Revoluciones Burguesas

Biografía de Napoleon III Luis Napoleón Bonaparte

Biografía de Napoleón III

Napoleón III (1808-1873), presidente de la República (1849-1852) y emperador de los franceses desde 1852 hasta su derrota frente a la pujante Prusia, en 1870. Fue el creador del II Imperio Francés, llamado Luis Napoleón Bonaparte, y de nombre imperial fue el de Napoleón III, era el sobrino del Napoleón por excelencia, Napoleón I Bonaparte. Contrajo matrimonio, en 1853, con la aristócrata española Eugenia de Montijo. Refugiado en Inglaterra, en Chislehurst, murió el 9 de enero de 1873

El 9 de junio de 1815 terminaban las sesiones del Congreso de Viena. Todas las potencias que exaltaban el principio llamado de legitimidad habían participado, y restablecían los gobiernos monárquicos reconocidos antes de la Revolución y de la epopeya napoleónica.

Se había creído que con la proclamación de un principio se apagaría en la conciencia de los pueblos el entusiasmo y el deseo de libertad que el gran Corso había suscitado. Las decisiones del Congreso no habían hecho más que retrasar un proceso histórico normal que iba a proseguir a través de toda una serie de revoluciones y de guerras.

En Francia, gracias a las hábiles maniobras del príncipe de Talleyrand, quien después de haber sido ministro de Napoleón puso su astucia al servicio de los legitimistas, Luis XVIII había ascendido al trono en 1824; su hermano Carlos X le sucedió.

Estos dos reyes, sobre todo el segundo, que ambicionaba restaurar el absolutismo de la monarquía, trataron de borrar el recuerdo de Napoleón del corazón de los franceses. En realidad, éste, después de su muerte en la isla de Santa Elena, en 1821, había llegado a ser para los bonapartistas un ídolo inolvidable.

Es necesario recordar la exaltación del alma popular y el deseo lleno de nostalgia que tenían los franceses de volver a ver como jefe a un hombre digno de suceder a su venerado emperador, para comprender las razones del éxito inesperado de Carlos Luis Napoleón, sobrino de Napoleón I.

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Casado en  1853 con la bella aristócrata española Eugenia de Montijo, quien pasó gran parte de su juventud viajando y visitando las principales ciudades de Europa, y tuvo un lugar importante en la vida pública del país.  En las comidas, donde se reunían nobles y diplomáticos de diferentes naciones, a menudo se tomaban importantes decisiones políticas.

Carlos Luis Napoleón nació en 1808, en París. Eran sus padres Hortensia de Beauharnais y Luis Bonaparte, rey de Holanda de 1806 a 1810. Cuatro años antes que él había nacido Luis Napoleón, el hermano a quien siempre quiso y que compartió sus aventuras de juventud. Pasaron su infancia bajo la protección del ilustre tío, de quien heredaron las ambiciones.

Pero la derrota napoleónica y la restauración de la monarquía alcanzaron directamente a los miembros de la familia Bonaparte. Luís Bonaparte tuvo que refugiarse en Italia, adonde llevó a su hijo mayor, mientras que su esposa, de quien estaba separado, se retiró a Suiza con su hijo menor. Se instalaron en el castillo de Arenenberg, situado a orillas del lago Constanza, en un lugar magnífico pero solitario.

Transformados en vasallos suizos, madre e hijo pasaron allí una vida cuya monotonía solamente fue interrumpida por tres viajes que Luis Napoleón hizo a Italia para ver a su padre (1823, 1824 y 1826).

El niño tenía un carácter tan reservado que su madre tomó la costumbre de llamarlo “el dulce sombrío”; pero quizás porque había sido ganado para la causa de las ideas liberales por su preceptor, se interesó desde muy niño por los pueblos oprimidos, víctimas de potencias extranjeras o de los gobiernos absolutistas del propio suelo.

Su hermano se parecía mucho a él en el ardor juvenil, y durante la guerra ruso-turca (1827-1829) pidieron, aunque en vano, a su padre que les permitiera enrolarse en los ejércitos que luchaban contra los turcos.

En 1830, según la expresión de Octavio Aubry, Luis Felipe “escamotea” la corona. Pero en Italia el viento de la insurrección continúa soplando. Los “carbonarios”, en cuya secta ingresaron los dos hermanos, fueron vencidos, pero no abatidos. Y de pronto en Romana se produce un nuevo levantamiento. Los dos jóvenes se enrolan.

En febrero de 1831 la temeraria empresa parece estar a punto de triunfar. Pero los austríacos envían tropas adiestradas en la verdadera guerra. Los dos príncipes huyen a Forli, En la huida, el mayor es mortalmente herido. Por consideración hacia su madre, se dirá que murió de sarampión. El mismo Luis ha sido herido. Hortensia acude y lo lleva consigo a París.

Sin embargo, sus aspiraciones y el deseo innato de actuar le impiden resignarse a una vida apacible. En 1832 acontecía algo decisivo para el futuro: la muerte en Viena del único hijo de Napoleón I, el joven Napoleón II, en quien habían cifrado hasta entonces todas sus esperanzas los bonapartistas franceses.

En virtud de los senadoconsultos, que habían establecido la sucesión imperial, el príncipe Luis Napoleón era el representante directo de la dinastía napoleónica; la monarquía se mostraba inquieta por ella. En consecuencia, hizo renovar la ley de destierro para la familia Bonaparte.

El joven príncipe se retira a Arenenberg durante cuatro años, pero es con el fin de prepararse a desempeñar su papel en el gran escenario europeo. Escribe obras políticas y militares; se mantiene al corriente de los movimientos de simpatía popular y de las manifestaciones a favor del imperio, y hasta llega a provocarlos. Tiene frecuentes contactos con los bonapartistas, y sabe que en todas partes se está conspirando.

En 1836 pasó decididamente a la acción, tratando de sublevar a una guarnición en Estrasburgo y de derribar al rey. Esta empresa aventurada, digna de un audaz héroe del romanticismo, terminó en un fracaso completo. Fue arrestado, y luego de una corta detención, llevado a Estados Unidos. Volvió poco después a Europa y permaneció un tiempo en Inglaterra.

En 1836 fracasó la tentativa de Luis Napoleón para derribar la monarquía de Luis Felipe. En Estrasburgo, el príncipe, que llevaba uniforme de coronel, fue rodeado junto con sus cómplices, y debió rendirse. Fue llevado a Taris como prisionero. Luego de una corta detención, fue deportado a América del Norte, pero en corto tiempo regresó a Europa y se estableció
en Londres.

El 6 de agosto de 1840 hizo una nueva tentativa, en Boloña, para adueñarse del poder. Esta vez fue condenado a prisión perpetua y encerrado en el castillo de Ham. Pasó allí casi seis años, que dedicó a leer. Su causa no perdió nada con su encarcelamiento, pues si cuando era libre había ganado la simpatía del pueblo, ahora que estaba prisionero suscitaba la piedad y el entusiasmo; había entre los bonapartistas quienes comparaban su existencia en la cárcel y la de su tío, llena de prodigiosas epopeyas.

En 1846, cuando Luis Napoleón logró evadirse de la fortaleza con la complicidad de un amigo, la mayor parte del pueblo francés mostró sólo admiración por esta nueva proeza.

El apoyo popular le sería más claramente demostrado en 1848, inmediatamente después de las jornadas sangrientas del mes de febrero, que obligaron a Luis Felipe de Orleáns a huir y establecieron el gobierno provisional; a su frente estuvo, para proclamar la República, el poeta Alfonso de Lamartine.

Luis Napoleón, quien a raíz de estos acontecimientos favorables había vuelto a Francia, fue elegido diputado de la Asamblea Constituyente. A partir de aquel momento su actitud habría de cambiar. Pues sabiendo que había entre los diputados muchos opositores, se esforzó para hacerles olvidar sus actos revolucionarios, adoptando una línea de conducta pacífica y moderada; pero los bonapartistas actuaron en su lugar, y su elección de Presidente de la Segunda República, que se realizó  en  diciembre del mismo año, casi fue una sorpresa para Francia.

No faltaron comentarios desagradables de los partidos republicanos y socialistas, y sin embargo Luis Napoleón Bonaparte había obtenido cinco millones y medio de votos.

A pesar de la oposición, el 2 de diciembre de 1851 Luis Napoleón llevó a cabo con éxito un golpe de estado, y logró que los poderes constituyentes le otorgaran la presidencia por diez años, pretextando que las luchas de los partidos mantenían en el país una agitación permanente. En 1852, después de un viaje a través de Francia, el senadoconsulto del 7 de noviembre y el plebiscito del 21 y 22 del mismo mes lo consagraron emperador bajo el nombre de Napoleón III.

Durante el período de su arriesgado ascenso al trono, a Napoleón, en una fiesta dada en el año 1851 en el palacio del Elíseo, le llamó grandemente la atención la joven condesa española Eugenia María de Montijo de  Guzmán,  que  era una  de  las mujeres más bellas y más cultas de su época, y que entonces vivía en París con su madre. Decidió su noviazgo durante estada de Eugenia en Compiégne. En el transcurso de una  reunión colocó sobre la cabeza de su  prometida  una   corona de hiedra, diciéndole: “Mientras esperas la otra.”

La Segunda República había pasado a la posteridad. Aunque Napoleón III no llegó a realizar todas sus ambiciones, dio a Francia un lugar privilegiado entre las potencias europeas. Su acción política siempre estuvo animada por la ambición de devolver a Francia el prestigio que había adquirido bajo Napoleón I. Recordaremos su intervención en la guerra de Crimea (1853-1856) y la participación que tuvo en la guerra de la Independencia italiana. En 1858, Cavour sedujo a Napoleón III con la idea de la unidad italiana.

Tres años más tarde Francia había llegado a ser la aliada de Piamonte, y el ejército francés intervenía junto a las tropas italianas en la guerra contra Austria, que fue señalada por las victorias de Montebello, Palestro, Turbigo, Magenta, Solferino, y que finalizó con la paz de Zurich (10 de septiembre). Esta guerra preparó la unidad de Italia, consolidada entre los años 1860 y 1861, después de una serie de insurrecciones   en   ios   estados   napolitanos   y   romanos.

Durante el reinado de Napoleón III, Francia conoció un período de prosperidad económica y de progreso en las reformas sociales. Las grandes industrias se desarrollan, y mientras que el comercio y la agricultura crecen, París anexa nuevos barrios, y llega a ser el centro más floreciente de la cultura europea. En el exterior, el Imperio pacificó Kabilia y creó el Ministerio de Argelia y de las colonias, para dar una organización administrativa a las dependencias de Francia en África.

El período en que reinó Napoleón III es universalmente designado con el nombre de Segundo Imperio. Fue una época de eran brillo para las artes y la economía en Francia. Al emperador le agradaba rodearse de una corte llena de lujo, donde, bajo la esclarecida protección de la emperatriz Eugenia, brillaron algunas de las más claras inteligencias de la época. El gran músico Gounod compuso para las suntuosas fiestas del castillo de Compiegne algunas de sus más notables melodías.

El gobierno de Napoleón III ha sido objeto de numerosas críticas, a menudo injustas. Se lo ha acusado sobre todo de no haber sabido tomar, en el momento oportuno, las decisiones que se imponían tanto en política interior como en política exterior; aun cuando Francia se encontró en el apogeo de sus conquistas, tanto legitimistas como republicanos le reprocharon no haber realizado las esperanzas que habían fundado en él.

Napoleón fue la víctima de la astucia de Bismarck; se dejó llevar peligrosamente a la guerra contra Rusia por el muy astuto ministro de Guillermo I. Esta desdichada empresa terminó lamentablemente en Sedán (1-2 de septiembre de 1870). Napoleón III, después de haber buscado vanamente la muerte en el campo de batalla, fue hecho prisionero. Dos días después se proclamaba la Tercera República.

Habiéndose refugiado en Inglaterra, en Chislehurst, murió el 9 de enero de 1873. Luego de su muerte, su mujer, la espléndida condesa española Eugenia de Montijo, volvió a su país de origen. Murió en Madrid en 1920, pero el hijo que le había dado, el joven príncipe Eugenio Luis Juan José Napoleón, sólo sobrevivió a su padre seis años. Alistado en las tropas inglesas, murió en Sudáfrica. combatiendo contra los zulúes, en el transcurso de una exploración.

Fuente Consulatada:
LO SE TODO Tomo III Biografía de Napoelon III – Editorial CODEX

 

 

Las Colonias Portuguesas en Africa del Siglo XX Angola, Mozambique

Colonias Portuguesas en África – Siglo XX

En el siglo XV, Enrique el Navegante abrió el camino que permitiría a Portugal disponer de un gran imperio colonial, imperio que comprendería vastas regiones de África, Asia y América. Actualmente, en África ya no subsisten restos de este imperio, y sus antiguas  colonias fueron Guinea portuguesa, Angola, algunas islas de la costa occidental y Mozambique.

Angola fue la colonia portuguesa más extensa. Es catorce veces mayor que la metrópoli. Los portugueses desembarcaron por primera vez en Angola a fines del siglo XV. Sin embargo, la verdadera colonización no empezó hasta 1575, cuando se posesionaron de los territorios de los jefes indígenas y fundaron comunidades blancas.

Hasta 1830, Angola fue el gran abastecedor de esclavos con destino a Brasil. Hasta fines del siglo XIX los portugueses no empezaron a explotar las posibilidades económicas de su colonia. Su desarrollo se vio frenado a causa del restringido número de blancos que acudieron a establecerse.

Angola presenta el aspecto de una meseta muy extensa, dividida por la línea divisoria de las aguas entre las cuencas del Congo y el Zambeze. La mayor parte del país pertenece a la zona tropical. La selva tropical y la sabana constituyen la vegetación natural.

Por su extensión, Angola ofrece las más diversas posibilidades económicas. En el norte, hacia el ecuador, aparecen plantaciones de café, maíz, sisal, caña de azúcar y algodón. Los productos de estas plantaciones se exportaban por el enclave de Cabinda, al norte de la desembocadura del río Congo. Entre los demás productos de exportación citaremos ciertas especies de madera dura y cera. El café aseguraba por sí solo alrededor de la mitad del valor de las exportaciones.

Contrariamente a las plantaciones de café, las de algodón están, en su mayoría, en manos de la población indígena. Estas plantaciones se encuentraban en la meseta, donde las lluvias son menos abundantes que en la región costera. En las regiones de la meseta que están más alejadas del ecuador se practicaba la cría de ganado.

La presencia de la corriente marina fría de Benguela, rica en plancton, a lo largo de la costa atlántica, explica la abundancia de peces. Las pesquerías alimentan a las fábricas de conservas y de harina de pescado de Benguela, Mocamedes y Porto Alexandre.

El subsuelo de Angola es relativamente rico. El mineral de cobre que se explota en el norte del país, sin duda constituye la continuación de los yacimientos de Katanga. También abunda el mineral de hierro, cuyas reservas se calculan en 2.000.000 de tn. En el nordeste se explotan minas de diamantes bajo vigilancia del Gobierno. También se encuentra oro.

Luanda, era la capital de la colonia, (hoy capital de Angola) posee refinerías en las que se trata el petróleo descubierto en las formaciones gredosas. En las regiones costeras los indígenas extraen la sal del mar.

Angola es un país esencialmente agrícola en el que 95 % de la población es iletrada.

Sobre la Independencia: Los nacionalistas, sin embargo, se dividieron en tres grupos rivales: el Frente Nacional para la Liberación de Angola (Frente Nacional de Libertação de Angola, o FNLA), el MPLA, y UNITA. A pesar de su poderío militar, ninguna se impuso al ejército portugués hasta la revolución de Portugal en abril de 1974. Después, el sistema colonial portugués empezó a declinar. El nuevo régimen de Lisboa acordó un traspaso de poder, y el 11 de noviembre de 1975 Angola consiguió su independencia.

Por lo que respecta a Mozambique (África oriental portuguesa), es ocho veces mayor que Portugal. El primer europeo que desembarcó allí fue Vasco de Gama en 1498. Hasta mediados del siglo XIX, el comercio de esclavos también fue una importante fuente de ingresos.

Por su latitud y la influencia de los vientos del sudeste, portadores de numerosas precipitaciones, Mozambique pertenece a la zona tropical. El país presenta poco relieve. Las costas son muy bajas y los cursos de agua desembocan en el océano formando grandes estuarios que, por lo general, se prestan al establecimiento de puertos, especialmente la bahía de Delagoa.

En numerosos lugares, la costa aparece bordeada de lagunas y aguazales. Hacia el interior el país se vuelve más montañoso y los bosques se transforman progresivamente en sabanas.

Mozambique cuenta con una población de 22.000.000 de habitantes, en su mayoría pertenecientes al grupo bantú, que en el sur se ha mezclado con los zulúes. También hay indios, árabes y unos cincuenta mil portugueses. Mozambique es la colonia portuguesa más poblada.

Al igual que Angola, este país es ante todo, un país agrícola. Los indígenas se dedican principalmente al cultivo de legumbres, mientras que las plantaciones están en manos de los europeos. Las tierras bajas y húmedas producen caña de azúcar, copra y arroz, mientras que en las faldas de las montañas y en el interior del país se da el té, algodón y sisal.

Pese a darse por cierto que en su suelo se hallan importantes recursos de carbón, amianto, oro y uranio, la industria minera está muy poco desarrollada. Por otra parte, Mozambique dispone de importantes reservas hidroeléctricas.

Sin embargo, gracias a sus puertos (Lourenco Marques, la capital, y Beira), Mozambique obtiene grandes beneficios del comercio de tránsito a África del Sur, Rodesia y Malawi. Los ferrocarriles aseguran su enlace con estos países y con el Congo-Kinshasa.

La Independencia: La dura dictadura de António Salazar, que obligaba al pueblo a asimilar la cultura portuguesa, y a la vez, a duros trabajos forzados, arruinó la cultura africana por lo que en  1964 comenzó una revuelta en contra del gobierno portugués, fecha en que las guerrillas del Frente de Liberación de Mozambique (FRELIMO) abandonaron Tanzania. La guerra subsiguiente finalizó después de la ‘Revolución de los claveles’ en la metrópoli (1974) que estableció un gobierno que se retiró de Mozambique; el país se independizó el 25 de junio de 1975.

La tercera colonia que poseía Portugal en África es la Guinea portuguesa, mucho más pequeña que las dos anteriores. A pesar de que los portugueses desembarcaron en ella hacia mediados del siglo XV y establecieron algunos puestos, el interior del país no fue explorado hasta principios del siglo XX.

También allí el relieve es poco importante, con bosques muy tupidos a lo largo de las costas. Hacia el interior, estos bosques se transforman en sabanas herbosas o de matorrales. Se cultiva el cacahuete y se explotan los recursos de la selva: maderas preciosas, aceite de palma, cera y cocos.

La Guinea portuguesa es la menos desarrollada de las colonias portuguesas de África. La población, que se calcula en 600.000 habitantes, pertenece principalmente a la tribu de los peules, ganaderos de religión musulmana. En las costas viven negros pertenecientes al grupo de los balantes, que se dedican al cultivo del arroz. En cuanto a los blancos, poco numerosos, por lo general son funcionarios residentes en Sao José de Bissau, la capital.

Portugal poseía también las islas de Cabo Verde, situadas en el océano Atlántico a 600 km. de la costa. Son islas volcánicas que se alzan hasta 3.000 m sobre el nivel del mar. Por último, algo más al sur, en el golfo de Guinea, se encuentran dos pequeñas islas portuguesas, Sao Tomé y Príncipe. Las plantaciones de caña de azúcar se instalaron por primera vez en el mundo en Sao Tomé, a principios del siglo XVI. Actualmente, los cultivos principales son los del café y el cacao.

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Historia de Cuba Desde Su Descubrimiento Hasta la Revolución

RESUMEN HISTORIA DE CUBA DESDE SU DESCUBRIMIENTO HASTA LA REVOLUCIÓN

Cuba fue descubierta por los españoles en el siglo XVI. Introdujeron el cultivo de la caña de azúcar y del tabaco, que se han convertido en la principal fuente de riqueza de la isla. En el siglo XIX, Estados Unidos apoyó el movimiento revolucionario y, en 1902, la isla obtuvo la independencia, pero siguió bajo la tutela económica de su poderoso vecino. En 1958, Fidel Castro instauró un régimen comunista orientado hacia la Unión Soviética.

Cuba fue descubierta por Cristóbal Colón el 27 de octubre de 1492, durante su primer viaje. En 1511, el adelantado Diego Velázquez tomó posesión de la isla en nombre de la Corona española. Tres años después, Velázquez inició la construcción de la capital, La Habana. También fundó Santiago de Cuba. Los españoles no tardaron en llevar a Cuba la caña de azúcar, y como los indios que constituían la población local no parecían dotados para esta clase de trabajos, Velázquez hizo importar esclavos negros de África.

Las plantaciones de caña de azúcar experimentaron tal desarrollo que provocó una afluencia masiva de negros. También se introdujo el cultivo del tabaco, que, en el siglo XVII, pasó a ser monopolio del Estado, decisión que causó gran descontento por parte de la población.

Cuando en el siglo XVIII los Estados de América del Sur se separaron de España, Cuba también hizo cuanto pudo por obtener su libertad, pero el movimiento revolucionario fracasó. La situación no evolucionó hasta ñnes del siglo xix, cuando la revolución fue abiertamente apoyada por Estados Unidos. Los guerrilleros sembraron el desorden en el país y el gobernador español no vaciló en detener a los sospechosos. Ésta fue una de las causas de la guerra de 1898 entre España y Estados Unidos.

En virtud del Tratado de París, España hubo de renunciar a sus derecho sobre Cuba, Puerto Rico, las islas Filipinas y Guam, y Cuba pasó a ser territorio norteamericano. En 1902 obtuvo la independencia, pero los tropiezos entre los grandes propietarios y el pueblo provocaron la intervención armada de Estados Unidos.

Pese a esta agitación, diversas sociedades americanas invirtieron enormes capitales en Cuba, cuyas plantaciones eran muy florecientes. El tabaco y la caña de azúcar se producían en masa y se exportaban a Estados Unidos y, en el aspecto económico, la isla no tardó en depender totalmente de su poderoso vecino. Durante la ley seca fue el gran productor de ron. La Habana se convirtió en una cueva de bandidos.

En el aspecto interior, el abismo que separaba a la masa de los ricos propietarios de tierras se hizo todavía mayor y los distintos regímenes dictatoriales que se sucedieron, entre otros el del coronel Batista, estuvieron apoyados por Estados Unidos.

recolector de caña de azucar en Cuba

Coecha  de caña de azúcar en Cuba

Tras una larga lucha de guerrillas emprendida por Fidel Castro y sus partidarios, éste, en 1959, logró poner fin a la dictadura de Batista. Su reforma agraria y su política de nacionalización de las refinerías de azúcar y petróleo le indispusieron con Estados Unidos, y se produjo en seguida una ruptura entre ambos países.

En 1962, Fidel Castro llegó a autorizar la instalación de una base de cohetes soviéticos en su territorio. Esto provocó una crisis internacional que habría podido originar una tercera guerra mundial.

Desde que está en el poder, Castro ha asumido la dirección en América central y del Sur de los movimientos    de    extrema    izquierda. Cuba es la mayor isla del archipiélago de las Antillas. En otro tiempo desaparecía bajo un espléndido manto de bosques que cubrían un relieve relativamente poco accidentado.

La continua extensión de las plantaciones hizo que los límites de los bosques sufrieran un incesante retroceso. Es cierto que el suelo de Cuba se presta admirablemente al cultivo del tabaco y de la caña de azúcar. La provincia de Pinar del Río pasó a ser el gran distrito del tabaco, de fama mundial. De allí proceden los famosos puros habanos.

Después de la instauración del régimen castrista, Cuba atravesó un período difícil. Estados Unidos, que quería neutralizar a toda costa aquel Estado comunista que se había instalado a sus puertas, decretó el boicot económico y se negó a seguir comprando azúcar cubano.

Fidel Castro no permaneció inactivo: siguió una política de redistribución de tierras y de mejora del nivel de vida del proletariado agrícola. También, y sobre todo, pretende llegar a una mayor diversidad de producción, para que el país no dependa de monocultivos: se ha emprendido o desarrollado con éxito el cultivo de café, tomates, limones, especias, arroz, etcétera. A simple vista, Cuba parece más pobre que nunca.

La Habana, la ciudad más moderna del archipiélago, ciudad de lujosos hoteles, poderosos bancos y magníficos inmuebles, se ha vaciado literalmente.

Ver: Che Guevara

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Historia de los Portugueses en Brasil Emperador Pedro I

HISTORIA DE BRASIL

La historia de Brasil se inicia en 1500. Durante tres siglos los portugueses fueron dueños del país. Debido a que sólo consideraban a su colonia corno una fuente de beneficios, estalló una serie de revueltas. En 1822 Brasil pasó a ser imperio independiente, y en 1889, República. Tras haber vivido bajo un régimen dictatorial, actualmente se gobierna mediante una democracia representativa, que lamentablemente hace poco tiempo está herida por graves hechos de corrupción de decena de funcionarios en la obra pública.

Por lo general, se hace comenzar la historia de Brasil a principios del siglo XVI pero, sin embargo, contrariamente a lo que se podría creer, no se inicia con la llegada del explorador portugués Pedro Álvarez Cabral, que llegó por casualidad, sino con la del español Vicente Yáñez Pinzón, quien, en enero de 1500, pocos meses antes que Cabral, arribó a la costa brasileña, en los alrededores de Pernambuco (hoy Recife).

Cabral descubridor de Brasil

Pedro Alvarez Cabral descubridor de Brasil

El 22 de abril de aquel mismo año, los portugueses, al mando de Cabral, desembarcaron en los parajes de la actual Bahía. Tomaron posesión de aquella tierra en nombre de Portugal y la llamaron «Terra da Santa Cruz» (Tierra de la Santa Cruz). El país no recibió el nombre de Brasil hasta mucho después. Se deriva del nombre de una clase de madera (palo brasil) que allí abunda y se exporta en grandes cantidades. Hasta el siglo XIX,  Brasil fue colonia de Portugal, y el portugués sigue siendo la lengua oficial.

Al principio, Brasil fue dividido en varias regiones, confiadas cada una a grandes señores portugueses, los donatarios. Pero al cabo de algunos años este sistema se suprimió y fue reemplazado por una administración central, situada bajo la autoridad de un gobernador general.

En 1549, Tomé de Sousa, el primero de ellos, fundó San Salvador (que más tarde fue Bahía) y allí estableció la capital. Al mismo tiempo que él llegaron los jesuítas, quienes instalaron su cuartel general en el actual Sao Paulo. No sólo se dedicaron a predicar la doctrina cristiana, sino que también desempeñaron un papel importante en el aspecto cultural y social.

La soberanía de Portugal sobre Brasil se vio amenazada varias veces por otras potencias coloniales. A partir de 1555, en la bahía de Rio de Janeiro se estableció un grupo de hugonotes franceses dirigido por Nicolás Durand de Villegaignon. Pero a los pocos años tuvieron que rendirse a los portugueses.

Los holandeses también constituían una amenaza: en 1624, la Compañía de las Indias Occidentales ocupó Bahía. Después lograron apoderarse de gran parte de las costas brasileñas. Pero en 1661 también se vieron forzados a devolver a los portugueses los territorios conquistados.

Al principio, los portugueses limitaron sus empresas coloniales a las regiones costeras. Les desilusionó el hecho de no encontrar en Brasil metales preciosos como los españoles en Chile y Perú. Además, allí los indios no estaban dispuestos en absoluto a correr con los duros trabajos de las plantaciones.

Por lo tanto, a partir de 1535 los colonos decidieron importar regularmente de África esclavos negros, y los pusieron a trabajar en las plantaciones de caña de azúcar y más tarde en las de algodón, café y cacao.

Desde sus albores, la colonización portuguesa se caracterizó por su egoísmo. Portugal consideraba a Brasil únicamente como tierra de explotación y fuente de beneficios. A esto se debe que se tomaran medidas como la aplicación de gravosas tasas sobre la importación, las restricciones a la inmigración de extranjeros, la prohibición de cultivos que también se explotaban en Portugal (por ejemplo, la vid y el olivo), la prohibición de crear industrias, etc. Inútil decir que todas estas trabas no favorecían en absoluto a la población local.

El hecho de que a finales del siglo xvn se descubriera oro y diamantes en el estado de Minas Gerais no cambió la situación en lo más mínimo. Al igual que en las colonias españolas, todos los funcionarios influyentes eran originarios de la metrópoli.

Se comprende, por lo tanto, que, pese a la introducción de acertadas reformas durante el siglo XVIII, la Administración portuguesa no gozara en absoluto de la simpatía de la población local.

En Brasil, al igual que en toda Hispanoamérica, la guerra de Independencia de Estados Unidos y la Revolución francesa ejercieron profunda influencia. La corriente revolucionaria y nacionalista, momentáneamente frenada, se reforzó cuando las colonias españolas se separaron de su metrópoli.

Las vueltas de la historia darían a este movimiento una orientación muy particular. En efecto, expulsado de Portugal por Napoleón, el rey Juan VI vivía en Brasil desde 1808. Cuando regresó a su país (1821) confió la regencia de Brasil a su hijo don Pedro. El 7 de setiembre de 1822, éste proclamó la independencia de Brasil, y, algunas semanas después, fue nombrado emperador (el primero de Brasil) con el nombre de Pedro I.

Gracias a la intervención de Gran Bretaña, en 1825 Portugal reconoció al nuevo Estado. Pero no faltaron dificultades y, en 1831 Pedro I abdicó en favor de su hijo Pedro II, quien apenas contaba seis años.

Después de la Regencia, Pedro II asumió personalmente el gobierno del país a partir de 1840. Fue un buen soberano que gobernó con sabiduría y moderación. Durante su reinado, Brasil vivió un período de verdadera prosperidad.

En 1888 se publicó un decreto que abolía la esclavitud. Al año siguiente, este hecho provocó un levantamiento fomentado por los grandes propietarios de tierras que se sentían perjudicados. En noviembre de 1889, Pedro II se vio forzado a abdicar y fue exiliado a Europa con su familia. De este modo, Brasil pasaba a ser una República organizada sobre una base federal, pero con un poder central muy importante.

Al principio, el general Manuel Deodoro da Fonseca, que había dirigido el levantamiento contra Pedro II, se puso al frente del poder. Se tomaron importantes decisiones: separación de la Iglesia y el Estado, ampliación del derecho de voto y, en 1891, proclamación de una Constitución. Después del general Fonseca, los presidentes se sucedieron con bastante rapidez.

Durante la primera guerra mundial, Brasil se puso de parte de los aliados, y en 1917 declaró la guerra a las potencias centrales.

Brasil sufrió las repercusiones de la crisis mundial de 1929. Toda su economía se vino abajo. Para mantener los precios se destruyeron enormes cantidades de café. En 1930, la intervención de Getulio Vargas en calidad de dictador puso fin al desorden general. Concedió subsidios a los plantadores de café, fomentó la agricultura y la industria, proclamó una nueva Constitución e introdujo profundas reformas sociales. Vargas mantuvo relaciones amistosas con Estados Unidos.

En el segundo conflicto mundial, Brasil declaró la guerra a Alemania y sus aliados en agosto de 1942. Finalizada la guerra, estalló un levantamiento contra el régimen dictatorial y el general Dutra subió a la presidencia. Du-tra encauzó a su país por el camino de la democratización.

Pero en 1950, Vargas fue elegido nuevamente presidente. Sin embargo, incapaz de superar las dificultades, se suicidó en 1954. En 1956 fue nombrado Juscelino Kubitschek, que antes había sido gobernador del estado minero de Minas Ge-rais; es el fundador de la nueva capital, Brasilia.

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Invasion de Holanda a Brasil Reconquista de Vidal de Negreiros

Invasión de Holanda aBrasil
Reconquista de Vidal de Negreiros

A principios de 1595 doce navios ingleses de los filibusteros James Lancas-ter y el capitán Vanner se aparecieron frente a Pernambuco en actitud poco amistosa. Los habitantes del indefenso puerto de Recife huyeron hacia Olinda, abandonándola todo.

Los invasores no podían creer lo que veían. Ahí a su mano estaban los depósitos colmados de ricos productos del Brasil, en cantidad tanta que los navios no eran bastantes para cargarlos en sus bodegas. Y aquello era buena presa, pues su país estaba en guerra con España, que desde quince años atrás había realizado la unión ibérica mediante la soberanía de un monarca común con el reino de Portugal, y, por consiguiente, este ataque a las colonias portuguesas encuadraba dentro del conflicto existente.

Tres barcos holandeses que se encontraban en el puerto, y otros cinco franceses que llegaron poco después, fueron invitados a participar en la prolija devastación de aquellas insuperables riquezas, con las cuales todos regresaron a Europa satisfechos por sus pingües ganancias, y con la impresión de que aquella era una tierra riquísima y muy fácil de conquistar.

Los israelitas de Amsterdam —vinculados a judíos portugueses del Brasil— no ignoraban aquellas tentadoras circunstancias. Holanda se había convertido en una gran potencia marítima —rival de España, su antigua metrópoli— y las antiguas posesiones portuguesas, que tan desdeñosamente descuidaban los reyes, entraban en sus cálculos comerciales.

LA  BAHÍA  DE  TODOS  LOS  SANTOS
En todo el litoral brasileño no había centros más codiciables que Bahía y Pernambuco; aquélla por ser la capital de la colonia; y éste por ser “el país del azúcar”.

El 8 de mayo de 1624 ancló en Bahía una escuadra holandesa con un millar de hombres, al mando de Juan van Dorth, quienes, después de un día y una noche de combate, se adueñaron de la ciudad. Quince navios que había en el puerto fueron pronto dominados, y los fuertes de la costa, ocupados por los conquistadores, a quienes una tenaz resistencia, encabezada por el obispo Marcos Teixeira, hostilizaba de continuo.

En marzo de 1625 ocupó la entrada del puerto una fuerte escuadra hispano-portuguesa al mando de Fadrique de Toledo; desembarcaron tropas y obligaron a los holandeses a capitular y a reembarcarse para su país. El golpe había fracasado.

El corsario holandés Piet Hein, a quien se le llamara el “terror de los mares”, volvió a atacar a Bahía en 1627 y saqueó su puerto, pero no consiguió posesionarse de la ciudad. Con mejor suerte, un año más tarde logró apoderarse de la famosa “flota de la plata”, que transportaba de América hispana tesoros valuados en nueve millones de ducados.

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Andrés Vidal de Negreiros, héroe de la resistencia brasileña contra la invasión de los holandeses.

CONQUISTA DE PERNAMBUCO
Estimulados por tales sucesos, los holandeses se dispusieron a conquistar a Per-nambuco. Para ello la “Compañía de las Indias Occidentales” puso al mando del almirante Pedro Adrianswoon una escuadra de 61 navios y 7.300 hombres, que el 2 de marzo de 1630 llegaron frente a Olinda.

No habiendo podido contener al invasor, el gobernador de Pernambuco, Matías de Alburquerque, se retiró al “Arraial de Bom Jesús” donde, después de fortificarse, organizó una tenaz resistencia, que durante cinco años de guerra impidió a los holandeses afianzar su conquista.

El 6 de junio de 1635 cayó al fin el “Arraial” en poder de los conquistadores, después de tres meses de sitio, obligando al heroico Alburquerque a retirarse hacia Bahía. Los holandeses llegaron hasta el río San Francisco por un lado, y por otro hasta Marañón.

mapa holanda en brasil

“NUEVA HOLANDA”
Con gran acierto los holandeses confiaron el gobierno de la colonia al príncipe Mauricio de Nassau Siegen, quien llegó a Pernambuco   el   23   de   enero   de   1637,   y  quedó vivamente impresionado por el país, al que llamó “Nueva Holanda”. Nassau era un hombre distinguido y generoso que pronto ganó gran popularidad por su espíritu tolerante y liberal. El desarrollo del comercio y la prosperidad de Recife revelaron que Nassau era también un gran estadista.

LA RECONQUISTA
Cuando Nassau se volvió a Europa en 1644, la “Nueve Holanda” perdió a un gran propulsor; circunstancia que favoreció el estallido de una insurrección brasileña preparada por el gran patriota Andrés Vidal de Negreiros, por el mulato y rico mercader Fernández Vieira, el indio Felipe Camarao, y el negro Enrique Días: razas que se fusionaron en un nuevo sentimiento patrio de liberación.

En las decisivas batallas de Guararapes los holandeses sufrieron en 1648 duros descalabros frente a los brasileños; su situación se volvió cada vez más insostenible, al extremo de que en 1654 tuvieron que capitular ante una escuadra portuguesa, después de haber dominado el país durante 24 años. Así recuperó el rey de Portugal la soberanía sobre aquellas ricas tierras.

Fuente Consultada: Enciclopedia Estudiantil Editorial CODEX Fasc. N°145

Territorios Adquiridos Por Estados Unidos Expansión Americana

Territorios Adquiridos Por Estados Unidos
Expansión Territorial Americana

Cuando Estados Unidos conquistó su independencia, toda la población vivía prácticamente en la costa este. Sólo algunos adelantados habían llegado más allá de los Apalaches, aunque sin pensar en establecerse allí. Después de ellos vinieron los tramperos y los misioneros, que contribuyeron activamente a la emigración hacia el oeste. Los mormones en Utah y los buscadores de oro en California desempeñaron un papel decisivo. Pero hasta después de la guerra de Secesión, y gracias al tendido del ferrocarril, no empezó la verdadera colonización del oeste

Al terminar la guerra de la Independencia, la mayoría de los habitantes de Estados Unidos vivían al este de los montes Apalaches. El oeste era un territorio inexplorado, en el que vivían los pieles rojas; era el Far West. Pero ya en aquellos días pequeños grupos de blancos se habían establecido al oeste de los Apalaches.

Estos colonos vivían del producto de lo que cazaban y pescaban. A veces sembraban maíz en una parcela de tierra que habían roturado alrededor de su cabana. Pero estos colonos no se establecían en parte alguna: en cuanto había nueva gente que atravesaba los Apalaches y construía un pueblo, estos pioneros se adentraban más hacia el oeste.

negociaciones del gobierno con los pieles rojas

Negociaciones del gobierno con los pieles rojas

Muchas de estas figuras medio legendarias, medio históricas, sobrevivieron gracias a las novelas de Fenimore Cooper; tramperos con gorro de piel de castor, vestido de lana y botas de cuero. Su guía era Leather Stocking (Medias-de-Piel), con su inseparable carabina.

Otro de esos intrépidos tragaleguas de los bosques, al que los norteamericanos parecen recordar e imitar más, fue John Chapman, que vivió de 1775 a 1847. En lugar de carabina llevaba un libro de salmos, un hoyador y una navaja de injertar. Nunca se enfadaba ni con los hombres ni con los animales, y continuamente plantaba manzanos, de donde le viene el apodo de Johnny Appleseed (Juanito pepita de manzana). Los indios tomaban por loco a este hombre, que iba vestido de modo extraño.

En 1801 descendió por el Ohio; más tarde recorrió en todos sentidos la pradera de Indiana y, trece años después, de 1834 hasta el día de su muerte, vivió en las cercanías de Fort Wayne. Todos los norteamericanos han oído hablar de Johnny Appleseed.

El teniente John C. Fremont, llamado el Explorador, fue otro de esos pioneros del oeste. De 1842 a 1846 organizó tres expediciones a la costa occidental y trazó las rutas que los emigrantes recorrerían más tarde. Los relatos entusiastas que hizo favorecieron la migración y contribuyeron eficazmente a colocar los territorios del oeste bajo la bandera estrellada. Su guía era Kit Carson, famoso trampero enemigo de los indios.

Después de estos pioneros vinieron los misioneros. El más conocido es Marcus Whitman, doctor que en 1835 emprendió el viaje hasta los confines del noroeste para convertir a los indios de aquellas tierras. Un año más tarde volvió a esa región en compañía de su esposa.

Dedicaron once años de su vida a propagar el cristianismo entre los indios, mientras cuidaban a sus enfermos y les ayudaban a cultivar las tierras. En 1847 se declaró una epidemia de viruela, y los indios, convencidos de que el único modo de acabar con ella era sacrificar al doctor, le asesinaron junto con toda su familia y saquearon la misión.

Los mormones tomaron parte activa en la colonización del oeste: en 1847, conducidos por Bringham Young, fundaron Salt Lake City. Los buscadores de oro llegaron a California a millares después de que el asistente del plantador suizo Sutter descubriera un filón en el año 1848.

En 1822, la ruta de Santa Fe unió esta localidad con el Missouri. Esta pista, trazada a través de la pradera y el desierto, es la que siguieron los colonos, protegidos durante su viaje por los trailpilots. Más tarde, el ferrocarril siguió también este camino.

En 1857, Jefferson Davis, que era secretario de Estado del Deparlamento equivalente al Ministerio del Ejército y que más tarde fue presidente, importó de Asia Menor 75 camellos. Estos animales pueden llevar una carga de 500 kg y recorrer diariamente una distancia de 35 a 40 km. Davis quería utilizar estos camellos para asegurar el transporte de mercancías a través de los desiertos y llanuras de los territorios del sur.

El primer viaje, sobre un recorrido de 2.000 km, del golfo de México a California, que acababa de convertirse en uno de los estados de la Unión, fue un verdadero éxito; pero los viajes siguientes fueron menos afortunados y, entretanto, los estados del norte y los del sur se habían enzarzado en una guerra; de modo que abandonaron el proyecto. En 1860, California y Missouri quedaron unidos por medio del Pony-Express.

Como el número de colonos que iban al oeste no cesaba de aumentar, hubo que distribuir tierras entre ellos. En determinadas regiones, las tierras que no pertenecían a nadie, llamadas claims, fueron adjudicadas de manera verdaderamente singular: por medio de la land course. Ésta consistía en una carrera entre los candidatos a propietarios; el que llegaba primero a determinado claim se convertía en su propietario.

land course en ee.uu.

La prosperidad del oeste no empezó hasta después de la guerra de Secesión. La Homestead Act (1862) estimuló eficazmente la emigración hacia el oeste al estipular que todos los que desearan establecerse en el nuevo territorio para levantar en él un rancho o una granja recibirían 64 ha. de terreno.

Hacia 1880 habían sido concedidas ya 22.500.000 ha.; hacia 1890, ¡todo el oeste había sido colonizado.

En aquella época 6.000.000 de blancos habitaban en él. Esta rápida evolución se debió en gran parte a la construcción del ferrocarril. Dos sociedades se encargaron de trazar la primera línea transcontinental: la Union Pacific Railroad, que construyó su línea en dirección al oeste a partir de Council Bluffs, en lowa, y el Central Pacific, que empezaba en Sacramento, California, y avanzaba hacia el este.

El 10 de mayo de 1869 ambas líneas se encontraron en Promontory Point, en Utah. Hacia 1885, cuatro líneas unían el valle del Mississipí a la costa occidental.

LA EXPANSIÓN AMERICANA:

Al principio, Estados Unidos no era sólo 13 colonias que se habían independizado de Inglaterra y que se hallaban situadas en la costa del Atlántico. Numerosos colonos atravesaron pronto los Apalaches en dirección al oeste. En menos de un siglo, Estados Unidos se aseguró la posesión de todos los territorios situados entre el Atlántico y el Pacífico y de Canadá al golfo de México. Además, compró Alaska a Rusia, obtuvo las Hawai y numerosos puntos de apoyo en el Pacífico. Finalmente, en 1903, adquirió la zona del canal de  Panamá.

Cuando los 13 estados que al principio formaban la nación, y que se hallaban situados entre los Apalaches y el Atlántico, empezaron a extenderse hacia el oeste para proporcionar espacio vital a una población que crecía incesantemente, surgió un nuevo problema: ¿A quién pertenecían los nuevos territorios?.

La respuesta a esta pregunta fue motivo de querellas entre los 13 estados; hasta que decidieron, finalmente, considerar los territorios occidentales como propiedad común y someterlos al control del Congreso federal.

En 1783, los 13 estados habían extendido ya su territorio hasta el Mississipí. En aquella época el oeste sólo era una inmensa extensión de desiertos y estepas en los que únicamente vivían los pieles rojas. Pero cada vez eran más los colonos que iban a establecerse allí. El Congreso declaró al oeste propiedad federal y decidió que un territorio sería organizado como estado autónomo en cuanto tuviera, al menos, 60.000 habitantes.

La emigración hacia el oeste trajo consigo grandes dificultades para Estados Unidos, pues era preciso vender tierras a los pioneros, dotar a los nuevos territorios de una administración y cuidarse de los indios que querían defender sus tierras contra los intrusos. Estos problemas se resolvieron. Los colonos se ponían en marcha en grandes grupos, con caballos y carretas tiradas por bueyes, para crear, en el oeste, un mundo nuevo. Al mismo tiempo nació también otro tipo de hombre: el hombre emprendedor del oeste.

En 1803, como Francia no estaba en condiciones de administrar ni defender sus posesiones norteamericanas, el presidente Jef-ferson adquirió la inmensa Luisiana por 15.000.000 de dólares, y Estados Unidos extendió su territorio hasta las montañas Rocosas. De esta vasta colonia francesa nacieron, más adelante, los estados de Missouri, Arkansas, Iowa, Nebraska, Oklahoma, Montana, Dakota del Sur y parte de Dakota del Norte.

En 1820, Kentucky, Tennessee, Ohio, Indiana, Mississipí, Illinois y Alabama habían sido ya elevados al rango de estado. La bandera de Estados Unidos se vio adornada con nuevas estrellas. Esta vigorosa ampliación imponía a Estados Unidos la necesidad de poseer algún puerto en el golfo de México, y compraron a España la Florida, siendo presidente James Monroe. Hacia 1840 toda la región del golfo de México estaba poblada por pioneros que establecieron en ella inmensas plantaciones de algodón.

Entretanto, algunos de los inmigrantes marcharon hacia el norte. A principios del siglo XIX, Mackenzie, Fraser y Thompson dirigieron algunas exploraciones a través de Canadá y alcanzaron la costa del océano Pacífico.

En esta época Canadá atraía poco a los colonos. El suroeste, en cambio, les atraía como la miel a las moscas.  Muchos fueron los que se establecieron en Tejas, que en aquella época era una provincia de México. En 1836, los téjanos, acaudillados por Sam Houston, se sublevaron contra México. Después de ganar los insurrectos la batalla de San Jacinto, Tejas se convirtió en una república y nueve años más tarde se unía a Estados Unidos.

California, otra posesión mexicana, ejercía también sobre los pioneros una extraordinaria fuerza de atracción. También allí hubo de hacer frente México a una revuelta que la historia ha dejado consignada con el nombre de «revuelta de la bandera del oso» (1846). La paz de Guadalupe Hidalgo puso fin a esta guerra en 1848. Estados Unidos se aseguraba no sólo la posesión de California, sino la de todo el territorio del suroeste, o sea: Nevada, Utah, Arizona, Colorado y Nuevo México.

Entretanto, también en el norte sufrió modificaciones el mapa de Estados Unidos. El Tratado de Oregón (1846) les adscribió toda la región situada al sur del paralelo 49, territorios que más adelante formarían los estados de Washington, Oregón e Idaho. Estados Unidos había conseguido, en menos de ochenta años, extenderse de Canadá a México y del Atlántico al Pacífico.

Pero no se detuvieron ahí: En 1867, por iniciativa del secretario de Estado Seward, compraron a Rusia el territorio de Alaska por la suma de 7.200.000 dólares. Sin embargo, Alaska no se convirtió en estado hasta 1959.

A fines del siglo XIX la isla de Cuba se alzó contra el Gobierno español. Al principio, Estados Unidos permaneció neutral. Pero cuando el acorazado norteamericano Maine hizo explosión en la rada de La Habana, el presidente Mac Kinley decidió pasar a la intervención armada. España, que había sufrido fuertes pérdidas, tuvo que ceder.

El tratado de paz, firmado en diciembre de 1898, estipulaba que España cedía la soberanía de Cuba a Estados Unidos y que la isla sería ocupada por las fuerzas norteamericanas hasta su accesión a la independencia. España cedió además las islas de Puerto Rico, Guam y las Filipinas. Con todo esto, Estados Unidos se había establecido también en las islas Hawai. En 1899 consolidó su posición en el Pacífico mediante la ocupación de puntos de apoyo en las Samoa.

Al construir el canal de Panamá, que es de gran importancia estratégica para Estados Unidos, el presidente Theodore Roosevelt suscitó en el istmo una sublevación contra Colombia. Panamá, que consiguió su independencia, vendió la zona del canal a Estados Unidos en 1903.

El General Cluster en el Oeste Americano

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Los Bisontes en Norteamerica Cacería y Exterminio Tribus Indias

Los Bisontes en la Pradera Norteamericana

En las praderas de América del Norte vivían, hasta hace unos ciento cincuenta años, enormes rebaños de bisontes que únicamente cazaban los indios para asegurar su subsistencia. Entonces intervinieron los blancos con Sus armas de fuego, exterminaron a esos animales en cantidades masivas e hicieron de la caza del bisonte su deporte favorito. A principios del siglo XX se constituyó una sociedad que tenía por fin evitar la total desaparición de esta especie animal

Animal poderoso e impresionante, el bisonte es el mayor mamífero del continente americano. El macho puede llegar a medir hasta 2,90 m de longitud por 2 m. de altura y pesar una tonelada.

Antaño, los bisontes dominaban toda la pradera norteamericana y atravesaban a miles América del Norte, de Canadá hasta el golfo de México y del Mississipí a las montañas Rocosas. A pesar de su fuerza y de su número, su existencia estaba constantemente amenazada. Todos los años sucumbían muchos de ellos a los rigores del invierno: la espesa capa de nieve que cubría la pradera les impedía encontrar su alimento. Los lobos, por otra parte, devoraban a muchos animales jóvenes.

bisonte norteamericano

Bisonte Norteamericano

Los indios, que antes de la llegada de los blancos eran nómadas, fueron durante generaciones grandes cazadores de bisontes. Cazaban de distintas maneras. Montados en sus caballos provocaban una estampida. El jinete llevaba su arco en la mano izquierda, y en la derecha, tantas flechas como podía sujetar.

En cuanto el cazador estaba lo bastante cerca del bisonte que quería’matar, lanzaba sus flechas a los flancos del animal. Los caballos debían evitar las cornadas del bisonte herido, pues éste vendía cara su vida.

Cuando la bestia estaba muerta, los indios escogían los mejores bocados de su carne y la piel. Se atrevían a atacar a esos peligrosos animales no sólo a caballo, sino también a pie. En este caso se disfrazaban con pieles de lobo, ya que la espesa pelambrera que cubre la cabeza del bisonte no le permite distinguir bien a su adversario.

Pero a pesar de cuantos peligros le acechaban, el bisonte no dejaba de multiplicarse, pues, aunque a los indios les entusiasmaba la caza del bisonte, únicamente la practicaban para proveer a su subsistencia y no por el mero placer de matar.

Esta situación se mantuvo hasta principios del siglo XIX, cuando aparecieron en la pradera los blancos con sus armas de fuego. Su llegada señala el principio de la desaparición del bisonte, cuya suerte empeoró todavía cuando quedó terminada la línea de ferrocarril que había de unir el Atlántico con el Pacífico. Dieron de comer carne de bisonte a los obreros que trabajaban en la colocación de las vías.

Esta carne es verdaderamente tierna y sabrosa, especialmente la de los terneros, y puede consumirse fresca o convertida en tasajo; la lengua es un bocado selecto para los gastrónomos. Por añadidura, el trazado del ferrocarril transcontinental escindió los rebaños en dos grupos y redujo su espacio vital.

Los cazadores blancos, que disponían de fusiles, organizaron metódicamente la caza del bisonte. Montados a caballo se ponían en línea avanzando muy juntos hacia el rebaño de bisontes, y en el momento convenido disparaban todos a la vez, convirtiendo en motivo de orgullo el hecho de matar el mayor número de bisontes en el menor tiempo posible.

También disimulaban su presencia detrás de las rocas u otros escondites desde donde, a cubierto, tiraban sobre las bestias que los ojeadores empujaban hacia ellos. Depósitos centrales les abastecían de vituallas y municiones.

Construyeron fábricas para poner en conserva la carne de bisonte y almacenes en donde guardar las pieles; había nacido una nueva industria que conduciría al exterminio de los bisontes.

La caza de estas bestias se convirtió pronto en un deporte, y se organizaron concursos. Ciertos cazadores se hicieron famosos gracias a ellos, principalmente William Cody, que con el nombre de Buffalo Bill se convirtió en el héroe de ciertos relatos del lejano oeste. En el tren que atravesaba la pradera durante largas horas la gente tiraba a menudo sobre los rebaños de bisontes.

Para ilustrar esta especie de fiebre que llevaba a tales matanzas citaremos algunas cifras. Varios cazadores se vanagloriaban de haber matado más de mil bisontes durante el año 1874. En este mismo año salían diariamente de Dodge City hacia el este más de mil quinientas pieles de bisonte. No debe sorprendernos, pues, que hacia 1875 los bisontes hubiesen casi desaparecido de la parte sur de la pradera.

Diez años más tarde estaban también prácticamente extinguidos en la parte norte y, con ellos, los indios cuya subsistencia dependía de la caza del bisonte, pues con su piel confeccionaban sus ropas, tiendas, cinturones y mantas, y con sus huesos, toda clase de instrumentos. Con el pelo trenzaban cuerdas, y la carne constituía la base de su alimentación. Por ello, toda su vida dependía del bisonte, como la de los esquimales depende de la foca, y ésta fue la razón de que se convirtieran en encarnizados enemigos de los hombres blancos que sembraban la muerte y la destrucción en la pradera.

Cuando la caza del bisonte no fue ya lo bastante rentable para los blancos, éstos se dedicaron a recoger sus esqueletos. Millares de toneladas de huesos de bisonte fueron enviadas al este, por ferrocarril, como materia prima para fábricas de abonos y de cola.

En 1905 se creó en Estados Unidos la American Bison Society, que se había impuesto la tarea de evitar la total extinción del bisonte. En aquella época, de los millones de bisontes que antaño hicieran temblar la pradera bajo sus pezuñas apenas quedaban unos cientos. La nueva asociación elaboró métodos de protección eficaz, y en 1933 vivían ya 4.404 bisontes en los diferentes parques nacionales, donde disfrutaban de una vida tranquila.

En aquellos días, Canadá poseía todavía 17.043 bisontes. El peligro de la desaparición de la raza de los bisontes parecía haber sido conjurado.

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Historia de los Conflictos Entre Inglaterra y Escocia Origen

Historia de los Conflictos Entre Inglaterra y Escocia

La  historia  de  Inglaterra  y   Escocia   está  llena  de   guerras  y   de   sangre.   Durante   siglos,   ambos países  han  mantenido  entre  sí  una  enconada  enemistad.  Los gobernadores romanos que rigieron Inglaterra desde el siglo I al V de nuestra era fueron incapaces de romper la resistencia de las tribus escocesas.

Los jefes de las legiones romanas se contentaron con contemplar las tierras de Escocia desde lejos, temerosos de la fiereza de sus gentes ocultas tras las altas montañas, y con retirarse hacia terreno seguro protegido por la Muralla de Adriano. La retirada de los romanos dejó a las tribus escocesas (pícts y scots) a sus anchas para continuar merodeando a su arbitrio por las indefensas zonas del norte de Inglaterra.

Hasta 1005 de nuestra era, Escocia no estuvo unida bajo un único rey. Hasta entonces, esa tierra primitiva y bravia no tuvo conciencia alguna de nación, ni de raza, ni de una lengua única. Contaba con tres reyes, por lo menos, y estaba dividida territorialmente por selvas vírgenes, marismas, interminables pantanos y ríos infranqueables.

Cualquier rey que aspirara a la unidad se encontraría con la ingente tarea de soldar los varios elementos integrantes de una tierra amorfa y darles una unidad territorial y política. Al mismo tiempo tendría que frenar las incursiones inglesas de Northumbria y hacer frente a la amenaza que podría representar una Inglaterra unida bajo los reyes normandos.

Los clanes escoceses demostraron ser temibles adversarios de cualquier posible conquistador. Sus miembros vivían violenta y celosamente bajo la égida del todopoderoso jefe del clan, cuyo apellido llevaban todos, como los MacDonald, los Murray o los Campbell. Eran temibles con sus vestidos de tartán, sus dagas, sus espadas, sus redondos escudos de cuero y sus feroces gritos guerreros.

Durante dos siglos, la frontera entre Escocia e Inglaterra gozó de tranquilidad. Las incursiones ocasionales a ambos lados de la misma no alteraron la pacífica coexistencia entre ambos pueblos, y hasta hubo un rey, el gran David I (1124-1153), que adoptó un régimen de mando similar al de los reyes normandos.

La doncella de Noruega
Esta paz se vio quebrada por un infortunado incidente que provocó la lucha de Escocia por su independencia. En marzo de 1286, Alejandro III, rey de Escocia, desapareció en la oscuridad de una tormenta al intentar atravesar el río Forth durante la noche. A la mañana siguiente, su cuerpo maltrecho fue arrojado por el río a una playa rocosa. Como único heredero dejó una nieta, Margarita, «la doncella de Noruega», todavía una niña de tierna edad.

En el tratado de Brigham, firmado cuatro años más tarde, Inglaterra quiso forzar una unión con Escocia intentando unir en matrimonio a Margarita con el príncipe Eduardo, hijo de Eduardo I. Este arreglo matrimonial, de haberse llevado a cabo, pudiera haber evitado más de dos siglos de luchas entre ambos países. Pero Margarita enfermó durante su viaje por mar desde Noruega y murió en las islas Oreadas, al noreste de la costa escocesa.

Roto el tratado, Eduardo se vio forzado a cubrir la vacante del trono escocés de otra manera. Como juez entre trece candidatos rivales que aspiraban al trono, Eduardo cometió un error de juicio que resultó desastroso. Por elegir a John Baliol suscitó los celos del poderoso Robert Bruce. Baliol apenas tuvo tiempo de disfrutar de sus poderes de rey.

En 1296, tras un breve intento de deshacerse de la influencia de Eduardo, Baliol fue derrocado y Escocia conquistada. La piedra que solía utilizarse en la ceremonia de coronación de los reyes escoceses fue removida simbólicamente de Scone y trasladada a Inglaterra, donde se encuentra en la actualidad debajo del sillón de coronaciones en la Abadía de Westminster.

Para el rey Eduardo esto constituyó el fin de los problemas, mientras que para Escocia la remoción de la piedra significó la llamada a la lucha por la independencia patria. Los clanes escoceses se vieron invadidos de un nuevo espíritu de exaltación patriótica, y en 1297 William Wallace, el héroe popular escocés, condujo a sus compatriotas a la victoria sobre un ejército inglés en el Puente Stirling. Eduardo no se arredró ante el desafio que esta victoria suponía y se lanzó una vez más hacia el norte. Esta vez los mortales dardos de sus arqueros galeses se impusieron a los pequeños escudos y a las espadas de los escoceses.

Los clanes no se rindieron tan fácilmente. Convocando a sus guerreros en valles y marismas, Robert Bruce reemprendió la lucha en 1306. En aquel mismo año, fue proclamado rey de Escocia aunque antes se vio forzado a eliminar a su poderoso rival Red Comyn.

El ejército de Bruce era muy pequeño en relación con el inglés, viéndose forzado Bruce, capturada su esposa y muerto su hermano, a huir de los ingleses y de los partidarios de Comyn. Sin embargo, a la muerte de Eduardo I condujo a sus seguidores a la victoria contra Eduardo II en el verano de 1314. En 1328, Inglaterra reconoció a Robert Bruce como legítimo rey de Escocia.

Tres universidades
Por fin Escocia se había convertido en nación, viéndose pronto destinada a jugar un importante papel en la historia de Gran Bretaña. Durante el resto de la Edad Media. el país se vio envuelto en continuas luchas domésticas, viviendo siempre a la sombra de Inglaterra. A pesar de este estado permanente de guerra, Escocia fue civilizándose a marchas forzadas.

Prueba de ello son las tres universidades fundadas en el siglo XV: la de San Andrés en 1412, la de Glasgow en 1451, y en 1495 la de Aberdeen. Las guerras entre Inglaterra y Francia absorbían las energías de los monarcas británicos, no permitiéndoles respiro alguno para guerrerar contra los escoceses, y éstos, debido a sus conflictos tribales, tampoco estaban en condiciones de atacar, teniendo en cuenta sobre todo la debilidad de los Estuardo.

Además. Londres, sede del poder inglés, estaba demasiado lejos para las desamparadas tropas escocesas. Continuaron, sin embargo, las luchas fronterizas y, a veces, el estado de guerra general. En 1346, los magnates del norte de Inglaterra capturaron en Nevilles Cross al rey David II de Escocia (1329-71) y lo tuvieron cautivo durante 11 años.

Más tarde, en 1385, el rey Ricardo II de Inglaterra, marchando al frente de sus tropas, llegó hasta Edimburgo, capital escocesa. La familia Percy de Inglaterra fue derrotada por un pequeño ejército de merodeadores en Otterburn. en 1388.

Los Percy se vengaron de la derrota en la batalla de Homildon Hill, en 1402. Los reyes ingleses, sucumbiendo a la tentación de climas más cálidos que el de Escocia y de un botín más preciado en otras partes, mostraron poco afán de lucha en los últimos años de la Edad Media.

Enrique IV, en el año 1400, fue el último rey inglés de la Edad Media que cruzó la frontera. La lucha entre ambos pueblos quedó en manos de las grandes familias inglesas, como los Percy y los Neville.

María Estuardo
Los monarcas de la familia Tudor se vieron forzados sin embargo a interesarse más por los asuntos escoceses por razón de un suceso importante ocurrido en 1503. Tras largas negociaciones e intrigas, Jacobo JV de Escocia contrajo matrimonio con Margarita, hija de Enrique VII de Inglaterra.

La boda no trajo la paz inmediatamente a las dos naciones, pero fue el primer eslabón en una larga cadena de sucesos que había de dar a Inglaterra sus Estuardos y, más tarde, producir la unior. política de los dos países. Al morir sin hijos Isabel I, en 1603, Inglaterra eligió, para sucederle en el trono, al mayor de los descendientes de Enrique VI, Jacobo VI ce Escocia.

Reina Maria Estuardo de Escocia

Mientras las costas de Inglaterra estaban protegidas contra Francia, enemigo secular de Inglaterra, por el canal, la frontera con Escocia quedaba al descubierto. Tras la ruptura de Inglaterra con la Iglesia de Roma, las católicas Francia y Escocia suponían una continua amenaza: María, la reina de Escocia, era al mismo tiempo delfina de Francia, y los monarcas escoceses, campeones del catolicismo contra la protestante Inglaterra, Como consecuencia de esta situación, Inglaterra tenía que vigilar los movimientos que ocurrían tanto al norte como al sur de sus fronteras.

En 1587, la reina Isabel resolvió definitivamente el problema escocés al destruir todos los posibles centros de conspiración pro-escoceses en Inglaterra con la firma de la sentencia de muerte de María Estuardo. Dice la leyenda que María sonrió al tiempo que su cabeza rodaba por el suelo tras el golpe del verdugo. Un hijo suyo, Jacobo VI de Escocia, llegó a ser rey de Inglaterra en 1603 con el nombre de Jacobo I.

No por ello desaparecieron las fronteras entre ambos países. Escocia, más próxima a Inglaterra que nunca, teniendo a su rey en Londres, fue elemento muy importante en la política exterior inglesa. Los escoceses, que eran oficialmente protestantes desde 1560 a pesar de que sus monarcas continuasen siendo católicos, se sintieron ofendidos al ver que Jacobo apoyaba abiertamente a la Iglesia de Inglaterra.

Los escoceses presbiterianos, que eran los que virtualmente regían el país, se rebelaron en 1640 cuando el arzobispo Land intentó forzarles a abrazar la Iglesia de Inglaterra. Carlos I conmovió a Inglaterra convocando al Parlamento.

Se aplazaron los trabajos sobre la constitución inglesa y se inició una nueva serie de guerras en las que los presbiterianos escoceses prestaron su apoyo a los defensores del Parlamento, contribuyendo a que éstos ganasen la batalla de Marston Moor (1643). Como compensación, los parlamentarios prometieron establecer en Inglaterra la Iglesia Presbiteriana. A modo de represalia, el marqués de Montrose barrió Escocia con sus tropas, logrando seis victorias para Carlos I.

El futuro Carlos II aceptó entonces el presbiterianismo atrayendo hacia sí a los escoceses en contra de los parlamentarios. Oliver Cromwell, dictador parlamentario, los derrotó en las batallas de Dunbar en 1650 y de Worcester en 1651, viéndose Escocia invadida por el ejército del general Monk. Los escoceses creían que la base de todos sus problemas era la unión de las dos coronas. Estando el rey de Escocia entronizado en Londres, ¿cómo podían esperar ser tratados con justicia?

historia de escocia

Izq.: William Wallace (c. 1272-1305), «martillo y azote de Inglaterra», se convirtió en un héroe  popular  escocés.
Der.;Tras su gran victoria en Bannockburn, Robert Bruce fue reconocido por Inglaterra como legítimo rey de  Escocia.

El exilio de los reyes escoceses
Los temores de los escoceses se vieron confirmados por Guillermo III, primer rey de una nueva dinastía de monarcas ingleses. En 1689 Guillermo, defensor del presbiterianismo, fue derrotado en Killiecrankie por los católicos jacobitas que se oponían, apoyados por los montañeses de Escocia, a una política tan parcialmente favorable a Inglaterra. (Los jacobitas apoyaban a Jacobo II Estuardo y a sus descendientes). Para conseguir una paz rápida, Guillermo acordó perdonar a todos los jefes de los clanes montañeses que depusieran sus armas para antes del fin de año de 1691.

La mayor parte de ellos así lo hicieron, acogiéndose a las promesas de amnistía de Guillermo. MacDonald de Glencoe, que se encontraba acampado con sus tropas en el oeste de Escocia, se rindió el último día.

Guillermo, creyendo que MacDonald había rehusado rendirse, envió a Glencoe a otro escocés, el capitán Campbell de Glenlyon. Campbell y sus tropas fueron recibidos en Glencoe como amigos, pero aquella misma noche, los MacDonald y todos sus familiares fueron traidoramente asesinados cuando dormían.

Cuando los dos países se encontraban de nuevo al borde de la guerra en 1705, se reunieron en una conferencia de paz varios hombres prudentes de cada nación, acordando una Unión Política entre ambos en 1707. Como resultado de dicha unión, Westminster había de acoger en sus escaños a 45 miembros del Parlamento Escocés y la Iglesia presbiteriana sería la Iglesia oficial de Escocia. Esta importante decisión, aclamada por todos, fue el espaldarazo de Escocia como nación de pleno derecho.

No acabaron, sin embargo, los problemas. Muchos aceptaron como rey a Jorge I de Hannover mientras que los montañeses se declararon a favor de Jacobo Estuardo, hijo del depuesto Jacobo II. Los jacobitas se rebelaron en 1715 a favor de Estuardo. Como los clanes montañeses andaban con rencillas entre sí y Luis XIV de Francia había muerto, las negras perspectivas de Jacobo se cumplieron. El marqués de Ormonde no tuvo éxito en su intento de sublevar al pueblo en favor de los jacobitas y el conde de Mar, Juan Bobbing, fracasó también en su empresa de reunir a los ingleses del norte a favor de la causa.

En Sheriffmuir, el ejército inglés puso fin a los sueños de los invasores escoceses y Jacobo tuvo que volver a Francia derrotado y arruinado.

Durante los 30 años siguientes, poco dieron que hablar en su exilio en Francia los supuestos héroes escoceses. En agosto de 1745, el osado Carlos, hijo de Jacobo, espoleado por sus grandes sueños de gloria y apoyado por la promesa de ayuda de Francia, penetró en pleno corazón de las montañas escocesas.

Logró captar inmediatamente las simpatías de las tribus y, derrotando a la oposición en Prestonpans, entró en Edimburgo con 5.000 hombres. Escocia se había rendido a sus pies, pero no así Inglaterra. Lleno de esperanzas, Carlos cruzó la frontera y marchó hacia el sur de Inglaterra con la ilusión de atraerse al pueblo. Sus esperanzas se vieron truncadas desde el principio al rehusar los ingleses tomar partido a su favor. Los ingleses se encontraban muy contentos con sus monarcas hannoverianos, y la seguridad que éstos les proporcionaban no quedaba compensada con las vagas promesas que aquella curiosa banda de aventureros les ofrecía.

Mientras tanto, en la capital del reino, Londres, el pánico se había apoderado de aquellos que más tenían que perder con la victoria de los invasores. El «viernes negro» —6 de diciembre de 1745— todos se lanzaron a retirar sus depósitos del Banco de Inglaterra cuando cundió la noticia de la llegada a Derby de Carlos con sus mesnadas. Pero el pequeño ejército de escoceses, fatigado y falto de ánimo, marchó hacia el norte camino de sus hogares. Perseguidos por Guillermo, duque de Cumberland, hijo de Jorge II, fueron derrotados y pasados por las armas en el pantano de Culloden.

Ante el temor de que, en el futuro, pudiera repetirse una insurrección del mismo tipo, el gobierno disolvió los clanes ejecutando a sus jefes y promulgando una ley que prácticamente supuso la destrucción del sistema.

Los jefes que pudieron huir de la muerte se vieron desprovistos de todo poder y autoridad, se confiscaron las armas que tenían en su poder y se prohibió el uso de la típica falda escocesa y de todo tipo de tartán que pudiera recordar a los antiguos clanes.

El general Walde construyó puentes y carreteras para facilitar el acceso a las zonas montañosas. Desde entonces, Escocia ha permanecido fiel a los lazos que unen las Islas Británicas. En este siglo XX, los nacionalistas escoceses han comenzado a demandar de nuevo una mayor independencia para el país.

Fuente Consulatada:
Colección La LLave del Saber Tomo I Pasado y Presente del Hombre Editociones Cisplatinas S.A:

Origen del Conflicto entre Inglaterra e Irlanda La Religión

Historia y Origen del Conflicto
Entre Inglaterra e Irlanda

Los actuales problemas de Irlanda tienen su raíz en la discriminación social. El enfrentamiento entre las dos comunidades, la católica y la protestante, separó al país en dos partidos. Al triunfar los segundos en el aspecto político, los católicos se vieron en una situación precaria, hasta el punto de que no han tenido derecho al voto hasta hace muy poco tiempo.

La lucha por unos derechos civiles iguales a los del resto de los ciudadanos británicos ha desencadenado una situación que, además del religioso, presenta un carácter político-social, producto de los tiempos actuales. Estudiando la evolución histórica del país, se comprenderán mejor los problemas actuales.

El Imperio angevino o de la Casa de Anjou
Cuando hace 800 años Inglaterra fijó sus ojos en la tentadora Irlanda, comenzaron a establecerse amargas relaciones entre ambos países. Inglaterra, unida interiormente y con un imperio más allá de los mares, luchó durante siglos para obtener con razón el nombre de Islas Británicas y su único medio era dominar Irlanda. El tiempo ha demostrado su fracaso.

Los primitivos gobernantes ingleses tuvieron poco interés en aquellas tierras salvajes. Los romanos, aunque se sintieron tentados por la conquista, no pasaron de pensar en la posibilidad de añadir Irlanda a su imperio y se contentaron con dominar los campos ingleses.

La desgracia de Irlanda es que nunca obtuvo grandes ventajas de las civilizaciones que la invadieron. Durante la oscura Edad Media, su única luz provino de San Patricio, que le trajo la cultura y la religión cristianas. Más tarde, igual que Inglaterra, sufrió la barbarie de las invasiones nórdicas, pero ganó muy poco con su presencia, como no sea los puertos, de los que destacaba Dublín.

La invasión normanda de 1066, que tanto favoreció el desarrollo futuro de Inglaterra, no hizo ningún bien a Irlanda. Los adelantos que trajeron a Inglaterra los gobernantes normandos procedentes de la civilización que dejaban atrás, tales como un gobierno central, la unidad y un poder militar, le fueron negados durante siglos. Cuando, por fin, los reyes normandos, bajo Enrique II, empezaron a extender el imperio angevino, se comprendieron las ventajas de tener dominada a Irlanda. Pero la conquista no iba a ser fácil ni completa.

En 1166, la caótica política interna de una Irlanda dividida iba a dar su oportunidad a Enrique II; temeroso de que sus propios representantes en el país se hicieran demasiado poderosos, intervino personalmente en la situación y se hizo reconocer como señor por la Iglesia irlandesa y por los atemorizados jefes del país. Así Irlanda formó parte del imperio angevino; el feudo irlandés creado por Enrique duró cuatro siglos.

Atraídos por la explotación de aquellas tierras casi vírgenes, los señores anglonormandos se introdujeron en el interior de la isla. Pero no fue la suya una conquista como la de los normandos en Inglaterra un siglo antes. Se estableció una sociedad semi-feudal y un sistema jurídico, pero la conquista no aprovechó mucho a los reyes ingleses. No se pudo establecer un gobierno central y permanecieron vigentes todas las características de la vieja Irlanda. Surgió un elemento nuevo de esta situación: la aristocracia angloirlandesa, que, profundamente celosa de sus derechos y formada por señores anglonormandos, se apoderó de todas las tierras.

El rey inglés descuidó sus deberes para con Irlanda. Juan Sin Tierra, en su primera visita a los irlandeses, demostró por varios hechos imprudentes que su madurez como gobernante no había sido alcanzada, aunque varios años después, en su segunda visita, en 1210, consiguió que la autoridad real fuera aceptada y que el gobierno, centrado en Dublín, cobrara nueva eficacia. Para la permanente vergüenza de Inglaterra, hasta la visita de Ricardo II en 1394, ningún otro rey inglés puso los pies en tierra irlandesa.

Durante el reinado de Eduardo I hubo un período  de paz que permitió a Irlanda el desarrollo del comercio propio y la adaptación al nuevo sistema de «condados» importado de la metrópoli. Pero después de esta centuria de calma relativa, una invasión escocesa destruyó todas las esperanzas del país. 6.000 escoceses a las órdenes de Eduardo Bruce, ansioso de perturbar a los ingleses aún más después de algunas victorias obtenidas sobre ellos, se lanzaron sobre la isla en una guerra destructiva y salvaje.

Este Eduardo fue proclamado rey de Irlanda, pero lo mataron en el año 1318. Como resultado, los recursos del país se agotaron, el progreso fue detenido y el control inglés se redujo a una estrecha faja costera en los alrededores de Dublín. La isla quedó otra vez abandonada a los pillajes de los señores feudales y con el estallido de la Guerra de los Cien Años Inglaterra derivó su atención por completo hacia Francia.

La ley de Poynings
En el siglo XIV preocupaba a Inglaterra que su zona de influencia en Irlanda no se pudiera mantener ni extender. Los ingleses sostenían que eran los dueños de todo el país, pero la verdad era que el Pale consistía en un pequeño foco de civilización en medio de una tierra primitiva y salvaje.  Cuando los esfuerzos de Ricardo II por extender su dominio en la isla fracasaron, Irlanda se vio libre para seguir su propio camino.

Poco atractiva, inhospitalaria y arrinconada en un extremo de Europa, Irlanda se vio aislada de la vida del continente, oculta por Inglaterra. Mientras que esta última nación pasaba de la Edad Media al mundo moderno, la isla quedaba abandonada, sus recursos sin explotar y su pueblo dominado. Pero, por su posición, iba a ser crucial en la defensa estratégica de Inglaterra. Era casi un cuchillo clavado en la espalda de Gran Bretaña.

El gobierno de los Tudor significó poco para Irlanda, pero cuando Inglaterra se convirtió en una de las potencias europeas, los problemas internos de la isla pidieron una pronta solución. Enrique VII toleró un gran terreno independiente en el corazón de Irlanda, hasta que su creador se permitió la coronación de un rey como «Eduardo VI», que fue rápidamente eliminado. Enrique trató de gobernar el país por medio de un diputado inglés, apoyado por un ejército formado sólo por ingleses.

Después de varias luchas se procedió a la publicación de un estatuto llamado «ley Poynings» (nombre del diputado inglés), que, aprobado en 1494, ha permanecido en vigor hasta el siglo XIX. Este estatuto fue desvirtuado en favor de los ingleses y por él se establecía que no se podía abrir un parlamento en Irlanda hasta que el Rey y su consejo lo hubieran autorizado con su sello. Con esta ley los ingleses han podido controlar durante siglos los trabajos de la constitución irlandesa.

enrique viii rey de inglaterraEn 1534 cambió el aspecto de la historia de Irlanda. A partir de este momento, la metrópoli organizó un verdadero plan de reconquista. Enrique VIII se hizo llamar rey de Irlanda y al final del reinado de Isabel I casi toda la isla se hallaba bajo régimen militar.

A pesar del sistema represivo usado por los Tudor, en esa época es cuando Irlanda llegó a ser una verdadera amenaza para los ingleses. Cuando Inglaterra, le volvió la espalda a Roma durante la Reforma, los irlandeses prefirieron permanecer dentro de la religión católica. Isabel I tuvo que tener ejércitos dispuestos continuamente en el campo de batalla para aplastar la aparición de constantes rebeliones irlandesas.

La matanza de Drogheda
Los monarcas de la casa Tudor, ansiosos de acabar para siempre con el problema, intentaron colonizar las turbulentas tierras. Las protestas de los irlandeses fueron en vano y cuando Jacobo I fue aceptado como rey, grandes terrenos habían sido expropiados de sus poseedores irlandeses y entregados a los escoceses o a los ingleses.

Siguiendo la misma política, los seis condados del Ulster, en el norte, se entregaron a los colonizadores extranjeros en 1608. Como es natural, estos nuevos señores eran protestantes, y así empezó el conflicto entre las dos religiones, que todavía no se ha resuelto.

cronwellOliverio Cromwell fomentó aún más tan amarga realidad. Carlos I, para proteger su tambaleante trono, creó en Irlanda un ejército de reserva, que en la década de 1640 se rebeló en apoyo de su hijo, el príncipe Carlos. Oliverio Cromwell, principal apoyo del Parlamento inglés, fue a Irlanda en 1649 y derrotó al ejército realista en una cruel campaña.

La guarnición de Drogheda fue pasada por las armas, así como 1.500 ciudadanos y todos los sacerdotes del condado de Wexford. Al final de aquel año, toda la costa de la isla estaba en poder de Cromwell. Irlanda nunca olvidó aquellos amargos días y a partir de entonces sólo una pequeña zona del oeste del río Shannon siguió en poder de los señores irlandeses.

A pesar de ello, todos los monarcas ingleses tuvieron que dedicarse a la reconquista de Irlanda. Tras cada acción de guerra, se dictaban nuevas leyes que entregaban la tierra  a  los  protestantes  o  que  restringían la vida particular de los irlandeses para evitar que ganaran poder o influencia.

El Parlamento inglés trataba a la nación como enemiga y hasta 1793 no se les concedió derecho al voto a los católicos, ni podían tomar asiento en sus propias Cortes. El comercio, la industria y la agricultura estaban tan atrasadas que el país se hallaba sumido en la pobreza.

Como el predicamento de los protestantes aumentaba sin cesar, la Unión de Irlandeses, imitando la revolución francesa, se levantó contra la metrópoli y pidió ayuda a Francia. Los franceses no pudieron desembarcar por culpa de una tormenta y la rebelión fue aplastada por Inglaterra.

En 1800 se aprobó el Acta de Unión igualando los derechos de ambas comunidades, pero Jorge III la echó por tierra, obligando a William Pitt el Joven a anular la promesa de emancipación. Los irlandeses tuvieron que esperar hasta 1829 para obtenerla; pero; como es natural, ni la igualdad de derechos ni la emancipación extirparon la pobreza, que siguió haciende estragos en el país.

En 1846, el hambre causada por la destrucción de las cosecha? mató a más de un millón de habitantes Entonces empezaron las emigraciones a América.

william pitt

William Pitt el Joven, obligado por Jorge III a anular la promesa de emancipación que se hizo a los católicos para aplacar la rebelión   irlandesa   de   1798.

Los emigrantes influyeron de tal manera, que Gladstone, en 1868, permitió una mayor libertad religiosa y bajó los impuestos sobre las tierras. Intentó también conseguir para los irlandeses un gobierno nacional, pero le fue imposible. El partido liberal inglés, durante la Primera Guerra Mundial, siguió intentando la autodeterminación, encontrándose siempre con la oposición de los conservadores y en el año 1916 hubo nuevos mártires de sangre irlandesa.

Por fin, en 1921, aprovechando el cansancio de Inglaterra después de la guerra, se estableció el Estado libre de Irlanda, aunque el Ulster seguía fiel a la metrópoli por su carácter protestante.

Así está el conflicto actualmente. Irlanda, escindida espiritual y políticamente, lucha por su unión y por su independencia definitivas como desde hace 850 años.

Fuente Consultada:
Colección La LLave del Saber  Pasado y Presente del Hombre  –  Tomo I –  Editorial Plancton

Historia de Osaka en Japón Vida y Costumbres de su Habitantes

OSAKA EN LA ANTIGUEDAD
HISTORIA PARA TURISTAS CURIOSOS

En el siglo XVII, Osaka era una de las ciudades más ricas y populosas del Japón y centro del floreciente comercio del país. Sus ciudadanos se enorgullecían de sus recién construidos teatros, puentes y canales, almacenes y lujosas mansiones. Allí acudían los jóvenes del país en busca de fortuna y aventuras. Osaka era para todos como un poderoso imán.

Una ciudad flotante
Osaka no era una ciudad sin alegría e industriosa donde la gente fuese sencillamente a trabajar; más bien era un lugar hedonista y despreocupado. Formaba parte del «mundo flotante» (ukiyo), denominación genérica de la cultura de la época, exuberante y ansiosa de placer, que inspiró las «pinturas del mundo flotante» (ukiyo-e), los «relatos flotantes» (ukiyo-zoshi) y la picante y desenfrenada murmuración o «conversación flotante». Todos los ciudadanos de Osaka, ricos comerciantes, artistas, artesanos, petimetres, cortesanos, prestamistas, contables, tenderos, fabricantes, animadores y propietarios de casas de té, parecían disfrutar de suficiente tiempo y dinero para gozar de la vida.

Algunas tiendas vendían únicamente bandejas, bargueños y cajas para adornos del cabello, confeccionadas con azabache y laca de oro. Otras se especializaban en cerámica: la delicada porcelana vidriada de superficie finamente agrietada de la provincia de Satsuma, las suaves tazas y teteras color verde manzana para la misteriosa ceremonia del té, o esbeltos floreros de un profundo azul translúcido o marrón bruñido.

Los fabricantes de pipas y los estanqueros monopolizaban una calle entera. Tanto los hombres como las mujeres fumaban en pipa. Eran unos instrumentos pequeños y graciosos, con un largo tallo de bambú y una diminuta cazoleta metálica.

Los fabricantes de pipas desplegaban un gran ingenio; las adornaban con un tejón sonriendo con las manos en el lomo, un dios del trueno inflando los carrillos, o un mono columpiándose de una rama. El fumador llevaba su provisión de tabaco en saquitos bordados de cuero o de brocado, sujetos a la banda del kimono por un fiador en un cordón de seda.

Otro accesorio indispensable para salir por la ciudad era el abanico, que no sólo refrescaba en los días calurosos sino que también, según se decía, «atraía la suerte y ahuyentaba el mal».

Algunas de las tiendas más animadas de las calles principales vendían las populares ukiyo-e, «pinturas del mundo flotante», impresas con bloques de madera en papel tosco de arroz hecho a mano. Estos grabados representaban todo lo alegre, excitante o tópico, melancólico o fantástico que el artista pudiese imaginar.

Los mártires japoneses
Todos los productos delicados y lujosos de Japón fluían a Osaka y a las otras dos grandes ciudades del país: Yedo (Tokyo) y Kyoto. Yedo era la capital administrativa, desde la cual gobernaban Japón con indis-cutida autoridad los shogun (generalísimos) del poderoso clan de Tokugawa. La ciudad era un centro de intriga donde los clanes de samurais leales al shogun estaban prestos a defender su gobierno. Kyoto era la ciudad real, sede del casi impotente emperador y su corte. Quedó como refugio tradicional de todo lo que era aristocrático y elegante, pero anticuado.

Una ciudad trasnochada, pues, poco atrayente para los nuevos ricos mercaderes del Japón, que acudían a Osaka a divertirse. Ningún barco mercante europeo anclaba en la bahía de Osaka para cargar sus sedas, pinturas y porcelanas. Tampoco navegaban por allí las embarcaciones de altura japonesas. Sólo los pesados juncos costeros transportaban arroz y saké (bebida alcohóloica) a los puertos locales y recibían a cambio arenques secos y algas del norte, o muñecas regionales y cestas de hierba trenzada del sur.

A partir de 1636 se promulgaron varios decretos aislando el país del resto del mundo conocido. Se prohibió bajo pena de muerte abandonar el país a todos los japoneses, y los que residían en el extranjero fueron condenados a un exilio permanente. Se expulsó a todos los extranjeros, salvo unos pocos comerciantes chinos y holandeses que. bajo severas restricciones, pudieron quedarse en un islote costero de la bahía de Nagasaki.

Esta ruptura de relaciones del Japón con los europeos duró tres siglos. Se interrumpieron así unas relaciones que habían comenzado casi un siglo antes, en 1542, cuando que tres navegantes portugueses, desviados de su rumbo, alcanzaron Japón en un junco. Los emprendedores comerciantes lusitanos, ya establecidos en Macao, siguieron a sus compatriotas y formaron colonias comerciales.

Detrás llegaron no sólo los comerciantes españoles, holandeses e ingleses, sino también numerosos misioneros dispuestos a convertir a los subditos del shogun al cristianismo. Los jesuítas, entre los que destacó la incansable labor evangelizadora de san Francisco Javier, realizaron el mayor número de conversiones, y el shogun comenzó a sospechar que su influencia religiosa era un reto a su propia autoridad y atentaba contra la recién lograda unidad del Japón.

Como primera medida, el shogun prohibió la predicación del cristianismo. Después, ejecutó a muchos misioneros y japoneses conversos. Finalmente fueron expulsados del país todos los «bárbaros de cabello rojo», como denominaban los nativos a los europeos, salvo unos pocos comerciantes holandeses encerrados en Nagasaki.

El shogun les permitió quedarse para disponer de una «ventana» secreta al mundo exterior. Algunos letrados de confianza podían comunicarse con estos holandeses. Por lo demás, el Japón había cerrado sus puertas a las ideas de otros países.

osaka en japon

El placer exuberante de vivir en Osaka se revela en este vendedor de juguetitos de papel y su posible cliente de «pelo de estopa», bailando juntos alegremente.

Los poetas haiku
Parece que los años más brillantes y gloriosos de este período de aislamiento fueron los comprendidos entre 1680 y 1740. Las artes y oficios florecieron. Los ciudadanos de Osaka comenzaron a estudiar disciplinas tan esotéricas y tradicionalmente aristocráticas como la ceremonia del té, la caligrafía o la filosofía china.

Aprendieron a gozar de las sutiles armonías del teatro no, de la misteriosa música de corte y de la poesía haiku, una forma nueva y en boga de verso libre encadenado de diecisiete sílabas. Entre los que utilizaron dicha versificación descuella el poeta peregrino, Matsuo Basho, que nació en 1644. A menudo, los poetas haiku celebraban las bellezas fugaces de la naturaleza en un modo original y cuidadosamente observado.

Por ejemplo.
Abandonando la casa de un amigo
Sale la abeja
De lo más hondo de los pistilos de la peonía
¡Oh, tan a su pesar!
En algunas ocasiones, los sentimientos personales del poeta crean la poesía:
La frescura.
¡Qué frescor se siente
Al descansar al mediodía,
Al tener una pared bajo mis talones!

Estas dos poesías se deben a Basho y dan
alguna ligera indicación del estilo ligero, desapasionado y, algunas veces, melancólico de la poesía haiku.
Un género- literario mucho más accesible lo constituían los ukiyo-zoshi, los relatos cómicos, vigorosos y libertinos, acerca de las gentes de las tres grandes ciudades del Japón. Ihara Saikaku, famoso autor de estos cuentos, pasó gran parte de su vida en Osaka y describió con abundancia de ingeniosos detalles la vida cotidiana que le rodeaba. Sus personajes pasaban el tiempo generalmente en busca de amores, placeres y dinero.

osaka en la antiguedad

El teatro:A todos los habitantes les gustaba el teatro. Acudían a ver a los famosos onnagata, actores entrenados desde la niñez para representar a la perfección los papeles femeninos.

El joruki y el kabuki
Había dos clases de teatro a las que asistían todos los habitantes: el joruki (teatro de marionetas) y el kabuki. Osaka alcanzó especial renombre por su teatro de marionetas. Los «actores» medían dos tercios de la estatura normal y estaban fabricados con mucho detalle, bellamente ataviados y maquillados.

A menudo, para actuar las marionetas necesitaban de los servicios de tres personas: un titiritero y dos ayudantes. Estos dos las manejaban con tanta habilidad que cada miembro se movía por separado. Los títeres gesticulaban con manos y pies, e incluso movían los ojos y alzaban las cejas. Posaban con coquetería, libraban feroces duelos y y «hablaban» en tonos agudos y melódicos, emitidos por los titiriteos.

Chikamatsu Monzaemon, el más famoso dramaturgo japonés, dedicó parte de su ilustre carrera como escritor a un teatro de marionetas de Osaka, y muchas de sus mejores piezas tienen como tema los dramas domésticos de los tenderos y sus familias en la ciudad.

El kabuki era una mezcla apasionante y vigorosa de danza y espectáculo, música y mimo, parodia y tragedia. Comenzó a rivalizar con el teatro de marionetas y finalmente lo deshancó. Muchas de las obras de Chikamatsu se representaron entonces en una escena giratoria de kabuki, con espacio suficiente para acomodar los decorados más intrincados, tales como el castillo feudal de sillería de Osaka, los juncos en un mar tormentoso, o las calles iluminadas con farolillos del barrio de placeres. A la escena del kabuki sólo tenían acceso los hombres, y los papeles femeninos los representaban unos actores llamados onnagata.

Algunas de las obras eran comedias domésticas, «obras de gente común» como se las llamaba. Otras trataban de las salvajes disputas entre los diferentes clanes guerreros que habían dividido el país en el pasado. En éstas eran personajes de importancia los jactanciosos y valientes samurais, que a menudo se enfrentaban a un conflicto de lealtad pero estaban siempre dispuestos a morir en defensa de sus señores, y las damas de la nobleza, que apuñalaban a sus enemigos o se envenenaban para salvar el honor de su clan.

Una representación de k-abuki duraba casi un día entero y, por ello, era una buena excusa para convertirlo en un día de fiesta. Familias enteras de ciudadanos de Osaka reservaban un compartimiento del teatro para presenciar la función. Durante los numerosos descansos, picaban arroz frío y pescado crudo, que comían con los famosos palillos.

Bebían saké (cerveza de arroz), fumaban en sus diminutas pipas y conversaban. Si tenían hambre después de la representación, se dirigían a los puestos de la puerta del teatro, donde se vendían tazones de fideos calientes con sopa de pescado, pasteles rosados de pasta de alubias, almejas recién hervidas o castañas asadas.

Toda esta actividad daba lugar a escenas vivaces y llenas de colorido que algunos de los artistas ukiyo-e representaban en sus grabados. Los puestos y las casas de té, bajas y sin pared exterior, brillaban con farolillos de papel rojo, blanco o anaranjado que se balanceaban en la brisa vespertina, y las avenidas sin pavimentar donde se encontraban rebosaban de gente. Aparte de los que se dirigían al teatro, había grupos alegres que volvían de una travesía río arriba en barcazas abiertas, de una excursión de todo el día a los jardines de los santuarios cercanos, o de un paseo por una colina de especial belleza para presenciar el orto de la luna llena.

Las mujeres se ataviaban para estas excursiones con sus kimonos más ricamente bordados, y de sus moños altos de pelo negro brillante colgaban adornos de rojo y oro. Los hombres vestían ropas de tonos más oscuros, a menudo forradas de seda. Para obtener las monedas de los transeúntes en busca de placer que gastaban sin tino, músicos ciegos tocaban sus flautas melancólicas, los saltimbanquis realizaban acrobacias y las adivinadoras atraían a la clientela desde sus sombrías barras.

Gente estrafalaria
No puede sorprender que uno de los pocos occidentales que contemplaron la Osaka del siglo XVII dijera que era considerada la ciudad más bulliciosa, amante de las diversiones y despreocupada del país.

Este viajero, de nombre Engelbert Kaempfer, era un médico instruido que sirvió a la Compañía Holandesa de las Indias Orientales y que en 1692 viajó de Nagasaki a Yedo celosamente vigilado por la guardia del shogun. Según él, los japoneses consideraban Osaka como «un teatro universal de placeres y diversiones». Se ven juegos a diario, tanto en lugares públicos como privados. Los charlatanes, los prestidigitadores que realizan algún número artístico y toda clase de gente estrafalaria que tiene algún animal monstruoso o poco común que exhibir o animales amaestrados para hacer números de circo, acuden allí de todos los lugares del Imperio, con la seguridad de obtener mayor provecho que en ningún otro lugar.

En esa sociedad japonesa ligeramente irresponsable estaba presente el sentimiento budista de la inestabilidad y brevedad de los placeres terrenales. La cultura lírica, frivola y peculiar del «modesto renacimiento» del Japón (como lo ha llamado un moderno historiador) no podía durar indefinidamente, y para 1740 había comenzado a desaparecer el apogeo de la burguesía. Sin embargo, fue un período de expansión e inspirado mientras duró, y las artes que entonces surgieran siguen siendo populares entre los japoneses.

vida en osaka antigua

1.  Otro aspecto de la ciudad alegre y hacinada. Se trata de una cerería; los empleados sumergen las mechas en cera fundida, el cajero suma con el abaco y el propietario y   su   familia   comadrean   con   los   clientes.
2.    Soldados japoneses en 1668; van armados con mosquete europeo, así como con arco,  lanza y espada.
3.     Las aguas de la bahía iluminadas por farolillos, siempre atestadas de pequeñas embarcaciones de  recreo.

Fuente Consultada:
Colección La LLave del Saber  – Pasado y Presente del Hombre – Tomo I – Editorial Plancton

Dinastía Gupta en la India El Arte en la Edad de Oro Características

HISTORIA, CARACTERÍSTICAS Y ARTE DE LOS GUPTA EN LA INDIA

Tras el desmoronamiento del Imperio Maurya renacieron diversos reinos fracturados, pero hubo un imperio que sobresalió entre ellos: el de los gupta, que anunció el resurgimiento del hinduismo y una nueva edad dorada para la cultura india.

Esta dinastía gobernó desde el año 320 d.C. hasta el año 540 aproximadamente, una dinastía conocida como GUPTA, fue un periodo considerado tradicionalmente como la EDAD DE ORO DE LA CULTURA clásica en la India. El régimen Gupta se basaba en el antiguo reino de Magadha, y su núcleo eran las conquistas y las alianzas matrimoniales del rajá (soberano) Chandragupta I (que reinó desde el 320 hasta el 330 aproximadamente).

Su hijo y heredero Samudragupta sometió gran parte de India septentrional y central y llevó a cabo importantes campañas en el sur, aunque sólo gobernó de manera directa el valle del Ganges y la India central. Su hijo Chandragupta II (que reinó aproximadamente desde el 375 hasta el 413) extendió el Imperio por el oeste y por el sur, consolidando la autoridad Gupta, y su reinado vio florecer la cultura india.

mapa india antigua

La vastedad de la tierra , la variedad del clima y de las otras condiciones naturales y la mezcla de razas han
hecho que en la India surgiera un arte lleno de contrastes.

LA DILATADA INDIA: Protegida en sus límites septentrionales por las blancas e inaccesibles cumbres del Himalaya, y bañada al Sur por las aguas del Océano índico, la India se extiende a través de una superficie igual a la de Europa, excluida Rusia. En su territorio se alternan áridas’ zonas desérticas y fértiles regiones monzónicas, selvas, altiplanos y sonrientes valles recorridos por grandes ríos.

En el curso de los siglos, muchos pueblos han llegado a esta vasta tierra, instalándose en ella por un tiempo más o menos largo; indo-arios, persas, griegos, musulmanes han caracterizado variadamente, con los aportes de sus civilizaciones, los elementos originales de la cultura y de la sociedad indias.

Era inevitable que de tal variedad de ambientes y pueblos surgiera una civilización multiforme, así como lo era también que ésta engendrara un arte tan rico, variado y exuberante. Éste podrá ser más o menos comprendido, más o menos apreciado, pero nunca dejará de parecemos sorprendente.

Durante mucho tiempo, el arte indio ha sido el menos conocido entre todos los de Oriente; la causa de ello es, posiblemente, la escasez de hallazgos arqueológicos que den testimonio de las edades más antiguas, así como la dificultad de comprender el espíritu —tan distinto del occidental— que da forma substancial a toda esa producción artística. Un espíritu que es simultáneamente ascético y  sensual, exaltado amor a la vida y negación de la misma, libre instinto y riguroso raciocinio.

De que manera elementos tan   contrastantes  pueden  hallarse juntos en el arte y en la cultura indios tiene una explicación lógica en las condiciones ambientales a que nos hemos referido antes:  en el clima cálido y húmedo de las regiones mon-zónicas, que excita y al mismo tiempo hace languidecer los organismos; en las rígidas temperaturas de los altiplanos, que estimulan la actividad mental; en la lujuriante vegetación de las selvas, que hace surgir en los hombres un  apasionado  amor por las bellezas de la naturaleza o en la aridez de los desiertos, que, por el contrario, los induce a defenderse del ambiente exterior.

Un noble llamado Chandragupta Maurya (escrito a veces Candra Gupta Maurya) se rebeló, en 322 a.C, contra los gobernadores que Alejandro había dejado en Punjab (en lo que es hoy Paquistán y el noroeste de la India), logrando arrumar las conquistas del macedonio. Se apoderó también de Magadha, el principal estado de la India nororiental, y fundó el Imperio Maurya, la mayor entidad política de la India hasta ese momento.

cuadro etapa de la historia de la India

CARACTERÍSTICAS DE LA DINASTÍA GUPTA: En el siglo II d. de J. C, se llevó a cabo la célebre codificación (Dharmasastra) que otorgó a los sacerdotes brahmánicos las decisiones en materia jurídica. Esta codificación preparó la estabilización rigurosa del régimen de castas, dio forma al régimen familiar e incluso permitió la normalización del comercio. Estaba redactada en verso (slokas), y en líneas generales puede calificarse como superior en principios humanitarios a otras de la época.

Al llegar el siglo IV, tras es desmoronamiento de la dinastía Maurya,  surgió una nueva dinastía imperialista: la de los Gupta, oriunda de Magadha. El iniciador de las grandes conquistas de esta dinastía fue Chandragupta I, aunque dicho proceso culminó con Chandragupta II, Vikramaditya (375-413). La estabilización de la hegemonía de los Gupta inició una nueva época de prosperidad para la India. Sus comerciantes llegaron a negociar con el Imperio Bizantino, con los persas sa-sánidas e incluso con los temibles hunos. Paralelamente se produjo un notable florecimiento de toda suerte de manifestaciones literarias y artísticas de genuino mérito.

Su gobierno estaba modelado conscientemente con acuerdo a las prácticas del Imperio Maurya, con una autoridad centralizada. Restituyeron una base de poder en Pataliputra desde la cual se regulaba el comercio y la industria y promovieron un conjunto de valores unificados. También permitieron un cierto nivel de administración provincial que proporcionó a gran parte de la India más de un siglo de paz y estabilidad.

Durante este periodo, los pueblos indios estuvieron en contacto directo con gran parte del mundo exterior y floreció el comercio con Roma, el sudeste asiático y la Asia Central, el cual no solo aportó bienes materiales sino también el intercambio de ideas. La dinastía Gupta se considera de las más productivas y creativas de la historia india. Kalidasa, tal vez el mejor poeta indio, escribió poemas y dramas, y surgieron obras maestras en sánscrito. Además se dieron grandes logros en los ámbitos de las matemáticas, la astronomía, la medicina y la química.

El esplendor de los Gupta (que aunque no fueron budistas tampoco persiguieron a dicha religión) duró hasta el fin del reinado de Khumaragupta I (413-455), pues con su inmediato sucesor, Skhandagupta (455-480), se inició el colapso de la dinastía. La causa esencial de dicho proceso fue la presión de los llamados hunos blancos, ante cuyo empuje fue cayendo paulatinamente la India Gupta, hasta que quedó reducida virtualmente a la región del Ganges.

Desde entonces, el control político pasó a manos del jefe de los hunos, Toramán (hacia el primer tercio del siglo VI), cuyo hijo Mihirakula, el tristemente célebre “Atila de la India”, persiguió encarnizadamente al budismo (515-530), hasta llegar a aniquilarlo y obligar a los sobrevivientes a huir para salvarse de su furia homicida. Así, por ejemplo, el patriarca budista Bodhidharma, sucesor de Simha —asesinado por Mihirakula—, emigró a China, estableciéndose finalmente en el reino Wei.

Hasta el siglo VII no volvieron a surgir nuevas dinastías capaces de unificar políticamente a la India.

LA EDAD DE ORO: El período del imperio gupta, del siglo IV al VI d. C, se considera en la India como una edad dorada. En literatura, la antigua épica hindú en sánscrito, el Mahabharata alcanzó su forma definitiva, mientras que el gran poeta Kalidasa —al que se ha descrito como el Shakespeare del sánscrito-creó épicas nuevas, junto con poesía lírica y dramas.

En arquitectura, uno de los monumentos gupta más grandes es el ornamentado templo Mahabodhi en Bodh Gaya, el lugar donde el Buda consiguió la iluminación, mientras que el misterioso Pilar de Hierro de 7 metros en Delhi —que hasta el día de hoy no muestra la mínima señal de oxidación— es un logro metalúrgico sobresaliente.

pilar de hierro en la India

En ciencia, el astrónomo Aryabhatta demostró —entre otras cosas— que la Tierra gira alrededor del Sol y rota sobre su propio eje, mientras que el tratado astronómico y matemático conocido como el Surya Siddhanta contiene una definición de la función del seno usada en trigonometría. Sin embargo, lo más significativo fue el desarrollo del sistema numérico decimal y el uso del cero, innovaciones que después fueron recogidas por los matemáticos musulmanes y finalmente llegaron a Europa.

ARTE, TEMPLOS, ESCULTURA GUPTA: La Sociedad gupta fue, por eso, una sociedad floreciente, aristocrática, culta y, sobre todo, genuinamente hindú. No se puede decir que el arte de este período fuera prevalentemente religioso, ya que en la India no existía entonces una separación real entre práctica religiosa y actividad profana. En el espíritu indio, la religión es una manifestación vital que da forma a cada gesto y a cada pensamiento. Y es así como la gran variedad de creencias presenta, como denominador común, una singular coexistencia del más abstracto misticismo con una arrolladura v jubilosa sensualidad.

arte gupta

ARTE INDIO (período Gupta): Escena de gineceo. Terracota procedente de Yamuna (siglo v d. C.) Museo Curzon. Mathura.
Un realismo brutal, exagerado hasta lo grotesco, confiere a esta escena de harem un sabor inconfundible que contrasta con la elevad ísima espiritualidad expresada por tantas obras de esa época, y que testimonia la variedad de motivos del arte Gupta.

arte gupta

ARTE  INDIO   (período  Gup- k ta): Cabeza de Buda procedente de   Mathura   –   Museo   Curzon.
Mathura. Una expresión de divina calma y de noble espiritualidad caracteriza a las imágenes de Buda procedentes de Mathura, que durante el período Gupta también fue un importante centro artístico.

SURGEN LOS TEMPLOS HINDÚES: Fieles sobre todo a Vishnú, los emperadores de la dinastía Gupta erigieron en honor del dios numerosos templos, de los que sólo quedan algunos ejemplos en las provincias, como en Chittorgarh y en Gualior. Ellos constituyen el prototipo del templo hindú, perfeccionado y enriquecido en épocas posteriores, pero nunca substancialmente modificado. Originariamente, el templo hindú estaba compuesto por una celda cuadrada (garbhagriha) provista de un pórtico. Luego, la celda fue elevada sobre una plataforma rodeada por un deambulatorio al que se llegaba por escalinatas.

Más tarde se le agregaron varios pisos y capillas laterales. Los elementos característicos de la arquitectura hindú son: la casi total ausencia de la planta circular o de la forma esférica, el uso de líneas rectas, horizontales o verticales, y la elaboración de las columnas, que siendo en su origen de base cuadrada pasan a ser de sección poligonal y luego redonda. El templo hindú, como la “stupa” budista, es también un símbolo; en efecto: está destinado a representar en su estructura la imagen del mundo. Entre los edificios budistas de la edad Gupta recordaremos el templo de la Mahábodhi, del siglo VI d. C.

templo gupta

ARTE INDIO   (período Gupta): Templo de la Mahábodhi, en Bodh-Gaya (526 d.C).
En Bodh-Gaya, en el sitio donde el Buda histórico alcanzó la iluminación meditando bajó el árbol sagrado, podemos admirar aún hoy la grandiosa estructura en pirámide del templo de la Mahábodhi, que constituye, para los fieles budistas, el centro de su mundo espiritual. El templo, enteramente construido con ladrillos, fue erigido en 526 d. C. por Baladitya, emperador Gupta, y luego restaurado y modificado en varias oportunidades. El edificio actual está formado por una vasta plataforma cuadrada sobre la que se elevan la gran torre central y las cuatro torrecillas angulares. El exterior presenta una decoración de buen gusto.

templo gupta

Los grandes monumentos arquitectónicos erigidos por los emperadores Gupta han desaparecido casi todos. Para el que desee formarse una idea de su estilo, sólo quedan algunos santuarios de época inmediatamente posterior, que recuerdan el arte de los Gupta. Presentamos aquí dos ejemplos de dichos santuarios: un templo de Chittorgarh, y el Teli- kamandir de Gualior.

LA ESCULTURA GUPTA: El proceso de evolución de la escultura, ya iniciado con la escuela de Mathura, alcanza su culminación durante el reinado de los Gupta. Los escultores de esc período fueron, sin duda, técnicos habilísimos v artistas excepcionalmente dotados; sin embargo, no cedían libremente a sus impulsos o al deseo de reproducir fielmente la realidad, sino que, según las normas de los sacerdotes, obedecían a toda una serie de reglas preestablecidas.

Como consecuencia de ello, la escultura Gupta, que adorna numerosos templos, resulta ser más bien el fruto de un estudio cuidadoso y severo que el efecto de una libre fantasía creadora. Los cuerpos repiten a menudo actitudes de la danza, considerada en la India como un arte de capital importancia. Tenía un valor especial la representación de la belleza femenina, que debía seducir y causar sentimientos gozosos y agradables.

Los dioses son representados con los símbolos de su poder, y Vishnú aparece a menudo montado sobre el águila Garuda, en compañía de su esposa Lakshmí. En los relieves, el sentido del ritmo y de la armonía, derivados de la danza, domina todas las composiciones, infundiendo un valor sagrado, de rito, a escenas aparentemente profanas.

arte gupta

ARTE INDIO  Izq. (período Gupta): Busto de mujer adornada con un collar doble y aros largos – Museo Curzon. Mathura.
ARTE  INDIO  Der. (período  Gupta):   Pequeña cabeza de piedra – Museo  Curzon. Mathura.

arte gupta

ARTE INDIO (período Gupta): La diosa Mahishasuramardini.
Relieve en piedra procedente de Gosna Khera – Museo Curzon. Mathura.

arte gupta

ARTE. INDIO   Izq. (período Gupta):  Estatua de Buda procedente  de Sarnath   (siglo V d. C.) – Museo de Arte Indio. Calcuta.

En las estatuas de Buda procedentes de Sanlath (Benares), el ropaje, transparente y desprovisto de pliegues,
revela las formas idealizadas del cuerpo. La cabeza se destaca sobre una aureola ricamente decorada.

ARTE INDIO Der. (período Gupta): Estatua de Buda procedente de Nalanda – Museo Nacional. Nueva Delhi.

 

LAS GRUTAS DE AJANTA

grutas ajanta

En 1819, algunos soldados descubrieron por casualidad, cerca del nacimiento del río Waghóra, en Haiderabad, un conjunto de veintinueve santuarios budistas excavados en la roca en el curso de varios siglos. Se trataba de las grutas de Ajanta, que de inmediato fueron consideradas dignas de ser colocadas entre los más grandiosos monumentos creados por la religiosidad del hombre.

En el Decán, el arte Gupta se manifiesta sobre todo en los monasterios construidos en grutas, ricamente decorados con esculturas y frescos. Estas grutas, en parte budistas y en parte hindúes, tienen para nosotros una especial importancia a causa de sus pinturas, ya que son casi las únicas obras pictóricas de la época Gupta que se han conservado.

Entre esos santuarios rupestres se destacan las conocidísimas grutas de Ajanta, que son las más ricas en restos pictóricos. Construidas en distintos períodos, a partir del siglo II a. G, han sido adornadas, principalmente durante los siglos V y VI, con una amplia serie de pinturas murales. Aunque gran parte de ellas están gravemente dañadas, atestiguan que la pintura Gupta no era inferior, en el plano estético, a las realizaciones contemporáneas de la escultura y la arquitectura. Imágenes de la vida de corte, escenas de amor, fiestas y cortejos alternan en las paredes de las grutas con figuras de divinidades y episodios sagrados.

Las líneas se hallan apenas bosquejadas con un exquisito sentido del ritmo y de la decoración, y los colores están aplicados en tintas planas, con ligeros sombreados. Después del siglo VI las líneas se vuelven más acentuadas, las figuras más opulentas y majestuosas. Ya está cerca la decadencia política del reino Gupta, que cae vencido por hordas de hunos y es substituido, hasta el siglo VIII, por varios pequeños reinos, a menudo en pugna entre sí y que tratan en vano de continuar la tradición.

Declinan todos los géneros del arte, mientras la inspiración del artista, que era el reflejo de un ideal común, es substituída poco a poco por una fría y vacua imitación. Y en otros casos el arte, penetrando en las cortes provinciales, se traduce exclusivamente en una manifestación exterior de lujo v pompa, cuya única atracción es la riqueza.

ruinas de ajanta en la india

Detalle de Fachada de las Grutas de Ajanta

arte en ajanta en la india

Fachada Chaitya

De acuerdo con las últimas investigaciones, el gigantesco conjunto budista de Ajanta parece haber sido hecho en el curso de unos ocho siglos: desde el II a. C, hasta el VI d. C. En las grutas-santuarios pueden distinguirse dos tipos distintos, según el uso a que estaban destinadas: los vitara, o grutas para habitación, y los chaitya, o grutas para reuniones. Vemos aquí algunos detalles del exterior del gran chaitya que ha sido señalado con el número 19, y que pertenece al período más espléndido de las grutas de Ajanta.

Como los otros sagrarios, está totalmente excavado en la pared rocosa. Dos macizas columnas, adornadas con motivos florales, sostienen el pequeño pórtico de entrada, encima del cual se abre un gran ventanal en forma de herradura. A los costados, pilastras y paredes se hallan adornadas con figuras de Buda que se repiten muchas veces en distintas dimensiones y forman parte integrante del edificio. Interesante es el detalle de las ventanas claraboyas, que aquí han sido transformadas en elementos de pura decoración.

Fuentes Consultada:
Fascículo N° 35 Volumen III ARTE/RAMA El Arte Gupta
Historia Universal Ilustrada Tomo II John Roberts Edit. DEBATE
Atlas de la Historia del Mundo Edir. Parragon
Historia del Mundo Para Dummies Peter Haugen

Reformas Urbana en París del Barón Haussmann con Napoleón III

LA VIDA EN PARIS DURANTE EL GOBIERNO DE NAPOLEÓN III

LA VIDA PARISIENSE: Durante los primeros años del gobierno de Napoleóm III, Francia estaba feliz, o bien, pareccía serlo. En todo caso el emperador reinaba sin competir el poder. La vida política casi no existía. La oposición oposición  republicana estaba dominada o en el exilio; por más que Víctor Hugo fustigaba a «Napoleón el Pequeño», sus ideas apenas conseguían abrirse camino. La prensa estaba amordazada y bajo la continua amenaza de una amonestación que podía llevar consigo la desaparición del periódico.

Las mismas elecciones no alcanzaban a despertar a los franceses de su apatía política. Eran los prefectos, que disponían de plenos poderes, quienes las manejaban: escogían los candidatos adictos al régimen y favorecían su propaganda; al mismo tiempo, los candidatos de la oposición se encontraban con muchas dificultades: no conseguían hallar salas de reuniones; los impresores, ante las presiones oficiales, se mostraban vacilantes, etc. Los mismos patronos de las fábricas incitaban a los obreros a que votasen «bien», ya que, en caso contrario, correrían el riesgo de ser despedidos. A todo esto se denominaba candidatura oficial.

Una misa en Paris

Una misa en una capilla de Paris

Algunas gentes, en los salones parisienses, se burlaban de ello, o hacían chistes; pero era una oposición estéril La pasión po-lícita estaba extinguida No era tiempo de grandes esperanzas revolucionarias. Los franceses habían abandonado un idealismo que se juzgaba pasado de moda, por un realismo vulgar: ganar dinero y divertirse. Los bancos se desarrollaban rápidamente, en una época en que la estabilidad política estimulaba las inversiones.

El Gobierno daba el ejemplo, emprendiendo grandes obras. Era el momento de los ferrocarriles; y las carreteras se desarrollaban igualmente. A petición de Napoleón III, el prefecto del Sena, barón Haussmann, emprendió la reconstrucción de París. Era conveniente que el emperador del pueblo tuviera la más hermosa capital del mundo, que el dinamismo del soberano por elección rompiera con el mediocre tradicionalismo de los príncipes hereditarios de la vieja Europa.

París debía ser la capital del mundo. Por tanto, tenían que desaparecer los tugurios y los barrios inmundos: era necesario también dar muestras de un humanitario desvelo.

Haussmann comenzó a hacer derribos, y a trazar, a través de todo París, grandes avenidas modernas. Estas serían bellas y famosas; por otra parte, tendrían la ventaja, al no estar empedradas, sino cubiertas con macadán, de impedir el levantamiento de barricadas sirviéndose del pavimento; por último, el ejército podría en ellas disparar fácilmente en los disturbios.

Barón Houssmann

Georges Eugène Haussmann (1809-1891), político y urbanista francés, responsable de la drástica remodelación del trazado de París durante el reinado de Napoleón III (1852-1870). Fue el encargado de llevar a cabo las reformas que necesitaba el área de París en un escaso periodo de tiempo.Haussmann propuso una nueva ciudad, heredera de los esquemas barrocos de perspectivas y simetrías. Urbanizó la periferia, abrió nuevas calles anchas y rectilíneas, trasladó las estaciones de tren fuera del núcleo urbano, conectadas por una trama racional, organizó nuevos parques (como el Bois de Boulogne), construyó numerosos edificios públicos y planteó un nuevo sistema de alcantarillado y abastecimiento de agua.

Todo  esto  significaba  gastos,   especulación, realización de negocios. Todo el mundo se benefició un poco de ello. Se hicieron algunas fortunas colosales. Morny continuó siendo uno de los mejor situados.

Época de actividad febril, pero también de diversiones, en la que reinaba sobre la vida parisiense, Jacques Offenbach, al son de cuyas ligeras melodías bailaba todo París, así como los innumerables viajeros que acudían allí a distraerse. «Los cuentos de Hoffmann» y «La Bella Elena», obras amables, músicas sencillas y alegres, caracterizaron a esta época, que no buscaba más que la diversión, dejando a otros el cuidado de dirigir el país.

La moral era poco rígida. Si, en la Corte, la nobleza se dedicaba a juegos inocentes como el de la gallina ciega, en otros sitios reinaban las mujeres fáciles, que se paseaban por el Bosque de Bolonia en magníficos carruajes, a la espera de conquistar a los caballeros ricos, deseosos de mostrar al todo París su buena fortuna, y capaces de arruinarse por estas mujeres. El mismo emperador, a su vez, multiplicaba sus aventuras amorosas.

Las clases inferiores participaban, asimismo, de la euforia general. La riqueza del país iba en aumento: el ahorro se desarrolló hasta doblar sus efectivos, el consumo fue en pos de los progresos de la industria, los grandes almacenes se desarrollaron. El «Bon Marché», por ejemplo, redujo el margen de sus beneficios, esperando así vender más productos. Los clientes podían encontrar en el mismo comercio todo lo que necesitaban; podían entrar en él, sin verse obligados a comprar nada, pero, ¿quién era capaz de resistir a la tentación? El nuevo sistema de venta causó furor; el «Bon Marché» obtuvo un éxito extraordinario, y Zola

describió todo este en su obra «Au bon-heur des Dames». Pero no fue sólo París quien se benefició con la situación.

En provincias, se multiplicaron las vías de comunicación. En lo sucesivo, el campo quedaba menos aislado, y podía participar de las grandes transformaciones comrecia-les. Las arenas de las Landas fueron saneadas: se plantaron bosques de abetos, que servirían para proveer de viguetas a las minas. En los Alpes, se inició la apertura de un túnel a través del Mont Cenis. Por último, sobre todo, y contra el parecer de los expertos, y a pesar del escepticismo de los ingleses, se emprendió, a partir de 1859, una obra digna de los faraones: la construcción del canal de Suez.

El Mediterráneo no sería ya, en adelante, un callejón sin salida. Sus ciudades y sus puertos se aprestaron a renacer. En previsión de este capital acontecimiento, la política exterior francesa se reanimó, con el propósito de convertir el Mediterráneo en una especie de «mare nos-trum» galo.  La pacificación de Argelia, la intervención en Italia, la defensa de los Santos Lugares. Pero este cuadro podría parecer demasiado hermoso. Zola describiría su otra cara: la miserable situación de los obreros,  el  alcoholismo,  la  represión  policíaca.

Fuente Consultadas:
Todo Sobre Nuestro Mundo Christopher LLoyd
HISTORAMA La Gran Aventura del Hombre Tomo X La Revolución Industrial
Historia Universal Ilustrada Tomo II John M. Roberts
Historia del Mundo Para Dummies Peter Haugen
La Revolución Industrial M.J. Mijailov

El Socialismo Científico Fundamentos e Ideas de Marx y Engels

CARACTERÍSTICAS DEL SOCIALISMO CIENTÍFICO Y SU DIFERENCIA CON EL UTÓPICO

A lo largo de los dos siglos anteriores se han sucedido ideas y programas socialistas muy divergentes: desde los planes idealistas de los primeros socialistas utópicos, pasando por los proyectos revolucionarios de Marx y Engels, quienes dieron un soporte teórico y práctico a partir de una concepción materialista de la historia. El marxismo sostenía que el capitalismo era el resultado de un proceso histórico caracterizado por un conflicto continuo entre clases sociales opuestas. El socialismo ha tenido muchas encarnaciones, pero sus valores centrales y sus objetivos básicos han mantenido una notable constancia. Los socialistas de todos los tipos coinciden en su oposición a las muchas y palpables injusticias provocadas por el capitalismo. Fundamentalmente todos los “socialistas” buscan crear una sociedad más justa haciendo frente a la tendencia del capitalismo a concentrar la riqueza y el poder en manos de la minoría.

Los Primeros Socialistas Aunque numerosos principios del socialismo pueden retrotraerse a mucho antes, los primeros pensadores que recibieron el nombre de socialistas surgieron, sobre todo en Francia y Gran Bretaña, en las décadas de 1820 y 1830. La mayoría de los primeros radicales sociales, llamados utópico, (ver: socialismo utópico) actuaban espoleados por las salvajes desigualdades causadas por la industrialización, en la que empresarios y propietarios de fábricas acumulaban fortunas gracias a los trabajadores,quienes, en su inmensa mayoría, trabajaban jornadas interminables por salarios míseros en condiciones peligrosas e insalubres.

Mrax y Engels

Karl Marx  fue, junto a Friedrich Engels, el fundador del socialismo científico. Autor del Manifiesto Comunista y de El capital, ambas obras se convirtieron en el sustrato ideológico de dicho movimiento, que pronto pasaría a ser conocido por el nombre de comunismo.

Socialismo científico: El pensamiento socialista fue producto de los grandes alcances científicos del siglo XIX y del desarrollo de las ciencias sociales, que los pensadores alemanes Karl Marx (1818-1883) y Friedrich Engels (1820-1895) utilizaron para fundamentar su teoría.

carl marx socialismo cientificoAsí, desarrollaron su propia ideología conocida como socialismo científico, que desplazó a los socialistas utópicos, porque partía de la realidad económica y social concreta que se vivía bajo el sistema de producción capitalista, con la finalidad de establecer leyes y reglas de conducta y acción correspondientes.

Autor de varias obras, Marx publicó en 1848, junto con Engels, El Manifiesto Comunista. En él se hacía un llamado a los obreros de todo el mundo para que se unieran, y rompieran con la organización social de la sociedad burguesa capitalista y pasaran de “ser esclavos a dueños de su propio destino”.

Según Marx, históricamente los conflictos existentes en toda sociedad tenían su origen en la lucha de clases. En el caso de la sociedad capitalista, las dos clases con intereses  contrapuestos eran la obrera y la burguesía. Esta última explotaba a la primera y se había enriquecido  al  obtener beneficios extras con su trabajo.

Para terminar con esta injusta situación era necesario construir una sociedad comunista, es decir, una sociedad igualitaria donde ya no habría ni explotadores ni explotados,   por lo que los obreros teman que organizarse para tomar el poder, utilizando la vía revolucionaria si era necesario, con lo que se establecería un nuevo orden social.

Marx explicó que el trabajo del hombre basado sólo en los beneficios era una brutalidad física y una bancarrota moral:
[La burguesía] en el lugar de todas las innumerables libertades, bien adquiridas y escrituradas, ha establecido como única libertad la del libre     comercio sin escrúpulo. En una palabra, la burguesía ha sustituido la explotación envuelta en     ilusiones religiosas y políticas por la explotación franca, descarada, directa y adusta.

El capitalismo había provocado el derrumbamiento de los valores de la familia:
La burguesía arrancó el velo patético-sentimental que encubría las relaciones familiares reduciéndolas a una mera relación de dinero.
Su necesidad de crecimiento económico constante había creado un apetito insaciable de conquistas globales. La necesidad de colocar sus productos en mercados cada vez más amplios empuja a la burguesía a los más apartados rincones del planeta. En todas partes tiene que afincarse, echar raíces y establecer relaciones.

Evolución del socialismo utópico al socialismo científico: En el curso de la revolución industrial, la sociedad capitalista fue revelando cada vez más sus contradicciones. Se manifestaba con nitidez cada vez mayor la pringipal contradicción del capitalismo, la contradicción entre el carácter social dé la producción y la forma capitalista privada de apropiación de sus frutos. La realidad capitalista refutaba sin dejar lugar a dudas las viciosas concepciones de los ideólogos burgueses, que proclamaban la identidad de los intereses del trabajo y del capital y afirmaban que el pueblo alcanzaría el bienestar general gracias al desarrollo de la sociedad burguesa.

En el proceso de la revolución industrial no sólo se formó la ideología burguesa; cristalizo también la ideología proletaria. Las obras de los socialistas utópicos Claudio E. Saint-Simón, Carlos Fourier y Roberto Owen expresaban ya teóricamente, aunque de modo imperfecto, los intereses del proletariado.(El socialismo utópico debe su nombre a la obra Utopía, del pensador inglés Tomás Moro, quien describe en ella la isla fantástica de ese nombre, en la que existía un régimen social ideal).

En 1802 Saint-Simón publicó su libro Cartas de un vecino de Ginebra, en la que argumentaba su idea de que “todos los hombres deben trabajar”. En 1825 apareció su trabajo El nuevo cristianismo, en el que este noble representante del socialismo utópico-crítico declaró abiertamente que el fin de la sociedad debía ser el de mejorar la suerte de la   “clase   más  numerosa y más  pobre”.

Los   discípulos de Saint-Simón expresaron su ideal socialista con las palabras: “A cada uno, según su capacidad; a cada capacidad, según sus obras” (esta consigna fue modificada por Marx y Engels, que la expresaron así: “Dé cada uno, según su capacidad; a cada uno, según su trabajo”).

En la primera mitad del siglo XIX aparecieron también los trabajos de Carlos Fourier, otro gran representante del socialismo utópico-crítico. Fourier demostraba en sus obras que el régimen capitalista, con todos sus vicios, debería ceder lugar a un régimen social superior. Sin embargo, Fourier era enemigo de la lucha revolucionaria; confiaba en que, mediante la propaganda, se lograría persuadir a los capitalistas de las ventajas del nuevo régimen. Por ello las obras de Fourier (la principal es El nuevo mundo industrial y societario) deben principalmente su importancia a que contiene una ingeniosa y mordaz crítica de las lacras del régimen capitalista.

El representante más notable del socialismo utópico en Inglaterra fue Roberto Owen. En su libro Sistema social, Owen expone la necesidad de una transformación radical dé toda la sociedad para convertirla en una unión de comunidades comunistas. Owen trató de plasmar en hechos su doctrina fundando tales comunidades. La primera colonia comunista, llamada “Nueva Armonía”, surgió en Norteamérica, en el Estado de Indiana. Sin embargo, no tardó en fracasar, ya que era un pequeño y solitario islote en medio del proceloso océano de la anarquía capitalista de la producción. Durante toda su actuación, Owen mantuvo una actitud negativa hacia la lucha política de la clase obrera y se pronunció contra las huelgas.

En Alemania, el representante del socialismo utópico fue Guillermo Weitling. En sus obras, Weitling criticó con brillantez y audacia la sociedad burguesa de su tiempo. Era contrario a la propiedad privada, viendo en ella la “fuente de todos los males” de la humanidad. A diferencia de la mayoría de los socialistas utópicos, Weitling exhortaba al   proletariado   a   que   luchase   él   mismo   para derrocar el régimen odiado y construir una nueva sociedad.

Sin embargo, Weitling estimaba que los mejores luchadores por el régimen comunista no eran los proletarios industriales, sino el proletario e incluso los bandidos, por considerarlos la capa más enemiga de la sociedad capitalista. Marx y Engels consideraron el comunismo de Weitling el primer movimiento teórico independiente del proletariado alemán. Sin embargo el movimiento encabezado por él fue degenerando en una , secta y penetrándose de ideas religiosas por lo que acabó en la más completa degradación.

Todos los socialistas utópicos señalaban en una u otra medida las agudas contradicciones de la sociedad capitalista: el rápido incremento de la producción y la pauperización del proletariado las crisis de superproducción y el contraste entre la ciudad y el campo. Caracterizando los trabajos de íos “Socialistas utópicos Marx y Engels dijeron: “Estas obras socialistas y comunistas encerraban también elementos de crítica. Atacaban todos los cimientos de la sociedad existente. Por eso proporcionaron un material sumamente valioso para ilustrar a los obreros”.

Pero las ideas de los socialistas utópicos nacieron en un período en que la lucha de clases entre el proletariado y la burguesía apenas si se había desarrollado. Los socialistas utópicos veían en el proletariado la clase que más sufría pero no la creían capaz de hacer cambiar de modo radical con sus propias fuerzas, la sociedad.

Por eso ninguno de ellos actuó como representante del proletariado exclusivamente: querían liberar de golpe a toda la humanidad, y no, en primer lugar, a una determinada clase social. Los socialistas utópicos no vinculaban la transformación socialista de la sociedad con la lucha revolucionaria de las clases oprimidas y mantenían una actitud negativa hacia esa lucha. Vinculaban el surgimiento del régimen socialista con la actividad filantrópica de las capas superiores de la sociedad, suponiendo que sus mejores representantes, penetrados de las nobles ideas socialistas, crearían un nuevo orden social.

Las concepciones de los socialistas utópicos no fueron ni podían ser la bandera del proletariado combatiente, pues no expresaban de modo científico los intereses cardinales de la clase obrera y eran tan sólo utopías, sueños irrealizables. Ni siquiera los mejores representantes del socialismo utópico supieron descubrir las leyes objetivas del capitalismo ni hallar la fuerza social capaz de construir la nueva sociedad.

Los discípulos de los grandes socialistas utópicos cerraban obstinadamente los ojos para no ver en la clase obrera a una fuerza histórica independiente, predicaban la necesidad de transformaciones pacíficas y seguían apelando, preferentemente, a las clases poseedoras y negando la lucha de clases. Por ello, a medida que fue creciendo el papel político revolucionario del proletariado, esas doctrinas se volvieron cada vez más reaccionarias. El desarrollo de la revolución industrial y la activación e intensificación de la lucha revolucionaria del proletariado planteaban imperiosamente la tarea de crear una teoría amplia, omnímoda y verdaderamente científica, una concepción proletaria nueva, revolucionaria. Esa tarea la cumplieron Carlos Marx y Federico Engels.

Carlos Marx y Federico Engels dieron respuesta a las cuestiones vitales planteadas ante el movimiento obrero. Expusieron científicamente en sus trabajos la inevitabilidad del hundimiento del régimen capitalista y del triunfo de un nuevo régimen, el socialista. Mostraron que el socialismo no es una invención de soñadores, sino el resultado inevitable del desarrollo de la sociedad burguesa.

Carlos Marx y Federico Engels demostraron que el artífice de la nueva Sociedad sería el proletariado y que la lucha de éste contra los capitalistas llevaría necesariamente al establecimiento de la dictadura del proletariado. A su vez, la dictadura del proletariado sería tan sólo un medio de transición, por la supresión de todas las clases, a la sociedad sin clases. Marx y Engels enseñaron que la clase obrera, vinculada con la gran industria, la forma más avanzada de economía, era edificación socialista y comunista en la Unión Soviética y por la experiencia de la clase obrera y las masas trabajadoras de las democracias populares, que construyen el socialismo.

El marxismo es la mayor realización del pensamiento humano, una poderosa arma espiritual de transformación revolucionaria de la sociedad y guía para la acción de los proletarios, los demócratas, los patriotas y todos los hombres honestos de la tierra.

El marxismo surgió durante la revolución industrial. En aquellos tiempos el capitalismo se desarrollaba todavía en línea ascendente, la incompatibilidad de los intereses de burgueses y proletarios no había alcanzado el actual grado de antagonismo, y las contradicciones del régimen burgués apenas si empezaban a perfilarse. Desde entonces las cosas han cambiado mucho: hace tiempo que el capitalismo perdió definitivamente todo carácter progresista paraconvertirse en un freno del desarrollo social.

Las fuerzas de la paz, la democracia y el socialismo, que en aquella época apenas si habían surgido, son hoy el factor decisivo del desarrollo de la historia. La nueva época ha permitido enriquecer con espíritu creador el marxismo, aportándole nuevas tesis y deducciones. No obstante, lo principal y decisivo en la teoría del comunismo científico, la tesis de la inevitabilidad del hundimiento del capitalismo y de su sustitución por el comunismo, queda en pie. La vitalidad de dicha tesis la confirma todo el  curso   del   desenvolvimiento   histórico.

Con el correr del tiempo, el socialismo evidencia cada vez más su superioridad no sólo en la esfera política, sino también en la económica. En las ramas principales de la ciencia y de la técnica se aprecian con mayor nitidez cada día las ventajas del socialismo.

PRINCIPALES OBRA DE CARL MARX
1841 Diferencia entre las filosofías de la naturaleza de Demócrito y Epicuro (tesis doctoral)
1844 Manuscritos económico-filosóficos
1845 La sagrada familia (contra Bruno Bauer y la izquierda hegeliana; en colaboración con Friedrich Engels)
1845-1846 La ideología alemana (primera exposición de la concepción materialista de la historia; en colaboración con Engels)
1847 Miseria de la filosofía (contra las tesis de Pierre Joseph Proudhon)
1848 Manifiesto Comunista (en colaboración con Engels)
1852 El 18 brumario de Luis Bonaparte (ensayo histórico-político sobre el golpe de Estado acaecido en Francia el 2 de diciembre de 1851)
1859 Crítica de la economía política
1867 El capital (vol. I; los vols. II y III fueron editados y publicados por Engels, con carácter póstumo, en 1885 y 1894, respectivamente)
1871 La guerra civil en Francia (análisis de la experiencia de la Comuna de París)
1875 Crítica del programa de Gotha (publicada por Engels, con carácter póstumo, en 1891)

Fuente Consultadas:
Todo Sobre Nuestro Mundo Christopher LLoyd
HISTORAMA La Gran Aventura del Hombre Tomo X La Revolución Industrial
Historia Universal Ilustrada Tomo II John M. Roberts
Historia del Mundo Para Dummies Peter Haugen
La Revolución Industrial M.J. Mijailov
Enciclopedia Digital Encarta Entrada: Socialismo
50 Cosas Que Hay Que Saber Sobre Política Ben Dupré

El Socialismo Utópico Origen, Fundamentos e Ideas Saint Simón

RESUMEN DEL SOCIALISMO UTÓPICO – PENSADORES E IDEAS FUNDAMENTALES

Desde el incio del siglo XIX se designa socialismo a las teorías y acciones políticas que persiguen una economía basada en la democratización de los sistemas de producción (máquinas, materias primas, etc.) bajo el control estatal, que puede ser total o parcial. Nació como respuesta a las injusticias vividas por los obreros en los inicios de la era capitalista cuando los patrones eran los dueños absolutos de los elementos de producción y explotaban laboralmente a familias enteras en pos de sustanciosas ganancias. El objetivo final de los socialistas era establecer una sociedad comunista o sin clases, pero con el tiempo se han centrado cada vez más en reformas sociales realizadas en el seno del capitalismo.

Sistema de organización social y económico basado en la propiedad y administración colectiva o estatal de los medios de producción y en la regulación por el Estado de las actividades económicas y sociales, y la distribución de los bienes.

Mrax y Engels

Karl Marx  fue, junto a Friedrich Engels, el fundador del socialismo científico. Autor del Manifiesto Comunista y de El capital, ambas obras se convirtieron en el sustrato ideológico de dicho movimiento, que pronto pasaría a ser conocido por el nombre de comunismo.

DESTINO TRÁGICO DE LOS CAMPESINOS MODESTOS Y DE LOS OBREROS
Ya fuera en calidad de siervos, de asalariados, de aparceros o de jornaleros, la condición de los pequeños campesinos era miserable en toda Europa. En los países más ricos, como Francia, Inglaterra y los Países Bajos, debían trabajar en el campo, mientras que sus mujeres hilaban o tejían, el día entero, por algunos centavos, para asegurarse sus pobres comidas, compuestas de pan, queso y legumbres. En Inglaterra, el movimiento de los «acotados» redujo a muchos de ellos al estado de indigentes.

En Irlanda, el hambre fue tan terrible, que los campesinos se sublevaron, en varias ocasiones, incendiando y saqueando las tierras de los «landlords». En Rusia, donde, además de su miseria, los siervos, sufrían el yugo de su señor, estallaron centenares de sublevaciones populares; en 1848, los campesinos del sur de Alemania, oprimidos por los usureros, se sublevaron.

La lenta emigración hacia las ciudades comenzaba para todos aquellos que la tierra no podía alimentar. Pero allí les esperaba una suerte igualmente difícil. La clase obrera, que nacía en esta primera mitad del siglo XIX, sufrió, efectivamente, las peores condiciones de su existencia: en todas partes, los salarios nominales registraban una baja, mientras que el coste de vida, en particular los el trabajo de los niños se votó igualmente en Francia, pero no fue jamás aplicada.

Las condiciones de trabajo continuaban siendo, en 1850, igualmente desastrosas: el frío o el calor intensos, la falta de luz, la estrechez de los locales, la vida colectiva en los dormitorios y la presencia continua de los tiránicos vigilantes, que no lograban acabar con la indisciplina, explicaban las enfermedades (raquitismo, tuberculosis), el alcoholismo, la prostitución, las alta natalidad que oprimía a la clase obrera europea.

Numerosos obreros se rebelaban contra su situación: en Inglaterra, en Francia, en Bélgica, los obreros rompían las máquinas, como terribles competidores. Las huelgas esporádicas estallaban en las minas y en los talleres, siendo frecuentemente sofocadas por la fuerza; la de los empleados de las fábricas de seda de Lyon («canuts»), que lucharon «por el pan y el trabajo», con sus seis mil muertos, ha pasado a la historia como la más sangrienta. Pero la falta de asociaciones obreras llevaba estas sublevaciones al fracaso. Las corporaciones y las mutualidades no agrupaban entonces más que a la aristocracia obrera (artesanos especializados, trabajadores cualificados) cuyas cotizaciones permitían ayudar a los acciden tadados, enfermos v los parados deprofesión.

PRIMEROS REFORMADORES Y UTOPISTAS
En 1830, fueron muchos los que, ante la situación miserable de las clases populares y el enriquecimiento escandaloso de una minoría privilegiada, pusieron en tela de juicio los fundamentos de la sociedad y, en nombre de la caridad cristiana o de la justicia social, propusieron reformas o construyeron nuevos sistemas políticos. En Francia apareció, en 1829, el movimiento católico liberal en torno a los sacerdotes Lammenais y Lacordaire, y del joven par de Francia, el conde de Montalembert.

Hostiles a las ideas del Antiguo Régimen y a la enfeudación de la Iglesia al estado monárquico, se pronunciaron en su periódico «L’Avenir» por la separación de la Iglesia y el Estado, por la libertad de conciencia, de prensa, de asociación, de enseñanza, por la soberanía del pueblo y por el sufragio universal. Condenados por el Papa en la Encíclica «Mirari vos» (1832), sospechosos al gobierno francés, el movimiento fue frenado y «L’Avenir» dejó de publicarse. Pero la doctrina se mantuvo y fue el origen de la iniciativa tomada en 1833 por un joven estudiante, Federico Ozanam, que creó la sociedad de San Vicente de Paul, de ayuda mutua y de caridad.

saint simonLas primeras obras socialistas que intentaban reorganizar la sociedad sobre nuevas bases, en provecho de las clases explotadas, eran, en gran parte, utópicas; tenían, sin embargo, el mérito de dar a conocer una serie de nociones de las que se derivaría el socialismo posterior. Uno de los primeros socialistas fue el conde de Saint-Simón; este noble arruinado fue el autor de doctrinas económicas y sociales poco seguidas mientras él vivió.

Llevaban consigo una violenta crítica del régimen social fundado en la competencia y en la explotación de la clase más numerosa por una minoría de poseedor res casi siempre inactivos, y llegaban a la conclusión de la necesidad de suprimir a esta clase privilegiada.

Sus bienes y sus capitales pasarían al Estado, único propietario legítimo; la sociedad sería reorganizada y jerarquizada, según la capacidad de cada uno; el poder del rey y de la Iglesia sería sustituido por el de los trabajadores, sabios, banqueros, industriales, obreros…, animados por una misma fe en la ciencia y en el progreso.

Fueron los discípulos de Saint-Simón (Enfantin y Bazard) los que dieron a conocer su doctrina; intentaron organizar una vida comunitaria, de acuerdo con los principios del maestro: «a cada uno según sus capacidades, a cada capacidad según sus obras»; pero desavenencias internas y un proceso intentado por el Estado dieron fin a este proyecto. El «saint-simonismo», por el lugar que otorgaba a la economía, tuvo una cierta influencia sobre los industriales y los hombres de negocios del Segundo Imperio.

El inglés Robert Owen, contemporáneo de Saint-Simón, preconizaba un socialismo anti-estatal, donde el poder de decisión pertenecería a los trabajadores reagru-pados en cooperativas propietarias del capital y de la maquinaria. La reunión de estas cooperativas en una federación central permitiría canjes armoniosos. Owen quiso poner en práctica sus ideas y fundó una colonia modelo en los Estados Unidos, con el nombre de «New Harmony».

El socialismo utópico: Una corriente ideológica precursora de los movimientos socialistas fue el socialismo utópico, que tuvo especial importancia en las primeras décadas del siglo XIX. De forma global, se caracterizaba por su crítica a la situación social creada por el capitalismo, europeo, y por el carácter predominantemente moral de sus teorías, en el que se aunaban influencias románticas y cristianas, hasta desembocar en una concepción casi mística de la vida y de las relaciones labo-rales.Así.Saint-Simon (1760-1825) abogaba en sus escritos por un tipo de sociedad basado en un fuerte desarrollo industrial y gobernada por un conjunto de sabios, banqueros y empresarios que debería   respetar  determinadas   normas morales y favorecer a las clases más humildes.

Esta fracasó, pero Owen había puesto las bases de un sindicalismo que alcanzaría gran difusión en Inglaterra, poco después. Se encuentran preocupaciones similares en el francés Fourier: el Estado debía desaparecer, en provecho de los falansterios, asociaciones libres y autónomas de trabajo, donde cada uno podría dedicarse a las ocupaciones que eligiera; la vida comunitaria, que permitía a cada cual desarrollarse, era obligatoria. Fourier pensaba que estas unidades, que agruparían alrededor de 2.000 individuos de ocupaciones complementarias, permitirían llegar al enriquecimiento general.

Si bien los falansterios constituidos por sus discípulos no pudieron desarrollarse, sus conceptos sobre las asociaciones de trabajadores fueron aceptados igualmente por el movimiento socialista.

En los años que precedieron a 1848, la multiplicación de los sistemas socialistas demostró la atención cada vez mayor que se prestaba a aquellos problemas. Algunos reformadores, como Louis Blanc, se propusieron hacer del Estado su único patrono; todas las industrias privadas se incorporarían a los talleres sociales, donde los trabajadores elegirían sus jefes y repartirían sus beneficios.

Otros, como Cabet (autor del «Viaje a Icaria»), iban más lejos aún, haciendo del Estado el único propietario, que distribuiría a cada uno el trabajo y los productos que necesitara. Proudhon combatió la idea misma de la propiedad: «la propiedad es un robo»; el autor de «Filosofía de la miseria» (1846) predicaba la supresión del Estado y de las leyes, y los sustituía por contratos individuales, única garantía de una libertad total.

Excluyendo toda soberanía, incluso la del pueblo («el sufragio universal es una lotería»), y todo sistema de gobierno, Proudhon anunciaba el anarquismo. La diversidad de los sistemas indicaba claramente que el socialismo no era un partido político provisto de un programa bien definido. Sin embargo, al final de este período, algunos reformadores intentaron organizar las masas obreras, a fin de que influyeran más eficazmente en la escena política. En París se fundó, en 1836, la Federación de los Justos por los emigrados revolucionarios alemanes, de los que el sastre Weitling era la figura más notable; en 1847, en el Congreso de Londres tomó el nombre de «Liga de los comunistas».

En esta ocasión, Carlos Marx y Federico Engels redactaron el «Manifiesto del partido comunista». Esta llamada a una agrupación internacional de las fuerzas socialistas, lanzada en 1848, no sería escuchada hasta años después.

fabrica de medias

Fábrica de medias perteneciente a Manufacturas Owen y Unglow, en Inglaterra.

SINTESIS: Los socialistas utópicos partían del principio de que el ser humano era bueno por naturaleza y que si se le ofrecía una auténtica igualdad de oportunidades, sin injusticias ni egoísmos, dejarían de haber pobres y ricos, y todos ios hombres serían realmente iguales.

El socialismo utópico propugnaba por una sociedad donde no hubiera explotadores ni explotados, y reinara la felicidad y la armonía entre los hombres. Para conseguirlo debían aprovecharse las ventajas de la industrialización y el trabajo colectivo, organizados ambos de modo igualitario, es decir, suprimir la propiedad privada de los medios de producción, como los campos de cultivo, fábricas, máquinas, etcétera, para que pasaran a ser rropiedades colectivas.

Entre los teóricos del socialismo utópico destacaron los franceses Sainat Simón y Fourier, así como el inglés Robert Owen, quien desde una tura filantrópica introdujo mejoras sociales en sus fábricas, se preocupó por la educación de los obreros y apoyó las asociaciones cooperativistas.

cuadro socialismo utopico

Dimensión de futuro: El «socialismo utópico» —representado por estos autores y muchos otros en toda Europa y América— preparó el camino al nacimiento y desarrollo del «socialismo científico» o «marxismo». Algunas de las tesis de esta doctrina fueron iniciadas por los ilustrados pensadores de principios del siglo XIX. El pensamiento de Marx y Engels se perfiló en parte al definirse en contraste con la ideología utópica.

Hemos visto en otros post cómo Owen y los demás autores defienden la propiedad colectiva de los bienes, cómo Fourier reniega de la civilización elaborada sólo en la defensa de los intereses de la clase empresarial, y cómo Saint-Simón anuncia —aunque tímidamente— la confusión creciente entre el mundo político y los intereses económicos. Dar un paso más e interpretar toda la Historia como dependiente en parte del desarrollo de la lucha de clases, fue obra de Marx y Engels.

La aportación genuina de estos autores es precisamente enraizar la solución a la injusticia capitalista en la lucha del propio proletariado en defensa de sus intereses, y hacer ver que esta lucha surge de la situación relativa de las clases.

Los socialistas utópicos no desempeñan un papel relevante en el desarrollo de la historia de la organización social precisamente porque sus actuaciones no se fundamentaron en las fuerzas sociales existentes, sino que confiaron en la actuación de un Estado —que en principio defendía los valores contrarios— o bien en la actuación paternalista de gentes de buena voluntad. Sin embargo, sí ocupan un lugar relevante en la historia del pensamiento al realizar los primeros análisis de las contradicciones que el sistema capitalista industrial llevaba consigo.

Fuente Consultadas:
Todo Sobre Nuestro Mundo Christopher LLoyd
HISTORAMA La Gran Aventura del Hombre Tomo X La Revolución Industrial
Historia Universal Ilustrada Tomo II John M. Roberts
Historia del Mundo Para Dummies Peter Haugen
La Revolución Industrial M.J. Mijailov

 

 

 

Quienes fueron los Jenízaros en el Imperio Otomano o Turco?

ORIGEN Y FUNCIÓN DE LOS JENÍZAROS EN EL IMPERIO TURCO

personajes raros de la historia

Los jenízaros eran miembros del ejército turco otomano creado por el sultán Orjan , padre del futuro sultán Murat I. A través de sus conquistas militares a partir  del siglo XIV los otomanos comenzaron a reclutar  tropas asalariadas de mercenarios, esclavos, prisioneros de guerra y desde mediados del siglo XV una leva de jóvenes cristianos de los Balcanes (llamados devsirmes). A partir de estas nuevas fuerzas (las kapikulli) surgió la famosa y muy disciplinada infantería otomana, cuyos miembros eran conocidos como los jenízaros, que fue el factor principal de los éxitos militares otomanos desde finales del siglo XV en adelante. 

INTRODUCCIÓN: El Imperio Otomano surgió a finales del siglo XIII en el norte de Anatolia (parte de la actual Turquía). Emparentados con los mongoles y otros nómadas, los turcos, conjunto poco cohesionado de pueblos del interior de Asia central, estaban organizados según clanes dinásticos, tal como el de los selyuk, que lograron gran poder en Oriente Medio durante el siglo XI. Los europeos derrotaron a los turcos selyúcidas en la primera Cruzada de 1095

Los otomanos, otro clan turco, tomaron Constantinopla en 1453, poniendo punto final al Imperio Bizantino. (Su nombre no proviene del sofá otomano;  mueble al estilo de Oriente Medio, toma el nombre del clan turco.)

Los turcos otomanos eran musulmanes, al igual que los selyúcidas anteriores a ellos, los árabes y otros pueblos de Asia oriental. Como los árabes, lucharon con el espíritu de la jihad (la guerra santa) para formar un imperio que se extendía desde Budapest, en Hungría, hasta Bagdad, en Irak y, hacia el sur, hasta Asuán, en el Nilo superior, incluyendo también la costa mediterránea de África.

Las guerras incesantes y las alianzas acertadas supusieron el éxito de los otomanos en las coqnuistas territoriales y que hasta finales del siglo XVII, Europa no representó ningún peligro auténtico para los turcos, pero a partir de entonces, la situación comenzó a cambiar con rapidez. En términos generales, después del reinado de Luis XIV habían quedado zanjadas las principales disputas territoriales de Europa occidental, y las fronteras de los estados permanecerían estables durante todo el siglo XVIII. Pero la aparición de dos importantes monarquías en el este de Europa —Prusia y Rusia— alteró considerablemente el equilibrio de poderes hostiles a Turquía.

Cuando murió Solimán el Magnífico en 1566, el Imperio otomano se dedicaba a asaltar los pueblos del Mediterráneo para apresar a los cristianos de las costas de Italia y España con el objetivo de venderlos como esclavos en los puertos islámicos del mar Negro.

Se cree que entre 1530 y 1780 más de un millón de europeos cristianos fueron raptados por corsarios musulmanes cuyas bases de operaciones se encontraban en ciudades del norte de África como Túnez y Argel. Muchos eran enviados a trabajar en canteras o como remeros de galeras otomanas.

Utilizar a los esclavos como soldados era una antigua costumbre islámica. Saladino, el gran conquistador de los cruzados cristianos, tenía un ejército de soldados-esclavos que finalmente se rebeló para tomar el control de Egipto y fundar la dinastía de los mamelucos. Los otomanos continuaron aplicando la misma política tras arrebatar Egipto a los mamelucos en 1517.

Se llevaban a jóvenes cristianos de los Balcanes para que sirvieran en el ejército otomano, donde primero los preparaban como soldados-esclavos de la corte y finalmente se convertían en la escolta personal del sultán. Esos reclutas, llamados jenízaros, eran la piedra angular del ejército permanente otomano. Aunque les obligaban a servir en el ejército, también les pagaban un sueldo, en una época en que la mayoría de los ejércitos europeos dependían de los botines de las campañas victoriosas, razón por la que las tropas imperiales de Carlos V saquearon Roma en 1527.

Los jenízaros solían acabar teniendo una buena posición social y con su lealtad iban adquiriendo privilegios. Con el tiempo, tener un hijo jenízaro acabó considerándose un gran honor. A partir de la década de 1440 esas tropas de élite adoptaron las armas de fuego y se convirtieron en expertos ingenieros.

En resumen los jenízaros no eran turcos: eran de origen búlgaro, húngaro, griego, circasiano, etc., y eran hombres que habían sido capturados siendo niños, en el transcurso de las guerras, y convertidos después. A partir de los doce años, eran dotados de una instrucción militar muy severa. Aislados en campamentos de barracas volantes, y consagrados, en principio, al celibato, constituían en su origen una tropa de una dureza y de una combatividad excepcionales.

Su vida diaria estaba regida por leyes especiales, que les apartaban de la vida civil; incluso se les prohibía el matrimonio. La devoción a esa disciplina convirtió a los jenízaros en el azote de Europa. Sin embargo, estas normas cambiaron con el tiempo; el reclutamiento se relajó (también se admitieron musulmanes) y debido a los privilegios de que disfrutaban, su número ascendió de aproximadamente 20.000 en 1574 a unos 135.000 en 1826.

Para aumentar sus sueldos, los jenízaros comenzaron a ejercer distintas relaciones comerciales y establecieron fuertes vínculos con la sociedad civil, reduciendo de este modo su lealtad al sultán. En algunos momentos se convirtieron en personas influyentes y en aliados de las fuerzas conservadoras, oponiéndose a toda reforma y evitando permitir que se modernizara el Ejército.

jenizaron en el imperio otomano

Su disciplina estaba relajada, y fue necesario, a partir de 1600, renunciar a imponerles el celibato. Las fuerzas que antes reservaban sólo para la guerra fueron desperdiciadas en el vicio y en la intriga.

Los siglos XVII y XVIII estuvieron subrayados por sangrientas revueltas. Artífices de la grandeza del Imperio en otro tiempo, los «Yeni-Cheri» se convirtieron en instrumento de su ocaso. Si bien el sultán Selim se opuso a ellos en sus proyectos de reforma interior, los encontró a la cabeza de los rebeldes que, en el exterior, se alzaron contra su autoridad. En Bulgaria, por ejemplo, se les encuentra al lado de los bandidos que devastaban el país.

Aunque las tropas otomanas se opusieron con éxito a las de Napoleón en Egipto, y a pesar de que la paz firmada en 1802 entre Francia y Turquía fue favorable a las dos partes, el sultán no logró, sin embargo, romper la oposición interior. Hostiles a toda reforma, los jenízaros sublevados penetraron en el Serrallo y obtuvieron la caída de Selim III, antes de hacerle asesinar en julio de 1808.

En el siglo XIX, en la década de 1820, debido a su impotencia para aplastar la insurrección griega les desacreditó completamente, y animó al sultán Mahmud II a proyectar su eliminación.

Fuente Consulatadas:
Todo Sobre Nuestro Mundo Christopher LLoyd
HISTORAMA La Gran Aventura del Hombre Tomo X
Historia Universal Ilustrada Tomo II John M. Roberts
Historia del Mundo Para Dummies Peter Haugen

 

Biografia de Bakunin Mijail El Anarquismo Vida Política

RESUMEN DE LA BIOGRAFÍA Y VIDA POLÍTICA DE MIJAIL BUKANIN

Mijaíl Alexándrovich Bakunin fue un revolucionario anarquista ruso (Torzk, 1814 – Berna, 1876). Participó en los movimientos revolucionarios de 1848 y fue encarcelado en Rusia.  Fundó la Alianza de la Democracia Socialista y la secta de los Hermanos Internacionales. Preconizó el ateísmo, la abolición de clases, la igualdad de los sexos, la propiedad en común de la tierra y las riquezas, la desaparición de todos los estados y de las autoridades. En 1872 creó una liga, germen del anarquismo.

Hijo de una familia aristócrata rusa del siglo XIX, destacado en la historia del pensamiento humano por  su credo anarquista, que fue una verdadera filosofía de la naturaleza y del hombre. De Bakunin, este «titán con cabeza de león», anarquista y revolucionario, su amigo Herzen decía: «En el fondo de la naturaleza de este hombre se encuentra el germen de una actividad colosal, que no logró su consumación».

Partidario del colectivismo antiautoritario, Bakunin participó en todas las luchas revolucionarias y presintió los excesos futuros en la aplicación del pensamiento marxista. Dedicó su vida a la difusión de su doctrina anarquista por todo Europa.

Entre sus principales obras figuran: El Imperio Knuto-Germánico e Internacional, La teología política de Mazzini, Dios y el Estado, El catecismo revolucionario y Los principios de la Revolución.

Bukanin anarquismo

Mijail Bukanin (1814-1876)

Bakunín, dos años más joven que su amigo Herzen, procedía también de una antigua familia rusa, y fue oficial, antes de hacerse revolucionario. Fue mucho más lejos que Herzen. En 1845, en París, también conoció a Michelet, a Lamennais y a Proudhon.

Nació el 18 de mayo de 1814 en la provincia rusa de Tver y disfrutó de una infancia feliz en la hacienda paterna, rodeado de sus cuatro hermanas, por las cuales sentía un gran cariño. Recibió una educación escolar de buen nivel gracias a los servicios de un preceptor privado y se interesó por la vida de los campesinos.

A los catorce años fue enviado a San Petersburgo para estudiar en la academia militar. Al cabo de cinco años se convirtió en oficial de un regimiento apostado en Polonia. Sin embargo, preso del aburrimiento y del ocio, desertó en 1835 y se inscribió en la universidad de Moscú, donde estudió filosofía hasta 1840. Durante esa época se familiarizó con el pensamiento de Hegel. En Moscú también frecuentó los círculos literarios que se reunían en torno a Turguéniev; fue allí donde conoció al que sería su amigo más querido, más allá de las desavenencias políticas: Alexandr  Herzen.

Herzen fue otro revolucionario ruso que abandonó su país en 1847 y se instaló en Londres, allí publicó una revista, «La estrella Polar», seguida, a partir de 1857, por un diario, «La Campana» (Kolokol). A pesar de la censura, el diario llegó a todas partes en Rusia. Herzen tomó de Proudhon la idea de que el advenimiento del socialismo se produciría por el libre juego de las relaciones económicas. El mir (comunidad) sería la base de la revolución, que debe surgir desde abajo. Herzen lleva la eslavofilia (defensa de los eslavos) a conclusiones revolucionarias. A los estudiantes, entre quienes creció su influencia rápidamente, les dió consignas, la primera de las cuales fue la de «ir al pueblo».

En 1848-49, Bakunin participó en los movimientos revolucionarios y nacionalistas de Europa central. Fue detenido y encarcelado, durante varios años, en Austria, porque predicaba la peligrosa idea de una Federación de Naciones eslavas libres y autónomas.

Deportado a Siberia, se escapó a Japón y luego a América, hasta que eligió como residencia Inglaterra. Herzen decía de él: «Avanzaba con botas de siete leguas, a través de los montes y los mares, a través de los años y los siglos».

En 1861, cuando llegó a Londres tras huir de Siberia, se encontró con su compatriota y amigo Alexandr Herzen, que editaba un periódico socialista en ese país; sin embargo, a diferencia de éste, cuya principal preocupación era el pragmatismo político, Bakunin privilegió entonces la insurrección y elaboró una teoría de la revolución que pronto lo convertiría en el «padre del anarquismo».

Tras el fracaso de la insurrección polaca de 1863, organizó su acción sobre un programa socialista, cuya idea central seguía siendo la autonomía de las individualidades nacionales, dentro de un marco federativo.

En 1864 se estableció en Italia por cuatro años. Durante esa época, su aporte específico al pensamiento anarquista y revolucionario tomó forma.

En 1868 se adhiere a la Primera Internacional de Trabajadores, organización que nació en septiembre de 1864 en torno a los revolucionarios europeos emigrados, después de las revoluciones de 1848-1850. Fue concebida como un gran partido internacional y no como una federación de partidos nacionales. Sin embargo, los distintos países no tenían la misma importancia en el seno de la Asociación y las tendencias políticas eran muy diversas, del tradeunionismo inglés al anarquismo de las federaciones italiana, española.

Marx, había redactado los estatutos de 1864, intentó darle una orientación revolucionaria y proletaria, por lo que Bakunin protagonizó un áspero debate con Marx, encabezando la disidencia anarquista con respecto a las propuestas más autoritarias y centralistas que el socialismo marxista estaba imponiendo en el movimiento obrero; dicho enfrentamiento, que marcó toda la vida de la Primera Internacional, desembocó en la expulsión de Bakunin (Congreso de La Haya, 1872). Su pensamiento radical y romántico, plasmado en obras como El Estado y la anarquía (1873), influyó especialmente sobre los nihilistas rusos.

En 1869, se tradujo al ruso el Manifiesto Comunista de Marx y Engels.

En el Congreso de Basilea, del mismo año, Bakunín formuló los principios de su programa: «Liquidación social, expropiación de todos los propietarios, destrucción de todos los Estados nacionales, y, sobre sus ruinas, edificación del Estado Internacional de los Trabajadores». Trata de conciliar, en su pensamiento, las contradicciones de anarquismo y colectivismo. Dotado de una prodigiosa vitalidad, Bakunín gana muchos adeptos, con el príncipe Kropotkín entre ellos, pero Herzen, su amigo, se aparta, en aquel momento, de los nuevos revolucionarios.

El pensamiento político ruso avanza y surgen distintas corrientes. A partir de 1867, Lavrov publica en una revista, con el seudónimo de Pyrtov, sus «Cartas Históricas», chocando con las posiciones nihilistas. Desterrado en París, en 1870, desarrolló sus tesis: con la idea de Herzen de «ir al pueblo», afirmó la necesidad de educar políticamente a ese pueblo, antes de conducirlo a la revolución social y política. Sus escritos tuvieron un gran éxito en Rusia.

Inmediatamente, muchos jóvenes se dedicaron a aquella labor educativa, mientras el mir se convertía en el tema de estudio y de conversación más apasionante. Estaba a punto de formularse el populismo, pero la propaganda abierta en favor de unas tesis es más fácil de yugular que los movimientos subterráneos y anarquistas de las sociedades secretas. La policía zarista era implacable, y el populismo tuvo que dejar paso al socialismo terrorista preconizado por Bakunín, cuyos únicos medios de propaganda eran la octavilla, el revólver y la bomba, a falta de toda posibilidad de representación.

Kropotkin (1842-1921) y Bakunin (1814-1876) fueron los más destacados teóricos del anarquismo. Exaltaban al individuo y creían en la acción directa, que llevaba a negar poder creador a las masas. Según su concepción, el atentado terrorista superaba en eficacia a la organización de carácter político. Algunos contraponían el sindicalismo revolucionario a todo tipo de acción política.

Siempre se caracterizó por su espíritu inquieto y preocupado por la dura realidad de los obreros, y no se condicionó al pensamiento teórico, sino que fue un hombre de de acción: luchó en las barricadas de la Revolución de 1848 en París, Polonia y Alemania. Detenido en Sajonia, fue condenado a muerte en Prusia, Austria y Rusia, indultado y confinado en Siberia. Consiguió escapar a Japón en 1861 y desde allí regresó a Europa a través de Estados Unidos.

Sostenido económicamente por su amigo Herzen, participó en las luchas de la unificación italiana, en la revolución de Polonia de 1863 y en un intento de extender a Lyon la insurrección de la Comuna de París (1870). Militó en la Liga por la Paz y la Libertad.

Durante el congreso de La Haya, en septiembre de 1872, sus partidarios fueron excluidos de la Asociación Internacional de Trabajadores y formaron una Internacional antiautoritaria. Sin embargo, la espontaneidad revolucionaria de las masas también desilusionó a Bakunin en septiembre de 1870 en Lyon, al igual que en mayo del año siguiente en París, cuando la Comuna fue aniquilada, o incluso en mayo de 1874 en Bolonia: los proyectos de rebelión fracasaron.

Pasó sus últimos años en Suiza, viviendo en la miseria, planeando conspiraciones que nunca llegaron a realizarse y manteniendo correspondencia con pequeños grupos anarquistas, alentados por su ferviente inspiración. Bakunin murió en Berna en medio de la miseria, el 1 de julio de 1876.

Sus obras se convirtieron en la fuente teórica del anarquismo de finales del siglo XX: Dios y el Estado, El Estado y la anarquía, El Imperio Knuto-Germdnico e Intemacional, La teología política de Mazzini, Dios y el Estado, El catecismo revolucionario y Los principios de la Revolución.

herzen anarquista ruso

 Al igual que Bakunin, Herzen fue prisionero en Siberia antes de exiliarse. Si bien en un primer momento se dejó seducir por el modelo occidental, terminó por juzgarlo decadente.

CRONOLOGÍA DE SU VIDA

1814 Nacimiento de Mijaíl Alexándrovich  Bakunin en Priamujino, provincia de Tver, el 18 de mayo.

1828 Es enviado a San Petersburgo para  estudiar en la academia militar.

1835 Abandona el ejército para estudiar  filosofía en Moscú.

1840 Viaja a Berlín.

1841 Publicación de la Esencia del  cristianismo de Feuerbach.

1844 El gobierno ruso le retiene su  pasaporte.Viaja a París.

1844-1847 Conoce a Marx y Proudhon.

1847 Lanza un Llamamiento a los hermanos polacos y es expulsado de Francia.

1848 Regresa a Francia y luego viaja al  congreso eslavo en Praga.

1849 Participa en la revolución de Dresde.

1850 Es condenado a cadena perpetua.

1851 Es entregado a Rusia.

1857 Bakunin, condenado a un exilio perpetuo en Siberia.

1861 Logra huir de Siberia y llega a Londres.

1864 Fundación en Londres de la Asociación Internacional de Trabajadores (AIT).

1865 Teoría de la propiedad de Proudhon.

1867 Marx publica el primer libro del Capital.

1868 Bakunin adhiere a la Primera Internacional.

1872 Excluído de la AIT durante el congreso de La Haya.

1876 Muerte de Bakunin en Berna, el I de julio.

Fuente Consultadas:
HICIERON HISTORIA Biografías Editorial Larousse Entrada: Bakunin Mijail
ENCICLOPEDIA HISPÁNICA Tomo 12 Entrada: Bakunin Mijail
CIVILIZACIONES DE OCCIDENTE Tomo B Jackson J. Spielvogel – El Anarquismo
HISTORAMA La Gran Aventura del Hombre CODEX Tomo X

El Imperio de los Cien Días de Napoleón ¿Porqué Regresó?

Las naciones europeas antibonapartistas — Inglaterra, Austria, Prusia, Rusia, Suecia y otras — hicieron una serie de alianzas durante los años del dominio napoleónico. Aunque los líderes de esos países solían desconfiar unos de otros, recelaban más de Napoleón. Tras el desastre de la invasión a Rusia, Napoleón era vulnerable. Sus enemigos invadieron Francia en 1814.

Los ejércitos comandados por Alejandro I de Rusia depusieron al autoproclamado emperador francés aquel año. Napoleón fue desterrado a la isla de Elba, situada en el Mediterráneo, pero Bonaparte no estaba acabado: escapó de la isla, tomó el poder en París y combatió a los aliados de nuevo.

Napoleón Bonaparte

Napoleón Bonaparte (1769-1822)

EL FRACASO DE SU ÚLTIMA CAMPAÑA: Bonaparte atraviesa Europa y llega a las puertas de Moscú sin encontrar resistencia, excepto en Borodino. Después de un duro combate, penetra en la capital tradicional, la Ciudad Santa de Rusia. Mas no hay nadie allí para sufrir la ocupación. Moscú está en llamas, y el zar no se rinde.

En ese momento entra en escena el peor enemigo de Napoleón: el “General Invierno”. Sin víveres ni ropas para enfrentar el riguroso frío de Rusia, los franceses tienen que batirse en retirada. Una famosa marcha de 1.500 kilómetros por planicies heladas los espera, y 400.000 hombres van a perecer en el trayecto, fin del “Gran Ejército”.
Napoleón siente que tamaña derrota coloca en peligro su prestigio y, consecuentemente,   su   corona.

Noticias inquietantes ya están llegando de París: reina allí una atmósfera de conspiración contra el emperador, y hasta se ha anunciado su supuesta muerte. Deja entonces a sus tropas y se dirige de prisa hacia la capital.

En una tentativa de recuperar posiciones, Napoleón reorganiza el ejército y lanza una nueva campaña en territorio germánico. En Lützen y Bautzen consigue todavía vencer a sus adversarios. Pero, en la batalla de Leipzig, es nuevamente obligado a retirarse ante el ataque fulminante de la caballería rusa y prusiana.

En diciembre de 1813, los ejércitos coligados penetran en territorio francés. En marzo de 1814, el Zar Alejandro y el Rey de Prusia desfilan en París al frente de sus tropas. Refugiado en Fontainebleau, Napoleón abdica. Los vencedores le conceden un minúsculo territorio: la isla de Elba.

Dormitorio de Napoleón en la Isla de Elba

EL IMPERIO DE LOS CIEN DÍAS:

Bajo la protección de los aliados, Luis XVIII recibe el trono de Francia. El país no permanecería ocupado por mucho tiempo. Se trataba simplemente de borrar los vestigios de la Revolución Francesa. Una atmósfera de guerra civil envuelve a todo el país.

Al volver a Francia, la nobleza exiliada reclama la restitución de sus privilegios. Era una verdadera provocación: en las ciudades y en los campos, la población vela por los derechos mínimos conquistados en  1789. Sólo un hombre aparece todavía como una esperanza: Bonaparte. Desde el retiro de Elba, él sigue los acontecimientos, consciente de la transformación de la opinión pública.

Estando en Elba, construyó carreteras, un hospició y un teatro. Hizo roturar tierras para cultivos. Tal vez se hubiera resignado por completo si su mujer y su hijo hubieran estado con él. Pero sólo apareció María Waleswka con el hijo de ambos, Napleón, contrariado, rechazó este ofrecimiento de cariño.

¿Por qué motivo, a principios de 1815, había ya decide volver a Francia? Sólo tenía 45 años y aún se sentía capaz de desafiar a Europa. Además, tenía muchas razones para estar descontento, entre ellas la permanencia de su mujer en Viena y impago de la renta que le habían prometido. Pero sobre todo, tenía causas fundadas para temer por su vida.

Talleyrand decía con frecuencia: «Hay que deshacerse del hombre de la isla de Elba.» Su hermano José, desde Suiza, alertaba a Napoleón  frente a los posibles asesinos. Las noticias que Napoleón recibía de Francia confirmaban la impopularidad de los Borbones. Su retorno impuesto por las potencias extranjeras había herido  el orgullo de la nación.

Los oficiales y soldados que habían combatido con la Grande Armée y que ahora sólo recibían la mitad de sus sueldos para poder subvencionar a los emigres, se sentían furiosos por la claudicación. Bebían «a la salud du petit tondu» (Napoleón). E1 15 de Agosto de 1814 celebraron el cumpleaños del emperador. «Le petit caporal vendrá y nos librará de estos lilas», decía el pueblo llano. Algunos visitantes procedentes de Francia hicieron saber al emperador que los republicanos y bonapartistas conspiraban contra Luis XVIII y que, si Napoleón no se apresuraba, el duque de Orleans le tomaría la delantera.

Esta posibilidad aceleró su decisión. Napoleón preparó su marcha con toda la minuciosidad de un jefe de Estado. En la isla se publicó un manifiesto rotundo. «El águila con los colores nacionales volará de campanario en campanario hasta las torres de Notredame.» Su retorno fue espectacular. El emperador sólo contaba con un millar de hombres y no disponía de recursos bélicos. Sus auténticas armas eran el recuerdo de quince años de gloria, el amor del pueblo y el afecto de sus soldados.

El 1 de marzo de 1815 desembarcó en el golfo Juan (cerca de Cannés). Su plan consistía  en seguir la carretera de los Alpes hasta Grenoble, ciudad en la que tenía muchos partidarios, evitando a los monárquicos de Provenza, de los cuales guardaba muy mal recuerdo. Al toparse con unos soldados que tenían orden de detenerle, descubrió su pecho di-¡i riéndoles: «Si entre vosotros hay alguien que quiera matar a su emperador, aquí estoy…» Nadie disparó.

Grenoble le abrió sus puertas; Lyon hizo ló mismo. Regimientos enteros se unían al emperador hasta formar un pequeño ejército. Ya disponía de bastantes hombres para tomar París; pero ¿se defendería París?. Luis XVIII rechazó el consejo de Chateaubriand de esperar al usurpador «sentado en el trono, con el título real en la mano». «No estoy de humor para eso», decía el viejo rey gotoso.

Ney juró que iría a buscar a Napoleón y lo traería en una jaula de hierro. Pero una carta y dos palabras fueron suficientes para hacerle desistir. El 20 de marzo el emperador durmió en las Tullerías. Se había adueñado de París «sin disparar un solo tiro.» El rey y sus ministros habían huido.

El genio había triunfado, ¿pero qué se podía hacer con este triunfo? Era indudable que los monarcas aliados, reunidos en Viena, denunciarían a Napoleón como usurpador e invadirían Francia. ¿Podría Napoleón hacerles frente? Empeñado en ganarse a todo el mundo, Napoleón se mostraba indulgente y liberal. «No guardo rencor a nadie.»

Le encomienda la redacción de un capítulo adicional a las leyes constitucionales del Imperio en el que se establezca la convocatoria de elecciones libres, la responsabilidad de los ministros ante las Cámaras y la libertad de prensa.

Estas concesiones disminuían su prestigio ante los jefes militares, que preferían la estricta restauración del Imperio. Eran los mismos hombres. No tenía elección. Debía utilizar a los mariscales, que le habían traicionado, poner al frente de la policía a Fouché, que había dicho: «Napoleón es para Francia lo que el Vesubio par, Napóles», y llamar a Carnot para tranquilizar a los viejos repúblicanos. Entre todos no constituían un equipo muy fuerte.

Los antiguos dignatarios, desacreditados por su incesante cambio de lealtades carecían de convicciones y de autoridad. La nueva constitución fue  aprobada en plebiscito, pero hubo muchas abstenciones. Napoeón quiso que su jura de la constitución fuera una ceremonia similar la de los campos de mayo de Carlomagno. Él y sus hermanos se presentaron vestidos a la usanza romana. El pueblo de París sonrió.

Lo verdaderamente necesario hubiera sido la declaración de estado de emergencia, una llamada general a las armas, la dictadura militar. Pero este recurso había sido usado muchas veces y ya no servía.

Entre mayo y junio de 1815 el emperador consiguió reunir  medio millón de hombres; los aliados, más de un millón. Ademán Wellington promovía nuevos disturbios en la Vendée, inmovilizando allí a veinticinco mil hombres que eran muy necesarios en otra parte.

El enfrentamiento empezó en Ligny el 16 de junio, después en Waterloo, una sombría llanura belga, el 18 de junio de 1815. La estrategia de Napoleón fue brillante. Los historiadores todavía discuten los errores cometidos por Ney, por Grouchy y por el propio Napoleón, quien, después de vencer en Ligny, no persiguió a los prusianos al amanecer del día siguiente.

El mismo día 18, el último ejército francés, vencido, se replegaba desde Waterloo hacia París Toda Francia pedía ahora la abdicación del emperador. Napoleón fue primero a la Malmaison, a casa de su hijastra Hortense; después se traladó al puerto de Rochefort y a la isla de Aix. Pudo haberse escapado y huir a Estados Unidos. Sus admiradores de Nueva Orleans le ofrecían asilo, pero prefirió entregarse a los ingleses. La idea misma de huir escondido en un barco, arriesgándose a sel capturado, le parecía indigna. Por el contrario, entregarse sin con diciones a sus peores enemigos era un gesto digno de Plutarco.

Después de Waterloo, Luis pudo asumir la corona y permanecer por un tiempo. Francia era de nuevo una monarquía. ¿Qué ocurrió con Luis XVII? Se dice que el hijo de Luis XVI y María Antonieta (y sobrino de Luis XVIII) murió en prisión sin tener siquiera un mueble del estilo que lleva su nombre. El hecho de que no fuera guillotinado dio lugar a rumores de que se hallaba todavía vivo. Muchos impostores que pretendían ser Luis XVII surgieron durante los años posteriores a la revolución.

Ultimos días de Napoleón en Santa Elena

A los ministros ingleses les preocupaban menos las leyes de la hospitalidad que las reglas de la prudencia. La mala experiencia de Elba les impedía caer en la tentación de ser indulgentes. Decidieron enviar al general Bonaparte a Santa Elena, una pequeña isla perdida en el océano, «lejos, más allá de África».

Fuente Consultadas:
Grandes Biografías NAPOLEÓN de André Maurois Editorial SALVAT
Grandes Personajes de la Historia Universal NAPOELÓN BONAPARTE Editorial Abril

Biografía de Monroe James Gobierno y Política Externa

RESUMEN VIDA Y GOBIERNO DE JAMES MONROE – LA COMPRA DE LUISIANA

James Monroe (1758-1831), quinto presidente de Estados Unidos (1817-1825). Es recordado por haber proclamado la doctrina que determinaría por mucho tiempo la política exterior de su país y que prepararía su hegemonía en el continente americano, pues al liberar a su país de la diplomacia europea, preparó el camino para que Estados Unidos se transformase en una gran potencia mundial. Fue uno de los negociadores de la compra de Luisiana.

Participó como fundador del Partido Republicano, también llamado Partido Demócrata-Republicano. En 1794 fue embajador en Francia y Gran Bretaña y Ministro de Asuntos Exteriores con el presidente James Madison.

James Monroe, presidente de EE.UU.

James Monroe, autor de la declaración que lleva hoy su nombre (1823). Durante sus dos presidencias
puso término a las luchas entre republicanos y federalistas, admitió el ingreso de los Estados de Misuri y Maine a la  Confederación, reforzó las defensas de las costas y adquirió, en 1819, la Florida.

Nacido en el condado de Westmoreland, el 28 de abril de 1758, el joven Monroe fue admitido en el prestigioso William and Mary College de Williamsburg debido a sus brillantes resultados escolares. Se reveló allí como un alumno un poco indisciplinado, sobre todo deseoso de frecuentar los círculos acomodados de la capital de Virginia, donde en medio de la efervescencia se tramában los acontecimientos que pronto preludiarían la independencia de las colonias inglesas.

Al estallar en 1776 la guerra de la Independencia, Monroe se enroló en el 3er regimiento de Virginia en calidad de cadete, para luego incorporarse al cuartel general de George Washington. Se distinguió en los campos de batalla de Harlem Heights, White Plains y sobre todo de Trenton, donde su conducta heroica, que permitió a los colonos norteamericanos lograr la victoria, le valió ser promovido al grado de capitán.

Una vez finalizados los violentos combates de 1777 y 1778, Monroe era un soldado aguerrido, respetado, que Washington elevó al rango de oficial superior. Se le auguraba entonces una brillante carrera militar; sin embargo, después de la victoria decisiva de Yorktown sobre los ingleses en 1781, Monroe prefirió abandonarla carrera de las armas por las aulas universitarias. Durante dos años tendría como profesor de derecho a su ilustre compatriota Thomas Jefferson, autor de la Declaración de la Independencia, y que fue su mentor político.

Antecedentes de la Época: Bajo la presidencia de Washington se inicio el rápido desarrollo de los Estados Unidos de América. En íntima colaboración con el Congreso, se promulgó el sistema de Cortes Federales, la ley de impuestos aduaneros, la ley monetaria y la creación del Banco de los Estados Unidos. En 1790, un censo de población registró casi 4.000.000 de habitantes, y se estableció un ejército regular de 15.000 hombres.

Luego de un segundo mandato y rechanzando la posibilidad de un tercero, le sucedió John Adams (1797-1801), cuyo gobierno debió enfrentar dificultades políticas surgidas de la consolidación de los dos partidos tradicionales: los federalistas y los democrático-republicanos.

Estos últimos triunfaron en las nuevas elecciones presidenciales, llevando al cargo a Thomas Jefferson por dos períodos consecutivos (1801-1809). Durante el gobierno de Adams, la capital, establecida en Filadelfia, se trasladó a la nueva ciudad de Washington, donde fue inaugurada la White House (Casa Blanca).

Mas tarde bajo el gobierno de James Madison (1809-1817), se ocupó por la fuerza la Florida española, situación que fue solucionada en 1817 mediante la adquisición de los derechos sobre esos territorios. Entre los años 1812-1814, el gobierno de Madison debió enfrentar una guerra contra Gran Bretaña, conflicto terminó con la paz de Gand.A partir de entonces comenzó a perfilarse la potencia de la joven nación.

La conciencia nacional se robusteció, aumentó la población con inmigrantes del Viejo Continente que acudían a millares para radicarse en las tierras que, día a día, se arrancaban a los indios en una incontenible marcha hacia el Far West.

En 1816 es elegido James Monroe, candidato por el partido republicano, que durante el gobierno (1817-1825) se produjo la definición de la postura de EE. UU. ante los problemas coloniales en el continente americano. El anuncio de Monroe comprometía a la nación septentrional en el apoyo a sus hermanas hispanoamericanas en plena guerra por la Independencia.

Adquisición de Florida: Posesión española desde 1513, Florida fue ocupada por su ingleses durante la guerra de 1812, pero fueron los indígenas creek sus verdaderos amos. Al desinteresarse España de una colonia lejana, a los estadounidenses les pareció natural hacer valer su derecho sobre esta región.

So pretexto de una expedición contra los indígenas, y sin orden alguna del Congreso, el general Andrew Jackson se apoderó de Florida en 1814 sin disparar un solo tiro. Ante el hecho consumado, España aceptó las ofertas de compra que se le hicieron por una provincia definitivamente perdida. En 1819 por un tratado España cedió Florida a Estados Unidos por cinco millones  de dólares. El estado recién ingresaría a la Unión en 1845.

La Doctrina Monroe: Para 1825, después de que Portugal hubo reconocido la independencia de Brasil, casi toda América Latina se había liberado de la dominación colonial. Animados por su éxito en la sofocación de las rebeliones en España e Italia, las victoriosas potencias continentales se manifestaron en favor del uso de tropas para restaurar el control español en América Latina.

Esta vez prevaleció la oposición británica a la intervención. Ávidos de obtener el acceso a un continente entero para inversión y comercio, los británicos propusieron una acción conjunta con Estados Unidos contra la interferencia europea en América Latina.

Desconfiado de los motivos británicos, el presidente estodounidense James Monroe actuó solo en 1823, garantizando en la famosa Doctrina Monroe la independencia de las nuevas naciones latinoamericanas y advirtiendo contra cualquier intervención europea posterior en el Nuevo Mundo.

En realidad, los barcos británicos fueron más importantes para la independencia latinoamericana que las palabras estadounidenses. La armada británica se interpeponía entre América Latina y cualquier fuerza europea de invasión, y potencias continentales se mostraban en extremo renuentes a desafiar al poderío naval inglés.

Como presidente a partir de 1816, trató de representar a toda la nación, por lo que durante sus dos mandatos se apaciguaron las tensiones políticas entre federalistas y republicanos. Aunque cuestionó la competencia del Congreso para restringir la esclavitud en los diferentes Estados, aceptó el equilibrio pactado entre los intereses del Norte y los del Sur por el Compromiso de Missouri (1820), que dividía el país en Estados esclavistas y Estados abolicionistas. La Administración Monroe fijó también las fronteras con el Canadá británico (Convención de Londres, 1818) y extendió el territorio estadounidense mediante la compra de Florida a España (1819).

Al final de su segundo mandato, en 1825, James Monroe cedió su sillón en la Casa Blanca a John Quincy Adams. Retirado en sus tierras de Virginia, sin gran fortuna, se esforzó exigiendo al gobierno que aceptase indemnizarlo por sus misiones en Europa. No obtendría recompensa, por lo que pasaría modestamente sus últimos años en Nueva York, donde murió el 4 de julio de 1831.

CRONOLOGÍA DE SU VIDA

1758 Nacimiento de James Monroe  en Virginia, el 28 de abril.

1774 Ingresa al William and Mary College.

1776 Comienzo de la guerra de la Independencia.  Monroe se enrola en el 3er regimiento  de Virginia y se distingue en la   batalla de Trenton.

1781 Victoria decisiva deYorktown. Monroe retoma los estudios de derecho.

1783 Es elegido representante de Virginia ante el Congreso.

1790 Monroe es elegido senador de Virginia.

1796 Es ministro plenipotenciario en Francia.

1799 Llega a ser gobernador de Virginia.

1803 Nueva misión en Francia. Negocia   la compra de Luisiana.

1803-1807 Ministro plenipotenciario en  Gran Bretaña y luego en España.

1810 Monroe ocupa un asiento en la   Asamblea de Virginia.

1811-1814 Es secretario de Estado del  presidente Madison.

1816 Monroe, candidato republicano, es elegido 5° presidente de los Estados Unidos.

1819 Adquisición de Florida.

1820 «Compromiso» de Missouri. Monroe es reelegido presidente.

1823 Proclamación de la  «doctrina Monroe».

1825 Monroe se retira a Oak Hill.

1831 Muerte de James Monroe, el 4 de Julio.

Fuente Consultada:
Civilizaciones de Occidente Tomo B Jackson J. Spielvogel
Hicieron Historia Biografías Tomo II James Monroe Editorial Kapelusz

Biografia de Leopoldo I Rey de Bélgica Política y Gobierno

RESUMEN DE LA VIDA Y GOBIERNO DE LEOPOLDO I , REY DE BÉLGICA

Leopoldo de Sajonia-Coburgo-Gotha nació en Alemania el 16 de diciembre de 1790. Hijo del duque reinante de Sajonia-Coburgo, realizó una carrera militar y fue un gran diplomático. Fue un aristócrata internacional de origen alemán, Leopoldo combatió en el ejército ruso en 1813 durante las Guerras Napoleónicas.

Vivió en Inglaterra a partir de 1846 y desposó a una princesa francesa en 1832, la princesa Carlota, hija del príncipe regente que más tarde sería Jorge IV de Gran Bretaña. Llegó a ser rey de los belgas casi por casualidad en 1834, supo proteger a la joven nación de la codicia de sus poderosos vecinos, e hizo que Bélgica desempeñara un papel importante en la escena europea.

Leopoldo I de Bélgica

Leopoldo I de Bélgica

Cuando tenía apenas 5 años, el zar de Rusia lo nombró coronel de la Guardia Imperial y a la edad de 12, él será general. La lucha contra Napoleónle llevó a servir como oficial en el ejército ruso (1805-10). Acabada la guerra, pasó a vivir en Inglaterra, donde adquirió la nacionalidad británica y contrajo matrimonio con la heredera del trono (1816), la princesa Charlotte, muerta al año siguiente cuando dá a luz.

Las dos primeras revoluciones europeas que dieron lugar a alteraciones en el orden del Congreso de Viena le ofrecieron la Corona de los respectivos Estados independientes que crearon: Leopoldo rechazó la de Grecia (1830), pero aceptó la de Bélgica, que acababa de rebelarse contra el dominio holandés (1831).

La independencia belga:  Bélgica, que formaba con Provincias Unidas una federación de estados, y no se sentía representada por la constitución otorgada por Guillermo I (1815-1840), rey de los Países Bajos. El holandés era el único idioma oficial, y las decisiones legales y administrativas quedaban en manos de los funcionarios holandeses. A esta situación se sumaba la persecución de que era objeto la religión católica, credo que profesaba la mayoría de los belgas.

Durante el Congreso de Viena, luego de caída del imperio napoleonico, se formó esa federación de países para evitar la influencia de Francia en esa zona. La unión de esos países le convenía económicamente a Bélgica, pero el descontento social igual reinaba, pues no sopórtaban la persecución religiosas de los belgas. Francia quizo aprovechar este malestra para recuperar su influencia en Bruselas.

En 1830, año de muchas revoluciones liberales en Europa, tambien estalla en Bélgica, Guillermo I envió al ejército para reprimir a los belgas, pero sus tropas fueron batidas en la lucha callejera. Convocado a elecciones, el pueblo eligió un congreso que proclamó la independencia de Bélgica, instauró la creación de una monarquía constitucional hereditaria y excluyó a la casa de Orange de la sucesión al trono belga.

El 4 de noviembre de 1830, las grandes potencias aceptaron la separación de Provincias Unidas y Bélgica, y reconocieron la independencia de este último país, a condición de que se proclamase neutral.

Convocados a nuevas elecciones, los belgas eligieron rey a Leopoldo de Sajonia, o Leopoldo I de Bélgica. Las fronteras establecidas por las grandes potencias desencadenaron choques armados entre Provincias Unidas y Bélgica, que Francia quiso aprovechar, pero la crisis se apaciguó ante la amenaza de una intervención militar por parte de Prusia, Rusia, Austria y Gran Bretaña.

El 21 de julio de 1831 juró solemnemente sobre la Constitución: Bélgica se convirtió de este modo en una monarquía constitucional y comenzaba una vida independiente. Desde un principio, el rey se esforzó por proteger esta independencia. Apenas subió al trono debió enfrentar una invasión de Guillermo I, que no aceptaba el tratado de 1831. Leopoldo I en persona defendió en Lovaina la ruta de Bruselas, ayudado por el general francés Étienne Maurice Gérard. Finalmente, Holanda dejó de ser una amenaza con la firma del tratado de Londres, el 19 de abril de 1839.

Casamiento con Luisa María de Orleans

1832: Casamiento con Luisa María de Orleans

Durante todo ese período, Leopoldo I desplegaría su habilidad diplomática para asegurar la frágil existencia del nuevo Estado. En 1832 desposó a Luisa María de Orleans, hija de Luis Felipe I, con la que tuvo cuatro hijos, a los que casó de la manera más ventajosa para Bélgica.

El rey sexagenario, más triste que nunca, se pliega de Laeken, conoce el final de una vida dolorosa y muere el 10 de diciembre 1865.Su funeral se celebró el 16 de diciembre. A pesar de las dificultades externas y tragedias personales, dejó un reino próspero que casi nadie cuestiona la legitimidad.

CRONOLOGÍA DE SU VIDA:

1790 Nacimiento de Leopoldo, cuarto hijo del  duque de Sajonia-Coburgo, el 16 de diciembre.

1813-1814  Leopoldo combate en el ejército ruso  contra Napoleón.

1815 Congreso de Viena: Bélgica es anexada   a Holanda,   Leopoldo de Sajonia-Coburgo desposa a  Carlota de Inglaterra, hija única del   futuro rey Jorge IV.

1817 Muerte de Carlota.

1828 Pacto de alianza entre los católicos y los  liberales belgas. Inicio del unionismo.

1830 Revoluciones en Europa. Levantamiento en  Bruselas. El ejército holandés deja la ciudad. Constitución de un gobierno provisional. Elección de un Congreso nacional. Conferencia de Londres que reconoce la independencia de Bélgica.

1831 Protocolo que establece la neutralidad de   Bélgica. Constitución belga. Leopoldo I, rey de los belgas. Guerra llamada de los diez días «contra Bélgica por Guillermo I, rey de Holanda».

1832 Leopoldo I se casa con Luisa María de    Orleans, hija mayor de Luis Felipe I.   Tienen cuatro hijos.

1839 Tratado de Londres. Guillermo I de  Orange, rey de Holanda, reconoce la   independencia de Bélgica.

1846 Fundación del Partido liberal.

1847 Primer ministro liberal.  Fin del unionismo.

1865 Muerte de Leopoldo I; lo sucede su hijo Leopoldo II, el 10 de diciembre.

Fuentes Consultadas:
Historia Universal ESPASA Siglo XXI Independencia de México
SOCIEDADES 8° Año Vicens Vives de M. González y M. Massone
Hicieron Historia Biografia de Leopoldo I de Bélgica Kapelusz
La Aventura del Hombre en la Historia Tomo II Editorial ATENEO

Biografía de Luis Felipe I de Francia Historia de su Gobierno

VIDA Y GOBIERNO DE LUIS FELIPE I, EL REY DE LOS FRANCESES

Luis Felipe I de Orleans, (1773-1850) fue el rey de los franceses de 1830 a 1848, también conocido como el Rey Ciudadano (1773-1850). Era hijo de Luis Felipe José de Orleans (llamado Felipe Igualdad) y nació en París. Inicialmente llevó un reinado marcado por la prosperidad nacional, la estabilidad, y la fecundidad intelectual, pero finalmente fue destituído por sus tendencias autoritarias.

Pertenecía a la Casa de Borbón-Orleans, su padre era hermano del rey de Francia Luis XIV. Luis Felipe fue duque de Valois desde su nacimiento hasta 1785 y desde entonces el de duque de Chartres hasta 1793, año en el que su padre fue guillotinado y heredó el título de duque de Orleans. Políticamente predicaba con los ideales de fraternidad, libertad e igualdad de la Revolución Francesa de 1789.

Luis Felipe I Rey de Francia

Luis Felipe I Rey de Francia

Proclamado «rey de los franceses» por la gracia de Dios y la voluntad nacional, Luis Felipe I sería también el úitimo rey de Francia, cuando la misma voluntad nacional optó por la República. Llegó al poder tras una revolución y fue derrocado por otra. Durante los dieciocho años de su reinado proyectó la imagen de un soberano triste y sin grandeza en una Francia desgarrada.

ANTECEDENTES DE LA ÉPOCA:

Tras la derrota de napoleón, asumió el trono de Francia Luis XVIII. Este rey respetó muchos de los derechos conquistados por la burguesía y, al mismo tiempo, le hizo concesiones políticas y económicas pues necesitaba de su apoyo para impedir nuevas demandas y el estallido de revoluciones más radicalizadas. Por ejemplo, respetó la igualdad de todos los franceses ante la ley y las libertades de pensamiento, prensa y culto.

Cuando murió Luis XVIII lo sucedió Carlos X. Este rey intentó restaurar la monarquía absoluta tal como era durante el Antiguo Régimen. Abolió la libertad de prensa y declaró el estado de emergencia por el cual quedaban suspendidas las garantías individuales. Pero cuando suprimió la Cámara de diputados, estalló en París un movimiento popular en el que participaron sectores de la burguesía, obreros y estudiantes en defensa de las libertades. Tres días después la lucha de los liberales había conseguido la renuncia de Carlos X.

La restauración monárquica impuesta por las potencias vencedoras en el Congreso de Viena no abolir las principales ideas difundidas en la revolución. Como vimos hubo una reacción bajo Carlos X, que terminó renunciando, y ahora su reemplazo en Luis Felipe, quien no sería un rey “a la antigua”: establecería una monarquía constitucional donde la influencia política de la burguesía —y de las finanzas— sería cada vez más sensible. A partir de este momento la vieja nobleza jamás reconquistaría sus privilegios.

Las restricciones impuestas a las libertades y las privaciones materiales de la población, terminarían por reencender la llama de la revolución. En tres oportunidades sucesivas (1830, 1848 y 1870) el pueblo de París saldría a las calles. Y restablecería la República en las dos últimas.

Luis Felipe había acido en París el 06 de octubre 1773, hijo Felipe Igualdad (apodo) , duque de Orleans. Desde 1785 hasta la ejecución de su padre, el 06 de noviembre 1793, era conocido como el duque de Chartres, a partir de entonces como el duque de Orleans y fue líder de la rama más joven de la familia Borbón.

En 1790, en pleno desarrollo de la revolución francesa el duque se unió al Club de los Jacobinos y como militar estuvo al servicio de la Convención; pero mas tarde, decidió escapar de Francia y buscar la protección austríaca en 1793 para evitar caer él también víctima del Terror. Permaneció en Suiza y Estados Unidos hasta su regreso a Francia en 1817, convirtiéndose enseguida en una figura apreciada por las clases medias liberales, por su postura a medio camino entre los excesos de la revolución popular y la reacción ultrarrealista que se impuso desde finales del reinado de Luis XVIII.

luis felipe i de francia

Restauró el Palacio de Versalles, abandonado desde la salida de Luis XVI en octubre de 1789, y estableció un museo de la historia de Francia, con una inscripción en su frontón: “a todas las glorias de Francia”. También organizó el regreso de las cenizas de Napoleón (15 de diciembre de 1840) y erigidas al este de la ciudad de París.

Durante el inicio de su gobierno intento apoyar al sector republicano que lo había entronizado, pero con el tiempo su postura democrática fue cambiando, tomando alguna serie de medidas autoritarias , que se contradecían a su compromiso de mantener una monarquía constitucional. Acordó el matrimonio de su hija Luisa con Leopoldo I de Bélgica.

A partir de 1831, Luis Felipe I, que deseaba ejercer el poder por su cuenta, prefirió a los conservadores de la «Resistencia», encabezados por Guízot, en lugar de los partidarios del «movimiento» de La Fayette. Frente a las miserias, como el cólera de 1832, o las rebeliones, como las de los tejedores de seda de Lyon en 1831 y 1834, el rey respondió con indiferencia o por la fuerza.

Aunque el censo electoral se extendió a más personas, sólo un 9% de los electores podía votar. Esta clase dirigente que confiscó el poder en nombre de la razón fue muy corrupta, como lo revelaron una serie de escándalos financieros.

En política exterior, Luis Felipe I apoyó la gestión pacifista de Guizot, fundada en la alianza con Inglaterra, y en 1830 se lanzó con mesura en la colonización de Argelia, emprendida con ligereza tras un incidente diplomático en que el rey de Argelia le asestó un golpe de abanico al cónsul de Francia. Esta imprudencia alimentó su creciente impopularidad. Finalmente, la crisis de subsistencia de 1846-1847 fue la que volcó a las calles de París las muchedumbres hambrientas y encolerizadas.

Luis Felipe I y la Reina Victoria

La revolución de 1830 había llevado al poder a los sectores más ricos de la alta burguesía. Pero la pequeña burguesía y los sectores populares habían sido excluidos del sistema político autoritario, elitista y de sufragio censitario de Luis Felipe. La búsqueda de mayor participación política, así como el reclamo de mejores condiciones de trabajo y el derecho al voto, hicieron confluir en similares objetivos a sectores de la burguesía, intelectuales, estudiantes universitarios y trabajadores urbanos. Al mismo tiempo que las ideas liberales y democráticas se radicalizaban, comenzaron a tomar fuerza en Europa nuevas ideologías que reclamaban cambios en la organización de la sociedad y mejoras en la calidad y las condiciones de vida de los sectores obreros.

El 24 de febrero de 1848, el pueblo tomó el ayuntamiento gritando «viva la República» y Luis Felipe I abdicó en favor de su nieto. Al día siguiente, Francia ya era una República, al tiempo que el rey derrocado se refugiaba en Inglaterra, donde murió el 26 de agosto de 1850.

CRONOLOGÍA DE SU VIDA

1773 Nace el duque de Valois, el 6 de octubre.

1774 Luis XVI es entronizado.

1785 El duque de Valois se convierte en duque de Chartres.

1789 Toma de la Bastilla.

1791 Huida del rey, que es arrestado en Varennes.

1792 Condena y ejecución de Luis XVI. Ejecución de Felipe Igualdad; el duque de Chartres toma el título de duque de Orleans.

1795 Muerte de Luis XVII. El conde de Provenza toma el título de Luis XVIII. Inicio del Directorio.

1799 Golpe de Estado de Bonaparte.

1804 Napoleón es coronado emperador.

1814 El Senado proclama la deposición de Napoleón I y llama a Luis XVIII. Luis Felipe toma posesión de una parte de sus bienes.

1815 Los Cien Días y la segunda Restauración.

1824 Muerte de Luis XVIII; Carlos X se convierte en rey.

1830 Revolución (las Tres jornadas gloriosas); Carlos X abdica. Luis Felipe I, rey de los franceses.

1831 Ministerio de Casimir Perier. Rebelión de los tejedores de seda de Lyon.

1832 Cólera en París.

1833 Ley Guizot para la enseñanza primaria.

1834 Disturbios republicanos en París. Segunda rebelión de los tejedores de seda de Lyon.

1848 Primera revolución (febrero) y proclamación 1 de la República. Abdicación de Luis Felipe I que se refugia en Inglaterra. Segunda revolución (junio).

1850 Muerte de Luis Felipe I, el 26 de agosto.