conflicto actualmente. Irlanda, escindida espiritual y políticamente, lucha por su unión y por su independencia definitivas como desde hace 850 años.

Fuente Consultada:
Colección La LLave del Saber  Pasado y Presente del Hombre  –  Tomo I –  Editorial Plancton

Historia de Osaka en Japón Vida y Costumbres de su Habitantes

OSAKA EN LA ANTIGUEDAD
HISTORIA PARA TURISTAS CURIOSOS

En el siglo XVII, Osaka era una de las ciudades más ricas y populosas del Japón y centro del floreciente comercio del país. Sus ciudadanos se enorgullecían de sus recién construidos teatros, puentes y canales, almacenes y lujosas mansiones. Allí acudían los jóvenes del país en busca de fortuna y aventuras. Osaka era para todos como un poderoso imán.

Una ciudad flotante
Osaka no era una ciudad sin alegría e industriosa donde la gente fuese sencillamente a trabajar; más bien era un lugar hedonista y despreocupado. Formaba parte del «mundo flotante» (ukiyo), denominación genérica de la cultura de la época, exuberante y ansiosa de placer, que inspiró las «pinturas del mundo flotante» (ukiyo-e), los «relatos flotantes» (ukiyo-zoshi) y la picante y desenfrenada murmuración o «conversación flotante». Todos los ciudadanos de Osaka, ricos comerciantes, artistas, artesanos, petimetres, cortesanos, prestamistas, contables, tenderos, fabricantes, animadores y propietarios de casas de té, parecían disfrutar de suficiente tiempo y dinero para gozar de la vida.

Algunas tiendas vendían únicamente bandejas, bargueños y cajas para adornos del cabello, confeccionadas con azabache y laca de oro. Otras se especializaban en cerámica: la delicada porcelana vidriada de superficie finamente agrietada de la provincia de Satsuma, las suaves tazas y teteras color verde manzana para la misteriosa ceremonia del té, o esbeltos floreros de un profundo azul translúcido o marrón bruñido.

Los fabricantes de pipas y los estanqueros monopolizaban una calle entera. Tanto los hombres como las mujeres fumaban en pipa. Eran unos instrumentos pequeños y graciosos, con un largo tallo de bambú y una diminuta cazoleta metálica.

Los fabricantes de pipas desplegaban un gran ingenio; las adornaban con un tejón sonriendo con las manos en el lomo, un dios del trueno inflando los carrillos, o un mono columpiándose de una rama. El fumador llevaba su provisión de tabaco en saquitos bordados de cuero o de brocado, sujetos a la banda del kimono por un fiador en un cordón de seda.

Otro accesorio indispensable para salir por la ciudad era el abanico, que no sólo refrescaba en los días calurosos sino que también, según se decía, «atraía la suerte y ahuyentaba el mal».

Algunas de las tiendas más animadas de las calles principales vendían las populares ukiyo-e, «pinturas del mundo flotante», impresas con bloques de madera en papel tosco de arroz hecho a mano. Estos grabados representaban todo lo alegre, excitante o tópico, melancólico o fantástico que el artista pudiese imaginar.

Los mártires japoneses
Todos los productos delicados y lujosos de Japón fluían a Osaka y a las otras dos grandes ciudades del país: Yedo (Tokyo) y Kyoto. Yedo era la capital administrativa, desde la cual gobernaban Japón con indis-cutida autoridad los shogun (generalísimos) del poderoso clan de Tokugawa. La ciudad era un centro de intriga donde los clanes de samurais leales al shogun estaban prestos a defender su gobierno. Kyoto era la ciudad real, sede del casi impotente emperador y su corte. Quedó como refugio tradicional de todo lo que era aristocrático y elegante, pero anticuado.

Una ciudad trasnochada, pues, poco atrayente para los nuevos ricos mercaderes del Japón, que acudían a Osaka a divertirse. Ningún barco mercante europeo anclaba en la bahía de Osaka para cargar sus sedas, pinturas y porcelanas. Tampoco navegaban por allí las embarcaciones de altura japonesas. Sólo los pesados juncos costeros transportaban arroz y saké (bebida alcohóloica) a los puertos locales y recibían a cambio arenques secos y algas del norte, o muñecas regionales y cestas de hierba trenzada del sur.

A partir de 1636 se promulgaron varios decretos aislando el país del resto del mundo conocido. Se prohibió bajo pena de muerte abandonar el país a todos los japoneses, y los que residían en el extranjero fueron condenados a un exilio permanente. Se expulsó a todos los extranjeros, salvo unos pocos comerciantes chinos y holandeses que. bajo severas restricciones, pudieron quedarse en un islote costero de la bahía de Nagasaki.

Esta ruptura de relaciones del Japón con los europeos duró tres siglos. Se interrumpieron así unas relaciones que habían comenzado casi un siglo antes, en 1542, cuando que tres navegantes portugueses, desviados de su rumbo, alcanzaron Japón en un junco. Los emprendedores comerciantes lusitanos, ya establecidos en Macao, siguieron a sus compatriotas y formaron colonias comerciales.

Detrás llegaron no sólo los comerciantes españoles, holandeses e ingleses, sino también numerosos misioneros dispuestos a convertir a los subditos del shogun al cristianismo. Los jesuítas, entre los que destacó la incansable labor evangelizadora de san Francisco Javier, realizaron el mayor número de conversiones, y el shogun comenzó a sospechar que su influencia religiosa era un reto a su propia autoridad y atentaba contra la recién lograda unidad del Japón.

Como primera medida, el shogun prohibió la predicación del cristianismo. Después, ejecutó a muchos misioneros y japoneses conversos. Finalmente fueron expulsados del país todos los «bárbaros de cabello rojo», como denominaban los nativos a los europeos, salvo unos pocos comerciantes holandeses encerrados en Nagasaki.

El shogun les permitió quedarse para disponer de una «ventana» secreta al mundo exterior. Algunos letrados de confianza podían comunicarse con estos holandeses. Por lo demás, el Japón había cerrado sus puertas a las ideas de otros países.

osaka en japon

El placer exuberante de vivir en Osaka se revela en este vendedor de juguetitos de papel y su posible cliente de «pelo de estopa», bailando juntos alegremente.

Los poetas haiku
Parece que los años más brillantes y gloriosos de este período de aislamiento fueron los comprendidos entre 1680 y 1740. Las artes y oficios florecieron. Los ciudadanos de Osaka comenzaron a estudiar disciplinas tan esotéricas y tradicionalmente aristocráticas como la ceremonia del té, la caligrafía o la filosofía china.

Aprendieron a gozar de las sutiles armonías del teatro no, de la misteriosa música de corte y de la poesía haiku, una forma nueva y en boga de verso libre encadenado de diecisiete sílabas. Entre los que utilizaron dicha versificación descuella el poeta peregrino, Matsuo Basho, que nació en 1644. A menudo, los poetas haiku celebraban las bellezas fugaces de la naturaleza en un modo original y cuidadosamente observado.

Por ejemplo.
Abandonando la casa de un amigo
Sale la abeja
De lo más hondo de los pistilos de la peonía
¡Oh, tan a su pesar!
En algunas ocasiones, los sentimientos personales del poeta crean la poesía:
La frescura.
¡Qué frescor se siente
Al descansar al mediodía,
Al tener una pared bajo mis talones!

Estas dos poesías se deben a Basho y dan
alguna ligera indicación del estilo ligero, desapasionado y, algunas veces, melancólico de la poesía haiku.
Un género- literario mucho más accesible lo constituían los ukiyo-zoshi, los relatos cómicos, vigorosos y libertinos, acerca de las gentes de las tres grandes ciudades del Japón. Ihara Saikaku, famoso autor de estos cuentos, pasó gran parte de su vida en Osaka y describió con abundancia de ingeniosos detalles la vida cotidiana que le rodeaba. Sus personajes pasaban el tiempo generalmente en busca de amores, placeres y dinero.

osaka en la antiguedad

El teatro:A todos los habitantes les gustaba el teatro. Acudían a ver a los famosos onnagata, actores entrenados desde la niñez para representar a la perfección los papeles femeninos.

El joruki y el kabuki
Había dos clases de teatro a las que asistían todos los habitantes: el joruki (teatro de marionetas) y el kabuki. Osaka alcanzó especial renombre por su teatro de marionetas. Los «actores» medían dos tercios de la estatura normal y estaban fabricados con mucho detalle, bellamente ataviados y maquillados.

A menudo, para actuar las marionetas necesitaban de los servicios de tres personas: un titiritero y dos ayudantes. Estos dos las manejaban con tanta habilidad que cada miembro se movía por separado. Los títeres gesticulaban con manos y pies, e incluso movían los ojos y alzaban las cejas. Posaban con coquetería, libraban feroces duelos y y «hablaban» en tonos agudos y melódicos, emitidos por los titiriteos.

Chikamatsu Monzaemon, el más famoso dramaturgo japonés, dedicó parte de su ilustre carrera como escritor a un teatro de marionetas de Osaka, y muchas de sus mejores piezas tienen como tema los dramas domésticos de los tenderos y sus familias en la ciudad.

El kabuki era una mezcla apasionante y vigorosa de danza y espectáculo, música y mimo, parodia y tragedia. Comenzó a rivalizar con el teatro de marionetas y finalmente lo deshancó. Muchas de las obras de Chikamatsu se representaron entonces en una escena giratoria de kabuki, con espacio suficiente para acomodar los decorados más intrincados, tales como el castillo feudal de sillería de Osaka, los juncos en un mar tormentoso, o las calles iluminadas con farolillos del barrio de placeres. A la escena del kabuki sólo tenían acceso los hombres, y los papeles femeninos los representaban unos actores llamados onnagata.

Algunas de las obras eran comedias domésticas, «obras de gente común» como se las llamaba. Otras trataban de las salvajes disputas entre los diferentes clanes guerreros que habían dividido el país en el pasado. En éstas eran personajes de importancia los jactanciosos y valientes samurais, que a menudo se enfrentaban a un conflicto de lealtad pero estaban siempre dispuestos a morir en defensa de sus señores, y las damas de la nobleza, que apuñalaban a sus enemigos o se envenenaban para salvar el honor de su clan.

Una representación de k-abuki duraba casi un día entero y, por ello, era una buena excusa para convertirlo en un día de fiesta. Familias enteras de ciudadanos de Osaka reservaban un compartimiento del teatro para presenciar la función. Durante los numerosos descansos, picaban arroz frío y pescado crudo, que comían con los famosos palillos.

Bebían saké (cerveza de arroz), fumaban en sus diminutas pipas y conversaban. Si tenían hambre después de la representación, se dirigían a los puestos de la puerta del teatro, donde se vendían tazones de fideos calientes con sopa de pescado, pasteles rosados de pasta de alubias, almejas recién hervidas o castañas asadas.

Toda esta actividad daba lugar a escenas vivaces y llenas de colorido que algunos de los artistas ukiyo-e representaban en sus grabados. Los puestos y las casas de té, bajas y sin pared exterior, brillaban con farolillos de papel rojo, blanco o anaranjado que se balanceaban en la brisa vespertina, y las avenidas sin pavimentar donde se encontraban rebosaban de gente. Aparte de los que se dirigían al teatro, había grupos alegres que volvían de una travesía río arriba en barcazas abiertas, de una excursión de todo el día a los jardines de los santuarios cercanos, o de un paseo por una colina de especial belleza para presenciar el orto de la luna llena.

Las mujeres se ataviaban para estas excursiones con sus kimonos más ricamente bordados, y de sus moños altos de pelo negro brillante colgaban adornos de rojo y oro. Los hombres vestían ropas de tonos más oscuros, a menudo forradas de seda. Para obtener las monedas de los transeúntes en busca de placer que gastaban sin tino, músicos ciegos tocaban sus flautas melancólicas, los saltimbanquis realizaban acrobacias y las adivinadoras atraían a la clientela desde sus sombrías barras.

Gente estrafalaria
No puede sorprender que uno de los pocos occidentales que contemplaron la Osaka del siglo XVII dijera que era considerada la ciudad más bulliciosa, amante de las diversiones y despreocupada del país.

Este viajero, de nombre Engelbert Kaempfer, era un médico instruido que sirvió a la Compañía Holandesa de las Indias Orientales y que en 1692 viajó de Nagasaki a Yedo celosamente vigilado por la guardia del shogun. Según él, los japoneses consideraban Osaka como «un teatro universal de placeres y diversiones». Se ven juegos a diario, tanto en lugares públicos como privados. Los charlatanes, los prestidigitadores que realizan algún número artístico y toda clase de gente estrafalaria que tiene algún animal monstruoso o poco común que exhibir o animales amaestrados para hacer números de circo, acuden allí de todos los lugares del Imperio, con la seguridad de obtener mayor provecho que en ningún otro lugar.

En esa sociedad japonesa ligeramente irresponsable estaba presente el sentimiento budista de la inestabilidad y brevedad de los placeres terrenales. La cultura lírica, frivola y peculiar del «modesto renacimiento» del Japón (como lo ha llamado un moderno historiador) no podía durar indefinidamente, y para 1740 había comenzado a desaparecer el apogeo de la burguesía. Sin embargo, fue un período de expansión e inspirado mientras duró, y las artes que entonces surgieran siguen siendo populares entre los japoneses.

vida en osaka antigua

1.  Otro aspecto de la ciudad alegre y hacinada. Se trata de una cerería; los empleados sumergen las mechas en cera fundida, el cajero suma con el abaco y el propietario y   su   familia   comadrean   con   los   clientes.
2.    Soldados japoneses en 1668; van armados con mosquete europeo, así como con arco,  lanza y espada.
3.     Las aguas de la bahía iluminadas por farolillos, siempre atestadas de pequeñas embarcaciones de  recreo.

Fuente Consultada:
Colección La LLave del Saber  – Pasado y Presente del Hombre – Tomo I – Editorial Plancton

Historia del Transporte de Cargas Hasta el Ferrocarril

HISTORIA DEL TRANSPORTE DE CARGAS HASTA EL PRMER TREN A VAPOR

Al dominar la energía, al explotar las materias primas, al construir cosas o alimentar gente, el progreso ha estado siempre estrechamente relacionado con los adelantos del transporte. Por ejemplo, ninguna cantidad de energía muscular sería capaz de llevar centenares de toneladas de material de Buenos Aires a Córdoba en diez horas, pero una locomotora moderna lo hace con facilidad.

El hombre puede usar madera como materia prima para construir carros que van a ser arrastrados por caballos, pero debe aprender a usar el hierro antes de construir locomotoras. Al edificar una choza de barro, un hombre puede acarrear los materiales por sí mismo, pero un rascacielos exige enormes vigas que se pueden transportar sólo por medios mecánicos. En el problema de la alimentación, la falta de transporte hacía depender antes a cada localidad de sus propias cosechas, mientras que hoy las facilidades de transporte les dan a los habitantes de cada lugar la posibilidad de comer alimentos producidos en cualquier parte de la tierra.

transporte miscular de cargas

Las ilustracion superior representan algunos de los métodos principales que los hombres han usado en distintas épocas para simplificar el problema de mover cosas. Los de la primera ilustración están valiéndose, como lo harían los de la Edad de Piedra, tan sólo de la fuerza de sus músculos. Pero también denotan cierto ingenio. Uno de ellos, al colocar un bulto sobre su cabeza, no sólo se ha asegurado de que el peso está parejamente distribuido sobre todo su cuerpo, sino que se ha dejado también ambas manos libres para poder abrirse camino a través de la jungla.

Los otros dos han atado cuerdas a sus cargas, de modo que pueden inclinarse hacia atrás y usar su propio peso para transportarlas, en vez de agacharse incómodamente para arrastrarlas.Los tres hombres de la primer ilustración  están transportando unas 50 toneladas; los mismos no llegarían a arrastrar 500 kilos por tierra.

historia del transporte

En las ilustracion siguiente nadie está sosteniendo peso alguno. En ambos casos, el agua soporta el peso del bote y de su carga, y el único problema es que éste siga la dirección requerida. En un caso esto se consigue utilizando remos; en el otro, sogas. No es extraño que a través de la historia los hombres hayan preferido el transporte por agua al transporte por tierra siempre que tuvieron que mover pesos realmente considerables.

historia del transporte de carga por el agua

Cuando el hombre tuvo que mover grandes cargas por tierra, se valió de los animales. Hoy todavía usamos caballos para atravesar caminos difíciles, fuertes perros para arrastrar trineos por el hielo, elefantes para que separen la maleza con sus colmillos y transporten pesados troncos con sus trompas, y hasta no hace mucho se hacía arrastrar trineos cargados a los caballos en zonas sin caminos. En estos casos, también, el hombre ha usado su ingenio.

Siempre que le fue posible ideó arneses para facilitar a los animales su labor, evitándoles fatigas innecesarias, y unció varios animales juntos a fin de hacerles compartir el esfuerzo de tirar de una carga pesada. Puso a los trineos lisos patines capaces de reducir al mínimo la fricción que se debía vencer.

Las ilustracion de abajo muestran medios de transporte que aprovechan las fuerzas naturales en vez de los músculos. La balsa no está solamente sostenida por el agua sino también empujada por la corriente. El barco de vela está sostenido por el agua y movido por el viento que hincha las velas. El trineo alpino, con su pesada carga, es impulsado pendiente abajo enteramente por la fuerza de la gravedad; su conductor sólo debe guiarlo.

Las láminas de abajo representan cuatro etapas en el desarrollo de la rueda, gran invento que hizo el transporte por tierra más fácil al reducir los efectos de la fricción y al permitir mover cargas por toda clase de superficies duras.

tipos de ruedas historia

Debajo de cada rueda se ve la figura de los vehículos que la usaron: un carro alema´n, un carro romano, una diligencia del siglo XVIII y de primeros autos del siglo XX.

Disminuir los efectos de la fricción ha sido siempre uno de los grandes problemas para el transporte por tierra. Las ruedas lo solucionaron, en parte, especialmente cuando los carreteros aprendieron a hacerles llantas con aros de hierro. Pero se necesitaba algo más: una superficie lisa para que las ruedas pudieran deslizarse.

Hasta hace poco más de un siglo, ni los mejores caminos mantenían su superficie dura y lisa durante mucho tiempo. Muy pronto se ponían barrosos, anegados y llenos de surcos. Pero por lo menos en una industria, en la cual grandes pesos debían moverse continuamente, los ingenieros encontraron la manera de resolver el problema. Desde el siglo XV muchas minas de carbón fueron equipadas con largos rieles paralelos, a lo largo de los cuales los hombres o caballos podían arrastrar fácilmente pesados vagones provistos de ruedas con pestaña.

Ciertos motores de vapor se hicieron por vez primera a fines del siglo XVII y comienzos del XVIII, y entre los inventores estaban: Dionisio Papin, francés; Fernando Berbiest, flamenco, y dos ingleses, Savery y Newcomen. Pero casi todos los primitivos motores de vapor estaban destinados a hacer funcionar bombas y eran en cambio inapropiados para las locomotoras. Todos funcionaban por el principio de bombear vapor primero dentro de un cilindro, para expulsar el aire, y luego enfriarlo, de tal modo que se condensara en agua y dejara un vacío.

La presión de la atmósfera exterior luego movía el extremo de una palanca, colocada dentro del cilindro, hacia abajo, y de este modo elevaba el otro extremo que, provisto de un recipiente, levantaba agua de un pozo o una mina anegada.

James Watt mejoró el diseño del motor de vapor de Newcomen, conectándole un condensador. En lugar de tener que enfriar todo el cilindro, era necesario enfriar sólo el pequeño condensador. El motor de Watt no sólo ahorraba combustible, sino que funcionaba más velozmente que el de Newcomen —lo suficiente como para mantener una rueda girando. Pero todavía no era el más apropiado para impulsar una locomotora, porque un condensador requiere una constante provisión de agua fría.

Watt mismo y hombres como Guillermo Murdock, que trabajaba con él en la fábrica Boulton, y Watt, en Birmingham, pronto advirtieron que la manera de mejorar sus motores era abandonar el uso de vapor condensado y utilizar directamente la presión del vapor. Bastante antes de fines del siglo XVIII, pudieron construir motores en los cuales el vapor empujaba un extremo de un pistón y, cuando éste se movía, cerraba una válvula y abría otra, de manera que el vapor presionara contra su otro extremo, impulsándolo de vuelta otra vez.

progreso del ferrocarril

Hacia 1802, Murdock y Ricardo Trevithick, un hombre con amplios conocimientos de los motores de vapor usados para bombear en minas de estaño en Inglaterra, habían hecho locomotoras realmente satisfactorias. (Una locomotora de vapor había sido construida 40 años antes por el francés Cugnot, pero ésta podía funcionar sólo durante un cuarto de hora y viajando a menos de 4,5 kilómetros por hora.) Un poco más tarde del triunfo de Murdock y Trevithick, muchos inventores crearon nuevas locomotoras, pero ninguna logró tanta fama como la “Rocket” de Jorge Stephenson, que en 1829 transportó carga a casi 45 kilómetros por hora.

Veinte años después, una red de ferrocarriles se extendió por toda Inglaterra, y mucho antes de terminar el siglo XIX la mayor parte de los grandes sistemas ferroviarios eran ya realidad.

Con el tiempo nacieron los proyectos de grandes ferrocarriles transcontinentales que unen las costas este y oeste de América del Norte, y que aceleraron la colonización del lejano oeste estadounidense. Famosa obra, hasta nuestros días,  fue la ruta del Transiberiano, que une a Vladivostok con Moscú, recorriendo más de 8.000 kilómetros. Otros ferrocarriles conectan a Moscú con Varsovia, Berlín, París y otras capitales.

Fuente Consultada:
El Triunfo de la Ciencia La Máquina a Vapor Globerama Edit. CODEX

El Desarrollo Económico de Estados Unidos Siglos XIX y XX

HISTORIA DEL PROGRESO DE LOS ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA

La Guerra de Secesión
Las trece colonias inglesas de América del Norte proclamaron su independencia el 4 de julio de 1776. Al año siguiente se formó una Confederación denominada “Estados Unidos de América”.

Finalizada la guerra emancipadora, la desorganización y la pobreza amenazaban con hundir al nuevo país en la anarquía; era necesaria la creación de un gobierno central y, con este propósito, se reunieron en Filadelfia los delegados de toda la Unión.

En 1787 la Asamblea proclamó una Constitución republicana, y en esa forma quedó organizado definitivamente el país. Jorge Washington fue ele gido Presidente.

A los primeros Estados se les unieron otros —voluntariamente o por conquista—, mientras la inmigración europea aumentaba gradualmente la población de la joven república.

La colonización del Oeste acrecentó el número de Estados y también llevó a su punto más grave el problema de la esclavitud, defendida en la región agrícola del Sur como necesidad económica.

george washington presidente de ee.uu.

Washington gobernó por dos períodos legales (1789-1797). Le sucedió John Adama (1797-1801) y luego llegó al poder Tomás Jetterson (1801-1809), cuyo mayor acierto fue la comprn a Napoleón Bonaparte de Luisiana, cedida, a Francia por España. Esto duplicó la extensión del  país.

El problema, que dividió a la opinión pública norteamericana, se encauzó en dos grandes partidos antagónicos: el Republicano o antiesclavista y el Demócrata o proesclavista.

El descontento motivó que los Estados del Sur (secesionistas) decidieran separarse de los del Norte (unionistas), luego que el republicano Abraham Lincoln fue elegido Presidente para el período 1861-65. El gobierno central declaró rebeldes a aquellos Estados, y esto motivó el comienzo de la llamada Guerra de Secesión entre los nordistas y sudistas.

Abraham Lincoln

Después de una terrible lucha de cuatro años (1861-65), que causó gravísimos daños al país, la victoria correspondió a los del Norte y la esclavitud fue abolida en el Sur.

La gran inmigración
Estados Unidos superó con rapidez los daños causados por la cruenta guerra de Secesión, debido a sus grandes recursos en hierro, carbón y petróleo, como también al oro, que se extraía de los ricos yacimientos de California. Un país con esas posibilidades fue motivo de atracción para el inmigrante europeo, en una época propicia pues el exceso de pobladores del viejo continente buscaba nuevas tierras para establecerse.

Se calcula que entre los años 1870 y 1910 llegaron a los Estados Unidos 20 millones de inmigrantes. Los anglosajones y los germanos eran mayoría al principio, pero con el correr del tiempo más de la mitad de los entrados a país eran latinos —particularmente italianos—, judíos y eslavos.

Inmigrantes Europeos

Inmigrantes Europeos LLegan a EE.UU.

Esta gran corriente inmigratoria representó un problema porque el gran aluvión humano podía convertir a la nación en un Estado ingobernable. Sin embargo se inició un gran proceso de asimilación y los europeos se “americanizaron” principalmente a través de la instrucción elemental, que no sólo redujo el  analfabetismo, sino también eliminó  las diferencias  de  origen.

En una primera época, los inmigrantes trabajaron en el campo pues faltaban brazos en las grandes plantaciones de cereales, algodón y tabaco, mientras que en el sur del país, el negro continuó con esa tarea.
El problema racial no fue superado y se extendió hacia el norte, cuando los negros debieron trasladarse a esas regiones, ante la saturación de la mano de obra en las plantaciones sureñas.

El desarrollo vertiginoso
Después de la guerra de Secesión quedaron atrás los tiempos en que los pioneros luchaban contra los indios y se inició el período del asentamiento pacífico, aunque esto no detuvo la corriente colonizadora hacia el oeste. Comenzaron a poblarse las grandes ciudades y son ellas las que —a fines del siglo XIX— atraen a la mayoría de los inmigrantes. En el año 1900, Nueva York cuenta con 3 millones de habitantes y Filadelfia con 1  millón.

El ciudadano se caracterizó por su afán de trabajo y espíritu de iniciativa. Todos buscaron la oportunidad para mejorar su condición de vida y modestos comerciantes llegaron a convertirse en hombres muy adinerados. Se inició entonces un período de extraordinario desarrollo, favorecido por los recursos naturales del país y donde había que hacer cosas para enriquecerse.

El progreso de la industria norteamericana se debió principalmente a los siguientes factores:

a)   Abundancia de recursos naturales.
b)   Gigantesco mercado interior.
c)   Aporte de técnicos capacitados e ingeniosos inventores.
d)   Concentración de capitales financieros.

El boom económico convirtió a los Estados Unidos en potencia cepitalista, con un auge de los monopolios, los pool y los trusts. Entre loa años 1860 y 1900 la producción se multiplicó por veinte, pero los establecimieiiio-. industriales sólo se triplicaron en la misma época, lo que indica un crecimiento de las antiguas empresas y no la apertura —en gran cantidad- de otras nuevas.

Surgieron los “reyes” de la monarquía económica y capitalista: Rockefeller del petróleo, Carnegie del acero, Armour de la carne conservada, Vanderbilt de los ferrocarriles, Duke del tabaco, Ford de los automóviles.

Los obreros se agruparon en asociaciones con fines prácticos y do carácter pacifista y, en general, no adhirieron a posiciones extremas. Les mejoras sociales fueron llegando de a poco, a través de los partidos tradicionales, el republicano y el demócrata.

Predominio internacional
Durante largo tiempo, los Estados Unidos se colonizaron a sí mismos, por cuanto el desarrollo económico fue un movimiento hacia el interior que convirtió al país enan u nación continental. Pero esta posición no significó aislacionismo y una vez terminada la colonización interior, la enorme producción norteamericana comenzó a dirigirse en gran parte hacia el exterior.

A fines del siglo XIX, Estados Unidos inició una política imperialista con el objeto de poner bajo su dependencia política o económica a ciertos países. Intervino directa o indirectamente en América Central para ocupar Puerto Rico y ejercer control sobre Cuba —donde guerreó para expulsar a los españoles— y Santo Domingo.

Ante la negativa de Colombia a vender parte del istmo de Panamá para la construcción de un canal. Estados Unidos envió una flota que proclamó la independencia de Panamá (1903), país que accedió a la presión nortéame ricana y la obra fue inaugurada en 1914. El canal de Panamá se convirtió en uno de los pasos más estratégicos del mundo, al permitir la navegación entre el Atlántico y el Pacífico.

La gran crisis
Después de la Primera Guerra Mundial (1914-1918), Estados Unidos fue, de las potencias democráticas, la que llevó la mejor parte, frente a una Europa empobrecida. Alejada geográficamente de la guerra, participó en ella casi al término y sus pérdidas humanas fueron mínimas, en relación con sus aliados. Mientras los británicos quedaron agotados, los norteamericanos conquistaron gran parte de los mercados tradicionales europeos, aumentaron sus inversiones y mejoraron sus industrias. Esta situación originó una época de prosperidad.

En el año 1929, se produjo en los Estados Unidos una saturación de mercados. Debido a un excesivo desarrollo de la producción, los artículos no encontraban compradores y las existencias se amontonaban en forma alarmante. Esta situación, sumada a una ansia especulativa, hizo prever una grave crisis económica.

El 24 de octubre se inició un dramático descenso del valor de las acciones en la Bolsa de Nueva York. En pocas semanas comenzó a faltar el dinero, se paralizaron los negocios y quebraron seis mil Bancos. El hecho de que la crisis se iniciara en los Estados Unidos —país al que le debía dinero el resto del mundo— hizo que la catástrofe adquiriera trascendencia universal.

La gran crisis mundial, también llamada Gran Depresión, se prolongó varios años y recién en 1933 los gobiernos pudieron superar los efectos más graves.

Nueva etapa en el desarrollo
La gran crisis se produjo cuando gobernaba los Estados Unidos el presidente Hoover,  del   partido  republicano,  quien   en   las   elecciones  de 1932  fue vencido por el demócrata Franklin D. Roosevelt. Entre los años, 1933  y 1939, el último —al frente del gobierno— tomó medidas que significaron cambios fundamentales en la economía norteamericana, por medio de un programa que recibió el nombre de New Deal expresión inglesa que significó “nueva política económica”. Fue un plan de desarrollo general, con una mayor intervención del Estado en la economía.

Luego de la Segunda Guerra Mundial, puede afirmarse que de todas las potencias de Occidente, la vencedora fue Estados Unidos. El país no sufrió los estragos de los bombardeos y al término del conflicto aumentó su expansión política y económica.

Muerto el presidente Roosevelt, la obra del partido demócrata fue continuada por su sucesor Harry Truman (1945-1953). Bajo su gobierno y ante la grave crisis que afrontaban los países europeos después de la guerra, se aprobó una ley de cooperación económica, denominada Plan Marshall. Se estableció un aporte de 12.000 millones desolares a entregar en el período 1948-1952, enferma de préstamo.

En el gobierno del presidente republicano David Eisenhower (1953-1961) se aprobó la integración escolar de la población negra. Esta presidencia señaló el apogeo político, militar y económico de los Estados Unidos en el mundo.

En las elecciones del año 1960 triunfaron los demócratas y fue elegido John Kennedy (1961-1963), primer mandatario católico en la historia del país. Se entrevistó en la ciudad de Viena con el Premier ruso Kruschev, pero más tarde, ante la actitud soviética —consotrucción del muro de Berlín—, el presidente dispuso reanudar las experiencias nucleares. Kennedy fue asesinad en noviembre de 1963, cuando visitaba la ciudad de Dallas (Texas).

Le sucedieron, hasta 1976, los presidentes: Lyndon Johnson (1963-69) del partido demócrata; Richard Nixon (1969-74) republicano y Gerald Ford (1974-76) republicano.

Ver: Revolución Industrial En Estados Unidos

Fuente Consultadas:
HISTORIA 5 Historia Argentina
José Cosmelli Ibañez Edit. TROQUEL
El Progreso en los Estados Unidos

La Independencia de Bélgica Reinado de Leopoldo I

1830: REVOLUCIONES BURGUESA EN EUROPA

Como ya hemos publicado en este sitio, en el mes de julio de 1830, la indignación contra el despotismo del rey Carlos X produjo un estallido revolucionario. En París, una gran manifestación recorrió los barrios pidiendo la abdicación del rey y se levantaron barricadas. Cuando el ejército salió a la calle para intentar restablecer el orden, los manifestantes, lejos de disolverse, asaltaron las armerías, y organizaron una milicia con la que hicieron frente a los soldados del rey. Pero no se llegó a producir el choque: el ejército también había sido ganado por la propaganda liberal y se negó a hacer fuego contra los insurrectos.

Ante esta situación, el monarca, sin posibilidad de defenderse, abdicó y marchó al exilio. Inmediatamente los revolucionarios, que habían conseguido derribar al régimen en sólo tres días, entregaron la corona a un noble de ideas liberales, Luis Felipe dé Orleáns, quien habría de regir los destinos de Francia hasta 1848.

El movimiento francés se extendió a otros países de Europa, el más importante fue el de Bélgica contra la monarquía holandesa del reino de los Países Bajos. El triunfo de los belgas fue bastante rápido gracias al apoyo que recibió de Francia y el reconocimiento de Gran Bretaña del reino de Bélgica y de su primer rey Leopoldo I, quien fue elegido por los revolucionarios y de inmediato estableció una monarquía parlamentaria y constitucional, en octubre de 1830.

Leopoldo I de Bélgica

Leopoldo I de Bélgica:Leopoldo I, un noble alemán que había luchado en las filas del Ejército ruso durante las Guerras Napoleónicas, se convirtió, en 1831, en el primer rey de Bélgica, una vez que este país se independizó de los Países Bajos

NACE BÉLGICA: Finalmente, sólo una de las insurrecciones de 1830-1831, además de la francesa, terminó con un resultado victorioso: la revolución de Bruselas (agosto de 1830). Los tratados de 1815 habían cedido Bélgica al reino de los Países Bajos; si bien la situación económica era próspera, los belgas, después de haber dependido sucesivamente de España y de Austria (desde el siglo XVI al XVIII), no estaban satisfechos. Católicos, no querían un soberano protestante como era Guillermo I de Orange. Liberales, juzgaban la Constitución demasiado autoritaria.

Nacionalistas, protestaban contra la preponderancia de los holandeses (no había más que un ministro belga entre siete, y, en el ejército, menos de trescientos oficiales belgas entre dos mil). Unidos, católicos y liberales se sublevaron, y un gobierno provisional declaró la independencia de Bélgica, el 4 de octubre de 1830. Las tropas holandesas habían tenido que evacuar las principales ciudades, incluso Amberes. Un congreso ofreció la corona al duque de Nemours, hijo de Luis Felipe.

Inglaterra era favorable a la independencia, pero no quería, a ningún precio, a un príncipe francés. Rusia y Austria, ante la posición franco-inglesa, no podían intervenir, y la conferencia de Londres (diciembre de 1830) reconoció la independencia y la neutralidad belga. La corona fue concedida al príncipe alemán Leopoldo de Sajonia-Coburgo, casado con una hija de Luis Felipe. Pero el rey de los Países Bajos atacó Bélgica en 1831, y Francia envió un ejército de socorro, mientras que la flota inglesa bloqueaba Amberes; los holandeses tuvieron que retirarse, pero no reconocieron la independencia belga hasta el año 1839.

La creación de este nuevo Estado neutral satisfacía, sobre todo, a Inglaterra, obsesionada con la idea de que Amberes («pistola encañonada contra su corazón») no pudiera ser jamás dominada por el poderío francés. En cuanto a los franceses, podían considerar una fortuna el hecho de tener su frontera norte protegida por un país neutral. Ya se sabe lo que pasó en 1914.

Fuente Consultadas:
Todo Sobre Nuestro Mundo Christopher LLoyd
HISTORAMA La Gran Aventura del Hombre Tomo X La Revolución Industrial
Historia Universal Ilustrada Tomo II John M. Roberts
Historia del Mundo Para Dummies Peter Haugen
La Revolución Industrial M.J. Mijailov

Vida e Ideas de Owen Robert Cooperativas de Obreros en Inglaterra

IDEAS Y EXPERIMENTOS DEL SOCIALISMO UTÓPICO DE OWEN

En Inglaterra, post guerras napoleónicas y en plena revolución industrial, la gran masa de obreros vivía en condiciones míseras. Una miseria que hoy nos parecería inverosímil. Los indigentes eran socorridos: recibían algún dinero para seguir viviendo pero, como contrapartida, «la ley de los pobres» imponía a todos cuantos se hallaban inscritos en los registros de indigentes la aceptación de cualquier trabajo que se les ofreciera, sin tener en cuenta salarios y condiciones.

Día a día el número de pobres había aumentado considerablemente después de la guerra: la economía inglesa no encontraba en el continente los mercados que había esperado hallar al fin del Bloqueo. Los países europeos atravesaban grandes dificultades económicas y no podían importar bastantes productos ingleses. Además, la terminación de la guerra había hecho que unos 250.000 hombres desmovilizados se lanzaran en busca de trabajo. Haber luchado tanto, haber pasado tantos sufrimientos durante veinte años de guerra, y, al fin de ella, encontrarse en una situación peor: ésta era la paradoja de la paz.

Los trabajadores se encontraban viviendo en condiciones miserables, y los representantes de la industria que a veces se ocupan de los pobres, lo hacían  a su manera: la ley de los pobres fue derogada, por juzgarla humillante. La caridad es condenada: lo que hay que hacer es proporcionar trabajo. Debido a esto, se crean las célebres Workhouses (era un lugar donde la gente pobre que no tenía con qué subsistir podía ir a vivir y trabajar.).

La mendicidad queda prohibida, en adelante, y todos los «sin trabajo» se hallan obligados a acudir a esos centros a realizar una labor. Hasta los mismos niños son sometidos a unas condiciones de trabajo extremadamente penosas. Trabajaban desde las cinco de la mañana a las ocho de la noche, con media hora de descanso al mediodía para comer. Muchas criaturas, agotadas, se dormían de pie durante el trabajo, pero el capataz las despertaba en seguida a latigazos. Y eran muchísimas también las que, no teniendo valor para regresar a sus casas, se escondían en el taller para pasar la noche allí.

Mas ¿qué podían hacer los trabajadores? La acción política no les había servido de nada, y nada les había aportado la reforma de 1832. Sin embargo, algunos filántropos se decidieron a actuar. Robert Owen, deseoso de que los trabajadores recobrasen su dignidad y unas condiciones decentes de vida, los incita a crear una institución al margen de la sociedad que los rechazaba.

robert owen

Robert Owen (1771-1858), fue un socialista utópico británico, considerado como el padre del movimiento cooperativo. Nació en Gales el 14 de mayo de 1771. Comenzó a trabajar desde muy pequeño y pudo experimentar la vida de miseria que atravesabn los obreros. A los 20 ya era director de una fábrica de tejidos en Manchestery se convirtió en un industrial adinerado. Adquirió participaciones de la fábrica textil en Escocia y contrajo matrimonio en 1799 con la hija del dueño. Falleció el 17 de noviembre de 1858 en su residencia de Newtown.

Así, fundó la «gran unión nacional del trabajo» (1833). Con su propio dinero, ensayó la puesta en marcha de unas cooperativas de producción, en las que los trabajadores fueran sus mismos patronos. Y les indujo a tomar conciencia de la solidaridad que se debían entre sí, y a actuar por medio de la huelga general.

Pero los patronos se dieron inmediatamente cuenta del peligro, y reaccionaron de una manera brutal: muchos trabajadores fueron deportados. Y los hombres del trabajo, asustados, faltos de medios, y muy debilitados por causa de sus preocupaciones personales, no pudieron proseguir la lucha. Mas el fracaso del movimiento de Owen imprimió nuevo impulso a los partidarios de la acción política, mucho más flexible.

Como en tiempos del radicalismo, se sucedieron los mítines. Se adoptó una «Carta del pueblo», donde se consignaban las principales reivindicaciones de éste; especialmente, el sufragio universal y el escrutinio secreto, que había de impedir el poderío del dinero en la política. Se pedía también el pago de una indemnización parlamentaria, para que así los diputados pobres elegidos por el pueblo pudieran sostenerse en sus cargos sin sentirse tentados a dejarse comprar.

SOBRE LAS IDEAS DE OWEN: La empresa en donde tenía inicialmente acciones Owen, se llamaba New Lanark. Esta empresa logró posicionarse en el mundo  gracias al experimento que allí realizó Owen, consistente en mejorar las condiciones de los trabajadores y conseguir un aumento de productividad y beneficios simultáneamente.

Creía firmemente que la humanidad avanzaría si se mejoraba el entorno de los individuos tanto en el ámbito moral como económico, creía que el hombre en estado natural era bondadoso y compasivo. Era la sociedad (que según el filósofo político Rousseau nacía como resultado del crecimiento demográfico) lo que corrompía al hombre. Su deseo de tener propiedades y su comparación con los otros habían convertido su natural y positivo amor por sí mismo en amor propio, un orgullo artificial.

Los humanos primitivos que vivían en un mundo salvaje y antisocial estaban libres de la avaricia y la envidia, pero el desarrollo de la agricultura, la propiedad privada y la jerarquía social habían dado lugar a las desigualdades y los conflictos. La sociedad eran un contrato injusto, creado por los ricos para obtener privilegios y privar de derechos a los pobres. En consecuencia, la desigualdad era inherente a la sociedad, no parte de la condición natural y original del ser humano.

Consecuentemente el socialismo utópico propugnaba por una sociedad donde no hubiera explotadores ni explotados, y reinara la felicidad y la armonía entre los hombres. Para conseguirlo debían aprovecharse las ventajas de la industrialización y el trabajo colectivo, organizados ambos de modo igualitario, es decir, suprimir la propiedad privada de los medios de producción, como los campos de cultivo, fábricas, máquinas, etcétera, para que pasaran a ser rropiedades colectivas.

El ambiente creado en New Lanark fue un reflejo de esta filosofía. Alentado por este primer éxito, inició un nuevo experimento en 1825: compró 8.100 ha de tierra en Indiana y fundó la Comunidad de New Harmony. Sin embargo la población que voluntariamente se había sumado al proyecto no tardó en perder el entusiasmo inicial y los problemas que surgieron no pudieron subsanarse con las visitas periódicas de Owen. Vendió el terreno en 1828 y perdió una buena parte de su fortuna.

AMPLIACIÓN DEL TEMA:
Las Experiencias de Robert Owen:

Oewn intento plasmar sus ideas en la practica y desarrolló una acción personal al servicio de la mejora en la posición de la clase trabajadora. La diferencia más importante con los demás socialistas utópicos radica en su referencia exclusiva a la clase de los trabajadores. Los demás intentaban una reforma de toda la sociedad en favor de todas las clases.

Para Owen el problema que pide solución es la promiscuidad en que se ve obligada a vivir la clase más pobre. Los demás, problemas sociales se ven desde este enfoque. En parte, esta postura se halla determinada por lo avanzado que ya se encuentra el proceso de proletarización. En este momento de la historia dicho proceso se erige en protagonista, irrumpiendo con fuerza en el contexto socio-económico.

Desde 1800 a 1829 dirige en New Lanark una fábrica de hilados de algodón de la que dependen unas 2.500 personas. Él mismo en persona se encarga de organizar no sólo el trabajo en el interior de la factoría, sino también la vida comunitaria del poblado que se construye alrededor de aquélla. La «colonia» se nutre principalmente de vagabundos y desmoralizados, marginados sociales que -se piensa no podrán rendir en el trabajo y mucho menos serán capaces de actuar en consonancia con los «altos valores» sobre que se asienta la vida comunitaria de New Lanark. La esperanza y tesón de Owen demuestran todo lo contrario.

En la factoría no existe policía, jueces ni beneficencia. La vida de los colonos se desarrolla en un ambiente, si no de holgura, al menos sin la miseria habitual en otros barrios industriales. La jornada de trabajo se reduce a 10 horas diarias —contra las 13 ó 14 normales en las fábricas vecinas.

Los beneficios son también más altos que los habituales. En el fondo, en esta primera experiencia de Owen se demuestra solamente que unas condiciones más favorables para el trabajador determinan un aumento en la productividad de éste, y que, por tanto, resultan rentables para el empresario. Esta táctica fue utilizada por el em-presariado con posteridad.

El nuevo replanteamiento le lleva a proponer una reforma en tal sentido y llevada a término por el Gobierno para que tenga la amplitud necesaria. El momento concreto de su propuesta es en 1823. Considera y defiende públicamente que es el camino mejor para combatir la miseria en Irlanda. Hasta aquel momento la sociedad había considerado con un cierto grado de benevolencia los experimentos de aquel «empresario inquieto».

Sin embargo, cuando propone la constitución de colonias en las que no existiría la propiedad privada, donde la religión sería abolida, y el matrimonio suplantado por un contrato privado, entonces la sociedad reacciona con virulencia. Si, además, se propone que la reforma se aplique a toda una nación, entonces el enojo de la «sociedad establecida» llega al paroxismo y destierra al innovador. Ello demuestra que en difinitiva se ponen en cuestión los pilares en que se asienta la organización social del Capitalismo industrial.

En América del Norte, Owen intenta realizar en pequeña escala su reforma. En 1825 se funda New Harmony financiada en parte por él y en parte por filántropos ilustrados. El fracaso es total al cabo de dos años. Se debe, principalmente, a un defecto de base en el planteamiento de Owen y de los socialistas en general.

Resulta en extremo difícil la existencia de pequeñas parcelas organizadas en base a valores opuestos al sistema capitalista. En todo caso, la viabilidad de estas experiencias se basa en la «buena voluntad» de algún filántropo, pero no modifica la situación general de la sociedad y sus estamentos.

Ver: El Cartismo En Inglaterra

Fuente Consultadas:
Todo Sobre Nuestro Mundo Christopher LLoyd
HISTORAMA La Gran Aventura del Hombre Tomo X La Revolución Industrial
Historia Universal Ilustrada Tomo II John M. Roberts
Historia del Mundo Para Dummies Peter Haugen
La Revolución Industrial M.J. Mijailov
La LLave del Saber Tomo II La Evolución Social Ediciones Cisplatina

Vida de la Burguesía Industrial en Europa Sociedad Capitalista

SOCIEDAD CAPITALISTA: VIDA DE LOS BURGUESES

El siglo XVIII significó el final del proceso de transición del feudalismo al capitalismo en Europa occidental. Se produjeron cambios sociales, económicos, políticos e ideológicos que transformaron profundamente la organización social europea e iniciaron los tiempos del capitalismo. El surgimiento de la burguesía, lo mismo que el del proletariado en la era industrial, es un proceso histórico sujeto a determinadas leyes. En el periodo precapitalista, en la época del feudalismo, la palabra burguesía o burgués, se aplicaba a todos los habitantes libres de la ciudad que comercializaban diversos productos. Los ciudadanos, habitantes de las localidades libres, procedían de los campesinos siervos. Constituyeron la población de las primeras ciudades.

Burguesía, en un principio este término servía para designar a los habitantes libres de las ciudades europeas durante la edad media. Más tarde, el término se convirtió en sinónimo de clase media-alta. En sentido etimológico proviene del latín burgus y del alemán brug, designando a aldeas pequeñas que dependen de otra ciudad. La burguesía designaría, pues, a quienes habitaban los burgos.

Debido al desarrollo de los talleres artesanles y del comercio nació la diferenciación de la población urbana. A fines de la Edad Media, desde aproximadamenhte fines del siglo XV, la palabra “burguesía” significaba ya las capas altas de los ciudadanos: los mercaderes, los banqueros, los dueños de los talleres artesanales y, posteriormente, de las manufacturas.

burguesia financiera en la edad media

Con la ascensión del capitalismo, la burguesía se enriqueció considerablemente y se alzó hasta los primeros puestos de la sociedad, al lado de los grandes terratenientes. El objetivo principal de la burguesía, en particular desde el momento en que apareció la clase de los obreros asalariados, consistió en concentrar en sus manos un gran capital.

A medida que se fue incrementando su poder económico, la burguesía conquistó o adquirió con su dinero numerosos derechos políticos de sus dueños, los señores feudales. El rápido desarrollo de la burguesía se remonta a los comienzos del siglo XVI. El descubrimiento de América en 1492 y el aprovechamiento de sus riquezas, el descubrimiento en 1498 de la ruta marítima a la India, circundando África, la ampliación de las relaciones comerciales con las colonias, impulsaron el desenvolvimiento del comercio, la navegación y la industria y coadyuvaron al incremento de la burguesía. El objetivo principal de la burguesía, en particular desde el momento en que apareció la clase de los obreros asalariados, consistió en concentrar en sus manos un gran capital.

El protagonismo de la burguesía creció incesantemente desde la segunda mitad del siglo XVIII, época en la que tuvo lugar una doble revolución: una revolución económica —la Revolución Industrial— que se inició en Inglaterra y que fue tal vez el proceso transformador más importante que vivió la humanidad hasta ese momento, y una revolución social y política —la Revolución Francesa— que marcó el principio del fin del antiguo régimen.

Con la ascensión del capitalismo, la burguesía se enriqueció considerablemente y se alzó hasta los primeros puestos de la sociedad, al lado de los grandes terratenientes. En el otro extremo de la escala social, campesinos pobres y obreros veían frecuentemente empeorar su situación. En los países donde existían grandes propiedades, como en el sur de Italia, Prusia o Rusia, la nobleza terrateniente, por su dinero y su poder político, conservaba el primer puesto en la sociedad.

Para pertenecer a la burguesía era suficiente con tener una acreditada valía, ya fuese por fortuna personal, por dotes y capacidad de mando en los negocios o por las influencias que se tuviesen. Existían desde los grandes burgueses, con influencia nacional e internacional, a los es trictamente locales.

Tolstoi ha redactado en su «Guerra y Paz» un notable estudio de esta aristocracia terrateniente, que reinaba sobre miles de almas y que prefería a la monotonía de sus propiedades, la vida fácil y brillante de San Petersburgo o de Moscú, en la que gastaba sus rentas. Estos señores feudales, indiferentes a la marcha de sus tierras, contrastaban con los «land-lords» ingleses, preocupados, ante todo, por la técnica agrícola y la mejora de sus rendimientos.

La burguesía inglesa invertía su dinero de buen grado en la tierra y rivalizaba con la nobleza en la construcción de suntuosas mansiones rodeadas de parques magníficos, con un estilo de vida en el que la caza y las frivolidades tenían lugar preponderante. Contrariamente a la aristocracia inglesa, a la que gustaba vivir en sus tierras, los grandes terratenientes franceses preferían arrendar sus fincas y vivir en París. Aquéllos a quienes su fortuna no permitía practicar tal absentismo vivían confortablemente de las rentas de sus tierras y, por su representación mayoritaria en las asambleas de la nación, hacían triunfar una política favorable a la agricultura.

El advenimiento de la burguesía iba a poner término a su predominio. Lejos de ser homogénea, esta burguesía conquistadora tenía sus propias categorías: en la cima se encontraba la oligarquía financiera, cuyas operaciones se limitaban a la compra y venta de letras de cambio y de metales preciosos, a la garantía de transacciones comerciales importantes, a los empréstitos del Estado. La escasez de la moneda (la producción de metales preciosos aflojó durante este primer medio siglo), la debilidad de las inversiones, del movimiento de capitales, de los créditos, no concedían aún más que un papel secundario a los bancos de negocios.

Todas las operaciones importantes dependían, pues, de estas grandes familias financieras, reclinadas en los medios protestantes o israelitas, entre los cuales los Baring en Inglaterra, los Hope en Amsterdam, los Rothschild en todas las grandes plazas europeas, eran los principales representantes. La ascensión de Rothschild merece ser considerada: el padre, Amschel, se había enriquecido administrando los bienes del elector de Hesse-Cassel; sus cinco hijos se establecieron en Viena, Londres, París, Nápoles y Francfort, se convirtieron en los banqueros de la coalición, lanzaron los grandes empréstitos, colocaron su capital en las minas y en los ferrocarriles y amasaron fortunas colosales. Ennoblecidos y acogidos en la más alta sociedad, llevaron un gran tren de vida, coleccionando obras de arte, protegiendo a los artistas y haciendo construir lujosas propiedades donde daban grandes bailes y banquetes.

La alta burguesía comprendía, además de los banqueros, a los grandes industriales metalúrgicos y textiles, a los miembros de profesiones liberales, de la administración, del ejército y de la diplomacia. Poseedores todos ellos de grandes rentas, se hacían construir confortables mansiones en los llamados «barrios burgueses», recibían a sus amigos, lanzaban las modas, tenían sus palcos en el teatro, frecuentaban las estaciones termales, ahorraban para los estudios del hijo y para la dote de la hija.

A este estilo de vida aspiraban todos los pequeños burgueses, patrones de empresas particulares que no empleaban más que un número muy reducido de obreros (forma de empresa muy utilizada entonces), comerciantes, hombres de negocios… Muy embrionaria aún en la Europa Oriental, la clase burguesa tendía a triunfar, económica y políticamente, en los países más avanzados, acabando con la dominación de los terratenientes: el advenimiento de Luis Felipe en Francia y la abolición de las «cornlaws» en Inglaterra dan testimonio de ello.

La burguesía fue básicamente liberal, no tanto en su adscripción a un partido, sino mediante un senti-do más amplio relativo a cómo entender la sociedad. Creía en el valor del dinero y la fuerza del trabajo personal, en la empresa privada y en la competitividad, todo dentro de un mundo en el que los progresos técnicos y científicos eran acogidos como muestras de una superioridad innegable, al tiempo que como algo plenamente necesario y asumido.

En un principio, la burguesía estuvo excluida del gobierno de la nación-estado, en buena medida por su falta de interés por los asuntos públicos. Pero el desarrollo histórico del siglo XI supuso la emancipación política de la burguesía. La burguesía había conseguido el poder económico y éste trajo consigo la ocupación del poder político.

En nombre del liberalismo: El movimiento liberal fue el primero que arremetió contra el orden absolutista europeo. El liberalismo es una filosofía global subordinada completamente a la idea de libertad individual. El interés del individuo tiene prioridad ante el de la colectividad, ante el grupo. Este sistema de pensamiento tiene en política consecuencias considerables. Los liberales desconfían del Estado y del poder que, según ellos, debe estar dividido y distribuido entre varias instituciones independientes y soberanas. En el contexto político de los años 1820, esto consiste en reivindicar una constitución escrita que limite la autoridad del soberano y que cree contrapoderes eficaces. El liberalismo no cuestiona la idea monárquica, sino la fórmula absolutista, contra la cual no existe un arma más eficaz que la separación de poderes.

La Alimentación y Los Nuevos Gustos: En Europa comienza una mejora real de la alimentación y que sigue basándose en el pan y en la carne, pero con el agregado de nuevos productos. El azúcar, empieza a extenderse de forma considerable y su exportación, de América hacia Europa, conocerá un progresivo aumento, ya que el único azúcar que se conoce proviene de la caña de azúcar que sólo puede cultivarse en países cálidos. Obviamente la posición acomodada de la burguesía le permite consumir a diario este tipo de alimentos novedosos.

El Alcohol: El alcohol resultante de la destilación de las frutas, que aparece en el s. XII, sigue siendo durante largo tiempo propiedad exclusiva de los boticarios, pues no logra introducirse en el consumo cotidiano hasta el s. XVIII, en que empiezan a instalarse numerosas destilerías en las proximidades de los viñedos. También se extiende por entonces el uso de los licores, vendidos en un principio como remedios y que más tarde servirán de sustitutos del vino y de «evasivos» de las miserias de la vida.

Café: El café llega a Venecia desde Oriente en el s. XVII, y se va implantando en Europa a partir de Francia. En 1670 se vendía por las calles de París, y es entonces cuando se abren esos establecimientos, conocidos con el nombre de «cafés», que desempeñarán un gran papel a lo largo del s. XVIII, porque en ellos nacerá la tertulia y conocerá una verdadera expansión la palabra humana. El café, lugar civilizado y acogedor, desplazará también en España otros establecimientos.

El tabaco: El tabaco, como el café, es uno de los estimulantes que precisa la sociedad para evadirse de sus propias angustias. Pronto va a difundirse por el mundo entero gracias a una rápida comercialización que multiplicará sus usos, puesto que puede tomarse, masticarse o fumarse. El tabaco, que en un principio había sido prohibido por muchos gobiernos, se verá poco a poco incluido entre los bienes reservados al monopolio estatal.

La moda: La búsqueda del confort y de una vida más lujosa propicia el que la moda conquiste en la sociedad de los nobles y burgueses un lugar hasta entonces desconocido. Las modas dependen estrechamente de las mutaciones de la industria textil. Así, en el s.XVIII, se introducen en el mercado las cotonadas estampadas, llamadas «indianas», que tendrán mucho éxito entre las mujeres europeas.

La belleza: Gracias a los progresos de la higiene que se dan en los Países Bajos primero, y después en Italia, los cuidados dedicados a la belleza del cuerpo y a la preservación de la salud cambian ligeramente de naturaleza. El llevar barba o pelo largo parece estar ligado a cambios de sensibilidad casi inexplicables, pero el gusto por la cosmética y los perfumes depende en gran medida de la influencia de los productos exóticos. Poco a poco se abren de nuevo los baños públicos, tan populares en la Edad Media y que habían desaparecido completamente en el s.XV, salvo en Rusia y en los países escandinavos.

Fuente Consultadas:
Todo Sobre Nuestro Mundo Christopher LLoyd
HISTORAMA La Gran Aventura del Hombre Tomo X La Revolución Industrial
Historia Universal Ilustrada Tomo II John M. Roberts
Historia del Mundo Para Dummies Peter Haugen
La Revolución Industrial M.J. Mijailov

Explotación Agricola en Europa del Siglo XIX Economía

EL PREDOMINIO DE LA ECONOMÍA AGRÍCOLA
EN EUROPA EN EL SIGLO XIX

La Europa de principios del siglo XIX era aún una Europa campesina cuya vida económica dependía estrechamente de las fluctuaciones de sus principales producciones agrícolas. La ausencia de excedentes mantenidos limitaba el desarrollo de las ciudades, que permanecían muy ligadas al campo. Las frecuentes malas cosechas de cereales, patatas, legumbres, ocasionaban grandes subidas de precio. Las crisis estacionales o anuales, engendradas por las malas cosechas o por la deficiencia de las relaciones comerciales y de los medios de transporte, se conjugaron a partir de 1817 con una larga etapa de depresión y de hundimiento de los precios, que sucedió al favorable período precedente.

LA POBLACIÓN: A partir de 1801, la población mundial ha crecido con más rapidez que nunca. Sólo en el siglo XIX se duplicó con creces; la anterior duplicación tardó cuatro veces más. Desde el siglo XVII la curva de crecimiento se ha ido haciendo cada vez más empinada. Sin embargo, las cosas no son tan sencillas como parece deducirse de esta imagen general. Algunos países han crecido con más rapidez que otros, y lo mismo puede decirse de los continentes.

El resultado ha sido un cambio en el orden de las naciones, atendiendo a su número de habitantes. Empecemos por Europa: en 1801, Francia reunía bajo su bandera más habitantes que ningún otro país al oeste de Rusia; en 1914 ocupaba la cuarta posición, por detrás de Alemania, Austria-Hungría y Gran Bretaña. El crecimiento de los Estados Unidos fue aún más rápido: en 1900 sus habitantes habían ocupado ya todo el continente (que en 1801 aún seguía inexplorado en gran parte) y su número había ascendido de 6 a 76 millones, lo que representa un aumento del 1.150 por 100.

Se dispone  de   información   mucho   más completa y exacta acerca de los países de Europa y América que de los de Asia y África; no obstante, parece comprobado que la población creció en todas las partes del mundo durante el siglo XIX: en China, por ejemplo, el aumento superó el 40 por 100, llegándose a los 475 millones; Japón pasó de unos 28 millones a unos 45, y la India de 175 a 290 millones. Se trata, en todos los casos, de incrementos muy grandes.

LA AGRICULTURA CONTINUA PREDOMINANDO
Salvo algunas excepciones, los métodos de explotación agrícola permanecían anticuados, ya que la mayoría de los grandes propietarios se desinteresaron de ello y no trataron de aumentar sus rentas por medio de la comercialización de sus productos. En cuanto a los pequeños cultivadores, sin instrucción, apartados de la escena política por los regímenes censatarios, no disponían de capital suficiente para introducir innovaciones.

agricultura en europa

Falta de abono, la tierra se convertía en  barbecho  cada   tres   años;   falta   también de maquinaria (se sembraba a mano, se trillaba con el mayal, se segaba con la hoz), una gran parte del suelo se desperdiciaba y los rendimientos obtenidos eran muy escasos. El desconocimiento de los métodos de conservación de la carne, el estado de los animales, desnutridos y sujetos a epidemias, impedía toda explotación ganadera racional, utilizándose el ganado, sobre todo, para los trabajos agrícolas.

Las crisis de subsistencias probaba trágicamente que el destino de millones de  hombres  dependía aún de las cosechas  de   trigo;   por  eso la agricultura estaba orientada hacia los productos de más corriente consumo, y, en pri mer lugar, hacia los cereales, como el trigo el centeno, la cebada, la avena y el alforjón.

La ausencia  de  excedentes  obligaba  a  la: diferentes naciones e incluso a las regione: a  vivir  replegadas  sobre  sí  mismas.   Uni camente  los   productos   exóticos   (especias café) daban lugar a un tráfico importante Sin embargo, este medio siglo conoció cier tos progresos agrícolas, de los que Inglate rra fue la principal beneficiaria. Más  adelantada que sus vecinos, había experimentado, desde el siglo XVIII , nuevos métodos; 2.000 lores, propietarios del tercio de la superficie cultivable, transformaron hectáreas de tierra de labor en fértiles praderas, en las que practicaron una ganadería moderna con selección de razas (la raza Durham llegó a ser la primera de Europa).

Los decretos para la formación de «acotados» (reunión de tierras rodeadas por vallas), concluidos en 1840, los «cornlaws», leyes que prohibían la entrada de trigos extranjeros, habían enriquecido   a   estos   grandes   propietarios que llevaron a cabo una verdadera revolución sustituyendo el barbecho por el cultivo de plantas herbáceas, de trébol, de alfalfa y otras análogas, alternando con los cereales; la utilización de los abonos (cal, guano, fertilizantes industriales descubiertos por Liebig), la mejora de los arados, la desecación de los pantanos, reforzaron esta revolución agraria.

Las Corn Laws fueron aranceles a la importación para apoyar los precios del grano británico doméstico contra la competencia de importaciones, vigentes entre 1815 y 1846.

PEQUEÑAS PROPIEDADES Y GRANDES DOMINIOS: Además  del  tipo inglés (que acabamos de ver mas arriba),  se podían  distinguir otras dos modalidades  de  agricultura en Europa.  Una de ellas predominaba en Francia, Países Bajos, Suiza y norte de Italia; la supresión de las servidumbres señoriales   había   emancipado   jurídicamente   al campesinado, pero éste, dueño en su inmensa mayoría, de pequeñas o medias propiedades, vegetaba y se mantenía gracias a la supervivencia de las prácticas comunales y a la ayuda de trabajos artesanos.

Sin embargo, en estos países fueron realizados importantes   trabajos   de  desecación   (particularmente en Holanda, donde los «polders» alcanzaron una gran extensión) que permitieron acrecentar la superficie cultivable. El rercer tipo de agricultura, el de los grandes dominios   señoriales,  reinaba  en  la  mayor parte de Europa; en el sur de Italia y en Toscana, la aristocracia terrateniente practicaba el absentismo, dejando a los administradores el cuidado de ocuparse de sus inmensas propiedades, y éstos las hacían explotar por los jornaleros a los que apenas les quedaba para vivir. Los grandes propietarios españoles practicaban también la aparcería; pero tenían que hacer frente a la Mesta, poderosa asociación de ganaderos que monopolizaba inmensas extensiones de tierras, oponiéndose al desarrollo de la agricultura.

En Prusia y en Europa Oriental, las reformas napoleónicas fueron abandonadas después de Waterloo y los campesinos tuvieron que devolver a los nobles el tercio de sus tierras, cayendo nuevamente en un estado de semi-servidumbre. Sin embargo, algunos pequeños hidalgos prusianos intentaron modernizar sus posesiones siguiendo el ejemplo de los lores ingleses.

Por último, en Rusia, la tierra estaba en manos de la corona y de los nobles; una parte de sus inmensos dominios era explotada directamente, y la otra repartida en parcelas entregadas a las familias de los siervos a cambio de los servicios que prestaban trabajando las tierras de su señor. Rusia era entonces la mayor exportadora de trigo de Europa, pero las exportaciones se hacían en detrimento de la población, que vivía en condiciones miserables. Esta oposición entre la Europa Occidental y los países orientales, próximos todavía a las estructuras feudales, había de durar hasta nuestros días.

Sistemas Bismarckianos Objetivos Unión de los Tres Emperadores

SISTEMA DE EQULIBRIO POLÍTICO MILITAR DE BISMARCK

Después de Sadowa, Sedán había asombrado a Europa. Prusia, victoriosa, permitía a Alemania resurgir como potencia, después de más de seis siglos de historia oscura. Pero aquella victoria alemana había trastornado el equilibrio europeo. Desunida, Alemania servía como de almohadillado entre las distintas potencias europeas: era un cómodo campo de batalla en el que se enfrentaban los imperialismos rivales, ruso, austríaco y francés. Pero ahora la tenacidad de Bismarck viene a imponer en Europa un «statu quo» al servicio de los intereses alemanes.

Sadowa: En la guerra franco-prusiana el ejército de Prusia conquistó Hannover y Hesse-Kassel, invadió Sajonia y Bohemia, y finalmente infligió una aplastante derrota a los austríacos en la batalla de Sadowa (cerca de la localidad austriaca de Königgrätz, hoy Hradec Králové, en la República Checa) el 3 de julio.

LOS TEMORES DE ALEMANIA
En efecto, gracias a la indemnización de guerra pagada por Francia, Alemania dispuso de capitales que podían ayudar al desarrollo de su industria, pero esta construcción económica requería un período de paz, por lo que Alemania tuvo que practicar una política exterior defensiva. Sin embargo, esta política, defensiva en sus fines, resultaba ofensiva en sus medios. Así, Alemania no podía menos de temer a Francia, que, tras una severa derrota, no estaba en modo alguno, abatida.

La rapidez con que, recurriendo al ahorro, pagó la indemnización de guerra y logró la evacuación de su territorio lo demostraba. Ahora bien, Francia restaurada por Thiers, estaba animada por un espíritu de desquite, tanto más vivo cuanto que la pérdida de Alsacia y de una parte de Lorena suponían una dolorosa amputación. Los franceses tenían su mirada puesta en la frontera, en la «línea azul de los Vosgos».

Bismarck temía a Francia, pero sabía que ésta no podía actuar sola. ¿Cuáles eran los posibles aliados de una Francia «revanchista»? Inglaterra, ciertamente no. Como siempre, la política inglesa estaba inspirada por un doble principio: mantenimiento de su superioridad en el mar (la flota inglesa equivalía a todas las flotas mundiales reunidas) y mantenimiento de un cierto equilibrio europeo, que permitiese a la intervención inglesa inclinar la balanza, sistemáticamente, a favor de sus preferencias o de sus intereses. Italia, tampoco. Esta joven potencia no podía ligarse a los intereses franceses. Era una nación que todavía no había terminado de organizar su reciente unidad.

Bismarck, el Canciller de Hierro Prusiano Ideólogo de sistemas de equilibrios militares

EL PRIMER SISTEMA BISMARCKIANO
Quedaban, pues, Rusia y Austria. Estos dos Estados tenían ambiciones muy concretas, pues ambos miraban a los Balcanes. El imperio de Austria-Hungría comprendía incluso nacionalidades eslavas del Sur:  eslovenos   y   croatas.

Los   austríacos   querían seguir  extendiéndose en los  Balcanes,  aumentando  así su dominio  sobre el Adriático,  que había recobrado su antigua importancia, cuando, en 1869, se había abierto a la circulación el Canal de Suez, y el comercio en el Mediterráneo había vuelto a ser uno de los primeros del mundo. Los rusos, por su parte,  seguían buscando un mar abierto.

El Báltico estaba lejos de las grandes vías comerciales, y los estrechos daneses   estaban   demasiado   bien   guardados por la flota inglesa. El Mediterráneo era una tentación para San Petersburgo. Y a los rasos no les faltaban posibilidades: los eslavos de los Balcanes volvían sus ojos hacia la poderosa  «hermana  mayor»,  defensora de la raza eslava y de la fe ortodoxa. Austria y Rusia se preocupaban, pues, de los Balcanes, y Bismarck tuvo que emplear mucha habilidad y diplomacia para envolver en una misma alianza a Alejandro II y a Francisco José.

Así surgió la Unión de los Tres  Emperadores, establecida en  1873, y que  agrupaba,  precisamente,   a  los  emperadores   de   Alemania,   Austria-Hungría   y Rusia.   Asegurada   la   neutralidad   austro-rusa,   Bismarck   pudo   entonces   intimidar a  Francia,  dejando  entender que no podía  descartarse  una  «guerra  preventiva», dado   el   espíritu   francés   y   su   reforma militar.

Los   franceses   se   impresionaron: «Nos negaremos a batirnos», declaró, incluso, un ministro. Inglaterra y Rusia, interesadas en que no se rompiese el ya inestable equilibrio en Europa, tuvieron que intervenir cerca de Bismarck.

Entonces, se suspendieron las amenazas alemanas, pero Bismarck había conseguido ya uno de sus propósitos, el de demostrar a los franceses que de nada les serviría el querer vengar su derrota con la esperanza de recuperar Alsacia: así les obligaba a volver su mirada hacia las aventuras coloniales (1875).

Ver: La Crisis Balcánica

EL CONGRESO DE BERLÍN Y EL SEGUNDO SISTEMA BISMARCKIANO
La elección de Berlín como lugar de reunión de las distintas potencias es un claro indicio del papel predominante desempeñado por Alemania y por Bismarck, que se aprovechó de ello para establecer muchos y útiles contactos. Por ejemplo, insinuó al ministro francés: «Ustedes no pueden dejar Cártago en manos de los bárbaros».

Y el francés comprendió perfectamente. Alemania animó a Francia a intervenir en Túnez, la invitó a emprender una política colonial que la distrajese de sus reivindicaciones europeas. De este modo, los franceses no sólo pensaron menos en Alsacia y Lorena, sino que, además, chocaron con Italia, que tenía en Túnez intereses preferentes.

Crear nuevos enemigos de Francia, equivalía a aumentar su aislamiento, pero el problema central planteado en Berlín sguía siendo el de los Balcanes. Se decidió que Servia, Rumania y Montenegro obtuviesen su independencia, y el sultán no pudo protestar. En cuanto a Bulgaria, sería autónoma, pero quedaría dividida en dos provincias, y, sobre todo, no tendría salida al mar Egeo. Austria adquiría también el derecho de administrar una provincia antiguamente otomana: Bosnia-Herzegovina.

Los rusos fueron, pues, los grandes vencidos por el Congreso. No ocultaron su resquemor por haber combatido y triunfado, para obtener, al fin, beneficios menos tangibles que los concedidos a Austria-Hungría. Pero, ¿qué podían hacer los rusos? ¿Romper sus alianzas anteriores y acercarse a Francia?

Sin embargo, el zar, autócrata, jefe de la muy santa Rusia, no podía aliarse con una Francia republicana y que predicaba malsanas ideas liberales. Por otra parte, ¿era Francia un aliado suficientemente sólido? A Rusia no le quedaba, pues, más posibilidad que la de conservar la amistad alemana, lo que permitía a Bismarck poner fin a su segundo sistema, singularmente más elaborado que el primero, y cuya finalidad esencial era la de evitar la renovación del «accidente» de 1878, es decir, un conflicto entre sus dos principales aliados.

En 1879, Alemania firmó un acuerdo con Austria-Hungría, pero sin comprometerse a apoyar a su aliado en una guerra balcánica que no podría menos de perjudicar sus intereses, por lo que, en 1881, reconstituyó la alianza de los tres emperadores.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IX La Gran Aventura del Hombre

El Imperialismo Norteamericano Siglo XIX Desarrollo Resumen

RESUMEN SOBRE EL IMPERIALISMO NORTEAMERICANO EN EL SIGLO XIX: Desde la compra de Louisiana, Estados Unidos siguió conquistando nuevos territorios y, aunque es posible que a su debido tiempo se convirtieran en estados y se poblaran por colonos blancos, a menudo se adquirieron en circunstancias dudosas, que podían parecer imperialistas para los no norteamericanos.

Estados Unidos quitó por la fuerza territorio a México y, algo más disimuladamente pero también por la fuerza, a los indios, sus habitantes nativos. En 1812 Estados Unidos entró en guerra con Gran Bretaña y muchos norteamericanos abrigaron la esperanza de apoderarse de Canadá. Sin lugar a dudas, la compra de Alaska a los rusos fue una prolongación del gobierno norteamericano sobre territorio extranjero que no limitaba con el propio.

Del mismo modo que los rusos no consideraban imperialistas sus avances contra los kanes y las tribus de Asia Central, los norteamericanos fueron incapaces de tener remordimientos sobre su ocupación gradual de la mayor parte del norte del continente americano. Se sintieron obligados a cumplir un «destino manifiesto». No les pareció una conquista, sino una expansión natural. Durante mucho tiempo, el Oeste impidió que los norteamericanos se ocuparan de los asuntos extranjeros. Sin embargo, acabada la guerra de Secesión y unidas ambas costas por ferrocarril y telégrafo, se empezó a hablar de los intereses de Estados Unidos en el extranjero.

La geografía hizo que los norteamericanos partieran de sus orillas en dos direcciones: hacia el oeste, por el Pacífico, y hacia el sur, en dirección al Caribe y Sudamérica. Desde fecha temprana estaban asentados los intereses norteamericanos en el comercio y la pesca de la ballena en el Lejano Oriente; en los años veinte del siglo XIX, la marina estadounidense contaba con una escuadra del Lejano Oriente. Aproximadamente en la misma fecha, los norteamericanos fueron los primeros en llegar a Hawai. Poco después, el gobierno estadounidense siguió el ejemplo de otras potencias y firmó acuerdos con China; luego envió al comodoro Perry para obligar a los japoneses a abrir sus puertos al comercio exterior.

América para los Americanos
Prácticamente desde su independencia, los norteamericanos se dedicaron a ampliar los territorios originales de las trece colonias (que sólo daban al Atlántico, ni siquiera en ese momento al Caribe) con la conquista del Oeste. Gran parte de las nuevas adquisiciones estaban en esa época en manos de los amerindios, que no fueron reconocidos como propietarios o ciudadanos norteamericanos sino confinados -tras el exterminio casi masivo- a reservas.

El Estado vendió esas tierras a bajos precios a particulares y empresas. Otras regiones fueron compradas a metrópolis europeas: Louisiana a Napoleón (Francia), en 1803; Florida a España en 1809. y el vasto territorio de Alaska a los rusos, en 1867. La ocupación del Medio Oeste y del lejano Oeste fue a expensas de los territorios indígenas y mexicanos, es decir, por la fuerza. Con el descubrimiento de oro en California, el centro de gravedad de Estados Unidos se desplaza hacia el Pacífico. Pese a las leyes mexicanas, que prohibían la inmigración, los colonos norteamericanos llegaron masivamente.

Entre 1845 y 1848, México pierde la mitad de su superficie en una guerra con los norteamericanos: todos los territorios al norte del Río Gránele (los actuales estados de Texas, Arizona, Nuevo México, California, Nevada, Utab y una parte cíe Wyoming). Al estar bastante aislado el este del oeste, se crea todo un mercado de producción de alimentos en distintos países latinoamericanos que. dan sobre el Pacífico -entre ellos Chile-, para abastecer las necesidades de los californianos. Entre 1820 y 1860 Estados Unidos pasa a tener de 23 a 33 estados, y su población se triplica, superando los treinta millones. Consideran que deben tener la hegemonía en el continente, y se oponen a las intervenciones europeas.

Su presidente Monroe, en 1823, estableció la doctrina que lleva su nombre, prohibiendo a cualquier Estado europeo establecer colonias en América o participar en las cuestiones americanas. Se sintetizaba así: “América para los americanos”, que muchos han traducido al castellano como ”América para los norteamericanos”, ya que ellos se denominan a sí mismos “americans“, y la doctrina implicaba un predominio de los norteamericanos ejerciendo una especie de control o paternalismo sobre todo el continente. Eso se debía a la creciente puja entre los capitales ingleses y estadounidense para detentar su supremacía.

Inicialmente muchos norteamericanos se opusieron de manera constante a que Estados Unidos tuviera posesiones de ultramar. Sostenían que, puesto que la república debía su existencia a la rebelión contra la potencia imperial, ¿cómo podía dedicarse a la empresa imperial? Otra objeción se basaba en que la Constitución no preveía la
existencia de colonias, sino de territorios que a largo plazo podían convertirse en estados de pleno derecho de la Unión. ¿Cómo era posible lograr algo semejante en sitios remotos?

Explosión del Maine en el puerto de La Habana, el 15 de febrero de 1898. El atentado desató una ola de histeria colectiva. Durante la guerra que se desencadenó, los norteamericanos se reunieron al grito de «Recordad el Maine».

La intervención en Cuba
En la década de 1880 los estadounidenses ya comienzan sus inversiones en Cuba, en las ramas azucarera, minera, tabacalera y ferroviaria. Intervienen en la guerra de independencia de Cuba contra España con la excusa de que ésta había bombardeado un acorazado suyo. Los norteamericanos desembarcan en la isla una fuerza invasora de 17.000 hombres. Entre ellos había un regimiento de soldados negros, a quienes los españoles llamaron “yanquis ahumados”. La participación norteamericana en esta guerra que ya finalizaba instigada por la prensa sensacionalista norteamericana y el presidente McKinley, durará sólo cuatro meses.

La consecuencia para España, una potencia europea en decadencia, es la pérdida de su flota y las últimas posesiones coloniales en América. La isla cié Puerto Rico es transferida a Estados Unidos y en esta “espléndida guerrita” (palabras del secretario cíe Estado), los norteamericanos obtienen además las islas Guam y Filipinas en el Pacífico, estas últimas cedidas a cambio de 20 millones de dólares.

La ocupación militar de Cuba les permite consolidar el dominio de las compañías azucareras, reconociendo finalmente la independencia de la isla pero bajo la tutela norteamericana. El gobierno de Estados Unidos se atribuye así. el derecho de intervención en la isla y su defensa ocupando las tierras necesarias para una base naval (la de Guantánamo), que todavía hoy conservan. La guerra con España también reporta beneficios a los grandes magnates como Rockefeller, que extiende sus negocios en todo el Caribe, instalando sucursales del National City Bank.

• La política del garrote
Las inversiones norteamericanas van paralelas a la política de intervención en las débiles repúblicas caribeñas y centroamericanas. Mientras la United Fruit Co., la Standard Oil y la American Suggar Co. expanden sus intereses, se desarrolla la nueva política exterior conocida como la política del garrote. El presidente Teodoro Roosevelt es exponente de esta agresiva diplomacia. EE.UU. ocupa Haití (1915) y Santo Domingo (1916-24), asumiendo el control de las aduanas de este país, y “fabrica” la independencia de Panamá, provincia de Colombia, para asegurar en su territorio la apertura de un canal interoceánico.

• El Canal de Panamá
En 1898, la anexión de las islas Hawai y la posesión de las Filipinas. permite a los Estados Unidos consolidar sus intereses comerciales con el Lejano Oriente (los mercados de China y Japón). Este comercio alentará el proyecto de apertura de un canal interoceánico que comunique ambos océanos a través de América Central. En principio había proyectado su construcción en Nicaragua. mientras que una compañía francesa obtuvo el permiso para iniciar las excavaciones y construir el canal en Panamá.

Pero la empresa francesa quiebra, por lo que en 1902 el Congreso norteamericano autoriza la compra de la compañía, adquiriendo además, del gobierno colombiano, el dominio perpetuo sobre una franja de tierra situada en su territorio y el uso exclusivo del canal. El Senado de Colombia rechaza el tratado. Esta postura lleva al presidente norteamericano Roosevelt a apoyar abiertamente un movimiento separatista panameño.

En 1903 desembarcan marines norteamericanos en la ciudad de Panamá y el gobierno de Washington reconoce al nuevo país, que cedía a perpetuidad a los Estados Unidos, una banda de tierra del Atlántico al Pacífico. A cambio se le concedía una regalía de diez millones de dólares y el pago cíe un arriendo de 250.000 dólares anuales. La República panameña queda de hecho bajo jurisdicción norteamericana: una parte de su territorio fue convertida en la Zona del Canal de Panamá (unas 94.000 hectáreas).

El canal fue inaugurado en 1914. El control del mismo modifica la estrategia norteamericana y da un nuevo impulso a su política imperialista en el Caribe. La posesión estadounidense del canal fue el símbolo más evidente del neocolonialismo norteamericano. La aspiración panameña de ejercer la soberanía sobre la zona del Canal dio con Ornar Torrijos (presidente panameño que muere en un sospechoso “accidente” aéreo) un paso adelante, al firmarse un acuerdo con el presidente norteamericano Jimmy Cárter en 1977. Allí se establecía que el traspaso del Canal sería al terminar el siglo (el 31 de diciembre de 1999), hecho que finalmente se hizo realidad.

• La diplomacia del dólar
Los sucesores de Roosevelt denominaron “diplomacia del dólar” a este tipo de intervencionismo en los países vecinos. La doctrina sostenía que el gobierno cíe Estados Unidos tenía derecho a buscar y proteger negocios lucrativos (inversiones) para sus empresarios. Este expansionismo norteamericano y el abandono de la política tradicional aislacionista, se da en un contexto internacional de renovada y agresiva competencia de los países europeos por el reparto del mundo. Una verdadera carrera para obtener territorios y zonas de influencia caracterizarán al período de fin de siglo XIX como “la era del imperialismo”.

La acción imperial norteamericana tuvo, sin duda. diversas raíces. Pero el crecimiento del comercio exterior vinculado al proyecto de expansión, contaba con una influyente minoría intelectual vinculada al Partido Demócrata que veía la necesidad de construir una gran Armada, apoderarse de bases navales y abrir mercados distantes.

En 1904 se dará una nueva interpretación de la Doctrina Monroe de 1823 (que negaba el derecho de las potencias europeas a intervenir en América): el presidente Roosevelt, en su mensaje anual, adjudica a los Estados Unidos como depositarios de la “civilización” el derecho a “ejercer un poder de policía internacional”. Si las naciones lindantes no se mantienen reglamentadas y prósperas, el gobierno de los Estados Unidos podría interferir en algún Estado que parezca incapaz de mantener el orden en su propio pueblo, o con el objetivo de proteger los intereses norteamericanos.

Fuente Consultada:
Historia Mundial y Contemporánea 1° Año Polimodal Eggers-Brass-Gallego
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IV La Gran Aventura del Hombre
Civilizaciones de Ocicidente Tomo B Jackson Spielvogel
Historia El Mundo Contemporáneo
Polimodal A-Z El Mundo Contemporáneo Felipe Pigna y Otros

Imperialismo Europeo en el Sudeste Asiático Indochina e Islas

RESUMEN ERA DEL IMPERIALISMO
REPARTO DE INDOCHINA E ISLAS DEL PACÍFICO

Mientras China y Japón ocupaban en resolver conflictos territoriales mediante enfrentamientos y tratados, el conjunto del Sudeste asiático y la zona del Pacífico eran repartidos entre las potencias europeas, que se adueñaban, al azar, de territorios o de islas sin importancia alguna, esperando que quizá en el porvenir pudieran ofrecer tesoros o algún interés estratégico, y no siempre equivocadamente, a juzgar por los pequeños atolones como el de Bikini (donde los EE. UU. hicieron estallar, en 1946, dos bombas atómicas). Pero otros dos motivos más serios, en lo inmediato, empujaban a los europeos a actuar.

En Siam, en Indochina, franceses e ingleses esperaban encontrar una vía de penetración hacia China. Además del cerco de aquella inmensa China, verdadero Eldorado mítico del siglo XIX, el conjunto del Asia de los monzones interesa a los occidentales por la riqueza y especialidad de sus productos agrícolas. Especias, tés, hevea, son cada vez más buscados, y poderosas sociedades piensan en crear allí plantaciones.

En Indochina, los franceses prosiguieron su avance. Después de haber pensado que el Mekong podría servir de vía de penetración en China, se percataron, con Francis Garnier, de que el Río Rojo sería mucho mejor. Sobrepasado por los franceses, instalados ya en sus posesiones de Cochinchina y de Camboya, el gobierno se ve, con frecuencia, ante el hecho consumado: la guerra con China en 1885 y el tratado de 1886 le entregan Tonkín y Anam. En 1893, bastaron dos cañoneros franceses, enviados desde Bangkok, para que Siam le ceda Laos.

Desde entonces, la Indochina francesa forma un conjunto homogéneo. No es un gran trampolín sobre China, pero su aprovechamiento parece prometedor. Gracias a Paul Doumer, futuro presidente de la República Francesa, se emprenden grandes obras públicas. Francia es ya una gran potencia asiática, pero el Japón goza también de un gran prestigio allí. Muchos anamitas quieren estudiar en Japón, y se forman partidos nacionalistas.

Siam, por su parte, consigue, a duras penas, conservar su independencia. La oposición franco-inglesa era, por lo demás, la mejor garantía. Sin embargo, como réplica a la anexión de Laos, Inglaterra se anexionó las provincias occidentales de Siam. La independencia de este país parecía anacrónica, en una Asia que los europeos pretendían administrar y civilizar. Felizmente para el Siam, estalló la guerra de 1914, que atrajo la atención de toda Europa.

El rey Rama IV tuvo la audacia de declarar la guerra a Alemania en 1917 y de firmar en la conferencia de la Paz «como aliado». En Indonesia, los holandeses desarrollaron al máximo el sistema de plantaciones, suministrando así a las industrias y al comercio de Amsterdam materias primas y buenas fuentes de ingresos. Pero los europeos no tardarían en sufrir la competencia de Estados Unidos, que, después de la guerra contra España, en 1898, había obtenido un protectorado sobre las Filipinas. El Sudeste asiático estaba, pues, casi totalmente, ocupado por las potencias europeas.

 uso de la nueva moda europea en asia

Discución en el Palacio Imperial el uso de la nueva moda europea

EL REPARTO DE LAS ISLAS DEL PACÍFICO
Los europeos se extasiaban ante aquellas civilizaciones perdidas, negro-orientales, me-lanesias o micronesias, o de los blancos salvajes de la Polinesia. Después de los exploradores, los misioneros se habían esforzado por convertir al cristianismo a aquellos hombres primitivos, que estaban todavía en la Edad de la piedra pulimentada. Pero, envueltos en la lucha de los misioneros católicos o protestantes, los gobiernos no tardaron en tener que actuar.

Tras el tiempo del folklore y de la fe y de la aventura, llegó el tiempo de la explotación, con el interés por las riquezas reales o supuestas de las islas. Los franceses tienen Tahití y Nueva Caledonia. Los ingleses ocupan las Islas Fidji. Pero, pasada la época en que Bismarck se negó a preocuparse de la adquisición de colonias (por ejemplo, no quiso escuchar a la casa Hanseman, que le animaba a plantar la bandera alemana en Nueva Guinea), las dificultades económicas y la Weltpolitik de Guillermo II hicieron de Alemania un nuevo candidato al reparto.

A pesar de algunas crisis, los diplomáticos aseguran el porvenir de las diversas islas o de los archipiélagos. Los Países Bajos, Alemania y Gran Bretaña se repartieron Nueva Guinea. Los Estados Unidos ocupan las islas Hawai. Franceses e ingleses dominan en Polinesia, los alemanes en Melanesia, y los americanos en Micronesia. Pero este reparto europeo tenía sus problemas, pues la población seguía sufriendo enfermedades, y el canibalismo no había desaparecido aún.

A partir de entonces, los trabajos forzados o las deportaciones impuestas por las potencias europeas, unidos a los daños fisiológicos originados por el consumo de alcohol, amenazaron a las poblaciones oceánicas, como la llegada de los europeos a América había amenazado con el exterminio de la población india. Decididamente, tanto en Oceanía como en Asia, el encuentro de las distintas civilizaciones fue muy violento.

Las civilizaciones indígenas no podían defenderse. Frente a aquella presión, no había más que dos soluciones: sometimiento o superación. Contradicción doloro-sa que, antes de 1914, sólo el Japón había acertado a resolver.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IX La Gran Aventura del Hombre
Biografía de GANDHI Heimo Rau Biblioteca Salvat – Grandes Biografías –

Justificación del Colonialismo Europeo en el Siglo XIX Condena

JUSTIFICACIÓN Y CONDENA DEL COLONIALISMO

A partir de 1870 se produjo una expansión territorial sin precedentes de los países europeos. Las grandes potencias occidentales exploraron y conquistaron territorios en todos los continentes y enviaron personas, capitales y productos industriales a todo el planeta. La superioridad técnica y militar les permitió imponer su ley y dominar fácilmente.

Una de las características de la segunda mitad del siglo XIX, fue la expansión europea por el mundo, aunque no era un hecho nuevo, pues, a finales del siglo XV, los españoles y portugueses ya habían abierto el camino en Asia, en África y en América, con el establecimiento de factorías comerciales o de grupos de población. Los ingleses y los franceses —los primeros, sobre todo—, habían hecho después progresos en América del Norte, y, luego, en la India, tras el gran conflicto colonial franco-inglés del siglo XVIII.

El movimiento de expansión continuó a principios del siglo XIX; pero, a partir de 1880, habría de adquirir un ritmo de velocidad y una amplitud desconocidos hasta entonces, ligados, por otra parte, a los cambios producidos por el desarrollo del capitalismo y de las técnicas modernas. En 1875, sólo el 10% del territorio de África se encontraba en poder de los europeos; en 1902, lo estaría el 90%.

Anteriormente, la vitalidad y la audacia de Europa se habían manifestado mediante fuertes corrientes de emigración y exploraciones de tierras desconocidas, que fueron preparando las futuras conquistas.

Imperialismo europeo en africa

Expedición Francesa en el Congo

A partir de 1850, la emigración «blanca» se organizó y aumentó, debido a la expansión demográfica (entre 1815 y 1848, había reinado la paz en Europa), al paro creado por el desarrollo de la mecanización, y la ruina de las industrias rurales por efecto de la industrialización fabril.

La carestía, el hambre, como ocurrió en Irlanda (1846-1848), y la abolición de la servidumbre en Alemania y en Austria-Hungría, que obligaron a los campesinos a abandonar la tierra, favorecieron el éxodo.

El descubrimiento de las minas de oro, provocó «avalanchas» febriles. Los transportes marítimos se perfeccionaron, haciéndose más rápidos y menos caros. Igualmente, los ferrocarriles facilitaron el acceso a los territorios americanos del interior, y las oficinas y sociedades reclutaron y organizaron la emigración.

Los mayores contingentes de emigrantes los proporcionaron Inglaterra y Alemania. Siguieron a éstos, los escandinavos, y, después, a finales de siglo, los italianos, los polacos, los eslavos de los Balcanes. Millones de emigrantes fueron poblando Estados Unidos, Brasil, Argentina, Australia, etc.

Y, a partir de 1850, las tierras inexploradas van siendo cada vez menos. Los exploradores se veían impulsados, sobre todo, por principios religiosos o científicos, y por el atractivo romántico de la aventura.

En realidad en las últimas décadas del siglo XIX, debido al considerable desarrollo del captalismo, sus nuevas ténicas y la feroz competencia explican la aceleración de las conquista en África, especialmente para los países coloniales, pues  eran unas fuentes de materias primas baratas (para los aceites industriales, en particular), de mercados para las mercancías metropolitanas, como la India, por ejemplo, para los tejidos ingleses, y unos lugares para la fructífera colocación de capitales.

En Francia, Jules Ferry, gran artífice de la expansión colonial, expuso en sus discursos claramente los formidables recursos que se ofrecían a los intereses privados. Los imperios coloniales se convirtieron en un «coto de caza», del que cada país se reservaba la explotación. Es preciso observar que la opinión pública se mostró bastante lenta en apoyar las empresas de ultramar.

Muchos franceses eran hostiles a ellas, debido a que desviaban las energías de la meta esencial: la revancha de la derrota de 1870, y el mismo Bismarck alentaba la política colonial de Francia, ya que temía el nacionalismo exacerbado de ésta ante la pérdida de Alsacia y Lorena.

LA ARGUMENTACIÓN: Las maneras de justificar la conquista y explotación de otros continentes por parte de los países europeos han sido diversas y variadas. Las necesidades económicas del capitalismo y el deseo de prestigio y de fuerza por parte de los Estados colonizadores se han encubierto con explicaciones y teorías de todo tipo.

Quizá la forma más generalizada y vergonzosa fue la defensa de la «raza superior», la pretendida superioridad del hombre blanco sobre las otras razas. Así, los colonizadores intentaron justificar sus intereses egoístas con argumentos denigrantes para los pueblos colonizados o con falsos paternallsmos que pretendían velar por estos pueblos y protegerlos.

El menosprecio por la cultura, la historia y los más elementales derechos humanos de estas comunidades es uno de los agravios más importantes que el mundo desarrollado ha infligido a los pueblos del Tercer Mundo. Ahora bien, esta actitud no fue general en toda la opinión pública.

Voces muy cualificadas se alzaron en contra de este estado de cosas y podemos decir que, desde mediados del siglo XIX, frente a la corriente defensora de la explotación colonial, surgió un potente movimiento anticolonialista. Sus argumentos penetraron poco a poco en las conciencias y con el tiempo muchos gobiernos se encontraron, en el interior de sus propios países, con una fuerte oposición a la acción colonial.

TESTIMONIO: Una justificación del colonialismo: la superioridad del hombre blanco
Se hicieron las deducciones generales siguientes:

1.Hay razones tan buenas para clasificar al negro como una especie diferente del europeo como las hay para hacer del burro una especie diferente de la cebra; y si tomamos en consideración la inteligencia, hay una diferencia mayor entre el negro y el anglosajón que entre el gorila y el chimpancé.

2. Las analogías entre los negros y los monos son más grandes que entre los monos y los europeos.

3. El negro es inferior, intelectualmente, al hombre europeo.

4. El negro es más humano en su natural subordinación al hombre europeo que bajo cualquier otra circunstancia.

5. El negro tan sólo puede ser humanizado y civilizado por los europeos.

JUNT, J.: Sesión científica de la Sociedad Antropológica de Londres. 1863.

Es un hecho incontestable que los negros tienen un cerebro más ligero y menos voluminoso que el de la especie blanca. Pero esta superioridad intelectual, ¿nos da a los blancos el derecho a reducir a la esclavitud a la raza inferior? No, y mil veces no.

Si los negros se acercan a ciertas especies animales por sus formas anatómicas, por sus instintos groseros, se distancian y se aproximan a los blancos en otros aspectos que cabe tener en cuenta. Están dotados de la palabra y gracias a la palabra podemos tener con ellos relaciones intelectuales y morales […]. La inferioridad intelectual de los negros, lejos de conferimos el derecho a abusar de su debilidad, nos impone el deber de ayudarlos y protegerlos.

«Negro», artículo del «Grand Dictionnaire (Jniversel Larousse du XIX siécle», 1872.

TESTIMONIOS DE CONDENAS
Resoluciones de los Congresos Socialistas que condenaron el imperialismo

Resolución de la Segunda Internacional de París en 1900: El Congreso Socialista Internacional de París, considerando que el desarrollo del capitalismo comporta fatalmente la expansión colonial, que es causa de enfrentamientos entre gobiernos; que el imperialismo excita el chovinismo en todos los países e impone gastos cada vez mayores en provecho del militarismo, que la política colonial de la burguesía no tiene ningún otro propósito que el de ampliar los beneficios de la clase capitalista y el mantenimiento de este sistema […] y que comete crímenes y crueldades contra las razas indígenas conquistadas por la fuerza de las armas.

Declara que el proletariado organizado tiene que utilizar todos los medios que tiene en sus manos para combatir la expansión colonial de la burguesía y condenar las injusticias y las crueldades que de ella se derivan […].

Resolución de la Segunda Internacional de Stuttgart en 1907
La misión civilizadora de la que habla la sociedad capitalista es tan sólo un pretexto para esconder su ansia de explotación y de conquista […] . Enemigo de toda explotación del hombre por el hombre, defensor de todos los oprimidos sin distinción de razas, el Congreso condena esta política de robo y de conquista, aplicación desvergonzada del derecho del más fuerte que pisa el derecho de los pueblos vencidos, y comprueba también que la política colonial aumenta el peligro de tensiones internacionales y de guerras entre los países colonizadores […].

El Congreso declara que los diputados socialistas tienen el deber de oponerse irreductiblemente, en todos los parlamentos, a este régimen de explotación y de servidumbre que impera en las colonias, exigiendo reformas para mejorar la vida de los indígenas, velando por el mantenimiento de sus derechos, impidiendo cualquier tipo de explotación y de servidumbre y trabajando, con todos los medios a su disposición, para educar a estos pueblos para la independencia.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IX La Gran Aventura del Hombre
ACTUAL Historia del Mundo Contemporáneo Bachillerato Primer Curso de García-Gatell

Colonialismo Británico en Sudáfrica Política de Cecil Rhodes

CECIL RHODES Y EL IMPERIALISMO BRITÁNICO EN EL SURDÁFRICA

A partir de 1870 se produjo una expansión territorial sin precedentes de los países europeos. Las grandes potencias occidentales exploraron y conquistaron territorios en todos los continentes y enviaron personas, capitales y productos industriales a todo el planeta. La superioridad técnica y militar les permitió imponer su ley y dominar fácilmente.

El choque entre los intereses imperialistas llegó a ser una de las características esenciales de la vida internacional. Hasta 1890 había numerosos territorios por ocupar y sólo unos pocos países habían entrado en la carrera colonial. A medida, sin embargo, que la ocupación del mundo se completaba y aparecían otras potencias coloniales, las ambiciones y rivalidades por el dominio colonial fueron la principal fuente de tensiones y, en definitiva, una de las causas del estallido de la Primera Guerra Mundial.

Además, la dominación colonial comenzó a ser contestada en muchos de los territorios colonizados y en el primer tercio del siglo XX nacieron los movimientos de liberación nacional que culminaron en el proceso descolonizador de la segunda mitad del siglo.

Pocos fundadores de imperios han poseído una personaliad tan acusada como Cecil Rhodes. Consagró toda su vida  a la realización de un gran proyecto: conquistar el mundo para la civilización anglosajona. De este grandioso plan, se dedico a poner en práctica la pirmra fase, la formación de un África británica: partiendo de El Cabo, crear, desde luego, una sólida unión de toda el África Austral, ganar desde allí la región de los grandes lagos, y hacerse con Sudán y Egipto.

Hijo de un pastor protestante, emigró a África a los diecisiete años de edad, donde consiguió hacer una inmensa fortuna absorbiendo un gran número de pequeñas empresas mineras, para englobarlas en la poderosa «De Beers Mining Co.». Más que de riqueza, estaba sediento de poder, no amando el dinero sino por la fuerza que proporcionaba, y tenía el convencimiento de que no había hombre que no pudiera ser comprado, por lo cual la corrupción fue uno de sus medios habituales de acción.

Cecil John Rhodes (1853-1902), colonialista y financiero británico, uno de los principales promotores del dominio del Reino Unido en Sudáfrica.

En los momentos de la llegada del joven Rhodes al África Austral, en 1870, Inglaterra no poseía allí más que dos colonias: El Cabo y Natal. Los antiguos habitantes del país, los boers, de origen holandés, habían emigrado hacia el Norte, fundando las colonias de Orange y del Transvaal, donde vivían, pacíficos y rudos, del cultivo de la tierra y de la cría de ganado.

El descubrimiento de oro y de diamantes en sus territorios trastornaría sus costumbres patriarcales. Despreciaban los bienes materiales, y esto fue su ruina. Aventureros y prospectores, llamados uitlanders, extranjeros para el país. Inglaterra, al principio, contemporizó: estaba ocupada en lucha, en el Norte, contra los feroces zulúes; había ocupado el distrito de Kimberley.

Cecil John Rhodes empleó su gran fortuna, obtenida con sus minas de diamantes de África, para expandir el dominio británico en el sur de este continente. Después de su muerte, ocurrida en 1902, gran parte de su capital fue destinado a la Universidad de Oxford para financiar las becas que llevan su nombre. Rhodes personificó el espíritu y la ambición colonial. A pesar de su delicada salud, estaba decidido a que el continente africano “desde Ciudad de El Cabo hasta El Cairo” estuviera bajo control británico, y consiguió frenar los intentos de otras potencias coloniales como Bélgica, Alemania, Países Bajos, Francia y Portugal.

Fue la energía de Cecil Rhodes, convertido en primer ministro del Gobierno de El Cabo, la que arrastró a sus compatriotas. Estimaba a los boers, pues había apreciado sus virtudes de laboriosidad y de firmeza. En cambio, despreciaba a los negros.

Los consideraba como unos monos, aunque unos monos útiles, susceptibles de convertirse en mano de obra. Y escribía acerca de ellos: «Debemos tratar a los indígenas, allí donde se encuentren en estado de barbarie, de un modo distinto del nuestro… Debemos ser sus señores». Esta política inhumana ha pesado, y sigue pesando, gravemente sobre el porvenir del África Austral.

El primer ministro anexionó, en 1885, Bechuanalandia, y después hizo que se reconociera la propiedad de un inmenso territorio, situado al norte de Transvaal, que llamaría Rhodesia. Por último, estableció un protectorado sobre Nyassalandia.

La «Chartered», sociedad dirigida por Rhodes, impulsó toda la transformación del África Austral, protegiendo, al mismo tiempo, los intereses de los uitlanders. Pero, para federar todos los países, era preciso conseguir el concurso de los holandeses.

Estos, ahora cercados en sus dos colonias, se negaban, agrupados detrás de su indómito presidente Krüger, a toda concesión. Cecil Rhodes, abandonando su paciencia, dejó las manos libres a su amigo Jameson, quien, en 1895, trató de apoderarse de la capital del Norte, Johannesburgo, pero fracasó en la empresa. Y esto fue el fin de Rhodes, obligado a retirarse. Sus últimos esfuerzos se centraron en la explotación de Rhodesia.

Sin embargo, después de la muerte de Rhodes, una costosa guerra produjo la unión de las Repúblicas del Norte con Natal y El Cabo. Krüger se había negado al reconocimiento de ningún derecho a los emigrantes que afluían al Transvaal.

El conflicto estalló en 1899; los boers invadieron Natal con sus milicias, agrupadas en comandos de 200 a 500 hombres, y cercaron a las guarniciones inglesas. Falta de cohesión, la contraofensiva del cuerpo expedicionario británico fracasó. Pero los británicos, dirigidos por lord Robert, se rehicieron.

Incrementado su número por refuerzos considerables, vencieron a los holandeses en Paderberg, en febrero de 1900, en el curso de una ruda batalla que duró diez días. La lucha continuó durante dos años más aún, en forma de guerrillas, siendo lord Kitchener quien acabó con ellas, implacablemente, sin vacilar siquiera en encerrar a familias enteras en los campos de concentración. Entonces, los dirigentes boers pidieron la paz, que se firmó en 1902.

Los blancos seguían siendo minoría, por lo que el porvenir de su dominación dependía de la reconciliación de los dos grupos objetivo que persiguió la política británia otorgando, en 1906, un estatuto de autono mía al Transvaal y a Orange. En 1910, se fundó la Unión del África del Sur, que agrupaba a los boers y a los ingleses, a fin’ de que discutieran en común todos los problemas esenciales. En cuanto a otros inmensos territorios, Inglaterra se vio obligada a no ejercer sobre ellos más que un control lejano y teórico, dejándolos disponer de gobiernos propios.

Los «dominios» reconocían la soberanía británica, concedían   a   Inglaterra   valiosas ventajas económicas, al tiempo que las tierras vírgenes atraían el exceso de su población.

El Canadá fue el primero en acogerse, en 1867, al estatuto. El acta de la América británica del Norte creó un nuevo estado: la Confederación del Canadá. Australia, poblada por subditos británicos, se convirtió, en 1900, en «dominio británico», y después, en  1907, en  «dominio autónomo». Nueva Zelanda corrió la misma suerte.

Todos estos países se consideraron libremente asociados en una comunidad, reconociéndoseles también el derecho de secesión. Pero los ingleses, por lo que se refiere a los países «blancos», tenían confianza en su solidaridad de origen y de interesen económicos: los capitales de los «dominios» eran ingleses,y la metrópolis comprabaa las nuevas naciones una parte de su producción agrícola.

TESTIMONIO: Carta de Cecil Rhodes, colonizador de África, en 1895
Ayer fui al Est End de Londres (barriada obrera) y asistí a una asamblea de parados. En la reunión escuché muchos discursos exaltados que no hacían sino pedir pan, pan y pan. AI volver a casa estuve reflexionando sobre lo que había oído y me convencí más que nunca de la importancia del imperialismo. […]

La idea que tengo representa la solución al problema social, es decir, con tal de salvar a cuarenta millones de británicos de la guerra social, nosotros, los políticos coloniales, tenemos que tomar posesión de nuevos territorios para colocar el exceso de población, para encontrar nuevos mercados donde vender los productos de nuestras fábricas y nuestras minas. […] Si no queréis la guerra civil tenéis que convertiros en imperialistas.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IX La Gran Aventura del Hombre

Anticongelantes: Uso de Etilenglicol Baja Punto de Congelamiento

ETILENGLICOL: PARA BAJAR EL PUNTO DE CONGELAMIENTO DEL AGUA

En los climas intensamente fríos, los automóviles pueden sufrir averías si no se toman medidas para protegerlos. El radiador y el bloque de los cilindros (bloque del motor) son las partes afectadas en primer lugar. Si el agua que contiene el bloque de los cilindros llega a congelarse, éste se parte, del mismo modo que los conductores de agua cuando el líquido que contiene se hiela. El hielo es menos denso que el agua y, por tanto, cuando éste se congela, convirtiéndose en hielo, ocupa un volumen mayor.

En el radiador de un automóvil, el agua está encerrada en un espacio limitado. El metal no puede dilatarse; de hecho, se contrae cuando disminuye la temperatura. Así, cuando el agua se congela, el sistema refrigerante está sometido a una presión interior, puesto que aquélla se expande, haciendo lugar para el hielo; el bloque de los cilindros o el radiador no pueden soportar esta tensión y se rompen.

Estas roturas son costosas, pues la dificultad de la reparación obliga a sustituir las piezas. Una vez que se ha roto el bloque, el sistema de refrigeración del motor deja de funcionar y, si se usa el coche en estas condiciones, el motor se sobrecalienta, expulsando chorros de vapor de agua.

Por esto, resulta muy importante que el agua del sistema de refrigeración no se congele, aunque la temperatura externa descienda por debajo de O° C. Hay que añadir alguna sustancia que rebaje el punto de congelación. En otras palabras, al agua de refrigeración debe añadírsele un anticongelante.

Cuando se añade al agua un poco de sal, el punto crioscópico (punto de congelación) baja ligeramente. Si añadimos más sal, dicho punto sigue descendiendo.

La adición de una impureza tiene, pues, el efecto de hacer descender el punto de congelación. Aunque con sal se puede conseguir este efecto perfectamente, no se usa nunca como anticongelante por su fuerte poder corrosivo, que atacaría rápidamente el metal del radiador. Normalmente, se usa el compuesto orgánico etilénglicol.

Éste es muy eficaz para disminuir el punto de congelación del agua de refrigeración. Al contrario que la sal, no es nada corrosivo y, por tanto, puede usarse sin peligro de dañar el radiador. Los anticongelantes que compran los automovilistas contienen, fundamentalmente, etilénglicol, junto con un pequeño porcentaje de otros compuestos químicos, que actúan como inhibidores (antioxidantes), protegiendo de la corrosión el interior del radiador.

Los antioxidantes son muy necesarios, porque la misma agua es un agente corrosivo que puede atacar la superficie metálica, si no lo evitamos. Aunque se podría usar el mismo glicol indefinidamente, los antioxidantes tienden a perder su eficacia.

Por tanto, es aconsejable usar anticongelante nuevo cada invierno, para impedir la corrosión del radiador.El anticongelante se mezcla con agua y, una vez diluido, se vierte en el radiador. Una solución con un 25 % de glicol en volumen tiene un punto crioscópico de — 12,8° C, y es la adecuada porque no resulta fácil que la temperatura descienda por debajo de este punto. Este tipo de mezcla, naturalmente, no se puede usar dentro del Círculo Polar Ártico, donde la temperatura desciende, con frecuencia, por debajo de —12,8° C.

Se necesita, por tanto, un líquido cuyo punto de congelación sea mucho más bajo. A medida que se va aumentando la proporción de glicol, el punto crioscópico desciende hasta un cierto límite, desde el que empieza a subir nuevamente. El punto de congelación más bajo que puede obtenerse con una mezcla de etilénglicol y agua es — 44° C. Se trata del punto crioscópico de una mezcla al 50 % de glicol y agua.

Para las condiciones extremas del Ártico se añade una pequeña cantidad de éter de glicol. Así se consigue que el punto descienda hasta — 68° C. Casi todos los sistemas de refrigeración de los automóviles que -circulan actualmente pueden ser vaciados o llenados por sus dueños, pero la tendencia moderna es que estén precintados y que su contenido sea renovado solamente cada dos años.

El radiador se llenará y precintará en la fábrica, usando una mezcla más concentrada que las habituales. Se utiliza una mezcla al 50 % de glicol y agua, que hace descender el punto crioscópico hasta — 44° C. De este modo, los autos pueden funcionar en cualquier país. Los antioxidantes plantean problemas, pero se están llevando a cabo investigaciones para prolongar su período de actividad. Con mejores antioxidantes, no sería necesario cambiar el anticongelante tan frecuentemente.

En el gráfico se observa: A medida que se va añadiendo más etilénglieol al agua, el punto crióscopico desciende gradualmente. El refrigerante del radiador puede elaborarse de tal forma que siga estando liquido por debajo de O°C. Esto no se puede conseguir indefinidamente. Cuando se añade mucho glicol, el punto crioscópico se eleva de  nuevo, como se vé en la línea roja de la derecha.
grafico etilenglicol

Fuente Consultada
Revista TECNIRAMA N°113 Enciclopedia de la Ciencia y la Tecnología

Subproductos Derivados del Petroleo Etileno Destilación y Refinación

Aunque el petróleo es importante como fuente de lubricantes y carburantes para los motores de combustión interna, los subproductos de las refinerías se utilizan como el punto de partida para la obtención de nuevas sustancias. Rápidamente, estos subproductos se han convertido en las principales materias primas para la obtención de una amplia gama de compuestos orgánicos complejos y, en particular, de los polímeros.

Hasta hace quince años, las principales fuentes de compuestos orgánicos eran el alquitrán de hulla y el alcohol etílico, obtenido por la fermentación de melazas. Cuando las compañías de petróleo más importantes comenzaron a trasportarlo crudo para su refinación posterior cerca de los centros, consumidores, en vez de refinarlo en los campos petrolíferos, se pudo disponer de los subproductos del petróleo en gran cantidad.

Desde un punto de vista económico, esta fue una situación ideal. Por un lado, las refinerías producían hidrocarburos gaseosos (con moléculas que contienen uno, dos, tres o cuatro átomos de carbono), de los cuales había una demanda limitada en aquella época.

Por otra parte, varios productos nuevos estaban en etapa de desarrollo y necesitaban materias primas económicas. Así, pues, los subproductos del petróleo se convirtieron en materiales de partida para muchos otros procesos.

Debido a la interdependencia entre las refinerías y las plantas químicas que utilizan sus productos, gran parte de los procesos iniciales se realiza en fábricas que dependen de las compañías de petróleos y de las empresas de productos químicos.

MATERIAS PRIMAS
Los elementos básicos con los que se obtiene gran número de compuestos son los hidrocarburos gaseosos, que son separados de los componentes sólidos y líquidos del petróleo crudo cuando éste se destila.

También se producen en gran cantidad durante la operación del craqueo catalítico. En este proceso, el gasóleo (fracción de petróleo con un punto de ebullición más alto que la gasolina) se vaporiza, se mezcla con vapor de agua y se hace circular por un catalizador caliente.

Las moléculas más grandes del gasóleo se rompen, para formar moléculas más pequeñas. Entre los compuestos más importantes que se obtienen por este procedimiento figuran el etileno, el propileno, el butileno y el butadieno. Sus moléculas no están saturadas (es decir, tienen dobles enlaces débiles), y algunos se utilizan para obtener hidrocarburos de cadena ramificada de peso molecular mayor, que se añaden a la gasolina para mejorarla (le dan un mayor índice de octano). Como hay una superproducción de gasóleo, no es difícil producir cantidades suficientes de estos compuestos no saturados para atender cualquier demanda.

Antes de que los gases se puedan utilizar en las plantas químicas, deben separarse. Esto se hace por destilación fraccionada, que se efectúa a presiones altas y baja temperatura, con lo cual los hidrocarburos se licúan.

Casi todos los gases que provienen de la planta de destilación son hidrocarburos saturados (es decir, los átomos de la molécula están unidos por enlaces sencillos fuertes). El propano y el butano se utilizan, principalmente, como gases trasportables. Éstos se licúan fácilmente a presiones moderadas y se envasan. Las garrafas o bidones de propano y butano se utilizan mucho, sobre todo en los lugares donde no hay gas de alumbrado.

Sin embargo, el metano (gas natural) es importante como materia prima. Este hidrocarburo (CH4), en sí, es poco reactivo, pero se puede convertir en alcohol metílico (CH3-OH), que tiene muchas aplicaciones. Esta conversión tiene lugar en dos etapas. Primero, el metano, mezclado con vapor de agua y anhídrido carbónico, se pasa sobre un catalizador caliente de níquel. Se forma una mezcla de monóxido de carbono e hidrógeno en las proporciones adecuadas. Cuando se comprime la mezcla, se obtiene alcohol metílico.

El alcohol metílico es un disolvente importante como tal, pero grandes cantidades de él se convierten en formaldehído (CHaO) por una reacción de oxidación. El formaldehído se usa en la preparación de varios fármacos, pero la mayor parte del producto se utiliza en la fabricación de plásticos de fenol-formaldehído (por ejemplo, la bakelita),

REFINACIÓN  DEL PETRÓLEO: En la refinería, la primera operación a la que se somete el petróleo crudo es la “destilación”. Ésta separa el petróleo en seis “fracciones”, la mayoría de las cuales sufre un tratamiento posterior. La gasolina destilada contiene gran proporción de parafinas de cadena lineal, que producen el picado o detonación cuando se quema aquélla en el motor del coche.

Este efecto se puede disminuir añadiendo a la gasolina parafinas de cadena ramificada e hidrocarburos cíclicos. Para producir estos compuestos cíclicos y ramificados se realizan tres procesos, que son: el craqueo, la polimerización y el “reforming”. Calentando a temperaturas elevadas los compuestos orgánicos, cuyas moléculas constan de muchos átomos, éstos se descomponen, dando compuestos de moléculas más pequeñas.

torre de destilación de petroleo

En el proceso de destilación primario se suministra petróleo crudo y se separan las distintas fracciones.

Este proceso, llamado “craqueo”, tiene lugar en las refinerías de petróleo, donde se rompen los aceites de alto punto de ebullición y se obtienen compuestos más volátiles, que se pueden añadir a la gasolina. Para facilitar estos cambios químicos se utilizan catalizadores, por lo cual el proceso se llama “craqueo catalítico”.

Además de dar compuestos adecuados para la destilación de gasolina, también se producen hidrocarburos gaseosos. Estos últimos (que contienen uno, dos, tres o cuatro átomos de carbono por molécula) se obtienen tanto en la etapa de destilación como en las del craqueo Catalítico.

Algunos de estos compuestos, especialmente los hidrocarburos no saturados propileno y butileno, se utilizan en reacciones de “polimerización”, para obtener hidrocarburos ramificados mayores, que, cuando se añaden a la gasolina, le confieren propiedades antidetonantes y elevan su índole de octano. Estos gases son también la materia prima para la industria petroquímica.

ETILENO
El etileno y los hidrocarburos superiores no saturados (propileno, butileno y butadieno) son mucho más reactivos que los hidrocarburos saturados, y por eso tienen muchas más aplicaciones como materias primas. Se obtienen, principalmente, en la planta de craqueo catalítico, donde, controlando con cuidado las condiciones de reacción (temperatura y presión) y la proporción de vapor añadido, se puede obtener un gran rendimiento en compuestos no saturados.

Como el etileno es un compuesto no saturado, resulta bastante reactivo. Toma parte en reacciones de adición (es decir, se le pueden añadir otras moléculas), y con facilidad forma polímeros, como el polietileno.

La mayor parte del etileno se usa en la fabricación de plásticos: polietileno, poliestireno, policloruro de vinilo (P.V.C.) y acrilonitrilo. El etileno también puede convertirse en alcohol etílico, que se emplea como disolvente.

El alcohol se oxida para dar acetaldehído y ácido acético, que, a su vez, se usan como materiales de partida para la fabricación de otros productos

También se utiliza el etileno en la fabricación de óxido de etileno, del cual se puede obtener etilénglicol, que se emplea como anticongelante en los sistemas de refrigeración de los automóviles. El etilénglicol es una materia prima utilizada en la fabricación de la fibra artificial llamada terilene.

La obtención de alcohol etílico a partir de etileno y agua es también un proceso catalítico en el que se usa ácido fosfórico como catalizador. En este proceso se obtiene, al mismo tiempo, éter dietílico en pequeña cantidad. Sólo un 5% del etileno que’entra en el reactor se convierte en alcohol etílico; por eso, el etileno se separa para reciclarlo, y el alcohol y el éter se separan por destilación fraccionada. El éter que se produce se utiliza como disolvente y anestésico.

La producción de plásticos y fibras artificiales que se derivan del etileno constituyen un tema demasiado extenso para describirlo aquí.

En casi todos los casos, la polimerización se realiza abriendo los dobles enlaces y utilizando las valencias libres para unir muchas moléculas entre sí. El polietileno se obtiene directamente del etileno, mientras que el cloruro de vinilo se produce a partir de etileno y cloro, antes de polimerizarlo.

El estireno, del cual se obtiene el poliestireno, también se consigue del etileno. Cada uno de esos plásticos tiene gran variedad de aplicaciones; algunos son buenos aislantes eléctricos, otros resisten el ataque químico. Unos son trasparentes, mientras que otros resultan traslúcidos u opacos.

En la actualidad, el propileno se utiliza principalmente para la obtención de otros compuestos orgánicos intermedios, como alcohol isopropílico, acetona y fenol, entre los más importantes; pero parece probable que en el futuro se utilicen cantidades mayores en la producción de un nuevo plástico: el polipropileno. Actualmente, la acetona se fabrica del propileno por medio de dos procedimientos diferentes. El primero consiste en obtener alcohol isopropílicoy luego oxidarlo a acetona.

En el proceso más reciente, el propileno reacciona con benceno para dar eumeno, que se oxida después y se descompone en fenol y acetona. La acetona es un disolvente muy importante y se utiliza en la producción de explosivos y adhesivos. El fenol es uno de los principales materiales de partida para la fabricación de gran número de plásticos y resinas; por ejemplo, el plástico fenol-formaldehído (bakelita)  y las epoxiresinas.

Cuando se unen cuatro moléculas de propileno, se obtiene una sustancia llamada isododeceno (CH2HE,), que se utiliza en la fabricación de varios detergentes de uso doméstico e industrial. Grandes cantidades de butadieno (CH2=CH—CH=CH2) y butileno (C4H8) se utilizan actualmente en la producción de varios tipos de caucho sintético y de plásticos.

Estos cauchos sintéticos se emplean en la fabricación de suelas de calzado y de neumáticos de automóvil. Durante el proceso de refinación del petróleo, también se obtiene gran número de compuestos inorgánicos. En el petróleo hay varios compuestos de azufre que deben eliminarse y que pueden ser una fuente de azufre para la producción de ácido sulfúrico.

El exceso de gas hidrógeno procedente de las refinerías se puede utilizar en la elaboración de amoníaco, que es un material esencial en la fabricación de varios fertilizantes.

tabla uso del petroleo

ALGO MAS SOBRE LOS USOS DEL PETROLEO:

El petróleo es una sustancia que las personas conocen y usan desde hace miles de años. Con el nombre de aceite de roca se empleaba, por ejemplo, para impermeabilizar todo tipo de embarcaciones, y en el antiguo Imperio babilónico (el actual Irak) ya se asfaltaban con él las calles principales. Sin embargo, sus utilidades eran escasas.

El primer pozo petrolero se perforó a mediados del siglo XIX, obteniendo como primer subproducto el queroseno, que sustituyó al aceite de ballena como combustible. A finales de ese mismo siglo aparecieron los primeros automóviles impulsados por gasolina, y la creciente demanda de coches con motor de combustión convirtió al petróleo en la principal fuente de energía en unas pocas décadas.

La industria petroquímica comprende la elaboración de todos aquellos productos que se derivan de los hidrocarburos, tanto del petróleo como del gas natural. Produce cientos de productos diferentes, con aplicaciones en casi todos los ámbitos de nuestra actividad:

•  Las fibras textiles artificiales, como el nailon. Presentan, sobre las fibras naturales, grandes ventajas, como resistencia ante el ataque de bacterias, hongos e insectos, se arrugan menos, se secan más rápidamente, etc.
•   Fertilizantes, herbicidas e insecticidas de todo tipo para la agricultura.
•   Colorantes, conservantes, antioxidantes y otros productos aditivos para la industria alimentaria.
•   Detergentes.
•   Envases y embalajes variados.

Todos los tipos de plástico son polímeros, es decir, materiales derivados del petróleo. Sus utilidades son incontables: carcasas para aparatos electrónicos (teléfonos, computadoras, televisores, etc.); film transparente para envolver alimentos; fibra óptica para comunicaciones; encapsulados y coberturas para material eléctrico; neumáticos, etc. Las aplicaciones del petróleo y sus derivados en nuestra vida diaria son muy numerosas.

CUADRO SOBRE EL USO DEL DERIVADO ETILENO:

cuadro uso del etileno

Fuente Consultadas:
Revista TECNIRAMA N°124 El Petróleo Como Materia Prima
La Enciclopedia del Estudiante Tomo 04 Tecnología e Informática Santillana

Energía Geotermica Concepto y Técnicas de Producción

Hasta las mayores centrales de producción de energía creadas por el hombre quedan empequeñecidas por la principal fuente de energía de la Tierra, el Sol. Directa o indirectamente, el Sol proporciona casi toda la energía que necesitamos, porque él es quien calienta el planeta, y en último extremo, quien impulsa el viento y las olas. Incluso la energía química de las reservas mundiales de carbón, petróleo y gas, procede originariamente de plantas y algas, que obtuvieron a su vez su energía del Sol.

Cada  vez   se   necesita   más   energía   para mover toda la maquinaria del mundo, y el hombre busca continuamente nuevas fuentes de ella. Además de quemar carbón y petróleo, rompe los átomos de los elementos radiactivos (energía atómica), construye presas en los ríos (energía hidráulica) y convierte directamente el calor del sol (energía solar).

Incluso, las fuerzas de los vientos y los grandes movimientos de las mareas han sido aprovechados. Una nueva fuente de energía, llamada a tener gran importancia en el futuro, es el calor producido por la misma Tierra: la energía geotérmica. No se conocen con absoluta certeza las causas de este calor terrestre; pero no puede dudarse de su existencia.

En muchas partes del mundo hay volcanes que expulsan grandes cantidades de lava fundida; el vapor se escapa a través de grietas; hay conos volcánicos donde hierve la lava, y agua hirviente que sale a la superficie en forma de manantiales calientes o geiseres. Se calcula que la energía que disipa la Tierra excede la contenida en los combustibles convencionales. Lo único que hace falta es descubrir el procedimiento para utilizar la potencia geotérmica.

No es una novedad la utilización del calor terrestre. Los islandeses tienen una larga conducción de agua, procedente de manantiales termales, que terminan en sus casas y huertos. Las casas de 46.000 personas (la cuarta parte de la población de Islandia) están calentadas geotérmicamente. En Larderello, cerca de Pisa, en el norte de Italia, los gases calientes que  salen del suelo se han utilizado, desde comienzos de siglo, para producir electricidad.

Pero, hasta muy recientemente, la potencia geotérmica no se consideraba como una fuente de energía importante, sino, simplemente, como un suplemento de las otras grandes fuentes naturales.

Los “geiseres” son manantiales calientes, que expulsan agua y vapor sólo a intervalos. Junto a la superficie, hay un sistema de cámaras intercomunicadas, que están llenas de agua caliente. En la base, el agua llega a sobrecalentarse y su temperatura sube a más dé 100°C; pero, debido al peso de las capas superiores del líquido, no puede hervir. Lentamente, se eleva la temperatura del agua próxima a la superficie. Por fin, parte de ella hierve, convirtiéndose en vapor. Con ello, la presión desciende y el agua sobrecalentada hierve también; como consecuencia, se produce un violento surtidor de vapor, que puede alcanzar alturas considerables.

La Tierra intercepta cientos de miles de millones de megavatios de energía del Sol. Aunque la mayor parte de ellos es devuelta por irradiación al espacio y no resulta utilizable, la cantidad de energía solar absorbida por la Tierra en un solo año es todavía mucho mayor que la energía que se podría obtener de toda la reserva aprovechable de combustibles fósiles del mundo.

Bastaría con utilizar al máximo una fracción minúscula de esta energía solar para satisfacer nuestras necesidades actuales. El Sol seguirá brillando durante miles de millones de años; por ello, las formas de energía obtenidas diariamente de él reciben el nombre de energías renovables.

Tarde o temprano se agotarán las reservas mundiales de carbón y petróleo, pero abajo de nosotros hay otra fuente de energía virtualmente ilimitada. Se trata de la energía geotérmica, el calor del núcleo de la Tierra. La parte externa del núcleo, justo debajo de la corteza terrestre, se compone de magma, esa roca al rojo vivo que expelen los volcanes en erupción.

En muchas zonas volcánicas, la energía geotérmica brota a la superficie en forma de agua caliente o vapor, que puede usarse para accionar generadores de electricidad. En 1904 se inauguró en Larderello, Italia, una planta activada por energía geotérmica, pero la electricidad que produce satisface apenas las necesidades locales. Hoy, en Cornwall, Inglaterra, y en Los Alamos, Nuevo México, se investiga la forma de extraer la energía que se halla escondida en el centro del planeta.

tecnica para geotermia

Gambusinos del calor Cerca de Los Alamos (desierto de Nuevo México) se han hecho perforaciones por pares. La más profunda de ellas llega a 4.400 m, donde la temperatura de la roca es de 327°C. Se inyecta agua, bombeándola a alta presión, para romper la roca y formar fracturas que unan los pozos. Así, el agua impelida por uno de los barrenos se vuelve vapor, que se fuga por las fracturas hacia el otro barreno, de donde se devuelve a la superficie por bombeo. Si se perfecciona esta tecnología de “ardientes rocas secas”, el agua calentada servirá para generar electricidad a gran escala, sin dañar el ambiente.

Energía geotérmica: A unos 30 km por debajo de nuestros pies, la roca alcanza una temperatura de aproximadamente 900°C. Este calor proviene principalmente de la descomposición radiactiva gradual de los elementos en el interior de la Tierra. En sentido estricto esta fuente de energía no es renovable, pero es inmensa. En los 10 km superiores de la corteza terrestre, a profundidades accesibles con las técnicas actuales de perforación, hay energía suficiente para cubrir todas nuestras necesidades energéticas durante cientos de años.

En algunas partes del mundo, como Islandia, por ejemplo, la cantidad de calor geotérmico que llega a la superficie es notablemente superior a la de otros lugares y puede utilizarse directamente como método de calefacción doméstica. En otros países, se calientan bloques de pisos con agua caliente procedente de pozos de unos 2 o 3 km de profundidad.

Sin embargo, las mayores reservas de calor geotérmico se encuentran a una profundidad muy superior, a unos 6 km. Como a esa profundidad las rocas están secas, resulta más difícil y costoso extraer su calor, porque es necesario bombear agua hacia abajo para transportar posteriormente el calor hacia arriba.

En un proyecto experimental llevado a cabo en Cornualles, Inglaterra, tres perforaciones de 2 km de profundidad han sido interconectadas mediante un sistema de grietas, que permite bombear el agua desde una perforación a otra.

Existen proyectos para taladrar agujeros de hasta tres veces esa profundidad, pero incluso a las profundidades actuales el agua vuelve a la superficie lo suficientemente caliente como para producir el vapor que hace funcionar las turbinas. Algunas estimaciones sugieren que en Cornualles y otros lugares donde las rocas están más calientes a menores profundidades, proyectos de este tipo podrían llegar a generar una energía equivalente a diez mil millones de toneladas de carbón.

Soltando vapor:En Islandia,Italia y Japón, la energía geotérmica es liberada, por medios naturales, de
su asiento bajo la corteza. Desde la superficie se filtra el agua de lluvia  y se acumula en capas de roca porosa, donde el magma subyacente la calienta. El agua caliente  sube de nuevo a la superficie por entre las fisuras de la roca y brota en forma de fuentes termales, charcos de lodo, chorros de vapor o geiseres. La humanidad puede abastecerse de energía natural con ayuda de una tecnología sencilla. Más del 80% de las casas islandesas cuentan con sistemas de calefacción alimentados con agua caliente geotérmica entubada.

Fuente Consultada:
Guinnes Publishing Limited Fasciculo N°20
Actualizador Básico de Conocimientos Universales Océano Tomo I

La Era del Imperialismo Europeo Colonizacion de Africa y Asia

RESUMEN IMPERIALISMO EN ASIA Y ÁFRICA

el imperialismo

Causas de la expansión colonial

Formación del imperio británico

Francia y otras potencias coloniales

El reparto de África

Consecuencias de la colonización

La Descolonización

Imperialismo Europeo en Sudeste Asiático

¿Qué es el imperialismo?
En principio, el término “imperialismo” se refiere a la acción de establecer y mantener un imperio. Implica el deseo y la práctica de una potencia de establecerse y dominar territorios que no posee, que, en general, están lejos de la metrópoli, y habitados por otros pueblos. Ese dominio puede lograrse por diversos medios.

El más utilizado por las potencias europeas fue la fuerza: el enfrentamiento armado y la ocupación militar. Sin embargo, también puede ocurrir que la presencia de una potencia extranjera sea considerada por ciertos sectores de la población autóctona como ventajosa para mantener ciertos privilegios. Entonces, puede darse el caso de que esos grupos presten colaboración política a los ocupantes.

Los argumentos utilizados por los europeos para justificar las políticas imperialistas a fines del siglo XIX fueron muchos y variados.

La justificación económica. En aquellos años, las economías europeas estaban ávidas de los mercados ultramarinos: de su mano de obra barata, de sus materias primas y de sus tierras productivas. Esta necesidad llevó a la defensa y a la consolidación de políticas exteriores, que bregaban por el mantenimiento del dominio sobre grandes extensiones de territorio y de numerosos pueblos sometidos.

La justificación por la imagen de la nación. En otros casos, el dominio colonial obraba como una manifestación del poderío nacional y como fuente de prestigio.

La justificación por la misión de las potencias “civilizadas”. Un argumento muy empleado era que los europeos tenían la responsabilidad y el deber de civilizar a los pueblos que sometían. Este argumento descansaba en la oposición entre “civilización” y “barbarie”. Se llegó a sostener que el imperialismo era necesario para lograr un orden mundial pacífico, ya que, con la existencia de naciones “bárbaras”, la paz era un estado excepcional.

La justificación social. Otra justificación consistía en que, para aliviar a las metrópolis, había que conquistar nuevas tierras donde instalar el exceso de población y colocar los productos de las industrias metropolitanas.

A pesar de la difusión de estos argumentos, el imperialismo nunca logró una adhesión unánime. Desde principios de nuestro siglo, comenzó a ser objeto de controversias. Entre aquellos que condenaban las políticas imperialistas podían encontrarse algunos liberales y, sobre todo, los políticos de izquierda, como los socialistas. Los que condenaban el imperialismo advertían que la búsqueda de la dominación política, de materias primas y de mercados para explotar implicaba violentar a los colonizados y relegaba -cuando no los eliminaba- los intereses de los nativos.

La presencia de las potencias extranjeras implicó consecuencias altamente negativas -muchas de las cuales todavía continúan vigentes- para los pueblos colonizados: los nativos fueron obligados a trabajar hasta el límite de sus posibilidades, los recursos productivos fueron explotados indiscriminadamente, entre otras cosas. Además, muchas veces, sobre todo en África, el dominio colonial significó la destrucción de las tradiciones que constituían el patrimonio cultural de esos pueblos.

Durante los años de apogeo del imperialismo (fines del siglo XIX y comienzos del XX), la realidad colonial también repercutió en las potencias e invadió todos los aspectos de la vida cotidiana en las metrópolis. Las colonias desempeñaban un papel muy importante en la economía y en la política, pero también en la vida cultural de las sociedades metropolitanas. La enorme cantidad de funcionarios, comerciantes, estudiosos, artistas y viajeros de toda clase que circulaban por las colonias difundían en las metrópolis su particular visión de la situación que reinaba en ellas.

Las Potencias Imperialistas
Durante la segunda mitad del siglo XIX, los estados de Europa occidental concentraban una cuota de poder sin precedentes. Este poder -económico, político y militar- permitió a los centros imperiales metropolitanos una importante adquisición y acumulación de personas y de territorios. Hacia 1800, las potencias occidentales poseían el treinta y cinco por ciento de la superficie terrestre. En 1878, la proporción era del sesenta y siete por ciento. En 1914, la superficie dominada por Europa ascendía al ochenta y cinco por ciento del total. En un principio, Gran Bretaña y Francia eran las potencias que poseían mayor poder. Más tarde, también se destacaron Alemania y los Estados Unidos.

A fines de siglo, el Imperio británico era el mayor del planeta: las posesiones coloniales inglesas abarcaban aproximadamente el veintitrés por ciento de la población mundial y el veinte por ciento de la superficie terrestre. Sus dominios más importantes eran la India, Sudáfrica, Australia, Canadá y Egipto y Birmania.
El Imperio francés era el segundo en importancia. Francia ocupaba la mayor parte del África noroccidental y ecuatorial, Madagascar y Somalia. En el sudeste asiático, los franceses ocupaban los territorios que actualmente corresponden a Vietnam, Laos y Camboya.

En la década de 1880, Alemania se incorporó a la carrera imperialista y estableció colonias en los territorios de Togo, Camerún, Namibia y Tanzania. Otros estados europeos (Bélgica, Italia, España y Portugal) también ocuparon territorios, pero en una escala menor: Leopoldo u, el rey de Bélgica, ocupó el Congo y Portugal, dominó Angola y Mozambique. Italia se estableció en Eritrea y parte de Somalia y España tomó posesión de parte del Sahara y Guinea.

El imperialismo también involucró a otras potencias no europeas. A fines de la década de 1890, los Estados Unidos intervinieron militarmente en América Central y el Caribe, y en el Pacífico (Filipinas). En Asia, el Japón inició su expansión hacia las islas cercanas y hacia la costa asiática oriental.

Consecuencias: A menudo la influencia que los europeos ejercieron sobre ellos las zonas dominadas fue enorme y, en ocasiones, devastadora (en el sentido más literal de la palabra). Por ejemplo, las enfermedades que trasladaron los barcos europeos estuvieron a punto de exterminar a algunas comunidades isleñas del Pacífico, hasta entonces protegidas por el aislamiento, del mismo modo que —dos o tres siglos antes— habían provocado una elevadísima mortandad en las Américas. Exponer a toda la raza humana a las mismas infecciones fue una execrable manifestación de la forma en que Europa convirtió el planeta en «un solo mundo». Sin embargo, hubo factores de compensación. La llegada de las enfermedades fue acompañada por la introducción de la medicina científica occidental. Tal vez ahora sus remedios no sean tan impresionantes, pero fueron infinitamente mejores que todo de cuanto disponían en muchas regiones del mundo antes de la llegada del europeo.

Las armas europeas barrieron pueblos provistos tan sólo de lanzas, pero también llevaron un nuevo orden y seguridad a muchas regiones que podían volverse —y al final se volvieron—contra los europeos. Aunque sus consecuencias fueron considerables, en la desorganización de otras civilizaciones probablemente las armas y la tecnología influyeron menos que las ideas europeas.

Los japoneses se vieron obligados a abandonar el aislamiento en que habían vivido con los Tokugawa y a tomar prestadas las ideas europeas. En China y en India las repercusiones de las ideas occidentales fueron aún más trascendentales. En virtud de las presiones de la modernización, concluyeron en China dos milenios de dominio imperial. En India, a pesar de su lenta evolución, los sentimientos nacionalistas fueron deliberadamente esgrimidos por dirigentes que apelaron a ideas occidentales más que a las de sus culturas tradicionales.

Las obras de reformistas y revolucionarios de Asia son el mejor ejemplo de que las influencias más profundas —aunque no siempre las más evidentes— de la expansión de la civilización europea sobre los no europeos impregnaron el modo de pensar de esos pueblos. Como Europa misma también evolucionaba deprisa, hubo un elemento paradójico.

Los europeos de 1914 ya no veían el mundo con la misma mirada que sus predecesores de 1800; muchas de las cosas que entonces dieron por sentadas ya no eran seguras un siglo después: las opiniones sobre el lugar adecuado de las mujeres en la sociedad, la importancia de las creencias religiosas o el derecho a gobernar de las antiguas dinastías.

LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL
La Primera Guerra Mundial —verdadera “guerra civil” europea— tiene como causa fundamental la determinación de un nuevo reparto del mundo entre las potencias imperialistas. El acelerado desarrollo industrial de Alemania había logrado incorporar el desarrollo tecnológico creado por las naciones europeas más viejas, pero su capacidad industrial requería un desarrollo paralelo de mercados para sus productos y materias primas baratas para la industria.

Por las circunstancias políticas de la etapa inmediatamente anterior, su dominio colonial era insuficiente para estas nuevas y crecientes necesidades. Paralelamente, Inglaterra y Francia veían descender la demanda de sus productos como consecuencia del desarrollo industrial de Alemania y Estados Unidos. El elemento desencadenante de la guerra —precedida por un largo período de “paz armada” entre las potencias— tiene un papel anecdótico: lo fundamental es la lucha por el control político y económico de las colonias.

El Tratado de Versalles —que fija las condiciones del armisticio— es el símbolo del reordenamiento de las fuerzas políticas entre los países de Occidente.

Destruido el poder de Alemania, los ingleses y franceses se reparten los beneficios obtenidos por el triunfo. Pero el verdadero vencedor de esta guerra es Estados Unidos que, habiendo entrado tardíamente en ella, logra capitalizar las necesidades europeas. Apartados de las actividades normales del período de paz por la confrontación armada, dejan abierto un vacío que es rápidamente llenado por la producción norteamericana.

Estados Unidos se convierte en principal exportador de minerales, productos semielaborados y elaborados, municiones, materias primas y alimentos. Por otra parte, reemplaza con su propia industria los productos europeos que antes importaba, lo que determina un amplio desarrollo, en especial de las industrias químicas.

De esta forma, la hegemonía financiera-industrial en el nivel internacional se desplaza desde Londres hacia Nueva York: Wall Street comienza a ser el centro financiero por excelencia. Pero la primera guerra tiene, por otra parte, consecuencias no previstas por las potencias que la habían desencadenado.

El gobierno de la Rusia zarista, conmovido por profundas contradicciones internas que la guerra termina por hacer estallar, se derrumba ante la ofensiva de los soviets de obreros y campesinos encabezados por Lenin, y el Partido Bolchevique toma el poder para instaurar el primer estado socialista mundial.

La implantación del poder comunista en Rusia va a crear un nuevo tipo de contradicciones en el nivel internacional.Las potencias occidentales reconocen el peligro que genera la existencia de un poder que cuestione él sistema capitalista y se consolide internamente en el plano político-económico. En esta medida, inmediatamente después de la finalización de la Primera Guerra, se organiza el acuerdo de las potencias imperiales —Estados Unidos, Inglaterra, Francia y Japón— que, apoyadas en los sectores zaristas contrarrevolucionarios de Rusia, llevan adelante, tres intentos de invasión entre los años 1919 y 1921; todos terminan con la más absoluta derrota. Luego de estos fracasos, los países imperiales elaborarán una política de aislamiento de la URSS —política que los Estados Unidos reproducen en Cuba a partir de 1962—, pero los intentos de nuevas invasiones son definitivamente descartados.
Mientras tanto, el poder soviético logra consolidarse internamente y, al comenzar la Segunda Guerra Mundial, la URSS —a través del desarrollo autónomo de su industria pesada implantado por el régimen stalinista— se ha transformado en una potencia económica y militar.

Pero este desarrollo se generó a cambio de un alto costo político y social. En los años de entreguerras y luego de la muerte de Lenin, la “dictadura del proletariado”, como concepción de un poder popular ha sido desplazada por la
dictadura de Stalin, como poder de una burocracia.

Al mismo tiempo, el desarrollo de movimientos nacionales en los países coloniales y dependientes comienza a consolidarse con un contenido social y de masas gestando, en el período que media entre las dos guerras, las condiciones que van a madurar a partir de la Segunda Guerra Mundial. El fenómeno del nacionalismo es tal vez una de las más ricas expresiones que presenta el desarrollo político del Tercer Mundo. Con características propias en cada región, el nacionalismo de los países dominados no puede ser equiparado al nacionalismo de las grandes potencias.

Al encontrarse los sectores privilegiados comprometidos con la dominación, la liberación nacional pasa a ser una bandera de las masas populares. La afirmación nacional y la liberación social se convierten así en partes inseparables configurando una de las características definitorias del Tercer Mundo. Lo que va a signar globalmente este período es, precisamente, el desarrollo de movimientos políticos que hacen sus primeras experiencias masivas en una perspectiva nacional y antiimperialista.

El nacionalismo colonial de “élite” es reemplazado, en esta etapa, por un nuevo nacionalismo que intenta nuclear a los distintos sectores de la sociedad capaces de oponerse a las metrópolis dominantes. Expresión de este fenómeno es el movimiento “4 de mayo” que se desarrolla en China en 1919.

Otras potencias menores
En el reparto colonial hubo otros países europeos que intentaron consolidar sus posiciones o hacerse también de algunas colonias. Bélgica consolidó sus posesiones en África —territorios del actual Zaire— que, más que una empresa nacional, fue el fruto de la codicia y la astucia personal de Leopoldo II.

Holanda modernizó la explotación de sus colonias de las Indias Holandesas —actual Indonesia—, mejorando las comunicaciones, estableciendo una administración centralizada y creando plantaciones modernas de caucho, especias y tabaco.

Portugal creyó posible establecer un imperio colonial desde la costa del Atlántico al Indico, pero tuvo que renunciar al recibir un ultimátum de Gran Bretaña en 1890; aunque a través de acuerdos diplomáticos, y con el consentimiento británico, logró extender enormemente sus territorios a finales de siglo, desde las escasas franjas costeras que ya controlaba, hasta alcanzar una superficie de más de dos millones de kilómetros cuadrados (Angola, Mozambique y Guinea-Bissau).

España, además de la pequeña colonia de Guinea Ecuatorial, recibió el derecho a establecer un protectorado sobre el Rif, en el norte de Marruecos, además del territorio del Sahara occidental.

Italia inició su expansión colonial en 1882, en gran medida por su rivalidad con Francia, por razones de prestigio nacional, y también para hacer olvidar el “irredentismo” (aspiraciones territoriales sobre el sur del Tirol y el Adriático). Italia se anexionó Somalia y Eritrea, y más tarde estableció un protectorado sobre Abisinia, pero al querer convertir el protectorado en colonia, los italianos fueron derrotados por lo que tuvieron que renunciar incluso a mantener el protectorado. En 1912 declaró la guerra al débil imperio turco, y se anexionó Libia —que se convirtió en una colonia— y las islas del Dodecaneso.

Con esa conquista, en 1912, solamente el pequeño Estado de Liberia y el reino de Abisinia estuvieron libres de la colonización europea.

Documento, Sobre el Imperialismo Colonial

“La colonización es la fuerza expansiva de un pueblo, es su potencia de reproducción, es su dilatación y su multiplicación a través del espacio; es la sumisión del universo o de una gran parte de él a su lengua, a sus costumbres, a sus ideas y a sus leyes. Un pueblo que coloniza es un pueblo que pone las bases de su grandeza futura. Todas las fuerzas vivas de la nación colonizadora se ven acrecentadas por este desbordamiento hacia fuera de esta desbordante actividad.

Desde el punto de vista material, el número de los individuos que forman la raza, aumenta en una proporción sin límites; la cantidad de recursos nuevos, de nuevos productos, de equivalentes de cambio hasta ahora desconocidos que demandan la intervención de la industria metropolitana, es inconmensurable; el campo que se abre a los capitales de las metrópolis y el dominio explotable que se ofrece a la actividad de sus ciudadanos, son infinitos. Desde el punto de vista moral e intelectual, este acrecimiento del número de las fuerzas y de las inteligencias humanas, estas condiciones diversas en las que todas estas inteligencias se encuentran situadas, modifican y diversifican la producción intelectual. ¿Quién podrá negar que la literatura, las artes y las ciencias de una raza determinada, al ser amplificadas de este modo, adquieren una pujanza que no se encuentra en otros pueblos, de naturaleza más pasiva y sedentaria? (…)

Sea cual fuere el punto de vista en que nos situemos (…) siempre nos encontraremos con una verdad incontestable: el pueblo que coloniza más, es el primer pueblo; y si no lo es hoy, ya lo será mañana.”

P. LEROY-BEAULIEU:
De la colonisation chez les peuples
modemes. París, 1870

Leroy-Beaulieu, economista francés y uno de los más brillantes teóricos de la colonización

Fuente Consultada:
Ciencias Sociales Historia EGB 9 Luchilo-Privitellio-Paz-Qués
Enciclopedia de los Grandes Fenómenos del Siglo XX Tomo 1
Historia Universal Navarro-Gárgari-González-López-Pastotiza-Portuondo

Dominio Colonial Europeo en America, África y Asia

El Reparto
del Mundo

Imperialismo
Americano

Otros Temas

La Revolución Industrial

La Primera Guerra Mundial

Entre Guerras

Segunda Guerra Mundial

La Larga Marcha de Mao Ejercito Rojo Partido Comunista Gran Marcha

La Larga Marcha de Mao
El Ejercito Rojo del Partido Comunista

INTRODUCCIÓN HISTÓRICA: La dinastía manchú de los Qing declinó a lo largo del s. XIX, mientras aumentaba la influencia europea en China. A su caída siguió un período de caos y de gobierno de los caudillos regionales.

LA CAÍDA DEL IMPERIO: En 1905, el político Sun Yal-sen fundó la Alianza Revolucionaria con el fin de expulsar a los manchúes y establecer un gobierno republicano. Las tropas nacionalistas tomaron Wuchang el 10 de octubre de 1911 y en pocas semanas las provincias del sur se habían independizado. Cuando los manchúes reclamaron el apoyo del Ejército del Norte su líder, Yuan Shikai, conminó al emperador a abdicar y, en marzo de 1912, asumió como presidente de la república. En enero de 1916 aceptó una invitación a convertirse en emperador, pero poco después abandonó el cargo y murió.

La Larga Marcha de Mao

EL PARTIDO NACIONALISTA: La Alianza Revolucionaria de 1912, liderada por Sun Zhongshan, se transformó en el Partido Nacionalista. Yuan Shikai expulsó del parlamento a los miembros del Partido Nacionalista, y éstos se trasladaron al sur, a Cantón (Guangzhou), donde Sun Zhongshan reorganizó el partido con ayuda de la URSS. Tras la muerte de Sun Zhongshan, en 1925, la dirección del partido pasó gradualmente a manos de Chiang Kai-shek.

LOS CAUDILLOS REGIONALES: A partir de 1916, en China no hubo un verdadero gobierno central, y su control estaba en manos de caudillos Entre ellos se destacaron ZhangXun, «el general de la trenza», que restauró por breve tiempo al emperador manchú Pu Yi; Ceng Yuxiang, «el general cristiano», que prohibió el juego a sus tropas, y Yan Xishan, «el gobernador modelo» de Shanxi.

MOVIMIENTO POPULAR: El 4 de mayo de 1919, durante la conferencia de paz celebrada en París , se anunció que las antiguas colonias alemanas en China serían entregadas a Japón, lo que provocó grandes manifestaciones. Ese incidente dio su nombre al Movimiento del Cuatro de Mayo, que se oponía al confucianismo y era receptivo a una ola de nuevas ideas.

EL PARTIDO COMUNISTA CHINO (PCC)
PARIDO COMUNISTA CHINO: Fundado por revolucionarios que habían militado en el movimiento del Cuatro de Mayo, el primer congreso del PCC tuvo lugar en julio de 1921, y él asistió un joven Mao Tsé Tung.

LA HISTORIA CHINA:
LA GRAN MARCHA DE MAO:
Tras la caída de la dinastía manchú en 1911, China vivió un largo período de inestabilidad. Los nacionalista reunificaron el país, pero se detuvieron ante la invasión japonesa de 1937. Los comunistas llegaron al poder en 1949 y durante los 25 años siguientes intentaron una transformación revoluciona.

La guerra entre el Koumintang de Chiang Kaishek y los campesinos del Ejército Rojo se prolongó en China hasta 1928. Al Ejército Rojo (brazo armado de los comunista) lo formaban voluntarios severamente disciplinados y sin embargo existía una igualitaria hermandad entre hombres y oficiales. Los más eminentes entre sus líderes eranChang Kuot’ao y Mao, viejos amigos desde los días estudiantiles en Pekín y cofundadores del Partido Comunista Chino de Shangai.

Sus metas eran extremas: confiscar las haciendas a sus dueños y distribuir la tierra entre los campesinos pobres; establecer pautas socialistas en los medios de producción y corregir la desigualdad existente entonces en China.

Los soldados chinos gozaban antes de una reputación de crueldad. Hasta un proverbio se refiere a eso: «El hierro bueno no se convierte en clavo, así como tampoco el hombre bueno se transforma en soldado». Mao cambió esto. Sus soldados, a diferencia de los otros, trataban bien a la gente.

Decía una canción:
«1. Cierren las puertas cuando abandonen una casa. 2. Devuelvan y arrollen las esteras de paja. 3. Sean corteses y amables con la gente y ayúdenla. 4. Devuelvan los artículos prestados. 5. Sean honestos en todas las trasacciones con los campesinos. 6. Paguen todos los artículos comprados. 7. Sean limpios, pongan las letrinas a una distancia prudencial de las casas.»

El comienzo de 1930 concierne al recién nacido Ejército Rojo. Chiang Kaishek comenzó una guerra total pero perdió batallas. El Ejército ganaba practicando sus slogans tácticos: «Cuando el enemigo avanza, retrocedemos. Cuando hace alto y acampa, lo molestamos. Cuando busca evitar la batalla, lo atacamos. Siempre que retrocede, lo perseguimos».

Entonces Chiang comenzó a usar nuevos métodos sugeridos por sus consejeros prusianos. Construyó una serie de fuertes, extendió carreteras y comenzó a rodear al Ejército Rojo.

Los rojos recibían al consejo alemán a través del general Li The (Otto), que había sido metido de contrabando por el Comintern, el Soviet Comunista Internacional.

Mao y otros líderes habían ganado batalladas operando desde la campiña y evitando las ciudades. Pero contra su consejo, Li The comprometió alrededor de 180.000 hombres en grandes batallas planeadas para tomar pueblos y ciudades. Y fueron derrotados gravemente.

Después de 7 años de luchas y triunfos, el Ejército Rojo se encontró rodeado. Las únicas opciones eran k rendición o la retirada. En un audaz golpe, Mao decidió retirar los 90.000 hombres que habían sido dejados a su cargo.

El 16 de octubre de 1934 comenzaron lo que más tarde se conoció como Liang Wan WuCh’ienLi Ch’ang Ch’eng, la Larga Marcha de 25.000 li.. Comenzó en Fukien y terminó al final de la carretera, cerca del desierto de Gobi —una distancia de casi 9.700 kilómetros. Desde Jenofonte no hubo tan magnífica y moralmente triunfal retirada. Fue un camino marcado por batallas, privación, muerte y fe. Miles murieron.

El Ejército comenzó abriéndose paso entre las líneas y se instaló en Kweichow donde tomó el cuartel general del gobierno. Aquí, en una conferencia del politburó, Mao fue hecho presidente del Partido. Fue bastante fácil para ellos cruzar el Yangtze superior, el río de la Arena Dorada, pero desde allí se introdujeron en las montañas salvajes de Yünnan del este, donde un río traicionero corría a través de desfiladeros a miles de pies de profundidad. Todos los puentes para cruzarlo estaban ocupados por tropas enemigas. Todas las balsas habían sido conducidas a la orilla opuesta.

Chiang se figuró que había ganado y todo lo que debía hacer era acabar con ellos, cogiéndolos en el desfiladero. Olvidó su desesperación y su ingenio.
Una fuerza del comando rojo, después de caminar 85 millas a través de las montañas en 24 horas, capturó a un grupo nacionalista en un cruce. Entonces se pusieron los uniformes enemigos y persuadieron a las tropas de la otra orilla para que les mandaran balsas. Cruzaron el río en la oscuridad, se defendieron contra el ataque y se aseguraron una ruta hacia el este.

Pero había otro río para cruzar, el Tatú en Szechwan del este. Mao sabía que era imperioso que el Ejército Rojo rechazara a Chiang hacia el río. Para lograrlo, entraron en una peligrosa zona de tierra dominada por aborígenes, los Lolos, que odiaban a los chinos. Había dos clases de Lolos, Blancos y Negros. Los rojos se acercaron a los Negros diciéndoles que eran chinos rojos, enemigos de los chinos blancos (los nacionalistas) y, por lo tanto, amigos de ellos.

Gracias a un comandante rojo que conocía el idioma de los Lolos, se llegó a un acuerdo y el Ejército pudo tomar un atajo a través de su territorio. Fueron los primeros en cruzar el puente del Tatú. Si no lo hubieran hecho así, probablemente los hubieran empujado por la fuerza hacia las montañas del Tibet para morir en la nieve.

Delante de ellos estaban las montañas, las grandes montañas nevadas de Szechwan y muchas más detrás de ellas. Mao dijo después: «Sólo en la cima de Paotung Kand, el ejército perdió las 2/3 partes de sus animales de carga. Cientos cayeron y no se levantaron más».

A los hombres y mujeres de la Marcha no les fue mucho mejor. En julio llegaron al este de Tibet, donde encontraron el Cuarto Frente del Ejército Rojo, conducido por Chang Kuot’ao.
Este y Mao se disputaron la supremacía, pero la disputa se interrumpió por el avance de las fuerzas de Chiang y la creciente de un río que dividía físicamente los dos ejércitos. Después, el ejército de Mao avanzó por semanas a través de lóbregos bosques, junglas, pantanos traicioneros y pasos montañosos constantemente amenazados por nativos que los odiaban.

«Buscar una oveja —reflexionó Mao más tarde— cuesta la vida de un camarada.»

En setiembre estaban muy metidos en los casi inhabitados Campos de Pastoreo. Llovía casi todo el tiempo y tuvieron que tomar su camino, guiados por nativos capturados, a lo largo de estrechos pasadizos para afirmar el pie.

Se perdió mucha gente, se desplomaban en el pasto mojado o desaparecían en los pantanos. No había nada que comer, excepto vegetales e hierbas salvajes. Por las noches «ligábamos y uníamos arbustos para construir refugios rudimentarios». Y, a pesar de la lluvia, no había agua potable; algunas veces debieron beber su propia orina.

Para la época que entraron en la llanura Kansu, quedaban sólo 7.000 hombres. Después de descansar un tiempo, se abrieron paso entre la caballería muslime y se encontraron las fuerzas rojas locales en el norte deShensi. Era el 25 de octubre de 1935. La Larga Marcha había concluido.

De los 368 días de viaje, 235 habían sido empleados en marchas diurnas y 18 en nocturnas. El Ejército calculó haber pasado una escaramuza con el enemigo por día y 15 días en batallas más importantes; cruzado 24 ríos y 18 cadenas de montañas, 5 de las cuales tenían nieves eternas.

En Pekín, un piso entero del Museo Revolucionario está dedicado a la Larga Marcha. En un enorme mapa, luces de colores trazan cada etapa de la marcha, mientras un guía recuenta la historia.

Europa en el Siglo XIX Situacion Política y Economica Imperialismo

Europa en el Siglo XIX Situación Política y Económica

EUROPA DE 1870 A 1914: A partir de 1870, las relaciones entre los países europeos, a pesar de la falsa apariencia de paz, se tornaron cada vez más tensas. Como se verá más adelante, se realizaron una serie de alianzas entre los distintos Estados que sólo sirvieron para complicar aún más el panorama internacional.

Esta espinosa situación acrecentó las fricciones entre los diferentes países, y provocó un estado de tensión que incrementó las posibilidades de una guerra general. Para comprender lo crítico que era ese momento se debe tener en cuenta el desarrollo de la política interna de estos Estados entre 1870 y 1914, año en el que estalló la Primera Guerra Mundial.

imperialismo europeo

El Imperialismo Europeo

España. Aunque restaurada la monarquía, la situación socio-económica en este país era crítica. La Iglesia y la nobleza conservaban grandes extensiones de tierra y riquezas, al tiempo que mantenían sus privilegios sobre los grupos de campesinos y obreros que vivían acuciados por serias necesidades.

Esto explica por qué las ideas anarquistas y sindicalistas prendieron con fuerza entre los trabajadores urbanos. El ejército, por su parte, se constituyó en un baluarte de la monarquía, ya que su apoyo era indispensable para mantener el poder del rey. La economía nacional se encontraba estancada y, en su mayor parte, en manos de capitales extranjeros. Paralelamente, los movimientos separatistas de catalanes y vascos ponían en peligro la unidad del reino.

Portugal. En este mismo período, las doctrinas republicanas y socialistas ganaron terreno en Portugal. Para contrarrestarlas, el gobierno favoreció reformas políticas y sociales que no alcanzaron a resolver la crisis económica. En consecuencia el desprestigio de la monarquía era cada vez mayor.

En 1908, el rey Carlos 1 y el príncipe heredero fueron asesinados. El nuevo monarca, Manuel II, careció del apoyo interno necesario para consolidar su autoridad. Entonces, en octubre de 1910, estalló una revolución que proclamó la República presidida en forma provisoria por Teófilo Braga. El régimen republicano portugués se extendió hasta 1926, año en el que un golpe militar puso fin a la República.

Italia. Como vimos, la península itálica alcanzó su unidad política en 1870. A la muerte de Víctor Manuel II, se sucedieron los reinados de Humberto 1(1878-1900, asesinado por un anarquista) y Víctor Manuel 111 (1900-1944), respectivamente. Durante este período se radicalizó en el Parlamento la lucha entre los grupos conservador y revolucionario. Ambos partidos, sin embargo, fracasaron en rescatar al país de la corrupción política y de la crisis. Vastos sectores populares se volcaron a las doctrinas socialistas y anarquistas que alcanzaron, entonces, gran difusión.

Los obreros, sin embargo, afrontaron serias dificultades para organizarse en sindicatos, en tanto que la situación socio-económica se agravó y el analfabetismo y las difíciles condiciones de vida fueron en aumento. Estos hechos produjeron la emigración de más de cuatro millones de italianos a distintas regiones de América (sobre todo a la Argentina y los Estados Unidos). Hacia 1914, uno de cada cuatro italianos residía en el extranjero.

Hasta 1903, los cargos ministeriales estaban en manos de los grupos más conservadores. A partir de ese año, los sectores de izquierda, encabezados por Giovanni Giolitti, tuvieron acceso al control del gobierno y desplazaron así, a las tendencias más conservadoras. Se promulgaron, entonces, nuevas leyes sociales que procuraron favorecer las condiciones de trabajo, al tiempo que se amplió el sufragio universal para todos los italianos varones con excepción de los analfabetos.

En el ámbito exterior, durante el reinado de Humberto I, Italia se alió a Alemania y Austria-Hungría (Triple Alianza) y emprendió una política imperialista. Declaró la guerra a Turquía, que amenazaba la colonia italiana de Trípoli (en Africa), y tras vencerla se apoderó de Cirenaica y Tripolitania (Africa). Este proceso de expansión fue apoyado por nuevos grupos de tendencia nacionalista que fomentaron también una política de corte autoritario.

Austria-Hungría. A partir de 1848, en el reino de la doble monarquía se difundieron y afianzaron las ideas socialistas, al tiempo que aumentaron los movimientos nacionalistas. Ambas corrientes ideológicas hacían peligrar la autoridad del emperador Francisco José. Sin embargo, éste, merced al apoyo de la burguesía húngara, consiguió mantenerse en el poder hasta finalizar la Primera Guerra Mundial.

Rusia. El zar Nicolás II impuso un gobierno autocrático en el cual el Estado controlaba y limitaba todas las libertades civiles. Debido al excesivo poder de los funcionarios públicos y de la policía, a la débil autonomía local y a la falta de libertad de expresión, el descontento popular fue en aumento. Además, el Estado nombraba los profesores universitarios y se advertía un creciente antisemitismo por parte del gobierno, al tiempo que se emprendía una campaña de “rusificación” de amplias zonas recientemente incorporadas al Imperio ruso.

La sociedad rusa era en esos momentos eminentemente agrícola, y mantenía un sistema semifeudal. La política de industrialización llevada a cabo por el Estado, perjudicó la condición de vida de los campesinos. Los obreros de las ciudades, si bien menos numerosos que aquéllos, consiguieron organizarse y aplicar medidas de fuerza (huelgas, revueltas, etc.) con el fin de hacer respetar sus derechos y peticiones El Estado reprimió severamente todo tipo de manifestación contraria a su política, a pesar de lo cual las ideas socialistas y revolucionarias alcanzaron una notable difusión.

Este tenso clima interno hizo crisis tras la derrota rusa frente a los japoneses en 1905. En enero de ese año se sucedieron numerosas revueltas contra el régimen y el ministro del interior fue asesinado. A fines de dicho mes, un grupo de obreros de San Petesburgo marchó hacia el palacio del zar con el fin de entrevistarse con él. La policía reprimió este movimiento en el que perecieron numerosos manifestantes. Este episodio se conoce con el nombre de Domingo Sangriento. Nuevas huelgas y revueltas se propagaron por toda Rusia. Paralelamente, los marineros del acorazado Potemkin, en esos momentos atracado en Odesa, se amotinaron. Todos estos movimientos fueron sofocados.

Frente a estos hechos, el zar se vio obligado a prometer una Constitución que garantizase las libertades fundamentales y la reunión de una Duma (asamblea) para discutir y promulgar las leyes. Sin embargo, esta Duma careció de poder efectivo y, en consecuencia, estas conquistas democráticas fueron sólo aparentes. La represión se mantuvo y numerosos opositores y manifestantes fueron ejecutados.

Fuente Consultada: Historia Tercer Curso La Edad Contemporánea La Argentina de 1831 a 1982 A. Zeta

Historia del ferrocarril en Argentina Como se viajaba en tren Anecdota

CUANDO VIAJAR ERA UNA FIESTA: En las primeras décadas del siglo, buena parte de los provincianos que llegaban a Buenos Aires por ferrocarril lo hacían por lo general de madrugada en confortables coches dormitorio. El viajero que provenía de Tucumán o de Córdoba, por el Central Argentino o el Central Córdoba, o de San Juan, por el Buenos Aires al Pacífico (BAP), o de Bahía Blanca, por el Ferro Carril del Sud (FCS), recalaba en la París de América del Sur, tras haber tenido como antesala de un placentero descanso nocturno una opípara cena en el coche comedor del tren, servida al mejor estilo europeo con vajilla de plata y loza inglesa.

El ceremonial ferrocarrilero hasta la década del cuarenta no tenía nada que envidiarle a un restaurante actual de cinco tenedores. El maitre recibía a los comensales, mientras que el sommelier ofrecía la degustación de una variedad de vinos. En tanto, los mozos ataviados con largos delantales agilizaban este petit banquete sobre ruedas.

Prolongadas sobremesas Según la categoría de la formación del servicio ferroviario, la noche podía prolongarse en el coche salón dispuesto estratégicamente entre el comedor y la primera clase. Se trataba de un vagón sin divisiones, con sillones giratorios y mesas, en algunos casos rebatibles. Tanto de día como de noche, los pasajeros lo convertían en el lugar preferido para las tertulias y juegos de azar.

Cuando éste no existía, las tertulias se desarrollaban en los mismos coches comedor una vez que se habían cumplido los dos turnos previstos para el almuerzo o la cena. Cierto es que más de un experimentado viajero y habitué de estas reuniones muy concurridas por los años treinta solía aconsejar: “Nunca juegue al póquer en el tren con desconocidos, porque está lleno de fulleros”.

Se decía entonces que los bandoleros del azar vivían de las trampas que les hacían a los ricachones que estiraban la noche tentando suerte en las mesas dispuestas con el paño verde, entre copas y buenos cigarros. Las empresas ferroviarias que competían por brindar un mejor servicio, si era verano se esforzaban por airear a los pasajeros con ventiladores de techo ubicados en fila y entre uno y otro, racimos de luces incrustadas en las clásicas tulipas.


Coche Comedor

El vientito servía de paso para disimular la tierra que habitualmente se filtraba por las ventanillas cuando el convoy cruzaba las zonas más áridas y polvorientas del recorrido. Si el viaje se hacía en invierno, más de un concurrente al coche comedor o al salón expresaba su deseo de quitarse hasta el saco algo virtualmente prohibido entonces-, por la alta temperatura que caldeaba el ambiente proveniente de la calefacción eléctrica protegida por decorativas rejillas de bronce, aseguradas en los costados del vagón.

El viaje, una fiesta El viaje era una fiesta. El bombonero, que recorría toda la formación, coche por coche, atendía los requerimientos de dulces, helados y algunas gaseosas, como soda Belgrano, Bidú o Pomona. Aquellos que preferían el whisky o algún licor espirituoso no dudaban en pedido, porque se sabía que estaba virtualmente al alcance de la mano. La hotelería funcionaba a la perfección. Entre copas y traqueteos, la noche avanzaba. Cuando los pasajeros decidían ir a dormir se metían en los camarotes dispuestos para dos o cuatro cuchetas que ya estaban con las sábanas abiertas.

Luces altas e individuales tan típicas permitían dar, antes de que definitivamente se cayese en el sueño profundo, un vistazo a alguna novela liviana. Curiosamente, entre los lectores viajeros solía predominar una inclinación por el género negro. Tal vez la cuota de misterio que aspiraban tener en esa travesía tan placentera.

Dulce despertar Casi como una ilusión no desprovista de magia, el pasajero se despertaba al día siguiente, en un andén que coronaba un desvío ya dispuesto para el descenso. Podría ser la estación Constitución, Retiro o Federico Lacroze la que le abría las puertas de la gran ciudad.

Tanto la estación del Ferrocarril Central Argentino (luego General Mitre) como la del Sud (luego General Roca), le proponían al recién llegado un suculento desayuno o un almuerzo, según la hora. Ambas contaban con salones comedor de la belle époque, cubiertos por boiserie y servidos con vajilla de plata y de porcelana. Estos restaurantes a duras penas pudieron sobrevivir no más allá de la década del cincuenta.

Fueron arrasados por la proliferación de los bares americanos y la modalidad de las comidas frugales al pie de un mostrador en el que recalaban los integrantes del aluvión migratorio que se asentó en el Gran Buenos Aires.

Cierto es que la extinción de ese refinado estilo gastronómico ferroviario también fue correlativo con el debilitamiento y la virtual disolución del ferrocarril en el país. Un proceso silencioso que avanzó con el levantamiento de ramales, cierre de estaciones y clausura de servicios.

Viajeros distinguidos Una especie de burguesía rica y regordeta era la que en las primeras décadas del siglo se daba cita en los vagones de primera clase, los pullman, los comedores y los coches dormitorio.

La clase alta de origen provinciano prefería vivir en Buenos Aires, donde pasaba extensas temporadas. El traslado se hacía casi de manera obligada por el ferrocarril, que era el medio que complacía, por sus servicios, una forma de vida sustentada por lo general en la cultura europea de los sectores más pudientes.

En la primera semana de enero, los andenes de la estación Constitución, hasta la década del cuarenta fueron, por así decido, un centro de reunión de familias distinguidas.

Como los ricos y famosos de hoy, que se florean en Punta del Este o Miami, los de la belle époque y siguientes habían declarado a Mar del Plata como la meca del exhibicionismo social. La gente iba al balneario más que para frecuentar el mar para hacer vida elegante y descansar. Pero la fiesta veraniega comenzaba en los prolegómenos del embarque en el tren expreso que iba a Mar del Plata.

Esa suerte de nobleza vernácula regordeta, de origen muchas veces provinciano que prefirió a Buenos Aires, habitaba durante el invierno en lujosas residencias en el Barrio Norte y contaba con cómodas casas en sus estancias; sin embargo, se remitían a Mar del Plata.

Políticos y hacendados En los primeros días de enero, la dirigencia política viajaba a la Perla del Atlántico y se dejaba retratar por los fotógrafos de PBT, Caras y Caretas, Atlántida y Mundo Argentino, según las épocas.

El tren a Mar del Plata se transformaba entonces en una suerte de pasarela que prenunciaba el exhibicionismo que motivaba a varios de los viajeros. Las horas que resoplaba la locomotora de vapor, pitando por la pampa húmeda a alta velocidad, eran correspondidas por los pasajeros que hacían del viaje una reunión mundana, que tenía como característica principal el desplazamiento por todos los vagones, obviamente pullman o de primera, salón y comedor. A ese traqueteo de pasaje que acompañaba el de los boogies no era conveniente faltar. Porque estos viajes eran parte de la crónica social.

En las primeras décadas del siglo había ministros, diputados y hacendados, y hasta algún distinguido embajador. Los viajeros de los primeros días de enero se trasladaban por lo general con toda su familia y con el servicio doméstico, que lo hacía en segunda clase.

Estos vagones, con asientos de madera, estaban colocados más próximos a la locomotora o contiguos al furgón de carga, equipajes y correspondencia. La razón de esta ubicación en la formación era muy sencilla: eran los que más directamente recibían el humo y el olor de la quemazón del carbón o del petróleo de la locomotora y los vapores de la caldera. Más atrás estaban los pullman, la primera clase y los dormitorios.

Servicios especiales El Ferro Carril del Sud se había caracterizado por ser una línea al servicio de la pampa húmeda y sus terratenientes. Alcanzó su esplendor porque sus ramales en la provincia de Buenos Aires servían a una producción agropecuaria que contabilizaba cinco millones de hectáreas cultivadas con trigo, maíz, cebada y alfalfa.

El FCS cubría requerimientos de particulares que podían contratar una formación o un servicio para trasladar un grupo de amigos hasta la propia estancia, que solía tener parada o apeadero y hasta desvío propio. Estos servicios fueron habituales para los remates de hacienda y para casamientos campestres.

Vagón terraza Los ferrocarriles del Estado, de trocha angosta, que cubrían, entre otros, el ramal Tucumán-Córdoba-Buenos Aires habían incorporado para los tramos en los que más arreciaba el calor un vagón terraza. Se enganchaba a la formación en último término. La mitad era carroza do en madera con grandes ventanales y la otra mitad era una galería con toldilla. Este vagón tenía sillones de mimbre ‘móviles y mesas.

A no dudarlo, esta cruzada civilizadóra e integradora que significó el. ferrocarril en el país encerró en cada formación que cruzaba el territorio proveniente de lugares remotos, una modalidad, un estilo de vida que definía cómo se perfilaba el progreso en las primeras décadas del siglo.

De ahí que estas historias menudas de los placeres que giraban en torno de los que viajaban por los caminos de hierro no puedan quedar fuera de un anecdotario que, obviamente, es mucho más vasto. Hoy nos queda para mostrar, si queremos intentar unir aquel esplendor con lo actual, una formación que funciona con la denominación El Marplatense.

Un tren lujoso, veloz, con aire acondicionado, aislado herméticamente y de deslizamiento silencioso. Apareció en la escena ferroviaria cuando en 1952 el entonces presidente Perón intentó prestigiar la imagen ferroviaria con un tren de lujo, en un tiempo en que, tras la nacionalización de 1948, se perfilaba la debacle de este medio de transporte.

Si la intención de Perón con El Marplatense fue la de rescatal los vestigios del antiguo esplendor ferroviario, el tiempo dictaminó que fue el fracaso de una misión. Todo el progreso quedó estancado en El Marplatense, que, con cincuenta años. de antigüedad (fue armado en 1948), se puede presentar como una escasa muestra de labelle époque ferrocarrilera.

Fuente Consultada: El Diario Intimo de un País – La Nación