Sanguijuelas

Estupefacientes Utilizados Por Los Aborígenes Americanos

Estupefacientes Utilizados Por Los Aborígenes Americanos

Cuando un coya transita por el altiplano boliviano o se encuentra entregado a sus faenas, acostumbra a sacar de vez en cuando de su chuspa (bolsita de buche, vejiga o pellejo), una porción de hojas de coca para mascar, que a veces acompaña con otra porción de “llicta” (ceniza de algunas plantas), para facilitar su salivación.

Este hábito de masticar el “acullico” (bocado de coca) no tiene un sentido vicioso; por el contrario, resulta un eficaz reconfortante que ayuda a soportar el trabajo y el cansancio a gran altura.

El efecto alcaloideo de la coca hizo suponer, a los antiguos aimaraes y aborígenes del Perú, que esa planta tendría divinas virtudes. Los hechiceros la ingerían para entrar en trance y decir sus predicciones y sortilegios. Y en homenaje a la Mamapacha el acullico era enterrado como ofrenda o depositado en las apachetas del camino  (montículos de piedras).

Los aborígenes americanos, y entre ellos especialmente los agricultores, acostumbraban ingerir diversas sustancias embriagantes y estupefacientes, en  relación con sus creencias supersticiosas.

Conociendo esas drogas, podemos estimar la importancia que esta contribución americana ha tenido para la farmacopea universal. Veamos qué se sabe de algunas de ellas, valiéndonos para el caso especialmente de los estudios del Dr. Ramón Pardal.

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EL PEYOTL
Cuenta Sahagún que los antiguos mexicanos, en sus banquetes, comenzaban por comer el “hongo divino”, al que llamaban “teonanácatl”, narcótico que les hacía ver visiones, en cuyo relato se solazaban luego.

Pero es más frecuente en los cronistas encontrar referencias al “epotl”, especie de cactus del norte de México que ha desempeñado un importante papel en la vida ritual de los toltecas, aztecas y de ios indios del sur de los Estados Unidos. “Raíz diabólica”, le llamaron algunos misioneros, por las hechicerías en que se utilizaba.

Se cuenta que cierto personaje legendario, llamado Majacuagui, fue abandonado en Reitomuani por sus enemigos, quienes lo habían maltratado y le habían roto sus utensilios. Imploró entonces el infeliz a los dioses, y éstos lo auxiliaron creando el peyotl, con cuya raíz no sentiría hambre ni sed ni pena.

Los  indios molían  peyotl  y bebían  un brebaje  del  mismo,esperando curar con él cualquier enfermedad, y a los niños les colgaban una bolsita con peyotl para que en virtud de su influencia resultaran diestros domadores. Para conocer lo futuro y saber cómo saldrían de las batallas, la bebían disuelta en agua, y como les causaba una embriaguez tan intensa y delirante, todas las imaginaciones fantásticas que les producía esa bebida las suponían un presagio.

El peyotl —con su nombre técnico Anhalonium Lewinii— posee cuatro alcaloides: anhalonina, anhalonidina, lofoferina y sobre todo mescalina, droga a la que debe su poder embriagante. De ahí que produzca efectos consistentes, sobre todo, en ilusiones ópticas y sinestesias. Estas últimas suscitan sensaciones que reponden a la excitación de otro sentido; por ejemplo, impresiones acústicas o cutáneas se traducen en visuales o viceversa.

Afirma un investigador que un dolor es un color rojo; la sensación de hambre es verde; el sonido de una campana es púrpura. Cada sensación cutánea es transformada en una sensación luminosa.

LA AYAHUASCA O CAAM
En toda la región amazónica, la del Mato Grosso y la del norte del Brasil, ha sido bastante común entre los indígenas ingerir, triturado y con agua, el tallo inferior de cierta liana técnicamente llamada “banisteria caapí”, a la que unas tribus decían “ayahuasca” y otras “caapí”. Con este estupefaciente los nativos se provocaban alucinaciones, excitación y, según algunos, efectos telepáticos.

En 1912 el investigador Reimburg logró convencer a un nativo para que le suministrase dicha droga. Éste maceró entonces cuatro trozos de ayahuasca en un mortero, con algunas hojas de “yaje” (arbusto con efectos euforizantes), los hizo hervir con agua durante ocho horas y se lo dio a beber.

Era un líquido turbio, de sabor acre y nauseabundo, que debía tomarse en reposo, en silencio y en la oscuridad, para que apareciesen los ensueños “y se pudiera ver claramente el porvenir”. Reimburg bebió la droga y llevó adelante su experiencia: “Ante mis ojos —explicaba— brillan algunos círculos luminosos, fosforescentes, y veo brillar, en un cielo esplendoroso, algunas mariposas pertenecientes a las especies recogidas por mí, esa mañana. La vista es muy neta, demasiado neta, y me parece que veo las cosas a través de un pequeño agujero practicado en una  cartulina.    La inteligencia  parece  sobreexcitada…”.

Como la droga le produjese efectos tóxicos desagradables, Reinburg dio por terminada la experiencia con una dosis de cafeína.

PARICÁ Y CEVIL
Cuando Colón llegó a La Española, vio que los indios fumaban tabaco, y también que sorbían por la nariz mediante un tubo, cierto polvillo fino “parecido a la canela”. La misma costumbre fue observada posteriormente en Brasil y en el norte de los territorios chileno y argentino hasta las sierras de Córdoba, y se han encontrado multitud de tablillas, en su mayor parte de madera, donde molían el estupefaciente  para   sorberlo. Hoy sabemos que esa droga se obtenía pulverizando semillas de ciertas variedades de mimosas llamadas piptadenias, a las que los indios les decían paricá  y cevil.

EFICAZ ANESTÉSICO
Como sabemos, las altas civilizaciones occidentales, desde México hasta el Arauco, practicaban operaciones quirúrgicas, y los antiguos peruanos también efectuaban con frecuencia trepanación craneana. En tales casos se utilizaban anestésicos, de los cuales el más notable era la datura arbórea (floripondio).

Este poderoso anestésico producía al paciente un estado de semi-coma, mandándolo al “país de los  sueños”,  y  como  estupefaciente  provocaba delirios y alucinaciones. Y entre tantos narcóticos y estupefacientes, ninguno tan sigular como el “tuluachi”, llamado el “veneno sagrado” de los mayos (México). Su ingestión suscitaba un delirio que derivaba en una especie de baile alocado, y después en un sueño voluptuoso.

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Medicamentos de Origen Animal Usos, Tipos y Negocio

Nuevos Medicamentos de Origen Animal

Elixires de nuestro siglo, saliva de golondrinas, testículos de águila y polvo de cuerno molido de rinoeronte. Raros polvos, soluciones y extractos prometen al hombre lo que más parece ambicionar en este fin de siglo: juventud, vigor, belleza y salud. Un nuevo gran negocio, casi negro, ha comenzado: medio kilo de saliva de ave cuesta veinte veces más que medio kilo de oro. Todo sea para estar mejor.

SUSTANCIAS MILAGROSAS:
Muy utilizados en oriente, lugares como Japón y China, por ejemplo diminutos frascos conteniendo saliva de golondrina en solución. También desde hace poco tiempo en Europa y algunos países de América, existe un floreciente mercado “casi negro” (ya que las operaciones no son del todo ilegales) de esta sustancia. Que es muy costosa, por ejemplo en el lugar de origen, China y regiones cercanas, medio kilo de extracto seco de saliva de golondrina cuesta 4.000 dólares.

Diluida diez veces y puesta en solución acuosa en Japón, Alemania o Estados Unidos, se paga hasta 20.000 dólares o más. Si saca bien las cuentas, verá que esto quiere decir que por 50 gramos se pagan 20.000 dólares. Por supuesto, mucho más caro que el oro.

Desde fines del siglo XX viene acompañado, entre otras cosas, por la valorización astronómica de una serie de sustancias que prometen los efectos más ambiciosos: juventud, vigor, salud y belleza. Todo en forma instantánea, casi milagrosa. Esto las transforma en valiosas mercancías, con un valor directamente proporcional a la ansiedad y el poder económico de quien las necesita, e inversamente relacionado con su abundancia: su precio se multiplica geométricamente cuanto más rara es la sustancia.

En el ejemplo del comienzo, el valor de la saliva de golondrina está dado porque, según las revalorizadas tradiciones médicas orientales, la sustancia cura absolutamente todas las dolencias de los ojos y del estómago. ¿Es cierto?… Bueno, ese es otro tema. La medicina convencional suele ni siquiera saber de su existencia.

golondrina

Más de 200.000 golondrinas llegan cada año a una antiquísima gruta de la región de Yunnan, en el sudeste de China. El lugar, situado a 1.300 metros de altura, tiene una antigüedad estimada de ocho millones de años. Durante seis meses anidan, ponen sus huevos y luego parten con sus pichones hacia Malasia.

Cuando se alejan dejan atrás, en sus nidos abandonados, una sustancia que se ha transformado en una de las más caras de la Tierra: su saliva seca. Según la tradición del lugar, se trata de un eficaz remedio que alivia todas las enfermedades de los ojos y el estómago.

Dentro de la gruta, más de cien campesinos arriesgan su vida para recoger uno por uno todos los nidos, cerca de 100.000. Fuera de allí, las mujeres del pueblo los preparan, sacando cada una de sus ramas hasta dejar sólo la parte central del nido, que contiene alta concentración de saliva seca.

Los nidos son cuidadosamente lavados con agua hirviendo para quitarles las impurezas. Finalmente, son envueltos en lujosos paquetes, exportados luego a Hong Kong, Taiwán, Indonesia y Japón. Por 50 gramos de extracto seco de saliva se llega a pagar, en Nueva York, cerca de 20.000 dólares.

TESTÍCULOS DE ÁGUILA CONTRA EL PARKINSON
A los múltiples peligros que amenazan la subsistencia del ave nacional de los Estados Unidos, el águila calva, como la destrucción de su habitat, su declinación reproductiva o la acción aislada de cazadores furtivos, hay que sumar uno siniestramente novedoso: la extracción de sus testículos.aguila

El majestuoso animal de más de un metro de envergadura está siendo diezmado por cazadores a los que poco les interesa su cuerpo como trofeo.

Sucede que de los órganos sexuales de estos pájaros se puede extraer y purificar una sustancia hormonal que, según una gran corriente de investigadores de los Estados Unidos, tiene un activo efecto como reconstituyente del sistema nervioso.

En otras palabras: la solución tan afanosamente buscada para enfermedades como el mal de Parkinson o la demencia senil depende de los testículos del águila calva.

Para obtener unos pocos miligramos de la droga hay que extirpar por lo menos dos docenas de testículos. Doce poderosas águilas que morirán por una nueva terapia que está lejos de ser reconocida legalmente. El extracto -del que no existe ningún informe oficial que avale su eficacia-cuesta 100 veces más que su peso en oro: por un miligramo se han pagado 3.500 dólares.

La cosa tiene mayor olor a negocio cuando los médicos que la prescriben explican que “cualquier cantidad es efectiva, quien diluya al 10% la dosis de un miligramo tardará diez veces más en notar mejorías que quien la use concentrada. A mayor cantidad de droga que  entre en el cuerpo, mayores progresos hacia la cura del mal”. Efectivo o inocuo -no para el águila, por supuesto- este extracto es una de las sustancias más caras del planeta.

Y no solo para curar es que han surgido los nuevos “polvos milagrosos”. También es decididamente escaso -y muy caro- el ámbar gris. Esta materia de aspecto pastoso se extrae de las proximidades del cerebro de un grupo de gigantescas ballenas dentadas (odontocetos) como el cachalote. De hecho, los contados cachalotes que aún quedan en el mundo no deberán su segura extinción próxima a la extracción del ámbar, pero es un factor más que contribuye a su matanza.

cachalote

15 metros y 7.000 kilos de valiosa e irrepetible vida marina sirven para llenar un pequeño recipiente de ámbar gris. De él se extrae el mejor compuesto fijador de perfumes que se conoce. Digámoslo de otra forma: para que el cuello de una dama retenga por tres o cuatro horas más que lo habitual la fragancia de su perfume, se pagan 50.000 dólares por todo el ámbar gris que se extrae de un cachalote adulto. Las conclusiones, por cuenta de quien está leyendo esta nota.

El gran rubro proveedor de este mercado de sustancias tan caras como escasas, es el de las necesidades sexuales insatisfechas. Basándose en la antigua creencia de que la ingestión de cierto órgano confiere a quien lo come las funciones que cumplía en vida la viscera en cuestión, existe un verdadero tráfico de extractos de hígado humano, tejidos cardíacos desecados, ovarios, etc. Pero la “moda” es la de consumir concentrados que ayuden a recuperar el vigor sexual que se perdió (o que nunca se tuvo).

En China y regiones cercanas se cree que la solución de saliva de golondrina, cura todas las dolencias de los ojos y el estómago. Según una corriente de investigadores, el extracto de una sustancia hormonal obtenida de los testículos de águila calva, soluciona enfermedades del sistema nervioso.
Japoneses, marroquíes y taiwaneses, sostienen que la deshidratación y pulverización de testículos de mandril aumenta el vigor sexual. Diez pastillas cuestan entre 500 y 2.000 dólares.
Un gramo de cuerno molido de rinoceronte sirve a los mismos fines y cuesta alrededor de mil dólares.

POTENCIA EN PASTILLAS
Al margen de sexólogos, psicoterapeutas y científicos que “blanquean” el tratamiento de estas disfunciones existe, como en los anteriores ejemplos, un mercado negro de compuestos que prometen efectos instantáneos y espectaculares. Dejando de lado pócimas, filtros, conjuros y demás, algunas sustancias se han transformado en las estrellas del mercado de los vigorizantes sexuales.

La colorida cola del mandril africano, un gran primate tan vistoso como agresivo, pronto va a poder ser vista tras los barrotes de una jaula en el zoológico. Cultores de renacidas terapias orientales anuncian que quien coma -preferentemente crudos- los testículos del desafortunado mono, se transformará en un verdadero macho cabrío, cuyo único límite en su rendimiento sexual será el cansancio de su compañera.

mono fricano

Adaptándose a los nuevos tiempos, aparentemente menos bárbaros, japoneses, marroquíes y taiwaneses han perfeccionado técnicas de deshidratación y pulverización de testículos de mandril para evitar el durotrance de consumirlos al natural.

Para quien desee ponerse al día en cuanto a satisfacciones hormonales haciendo uso del extracto de mono (mejor dicho de parte de él) le informamos que diez pastillas, producto de un par de testículos, cuestan entre 500 y 2.000 dólares, según la cara y la urgencia del comprador. Para obtener buenos resultados hay que tomar una pastilla por día… toda la vida. Debido al costo del “tratamiento” esta sustancia pasa a formar parte del surtido de nuestro selecto almacén.

Y sin cambiar de rubro, para aquellos que están más acostumbrados a dar excusas que a recibir elogios, del norte y el sudoeste de África promete venir la solución. Un polvo que, aunque la sola mención de su precio invite a la resignación, es de las sustancias más buscadas: el cuerno molido de rinoceronte: 1.000 dólares el gramo de alta pureza.

Aunque no es tan novedoso, la escasez de la materia prima -debida, paradójicamente, al comercio desenfrenado de sus cuernos- hace que el precio de esta sustancia aumente día a día. Debe tomarse mezclada con alcohol, todos los días. O sea que, aunque no produzca su promocionado efecto, luego de alguna sobredosis de “medicamento”, el usuario ya habrá olvidado para qué lo tomaba.

¿Oro, petróleo, piedras preciosas?…, no. Parece ser que los clásicos símbolos de riqueza dejan su lugar a extrañas sustancias, muchísimo más caras, que insólitamente se han convertido en la base de un comercio que mueve millones de dólares al año. En un mundo donde medio kilo de saliva de ave cuesta veinte veces más que medio kilo de oro, algo debe estar pasando. Algo muy extraño.

Fuente Consultada:Magazine Enciclopedia Popular Año 3 N°30

Francisco Solano: Su Profesía Sobre Esteco Ciudad Colonial

HISTORIA DE ESTECO Y SAN FRANCISCO SOLANO

Fue algo así como la Sodoma de la antigua tierra saltona: una ciudad de gente disipada, más propensa a las trapacerías y al goce inmediato de los placeres que a los esfuerzos disciplinados o a la sobriedad. Se llamaba Esteco, y los españoles la fundaron en el lugar más estratégico.

Quedaba más cerca del Perú que cualquier pueblo nacido con anterioridad y esa cercanía influyó, parece, en la conducta de sus pobladores, que tuvieron fácil acceso al lujo, las mercancías y las tentaciones de la mundana capital del Perú. Las encomiendas se fueron multiplicando én los alrededores a medida que los indios eran sujetos a regímenes de trabajo más severos y extenuantes.

Francisco Solano Santo

La riqueza producida por esa mano de obra esclava dió nacimiento a grandes fortunas. Se construyeron buenas casas, abundaron los muebles de lujo transportados desde el Perú a lomo de mula, se multiplicaron las fiestas y diversiones.

Según la tradición, San Francisco Solano advirtió severamente que, de continuar la población con esa vida disipada, un terremoto destruiría la ciudad junto con sus habitantes. Su voz fue desoída y no faltaron los que se burlaran de la profecía: se cuenta que a raíz de los sermones de Solano, cuando algunas niñas estequeñas iban de compras a las tiendas de Salta, preguntaban con tono picaresco a los vendedores sino tenían “cintas color temblor”.

Indiferente a las burlas, el santo permaneció un buen tiempo en Esteco y sus alrededores, donde moraban los indios del Gran Chaco o Chaco Gualamba, como se llamaba por entonces  la  impenetrable llanura que se extendía hacia el oriente salteño.  Cuentan antiguos cronistas que para entenderse con los numerosos grupos aborígenes de la región resultaba indispensable dominar decenas de dialectos.

Así lo hacían, empeñosamente, los escasos misioneros jesuítas y franciscanos consagrados a la reducción de los indios, puesto que las gentes de espada mostraban más inclinación a exterminar a los aborígenes  que  a  comunicarse   con ellos.

Según los relatos populares, San  Francisco  Solano  apelaba a sus dotes de violinista para atraer a los indios, que, sorprendidos al principio por la dulce música ejecutada por el sacerdote, se prestaban luego a escuchar sus referencias sobre el Dios, misericordioso, muerto por amor a los hombres.   Sin embargo, se mostraban más  bien  escépticos:  aquello de que “todos los hombres son hermanos” resultaba difícil de entender a la luz de su experiencia con los españoles.

Luego de sembrar su mensaje entre indios y blancos, San  Francisco  prosiguió  sus  andanzas por el norte y el noroeste, alejándose para siempre de la pecaminosa Estece  Su terrible profecía, no obstante, quedaba en píe y no tardó mucho en cumplirse.

ruinas de esteco

En septiembre de 1692 un violento terremoto sacudió las comarcas salteñas.   Aquel   “jardín   de   Venus” que era Esteco, cuyos caballeros montaban —según se cuenta— en cabalgaduras herradas con plata y oro, se desplomó, y bajo sus muros perecieron todos los habitantes.   Por si eso fuera poco, el río cercano salió de su cauce e inundó las ruinas formando sobre ellas un gran lago: sus aguas sirven de lápida para las vanidades y miserias de Esteco.

OTRA ANÉCDOTA SOBRE FRANCISCO SOLANO

La Conquista es pródiga en historias heroicas y empresas inverosímiles protagonizadas por barbados hijos de la península ibérica, Nada agradable, en cambio, era el panorama que se presentó a los idios después de la irrupción hispánica. Los hijos de la tierra se veían obligados a engrosar con su trabajo esclavo las fortunas de los encomenderos, que financiaban a su vez nuevas expediciones de conquista.

Esos personajes, que nunca tuvieron demasiados es-crúpulos, basaban su dominio en un sistema de explotación que horrorizaba a los espíritus sensibles, como lo era el de Francisco Solano, noble sacerdote que protagonizó muchos episodios que ya ingresaron en la leyenda.

Quien años después sería santificado por la Iglesia, anduvo por La Rioja cuando la opresión a los indígenas era más fuerte que nunca. Los aborígenes habían sido desalojados de sus tierras, en algunos casos trasladados en masa de sus comarcas para acallar rebeldías, destruÍdos inexorablemente por un régimen de trabajo brutal.

Los que intentaban escapar eran cazados con jaurías de perros amaestrados, y cuando se los atrapaba sufrían tormentos y humillaciones infamantes, como el de grabarles con hierro candente en carne viva la marca de su amo.

Cierta vez, invitado a almorzar por una de las familias más encumbradas de La Rioja, fray Francisco aceptó, pero antes de empezar a comer —dice la leyenda— tomó un trozo de pan y apretándolo con fuerza entre los dedos observó que de él escurría un líquido rojo: era sangre. Entonces el santo, que no era de los que hacen la vista gorda, se puso de pie y exclamó con energía: “¡No comeré jamás en la mesa en que se sirven alimentos amasados con la sangre de los pobres!… Carmelo Valdéz anota en sus Tradiciones Riojanas que San Francisco, al comprender que la prosperidad de los campos, los jardines y las huertas de la comarca era el fruto de la sangre, el dolor y la vida de los indios, “sacudió sus sandalias y diciendo “de La Rioja ni el polvo”, se marchó para no volver más”.

Fuente Consultada:
Hombres y Hechos de la Historia Argentina – Editorial Abril

Diferencias entre Mito, Susperstición y Magia Concepto

CONCEPTO DE MITO, MAGIA Y SUSPERTICIÓN

El Diccionario de la Real Academia Española define, con precisión, la diferencia entre mito, superstición y magia, formas que, a su vez, figuran en la escala de valores a distinto nivel la religión. La superstición  y la  magia son creencias carenaras de un fundamento racional, por ello no resisten el análisis de la ciencia. El mito es también una creación fabulosa, como narración de algo irreal imaginado por el hombre, pero que puede contener un mensaje correspondiente a alguna vivencia humana.

mito, magia y supersticion

La religión, en cambio, tiene una base real, debida a la experiencia y a la razón humana que descubren la existencia de Dios, fundamento de la creencia y adoración religiosa por parte del hombre. En todos los casos, los hechos narrados estarán a cargo de seres con facultades sobrenaturales, que podrán desempeñarse en el escenario de la tierra o del cielo, pero cuyas pasiones son las mismas que las del hombre.

Religión es la actitud que nos inclina a creer en Dios y adorarlo con el culto debido. La religión puede ser natural o sobrenatural, según sea resultado de la razón humana o de una especial revelación de Dios, como en el caso del judaismo y del cristianismo.

El mito, la superstición y la magia, por igual que la religión, apuntan hacia lo metaffeico; van pen busca de esa espiritualidad, intangible y abstracta que está más allá de lo simplemente físico o material, cuyos orígenes, sin embargo, trataron siempre de explicar. Los animales, las plantas y los minerales, los eclipses, el trueno, la lluvia y el rayo, la noche y el día, el sol, la luna, algunas estrellas, los cometas, las constelaciones, la presencia del hombre y de la mujer, son temas permanentes para las supersticiones, la magia y la mitología. Pero al paso que éstos confunden a Dios con algunos objetos de la naturaleza, la religión se dirige a Dios mismo. También otras motivaciones alimentan el rico manantial de festas creencias.

Según el grado de madurez de cada pueblo, aparecen como simples tótemes mi como iconos y personificaciones de genios y demonios; como dioses, en plural, que corresponden al politeísmo o como el dios único, en singular, propio de los cultos monoteístas. Cabe, a este respecto, un matiz especialísimo. Cuando en una religión se superpone un dios a otros, se dice que es “henoteísta”.

El tótem, símbolo de unión entre el hombre primitivo y su grupo, representa una fuerza que, según Durkheim, contiene, en potencia, las ideas religiosas superiores. Otros sociólogos trataron de demostrar, en cambio, que las tribus primitivas más elementales, situadas en el primer escalón de la familia humana, carecen de animismo y de totemismo; tienen, ya, la idea de un Ser supremo”.

Para algunos científicos contemporáneos ese último escalón, grado elementalísimo de toda civilización y cultura, dispone de atributos notables, ya que fue allí donde la humanidad, contrariamente a lo que se pensaba, comenzó su vida espiritual o superior.

Esta última teoría coincide con la creencia de una primitiva revelación de Dios al hombre. Opondremos dos categorías fundamentales: por un lado, superstición y magia; por el otro, mitología y religión. Aquellas creencias comprenden una serie de acciones y formulismos mediante los cuales el ser humano cree poder dirigir determinadas fuerzas, que estima superiores a su destino. Desea cambiar las normas impuestas por los hados; acomodar a su placerlas leyes de la naturaleza; provocar daños y beneficios.

La superstición y la magia no se someten a ninguna divinidad; simplemente la invocan, para especular con el más allá, en una relación de causa a efecto. Tampoco se interesan por los preceptos morales y no aspiran a exaltar lo bueno o a condenar lo malo.

La mitología y la religión, en cambio, reconocen la existencia de una fuerza espiritual superior, casi siempre personificable, a la que el hombre se somete y a la cual recurre mediante la oración, para suplicar ayuda o rogar, penitente, por la absolución de sus pecados.

Mito: Ficción alegórica,especialmente en materiareligiosa. La Mitología es la historia de los fabulosos dioses   y hé roes de la gentilidad. Superstición: Creencia extraña a la fe religiosa y contraria a la razón. Magia: Ciencia o arte que enseña hacer cosas admirables. Pero tam bién encanto, hechizo oatractivo con que una cosa deleita o suspende. La “magiablanca”es la que, por medio de causas naturales, obra efectos extraordinarios que parecen sobrenaturales. La “magia negra” es el arte supersticioso por medio del cual cree e vulgo que pueden hacerse, con ayuda del demonio, cosas extraordinarias.

Fuente Consultada: Enciclopedia Ciencia Joven Tomo II Edit. Cuántica

Ver: Supersticiones Populares

La Leyenda del Nacimiento de Buda y Origen del Budismo

VIDA DE GAUTAMA SIDARTA – ORIGEN DEL BUDISMO – EL NIRVANA –

Hacia el año 550 antes de Cristo, gobernaba un pequeño reino del norte de la India un rey de la dinastía Sakhya. Tenía un lujoso palacio a orillas del Ganges, el río sagrado, construido casi en la cresta de una escarpada colina, rodeada por las nieves del Himalaya. Estaba casado con Maya, princesa de acrisolada virtud, dedicada a extremas prácticas ascéticas, que la habían movido incluso a separar su lecho del de su esposo, que la respetaba y amaba tiernamente.

Una noche, Maya tuvo una visita inesperada; arrebatada de la tierra, se encontró frente a un elefante sonrosado, de seis colmillos; la tierna bestia se arrimó al costado de la reina y sin causarle el menor dolor, hirió con una de sus defensas la carne inmaculada.

Diez meses después de este sueño o suceso prodigioso, nació el príncipe Gautama Sidarta. Sobre un loto, apareció frente a Maya una tierna criatura rubia y rosada, mientras del cielo caía una lluvia de flores. El recién nacido descendió del loto y anduvo siete pasos hacia cada uno de los puntos cardinales (la teología hindú había establecido la existencia de siete cielos o espacios divinos, de los cuales el séptimo era accesible únicamente al principio supremo) y luego dijo: «Triunfaré del nacimiento y de la muerte y venceré a todos los demonios que hostigan al hombre».

estatua buda

Inmediatamente, cesó la lluvia de flores y el infante — pues volvió a serlo desde este instante— se reclinó nuevamente sobre el loto.

Todo el palacio había presenciado, sobrecogido, el prodigio. Y su cese restituyó al príncipe al mundo de los niños. Durante mucho tiempo, exactamente hasta que cumplió sus veintinueve años (uno menos que Cristo), Sidarta fue y creció como un hombre cualquiera. Al revés que Cristo, su educación y formación estuvieron marcadas por el signo aristocrático de su condición y, además, por una extrema brillantez. Superaba a sus amigos y condiscípulos en valor, agudeza y penetración. Sorprendía a todos los maestros.

Sólo el padre andaba inquieto por el porvenir de un príncipe tan encantador. Porque un asceta — de los muchos que visitaban el palacio, a causa de su esposa— le había predicho, con toda seriedad, que, en efecto, Sidarta sería el mejor rey que el país hubiera conocido jamás. Mas, si por ventura — o malaventura, pensaría el rey — se volviera sobre la vanidad de la existencia y se introdujera en las prácticas ascéticas, nada podría ya separarle de ellas. Ignoramos con qué designios facilitó el asceta estos datos al perplejo rey.

Pensó éste que nada sino el amor de una hermosa mujer sería táctica eficaz para conjurar este gran riesgo. Y en efecto, Sidarta se enamoró locamente de la bellísima Yasodhara, con la que contrajo matrimonio y de la que, en seguida, hubo un hijo. La leyenda insiste en el gozoso aislamiento en que por esta época vivía el príncipe: ocupaciones deportivas, fiestas y ahora el amor de su mujer y del nuevo principito. Pero, de lo que acontecía al otro lado de las moradas de los nobles, ignorancia absoluta y apartamiento radical. Era otro mundo y sus leyes otras leyes.

¿Qué movió a Sidarta a abandonar su palacio y trasponer el muro separador? ¿Una cierta inquietud insatisfecha que aguijoneaba la corteza del príncipe feliz? En cualquier caso, aquella excursión a Kapilavastu fue decisiva. He aquí lo que Sidarta encontró: un mendigo viejo y llagado que tendía su escudilla al borde del camino; el cortejo fúnebre de una joven madre cuyo esposo e hijos lloraban sin consuelo, al borde de la pira funeraria; la palabra de un asceta macilento que, tras predicar altivamente la virtud a una muchedumbre absorta e ignorante, les suplicaba con humildad alimento para sustentarse.

Y obsérvense ahora las conclusiones que de esta salida obtiene la leyenda: Sidarta comprobó la existencia de la muerte y el dolor en el mundo y resolvió liberar de ellos a los hombres, o, mejor dicho, liberarles de su temor, pues el sufrimiento procede del temor y el temor de la ignorancia. Por consiguiente, el punto de partida de Buda sería absolutamente irreligioso y, en cierto modo, racionalista.

Tuvo que darse en su alma, forzosamente, una simpatía hacia ese desajuste del mundo que tan hondamente le conturbó. Y al propio tiempo, despertarse en él una convicción íntima de que estaba capacitado para derrotar la ignorancia del mundo (dejando aparte lo divino que hubiera en su naturaleza, pues los datos de la leyenda no permiten inferir que, en esta sazón, poseyera Sidarta conciencia de su divinidad).

Todo ello suscitó en él la decisión de abandonar palacio, padres, mujer e hijos, de renunciar a sus riquezas — no por remediar pobreza ajena, sino por desembarazarse de un obstáculo para la sabiduría— y de consagrarse a investigar la causa del desajuste, pues, ante todo, era necesario «saber».

Una pintura siamesa, muy reproducida en los estudios dedicados a Buda, nos relata que éste abandonó su palacio a caballo, mientras dioses y «boddishatvas» colocaban sus palmas bajo los cascos del animal, para que no despertaran los seres queridos.

Buscó Sidarta, primero, el sabio parecer de los eremitas del Pico de los Buitres. Pero encontró que su penitencia y su gimnasia del dolor eran estériles porque se habían constituido en fin, sin buscar la gran causa del dolor de los hombres ni su provecho. El resultado de las prácticas ascéticas conducía todo lo más a una perfección del asceta y eso no redundaba en beneficio de la gran cuestión, que concernía a todos los hombres.

Así que Sidarta, desengañado, pero firme en su propósito, reanudó su peregrinación. Tomó de un cadáver abandonado el manto con que sus huesos se cubrían y se hizo un ropaje holgado que le cubriera hasta los hombros. Andaba absorto, caminando hacia la Sabiduría, sabiendo que la hallaría, pero ignorando dónde. Cuando el hambre le volvía en sí, pedía limosna. Y no pronunciaba palabra alguna. No recogían sus ojos la belleza de las estaciones ni se perturbaba su carne al sentir la lluvia o el rayo de fuego solar.

Finalmente, llegó ante un grueso árbol, cuyas ramas bajas se inclinaban, polvorientas, hasta el suelo y supo que allí le sería dada la sabiduría. Lo rodeó siete veces, desafiando a los dioses: «No me moveré de aquí hasta que sepa».

Recogió una brazada de las hojas caídas, las apiló y se sentó sobre ellas en la postura que tan familiar nos es a través de la iconografía: su mano derecha tocaba el suelo, como para no perder el contacto con esa tierra habitada por los hombres a quienes había que instruir.

No se sabe el tiempo que Buda permaneció así. Probablemente el tiempo se detuvo. Mará, dios maligno e inteligente, que comprendió el peligro de esa detención, diluvió sobre el contemplativo toda clase de Tentaciones y precipitaciones «celestiales». Finalmente le envió a sus seductoras hijas, imagen viva de la concupiscencia. Se cuenta que, así como Sidarta recibió impasible el rayo, el granizo, la lluvia y el fuego (a veces protegido con el cuerpo de los buenos espíritus), cuando notó la presencia de las lascivas danzarinas alzó sus ojos hacia ellas. Y su mirada las convirtió en viejas arrugadas, de espantoso aspecto.

En ese mismo momento, Sidarta supo. Era el deseo de nacer y el mismo nacimiento, lo que ocasiona el dolor. Es, pues, menester abandonar ese deseo y sustituirlo por el de entrar, de una vez para siempre, en el Nirvana.

En tanto exista, arraigado en la naturaleza, el anhelo de volver a incorporarse a un cuerpo, se producirá la transmigración del alma y, con ella, el riesgo de empeorar de condición por una existencia nueva en circunstancias difíciles. Superando el deseo de nacer se accederá directamente al Nirvana. Por ello es menester aprovechar la existencia actual cumpliendo puntualmente la obligación moral.

Se ve, pues, cómo Sidarta acepta el postulado básico del brahmanismo de la purificación del alma, a través de un número indefinido de existencias, cuya calidad está determinada por el mérito o demérito contraídos en la anterior.

Mara, empero, le propone — ya directamente, cara a cara — la última tentación, lógica consecuencia de la ciencia hallada. «Aprovecha, pues, ese conocimiento y entra ahora mismo en el Nirvana. No corras tú nuevo riesgo pretendiendo existir por más tiempo». Pero Sidarta — de ahora en adelante será llamado «el Buda», esto es, «El Iluminado» — no abriga ya ningún temor por sí mismo. «No entraré en el Nirvana hasta que enseñe a todos los que viven la manera de hacerlo por sí mismos. Están solos, pero su soledad les es suficiente. Deben saberlo».

Y  Mará, derrotado, se retira definitivamente.

Buda vuelve al camino. Pronto reúne unos cuantos discípulos y se encamina con ellos a Benarés, la ciudad santa, donde expondrá su famosa doctrina de la vía media: «Entre el ascetismo seco y complicado y los deleites del mundo, allí, precisamente en la mitad de esa línea, está la Verdad. No despreciéis vuestra condición actual; representa un castigo por vuestras faltas pasadas, pero puede ser el instrumento precioso para proporcionaros la entrada definitiva en Lo-Que-No-Es-Más».

Y  les dio unas reglas prácticas de vida pura, cuyo eje estaba, precisamente, en respetar toda vida, pues en ella radicaba siempre una posibilidad de entrar en el Nirvana.

La predicación de Buda duró casi cincuenta años. Los adeptos se multiplicaron. Hasta su esposa e hijo se convirtieron en discípulos. Por el contrario, encontró en los brahmanes unos enemigos irreductibles. En ello se mezcló una vez más el cuidado por las cosas de este mundo: «Por eso, vosotros, brahmanes soberbios, no poseéis la verdad y en vano mediríais vuestra santidad con la mía». Buda era de la casta Chatria, por pertenecer a la dinastía Sakhya, y su lengua y milagros fueron considerados como puro artificio político en beneficio propio.

La vida retirada y desprendida de los budistas convencería pronto al «pueblo» de que no había engaño posible. Y el «pueblo», sin comprender del todo la doctrina, se rendía a la presencia humilde —y, por supuesto, taumatúrgica— del Bienaventurado, como empezó a llamársele.

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Fuente Consultada:
Enciclopedia Temática Familiar Grandes Figuras de la Humanidad Entrada: BUDA

Teoría del Homunculo en la Concepción Humana

Siempre se ha considerado el nacimiento de un nuevo individuo como un acontecimiento muy importante, pero hasta el siglo XIX no llegó a comprenderse con precisión el complejo proceso reproductor.

Todos los mamíferos, incluido el hombre, se multiplican por reproducción sexual. En el siglo XVII, el renombrado microscopista holandés Antón von Leeuwenhoek construyó un microscopio que le permitió ver que el semen (fluido emitido por el macho en la cópula) contenía pequeñas células cabezudas, los espermatozoides o células masculinas.

Las células femeninas correspondientes, los óvulos, no se descubrieron hasta 1827, año en que Karl Ernst von Baer, pionero de la embriología, las observó. En este intervalo se discutió acaloradamente acerca de los papeles respectivos del espermatozoide, llamado también espermio y espermatozoo, y el óvulo: algunos creían que el espermatozoide contenía un homúnculo o ser humano en miniatura y que la función del óvulo se limitaba a proporcionarle alimento a lo largo de la gestación.

La postura contraria postulaba que el papel del espermio era activar el ser humano preformado que se encontraba en el óvulo. En la actualidad sabemos que los homúnculos no existen y que los organismos complejos se forman mediante división celular controlada por los genes que cada célula contiene y que dirigen el desarrollo de la totalidad. Esto explica por qué los niños tienen características tanto del padre como de la madre. El óvulo y el espermatozoide tienen, pues, la misma importancia.

La teoría del homúnculo se aceptó hasta 1827, año en que el pionero de la embriología, Karl Ernst von Baer, descubrió la existencia del óvulo. El descubrimiento de los espermatozoides por el micro scopista holandés Antón von Leeuwenhoek en 1677 llevó a pensar que el espermio humano contenía un hombrecito en miniatura, completamente formado, al que el óvulo sólo le servía como alimento. Las teorías contrarias sostenían que el homúnculo se hallaba en el óvulo, y el espermatozoide se limitaba a activarlo. En 1759, el naturalista Caspar Fríedrich Wolff refutó estas teorías preformacionistas en su obra Theoria generatíonis en la que se anticipaban un siglo los descubrimientos de la embriología.

homunculo

El término homúnculo, según Wikipedia, parece haber sido usado por primera vez por el alquimista Paracelso, quien una vez afirmó haber creado un homúnculo al intentar encontrar la piedra filosofal. La criatura no habría medido más de 30 centímetros de alto y hacía el trabajo normalmente asociado con los golems. Sin embargo, tras poco tiempo, el homúnculo se volvía contra su creador y huía. Actualmente la definción de la RAE es: Ser con características humanas, generalmente deforme y creado artificialmente.

Fuente Consultada:
El Arbol de la Sabiduría Fasc. N°53 La Concepción Humana

Primer Libro Impreso en América La Imprenta de los Jesuitas

IMPRENTA E INCUNABLES EN IBEROAMÉRIGA
El arte de imprimir cobró auge considerable en la América Española inmediatamente después de la conquista, ya que era urgente disponer de una literatura religiosa que ayudara a los misioneros en la evangelización de los indios.

La primera imprenta quedó establecida en México en 1539 por instigación del primer obispo de la Nueva España fray Juan de Zumárraga, y del primer virrey, don Antonio de Mendoza.

El primer impresor fue el italiano Juan Pablos, que celebró un contrato con el impresor alemán Juan Cromberger, establecido en la ciudad de Sevilla. Se cree que el primer libro impreso fue la Escala Espiritual de San Juan Clí-maco, traducida por fray Juan de Estrada, pero bl primer libro que lleva la fecha de 1539 es Breve y Más Compendiosa Doctrina Cristiana en Lengua Castellana y Mexicana, impreso por Drden del mismo Zumárraga.

Las publicaciones se sucedieron en forma ininterrumpida y la bibliografía comentada de los libros impresos en México en el siglo XVI y XVII forma hoy voluminosos catálogos. Notables eruditos como Joaquín García Icazbalceta (1825-1896), Vicente de P. Andrade (1844-1915), Nicolás León (1859-1929), en México, y José Toribio Medina (1852-1930), en Chile, han hecho estudios extensos sobre el origen de la imprenta y sus primeras publicaciones en toda Hispanoamérica.

En la historia de la imprenta en Hispanoamérica corresponde cronológicamente el segundo lugar a la ciudad de Lima, en el Perú. El primer impresor allí fue Antonio Ricardo, y el primer libro, Doctrina Cristiana, y Catecismo
para Instrucción de los Indios y de las Demás Personas que Han de Ser Enseñadas en Nuestra Santa Fe. En Guatemala la imprenta fue establecida en el año de 1660 y su propulsor fue el agustino fray Payo de Ribera. El primer impresor en este país fue José de Pineda Ibarra.

En el virreinato de La Plata la primera publicación impresa apareció en 1705 y fue una obra de tipo religioso escrita por los misioneros jesuítas. En la Habana el impreso más antiguo que se conoce por referencia lleva como fecha el año de 1707. En el virreinato de la Nueva Granada fueron los jesuítas también los que hicieron la primera publicación, en 1739. En Quito data el primer impreso del año 1760; en Chile, es del año 1776.

Corrientes Colonizadoras del Oeste Primeras Ciudades del Virreinato

CORRIENTES COLONIZADORAS:
FUNDACIÓN DE CIUDADES

Corriente del oeste — Cuyo dependía de Chile de acuerdo a la capitulación dada por Pedro de la Gasca (1548) a Pedro de Valdivia, que le otorgaba jurisdicción en una zona comprendida entre los paralelos 27 y 41 y cien leguas hacia el este (meridiano 64). Comprendía las provincias de Mendoza, San Juan y San Luis en donde habitaban los huarpes. Se independizó de Chile cuando se creó el virreinato del Río de la Plata.

corrientes colonizadoras

El primero que cruzó el territorio fue Villagra (1551) que iba del Perú a Chile (después de sacar a Núñez de Prado de la dudad del Barco). A fines de 1559, siendo gobernador de Chile García Hurtado de Mendoza. llegó a Chile una delegación de indios huarpes para pedir animales lanares y que los españoles colonizaran Cuyo. Se envió a Pedro de del Castillo, que el 2 de marzo de 1561 fundó Mendoza (en honor de don García).

Cuando Villagra reemplazó a don García, Juan Jufré sustituyó a Castillo. Este trasladó la ciudad a media legua de distancia, en un lugar más alto (28 de marzo de 1562). El 13 de junio de 1562 levantó más al norte un asiento para pacificar a los indios y afianzar su dominación: San Juan de la Frontera.

Villagra le ordenó buscar una salida hacia el mar, por lo que llegó hasta Córdoba, pero no pudo establecer ninguna población que asegurase un camino pacificado hacia Mendoza.

Recién en 1596, siendo gobernador de Chile Martín García Oñez de Loyola, su teniente de gobernador en Cuyo,Luis Jofré de Loazza fundó San Luis de la Punta. Cuyo dependió de Chile hasta 1776.

Fuente Consultada: Historia Argentina de Etchart – Douzon – Wikipedia –

Sanguijuelas para curar la mala sangre Extraer sangre sin dolor

Si alguna vez ha sido presa de una sanguijuela, sabrá que una característica sorprendente e inquietante reside en que sólo después de que este parásito terminó su festín, usted se percató de que había sido su víctima.

Desde la época de los romanos, los médicos han asado la capacidad de las sanguijuelas de extraer sangre sin dolor. Hasta ya avanzado el siglo XIX se creía que muchas enfermedades procedían de la “mala sangre” y que la cura más eficaz consistía en abatir su volumen. El remedio solía ser peor que la enfermedad, porque algunos pacientes perdían tanta sangre que morían.

Los médicos ingleses y franceses eran partidarios de las sanguijuelas. En 1820 Inglaterra agotó sus reservas de sanguijuelas y tuvo que importarlas. En esa época, los quimicos y barberos las vendían para uso doméstico y muchas Lunillas las conservaban como parte del botiquín. A pesar de su aspecto repugnante, una sanguijuela aplicada a un ojo amoratado u otra contusión puede aliviar rápidamente.

sanguijuelas

las sanguijuelas son gusanos que viven en agua en todo el mundo, y en tierra en zonas tropicales. No siempre dependen de la sangre para vivir, pero aprovechan la oportunidad de cebarse en algún vertebrado.

Cuando ha encontrado una, víctima, se adhiere rápidamente a ella con su ventosa. Fauces retractiles dentro de ésta, alrededor de la boca, desgarran la piel. Con una probóscide semejante a la de un mosquito succiona la sangre y tarda de 10 minutos a más de una hora en alimentarse, tiempo en que su aspecto cambia de la forma de un cordón a algo parecido a una babosa.

Ya satisfecha, se desprende, dejando en su víctima humana una herida pruriginosa que sigue sangrando por varias horas. Esto, aunado a la naturaleza indolora de su succión, se debe a una sustancia anticoagulante llamada hirudina, presente en su saliva.

Las sanguijuelas cayeron en desuso alrededor de 1860, excepto en algunas partes de Europa y Asia, aunque los investigadores mantuvieron su interés en las propiedades anticoagulantes de la saliva de este gusano. Hoy día se usa extracto de hirudina en personas con riesgo de sufrir una obstrucción circulatoria.

Desde la década de 1980, algunos cirujanos han usado sanguijuelas vivas por que se ha descubierto que su saliva no sólo adelgaza la sangre, también dilata las venas. Alunas veces se aplican sanguijuelas para ensanchar los vasos sanguíneos cuando es necesario unir diminutas venas en víctimas de accidentes o reparar la superficie de estos canales en operaciones plásticas.

Si durante un paseo en el campo descubre que una sanguijuela se ha adherido a su piel, puede obligarla a desprenderse con un cerillo encendido, alcohol, vinagre o sal. Retírela con cuidado para evitar que su ventosa y probóscide se rompan y puedan causar una infección. Un lápiz hemostático ayudará a detener la hemorragia.

LAS SANGUJUELAS EN EL SIGLO XXI: Estos animales ayudan a restablecer la circulación sanguínea al provocar una pequeña hemorragia que imita a la circulación venosa en el área delicada donde se produce el injerto. Descongestionan los vasos sanguíneos, restablecen la presión sanguínea y la circulación normal.

Así que una cosa tan arcaica como las sanguijuelas se utiliza hoy en lo más avanzado que hay en medicina, la microcirugía, existiendo incluso estudios que aseguran que el uso de sanguijuelas alcanza el doble de éxito en la recuperación de tejidos trasplantados en comparación con lo que ocurre con fármacos u otros procedimientos médicos.

El método es simple, pero desagradable. Al principio se siente un pequeño pinchazo y una leve sensación de ardor, que pronto desaparece por el efecto analgésico de su saliva. Llena de sangre, una sanguijuela puede medir hasta 15 cm.

Uso de sanguijuela para sangrias humana Medicamentos antiguos

Uso de Sanguijuela Para Sangrías en Humanos
Medicamentos Antiguos

Sobre ventosas y sanguijuelas: En cuanto a ciertos procedimientos “curativos” curiosos no podemos resistir la tentación de mencionar las sanguijuelas y las populares ventosas, estas últimas de uso frecuente hasta la mitad del siglo XX. Las primeras —que poseen una boca chupadora provistas de tres mandíbulas córneas de 90 dientes y con la cual hacen succión para extraer del animal la sangre con la que se alimentan— se utilizaron desde la antigüedad como instrumento de sangrías humanas y fueron de uso popular en el Buenos Aires del siglo XIX, hasta tal punto que en 1826, según se registra en el Archivo General de la Nación, se produjo un enojoso episodio protagonizado por el médico Miguel Rivera, quien se quejaba al asentista Whitfield por proveer al Hospital General de sanguijuelas nacionales, pues, argumentaba, que si bien eran más baratas producían “resultados funestos”, dado que el anélido en cuestión no se prendía al cuerpo del sangrado con la suficiente fuerza con que lo hacían los europeos.

sanguijuelas en la medicina

De allí que exigiera (y al parecer consiguiera) la importación de sanguijuelas europeas. De todas maneras, existían otras opiniones que afirmaban que en la práctica “de todas las sanguijuelas buenas de Europa que hoy se hallen en Buenos Aires, tal vez alcancen a desempeñar tres días en el Hospital, más éstas mueren con más facilidad que las otras (las nacionales), ya que concluidas que sean ¿no sentiremos luego la necesidad de las de nuestros charcos? Los más de los días prenden de cuarenta arriba sin que entre ellas haya una sola europea”, por lo que quedaba desmentida, al parecer, que las importadas resultaban poco útiles para efectuar sangrías en comparación con las sanguijuelas argentinas.

En cuanto a la obtención de estos pequeños y desagradables chupadores en los manuales farmacéuticos de la época figuraban instrucciones que debían seguirse en los criaderos de sanguijuelas, que, por otra parte, habían proliferado debido a la demanda.

Entre las instrucciones figuraba la de criarlas en estanques de un metro y medio de profundidad, renovando el agua continuamente y evitar que ésta contuviera demasiado ácido tánico o cal. También aconsejaba alimentar a las sanguijuelas cada seis meses introduciendo en los viveros vejigas llenas de sangre fresca. Respecto de las ventosas, digamos que se trataba de recipientes especiales que se aplicaban sobre una parte del cuerpo—generalmente la espalda—, previo encendido de una me-cha de algodón embebida en alcohol que luego se cubría con el recipiente.

De esa forma se ejercía una aspiración que provocaba el vacío y, por consiguiente, se lograba atraer la sangre a los pequeños vasos de la zona para descongestionar los pulmones, según se decía. En muchos hogares, principalmente en la campaña, donde no se disponía de aquellos recipientes y elementos especialmente fabricados para la maniobra, se utilizaban copas domésticas de regular tamaño y un pequeño trozo de papa sobre la cual se plantaba un fósforo encendido que luego se cubría para producir el efecto.

Los pacientes así tratados quedaban con la espalda y la piel como si hubiesen sido sometidos a una molesta sesión de tortura casera, sin que, para colmo de males, mejorara para nada la presunta congestión bronquial.

Ampliación del Tema

Si alguna vez ha sido presa de una sanguijuela, sabrá que una característica sorprendente e inquietante reside en que sólo después de que este parásito terminó su festín, usted se percató de que había sido su víctima.

Desde la época de los romanos, los médicos han asado la capacidad de las sanguijuelas de extraer sangre sin dolor. Hasta ya avanzado el siglo XIX se creía que muchas enfermedades procedían de la “mala sangre” y que la cura más eficaz consistía en abatir su volumen. El remedio solía ser peor que la enfermedad, porque algunos pacientes perdían tanta sangre que morían.

Los médicos ingleses y franceses eran partidarios de las sanguijuelas. En 1820 Inglaterra agotó sus reservas de sanguijuelas y tuvo que importarlas. En esa época, los químicos y barberos las vendían para uso doméstico y muchas Lunillas las conservaban como parte del botiquín. A pesar de su aspecto repugnante, una sanguijuela aplicada a un ojo amoratado u otra contusión puede aliviar rápidamente.

las sanguijuelas son gusanos que viven en agua en todo el mundo, y en tierra en zonas tropicales. No siempre dependen de la sangre para vivir, pero aprovechan la oportunidad de cebarse en algún vertebrado.
Cuando ha encontrado una, víctima, se adhiere rápidamente a ella con su ventosa. Fauces retractiles dentro de ésta, alrededor de la boca, desgarran la piel. Con una probóscide semejante a la de un mosquito succiona la sangre y tarda de 10 minutos a más de una hora en alimentarse, tiempo en que su aspecto cambia de la forma de un cordón a algo parecido a una babosa.

Ya satisfecha, se desprende, dejando en su víctima humana una herida pruriginosa que sigue sangrando por varias horas. Esto, aunado a la naturaleza indolora de su succión, se debe a una sustancia anticoagulante llamada hirudina, presente en su saliva.

Las sanguijuelas cayeron en desuso alrededor de 1860, excepto en algunas partes de Europa y Asia, aunque los investigadores mantuvieron su interés en las propiedades anticoagulantes de la saliva de este gusano. Hoy día se usa extracto de hirudina en personas con riesgo de sufrir una obstrucción circulatoria.

Desde la década de 1980, algunos cirujanos han usado sanguijuelas vivas por que se ha descubierto que su saliva no sólo adelgaza la sangre, también dilata las venas. Alunas veces se aplican sanguijuelas para ensanchar los vasos sanguíneos cuando es necesario unir diminutas venas en víctimas de accidentes o reparar la superficie de estos canales en operaciones plásticas.

Si durante un paseo en el campo descubre que una sanguijuela se ha adherido a su piel, puede obligarla a desprenderse con un cerillo encendido, alcohol, vinagre o sal. Retírela con cuidado para evitar que su ventosa y probóscide se rompan y puedan causar una infección. Un lápiz hemostático ayudará a detener la hemorragia.

LAS SANGUJUELAS EN EL SIGLO XXI: Estos animales ayudan a restablecer la circulación sanguínea al provocar una pequeña hemorragia que imita a la circulación venosa en el área delicada donde se produce el injerto. Descongestionan los vasos sanguíneos, restablecen la presión sanguínea y la circulación normal.

Así que una cosa tan arcaica como las sanguijuelas se utiliza hoy en lo más avanzado que hay en medicina, la microcirugía, existiendo incluso estudios que aseguran que el uso de sanguijuelas alcanza el doble de éxito en la recuperación de tejidos trasplantados en comparación con lo que ocurre con fármacos u otros procedimientos médicos.

El método es simple, pero desagradable. Al principio se siente un pequeño pinchazo y una leve sensación de ardor, que pronto desaparece por el efecto analgésico de su saliva. Llena de sangre, una sanguijuela puede medir hasta 15 cm.

Ver: Terapia de Contacto Con Animales

Fuente Consultada: Revista “Todo es Historia” Nota de Juan Ángel del Bono

San Simón (Simeon) El Estilita Vida de Santos Historia Iglesia Papas

Nace cerca del año 400 en el pueblo de Sisan, en Cilicia, cerca de Tarso, donde nació San Pablo. (Estilita significa: el que vive en una columna).

san simeon

De pequeño se dedicaba a pastorear ovejas por los campos, pero un día, al entrar en una iglesia, oyó al sacerdote leer en el sermón de la Montaña las bienaventuranzas, en el capítulo 5 del evangelio de San Mateo. Se entusiasmó al oír que Jesús anuncia: “Dichosos serán los pobres, porque de ellos es el Reino de los cielos. Dichosos los puros de corazón porque ellos verán a Dios”. Se acercó a un anciano y le preguntó qué debería hacer para cumplir esas bienaventuranzas y ser dichoso. El anciano le respondió: “Lo más seguro seria irse de religioso a un monasterio”.

Se estaba preparando para ingresar a un monasterio, y pedía mucho a Dios que le iluminara qué debía hacer para lograr ser santo e irse al cielo, y tuvo un sueño: vio que empezaba a edificar el edificio de su santidad y que cavaba en el suelo para colocar los cimientos y una voz le recomendaba: “Ahondar más, ahondar más”. Y al fin oyó que la voz le decía: “Sólo cuando seas lo suficientemente humilde, serás santo”.

A los 15 años entró a un monasterio y como era muy difícil conseguir libros para rezar, se aprendió de memoria los 150 salmos de la S. Biblia, para rezarlos todos cada semana, 21 cada día.

Se le considera el inventor del cilicio, o sea de una cuerda hiriente que algunos penitentes se amarran en la cintura para hacer penitencia. Se ató a la cintura un bejuco espinoso y no se lo quitaba ni de día ni de noche. Esto para lograr dominar sus tentaciones. Un día el superior del monasterio se dio cuenta de que derramaba gotas de sangre y lo mandó a la enfermería, donde encontraron que la cuerda o cilicio se le había incrustado entre la carne. Difícilmente lograron quitarle la cuerda, con paños de agua caliente. Y el abad o superior le pidió que se fuera para otro sitio, porque allí su ejemplo de tan extrema penitencia podía llevar a los hermanos a exagerar en las mortificaciones.

Se fue a vivir en una cisterna seca, abandonada, y después de estar allí cinco días en oración se le ocurrió la idea de pasar los 40 días de cuaresma sin comer ni beber, como Jesús. Le consultó a un anciano y éste le dijo: “Para morirse de hambre hay que pasar 55 días sin comer. Puede hacer el ensayo, pero para no poner en demasiado peligro la vida, dejaré allí cerca de usted diez panes y una jarra de agua, y si ve que va desfallecer, come y bebe.” Así se hizo. Los primeros 14 días de cuaresma rezó de pie. Los siguientes 14 rezó sentado. Los últimos días de la cuaresma era tanta su debilidad que tenía que rezar acostado en el suelo. El domingo de Resurrección llegó el anciano y lo encontró desmayado y el agua y los panes sin probar. Le mojó los labios con un algodón empañado en agua, le dio un poquito de pan, y recobró las fuerzas. Y así paso todas las demás cuaresmas de su larga vida, como penitencia de sus pecados y para obtener la conversión de los pecadores.

Se fue a una cueva del desierto para no dejarse dominar por la tentación de volverse a la ciudad, llamó a un cerrajero y se hizo atar con una cadena de hierro a una roca y mandó soldar la cadena para no podérsela quitar. Pero varias semanas después pasó por allí el Obispo de Antioquía y le dijo: “Las fieras sí hay que atarlas con cadenas, pero al ser humano le basta su razón y la gracia de Dios para no excederse ni irse a donde no debe”. Entonces Simeón, que era humilde y obediente, se mandó quita la cadena.

De todos los países vecinos y aun de países lejanos venían a su cueva a consultarlo y a pedirle consejos y las gentes se le acercaban para tocar su cuerpo con objetos para llevarlos en señal de bendición, y hasta le quitaban pedacitos de su manto para llevarlos como reliquias.

Entonces para evitar que tanta gente viniera a distraerlo en su vida de oración, se ideó un modo de vivir totalmente nuevo y raro: se hizo construir una columna de tres metros para vivir allí al sol, al agua, y al viento. Después mandó hacer una columna de 7 metros, y más tarde, como la gente todavía trataba de subirse hasta allá, hizo levantar una columna de 17 metros, y allí pasó sus últimos 37 años de su vida.

Columna se dice “Stilos” en griego, por eso lo llamaron “Simeón el estilita”.

No comía sino una vez por semana. La mayor parte del día y la noche la pasaba rezando. Unos ratos de pie, otros arrodillado y otros tocando el piso de su columna con la frente. Cuando oraba de pie, hacía reverencias continuamente con la cabeza, en señal de respeto hacia Dios. En un día le contaron más de mil inclinaciones de cabeza. Un sacerdote le llevaba cada día la Sagrada Comunión.

Para que nadie vaya a creer que estamos narrando cuentos inventados o leyendas, recordamos que la vida de San Simeón Estilita la escribió Teodoreto, quien era monje en aquel tiempo y fue luego Obispo de Ciro, ciudad cercana al sitio de los hechos. Un siglo más tarde, un famoso abogado llamado Evagrio escribió también la historia de San Simeón y dice que las personas que fueron testigos de la vida de este santo afirmaban que todo lo que cuenta Teodoreto es cierto.

Las gentes acudían por montones a pedir consejos. El les predicaba dos veces por día desde su columna y los corregía de sus malas costumbres. Y entre sermón y sermón oía sus súplicas, oraba por ellos y resolvía pleitos entre los que estaban peleados, para amistarlos otra vez. A muchos ricos los convencía para que perdonaran las deudas a los pobres que no les podían pagar.

Convirtió a miles de paganos. Un famoso asesino, al oírlo predicar, empezó a pedir perdón a Dios a gritos y llorando.

Algunos lo insultaban para probar su paciencia y nunca respondió a los insultos ni demostró disgusto por ellos.

Hasta Obispos venían a consultarlo, y el Emperador Marciano de Constantinopla se disfrazó de peregrino y se fue a escucharlo y se quedó admirado del modo tan santo como vivía y hablaba.

Para saber si la vida que llevaba en la columna era santidad y virtud y no sólo un capricho, los monjes vecinos vivieron y le dieron orden a gritos de que se bajara de la columna y se fuera a vivir con los demás. Simeón, que sabía que sin humildad y obediencia no hay santidad, se dispuso inmediatamente a bajarse de allí, pero los monjes al ver su docilidad le gritaron que se quedara otra vez allá arriba porque esa era la voluntad de Dios.

Murió el 5 de enero del año 459. Estaba arrodillado rezando, con la cabeza inclinada, y así se quedó muerto, como si estuviera dormido. El emperador tuvo que mandar un batallón de ejército porque las gentes querían llevarse el cadáver, cada uno para su ciudad. En su sepulcro se obraron muchos milagros y junto al sitio donde estaba su columna se construyó un gran monasterio para monjes que deseaban hacer penitencia.

Señor Jesucristo; haz que como Simeón el Estilita, recordemos todos aquellas palabras tuyas: “Si no hacéis penitencia, todos pereceréis” y que nos dediquemos también a ofrecer penitencias por nuestros pecados y por los pecados del mundo entero. Amén.

Fuente Consultada: Sitio Web hurch Forum

Medicamentos Caseros Historia de Remedios de Nuestros Abuelos Recetas

Medicamentos Caseros Historia de Remedios

El aspecto más importante de la vida es nuestra salud. Hoy en día, cuando algo va mal en nuestro cuerpo, buscamos una solución al problema a través de la medicación. La ciencia moderna nos ofrece un sinfín de drogas efectivas a las que recurrir, pero la practica de probar sustancias extrañas para tratar una enfermedad se practicaba ya en la Antigüedad.

Hipócrates, para calmar el dolor, aconsejaba tomar corteza de sauce —lo cual tenía sentido—, y también recetaba los excrementos de paloma contra la calvicie —lo cual no tenía sentido alguno—.Hasta el día de hoy se han inventado y preparado un asombroso número de remedios. Pero no fue hasta el siglo XX cuando los Gobiernos empezaron a introducir ciertas regulaciones para garantizar que las pretensiones de los fabricantes fueran legítimas y que los productos que fabricaban no hicieran más mal que bien a los consumidores.

Llegó un momento en que estas regulaciones fueron casi forzosas dado el surtido incontrolado de medicinas que había inundado el mercado a finales del siglo XIX, que fue la era de los medicamentos específicos.

¿Por qué recibían este nombre? Porque a mediados del siglo XVII, en Inglaterra, algunos fabricantes de preparados médicos pidieron, y obtuvieron, patentes reales para sus productos. La patente protegía los derechos del propietario sobre el producto y le daba cierto aire de prestigio. Los fabricantes no tenían ninguna obligación de demostrar si eran seguros o eficaces.

Más tarde, la expresión se aplicaba a cualquier producto fabricado en cantidades industriales que no tuviera ninguna regulación en los ingredientes, que se promocionara a través de una publicidad no controlada y que sirviera para curar toda clase de enfermedades comunes del ser humano.

El Compuesto Vegetal de Lidia Pinkham fue el que tuvo más éxito de todos. La señora Pinkham empezó a interesarse por la medicina casera después de la muerte de varios miembros de su familia. Se volcó en el espiritualismo y la química. Convencida de que Dios había creado los vegetales y las hierbas para curar las enfermedades, mezcló estas sustancias naturales con un chorro generoso de alcohol y garantizó un alto grado de satisfacción en muchas mujeres.

Seguramente era a causa del alcohol, pero el preparado original de Lidia incluía, además, cimicifuga (Cimicifuga racemosa), una planta que hoy sabemos alivia algunos de los síntomas de la menopausia. Luego, el hijo de Lidia pegó la foto de su madre en la botella del compuesto vegetal, y dio luz a la primera campaña publicitaria.

Aunque los vendedores de este tipo de medicina prometían mucho más de lo que podían garantizar, los productos incluían ingredientes activos, como el opio o el alcohol. Uno de estos productos era el Paregoric, una solución alcohólica con sabor a alcanfor y anís; el nombre proviene de la palabra griega que significa «calmar».

El Paregoric se usaba para calmar la tos y la diarrea, y conseguía ser efectivo. Algunos de estos medicamentos llevaban extractos de estramonio, datura y belladona. El ingrediente activo en este caso era la atropina, que actúa sobre el asma. La quinina era muy útil en el tratamiento de la fiebre, y otros medicamentos incluían fenol, un potente desinfectante.

Pero la gran mayoría de los medicamentos específicos eran una falsedad, sustancias sin ningún fundamento. Stomach Bitters contenía una mezcla poco específica de cortezas, raíces y hierbas. El Jarabe del Doctor Chase de Linaza y Turpentina llevaba una etiqueta que ni tan sólo explicaba para qué se debía tomar el jarabe. Bodi-Tone decía ser un «tónico para el cuerpo cansado». Algunos de los ingredientes de estos remedios eran muy extraños, como por ejemplo el de Four Chorides Compressed Tablets, que llevaba arsénico.

Heroína Bayer: Un frasco de heroína Bayer. Entre 1890 y 1910, la heroína era divulgada como un substituto no adictivo de la morfina, y un remedio contra la tos para niños.

La época de esta medicina de feria fue ciertamente interesante. Qué locura, silo pensamos ahora, tragarse un producto que no había sido probado y que no estaba controlado sanitariamente basándonos puramente en una publicidad imaginativa. ¿Pero sabéis qué pienso? En cierto modo, la era de la medicina patentada sigue viva. Internet está plagado de llamativos anuncios que nos recuerdan a los días gloriosos de las curas milagrosas.

El caso de las pastillas NewYork Stress Tabs es muy representativo. Según la etiqueta, este preparado sirve para «sobrellevar el estrés diario causado por la falta de sueño, el trabajo, las relaciones personales, los viajes, las resacas, los empachos y el síndrome premenstrual».
¿Qué ingredientes mágicos contiene? Aconitina, el veneno con el que se embebieron Romeo y Julieta, y también estricnina. ¡Delicioso! Pero tranquilos, estos ingredientes aparecen en «dosis homeopáticas», lo que significa que su concentración es apenas nula y eso lo hace inocuo.

Este National Vaporizer Vapor-OL estaba indicado “Para el asma y otras afecciones espasmódicas”.
El líquido volátil era colocado en una olla y calentado con una lámpara de querosene.

El Vino Mariani (1865) era el principal vino de coca de su tiempo.  El Papa León XIII
llevaba siempre un frasco de
Vino Mariani consigo  y
premió a su creador, Ángelo Mariani,  con una medalla
de oro.

El vino de coca Metcalf,  era uno de la gran cantidad de vinos que contenían coca disponibles en el mercado.  Todos afirmaban que tenían efectos medicinales,  pero indudablemente,  eran consumidos por su valor “recreativo” también.

Historia de la Coca Cola

EL BALSÁMICO EUCALIPTO: Nunca  -hasta que se generalizaron los antibióticos- se intentó curar los resfríos con otra cosa que no fueran remedios caseros. Sólo se adquiría en farmacia uno de factura muy sencilla, la untura blanca, una friega que se preparaban con esencia de trementina -aguarrás vegetal o de pino-, que le daba ese color inconfundible, mezclado con clara de nuevo batida a nieve, que se aplicaba en el pecho, a la altura de la tráquea. El vao de vapor, fuertes tes con jugo de limón, leche con miel y coñac, y una que otra aspirina actuaban como febrífugos y descongestionantes.

Pero la base balsámica del constipado respiratorio era el eucalipto. Hervidas sus hojas basta llevar el agua a punto de jarabe y con adecuada proporción de azúcar, producían el expectorante usual.

El aire del invierno, habitualmente húmedo y frío, pegándose a las paredes, les desprendía una deprimente mezcla de olor a bongo y a argamasa. El eucalipto lo reivindicaba cuando sus hojas hervían continuamente en un tarro o en una ollita. Su delicioso vapor, impregnando los rincones de la habitación, generaba en el enfermo una reconfortante sensación saludable y oficiaba para el que llegaba como una bienvenida a la casa.

REMEDIOS CASEROS: Agoniza el récipe de la receta médica, la orden al farmacéutico para que reciba y prepare? Ahora, casi todos son específicos de laboratorio, con sus respectivas marcas. ¿Y los remedios caseros? ¿Agonizan, igualmente? Algunos subsisten, por resistente presencia folklórica de terapia casera. ¿Usted se frotó alguna vez una barrita de azufre para sacarse un dolor reumático? ¿Sintió cierto ruidito denunciador, como si el azufre actuara? ¿Nunca vio a su abuela colocarse una rodaja de papa a cada lado de la sien, con el designio de librarse del dolor de cabeza? Cuando era chico, ¿nunca le pusieron una cataplasma de lino en el pecho, bien caliente, para que el resfrío aflojara? ¿Y la untura blanca? ¿Y el unto sin sal? ¿Y el vinagre aromático? No… no estamos hablando de otro mundo… ¿Y el odiado aceite de ricino? ¿O el hígado de bacalao, rebosante de vitaminas? ¿Había una delicia mayor que respirar, a puerta cerrada, en la pausa cíe una gripe, la atmósfera emoliente del vapor que subía de una ollita puesta sobre la estufa, en la cual la solicitud materna había echado unas hojas de eucalipto, compradas en la farmacia?

Hacia fin de siglo, no pocas bebidas alardeaban, en entusiastas avisos, de ser eficaces hasta para el cólera. No había medida para las exageraciones publicitarias. ¿Cuántos males curaba el Radiosol Vegetal? ¿Qué increíble potencia aseguraba al hombre el cinturón eléctrico que se ajustaba a su cintura? ¿Y el Digestivo Mojarrieta, verdadero estómago artificial? Dos niños rozagantes trepaban a ambos lados de un ánfora para alcanzar, en el aviso de marras, las virtudes mágicas de la Fosfatina Fallieres. Una palabra de moda era la neurastenia. Las niñas pálidas, los hombres agotados, los caballeros víctimas de mil excesos, tenían a mano la Iperbiotina, capaz de multiplicarles al infinito los glóbulos rojos…

Y si todo esto no bastara, estaban los yuyos: el cedrón, en la infusión del caso, para los males del corazón. La depurativa zarzaparrilla; la barba de choclo para el riñón perezoso. Nunca más las sanguijuelas, en la redoma del barbero, para la remotísima sangría. Pero algunos remedios caseros no han muerto. Ni el ti-roncito en la espalda, con el que la curandera quiebra el empacho…

EL ALCANFOR: El alcanfor no fue precisamente un remedio casero. Sí una buena manera de hacer profilaxis en tiempos de epidemias. Ocupaba y daba cierta cuota de tranquilidad a las madres, que sentían haber hecho algo para proteger la salud de sus hijos. Terapia ocupacional. dicen hoy. Además, no había otra cosa.

Producto extraído cíe un árbol, el alcanforero, la farmacopea oficial lo ofrece como una sustancia sólida, blanca, cristalina, untuosa y volátil, de un olor muy particular y agradable que, al ser aspirado, provoca una sensación de bienestar que ha llevado a la convicción de que es saludable y benéfico como protector de las enfermedades originarlas por las miasmas que el aire pueda transportar.

Esas virtudes que se atribuyen al alcanfor han transitado siglos y geografías sin deterioro alguno. Para los días de invierno avanzarlo, cuando la severidad del clima se hacía sostenida y cruel, y cundían los resfríos y catarros, las menos inofensivas gripes, las temibles complicaciones pulmonares o el espectro de la polio, los niños en los viejos barrios de Buenos Aires (Oeste. Norte o Sur, daba lo mismo), cualquiera que fuese su origen o credo, seadherían con llamativo entusiasmo a una especie de nueva secta.

Se identificaban los fieles por una suerte de relicario que llevaban colgado del cuello, con la forma de una bolsita de tela habitualmente blanca. En su interior guardábase con mucho celo un tesoro que las diligentes manos maternas habían impuesto a sus hijos con mil recomendaciones. Lo que los niños llevaban suspendido del cuello, día y noche, era sencillamente un trozo de alcanfor. La olorosa nube arrebujaba a los niños como en un pañolón invisible que venía a convertirse en su ángel guardián. Los acompañaba en todas sus andanzas: por la calle, en sus juegos, en los transportes, en las aulas, en el cine, en la calesita de la esquina.

La convicción materna transmitida al niño parecía fortalecer la acción del alcanfor. Persistente y bueno, desde el pecho de los niños, el alcanfor impregnó e hizo más respirable el aire de muchos inviernos porteños.

LA CULEBRILLA: La erupción llamada Herpes Zoster o simplemente Zona era conocida por entonces con el nombre de «culebrilla» a causa de la forma de culebra que iba adoptando la enfermedad, todo a lo largo del trayecto de un nervio asimismo por la creencia popular que había sido originada por el contacto de la piel con una culebra pequeña, que dejaba un rastro venenoso, ya fuera sobre la parte afectada o sobre la ropa de uso diario, que se había puesto el enfermo antes de estarlo.

El avance de las vesículas llenas de liquido amarillento se manifestaba enferma de media cintura al pecho, los hombros o el vientre acompañadas de dolor y comezón. Su avance creaba enorme preocupación, pues se decía que si se juntaba la cabeza y la cola, el caso era perdido.

Y una vez más el remedio infalible era el Bufo vulgaris o el pobre sapo que ahora se lo tomaba vivo por el lomo y pasaba la barriga sobre las pústulas, en sentido contrario al de su marcha hasta que la panza del animalito «se hacía coloradita» y el bicho empezaba a gritar. Esta era la seña de que, como por arte de magia, la culebrilla había y a pasado del cuerpo del enfermo al de sapo.

Por desgracia, en muchos casos, el empleo de este procedimiento acarreaba daños mayores e irreparables a causa de la intoxicación por el veneno que se encuentra en la piel de estos batracios y que, absorbido, puede llegar a actuar sobre el corazón.

En efecto, según los doctores investigadores Fausty Proscher, el sapo común posee en ciertas glándulas de su piel una secreción que contiene las sustancias denominadas bufotalina.

ALGO MAS SOBRE EL TEMA…

El investigador y escritor costumbrista Oestes di Lullo ha dedicado muchas páginas al estudio de la medicina y la alimentación en el folklore. Son oportunas aquí algunas de sus observaciones. El considerar que múltiples facetas presenta la medicina popular. Es herbolaria, mágica, intuitiva, empírica, pero sobretodo, pintoresca. Quienquiera se proponga observar su terapéutica, encontrará un mundo de pequeñas novedades, de ocurrencias, de curiosidades, ya en la forma de curar, o arte propiamente dicho, ya en la materia utilizada como beneficio. Lo cierto es que lo pintoresco salta a la vista. Es una modalidad que se multiplica indefinidamente y hace sonreír con leve suficiencia al profano, un poco admirado de las «cosas» que hace el pueblo para combatir sus enfermedades o prevenirlas.

Pero olvida su ignorancia y su dolor, e inmensa orfandad en que se debate, la miseria que le confina en la impotencia y es saberse sólo para poder vivir, pegado al suelo como un árbol, sin más posibilidades que las del molusco adherido a la roca en el fondo del mar.

Di Lullo sigue diciendo en esa obra: «Ahí está la comadre buscando en el rancho desprevenido las hojitas para el té o la “enjundia de gallina o la grasa de los más diversos animales para atender urgentemente, mientras llega la “curandera” o vuelve el mandadero que ha ido a consultar a la ciencia del baquiano, con un frasco de orina en sus manos. En el campo no hay médico ni farmacias, y en el rancho no queda ningún remedio casero. ¿Qué hacer en tales circunstancias?

El paciente gime, la madre o el hijo o la esposa, sumidos en la tortura de una angustia que se prolonga demasiado, llenos de temor antela muerte del ser querido, no saben ni pueden qué hacer. Nada hay y todo falta. Ante lo imprevisto y lo desprevenido sólo cabe la improvisación.

Ahí está la comadre comedida, la buena vecina, la amiga, con su corazón generoso abierto al dolor de sus semejantes, con sus cuidados solícitos y el inmenso deseo de calmar la ansiedad de esa pobre gente, el sufrimiento de ese pobre enfermo, y nada más. Va a la cocina, pide a unos y a otros, esto y aquello, y a la vecindad que le presten lo demás y a está con la droga milagrosa o con el emplasto cúralo-todo o con el sahumerio mágico. Luego, algunas oraciones impetratorias al santo protector y “san se acabó”. Ha cumplido piadosamente con su deber de solidaridad humana y “sea lo que Dios quiera”.

La medicina del campo está llena de pequeñas noticias que esperan de la ciencia y de la preocupación de los estudiosos, no sólo una seria y digna atención, sino una respuesta definitiva. Pero a la espera de que el milagro se produzca, la folk-medicina seguirá formulando su recetario de excentricidades y extravagancias.» ¡Qué simple es, por ejemplo, esta receta con la que se cura la erisipela! Consiste en la aplicación de la espuma «que le queda en la boca al ternero cuando acaba de mamar.

Prescindiendo délos efectos de tal remedio, ¿no es verdad que tiene una frescura de concepción, una gracia tierna y bucólica? ¿No tendrá, también, la suavidad untuosa, la grasitud leve y diáfana que la piel ardiente necesita en tales circunstancias? Y si realmente no fuera más que un remedio psicológico, ¿no valdría, acaso, emplearlo aunque no fuese más que por lo poético del procedimiento?

La farmacopea de los remedios caseros era, por aquellos años, verdaderamente curiosa. Un párrafo especial merecen el «empacho» y el «mal de ojos». Para comprobar si una criatura efectivamente padecía de empacho, el curandero le levantaba tres veces con la yema de los dedos el pellejo del espinazo a la altura de la boca del estómago. Para tratarle, se aplicaba a éste un parche de aceite mezclado con la flor de ala ceniza.

Era creencia que estando empachada la criatura, sonara interiormente la parte del espinazo al levantarle  la piel. En la Banda Oriental existía una costumbre—recogida por el médico Roberto J. Bouton (La vida rural en el Uruguay, Montevideo, 1961)— que constituía un excelente remedio para curar el empacho de las criaturas: quemar una pezuña de animal vacuno y, a medida que se iba quemando, se iba raspando. Una cucharadita de este polvo, se echaba en un pocillo de agua hirviendo, hasta la mitad de lleno y se dejaba al sereno. Al día siguiente se daba de beber al niño en ayunas.

La sangre de toro, cocida con coles y aplicada al vientre, como emplasto, también deshacía el empacho. Bouton agregaba esta estrafalaria receta: «Para alimentar una criatura empachada. La mejor manera para alimentar una criatura empachada, es aplicarle una cataplasma de dulce de membrillo, y encima, un huevo frito, sobre el estómago».

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Fuente Consultada:
Revista “Todo es Historia” Nota de Juan Ángel del Bono
Revista “Todo es Historia” N°324 Nota de Carlos A. Moncaut
Porque cantan los gallos al amanecer? Joe Schwarcz
100 Años de Vida Cotidiana La Nación Notas de Leon Tenenbaum y León Benarós
y  sitio web:  www.tejiendoelmundo.wordpress.com.

Pancho Sierra Biografia El Gaucho Sanador Historia Medicina Popular

Existieron dos personajes que jamás no abandonaron  su fe católica y nunca cobraron absolutamente nada por sus intervenciones en bien de la gente. Ninguno de los dos lo necesitaba, ya que eran millonarios. Y si lo de ellos hubiera sido sugestión, bienvenida la sugestión si sirvió para darle alivio a los enfermos, apoyo al que lo necesitara y esperanza a todos.  Ellos lo hicieron, gratis. Todo eso los transforma en especiales, y son conocidos como “Pancho Sierra” y la “Madre María”.

Pancho Sierra Biografia El Gaucho Sanador Historia Medicina PopularEl singular culto a Pancho Sierra, que en ciertos casos se vio inevitablemente invadido por una folclórica maraña comercial que ofrecía estampas y hasta tierra de su estancia a precios módicos, continuó a través del tiempo. Cada 4 de diciembre, día de su muerte, el cementerio de Salto (Bs. As.) recibe a muchos que apenas conocieron su historia pero que saben que era alguien “especial”.

Don Pancho y la Madre, pues, no escapan a la categoría de curanderos, pero no adjudicamos al término ningún matiz peyorativo, todo lo contrario pues ellos fueron  Grandes Curanderos. Su fama vuela por todo el país y aun trasciende sus fronteras. Toda una organización prosigue sus enseñanzas, canonizando popularmente a sus fundadores. Tuvieron, además, buena publicidad, en vida y en muerte. Y no venían de las clases populares; sino de arriba. Eran gente rica que abandonó su fortuna por lo que entendieron como misión, con el consiguiente escándalo entre los suyos y entusiasmo entre sus adeptos.

Una revista popular recuerda, a 80 años de su muerte, la historia de Francisco Sierra: “Pancho Sierra, llamado por todos sus adeptos «el médico del agua fría», «el gaucho santo de Pergamino» o «el resero del infinito» había nacido en Salto el 21 de abril de 1813 y murió el 4 de diciembre de 1891, aunque algunos sostienen que su deceso se produjo en 1894.

“Este personaje había nacido en una familia de ricos hacendados, y ya mayor se instaló en su estancia «El Porvenir», en los límites de Pergamino y Rojas.

“Su vida se transformó luego de una decepción sentimental. Se aisló entonces del mundo y luego retornó, tras una larga etapa, para volcarse sobre el dolor de los demás, haciendo curas tan portentosas que extendieron su fama a toda la provincia de Buenos Aires.

“Pancho Sierra ejercía con pocas armas. Un poco de agua fresca del aljibe de su estancia, el profundo magnetismo de su voz, la seguridad que emanaba de su rostro profetice de larga barba blanca y de mirada penetrante.
“A él acudían —como siguen acudiendo hoy—, los desventurados, los necesitados de pan o fe para vivir, los enfermos.
“Y los que llegaban hasta él —dicen los adeptos— siempre encontraban remedio para sus males, para sus problemas, para sus desdichas. Y en ese reparto generoso Pancho Sierra acrecentó su fama, porque también fue distribuyendo fe y la mayor parte de sus bienes.

“‘Muchísimas veces —según el relato de quienes lo conocían bien—, un vaso de agua brindado por Pancho Sierra alcanzó a curar en una zona en que el enfermo estaba solo y donde el médico solo era un mito. “Su fama comenzó entonces a crecer y traspasar fronteras y hasta la estancia «El Porvenir» peregrinaron centenares de personas que acudían desde los puntos más lejanos en busca de ayuda, de consejos y de cura para sus dolencias. “Se cuenta que como el viaje hasta su casa era largo, las compañías encargadas del traslado de los visitantes agregaron a su recorrido los «viajes especiales a lo de Pancho Sierra».

“Pancho Sierra se declaraba espiritista y con facultad para transmitir el poder curativo de que se consideraba ungido, así es que repartió sus discípulos en muchos partidos de la provincia conservando siempre su dirección.
“Para las gentes escépticas era un alucinado.

“Para sus adeptos, un santo. “Para todos, un original. ”Pancho Sierra tenía el rostro blanco, facciones aristocráticas, nariz aguileña y ojos azules que brillaban con intenso fulgor.


“Su talla era mediana, delgado de cuerpo y su conjunto respiraba bondad y una apacibilidad de espíritu que se transmitía a todos sus actos… vestía siempre trajes ampulosos, bombacha, camiseta criolla, ancho sombrero, poncho y manta de vicuña.

“Su exquisita sensibilidad por las desgracias ajenas y la intuición de sus facultades de «médium» le proporcionaron la ocasión de asistir a algún enfermo en épocas en que se carecía allí de médicos. “Este hecho, repetido muchas veces con éxito admirable, le confirmó la idea de que gozaba de alto grado de facultad que los espiritistas llaman «mediumnidad curativa» y que buenos espíritus le auxiliaban en ella. (…) “Pancho Sierra se mantenía en su
vida de anacoreta, sin solicitar el trato de su familia y relaciones, muchos de los que se complacían en divulgar su supuesta locura, mientras él prodigaba beneficios a los pobres.

“Compraba artículos de tienda por cantidades, frutas por carradas y en seguida llamaba a «sus hijos», los niños de la vecindad y los pobres que frecuentaban su casa, a quienes distribuía generosamente todo. “Estas prodigalidades incomprensibles confirmaban su reputación de «loco trastornado … pero bueno!»

“La estancia de Pancho Sierra era como un pueblo. Llegaban a ella de 15 a 20 carruajes por día. Todo e! mundo pretendía tomar un vaso de agua para curar sus males o llevar una botella del líquido saludable, único elemento que él suministró siempre y con lo que ha producido, según afirman los adeptos, numerosas curas, algunas sensacionales.

“En una ocasión, en una casa semi-derruida, Pancho Sierra aconsejaba a la que sería su hija espiritual, María Safóme Loredo, luego conocida como la Madre María.

“La joven de 27 años había llegado desde Buenos Aires desesperada: su segundo marido Aniceto Subiza es- taba agonizando. A ella no le iba mejor: un tumor canceroso le endurecía un seno. Subiza, un rico estanciero moría poco después; ella en cambio, sanó ante el asombro de los médicos. Desde esos momentos, nacía la Madre María”

“Pero María Salomé Loredo había nacido antes, en octubre de 1854. De familia vasca y campesina, pastoreó ovejas cuando niña y aprendió a amar las flores, según su biógrafa. Es curioso que, mientras Pancho Sierra prefirió los jazmines, María era apasionada por los claveles. Y esas flores son las que cubren hoy sus respectivas tumbas, ya que sus fieles siguen halagando el gusto de los fundadores.

Victor Sueiro, en su curioso libro , “Crónica Loca” lo define asi: “Si bien sería irrelevante hablar de él como “un santo”, tal como lo calificaron muchos de sus seguidores, es inevitable destacarlo como un hombre ciertamente piadoso. Era común que comprara él mismo cantidades de alimentos que regalaba a quienes lo necesitaban. Pero lo que hizo que su fama creciera de una manera impresionante era el hecho de que se producían resultados asombrosos con sus palabras y su agua fría. El singular culto a Pancho Sierra, que en ciertos casos se vio inevitablemente invadido por una folclórica maraña comercial que ofrecía estampas y hasta tierra de su estancia a precios módicos, continuó a través del tiempo.

Cada 4 de diciembre, día de su muerte, el cementerio de Salto recibe a muchos que apenas conocieron su historia pero que saben que era alguien “especial”. A tantos años de su muerte (mas de 100), aún cuenta con adeptos que invocan su memoria ante una situación difícil.

Es curioso que, a diferencia de otros sanadores, jamás fue perseguido ni hostigado de manera alguna por la policía ni por ninguna otra autoridad. A su muerte hubo quienes pretendieron atribuirle la condición de espiritista. Fueron los espiritistas, claro está. Pero no era cierto. En ningún momento abrazó otra creencia que no fuera la católica aunque con una apertura muy grande hacia otras ideas, sin discriminar ninguna.

Vivía en el cuarto más pequeño de su estancia y allí, junto a una cama, una silla, una mesita y su guitarra, se destacaba en la pared una cruz con el Cristo agónico. En pleno apogeo de su fama, una de sus “pacientes” fue una joven de veintisiete años que llegó hasta él como última alternativa por un tumor alojado en uno de sus pechos. La mujer se curó. Se llamaba María Salomé Loredo de Subiza y se transformaría en discípula predilecta de Pancho Sierra y continuadora de su trabajo. El país la reconocería luego, en su historia cotidiana, con el nombre que le pusieron afectuosamente sus seguidores: la Madre María.”

Pancho Ormeño Sanador Espiritual Curandenro Riojano Biografía

PANCHO ORMEÑO, UN BENEFACTOR Pancho Ormeño aprendió desde chico a conocer los secretos de las plantas, las distintas cualidades que escondían celosamente esos vegetales crecidos en el pedregal o a la vera de los hilos de agua. ‘Más tarde, frecuentando la amistad de curanderos y viejos pobladores hechos a la vida agreste, fue acumulando más conocimientos.

Pancho Ormeño

Pancho Ormeño

Algunos dicen que hasta le transmitieron parte de la sabiduría indígena, conservada por generaciones de comadres y salamanqueras. Lo cierto es que don Pancho terminó siendo un consumado botánico autodidacto, condición que unida a su célebre capacidad curativa lo convirtió en el taumaturgo más famoso de La Rioja.

Miles de testimonios hablan de su infalibilidad. “Su clarividencia era tal —escribe Teófilo Mercado— que muchas veces predecía la muerte de enfermos alejados con pasmosa exactitud…” Para curar recetaba siempre hierbas y yuyos que debían usarse para preparar tés, hacer fomentos, etcétera. Otros males los trataba con pomadas y ungüentos preparados con grasa y pelambre de animales silvestres.

Cierta vez un gobernador de La Rioja —Benjamín Rincón— quiso comprobar si detrás de tanta maravilla no había un vulgar embuste, y lo hizo ir hasta la Casa de Gobierno, donde lo enfrentó a un escéptico tribunal.

Pancho Ormeño sorprendió a todo el mundo. Anunció previamente lo que iba a hacer y ante la estupefacción genera! —utilizando dos yuyos diferentes— le provocó una epistaxis —hemorragia nasal— a un policía y de inmediato se la detuvo, sin ninguna consecuencia.

Antes de retirarse del recinto —repleto de jueces, doctores y altos funcionarios—se dirigió a un abogado presente y le dijo: “Creo que lo vide el año pasado por mis pagos. Vaya a verme otra vez. Y a ver si se me cuida los riñones”. El aludido quedó preocupado y confundido; quince días después moría de nefritis aguda.

No faltaron otros escépticos que también quisieron poner a prueba los conocimientos de Ormeño. Este fue el caso de un vecino que llevó al curandero una muestra de sangre para que la analizara, alegando que era de su hermana, cuando en realidad pertenecía a una yegua. La respuesta no se hizo esperar: “Vaya y cuídemela bien a su hermana la yegua…”.

El cuartel general del famoso personaje estaba en “La Cuchilla”, rincón riojano al que acudían multitudes en busca de alivio y cura. Llegaban desde todos los puntos de la provincia y también de pagos más lejanos, y convertían la residencia y sus aledaños en un tumultuoso hervidero que acataba sin chistar las indicaciones de don Pancho. Ranchos improvisados, refugios levantados de la nochera la mañana, y hasta las cuevas de los cerros vecinos, eran buenos para guarecerse mientras llegaba el momento de la curación.

El benefactor casi siempre recetaba, pero a veces disponía la realización de ejercicios físicos, bailes o fiestas porque según él también la alegría era buen remedio para ciertos males.

Y así durante décadas, hasta que el 17 de octubre de 1939, cuando ya se acercaba a los noventa años de edad, la muerte se llevó al más célebre curandero que tuvo la tierra del Chacho Peñaloza. Los riojanos lo recuerdan con respeto y cariño: don Pancho Ormeño pasó su vida haciendo el bien.

Algo mas sobre Pancho Ormeño

Comer Carne Humana Podrida como Remedio Para Curar Enfermedades

Gran Remedio: Comer Carne Humana Podrida

La mumia y el unicornio: El vocablo mumia proviene de los antiguos judíos, árabes, caldeos y, principalmente, de los egipcios anteriores a Moisés, y significa cuerpo muerto preparado con sustancias odoríferas y conservatorias. Pues bien, la mumia (momia en adelante para nosotros) no era mas que carne humana ya cadáver preparada con un relleno de “pez judía”, sustancia que conocemos entre nosotros como betún de judea, y que resulta de una mezcla de asfalto, betún y parafina. Ahora bien, aunque no se sabe a quien, alguien se encargó de deslizar el rumor de que la pez judía poseía propiedades curativas comprobadas.

Es así como a partir de allí —en el año 1 .000 d. C. la carne de momia se utilizó para el tratamiento contra las contusiones, golpes y como preventoria de la coagulación sanguínea. Luego, más velozmente que el rumor corrió la avaricia y a partir de allí los árabes comenzaron a exportar momias egipcias para abastecer a los médicos y autoridades que requerían esa panacea, que era administrada en ralladura que se vehiculizaban con vino o miel, o bien se cortaba en pequeños trozos que eran ingeridos sin más ni más. Cuando el supuesto medicamento ganó adeptos a fines de la Edad Media, la demanda aumentó y, como lógica consecuencia, las momias comenzaron a escasear en el mercado.

momia

A partir de allí hicieron su aparición los eternos pícaros de la oferta y la demanda, quienes se encargaron de recorrer las prisiones para llevarse los cadáveres de los ajusticiados, los cuales eran cortados en pequeños trozos y proporcionados a los enfermos, quienes tragaban semejante “receta” no sin muchas veces vomitar cada porción, según registran las páginas de la historia de la medicina. Felizmente, el médico francés Ambrosio Paré, quien también había medicado estos bocados de cadáver —a mediados del siglo XV— anuncia que “los pacientes poco después de ingerirla la vomitan con gran dolor de estómago” y que no sólo no reducía las hemorragias, sino que, por el contrario “más bien por la agitación que esta droga produce en el cuerpo aumenta la pérdida de sangre”. Sin embargo, antes de que Paré y luego otros desmitificaran las bondades de la mumia, ésta había gozado en Europa de tal prestigio, que los comerciantes en Francia, por ejemplo, hacían un negocio fabuloso robando cadáveres de los cementerios en la noche.

Entonces les extraían el cerebro, las vísceras, para luego secarlos al horno, salarlos y aromatizarlos, untándolos finalmente con betún de judea para venderlos como auténticas momias de Egipto. De esta manera, anota Paré, vendían y hacían a los enfermos “tragar brutalmente carroña hedionda e infecta de ahorcados”. De todas formas, al negar Paré los efectos positivos de la mumia, proponía para los resultados buscados las mismas ideas y enseñanzas de los discípulos de Hipócrates —Galeno, por ejemplo—, quien para evitar la coagulación de la sangre (que supuestamente lograba la mumía hasta el descrédito que le proporcionó Paré) recomendaba que a los enfermos de este mal se los debía envolver en piel de carnero recién desollado cubierta con polvo de mirto. Luego se acostaba al enfermo en un lecho bien caliente y se lo debía cubrir para que sudara durante 4 ó 5 horas, sin dormir.

Al día siguiente se quitaba el oloroso “envoltorio” y se le aplicaba al enfermo una especie de linimento elaborado con manzanilla, ungüento de malvavisco (planta malvácea), trementina, aceite de lombriz y harina de alholva (planta leguminosa), entre otros componentes. Claro que ese era un medicamento para pudientes, porque a la ‘gente pobre” recomienda meterla en bosta de vaca previa cobertura del cuerpo con heno y luego la sudar! Respecto del unicornio (animal inexistente) puede decirse que durante mucho tiempo su también imaginario único cuerno constituyó otro de los extraños y desagradables remedios del siglo XVI, utilizados para combatir la peste y toda clase de venenos. Ahora bien, ¿si el animal era inexistente —por lo tanto también su solitario cuerno— cómo se obtenía este medicamento? Según las investigaciones lo que se suministraba como cuerno de unicornio no era más que cornamenta de rinoceronte, de toro de Florida y de un anfibio que lleva un cuerno en la frente y se llamó camphur.

El elefante de mar también era utilizado para elaborar “cuerno de unicornio”, pues quitados sus dientes y molidos se vendían como la maravillosa medicina contra cualquier clase de veneno, epilepsia, pestes, rabia y hasta de valor antiespasmódico. Para que el unicornio causara efecto bastaba, según algunas indicaciones, colocarlo en el lado contrario de la dolencia, otros tomaban su ralladura y médula de algunas supuestas cornamentas y hasta se fabricaron tazones en los cuales se tomaban ciertas mezclas que ayudaban a los poderes del hueso extirpado a todo bicho que tuviera en la cabeza algo parecido a un cuerno.

Entre tanto remedio de dudosos y horribles sabores, también hubo prácticas que deben haber causado más muertes que curaciones por sus procedimientos rayanos en el sacrificio humano, como, por ejemplo, el uso del hierro candente, que los árabes utilizaron casi para todo menester quirúrgico, como operaciones de fracturas y testículos, para eliminar tumores, para detener hemorragias y en el tratamiento de várices y hemorroides. Lo más curioso y doloroso de la cuestión es que este sistema del hierro candente tuvo vigencia —sobre todo en los campos de batalla para tratar las heridas de guerra—mucho más allá de la Edad Media y se llegó a aplicar hasta durante la primera guerra mundial, donde la cirugía no ofrecía muchas alternativas al respecto.

Fuente Consultada: Revista “Todo es Historia” Nota de Juan Ángel del Bono.

Recetas de medicamentos antiguos Medicina Casera Aceite de Ricino

Recetas de Medicamentos Antiguos

Recetas históricas: La historia de la medicina está plagada de recetas que hoy nadie se atrevería a tomar en serio y, menos aún, a tomar por vía digestiva teniendo en cuenta sus componentes y, lógicamente, sus sabores. Vaya como ejemplo esta receta indicada para las heridas entre el 2.100 y el 2.200 a de C.: “aplicar sobre ellas aceite, triturar y quemar una caparazón de tortuga y con ella friccionar la herida, luego agregar cerveza sobre el ungüento, dejar esperar un rato, triturar madera de abeto y cubrir la zona tratada”.

recetas medicas antiguas

Nos imaginamos el efecto de la aspereza de los restos del quelonio con los que se debía friccionar la herida y los olores de una mixtura tal, cubierta con vegetales a manera de vendaje. Sin embargo, aún cuando la juzguemos absurda, esta receta fue de uso obligado en las guerras, que, dicho sea de paso, eran frecuentes y multitudinarias. Lo que no nos cuenta la historia es cuántas víctimas más generaba la gangrena gaseosa a causa de la pomada que las propias contiendas.

Por su parte, los romanos —ya en el siglo XIII a de C.— habían aprendido a aplicar el opio como sedante y analgésico, y lo prescribían en forma de píldoras, cataplasmas, supositorios y lavativas, es decir, opio por todos lados con tal de calmar a los exaltados y aliviar a los doloridos. Lo que tampoco ha quedado documentado es cuántos murieron por lo que hoy llamaríamos sobredosis de narcóticos.

Mucho más tarde, Galeno (129-199) consideró al opio (conocido como una de las tantas plantas de los dioses) como el sedante y somnífero más poderoso que existía y recomendaba mezclarlo con cualquier “elemento templado”, pues su aplicación, afirmaba, producía un “enfriamiento que podía llevar a la muerte”, con lo cual, deducimos, él sí había comprendido, precisamente, los efectos mortales, de la antedicha sobredosis. 

Otro de los medicamentos que debe haber resultado todo una proeza ingerir, debe haber sido el conocido como teriaca o triaca, que se convirtió en el más famoso y demandado en el mundo antiguo. El invento de la teriaca se debe a Mitrídates VI rey del Ponto (de allí que en un principio se lo llamara mitridato), pero luego fue mejorado por el médico de cámara de Nerón, Andrómaco el Viejo. El bebedizo primitivo contenía entre 50 y 100 sustancias diferentes, pero luego quedó sólo en 64, entre las cuales se contaban las más heterogéneas e insólitas que puedan imaginarse, como, por ejemplo, opio, sangre de pato, carne de serpiente, especias, vino y hasta cebollas albarranas.

A pesar de todo, lo curioso es que esta horrenda mezcla que entrara a Europa en la Edad Media a través de los árabes fue tenida como remedio universal aún en el siglo XIX, con lo que es fácil suponer la cantidad de pacientes enviados al otro mundo con solo unos tragos de la famosa triaca.

Fuente Consultada: Revista “Todo es Historia” Nota de Juan Ángel del Bono.

Remedios Criollos Medicamentos Caseros y Naturales

Remedios Criollos – Medicamentos Caseros

Remedios a la criolla: Después de recorrer un poco la historia de aquellos remedios, vale la pena recordar algunos de los que la familia argentina usaba para sus curaciones y recetaban hasta hace no mucho tiempo los médicos de la época, pues eran los más avanzados que se disponían para tratar ciertos males. Difícil será para quienes han pasado el lapso de 50 años olvidar uno de los purgantes de peor sabor que se hayan conocido: el aceite de ricino o castor, que nuestras madres obligaban a ingerir valiéndose de los más creativos trucos e insólitas mezclas.

El famoso y repugnante aceite de ricino que se medicaba fervientemente como eficaz purgante, dado que evitaba las inflamaciones intestinales y producía una moderada secreción de las paredes del intestino, se extraía de la semilla de una planta auforbiácea, llamada, precisamente, ricino o castor, oriunda del Asia y África, aunque se alcanzó a cultivar en nuestro país debido a las altas demandas de la industria farmacéutica. Claro, que si bien los efectos laxantes del aceite eran en realidad eficaces, su sabor hacía que la resistencia de los niños para tomarlo fuera casi heroica, a tal punto que las etiquetas de los envases solían tener una advertencia sobre “la posibilidad de producir el vómito después de su ingestión”.

Por esa razón las madres de entonces trataban de mezclarlo con café, té, leche o alguna otra sustancia para disimularlo. Por su parte, una enciclopedia médica —más moderna de lo que pueda pensarse— aconsejaba “administrar el aceite después de un breve período de dieta absoluta; mantener el remedio lejos del enfermo (olía tan mal como sabía) hasta su administración; verter la dosis sobre cerveza espumante, y administrar todo ello sin dramatismos, pudiendo luego sorber una corteza de limón para evitar el mal sabor del preparado’. Otro consejo médico era dar al paciente inmediatamente después de ingerido el aceite ‘una infusión de té de menta para evitar el vómito”… Lo que se dice un verdadero operativo de engaño, que, generalmente, lo único que lograba era que el purgado no volviera a tomar en su vida café, cerveza o lo que le agregaran para atenuar el horrible sabor del purgante.

Lo curioso y peligroso del ricino —de hermosas flores rojas y frutos amarillos verdosos— es que su semilla, semejante a una avellana, administrada aun en pequeñas dosis, puede provocar gravísimas intoxicaciones. Y ya que hablamos de purgantes, que mejor (o peor, depende del enfoque) ejemplo que el de la recordada sal catártica (sulfato de magnesio), más conocida como sal inglesa” y que fuera desde mitad del siglo XIX hasta casi nuestros días uno de los purgantes más utilizados por la familia. Su sabor era extremadamente ácido y sus efectos drásticos, a tal punto que purgarse con sal inglesa equivalía a una especie de muerte civil por espacio de 24 horas, más una rígida dieta total. Su prescripción, según registros de archivo-, se extendía a la fiebre tifoidea, disenterías y enfermedades cutáneas, quizá siguiendo los caminos trazados por Hipócrates sobre la “desintoxicación corporal a partir de los purgantes”.

Otro purgante —más suave que los anteriores por entrar en la categoría de laxante—, registrado por la historia como utilizado principalmente por las familias porteñas fue la reconocidísima Magnesia San Pellegrino, efervescente, ácida y también de efecto rápido y seguro, pero también de sabor extremadamente amargo. Este purgante era un derivado del bicarbonato de magnesio y presentaba el aspecto de un polvo amorfo e impalpable. Bastaba una cucharada en medio vaso de agua para obtener una buena purga. Para soluciones más suaves se utilizó hasta hace poco tiempo la magnesia calcinada, conocida comercialmente como leche de magnesia, que, avances en técnicas farmacológicas mediante, llegó a frutarse con la intención de disfrazar su desagradable sabor. De todas maneras, debemos considerar que en el aspecto purgante la hemos pasado algo mejor que el “rey sol”, pues la historia registra que sus médicos —en el afán de contrarrestar las enormes comilonas reales— aplicaron a Luis XIV, durante su reinado, nada menos que 2.000 purgas, un centenar de enemas y 38 sangrías.

Otros dos medicamentos contemporáneos que nos han hecho pasar muy malos ratos fueron aquellos que se utilizaron en la década del 30 y que se conocían como alquitrán guyot, y las pastillas del doctor Andreu, los dos utilizados como antitusígenos y ambos con un sabor francamente horrible, ya que pertenecían al rubro de los innumerables medicamentos que se elaboraban a base de la destilación de petróleo y brea, convirtiendo sus derivados en esencias que conservaban el color, olor y sabor desagradable del hidrocarburo. Entrando en un terreno que para las madres de hace cinco o seis décadas era de fundamental atención —la vitaminización—, anotemos como uno de los reconstituyentes vitamínicos más rechazados por los niños fue el inefable aceite de hígado de bacalao, cuyo derivado más consumido era una emulsión (aceite mejorado) llamada “del doctor Scott”. El aceite, rico en vitaminas A y D, contenía una serie de sustancias, entre las que se contaban el ácido oleico, fósforo y restos de yodo, por cuya causa se lo medicaba como un verdadero tratamiento “multipropósito”, que abarcaba desde el raquitismo hasta los reumatismos crónicos, pasando por el embarazo, las enfermedades consuntivas y los eczemas de los niños.

El brebaje debe ser muy recordado por su casi insoportable sabor, a tal punto que las preocupadas madres debían librar verdaderas batallas con sus hijos para lograr que éstos tragaran el fortalecedor y proteico aceite. Pero aún peor que su sabor era su forma de obtención, que obedecía al antiguo y sencillo procedimiento de extraer el hígado del bacalao de Noruega con su respectiva vejiga biliar y guardarlos en grandes depósitos. La propia presión de la masa hacía que se escurriera una gran parte del aceite contenido en los hígados. A medida que pasaba el tiempo de este proceso de escurrimiento, la materia sólida iba entrando en putrefacción y ello hacía que el aceite se enturbiara y potenciara su insoportable sabor amargo, que luego, en un literal acto de sacrificio, éramos los encargados de beber.

Respecto de este feísimo medicamento también el progreso proporcionó su ayuda con los famosos saborizantes que invadieron el mercado farmacéutico de los 50, logrando en alguna medida aliviar el esfuerzo de las papilas gustativas. Como si esta emulsión fuera poco sufrimiento respecto de su ingestión, la medicación se completaba con un fijador  de calcio llamado Calcigenol irradiado, también de difícil aceptación por su mal gusto y ya desaparecido de los vademécum actuales.

Fuente Consultada: Revista “Todo es Historia” Nota de Juan Ángel del Bono.

 

Medicina de Primeras Civilizaciones Recetas Pueblos Primitivos Antigua

Medicina Naturales de Antiguas Civilizaciones

El laboratorio de los capuchinos: Lo que hoy conocemos como laboratorios de especialidades medicinales era aquello que, en un verdadero alarde de dedicación a la farmacopea y a química, instalaron los capuchinos del Louvre, bajo la protección del rey Luis XIV, quien, claro está, intentaría asegurarse con este mecenazgo una larga y cómoda existencia libre de males mayores, cosa que al parecer logró ya que murió a los 72 años, un verdadero privilegio dado el promedio de vida de la época. De los medicamentos que elaboraron los capuchinos del Louvre los más importantes eran los conocidos como esencias” entre las que se encontraban las de esmeralda, de erina, y de víbora, además de la famosa y muy requerida Agua de la Reina de Hungría.

Medicina Naturales de Antiguas Civilizaciones

Del uso y efecto de las dos primeras esencias han quedado los testimonios de Madame Sevigné, quien elogiaba los preparados pero nada decía de los efectos “sociales”, los cuales no debían de ser muy agradables ya que en los dos específicos la base principal era la erina humana. Sobre la esencia de esmeralda —donde no intervenía la orina— se conserva una carta en la que la dama aseguraba haber curado una úlcera en la pierna “frotando con el preparado” la zona afectada. Pero también la esencia de erina era usada por la noble francesa, quien aseguraba en sus cartas que con diez a doce gotas (bebidas, por supuesto) tenía “propiedades maravillosas”.

La misiva aseguraba a los investigadores capuchinos que lo empleaba en pequeñas dosis (“algunas gotas”, aclaraba) para combatir sus “vapores” (que no eran otra cosa que accesos histéricos o hipocondríacos, atribuidos por los antiguos a ciertos “vapores” que suponían generados en la matriz y que “subían hasta la cabeza”).

Las indicaciones sobre la preparación de esta esencia de erina se encuentran registradas en una receta exhumada por Vieillard, que, además, habla por sí sola del sacrificio que significaría la ingesta del tal remedio: “Procurar orina de un hombre sano de unos 12 años —en lo posible después de que éste haya bebido un buen vino— y descomponer esta erina sobre estiércol durante un año filosófico (30 días)… “. Luego, la desagradable mixtura se destilaba en un alambique, se sellaba herméticamente el recipiente y el residual se recogía en un vaso de vidrio. Por último se indicaba que “el color será blanco y de un olor ligeramente pútrido”, pero para darle “un sabor más suave” se le podía agregar canela, después de lo cual no creemos que ningún ex paciente tratado con esta pócima se atreviera con el arroz con leche. Para la hemorragia nasal se recomendaba una práctica no menos repugnante: “Aquel que se ponga orina en las narices conseguirá parar la hemorragia”.

No menos heroico era el tratamiento para la fiebre cuartana, en cuyo caso no bastaba con friccionarse el cuerpo con erina, sino que, además, se debía beber, aunque no se trataba de cualquier deposición , pues se aseguraba que “aquel que de un león su carne comiera y su agua bebiera durante tres días salvarse de la fiebre cuartana logrará”. La cuestión —más allá de la subjetividad que predomina en el criterio de los sabores-pasaría, suponemos, por quién se animaba a arrimarle la bacinilla al rey de la selva para que cediera sus orines.

Pero estos no son casos únicos, porque, curiosamente, y contrariamente a lo que pueda creerse, la orina estuvo casi siempre presente entre los antiguos como elemento entre mágico y real, tal que se recomendaron con fervor los masajes de orina humana o animal a quienes padecían de reumatismo, por lo que deberíamos suponer que, trasladada dicha práctica a nuestros días y nuestro clima, un tercio de la población no olería ni siquiera lo mínimo de lo soportable. Otro de los horribles medicamentos que tuvieron auge en la época que va entre los siglos XVII y XVIII era el llamado Elixir de la propiedad o su sustituto la esencia de víbora, ambos inventados por el abate Rousseau.

Si bien el primero era bastante digerible (fermentación y destilación de azafrán, mirra y alóes) el otro no debía encontrar muchos voluntarios para su uso. En efecto, la esencia de víbora resultaba de la fermentación sobre una estufa de miel con carne desecada de víbora pulverizada. Con el mencionado extracto viperino, el buen abate aseguraba que había devuelto la vida al duque de Chartres, cuando el noble tenía 4 años de edad y su enfermedad lo había postrado sin habla y en una larga agonía, que, por supuesto, había cortado la milagrosa esencia. también contaba Roussea que su panacea había sacado ce una apoplejía al cardenal Caraffa, en presencia de unos treinta prelados.

El mismo capuchino también preparaba un bálsamo al que había que agregarle “tantos sapos vivos y grandes como libras de aceite llevaba, los cuales es necesario hervir hasta tostarlos, casi quemados en el aceite, con lo que su jugo y su grasa se mezclan con lo que aumenta en mucho la excelencia del remedio… Luego a beberlo y ¡salud!, aunque para digerir semejante medicina hubiera que apretar la nariz de la “víctima” para obligarlo a abrir la boca y así vaciar el bálsamo en su interior.

Pero no debe creerse que esa pócima resultaba una excepción, ya que en esa época los sapos desecados y reducidos a polvo (“bufoterapia’) eran tenidos como medicina infalible contra los envenenamientos. Las dosis que se recomendaban iban de 1 a 2 escrúpulos (medida farmacéutica antigua equivalente a 24 gramos), y también se aplicaban sobre los riñones y en el ombligo como efectivo diurético. Después de todo y hasta la actualidad existe en algunos lugares de la campaña la costumbre de atarse un sapo vivo sobre ciertas erupciones (culebrilla o herpes) y hasta en la cara para calmar el dolor de muelas. Para quienes hasta no hace más de 50 años seguían la escuela de la bufoterapia, basándose en los principios activos de la secreción irritante de los batracios y los supuestos resultados en el plano fisiológico y terapéutico, no es desconocido que en la antigüedad las prácticas con estos animales llegaron a tornarse uno de los símbolos de la magia negra, hasta tal punto que podía condenarse a la pena de muerte a aquellos que los tenían en sus casas.

En el siglo XVII creó extraordinario interés lo que dio en llamarse crisoterapia, es decir, la curación por medio de todas aquellas mezclas que contuvieran oro. Un ejemplo fue el jara be de oro que preparaba Nicolás de Blégny, charlatán de la época que amasó una verdadera fortuna con su bebedizo. Para prepararlo, Blégny recomendaba elegir un gallo joven y bien alimentado, desplumarlo vivo a efectos de que su sangre reaccionando excitase la temperatura normal.

A consecuencia de lo cual la carne del ave ganaría en espíritu y tendría mayor virtud para actuar sobre el oro”. Luego, una vez cortado el cuello y desentrañado el pobre gallo, se le levantaba la piel en diversos sitios, practicándosele incisiones en la carne en las cuales se aplicaban láminas de oro. Cosida la piel se rellenaba el vientre con un jugo de perlas finas pulverizadas y canela, y se lo colocaba en un recipiente herméticamente cerrado para cocinarlo en un horno de panadería. Del jugo resultaba el famoso jarabe, que, presumimos, si bien no aliviaba ningún mal al menos constituía toda una paquetería para la sociedad palaciega.

Fuente Consultada: Revista “Todo es Historia” Nota de Juan Ángel del Bono.

Ciencia Siglo XX: La Medicina en la Segunda Guerra Mundial Resumen

La Medicina en la Segunda Guerra Mundial

La Medicina en la Segunda Guerra MundialLa Segunda Guerra Mundial constituyó un importante estimulo para la investigación clínica. La necesidad de prevenir las enfermedades y las deficiencias nutritivas, así como de atender a los enfermos y a los heridos, determinó que fuera preciso coordinar a escala nacional la investigación con fines estratégicos.

Los problemas se agudizaron a causa de la escasez de ciertos fármacos. Fue preciso desarrollar sustitutos sintéticos, como en el caso de la quinina, utilizada para el tratamiento del paludismo.

En Gran Bretaña, el papel directivo correspondió al Medical Research Council (MRd, mientras que enAlemania la investigación estuvo coordinada por la Deutsche Forschungsgemeinschaft.

Los biólogos británicos concentraron su atención en el problema de la curación de las heridas. Peter Medawar estudió el comportamiento de los homoinjertos cutáneos y, en colaboración con J.Z. Young, intentó la utilización de una solución concentrada de fibrinógeno en plasma natural como «pegamento» para unir los extremos de los nervios seccionados.

El MRC  patrocinó  investigaciones sobre la patología y el tratamiento de las quemaduras con el fin de mejorar el índice de curaciones mediante la prevención de las infecciones. Para prevenir las lesiones cerebrales, Hugh Cairns diseñó un casco protector que determinó una disminución de este tipo de lesiones entre los motociclistas militares.

Se organizaron servicios de transfusión de sangre para los heridos civiles y militares. Se realizaron investigaciones sobre la recogida, el almacenamiento y el suministro de sangre así como sobre los grupos sanguíneos, como resultado del descubrimiento en Estados Unidos del factor Rh. En 1943 se comprobó que la acidificación en una solución glucosada de citrato prolongaba la vida útil de la sangre almacenada. Se realizaron experimentos con suero y con plasma líquido y desecado, corno sustitutos de la sangre entera.


Durante la Primera Guerra Mundial se había comprobado que el restablecimiento del volumen sanguíneo era uno de los pasos más Importantes para salvar l vida a una persona herida. Durante el segundo conflicto mundial se estableció en Gran Breteña un servicio de transfusiones sanguíneas, con una red de donantes voluntarios y bancos de sangre. La transfusión de sangre es un ejemplo del efecto de las prioridades militares sobre el mejoramiento de los servicios sanitarios a la población civil.

El control del paludismo fue un logro de la medicina militar británica.

Si bien los investigadores médicos alemanes tenían ante sí problemas similares en el tratamiento de los heridos de guerra, gran parte de sus investigaciones se vieron afectadas por el racismo nazi. La ideología racista estimulo la investigación sobre eugenesia y genética humana. Los médicos ofrecían los mejores tratamientos disponibles a los grupos de la población considerados de mayor valor racial. Pero la intervención de la medicina podía ser mortal para los enfermos considerados incurables o para los individuos racialmente «inferiores».

En 1933 se impuso la esterilización obligatoria para los «deficientes mentales», los esquizofrénicos y los afectados de corea de Huntington. La declaración de guerra de Hitler en 1939 iba acompañada de la orden de matar a los pacientes con trastornos mentales. La misma medida se extendió a los niños disminuidos, a los ancianos incapacitados y a los denominados «antisociales». La «eutanasia» de los enfermos incurables o cuya vida era considerada inútil por los nazis constituyó un holocausto médico que precedió y complementó la matanza genocida de millones de judíos, gitanos y otras minorías consideradas racialmente «inferiores». Se calcula que alrededor de 100.000 personas fueron asesinadas durante el programa de «eutanasia».

El holocausto médico proporcionó un estímulo para los estudios sobre genética, bioquímica y etología humanas, aunque el grado en que la investigación estaba explícitamente relacionada con la ideología nazi era variable. Los nazis trataban a los internados en los campos de concentración por motivos raciales como simples animales de laboratorio. Los experimentos de esterilización mediante exposición a los rayos X guardaban relación con el proyecto de eliminar a las poblaciones no deseadas. Sobre estas poblaciones se realizaron pruebas de nuevos fármacos y vacunas, como fue el caso de la fiebre tifoidea en Buchenwald. Los prisioneros de Dachau fueron sometidos a experimentos de bajas presiones y bajas temperaturas para establecer eL tiempo que podían resistir los pilotos sometidos a esas condiciones.