Revoluciones Liberales

Conquista y Colonizacion de la India Por Inglaterra

Conquista y Colonización de la India

Hasta el siglo XVIII, la India estuvo bajo la hegemonía de los grandes mongoles, príncipes musulmanes. Cuando murió el último de estos soberanos, el país se dividió en una multitud de pequeños Estados rivales. Franceses e ingleses, que tenían factorías comerciales en el país, hicieron lo posible por conquistarlo. La India, que durante la guerra de los Siete Años pasó a ser colonia inglesa, proporcionó a Inglaterra enormes riquezas.

A principios del siglo XVIII, la India era un imperio muy poblado cuya civilización nada tenía que envidiar a la de Occidente, salvo desde el punto de vista técnico. Hasta 1700, aproximadamente, toda la península había permanecido bajo la autoridad de los grandes mongoles, que pertenecían a una rama musulmana de emperadores que descendían de Tamerlán.

Cuando hubo desaparecido el último gran mongol, el país se dividió en una multitud de pequeños Estados rivales.

Había finalizado el período fastuoso de la civilización india. Por otra parte, la rivalidad entre el hinduismo y el islamismo, así como las diferencias de razas, lenguas y castas desgarraban el país. La India iba a ser una presa fácil para un nuevo conquistador.

Francia e Inglaterra habían instalado en la India establecimientos comerciales o factorías. Las factorías inglesas más importantes se encontraban en Bombay, Calcuta y Madras, mientras que los franceses habían fundado Pondichery, Chandernagor, Mahé, Karikal y Yanaón.

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Revuelta de Cipayos

Hacia mediados del siglo xvm, el gobernador francés Dupleix intentó, a partir de estas concesiones, lanzarse a la conquista de todo el país. Disponía de un ejército de soldados autóctonos encuadrados por oficiales europeos.

Manejando hábilmente la oposición que existía entre los señores indios, en seis años logró situar gran parte de la India bajo la influencia de Francia.

Pero como Francia no tenía la intención de enfrentarse abiertamente a Inglaterra, en 1754 Dupleix fue llamado a su país, y su sucesor Godehey firmó un acuerdo con los ingleses: ambas partes abandonaban sus protectorados y renunciaban a concluir acuerdos con los príncipes locales.

Cuando, en 1756, estalló la guerra de los Siete Años entre Francia e Inglaterra, un francés de origen irlandés, Thomas Lally Tollendal, partió para las factorías francesas en la India e inició la lucha contra los ingleses.

Obtuvo algunas victorias, pero no le llegaron refuerzos, y cuando Robert Clive se dirigió hacia el sur de la India, su situación se hizo precaria.

Cuando el nabab de Bengala mandó matar a ciento veinticinco prisioneros ingleses, Robert Clive pasó al ataque. La batalla de Plassey (1757) hizo que Bengala pasara a manos de los ingleses. Tollendal, que permanecía acorralado en Pondichery, tuvo que rendirse cuatro años más tarde. Había caído el poderío francés en la India, aunque por el Tratado de París (1763) se permitió a Francia conservar sus posesiones con la condición de que las fortificaciones fueran destruidas.

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Palacio del maharajá en Mysore:Este majestuoso edificio se encuentra en la ciudad india de Mysore, en el estado de Karnātaka. Construido a finales del siglo XIX, este palacio amurallado se proyectó con cúpulas, arcos, torrecillas y columnatas de acuerdo con el estilo indo-sarraceno. El interior está decorado con deslumbrantes colores, vidrieras, pavimentos de mosaico, espejos y puertas de madera tallada.
Cipayo: Soldado indio de los siglos XVIII y XIX al servicio de Francia, Portugal y Gran Bretaña.

Los ingleses reemprendieron por su cuenta la política de Dupleix y se adentraron en el país. Robert Clive y sus sucesores, especialmente Warren Hastings, sometieron a toda la India al control de Inglaterra. Al principio el territorio fue puesto bajo la autoridad de la Compañía inglesa de las Indias Orientales, pero a causa de las quejas contra las exacciones de la Compañía, el Gobierno británico no tardó en instaurar un consejo de vigilancia.

robert clive

Robert Clive

A principios del siglo XIX, la autoridad de Inglaterra hallábase ya sólidamente impuesta: sólo las regiones del Indo quedaban todavía fuera del poder británico. Los territorios del curso inferior del río se encontraban en manos de los emires musulmanes, que en 1843 se vieron forzados a someterse.

En 1849, tras dos violentas campañas emprendidas contra el Penyab, fueron sometidas también las regiones más septentrionales. Desde ese momento toda la India estuvo bajo el control de Inglaterra. Los territorios confiscados a los príncipes hostiles a Inglaterra fueron colocados bajo la autoridad del «gran procónsul», el gobernador lord Dalhousie, que los dominó con mano férrea de 1848 a 1856.

Mientras tanto, Inglaterra había extendido su hegemonía a los Estados vecinos de la India: ocupó Aden y Birmania.
Inglaterra tuvo que reprimir varias revueltas. Una de las más importantes fue la de los cipayos, en 1857.

Delhi, Canpur y Lajno cayeron en manos de los rebeldes, y durante los dos años siguientes se libraron feroces combates.

Una de las consecuencias de la rebelión fue la abolición de la Compañía inglesa de las Indias Orientales: la India se convirtió en una colonia que dependía directamente de la Corona, y era dirigida desde Londres por un secretario de Estado asistido por un consejo de 25 miembros. De este secretario de Estado dependía, en Calcuta, un virrey, asistido por un consejo legislativo y ejecutivo. En 1876 la reina Victoria fue proclamada emperatriz de las Indias.

En el siglo XIX, la oposición al régimen colonial inglés cobró un cariz más violento. El movimiento nacionalista fundó un Congreso Nacional que exigía la autonomía del país. Se concertaron varias reformas, pero no se habló de autonomía. Para obtenerla, Gandhi aplicó una política de resistencia pasiva y lanzó la frase: «ingleses, abandonad la India». En 1947, la India fue dividida en tres Estados autónomos: la Unión India, Paquistán y Ceilán

LA DESCOLONIZACIÓN:

La rebelión de los cipayos, soldados indios que prestaban sus servicios en el ejército inglés al mando de oficiales europeos, sorprendió a Gran Bretaña. Sin embargo, la rebelión había estado incubándose desde hacía mucho tiempo: fue tanto más peligrosa cuanto que en ella participaron hindúes y musulmanes. No obstante, los ingleses lograron dominarla, en parte porque algunas regiones de la península india, especialmente el Penyab, permanecieron fieles a ellos.

A pesar de las importantes reformas que siguieron a la pacificación, los indios todavía tenían muchos agravios políticos y económicos contra Inglaterra. El Congreso Nacional Indio, asociación de patriotas fundada en 1885, les proporcionó la ocasión para formularlos. Este congreso pedía la indianización de la Administración, e hizo aplicar una serie de beneficiosas medidas en el terreno social y educativo.

Con Bal Giandaghar Tilak no tardó en imponerse la tendencia extremista que reclamaba la independencia. El poeta Rabindranath Tagore también se declaró partidario de la independencia.

En 1905, el Congreso aconsejó que se boicotearan los productos ingleses en beneficio de los productos indígenas. El país fue escenario de actos de terrorismo cometidos por una organización clandestina.

En 1909, todos estos acontecimientos dieron como resultado unas reformas que sólo satisfacían en parte los deseos de los patriotas moderados: se concedió entrada a un indio en el Gabinete del virrey, y otros dos, un hindú y un musulmán, obtuvieron escaños en el Consejo del secretario de Estado en Londres.

La primera guerra mundial aportó un cambio radical en las relaciones entre Inglaterra y la India: más de un millón de soldados indios combatieron en el frente aliado en el Próximo Oriente, Europa y África. Además, la India, desarrollando su industria y su comercio, cooperó con Gran Bretaña en el esfuerzo de guerra.

En 1917, los nacionalistas le arrancaron a Montagu, secretario de Estado para los asuntos indios, la promesa de una progresiva autonomía.

En 1919, en virtud de la Indian Act, se concedió a los indios atribuciones particulares en el aspecto regional, pero la Administración central siguió prácticamente en manos del virrey.

Los dirigentes indios no se sintieron satisfechos con estas reformas. Entre ellos estaba Mohandas Karamchand Gandhi (1869-1948), que no tardaría en ocupar una posición predominante en el movimiento de independencia.

Gandhi era un abogado que había defendido los intereses de los indios emigrados a Natal, en África del Sur. No era contrario a los ingleses ni a Occidente, pero sentía una viva repulsión por el materialismo, al que consideraba una de las características esenciales de la sociedad occidental. En cambio, no ocultaba su admiración por los valores espirituales de Occidente.

Al igual que Tolstoi, con quien mantenía correspondencia, sentía predilección por la vida en el campo y se oponía a la técnica moderna. Entre los eslóganes políticos de Gandhi citaremos satya (verdad), ahimsa (no violencia) y brahmacharya (amor al prójimo).

Gandhi preconizó una resistencia pasiva a Inglaterra, es decir, la desobediencia civil y la no cooperación con el Gobierno colonial. Organizó manifestaciones pacíficas y reuniones, que provocaron una reacción brutal por parte de las autoridades inglesas. En Amritsar, un general inglés dio orden de disparar sobre la multitud. Esta represión indujo a los nacionalistas moderados a apartarse de Inglaterra.

Después de la muerte de Tilak en 1920, Gandhi se convirtió en el jefe indiscutido del Congreso Nacional. Aquel mismo año apoyó al Congreso con su campaña de no cooperación, y en 1921 provocó una huelga de impuestos.

A pesar de que Gandhi fue enemigo declarado de la violencia, menudearon los incidentes entre indios e ingleses y entre hindúes y musulmanes. En 1922, Gandhi empezó su primera huelga del hambre y fue condenado a seis años de cárcel.

Dos años después fue puesto en libertad. Hasta 1930, Gandhi se dedicó exclusivamente a actividades sociales y económicas. Puso toda su influencia y su prestigio al servicio de los millones de parias a quienes llamaba «pueblo de Dios».

Mientras tanto, el partido moderado (moderado únicamente en lo concerniente a la táctica, pues la meta seguía siendo la autonomía) había obtenido mayoría en el Congreso Nacional. La comisión de información enviada por Inglaterra fue boicoteada por los indios que, en 1928, exigieron la inmediata instauración de un régimen de dominio.

En 1930, Gandhi partió con gran número de discípulos en dirección a la costa a fin de recoger allí un puñado de sal y romper, de este modo, simbólicamente, el monopolio inglés de la sal. En efecto, la sal estaba grabada con un impuesto. (Ver: Marcha de la Sal)

Al año siguiente, el Congreso participó en una mesa redonda en Londres, pero esta conferencia no dio resultado alguno. En 1937, el partido del Congreso obtuvo brillantes victorias en las elecciones para los parlamentos provinciales. Sin embargo, la oposición entre hindúes y musulmanes se había acentuado.

Durante la segunda guerra mundial, Gandhi se declaró partidario de Inglaterra y China, mientras que Subhas Chandra Bose, presidente del Congreso, se ponía de parte de Alemania y Japón. La invasión de la India partiendo de Birmania, que había planeado Bose, terminó en fracaso. Sir Stafford Cripps, representante británico en Delhi, prometió a la India el estatuto de dominio, estatuto que le sería concedido inmediatamente después de la guerra.

Pero en 1942 Gandhi lanzó su proclama: «Ingleses, abandonad la India». Poco después de finalizadas las hostilidades, Mohamed Ali Kinnah, jefe de la Liga Musulmana, invitó a los musulmanes a pasar, a su vez, a la acción.

A Inglaterra sólo le quedaban dos alternativas: emplear la violencia o abandonar la India, repartiéndola entre hindúes y musulmanes. Optó por la segunda solución, y, en 1947, el Congreso y la Liga Musulmana aceptaron el plan de división que les había presentado el virrey, lord Mountbatten.

La India sería dividida en tres dominios: la Unión India, Paquistán y Ceilán. Algunos meses después, el 30 de enero de 1948, Gandhi fue asesinado por un fanático, y el primer ministro, Jawaharlal  Nehru,  le  sucedió  como señor espiritual y político de la nueva India.

En 1966, Indira Gandhi sucedió a Nehru, su padre. La división de la India provocó emigraciones masivas, acompañadas de violencias que costaron la vida de centenares de miles de personas. Numerosos hindúes abandonaron Paquistán, mientras que los musulmanes se retiraron de la Unión India. Sin embargo, una décima parte de la población de la India son musulmanes.

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Origen del Conflicto entre Inglaterra e Irlanda La Religión

Historia y Origen del Conflicto
Entre Inglaterra e Irlanda

Los actuales problemas de Irlanda tienen su raíz en la discriminación social. El enfrentamiento entre las dos comunidades, la católica y la protestante, separó al país en dos partidos. Al triunfar los segundos en el aspecto político, los católicos se vieron en una situación precaria, hasta el punto de que no han tenido derecho al voto hasta hace muy poco tiempo.

La lucha por unos derechos civiles iguales a los del resto de los ciudadanos británicos ha desencadenado una situación que, además del religioso, presenta un carácter político-social, producto de los tiempos actuales. Estudiando la evolución histórica del país, se comprenderán mejor los problemas actuales.

El Imperio angevino o de la Casa de Anjou
Cuando hace 800 años Inglaterra fijó sus ojos en la tentadora Irlanda, comenzaron a establecerse amargas relaciones entre ambos países. Inglaterra, unida interiormente y con un imperio más allá de los mares, luchó durante siglos para obtener con razón el nombre de Islas Británicas y su único medio era dominar Irlanda. El tiempo ha demostrado su fracaso.

Los primitivos gobernantes ingleses tuvieron poco interés en aquellas tierras salvajes. Los romanos, aunque se sintieron tentados por la conquista, no pasaron de pensar en la posibilidad de añadir Irlanda a su imperio y se contentaron con dominar los campos ingleses.

La desgracia de Irlanda es que nunca obtuvo grandes ventajas de las civilizaciones que la invadieron. Durante la oscura Edad Media, su única luz provino de San Patricio, que le trajo la cultura y la religión cristianas. Más tarde, igual que Inglaterra, sufrió la barbarie de las invasiones nórdicas, pero ganó muy poco con su presencia, como no sea los puertos, de los que destacaba Dublín.

La invasión normanda de 1066, que tanto favoreció el desarrollo futuro de Inglaterra, no hizo ningún bien a Irlanda. Los adelantos que trajeron a Inglaterra los gobernantes normandos procedentes de la civilización que dejaban atrás, tales como un gobierno central, la unidad y un poder militar, le fueron negados durante siglos. Cuando, por fin, los reyes normandos, bajo Enrique II, empezaron a extender el imperio angevino, se comprendieron las ventajas de tener dominada a Irlanda. Pero la conquista no iba a ser fácil ni completa.

En 1166, la caótica política interna de una Irlanda dividida iba a dar su oportunidad a Enrique II; temeroso de que sus propios representantes en el país se hicieran demasiado poderosos, intervino personalmente en la situación y se hizo reconocer como señor por la Iglesia irlandesa y por los atemorizados jefes del país. Así Irlanda formó parte del imperio angevino; el feudo irlandés creado por Enrique duró cuatro siglos.

Atraídos por la explotación de aquellas tierras casi vírgenes, los señores anglonormandos se introdujeron en el interior de la isla. Pero no fue la suya una conquista como la de los normandos en Inglaterra un siglo antes. Se estableció una sociedad semi-feudal y un sistema jurídico, pero la conquista no aprovechó mucho a los reyes ingleses. No se pudo establecer un gobierno central y permanecieron vigentes todas las características de la vieja Irlanda. Surgió un elemento nuevo de esta situación: la aristocracia angloirlandesa, que, profundamente celosa de sus derechos y formada por señores anglonormandos, se apoderó de todas las tierras.

El rey inglés descuidó sus deberes para con Irlanda. Juan Sin Tierra, en su primera visita a los irlandeses, demostró por varios hechos imprudentes que su madurez como gobernante no había sido alcanzada, aunque varios años después, en su segunda visita, en 1210, consiguió que la autoridad real fuera aceptada y que el gobierno, centrado en Dublín, cobrara nueva eficacia. Para la permanente vergüenza de Inglaterra, hasta la visita de Ricardo II en 1394, ningún otro rey inglés puso los pies en tierra irlandesa.

Durante el reinado de Eduardo I hubo un período  de paz que permitió a Irlanda el desarrollo del comercio propio y la adaptación al nuevo sistema de «condados» importado de la metrópoli. Pero después de esta centuria de calma relativa, una invasión escocesa destruyó todas las esperanzas del país. 6.000 escoceses a las órdenes de Eduardo Bruce, ansioso de perturbar a los ingleses aún más después de algunas victorias obtenidas sobre ellos, se lanzaron sobre la isla en una guerra destructiva y salvaje.

Este Eduardo fue proclamado rey de Irlanda, pero lo mataron en el año 1318. Como resultado, los recursos del país se agotaron, el progreso fue detenido y el control inglés se redujo a una estrecha faja costera en los alrededores de Dublín. La isla quedó otra vez abandonada a los pillajes de los señores feudales y con el estallido de la Guerra de los Cien Años Inglaterra derivó su atención por completo hacia Francia.

La ley de Poynings
En el siglo XIV preocupaba a Inglaterra que su zona de influencia en Irlanda no se pudiera mantener ni extender. Los ingleses sostenían que eran los dueños de todo el país, pero la verdad era que el Pale consistía en un pequeño foco de civilización en medio de una tierra primitiva y salvaje.  Cuando los esfuerzos de Ricardo II por extender su dominio en la isla fracasaron, Irlanda se vio libre para seguir su propio camino.

Poco atractiva, inhospitalaria y arrinconada en un extremo de Europa, Irlanda se vio aislada de la vida del continente, oculta por Inglaterra. Mientras que esta última nación pasaba de la Edad Media al mundo moderno, la isla quedaba abandonada, sus recursos sin explotar y su pueblo dominado. Pero, por su posición, iba a ser crucial en la defensa estratégica de Inglaterra. Era casi un cuchillo clavado en la espalda de Gran Bretaña.

El gobierno de los Tudor significó poco para Irlanda, pero cuando Inglaterra se convirtió en una de las potencias europeas, los problemas internos de la isla pidieron una pronta solución. Enrique VII toleró un gran terreno independiente en el corazón de Irlanda, hasta que su creador se permitió la coronación de un rey como «Eduardo VI», que fue rápidamente eliminado. Enrique trató de gobernar el país por medio de un diputado inglés, apoyado por un ejército formado sólo por ingleses.

Después de varias luchas se procedió a la publicación de un estatuto llamado «ley Poynings» (nombre del diputado inglés), que, aprobado en 1494, ha permanecido en vigor hasta el siglo XIX. Este estatuto fue desvirtuado en favor de los ingleses y por él se establecía que no se podía abrir un parlamento en Irlanda hasta que el Rey y su consejo lo hubieran autorizado con su sello. Con esta ley los ingleses han podido controlar durante siglos los trabajos de la constitución irlandesa.

enrique viii rey de inglaterraEn 1534 cambió el aspecto de la historia de Irlanda. A partir de este momento, la metrópoli organizó un verdadero plan de reconquista. Enrique VIII se hizo llamar rey de Irlanda y al final del reinado de Isabel I casi toda la isla se hallaba bajo régimen militar.

A pesar del sistema represivo usado por los Tudor, en esa época es cuando Irlanda llegó a ser una verdadera amenaza para los ingleses. Cuando Inglaterra, le volvió la espalda a Roma durante la Reforma, los irlandeses prefirieron permanecer dentro de la religión católica. Isabel I tuvo que tener ejércitos dispuestos continuamente en el campo de batalla para aplastar la aparición de constantes rebeliones irlandesas.

La matanza de Drogheda
Los monarcas de la casa Tudor, ansiosos de acabar para siempre con el problema, intentaron colonizar las turbulentas tierras. Las protestas de los irlandeses fueron en vano y cuando Jacobo I fue aceptado como rey, grandes terrenos habían sido expropiados de sus poseedores irlandeses y entregados a los escoceses o a los ingleses.

Siguiendo la misma política, los seis condados del Ulster, en el norte, se entregaron a los colonizadores extranjeros en 1608. Como es natural, estos nuevos señores eran protestantes, y así empezó el conflicto entre las dos religiones, que todavía no se ha resuelto.

cronwellOliverio Cromwell fomentó aún más tan amarga realidad. Carlos I, para proteger su tambaleante trono, creó en Irlanda un ejército de reserva, que en la década de 1640 se rebeló en apoyo de su hijo, el príncipe Carlos. Oliverio Cromwell, principal apoyo del Parlamento inglés, fue a Irlanda en 1649 y derrotó al ejército realista en una cruel campaña.

La guarnición de Drogheda fue pasada por las armas, así como 1.500 ciudadanos y todos los sacerdotes del condado de Wexford. Al final de aquel año, toda la costa de la isla estaba en poder de Cromwell. Irlanda nunca olvidó aquellos amargos días y a partir de entonces sólo una pequeña zona del oeste del río Shannon siguió en poder de los señores irlandeses.

A pesar de ello, todos los monarcas ingleses tuvieron que dedicarse a la reconquista de Irlanda. Tras cada acción de guerra, se dictaban nuevas leyes que entregaban la tierra  a  los  protestantes  o  que  restringían la vida particular de los irlandeses para evitar que ganaran poder o influencia.

El Parlamento inglés trataba a la nación como enemiga y hasta 1793 no se les concedió derecho al voto a los católicos, ni podían tomar asiento en sus propias Cortes. El comercio, la industria y la agricultura estaban tan atrasadas que el país se hallaba sumido en la pobreza.

Como el predicamento de los protestantes aumentaba sin cesar, la Unión de Irlandeses, imitando la revolución francesa, se levantó contra la metrópoli y pidió ayuda a Francia. Los franceses no pudieron desembarcar por culpa de una tormenta y la rebelión fue aplastada por Inglaterra.

En 1800 se aprobó el Acta de Unión igualando los derechos de ambas comunidades, pero Jorge III la echó por tierra, obligando a William Pitt el Joven a anular la promesa de emancipación. Los irlandeses tuvieron que esperar hasta 1829 para obtenerla; pero; como es natural, ni la igualdad de derechos ni la emancipación extirparon la pobreza, que siguió haciende estragos en el país.

En 1846, el hambre causada por la destrucción de las cosecha? mató a más de un millón de habitantes Entonces empezaron las emigraciones a América.

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William Pitt el Joven, obligado por Jorge III a anular la promesa de emancipación que se hizo a los católicos para aplacar la rebelión   irlandesa   de   1798.

Los emigrantes influyeron de tal manera, que Gladstone, en 1868, permitió una mayor libertad religiosa y bajó los impuestos sobre las tierras. Intentó también conseguir para los irlandeses un gobierno nacional, pero le fue imposible. El partido liberal inglés, durante la Primera Guerra Mundial, siguió intentando la autodeterminación, encontrándose siempre con la oposición de los conservadores y en el año 1916 hubo nuevos mártires de sangre irlandesa.

Por fin, en 1921, aprovechando el cansancio de Inglaterra después de la guerra, se estableció el Estado libre de Irlanda, aunque el Ulster seguía fiel a la metrópoli por su carácter protestante.

Así está el conflicto actualmente. Irlanda, escindida espiritual y políticamente, lucha por su unión y por su independencia definitivas como desde hace 850 años.

Fuente Consultada:
Colección La LLave del Saber  Pasado y Presente del Hombre  –  Tomo I –  Editorial Plancton

Historia de Osaka en Japón Vida y Costumbres de su Habitantes

OSAKA EN LA ANTIGUEDAD
HISTORIA PARA TURISTAS CURIOSOS

En el siglo XVII, Osaka era una de las ciudades más ricas y populosas del Japón y centro del floreciente comercio del país. Sus ciudadanos se enorgullecían de sus recién construidos teatros, puentes y canales, almacenes y lujosas mansiones. Allí acudían los jóvenes del país en busca de fortuna y aventuras. Osaka era para todos como un poderoso imán.

Una ciudad flotante
Osaka no era una ciudad sin alegría e industriosa donde la gente fuese sencillamente a trabajar; más bien era un lugar hedonista y despreocupado. Formaba parte del «mundo flotante» (ukiyo), denominación genérica de la cultura de la época, exuberante y ansiosa de placer, que inspiró las «pinturas del mundo flotante» (ukiyo-e), los «relatos flotantes» (ukiyo-zoshi) y la picante y desenfrenada murmuración o «conversación flotante». Todos los ciudadanos de Osaka, ricos comerciantes, artistas, artesanos, petimetres, cortesanos, prestamistas, contables, tenderos, fabricantes, animadores y propietarios de casas de té, parecían disfrutar de suficiente tiempo y dinero para gozar de la vida.

Algunas tiendas vendían únicamente bandejas, bargueños y cajas para adornos del cabello, confeccionadas con azabache y laca de oro. Otras se especializaban en cerámica: la delicada porcelana vidriada de superficie finamente agrietada de la provincia de Satsuma, las suaves tazas y teteras color verde manzana para la misteriosa ceremonia del té, o esbeltos floreros de un profundo azul translúcido o marrón bruñido.

Los fabricantes de pipas y los estanqueros monopolizaban una calle entera. Tanto los hombres como las mujeres fumaban en pipa. Eran unos instrumentos pequeños y graciosos, con un largo tallo de bambú y una diminuta cazoleta metálica.

Los fabricantes de pipas desplegaban un gran ingenio; las adornaban con un tejón sonriendo con las manos en el lomo, un dios del trueno inflando los carrillos, o un mono columpiándose de una rama. El fumador llevaba su provisión de tabaco en saquitos bordados de cuero o de brocado, sujetos a la banda del kimono por un fiador en un cordón de seda.

Otro accesorio indispensable para salir por la ciudad era el abanico, que no sólo refrescaba en los días calurosos sino que también, según se decía, «atraía la suerte y ahuyentaba el mal».

Algunas de las tiendas más animadas de las calles principales vendían las populares ukiyo-e, «pinturas del mundo flotante», impresas con bloques de madera en papel tosco de arroz hecho a mano. Estos grabados representaban todo lo alegre, excitante o tópico, melancólico o fantástico que el artista pudiese imaginar.

Los mártires japoneses
Todos los productos delicados y lujosos de Japón fluían a Osaka y a las otras dos grandes ciudades del país: Yedo (Tokyo) y Kyoto. Yedo era la capital administrativa, desde la cual gobernaban Japón con indis-cutida autoridad los shogun (generalísimos) del poderoso clan de Tokugawa. La ciudad era un centro de intriga donde los clanes de samurais leales al shogun estaban prestos a defender su gobierno. Kyoto era la ciudad real, sede del casi impotente emperador y su corte. Quedó como refugio tradicional de todo lo que era aristocrático y elegante, pero anticuado.

Una ciudad trasnochada, pues, poco atrayente para los nuevos ricos mercaderes del Japón, que acudían a Osaka a divertirse. Ningún barco mercante europeo anclaba en la bahía de Osaka para cargar sus sedas, pinturas y porcelanas. Tampoco navegaban por allí las embarcaciones de altura japonesas. Sólo los pesados juncos costeros transportaban arroz y saké (bebida alcohóloica) a los puertos locales y recibían a cambio arenques secos y algas del norte, o muñecas regionales y cestas de hierba trenzada del sur.

A partir de 1636 se promulgaron varios decretos aislando el país del resto del mundo conocido. Se prohibió bajo pena de muerte abandonar el país a todos los japoneses, y los que residían en el extranjero fueron condenados a un exilio permanente. Se expulsó a todos los extranjeros, salvo unos pocos comerciantes chinos y holandeses que. bajo severas restricciones, pudieron quedarse en un islote costero de la bahía de Nagasaki.

Esta ruptura de relaciones del Japón con los europeos duró tres siglos. Se interrumpieron así unas relaciones que habían comenzado casi un siglo antes, en 1542, cuando que tres navegantes portugueses, desviados de su rumbo, alcanzaron Japón en un junco. Los emprendedores comerciantes lusitanos, ya establecidos en Macao, siguieron a sus compatriotas y formaron colonias comerciales.

Detrás llegaron no sólo los comerciantes españoles, holandeses e ingleses, sino también numerosos misioneros dispuestos a convertir a los subditos del shogun al cristianismo. Los jesuítas, entre los que destacó la incansable labor evangelizadora de san Francisco Javier, realizaron el mayor número de conversiones, y el shogun comenzó a sospechar que su influencia religiosa era un reto a su propia autoridad y atentaba contra la recién lograda unidad del Japón.

Como primera medida, el shogun prohibió la predicación del cristianismo. Después, ejecutó a muchos misioneros y japoneses conversos. Finalmente fueron expulsados del país todos los «bárbaros de cabello rojo», como denominaban los nativos a los europeos, salvo unos pocos comerciantes holandeses encerrados en Nagasaki.

El shogun les permitió quedarse para disponer de una «ventana» secreta al mundo exterior. Algunos letrados de confianza podían comunicarse con estos holandeses. Por lo demás, el Japón había cerrado sus puertas a las ideas de otros países.

osaka en japon

El placer exuberante de vivir en Osaka se revela en este vendedor de juguetitos de papel y su posible cliente de «pelo de estopa», bailando juntos alegremente.

Los poetas haiku
Parece que los años más brillantes y gloriosos de este período de aislamiento fueron los comprendidos entre 1680 y 1740. Las artes y oficios florecieron. Los ciudadanos de Osaka comenzaron a estudiar disciplinas tan esotéricas y tradicionalmente aristocráticas como la ceremonia del té, la caligrafía o la filosofía china.

Aprendieron a gozar de las sutiles armonías del teatro no, de la misteriosa música de corte y de la poesía haiku, una forma nueva y en boga de verso libre encadenado de diecisiete sílabas. Entre los que utilizaron dicha versificación descuella el poeta peregrino, Matsuo Basho, que nació en 1644. A menudo, los poetas haiku celebraban las bellezas fugaces de la naturaleza en un modo original y cuidadosamente observado.

Por ejemplo.
Abandonando la casa de un amigo
Sale la abeja
De lo más hondo de los pistilos de la peonía
¡Oh, tan a su pesar!
En algunas ocasiones, los sentimientos personales del poeta crean la poesía:
La frescura.
¡Qué frescor se siente
Al descansar al mediodía,
Al tener una pared bajo mis talones!

Estas dos poesías se deben a Basho y dan
alguna ligera indicación del estilo ligero, desapasionado y, algunas veces, melancólico de la poesía haiku.
Un género- literario mucho más accesible lo constituían los ukiyo-zoshi, los relatos cómicos, vigorosos y libertinos, acerca de las gentes de las tres grandes ciudades del Japón. Ihara Saikaku, famoso autor de estos cuentos, pasó gran parte de su vida en Osaka y describió con abundancia de ingeniosos detalles la vida cotidiana que le rodeaba. Sus personajes pasaban el tiempo generalmente en busca de amores, placeres y dinero.

osaka en la antiguedad

El teatro:A todos los habitantes les gustaba el teatro. Acudían a ver a los famosos onnagata, actores entrenados desde la niñez para representar a la perfección los papeles femeninos.

El joruki y el kabuki
Había dos clases de teatro a las que asistían todos los habitantes: el joruki (teatro de marionetas) y el kabuki. Osaka alcanzó especial renombre por su teatro de marionetas. Los «actores» medían dos tercios de la estatura normal y estaban fabricados con mucho detalle, bellamente ataviados y maquillados.

A menudo, para actuar las marionetas necesitaban de los servicios de tres personas: un titiritero y dos ayudantes. Estos dos las manejaban con tanta habilidad que cada miembro se movía por separado. Los títeres gesticulaban con manos y pies, e incluso movían los ojos y alzaban las cejas. Posaban con coquetería, libraban feroces duelos y y «hablaban» en tonos agudos y melódicos, emitidos por los titiriteos.

Chikamatsu Monzaemon, el más famoso dramaturgo japonés, dedicó parte de su ilustre carrera como escritor a un teatro de marionetas de Osaka, y muchas de sus mejores piezas tienen como tema los dramas domésticos de los tenderos y sus familias en la ciudad.

El kabuki era una mezcla apasionante y vigorosa de danza y espectáculo, música y mimo, parodia y tragedia. Comenzó a rivalizar con el teatro de marionetas y finalmente lo deshancó. Muchas de las obras de Chikamatsu se representaron entonces en una escena giratoria de kabuki, con espacio suficiente para acomodar los decorados más intrincados, tales como el castillo feudal de sillería de Osaka, los juncos en un mar tormentoso, o las calles iluminadas con farolillos del barrio de placeres. A la escena del kabuki sólo tenían acceso los hombres, y los papeles femeninos los representaban unos actores llamados onnagata.

Algunas de las obras eran comedias domésticas, «obras de gente común» como se las llamaba. Otras trataban de las salvajes disputas entre los diferentes clanes guerreros que habían dividido el país en el pasado. En éstas eran personajes de importancia los jactanciosos y valientes samurais, que a menudo se enfrentaban a un conflicto de lealtad pero estaban siempre dispuestos a morir en defensa de sus señores, y las damas de la nobleza, que apuñalaban a sus enemigos o se envenenaban para salvar el honor de su clan.

Una representación de k-abuki duraba casi un día entero y, por ello, era una buena excusa para convertirlo en un día de fiesta. Familias enteras de ciudadanos de Osaka reservaban un compartimiento del teatro para presenciar la función. Durante los numerosos descansos, picaban arroz frío y pescado crudo, que comían con los famosos palillos.

Bebían saké (cerveza de arroz), fumaban en sus diminutas pipas y conversaban. Si tenían hambre después de la representación, se dirigían a los puestos de la puerta del teatro, donde se vendían tazones de fideos calientes con sopa de pescado, pasteles rosados de pasta de alubias, almejas recién hervidas o castañas asadas.

Toda esta actividad daba lugar a escenas vivaces y llenas de colorido que algunos de los artistas ukiyo-e representaban en sus grabados. Los puestos y las casas de té, bajas y sin pared exterior, brillaban con farolillos de papel rojo, blanco o anaranjado que se balanceaban en la brisa vespertina, y las avenidas sin pavimentar donde se encontraban rebosaban de gente. Aparte de los que se dirigían al teatro, había grupos alegres que volvían de una travesía río arriba en barcazas abiertas, de una excursión de todo el día a los jardines de los santuarios cercanos, o de un paseo por una colina de especial belleza para presenciar el orto de la luna llena.

Las mujeres se ataviaban para estas excursiones con sus kimonos más ricamente bordados, y de sus moños altos de pelo negro brillante colgaban adornos de rojo y oro. Los hombres vestían ropas de tonos más oscuros, a menudo forradas de seda. Para obtener las monedas de los transeúntes en busca de placer que gastaban sin tino, músicos ciegos tocaban sus flautas melancólicas, los saltimbanquis realizaban acrobacias y las adivinadoras atraían a la clientela desde sus sombrías barras.

Gente estrafalaria
No puede sorprender que uno de los pocos occidentales que contemplaron la Osaka del siglo XVII dijera que era considerada la ciudad más bulliciosa, amante de las diversiones y despreocupada del país.

Este viajero, de nombre Engelbert Kaempfer, era un médico instruido que sirvió a la Compañía Holandesa de las Indias Orientales y que en 1692 viajó de Nagasaki a Yedo celosamente vigilado por la guardia del shogun. Según él, los japoneses consideraban Osaka como «un teatro universal de placeres y diversiones». Se ven juegos a diario, tanto en lugares públicos como privados. Los charlatanes, los prestidigitadores que realizan algún número artístico y toda clase de gente estrafalaria que tiene algún animal monstruoso o poco común que exhibir o animales amaestrados para hacer números de circo, acuden allí de todos los lugares del Imperio, con la seguridad de obtener mayor provecho que en ningún otro lugar.

En esa sociedad japonesa ligeramente irresponsable estaba presente el sentimiento budista de la inestabilidad y brevedad de los placeres terrenales. La cultura lírica, frivola y peculiar del «modesto renacimiento» del Japón (como lo ha llamado un moderno historiador) no podía durar indefinidamente, y para 1740 había comenzado a desaparecer el apogeo de la burguesía. Sin embargo, fue un período de expansión e inspirado mientras duró, y las artes que entonces surgieran siguen siendo populares entre los japoneses.

vida en osaka antigua

1.  Otro aspecto de la ciudad alegre y hacinada. Se trata de una cerería; los empleados sumergen las mechas en cera fundida, el cajero suma con el abaco y el propietario y   su   familia   comadrean   con   los   clientes.
2.    Soldados japoneses en 1668; van armados con mosquete europeo, así como con arco,  lanza y espada.
3.     Las aguas de la bahía iluminadas por farolillos, siempre atestadas de pequeñas embarcaciones de  recreo.

Fuente Consultada:
Colección La LLave del Saber  – Pasado y Presente del Hombre – Tomo I – Editorial Plancton

La Independencia de Bélgica Reinado de Leopoldo I

1830: REVOLUCIONES BURGUESA EN EUROPA

Como ya hemos publicado en este sitio, en el mes de julio de 1830, la indignación contra el despotismo del rey Carlos X produjo un estallido revolucionario. En París, una gran manifestación recorrió los barrios pidiendo la abdicación del rey y se levantaron barricadas. Cuando el ejército salió a la calle para intentar restablecer el orden, los manifestantes, lejos de disolverse, asaltaron las armerías, y organizaron una milicia con la que hicieron frente a los soldados del rey. Pero no se llegó a producir el choque: el ejército también había sido ganado por la propaganda liberal y se negó a hacer fuego contra los insurrectos.

Ante esta situación, el monarca, sin posibilidad de defenderse, abdicó y marchó al exilio. Inmediatamente los revolucionarios, que habían conseguido derribar al régimen en sólo tres días, entregaron la corona a un noble de ideas liberales, Luis Felipe dé Orleáns, quien habría de regir los destinos de Francia hasta 1848.

El movimiento francés se extendió a otros países de Europa, el más importante fue el de Bélgica contra la monarquía holandesa del reino de los Países Bajos. El triunfo de los belgas fue bastante rápido gracias al apoyo que recibió de Francia y el reconocimiento de Gran Bretaña del reino de Bélgica y de su primer rey Leopoldo I, quien fue elegido por los revolucionarios y de inmediato estableció una monarquía parlamentaria y constitucional, en octubre de 1830.

Leopoldo I de Bélgica

Leopoldo I de Bélgica:Leopoldo I, un noble alemán que había luchado en las filas del Ejército ruso durante las Guerras Napoleónicas, se convirtió, en 1831, en el primer rey de Bélgica, una vez que este país se independizó de los Países Bajos

NACE BÉLGICA: Finalmente, sólo una de las insurrecciones de 1830-1831, además de la francesa, terminó con un resultado victorioso: la revolución de Bruselas (agosto de 1830). Los tratados de 1815 habían cedido Bélgica al reino de los Países Bajos; si bien la situación económica era próspera, los belgas, después de haber dependido sucesivamente de España y de Austria (desde el siglo XVI al XVIII), no estaban satisfechos. Católicos, no querían un soberano protestante como era Guillermo I de Orange. Liberales, juzgaban la Constitución demasiado autoritaria.

Nacionalistas, protestaban contra la preponderancia de los holandeses (no había más que un ministro belga entre siete, y, en el ejército, menos de trescientos oficiales belgas entre dos mil). Unidos, católicos y liberales se sublevaron, y un gobierno provisional declaró la independencia de Bélgica, el 4 de octubre de 1830. Las tropas holandesas habían tenido que evacuar las principales ciudades, incluso Amberes. Un congreso ofreció la corona al duque de Nemours, hijo de Luis Felipe.

Inglaterra era favorable a la independencia, pero no quería, a ningún precio, a un príncipe francés. Rusia y Austria, ante la posición franco-inglesa, no podían intervenir, y la conferencia de Londres (diciembre de 1830) reconoció la independencia y la neutralidad belga. La corona fue concedida al príncipe alemán Leopoldo de Sajonia-Coburgo, casado con una hija de Luis Felipe. Pero el rey de los Países Bajos atacó Bélgica en 1831, y Francia envió un ejército de socorro, mientras que la flota inglesa bloqueaba Amberes; los holandeses tuvieron que retirarse, pero no reconocieron la independencia belga hasta el año 1839.

La creación de este nuevo Estado neutral satisfacía, sobre todo, a Inglaterra, obsesionada con la idea de que Amberes («pistola encañonada contra su corazón») no pudiera ser jamás dominada por el poderío francés. En cuanto a los franceses, podían considerar una fortuna el hecho de tener su frontera norte protegida por un país neutral. Ya se sabe lo que pasó en 1914.

Fuente Consultadas:
Todo Sobre Nuestro Mundo Christopher LLoyd
HISTORAMA La Gran Aventura del Hombre Tomo X La Revolución Industrial
Historia Universal Ilustrada Tomo II John M. Roberts
Historia del Mundo Para Dummies Peter Haugen
La Revolución Industrial M.J. Mijailov

Vida e Ideas de Owen Robert Cooperativas de Obreros en Inglaterra

IDEAS Y EXPERIMENTOS DEL SOCIALISMO UTÓPICO DE OWEN

En Inglaterra, post guerras napoleónicas y en plena revolución industrial, la gran masa de obreros vivía en condiciones míseras. Una miseria que hoy nos parecería inverosímil. Los indigentes eran socorridos: recibían algún dinero para seguir viviendo pero, como contrapartida, «la ley de los pobres» imponía a todos cuantos se hallaban inscritos en los registros de indigentes la aceptación de cualquier trabajo que se les ofreciera, sin tener en cuenta salarios y condiciones.

Día a día el número de pobres había aumentado considerablemente después de la guerra: la economía inglesa no encontraba en el continente los mercados que había esperado hallar al fin del Bloqueo. Los países europeos atravesaban grandes dificultades económicas y no podían importar bastantes productos ingleses. Además, la terminación de la guerra había hecho que unos 250.000 hombres desmovilizados se lanzaran en busca de trabajo. Haber luchado tanto, haber pasado tantos sufrimientos durante veinte años de guerra, y, al fin de ella, encontrarse en una situación peor: ésta era la paradoja de la paz.

Los trabajadores se encontraban viviendo en condiciones miserables, y los representantes de la industria que a veces se ocupan de los pobres, lo hacían  a su manera: la ley de los pobres fue derogada, por juzgarla humillante. La caridad es condenada: lo que hay que hacer es proporcionar trabajo. Debido a esto, se crean las célebres Workhouses (era un lugar donde la gente pobre que no tenía con qué subsistir podía ir a vivir y trabajar.).

La mendicidad queda prohibida, en adelante, y todos los «sin trabajo» se hallan obligados a acudir a esos centros a realizar una labor. Hasta los mismos niños son sometidos a unas condiciones de trabajo extremadamente penosas. Trabajaban desde las cinco de la mañana a las ocho de la noche, con media hora de descanso al mediodía para comer. Muchas criaturas, agotadas, se dormían de pie durante el trabajo, pero el capataz las despertaba en seguida a latigazos. Y eran muchísimas también las que, no teniendo valor para regresar a sus casas, se escondían en el taller para pasar la noche allí.

Mas ¿qué podían hacer los trabajadores? La acción política no les había servido de nada, y nada les había aportado la reforma de 1832. Sin embargo, algunos filántropos se decidieron a actuar. Robert Owen, deseoso de que los trabajadores recobrasen su dignidad y unas condiciones decentes de vida, los incita a crear una institución al margen de la sociedad que los rechazaba.

robert owen

Robert Owen (1771-1858), fue un socialista utópico británico, considerado como el padre del movimiento cooperativo. Nació en Gales el 14 de mayo de 1771. Comenzó a trabajar desde muy pequeño y pudo experimentar la vida de miseria que atravesabn los obreros. A los 20 ya era director de una fábrica de tejidos en Manchestery se convirtió en un industrial adinerado. Adquirió participaciones de la fábrica textil en Escocia y contrajo matrimonio en 1799 con la hija del dueño. Falleció el 17 de noviembre de 1858 en su residencia de Newtown.

Así, fundó la «gran unión nacional del trabajo» (1833). Con su propio dinero, ensayó la puesta en marcha de unas cooperativas de producción, en las que los trabajadores fueran sus mismos patronos. Y les indujo a tomar conciencia de la solidaridad que se debían entre sí, y a actuar por medio de la huelga general.

Pero los patronos se dieron inmediatamente cuenta del peligro, y reaccionaron de una manera brutal: muchos trabajadores fueron deportados. Y los hombres del trabajo, asustados, faltos de medios, y muy debilitados por causa de sus preocupaciones personales, no pudieron proseguir la lucha. Mas el fracaso del movimiento de Owen imprimió nuevo impulso a los partidarios de la acción política, mucho más flexible.

Como en tiempos del radicalismo, se sucedieron los mítines. Se adoptó una «Carta del pueblo», donde se consignaban las principales reivindicaciones de éste; especialmente, el sufragio universal y el escrutinio secreto, que había de impedir el poderío del dinero en la política. Se pedía también el pago de una indemnización parlamentaria, para que así los diputados pobres elegidos por el pueblo pudieran sostenerse en sus cargos sin sentirse tentados a dejarse comprar.

SOBRE LAS IDEAS DE OWEN: La empresa en donde tenía inicialmente acciones Owen, se llamaba New Lanark. Esta empresa logró posicionarse en el mundo  gracias al experimento que allí realizó Owen, consistente en mejorar las condiciones de los trabajadores y conseguir un aumento de productividad y beneficios simultáneamente.

Creía firmemente que la humanidad avanzaría si se mejoraba el entorno de los individuos tanto en el ámbito moral como económico, creía que el hombre en estado natural era bondadoso y compasivo. Era la sociedad (que según el filósofo político Rousseau nacía como resultado del crecimiento demográfico) lo que corrompía al hombre. Su deseo de tener propiedades y su comparación con los otros habían convertido su natural y positivo amor por sí mismo en amor propio, un orgullo artificial.

Los humanos primitivos que vivían en un mundo salvaje y antisocial estaban libres de la avaricia y la envidia, pero el desarrollo de la agricultura, la propiedad privada y la jerarquía social habían dado lugar a las desigualdades y los conflictos. La sociedad eran un contrato injusto, creado por los ricos para obtener privilegios y privar de derechos a los pobres. En consecuencia, la desigualdad era inherente a la sociedad, no parte de la condición natural y original del ser humano.

Consecuentemente el socialismo utópico propugnaba por una sociedad donde no hubiera explotadores ni explotados, y reinara la felicidad y la armonía entre los hombres. Para conseguirlo debían aprovecharse las ventajas de la industrialización y el trabajo colectivo, organizados ambos de modo igualitario, es decir, suprimir la propiedad privada de los medios de producción, como los campos de cultivo, fábricas, máquinas, etcétera, para que pasaran a ser rropiedades colectivas.

El ambiente creado en New Lanark fue un reflejo de esta filosofía. Alentado por este primer éxito, inició un nuevo experimento en 1825: compró 8.100 ha de tierra en Indiana y fundó la Comunidad de New Harmony. Sin embargo la población que voluntariamente se había sumado al proyecto no tardó en perder el entusiasmo inicial y los problemas que surgieron no pudieron subsanarse con las visitas periódicas de Owen. Vendió el terreno en 1828 y perdió una buena parte de su fortuna.

AMPLIACIÓN DEL TEMA:
Las Experiencias de Robert Owen:

Oewn intento plasmar sus ideas en la practica y desarrolló una acción personal al servicio de la mejora en la posición de la clase trabajadora. La diferencia más importante con los demás socialistas utópicos radica en su referencia exclusiva a la clase de los trabajadores. Los demás intentaban una reforma de toda la sociedad en favor de todas las clases.

Para Owen el problema que pide solución es la promiscuidad en que se ve obligada a vivir la clase más pobre. Los demás, problemas sociales se ven desde este enfoque. En parte, esta postura se halla determinada por lo avanzado que ya se encuentra el proceso de proletarización. En este momento de la historia dicho proceso se erige en protagonista, irrumpiendo con fuerza en el contexto socio-económico.

Desde 1800 a 1829 dirige en New Lanark una fábrica de hilados de algodón de la que dependen unas 2.500 personas. Él mismo en persona se encarga de organizar no sólo el trabajo en el interior de la factoría, sino también la vida comunitaria del poblado que se construye alrededor de aquélla. La «colonia» se nutre principalmente de vagabundos y desmoralizados, marginados sociales que -se piensa no podrán rendir en el trabajo y mucho menos serán capaces de actuar en consonancia con los «altos valores» sobre que se asienta la vida comunitaria de New Lanark. La esperanza y tesón de Owen demuestran todo lo contrario.

En la factoría no existe policía, jueces ni beneficencia. La vida de los colonos se desarrolla en un ambiente, si no de holgura, al menos sin la miseria habitual en otros barrios industriales. La jornada de trabajo se reduce a 10 horas diarias —contra las 13 ó 14 normales en las fábricas vecinas.

Los beneficios son también más altos que los habituales. En el fondo, en esta primera experiencia de Owen se demuestra solamente que unas condiciones más favorables para el trabajador determinan un aumento en la productividad de éste, y que, por tanto, resultan rentables para el empresario. Esta táctica fue utilizada por el em-presariado con posteridad.

El nuevo replanteamiento le lleva a proponer una reforma en tal sentido y llevada a término por el Gobierno para que tenga la amplitud necesaria. El momento concreto de su propuesta es en 1823. Considera y defiende públicamente que es el camino mejor para combatir la miseria en Irlanda. Hasta aquel momento la sociedad había considerado con un cierto grado de benevolencia los experimentos de aquel «empresario inquieto».

Sin embargo, cuando propone la constitución de colonias en las que no existiría la propiedad privada, donde la religión sería abolida, y el matrimonio suplantado por un contrato privado, entonces la sociedad reacciona con virulencia. Si, además, se propone que la reforma se aplique a toda una nación, entonces el enojo de la «sociedad establecida» llega al paroxismo y destierra al innovador. Ello demuestra que en difinitiva se ponen en cuestión los pilares en que se asienta la organización social del Capitalismo industrial.

En América del Norte, Owen intenta realizar en pequeña escala su reforma. En 1825 se funda New Harmony financiada en parte por él y en parte por filántropos ilustrados. El fracaso es total al cabo de dos años. Se debe, principalmente, a un defecto de base en el planteamiento de Owen y de los socialistas en general.

Resulta en extremo difícil la existencia de pequeñas parcelas organizadas en base a valores opuestos al sistema capitalista. En todo caso, la viabilidad de estas experiencias se basa en la «buena voluntad» de algún filántropo, pero no modifica la situación general de la sociedad y sus estamentos.

Ver: El Cartismo En Inglaterra

Fuente Consultadas:
Todo Sobre Nuestro Mundo Christopher LLoyd
HISTORAMA La Gran Aventura del Hombre Tomo X La Revolución Industrial
Historia Universal Ilustrada Tomo II John M. Roberts
Historia del Mundo Para Dummies Peter Haugen
La Revolución Industrial M.J. Mijailov
La LLave del Saber Tomo II La Evolución Social Ediciones Cisplatina

Proudhon Pierre Teoría del Anarquismo Biografía y Vida Política

BIOGRAFÍA DE PROUDHON PIERRE Y SU PENSAMIENTO POLÍTICO

Pierre Joseph Proudhon (1809-1865), escritor y teórico político francés, llamado a veces el padre del anarquismo moderno. «Aventurero del pensamiento», Proudhon nunca edificó un verdadero sistema. Su concepción, elaborada a partir de una sucesión de ideas, propuso un mundo pacífico de pequeños propietarios-proletarios que lo convirtió en una figura importante del movimiento obrero.

Soñaba con un verdadero contrato social que relacionaría a los hombres entre sí en el seno de una democracia reflexiva y aceptada. No fue tanto la propiedad lo que Proudhon condenó, sino los abusos de una sociedad burguesa que privaba a la mayoría de las personas de este derecho.

Afirmó: ¿Qué es la propiedad? Y agregó: «La propiedad es un robo». Sin embargo, esta frase, que resume a menudo su obra, no refleja realmente su pensamiento, ya que éste no condena la propiedad como tal, sino cuando constituye la base para explotar el trabajo de terceros.

El trabajo esclavo, producto del abuso del patrón en las sus nuevas fábricas, en donde solo importaba la máxima ganancia a costa de todas las injusticias laborales, como el trabajo de 12 horas diarias sin descanso, el trabajo de mujeres, niños y niñas a la par de los hombres, el magro pago que apenas alcanzaba para subsitir y la desprotección  laboral.

Proudhon Pierre

Proudhon Pierre

ANTECEDENTES DE LA ÉPOCA:
La evolución de la ciencia logró nuevas tecnología que aplicadas a las formas de industrialización en masa, logró un aumento considerable de la producción, para un mercado que también aumentaba día a día. Las tareas de los obreros en las fábrica se especializaron para conseguir un mayor rendimiento productivo y a la vez esa automatización indusrtial dejaron sin trabajo a la mayor parte del antiguo artesanado e hicieron a un lado a los campesinos, quienes no tuvieron más opción que incorporarse a las ciudades como obreros industriales.

De esta manera surgió una nueva clase social llamada proletariado que estaba vinculada al trabajo en las fábricas en las grandes urbes, y que en sus inicios absorbía a la totalidad de la familia, pues eran obligados a trabajar no solo hombres, sino mujeres, niños y niñas. Todos ellos se vieron obligados a vender su capacidad laboral a cambio de un sueldo o salario mensual, que muchas veces apenas alcanzaba para alimentarse.

Esta situación a lo largo del tiempo, fue generando un descontento generalizado, pues estos obreros compartínan sus penas hora a hora, en el mismo ámbito industrial, y veían como una gran injusticia el enorme desgaste que ellos sufrían para que las ganancias sean solo para el patrón o algunos pocos socios. De a poco fueron tomando conciencia de su fuerza y empezaron a organizarse. De ahí surgieron una serie de movimientos de carácter social que buscaron mejorar las condiciones de trabajo y de vida.

Esto movimiento, conocidos en la historia, como Movimiento Obreros, fueron apareciendo simultáneamente en distintos países y con distintas ópticas, pero el objetivo era el mismo: los reclamos contra las injusticias laborales y las desigualdades económicas y políticas. Los mas importantes de estas agrupaciones fueron: el Ludismo, el Cartismo, Cooperativismo, Socialismo Eutópico, Socialismo Científico y Anarquismo. Todos estos movimientos son estudiados en este sitio, pero en esta páginas tratamos el que analizó nuestro personaje Pierre Proudhon, el Anarquismo.

ANARQUISMO: Se trataba de una doctrina social formulada, entre otro, por el pensador ruso Mijail Bakunin, y el príncipe Koproki. En Francia se destacó Proudhon. Sus tesis principales se centraban en la negociación de toda forma de propiedad privada, la autogestión, el sufragio universal y la importancia de la libertad.

El anarquismo proponía la supresión del Estado, así como la disolución del ejército y de las iglesias, consideradas elementos represores de la libertad individual. Los anarquistas pensaban que la revolución social sería llevada a cabo por los campesinos y obreros industriales, reunidos en “comunas libertarias”.

Algunas de las formas de acción fomentadas por los anarquistas incluían la violencia, lo que los convirtió en objeto de persecución por parte de las policías de muchos Estados europeos.

No obstante, sus ideas tuvieron una gran difusión y muchos seguidores, desde la segunda mitad del siglo XIX y hasta la primera del siglo XX. (AMPLIAR:Anarquismo)

Al principio, el anarquismo no era un movimiento violento. Los primeros anarquistas creían que las personas eran naturalmente buenas, pero corrompidas por el Estado y la sociedad. La verdadera libertad podía lograrse solamente aboliendo el Estado y todas las instituciones sociales existentes. No obstante, en la segunda mitad siglo XIX, los anarquistas de España, Portugal, Italia y Rusia lenzaron a propugnar el uso de medios radicales para lograr rropósitos. Por ejemplo, el ruso Mijail Bakunin creía que pequeños grupos de revolucionarios fanáticos y bien entrenados podían perprtrar tal grado de violencia que el Estado y todas sus instituciones se desintegrarían. Para los anarquistas revolucionarios, eso podría ser el anuncio de la época dorada anarquista.

SOBRE PIERRE POUDHON:  Proudhon nació en Besangon, Francia, el 15 de enero de 1809. Hijo de una humilde familia, hubo de abandonar los estudios para trabajar como aprendiz en una imprenta, pese a lo cual adquirió de forma autodidacta una amplia cultura.

Hijo de un cervecero y de una cocinera, a los nueve años de edad comenzó a trabajar como boyero en la campiña del Franco Condado. Las experiencias vividas durante esa época influyeron enormemente en su obra futura, cuando elaboró el proyecto de una sociedad ideal en la que los pequeños campesinos y artesanos podrían vivir con total independencia económica y en paz.

Gracias a su inteligencia aguda, el joven Proudhon logró obtener una beca para asistir al colegio de Besangon. El hecho de provenir del campo y estar rodeado por hijos de comerciantes, no le impidió desarrollar un gran interés por el estudio, que nunca abandonaría. Sin embargo, la ruina de sus padres lo obligó a trabajar como aprendiz en una imprenta, iniciándose en el oficio de tipógrafo y luego de corrector.

En 1838 marchó a París becado por la Academia de Besangon y dos años después publicó Qu’est-ce que la propriété? (¿Qué es la propiedad?). El libro causó gran polémica por la célebre afirmación «la propiedad es un robo», si bien la frase aludía no a la pequeña propiedad individual sino a la que permitía a un propietario explotar el trabajo de otro hombre, trabajo que como dijimos antes eran esclavizante , brutal y mal pago.

Compenetrado con los problemas de los obreros, se fue formado intelectualmente y cuando compró una imprenta (con otros dos socios), publicó su primer libro anónimo:  Ensayo de gramática general, y algunas obras en prosa poco conocidas, pero por las cuales Flaubert y Baudelaire manifestaron interés. El negocio de la imprenta fue un desastre.

En 1838,estudió en París, lo pudo hacer gracias a un beca y en sus antecedentes escribió: «Nacido y criado en la clase obrera, todavía pertenezco a ella de corazón y de espíritu, por las costumbres y sobre todo por la comunidad de intereses y aspiraciones».

En 1843, Proudhon, que había vendido su imprenta, se instaló en Lyon donde ejerció como empleado de comercio. Allí conoció a varios miembros de una sociedad secreta de tejedores, «los mutualistas», que habían desarrollado su propio concepto de organización económica y social basada en la coexistencia de pequeñas unidades de producción pertenecientes y administradas por los mismos productores.

Esta representación del cambio social que permitía evitar cualquier revolución violenta influyó durante largo tiempo en el pensamiento de Proudhon, que publicó el mismo año la Creación del orden en la humanidad o Principios de organización política.

Para Proudhon, a nivel económico el capitalismo de su época, representaba la expresión suprema de la explotación del hombre por el nombre. A nivel político, el estado representa el instrumento de que se vale la clase dominante para ejercer su dominio sobre las clases populares (obreros, campesinos, artesanos). Incluso el estado liberal, tras su pantalla democrática, no es sino un aparato coercitivo (policía, jueces, cárceles, ejército, leyes), controlado por las clases dominantes, a través del cual éstas ejercen su represión sobre las clases dominadas.

Para el anarquismo, todo poder (económico, político, ideológico) contempla una enajenación del hombre, o sea, significa el dominio de unos individuos sobre otros. La separación entre gobernantes y gobernados coloca inevitablemente a los primeros en una situación de prepotencia con respecto a los segundos, incluso contra la voluntad de los protagonistas.

En 1844 conoce a Bakunin, y comienza una extensa relación intelectual sobre los abreros, el empresario y el estado. También conoce a Marx, pero se lleva una mala impresión. Sigue escribiendo y dos años mas tarde publica su obra mas importante: Filosofía de la Miseria.

El 4 de junio de 1848, después de la revolución burguesa de ese mismo año, fue elegido diputado en la Asamblea constituyente. Siempre del lado de las injusticias laborales y apoyando los derechos de los obreros, también de preocupó la violencia y autoritarismo de esas mismas revoluciones. Propueso fijar un impuesto sobre la renta contra la propiedad, pero no fue aprobada en la Asamblea. Fundó un banco crediticio que concedía préstamos sin cobrar intereses.

En 1849 fue condenado por el presidente Napoleón III, cuando publicó una serie de artículos en su contra. Inicialmente en la prisión por tres años, gozó de algunos beneficios, como la de salir a la calle, y hasta pudo contraer matrimonio con Euphrasie Piégeard , con la que tuvo cuatro hijas. Tiempo después fue trasladado a una prisión con mas control y seguridad, hasta 1852. Su relación con Napoleón III fue buena y muchas veces se reunieron para debatir algunas ideas políticas y económicas de su tiempo y otros proyectos que no se ejecutaron.

Seis años después, en 1858 volvió a ser condenado, y debió refugiarse en Bélgica hasta 1862. Se escapó junto a su familia, pero la vida le fue muy dura y vivió miserablemente , pero nunca dejó de reflexionar y escribir artículos para diarios. Tenía mas de 50 años, de una vida dificil y ya sentía el peso de esos duros años. Trabajó lentamente en su último libro, De la capacidad política de las clases obreras, cuyo discípulo Chaudey publicaría en forma postuma. En esta obra explícita por última vez su visión del mundo futuro, en el cual los mismos obreros serían los instrumentos de su liberación al desarrollar sus propias unidades de producción.

retrato de Proudhon de Flauberg

Fue amigo del pintor francés Gustave Courbet, que le hizo este retrato.

Proudhon murió  el 19de enere de 1865 en París, a la edad de 56 años, cansado y desgastado de su arduo trabajo y miseria.

CRONOLOGÍA DE SU VIDA
1809 Nacimiento de Pierrejoseph Proudhon en Besancon, Francia, el 15 de enero.

1818 Empieza a trabajar como boyero.

1826 Se convierte en aprendiz de tipógrafo.

Llega a ser corrector y descubre la  obra de Fourier.

Revolución de julio: Luis Felipe, rey de Francia.

1836 Proudhon adquiere una imprenta.

1838 Obtiene una beca de la academia de Besancon para seguir sus estudios en París.

1840 ¿Qué es la propiedad? Vende su imprenta y se instala en Lyon  como empleado de comercio.

1844 Conoce a Marx y Bakunin.

1846 Filosofía de la miseria y respuesta de Marx. Miseria de la filosofía.  Proudhon se instala en París. Colabora con un periódico, Le representara, du peuple.

1848 Revoluciones en Francia. Proudhon, diputado por París. Toma posición a favor de los insurgentes de las jornadas de junio. Luis   Napoleón, presidente de la República.

1849 Intento frustrado de fundar un «Banco del pueblo». Proudhon es encarcelado.  Matrimonio con Euphrasie Piégeard.

1851 Golpe de Estado del 2 de diciembre.

1852 Proudhon es liberado. Napoleón III, emperador.

1853-1855 Visitas a Napoleón III.

1858 De la justicia en la revolución y en la Iglesia. Proudhon se exilia en Bélgica.  Regresa a París.

1865 Muerte de Proudhon, el 19 de enero.

Fuente Consultadas:
HICIERON HISTORIA Biografías Editorial Larousse Entrada: Proudhon Pierre
ENCICLOPEDIA HISPÁNICA Tomo 12 Entrada: Proudhon Pierre
CIVILIZACIONES DE OCCIDENTE Tomo B Jackson J. Spielvogel – El Anarquismo

Proust Marcel Vida y Obra Literaria Cronología y Biografía

BIOGRAFÍA Y OBRA LITERARIA DE MARCEL PROUST

La obra maestra de Marcel Proust, En busca del tiempo perdido, describe la progresión vivencial de un ser, que encuentra la felicidad en su memoria afectiva, capaz de reunir el pasado y el presente en una misma sensación reencontrada. Es un personaje frágil y sensible, Marcel Proust consagró su vida a la elaboración de una obra que habla de él. Al hacerlo, su genialidad lo condujo a la más íntima de las introspecciones que hizo de En busca del tiempo perdido una obra universal.

Marcel Proust (1871-1922), escritor novelista francés, autor de su obra capital de siete novelas En busca del tiempo perdido (1913-1927), considerado como una de las cumbres de la literatura universal, que interrumpió durante la Primera Guerra Mundial, para terminarla durante los últimos años de su vida.

Es una monumental serie novelística en siete partes, comprendiendo quince volúmenes. Dicha obra, calificada como la suma de hechos y observaciones, de sensaciones y sentimientos más compleja que haya dado nuestra época, es un estudio psicológico de la vida y la época del autor: la primera de sus siete partes se publicó en 1913; la segunda, en 1918, y le valió el premio Goncourt; las últimas partes no vieron la luz hasta después de su muerte. Son obras suyas también: un volumen de ingeniosos ensayos, Les plaisirs et les jours (1896), Jean Santeuil (1952).

Marcel Proust

Novelista Marcel Proust

Entre otras de sus obras destacan Los placeres y los días (1896) y los siete volúmenes de la obra anteriormente citada: Por el camino de Swann (1913), A la sombra de las muchachas en flor (1919), El  mundo de Guermantes (1920), Sodoma y Gomorra (1922) y los publicados postumamente La prisionera (1923), La fugitiva (1925) y El tiempo recobrado (1927).

Proust nació en Anteuil, localidad cercana a París, el 10 de julio de 1871. Perteneciente a una familia acaudalada y culta,su padre era profesor de medicina en París, cuando contaba nueve años de edad sufrió su primer ataque de asma nervioso, enfermedad que lo acompañaría hasta su muerte.

Poco antes de su nacimiento durante la Comuna de París, el doctor Proust había sido herido por la bala de un insurgente cuando regresaba del hospital Charite. Madame Proust, embarazada, pasó por momentos muy angustiosos mientras su marido se recuperaba lentamente. El niño que dió a luz, nació tan débil que su padre temía por su vida y fue siempre rodeado de mucho control y cuidado. Pronto mostró señales de inteligencia y sensibilidad precoz, pero su salud seguía siendo delicada.

Marcel es frágil y el polen liberado por las flores en los primeros días de sol primaveral complica su asma y pasa temporadas traumáticas, hasta que un día a los nueve años de edad cuando regresaba de Boulogne se ahogó de tal manera que su padre pensaba había fallecido. Enseguida una “explosión de aire” sorprende a la familia y Marcel vuelve a la vida. Nunca pudieron explicar lo acontencido, fue un milagro.

La educación primaria la hizo en una pequeña escuela, donde conoció a Jacques Bizet, hijo del compositor  Georges Bizet y su esposa Geneviève Halévy quien lo introdujo en el mundo de artistas y escritores.

Marcel Proust luego estudió desde 1882 en el Liceo Condorcet y pronto formó parte del cuadro de honor del colegio. Estudió filosofía de Alphonse Darlu y consolidó su amistad con Jacques Bizet. También fue amigo de Fernand Gregh y Daniel Halévy (un primo de Jacques Bizet), con quien escribió  revistas literarias de la escuela.

El primer amor de la infancia y la adolescencia del escritor es Benardaky María, hija de un diplomático polaco, por el imperio ruso, con el que juega y comparte momentos felices en los jardines de los Campos Elíseos. Dejó de verla en 1887 y fue su primer fracaso amoroso.

A fines de la década de 1890 emprendió junto con su madre la traducción de La Biblia de Amiens y de varias obras del crítico inglés John Ruskin, gracias al cual forjó la doctrina y el principio de funcionamiento de En busca

Tras finalizar sus estudios en la Escuela de Ciencias Políticas de París, donde se graduó en derecho (1893) y literatura (1895), inició una activa vida social en los círculos aristocráticos que después satirizaría duramente en su obra.

Desde muy joven, asistió a los salones aristocráticos y literarios, donde conoció a los artistas y escritores de su época, lo que le permitió mejorar sus conocimientos y lograr una sólida experiencia. No tenía trabajo firme y apoyado en su fortuna paterna emprende en 1895 un proyecto que recien será publicado en 1952, mucho despúes de su muerte; una novela de título Jean Santeuil.  Esta novela fue escrita en varias etapas, pues en 1900 la abandona para viajar a Venecia y Padua, siguiendo los pasos del escritor, crítico de arte y reformista inglés John Ruskin, escritor que ejerció una importante influencia en los gustos de los intelectuales victorianos.

En 1905 fallece  su madre y fue una fecha crucial de su existencia. «Cerré para siempre la era de las traducciones que mamá favorecía. Y en cuanto a mis propias traducciones, ya no tengo valor para hacerlas», confesó Proust.

Al término de un largo recorrido personal, en el que alternaban los períodos de reclusión y las salidas mundanas, las visitas a los salones parisienses y los veranos en Cabourg -cuyo Grand Hotel se convirtió en el de Balbec en muchas de sus novelas-, Marcel Proust se sumergió, por fragmentos, en la redacción de una obra capital que revolucionaría el arte de la novela: En busca del tiempo perdido.

En 1907, Marcel Proust comenzó a escribir su gran obra: En busca del tiempo perdido que será publicado en siete volúmenes entre 1913 (Desde el camino de Swann) y 1927, es decir, en parte, después de su muerte; el segundo volumen, A la sombra de las chicas jóvenes en la flor, consigue el Premio Goncourt en 1919.

Proust Marcel

Última página escrita de Marcel Proust, en su obra: En Busca Del Timepo Perdido

Célebre por sus frases extensas y sinuosas y por la musicalidad de su escritura, Marcel Proust se mostraba empero severo con respecto a aquellos que «hacen estilo». «No le brindo en absoluto mi simpatía a escritores que se “preocupan de una originalidad de forma”», explicó Proust en respuesta a un cuestionario que le había sido presentado. «Uno debe estar únicamente preocupado de la impresión o de la ¡dea por traducir. Los ojos del espíritu están vueltos hacia adentro, hay que esforzarse por reproducir con la mayor fidelidad posible el modelo interior. Un solo trazo que se agregue (para brillar o para no brillar demasiado, para obedecer a un vano deseo de asombrar, o a la voluntad infantil de seguir siendo “clásico”) basta para comprometer el éxito de la experiencia o el descubrimiento de una ley. Uno no tiene en demasía todas sus fuerzas de sumisión a lo real, para llegar a hacer que ocurra la impresión más simple en apariencia, del mundo de lo invisible al mundo tan diferente de lo concreto, en donde lo inefable se resuelve en claras fórmulas».

Originalmente, Marcel Proust pensaba escribir un díptico. Al final publicaría siete volúmenes, póstumos en su mayoría. Es una obra de enorme complejidad, la unidad estructural de En busca del tiempo perdido descansa en el propio narrador, alter ego de Proust, que por medio de la memoria evoca en el libro su vida desde las lejanas alegrías de su infancia a la entrada y posterior desilusión por la vida social, que en los volúmenes intermedios se transmuta en una feroz e irónica crítica de la sociedad de su tiempo.

El amor y el sexo —la condición de homosexual de Proust aparece proyectada en el texto sobre otros personajes— constituyen temas básicos del libro y aparecen envueltos en escepticismo. El último volumen, sin embargo, contiene la tesis que justifica el conjunto de la novela: la posibilidad de recuperar el propio pasado y trascender sus miserias mediante el acto de la creación literaria, que no limita a constatar lo que “fue” sino que lo reconstruye alegóricamente y sugiere lo “que pudo ser”.

Marcel Proust murió agotado 18 de noviembre de 1922, una bronquitis mal tratada: fue enterrado en Père-Lachaise en París, acompañado de un numeroso público que recibe a un escritor importante que las generaciones posteriores pondrán más alto en la toma de él un verdadero mito literario.

habitacion de proust marcel

La habitación de Marcel Proust en llliers, que se convirtió en Illiers-Combray desde que el novelista hizo de esta aldea de Perche el Combray de En busco…, el «lugar del recuerdo» de la infancia, cuya felicidad intenta reencontrar

CRONOLOGÍA DE SU VIDA

1871 Nacimiento de Marcel Proust en París, el 10 de julio.

1880 Primera crisis de asma.

1882 Ingresa en el liceo Condorcet.

1893 Proust conoce a Robert de Montesquiou.

1896 -1904 Redacción de Jean Santeuil.

1900 Viajes aVenecia. Publicación de varios  artículos en Le Fígaro.

1904 Traducción de La Biblia de Amiens, de Ruskin.

1905 Muerte de su madre.

1906 Proust se instala en Boulevard Haussmann  102 y manda revestir de corcho su habitación.

1908 En Le Fígaro, Proust publica una serie de pastiches al estilo de Balzac, Flaubert, Saint-Beuve…

1909 Comienza la redacción de En busca...

1913 Encuentra el título de su obra: En busca del tiempo perdido.

1919 Marcel Proust recibe el premio Goncourt por A la sombra de las muchachas en flor; publicación de Parodias y misceláneas.

1920 El Mundo de los Guermantes.

1922 Sodoma y Gomorra. Muerte de Proust en París, el 18 de noviembre.

1923 La prisionera. 

1925 La desaparición de Albertina o La fugitiva.

1927 El tiempo recobrado.

1952 Publicación de Jean Santeuil.

1954 Publicación de Contra Saint-Beuve,  seguido por Nuevas mezclas.

Fuente Consultadas:
HICIERON HISTORIA Biografías Editorial Larousse Entrada: Marcel Proust
ENCICLOPEDIA HISPÁNICA Tomo 12 Entrada: Marcel Proust

Estados Unidos Entra en la Primera Guerra Mundial Declaración

EE.UU. DECLARA LA GUERRA A ALEMANIA EN 1915

En enero de 1915, el alto mando alemán, decidido a aniquilar la marina mercante inglesa, anunció que emprendería una guerra submarina a ultranza, sin distinción de barcos neutrales. En unos pocos meses, las destrucciones fueron muy considerables, y fueron torpedeados algunos cargueros americanos.

La Gran Guerra se hacía cada vez mas larga y cruenta, por lo que algunos buscaron nuevas armas para superar el punto muerto en las trincheras  (entre ellas, la invención del tanque). Otros buscaron nuevos aliados con el fin de alterar el equilibrio numérico. Ambos bandos utilizaron bloqueos y a final de 1916, después de las horrorosas batallas del verano en Francia y mientras Rusia seguía combatiendo en Oriente, el alto mando alemán llegó a la conclusión de que, si no hacían algo deprisa, Alemania perdería la guerra debido a la eficacia del bloqueo naval británico.

Por consiguiente, Alemania decidió bloquear Gran Bretaña con submarinos en lugar de con barcos. Sin aviso previo, los submarinos alemanes se dedicaron a hundir todo barco que se dirigiera a un puerto británico, ya fuera neutral o beligerante, estuviese desarmado o armado, transportara o no material bélico.

El barco de pasajeros estadounidense Lusitania fue hundido, se había hundido bajo las olas arrasando consigo a 1198 personas, 124 de las cuales eran americanas. Acción que condujo a la intervención de Estados Unidos América en la Primera Guerra Mundial y aseguró así la victoria de los aliados.

Buque Lusitania

Buque Lusitania, hundido por submarinos alemanes

El Lusitania fue proyectado con el objetivo de ganar la Cinta Azul, condición reservada al barco que cruzaba el Atlántico en menos tiempo; dos líneas marítimas alemanas se habían repartido el trofeo anual desde 1897. La construcción del trasatlántico fue subvencionada por el almirantazgo británico mediante acuerdos secretos con la Cunard, que no fueron revelados hasta mucho tiempo más tarde. El buque medía 203 metros de largo; estaba capacitado para transportar, con gran lujo, a 2300 pasajeros y a los 900 tripulante Navegaba a 25 nudos y estaba artillado con doce cañones de 6 pulgadas

Esta acción decidió que los neutrales Estados Unidos entrasen en guerra y cuando en 1917 los aliados le ganaron la batalla a los submarinos gracias a nuevos artilugios técnicos y al envío de convoyes de barcos, su victoria parecía incontrovertible. Ahora sólo era cuestión de tiempo.

El submarino era un arma marítima eficaz, pero cuestionable desde las normas internacionales que exigían a todo navío de guerra comunicar una advertencia a barcos mercantes enemigos a fin de retirar pasajeros y tripulación antes de hundirlo. Pero en 1917. el gobierno alemán anunció la guerra submarina total (tanto a barcos enemigos como a neutrales), con lo cual se rompieron las relaciones diplomáticas entre Washington y Berlín.

El presidente Wilson, que siempre se había mostrado partidario de la neutralidad de los Estados Unidos y de la paz en Europa (incluso había ofrecido sus buenos oficios a los beligerantes, en 1916), cambió de actitud ante aquellos hechos y pidió al Congreso que votase una declaración de guerra a Alemania.

Diputados y senadores, conscientes de la amenaza que la guerra submarina suponía para las exportaciones y la economía de su país, e indignados por el descubrimiento de propuestas de alianza ofrecida por los alemanes al gobierno mejicano, votaron en masa la declaración de guerra.

Aquella alineación a favor de la Entente, aunque no suponía grandes cambios inmediatos, dada la escasa preparación del ejército americano, implicaba, de todos modos, una ayuda moral importante y reavivaba en los aliados la esperanza de la victoria.

Declaración del presidente W. Wilson: “La guerra submarina de Alemania   contra   el   comercio   es   una guerra  contra   la  humanidad,  es  una guerra contra todas las naciones. Barcos americanos han sido  hundidos,   vidas   americanas   se han   perdido   en   circunstancias que nos han conmovido violentamente; de la misma manera, otras naves y otros ciudadanos de naciones neutrales y amigas han sido hundidos y precipitados al fondo del mar. No ha habido en esto distinción alguna: el desafío ha sido lanzado a toda la humanidad.”

El telegrama Zimmermann
En marzo de 1917 el gobierno norteamericano entregó a la prensa una nota alemana en clave, que había sido interceptada. El telegrama enviado por el ministro de Asuntos exteriores alemán, Arthur Zimmermann, contenía instrucciones para buscar una alianza con México, en el caso de que los Estados Unidos ingresaran a la guerra.

México debía atacar a su vecino para recuperar los territorios perdidos de Nueva México, Texas y Arizona. Una vez descifrado, el presidente Wilson lo utilizó como una eficaz arma de propaganda contra Alemania y solicitó al Congreso una declaración de guerra.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IX La Gran Aventura del Hombre

Sistemas Bismarckianos Objetivos Unión de los Tres Emperadores

SISTEMA DE EQULIBRIO POLÍTICO MILITAR DE BISMARCK

Después de Sadowa, Sedán había asombrado a Europa. Prusia, victoriosa, permitía a Alemania resurgir como potencia, después de más de seis siglos de historia oscura. Pero aquella victoria alemana había trastornado el equilibrio europeo. Desunida, Alemania servía como de almohadillado entre las distintas potencias europeas: era un cómodo campo de batalla en el que se enfrentaban los imperialismos rivales, ruso, austríaco y francés. Pero ahora la tenacidad de Bismarck viene a imponer en Europa un «statu quo» al servicio de los intereses alemanes.

Sadowa: En la guerra franco-prusiana el ejército de Prusia conquistó Hannover y Hesse-Kassel, invadió Sajonia y Bohemia, y finalmente infligió una aplastante derrota a los austríacos en la batalla de Sadowa (cerca de la localidad austriaca de Königgrätz, hoy Hradec Králové, en la República Checa) el 3 de julio.

LOS TEMORES DE ALEMANIA
En efecto, gracias a la indemnización de guerra pagada por Francia, Alemania dispuso de capitales que podían ayudar al desarrollo de su industria, pero esta construcción económica requería un período de paz, por lo que Alemania tuvo que practicar una política exterior defensiva. Sin embargo, esta política, defensiva en sus fines, resultaba ofensiva en sus medios. Así, Alemania no podía menos de temer a Francia, que, tras una severa derrota, no estaba en modo alguno, abatida.

La rapidez con que, recurriendo al ahorro, pagó la indemnización de guerra y logró la evacuación de su territorio lo demostraba. Ahora bien, Francia restaurada por Thiers, estaba animada por un espíritu de desquite, tanto más vivo cuanto que la pérdida de Alsacia y de una parte de Lorena suponían una dolorosa amputación. Los franceses tenían su mirada puesta en la frontera, en la «línea azul de los Vosgos».

Bismarck temía a Francia, pero sabía que ésta no podía actuar sola. ¿Cuáles eran los posibles aliados de una Francia «revanchista»? Inglaterra, ciertamente no. Como siempre, la política inglesa estaba inspirada por un doble principio: mantenimiento de su superioridad en el mar (la flota inglesa equivalía a todas las flotas mundiales reunidas) y mantenimiento de un cierto equilibrio europeo, que permitiese a la intervención inglesa inclinar la balanza, sistemáticamente, a favor de sus preferencias o de sus intereses. Italia, tampoco. Esta joven potencia no podía ligarse a los intereses franceses. Era una nación que todavía no había terminado de organizar su reciente unidad.

Bismarck, el Canciller de Hierro Prusiano Ideólogo de sistemas de equilibrios militares

EL PRIMER SISTEMA BISMARCKIANO
Quedaban, pues, Rusia y Austria. Estos dos Estados tenían ambiciones muy concretas, pues ambos miraban a los Balcanes. El imperio de Austria-Hungría comprendía incluso nacionalidades eslavas del Sur:  eslovenos   y   croatas.

Los   austríacos   querían seguir  extendiéndose en los  Balcanes,  aumentando  así su dominio  sobre el Adriático,  que había recobrado su antigua importancia, cuando, en 1869, se había abierto a la circulación el Canal de Suez, y el comercio en el Mediterráneo había vuelto a ser uno de los primeros del mundo. Los rusos, por su parte,  seguían buscando un mar abierto.

El Báltico estaba lejos de las grandes vías comerciales, y los estrechos daneses   estaban   demasiado   bien   guardados por la flota inglesa. El Mediterráneo era una tentación para San Petersburgo. Y a los rasos no les faltaban posibilidades: los eslavos de los Balcanes volvían sus ojos hacia la poderosa  «hermana  mayor»,  defensora de la raza eslava y de la fe ortodoxa. Austria y Rusia se preocupaban, pues, de los Balcanes, y Bismarck tuvo que emplear mucha habilidad y diplomacia para envolver en una misma alianza a Alejandro II y a Francisco José.

Así surgió la Unión de los Tres  Emperadores, establecida en  1873, y que  agrupaba,  precisamente,   a  los  emperadores   de   Alemania,   Austria-Hungría   y Rusia.   Asegurada   la   neutralidad   austro-rusa,   Bismarck   pudo   entonces   intimidar a  Francia,  dejando  entender que no podía  descartarse  una  «guerra  preventiva», dado   el   espíritu   francés   y   su   reforma militar.

Los   franceses   se   impresionaron: «Nos negaremos a batirnos», declaró, incluso, un ministro. Inglaterra y Rusia, interesadas en que no se rompiese el ya inestable equilibrio en Europa, tuvieron que intervenir cerca de Bismarck.

Entonces, se suspendieron las amenazas alemanas, pero Bismarck había conseguido ya uno de sus propósitos, el de demostrar a los franceses que de nada les serviría el querer vengar su derrota con la esperanza de recuperar Alsacia: así les obligaba a volver su mirada hacia las aventuras coloniales (1875).

Ver: La Crisis Balcánica

EL CONGRESO DE BERLÍN Y EL SEGUNDO SISTEMA BISMARCKIANO
La elección de Berlín como lugar de reunión de las distintas potencias es un claro indicio del papel predominante desempeñado por Alemania y por Bismarck, que se aprovechó de ello para establecer muchos y útiles contactos. Por ejemplo, insinuó al ministro francés: «Ustedes no pueden dejar Cártago en manos de los bárbaros».

Y el francés comprendió perfectamente. Alemania animó a Francia a intervenir en Túnez, la invitó a emprender una política colonial que la distrajese de sus reivindicaciones europeas. De este modo, los franceses no sólo pensaron menos en Alsacia y Lorena, sino que, además, chocaron con Italia, que tenía en Túnez intereses preferentes.

Crear nuevos enemigos de Francia, equivalía a aumentar su aislamiento, pero el problema central planteado en Berlín sguía siendo el de los Balcanes. Se decidió que Servia, Rumania y Montenegro obtuviesen su independencia, y el sultán no pudo protestar. En cuanto a Bulgaria, sería autónoma, pero quedaría dividida en dos provincias, y, sobre todo, no tendría salida al mar Egeo. Austria adquiría también el derecho de administrar una provincia antiguamente otomana: Bosnia-Herzegovina.

Los rusos fueron, pues, los grandes vencidos por el Congreso. No ocultaron su resquemor por haber combatido y triunfado, para obtener, al fin, beneficios menos tangibles que los concedidos a Austria-Hungría. Pero, ¿qué podían hacer los rusos? ¿Romper sus alianzas anteriores y acercarse a Francia?

Sin embargo, el zar, autócrata, jefe de la muy santa Rusia, no podía aliarse con una Francia republicana y que predicaba malsanas ideas liberales. Por otra parte, ¿era Francia un aliado suficientemente sólido? A Rusia no le quedaba, pues, más posibilidad que la de conservar la amistad alemana, lo que permitía a Bismarck poner fin a su segundo sistema, singularmente más elaborado que el primero, y cuya finalidad esencial era la de evitar la renovación del «accidente» de 1878, es decir, un conflicto entre sus dos principales aliados.

En 1879, Alemania firmó un acuerdo con Austria-Hungría, pero sin comprometerse a apoyar a su aliado en una guerra balcánica que no podría menos de perjudicar sus intereses, por lo que, en 1881, reconstituyó la alianza de los tres emperadores.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IX La Gran Aventura del Hombre

El Imperialismo Norteamericano Siglo XIX Desarrollo Resumen

RESUMEN SOBRE EL IMPERIALISMO NORTEAMERICANO EN EL SIGLO XIX: Desde la compra de Louisiana, Estados Unidos siguió conquistando nuevos territorios y, aunque es posible que a su debido tiempo se convirtieran en estados y se poblaran por colonos blancos, a menudo se adquirieron en circunstancias dudosas, que podían parecer imperialistas para los no norteamericanos.

Estados Unidos quitó por la fuerza territorio a México y, algo más disimuladamente pero también por la fuerza, a los indios, sus habitantes nativos. En 1812 Estados Unidos entró en guerra con Gran Bretaña y muchos norteamericanos abrigaron la esperanza de apoderarse de Canadá. Sin lugar a dudas, la compra de Alaska a los rusos fue una prolongación del gobierno norteamericano sobre territorio extranjero que no limitaba con el propio.

Del mismo modo que los rusos no consideraban imperialistas sus avances contra los kanes y las tribus de Asia Central, los norteamericanos fueron incapaces de tener remordimientos sobre su ocupación gradual de la mayor parte del norte del continente americano. Se sintieron obligados a cumplir un «destino manifiesto». No les pareció una conquista, sino una expansión natural. Durante mucho tiempo, el Oeste impidió que los norteamericanos se ocuparan de los asuntos extranjeros. Sin embargo, acabada la guerra de Secesión y unidas ambas costas por ferrocarril y telégrafo, se empezó a hablar de los intereses de Estados Unidos en el extranjero.

La geografía hizo que los norteamericanos partieran de sus orillas en dos direcciones: hacia el oeste, por el Pacífico, y hacia el sur, en dirección al Caribe y Sudamérica. Desde fecha temprana estaban asentados los intereses norteamericanos en el comercio y la pesca de la ballena en el Lejano Oriente; en los años veinte del siglo XIX, la marina estadounidense contaba con una escuadra del Lejano Oriente. Aproximadamente en la misma fecha, los norteamericanos fueron los primeros en llegar a Hawai. Poco después, el gobierno estadounidense siguió el ejemplo de otras potencias y firmó acuerdos con China; luego envió al comodoro Perry para obligar a los japoneses a abrir sus puertos al comercio exterior.

América para los Americanos
Prácticamente desde su independencia, los norteamericanos se dedicaron a ampliar los territorios originales de las trece colonias (que sólo daban al Atlántico, ni siquiera en ese momento al Caribe) con la conquista del Oeste. Gran parte de las nuevas adquisiciones estaban en esa época en manos de los amerindios, que no fueron reconocidos como propietarios o ciudadanos norteamericanos sino confinados -tras el exterminio casi masivo- a reservas.

El Estado vendió esas tierras a bajos precios a particulares y empresas. Otras regiones fueron compradas a metrópolis europeas: Louisiana a Napoleón (Francia), en 1803; Florida a España en 1809. y el vasto territorio de Alaska a los rusos, en 1867. La ocupación del Medio Oeste y del lejano Oeste fue a expensas de los territorios indígenas y mexicanos, es decir, por la fuerza. Con el descubrimiento de oro en California, el centro de gravedad de Estados Unidos se desplaza hacia el Pacífico. Pese a las leyes mexicanas, que prohibían la inmigración, los colonos norteamericanos llegaron masivamente.

Entre 1845 y 1848, México pierde la mitad de su superficie en una guerra con los norteamericanos: todos los territorios al norte del Río Gránele (los actuales estados de Texas, Arizona, Nuevo México, California, Nevada, Utab y una parte cíe Wyoming). Al estar bastante aislado el este del oeste, se crea todo un mercado de producción de alimentos en distintos países latinoamericanos que. dan sobre el Pacífico -entre ellos Chile-, para abastecer las necesidades de los californianos. Entre 1820 y 1860 Estados Unidos pasa a tener de 23 a 33 estados, y su población se triplica, superando los treinta millones. Consideran que deben tener la hegemonía en el continente, y se oponen a las intervenciones europeas.

Su presidente Monroe, en 1823, estableció la doctrina que lleva su nombre, prohibiendo a cualquier Estado europeo establecer colonias en América o participar en las cuestiones americanas. Se sintetizaba así: “América para los americanos”, que muchos han traducido al castellano como ”América para los norteamericanos”, ya que ellos se denominan a sí mismos “americans“, y la doctrina implicaba un predominio de los norteamericanos ejerciendo una especie de control o paternalismo sobre todo el continente. Eso se debía a la creciente puja entre los capitales ingleses y estadounidense para detentar su supremacía.

Inicialmente muchos norteamericanos se opusieron de manera constante a que Estados Unidos tuviera posesiones de ultramar. Sostenían que, puesto que la república debía su existencia a la rebelión contra la potencia imperial, ¿cómo podía dedicarse a la empresa imperial? Otra objeción se basaba en que la Constitución no preveía la
existencia de colonias, sino de territorios que a largo plazo podían convertirse en estados de pleno derecho de la Unión. ¿Cómo era posible lograr algo semejante en sitios remotos?

Explosión del Maine en el puerto de La Habana, el 15 de febrero de 1898. El atentado desató una ola de histeria colectiva. Durante la guerra que se desencadenó, los norteamericanos se reunieron al grito de «Recordad el Maine».

La intervención en Cuba
En la década de 1880 los estadounidenses ya comienzan sus inversiones en Cuba, en las ramas azucarera, minera, tabacalera y ferroviaria. Intervienen en la guerra de independencia de Cuba contra España con la excusa de que ésta había bombardeado un acorazado suyo. Los norteamericanos desembarcan en la isla una fuerza invasora de 17.000 hombres. Entre ellos había un regimiento de soldados negros, a quienes los españoles llamaron “yanquis ahumados”. La participación norteamericana en esta guerra que ya finalizaba instigada por la prensa sensacionalista norteamericana y el presidente McKinley, durará sólo cuatro meses.

La consecuencia para España, una potencia europea en decadencia, es la pérdida de su flota y las últimas posesiones coloniales en América. La isla cié Puerto Rico es transferida a Estados Unidos y en esta “espléndida guerrita” (palabras del secretario cíe Estado), los norteamericanos obtienen además las islas Guam y Filipinas en el Pacífico, estas últimas cedidas a cambio de 20 millones de dólares.

La ocupación militar de Cuba les permite consolidar el dominio de las compañías azucareras, reconociendo finalmente la independencia de la isla pero bajo la tutela norteamericana. El gobierno de Estados Unidos se atribuye así. el derecho de intervención en la isla y su defensa ocupando las tierras necesarias para una base naval (la de Guantánamo), que todavía hoy conservan. La guerra con España también reporta beneficios a los grandes magnates como Rockefeller, que extiende sus negocios en todo el Caribe, instalando sucursales del National City Bank.

• La política del garrote
Las inversiones norteamericanas van paralelas a la política de intervención en las débiles repúblicas caribeñas y centroamericanas. Mientras la United Fruit Co., la Standard Oil y la American Suggar Co. expanden sus intereses, se desarrolla la nueva política exterior conocida como la política del garrote. El presidente Teodoro Roosevelt es exponente de esta agresiva diplomacia. EE.UU. ocupa Haití (1915) y Santo Domingo (1916-24), asumiendo el control de las aduanas de este país, y “fabrica” la independencia de Panamá, provincia de Colombia, para asegurar en su territorio la apertura de un canal interoceánico.

• El Canal de Panamá
En 1898, la anexión de las islas Hawai y la posesión de las Filipinas. permite a los Estados Unidos consolidar sus intereses comerciales con el Lejano Oriente (los mercados de China y Japón). Este comercio alentará el proyecto de apertura de un canal interoceánico que comunique ambos océanos a través de América Central. En principio había proyectado su construcción en Nicaragua. mientras que una compañía francesa obtuvo el permiso para iniciar las excavaciones y construir el canal en Panamá.

Pero la empresa francesa quiebra, por lo que en 1902 el Congreso norteamericano autoriza la compra de la compañía, adquiriendo además, del gobierno colombiano, el dominio perpetuo sobre una franja de tierra situada en su territorio y el uso exclusivo del canal. El Senado de Colombia rechaza el tratado. Esta postura lleva al presidente norteamericano Roosevelt a apoyar abiertamente un movimiento separatista panameño.

En 1903 desembarcan marines norteamericanos en la ciudad de Panamá y el gobierno de Washington reconoce al nuevo país, que cedía a perpetuidad a los Estados Unidos, una banda de tierra del Atlántico al Pacífico. A cambio se le concedía una regalía de diez millones de dólares y el pago cíe un arriendo de 250.000 dólares anuales. La República panameña queda de hecho bajo jurisdicción norteamericana: una parte de su territorio fue convertida en la Zona del Canal de Panamá (unas 94.000 hectáreas).

El canal fue inaugurado en 1914. El control del mismo modifica la estrategia norteamericana y da un nuevo impulso a su política imperialista en el Caribe. La posesión estadounidense del canal fue el símbolo más evidente del neocolonialismo norteamericano. La aspiración panameña de ejercer la soberanía sobre la zona del Canal dio con Ornar Torrijos (presidente panameño que muere en un sospechoso “accidente” aéreo) un paso adelante, al firmarse un acuerdo con el presidente norteamericano Jimmy Cárter en 1977. Allí se establecía que el traspaso del Canal sería al terminar el siglo (el 31 de diciembre de 1999), hecho que finalmente se hizo realidad.

• La diplomacia del dólar
Los sucesores de Roosevelt denominaron “diplomacia del dólar” a este tipo de intervencionismo en los países vecinos. La doctrina sostenía que el gobierno cíe Estados Unidos tenía derecho a buscar y proteger negocios lucrativos (inversiones) para sus empresarios. Este expansionismo norteamericano y el abandono de la política tradicional aislacionista, se da en un contexto internacional de renovada y agresiva competencia de los países europeos por el reparto del mundo. Una verdadera carrera para obtener territorios y zonas de influencia caracterizarán al período de fin de siglo XIX como “la era del imperialismo”.

La acción imperial norteamericana tuvo, sin duda. diversas raíces. Pero el crecimiento del comercio exterior vinculado al proyecto de expansión, contaba con una influyente minoría intelectual vinculada al Partido Demócrata que veía la necesidad de construir una gran Armada, apoderarse de bases navales y abrir mercados distantes.

En 1904 se dará una nueva interpretación de la Doctrina Monroe de 1823 (que negaba el derecho de las potencias europeas a intervenir en América): el presidente Roosevelt, en su mensaje anual, adjudica a los Estados Unidos como depositarios de la “civilización” el derecho a “ejercer un poder de policía internacional”. Si las naciones lindantes no se mantienen reglamentadas y prósperas, el gobierno de los Estados Unidos podría interferir en algún Estado que parezca incapaz de mantener el orden en su propio pueblo, o con el objetivo de proteger los intereses norteamericanos.

Fuente Consultada:
Historia Mundial y Contemporánea 1° Año Polimodal Eggers-Brass-Gallego
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IV La Gran Aventura del Hombre
Civilizaciones de Ocicidente Tomo B Jackson Spielvogel
Historia El Mundo Contemporáneo
Polimodal A-Z El Mundo Contemporáneo Felipe Pigna y Otros

Imperialismo Europeo en el Sudeste Asiático Indochina e Islas

RESUMEN ERA DEL IMPERIALISMO
REPARTO DE INDOCHINA E ISLAS DEL PACÍFICO

Mientras China y Japón ocupaban en resolver conflictos territoriales mediante enfrentamientos y tratados, el conjunto del Sudeste asiático y la zona del Pacífico eran repartidos entre las potencias europeas, que se adueñaban, al azar, de territorios o de islas sin importancia alguna, esperando que quizá en el porvenir pudieran ofrecer tesoros o algún interés estratégico, y no siempre equivocadamente, a juzgar por los pequeños atolones como el de Bikini (donde los EE. UU. hicieron estallar, en 1946, dos bombas atómicas). Pero otros dos motivos más serios, en lo inmediato, empujaban a los europeos a actuar.

En Siam, en Indochina, franceses e ingleses esperaban encontrar una vía de penetración hacia China. Además del cerco de aquella inmensa China, verdadero Eldorado mítico del siglo XIX, el conjunto del Asia de los monzones interesa a los occidentales por la riqueza y especialidad de sus productos agrícolas. Especias, tés, hevea, son cada vez más buscados, y poderosas sociedades piensan en crear allí plantaciones.

En Indochina, los franceses prosiguieron su avance. Después de haber pensado que el Mekong podría servir de vía de penetración en China, se percataron, con Francis Garnier, de que el Río Rojo sería mucho mejor. Sobrepasado por los franceses, instalados ya en sus posesiones de Cochinchina y de Camboya, el gobierno se ve, con frecuencia, ante el hecho consumado: la guerra con China en 1885 y el tratado de 1886 le entregan Tonkín y Anam. En 1893, bastaron dos cañoneros franceses, enviados desde Bangkok, para que Siam le ceda Laos.

Desde entonces, la Indochina francesa forma un conjunto homogéneo. No es un gran trampolín sobre China, pero su aprovechamiento parece prometedor. Gracias a Paul Doumer, futuro presidente de la República Francesa, se emprenden grandes obras públicas. Francia es ya una gran potencia asiática, pero el Japón goza también de un gran prestigio allí. Muchos anamitas quieren estudiar en Japón, y se forman partidos nacionalistas.

Siam, por su parte, consigue, a duras penas, conservar su independencia. La oposición franco-inglesa era, por lo demás, la mejor garantía. Sin embargo, como réplica a la anexión de Laos, Inglaterra se anexionó las provincias occidentales de Siam. La independencia de este país parecía anacrónica, en una Asia que los europeos pretendían administrar y civilizar. Felizmente para el Siam, estalló la guerra de 1914, que atrajo la atención de toda Europa.

El rey Rama IV tuvo la audacia de declarar la guerra a Alemania en 1917 y de firmar en la conferencia de la Paz «como aliado». En Indonesia, los holandeses desarrollaron al máximo el sistema de plantaciones, suministrando así a las industrias y al comercio de Amsterdam materias primas y buenas fuentes de ingresos. Pero los europeos no tardarían en sufrir la competencia de Estados Unidos, que, después de la guerra contra España, en 1898, había obtenido un protectorado sobre las Filipinas. El Sudeste asiático estaba, pues, casi totalmente, ocupado por las potencias europeas.

 uso de la nueva moda europea en asia

Discución en el Palacio Imperial el uso de la nueva moda europea

EL REPARTO DE LAS ISLAS DEL PACÍFICO
Los europeos se extasiaban ante aquellas civilizaciones perdidas, negro-orientales, me-lanesias o micronesias, o de los blancos salvajes de la Polinesia. Después de los exploradores, los misioneros se habían esforzado por convertir al cristianismo a aquellos hombres primitivos, que estaban todavía en la Edad de la piedra pulimentada. Pero, envueltos en la lucha de los misioneros católicos o protestantes, los gobiernos no tardaron en tener que actuar.

Tras el tiempo del folklore y de la fe y de la aventura, llegó el tiempo de la explotación, con el interés por las riquezas reales o supuestas de las islas. Los franceses tienen Tahití y Nueva Caledonia. Los ingleses ocupan las Islas Fidji. Pero, pasada la época en que Bismarck se negó a preocuparse de la adquisición de colonias (por ejemplo, no quiso escuchar a la casa Hanseman, que le animaba a plantar la bandera alemana en Nueva Guinea), las dificultades económicas y la Weltpolitik de Guillermo II hicieron de Alemania un nuevo candidato al reparto.

A pesar de algunas crisis, los diplomáticos aseguran el porvenir de las diversas islas o de los archipiélagos. Los Países Bajos, Alemania y Gran Bretaña se repartieron Nueva Guinea. Los Estados Unidos ocupan las islas Hawai. Franceses e ingleses dominan en Polinesia, los alemanes en Melanesia, y los americanos en Micronesia. Pero este reparto europeo tenía sus problemas, pues la población seguía sufriendo enfermedades, y el canibalismo no había desaparecido aún.

A partir de entonces, los trabajos forzados o las deportaciones impuestas por las potencias europeas, unidos a los daños fisiológicos originados por el consumo de alcohol, amenazaron a las poblaciones oceánicas, como la llegada de los europeos a América había amenazado con el exterminio de la población india. Decididamente, tanto en Oceanía como en Asia, el encuentro de las distintas civilizaciones fue muy violento.

Las civilizaciones indígenas no podían defenderse. Frente a aquella presión, no había más que dos soluciones: sometimiento o superación. Contradicción doloro-sa que, antes de 1914, sólo el Japón había acertado a resolver.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IX La Gran Aventura del Hombre
Biografía de GANDHI Heimo Rau Biblioteca Salvat – Grandes Biografías –

Justificación del Colonialismo Europeo en el Siglo XIX Condena

JUSTIFICACIÓN Y CONDENA DEL COLONIALISMO

A partir de 1870 se produjo una expansión territorial sin precedentes de los países europeos. Las grandes potencias occidentales exploraron y conquistaron territorios en todos los continentes y enviaron personas, capitales y productos industriales a todo el planeta. La superioridad técnica y militar les permitió imponer su ley y dominar fácilmente.

Una de las características de la segunda mitad del siglo XIX, fue la expansión europea por el mundo, aunque no era un hecho nuevo, pues, a finales del siglo XV, los españoles y portugueses ya habían abierto el camino en Asia, en África y en América, con el establecimiento de factorías comerciales o de grupos de población. Los ingleses y los franceses —los primeros, sobre todo—, habían hecho después progresos en América del Norte, y, luego, en la India, tras el gran conflicto colonial franco-inglés del siglo XVIII.

El movimiento de expansión continuó a principios del siglo XIX; pero, a partir de 1880, habría de adquirir un ritmo de velocidad y una amplitud desconocidos hasta entonces, ligados, por otra parte, a los cambios producidos por el desarrollo del capitalismo y de las técnicas modernas. En 1875, sólo el 10% del territorio de África se encontraba en poder de los europeos; en 1902, lo estaría el 90%.

Anteriormente, la vitalidad y la audacia de Europa se habían manifestado mediante fuertes corrientes de emigración y exploraciones de tierras desconocidas, que fueron preparando las futuras conquistas.

Imperialismo europeo en africa

Expedición Francesa en el Congo

A partir de 1850, la emigración «blanca» se organizó y aumentó, debido a la expansión demográfica (entre 1815 y 1848, había reinado la paz en Europa), al paro creado por el desarrollo de la mecanización, y la ruina de las industrias rurales por efecto de la industrialización fabril.

La carestía, el hambre, como ocurrió en Irlanda (1846-1848), y la abolición de la servidumbre en Alemania y en Austria-Hungría, que obligaron a los campesinos a abandonar la tierra, favorecieron el éxodo.

El descubrimiento de las minas de oro, provocó «avalanchas» febriles. Los transportes marítimos se perfeccionaron, haciéndose más rápidos y menos caros. Igualmente, los ferrocarriles facilitaron el acceso a los territorios americanos del interior, y las oficinas y sociedades reclutaron y organizaron la emigración.

Los mayores contingentes de emigrantes los proporcionaron Inglaterra y Alemania. Siguieron a éstos, los escandinavos, y, después, a finales de siglo, los italianos, los polacos, los eslavos de los Balcanes. Millones de emigrantes fueron poblando Estados Unidos, Brasil, Argentina, Australia, etc.

Y, a partir de 1850, las tierras inexploradas van siendo cada vez menos. Los exploradores se veían impulsados, sobre todo, por principios religiosos o científicos, y por el atractivo romántico de la aventura.

En realidad en las últimas décadas del siglo XIX, debido al considerable desarrollo del captalismo, sus nuevas ténicas y la feroz competencia explican la aceleración de las conquista en África, especialmente para los países coloniales, pues  eran unas fuentes de materias primas baratas (para los aceites industriales, en particular), de mercados para las mercancías metropolitanas, como la India, por ejemplo, para los tejidos ingleses, y unos lugares para la fructífera colocación de capitales.

En Francia, Jules Ferry, gran artífice de la expansión colonial, expuso en sus discursos claramente los formidables recursos que se ofrecían a los intereses privados. Los imperios coloniales se convirtieron en un «coto de caza», del que cada país se reservaba la explotación. Es preciso observar que la opinión pública se mostró bastante lenta en apoyar las empresas de ultramar.

Muchos franceses eran hostiles a ellas, debido a que desviaban las energías de la meta esencial: la revancha de la derrota de 1870, y el mismo Bismarck alentaba la política colonial de Francia, ya que temía el nacionalismo exacerbado de ésta ante la pérdida de Alsacia y Lorena.

LA ARGUMENTACIÓN: Las maneras de justificar la conquista y explotación de otros continentes por parte de los países europeos han sido diversas y variadas. Las necesidades económicas del capitalismo y el deseo de prestigio y de fuerza por parte de los Estados colonizadores se han encubierto con explicaciones y teorías de todo tipo.

Quizá la forma más generalizada y vergonzosa fue la defensa de la «raza superior», la pretendida superioridad del hombre blanco sobre las otras razas. Así, los colonizadores intentaron justificar sus intereses egoístas con argumentos denigrantes para los pueblos colonizados o con falsos paternallsmos que pretendían velar por estos pueblos y protegerlos.

El menosprecio por la cultura, la historia y los más elementales derechos humanos de estas comunidades es uno de los agravios más importantes que el mundo desarrollado ha infligido a los pueblos del Tercer Mundo. Ahora bien, esta actitud no fue general en toda la opinión pública.

Voces muy cualificadas se alzaron en contra de este estado de cosas y podemos decir que, desde mediados del siglo XIX, frente a la corriente defensora de la explotación colonial, surgió un potente movimiento anticolonialista. Sus argumentos penetraron poco a poco en las conciencias y con el tiempo muchos gobiernos se encontraron, en el interior de sus propios países, con una fuerte oposición a la acción colonial.

TESTIMONIO: Una justificación del colonialismo: la superioridad del hombre blanco
Se hicieron las deducciones generales siguientes:

1.Hay razones tan buenas para clasificar al negro como una especie diferente del europeo como las hay para hacer del burro una especie diferente de la cebra; y si tomamos en consideración la inteligencia, hay una diferencia mayor entre el negro y el anglosajón que entre el gorila y el chimpancé.

2. Las analogías entre los negros y los monos son más grandes que entre los monos y los europeos.

3. El negro es inferior, intelectualmente, al hombre europeo.

4. El negro es más humano en su natural subordinación al hombre europeo que bajo cualquier otra circunstancia.

5. El negro tan sólo puede ser humanizado y civilizado por los europeos.

JUNT, J.: Sesión científica de la Sociedad Antropológica de Londres. 1863.

Es un hecho incontestable que los negros tienen un cerebro más ligero y menos voluminoso que el de la especie blanca. Pero esta superioridad intelectual, ¿nos da a los blancos el derecho a reducir a la esclavitud a la raza inferior? No, y mil veces no.

Si los negros se acercan a ciertas especies animales por sus formas anatómicas, por sus instintos groseros, se distancian y se aproximan a los blancos en otros aspectos que cabe tener en cuenta. Están dotados de la palabra y gracias a la palabra podemos tener con ellos relaciones intelectuales y morales […]. La inferioridad intelectual de los negros, lejos de conferimos el derecho a abusar de su debilidad, nos impone el deber de ayudarlos y protegerlos.

«Negro», artículo del «Grand Dictionnaire (Jniversel Larousse du XIX siécle», 1872.

TESTIMONIOS DE CONDENAS
Resoluciones de los Congresos Socialistas que condenaron el imperialismo

Resolución de la Segunda Internacional de París en 1900: El Congreso Socialista Internacional de París, considerando que el desarrollo del capitalismo comporta fatalmente la expansión colonial, que es causa de enfrentamientos entre gobiernos; que el imperialismo excita el chovinismo en todos los países e impone gastos cada vez mayores en provecho del militarismo, que la política colonial de la burguesía no tiene ningún otro propósito que el de ampliar los beneficios de la clase capitalista y el mantenimiento de este sistema […] y que comete crímenes y crueldades contra las razas indígenas conquistadas por la fuerza de las armas.

Declara que el proletariado organizado tiene que utilizar todos los medios que tiene en sus manos para combatir la expansión colonial de la burguesía y condenar las injusticias y las crueldades que de ella se derivan […].

Resolución de la Segunda Internacional de Stuttgart en 1907
La misión civilizadora de la que habla la sociedad capitalista es tan sólo un pretexto para esconder su ansia de explotación y de conquista […] . Enemigo de toda explotación del hombre por el hombre, defensor de todos los oprimidos sin distinción de razas, el Congreso condena esta política de robo y de conquista, aplicación desvergonzada del derecho del más fuerte que pisa el derecho de los pueblos vencidos, y comprueba también que la política colonial aumenta el peligro de tensiones internacionales y de guerras entre los países colonizadores […].

El Congreso declara que los diputados socialistas tienen el deber de oponerse irreductiblemente, en todos los parlamentos, a este régimen de explotación y de servidumbre que impera en las colonias, exigiendo reformas para mejorar la vida de los indígenas, velando por el mantenimiento de sus derechos, impidiendo cualquier tipo de explotación y de servidumbre y trabajando, con todos los medios a su disposición, para educar a estos pueblos para la independencia.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IX La Gran Aventura del Hombre
ACTUAL Historia del Mundo Contemporáneo Bachillerato Primer Curso de García-Gatell

La Iglesia Contra el Liberalismo Siglo XIX Papa Pio y León

RESUMEN: LA IGLESIA CATÓLICA FRENTE AL LIBERALISMO

Desde el surgimiento del liberalismo y la Revolución Francesa de 1789. la Iglesia católica se había opuesto a los cambios y a las sociedades masónicas. Durante el siglo XIX, distintos Papas habían condenado derechos consagrados por los gobiernos liberales, como la libertad de imprenta, de conciencia, de culto, de palabra y de enseñanza.

Con la propagación de los ideales socialistas y comunistas entre los obreros, la Iglesia también lanzó su condena en duros términos: “Esta execrable doctrina es totalmente contraria al derecho natural, y no podría establecerse, sin que los derechos, los intereses, las propiedades de todos, y la sociedad misma fuesen completamente trastornados” (en la Encíclica del Papa Pío IX. del 29 de noviembre de 1846).

Cambiando la postura sobre las problemáticas obreras, en el marco de democratización del Estado a fines del siglo XIX, el papa León XIII elaboró el documento Rerum novarum (“Sobre las cosas nuevas”) en la cual reflexiona sobre la mala situación de los trabajadores y la injusticia que sufren por parte de las instituciones, por lo que propone tratar sus problemas con una mirada comprensiva y una actitud caritativa.

Dice que el socialismo surgió debido a la “voraz usura” de los patrones, pero no implica una solución pacífica para la sociedad, porque esta ideología excita en los pobres el odio a los ricos y quiere que se sustituya la propiedad privada por la colectiva, cuando esto traería injusticia a los que “legítimamente poseen”. Por último, recomienda la práctica de la religión, de la que se deriva el amor al prójimo y el respeto a los derechos de los demás.

Papa Pio IX y sus cardenales

Pío IX, rodeado por sus cardenales. Durante su papado, iniciado en 1846, se consolidó un ordenamiento interno de la Iglesia, basado en la centralización jerárquica. Al mismo tiempo, su política fuertemente conservadora aisló a la Iglesia de las principales corrientes de pensamiento de la época.

Los profundos cambios políticos e ideológicos que se produjeron en Europa en el siglo XIX provocaron una fuerte conmoción dentro de la Iglesia Católica. Ésta debió hacer frente a las medidas de los gobiernos liberales que la privaban de bienes y posesiones y que limitaban su influencia en_ el plano político.

En la primera mitad del siglo XIX, nauchos Estados europeos firmaron acuerdos con la Iglesia —llamados concordatos— en los que se establecían los derechos de ésta y las obligaciones que los Estados tenían en materia eclesiástica. Pero estos acuerdos se dificultaron ante el avance de las ideas liberales, que propugnaban una completa separación entre la Iglesia y el Estado. En el seno de la propia Iglesia se dividieron las opiniones sobre cuál debía ser la actitud de la institución ante estas políticas.

PAPA PIO IX Y EL TRIUNFO DEL ULTRAMONTANÍSIMO
Con Pío IX, en 1846, se abre el pontificado más largo de la Iglesia. El nuevo Papa era un hombre de gran bondad, de una profunda fe, pero muy intransigente y muy poseído de sus prerrogativas. Expulsado de Roma por la revolución de 1848, regresó decidido a imponer su autoridad y a combatir el liberalismo en todas sus formas.

Contra los partidarios del «galicanis-mo» episcopal, que no reconocían la infalibilidad más que a los concilios y reivindicaban una cierta autonomía para los obispos en sus diócesis, Pío IX afirmó que el Papa era el único infalible en materia de dogma y que no podía señalarse restricción alguna a su poder en el gobierno de la Iglesia; con su sola autoridad, promulgó, en 1854, el nuevo dogma de la Inmaculada Concepción de la Virgen, según el cual sólo María, entre todos los seres humanos, había nacido sin pecado original.

Apoyado por la aplastante mayoría de la Iglesia, el soberano pontífice quiso que la infalibilidad papal fuese proclamada oficialmente por un concilio, y, a este fin, convocó en 1870 el Concilio Vaticano. Las pasiones se desataron inmediatamente en los distintos periódicos católicos: en Francia, los ultramontamos, con Veuillot y su periódico «L’Univers» a la cabeza, apoyaban al papado.

Pero la oposición (dividida entre los «antiinfalibilistas», agrupados alrededor del teólogo alemán Ignaz Doellinger, que rechazaban el dogma de la infalibilidad como contrario a la tradición y a las sagradas escrituras, y los «inoportunistas», que, como Dupanloup, aceptaban tal dogma en la práctica, pero juzgaban inoportuno el momento para proclamarlo) resistió obstinadamente. Sin embargo, tuvo que inclinarse cuando, después de violentos debates, el concilio votó, el 18 de julio de 1870, la infalibilidad pontificia, reconociendo al Papa un poder supremo de jurisdicción, tanto en el campo doctrinal como en el de la disciplina.

Los sesenta minoritarios habían abandonado la sala antes de la votación. Muchos se sometieron, a continuación, y Doellinger no tuvo a su lado más que a unos pocos disidentes. El galicanismo, es decir, la independencia de las iglesias nacionales respecto a Roma, había muerto. En su combate por la unidad de la cristiandad, el Papado salió engrandecido y aureolado de un gran prestigio.

LA LUCHA CONTRA EL CATOLICISMO LIBERAL
Muchos eran los católicos liberales que, como Montalembert, Lacordaire y Dupan-loup, pensaban que la Iglesia debía aceptar las libertades modernas, surgidas de los principios de 1789. Montalembert defendió este criterio en dos discursos pronunciados en Malinas, que tuvieron gran resonancia.

Para cortar tales iniciativas, Pío IX promulgó, el 8 de diciembre de 1864, la encíclica «Quanta Cura», en la que reafirmaba el papel preponderante de la Iglesia en la sociedad, condenaba los principios de soberanía del pueblo, de supremacía del poder civil, de libertad de conciencia, de prensa, y estigmatizaba el comunismo, el socialismo y el liberalismo moderno. Acompañaba a esta encíclica un «Syllabus», en que se relacionaban los «80 principales errores de nuestro tiempo».

Las relaciones de la Iglesia con los distintos Estados, muy estrechas hasta entonces (Austria, por un concordato firmado en 1855, incluso había hecho de la religión católica la religión del Estado), entraron en un período de abiertos conflictos: Austria y España rompieron con el Vaticano; en 1872, Bismarck instituyó en Alemania el «Kulturkampf» —«combate por la civilización»—, esencialmente dirigido contra los católicos; el Gobierno italiano trataba de que el Papado declarase su renuncia al poder temporal, y, en Francia, los anticlericales constituían una fuerza política cada vez más influyente. Pío IX murió el 7 de febrero de 1878, después de treinta y dos años de reinado.

EL PONTIFICADO DE LEÓN XIII: 1878-1903
Hombre habu e inteligente, tan intransigente como su predecesor en cuestiones doctrinales, León XIII dió pruebas de mucha más flexibilidad y moderación en la práctica. En todos los países había católicos que se preocupaban de los problemas sociales e intentaban remediar la miseria obrera. Con la ayuda de Ketteler en Alemania, de Manning en Inglaterra, de Gib-bons en los EE. UU., de Albert de Mun y de La Tour Du Pin en Francia, se formaron círculos católicos de obreros que atrajeron a muchos adeptos.

Al publicar, el 15 de mayo de 1891, la encíclica «Rerum Novarum», León XIII dio una nueva dimensión a aquel movimiento social. Aunque reconociendo la legitimidad de la propiedad privada, la encíclica condenaba los abusos de la explotación capitalista, que condenaba a la miseria a los indefensos trabajadores. Para remediar estas desigualdades, preconizaba la creación de asociaciones obreras, la participación de los trabajadores en el capital de la empresa, y la adopción, por parte de los Estados, de legislaciones sociales equitativas.

Con el deseo de llevar a la práctica estos principios, Marc Sangnier creó en Francia el movimiento de «Sillón», pero la muerte de León XIII, en 1903, fue un duro golpe para el catolicismo social. En sus relaciones con los diversos gobiernos, León XIII había invertido la política de Pío IX.

Exhortó a los católicos franceses a adherirse a la República, y a los católicos alemanes a que se acercasen a Bismarck, a fin de que fuera abandonado el «Kulturkampf»; apoyó al Gobierno inglés contra la agitación irlandesa, y al de San Petersburgo contra las veleidades de independencia del clero polaco. Con esta táctica, confiaba en salvar todos los obstáculos que se oponían al desarrollo de la Iglesia católica en aquellos países.

Sólo fue inflexible con el Gobierno italiano, al que se negó a reconocer, y prohibió, incluso, a los católicos de su país tomar parte en las elecciones. Por último, León XIII se dedicó a elevar el nivel cultural del clero, reorganizando los estudios teológicos, fundando un Instituto Bíblico en Jerusalén y multiplicando los congresos internacionales de católicos. Pero este nuevo programa, tanto en el plano social como en el político y en el cultural, no le sobreviviría.

LA REACCIÓN DEL PAPA PIO X
Teólogo, preocupado, ante todo, de mantener los dogmas y de imponer su autoridad, Pío X no era un político ni un diplomático. No hizo nada por evitar la separación de la Iglesia y del Estado en Francia, y trató de imponer sus directrices a los partidos católicos de cada país. Empezó chocando con los modernistas: numerosos en Alemania, en Italia y en Francia, estos teólogos querían que la Iglesia se adaptase al mundo moderno, que se plegase a los métodos científicos para estudiar los texto? antiguos, descubriendo sus contradicciones, y se aviniese a la renuncia a ciertos dogmas ya caducos.

El abate Loisy, profesor de la facultad de Teología de París, había resumido estas tendencias en 65 proposiciones. Fue condenado en 1907, por el decreto «Lamentabili», y, después, excomulgado. El 17 de septiembre de 1907, Pío X promulgó la encíclica «Pascendi», que condenaba el modernismo como «síntesis de todas las herejías», imponiendo a los profesores de Teología la enseñanza de la filosofía escolástica medieval, y les obligaba a prestar un juramento antimodernista. En Francia aún existía el movimiento del «Sillón», que agrupaba alrededor de su periódico «El despertar democrático» a católicos liberales y sociales, en su mayor parte republicanos.

Condenando sus ideas y su colaboración con los no católicos, Pío X, en 1910, les ordenó que se disolvieran. Al conceder su apoyo al catolicismo social, León XIII había querido limitar el desarrollo de los partidos socialistas. Por su sectarismo, Pío X les entregó el control de la clase obrera y favoreció los avances de la irreligión y del anticlericalismo en muchos países europeos.

Sin embargo, en aquel mismo período, la Iglesia consiguió éxitos importantes. El catolicismo se propagó rápidamente en Inglaterra, donde la jerarquía se restableció y pudo contar, a finales de siglo, con más de cinco millones de fieles, y en los Estados Unidos, donde la Iglesia, gracias a la llegada de emigrantes irlandeses e italianos y a la conversión de muchos millares de protestantes, se convirtió en una verdadera fuerza política.

Una febril actividad misionera animó a las congregaciones que propagaron la fe en Extremo Oriente, en Levante, en Oceanía y en África. En este último continente, la evangelización, paralela a la colonización, logró los resultados más espectaculares. El siglo XIX señala el fin de la lucha secular entre los Estados y la Iglesia. Si es cierto que ha perdido todo poder temporal, la Santa Sede se erige en el único arbitro en materia espiritual, controla la vida interna de la Iglesia, y, por medio de los partidos católicos, conserva una innegable influencia política.

PARA SABER MAS…: Como ampliación del tema publicamos una nota en El Bicentenario Fasc. N° 3 período 1850-1869 a cargo de Roberto Di Stefano, historiador.

CRÓNICA DE LA ÉPOCA
SE CELEBRA EL CONCILIO VATICANO I

La noticia de que Pío IX ha decidido convocar a un nuevo Concilio Ecuménico ha sido recibida con entusiasmo por los católicos de todo el orbe y con desconfianza por los críticos de la Iglesia. Hace dos años el Papa comunicó a los cardenales su deseo de que el nuevo Concilio encuentre “los remedios necesarios para los males que afligen a la Iglesia”.

Los motivos de preocupación del pontífice romano son de público dominio: el desarrollo de las sociedades masónicas, el avance de las ideas liberales, las expropiaciones de bienes eclesiásticos y la promulgación de leyes que restringen el accionar de la Iglesia en diferentes países. El Papa teme, además, que los conflictos que sacuden a Europa pongan fin a los Estados pontificios.

En la prensa de todo el orbe católico se han levantado voces entusiastas y críticas en relación con el Concilio. Los liberales han puesto de manifiesto en ambas márgenes del Atlántico su temor de que los decretos conciliares confirmen las orientaciones que el sumo pontífice ha dirigido a los prelados católicos en la encíclica Quanta Cura y en el Syllabus errorum en 1864. Diarios italianos, franceses e hispanoamericanos, y algunos de la ciudad de Buenos Aires, han expresado su inquietud por la posibilidad de que el Concilio renueve la condena de las ideas liberales.

No todos los obispos argentinos piensan concurrir al Concilio, cuyas sesiones se abrirán oficialmente el 8 de diciembre. De los cinco prelados de la república, tienen intención de viajar monseñor Mariano José Escalada (arzobispo de Buenos Aires), monseñor Buenaventura Risso Patrón (obispo de Salta) y monseñor Wenceslao Achával (obispo de Cuyo). No se sabe si concurrirán el obispo de Paraná, monseñor José María Gelabert, y el de Córdoba, monseñor José María de Arellana.

Un periódico católico de la ciudad de Buenos Aires ha explicado que la ausencia del obispo cordobés se debería a la fragilidad de su salud y a su avanzada edad. En su última visita pastoral a La Riqja, monseñor sufrió horrorosamente: perdió la dentadura y se vio atormentado por fuertes dolores en el pecho. Con respecto al obispo de Paraná, sus dudas se relacionan con los altos costos del viaje a la Ciudad Eterna, por lo que un grupo de notables católicos santafesinos ha decidido organizar una colecta.

Es de esperarse que los obispos argentinos se dirijan al gobierno nacional pidiendo alguna contribución pecuniaria para afrontar los cuantiosos gastos del viaje. Hasta ahora sólo lo ha hecho el obispo de Salta, con resultado negativo. Las causas de la respuesta no se deberían sólo a las estrecheces del erario: el gobierno no oculta su disgusto por no haber sido oficialmente informado de la convocatoria ni invitado a enviar a sus propios representantes junto a la delegación eclesiástica.

El Bicentenario Fasc. N° 3 período 1850-1869 a cargo de Roberto Di Stefano, historiador.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IV La Gran Aventura del Hombre

Nacimiento de la Socidad Capitalista Consecuencias

RESUMEN: HISTORIA DEL CAPITALISMO Y SUS CONSECUENCIAS

El siglo XVIII significó el final del proceso de transición del feudalismo al capitalismo en Europa occidental. Se produjeron cambios sociales, económicos, políticos e ideológicos que transformaron profundamente la organización social europea e iniciaron los tiempos del capitalismo.

Ya desde los siglos XV y XVI la expansión europea hacia otros continentes —África, América, Asia— había llevado a la formación de una economía-mundo. Por primera vez se incorporaban estos continentes a las rutas comerciales de Europa.

En lo político, desde los siglos XV y XVI se consolidaron Estados centralizados modernos en Gran Bretaña, Francia y España. Pero este proceso no ocurrió al mismo tiempo en todas las regiones de Europa. En Alemania e Italia y otras regiones de Europa oriental, por ejemplo, los Estados centralizados se constituyeron más tardíamente, durante la segunda mitad del siglo XIX.

El desarrollo de nuevas actividades económicas y los cambios que se estaban produciendo en las formas de organizar el trabajo rural y urbano, pusieron en crisis el modo tradicional de dominación feudal en Europa occidental y sentaron las bases del poder económico, social y político de la burguesía.

El protagonismo de la burguesía creció incesantemente desde la segunda mitad del siglo XVIII, época en la que tuvo lugar una doble revolución: una revolución económica —la Revolución Industrial— que se Inició en Inglaterra y que fue tal vez el proceso transformador más Importante que vivió la humanidad hasta ese momento, y una revolución social y política —la Revolución Francesa— que marcó el principio del fin del antiguo régimen. Ambas revoluciones permitieron, en el futuro, la consolidación de la nueva sociedad capitalista. La Revolución Industrial dio origen a una nueva forma de organizar el trabajo: el trabajo fabril; a un nuevo tipo de trabajador: el obrero industrial; y a una nueva forma de organización económico-social: el capitalismo.

El capitalismo surgió luego de una sucesión de grandes y profundos cambios sociales y económicos que se produjeron en el campo y en las ciudades. El trabajo asalariado se difundió en las ciudades en las que se desarrollaba la industria y también en las zonas rurales en las que la producción agropecuaria se destinaba al mercado. Sin duda el capitalismo significó para el hombre un camino de progreso, pero al mismo tiempo llevó a la formación de una sociedad dividida en clases sociales con intereses contrapuestos.

El conflicto más profundo fue el que se planteó entre la burguesía, propietaria de los medios necesarios para la producción, como las Industrias, la tierra, las herramientas, y los obreros, que no disponían de bienes ni de tierras ni de herramientas, y que lo único que podían hacer para subsistir era vender su fuerza de trabajo.

Hacia la primera mitad del siglo XIX, el capitalismo se consolidó en Europa occidental y los cambios que había introducido la Revolución Industrial se extendieron por otros países del continente europeo y los Estados Unidos.

La burguesía se consolidó como clase y fue protagonista de importantes revoluciones —1830, 1848— e impuso al mundo sus ideas, valores e instituciones de corte liberal. Pero este mundo burgués fue también un mundo de fuertes conflictos sociales. Junto a la próspera burguesía, en las ciudades industriales el número de obreros organizados crecía cada vez más: reclamaban por mejores condiciones de vida y mejores salarlos.

El progreso y la miseria fueron las principales características de esta época.

Vista de la Fundiciones Creusot

SOCIEDAD: LAS GRANDES FAMILIAS: El rapidísimo desarrollo de las fuerzas productivas en la segunda mitad del siglo XIX tuvo profundas repercusiones sociales. Mientras la Europa oriental, esencialmente agrícola, era dominada por la aristocracia terrateniente, la clase capitalista se imponía como clase dominante en la Europa Occidental y en los Estados Unidos.

A pesar de las crisis económicas, empresarios, capitalistas, banqueros y grandes comerciantes se enriquecieron considerablemente, multiplicando sus inversiones, acometiendo nuevas industrias, fabricando material de guerra, prestando dinero a los Estados, especulando en la Bolsa… A los Rothschild vinieron a sumarse nuevas dinastías de banqueros: los Rockefeller, los Morgan, los Cernuschi, los Lazard, los Pereire. Kuhlmann y Pechiney hicieron fortuna en la química. Krupp en Alemania, Schneider y Wendel en Francia, Dupont de Nemours en los Estados Unidos y Nobel en Suecia se convirtieron en los omnipotentes magnates de la metalurgia, mientras Cunard era el rey de los barcos.

Faábrica de Cañornes Krupp

Estos nuevos ricos se mezclaban con la vieja aristocracia decadente, adquiriendo, por matrimonio, los títulos prestigiosos que el nacimiento les había negado, organizando fastuosas recepciones, abonándose a los palcos de los grandes teatros, en los que sus mujeres podían rivalizar en elegancia, lanzando la moda de las ciudades termales y de las estaciones balnearias, frecuentando los clubs mundanos. Influyentes en los partidos conservadores, dirigían la política, hacían y deshacían gobiernos.

Aprovechándose del enriquecimiento general, una nueva clase media, compuesta de pequeños burgueses, industriales o comerciantes, de propietarios, de funcionarios y de intelectuales, hizo su aparición y ocupó un puesto destacado en todas las sociedades capitalistas avanzadas.

Encontró su expresión política en los partidos progresistas y liberales, como el partido radical en Francia, dispuesto a luchar contra los conservadores por la obtención de las libertades esenciales, pero rechazando las subversiones económicas propuestas por los  socialistas. Demostrando  que era posible alcanzar el bienestar sin cambiar las estructuras de la sociedad, el desarrollo de estas clases medias favoreció la ideología reformista en el propio seno de los partidos obreros.

LA RESPUESTA OBRERA
Pero si el desarrollo del capitalismo permitió a una minoría enriquecerse, mantuvo en condiciones miserables a un proletariado cada vez más numeroso, reforzado por la llegada incesante de campesinos pobres a quienes la mecanización del campo obligaba a emigrar hacia las ciudades.

No teniendo nada que ofrecer más que su fuerza de trabajo, sufrían el despotismo económico de los patronos que les imponían los salarios más bajos, horarios inhumanos (hasta 17 horas diarias), sin garantía alguna contra las enfermedades, la vejez y los accidentes, y el despotismo político de los gobiernos que les negaban el derecho de asociarse y de plantear luchas por el mejoramiento de su condición.

Los teóricos socialistas fueron los primeros en condenar aquella explotación, descubrieron sus causas y exhortaron a los obreros a reagruparse para defender sus intereses. Y es en la segunda mitad del siglo XIX cuando surgen, a través de toda Europa, sindicatos de masas y de partidos obreros que luchan por la obtención de reformas inmediatas y por la transformación, a largo plazo, de la sociedad.

Ante su presión y sus combates, los gobiernos burgueses concedieron al proletariado las primeras grandes leyes sociales, limitando el tiempo de trabajo, prohibiendo el empleo de los niños, autorizando cajas de retiro y de paro, estableciendo la responsabilidad de los patronos en caso de accidentes.

La Iglesia misma no permanece indiferente a la miseria obrera, y, para apartar a los trabajadores de la ideología socialista, dotó a los partidos católicos de un programa social. Pero, excepto en Bélgica, donde se constituyó un poderoso sindicato católico, en ninguna parte pudo quitar a los partidos obreros el monopolio de las luchas contra los patronos.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IX La Gran Aventura del Hombre

El Capitalismo Financiero Siglo XIX 2° Revolucion Industrial

RESUMEN: CAPITALISMO FINANCIERO Y LA CONCENTRACIÓN INDUSTRIAL

La unión entre industrias y bancos: Entre 1850 y 1914, el desarrollo tecnológico posibilitó un aumento extraordinario de la producción industrial. La expansión del ferrocarril originó el crecimiento de industrias complementarias como las del hierro, el carbón y el acero. Desde fines del siglo crecieron también las industrias químicas y eléctricas.

Ante este crecimiento económico, los bancos ampliaron sus actividades. Otorgaron gran cantidad de préstamos o créditos a largo plazo y, en muchos casos, los mismos bancos invirtieron capitales en las industrias. Esta etapa se caracterizó por la frecuente unión entre industrias y bancos. En Francia, por ejemplo, este proceso fue encabezado por los bancos Credit Mobilier —fundado en 1852— y el Credit Lyonnais, creado en 1863. En Alemania, el Darmastadter Bank y el Deustche Bank adquirieron grandes industrias en ese país y extendieron su influencia a Rusia, Austria e Italia.

Fábrica en la Segunda Revolución Industrial

EL CAPITALISMO FINANCIERO
El desarrollo de la industria y las grandes inversiones que ello acarreaba, entrañaron la búsqueda de capitales. Por este motivo, se desarrolló el crédito también. Para ello, fue necesario desplegar una poderosa organización bancaria.

Junto a los bancos de negocios, que tomaron gran incremento, surgieron nuevos bancos, los llamados de depósito, que recibían el dinero producto del ahorro de muchísima gente, como, por ejemplo, el «Crédit Lyonnais», fundado en 1863, y la «Saciete General», fundada al año siguiente.

Por otra parte, la moneda era, entonces, excepcionalmente estable y en cantidad creciente, a causa de haberse descubierto nuevas minas de oro en África del Sur y en Australia. Aunque, sin embargo, la moneda de metal circuló cada vez menos, por sufrir la concurrencia de la moneda fiduciaria (el billete de banco), que estaba garantizada por las reservas de oro. En los negocios, se extendió el uso del cheque, que facilitaba las transacciones.

Los ricos sintieron la necesidad de que su dinero les rindiera un fruto. Por lo cual, se dedicaron a comprar acciones, es decir, a convertirse en propietarios de una parte de la empresa a la que pertenecían aquéllas, o a comprar obligaciones, por las que recibían, entonces, un interés fijo, o títulos de la deuda emitidos por el Estado. De esta r’orma, la constitución de sociedades anónimas se convirtió en regla habitual, a partir de fines del siglo.

En torno a las Bolsas de Valores, nació un mundo, nuevo, cuyos actores eran los agentes y los corredores de bolsa. El sistema del empréstito público se desarrolló a nivel mundial; el emitido para la construcción del canal de Suez, fue suscrito por quince naciones. Dicha situación dio como resultado la interdependencia del capitalismo mundial, que trajo como consecuencia la aparición de crisis económicas generales.

Así, se originó una economía mundial, que entrañó una especialización de la producción no sólo en cada país (en Francia, la región del Languedoc, por ejemplo, se especializó en el cultivo de la vid), sino también en el plano mundial: los países nuevos vendían el excedente de sus materias primas.

El comercio se convirtió en verdaderamente internacional, siendo su punto de apoyo Inglaterra, que gozaba de un extraordinario sistema bancario. Los bancos ingleses se encontraban agrupados en un barrio de Londres: la City.

A mediados de siglo, algo más de la mitad de todo el oro que producían las minas del mundo pasaba por Londres. Los capitales mundiales afluían a Inglaterra, atraídos por la prosperidad económica de este país. Y, recíprocamente, el capitalismo inglés hacía inversiones de su dinero en el extranjero. La libra esterlina era el punto de mira y de referencia de todas las demás monedas del mundo.

“Desde la segunda mitad del siglo XIX, la producción industrial mundial creció en todas las ramas. La producción de hierro se triplicó, pasó de 12 millones de toneladas a 37 millones. La de carbón se multiplicó por tres veces y media, de 220 millones a 800 millones. Esta fase de crecimiento se apoyó, además, en la abundancia de metales preciosos, de oro y de plata. El activo comercio mundial del período necesitó de instrumentos de cambio y las monedas tomaron como patrón el oro. El aumento de sus reservas —en 1848 se descubrió oro en California, en 1849 en Australia y más tarde en Alas-ka— permitió la fluidez del intercambio internacional. Pero en esta fase no sólo aumentó la circulación de monedas sino también la de los nuevos instrumentos financieros de la revolución industrial: los créditos bancarios, las acciones de sociedades anónimas y los seguros.” (Antonio Fernández en Historia Universal)

LA CONCENTRACIÓN INDUSTRIAL: LOS «TRUSTS» Y LOS «CARTELS»
Para poder afrontar todo este prodigioso desarrollo industrial, se hizo necesario organizar, para lo sucesivo, la producción; hablándose, entonces, de producción masiva, de «estandardización», de «taylorismo», de «trusts», etc. Este nuevo vocabulario fue el signo de que la industria había cambiado sus propios conceptos.

En efecto, para amortizar los gastos y luchar contra la competencia, era preciso que se produjera rápidamente y bien. El americano Taylor estudió la organización científica del trabajo, y preconizó el trabajo en serie: de aquí, el nombre de «taylorismo». Por los mismos motivos, las empresas se agruparon: la concentración se llamó «horizontal», cuando se agrupaban varias que fabricaban productos que se encontraban en el mismo estadio de producción; y «vertical» (también llamada «integración»), cuando se reunían estadios de producción complementarios (por ejemplo, una mina y una fábrica).

Así se formaron vastas zonas industriales: en los alrededores de París, en Lille, Roubaix, Tourcoing, en el Rhur. A veces, la concentración fue más fuerte aún: «pools», «cartels» (como el del carbón, formado por Kirdof, el Bismarck de la industria), «trusts» (en los Estados Unidos).

El trabajo en cadena implicó la especialización de la mano de obra: en adelante, el trabajador se dedicaría a realizar una labor muy determinada: por ejemplo, apretar tornillos. Esta servidumbre del hombre a la máquina provocaría violentas reacciones, como, por ejemplo, la de «Charlot» en «Tiempos modernos».

Ciertamente, fue el final de toda una concepción de la industria. Pero he aquí el reverso de la situación: la producción masiva necesitaba salidas. Si éstas escaseaban o desaparecían, la misma superproducción sería la causante de graves crisis.

La concentración industrial
El desarrollo de las nuevas industrias —la siderúrgica, la química y la eléctrica— estuvo ligado cada vez más a la incorporación de las nuevas tecnologías. Pero únicamente las grandes empresas —vinculadas a los “bancos— pudieron hacer frente a los altos costos que significaba incorporar los adelantos tecnológicos (las fundidoras de hierro y los convertidores de acero, por ejemplo).

Por otro lado, los bancos otorgaban mayores facilidades de crédito y capital a las empresas dedicadas a esas nuevas actividades industriales que eran las que permitían obtener mayores ganancias. En estas condiciones, las pequeñas empresas no pudieron competir con las mayores y, por ello, tendieron a desaparecer, quebrando o vendiendo sus bienes a las más grandes.

Este proceso de concentración industrial se intensificó durante las últimas décadas del siglo XIX. En Francia, por ejemplo, de 1866 a 1896, el número de establecimientos industriales se redujo a la mitad, pasando de 1.450.223 a 784.240. En Alemania la concentración fue más intensa.

fabrica de la segunda revolucion industrial

Fábrica de cañones Krapp en Essen (Alemania). Esta empresa, creada en 1812 como una modesta fundición de acero, se convirtió hacia fines del siglo XIX en una de las empresas siderúrgicas más importantes del mundo. En 1904 llegó a emplear a 43.000 obreros. Esta empresa alemana fue uno de los ejemplos más importantes de concentración industrial en Europa.

La tendencia a la formación de monopolios y oligopolios (proceso por el cual las graneles er presas absorbieron a otras y eliminaron a las más débiles de la competencia) se dio en forma más completa en la economía norteamericana.
El origen de la concentración y de los monopolios reside en las leyes del sistema capitalista. En Estados Unidos se desarrollaron los “big business”, los grandes negocios o la empresa en gran escala como unidad económica típica del capitalismo norteamericano. Sus protagonistas fueron Rockefeller, los Morgan, los Mellon y los Du Pont.

El proceso de concentración se inició en los ferrocarriles -múltiples compañías sumergidas en una ruinosa competencia donde las guerras de tarifas llevaron a los propietarios a convenir acuerdos o pools para limitar la competencia y compartir ganancias, conformándose luego grandes monopolios ferroviarios.

Las adquisiciones y fusiones fueron obra de los llamados “magnates ladrones” mo Jay Gould y Cornelius Vanderbilt), aventureros que quebraban empresas, utilizaban soborno y todo tipo de estrategias deshonestas para adquirir los ramales.

Vocabulario
Monopolio: control del mercado por una sola empresa. No hay competidores. El único vendedor estipula los precios.

Oligopolio: control del mercado por un grupo reducido de grandes empresas. Un ejemplo de carácter oligopólico es el mercado automotriz norteamericano, está dominado por tres fuertes empresas; Ford Motors, General Motors y Chrysler.

Pools: acuerdos de precios, organización de varias compañías comerciales que convienen regular los precios. Es una forma de asociación que no implica fusión de capitales, y donde las empresas participantes conservan su autonomía.

Cártel: acuerdo de reparto de mercados y zonas de influencia, fijando los porcentajes de acrecentamiento para el futuro y volúmenes de producción. Junto con los pools fueron las primeras formas de cooperación entre capitalistas para reducir la competencia.

Trust: fusión para monopolizar la producción. Se crea una empresa tenedora de los paquetes mayoritarios de acciones de las empresas participantes. “Holdings: grupos financieros que tienen el control do las acciones de empre sas rivales.

El capital financiero surge porque, así como el florecimiento de la industria pesada con sus gigantescas necesidades requirió nuevas formas de financiación […], también la creación de consorcios y trusts, de cárteles y de corporaciones, está ligada a una cierta transformación de los métodos de financiación.

El proceso de monopolización requiere una aportación constante de capitales. Cuando se tiene que formar un consorcio, cuando se tienen que comprar continuamente nuevas empresas para limitar la competencia, cuando la fijación de precios bajos para competir con los elementos ajenos al cártel requiere sumas gigantescas, se tiene que disponer de un banco o de un grupo de bancos que puedan aportar en cada momento capitales a la organización monopolista. Es evidente que en esta situación los bancos quieren vigilar los negocios de la industria a la que dan apoyo económico. Esto es más práctico cuando los bancos participan directamente en la dirección de la industria.

Por su parte, como es lógico, también los capitalistas industriales quieren estar representados en los bancos, para observar y controlar cómo éstos invierten el dinero […]. Los industriales pueden lograr su intención de participar en los consejos de administración de los bancos, en particular porque el gran deudor tiene bajo el capitalismo, aunque también en otras formas económicas, un poder peculiar: es la gallina que tiene que poner los huevos de oro de los intereses; y, en segundo lugar, porque los bancos tienen que estar directamente interesados en la industria si quieren encontrar una inversión rentable.

Kuczinski, J.: Breve historia de la economía.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IX La Gran Aventura del Hombre
Historia Mundial Contemporánea 1° Año Polimodal T. Brass – M.Gallego
Historia Argentina y El Mundo Contemporáneo Alonso-Elisalde-Vázquez

Crisis del Capitalismo en el Siglo XIX Revolucion Industrial

RESUMEN DE LA PRIMERA CRISIS CAPITALISTA

Entre 1873 y 1896 aproximadamente, la economía capitalista mundial sufrió los efectos de una gran depresión. La crisis se originó por la superproducción que tuvo lugar a partir del desarrollo tecnológico y el aumento de la producción. Los precios de los productos industriales y agrícolas bajaron y disminuyeron las ganancias de los capitalistas.

Las acciones que se emprendieron para salir de la depresión económica significaron el fin del capitalismo liberal, organizado sobre los principios de la libre competencia entre empresas privadas en el interior de un país, la no intervención del Estado en la economía, y la libre competencia entre los Estados por los mercados del comercio mundial.

Con el objetivo de evitar futuras superproducciones que originaran la caída de los precios de los productos y de las ganancias, los capitalistas y, desde entonces, también los Estados, decidieron intervenir en la economía y regular el libre juego del mercado —es decir, de la oferta y la demanda— mediante acciones de diferente tipo.

Fabrica de la 2° Revolución Industrial

Fabrica de la 2° Revolución Industrial

LA CRISIS ECONÓMICA: Puede resultar extraño que, al referirse a este período, haya que hablar de crisis, pues podría parecer que esta palabra introduce una nota discordante en esta gran sinfonía del progreso mundial. En efecto, las crisis no se debieron al retroceso de la producción, sino que fueron provocadas por el cambio de relaciones entre la oferta y la demanda, y también a la relación entre la cantidad de las transacciones comerciales efectuadas y la masa monetaria que regulaba tales transacciones.

En este período de prosperidad general, hay que distinguir tres fases, pero sin creer que cada una de ellas fuese homogénea, ni que sus fechas tuvieran un valor absoluto. Aun en plena prosperidad, se producen indudables fracturas en la curva de su desarrollo.

La primera fase de expansión hay que situarla entre 1850 y 1873, y se debió, principalmente, al descubrimiento y explotación de las minas de oro de California (1859) y de Australia (1861). Esta masa de metal precioso determinó la cantidad de moneda puesta en   circulación,   ya  directamente en forma, de piezas metálicas, ya de moneda fiduciaria. Fue la época de la «quimera del oro».

El optimismo se hizo general. Pero se produjo una gran crisis a partir de 1873, cuyo principal agente fue el agotamiento de los «stocks» de oro. Los negocios empeoraban y la crisis agrícola era general. La industria sufrió la situación, al encontrarse falta de salidas. Era la crisis.

Una banca de Viena, la «Kreditanstalt», fue la primera afectada. En seguida, Inglaterra sufrió el contragolpe (pues, en efecto, había situado muchos de sus capitales en Austria y Alemania); después, le llegó el turno a los Estados Unidos. Entonces, comenzó a desarrollarse el ciclo infernal de la caída de los precios, del paro, de la baja del poder de compra. Esta depresión provocó, en seguida, el abandono del libre cambio, pues la reacción general de cada país fue protegerse contra las producciones rivales. Se adoptó el proteccionismo, salvo en los países que vivían del comercio: Bélgica, Inglaterra y los Países Bajos. En los últimos años del siglo, volvió la prosperidad:

La producción de oro creció, debido a la explotación de nuevas minas. Inmediatamente, se produjo el aumento de las operaciones bancarias y de los negocios. La producción masiva bajó los precios de venta. El aumento de población hizo creer la demanda. Los países subdesarrollados tenían necesidad, cada vez más, de los productos procedentes de Europa. Y, por si fuera poco, el peligro de guerra fue seguido por una carrera de armamentos, que «relanzó» la economía (por ejemplo, en Inglaterra y Alemania).

Pero este segundo período de prosperidad fue más vacilante que el primero, pues se sucedieron crisis pasajeras, aunque menos graves que la anterior (1901 y 1908). La guerra estalló en el momento en que la economía mundial se encontraba desequilibrada. El mundo se hallaba amenazado de saturación, ya que el poder de compra de cada país no se correspondía con la expansión de la producción.

Las nuevas condiciones económicas llevaron consigo un desarrollo demográfico considerable. La población mundial aumentó, entre 1850 y 1914, de un modo asombroso, pasando de 1.100.000.000 de habitantes a más de 1.650.000.000. Europa casi duplicó su población en esos años. El hambre como azote desapareció, debido al aumento de la producción agrícola y al perfeccionamiento del transporte.

Por otra parte, gracias al progreso de la medicina, se alargó la duración del término medio de la vida del hombre. Por ejemplo, en Francia, donde a principios del siglo xix era de 30 años, pasó a ser de 39 en 1860, y de 50 en 1914. En cambio, disminuyó la natalidad, fenómeno que pueden explicar estas tres razones: práctica de la limitación de nacimientos, deseo de no dividir las herencias entre muchos vastagos, y una menor influencia de la religión. El resultado de esta situación fue un sensible envejecimiento de la población, que frenó el dinamismo de los países.

El progreso del transporte, la necesidad de mano de obra de los centros industriales y la baja del nivel de vida de los campesinos fueron otros tantos factores del éxodo rural. El campesino pobre, el jornalero agrícola, el arrendatario, abandonaron el campo, atraídos por un salario mejor y un trabajo, a menudo, menos penoso. Pero el éxodo no se podujo igualmente en todo momento, sino  que procedió  por  etapas, siendo especialmente fuerte el que tuvo lugar entre 1875 y 1895, es decir, durante la gran depresión económica.

Se constituyeron grandes aglomeraciones urbanas: por ejemplo, alrededor de París, que pasó de tener 1 millón de habitantes, en 1848, a tener 5 millones en 1914. Así como Roubaix pasó de 20.000 habitantes en 1836, a 125.000 en 1896. En Francia, la población de las ciudades, que, en 1850, representó el 25 por 100 del total de la población del país, pasó a ser casi el doble en 75 años. Mientras que, en 1861, sólo cinco ciudades francesas superaban los 100.000 habitantes, en 1911 eran ya dieciséis las que sobrepasaban dicha cifra. En cuanto a la ciudad de Berlín, sufrió un aumento de población del 850 por 100, entre 1815 y 1914. En 1970, diez ciudades alemanas tenían 100.000 habitantes; en 1910, serían cinco veces más numerosas.

Esta enorme población urbana estaba formada, en su mayor parte, por los trabajadores, quienes fueron, poco a poco, tomando conciencia de su necesidad de unión, y llegaron a constituir una nueva clase: la clase obrera, la cual pronto representaría una fuerza política organizada, que habrían de tener en cuenta los Gobiernos, y que se opondría a la burguesía, detentadora del capital, en una serie de conflictos inevitables.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IX La Gran Aventura del Hombre

La Era del Imperialismo Europeo Colonizacion de Africa y Asia

RESUMEN IMPERIALISMO EN ASIA Y ÁFRICA

el imperialismo

Causas de la expansión colonial

Formación del imperio británico

Francia y otras potencias coloniales

El reparto de África

Consecuencias de la colonización

La Descolonización

Imperialismo Europeo en Sudeste Asiático

¿Qué es el imperialismo?
En principio, el término “imperialismo” se refiere a la acción de establecer y mantener un imperio. Implica el deseo y la práctica de una potencia de establecerse y dominar territorios que no posee, que, en general, están lejos de la metrópoli, y habitados por otros pueblos. Ese dominio puede lograrse por diversos medios.

El más utilizado por las potencias europeas fue la fuerza: el enfrentamiento armado y la ocupación militar. Sin embargo, también puede ocurrir que la presencia de una potencia extranjera sea considerada por ciertos sectores de la población autóctona como ventajosa para mantener ciertos privilegios. Entonces, puede darse el caso de que esos grupos presten colaboración política a los ocupantes.

Los argumentos utilizados por los europeos para justificar las políticas imperialistas a fines del siglo XIX fueron muchos y variados.

La justificación económica. En aquellos años, las economías europeas estaban ávidas de los mercados ultramarinos: de su mano de obra barata, de sus materias primas y de sus tierras productivas. Esta necesidad llevó a la defensa y a la consolidación de políticas exteriores, que bregaban por el mantenimiento del dominio sobre grandes extensiones de territorio y de numerosos pueblos sometidos.

La justificación por la imagen de la nación. En otros casos, el dominio colonial obraba como una manifestación del poderío nacional y como fuente de prestigio.

La justificación por la misión de las potencias “civilizadas”. Un argumento muy empleado era que los europeos tenían la responsabilidad y el deber de civilizar a los pueblos que sometían. Este argumento descansaba en la oposición entre “civilización” y “barbarie”. Se llegó a sostener que el imperialismo era necesario para lograr un orden mundial pacífico, ya que, con la existencia de naciones “bárbaras”, la paz era un estado excepcional.

La justificación social. Otra justificación consistía en que, para aliviar a las metrópolis, había que conquistar nuevas tierras donde instalar el exceso de población y colocar los productos de las industrias metropolitanas.

A pesar de la difusión de estos argumentos, el imperialismo nunca logró una adhesión unánime. Desde principios de nuestro siglo, comenzó a ser objeto de controversias. Entre aquellos que condenaban las políticas imperialistas podían encontrarse algunos liberales y, sobre todo, los políticos de izquierda, como los socialistas. Los que condenaban el imperialismo advertían que la búsqueda de la dominación política, de materias primas y de mercados para explotar implicaba violentar a los colonizados y relegaba -cuando no los eliminaba- los intereses de los nativos.

La presencia de las potencias extranjeras implicó consecuencias altamente negativas -muchas de las cuales todavía continúan vigentes- para los pueblos colonizados: los nativos fueron obligados a trabajar hasta el límite de sus posibilidades, los recursos productivos fueron explotados indiscriminadamente, entre otras cosas. Además, muchas veces, sobre todo en África, el dominio colonial significó la destrucción de las tradiciones que constituían el patrimonio cultural de esos pueblos.

Durante los años de apogeo del imperialismo (fines del siglo XIX y comienzos del XX), la realidad colonial también repercutió en las potencias e invadió todos los aspectos de la vida cotidiana en las metrópolis. Las colonias desempeñaban un papel muy importante en la economía y en la política, pero también en la vida cultural de las sociedades metropolitanas. La enorme cantidad de funcionarios, comerciantes, estudiosos, artistas y viajeros de toda clase que circulaban por las colonias difundían en las metrópolis su particular visión de la situación que reinaba en ellas.

Las Potencias Imperialistas
Durante la segunda mitad del siglo XIX, los estados de Europa occidental concentraban una cuota de poder sin precedentes. Este poder -económico, político y militar- permitió a los centros imperiales metropolitanos una importante adquisición y acumulación de personas y de territorios. Hacia 1800, las potencias occidentales poseían el treinta y cinco por ciento de la superficie terrestre. En 1878, la proporción era del sesenta y siete por ciento. En 1914, la superficie dominada por Europa ascendía al ochenta y cinco por ciento del total. En un principio, Gran Bretaña y Francia eran las potencias que poseían mayor poder. Más tarde, también se destacaron Alemania y los Estados Unidos.

A fines de siglo, el Imperio británico era el mayor del planeta: las posesiones coloniales inglesas abarcaban aproximadamente el veintitrés por ciento de la población mundial y el veinte por ciento de la superficie terrestre. Sus dominios más importantes eran la India, Sudáfrica, Australia, Canadá y Egipto y Birmania.
El Imperio francés era el segundo en importancia. Francia ocupaba la mayor parte del África noroccidental y ecuatorial, Madagascar y Somalia. En el sudeste asiático, los franceses ocupaban los territorios que actualmente corresponden a Vietnam, Laos y Camboya.

En la década de 1880, Alemania se incorporó a la carrera imperialista y estableció colonias en los territorios de Togo, Camerún, Namibia y Tanzania. Otros estados europeos (Bélgica, Italia, España y Portugal) también ocuparon territorios, pero en una escala menor: Leopoldo u, el rey de Bélgica, ocupó el Congo y Portugal, dominó Angola y Mozambique. Italia se estableció en Eritrea y parte de Somalia y España tomó posesión de parte del Sahara y Guinea.

El imperialismo también involucró a otras potencias no europeas. A fines de la década de 1890, los Estados Unidos intervinieron militarmente en América Central y el Caribe, y en el Pacífico (Filipinas). En Asia, el Japón inició su expansión hacia las islas cercanas y hacia la costa asiática oriental.

Consecuencias: A menudo la influencia que los europeos ejercieron sobre ellos las zonas dominadas fue enorme y, en ocasiones, devastadora (en el sentido más literal de la palabra). Por ejemplo, las enfermedades que trasladaron los barcos europeos estuvieron a punto de exterminar a algunas comunidades isleñas del Pacífico, hasta entonces protegidas por el aislamiento, del mismo modo que —dos o tres siglos antes— habían provocado una elevadísima mortandad en las Américas. Exponer a toda la raza humana a las mismas infecciones fue una execrable manifestación de la forma en que Europa convirtió el planeta en «un solo mundo». Sin embargo, hubo factores de compensación. La llegada de las enfermedades fue acompañada por la introducción de la medicina científica occidental. Tal vez ahora sus remedios no sean tan impresionantes, pero fueron infinitamente mejores que todo de cuanto disponían en muchas regiones del mundo antes de la llegada del europeo.

Las armas europeas barrieron pueblos provistos tan sólo de lanzas, pero también llevaron un nuevo orden y seguridad a muchas regiones que podían volverse —y al final se volvieron—contra los europeos. Aunque sus consecuencias fueron considerables, en la desorganización de otras civilizaciones probablemente las armas y la tecnología influyeron menos que las ideas europeas.

Los japoneses se vieron obligados a abandonar el aislamiento en que habían vivido con los Tokugawa y a tomar prestadas las ideas europeas. En China y en India las repercusiones de las ideas occidentales fueron aún más trascendentales. En virtud de las presiones de la modernización, concluyeron en China dos milenios de dominio imperial. En India, a pesar de su lenta evolución, los sentimientos nacionalistas fueron deliberadamente esgrimidos por dirigentes que apelaron a ideas occidentales más que a las de sus culturas tradicionales.

Las obras de reformistas y revolucionarios de Asia son el mejor ejemplo de que las influencias más profundas —aunque no siempre las más evidentes— de la expansión de la civilización europea sobre los no europeos impregnaron el modo de pensar de esos pueblos. Como Europa misma también evolucionaba deprisa, hubo un elemento paradójico.

Los europeos de 1914 ya no veían el mundo con la misma mirada que sus predecesores de 1800; muchas de las cosas que entonces dieron por sentadas ya no eran seguras un siglo después: las opiniones sobre el lugar adecuado de las mujeres en la sociedad, la importancia de las creencias religiosas o el derecho a gobernar de las antiguas dinastías.

LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL
La Primera Guerra Mundial —verdadera “guerra civil” europea— tiene como causa fundamental la determinación de un nuevo reparto del mundo entre las potencias imperialistas. El acelerado desarrollo industrial de Alemania había logrado incorporar el desarrollo tecnológico creado por las naciones europeas más viejas, pero su capacidad industrial requería un desarrollo paralelo de mercados para sus productos y materias primas baratas para la industria.

Por las circunstancias políticas de la etapa inmediatamente anterior, su dominio colonial era insuficiente para estas nuevas y crecientes necesidades. Paralelamente, Inglaterra y Francia veían descender la demanda de sus productos como consecuencia del desarrollo industrial de Alemania y Estados Unidos. El elemento desencadenante de la guerra —precedida por un largo período de “paz armada” entre las potencias— tiene un papel anecdótico: lo fundamental es la lucha por el control político y económico de las colonias.

El Tratado de Versalles —que fija las condiciones del armisticio— es el símbolo del reordenamiento de las fuerzas políticas entre los países de Occidente.

Destruido el poder de Alemania, los ingleses y franceses se reparten los beneficios obtenidos por el triunfo. Pero el verdadero vencedor de esta guerra es Estados Unidos que, habiendo entrado tardíamente en ella, logra capitalizar las necesidades europeas. Apartados de las actividades normales del período de paz por la confrontación armada, dejan abierto un vacío que es rápidamente llenado por la producción norteamericana.

Estados Unidos se convierte en principal exportador de minerales, productos semielaborados y elaborados, municiones, materias primas y alimentos. Por otra parte, reemplaza con su propia industria los productos europeos que antes importaba, lo que determina un amplio desarrollo, en especial de las industrias químicas.

De esta forma, la hegemonía financiera-industrial en el nivel internacional se desplaza desde Londres hacia Nueva York: Wall Street comienza a ser el centro financiero por excelencia. Pero la primera guerra tiene, por otra parte, consecuencias no previstas por las potencias que la habían desencadenado.

El gobierno de la Rusia zarista, conmovido por profundas contradicciones internas que la guerra termina por hacer estallar, se derrumba ante la ofensiva de los soviets de obreros y campesinos encabezados por Lenin, y el Partido Bolchevique toma el poder para instaurar el primer estado socialista mundial.

La implantación del poder comunista en Rusia va a crear un nuevo tipo de contradicciones en el nivel internacional.Las potencias occidentales reconocen el peligro que genera la existencia de un poder que cuestione él sistema capitalista y se consolide internamente en el plano político-económico. En esta medida, inmediatamente después de la finalización de la Primera Guerra, se organiza el acuerdo de las potencias imperiales —Estados Unidos, Inglaterra, Francia y Japón— que, apoyadas en los sectores zaristas contrarrevolucionarios de Rusia, llevan adelante, tres intentos de invasión entre los años 1919 y 1921; todos terminan con la más absoluta derrota. Luego de estos fracasos, los países imperiales elaborarán una política de aislamiento de la URSS —política que los Estados Unidos reproducen en Cuba a partir de 1962—, pero los intentos de nuevas invasiones son definitivamente descartados.
Mientras tanto, el poder soviético logra consolidarse internamente y, al comenzar la Segunda Guerra Mundial, la URSS —a través del desarrollo autónomo de su industria pesada implantado por el régimen stalinista— se ha transformado en una potencia económica y militar.

Pero este desarrollo se generó a cambio de un alto costo político y social. En los años de entreguerras y luego de la muerte de Lenin, la “dictadura del proletariado”, como concepción de un poder popular ha sido desplazada por la
dictadura de Stalin, como poder de una burocracia.

Al mismo tiempo, el desarrollo de movimientos nacionales en los países coloniales y dependientes comienza a consolidarse con un contenido social y de masas gestando, en el período que media entre las dos guerras, las condiciones que van a madurar a partir de la Segunda Guerra Mundial. El fenómeno del nacionalismo es tal vez una de las más ricas expresiones que presenta el desarrollo político del Tercer Mundo. Con características propias en cada región, el nacionalismo de los países dominados no puede ser equiparado al nacionalismo de las grandes potencias.

Al encontrarse los sectores privilegiados comprometidos con la dominación, la liberación nacional pasa a ser una bandera de las masas populares. La afirmación nacional y la liberación social se convierten así en partes inseparables configurando una de las características definitorias del Tercer Mundo. Lo que va a signar globalmente este período es, precisamente, el desarrollo de movimientos políticos que hacen sus primeras experiencias masivas en una perspectiva nacional y antiimperialista.

El nacionalismo colonial de “élite” es reemplazado, en esta etapa, por un nuevo nacionalismo que intenta nuclear a los distintos sectores de la sociedad capaces de oponerse a las metrópolis dominantes. Expresión de este fenómeno es el movimiento “4 de mayo” que se desarrolla en China en 1919.

Otras potencias menores
En el reparto colonial hubo otros países europeos que intentaron consolidar sus posiciones o hacerse también de algunas colonias. Bélgica consolidó sus posesiones en África —territorios del actual Zaire— que, más que una empresa nacional, fue el fruto de la codicia y la astucia personal de Leopoldo II.

Holanda modernizó la explotación de sus colonias de las Indias Holandesas —actual Indonesia—, mejorando las comunicaciones, estableciendo una administración centralizada y creando plantaciones modernas de caucho, especias y tabaco.

Portugal creyó posible establecer un imperio colonial desde la costa del Atlántico al Indico, pero tuvo que renunciar al recibir un ultimátum de Gran Bretaña en 1890; aunque a través de acuerdos diplomáticos, y con el consentimiento británico, logró extender enormemente sus territorios a finales de siglo, desde las escasas franjas costeras que ya controlaba, hasta alcanzar una superficie de más de dos millones de kilómetros cuadrados (Angola, Mozambique y Guinea-Bissau).

España, además de la pequeña colonia de Guinea Ecuatorial, recibió el derecho a establecer un protectorado sobre el Rif, en el norte de Marruecos, además del territorio del Sahara occidental.

Italia inició su expansión colonial en 1882, en gran medida por su rivalidad con Francia, por razones de prestigio nacional, y también para hacer olvidar el “irredentismo” (aspiraciones territoriales sobre el sur del Tirol y el Adriático). Italia se anexionó Somalia y Eritrea, y más tarde estableció un protectorado sobre Abisinia, pero al querer convertir el protectorado en colonia, los italianos fueron derrotados por lo que tuvieron que renunciar incluso a mantener el protectorado. En 1912 declaró la guerra al débil imperio turco, y se anexionó Libia —que se convirtió en una colonia— y las islas del Dodecaneso.

Con esa conquista, en 1912, solamente el pequeño Estado de Liberia y el reino de Abisinia estuvieron libres de la colonización europea.

Documento, Sobre el Imperialismo Colonial

“La colonización es la fuerza expansiva de un pueblo, es su potencia de reproducción, es su dilatación y su multiplicación a través del espacio; es la sumisión del universo o de una gran parte de él a su lengua, a sus costumbres, a sus ideas y a sus leyes. Un pueblo que coloniza es un pueblo que pone las bases de su grandeza futura. Todas las fuerzas vivas de la nación colonizadora se ven acrecentadas por este desbordamiento hacia fuera de esta desbordante actividad.

Desde el punto de vista material, el número de los individuos que forman la raza, aumenta en una proporción sin límites; la cantidad de recursos nuevos, de nuevos productos, de equivalentes de cambio hasta ahora desconocidos que demandan la intervención de la industria metropolitana, es inconmensurable; el campo que se abre a los capitales de las metrópolis y el dominio explotable que se ofrece a la actividad de sus ciudadanos, son infinitos. Desde el punto de vista moral e intelectual, este acrecimiento del número de las fuerzas y de las inteligencias humanas, estas condiciones diversas en las que todas estas inteligencias se encuentran situadas, modifican y diversifican la producción intelectual. ¿Quién podrá negar que la literatura, las artes y las ciencias de una raza determinada, al ser amplificadas de este modo, adquieren una pujanza que no se encuentra en otros pueblos, de naturaleza más pasiva y sedentaria? (…)

Sea cual fuere el punto de vista en que nos situemos (…) siempre nos encontraremos con una verdad incontestable: el pueblo que coloniza más, es el primer pueblo; y si no lo es hoy, ya lo será mañana.”

P. LEROY-BEAULIEU:
De la colonisation chez les peuples
modemes. París, 1870

Leroy-Beaulieu, economista francés y uno de los más brillantes teóricos de la colonización

Fuente Consultada:
Ciencias Sociales Historia EGB 9 Luchilo-Privitellio-Paz-Qués
Enciclopedia de los Grandes Fenómenos del Siglo XX Tomo 1
Historia Universal Navarro-Gárgari-González-López-Pastotiza-Portuondo

Dominio Colonial Europeo en America, África y Asia

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Fred Taylor el taylorismo en el capitalismo Organización Científica

El desarrollo del capitalismo promovió un avance incesante de las técnicas productivas y de la ciencia aplicada al desarrollo industrial. Las empresas que competían entre sí por controlar los mercados, buscaban reducir sus costos de producción.

El avance tecnológico, nuevas máquinas, medios de transporte más veloces y el uso de la electricidad permitía abaratar los costos; también influía en éstos la forma de organizar las tareas dentro de las fábricas. Los primeros pasos consistieron en la imposición de una disciplina muy severa y en una mayor división del trabajo, para que cada obrero realice unas pocas operaciones de manera repetida.

El deseo de aprovechar al máximo el potencial productivo de la industria llevó al ingeniero norteamericano Frederick W. Taylor (1856 – 1915) a realizar un estudio minucioso de las tareas fabriles. Su objetivo era eliminar los movimientos inútiles y establecer, por medio de cronómetros el tiempo necesario para realizar cada tarea específica. A este método se lo llamó organización científica del trabajo o taylorismo.

Según el propio Taylor, las etapas para poner en funcionamiento su sistema de organización del trabajo eran las siguientes:

1. Hallar diez o quince obreros (si es posible en distintas empresas y de distintas regiones) que sean particularmente hábiles en la ejecución del trabajo por analizar.

2. Definir la serie exacta de movimientos elementales que cada uno de los obreros lleva a cabo para ejecutar el trabajo analizado, así como los útiles y materiales que emplea.

3. Determinar con un cronómetro el tiempo necesario para realizar cada uno de estos movimientos elementales y elegir el modo más simple de ejecución.

4. Eliminar todos los movimientos mal concebidos, los lentos o inútiles.

5. Tras haber suprimido así todos los movimientos inútiles, reunir en una secuencia los movimientos más rápidos y los que permiten emplear mejor los materiales más útiles.

La aplicación del sistema de Taylor provocó una baja en los costos de producción porque significó una reducción de los salarios. Para estimular a los obreros a incrementar la producción, muchas empresas disminuyeron el salario pagado por cada pieza. Hacia 1912 y 1913 se produjeron numerosas huelgas en contra de la utilización del sistema de Taylor.

Para que el sistema ideado por Taylor funcionara correctamente era imprescindible que los trabajadores estuvieran supervisados en sus tareas. Así se conformó un grupo especial de empleados, encargado de la supervisión, organización y dirección del trabajo fabril.

Quedaba atrás, definitivamente, la época en que el artesano podía decidir cuánto tiempo le dedicaba a producir una pieza, según su propio criterio de calidad. Ahora, el ritmo de trabajo y el control del tiempo de las tareas del trabajador estaban sujetos a las necesidades de la competencia en el mercado.

Los resultados del método taylorista

Taylor estaba convencido de que el aumento de la productividad que se lograría con su método abarataría el costo de los productos, favoreciendo la posición de la industria norteamericana en el mundo y mejorando el nivel de vida de los trabajadores. Procuraba aprovechar al máximo los tiempos de trabajo, combatiendo las tendencias al ocio y los “tiempos muertos” en la fábrica, es decir, aquellos espacios de tiempo en los que no se estaba produciendo nada.

Taylor confundía en muchos casos el aumento de la productividad (que se puede lograr de muchas maneras) con la mera intensificación del ritmo de trabajo. Consideraba que las herramientas de trabajo, como las máquinas, debían ser sencillas y fáciles de usar para que los trabajadores pudieran aprender rápidamente a manejarlas.

Para Taylor, la división del trabajo dentro de la fábrica debería llevarse al máximo: cada trabajador tendría una tarea específica, cuyos tiempos estarían cuidadosamente cronometrados. El proceso de trabajo sería planificado en las oficinas de la empresa, luego de estudiar cada aspecto del proceso de producción.

Taylor no consideraba que pudieran haber entonces conflictos entre obreros y patrones, ya que creía que ambos coincidirían en mejorar la producción y las remuneraciones, y por lo tanto no veía la necesidad de existencia de los sindicatos para defender a los trabajadores. Su método estaba diseñado para premiar naturalmente a aquellos que más rindieran y castigar a los que no cumplieran con los objetivos fijados por la dirección “científica” de la empresa.

Impacto del taylorismo en la economía mundial

Las innovaciones en la forma de organización fabril que propuso Taylor fueron adoptadas en numerosas empresas industriales en los Estados Unidos y, posteriormente, en Europa.

Estos cambios significaron una modificación en las relaciones laborales y en la forma de producir, que se volvió más eficiente pero, al mismo tiempo, más deshumanizada, ya que los ritmos de trabajo intensos y repetitivos repercutieron desfavorablemente en la salud y la motivación de los trabajadores.

No siempre la aplicación de los métodos tayloristas fue acompañada por su recomendación en cuanto a mejorar las remuneraciones de los asalariados, o permitirles el descanso necesario – durante y después de la jornada laboral – para que repusieran adecuadamente sus energías.

Por otra parte, el taylorismo dejó de lado la importancia que tiene, para quien trabaja, el realizar una tarea que sea entretenida y variada.

En ningún momento se contemplaron los efectos psicológicos que se producirían a partir de la estandarización del trabajo, así como el impacto de la rutina y el aislamiento del trabajador en relación con sus compañeros durante la larga jornada laboral.

El taylorismo no procuraba aprovechar los conocimientos y la creatividad de los trabajadores para mejorar la producción, ya que eso quedaba en manos de los expertos – administradores, ingenieros y capataces – que estudiaban científicamente cada tarea y establecían una rutina rigurosa, que debía ser cumplida de manera casi automática por los operarios.

Las modernas formas de gestión empresarial han dejado de lado algunas de las ideas de Taylor, buscando la participación creativa de los trabajadores y la formación de equipos en los cuales las tareas se realizan en forma rotativa.

Se adoptó un sistema más perfeccionado de remuneración diaria […] que consistía en pagar en función de la cantidad y la calidad de lo que se producía. Al cabo de un tiempo relativamente corto el supervisor estimuló la producción de todas las trabajadoras aumentando el sueldo de las que producían más y mejor y reduciéndolo a las que se mostraban inferiores a las otras. Finalmente, despidieron a las obreras cuya lentitud y falta de atención era incorregible.

También se hizo un estudio detallado con un cronómetro del tiempo necesario para hacer cada operación. Se escogió la forma más sencilla de ejecutarlas para eliminar todos los movimientos lentos o inútiles y reunir en una secuencia los más rápidos y los que permitían una mejor utilización de los instrumentos y de los materiales. Este estudio demostró que las trabajadoras perdían charlando una parte considerable de tiempo.

Se les impidió hablar durante las horas de trabajo colocándolas a una distancia considerable. Las horas de trabajo fueron reducidas de diez y media a nueve y media y luego a ocho y media […].

Se introdujo también el trabajo a destajo y cada hora se informaba a las trabajadoras si su ritmo era normal o si iban atrasadas. Los resultados finales de este sistema fueron los siguientes:
a) 35 obreras hacían el trabajo que antes realizaban 120.
b) Las obreras ganaban 35,5 francos por semana en lugar de los 17,5 anteriores.
c) Se trabajaban ocho horas y media en lugar de diez y media.
d) La precisión en el trabajo había aumentado un tercio.

TAYLOR, F. W. La direction des ateliers.

“En 1903, cuando la Ford Motor Company fue fundada, la construcción de automóviles era una tarea reservada para los maestros de oficios que habían recibido su entrenamiento en los talleres de bicicletas y carruajes de Michigan y Ohio. […] Para 1925 había sido creada una organización que producía casi tantos carros en un solo día como los que habían sido producidos al principio de la historia del Modelo T, en un año entero.”

Harry Braverman, Trabajo y capital monopolista.

AMPLIACIÓN DEL TEMA:

El señor Taylor declara que, por cada persona que está recargada de trabajo, hay cientos que, de intento, trabajan menos de lo que les corresponde. Creyendo que el aumento de velocidad en la producción procura a la larga más trabajo para más hombres, ha planeado un sistema científico de «aceleración» de cada clase de trabajo, que ha tenido aceptación en todo el mundo civilizado. Ya en América muchos miles de obreros trabajan siguiendo este sistema, que les hace aumentar un 30 por 100 su salario, y uno de los decanos de la Universidad de Harvard afirma que el régimen «científico» como es llamado el sistema de «aceleración» de Taylor, promete ser el más importante avance de la industria, desde la introducción del sistema de factorías y de la maquinaria de vapor.

Taylor empezó su vida como jornalero no especializado en los talleres de la Compañía Siderúrgica Midvale en Filadelfia, pero pronto fue ascendido al cargo de capataz. Entonces, ideó su nuevo sistema, y, en 1898, fue llamado para reorganizar los trabajos de la Compañía Siderurgia Bethlehem. En este tiempo había reunido a su alrededor un pequeño, pero eficaz estado mayor de técnicos, y, bajo su dirección, atacaron el problema de los obreros no especializados. Había allí unas 80.000 toneladas de hierro en lingotes, agrupadas en pequeñas pilas, en un campo cerca del ferrocarril, y un equipo de 75 hombres, bajo la dirección de un excelente contra maestre, cargaba el hierro en los vagones.

Cada lingote pesaba alrededor de 41 kilogramos y medio, y el equipo cargaba los vagones a razón de 12 toneladas y media por hombre y día. Esto suponía una marcha en el trabajo no inferior al promedio general de aquella época. Pero Taylor y sus ayudantes empezaron a llevar los lingotes ellos mismos y a estudiar la manera como trabajaba el equipo, llegando a la sorprendente conclusión de que un cargador de primera clase debía transportar 47 toneladas en vez de 12 y media.

Viendo que un hombrecillo del equipo andaba un kilómetro y medio hasta su  casa después del trabajo, casi tan descansado como venía por la mañana, le preguntaron si quería ganar un dólar setenta y cinco. Naturalmente, aceptó. Entonces uno de los ayudantes se puso junto al hombrecillo, reloj en mano, y dirigió todos sus movimientos. «¡Ahora coja un lingote y marche! ¡Ahora siéntese y descanse! ¡Ahora ande! ¡Ahora descanse!» Así continuaron, las indicaciones para que el hombre trabajara regularmente al máximo de velocidad, y después diese regularmente a todos sus músculos un descanso completo.

Al fin de la jornada había cargado 47 toneladas y media, y regresaba a su casa tan descansado como siempre. Se fue así escogiendo obrero tras obrero y se les hizo transportar los lingotes a razón de 47 toneladas y media por día, hasta que todos los lingotes fueron transportados a esta velocidad, y todos los del equipo recibieron el 60 por 100 más de jornal que otros obreros de los contornos.

Debe observarse, sin embargo, que únicamente un hombre de cada ocho era capaz de trabajar a la gran velocidad establecida por los directores técnicos. Los otros siete fueron despedidos y substituidos por otros nuevos. Este procedimiento duro de selección de capacidad humana es una importante característica del nuevo sistema de eficacia industrial. Es cierto que en los talleres de la Compañía Siderúrgica Bethlehem los hombres que eran despedidos, inmediatamente eran empleados en otras tareas, y la Dirección sostenía que la separación de estos hombres de un trabajo para el cual eran ineptos era un beneficio para ellos, porque así podían prepararse para otras tareas en las cuales ganarían permanentemente jornales superiores. Pero parece posible que si los principios de la dirección científica fuesen aplicados universalmente, la gran multitud de trabajadores, naturalmente lentos, tendrían gran dificultad en alcanzar una preparación, por baja posición, que les fuera asignada por los técnicos. Por esta razón ha habido huelgas en Norteamérica contra el sistema de selección.

A esto siguió la supresión del método de trabajo por equipos o grupos. En efecto, Taylor y sus ayudantes pretenden que, cuando un hombre trabaja en cuadrilla, la eficiencia individual decrece hasta quedar por debajo de la del peor hombre del grupo, y que los obreros pierden su ambición e iniciativa cuando se les pone en rebaño, en vez de ser tratados como personalidades independientes.

Por eso, en los talleres de la Compañía Siderúrgica Bethlehem, no consienten que trabajen más de cuatro obreros en cada grupo. Allí no había capataz o vigilante para forzarlos a llegar a cierto nivel; cuando su obra estaba hecha es cuando eran juzgados. Allí no había disputas ni regaños, la obra respondía por sí sola. Cada palero, por ejemplo, tenía que cargar un vagón en cierto tiempo. Hacía la obra de cuatro hombres sin fatiga excesiva y recibía un 60 por 100 de su salario de aumento. De este modo 140 paleros hacían el trabajo para el cual antes se precisaban 600. Así, a pesar del aumento del jornal individual, la compañía ahorró 80.000 dólares en un año solamente en los muelles de carga. Se proveyó a los paleros de nuevos tipos de palas, cuidadosamente estudiadas, para los distintos trabajos en que habían de utilizarse, con el resultado que podían palear 59 toneladas diarias, en vez de las 16 que lograban, según el antiguo sistema de equipos.

Cada clase de obreros fue puesta bajo las órdenes de los directores técnicos, y cuando quedó terminada la tarea de «acelerar» toda la producción de la gran fábrica de acero, la mayoría de los obreros había ahorrado dinero viviendo mejor que antes. Eran todos prácticamente abstemios, porque ninguno, dado a la bebida, podía seguir la nueva marcha del trabajo.

Lo más esencial del sistema de «aceleración» es lo remunerador que resulta, tanto para los patrones como para los empleados. Taylor aplicó sus nuevos principios a una asombrosa variedad de industrias: a la albañilería y a la circulación de los ferrocarriles, a los talleres de maquinaria y a las obras de hormigón. En todos los casos aumentó los jornales y disminuyó el coste de la producción, llegando a demostrar que considerado exclusivamente desde el punto de vista del negocio, es ventajoso proporcionar a los obreros buenas viviendas, ambiente agradable y medios de recreo gratuitos. El señor Taylor pretendía que no perjudica en nada la constitución del hombre su procedimiento para aumentar la velocidad del trabajo. (¿¿¿…???)

Procuró no recargar nunca de trabajo a los hombres sobre los cuales experimentaba hasta el punto de disminuir la duración y la permanencia de su capacidad de trabajo continuo a una marcha mas rápida de la que es común en la civilización moderna. Desde luego, queda por ver si el nuevo sistema industrial dejará en condiciones de vigorosa vejez a los hombres que comienzan a trabajar jóvenes.

El señor Taylor hizo, por otra parte, un estudio de los movimientos necesarios en toda clase de trabajo, y procuró eliminar todos los que son inútiles en el modo tradicional de hacer una cosa, proyectando instrumentos perfeccionados que aligeren el esfuerzo del obrero. Desde cierto punto de vista, parecía querer establecer velocidades máximas en la producción y procurar mantenerla constantemente.

Fuente Consultada: Economía: Las Ideas y los Grandes Procesos Económicos Rofman-Aronskind-Kulfas-Wainer. Colección Moderna de Conocimientos Universales Fuerza Motriz Tomo II W.M. Jackson, Inc.

Resumen de la Revolución Rusa Causas y Consecuencias Lenin Ideologo

Resumen de la Revolución Rusa y Sus Consecuencias

revolucion rusa

Nicolás II, de la dinastía Romanov, el último zar. Se lo consideraba según Tolstoi, hombre con extraordinaria severidad, como un débil mental que intentaba parar la historia. Para otros era un hombre bien intencionado, en cualquier caso carecía de educación política.

(Ver La Dinastía Romanov en Rusia)

Introducción: El proceso revolucionario que se inicia en el Imperio zarista en 1905 y culmina en octubre de 1917 constituye uno de lo fenómenos más importantes del siglo XX. La transformación fue grandiosa. Un Imperio mastodóntico, gobernado por un autócrata, se transformó en república federal socialista; una sociedad de campesinos empobrecidos se elevó a la condición de gran potencia industrial.

Al representar la primera experiencia de revolución social se convirtió en el modelo de todos los revolucionarios de la centuria: China, Cuba, bastantes países europeos y africanos intentarían reproducir los pasos de lossoviets rusos. Miles de libros y varias generaciones de historiadores, politólogos, economistas, sociólogos, ensayistas se han ocupado del gran acontecimiento.

¿Fue el cambio un accidente, un golpe de fortuna para unos revolucionarios profesionales que aprovecharon las circunstancias propicias de la Primera Guerra Mundial? ¿Se trató de un proceso meticulosamente preparado? ¿O simplemente debe ser considerado el resultado fatal de los errores del zarismo, un sistema político que permanecía de espaldas a los cambios del mundo?

El proceso derivó en una dictadura, en el momento en que Stalin, a la muerte de Lenin, se convirtió en el conductor supremo de la Revolución. ¿Se trató de una desviación del proceso? Así se había interpretado, y en abono de esta hipótesis se recogían advertencias de Lenin acerca de las tendencias autocráticas de Stalin. Pero no es un tema definitivamente resuelto. Documentación publicada recientemente, después de la apertura de los archivos soviéticos, muestra que un similar designio dictatorial albergaba Lenin, aunque la enfermedad no le permitiera materializarlo.

EL DOMINGO SANGRIENTO Y LA REVOLUCIÓN DE 1905
El fracasado levantamiento que siguió a la guerra ruso-japonesa de 1905 (véanse páginas 38-43), constituyó un pavoroso preludio de la Revolución de Octubre de 1917. Se inició el domingo 9 de enero, cuando unos 200.000 trabajadores rusos acudieron en manifestación ante el Palacio de Invierno del zar, en San Petersburgo. Iban dirigidos por el sacerdote Georgi Gapon y demandaban la formación de una asamblea constituyente, la reducción de la jornada laboral a 8 horas y un salario mínimo diario de un rublo para todos los trabajadores. Los manifestantes estaban desarmados y marchaban ordenadamente, cantando, portando iconos y entonando el himno «Dios salve al zar». Pero un aluvión de huelgas había enrarecido el ambiente de la ciudad, por lo que falanges de soldados y policías ordenaron dispersarse a la multitud. Cuando los trabajadores se negaron, las tropas abrieron fuego, matando posiblemente a 500 manifestantes e hiriendo a varios centenares más.

Lo sucedido, que pasó a conocerse como el domingo sangriento, indignó a Rusia. Millones de trabajadores se declararon en huelga y en muchas ciudades brotaron consejos locales del pueblo (soviets). La reacción del zar fue astuta y despiadada. Primero buscó el apoyo popular de los soviets con las concesiones liberales de su Manifiesto de Octubre; luego arrestó en masa al Soviet de San Petersburgo y aplastó un levantamiento armado en Moscú. La revolución de 1905 fue aniquilada, pero de sus heridas sin sanar surgiría otra revolución más sangrienta 12 años después.

El fracaso de la revolución de 1905 acentuó las diferencias existentes desde 1903 entre los bolcheviques de Lenin y los mencheviques. Los bolcheviques constituían mayoría, y Lenin consiguió imponer dentro del partido su idea de impulsar las luchas de liberación nacional, convirtiendo en guerra revolucionaria la guerra imperialista, en contra de las tesis de la socialdemocracia europea que prefería pactar y participar en los gobiernos estatuidos.

Idea General de la Situación Antes de la Revolución:

  • En el siglo XIX Europa Oriental (Turquía, Rusia, Austria) tenía un economía netamente agraria con una relación laboral de tipo feudal.
  • No había industrias, por lo tanto la burguesía industrial casi no existía.
  • Los grandes terratenientes dueños de extensas zonas de tierras fértiles explotaban a los campesinos.
  • Políticamente Rusia era un imperio conducido por un zar, dueño de un poder absoluto, con decisiones únicas sin cuestionamientos.
  • Los campesinos que conformaban un 85% de la población vivían en condiciones de extrema pobreza, al intenso frío se sumaba el hambre y las pestes debido a su debilidad.
  • Los campesinos comenzaron a organizarse para tratar de rebelarse contra este sistema injusto y opresor. El gobierno ruso percibía esta inconformidad popular y decidió iniciar una serie de reformas: a) Social: abolió la servidumbre y b) Económico: permitió la entrada de capitales extranjeros para la instalación de industrias, que en realidad fueron muy pocos.(ver: Abolición de la Servidumbre en Rusia)
  • A pesar de estas medidas las gente no mejoró su estándar de vida y siguió pasando por las mismas penurias.
  • Los campesinos también recibieron el apoyo de una gran masa de estudiantes y a partir de 1880 comenzaron a fortalecerse para luchar contra el poder del zar Nicolás.
  • Dentro de la oposición había dos opiniones enfrentadas: a) los que deseaban un país capitalista como el resto de Europa occidental, con tendencias liberales. Y b) una gran mayoría con una política de tipo socialista.(los campesinos, obreros y soldados)
  • En 1905 Rusia pierde la guerra con Japón, y el país se encuentra en una situación de debilidad política, por lo tanto la oposición aprovecha para crear una revuelta en San Petersburgo, denunciando la incompetencia del monarca.
  • Como medida de reacción el zar reprime a los manifestantes y dispara en las puertas del Palacio de Gobierno, matando a más de cien hombres y mujeres. También se rebelan los marineros del acorazado Potemki. De igual manera el zar acepta las quejas y acepta la creación de una especia de parlamento, llamado Duna que debía trabajar en combinación con el zar, pero cuando éste fue presionado automáticamente la disolvió.
  • De esta manera las primeras reformas liberales fracasaron, pues el zar, ni los nobles estaban dispuestos a ceder sus derechos y privilegios.
  • Además Rusia había entrado en la primer Guerra Mundial y su economía estaba estancada debido a los costos de la guerra y a que los hombres debieron dejar sus tierras para alistarse como soldados.
  • No había comida, combustible, materia prima, etc. 

Lenin, fue el artífice de la revolución. Adaptó la tesis de Marx a la realidad rusa, y organizó las bases del estado mayor. En abril de 1917, Vladimir Ilyich Ulyanov, más conocido por su nombre revolucionario, Lenin, llegó a Rusia de incógnito en un furgón desde Finlandia. (Los alemanes le habían facilitado su paso por Europa porque estaban interesados en aumentar el malestar interno en Rusia.) El líder bolchevique llevaba tres demandas: «¡El final de la guerra! ¡Toda la tierra para los campesinos! ¡Todo el poder para los soviets!». El zar había abandonado el trono, víctima de su propio mal juicio. La nave del Estado se inclinaba de modo peligroso bajo el liderazgo de Aleksandr Kerensky, antiguo revolucionario, y su gobierno provisional se tambaleaba. Lenin, cuyas esperanzas de revolución habían ido disminuyendo durante la interminable guerra mundial, consideró que era el momento de tomar el poder.

Las décadas de incompetencia zarista ya habían hecho estragos en Rusia; la Primera Guerra Mundial la destrozó completamente. En 1917, la escasez de comida y la inflación de la época de guerra devoraba los ingresos de los trabajadores de la ciudad (200.000 de ellos salieron a las calles de Petrogrado en febrero para protestar). Una milicia hambrienta y helada ofrecía una resistencia dudosa. Cuando las huelgas y los disturbios llenaron la ciudad, Nicolás abdicó y finalizó así la dinastía Romanov de tres siglos de antigüedad.

Contexto Económico-Social De Esa Época:

  • El zar con todo el poder político
  • Una elite de terratenientes con todas sus tierras que explotaban a los campesinos.
  • Un burguesía industrial sumamente débil.
  • Pocos obreros y no agremiados.
  • Algunos campesinos ricos, con algo de tierras, los kulaks.
  • Muchos soldados muy descontentos y sin trabajo.

Los más perjudicados eran:

  • Los campesinos explotados
  • Los soldados sin trabajo
  • Los obreros con sueldos de miseria.

Los tres grupos se organizaron formando soviets, los soviets de soldados, los de campesinos y los de obreros, y se organizaron en toda la nación para crear lo que fue la primera revolución socialista del mundo, en 1917.

Luego de la revolución el zar abdicó y nuevamente las ideas liberales tomaron fuerza, se creo el gobierno de la  Duma, formada por demócratas, socialistas, revolucionarios, y trataron de implementar medidas políticas como la división de poderes, la soberanía popular, libertad religiosa y de prensa, etc., pero no se logró ejercer el poder de manera efectiva, además el parlamento decidió continuar la guerra mundial, medida que le generó un hondo y popular rechazo.

Ahora los soviets, dirigidos por Lenin, que estaba exiliado, forman el partido bolcheviques y inculcándoles la idea de que “todo el poder es para los soviets” ó “pan, tierras y trabajo” se rebelan tomando el Palacio de Invierno, asumiendo a partir de este momento todo el poder, y se formó el Consejo de Comisarios del Pueblo, dirigidos por Lenin y comenzaron a dar respuesta a la gente que tan miserablemente vivía.

  • Por decreto se puso en manos de campesinos la tierra de los terratenientes.
  • Los dueños de las fábricas mantuvieron su propiedad pero la producción fue manejada y controlado por los obreros.
  • Se negoció la guerra y se puso fin a las acciones bélicas, perdiendo gran parte de territorio ruso frente a Alemania, que al finalizar la guerra debió devolver estas zonas.
  • El nuevo gobierno estaría formado por obreros y campesinos.
  • A partir de este momento se comenzaría a formar el estado socialista.

Para este camino había dos vías una establecer usa serie de medidas duras que produzcan los cambios necesarios para llegar al régimen socialista o bien aplicar medidas mas moderadas pero con el tiempo llegarían a la construcción definitiva de las ideas marxistas. Lenin era partidario de esta última opción y ese fue el camino seguido.

Se nacionalizaron los bancos, el transporte como los ferrocarriles y barcos, y las grandes empresas. También se repudió la deuda externa nacional. Inicialmente convivían dos sistemas uno que permitía la propiedad privada de algunos bienes y otra que los nacionalizaba.

LOS DÍAS QUE CONMOVIERON AL MUNDO:  El periodista norteamericano John Reed fue testigo de la revolución. Así describió el primer discurso de Lenin luego del triunfo: “Eran exactamente las 8.40 del 26 de octubre cuando una atronadora ola de aplausos anunció la entrada de Lenin.[…] Estaba de pie, agarrado a los bordes de la tribuna, recorriendo con los ojos entornados la masa de los delegados y esperaba, sin reparar en la creciente ovación que duró varios minutos. Cuando ésta cesó, dijo breve y simplemente: ‘Ha llegado el momento de emprender la construcción del socialismo’. Nuevo estallido atronador de la tempestad humana, lo primero que debemos hacer es adoptar medidas prácticas para realizar la paz. Debemos ofrecer la paz a los pueblos de todos los países beligerantes en las condiciones soviéticas, sin anexiones, sin contribuciones. […] La Revolución de Octubre inicia la era de la Revolución Socialista. El movimiento obrero, en nombre de la paz y el socialismo alcanzará la victoria y cumplirá su misión.'[…] Un impulso inesperado y espontáneo nos levantó a todos y nuestra unanimidad se tradujo en los acordes armoniosos y emocionantes de La Internacional. Un soldado viejo y canoso lloraba como un niño. El potente himno inundó la sala, atravesó ventanas y puertas y voló al cielo sereno.”

Esta revolución socialista, asombró y asustó al mundo occidental, de orientación capitalista por lo que diversos países como Inglaterra y Francia, apoyaron al ejército blanco, comandado por generales zaristas, para que se rebelen contra el nuevo régimen, evitando de esta manera que el socialismo se expanda hacia el occidente poniendo en peligro al capitalismo.

El ejército blanco estaba apoyado por la burguesía industrial y los terratenientes, que fueron los perjudicados de este sistema, por otro lado Trosky segundo de Lenin organizó el ejército rojo apoyado por el resto del país y logró conformar un ejército de mas de 3.000.000 de soldados en poco tiempo y le dio la victoria definitiva a los bolcheviques. Murieron 7.000.000 de ciudadanos en esta guerra civil que duró 3 años. Se impuso el régimen de Partido Único, el bolchevique, que comenzó a llamarse comunista, y la prohibió la disidencia interna en el partido.

El gobierno ruso nacionalizó todas las empresas con el correr del tiempo y obligó a los campesino a entregar el excedente de su producción agrícola, es decir, se confiscaban los granos, de esta manera lograba asegurar el pan a toda la población rusa durante la guerra civil. La producción cayó notablemente ya que los campesinos se negaron a producir de más, sólo se dedicaron a producir lo que consumían. A estas medidas se las conocen como Comunismo de Guerra.

Terminada la guerra civil como el país se encontraba en una difícil situación económica y parecía que se volvería a repetir la historia zarista, Lenin aplica unas leyes conocidas como en Nueva Política Económica (NEP) y trata de recomponer la economía.

 Para ello:

  • Suspende la confiscación de granos.
  • Permite la venta de los excedentes de producción.
  • Cobra un nuevo impuesto en relación de la riqueza de cada campesino
  • Permite que cualquier ciudadano instale una pequeña empresa, ya que las grandes siguen en manos del estado.

En pocos años la economía se recupera y algunos campesinos como los kulaks dueños de tierras extensas se enriquecen. Algunos conductores del socialismo no aceptan estas diferencias y dicen que estas medidas del NEP eran de tipo capitalista y atrasan la construcción del socialismo, uno de ellos es Trosky.

En 1922 Lenin tiene un ataque de apoplejía lo que lo obliga a abandonar el poder, y comienza una interna entre algunos conductores para reemplazarlo, se crea un triunvirato formado por Stalin Kamanev y Zinovied, y Trosky es exiliado en México, asesinado mas tarde por orden de Stalin. (Lenin escribió en su testamento sobre Stalin, y aduce que este hombre no es muy confiable como continuador del régimen comunista, debido a su carácter intolerante, cruel y violento, y creía necesario que sea sustituido por alguien mas leal, afable y atento)

Como el precio del grano bajó los campesinos especularon y retuvieron los granos, generando una situación de desabastecimiento  nacional. Stalin no de acuerdo con esto abandona el NEP y cambia el rumbo de la economía.

Expropió las tierras a los kulaks, los cuales eran considerados enemigos del socialismo y fueron exterminados , por otra parte, organizó a los campesinos en granjas. Para acelerar este proceso de colectivización les prometió tecnología agropecuaria y en solo 6 años todas las tierras se colectivizan. Por otro lado se planifica minuciosamente el desarrollo industrial y se propone triplicar la producción de maquinas pesadas, quintuplicar la energía eléctrica y aumentar considerablemente la superficie cultivada. Sabía que esta es la única manera de hacer funcionar el socialismo.

Como instrumento de fuerza para controlar y dominar al pueblo, Stalin se apoyó en su Ejercito Rojo e instaló los gulasg, especies de campos de concentración donde eran encarcelados y condenados a trabajos de fuerzas a todos aquellos opositores.

Todas estas medidas, se estipularon en el plan quinquenal, que tuvo un éxito único, pero que costó el sacrificio y vida de millones de rusos. Todos los disidentes fueron perseguidos, encerrados o asesinados, cerca de 3.000.000 de habitantes. No había familia numerosa que tenga al menos un hijo muerto o encarcelado por el sistema político.

Stalin gobernó desde 1927 hasta 1953, y consolidó un régimen sumamente duro y autoritario, no toleró ningún tipo de oposición hacia el oficialismo. En 1933 comienza una serie de purgas contra todo sospechoso de oposición, acusándolos de antisovieticos, elimina así  a millones de ciudadanos rusos, incluyendo en ellos a revolucionarios de 1917, como sus compañeros del triunvirato, Kamamev y Zinoviev. Stalin deseaba consolidar el comunismo en Rusia, y mas tarde extenderlo al resto del mundo, conocido esto como Socialismo en un solo país. Para otros era necesario cuanto antes traspasar las fronteras con estas ideas socialistas.

Stalin obligó un culto nacional a su imagen. Con esta política de miedo popular Stalin pudo concentrar todo el poder político de Rusia, que acompañado de otros dirigentes, se adueñaron de todos los organismos e instituciones del control estatal, y además  ocuparon  importantes cargos  que les permitió enriquecerse y se fueron separando del resto de la población.

La consolidación de este régimen estalinista hizo que aquellos revolucionarios de 1917 con tendencias liberales y democráticas abandonen definitivamente su lucha en pos de lograr  imponer políticamente sus propósitos.

La Destalinización: La desestalinización empezó apenas éste murió. Primero se anunció que no existió una conjura de sus médicos. En junio 1953 fue arrestado Beria, jefe de la KGB, el servicio secreto ruso, que era temido de todos. Beria fue ejecutado. El que usó con mas éxito la desestanilización fue Nikita Khrushchev, nuevo secretario del partido. En 1956 denunció en un discurso las aberraciones de Stalin y liberó a millones de prisioneros de los campos de trabajos forzados.

La oligarquía del partido que hizo dimitir a Krushchev puso en su lugar a Leonidad Brehnev. Este, que entró con toda suavidad, logró eliminar de sus puestos a sus opositores e iniciar un mini culto personal hacia mitades de los años 1970.

El comienzo de la distensión: Los fines de Breznev eran obtener una regularización de las relaciones con occidente y obtener así los beneficios del comercio mundial pero sin relajar la sociedad comunista hasta un punto tal de perder el control social o económico. La Unión Soviética preocupó a occidente por sus movimientos en el tercer mundo pero el resultado que hoy vemos de ello es una marginalización del comunismo en las estructuras políticas y económicas globales. Después que Breznev murió, en 1982, tuvo dos sucesores que duraron un año cada uno y luego vino en primavera 1985 un hombre joven con un programa de grandes cambios.

La perestroika de Mijaíl Gorbachov: La idea de la reestructuración de Gorbachov era mantener una doctrina comunista con una estructura económica similar al capitalismo. Ciertos partidos socialistas de Europa ya habían dado ejemplos al respecto. Con su Glasnost (clarividencia) además buscaba hacer un país lógico de una retórico.

La tarea necesitaba mucha valentía, porque se adentraba en situaciones políticas y económicas de menor estabilidad que él y Rusia supieron sobrellevar. Las reformas de Gorbachov fueron resistidas por el partido comunista que trató de tomar el poder (agosto 1991) pero no pudieron destituir a Boris Yeltsin y el gobierno federativo Ruso. El partido fue declarado fuera de la ley.

En diciembre, los líderes de Rusia, Ucrania y Bielorrusia declararon que una Unión de Estados Independientes reemplazarían la URSS. Gorbachov dimitió hacia fines de año. Ahí terminaron los 74 años de la URSS. Pero Rusia y sus aliados siguen en la confederación y Boris Yeltsin renunció como presidente en diciembre de 1999. Sin él las transformaciones hacia el capitalismo no hubiesen seguido en Rusia.

Hacia fines de marzo 2000, Vladimir Putin, que había sido primer ministro de Yeltsin, fue elegido presidente con mayoría de votos contra el candidato del partido comunista. Putin, en una alocución prometió luchar contra la corrupción con la ayuda de sus ex camaradas de la antigua KGB.

Cronología

Fecha Acontecimientos
1917 – febrero Manifestación por conmemoración del día de la mujer obrera
1917 – febrero – julio Modelo burgués de revolución con asamblea constitucional
1917 – abril Lenin llega a Rusia desde Alemania
1917 – julio Gobierno de Kerensky
1917- julio – octubre Levantamientos de bolcheviques y zaristas
1917 – octubre Revolución bolchevique, congreso de los soviets. Toma del palacio de invierno
1917 – diciembre Firma de la paz de Brest Litovsk. Rusia pierde Ucrania, Estonia, Letonia, Lituania
1918 – 1921 Guerra civil
1919 Creación de la III internacional Komintern
1918 – 1919 Intento revolucionario
1919 – 1923 Primeros congresos de la Internacional comunista. Su auge.
1929 Crisis económica mundial
1939 2º guerra mundial
1943 Stalin decreta la abolición de la Komintern
1944 Stalin decreta la disolución del partido comunista de EE.UU.
1945 Alianza de la URSS y EE.UU. Fin de la guerra

Grandes Revolucionarios de la Historia

La Industria textil en Gran Bretaña Algodon y la Revolucion Textil

La Industria Textil en Gran Bretaña:Algodón

Invención del telar La Máquina a Vapor Los Transportes Primera Revolución Agrícola

Historia de la Industria Textil Británica: la industria algodonera:

La Inglaterra de la primera mitad del siglo XVII vio producirse cierto crecimiento de su mercado interior, ligado a las consecuencias favorables de su revolución burguesa y a la transformación que estaba experimentando su agricultura.

En el siglo XVIII, Gran Bretaña encabezaba la producción de bienes de algodón baratos, mediante el uso de los métodos tradiciones de la industria doméstica. El desarrollo de la lanzadera volante cremento la velocidad del proceso de tejido en un telar, lo cual le permitió a los tejedores duplicar la producción.

Sin embargo, esto provocó escasez de hilo, hasta que la máquina de hilar de James Hargraves, perfeccionada en 1768, permitió a los hilanderos fabricar subproducto en mayores cantidades. La máquina de hilar de sistema hidráulico, cuyo inventor fue Richard Arkwright, impulsada por agua r caballos, y la llamada muía de Samuel Crompton —que com- ioa aspectos del sistema hidráulico y de la máquina de hilar— cementaron aún más la producción de hilo.

El telar mecánico, untado en 1787 por Edmund Cartwright, permitió que el proceso ejido de ropa se coordinara con el proceso de hilado. Incluso, los primeros telares mecánicos eran demasiado ineficientes, lo que permitía que los tejedores manuales domésticos siguiesen prosperando,al menos, hasta mediados de la década de 1820.

Después de esa fecha fueron sustituidos de manera gradual por las nuevas máquinas. En 1813 había 2400 telares mecánicos en operación en Inglaterra; aumentaron hasta 14.150 en 1820; en 1833 ya eran 100.000, y para 1850 llegaron hasta 250 000. En Inglaterra, en la década de 1820 todavía había 250 000 tejedores manuales; en 1860, sólo quedaban 3000.

HISTORIA: John Kay patentó en 1733 la lanzadera volante, que había de mejorar considerablemente la productividad del tejido; pero esta invención no tuvo efectos inmediatos, entre otras razones porque se hacía preciso aumentar en el mismo grado la productividad del hilado, si se quería evitar que se produjese un estrangulamiento de difícil solución. Si no hubiera sobrevenido ningún cambio externo al sistema, es posible que esta situación hubiera conducido a abandonar la invención de Kay —como ocurrió con otros inventos en el transcurso del siglo XVII— o a una lenta readaptación de toda la industria algodonera, con imprevisibles consecuencias humanas. Pero el cambio se produjo, dado que sobrevino un estímulo capaz de salvar la situación.

El comercio exterior británico dependía en buena parte del tráfico con los tejidos de algodón de la India (las indianas); a mediados del siglo XVII, la Compañía Inglesa de las Indias Orientales comenzó a tropezar con dificultades para aprovisionarse de tejidos indios, y dirigió su demanda al propio mercado británico. La existencia de esta demanda explica el interés que suscitó la renovación de los métodos de hilado, que desembocó en una serie de innovaciones harto conocidas.

La spin-nini-Jenny de Hargreaves (inventada en 1764 y patentada en 1770) comenzó funcionando con 16 husos a la vez, manejados por un solo operario, y acabó conteniendo más de 100 husos: en 116’J Arkwright patentó el water-frame, una máquina que ya no era apta para la industria doméstica, sino que había sido proyectad; para funcionar en una factoría, empleando la fuerza hidráulica ; el vapor; pocos años más tarde (1779), la mulé de Crompton combinó los principios de la spinning-jenny y del water-frame, en 1785 se comenzaron a utilizar las nuevas máquinas de vapor de Watt para hacer funcionar una fábrica de hilados. El resultado de la aplicación de estas innovaciones era que, hacia 1812. un hilador podía hacer tanto trabajo como hacían doscientos mediados del siglo xvm.

Naturalmente, estos perfeccionamientos en el hilado no sólo permitieron emplear la lanzadera volante de Kay, sino que suscitaron nuevas innovaciones en el tejido (como el telar mecánico de Cartwríght, introducido a comienzos del siglo XIX), e incluso en otros aspectos de la producción algodonera (el blanqueo por cloro, que suprimía el engorroso y largo blanqueo al sol, con las telas extendidas en los prados de indianas).

Esta sucesión increíble de innovaciones en el transcurso de treinta años (mucho más numerosas e importantes que las que se habían registrado en ”’cualquier sector de la industria textil en los trescientos años anteriores) no podría explicarse si no hubiese habido una, considerable expansión en la producción, única circunstancia que podía justificar tantas y tan costosas inversiones en renovación de utillaje.

En efecto, de 1780 a comienzos de siglo XIX las exportaciones británicas de tejidos de algodón se multiplicaron por diez. Paralelamente, los aumentos de productividad permitían reducir hasta la sexta parte los precios de algunos productos. Transformaciones semejantes en el breve plazo de dos o tres décadas no se habían producido nunca con anterioridad. No cabe duda de que nos hallamos ante un fenómeno tan nuevo y de tanta magnitud que no es exagerado calificarlo de revolucionario; como ha señalado Hobsbawm, este salto hacia delante que dio nacimiento al desarrollo económico moderno es uno de los hitos fundamentales de la historia de la humanidad.

En el plano del comercio internacional, la transformación de la industria algodonera británica hizo posible que los comerciantes ingleses dominaran el mercado mundial en una forma y a una escala que no se habían dado jamás. Inicialmente, estos tejidos de algodón se destinaban a un comercio triangular: eran llevados a África a cambio de esclavos; estos esclavos se transportaban a las plantaciones norteamericanas para venderlos y adquirir algodón en rama, que conducía entonces a la metrópoli.

A la metrópoli se llevaban además los beneficios, porque el fabuloso aumento de la productividad permitió mantener los precios del mercado internacional, e incluso bajarlos considerablemente, y realizar enormes beneficios, que nos ayudan a entender el entusiasmo por efectuar inversiones industriales. Este entusiasmo se explica también por el hecho de que la capacidad de expansión del mercado ultramarino parecía infinita: la India fue sistemáticamente desindustrializada a comienzos del siglo XIX y se convirtió, paradójicamente, en uno de ios mayores importadores de tejidos de algodón británicos; la América española, una vez emancipada, cayó también bajo el dominio del comercio inglés.

Por otra parte, la expansión del comercio ultramarino de tejidos favoreció el proceso general de perfeccionamiento de la industria y la puso en situación de adueñarse del propio mercado europeo. Pasaron muchos años antes de que otros países europeos iniciaran el mismo camino y se situaran en condición de poder competir con los tejidos de algodón británicos. Para entonces, los beneficios acumulados en Gran Bretaña eran enormes, y en buena parte se habían invertido ya en otras ramas de la producción.

Se ha discutido mucho acerca de si la simple expansión de la industria algodonera pudo haber causado el «despegue» en el proceso de crecimiento económico autosostenido que encontramos en Gran Bretaña en el siglo XIX. Quienes objetan esta posibilidad señalan el hecho de que la industria algodonera adquiría su materia prima en el extranjero y hacía pocas demandas de bienes o servicios a otros sectores de la propia economía británica. Pero esta objeción, planteada al nivel estático de los intercambios entre diversas industrias en un momento dado, ignora toda una serie de factores importantes que se escapan del enrejado de una tabla input-output.

La revolución de la industria algodonera motivó una serie de cambios que, si inicialmente provocaron la transformación de la sociedad británica, acabaron influyendo sobre la propia economía. Apareció, en primer lugar, un proletariado urbano: un ejército de mano de obra industrial, dispuesto a emplearse donde y cuando se precisase. No es seguro que estos campesinos desarraigados, hacinados en los suburbios de las ciudades industriales, mejoraran su nivel de vida en las primeras décadas de la revolución industrial; más bien parece haber ocurrido lo contrario.

Pero sus necesidades de alimentos estimularon la comercialización de la agricultura, y su demanda de bienes de consumo ayudó a crear un mercado interior para la propia producción industrial. También al nivel de los empresarios se produjeron cambios sustanciales: los rendimientos decrecientes del comercio internacional, en el que existía fuerte competencia, vinieron a poner de relieve lo excepcional de los beneficios industriales, y fomentaron ulteriores inversiones en la industria en general, no sólo en la algodonera.

La vida entera de la Gran Bretaña se había transformado, la sociedad británica había iniciado un camino irreversible, hacia la industrialización, dando origen al capitalismo actual.

PARA SABER MAS…
HILANDERÍA PERPETUA

Samuel Slater se fijó en la memoria los mecanismo una fábrica de algodón cuando emigró a América en 1790. De este modo burló la ley que prohibía la exportación de maquinaria de Inglaterra. En la nueva fábrica de tejidos de Slater, en Pawtucket; Rhode Island, se producía con tanta velocidad, que las plantaciones algodoneras del sur no pudieron abastecer suficiente algodón en rama.

Cada trabajador de las plantaciones necesitaba por lo diez horas para separar las pequeñas semillas incrustadas en tres libras de algodón. Eli Whitney salvó tanto a los dueños de las plantaciones como a la fábrica de Slater con el invento de su famosa desmotadora de algodón.

El invnto consistía en un aparato que utilizaba dientes metálicos sobre una rueda, con ranuras tan juntas, que las semillas se desprendían del algodón, el cual pasaba a través de un tamiz de alambre, impulsado por cilindros provistos de espigas que giraban uno contra otro. Un cepillo giratorio quitaba las semillas de los cilindros.

Este nuevo invento hizo posible que cada trabajador de las plantaciones produjera un mínimo de 50 libras de algodón por día. La súbita afluencia de cargamentos de algodón cada vez mayores a la íábrica de Slater indujo a éste a abrir una nueva fábrica tras otra, con lo cual se inició la era mecánica en América. La producción de algodón aumentó de 63.500 kilos a 57 millones de kilos una generación después de la invención de la desmotadora de algodón.

Por su parte, en Inglaterra, la máquina de vapor de Watt influyó poderosamente en el desarrollo de la industria textil. Las fábricas no necesitaron más las caídas de agua para hacer girar sus ruedas. En 1810 había 500 fábricas de hilados equipadas con máquinas Watt. Diez años más tarde funcionaban cinco millones de lanzaderas.

La fábrica de algodón estuvo íntimamente vinculada a oíros inventos. En 1801 Jacquard inventó el telar automático. El telar de Jacquard se basaba en el mismo principio de una pianola. El diseño del tejido era determinado por un número de clavijas montadas sobre una cadena, unidas mediante tarjetas horadadas con largos vastagos de hierro.

Los vastagos cuyos extremos no penetraban en los agujeros de las tarjetas horadadas levantaban los,hilos de la malla. Mediante el uso continuado de un determinado juego de tarjetas, podía hacerse en el tejido un dibujo con hilos de distintos colores.

Posteriormente, el telar se automatizó más al lograr que pudiera insertarse una bobina de hilo sin necesidad de detenerse. Esto se consiguió medianil una lanzadera de enhebrado automático.

Luego se introdujo un cortador especial, que corlaba los dos extremos de la trama. Con estos y otros aparatos automáticos, pronto, un operario pudo atender dieciséis telares a la vez. En 1857 la maquinaria de las hilanderías era resultado de alrededor de 800 inventos, y un solo obrero vigilaba 80 telares o más. Medio millón de tejedoras mecánicas producían una cantidad de telas que hubiese requerido diecisiete millones de tejedoras manuales.

Actualmente los hilados artificiales están dominando. Una masa plástica se transforma en finos chorros que recorren más de trescientos metros. En este proceso se desulfuran, se blanquean, se lavan, se secan y se unen en una bobina, todo ello en seis minutos de operación automática, merced a los ágiles dedos del Hombre Mecánico.

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