Religión

La Leyenda del Nacimiento de Buda y Origen del Budismo

VIDA DE GAUTAMA SIDARTA – ORIGEN DEL BUDISMO – EL NIRVANA –

Hacia el año 550 antes de Cristo, gobernaba un pequeño reino del norte de la India un rey de la dinastía Sakhya. Tenía un lujoso palacio a orillas del Ganges, el río sagrado, construido casi en la cresta de una escarpada colina, rodeada por las nieves del Himalaya. Estaba casado con Maya, princesa de acrisolada virtud, dedicada a extremas prácticas ascéticas, que la habían movido incluso a separar su lecho del de su esposo, que la respetaba y amaba tiernamente.

Una noche, Maya tuvo una visita inesperada; arrebatada de la tierra, se encontró frente a un elefante sonrosado, de seis colmillos; la tierna bestia se arrimó al costado de la reina y sin causarle el menor dolor, hirió con una de sus defensas la carne inmaculada.

Diez meses después de este sueño o suceso prodigioso, nació el príncipe Gautama Sidarta. Sobre un loto, apareció frente a Maya una tierna criatura rubia y rosada, mientras del cielo caía una lluvia de flores. El recién nacido descendió del loto y anduvo siete pasos hacia cada uno de los puntos cardinales (la teología hindú había establecido la existencia de siete cielos o espacios divinos, de los cuales el séptimo era accesible únicamente al principio supremo) y luego dijo: «Triunfaré del nacimiento y de la muerte y venceré a todos los demonios que hostigan al hombre».

estatua buda

Inmediatamente, cesó la lluvia de flores y el infante — pues volvió a serlo desde este instante— se reclinó nuevamente sobre el loto.

Todo el palacio había presenciado, sobrecogido, el prodigio. Y su cese restituyó al príncipe al mundo de los niños. Durante mucho tiempo, exactamente hasta que cumplió sus veintinueve años (uno menos que Cristo), Sidarta fue y creció como un hombre cualquiera. Al revés que Cristo, su educación y formación estuvieron marcadas por el signo aristocrático de su condición y, además, por una extrema brillantez. Superaba a sus amigos y condiscípulos en valor, agudeza y penetración. Sorprendía a todos los maestros.

Sólo el padre andaba inquieto por el porvenir de un príncipe tan encantador. Porque un asceta — de los muchos que visitaban el palacio, a causa de su esposa— le había predicho, con toda seriedad, que, en efecto, Sidarta sería el mejor rey que el país hubiera conocido jamás. Mas, si por ventura — o malaventura, pensaría el rey — se volviera sobre la vanidad de la existencia y se introdujera en las prácticas ascéticas, nada podría ya separarle de ellas. Ignoramos con qué designios facilitó el asceta estos datos al perplejo rey.

Pensó éste que nada sino el amor de una hermosa mujer sería táctica eficaz para conjurar este gran riesgo. Y en efecto, Sidarta se enamoró locamente de la bellísima Yasodhara, con la que contrajo matrimonio y de la que, en seguida, hubo un hijo. La leyenda insiste en el gozoso aislamiento en que por esta época vivía el príncipe: ocupaciones deportivas, fiestas y ahora el amor de su mujer y del nuevo principito. Pero, de lo que acontecía al otro lado de las moradas de los nobles, ignorancia absoluta y apartamiento radical. Era otro mundo y sus leyes otras leyes.

¿Qué movió a Sidarta a abandonar su palacio y trasponer el muro separador? ¿Una cierta inquietud insatisfecha que aguijoneaba la corteza del príncipe feliz? En cualquier caso, aquella excursión a Kapilavastu fue decisiva. He aquí lo que Sidarta encontró: un mendigo viejo y llagado que tendía su escudilla al borde del camino; el cortejo fúnebre de una joven madre cuyo esposo e hijos lloraban sin consuelo, al borde de la pira funeraria; la palabra de un asceta macilento que, tras predicar altivamente la virtud a una muchedumbre absorta e ignorante, les suplicaba con humildad alimento para sustentarse.

Y obsérvense ahora las conclusiones que de esta salida obtiene la leyenda: Sidarta comprobó la existencia de la muerte y el dolor en el mundo y resolvió liberar de ellos a los hombres, o, mejor dicho, liberarles de su temor, pues el sufrimiento procede del temor y el temor de la ignorancia. Por consiguiente, el punto de partida de Buda sería absolutamente irreligioso y, en cierto modo, racionalista.

Tuvo que darse en su alma, forzosamente, una simpatía hacia ese desajuste del mundo que tan hondamente le conturbó. Y al propio tiempo, despertarse en él una convicción íntima de que estaba capacitado para derrotar la ignorancia del mundo (dejando aparte lo divino que hubiera en su naturaleza, pues los datos de la leyenda no permiten inferir que, en esta sazón, poseyera Sidarta conciencia de su divinidad).

Todo ello suscitó en él la decisión de abandonar palacio, padres, mujer e hijos, de renunciar a sus riquezas — no por remediar pobreza ajena, sino por desembarazarse de un obstáculo para la sabiduría— y de consagrarse a investigar la causa del desajuste, pues, ante todo, era necesario «saber».

Una pintura siamesa, muy reproducida en los estudios dedicados a Buda, nos relata que éste abandonó su palacio a caballo, mientras dioses y «boddishatvas» colocaban sus palmas bajo los cascos del animal, para que no despertaran los seres queridos.

Buscó Sidarta, primero, el sabio parecer de los eremitas del Pico de los Buitres. Pero encontró que su penitencia y su gimnasia del dolor eran estériles porque se habían constituido en fin, sin buscar la gran causa del dolor de los hombres ni su provecho. El resultado de las prácticas ascéticas conducía todo lo más a una perfección del asceta y eso no redundaba en beneficio de la gran cuestión, que concernía a todos los hombres.

Así que Sidarta, desengañado, pero firme en su propósito, reanudó su peregrinación. Tomó de un cadáver abandonado el manto con que sus huesos se cubrían y se hizo un ropaje holgado que le cubriera hasta los hombros. Andaba absorto, caminando hacia la Sabiduría, sabiendo que la hallaría, pero ignorando dónde. Cuando el hambre le volvía en sí, pedía limosna. Y no pronunciaba palabra alguna. No recogían sus ojos la belleza de las estaciones ni se perturbaba su carne al sentir la lluvia o el rayo de fuego solar.

Finalmente, llegó ante un grueso árbol, cuyas ramas bajas se inclinaban, polvorientas, hasta el suelo y supo que allí le sería dada la sabiduría. Lo rodeó siete veces, desafiando a los dioses: «No me moveré de aquí hasta que sepa».

Recogió una brazada de las hojas caídas, las apiló y se sentó sobre ellas en la postura que tan familiar nos es a través de la iconografía: su mano derecha tocaba el suelo, como para no perder el contacto con esa tierra habitada por los hombres a quienes había que instruir.

No se sabe el tiempo que Buda permaneció así. Probablemente el tiempo se detuvo. Mará, dios maligno e inteligente, que comprendió el peligro de esa detención, diluvió sobre el contemplativo toda clase de Tentaciones y precipitaciones «celestiales». Finalmente le envió a sus seductoras hijas, imagen viva de la concupiscencia. Se cuenta que, así como Sidarta recibió impasible el rayo, el granizo, la lluvia y el fuego (a veces protegido con el cuerpo de los buenos espíritus), cuando notó la presencia de las lascivas danzarinas alzó sus ojos hacia ellas. Y su mirada las convirtió en viejas arrugadas, de espantoso aspecto.

En ese mismo momento, Sidarta supo. Era el deseo de nacer y el mismo nacimiento, lo que ocasiona el dolor. Es, pues, menester abandonar ese deseo y sustituirlo por el de entrar, de una vez para siempre, en el Nirvana.

En tanto exista, arraigado en la naturaleza, el anhelo de volver a incorporarse a un cuerpo, se producirá la transmigración del alma y, con ella, el riesgo de empeorar de condición por una existencia nueva en circunstancias difíciles. Superando el deseo de nacer se accederá directamente al Nirvana. Por ello es menester aprovechar la existencia actual cumpliendo puntualmente la obligación moral.

Se ve, pues, cómo Sidarta acepta el postulado básico del brahmanismo de la purificación del alma, a través de un número indefinido de existencias, cuya calidad está determinada por el mérito o demérito contraídos en la anterior.

Mara, empero, le propone — ya directamente, cara a cara — la última tentación, lógica consecuencia de la ciencia hallada. «Aprovecha, pues, ese conocimiento y entra ahora mismo en el Nirvana. No corras tú nuevo riesgo pretendiendo existir por más tiempo». Pero Sidarta — de ahora en adelante será llamado «el Buda», esto es, «El Iluminado» — no abriga ya ningún temor por sí mismo. «No entraré en el Nirvana hasta que enseñe a todos los que viven la manera de hacerlo por sí mismos. Están solos, pero su soledad les es suficiente. Deben saberlo».

Y  Mará, derrotado, se retira definitivamente.

Buda vuelve al camino. Pronto reúne unos cuantos discípulos y se encamina con ellos a Benarés, la ciudad santa, donde expondrá su famosa doctrina de la vía media: «Entre el ascetismo seco y complicado y los deleites del mundo, allí, precisamente en la mitad de esa línea, está la Verdad. No despreciéis vuestra condición actual; representa un castigo por vuestras faltas pasadas, pero puede ser el instrumento precioso para proporcionaros la entrada definitiva en Lo-Que-No-Es-Más».

Y  les dio unas reglas prácticas de vida pura, cuyo eje estaba, precisamente, en respetar toda vida, pues en ella radicaba siempre una posibilidad de entrar en el Nirvana.

La predicación de Buda duró casi cincuenta años. Los adeptos se multiplicaron. Hasta su esposa e hijo se convirtieron en discípulos. Por el contrario, encontró en los brahmanes unos enemigos irreductibles. En ello se mezcló una vez más el cuidado por las cosas de este mundo: «Por eso, vosotros, brahmanes soberbios, no poseéis la verdad y en vano mediríais vuestra santidad con la mía». Buda era de la casta Chatria, por pertenecer a la dinastía Sakhya, y su lengua y milagros fueron considerados como puro artificio político en beneficio propio.

La vida retirada y desprendida de los budistas convencería pronto al «pueblo» de que no había engaño posible. Y el «pueblo», sin comprender del todo la doctrina, se rendía a la presencia humilde —y, por supuesto, taumatúrgica— del Bienaventurado, como empezó a llamársele.

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Fuente Consultada:
Enciclopedia Temática Familiar Grandes Figuras de la Humanidad Entrada: BUDA

Historia del Imperio Romano Trabajo Minero y Agricola Mineria Tecnicas

HISTORIA DE ROMA ANTIGUA: TRABAJO MINERO

la vida cotidiana en roma antigua

Los romanos asimilaron rápidamente los avances técnicos realizados por griegos y egipcios en la minería. Las minas eran explotadas a cielo abierto y en pozos o galerías como se puede comprobar en España, con los distritos mineros de Las Omañas, Las Médulas, Cástulo o La Valduerna.

mineria roma antigua

Una de las técnicas más empleadas era el derrumbe de montañas, procediendo después al lavado de mineral con agua, en ocasiones procedente de 40 kilómetros. De los diferentes distritos mineros salía el metal puro fundido, por lo que se realizaban in-situ todas las operaciones, lo que conllevaba la participación de un amplio número de trabajadores.

No en balde, sabemos que en las minas de Cartagena llegaron a trabajar unas 40.000 personas. Como es lógico pensar, el trabajo en la mina era tremendamente duro. La mayoría de los mineros eran esclavos o trabajadores dependientes e incluso libres que trabajaban por el beneficio obtenido o como una forma de liberación de impuestos. Las tropas acantonadas en las cercanías de las minas, además de proporcionar seguridad a la explotación, servían para realizar tareas de asesoramiento técnico y construcción de infraestructuras. Este tipo de tareas eran dirigidas por los procuradores imperiales que también tenían a su cargo la administración y la vigilancia de la explotación.

La gestión de las minas dependió del momento. En un principio, el Estado tenía bajo su control la explotación pero desde los primeros años del siglo II a.C. se utilizó un sistema mixto: arrendamiento para todos los metales excepto las minas de oro que dependían directamente del Estado (las de plata en algunas ocasiones también eran de propiedad estatal). Los servicios que rodean a las minas -baños, zapatería, ferretería, etc.- eran ofrecidos por el Estado en régimen de alquiler.

Amenofis IV Akenaton Tutankamon Religion del Sol en Egipto Dios Amon

Amenofis IV Akenaton Tutankamon – Religión del Sol

Aparentemente, los dioses egipcios son muy numerosos. En realidad, cada una de las grandes divinidades tuvo su época de plenitud, de acuerdo con las investigaciones realizadas por los teólogos de los grandes santuarios que, más allá de los rostros móviles del cielo, buscan la unidad de la Creación. Lo que Egipto busca a través de sus cultos y sus liturgias es el descubrimiento de un principio único que sea el organizador del mundo y el inspirador de toda forma de vida, del dios del que proceden todos los demás dioses.

INTRODUCCIÓN: EL “FARAÓN  HEREJE”
En el año 1380 antes de Cristo, Amenofis IV, de la XVIII dinastía, se había convertido en faraón de Egipto. A diferencia de los faraones que le precedieran, este soberano no se preocupó por extender su reino, pero hizo todo lo posible por imponer sus convicciones religiosas.

Los antiguos egipcios adoraban entonces a muchos dioses, a la cabeza de los cuales estaba el dios Amón. Amenofis IV había repudiado la religión tradicional para seguir creencias monoteístas, tal vez provenientes de Siria. Según esta sustancial reforma religiosa, la única divinidad a la que se debía adorar era Atón, que representaba la energía radiante del Sol. En homenaje a la nueva divinidad, el faraón decidió cambiarse el nombre: se hizo llamar Aknatón, que quiere decir “brillante servidor de Atón”.

Después impartió órdenes para que fueran destruidos todos los templos dedicados a las divinidades hasta entonces adoradas, y trató de hacerse considerar representante de Atón en la Tierra. Dado que Tebas era la ciudad en la que se profesaba en mayor grado el culto al dios Amón, Amenofis IV trasfirió la capital del reino a Tell el-Amarna.

Los primeros en rebelarse contra las ideas religiosas del rey fueron los sacerdotes del dios Amón, quienes no dudaron en acusar de herejía al faraón. Amenofis IV hizo que fueran perseguidos; pero la mayoría del pueblo egipcio se puso de parte de los sacerdotes.

Iba a estallar una lucha sangrienta entre los secuaces del faraón y los que permanecían fieles a la religión tradicional, cuando en el año 1362 antes de Cristo murió imprevistamente Amenofis IV.

LA HISTORIA

Amón y Atón: dos dioses opuestos Sobre la naturaleza de este dios primero surgirán violentos conflictos que anuncian el final del esplendor egipcio. En el s. XIV antes de nuestra Era sube al trono de Tebas un joven soberano, Amenofis IV, que desde el principio se enfrenta con el clero, a causa, precisamente, de esta imagen de la divinidad suprema. Amón era el dios que en ese momento predominaba en la liturgia. (imagen: Dios Amón)

Había ido ocupando el lugar de los demás dioses poco a poco y representaba la forma evolucionada del pensamiento egipcio: era la energía original que se encontraba fuera de todo conocimiento humano. «Forma única que ha creado todo lo que existe; Uno, que es único, creador de todos los seres; los hombres proceden de sus ojos, y los dioses de su boca», nos dice un himno que glorifica a Amón.

Este dios incognoscible desempeñará un papel importante en la teología judeocristiana y en el Islam. A Amón, dios de lo lejano e inaccesible, Amenofis IV opone Atén, dios de la luz, identificada con el disco solar. Al cambiar de capital para huir de Tebas, donde el culto de Amón había conocido su máximo esplendor, Amenofis IV adopta el nombre de Akhenatón.

El fracaso de Akhenatón En esta ciudad, llamada Akhetatón, Akhenatón establece una liturgia totalmente nueva, y alrededor del culto de Atén se desarrolla una corriente de pensamiento de la que saldrán algunos de los himnos religiosos más hermosos que nos ha legado Egipto. En realidad, la revolución de Akhenatón sólo profundiza, bajo formas distintas, el pensamiento monoteísta que aparece en el culto de Amén. Pero este rey revolucionario es más poeta y filósofo que político.

En el semirretiro que comparte con la reina Nefertiti en Akhetatón, se ocupa, sobre todo, en componer al dios solar poemas y cantos que representan el aspecto más refinado de la sensibilidad egipcia. Está indefenso contra un doble peligro: el pueblo, que le sigue a duras penas en su itinerario religioso, se rebela, y los hititas invaden las tierras de Siria.

Akhenatón no quiere enviar a los egipcios a morir para defender unas colonias cuya posesión puede considerar injusta Atón. A partir de ahora, el trono lo ocupa un santo, no un mv. El poder egipcio, cuya riqueza procedía en parte de los tributos que recibía del extranjero, se hunde en poco tiempo.

El último gran faraón Akhenatón:  muere a los treinta años. Dos años después sube al trono su heredero, con el nombre de Tutankhamón (imagen izq.) , que restaura él culto a los antiguos dioses y devuelve al país parte de su prosperidad. Después de él gobierna el último de los grandes faraones, Ramsés II, que es indudablemente el faraón que menciona la Biblia. Lleva a cabo numerosas expediciones a Nubia y Palestina tratando de encontrar los recursos necesarios para la nueva expansión del Imperio. Prospera nuevamente el comercio y la arquitectura alcanza un auge excepcional (los templos de Abú Simbel son testimonios de esta época). Pero pronto surge un poder que se muestra tan fuerte como el suyo: el del clero.

La decadencia de Egipto Después de Ramsés II, que tiene a los sacerdotes como aliados, el poder religioso se alianza sobre la monarquía. El sumo sacerdote se apodera del trono y se inicia la decadencia. Ante la expansión de Libia en el s. X, de Etiopía en el s. VIII , de Asiria en el s. VII y de Persia en el s. VI, Egipto cae poco a poco en una decadencia total, hasta que en el 332 a. C., Alejandro lo convierte en una provincia del Imperio macedonio.

¿Por qué se rechaza el culto a Amón? Los faraones del Imperio Nuevo, amán un lugar privilegiado: no es solamamente uno de los dioses más venerados, al que han dedicado un inmenso templo en Tebas Sin: que, según la leyenda, era el padre de todos los faraones, puesto que sustituye al faraon en a fecundación de la reina y otorga al heredein real un origen divino. Según un egiptologo contemporáneo, Amenofis IV no puede vanagloriarse de esta filiación pues como su madre era de origen plebeyo, el dios Amon no la consideró digna de recibirlo. Entonces el jpven príncipe tuvo que justificar su poder real de otro modo. (imagen: Templo Abú Simbel)

¿Cuál es el origen del nombre Akhenatón? Al rechazar la primacía de Amón Amenofis IV resalta a Alón, el globo solar, representante del demiurgo. A diferencia de Amón, este dios no sustituye al rey en la concepción del hijo, sino que da vida a la pareja para que a cambio, el rey y la reina propaguen su culto y sus principios. Amenofis cambia su nombre por el de Akhenatón, “el que es útil al globo solar” y construye un templo dedicado a Atón, al este del de Amón.

¿Quién fue Tutankhamón? Mucho tiempo después de que naciera Akhenatón, Amenofis III tuvo otros hijos, el último de los cuales fue Tutankhamón. Cuando murieron sus padres se hizo cargo de él Nefertiti, la esposa de Akhenatón, que vivía retirada al norte de la capital. Y allí fueron, después de la tan esperada desaparición del herético soberano, los sacerdotes de Amán a ofrecerle el trono real. El nuevo faraón, que subió al trono a los once años de edad, tomó el nombre de Tutankhamón, afirmando con ello la vuelta al culto de Amón.

¿Cómo fue su reinado? Demasiado joven para ejercer él solo el poder, le rodeaban dos consejeros: un visir,Av. y un general, Horemheb. Hizo construir numerosos edificios, pero cuando murió, a la edad de veinte años, aún no estaba acabado su templo funerario. Después de las ceremonias de embalsamamiento y purificación, había que encontrar una tumba; aquella en la que estaba inhumado no parecía una tumba real, al menos por sus dimensiones. Y quizá por esta rezón nadie la violó a lo largo de más de tres mil arios, hasta un día de noviembre de 1922. en que el arqueólogo americano Howard Carter y el mecenas inglés lord Carnavon entraron ero ella.

¿Por qué es tan célebre Ramsés II? La duración de su reinado ya es de por si excepcional, pero, sobre todo, a lo largo de estos sesenta y siete años se reveló como un gran jefe guerrero y diplomático. Firmó, por ejemplo, con el imperio hitita, el otro “Grande”, de la época, un tratado de reparto de Siria que mantuvo la paz en la región durante cuarenta años. En el aspecto económico estimuló la explotación de Nubia, al sur del país que aportaba oro, madera y ganado, y mandó también construir allí los dos templos de Abu Simbel.

Vesica Piscis Numero Sagrado de los Cristianos Geometria Sagrada

Vesica Piscis Número Sagrado de los Cristianos

Vesica Picsis: El Vesica Piscis es un símbolo formado por dos círculos del mismo radio que se cortan de manera que el centro de cada uno de ellos se encuentre sobre la circunferencia del otro. Las palabras latinas significan, literalmente, «vejiqa del pez».

Se cree que, antes del cristianismo, el vesica piscis también expresaba el sentido de «vulva» o «matriz». La Diosa Madre era a menudo representada con senos colgantes, amplias caderas y una vulva muy conspicua. Esto es el vesica piscis vertical, que más tarde los cristianos giraron noventa grados y adoptaron como símbolo, mucho antes de que la cruz del calvario se convirtiera en el principal. Es interesante observar cómo un símbolo de plenitud precedió a otro de muerte.

Los primeros cristianos del Imperio Romano debían protegerse y mantener sus lugares de reunión en secreto. Para señalar el camino hacia sus siempre cambiantes centros, desarrollaron el símbolo del vesica piscis con una cola (un pez) que podían pintar sobre las pareces antes de una reunión y borrar más tarde.

¿Por qué eligieron el símbolo de un pez?
La palabra griega “ichthys” significa «pez». Existen varias hipótesis acerca de por qué se eligió un pez. Una de ellas hace referencia al relato bíblico en el que Jesús aumentó milagrosamente a cinco mil personas con panes y peces. Otra se refiere a su descripción como «pescador de hombres».

También pudo deberse, sencillamente, a que la profesión de pescador era la ocupación anterior de algunos de sus discípulos. La isopsefia (suma numérica) de las letras griegas de «pez» suman 1.219. Otras frases griegas también suman esta misma cantidad como «el omega», en referencia a Cristo como «alfa y omega», o principio y fin. También «alegría y felicidad» y «la palabra del Padre» suman lo mismo.

La razón longitud/anchura del Vesica Piscis fue expresada por Pitágoras (que la consideraba una figura sagrada) como 153:265, una razón conocida a veces como «la medida del pez». En la Biblia, cuando Jesús ayuda a sus discípulos a pescar, coge exactamente 153 peces. Esta razón de 153:265 es a veces más aproximada a 15:26.

Los artistas del Renacimiento a menudo rodeaban las imágenes de Jesucristo con el vesica piscis, y más tarde también se empleó para enmarcar imágenes de la Virgen María. A veces se puede ver en forma almendrada, y en este caso recibe el nombre de mandarla (“almendra”), en italiano. En el arte cristiano, algunos halos aparecen con forma de vesica piscis vertical.

Los sellos de las organizaciones eclesiásticas están a menudo encerrados dentro de una de estas figuras, un formato copiado por Aleister Crowley. Una versión más moderna y secular es la pelota que se utiliza en rugby, que recuerda a un vesica piscis tridimensional.

La Piedra Roseta Champollion descifro la escritura egipcia

CHAMPOLLION DESCIFRA UN JEROGLÍFICO EGIPCIO

Un soldado del ejército napoleónico encontró, casualmente, durante una excavación en las ruinas de la fortaleza de Rachid, siete kilómetros y medio al noroeste de la ciudad de Roseta, ubicada en el delta del Nilo, una extraña piedra de basalto negro, con inscripciones. Esto ocurrió en 1799.

Los hechos políticos y militares que tuvieron inmediatamente por escenario a Egipto influyeron grandemente sobre la suerte de aquella piedra, cubierta de signos misteriosos, encontrada por el soldado de la expedición napoleónica cerca de Roseta.
Cuando los británicos se apoderaron de Alejandría y de las demás ciudades egipcias que los franceses tuvieron que abandonar, recogieron allí valiosísimos tesoros y documentos, entre los cuales se contaba esa célebre losa que enviaron, de inmediato, al Museo de Londres….esta es la historia.

Cuando los estudiosos intentan descifrar un texto escrito en una lengua muerta, que ya nadie habla ni entiende, por lo general recurren a dos medios principales: un ejemplo bilingüe, en el que el idioma desconocido aparezca junto al mismo texto escrito en una lengua conocida, o los nombres propios —por ejemplo, los de reyes o dioses—, que a veces se conocen en otras lenguas y sirven para efectuar dicha labor.

Erudito El francés Jean-François Champollion descifró la piedra Rosetta, la clave
para entender  los jeroglificos egipcios.

Los jeroglíficos egipcios: Durante siglos los jeroglíficos inscritos y pintados en los muros de antiguos monumentos egipcios cautivaron a los estudiosos. Ese tipo de escritura fue usado por los egipcios durante más de tres milenios, pero su significado se olvidó hacia la época de los romanos.

El descubrimiento de la Piedra Rosetta en 1799 fue la clave para descifrar los caracteres egipcios, pues contenía inscripciones en tres tipos de escritura: jeroglíficos, otra caligrafía egipcia desconocida llamada demótica y griego. El segmento escrito en esta última lengua decía que los tres textos contenían el mismo mensaje: un decreto promulgado en 196 a.C. en honor de Ptolomeo y quienes intentaron descifrar los textos de la piedra se concentraron en el segmento en demótico, y comenzaron por localizar los nombres propios que contenía comparándolos con el texto en griego, pero muy poco lograron.

El primer paso en firme no se dio sino hasta en 1816, cuando el físico inglés Thomas Young dedujo que los caracteres demóticos se derivaban de los jeroglíficos y que, por lo menos en cuanto a nombres, estos últimos tenían un valor fonético y no eran meros símbolos.

En 1822 el erudito francés Jean François Champollion confirmó la deducción de Young. Pudo hacerlo gracias a que conocía tanto el griego como el copto, una lengua egipcia del siglo II d.C. que podía transcribirse en griego con unos cuantos caracteres demóticos.

Cuando comparó los 1419 jeroglíficos de la piedra con el texto en griego de menos de 500 palabras, Champollion notó que sólo había 66 jeroglíficos diferentes y que algunos de ellos se repetían con frecuencia; concluyó que éstos eran elementos fonéticos que representaban signos alfabéticos y sílabas y que constituían opciones de pronunciación del mismo sonido, como en las letras españolas k y q. Trabajó durante 14 años y compiló una gramática y un diccionario del idioma egipcio.

La Piedra Roseta Champollion descifro la escritura egipcia BehistunEl descubrimiento de la piedra: Entre las tropas del ejército de Napoleón Bonaparte que invadió Egipto en 1798 —campaña que duró dos años— iba un grupo de estudiosos cuyo trabajo era recuperar y estudiar restos arqueológicos. Pero fue por casualidad que un teniente apellidado Bouchard descubriera la piedra Rosetta.

Al parecer estaba supervisando unas fortificaciones en Rashid (Rosetta), en la ribera occidental del delta del Nilo, cuando de pronto halló la piedra de basalto negro incrustada en una pared moderna y medio enterrada en el lodo.

Cuando se comprendió la importancia de las inscripciones, la piedra, que mide 1.14 m de altura y 72 cm. de ancho, fue llevada a El Cairo y después a Alejandría. El ejército francés se rindió ante los ingleses en 1801 y la piedra está hoy día en el Museo Británico.

Las inscripciones de la famosa piedra de Roseta, que fueron estudiadas por numerosos sabios antes que Champollion consiguiera descifrarlas, aparecían ordenadas en tres series: una, de catorce líneas, era jeroglífica, es decir comprendía signos hasta entonces indescifrables; la otra, de treinta y dos líneas, estaba escrita en copto (primitivo idioma de los egipcios); y la tercera, de cincuenta y cuatro líneas, en griego. Desde el primer momento se tuvo la idea de que todas ellas debían referirse a un mismo texto, redactado en tres idiomas. En consecuencia, era lógico imaginar que, puesto en claro el significado de una (la griega resultaba la más accesible), podría conocerse el de las restantes.

La escritura de los persas antiguos…

Hace más de 2 000 años se usaba en Persia (hoy Irán) un puntiagudo utensilio llamado estilo para inscribir en tablillas de barro unos símbolos en forma de cuña: la escritura cuneiforme, a veces grabada también en piedra. García Silva Figueroa. embajador español en Persia, fue el primer europeo que describió dicha escritura, en 1618; él estudió las ruinas cercanas a Shiraz —donde vio los extraños signos— y afirmó que eran de la antigua capital de Darío el Grande, Persépolis. del siglo VI a.C.

Pero no fue sino hasta más de 200 años después que pudo descifrarse la escritura cuneiforme, gracias al trabajo del profesor alemán Christian Lassen y del oficial inglés Henry Creswicke Rawlinsón, que investigaban por separado. Ambos se basaron en la obra del erudito danes Georg Friedrich Grotefend, que había descifrado los nombres y títulos de los reyes Darío y Jerjes.

Lassen, estudioso de idiomas, se ocupó en comparar los pocos textos cuneiformes que había con otras lenguas, entre ellas el sánscrito. Y Rawlinson estudió la inscripción grabada en una roca situada a 60 m del suelo en las montañas Zagros, cerca de Behistún, en el oeste de Irán. Su traducción de los primeros párrafos fue terminada en 1837 tras varios años de trabajo, concordó con la de Lassen, publicada en 1836.

El desciframiento de la escritura cuneiforme dio pauta a la comprensión de por lo menos seis lenguas antiguas, entre ellas la babilonia.

…y la de los antiguos griegos

Cuando el arqueólogo inglés sir Arthur Evans descubrió en Cnosos, Grecia, unas tablillas de barro inscritas, a principios de este siglo, nadie sabía en qué idioma estaban; se pensó que era el del pueblo minoico de la antigua Creta, que vivió entre los siglos XIV yXII a.C.

Después de que se descubrieron otras tablillas con inscripciones diferentes pero relacionadas en la misma región, a la primera escritura se le dio el nombre de lineal B, y la otra, más antigua, fue llamada lineal A.

Apenas en 1952 la escritura lineal B fue descifrada por el arquitecto británico Michael Ventris, que se basó en el trabajo realizado en la década de 1940 por la investigadora estadounidense Alice Kober; ésta ideó un método rudimentario para establecer las relaciones entre los signos escritos comparando prefijos y sufijos de palabras.

Ventris analizó la escritura como código y elaboró un cuadro que mostraba la frecuencia de los signos afines y de los cambios aparentes en las terminaciones de las palabras. El paso decisivo fue notar que la escritura intercalaba la lengua griega, con lo que pudo identificar nombres de poblaciones conocidas. Ventris murió en 1956. Su trabajo sobre la escritura lineal B constituye la base de la mayoría de las investigaciones realizadas sobre la lineal A, que todavía no ha sido descifrada del todo.

ALGO MAS…

Champollion descifra la piedra roseta

Uno de los generales de Napoleón había tratado, vanamente, de descifrar la Piedra de la Roseta y llegó a determinar que se trataba de una ofrenda dedicada, por los sacerdotes de Menfis, a Ptolomeo V, rey de Egipto, entre los años 203 y 181 antes de Cristo. En el Instituto Egipcio, los franceses sacaron numerosas copias de la pieza original, representándola con todos sus detalles y hasta con el desgaste que, en la verdadera, había dejado el tiempo.

En 1801, el físico y matemático Fourier, uno de los sabios que acompañó al ejército napoleónico en Egipto y que había traído, desde allí, una reproducción de la piedra de Roseta, recibió en su casa de Grenoble la visita de un muchachito que vivía también en esa ciudad y que, acompañado por un hermano mayor, fue a verlo para conocer los papiros, estatuillas y otras piezas que integraban su colección egipcia. Se llamaba Jean Francois Champollion y tenía apenas once años de edad.

La piedra de Roseta le interesó sobremanera y Fourier declaró, tiempo después, que el niño -una vez que le explicaron, sucintamente, las tres formas de escritura en ella contenidas-declaró: “Cuando sea grande, trataré de poner en claro estos jeroglíficos”.

Desde entonces, estimulado por su hermano Jacques -filólogo de talento que también se interesaba por la arqueología-el muchacho estudió sin descanso todo lo que había de ayudarle a cumplir ese propósito. Profundizó sus conocimientos de latín y griego y, a partir de los trece años, comenzó a aprender árabe, sirio, caldeo, copto y chino antiguo.

A los diecisiete, hizo un mapa histórico sobre el antiguo reino egipcio y el 10 de setiembre de 1807 presentó a la Academia de Grenoble su libro “Egipto bajo los faraones”. Esa obra produjo, entre los que habían sido sus profesores y maestros, tal impresión que lo nombraron, por unanimidad -y pese a su juventud-, miembro de la Academia. Asesorado por un erudito en la materia, el arqueólogo De Sacy, Champollion siguió perfeccionándose. Estudió sánscrito y persa, analizó los signos demó-ticos del idioma copto y la posible relación del chino con el egipcio.

Mientras tanto, vivía míseramente cerca del Louvre; andaba con los zapatos rotos y el traje raído; comía mal y casi no dormía. Su mente se hallaba ocupada poruña sola idea: descifrar la piedra de Roseta. A los dieciocho años, en una carta a su hermano, le explicaba que había hecho grandes progresos con respecto a los jeroglíficos. Pero, en realidad, no había sido así y él mismo lo comprendió más tarde. Muchas veces debió retroceder por el camino andado y dejar de lado esos aparentes triunfos. Tuvo, sin embargo, otras satisfacciones.

Meses después, fue nombrado profesor de Historia en la Universidad de Grenoble, donde elogiaron su Gramática y su Diccionario copto. Para descifrar los jeroglíficos, Champollion tuvo que abandonar la generalizada idea de que esos signos representaban una escritura mediante imágenes. Demostró que “sin ser estrictamente alfabéticos, eran, sin embargo, expresión gráfica de sonidos”.

Basándose en la piedra de Roseta, cuya interpretación le preocupaba desde niño y comparando sus inscripciones con otras, similares, registradas en el llamado obelisco de Filé, descubierto en 1815 y llevado por el arqueólogo Banks a Inglaterra, pudo poner en claro, primeramente, los nombres de dos reyes -Ptolomeo y Cleopatra- y, luego, las demás partes del texto.

Explicó el complicado sistema jeroglífico en forma exhaustiva y alcanzó a conocer, sobre el terreno, todo aquello con lo que había soñado a lo largo de su vida, durante la extensa visita que realizó a Egipto, tres años antes de morir. Así pudo ver cumplida su extraordinaria vocación.

Fuente Consultada:
Enciclopedia Ciencia Joven Fasc. N°39 Edit. Cuántica Champollion y la Piedra Roseta

La Familia en Roma Antigua El Matrimonio y los hijos en Roma

HISTORIA DE ROMA ANTIGUA: LA FAMILIA – EL MATRIMONIO

la vida cotidiana en roma antigua

EL HOMBRE Y LA MUJER LIBRE: El romano en su casa era dueño absoluto de su familia y de sus esclavos. La autoridad paternal era muy grande, y durante mucho tiempo tuvo el padre derecho de vida y muerte sobre los suyos.

En la ciudad era ante todo un ciudadano. No se dedicaba, como el griego, al comercio, sino a los negocios públicos. Si era acaudalado, recibía por la mañana a sus clientes, escuchaba sus peticiones y les distribuía consejos o socorros. Después iba al Foro, donde tomaba asiento en el senado o en el tribunal. Si era pobre, se inscribía como cliente de un rico, lo escoltaba en público y lo sostenía con su voto en las elecciones.

Las distracciones eran raras. Por la tarde jugaba a la pelota o iba a los baños que eran, como el café moderno, la cita de los ociosos. Sólo algunas procesiones religiosas y algunos juegos del circo alteraban a veces la monotonía del año. Esa vida convenía a un pueblo de propietarios rurales; pero las costumbres fueron modificándose muy de prisa en Roma como se verá más adelante, hasta que en la época del Imperio se convirtió en verdadera ciudad de placeres.

El papel de la mujer era más importante en Roma que en Grecia. Gobernaba también la casa, pero tenía más autoridad que la mujer griega, porque estaba más asociada a la vida de su marido. Se la felicitaba porque cuidaba del gobierno de la casa e hilaba la lana, pero en realidad hacía más que eso. Compartía los honores que se tributaban a su esposo, aparecía con él en público, en las ceremonias y los juegos, y estaba rodeada de consideraciones; era en fin la señora, la matrona. En la casa, no estaba confinada en sus habitaciones, sino que tomaba parte en las comidas y recepciones. Su influencia, aunque no reconocida por la ley, de hecho era muy grande. Catán tuvo la prueba cuando quiso acabar, por medio de una ley, con el lujo de las mujeres. Los ciudadanos no se atrevieron a votar el proyecto a vista que sus esposas estaban en la Asamblea.

LA FAMILIA EN LA REPUBLICA : El fundamento del estado romano era la familia, y el de la familia, el matrimonio. Cuando los patricios eran los únicos ciudadanos, sólo existía un matrimonio el matrimonio religioso, la confarreación, que consistía en ofrecer un sacrificio esparciendo farro sobre la víctima y en comer después los esposos una torta de farro Esta ceremonia la presidía el flamen de Júpiter. En seguida, la esposa vestida de blanco y cubierta la cara con un velo rojo, era conducida a son de flautas y cánticos a casa del esposo, que la hacia transponer el umbral levantándola en vilo, para simular un rapto. De esa manera la separaba de los dioses de su propia familia y la unía a los de su nueva casa.

Cuando los plebeyos conquistaron la igualdad, se instituyó para ellos un matrimonio civil, la coemptio, que fué substituyéndose poco a poco por el matrimonio religioso. Consistía en una venta simulada hecha delante de un magistrado: el esposo tocaba una balanza con una moneda de cobre que seguidamente ofrecía a los padres de la prometida, como precio de su mujer.

Las mujeres tenían una dote que el marido habla de devolver en caso de divorcio; y los divorcios, raros en su origen, fueron aumentando a medida que las antiguas costumbres iban alterándose. Primitivamente, el marido podía, en virtud de su derecho de jefe de familia, repudiar a su mujer. La mujer, a su vez, pudo más tarde pedir la separación. El filósofo Séneca, en tiempo del Imperio, decía indignado: e Las damas nobles se divorcian para volver a casarse, y contraen nuevo matrimonio para divorciarse otra vez.

EL HIJO: El hijo recibía el apellido del padre, es decir era reconocido por éste una semana después de su nacimiento, el día llamado de la purificación. Era generalmente criado y educado por la madre, hasta el momento en que iba a la escuela. Se le suspendía al cuello una bolsita o bula, que contenía amuletos contra el aojo, y que conservaba hasta el día en que abandonaba la toga pretexta para ponerse la viril. Esta ceremonia de la mayor edad se verificaba ante el altar de los lares, cuando tenía diez y siete años; pero aun declarado mayor de edad, continuaba bajo la potestad de su padre.

En la escuela, aprendía a leer, a escribir y a contar bajo la dirección de profesores severos que lo castigaban con azotes por la menor falta. Los niños ricos tenían preceptores en casa de sus padres. La música y la gimnasia eran artes de entretenimiento y lujo. Después de la enseñanza primaria, los jóvenes romanos recibían la literaria que comprendía el estudio de la Ley de las Doce Tablas , el de los poetas griegos y el de los escritores latinos, porque se trataba de formar administradores y oradores. Así el que un joven romano explicara poco más o menos los mismos textos latinos y griegos que un joven de la época actual, que hace sus estudios clásicos.

familia romana

LA FAMILIA ROMANA EN EL BAJO IMPERIO: Alrededor del siglo II d. de C., ocurrieron cambios significativos en el seno de la familia romana. Los fundamentos de la autoridad del paterfamilias sobre su familia —que ya habían comenzado a debilitarse en los últimos días de la República— se socavaron todavía más. El paterfamiliasya no tenía autoridad absoluta sobre sus hijos; ya no podía venderlos como esclavos o matarlos. Es más, la autoridad absoluta del esposo sobre su cónyuge se había desvanecido, práctica que también comenzó en las postrimerías de la República. En el Antiguo Imperio, la idea de un cónyuge guardián se debilitó de manera importante, y para finales del siglo u d. de C. se había vuelto una mera formalidad.

Las mujeres romanas de las clases altas disfrutaban de considerable libertad e independencia. Habían adquirido el derecho a poseer, heredar y disponer de propiedades. Las mujeres de las clases altas eran libres para asistir a las carreras, al teatro y a espectáculos del anfiteatro, aunque en los dos últimos lugares se les obligaba a sentarse en secciones para mujeres.

Es más, las damas de alcurnia se hacían acompañar de doncellas y de matronas cuando salían. Algunas mujeres manejaban negocios, como compañías de embarques. Las mujeres todavía no podían participar en la política, pero el Antiguo Imperio fue testigo de un número importante de mujeres que influyeron en la política a través de sus esposos, por ejemplo: Livia, la esposa de Augusto; Agripina, la madre de Nerón, y Plotina, la esposa de Trajano.

A finales del primer siglo y comienzos del segundo hubo una disminución apreciable en el número de niños, tendencia que se había iniciado al final de la República. Fue particularmente evidente el incremento de matrimonios sin hijos. A pesar de las leyes imperiales dirigidas al incremento de niños, la baja tasa de nacimiento persistía.

La clase alta romana no sólo continuó utilizando el infanticidio; utilizaba también los anticonceptivos y el aborto para limitar la familia. Existían muchas técnicas anticonceptivas. Aunque muy solicitados, los amuletos, las fórmulas mágicas y las pociones para inducir la esterilidad temporal demostraron ser ineficaces, al igual que el método del ritmo, ya que los médicos romanos creían que una mujer era más fértil justo cuando la menstruación estaba concluyendo.

Una práctica más confiable consistía en el uso de aceites, ungüentos y lana suave para obstruir la abertura del útero. También se utilizaban técnicas anticonceptivas para varones. Una primitiva versión de condón sefabricaba con la vejiga de una cabra , pero su precio loo hacia prohibitivo. Aunque las fuentes medicas no lo mencionan , los romanos también practicaban el ubicuo coitus interrumptus. También se practicaba el aborto ya sea por la ingestión de drogas o mediante instrumentos quirúrgicos. Ovidio fustiga a Corina: “Oh, mujer porque apuñaláis y agujereáis con instrumentos  y ofreces venenos espantosos a vuestros hijos aun no nacidos”

La fama atribuye a los romanos cometer grandes excesos en la comida y la bebida. Pero sólo el patriciado gozaba de tanta abundancia. El romano medio tenía dificultades para conseguir comida barata y fresca. En el mercado, la oferta era de mala calidad. Por eso se apelaba a distintos recursos para olvidar que se ingería comida en descomposición: las hierbas aromáticas ayudaban a disimular el olor desagradable y el “garum“, salsa de pescado muy fuerte, compensaba el mal gusto.

Por lo general, el desayuno consistía en pan y agua, y el almuerzo, en carne y fruta con vino. La comida principal era la cena, que, para los patricios, constituía un pequeño acontecimiento social. El panorama era radicalmente distinto entre los necesitados. Los pobres carecían de cocina en sus viviendas, lo que los obligaba a adquirir en el mercado productos idóneos para ser consumidos en el momento. El descontento por la escasez de comida era tan grande, que los emperadores instituyeron días de reparto de alimentos gratuitos.

 

Los Dioses Romanos Creencias Religiosas en Roma Antigua Cultos Romanos

HISTORIA DE ROMA ANTIGUA: DIOSES, CULTOS Y CREENCIAS

la vida cotidiana en roma antigua

La religión oficial se centraba en rendir culto a un panteón de dioses y diosas, entre otros a Juno, la diosa patrona de las mujeres; Minerva, la diosa de los artesanos; Marte, el dios de la guerra; y Júpiter Optimus Maximus (el mejor y el más grande), que se convirtió en la divinidad patrona de Roma y asumió un lugar central en la vida religiosa de la ciudad.

Conforme Roma se desarrollaba y entraba en contacto con otros pueblos y dioses, la comunidad, simplemente, adoptó nuevos dioses. Así, el Mermes griego se convirtió en el romano Mercurio, y la griega Démeter se transformó en Ceres.

En las postrimerías del siglo III a. de C., ocurrió más bien una completa fusión de las religiones griega y romana. En general, los romanos fueron tolerantes con los nuevos cultos religiosos y sólo en forma ocasional los prohibieron.

Las Creencias Religiosas y Los Dioses Romanos:

Cada aspecto de la sociedad romana estaba permeado por la religión. La religión romana se centró en la adoración de los dioses debido a una razón muy práctica: los seres humanos creían que dependían por completo de los dioses. El desempeño exacto del ritual resultó crucial para establecer una relación correcta con los dioses. Lo que era cierto para los individuos, lo era también para el estado.

Cuando, con todas las creencias ancestrales, llegaron aportes etruscos e influencias griegas en un lento proceso de fusión y asimilación, se constituyó por fin el Panteón romano, tan poblado, que un escritor del siglo I a. de J. C. habla de 30.000 divinidades, y solía decir, que había mas dioses que mortales.

El espíritu práctico y formalista de los romanos organizó el culto público en un sistema preciso de ceremonias y preceptos. El pensamiento central que orienta y da sentido a las prácticas piadosas públicas y privadas de los romanos es que entre la divinidad y el hombre media una suerte de contrato: el hombre rinde a los dioses un servicio con las prácticas de su culto y éstos retribuyen debidamente con su amparo, favor y concesiones especiales la ofrenda que los obliga.

La enorme expansión de  Roma incidió profundamente en la vida religiosa romana, ya que fueron asimilando los dioses de los pueblos vencidos. Por ejemplo, la extensión de sus dominios al norte de África, Asia Menor y la Mesopotamia franqueó las puertas a la incorporación de varios cultos de origen oriental. Por ejemplo, Roma asumió el culto de Cibeles, originario de Frigia (actual Turquía), que a su vez procedía de un culto de Anatolia, ya existente en el Neolítico.

Cibeles se asociaba con la tierra fértil y vivía en cavernas, montañas, murallas y fortalezas. Deidad de vida, muerte y resurrección, era representada sobre un carro que simbolizaba la superioridad de la madre Naturaleza, a la que incluso se subordinaban los poderosos leones que tiraban del carro. Del antiguo Egipto procedían los cultos de Isis y Osiris.

En el panteón de los habitantes del Nilo, Isis había sido la Gran Maga, la gran Diosa Madre, reina de los dioses subterráneos, fuerza fecundadora de la naturaleza, regente de la maternidad y del nacimiento y Señora de las Pirámides en Gizeh. Parte de este culto se transfirió a la diosa griega Deméter y, posteriormente, al culto de la deidad romana Ceres.

Osiris había sido el dios egipcio de la resurrección, de la regeneración y la fertilidad del Nilo, y presidía el tribunal del juicio de los difuntos en su tránsito hacia el mundo de los muertos. Entre los romanos, Osiris fue el primero que hizo trepar la vid por una estaca y pisó los racimos, con lo cual enseñó a la humanidad a cultivar la vid, vendimiar la uva y guardar el vino.

Durante la Roma monárquica, los reyes habían asumido el carácter de jefes religiosos máximos; pero mas adelante, tras  el derrocamiento de último rey Tarquino el Soberbio y la instauración de la República, el Senado procuró evitar la centralización de todas las funciones -también las religiosas- en manos de una sola persona. En consecuencia, pasó a crear cargos dedicados a distintas ocupaciones. Es así como los pontífices se encargaron del culto público, bajo la dirección general de un “Pontifex Maximus”.

La etimología del término “pontifex” es “constructor de puentes”, lo que demuestra la importancia que poseía en Roma la ingeniería civil, hasta el punto de adquirir ribetes de religiosidad. El “Pontifex Maximus” establecía el calendario -decisivo para la administración de la agricultura-, los días de fiesta, las jornadas propicias, las celebraciones religiosas, los días de culto y los destinados a la justicia. Con el tiempo los pontífices se convirtieron en los guardianes supremos del culto y sus diversas derivaciones.

En esta etapa republicana de Roma se puso de manifiesto que el frío formalismo de la religión tradicional (heredada de los primeros pueblos originarios) no satisfacía el sentimiento y la esperanza de las gentes. Faltaban en ella respuestas a los problemas últimos que los hombres se plantean acerca de la vida y de la muerte. Para suplirlas, ya desde los tiempos finales de la República comenzaron a llegar a Roma religiones misteriosas. De Anatolia, de Irán, de Siria o de Egipto provienen místicos cultos a divinidades como Cibeles, Atis, Mitra, Dea, Siria, Isis y Serapis.

En estas religiones el iniciado recibía, junto con una doctrina acerca del mundo, del hombre y de la vida, un saber supremo: cómo salvarse. Pronto la palabra latina salus significó algo más que la mera salud física; aludía a la salud del alma, a su salvación: a su liberación de la cárcel corpórea y a su beatitud en la eternidad de los cielos.

El Colegio de los Pontífices era elegido entre personajes respetados por todos y obviamente de origen patricio. A los dioses se les dedicaron santuarios (“aedicula“) y templos (“templum“), donde se encontraba la estatua de la deidad correspondiente.

Para su mantenimiento, los diversos templos disponían de tierras propias y participaban del comercio de sus productos -como un antecedente de los monasterios medievales-, además de recibir ingresos procedentes de los depósitos judiciales.

Numerosas congregaciones y hermandades tomaban parte de las fiestas romanas, como los “frates arvales”, encargados de pedir en el mes de mayo los favores de la diosa Ceres. Los “flamines curialis” eran los sacerdotes encargados de la vigilancia de los fuegos sagrados de cada curia y los “salii” eran sacerdotes jóvenes que se encargaban de bailar y cantar la danza de las armas durante las campañas militares.

A su vez, los augures eran los responsables de adivinar el futuro en las entrañas de animales, el vuelo de las aves y otros signos considerados de origen divino. Tenían autoridad para ordenar la suspensión de ciertos actos y decisiones si declaraban que los auspicios no eran favorables, y hasta podían lograr la anulación de votaciones, lo que los hacía muy influyentes.

Otra institución vinculada a la vida religiosa era la de los “feciales”, mensajeros estatales que actualizaban por vía oral -al modo de los pregoneros- los pactos concertados con otras ciudades, y emitían dictámenes sobre violaciones de acuerdos y derechos relativos a los tratados.

Muchas eran las prácticas místicas que en la Roma del siglo II d. de J. C. prometían la salvación a los iniciados. Los colegios de salud reunían a gran cantidad de gentes, que, desengañadas de este mundo, proyectaban sus esperanzas en el más allá.

La palabra “panteón” lo dice todo, pues significa “de todos los dioses“. El Panteón de Agripa o de Roma es un templo circular construido a comienzos del Imperio y dedicado a todos los dioses. Se lo conoce popularmente como La Rotonda. Miguel Ángel lo definió como “angélico y no humano”. Modificado varias veces, sus restos más antiguos nos permiten saber que el templo original guardaba semejanzas con el actual.

EL PANTEÓN DE AGRIPA El primer templo era rectangular, al igual que el de la Concordia del Foro romano. Estaba construido con bloques de travertino y revestido en mármol. Los capiteles eran de bronce y la decoración incluía cariátides y estatuas frontales. En el interior del pronaos, había sendas estatuas de Augusto y Agripa. Por Dio Casio se sabe que la denominación de Panteón no era la oficial del edificio, y que la intención de Agripa era crear un culto dinástico, probablemente dedicado a los protectores de la “gens” Julia: Marte, Venus y el “Divo” Julio, es decir, Julio César divinizado. El edificio padeció los daños de un incendio en el año 80 y fue reparado por Domiciano, aunque sufrió una nueva destrucción en tiempos de Trajano, en 110.

Dentro del panteón romano encontramos cuatro agrupaciones que tenían la función de representar al Estado: la triada Júpiter-Marte-Quirino, la triada capitolina constituida por Júpiter, Juno y Minerva; y los doce dioses principales: Vesta -diosa del fuego del hogar-, Juno -diosa del matrimonio y del hogar, hermana y esposa de Júpiter-, Minerva -diosa de la inteligencia, de la sabiduría y de las artes-, Ceres -diosa de la agricultura-, Diana -diosa de las doncellas, de los bosques y de la caza-, Venus -diosa de la belleza y del amor, esposa de Vulcano y amante de Marte-, Marte -dios de la guerra-, Mercurio -dios del comercio, de la elocuencia y de los ladrones, mensajero de los dioses-, Júpiter -dios supremo-, Neptuno -dios del mar-, Vulcano -dios de los infiernos, del fuego, del metal y de la fragua- y Apolo -dios de los oráculos, de la juventud, de la belleza, de la poesía, de la música y de las artes-.

En la mitología romana, Minerva es la diosa de la sabiduría, las artes y las técnicas de la guerra, además de protectora de Roma y patrona de los artesanos. Se corresponde con Atenea en la mitología griega. Ovidio llamó a Minerva la “diosa de las mil obras” Fue adorada en toda Italia, aunque sólo en Roma se asoció con la guerra. En una ocasión, se enfrentó a Aracne para comprobar cuál de las dos tejía más rápidamente y mejor. Según cuenta Ovidio en “Las metamorfosis” cuando Minerva vio la superioridad de Aracne, le entraron tantos celos que decidió convertirla en una araña, lo cual le dio fama de cruel. Esta escena fue representada por Velázquez en su famoso lienzo “Las hilanderas”

La triada Ceres-Libero-Libera representaba a los plebeyos. Con el fin de festejar a todos los dioses en los templos y los lugares sacros, los romanos establecieron un calendario, originalmente ligado a la agricultura. El mes se dividía en dos fases, siguiendo el esquema del calendario lunar.

Cada mes estaba dedicado a una divinidad, existiendo días festivos propios para cada dios. Los meses de febrero y diciembre correspondían a los inicios del año por lo que se celebraban las llamadas fiestas caóticas. También se consideró que el 21 de abril era otro comienzo de año para festejar el nacimiento de Roma. Junto al culto público, los romanos presentaban un culto privado, más personal e intimista. El pater familias era el responsable de los ritos dirigidos a las divinidades domésticas: los lares y los penates.

Además, cada individuo rendía culto a su genio personal. Las ideas de ultratumba apenas influían en el conjunto de la religión ya que bastaba con que el difunto fuera enterrado con las debidas honras fúnebres. El cadáver se transformaba en sombra y pasaba a formar parte del reino de los manes, los dioses de la muerte. (Este concepto sufrirá una profunda transformación cuando en el Imperio Romano entre con fuerza el cristianismo).

Casi inadvertidos entre los practicantes de tantas religiones prometedoras de vida eterna, perdidos en el fárrago de la Roma imperial de los cesares Antoninos, algunos hombres se reunían clandestinamente para celebrar con unción los sencillos oficios exigidos por una nueva fe que ellos habían abrazado: el cristianismo.

EL CRISTIANISMO: Sobre este trasfondo religioso “pagano” avanzó el cristianismo. A su culto se incorporaron no pocos elementos de las antiguas creencias. A principios del siglo IV, Constantino I puso fin a la clandestinidad de los cristianos, otorgándoles ciertos privilegios y permitiéndoles la construcción de grandes templos.

En 313, a través del Edicto de Milán, el emperador decretó la libertad de culto para los cristianos y el fin del paganismo como religión oficial del Imperio. El Edicto de Tesalónica fue hecho público por el emperador romano Teodosio el 24 de noviembre de 380. Mediante este texto legal, el cristianismo se convirtió en la religión oficial del Imperio Romano. (ver: Cristianismo)

PARA SABER MAS…

EL IMPERIO ROMANO era tolerante con las religiones mientras no pusieran en duda el culto oficial a los viejos dioses romanos o la divinidad del emperador. La religión romana era más bien fría, por lo que no es de extrañar que las religiones más emocionales y espirituales empezaran a ganar popularidad.

OTRAS RELIGIONES
El culto a Mitra, el dios persa de la luz, concedía una gran importancia al amor fraternal y era especialmente popular entre los soldados romanos. El culto a Isis, una diosa egipcia, atraía a muchas mujeres romanas. En cambio, el cristianismo se extendió rápidamente entre las clases menos privilegiadas porque proclamaba que Dios consideraba iguales a todos los hombres, ya fueran esclavos, hombres libres o mujeres.

OPOSICIÓN
Los primeros grupos de cristianos eran vistos con recelo por las personas de religión politeísta (que adoraban a más de un dios). Algunas de las razones para estas sospechas eran que los cristianos no consumían la carne sacrificada en templos paganos (se creía que se reunían en secreto para celebrar extraños banquetes caníbales) y tampoco asistían a los violentos espectáculos públicos. Las persecuciones eran constantes y algunos cristianos eran torturados e incluso llegaban a morir; sin embargo, el cristianismo siguió extendiéndose por todo el imperio.

INQUIETUD
En las épocas de incertidumbre, con la amenaza de las invasiones de los persas y los bárbaros, todos los emperadores buscaban el apoyo de un dios poderoso que librara a Roma del desastre. El emperador Diocleciano (tt 245-h. 313) declaró a Mitra, su dios favorito, como el protector del imperio. En cambio el emperador Constantino (280-337) eligió al dios de los cristianos.

CONSTANTINO
En el 312, mientras se dirigía hacia Roma para arrebatársela a un enemigo, Constantino vio un signo cristiano sobre la superficie del sol y en latín pronunció estas palabras: “En este signo estará tu conquista”. El ejército de Constantino venció la batalla en el puente Milvio, sobre el río Tíber. En poco tiempo el cristianismo se convirtió en la religión oficial del imperio romano.

El Derecho Romano Filosofia y Religion Historia de Roma Antigua

HISTORIA DE ROMA ANTIGUA: EL DERECHO ROMANO

la vida cotidiana en roma antigua

La consolidación del extendido imperio romano se acompaño en su proceso del nacimiento de un nuevo tipo de Derecho, el fundado por los prácticos romanos, quienes supieron amalgamar bajo su dominio a pueblos y culturas disímiles por medio de una armazón de normas jurídicas de tal consistencia que posibilitó la organización social, económica y administrativa de inmensos territorios.

Asimismo, el aspecto político e institucional tampoco fue descuidado por este sistema normativo y esta dimensión significó, junto con las ya mencionadas, una de las fundamentales en el logro de la unificación de dicho Imperio. La enorme trascendencia de este Derecho radica, precisamente, en su fuerza como leyes para el funcionamiento del cuerpo social y del sistema político. A través de los siglos, su ejemplo perdura y proporciona la base sobre la que se asienta, en virtud de! legado histórico recibido, el andamiaje jurídico y legal en todos los órdenes de la vida de las naciones modernas.

Senado Romano

EL DERECHO ROMANO: Si de Grecia hemos heredado la idea de armonía, el sentido de la belleza expresada en su arte, en sus leyendas, en su literatura, y al mismo tiempo una concepción de la vida y el mundo reflejadas en los conceptos de democracia, libertad y en su pensamiento filosófico, Roma es la organización, el sentido político, la administración casi perfecta, el derecho, el idioma y la estructura total del Estado que, fundido con la idea del Cristianismo, tenía que perdurar hasta nuestros días.

Roma fue un pueblo ordenador. Prueba de ello es que supo mantener durante siglos bajo un mando único a pueblos muy dispares y distanciados. Una gran parte de esta prodigiosa organización se debe al Derecho Romano.

Ya hemos citado la compilación llamada Ley de las Doce Tablas, refundición del derecho consuetudinario. Más tarde apareció en la sociedad la clase llamada «juris prudentes» o letrados, hombres entendidos en leyes.

Los distintos gobernantes promulgaron leyes adecuadas a cada circunstancia. Así, por la Ley Valeria, por ejemplo, Sila consiguió legalmente hacerse con el poder. César fue un gran legislador, pues reorganizó la vida municipal y financiera, dictó leyes contra el lujo excesivo y reformó los presupuestos. En una de sus leyes daba premios al matrimonio que tuviera mayor número de hijos.

El jurisconsulto Juliano publicó el Edicto Perpetuo, que fue una codificación del Derecho Civil. En los últimos siglos del Imperio se promulgaron numerosas leyes y el Derecho adquirió una importancia extraordinaria. Los principales jurisconsultos establecieron que todo el poder radicaba en el Emperador. En parte fueron dulcificadas las leyes republicanas que daban una autoridad demasiado grande a los «pater familiae», y el trato con los esclavos resulté también mejorado. Grandes hombres de leyes fueron Papiniano y sus discípulos Ulpiano, autor de Disputationes y de Instituciones, y Julio Paulo. En la época de Diocleciano se publicó el Código Gregoriano y el Hermogeniano.

Se comprende que esta intensa tradición legal fuese continuada por Justiniano, soberano del Imperio Romano de Oriente.

La influencia del Derecho de Roma en todos los códigos del mundo y en las ordenaciones legales es tan intensa que incluso en nuestros días todas as legislaciones de países civilizados se basan, en sus líneas fundamentales, en las leyes romanas.

Aunque las leyes tendían a asegurar el poder militar y la autoridad absoluta del Estado, se tenía t la familia en muy alta estima; en ella no existía más autoridad que la del padre, «pater». A él debían sujetarse los demás miembros: esposa, hijos, clientes, etc. Poco a poco, la autoridad de la madre fue igualando a la que poseía el padre, y exponente de ello son las palabras simbólicas que dirigía la recién casada al marido, en el instante de penetrar con él en el atrio: «donde tú eres el amo, yo soy el ama». En el hogar, la mujer se dedicaba a labores propias de su sexo, a manejar la rueca y el huso, pero no tenía que entregarse a trabajos rudos; cuidaba además del fuego sagrado mantenido ante los dioses lares y, en ciertos cultos, era sacerdotisa exclusiva (Bona Dea, Vesta).

La unión entre los esposos era indisoluble y la poligamia no estaba permitida; la castidad era muy estimada, y la filiación, el ideal de su vida, hasta tal punto que el que no tenía hijos podía adoptar los ajenos. El culto de los dioses protectores y de los dioses lares se hallaba tan grabado en las costumbres, que los esposos acostumbraban a dirimir sus contiendas ante la diosa protectora de los cónyuges.

El derecho romano: El derecho romano comprende las normas establecidas para regular la vida social: las relaciones familiares, comerciales, laborales, privadas o públicas.

El sujeto del derecho romano era el ciudadano. En Roma había dos tipos de ciudadanía, la completo (la gozaban los ciudadanos romanos que tenían plenos derechos políticos y civiles> y la incompleta (correspondía a los ciudadanos habitantes de las provincias, que tenían solamente derechos civiles, como casarse, tener propiedades y celebrar contratos comerciales>.

te sólo existía el derecho consuetudinario’ o no escrito, regido por las costumbres y controlado por pontífices. La importancia de la Ley de las 12 Tablas radico en el hecho de consagrar las normas escritas, que se hicieron de este modo públicas y conocidas por todos. A partir de aquí se sumaron con el correr del tiempo otras leyes, decretos del Senado, de las Asambleas, etcétera.

Durante la época republicana tuvo mucha importancia la actividad realizada por los pretores, magistrados anuales encargados de la administración de justicia. Al asumir su cargo, dictaban un conjunto de leyes o “edictos” por los cuales se iban a regir, o confirmaban los de sus antecesores.

Las normas dictadas por el pretor urbano dieron origen al “derecho civil”. Es decir, al que se ocupaba de regular las relaciones entre los ciudadanos romanos. Las normas dictadas por el pretor peregrino dieron origen al llamado “derecho de gentes”, que regulaba las relaciones de los habitantes de las provincias del imperio (ciudadanos incompletos).

En la época imperial, el “derecho” continuó con su desarrollo. Las resoluciones del emperador se transformaban en fuente de derecho. En el año 121 Adriano ordenó la recopilación de todas las leyes vigentes en un Edicto Perpetuo. A partir de aquí no era necesario renovar todos los años las normas legales.

Con este documento también se eliminaron las contradicciones existentes entre los edictos de los pretores, que se habían acumulado. En el siglo III se suprimió la distinción entre el derecho civil y el derecho de gentes, cuando el emperador Caracalla otorgó la ciudadanía romana a todos los habitantes del imperio. Mediante nuevas recopilaciones posteriores se complementó la tarea realizada.

PARA SABER UN POCO MAS…
LEYES EL DERECHO ROMANO
La balanza de la diosa romana lustitia se mantenía recta (de rectum, de donde deriva nuestra expresión “”derecho”), como símbolo del equilibrio de la justicia. Ahora bien, en el Derecho Romano, se partía del concepto de la desigualdad humana, de forma que no amparaba de la misma manera a los ciudadanos y a los que – no lo eran, a los libres y a los esclavos, a los .hombres y a las mujeres.

En Roma, la mujer era considerada mental y físicamente débil, así que no podía participar en las actividades . civiles y públicas. De hecho, estaban privadas de casi todos los derechos reconocidos a los varones. Uno de los romanos más conservadores. Catón, afirmaba refiriéndose a las mujeres: “En cuanto tengan la igualdad, se nos impondrán . No obstante, el derecho es uno de los mayores legados de Roma. Desde el primer código escrito, las Doce Tablas promulgadas en 451 a. C, hasta los últimos (Digesto, Código e Instituciones), redactados por orden de Justiniano en el siglo VI, transcurrieron once siglos.

El respeto a la tradición impuso que las antiguas leyes no fueran derogadas por otras posteriores, es más, continuaron aplicándose a situaciones nuevas, conservando la letra y ampliando el espíritu. Esta era la tarea de los juristas, expertos en la interpretación del derecho y en su adecuación a la realidad.

Así, en las Doce Tablas se establecía que un padre podía vender a su hijo como esclavo hasta tres veces, norma que terminó sirviendo para un fin muy distinto: la emancipación del hijo de la tutela paterna. Así se conformó el Derecho Romano, compendio de leyes que regulaba todos los aspectos de la vida privada y pública de los habitantes del Imperio. En suma, en Roma nació el derecho en sentido moderno, puesto que sigue siendo la base de los actuales códigos legales vigentes en la mayoría de los países occidentales.

Fuente Consultada: La Consultora Tomo 7

La filosofia en Roma Antigua Imperio Romano de Occidente

HISTORIA DE ROMA ANTIGUA: FILOSOFÍA

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Una política tan agitada como fue la romana, forzosamente tuvo que dar origen a grandes oradores públicos que pudieron hacer sus primeras armas en el Senado y en el foro. Catón, Escipión el Africano, y los Gracos alcanzaron fama en la época anterior al nacimiento de Cristo, pero ninguno de ellos tuvo el renombre de Marco Tulio Cicerón (107-43), escritor, soldado, político y orador, una de las figuras más preclaras de la Roma anterior al Imperio.

Había nacido el año 107 a. J. C., y mientras ejerció el cargo de cónsul atacó duramente a Catilina, que pretendía rebelarse, en sus famosas Catilinarias. Del mismo modo fustigó a Marco Antonio en sus Filípicas, ya que Cicerón era enemigo del triunviro Marco Antonio.

Marco tulio Cicerón

Entre sus escritos didácticos destacan De la vejez, La República y numerosas epístolas. En el Siglo de Oro de la literatura latina aparecieron notables historiadores, como Julio César, que relató la Guerra de las Galias de la que fue protagonista y que no siempre transcribió con imparcialidad. En el siglo anterior a nuestra Era, Tito Livio (58-17 a.C.) escribió una Historia de Roma que consta de 142 libros, de estilo muy depurado y más imparcial que las obras de César.

A partir del siglo I de nuestra Era se inicia la decadencia romana, pero aún surgen figuras extraordinarias, entre las cuales no es posible olvidar a un español, el cordobés Séneca (4-65) que había sido maestro de Nerón y a quien éste obligó a cortarse las venas el año 65. Fue un filósofo estoico y un hombre recto y noble. Escribió De la ira y Epístolas a Lucilio.

Fruto de la época fue la aparición de numerosos escritores satíricos, entre los cuales los más conocidos quizá sean el español Marcial (40-102), autor de Epigramas, y el romano Juvenal (54-138).

Otro español notable fue Quintiliano (35-95), considerado como uno de los primeros escritores de Pedagogía y autor de uno de los primeros libros de Educación: Instituciones Oratorias.

Tácito y Suetonio fueron importantes historiadores, mientras los dos Plinios, Columela y Pomponio Mela, se dedicaron a la literatura didáctica.

En todos los pueblos la novela es el último género que suele aparecer, mientras que el primero es casi siempre la poesía épica.

Lo mismo ocurrió en Roma. En tiempo de Nerón, Petronio escribió una narración cuyo título es El satiricón, de la que sólo se conservan algunos fragmentos. Más divulgada es la novela El asno de oro, de Apuleyo. En ella se relata la aventura de Lucio, convertido en asno al querer imitar a una bruja que por arte de encantamiento se transformó en pájaro. Es una obra satírica.

Los financista romanos Historia y vida de los romanos Imperio Romano

HISTORIA DE ROMA ANTIGUA: LOS FINANCISTAS

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El elevado coste de las empresas militares llevó a la República a solicitar ayuda a la iniciativa privada. Serán los publicanos quienes presten la ayuda necesaria al Estado en estos momentos de necesidad. Estos publicanos eran una institución de origen helenístico que tenían arrendado un servicio comunitario (publicum) que podía tratarse desde la adjudicación de contratas de obras públicas al cobro de algún impuesto.

En unos momentos de expansión como vive Roma durante los siglos III y II a.C. las regiones y provincias que eran conquistadas debían pagar un impuesto que una vez delimitada su cuantía, se sacaba a pública subasta.

El Estado cobraba de manera anticipada la cantidad estipulada y los adjudicatarios tenían que recaudar directamente los tributos.

En numerosas ocasiones existían asociaciones de publicanos para pujar por el arrendamiento fiscal de un lugar determinado. Esas sociedades tenían sus estatutos y estaban dirigidas por un magister que tenía su residencia en Roma, donde trataba directamente con los funcionarios públicos. De esta manera el Estado contaba por adelantado con el dinero durante un período de cinco años y se ahorraba un buen pellizco en sueldos.

El riesgo que corrían los publicanos era muy alto por lo que el Estado protegía con mimo a estos suministradores de dinero. Sin embargo, cuando el negocio resultaba fructífero, los beneficios eran tremendamente elevados. Este sistema de recaudación fiscal plantea numerosos defectos siendo las corrupción el más corriente.

No olvidemos que los publicanos tenían la protección de los magistrados, quienes debían proteger incluso militarmente a los recaudadores si fuera necesario. El Senado no podía permitir que sus sostenes materiales dejaran de percibir beneficios.

En la provincia de Asia los publicanos se embolsaban unos diez millones de denarios al año por los peajes de mercancías, la misma cantidad que recibía el Estado. En numerosas ocasiones los propios publicanos prestaban el dinero necesario a los contribuyentes insolventes, recibiendo un elevado interés por el crédito. En otras ocasiones cobraban varias veces el tributo o exigían diez veces la cantidad prevista. La usura alcanzaba límites insospechados -a veces hasta del 4 % mensual- por lo que Sila tuvo que establecer un tope del 12 % de interés anual.

Estas corruptelas contaban en buen medida con el apoyo de algún magistrado. Sin embargo, conocemos más de un proceso por corrupción como el de Verres, Sereno o Bebio Massa, siendo las penas muy leves en relación con los hechos imputados. Será en época imperial cuando las quejas de las provincias surjan efecto, estableciéndose un cierto control estatal. Se recuperará la figura del publicano como figura aislada, huyendo de grandes sociedades, con el fin de evitar la consolidación de potentes fortunas que se conviertan en ámbitos de poder.

Los procuradores controlaban la gestión de estos recaudadores lo que benefició a los contribuyentes. En la crisis del siglo III será el Estado quien recaude directamente los impuestos. Nadie quiere arrendar el cobro de tributos, ya que no hay de donde recaudar, ni participar del transporte de tropas o víveres al asegurar con su propio dinero lo transportado. Paradójicamente, la actividad que mayores fortunas creó en época republicana en los últimos momentos del Imperio no era desempeñada por nadie.

Los comerciantes en Roma Antigua Financistas y el costo de vida

HISTORIA DE ROMA ANTIGUA: LOS COMERCIANTES

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En las calles y plazas de Roma  se apiñaba una colorida y bulliciosa multitud de tiendas: panaderías, carnicerías, pollerías, pescaderías, tabernas, barberías, librerías, perfumerías, mueblerías, herrerías, zapaterías y muchas más. Algunas eran prósperas, pero la mayoría eran chozas abarrotadas y mal iluminadas, tan desvencijadas que se ladeaban hacia las viviendas o que se desparramaban hacia callejones y mercados.

Se colocaban pintorescos cartelones para atraer la atención del público, y frecuentemente se exhibían las mercancías en las aceras, que se hacían casi intransitables por los vendedores que caminaban pregonando sus productos.

La congestión llegó a ser tan grave que el emperador Domiciano prohibió los puestos callejeros, forzando a los vendedores y tenderos a regresar a sus locales.

Buena parte de la actividad comercial era realizada por los mismos productores. Los excedentes agrarios eran llevados a la ciudad por el campesino que adquiría -o cambiaba- en los talleres los productos necesarios.

El propio Estado era el encargado de llevar a los campamentos militares todo lo necesario para su manutención. Pero a pesar de estas limitaciones ya existía la figura del intermediario, dedicándose a las actividades comerciales un buen puñado de romanos e itálicos.

El comercio se realizaba preferentemente por vía marítima -más rápido y más barato- siendo hombres libres los propietarios de los barcos, habitualmente organizados en sociedades mercantiles. Para evitar desplazamientos continuos, el armador solía delegar cierta responsabilidad en un esclavo de su confianza que representaba jurídicamente al comerciante.

Los grandes emporios comerciales del Imperio eran las principales ciudades – Roma, Alejandría, Marsella, Antioquía- y en ellas podíamos encontrar expertos de diferentes orígenes -judíos, hispanos, sirios-. La manera de conseguir una fortuna con mayor facilidad era dedicarse al comercio.

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En Roma, el gran Foro era el principal centro comercial, con un enorme conjunto de locales, mercados y lugares de reunión. Los cambistas tenían sus negocios en este sitio, y hacían destellar, sonar y bailar sus pilas de monedas para atraer a la clientela. Se podían obtener pingües ganancias con los préstamos, aunque los romanos de la alta sociedad lo consideraban un negocio despreciable, al igual que toda otra forma de comercio: “Ningún caballero puede ser prestamista”, escribió el estadista conservador Catón.

Sin embargo, incluso los aristócratas sucumbían al encanto de las ganancias fáciles. El objetivo era pedir prestado con intereses bajos y prestar con intereses altos. Para combatir la especulación, en tiempos imperiales se decretó una tasa legal de interés de 12% anual. Gozaba de más respetabilidad el ser propietario de tierras, y esto convirtió en multimillonarios a muchos ciudadanos. Se cuenta que el acaudalado político Marco Craso dijo que un hombre no podía considerarse rico a menos que pudiera pagar, de su propio ingreso, la manutención de una legión (unos 6,000 hombres).

Los bancos prosperaban en la capital, en tanto que los pobres guardaban sus magros ahorros en alcancías de barro. La unidad monetaria básica era una moneda de cobre llamada os; un sestercio valía dos ases y medio, y un denario de plata, 4 sestercios o 10 ases. Un soldado común recibía como sueldo 225 denarios anuales; un saco de trigo pequeño costaba medio denario.

Uno de los comercios más prósperos era el del aceite de oliva. No sólo se usaba para cocinar, sino también para lámparas y como sustituto de jabón para el baño. Diario se compraban y vendían colosales cantidades de aceite: en el año 300 a.C., había 2,300 vendedores tan sólo en Roma.

Las alfarerías producían millones de vasijas de vino y aceite, y también se produjeron en masa recipientes de vidrio, una vez que se introdujo la técnica de soplado, posiblemente por vidrieros sirios inmigrantes durante el siglo I d.C.

LA TIENDA DE “TONSURA”
“Todas estas cicatrices que podéis contar sobre mi mentón, tantas como las de un viejo luchador, me las hizo el barbero con su hierro y su infame mano. Sólo el chivo, entre todos los seres vivientes, es inteligente: porque se deja la barba y escapa al carnicero”. Así exclamaba Marcial, un chispeante escritor hispano-romano, a propósito de los “tonsores” (peluqueros) de su tiempo.

Sus palabras no son precisamente un cumplido, pero es de creer que se ajustan un poco a la realidad: basta pensar en cuan rudimentarias eran las herramientas que los pobres peluqueros empleaban.

Las tijeras, de hierro, no tenían ni el perno que une las dos hojas ni los aros en los que se introducen los dedos: cabe imaginar que cortarían más a la buena suerte que a la voluntad del peluquero. Los rasuradores eran también de hierro y, aunque se afilaban cuidadosamente sobre una piedra especial, que se importaba de España, con seguridad no tenían el “filo” de las modernas navajas de acero. Se han encontrado muy pocos rasuradores romanos; como eran de hierro, la herrumbre los destruyó. En cambio, se encontraron muchos rasuradores etruscos y de otras poblaciones más antiguas, que estaban confeccionados con bronce.

Parece ser que los primeros peluqueros llegados a Roma fueron sicilianos. Sus peluquerías comenzaron a difundirse hacia el siglo ni a. C. Hasta entonces, los romanos se dejaban crecer libremente los cabellos, la barba y los bigotes. Poco a poco la moda de afeitarse y de tener cortos los cabellos se fue afirmando y, hacia el siglo II de nuestra era, la práctica era habitual en toda la población.

Las tiendas de peluqueros proliferaron; las más famosas estaban emplazadas al aire libre, en el cruce de las arterias. Así, pues, las condiciones en que el artesano ejecutaba su delicado trabajo, en medio del tumulto de la vía pública, no eran, precisamente, los más adecuados. Alrededor de la tienda estaban los escaños para los clientes que esperaban su turno. El “paciente” estaba en medio de la tienda. Sin la menor jabonadura, ni ungüento que ablandara el pelo, comenzaba la afeitada. Lo más que se hacía era humedecer la cara con un poco de agua fría.

Al margen de estos inconvenientes, concurrir a la tienda del tonsor no resultaba muy desagradable: allí, reunidos en círculo, estaban los hombres dispuestos para las más animadas tertulias: se hablaba de las últimas elecciones consulares, o de las victorias de un “auriga” (conductor de bigas) en el circo, o algún legionario narraba sus aventuras.

Y, como muchas veces el peluquero intervenía en las discusiones, los cortes de cabello y el rasurado de barba se prolongaban largo tiempo: “Mientras el peluquero corta el cabello a su cliente, a éste le vuelve a crecer de nuevo la barba…”, dice al respecto el agudo Marcial.

Fuente Consultada:
Wikipedia –
Enciclopedia Estudiantil Tomo IV CODEX

Historia de Roma Antigua Los Artesanos, Trabajo agricola y minero

HISTORIA DE ROMA ANTIGUA: LOS ARTESANOS

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El trabajo artesanal solía realizarse en talleres, algunos llegaban a reunir hasta 70 trabajadores. No debemos olvidar que también se realizaban trabajos domésticos como la panadería, confección, etc. elaborados en su mayoría por los esclavos en las grandes casas señoriales, alcanzando algunas a ser autosuficientes. Normalmente existían dos tipos de talleres: los destinados al consumo local que producían objetos menos elaborados y más baratos y los destinados a la exportación que servían productos sofisticados y a precios elevados.

Algunas ciudades solían especializarse en productos concretos, alcanzando fama la cerámica de Arezzo o los bronces de Mantua. Los talleres solían ser propiedad de hombres libres mientras que la mano de obra era en su mayoría esclava. Tejidos, vidrio, calzados, monedas, carámica,… todo tipo de productos podía encontrarse en la mayoría de las ciudades del Imperio, ciudades que debían su urbanismo y la edificación a un amplio número de artesanos que demostraron su buenas maneras. El trabajo en la construcción solía ser realizado por hombres libres aunque también encontramos esclavos y asalariados.

La mayoría de los artesanos se unían en “collegia” para la defensa de sus intereses, germen de los gremios medievales.

Las comidas en el imperio romano de occidente Roma Antigua

Las comidas en el imperio romano

Agricultura
Minería
Artesanos
Comerciantes
Financistas
Viviendas
Las Ciencias
Prostitución
Las Mujeres
Literatura
Filosofía
Diversión
Educación
El Derecho
Arte
Religión
Familia
Costos
Portal de Roma
Portal de Grecia

Sabido ya a qué actividades dedicaba su vida el habitante humilde de Roma, que era el más abundante y el que, por tanto, servía como criado en casa de los poderosos, veamos cuáles eran sus hábitos alimentarios. Se ha dicho que la historia del mundo dio un viraje cuando, en el siglo II a. de J.C., tras la conquista de Grecia por Roma, los griegos enseñaron a sus conquistadores el arte de comer bien.

comidas en roma

Es cierto que la frugalidad de los primeros romanos, que se alimentaban fundamentalmente a base de pan, ileso, legumbres, verduras y fruta, había desaparecido por completo en la época imperial, hasta tal punto que la cocina se convirtió en un arte muy difícil. Pero no conviene exagerar, ya que la abundancia de manjares dependía siempre del poder adquisitivo del comensal.

Los manjares que, según escritores de la época, se compraban a precio de oro en puertos lejanos para ser comidos en Roma eran ostras, champiñones, pescados del Adriático y gansos de la Galia.

Los romanos de clase elevada desayunaban (ientaculum) a base de pan, queso, huevos y leche, y hacia las doce almorzaban (prandium) ligeramente con los restos de la cena del día anterior o con algunos fiambres. Séneca reflejaba en una sentencia la poca importancia que tenía esta segunda comida, cuando dice que el praidium se puede tomar sin sentarse a la mesa y que al finalizar no hace falta lavarse las manos.

La comida principal se tenía hacia la hora décima, es decir, las cuatro de la tarde. Las importantes solían durar hasta el anochecer y continuaban luego con conversaciones y, en algunos casos, incluso con atracciones circenses.

La cena era la ocasión normal que tenía un romano para reunirse con sus amigos por la noche, así como las termas eran el escenario de las reuniones diurnas. Dispuestos todos en una sala llamada tridinium, se descalzaban y un esclavo les lavaba las manos y los pies. Luego se recostaban en los lechos, también llamadostridinium, alrededor de la mesa, de forma que cada uno pudiera conversar con los demás.

El plato se sostenía con la mano izquierda, cuyo codo correspondiente, apoyado en un cojín, soportaba el peso del cuerpo. Con los dedos de la mano derecha, libre para cualquier movimiento, se llevaban los alimentos a la boca.

Una comida importante comenzaba siempre con entremeses picantes y huevo. La expresión de Horacio oh ovo, que luego ha pasado a expresar la idea temporal de principio, no significaba otra cosa que “desde los huevos” que se servían al comenzar la comida.

El plato principal, casi siempre carne de cerdo, jabalí procedente de caza o de aves, era abusivamente condimentado con especias, pimienta, comino, perejil, etc., con lo que se lograban sabores muy fuertes, y salsas picantes de estilo oriental. Como postres se tomaban pasta, queso, almendras y toda clase de frutas, las comunes hoy en día en la cuenca mediterránea, menos la naranja y el limón.

Durante la comida se consumía vino en abundancia, pero, según costumbre heredada de los griegos, se servía aguado y caliente.

PARA SABER MAS… Seiscientos cerebros de avestruz, con chícharos y granos de oro: éste fue uno de los platillos servidos en un banquete del emperador Heliogábalo. Se cuenta que en otra de sus fiestas cayeron tantos pétalos de rosa por las aberturas de los techos que varios comensales se asfixiaron. La extravagancia de los banquetes romanos es legendaria, y aunque no todos los anfitriones eran tan licenciosos como Heliogábalo, las grandes cenas eran uno de los placeres en la vida de los hogares adinerados.

Mientras que los pobres se alimentaban con una dieta de pan y un potaje de trigo llamado puls, los ricos convirtieron los festines en un arte. Sus banquetes se prolongaban durante horas, desde las tres o cuatro de la tarde hasta la madrugada. Entre platillos, la fiesta era animada por acróbatas, bailarines, enanos, músicos y payasos.

Abanicos de plumas de pavorreal
Batallones de esclavos atendían a los comensales: les quitaban los zapatos al entrar y les calzaban sandalias; los ventilaban con abanicos de plumas de pavorreal para ahuyentar a las moscas; les lavaban las manos con agua perfumada, y servían deslumbrantes y aromáticos platillos en la mesa central. Se acostumbraba que los esclavos más bellos vertieran el vino y cortaran la comida, mientras que los huéspedes se reclinaban, a veces tres en un diván, posando el brazo izquierdo sobre una almohada.

Con tales comodidades, es sorprendente que los comensales debieran llevar sus propias servilletas. Un agraviado anfitrión dijo de un invitado: “Hermógenes nunca trae su propia servilleta a las cenas, pero siempre se las ingenia para llevárselas a casa.”

El banquete tenía lugar en el tríclinium (salón donde comían), iluminado con velas, y comenzaba luego de invocar a Júpiter y a los dioses domésticos. La cena consistía en aperitivos, platillos principales y postres.

El escritor Marcial, al planear una modesta cena para siete invitados, compartió sus pensamientos acerca del menú, en la siguiente invitación a un amigo:

“Veamos: Estela, Nepos, Canius, Cerlialis, Flaccus y yo sumamos seis. Mi diván acomoda a siete, por lo que también invito ‘. a Lupus. Ahora el ; menú: pues bien, hay tuétanos que trajo mi diligente esposa, más la guarnición: lechugas, puerros, menta y achicoria. Luego comeremos huevos duros y caballa servida con perejil, y panza de cerda en salmuera de atún. Eso para empezar. De platillo principal, cordero (¡más barato si fue destrozado por un zorro!), albóndigas (¡no hay que cortarlas!), porotos y germen. Además habrá pollo y lo que quedó del jamón que comimos el otro día. Cuando quedemos satisfechos, habrá manzanas maduras y un vino, reposado durante un año o dos. Para cerrar con broche de oro, vendrá un cómico: no te preocupes, será de buen gusto. La gente puede soltarse el pelo sin que lo lamente al día siguiente, y no es necesario preocuparse por lo que se dice. Pueden hablar de los Verdes o los Azules, o cualquier otro equipo de carreras de cuadrigas. ¡Nadie nos citará a juicio por habernos emborrachado en mi casa!”

Los entremeses más populares eran platillos de huevo, aceitunas y lechuga; por lo demás, la cocina romana tenía poco en común con la actual cocina italiana. En ese entonces se desconocían los tomates y la pasta, y no era común cocinar con ajo.

El principal ingrediente de muchos platillos era una salsa picante, llamada liquamen, destilada de las entrañas y humores de pescado. Su sabor era parecido a la esencia de anchoas, y con ella se aderezaban platillos como lechones, caracoles alimentados con leche y gansos hervidos.

TESTIMONIO DE LA ÉPOCA: Petronio, escritor latino de la época de Nerón, nos describe un banquete celebrado en la casa de un ricachón de la época. A su personaje da el nombre de Trimalción, que significa “tres veces potentísimo”; se cree por ello que, bajo este personaje imaginario, Petronio quería ocultar la figura del emperador mismo. La descripción es tal como la transcribimos a continuación.

“Trimalción no había llegado aún, pero nosotros nos pusimos igual a reposar en el triclinio. Algunos criados nos echaban agua fresca en las manos, para lavárnoslas, en tanto que- otros, con gran destreza, nos lavaban los pies. Mientras prestaban estos servicios, los sirvientes cantaban; quise probar si todos los siervos sabían cantar y pedí a uno de beber: aquél se puso a servirme y entretanto comenzó una canción indicada para lo que estaba haciendo. ¡Parecía que nos encontrábamos en un coro teatral, más bien que en el banquete de un señor!.

En este momento fue colocado en la mesa un espléndido entremés. Sobre la bandeja se veía erguido un asnillo de bronce portador de dos alforjas; por una parte había aceitunas blancas; por la otra, negras. Arriba, como techo, había dos platos, en el reborde de los cuales se leía el nombre de Trimalción y el peso de la plata con la que estaban hechos. Llevaban lirones cocinados con salsa de miel y amapola. Sobre una rejilla de plata freían las salchichas y, abajo, para imitar los carbones ardientes, había ciruelas negras de damasco cubiertas de granos de granada.

Fue llevada después a la mesa una cesta, en la que, sobre la paja, había una gallina de madera cual si estuviera poniendo. Se acercaron dos esclavos que hurgaron entre la paja y sacaron grandes huevos que distribuyeron entre los convidados. Con la cuchara abrí el casco, hecho de harina empastada con tocino, y encontré un papafigo cubierto de huevo con pimienta. Así terminaron los entremeses; los esclavos retiraron los residuos y entretanto nosotros nos dispusimos a beber vino mezclado con miel.

Si éstos eran los entremeses, ya podemos figurarnos en qué consistirían los platos fuertes… Los citaremos rápidamente: por empezar, se llevó una bandeja monumental consistente en doce platones colocados sobre un gran disco; querían representar los doce signos del zodíaco, y así cada uno de ellos tenía un manjar relacionado con el símbolo de una constelación: higos africanos sobre Leo, carne de buey sobre Tauro, langostas sobre Capricornio, una liebre sobre Sagitario, etc. En el centro de todo, una bandeja contenía una liebre adornada con plumas, en forma que pareciera alada, y rodeada de aves y cabezas de cerdo.

En los ángulos de la bandeja había cuatro estatuillas que sostenían pequeñas vasijas, desde las que se volcaba una salsa picante: ésta caía en un recipiente en el que los pescados cocidos se movían romo si nadaran en un pequeño lago artificial. Después llegó una lechoncita tostada rodeada de jabatos rellenos con tordos; luego un cerdo relleno de salchichas, y a continuación un ternero hervido, presentado como un guerrero, que -;;.e cortado y repartido por un esclavo, también vestido con los atavíos de un soldado.

Finalmente llegaron los dulces: éstos tenían forma de estatuas que llevaban canastos llenos de frutas. Pero la comida no había terminado aún: los esclavos levantaron las mesas, barrieron el piso lleno de .desperdicios (porque era costumbre tirarlos al suelo) y llenaron las ánforas con vinos: comenzaron los brindis, que constituían el cuarto tiempo de un banquete que podía durar hasta el amanecer.”

LAS COMIDAS
Desayuno: se consumía a primeras horas de la mañana y podía consistir en pan con miel y queso, uvas, aceitunas y leche.

Almuerzo: tenía efecto a mediodía y era asimismo sobrio y rápido; tanto que a menudo se consumía sin necesidad de sentarse. Se comía con el pan, carne fría, peces, legumbres y fruta. Se bebía vino con miel o vino aromatizado o hirviente.

Cena: comenzaba al anochecer; era la comida principal, que se consumía estando recostados en lechos ad hoc; nunca duraba menos de tres horas y constituía un descanso y un motivo para reuniones. Como habíamos visto en casa de Trimalción, se dividía en tres partes: el entremés, la cena propiamente dicha y el postre, constituido por fruta y dulces. Si no se trataba de una simple cena doméstica, sino de un auténtico banquete, seguían los brindis.

Los romanos brindaban sólo con vino mezclado con agua, según proporciones establecidas por el más experto entre los invitados. Era muy difundida la costumbre, en los brindis, de beber tantas copas de vino según eran las letras del nombre del festejado. ¡Ahí, por Baco, ¡qué suerte llamarse T-e-r-t-u-l-i-a-n-o!

El Costo de Vida en Roma Antigua

HISTORIA DE ROMA ANTIGUA: EL COSTO DE VIDA

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Según Plinio la vida era increíblemente barata en Roma (250 a.C.) al poder comprar con un as (moneda de bronce) un celemín de trigo (8,75 litros), un congio de vino (3,3 litros), 30 libras de higos secos, 10 libras de aceite y 12 de carne, considerando que la libra eran 330 gramos. Las noticias sobre salarios y precios en el Imperio Romano son difíciles de conseguir ya que las fuentes apenas tratan estos asuntos.

Según el poeta satírico Marcial los proconsulares tenían unos ingresos anuales de un millón de sestercios (la moneda de bronce), mientras que un médico reputado podía alcanzar los 400.000, un profesor estatal de retórica, 100.000 ó los altos cargos de la administración entre 200.000 y 60.000 sestercios.

Los legionarios vieron subir sus salarios desde los 900 sestercios que cobraban en época de César hasta los 2.000 de Septimio Severo. Los sueldos de los centuriones rondaban entre 40.000 y 20.000. San Mateo menciona en el Evangelio que el sueldo de un jornalero agrícola es de cuatro sestercios diarios, posiblemente incluyendo la manutención -comidas e incluso alojamiento, en algunos casos-.

En un contrato de trabajo del año 164 se menciona un salario de dos sestercios y un as a diario, más el alojamiento y la manutención. Los especialistas consideran que estos datos podrían variar en una proporción de uno a tres dependiendo de los puestos laborales. Los ingresos anuales de un jornalero fluctuarían entre 720 y 2.200 sestercios.

Si lo multiplicamos por tres obtendremos el sueldo aproximado de un artesano. Según unas tablillas encontradas en Pompeya donde aparece la lista de la compra de una familia de dos miembros y un esclavo -posiblemente artesanos- el gasto medio en alimentación diario sería unos seis sestercios. Bien es cierto que el menú no era pantagruélico, sino más bien frugal, consistente en pan, vino, verduras, queso y dátiles. Juvenal nos dice que un zapatero come cebolletas y morro de cerdo hervido.

Según Marcial, una familia pobre se alimenta de gobios, cebollas y queso. Pan negro mojado en un tazón de caldo y coles podría ser un ejemplo de menú para una familia de obreros romanos. Marcial dice que los alimentos más baratos que se vendían en las calles de Roma eran salchichas y garbanzos. Un tercio de litro de aceite constaría un sestercio y el trigo se vendía a tres sestercios el celemín (6,5 kilos).

Para evitar conflictos sociales, el Estado alimentaba a más de 150.000 familias. Los gastos en vestido y calzado rondarían los 30 sestercios ya que la túnica oscilaría hacia los 15 sestercios, al igual que los zapatos. Limpiar una túnica costaba cuatro sestercios.

El alquiler en la ciudad de Roma era tremendamente caro. Unos 2.000 sestercios anuales serían el alquiler más barato en el siglo I lo que motivaba que parte de la vivienda fuera subalquilada por el inquilino a otra familia. La operación se podía repetir creando verdaderas situaciones de hacinamiento en la insulae, las casas de inquilinos que ocupaban una manzana con cinco o seis pisos de endeble construcción.

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HISTORIA DE ROMA ANTIGUA: ARTE ROMANO

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LA ORIGINALIDAD ROMANA: Si bien es cierto que el arte de los romanos imitó al de los griegos, una íntima originalidad terminó por liberarlo de la concepción helenística, en tiempos del Imperio. Los griegos habían tratado de exaltar la belleza en sí misma con obras inspiradas en su religión y en sus mitos. Los romanos subordinaron el arte a su» política y a su grandeza, inspirando sus obras en el humano realismo de la historia: escenas guerreras, arcos triunfales, retratos de generales y emperadores, en vez de la belleza ideal de las diosas.

ARTE ROMANO: Las artes romanas se concibieron en una época en la cual las obras griegas habían llegado a su máximo esplendor. Fue difícil entonces librarse de tan magnífica influencia, complementada por ciertos elementos etruscos que marcaron la base del posterior desarrollo artístico.

No obstante los aportes recibidos, a comienzos del siglo II a.C. comenzó a manifestarse un verdadero arte romano. Sus obras se enriquecieron con el correr de los siglos y tomaron la uniformidad característica de un arte propio. En sus creaciones prevaleció un carácter técnico y práctico, resultante del espíritu del pueblo romano. No se persiguió, como en Grecia, un fin estético en sí mismo.

Resulta de las influencias etruscas y griegas, alcanzó su mayor esplendor en la época del Imperio. Se desarrolló en Italia desde el año 200 antes de C., hasta el siglo IV después de C., algunos lo consideran inferior al arte griego, pero en realidad fue más variado, más flexible y en ciertos aspectos se acerca más al arte moderno; así, su influencia en el arte de la Edad Media y del Renacimiento fue notable. Sus mayores logros los presenta en el desarrollo de la arquitectura; por ello, el dibujo y la pintura la realizaban a servicio de esta, predominando los murales. Los temas eran asuntos bélicos, eróticos, leyendas heroicas, paisajes, marinas, naturaleza muerta y el retrato. A partir del siglo I, se observan dos corrientes pictóricas o estilos: el estilo Neoático, que se preocupa por la forma humana, resaltando asuntos de la mitología y epopeya y el estilo Helenístico – Alejandrino, que pone de manifiesto la preocupación por la pintura rural, se cultivan el paisaje y las marinas. Al iniciarse el siglo II hasta el 79 de nuestra época (pintura en Pompeya), se observan cuatro estilos: de incrustación, alejandrino o arquitectónico, ornamental y fantástico.

El arte romano toma como referencia los modelos griegos de la época helenística.  Debido a su carácter práctico, el pueblo romano desarrollará la arquitectura para establecer un sensacional programa constructivo que primero afectará a la ciudad de Roma y luego se extenderá por todo el Imperio. El arco y la bóveda tendrán un papel principal en la concepción de la arquitectura romana. Se utiliza el ladrillo y el mortero, realizado con cantos rodados o piedras pequeñas, con una consistencia eterna. Su aspecto pobre exige un revestimiento de apariencia opulenta como suelen ser mosaicos o simplemente ricas pinturas. Otra importante aportación romana será la amplia difusión del arco de medio punto que frecuentemente es encajado entre las columnas y el dintel, estableciendo un sistema constructivo de gran originalidad que aporta solidez al edificio.

Roma fue un pueblo de labradores, de comerciantes, de guerreros. Los romanos mostraron mayor interés por las cosas prácticas y sus obras artísticas llevan siempre un sello utilitario. Pueblo dominador, fundador de un vasto imperio, el romano tuvo por preocupación fundamental mantener el dominio sobre los territorios colonizados, para lo cual movilizó poderosos ejércitos, dio vida a un denso cuerpo de leyes que apretó los lazos entre la metrópoli y las provincias, y desarrolló una gigantesca labor constructiva con un variado repertorio de formas arquitectónicas perfectamente adaptadas a sus fines. Sus dos grandes realizaciones fueron el Derecho y la Arquitectura, pero su mérito principal es haber extendido la civilización grecolatina por una vasta parte del mundo conocido.

ARQUITECTURA: Su finalidad es utilitaria, está concebida en función de las necesidades privadas y públicas. Expresa la voluntad de poder y de mando del Estado romano, que se erige como rector de la vida privada y pública de sus ciudadanos. Es monumental, hecha pensando en la glorificación de Roma y para resistir el paso y el peso del tiempo. Más que la belleza busca la majestad y la robustez, por lo que se muestra en grandes masas sólidas y pesadas. Expresa el ideal de uniformidad del Imperio, que aspira a que todos los pueblos sujetos a su dominio asuman una fisonomía material a imagen y semejanza de la Urbe. Alterna dos sistemas conocidos: el de la columna y dintel (copiado de los griegos), y el arco y bóveda (tomado de los etruscos). Sus principales monumentos fueron: el templo, la basílica, las termas, los teatros, los anfiteatros, los circos, etc. (Ver Acueductos Romanos)

LA ESCULTURA: Se mueve entre los polos contrarios de idealismo y realismo y su tema casi central es el retrato. En sus comienzos, la influencia etrusca se hace presente en algunos bronces, luego la influencia griega a través de los escultores helénicos que vivían en Roma o en la Magna Grecia, así como de las obras descubiertas en suelo griego y llevadas a Roma, impulsa la corriente idealista. El enfrentamiento de ambas tendencias se advierte en obras del período republicano.

PRINCIPALES CARACTERÍSTICAS: Creada con un destino utilitario que se cumple en su función narrativa, honoraria o descriptiva. Más que un arte es una artesanía supeditada a exigencias religiosas honoríficas o conmemorativas. Cultiva con preferencia el retrato llevándolo a su máxima identificación con el modelo. Es un arte naturalista. Es una obra anónima.

La ilustración de la derecha representa una estatua ejecutada en Roma imitando una escultura de un artista griego: Policleto. Estamos en la época en que Roma trataba de imitar el arte griego. Pero mientras que el modelo griego expresaba sólo calma y belleza, en esta obra romana aparecen energía  y movimiento. Obsérvese también con qué delicado arte está trabajada la coraza. Así glorificaban a sus guerreros y emperadores. De Octavio Augusto se conservan medio centenar de estatuas.

En los bajos relieves la escultura romana alcanza sus mejores obras, y en ellos el carácter geométrico del arte etrusco se une a la armonía de los griegos con el realismo de los romanos para crear obras sólidas y dramáticas.

Los romanos acostumbraban conservar en el santuario familiar máscaras de cera de sus antepasados, realizadas prolija y directamente sobre el rostro de los muertos. De esta manera cada familia podía conocer y venerar la imagen de sus antecesores. De esta costumbre nació la predilección de los romanos por los bustos y los retratos de arcilla, de mármol o de bronce, que reproducían la fisonomía exacta de los rostros.

Cabeza de bronce llamada de Bruno, hermoso exponente del arte del retrato (siglo III antes de Cristo).

Estatua del emperador Augusto, del Museo Vaticano 20 antes de Cristo).

Fragmento del bajo relieve de la columna de Trajano,
erigida en el año 113 en celebración de la conquista de Dacia.

PINTURA: La conocemos a través de los frescos hallados en la ciudad de Pompeya, que suelen ser copias griegas o caprichos decorativos de gracia picaresca como cupidos, pájaros, cintas, flores, etc. Los temas son históricos, mitológicos paisajísticos y marineros. También en ciertos períodos se hizo una pintura arquitectónica, que imita a los elementos constructivos. Lo interesante de la pintura romana es la técnica de manchas de color al temple, aplicadas con brochazos sueltos, sin detallar, a la manera impresionista y con efectistas toques de sombra y luz. También en la pintura domina el gusto realista por lo que los temas preferidos, son el retrato, la caricatura y el paisaje.

Casi todo lo que conocemos sobre la pintura romana se lo debemos a los miles de frescos sacados a la luz en Pompeya y Herculano. Y en primer lugar se ha comprobado que los romanos no pintaban sobre tela o tablillas, sino que lo hacían casi exclusivamente sobre las paredes de sus casas. Pintaban imitaciones de mármoles, columnas y, sobre todo, paisajes, jardines y escenas campestres. Así aquellos hombres que vivían en casas que apenas tenían ventanas llevaban a su interior la ilusión de estar en un espacio más amplio abierto y pintoresco.

Los romanos adinerados alegraban los interiores de sus habitaciones con pinturas murales
figurando motivos arquitectónicos y bonitos paisajes.

La “Primavera”, fresco del siglo I de nuestra era, hallado en Estabia.
Es una de las mejores obras de la pintura romana. Es una de las mejores obras de la pintura romana.

El arte del mosaico. Un maravilloso mosaico que decoraba la entrada de un establecimiento termal.

AMPLIACIÓN DE ESTE TEMA: ARTE ROMANO

Se puede afirmar que los romanos fueron “un pueblo de artistas”. Con todo, enamorados de la belleza del arte griego, no se preocuparon por crear uno propio: se declararon discípulos de los helenos y adoptaron su arte aunque marcándolo con su sello inconfundible de utilidad, solidez y grandiosidad.

De todas las ramas, la Arquitectura fue el “arte romano” por excelencia, en el que pudieron lucir su genio, especialmente dotado para los grandes proyectos. Fue además, el único campo en que aportaron importantes novedades, como la bóveda y el arco, elementos que a su vez habían recibido de los etruscos, pero que ellos perfeccionaron realizando algunas de las más grandes creaciones del espíritu humano.

Roma prácticamente sembró el mundo de grandes construcciones, pero entre ellas merecen destacarse:

« Las Termas, monumentales edificios con magníficos salones para conferencias, lecturas o juegos, a la par de suntuosas salas de baños fríos, tibios y calientes: en ellos los romanos pasaban gran parte del día como en nuestros actuales clubes. En Roma aún impresionan al visitante las ruinas de las Termas de Caracalla y de Diocleciano.

  • Los Anfiteatros estaban destinados a los combates de gladiadores, luchas de fieras y hasta batallas navales en miniatura. El más famoso es el de Vespasiana, llamado posteriormente “Coliseo”; en él cabían más de 50.000 espectadores.

  • Los Circos eran enormes pistas ovaladas destinadas a la gran pasión de los romanos: las carreras de carros. El Circo Máximo de Nerón medía más de 600 metros de largo y en sus gradas de mármol tenían entraban 350.000 personas.

  • Los Foros constituían el centro de la vida política de la ciudad. En estas plazas públicas se hallaban los monumentos, templos, mercados, tribunas para los oradores, y en ellas se reunía el pueblo para deliberar en las Asambleas o para enterarse de la marcha de los acontecimientos, Entre todos se destacan las ruinas del Foro de Trajano, desde el que, durante siglos, se manejó la suerte del mundo.

  • Los Arcos de Triunfo conmemoraban las principales victorias militares. Aún se conservan unos 150, y entre ellos los famosos Arcos de Tito, Septimio Severo y Constantino en la capital del imperio.

  • Las Basílicas romanas eran grandes construcciones divididas por columnatas, en las que funcionaban los tribunales, mercados y ferias. Posteriormente, cuando los cristianos necesitaron edificios para sus reuniones, convirtieron algunas de ellas en iglesias, y desde entonces las Basílicas fueron consideradas como lugares dedicados al culto. Entre todas sobresale la de Majencio, en Roma.

  • Los Templos romanos prestan aún sus servicios, transformados en iglesias cristianas El más notable de todos es el Panteón construido por Agripa, ministro de Augusto, y considerado como la más perfecta de todas las construcciones romanas. Su incomparable cúpula de 40 metros de diámetro sirvió de modelo a Miguel Ángel para la iglesia de San Pedro del Vaticano.

  • Los Acueductos fueron verdaderas obras de ingeniería que desde las montañas traían el agua que las ciudades necesitaban. Roma contó con 19 de estas solidísimas construcciones de piedra.

Las Carreteras romanas fueron magníficas construcciones como ningún otro país las ha conocido hasta nuestro siglo. Eran de lajas de piedra o de granito, de hasta ocho metros de ancho sobre un contrapiso de un metro de espesor. Cada mil pasos dobles había una “piedra miliar” que indicaba la distancia que la separaba desde el centro del mundo: el Foro de Trajano. Roma enlazó así todo su imperio con una vastísima red caminera que posibilitó la extensión de su poderío. En la actualidad se conservan más de 500 de estas rutas, muchas de las cuales prestan aún sus servicios, luego de 2.000 años de uso.

La escultura romana fue prácticamente una imitación de la griega y felizmente que haya sido así, porque de esta manera conservamos copias y reproducciones de las obras maestras de Grecia desaparecidas.

Sin embargo, debe reconocerse que los romanos fueron los mejores artífices de Bustos del mundo, y en ellos lograron alcanzar casi la perfección artística, superando grandemente a sus maestros.

La pintura, del mismo modo, fue también de neta inspiración helena, como se comprueba en los Frescos conservados en las mansiones de Pompeya y Herculano, ciudades enterradas en el año 78 durante la erupción del Vesubio, y que las modernas excavaciones han logrado desenterrar.

Ver: Grandes Obras Romanas

La Educacion en Roma Literatura, Filosofia y Religion en Roma

HISTORIA DE ROMA ANTIGUA: LA EDUCACIÓN

la vida cotidiana en roma antigua

La educación va a experimentar una profunda evolución a lo largo de la historia de Roma, determinada en primer lugar por la influencia griega que se produce desde el siglo III a.C. y en segunda lugar por la estrecha relación del sistema educativo con la sociedad del momento y con la configuración estatal.

Bien es cierto que encontramos una serie de elementos que se manifiestan a lo largo de todos los momentos históricos: el carácter aristocrático del sistema educativo y su relación con la ciudad, configurando una educación netamente urbana, por lo que debemos advertir que la educación se circunscribe a la población ciudadana y libre del Imperio al tiempo que la mayoría de las escuelas se instalan en los municipios.

Bien es cierto que en las aldeas o pequeños pueblos existían rudimentarias escuelas pero con escaso éxito. Podemos distinguir tres periodos educativos en la historia de Roma: el primero correspondería a siglos VIII-III a.C. -la Monarquía y los primeros momentos de la República-; el segundo al periodo comprendido entre los siglos III a.C. y II d.C.; y el tercero al Bajo Imperio.

En el primer periodo la educación se circunscribe al ámbito familiar, involucrando especialmente al patriciado y a la nobilitas. M. Porcio Catón enseñó a su hijo “las letras, le daba a conocer las leyes y lo ejercitaba en la gimnasia, (…) a manejar las armas y a gobernar un caballo”.

La educación en el hogar se extiende hasta los 17 años, cuando pasa la adolescencia. La madre será la encargada de los primeros momentos, hasta los siete años. Desde esa edad queda a cargo del pater familias con quien acude a diversas actividades. A los 17 años adopta la toca viril e inicia una nueva fase educativa, fuera de la familia pero controlada por ésta. El ejército y la política serán las dos direcciones que tome nuestro joven noble y su enseñanza correrá a cargo de algún conocido o amigo del pater.

El primer año está destinado a conocer la vida pública y después pasa al servicio militar donde aprenderá a luchar por la patria, subordinando el individuo a la comunidad. A partir del siglo III a.C. el mundo romano vivirá un contundente proceso de helenización que en un primer momento afectará a los círculos nobiliarios para irse diluyendo entre toda la sociedad paulatinamente.

El proceso se acentuará tras la Tercera Guerra Macedónica al difundirse la utilización del griego entre los miembros de la nobilitas, al tiempo que un amplio número de retóricos y filósofos griegos desembarcan en la península Itálica, muchos de ellos como esclavos. Este acercamiento al mundo helenístico no estuvo exento de polémica como el decreto de expulsión de todos los filósofos y retóricos griegos que dictó el Senado en el año 161 a.C., expulsiones que se sucederán en el tiempo. Pero a la helenización de la sociedad no se le podía poner freno y el propio Catón, uno de los más encendidos defensores de la tradición romana, estudiará a los maestros griegos.

Como es lógico pensar, este proceso de helenización tendrá su reflejo en la educación. Desde los últimos años de la República lo educativo abandona el entorno familiar para convertirse en algo público. Algunos emperadores regularán el proceso educativo o reducirán los impuestos a los gramáticos y retóricos. Vespasiano creará en Roma sendas cátedras de retórica latina y griega. Este mecenazgo pedagógico se extiende desde los emperadores a las aristocracias locales que también participan de la educación en sus ciudades, financiándola si es necesario.

El sistema educativo se establecería en tres niveles: elemental, secundario a cargo del grammaticus y superior, dirigida e impartida por los retóricos. Al nivel elemental se acedía con siete años y se abandonaba con doce, situándose la escuela en el foro. Allí los alumnos reciben las clases del magister, quien percibe por cada alumno un sueldo de 50 denarios. La mayoría de los alumnos van acompañados a la escuela por un esclavo llamadopaedagogus y disfrutan de vacaciones entre los meses de agosto y septiembre. Lectura, escritura, cálculo y recitación serán las enseñanzas impartidas. Las enseñanzas secundaria y superior presentan unos caracteres más clasistas. La secundaria abarca entre los doce años y los diecisiete, momento que el joven toma la toga viril.

El grammaticus es el encargado de impartir las enseñanzas que versan sobre la lengua y el conocimiento y estudio de los clásicos, recibiendo por cada alumno 200 denarios al mes. El lugar donde se imparte es en los pórticos abiertos del foro. La enseñanza superior estaría dirigida por el rethor quien llegaba a cobrar hasta 2.000 sestercios anuales por alumno. Las reglas del arte de la oratoria y su práctica serán las enseñanzas impartidas, a pesar de que desde Augusto este arte no era vital para participar en política. Sin embargo, las escuelas superiores surtirán a la administración de altos funcionarios y prestigiosos juristas. Durante el Bajo Imperio observamos una serie de modificaciones en el sistema educativo, especialmente por el intervencionismo estatal y la influencia cada vez más manifiesta del cristianismo. Las mayores necesidades burocráticas del Estado supondrán un aumento de los estudiantes de enseñanza superior al tiempo que los emperadores restauran las escuelas.

En el año 425 Teodosio II creará una universidad en Constantinopla donde los profesores sólo podrán ejercer la docencia en esta institución. En referencia al cristianismo, las escuelas cristianas irán sustituyendo paulatinamente a la educación helenística, anticipando el orden medieval incluso en su estructura ya que se establecían diversos niveles: monásticas, episcopales y presbiteriales.

Diversion y juegos romanos Historias del Imperio Romano

Diversión y Juegos Roma Antigua

Agricultura
Minería
Artesanos
Comerciantes
Financistas
Viviendas
Las Ciencias
Prostitución
Las Mujeres
Literatura
Filosofía
Diversión
Educación
El Derecho
Arte
Religión
Familia
Costos
Portal de Roma
Portal de Grecia

La diversión con mayúsculas del mundo romano es el circo o los juegos circenses. En el circo encontramos deporte, pasión e incluso ideas religiosas o políticas por lo que algunos especialistas lo consideran como algo más que espectáculo. La tradición hace referencia a los reyes etruscos como los creadores de los juegos en Roma, ya en el lugar donde posteriormente se instalaría el Circo Máximo. Estas ceremonias posiblemente tuvieran un origen funerario, con el fin de conjurar los poderes de ultratumba.

Los emperadores recreaban al pueblo con grandes y repetidas fiestas. En Roma había ciento sesenta y cinco días de fiesta al año, algunas, la inauguración del Coliseo verbigracia, duraron cien días seguidos. Dichas fiestas eran espectáculos que se celebraban en el el teatro, en el circo y en el anfiteatro. Empezaban por la mañana y se terminaban a la puesta del sol. Cuando asistía el emperador se repartían sorpresa, golosinas y vino.

TEATROS: En los teatros, el mayor de los cuales era el de Pompeyo, se representaban comedias, tragedias, farsas y pantomimas. Las comedias eran las obras dramáticas que Plauto y Terencio traducían o imitaban del griego, y que tanto gustaron a los romanos hasta el siglo IV. Las tragedias eran menos apreciadas por aquel pueblo, poco refinado;a la postre eran funciones en que el asunto importaba menos que el aparato escénico  lo propio sucede con las óperas modernas y las comedias de magia. Pero los espectadores preferían las farsas y las pantomimas. Las farsas o atelanas, asi llamadas porque, según Diomedes, ese género dramático se creó en Atela, ciudad de Campania, eranpiezas en un acto, muy jocosas, parecidas al entremés o al sainete. La pantomima era una pieza dramática en que el actor, mimo o pantomimo, en vez de hablar, explicaba lo que sentía por medio de gestos. La perfección a que llegaron, en este género, los actores griegos, parece que no la han alcanzado nuestros contemporáneos. El teatro romano era, pues, un espectáculo que recreaba la vista, mas que el espíritu.

CIRCO ROMANO: En el circo se daban carreras de carros y de caballos. circo Máximo, así llamado por su magnitud y porque e él se celebraban los juegos consagrados a lo dios magnos, tenía cabida para 300,000 espectadores.La planta tenía la forma de un paralelogramo alargado, cerrado por un lado  en semicírculo, ahí se abría la puerta triunfal, y en el lado opuesto, por una línea convexa, ahí estaban las cocheras.

Las gradas ocupaban tres lados, y la arena o pista estaba dividida longitudinalmente, aunque no por completo, por un muro de poca altura, llamado espina (espina dorsal de la pista) en cuyos extremos se alzaban sendos hitos cónicos, bastante altos y dorados, que eran las metas. La pista tenía casi un kilómetro de extensión y era preciso darle la vuelta siete veces en cada carrera

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Gladiador, juegos en el circo romano

Cada día habla veinticuatro carreras, comprendiendo cada una cuatro carros tirados por dos  caballos (biga) o por cuatro (cuadriga). Los cocheros circenses o aurigas lucían túnicas muy cortas ceñidas al cuerpo con correas para evitar que flotaran con la velocidad de la carrera. Los aurigas se distinguían por el color de la túnica, según: la cuadra, orden o bando a que pertenecían verde alusivo a la primavera; rojo al verano; azul, al otoño y blanco, al invierno. Esos cocheros a más de ganaban mucho dinero, eran muy populares. Sus partidarios no sólo apostaban contra el competidor en la carrera, sino que también, ello era frecuente, reñían y armaban verdaderos motines en el circo. El oficio de auriga tenía sus peligros; los carros al dar la vuelta de la espina, uno muy estrecho, en que estaban las metas, volcaban con suma facilidad.

Los emperadores dieron gran solemnidad a las carreras. Ellos hicieron que los juegos comenzaran con una procesión que dirigía el magistrado que presidía los juegos, y que a partir de Calígula, dirigió el emperador; procesión en la que figuraban los magistrados, los clientes, la flor y nata de la juventud romana, los aurigas, los luchadores, cerrando la comitiva, los sacerdotes y las corporaciones religiosas, las cuales acompañaban las imágenes de los dioses, con sus símbolos y atributos.

Los anfiteatros (el más notable fue el Coliseo o anfiteatro Flavio) eran circos cuya pista, más oval, no tenía espina. En ellos se celebraban varios espectáculos, especialmente los combates de gladiadores. Se atribuye el origen de estos combates a los sacrificios humanos que hacían los etruscos en los funerales de los grandes personajes para aplacar los manes de éstos. La moda influyó para que se reemplazaran con luchas entre dos esclavos. Bajo el imperio, esos juegos se reglamentaron y se llegaron a dar combates en que quinientas parejas de gladiadores venían a las manos. Los gladiadores eran condenados a muerte, esclavos, cautivos de guerra y a veces también hombres libres ansiosos de celebridad. Se les ejercitaba en ludus gladiatorius. El que fundaba una escuela de este género obtenía magníficas ganancias.

Los gladiadores combatían a pie, a caballo y en carros se les hacia luchar en parejas o en grupos. Generalmente habían de enfrentarse hombres que tuvieran armas diferentes. Entre los gladiadores se distinguían los samnitas, que se presentaban casi desnudos, y llevaban un gran escudo cuadrado y un sable corvo; los mirmillones, armados como los legionarios; los hoplitas, cubiertos de hierro como los caballeros de la Edad Media; los tracios, cubierta la cabeza con casco de anchas alas; los reciarios, armados solamente con una red de pescar y un tridente. Toda esa gente iba, antes de comenzar los juegos, a colocarse en fila delante de la tribuna del emperador para gritar «Ave, César Imperator, morituri te salutant» (Salve, César emperador; los que van a morir te saludan).

Los esclavos sacaban los cadáveres de la pista prendiéndolos con ganchos y tirando de ellos; un hombre vestido de Mercurio comprobaba la muerte de aquellos infelices, tocándolos con un hierro candente; a los heridos que no podían curar se les daba la muerte. Esos juegos sangrientos, que con sólo imaginarlos nos horripilamos, eran deliciosos para el pueblo romano.

Había días en que la pista se convertía en lago, y entonces se daban batallas navales; había otros en que, los gladiadores llamados bestiarios, luchaban con animales feroces. Por último, a aquellos anfiteatros se llevaba a los condenados a muerte, para que fueran devorados por tigres y leones, suplicio que cupo frecuentemente a los mártires cristianos.

LOS BAÑOS PÚBLICOS: (VER Termas de Caracalla)

El mediodía era la hora del almuerzo, especialmente frugal en tiempos de canícula. Cuando el calor apretaba, se imponía la siesta, en horas en que, como cuenta Cicerón, el “venturoso silencio” reinaba en la bulliciosa ciudad.  Recuperadas las fuerzas, cuando el sol comenzaba a bajar llegaba la hora de ir a los baños, para los cuales los arquitectos trazaban cómodas instalaciones, siempre bien abastecidas por los excelentes acueductos que se levantaban en extramuros. Las piscinas para disfrutar del baño también eran un escenario apropiado para el encuentro con los amigos y el abordaje de nuevos negocios, tanto económicos como políticos. Si las horas destinadas al baño no eran suficientes, las negociaciones y las transacciones continuaban alrededor de la mesa, ya que invitarse a cenar era un hábito propio de patricios. Los romanos no tenían fines de semana inactivos.

Lengua y Literatura en Roma Antigua Etapas y Representantes

Lengua y Literatura en Roma Antigua – Etapas y Protagonistas

la vida cotidiana en roma antigua

INTRODUCCIÓN AL TEMA: La historia de la Literatura romana puede dividirse en tres etapas: orígenes, plenitud y decadencia. La primera etapa no fue muy rica en manifestaciones trascendentes. Después de algunos cantos religiosos y campestres anónimos, de tipo popular, aparecieron los primeros poetas: entre ellos el itálico Nevio y los griegos romanizados Livio Andrónico y Ennio.

La edad de oro de la literatura latina se extendió desde comienzos del siglo I antes de nuestra era hasta el año 14 después de Cristo, fecha de muerte del emperador Augusto, gran protector de los escritores. Cinco grandes poetas –elegíacos, líricos y satíricos- caracterizaron esta época ilustre.

Fueron ellos: Catulo, que dedicó encendidos versos de amor a la mujer de sus sueños; Virgilio, autor de dos poemas fundamentales sobre la vida rural (“Las bucólicas” y “Las geórgicas”) y una magna epopeya que escribió -durante doce años- a pedido del emperador Augusto: “La Eneida”; luego, Horacio, que estudió en Roma y en Atenas y cuyas Odas, Sátiras y Epístolas pasaron a la posteridad; después, Tíbulo y Propercio, que murieron jóvenes y, finalmente, Ovidio, el último de los grandes elegiacos latinos. Ovidio se consagró con el largo poema titulado “Las metamorfosis” y con los versos que integran la serie de “Tristes” y de “Elegías políticas”, escritas en el destierro, mientras se hallaba en el Ponto Euxino, cerca del Danubio.

Los prosistas latinos cultivaron diversas especialidades. Algunos, como Tito Livio, se dedicaron a la Historia; otros, como Cicerón, a la Retórica y a la Oratoria; Lucrecio siguió la filosofía de Epicuro y escribió un tratado: “De rerum natura” (Sobre la naturaleza de las cosas); el emperador Julio César también se ocupó de Gramática y de Estilística; Salustio, el autor de “La guerra de Yugurta” fue, según se afirma, una mezcla de alta inteligencia y de bajos instintos; Vitruvio, con su tratado “De arquitectura”, realizó un aporte en el campo de la Estética.

La época de la decadencia, después de la muerte de Augusto, presenta una mezcla de raros escritores.

Entre ellos Fedro, esclavo liberto de Augusto, que imitó las fábulas de Esopo.

Hubo varios escritores nacidos en España: Marco Anneo Séneca y Lucio Anneo Séneca, el retórico y el filósofo. Y Lucano, nieto del primero de los nombrados, autor del poema épico “La Farsalia”.

Persio, Juvenal y Marcial (este último nacido también en España) fueron poetas en tiempos del emperador Nerón. Cultivaron, en especial, el género satírico. En cambio, la poesía lírica y la poesía épica no tuvieron, durante esta tercera etapa, representantes mayores.

La prosa latina contó, por esta época, con historiadores destacados, como Tácito (“Vida de Agrícola”, “Germania” y “Anales”) y Suetonio. Quintiliano (otro español) presentó, en su “De institutione oratoria”, un tratado de Retórica. Marco Aurelio, el sexto de los emperadores romanos, pasó a figurar en la Historia de la Literatura por sus célebres “Pensamientos”, serie de máximas morales.

Y Aulo Gelio, en “Las noches áticas”, se distinguió como agudo observador de costumbres. También pertenecen a este período dos novelas muy conocidas, aunque moralmente poco recomendables: “El satiricón”, de Petronio, y “El asno de oro”, de Apuleyo.

CUADRO RESUMEN: LA LITERATURA LATINA
1-Desde los orígenes al  14 d.C.

Principales Representantes

Etapa I: Orígenes al -88

Primeras manifestaciones de la poesía.
La épica: Nevio y Ennio (introduce el hexámetro)
Teatro. Fábula togata (140 a. de C.): Plauto, Terencio
Prosa. Catón el Censor

Etapa II:  -88 al 14 d.C.

Poesía. Los «nuevos» poetas: Cátulo.
Poesía didáctica: Lucrecio (epicureismo)
Época de Augusto: Virgilio (Eneida), Horacio (Odas) y Ovidio. Poetas elegiacos: Tibulo, Propercio
Historia. Julio César, Salustio, Tito Livio
Retórica. M. T. Cicerón
Erudición. Varrón, Vitrubio

2-De 14 d.C. a al 476 (fin  de Roma)

Principales Representantes

Etapa I:
De 14 al 117

Poesía. La épica: Lucano, Estado.
Sátira: Juvenal. Epigrama: Marcial.
Fábula: Fedro
Teatro. L. A. Séneca (estoicismo)
Historia. Tácito
Erudición.
Plinio el Viejo,
Novela.  Satiricón (¿Petronio?)

Etapa II:
117 al 476

Paganismo

Poesía: Nemesiano, Comodiano, Ausonio, Avieno
Historia: Suetonio
Novela: Apuleyo
Erudición: Aulio Gelio
Cristianismo Apologética: Tertuliano, Lactancio
Poesía: Prudencio, Sidonio Apolinar
Historia: Amiano, Marcelino
Gramática: Elío Donato

PRIMEROS TIEMPOS DE ROMA ANTIGUA: Los romanos produjeron poca literatura antes del siglo III a. de C. La literatura latina que surgió en esa época estaba muy marcada por los modelos griegos. La demanda de obras para los festivales públicos, a la larga, condujo a la aparición de un creciente número de escritores nativos. Los más conocidos fueron Plauto y Terencio.

Plauto (c. 254-184 a. de C.) utilizó argumentos de la Nueva Comedia Griegapara sus propias obras  Los actores vestían atuendos y máscaras griegos, y representaban los mismos personajes base: los viejos verdes, los astutos esclavos, las prostitutas y el joven enamorado.

Si bien estaba en deuda con los griegos, Plauto se las arregló para infundir a sus obras su propia cualidad terrena latina, al incorporar elementos que complacían a los romanos: embriaguez, glotonería y afeminación. Plauto escribió para las masas y llegó a ser un autor muy popular en Roma.

Un segundo autor de obras de teatro que obtuvo distinción fue Terencio (185-159 a. de C.), nacido en Cartago y conducido a Roma como esclavo por un senador romano, quien lo liberó. Terencio murió a temprana edad, después de haber escrito seis obras. También utilizó argumentos de la Nueva Comedia Griega, pero sus obras contenían menos bufonerías que las de Plauto. Terencio estaba más preocupado por lograr el retrato sutil del carácter y por la maestría de su lenguaje. El refinado estilo de su lengua latina atraía más a una audiencia cultivada que a las masas.

La comedia en Terencio
Más moralista que autor dramático fue Publio Terencio Afer (n. hacia 185 a. de C.). Nació en Cartago y fue llevado a Roma como esclavo del senador Terencio Lucano. Disfrutó de una esmerada educación y fue pronto emancipado. Perteneció al círculo elitista de Escipión Emiliano y por ello su obra de comediógrafo no alcanzó tanta resonancia popular como la de Plauto.

Su primera comedia, Andria, imitada de Menandro, se representó con ocasión de los Ludi Megalenses del año 166, y al igual que Hecyra o La suegra no atrajo particularmente a los espectadores, que abandonaron su representación para asistir a un espectáculo de funámbulos. Más éxito lograron las siguientes: Eunuco, Heautoníimorúmenos o El verdugo de sí mismo, Phormio(el nombre del parásito que desempeña un importante papel en la obra) y su mejor pieza cómica Adelphoe o Los hermanos, resultado de la «contaminación» o fusión de dos piezas griegas: una de Menandro y la otra de un autor también griego llamado Dífilo.

Cicerón, César, Horacio y Quintiliano nos han dejado su opinión acerca del teatro de Terencio, valorando virtudes y defectos. Terencio representa la comedia mesurada, sin el vigor que le confirió Plauto, con un lenguaje que se consideró modelo de «elegancia» e inspirado en el de la conversación entre gentes de la «buena sociedad». Destacó en la pintura de caracteres y sentimientos y llegó a la cima de la fama en la época del Renacimiento. Montaigne lo situó muy por encima de Plauto y Fénelon lo consideró mejor que Moliere, aunque .más recientemente estas estimaciones hayan disminuido en beneficio de la obra dramática de Plauto.

La sátira y la prosa
También a esta época, llamada arcaica, pertenece la figura de Cayo Lucilio (180-103 a. de C.), quien dio forma definitiva al género satírico. En Lucilio la sátira se encaminó a la crítica de la sociedad y adoptó como molde métrico el tantas veces aludido hexámetro. De sus treinta libros de Sátiras sólo restan fragmentos en que se abordan cuestiones poéticas, morales y literarias. Horacio tildó su estilo de mediocre, pero en tiempos de Tácito mereció un mayor aprecio. Satirizó la institución familiar, la avaricia, la ostentación de la gente adinerada, las supersticiones y las costumbres femeninas.

Cicerón y Lactancio nos han transmitido textos definitorios de su estilo: el uno relativo a la exagerada pasión por todo lo griego y el otro a la definición de la virtud (en la que parece anteponer el bien de la patria al familiar y al propio).

En el campo de la prosa el escritor más relevante fue Catón el Mayor, ya anteriormente citado. Entre los historiadores cabe citar los nombres de Q. Fabio Pictor (nacido en 259 a. de C.), L. Cincio Alimento, Cornelio Escipión, Cayo Acilio y Postumio Albino, entre otros. Más que historiadores fueron todos ellos analistas y lo que escribieron lo escribieron generalmente en griego.

De los oradores, género en el que el más brillante fue también Catón el Mayor, merecen señalarse algunos de los que menciona Cicerón: sobre todo, los nombres de Marco Antonio y de Marco Licinio Craso, a los que él dio el papel de interlocutores en De oratore.

En otras actividades como la gramática y la crítica literaria incipientes descuellan Espurio Cervilio y L. Elio Preconiano Estilón, que se ocupó, según parece, del lenguaje de las comedias de Plauto.

LA REPÚBLICA: LA EDAD DE ORO DE LA LITERATURA LATINA: El máximo esplendor de la literatura latina se produce en la época de Augusto, es decir, en los primeros pasos de la república romana, y fue de tal importancia que se la reconoce como la “Edad de oro

VIRGILIO, OVIDIO Y HORACIO: Los elementos principales de la literatura latina fueron Roma y “el hombre. El pasado, el futuro y la gloria de su patria ilustraban las obras literarias de los romanos. El hombre, su actividad política, su conducta, Fueron otras de las preocupaciones dominantes. La influencia griega fue de suma importancia, los grandes literatos griegos fueron los modelos por seguir.

Roma fue también el tema dominante en la historia latina. Esta tuvo un fin literario de carácter ‘patriótico-moralista’. Los historiadores romanos le rindieron homenaje a su ciudad, considerada por ellos como el corazón del mundo. Trataron entonces de mantener vivo el orgullo nacional y de exaltar los deberes cívicos de sus ciudadanos.

Setenta años antes de Cristo nació en Mantua Publio Virgilio Marón (-70 a -19), el más grande de los poetas latinos. Fue autor de las Bucólicas, colección de cantos en los que ensalza la vida del campo, completados después por las Geórgicas, que describen las labores agrícolas, la vida de las abejas, del ganado y de los árboles.

Pero su obra cumbre fue la Eneida, que consta de doce libros en los que, imitando a Homero, describe las aventuras de Eneas, fugitivo de Troya, una vez destruida la ciudad por los griegos. El libro es un relato mitológico, épico, poético y dramático, en el que al mismo tiempo se va siguiendo paso a paso el periplo del príncipe troyano a través del Mediterráneo. La intervención de los dioses en los combates que se describen recuerda las páginas de la Iliada y la Odisea.

El poeta mas brillante fue Virgilio, hijo de un pequeño campesino de norte de Italia, escribió su obra maestra en honor al emperador Augusto Octavio, poema épico conocido como La Eneida, y que rivalizó con la obra de Homero, en donde se establece una conexión explícita entre Troya y Roma. Troya y Roma. Eneas, el hijo de Anquises de Troya, sobrevive a la destrucción de su ciudad y, a la larga, se establece en el Lacio; por consiguiente, la civilización romana se anuda con la historia griega.

El carácter de Eneas es descrito en términos que recuerdan el ideal romano: sus virtudes son el deber, la piedad y la lealtad. El propósito general de Virgilio fue mostrar que Eneas había cumplido su misión de establecer a los romanos en Italia y, por consiguiente, que Roma comenzara su divina misión de gobernar el mundo

Ovidio (43 a. de C.-18 d. de C.) fue el último de los grandes poetas de la Edad de oro. Perteneció a un grupo privilegiado de jóvenes romanos a los que les gustaba ridiculizar los viejos valores romanos. Para conservar el espíritu de este grupo, Ovidio escribió una serie de frívolos poemas amorosos, conocidos como Amores. Pensados para entretener e impresionar, lograron su cometido.

La obra más popular de Ovidio, Las metamorfosis, es una serie de quince narraciones mitológicas complejas que incluyen la transformación de formas, como el cambio del caos en orden. Fuente inagotable de información mitológica, Las metamorfosis inspiraron a muchos pintores, escultores y escritores occidentales, sin olvidar a Shakespeare.

Otra de las obras de Ovidio fue El arte de amar. Ésta era esencialmente una imitación de los poemas didácticos. En tanto que los autores de anteriores poemas didácticos escribieron guías para sembrar, cazar o actividades semejantes, la obra de Ovidio era un manual para seducir a la mujer (véase el recuadro de la página 139). El arte de amar parecía aplaudir la relajación moral de las altas clases romanas, justo cuando Augusto trataba de purificar la vida sexual de dichas clases. Al princeps no le agradó esto. Ovidio eligió ignorar los deseos de Augusto y pagó el precio.

En el año 8 d. de C., se e implicó en un escándalo sexual, que tal vez también involucraba a la hija del emperador, Julia. Ovidio fue desterrado a una pequeña aldea en las costas del mar Negro.

Contemporáneo de Virgilio fue Publio Ovidio Nasón  romano a quien Augusto desterró a Ponto Euxino a orillas del Mar Negro. Sus obras más conocidas son El arte de amar, de tema netamente erótico, y Las metamorfosis, de carácter mitológico.

Otro prominente poeta de la época de Augusto fue Horacio (65-8 a. de C.), amigo de Virgilio. Horacio fue un escritor muy complejo cuya absorbente preocupación pareció ser señalar a sus contemporáneos las “insensateces y vicios de su época”. En las Sátiras, mezcla de poemas sobre una variedad de temas, Horacio se rebela como un desapasionado observador de la debilidad humana.

Dirigió sus ataques contra actitudes, no contra personas vivas, y abordó temas como la inmoralidad sexual, la avaricia y la insatisfacción en el trabajo (“¿Cómo es posible, Mecenas, que ni un solo hombre esté contento con su suerte?”).

UN TRÁGICO ERROR: Mas el ritmo tranquilo y placentero de su vida se ve perturbado por un auténtico rayo en cielo sereno. Una tarde, un centurión le lleva una orden inesperada. Augusto le ordena que abandone inmediatamente “Roma, y se traslade a Tomi, en el .mar Negro, Era enviado al exilio. ¿Por qué? Aún hoy permanece todo en el misterio. Ovidio, en sus escritos, alude sólo a un fatal “error” cometido. ¿Cuál?: no sabemos.

Es invierno cuando se embarca en Brindisi; el mar está tempestuoso. Llega extenuado a Tomi, un pueblecillo perdido, donde nadie habla ni sabe latín, donde no hay médicos. Además, la zona está amenazada por las poblaciones bárbaras vecinas: los escitas, que intentan invadir la colonia romana.

Ovidio, que siempre ha alardeado de no haber prestado nunca servicio militar, se ve obligado, ya casi viejo, a proveerse de yelmo y coraza y a embrazar el escudo. Es una vida imposible para el poeta. Una gran tristeza le agobia, y, muchas veces, durante el exilio, invoca la clemencia de Augusto. Pero es inútil: el emperador no perdona.

Ovidio necesita un médico, un poco de sol.. . pero no puede tener lo uno ni lo otro. No tiene ni el consuelo de recibir cartas de los seres queridos, pues las comunicaciones con Roma son lentísimas. Y así será hasta el fin: ruegos, peticiones, nostalgia, soledad.

A los sesenta años, el más brillante poeta de la corte de Augusto desapareció para siempre.

SUS OBRAS: La poesía de Ovidio no es particularmente rica en significados profundos ni en valores universales. Pero este poeta es el más grande narrador de aventuras amorosas, de historias fabulosas y de maravilla y de sentimientos nostálgicos de que pueda alardear la literatura latina. Sus mayores méritos radican en la limpia exactitud y en la ágil musicalidad de su verso. Sus obras más importantes son:

Amores” – En esta obra, Ovidio canta la belleza y la dulzura de sus sentimientos por Corinna, la mujer amada.

Ars amatoria” – Es una obra curiosa: en ella enseña el poeta, muchas veces con ironía sutil, cómo comportarse cuando se está enamorado.

Remedia Amoris” – “Medicamina faciei” – Éstas son las obras más “frívolas” de Ovidio. En la primera da consejos para curarse del “mal de amores”. En la segunda enseña a las mujeres… recetas de belleza.

Las Metamorfosis” – Su obra más célebre. En ella se cantan quince historias de transformaciones acaecidas por obra de los dioses, como hombres transformados en animales o plantas, y concluye con la apoteosis del César, que se transforma en una estrella brillante.

Fastos” – Es la obra más “seria” del poeta, en la que celebra la gloria de Roma narrando sus fiestas más importantes.

Tristia” – Como las demás pequeñas obras, escritas durante su exilio en Tomi, expresa la soledad y la tristeza de sus últimos años de vida.

Quinto Horacio Flaco  (65-8) escribió odas, sátiras y epístolas. De estas últimas, la titulada A los Pisones ha sido considerada como un tratado de preceptiva literaria. Fue protegido de Mecenas.

Horacio se ríe en gran medida de la debilidad del ser humano y hace un llamado al dominio sobre sí mismo: “Suponiendo que mi amigo se haya embriagado y haya mojado mi lecho… ¿será por ese desliz que deba tenerle menos aprecio como amigo, o porque me arrebató un pollo que estaba al lado de mi plato cuando tenía hambre?

En su última obra, las Epístolas, Horacio se valió de otra forma griega —la carta imaginaria compuesta en verso— para ofrecer un retrato de sus amigos, de la sociedad y de aquellas cosas por las que tenía más aprecio: una vida sencilla, los buenos amigos y su amado país.

Siguiendo La línea del griego Esopo, en Roma encontramos a Fedro, contemporáneo de los poetas antes mencionados, a quien se debe una colección de fábulas.

Salustio (86-34 a.C.) Escribió con estilo conciso y metódico sobre los tiempos de las crisis de la república y sus problemas. Sus obras: La guerra de Yugurta y La conspiración de Catílina.

Tito Livio (59 a. C- 17 d.C.) Escribió Historia de Roma, importante obra en la que recogió el testimonio de antiguos cronistas. No obstante la falta de crítica en sus relatos, en donde mezcló la leyenda con la realidad, su obra fue importante para conocer los primeros tiempos de Roma.

La obra latina en prosa más famosa de la Edad de oro la escribió un historiador, Livio (59 a. de C.-17 d. de C.). La obra maestra de este escritor fue la Historia de Roma, que abarcaba desde su fundación hasta el año 9 a. de C., y que comprendía ciento cuarenta y do; libros. Sólo treinta y cinco de éstos han llegado hasta nosotros, aunque tenemos breves resúmenes de toda la obra, escritos por otro; autores. Livio concibió la historia como lecciones morales.

Para Livio, el carácter humano era un factor determinante en la historia. La historia de Livio celebró la grandeza de Roma. Construyo escena tras escena, que no sólo revelaba el carácter de las principales figuras, sino que demostraba las virtudes que habían hecho grande a Roma. Por supuesto, acusaba serias fallas como historiador. No siempre se atenía a la exactitud de los hechos de las miríadas de su; historias, y no era muy crítico respecto de sus fuentes. Pero narró, en verdad, una buena historia, y su obra fue considerada por mucho tiempo como la historia ejemplar de Roma.

La época de Augusto se prolongó mucho tiempo. Él murió en el año 14 d. de C., después de dominar el mundo romano por cuarenta y cinco años. Creó un nuevo orden, al mismo tiempo que pacificaba el anterior, restaurando y conservando los valores tradicionales, lo cual constituyó una combinación adecuada para el hombre cuy¿ máxima fue “apresúrate despacio”. En el momento de su muerte, su nuevo orden estaba tan bien establecido, que pocos romanos fuero-los que se rebelaron para buscar una alternativa de gobierno.

LA EDAD DE PLATA:  se llama así, porque pesar que los esfuerzos literarios de esta etapa fueron buenos, no alcanzaron a superar la calidad de la primera etapa de la cual hablamos anteriormente, que llamamos Edad de Oro

Educado en Roma, Séneca (c. 4 a. de C.-65 d. de C.) estuvo fuertemente vinculado con la filosofía del estoicismo. Después de cumplir sus funciones de tutor de Nerón, él mismo se encargó de que el gobierno funcionara en los primeros cinco años del reinado de Nerón. Séneca comenzó a desligarse de la política cuando Nerón inició un papel más activo en el gobierno. En el año 65 fue acusado de estar involucrado en una conspiración en contra ce Nerón y, obedeciendo las órdenes de Nerón, se suicidó.

En sus cartas, dirigidas a un joven amigo, expresó los principios básicos del estoicismo: vivir de acuerdo con la naturaleza, aceptar los acontecimientos desapasionadamente, como parte de un plan divino, para profesar un amor universal por toda la humanidad. Así, “la primera cosa que la filosofía nos promete es el sentimiento de compañerismo, de pertenecer a la humanidad y de ser miembros de una comunidad”

 La filosofía llama a una vida sencilla, pero no penitente, y la forma sencilla de vivir no necesita ser una vida grosera. Analizado en retrospectiva, Séneca incurre en algunas inconsistencias notorias. Si por un lado predicó las virtudes de la simplicidad, por el otro amasó una fortuna, y aun llegó a comportarse con rudeza para protegerla. Sus cartas reflejan humanismo, benevolencia y entereza, pero sus sentimientos a menudo se ven deteriorados por su intención de ser astuto con las palabras.

Tácito (55-120 d.C.) Se lo consideró uno de los historiadores más importantes de Roma; fue autor de numerosas obras, entre ellas Anales y Germania. Figura relevante de este largo período es la de un historiador: Cayo Cornelio Tácito.

Tácito, roma antiguaAunque carecemos de las fechas exactas de nacimiento y de muerte, cabe fijar la primera en torno al año 55 de nuestra era y la segunda alrededor del año 120. Era probablemente hijo de un caballero romano, Cornelio Tácito, que ocupó el cargo deprocurator en Bélgica hacia el año 55, y se conjetura que nació en una provincia del norte de Italia.

Frecuentó las escuelas de retórica, ejercitándose en la práctica de las célebres declamaciones, y recibió la influencia de la filosofía de los estoicos, que gozaba entonces en Roma de gran predicamento. Con fervorosa admiración de discípulo, escuchó a los grandes oradores de su tiempo, Marco Apery Julius Secundus, impregnándose de sus consejos y enseñanzas. Adquirió temprana reputación de jurisconsulto elocuente y prudente, de lo que nos ha transmitido su personal testimonio Plinio el Joven.

En su producción se incluyen: Diálogo de los oradores, escrito hacia el año 81; Vida de Agrícola, panegírico de su suegro que compuso ante la imposibilidad de pronunciar el elogio fúnebre del fallecido por encontrarse Tácito ausente de Roma; la Germania (De moríbus Germanorum), monografía en dos partes sobre las costumbres germanas, que compuso fundándose en informes orales directos y en la lectura de Plinio el Viejo; las Historias de las que se han conservado cuatro libros y una parte del libro V y que incluían los hechos acaecidos desde el año 69 (ya muerto Nerón) hasta el año 96 (asesinato de Domiciano y advenimiento de Trajano) narrados en catorce libros, y los Anales (Librí ab excessu divi Augusti), que según se deduce abarcarían desde la desaparición de Octavio Augusto el año 14 de nuestra era hasta el año 69, enlazando así con las Historias.

Alrededor del segundo siglo de nuestra era, los autores latinos —aunque todavía bajo la influencia de los modelos griegos familiares— imitaban cada vez más a los grandes escritores latinos de las primeras épocas. Juvenal (c. 55-c. 128) escribió cinco libros de sátiras, en los que ponía en la picota las costumbres y los vicios de su generación.

En ellas fustiga los vicios y corrupción de la Roma de su tiempo: censuran vicios, describen costumbres, ensalzan virtudes, etc. El tono vehemente de que hace gala el autor le valió un prestigio que traspasó los límites cronológicos de la Antigüedad, para perdurar en los siglos posteriores

Atacó los amaneramientos de las mujeres romanas, el abuso de los esclavos, los excesos de los emperadores, los inmigrantes griegos y orientales, su propia pobreza y las injusticias de la sociedad romana.

Por ejemplo: “Exigen que el maestro moldee esas mentes tiernas… Se le dice a uno: ‘Encargúese’, y cuando finaliza el año escolar, uno obtiene tanto como lo que obtiene el jinete de una sola carrera”.

Sin embargo, Juvenal no fue un reformador. A pesar de que atacó muchos vicios, no brindó una crítica sustancial de su sociedad.

Las Mujeres en Roma Antigua Imperio Romano

Las Mujeres en Roma Antigua

El papel principal que desempeñarán las mujeres en Roma será el de fiel y abnegada esposa ya que dependían en todo momento de su marido. Los enlaces matrimoniales solían ser concertados por las familias y el padre de la joven debía entregar una dote a la muchacha.

Ella tenía derecho de sucesión respecto a su padre e incluso capacidad de testar por lo que se dieron matrimonios donde la esposa era más rica que el marido y rehusaba su autoridad, recibiendo en ocasiones todas las clientelas del padre.

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Pero lo habitual era que la mujer estuviera absolutamente supeditada a su esposo. Si tradicionalmente es el pater familias el que dirige la casa, quien da las órdenes a los esclavos y dirige la administración del hogar, ¿cuál es el papel de la mujer en las casas respetables de Roma? Lo habitual es que las matronas mataran la mayor parte del tiempo en los trabajos relacionados con la costura y el tejido.

Paulatinamente la mujer irá ocupando un papel protagonista en la organización de la familia, incluso por prescripción médica ya que los galenos consideraban que las mujeres debían desarrollar alguna actividad. Algunos hombres empezaron a dejar en manos de sus esposas la dirección del hogar, incluso la llave de la caja de caudales.

El contar con varios esclavos permitía a la matrona poder delegar en ellos todos los trabajos de la casa, incluso los relacionados con su propia higiene personal. El esclavo viste y calza a la dama, aunque no lava sus dientes.

Los esclavos acompañan a la señora en la alcoba, aunque la matrona duerma sola o en compañía de su esposo. Era frecuente que los esclavos durmieran en las puertas de las alcobas, contándonos un poeta satírico que “cuando Andrómaca hacía el amor con Héctor, sus esclavos, con la oreja pegada a la puerta, se masturbaban”.

Esta omnipresencia de los esclavos en las vidas de las clases acomodadas romanas provocarán que las infidelidades fueran públicas en la mayor parte de los casos. Para mantener una relación amorosa secreta lo mejor era alquilar una habitación a un sacristán ya que estaba obligado a guardar silencio. Si el esposo fallecía, la matrona vería protegida su virtud por su familia, ante la inminente llegada de una legión de pretendientes que deseaban hacerse con su fortuna.

Previamente debía haber muerto el padre porque sino como pater familias era dueño de todo lo que pertenecía a la familia. El sino de esta viuda es volver a contraer matrimonio o buscarse un amante que la complazca en el lecho, a pesar de la indignación de los moralistas romanos. Si era el hombre el que quedaba viudo podía buscarse una concubina, mujer o mujeres con los que un hombre solía acostarse habitualmente. No olvidemos que los emperadores contaban con un amplio harén de concubinas en palacio. Pero llegaría un momento en que ese hombre viudo decidiera establecer un vínculo más estrecho con esa concubina de inferior rango social por lo que se produce una unión de hecho entre ambos denominada concubinato. La concubina debía ser una mujer libre y la unión monogámica.

Este concubinato no da lugar a consecuencias jurídicas, siendo libres los hijos nacidos de esa relación.

Las Cortesanas en Roma Antigua Historias del Imperio Romano

Las Cortesanas en Roma Antigua

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Después de la conquista de Grecia, la decoración interior llegó a ser rica y variada, aun en las casas modestas. Las paredes estaban cubiertas. de pinturas familiares o mitológicas; había numerosas columnas de mármol, enlosados de piedras raras y mosaicos. Las colgaduras y tapices completaban la ornamentación; pero las habitaciones eran pequeñas y contenían pocos muebles.

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La casa romana era una vivienda de país cálido.

El vestido de los romanos no difería mucho del de los griegos. El hombre llevaba calzoncillos, subligdculo y una larga camisa con o sin mangas, llamada tunica. La túnica de los senadores estaba orlada con una ancha franja de púrpura, conocida con el nombre de laticlavia. Por encima de la túnica llevaba el romano la toga que era como una capa de mucho vuelo corbada en forma de semicírculo y que tenía por un lado un diámetro de 4 m. 85 próximamente y por el Otro era un segmento de circulo cuya cuerda tenía t m. 20.

Era la toga el distintivo del ciudadano y no podían usarla ni  los extranjeros ni los esclavos. Esta prenda, colocada artísticamente hacía muchos y graciosos pliegues. Los mancebos libres también vestían la toga, adornada con una franja de púrpura y llamada pretexta. Poco a poco fue introduciéndose el uso de llevar debajo de la túnica una a modo de la camisa actual, llamada subúcula, y en tiempo de lluvia o en viaje un capote, penula, provisto de capucha, cuculla. Todos estos trajes fueron primitivamente de lana; pero la moda introdujo pronto en Roma telas ligeras de Grecia y de oriente.

Las mujeres llevaban también una camisa, y por encima un vestido largo, con mangas, estola, ceñido en el talle con un cinturón. Cuando sallan, se abrigaban con la pallo, gran man o o chal parecido al himatión griego. El tocado era cosa muy importante entre las romanas que se mostraban libremente en público. Se ajustaban el busto con una especie de corsé de cuero; se teñían la cabellera de rubio o se ponían pelucas; abusaban de los afeites y ungüentos y les gustaba salir cargadas de aderezos. Las joyas encontradas en las excavaciones están delicadamente labradas.

Ni los hombres ni las mujeres usaban calcetines o medias, y se calzaban, para salir, con el borceguí, cdlceo, que ajustaban por medio de correas, pero que dejaba descubiertos los dedos de los pies. El cálceo que usaban ciertos magistrados era rojo, y se llamaba múleo. En la casa se ponían sandalias. En el ejército, los soldados llevaban el borceguí con suela guarnecida de clavos o cdliga.

El romano en su casa era dueño absoluto de su familia y de sus esclavos. La autoridad paternal era muy grande, y durante mucho tiempo tuvo el padre derecho de vida y muerte sobre los suyos.

En la ciudad era ante todo un ciudadano. No se dedicaba, como el griego, al comercio, sino a los negocios públicos. Si era acaudalado, recibía por la mañana a sus clientes, escuchaba sus peticiones y les distribuía consejos o socorros. Después iba al Foro, donde tomaba asiento en el senado o en el tribunal. Si era pobre, se inscribía como cliente de un rico, lo escoltaba en público y lo sostenía con su voto en las elecciones.

Las distracciones eran raras. Por la tarde jugaba a la pelota o iba a los baños que eran, como el café moderno, la cita de los ociosos. Sólo algunas procesiones religiosas y algunos juegos del circo alteraban a veces la monotonía del año. Esa vida convenía a un pueblo de propietarios rurales; pero las costumbres fueron modificándose muy de prisa en Roma como se verá más adelante, hasta que en la época del Imperio se convirtió en verdadera ciudad de placeres.

El papel de la mujer era más importante en Roma que en Grecia. Gobernaba también la casa, pero tenía más autoridad que la mujer griega, porque estaba más asociada a la vida de su marido. Se la felicitaba porque cuidaba del gobierno de la casa e hilaba la lana, pero en realidad hacía más que eso. Compartía los honores que se tributaban a su esposo, aparecía con él en público, en las ceremonias y los juegos, y estaba rodeada de consideraciones; era en fin la señora, la matrona.

En la casa, no estaba confinada en sus habitaciones, sino que tomaba parte en las comidas y recepciones. Su influencia, aunque no reconocida por la ley, de hecho era muy grande. Catán tuvo la prueba cuando quiso acabar, por medio de una

LA PROSTITUCION: La presencia de esclavos y esclavas en los hogares sería uno de los motivos de la libertad sexual con los que se relaciona el mundo romano. Esta presunta libertad sexual estaría íntimamente relacionada con el amplio desarrollo de la prostitución.

Como en buena parte de las épocas históricas, en Roma las prostitutas tenían que llevar vestimentas diferentes, teñirse el cabello o llevar peluca amarilla e inscribirse en un registro municipal. No en balde, Catón el Viejo dice que “es bueno que los jóvenes poseídos por la lujuria vayan a los burdeles en vez de tener que molestar a las esposas de otros hombres”. En el año 1 existe un registro con 32.000 prostitutas que estaban recogidas, habitualmente, en burdeles llamados lupanares, lugares con licencia municipal cercanos a los circos y anfiteatros o aquellos lugares donde el sexo era un complemento de la actividad principal: tabernas, baños o posadas.

Los distritos del Esquilino y el Circo Máximo tenían una mayor densidad de burdeles humildes mientras que los más elegantes se ubicaban en la cuarta región, habitualmente decorados con murales alusivos al sexo e identificados en la calle con un gran falo que era iluminado por la noche. Las prostitutas solían exhibir sus encantos en las afueras del prostíbulo y era habitual que en las puertas de las habitaciones existiera una lista de precios y de servicios.

Las prostitutas se dividían en diversas clases: las llamadas meretrices estaban registradas en las listas públicas mientras que las prostibulae ejercían su profesión donde podían, librándose del impuesto. Las delicataeeran las prostitutas de alta categoría, teniendo entre sus clientes a senadores, negociantes o generales.

Las famosas tenían la misma categoría pero pertenecían a la clase patricia, dedicándose a este oficio o por necesidades económicas o por placer. Entre ellas destaca la famosa Mesalina, Agripina la joven o Julia, la hija de Augusto. Las conocidas como ambulatarae recibían ese nombre por trabajar en la calle o en el circo mientras que las lupae trabajaban en los bosques cercanos a la ciudad y las bustuariae en los cementerios.

El lugar favorito para las relaciones sexuales eran los baños, ofreciendo sus servicios tanto hombres como mujeres; incluso conocemos la existencia de algunos prostíbulos frecuentados por mujeres de la clase elevada donde podían utilizar los servicios de apuestos jóvenes.