Regalos a la Tierra

Alimentacion, Dieta y Comidas en la Edad Media Viviendas

LA EDAD MEDIA: CASAS, COMIDA Y ALIMENTACIÓN

resumen de la edad media 

EL CLIMA Y LA VIDA EN LA EDAD MEDIA: Los hombres y mujeres de la Edad Media sufrían con dureza las consecuencias del medio físico. Los rigores del invierno eran muy difíciles de combatir para todas las clases sociales, utilizando tanto los nobles como los humildes el fuego para combatirlo.

Gracias a la leña o el carbón vegetal el frío podía ser evitado y surgieron incluso rudimentarios sistemas de calefacción, siendo la chimenea el más utilizado. El refugio más empleado durante los largos y fríos inviernos eran las casas, utilizando numerosas ropas de abrigo para atenuar los rigores meteorológicos. Las pieles eran el elemento característico del vestido medieval. Para combatir el calor sólo se podía recurrir a un baño y las gruesas paredes de las iglesias y los castillos.

Otro elemento que suponía una importante limitación era la luz. Por la noche las actividades se reducían muchísimo. Incluso las corporaciones laborales prohibían a sus miembros trabajar durante la noche. Entre los motivos de estas prohibiciones encontramos la posibilidad de provocar incendios o la imperfección en el trabajo debido a la escasa visibilidad.

Las horas nocturnas solían servir a la fiesta en castillos o universidades, fiestas que se extendían a toda la sociedad en fechas señaladas como el 24 de diciembre o la noche de difuntos. Sin embargo, uno de las situaciones en las que el hombre echaba en falta la luz era por motivo de las grandes catástrofes: pestes, incendios, inundaciones, sequías, etc.

Los incendios eran práctica habitual en el mundo medieval, propagados gracias a la utilización de madera en la fabricación de las viviendas. Un descuido daba lugar a una gran catástrofe utilizándose también el fuego como arma de guerra. Las condiciones sanitarias de la población favorecerán la difusión de las epidemias y pestes, especialmente gracias a las aglomeraciones de gentes que se producían en las ciudades donde las ratas propagaban los agentes transmisores.

vino y pan , edad media

El vino y el pan serán los elementos fundamentales en la dieta medieval. En aquellas zonas donde el vino no era muy empleado sería la cerveza la bebida más consumida. De esta manera podemos establecer una clara separación geográfica: en las zonas al norte de los Alpes e Inglaterra bebían más cerveza mientras que en las zonas mediterráneas se tomaba más vino. Aquellos alimentos que acompañaban al pan se denominaban “companagium”. Carne, hortalizas, pescado, legumbres, verduras y frutas también formaban parte de la dieta medieval dependiendo de las posibilidades económicas del consumidor.

Uno de los inconvenientes más importantes para que estos productos no estuvieran en una mesa eran las posibilidades de aprovisionamiento de cada comarca. Debemos considerar que los productos locales formaban la dieta base en el mundo rural mientras que en las ciudades apreciamos una mayor variación a medida que se desarrollan los mercados urbanos. La carne más empleada era el cerdo -posiblemente porqué el Islam prohíbe su consumo y no dejaba de ser una forma de manifestar las creencias católicas en países como España, al tiempo que se trata de un animal de gran aprovechamiento- aunque también encontramos vacas y ovejas.

La caza y las aves de corral suponían un importante aporte cárnico a la dieta. Las clases populares no consumían mucha carne, siendo su dieta más abundante en despojos como hígados, patas, orejas, tripas, tocino, etc. En los periodos de abstinencia la carne era sustituida por el pescado, tanto de mar como de agua dulce. Diversas especies de pescados formaban parte de la dieta, presentándose tanto fresco como salazón o ahumado. Dependiendo de la cercanía a las zonas de pesca la presentación del pescado variaba. Judías, lentejas, habas, nabos, guisantes, lechugas, coles, rábanos, ajos y calabazas constituían la mayor parte de los ingredientes vegetales de la dieta mientras que las frutas más consumidas serían manzanas, cerezas, fresas, peras y ciruelas. Los huevos también serían una importante aportación a la dieta. Las grasas vegetales servirían para freír en las zonas más septentrionales mientras que en el Mediterráneo serían los aceites vegetales más consumidos. Las especias procedentes de Oriente eran muy empleadas, evidentemente en función del poder económico del consumidor debido a su carestía. Azafrán, pimienta o canela aportaban un toque exótico a los platos y mostraban las fuertes diferencias sociales existentes en el Medievo.

Las carnes debidamente especiadas formaban parte casi íntegra de la dieta aristocrática mientras que losmuchos monjes no consumían carne, apostando por los vegetales. Buena parte del éxito que cosecharon las especias estaría en sus presuntas virtudes afrodisíacas. Como es lógico pensar los festines y banquetes de la nobleza traerían consigo todo tipo de enfermedades asociadas a los abusos culinarios: hipertensión, obesidad, gota, etc.

El pan sería la base alimenticia de las clases populares, pudiendo constituir el 70 % de la ración alimentaria del día. Bien es cierto que en numerosas ocasiones los campesinos no comían pan propiamente dicho sino un amasijo de cereales -especialmente mijo y avena- que eran cocidos en una olla con agua -o leche- y sal. El verdadero pan surgió cuando se utilizó un ingrediente alternativo de la levadura. Escudillas, cucharas y cuchillos serían el menaje utilizado en las mesas medievales en las que apenas aparecen platos, tenedores o manteles. La costumbre de lavarse las manos antes de sentarse a la mesa estaba muy extendida.

No se introducen productos nuevos, sino que alguno de ellos se hizo más popular y otros se integran masivamente como símbolo de estatus social o manifestación religiosa. Al final de la Edad Media se sigue manteniendo la división geográfica entre la cocina del norte donde predomina el uso de la grasa animal y la del sur, mediterránea, que emplea el aceite de oliva; pero también se puede distinguir una cocina aristocrática, en la que se produce una mayor variedad de productos, de técnicas de preparación y de complejidad de esta elaboración, con intervención de especias, protagonismo de asados de volatería y de guisos de pescado, todo con adornos y aderezos de salsas y sofritos, así como una notable intervención de la confitería.

La predilección por los sabores aportados por las especias se presenta de manera distinta en los países de Europa. En Francia es el jengibre la más usada, seguida de la canela, el azafrán, la pimienta y el clavo; en Alemania, se emplea sólo la pimienta y el azafrán y en menor medida el jengibre; los ingleses son los más particulares, pues prefieren la cubeba, el macís, la galanga y la flor de canela, mientras los italianos fueron los primeros en utilizar la nuez moscada.

Frente a esta cocina muy refinada, cara y con fuertes variedades regionales, encontramos una cocina popular, menos cambiante, más unida a las necesidades y a la producción del entorno, con predominio de guisados en olla, donde la carne debía cocer largo rato porque los animales eran viejos y, por tanto, más dura, se acompañaba de verduras y legumbres y se completaba con elevadas cantidades de plan.

Tanto en las regiones donde ya había una enorme tradición, como en otras, se generaliza la elaboración de morcillas con la sangre del cerdo, con piñones, pasas y azúcar, o las tortas de harina de mijo o de castañas también con la sangre del animal, pudiendo entenderlo como un intento de demostrar su raíz cristiana y alejar cualquier sospecha de judaísmo.

Los Hogares y La Alimentación: Según los datos arqueológicos las casas altomedievales eran muy simples, por regla general. Su tamaño era reducido y estaban construidas en madera, adobe y piedras, utilizando paja para el techo. Las cabañas de los campesinos solían medir entre 2 y 6 metros de largo por dos de ancho, horadando el piso para crear un ambiente más cálido. En su interior habitaban la familia y los animales, sirviendo estos de “calefacción”.

Las casas podían tener una cerca alrededor donde se ubicaría el huerto, uno de los espacios más queridos en la época. Allí se cultivaban las hortalizas, las legumbres y las pocas frutas que constituían parte de la alimentación de los campesinos El mobiliario de las casas era muy escaso. Algunas ollas de cerámica, platos y marmitas, una mesa y taburetes para comer a su alrededor ya que los germanos abandonaron la costumbre romana de comer acostados y apoyándose sobre un codo. Al ubicarse alrededor de la mesa se emplearon cuchillos y cucharas, aunque serían las manos la pieza más utilizada para comer. La comida más fuerte era la de la tarde, rompiéndose el tópico que en la época medieval se pasaba habitualmente hambre.

Al principio de la comida se servía la sopa, invento franco consistente en caldo de carne con pan. Después se comen las carnes, tanto en salsa como a la parrilla, acompañadas de verdura -coles, nabos, rábanos, aliñados con especias, ajo y cebolla, considerando que las especias favorecían la digestión-. Era habitual que los platos se aliñaran con garum, condimento de origen romano elaborado a partir de la maceración de intestinos de caballa y esturión en sal. El vino y la cerveza regaban estas pantagruélicas comidas habituales en la nobleza. Como no todos los platos eran devorados, las numerosas sobras caían en manos de los esclavos y sirvientes que daban debida cuenta de ellas.

Son frecuentes los testimonios que aconsejan abandonar esta dieta para sustituirla por “raíces, legumbres secas y gachas con una pequeña galleta, a fin de que el vientre no esté pesado y asfixiado el espíritu” como recomienda san Columbano a sus monjes. Un monje nos cuenta que “no probaba ni siquiera el pan y sólo bebía cada tres días una copa de tisana” mientras que un rico bretón llamado Winnoch se jactaba de comer sólo hierbas crudas. Pero estos casos no eran lo habitual ya que Fortunato manifiesta que sale de las comidas “con el vientre inflado como un balón” mientras que Gregorio de Tours monta en cólera cuando hace referencia a dos obispos que pasan todo el día comiendo, “se volcaban sobre la mesa para cenar hasta la salida del sol”, durmiendo hasta el atardecer. Las dietas de los monjes eran abundantes. En un día un monje solía consumir 1700 gramos de pan, litro y medio de vino o cerveza, unos 80 gramos de queso y un puré de lentejas de unos 230 gramos.

Las monjas se contentan con 1400 gramos de pan y 130 gramos de puré, añadiéndose el queso y el vino. Los laicos suelen engullir kilo y medio de pan, 100 gramos de carne, 200 gramos de puré de legumbres secas y 100 de queso, regado también con litro y medio de vino o cerveza. Las raciones alimentarias rondarían las 6.000 calorías ya que se consideraban que sólo son nutritivos los platos pesados, convirtiéndose el pan en el alimento fundamental de la dieta. En algunos casos, cuando no había platos, los alimentos se tomaban sobre el pan. De estos datos podemos advertir que la obesidad estaría a la orden del día, por lo menos entre los estamentos noble y clerical, si bien los campesinos también hacían comidas fuertes cuyas calorías quemaban en su duro quehacer diario.

Las fiestas eran iguales a exceso en la época altomedieval. Las raciones alimenticias de monjes y clérigos aumentaban en un tercio, alcanzando las 9.000 calorías gracias a doblar la ración diaria de potajes, sopas o pures y recibir medio litro más de vino junto a media docena de huevos y un par de aves. Los canónigos de Mans recibían en determinadas fiestas un kilo de carne con medio litro de vino aromatizado con hinojo o salvia. Si advertimos que el calendario cristiano contaba con unos sesenta días festivos al año -más las festividades locales- podemos imaginar el peso alcanzado por algunos monjes.

En época de Cuaresma la carne se sustituye por pescados: lenguados, arenques, congrio o anguilas. Estas pesadas comidas requerían de largas digestiones “acompañadas de siestas, eructos y flatulencias expresadas de la manera más sonora posible, porque tal cosa se consideraba como prueba de buena salud y de reconocimiento al anfitrión” en palabras de Michel Rouche. Buena parte de la culpa de estas comilonas está en la mentalidad de la época al asociar la salud, las victorias militares o la progenie con las plegarias y los banquetes que se prolongaban durante dos o tres días.

Causas de la Reforma de Lutero Reformadores Religiosos Consecuencias

Causas y Consecuencias de la Reforma de Lutero

Debido a muchas circunstancias, al final de la Edad Media la Iglesia había perdido gran parte de su prestigio. Algunos papas y obispos vivían como señores laicos y muchos sólo veían en sus funciones un medio para proporcionarse grandes ingresos. Su principal objetivo parecía ser reunir el dinero necesario para mantener el fasto de su corte y sus ambiciones políticas. De este modo, lo temporal predominaba sobre lo espiritual.

Algunos acumulaban varios cargos importantes para acaparar el mayor número posible de beneficios. Otros se daban al nepotismo : reservaban para sus parientes importantes puestos eclesiásticos, a fin de conservar las riendas del poder.

En aquella época en la Iglesia reinaban otros muchos abusos. El clero menor se sentía abandonado a su suerte por sus superiores. Además, como carecía de la suficiente cultura, se hallaba incapacitado para enseñar y predicar debidamente. La Iglesia estaba, por lo tanto, en plena decadencia.

El nacimiento del espíritu crítico y el desarrollo de las aspiraciones a la libertad constituyeron terreno abonado para la aparición y expansión de la Reforma del siglo XVI. Además, el arte de la imprenta, que se había perfeccionado durante el siglo XV, favoreció la rápida difusión de las ideas de reforma, veamos la historia.

la reforma religiosa de luteroLA REFORMA DE LUTERO: Lutero no se veía a sí mismo como un innovador o un hereje, pero al intervenir en la controversia de las indulgencias entró en una confrontación abierta con los jerarcas de la iglesia, que lo empujó a plantear implicaciones teológicas de la justificación por la fe sola.

En 1517, el papa león X había emitido una indulgencia especial de jubileo para financiar la construcción de la nueva Basílica de San Pedro en Roma. Johann Tetzel, travieso dominico, pregonaba las indulgencias con el lema: “Tan pronto la moneda en el cofre tintinea, el alma del purgatorio ya sale y aletea”.

A Lutero le afligió en gran medida la venta de indulgencias, seguro de que la gente estaba garantizando su condenación eterna al confiar en esos trozos de papel su salvación. En respuesta, dio a la luz sus Noventa y cinco tesis, aunque los eruditos no están seguros de si las clavó en la puerta de una iglesia en Wittenberg. como se afirma tradicionalmente, o si las envió por correo a su superior eclesiástico.

En cualquier caso, las tesis eran una elegante acusación de los abusos en la venta de indulgencias. Es dudoso que Lutero intentara romper con la iglesia por la cuestión de las indulgencias. Si el Papa hubiera aclarado como Lutero quería esta cuestión de las indulgencias seguramente la cuestión se habría solucionado y terminado la controversia.

Para la mayoría de los historiadores, la publicación de las Noventa y cinco tesis marca el principio de la Reforma. Para Lutero eran una respuesta a lo que consideraba los flagrantes abusos de la venta de indulgencias de John Tetzel.

Aunque se escribieron en latín, estas tesis fueron pronto traducidas al alemán y difundidas a todo lo ancho de Alemania. Causaron profunda impresión en los alemanes insatisfechos con las políticas eclesiásticas y financieras del papado. Martín Lutero: trozos escogidos de las noventa y cinco tesis

5. El papa no tiene el poder ni la facultad para levantar castigo alguno, más allá de los que haya impuesto a propia discreción o por derecho canónico.

20. Por ende, el papa, con su remisión plenaria de todos los castigos, no puede comprenderlos “todos” en sentido absoluto, sino sólo los impuestos por él mismo.

21. Por consiguiente, los predicadores de indulgencias están equivocados cuando dicen que un hombre está absuelto y salvado de todo castigo por las indulgencias del papa.

27. Es mera charla humana predicar que el alma sale volando del purgatorio en cuanto el dinero tintinea en la caja de la colecta.

28. Es ciertamente posible que cuando el dinero tintinea en la caja de la colecta puedan crecer la codicia y la avaricia; pero la intercesión de la iglesia depende de la sola voluntad de Dios.

50. A los cristianos debe enseñárseles que si el papa supiera de las exacciones de los predicadores de indulgencias, preferiría ver la Basílica de San Pedro reducida a cenizas que erigida con la piel, carne y huesos de su grey.

81. Esta prédica perversa de los perdones hace difícil, aun para hombres instruidos, redimir el respeto debido al papa de las calumnias o, por lo menos, de los agudos cuestionamientos del laicado.

82. Por ejemplo: “¿Por qué el papa no vacía el purgatorio por razón del más santo amor y de la suprema necesidad de las almas? Que pueda salvar innumerables almas con el sórdido dinero para construir una basílica, haría de la más justa razón la más trivial”.

86. Y otra vez: “Si la riqueza del papa es mayor que la del más craso de los Cresos de nuestro tiempo, ¿por qué no construye esta Basílica de San Pedro con su propio dinero y no con el de los pobres fieles?”

90. Suprimir estos más que conscientes cuestionamientos del laicado por la sola autoridad, en lugar de refutarlos por la razón, es exponer a la iglesia y al papa al ridículo ante sus enemigos y hacer infeliz al pueblo cristiano.

94. Se debe exhortar a los cristianos a que procuren honestamente seguir a Cristo, su cabeza, a través de castigos, de muertes y de infiernos.

95. Y que entonces tengan más confianza de entrar en los cielos merced de sus muchas tribulaciones, más que a la falsa seguridad de la paz.

A fines de la Edad Media, la autoridad de la Iglesia sufrió gran mengua a causa de los numerosos abusos que se cometían en las altas esferas eclesiásticas. Durante el siglo XVI surgieron distintos movimientos de reforma. Hombres como Lutero, Cal-vino y Zuinglio no tardaron en conquistarse numerosos adeptos. En la segunda mitad del siglo XVI, la Iglesia romana, apoyada por los jesuítas, inició la Contrarreforma y recobró parte del terreno perdido

DIFUSIÓN DE LA REFORMA: En otros países también se iniciaron movimientos de reforma. Los anabaptistas, que se extendieron sobre todo por Alemania occidental y los Países Bajos, exigían un bautismo nuevo. Como su nombre indica, preconizaban el bautismo de los adultos. Esta secta no sólo pretendía reformas religiosas, sino también sociales, entre otras la comunidad de todos los bienes. Fueron muy combatidos y perseguidos, especialmente por Carlos I.

Calvino, jurista y teólogo francés, también elaboró un plan de reforma. Con la publicación de su Institutio religionis christianae difundió su doctrina en Suiza. Hasta su muerte, en 1564, fue el pastor absoluto y autoritario de la comunidad reformada de Ginebra. Creía y enseñaba que el hombre estaba predestinado a salvarse o a condenarse: Dios escoge a los que quiere salvar. Negaba, por lo tanto, el libre albedrío del hombre en lo religioso. En Francia, sus adeptos recibieron el nombre de hugonotes. Las enseñanzas de Calvino encontraron favorable acogida en los Países Bajos.

Calvino reformador

Inglaterra también participó de la admiración general por la Reforma. Al principio, Enrique VIII intervino como defensor del catolicismo contra Lutero, lo que le valió el título de «defensor de la fe». Pero como el papa se negaba a disolver su matrimonio con Catalina de Aragón, se separó de Roma y se hizo proclamar jefe de la Iglesia de Inglaterra.

De este modo se convirtió en el fundador del anglicanismo que, durante el reinado de su hija Isabel I, experimentó un nuevo desarrollo. El anglicanismo adoptó del catolicismo ciertos elementos del ejercicio del culto, pero su enseñanza doctrinal concordaba en gran parte con el calvinismo, salvo en lo referente a la predestinación.

En la segunda mitad del siglo XVI, la Iglesia católica decidió dar la réplica; se creó la Contrarreforma. Se confirmó la doctrina católica y se revisó la organización de la Iglesia, mientras se ponían en práctica nuevos medios de acción para combatir el protestantismo.

El Concilio de Trento (1545- 1563) fue un elemento esencial de la Contrarreforma. Se promulgaron las medidas de réplica. Seguidamente, tres papas, Pío V, Gregorio XIII y Sixto V, cuidaron de que se aplicaran estas decisiones. En la lucha contra el protestantismo participaron, asimismo, nuevas órdenes religiosas, especialmente la Compañía de Jesús u orden de los jesuítas, fundada por un gentilhombre español, Ignacio de Loyola.

San Ignacio de Loyola

La orden, dotada de una organización casi militar, estaba compuesta por una selecta clase intelectual, y no tardó en cobrar gran fama en materia de pedagogía y predicación. Los jesuítas fueron los principales paladines de la Contrarreforma y su obra perduró, especialmente, en el sur de Alemania, Polonia, Francia y también en los Países Bajos meridionales.

PARA SABER MAS…

LA IGLESIA CATÓLICA romana se sentía amenazada por la difusión del protestantismo. Su respuesta fue llevar a cabo reformas y tratar de acabar con los protestantes. Esta reacción se conoce como Contrarreforma.

CONCILIO PARA EL CAMBIO En 1545 la iglesia convocó una reunión, conocida como el Concilio de Trento, para proponer reformas en la iglesia católica. Uno de los puntos fue que los sacerdotes debían ampliar su formación, para lo que se acordó fundar seminarios (escuelas eclesiásticas). Insistieron en la obligatoriedad del voto de pobreza para monjes, sacerdotes y monjas. También publicaron una lista de libros considerados peligrosos, prohibidos para los católicos, que se llamó “índice de libros prohibidos”. Pero la conclusión principal del Concilio fue que no existiría una reconciliación con los protestantes.

LOS JESUITAS
Una de las maneras que tenían los católicos de impedir la expansión de los protestantes era divulgar su propia doctrina. En 1534 un soldado español, Ignacio de Loyola (1491-1556), herido en una batalla en 1521, orientó su vida a la espiritualidad católica y fundó la Compañía de Jesús. Su objetivo era difundir la fe católica a través de la enseñanza. Pronto estableció misiones en lugares tan lejanos como la India, China y Sudamérica. Los miembros de esta orden religiosa eran famosos por su habilidad para el debate.

CONTRA EL PROTESTANTISMO

Varios poderosos gobernantes católicos ayudaron a contener el creciente avance del protestantismo. Los reyes españoles Carlos I (1500-58) y su hijo Felipe II (1527-98) se dedicaron a ello con fervor. Utilizaron la Inquisición para castigar a los protestantes. La Inquisición torturaba a sus víctimas para obtener una confesión. Los castigos iban desde el pago de una multa a ser quemados en la hoguera. La Contrarreforma no pudo eliminar el protestantismo pero sí logró fortalecer la iglesia católica.

LUTERO COMO ESCRITOR

Desde el punto de vista literario, las obras de Lutero son la realización más importante de la literatura alemana de su siglo y aportan la creación de un instrumento expresivo que ha perdurado prácticamente hasta hoy. Ya los grandes tratados de 1520 (De la libertad cristiana y Manifiesto a la nobleza cristiana de la nación alemana) habían mostrado la energía y la eficacia que sabía dar a la prosa polémica en lengua vernácula, lo cual constituía una gran renovación, ya que este tipo de temas solían debatirse en latín; pero un planteamiento general del problema idiomático sólo se dio cuando Lutero emprendió la gigantesca tarea de traducir la Biblia en lengua vulgar.

No era la primera vez que se acometía tal empresa: desde 1466 se habían impreso catorce traducciones bíblicas en alto alemán y tres en bajo alemán; pero Lutero se proponía objetivos más ambiciosos: quería que su versión llegara al mayor número posible de personas, y para ello era imprescindible rehuir los extremismos dialectales y forjar una nueva lengua común impregnada de sabor popular. Y así, basándose en su sajón nativo y en la morfología de la lengua de la cancillería sajona, dio forma a un lenguaje “puro y claro”, como él decía, que ha sido la base del moderno alemán literario. A fines de 1521 empezaba a trabajar en el Nuevo Testamento, que se imprimiría en septiembre de 1522, y en 1534 terminaba la traducción del Antiguo Testamento.

En tan pocos años y en un país disgregado en dialectos, Lutero llevó a cabo la gran hazaña de traducir una obra de dificultades tan inmensas en una lengua popular y al mismo tiempo llena de dignidad poética, a la vez viva y correcta, tan alejada de los empobrecidos dialectos populares como de la lengua fría y artificial de la cancillería sajona. “La mujer en su casa, los niños en sus juegos, los hombres en las plazas públicas, éstos han sido mis maestros”, afirmó.

Otro importantísimo aspecto de su producción literaria es el de la hímnica eclesiástica. Los 41 himnos que compuso, a menudo con el deliberado objeto de inculcar nociones teológicas de un modo mucho más eficaz que por medio del escrito o del sermón, tuvieron una extraordinaria difusión, hasta el punto de que muchos de ellos acabaron convirtiéndose en canciones populares e incorporándose en cierto modo al patrimonio folclórico del país. Aunque en su mayoría proceden de los salmos y de los himnos latinos, Lutero les dio un carácter de expresividad muy peculiar. Recordemos, entre las piezas más características y famosas, Eiri feste Burgistunser Gott (“Nuestro Dios es nuestra fortaleza”), inspirada en el salmo 46. (Historia Universal Tomo 13 Salvat).

– La Reforma de Lutero –

Biografia Martìn Lutero Reforma Religiosa de Lutero Protestanismo 95 Tesis

Biografia Martìn Lutero Reformador Religioso

Biografia Martìn Lutero Reformador ReligiosoTeólogo y reformador religioso alemán, precipitó la Reforma protestante al publicar en 1517 sus 95 tesis denunciando las indulgencias y los excesos de la Iglesia católica. Para Lutero la esencia del cristianismo no se encuentra en la organización encabezada por el papa, sino en la comunicación directa de cada persona con Dios.

Martín Lutero nació en Eisleben en 1483, hijo de una familia de origen campestre y dueña de una mina. Atendía la escuela latina en Mansfeld desde 1488, continuando sus estudios en Magdeburgo y luego en Eisenach. En 1501, empieza sus estudios en Erfurt con la intención de hacerse abogado.

En 1505, tomó una decisión que iba a cambiar el curso de su vida de manera radical. Decidió entrar al monasterio Augustino en Erfurt. Esa decisión, junto a la búsqueda de un Dios gracioso y la voluntad del mismo, culminó en el desarrollo de la reforma de la iglesia.

Las experiencias negativas que Lutero tuvo con los medios eclesiales de gracia, no solo favorecieron la crítica respecto al lamentable estado de las prácticas en la iglesia, sino más bien obligaron a una revisión fundamental de la teología medieval. En 1507, con 24 años, fue ordenado sacerdote y tres años más tarde viajó a Roma, la capital de la cristiandad; pero este viaje, lejos de ayudarle en su búsqueda espiritual, tuvo para él el efecto contrario al percatarse de la frivolidad y mundanalidad en la que aquella iglesia había caído. De vuelta a su patria se doctoró en teología en 1512 comenzando a dar clases en la universidad de Wittenberg.

Las indulgencias:

En 1517 aparece en escena un monje dominico, Tetzel, predicador de las indulgencias. Por medio de la compra de indulgencias, según la enseñanza tradicional, se libraba a las almas recluidas en el purgatorio de los tormentos del mismo. El dinero obtenido en esta ocasión por este medio sería invertido, a partes iguales, en la erección de la basílica de San Pedro en Roma y en la compra por parte de Alberto de Hohenzollern de un obispado. Fue entonces cuando Lutero escribió y clavó en la puerta de la iglesia del castillo de Wittenberg sus Noventa y cinco tesis. Este documento fue la chispa que puso en marcha todo un proceso cuyas consecuencias iban a ser de largo alcance.

Su crítica pública contra el abuso de las cartas de indulgencias en 1517 no solo produjo la discusión deseada, sino que además causó la apertura de un tribunal de inquisición culminando en la excomulgación de Lutero, después de la dieta imperial de Worms, en 1521. Federico el Sabio organizó un “secuestro” para proteger la vida de Martín Lutero. Lutero se quedaba en el castillo Wartburg como Doncel Jorge por casi un año, traduciendo el Nuevo Testamendo al alemán.

El 15 de junio de 1520 León X publicó la bula de excomunión de Lutero intitulada Exsurge Domine; cuando Lutero la recibió se dirigió al pudridero de la ciudad y, juntamente con el Derecho Canónico, la arrojó a las llamas. La ruptura estaba consumada. Un fraile había osado levantarse él solo ante todo un sistema religioso de más de mil años de antigüedad, con el solo apoyo de la Palabra de Dios. En ese mismo año de su condenación Lutero ha escrito incansablemente algunas de sus mejores obras: A la nobleza cristiana de la nación alemana, La cautividad babilónica de la Iglesia y La libertad cristiana. Lutero viajó a Worms bajo la protección de un salvoconducto y allí, conminado ante Carlos V, a pronunciarse sobre sus doctrinas pronunció las memorables palabras:

“Si no me convencen mediante testimonios de las Escrituras o por un razonamiento evidente (puesto que no creo al papa ni a los concilios solos, porque consta que han errado frecuentemente y contradicho a sí mismos), quedo sujeto a los pasajes de las Escrituras aducidos por mí y mi conciencia está cautiva de la Palabra de Dios. No puedo ni quiero retractarme de nada, puesto que no es prudente ni recto obrar contra la conciencia.”

La suerte estaba echada; Lutero se había enfrentado al poder religioso y ahora lo estaba haciendo al poder secular. Las dos grandes instituciones: Iglesia e Imperio no estaban por encima de la Palabra, sino sujetas a ella.

La ruptura mas evidente con los votos monásticos se realizó cuando se casó con la anterior monja Catarina de Bora, en Junio de 1525. Ahí, se formó el núcleo principal de la casa parroquial evangélica.

“Después de la Palabra de Dios no hay un tesoro más precioso que el santo matrimonio. El mayor don de Dios sobre la tierra es una esposa piadosa, alegre, temerosa de Dios y hogareña, con la que puedes vivir en paz, a la que puedes confiar tus bienes, tu cuerpo y tu vida.”

Después de la guerra de campesinos en 1525, reprobada por Lutero, el reformador promovía la formación de una Iglesia Evangélica terretorial por visitaciónes y regulaciones eclesiales.

Falleció en Eisleben, su ciudad natal, en Febrero 1546. Por orden del príncipe elector, Lutero fue sepultado en la iglesia del castillo en Wittenberg.

Con su traducción de la Biblia al Alemán, Martín Lutero ganó fama permanente en relación con la unificación del idioma alemán. Hoy en Día, unos 70 millones de fieles pertenecen a la Iglesia Luterana.

Inventar un idioma, crear una religión

Lutero fue el primero en potenciar el invento de Gutemberg. Hasta 1534 sólo circulaban traducciones al latín de la sagrada escritura, cuya lectura y estudio estaban destinadas a sacerdotes y eruditos. La traducción de Lutero intentó poner la Biblia al alcance de la población, siguiendo su idea de que cada lector y no la iglesia es responsable de la interpretación de la Biblia.

Para conseguir su objetivo, Lutero inventó una suerte de mezcla entre las características común de los dialectos que por entonces se hablaban en Alemania y el latín y así creó el llamado “alemán puro”, un idioma artificial que es la base de la actual lengua alemana.

Lutero publicó su Biblia apenas 60 años después de la invención de la imprenta y con ello se transformó en el primer libro de circulación masiva de la historia y también marcó el inicio de otra revolución: la lectura masiva.

El impacto espiritual de la Reforma

El protestantismo provocó un gran impacto en la mentalidad de los europeos del siglo XVI. Las ideas de Lutero habían abierto el camino de la libertad de conciencia, no sólo para la fe sino también para todas las facultades espirituales del hombre.

Para muchos hombres la difusión de la religión protestante significó un cambio de actitud ante algunos elementos de su vida cotidiana. El cuestionamiento que hizo Lutero de la autoridad del Papa y de la jerarquía de la Iglesia de Roma, tuvo repercusiones que superaron el plano de la vida religiosa. Para muchos príncipes, la religión protestante significaba un reforzamiento de su autoridad laica y por eso la impusieron en sus Estados.

Para muchos campesinos, las ideas de la Reforma justificaban la desobediencia al poder de los señores. Si el Papa era desafiado y sus juicios ya no eran infalibles para todos los cristianos, también podía cuestionarse la autoridad de los señores feudales. Sin que Lutero se lo propusiera, sus ideas influyeron sobre los campesinos, quienes disconformes con sus condiciones de vida, se rebelaron contra el poder señorial.

La religión protestante también ejerció una gran influencia en las actitudes de los burgueses. La estricta moral protestante —enemiga de los lujos y de los despilfarros—, la práctica de una vida austera, la idea de que los hombres obtenían su recompensa o su castigo en la vida terrenal, eran principios que se adecuaban muy bien a las actividades de los burgueses. Los hombres de negocios podían ver que su enriquecimiento era una recompensa por sus esfuerzos personales, por su espíritu de empresa y de ahorro y por su respeto y cumplimiento de las normas de la nueva religión.

LA EXCOMUNIÓN DE LUTERO

Grabado de 1532 donde se observa un grupo de campesino alemanes armados con elementos de labranza, conducidos por Tomas Muntzer. Por la  represión de los príncipes murieron mas de 10.000 campesinos.

LA EXCOMUNIÓN DE LUTERO

Roma escoge las armas y el campo de batalla. Martín Lulero, no obstante, contando con la protección de Federico el Sabio, inicia negociaciones para ser escuchado en la propia Alemania, alcanzando sus objetivos.

La Iglesia tenía, en esa ocasión, mucho interés en mostrarse conciliadora. Temía, entre otras cosas, que, al atraer a Lulero hasta Italia, hiciese explotar una serie de revueltas entre sus simpatizantes. Además, el papa había dado instrucciones precisas al Cardenal Caetano —debería conseguir la adhesión de todo el norte de Alemania para una nueva cruzada contra los turcos—. No era demasiado ocultar una o dos herejías con el fin de asegurar la unanimidad en el territorio del Imperio.

Además, las ideas de Lulero no eran tan revolucionarias. Muchos cristianos fervorosos, entre ellos el gran humanista Erasmo de Rotterdam, hacían las mismas críticas a la corrupción de la Iglesia. Había en la propia Iglesia un movimiento latente en favor de la austeridad. Es verdad que escribían en un latín elegante, utilizando como arma la ironía, mientras el truculento monje alemán ponía en sus escritos una dosis inaceptable de violencia. Mas las cuestiones de forma no eran de manera alguna fundamentales. . . Por su lado, el propio Lulero tampoco deseaba, por esa época, la ruptura con Roma, ni tampoco la reforma general de la Iglesia.

No era muy difícil realizar la confrontación en Alemania. La Dieta que debería escuchar a Lulero se reunió en Augsburgo, en octubre de 1518. Luego se reveló la mala voluntad de la nobleza alemana en relación a la idea de la cruzada, y, principalmente, en relación con el pago de los nuevos tributos que la deberían financiar.

Mas hubo un punto de concordancia: Lulero acabaría toda polémica sobre las indulgencias y los enviados del papa se comprometían a conseguir de León X que el teólogo rebelde fuese sometido a juicio en las universidades alemanas. La cuestión era transferida al terreno intelectual.

Todavía en enero de 1519, sin abjurar de sus doctrinas, Lulero proclamaba obediencia a la Santa Sede y reconocía el valor de las indulgencias para el rescate de penas temporales.

La disputa de Leipzig (julio de 1519), entre Lulero y Juan Eck volvería a encender la controversia. Eck, buen teólogo mas poco diplomático, exigió que Lulero repudiase públicamente su posición anterior. Lulero, por el contrario, reafirmó su doctrina, declarándose de acuerdo, en muchos puntos, con Juan Huss.

Los choques continuaron. En febrero de 1520 varios doctores de Colonia y de Lovaina condenaron algunas proposiciones de la doctrina luterana. Basado en eso, el Papa León X emitió la bula Exsurge Domine, en la cual declaraba heréticos los escritos y enseñanzas de Lulero. Si éste no se retractaba inmediatamente, sería excomulgado.

El 10 de diciembre, Lulero convida a los maestros y estudiantes de la Universidad de Wittenberg a asistir a la “quema de libros de derecho eclesiástico”. Entre esos libros hay un ejemplar de la bula papal. En seguida publica uno de sus más violentos escritos: Por qué los libros del papa y de sus discípulos fueron quemados por el doctor Martín Lulero. Roma responde con la excomunión.

El Idealismo Aleman Filosofia en el siglo XIX Johann Gottieb Fichte

El siglo XIX: EL IDEALISMO ALEMÁN

En la segunda mitad del siglo XVIII hasta el Romanticismo, alrededor de 1800, la ciencia y el arte culminan unas transformaciones que se pueden resumir con los términos temporalización y humanización.

Temporalización significa en la biología y la cosmología la apertura de nuevas dimensiones de la historia de la naturaleza mediante puntos de vista evolucionistas.

Así, p. ej., la teoría kantiana del nacimiento de los sistemas solares a partir de una niebla de gases, y con ella también la teoría del nacimiento de la tierra, exigen la suposición de un espacio de tiempo para el nacimiento que no se encuentra en relación ninguna con la idea que se tenía entonces de la antigüedad de la tierra.

También la variedad biológica de géneros (mucho antes de Darwin) es lentamente historizada, es decir, frente a la suposición de una cantidad en principio idéntica de especies y de géneros, es entendida como el resultado de transformaciones a largo plazo. El mundo pasa a ser el producto de un proceso que se remonta hasta tiempos inmemoriales. En las teorías del lenguaje, de los signos y del arte, esta temporalización se muestra en la suposición de que los significados se forman en un proceso de concesión de sentido concreto que está determinado por síntesis temporales de la multiplicidad y que, además, tiene distintos aspectos en diferentes épocas. Según esto, los significados no son atemporales en un doble sentido. La idea barroca de que el mundo se podría representar a sí mismo de modo objetivo, por así decir, en una enorme tabla de signos, desaparece completamente. Una humanización, no entendida aquí como la creación de condiciones humanas, se muestra en el crecimiento de la antropología, de la ciencia del ser humano, en la medicina y en una incipiente sociología.

El idealismo alemán, recoge una preocupación por la libertad y la unidad frente al extranjero, esa pasión por la nación alemana, por analizar el concepto de pueblo (volkgesit). Los movimientos nacionalistas coinciden con este clima intelectual. Los temas principales de los filósofos idealistas serán entonces:

1. Desarrollo de la doctrina kantiana: Kant fue, en efecto, el punto de partida. Iniciador y maestro, no escapó a la crítica ni fue seguido fielmente. Pero no todo se redujo a él.

2. Preocupaciones religiosas: aparece un espíritu heterodoxo de carácter místico o panteísta. En el idealismo se plantea el problema de la relación entre lo finito y lo infinito, la relación entre filosofía y religión.

3. Interés por el mundo clásico: en la madurez de Goethe y en la mayoría de los romántico. Es un referente permanente para Hegel.

4. La estética: Lo bello, adquiere como categoría, una importancia relevante, ya Kano se había ocupado de estudiarla. Schiller habría dicho: “Para resolver en la experiencia el problema político es preciso tomar el camino de lo estético, porque a la libertad se llega por la belleza”.

5. La dimensión histórica

6. El romanticismo: La pasión por el infinito, la fusión con la Naturaleza, la identificación de filosofía, poesía y religión, la fuerza creativa del hombre, da a lugar una interesante cooperación en la cual los poetas se inspiran en los filósofos.

7. Carácter teórico: los desarrollos teóricos del idealismo no conducen a revoluciones sociales o políticas.

Fuente Consultada: Historia de la Filosofia -Desde la antiguedad hasta nuestro dias –

Diferencias entre filibusteros corsario bucanero pirata Barbanegra

La expansión europea  del siglo XVI a partir de la Toma de Constantinopla, también fue en parte producto de las rivalidades entre las naciones de esa región, también profundizó e incrementó las tensiones entre ellas. Conflictos penosos surgieron por las cargas que provenían del Nuevo Mundo y de Asia. Las guerras entre ingleses y holandeses, y la rivalidad entre los británicos y franceses sobre India y América del Norte, se convirtieron en una parte de un nuevo modelo de pugnas en todo el mundo en el siglo XVIII . Esta rivalidad dio origen a la piratería financiada por los estados, en la cual los gobiernos autorizaban a los capitanes particulares a atacar los navíos enemigos y quedarse con una parte de la carga.

Diferencias entre Corsarios, piratas, filibusteros y bucaneros
filibusteros y corsariosEl corsario actuaba siempre en nombre del rey, que le reconocía como fuerza militar exterior. Si era capturado, la «la patente de corso» de que disponía, le evitaba la soga; siempre y cuando no hubiera saqueado y asesinado como un pirata cualquiera durante su misión oficial, cosa bastante frecuente, pero cuando actúa con lealtad hacia
 su país, tiene derecho a una parte del botín. (imagen: Francis Drake)

Para definirlo mejor, digamos que era una especie de mercenario que ofrecía sus servicios al mejor postor. Sucedía incluso que un corsario se hacía tránsfuga y pasaba de estar al servicio de un príncipe a ponerse a las órdenes de otro príncipe rival aun respetando las leyes marítimas de la época. Por otra parte, un corsario no siempre era propietario de su barco. A veces había sido fletado por un armador, que tenía derecho a percibir parte de un botín cuya cuantía calculaba en base al valor del navío.

El reparto del Nuevo Mundo por los países hegemónicos de la época España y Portugal, con el apoyo del Papa, hizo que países emergentes como Francia y mas tarde Inglaterra, entorpecieran el tráfico marítimo y sacaran grandes beneficios, en una guerra no declarada. Corsarios conocidos fueron John Hawkins y Francis Drake al servicio de la corona británica ó Robert Surcouf al servicio francés ó el famoso corsario americanoJhon Paul Jones.

El pirata, por el contrario, trabajaba por cuenta propia. Es un simple particular, que saquea, mata y extermina a su aire para apoderarse de un botín cualquiera. Si era apresado lo ahorcaba «alto y corto» según la expresión de la época (alto para que todos lo vean y corto para ahorrar soga)Los piratas eran aventureros sin escrúpulos, que huía de la miseria o de la justicia de sus países de procedencia. Se aposentaba en las pequeñas islas de las Antillas y atacaba naves y ciudades españolas en América Central.

Los piratas No dependían de nadie, ni tenían que rendir cuentas a nadie, por lo cual no tenían la protección de ningún país y eran perseguidos por todos aquellos, cuyos buques habían sido atacados. Sus actos podían ser brutales, ya que su ley era la codicia y con tal de conseguir los metales preciosos, podían hacer cualquier cosa. Al ser mercenarios experimentados en la lucha cuerpo a cuerpo, aprovechando su superioridad numérica y la velocidad de sus naves que principalmente trasportaban hombres, podían apoderarse de naves de carga, con escasa tripulación y con marineros con poca experiencia militar.
Su método de lucha era fundamentalmente destruir el velamen del barco, e impedir su capacidad de maniobrar y huir. A continuación, podían realizar un abordaje y una victoria en la mayor parte de las ocasiones.

Existen ligeras diferencias entre filibusteros y bucaneros con respecto a los anteriores. Los filibusteros eran básicamente corsarios que combatían a los españoles. Instalados en las Antillas, eran célebres por su astucia y su crueldad. Sentían un profundo respeto hacia sus capitanes y castigaban el robo o la traición severamente. El significado etimológico de filibustero es «libre acumulador de botín».

Los bucaneros no eran más que filibusteros que trataban mediante el ahumado las carnes de animales, pero no sólo lo hacían para su propio consumo, sino que también intercambiaban la carne así conservada por pólvora, armas y ron. Este procedimiento de conserva lo habían aprendido de los indios caníbales, que cortaban a sus prisioneros en pedazos y los cocían y ahumaban sobre las brasas de enormes hogueras. Añadiremos como curiosidad que llamaban «barbacoas» a estas grandes piras, palabra que por deformación se convirtió en «barbecue».

ALGO MAS…
LOS CORSARIOS

¿Qué diferencia existe entre los conceptos “pirata” y “corsario”: la de que el pirata asaltaba y robaba con el único fin de enriquecerse a sí mismo, y el corsario realizaba las mismas tareas, pero encargado, o mejor dicho, “autorizado” a hacerlo, por un Estado, que así se servía de sus depredaciones para dañar a otras determinadas potencias marítimas. Los demás Estados debían, por lo tanto, tener en cuenta la bandera del barco corsario, y sus marineros no debían ser considerados bandidos, sino combatientes. El enemigo se portaba de manera distinta según llegara a capturar a un pirata o a un corsario: el pirata era ahorcado sin más trámite, mientras que al corsario se lo trataba como prisionero de guerra. La calidad de corsario se comprobaba por la “patente de corso” que le daba el gobierno al cual servía.

Así las cosas, era lógico que todos los piratas trataran de ponerse al servicio de cualquier soberano. Y los gobernantes de Túnez, Argelia y Trípoli expidieron en abundancia las patentes de corso, a cambio de un porcentaje en los botines. El mismo sultán de Constantinopla tomó a su servicio a los más famosos piratas berberiscos; éstos se mostraron tan hábiles y audaces que en poco tiempo se convirtieron en los almirantes de la marina otomana. Las flotas de corsarios tuvieron durante muchos años en jaque a toda la marina de la cristiandad; en octubre de 1541, la flota española fue destruida por Barbarroja, quien ocupaba el cargo de Gran Almirante de la flota turca.

El ocaso de la piratería berberisca comenzó con la derrota de piratas y turcos en la batalla de Lepanto (1571), bravo desquite tomado por los españoles al mando de don Juan de Austria, hijo de Carlos V. No sólo comenzó entonces la declinación de la piratería, sino también del poderío turco. En los siglos siguientes, hasta terminar el XIX, la actividad de los piratas en el Mediterráneo fue siendo menos intensa; con la completa colonización de las costas africanas se dispersaron las últimas bandas berberiscas.

Fuente Consultada:
El Enigma de los Tesoros Malditos de Richard Bessiere –
Sitio web:
http://www.thalassa-online.com/revista/article.phtml?id=588
Enciclopedia Estudiantil Tomo IV CODEX

Los Bucaneros Origen Isla Tortuga Ataques a Barcos Españoles Caribe

Los Bucaneros – Siglos XV-XVIII

LOS BUCANEROS
La necesidad de las expediciones navales de largo recorrido de procurarse carne fresca, dio lugar a lo que tal vez sea el episodio más extraño del relato que cuenta cómo los alimentos cambiaron el curso de la historia; me refiero a la era de los bucaneros.

Hacia principios del siglo XVII, en las islas del Caribe, algunas pequeñas comunidades de colonos europeos, no españoles, emprendieron el floreciente negocio de aprovisionar a los barcos de pasaje con carne fresca recién curada.

Las carnes de vacuno y de porcino se curaban en casa siguiendo una antigua receta de los indios de la zona. Los caribes han contribuido a enriquecer el vocabulario de la lengua inglesa con muchas más palabras que cualquier otro grupo de indios, y «bucanero» es una de ellas.

El bucanero construía un enrejado de palos, que los caribes llamaban barbacoa, debajo del cual encendían una hoguera de leña. Encima se colocaban lonchas de carne recién cortadas, alimentándose el fuego con ramas verdes, para que produjesen mucho humo, con una llama pequeña. La carne se secaba, se ahumaba, y se asaba al mismo tiempo, convirtiéndose en carne conservable, de color rojo-rosa, y que desprendía un aroma tentador. Los caribes la llamaban boucan».

El boucan tenía un sabor delicado, y era al mismo tiempo un magnífico antídoto contra el escorbuto. Se trataba de un aumento que ni siquiera un cocinero inglés podía estropear, pues se podía comer crudo, masticándolo como si fuese un embutido, o ablandarlo en agua para después guisarlo al estilo tradicional.

El boucan se podía preparar salando la carne antes de cortarla, o untando las lonchas con salmuera y colgándolas al sol para que se secasen sin tener míe recurrir a ahumarlas. La carne ahumada se podía conservar durante varios meses, pero la que se secaba al sol tenía que ser consumida con bastante rapidez, y en las húmedas bodegas de un barco se estropeaba muy pronto.

El boucan que se conservaba mejor era el que se hacía con carne de jabalí, y se empaquetaba en bultos de cien piezas, cada una de las cuales se vendía por seis monedas de a ocho, equivalentes a una libra y diez chelines del actual dinero inglés. Por lo tanto, haciéndose bucanero se podía ganar mucho, pues los gastos eran mínimos, y todo lo que hacía falta era ser un buen cazador.

Pequeñas partidas de unos siete bucaneros organizaban una expedición de caza. Cada uno de ellos llevaba un fusil especial, con un cañón larguísimo de 4 pies y medio, y con una culata en forma de pala. También llevaban enrolladas una manta y una tienda de lona ligera, un machete y un cuchillo marinero para cortar la espesa maleza de la jungla caribeña.

Los bucaneros vestían gruesas polainas, pantalones y chaquetas de lino, y calzaban mocasines; todo ello teñido de rojo por la sangre de los animales que cazaban.

Tanto la chaqueta como la camisa que llevaban debajo no se lavaban nunca y acostumbraban untarse la cara con grasa. Tornaban todas estas precauciones con la esperanza de que los mosquitos no les atacasen.

Las junglas del Caribe estaban llenas de enemigos mortales, como la víbora de cabeza de lanza, o el arbusto venenoso manichel, pero la única criatura a la que los bucaneros tenían auténtico pánico era el mosquito.

La parte más interesante del equipo del bucanero era su gorra. Se trataba de un sombrero moderno con todo el borde recortado, excepto en su parte delantera, para darle sombra a los ojos. Fue el precursor de las gorras de los jinetes y de los jugadores de béisbol.

Detrás de los bucaneros iban sus sirvientes o mayordomos, y casi siempre se trataba de infortunados esclavos blancos importados de Europa. Si dejaban caer los fardos de pieles y de boucan eme transportaban, o hacían cualquier cosa que disgustase a sus amos, se exponían a ser azotados brutalmente, y a que untasen sus heridas con una mezcla de zumo de limón, sal y pimienta roja.

Prácticamente el único gasto del bucanero era la pólvora, y como no podía permitirse el lujo de errar el tiro con demasiada frecuencia, se hizo tan experto que casi podía acertar a una moneda en el aire. Así pues, en su día, los bucaneros fueron los mejores tiradores del mundo.

La mayoría de ellos se estableció en la costa norte de Haití y de la isla de. la Tortuga. La Tortuga era su base; allí compraban municiones; cuchillos, hachas y todos los demás pertrechos. Cuando divisaban un contrabandista danés que se dirigía al paso entre la isla de Cuba y Haití, salían a su encuentro en sus pequeños bergantines, confiados en que le podrían vender su carne ahumada a buen precio, y los barcos ingleses y franceses fondeaban cerca de sus bases para comprar provisiones en su viaje de regreso a casa.

La mayoría de los bucaneros eran franceses o ingleses, pero también había entre ellos indios campeches, esclavos negros evadidos, muchos holandeses, e incluso irlandeses de Montserrat. Algunos eran hombres honrados —exiliados por cuestiones religiosas, náufragos, y pequeños terratenientes expulsados de Barbados y de otras islas de la zona por los grandes cultivadores de azúcar.

Otros eran piratas, criminales, desertores y demás gente de mal vivir. Sin embargo, aunque hubiesen sido tan honrados como el que más, los españoles nunca los habrían aceptado como vecinos de unas islas que ellos consideraban suyas.

En 1638, decididos a terminar con el problema de los bucaneros de una vez por todas, los españoles atacaron la isla de la Tortuga, capturaron a todos los que encontraron y colgaron a los que no se rindieron. Con esta masacre de unas trescientas personas, las esperanzas de los bucaneros de ganarse la vida honradamente, suministrando su carne ahumada a los buques de paso, se esfumaron para siempre.

Sin embargo, el día del ataque a la Tortuga, la mayoría de los bucaneros estaban cazando, y escaparon así de la ira de los españoles. Cuando regresaron y comprobaron los estragos de la incursión, enterraron a sus compañeros, y sobre sus tumbas juraron que no descansarían hasta haberlos vengado. De esa forma, se juramentaron y constituyeron la confederación de «La Hermandad de la Costa».

La idea de que un pequeño grupo de bandidos pudiese desafiar al vasto imperio español, en cuyos dominios no se ponía el sol, le habría parecido ridícula a cualquiera que desconociese la Hermandad. Los bucaneros no dejaban nada al azar.

Como escribió Alexander Exquemelin, uno de sus cirujanos, los bucaneros «nunca están desprevenidos», ninguno de ellos se aparta ni un segundo de su mosquete de treinta cartuchos, de un machete y de las armas que constituyen la base de su supervivencia, sus pistolas.

Como sabía que a campo abierto no podía competir con la magnífica caballería española, la Hermandad de la Costa decidió atacar a los españoles en el mar. Al principio salían en canoas, compradas a los indios campeches, o en sus pequeños bergantines. Estos barcos tan pequeños eran prácticamente invisibles a la luz del ocaso, y podían llegar fácilmente hasta cerca de un galeón sin que éste se diese cuenta.

Una vez puestos a tiro, los que tenían mejor puntería, que al igual que sus compañeros iban echados en el fondo de la canoa para que sus movimientos no fuesen demasiado bruscos, se incorporaban y disparaban contra el timonel y contra al vigía de cubierta.

Antes de que el resto de la tripulación pudiese reaccionar, las canoas ya habían llegado hasta el barco, y una oleada de hombres realizaba el abordaje, disparando los varios fusiles que llevaba cada uno. El galeón capturado, ahora bajo la enseña de los bucaneros, partía de nuevo en busca de presas de mayor envergadura.

Exquemelin nos ha descrito un ataque típico de los bucaneros, y es muy posible que él mismo formase, parte activa de esta historia, aunque modestamente oculte su participación.

El vicealmirante de la flotilla española se había destacado algo del resto del convoy, cuando el vigía de cubierta le informó haber avistado un pequeño barco en la lejanía, advirtiéndole de que podía tratarse de un bucanero. El oficial contestó despectivamente que no tenía nada que temer de un barco de ese tamaño.

Sospechando con razón que el vicealmirante estaría demasiado confiado como para vigilar adecuadamente los movimientos de su nave, el capitán bucanero se mantuvo al acecho hasta el anochecer. Entonces llamó a sus hombres (eran veintiocho) y les recordó que les quedaba poca comida, que el barco se encontraba en malas condiciones y podía hundirse en cualquier momento, pero que había una forma de salir del apuro: capturando el galeón español y repartiéndose las riquezas que sin duda llevaría.

Los bucaneros juraron enfervorizados que le seguirían y que estaban dispuestos a luchar con todo su entusiasmo, pero por si alguno de ellos estaba más remiso, el capitán ordenó al cirujano que hundiese, el barco tan pronto como el grupo atacante hubiese abordado al galeón español.

Los bucaneros realizaron el abordaje en apenas un minuto y en completo silencio, sorprendiendo al capitán y a sus oficiales jugando a las cartas en su camarote. Ante la amenaza de las pistolas el vicealmirante entregó el barco.


El botín capturado en un barco de este tipo sería suficiente para convertir en multimillonario a cada uno de los veintiocho asaltantes. Un galeón español, el Santa Margarita, que se hundió en Cayo Oeste en 1622, en pleno apogeo de los bucaneros, reportó a sus rescatadores,. hace poco tiempo, nada menos que 13.920.000 dólares.

Un galeón que se capturase en aquellos años debería ser aún más valioso, pues además de las joyas y de los lingotes de oro y plata, transportaría todo tipo de bienes perecederos. Se cuenta el caso curioso de que unos bucaneros que interceptaron un cargamento de cacao, lo tiraron al mar porque creyeron que se trataba de estiércol de caballo.

El aliciente del botín era un incentivo contra el que no era suficiente el valor que podían oponer los españoles. En 1668, como punto álgido de la época de, los bucaneros, Henry Morgan saqueó Panamá. «Aunque nuestro número es pequeño», dijo a sus hombres, «nuestros corazones son grandes, y cuantos menos sobrevivamos más fácil será repartir el botín, y a más tocaremos cada uno».

Henry Morgan fue el último de los bucaneros. Con el tiempo llegó a conseguir el perdón real, un título nobiliario, y que le nombraran gobernador de. Jamaica. Nunca regresó a su Gales natal, y se instaló en Port Royal, bebiendo ron hasta morirse.

El poder en el Caribe pasó de las manos de la Hermandad de la Costa, a las de: La marina de Francia e Inglaterra, y aquellos hermanos que no pudieron adaptarse de una continua lucha contra los españoles a una relativa paz, zarparon hacia el oriente, en busca de una nueva carrera como piratas en las costas de la India y de Madagascar.

Es difícil deducir cuáles fueron las consecuencias de la era de los bucaneros. Para los españoles, la aparición de los que ellos llamaban «los diablos del infierno», fue evidentemente desastrosa.

Se puede compartir la opinión de los españoles, sobre todo cuando se leen algunos de los relatos de Exquernelín sobre Pedro el brasileño, el cual solía pasear por las calles de Jamaica segando a hachazo limpio piernas y brazos de inocentes transeúntes; o sobre el primer jefe del cirujano, que colocaba un barril de vino en mitad de la calle, y obligaba a todo el que pasaba por delante a beber de él o morir allí mismo de un pistoletazo; o respecto a otros amigos suyos que asaban mujeres desnudas sobre piedras calientes, luchaban bajo el agua contra los caimanes, o torturaban a los prisioneros para que les revelasen dónde escondían sus tesoros.

Quizás la consecuencia de la aparición de los bucaneros no fue lo que realizaron de hecho, sino lo que impidieron que ocurriese. Mientras la Hermandad de la Costa asestaba duros golpes al pulpo español en su mismo centro del Caribe, sus tentáculos tenían que retraerse para proteger sus puntos más vitales.

Por lo tanto, el imperio español no pudo expansionarse hacia las incipientes colonias que se estaban formando a lo largo de la costa norteamericana, como hubiera sido razonable, y como muchas personas esperaban y otros temían.

Fuente Consultada: La Búsqueda de las Especias de Ritchie

Enfermedades de los Marineros Escorbuto Historias de Marineros

Enfermedades de los Marineros – Escorbuto

El escorbuto: Muchos pasajeros y miembros de la tripulación, además de sufrir un hambre horrible, tenían que padecer las consecuencias de la llamada enfermedad del marinero, es decir, del escorbuto.

Cuando finalmente el Virginia Merchant consiguió echar el ancla junto a las costas americanas, lo primero que hubo que hacer fue trasladar los enfermos a tierra para que comiesen alimentos frescos y pudiesen recuperarse.

El escorbuto es una avitaminosis producida por el déficit de vitamina C. Era corriente en los marinos que subsistían con dietas en las que no figuraban fruta fresca ni hortalizas, fue reconocida hace más de dos siglos por los médicos navales británicos, que la prevenían o curaban añadiendo jugo de lima a la dieta.

El escorbuto es una enfermedad producida por la falta de vitamina C, la vitamina que contienen las frutas, las verduras, y la carne fresca. Casi todos los animales, excepto el hombre, son capaces de sintetizar la vitamina C, por lo que no tienen necesidad de una dieta a base de frutas y verduras que la contenga, ya que tienen en su sangre suficiente ácido ascórbico, que es otra manera de llamar a la vitamina C.

Debido a este fenómeno, una de las formas de proporcionarse la vitamina C es comerse un animal recién sacrificado, como las ratas que el coronel Norwood y sus compañeros tuvieron que tomar a bordo del Virginia Merchant. Sin embargo, como hemos visto, nunca había suficientes ratas para todo el mundo.

Para combatir el escorbuto, los marineros solían tomar cítricos, que tienen un alto contenido de esta vitamina. Por supuesto, aquellos marineros no lo sabían, ni sabían siquiera lo que era una vitamina, pero comprobaron por experiencia que este cambio de dieta les curaba de la «enfermedad del marinero».

Jacques Cartier, cuando se vio atrapado en el invierno de 1535-36 entre los hielos de lo que hoy se llama Quebec, vio cómo el noventa por ciento de sus hombres enfermaba de escorbuto, y cómo se recuperaron a la semana de beber una infusión de cortezas del árbol de la vida.

Ya en 1601, los marineros de la Compañía Inglesa de las Indias Orientales, tenían conciencia de la relación que existía entre comer naranjas y limones, y la curación del escorbuto. Así, anclaban en el extremo sur de Madagascar, compraban grandes cantidades de cítricos, y después de exprimirlos, echaban su zumo en los barriles como remedio «antiescorbútico».

También otros marineros, especialmente los mediterráneos, tomaban zumos de limón directamente como preventivo de la enfermedad, pero tuvo que pasar mucho tiempo antes de que esa costumbre fuese generalmente adoptada.

Una de las razones que propiciaron este retraso era que muchas personas, y más particularmente los médicos, atacaban enérgicamente la idea de que fuese sano el comer fruta o el beber su zumo, y que desde luego con ello no se curaba nada.

Es más, algunas personas llegaban a atribuir la gran mortandad que se producía en los viajes marítimos, a que los marineros tomaban demasiadas frutas tropicales cuando llegaban a su destino.

Así pues, el escorbuto siguió haciendo estragos entre las tripulaciones de los barcos que realizaban largas travesías. En 1619, por ejemplo, Jens Munk, un almirante danés, condujo una expedición de dos barcos y sesenta y cuatro hombres a la desembocadura del río Churchill, en la bahía de Hudson.

Los daneses pasaron ahí el verano, y permanecieron en bastante buen estado de salud durante los primeros meses del invierno, pero a partir de ahí, empezaron uno tras otro a coger el escorbuto, y en el mes de junio sólo sobrevivían cuatro; Munk entre ellos.

Al final de la primavera ártica empezaron a retoñar unos cuantos brotes verdes, y Munk y sus compañeros los chuparon desesperadamente. No podían masticar, pues el escorbuto les había dejado sin dientes y con las encías muy hinchadas.

Con un esfuerzo sobrehumano, los supervivientes, ahora reducidos a tres, consiguieron fletar el más pequeño de los navíos y ponerlo rumbo a Dinamarca. El escorbuto había acabado con los sesenta y un exploradores.

Una de las características más lamentables de esta enfermedad era que marcaba la diferencia entre el tener» y el «no tener». Aquellos que «no tenían» probablemente se morirían de escorbuto, mientras contemplaban cómo se mantenían relativamente sanos los que «tenían» sus propias provisiones guardadas en su camarote.

Louis Antoine, conde Bougainville (1729-1811) partió en un viaje alrededor del mundo en 1767. ‘ha a ser un viaje que habría de tener todo tipo de repercusiones importantes, y no sólo, por supuesto, por el descubrimiento de la buganvilla, una de las flores tropicales más bellas que se conocen.

Uno de los oficiales que acompañaba a Bougainville escribió un diario durante el viaje, y los siguientes extractos dan fe de las extremas diferencias que existían a bordo, entre los que, como Bougainville, poseían provisiones especiales, y aquellos que tenían que depender de la comida general del barco.

Puesto que si escribo este diario es para que pueda servirle de provecho a mi hijo, voy a intentar no omitir ninguna apreciación que pudiera serle útil. Por lo tanto me veo en la obligación de advertirle que nunca se embarque en expediciones de este tipo (aunque piense comer en la mesa del capitán), sin llevar consigo considerables provisiones de cacao, café, y tortas para hacer caldo. Los pollos no aguantaron demasiado bien, pues se negaron a comer nuestro grano, al que no estaban acostumbrados, y murieron bastantes.

Al final, varios miembros de la expedición han contraído el escorbuto, y por desgracia me encuentro entre ellos. Tengo la boca completamente estropeada, y no podemos mejorarnos comiendo carne fresca porque no tenemos dientes con qué masticarla. Ayer, con gran esfuerzo, me comí una rata a medias con el Príncipe de Nassau.

Confesamos que estaba muy rica, y que nos podríamos dar por satisfechos si pudiésemos comer rata con frecuencia, y silos demás decidiesen que este tipo de carne les daba asco…

A la hora de cenar se sirvió un nuevo guiso. Estaba hecho cociendo el cuero de las bolsas que habían contenido la harina. Dejándolo en agua, se puede conseguir ablandar un poco este cuero, luego se le arrancan los pelos, pero a pesar de ello, no es ni la mitad de bueno que las ratas. Hoy también sacaron a la mesa tres ratas, que fueron auténticamente devoradas…

Monsieur de Bougainville tiene para su servicio exclusivo dos cocineros, un mayordomo, dos camareros y tres negros. No puedo dejar de señalar que si ya es difícil para los oficiales el verse obligados a comer la ración normal de la tripulación, es más duro el no ver nunca al jefe de la expedición sentarse a comer con ellos, aunque en principio no tendría que haber ninguna otra mesa.

El está acostumbrado a tomar chocolate, preparado con pasta de almendras, azúcar y agua. Este es el único extra que añade a su dieta sobre nuestras provisiones. Podría añadir que disfruta también de la leche que le proporciona una cabra que embarcó en Montevideo (hoy la van a sacrificar).

Sin embargo, estas pequeñas diferencias, unidas a otras provisiones que sin duda existirán, aunque las desconocemos, son las que marcan la gran diferencia entre su estado y el nuestro. Él parece saludable, lozano, y su cara presenta una maravillosa redondez, que nos hace avergonzarnos de nuestro aspecto famélico y hambriento.

Bebidas antiescorbúticas: El chocolate no servía para combatir el escorbuto, pero al menos permitía que el agua fétida no resultase tan repugnante. El escorbuto iba a seguir siendo el gran azote de los navegantes de altura hasta el siglo XVIII, cuando en 1753, un cirujano naval escocés llamado James Lind, después de cuidadosos experimentos, publicó su Tratado sobre el escorbuto. Este estudio demostraba que la enfermedad se producía por una deficiencia, que se podía curar comiendo naranjas o limones, o bebiendo sus zumos.

Sin embargo, a Lind se le prestó poca atención hasta que el capitán James Cook (1728-79) se interesó por sus trabajos. Cook había llegado a ser capitán partiendo de los puestos subalternos más bajos -algo que hubiera sido imposible en la armada francesa- y por lo tanto podía hablar con los marineros en su propio lenguaje.

En sus viajes exploratorios llevó consigo algunos barriles de zumo de limón y de repollo fermentado, convenciendo a sus hombres para que lo probasen. El resultado fue que ni uno solo de los miembros de su tripulación murió de escorbuto, en ninguna de las tres grandes travesías que realizó.

A pesar de ello, la Royal Navy no incluyó raciones antiescorbúticas de forma oficial en su flota hasta 1795, dieciséis años después de la muerte de Cook, y fue el zumo de lima, en lugar del de limón, el escogido, a pesar de que éste era menos efectivo que el de otros cítricos. Esta preferencia por el zumo de lima, fue por lo que los marinos americanos dieron a los ingleses el apodo de «Limeys».

ALGO MAS….En el año 1937 el científico húngaro Albert Szent-Gyor-gyi recibió el premio Nobel de Medicina por sus estudios sobre la acción terapéutica de una serie de productos naturales, contra el escorbuto (enfermedad que afectaba a los navegantes, que no ingerían por períodos prolongados de tiempo frutas y verduras frescas), derivados de extractos de naranjas e identificados como una nueva vitamina. De esta manera nací-a la ahora famosísima vitamina C.

A tal punto llega su utilidad que en el mundo se realizan Congresos internacionales sobre ella, el último en San Diego, California, USA, en 1991. En los “noventa” el ácido ascórbico (nombre químico de la vitamina) se convirtió en un verdadero fármaco y ha dejado de ser un valioso factor alimentario para convertirse en una droga de sumo interés en la biología y la medicina.

El ácido ascórbico es esencial para casi todos los tejidos, y. si bien la mayor parte de los seres vivientes no necesitan tomarlo de la naturaleza, puesto que lo fabrican en su metabolismo, para algunas especies, entre ellas el hombre, no es así. En otras palabras, debemos tomar esta vitamina desde las plantas y las frutas; dada su abundancia, esta tarea no resulta difícil.

Con una alimentación a base de carne, frutas y verduras frescas, los pueblos cazadores del período Paleolítico incorporaban diariamente alrededor de 390 mg de Vitamina C, bastante más que el hombre americano promedio de nuestros días, quien sólo toma 90 mg cada 24 horas.

Esta cantidad está muy poco por encima de las necesidades diarias (sólo un tercio), por debajo de las cuales pueden aparecer los primeros síntomas de la carencia. Algunos disturbios depresivos pueden agravarse, y varios cuadros, vinculados sustancialmente con el efecto de los radicales libres sobre las membranas de las células (oxidación y envejecimiento), pueden acelerar la aparición de enfermedades inflamatorias y degenerativas crónicas.

Fuente Consultada:
La Búsqueda de las Especias de Ritchie
Revista Muy Interesante N°86

Vida a bordo de los Marineros El Hambre en el Mar Enfermedades Marinos

Los Marineros-El Hambre en el Mar-Enfermedades

El hambre en el mar: La auténtica pesadilla de un viaje marítimo no era el tener que comer la espantosa comida de a bordo, sino la falta total de alimentos.

Escuchemos en este sentido un relato de la época: el coronel Norwood, un caballero partidario del exiliado rey Carlos II, decidió marcharse de Inglaterra en compañía de dos amigos, el mayor Francis Morrison y el mayor Richard Fox, embarcándose el 23 de septiembre de 1649 con rumbo a Virginia. Zarparon a bordo «de un sólido barco, mal llamado el Mercader de Virginia, y que podía transportar trescientas toneladas».

A los veinte días de partir, «el barrilero empezó a quejarse de que nuestro barril de agua estaba casi vacío, indicándonos que en la bodega no quedaba suficiente para abastecer una familia tan grande (unas trescientas treinta personas) durante un mes».

Afortunadamente, la Fayal, una de las islas Azores, apareció en el horizonte, y allí se podrían renovar sus provisiones de agua. Sin embargo, «a la segunda noche de haber anclado en aquellos parajes, nuestros botes aparecieron destrozados por negligencia de los marineros, que habiendo gustado generosamente del vino, estaban borrachos perdidos, tirados a lo largo del barco y en un estado lamentable.

Hacer la aguada era una cosa extremadamente aburrida», decía Norwood, «pero además se tardaba tanto por culpa de las disputas de borrachos entre nuestros hombres y los isleños, así que, tras unos días de estancia en la isla, nuestro capitán decidió zarpar, pues el barco se deterioraba cada vez más por culpa de los licores. Y si bien conseguimos una buena provisión de agua, su cantidad apenas justificaba el gasto de cerveza que se tuvo que hacer para conseguirla».

Después de embarcar «una partida de cerdos de capa negra, para poder tener carne fresca, e innumerables melocotones», estos últimos para el consumo personal de Norwood, el Virginia Merchant se hizo de nuevo a la mar.

Al cabo de poco tiempo llegó a las Bermudas, pero al cambiar de rumbo hacia el norte, se vio metido en medio de un temporal que le arrastró hasta las playas de Hatteras. La galerna desmanteló el barco, llevándose también el castillo de proa (con uno de los cocineros dentro).

Tanto los pasajeros como los tripulantes quedamos en un estado lamentable, así como los alimentos que pudieron rescatarse. Parecía que íbamos a tener que soportar unas penalidades extremas, dado que la tormenta, al llevarse el castillo de proa, y al haber inundado la bodega, nos dejó el pan (la base de nuestra alimentación) tremendamente estropeado, y ya no había forma de guisar la carne, pues nos habíamos quedado sin cocina.

El continuo y violento movimiento del barco hizo que no se pudiera guisar. La única manera de hacer fuego en cubierta consistía en serrar un barril por la mitad, lastrarlo, y convertirlo en una hoguera sobre la que se pudiesen hervir unos guisantes con carne salada. Pero tampoco esto resultaba fácil, y muchas veces nuestros esfuerzos se veían frustrados, y la caldera se volcaba para desesperación de nuestros estómagos vacíos.

La tormenta seguía, y a pesar de los meritorios esfuerzos realizados para reparar el barco, seguían sin avisar ninguna costa americana; «nuestras provisiones de agua habían desaparecido, y la carne no estaba en condiciones de ser comida. Las vituallas que nos quedaban sólo nos permitían distribuir una galleta por persona y día, y aun con este racionamiento no teníamos para mucho tiempo».

La galerna continuó:

Empezamos a sentir un hambre acuciante. Las mujeres y los niños lloraban desconsoladamente. El infinito número de ratas que habían constituido nuestra pesadilla durante el viaje, se convirtieron en presas deseadas y perseguidas, vendiéndose incluso algunas de ellas. Concretamente, una rata bastante gorda llegó a alcanzar un precio de diecisiete chelines en nuestro mercado particular.

Es más, antes de que acabase el viaje (y esta información no la comprobé directamente, aunque la fuente me merece confianza), una mujer embarazada ofreció veinte chelines por una rata, pero su propietario se negó a vendérsela, y la mujer falleció.

Aunque los pasajeros y la tripulación del Virginia Merchant, empezaban a perder la batalla contra el hambre, no decidieron poner todas las provisiones en común, como les recomendaba Norwood.

Así se sucedieron tristemente muchos días y muchas noches, hasta que llegó la sagrada fiesta de la Navidad, que nos aprestamos a celebrar de forma muy melancólica. Sin embargo, para resaltar la fecha, decidimos agrupar todos los restos de comida que nos quedaban y hacernos un pudín mezclando frutas, especias y agua de mar, y friendo la pasta resultante.

Nuestra acción despertó la envidia de los demás pasajeros, que no obstante no se entrometieron en nuestra tarea, y salvo algún regalo que enviamos a la mesa del capitán, pudimos disfrutar de nuestro pudín de Navidad sin tener que soportar ningún incidente.

Mi mayor angustia era la sed. Soñaba con bodegas y grifos que me echaban agua por la garganta, y estos sueños hacían que el despertar fuese peor todavía. Encontré una ayuda muy especial al disfrutar de la amistad del capitán, que me permitió compartir algunos tragos de un clarete que tenía escondido en su bodega particular.

El escorbuto: Muchos pasajeros y miembros de la tripulación, además de sufrir un hambre horrible, tenían que padecer las consecuencias de la llamada enfermedad del marinero, es decir, del escorbuto. Cuando finalmente el Virginia Merchant consiguió echar el ancla junto a las costas americanas, lo primero que hubo que hacer fue trasladar los enfermos a tierra para que comiesen alimentos frescos y pudiesen recuperarse.

El escorbuto es una avitaminosis producida por el déficit de vitamina C. Era corriente en los marinos que subsistían con dietas en las que no figuraban fruta fresca ni hortalizas, fue reconocida hace más de dos siglos por los médicos navales británicos, que la prevenían o curaban añadiendo jugo de lima a la dieta.

Fuente Consultada: La Búsqueda de las Especias de Ritchie

¿SABES PORQUE LOS PIRATAS USABAN ARITOS?

aritos de los piratas

PARA SABER MAS…

El escaso tonelaje de las carabelas hacía que las dotaciones fuesen muy limitadas en número. Por esto las misiones que cada tripulante tenía que cumplir estaban rigurosamente determinadas y la disciplina era férrea. El mando correspondía al capitán, autoridad suprema a bordo y responsable del éxito de la expedición. Como su misión fundamental era mandar hombres, podía no ser un marino.

Aunque durante el período de los descubrimientos casi siempre fueron gentes avezadas en la navegación. Las expediciones las realizaban varias naves. El capitán de la más importante era a la vez jefe de la flota. Recibía el título de capitán general o capitán mayor.

La segunda autoridad a bordo es el maestre. Como se encarga del mando directo de la tripulación y dirige las maniobras del buque en el mar, y al atracar y desatracar en los puertos, debe ser un navegante experimentado. Cuida también de la carga y descarga de la nave y de las cuestiones de orden administrativo. Su situación es difícil, pues se encuentra entre el capitán, autoridad suprema, y la tripulación, a la que deberá tratar directamente.

El piloto es el tercer oficial sobre la nave. Es el técnico en navegación, el que maneja los instrumentos para tomar el punto, y tiene a su cuidado las cartas marinas.

Por debajo de estos tres oficiales está el contramaestre, el primero de los suboficiales. Toda la nave depende él. Está encargado de servir de enlace entre los oficiales y la tripulación, con la que convive. Ante el capitán y ante el maestre, es el responsable de cuanto ocurre a bordo.

Son también suboficiales el despensero y el alguacil. El primero vigila y distribuye las provisiones. El alguacil es una especie de asistente del contramaestre y además el verdugo que ejecuta los castigos corporales que impone a veces el capitán.

Entre la tripulación existen, además de los marinos y grumetes, una serie de hombres especializados. Carpinteros, toneleros, calafates, cada uno de ellos capacitado en los oficios que su nombre indica. Algunos ejercen actividades curiosas.

El cirujano es a la vez curandero y barbero. A veces viaja un intérprete, ducho en lenguas. La efectividad de esta medida puede no ser muy grande. El intérprete que acompañó a Colón en el primer viaje conocía, como lengua de enlace, el árabe. Le sirvió con los indios del Caribe tanto como le hubiera servido de alcanzar Catay o Cipango, los objetivos colombinos.

En las armadas importantes viajaba también un jefe de artillería: el condestable. Los veedores eran unos funcionarios reales encargados de velar por los intereses económicos de la corona. El escribano estaba encargado de llevar el diario de a bordo y de consignar las tomas de posesión de las nuevas tierras.

En total, el número de tripulantes oscilaba entre 25 y 60, según el tamaño de las embarcaciones. En las flotas se aprovechaba la movilidad de las carabelas menores para misiones de reconocimiento y descubierta, mientras las naos y carabelas de mayor tonelaje tenían la ventaja de poder transportar una carga mayor.

La vida a bordo estaba sujeta a los servicios y guardias. Como el cómputo de tiempo era absolutamente necesario para calcular la longitud a que se hallaba la nave, el reloj de arena señalaba todos los relevos. Había un grumete encargado de dar la vuelta al reloj tan pronto como el último grano de arena caía desde la ampolleta superior a la inferior. Una ampolleta tardaba en vaciarse media hora.

Cada ocho ampolletas, esto es, cada cuatro horas, cambiaba la guardia. Los tres oficiales se turnaban, dos veces al día cada uno, en el mando de la fracción de tripulantes que estaba de guardia y que atendía al timón, a la brújula, al reloj, a la sonda y al servicio de serviolas. Las horas de relevo más corrientes eran las 3, 7, 11, 15, 19y23. Las comidas se realizaban a las horas de relevo, en dos turnos, uno para la guardia entrante y otro para la saliente.

La monotonía debía de ser la nota dominante en la vida marinera mientras reinaba el buen tiempo y los víveres no escaseaban. Por el contrario, cuando los elementos se mostraban desfavorables sólo el mantenerse a flote debía costar un esfuerzo sobrehumano. Las compensaciones económicas podían ser muy variables, según la duración, la peligrosidad y el éxito de la expedición.

El sistema de retribución más común fue el de participación en los beneficios. A la vuelta de una expedición, tras haber cubierto gastos y pagado las primas por servicios distinguidos, se repartían los beneficios entre quienes habían financiado la empresa y la tripulación. Los tripulantes se repartían su parte de manera proporcional a los cargos que habían desempeñado.

En ciertas ocasiones se pagaban sueldos fijos, que eran relativamente elevados. Por término medio un grumete cobraba unos 700 maravedís mensuales; un marino, 1.000; un piloto o contramaestre, 2.000, y 3.000 los capitanes. Además, en los viajes con sueldo fijo, los tripulantes estaban autorizados a comerciar con cierta pequeña cantidad de mercancías por su cuenta (pacotilla).

Fuente Consultada: Historia Universal Tomo 13 Salvat

Cómo se Alimentaban Los Marineros En El Siglo XV? La Comida y bebida

¿Cómo se Alimentaban los Marineros en el Siglo XV?

Las raciones del marinero: Los viajes y los descubrimientos que caracterizaron la revolución de las especias tuvieron éxito, no gracias a la alimentación de las tripulaciones y de los conquistadores que los realizaron, sino a pesar de ella.

Durante toda esta época, el sentimiento general era de que un capitán sólo podía retener a sus fuerzas si las alimentaba y les daba de beber en forma continua, y por supuesto, lo que se les proporcionase tenía que ser lo mismo que hubiesen tomado en Europa.

La verdad es que la alimentación de los tripulantes y de las guarniciones en aquellos climas calurosos, vista desde la perspectiva de nuestros días, era la menos adecuada que pudiera pensarse.

Barco Pirata

Por ejemplo, todas las provisiones de carne estaban saladas, pues de otra forma no se hubiesen conservado bien en un clima cálido, y a menos de que se les diese un tratamiento especial para quitarles la sal antes de consumirlas, provocaban mucha sed.

Sin embargo, ya en tiempos de Cromwell, se estipuló que los marineros de la armada británica tenían que recibir diariamente dos libras de carne de vacuno o de cerdo saladas, o en su lugar libra y media de pescado. La carne normalmente estaba en proceso de descomposición, si no es que estaba completamente podrida, y aunque no lo estuviese, todas las vitaminas de la carne fresca se habían destruido debido al método de conservación.

Después de la carne, el componente principal de la ración era el pan, normalmente en forma de galletas de barco. Los «biscuits» (la palabra procede de bis y cutre, términos franceses que significan «cocer dos veces») por regla general no se hacían a bordo, sino en el puerto, y en ocasiones estaban hechas desde hacía un año, o incluso más. Si las galletas procedían de la intendencia del gobierno, podía darse el caso de que estuviesen hechas hasta cincuenta años antes.

La preparación de las galletas de barco era un proceso sofisticado que exigía varias categorías de trabajadores especializados, que se conocían como quemadores, maestros, conductores, enrolladores y ayudantes.

Una vez medidas las cantidades justas de harina y agua, y echadas en la artesa, llegaba el conductor, que con sus fornidos brazos golpeaba, aporreaba, levantaba y volteaba la mezcla hasta que tomaba la consistencia de una masa… Luego venía el enrollador, que después de colocar la masa encima de una plataforma, se subía en uno de los extremos de un rodillo, llamado palo de corte.

El enrollador, cabalgando sobre este rodillo, lo hacía saltar de una forma un poco ridícula, dándole a la masa un tratamiento que era una mezcla de golpearla y enrollaría. El sistema resultaba poco higiénico, pues en el proceso la masa se sobaba bastante.

A continuación, la masa aplastada, formando una capa delgada, se cortaba en lonchas con unos cuchillos enormes. Éstas, a su vez, se volvían a cortar en forma de pequeños cuadraditos, y cada cuadradito se trabajaba manualmente para darle la forma redonda de una galleta.

Las galletas se marcaban, se punzaban, y se introducían con destreza en la boca del horno por medio de una pala que las iba distribuyendo por el interior de éste. La tarea de lanzar las galletas para que cayesen en el lugar preciso, se convirtió en una habilidad muy apreciada.

La galleta, una vez terminada, era dura como una piedra, y producía agujetas en las mandíbulas de cualquiera que no fuese un gorgojo galletero. Mientras permanecían en espera de ser empaquetadas, o cuando se abrían a bordo del barco, las atacaba normalmente una especie de mosca que ponía sus huevos en ellas, y con el paso del tiempo nacían las larvas. Los marineros veteranos solían golpear las galletas contra la mesa antes de comerlas, con la esperanza de que saliesen los gorgojos y se marchasen, pero éstos no siempre los complacían.

La ración de pan, en tiempos de Cromwell, era de una libra y media, además de un galón de harina. Con esta última, los marineros intentaban hacer su propio pan, siempre que el cocinero estuviese dispuesto. La harina, igual que las galletas, normalmente estaba también llena de insectos.

La bebida a bordo: Lo peor de la vida a bordo era la bebida. Cromwell había ordenado que sus marineros dispusiesen de un galón de cerveza por semana -un margen generoso, incluso aunque no hubiese ninguna otra bebida disponible a excepción del agua.

Tal y como se fabricaba en el siglo XVI, la cerveza no se podía conservar mucho tiempo en un barco’. Por lo tanto, Cromwell suprimió la ración de cerveza, y decidió que en su lugar los marineros tenían que beber ron. Afortunadamente, la Royal Navy disponía de grandes cantidades de ron desde que los ingleses conquistaron Jamaica en 1655.

Cuando se estaba en la mar, nadie bebía agua voluntariamente, pues se guardaba en barriles, e invariablemente se volvía verde y viscosa al cabo de pocos días. Los londinenses alardeaban, e hicieron creer a los capitanes de barco, que el agua del Támesis se conservaba mejor que cualquier otra, con lo que muchos barcos zarparon de Londres con sus barriles llenos de un liquido de alcantarilla.

Gran parte de la vida de un capitán de barco se pasaba buscando puntos en tierra donde poder rellenar sus barriles de agua -una tarea larga y penosa, que fue la causante de no pocas hernias de los marineros. Cualquier lugar se hacía famoso entre los navegantes si en él se podían renovar las provisiones de agua, y en este sentido alcanzaron especial notoriedad la isla de Santa Elena y el Cabo de Buena Esperanza.

Biografia de Osama Bin Laden Terrorismo de Al Qaeda Talibane

Biografia de Osama Bin Laden

Osama Bin Laden

BIOGRAFÍA DE BlN LADEN, OSAMA Activista islámico saudí (Riyadh, 1957). Desde 1979 apoyó financieramente  a los talibanes, el sector más extremista del movimiento guerrillero afgano, en su lucha contra la URSS.

En 1988 fundó el grupoo Al Qaeda (“La Base”) con el objetivo de emprender la guerra santa. Desde 1991 orientó sus actividades contra los intereses estadounidenses y estableció  bases operativas en Sudán, Pakistán y Afganistán, país que convirtió en su lugar de residencia desde 1995. Implicado en varios atentados desde 1993, se le considera responsable de la organización de los atentados del 11 de septiembre de 2001 en EE. UU.

EL HECHO TERRORISTA QUE HACE FAMOSO A BIN LADEN
Uno de los actos terroristas más destructivos tuvo lugar el 11 de septiembre del 2001 en Estados Unidos. Cuatro grupos de terroristas secuestraron igual número de aviones comerciales después de abordarlos en Boston, Newark y Washington, D.C.

Los secuestradores dirigieron dos aviones directamente contra las torres del World Trade Center de la ciudad de Nueva York, causando su derrumbe así como de otros inmuebles colindantes. Un tercer avión fue estrellado en el Pentágono, cerca de Washington, D.C. El cuarto, aparentemente dirigido hacia Washington, se estrelló en un área aislada de Pennsylvania, según parece como resultado de un intento de un grupo de heroicos pasajeros que frustraron a los terroristas. En total, más de tres mil personas murieron, incluyendo todos los pasajeros y la tripulación de los cuatro aviones.

ATAQUE DE BIN LADEN, torres gemelas

El 11 de septiembre fue la consecuencia más trágica de los errores cometidos por soviéticos y norteamericanos en Afganistán. Los atentados cumplieron un sueño que los radicales islámicos nunca pensaron llegar a hacer realidad, y en ese sentido se demostró, después de una investigación cuyo informe abarca más de diez mil folios, que las grandes catástrofes son siempre hijas de pequeñas equivocaciones en cadena.

Estos actos de terror coordinado fueron realizados por secuestradores vinculados con la organización terrorista internacional al-Qaeda, dirigida por Osama Bin Laden. Originario de Arabia Saudita, Bin Laden usó la fortuna que heredó para establecer una serie de campos de entrenamiento terrorista en Afganistán, bajo la protección de los gobernantes fundamentalistas islámicos conocidos como talibanes.

Bin Laden también es sospechoso de haber dirigido los atentados terroristas previos contra Estados Unidos, incluyendo el bombardeo de dos embajadas en África en 1998 y un ataque contra el navío militar USS Colé, en 2001.

De esta manera se inicia un nuevo tipo de guerra, cuyo enemigo ahora es “invisible” porque puede estar en cualquier parte del mundo y puede a la vez recurrir a cualquier arma. Aquella guerra convencional, como la guerra fría, en donde había dos bando bien definidos y con bases distribuidas mundialmente pero de conocida localización, pasó a la historia, ahora este tipo de ataque inesperado, despertando la sorpresa generó una especie de miedo colectivo, que obligó a EE.UU. a aumentar los controles en aeropuertos, carreteras y espacio públicos de una manera jamás conocida.

La democracia estaba en juego, y había sido jaqueada por un pequeño grupo de hombres desconocidos con mínimos recursos. Estos hombres, ahora talibanes habían logrado herir a Estados Unidos en el corazón de su sistema financiero y militar, y esta operación había sido preparada y organizada por un viejo aliado de EE.UU. en la guerra contra Rusia, este hombre era: Osama Bin Laden.

Osama bin Laden nació en 1957, en Arabia Saudí, en el seno de una acaudalada familia de origen yemení y sirio. Su padre levantó un pequeño emporio económico gracias a la construcción y a sus vínculos personales con la familia real saudí, imperio que por extensión incluía muchos negocios en el extranjero, en particular en Estados Unidos.

A diferencia de la mayoría de sus hermanos, el joven Bin Laden demostró desde pequeño un marcado interés por los temas religiosos: soñaba con ser un musulmán digno, y en la universidad se integró en los Hermanos Musulmanes, organización mitad religiosa, mitad terrorista.

Cuando los soviéticos invadieron Afganistán, Bin Laden tenía veintidós años, y su activismo religioso lo llevó como voluntario a ese país para combatir, más que al invasor, al infiel que manchaba las tierras del islam. Desde luego que un hijo de la familia Bin Laden no era un soldado más, sino un importante dirigente, por su apoyo financiero, de los miles de combatientes musulmanes que luchaban contra la presencia comunista en Afganistán. Según el experto en Oriente Próximo Hazhir Teimourian, Bin Laden fue entrenado por la CIA como otros muchos combatientes en su lucha con los soviéticos, pero esta información no ha sido confirmada por otras fuentes.

Con el dinero de su familia, su natural carisma y su fervor, Bin Laden se convirtió en un líder rebelde importante, con capacidad autónoma para reclutar militantes en la guerra contra los soviéticos. Según muchas de sus biografías, abrió una casa de huéspedes en Peshawar, Pakistán, que fungía como base y primera escala de los muyahidines en su ruta a Afganistán. Pero pronto vio la necesidad, desbordado de voluntarios, de trasladar su base de reclutamiento a campamentos en las montañas afganas. Bautizó a este grupo de reclutas con el nombre árabe de al-Qaeda, que significa «la base».

Después de la retirada soviética, en 1989, los «árabes afganos», como se llamaba a los combatientes movilizados por la red al-Qaeda, regresaron a sus países de origen, entrenados, con experiencia de guerra y listos para pelear contra el infiel en cuanto se les requiriera. Éste es el origen de la estructura horizontal de al-Qaeda y una de las dificultades básicas para su eliminación.

Osma Bin Laden

Su fortuna personal, calculada en más de 300 millones de dólares (328 millones de euros), ha servido para financiar campos de entrenamiento para terroristas en Sudán, Filipinas y Afganistán y, según el Departamento de Estado americano, para enviar tropas de guerreros fundamentalistas al Norte de África, Chechenia, Tayikistán e, incluso, Bosnia.

Osama Bin Laden volvió a su país natal, Arabia Saudí, en 1991, para reintegrarse a los negocios familiares de la construcción como un miembro más, si bien exaltado y excéntrico, del clan Bin Laden. Pero su destino cambió cuando el gobierno saudí permitió a los soldados de la coalición encabezada por Estados Unidos entrar en su territorio y desde allí atacar a Sadam Husein en reprimenda por la invasión de Kuwait. En su lógica fanática, el territorio sagrado del islam, que alberga las ciudades santas de La Meca y Medina, había sido mancillado por el impío Satán estadounidense.

Presionado por los servicios secretos saudíes, huyó de Arabia y se instaló en Sudán, donde viviría durante un lustro, planeando toda clase de acciones terroristas contra los norteamericanos y los israelíes. El gobierno de Sudán resolvió expulsarlo, ante la evidencia flagrante de sus acciones y por la presión del gobierno norteamericano. Fue entonces cuando se trasladó definitivamente a Afganistán y lanzó una fatwa contra Estados Unidos e Israel en la que alentaba a los musulmanes del mundo a lanzarse a la yihad contra estos poderes impíos.

Visto con perspectiva, si bien es verdad que nadie podía saber que el 11 de septiembre sería como fue, resulta evidente que solamente hay una circunstancia más poderosa que la capacidad de entender en los seres humanos: la estupidez crónica basada en la prepotencia.

DATOS DE OSAMA BIN LADEN
Fecha de nacimiento: 10 de marzo de 1957, Riad, Arabia Saudita
Fecha de la muerte: 2 de mayo de 2011, Abbottabad, Pakistán
Cónyuge: Amal al-Sadah (m. 2000–2011),
Hijos: Omar Osama bin Laden, Saad bin Laden
Hermanos: Yeslam bin Ladin, Bakr Bin Laden, Salem Bin Laden, Tarek bin Laden
Padres: Hamida al-Attas, Mohammed bin Awad bin Laden, Muhammad al-Attas

Fuente Consultada: Paren El Mundo Que Me Quiero Enterar Antonio Navalón

AFGANISTÁN

Un país montañoso y sin salida al mar, Afganistán ha sufrido de tanta inestabilidad y conflictos durante su historia moderna, que su economía e infraestructura están en ruinas y muchos afganos viven como refugiados. El país también es afligido por calamidades naturales como terremotos y sequías.

Por su estratégica posición -entre el Medio Oriente, Asia Central y la India, a lo largo de la llamada Ruta de la Seda- Afganistán ha sido históricamente un zona codiciada, pese a su difícil geografía.

El país estuvo en el centro de lo que se en el siglo XIX se conoció como el “Gran Juego”, cuando la Rusia imperial, el imperio británico y la India se lo disputaban.

En 1979 se convirtió en un campo de batalla clave en la Guerra Fría, luego de que el ejército soviético lo invadieran para apoyar un régimen que estaba a favor del comunismo.

Los muyahidines (guerreros santos) afganos iniciaron la guerra santa o yihad, contra los invasores, una noción que -según la revista británica The Economist– estaba casi extinta desde el siglo X en la cultura islámica.

En los años siguientes, la yihad fue revivida con la ayuda de la CIA y los servicios de inteligencia de Arabia Saudita, quienes proporcionaron miles de millones de dólares en armas y munición a los muyahidines a través de los servicios de inteligencia pakistaníes.

Sin embargo, luego de la retirada de las tropas soviéticas en 1989, el mundo exterior eventualmente perdió interés en Afganistán, mientras a nivel interno continuaba la prolongada guerra civil, ahora alimentada por facciones muy bien armadas y extremismo religioso.

Un tercio de la población afgana ha abandonado el país. Cerca de un millón de refugiados se encuentran en campamentos en Pakistán, muchos de ellos ubicados a pocos kilómetros de la frontera afgana.

El surgimiento del grupo Talibán -originalmente un grupo de estudiosos del Islam- produjo un poco de estabilidad luego de casi dos décadas de conflicto.

Sin embargo, su interpretación radical del islamismo ha atraído crítica generalizada, incluso dentro del mundo musulmán.

Al grupo Talibán -de mayoría pashto- se oponen una alianza de facciones llamada Frente Unido o la Alianza del Norte, integrada por minorías con asiento en el norte del país.

En la actualidad, aunque el Talibán controla el 90% de Afganistán, sólo tres países lo reconocen como el gobierno legítimo, entre ellos Pakistán.

El grupo Talibán también se encuentra enfrentado con la comunidad internacional por darle refugio al multimillonario Osama bin Laden, de origen saudita.

Bin Laden, a quien se responsabiliza de los atentados contra embajadas estadounidenses en África en 1998, es el principal sospechoso de los atentados contra las Torres Gemelas del World Trade Center, en Nueva York, y del Pentágono, en Washington.

LOS TALIBANES.
La batalla por unificar Afganistán

La milicia talibán controla el 90% de Afganistán, pero sólo Pakistán, Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos reconocen su soberanía. En el resto del mundo es unánime la condena de este régimen fundamentalista que se ha hecho famoso por la violación sistemática de los Derechos Humanos, especialmente los de las mujeres.

¿Cuál es el origen de los talibán?
Talibán o talebán es el plural de la palabra persa telebeh, que puede traducirse como buscador de la verdad. Los talibán surgieron en septiembre de 1994 de las escuelas coránicas –madrasas– de Kandahar (Afganistán), Queta, Karachi y Lahore (Pakistán).

Esta milicia estaba formada por jóvenes de etnia pastum y religión suní, mayoritarias en Afganistán. Apoyados por los servicios secretos paquistaníes, se lanzaron a una guerra santa para poner fin al caos étnico y religioso en que había quedado Afganistán tras la retirada de las tropas del Ejército soviético. El objetivo de las milicias talibán era, por lo tanto, unificar y homogeneizar cultural y religiosamente Afganistán.

¿Por qué consiguieron llegar al poder?
Porque su mensaje de paz y estabilidad para superar la división del país cuajó entre una población cansada por 15 años de guerra y sufrimientos. En sus éxitos militares también tuvo gran importancia el apoyo militar y financiero de Pakistán y Arabia Saudí, así como su táctica de convencer a los señores de la guerra locales en base a la necesidad de unir a todos los musulmanes de Afganistán.

Desde que conquistaron Kabul -la capital afgana-, solamente tienen la oposición de las minorías étnicas y religiosas: los uzbecos turcos, que lidera el general Dostum, los tayikos persas dirigidos por el comandante Ahmad Masud, hazaras de religión chií y lengua persa, e ismailíes, también de religión chií.

¿Cuál es su diferencia con estos grupos afganos?
En su afán por unir y estabilizar el país, rechazan las aspiraciones de estas minorías étnicas y religiosas que, aunque también son integristas, exigen un mapa político más plural que el ofertado por los talibán y tienen una interpretación menos rígida del Islam, de la cultura, la educación y sobre la inserción de la mujer en la vida social. Frente a la uniformidad de los pastumes talibán, los otros pueblos aceptarían un modelo de Estado con más autonomía cultural y política.

Osama fallece el 1 de mayo de 2011, cuando una ataque militar organizado junto a las fuerzas de Pakistán , desde cinco meses antes, logran penetrar su mansión y dar con su centro de operaciones.

Pirata Barbanegra Edad de Oro de la Piratería La Leyenda de Piratas

Pirata Barbanegra – Edad de Oro de la Piratería

Barbanegra: A tal señor, tal honor: lancémonos ahora a la aventura de la mano de Barbanegra su verdadero nombre era Edward Teach y nació en Bristol, Inglaterra, en 1680. Algunos historiadores creen que nació en una familia acomodada y educada de clase social media-alta porque sabía leer y escribir. 

Gran parte de su vida como pirata la realizó en el océano Pacífico, pues allí hay muchas islas que eran reputadas por albergar tesoros increíbles. De todas maneras Ssu reinado de terror duró apenas dos años (1716-1718), pero Barbanegra dejó tal impacto en la imaginación popular que su época fue conocida como la Edad de Oro de la Piratería.

Pirata Barbanegra Edad de Oro de la Piratería La Leyenda de PiratasA principios del siglo XVIII se unió a un grupo de marinos que luchaban en la guerra de la Reina Ana de Inglaterra contra Francia y se hizo corsario, es decir, se dedicó a despojar barcos enemigos como parte de la guerra.

Terminada la guerra,Barbanegra comenzó a navegar con un conocido pirata de la época, el capitán Benjamín Hornigold. Como buen pirata, asumió un semblante y modo de vestir aterradores.

Según varias fuentes, medía unos dos metros y era más alto que la mayoría de los hombres de su época. Llevaba una larga y trenzada barba negra, que le dio su apodo, y vestía capa y sombrero negros. Llevaba varias pistolas asidas a su pecho para estar listo para luchar.

Con el pelo encendido para intimidar a sus amigos, el malcarado pirata, conocido como Barbanegra, asoló las costas de las Indias occidentales.

Barbanegra sólo hundía como último recurso los barcos ingleses y españoles que abordaba, pues prefería adueñarse de galeones y corbetas cuyos preciosos cargamentos conocía de antemano. Aquellos barcos capturados, sobre todo cuando eran bajos y finos, podían ser útiles gracias a su escaso calado, sobre todo cuando había que navegar entre escollos en aguas poco profundas.

bandera negra con calavera, Pirata BarbanegraSi la bandera verde simboliza rebelión y fue empleada con frecuencia por piratas franceses e ingleses, la bandera negra con la calavera quedará eternamente como divisa de los piratas ingleses desde que irrumpieran en todos los mares del globo terrestre.


En cuanto aparecía una nave en su campo de visión, los ingleses izaban el pendón negro y el ataque comenzaba. Los cañones entraban en acción y las balas impactaban sobre el navío sembrando el pánico entre la marinería y los pasajeros. Estos últimos corrían a refugiarse en el entrepuente… ¡demasiado tarde!

Antes de una batalla, Barbanegra se encendía mechas de quema lenta entre el cabello y el sombrero que dejaban una estela de humo negro que atemorizaban a sus enemigos. Pero cuando quería conquistar a una dama, solía trenzar su larga barba (tan larga que la utilizaba para limpiarse las manos mientras comía) con cintas de seda. Curiosamente, se llegó a casar 14 veces, aunque nunca se divorció.

Al abordaje!: La táctica era siempre la misma. El barco pirata se acercaba a su presa mediante una maniobra que impedía cualquier escapatoria al galeón acorralado. Este último carecía de armamento que le permitiera sostener un combate.

El tumulto y la confusión reinaba a bordo cuando los primeras balas de cañón acopladas (unidas entre sí mediante cadenas cortas) impactaban contra los mástiles y los derribaban. Luego volaban balas de cañón en andanadas y calentadas al rojo vivo, cuyos impactos producían astillas que herían y mataban a los hombres de la tripulación.

 A veces emplean granadas de mecha, construidas con vasijas de cerámica llenas de pólvora negra y metralla cuya explosión sembraba fuego y muerte entre la tripulación. Las llamas se extendían por el puente mezclándose los aromas de especias y de tabaco con el perfume del oro fundido mientras se formaban sobre las aguas manchas incandescentes.

Amarres y mástiles se desplomaban arrastrando consigo el velamen desgarrado en medio de gritos y se oían los aullidos cargados de blasfemia de los piratas sedientos de oro y de sangre. ¡Al abordaje! Los cascos de las naves entrechocaban y los garfios volaban. Los piratas descalzos, hábiles como monos, se lanzaban al combate armados con sables, grandes cuchillos y pistolones de pedernal.

En medio de la matanza, aparecía Barbanegra:
Muchos relatos narran cómo Barbanegra hacía su aparición: armado hasta los dientes, envuelto en una nube de humo (obtenía este efecto insertando pequeñas antorchas de azufre en su tricornio). El efecto sorpresa quedaba multiplicado por los largos lazos trenzados que surgían de su sombrero.

Podemos imaginar el pavor que producía con ese aspecto a la vez grotesco y diabólico, bastaba para que los piratas se adueñaran completamente de la nave atacada. Heridos y muertos eran lanzados por la borda. Marinos y pasajeros cuyas vidas pudieran valer un rescate ante las autoridades inglesas o españoles de la región eran hechos prisioneros. En caso contrario eran asesinados o enrolados por la fuerza en la tripulación de Barbanegra.

Las mujeres recibían un trato especial. Antes de ser abandonadas en cualquier ribera, debían participar en los festejos pues cada apresamiento debía ser celebrado por piratas, corsarios y filibusteros como corresponde en todas las victorias.

Mujeres, baile y alcohol: Esto solía suceder en tierra firme. El ron fluyendo a raudales; ellos cantando y bailando alrededor de sacos llenos de doblones, de piedras preciosas, de onzas de plata. Estas celebraciones están en el origen de la famosa danza de la «pata de palo», que aún siguen celebrando en la República Dominicana en señaladas ocasiones. No en vano cuenta la leyenda que sobre bases rítmicas afrocubanas, los bucaneros con prótesis de madera fueron los primeros que bailaron dando vueltas alrededor de su pierna tiesa. Y es que las tradiciones contienen siempre un fondo de verdad.

Los piratas son famosos por los tesoros que ocultaron en lugares inaccesibles. La reputación de los filibusteros, por contra, radica en su afición por dilapidar en cuestión de días las fortunas obtenidas enfiestas orgiásticas donde las mujeres desempeñaban un papel primordial.

Filibusteros y demás ralea semejante no eran sujetos proclives a almacenar tesoros; porque sabían que no llegarían a viejos para disfrutar de los botines obtenidos en tales empresas. Juego y mujeres formaban parte de sus diversiones. Pese a que excepcionalmente algunos regresaran enriquecidos a sus países de origen para llevar vidas apacibles como respetables burgueses. También excepcionalmente hubo quienes se casaron con isleñas para terminar sus días en lugares paradisíacos tras vivir como unos auténticos señores.

Los seguidores de Barbanegra orientan, en la actualidad sus búsquedas a lo largo de las costas de Carolina del Norte y Virgina, sobre todo en los alrededores de Charleston y Beaufort, basándose en cuadernos de bitácora procedentes de archivos públicos y relatos de varios marineros.

¿Mintió el compañero de Barbanegra?:

 Queen Anne's Revenge, Pirata BarbanegraParece ser que un tal Phil Masters, conocido investigador especializado en la búsqueda de barcos naufragados, afirma haber descubierto un papel con informaciones obtenidas de un antiguo compañero de Barbanegra.

Detenido en octubre de 1718, declaró por escrito todo lo que sabía en relación al tesoro de Barbanegra. Señala incluso el lugar exacto donde naufragó el Queen Anne’s Revenge, el célebre navío del pirata, un lugar situado a menos de dos kilómetros de la costa de la bahía de Beaufort.

El barco medía 34 metros de largo, tenía tres mástiles y llevaba 20 cañones de dos toneladas. Barbanegra le añadió 20 cañones más y le cambió el nombre por Queen Anne’s Revenge.

Al cabo de 8 años de paciencia y búsquedas infructuosas Phil Masters descubriría los restos de un barco naufragado sobresaliendo de un montículo de arena. ¿Pero de qué barco se trataba?

La búsqueda se complicaba por el hecho de que otros barcos se hundieron por aquella zona: el  Salvador en 1750, el Savannah en 1753, el Betsyen 1771 yel Pollyen 1791.

Otros, basándose en rumores ambiguos, exploraron las costas de Virginia y de Carolina del Norte. El mismísimo gobierno de Estados Unidos había enviado en 1942 algunos especialistas hasta la isla de Banks, situada al este de la bahía de Smuttynose. Los trabajos se reanudaron en el año 1950 con tomas aéreas, películas de infrarrojos, sonares, radares, etc., pero jamás descubrieron cosas importantes.

Sólo pudieron subir a bordo unos pocos objetos, como cañones, anclas, balas de cañón e incluso una campana. ¿Podemos tener la certeza de haber descubierto los restos del Queen Anne’s Revenge? Y aunque tal cosa fuera cierta… ¿qué fue del tesoro? Nos consta que antes de su muerte, Barbanegra fue sometido a un interrogatorio para que dijera dónde había escondido su tesoro. Contestó riéndose a carcajadas: «Sólo yo y el diablo sabemos dónde se halla el tesoro… ¡y el diablo se lo quedará todo!»

Seguramente el compañero de Barbanegra sencillamente ocultó la verdad. En aquellos tiempos se decía que los piratas no siempre llevaban consigo sus preciados botines, ya fuera por prevenir un eventual motín a bordo, ya por miedo a ser atrapados por los barcos que les seguían el rastro para eliminarlos, o también por miedo a las baterías costeras que les acosaban cuando se aventuraban en un paso estrecho o en un canal.

Sus tesoros quedaban a menudo escondidos en algún lugar secreto y los planos que detallaban su emplazamiento fueron objeto de investigaciones minuciosas.

Fuente Consultada:
El Enigma de los Tesoros Malditos de Richard Bessiere –
Sitio web:http://www.thalassa-online.com/revista/article.phtml?id=588